Jaque al neoliberalismo

Distribuir contido
Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger5023125
Actualizado: fai 7 horas 53 min

Atilio Borón: La barbarie infinita

fai 14 horas 43 min
Atilio Borón, Página 12

¿Qué está sucediendo en Gaza? El gobierno de Israel, un estado que somete a un injusto, cruel e inhumano bloqueo a un diminuto territorio palestino a orillas del Mediterráneo, decidió aplicar un escarmiento ejemplar por el asesinato de tres jóvenes colonos judíos presuntamente perpetrado por Hamas. Sin pruebas mínimamente convincentes y en medio de una sospechosa operación policial, Jerusalén acusó a esa organización de lo ocurrido con el propósito –como lo reconociera días atrás un apologista de Israel dentro de EE.UU., Zbigniew Brzezinski– de “agitar a la opinión pública en Israel para que justifique su ataque a Gaza”. Y eso fue lo que ocurrió: niños, ancianos, mujeres y hombres caen bajo el fuego de su metralla. Para Netanyahu y su gavilla en Gaza todos son terroristas, más allá de sus apariencias. Uno de los jerarcas de la dictadura genocida en la Argentina, Ibérico Saint Jean, dijo que “primero vamos a matar a todos los subversivos, después a sus colaboradores; después a los indiferentes y por último a los tímidos”. El gobierno israelí invirtió esa secuencia y comenzó por la población civil, gente cuyo único crimen era vivir en Gaza, y cometió un delito al aplicar una penalidad colectiva para un crimen perpetrado por algunos individuos. Después de este brutal y aleccionador escarmiento invadieron Gaza para aniquilar a los terroristas y sus colaboradores. Israel sabe que el rudimentario y escaso armamento de Hamas apenas podía ocasionarle daños de alguna significación. Sus amenazas de destruir al Estado de Israel son bravuconadas que no se corresponden ni remotamente con su poder efectivo de fuego. Pero son muy útiles en la guerra psicológica: sirven para aterrorizar a la población israelí y así obtener su consentimiento para el genocidio y la ocupación de los territorios palestinos. Y también para que Estados Unidos y los países europeos aporten todo tipo de armamentos y amparen políticamente al régimen. Justamente en estos días Israel solicitó a Wa-shington la entrega de 225 millones de dólares adicionales para financiar la producción de componentes de su escudo antimisiles, conocido como “Cúpula de Hierro”. El secretario de Defensa de EE.UU. remitió un mensaje al Senado y a la Cámara de Representantes urgiendo la rápida aprobación de la petición israelí. Si fuese aprobada la ayuda de EE.UU. para estos propósitos ascendería, sólo en 2014, a 500 millones de dólares. La ayuda militar, de cualquier fuente, que recibe Hamas es cero. La desproporción de fuerzas es tan flagrante que hablar de una “guerra” es una broma macabra. Lo dijo Marco Aurelio García, asesor especial de la presidenta Dilma Rousseff: “Lo que estamos viendo en Medio Oriente, por el amor de Dios, es un genocidio, es una masacre”.

Y es así porque Gaza no tiene ejército, no se le ha permitido que lo tenga. Israel tiene uno de los mejores del mundo, pertrechado con la más sofisticada tecnología bélica que le proporcionan Washington y las viejas potencias coloniales europeas. Gaza tampoco tiene una aviación para vigilar su espacio aéreo o una flota que custodie su mar y sus playas. Los drones y helicópteros israelíes sobrevuelan Gaza sin temor y disparan sus misiles sin preocuparse por el fuego enemigo, porque no hay fuego enemigo. Las nuevas tecnologías bélicas le han permitido “perfeccionar” lo que hizo Hitler en Guernica. En su furia asesina han bombardeado casas, escuelas, hospitales, recintos de la ONU. Sus poderosos aliados (cómplices de sus crímenes) convalidan cualquier atrocidad. Ya lo hicieron antes, y no sólo con Israel, y lo harán cuantas veces sea necesario. Su mala conciencia juega a favor de este plan genocida: callaron desvergonzadamente durante la Shoá perpetrada por Hitler ante la vista y paciencia de todo el mundo, desde el papa Pío XII hasta Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill. Callarán también ante el genocidio que metódica y periódicamente se está consumando en Gaza, porque matar palestinos a mansalva es eso: un genocidio. El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional estableció en 1998 que “se entenderá por ‘genocidio’ cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal: a) matanza de miembros del grupo; b) lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; c) sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial”. El gobierno israelí incurre en los tres componentes de la definición. El problema para el Estado de Israel, al menos en su actual conformación, es que rara vez el genocidio ha sido un camino hacia la victoria. Hitler asesinó a seis millones de judíos en los hornos crematorios y terminó aplastado por sus enemigos. ¿Por qué pensar que este genocidio tendrá un resultado diferente? Es tal vez por eso que en la entrevista ya mencionada Brzezinski afirmó que con sus políticas Netanyahu “está aislando a Israel y poniendo en peligro su futuro en el largo plazo”.

Afortunadamente, dentro de Israel hay sectores que reprueban con durísimos términos la conducta seguida en Gaza: un grupo denominado “Judíos contra el genocidio”, el Partido Comunista de Israel junto con el Frente Democrático por la Paz y la (Hadash) han condenado los crímenes perpetrados en Gaza y plantean, además, la legitimidad de la resistencia de cualquier territorio ocupado. Pero hay otros que predican la aniquilación de los palestinos, como Ayelet Shaked, la diputada que instó a las fuerzas de ocupación a matar a las madres palestinas porque engendran serpientes terroristas. Y desde el gobierno israelí se trabaja para fomentar la deshumanización del “otro” árabe. Los grandes medios de comunicación y las escuelas enseñan a los niños israelíes a odiar a sus indeseables vecinos, degradados a la condición de una raza despreciable. Para involucrarlos en el esfuerzo bélico se los invita a que escriban mensajes de muerte en los misiles que lanzan sus fuerzas armadas. Otros niños serán los que caerán muertos por esos proyectiles amorosamente dedicados por sus contrapartes israelíes.

Este comportamiento es un escupitajo a la gran tradición humanista del pueblo judío, que arranca con los profetas bíblicos, sigue con Moisés, Abraham, Jesucristo y pasa por Avicena, Maimónides, Baruch Spinoza, Sigmund Freud, Albert Einstein, Martin Buber hasta llegar a Erich Fromm, Claude Lévi-Strauss, Hannah Arendt y Noam Chomsky. O con extraordinarios judíos que enriquecieron el acervo cultural de la Argentina como León Rozitchner, Juan Gelman, Alberto Szpunberg y Daniel Barenboim, entre tantos otros que sería muy largo nombrar aquí. La traición a los grandes ideales que el judaísmo aportó a la humanidad no será gratuita. Con su criminal cobardía, con sus delitos de lesa humanidad, con sus prácticas propias del “terrorismo de Estado”, con la violación de la legalidad internacional (desacatando la resolución Nº 242, de noviembre de 1967, del Consejo de Seguridad de la ONU, que por unanimidad exige que Israel se retire de los territorios ocupados durante la Guerra de los Seis Días de 1967), las autoridades israelíes están infligiendo un durísimo golpe a la sustentabilidad a largo plazo del estado de Israel. Su aislamiento en la Asamblea General de la ONU es patético, ejemplificado por su sistemático y solitario acompañamiento a los Estados Unidos en las votaciones sobre el bloqueo impuesto a Cuba. Incluso sus más incondicionales amigos, como Mario Vargas Llosa, no ahorran críticas: después de visitar Gaza en 2005 dijo en el diario español El País: “Nadie me lo ha contado, no soy víctima de ningún prejuicio contra Israel, un país que siempre defendí ... lo he visto con mis propios ojos. Y me he sentido asqueado y sublevado por la miseria atroz, indescriptible, en que languidecen, sin trabajo, sin futuro, sin espacio vital, en las cuevas estrechas e inmundas de los campos de refugiados o en esas ciudades atestadas y cubiertas por las basuras, donde se pasean las ratas a la vista y paciencia de los transeúntes, esas familias palestinas condenadas sólo a vegetar, a esperar que la muerte venga a poner fin a esa existencia sin esperanza, de absoluta inhumanidad, que es la suya. Son esos pobres infelices, niños y viejos y jóvenes, privados ya de todo lo que hace humana la vida, condenados a una agonía tan injusta y tan larval como la de los judíos en los guetos de la Europa nazi, los que ahora están siendo masacrados por los cazas y los tanques de Israel, sin que ello sirva para acercar un milímetro la ansiada paz”.

Parece poco probable que la infernal maquinaria bélica israelí pueda hacer un alto y reflexionar sobre el significado de esta traición a los ideales del humanismo judío. Un enfermizo racismo se ha apoderado de los círculos dominantes en la sociedad israelí que le inhibe reaccionar ante las monstruosidades perpetradas en contra de los palestinos en Gaza o ante la construcción de un ignominioso muro en Cisjordania, o ante la perpetuación y profundización de las políticas de usurpación y despojo colonial. Los horrores padecidos bajo el nazismo parecerían ser suficientes para justificar lo que es a todas luces injustificable e imperdonable. ¿Será así? Pero, en caso afirmativo, la cuestión es: ¿por cuánto tiempo? Pregunta pertinente si se recuerda el dictum de John Quincy Adams, sexto presidente de EE.UU. cuando dijo que “Estados Unidos no tiene amistades permanentes, sino intereses permanentes”, una frase repetida hasta el cansancio por otro criminal de guerra, Henry Kissinger. Sería bueno que las autoridades israelíes, que dan por descontado un apoyo indefinido de Wa-shington a sus políticas, meditaran sobre este asunto.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Las contradicciones de la política monetaria en el corazón de la crisis financiera

Lun, 28/07/2014 - 14:51
Si tuviéramos que definir el estado actual de los mercados financieros habría que decir que están en un “coma alcohólico”. En los años 50, el presidente de la Reserva Federal William McChesney Martin acuñó la frase “hay que saber retirar a tiempo el alcohol de la fiesta antes de que ésta se anime demasiado”. McChesney definía así la principal labor de los banqueros centrales: tenían que subir las tasas de interés antes que la burbuja especulativa generada por las bajas tasas de interés inflara los precios más allá de lo razonable. Para McChesney, los mercados financieros no poseían el rol de la “autorregulación”, dado que justamente son la fuente de los mayores excesos.
La burbuja que viven hoy los mercados financieros es superior a la del año 2008 justamente por las bajas tasas de interés que están generando brutales distorsiones. Llevamos un largo tiempo planteando el problema de las burbujas especulativas, y el mes pasado, como apuntamos aquí, este tema fue advertido por el propio Banco de Pagos Internacionales. El BIS considera que las tasas de interés históricamente bajas que mantienen los principales bancos centrales del mundo, ha ayudado a incubar una constelación de burbujas financieras que amenazan con un tsunami devastador sembrando las semillas de la propia destrucción del sistema.

Leer másUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

A los mercados no les importa el mundo

Lun, 28/07/2014 - 12:00
Matthew Lynn, Leer más

Un avión que transportaba a unas 300 personas inocentes es derribado en una de las fronteras más peligrosas del mundo. Israel invade Gaza, reabre las heridas más profundas de Oriente Medio y podría provocar otro conflicto regional. A varios cientos de kilómetros, un levantamiento militar amenaza con convertir a Irak en un estado terrorista hecho y derecho. Al mundo no le han faltado motivos de preocupación en la última semana, ni catástrofes y conflictos a las noticias. ¿Y cómo han reaccionado los mercados financieros? Un par de bolsas han bajado y el oro dio uno de sus movimientos reflejos hacia arriba pero, en general, apenas registraron reacciones. Como si nada importante estuviera pasando.

Y en eso hay un mensaje interesante. A los mercados ya no les interesa lo que pase en el resto del mundo. Los días cuando la geopolítica podía afectar al precio de las acciones, los bonos, las materias primas o las monedas han quedado relegados al pasado. Hay dos explicaciones posibles: primero, que ya no hay más guerras o revoluciones que puedan cambiar drásticamente el panorama de la economía global y segundo, que los mercados están tan inflados de facilitación cuantitativa y dinero fácil de los bancos centrales que cualquier acontecimiento palidece de trivialidad por comparación. La verdad se sitúa en un punto intermedio. De todas formas, los inversores pueden ignorar sin miedo la guerra y la política a partir de ahora cuando estructuren su porfolio. El declive del interés de los mercados financieros en lo que ocurre en el mundo se hizo patente hace un tiempo. La Primavera Árabe que derrocó a gobiernos de todo Oriente Medio fue probablemente, la última serie de levantamientos en tener repercusiones reales y, sin embargo, se limitaba en gran medida a los índices fronterizos como el de Egipto, que no importan mucho en general.

Pero este año ha sido muy visible, y eso que en los últimos meses no ha faltado dramatismo. La anexión rusa de Crimea y posible invasión del este de Ucrania, constituye la primera gran redistribución de fronteras nacionales en Europa desde hace mucho y podría convertirse fácilmente en el inicio de un nuevo periodo de conflicto entre Rusia y Europa occidental, la salva inicial de otra guerra fría. También el levantamiento militar en Irak podría acarrear la creación de un estado islámico terrorista en un país con unas de las mayores reservas de petróleo en el mundo, y al que hace sólo una década Estados Unidos otorgaba tal importancia estratégica que lo invadió para derrocar lo que consideraba un régimen corrupto. La tensión entre israelíes y palestinos no es precisamente nueva. La última invasión de Gaza sólo es una etapa más en la larga y triste historia del conflicto. Aun así, sigue siendo una de las regiones más contenciosas del mundo y donde cualquier acción militar amenaza con una conflagración mayor. No hace tanto tiempo, cualquier suceso geopolítico como ésos habría provocado importantes oscilaciones en los mercados financieros. Tras los atentados del 11S en Washington y Nueva York, las bolsas se desplomaron. La invasión iraquí de Kuwait provocó una ola de ventas y los conflictos de Oriente Medio en los setenta mandaron el precio del petróleo por las nubes y hundieron la bolsa.

Ahora, los sucesos que hemos visto hace una semana se consideran de mínima importancia. El periodismo financiero es un negocio tan conservador como cualquier otro y no han faltado los titulares sobre el hundimiento bursátil desde el derribo del avión malasio pero, si miramos de cerca, lo interesante no fue que el mercado se moviera tanto sino tan poco. El dow, al igual que otras bolsas, perdió un 1 por ciento tras la noticia y enseguida recuperó las pérdidas un día después. Fue un movimiento modesto, típico de cualquier semana. Es cierto que el índice de Moscú hizo frente a más ventas, a raíz del endurecimiento de las sanciones de EEUU, pero apenas bajó del orden del 4 por ciento o 5 por ciento durante un par de días. Lo cierto es que apenas hubo reacciones dignas de mencionar. Los titulares fueron sólo un reflejo. Y ante esto hay dos explicaciones.

La primera es que en el mundo post-guerra fría, ninguno de esos conflictos locales regionales importan mucho. Nada de lo que ocurra en Ucrania afecta realmente al comercio mundial. Su economía es tan ínfima que no es un actor de verdad. Aunque se hunda en el caos y la guerra civil, las multinacionales no van a ganar menos dinero que antes. Casi lo mismo pasa en Irak, que tampoco es un mercado importante para nadie. Hasta Oriente Medio pierde su poder de influencia en la economía global. El petróleo es su único producto de interés pero con el desarrollo del gas de esquisto y la caída del precio de la energía solar, ya es mucho menos importante que antes. Si estalla una guerra, no tiene por qué afectar a la calidad de vida en el mundo desarrollado.

El segundo motivo es que los mercados se han desvinculado del mundo real. En los cinco últimos años, los impulsan los bancos centrales. Las decisiones de los tipos de interés o de si seguir imprimiendo dinero o no, importan mucho más que cualquier guerra regional. Mientras que el Fed o el BCE mantengan la liquidez barata, seguirán subiendo, pase lo que pase fuera. Ejércitos de analistas y gestores de los grandes fondos macro se ganan la vida analizando las tendencias geopolíticas y trasladando el dinero en consecuencia. Y, cada vez más, parece una pérdida de tiempo. Nada de lo que ocurra fuera le importa ya a los mercados. Una guerra entre China y Japón podría cambiarlo. O el colapso de la Unión Europea y la moneda única. Pero a menos que sea algo tan grande (y ambos sucesos son muy improbables), los inversores pueden dejar de preocuparse por las noticias del resto del mundo porque ninguna va a afectar a su porfolio.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Piketty y las desigualdades económicas

Dom, 27/07/2014 - 08:01
Eduardo Olier, El Economista

En septiembre de 2013, el economista francés Thomas Piketty publicó en la editorial Seuil Le capital au XXIe siècle. En un principio, salvo en Francia, el libro pasó sin pena ni gloria, hasta su publicación en inglés el pasado mes de abril, donde se ha convertido en un fenómeno editorial. Se dice que ha vendido más de 400.000 copias en el mundo anglosajón después de que la edición francesa haya superado a la fecha los 100.000 ejemplares.

Piketty, aunque desconocido para muchos, no era la primera vez que abordaba el problema económico de las desigualdades. Sólo o en compañía de Emmanuel Saez había tratado este problema en varias ocasiones, y sus artículos eran ya conocidos en conferencias y revistas especializadas.

También, en la lejana fecha de 2002, junto con Daniel Cohen y Gilles Saint-Paul, editó The Economics of Rising Inequalities, publicado por Oxford University Press. Ahí se encuentran una docena de artículos sobre el problema de las desigualdades con autores tan reconocidos como Daron Acemoglu. Se puede asegurar que este último trabajo de Piketty no es, por tanto, ninguna ocurrencia de última hora.

Sin embargo, y especialmente en España, pocos han sido los que han defendido a este economista; quizás por no haber profundizado demasiado y venir influidos por las críticas nacidas en el mundo anglosajón, encabezadas por el gobernador del Banco de Inglaterra Mervyn King, y otros colegas como James Galbraith de la Universidad de Texas o Michael Husson del Institut de recherches économiques et sociales (Ires).

Se trata de críticas de economistas de corte neoliberal, que han visto en Piketty un ataque a la economía de mercado. O como el propio King aseguraba: "Piketty ha tratado de exacerbar los salones de intelectuales de izquierdas de Nueva York o de París". Sin embargo, casi nadie ha recordado el apoyo que este economista ha recibido de grandes personalidades de la economía, como son Paul Krugman, Lawrence Summers, Robert Solow o Joseph Stiglitz.

Como tampoco se ha citado un reciente estudio de la OCDE publicado el mayo pasado: Focus on Top Incomes and Taxation in OECD Countries: Was the Crisis a Game Changer?, accesible desde la web de esta institución, donde se consolidan, de alguna manera, los postulados de Piketty.

Basta ver en este estudio cómo las desigualdades se han acentuado en los últimos treinta años, con Estados Unidos a la cabeza; donde el 1% de los más ricos han doblado prácticamente su participación en la riqueza total, llegando casi al 20% de la misma. Con la particularidad de que los más ricos de este grupo, que constituye el 0,1% de los más afortunados, acumula en Estados Unidos el 8% de la riqueza total.

Una cifra muy superior al caso de Canadá, del Reino Unido o de Suiza, donde la cifra se mueve entre el 4% y el 5%. Mientras que en Francia, este mismo grupo alcanza el 3% de la riqueza, aproximadamente.

En otro orden, el estudio de la OCDE muestra que el 10% de los más ricos, obtienen su riqueza principalmente de las rentas del trabajo. Siendo necesario subir en la escala social para que sean las rentas de capital las que constituyan la base de esa riqueza. Y es que una de las circunstancias por las que se dan esas diferencias, aparte del fenómeno de la globalización, o de la propia financiarización de la economía, reside en el hecho de que las políticas fiscales han sido más favorables a los que más ingresan.

Una circunstancia sostenida igualmente por algunos estudios del Fondo Monetario Internacional; orientación que coincide con los postulados de Thomas Piketty, cuando hacia el final de su libro concluye que sería necesario un impuesto progresivo sobre el capital; que sugiere que debería implantarse a nivel global, o al menos en el seno de la UE. Un criterio demasiado socialista para algunos que no ven el deterioro de una sociedad que acumula tasas de desempleo imposibles de mantener, especialmente en los más jóvenes, a la vez que suma una creciente deuda pública sin hacer lo suficiente para reducir el gasto de esta naturaleza.

Donde parece, igualmente, que las recetas para salir de la última crisis financiera ha estado más dirigida a proteger a ciertas clases privilegiadas, más que buscar el bienestar de la gente. Lo que conduce a pensar en una suerte de crisis del capitalismo, cuyas contradicciones llevan a algunos a pensar que su suerte está echada, incluso considerando que el capitalismo se reinventa a sí mismo después de cada crisis, de acuerdo con la idea schumpeteriana de la destrucción creativa.

Donde otros intelectuales, como el profesor de la Universidad de Nueva York, David Harvey, sugieren equivocada si la innovación se dirige únicamente a crear desempleo, a la vez que se extraen rentas de capital asociadas a los derechos de propiedad intelectual. Lo que Harvey mantiene en su última obra: Seventeen Contradictions and the End of Capitalism; o como también se sostenía en varios de los capítulos del libro impulsado el año pasado por Craig Calhoun, director de la London School of Economics: Does Capitalism Have a Future? Lo cual nos lleva a la última propuesta de reforma fiscal: todo apunta a que será una oportunidad perdida.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La guerra financiera contra Rusia podría tener un invitado no deseado

Sáb, 26/07/2014 - 18:52
La Unión Europea y el Banco Mundial han desplegado toda su artillería financiera contra Rusia. La UE quiere aplicar sanciones por un valor de 10.000 millones de euros al año por la crisis de Ucrania, y el Banco Mundial ha procedido a bloquear todos los préstamos financieros a Rusia. Las sanciones económicas contra Rusia toman forma más allá de la geopolítica. Y que el Banco Mundial bloquee un préstamo a Rusia confirma a quien obedece este banco surgido tras el fin de la segunda guerra mundial (una de las instituciones de Bretton Woods) y que tiene su sede en Washington.
Las sanciones contra Rusia no se detienen aquí. De acuerdo con información de Bruselas, se aplicará a Rusia la prohibición de exportaciones a diversas industrias. Es decir, Rusia no podrá ofrecer sus productos en Europa, negándose a los europeos la posibilidad de acceder a los productos rusos. La santa inquisición de la UE no considerará sin embargo el gas. Rusia podrá seguir ofreciendo los fluidos de su gas a todos los países europeos.

Todas estas sanciones, con gas o sin gas, constituyen un duro golpe para la economía rusa. Sin embargo, y como señalamos en La guerra económica con Rusia podría tener un alto costo para Europa y Estados Unidos, es también un duro golpe para la economía europea dado que las medidas de boicot pueden volcarse como un boomerang contra Europa. Hasta ahora, las llamadas Fase I y Fase II de las sanciones contra Rusia no ha tenido un efecto significativo en la economía europea. Pero esto puede cambiar cuando se pase a la Fase siguiente. Rusia queda libre de cerrar las compuertas del gas para Europa y abrir paso a la creciente demanda energética de Asia, encabezada por China. Este hecho podría poner en serias dificultades a Europa.

Europa y el polvorín de UcraniaEn todo esto tiene especial relevancia la crisis de Ucrania. Pero, ¿quien mandó a desestabilizar al país, promovió un golpe de estado contra el presidente Viktor Yanukovich e instaló un gobierno títere? Merkel y Obama son los claros responsables de haber arrancado a un gobierno democráticamente elegido y haber instalado a Arseni Yatseniuk en el mando, un personaje de la linea neonazi que solo acrecentó las tensiones divisionistas en Ucrania, y obedeció fielmente las instrucciones de Alemania y Estados Unidos.

Yatseniuk obedeció tan bien las instrucciones de estos países que hoy tienen la hegemonia global que, tras las elecciones, fue confirmado como Primer Ministro del presidente Petro Poroshenko, el multimillonario a lo Berlusconi de la política ucraniana. El frente de batalla de Yatseniuk siguió la pauta de Merkel y Obama, y despidió a los principales cabecillas institucionales de la rebelión ucraniana. Muchos de estos cabecillas eran generales de ejército a cargo de las plataformas lanzadoras de misiles. Es decir, Yatseniuk ha sido el principal responsable de que estas plataformas misileras quedaran en manos de personal no calificado. Por eso Yatseniuk renunció a su cargo el jueves 24 de julio, una vez confirmada la complicidad del ejercito ucraniano en el caso del MH17, el avión de Malaysian Airlines que aparentemente fue derribado por uno de estos misiles. Como de esta operación Estados Unidos es 100 por ciento cómplice, debido a las presiones a Yatseniuk para que diera de baja a los Generales, el gobierno de Obama decidió cerrar el caso y declarar que el avión "fue derribado por error". Si bien hay aún muchas preguntas sin respuesta, no se descarta que el MH17 haya sido derribado directamente por un avión del ejército ucraniano con un misil aire/aire, dado el relativamente bajo nivel de daño en el fuselaje del avión. Un misil disparado desde tierra habría pulverizado todos los restos de ese avión que volaba a 10 mil metros de altura. Esta es justamente una de las preguntas que nadie ha realizado. Ademas, como revela la página de Human Rights Watch, las fuerzas militares del gobierno de Ucrania lanzan misiles a destajo y en forma indiscriminada en zonas pobladas, violando todos los derechos internacionales humanitarios. "Estos misiles -indica HRW- no pueden ser dirigidos con precisión por tanto no deben ser desplegados en zonas densamente pobladas por lo que su uso constituye un verdadero crímen de guerra".

¿Quien sabe disparar misiles?Ucrania posee misiles desde mucho antes de la caída del bloque soviético, pero nunca los había usado contra civiles y menos contra su propio pueblo. Esto da cuenta del desorden moral y la esquizofrenia que sufren algunos de los líderes europeos que encienden más la mecha a una crisis de múltiples raíces. La investigación en terreno de Human Rights Watch confirma que las fuerzas del gobierno de Ucrania fueron responsables de todos los ataques producidos entre el 12 y el 21 de julio: cuatro ataques cerca de la frontera con Rusia, dos ataques a edificios en el centro de Donetsk y otros dos en la periferia. El ángulo, la forma de los cráteres y el corte de devastación a los edificios da cuenta claramente del tipo de misil empleado y todo confirma que corresponde a las fuerzas de gobierno. A Yatseniuk le quedó grande el cargo, y lo peor fue que despidió al personal estratégico.

La valoración del personal estratégico es uno de los temas claves en todo tipo de organizaciones, sean empresas privadas o gobiernos. La regla indica que el personal estratégico, como aquel que sabe disparar y conducir los misiles, debe cuidarse como prioridad. Esta fue una de las reglas claves a las que faltó Yatseniuk: despidió a personal relevante que, tal vez "por error" atentó contra su propio pueblo. El problema es que también "por error", como señala el reporte del Departamento de Estado de Estados Unidos, se derribó un avión con casi 300 personas, el MH17.

Esto confirma que el mundo actual no está en las manos más lúcidas. Está en las manos de personajes que retuercen los hechos y que los manejan a su propia conveniencia política, sin importarle en nada la especie humana. Derribar aviones, saquear países, robar los fondos de pensiones parecen ser las reglas del juego en el mundo moderno. El problema es que todo esto pasa factura en un planeta que a la larga es más pequeño de lo que parece, y todo se puede revertir como un boomerang. Las sanciones contra Rusia, que pretenden dejarla en el inmovilismo total, pueden terminar pulverizando a Europa.
______
Nota:
El resultado de la investigación del Departamento de Estado de Estados Unidos fue entregado en la madrugada del miércoles 23 por Associated Press y el blog financiero Zero Hedge publicó y actualizó la información. El misil habría sido disparado por la milicia pro-rusa, pero Rusia no estuvo directamente involucrada en el hecho http://www.zerohedge.com/news/2014-07-22/us-state-department-confident-mh17-mistakenly-downed-separatists-finds-no-direct-lin
Esto más bien corresponde a parte de la guerra interna que sufre Ucrania donde ha habido varios lanzamientos de misiles hacia la población por parte del gobierno de Kiev. Este tema ha sido informado en varios medios internacionales (ver Der Spiegel) y ha sido denunciado públicamente por Human Right Watch, como indico en el artículo, que ha acusado al gobierno de Poroschenko de crímenes de guerra. Los dos bandos tienen misiles y lo que derribó al MH17 habría sido un misil del sistema de defensa antiaérea tipo Buk, dado que la milicia no tiene forma de distinguir entre un avión de guerra y un avión comercial. Por eso se atribuye a "un error" el derribo del MH17, como indica el propio gobierno de Obama http://www.theguardian.com/world/2014/jul/22/mh17-eu-foreign-ministers-mh17-sanctions-russia-live-updates http://www.france24.com/en/20140723-flight-mh17-us-intelligence-ukraine-russia-mistake/
Como apunté en un comentario al post anterior, hasta el político republicano Ron Paul, candidato dos veces a la presidencia de EEUU y quien quiere terminar con la Reserva Federal y el sistema de dinero fiduciario ha expresado su molestia frente a lo que no informan los medios de comunicación sobre el MH17, y la sorprendente facilidad con que se acusa a Rusia y a Putin, tal como se hizo con Osama Bin Laden a los 5 minutos del desplome de las torres gemelas en septiembre de 2001: http://ronpaulinstitute.org/archives/featured-articles/2014/july/20/what-the-media-won%E2%80%99t-report-about-malaysian-airlines-flight-mh17.aspx
La renuncia del primer ministro Arseni Yatseniuk, es el resultado del incremento de las tensiones divisionistas en Ucrania que no fueron apaciguadas por el uso de la fuerza que saltó a nivel global por el derribo del MH17.
Sobre las sanciones sobre Rusia que está promoviendo la UE y su negativo impacto en cada uno de los países, les dejo este cable de Reuters http://www.reuters.com/article/2014/07/23/us-ukraine-crisis-trade-idUSKBN0FS1IA20140723

Ver también: La guerra económica con Rusia podría tener un alto costo para Europa y Estados Unidos, Estados Unidos aprovecha derribo del MH17 para arrebatar a Rusia el mercado energético de Europa, Ucrania y el polvorín que desbordó las miserias de la Troika
________
Este artículo fue publicado originalmente en El Blog Salmón
y reproducido en Attac.es

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Estado de excepción permanente, legado del Mundial

Sáb, 26/07/2014 - 04:14
Raul Zibechi, La Jornada

Cuando se trata de manifestaciones, todos son culpables hasta que se demuestre lo contrario, reflexiona el Coletivo Intervozes acerca del trato de las grandes cadenas televisivas a las protestas contra el Mundial (Carta Capital, 22/7/14). La escalada represiva venía creciendo desde las grandes manifestaciones de junio de 2013, pero durante el mes del Mundial llegó a niveles alarmantes.

La actitud de la policía militar, la policía divil y el sistema judicial, sobre todo en Río de Janeiro, ha sido calificada como la instalación de un estado de excepción de hecho. El domingo 13 de julio se jugaba la final entre Alemania y Argentina. A la hora del partido se convocó una manifestación en la plaza Sáenz Peña, en el barrio de Tijuca, a unos dos kilómetros de Maracaná. Acudieron colectivos de las favelas en protesta por los abusos policiales, militantes de los comités populares contra el Mundial, autónomos, anarquistas, educadores en huelga y activistas de medios independientes.

La policía utilizó la táctica conocida como kettling, ya usada antes en São Paulo y Belo Horizonte, consistente en cercar a los manifestantes con barreras y agentes, dejándolos aislados e inmovilizados durante horas. Había cinco policías por manifestante. Un periodista del semanario uruguayo Brecha preguntó a un policía los motivos por los cuales estaba bloqueado dentro del cerco. Es la ley de la FIFA, fue la única respuesta (Brecha, 7/7/14).

Varios manifestantes fueron golpeados, incluyendo un reportero gráfico aporreado en el suelo. Les dispararon balas de goma, bombas de efecto moral, gas pimienta, y usaron sus garrotes.

La noche anterior a la final, el sábado 12, la policía arrestó a 19 militantes (de los 23 que tenían orden de captura) porque se presumía que realizarían actos vandálicos en la manifestación. Tres activistas a los que no pudieron detener solicitaron asilo en el consulado de Uruguay en Río, pero el gobierno del presidente José Mujica se los negó y les exigió que se retiraran del local.

Diversos organismos y personalidades reaccionaron con indignación ante esta escalada represiva. Desde octubre de 2013 la Delegación para la Represión de Crímenes Informáticos, de la Policía Civil de Río, venía investigando los movimientos que se destacaron en las protestas de junio de 2013 por medio de escuchas telefónicas, intervención de sus e-mails y la infiltración de agentes en las asambleas y manifestaciones.

Amnistía Internacional, la Orden de Abogados de Brasil, Justicia Global, la Asociación de Jueces por la Democracia y hasta el Partido de los Trabajadores, entre muchos otros, criticaron la represión. La Defensoría Pública de São Paulo denunció la intención de impedir el derecho a manifestarse y la actuación abusiva y desproporcionada de la Policía Militar (Brasil de Fato, 18/7/14).

La Asociación Brasileña de Periodismo de Investigación (Abraji) aseguró que un periodista por día resultó agredido por la policía durante el Mundial. En total, 35 agredidos en un mes. Desde mayo de 2013, 210 periodistas fueron violentados, de los cuales 169 lo fueron por policías (Abraji, 14/7/14).

La casi totalidad de los detenidos preventivamente son liberados a los pocos días por falta de pruebas, pero son apresados de forma ilegal, sólo porque la policía sospecha que pueden cometer un delito, según denuncia el Manifesto de juristas contra la criminalización de las luchas sociales (Brasil de Fato, 21/7/14). La presunción de inocencia hasta que no existan pruebas fue hecha añicos por las policías y el sistema judicial.

Para el juez José Roberto Souto, con el propósito de asegurar la realización del Mundial se instaló en la sociedad brasileña una especie de estado de excepción, procediendo a una supresión temporaria del orden constitucional (Brasil de Fato, 22/7/14). En su opinión, fue la Ley General de la Copa, redactada por el gobierno y aprobada por el Parlamento para cumplirle a la FIFA, la que creó las condiciones para la criminalización de las protestas, incluyendo las huelgas laborales.

El sociólogo Rudá Ricci sostiene que uno de los principales legados del Mundial es el deterioro del estado de derecho y la legitimación de los abusos de la policía militar, que esta vez no se limitó a atacar a pobres y negros de las periferias y la emprendió contra estudiantes universitarios de clase media, con órdenes de búsqueda y captura expedidas como forma de intimidación. Considera que hay fuertes señales de cultura fascista en esta ofensiva contra los derechos democráticos fundamentales.

Bruno Cava, graduado en derecho y bloguero, parece sintonizar con el análisis de Giorgio Agamben sobre el estado de excepción. “Si en las favelas el poder punitivo elaboró históricamente la figura del traficante, en las protestas la demonización se da contra el vándalo o black bloc. El cerco de las plazas define el espacio de anomia, donde la violencia se separa del estado de derecho” (IHUOnline, 18/7/14).

En la favela la represión anuló desde siempre el estado de derecho; pero ahora esa lógica se desborda más allá para impedir las protestas, generar un clima de temor que inhiba a los militantes, advertidos que todo el peso del Estado les caerá encima. La dictadura no terminó, añade, sólo modificó sus límites, incluyendo ahora a todos los que protestan.

En Estado de excepción (un libro de rigurosa actualidad), Agamben señala que en todas las democracias occidentales la declaración del estado de excepción está siendo sustituida por una generalización sin precedentes del paradigma de la seguridad como técnica normal de gobierno (Adriana Hidalgo, 2004: 44). Tanto las crisis económicas como los megaeventos se han convertido en los laboratorios para dar un salto adelante en el control policial-judicial.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La Cumbre de los BRICS y los Bancos del Sur

Ven, 25/07/2014 - 14:24
José Félix Rivas Alvarado, Rebelión

Cuando, en los albores del presente siglo, el recién elegido Presidente Chávez anunció la posibilidad de un mundo multipolar y plasmó su estrategia internacional bajo esta prognosis[1], el status quo de la arquitectura financiera internacional y la élite intelectual del pensamiento dominante, se burlaron descaradamente. Aún más cuando Hugo Chávez planteó la posibilidad de crear un Banco del Sur de América Latina, les sonó a una irreverencia propia de un iconoclasta radical.

Los poderosos tenían argumentos a su favor: el complejo industrial-militar había tomado bajo dominio imperial gran parte del territorio productor de petróleo; los precios de petróleo habían sido menguados, en gran parte por el debilitamiento de la OPEP; el capital financiero mostraba su enorme poder, vestido con una “exuberancia irracional”; el poder fáctico de los agentes (tiburones) de la arquitectura financiera internacional (Banco Mundial, FMI, Bancos de Inversión, Calificadoras de riesgo) decidían el destino de las economías “emergentes”. Lo que había emergido, a finales del siglo XX, del proceso de financiarización y de consolidación neoliberal era un mundo repartido por el poder de la tríada.

Más sin embargo, cuando avanzaron los tiempos de la Unión (más que la integración), del ALBA y se logró la victoria del ALCA en 2005, ya los tiburones del sistema financiero internacional habían prendido las señales de alerta y empezaron a mover sus piezas para boicotear la integración financiera.

A finales de 2005, el Presidente Chávez empezó hablar de “otro” Banco del Sur. Esta vez se refería a una geografía más amplia: el Sur de todos los países dependientes, periféricos y subdesarrollados. Además de América Latina, se sumaban África y parte importante de Asia.

En Washington, en las cómodas oficinas de los jerarcas del FMI, del BID y del FMI, los guardianes del Consenso Neoliberal, empezaron a murmurar como cuando el Sanedrín se sentía amenazado por un profeta blasfemo e irreverente.

La soberbia de los poderosos, a veces se convierte en una ventaja para las utopías porque, en un principio, éstas son subestimadas y despreciadas por aquellos. Eso nos da tiempo para construir conexiones y proyectos bajo la visión de la cooperación y la justicia.

La rebelión de las semiperiferias en un capitalismo-mundo cambiante Es por eso que la cumbre de los BRICS[2], celebrada en la ciudad brasilera de Fortaleza, tiene una importancia histórica y estratégica. Como señala Jorge Marchini, tales iniciativas, y especialmente el Banco de Desarrollo de los BRICS, “debe ser observado con la perspectiva de los actuales enormes cambios económicos y geopolíticos mundiales. Hay nuevos actores y cambios de posicionamientos relativos inciertos aun en pleno desarrollo”[3].

Se podría afirmar, que los miembros de los BRICS forman parte de lo que los seguidores de Immanuel Wallenstein llaman semiperiferias. En el caso de China, India y Rusia son semi-periferias de rango superior. Estos países actualmente tienen un rol en la división internacional del trabajo que hacen posible que surjan estrategias con altos grados de autonomía y de desconexión.

Desde una perspectiva histórica, importa resaltar que el desarrollo económico logrado por algunos estos países BRICS fue posible, con diferentes matices, por la herencia histórica donde destaca la existencia de la planificación y la presencia estratégica del Estado. Eso fue claro en el caso de la China y Rusia, y en menor grado (no despreciable) de India y Brasil. Brasil, que puede considerarse parte de la semiperiferia baja, es actualmente producto de la existencia histórica de un Estado y un una clase dirigente con estrategias de largo plazo. Destaca también que, el papel de la planificación en la fortaleza de China y Rusia es -en gran parte- resultado de la experiencia socialista, que permitió que estas regiones, siendo sociedades sumergidas en un atraso feudal, a inicios del siglo XX, dieran un salto importante en cuanto al desarrollo de las fuerzas productivas. No se pretende ocultar la transición al capitalismo que, durante la década de 1990, sufrieron las ex –repúblicas soviéticas, ni la estrategia ecléctica del Partido Comunista Chino a partir de los años 1980, ni menos aún el estilo de desarrollo adoptado por tales sociedades. Pero, tampoco se puede negar el papel del ensayo socialista que se dio en esas regiones y lo que son hoy estas economías.

Indudablemente, que el poder acumulado por las periferias superiores de los BRICS (China, India y Rusia) es también resultado de los cambios estructurales del capitalismo mundial en los últimos cuarenta y cinco años. La nueva división del trabajo los ubica –en forma subordinada- en las fábricas mundiales, junto con Estados Unidos, Canadá, Alemania y Japón, donde se concentra tecnología y capital, además de fuerza de trabajo.

Ese capitalismo mundial entro en crisis profunda en 2008, esto implico ajustes macroeconómicos en los principales economías centrales. Los daños colaterales de este proceso de “consolidación fiscal” que llevó a una mayor concentración y centralización del capital financiero, tenían como testigo el desempleo y familias que eran arrojadas de sus casas. Europa se estremeció cuando la fantasía organizada por la ideología del capital se vino abajo.

La llamada arquitectura financiera internacional mostró su verdadero rostro tras las máscaras. Los tiburones mostraron sus propósitos y los buitres su vocación. Las calificadoras de riesgo (Fitch Ratings, Standard and Poor’s y Moody’s) ocultaron información, manipularon sus evaluaciones en un abierto conflicto de intereses donde conspiraron con los bancos de inversión (Caso Lehman Brothers y caso Grecia); el Fondo Monetario Internacional, se convirtió en un escenario lo más parecido a la decadencia del imperio romano, dados los affaires y conspiraciones develadas, perdió una credibilidad que nunca tuvo; el Banco Central de Estados Unidos, la Reserva Federal, no dudo en financiar monetariamente a los dueños del poder, el capital financiero y las grandes empresas trasnacionales, rompiendo con uno de los dogmas más preciados de la liturgia neoliberal; los trabajadores europeos despertaron con el gobierno de la troika (Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional y Comisión Europea) encima de sus espaldas, poderes fácticos que no dejan de pedir que los costos laborales continúen ajustándose a la baja. Esto hace posible que emerjan nuevas instituciones y nuevos arreglos, frente a los monopolios del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional surgen nuevas instancias de financiamiento como el Banco de Desarrollo y el fondo de contingencia de los países BRICS y el Banco del Sur de Suramérica. Frente a la hegemonía del dólar, se empieza a tejer la plataforma que permita debilitarla, con la circulación internacional de renmimbi Chino y el rublo ruso. La participación de Brasil, hace que esta estrategia se exprese en un vasto espacio mundial. Tales países concentran una masa poblacional, tecnología, instituciones, recursos financieros e importantes recursos naturales. Por suerte, todos estos cambios encontraron a América Latina y el Caribe, y especialmente América del Sur, con experiencias de integración regional como el ALBA, la Unasur y la Celac. Estos espacios de la periferia, le dan –de arranque- un tremendo posicionamiento institucional en las grandes negociaciones que traman los poderes mundiales.

En este último sentido, los países agrupados en la Unasur y en la CELAC tienen el reto de jugar en conjunto, defendiendo el derecho a manejar en forma soberana sus políticas económicas (buscando alternativas a los condicionamientos del banco Mundial, del FMI y de la Banca de Inversión), negociando en bloque, enfrentando la tendencia a la reprimarización y a la extracción depredadora de sus recursos naturales, promoviendo una integración productiva que diversifique e integre las matrices productivas. Todo esto teniendo como prioridad la continuidad de las estrategias orientadas a mejorar las condiciones de vida de la población.

Es por eso que, la región debe sentirse identificada plenamente con la declaración de la cumbre de los países miembros del grupo BRICS que expresa: "la necesidad de alcanzar simultáneamente crecimiento, inclusión, protección y preservación”.

Por supuesto que algunas personas pensarán que esto puede ser retórica, pero los declarantes se verán atados a sus palabras cuando creen un Banco de Desarrollo que aspira tener 100 mil millones de dólares de capital. Por supuesto que los poderes financieros internacionales, que al principio descalificaron la posibilidad de crear un Banco de Desarrollo de los BRICS, luego tratarán de cooptarlo. De hecho, en 2012, el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, afirmó que un "banco de los BRICS tendría dificultades para concretarse e igualar la destreza de su institución".

Sin duda alguna, una mirada retrospectiva que nos lleve a principios de este siglo, no dejará de sorprendernos al ver cómo han cambiado las cosas en este mundo, desde que Hugo Chávez se atrevió a mirar el futuro con la pupila cargada de historia, y a proponer una expedición por la utopía con los pies en la tierra madre de Nuestra América.
_______
Notas

[1] En los Lineamientos del Plan de Desarrollo Económico y Social 2001-2007, el mundo multipolar y la integración regional se ubican como un objetivo estratégico dentro de uno de los cinco (5) equilibrios, el equilibrio internacional. Los objetivos estratégicos de este equilibrio eran, a saber: 1) Impulsar la multipolaridad de la sociedad internacional; 2) promover la integración latinoamericana y caribeña; 3) Consolidar y diversificar las relaciones internacionales; y, 4) Fortalecer el posicionamiento de Venezuela en la economía internacional. En el primer Plan Socialista 2007-2013 los objetivos de la multipolaridad, la integración regional y la diversificación de las relaciones internacionales forman parte de la directriz VII, La nueva geopolítica internacional. En el Segundo Plan Socialista 2013-2019, se plantea en el objetivo histórico IV, “Contribuir al desarrollo de una nueva geopolítica internacional en la cual tome cuerpo un mundo multicéntrico y pluripolar…”.
[2] BRICS es el acrónimo de los países que inicialmente formaron parte del grupo, Brasil, Rusia, India, China y luego se integró Suráfrica. Actualmente Argentina está promoviendo su inclusión en este bloque.
[3] Ver artículo de Marchini en http://tiempo.infonews.com/2014/07/13/editorial-128095-del-anuncio-hacia-las-definiciones-y-la-realidad.php

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

El comercio mundial sigue en descenso: Índice Baltic Dry en mínimos históricos

Ven, 25/07/2014 - 07:01

Uno de los indicadores más importantes para el comercio mundial, el Baltic Dry Index (BDI), ha caído en forma continuada durante los últimos 18 meses alcanzando los niveles más bajos de los últimos 28 años. Este índice indica la demanda de transporte marítimo y por tanto el volumen del comercio a través de los océanos del mundo. Esta semana, como reporta el blog financiero Zero Hedge, ha alcanzado su nivel más bajo desde julio de 1986. El BDI ha mantenido una tendencia a la baja durante 18 meses, dando cuenta de la disminución de la demanda mundial de productos, y de las órdenes de carga para todo tipo de naves de transporte (portacontenedores y carga a granel).

Leer más

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Informe de Desarrollo Humano señala que hay 2.200 millones de personas en la pobreza

Xov, 24/07/2014 - 22:10
Un reciente análisis del índice de desarrollo humano de la ONU indica que más de dos mil 200 millones de personas en el mundo son pobres o están al borde de la pobreza, lo cual implica que sufren carencias concurrentes en salud, educación y nivel de vida. El informe destacó que casi mil 500 millones de personas, de 91 países en desarrollo, viven en situación de pobreza multidimensional, y casi 800 millones se enfrentan al riesgo de caer en ella.

El reporte, que contiene las más recientes estimaciones del Índice de Desarrollo Humano del PNUD, aseveró que la pobreza multidimensional es mayor a la pobreza que sólo mide el nivel de ingresos, pues son sólo mil 200 millones las personas en el mundo que viven con 1,25 dólares diarios o menos, y destaca que “las vulnerabilidades persistentes constituyen una amenaza para el desarrollo humano y, a menos que se aborden de manera sistemática a través de políticas específicas y normas sociales distintas, el desarrollo humano no será ni equitativo ni sostenible”.

Titulado “Sostener el Progreso Humano: Reducir vulnerabilidades y construir resiliencia”, el texto señala que en todas las regiones el crecimiento en los niveles de desarrollo humano se está produciendo a un ritmo más lento. En Asia y la región del Pacífico, los Estados árabes y América Latina y el Caribe, la media de la tasa de crecimiento anual del índice se redujo de 2008 a 2013 en un 50 por ciento aproximadamente.

América Latina y el Caribe mantienen la cuota más elevada del mundo en cuanto a desigualdad de los ingresos, a pesar de registrar la mayor caída en desigualdad general durante este año. Asimismo, existe un gran nivel de inequidad en materia de educación, pues mientras las generaciones de edad más avanzada siguen enfrentándose al reto del analfabetismo, las más jóvenes tienen dificultades para pasar de la enseñanza primaria a la secundaria. Amenazas tales como las crisis financieras, las fluctuaciones en el precio de los alimentos, los desastres naturales y los conflictos violentos obstaculizan notablemente el progreso humano.
_______
Ver Informe sobre Desarrollo Humano 2014

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Fondos buitres en Argentina

Xov, 24/07/2014 - 21:25
Alejandro Nadal, La Jornada

Cuando un inversionista corre riesgos fuera de lo común con su cartera de inversiones, busca ser compensado con mayores rendimientos. En caso de bancarrota de sus deudores, ese inversionista tendrá que aceptar algunas pérdidas y los altos rendimientos servirán como contrapeso del riesgo enfrentado. Eso es la rutina en los mercados financieros desde tiempos inmemoriales. Pero en un fallo reciente, la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos acaba de decidir en contra de esa práctica y ha colocado en dificultades al gobierno de Argentina.

La crisis de la deuda externa que sufrió Argentina entre 2000-02 condujo al país al peor quebranto en su historia. Para 2001 era prácticamente imposible mantener el servicio de la deuda (superior a 166 por ciento del PIB). Los acreedores recibieron durante algunos años rendimientos superiores al promedio de los mercados como compensación frente al riesgo de una moratoria. Aún en el momento de rendimientos más deprimidos, el margen frente a los bonos del Tesoro estadounidense era de unos tres puntos porcentuales.

En 2005 el gobierno argentino ofreció a sus acreedores una restructuración. Para ese año los bonos argentinos se cambiaban en el mercado secundario muy por debajo de su valor nominal y la gran mayoría de los acreedores aceptó las condiciones ofrecidas por el gobierno de Kirchner, accediendo a reducciones en el principal hasta de 75 por ciento (en realidad, las pérdidas para los acreedores fueron menores porque en el cálculo del principal se incorporaron los intereses no pagados). En total, entre 2005 y 2010 los tenedores de 93 por ciento de los bonos argentinos aceptaron la restructuración de la deuda. Desde entonces Argentina cumplió fielmente el calendario de pagos y redujo su deuda a 40 por ciento del PIB.

Pero una pequeña minoría de acreedores rechazó el arreglo. Sus bonos fueron adquiridos por fondos de inversión especializados en la compra de títulos con problemas para después buscar recuperar el total del valor nominal: esos fondos buscan convertir en 100 lo que compraron en 25. No por nada se les conoce como fondos buitres. Entre los que participaron en esta maniobra en el caso argentino se encuentran Aurelius Capital Management y Elliott Capital Management, fondos que usan prácticas depredadoras para recuperar sus inversiones de alto riesgo.

El argumento de la Suprema Corte estadounidense está basado en la cláusula de pari passu, que figura en todos los contratos de deuda externa y concursos mercantiles de quiebra. Esa cláusula otorga a los acreedores igualdad de derechos en relación a deudas similares del mismo emisor. Eso implica que si Argentina procede a pagar a un acreedor que aceptó restructurar su deuda, entonces deberá hacer lo mismo con los acreedores que rechazaron ese arreglo. Y como éstos no aceptaron quitas al principal, entonces Argentina deberá pagarles la totalidad de la deuda. El fallo de la Suprema Corte da derecho a los acreedores para apoderarse de activos de los deudores como forma de cobro.

Todo esto plantea un enredo legal de graves implicaciones macroeconómicas para el gobierno argentino. El fallo estadounidense implica que si Argentina paga a los acreedores que aceptaron la restructuración, por la cláusula pari passu debe también pagar a los que no la aceptaron. Pero en ese caso, según el tribunal estadounidense, esos acreedores tienen derecho a cobrar el total de la deuda. Sólo que los bonos que fueron restructurados contienen una cláusula que estipula que si Argentina concede en el futuro a un acreedor mejores condiciones sobre canje de deuda, esas condiciones deberán aplicarse a los tenedores de bonos restructurados. Esta cláusula de deudor más favorecido significa que los dueños de los bonos restructurados también tendrían derecho a reclamar la totalidad de la deuda y el proceso de restructuración quedaría anulado. Renacería la crisis de la deuda, con todas sus implicaciones para la economía y sociedad argentinas. Es posible que los ministros de la Suprema Corte estadounidense, tan acostumbrados a pensar en la aplicación extraterritorial de la legislación estadounidense, no estén conscientes de las implicaciones de su fallo.

Sin duda Argentina necesita ayuda, pero frente al tema de los fondos buitres, la ayuda de los BRICS brilla por su ausencia. Cierto, Buenos Aires y Beijing han firmado un acuerdo de intercambio de divisas que permite a la Argentina pagar importaciones de China en yuan, lo que da cierto respiro al país sudamericano en materia de reservas, pero en el fondo sólo se trata de un crédito para poder financiar ventas chinas. Desde hace tres años la economía argentina viene perdiendo dinamismo, en buena medida por la contracción de sus mercados de productos básicos. Todos los créditos otorgados por Xi Jinping durante su visita a Buenos Aires son préstamos atados que favorecen a compañías chinas en telecomunicaciones, energía nuclear y construcción de presas hidroeléctricas. Esta no es la ayuda que podría ahuyentar a los fondos buitres.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Cómo disminuir las desigualdades y salir de la crisis

Mér, 23/07/2014 - 17:56
Vicenç Navarro, El Plural

He indicado en artículos anteriores (ver mi artículo “Capital-Trabajo: el origen de la crisis actual”, Le Monde Diplomatique, julio de 2013) que el incremento de las desigualdades ha sido una de las principales causas de las crisis financiera y económica actuales. Las políticas neoliberales llevadas a cabo por los gobiernos Thatcher y Reagan primero, y extendidas más tarde a otros países, causaron una gran concentración de las rentas derivadas de la propiedad del capital a costa de un descenso muy marcado de las rentas del trabajo. Esto último determinó una disminución de la demanda y del crecimiento económico, con lo cual disminuyó el porcentaje de personas trabajando, a la vez que creció el desempleo. No es casualidad que los países más desiguales en Europa, como España y Grecia, estén también entre los que están en una situación económica peor.

De esta explicación de las causas de las crisis debería derivarse que la reducción de las desigualdades tendría que estar en el centro de las políticas económicas y sociales de los gobiernos de los países en crisis. Y una de las medidas más eficaces para reducir las desigualdades es llevar a cabo políticas de pleno empleo. No es tampoco casualidad que los países europeos con menos desigualdades (como los países escandinavos) tengan también menos desempleo, un mayor porcentaje de población empleada y que estén entre los que tienen un mayor crecimiento económico. La explicación de ello es que el pleno empleo aumenta las rentas del trabajo, disminuyendo proporcionalmente las rentas del capital, con lo cual disminuyen las desigualdades. Y puesto que el crecimiento de las rentas del trabajo estimula más la demanda y el crecimiento económico que el crecimiento de las rentas del capital, las políticas orientadas a incrementar las primeras ayudan al país a salir de la recesión, ese agujero que está dañando enormemente la calidad de vida de las clases populares.

La causa de que la creación de empleo origine este círculo virtuoso se debe a que el pleno empleo empodera al mundo del trabajo, permitiendo que aumente su seguridad y su nivel de exigencias. A menor desempleo, mayor es el nivel salarial. En EEUU, por ejemplo, una disminución de la tasa de desempleo de un 1% se traduce en un incremento de los salarios de los trabajadores de menor renta (las dos decilas inferiores) de un 12,4%.

Cómo conseguir el pleno empleo Una de las medidas más eficaces para alcanzar el pleno empleo son las inversiones públicas en infraestructura social y física del país. Así, si en España, en lugar de tener a una persona adulta de cada diez trabajando en los servicios públicos del Estado del Bienestar (como educación, sanidad, escuelas de infancia, servicios asistenciales y otros) tuviéramos una de cada cuatro (como ocurre en Suecia), se crearían seis millones de puestos de trabajo, con lo cual se eliminaría el. Otra área en la que hay una gran necesidad es en la inversión en temas de mantenimiento y ahorro de energía, como en los sistemas de distribución eléctrica y en intervenciones encaminadas a la descontaminación. Todo ello crearía empleo, a la vez que se ahorrarían recursos. La administración Obama creó en el año 2009, con su estímulo de gasto, de 2 a 3 millones de puestos de trabajo en algunos de esos servicios, que mejoraron la situación económica del país (aunque el estímulo no fue suficiente, pues se necesitaban de 10 a 12 millones).

Otra medida es la subida de los salarios, siendo esta una de las mejores medidas para hacer crecer la demanda y estimular la producción de empleo. Para que ello ocurra es necesario que no haya desempleo, pues de haberlo, los trabajadores no se atreverán a ser exigentes y perderán capacidad de influencia. Igualmente eficaz para estimular el pleno empleo y con ello la demanda, es la reducción del tiempo de trabajo por trabajador. Esta es una de las causas del bajo desempleo en Alemania, el compartir las horas de trabajo. Así, si los nuevos puestos de trabajo (que resultarían de tener a uno de cada cuatro españoles trabajando en los servicios públicos del Estado del Bienestar) tuvieran jornadas de ocho horas en cuatro días en lugar de cinco, el número de estos nuevos puestos de trabajo sería de 9 en lugar de 6 millones.

También se ha propuesto como una medida incentivadora del crecimiento de la demanda la reducción de impuestos, la medida preferida por los políticos conservadores y liberales, como el actual gobierno Rajoy, cuya eficacia depende primordialmente del tipo de impuestos que se reduzcan y a qué grupo social dicha reducción afecte. Cuando las rebajas de impuestos afectan primordialmente a las rentas superiores y a las rentas del capital, tal como ha ocurrido en las rebajas de impuestos del gobierno español, tal medida no es una medida muy efectiva, pues, por regla general, los grupos sociales que se benefician con esas reducciones de impuestos son los grupos más pudientes, los cuales dedican el dinero extra que consiguen menos al consumo de lo que lo harían otros sectores de la población, menos afectados por dichas reducciones de impuestos.

La garantía de crédito La capacidad de endeudarse en términos razonables juega también un papel determinante en el estímulo de la demanda. El comportamiento especulativo de la banca es uno de los mayores obstáculos para la garantía del crédito, función que tradicionalmente había realizado la banca pero que, como consecuencia de su desregulación, ha dejado de hacer, habiendo perdido su razón social de ser. De ahí la importancia de establecer instituciones públicas que garanticen el crédito, gravando a la vez las actividades especulativas del sector financiero. Así pues, la continuidad del actual sistema financiero, cuyo objetivo principal es incrementar sus rentas a base de especulación, no sirve al propósito de facilitar el crédito, la demanda y la producción de empleo. Las políticas del gobierno Rajoy (y del gobierno anterior) en cuanto a mantener el sistema financiero actual son un obstáculo para alcanzar políticas de pleno empleo.

Estas medidas, detalladas en este artículo, jugarían un papel importante en la disminución de las desigualdades y en la recuperación económica, pero ninguna de ellas está siendo considerada por el gobierno español (excepto la reducción de impuestos).

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La carnicería de Gaza no derrotará a Hamas

Mar, 22/07/2014 - 14:45
Azzam Tamimi, Sin Permiso

A las 9 de la mañana del sábado [12 de julio] los palestinos de Hebrón y otras ciudades de Cisjordania se subieron a los tejados para contemplar lo que el ala militar de Hamás había prometido que sería un ataque de misiles sobre Tel Aviv utilizando un nuevo tipo de cohete, el J80. La J viene de Jabari, comandante militar supremo, cuyo asesinato por parte de Israel el 14 de noviembre de 2012, desencadenó la anterior guerra. Se trataba de una clara señal de desafío por parte del movimiento, que mantiene que, si bien no inició el actual ciclo del conflicto, está decidido a derrotar la ofensiva israelí.

Hamás ha insistido siempre, contrariamente a las afirmaciones de Binyamin Netanyahu, en que no sabía quién secuestró y asesinó a los tres adolescentes israelíes que el primer ministro israelí utilizó como pretexto para su arremetida contra la Franja de Gaza. No es la clase de operación que habría llevado a cabo Hamás, teniendo en cuenta que su meta estriba en garantizar la liberación de los presos palestinos en manos de Israel.

Muchos palestinos creen que Netanyahu llevaba planeando una ofensiva contra Hamás meses antes de ese secuestro. Después de que las negociaciones en punto muerto con Israel dieran lugar a que el presidente palestino, Majmud Abbás, buscase un acercamiento a Hamás, la indirecta respuesta positiva de los EE.UU. y la EU enfureció a los israelíes. La ofensiva sobre Gaza ha sido el último truco de Netanyahu, después de haber tratado de paralizar el nuevo gobierno de unidad y bloquear el pago de salarios a miles de empleados de Gaza.

Puede que esto acabe por demostrarse otro desastroso error de cálculo. En fecha tan temprana como el pasado invierno los israelíes hablaban en privado de mensajes de las nuevas autoridades militares egipcias en el sentido de que era ahora el mejor momento para atacar Gaza y derribar a Hamás. El régimen del Cairo, que derrocó al primer presidente democráticamente elegido de la historia de Egipto, ha ido estrechando el cerco sobre Gaza manteniendo el cierre del paso de Rafá a Egipto y destruyendo los túneles que mantenían la actividades de la gente de Gaza mientras Israel imponía sanciones y un asedio terrestre, marítimo y aéreo.

Como siempre, Israel trata de convencer al mundo – que contempla con horror el salvajismo con que el arsenal de Israel se ceba en los civiles de Gaza– de que no hace otra cosa que responder a los misiles que Hamás dispara sobre sus pueblos y ciudades. Pero desde la última tregua negociada con el entonces presidente de Egipto, Mohamed Morsi, Hamás no sólo se contuvo sino que trató de contener a otras facciones menores para evitar que respondieran a los frecuentes asesinatos o bombardeos con misiles por parte de Israel. La prioridad de todos se centraba en acabar el cerco, en lugar de caer en una nueva guerra.

Los dirigentes israelíes han justificado el bombardeo de viviendas y el asesinato de mujeres y niños argumentando que estos civiles son utilizados por Hamás como escudos humanos. Pero los cazas israelíes no perdonaron siquiera un centro para discapacitados. Indudablemente estos ataques, que no se pueden describir de otro modo que como crímenes de guerra, han resultado bochornosos hasta para los más acérrimos defensores de Israel en Occidente. Cuanto más dure esta ofensiva militar, más dañina resultará para Israel y sus patronos occidentales como los EE.UU. y la UE. Por esta razón es por la que el presidente Obama se ofreció a hacer de mediador en una tregua. El secretario de Exteriores británico, William Hague [que cesó en su cargo el 14 de julio], ha hecho una oferta similar, aunque su implícita hostilidad hacia Hamás – que espera, según ha dicho, sea derrocada en Gaza –mina su credibilidad como mediador. Y otro tanto hace su sesgo a favor de Israel, que, en palabras suyas, parece tener un derecho exclusivo a la autodefensa. La gente de Gaza querría preguntarle a Hague si se les considera seres humanos con derecho a la autodefensa cuando se les somete a la agresión israelí.

Sin embargo, la mayor dificultad para cualquier mediación es la falta de un liderazgo egipcio que pudiera desempeñar este papel. El actual régimen egipcio es más hostil a Hamás de lo que lo nunca lo fue el régimen durante la época de Mubarak. El enviado de paz Tony Blair parece haberse embarcado en la tarea de negociar algo con los egipcios, pero tiene un historial despreciable de hostilidad hacia los movimientos islámicos.

Por ahora, Hamás no dice mucho de ninguna oferta de mediación, pese a las informaciones de que los qataríes o los turcos pudieran tener algún papel en ello. Sin embargo, está claro que Hamás no se avendrá a ninguna mediación a menos que se tomen sus demandas en consideración. Entre éstas se cuenta reactivar las condiciones del anterior acuerdo de tregua, algunas de los cuales ha violado Israel repetidamente, y el levantamiento del bloqueo marítimo y aéreo.

Esta guerra tendrá indudablemente como consecuencia muchas muertes y una destrucción masiva para la vida de muchas personas. Los daños del lado israelí pueden ser más de naturaleza psicológica, política o económica. Lo que es seguro es que, como antes, la guerra no hará otra cosa que impulsar la popularidad de Hamás. Y esto aportará cohesión moral a todos los palestinos, sea en Gaza, en Cisjordania, o en la diáspora por todo el mundo. Resultará absolutamente crucial en el tercer levantamiento naciente, la intifada de Al-Quds [Jerusalén].

Azzam Tamimi es director del Instituto de Pensamiento Político Islámico (IIPT) de Londres. Ha sido profesor visitante en las universidades de Kyoto (2004) y Nagoya (2006) y es colaborador de Al Yazira. Es autor de varios libros, el más reciente de los cuales, sobre Islam y democracia, se titula Rachid Ghannouchi, Democrat within Islamism (Oxford University Press, Nueva York, 2001). También ha sido coeditor de Islam and Secularism in the Middle East (Hurst, London & NY University Press, Nueva York, 2000) y ha escrito sobre el conflicto palestino-israelí Hamas, the Unwritten Chapters (2006).

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Uri Avnery: ¿Quién está ganando?

Mar, 22/07/2014 - 08:01
Uri Avnery, Tel Aviv, eldiario.es

¿Cómo se vería la historia si hubiese sido escrita al estilo de la operación “Acantilado Sólido” (también conocida como Margen Protector)?

Por ejemplo:

Winston Churchill fue un canalla.

Durante cinco años mantuvo a la población de Londres bajo el fuego incesante de la Luftwaffe alemana. Utilizó a los habitantes de Londres como escudos humanos en su descabellada guerra. Mientras la población civil estuvo expuesta a las bombas y a los cohetes, sin la protección de una “cúpula de hierro”, él estuvo escondido en su búnker bajo el 10 de Downing Street.

Se aprovechó de todos los habitantes de Londres usándolos como rehenes. Cuando los líderes alemanes hicieron una propuesta de paz generosa, la rechazó por locas razones ideológicas. De este modo condenó a su pueblo a un sufrimiento inimaginable.

De vez en cuando él salía de su escondite bajo tierra para sacarse una fotografía delante de las ruinas, y después regresaba a la seguridad de su ratonera. Pero a las gentes de Londres les decía: “¡Las generaciones futuras dirán que éste fue vuestro momento glorioso!".

La Luftwaffe alemana no tuvo más remedio que seguir bombardeando la ciudad. Sus comandantes anunciaron que sólo estaban atacando a los objetivos militares, como las casas de los soldados británicos en los que se llevaban a cabo las consultas militares.

La Luftwaffe alemana apeló a los habitantes de Londres a que abandonaran la ciudad, y, de hecho, muchos niños fueron evacuados. Pero la mayoría de los londinenses hicieron caso a la llamada de Churchill de permanecer en la ciudad, condenándose así ellos mismos a un destino de “daños colaterales”.

Las esperanzas del alto mando alemán de que la destrucción de sus casas y el asesinato de sus familias podría inducir a las gentes de Londres a sublevarse, echar a Churchill y a su grupo belicista, quedaron en nada.

Los londinenses primitivos, cuyo odio hacia los alemanes se adueñó de su lógica, siguieron tercamente las instrucciones del cobarde de Churchill. La admiración de los londinenses por él creció día a día, y hacia el final de la guerra se había convertido casi en un dios.

Una estatua suya se encuentra aún hoy delante del Parlamento en Westminster.

Cuatro años después el destino se había invertido. Las fuerzas aéreas británicas y estadounidenses bombardearon las ciudades alemanas y las destruyeron por completo. No quedó piedra sobre piedra, se arrasaron palacios gloriosos, y desaparecieron tesoros culturales. “Civiles no involucrados” volaron en pedazos, fueron quemados vivos o simplemente desaparecieron. Dresden, una de las ciudades más bellas de Europa, fue destruida totalmente en pocas horas en una “tormenta de fuego”.

El objetivo oficial era destruir la industria de guerra alemana, pero esto no se logró. El verdadero objetivo era aterrorizar a la población civil con el fin de inducirlos a derrocar a sus líderes y rendirse.

Eso no sucedió. De hecho, la única rebelión seria contra Hitler la llevaron a cabo altos mandos del ejército (y falló). La población civil no se sublevó. Todo lo contrario. En una de sus diatribas contra los “pilotos del terror”, Goebbels declaró: “¡Pueden destruir nuestras casas, pero no pueden destruir nuestro espíritu!”

Alemania no se rindió hasta el último minuto. Millones de toneladas de bombas no fueron suficientes. Ello sólo fortaleció la moral de la población y su lealtad al Führer.

Y así llegamos a Gaza.

Todo el mundo se pregunta: ¿quién está ganando esta ronda?

Que debe responderse, a la manera judía, con otra pregunta: ¿cómo juzgarlo?

La definición clásica de victoria es que el bando que queda en el campo de batalla es el que gana la batalla. Pero aquí nadie se ha movido. Hamás sigue ahí. Al igual que Israel.

Carl von Clausewitz, el teórico prusiano de la guerra, pronunció la célebre frase de que la guerra no es sino la continuación de la política por otros medios. Pero en esta guerra, ninguno de los bandos tenía objetivos políticos claros. Así que la victoria no se puede juzgar de esta manera.

El bombardeo intensivo de la Franja de Gaza no ha producido una rendición de Hamás. Por otro lado, la intensiva campaña de cohetes por parte de Hamás, que ha abarcado la mayor parte de Israel, tampoco ha tenido éxito. El increíble éxito que tienen los cohetes para llegar a todas partes en Israel se ha encontrado con el increíble éxito de los anticohetes de la “Cúpula de Hierro” para interceptarlos.

Así que, hasta ahora, es un punto muerto.

Pero cuando una pequeña fuerza de combate en un territorio pequeño llega a un punto muerto con uno de los ejércitos más poderosos del mundo, puede ser considerado como una victoria.

La falta de un objetivo político israelí es el resultado de un pensamiento confuso. Los líderes israelíes, tanto políticos como militares, no saben realmente cómo tratar con Hamás.

Puede que ya se hayan olvidado de que Hamás es en gran medida una creación de Israel. Durante los primeros años de la ocupación, cuando cualquier actividad política en Cisjordania y en la Franja de Gaza era reprimida brutalmente, el único lugar en el que los palestinos podían reunirse y organizarse era la mezquita.

En ese momento, Fatah fue considerado el archienemigo de Israel. Los lideres israelíes demonizaban a Yasser Arafat, el archi-architerrorista. Se consideró a los islamistas, que odiaban a Arafat, como el mal menor e incluso aliados secretos.

Una vez le pregunté al jefe del Shin Bet en ese momento si su organización había creado a Hamás. Su respuesta fue: “No los creamos. Los toleramos’’.

Esto cambió sólo un año después del inicio de la Primera Intifada cuando el líder de Hamás, el jeque Ahmad Yassin, fue arrestado. Desde entonces, por supuesto, la realidad se ha invertido por completo: Fatah es ahora un aliado de Israel, desde el punto de vista de la seguridad, y Hamás el archi-architerrorista.

Pero, ¿lo es?

Algunos funcionarios israelíes dicen que si no existiera Hamás tendría que inventarse. Hamás controla la Franja de Gaza. Se le puede responsabilizar de lo que sucede allí. Proporciona la ley y el orden. Es un socio de confianza para un alto el fuego.

Las últimas elecciones palestinas, que se celebraron bajo la supervisión internacional, terminaron con una victoria de Hamás, tanto en Cisjordania como en la Franja de Gaza. Cuando a Hamás se le denegó el poder, lo consiguió en la Franja de Gaza por la fuerza. Todo indica que goza de la lealtad de la gran mayoría en el territorio.

Todos los expertos israelíes coinciden en que si el régimen de Hamás en Gaza cayera, grupúsculos islámicos mucho más extremistas se harían con el control y sumergirían a la Franja, con sus 1,8 millones de habitantes, en un absoluto caos. A los expertos militares no les gustaría eso.

Así que el objetivo de la guerra, si se puede dignificar como tal, no es destruir a Hamás sino dejarlo en el poder, aunque en un estado muy debilitado.

Pero, ¿cómo, por el amor de Dios, se consigue eso?

Una manera, exigida ahora por los ultraderechistas en el gobierno, es ocupar toda la Franja de Gaza.

A lo que los líderes militares responden de nuevo con una pregunta: ¿Y después qué?

Una nueva ocupación permanente de la Franja es una pesadilla militar. Significaría que Israel asume la responsabilidad de pacificar y alimentar a 1,8 millones de personas (la mayoría de los cuales, por cierto, son refugiados de 1948 procedentes de Israel y sus descendientes). Surgiría una guerra de guerrillas permanente. Nadie en Israel quiere eso en realidad.

¿Ocupar y luego irse? Se dice fácilmente. La ocupación en sí misma sería una operación sangrienta. Si se adopta la doctrina “Plomo Fundido” significaría más de mil, quizás varios miles de muertos, palestinos. Esta doctrina (no escrita) dice que si hay que asesinar a un centenar de palestinos con el fin de salvar la vida de un soldado israelí, que así sea. Pero si las bajas israelíes ascienden incluso a unas pocas decenas de muertos, el estado de ánimo del país cambiaría por completo. El ejército no quiere correr ese riesgo.

Por un momento parecía que se había logrado el martes un alto el fuego, para gran alivio de Binyamin Netanyahu y sus generales.

Pero fue una ilusión óptica. El mediador era el nuevo dictador egipcio, una persona odiada por los islamistas de todo el mundo. Es un hombre que ha matado y encarcelado a cientos de Hermanos Musulmanes. Es un aliado militar declarado de Israel. Es cliente de la generosidad estadounidense. Además, desde que Hamás surgió como una rama de los Hermanos Musulmanes egipcios, el general Abd-al-Fatah Al-Sisi los odia con todo su corazón, y no lo oculta.

Así que, en lugar de negociar con Hamás, hizo algo sumamente estúpido: dictar un alto el fuego bajo las condiciones israelíes sin consultar a Hamás para nada. Los líderes de Hamás se enteraron del alto el fuego propuesto por los medios de comunicación y lo rechazaron de plano.

En mi opinión sería mejor si el ejército israelí y Hamás negociaran directamente. A lo largo de la historia militar, los alto el fuego los han acordado los comandantes militares. Un lado envía un oficial con una bandera blanca al comandante de la otra parte, y se negocia un alto el fuego… o no. (Un famoso general americano respondió a una oferta alemana de este tipo con “¡Y un huevo!”).

En la guerra de 1948, en mi sector del frente, el comandante Yerucham Cohen y un joven oficial egipcio llamado Gamal Abd-al-Nasser negociaron un pequeño alto el fuego.

Dado que esto parece ser imposible con las partes actuales, debe encontrarse un intermediario honesto de verdad.

Mientras tanto, a Netanyahu le presionan sus colegas / rivales para que envíe tropas a la Franja, e intente al menos localizar y destruir los túneles cavados por Hamás bajo la valla fronteriza para lanzar ataques sorpresa contra los asentamientos fronterizos.

¿Cuál será el final de todo? No habrá final, sólo una ronda tras otra, a menos que se adopte una solución política.

Esto significaría: detener los cohetes y las bombas, poner fin al bloqueo israelí, permitir a la población de Gaza llevar una vida normal, impulsar la unidad palestina bajo un gobierno de unidad real, realizar negociaciones serias de paz, HACER LA PAZ.
_______
Publicado en Gush Shalom | 19 Julio 2014 | Traducción del inglés: Fátima Hernández Lamela
La primera parte de este artículo fue publicada el miércoles en Haaretz.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Usar a Ucrania para calentar el planeta

Mar, 22/07/2014 - 01:14
Naomi Klein, La Jornada

La manera de ganarle a Vladimir Putin es inundar el mercado europeo con gas natural obtenido mediante fracking (fractura hidráulica) en Estados Unidos, o al menos eso nos quiere hacer creer la industria. Como parte de la escalada de la histeria antirusa, dos iniciativas fueron presentadas en el Congreso estadounidense; éstas intentan aprobar por la vía fast-track las exportaciones de gas natural licuado (LNG, por sus siglas en inglés), en nombre de ayudar a Europa a desengancharse de los combustibles fósiles de Putin y fortalecer la seguridad nacional estadounidense.

Según Cory Gardner, el legislador republicano que presentó la iniciativa en la Cámara de Representantes, oponerse a esta legislación es como colgar el teléfono a una llamada de emergencia hecha por nuestros amigos y aliados. Y podría ser verdad –siempre y cuando tus amigos y aliados trabajan en Chevron y Shell, y la emergencia es la necesidad de mantener las ganancias elevadas, en medio de los decrecientes suministros de petróleo y gas convencional.

Para que funcione este ardid, es importante no mirar demasiado de cerca los detalles. Por ejemplo, el hecho de que mucho del gas probablemente no llegue a Europa –porque los proyectos de ley permiten que el gas sea vendido en el mercado mundial a cualquier país que pertenezca a la Organización Mundial del Comercio.

O el hecho de que, durante años, la industria ha enviado el mensaje de que los estadounidenses deben aceptar los riesgos que la fractura hidráulica trae a su tierra, agua y aire, con tal de ayudar a su país a obtener una independencia energética. Y ahora, de pronto, astutamente la meta se volvió la seguridad energética, que al parecer significa vender en el mercado mundial una temporal superabundancia de gas obtenido mediante fracking y así crear dependencias energéticas en el extranjero.

Y, sobre todo, es importante no darse cuenta que construir la infraestructura necesaria para exportar gas a esta escala tomaría muchos años de permisos y construcción. Para cuando estos masivos proyectos industriales estén funcionando, es posible que Alemania y Rusia sean amigos cercanos. Para entonces, pocos recordarán que la crisis en Crimea fue el pretexto que la industria del gas aprovechó para hacer realidad sus eternos sueños de exportación, sin importar las repercusiones sobre las comunidades locales, por el fracking, o sobre el planeta que se calienta.

A este hábito de explotar una crisis para obtener ganancias privadas le llamo la doctrina del shock, y no muestra señales de ir en retirada: durante los tiempos de crisis, ya sea real o manufacturada, nuestras elites imponen políticas no populares, que van en detrimento de la mayoría, bajo el pretexto de que es una emergencia. Muchas industrias son buenas en hacer este ardid, pero el más hábil en explotar la cualidad que tiene una crisis de frenar la racionalidad es el sector global del gas.

Durante los últimos cuatro años los cabilderos del gas han usado la crisis económica en Europa para decir a países como Grecia que la salida de la deuda y la desesperación es abrir sus hermosos y frágiles mares a la perforación. Y emplean argumentos similares para racionalizar el fracking en América del Norte y Reino Unido.

La crisis de moda es el conflicto en Ucrania. Lo usan como ariete para derribar las sensatas restricciones a las exportaciones de gas natural y para promover un controvertido acuerdo de libre comercio con Europa. Es todo un acuerdo: más economías empresariales de libre comercio contaminantes y más gases que atrapan el calor y contaminan la atmósfera. Todo esto en respuesta a una crisis energética en buena medida manufacturada.

Y vale la pena recordar –la ironía de las ironías– que la crisis que la industria del gas natural es más hábil explotar es el mismo cambio climático.

Qué importa si la única solución que la industria ofrece a la crisis climática es expandir drásticamente el uso del fracking, que libera a la atmósfera cantidades masivas de metano, desestabilizador del clima. El metano es uno de los gases de efecto invernadero más potentes, 34 veces más fuerte para atrapar el calor que el dióxido de carbono, según los más recientes cálculos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). Y eso ocurre durante un periodo de 100 años, con el poder del metano reduciéndose a lo largo del tiempo.

Es mucho más relevante, argumenta Robert Howarth, bioquímico de la Universidad de Cornell, observar el periodo de 15 a 20 años, cuando el metano tiene un impresionante potencial de cambio climático: 86 a 100 veces mayor que el dióxido de carbono. Y recuerda: no construyes infraestructura multimillonaria en dólares a menos que planees usarla durante al menos 40 años. Así que la respuesta que le damos a nuestro planeta que se calienta es la construcción de una red de hornos atmosféricos superpoderosos. ¿Estamos locos?

No sabemos cuánto metano se libera al perforar y hacer fracking y con toda su infraestructura. Aun cuando la industria del gas natural vende sus emisiones de dióxido de carbono como ¡más reducidas que el carbón!, nunca ha realizado una medición sistemática de sus fugas de metano. La industria del gas, en 1981, salió con el astuto discurso de que el gas natural era un puente a un futuro de energía limpia. Eso fue hace 33 años.

Y en 1988 –el año que el climatólogo James Hansen alertó al Congreso, en un histórico testimonio, sobre el urgente problema del calentamiento global– la Asociación Estadunidense de Gas comenzó a explícitamente describir su producto como respuesta al efecto invernadero.

El uso que la industria hace de Ucrania para expandir su mercado global, bajo la bandera de la seguridad energética, debe verse en el contexto de este ininterrumpido historial de oportunismo ante las crisis. Sólo que esta vez muchos más de nosotros sabemos dónde está la verdadera seguridad energética. Gracias al trabajo de reconocidos investigadores, como Mark Jacobson y su equipo en Stanford, sabemos que el mundo puede, para 2030, obtener su energía exclusivamente de renovables. Y gracias a los más recientes y alarmantes informes del IPCC sabemos que hacerlo es ahora un imperativo existencial.

Depende de los europeos transformar su deseo de emancipación del gas ruso en una demanda de una acelerada transición a renovables. Tal transición –a la cual las naciones europeas están comprometidas por el Protocolo de Kyoto– fácilmente puede ser saboteada si el mercado mundial es inundado con combustibles fósiles baratos que fueron extraídos mediante fracking del lecho de roca estadunidense. Responder a la amenaza de un calentamiento catastrófico es nuestro más urgente imperativo energético. Y simplemente no podemos darnos el lujo de distraernos con el más reciente ardid de mercadotecnia, alimentado con una crisis, de la industria del gas natural.
______
Artículo publicado en La Jornada, en abril de 2014
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Una recesión en Alemania pondría al euro en serio peligro

Lun, 21/07/2014 - 17:01
Matthew Lynn, El Economista

Su selección de fútbol pasa por alto las opiniones en contra y acaba ganando la Copa del Mundo. Su canciller, Angela Merkel, reina sobre el continente europeo. Su poderosa máquina exportadora mantiene las fábricas en marcha, acumula grandes excedentes comerciales y sienta las bases de lo que muchos consideran la economía de mayor éxito en el mundo.

Hoy en día, no hay muchas cosas malas en Alemania y sí muchas buenas. Aun así, si miramos debajo del capó, vemos señales preocupantes. La producción industrial disminuye. Las exportaciones bajan. Los salarios se estancan. El tipo de inflación es tan bajo que podría caer próximamente en una deflación pura y dura. Para el tercer trimestre del año, Alemania podría entrar en recesión.

Y eso cambiará la dinámica de la eurozona, no precisamente para mejor. Hasta ahora, la moneda única, pese a haber sido catastrófica para las naciones periféricas del sur de Europa, le ha ido bien a Alemania, que es con diferencia la potencia más fuerte de la Unión Europea. No sorprende que haya hecho todo lo posible por mantener la moneda pero en cuanto se vea golpeada por ella, como tantos otros, eso cambiará irremediablemente.

Con una Alemania debilitada, el euro será mucho más frágil de lo que lo ha estado este último año. Los signos de una recesión en la economía alemana están a la vista. La semana pasada supimos que la producción industrial (mucho más importante para Alemania que para casi todas las demás grandes economías avanzadas) encogió un 1,8% en mayo respecto a abril. La construcción, que suele ser un buen indicador de adónde va la economía, bajó un 4,9%.

Tanto las importaciones como las exportaciones se redujeron en mayo, lo que no apunta precisamente a una economía en auge. En base mensual ajustada, las exportaciones habían menguado un 1,1% mensual, a medida que otros países dejaban de comprar tantos coches y químicos alemanes, mientras que las importaciones se hundieron un 3,4%, ya que las fábricas se fijaron en sus libros de pedidos y decidieron que no necesitaban tanta materia prima, mientras los consumidores, apurados, compraban menos. El país siguió recogiendo un gran excedente comercial pero no es buena noticia porque refleja que las importaciones encogen más deprisa que las exportaciones.

Los demás indicadores no son mucho mejores. La inflación se desploma, como en el resto de la eurozona. En junio, se situaba a un tipo anualizado del sólo el 1% y en mayo apenas llegaba al 0,6%. Por norma general, las empresas no moderan las subidas de precios cuando la demanda es demasiado fuerte sino cuando es demasiado floja. Eso se ha reflejado en las cifras de ventas al por menor en mayo, que habían bajado un 0,6%, después de una caída del 1,5% en abril.

La mayoría de los economistas siguen prediciendo un tipo decente de crecimiento de alrededor del 2% este año en Alemania, aunque no todos. High-Frequency Economics augura que la economía alemana se contraerá por segundo trimestre en lo que va de año. Si continúa durante dos trimestres seguidos, se podrá hablar de recesión. Los mercados de bonos, que normalmente son mucho más rápidos a la hora de detectar problemas que los demás, ya se han dado cuenta de que algo pasa.

El rendimiento de un bund de diez años, como se llaman los bonos del estado alemán, lleva cayendo sin parar durante todo el año y ya ha bajado al 1,2%, muy cercano a su mínimo de todos los tiempos. Los rendimientos de los bonos no caen cuando una economía se expande con fuerza sino cuando el dinero inteligente cree que la recesión y la deflación están a la vuelta de la esquina.

No cuesta averiguar qué está pasando. Se habla mucho de la formidable máquina industrial alemana y, aunque cuenta con muchas grandes empresas, básicamente es el taller del resto de Europa. De sus exportaciones, el 69% van a parar al continente. Su mayor socio comercial es Francia, que por sí sola representa el 9,2% de las exportaciones alemanas. Asia ha crecido pero todavía representa sólo el 16% de lo que el país están vendiendo en el extranjero.

Y Europa, por supuesto, es un mercado pésimo ahora mismo y no tiene visos de mejorar en un futuro próximo. Pongamos a Francia, por ejemplo. Dado que el 40% del PIB alemán lo componen las exportaciones y una décima parte cruza la frontera hacia Francia, su vecina representa ella sola el 4% del PIB alemán. La economía francesa está estancada, con las ventas y la confianza desmoronándose cada mes. Lo mismo pasa con muchos otros mercados de Alemania, como Finlandia u Holanda. De entre sus vecinos, sólo el Reino Unido crece a un ritmo respetable, aunque por mucho que a los británicos les gusten los coches alemanes, no van a poder rescatar la economía por sí solos.

En efecto, la crisis de la eurozona ha alcanzado a su mayor economía. Y eso va a cambiar la dinámica de la moneda única que, hasta el momento, ha funcionado bastante bien para Alemania. Después de reformar su economía en los noventa, estaba en una posición ideal para recoger los frutos de la moneda única y prosperó gracias a un amplio mercado exportador, con un tipo de cambio fijo. Antiguamente, la vecina Francia e Italia se devaluaban periódicamente contra el marco alemán para seguir siendo competitivas.

Con esa opción fuera de la mesa, la industria alemana se propulsó hacia delante. El empleo era sólido, como los beneficios de las empresas. Es cierto que los alemanes se quejaban de los rescates a los europeos del sur pero, en general, sabían que el euro les iba bien y lo soportarían mientras siguiese siendo así. Dentro de la UE, lo que Alemania importa más que cualquier otro país. Es la nación más grande y rica. Mientras siga beneficiando, el euro podía sobrevivir. No ocurre lo mismo en una recesión.

Si la crisis del euro golpeara a Alemania con la misma dureza que a la Europa periférica, puede pasar cualquier cosa. La moneda única volverá a parecer muy frágil y su supervivencia a largo plazo empezará a ponerse en duda. El euro puede sobrevivir a una crisis griega o portuguesa pero con una alemana, las cosas cambian.
_______
Ver: Alemania gana el Mundial, pero impulsa a la baja la producción industrial europea

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Estados Unidos aprovecha derribo del MH17 para arrebatar a Rusia el mercado energético de Europa

Lun, 21/07/2014 - 12:00
Las sanciones contra Rusia que Europa ha aplicado tras la crisis de Ucrania al parecer no han sido suficientes para Estados Unidos. El derribo del avión de Malaysian Airlains por un misil de procedencia rusa, está permitiendo a Estados Unidos quitarle a Rusia el negocio energético. Todo al parecer es cosa de tiempo. Ucrania confiscó la memoria de los radares de la zona del misil y se ha borrado la huella del viaje que tomó el MH17. Una de las versiones asegura que el misil tenía por destino el avión del presidente Putin, que pasó por esa ruta 2 horas antes. El MH17 la habría utilizado por error ¿de quien? ¿a quien le interesaba avivar aún más el conflicto?
Por ahora, lo cierto es que Europa, a través de Ángela Merkel, está desactivando los contratos de gas con Rusia y adoptando nuevos contratos con Estados Unidos. El auge del fracking que ha iniciado el gobierno de Obama para la autosuficiencia energética del país ha sido uno de los principales estímulos de Estados Unidos para contrarrestar el desempleo y además le ha ayudado a controlar la inflación. Nada importa el daño ecológico de la fractura hidráulica con tal de hacer negocios. Y Estados Unidos está decidido a tomar cualquier camino para apropiarse del negocio energético de Europa. Aunque las propuestas energéticas de EEUU sean completamente falaces. La falsa abundancia de recursos energéticos en EUU es más bien un producto de la propaganda que de la realidad.

Leer más
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La vuelta de Orwell y el Gran Hermano a la guerra en Palestina, Ucrania y contra la verdad

Dom, 20/07/2014 - 21:01
John Pilger, Sin Permiso

La otra noche vi 1984, de George Orwell, representada en los escenarios de Londres. Pese a que pide a gritos una interpretación contemporánea, las advertencias de Orwell sobre el futuro se presentaron como una obra perteneciente a un periodo remoto e inofensivo. Parecía como si Edward Snowden nunca hubiera hecho públicas sus revelaciones, el Gran Hermano no fuera hoy un espía digital y el propio Orwell nunca hubiera dicho aquello de «para dejarse corromper por el totalitarismo no hace falta vivir en un país totalitario».

La producción, aclamada por la crítica, se me antojó una medida de nuestros tiempos culturales y políticos. Cuando se encendieron las luces, el público estaba ya en pie de camino hacia la puerta de salida. Todos parecían indiferentes o, quizás, absortos en otros asuntos. «Menudo rompecabezas», escuché que decía la chica de enfrente, mientras encendía su teléfono.

Cuando las sociedades avanzadas se despolitizan, los cambios se producen de forma tan sutil como espectacular. En el discurso del día a día, el lenguaje político está invertido, tal y como Orwell profetizó en 1984. «La democracia» es ahora un artefacto retórico. La paz es una «guerra perpetua». «Global» significa imperial. El concepto de «reforma», que una vez resultó esperanzador, hoy equivale a regresión e incluso destrucción. «Austeridad» es la imposición del capitalismo extremo a los pobres y la concesión del socialismo a los ricos: un sistema bajo el cual la mayoría está al servicio de las deudas de unos pocos.

En las artes, la hostilidad a la verdad política se ha convertido en un artículo de fe burguesa. Un titular del diario Observer prefigura «El periodo rojo de Picasso y por qué los políticos no hacen buen arte». Cabe mencionar que este titular se publicó en un periódico que saludaba el baño de sangre en Iraq a modo de cruzada liberal. La incesante oposición de Picasso al fascismo se contempla como una nota a pie de página, de igual forma que el radicalismo de Orwell ha desaparecido del premio que se apropió de su nombre.

Hace unos pocos años, Terry Eagleton, entonces profesor de literatura inglesa en la Universidad de Manchester, consideró que «por primera vez desde hace dos siglos no hay poeta, dramaturgo o novelista británico que esté preparado para cuestionar los fundamentos del estilo de vida occidental». Ya no se escriben discursos como los de Shelley a los pobres, sueños utópicos como los de Blake, condenas como las de Byron a la corrupción de la clase gobernante, ni hay un Tomas Carlyle o un John Ruskin que descubran los desastres morales del capitalismo. Ni William Morris, Oscar Wilde, HG Wells o George Bernard Shaw conocen equivalentes hoy. Harold Pinter fue el último en alzar su voz. Entre las insistentes voces del feminismo, ninguna hace eco a Virginia Woolf, quien describió extensamente «el arte de dominar a los demás... de gobernar, matar o adquirir tierras y capital».

En el Teatro Nacional, una obra nueva, Gran Bretaña, propone una sátira sobre el escándalo de las intervenciones telefónicas por el que varios periosdistas han sido juzgados y condenados, incluyendo a un antiguo editor del periódico News of the World de Rupert Murdoch. Descrita como «una comedia con colmillos afilados [que] pone a toda la incestuosa cultura [mediática] en el banquillo de los acusados y la somete a un ridículo despiadado», el punto de mira de la obra está puesto en los «agraciados y divertidos» personajes de los tabloides británicos. Todo ello está muy bien y resulta familiar. Pero, ¿cuál de los medios que no son tabloides y se consideran respetables y creíbles no sirve a la función paralela de brazo del estado y de los poderes corporativos, tal y como ocurre con la promoción de guerras ilegales?

Las indagaciones de Leveson en torno a las intervenciones telefónicas mostraron lo que era inmencionable. Tony Blair se encontraba declarando, protestando ante su señoría por el acoso del tabloide a su mujer, cuando una voz lo interrumpió desde la galería . David Lawley-Wakelin, un conocido director de cine, exigía el arresto de Blair y su enjuiciamiento por ser culpable de numerosos crímenes de guerra. Hubo un espacioso silencio: la conmoción que siempre produce la verdad. Lord Leveson dio un salto sobre sus pies, ordenó que se expulsara al divulgador de verdades y pidió disculpas al criminal de guerra. Lawley-Wakelin fue enjuiciado y Blair salió en libertad.

Los cómplices de Blair son su invariable respetabilidad. Cuando la presentadora de la BBC Kirsty Wark lo entrevistó en el décimo aniversario de su invasión a Iraq, le obsequió con un momento con el que jamás podía haber soñado: le permitió mostrarse agonizante por la «difícil» decisión en torno a Iraq, en vez de pedirle cuentas por el épico cimen. Me recordó al desfile de periodistas de la BBC, quienes en 2003 declararon que Blair podía sentirse «libre de culpa» y consiguientemente se emitió la serie «seminal» de la BBC, The Blair Years, para la que eligieron a David Aaronovitch como guionista, presentador y entrevistador. Aaronovitch, lacayo de Murdoch, elogió con pericia la campaña de ataques militares a Iraq, Libia y Siria.

Desde la invasión de Iraq –ejemplo de agresión no provocada que el fiscal de Nuremberg Robert Jackson denominó «el crimen internacional supremo, que se ha distinguido de otros crímenes de guerra únicamente por contener en sí mismo el mal acumulado de la totalidad» – a Blair y a su portavoz y principal cómplice, Alastair Campbell, les concedieron un espacio generoso en el periódico Guardian para restablecer su reputación. Descrito como la «estrella» del Partido Laborista, Campbell se ha granjeado la simpatía de los lectores por su depresión y ha expuesto sus intereses, aunque no su reciente nombramiento como consejero de Tony Blair, sobre la tiranía militar de Egipto.

Al tiempo que Iraq se desmembra a causa de la invasión Blair/Bush, un titular de Guardian reza: «Fue correcto derrocar a Saddam, pero nos hemos retirado demasiado pronto». Este coincidió con otro prominente artículo del 13 de junio, escrito por un antiguo funcionario de Blair, John McTernan, quien también sirvió al nuevo dictador de Iraq designado por la CIA Iyad Allawi. En su llamamiento a reiterar la invasión del país que su antiguo maestro ayudó a destruir, no hizo referencia alguna a las muertes de al menos 700.000 personas, la huida de cuatro millones de refugiados y una revuelta sectaria en un país que antes se jactaba de su tolerancia comunitaria.

«Blair personifica la corrupción y la guerra», escribió el columnista radical del Guardian Seumas Milne en un vehemente artículo del 3 de julio. Esto, en la profesión, se conoce como «equilibrio». Al día siguiente, el periódico publicó el anuncio de un bombardero furtivo estadounidense a página completa. Sobre la amenazante imagen del bombardero se leían las palabras: «F-35. El GRAN de Bretaña». Esta otra personificación de «la corrupción y la guerra» costará a los contribuyentes británicos 1.300 millones de libras, con el lastre adicional de que los predecesores de este modelo F han masacrado a miles de personas en el tercer mundo.

En un pueblecito de Afganistán, habitado por los más pobres de los pobres, grabé a Orifa, arrodillada frente a las tumbas de su marido, Gul Ahmed, un tejedor de alfombras, otros siete miembros de su familia, entre ellos seis niños, y dos niños que fueron asesinados en la casa vecina. Una bomba de «precisión» de 500 libras cayó directamente sobre su casita de barro, piedra y paja, dejando un cráter de 15 metros de ancho. Lockheed Martin, el fabricante del avión, obtuvo un puesto de honor en el anuncio del Guardian.

La anterior secretaria de estado y aspirante a presidente de los EEUU, Hilary Clinton, apareció hace poco en el programa Women´s Hour de la BBC. La presentadora, Jenni Murray, introdujo a Clinton como el paradigma del éxito femenino. No recordó a sus oyentes la obscenidad proferida por Clinton de que Afganistán fue invadida para «liberar» a mujeres como Orifa. No preguntó a Clinton sobre la campaña de terror de su administración en la que se emplearon aviones no tripulados para masacrar a mujeres, hombres y niños. No se mencionó la amenaza de Clinton de «eliminar» a Irán en su campaña por ser la primera mujer presidente, ni tampoco su apoyo a la vigilancia masiva ilegal o a la búsqueda de delatores.

Sí le hizo, sin embargo, una pregunta comprometedora. ¿Había perdonado Clinton a Monica Lewinski por la aventura con su marido? «El perdón es una elección», dijo Clinton, «para mí fue, absolutamente, la elección adecuada». Esto me recordó a los años 90 y la perpetua obsesión por el «escándalo» Lewinsky. El presindente Bill Clinton se encontraba entonces invadiendo Haití y bombardeando los Balcanes, África e Iraq. También se dedicaba a destruir vidas de niños iraquís; Unicef informó de la muerte de medio millón de menores de cinco años, como resultado del embargo impuesto por EEUU y Gran Bretaña. Los niños eran los nadies mediáticos, de la misma manera que las víctimas de las invasiones que apoyó y promovió Hilary Clinton –Afganistán, Iraq, Yemen, Somalia– son nadies mediáticos. Murray no los mencionó. La página web de la BBC muestra una fotografía de ella junto a su distinguida invitada, en la que ambas aparecen radiantes.

En política, como en periodismo y en arte, parece que la discrepancia que antes el «público» toleraba se ha revertido y convertido en disidencia: una clandestinidad metafórica. Cuando comencé mi carrera en Fleet Street de la Gran Bretaña de los años 60, la crítica del poder occidental como fuerza rapaz era aceptable. Se podían leer los celebrados informes de James Cameron sobre la explosión de la bomba de hidrógeno en Bikini Atoll, la atroz guerra de Korea y los bombardeos estadounidenses de Vietnam del Norte. El gran espejismo de hoy es el de pertenecer a una era de la información cuando, en realidad, vivimos en una era mediática en la que la incesante propaganda corporativa resulta insidiosa, contagiosa, eficaz y liberal.

En su ensayo de 1859 Sobre la Libertad, al cual los liberales modernos rinden homenaje, John Stuart Mill escribió: «El despotismo es una forma legítima de gobierno cuando se lidia con bárbaros, siempre que su fin sea una mejora de las condiciones y los medios se justifiquen haciendo efectivo tal fin». «Bárbaros» eran amplios sectores de la humanidad de quienes se requería una «obediencia implícita». «Es un mito afable y conveniente que los liberales se consideren pacificadores y los conservadores belicistas», escribió el historiador Hywel Williams en el 2001, «pero el imperialismo de la mecánica liberal puede resultar más peligroso dada su naturaleza no concluyente, su convicción de que representa una forma de vida superior». Él tenía en mente un discurso de Blair en el que el entonces primer ministro prometió «reordenar el mundo que nos rodea» según sus propios «valores morales».

Richard Falk, respetada autoridad en derecho internacional y Relator Especial de la ONU en Palestina, lo describió una vez como una «pantalla moral/legal unidireccional y santurrona [con] imágenes positivas de los valores e inocencia occidentales presentados como gravemente amenazados, justificando así una campaña de violencia política sin restricción». Está «tan ampliamente asumida que se ha vuelto virtualmente inamovible».

La tenacidad y el clientelismo premian a los guardianes. En la Radio 4 de la BBC, Razia Iqbal entrevistó a Toni Morrison, la premio Nobel Afro-Americana. Morrison se preguntaba por qué tantas personas estaban tan «enfadadas» con Barack Obama, pues era «guay» y deseaba construir «una economía y un sistema sanitario sólidos». Morrison se enorgullecía de haber hablado por teléfono con su héroe, el cual había leído uno de sus libros, y la había invitado a su inaguración.

Ni ella ni su entrevistador mencionaron las siete guerras perpetradas por Obama, incluyendo su campaña de terror con aviones no tripulados, por la cual familias enteras, sus rescatadores y deudos fueron asesinados. Lo que parecía importar de verdad era que un hombre de color con un «discurso muy refinado» había conseguido alcanzar las imponentes alturas del poder. En Los condenados de la Tierra, Frantz Fanon escribió que la «misión histórica» de los colonizados era servir como «línea de transmisión» de los que gobernaban y oprimían. En la era moderna, el uso de la diferencia étnica en los sistemas de poder y propaganda occidentales se contempla como un elemento esencial. Obama parece ser la encarnación de este elemento, aunque el gabinete de George W. Bush –su camarilla belicista– fue el más multiracial en la historia de la presidencia.

Cuando la ciudad iraquí de Mosul cayó bajo el mando de los yihadistas de ISIS, Obama dijo que «el pueblo americano ha hecho grandes inversiones y sacrificios para conceder a los iraquís la oportunidad de trazar un destino mejor». ¿No es «guay» esa mentira? Qué discurso tan «refinado» dio Obama en la academia militar de West Point del 28 de mayo. En su exposición del «estado del mundo» en la ceremonia de graduación de los que «asumirán el liderazgo de América» a lo largo y ancho del mundo, Obama dijo que «los Estados Unidos emplearán la fuerza militar, de forma unilateral si es necesario, cuando nuestros principales intereses así lo exijan. La opinión internacional nos importa, pero América nunca pedirá permiso...»

Repudiando el derecho internacional y los derechos de las naciones independientes, el presidente de los Estados Unidos reivindica una divinidad basada en el poder de su «indispensable nación». Es el consabido mensaje de la impunidad imperial, que pese a todo resulta siempre animoso. Evocando el resurgimiento del fascismo en 1930, Obama dijo: «Creo en la excepcionalidad americana con cada fibra de mi ser». El historiador Norman Pollack escribió: «Para los militaristas, substitúyase la aparentemente más inocua militarización de la cultura total. Para el grandilocuente líder, tendremos al reformista frustrado, trabajando despreocupadamente, planeando y llevando a cabo asesinatos y sonriendo todo el tiempo».

En febrero, los EEUU organizaron uno de sus golpes de estado «coloristas» contra el gobierno legítimo de Ucrania, explotando las protestas genuinas contra la corrupción en Kiev. La secretaria de estado de Obama Victoria Nuland escogió personalmente al líder del «gobierno interino». Lo apodó «Yats». El vicepresidente Joe Biden viajó a Kiev, igual que hizo el director de la CIA John Brennan. Las tropas de choque de su golpe de estado fueron fascistas ucranianos.

Por primera vez desde 1945, un partido neo-nazi, abiertamente antisemita, controla las áreas clave de poder en una capital europea. Ningún líder de la europa occidental ha condenado este resurgimiento del fascismo en la tierra fronteriza a través de la cual las tropas de invasión hitlerianas asesinaron a millones de rusos. Obtuvieron el apoyo del Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), responsable de la masacre de judíos y rusos, que ellos llamaban «alimañas». El UPA es la inspiración histórica del actual partido Svoboda y su aliado el Pravy Sektor. El líder de Svoboda Oleh Tyahnybok ha hecho un llamamiento para purgar Ucrania de la «mafia moscovita-judía» y demás «escoria», como gays, feministas y grupos de izquierdas. Desde el colapso de la Unión Soviética, los Estados Unidos han sitiado a Rusia con bases militares, aviones de guerra nucleares y misiles, como parte de su Proyecto de Ampliación de la OTAN. Imcumpliendo la promesa hecha al presidente soviético Mikhail Gorbachev en 1990 de que no se extendería «un solo centímetro hacia el este», la OTAN, de hecho, ha ocupado la europa oriental. En el antiguo Cáucaso soviético, la expansión de la OTAN representa la mayor construcción militar desde la Segunda Guerra Mundial.

El Plan de Acción de Membresía de la Otan es la concesión de Washington al régimen golpista de Kiev. En Agosto, la «Operación Tridente Rápido» situará a las tropas estadounidenses y británicas en la frontera Rusia-Ucrania y el ejercicio militar «Sea Breze» enviará buques de guerra estadounidenses a vista de los puertos rusos. Uno puede imaginarse la reacción si estos actos de provocación o intimidación se llevaran a cabo en las fronteras estadounidenses.

Al reclamar Crimea –que Nikita Kruschev separó ilegalmente de Rusia en 1954– los rusos no hacen más que defenderse, como han estado haciendo desde hace casi un siglo. Más del 90 por ciento de la población de Crimea votó a favor de devolver el territorio a Rusia. Crimea es el hogar de la Flota del Mar Negro y su pérdida podría significar el final para la Marina Rusa y un premio para la OTAN. Habiendo confundido las partes de guerra en Washington y Kiev, Vladimir Putin retiró las tropas de la frontera Ucraniana y urgió a las etnias rusas del este de Ucrania a abandonar las ideas de separatismo.

De una forma muy orwelliana, a todo esto se le ha dado la vuelta en occidente convirtiéndolo en «amenaza rusa». Hillary Clinton comparó a Putin con Hitler. Sin ninguna ironía, los comentaristas políticos de la derecha alemana profirieron las mismas palabras. En los medios, se limpia la imagen de los neo-nazis ucranianos llamándolos «nacionalistas» o «ultra nacionalistas». Lo que temen es que Putin esté buscando una solución diplomática y que pueda encontrarla. El 27 de junio, en respuesta al último acuerdo de Putin –su petición al Parlamento Ruso de rescindir la legislación que le otorgaba el poder de intervenir en nombre de la etnia rusa de Ucrania–, el Secretario de Estado John Kerry lanzó otro de sus ultimatums. Rusia debe «actuar en las próximas horas, literalmente» para acabar con la revuelta en Ucrania del este. A pesar de que a Kerry se lo conoce como un bufón, el grave objetivo de tales «advertencias» era propiciar que Rusia obtuviera el estatus de paria y reprimir las noticias de la guerra del régimen de Kiev contra su propio pueblo.

Un tercio de la población de Ucrania es de habla rusa y bilingüe. Hace tiempo que el pueblo persigue una federación democrática que refleje la diversidad étnica de Ucrania y sea tanto autónoma como independiente de Moscú. La mayoría no es «separatista» ni «rebelde», sino ciudadanos que desean vivir seguros en su patria. El separatismo no es más que una reacción a los ataques que sufren por parte de la junta de Kiev, que ha enviado al exilio en Rusia a unos 110.000 (según datos de la ONU). En general, se trata de mujeres y niños traumatizados.

Como los niños del embargo a Iraq y las mujeres y niñas «liberadas» de Afganistán, este pueblo étnico de Ucrania, aterrorizado por los caudillos de la CIA, son los nadies mediáticos de occidente; su sufrimiento y las atrocidades que han sufrido han sido minimizadas hasta casi desaparecer. Tampoco se ha informado en los medios de comunicación oficiales de occidente de la escala de los ataques del régimen. Esto no carece de precedentes. Volví a leer la magistral The First Casualty: the war correspondent as hero, propagandist and mythmaker, de Phillip Knightle, con admiración renovada por Morgan Philips Price del Manchester Guardian, el único reportero occidental que permaneció en Rusia durante la revolución de 1917 e informó de la desastrosa invasión de los aliados occidentales. Justo y valeroso, Philips Price agitó él solo lo que Knightley denomina el «oscuro silencio» anti-ruso de occidente.

El 2 de mayo, en Odessa, 41 personas de etnia rusa fueron quemadas vivas en la sede de un sindicato ante la mirada impasible de la policía. Existe un video terrible que lo prueba. El líder de Pravy Sektor Dmytro Yarosh saludó la masacre como «otro día brillante de nuestra historia nacional». En los medios de comunicación británicos y estadounidenses se transmitió la noticia como una «tragedia turbia» resultante de los «enfrentamientos» entre «nacionalistas» (neo-nazis) y «separatistas» (el pueblo que recogía firmas para convocar un referendum por una Ucrania federal). El New York Times la entrerró, desechando como propaganda rusa sus advertencias sobre las políticas fascistas y antisemitas de los nuevos clientes de Washington. El Wall Street Journal condenó a las víctimas – «Fuego Mortal Ucraniano Probablemente Detonado por los Rebeldes, Según el Gobierno». Obama felicitó a la junta por su «refrenamiento».

El 28 de junio, el Guardian dedicó casi una página entera a las declaraciones del «presidente» del régimen de Kiev, el oligarca Petro Poroshenko. De nuevo se aplicó la ley de inversión de Orwell. No hubo golpe de estado; no hubo guerra contra la minoría de Ucrania; los rusos tenían la culpa de todo. «Quiero modernizar mi país», dijo Poroshenko. «Queremos introducir la paz, la democracia y los valores Europeos. Hay personas a quienes no les gusta. Hay personas a quienes no gustamos».

El reportero del Guardian Luke Harding obviamente no puso en duda tales aseveraciones, ni mencionó la atrocidad cometida en Odesa, los ataques aéreos y de artillería del régimen en las áreas residenciales, el rapto y asesinato de periodistas, el bombardeo de la redacción de un periódico de la oposición y su amenaza de «liberar Ucrania de escoria y parásitos». El enemigo son «rebeldes», «militantes», «insurgentes», «terroristas» y secuaces del Kremlin. Si congregamos a los fantasmas de la historia de Vietnam, Chile, Timor del Este, Africa Austral o Iraq, podremos identificar las mismas etiquetas. Palestina es el imán de este inamovible engaño. El 11 de julio, tras la última matanza en Gaza –80 personas, entre ellas seis niños de la misma familia– perpetrada por el ejército de Israel equipado con armamento estadounidense, un general israelí escribió un artículo en el Guardian bajo el titular «Una muestra de fuerza necesaria».

En los años 70, conocí a Leni Riefenstahl, a quien pregunté sobre las películas que había rodado para glorificar a los nazis. Utilizando una cámara y unas técnicas de iluminación revolucionarias, produjo un documental en un formato que fascinó a los alemanes: era el Triunfo de la Voluntad, donde al parecer vehiculaba las maldiciones de Hitler. Le pregunté sobre la propaganda en sociedades que se imaginaban superiores al resto. Ella respondió que los «mensajes» de sus películas no estaban subordinados a las «órdenes de arriba» sino al «vacío sumiso» de la población alemana. «¿Incluye eso a la burguesía liberal e instruída?» Le pregunté. «A todo el mundo», contestó, «y, por descontado, a la intelligentsia».
_______
John Pilger, nacido en 1939 en Australia, es uno de los más prestigiosos documentalistas y corresponsales de guerra del mundo anglosajón. Particularmente renombrados son sus trabajos sobre Vietnam, Birmania y Timor, además de los realizados sobre Camboya, como Year Zero: The Silent Death of Cambodia y Cambodia: The Betrayal.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

El temido efecto dominó en la crisis del Espirito Santo

Dom, 20/07/2014 - 19:30

Las convulsiones que está provocando la quiebra del Holding Espirito Santo amenazan con provocar una reacción en cadena por todo el sistema financiero. La gráfica nos muestra los activos de la banca en comparación al PIB de los países. En todos estos países los activos bancarios han aumentado mientras el crecimiento se ha estancado. Crece la deuda y los intereses pero la economía no se mueve, ¿cuánto tiempo más se puede mantener un sistema que es abiertamente insostenible?
Por eso que los mercados sufrirán un vuelco inevitable mientras la prima de riesgo volverá a repuntar después de una solaz temporada en sus mínimos históricos. La falsa calma provocada por el dinero barato de Mario Draghi, ha sido un simple disfraz. El desarrollo sostenible no figura ni en la última página del programa. Todo ha sido para salvar las apariencias, defender un sistema financiero que se cae a pedazos y generar dinero al grupo de políticos más corruptos de la historia. Ellos son los responsables de que ninguno de los problemas haya sido resuelto. Las centenares de reuniones de Angela Merkel con Jean-Claude Juncker y Christine Lagardé han sido en verdad para llenar sus propios bolsillos.

Leer másUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Nuevas instituciones financieras BRICS podrían socavar la dominación global de EEUU y la UE

Sáb, 19/07/2014 - 23:50

Mark Weisbrot, Al Jazeera

Durante la crisis financiera asiática de 1997-1998, cuando los países de ingresos medios se vieron muy afectados por las grandes salidas de capital, se hizo un esfuerzo por parte de China, Japón, Taiwán y otros países para crear un fondo monetario asiático que ofreciera apoyo a la balanza de pagos de estos países. Sin embargo, Washington vetó la idea, insistiendo en que toda la ayuda tenía que pasar por el Fondo Monetario Internacional. El resultado fue un desastre, incluyendo una innecesariamente profunda recesión regional, ya que el FMI no actuó como un prestamista de última instancia y después se une todo tipo de condiciones dañinas e innecesarias para sus préstamos.

Pero el mundo ha cambiado mucho en los últimos 15 años. La semana pasada, los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) decidieron formar el Acuerdo de Reserva para Contingencias (CRA) y el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), y Estados Unidos no tendrá poder de veto en esta ocasión. Estas nuevas instituciones podrían marcar un punto de inflexión para el sistema financiero internacional.

La cobertura de los medios occidentales de estos desarrollos ha sido en su mayoría indiferente, pero refleja principalmente las preocupaciones de Washington y sus aliados. Ellos han tenido influencia indiscutible sobre las instituciones de toma de decisiones de gobierno financiero mundial desde hace 70 años, y la última cosa que quieren ver es la competencia. Pero la competencia es exactamente lo que necesita el mundo ahora.

El FMI y el Banco Mundial fueron creados en 1944, cuando Estados Unidos era casi la única potencia industrial posicionada en el mundo. Las instituciones reflejan esa realidad unipolar. Hoy Washington todavía controla ambas instituciones, con la colaboración subordinada de un puñado de aliados ricos; lo mismo es cierto para el G-7, G-8 y G-20. En los últimos años, ya que la zona euro se ha convertido en el receptor de más préstamos del FMI, los directores europeos tienen, por supuesto, una voz predominante en las políticas de la región, pero sigue siendo el mismo grupo de países en el cargo. E incluso en la Organización Mundial del Comercio, que se formó en 1995 y cuenta con un proceso consensual diferente, las reglas fundacionales fueron escritas por los países ricos - y en este caso, sobre todo por sus corporaciones.

Durante décadas se han hecho esfuerzos para dar a la mayoría de las naciones del mundo una voz en el FMI y el Banco Mundial, pero el progreso ha sido glacial, en el mejor de los casos. Los países BRICS tienen más del 40 por ciento de la población mundial, y China es ahora la mayor economía del mundo, pero casi no tienen voz en estas instituciones. Decir que han sido una alternativa desde hace mucho tiempo es un eufemismo.

El Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS ha recibido una mayor atención, pero el fondo de reserva de divisas 100 mil millones dólares podría ser un avance mucho mayor. Para la mayoría de los países, una de las mayores limitaciones y fuentes de inestabilidad potencial es la balanza de pagos. Deben contar con suficientes dólares u otras divisas para financiar las importaciones y suficientes reservas internacionales para asegurarse contra un vuelo de pánico de su moneda. De lo contrario, su economía puede caer en una crisis, una recesión o de otro desequilibrio económico devastador. La mayor parte del daño causado por la crisis financiera de Asia podrían haberse evitado con el equilibrio oportuno de los pagos de apoyo.

Pero las condiciones macroeconómicas perjudiciales vinculados a los préstamos del FMI han continuado. Basta con mirar a Ucrania, donde la economía se está reduciendo en un 5 por ciento este año y el FMI está imponiendo austeridad que prolongará y profundizará la recesión. Un examen de las políticas del FMI durante la recesión mundial de 2009 mostró que 31 de 41 países con acuerdos con el FMI fueron objeto de políticas macroeconómicas procíclicas - es decir, las políticas que se podrían esperar a empeorar una desaceleración económica o impedir la recuperación. Y a pesar de que el FMI es sólo el socio menor en la troika, con la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, han arrastrado a Europa a varios años de recesión innecesaria con el castigo colectivo de desempleo masivo, haciendo gran daño a la mayor parte de la economía mundial - incluyendo los BRICS y otros países en desarrollo.

Los BRICS son parte de un proceso que ha estado ocurriendo en los últimos 15 años, en que los países de ingresos medios han acumulado reservas suficientes para votar con los pies y salir de la órbita del FMI. Aunque la mayoría de los economistas y la mayoría de los principales medios de comunicación lo han ignorado, la pérdida de influencia del FMI sobre la política económica en la mayoría de los países de ingresos medios es uno de los desarrollos más importantes en el sistema financiero internacional en el último medio siglo. Es casi seguro que ha contribuido a la recuperación del crecimiento económico en la mayoría de los países en desarrollo en la última década. Es también, no por casualidad, una enorme pérdida de influencia para el gobierno de Estados Unidos, que ha utilizado tradicionalmente al FMI y su cártel de acreedores para sus propios fines imperiales.

Los BRICS tienen el potencial de romper el patrón no sólo de la dominación global Estados Unidos-UE, sino también de las condiciones perjudiciales normalmente conectados a la balanza de pagos de apoyo. Podría resultar muy importante en los próximos años: Una gran cantidad de dinero se ha derramado en bonos emergentes gubernamentales de mercado desde que la Fed fijó los tipos de interés a corto plazo en cero hace más de cinco años. Mucho de esto podría levantarse e irse cuando la Reserva Federal decida elevar las tasas de interés. Tales aumentos de las tasas eran una causa importante de la crisis del peso mexicano en 1995 y alcanzaron otros países como Brasil y Argentina unos años más tarde. Los países BRICS han indicado que están dispuestos a que otros países se unan. China tiene alrededor de 4 billones de dólares de reservas, por lo que tiene el potencial de contribuir mucho más y, probablemente, aún así salir beneficiados, ya que la mayoría de sus reservas probables van a perder dinero en bonos del Tesoro de Estados Unidos. No se sabe qué tan pronto este nuevo fondo estará en funcionamiento o que tan grande crecerá. Sin embargo, el potencial de crecimiento para la economía mundial es muy grande.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Del modelo Auschwitz al modelo Gaza

Sáb, 19/07/2014 - 14:56

Raúl Zibechi, Alainet

En poco menos de una semana Israel desencadenó sobre la Franja de Gaza una lluvia de bombas que han matado ya a más de 200 personas, 80 por ciento de ellas civiles y una quinta parte niños.

La excusa para los ataques son los misilazos que del otro lado lanzan los milicianos de Hamas sobre Israel, que acaban de causar la primera víctima mortal en Israel. Pero la disparidad no es sólo en cuanto a víctimas: Gaza es un menguado territorio de poco más de 350 quilómetros cuadrados que vive bajo el acoso sistemático de la potencia militar de la zona. Cada tanto, sobre su millón y medio de habitantes caen las bombas, según una repetida lógica de larga data, ante la indiferencia de las potencias occidentales, que por menos de eso ya estarían preparando una “intervención militar humanitaria” para frenar al agresor. Al final de la Segunda Guerra Mundial, señala el filósofo español Santiago Alba Rico, se produjeron en Europa varios acontecimientos que marcaron la historia posterior. El primero, dice, es que durante los procesos de Nuremberg se registra el rechazo del abominable “modelo Auschwitz”, signado por “la deshumanización y exterminio horizontal del otro”; pero antes la principal potencia vencedora, Estados Unidos, había impuesto “la legalización de facto de los bombardeos aéreos” sobre población civil.

El “modelo Hiroshima” se vuelve entonces aceptable y “la deshumanización y exterminio vertical del otro se asume como rutinaria o como no penalizable” (1). El bombardeo a Dresde, semanas antes de la rendición de Alemania, en marzo de 1945, en el que las fuerzas aéreas estadounidense y británica provocaron la muerte de entre 25 y 35 mil personas, es considerado por Donald Bloxham, editor del Journal of Holocaust Education, como un “crimen de guerra”. Apenas derrotados los nazis, Francia bombardeaba Argelia y Siria, provocando masacres sin que los capitostes del nuevo orden mundial emitieran la menor protesta.

Los bombardeos aéreos desde entonces han sido cosa común, incluyendo el horror de Vietnam. “Ahora mismo los drones estadounidenses bombardean Pakistán o Yemen, los aviones de Bashar al Assad a su propio pueblo y los F-16 de Israel a los palestinos de Gaza. Todos esos bombardeos nos impresionan tanto como una tormenta de verano y, desde luego, mucho menos que una cuchillada en el metro”, remata Alba Rico.

Si de Gaza se trata, los ataques aéreos contra ese territorio palestino tienen una larga historia, con su secuela de miles de muertos, entre ellos cientos de niños, que representan entre el 25 y el 30 por ciento de las víctimas.

El periodista y analista británico Robert Fisk, especialista en los conflictos de Oriente Medio, reproduce en una columna que publicó esta semana en el diario The Independent de Londres un diálogo a propósito de los bombardeos de 2008 que mataron a más de 1.400 palestinos: “‘¿Y si Dublín fuera atacada con cohetes?’, preguntó entonces el embajador israelí. Pero en la década de 1970 la ciudad británica de Crossmaglen, en Irlanda del Norte, fue atacada con cohetes por la república de Irlanda, y sin embargo la Real Fuerza Aérea no bombardeó Dublín en venganza ni mató mujeres y niños irlandeses”.

El periodista israelí Gideon Levy insiste en que para Israel no se trata de combatir el terrorismo sino de matar árabes: “Desde la primera guerra del Líbano, hace más de 30 años, matar a los árabes se convirtió en el principal medio de la estrategia israelí. El ejército israelí ya no pelea contra otros ejércitos, el objetivo principal es la población civil” (Haaretz, domingo 13). Prueba de ello es la utilización de armas prohibidas en los bombardeos. “Doctores y personal médico han encontrado en los cuerpos de fallecidos o heridos restos de armas de destrucción masiva ilegales para el derecho internacional”, aseguran médicos desde el hospital Shifa, de Gaza. El cardiólogo noruego Erik Fosse, que lleva años trabajando en la Franja, dijo a la prensa que Israel estaría empleando armas que provocan cáncer. “Los médicos apuntan que podría tratarse de los denominados explosivos de metal inerte denso (dime, por su sigla en inglés), un arma de tipo experimental cuyo radio de acción es relativamente pequeño, pero cuya explosión resulta extremadamente potente” (Russia Today, lunes 13).

En contra de lo que asegura la propaganda israelí, los bombardeos no son una respuesta a los ataques de Hamas sino un cálculo político para bloquear cambios en la región, una obsesión del establishment de ese país: impedir la reconciliación entre Hamas y Fatah y evitar la toma de distancia de la Unión Europea respecto de Estados Unidos. Para cumplir sus objetivos políticos, los dirigentes israelíes no dudan en perpetrar masacres cada vez que lo consideran oportuno. Al hacerlo revelan un estilo “claramente fascista”, apunta el israelí Uri Avnery. Avnery es una de las personalidades israelíes más destacadas. A sus 90 años no pronuncia la palabra “fascista” a la ligera, menos aun tratándose de un judío. Repasando una realidad que le duele, llega al fondo del problema: al revés de lo que debería ser, su país es “un ejército dotado de Estado”, dice.
_________
Nota:

1. (1) Alba Rico no lo menciona, pero antes de la Segunda Guerra Mundial –probablemente como ensayo para el futuro–, durante la guerra civil española, la aviación nazi había lanzado operaciones de “exterminio vertical” de población civil en zonas resistentes del País Vasco, como en Guernica.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización