Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6383125
Actualizado: fai 1 hora 7 min

La insostenible ligereza de los mercados

fai 6 horas 37 min

Luis Casado

En este caso debes tomar ‘ligereza’ en la peor de sus acepciones, o sea irreflexivo, poco meditado, inconstante, falto de seriedad, inestable. Tú me dirás que tratándose de los mercados siempre es el caso, y por mi parte precisaré que me refiero a los mercados que piensan, deciden, se tranquilizan o se asustan, huyen o regresan al galope, rechazan o aprueban, exultan o lloran, aman u odian, en otras palabras a quienes “hacen los mercados”, a mendas de carne y hueso.

Suelen llevar una gorrita –o en su defecto una visera– con la mención “Experto” estampada en caracteres visibles, y no es infrecuente ver letras reflectantes si se trata de un “Economista-jefe”.

Suspenso que se suma al suspenso, tales eminencias esperaban la palabra de Janet Yellen como otros el agua de mayo. Para ser más precisos, el discurso que Yellen pronunció ayer viernes en Jackson Hole. Su palabra debía ser un faro en medio de las tinieblas.

Kevin Logan, Economista-jefe de HSBC, pensaba “que el mensaje de Yellen podría ser que ‘la neblina se levanta". Estoy citando, no le quito ni le pongo, el laburo del Economista-jefe de uno de los bancos más importantes del mundo consiste en rezar para que Yellen anuncie cielos despejados.

Por su parte, Drew Matus, Economista ‘senior’ del banco UBS en los EEUU, declaraba: “Yo (…) espero que la Presidente Yellen decida mirar el lado optimista de las perspectivas”. Matus es un fiel exponente del Método Coué. Tal método, designado con el apellido del psicólogo y farmacéutico francés Émile Coué de la Chataigneraie (1857-1926), se funda en la autosugestión y la auto-hipnosis. Para sanar basta con auto-convencerte que ya estás sano. Simple como una de tus manos.

Greg Robb, senior economist reporter de Market Watch, ‘operador de negocios’ estadounidense, precisa: “Para ser justos, Matus piensa que la FED no anunciará nada hasta la reunión de septiembre de su Comité de Política Monetaria y no hará nada concreto hasta su reunión de diciembre”. En otras palabras es urgente creer, y es urgente esperar. Creamos y esperemos.

Michael Gapen, Economista-jefe de Barclays, es optimista cuando declara: “Esperamos que Yellen entregue una señal más fuerte sobre la probabilidad de una próxima alza de tasas de interés.”

Parece cosa de locos, pero todos estos “expertos”, magníficamente pagados, no se aventuran a usar sus propios cálculos, realizados con modelos matemáticos muy similares –conceptual y metodológicamente hablando– a los que usan la FED o el FMI. Prefieren esperar a que hable Yellen, como si su palabra tuviese un poder divino. ¿Prudencia, pusilanimidad, cobardía?

Logan, Matus, Robb y/o Gapen saben tanto o más que Janet Yellen y los miembros de la FED sobre los índices, tendencias y cifras que cotidianamente entregan decenas de institutos que viven de eso.

Sin embargo, viven esperando la palabra que mana de la boca del banco central de los EEUU, órgano constituido, como UBS, Barclays, Market Watch o HSBC, por simples mortales tan propensos al error como el que más. Y cobran por ello. Su ‘autoridad científica’ (¿por qué te ríes?) no va más allá de prever cuando, o en qué grado, la FED pudiese, si los astros se conciertan, mover pieza.

Aún así, como escribe Greg Robb, como mucho su coraje les lleva a pronunciar banalidades –imbecilidades es el término que conviene– como la siguiente: “…las posibilidades de un alza de tasas este año es de 50-50” (sic). Mañana… ¿me visto de verano o voy con abrigo? “Las posibilidades son de 50-50”. Te pones un impermeable, calzas chancletas y llevas gafas de sol.

Por si la insondable ignorancia –o la inconmensurable pusilanimidad– de los Economistas-jefe no fuese suficiente, el Wall Street Journal (WSJ) incursiona en los sondeos de opinión, como si la marcha de la economía y las decisiones de sus manitúes dependiesen de la opinión de una “muestra representativa” de idiotas: “En torno a un 71% de 62 economistas encuestados este mes por el Wall Street Journal dijeron que la FED esperaría hasta su reunión del 13-14 de diciembre” (resic).

Cualquier aprendiz de estadístico sabe que una muestra de 62 individuos es tan inútil como las previsiones y consejos del WSJ. Cuando te digo que esto no se inventa…

Como quiera que sea, Janet Yellen vino a Jackson Hole, vio y habló. La conocida publicación Fortune estima que “los mercados adoraron” su discurso. ¿Qué dijo Janet? Lo que “los mercados” querían escuchar: todo va bien y mañana mejor.

Según Fortune “Yellen tuvo sobre todo palabras amables para el Tío Sam, diciendo que ‘a la luz de los sólidos y continuos resultados del mercado del trabajo y nuestras previsiones para la actividad económica y la inflación’, la posibilidad de un alza de tasas de interés adquiere fuerza”.

Ya. ¿Y ahí? Nada. No hay alza de tasas. Habida cuenta de la forma de reaccionar de “los mercados”, o sea de los ignorantes descritos más arriba, basta con la palabra de Yellen. La misma que dudó más de lo conveniente en diciembre del 2015 para subir la tasa directriz en un microscópico “cuarto de punto de base”, o sea en un 0,25% anual, sigue dudando ahora pero es consciente de que el mundo de los Economistas-jefe no puede seguir en Babia.

Diciéndoles lo que querían escuchar les permitió respirar, y al mismo tiempo tranquilizó a Fortune, que pone en primera página:

“Janet Yellen y los inversionistas de Wall Street están de acuerdo en una cosa: La economía de los EEUU es una inversión relativamente buena”.

Como diría el otro, todo está en el “relativamente”. Ni tan cerca que te quemes, ni tan lejos que te hieles. Como hubiese dicho Alan Greenspan, “Uds. creen que entendieron lo que yo dije pero no saben si lo que dije quiere decir lo que yo quise decir”.

No obstante, el laburo de Janet Yellen consiste en anunciar ‘cielos despejados’ como deseaba Kevin Logan. Nadie espera del presidente de la FED que venga a anunciar la crisis de los subprimes (Alan Greenspan ni siquiera la vio venir), ni el hundimiento de los bancos privados (Ben Bernanke juraba que Lehman Brothers sobreviviría).

Ahora Janet Yellen se esfuerza en demostrar que la FED dispone de herramientas para hacerle frente a otra eventual recesión.

Una de esas herramientas consiste en bajar las tasas de interés, pero como sabemos estaban (y de algún modo están) en cero. Ni modo de ir más abajo. Otra herramienta tradicional consiste en fabricar dinero trucho, o sea hacer emisiones sin respaldo, pero los consecutivos relajos monetarios –Quantitative Easing para los entendidos– permitieron la emisión de billones de dólares sin alterar ni la tasa de crecimiento, ni la tasa de inflación que sigue cerca de cero amenazando por el contrario con transformarse en deflación.

No importa. Janet Yellen vino, vio y habló. Los Economistas-jefe pueden dormir en paz, el futuro se anuncia resplandeciente, los EEUU siguen siendo una inversión relativamente buena, John Wayne es recordado como el cowboy por excelencia, Mickey es bueno, los ‘Chicos malos’ son malos, y todo baña en el aceite esencial que debe lubricar las bielas de este inmenso motor que es la economía globalizada.

Hasta la próxima crisis que muestra ya la punta de la nariz. Pero no lo digas: podrías despertar de su apacible sueño a los Economistas-jefe, y desatar un pánico de no veas en “los mercados”.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Brasil ahora avanza sobre el verdadero blanco del golpe: Lula

fai 10 horas 38 min

Eric Nepomuceno, La Jornada

Dentro de dos o tres días, y a menos que ocurra algo inesperado e improbable, Dilma Rousseff, relecta en octubre de 2014 con 54 millones de votos, tendrá su mandato popular liquidado por decisión de al menos 54 de los 81 senadores brasileños. El golpe institucional abierto por el entonces presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, apartado de su puesto por orden de la Corte Suprema gracias a sus reiteradas travesuras en su única verdadera especialidad, la corrupción más deslavada, se habrá consumado. Cunha, a propósito, sigue libre: será juzgado por sus pares cuando la farsa haya terminado. Mientras, esgrime su arma favorita: amenaza con decir todo lo que sabe, y lo que sabe tiene fuerza para destrozar a la mitad de los integrantes del Congreso brasileño.

Para completar el cuadro y determinar el ambiente, el pasado viernes la Policía Federal anunció, con pompa y circunstancia, que había denunciado por corrupción pasiva, lavado de dinero y ocultamiento de patrimonio al ex presidente Lula da Silva, su esposa, Marisa Leticia, y otras tres personas.

La misma Policía Federal, que en Brasil tiene funciones similares a las del FBI estadounidense, había divulgado, hace pocas semanas, el informe preliminar sobre las investigaciones relacionadas a un departamento que supuestamente sería del ex mandatario. En el informe no aparecía el nombre de Lula ni de su esposa.

Es una historia conocida: la acusación indica que Lula sería el verdadero propietario del inmueble que fue refaccionado por una de las constructoras involucradas en escándalos de coimas y desvío de recursos públicos. Lula admitió haber adquirido el departamento en la etapa de construcción, y que luego desistió del negocio. Sus abogados requieren, en la justicia, la devolución de lo que fue pagado. El inmueble devuelto ha sido puesto en venta por los constructores.

Nada de eso importa: ahora le tocará a la justicia decidir si transforma a Lula y doña Marisa Leticia en reos. El estrago político, sin embargo, está hecho.

Sobra decir que los medios brasileños, pilares esenciales del golpe, abrieron ahora el inmenso espacio que no dieron cuando se conoció el informe preliminar, que no mencionaba a Lula. También se olvidaron de levantar sospechas sobre las razones para esa súbita alteración que, no por casualidad, coincide con la etapa final del golpe institucional en curso.

Desde el pasado jueves desfilaron por el pleno del Senado los testigos de acusación y defensa. Al fin y al cabo, es esencial preservar las apariencias, insinuando que todo trascurre dentro de los preceptos constitucionales y democráticos.

Sometidos a pesadas preguntas de los senadores, los testigos de defensa no hicieron más que confirmar, con argumentos sólidos, lo ya sabido: Dilma Rousseff no cometió crimen de responsabilidad. La Constitución brasileña determina que un mandatario electo por voto popular sólo puede ser destituido por este delito. Pero para los senadores brasileños, sobran razones para librarse de Dilma Rousseff y hacerse con el poder que las urnas les negaron en las cuatro últimas elecciones presidenciales.

Entre los senadores, más de uno, para asombro de los lúcidos, pidió que se apresurasen las preguntas y respuestas, una vez que todos tenían consolidada su convicción. O sea: no importaba lo que se demostrase, la presidenta estaba destituida, y las formalidades no eran necesarias.

Tanta prisa tiene claras razones: cada día surgen nuevos indicios robustos de que a menos que se suspendan las investigaciones, el todavía interino Michel Temer y las principales estrellas de su constelación tumbarán por el viento las denuncias.

Todo eso pasa frente a la indiferencia de la opinión pública, anestesiada por los medios de comunicación, en especial los controlados por Globo (revistas, diarios, emisoras de radio y televisión).

Ocurre ante la pasividad bovina de las instancias superiores de justicia. El presidente del Supremo Tribunal Federal preside, por determinación constitucional, el juicio en el Senado. Sigue rigurosamente el guión de la farsa, mientras discute con los senadores el aumento de los sueldos de los funcionarios de la justicia.

Los efectos de las políticas anunciadas por el gobierno que está a punto de tornarse efectivo se harán sentir a corto plazo, y serán especialmente duros para las clases que supieron beneficiarse de los programas implantados a lo largo de los últimos trece años, a partir de la llegada de Lula da Silva a la presidencia en 2003.

Nada de eso, importante, es llevado a debate con la opinión pública.

Liquidado el mandato de Dilma Rousseff se abre la temporada para que se alcance el verdadero objetivo del golpe: eliminar a Lula da Silva del escenario político brasileño, y asegurar, a las oligarquías de siempre, el retorno al poder.

Que la Policía Federal lo haya indiciado sin pruebas ha sido el primer paso. El próximo podrá ser entregarlo en bandeja de plata a la saña persecutoria de un juez provinciano de primera instancia.

Más que de brumas, los tiempos que se abren sobre mi país son de vergüenza. La historia sabrá juzgar a los farsantes, a los traidores, a los indecentes. Pero será demasiado tarde para corregir sus ruindades.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

El impuesto mensual que pagan los trabajadores para financiar a los grandes grupos económicos

Dom, 28/08/2016 - 21:00

Mauricio Becerra Rebolledo, El Ciudadano

Cada mes los trabajadores chilenos entregan 500 mil millones de pesos (750 millones de dólares) a las AFP. Sin embargo, estas pagan pensiones que en su mayoría no superan los 200 mil pesos (300 dólares). El resto de la tajada y las ganancias por inversiones con dicho capital van a parar a los grandes grupos económicos. Es el neoliberalismo de los chicago-boys en su versión más descarnada y real: la base ideológica de un modelo económico que permitió en sus inicios incrementar el crecimiento económico, fue a expensas del saqueo al ahorro de los trabajadores. El objetivo oculto en el origen del sistema de AFP fue crear un mercado de capitales para lucir al resto del mundo. Ahora, en cambio, intentan convencer a los trabajadores chilenos de que sus pensiones son malas porque cotizan poco.

¿No será hora de volver a un sistema de reparto solidario?

Los orígenes del saqueo Estaba la Junta Militar en pleno la mañana del 14 octubre de 1980. La orden del día era la reforma inédita al sistema de previsión social propuesta por el ministro del Trabajo y Previsión Social, José Piñera, y pergeñada por un grupo de economistas neoliberales como Luís Larraín y Hernán Buchi. En la sesión también estaban el ministro de Hacienda, Sergio de Castro, padrino de la estrategia de shock económico que inició la privatización del país; y Walter Riesco Salvo, que figuraba como asesor y ya en democracia sería el presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC).

Matthei, Mendoza, Merino y Pinochet concordaban en una reforma profunda al sistema previsional. La duda estaba en si la propuesta de un esquema de capitalización individual era lo más adecuado y el riesgo de que dicho fondo fuera administrado por privados. Pinochet comentaba que pese a encontrar “maravilloso” el sistema, “he dicho que no estoy de acuerdo en el problema ése de que los capitales vayan a la parte privada. En realidad, no discrepo de ello, sino que me choca por estimar que los señores empresarios aún no están en capacidad para administrar 97 millones de dólares mensuales”.

“Partimos de la base de que estamos de acuerdo. Yo considero que es necesario un nuevo sistema, pero me angustio cuando veo que habrá tanta plata y aquí todos los ‘vivos’…”, reflexionaba el dictador, interpelando a Piñera de por qué no dejar la administración de las platas al Banco Central.

“El problema en este sistema es que hay que capitalizarlas, es decir, en el fondo hay que invertirlas en documentos”, respondía el ministro que hace poco había diseñado también la Reforma Laboral. Justificaba que era necesario invertir el dinero en documentos, hacer gastos en operaciones para reunir el dinero. A su ofensiva se suma el ministro de Castro, quien defiende el nuevo sistema argumentando que invirtiendo en bienes inmobiliarios se da seguridad a los fondos.

El almirante Merino advierte que “el peligro radica en que en el futuro pueda ser modificada por regímenes políticos posteriores”, por lo que había que darle a la ley un quórum calificado. Según Merino, así se evitaría que “en veinte años más a un Congreso se le ocurra de repente empezar a modificar la ley y quitarle algunos de los cerrojos que tiene para impedir que sea mal usada”.

La reunión comenzó poco después de las nueve de la mañana, pararon para almorzar y culminó pasadas las siete de la tarde. Poco antes de terminar, los militares se aseguraron de mantener a su personal en el esquema anterior. Así, a través de un decreto con cerrojo, entre militares obsecuentes y Chicago Boys ambiciosos aprobaron el D.L. 3.500, entregando un nuevo negocio al capital privado. Desde esa fecha cada chileno que trabaje está obligado a entregar un pedazo de su salario para financiar a los grandes grupos económicos. A cambio se les entregará una pensión que, según se pronostica, alcanzará a no más del 20 por ciento de su salario.

“El objetivo de las AFP no era garantizar pensiones dignas, sino generar un mercado de capitales, cifra que hoy supera los US$ 160.000 millones, gracias al ahorro forzoso de los trabajadores y a un sistema de inversiones que privilegia a las grandes empresas –CMPC del grupo Matte, por ejemplo, la misma de la colusión del papel– y al sistema financiero internacional. Las bajas pensiones, por lo tanto, no fueron un ‘error de implementación’ sino una parte esencial del diseño original, más allá de lo prometido”, destaca Gonzalo Durán, economista de la Fundación Sol.

Los Albores de la previsión social La previsión en la vejez es una preocupación del siglo XX. El historiador Sergio Grez cuenta que “el principio de la seguridad social lo levantaron las organizaciones políticas vinculadas al movimiento obrero y popular. Su precursor fue el Partido Democrático, que ya en su primer Programa (1887) contemplaba la organización por el Estado de la ‘asistencia pública en favor de los enfermos, ancianos o inválidos del trabajo’. Tres lustros más tarde, en 1903, el diputado Malaquías Concha, líder de dicho partido, propuso que la Cámara solicitara al presidente que incluyera en la legislatura proyectos de leyes sociales como cajas de ahorros para los operarios de los ferrocarriles y jubilación de los empleados de las policías”.

Grez agrega que ya en la segunda mitad de la década de 1910, cuando dicho partido accede a puestos ministeriales integrando la Alianza Liberal, sus ministros realizaron incipientes avances para montar un sistema de protección social. Al mismo tiempo, el Partido Obrero Socialista, fundado por Luis Emilio Recabarren en 1912, estableció en su primer Congreso (1915) un programa con varias medidas de legislación social, como pensiones de retiro e invalidez del trabajo.

A partir de 1924, con la creación del Ministerio de Salud, Trabajo y Previsión Social, se asume la tarea de crear cajas previsionales y un sistema de pensiones de reparto que se va perfeccionando a medida que se avanza en el Estado de Bienestar. Los trabajadores cotizaban a lo largo de su vida y al jubilar recibían un monto de pensión calculado en base a su último salario.

El D.L 3.500 de 1980 que funda el sistema de AFP se monta en contra de dicho esquema. La capitalización individual es su elemento fundante y se da un período de 6 años para estar operando en plenitud. A partir de 1981 los grandes grupos económicos fundan sus AFP e inician una gran campaña de persuasión en una televisión orquestada por la dictadura y con miles de funcionarios que inundaban los espacios laborales convenciendo a la gente de cambiarse al nuevo sistema previsional. Se amenazaba a las personas con que al final todos serían cambiados en pocos años, que las pensiones serían similares al salario o que las Cajas eran el botín de funcionarios inescrupulosos que se llevaban la plata para la casa. En adelante, quien se iniciara laboralmente está obligado a cotizar en las AFP.

Catástrofe social y financiamiento de grandes grupos económicos A 34 años de su implementación, la jubilación en Chile se ha convertido en una catástrofe social. De las 1.120.000 pensiones que el sistema paga, el monto promedio apenas es de $205.000 (308 dólares), alcanzando con el aporte previsional solidario del Estado la escuálida cifra de $219.000 (329 dólares). Marco Kremerman, economista de la Fundación Sol, destaca que si consideramos las 336 mil pensiones de Vejez Edad (retiro programado), el 91% de estas está por debajo de $156.000, lo que equivale al 62% del Salario Mínimo nacional. Si se aplican variables de género se evidencia que 94 de cada 100 mujeres jubiladas recibe dicha pensión o un monto más bajo.

También las AFP no juegan limpio en el cálculo final de los pensionados. Muchos pensionados de la modalidad de retiro programado recurrieron a la Superintendencia de Pensiones (SP), que el año reciente aplicó multas por $60 millones a cinco compañías, siendo las más altas a Provida y Cuprum.

A futuro el panorama es peor. Ya será así para los que jubilen a partir de julio de este año, a quienes por la aplicación de tablas de mortalidad verán disminuida su pensión en 2,2%. Pero la catástrofe mayor se cierne para los que tienen entre 60 y 65 años, quienes -según cálculos de la SP- acumulan en promedio menos de $30 millones en su cuenta individual, por lo que tendrán pensiones inferiores a $150 mil mensuales. Para la mitad de los que se jubilen entre 2025 y 2035, y que hayan cotizado entre 25 y 33 años en las AFP, la Comisión Bravo estimó que tendrán una tasa de reemplazo menor a 22%.

¿Quién está ganando entonces? Como si fuera un baúl con doble fondo, las AFP y los medios masivos reducen el problema de las pensiones a que los sueldos en Chile son bajos, que ha aumentado la expectativa de vida y a que se debiera ahorrar más. Lo cierto es que el esquema de las AFP fue montado no sólo como privatización de las jubilaciones, sino que para entregar grandes sumas de capital -sacadas obligatoriamente del salario de los chilenos- a los grandes grupos económicos. Análisis de la Fundación Sol destacan que ya el año 2014 las AFP tuvieron ingresos por $7,1 billones sólo por las cotizaciones de los trabajadores activos. El mismo año pagaron $2,8 billones en pensiones. Es decir, tuvieron una ganancia neta de 4,3 billones pagando al mismo tiempo pensiones miserables.

El Centro de Estudios de Desarrollo Alternativo (Cenda) mantiene actualizado cada mes los Indices de la Actividad Económica Interna. Una de las variables consideradas en su analítica es la recaudación de las AFP cada mes y cuánto pagan en pensiones. El economista Manuel Riesco, integrante de Cenda, delimita que “cada mes cotizan unos 5,7 millones de personas en promedio. Si cruzamos ese dato con el sueldo imponible promedio (700 mil pesos) tienes el dato del total de asalariados de Chile. Como las AFP descuentan el 12,5% a cada salario, el cálculo da que todos los meses a las AFP le entran 500 mil millones de pesos. Al mismo tiempo, la Superintendencia de Pensiones también lleva un registro de las pensiones pagadas, las que bordean 1.133.000 pensiones (mes de mayo). Estas tienen un monto promedio ponderado, lo que da el monto de lo que pagan en pensiones: 208 mil pesos por persona (7,87 UF). Es decir, si al total de cotizaciones le restas el total de lo que pagan las Compañías de Seguro y las AFP, el resultado evidencia que cada mes las AFP tienen un excedente de 300 mil millones”.

Riesco destaca que “de este excedente, la mitad se lo embolsan las propias AFP y la otra mitad se lo traspasan a los grandes grupos financieros en forma de préstamo o capital accionario. Esto genera excedentes que las AFP no van a devolver jamás”.

Un cálculo estimativo del gran volumen del negocio en que se convirtió la previsión de los chilenos hecho por Cenda, da cuenta de que entre 1982 y 2013 son 55,8 billones de pesos (del año 2013) que se han embolsado las AFP.

Recaredo Gálvez, cientista político de la Fundación Sol, calcula que para el año 2016 “llevamos un pozo administrado por las AFP que supera los 160 mil millones de dólares, o sea equivale al 70% del PIB. Lo que los contribuyentes han ingresado al modelo sólo este año”.

“El objetivo ha sido principalmente poder financiar directamente a los grandes grupos económicos, entre los cuales podemos reconocer a la banca. Si miramos los datos hoy, en la banca hay 31 mil millones de dólares que provienen de los fondos de pensiones, concentrándose este monto de dinero en 10 bancos que operan en Chile. Un alto nivel de concentración y de recursos que se entregan a este sector, lo que genera un proceso de acumulación y expansión de los capitales inédito”, destaca Gálvez.

El destino final del dinero de los trabajadores acaba en las fauces de los grandes grupos económicos. Si por años auspiciaron a grupos como Penta o Soquimich, este año continúan financiando a los grandes conglomerados de Luksic, Angelini y Matte (ver infografía). Gálvez recalca que las AFP “cumplen el objetivo marcado de financiar a los grandes grupos económicos y generar una alta concentración de riqueza y no pagar pensiones suficientes, porque no están diseñadas en esa perspectiva”.

Lagos y Bachelet: subsidiando el modelo Pese a ser uno de los ejes centrales de las reformas neoliberales de Pinochet, durante los gobiernos de la Concertación y de la Nueva Mayoría se ha perfeccionado el sistema previsional. Ya en 2002 el ex presidente Ricardo Lagos creó los multifondos, lo que permitió a los cotizantes optar donde invertir su dinero y de pasada permitía a las AFP colocar dineros en la ruleta rusa de las bolsas mundiales. Entusiasta con las AFP, Lagos dijo al momento de anunciar la reforma que “nos reunimos para celebrar los 21 años de un sistema que ha funcionado y ha sido exitoso y que ahora lo perfeccionamos porque vamos a tener cinco fondos”.

Pero los fondos no alcanzaban para pagar pensiones dignas. En 2006, en su primer mandato, Bachelet convoca a la Comisión Marcel para hacer una reforma al sistema, realizada en 2008 y que obliga a los trabajadores a honorario a cotizar, y crea un subsidio estatal a las pensiones más bajas, las que hoy equivalen a 86 mil pesos mensuales. Los centros de pensamiento de la derecha acusaron en la oportunidad que establecer el Sistema de Pensiones Solidarias era “un incentivo a que las personas no cotizaran”.

El segundo gobierno Bachelet se tuvo que hacer cargo de que el sistema seguía en crisis. Para ello convocó a una Comisión dirigida por el ex director del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, el economista David Bravo.

Pese a que las conclusiones de la Comisión advirtieron que con el modelo actual la mitad de los pensionados recibirá una jubilación que no superará el 15% de su sueldo y, en un escenario ideal de cotización continuada, alcanzarían para apenas el 40% del ingreso promedio, los ‘expertos’ se dividieron por dos alternativas que acaban perfeccionando el sistema de AFP. Una tercera (la propuesta C de la economista polaca Leokadia Oreziak) que proponía volver al sistema de reparto, fue ignorada, quedando sólo en la mesa la propuesta A afín a la industria (subir el monto de las cotizaciones y entregar más dinero del Estado) y la propuesta B que apuesta por un sistema mixto y propone la creación de una AFP estatal.

A las pocas semanas el economista integrante de la Comisión, Andras Uthoff, denunció a El Mostrador que los integrantes nunca vieron la propuesta A antes de ser entregada a la presidenta Bachelet y que vieron sólo borradores que eran similares a la propuesta B. El economista reconoce que no puede opinar con propiedad sobre esta propuesta porque “no vimos lo que quedó, sino que recién ahora lo pudimos leer”. También sostiene que el presidente de la Comisión se la jugó entero por la propuesta. Según denunció CiperChile, David Bravo está implicado en un millonario caso de sobresueldos realizados en la unidad de encuestas de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile. Al final, la Comisión Bravo terminó siendo otro gol de las AFP.

Produciendo sujetos neoliberales Cuando José Piñera explicaba ante la Junta su engendro de capitalización individual, argumentó que uno de sus efectos sería debido a que como “la rentabilidad dependerá del buen manejo de la economía nacional (…) usted va a hacer que todos los trabajadores, que son tres millones, se interesen en que haya gobiernos que manejen la hacienda pública en forma responsable, que no sean demagogos, sino administraciones serias. Es decir, de alguna manera se hace propietario acá a cada trabajador”.

Hace pocos años una publicidad de una AFP y Compañía de Seguros mostraba a diferentes personas caminando por la ciudad con montos de dinero en letras naranja bajo el brazo. Unos tenían más, otros menos. La publicidad representaba de alguna forma el sueño político de José Piñera, que es transformar a cada trabajador en un ser que calcula las decisiones de su destino, un destino amarrado a un paraíso de grandes empresas. En estas nuevas políticas la dictadura estaba diseñando una nueva forma de gubernamentalidad: La subjetividad neoliberal promovida apuntaba a producir un sujeto que se juega la vida en decisiones financieras y está obligado a hacerse responsable de la economía de su futuro. Si toma ‘buenas decisiones financieras’ tendrá asegurado el futuro; si es que se equivoca estará condenado a la pobreza. No en vano, una de las propuestas insistentes de las AFP es estimular la ‘educación previsional’.

Los medios y las agencias encuestadoras se han preocupado de invisibilizar dichas demandas y hasta ahora no se ha preguntado directamente a la población si desea mantener el actual sistema de capitalización individual o cambiarlo por un modelo de reparto solidario. Pese a dicho silencio las voces de denuncia se multiplican. A mediados de mayo una pensionada penquista a sus 82 años se encadenó en las oficinas de la AFP Habitat. Recibe una pensión de 150 mil pesos, que a partir de julio se redujeron a 147 mil. El 30 de junio decenas de ancianos encapuchados sorprendieron a los santiaguinos. Era una de las primeras protestas contra las AFP y convocó a cerca de un millar de personas. El 24 de julio la protesta se desparramó por varios pueblos y ciudades de Chile, con una participación en Santiago de unas cien mil personas.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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George Soros: sembrador del caos global desde Ucrania hasta los Balcanes

Dom, 28/08/2016 - 13:11

Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Es la época de perturbadoras filtraciones cibernéticas cuando pende sobre la adolorida cabeza de Hillary Clinton otra ronda de divulgación de casi 16 mil nuevos correos comprometedores, mientras en forma coincidente su gran aliado, el megaespeculador George Soros –presunto hombre de paja de los banqueros esclavistas Rothschild y cuyo verdadero nombre es György Schwartz, con una fortuna de 25 mil millones de dólares–, es desenmascarado en sus actividades subversivas trasnacionales mediante la exposición de 2 mil 576 documentos privados por DC Leaks, cuya página fue tirada, como era de esperar.

Por fortuna había guardado diversas fuentes, como The Hill (http://goo.gl/auUWWF) –por cierto, muy pro Hillary–, que coloca la foto de Soros con el logo del Foro Económico Mundial de Davos, a quien también controla (http://goo.gl/QZFCWJ).

The Saker (http://goo.gl/1TBPZd) expone cómo la Fundación Sociedad Abierta (sic), de Soros, ha sido desenmascarada y comenta que ya era conocido por estar involucrado en muchas de las revoluciones y golpes de Estado en el mundo, así como su poderosa influencia en la política. Hoy tales filtraciones proveen evidencia directa de qué tan profunda y seria es su injerencia con colosales cantidades de dinero invertidas en las impolutas ONG y en promociones que se centran en los derechos humanos (sic) y la democracia (sic) en importantes periódicos que lubrica y/o controla: The Guardian, Hufftington Post, Libération, etcétera. ¡Qué grave!

Son 12 las técnicas que usa Soros para conseguir sus objetivos y su enfoque primordial son los jóvenes, movimientos contestatarios como Syriza (Grecia) y Podemos (España), y cierto tipo de periodistas. ¡Cómo! Se quedaron cortos porque también en América Latina (AL) pululan sus palafreneros. En 2014, Fundación Sociedad Abierta apadrinó proyectos de varias organizaciones, entre las que destaca Transparencia Internacional, que un servidor ya había expuesto (http://goo.gl/oAonKP).

“Soros apoyó el golpe fascista en Ucrania (http://goo.gl/K04oWs)” cuando junto con los principales ejecutivos de la fundación, mantuvo extensas reuniones con casi todos los actores involucrados en los acontecimientos de la plaza Maidan, situada en el centro de Kiev, entre quienes estaban los ministros ucranios de Asuntos Exteriores, Justicia, Salud y Educación, así como el embajador de EEUU en Ucrania, Geoffrey R. Pyatt, y el director de Usaid: el objetivo era minimizar y contrarrestar la influencia rusa y los lazos culturales Moscú-Kiev con un enfoque para imponer un paquetazo de medidas neoliberales.

Tyler Durden, del incendiario Zero Hedge, acota que las filtraciones “revelan la conspiración (sic) detrás de la crisis de los refugiados en Europa, la manipulación de los multimedia que controla (http://goo.gl/IoOvjE)”. Se evidencia el predominio que ejerce sobre ciertos think tanks, de por sí muy desacreditados (http://goo.gl/oAMOE9), como el Instituto de Política Migratoria, y su manejo perverso de los migrantes: la carne de cañón de Soros.

Para paliar la “crisis migratoria (http://goo.gl/ESsQbB)”, Soros había abogado crear zonas económicas especiales en los Balcanes con incubadoras neoliberales. ¿Alguna coincidencia con el sureste mexicano en llamas y sus incubadoras neoliberales?

El Proyecto de la Prensa en Ucrania expone cómo Soros influyó en la sesgada cobertura de los multimedia en los eventos de Ucrania.

Zero Hedge explaya que la relación de Soros con varias ramas del gobierno de EEUU lo convirtió en el cuarto Estado (nota: la prensa) y se asombra del silencio estruendoso de los multimedia de Occidente (http://goo.gl/VuCMyC). ¡Cómo: si los tiene controlados!

Soros se da el lujo de instruir (sic) a la entonces secretaria de Estado Hillary en cómo lidiar con las turbulencias en Albania en 2011 y se detalla su flagrante intervencionismo en las elecciones de Europa para conseguir sus aviesos objetivos: usa su enorme riqueza para crear el caos global; ha dividido a EEUU corrompiendo a su clase política muy corruptible, destruyó a Ucrania apoyando un golpe de Estado, y planeaba derrocar a Putin para desestabilizar a Rusia (http://goo.gl/IaiQPg).

Un editorial de Investors Business Daily (http://goo.gl/9bR608) pregunta si Soros es el titiritero de los demócratas y Hillary cuando financia al Center for American Progress, que preside John Podesta, íntimo de los Clinton, y una de cuyas empresas, Global Solutions, dirige el ex embajador de México en EEUU: Arturo Sarukhan (http://goo.gl/72c6xJ). ¡En manos de quiénes ha estado la cancillería del “México neoliberal itamita”!

Katehon –donde colabora el filósofo Alexander Duguin, ideólogo del zar Vlady Putin– fulmina que el verdadero rostro de la actividad filantrópica del magnate sionista (sic) Soros fue expuesta y pone en la picota el papel de las financiadas ONG que operan “como grupos de presión en elecciones tanto en EEUU como Europa (http://goo.gl/yM6dN4)”. Una de las tónicas constantes de la fauna de palafreneros de Soros es acusar a sus críticos de teóricos de la conspiración, antisemitas y agentes rusos. ¡No, bueno!

Russia Insider reproduce un artículo del portal Radix: Las filtraciones sobre Soros: la más importante historia que no se escucha que detalla la estrategia, táctica, donativos) de sus muy influyentes redes globales, “en particular contra Rusia con el fin de socavar sus estructuras familiares tradicionales y la identidad europea en el mundo (http://goo.gl/Bhco2X)”.

Soros juega con la demografía porque entiende que la demografía es destino. Un servidor había detectado que detrás de la crisis migratoria se encontraban los objetivos geopolíticos de Soros/Departamento de Estado para desestabilizar a Europa (http://goo.gl/0RTguG). ¡Nihilismo sin límite!

Wayne Madsen, ex investigador de la célebre NSA, en su libro Soros: el quantum del caos ya lo había desnudado con antelación (http://goo.gl/bqLJn4). De los 26 capítulos del libro destacan: su desestabilización de los Balcanes; su doble juego en el Cáucaso; su colaboración en el golpe en Honduras; su infiltración en China; la soronización (sic) de la ONU; sus redes de apoyo a las revoluciones de color y las revoluciones árabes, y su injerencia en AL: desde los campos de batalla de Libia y Siria a las estepas de Asia Central y desde las minas de oro y diamantes de África a los pisos de remates de Wall Street.

El portal europeo Dedefensa se asombra del magno control de Soros sobre el cuarto poder (los multimedia) de Occidente (http://goo.gl/KvehLe).

¿Qué pasará con Soros, a sus 86 años, y con sus hijos en el caso, todavía lejano, de que su gran aliada Hillary no arrebate la presidencia?

Thomas Lifson aduce que los documentos sobre “Soros, supremo manipulador de los gobiernos y que controla al Departamento de Estado, encararán un escrutinio sin precedente (http://goo.gl/FHPrS5)”.

¿Encarna Soros a la CIA paralela o a una supragencia subrepticia del “Estado profundo (deep state)” y su muy vista mano invisible en Wall Street y la City?

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La Revolución Industrial desencadenó el calentamiento global en 1830

Sáb, 27/08/2016 - 07:01

La actividad humana lleva produciendo calentamiento global desde hace casi dos siglos, según una nueva investigación que prueba que este fenómeno no se ha desencadenado durante el siglo XX. La profesora asociada Nerilie Abram de la Universidad Nacional de Australia (ANU), una de las investigadoras, dijo que el estudio encontró que el calentamiento comenzó durante las primeras etapas de la revolución industrial y fue detectable por primera vez en los océanos Ártico y tropicales en el decenio de 1830, mucho antes de lo que esperaban los científicos.

"Fue un hallazgo extraordinario", dijo Abram, de la Escuela de Investigación de Ciencias de la Tierra de la ANU y el Centro ARC de Excelencia para la Ciencia del Sistema Climático. "Fue uno de esos momentos donde la ciencia realmente nos sorprendió. Los resultados son claros. El calentamiento climático que estamos presenciando hoy comenzó hace unos 180 años.

Los nuevos hallazgos tienen implicaciones significativas para evaluar la medida en que los seres humanos han hecho que el clima se aleje del estado pre-industrial, y ayudarán a los científicos a comprender el impacto futuro de las emisiones de gases de invernadero en el clima. "En los océanos tropicales y el Ártico en particular, los 180 años de calentamiento han causado que el clima medio sobrepase la variabilidad normal en los siglos anteriores a la revolución industrial," explica Abram.

La investigación, publicada en la revista Nature, ha sido realizada por 25 científicos de Australia, Estados Unidos, Europa y Asia, trabajando juntos como parte del consorcio Past Global Changes 2000 year (PAGES 2K).

Abram declaró que el cambio climático antropogénico era generalmente visto como un fenómeno del siglo 20, debido a que las mediciones climáticas eran poco frecuentes antes de la década de 1900. Sin embargo, el equipo estudió reconstrucciones detalladas del clima pasado que abarcan 500 años para identificar cuando la tendencia sostenida al calentamiento comenzó realmente.

Los científicos examinaron los registros de las variaciones climáticas naturales a través de océanos y continentes de todo el mundo. Estas historias climáticas aparecen preservadas en los corales, decoraciones de cuevas, anillos de árboles y núcleos de hielo. El equipo de investigación analizó miles de años de simulaciones de modelos climáticos, incluidos los experimentos utilizados para el último informe del Panel Intergubernamental de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (IPCC), para determinar qué causó el calentamiento temprano.

Los datos y simulaciones identificaron la aparición temprana del calentamiento alrededor de la década de 1830, y encontraron que el calentamiento temprano se atribuyó a los crecientes niveles de gases de efecto invernadero. Los investigadores estudiaron la mayoría de las erupciones volcánicas a principios del siglo XIX y se encontró que sólo eran un factor de menor importancia en el inicio temprano del calentamiento climático.

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Brasil ya no será igual

Ven, 26/08/2016 - 16:22
Emir Sader, Alainet

Cualquiera que sea el desenlace inmediato de la más profunda y prolongada crisis que el país ha vivido, Brasil no saldrá igual, nunca más será el mismo que fue. Será mejor o peor, pero nunca más el mismo. La crisis devastó la credibilidad de todo el sistema político, liquidó la legitimidad del Congreso, propagó la falta de creencia en el Sistema Judicial e hizo que el pueblo sepa que no basta votar y ganar cuatro elecciones para que el mandato presidencial sea respetado. En resumen, lo que se creía que el país tenía como República, se terminó. Lo que se difundía que era un sistema político democrático, ya no sobrevivirá. O bien Brasil construye una democracia sólida – para lo cual el Congreso actual, esta Justicia, este monopolio de los medios de comunicación no podrán seguir existiendo como ahora – o el país deja realmente de vivir en democracia.

La derecha brasileña muestra su cara sin eufemismos. Al inicio alegaba que se trataría de un proyecto para “reunificar el país”, supuestamente dividido por los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT). Se valía de la pérdida de popularidad del gobierno Dilma, así como del Congreso más conservador y descalificado que el país ha tenido, como también del rol escandaloso y ya sin ningún pundonor de los viejos medios de comunicación, para destruir la democracia política que hemos tenido y promover un gobierno antidemocrático, antipopular y antinacional.

Muy rápidamente fue posible constatar que se trata simplemente de lo que se denunciaba por toda la región: el proyecto de restauración del modelo fracasado en los años 1990 con Fernando Collor de Mello y Fernando Henrique Cardoso, por un gobierno golpista y minoritario, contra el pueblo, contra la democracia y contra el país.

¿Cómo se va a pronunciar el Supremo Tribunal Federal sobre cualquier tema, si ha callado frente al golpe, puesto en práctica bajo sus narices, presidido en el Senado por su Presidente, que apoya todas las brutales ilegalidades que se practican? ¿De qué sirve una Justicia, un STF, que no está para impedir que un crimen en contra de la democracia sea perpetrado por el Congreso? Lo que hay es un silencio cómplice, mezclado con un vergonzoso aumento del 41% de sus salarios, concedido públicamente – con fotos en los periódicos -, por Eduardo Cunha, el político más corrupto del país, cuya impunidad solo se da por la complicidad de los que deberían punir, así como a tantos otros miembros del gobierno, incluso el presidente interino. Ya no habrá democracia en Brasil sin un Sistema Judicial elegido y controlado por la ciudadanía, con mandatos limitados y poderes circunscritos.

No habrá democracia en Brasil sin un Congreso efectivamente elegido y sin financiamiento privado, sin que represente a los lobbies elegidos por el poder del dinero. Un Congreso democrático tiene que estar fundado en el voto condicionado, por el cual los electores controlen aquellos en quienes han votado y que se comprometan con un programa y con un partido determinado.

En una democracia, todos tienen el derecho a la voz, la opinión pública no puede ser fabricada por algunas familias, que imponen su punto de vista al país, como si pudieran hablar en nombre del país, aun cuando han perdido cuatro elecciones presidenciales consecutivas. Nadie debe perder el derecho a hablar, pero todos deben tener el derecho a expresarse, sino, no se trata de una democracia, sino de la dictadura de una minoría oligárquica.

En una democracia un impostor no podría haber asumido la presidencia, aunque interina, por un golpe e imponer el programa económico derrotado cuatro veces sucesivamente, incluso en dos veces en que ese golpista estuvo en la lista vencedora, con un programa radicalmente opuesto al vencedor. Si ello ocurre, es porque la democracia fue herida de muerte, la voluntad de la mayoría fue desconocida.

Si el golpismo triunfa en el Senado brasileño, será necesario hacer que pague duramente el precio del atentado que está perpetrando. Que sus proyectos fracasen, que la vida de sus componentes se vuelva insoportable, que su banda de ladrones sea víctima de la ingobernabilidad. Que se ocupe y se resista en todos los espacios del gobierno ilegítimo, antidemocrático, antipopular y antinacional.

Es parte indisoluble de la resistencia democrática impedir cualquiera acción en contra de Lula, que representa los anhelos mayoritarios del pueblo brasileño, conforme las mismas encuestas que los golpistas han utilizado para buscar legitimidad popular, apuntan. Esta será la señal de que sobreviven espacios democráticos o no. Si logran blindar de tal forma su gobierno y constitucionalizar el neoliberalismo, habrán enterrado definitivamente cualquier señal de democracia en Brasil. En ese caso ellos tendrán el mismo destino de sus antecesores: serán tumbados, derrotados, execrados y un nuevo tribunal de la verdad los juzgará y los condenará por crimen en contra de la democracia. Serán derrotados por el pueblo, por la democracia, por el país, que construirán una democracia de verdad en Brasil.

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El cambio climático podría dejarnos sin Juegos Olímpicos en el futuro cercano

Ven, 26/08/2016 - 00:15
Amy Goodman y Denis Moynihan, Democracy Now!

Cuenta la leyenda que la primera maratón tuvo lugar en la Grecia antigua, en el año 490 A.C. Los atenienses habían impedido la invasión de los persas y enviaron a un mensajero a que fuera corriendo a llevar la noticia de la victoria desde el lugar de la batalla, la ciudad de Maratón, hasta la capital, Atenas. Corrió alrededor de 40 km, entregó el mensaje y, acto seguido, se desplomó y murió al instante. Los historiadores cuestionan la veracidad de la leyenda, pero sigue siendo un mito fundacional del popular acontecimiento. Ahora, el futuro de la maratón en particular, y de los Juegos Olímpicos en general, podría estar en peligro. Un informe que acaba de publicar la revista médica británica The Lancet da a entender que para el año 2085 casi todas las ciudades que podrían ser anfitrionas de los Juegos Olímpicos serán demasiado calurosas para realizar eventos al aire libre.

Kirk Smith, catedrático de salud ambiental mundial de la Universidad de California, Berkeley, encabezó el equipo que redactó el artículo para The Lancet. Smith escribió: “La maratón es la actividad que exige mayor resistencia y, por consiguiente, da una buena idea de si las condiciones serán seguras para otras disciplinas olímpicas”. El científico observó que las temperaturas extremadamente elevadas ya han provocado que se cancelaran maratones, como ocurrió con la maratón de Chicago en 2007. Durante las pruebas de clasificación para elegir al equipo olímpico estadounidense que iría a los Juegos Olímpicos de Río este año, realizadas en Los Ángeles, el 30% de los corredores abandonaron la carrera debido al calor. El informe señala que: “En 2085, solamente 8 de las 543 ciudades fuera de Europa Occidental con capacidad de ser anfitrionas de los Juegos entrarían dentro de la categoría de bajo riesgo. Es decir, sólo el 1,5 por ciento”.

Los investigadores de The Lancet aprovecharon que las miradas de todo el mundo están puestas en los Juegos Olímpicos para plantear un hecho más importante: “Después de 2050, el mundo afrontará graves dificultades debido a que el grado y la velocidad del cambio climático podrían exceder la capacidad de adaptación de la sociedad”, escribieron los científicos. La mitad de los trabajadores del mundo trabajan al aire libre, acotaron, y los espacios exteriores, al igual que los espacios interiores sin refrigeración adecuada, son cada vez menos seguros. Advierten que “los golpes de calor tras realizar esfuerzo físico y sus consecuencias negativas, incluida la muerte, se volverán una parte fundamental del trabajo al aire libre en todo el mundo”. Si tomamos el ejemplo de otro deporte, miles de trabajadores están trabajando en condiciones de calor extremo en Qatar, construyendo estadios para el Campeonato Mundial de Fútbol de 2022 que se realizará en ese país. La Confederación Sindical Internacional estima que “más de 7.000 trabajadores morirán antes de que se patee la primera pelota de la Copa del Mundo de 2022”.

Estas terribles condiciones refuerzan la necesidad urgente de abordar la amenaza del problema climático. El Acuerdo de París alcanzado en diciembre aspira a poner un límite máximo de 1,5 a 2 grados Celsius al aumento promedio de la temperatura mundial. La ciencia sugiere, cada vez con mayor contundencia, que el clima está cambiando más rápido de lo previsto y que es necesario adoptar medidas en forma urgente. Cada día que pasa en que se debate este problema y se adoptan soluciones a medias, el problema se vuelve cada vez más difícil, sino imposible, de resolver.

Estados Unidos ha sido el mayor emisor de gases de efecto invernadero en la historia de la humanidad. Hemos quemado combustibles fósiles en forma desenfrenada durante siglos. Según la Administración de Información Energética del país: “Más del 80% del consumo total de energía en Estados Unidos durante los últimos 100 años han provenido exclusivamente de tres fuentes de combustibles fósiles: pétroleo, gas natural y carbón”. Si bien el uso de fuentes renovables, principalmente la energía solar y eólica, están aumentando, siguen representando una pequeña porción de lo que deberían para cumplir las promesas realizadas durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático celebrada en París.

El Presidente Barack Obama acaba de anunciar lo que probablemente será su última orden sobre estándares de vehículos eficientes. Su legado climático es considerablemente limitado (teniendo en cuenta, por supuesto, que tuvo que enfrentar en estos asuntos la firme oposición de los negadores del cambio climático del partido Republicano). Pero, ¿qué hay de los dos posibles sucesores de Obama? Hillary Clinton reconoce que el cambio climático es un problema urgente, pero ha dado una señal contraria al anunciar, esta semana, que su equipo de transición estaría encabezado por Ken Salazar, ex Secretario del Interior y ex senador de Estados Unidos por Colorado. Salazar ha promovido con entusiasmo la fracturación hidráulica y apoya la construcción del oleoducto Keystone XL y el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP , por sus siglas en inglés).

Por su parte, Donald Trump ha descrito el cambio climático como un “engaño”. Mientras Trump asistió esta semana a su primera reunión informativa sobre información clasificada de seguridad nacional de Estados Unidos, el Golfo de México está siendo azotado por lluvias torrenciales e inundaciones. Al menos 11 personas han muerto y más de 20.000 fueron evacuadas de sus hogares en Baton Rouge y las zonas aledañas. En el sur de California, siguen los incendios forestales provocados por las graves sequías consecuencia del cambio climático, que han obligado a más de 82.000 personas a abandonar sus hogares. Julio fue el mes más caluroso de la historia desde que se llevan registros. Como parte de la información clasificada, a Trump le deberían mostrar las conclusiones del Pentágono, que durante años ha identificado el cambio climático como una de las peores amenazas a la seguridad nacional.

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Crisis financiera y estancamiento en el capitalismo

Mér, 24/08/2016 - 14:38
Alejandro Nadal, La Jornada

La economía mundial se encuentra atrapada entre las fuerzas que conducen al estancamiento y las que llevan a un interminable proceso de crisis crónicas. Para entender esta oscilación entre estancamiento y crisis es necesario considerar las relaciones entre el sector financiero y el capitalismo no financiero.

Ayer en la facultad de Economía de la UNAM se presentó el libro de Jan Toporowski, Crédito y crisis: de Marx a Minsky. Este texto aborda esta problemática y su evolución en la historia de la teoría económica heterodoxa. Toporowski es un destacado economista de la Universidad de Londres.

El hilo conductor de la reflexión de Toporowski es el siguiente: el sector financiero se desenvuelve en una primera instancia para servir al capitalismo industrial, pero en una segunda instancia el sector financiero termina modificando al propio capitalismo. Es decir, en una primera etapa el sector financiero comienza a hacer frente a las necesidades de financiamiento del capitalismo industrial (que se incrementan y que requieren de horizontes de tiempo más largos para la amortización). En una segunda etapa, los mercados financieros se transforman de simples agentes subsidiarios para el financiamiento en entidades que modifican el funcionamiento del capitalismo real (no financiero).

¿Cómo se lleva a cabo esta evolución?

De entrada hay que señalar que la teoría económica dominante (neoclásico) tiene muy poco que aportar a esta pregunta. Su análisis del mercado, de la empresa y teoría monetaria, son insuficientes para arrojar luz sobre el fenómeno que comentamos. Su teoría del mercado sigue hermanada con el dogma de los mercados estables en los que no hay crisis posible. Su teoría de la empresa se mantiene en la fábula de que no existen las economías de escala. Y su teoría monetaria sigue casada con la absurda visión del mercado de fondos prestables.

En contraste con la esterilidad de la teoría dominante, Toporowski encuentra fructíferas líneas de investigación a partir de los textos de Marx, Rosa Luxemburgo, Hilferding, algunos pasajes de Ralph Hawtrey, Keynes, Kalecki, Joseph Steindl y Hyman Minsky. La clave de la reflexión de Toporowski se concentra en las transformaciones que llevan a la empresa capitalista a ver en sus hojas de balance una fuente de liquidez y de ganancias a corto plazo. Inspirado en Steindl, es lo que Toporowski llama la teoría microeconómica del estancamiento.

Son variados los fenómenos macroeconómicos que permiten acercarnos a una explicación sobre el dominio de la esfera financiera y el proceso de estancamiento. Por un lado está la transición de la fase competitiva del capitalismo temprano a estructuras monopólicas del capitalismo avanzado hacia el último tercio del siglo XIX. Esto condujo en la mitad del siglo XX a la expansión de estructuras oligopólicas y a la proliferación de grandes empresas multinacionales.

Por otra parte nos encontramos con la evolución desfavorable de la tasa de ganancia que comienza en la década de 1960 en Estados Unidos y en las principales economías capitalistas avanzadas. Alrededor de 1987 esa tendencia se ve contrarrestada y la tasa de ganancia comienza a incrementarse, pero con la recesión de 2001 regresa la tendencia a la reducción.

Los agentes del capital industrial buscan diferentes canales y mecanismos para mantener su tasa de acumulación y de rentabilidad. Por un lado recortaron los costos salariales (el salario real deja de crecer en 1973). Pero esto condujo a una debilidad crónica en la demanda, a niveles crecientes de desigualdad y endeudamiento de familias y empresas y a niveles exagerados de capacidad ociosa (las empresas buscan evitar la sobreproducción). En el fondo, el problema de la acumulación de capital consistente en reciclar los excedentes quedó sin resolverse y su resolución se fue posponiendo.

Mientras las empresas capitalistas exploraban de manera activa la forma de mantener niveles de rentabilidad en el mundo de las finanzas y la especulación, se les abrió una nueva oportunidad con el colapso del sistema de Bretton Woods. El desplome del sistema de tipos de cambio fijos y controles sobre los flujos de capital abrió nuevos espacios de rentabilidad en los mercados de divisas. Para aprovecharlos era necesario desregular la cuenta de capital para permitir la realización de arbitrajes entre paridades y poder transitar sin obstáculos entre los diferentes espacios nacionales. Ese proceso dejó en estado de vulnerabilidad a las economías nacionales del mundo entero frente a los vaivenes de los flujos de capital.

Hoy persiste una pregunta fundamental: la inestabilidad y las presiones que conducen a la crisis ¿son impuestos por la supremacía del sector financiero o son rasgos que provienen de las contradicciones del proceso de acumulación presentes en el capitalismo real (no financiero)? El libro de Jan Toporowski muestra cómo en un mundo en el que la financiarización alimenta a las finanzas estas dos fuentes de inestabilidad se funden en una peligrosa mezcla que conduce a la profundización de los problemas fundamentales del capitalismo contemporáneo.

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¿Está el neoliberalismo al borde de la muerte?

Mér, 24/08/2016 - 04:19

El neoliberalismo —sistema económico dominante en Occidente— está en las últimas según opina el ganador del Premio Nobel, economista y exasesor presidencial durante el mandato de Bill Clinton, Joseph Stiglitz. En su último libro 'El Euro: Cómo una moneda común amenaza el futuro de Europa', el experto sostiene que las principales deficiencias del euro y la economía europea generan una gran cantidad de problemas para todo el continente y amenazan con provocar un colapso económico.

El neoliberalismo es un sistema basado en las ideas del libre comercio, los mercados abiertos, la privatización, la desregulación y el recorte en el gasto público, dirigidos a la mejora del funcionamiento del sector privado, algo que es, supuestamente, la mejor manera de estimular el crecimiento económico. Las ideas neoliberales dominan en las economías de las mayores potencias mundiales y organizaciones internacionales como el FMI y el Banco Mundial.

Las políticas de Ronald Reagan y Bill Clinton en EEUU y Margaret Thatcher en el Reino Unido se consideran 'el estándar de oro' del neoliberalismo. Además, el exministro de Hacienda del Reino Unido George Osborne y el ex primer ministro David Cameron continuaron promoviendo y adaptando los principios neoliberales. Sin embargo, la crisis financiera de 2008 agravó la desigualdad entre ricos y pobres y ralentizó el crecimiento económico en muchos países, por lo que la élite política empezó a darse cuenta de los puntos débiles de las ideas neoliberales.

Stiglitz, quien recibió el premio Nobel por "el análisis de los mercados con información asimétrica", se ha convertido en uno de los mayores críticos del neoliberalismo, y defiende que "la euforia neoliberal", que se extendió por el mundo en los años 80 del siglo pasado, ha dejado de existir desde hace mucho tiempo. "Me parece que la comunidad científica rechazaría las ideas neoliberales. Los jóvenes no están interesados en establecer un sistema neoliberal, ellos intentan comprender el error principal del sistema de mercado y ya se dan cuenta de que este sistema está condenado al fracaso. Además, las autoridades de las mayores potencias mundiales entienden bien que el sistema de mercado no funciona correctamente, pero no son capaces de cambiarlo". Según detalla Stiglitz, uno de los principios centrales del neoliberalismo —la capacidad de un mercado no regulado de generar crecimiento económico— se ha visto incumplido. "Abandonamos esta euforia neoliberal cuando todos estábamos seguros de que 'el mercado siempre iba a funcionar bien'. Todo lo que tenemos que hacer ahora es enviar un mensaje claro de que 'el sistema de mercado no sirve'". Asimismo, Stiglitz no es el único experto que promueve la idea de la incapacidad del neoliberalismo de funcionar en las condiciones actuales. Los economistas del FMI abordan el problema del crecimiento de la disparidad generada por la apertura financiera, algo que podría ralentizar el crecimiento económico.

"Muchas personas empiezan a darse cuenta de la necesidad de reconsiderar algunos aspectos de la economía neoliberal. Nuestras convicciones han resultado fundamentalmente equivocadas", ha precisado el economista Jonathan Ostry para Financial Times. La crisis del neoliberalismo es particularmente evidente en el Reino Unido, donde el partido conservador, al llegar al poder en 2010, estableció el régimen de austeridad económica reduciendo el déficit presupuestario. Además, tras la renuncia de Cameron, los incentivos financieros del nuevo Gobierno han comenzado a cobrar impulso como un medio para estimular el crecimiento económico.

Al otro lado del Atlántico, los dos candidatos presidenciales Hillary Clinton y Donald Trump abogan por el aumento de los préstamos estatales para la financiación de los proyectos de infraestructura, algo que Richard Nixon también incluyó en su plan económico. Así, a pesar de que el propio Stiglitz pone en tela de juicio la posibilidad de eliminar el neoliberalismo, es evidente que en la actualidad las ideas del neokeynesianismo —es decir, de la admisión de más influencia del Estado en el desarrollo y el funcionamiento del mercado— gozan cada vez de más apoyos.
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Via SputnikUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El frente social ante el imperialismo global

Mar, 23/08/2016 - 02:45
Luciano Salerni, Alainet

Estamos es un momento particular, un punto crítico en el desarrollo del capital y una bisagra para las luchas sociales. Se pone en juego la conducción del proceso ya que bajo la visión política liberal el movimiento obrero y el pueblo quedan encerrados en el posibilismo económico y político. Y de esa manera, el proyecto de país, el proyecto nacional, solo podrá ser furgón de cola de cualquiera de los imperialismos que se disputan hoy el re-parto del mundo. Pese a las distancias geográficas kilométricas donde ocurren y a las diferencias particulares de sus acciones, los acontecimientos de las últimas semanas hacen fluir una única agenda poniendo aún más sobre relieve dos aspectos del conflicto en curso: momento de agudización de la guerra inter-imperialista que alcanza un carácter global. Sucesos en apariencia distintos, aislados, dispersos y distantes, como el Brexit en Inglaterra, el intento de golpe en Turquía y los atentados en Alemania y en Francia, no son elementos contextuales para la situación nacional. Por el contrario, construyen un hecho social cuya magnitud es única: la global. Y ese es el estado mismo de lo que asumimos como “nuestra” la situación. En etapas anteriores, bien podían distinguirse acciones, posiciones y acontecimientos nacionales y concatenarse con otros internacionales. Pero sucede que ya no hay dimensión nacional en sí. Como resultado del cambio en la contradicción principal, lo nacional sigue existiendo -obvio, como cualquiera de las actividades de la economía- pero más subordinado aun dentro del nuevo alineamiento de las fuerzas y de los intereses de los actores que las componen. Desde “aquí”, podrá decirse que no hay modo ni posibilidad alguna de intervenir “allá”, en aquellos sucesos de aquellas regiones. Sin embargo, queriendo o no, con independencia de nuestra voluntad incluso, estamos siendo parte del frente latinoamericano de la misma guerra. Lo que redefine la posición y el valor de lo concreto, es decir, que lo pone en términos relativos, es justamente y siempre la relación principal dominante. Llegado a este momento, continuar separando lo nacional de lo internacional es la estrategia de fragmentación que para unos será la fortaleza de su avance y dominación y, para nosotros, la incapacidad de concebir correctamente el problema en danza y que implica desplegar unas acciones -y no otras- que se correspondan a tamaña circunstancia. Ya veremos que ese “tamaño”, lejos está de ser inabordable y bien cerca queda de nuestras prácticas sencillas y posibles. También se podrá decir que esta visión totalizante inmoviliza la militancia porque establece caracterizaciones y metas inalcanzables. Al respecto, dos cosas: primero habrá que discurrir sobre la militancia a la que se hace referencia y contra qué otras tareas de la militancia se comparan éstas. En concreto, esto significa confrontar lisa y llanamente un plan de acción contra otro. Y por lo tanto, ya dos lecturas distintas del problema de la realidad, es decir, dos problemas distintos a resolver. Lo segundo, es que resulta lógico que el reflejo inmediato ante lo nuevo sea justamente negarlo, tomando como base lo venimos haciendo y el recorrido “esperable” en ese marco. Por eso, es crisis profunda y por eso es momento bisagra. Pero incluso antes de llegar a hacer esa entendible comparación, vale sobre manera ratificar que esta visión de la realidad, esta concepción del problema principal de la realidad sobre el que trabajar, tiene tareas, y son más tareas que aquellas que aparecen “naturalmente” en la media social que conocemos como la actividad política. Y además, son tareas simples, concretas, cotidianas y anónimas que cuando se ponen en movimiento y se expresan como plan de acción, su peso es superior en relación a cualquiera de aquellas otras. Es así entonces que no se discuten ideas abstractas sino que se discute la práctica y en la práctica. Lo contrario, es lo que llamamos el discurrir académicos por ver quién tiene razón sobre un tema. Y de lo que se trata es de imponer una verdad que se verifica como tal mediante la acción de los hombres. Dentro de ese conjunto de tareas, una de ellas es esta misma lucha en y por la unidad de la concepción del problema, lucha por superar la expresión liberal (desde el punto de vista de las visiones de mundo) y conservadora (desde el punto de vista de la política) que pretende mantenerse como conductora de un proceso que a todas luces ya la supera, y que se presentan en el discurso y en la práctica política justamente separando y distanciando siempre lo general y lo particular, lo interno y lo externo, lo objetivo de lo subjetivo, el objeto del sujeto, la economía de la política y la política de la economía, la práctica y la teoría, etc, etc. Es ésa la raíz -invisible, bajo tierra- de la visión que inmoviliza los procesos en curso: desarma a los hombres de las herramientas necesarias para afrontarlos, describen el paisaje desde el follaje superficial sin explicar el fondo, no toman la actualidad de la realidad como prueba para hacer nuevas preguntas y construir nuevas respuestas sino que, por el contrario, la usan para justificar posiciones ya tomadas y dogmas ya rezados. Es así que el hombre, aun con voluntad de lucha, queda librado a la mera posibilidad de continuar la reproducción simplemente de “la vida social” y de su vida cotidiana, tanto material, cultural y política. Por caso, la preocupación por la situación internacional que han manifestado las autoridades del actual gobierno y también algunos referentes de la oposición político-institucional, no deja de ser una forma de tomar distancia de un conflicto (el mismo conflicto) que se manifiesta por otros medios, acá, en nuestra geografía. De esa manera, dividen la geografía territorial de la geografía política. O, lo que es lo mismo, cambian el espacio social por el espacio geográfico formal. Con mayor o menor preocupación, tomando partido o no frente a esos acontecimientos "foráneos", asumen una perspectiva conservadora para el devenir de la situación que aún siguen considerando “nacional”. Cuanto mucho, comparan lo acontecido afuera explicando su posición sobre el accionar político nacional: “si no, mirá lo que le pasó a Brasil", concluían ambas facciones hablando por los medios del impeachment ocurrido en el vecino país. Asumen así una misma posición y la valoran en sentido contrario. Con la fuerte presión económica sobre el salario y sobre los recursos que el pueblo necesita y empeña para garantizar su vida diaria y que dispone también para organizarse sectorial y políticamente de diferentes maneras, las relaciones internacionales económicas y político-institucionales que está tejiendo el nuevo gobierno de la Alianza UCR-PRO quedan solapadas tras lo urgente. En el mejor de los casos, son visibles y denunciadas por la dirigencia, pero parecen inabordables incluso por la aparente escasez de recursos disponibles para coordinar acciones y manifestaciones. Vale a ese respecto señalar que los recursos resultan escasos cuando es lo que sobra, lo que queda, y no lo que se pre-dispone para afrontar el problema que se entiende como prioridad. Ese es uno de los aspectos prácticos y concretos que se intenta poner aquí sobre relieve. El uso de los recursos, entre ellos el tiempo de las personas, está orientado siempre por un plan que motiva las acciones del presente para objetivos de futuro, seamos conscientes o no de ello. Se lucha ahora, entonces, por la orientación de los recursos para que sean medios de lucha, morales y materiales, pero de la lucha que se pretende dar y no de otra. El brusco enfriamiento de la economía interna dispuesto para disminuir el registro estadístico de la inflación pretende justamente detener ese movimiento social completo: el movimiento diario de la sociedad empeñado para garantizar los aspectos básicos de su vida cotidiana -y en lo posible alcanzar otros aspectos superadores-, y también el movimiento de las tareas políticas de las organizaciones del pueblo, se trate de organizaciones ya institucionalizadas -como sindicatos, cámaras empresarias, colegios profesionales, partidos políticos, entidades públicas y/o estatales-, o de otras institucionalmente "informales” -como agrupaciones de diversa índole y organizaciones comunitarias, barriales y de vecinos- pero absolutamente legítimas ya que a su modo intentan satisfacer intereses particulares o necesidades no garantizadas justamente por la institucionalidad vigente. América Latina ha vuelto a ser un territorio en disputa en este período de la historia signado por una nueva reorganización mundial. No hay una coincidencia historiográfica. Por el contrario, indica el grado de desarrollo del conflicto principal -tanto en su intensidad como en su extensión- entre las fuerzas que mueven el mundo: es literal, son las fuerzas que establecen el ritmo y el sentido general del movimiento material y cultural del mundo. La explotación de América ya fue base del proceso de acumulación originaria de los capitales industriales centrales que inauguraron su fase imperialista. Ahora, afrontamos también un modo de extractivismo pero en la etapa financiera global del capital. Ya no se trata de que nos hayan dejado las venas abiertas sino de que han tendido nuevas redes por donde movilizar tanto las riquezas naturales que los proveen de insumos, los saldos nacionales de la balanza de importaciones y exportaciones (que expresa la dependencia tecnológica y subordinación política de nuestras economías), los dividendos de las acciones, los beneficios de los fondos de inversión, la ganancia empresaria, la rentabilidad del interés bancario, la circulación de los papeles de las bolsas, como también el salario de la masa social digitalizado como consumo a crédito. La intención explícita de colocar bases militares norteamericanas en Argentina, no manifiesta solo una posición antipatria del actual gobierno. Hay ya una base militar en Malvinas y su archipiélago, que desde su instalación fue señalada como base de la OTAN en el Atlántico Sur. ¿Es aún de la OTAN esa base británica? ¿Es hoy la OTAN el ámbito que institucionaliza el consenso de las fuerzas armadas dominantes respecto del presente y del futuro del mundo? Las fisuras en la OTAN cuando intervinieron militarmente en Irak - en la primer década del siglo- y ahora, en los años recientes en Libia, Irán, Siria, Ucrania, y por otra parte, el G-20, la floreciente ONU en general y su Consejo de Seguridad, no reflejan acaso una crisis de poder entre las fuerzas dominantes, aquellas que otrora establecieron en bloque la paz mundial, es decir, que torcieron la situación generando un escenario favorable, permeable, para desplegar sus fuerzas productivas materiales y culturales sobre los territorios de los derrotados? En ese marco, en las condiciones que impone ese nuevo marco, ¿puede resolverse una posición frente a las políticas económicas de gobierno para con el pueblo y una posición frente a sus políticas económicas para con las corporaciones (las relaciones “nacionales interiores” y las “nacionales exteriores”) sin que ambas coincidan en el mismo punto? Es decir, tras una década de políticas de gobierno de inclusión social, recuperación de la capacidad productiva instalada y tasas de pleno empleo, ¿es posible aún que pueda haber mejoras en las condiciones materiales de vida del pueblo sin resolver la presión de la atmósfera imperialista? Y para ello, ¿es posible resolver efectivamente entonces la cuestión nacional (ganar soberanía política e independencia económica en el escenario internacional) sin resolver la cuestión popular, es decir, las relaciones políticas y económicas del pueblo mismo? Éste es el aspecto concreto de la situación en el que convergen todas las tensiones. Las supuestas distancias geográficas y temporales -entre allá y acá, entre lo local y lo global- se acortan, o mejor dicho, se superponen simultáneamente como filminas, unas sobre otras, haciendo un mismo y único mapa con diversas capas. Y desde esa perspectiva aparece lo medular: el nodo particular que participa en lo general, el aspecto secundario que constituye lo principal, el aspecto táctico de la perspectiva estratégica. Una América Latina popular, del pueblo, es entonces la manera de participar en el conflicto global. La relación de las fuerzas dominantes se acerca cada vez más a un punto crítico y genera así las condiciones de posibilidad de expresión del proyecto de los pueblos. Pero todo es lucha porque ese punto crítico imperialista global no implica en nada que alguna de las partes involucradas colabore ya con el desarrollo del proyecto popular. Más bien, ya pasó a ser todo lo contrario. Pero lo que sí implica es que esas fuerzas empeñan allí aun más medios y más recursos, y con ello movilizan como “infantería social” a las poblaciones para que diriman como cuestión nacional lo que en el fondo es la liquidación de la estrategia del pueblo como conjunto. La rapidez con la que la alianza en gobierno ejecutó el shock económico, el realineamiento internacional -rompiendo los conglomerados regionales como Mercosur, Unasur, Celac- y el retorno al esquema del endeudamiento, es síntoma del grado de beligerancia de ese enfrentamiento principal global: esas medidas adoptadas son movimientos requeridos por ese enfrentamiento y son movimientos que dan curso a ese enfrentamiento que libran las alianzas globales principales para controlar el territorio social latinoamericano. Sucede que las disputas electorales de 2015 en todo Latinoamérica pusieron efectivamente en juego el curso futuro de la contradicción principal: el creciente alineamiento continental de la última década con el multilateralismo global -que es financiero y cuya base de operaciones es la City de Londres-, versus la reconexión con la red financiera global del dólar comandada desde New York-Wall Street y que en el mercado toma forma de Alianza del Pacífico, de Alianza Transpacífica y de Alianza Transatlántica. Si se repasan los últimos años de la agenda institucional de los gobiernos “progresistas” latinoamericanos, se verá que sus diplomacias prefirieron concurrir a la ONU del G-20, su Consejo de Seguridad y su Tribunal de la Haya antes que a la OTAN americana-europea de pos-guerra y su instrumento continental OEA. Y si se mira la agenda y el volumen de inversiones económicas e intercambios comerciales, también. Hay que tener en cuenta que cuando se habla de unipolarismo o multipolarismo, se hace referencia a la política que lleva adelante, a cómo aparece o quiere aparecer, es decir, a la estrategia de dominación de cada una de las fuerzas principales en disputa. Estrictamente, no puede haber sino dos polos que en la lógica del capital tienden siempre hacia la concentración y la centralización aun cuando su política expansiva sea inclusiva de otros bloques político-económicos, de otras alianzas sociales, otras clases y fracciones. Ese movimiento, que es ley general, es lo que los hace poner en disputa. Está claro que esa contradicción no aparece así a los ojos de la sociedad. Pero para quienes observamos los procesos fundamentales de cambios en las correlaciones de las fuerzas, el enfrentamiento principal no puede de ninguna manera estar enteramente, franca y frontalmente pre-establecido, prolijamente ordenado y alineado. Por el contrario, se encuentra en pleno desarrollo y solo en ese sentido es aún una condición de posibilidad. Cuando estas tensiones críticas se consoliden, podemos darnos por derrotados. Es por eso que no se puede esperar una resolución observando cómo se desarrolla y cómo se alistan los diversos actores en uno u otro campo de las fuerzas. En primer lugar y a ciencia cierta, nadie espera. Quien toma distancia, toma así una posición, y esa posición -aun sin querer- no puede sino estar en uno u otro campo de alianzas. De eso trata la necesidad de tener iniciativa. Tomar distancia -geográfica, por ejemplo, entre allá y acá- implica ya una subordinación e incluso una doble subordinación: al esquema de alianzas nacionales primero, que son las que deciden una política nacional en relación al conflicto internacional. Segundo, porque como se sostiene, el desarrollo de las fuerzas productivas principales bajo la lógica del capital plantea un escenario de integración (desigual si se quiere) en una dimensión global y por lo tanto no estamos ni afuera ni lejos. Tomar distancia mirando el contexto como contexto, es ya una posición. Tercero, porque las fuerzas sociales se generan en territorios como alianzas sociales, y se conforman como fuerzas según se alisten en los sucesivos enfrentamientos: la guerra es también una disputa por la re-construcción de nuevas y destrucción de viejas alianzas que re-organizan una territorialidad. Si no fuese así, no habría guerra propiamente dicha y la paz diplomática de la democracia republicana seguiría dominando por completo el espacio social. Espacio social, espacio de la vida social, alguna vez separado en clases y repartido sucesivamente en porciones de territorios-países dentro de los cuales esas mismas clases tejieron sus alianzas políticas para disputar el gobierno de esos mismos territorios. Y finalmente, porque las alianzas justamente se tejen y destejen según las acciones que se impulsen para forjarlas, para generarlas. Y si se las forja, es para ponerlas en juego, es decir, en movimiento. Solo en movimiento son una alianza porque así es como se distinguen del movimiento que pretende el enemigo. Y sin que necesariamente haya un choque o encuentro frontal, ese es el modo en que las fuerzas se van enfrentando. En ese sentido -tanto de oportunidad por la profundidad que toma la disputa principal que envuelve al resto, como de necesidad de superarla por la gravedad social que implica-, es que una respuesta nacional tiene hoy la limitación de expresar solo el interés de alguna de las dos posiciones imperialistas, cuya condición es que “la política” se escinda de su base social. La genuina expresión de soberanía no puede ser a esta altura sino la bandera del proyecto del pueblo, que no es lo mismo que el proyecto político-institucional que ocupa la representación del pueblo enajenándolo así de poder. Es éste el momento en el que aquella extemporánea reflexión sobre el sujeto del proceso político tiene necesariamente que materializarse como conducción del pueblo de sus acciones haciendo al movimiento social. Y para distinguirla del consignismo y del formalismo, vale precisar que la conducción es siempre la lucha por la conducción, pues se conduce conduciendo, pues conduce quien puede conducir. Éste es el momento también en que es necesario discernir qué es la conducción y no confundirla con los “conductores”. ¿De qué se habla hoy en general cuando se reitera con énfasis la necesidad de una conducción: de la conducción orgánica o de la conducción formal? La conducción es la lucha por la orientación de las alianzas sociales -que como se dijo, definen una nueva territorialidad-, y es entonces la lucha que se concreta en las tareas prácticas que las organizaciones del pueblo realizan en y para los frentes sociales. Y allí radica la fortaleza estratégica, en la capacidad de asumir el proceso selectivo -de prioridades- que implica una planificación y de desplegar los recursos disponibles en ese sentido. Las condiciones objetivas -que no controlamos porque están sometidas al estado del capital- y la orientación de las tareas -que es lo único posible a nuestro alcance- son los aspectos que hacen a una situación. Y en tales condiciones dadas, solo las tareas de poner en movimiento el cuerpo social logran componer un escenario favorable para las luchas del pueblo. Doblar la mano de las políticas económicas de gobierno con institucionalidad y sin movimiento popular, nos devuelve a la conducción de las expresiones imperialistas, tanto del viejo imperialismo de unidad nacional de territorio-país como del nuevo imperialismo global desterritorializado geográficamente. En este marco, la iniciativa del espacio político-sindical que está planteando poner en movimiento el aparato de representación sectorial para vertebrar la alianza pueblo, no puede lograr sus cometidos sin incorporar el anti-imperialismo continental: no como geografía, ni como jurisdicción, ni como utopía sino como espacio social concreto, como conjunto de las relaciones sociales de la producción, del trabajo, del conocimiento, de la educación, de la cultura, que las nuevas formas financieras del capital pretenden mantener bajo su alcance. Para que quede claro: el anti-imperialismo no es una bandera pintada que encabece la marcha sino la composición social concreta que se moviliza en conjunto. Solo el pueblo salvará al pueblo. Y, a esta altura, solo hombres y mujeres del pueblo patria grande pueden hacer la Patria Grande. Sin cambiar entonces la composición actual de la alianza que contiene al movimiento obrero, puede incluso que este espacio político-sindical gane las elecciones internas pero quede retenido dentro del papel institucionalizado que la sociedad en general, y las estructuras políticas en particular, le otorgan al llamado movimiento sindical. Y a la inversa, puede que no logre participar de la nueva representación sectorial pero lanzar esta disputa reordena de otra manera el campo de las alianzas sociales convocando al pueblo a concurrir en un nuevo escenario concreto. Para que la lucha sea la que se pretende, lo concreto, es decir, lo sustantivo, es afrontarla en una nueva alianza social. Lo que ocurre es que ya no hay posibilidades de dirigir efectivamente ni un sector de la sociedad -cualquiera sea- para alcanzar el ejercicio pleno de sus derechos, ni tampoco a la sociedad toda para alcanzar la pretendida soberanía, sin concurrir en el escenario social. Todas las organizaciones de la sociedad -sectoriales y políticas-, de todo tipo y de todos los colores, reproducen hoy la forma institucional piramidal y por rama que contienen sus representaciones de lo local en una totalidad nacional que ya no es justamente “la totalidad”, que ya no es aquella vieja totalidad encerrada en límites cartográficos y jurídicos que expresaba el interés y el alcance de las cadenas productivas de valor predominantes, e incluso expresaba la vocación del pueblo de regular su funcionamiento para beneficio de la Nación. Afrontamos en esta etapa un nuevo punto crítico de los ciclos largos del desarrollo de las fuerzas productivas bajo la relación de propiedad del capital. Son períodos en los que ya no es posible delinear y desplegar efectivamente un modelo de desarrollo sin recomponer posiciones y relaciones estratégicas. En esa larga historia, continuamos arrastrando los resultados de lo que respectivamente se puso en juego en la Batalla de Caseros, de 1852, y la Guerra de la Triple Alianza, de 1864 a 1870. Son puntos críticos porque se invierte la lógica y el orden de la secuencia de desarrollo en una etapa, justamente porque lo que se cambia es de etapa. Y se cambia de etapa, si se hace lo posible para hacerlo: si se concibe el momento y se predisponen los esfuerzos en ese sentido. Todo es lucha y en cada momento se lucha por lo que ya es posible luchar y porque luchar es generar las condiciones de un escenario favorable. Como se dijo, es éste el momento bisagra en el que no hay posibilidad de proyecto económico sin resolver las condiciones de dominación. Las clases y fracciones de la estructura económico-productiva, solo aliadas se convierten en tales -en clases-, y solo así pueden a la vez romper la inercia y confluir en el movimiento social. No hay huevo o gallina. No hay lógica ni orden formal de causa-efecto o paso uno y paso dos. Hay síntesis donde forma y contenido, materialidad y subjetividad, economía y política, concurren en un espacio social nuevo que los re- compone, que los re-ubica, que los re-arma. Solo se rompe el estado de inercia -de la institucionalidad ya acotada- poniéndose en movimiento. Sin esa iniciativa, todo lo demás es reacción. La reacción es el impulso “natural” contrario ya presupuesto en un sistema equilibrado de fuerzas. La iniciativa es la ruptura de ese equilibrio. La discusión en curso sobre la unificación de la CGT -prevista en el calendario del mes de agosto- es el punto de inflexión del planteo de unidad del movimiento obrero. Se pondrán en juego en ese encuentro las estrategias principales en danza: la burocracia formal del sindicalismo reformista burgués (centralismo burocrático) o la burocracia orgánica del sindicalismo reformista obrero (centralismo orgánico). La primera, bajo el yugo completo de la disputa interimperialista. La segunda, como posibilidad de re-componer las alianzas sociales del pueblo lanzando el frente social, dándole vida al movimiento. No es éste ni un enunciado idealista que apela al mero voluntarismo ni un consignismo reivindicativo despreocupado. Por el contrario, se trata de encausar las reivindicaciones sectoriales históricas en un programa social en el que sean posibles (es decir, en un escenario que las haga posibles) y no al revés, reteniéndolas en una obviedad formal que las encapsula, que clausura el escenario de las luchas sociales del pueblo y queda observando todo lo que no se puede hacer porque el mundo está como está. Porque el mundo está como está, justamente, se trata de romper el apego a la burocracia formal que se expresa en la sociedad toda como institucionalismo (tanto en las entidades de representación sectorial como en los partidos y agrupaciones políticas) que prefieren conservar una posición en la estructura y una identidad en la superestructura que ya son fragmentarias o secundarias respecto al momento que se atraviesa. Es lucha, entonces, contra el oportunismo y el objetivismo abstracto: ver quiénes y cómo se pelean y elegir dónde hay más beneficios. Un oportunismo que no es adjetivo calificativo de una facción, sino un comportamiento concreto -la reacción incluso lo es, por ejemplo- al que quedan relegadas todas y cada una de las posiciones que, aun pretendiendo lo mejor para el sector que representan, no comprendan el escenario del que estamos siendo parte. El presente abre un momento en que no solo se pone en juego el pasado, como restitución de la estructura social de bienestar y de las conquistas conseguidas, sino el futuro mismo de la sociedad toda. Se lucha contra la estructura y así se lucha contra nosotros mismos: conservar las mejores posiciones dentro del equilibrio de fuerzas o dentro del orden establecido, o empujar la ruptura de ese equilibrio desfavorable. Lo primero, incluso, es fácticamente la mayor de las ilusiones aunque se ofrezca como la mejor y única posibilidad. Pasa que, dado el desarrollo del capital, su necesario y continuo empuje por generar condiciones sociales donde maximizar su rentabilidad y cuyo grado de profundidad se expresa hoy -como se dijo- en la intensidad de las disputas desplegadas en una nueva extensión y penetración global, no hay lugar donde conservar nada de lo conseguido tal cual como fuera conseguido. No es tragedia. Es oportunidad. Y hay que trabajar para que lo sea. El sector del trabajo afronta la disputa de pasar el centro de gravedad del sistema institucional de representaciones al movimiento social. En esa particularidad se expresa la pelea por la conducción del campo popular, es decir, la pelea por orientar las acciones que determinan el marco de las alianzas y construyen el escenario de futuro. En ese sentido, el encuentro previsto para agosto, entre los alineamientos y las posiciones en torno a la unificación de la CGT, es la síntesis estratégica que resulta de la superposición de las dimensiones -filminas- en las que se expresa la disputa principal global. Esta estrategia obrera de la alianza de todo el pueblo (del campo del pueblo contra el régimen) es la recuperación de la sociabilidad de los territorios, de la conversión de las geografías, cartografías y jurisdicciones en espacios sociales, de la ruptura con el institucionalismo que en etapas anteriores logró posicionar mejor al sector pero que ahora lo encorseta pretendiendo poner todo lo social que explica la condición de pueblo, dentro de moldes y recipientes: límites nacionales, límites de propiedad, límites en todas las formas institucionales. ¿Es responsabilidad exclusiva del movimiento obrero? Claro que no lo es. Pero sí es suya la iniciativa que hace al momento mismo como posibilidad concreta: dar la disputa política apelando al frente de masas vía el quiebre del frente interno. Es responsabilidad de las organizaciones que tenemos la voluntad de pelear por la liberación de los pueblos, leer este momento comprendiendo que una vez más, es la clase trabajadora la única que tiene y puede tener, en condición de tal, la posibilidad y la capacidad de vertebrar la lucha en términos sociales. Leerlo y comprenderlo de ese modo es una decisión que solo puede ser evaluada según lo que hacemos: en la disposición concreta de nuestro tiempo para trabajar en garantizar las condiciones necesarias y suficientes para que la lucha principal sea ésta y no otra. Desplegar con intensidad la estrategia social en todos los espacios de la nueva y necesaria “extensión” social (que es comunidad y que es Patria Grande) es la manera de ser parte del conflicto principal, de agudizar la contradicciones inter-imperialistas logrando convertir las condiciones estructurales de dominación por las que ellos disputan, en una situación favorable al pueblo, en una encrucijada histórica. O peleamos por nuestra vidas, o nos alistan como infantería -económica, política, cultural o militar- en cualquiera de los bandos y nos mandan a su guerra. En su guerra, la apropiación de los recursos de un país o región en manos de otro, es lo que aparece públicamente. Pero la descripción de los medios y de los objetos pretendidos nunca hace a los objetivos estratégicos de las fuerzas que se enfrentan. Por eso, describir la cuantiosa cuenca de recursos naturales, que son estratégicos para el desarrollo de las fuerzas productivas mundiales pero privadas y denunciar la intención de las potencias de hacerse de ellos, no resuelve la estrategia popular. Entre 2003 y 2011, la suspicacia liberal progresista y la autodenominada izquierda se presentaron como tales denunciando que los americanos del norte pretendían controlar el petróleo depositado bajo las tierras de oriente medio. Presentar el problema simplemente de ese modo es otra manera de tomar una distancia inabarcable, sin práctica posible en el marco de las formas que toman las luchas de las clases en los territorio sociales concretos, y de darle continuidad entonces a la guerra entre países por manejo de recursos. Esa posición no saca la guerra del orden establecido: la des-socializa, la institucionaliza y no pone el foco en el sistema de dominación social. Es decir, formulando el problema de esa manera -sea a favor o en contra de cualquiera de los bandos-, cancela la expresión de la dimensión social que se pone en juego, que son los intereses y las condiciones de vida del pueblo en la forma capitalista de organizar la sociedad. Des-armar al pueblo, des-integrarlo en fracciones, eliminar sus capacidades de luchar como tal, para que no pueda disponer de esos medios y recursos para su desarrollo integral. Es decir, des-armarlo para la lucha como alianza-pueblo y armarlo para que luche cuanto mucho en la alianza-país: he aquí el objetivo estratégico de la guerra bajo el régimen de dominación. Y por lo tanto, ahí debe hacer foco ahora la tarea principal de la estrategia del pueblo. Lo riguroso es simple si se tienen los pies en los sectores y en las geografías del pueblo y esta visión de futuro.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Bancos, especulación e ideología

Sáb, 20/08/2016 - 22:34
Enric Llopis, Rebelión

Se trata simplemente de un medio de pago. Lo que se da o recibe por la compra o venta de artículos, bienes y servicios. “No hay nada en el dinero que no pueda ser comprendido por una persona razonablemente curiosa, activa e inteligente”, afirma el economista John K. Galbraith en el libro “El dinero”, cuya primera edición se publicó en 1975 y Ariel reeditó en castellano 20 años después (con un capítulo añadido en el que incluían referencias a las presidencias de Carter y Reagan). El dinero aparece históricamente vinculado a tres instituciones progenitoras: las Casas de la Moneda, las Secretarías del Tesoro o Ministerios de Hacienda y los bancos. Y el negocio bancario nace en Italia. De hecho, el mundo no se inició con la actual crisis. “Ni los Rothschild ni J.P. Morgan han igualado a los Médicis en una grandeza sustancialmente fomentada por ser agentes fiscales de la Santa Sede”, resalta el autor. Además, las casas de banca de Venecia y Génova sientan el precedente de los bancos comerciales (al menos un centenar de bancos de depósito se fundaron en Venecia entre los siglos XIII y XV). Casi igual de avanzadas eran las entidades del Valle del Po.

A grandes trazos, en el mundo antiguo y en la Edad Media las monedas confluían en las ciudades con un comercio más boyante. Se aceptaba la moneda bajo palabra, y había una tendencia a pagar con dinero de escasa calidad mientras se retenían los mejores metales (“la moneda mala expulsa siempre a la buena”, sentenció en 1558 sir Thomas Gresham, una ley económica que con el tiempo se mostró inapelable). Proliferaban las diferentes monedas, que muchas veces circulaban adulteradas, rebajadas y recortadas. En 1609 se fundó el Banco de Amsterdam -el primer banco relevante- con el fin de regular y limitar los abusos del dinero, aunque sin las funciones con las que más tarde contaron los bancos centrales. Galbraith añade que con el tiempo se constituyeron otros bancos “guardianes” en diferentes países, en los que únicamente se tenía en cuenta el metal válido. A este fenómeno se agregó el de la expansión de los estados nacionales, que hizo disminuir el número de monedas al tiempo se mejoró la acuñación. Pero tampoco fue la panacea: “Una constante en la historia del dinero es que cada remedio puede dar origen a nuevos abusos”, destaca el autor de “La sociedad opulenta”, “El crac del 29” y “Breve historia de la euforia financiera”, entre otros textos. Durante cerca de un siglo, el Banco de Amsterdam permitió que los depósitos fueran considerados como tales y el metal confiado por su dueño permaneciera guardado hasta el momento en que éste decidiera transferirlo. Es decir, no se realizaban préstamos con el metal en depósito.

“Pocas cosas me han proporcionado más placer a lo largo de los años que leer, reflexionar y escribir acerca del dinero”, afirma John K. Galbraith en la introducción del libro de 300 páginas en el que aborda el nacimiento de la banca, las primeras fiebres especulativas en Europa y Estados Unidos, la constitución de la Reserva Federal norteamericana, el crac del 29 y el advenimiento de las políticas keynesianas, entre otras materias. Traducido a doce lenguas, el texto permite rastrear numerosos problemas económicos del presente, sea a partir de los precedentes en el siglo XVIII de la Banque Royale francesa (fundada en 1716 con un capital inicial de seis millones de libras, y que emitía billetes en forma de préstamos que terminaban financiando a la corona) el Banco de Inglaterra (impulsado en 1694 también mediante privilegio real y con el fin de costear el gasto militar de Guillermo de Orange) o la relevancia del papel moneda en las colonias americanas que aspiraban a independizarse de Gran Bretaña. ¿Qué enseñanzas aporta la evolución del pionero Banco de Amsterdam? Cuando en 1672 las tropas francesas de Luis XIV se aproximaban a la capital holandesa, se desató la alarma y los mercaderes acecharon el banco temiendo que hubiera desaparecido su riqueza. Quienes pidieron su dinero lo recibieron, mientras que otros prefirieron dejarlo ante la grave coyuntura. “Mucha gente que necesita desesperadamente su dinero del banco deja de necesitarlo cuando está segura de que lo tiene a su disposición”, concluye Galbraith.

Las cosas empezaron a torcerse por las complicidades entre el alcalde y los senadores de la ciudad de Amsterdam, quienes poseían el banco, y por otro lado los directores de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. En muchos casos se trataba de los mismos próceres. En el siglo XVI la empresa había mostrado signos de un potencial enorme, aunque en ocasiones necesitaba dinero a corto plazo para la dotación de los barcos o esperar a su retorno. El banco comenzó a realizar préstamos, mediante transferencias de los recursos en depósito a otras cuentas. John K. Galbraith destaca que se trataba del “primer paso hacia lo que para los bancos comerciales modernos es la operación más ortodoxa”. Pero a finales del siglo XVII y en la centuria siguiente, las cuentas de la compañía holandesa arrojaron números rojos cada vez más inquietantes. La guerra contra Inglaterra de 1780 condujo a mayores demoras en los pagos. El gobierno de la ciudad también solicitó préstamos al Banco de Amsterdam. En tal coyuntura, si todos los depositantes quisieran recuperar su dinero resultaría imposible. La entidad bancaria comenzó a limitar las monedas que los clientes podían extraer o transferir. Señal de peligro. El final llegó en 1819, cuando el Banco de Amsterdam tuvo que liquidar sus negocios tras más de dos siglos de actividad.

El fallecido economista y autor de “La cultura de la satisfacción” hace un recorrido histórico que permite extraer lecciones, por ejemplo, respecto a las triquiñuelas lingüísticas y los motivos de las espirales especulativas. Durante el siglo XIX y hasta aproximadamente 1907 se hablaba de “pánico” sin ningún embozo. Pero a partir de esta fecha los hombres de negocios prefirieron las expresiones de “crisis” y “depresión”, con el fin de mitigar el desplome de la confianza. Se produjeron estados de “pánico” en 1819, 1837, 1857, 1873, en menor grado en 1884, muy grave en 1893, también en 1907 y breve pero muy importante en 1921; el más grave y duradero se produjo en octubre de 1929. En 1819 y 1837 la especulación se centró en la tierra, fueron los grandes años de la construcción de canales en Estados Unidos pero también de caminos, edificios del estado, escuelas y algunas cárceles. En 1857 la ambición especulativa se desplazó a los ferrocarriles y a las “obligaciones” con las que se financiaban los proyectos ferroviarios. Esta prioridad en la inversión de capitales se prolongó hasta finales del siglo XIX. “En los años que precedieron al pánico de 1873, y de nuevo antes del de 1893, hubo un enorme auge en la construcción de ferrocarriles”, recuerda Galbraith; “nada más curioso en el siglo XIX que la facilidad con la que la gente olvidaba el último desastre y se apresuraba a perder dinero en el siguiente”. Otros objetos de agiotismo no tan relevantes fueron el oro y el cobre. En el “pánico” de 1907 perduró la importancia del ferrocarril, aunque el foco se desplazó a las acciones en general. Al igual que en el de 1921, pero en este caso la depresión fue precedida por la especulación con las tierras y en los mercados agrícolas.

En este clásico “best-seller” sobre el dinero, John K. Galbraith hace gala de un extraordinario magisterio, que le permite explicar con gran sencillez, sin jerga para especialistas y aplicando técnicas habituales en la narrativa, las políticas de Roosevelt, las bases del keynesianismo, el auge y ocaso del patrón oro, la evolución de los precios después de la primera guerra mundial o las discusiones sobre la curva de Philips. En el capítulo final del libro (“Dinero y política”), el docente subraya que el periodo de bonanza económica en Estados Unidos terminó con la guerra de Vietnam. Los gastos del conflicto y la demanda resultante presionaron al alza de los precios. En años posteriores, los economistas de cámara de la Administración Nixon achacaron la inflación desbocada al caos fiscal que habían heredado. “Pero realmente la posición fiscal recibida era notablemente sana”, rebate John K. Galbraith. “Tampoco fueron muy alarmantes los movimientos de precios que heredó la nueva Administración”. Tal vez alguna de las claves radique en la primera rueda de prensa convocada por Nixon, el 27 de enero de 1969, en la que afirmó: “No estoy de acuerdo con la sugerencia de que la inflación puede ser eficazmente controlada exhortando al trabajo, a la dirección y a la industria a seguir ciertas normas orientadoras”. Según el autor de “El dinero”, “Todo el daño posible estaba aquí; había que minimizar la dirección de la economía, aunque fuese cada vez más necesaria”. ¿Economía o ideología?

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Estados Unidos descubre que las prisiones públicas son más baratas que las privadas

Ven, 19/08/2016 - 18:49

Se acabó: al Departamento de Justicia de Estados Unidos se le acabó la paciencia. Tras echar cuentas durante años, ha confirmado que las prisiones federales (las que dan servicio al circuito judicial en el que se enjuician los delitos más graves y aquellos cuya trascendencia supera las fronteras de un solo estado) son un agujero de dinero por culpa de la gestión privada.

En el país del mundo que más gente tiene encarcelada (unos 700 reclusos por cada 100.000 habitantes, frente a los 451 de Rusia o los 307 de Brasil, aunque en estados como Luisiana se dispara hasta los 1.082), cada dólar de los más de 80.000 millones que se emplean cada año en mantener la población reclusa cuenta.

Las cifras de encarcelados en Estados Unidos muestran, además, un claro sesgo racial: mientras que la tasa de personas de raza blanca apenas llega a las 450 por 100.000, la de personas de origen latinoamericano se duplica hasta 831, y la de las de raza negra se dispara hasta las 2.306 (más de tres veces la media de todo el país).

Hora de poner coto a los excesosEl vicefiscal general de EEUU anunciaba por eso este jueves a través de un informe que la administración Federal deberá rechazar a partir de ahora la renovación de los contratos de gestión de prisiones que quedan en vigor, hasta que el sector público adquiera el control total de todas y cada una de las prisiones bajo control directo de la Casa Blanca.

"Es simple: (las empresas privadas) no proporcionan el mismo nivel de servicios correcionales, de programas y de recursos; no permiten ahorros sustanciales en costes; y como ha revelado la Intervención General, no sirven para mantener el mismo nivel de seguridad tanto por lo que respecta a evitar fugas como a proteger la vida de los reclusos", escribe Sally Yates en el informe citado por el diario The Washington Post.

El cambio no será radical, puesto que en la actualidad la cantidad de prisiones federales que están siendo gestionadas por empresas privadas es reducida, pero sobre todo porque sólo una minoría de los reclusos está en instalaciones federales: poco más de 200.000 sobre un total de 2,2 millones de presos.

Sí supondrá en cambio un punto de inflexión, al eliminar la gestión privada de un total de 13 cárceles. Con el cambio se espera reducir el número de incidentes violentos registrados en las instalaciones privadas, cuya tasa en términos comparables es mucho mayor que en las públicas, y reducir el contrabando (ocho veces superior en las gestionadas por empresas).

El informe cita varios casos de mala gestión por parte de empresarios, como es el caso de un motín desatado en 2012 en la instalación de Adams County, donde 20 personas resultaron heridas y un oficial fue asesinado tras una protesta que se desató por la bajísima calidad de la comida y las carencias en el tratamiento médico".

"El hecho es", concluye Yates, "que las prisiones privadas no son comparables con las públicas en términos de seguridad y protección (...) y por eso tenemos tanto la oportunidad como la responsabilidad de hacer algo al respecto".
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Tomado de El Economista
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Poder corporativo, libre comercio y fraude fiscal: una sola ecuación

Ven, 19/08/2016 - 07:02

Desde mediados de la década del noventa el movimiento social a nivel global comenzó a colocar como prioridad en sus agendas de lucha el tema comercial, dándole especial énfasis a una crítica completa al paradigma del libre comercio, que se colocó como premisa teórica de la puesta en marcha de la globalización neoliberal.

El primer escenario de la batalla contra el paradigma del libre comercio fue la Organización Mundial del Comercio (OMC), en donde se avanzó creando un entramado jurídico global de carácter obligante que profundizó la lógica de la desregulación comercial: agresivas desgravaciones arancelarias; eliminación de marcos regulatorios al capital financiero; y fortalecimiento de la protección unilateral a las inversiones externas.

Los efectos no se hicieron esperar en los denominados países del tercer mundo, que empezaron a sufrir las consecuencias de esta lógica del libre comercio. Y por tanto, se empezó una “rebelión” al interior de la OMC, liderada principalmente por quienes luego formarían el bloque de los BRICS a fin de detener, en alguna medida, esta ofensiva libre cambista, llevando a lo que muchos llaman al “fracaso de la Ronda de Doha” o lo que es lo mismo, que los promotores del libre comercio no pudiesen terminar su labor al estancarse en los llamados “cuatro temas de Singapur”: 1) libre competencia, 2) facilitación del comercio, 3) protección de inversiones y 4) compras del sector público. La condición fue que se resolviera en el seno de la OMC el tema de los subsidios al sector agrícola en el norte (léase Estados Unidos y Europa, principalmente), para luego abordarse los temas de Singapur.

Ante el fracaso de la Ronda de Doha, la estrategia neoliberal acentuó la promoción de los Tratados de Libre Comercio (TLCs). En el caso de América Latina, los Estados Unidos de Norteamérica lanzaron la ofensiva del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que fracasó por la alianza entre los recién llegados gobiernos progresistas y el movimiento social. Ante ello, Estados Unidos continuó con el impulso bilateral de TLCs.

En efecto, la mitad de América Latina y el Caribe (México, Centroamérica, Caricom, Perú, Colombia, Chile) está constituida por economías que se rigen por el paradigma del libre comercio, con TLCs entre ellas y con tratados con países de fuera de la región. Sólo se mantienen fuera de la lógica de los TLCs el Mercosur (Argentina, Paraguay, Uruguay, Brasil, Venezuela) además de Ecuador y Bolivia. Aparejado a la existencia de los TLCs, se fue profundizando esta institucionalidad neoliberal con el impulso que se dio a los Tratados Bilaterales de Protección de Inversiones (también conocidos como TBIs). De forma que se liberalizó el comercio vía TLCs y se le dio una protección privilegiada a la inversión extranjera vía TBIs. La dimensión fiscal Una dimensión que no se había considerado en el ataque al libre comercio fue la fiscal, es decir los impactos provocados por dichos acuerdos en la recaudación tributaria. Gracias al movimiento global por la justicia fiscal se empieza a hacer una correlación de factores que obligan a hacer los vínculos de la desregulación comercial y de inversiones, con la opacidad, la evasión, la elusión y el fraude fiscal. Estos vínculos, empiezan a relacionar cómo la desgravación arancelaria impacta las cuentas nacionales en términos de los impuestos que dejan de cobrarse a las importaciones. Asimismo, cómo los procesos de desregulación financiera y el libre tránsito de capitales impactan en las cuentas de capital de los Estados. De igual forma, cómo los principios de Trato Nacional (TN) y Trato de Nación Más Favorecida (TNF) abren portillos para la elusión de las transnacionales y también cómo las políticas de atracción de inversiones basadas en exoneraciones o privilegios fiscales van provocando inmensos costos en términos de gasto tributario para los países. Asimismo, se ha observado que luego de la suscripción de un TLC, normalmente sigue la suscripción de un acuerdo de doble tributación, ventajoso para los países de donde proviene la inversión transnacional en el pago del impuesto a la renta. Es que el principio que rige la tributación en estos acuerdos es el de “residencia” y no el de “fuente”. De esta manera, una empresa extranjera no tributa ni en el país donde extrae la renta, ni en el de donde proviene, sino donde estratégicamente ha puesto su sede: Gran Caimán, Delaware, Islas Vírgenes y otras jurisdicciones opacas. Finalmente, toda esta maraña de acuerdos de inversiones, libre comercio y doble tributación facilita la planificación tributaria, desarrollada por grandes estudios jurídicos que saben muy bien cómo y dónde constituir sociedades comerciales para no pagar impuestos. El escándalo de los Panamá Papers es una clara muestra de ello.

Crisis del posneoliberalismo Hoy América Latina vive un momento de contraofensiva neoconservadora, básicamente en Suramérica que es la parte de la región que trató de desmontar la arquitectura neoliberal heredada de las décadas de los ochenta y los noventa. La irrupción de la derecha en Argentina, el golpe de estado en Paraguay, el golpe de estado en curso en Brasil y la victoria de la derecha en el parlamento venezolano, han posicionado de nuevo al paradigma del libre comercio en esta subregión latinoamericana.

La Alianza del Pacífico empieza a ganar adeptos en la región, los gobiernos del Mercosur inician la presión para que finalmente este proceso modifique su carta constitutiva que inhibe la firma de Tratados de Libre Comercio, esos mismos gobiernos se animan a reanudar la negociación para la firma de un TLC entre la Unión Europea y Mercosur, que se uniría a los que ya tiene la Unión Europea en vigencia con Centroamérica, México, Chile y Perú/Colombia.

Diversos países de América Latina están participando a fondo en las negociaciones del TISA, que abre sectores fundamentales (educación, salud, agua, servicios municipales, correos, transporte, etc.) a la participación privada de transnacionales. México, Perú y Chile participan activamente en el ya suscrito Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (conocido por sus siglas en inglés como TPP).

El poder corporativo transnacional tiende a fortalecerse por medio del impulso de diversos tratados o de inversiones, que se orientan a profundizar la desregulación de los grandes capitales, y que constituyen verdaderos candados jurídicos a políticas reformistas orientadas al bien común.

Visibilizar esta situación, abrir el debate para comprender en toda su dimensión las características del fenómeno y generar nuevas articulaciones de denuncia, resistencia y propuestas de cambio, son tareas urgentes para el movimiento social de América Latina.
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Vía Alainet

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Sí que hay alternativas al determinismo económico y/o tecnológico

Xov, 18/08/2016 - 20:15
Vicenç Navarro, Público

Uno de los posicionamientos más extendidos en la cultura política y económica del país es que la globalización de la economía a nivel mundial ha hecho imposible llevar a cabo políticas a nivel del Estado-nación, y muy en particular aquellas que están encaminadas a mejorar la calidad de vida de las clases populares que, por cierto, constituyen la mayoría de la población en cada Estado-nación. La famosa frase de que “no hay alternativas” se convierte en un muro frente a cualquier intento de cambio. De esta manera, el desmantelamiento de los servicios públicos del Estado del Bienestar y el descenso de los salarios y de la estabilidad laboral, con el consiguiente deterioro del estándar de vida de la mayoría de la gente, se presentan como inevitables e inalterables. Por desgracia, un número creciente de movimientos sociales y partidos políticos progresistas están también aceptando esta interpretación de la realidad, concluyendo que, a no ser que haya un cambio global (bien sea de la Eurozona, o de la Unión Europea, o del mundo capitalista), es poco lo que se puede hacer para cambiar tales políticas.

En otras ocasiones, este determinismo económico es sustituido o complementado por otro determinismo, este de carácter tecnológico, que asume que los cambios tecnológicos son los que están configurando nuestras sociedades, sin que podamos hacer mucho para cambiarlo. Así se asume –contra toda evidencia empírica existente- que los avances tecnológicos en la automatización del trabajo están destruyendo puestos de trabajo, abocándonos a un futuro sin puestos de trabajo.

Ni que decir tiene que estas explicaciones deterministas están promovidas por las estructuras de poder responsables del enorme descenso de la calidad de vida y bienestar de las poblaciones, que promueven estas explicaciones para ocultar las causas reales de esta situación, que no son ni económicas ni tecnológicas, sino políticas, es decir, el control del poder económico, financiero, político y mediático por parte de estas estructuras, que se benefician enormemente de la situación actual y que, a través precisamente de los Estados-nación y las estructuras supranacionales que ellos controlan, están configurando esta globalización y/o esta tecnologización.

Los Estados-nación continúan siendo clave Un ejemplo claro de lo que estamos hablando son los mal llamados tratados de libre comercio que sistemáticamente favorecen a unas clases sociales de los Estados-nación a costa de otras clases sociales de los mismos Estados-nación. La aplicación, por ejemplo, del NAFTA (el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, EEUU y México) benefició a las clases empresariales de los tres países a costa de las clases populares de cada país. La evidencia de ello es abrumadora. Grandes empresas manufactureras basadas en EEUU (donde el salario mínimo es de 7,25 dólares por hora) se desplazaron a México (donde tal salario mínimo es de solo 58 céntimos), disparando sus beneficios empresariales, que beneficiaron a sus directivos y accionistas, a la vez que destruyeron millones de puestos de trabajo, devastando estados industriales como Ohio, Michigan y Pennsylvania, entre muchos otros. Por otra parte, estas inversiones extranjeras en México, aun cuando crearon empleo, también destruyeron mucho más empleo, al causar el colapso de muchas empresas locales mexicanas que no pudieron competir con las grandes empresas transnacionales, creando así un elevado desempleo en México, que incrementó el flujo migratorio de aquel país hacia EEUU (ver Murdering American Manufacturing: ‘Strictly Business’).

Un tanto parecido ha ocurrido con el General Agreement on Tariffs and Trade (GATT), y ocurrirá con el tratado entre EEUU y la Unión Europea. No es por casualidad que los establishments financieros y económicos de los Estados-nación a los dos lados del Atlántico Norte sean favorables a tales tratados y sean precisamente las clases populares las que se oponen a la globalización económica y financiera. La globalización económica es un fenómeno predominantemente político, y responde a fuerzas políticas que se ejercen a través de los Estados y, a través de ellos, en las entidades supranacionales. Los países escandinavos, debido a su pequeño tamaño, son los países más “globalizados” (es decir, integrados en la economía internacional) de Europa y, sin embargo, están entre los países que tienen salarios mayores y los Estados del Bienestar más avanzados, y ello se debe a causas políticas, no económicas: el gran poder de las izquierdas en tales países, habiendo estado gobernados por coaliciones de partidos progresistas durante la mayoría del periodo post Segunda Guerra Mundial. Este es el punto clave del que los “globalistas” parecen no darse cuenta.

Un tanto parecido ocurre en cuanto al determinismo tecnológico. Como bien ha subrayado Anthony B. Atkinson en su libro sobre desigualdades (Inequality: What Can Be Done?), atribuir estas desigualdades a cambios tecnológicos es ignorar que estos cambios están configurados, a su vez, por las coordenadas de poder que controlan su diseño y su aplicación. No es por casualidad que estos cambios tecnológicos acentúen todavía más las desigualdades, pues en una sociedad desigual la introducción de nuevas tecnologías acentúa aún más las desigualdades, pues su acceso no está igualmente distribuido.

Las consecuencias sociales de estos cambios Branko Milanovic, hace un par de años, en sus clases en el Programa de Políticas Públicas y Sociales de la Universidad Pompeu Fabra, acentuó que la globalización configurada por las políticas públicas de corte neoliberal y que han sido impuestas a los dos lados del Atlántico Norte por los establishments financieros, económicos, políticos y mediáticos de cada uno de estos Estados, han ido configurando unas sociedades muy parecidas a las existentes en el continente de América Latina a finales del siglo XX, cuando el neoliberalismo era la ideología dominante en aquel territorio. Había el 16% ó 21% (el 1% más un 15% ó 20%) superior, que era la clase cosmopolita (ligada al capital internacional, claramente articulada con el capital de los otros países dominantes del norte, centro y sur de las Américas), unas clases medias en claro descenso, y una clase trabajadora muy local, poco cosmopolita y claramente amenazada por tal globalización, al ver sus intereses sacrificados constantemente en aras de la supuesta competitividad y globalización. Esto es lo que hoy está ocurriendo a ambos lados del Atlántico Norte. No es, por lo tanto, sorprendente que haya un rechazo procedente de estas clases populares hacia los establishments político-mediáticos, meros instrumentos de los establishments financiero-económicos en cada Estado-nación.

Este rechazo, que alcanza dimensiones de gran hostilidad, está siendo canalizando por dos fuerzas políticas de signo diferente y en muchas ocasiones opuesto, aunque puedan tener elementos en común. La base electoral de tales movimientos anti-establishment es la clase trabajadora (la misma clase que había desaparecido de la narrativa oficial, que había sido sustituida por la clase media) de estos países.

Una de estas fuerzas políticas es la respuesta de carácter predominantemente nacionalista, en un intento de recuperar la identidad perdida (consecuencia de la globalización) interpretando (erróneamente) tal globalización como internacionalización. En realidad, el Tratado de Libre Comercio entre EEUU y la UE será la americanización de la vida política, cultural, financiera y económica de los países de la UE. La otra fuerza política es la que intenta cambiar las relaciones de poder de clase dentro de cada Estado para así poder establecer otro tipo de globalización que sería la auténtica internacionalización. La polarización política que estamos viendo en Europa en los dos lados opuestos del espectro político es un indicador de la expresión de estas dos respuestas a la llamada globalización.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La falsa promesa económica de la gobernanza global

Xov, 18/08/2016 - 07:05
Dani Rodrik, Project Syndicate

La gobernanza global es el mantra de la élite moderna. El argumento es que el incremento de flujos transfronterizos de bienes, servicios, capital e información (derivado de la innovación tecnológica y la liberalización de los mercados) generó demasiada interconexión entre los países del mundo como para que cada uno de ellos por separado pueda resolver sus problemas económicos solo. Necesitamos reglas globales, acuerdos globales, instituciones globales.

Esta afirmación goza de tanta aceptación que cuestionarla puede parecer como sostener que el Sol gira alrededor de la Tierra. Pero lo que puede ser verdad en el caso de problemas realmente globales como el cambio climático o las pandemias no es aplicable a la mayor parte de los problemas económicos. Contra lo que oímos a menudo, la economía mundial no es un bien común global. La gobernanza global ayudará muy poco, y a veces ocasionará un perjuicio.

Lo que hace que, por ejemplo, el cambio climático sea un problema que demanda cooperación internacional es el hecho de que el planeta tiene un único sistema climático. Como da lo mismo dónde se emitan gases de efecto invernadero, imponer restricciones a las emisiones sólo en el nivel nacional generaría escaso o nulo beneficio al país que lo hiciera.

En cambio, las buenas políticas económicas (entre ellas la apertura) benefician ante todo a la economía local; y es allí también donde se paga la mayor parte del costo de las malas políticas económicas. Las perspectivas económicas de cada país dependen mucho más de lo que suceda allí que del extranjero. Cuando la apertura económica es deseable, es porque esa política beneficia al país que la aplica, no porque beneficie a otros. La apertura y otras políticas acertadas que contribuyen a la estabilidad económica internacional se basan en el interés propio, no en un espíritu global.

A veces, un país logra una ventaja económica en detrimento de otros; es el caso de las políticas de “empobrecer al vecino”. El mejor ejemplo es cuando el proveedor dominante de un recurso natural (como el petróleo) restringe la oferta en los mercados mundiales para aumentar el precio. Lo que gana el exportador es lo que pierde el resto del mundo.

Un mecanismo similar está en la base de los “aranceles óptimos”, por los que un país grande manipula sus condiciones de intercambio restringiendo las importaciones. En esos casos, hay buenas razones para instituir normas globales que limiten o prohíban el uso de esas políticas.

Pero la inmensa mayoría de las cuestiones de comercio y finanzas internacionales que ocupan la atención de los funcionarios no son así. Pensemos por ejemplo en los subsidios agrícolas y la veda de organismos transgénicos en Europa, el abuso de las normas antidumping en Estados Unidos o la inadecuada protección de los derechos de los inversores en los países en desarrollo. Son, en esencia, políticas de “empobrecerse uno mismo”. Sus costos económicos caen sobre todo en el país que las aplica, aun cuando también puedan perjudicar a otros.

Por ejemplo, los economistas suelen coincidir en que los subsidios agrícolas son ineficientes, y que sus beneficios para los agricultores europeos suponen un alto costo para el resto de la gente en Europa, en la forma de aumento de precios, aumento de impuestos o ambas cosas. Esas políticas se implementan no para sacar provecho a costa de otros países, sino porque otros objetivos internos concurrentes (de tipo distributivo, administrativo o sanitario) se imponen a las consideraciones económicas.

Lo mismo vale para las deficiencias en regulación bancaria o política macroeconómica que agravan el ciclo económico y generan inestabilidad financiera. Como demostró la crisis financiera global de 2008, lo que suceda dentro de un país puede tener enormes consecuencias fuera. Pero si las autoridades regulatorias en Estados Unidos no cumplieron su tarea, no fue porque así su país saliera beneficiado a costa de los demás: la economía estadounidense fue una de las que más sufrió.

Tal vez el mayor fracaso de las políticas actuales sea la incapacidad de los gobiernos de las democracias avanzadas para hacer frente al aumento de la desigualdad. Esto también es una cuestión de política interna, originada en el control, por parte de élites financieras y empresariales, del proceso de definición de políticas, y en los discursos que han elaborado en relación con los límites de las políticas redistributivas.

Los paraísos fiscales son un ejemplo indudable de políticas de empobrecer al vecino. Pero países poderosos como Estados Unidos y los miembros de la Unión Europea podrían haber hecho mucho más de su parte para poner coto a la evasión fiscal (y a la competencia feroz en reducción de impuestos corporativos) si lo hubieran querido.

De modo que los problemas actuales poco tienen que ver con una falta de cooperación global. Son de naturaleza local y no se pueden corregir mediante normas dictadas por instituciones internacionales, que fácilmente pueden caer presa de los mismos intereses creados que debilitan la política nacional. Muy a menudo, la gobernanza global es sinónimo de implementar la agenda global de esos intereses; por eso casi siempre termina promoviendo mayor globalización y armonización de las políticas económicas locales.

Una agenda alternativa para la gobernanza global se centraría en mejorar el funcionamiento local de las democracias, sin prejuzgar cuáles deban ser las políticas elegidas luego. Sería un modelo de gobernanza global dirigido a mejorar la democracia en vez de la globalización.

Lo que tengo en mente es la creación de normas y requisitos procedimentales globales pensados para mejorar la calidad de los procesos decisorios nacionales. Por ejemplo, reglas globales relativas a (entre otras cuestiones) la transparencia, la representatividad, la rendición de cuentas y el uso de evidencia científica o económica en los procedimientos de decisión locales, sin condicionar el resultado final.

Las instituciones globales ya usan esta clase de normas, hasta cierto punto. Por ejemplo, el Acuerdo sobre la Aplicación de Medidas Sanitarias y Fitosanitarias (Acuerdo SPS) de la Organización Mundial del Comercio exige explícitamente el uso de evidencia científica cuando se planteen dudas sobre la seguridad sanitaria de bienes importados. Podrían usarse normas procedimentales similares, con mucho más alcance y efectividad, para mejorar los procesos de toma de decisiones en el nivel nacional.

Las normas antidumping también podrían mejorarse exigiendo que los procedimientos nacionales tengan en cuenta los intereses de consumidores y productores que resultarían perjudicados por la aplicación de aranceles a las importaciones. Las normas sobre subsidios se podrían mejorar exigiendo análisis económicos de costo‑beneficio que incorporen las posibles consecuencias en materia de eficiencia estática y dinámica.

Los problemas derivados de fallos en el proceso nacional de deliberación solamente pueden resolverse mejorando la toma democrática de decisiones. En esto la gobernanza global sólo puede hacer un aporte muy limitado, y sólo en la medida en que apunte a mejorar la toma interna de decisiones en vez de condicionarla. Fuera de eso, la búsqueda de gobernanza global encarna un anhelo de soluciones tecnocráticas que anulan y debilitan la deliberación pública.

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Un día más en la crisis

Mér, 17/08/2016 - 14:44
Alejandro Nadal, La Jornada

Un día como hoy, hace exactamente nueve años, el Comité de operaciones de mercado abierto de la Reserva Federal (FOMC) reconocía que las condiciones de los mercados financieros se estaban deteriorando rápidamente. En su diagnóstico de la coyuntura admitía que las restricciones sobre crédito y la incertidumbre frenarían el crecimiento. Es como si el capitán del barco viera venir un huracán y dijera: ¡Cuidado, viene una brisa ligera!

Ha llovido desde esos días en los que los economistas de la Fed y del mundo académico tradicional comenzaban a ver señales inquietantes en el horizonte. Su marco conceptual hacía difícil pensar que algo realmente malo estaba cocinándose en las entrañas de las economías capitalistas avanzadas. No cabe duda: cuando se trata de analizar la crisis global del capitalismo contemporáneo, a lo más que llega el pensamiento económico tradicional es a ver entre brumas una crisis financiera.

Por ejemplo, en Estados Unidos se sigue hablando de las reformas al sistema bancario y financiero, como si ahí estuviera la solución del problema. Y aunque todavía no se termina de implementar la ley Dodd-Frank, todavía sigue vivo el debate sobre si el tamaño de los bancos ya dejó de ser un problema o si todavía entraña riesgos sistémicos.

Estas discusiones son reveladoras, pues indican lo alejado que está el análisis económico tradicional de comprender la naturaleza de la crisis. Así, en las discusiones entre funcionarios de la Fed y destacados académicos en Estados Unidos hoy lo que más importa es el tamaño de los bancos, los requerimientos de capitalización y el trato fiscal a los diferentes esquemas de financiamiento. Parece mentira, pero el debate sobre si los grandes bancos son demasiado grandes para dejarlos ir a la quiebra en caso de emergencia sigue dominando la reflexión sobre la crisis.

Es cierto que las dimensiones de los cinco bancos más grandes de Estados Unidos (JP Morgan Chase, Bank of America, Citigroup, Wells Fargo y Goldman Sachs) son realmente impresionantes: sus activos equivalen a cerca de 60 por ciento de la economía estadounidense. Sin embargo, el lobby del sector bancario insiste en que el tamaño se acompaña de importantes economías de escala y, por lo tanto, en menores costos para el público usuario de los bancos. Al afrontar este tipo de argumentos la reforma bancaria ha tenido que caminar despacito.

Otro argumento para frenar la reforma es que los coeficientes de concentración en el sector bancario de Estados Unidos son inferiores a los de la mayoría de los países europeos. Los tres bancos más grandes en Noruega, por ejemplo, son responsables de 84 por ciento del mercado, mientras que en Estados Unidos apenas controlan 20 por ciento. Nuevamente, el lobby bancario insiste en que los niveles de concentración no constituyen el problema principal. Es más, se afirma que entre más alto sea el nivel de concentración (y el tamaño de los bancos) se alcanzará un mayor grado de estabilidad en la industria. El razonamiento aquí es que los bancos grandes pueden diversificarse más fácilmente y eso permite mitigar los efectos negativos del ciclo de negocios en un sector con los resultados positivos de otro sector. Los mayores niveles de rentabilidad vinculados a la diversificación se supone deben conducir a una mayor fortaleza y estabilidad.

Pero la realidad es que la crisis en Estados Unidos alcanzó a los bancos más grandes, diversificados o no. Y el contagio atravesó mares y continentes hasta convertir a la crisis en una hecatombe mundial, con decenas de millones de personas en desempleo y otros tantos perdiendo su patrimonio. Así que lo que es importante es la forma de inserción del sector bancario/financiero en las entrañas del capitalismo funcional contemporáneo.

Mientras los economistas tradicionales siguen discutiendo sobre cuántos bancos grandes pueden bailar en la cabeza de un alfiler, las causas profundas de la crisis parecen seguir siendo objeto exclusivo de análisis de los economistas heterodoxos y críticos de corte marxista. La pregunta central es la siguiente: ¿cuál es el problema fundamental del capitalismo? Claramente la respuesta no está en el tamaño de los bancos o en los niveles de concentración en el sector bancario.

El problema fundamental de una criatura tan compleja como el capitalismo no puede reducirse a un solo fenómeno. No creo que la tendencia a la caída en la tasa de ganancia, fenómeno bien identificado por Marx, o la problemática del subconsumo (y falta de realización de la plusvalía), sean las causas aisladas o únicas de la crisis, pero sin duda están cerca de sus raíces. También lo están los síntomas del exceso de capacidad instalada y la desigualdad creciente en la distribución del ingreso. Y en cuanto al sector bancario/financiero, justo es decir que forma parte esencial de la economía capitalista desde hace décadas como bien lo han demostrado muchos autores post-keynesianos y marxistas.

Mientras tanto, transcurren los días y cada día observamos que a medida que se desarrolla, el capitalismo funciona cada vez más mal.

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Para construir una internacional progresista

Mar, 16/08/2016 - 21:15
Yanis Varoufakis, Sin Permiso

La política en las economías avanzadas de Occidente está en la tesitura de una reestructuración política como no se ha visto desde los años 30. La Gran Deflación que tiene acogotados a ambos lados del Atlántico está haciendo que revivan fuerzas políticas que habían estado dormidas desde el final de la II Guerra Mundial. Está volviendo la pasión a la política, pero no de la forma que muchos habíamos esperado.

La derecha se ha visto animada por un fervor contrario al “establishment” que era, hasta hace poco, patrimonio de la izquierda. En los Estados Unidos, Donald Trump, candidato republicano a la presidencia, mete en vereda – bastante creíblemente – a Hillary Clinton, su oponente demócrata, por sus estrechos lazos con Wall Street, sus ganas de invadir tierras foráneas, su disposición a adherirse a acuerdos de libre comercio que han socavado el nivel de vida de millones de trabajadores. En el Reino Unido, el Brexit ha asignado a ardientes thatcherianos el papel de entusiastas defensores del National Health Service [el sistema sanitario británico].

Esta transformación no carece de precedentes. La derecha populista ha adoptado tradicionalmente una retórica cuasi izquierdista en tiempos de deflación. Cualquiera que tenga estómago para revisar los discursos de los más destacados fascistas y nazis de los años 20 y 30, encontrará apelaciones – los panegíricos de Benito Mussolini a la seguridad social o las punzantes críticas del sector financiero por parte de Joseph Goebbels – que parecen, a primera vista, indistinguibles de metas progresistas.

Lo que hoy estamos experimentando es la implosión natural de la política centrista, debido a una crisis del capitalismo global en la que un derrumbe financiero condujo a una Gran Recesión y luego a la Gran Deflación de hoy. La derecha está repitiendo sencillamente su viejo truco de sacar partido de la ira justificada y las aspiraciones frustradas de las víctimas para hacer que avance su repugnante orden del día.

Todo empezó con la muerte del sistema monetario internacional establecido en Bretton Woods en 1944, que había forjado un consenso político de postguerra basado en una economía “mixta”, límites a la desigualdad y una sólida regulación financiera. Esa “era dorada” terminó con el llamado “shock” de Nixon en 1971, cuando Norteamérica perdió los superávits que, reciclados internacionalmente, mantenían estable el capitalismo global.

De manera notable, la hegemonía de los Estados Unidos creció en esta segunda fase de postguerra, en paralelo a su déficit comercial y presupuestario. Pero para seguir financiando estos déficits, los banqueros tenían que desengancharse de sus restricciones del New Deal y de Bretton Woods. Sólo ellos alentarían y gestionarían los flujos de entrada de capital necesarios para financiar los déficis parejos de Norteamérica en fiscalidad y por cuenta corriente.

La meta era la financiarización de la economía, el neoliberalismo su manto ideológico, su gatillo fue la subida de los tipos de interés de la época Paul Volcker en la Reserva Federal, y el presidente Clinton fue en última instancia el que cerró este pacto fáustico. Y el momento no podría haber sido más amigable: el desmoronamiento del imperio soviético y la apertura de China generaron una oferta de trabajo para el capitalismo global – mil millones de trabajadores adicionales – que hicieron que se disparasen los precios y ahogaron el crecimiento de los salarios en todo Occidente.

El resultado de la extrema financiarización fue una enorme desigualdad y una profunda vulnerabilidad. Pero por lo menos la clase trabajadora de Occidente tenía acceso a préstamos baratos y precios de vivienda desorbitados para compensar el impacto de salarios estancados y transferencia de rentas fiscales en declive.

Luego llegó el derrumbe de 2008, que produjo en los EE.UU. y en Europa un masivo exceso de oferta, tanto de dinero como de gente. Aunque muchos perdieron empleos, hogares y esperanzas, billones de dólares en ahorros han ido derramándose por los centros financieros del mundo desde entonces, sumándose a otros billones bombeados por desesperados bancos centrales dispuestos a substituir el dinero tóxico de los financieros. Con empresas e inversores demasiado temerosos como para invertir en la economía real, los precios de las acciones se han puesto por las nubes y el 0,1% más alto no da crédito a su suerte, y el resto mira impotente cómo las uvas de la ira van“…llenándose y haciéndose copiosas, haciéndose copiosas para la cosecha”.

Y así fue como ingentes partes de la humanidad en Norteamérica y en Europa quedaron demasiado endeudadas y se volvieron demasiado caras como para ser otra cosa que desecho, y quedaron listas para verse tentadas por Trump atizando el miedo, por la xenofobia de la dirigente del Front National, Marine Le Pen, o la refulgente visión de los adalides del Brexit de una Britania que rige de nuevo las olas. A medida que crece su número, los partidos tradicionales están cayendo en la irrelevancia, suplantados por el surgimiento de dos nuevos bloques políticos.

Un bloque representa la vieja troika de la liberalización, la globalización y la financiarización. Puede que todavía esté en el poder, pero sus acciones están cayendo rápidamente, como pueden atestiguar David Cameron, los socialdemócratas europeos, Hillary Clinton, la Comisión Europea y hasta el gobierno de Syriza posterior a la capitulación.

Trump, Le Pen, los partidarios derechistas del Brexit en Gran Bretaña, los intolerantes gobiernos de Polonia y Hungría, y el presidente ruso, Vladimir Putin, forman el segundo bloque. La suya es una internacional nacionalista – una criatura clásica de un periodo deflacionario – unida por el desprecio por la democracia liberal y la capacidad de movilizar a los que la aplastarían.

El choque entre estos dos bloques es a la vez real y motivo de confusion. Clinton versus Trump constituye una auténtica batalla, por ejemplo, como lo es la Unión Europea contra los partidarios del Brexit; pero los contendientes son cómplices, no enemigos, que perpetúan un bucle inacabable en el que se refuerzan mutuamente y en el que cada lado se define – y moviliza a sus apoyos sobre esa base – por aquello a lo que se opone.

La única manera de salir de esta trampa política es el internacionalismo progresista, basado en la solidaridad entre las grandes mayorías en todo el mundo que están preparadas para reavivar la política democrática a escala planetaria. Si esto suena utópico, vale la pena poner de relieve que ya se encuentran disponibles las materias primas.

La “revolución política” de Bernie Sanders en los EE.UU., el liderazgo de Jeremy Corbyn en el Partido Laborista del Reino Unido, el MDeE25 (Movimiento por la Democracia en Europa, DiEM25) en el continente: estos son los heraldos de un movimiento internacional progresista que puede definir el terreno intelectual sobre el que debe erigirse la política democrática. Pero nos encontramos en un estadio muy temprano y nos enfrentamos a un notable contragolpe de la troika global: véase el tratamiento dispensado a Sanders por el Comité Nacional de los demócratas norteamericanos, la competencia contra Corbyn de un antiguo cabildero farmacéutico y el intento de encausarme por osar oponerme al plan de la UE para Grecia.

La Gran Deflación plantea una gran pregunta: ¿puede la humanidad concebir y llevar a la práctica un nuevo Bretton Woods “verde” y tecnológicamente avanzado – un sistema que haga nuestro planeta ecológica y económicamente sostenible – sin el inmenso sufrimiento y destrucción que precedieron al primitivo Bretton Woods?

Si nosotros – los internacionalistas progresistas – no conseguimos responder la cuestión, ¿quién la contestará? Ninguno de los dos bloques que hoy rivalizan por el poder en Occidente quiere siquiera que se plantee.

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Revelan cuál es el país de América Latina con el mejor salario mínimo

Lun, 15/08/2016 - 00:45

La diferencia entre el mayor salario mínimo y el menor en la región es de 324 dólares. El primer puesto se lo lleva Argentina, donde los trabajadores perciben 476 dólares mensuales como mínimo. Mientras que el último puesto es para México, donde los asalariados reciben 152 dólares por mes. En Uruguay, el salario mínimo es de 373 dólares, y en Chile es de 346. Le siguen Colombia (307,9 dólares), Brasil (306,8 dólares) y Perú con 268 dólares. Así lo demostró el estudio 'Trabajo Decente en América Latina', de la Red Latinoamericana de Investigaciones sobre Compañías Multinacionales (RedLat).

Sin embargo, no todos los trabajadores alcanzan a cobrar el sueldo mínimo. En Perú, por ejemplo, el 50,1% de los trabajadores percibe ingresos por debajo del mínimo. Le sigue Colombia donde un 48,3% gana menos dinero que el piso establecido. Esta misma situación le ocurre al 28,8% de los trabajadores de Argentina, al 25,4% de Brasil, al 20,2% de México y al 21,1% de los trabajadores chilenos. El mejor resultado en este aspecto es para Uruguay, donde solo el 8,5% de la población asalariada no accede al salario mínimo. Otro dato que se desprende del trabajo de la RedLat es que es la diferencia salarial entre hombres y mujeres sigue siendo muy alta en la región, con una clara ventaja para los hombres.

El país con la mayor diferencia es Perú, donde los hombres pueden llegar a ganar hasta un 43,8% más que las mujeres. El siguiente país más desigual en este sentido es Argentina, donde las personas del sexo masculino obtienen un 34% más de sueldo que las féminas. En Chile se repite la desigualdad con 29,7% más para los hombres. En Brasil con un 25,5%, mientras que en Colombia el desequilibrio favorece en un 20,2% a las ganancias del sexo masculino. En México esa diferencia es del 18,5%. Por último, Uruguay es el país donde menos se evidencia la discriminación por género. Allí los hombres reciben un sueldo 5,9% veces mayor que las mujeres.

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El sultán, el zar y el futuro de Siria

Ven, 12/08/2016 - 18:29
Robert Fisk, La Jornada

Este martes el sultán se reunió con el zar en la sede real de San Petersburgo. Y el califa de Damasco habrá observado desde Siria con la convicción de que la política del partido Baaz habrá demostrado su valía una vez más. ¿La política? Esperen. Y esperen.

Porque, en el momento preciso en que el poder de Turquía sobre Siria –su papel semejante al de Pakistán como conducto hacia el dinero del golfo Pérsico, sus rutas de contrabando hacia el Isis, Al Qaeda (o Jabhat al Nusra, o Fatah el Sham o el que sea)– parecía una amenaza abrumadora para Damasco, surge el misterioso golpe en Turquía, su ejército es esterilizado, y el sultán Erdogan se escurre a San Petersburgo para sacar a su país de la OTAN y llevarlo hacia la Madre Rusia.

Y todo esto, cuando los ejércitos rebeldes en Siria vuelven a sitiar a las tropas del gobierno en Alepo con la mira de reabrir sus rutas de suministro hacia Turquía.

Porque, con las fuerzas rusas a escasos 50 kilómetros al sur de la frontera turca, y sus pilotos bombardeando a los mismos rebeldes que sitian Alepo, el zar Putin ya no va a tolerar el paso de misiles de contrabando por la frontera turca para derribar sus helicópteros.

Y si la OTAN y la Unión Europea creen que pueden confiar en su fiel aliado el sultán Erdogan para destruir el régimen de Al Assad o detener el flujo de refugiados a Europa –o tolerar que jets estadounidenses despeguen de la base aérea de Incirlik y otras antiguas propiedades armenias en Anatolia–, más vale que lo piensen de nuevo.

No hay más que leer las versiones rusas de las rastreras declaraciones del sultán antes de su visita otomana para entender cómo el hombre enfermo de Europa está respirando en el aire fresco de las estepas.

Esta visita me parece un nuevo hito en las relaciones bilaterales, desde un nuevo punto de partida, dijo el sultán, y en lo personal, de todo corazón y en nombre de la nación turca, saludo al presidente Putin y a todos los rusos. Eso fue en la televisión rusa. Y luego, en la nota de la agencia de noticias Tass, el sultán se refiere a su amigo Vladimir y promete que hay mucho que nuestras naciones pueden hacer juntas.

Ahora dejemos este rollo del zar y el sultán, que fue más como el saludo fraternal que un Brejnev o un Podgorny hubiera esperado de un miembro pecador del Pacto de Varsovia, lleno de relaciones bilaterales, saludos y amistad (aunque no amistad eterna, como las naciones hermanas habrían jurado alguna vez al Kremlin). La primera visita de Erdogan posterior al golpe es a Rusia... y eso es un golpe de diferente tipo.

He aquí otra línea de la versión de Tass sobre las declaraciones de Erdogan antes de San Petersburgo: No se puede encontrar una solución a la crisis siria sin Rusia. Sólo podemos resolver la crisis siria en cooperación con Rusia. ¿Y en cooperación con Bashar al Assad? Es una idea que debe alegrar el corazón de Al Assad, quien alguna vez –recordémoslo– tuvo lazos familiares cercanos con Erdogan y la esposa de éste. Si se puede derribar un avión ruso y luego abrazar al amigo Putin, ¿por qué no podría Erdogan hacer lo mismo con Bashar?

Ahí hay también, desde luego, una pregunta para que la piensen Hillary Clinton y El Donald, aunque Trump, quien parece tener los mismos puntos de vista del zar, como ahora alardea el sultán, tal vez podría vivir con eso.

Hay una larga lista de perdedores potenciales en el teatro de San Petersburgo. Primero el Isis y Al Qaeda-Nusra-Fatah el Sham, y todos los demás grupos islamitas que hoy día combaten al régimen en Siria, que de pronto se encuentran con que su más confiable conducto de armas ha hecho equipo con su enemigo más feroz, el dueño de la fuerza aérea rusa. Luego están los multimillonarios sauditas y qataríes que han estado aportando el dinero y las armas a los guerreros sunitas que intentan derrocar tanto a Damasco como a Bagdad, así como humillar al sha de Irán, a Siria (los alawitas) y a Líbano.

Y luego, quizá por encima de todos los demás, a quienes temerán por su vida en la secuela de esta fraternal excursión al palacio del zar: los militares turcos. Porque lo que se vuelve cada vez más claro es que –y esto podría considerarse el meollo de la historia– Rusia y de hecho Irán realizaron una función de inteligencia al advertir a Erdogan del golpe militar que se preparaba en su contra.

Los árabes ya han sido notificados por sus interlocutores rusos de que Putin, siendo el antiguo jefe de la KGB, envió personalmente un mensaje a Erdogan después de enterarse del golpe en comunicaciones del ejército turco, interceptadas y escuchadas por técnicos rusos en su base aérea en las afueras de Latakia, en Siria.

Los iraníes –que estarían felices de ver a Turquía volverse contra sus enemigos islamitas sunitas en Siria– también alertaron a Erdogan sobre el golpe, según se ha dicho a los árabes.

No hace mucho tiempo, al parecer, era Hillary quien quería oprimir el botón de reiniciar con Putin. Ahora es Erdogan... y uno sospecha que con mayor efecto.

En estos tiempos la palabra terror se usa con tanta promiscuidad que parece haber sido inventada en Estados Unidos. En realidad, su primer empleo común después de la revolución francesa parece haber ocurrido en Moscú, donde describía a los terroristas que lanzaban bombas para tratar de derrocar al zar.

Así pues, estemos pendientes de la palabra terroristas en los comunicados que sigan a la cumbre del sultán y el zar. La Gran Alianza de San Petersburgo contra el Terror. Terror, terror, terror. Si lo escuchamos de la Madre Rusia, sabremos que las cosas van a cambiar en Siria.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Bancos estresados, estímulos monetarios y consecuencias neoliberales

Xov, 11/08/2016 - 21:48
Paula Bach, Izquierda Diario

Una buena para la economía europea: las recientes pruebas de resistencia de los bancos arrojaron mejores resultados que en 2014. La mala es que nadie cree en la validez de las pruebas. El resultado: aunque la mayoría de las 51 entidades sometidas al simulacro lo superó con éxito, en los días inmediatos posteriores, las pérdidas de las acciones bancarias superaron los 45.000 millones de euros. Una semana después la tendencia continuaba y la banca europea había perdido cerca del 4% de su valor bursátil.

De todos modos, tampoco la totalidad de los bancos pasó el test satisfactoriamente. La nota la dio el italiano Monte dei Paschi, el tercer mayor banco de Italia, que hubiera quebrado de hacerse realidad uno de los peores escenarios del simulacro. Horas antes de conocerse los resultados del “juego” se supo que en el “mundo real” el banco había sido sometido a un rescate que involucra una titularización de activos incobrables de magnitud sin precedentes en Italia. También dos bancos irlandeses, un banco austríaco y los alemanes Deustche Bank y Commerzbank, mostraron situaciones de diversa vulnerabilidad.

Las pruebas son comparables a un electrocardiograma de esfuerzo, pero en el caso de los bancos se trata de evaluaciones en papel que miden la solvencia de las entidades ante múltiples situaciones -incluyendo las más adversas- imaginadas desde el presente hasta 2018. Pero la falencia más importante de las pruebas –y por lo que nadie les otorga demasiado crédito- reside justamente en la “imaginación”…Como le sucede seguido a la teoría económica o a la “economía política”, los escenarios pensados son abstractos.

Por un lado se utilizan modelos desarrollados de acuerdo a los hechos críticos verificados hasta 2015. De modo tal que acontecimientos posteriores, novedosos históricamente y de gran influencia sobre la rentabilidad y estabilidad bancaria como por ejemplo los tipos de interés negativo o…Ay! el Brexit, quedan por fuera. Por el otro lado, The Economistobserva que la mayoría de los inversores está más preocupado por las “dolencias crónicas” que por el tipo de choques (para colmo, no demasiado “concretos”, insistimos) simulados por las pruebas de resistencia. SegúnEl País,esas “dolencias crónicas” se manifiestan en dos aspectos claves. El primero, que afecta a toda la banca europea pero a la alemana en particular, versa sobre la capacidad de generar rentabilidad con tipos de interés en mínimos históricos. El segundo, que afecta en particular a la banca italiana, está asociado a las sospechas sobre la mala calidad de los activos. Por su parte, The Economist, resalta también que los bancos están estrechamente ligados a la salud económica de los países en los que operan y que mientras el bajo crecimiento en Europa persiste, nadie puede esperar una performance bancaria en la que todo esté bien.

Y efectivamente, hace tiempo insistimos en que los problemas de la banca -aunque se arrastran desde largo y subsisten como eslabón débil- adquieren particular relevancia frente a nuevas fragilidades de la “economía real”. Justamente los dos grandes rubros ignorados por los test de estrés –tasas de interés negativas y Brexit- se derivan de dos asuntos muy “reales”. En gran medida, la menor eficacia de las tasas “cero” y la proliferación de tasas negativas, son consecuencia de loslímites de la sinergia entre las políticas monetarias expansivas y la “meca” china que –arrastrando a los “emergentes”- actuó como receptora de los capitales sin destino en los países centrales. El Brexit, por su parte, resulta indisociable de las consecuencias económicas, sociales y políticas del crecimiento debilitado de los años pos Lehman.

¿Recesión en el Reino? Resulta que el Brexit, goza de un comandoque de “exit” no tiene demasiado e intenta negociar con la UE trabajosas condiciones intermedias, permaneciendo por ahora el Reino Unido en una suerte de “no lugar”. Y aunque las repercusiones económicas internacionalesdel evento aún resultan indeterminadas, las consecuencias sobre la economía británica ya se hacen evidentes. La semana pasada el Banco de Inglaterra volvió a recortar las tasas de interés por primera vez desde 2009, amplió el esquema de flexibilización cuantitativa e introdujo un nuevo régimen de financiación para los bancos. El motivo de las políticas implementadas por el presidente de la entidad, Mark Carney, es que la actividad del sector manufacturero, de servicios y de la construcción, se redujo fuertemente en julio y los dos últimos rubros, según The Economist, lo hicieron al ritmo más veloz desde 2009. También según el semanario británico, las encuestas revelan un amplio pesimismo entre las empresas a medida que los pedidos desde el exterior se esfuman y la economía británica parece destinada a sufrir, al menos, una recesión leve.

Más allá del tenor que finalmente adquiera la recesión, se vislumbran brechas entre el Banco Central y el Tesoro y diversas voces están clamando por anticipado que las medidas monetarias resultarán insuficientes en el Reino del Brexit. Según el columnista de The Guardian, Larry Elliot, con el nuevo paquete de estímulo, el presidente del Banco de Inglaterra no habría hecho más que comprar algo de tiempo ya que a decir verdad, el Banco sólo puede generar una versión modesta de la apagada y desequilibrada recuperación que siguió a la gran recesión de 2008-9.

En las tensiones entre el Banco Central y el Tesoro, se abren paso nuevamente los problemas relativos a la debilidad de la economía real. Elliot insiste en que el Banco Central no puede recortar el IVA o explotar las ultra bajas tasas de interés para invertir en proyectos de gasto público a largo plazo. Y resalta que tampoco puede resolver el Banco los profundos problemas estructurales que encorsetaron a la economía durante décadas como un exceso de confianza en el mercado inmobiliario, un sector productivo de tamaño insuficiente que resulta en un déficit comercial crónico o la falta de conocimientos y de inversión que se manifiestan en un registro de la productividad pobre.

A decir verdad, el murmullo que fomenta la necesidad de políticas de inversión pública –más allá de sus probabilidades reales de implementación- excede al Reino Unido y expresa tanto la debilidad de la “demanda agregada” y el crecimiento económico durante los últimos años, como las mayores dificultades que en un nuevo escenario enfrentarán las políticas monetarias. Por mencionar los más inmediatos y posibles efectos, el recorte de tasas de interés del Banco de Inglaterra –en un contexto de gran incertidumbre en la segunda plaza financiera mundial- va a afectar nuevamente la rentabilidad bancaria –otra vez la economía real azuzando las líneas de falla de los bancos. Justamente el nuevo esquema británico de financiación para los bancos tiene el objeto de contrarrestar anticipadamente la caída de la rentabilidad. Por otra parte la devaluación derivada de la libra genera presiones a la revaluación del dólar a la vez que dificulta cualquier intención –por más lejana que sea- de incremento de tasas por parte de la Fed. Cuestiones que debe remarcarse –aún sin necesidad de jugar pronósticos apresurados- tienen al menos la potencialidad de afectar a la economía norteamericana e incrementar el daño del Brexit sobre la economía internacional.

El “fracaso del éxito” neoliberal Volviendo atrás en la historia y retomando la dicotomía entre el “mundo de las finanzas” y el mundo de la “economía real”, vale recordar que si uno de los acontecimientos que signan el inicio del neoliberalismo fue el alza de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal en 1979, la facultad de restablecer la rentabilidad del capital y propiciar el crecimiento moderado de las décadas recientes, tuvo un origen claro en la “economía real” o para decirlo de manera más contundente, en el “territorio”. Sin pretender desarrollar aquí las condiciones generales de la ofensiva neoliberal, importa resaltar el objetivo fundamental en los países centrales que consistió en, como apunta David Harvey, “hacer el trabajo local competitivo con la mano de obra mundial”. Tarea que contó entre sus hitos claves los procesos que –con particular énfasis en la década del 2000- operaron deslocalizando la producción desde Estados Unidos hacia China y desde Alemania y los países de Europa central hacia el Este. Mientras, y a su vez, la migración interna europea hacia el centro se intensificó desde 2004 tras la ampliación de la UE. Según Timothy Garton Ash, desde aquel año se establecieron en Gran Bretaña cerca de 2 millones de migrantes. Por supuesto el rol instrumental de los mecanismos financieros destinados a habilitar la movilidad internacional del capital, resultó un complemento clave del proceso.

Pero lo que interesa resaltar aquí es que aquel éxito neoliberal –cuyos límites analizamos en Estancamiento secular, fundamentos y dinámica de la crisis- se está constituyendo –con su secuela de ingresos estancados, precarización y desempleo estructural- en la sustancia del repudio a la globalización que hoy brota en amplios sectores de las clases obreras blancas de los países centrales. Fenómeno al cual –con una alta cuota de demagogia- va dirigido el discurso xenófobo, aislacionista y proteccionista de Donald Trump o de los impulsores de la campaña del Brexit, entre otros, como desarrollamos en La “furia populista” que conmueve al mainstream.

Y el problema central es que justo cuando las conquistas de la ofensiva neoliberal en la “economía real” se hallan en proceso de agotamiento, el sentimiento de “ausencia de progreso individual” está adquiriendo peso en expresiones políticas de derecha que amenazan la base de sustento de las “elites gobernantes”. La ilusión –aún débil- de sustituir la “meca” china por la India que hasta hace unos meses nomás guardaba la prensa financiera internacional, se trocó por una suerte de pánico a la “ira populista”. La probable persistencia y eventual consolidación de aquellos fenómenos –aún en el mediano plazo- obliga a pensar un escenario de mayor polarización y fortalecimiento de sus contrapartes por izquierda. No está descartado que la política golpee antes que la economía, obstaculizando la administración gradual de la crisis para la cuál las “elites” demostraron bastante pericia durante los últimos años.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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