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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6348125
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Hayek versus Keynes: el debate del siglo

Mér, 27/07/2016 - 14:02

Alejandro Nadal, La Jornada

Al comenzar la década de 1930 la economía mundial se encontraba sumida en la crisis más profunda de su historia. La gran obra de John Maynard Keynes sobre la inestabilidad de las economías capitalistas estaba en gestación. La trayectoria intelectual que seguiría este economista se vería atravesada por una controversia que muchos han calificado como el debate del siglo. La relevancia de esta polémica en el contexto actual no puede ser ignorada.

Las líneas divisorias que hoy cruzan el pensamiento económico le deben mucho a ese debate. Por ejemplo, el análisis sobre el papel del Estado y la política en la gestión económica depende de manera esencial de aquella polémica.

En esencia, el paisaje del campo de batalla quedó claramente definido desde las primeras escaramuzas entre Hayek y Keynes. Por un lado, encontramos la creencia en la existencia de fuerzas estabilizadoras en los mercados. Por el otro, nos topamos con un esfuerzo analítico centrado en la inestabilidad intrínseca de las economías capitalistas. Pero nos estamos adelantando. Vamos por partes.

En 1928 un joven economista austriaco de nombre Friedrich Hayek fue invitado a dar tres conferencias en la célebre London School of Economics (LSE). Sus anfitriones quedaron encantados. Una de las estrellas ascendentes de la LSE, Lionel Robbins, invitó a Hayek a pasar una temporada en la LSE: su plan era convertirlo en el ariete central para atacar las tesis que comenzaban a surgir del grupo cercano a Keynes en la Universidad de Cambridge.

Keynes había saltado a la fama en 1919 por su pequeño gran libro Las consecuencias económicas de la paz, en el que presentó una dura crítica al revanchista Tratado de Versalles. Keynes mostró que Alemania no soportaría las reparaciones de guerra impuestas por los vencedores y que la inestabilidad política sería uno de los resultados. En el contexto actual de la imposición de medidas de austeridad fiscal sobre los países de Europa, el libro de Keynes sigue siendo un poderoso llamado a la reflexión.

El 1923 Keynes publicó su Ensayo sobre la reforma monetaria, en el que sostuvo que los cambios en la cantidad de moneda podían inducir una expansión o una contracción de la actividad económica al generar incertidumbre sobre los precios futuros. La conclusión era clara: se necesitaba una política monetaria activa para estabilizar el nivel general de precios. Pero Hayek concluyó que una política monetaria podía disfrazar tendencias inflacionarias y aquí comienza la larga e importante controversia entre Keynes y Hayek.

La polémica se agudizó en 1931, cuando salieron publicados dos de los más importantes libros de estos economistas: Precios y producción, de Hayek, y el Tratado sobre la moneda, de Keynes. Poco a poco se iba perfilando el duro contraste entre las posturas de los dos autores. Hayek sostenía que el incremento en el ahorro traería consigo una mayor inversión en bienes de producción. En cambio, Keynes argumentaba que un incremento en el ahorro podía traer aparejado una contracción económica si no iba acompañado de expectativas favorables a la inversión.

Para Hayek, el análisis de Keynes conducía a una de las peores herejías: el desequilibrio entre ahorro e inversión no podía ser corregido por las fuerzas del mercado. Esto significaba que no existía un mecanismo corrector capaz de rectificar las posibles disparidades en una dimensión tan importante de la economía. Para Hayek lo peor era que esa conclusión podía generalizarse a toda la economía: no habría ningún mecanismo endógeno capaz de mantener el equilibrio entre oferta y demanda.

El contenido teórico de la discusión se hizo cada vez más complejo y, al transcurrir los años, sólo un pequeño grupo de especialistas podía seguir de cerca los argumentos de cada grupo. En 1932 otro economista del círculo cercano a Keynes, Piero Sraffa, dio a conocer una durísima crítica a la obra de Hayek. El ataque se centró en el papel que jugaba la llamada tasa natural de interés en la obra del austriaco. La crítica de Sraffa sería decisiva: Hayek nunca volvió a escribir un libro de teoría económica y tampoco abrió un debate con Keynes sobre la Teoría general. Desde 1937, cuando terminó la polémica con Sraffa, Hayek se fue dedicando a un género que le sentaba muy bien, el del panegírico ideológico. El libro que lo consagró, el Camino de servidumbre, es una obra de opinión en la que todo lo que huele a intervención gubernamental es considerado un embrión de socialismo totalitario o de fascismo. Pero Keynes señaló que el fascismo no había sido el resultado de una excesiva injerencia del gobierno en la economía, sino del desempleo y la inestabilidad del capitalismo.

Hayek tuvo la ventaja de haber sobrevivido por varias décadas a Keynes. Así pudo atacar a un contrincante que no podía responderle. Durante su larga vida, Hayek mantuvo su fe en las virtudes del libre mercado y su capacidad de autorregulación. Pero la fe y la ciencia no son buenas compañeras.

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¿Es el crecimiento del desempleo y de la precariedad consecuencia de la revolución digital?

Mar, 26/07/2016 - 22:24
Vicenç Navarro, Público

Hace unos días que publiqué un artículo (La falacia del futuro sin trabajo y de la revolución digital como causa del precariado) en el que indicaba que los datos empíricos existentes no avalan la ampliamente extendida creencia de que la revolución digital es una de las causas (sino la mayor causa) del elevado desempleo y precariedad en los mercados de trabajo de los países capitalistas más desarrollados, creencia que vaticina que en un futuro próximo casi el 50% de los puestos de trabajo existentes hoy habrán sido destruidos, creando un futuro sin trabajo. En el artículo mostré datos que no apoyaban tal creencia.

Como era de esperar, el artículo creó una predecible avalancha de comentarios, algunos favorables y otros desfavorables. Algunos estaban basados en una tergiversada lectura de mi artículo, pues no negué en él que la revolución digital podría destruir empleo. En realidad señalé que sí que podría destruir empleo, señalando los sectores económicos donde ello podría ocurrir. Ahora bien, indiqué que si bien tal revolución digital (como la robótica) puede destruir trabajo, lo cierto es que también puede crear empleo. Por regla general la robótica ha permitido abaratar los precios de los productos, con lo cual se crea en el mismo o en otros sectores un aumento de la demanda específica o general, que contribuye al crecimiento de la actividad económica y a la creación de empleo. Por otra parte, la misma aplicación de la robótica requiere la creación de empleo. Todas las revoluciones tecnológicas anteriores, desde la introducción de las cadenas de montaje y las máquinas de vapor, hasta la introducción de la electricidad, han ido acompañadas de un aumento de la actividad económica y de la creación de empleo.

Como indiqué en el artículo, la evidencia científica acumulada durante todos estos años muestra que el impacto de la revolución digital sobre el empleo (y sobre los salarios) depende primordialmente del contexto político que configura la aplicación de tal revolución tecnológica. La robótica, por ejemplo, puede destruir empleo o puede permitir sustituir trabajo repetitivo por otro más intelectualmente estimulante, o puede facilitar la reducción del tiempo de trabajo, pasando a ser de 30 horas en lugar de las 40 horas de trabajo semanales.

¿Ha aumentado la productividad durante el periodo de la supuesta revolución digital? Pero la crítica que creo que merece mayor atención es aquella que reconoce que, si bien en el pasado las nuevas tecnologías, como las máquinas de vapor o la electricidad, no habían destruido empleo, esta revolución –la digital– sí que ha destruido empleo, pues al aumentar la productividad (ahora un trabajador puede hacer el trabajo de muchos antes) se aumenta la destrucción de puestos de trabajo, y con ello aumenta el desempleo. Y frente a los datos que yo mostraba en el artículo de que, durante los años conocidos de revolución digital, la productividad apenas había aumentado, permaneciendo en unos niveles muy bajos, mis críticos señalaban que yo estaba errado, pues si hubiera incluido un periodo mayor hubiera visto un aumento muy marcado de la productividad a partir de la década de los años noventa en el pasado siglo XX. En tal crítica se reconocía que el crecimiento de la productividad fue muy bajo (1,7% de crecimiento anual) durante la década de los años setenta (1971-1980), y también muy bajo (1,7%) en los años ochenta (1981-1990). Ahora bien, los autores de tal crítica añadieron que el crecimiento fue mucho más rápido (2,3%) en la siguiente década (1991-2000), crecimiento que se mantuvo alto (2,4%) en la siguiente década (2001-2010). Y dichos autores atribuían tal expansión de la productividad a la revolución digital.

El problema en este argumento es que al tomar el cambio anual de la productividad medido por décadas (la de los años setenta versus los años ochenta, versus los años noventa, versus la primera década del siglo XXI), no estamos comparando manzanas con manzanas, sino con rábanos. Hay que comparar los datos del crecimiento de la productividad anual por ciclos económicos y no por décadas. El periodo 2000-2010, por ejemplo, incluye un periodo de fuerte crecimiento de la economía y de la productividad al principio de la década, seguido de otro periodo caracterizado por un crecimiento económico y un aumento de la productividad muy débil, que no alcanzó a ser del 1,0%. En realidad, tanto el crecimiento económico como el crecimiento de la productividad fueron mucho más bajos después del 2005 que los que hubo durante todo el periodo 1975-1995. Si se analiza el crecimiento de la productividad en los sectores no agrícolas de EEUU, puede verse (U.S. Bureau of Labor Statistics) que tal crecimiento es muy bajo. Si la revolución digital hubiera sido tan efectiva y extendida como mis críticos sostienen, tendríamos que haber visto un gran crecimiento de la productividad. No lo vimos.

¿Cómo se explica el desacoplamiento del crecimiento de la productividad y el crecimiento de empleo? Otro argumento que se aduce a favor del impacto negativo de la revolución digital en el empleo es que mientras que los periodos anteriores de gran crecimiento económico y de gran aumento de la productividad fueron acompañados de una gran creación de empleo, a partir del año 2000 el crecimiento económico y de la productividad no ha ido acompañado de un crecimiento de ese empleo. Y ello se atribuye, de nuevo, a la revolución digital.

Pero tal como acabo de indicar (y expandí en mi artículo anterior), el crecimiento de la productividad no ha sido mayor, sino al revés, ha sido menor que en épocas anteriores. Podría argumentarse que ello se debe a que tal revolución digital ha sido menos extensa de lo que se asume, o que el impacto de esta revolución digital depende de otras variables, de las cuales las políticas –como yo sostengo en mi tesis- son las determinantes. Es siempre necesario no confundir el crecimiento de la productividad en un sector de la economía con el crecimiento de la productividad promedio en toda la economía. Una cosa es el establecimiento de una tecnología y otra es su difusión. Por otra parte, toda la evidencia apunta a que las variables políticas, y muy en particular la relación capital-trabajo (lo que solía llamarse la lucha de clases), son determinantes para entender la evolución del empleo.

La precariedad en España Los datos muestran claramente que la precariedad en el mercado español ha crecido masivamente durante los años de la Gran Recesión. Tal fenómeno ha ocurrido con especial intensidad en el sur de Europa (y muy en especial en Grecia, España y también en Portugal), donde el mundo empresarial ha tenido históricamente un gran poder, mientras que el mundo del trabajo ha sido débil (con sindicatos débiles y con partidos de izquierdas divididos y en conflicto). Estas son las raíces del enorme crecimiento del desempleo, de la baja tasa de ocupación, del gran deterioro del mercado de trabajo y del descenso de los ya muy bajos salarios. Y son también estos países los que tienen unos de los gastos públicos por habitante en las transferencias y servicios públicos del Estado del Bienestar más bajos de la UE-15 (el grupo de países económicamente más avanzados de la UE). En ninguna de estas situaciones la revolución digital ha tenido mucho que ver con tales hechos. En realidad, tal revolución digital está mucho más atrasada en el sur que en el norte de Europa.

¿La recuperación económica? La precariedad continúa siendo altísima He escrito extensamente mostrando que las políticas públicas neoliberales (las políticas de austeridad, causa de los enormes recortes del gasto público social, y las reformas laborales, responsables del enorme deterioro del mercado del trabajo) han tenido un impacto muy negativo en el mundo del trabajo, causando una disminución de las rentas del trabajo a costa del crecimiento de las rentas del capital (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Editorial Anagrama, 2015). España es uno de los países de la UE-15 que tiene unas de las rentas del trabajo más bajas. En este país, los ingresos salariales han alcanzado un récord a la baja: en el año 2013 representaron solo un 47,2% del PIB. A principios de la crisis, en 2007, eran casi el 50% del PIB.

Últimamente el gobierno español alardea de que España es el país de la UE-15 que crea más empleo, sin aclarar que la gran mayoría de este empleo es precario, precariedad que alcanza dimensiones masivas entre los jóvenes que consiguen tener trabajo. En realidad, la situación entre los jóvenes es incluso peor de lo que señalan estos datos, en sí deprimentes. Y ello se debe a que estas cifras ocultan que un número muy elevado de jóvenes ha tenido que exiliarse para encontrar trabajo y otros han abandonado la búsqueda de trabajo, alargando deliberadamente el periodo de estudios.

Una nota importante que cabe señalar es que la precariedad aparece tanto entre los trabajadores con elevadas cualificaciones como entre los poco cualificados. La precariedad se presenta no solo en el comercio, la construcción, el turismo, los servicios domésticos y el trabajo agrícola, sino también en sectores de elevada cualificación y en personal cualificado, tales como los médicos, los ingenieros, los arquitectos, los abogados o los maestros. Los contratos cortos, temporales, con salarios bajos, se han estado expandiendo en estos sectores, que se consideraban protegidos. Y, de nuevo, ello tiene poco que ver con la revolución digital, y sí mucho que ver con la debilidad del mundo sindical o asociativo.

El ataque al mundo del trabajo Esta debilidad del mundo laboral explica también la gran pérdida de protección social entre los trabajadores. Entre 2010 y 2014, el gasto en prestaciones por desempleo se ha reducido casi en un 25% a pesar del gran crecimiento del desempleo. Según datos de la EPA, las personas que llevan dos años o más en el paro representan casi el 45% del total de los desempleados, con más de 1,6 millones de hogares en los que ninguno de sus miembros tiene trabajo. Y entre los trabajadores, solo entre 2010 y 2013 el salario medio había descendido en 600 euros. En realidad, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el número de trabajadores pobres (es decir, que ingresan menos de lo que se considera el umbral de pobreza en España) ha pasado a ser uno de los más altos de la UE-15. La disminución de los salarios y del empleo ha sido la mayor causa del crecimiento de la pobreza, ya en sí muy alta antes de la Gran Recesión. Casi el 30% de la población española está en situación de riesgo de pobreza. La media de ingresos familiares es en España de 26.775 euros, y la media de los ingresos individuales es de 10.531 euros, habiendo descendido (en ambos casos desde 2009) un 11% en las rentas familiares y un 7% en las individuales. De nuevo, la revolución digital ha tenido muy poco que ver con estos hechos. La principal causa ha sido la avalancha del mundo del capital (que ha sido el promotor de las políticas neoliberales) en contra del mundo del trabajo, que ha ido perdiendo en este conflicto.

Y las consecuencias económicas, sociales y humanas han sido enormes. En realidad, estas políticas de austeridad y de reformas laborales han creado un enorme problema de falta de demanda, la principal causa del escaso crecimiento de la UE y de España. El descenso de los ingresos al Estado es el resultado de ello, como bien muestran los datos. A pesar del “enorme” aumento del número de cotizantes a la Seguridad Social (que es presentado errónea y maliciosamente por parte del gobierno Rajoy como señal de su éxito en la creación de empleo), los ingresos a la Seguridad Social apenas han crecido. Mientras, la cuantía del gasto público dedicado a crear empleo se ha visto reducida a la mitad durante la Gran Recesión, y como he indicado anteriormente, el gasto en el seguro público de desempleo ha disminuido (desde 2010) casi un 25%. Todo ello ha tenido un coste humano tremendo. Es bien conocido que las crisis económicas tienen un coste elevadísimo para la salud, la calidad de vida y el bienestar de las poblaciones. Esta realidad está bien documentada (ver el libro de Vicenç Navarro y Carles Muntaner, The Financial and Economic Crises and Their Impact On Health and Social Well-Being, Baywood, 2014).

En España la situación es incluso más acentuada. La siniestralidad laboral creció un 3,3% en los primeros seis meses del año, una situación en la que casi dos trabajadores mueren, como promedio, por condiciones laborales cada día. La “violencia” laboral es mayor que cualquier tipo de violencia en España. Y digo violencia porque un gran número de tales muertes, aunque son evitables, no se evitan. Esta violencia es resultado del miedo que el trabajador precario tiene a perder el empleo. Y, de nuevo, esto tiene poco que ver con la revolución digital.

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Del multilateralismo al neoregionalismo

Mar, 26/07/2016 - 07:01

Oscar Ugarteche, Jorge Arturo Luna, Alainet

El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) es el tratado comercial plurilateral más grande (12 países miembros) desde el Tratado de Ottawa de Cooperación Imperial de 1932 (58 estados miembros) por el que se fortalecía el Imperio Británico y se consolidaba la zona monetaria de la libra esterlina. El TPP, incluye a Estados Unidos, Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam, quienes en total suman cerca del 40% de la economía global. De esto, Japón y Norte América suman las cuatro quintas partes.

No es el tamaño del acuerdo ni su concentración lo que sorprende, sino la forma en la que se han llevado a cabo las negociaciones y los alcances que podría tener. En general si hay algo que esconder es una mala señal en los tiempos de la transparencia. En términos comerciales de bienes no ofrece nada nuevo y poco adicional dado que existen TLC entre casi todos los 12 países miembros y entre éstos y Estados Unidos con pocas excepciones como Australia y Nueva Zelandia. En esto es análogo al Tratado de Ottawa de 1932, siendo Gran Bretaña el centro del acuerdo de la época y sin excepciones.

Evocando el acuerdo de 1932 dice Obama en el Washington Post “El mundo ha cambiado. Las reglas cambian con él. Los Estados Unidos y no China, debería de escribirlas.” Obama enterró el multilateralismo de la OMC con esa frase y está listo a que Estados Unidos de manera unilateral defina las reglas. Quizás como el acuerdo de 1932 deba ser bautizado como un “acuerdo imperial”. De todos modos es un acuerdo que señala al debilitamiento del multilateralismo. La manera de las negociaciones quizás señala hacia la privatización de la gobernanza global. No se negocia como un acuerdo público sino como acuerdos privados.

Desde su creación las negociaciones se llevaron a cabo en secreto y ahora que poco a poco va saliendo a la luz puede observarse distintos ángulos que dicho tratado trae consigo. Los derechos de propiedad intelectual, las patentes de medicinas, la posibilidad de que las empresas demanden a los gobiernos, así como menores requisitos a las normas de origen, son temas que generan mucha inquietud. Igualmente merecen atención los capítulos 9 y 11 sobre inversiones y servicios financieros.

Médicos sin Fronteras alertó que el TPP extenderá el periodo de vigencia de las patentes más allá de los 20 años previstos actualmente, con lo que se retrasa o bloquea la disponibilidad de medicamentos genéricos. Los altos precios de los medicamentos de marca los mantendrán inalcanzables para las personas más pobres y con eso la calidad de la salud de las personas en las economías menos prosperas de la región no verá mejora a pesar de existir retrovirales, medicinas para el corazón y tratamientos de cáncer, por nombrar algunos que están con las patentes por vencer. En el Perú, el presupuesto de salud para el programa de retrovirales dobló entre el 2010 y 2015 pero la cobertura se redujo a la mitad. Hay tres muertos al día de SIDA, una enfermedad que ya no es letal si es tratada correctamente. Habría que ver si la relación es directa entre esto y el ingreso del Perú al TLCAN o si es efecto de la intervención de la iglesia católica en el Ministerio de Salud.

El endurecimiento en los temas de propiedad intelectual afecta además el acceso a música, películas, libros y materiales y hace que el conocimiento en general se mantenga mucho más difícil y costoso, dificultando así el desarrollo de las economías emergentes.

El TPP también pone en riesgo la soberanía de los países. Un documento revelado por WikiLeaks hace unos años muestra que el TPP permitirá a las grandes empresas demandar a los gobiernos y solicitar millonarias indemnizaciones a cuenta de los contribuyentes cuando sus intereses o ganancias se vean afectados por regulaciones internas. Esto lo está trabajando Gutiérrez Haces en detalle para el conjunto de países con BITs, acuerdos bilaterales de inversión, por sus siglas en inglés en el marco del CIADI.

Según Gutiérrez Haces, en el CIADI las empresas pueden demandar a los gobiernos ante paneles de arbitraje integrados por abogados corporativos que eviten los tribunales nacionales y que anulen la voluntad de los Parlamentos en caso de no conseguir lo que quieren. Los juicios en el CIADI pueden ser incluso por ganancias esperadas no logradas. Es decir, si se anticipa 12% de rentabilidad de una inversión minera pero se incrementa el canon, por ejemplo: entonces la empresa enjuicia para que el Estado le restituya lo pagado. Con esto se destruiría por completo la legislación y los derechos fundamentales de los Estados democráticos que entrarán en riesgo más allá de los acuerdos de estabilidad fiscal de inversión inicial.

En cuestiones laborales, el TTP obliga a los estados miembros a modificar sus legislaciones laborales, para garantizar una mayor explotación de la fuerza de trabajo; esto no sólo tiene consecuencias para los países económicamente dependientes, también para la clase obrera norteamericana, que tendrá como presión el traslado de sus fuentes de empleo a otros países, y con ello la disminución de sus respectivos salarios y la pérdida de empleos. El beneficio para los otros once es la generación de empleo que ahora carece de derechos tras las reformas laborales que disolvieron los sindicatos, al menos en América Latina. Los sindicatos que sobreviven son los protegidos por partidos de gobierno.

El tratado también establece menores requisitos en las reglas de origen en la industria automotriz, un sector muy importante para naciones como México. Esto lo convierte en una atracción para Argentina cuyo socio automotriz es Brasil. De este modo Argentina pide ingresar a la Alianza del Pacifico (AdelP) como observador camino al TPP. Por eso está un país del Atlántico buscando entrar en la AdelP.

Los países Latinoamericanos que son parte del tratado pueden esperar poco dinamismo en sus exportaciones, Perú, México y Chile, ya son hoy en día socios de muchos de los miembros. Colombia, que tiene industria, banca y burguesía nacional no se suma al TPP. La burguesía compradora, como fue bautizada hace varias décadas por Amílcar Cabral en referencia a África, no lo hace. El problema para estos últimos es que no tienen mucha alternativa: venden materias primas o mano de obra barata. Son inversionistas financieros en el mejor de los casos.

Los países firmantes del TPP tienen grandes diferencias entre sí. Por ejemplo, mientras un australiano tiene un ingreso medio de 60 mil dólares anuales, un vietnamita gana 2 mil dólares. En cuanto a ingreso per cápita, del grupo de países firmantes, México sólo supera a Vietnam y Perú. La desigualdad entre los países que conforman el TPP nos hace pensar quienes serán los ganadores y quienes los perdedores. Lo que separa a los países desarrollados de los países en desarrollo es una brecha en el conocimiento, y el TPP hará que esa brecha sea más difícil de cerrar.

El TPP representa asimismo una maniobra geopolítica encabezada por Estados Unidos para influir en la Cuenca del Pacifico que ha sido dominada por China en los últimos años. Al mismo tiempo busca destruir aquellas integraciones regionales suramericanas que dejen fuera a Estados Unidos, tal es el caso del MERCOSUR en Suramérica. En ese sentido, Mauricio Macri, presidente de Argentina, ha dejado en claro en repetidas ocasiones que buscará ser parte del TPP.

Por otro lado, China ha puesto en marcha su propia versión del TTP, el llamado Acuerdo de Asociación Económica Integral Regional (RCEP, su sigla en inglés) que cubrirá un mercado de 3.400 millones de personas y estará compuesto por los diez países que integran la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), es decir Malasia, Indonesia, Brunei, Vietnam, Camboya, Laos, Myanmar, Singapur, Tailandia y Filipinas, además de seis países con los que la Asean mantiene tratados de libre comercio: Australia, China, India, Japón, Corea del Sur y Nueva Zelandia. La ventaja del RCEP con respecto al TPP es que contara con reglas menos estrictas, lo cual podría hacerlo más atractivo para los países en desarrollo. El comercio intra RCEP se hará en yuanes.

A pesar de todo el misterio detrás del TPP, las intenciones están claras, se sabe quiénes serán los beneficiados y quienes los afectados, de nuevo son las grandes corporaciones las que se llevaran la mejor parte, dando como resultado una mayor concentración del capital que se suma a los argumentos ya conocidos de Anthony B. Atkinson, Thomas Piketty, and Emmanuel Saez.

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La naturaleza, cada vez más incapaz de satisfacer las necesidades humanas

Lun, 25/07/2016 - 18:19
Guillaume Krempp, Viento Sur

La degradación de la biodiversidad es tan fuerte que el ser humano podría verse obligado a suplir numerosos servicios que presta la naturaleza, como la polinización. La alarma no la hacen sonar unos ecologistas opuestos a la destrucción de un humedal, ni miembros de la Liga de Protección de las Aves, inquietos por la desaparición de especies. Proviene de un estudio publicado en la revista Science, que concluye que el 58% de la superficie terrestre, habitada por el 71% de la población mundial, experimenta un descenso de la biodiversidad terrestre que merma la capacidad de los ecosistemas para satisfacer las necesidades humanas.

Según los 23 científicos internacionales que han procesado estadísticamente 2,38 millones de informes sobre la fauna y la flora terrestres, la diversidad de especies ha disminuido, en efecto, un 15,4 % en más de la mitad de las tierras emergidas. Para ser sostenible, la pérdida de biodiversidad no debe ser superior al 10%, de acuerdo con otro estudio publicado en Science en 2015. “Esta pérdida de biodiversidad, si sigue descontrolada, socavará a la larga los esfuerzos a favor de un desarrollo sostenible”, concluyen.

Tim Newbold, investigador especializado en el impacto humano sobre la biodiversidad en la University College of London y director de estos estudios, se muestra inquieto: “Las funciones de los ecosistemas se ven gravemente amenazadas por esta desaparición de especies. En muchas zonas, la intervención humana tendrá que sustituir pronto los servicios prestados por la naturaleza.”

Polinización, depuración de las aguas, generación de oxígeno… Estos servicios de los ecosistemas son tan numerosos como vitales. No obstante, la polinización, la producción de los nutrientes necesarios para el crecimiento de las plantas, la depuración natural de las aguas y la generación de oxígeno se ven amenazadas por la mengua de la biodiversidad de los ecosistemas. El director del estudio duda de la capacidad del ser humano para imitar a la naturaleza mediante las innovaciones tecnológicas: “No creo que nadie pueda afirmar hoy que el ser humano es capaz de eso.”

Para Pierre-Henri Gouyon, investigador del Instituto de Sistemática, Evolución y Biodiversidad del Museo Nacional de Historia Natural, la cuestión no es saber si una opción u otra es realizable, sino si es deseable: “Sin duda podríamos sustituir las abejas por pequeños robots. Esto sería antes que nada menos eficaz y más costoso. Todo esto cuando podríamos preservar la biodiversidad y los servicios ecológicos que comporta. Sencillamente, no es el mundo en que deseo que vivamos.”

Esta erosión de la biodiversidad ha sido documentada desde hace tiempo por la comunidad científica. En 2009, un equipo internacional de investigadores, dirigido por Johan Rockström, definió nueve límites planetarios que no deben sobrepasarse/. El estudio trataba en particular de los umbrales que hay que respetar en materia de utilización del agua dulce, de contaminación química y de cambio climático. Constató ya una erosión de la biodiversidad que ponía en peligro los ecosistemas en que vive el ser humano.

Escala global “La fuerza de este nuevo estudio radica sobre todo en la metodología empleada y la escala global que utiliza”, comenta Gouyon. El análisis abarca, en efecto, 39123 especies repartidas entre 18659 espacios terrestres. El equipo de Newbold tiene por tanto el mérito de haber realizado el primer cálculo de los efectos de la actividad humana en la biodiversidad a escala planetaria.

Otra originalidad del estudio es que ha tenido en cuenta la abundancia de las especies, un parámetro que permite observar con mayor precisión el número de individuos presentes en los medios naturales. “A medida que aumenta la defaunación [reducción del número de individuos entre las especies animales], esta precisión es una necesidad absoluta”, dice la filósofa del medio ambiente Virginie Maris. Los informes anteriores se basaban en la condición de las especies para deducir de ella el estado de la biodiversidad, de manera que a menudo se pasaba por alto la densidad menguante de las poblaciones animales.

Explotación de los suelos A pesar de la existencia de estudios científicos cada vez más numerosos y precisos, la degradación del medio ambiente prosigue al mismo ritmo, en particular la explotación de los suelos, que destruye hábitats y biodiversidad. Según un informe sobre la utilización de las tierras del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, publicado en 2014, la demanda creciente de productos alimenticios comportará la conversión de 190 millones de hectáreas de tierras en superficie agrícola de aquí a 2020 en todo el mundo.

Para Newbold, es por tanto indispensable asegurar desde ahora una protección eficaz de la biodiversidad. “Aprovechamos gratuitamente servicios de los ecosistemas cuyo valor es astronómico”, recuerda. En 2014, un estudio realizado por el economista estadounidense Roberto Costanza concluía que el valor de estos servicios ecológicos globales asciende a 125 billones de dólares al año. “La relación del ser humano con el mundo natural no se limita a esta lógica económica”, lamenta de todos modos Maris. “La biodiversidad engloba asimismo un conjunto de valores culturales, estéticos y morales que sería más interesante profundizar para llegar a una protección real de los ecosistemas.”

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Pronósticos reservados para la economía mundial

Lun, 25/07/2016 - 07:01
Julio Gambina, Rebelión

La información actualizada que ofrece el FMI es un llamado de alerta sobre la evolución de la Economía Mundial. El resultado del plebiscito británico para salir de la Unión Europea, el BREXIT, le agregó “incertidumbre” a la economía mundial, dice el FMI en la revisión a la baja de las proyecciones de evolución económica del sistema mundial.

Destaca el informe que el principal impacto estará en Gran Bretaña y Europa pero también en las principales potencias del capitalismo mundial y como novedad, en los llamados países “emergentes”.

Estos países “emergentes”, durante un buen tiempo luego de estallada la crisis mundial capitalista en 2007/08 fueron receptores de los flujos internacionales de capital y por lo tanto aparecían “por afuera de la crisis”. El espejismo del crecimiento económico en estos países inducía opiniones erróneas sobre la territorialidad de la crisis.

Los nuevos datos derivados de la caída de los precios de las commodities, entre otras cuestiones, morigeran el crecimiento y en algunos casos se procesa la recesión (Brasil caerá 3,3% este año), contribuyendo al deterioro de los indicadores económicos regionales y globales.

Respecto de América Latina se asume una leve mejoría en el marco de una tónica de escepticismo sobre el futuro inmediato, con una opinión satisfactoria sobre el restablecimiento de una lógica pro mercado y liberalización, especialmente derivada de la situación en Argentina.

“En Argentina, la transición a un marco de política macroeconómica más coherente y creíble sigue avanzando, y debería afianzar las perspectivas de crecimiento a mediano plazo, aunque el impacto adverso en la actividad a corto plazo ha sido mayor de lo previsto. El ajuste de los precios relativos en el primer semestre de 2016 —tras la depreciación del tipo de cambio y el alza de las tarifas de los servicios públicos— ha acelerado la inflación y perjudicado el consumo privado. Ahora la actividad económica probablemente empezará a recuperarse hacia finales de 2016, a medida que la inflación se modere gradualmente, que se estimule el gasto y que se reduzcan las tasas de interés. Se prevé que la orientación más acomodaticia de las políticas monetaria y fiscal promueva el crecimiento en 2017, pero que complique el cumplimiento de las metas fiscales y de inflación anunciadas este año”. [Ver nota de Alejandro Werner en Diálogo a Fondo]

La Revista The Economist destaca el programa pro mercado del gobierno Macri, al tiempo que llama la atención sobre la recesión, coincidiendo con la proyección del FMI de una caída del 1,5% del PBI de Argentina para este 2016. El punto de partida de la evaluación ponderada es la modificación cambiaria, la eliminación de las restricciones a la compra venta de divisas, el acuerdo con los acreedores externos y la eliminación o reducción de las retenciones. Son esos los puntos de coincidencia de la Revista británica y el organismo internacional. Ambos llaman la atención sobre la inflación inducida bajo la nueva política económica y especialmente el conflicto social a ello vinculado.

El lenguaje de los analistas remite a formulaciones técnicas, pero la realidad de la protesta interviene en la consideración de la realidad económica y política de la Argentina.

La preocupación de las clases dominantes se asienta en el paro nacional de fines de abril y su probable recreación en el corto plazo; más aún con el clima social contra el tarifazo y el ajuste en general, que involucra a sectores medios.

Desde el poder son conscientes que el conflicto ahuyenta inversores externos que buscan “seguridad jurídica” en sus inversiones, con retornos asegurados en tiempos de incertidumbre mundial.

Resuena el interrogante entre empresarios e inversores locales y externos sobre la posibilidad del oficialismo para contener el conflicto y disciplinar a la sociedad. El protocolo de seguridad no funcionó, mucho menos si la protesta es masiva, por lo que se ensayan otras formas para la represión o el control del conflicto, especialmente con el chantaje económico exacerbado ante las restricciones de un ingreso popular disminuido.

El gobierno acelera la reinstalación de la Argentina en la liberalización de la economía mundial, precisamente cuando la globalización capitalista está cuestionada, no solo por el voto británico. El problema político es la acumulación por derecha de esta crítica, expresión manifestada por Donald Trump en EEUU, lo que exige construir una perspectiva crítica desde los pueblos para la emancipación.

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Etno-geopolítica de Niza a Múnich: la migración en picota

Dom, 24/07/2016 - 20:58

Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

El choque de civilizaciones, de Samuel Huntington, anterior ideólogo del Consejo de Seguridad Nacional de EEUU (http://goo.gl/QXOfrE), prosigue su programada marcha. Siete meses de atentados en un mundo caótico: desde noviembre de 2015 en París (http://goo.gl/VDFLpm), pasando por Bruselas en marzo de 2016, hasta Niza el simbólico 14 de julio, donde un franco-tunecino mató con un camión a 84 personas (incluidos 30 musulmanes): acto execrable reivindicado por yihadistas.

Pesa mucho la etnogeopolítica en la era de las masivas migraciones, propiciadas tanto por el outsourcing (deslocalización) de la globalización desregulada como por las guerras de la OTAN y Wall Street/la City. Después del atentado de Niza comenté que ya no existía un lugar seguro en Europa (https://goo.gl/js2nN0) y (https://goo.gl/kHoH99).

Hoy el terrorismo yihadista se ha vuelto una cama de agua, cuando las guerras de la OTAN en varios puntos del gran Medio Oriente compactaron a los pletóricos refugiados, quienes, por supervivencia, han fluido a Europa por cielo, mar y tierra, y entre quienes se han insertado los yihadistas.

Días antes al atentado en Niza, el director del espionaje interno galo (la DGSI), Patrick Calvar, alertó sobre la intensificación más sofisticada de los yihadistas: la máxima amenaza son quienes han combatido en Siria e Irak, como ejemplo de quienes atacaron el Bataclan, y cuyo número en Francia “es de 400 a 500 (http://goo.gl/Hs5Rfr)”.

De los 66 millones de franceses, 10 por ciento es de religión islámica y constituye 15 por ciento de París, de 2.2 millones. La otrora bucólica Niza, con 342 mil habitantes, ostenta un número significativo de musulmanes, por lo que aportó una de cada tres víctimas del atentado ciego (http://goo.gl/ZttLyW). Fenómenos migratorios paralelos de la globalización: mientras Los Ángeles se mexicaniza, Marsella se islamiza (http://goo.gl/3qNnmI).

Alemania –inmersa en la polémica política de Obama contra Rusia y el Islam– se había salvado de ser el objetivo de un atentado. Ya se había dado un aviso con los hachazos del joven afgano de 17 años en un tren alemán en Baviera, lo cual desnudó la vulnerabilidad de los servicios de seguridad. De los casi 81 millones de habitantes en Alemania –con 36 instalaciones militares de EEUU–, existen en su seno 4 millones de musulmanes, cuyo 63.2 por ciento es de origen turco. Múnich, capital de Baviera, con 1.4 millones de habitantes, cuenta con 300 mil musulmanes.

Financial Times (FT) da mucho vuelo al refugiado afgano de 17 años, quien formó parte de los 68 mil “menores sin compañía (http://goo.gl/XieoCm)”: refugiados de la guerra y la pobreza de lugares como Siria, Irak y Afganistán que viven en Alemania y son proclives a todo género de peligros, incluyendo la radicalización.

Se considera que 7 por ciento de todos los migrantes –casi 96 mil menores de 18 años– forman parte de esta categoría sui generis. Los yihadistas señalaron al joven afgano como uno de sus soldados, aunque no existe evidencia de vínculos directos, según la policía alemana. Según FT, el incidente fue inmediatamente capturado por los alemanes de extrema derecha, quienes han presionado a Ángela Merkel para endurecer su política de refugiados.

David Ali Sonboli, alemán-iraní de 18 años, nacido y educado en Múnich, en tratamiento siquiátrico por depresión, mató en el icono estadunidense McDonald‘s a nueve personas, entre ellos siete extranjeros: tres albaneses de Kosovo, tres turcos y un griego, lo cual subsume la tragedia genealógica y ontológica de los refugiados (http://goo.gl/QVRkf5)

El juvenil multihomicida germano-iraní, que resultó un lobo solitario, fue inspirado –palabra de moda acuñada por Stratfor, la CIA de los empresarios (http://goo.gl/lQ4MNm)– por el noruego Anders Breivik, quien hace exactamente cinco años liquidó a 77 personas (https://goo.gl/ocEldJ).

Los medios israelíes de fácil gatillo desinformativo se aprovecharon en forma perversa del origen iraní del juvenil multihomicida para inventar, como The Times of Israel, que había sido inspirado por los yihadistas (http://goo.gl/nL3V0x).

En entrevistas inmediatas tras el atentado de Múnich (https://goo.gl/tR09Fg, https://goo.gl/Rvgp9J y https://goo.gl/dynSTE), comenté que, más allá de la presunta autoría (real o montada), lo relevante radicaba en la percepción de los 81 millones de alemanes, quienes presionarán en un mismo sentido antimigratorio y por la abolición del espacio Schengen (supresión de controles fronterizos entre 26 países europeos), cuya quintaesencia lo constituye el Brexit (http://goo.gl/5bVfnB), al unísono de la erección de murallas mancilladas con xenofobia, islamofobia y racismo.

Se gesta la repelente israelización –Estado racista policiaco/orwelliano/ apartheid de guetos yuxtapuestos, murallas, paranoia masiva, ciberespionaje, guerras permanentes, etcétera, de las civilizadas sociedades europeas.

Más allá de la generosidad y tolerancia de Alemania para la recepción de los migrantes, se subsume la necesidad de integrar a la fuerza laboral de la superpotencia geoeconómica teutona a los desempleados migrantes juveniles, de un promedio de edad de 25 años, en su sociedad canosa (con 46.5 años en promedio), común denominador demográfico de la Unión Europea.

En mi conferencia de este año en el ayuntamiento de la ciudad de Mérida, Yucatán (https://goo.gl/kuxUF3), abordé la Crisis de la migración a Europa, donde una serie de murallas –desde Bulgaria hasta la frontera de Hungría con Rumania, Serbia y parte de Croacia–, con severos controles fronterizos, ponían en la picota la política migratoria y el espacio Schengen.

No es gratuita la selección de Alemania como principal centro de recepción, donde se registraron 1.1 millones de refugiados en 2015 (http://goo.gl/T4dPOj).

Llama profundamente la atención que más de 50 mil migrantes provinieran de Albania en 2015 (http://goo.gl/agY92v). Tres de los acribillados en el McDonald’s de Múnich eran albaneses de Kosovo: nueva república secesionista apuntalada por la OTAN en los incandescentes Balcanes.

No es lo mismo la seducción geoeconómica de Alemania, con 46 mil 200 dólares de PIB per cápita, que Albania (3 millones de habitantes), país de mayoría islámica sunita (57 por ciento), con 11 mil 400 dólares de PIB per cápita, lo cual en su conjunto epitomiza una genuina ósmosis demográfico-migratoria.

Lamentablemente, Europa hoy cosecha lo que sembró con su múltiples guerras en el gran Medio Oriente desde la década de los ochenta en Afganistán, donde fueron gestados los muyahidines hollywoodenses de Rambo: antecesores de los yihadistas postmodernos) –luego en Irak/Siria, Libia, Mali, etcétera–, además de su imposición de la perniciosa desigualdad con asfixiante austeridad mediante su tóxica globalización desregulada, como comenté en mi entrevista a Russia Today (https://goo.gl/q6ax2q).

La biología se cobra a largo plazo las facturas cortoplacistas de las guerras geofinancieras/etno-geopolíticas de sus hijos insensatos, quienes carecen de visión holística del futuro y no aprenden de las desgra-cias del pasado.

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El fallido golpe en Turquía y las conexiones con Estados Unidos

Dom, 24/07/2016 - 08:01
Eugenio García Gascón, Público

Los medios turcos han sugerido desde el primer momento del fallido golpe de Estado del pasado viernes la existencia de una posible conexión entre los militares golpistas y potencias extranjeras. Se ha mencionado en más de una ocasión a Estados Unidos, e incluso al “sionismo”, en alusión a Israel, aunque no se han aportado pruebas más allá de ciertos vínculos que podrían ser circunstanciales.

Pero el miércoles, en una entrevista con Al Jazeera, el presidente Recep Tayyip Erdogan se sumó a las teorías de la conspiración hablando de algunos “países”, en plural, que podrían haber impulsado el golpe. Naturalmente, Erdogan declinó especificar a qué países se refería aunque dijo que la fiscalía está investigando esta posibilidad.

“Puede haber otros países implicados también. La organización terrorista gülenista tiene también otra mente superior, si podemos decirlo así, y llegará el tiempo en que se descifrarán las conexiones (…) No creo que sea necesario esperar mucho tiempo”, declaró Erdogan.

De sus palabras se deduce que el presidente turco sigue pensando en Fethullah Gülen, el predicador religioso que reside en Pensilvania y que mantiene buenas relaciones con Estados Unidos, lógicamente, y con Israel, a través de importantes organizaciones sionistas, algunas de ellas controvertidas, de Estados Unidos.

Ankara ha solicitado esta semana de manera oficial la extradición de Gülen. Los dos países cuentan con un acuerdo de extradición que se remonta a 1981, aunque distintos expertos consideran que es muy difícil que el presidente Barack Obama dé la luz verde a la entrega de Gülen por distintos motivos.

La acusación de “traición” que los turcos han colgado a Gülen no figura como motivo de extradición en el mencionado acuerdo. Además recientemente, en una entrevista publicada en abril por la revista americana Atlantic, Obama calificó a Erdogan de “fallido y autoritario”, y no tendría mucho sentido que ahora entregara a Gülen, tanto si el predicador está realmente implicado en el golpe como si no lo está.

La de Wadah Khanfar, ex director de Al Jazeera y presidente del Foro al Sharq, ha sido una de las múltiples voces que han expresado su convencimiento de que el fallido golpe ha sido dirigido, o al menos alentado, desde el extranjero. “Un golpe de esta magnitud no habría sido capaz de nada sin consultar o notificar a los americanos” previamente, ha declarado Khanfar.

En Moscú, un diputado de Rusia Unida ha manifestado que el presidente Vladimir Putin “está convencido” de que detrás de los golpistas está Estados Unidos. Curiosamente, Rusia podría ser uno de los países más beneficiados por el fracaso del golpe. Putin, que ha mantenido un alejamiento de varios meses con Erdogan a causa de la crisis siria, llamó rápidamente a Erdogan para expresarle su apoyo.

Los medios turcos han destacado que en la noche del viernes, inmediatamente después de que los militares salieran a la calle, el secretario de Estado John Kerry formuló una confusa declaración diciendo que esperaba que la unidad y la estabilidad de Turquía no se echaran a perder. Solo más tarde, cuando ya se intuía que el golpe no se iba a consumar, la Casa Blanca se expresó a favor de la democracia y aclaró que Kerry también estaba a favor de la democracia.

Otro punto de cierta relevancia que las autoridades turcas están investigando está relacionado con la enorme base militar de Incirlik, que se encuentra a menos de cien kilómetros de la frontera de Siria y donde, según ha publicado esta semana la revista New Yorker citando a un general americano, Estados Unidos guarda alrededor de medio centenar de bombas atómicas.

Los americanos usan la base de Incirlik para bombardear al Estado Islámico en Siria e Irak pero no está claro para qué son necesarias tantas bombas atómicas en esa localización. El domingo, dos días después del golpe, el jefe de la base, el general Bakir Arkan, fue detenido por su presunta implicación en el golpe.

Un día antes, el sábado por la mañana, es decir apenas unas horas después de que los golpistas salieran a la calle, la embajada de Estados Unidos en Ankara publicó un comunicado urgente en el que se afirmaba que las autoridades turcas “están prohibiendo la entrada y la salida de la base de Incirlik y han cortado la electricidad”.

La prensa ha publicado que en Incirlik había golpistas y el mismo hecho de que el jefe de la base fuera detenido al día siguiente indica que eso era cierto. La base es compartida por el ejército turco y el ejército americano, y a muchos turcos les resulta difícil explicar que los americanos de la base no supieran nada de lo que se tramaba.

Aún más, las autoridades turcas prohibieron el sábado todos los vuelos previstos por los americanos, y también por los turcos, y solo autorizaron la reanudación de los vuelos el domingo, cuando la sublevación se había sofocado definitivamente.

Todos estos hechos han servido para que la opinión pública turca sospeche que el golpe no fue obra de un grupo de militares disgustados con el autoritarismo de Erdogan sino que fue cuidadosamente planeado con asistencia del exterior, y que solamente fracasó cuando las multitudes favorables a Erdogan salieron a la calle.

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Quién organizó el intento de golpe en Turquía y por qué fracasó

Dom, 24/07/2016 - 07:01
Patrick Kingsly, The Guardian

La noche del viernes de la semana pasada, en un primer momento todo parecía indicar que uno de los gobiernos más poderosos de Oriente Medio iba a ser derrocado. Los tanques paralizaron Estambul mientras los soldados irrumpían en la sede del partido en el gobierno, bombardeaban el parlamento, se hacían con el edificio de la jefatura militar y con el control de la televisión pública y anunciaban que el ejército estaba al mando del país.

El sábado ya era evidente que el intento de golpe de Estado había fracasado. Las imágenes que definen lo sucedido a lo largo de la noche muestran cómo los golpistas se rinden ante las masivas fuerzas gubernamentales. Se bajaban de los tanques y de los camiones con las manos en alto. Por alguna extraña razón, algunos solo llevaban ropa interior.

Después de que el gobierno afirmase que la cifra de detenidos se eleva a 6.000 presuntos conspiradores, queda por dilucidar cómo los golpistas pudieron llegar tan lejos, quiénes son los líderes del intento y por qué decidieron hacerlo aquella precisa noche.

El gobierno, liderado por Recep Tayyip Erdogan, afirma que detrás de la intentona de golpe se encuentra Hizmet, el grupo islámico rival liderado por Fethullah Gülen. Por su parte, el clérigo niega esta acusación. En el pasado, el grupo era un aliado del partido en el gobierno pero en la actualidad Turquía lo considera un grupo terrorista. El gobierno afirma que Hizmet tiene miles de simpatizantes a lo largo y ancho del país, y que han estado conspirando para derrocar al gobierno de Erdogan, elegido democráticamente.

"La intentona de golpe de Estado es claramente gulenista", ha señalado una fuente del gobierno, que no ha querido ser identificada: "Muchos de los líderes del golpe de Estado fallido tienen contacto directo con altos mandos del movimiento de Gülen. Muchos de los que han participado en esta sublevación trabajaban en instituciones públicas gracias a la recomendación directa de altos mandos del movimiento de Gülen y han mantenido su lealtad a estas redes".

Según la versión gubernamental, los golpistas estaban organizados y tenían un plan para gestionar el país tras el golpe. Una fuente del gobierno asegura que tenían una lista con los nombres de 9.130 personas que iban a detener. También querían designar a gobernadores militares regionales, destituir a los responsables de las instituciones gubernamentales y ascender a más de un centenar de personas leales al movimiento.

"Nuestra impresión es que el proyecto de junta se había gestado durante bastante tiempo", indica la fuente.

Sin embargo, algunos observadores turcos son más escépticos; precisamente por la escasa organización del intento golpista. "Sinceramente, lo dudo (que Gülen esté detrás de la sublevación), indica Doğu Ergil, un politólogo de la Universidad de Ankara. "Los gulenistas no propiciarían su propia caída con un intento propio de aficionados".

Muchos consideran que el levantamiento militar no estuvo bien planeado. Participaron altos mandos de todo el país, entre ellos, el general Erdal Öztürk, comandante del Tercer Ejército en Estambul, y el general Adem Huduti, que lideraba el Segundo Ejército situado en la otra punta del país. Sin embargo, todo parece indicar que no participaron todas las facciones del ejército ni todos los generales de mayor rango. Si bien parte de la división de tanques participó en esta conspiración, no se puede decir lo mismo de la fuerza aérea. Las fuerzas terrestres tampoco participaron en la sublevación y la fuerza aérea permaneció leal al gobierno de Erdogan.

"Me sorprende que haya tenido lugar esta intentona de golpe de Estado", indica Sinan Ülgen, un analista turco de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional: "Los golpistas no contaban con apoyo suficiente en el Ejército. La sublevación se produjo al margen de la cadena de mando y no contaba con los recursos necesarios para tener éxito".

Básicamente, los golpistas obviaron pasos que se consideran esenciales para que un golpe de Estado tenga éxito. Se hicieron con el control de la televisión pública pero no mostraron ningún interés por controlar a las cadenas privadas hasta que ya fue demasiado tarde, ya que el gobierno pudo difundir su versión de los hechos durante toda la noche.

Detuvieron al Jefe del Estado Mayor de Turquía, el general Hulusi Akar, tomaron el principal puente de Estambul y se hicieron con el control de las dependencias del Ejército en Ankara. Sin embargo, no pudieron detener a sus principales rivales; el presidente Erdogan y el primer ministro, Binali Yıldırım, que movilizaron a sus partidarios y se convirtieron en las caras visibles de la operación contra los golpistas.

"¿Cómo esperaban hacerse con el control del país paralizando un solo puente, haciéndose con el control de las dependencias militares y de unos pocos aviones?", se pregunta Ülgen: "Prácticamente parece un golpe kamikaze, lo hicieron sin tener en cuenta las consecuencias".

Los más propensos a elaborar teorías de la conspiración señalan que el hecho de que Erdogan saliera indemne demuestra que se trata de un montaje del gobierno. Parece más lógico deducir que los golpistas decidieron pasar a la acción antes de tiempo por miedo a que el gobierno iniciara una purga en el Ejército.

Algunos creen que su plan había sido descubierto y que esto los obligó a pasar a la acción. También indican que probablemente estos militares hubieran sido detenidos en agosto ya que esperaban que el gobierno impulsara medidas contra los partidarios del movimiento Hizmet, y que por este motivo decidieron actuar antes de tiempo.

Esta es la versión que maneja el gobierno de Erdogan. "Los golpistas sabían que en cuestión de semanas iban a ser destituidos", indica la fuente gubernamental, "así que se decidieron a pasar a la acción".
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Tomado de Publico. Traducción de Emma Reverter
Ver también: http://mamvas.blogspot.cl/2016/07/el-golpe-nuclear-abortado-en-turquia.htmlUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Un tribunal internacional concluye que el impeachment contra Dilma es un golpe de Estado

Sáb, 23/07/2016 - 18:00
Maurício Thuswohl, Rede Brasil Atual

El proceso de impeachment contra Dilma constituye un golpe al Estado democrático de derecho y debe ser declarado nulo en todos sus efectos. Este fue el tono de la sentencia pronunciada este 20 de julio por los especialistas internacionales en derechos humanos que constituyeron el Tribunal Internacional sobre la Democracia en Brasil, convocado en Río de Janeiro por la Vía Campesina, el Frente Brasil Popular y el Frente de Juristas por la Democracia. Según la sentencia, que será enviada esta semana a los senadores y a los ministros del Supremo Tribunal Federal, “el proceso del impeachment a la presidenta de la República, decidimos que los términos por los que adoptaron esta decisión la Cámara de Diputados y el Senado Federal violan todos los principios del proceso democrático y del orden constitucional brasileño”.

Participaron de este cuerpo jurídico el obispo mexicano Raúl Veras, conocido por su accionar a favor de los derechos humanos cuando era fraile dominicano y que fue propuesto para Premio Nobel de la Paz en 2010; el abogado y político mexicano Jaime Cárdenas; el jurista italiano Giovanni Tognoni, miembro del Tribunal Permanente de los Pueblos; la senadora del Partido Comunista francés Laurence Cohen; la filósofa española María José Dulce, especialista en temas vinculados con la globalización; la abogada estadounidense de ascendencia iraquí Azadeh Shahshahani, especializada en derechos humanos de los inmigrantes musulmanes; el jurista-académico costarricense Walter Montealegre, el profesor colombiano de derecho Carlos Augusto Argoti, de la Universidad de Rosario en Bogotá, y el argentino Alberto Felipe, profesor de la Universidad Nacional de Lanús.

Antes de pronunciar su sentencia los jueces debieron responder a cuatro preguntadas formuladas por el presidente del Tribunal, el jurista Juárez Tavares:
  1. El impeachment a la presidenta de la República en los términos en que ha sido tramitado en el Congreso Nacional ¿viola la Constitución de la República?
  2. El procedimiento del impeachment sin que se haya demostrado la comisión de un delito de responsabilidad por la presidenta de la República, ¿puede considerarse un golpe parlamentario?
  3. Durante el proceso de impeachment, ¿ha sido violado el debido proceso legal, que constituye una cláusula constitucional respaldada por la Convención Americana de los Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica)?
  4. El procedimiento del impeachment caracterizado como golpe parlamentario ¿debe ser declarado nulo con todos sus efectos?
Luego de escuchar todos los testimonios y los argumentos orales de la acusación y de la defensa y examinar todos los documentos, opiniones y declaraciones que constaban en los autos, el jurado internacional respondió sí por unanimidad a las cuatro preguntas propuestas por Tavares. “El fundamento común a todos los pronunciamientos explicitados en el Tribunal reside en la vacuidad del pedido de impeachment, en la inexistencia del delito de irresponsabilidad o de una conducta dolosa que implique un atentado a la Constitución de la República y a las bases del Estado brasileño. Los jurados entendieron que este caso constituye un verdadero golpe al Estado democrático y debe ser declarado nulo a todos sus efectos” dice la sentencia.

Sin delito de responsabilidad Los juristas consideraron también que en lo referente al objeto del proceso autorizado por el STF (Corte Suprema de Justicia) y analizado por el Congreso Nacional, las llamadas “bicicletas fiscales”, está probado que Dilma no cometió ningún delito de irresponsabilidad que justifique el “impeachment. “Como se desprende del artículo 85 de la Constitución, no se debe confundir entre violación del presupuesto y violación de las reglas de su ejecución financiera. Estas últimas se hallan vinculadas a la administración financiera y no a la presupuestaria. Dado que no son normas presupuestarias su violación no puede ser objeto de delito de responsabilidad” expresa la sentencia.

Además, prosiguen los jurados, “los decretos firmados por la presidenta de la República y cuestionados en el pedido de impeachment estaban destinados a la apertura de créditos suplementarios necesarios a la ejecución del presupuesto y se hallaban debidamente autorizados por el artículo 4 de la ley de Presupuesto Anual de 2015”. De modo que los juristas internacionales consideran que no constituyen créditos abiertos sin autorización, “Debe agregarse además que esas aperturas de créditos no aumentaban los gastos de la Unión .Más del 70% de los créditos suplementarios obedecían a una decisión del Tribunal de Cuentas del país lo que en tal caso implica que la presidenta de la República se limitaba a cumplir una obligación legal”.

En cuanto al supuesto incumplimiento de la Unión frente a las deudas con el Banco del Brasil, relativas al financiamiento agrícola, ha quedado demostrado según el jurado que no existían plazos fijados para el pago, lo que elimina el alegato de atraso. ”No se trata de un empréstito o de una apertura de crédito, sino de una subvención para llevar a cabo algunas acciones imprescindibles para la concreción de la política agraria brasileña de acuerdo con los requerimientos populares por los que había sido elegida la Presidenta. El atraso es irrelevante, porque fueron anulados todos los préstamos. Tampoco en este caso las imputaciones realizadas a la presidenta de la República conforman ningún delito de irresponsabilidad” dice la sentencia.

Medios y justicia La sentencia pronunciada por un jurado integrado por nueve especialistas internacionales también trató de caracterizar el golpe llevado a cabo en Brasil: “No deben ser considerados golpes de Estado solo las intentonas militares, aunque esta sea su forma más común. También son considerados golpes de Estado aquellos actos que destituyen a gobernantes legítimamente elegidos cuando se deciden en disconformidad con las normas constitucionales y en violación de tratados y de convenciones internacionales. Esas violaciones pueden ser llevadas a cabo tanto por el Parlamento como por la Suprema Corte. En América Latina son paradigmáticos los golpes de Estado llevados a cabo desde 1859, cuando el gobierno del Perú fue destituido por el Parlamento. Más recientemente algo similar pasó en Honduras en 2009 y en Paraguay en 2012.

En Brasil, dijeron los juristas “El golpe se apoyó no solo en la decisión parlamentaria sino también en la legitimación que esa decisión política obtuvo del Poder Judicial, que no plantea cuestiones de fondo importantes como la existencia o no de un delito de responsabilidad, la violación de principios constitucionales o contradictorios o la amplia y fundamentada defensa de las decisiones”. Tampoco fue omitido en la sentencia el papel de los medios: “El golpe puede verse en la agresiva deconstrucción de la propia persona de la presidenta llevada a cabo por los medios de comunicación de masas que a veces mostraron un disimulado y otras veces notorio prejuicio machista”.

Según los jurados “el golpe en curso en Brasil incorpora también otras motivaciones, como el malestar de las élites ante el ascenso de las clases más pobres de la población a los recursos de la sociedad de consumo y también frente a la ampliación de los gastos en programas sociales y de integración necesarios al cumplimiento de los fines expresados en la Constitución brasileña en su artículo 3, como la reducción de la pobreza y la marginalización y la reducción de las desigualdades sociales y regionales”.
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Tomado de Rebelión. Traducido del portugués por Susana Merino Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Policía alemana señala que tiroteo de Múnich fue un simple "acto de locura"

Sáb, 23/07/2016 - 11:15
La Policía alemana ha descartado que el tiroteo de este viernes en Múnich guarde relación con el grupo terrorista Estado Islámico o con la reciente ola migratoria. Las autoridades barajan como principal hipótesis a un acto de locura, algo que cada vez parece más usual en un mundo convulsionado y consternado que sufre múltiples crisis. Esta vez el autor del ataque, de 18 años, parece haberse inspirado en la matanza protagonizada por el noruego Anders Behring Breivik, que hace cinco años asesinó a 77 personas en Oslo y en la isla de Utoya. El joven asesino, que "nació y creció en Múnich" a pesar de su origen iraní y cuya identidad no ha trascendido, se habría quitado la vida disparándose en la cabeza, aunque aún tenía munición para realizar 300 disparos más.

Las autoridades alemanas han confirmado el número de fallecidos causado por un único atacante, negando así las informaciones sobre la participación de tres tiradores. El tiroteo dejó nueve muertos y 27 heridos, de los cuales diez están graves. La Fiscalía asumió que el ataque, ocurrido en un centro comercial, "fue un acto de locura". Su autor, según las primeras investigaciones, habría padecido algún tipo de transtorno depresivo y estaba obsesionado con la violencia. "No hemos encontrado nada que haga pensar que el atacante tuviera algo que ver con el terrorismo islamista o, en concreto, con el Estado Islámico", declaró en rueda de prensa el responsable de la Policía de Múnich, Hubertus Andrä, que añadió: “Ni el ataque ni el atacante tienen relación alguna con el tema de los refugiados”. "En cambio si hemos encontrado material que mostraba interés por casos de matanzas generadas por ataques de locura".

La Policía sospecha que el joven se inspiró en el caso Breivik, del que justo este viernes se cumplían cinco años. "Cuando alguien se interesa de forma tan intensa por ataques masivos y de locura seguro que Breivik también ha desempeñado un papel", ha reconocido Andrä. "Esa relación digamos que es obvia", añadió. Medios locales apuntan asimismo a que el joven tendía a glorificar a Tim Kretschmer, un joven de 17 años que, en 2009, irrumpió armado en su antiguo colegio en la localidad de Winnenden (suroeste de Alemania) donde empezó una matanza que le costó la vida a 15 personas y luego se suicidó.

Los investigadores tienen que analizar el "abundante" material informático incautado, entre ello muchos artículos sobre acciones policiales y otros tiroteos y un libro titulado Amok, por qué matan los estudiantes. La Policía investiga además una cuenta de Facebook a través de la cual el tirador podría haber invitado a algunos conocidos a acercarse a la hamburguesería en la que comenzó el ataque. Los medios locales, citando fuentes cercanas a organismos de seguridad, aseguran también que el joven tenía problemas escolares y que era aficionado a los vídeojuegos violentos.

Las fuerzas de seguridad llegaron a desplegar 2.300 efectivos en el momento álgido de alerta y este sábado por la mañana alrededor de 800 seguían patrullando la capital bávara, que poco a poco comienza a volver a la normalidad. Los servicios de emergencia recibieron durante la noche más de 4.300 llamadas. Las inmediaciones del restaurante y el centro comercial donde se produjeron los hechos continúan clausurados este sábado a la espera de que avancen las investigaciones. Sin embargo, todo apunta a que fue un simple "acto de locura", algo que cada vez se hace más habitual en el caótico mundo actual.

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Cuando los premios Nobel se equivocan

Ven, 22/07/2016 - 09:01
Julio Muñoz Rubio, La Jornada

Una de las concepciones más erradas que existen sobre la ciencia y que ha tenido consecuencias muy nocivas sobre la sociedad es que se trata de un conocimiento completo y tendiente inexorable e ineluctablemente a la verdad; que la ciencia siempre está produciendo y verificando verdades y que el error siempre es corregido a tiempo. Cuando menos esa es la visión que el neófito tiene acerca de la ciencia.

Una segunda concepción errada y nociva es la que la ciencia es una actividad propia de mentalidades especialmente talentosas y brillantes, las cuales están especialmente capacitadas para no admitir la intromisión de subjetividades en la investigación. Así las cosas, sólo los pocos que posean esas cualidades pueden elaborar conocimiento científico, es decir, objetivo.

Ambas ideas son falsas.

La ciencia, por una parte, está plagada de errores. El acierto y la verdad en ciencia sólo se pueden alcanzar en contraste con el error y la equivocación; la duda está siempre presente en la ciencia. Los científicos se han equivocado muchas más veces de las que han acertado a lo largo de la historia y sólo en función de eso han podido llegar a determinar verdades, las cuales muchas veces son desmentidas como tales después de algún tiempo, revelando nuevos errores. Por otra parte, el encumbramiento que se hace de los científicos como poseedores de inteligencias poderosas e inalcanzables para quienes no pueden serlo se ha utilizado como una herramienta de poder, muy frecuentemente defensora de deshonrosas causas como el racismo, la misoginia, la homofobia, el clasismo, la destrucción ambiental o tecnologías de alto poder destructivo, como las militares y, dentro de ellas, la energía nuclear.

Más aún, dentro de la comunidad científica existe una jerarquización según la cual quienes poseen un status más alto, curriculum más voluminoso o premios, están rodeados por un aura de infalibilidad y de brillantez. Su palabra es irrebatible.

Todo esto es de gran relevancia a la luz del documento firmado por cerca de un centenar de premios Nobel que se pronuncian a favor de la producción de alimentos transgénicos.

Se busca impactar en la opinión pública mediante un ardid publicitario en el que gran cantidad de poseedores del máximo galardón intelectual (no siempre científico), al tomar partido por los alimentos transgénicos, parecen dar, con su galardón un mentís definitivo a la oposición a la agrobiotecnología.

Pero el hecho de que sean premios Nobel no implica que de entrada tengan razón. Pensar que la tienen por poseer ese reconocimiento es construir un razonamiento falaz. Un sujeto cualquiera tiene la razón cuando sus proposiciones, enunciados, argumentos, corresponden a la realidad, a la verdad, o al menos cuando trazan un camino hacia ella. Si no ocurre así, no tiene razón, por mucho que sea un científico célebre y hasta galardonado con un premio Nobel.

Si se quiere hacer una evaluación del documento que los mencionados Premios Nobel redactaron en defensa de los alimentos transgénicos, lo que se tiene que hacer es leerlo de arriba abajo y de izquierda a derecha, y sólo al acabar de leerlo y analizarlo, proceder a avalarlo o rechazarlo. El peor error que se puede cometer es comenzar por las firmas y, una vez que se constata que lo firman varios premios Nobel, entonces proceder a leerlo, ya convencidos de que personajes de este nivel no pueden equivocarse.

Ahora bien, sean lo que sean los signatarios del multicitado documento, redactado en contra de diversos puntos de vista de Greenpeace sobre los alimentos transgénicos, lo cierto es que se posicionan a favor de una de las más erradas formas de argumentación científica de los últimos tiempos, atrasada más de cuatro décadas en sus bases científicas (sobre todo de biología molecular) y más de tres siglos en cuanto a su metodología (ateniéndose a los métodos de ciencia de sistemas simples, propia de la física de los siglos XVI al XVIII).

En vez de utilizar su poder como premios Nobel para apoyar los intereses de grandes empresas trasnacionales como Monsanto, Syngenta o Du Pont, con todos sus negros historiales de contaminadoras y destructoras del ambiente y de la salud, estos intelectuales bien podrían dedicarse, como parte de la defensa de principios éticos elementales, a fomentar un discurso crítico y por tanto a la búsqueda de verdades en la ciencia, promoviendo en todo caso los debates intelectuales y ayudar a ampliar las libertades para el género humano y por último, defender a la naturaleza de los insaciables asedios de aquellas empresas y el sistema que las sostiene.

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La economía mundial a punto de ser desollada por el calentamiento global

Xov, 21/07/2016 - 20:57


El calentamiento global le va a costar a la economía mundial más de 2 billones de dólares al año por la pérdida de productividad a partir de 2030. El problema es que entonces hará demasiado calor para desempeñar muchos puestos de trabajo, afirma Ian Johnson, autor del artículo para The Independent. Dentro de 14 años, en la India, donde algunos trabajos ya son compartidos por dos personas para permitir pausas regulares a causa del calor, la factura para la economía será de 450.000 millones de dólares anuales.

Se estima que China sufrirá pérdidas similares, al igual que otros de los países más afectados, incluyendo Indonesia (250.000 millones de libras), Malasia (250.000 millones de libras) y Tailandia (150.000 millones de libras).

El doctor Tord Kjellstrom, autor principal del artículo acerca del efecto del "estrés térmico" sobre la economía, alerta de lo siguiente: "no se ha prestado suficiente atención al efecto del calor sobre la vida diaria de las personas y, en particular, sobre su trabajo. Si usted está físicamente activo en el trabajo, cuanto más calor haga, más lento trabajará. Su cuerpo se adapta a las condiciones y lo protege a usted del calor", explica el experto.
"Para ciertos países, incluso dentro de un corto periodo de tiempo, las pérdidas por el efecto del aumento de calor podrían calcularse en miles de millones", advierte Kjellstrom.Asimismo, el especialista reconoce que los aumentos de la temperatura hasta aproximadamente el año 2050 ya son inevitables. Sin embargo, hace falta tomar medidas urgentes para prevenir catástrofes en el futuro. "Después de 2050 habrá una gran diferencia si tomamos medidas ahora para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial"
Es muy urgente, porque las medidas deben ser puestas en marcha ahora, no dentro de 40 años", constata el experto, enfatizando que, últimamente, no se ha prestado suficiente atención al problema. Además, Anthony Capon, director del Instituto Internacional para la Salud Global adjunto a la Universidad de la ONU, también resalta la necesidad de fijarse en el calentamiento global e implementar las medidas para enfrentarlo. "Todavía no está claro si la importancia de la salud y la sostenibilidad prevalecerá sobre la presión del progreso económico en las próximas décadas". "Las decisiones tomadas hoy tendrán un profundo impacto en la salud de todo el mundo durante muchas décadas por venir", insiste Capon. Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El golpe nuclear abortado en Turquía, quien lo autorizó y por qué

Xov, 21/07/2016 - 07:01
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Mi primera reacción por Twitter a los pocos minutos del golpe militar contra el nuevo sultán Erdogan fue que había sido resultado del espectacular acercamiento de Turquía con Rusia (http://goo.gl/kk9jQF).

El centro operativo del golpe milagrosamente fallido, como regalo de Alá (Erdogan dixit), fue la base Incirlik (en la ciudad de Adana, a 112 km de la incandescente frontera siria), controlada preponderantemente por EEUU, con 5 mil efectivos, y mínimamente por Gran Bretaña, en representación de la OTAN en Turquía, su segundo miembro más relevante después de EEUU, donde se encuentran 90 bombas nucleares: 50 de EEUU y 40 del ejército turco (http://goo.gl/LW13kM). Tales bombas, en su mayoría de hidrógeno, están destinadas contra Moscú desde la guerra fría.

Según Eric Schlosser, el intento golpista “puso en riesgo la seguridad de una cuarta parte (sic) de las armas nucleares de la OTAN en la base militar de Incirlik (http://goo.gl/PSVOqE)”.

El jefe turco de la base, general Bekir Ercan Van, y otros de sus nueve oficiales fueron detenidos por encontrarse detrás del golpe castrense (http://goo.gl/1yikz4). El líder del golpe fue el mandamás retirado de la fuerza aérea Akin Ozturk, quien había sido agregado militar en Israel (sic) y, según The Times of Israel, “mantuvo vínculos del ejército turco con el Estado judío en la década de los 90 (http://goo.gl/XLtf4C)”.

¿Habrá tenido el siniestro Mossad participación en el golpe?

El nuevo sultán Erdogan, implacable perseguidor de las redes sociales, fue paradójicamente salvado por su mensaje, vía Face Time conectado a CNN Turk, a sus pletóricos seguidores islamitas desde su avión privado, donde culpó de instigador a Fathulá Gulen, imán promotor de un islamismo moderado (sic), hoy exiliado en Pensilvania y con óptimos vínculos con la CIA, el macabro grupo Carlyle, la pestilente Fundación Clinton (http://goo.gl/S06bSb) y el principal rabino de Israel, Eliyahu Bakshi Doron (http://goo.gl/plSRmw).

Gulen ha replicado que Erdogan montó su golpe (http://goo.gl/xJXiNf).

MK Bhadrakumar, ex diplomático de India en Turquía y Asia Central, aporta una lectura geopolítica a la reconciliación entre el nuevo sultán Erdogan y el zar Vlady Putin, en detrimento de EEUU: “Es una ‘fuerza multiplicadora’ para los esfuerzos de Moscú por fortalecer al régimen sirio; promete revivir el proyecto del oleoducto ruso-turco por 15 mil millones de dólares, además de la construcción de varias plantas nucleares por 20 mil millones de dólares con reactores rusos; bloquea los planes de EEUU de establecer una presencia permanente de la OTAN en el Mar Negro (que requiere la cooperación de Turquía, según la Convención de Montreux de 1936); pone en riesgo las operaciones de EEUU en Irak y Siria, que dependen preponderantemente de la base Incirlik; opera contra la balcanización de Siria; cambia en su totalidad la orientación de la policía exterior de Turquía, y opera contra los intereses de Israel, Arabia Saudita y Qatar en Siria (http://goo.gl/yJ01Fx)”.

En un artículo ulterior, Bhadrakumar comenta la interesante comandancia de los altos militares detenidos: amén de los militares de la base Incirlik, “el comandante de la fuerza de contingencia de la OTAN en Estambul, el comandante del ejército a cargo de la frontera con Siria e Irak, y los anteriores agregados militares en Israel (sic) y Kuwait (http://goo.gl/14hJoS)”.

No se dice en voz alta, pero el ejército turco mantiene presencia en suelo iraquí, cerca de Mosul (http://goo.gl/5IH1C0), para impedir las veleidades balcanizadoras del futuro Kurdistán fomentadas por EEUU e Israel. Recurro a mi método multidimensional para ponderar las consecuencias geoestratégicas y geopolíticas a escala global/regional/local.

A nivel global: gana Rusia, pierde EEUU.

El ministro turco del trabajo Suleyman Soylu acusó a las autoridades de EEUU de organizar el golpe (http://goo.gl/rgbfwM), mientras el secretario de Estado John Kerry, a la defensiva, desmiente las insinuaciones de que Washington conspiró el golpe mediante su aliado Gulen, de quien Erdogan pide la extradición para ser juzgado (http://goo.gl/vdeqCv).

De inmediato el zar Vlady Putin llamó por teléfono a Erdogan y acordaron reunirse a principios de agosto, mientras Obama tardó dos días en comunicarse con el nuevo sultán para controlar los daños (http://goo.gl/i5oR1n). Primer obsequio del sultán al zar: los dos pilotos turcos que derribaron el avión ruso han sido detenidos y, al parecer, serían los mismos que intentaron derribar el avión privado de Erdogan (http://goo.gl/stKRD8). ¿Serán pilotos de la CIA?

A nivel regional: realineamientos y caos.

Como sublime metáfora del Bósforo y sus dos célebres puentes –donde se escenificó el salvamento del régimen gracias a sus partidarios islamitas alentados por los almuédanos de sus 85 mil mezquitas–, que dividen su parte europea de su parte asiática, Turquía se encuentra fracturada y se aleja(rá) de la Unión Europea y la OTAN, no se diga de EEUU, mientras se acerca a Rusia y a los componentes de los pueblos túrquicos en Asia Central hasta la frontera china en su provincia de Xinjiang (http://goo.gl/ggI8dT). Los analistas chinos prevén la exacerbación del yihadismo desatado en su provincia islámica (http://goo.gl/Z9LXCa).

Un gran vencedor es Irán, que no dudó en ser el primero en apoyar al nuevo sultán (http://goo.gl/YOP8iF). A nivel local: choque etno-demográfico.

Como el Bósforo, la sociedad turca se encuentra dividida, cuando Erdogan goza del máximo de popularidad con sus feroces partidarios que llevarán a Turquía a una intensa islamización (http://goo.gl/LmK8WF) y a su des-secularización.

Turquía, miembro del disfuncional G-20 y con población juvenil de 42 por ciento menor a 25 años y 43 por ciento entre 25 y 54 años, mezcla hoy su descomposición a la explosividad de 3 millones de refugiados sirios, quienes, en un escenario de guerra civil (https://goo.gl/dtMRCD), se pueden desparramar a Europa.

¿EEUU desestabilizará aún más al nuevo sultanato mediante sus poderosas fichas que le quedan: los partidarios de Gulen, los alevis (http://goo.gl/CAGGwd), los kurdos y los encapsulados militares laicos con el fin de balcanizarla, sin contar la economía turca, que todavía controlan Wall Street y la City?

¿Podrá el nuevo sultán reintegrar al 20 por ciento de los kurdos y al otro 20 por ciento de los alevis sunitas muy cercanos al sufismo y al imán de la CIA, Gulen? ¿Cómo quedarán las vulnerables cuan permeables ocho fronteras terrestres de Turquía?

Un parámetro del futuro será la evolución de la economía de Turquía: cotización de la lira y su bolsa, al unísono de sus inversiones y/o fuga de capitales, cuando la industria del turismo se ha desplomado.

¿Qué advendrá de la relación, ya de por sí tormentosa, entre Turquía y la OTAN (https://goo.gl/Eyxqkk)? ¿Adónde va Turquía entre el golpismo de EEUU y la flamante autocracia islámica?

La respuesta vino en la periferia los dos siguientes días al fallido golpe: captura de una estación de policía en Armenia –311 km de frontera con Turquía– y atentado yihadista en Kazajstán (http://goo.gl/DxIdAX).

Queda pendiente el destino de las 90 bombas nucleares en la base de Incirlik.

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Dinero y deuda: desde los orígenes hasta la crisis

Mér, 20/07/2016 - 20:02
Alejandro Nadal, La Jornada

En las últimas décadas el sector bancario y financiero consolidó su dominio sobre la economía mundial. Las transacciones e inversiones se hicieron cada vez más a imagen y semejanza de la circulación del capital financiero. El ciclo del capital industrial se fue deformando y subordinando cada vez más a los dictados de la racionalidad financiera. Y las prioridades de la política macroeconómica se convirtieron en simple reflejo de las necesidades de bancos y demás agencias del mundo financiero.

No ha faltado quien busque justificar este estado de cosas desde la perspectiva de la teoría económica. El intento apologético más conocido es el de Eugene Fama, autor de la hipótesis de mercados eficientes. Según esta idea, los precios de los activos financieros incorporan toda la información relevante disponible. Por lo tanto, es casi imposible que un inversionista compre activos subvaluados o que pueda venderlos a precios inflados. En otras palabras, los activos financieros siempre son vendidos a su valor real y los especuladores no pueden ganarle al mercado. La única forma de obtener ganancias a través de la especulación es a través de la adquisición de activos cada vez más riesgosos.

Fama recibió el (llamado) premio Nobel de Economía en 2013. No es que el comité encargado de escoger el ganador del premio se hubiera equivocado al seleccionar a un autor cuyas ideas estaban chocando de manera tan espectacular con la realidad. Al contrario. Precisamente porque el mundo de las finanzas y la desregulación estaban siendo tan cuestionados en el momento más álgido de la crisis, el comité Nobel decidió cerrar filas alrededor de uno de los hijos predilectos del neoliberalismo financiero.

La credibilidad de los apologistas del sector financiero siempre ha enfrentado serios problemas. Una de las razones es que la teoría económica nunca fue capaz de desarrollar un discurso teórico sólido sobre la naturaleza y orígenes de la moneda. Desde los escritos de Adam Smith y algunos precursores, hasta los últimos desarrollos de la disciplina, la moneda siempre apareció como un objeto accesorio de lo principal, es decir, del mundo de las mercancías.

En el relato de la teoría económica los seres humanos existen de manera independiente y sólo entran en relaciones de intercambio a través de operaciones de trueque. Pero la permuta es una operación complicada en la que es indispensable el encuentro entre personas con necesidades recíprocas. Es decir, en una economía no monetaria el intercambio es un proceso arduo, que consume mucho tiempo. De acuerdo con la narrativa de los economistas, se inventó el dinero como una ingeniosa tecnología de transacciones que facilita los intercambios.

El corolario de esta narrativa es que el dinero se presenta por los economistas como una creación del mercado. O sea que para poder salir del torpe mecanismo del trueque, los economistas nos dicen con una cara dura digna de la Isla de Pascua que fue el sector privado el que inventó la solución, el dinero.

El libro de David Graeber, Deuda: los primeros 5 mil años, y una gran cantidad de trabajos de historia y arqueología se han encargado de colocar las cosas en su lugar. Hoy sabemos que el dinero está más ligado al desarrollo del complejo monetario-imperial-militar que al bucólico mundo del trueque que sólo existe en la mente de los economistas. Es decir, el dinero es más una institución creada por el poder público que por los actores privados que intervienen en el mercado. Sin embargo, la propaganda es más eficaz cuando se trata de contrastar 900 páginas de texto con un par de lemas de fácil digestión en el gran público.

Por supuesto que el corolario de la mitología de los economistas es que es indispensable evitar que el Estado controle de alguna manera este instrumento de la civilización que es el dinero. La historieta que cuentan los economistas está llena de ejemplos de reyes y emperadores malévolos que provocaron todo tipo de males e infortunios por haber tenido algún tipo de potestad sobre el dinero. Este es el mito fundamental sobre la creación del sistema económico. De ahí a las ideas sobre la necesidad de la independencia del banco central no hay más que un paso.

Lo que no se puede perder de vista es que la crisis global estalló en un momento en el que la función de creación monetaria está fuertemente controlada por el sector privado y sus bancos comerciales. Todos los mitos sobre el mercado de fondos prestables y sobre el sistema bancario fraccionario sólo sirven para distraer la atención. Los bancos no necesitan contar con depósitos para realizar operaciones de crédito. Al revés, la creación monetaria se realiza a través del crédito y este dinero-deuda tiene una clara función pro-cíclica: se desarrolla vertiginosamente en la fase ascendente del ciclo económico y se desploma cuando el ciclo entra en la fase declinante. La actividad de los bancos comerciales privados y el exceso de endeudamiento que provocan está en la raíz de la crisis. La solución pasa por una regulación estricta de la actividad bancaria.

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El fallido intento de golpe en Turquía, ¿una victoria de la democracia?

Mér, 20/07/2016 - 13:00

Zeynep Gambetti, Open Democracy

Las imágenes de la evacuación de los soldados que habían ocupado los estudios de la CNN turca ilustra perfectamente la atmósfera hiperreal que marcó el quinto intento de golpe en la historia de la República Turca (cuatro de los cuales tuvieron éxito). A primeras horas del 16 de julio unos cuantos soldados habían parado las emisiones de la CNN turca. Una gran multitud de civiles se reunió fuera de los estudios para protestar. Cuando los soldados se acabaron rindiendo, los agentes de policía leales al gobierno del AKP estaban desbordados, eran incapaces de detener a la muchedumbre e impedir que se linchara a los soldados, lo que demuestra que aquella noche se borraron las delgadas líneas que separan autor y víctima, autoridad del Estado y poder de la muchedumbre. ¿Quién era el agresor y quién la víctima? ¿Quién protegía a quién? ¿De quién?

De hecho, se puede plantear las mismas preguntas respecto al propio golpe. En cuanto un par de vehículos militares cortó el tráfico del puente del Bósforo a última hora del viernes, el primer ministro calificó este hecho de “rebelión de una facción del ejército”. Para aquellas personas que habían sido testigo de los golpes de 1980 y 1997 estaba claro que, en efecto, se trataba de una facción, de lo contrario todas las calles principales habrían estado atestadas de tanques. Pero con la misma rapidez los usuarios de las redes sociales se preguntaron si se trataba de un genuino golpe o si había sido orquestado por el AKP para aumentar la popularidad del presidente Recep Tayyip Erdogan.

Se especuló sobre la posibilidad de que aunque el gobierno estaba al tanto del intento, permitó que se llevara a cabo. Se dice que los servicios secretos turcos habían filtrado la lista de los oficiales del ejército que había que purgar del ejército el próximo mes agosto para obligarles a participar en un intento kamikaze de último recurso con el fin de evitar la cárcel. El hecho de que Erdogan calificara el golpe de “bendición para purgar el ejército” avivó las sospechas. Se sigue ignorando el paradero de los aviones de combate F-16 que supuestamente amenazaron el avión privado de Erdogan y volaron amenazadoramente sobre las megápolis de Estambul y Ankara. Así pues, al tiempo que los medios de comunicación retransmitían en directo el golpe se fundían credulidad e incredulidad para borrar una vez más la delgada línea entre verdad y engaño.

La razón de que el golpe (que fue genuino) fuera y no fuera una sorpresa es que el AKP lleva una década preparando al público para un golpe. En 2012 se emprendieron importantes purgas entre las filas del ejército para eliminar a posibles golpistas. Lo irónico es que el movimiento de Fethullah Gülen, que supuestamente está detrás de este último golpe, fue en su momento aliado del AKP y ayudó a sustituir a los oficiales purgados por otros adeptos al gobierno, incluidos sus propios adeptos. Cuando Gülen cayó en desgracia, sus seguidores se convirtieron en sospechosos de formaban un “Estado paralelo” para desbancar al AKP. La alianza entre el AKP y Gülen, que en un principio pretendía frenar el poder de las Fuerzas Armadas en Turquía y librar a las instituciones del Estado de su dogmática inclinación laica, se desintegró en una política de sospechas. El término “golpe” se asoció a diferentes acontecimientos, como la ocupación del Parque Gezi o una serie de acusaciones de corrupción contra ministros del AKP y el propio hijo de Erdogan en 2013.

Se ha convertido en costumbre el buscar una razón oculta tras cada uno de los pasos administrativos o legales de las autoridades públicas: ¿son los hombres de Gülen los que obstaculizan a Erdogan o todo lo contrario? De hecho, el golpe del 15 de julio es la culminación de un Estado de excepción que se ha convertido en norma. La confianza en las instituciones, cargos y discursos públicos se ha deteriorado enormemente a consecuencia de las luchas de poder, de las operaciones encubiertas y de objetivos oscuros. Este cisma que no solo polariza a la opinión pública sino que también fomenta la paranoia y la inseguridad que ha permitido en gran parte que Erdogan acumule todos los poderes en su persona sin obstáculo alguno.

El intento de golpe dejó más de 160 muertos y miles de heridos en una sola noche, pero no encontró prácticamente ninguna base de apoyo en la sociedad. La única nota positiva en este sentido es que no parece que ninguna parte del dividido panorama ideológico de Turquía desee nunca más un golpe. Sin lugar a dudas este no era el caso cuando el AKP llegó al poder en 2002. Los republicanos siempre han considerado a las Fuerzas Armadas el garante del régimen laico. La semana pasada, multitud de civiles hicieron frente a la artillería pesada para tomar las calles y lograron detener a los golpistas. Así pues, la pregunta crucial es si esto supone o no una victoria de las fuerzas democráticas en Turquía.

¿Qué es la democracia? Evidentemente, hay mucho que celebrar cuando los civiles arriesgan sus vidas para hacer frente a los ejércitos. Desde Tiananmen a Tahrir, la aspiración colectiva a determinar el propio destino es una aspiración democrática, no en el sentido del procedimiento, sino en el sustancial. Un golpe militar es ante todo un ataque frontal a esta aspiración, niega la libertad y al propio gobierno mucho más que la ley. Pero el caos del último golpe en Turquía (reflejo del caos de la escena política) exige un ejercicio de precaución al utilizar conceptos tan abstractos como “democracia”.

La gente sí salió a la calle, pero sólo cuando fue inducida por Erdogan, el líder autoritario aunque carismático que sabemos que es, y después de darse cuenta de que no era un golpe en toda regla. El llamamiento de Erdogan fue acompañado del sonido de los almuecines durante toda la noche que gracias a la red de altavoces de los minaretes incitaron a la gente a proteger al presidente y al gobierno en nombre de Alá y del Corán. La multitud coreaba “Allah-u akbar” cuando obligaba a los tanques a retirase. Luego llegaron los excesos y el respaldo oficial (en particular, del primer ministro) al “deseo de la gente de llegar incluso a querer linchar a los golpistas”. La apelación a la “voluntad del pueblo”, encarnada por el propio Erdogan como presidente electo, se mezcló con la petición de salvar el AKP de los partidarios de Gülen. No está en absoluto claro si la muchedumbre que golpeaba a los soldados en las calles estaba “protegiendo la democracia” o a su líder, su patria y la causa del APK. Continúa el llamamiento a la movilización y se ha informado de que la muchedumbre ha atacado barrios a leuíes y sirios en diferentes partes del país.

En Turquía se tiende a equiparar la “democracia” con el mayoritarismo y una lógica casi orwelliana de reversibilidad apoya que se vacíen de contenido los principios universales. En este sentido desempeña un papel fundamental la capacidad retórica de Erdogan de convertir todo lo universal en particular y viceversa. El aliado de ayer se puede convertir en el enemigo de hoy, una reivindicación democrática legítima se puede desacreditar afirmando que se hace de mala fe y una clara violación de la ley por parte del gobierno se puede disfrazar de requisito para la estabilidad del régimen o para la prosperidad nacional. Defendido como la encarnación de la “democracia real” (en oposición al campo restringido de los derechos y libertades bajo el gobierno republicano), el AKP resultó ser igual de malo en lo que se refiere a su trayectoria de derechos humanos. Por medio de un discurso partidario y afectivo se puede deslegitimizar todo tipo de oposición o disidencia. La costumbre del gobierno de no respetar las estipulaciones legales y las decisiones judiciales en nombre de la “voluntad del pueblo” deforma de manera alarmante el proceso de democratización.

Diferentes analistas locales e internacionales expresan su temor de que el fracaso del golpe bloquee aún más las posibilidades de recuperar lo que queda de las instituciones turcas. En efecto, además de casi 3000 oficiales superiores y soldados detenidos por haber conspirado supuestamente para derrocar al gobierno, casi 3000 jueces y fiscales (incluidos dos miembros del Tribunal Constitucional) fueron puestos bajo custodia o suspendidos de sus funciones el día después del intento de golpe. A pesar de que irónicamente en su momento el AKP apoyara con entusiasmo su presencia en el aparato judicial, además de beneficiarse de ello, se les acusó de apoyar a Gülen. Ahora se han convertido en un obstáculo para el deseo del gobierno de controlar totalmente el funcionamiento de los tribunales. Y lo que es más, el Consejo Superior de Educación va a convocar la semana que viene a los rectores de todas las universidades de Turquía para pedir su colaboración en la caza de brujas contra los profesores gülenistas. La disparatada enormidad de estas purgas demuestra que Erdogan está dispuesto a cumplir su promesa de tomar drásticas medidas contra el “Estado paralelo” utilizando la defensa de la democracia como justificación.

Can Dündar, un periodista que está siendo juzgado por sacar a la luz un envío de armas a grupos rebeldes en Siria en camiones pertenecientes a los servicios secretos turcos, comentaba con razón en un tweet que en la historia turca los golpes militares siempre han fracasado en lo que se refiere a su intencionalidad política. Los golpes refuerzan el autoritarismo civil en vez de promover la exigencia de derechos y libertades. El golpe de 1980 llevó al líder comodín del partido, Turgut Özal, primero a ser primer ministro y luego a la presidencia. El ultimátum lanzado por las Fuerzas Armadas en 2007 para intimidar al AKP dio lugar a la presidencia de Abdullah Gül, uno de los fundadores del partido y anteriormente persona de confianza de Erdogan. Es probable que el golpe del 15 de julio allane el camino para la abolición del régimen parlamentario en favor de uno presidencial, sin el sistema de mecanismos de control y equilibrio de los poderes ejecutivos. En todo caso, para eso es para lo que ha estado presionando Erdoğan.

Hay una cosa clara: el escenario político turco avanza hacia un régimen de partido único. Esta es la política de las elecciones, en la que tanto la legitimidad como la permisividad se obtienen por el mero hecho de ser elegido. Sin verdadero debate, participación o respeto de la opinión minoritaria, las prácticas y los discursos políticos dejan pocas posibilidades de salida: los electores deben o bien apoyar al AKP o soportar la carga de ser cómplices de tramas para desestabilizar el país, negar la voluntad nacional y poner trabas al desarrollo económico.

El devastador golpe de 1980, más de cuarenta años de guerra contra los kurdos y el uso descarado que hace el AKP del discurso religioso y patriótico como excusa para aplastar rivales, amordazar a los medios de comunicación, intimidar a la academia y frustrar todos los demás obstáculos potenciales a sus ambiciones políticas han hecho que cunda el pánico moral. El deseo del “pueblo” de oponerse a la policía antidisturbios o a unidades del ejército que disparan contra civiles desaparece en cuanto este pueblo son manifestantes en el Parque Gezi o ciudadanos kurdos, por citar sólo dos casos importantes. Los antagonismos alimentados por el gobierno se convierten regularmente en lógica de guerra y entonces se puede matar con impunidad. El culto militarista al martirio que impregna a la sociedad turca sublima la idea de sacrificar la propia vida por una “causa sagrada”, una de las cuales es proteger al AKP. Resulta especialmente sorprendente que casi un año después del toque de queda impuesto de manera intermitente en varias de las provincias kurdas del sudeste de Turquía y el hecho de lanzar disparos de mortero contra barrios extremadamente poblados no haya provocado la indignación del resto del país. Hay que señalar que además de la maestría con la que el AKP maneja la retórica popular, la demolición de los espacios urbanos y los medios de vida en la región kurda se llevaron a cabo con la bendición de Estados Unidos y la Unión Europea, que apoyan el “derecho a luchar contra el terrorismo” de Turquía, una cortina de humo perfecta para las violaciones de los derechos humanos.

Para ser precisa, la oportunidad de poner freno al auge del autoritarismo se perdió después de las elecciones del 7 de junio de 2015. La actual política electoral no se basa en el respeto a los derechos, las libertades y el estado de derecho, ni en la aspiración de abrir espacios para dar cabida a las diferencias y a la participación en la toma de decisiones. Se basa meramente en la voluntad de la mayoría y del líder que la incorpora. Puede que no sean totalmente temerarios los comentarios de algunos analistas que compararon el bombardeo del parlamento [turco] la noche del golpe con el incendio del Reichstag. La clase dirigente del AKP también considera que el Parlamento está de más y que un presidente elegido popularmente sería suficiente para hacer de Turquía una democracia. Como señala mi colega Albena Azmanov, “asistimos, una vez más, al paradójico sacrificio de la democracia en el altar de la democracia, algo que el siglo XX europeo había dominado a la perfección antes de hacer la falsa promesa de ‘nunca más’.”
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Tomado de Rebelión. Traducido del inglés por Beatriz Morales Bastos.
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El día que 110 Premios Nobel devinieron obispos

Mér, 20/07/2016 - 02:38

Víctor M. Toledo, La Jornada

¿Cuál es la diferencia entre un testigo de Jehová, una familia fanática del islam, un grupo de jaredíes (judíos ultraortodoxos) y un premio Nobel? Después del 30 de junio pasado la respuesta podría ser… ninguna. Con la carta en que 110 laureados con el Premio Nobel denostaron a Greenpeace, acusándola de criminal, y defendieron a las gigantescas corporaciones que producen los alimentos transgénicos, se firmó un testamento que confirma el carácter intolerante y dogmático de amplios sectores de la academia, o su complicidad con los intereses corporativos. Nunca un conjunto de especialistas connotados, formados en las exigentes normas de la investigación científica, habían patinado tan bajo y mostrado tal nivel de fanatismo en nombre de la ciencia.

La carta, claro está, fue promovida por dos conocidos genetistas galardonados con el Nobel que, además, son empresarios biotecnológicos: Richard Roberts y Phillipe Sharp. Fue firmada mayoritariamente por premiados en medicina, química y física, algunos economistas, y extrañamente por la escritora austriaca Elfriede Jelinek, aguerrida feminista y anarcocomunista. Entre los firmantes destacan James Watson, codescubridor del ADN, quien fue defenestrado por su instituto por sus ideas racistas, y el mexicano Mario Molina, asesor de Coca-Cola y otras empresas. La carta se basa en tesis y argumentos falsos o sesgados agrupables en seis grandes temas:

1) ¿Por qué Greenpeace? Sorprende que la misiva esté dirigida contra la más importante organización ambientalista del orbe, no obstante que han sido cientos de científicos, individualmente o en grupo, los que han cuestionado la tecnología de los organismos genéticamente modificados, u ofrecido pros y contras de manera objetiva. Por ejemplo los 400 investigadores convocados por Naciones Unidas, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS) de México, los 300 científicos de la Red Europea de Ciencia con Responsabilidad Social y Ambiental, un grupo de destacados investigadores de la Royal Society de Inglaterra y otras. La carta hace ver tramposamente que se trata de una batalla entre creyentes (científicos consagrados) y herejes (ambientalistas emotivos). Ver respuesta de Greenpeace.

2) ¿Transgénicos contra el hambre? Una vez más se utiliza la idea falsa de que los cultivos transgénicos han sido diseñados para abatir la falta de alimentos suficientes, es decir, que son un medio de salvación contra el hambre. Ésta ha sido una afirmación utilizada en la propaganda de las corporaciones. Este dogma se rebate porque ni el arroz, soya o maíz transgénicos incrementan los rendimientos. Por otra parte, las estadísticas sobre la producción alimentaria en el mundo muestran que existen alimentos suficientes para alimentar a la población humana; lo que sucede es que, contra toda lógica, 75 por ciento de la superficie agrícola del planeta, y notablemente los transgénicos, se dedica a producir forrajes para reses y pollos o biocombustibles para los autos, es decir, para la fracción pudiente de la humanidad. 3) Las dudosas virtudes del arroz transgénico. Como escribió en estas páginas Silvia Ribeiro, sigue en duda la efectividad del Golden Rice (GR), propiedad de la compañía Syngenta, pues es necesario comer kilos y kilos de este variedad transgénica para alcanzar las dosis diarias de vitamina A que requiere un individuo. Resulta mejor comer zanahorias, espinacas o quelites. Por otra parte, la provitamina del GR se oxida fácilmente, lo que disminuye sustancialmente (hasta 90 por ciento) su riqueza vitamínica (ver: M. Hansen, 2013).

4) Transgénicos, deforestación y calentamiento global. Hacia 2014 un total de 180 millones de hectáreas estaban sembradas con cultivos transgénicos en el mundo. De ese total destacan las 40 millones de hectáreas sembradas de soya transgénica en Sudamérica, superficie algo mayor a Alemania y algo menor a España, en la cual fueron arrasadas selvas, bosques, matorrales con alta biodiversidad para dejar una sola especie. Se trata de la mayor deforestación en el menor tiempo conocida en la historia. Los transgénicos, sembrados, cosechados, transportados y transformados de manera agroindustrial (petroagricultura) contribuyen además al calentamiento global.

5) El glifosato como cancerígeno. Tras décadas de denuncias, finalmente el 20 de marzo de 2015 la Organización Mundial de la Salud (OMS) aceptó que el glifosato, el herbicida estrella de Monsanto que acompaña a los transgénicos, es cancerígeno para animales de laboratorio y con pruebas de carcinogenicidad en humanos. Existen cientos de casos documentados de cáncer, abortos espontáneos o malformaciones en poblaciones cercanas a la soya y el maíz transgénico en Sudamérica.

6) Lo que significa comer maíz transgénico. Finalmente no pueden pasarse por alto los experimentos realizados por el científico francés Gilles E. Séralini y su equipo, quien demostró que ratas de laboratorio alimentados por dos años con maíz transgénico NK603 y glifosato generaron tumores cancerosos.

¿Quienes son entonces los criminales? Como Gregorio Samsa, que en la novela de Kafka se convirtió súbitamente en cucaracha, así los 110 premiados firmantes de la carta se transformaron en obispos, porque se declararon mediante un acto de fe, no a partir de una decisión fincada en evidencias científicas, por la defensa de una tecnología perversa. Esta vez no fue el Papa, sino el mercado el que los hizo adherirse en nombre de un dogma. ¡Que Dios los reciba confesados!

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FMI advierte altos riegos de crisis financiera en mercados emergentes

Mar, 19/07/2016 - 19:37

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, advirtió que las economías insulares y los mercados emergentes corren cada vez un mayor riesgo de sufrir una crisis financiera. Según Lagarde, las costosas regulaciones y las preferencias empresariales están forzando a los bancos de Occidente a poner fin o suspender sus relaciones bancarias con jurisdicciones extranjeras más pequeñas.

En un texto escrito para un evento del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, la funcionaria puntualizó que los grandes bancos mundiales se están "replanteando sus correspondientes modelos bancarios con los países más pequeños" en vista de las regulaciones tras la crisis financiera y las normativas para combatir el blanqueo de capitales. Lagarde detalló que “algunas entidades han cortado sus vínculos con países que conllevan demasiado riesgo o que no resultan rentables”.

“La pérdida de relaciones bancarias subsidiarias en países en desarrollo mientras los grandes bancos tratan de limitar su exposición al riesgo podría marginar a pequeñas economías y provocar trastornos ‘sistémicos’ a sus mercados financieros”....“Los reguladores tanto en naciones con grandes centros financieros como en pequeños países necesitan hacer más para ayudar a los bancos a mantener esas relaciones”, expresó Lagardé.

La situación ya golpeó a varios países caribeños, donde hasta mayo al menos 16 bancos en cinco países habían perdido todas o parte de sus relaciones bancarias subsidiarias. Según un informe elaborado por Reuters durante la semana pasada, el problema es particularmente agudo en Belice. Según Lagarde estos países son particularmente vulnerables porque a menudo dependen del envío de remesas de trabajadores en el exterior y que, en el mejor de los casos, tienen acceso mínimo a servicios financieros. “Incluso si hasta el momento no son visibles las implicancias de estos trastornos, pueden volverse sistémicos si no se abordan”, advirtió.

Parte del retiro de grandes bancos es una reacción a un alza de los requerimientos de capital tras la crisis financiera de 2008-2009, que hizo menos atractivos los negocios con menores retornos, como la banca subsidiaria. Los países afectados necesitan mejorar sus marcos regulatorio y de supervisión para garantizar el cumplimiento con estándares internacionales, especialmente en el área del combate al lavado de dinero y contra el financiamiento del terrorismo. “Pese a que las implicaciones mundiales de estas interrupciones no son visibles por ahora, pueden volverse sistémicas si no se abordan”, agregó Lagarde.

Las relaciones bancarias correspondientes permiten que el dinero se mueva a nivel nacional o a través de las fronteras entre los emisores y receptores de dinero que utilizan distintos bancos, tipos de cuentas y múltiples divisas.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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“El neoliberalismo se basa en políticas sociales penales”

Lun, 18/07/2016 - 22:01
Javier Lorca, Página 12

La obsesión social con la violencia criminal, las políticas represivas, la persistencia cultural del colonialismo, el control social y el neoliberalismo son los principales caminos que explora la socióloga brasileña Vera Malaguti Batista en El miedo en la ciudad de Río de Janeiro, su libro publicado por la editorial de la Universidad Nacional de San Martín. Si bien su trabajo se concentra en Brasil, sus reflexiones extienden su alcance entre las sociedades latinoamericanas. “El neoliberalismo se basa en políticas sociales penales: disuelve al Estado de bienestar y desarrolla un tratamiento de la pobreza desde la política penal”, dice en esta entrevista con Página/12.

–¿Por qué la violencia criminal es una de las grandes preocupaciones de las sociedades contemporáneas, al menos en América Latina?

–Creo que es una manera plástica de ejercer el control social sobre los sectores populares, criminalizando las estrategias de supervivencia de los pobres. En el período neoliberal, un período con mucha pobreza y desempleo, la criminalización fue una estrategia muy eficaz, incluso para la criminalización de la izquierda. Milo Batista dice que el criminal es un fetiche, porque tapa la conflictividad social que hay por detrás. Esta ha sido una estrategia tan eficaz que hoy en Brasil vemos una criminalización de la política. La criminalización se constituyó en el principal eje político. Ya no se discute un proyecto de país.

–¿A qué denomina “discursos del miedo”, cómo los caracteriza?

–El discurso del miedo generalmente es impulsado por quienes están más protegidos. Si uno ve las estadísticas de violencia, al menos en Brasil, la gente que más muere es aquella de la que se tiene más miedo. El peligro, la posibilidad de sufrir violencia, está mucho más en zonas como las favelas que en los barrios más ricos. Pero son esos sectores sociales más ricos los que están detrás de un discurso de larga duración que ha transformado al pueblo en un “gran otro”. Esa estrategia tiene un origen europeo, comenzó con la colonización, es un discurso en contra del pueblo, de las minorías, las poblaciones originarias y afrodescendientes. Los discursos del miedo se agudizan siempre que hay protagonismo popular. Se construye una subjetividad que cree que el protagonismo popular va a generar el caos, el desorden. En Brasil eso es muy fuerte, por un enfrentamiento entre el orden colonial, blanco, y el vasto mundo de los pueblos originarios y afrodescendientes.

–Civilización o barbarie.

–Exactamente. Y esa es una estrategia que siempre es reconstruida cuando hay una disputa política en la que las fuerzas populares pueden alcanzar el poder. El miedo al caos, a los sucios, a los inmorales, es una construcción de larga tradición histórica, no es algo que sucede solamente desde los años 90.

–¿Cuál es el atractivo de los discursos del miedo? ¿Por qué logran adhesión social y no sólo entre los sectores acomodados?

–En momentos sociales complejos, es atractivo identificar el peligro afuera y atribuírselo a alguien. Además del rol que cumplen los medios de comunicación, la política criminal de drogas impuesta por los Estados Unidos juega un papel fundamental, es también una forma de educación. Por ejemplo, ha construido la figura del narcotraficante como un gran enemigo. Pero, cuando uno observa el comercio al menudeo de drogas, encuentra que es protagonizado por jóvenes sin ningún tipo de organización. Pero ese discurso hace que se constituya un sistema de control de los barrios más pobres, con blancos selectivos.

–¿El discurso de la lucha contra las drogas legitima la violencia contra determinados sectores sociales?

–Claro, y en especial legitima la violencia geográficamente instalada. La guerra contra las drogas genera una espiral de violencia que está en constante crecimiento.

–¿Cuál es la relación particular de estos discursos con el neoliberalismo? En su libro se refiere a “la política penal como la gran política social del neoliberalismo”.

–Es un poco la tesis del sociólogo Loïc Wacquant, que ha rectificado la comprensión que teníamos del neoliberalismo como algo que destruye las redes colectivas de amparo... La ha rectificado del siguiente modo: el neoliberalismo destruye esas redes de apoyo, pero aumenta exponencialmente el tratamiento penal de los problemas sociales. En ese sentido, es increíble cómo se ha incrementado la población carcelaria. En el caso de Brasil, Fernando Enrique Cardoso ha sido el presidente neoliberal más eficaz: llegó en 1994 y bajo su presidencia se dio un incremento del 500 por ciento de la población carcelaria. Pero, principalmente, lo que consigue el neoliberalismo es producir una adhesión subjetiva al poder punitivo, una fe muy grande en que la política penal puede resolver los problemas sociales. Si hay un problema agrario, se aumentan las penas para delitos relacionados con el modelo agrario. Si hay un problema de salud pública con las adicciones, se aumentan las penas para delitos relacionados con las drogas. Esto no solamente aumenta la población carcelaria, también aumenta la violencia, porque el sistema penal produce violencia. Pero a la vez mantiene “en orden” a vastos sectores populares. Establece vínculos simbióticos entre las favelas y las prisiones. El neoliberalismo se basa en políticas sociales penales: disuelve al Estado de bienestar y desarrolla un tratamiento de la pobreza desde la política penal. Y lo hace inculcando esta fe en lo penal.

–¿Qué función cumplen los medios de comunicación hegemónicos en la configuración de los discursos del miedo?

–Hay una educación inculcada por los grandes medios, en el largo plazo, que va constituyendo un flanco muy nítido de peligro. El sociólogo brasileño Gilberto Vasconcellos habla de un “capitalismo video-financiero”. En Brasil, el monopolio mediático tiene nombre y es Globo, una red de televisión que extiende por todo el país una educación comunicacional, subjetiva, de lenguaje, y además tiene el periódico, con una influencia política enorme, desde donde se pautan las políticas públicas en general, y las políticas penales en particular. Zaffaroni dice que para que haya genocidios antes tiene que haber discursos legitimantes... Las políticas criminales en Brasil tienen un grado de letalidad increíble, el esfuerzo de demonizar por ejemplo las redes de venta al menudeo de sustancias ilícitas ha generado una naturalización increíble del exterminio y de la existencia de milicias civiles. Esa construcción de que el gran enemigo está localizado entre los jóvenes de las favelas, es como si fuera una pena de muerte natural. El discurso del miedo al crimen es un fenómeno continental, que ha producido legislaciones, aumento de penas, incremento de las poblaciones carcelarias, la industria de la seguridad... Con un goteo cotidiano, se ha ido produciendo una mentalidad por la que los ricos se atrincheran en fortalezas, en condominios cerrados, un modelo de seguridad total montado en contra del vecino.

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No será el último golpe en Turquía

Dom, 17/07/2016 - 23:04
Robert Fisk, The Independent

Recep Tayyip Erdogan se lo merecía. El ejército turco nunca iba a seguir obedeciendo mientras el hombre que pudo recrear el Imperio Otomano convirtió a sus vecinos en enemigos y su país en una burla de sí mismo. Sería un grave error suponer dos cosas: que el aplastar un golpe militar es una cuestión momentánea y que después el ejército turco permanecerá obediente a su sultán; y considerar que al menos 161 muertos y más de 2839 detenidos es algo aislado del colapso de los estados-nación del Medio Oriente.

Los eventos del fin de semana en Estambul y Ankara están íntimamente relacionados con la ruptura de las fronteras y la credibilidad del Estado –la suposición que las naciones del Medio Oriente tienen permanentes instituciones y fronteras– infligió grandes heridas en todo Irak, Siria, Egipto y demás países del mundo árabe. La inestabilidad es ahora tan contagiosa como la corrupción en la zona, especialmente entre sus potentados y dictadores, una clase de autócratas de los que Erdogan fue un miembro desde que cambió la constitución para su propio beneficio y reinició su malvado conflicto con los kurdos.

De más está decir que la primera reacción de Washington fue instructiva. Los turcos deben apoyar a su “gobierno elegido democráticamente”. La parte de “democracia” fue más bien difícil de tragar –aunque más doloroso de recordar, sin embargo, fue la misma reacción del gobierno al derrocamiento del gobierno de Mohamed Morsi, “elegido democráticamente” en Egipto en 2013– cuando Washington definitivamente no le pidió a la gente de Egipto que apoyara a Morsi y rápidamente le dio su apoyo al golpe militar, mucho más sangriento que el intento de golpe en Turquía. De haber tenido éxito el ejército turco, seguramente Erdogan habría sido tratado tan despectivamente como el desafortunado Morsi.

Pero, ¿qué se puede esperar cuando las naciones occidentales prefieren la estabilidad a la libertad y la dignidad? Es por eso que están dispuestos a aceptar las tropas de Irán y al leal miliciano iraquí uniéndose en la lucha contre el Estado Islámico (EI), así como los pobres 700 sunnitas que “desaparecieron” después de la reconquista de Faluja y es por eso que la rutina de “Assad se debe ir” fue silenciosamente abandonada. Ahora que Bashar al Assad sobrevivió al período de gobierno del primer ministro, David Cameron –y casi con seguridad durará más tiempo que la presidencia de Obama– el régimen en Damasco mirará con ojos curiosos los acontecimientos en Turquía esta semana.

Las potencias victoriosas en la Primera Guerra Mundial destruyeron el Imperio Otomano, que fue uno de los propósitos del conflicto de 1914-18 después de que la “Sublime Porte” (Puerta Sublime) cometió el error fatal de alinearse con Alemania y las ruinas del imperio fueron luego cortadas en pedazos por los aliados y entregadas a granel a reyes brutales, dictadores y coroneles viciosos. Erdogan y el grueso del ejército que ha decidido mantenerlo en el poder por ahora encajan en esta misma matriz de Estados rotos.

Las señales de alerta estaban allí para que las vieran Erdogan y Occidente, si sólo hubieran recordado la experiencia de Pakistán. Descaradamente utilizado por los norteamericanos para enviar misiles, armas y dinero en efectivo a los “muyahidines” que luchaban contra los rusos, Pakistán –otro “pedacito” cortado a un imperio (la India)– se convirtió en un estado fallido, sus ciudades desgarradas rotas con bombas masivas, su propio ejército corrupto y servicios de inteligencia cooperando con los enemigos de Rusia –incluido el talibán– y luego infiltrado por islamistas que eventualmente amenazan al propio Estado.

Cuando Turquía comenzó a jugar el mismo rol para Estados Unidos en Siria, enviando armas a los insurgentes, su corrupto servicio de inteligencia cooperando con los islamistas, luchando contra el poder del Estado en Siria, también tomó el camino de un Estado fallido, con sus ciudades desgarradas por las bombas masivas y el campo infiltrado por los islamistas. La única diferencia es que Turquía también relanzó una guerra contra los kurdos en el sureste del país, donde partes de Diyabakir están ahora devastadas como las grandes zonas de Homs o Alepo. Erdogan se equivocó al medir los riesgos del camino que eligió para su país. Una cosa es disculparse con Putin y recomponer sus relaciones con Benjamin Netanyahu; pero cuando ya no puede confiar en su ejército, hay asuntos más serios en los que concentrarse.

Más o menos dos mil detenciones son un duro golpe para Erdogan, en realidad mayor que el golpe que planeaba el ejército para él. Deben ser sólo unos pocos de los miles de hombres de los cuerpos de oficiales turcos que creen que el sultán de Estambul está destruyendo su país. No es sólo cuestión de reconocer el grado de horror que pueden haber sentido la OTAN y la UE ante estos eventos. La verdadera cuestión será el grado en que el éxito (momentáneo) de Erdogan lo envalentonará para emprender más juicios, encarcelar a más periodistas, cerrar más periódicos, matar más kurdos y, para el caso, seguir negando el genocidio armenio de 1915.

A los extranjeros les resulta a veces difícil entender el grado de temor y disgusto casi racista con que los turcos observan cualquier forma de militancia kurda. Estados Unidos, Rusia, Europa –Occidente en general– privaron de contenido la palabra terrorista, a tal punto que no logramos comprender por qué los turcos llaman terroristas a los kurdos y los ven como un peligro para la simple existencia del Estado turco. Así es como veían a los armenios en la Primera Guerra Mundial.

Mustafá Kemal Ataturk era tal vez un buen autócrata secular, admirado incluso por Adolfo Hitler, pero su lucha por unificar a Turquía fue causada por las mismas facciones que siempre acosaron a la patria turca, junto con las sospechas oscuras (y racionales) de un complot de las potencias occidentales contra el Estado.

En resumen, este fin de semana ocurrieron sucesos más dramáticos de lo que podría parecer a simple vista. Desde la frontera de la Unión Europea, a través de Turquía, Siria, Irak y vastas partes de la península del Sinaí en Egipto y hasta Libia y –¿nos atreveremos a mencionar esto después de Niza?– Túnez, existe ahora un rastro de anarquía y estados fallidos. Sir Mark Sykes y François Georges-Picot comenzaron el desmembramiento del imperio otomano –con ayuda de Arthur Balfour–, pero éste persiste hasta nuestros días.

En este sombrío marco histórico debemos ver el golpe que-no fue- en Ankara. Hay que esperar otro en los meses o años por venir.

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Francia: el fascismo y la lucha de clases

Sáb, 16/07/2016 - 02:40

Maciek Wisniewski, La Jornada

Históricamente hay varias maneras de tapar la lucha de clases. Una, a la que el capitalismo recurre sobre todo en tiempos de crisis, es el fascismo. En su meollo, el fascismo es una revolución conservadora. Las pancartas de esta revolución gritan: ¡El capitalismo, sí!; ¡La lucha de clases, no!

Con esto los fascistas manifiestan que quieren una sociedad moderna, altamente industrializada, con empleo abundante, pero que es tradicional y respeta las viejas jerarquías; una sociedad capitalista libre de los antagonismos de clase.

He aquí donde está el problema.

La lucha de clases es inherente al capitalismo. La modernización y la industrialización erosionan las relaciones sociales. El avance del capital genera inestabilidad y acentúa los conflictos clasistas. Para ocultarlo los fascistas crean una narrativa que explica la desintegración y las tensiones, pero sin mencionar que son un resultado del desarrollo interno de la sociedad capitalista. La culpa –dicen– la tiene la invasión de un agente externo: ¡Todo estaba bien hasta que los judíos/los musulmanes penetraron nuestro cuerpo social! ¿La manera de sanarlo? Deshacerse de los judíos/los musulmanes.

Zeev Sternhell tiene una particular –y un poco problemática– teoría sobre los orígenes del fascismo.

Según él, el fascismo nace en Francia a finales del siglo XIX como una fusión entre la derecha populista y la izquierda nacionalista, ambas opuestas a la democracia política, al liberalismo y a la Ilustración.

Su mirada –aparte de pecar de galocentrismo– parece ignorar el contexto histórico (Primera Guerra Mundial) y político (anticomunismo) en que se forja el fascismo y, exagerando su genealogía intelectual se centra más en el prefascismo y/o borra la frontera entre prefascismo y fascismo (E. Traverso, La historia como campo de batalla, p. 125-131). Pero Croix-de-Feu, un movimiento de extrema derecha, católico y ultranacionalista del periodo de entreguerras, que Sternhell no califica de fascista y que otros revolucionarios fascistas franceses que querían construir una nueva orden veían como defensor de lo viejo (Z. Sternhell, Neither right nor left: fascist ideology in France, p. 225), es un buen ejemplo de varias tendencias protofascistas –conservadoras, legitimistas, autoritarias– que permean hasta hoy en la derecha y la izquierda (sic) francesa.

Junto con otras ligas antiparlamentarias –un invento francés sui géneris–, Croix-de-Feu acabó deslegalizado por el gobierno del Frente Popular (1936), pero antes, en tiempos de la gran depresión y desempleo rampante, gozó de gran popularidad.

Haciéndose de un lenguaje social y prometiendo parar el avance del comunismo, pregonaba el corporativismo y una alianza entre el capital y el trabajo (¡sic!), algo que apuntaba directamente al silenciamiento de la lucha de clases. Sus ideas desembocaron luego en el régimen semifascista de Vichy y en el pétainismo –una particular alianza entre guerra y miedo (A. Badiou dixit)–, cuyo espíritu está presente hoy en el estado de emergencia propuesto por los socialistas tras los ataques terroristas en París-Bataclan (13/11/15), pero votado y renovado ya tres veces por todas las fuerzas desde la derecha hasta los comunistas (sic), y en cuyo marco se llevaba a cabo la brutal represión contra los opositores a la reforma de la Ley de Trabajo.

Otra manera de tapar la lucha de clases es recurrir a la ideología: negar su existencia o asegurar que es cosa del pasado. Desde hace décadas venimos escuchándolo de la boca de los voceros del neoliberalismo y del pensée unique.

Esta maniobra es tan exitosa que hasta la propia izquierda se lo cree, como en el caso de messieurs Hollande, Valls y su Partido Socialista (PS), e incluso de Jean-Luc Mélenchon y su radical Partido de Izquierda (PG).

Favoreciendo las categorías como el pueblo o la nación, la PG ha ido abandonando la idea de la lucha de clases y la política de los oprimidos. Desviándose a los pantanos del nacionalismo y soberanismo, se quedaba ciega frente a los verdaderos conflictos y relaciones de poder en Francia. Sin un buen aparato político y cognitivo, se quedaba impotente frente al feroz ataque de la patronal (Medef) contra el trabajo y los restos del Estado de bienestar (C. Petitjean, What happened to the french left?, The Jacobin, 6/11/15).

He aquí donde entra el argumento de Stathis Kouvelakis: si bien la amenaza de extrema derecha o la posibilidad de fascismo son reales, la debilidad de la misma izquierda es aún más preocupante.

El avance del populismo reaccionario –7 millones de votos para el Frente Nacional (FN) en las elecciones regionales– es mala noticia, pero igualmente lo es la incapacidad de izquierda de construir un proyecto contra-hegemónico al temple autoritario de la democracia liberal.

Y si bien el panorama se parece al periodo de entreguerras –y más con estado de emergencia–, la Francia de hoy no es Italia de los 20 ni la Alemania de Weimar: la derecha es una máquina electoral y no grupos de choque, la burguesía no siente el aliento de los trabajadores en su espalda e incluso si el FN llegase al poder no impondría una dictadura fascista clásica, sino iría fortaleciendo mecanismos ya usados por los socialistas (sic).

Reforzaría el Estado neoliberal autoritario, desarrollaría más los mecanismos raciales de exclusión de elementos indeseados en el cuerpo social y, presentándose como un movimiento antisistémico –algo que comparte con los fascismos clásicos–, dirigiría la rabia generada por el capitalismo contra un enemigo interno, pero sin romper con el régimen político actual (The french disaster, Verso blog, 16/12/15).

En este sentido y contra las “advertencias mainstream”, la puerta a la extrema derecha y al fascismo no la abren las manifestaciones contra las políticas neoliberales de Hollande y el caos ocasionado por los sindicatos (sic), sino:

• Los intentos de tapar la lucha de clases desde arriba (el poder) y fallas de articularla desde abajo (la izquierda radical).
• Las políticas autoritarias y antidemocráticas del mismo gobierno, que pretende sobrepasar al FN por la derecha.
• La incapacidad de articular la rabia popular que deja al FN en la posición de única alternativa al orden dominante.

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