Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger5317125
Actualizado: fai 17 horas 15 min

¿Qué encenderá la chispa de la próxima crisis financiera?

Dom, 29/03/2015 - 22:03

Esta semana, James Bullard, presidente de la Reserva Federal de St. Louis, advirtió que las políticas monetarias de la Reserva Federal de Estados Unidos, con las tasas de interés cercanas al cero por ciento, han avivado una burbuja devastadora que puede estallar en cualquier momento. Las palabras de Bullard fueron recogidas por Financial Times, y se agregan al creciente nerviosismo sobre un nuevo desastre financiero que esta vez tendría consecuencias aún más graves que el colapso que devino tras la quiebra de Lehman Brothers.

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Noticias y significado del banco asiático que terminará con la hegemonía del Banco Mundial

Dom, 29/03/2015 - 18:05
Antonio Gershenson, La Jornada

En la edición dominical del 16 de noviembre de 2014 anunciamos la fundación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura. El mayor conjunto de acciones las tiene China y la sede está en Shanghai. La formación del banco fue firmada el 24 de octubre de 2014 por jefes de Estado de los 21 países asiáticos participantes. Las únicas naciones importantes de la región Asia-Pacífico que no firmaron fueron Japón, Australia, Indonesia, Corea del Sur y Arabia Saudita.

Ahora, el 23 de marzo, la presidenta del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, dio en Pekín la bienvenida a los esfuerzos de inversión de China en el exterior, haciendo referencia al citado banco.

Por otro lado, se ha publicado que en Australia se discute la posibilidad de ingresar a dicha institución bancaria. Y el antepasado fin de semana se reunieron y tocaron el asunto los ministros de Relaciones Exteriores de China, Japón y Corea del Sur. Ocurran o no esos posibles ingresos, entre ellos y la declaración de la presidenta del FMI muestran la solidez del banco asiático.

Debemos verlo en su contexto. El 22 de febrero pasado publicamos aquí los resultados de la magnitud económica de países principales para 2050. También había otros resultados ya anteriores para 2011, 2020 y 2030. Mencionamos ahora sólo los tres primeros lugares.

Para 2020 se prevén Estados Unidos en primer lugar, China en segundo y Japón en tercero. Para 2030, la previsión es de China en primer lugar, Estados Unidos en segundo e India en tercero. Para 2050, China en primer lugar, India en segundo y Estados Unidos en tercero.

Estas previsiones son congruentes con el ritmo de crecimiento de cada país. El ritmo de Estados Unidos ha sido de alrededor de 2 por ciento. Si contamos los años de crecimiento negativo, -0.3 en 2008 y -3.5 en 2009, el promedio bajaría un poco más.

El promedio más bajo que se prevé para China es de 7 por ciento, y la media de los últimos ocho años fue de 9.5 por ciento.

El menor promedio para India es de 5.5 por ciento, pero el más reciente, para 2014, fue de 7.2 por ciento. Así que las previsiones para el futuro son congruentes con estos datos actuales.

La creación del banco asiático es congruente con esto, y no es el único caso en proceso.

El 11 de septiembre del año pasado, en la conferencia cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai, en una reunión de los presidentes de China, Mongolia y Rusia, el mandatario de China propuso construir un cinturón económico de los tres países alrededor de la ruta de la seda. Mencionó el desarrollo de transportes y ver la posibilidad de construir una red de potencia eléctrica transnacional.

Vamos a mencionar algo sobre los ferrocarriles, que en mi opinión son muy importantes. En China, por ejemplo, se ha construido una cantidad enorme de vías de ferrocarril.

La ruta de la seda de la que se habla surgió desde un pasado remoto, y era entre la entonces capital china, Xian, y Roma, capital del imperio romano. Buena parte del camino se tenía que recorrer en camellos. Además de la seda, se comerciaban diamantes, alimentos que no existían en el occidente –como algunos condimentos, y otros.

En un proceso que culminó en el siglo XVI y continuó, los barcos de países occidentales, mucho más rápidos y baratos que la ruta tradicional, los desalojaron plenamente, y no sólo se adueñaron del comercio, sino que fueron un punto de apoyo del colonialismo. Regiones de la ruta de la seda fueron total o parcialmente despobladas y quedaron sumidas en la miseria.

Más recientemente se ha empezado a reconstruir, con medios modernos, la nueva ruta de la seda. Los ferrocarriles han sido un elemento importante, que tienen, a diferencia del comercio marítimo, la propiedad de ser transportes de cada país o grupo de países y no de extranjeros. Pero, por ejemplo, China ha tenido que detener el crecimiento de sus vías al llegar a cualquier frontera con otra nación. Un problema clave es la diferencia de la medida de las vías de ferrocarril de un país a otro. Actualmente hay en Asia seis diferentes anchos, según evaluación de las Naciones Unidas en 2014. El problema se puede y se debe atacar.

Los trenes son mucho más rápidos y baratos que el comercio marítimo. Pueden irlo desalojando, sobre todo ahora que el colonialismo ha sido prácticamente liquidado. No sólo tienen beneficio económico, sino que aumentan los niveles de independencia del país y de Asia.

Los ferrocarriles, como la generación de electricidad y como el banco asiático, son parte del desarrollo que prevén los estudios de 2020, 2030 y 2050.

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Comienza el fin del imperio yanqui y de la hegemonía del dólar

Sáb, 28/03/2015 - 20:41
Lentamente, una importantísima redistribución del poder está en marcha en este momento. De un lado, Estados Unidos, el G7 y la OTAN. En el otro bando, los países de la Organización de Cooperación de Shanghai y los BRICS. La partida se desarrolla simultáneamente en el plano financiero, con el cuestionamiento de la supremacía del dólar, y en el plano militar, con el despliegue de la OTAN alrededor de Rusia y el de la US Navy alrededor de China.
Manlio Dinucci, Red Voltaire

Washington ha recurrido a todos los medios para impedir que sus aliados entren al Banco Asiático de Inversiones para la Infraestructura (AIIB, siglas en inglés), creado por China. Pero no lo logró. Gran Bretaña, Alemania, Francia e Italia, miembros todos del G7, se incorporaron a la nueva institución financiera y otros, como Australia, tienen intenciones de hacerlo.

Lo que preocupa a Washington es todo el conjunto del proyecto del que forma parte el AIIB, proyecto que gira alrededor de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS).

Nacida en 2001, con el acuerdo estratégico chino-ruso destinado a contrarrestar la penetración estadounidense en Asia Central, la OCS se ha extendido a los sectores económico, energético y cultural, entre otros. A los 6 miembros iniciales –China, Rusia, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán– se unieron, por el momento como observadores, India, Irán, Pakistán, Mongolia y Afganistán, y también, como interlocutores de diálogo, Bielorrusia, Sry Lanka y Turquía.

La OCS, cuyos miembros constituyen un tercio de la población mundial, y que representará a la mitad de los habitantes del mundo cuando los miembros observadores se conviertan en miembros plenos, dispone de recursos y de capacidades de trabajo que pueden convertirla en el área de integración económica más grande del mundo.

Al mismo tiempo, la OCS está vinculada a los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), países que han decidido crear su propio Banco para el Desarrollo y su propio Fondo de Reserva.

Con el tiempo, esos organismos financieros y el Banco Asiático pueden suplantar en gran parte al Banco Mundial y al FMI (Fondo Monetario Internacional), que durante 70 años han permitido a Estados Unidos y a las principales potencias occidentales dominar la economía mundial a través de préstamos abusivos y de diversas herramientas financieras. Los nuevos organismos pueden concretar a la vez la desdolarización de los intercambios comerciales, lo cual privaría a Estados Unidos de su actual capacidad de descargar su propia deuda en los hombros de los demás países, lo cual hace simplemente imprimiendo la moneda que actualmente se utiliza como divisa internacional dominante a pesar de que la convertibilidad del dólar en oro, establecida en 1944 con los acuerdos de Bretton Woods, fue anulada unilateralmente por Estados Unidos en 1971.

Otras monedas, como el renminbi chino (también conocido como yuan), son actualmente más confiables como divisa internacional. Por cierto, Londres está convirtiéndose en una base para el desarrollo de herramientas financieras en renminbi. Al no poder contrarrestar con herramientas financieras ese proceso, que acelera el declive de Estados Unidos –considerado hasta ahora como la mayor potencia económica mundial–, Washington pone su espada en la balanza.

En esta estrategia se inscribe el putsch de la plaza Maidan ya que, al crear una nueva confrontación con Rusia, proporcionó a Estados Unidos un pretexto para reforzar la OTAN, principal instrumento de su influencia en Europa. También se inscribe en esa estrategia el creciente traslado, con objetivos antichinos, de fuerzas militares estadounidenses hacia la región Asia-Pacífico.

En ese sentido, resulta emblemática la estrategia para «el poderío marítimo del siglo 21», que acaba de publicar la US Navy. Esa estrategia subraya que la importancia económica de la región Asia-Pacífico, donde está produciéndose «la expansión naval de China», «obliga a confiar cada vez más en las fuerzas navales para proteger los intereses estadounidenses», a tal punto que «en 2020 estarán concentradas en la región cerca del 60% de las fuerzas navales y aéreas de la US Navy».

Mientras que su interés económico las lleva a integrarse al Banco Asiático creado por China, las potencias europeas colaboran con la estrategia estadounidense para impedir –a través de la fuerza militar– que China, junto a Rusia, llegue a subvertir el actual orden económico» mundial. El grupo franco-germano-español Airbus incluso creará una red militar de satélites sobre la región Asia-Pacífico.

Y Francia, que ha desplazado a Gran Bretaña como aliado más cercano de Estados Unidos, envía al Golfo el navío almirante de su marina de guerra, el portaaviones Charles De Gaulle, poniéndolo bajo las órdenes del alto mando estadounidense.

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La macroeconomía en la encrucijada

Ven, 27/03/2015 - 17:01
Robert Skidelsky, Project Syndicate

Hasta hace algunos años, economistas de todas doctrinas afirmaban enérgicamente que nunca se repetiría la Gran Depresión. Hasta cierto punto tuvieron razón. Después del estallido de la crisis financiera de 2008, lo que sobrevino en cambio fue la Gran Recesión. Los gobiernos pudieron controlar los daños mediante inyecciones de enormes sumas de dinero a la economía mundial y recortando a niveles cercanos a cero las tasas de interés. Sin embargo, interrumpir la caída de 2008-2009, agotó sus recursos intelectuales y políticos.

Los asesores económicos aseguraron a sus jefes que la recuperación vendría rápidamente. Y sí hubo un poco de reactivación pero después se estancó en 2010. Mientras tanto, los gobiernos tenían enormes déficits –legado de la desaceleración económica– que se supone sería moderada por un crecimiento restablecido. En la eurozona, países como Grecia enfrentaron crisis de deuda soberana pues los rescates bancarios convirtieron la deuda privada en deuda pública.

La atención se dirigió al problema de los déficits fiscales y su relación con el crecimiento económico. ¿Deberían los gobiernos ampliar deliberadamente sus déficits a fin de contrarrestar la caída de la demanda de vivienda e inversiones? ¿O deberían tratar de recortar el gasto público con el fin de disponer de dinero para el gasto privado?

Dependiendo de la teoría macroeconómica que se adopte, las dos opciones arriba mencionadas podrían haber sido presentadas como políticas favorecedoras del crecimiento. La primera podría generar la expansión de la economía porque el gobierno estaba aumentando el gasto público; la segunda tendría el mismo efecto pero porque se recortaba el gasto público. La teoría keynesiana sugiere la primera opción; y los gobiernos le tienen unánimemente fe a la segunda.

Las consecuencias de esta opción son claras. Ahora se acepta generalmente que una mayor disciplina fiscal costó a las economías desarrolladas entre 5 y 10 puntos porcentuales de crecimiento del PIB desde 2010. El conjunto de la producción e ingresos se han perdido definitivamente. Además, como la austeridad fiscal sofocó el crecimiento económico se complicó mucho más la tarea de reducir el déficit de presupuesto y la deuda nacional como proporción del PIB. Se descubrió que recortar el gasto público no era lo mismo que reducir el déficit porque desaceleró la economía.

Ello debió haber sido suficiente razón para no hacerlo. Pero no fue así. Algunos economistas señalan que los gobiernos enfrentaron un equilibrio de riesgo en 2010: reducir el déficit pudo haber desacelerado el crecimiento; pero de haberlo dejado así pudo haber empeorado las cosas.

El argumento decía que el remedio keynesiano ignoraba el efecto de políticas fiscales en las expectativas. Si la opinión pública pensara que recortar el déficit era lo pertinente, entonces permitir un aumento del déficit anularía cualquier esperanza de efecto de estímulo. Pensar que los impuestos tendrían que aumentar para “financiar” el gasto extra, entonces hogares y compañías aumentarían su ahorro. Temer a los impagos soberanos, entonces los mercados de obligaciones cobrarían a los gobiernos tasas de interés punitivas sobre los créditos que solicitaran.

Y aquí está el punto clave: al comprometerse a aplicar una mayor disciplina fiscal, los ministros de Finanzas se otorgaron el margen de maniobra para un poco de flexibilidad fiscal. Proclamar virtudes fiscales les permitió caer en indulgencia fiscal. Pudieron crear la ilusión de disciplina fiscal mediante un recorte menor que el prometido; y eso es lo que hicieron gran parte de los ministros de Finanzas.

Esto es en parte el problema en el que se han metido los macroeconomistas. Una vez que las creencias y expectativas entran en la economía, como es razonable pensar, los resultados de política fiscal se vuelven indeterminados. Mucho depende de cómo perciben las personas que serán los resultados de una política. En la jerga de los economistas, los resultados de política son “dependientes del modelo”.

El economista y Premio Nobel, Paul Krugman, ha ridiculizado lo que denomina “el hada de la confianza”, la afirmación de que la política fiscal tiene que exigir el respaldo de los mercados de obligaciones. Sin embargo, mostrar que una política corriente empeoró las cosas no significa que existiera una mejor. El éxito adecuado de una política puede depender de las expectativas del público sobre sus efectos. La pregunta sin responder es por qué el público tendría expectativas equivocadas. Si la política fiscal es un enredo, la política monetaria también. Los bancos centrales han tratado de evitar el hada de la confianza mediante impresión de dinero –técnicamente, comprando bonos gubernamentales en el mercado secundario. Se espera que el dinero extra permee en la economía y acelere la actividad. El Banco Central Europeo acaba de empezar un programa de compra de bonos por 1.17 billones de dólares para sortear el veto alemán sobre expansión fiscal.

Sin embargo, los efectos de la llamada facilitación cuantitativa también dependen de las expectativas. Si ofrecer a las empresas dinero extra les da mayor confianza, entonces gastarán más, pero si desconfían de la política, entonces acumularán el dinero.

Los resultados de la facilitación cuantitativa en los Estados Unidos y Reino Unido han sido ambiguos. Es cierto que los gobiernos podían obtener crédito más asequible a medida que caían los rendimientos. Sin embargo, los bancos no estaban ofreciendo los créditos que se habían puesto a disposición de los gobiernos, en parte porque lo usaban para pagar sus propias deudas, y también porque había una baja demanda de créditos.

El efecto positivo más importante de la facilitación cuantitativa se dio en los precios de los activos –principalmente activos financieros – Sin embargo, más riqueza para los ricos no produce necesariamente mucho más gasto extra. Incrementa la desigualdad y crea riesgo de burbujas de activos, lo que puede desembocar en una nueva quiebra financiera.

Así pues, llegamos a la era poscrisis sin una postura definida correcta sobre la política macroeconómica para la recuperación y prevención de futuras desaceleraciones. Grandes esperanzas se sustentan en una mejor regulación financiera para frenar la excesiva creación de crédito. No obstante, ¿qué es “excesivo”? ¿Seguirán los bancos centrales fijando una meta de 2% de inflación? ¿O deberían fijar como objetivo el “ingreso nominal”? ¿Cómo deberían ser las nuevas reglas fiscales y cómo –en la eurozona– se deben poner en vigor?

Los economistas debaten si las economías de mercado son naturalmente estables. Como keynesiano pienso firmemente que las economías de mercado necesitan políticas estabilizadoras. Sin embargo, los keynesianos tienen que enfrentar la incómoda verdad de que el éxito de políticas estabilizadoras puede depender de la comunidad empresarial con expectativas keynesianas. Necesitan tener de su lado al hada de la confianza.

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El impacto global de la desaceleración China

Ven, 27/03/2015 - 12:33
La economía de China se desaceleró a su ritmo más fuerte en los dos primeros meses del año desde la crisis financiera global, lo que aumenta el temor de que esta desaceleración podría socavar el crecimiento mundial. La producción industrial de China se expandió un 6,8 por ciento en enero y febrero respecto al año anterior. Es la cifra más baja desde 1990 y todos los indicadores apuntan a que el descenso continuará. En 2014, 30 de las 31 provincias de China, crecieron menos de lo esperado. Estas cifras ilustran el principio del fin para el milagro económico chino. La crisis iniciada el año 2008 comienza a golpear a la economía exportadora más grande del mundo.

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¿Qué dice, qué demuestra y qué propone Piketty?

Xov, 26/03/2015 - 08:01
Miguel Angel Ferrer

El fenómeno Thomas Piketty está aquí, frente a nosotros. Y por las más diversas razones se hace necesario saber qué dice el joven economista francés que tanto revuelo ha causado. Pues bien: dice que vivimos en el reino de la desigualdad. Un puñado de ricos y un océano de individuos viviendo en medio de relativas penurias y escaseces.

Esto que dice Piketty no es, ciertamente, una novedad. Así ha sido el mundo casi desde siempre. Y la única excepción que se puede encontrar a esta regla histórica sería aquel estadio de la humanidad -que Luis H. Morgan y Federico Engels llamaron la comunidad primitiva- en el que todos los miembros de la sociedad eran pobres. Ese antiquísimo periodo de la historia humana en que, como decía el Quijote, no se habían inventado esas feas palabras “tuyo” y “mío”. Ese lapso de la historia en que no habían nacido ni el concepto ni la palabra riqueza. En el que todo eran penurias para todos.

A cazar, pescar y recolectar frutos e insectos para apenas sobrevivir no se le puede llamar riqueza. Pero con la aparición del pastoreo, hace 15 mil años, y de la agricultura, hace 10 mil, empezaron a aparecer la riqueza y la acumulación de ella. Y donde hay riqueza hay ricos; y donde hay ricos hay pobres. Y, como todos sabemos desde siempre, la clave está en la propiedad. De la tierra, de los animales, de las máquinas. Ser propietario es ser rico; y ser un gran propietario es ser muy rico.

Eso que ya sabíamos lo repite Piketty. Pero el joven economista lo documenta estadísticamente para los últimos 250 años. Y ahí está el mérito de su última y ya muy comentada obra: El capital en el siglo XXI. Con un exhaustivo estudio histórico-estadístico, demuestra irrefutablemente que vivimos en el reino de la desigualdad.

Hasta aquí no caben las etiquetas: ni keynesiano ni marxista. Sólo científico social. Llamarlo marxista o keynesiano por su apabullante demostración de la desigualdad social no es certero ni pertinente. Pero Thomas Piketty dice algo más. Propone un remedio para situación tan injusta, tan dolorosa, tan potencialmente peligrosa y sangrienta. La historia de la humanidad está llena de ejemplos de rebeliones, revueltas y revoluciones populares como fruto de una desigualdad insoportable. Digamos que, como se dice popularmente, Piketty propone no estar jalándole más los bigotes al tigre.

Esa solución que propone consiste en el establecimiento de un impuesto universal a la riqueza y a las herencias. Y por esto tampoco cabe llamarlo keynesiano o marxista. A John Maynard Keynes no le preocupaba la desigualdad, sino el mantenimiento de la actividad económica para paliar el desempleo, fruto del estancamiento de la producción en la fase descendente del ciclo económico.

Y por esto tampoco procede llamarlo marxista. Porque los marxistas proponen la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, origen real de la desigualdad a lo largo de milenios. Abolir la propiedad privada de los medios de producción significa abolir las desigualdades. Al menos las desigualdades mayores y más potencialmente peligrosas. Platón decía que el hombre más rico sólo podría poseer cinco veces más que el individuo más pobre. Una desigualdad, digamos, razonable.

¿Pero cabe, entonces, adherirle una etiqueta a Piketty? ¿Le quedaría bien la de utopista? ¿O tal vez la de socialdemócrata? ¿Un moderno reformista? ¿Un nuevo edulcorador del capitalismo? ¿Un contrarrevolucionario? En todo caso, y sin duda alguna, una de esas personas inteligentes, cultas y sabias que piensan, contra toda evidencia histórica, que por las vías fiscal y reformista se pueden atemperar los rasgos más injustos, perversos y abominables del capitalismo. La desigualdad entre ellos.

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Ucrania y la situación geomilitar global según la geopolítica rusa

Mér, 25/03/2015 - 22:33
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

En el quinto Congreso Internacional de Vanguardia Científica, patrocinado por la UAM y celebrado en Toluca (http://goo.gl/EZGSNy), Konstantin Sivkov –doctor en ciencias militares y presidente de la Academia de Asuntos Geopolíticos de Rusia– presentó la trascendental ponencia Ucrania y la situación geomilitar global: ¿la advertencia de Gorbachov de una posible guerra nuclear mundial es realista?

El geoestratega ruso colocó en primer plano la factibilidad de una tercera guerra mundial termonuclear, como lo ha advertido Gorbachov (http://goo.gl/zNyPjA).

En una entrevista exclusiva con Ciro Pérez, de La Jornada, Konstantin Sivkov comentó que el potencial nuclear ruso es un “obs­táculo para el dominio global de Estados Unidos (http://goo.gl/5GLGp4)”.

En su ponencia en el congreso, Konstantin Sivkov consideró que existe un choque entre la unipolaridad anglosajona que excluye al restante multipolar, mientras el eje Estados Unidos/Gran Bretaña (GB) que comanda a la OTAN jala a la Unión Europea (UE), que ya se dio cuenta de la trampa en la que se encuentra. De esta fractura global nacen todos los conflictos militares, bajo cubierta religiosa, política y económica.

Hoy tres civilizaciones no occidentales se oponen a la unipolaridad anglosajona: Grupo de Shanghai, BRICS y la Unión Euroasiática de la triada Rusia/Bielorrusia/Kazajstán.

El objetivo anglosajón es aniquilar a Rusia, una superpotencia nuclear que abastece militarmente a los BRICS, que serían así destruidos. Sin contar que el armamento convencional (no nuclear) es de por sí ominoso, Estados Unidos y Rusia poseen cada uno más de 2 mil ojivas nucleares, suficientes para convertir al planeta en un desierto.

Una cosa es el equilibrio militar global y otra es el balance regional cuando el eje anglosajón ejecuta los axiomas del geopolitólogo británico sir Halford McKinder contra Rusia mediante el asa Anaconda (http://goo.gl/RdPQqK).

La ofensiva anglosajona se extiende hoy a Ucrania, Siria y la región yihadista islámica, lo cual intensifica la inestabilidad global y ha creado un eje entre el régimen de Kiev y el yihadismo.

Konstantin Sivkov enuncia que detrás del yihadismo y Al Qaeda se encuentran los servicios de espionaje de Estados Unidos y la UE, pero matiza que Arabia Saudita y Qatar colisionan por la hegemonía del fundamentalismo islámico.

Define las áreas vulnerables de Rusia: el Ártico, Ucrania, China, Asia Central, Bielorrusia, los estados neutrales (sic) europeos y el océano Pacífico.

Hoy Ucrania es el sitio de la guerra suave (soft war) del eje anglosajón contra Rusia, mientras que las repúblicas separatistas ucranias de Donetsk y Luganks constituyen la línea de defensa de Rusia.

Sentencia que Occidente perdió en Ucrania, pero que pese a ello el régimen pro occidental de Kiev pretende seguir un conflicto que va a perder, por lo que el acuerdo de Minsk 2 es sólo una transición.

Cuando salga derrotada una de las dos partes –Estados Unidos o Rusia–empleará su arsenal nuclear.

Juzga que el ejército de China –que posee vastos intereses en Ucrania–no tiene el alcance militar de Rusia ni de Estados Unidos.

La escalada comporta dos escenarios: 1) una guerra nuclear limitada, donde la UE sería la perdedora, y 2) una solución negociada entre Estados Unidos y Rusia. Juzga que en cualquier escenario Estados Unidos ya perdió.

Dicho sea con humildad, alabó mi ponencia en Moscú del otoño pasado: comentó que mi modelo coincidía mucho con el de los geoestrategas rusos. Aludió al plan Polonia para el reparto de Ucrania con Rusia, en el que Varsovia se queda con la parte noroccidental y Moscú con la parte suroriental que le concede el control del mar Negro con el eje mar Azov/Crimea, el relevante puerto de Odesa y la región de Transnistria (http://goo.gl/AEQMlp).

A su juicio, Ucrania como país unitario no es viable desde el punto de vista económico sin la región suroriental donde yace el importante granero Chernozem y su infraestructura de alta tecnología industrial (aeronáutica, armamento y óptimos centros educativos).

Llama la atención que Konstantin Sivkov haya dado a conocer el plan Polonia del reparto de Ucrania, que divulgó el anterior ministro de Relaciones Exteriores polaco Radek Sikorski, quien confesó al israelí radicado en Londres Ben Judah –quien parece un vulgar propagandista de la amazona Vicky Nuland, asistente del Departamento de Estado para Eurasia–, en un artículo para Politico Magazine, que el “presidente ruso Vladimir Putin tentó (¡supersic!) presuntamente a Polonia para invadir Ucrania con el objetivo de dividir al país en 2013 (http://goo.gl/r1UnGL)”.

A mi juicio, Polonia anda jugando con fuego a su cuenta y riesgo al haberse colocado como punta de lanza del proyecto irredentista de Estados Unidos, más que de la UE, a grado tal que el portal texano-israelí Stratfor la propulsa como la alucinante nueva potencia europea que sustituiría tanto a Alemania como a Rusia (http://goo.gl/iQsHDx).

Jeremy Bender, de Business Insider (http://goo.gl/iIoXBM), aduce que la presunta propuesta rusa para repartirse Ucrania con Polonia es reminiscente de la propia división de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial, cuando “la Alemania nazi y la URSS condujeron una serie de divisiones que fracturaron a Polonia, Rumania, Finlandia y los países bálticos entre los dos países bajo el pacto secreto Molotov-Ribbentrop, que sobredimensiona Zbigniew Brzezinski –ex asesor de Seguridad Nacional del ex presidente Carter y hoy íntimo de Obama–, en su conferencia de noviembre pasado en el CSIS: “Formulando un nuevo abordaje de política exterior con Rusia (http://goo.gl/2NZLDA)”.

Todo eso era antes del “game changer” (punto de inflexión) en Debáltsevo, donde fue humillado el ejército de Ucrania por los separatistas rusófilos de Donetsk y Luganks.

A propósito, Zbigniew Brzezinski diluyó su embriagante vino bélico durante el reciente Foro Bruselas del German Marshall Fund’s, en el que comentó que Rusia está comprometida a construir el imperio, algunos creen que eso es posible, aún más que posible. Pero su debilidad interna y sus problemas económicos no se lo permiten, por lo que necesitamos buscar un balance entre políticas que ofrezcamos en Rusia y al mismo tiempo convencerle que la intersección de una línea particular es demasiado cara por su costo (http://goo.gl/9HG2E2). ¿Cuál será esa línea particular?

El connotado rusófobo de origen polaco-canadiense y hoy estadunidense Zbigniew Brzezinski reconoce que Rusia es una gran potencia (¡supersic!), por lo que tiene alcances en los amplios cambios de la situación geopolítica, de manera que puede implementar su política con Ucrania evitando una confrontación, pero que puede llevar al colapso de la economía de Ucrania.

Zbigniew Brzezinski expresó serias preocupaciones por la alerta de las fuerzas armadas rusas para librar una guerra amplia (http://goo.gl/zDMXWA). Ahora se entiende por qué se esfumo Vladimir Putin 10 días en el mar de Barents.

En una cena privada en Toluca con Konstantin Sivkov, le pregunté a qué equivalía el triunfo de Debáltsevo (http://goo.gl/a7LBmC) y me contestó sin titubear que era un nuevo Stalingrado.

Para los geoestrategas rusos, la tripleta EU/OTAN/UE perdió su guerra en Ucrania.

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Los desequilibrios mundiales cambian de epicentro

Mér, 25/03/2015 - 12:43
Alejandro Nadal, La Jornada

La economía mundial envía mensajes todos los días. ¿Qué está tratando de decirnos? Qué tal una pregunta provocadora: ¿nos estará diciendo que debemos imponer sanciones a Alemania por su desempeño económico?

La crisis global está por iniciar su séptimo año de vida. Los problemas en Europa no se resuelven. De hecho, ahora se combinan de manera peligrosa con los síntomas de una recesión prolongada en China para indicar que quizás ya entramos en un largo periodo de estancamiento a nivel mundial. La recuperación en Estados Unidos, de la que tanto se habla, está marcada por nubarrones y por un desorbitado incremento en las utilidades de los bancos sin que aumente la actividad crediticia hacia el resto de la economía. Decididamente los motores de la economía mundial no atraviesan su mejor momento.

La economía europea persiste como uno de los focos rojos más importantes. Las tribulaciones por las que atraviesan varios países europeos todavía se acompañan de rumores inquietantes sobre el futuro de la unión monetaria. Las negociaciones entre Bruselas y el eurogrupo, por un lado, y el gobierno de Syriza, por el otro, han exacerbado la tensión sobre la moneda europea. Al mismo tiempo han distraído la atención sobre uno de los problemas más serios en Europa. Los desequilibrios económicos entre países con fuerte superávit y los que mantienen un déficit crónico en sus cuentas externas son en este momento una de las más poderosas amenazas pare el proyecto de la unión europea.

En los últimos 20 años se habló mucho sobre las vertiginosas tasas de crecimiento de China y su prodigioso desempeño exportador. De todos conocido es el hecho de que el superávit en la cuenta corriente para el gigante asiático pasó de 2 a más de 8 por ciento de PIB entre 2001 y 2007, el año en que se dejan sentir los primeros efectos de la crisis en el mercado hipotecario estadunidense. En 2008 ese superávit rebasó 10 por ciento del PIB y subsecuentemente comenzó a reducirse gradualmente a medida que comenzó la contracción del mercado mundial (los datos son del Fondo Monetario Internacional). En 2014 el superávit chino apenas rebasó 2 por ciento del PIB.

Ahora el motor exportador chino se ha visto rebasado por la economía de Alemania. En este país el superávit externo (balanza de cuenta corriente) ya representaba 5 por ciento del PIB en 2006. Para 2008 ese indicador superaba 7.4 por ciento del PIB y, como era de esperarse, se redujo los dos años siguientes debido a la crisis. Sin embargo, las exportaciones pasaron a recuperarse rápidamente y el superávit alcanza hoy 7.5 por ciento del PIB.

Si se analizan estos indicadores en términos absolutos se observa que el superávit en la cuenta corriente de China pasa de 420 a 225 mil millones de dólares (mmdd) entre 2008 y 2014. Visto desde este punto de vista parece que la reducción de dicho superávit no es tan importante. Sin embargo, en estos últimos cuatro años el desempeño exportador de la eurozona llevó el saldo de la cuenta corriente de un déficit de 96 mmdd a un espectacular superávit de 392 mmdd. Se anticipa que este año el superávit de la eurozona rebasará el pico histórico que alcanzó el saldo de la cuenta corriente de la economía china en 2008 (más de 400 mmdd).

Una parte dominante de ese superávit en la cuenta corriente de la eurozona (cerca de 68 por ciento) corresponde a la economía alemana. Lo que eso significa no es solamente que los desequilibrios internacionales se mantienen, sino que al interior de Europa se han agravado. El mejor indicador de lo anterior es que el superávit de Alemania se ha incrementado, pasando de 225 a 285 mmdd en los últimos seis años.

Es evidente que la crisis en la eurozona no ha conducido a un requilibrio de sus economías, ni a una situación más armónica. Hasta las autoridades en Bruselas, de las que tanto hablamos en el contexto de las negociaciones con el gobierno de Syriza, se encuentran en un dilema frente a este auge exportador de Alemania. El procedimiento de desequilibrios macroeconómicos de la Unión Europea establece un límite de 6 por ciento para el superávit de cuenta corriente y Alemania lo viene rebasando desde hace tres años.

El Departamento del Tesoro estadunidense ha señalado el comportamiento alemán como un factor desestabilizador para la economía mundial. Y las autoridades en Bruselas, comenzando con Jean-Claude Juncker, sufren un dolor de cabeza. En voz baja para evitar el escándalo político en Alemania, han tenido que advertir que de no reducirse el superávit externo tendrían que imponer ¡sanciones económicas a Berlín! Después de todo es Alemania el país que más promovió la candidatura de Juncker como presidente de la Comisión.

La jaqueca de Juncker puede agravarse. Por más que la señora Merkel guste de vanagloriarse de la ‘competitividad’ alemana, lo cierto es que la represión salarial y ahora la depreciación del euro frente al dólar son los factores clave del desequilibrio. No hay que olvidarlo: tarde o temprano los desequilibrios pasarán a cobrar la cuenta.

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El neoliberalismo y su negación del cambio climático

Mar, 24/03/2015 - 13:38
Vicenç Navarro, Attac

Uno de los acontecimientos que están afectando más notablemente el bienestar de las poblaciones hoy en el mundo es el cambio climático, una situación que ha sido creada por intervención humana. La evidencia científica de que esto es así es abrumadora, lo cual no es obstáculo para que las fuerzas neoliberales —muchas de ellas son las mismas que niegan que la Gran Recesión ha sido causada por la imposición de sus políticas económicas neoliberales— nieguen que estamos en medio de un cambio climático y/o que este haya sido resultado de la acción humana en su búsqueda sin límites de la optimización de los intereses económicos y financieros de las grandes empresas transnacionales a nivel mundial.

Una de estas fuerzas políticas es el Partido Libertario de EEUU, hoy muy influyente en el movimiento de ultraderecha estadounidense, el Tea Party, a su vez muy exitoso en la configuración de muchas de las políticas públicas más retrógradas del Partido Republicano de aquel país, partido que controla hoy el Senado y la Cámara Baja del Gobierno Federal de EEUU. Su negativismo y completa impermeabilidad a la evidencia científica está alcanzando niveles altamente preocupantes. Y debido a las grandes cajas de resonancia que le ofrecen los mayores medios de información controlados o próximos a aquellos intereses económicos y financieros transnacionales, esta visión se está extendiendo en EEUU. Uno de los casos más conocidos es Florida, uno de los Estados donde hay mayor influencia de la cultura hispánica debido en gran parte a la comunidad cubana procedente del exilio.

En la parte sur de Florida el nivel del mar crecerá en las próximas décadas 0.6 metros, creando grandes inundaciones, con un coste que se calcula puede alcanzar miles de millones de dólares. Miami es una de las ciudades más afectadas en esta nueva situación. A pesar de ello, la respuesta del Partido Republicano gobernante en ese Estado ha sido no solo ignorar este peligro, sino también negar un cambio climático. Según el Florida Center for Investigative Reporting, el gobernador republicano Rick Scott ha desalentado a los empleados del Departamento de Protección Ambiental de su gobierno que utilicen en los informes expresiones como “cambio climático” o “global warming” (calentamiento global), pues las consideran alarmistas. El que fue jefe de la Oficina Legal de tal departamento en un gobierno anterior, el Sr. Christopher Byrd, ha denunciado esta censura, que se está generalizando en otros Estados también. El Estado de Carolina del Norte, con dominio conservador neoliberal de su cámara legislativa (muy influenciada por intereses inmobiliarios) ha pasado una ley que prohíbe que se haga referencia en cualquier documento oficial del Estado al aumento del nivel del mar en las zonas costeras, y ello a pesar de que una Comisión sobre Recursos en las Zonas Costeras (perteneciente al propio Estado) ha predicho un aumento de 1 metro (para el final de este siglo) en tales zonas.

El fanatismo de los negacionistasY este negativismo ha alcanzado unos niveles de carácter casi religioso. Existe una campaña, liderada por el movimiento libertario y su Tea Party, de que los Estados pasen leyes que prohíban referencias en los libros de texto de las escuelas al cambio climático y al impacto que las actividades humanas tienen en tal cambio. El Estado de Carolina del Sur ha aprobado una norma en este sentido. En otros Estados, como en Kentucky y en Virginia del Norte, los gobernadores intentaron aplicar normas semejantes, que tuvieron que retirar como consecuencia de una protesta popular generalizada (ver Zoe Carpenter “Conservatives Have a Plan for Climate Change: Pretend it Doesn’t Exist”, The Nation).

Es interesante señalar que en muchos de estos Estados ha habido movilizaciones populares de protesta frente a este negativismo y pasividad de las autoridades públicas frente al impacto negativo del cambio climático, exigiéndole que tomen medidas para prevenir o disminuir el daño, cosa que ha puesto a la defensiva a tales fuerzas reaccionarias, que han tenido que adoptar unas posturas menos negativistas y más escépticas, señalando que “la evidencia científica existente no es todavía concluyente”, frase utilizada por la dirección del Partido Republicano en el Congreso y en el Senado de EEUU. Tanto el dirigente republicano en el Senado Mitch McConnell, como el dirigente en la Cámara Baja John Boehner, han cambiado su discurso pasando de una oposición con negativa frontal a un escepticismo más elaborado, sin cambiar, sin embargo, su oposición a las propuestas legislativas que podrían disminuir el daño causado por tal efecto.

En España, incluyendo en Catalunya, nos encontramos con una situación que, aun cuando es distinta a la de EEUU, tiene, sin embargo, elementos comunes. Los mismos portavoces neoliberales que tienen gran prominencia en los fórums económicos de los medios privados y públicos de información y persuasión, como TV3 y Catalunya Ràdio, se han opuesto a las tesis ambientalistas de cambio climático, negando que, incluso en caso de que tal cambio existiera, este habría sido causado por intervenciones humanas, rechazando que las grandes empresas petrolíferas, por ejemplo, entre otras, hayan contribuido al deterioro climático.

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Una guerra de divisas global y generalizada

Lun, 23/03/2015 - 12:37
La guerra de divisas iniciada el año 2010 se ha generalizado en toda la regla, pese a ser una batalla en la que nadie gana. Esto no hace más que confirmar el desorden monetario y la nulidad del sistema financiero internacional generados por políticas macroeconómicas que son débiles e ineficaces. En la actualidad, más de 25 países se encuentran corriendo una escalada devaluatoria y una reducción constante de sus tasas de interés para mejorar la competitividad mediante el hundimiento de su moneda. En esta lucha, Mario Draghi ha tenido un gran éxito al lograr que la moneda única se haya devaluado un 24 por ciento frente al dólar en 12 meses. Esto se conoce como "impulsar la competitividad".

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El banco chino que sepulta Bretton Woods

Dom, 22/03/2015 - 13:33
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Los grandes del planeta –Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia– se pelean el apoyo de China, la cual puede definir el rumbo de las alianzas geoeconómicas globales. Lo militar y las geofinanzas son otro asunto.

El mismo día del anuncio del acuerdo de Minsk-2 (http://goo.gl/MVfqi3), Obama invitó al mandarín Xi a una visita oficial a la Casa Blanca en septiembre.

Por lo pronto, Xi asistirá el 9 de mayo en Moscú al aniversario 70 de la victoria de la Gran Guerra Patriótica, lo cual será reciprocado por el zar Vlady Putin con una visita a China a finales del año para conmemorar el triunfo de la guerra antifascista (http://goo.gl/No8HNb).

Por cierto, durante el relevante quinto Congreso Científico de la Vanguardia Internacional –coordinado por la UAM–, celebrado en el Palacio Legislativo de Toluca, estado de México, en una charla privada con Konstantin Sivkov, presidente de la Academia de Asuntos Geopolíticos de Moscú, le inquirí cuál había sido la razón de la ausencia notable del presidente Putin durante 10 días; me confió que se debió a una misión especial del manejo militar en el mar de Barents (el Ártico ruso).

Tampoco hay que perder de vista las trascendentales cumbres tanto del Grupo de Shanghai como del BRICS en la ciudad rusa de Ufá el próximo julio, lo cual denota un asombroso reacomodo de los realineamientos en medio de la fractura global y su caos concomitante.

A mi juicio, existen tres polos que subsisten como fractales (zonas de orden dentro del caos) que probablemente constituyan el nuevo orden tripolar: Estados Unidos, Rusia y China.

En la hipercomplejidad no-lineal del nuevo orden multipolar, dentro de la que destaca la tripolaridad citada, se generan en forma simultánea fuerzas centrípetas y centrífugas, desde el punto de vista multidimensional.

Un grave error de juicio sería sucumbir al reduccionismo simplista unidimensional: sea financierista, sea economicista, sea militarista, sea tecnicista.

Será la suma y resta de todos los vectores de la multidimensionalidad los que definirán los ascensos y declives del nuevo orden multipolar/tripolar cuando los intercambios y/o interrupciones se gestan en sus respectivos niveles (multilayered): a veces verticales y otras horizontales, y hasta diagonales.

La estructura multidimensional de la multipolaridad/tripolaridad será, o ya es, más geométrica, de corte holístico, que aritmética.

En este realineamiento global destaca la asombrosa adhesión de Gran Bretaña (GB) –apodada la pérfida Albión por defender más sus intereses que sus principios– al flamante Banco de Inversiones e Infraestructura de Asia (AIIB, por sus siglas en inglés) encabezado por China con 49 por ciento de las acciones y un capital inicial de 50 mil millones de dólares que rivalizará con el Banco Mundial, con sede en Washington, que lidera EEUU.

Luego de la traición de GB a su supuesto aliado especial estadunidense con su sonora participación al AIIB –que invertirá 8 billones de dólares en los próximos 10 años– otras tres principales economías de la UE –Alemania, Francia e Italia– se sumaron al banco encabezado por China, al unísono de dos paraísos fiscales financieristas: Suiza y Luxemburgo.

Hasta el tóxico neoliberal israelí-británico, Gideon Rachman, muy cercano a los banqueros Rothschild y a su presunto hombre de paja George Soros, alabó en forma ditirámbica la adhesión de GB y despotricó contra EU que se volverá “más aislado y petulante (http://goo.gl/yYBxQl)”.

La relevante adhesión del núcleo geoeconómico europeo al AIIB coloca un clavo más en el féretro de los organismos internacionales creados en Bretton Woods hace 71 años.

A los pocos días de la estampida europea por el seductor renminbi (divisa china), Henry Kissinger, a sus 91 años, visitó con urgencia al mandarín Xi, quizá para palpar el pulso de los políticos chinos, de quienes conoce bien la mentalidad desde el histórico viaje de Nixon en 1972 (http://goo.gl/JzMTKS).

China se posiciona como líder del trascendental banco AIIB y hasta se da el lujo, mediante su máxima agencia calificadora Dagong, de otorgar una elevada tasa de inversiones A- al exorcizado banco ruso Gazprombank (http://goo.gl/cZVw3t), lo cual colisiona con las facciosas cuan descalificadas calificadoras anglosajonas –S&P, Moody’s y Fitch– y encapsula las sanciones económicas y financieras de “Occidente (whatever that means)”.

Como se dice en inglés, el AIIB constituye un genuino game changer, algo así como un punto de inflexión muy significativo en la geoeconomía global, lo cual no se le escapa al editorial chino de Global Times que lo considera como la “encarnación de nuevas relaciones mayores de poder (http://goo.gl/kalZO0)”. Se trata también de un enorme triunfo de la diplomacia china, lo cual festeja el rotativo oficial chino People’s Daily (http://goo.gl/pSfPlC) cuando el AIIB ha superado la resistencia de EU y demuestra que Washington carece de la habilidad para contener el ascenso de China. Bajo la directriz milenaria de la geoestrategia de Sun Tzu del siglo V aC y en el más puro sarcasmo sutil del pragmatismo chino, Global Times, en medio de su apoteosis geoeconómica, invita en forma magnánima a EU a formar parte de su banco en lugar de que lo combata con una mentalidad geopolítica. China no busca la confrontación con Estados Unidos y mantiene los canales abiertos, por lo que Global Times admite que las ventajas de EU radican primordialmente en su poder militar y su poder retórico (léase: sus desinformativos multimedia).

Aduce que tanto el sistema de guerra convencional como los inmensos arsenales nucleares de Estados Unidos le infunden una “estratégica persuasión (nota: el ominoso deterrence o disuasión mediante el terror) a escala global”.

En cuanto a su poder retórico, los multimedia de Estados Unidos tienen la habilidad de infiltrar (¡supersic!) los valores y conceptos en el mundo y constituyen un medio para mantener la influencia de los valores estadounidenses. ¿Hasta cuando?

A juicio del Global Times, el problema con EEUU es que no se puede discutir con ellos a escala política por lo que no solamente la sociedad estadounidense se considera como el líder global sino que EU también se ha desacostumbrado a cualquier desafío en los principales sectores.

El rotativo chino juzga que, pese a todo, EEUU no puede prevenir la diversidad y la innovación que emerge en otras partes del mundo y sustenta que intentar liberarse del dominio de EEUU o superarle no significa un escenario de confrontación.

El editorial considera que algún tipo de competencia le hará sentirse incómodo y la definirá como un desafío. Eso se llama paranoia política.

El AIIB resquebraja la contención de EU, lo cual significa que no puede resistir todo lo que le disgusta, cuando es bienvenido por la mayor parte de otros países, tomando en cuenta que dicho banco no desafía el poder militar de EU y que sus multimedia tampoco podrán seguir injuriando por mucho tiempo.

¿Estará madura la mentalidad intoxicada cuan infatuada de EEUU para admitir su declive global, sin recurrir a una tercera guerra mundial, que sería nuclear y que tampoco ganaría?

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El caos sistémico se instala en Sudamérica

Sáb, 21/03/2015 - 07:00
Raúl Zibechi, La Jornada

Propongo entender la coyuntura por la que atraviesa Sudamérica como el ingreso de la región en la situación de caos sistémico que atraviesa el mundo. Postulo que las manifestaciones del pasado fin de semana en algunas grandes ciudades de Brasil y el acoso interno y externo que sufre el gobierno de Venezuela encarnan un salto cualitativo en esa dirección, en la que se despliegan cuatro grandes fuerzas cuyas fricciones y choques conforman una situación de creciente caos.

La primera frase del informe Tendencias globales hacia 2030, emitido por el Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos en 2012, destaca que en 2030 el mundo habrá sufrido cambios radicales y que ningún país ostentará la hegemonía global. El quinto informe de la agencia concluye que el poder se ha desplazado hacia el este y el sur y que el espacio económico y estratégico asiático habrá superado al de Europa y Estados Unidos juntos. Estamos en plena transición hacia ese mundo.

Con base en esa previsión, las élites estadunidenses se aferran al análisis de su principal geoestratega, Nicholas Spykman. Más de la mitad de su obra America’s strategy in world politics, publicada en 1942, está dedicada al papel que debe jugar la potencia en América Latina, y en particular, en Sudamérica. Como bien lo recuerda el cientista político brasileño José Luis Fiori, la clave es la separación de una América Latina mediterránea del resto, que incluye México, Centroamérica, el Caribe, Colombia y Venezuela, como una zona donde la supremacía de Estados Unidos no puede ser cuestionada, un mar cerrado cuyas llaves pertenecen a Washington.

El resto de Sudamérica, los países fuera de la zona de su inmediata hegemonía, tienen un trato sólo parcialmente diferente. Spykman plantea que si los grandes estados del sur (Argentina, Brasil y Chile) se unieran para contrabalancear la hegemonía estadunidense, se les debe responder mediante la guerra. Fiori se lamenta de que los países de la región, y particularmente Brasil, no tengan esto tan claro como la superpotencia ( Valor, 29/1/14). La hegemonía estadunidense, en ambas zonas, está siendo socavada por tres fuerzas: China, los gobiernos progresistas y los movimientos populares. En conjunto, tenemos cuatro fuerzas en disputa cuya colisión definirá el escenario latinoamericano por largo tiempo. De algún modo, representan los papeles que tuvieron españoles (y portugueses), ingleses, criollos y sectores populares durante las independencias.

La primera de esas fuerzas, Estados Unidos, cuenta con poder militar, económico y diplomático, además de aliados poderosos, como para desestabilizar a quienes se le opongan. Ciertamente, ya no tiene un poder casi absoluto como el que le permitió encadenar golpes de Estado para disciplinar la región a su antojo en los años 60 y 70.

La segunda fuerza, China, está desplegando básicamente poder económico y financiero. Ha realizado fuertes inversiones en Venezuela, Argentina y Ecuador, mantiene relaciones importantes con Brasil y Cuba, y adelanta proyectos arriesgados (para Estados Unidos) como el canal de Nicaragua, que competirá con el de Panamá. El primer Foro China-CELAC, celebrado en enero en Pekín, es una muestra del avance de las relaciones chinas con América Latina y anuncia que este proceso no se va a detener.

La tercera fuerza, los gobiernos progresistas, es la más vacilante y contradictoria. Por un lado, se apoyan en los países emergentes, sobre todo China, y en menor medida Rusia. Por otro lado, se apoyan en el modelo extractivo, que implica alianza con China (y otros), pero, sobre todo, es un modo de acumulación que fortalece a las derechas y a las burguesías, así como el modelo industrial fortalecía a trabajadores, sindicatos y partidos de izquierda.

El rentismo petrolero venezolano necesita de intermediarios separados de los trabajadores, sean gestores, administradores o militares. Brasil es un buen ejemplo. El extractivismo minero/soyero/inmobiliario debilita a los movimientos, le da más poder y fuerza a las multinacionales y a los especu­ladores urbanos, a tal punto que sus más conspicuos representantes están en el gabinete de Dilma Rousseff. Continuar con el modelo extractivo es un suicidio político. Polariza a la sociedad y aleja a los sectores populares de las izquierdas. No genera corrupción: es corrupción, porque se basa en el despojo de campesinos y pobres urbanos.

Para la cuarta fuerza, los sectores populares organizados que son el eje de este análisis, el extractivismo/acumulación por despojo/cuarta guerra mundial es una agresión permanente a sus modos de vida y sobrevivencia. La gran novedad de los dos últimos años es que progresivamente se están autonomizando de los gobiernos progresistas, en gran medida a consecuencia del modelo imperante, que los condena a ser dependientes de las políticas sociales, afectando su dignidad.

Esas políticas están perdiendo su capacidad de disciplinar, como quedó demostrado en Brasil en junio de 2013 y cada vez más en toda la región. Los nuevos-nuevos movimientos que están emergiendo, sumados a los viejos movimientos que han sido capaces de reinventarse para seguir en la pelea, están reconfigurando el mapa de las luchas sociales.

Si los gobiernos progresistas persisten en su alianza con los emergentes y con franjas de las burguesías de cada país, seguirán ensanchando la brecha que los separa de los sectores populares organizados. Los movimientos de los de abajo son la única fuerza capaz de derrotar el actual ascenso de las derechas y la injerencia estadunidense.

Así como el ciclo de luchas de finales de los 90 y comienzos de 2000 deslegitimó el modelo neoliberal, sólo un nuevo ciclo de luchas puede volver a modificar la relación de fuerzas en la región. Como demuestra el caso de Brasil luego de junio de 2013, los gobiernos progresistas se muestran temerosos de los movimientos autónomos y prefieren tejer alianzas con los poderes conservadores.

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Grecia y lo que no se dice de su gasto militar

Ven, 20/03/2015 - 22:00
Mientras Grecia ha sido forzada a aplicar recortes masivos en los salarios, las pensiones y el gasto público, las presiones de la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo para que no retarde sus pagos a los proveedores de armamentos, está conduciendo al país a un empobrecimiento sistemático. Grecia es el país que más gasta en armas en Europa y durante décadas su gasto militar fue el segundo más alto de la OTAN (solo detrás de Estados Unidos). Desde la crisis que estalló en 2008 el presupuesto en defensa se ha reducido de los 7.500 millones de euros de 2009, a 5.500 millones de euros en 2014, cuando la relación gasto militar/PIB se redujo al 2,3 por ciento (ver gráfica) y Grecia, por primera vez, ocupó el tercer lugar en gasto militar tras Estados Unidos y el Reino Unido.

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Ibn Jaldún y la democracia desde abajo

Xov, 19/03/2015 - 14:52
Antoni Aguiló, El Diario

¿Por qué Bin Laden resulta un nombre tan popular en Occidente mientras que los nombres y contribuciones de figuras clave del mundo árabe apenas se conocen? ¿Por qué los cánones académicos dominantes marginan a sociólogos como Ibn Jaldún, de cuya muerte se cumplen estos días 609 años? ¿Qué aportaciones hizo para construir democracias desde abajo más allá de los lenguajes y narrativas políticas occidentales?

A pesar de la distancia histórica y cultural que nos separa de Ibn Jaldún, su pensamiento merece ser rescatado y resignificado no sólo con el propósito de reivindicar su papel en el desarrollo inicial de la sociología, la historia y la economía en Occidente, sino para ponerlo al servicio de las luchas por la diversidad democrática en un contexto que a escala global busca homogenizar la democracia y neutralizar aquellas manifestaciones que no se ajustan a las pautas de la ortodoxia política liberal. En este sentido, las ideas políticas de Ibn Jaldún siguen siendo una herramienta útil para desarrollar perspectivas inscritas en el horizonte de una nueva cultura política regida por la “demodiversidad” de la que hablan Boaventura de Sousa y Leonardo Avritzer: “La coexistencia pacífica o conflictiva de diferentes modelos y prácticas democráticas”.

Reconstruir la democracia sobre la base de la demodiversidad es uno de los desafíos éticos y políticos más urgentes de nuestro tiempo. En las últimas décadas el proyecto neoliberal ha generado un empobrecimiento democrático basado en la hegemonía mundial de una democracia representativa, partidocrática, mercantilizada, patriarcal, vacía de contenido y saturada de corrupción, fuera de la cual, sostienen los interesados en su predominio, sólo existen el populismo y la ingobernabilidad. Frente a este reduccionismo, el fortalecimiento social e institucional de la demodiversidad implicaría varios aspectos, como la ampliación de nuestros marcos conceptuales para incorporar diversas formas, lenguajes y experiencias democráticas; la apertura de nuestros criterios normativos a múltiples historias y tradiciones de pensamiento democrático marginadas e invisibilizadas; y el combate del eurocentrismo en las ciencias sociales y humanas, expresado en discursos de inspiración colonial (a lo Fukuyama sobre el “fin de la historia”), que presentan la democracia como un valor exclusivo y originario de Occidente.

La asabiya documentada en el siglo XIV por Ibn Jaldún en referencia a las poblaciones nómadas del Magreb constituye el núcleo de su aportación al enriquecimiento de las formas democráticas de participación. Aunque no hay una traducción literal del término, designa una práctica sociocultural de acción colectiva y solidaria ejercida en el marco de las actividades de la comunidad, por lo que desde categorías occidentales se ha interpretado como solidaridad grupal, espíritu comunitario o cohesión social basada en la consanguinidad y el parentesco. Para Ibn Jaldún, los pueblos organizados política y socialmente en estructuras tribales demuestran una práctica más auténtica de la asabiya. Aunque no todos la desarrollan necesariamente ni en la misma medida, como escribe en la Muqaddimah: “Mediante la solidaridad de la asabiya los seres humanos logran su defensa, su resistencia, sus reclamaciones y la realización de todo proyecto en pro del cual encauza sus fuerzas unidas”. Así, en cuanto fuerza que impulsa y cohesiona una comunidad política, se establece un lazo indisoluble entre la asabiya y el ejercicio de la soberanía popular como construcción colectiva de la autonomía.

Aunque la asabiya alude al espíritu comunitario que Ibn Jaldún detecta en las poblaciones beduinas del desierto, se trata de un concepto que va más allá de sus expresiones locales de política y comunidad capaz de contribuir a la ampliación del reducido canon democrático construido en torno a la democracia liberal. El propio Ibn Jaldún advierte que no constituye una particularidad exclusivamente nómada ni basada sólo en lazos de sangre: “El verdadero parentesco consiste en esa unión de los corazones que hace valer los lazos sanguíneos y que impele a los seres humanos a la solidaridad; exceptuada esa virtud, el parentesco no es más que una cosa prescindible, un valor imaginario, carente de realidad”. Así, una causa social o política que suma esfuerzos y voluntades puede activar el potencial de la asabiya para construir alianzas independientemente de las relaciones de consanguinidad.

Resignificar la democracia desde la asabiya permite visibilizar racionalidades y prácticas políticas que apuestan por el significado radical de la democracia como poder popular. En efecto, la teoría democrática convencional concibe la democracia como un sistema de gobierno en el que la mayoría elige a sus representantes, a quienes les es conferido el poder del pueblo. Aunque reconoce que el pueblo es el titular legítimo del poder, este se ejerce de manera elitista y sin el pueblo. Por el contrario, la asabiya permite profundizar y extender el ejercicio de la democracia radical dando cuenta de la infinita diversidad y complejidad de formas de articulación del poder comunitario: el movimiento de mujeres kurdas en Kobane, organizadas solidariamente contra el Estado Islámico; los vecinos de Gamonal, unidos frente al despilfarro del gobierno municipal; las luchas de las travestis de São Paulo (y, en general, de Brasil), que se juegan la vida todos los días combatiendo en la calle el machismo y la violencia policial; el movimiento de víctimas y afectados por la tragedia química de Bhopal, que ha logrado unir a musulmanes e hindúes en lucha contra el Estado indio y la transnacional Dow Chemical, etc.

Ahora que la crisis ha hecho más evidente la farsa que supone la democracia liberal tal y como la conocemos, es tiempo de forjar nuevas asabiyas entre los pueblos y movimientos del Sur global como base de luchas por otras democracias: populares, radicales, comunitarias, directas, etc. El resquebrajamiento de la hegemonía neoliberal y de su partidocracia de mercado posibilita un proceso de apertura democrática con potencial emancipador. No se trata sólo de cuestionar una versión restringida de la democracia que desacredita las alternativas existentes, sino de aprovechar la ventana de oportunidad abierta para crear nuevas posibilidades políticas, nuevas gramáticas que incorporen formas de complementariedad entre las distintas formas de democracia, formas inéditas de relación entre el Estado y la sociedad, experiencias plurales de autogobierno, innovaciones institucionales y hábitos participativos más allá (y a pesar) de la cultura política liberal.

En este contexto, desde los parámetros eurocéntricos de la democracia liberal, la asabiya aparece como un fenómeno local o un residuo folklórico que nada aporta al discurso de la representación, la legitimidad de las urnas y el ejercicio del poder en pocas manos. Sin embargo, para los movimientos y tradiciones de pensamiento político que buscan ejercer el poder desde abajo, es una contribución esencial a los procesos de democratización basados en la radicalidad y la diversidad de la democracia. Hoy más que nunca ha llegado el momento de abrir el candado institucional de la democracia liberal. Por eso, lo más revolucionario que se puede hacer es sumarse al siempre largo y difícil proceso de lucha por otra democracia.

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Cuando se termina el súperciclo petrolero

Mér, 18/03/2015 - 14:22
Alejandro Nadal, La Jornada

Cada vez que un frente frío proveniente del Ártico avanza hacia el sur, mucha gente ve la prueba de que aquello del calentamiento global es un mito. Y algo parecido sucede con el desplome del precio internacional de petróleo. ¿Qué no es eso una prueba fehaciente de que aquello del cénit de la producción petrolera es otro mito?

En efecto, desde hace varios lustros se anuncia la llegada del cénit de la producción de petróleo. El fenómeno fue descrito a partir de una idea sencilla: el desarrollo de un yacimiento de petróleo sigue una curva que al principio es ascendente hasta alcanzar un máximo y después comienza a declinar a medida que la extracción de cada barril se hace más cara y la rentabilidad se anula. Si eso sucede en cualquier yacimiento, también sucederá con la producción mundial. A partir de diversos indicadores muchos análisis consideran que ya se alcanzó desde hace unos años el pico de la producción petrolera mundial.

En la idea ingenua sobre la operación de cualquier mercado, el fenómeno del cénit del petróleo debiera verse acompañado de un incremento de precios del petróleo. Sin embargo, desde el otoño de 2014 la economía mundial es testigo de un desplome del precio del petróleo. ¿No debiéramos estar presenciando al contrario, un aumento sostenido de dicho precio?

Durante el periodo 2011-2014 el precio internacional del crudo se mantuvo relativamente estable en una franja de entre 100 y 118 dólares por barril (para el petróleo tipo Brent, el referente en Europa). Muchos esperaban ver un incremento de precios que llevaría las cotizaciones por arriba de 180 dólares por barril. Pero hoy el precio se ha desplomado por debajo de los 45 dólares y se espera que permanezca en niveles cercanos durante varios meses (sino es que uno o dos años). ¿Qué es lo que está pasando?

El primer factor que es necesario considerar es que la demanda mundial de crudo ha sufrido una fuerte contracción. La economía europea permanece en un trance recesivo y eso se traduce en su débil demanda de petróleo. Las economías en Asia, especialmente Japón, han perdido dinamismo y, el gran motor de la economía china ha dejado de crecer al ritmo vertiginoso que venía mostrando desde los años noventa. De hecho, China ha inaugurado una nueva fase en la que sus tasas de crecimiento no rebasarán 7 por ciento. Aunque para la economía europea ese desempeño se antoja milagroso, para el gigante asiático es una reducción espectacular en el ritmo de expansión si lo comparamos con los últimos tres lustros.

Frente a este panorama sobresale una economía que es presentada sistemáticamente como en plena recuperación: Estados Unidos. Es cierto que su desempeño contrasta con el de la gran mayoría de las economías europeas, pero eso no es un gran signo de buen funcionamiento (sobre todo si tomamos en cuenta que Estados Unidos es una economía en la que las tasas de interés permanecen al nivel más bajo posible).

La otra parte de la historia es que existe un exceso de oferta de petróleo. Pero ¿no contradice esto el tema del cénit de la explotación petrolera? No, porque el exceso de oferta proviene de la producción de fuentes no convencionales: fractura hidráulica y arenas bituminosas (sobe todo en la provincia de Alberta, Canadá). Lo más notable en este sentido es la producción por fractura hidráulica que en Estados Unidos pasó de medio millón de barriles diarios en 2009 a 4 millones en 2014.

El exceso de oferta comenzó a afectar los precios en la segunda mitad de 2014 en buena medida porque la demanda de petróleo en Alemania y en China comenzó a debilitarse. Ante la caída del precio del crudo (de 115 dólares/barril a 80 dólares en unos meses de 2014), la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) decidió no hacer nada para detener el desplome de precios hasta su nivel actual.

Mucho se especula sobre los motivos de Arabia Saudita, principal actor en la OPEP, para mantener su nivel de producción. La razón es evidente: mantener una guerra de precios dirigida, fundamentalmente, en contra de los productores de petróleo por medio de fractura hidráulica de Estados Unidos. Por cierto, nadie pregunta por qué no recortan su producción los operadores estadunidenses. Y la respuesta es sencilla: porque no pueden hacerlo sin afectar su capacidad de pagar las altas cargas financieras que están detrás del auge del fracking.

En otras palabras, la caída en el precio del petróleo está más relacionada con una guerra de precios estándar que con una pretendida abundancia de petróleo. Conclusión: la tesis del cénit del crudo es válida, pero se aplica a la producción de los llamados yacimientos convencionales.

Por cierto, la próxima vez que llegue un agudo frente frío a las latitudes sureñas, recuerde usted que es muy probable que eso esté relacionado con un persistente aumento de temperaturas promedio en el Ártico. Así que si alguno insiste en pensar que no hay tal cosa como el calentamiento global, será bueno decírselo a los osos polares para tranquilizarlos.

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Estados Unidos presiona a Merkel para que Grecia no salga del euro

Mar, 17/03/2015 - 22:50
Aunque antes de la elección del gobierno de Syriza Alemania señalaba que la salida de Grecia del euro no era un problema, lo cierto es que la salida de Grecia del euro no deja de ser una pesadilla para Alemania, Europa..., y Estados Unidos. El nerviosismo se ha apoderado de los mercados y la volatilidad se ha acrecentado. La fuga de capitales y el desmayo bursátil no ha cesado mientras la cotización del euro respecto al yuan, el yen y el dólar se ha hundido. Si bien esto puede ser una "buena noticia" en el actual entorno de guerra de divisas, resulta insuficiente para reactivar la economía europea, una de las más deprimidas del mundo. En el actual entorno de guerra de divisas, el principal perdedor es el dólar de Estados Unidos. Y esta no es la única guerra que está perdiendo Estados Unidos.

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Las preocupaciones de una presidenta

Mar, 17/03/2015 - 13:31
Emir Sader, La Jornada

En el contexto del Foro por la Emancipación y la Igualdad –convocado y extraordinariamente organizado por la Secretaría de Cultura del gobierno de Argentina, dirigida por Ricardo Foster–, Cristina Fernández de Kirchner encontró un momento para recibirnos en la Casa Rosada.

Frente a la siempre renovada emoción de entrar en ese palacio gubernamental, nos encontramos con una reunión que celebraba la presidenta para unos cientos de muchachos, en plena Casa Rosada, después de firmar el aumento de las becas estudiantiles. Se oía, en los patios, su voz explicando el significado del acto que había recién firmado, en el marco de los días y meses tensos que vive el país.

En seguida, vino Cristina directamente a la sala en que escogió recibirnos. Después de saludarnos personalmente, uno a uno, explicó que era la sala de despachos de Evita, desde donde ella dirigió por última vez la palabra al pueblo, sala contigua a otra en la que Perón también dirigió por última vez sus palabras, momento este que Cristina, joven militante, alcanzó a presenciar. La sala de Evita, como suele ocurrir, tenía una vitrina con uno de sus vestidos y otras prendas personales de la gran líder argentina.

Acto seguido Cristina pasó a dirigirnos algunas palabras, que expresaron sus inquietudes, como militante y como presidenta de la República. Empezó precisamente por ubicarse como alguien del mundo de la modernidad, que encuentra dificultades para encontrar las explicaciones que necesitamos en un mundo de la posmodernidad.

Como es su estilo, fue directamente al tema: el momento del más grande viraje en la historia contemporánea, a su juicio, no fue la caída del muro de Berlín, sino la caída de las Torres Gemelas. Dejó claro que obviamente la caída del Muro cerraba el periodo de la modernidad, pero lo que habría introducido la posmodernidad fue la otra caída, la de las Torres Gemelas. Ilustró la dimensión del hecho en nuestras propias vidas de los dos fenómenos significativos. Dijo que se acordaba precisamente dónde y con quién estaba, cómo supo y cómo reaccionó a la caída de las Torres Gemelas. Pero, en comparación, no tenía idea de dónde estaba, con quién, de qué forma supo y cómo reaccionó a la caída del muro de Berlín.

Argumentó que se podría explicar incluso la caída del muro de Berlín con los argumentos de la modernidad –derecha/izquierda, capitalismo/socialismo, etcétera– aunque ello contradijera las expectativas que teníamos en la izquierda sobre esas mismas polarizaciones.

Pero los atentados terroristas que llevaron a la caída de las Torres Gemelas abrían un nuevo periodo, que introdujo las razones religiosas en la consecución de parte importante de los fenómenos que marcan lo que ella llama inicio de la posmodernidad.

Constató como otro elemento de la nueva etapa nuestra incapacidad para dar cuenta de fenómenos importantes de nuestro tiempo, especialmente la naturaleza de ese periodo. Cómo nos están faltando las grandes teorías que no sólo habían explicado los ciclos anteriores, sino que los habían anticipado y proyectado.

De manera audaz, pero no menos pertinente, Cristina dijo que no son los acontecimientos los que generan las ideas, sino que son las ideas las que propician nuevos grandes periodos históricos, apuntando hacia el futuro. La falta de estas teorías en la actualidad nos conduce, de alguna manera, a vuelos ciegos.

Lo que hacía Cristina frente a invitados sentados alrededor de la mesa con ella era preguntarnos –a gente como Noam Chomsky y Leonardo Boff, entre tantos otros–, como angustiosamente pidiendo que la ayudáramos a encontrar las brújulas que anteriormente las grandes interpretaciones teóricas habían sido para la militancia y para los gobernantes que se atrevían a asaltar al cielo.

En la situación privilegiada de una de las cuatro personas escogidas para hablar –las otras fueron Chomsky, Boff y una dirigente del grupo Sein Fein de Irlanda–, yo traté de invitarla a que viniera al foro que se realizaba en Buenos Aires, precisamente para interpelar a los intelectuales ahí presentes. Que si dejados a sí mismos los intelectuales tienden a interrogarse unos a otros, a elaborar teorías sobre teorías, ideas sobre ideas, de espaldas a la realidad concreta, y como es fundamental que los gobernantes que, como ella y otros en América del Sur hoy, se atreven a descifrar el futuro por la vía de gobiernos audaces, interpelen constantemente a los intelectuales, haciéndoles llegar sus preocupaciones, las cuestiones que la práctica de dirección política de nuestras sociedades ponen a los que asumen con coraje esas responsabilidades.

Cristina no pudo venir al foro, pero la misma reunión sirvió para hacernos llegar sus angustiosas preocupaciones, que ella, en sus trajines cotidianos, no tiene posibilidad de dedicar tiempo para su abordaje. Quedó la cuestión para los que tengamos sensibilidad y posibilidad de aportar para atender las preocupaciones de esa presidenta tan singular en su vigor, en su coraje, en su audacia, en su encanto como persona y como dirigente, que Argentina tiene el privilegio de disponer.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Dos mundos cada vez más divorciados

Lun, 16/03/2015 - 23:01
Roberto Savio, Alainet

El mundo se está dividiendo claramente en dos, que caminan cada uno por su cuenta y que podría llamarse la paradoja de Acapulco.

La imagen de Acapulco, en su versión oficial: un encantador enclave turístico de México, con paseos a caballo en las playas, un lugar privilegiado por la naturaleza y enriquecido por hermosas villas, lujosos restaurantes, un lugar para la felicidad y el relajamiento.

En cambio, en la versión de los lugareños es un paraje desgarrado por bandas criminales, con varios muertos diarios, donde los habitantes viven atemorizados e inseguros.

Del mismo modo, en la actualidad hay dos formas de ver la realidad. Una es el enfoque macroeconómico, el de las cifras globales. De acuerdo con este método, Grecia ha estado progresando, así como España, Italia y Portugal.

En esos países los datos macroeconómicos están mejorando. España es citada como ejemplo de un país que tragó la amarga píldora de la austeridad, pero ahora está creciendo a la par de Alemania.

Al hablar con los jóvenes, que encaran un desempleo cercano a 40 por ciento, con los jubilados, o con los que trabajan en los hospitales o en la educación, la imagen es totalmente diferente. Según Cáritas, el número de españoles que viven en la miseria se duplicó en los últimos siete años.

El modelo alternativo es Estados Unidos, que a diferencia de Europa, invierte en el crecimiento y no en la austeridad.

El crecimiento de Estados Unidos es de 2,4 por ciento, frente a un anémico 0,1 por ciento de Europa. Pero tampoco las positivas cifras macro estadounidenses coinciden con la realidad de las personas.

Un ejemplo es el aumento salarial, de 8,9 a 10 dólares por hora, realizado por Walmart, uno de los mayores empleadores de Estados Unidos. Parece una noticia excelente. Sin embargo, 60 por ciento de los empleados de la cadena de tiendas por departamentos no trabajan las horas suficientes como para ganarse la vida. Algunos trabajan dos días por semana y ganan 640 dólares mensuales, lo que les mantiene en la pobreza.

Quizás sea solo una coincidencia, pero la tasa de suicidios en Estados Unidos, que era de 11 por cada 100.000 personas en 2005, siete años más tarde ha subido a 13. Más de 40.000 estadounidenses se quitaron la vida en 2012, más que los muertos en accidentes automovilísticos, según la Asociación Americana de Suicidología.

Pero, si analizamos los datos globales, las cosas se vuelven más claras. Las utilidades del sector financiero promedian ahora más de 20 por ciento, el doble del período que va desde la Segunda Guerra Mundial hasta la década de los 70.

Entretanto, desde 1970 el aumento de la productividad se redujo a menos de la mitad. Esto significa que la economía real ha crecido solo la mitad del sector financiero, que como consecuencia está frenando al resto de la economía.

Un estudio del Banco de Pagos Internacionales muestra que los profesionales destacados están tratando de entrar en el sector financiero, en detrimento de otros sectores de la economía.

Las estadísticas de Europa permiten algunas reflexiones. Estados Unidos tiene 836 multimillonarios, China 213 y Alemania 103. Pero los multimillonarios españoles están en declive, son hoy 21, cinco menos que el año pasado.

Su riqueza combinada es de 116.300 millones de dólares, y las ganancias del último año fueron "solo" 500 millones de dólares, poca cosa frente a los 3.200 millones de dólares ganados por Bill Gates, el hombre más rico del mundo.

Sin embargo, 500 millones de dólares corresponden a 35.714 salarios promedio anual, equivalentes a la población de la ciudad de Teruel, en el centro-oriental español. Mientras, 116.300 millones es el equivalente a 8.307.142 salarios anuales, lo que iguala la población conjunta de las regiones de Andalucía, la mayor del país, y Baleares.

Si observamos la situación desde la microeconomía, se corrobora cómo las dos realidades son divergentes.

El problema es que esos dos mundos, que deberían relacionarse a través de las instituciones políticas, el parlamento y el gobierno, se interconectan solo en casos especiales.

Un ejemplo, también en España, donde para vivir es necesario un permiso de residencia, que se obtiene incluso desde el exterior. Basta comprar dos millones de euros (2,12 millones de dólares) de deuda pública, o invertir un millón de euros (1,06 millones de dólares) en acciones, o comprar una casa de al menos 500.000 euros(530.500 dólares), para convertirse en un residente en ese país.

Desde septiembre de 2013, han adquirido ese derecho 530 extranjeros. Otros países europeos han tomado un camino similar, entre ellos Chipre, Gran Bretaña y Portugal.

Entretanto, decenas de miles de personas que afrontan el Mediterráneo para llegar a Europa, a riesgo de su vida, han vivido una experiencia muy diferente para obtener un permiso de residencia. La aventura desesperada de cruzar el mar se estima que ha causado más de 20.000 muertes.

En Gran Bretaña se discute actualmente sobre una ley de 1914, que excluye a los "nacidos no domiciliados" del pago de impuestos sobre sus ingresos o activos en el exterior. Generalmente, es suficiente para un residente en ese país declarar un domicilio en el extranjero, aunque se trate de un paraíso fiscal, como la isla de Jersey o Suiza, para convertirse en un "non-dom".

Los "non-dom" aumentan rápidamente y se estima que actualmente 130.000 personas tienen ese estatus. Esto es parte de un esfuerzo para reducir los impuestos de las personas ricas a las que se pretende atraer, mediante la creación de lagunas y nuevas regulaciones.

El presidente francés, François Hollande, aprendió a un alto precio lo que puede costar aumentar los impuestos a los ricos. Tuvo que cambiar rápidamente de rumbo, lo mismo que su par estadounidense, Barack Obama. El único líder que todavía habla de impuestos a los ricos es el Papa Francisco.

Un buen ejemplo de la paradoja de Acapulco proviene de Londres. Después de la ira popular que provocaron los sueldos desproporcionados de los banqueros y su responsabilidad durante la crisis recesiva, con recriminaciones públicas del gobierno, la Iglesia de Inglaterra y el Banco de Inglaterra, el reciente anuncio de la mejora de la economía británica, dio vía libre para volver a las andadas.

El banco Barclays está aumentando los sueldos en 40 por ciento y durante este año se espera un incremento salarial de 25 por ciento en todos los bancos londinenses.

Un analista financiero recién egresado de la universidad, puede contar con un salario inicial de 100.000 dólares anuales.

Esto elevará las estadísticas del ingreso promedio, aunque la renta anual del 10 por ciento de los británicos más pobres se mantendrá a nivel de sobrevivencia. Probablemente, ellos tendrán una visión de la recuperación económica muy diversa de la de los banqueros.

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El neoliberalismo hundió a Ucrania

Lun, 16/03/2015 - 17:33
Hedelberto López Blanch, Rebelión

Después de 23 años de políticas neoliberales y extensas privatizaciones, Ucrania padece una de sus peores crisis político-económicas y se halla prácticamente en bancarrota, con amplio déficit en la balanza comercial y altos niveles de endeudamiento a lo que se suman los elevados gastos para sostener la guerra contra las repúblicas independientes de Donetsk y Lugansk.

La guerra civil en la que se ha envuelto el gobierno de Piotr Poroshenko, impulsada por Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea, ha costado la vida a cerca de 6 000 personas. Asimismo, para la economía es un completo desastre al tener que dedicar para ese fin más de 10 millones de dólares diariamente.

Ucrania concluyó el 2014 con una deuda pública que alcanza al 72 % del Producto Interno Bruto (PIB), el salario mínimo se ubica en solo 50 dólares al mes; la inflación llegó al 25 %; la escasez de productos y alimentos se ha generalizado y la moneda (grivna) esta en el mínimo valor de toda su existencia.

La crisis no parece tocar fondo. Según el Banco Central ucraniano durante 2014, el PIB se redujo un 7% mientras la grivna se devaluó un 100% y en los tres primeros meses de este año, un 60%.

De aquella ex República ucraniana integrada a la desaparecida Unión Soviética (URSS) que exhibía un desarrollo científico-industrial moderado, estabilidad laboral, educación, salud, y vivienda asequibles a todos sus pobladores, hoy se presenta con un panorama diferente.

La crisis se inició tras el derrumbe del campo socialista y su proclamada independencia de la URSS en 1990, que provocó un retroceso continuado a lo largo de una década y la caída del PIB en 40%.

En los años 90, las nuevas autoridades optaron por un sistema de libre mercado neoliberal extremo, con amplias privatizaciones y desregulaciones en todos los sectores de la producción y los servicios.

La resistencia generalizada de la población por las extremas medidas tomadas no se hicieron esperar pues mientras unos querían una relación más estrecha con la Unión Europea, otra gran parte de la población se hallaba más identificada, por razones históricas, con Moscú.

Otra gran dificultad es que Kiev depende del suministro de Rusia para cubrir las tres cuartas partes de sus necesidades de gas y petróleo y el 100% del combustible nuclear para sus plantas.

Con los altos precios del acero en el mercado mundial a principios del 2000 y hasta 2007, el país logró un incremento de alrededor del 6% con lo que su PIB pasó de 60.000 millones de dólares a 105.000 millones.

En esos años, China y los países occidentales demandaban ese producto para las construcciones pero al ocurrir la crisis capitalista que se inició por Estados Unidos en 2008, Ucrania sufrió adversos efectos tras lo cual entró en disputa con Rusia al no poder abonar los precios por el combustible y el gas que el gigante europeo le suministraba. En solo dos años el decrecimiento económico llegó a menos 15 %.

El Fondo Monetario Internacional ha otorgado varios créditos al país y el último propuesto en febrero pasado por 17.500 millones de dólares no se utilizará para resolver los problemas económicos del país, denunció en un escrito en el diario Moskovski Komsomolets, el presidente del Instituto para el Estudio de las Tendencias Económicas a Largo Plazo, Michael Hudson.

El académico asegura que ese dinero parará en los bolsillos de los oligarcas que lo sacarán del país y solo servirá para endeudar aún más a Kiev.

A la par, el FMI impone nuevas acciones al gobierno de Poroshenko para asignarle el crédito, como son eliminar la corrupción, el fraude económico, reajustar las pocas empresas públicas para que pasen al sector privado, rebajar de prestaciones sociales, liberación total de los mercados financieros. En fin, más caos para la población.

El Ministerio de Economía y Comercio estimó que en 2015 el PIB caerá 4,3 % y las reservas internacionales ya han bajado a 9 900 millones de dólares, la menor desde 2009.

El organismo gubernamental informó que esa caída se debe a los pagos realizados para sufragar los servicios de la deuda externa, la mayor parte al FMI.

Por presiones del Fondo, Kiev subió los precios de la energía y recortó subsidios sociales para obtener préstamos del exterior y evitar así la quiebra.

A partir de marzo, los costos de la imprescindible calefacción para la sobrevivencia subieron 60 %; el gas, 280 % y la energía eléctrica 40 %, informó la directora del Banco Nacional, Valeria Hontareva. La pobreza alcanza a gran cantidad de ucranianos.

Debido a la guerra que impulsa el gobierno derechista de Kiev, cerca de un millón de personas han sido desplazadas y hay unos 600.000 refugiados, de acuerdo a un documento de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCH).

En realidad, al pueblo ucraniano le ha costado muy caro seguir el derrotero indicado por Occidente que ha sido llevado a cabo por la pequeña pero poderosa oligarquía nacional.

Mientras la mayoritaria población padece esos problemas, la fortuna del magnate del chocolate y presidente de Ucrania, Piort Poroshenko, se situó en 1.600 millones en 2013, y pese a la guerra y la crisis, en 2015 ya supera los 1.800 millones, según la revista Forbes.
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Ver: Ucrania y el polvorín que desbordó las miserias de la troikaUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El capital global hacia las economías frontera

Sáb, 14/03/2015 - 20:09
Dani Rodrik, Project Syndicate

Las llamadas “economías frontera” son la última moda en los círculos de inversión. Aunque estos países de bajos ingresos – por ejemplo, Bangladesh y Vietnam en Asia; Honduras y Bolivia en América Latina; y Kenia y Ghana en África– tienen mercados financieros pequeños y en desarrollo, están creciendo rápidamente y se prevé que se conviertan en las economías emergentes del futuro. En los últimos cuatro años, las entradas de capital privado en economías frontera han sido de casi el doble (en términos del PIB) respecto de las entradas de capital en los mercados de las economías emergentes. Dicho fenómeno se puede celebrar o lamentar, es un asunto que se ha convertido en un tipo de test Rorschach para analistas económicos y responsables del diseño de políticas.

Sabemos ahora que la promesa de la libre movilidad de capital no ha sido cumplida. En gran medida, el aumento de las entradas de capitales ha estimulado el consumo en lugar de las inversiones en los países receptores, lo que ha exacerbado la volatilidad económica y aumentado la frecuencia y daños de las crisis financieras. En lugar de ejercer disciplina, los mercados financieros globales han incrementado la disponibilidad de deuda, por ende, han flexibilizado las restricciones de presupuestos de los gobiernos derrochadores y abultado las hojas de balance bancarias.

El mejor argumento a favor de la libre movilidad de capital sigue siendo el que hiciera hace casi dos décadas Stanley Fischer, el segundo funcionario más importante en ese entonces del Fondo Monetario Internacional, que ahora es vicepresidente de la Reserva Federal estadounidense. Aunque Fischer reconoció los riesgos de la libre circulación de capitales, señalaba que la solución no era mantener controles de capital, sino emprender las reformas necesarias para mitigar los peligros.

Los comentarios de Fischer se produjeron en un momento en el que el FMI estaba tratando activamente de integrar en su convenio constitutivo la liberalización de cuenta de capitales. Sin embargo, después se produjeron crisis financieras en Asia, Brasil, Argentina, Rusia, Turquía, y en última instancia Europa y los Estados Unidos. En su defensa, desde entonces el Fondo ha flexibilizado su postura en cuanto a los controles de capital. En 2010, emitió una nota en la que reconocía los controles de capitales como parte de la amplia oferta de herramientas de política para combatir la inestabilidad financiera.

No obstante, en el FMI y en países avanzados, la postura que prevalece es la de que los controles de capital son el último recurso –solo cuando las políticas financieras y macroeconómicas convencionales se han agotado. La libre circulación de capital sigue siendo el objetivo final, incluso cuando a algunos países les lleve tiempo conseguirlo.

Este punto de vista tiene dos problemas. En primer lugar, como señalan incansablemente quienes defienden la movilidad del capital, los países deben cumplir una larga lista de requisitos previos antes de que puedan beneficiarse de la globalización financiera. Entre ellos están la protección de los derechos de propiedad, un cumplimiento efectivo de los contratos, la erradicación de la corrupción, más transparencia y mejor información financiera, una gobernanza corporativa sólida, estabilidad monetaria y fiscal, sostenibilidad de la deuda, tipos de cambio determinados por el mercado, una reglamentación financiera de alta calidad y supervisión cautelar. En otras palabras, una política destinada a impulsar el crecimiento en países en desarrollo necesita instituciones de primer mundo para funcionar.

Lo peor es que la lista no solo es larga; también es abierta. Como han demostrado las experiencias de los países avanzados en la crisis financiera global, ni siquiera los sistemas de reglamentación y supervisión más sofisticados son infalibles. Así pues, exigir que los países en desarrollo establezcan el tipo de instituciones que hagan que los flujos de capital sean seguros no solo invierte las prioridades sino que es imposible. La prudencia exige un enfoque más pragmático que reconozca que los controles de capital tienen una función permanente junto con otras herramientas reglamentarias y cautelares.

El segundo problema tiene que ver con la posibilidad de que las entradas de capital sean perjudiciales para el crecimiento incluso si no se toman en cuenta las inquietudes sobre la fragilidad financiera. Quienes defienden la movilidad del capital suponen que en las economías pobres hay muchas oportunidades de inversión rentable que no se explotan por falta de fondos para invertir. Sostienen que si se permite que el capital entre, comenzarán las inversiones y el crecimiento.

Sin embargo, en muchos países en desarrollo las limitaciones se deben a la falta de demanda de inversiones, no a la carencia de ahorro interno. Los rendimientos sociales de las inversiones pueden ser elevados, pero los rendimientos privados son bajos debido a las externalidades, los altos impuestos, la pobreza de las instituciones o cualquiera de una amplia gama de factores adicionales.

Las entradas de capital en las economías con baja demanda de inversiones generan consumo, no acumulación de capital. También favorecen la apreciación del tipo de cambio, lo que agrava la falta de inversiones. La rentabilidad de las industrias comercializables – las más propensas a padecer problemas de reconocimiento de propiedad – resulta perjudicada y la demanda de inversiones cae aún más. En estas economías, las entradas de capital bien pueden retrasar el crecimiento en lugar de estimularlo.

Esas inquietudes han llevado a las economías emergentes a experimentar con una serie de controles de capital. En principio, las economías de mercado frontera pueden aprender mucho de estas experiencias. Como señaló Olivier Jeanne, economista de la Universidad Johns Hopkins, en una conferencia del FMI organizada recientemente para promover ese aprendizaje, las medidas de flujo de capital que se han puesto de moda últimamente no funcionan muy bien.

Eso no se debe a que no afecten la cantidad o la composición de los flujos, sino a que los efectos son muy pequeños. Como han aprendido Brasil, Colombia, Corea del Sur y otros, los controles limitados que se centran en mercados específicos como los bonos o los préstamos bancarios a corto plazo no tienen un impacto significativo sobre los resultados fundamentales, como el tipo de cambio, la independencia monetaria o la estabilidad financiera interna. De ahí se deduce que, para ser realmente eficaces, los controles de capital tal vez deban ser contundentes y amplios y no limitados y concentrados.

Los controles de capital no son una panacea en sí mismos y frecuentemente causan problemas más graves, como la corrupción o el retraso de reformas necesarias, que los que resuelven. No obstante, esto no es distinto en ninguna otra esfera de la acción gubernamental. Vivimos en un mundo de segundas alternativas en el que las acciones de política son casi siempre parciales (y parcialmente eficaces) y las reformas bienintencionadas en una esfera pueden ser contraproducentes cuando hay distorsiones en otras partes del sistema.

En un mundo así, no tiene mucho sentido utilizar los controles de capital como último recurso, siempre y en todas partes. En efecto, eso solo convierte a la globalización financiera en un fetiche. El mundo necesita un pragmatismo obstinado, caso por caso, en el que se reconozca que los controles de capital en ocasiones merecen un lugar destacado.

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