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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6736125
Actualizado: fai 20 horas 22 min

Claves geoeconómicas para entender qué pasa en Oriente Medio y Eurasia

Sáb, 24/06/2017 - 07:03
Pepe Escobar, Salir del euro

Hace sólo unos días aconteció un cambio geopolítico tectónico en Astana, Kazajstán, y sin embargo la fuerte ondulación sísmica apenas ha sido registrada por los círculos atlantistas.

En la cumbre anual de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), fundada en 2001, India y Pakistán fueron admitidos como miembros de pleno derecho, junto con Rusia, China y cuatro naciones de Asia Central (Kazajstán, Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán).

Así que ahora la OCS no sólo es la organización política más grande –por área y población– en el mundo; también une a cuatro potencias nucleares. El G-7 es irrelevante, la última cumbre en Taormina lo dejó claro. La verdadera acción , aparte del G-20, estará en los movimientos de la OCS.

Permanentemente ridiculizada en Occidente desde hace una década y media como una mera tertulia, la OCS, poco a poco, sigue avanzando. Como lo señalara el presidente de China, Xi Jinping, de manera elegante; “ La OCS es un nuevo tipo de relaciones internacionales que ofrece ganar a todos sus integrantes a través de la cooperación".

La marca registrada por la OCS es bastante sutil. Su énfasis inicial – en el mundo post- 11 de Septiembre- fue a luchar contra lo que los chinos califican como “los tres males”; el terrorismo, el separatismo y el extremismo. Pekín y Moscú, al principio estaban pensando en los talibanes de Afganistán (y sus conexiones con Asia Central, especialmente a través del Movimiento Islámico de Uzbekistán (IMU).) pero, ahora la OCS preocupada por el deterioro de la seguridad en Afganistán llama a sus miembros a apoyar un proceso de “paz y reconciliación”.

A partir de este momento la OCS se involucrará directamente en la búsqueda de una solución a la “cuestión afgana” con la India y Pakistán a bordo – que trascenderá a los fallidos “remedios” del Pentágono; más tropas.

Por cierto la OTAN, desgraciadamente perdió la guerra en Afganistán. Los talibanes controlan al menos el 60% del país. Y ahora se añade un supremo insulto predecible, el Estado Khorasan Islámica (ISK) (rama del Daesh en Afganistán) acaba de conquistar Tora Bora, el territorio que el Pentágono bombardeo cuando perseguía a Osama bin Laden y a Ayman al- Zawahiri.

No nos equivoquemos, habrá acción de la OCS en Afganistán. Y esta acción va a consistir en llevar a los talibanes a la mesa de negociación. China se ha hecho cargo de la presidencia de turno de la OCS y está dispuesta a mostrar resultados prácticos en la próxima cumbre en junio de 2018.

Pisar el acelerador, pagar en yuanes La OCS ha evolucionado de manera constante en términos de cooperación económica. El año pasado Gu Xueming, jefe de la Academia China de Cooperación Económica del Ministerio de Comercio, propuso crear un grupo de estudios que se encargara de establecer de zonas de libre comercio en los países de la OCS.

Su propósito: una mayor integración económica –ya en curso– para las pequeñas y medianas empresas. La tendencia a la convergencia es inevitable, irá en paralelo a las nuevas rutas de la seda –también conocida como el “cinturón” y el camino” (BRI)- y la organización liderada por Rusia llamada Unión Económica de Eurasia (UEE).

Así que no es de extrañar en la reunión bilateral (en Astana) de Xi y el presidente Putin se haya impulsado la fusión del BRI y la UEE. Y no estamos hablando sólo sobre el trío BRI, UEE y OCS, también nos referimos al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIb), al Banco de Desarrollo de los BRICS (NDB), al Fondo de la Ruta de la Seda y a una amplia gama de mecanismos de cooperación político-económica.

Las cosas se mueven muy rápido y en todos los frentes. En una reciente conferencia “El futuro de Asia” en Tokio, el supuestamente fiero primer ministro antichino Shinzo Abe anunció –sujeto a condiciones– que Japón está dispuesto a cooperar con la BRI, por su “potencial para conectar este y el oeste, así como las diversas regiones que se encuentran en medio". Entonces, un posible acuerdo político entre China y Japón se sumaría el impulso del BRI, la EEU y la OSC.

Por otra parte, tanto de China como Rusia están de acuerdo en utilizar una vía rápida para admitir a Irán como miembro de pleno derecho de la OCS.

Habrá que comparar esta política inclusiva con las declaraciones del secretario de Estado “T.Rex” Tillerson pidiendo un cambio de régimen en Irán.

Mientras la integración de Eurasia se mueve inexorablemente a pasos agigantados, la proverbial arrogancia atlantista no podría ser más evidente.

Desde que Moscú decidió intervenir en la tragedia Siria el cambio en el tablero de juego ha sido fundamental. Ningún analista en Occidente, aparte de Alastair Crooke entendió que se trataba de una operación al estilo OCS; aunque Irán, Irak, Siria y Hezbollah no son parte de la OCS, la forma en que se coordinan con Rusia muestra con claridad que esta es una alternativa viable a las acciones unilaterales del imperialismo “humanitario” y las aventuras militares, estilo OTAN.

El dispositivo “4+1” –Rusia, Irán, Irak, Siria y Hezbollah– cuenta con el respaldo sotto voce de China, dispuesta a combatir luchar todas las formas de terrorismo yihadista salafista y al mismo tiempo evitar el cambio de régimen en Damasco.

Con una política exterior caótica, Donald Trump ha demostrado que es incapaz de coordinar cualquier política , aparte del acoso a Irán. Por tanto para Rusia y China la membresía de Irán en la OCS será clave.

Además Pekín entiende –por su relación con Catar (su mayor proveedor de gas natural)- los altos riesgos que se producirán, antes o después, que el emirato acepte el pago de la energía en yuanes.

El eje Catar–Irán es la razón principal que llevó a la Casa de Saud a negarse a una explotación común de los yacimientos de gas más grandes del mundo (North Dome/South Pars) que comparten en el Golfo Pérsico.

Doha se tomó su tiempo para darse cuenta que después del “4+1” que un gasoducto desde Catar a Turquía a través de Arabia Saudí y Siria (para el mercado europeo) no se podrá construir nunca. Ankara también lo sabe. Sin embargo podría construirse un oleoducto Irán-Irak-Siria -con una posible ampliación a Turquía– con el gas de Norte Dome/Sur de Pars.

Toda esta ecuación revolucionaría de la producción de energía en el sudoeste de Asia, con una considerable descenso de la hegemonía para los petrodólares de Arabia Saudí y los Estados Unidos

Imagínense que Catar/Irán vende su gas a Europa en euros y no en dólares estadounidenses y que los chinos paguen a Catar –y a Arabia Saudí– en yuanes por sus suministros de energía.

No nos equivoquemos, el futuro –inexorable– del comercio de la energía no será en petrodólares será en yuanes, porque son convertibles en oro.

Viva el nuevo Califato Nunca será suficiente destacar la importancia de la asociación estratégica entre Rusia y China para coordinar sus políticas en la integración de Eurasia.

Durante los primeros meses de 2017, en Moscú y en Pekín la hipótesis de trabajo fue que la administración Trump estaba dispuesta a comprometer a Rusia como un socio para nuevos proyectos de petróleo y gas en Eurasia. Era el modelo “kissingeriano” insinuado por Trump. Su objetivo era debilitar la asociación estratégica entre Rusia y China, mientras Washington aumentaría la presión sobre Pekín en múltiples frentes.

Bueno, eso no puede suceder por el momento teniendo en cuenta la maniática histeria anti-Rusia para el consumo interno en los Estados Unidos.

En consecuencia, lo que queda de la política exterior de Trump es la GWOT (la guerra global contra el terrorismo) y volver utilizar todos los medios necesarios para impedir el aumento de la influencia iraní en el sudoeste de Asia. Esto implica promover el poder geopolítico de la perniciosa Casa de Saud.

Eso explica el entusiasmo de Trump (en Twitter) por la “guerra relámpago” de la Casa de Saud contra Catar, que en realidad es un movimiento contra de Irán. Pekín por su parte observa de cerca y ha visto la acción contra Catar como lo que realmente pretende, un intento de perturbar el avance de las nuevas rutas de la seda.

Al mismo tiempo Pekín y Moscú se divierten por unas evidentes inconsistencias. El Pentágono no parece inclinado a anexar Catar. La base aérea Al Udeid y el HQ de Centcom son suficientes. El regente del Pentágono “Mad Dog” Mattis está más que encantado por la venta de 12.000 millones de dólares en los F-15 al “patrocinador del terrorismo”. Mientras Trump “apoya” a la Casa de Saud, Mattis “apoya” a Doha. Y Tillerson se niega a tomar partido.

La CCG (una embrionaria OTAN Árabe) podría estar muerta y enterrada a pesar de la patética danza de la espada de Trump en Riad. Sin embargo Moscú y Pekín –y Teherán– están plenamente conscientes de que estos contratiempos sólo exacerbarán el “excepcionalismo” estadounidense (también conocido como la política del lodazal del “Estado profundo”) que continuará para provocar estragos.

El Califato en “Siria” ahora está muerto, especialmente si Rusia confirma que ha muerto su creador. Es una pena, porque una Siria desestabilizada sería perfecta para desestabilizar a Rusia desde el Cáucaso hasta Asia Central. La inteligencia rusa nunca olvida que hay apenas 900 km de Alepo a Grozni.

Al igual que Terminator, el “Estado profundo” de Estados Unidos está de regreso. Su sueño húmedo sigue siendo crear las condiciones para la desestabilización de una vasta extensión desde Levante hasta el sur de Asia, con posibles futuras olas de terror hacia el norte y el este de Rusia y de China. El objetivo: impedir la coordinación del BRI, la EEU y la OCS.

Agravando el escenario el Pentágono se niega a abandonar Afganistán, una cabeza de puente que causa estragos en Asia Central. ¿Qué podría salir mal? Después de todo, ahora el Dáesh se posiciona en Asia Central, no muy lejos de Xinjiang y el corredor económico entre China y Pakistán (CPEC), un nodo clave para la ruta de la seda.

Aún así la guerra relámpago de Arabia anti-Catar se está desenredando y en el mediano plazo puede precipitar un cambio sísmico monumental, acelerando el ingreso de Irán y de Turquía en la OCS, provocando un entente de Doha con Rusia e Irán y anticipando un duro golpe a la hegemonía del petrodólar. Todo esto debe haber sido discutido en detalle en Astana, en la cumbre de la OCS, en la bilateral Putin-Xi.

El excepcionalismo actúa cada vez más errático, todas las decisiones estratégicas claves descansan en la relación Xi-Putin y lo saben. Por tanto lo indudable es que la OCS estará obligada a involucrarse cada vez más en la protección de su gran proyecto para el siglo XXI, la integración de Eurasia.

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El futuro del trabajo

Mér, 21/06/2017 - 17:01
Joaquin Nieto*, Público

¿Qué va a ser del trabajo a lo largo del siglo XXI? ¿Qué empleos van a desparecer? ¿Cuáles se van a crear? ¿Cómo serán? ¿Alcanzarán para todos? ¿Trabajaremos más o trabajaremos menos? ¿Las generaciones jóvenes emergentes y venideras vivirán mejor o peor que las precedentes? Estas y otras preguntas se las hace cada vez más gente y el interés por responderlas es creciente, pues el trabajo es un componente esencial en las vidas de las personas y es fundamental en la organización de la sociedad, y se percibe que el mundo está cambiando.

La globalización ha abierto una nueva era para la economía, el trabajo y la sociedad; una época de turbulencias y de rápidas transformaciones que generan desafíos sin precedentes. El mundo enfrenta dificultades económicas, ambientales y sociales muy severas, la pobreza y la desigualdad parecen difíciles de eliminar, y hay un recrudecimiento de las tensiones geopolíticas y una exacerbación de los conflictos. La sensación de inseguridad es palpable. Todo ello en un contexto de crisis del empleo y de una situación climática y medioambiental que de no resolverse puede llevar al planeta un colapso socio-ambiental de proporciones inimaginables.

La solución requiere un enfoque multidimensional y una agenda global, los problemas del trabajo no se resolverán sin cambios en las políticas económicas, sociales y medioambientales. Requiere también una perspectiva de medio y largo plazo para definir el futuro del trabajo que queremos.

Todos los países del mundo se han comprometido a dar una respuesta a los desafíos de nuestro tiempo en el marco de Naciones Unidas con una Agenda común para 2030: los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que buscan la paz y la prosperidad para las personas en un planeta sostenible. Son 17 objetivos y 169 metas que incluyen compromisos para afrontar la pobreza y las desigualdades de todo tipo, promoviendo la igualdad de género, el trabajo decente, la protección de los ecosistemas terrestres y marítimos… conformando el programa más transformador que jamás haya adoptado en común la humanidad a lo largo de su historia. Pero es una agenda que – ¡ay! – sólo se cumplirá si la sociedad civil es lo suficientemente exigente como para conseguir que los gobiernos cumplan con esos compromisos.

El trabajo está en una encrucijada. Persisten los efectos de crisis recientes que han dejado un rastro de desempleo con 200 millones de desempleados y empleo vulnerable con un 60% de trabajo informal; mientras perviven situaciones intolerables, como los 168 millones de niñas y niños atrapados en el trabajo infantil o las 21 millones de personas sometidas a la esclavitud moderna del trabajo forzoso. Algunas de estas situaciones, como el trabajo infantil, vienen remitiendo; otras, como el desempleo, parecen haber llegado para quedarse y se están dando cambios en el empleo que generan incertidumbre.

En este mundo con 200 millones de desempleados en el que 74 millones de jóvenes buscan un empleo y no lo encuentran, cada año se incorporan al mercado de trabajo 40 millones de jóvenes. Se necesitarán crear unos 400 millones de empleos en los próximos diez años para atender esa demanda. No es fácil pero es posible.

El impacto de la veloz extensión de las nuevas tecnologías, que incorporan nuevos materiales y procesos, la digitalización, el big data y el internet de las cosas, la inteligencia artificial y la robotización en un contexto de globalización; el crecimiento de la población joven en unos países y del envejecimiento en otros; los crecientes flujos migratorios por razones económicas, ambientales o de seguridad, en un contexto de desigualdad; los efectos de la transición energética para frenar el cambio climático; la fragmentación de los procesos productivos, globalmente interconectados en cadenas mundiales de suministro, que empelan ya a 600 millones de trabajadores; la proliferación de nuevas formas atípicas de empleo relacionadas con plataformas digitales, que responden a nuevas demandas de mercado a la vez que expanden la gig economy el crowdworking y otras formas de informalidad laboral; y los cambios en las relaciones de trabajo que todo eso conlleva… son factores a considerar.

Algunos de estos procesos –como la robotización y la transición energética– destruirán empleos; otros –como la misma robotización y la transición energética, pero también la atención a las nuevas necesidades formativas o los cuidados derivados del envejecimiento de la población– crearán nuevas demandas y nuevos empleos; la mayoría de los procesos, en fin, transformarán los empleos existentes.

Es muy probable que, al igual que ha sucedido en las revoluciones industriales anteriores, el balance cuantitativo sea positivo y los empleos creados sean más numerosos que los empleos que se destruyan. Hoy hay en el mundo 3.300 millones de trabajadores, muchos más que nunca antes en la historia, aunque también haya más habitantes que nunca en el planeta.

La cuestión es que los cambios no provoquen una polarización social, en la que algunos sectores salgan beneficiados, pero otros muchos queden perjudicados y aumenten las bolsas de exclusión social. Porque aunque se creen más empleos que los que se destruyen, los que se crean no lo hacen en el mismo momento ni en el mismo lugar ni con las mismas condiciones que los que se destruyen, y los que se transforman no lo hacen con la misma intensidad en unos sectores y países que en otros. Por ello la clave está en cómo se gestiona la transición para que se maximicen las oportunidades y se limiten los riesgos, para que nadie quede sin protección social y para que todos los empleos y sociedades que los sustentan tengan la oportunidad de formación y adaptación necesaria, de forma que la transición sea justa e inclusiva.

Las trasformaciones tecnológicas, incluida la robotización, abren también las posibilidades para fomentar otro modelo de desarrollo. Un modelo no basado en un imposible crecimiento continuo del uso de los recursos ambientales y energéticos, sino en el ahorro y la eficiencia, las energías renovables, los empleos verdes, la economía del conocimiento, la formación y la atención a las personas,… actividades que necesitan mucho más empleo. Todo dependerá de si se redistribuyen o no los beneficios derivados del aumento de productividad de los avances tecnológicos, y de si se organiza o no una transición justa a través del diálogo social.

La OIT ha lanzado un debate mundial sobre el futuro del trabajo, en el que están involucrados más de 160 países, que no pretende quedarse en un diagnóstico de la situación y sus tendencias, sino comprender la dinámica de los cambios para configurar el futuro del trabajo que queremos.

España no es ajena a las incertidumbres sobre el futuro del trabajo. Tras años de crisis, la economía española lleva catorce trimestres consecutivos de recuperación económica, está reduciendo el desempleo trimestre tras trimestre y en breve alcanzará las cifras de PIB anteriores a la crisis. Pero se observa todavía una recuperación económica sin recuperación social: falta mucho para llegar a los niveles de empleo y de ingresos previos a la crisis, la calidad de los empleos disminuye y la pobreza se cronifica, trabajadores pobres incluidos. Mucha gente se pregunta dónde van los beneficios de la recuperación. El debate sobre el trabajo y su futuro es parte de las conversaciones diarias y preocupaciones de muchas personas; según el CIS la más importante.

En este contexto, el debate abierto también en España con la Conferencia nacional tripartita sobre el Futuro del Trabajo celebrada el pasado 28 de marzo –debate que ahora se extenderá por territorios y sectores y en ámbitos académicos– podría ser una oportunidad para redefinir en un marco de diálogo social el futuro del modelo productivo, de las relaciones laborales y de la protección social, en España y en el mundo, de los que depende el futuro del trabajo.
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*Director de la Oficina de la OIT para España

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Tasas de interés: ¿regreso a la normalidad?

Mér, 21/06/2017 - 10:30
Alejandro Nadal, La Jornada

La Reserva Federal quiere regresar a tasas de interés más cercanas a lo normal. Hace una semana incrementó la tasa de referencia para situarla en el rango de 1 y 1.25 por ciento. Según la Fed esta medida ayudará a mantener firme la recuperación económica y dará mayor estabilidad al mercado de trabajo.

La justificación está rodeada de una fuerte polémica sobre las señales que emanan de la economía estadounidense. Muchos analistas consideran que la muy celebrada recuperación sigue siendo débil. Otros piensan que los indicadores de la evolución del mercado de trabajo no son tan sólidos como lo quieren hacer creer las autoridades económicas. Sin embargo, la Reserva Federal insiste en que las señales económicas son positivas y prepara más incrementos en la tasa de interés para los próximos meses. Es más, la Fed prepara ya la venta de la gigantesca masa de activos que compró a través de sus programas de estímulo vía la flexibilidad monetaria.

La política monetaria en Estados Unidos no llegó a recurrir a tasas nominales negativas, pero sí ha mantenido tasas reales negativas. Y hay otros bancos centrales del mundo capitalista desarrollado que persisten en una postura de tasas nominales negativas. Sobresale el ejemplo del Banco Central Europeo que mantiene una tasa de depósito de menos 0.3 por ciento. El Banco Central de Japón sigue sosteniendo una tasa negativa de 0.1 por ciento sobre reservas excedentes y la tasa de los bonos a 10 años sigue en cero por ciento. Los bancos centrales de Suiza y Suecia mantienen tasas negativas: menos 0.75 y menos 0.35 por ciento, respectivamente. Esas tasas negativas significan que si un agente deposita una cantidad en el banco, al llegar el vencimiento de dicha inversión recibirá menos de lo que originalmente depositó.

Al adoptar esta herramienta de política monetaria los bancos centrales buscaron incentivar el crecimiento económico y aumentar la inflación como instrumento para reducir los gigantescos niveles de endeudamiento heredados del periodo anterior a la crisis. (La inflación permite a los deudores deshacerse de la deuda más rápidamente). Pero las tasas negativas fueron insuficientes para generar crecimiento económico y tampoco han servido mucho para crear presiones inflacionarias. Quizás lo más importante es que esa política monetaria fue insuficiente para fomentar el crédito, en buena medida porque la brecha entre la tasa líder y las tasas que cobran los bancos comerciales sigue siendo enorme. La desregulación del sector bancario que marca esta etapa neoliberal del capitalismo hace imposible reducir ese margen de ganancias de los bancos. En cambio, lo que sí produjo el régimen de tasas negativas fue un entorno de distorsiones e inestabilidad financiera que han pesado mucho sobre la economía mundial.

En efecto, los mercados financieros se han visto marcados por una fuerte volatilidad desde que la política monetaria se internó en el sendero de las tasas negativas. En el mercado bursátil global esta política de tasas negativas fue un acicate para que los inversionistas buscaran mayores rendimientos en operaciones de alto riesgo. La demanda de activos de alto riesgo se incrementó, provocando aumentos artificiales en los precios de estos activos.

El objetivo de la política de tasas cero o negativas en el mercado mundial de divisas era el de revertir los flujos de capital hacia espacios con mayores rendimientos. Se suponía que ese movimiento de salida de capitales afectaría el tipo de cambio, contribuyendo a depreciar la moneda y a promover las exportaciones (y el crecimiento). En los hechos, ese efecto fue muy débil o incluso nulo, como lo demuestra el hecho de que el franco suizo y el yen japonés se han apreciado frente al dólar incluso debido a los anuncios de que las tasas negativas se iban a mantener. La razón es que los flujos de capital y la especulación en los mercados cambiarios se rigen por factores que los modelos simplistas de los bancos centrales no son capaces de tomar en cuenta.

Otra de las consecuencias de esta postura de política monetaria tiene que ver con la demanda agregada que se buscaba promover. En Estados Unidos la tasa nominal llegó a situarse en cero por ciento, y aunque la inflación era muy baja, la tasa real (es decir, descontando la inflación) se hizo negativa. Y eso sirvió para que los ahorradores dejaran de percibir unos 475 mil millones de dólares (mmdd) anuales sobre sus ahorros. Esto significa que una parte de la demanda agregada se vio perjudicada por la política monetaria que pretendía incentivarla. Es claro que este último efecto de las tasas de interés negativas equivale a confiscar recursos de los ahorradores para entregárselos a los dueños de bancos y a agravar la desigualdad.

Salir del pantano de las tasas negativas puede parecerle positivo a la Reserva Federal. Pero el regreso al crecimiento estable no será posible mientras la política fiscal siga atrapada en la ciénega de la austeridad.

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El petróleo hacinado en buques cisterna en el mar alcanza máximos de 2017

Mar, 20/06/2017 - 15:47

Los operadores de petróleo están almacenando cada vez más crudo en el mar ante el constante crecimiento de la oferta en la región del Atlántico. Esto, sin duda, es una señal de que el mercado aún se encuentra lejos de encontrar el reequilibrio entre oferta y demanda que esperaba la OPEP el año pasado, cuando la organización se propuso reducir las reservas de oro negro a nivel mundial. El petróleo se hunde hasta mínimos de los últimos siete meses: el Brent pierde los 46 dólares.

La cantidad de petróleo almacenada en buques cisterna alcanzó 111,9 millones de barriles este mes, una cifra récord para 2017, según Kpler, una empresa que analiza este tipo de operaciones. Los volúmenes más grandes de petróleo almacenado están en el Mar del Norte, Singapur e Irán. Estas regiones representan la mayor parte del aumento, según los datos recogidos por Bloomberg.

La acumulación de crudo en el mar se está produciendo a pesar de que la Organización de Países Exportadores de Petróleo y otras 11 naciones, encabezadas por Rusia, rebajaron su producción. Desde que comenzó el año, esos países trataron de recortar casi 1,8 millones de barriles por día del mercado, pero el mayor bombeo de crudo en EEUU y África, junto a un crecimiento de la demanda lento en Asia han ayudado a hacer casi inapreciables los esfuerzos del cártel.

Como resultado de este superávit persistente en el mercado, los precios del petróleo al contado están bajando más que el crudo que se negocia para entregas a futuro. Este tipo de estructura, llamada contango, puede también incentivar a los operadores a almacenar el petróleo en busques cisterna para su posterior entrega. No obstante, los datos recopilados por Bloomberg y E.A. Gibson Shipbrokers señalan que todavía no se ha llegado a esa situación. Por ahora, los operadores están intentando colocar el petróleo en cuanto surge la ocasión, pero el problema es que hay demasiado crudo dando vueltas.

Este mes, Royal Dutch Shell está volviendo a vender crudo de la zona de Forcados, en Nigeria, que ha estado fuera de servicio durante más de un año tras un ataque de guerrilleros contra un oleoducto submarino. Ahora se anticipa que las exportaciones de Forcados promediarán unos 285.000 barriles por día en agosto, lo que podría disparar la producción de Nigeria.

Además, el campo petrolífero más grande de Libia, Sharara, retomó la producción tras varias interrupciones, y hoy ya se extraen de ahí unos 270.000 barriles por día, el nivel previo a las interrupciones, según la estatal National Oil. La producción libia es la más fuerte desde 2013 y se prevé que aumente algo más en los próximos meses.

En EEUU, la extracción de crudo se encuentra en una tendencia ascendente desde octubre de 2016: el mes pasado alcanzó los 9,34 millones de barriles por día, el nivel más alto desde agosto de 2015.

Dentro de EEUU cabe destacar la fortaleza del shale, que en julio alcanzará los 5,475 millones de barriles diarios, de los que 2,470 saldrán de la famosa Cuenca Pérmica, que es con diferencia la región que más barriles suma cada mes al cómputo total, según el informe de junio de la EIA que analiza el rendimiento de las regiones más importantes en la producción de shale en EEUU.

Por otro lado, el número de plataformas de perforación activas ha crecido durante 22 semanas consecutivas, un récord, que podría prolongarse a medida que los productores de shale cumplan con sus planes de expansión, según datos de Baker Hughes. Además, las exportaciones estadounidenses de crudo rompieron otro récord con 1,1 millones de barriles exportados por día en febrero.

Las reservas de crudo en el Mar del Norte probablemente no se consumirán a corto plazo si no se imponen fuertes descuentos para los clientes de Asia. "Los informes sobre el comercio en la zona señalan que las compras de las refinerías asiáticas han estado 'dormitando' en las últimas semanas, aunque podrían comenzar a despertar en próximas semanas", según comenta en una nota de investigación David Martin, analista de JPMorgan Chase.

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Las tres veces que EEUU intentó descarrilar la nueva ruta de la seda

Lun, 19/06/2017 - 08:01
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

No hay que subestimar la gira triunfal del atribulado Trump a Israel (su aliado predilecto, emocional y familiar) y a Arabia Saudita: su financiero que realizó la mayor compra de armas de la historia por 110 mil millones de dólares, afianzó su alianza militar y petrolera con EEUU, y encabezó dos relevantes cumbres con el polémico Trump: 1) la de las seis petromonarquías del Consejo de Cooperación del Golfo, y 2) la Árabe-Islámico-Estadounidense de 55 países de carácter sunnita que puso en jaque a la teocracia chiíta excluida de las dos cumbres.

La santa alianza de Trump con Israel y Arabia Saudita pretende horadar el flanco sur de la nueva ruta de la seda (B&R) del binomio China/Rusia (http://goo.gl/RHPZLc). Sería grave error de juicio geoestratégico cesar de vislumbrar el cronograma competitivo de la cumbre B&R en Pekín, el 14 de mayo, con el inicio de la gira acrobática de Trump a Arabia Saudita e Israel, seis días después. No es la primera vez que Estados Unidos (EEUU), antes y después de Trump, intenta descarrilar el B&R. Ya el politólogo ruso Rostislav Ishenko había advertido que B&R representa “una amenaza directa al bienestar de EEUU, que tratará de frenarla a todo coste (http://goo.gl/8iaw5T)”.

Ishenko arguye que los proyectos de binomio China/Rusia y el de EEUU chocarán (sic) en Europa, la región que lo decidirá todo, ya que “todos los escenarios del comercio euroasiático suponen la presencia de un socio grande: la Unión Eu­ropea (UE). Es un enorme mercado para Rusia y China y también propietaria de altas tecnologías. El tránsito euroasiático de las mercancías sólo tiene sentido si las compra y las vende Europa. A EEUU le queda todavía la posibilidad de eliminar a la UE como socio del proyecto ruso-chino.

El descuartizamiento de Europa, escenario de las rutas comerciales terminales de Rusia y China, harían más fuerte a Washington, según Ishenko, ya que la posibilidad de una comunidad euroasiática con la alianza ruso-china en su núcleo atemoriza enormemente a EEUU y, en caso de formarse, Washington perdería el control de las rutas comerciales mundiales, que se trasladarán de las vías oceánicas a las estepas de Eurasia. Así, “EEUU se encontraría en la periferia del comercio mundial […], y su capacidad de dar un impulso a su propia economía disminuiría considerablemente”.

Que ni duda quepa que EEUU, antes o después de Trump –porque se trata de un asunto geoestratégico de vida y muerte para EEUU– intentará descarrilar a la Unión Económica Euroasiática apadrinada por el zar Vlady Putin, quien busca crear desde hace siete años un espacio económico compartido desde Lisboa hasta Vladivostok que se empata con el esquema B&R que lanzó el mandarín Xi 3 años más tarde”.

Ishenko devela el plan desestabilizador de EEUU que alrededor de 2015 realizó tres intentos coordinados de perjudicar el proyecto de una Eurasia integrada. Evoca los tres intentos fallidos de EEUU con Obama: 1) la Primavera Árabe; 2) la crisis ucraniana, y 3) los tratados mercantilistas globales de EEUU: TPP y TTIP. Le faltó agregar el más pernicioso de todos: TISA (http://goo.gl/2H94DS).

La Primavera Árabe –que la prensa saudita acusa a Obama y Hillary Clinton de haber fomentado mediante la carta de los Hermanos Musulmanes–, según Ishenko, tuvo como objetivo desestabilizar Oriente Próximo por décadas, con islamitas radicales que desatan guerras contra cualquier manifestación de civilización. Y “el desmantelamiento del norte africano –de Túnez a Egipto–, de Siria y, finalmente, de Turquía, bloquearía por completo el flanco sureño (sic) de la nueva ruta de la seda”.

La crisis ucraniana tenía el propósito de empantanar a Rusia y paralizar sus recursos, limitando la capacidad de Moscú de operar en las regiones de importancia para EEUU. Además, busca(ba) enemistar a Rusia y a la UE, bajando la rentabilidad del enorme proyecto logístico euroasiático.

Como tercer esquema del torpedeo a Eurasia, EEUU buscó operar “los tratados comerciales globales –TTIP y TPP–”, mediante los cuales “EEUU planeaba ofrecer una ‘alternativa real’ a las rutas comerciales euroasiáticas destrozadas y asegurar su dominio económico y político a largo plazo”. Pero, en los tres intentos de descarrilamiento del B&R por la dupla Obama/Hillary Clinton, EEUU no contó con la astucia y la réplica de sus dos adversarios geoestratégicos: Rusia y China.

El idílico plan de la dupla Obama/Hillary se desmoronó cuando Rusia no cayó en la trampa ucraniana, según RI quien aduce que la nueva Ucrania fue diseñada como un agujero negro para recursos. Ucrania ha sido despojada de sus recursos primarios y de sus reservas internacionales que ya no le pertenecen y que ahora han sido prácticamente embargadas por el FMI, cuando su divisa, grivna, ha perdido sustancialmente su valor (http://goo.gl/ytuZPk).

La trampa era doblemente económica y financiera en Ucrania, destrozada deliberadamente por sus socios occidentales. Cuando Rusia no acudió al rescate de Ucrania, diseñado como trampa, entonces EEUU y la UE perdieron su interés hacia Kiev. La astucia rusa le permitió llevar una política exterior activa en Oriente Próximo y, con un esfuerzo mínimo, Moscú cambió por completo la situación en Siria donde la guerra civil continúa todavía, pero los islamitas radicales ya no pueden ganarla.

Además, en 2013 Egipto rechazó la Primavera Árabe y ahora goza de estrechas relaciones con Rusia, mientras Turquía, a pesar de un periodo político turbulento, se encuentra estable”. Desde Siria pasando por Egipto hasta Turquía, y a partir de haber eludido la trampa ucraniana, las acciones de Rusia protegieron el flanco sureño (sic) de la nueva ruta de la seda que la hicieron garante de la estabilidad de la región.

Ishenko juzga que EEUU todavía tiene su último as bajo la manga y nunca aceptará una derrota estratégica que lo ponga en la periferia del comercio mundial cuando aún tiene opciones para detenerla, menos sofisticadas y confortables, pero eficaces. ¿La triunfal gira de Trump a Arabia Saudita e Israel constituye su último as bajo la manga? Una de las medidas de EEUU consiste en contraponer a Rusia y a China, ofreciendo ventajas y trueques a cada uno para que rompan su alianza, pero las dos potencias se dan cuenta de que tras derrotar a uno de los oponentes, Occidente se alzará inmediatamente contra el segundo. Una de las fortalezas de EEUU consiste en exacerbar la presión mediática para amarrar navajas entre Rusia y China.

A juicio de Ishenko, “al integrar a los países de Oriente Próximo en los grandes proyectos logísticos –el gasoducto Turk Stream con Turquía y el fortalecimiento de la presencia de Egipto en el mar Rojo–, Rusia controla directa o indirectamente todas las rutas comerciales del Ártico al golfo Pérsico, mientras sus socios voluntariamente abogan por la cooperación con el Kremlin”. Suena impactante el concepto marítimo que conecta el océano Ártico al golfo Pérsico y al mar Rojo. Trump todavía no expone su política sobre el océano Ártico. Sea cual fuere su causal, el cambio climático deshielará el océano Ártico que conectará China y Rusia con los mercados de la UE, si es que EEUU no la despedaza antes.

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¿Por qué Trump decidió acusar a Qatar de financiar el terrorismo?

Dom, 18/06/2017 - 07:13
Robert Fisk, La Jornada

El diminuto emirato sabe quiénes son sus verdaderos amigos después de haber sido abandonado por el presidente estadounidense. Pero en los círculos qataríes existen temores de que esto no fue, después de todo, una casualidad. ¿Qué rayos hizo que el presidente Donald Trump identificara a Qatar, con una larga relación con Estados Unidos y que hospeda a 10 mil elementos del ejército en su más grande base militar en Medio Oriente, como un financiador del terrorismo? ¿Alguien le informó erróneamente sobre la región? ¿O está el señor Trump resentido, como se preguntan algunos empresarios qataríes, porque un trato de bienes raíces que perseguía el entonces futuro presidente estadounidense con los gobernantes del emirato fracasó en 2010?

Clayton Swisher, el periodista de investigación que descubrió los Papeles de Palestina en 2011 –que detallan las pláticas secretas entre israelíes y la Autoridad Nacional Palestina con la entonces secretaria de Estado estadounidense, Condoleeza Rice–, dice que Trump y su hija Ivanka visitaron Qatar hace siete años. Ahí, señala, se acercaron a dos altos funcionarios qataríes encargados de inversiones y buscaron su ayuda. Uno era Husein Al Abudllah, miembro del consejo ejecutivo de la Autoridad de Inversiones de Qatar (QIA, por sus siglas en inglés). El otro era el jeque Hamid bin Jaseem al Thani, miembro de la familia real, quien entonces fungía como primer ministro.

En un reportaje publicado en The Huffington Post, Swisher afirma que las pláticas fracasaron y que Al Abdullah quedó asombrado por la forma en que Trump presentó su propuesta para un fondo de bienes raíces que estaba en dificultades: ni Hamid, ni Al Abudllah le dieron dinero qatarí.

El QIA es el segundo fondo soberano de riqueza con activos por 338 mil millones de dólares.

Swisher agregó que, con todo, Ivanka Trump regresó a Qatar con su esposo, Jared Kushner, en busca de un trato diferente que involucraba la propiedad de Kushner, ubicada en el 666 de la Quinta Avenida. Las pláticas sobre este asunto continuaron hasta 2016. Swisher también cree –y afirma haber descubierto esto– que el padre de Kushner, Charles, estaba en discusiones con Hamid, quien ya era un empresario independiente pues había dejado ya el puesto de primer ministro, y le solicitó 500 millones de dólares, pero Qatar le dijo a Charles Kushner que tendría que encontrar mil 200 millones en algún otro lado. Estás pláticas, según Swisher, continuaron hasta hace unos meses.

Si Trump se ha vuelto contra Qatar –y nadie ha explicado hasta ahora por qué sucedió esto– el pequeño emirato ha descubierto amigos regionales que no sabía que tenía. Omán ha enviado una flotilla de barcos mercantes con alimentos a Doha. Lo mismo hizo Marruecos. En este último caso, el rey Mohammed VI buscaba neutralizar, de manera muy suave, como es él, numerosas manifestaciones públicas en Hoceima, en la región de Rif, y sus alrededores.

Estas protestas surgieron después de que un pescador fue asesinado (no se sabe si con ayuda de la policía local) y fue arrestado un político muy popular. La muerte del hombre parece un espeluznante paralelismo con otras muertes de individuos que catalizaron revoluciones en Túnez y Egipto. Como sugirió un cínico qatarí hace unas horas, el gesto del rey hacia Qatar puede ayudar a mantener su popularidad política en casa. Es Ramadán y el gesto (del rey) Mohammed será juzgado con agrado por su pueblo. Agregó: Él sabía lo que estaba haciendo cuando decidió enviarnos alimentos.

Otro qatarí menos irónico también señaló que las importaciones turcas de alimentos están ayudando a que haya menos escasez en Doha. “Solíamos importar de Arabia Saudita… pero la comida turca es mucho mejor”, afirmó; y podría tener razón.

Irán también intentó, de manera por demás sagaz, ayudar a Qatar al ofrecer abrirle su espacio aéreo a la aerolínea Qatar Airways, que ya no puede sobrevolar Arabia Saudita o los Emiratos Árabes Unidos.

Kuwait, que ayudó a fundar el Consejo de Cooperación del Golfo, no quiere que la alianza por la que luchó tanto colapse y por ello los kuwaitíes intentan mediar en el conflicto.

Lo que más intriga, sin embargo, es la reacción de Vladimir Putin a la crisis de Qatar. Rápidamente expresó su apoyo a Qatar, aunque evitó hacer cualquier crítica a Arabia Saudita. Y no es de extrañar. Sólo unos días antes de que casi todos los países del golfo Pérsico rompieran relaciones con Qatar, el segundo heredero de la corona y ministro de Defensa, Mohammed bin Salman –quien además es héroe de la desastrosa guerra con Yemen–, visitó el Kremlin para charlar con Putin.

Evidentemente, estas conversaciones se centraron sobre Siria y los precios del petróleo. Pero ahora los qataríes y sin duda los sauditas se preguntan si el segundo príncipe heredero no le dijo a Putin sobre la crisis que se avecinaba, y si Putin advirtió a Arabia Saudita no invadir Qatar.

Después de todo, si de algo se puede acusar a Putin es de la violenta represión de los rebeldes en Siria. Otra cosa es si él se puede erigir como un pacificador en el Golfo Pérsico.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Helmut Kohl, el canciller de la Europa alemana

Ven, 16/06/2017 - 22:56
Juan Carlos Monedero, Público

Siendo estudiante en Heidelberg recuerdo una visita de Kohl a la ciudad, vecina a su natal Ludwishafen. Nos habíamos manifestado pocos meses antes en contra de la primera guerra del Golfo. La presencia en Alemania de bases norteamericanas, especialmente en Heidelberg, donde tenían el Cuartel General, hacía que la represión de las manifestaciones siempre fuera violenta (la rendición incondicional de Alemania en la Segunda Guerra Mundial les dejó sin ejército y ocupados). Ya antes la policía había demostrado su dureza contra las protestas ciudadanas contra la “doble decisión” de la OTAN, tomada en 1979 por el SPD de Helmut Schmidt pero ejecutada por Kohl. Esta decisión, en el contexto de la guerra fría, implicaba desplegar en suelo europeo 572 misiles Pershing y Cruisse (los “euromisiles”), como respuesta a la negativa de la URSS de retirar los SS-20 suyos.

En el entorno universitario alemán, había un gran rechazo a Kohl, pues se le identificaba como un político profesional tosco y sin estilo (desde las filas socialistas le llamaban “pera” por el contorno de su cabeza), que había ocupado la posición de Canciller en 1982 sólo gracias a un cambio de alianzas de los socios liberales. Aprovechando que un sector del SPD se opuso al despliegue de los euromisiles, el oportunista FDP, el Partido Liberal Alemán (FDP), que empezaba su etapa neoliberal y expansionista, abandonó su apoyo a los socialistas y pasó a hacer de muleta de los democristianos. Lo cierto es que Kohl era doctor en historia por Heidelberg, con una tesis sobre “El desarrollo político en el Palatinado y el resurgimiento de los partidos después de 1945”, pero su mala dicción y sus problemas con los idiomas le hicieron siempre objeto de burla (aun más en comparación con su antecesor, Helmut Schmidt, un intelectual reconocido).

La comparación con Mitterrand era constante. En el despliegue de los euromisiles, Mitterrand estuvo mano con mano con Kohl. Era el tiempo del eje París-Bonn donde los franceses mantenían a los alemanes comprometidos con Europa. Pero la batuta siempre estuvo del lado francés. Los alemanes perdieron la guerra, no tenían soberanía y sobre ellos pesaba con dureza la culpa de una guerra que dejó sobre suelo europeo más de cincuenta millones de muertos. Un comentario era común en Alemania cada vez que Mitterrand y Kohl salían juntos: “un hombre grande al lado de un gran hombre”.

La muerte de Helmut Kohl (1930-2017) en su natal Ludwigshafen está siendo utilizada, como no podía ser de otra manera, para que la Europa alemana -que está acabando con la idea democrática de Europa- vuelva a ganar la guerra fría. Los elogios a Kohl siempre son los mismos: “era un gran europeísta”. Pero eso es solo, como mucho, la mitad de la verdad. El mayor o menor europeísmo de Alemania está en virtud de la mayor o menor fuerza de Francia. De hecho, hoy, una Francia debilitada ha permitido que los alemanes vuelvan a campar por sus respetos. No es una cuestión de personalidades: es una cuestión de política y de capacidad económica de los demás europeos respecto del expansionismo alemán.

Kohl, un político profesional, se salvó por pelos de pasar a la historia como un político más del montón. En septiembre de 1989, en la víspera de la caída del Muro de Berlín (el 9 de noviembre), ganó con grandes dificultades el congreso de su partido en Bremen. Desde dentro de su partido afirmaron que quien decidió que Kohl ganase aquel congreso fue el Deutsche Bank. En sus memorias, Kohl explicaría que la apertura de la frontera con Hungría para que salieran los refugiados de la RDA fue una maniobra para dotarle de fuerza en aquel congreso de Bremen. Un año después de la unificación perdió su puesto como Presidente de honor de la CDU por un escándalo de financiación ilegal de su partido que le señalaba a él como responsable. Cinco días antes de la caída del Muro de Berlín, fue emitida una orden de detención contra el tesorero del partido Walther Leisler Kiep. Tras la dimisión de Kohl, aparecería una persona que tendría como misión olvidar buena parte del pasado de la CDU: Angela Merkel, una política proveniente de la desaparecida RDA.

Una historia que no se suele contar es que Mitterrand exigió a Kohl el euro para concederle la unificación alemana. La rendición incondicional de Alemania firmada por Jodl y Keitel en 1945 implicó que nunca se acordó un tratado de paz. De manera que cuando cae el Muro, la unificación no podía llevarse a cabo sin la autorización de Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos y la URSS. Fuel el Tratado 2+4 (a donde terminaron invitando también a una Polonia asustada). Kohl aceptó compartir el marco alemán, pero a cambio estableció las condiciones del euro que nos han traído al actual vaciamiento democrático de la UE. El principal valor europeísta de Helmut Kohl fue el Tratado de Maastricht, que está en el origen de buena parte de nuestros problemas actuales.

La capacidad nuclear de Francia siempre ha sido el factor esgrimido para frenar a Alemania. De ahí que los alemanes siempre hayan preferido a la OTAN, que les otorgaba el paraguas americano y les relevaba de la sumisión francesa. Kohl siempre asumió esa correlación de fuerzas. Hasta la unificación el 3 de octubre de 1990. Hasta ese momento, Europa se había construido con un equilibrio donde la condición de “gigante económico y enano político” de Alemania tenía que ver con las dos guerras que había protagonizado entre 1914 y 1939. A partir de ese momento, algo cambia en Alemania. ¿Ha sido realmente Helmut Kohl un europeísta? En 1990 la capital se trasladó de Bonn, a donde había sido llevada tras la derrota del Reich, para llevarla de nuevo a Berlín. Lejos de París. Kohl fue un entusiasta defensor de esa medida. De la misma manera que defendió la participación en la guerra de Yugoslavia, que supuso la primera intervención alemana exterior desde la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de una nueva geopolítica.

Kohl siempre le agradeció a Felipe González su apoyo a la Reunificación. Recuerdo la visita de ambos a un viejo Ernst Jünger en Wilflingen. Jünger fue un conservador que había estado entre las influencias intelectuales del nazismo como defensor de la guerra y la mística de la violencia. Esa relación sirvió para que Kohl viera con buenos ojos los fondos estructurales que beneficiarían a España durante una buena temporada. González siempre entendió que prefería una Alemania poderosa con la que presentarse sumiso antes que tener que lidiar con una Francia que no suele ser amable con España. González, que había montado el PSOE con la financiación que le entregó Willy Brandt, mantuvo una buena relación con Kohl y una misma lógica. A la larga, esa mirada geopolítica no ha sido acertada. Una España desindustrializada, periférica, pensada en su relación con Alemania como atención a los jubilados alemanes es el balance de esa relación. Bueno, añadamos la infraestructura de autopistas y el AVE.

Algo similar ocurrió con la RDA. Cuando la ciudadanía tumba el Muro de Berlín, se puso en marcha un proceso para redactar una nueva Constitución discutida popularmente. Los movimientos de la disidencia en la RDA fueron los que impulsaron esa nueva Constitución que debiera haber servido para conjuntar el compromiso social de la Alemania oriental con el compromiso con el estado de derecho y las libertades individuales de la Alemania occidentel. Fue Helmut Kohl quien frenó ese proceso, articulando la unificación desde la Constitución alemana (la Grundgesetz). De hecho, la Ley Fundamental de Bonn tenía ese nombre y no el de Constitución alemana a la espera de la reunificación. El nombre se mantuvo porque no tenía sentido cambiar el nombre cuando no cambiaba nada el contenido.

El “Canciller de la unidad” fue el símbolo de la victoria del bloque occidental en la guerra fría. No en vano recibió el premio Henry Kissinger en 2011. Junto con Margaret Thatcher y Juan Pablo II representaron la nueva etapa neoliberal que se construyó desde el ánimo de desquite anticomunista. El ansia de revancha que expresó Kohl junto con Ronald Reagan desordenó Europa. El reconocimiento al margen de la Unión Europea de Croacia en 1992 desencadenó el desastre de Yugoslavia. Ese ánimo revanchista condujo a la URSS a una desordenada disolución que hoy se expresa en forma revanchista con la agresividad de Putin. Alimentaron la imposibilidad de que sectores democráticos prosperaran en Oriente Medio y dieron alas a la impunidad de Israel. Celebrar a Helmut Kohl como un paladín de la democracia europea es un exceso que sólo sirve para escribir la historia como mera justificación del presente. Helmut Kohl ya está en la historia como el Canciller de la Unificación alemana. Y nada le va a sacar de ese lugar. Pero visto de cerca el retrato no es tan amable. Un presidente acusado de corrupción, que hundió la economía de la mitad de Alemania, que hizo despedir a profesores, jueces y funcionarios de la RDA tras la unificación (el modelo de transición española allí no valía), que desmembró a Yugoslavia, que entregó a la URSS en manos de las mafias, que desestabilizó Oriente Medio y que sentó las bases para la ruptura actual de la Unión Europea con el Tratado de Maastricht y la voluntad de “alemanizar Europa” no parece un gran estadista. A no ser que sigamos mirando con aquel arrobo provinciano con el que Pepe Sacristán se fue de emigrante a Alemania.

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Un superpetrolero que vaga por el Atlántico muestra la cruda realidad del oro negro

Xov, 15/06/2017 - 20:25

Si un solo barco puede reflejar el estado actual del mercado mundial de petróleo, es el superpetrolero Saiq, que desde la semana pasada navega al sur de las Islas Canarias sin encontrar comprador para su carga según informa Bloomberg. Este barco se encuentra vagando entre Mauritania y las islas españolas sin rumbo claro. Hay demasiado petróleo en el mercado y los compradores están saturados.

El petrolero de 330 metros de largo, de Royal Dutch Shell, estaba navegando a 13 nudos hacia el puerto chino de Tianjin después de recibir una carga de dos millones de barriles de petróleo del Mar del Norte en la terminal de Hound Point, cerca de Edimburgo. Sin embargo, debió detenerse en medio del Océano Atlántico, dado que China no está comprando crudo, por lo que el petrolero quedó en busca de un nuevo cliente. Mientras la nave flotaba cerca de África la semana pasada, Shell ofreció vender la carga traspasándola a otro barco que iba a iniciar el camino de regreso a Escocia. Pero finalmente no hubo compradores dispuestos a realizar la operación.

La difícil situación del Saiq, que ahora está detenido frente a la costa de Mauritania, refleja la tendencia que domina el mercado del petróleo físico (al contado, crudo de entrega inmediata). Después de seis meses de recortes de la producción de crudo por parte de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y 11 naciones no pertenecientes a la OPEP encabezadas por Rusia, la oferta de petróleo sigue siendo sorprendentemente abundante, según los operadores.

La Agencia Internacional de la Energía sostiene que el mercado debería experimentar una reducción de las existencias o inventarios. Pero los precios del petróleo sugieren que cualquier reducción de inventarios sigue siendo inapreciable. El precio para el crudo Brent está por debajo de los 47 dólares el barril, lo cual indica que la demanda está muy por debajo de lo planeado.

El exceso de oferta es particularmente agudo en la denominada cuenca del Atlántico, donde el crudo ligero y dulce de alta calidad es abundante debido a una combinación de factores. Entre estos factores se encuentra la vuelta de la producción nigeriana después de una restricción forzada de más de un año, una producción más fuerte de Libia, los sólidos suministros del Mar del Norte y un récord de exportaciones de petróleo de Estados Unidos.

El excedente del Atlántico se está viendo acompañado, además, por las débiles compras de China, en parte porque las refinerías independientes del país, conocidas como teapots, o 'teteras', se encuentran al máximo de su capacidad.

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Estudio demuestra que la desigualdad en la riqueza está drásticamente subestimada

Xov, 15/06/2017 - 02:11
Gabriel Black, wsws.org

Un estudio publicado el 28 de mayo por el economista de la Universidad de California en Berkeley, Gabriel Zucman, y dos colegas escandinavos, “Evasión fiscal y desigualdad”, demuestra que la desigualdad en la riqueza global está siendo subestimada drásticamente en las estadísticas oficiales debido a lo exitosos que son los multimillonarios para evadir impuestos.

De acuerdo con el documento, los ultra ricos en el 0.01 por ciento de ingresos más altos ocultan el 25 por ciento o más de su riqueza. Esto se debe principalmente a la explotación de paraísos fiscales extraterritoriales que les permiten evitar pagar impuestos sobre sus ingresos lejos de donde los devienen o de donde viven.

El estudio demuestra, una vez más, que los súper ricos viven bajo una ley propia, en un mundo completamente separado de la inmensa mayoría de la humanidad. A principios de este año, la organización Oxfam informó que sólo ocho hombres controlan tanta riqueza como la mitad más pobre de la humanidad. Sin embargo, los resultados de este nuevo informe sugieren que la concentración de riqueza es aun mayor.

Los autores del documento escriben: “Los muchos conjuntos de datos utilizados en este artículo pintan la misma imagen: la probabilidad de ocultar activos se eleva muy fuertemente con la riqueza, incluso dentro de los grupos más altos. Como resultado, la riqueza extraterritorial resulta estar extremadamente concentrada. Según nuestra estimación, el 0,01 por ciento de la distribución, posee cerca del 50 por ciento de ella [la riqueza en el exterior]”. Concluyen “esto implica que el 0,01 por ciento oculta aproximadamente el 25 por ciento de su verdadera riqueza”.

Zucman le explicó a Los Angeles Times: “Hay una gran industria que brinda servicios de gestión patrimonial para los súper ricos de todo el mundo. ... Una vez que se cruza un cierto umbral de más de $50 millones de dólares, se les ofrece estos servicios”.

Los autores del estudio, Annette Alstadsaeter, Niels Johannesen y Gabriel Zucman, se basan en varias fuentes para hacer su análisis. La primera y más importante proviene de los datos filtrados del HSBC Private Bank (Suisse), el brazo suizo de HSBC, el sexto banco privado más grande del mundo. Los datos del HSBC Private Bank (Suisse), develados en el 2015, muestran cómo es que el banco oculta miles de millones de dólares de dinero gravable perteneciente a corporaciones como Google y Amazon, así como de una variedad de clientes extremadamente ricos. El flujo de dinero sucio que fue expuesto a través de esta filtración de información alcanzó a figuras como el expresidente estadounidense, Bill Clinton, varios otros multimillonarios y figuras públicas.

Otra fuente que utilizan los investigadores son los datos de los Papeles de Panamá, la masiva filtración de archivos en el 2016 de la firma de abogados Mossack-Fonseca con sede en Panamá. Estos archivos mostraron cómo esta oficina de abogados hizo millones de dólares ayudándoles a políticos y a los súper ricos a ocultar su dinero para evadir impuestos.

Una tercera fuente que utiliza el estudio son los datos de las autoridades fiscales de Noruega, Dinamarca y Suecia que muestran los datos de hogares que voluntariamente revelaron activos previamente ocultos a cambio de una amnistía fiscal. Zucman y sus colaboradores fueron capaces de hacer concordar los activos expuestos por la filtración del HSBC del 2015 y los Papeles de Panamá con los datos gubernamentales de los países escandinavos. Este método les permitió entender la cantidad promedio de riqueza que los multimillonarios dijeron tener frente a lo que realmente tenían en cuentas no reveladas.

El estudio demostró que en Noruega, cuando se agregan los activos extraterritoriales, los súper ricos noruegos muestran un aumento del 30 por ciento en sus ingresos; es probable que el aumento sea mayor en otros países.

“Debido a que la mayoría de las economías latinoamericanas y muchas economías asiáticas y europeas poseen mucha más riqueza en el extranjero que en el caso de Noruega, los resultados encontrados en este país serán probablemente menores que en la mayoría de los países del resto del mundo”, señalaron los autores.

Zucman le comentó a Los Angeles Times, que “Hay buenas razones para creer que la pendiente tan inclinada [en la evasión fiscal de los ricos] también sea el caso de EEUU”.

De acuerdo con cifras conservadoras del Servicio de Rentas Internas de EEUU —las cuales no cubren los paraísos fiscales legales— no se pagan $406 000 millones en impuestos cada año. Una investigación sobre los datos filtrados de HSBC en el programa “60 Minutes” de CBS News, encontró que Swiss Bank, administrado por HSBC, tenía cuentas de unos 4000 contribuyentes estadounidenses que poseen una riqueza superior a los $13 000 millones de dólares.

La evasión fiscal individual que destaca el informe es, sin embargo, sólo parte de un fenómeno mucho más amplio. La evasión fiscal en EEUU es un fenómeno que ocurre literalmente a escala industrial y que está integrado en el modelo de negocios de las principales corporaciones estadounidenses.

Se ha estimado que las firmas estadounidenses tienen cerca de $2 billones de dólares en efectivo en valores en cartera extraterritoriales, en gran parte para escapar el pago de impuestos en Estados Unidos —una cantidad aproximadamente equivalente al 14 por ciento del producto interno bruto estadounidense.

El ejemplo más notorio es Apple, que tiene $240 000 millones de sus $256 000 millones en reservas de efectivo en el extranjero, a fin de evitar pagar impuestos sobre este dinero si lo llegare a repatriar. Al mismo tiempo, toma prestadas decenas de miles de millones de dólares en EEUU, en gran parte con el fin de recomprar acciones y pagar dividendos para aumentar el valor de sus propias acciones.

La operación de esta lógica aparentemente perversa —tomar préstamos mientras tienen un océano de dinero en efectivo— es el resultado de las decisiones políticas de la Reserva Federal de Estados Unidos desde la erupción de la crisis financiera del 2008 dirigidas a impulsar el aumento de la riqueza de la élite financiera.

Su política de flexibilización cuantitativa, con la que han inyectado alrededor de $4 billones de dólares en el sistema financiero estadounidense, junto con el mantenimiento de tasas de interés muy bajas, significa que Apple sólo tiene que pagar intereses que oscilan entre el 1,6 y el 4,3 por ciento para financiar operaciones que aumentan el valor de sus acciones —esto es mucho menos de lo que tendrían que pagar en impuestos si decidieran repatriar los activos financieros que posee en el extranjero.

Como resultado de estas y otras maquinaciones financieras, el valor total de Apple en el mercado pasó los $800 000 millones a principios de este año y está bien encaminado a la marca del $1 billón, mientras que el costo social de estas operaciones lo sobrellevan millones de familias de la clase trabajadora que están privadas de servicios vitales porque se afirma que el gobierno no tiene dinero para pagar por estos servicios.

No obstante, Apple es sólo el mayor ejemplo de un proceso que se extiende por todo el mundo corporativo. Entre los otros grandes tenedores de reservas de efectivo en el extranjero están: Microsoft, con $113 000 millones; Cisco Systems, con $62 000 millones; Oracle, con $52 000 millones y la matriz de Google, Alphabet, con $49 000 millones de dólares.

Estas cifras subrayan el hecho de que la evasión fiscal y las ganancias obtenidas por los “malhechores con grandes riquezas” no son simplemente el resultado de sus acciones individuales, sino son el producto de un orden económico y político de, por y para los ricos.

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Chile y Venezuela

Mér, 14/06/2017 - 20:52

Leandro Grille, Público

Nicolás Maduro no es Salvador Allende. Ni es Hugo Chávez. Venezuela, además, no es Chile. Hasta ahí las afirmaciones son de una trivialidad tal que podrían obviarse. Sin embargo, el paralelismo entre la revolución bolivariana y el gobierno de la Unidad Popular, encabezado por el inolvidable presidente mártir, es enorme. Y negarlo, desconocerlo o soslayarlo es condición necesaria para desentenderse y adversar un proceso político contemporáneo sin la necesidad de replantearse viejos amores todavía vigentes.

Me propongo exponer brevemente, dentro de las limitaciones de mi formación, algunas claves de este paralelismo más allá de que no existen procesos históricos y políticos homologables en un sentido profundo, mucho menos cuando operan sobre sociedades y tiempos distintos.

Históricamente Venezuela ha tenido una economía basada en la extracción y comercialización de sus enormes reservas petroleras. Chile, por su parte, fundó su economía durante décadas en la explotación del salitre, hasta su declive tras el desarrollo del salitre sintético, y tras ello vivió literalmente de la extracción y exportación de cobre que, al momento de ascender Salvador Allende a la Presidencia, significaba el 75% de las exportaciones chilenas y más del 30% de los ingresos tributarios. Ambas eran economías extractivistas, fuertemente dependientes del precio internacional de un recurso natural preponderante.

Una primera gran similitud entre el gobierno de la UP y el proyecto político inicialmente liderado por Hugo Chávez fue la voluntad manifiesta de construir un camino al socialismo por vía democrática en un país del tercer mundo, recurriendo a las urnas y no a las armas. Este propósito común de resolver de modo pacífico la contradicción capital trabajo a favor de los explotados mediante la construcción de un Estado socialista por vía electoral, todavía no ha probado su viabilidad en ningún territorio del mundo. No hay precedentes.

No es extraordinario, entonces, que los dos procesos políticos hayan concentrado su vocación socializante en la redistribución de la renta producida por su principal rubro económico, ni puede sorprender que el derrumbe -forzado- del precio internacional del cobre entre el año 1971 y el año 1973, para Chile, y el desmoronamiento del precio del barril de petróleo a partir del año 2014, para Venezuela, hayan tenido las consecuencias económicas devastadoras que tuvieron en ambos países.

La crisis económica de la Chile de Salvador Allende fue tan grave y tan atizada por los Estados Unidos como la crisis venezolana. Desde que Allende obtuvo la presidencia de Chile, Estados Unidos, gobernado en ese entonces por Richard Nixon y con el genocida Henry Kissinger al frente del Departamento de Estado, tomó la decisión de derrocarlo y para ello orquestó un plan, conocido como FUBELT: para destruir la economía chilena, radiarla del mundo y producir un golpe de Estado que derrocara al gobierno marxista al que consideraban una grave amenaza a sus intereses.

Las pruebas de su accionar se conocieron 25 años después, cuando se desclasificaron los documentos, pero era evidente para cualquier observador que no fuera políticamente ingenuo o cómplice. Si el primer año de Allende significó una mejora sustantiva en la capacidad de consumo de la población, crecimiento económico, expansión de derechos, impulso de políticas públicas de avanzada, los años posteriores -condicionados por una guerra económica interna y externa conducida por Estados Unidos y ejecutada por los sectores más poderosos de Chile y sus medios afines, más la abrupta -y operada- caída del precio internacional del cobre tras la nacionalización de 1971, marcaron un derrumbe de la economía, dos años seguidos de caída del producto bruto, deterioro del salario real e inflación galopante, que llegó a ser los últimos dos años del gobierno de Allende la más alta del mundo, superando el 600%. La política de control de precios que aplicó el gobierno de Chile para contener la inflación es perfectamente comparable a ley de precios justos venezolana, y el poder económico respondió de la misma manera: con desabastecimiento y acaparamiento. Los chilenos debían hacer colas de varias cuadras para obtener productos básicos a precio regulado, o pagar montos infernales en el mercado negro que esquivaba el control del Estado. En Venezuela sucedió lo mismo. Y al desabastecimiento inducido, la respuesta del Estado venezolano fue la misma que la respuesta del gobierno de la UP: Allende creo las JAP (Juntas de Abastecimiento y Control de Precios) y Nicolás Maduro creó los CLAP (Comité Locales de Abastecimiento y Producción) que tal vez han funcionado mejor que las JAP, entre otras cosas porque, evidentemente, las autoridades venezolanas analizaron aquella experiencia y han hecho lo posible para que, a diferencias de las JAP chilenas, los CLAP venezolanos no sean saboteados y perseguidos. El descontento social venezolano de los últimos años y el chileno de la época de Allende trabajado por la guerra económica y sus duras consecuencias sobre la vida cotidiana de los chilenos, también fue comparable. Y en las elecciones parlamentarias de 1973, la Confederación para la Democracia (CODE, versión chilena de la actual Mesa de Unidad Democrática que agrupa a la derecha venezolana) obtuvo el 56% de los votos, contra el 43% que obtuvo la Unidad Popular de Salvador Allende, quedándose con la mayoría de las bancas, con guarismos que son singularmente parecidos a la elección de la Asamblea Nacional que perdió el chavismo en medio de una crisis idéntica, porque en 2015 la MUD venezolana obtuvo el 56% de los votos contra el 41% del Partido Socialista Unido de Venezuela. ¿Qué hizo Allende con un parlamento opositor? La oposición chilena agrupada en la CODE quería los dos tercios para poder acusar y, eventualmente, destituir a Allende como hicieron hace poco con Dilma, y como quisieron hacer con Maduro. No llegaron de casualidad. Pero controlaron el parlamento, y la oposición chilena intentó usar su mayoría parlamentaria amplia para promover una reforma constitucional con un proyecto conocido como Hamilton – Fuentealba que intentaba parar las políticas estatizadoras y socialistas de Allende. Allende vetó el proyecto y, por ello, fue acusado de avasallar la legalidad y pasar por arriba del poder legislativo. Fue acusado en parecidos términos que Nicolás Maduro y el odio político de las clases medias y altas se expresó en la calle, con movilizaciones cada vez más duras, y también masivas, donde también participaron estudiantes universitarios -no fueron solo los camioneros- e ingentes sectores sociales, entre los cuales sectores medios y profesionales, como médicos y abogados y dentistas y comerciantes. A Allende le calentaron la calle y no hubo 60 muertos, hubo más de 100, y lo acusaron de asesino, de tirano, de todo. Mientras tanto, los sectores aliados a la burguesía promovían el golpe, se concentraban en la puerta de los cuarteles, y participaban en conspiraciones. Si en estos días la fiscalía general de Venezuela se ha plegado a la oposición, también se plegó la contraloría general de la República en Chile cuando acusaron a Allende de desconocer la Constitución por vetar el proyecto de los opositores de derecha, que se proponía impedir la expropiación de tierras y la intervención en el comercio y en el rubro de los transportistas.

¿Por qué muchos creen que Salvador Allende era un hombre democrático y pacífico y su gobierno un ejemplo inolvidable, y se permiten a la vez aborrecer el proyecto de los bolivarianos? ¿No es acaso una inconsistencia? Por ahora, la gran diferencia es el desenlace. Salvador Allende fue víctima de un golpe de Estado militar al que resistió con su vida y el gobierno venezolano no ha sido derrocado todavía, ni siquiera por un golpe de Estado, aunque lo intentaron. Venezuela se defiende como puede. Hugo Chávez lo dijo: a diferencia de la chilena, la nuestra no es una revolución desarmada. Fidel se lo anticipó a Salvador Allende en su discurso de despedida en el Estado Nacional, al final de un recorrido de tres semanas por territorio de Chile, en diciembre de 1971. Luego de ver la experiencia -única en la historia de construcción del socialismo por vía pacífica-, le advirtió al pueblo de Chile que la violencia era inexorable, porque la derecha la iba a imponer: “¡Regresaré a Cuba más revolucionario de lo que vine! ¡Regresaré a Cuba más radical de lo que vine! ¡Regresaré a Cuba más extremista de lo que vine!”

Lo que está sucediendo en Venezuela no es extraño a la historia de América Latina. Ni la actitud de la OEA lo es. Ni la violencia lo es. Ni la crisis. Ni los muertos. Ni la guerra económica. Ni las mentiras de los medios. Ni la intervención de la mano negra de los Estados Unidos. Ni el desabastecimiento concertado. Ni el acaparamiento criminal. Ni las colas gigantes, ni la inflación astronómica, ni el mercado negro, ni el control de precio, ni los CLAP, ni las derrotas electorales en medio de crisis operadas, ni la caída majestuosa del precio del recurso económico más importante, ni las manifestaciones de las clases altas y medias. Ni las acusaciones de inconstitucionalidad. Ni las acusaciones de despotismo y tiranía. Porque lo que está sucediendo viene organizado desde el mismo lado y con el mismo objetivo que hace cuarenta y cuatro años. Es contra los mismos. Solamente han aggiornado sus métodos, porque como también dijo Fidel aquel día en el Estadio Nacional de Chile, la derecha aprende antes que el pueblo humilde. Pero el pueblo humilde también aprende. Y como ahora es más difícil que aparezca un Pinochet en Venezuela, entonces piden la intervención internacional. También en Chile se anticipaba una guerra civil. De eso se hablaba en el 73. Para mí, nada es sustancialmente distinto. Tampoco son distintos los que no van a soltar la mano de la Revolución Venezolana. Ni es distinta la derecha que se lo opone. Que no estallen de nuevo los cristales de los lentes de Salvador Allende.

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La muerte del centro comercial

Mér, 14/06/2017 - 15:34

Alejandro Nadal, La Jornada

En las economías capitalistas desarrolladas la crisis financiera de 2007 tuvo como epicentro el sector inmobiliario y las hipotecas de mala calidad. Los bancos centrales rescataron al sistema bancario privatizando las ganancias y haciendo público el costo de la crisis. Y ahora que lo peor del frente de tormenta pasó, se consolida la percepción de que la borrasca ha sido controlada. Esa es una idea equivocada y peligrosa.

La verdad es que el problema en Estados Unidos se ha desplazado del ámbito residencial a los centros comerciales, los famosos y feos shopping malls. Esas enormes construcciones están hoy en el corazón del próximo huracán financiero. Al igual que en 2007, los efectos del mal tiempo se dejarán sentir en la economía global.

Los centros comerciales en Estados Unidos se están muriendo lentamente. Los locales vacíos se multiplican porque las ventas no cubren las altas rentas y los comercios en bancarrota aumentan todos los días. Casi no se habla de este tema, pero lo cierto es que en Estados Unidos crece cada día el número de centros comerciales fantasma, abandonados o con grandes espacios vacantes. Hasta se habla del modelo chino en el que el crédito barato y la especulación inmobiliaria han llevado a construcciones de millones de metros cuadrados que hoy son cascarones vacíos sostenidos por millones de toneladas de concreto, miles de kilómetros de cables eléctricos y tuberías, amén de una colosal huella ecológica.

Si la imagen exitosa del centro comercial se mantiene es sólo porque algunos malls subsisten en buenas condiciones. Pero esos centros son la minoría: en Estados Unidos sólo 20 por ciento de los centros comerciales genera más de dos terceras partes de las ganancias de este sector. Esos centros comerciales están localizados en puntos que mantienen alta densidad de población con poder de compra o en centros de concentración turística y económica. Lo cierto es que la crisis en el resto de los centros comerciales es una triste realidad que no va a desaparecer. Se calcula que en los próximos dos o tres años desaparecerán cerca de 800 shopping malls (más de la mitad del total) en todo el territorio estadounidense.

Muchos podrían pensar que el principal responsable de la debacle del centro comercial se debe al auge del comercio en línea. Pero lo cierto es que a pesar de su crecimiento, el comercio vía Internet apenas representa 12 por ciento de las ventas totales de las tiendas departamentales que sirven como ancla de los malls.

La razón de fondo de la nueva crisis es que la construcción de centros comerciales en las últimas dos décadas ha procedido a un ritmo muy superior al crecimiento del poder de compra en la mayoría de las ciudades estadounidenses. Mientras la demanda se estancaba se construyeron más de siete millones de metros cuadrados para centros comerciales en los últimos cinco años.

¿Por qué se ha mantenido la inversión en los centros comerciales? La respuesta es inmediata: cálculos de riesgo equivocados y mucha especulación. Éste es un sector en el que los inmuebles sirven de garantía, facilitan la obtención de financiamiento y permiten un mayor apalancamiento. La inversión en centros comerciales estuvo ofreciendo rendimientos estables que prometían superar 6 o 7 por ciento y con una garantía aparentemente tan sólida como el concreto y acero utilizados en su construcción. Eso explica el rápido crecimiento de capacidad instalada que hoy rebasa todas las proyecciones sobre la evolución de la demanda. Por eso las tiendas en los malls ofrecen constantes ofertas y descuentos sobre toda la gama de artículos en venta, lo cual comprime los márgenes de ganancia y lleva a la apertura de concursos de quiebra. En consecuencia, los operadores de los centros comerciales enfrentan serias dificultades para enfrentar sus compromisos de deuda. Para los próximos 18 meses se necesita refinanciar unos 130 mil millones de dólares en créditos para el sector de centros comerciales, una operación que no se anuncia fácil.

La gran diferencia de la crisis que se avecina es que los principales acreedores no son los grandes bancos, sino los llamados inversionistas institucionales como los fondos de pensión y las compañías aseguradoras, así como otros agentes financieros –en especial, los fondos de cobertura hedge funds– y uniones de crédito. Las implicaciones para el sistema financiero son más graves que las de la crisis de 2007 porque el rescate de las compañías aseguradoras y los fondos de pensión se anuncia casi imposible. Los efectos en cascada sobre los ingresos de jubilados y el desplome de recaudación fiscal (por impuestos prediales) son múltiples y serán difíciles de revertir: vender uno de esos centros es mucho más complicado que el deshacerse de mil casas. A diferencia del cierre de una fábrica y de la pérdida de empleos, el cierre de un centro comercial no puede explicarse con una retórica fácil sobre la globalización o un mal tratado comercial. El crepúsculo de los shopping malls se debe a problemas estructurales del capitalismo avanzado.

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Paraíso neoliberal: The Guardian critica el mercado del agua en Chile y plantea que en el mundo es un Derecho

Mar, 13/06/2017 - 13:01

Chile vuelve a coronarse como uno de los países más neoliberales del mundo. A la determinación tomada en dictadura de que el agua fuese un “bien transable”, se agregó años después la política impulsada por Eduardo Frei Ruiz-Tagle y aprobada por el Congreso de la época: privatizar las empresas sanitarias. ¿El resultado? 95,8% de la población bajo sus servicios y 99% de la población cubierta. ¿El mérito? no es de los privados, asegura The Guardian.

En el artículo, se señala que Chile va a contrapelo del mundo en materia del derecho al agua. “A nivel mundial, más del 90% de los servicios sanitarios son administrados por el Estado gracias a la férrea oposición al ingreso de actores privados, que suele traducirse en mayores tarifas y menor responsabilidad sobre la infraestructura”.

Lo que llama la atención, es la crítica al Estado Subsidiario implicado en el texto. En él se señala que “si bien en Chile es común creer que la privatización mejoró las condiciones sanitarias del país, fue en realidad el financiamiento público previo al traspaso a manos privadas el que permitió extender la cobertura”.

En los últimos cuatro años ha habido un acelerado problema en torno al agua potable tanto en zonas rurales como urbanas, y en particular en la Región Metropolitana y se ha vuelto nada extraño tener cortes de suministro por cualquier tipo de colapso. Ello indica que hay un desgaste en la inversión original del Estado.

Por tal motivo, The Guardian afirma que “mientras el desgaste de aquella inversión estatal y los nuevos desafíos del cambio climático exigen una nueva inversión por parte de los actuales dueños de las sanitarias, estas han incumplido los requerimientos mínimos estipulados por la autoridad”.

Las cifras del Gobierno dan cuenta de la gravedad del asunto: la empresa Aguas del Valle sólo invirtió un 49% del mínimo recomendado para 2014, mientras que Essbio y Esval invirtieron un 75% y 64% del mínimo recomendado, respectivamente. Mientras, las tarifas chilenas son las más caras de Latinoamérica. Y se imponen criterios de mercado en la iniciativa privada que excluye zonas de baja población o menos lucrativas.

Hay impedimentos políticos y jurídicos para cambiar la orientación de esta política, irracional a ojos del mundo. Chile ha firmado 26 acuerdos comerciales con 62 países desde que se iniciaran los procesos de privatización en 1990, en los cuales se establecen onerosas sanciones y abren opción de judicialización por parte de las corporaciones.

El debate legislativo a través del cual se pretendía modificar el Código de Aguas, en el cual se establecen los derechos de explotación de recurso por parte de la gran empresa, hoy estancado en el Congreso, da cuenta de estas dificultades. El proyecto se proponía cambiar los derechos de explotación “permanente” del recurso, por una regulación de 30 años.

El empresariado ha reaccionado enérgicamente para defender sus cuotas, imposibilitando toda modificación sustantiva. Al apuntar una que una eventual modificación sería “expropiatoria” y que “atenta contra el derecho a la propiedad” como han expresado desde el agro, la industria y la minería, el proyecto que desde 2011 se plantea modificar el código de 1981 fue desprovisto de todos estos aspectos.

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La política económica y exterior alemana está perjudicando la cohesión de la UE

Mar, 13/06/2017 - 09:01
Dimitrios Papadimoulis, Público

La economía europea está en una encrucijada, ya que los equilibrios económicos y geopolíticos globales está cambiando y la inestabilidad regional está aumentando continuamente.

Durante los últimos años, el liderazgo alemán ha estado imponiendo una política económica que divide las sociedades europeas y crea brechas profundas en la cohesión social. La política alemana también está debilitando el apoyo estatal a grupos sociales vulnerables y no contribuye a la aceleración de la unificación política de la UE ni a la implementación de medidas de armonización fiscal y crecimiento sostenible en los estados miembros.

Asimismo, la política financieramente restrictiva de Alemania en la Eurozona favorece el incremento excesivo de la balanza comercial del país a expensas de otros estados miembros que tienen problemas para reducir la tasa de desempleo y afrontar la recesión y la austeridad. En este escenario, la Eurozona está haciendo frente a una crisis duradera mientras Alemania está imponiendo su hegemonía económica y política, no dejando margen a las políticas alternativas y a los líderes políticos progresistas para cuestionar y revisar el modelo social actual en la Eurozona.

En el caso griego, el Gobierno alemán sigue evitando implementar sus propios compromisos, provocando demoras adicionales en las negociaciones sobre la muy necesaria hoja de ruta para el alivio de la deuda. Las maniobras políticas del Ministro de Finanzas, el Sr. Schauble, y la llamada tensión con el FMI por su participación en el programa del rescate griego son un insulto directo al pueblo griego, que perjudica perspectivas positivas de la economía y amenaza a los esfuerzos para transformar el clima empresarial en Grecia y en la Eurozona.

La postura polarizadora de Alemania también se manifestó en la última Cumbre del G7 en Italia. El liderazgo alemán no puede fingir representar a los 27 estados miembros de la UE, especialmente en un momento en que no está teniendo en cuenta las crecientes reivindicaciones del pueblo europeo. La auto-proclamada “postura hegemónica” de Alemania no sólo es engañosa, también es peligrosa para los equilibrios internos de la UE y la Eurozona.

Igualmente preocupante es la posición de la Canciller Merkel respecto a las sanciones a Rusia y de manera general hacia el papel del Kremlin en el panorama internacional. Reestablecer canales abiertos de comunicación entre Bruselas y Moscú es de vital importancia para ambas partes, puesto que el estado actual de aislamiento ha llevado a un crecimiento masivo de la propaganda y al retorno a tiempos en que la polarización y el odio alimentaban antagonismos hostiles.

Contra esta preocupante situación, es muy importante señalar que la decisión del Presidente francés Macron de reunirse con su homólogo Vladimir Putin es un paso en la dirección correcta. El recientemente electo liderazgo francés es partidario de relanzar la comunicación estratégica con Rusia y esto es algo que la Comisión europea debería reconocer como positivo y actuar en consecuencia. La UE debería demostrar de todas las formas posibles que defiende la paz mundial, el desarrollo social y económico, impulsando el diálogo continuo con todos los actores regionales.

El liderazgo político alemán parece ignorar las preocupaciones de una parte creciente del pueblo europeo, los movimientos sociales, y a gran cantidad de líderes europeos. Sobra decir que si la UE continúa sin abordar asuntos sociales y económicos fundamentales, las instituciones europeas perderán la legitimidad y la visión europea será derrotada.

Las fuerzas progresistas en Europa deberían bloquear un desarrollo tan negativo, unir fuerzas, aumentar la presión a Berlín y demostrar que ningún estado miembro tiene la autoridad legal, moral y política para afrontar unilateralmente los problemas estructurales de la Eurozona. La UE debería tener una estrategia abierta al exterior y construir sinergias en el extranjero. Deberíamos continuar trabajando en esta dirección, por encima de líneas ideológicas, para cambiar el fatídico rumbo de Europa.

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Pese a avances recientes, América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo

Lun, 12/06/2017 - 13:30


“América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo, a pesar de los importantes avances realizados por los países durante la primera década y media del siglo XXI”, señaló Laís Abramo, Directora de la División de Desarrollo Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en el noveno capítulo del programa “Horizontes CEPAL”. En esta entrevista, Abramo examinó los principales hallazgos del informe anual Panorama Social de América Latina 2016, presentado por el organismo regional de las Naciones Unidas el pasado 30 de mayo en conferencia de prensa en Santiago de Chile.

La noción de igualdad promovida por la CEPAL se refiere no solo a la igualdad de medios, ingresos o propiedad. También alude a la igualdad en el ejercicio de derechos, a la igualdad en el desarrollo de capacidades y autonomías y a la igualdad de género, étnica, racial y territorial, entre otras. Justamente, “a través del Panorama Social, la CEPAL llama la atención sobre la complejidad y las múltiples dimensiones de la desigualdad social en América Latina y el Caribe, y cómo estas dimensiones se entrecruzan, se potencian y se encadenan a lo largo del ciclo de vida de las personas, creando un desafío enorme para nuestra región”, dice Abramo. “Si todos los países de la región están comprometidos con el cumplimiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, es fundamental avanzar no solo en la superación de la pobreza sino también de la extrema concentración de la riqueza”, enfatizó, ya que los datos indican que “la concentración de los activos, es decir, de la propiedad, tanto financiera como no financiera, es mucho más severa y mucho más permanente que la concentración de los ingresos corrientes de las personas”. Además de analizar la evolución reciente de la desigualdad socioeconómica en la región, Abramo aborda en la entrevista la distribución del uso del tiempo entre hombres y mujeres, las brechas presentes en las distintas etapas del ciclo de vida y la situación de las personas afrodescendientes.

En América Latina viven aproximadamente 46 millones de personas de pueblos indígenas y 130 millones de afrodescendientes. Según estas estimaciones, uno de cada cuatro latinoamericanos es indígena o afrodescendiente, aunque su distribución es muy diversa y heterogénea en la región, resalta la Directora de la División de Desarrollo Social de la CEPAL.

“Esto significa que no se puede hablar de igualdad, de superación de la pobreza, de la agenda de derechos, sin considerar de manera muy clara la situación de estas poblaciones”, plantea Abramo. Sin embargo, los datos incluidos en el Panorama Social 2016 revelan que los indígenas y afrodescendientes sufren profundas desigualdades en todas las áreas del desarrollo social en comparación con los no indígenas y no afrodescendientes. El estudio completo, concluye la funcionaria, será un aporte para los trabajos de la segunda Conferencia Regional sobre Desarrollo Social de América Latina y el Caribe, que tendrá lugar a fines de octubre en Montevideo, Uruguay, con la participación de autoridades y representantes de la sociedad civil. El tema principal del encuentro, adelantó, será “el doble desafío de la inclusión social y económica”, con un enfoque importante en el ciclo de vida.

Los capítulos previos del programa “Horizontes CEPAL” ofrecieron entrevistas exclusivas con la Secretaria Ejecutiva, Alicia Bárcena, y otros directores del organismo regional. Las próximas ediciones seguirán abordando los distintos temas que forman parte del programa de trabajo de la Comisión, especialmente aquellos relacionados con la nueva Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

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Jeremy Corbyn resucita al laborismo en Reino Unido

Sáb, 10/06/2017 - 22:31

Las cosas a veces son más sencillas de lo que nos dicen. Tras 30 años contándonos la película de que la socialdemocracia tenía que abandonar las políticas clásicas de izquierda para conectar con la modernidad, la globalización y los deseos de eficacia de las nuevas mayorías sociales, un señor honesto llamado Jeremy Corbyn, curtido en mil batallas justas y perdidas, tomó las riendas del Partido Laborista en septiembre de 2015 ante el espanto de los medios y las élites conservadoras. En poco más de un año, Corbyn ha conseguido resucitar a un partido moribundo y sin norte, confundido por décadas de complicidad con el poder financiero y las grandes corporaciones, y ha logrado movilizar a millones de votantes y de jóvenes desentendidos de la política para conseguir el mejor resultado de los Labour en mucho tiempo.

Esta resurrección de la izquierda clásica, basada en un programa económico solvente y redistributivo, que revierte las nefastas privatizaciones y los recortes sociales que abrazaron con fe de conversos sus antecesores, ha sido posible sobre todo porque Corbyn se ha propuesto, por encima de cualquier otra cosa, mejorar el presente y el futuro de los más jóvenes y los más vulnerables. Esta es la mejor noticia de las elecciones británicas celebradas el 8 de junio. La renovada fuerza del viejo socialismo y sindicalismo británicos debería servir de modelo frente a las políticas de austeridad impulsadas por Alemania en la Unión Europea. Ojalá los resultados de Corbyn entierren para muchos años el modelo que se llamó de la Tercera Vía (Blair, Schroeder, González, Hollande y el último Zapatero) incapaz de hacer frente, llegado el momento, a una crisis formidable de los principios socio-liberales que habían aceptado casi sin discusión. Lo que hundió a los partidos socialdemócratas prácticamente en la irrelevancia en muchos países europeos no fue la torpeza de los votantes que se sentían traicionados con razón, sino la incapacidad de sus dirigentes (se llamaran Sigmar Gabriel, Susana Díaz, Manuel Valls o Alfredo Pérez Rubalcaba) para hacer frente a la desregulación y defender lo que constituía lo esencial de su compromiso político: la defensa de los más débiles, a través de políticas públicas financiadas por un sistema tributario solidario y eficaz.

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El auge del nacionalismo económico y el proteccionismo

Ven, 09/06/2017 - 06:01
Este discurso fue pronunciado por Nick Beams, miembro fundador del Partido Socialista por la Igualdad de Australia y secretario nacional entre 1985 y 2015, en el acto en línea del Día Internacional de los Trabajadores del 2017, celebrado el 30 de abril Ha pasado casi una década desde el inicio de la crisis financiera global del 2008. Desde entonces, todas las contradicciones del modo de producción capitalista que la detonaron se han agudizado.

El análisis realizado por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional en ese momento estableció que no fue una simple fluctuación temporal o fin de un ciclo comercial, sino un colapso de todo el sistema capitalista.

Mediante una intervención desesperada —transfiriendo billones de dólares de los bancos centrales al sistema financiero mundial—, las clases gobernantes lograron evitar que el colapso fuese tan grande como la Gran Depresión de los años treinta.

Sin embargo, han sido incapaces de resolver las contradicciones dentro del sistema de ganancias que desencadenaron la debacle financiera. Las medidas que impusieron realmente han exacerbado estas contradicciones.

La causa inmediata de la crisis fue la subida del capital financiero y su acumulación de ganancias de una cúspide a otra, basándose en lo que constituyó un acaparamiento criminal y parasitario de recursos económicos. No obstante, estas mismas prácticas continúan porque la Reserva Federal de Estados Unidos y los principales bancos centrales puso billones de dólares en manos de los especuladores financieros.

Las consecuencias sociales se ven ahora con claridad. En todos los países —tanto economías avanzadas como los llamados "mercados emergentes”— las condiciones sociales de la clase obrera están empeorando. Los salarios reales se están estancando, mientras que los informes oficiales dejan claro que la participación laboral del ingreso global está disminuyendo.

Bajo los dictados del capital financiero global, el gasto público en servicios básicos como salud, educación y pensiones está siendo eviscerado. Millones de trabajadores de mayor edad, tras haber sido forzados a dejar sus empleos anteriores, ahora si acaso viven una existencia miserable, mientras que los jóvenes, endeudados por intentar tener una educación, son incapaces de encontrar un empleo con un salario permanente y digno. La concentración de la riqueza en lo más alto de la sociedad burguesa ha llegado a tal punto que sólo ocho multimillonarios poseen tanto como la mitad de la población mundial.

En su reunión de primavera este fin de semana, el Fondo Monetario Internacional afirmó que la economía mundial ya está en una "recuperación cíclica". Pero, a pesar de intentar retratar un cuadro optimista, reconoció que el crecimiento de la productividad está en su punto más bajo en décadas, que ha habido una marcada desaceleración en el comercio mundial y, a raíz de esto, las condiciones anteriores no han regresado. De hecho, la crisis histórica del sistema capitalista global está generando las mismas condiciones que desencadenaron los conflictos económicos en los años treinta y la guerra en 1939.

Inmediatamente después de la crisis financiera, los líderes de las principales potencias capitalistas se comprometieron a abstenerse de toda forma de proteccionismo comercial, reconociendo sus consecuencias desastrosas durante la Gran Depresión. De esta manera, se felicitaron a sí mismos: aprendimos las lecciones del pasado y la historia es historia.

Posteriormente, continuaron reiterando su compromiso a resistir al proteccionismo en sus declaraciones. Pero, cada vez más, conforme el crecimiento económico y el comercio se estancaban y la lucha por mercados y ganancias se intensificaba, las potencias capitalistas comenzaron a introducir restricciones y dicho compromiso comenzó a brillar más por su inobservancia.

Este año, estos procesos han llegado a un punto de inflexión cualitativo. La promesa de "resistir al proteccionismo", previamente considerado rutinaria, se ha convertido en algo tan controversial que las instituciones económicas globales la han eliminado de sus declaraciones. Esto es a pesar de que, en palabras de la titular del FMI, Christine Lagarde, la "espada del proteccionismo" se cierne sobre la economía mundial, un peligro claro y presente. Al igual que en la década de 1930, la burguesía se desliza nuevamente hacia el desastre.

La causa inmediata de la crisis en las relaciones económicas internacionales es el reaccionario programa nacionalista "EEUU ante todo" del gobierno de Trump. Pero sería el mayor error y una conclusión miope establecer que las acciones de este régimen, su campaña de guerra económica y militar, son alguna clase de aberración, un mal que puede ser omitido si tan sólo llegaran mentes más sabias al poder. En el sentido más directo e inmediato, la violencia del gobierno de Trump es sólo la expresión más gráfica de las contradicciones irresolubles del sistema capitalista en su conjunto.

Hace cien años, el mundo se encontraba envuelto en la Primera Guerra Mundial. Esta no fue una "guerra para terminar todas las guerras", sino que marcó el comienzo de más de tres décadas de lucha para determinar cuál potencia imperialista asumiría el dominio mundial. Estados Unidos emergió como la potencia mundial preeminente dando por concluida la Segunda Guerra Mundial tras arrojar dos bombas atómicas sobre Japón.

Ahora, una nueva lucha por la supremacía mundial comienza, con amenazas nucleares y el peligro de la destrucción de toda la civilización desde el principio. Este nuevo período de guerra está siendo impulsado por las mismas contradicciones irresolubles del capitalismo mundial que detonaron las dos primeras conflagraciones imperialistas.

Ante su declive económico, el imperialismo estadounidense, la potencia dominante, busca mantener y mejorar su posición a través de medios militares. Pero al hacerlo, ha desencadenado una nueva disputa por el dominio mundial a la que todas las otras potencias imperialistas se deben unir para proteger sus posiciones —en el análisis final, por medios militares.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, León Trotsky explicó sus orígenes objetivos y planteó la estrategia que la clase obrera debía seguir. "La guerra", escribió, "es el método por el cual el capitalismo, en la cumbre de su desarrollo, busca la solución de sus insalvables contradicciones".

“A este método”, continuó, “el proletariado debe oponer su propio método: el de la revolución social.” Debe avanzar “como programa práctico del día la organización socialista de la economía".

Esto es aun más cierto hoy. Ningún problema importante económico, social ni ambiental puede ser resuelto dentro del sistema de lucro. Pero, como insistió Marx, todo gran problema siempre viene acompañado por las emergentes condiciones materiales para su resolución. La globalización de la producción, la unificación del trabajo social de la clase obrera internacional, la producción de muchísima información económica a nivel mundial y el desarrollo de sistemas de comunicación por parte de las empresas transnacionales y el capital financiero han creado las bases para la construcción a nivel global de una economía socialista planificada, libre de guerras, toda explotación y opresión. Este programa debe ser la base para la lucha contra el creciente peligro de guerra.
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Via wsws.orgUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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India: la gran potencia de en medio

Xov, 08/06/2017 - 15:15
Immanuel Wallerstein, La Jornada

Tengo la impresión de que, de todas las grandes potencias del sistema-mundo contemporáneo, sea cual sea la forma en que definamos gran potencia, India es la que recibe menor atención. Admito que esto ha sido cierto de mi parte, pero es cierto también de la mayoría de los analistas geopolíticos.

¿Por qué ha de ocurrir esto? Después de todo India se está acercando rápidamente al punto donde tendrá la población más grande del mundo. Es respetablemente alta en casi todas las medidas de fortaleza económica y mejora todo el tiempo. Es una potencia nuclear y tiene una de las fuerzas armadas más grandes del mundo.

Es un miembro del G-20, lo que le confiere un certificado de ser una gran potencia. No obstante, no es miembro del G-7, que es un grupo mucho más restringido y mucho más importante. Es uno de los cinco países conocidos como BRICS –Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

Pero el BRICS, la fuerza creciente de las economías emergentes a principios del nuevo siglo, ha resbalado en su significación geopolítica, puesto que sus economías, con excepción de China, se debilitaron repentina y radicalmente desde la decadencia de la economía-mundo posterior a 2008. Es miembro oficial, con China y Rusia, pero también con Pakistán, de la Organización de Cooperación de Shanghai, pero su estructura no parece convertirse en una fuerza importante en la política mundial.

Los gobiernos de India, sin importar qué partidos hayan estado en el poder, han invertido mucha energía en buscar un papel más importante en el sistema-mundo. En particular, han buscado obtener el respaldo de otras potencias en relación con la añeja disputa con Pakistán sobre Cachemira. No parece que hayan logrado nunca este objetivo.

En los días de la guerra fría, India fue oficialmente neutral y de facto más cercana a Rusia. Desde el colapso de la Unión Soviética, India ha intentado mejorar sus relaciones con Estados Unidos. Pero lo que logró en términos de respaldo estadounidense, lo perdió en términos de política con China.

China ha tenido serios conflictos armados con India por territorio, y está enojada por la hospitalidad del país asiático hacia el Dalai Lama.

India ha sido el país raro en Asia, pues cuenta con un sistema parlamentario en funciones, con virajes en la fuerza electoral entre el Partido del Congreso (heredero del movimiento de independencia) y el Partido Bharatiya Janata (un movimiento nacionalista hindú de derecha). Este hecho recibe aplausos de los analistas y los líderes políticos de los países paneuropeos, pero no parece haber significado que respalden las demandas de India en pos de mayor reconocimiento en ningún grado importante.

Una pregunta que podríamos hacernos es: ¿quién necesita realmente a India?

Estados Unidos (EU), especialmente desde que Donald Trump asumió el poder, quiere que India compre más de su país sin invertir, sin embargo, demasiado a cambio. De hecho, en este momento, el regreso del personal de tecnología de Internet a India desde Estados Unidos (y de otros países occidentales) está amenazando a EU con una pérdida significativa de empleos en uno de los pocos sectores donde el país estadounidense lo ha estado haciendo bien hasta ahora.

¿Acaso China necesita de India? Por supuesto, China quiere el respaldo de India en cualquiera de sus querellas con Estados Unidos, pero la nación asiática es un rival por el respaldo de los países del sureste de ese continente, no un socio en su desarrollo.

Rusia e Irán podrían utilizar el apoyo de India en asuntos relacionados con Medio Oriente, pero el país asiático duda en otorgar demasiado respaldo, aún cuando están de acuerdo básicamente en cuestiones como, digamos, Afganistán, por temor a ofender a Estados Unidos. Las naciones del sureste asiático creen que llegar a arreglos con China resulta mucho mejor que llegar a arreglos con India.

Claramente, el problema, es que India es un país de en medio. Es lo suficientemente fuerte como para ser tomado en cuenta por otros, pero no es lo suficiente fuerte como para jugar un papel decisivo. Así, conforme las demás potencias barajan constantemente sus prioridades, India parece destinada a ser una que reaccione a sus iniciativas, más que una que haga que los otros reaccionen a las iniciativas de India.

¿Cambiará esto en la próxima década? En la caótica geopolítica del estado actual del sistema-mundo, todo es posible. Pero no parece demasiado probable.

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No se está entendiendo por qué ganó Trump

Mér, 07/06/2017 - 20:58
Vicenç Navarro, Público

En la cobertura mediática del tsunami político que ocurre en EEUU se hace excesivo hincapié sobre la figura de Trump y su idiosincrasia y comportamiento atípico como presidente del país, sin analizar el contexto político que determinó tal elección, lo que hace que no se esté entendiendo por qué ocurrió tal tsunami. Atribuir este hecho –su elección como presidente- predominante a su figura es un error de primera magnitud, pues hay algo mucho más importante que Trump para comprender lo que está pasando en EEUU, y es entender por qué más de sesenta millones de personas votaron por él (casi el 50% de las personas que fueron a votar lo hicieron por él). Y lo que es incluso más importante es entender por qué la gran mayoría de la clase trabajadora blanca, que constituye la mayoría de la clase trabajadora estadounidense, lo votó. En realidad, la clase trabajadora blanca fue el centro de su base electoral. Este es el punto más importante que hay que entender. Sin comprender este hecho, habrá muchos Trumps como presidentes en las próximas décadas en EEUU.

¿Por qué la clase trabajadora votó a Trump? En primer lugar, tenemos que hacer una aclaración, que es obvia, pero que parece desconocida, ignorada u ocultada en los grandes medios de información. En EEUU (como en todos los países de Europa) hay una clase trabajadora distinta a la clase media. En realidad, hay más estadounidenses que se definen como pertenecientes a la clase trabajadora que a la clase media. Los datos están ahí para aquellos que quieran verlos. Y lo mismo, por cierto, ocurre en la mayoría de países de la Unión Europea, incluyendo España.

Esta clase trabajadora en EEUU ha ido perdiendo capacidad adquisitiva en los últimos treinta años, desde los años ochenta, con la elección del presidente Reagan, que inició las políticas neoliberales que constituían un ataque frontal a la clase trabajadora. Las rentas del trabajo como porcentaje de las rentas totales del país han ido descendiendo, pasando de un 70% de todas las rentas a finales de los años setenta, a un 63% en el año 2012. El enorme endeudamiento de las familias estadounidenses (y el gran crecimiento del sistema crediticio financiero) se basa en este hecho. Este descenso de las rentas del trabajo creó un problema, al disminuir la demanda y el crecimiento económico (puesto que la mayor parte de la demanda procede del consumo originado por las rentas del trabajo). Por otra parte, el crecimiento del sector financiero (que, como acabo de decir, fue también consecuencia del descenso de las rentas del trabajo) y la escasa rentabilidad de las inversiones en el sector productivo de la economía (donde se producen los bienes y servicios) explican que crecieran las inversiones especulativas, creando las burbujas cuya explosión (sobre todo la inmobiliaria) creó la Gran Recesión, consecuencia del comportamiento especulativo del capital, facilitado por las políticas desreguladoras del capital financiero.

La desregulación del comercio y de la movilidad de capitales inversores que perjudicó a la clase trabajadora Las políticas neoliberales, en su objetivo de incrementar la rentabilidad del capital, facilitaron la movilidad de las industrias manufactureras a países con salarios más bajos y con peores condiciones laborales. Ello causó una gran destrucción de puestos de trabajo bien pagados en el sector manufacturero de EEUU, ocupados en su mayoría por la clase trabajadora blanca. En realidad, bastaba que los dueños y gestores de las industrias manufactureras amenazaran a sus trabajadores con el traslado a otro país, para conseguir rebajas salariales y la aceptación de peores condiciones de trabajo. Es lógico, pues, que la clase trabajadora, afectada por tal movilidad de industrias a otros países con salarios mucho más bajos, odiara los tratados de libre comercio y a los gobiernos que los promovían. En realidad, los efectos de tal movilidad aparecen claramente en los barrios donde viven los trabajadores metalúrgicos en la ciudad de Baltimore (tales como Dundalk), uno de los centros industriales más importantes de EEUU. El traslado de los altos hornos del acero (Bethlehem Steel Corporation) a otro país creó un enorme deterioro en tales barrios. Estas políticas neoliberales han sido llevadas a cabo por todos los gobiernos federales, desde Reagan hasta Obama, siendo, por cierto, más acentuadas y promovidas por los presidentes demócratas Clinton y Obama, que por los republicanos.

Otra causa del enfado de la clase trabajadora: Las limitaciones de los programas sociales federales El Estado del Bienestar en EEUU está muy poco desarrollado. Como resultado del enorme poder que los propietarios y gestores de las grandes corporaciones financieras, industriales y servicios tienen sobre el Estado federal (lo que en aquel país se llama la Corporate Class), los derechos sociales y laborales están muy poco desarrollados. No hay, por ejemplo, el derecho de acceso a los servicios sanitarios. En realidad, en EEUU hay más muertes debidas a falta de atención médica que a la enfermedad del SIDA. Un indicador de la crudeza e insuficiencia del sistema sanitario estadounidense es que el 44% de las personas que se están muriendo (es decir, que tienen enfermedades terminales) indican que están preocupadas por cómo ellas o sus familiares podrán pagar sus facturas médicas. No hay plena consciencia en Europa de que EEUU es el capitalismo sin guantes.

No existe en EEUU la universalidad de derechos, es decir, que una persona, por ser ciudadana o residente, tenga un derecho en concreto. La provisión de servicios sanitarios, por ejemplo, depende de la renta de una persona, siendo los programas sanitarios del gobierno federal (como Medicaid) de tipo asistencial, es decir, de ayuda a los pobres, que, erróneamente, se cree que son los negros (en realidad, la gran mayoría de pobres en EEUU son blancos, aunque los negros son los más pobres entre los pobres). Pero en el imaginario popular, entre la clase trabajadora blanca, se considera que son los negros los que se benefician más de estos programas federales, cuyos gastos se cubren primordialmente con los impuestos que pagan las clases populares. De esta percepción (errónea) se crea el antagonismo de la clase trabajadora blanca (que no se beneficia de estas políticas federales asistenciales) hacia el gobierno federal, por pagar, con sus impuestos, la asistencia sanitaria a los pobres (que consideran que son los negros). De ahí la elevada impopularidad entre la clase trabajadora blanca de los programas antipobreza federales (que Trump quiere disminuir radicalmente).

¿Qué ha estado haciendo el partido supuestamente de izquierdas, el Partido Demócrata?: Las limitaciones de las políticas de identidad antidiscriminatorias Uno de los atractivos del modelo americano ha sido la posibilidad de ascender en la escala social. La movilidad vertical era la base del sueño americano (The American Dream). Esta percepción daba pie a relativizar la clase social en la que un ciudadano nacía, puesto que se asumía que podría ascender a las otras clases sociales, incluyendo la que se llamaba la clase alta.

Se reconocía, sin embargo, que tal movilidad social estaba perjudicada por la discriminación que las minorías (como las afroamericanas) y las mujeres sufrían. De ahí que, a partir de la legislación de derechos civiles, iniciada por el presidente Johnson (en respuesta al movimiento liderado por Martin Luther King en defensa de los derechos civiles), el gobierno federal estableciera las políticas antidiscriminatorias, como el punto central de sus políticas sociales, que tenían como objetivo facilitar la integración de los sectores discriminados dentro de la movilidad vertical, favoreciendo a minorías y mujeres, aumentando con ello su número en las estructuras de poder político y mediático. La elección de un afroamericano, Barak Obama, como presidente, culminó este proceso entre los negros, y el intento de la candidata Clinton hubiera tenido el mismo significado para las mujeres.

Ahora bien, la mayor discriminación que existe en EEUU es la discriminación por clase social. La mortalidad diferencial por clase social es mucho mayor, por ejemplo, que la mortalidad diferencial por raza o género. Es más, la mortalidad diferencial por raza tiene poco que ver con la raza, sino con racismo. La discriminación racial pone a la mayoría de negros en la clase trabajadora no cualificada y peor pagada. Tal discriminación de clase relativiza el sueño americano, pues la movilidad social, que permite el paso de la clase trabajadora a las clases más pudientes, ha sido siempre –en contra del mito del sueño americano- muy limitada y menor, por cierto, que en países como los escandinavos, donde los instrumentos de la clase trabajadora (como los partidos de izquierdas y los sindicatos) han sido más poderosos.

La falta de sensibilidad hacia la discriminación de clase explica que la clase trabajadora blanca tenga poca simpatía por los programas antidiscriminatorios, los cuales no la benefician directamente. En realidad, el aumento de negros y mujeres en las estructuras de poder ha tenido muy escaso impacto en la mayoría de negros y mujeres que pertenecen a la clase trabajadora. El estándar de vida de la clase trabajadora negra no aumentó durante el gobierno Obama. Y lo mismo hubiera ocurrido con las mujeres si hubiera ganado las elecciones la Sra. Clinton. Su insensibilidad hacia la discriminación de clase y la necesidad de incorporar la variable de clase en sus políticas (llegando incluso a insultar a la gente trabajadora seguidora de Trump) explica que la mayoría de mujeres de clase trabajadora no votaran por ella, sino a Trump.

Las únicas voces dirigidas a la clase trabajadora: Sanders y Trump Las únicas voces que hablaron a y de la clase trabajadora fueron el candidato demócrata Bernie Sanders y el candidato republicano Donald Trump. El primero, un senador socialista conocido por su integridad y continua defensa del mundo del trabajo, criticó las políticas neoliberales que habían afectado muy negativamente el nivel de vida de la clase trabajadora, denunciando los tratados de libre comercio que habían promovido los gobiernos demócratas de Clinton y de Obama, siendo una de sus máximos defensores la Sra. Hillary Clinton, primero como esposa del presidente Clinton, y más tarde como Secretaria de Estado (cargo semejante al de Ministro de Asuntos Exteriores). Criticó también las reformas laborales realizadas por los sucesivos gobiernos, las cuales descentralizaron los ya muy descentralizados convenios colectivos, debilitando a los sindicatos. Su grito de batalla electoral era que EEUU necesitaba una revolución política, rompiendo con el maridaje del poder económico y financiero con el poder político, maridaje que es favorecido por la financiación privada del proceso electoral, mediante la cual los lobbies financieros y económicos financian a los candidatos sin ningún freno en la cantidad de dinero que estos candidatos puedan recibir, para, entre otras cosas, comprar espacio televisivo, que está completamente desregulado, disponible para el mayor comprador. Sanders propuso la financiación pública del proceso electoral, reduciendo o incluso eliminando la financiación privada derivada de los lobbies financieros, económicos y profesionales. Ganó en 22 de los 50 Estados durante las primarias del Partido Demócrata, siendo el más popular entre la gente joven y la trabajadora. Las encuestas mostraban que hubiera ganado las elecciones a Trump.

Pero el aparato del Partido Demócrata, claramente controlado por los Clinton y los Obama, se movilizó para destruirlo, siendo el adversario principal del partido. La victoria de Hillary Clinton sobre Sanders aumentó la abstención de un porcentaje muy elevado de los jóvenes, y causó un flujo de votantes antiestablishment hacia Trump. Las clases populares querían primordialmente mostrar su gran rechazo al establishment político-mediático centrado en Washington, la sede del gobierno federal.

La derrota de Sanders promovida por el Partido Demócrata facilitó la victoria de Trump La derrota de Bernie Sanders facilitó la victoria de Trump. Pero la mayor causa de su éxito fue la movilización del movimiento libertario, dirigido por el Tea Party, que había ido infiltrando y controlando las bases del Partido Republicano, en su lucha contra el establishment político de Washington, incluyendo el establishment republicano. Este movimiento, claramente financiado por intereses financieros de carácter especulativo (como los hermanos Koch), tenía como su objetivo central eliminar la presencia del Estado federal en la escasamente regulada actividad financiera, como por ejemplo en los sectores inmobiliarios, los sectores de casinos y juego, y la actividad especulativa de la banca. Estos sectores se aliaron con la clase trabajadora blanca que, por las razones indicadas anteriormente, se oponía al Estado federal. Fue esta alianza la que constituyó la base del movimiento libertario, un movimiento de ultraderecha que sembró el campo para el éxito de la candidatura de Trump. Este diseñó su campaña con un programa para anular los tratados de libre comercio y favorecer las rentas del capital, bajando espectacularmente los impuestos de sociedades de un 35% a un 15% y eliminando los programas antipobreza y los programas antidiscriminatorios con una narrativa racista y machista. El suyo es un programa libertario como máxima expresión del neoliberalismo, intentando eliminar la influencia del sector público y de las intervenciones públicas mediante la privatización de los programas públicos.

¿Es Trump un fascista? Trump tiene características de la ideología fascista, tales como un nacionalismo extremo basado en un sentido de superioridad de raza y de género (un machismo muy acentuado), con un canto a la fuerza y a la intervención militar, con una concepción no solo autoritaria, sino también totalitaria del poder, deseoso de controlar los mayores medios de información y reproducción de valores (desde la prensa y la televisión, hasta al mundo universitario), profundamente antidemocrático, presentándose como el salvador de las víctimas del sistema político corrupto.

Ahora bien, también hay que subrayar las características que le diferencian del fascismo. Una es que Trump no creó un movimiento y partido, sino que fue al revés: el movimiento popular antiestablishment creó a Trump. La segunda característica que le aleja del fascismo es que está en contra del Estado (a la vez que lo instrumentaliza para optimizar sus intereses particulares y los intereses del mundo del capital), siendo su postura un libertarismo neoliberal extremo. En realidad, es la expresión máxima del neoliberalismo. Definir a tal movimiento como populista es no entender los EEUU. En realidad, han existido partidos semejantes al Tea Party que tuvieron características parecidas al actual. Nada menos que Henry Wallace, el vicepresidente progresista del presidente Roosevelt, alertó de la posibilidad que surgiera un fascismo americano, con características propias, que en defensa del ciudadano común se convertiría en el máximo exponente de los intereses del mundo del capital, el cual es siempre proclive a movimientos autoritarios y totalitarios, intentando establecer un orden altamente represivo que impida el surgimiento de movimientos que amenacen las estructuras de poder. Trump es un ejemplo de ello.

El término populismo, utilizado por el establishment político mediático para definir cualquier movimiento contestatario, tiene escasísima capacidad analítica para entender lo que está pasando en EEUU (y en Europa). En EEUU es un movimiento libertario extremo con características totalitarias semejantes (pero no idénticas) al fascismo que votó unánimemente contra el establishment político-mediático -el Partido Demócrata-, representado por Hillary Clinton apoyando en su lugar a Trump que, astutamente utilizó una narrativa antiestablishment, presentándose como la alternativa a tal rechazado establishment. Definir este fenómeno como populismo tiene poco valor explicativo. Es lógico que el establishment político-mediático lo defina como tal, pues es la manera de caricaturizarle, dificultando su comprensión, pero no tiene ningún valor ni científico ni explicativo, pues dificulta la comprensión del fenómeno que se analiza.

¿Qué pasará en EEUU? En realidad, la evidencia apunta a que el establishment político-mediático estadounidense tampoco entiende lo que está pasando en aquel país. Su obsesión con la figura de Donald Trump, sin analizar y actuar sobre las causas de que casi la mitad del electorado le votase, es un indicador de ello. Y la respuesta del Partido Demócrata a este hecho es dramáticamente insuficiente: sus propuestas son continuadoras de las que propusieron las últimas administraciones de tal partido (Clinton y Obama), sin que haya incurrido en la más mínima autocrítica. Asumen que la falta de popularidad del presidente Trump forzará un cambio, incluyendo su posible impeachment, ignorando que lo que determina la victoria de un candidato no es su popularidad en el país, sino el nivel de apoyo que consigue entre el electorado que lo vota en relación con otras alternativas. Y lo que está predeciblemente ocurriendo es que mientras la popularidad general del presidente Trump está descendiendo (nunca fue muy popular), la que tiene entre sus votantes es extraordinariamente alta. Vemos que, en contraste con lo que ocurre en el Partido Demócrata, la lealtad del votante a Trump es elevadísima. Es visto, por parte de las bases electorales, como el antipolítico, sujeto a una gran hostilidad por parte de los mayores medios de información, a los cuales sus votantes detestan.

Referente a las posibilidades de ser expulsado de su cargo (impeachment), estas son pequeñas, pues ello dependería de una acción del Congreso, hoy controlado por el Partido Republicano, donde el movimiento libertario de ultraderecha tiene un enorme poder. En ausencia de un cambio improbable en el Partido Demócrata, las próximas elecciones al Congreso verán un enorme aumento de la abstención (ya siempre muy elevada) que permitiría mantener el Congreso y el Senado en manos del Partido Republicano. Solo en caso de que este perdiera el control del Congreso podría ocurrir el impeachment. De ahí que lo que ocurra va a depender no solo de lo que suceda en la administración Trump, sino también de lo que pase en el Partido Demócrata que pueda movilizar el voto abstencionista. El sistema electoral estadounidense imposibilita la aparición de un nuevo partido. De ahí que la crisis del bipartidismo que hemos visto en Europa no se dará en EEUU.

El panorama futuro de EEUU es más que preocupante. Pero no hay que olvidar que la enorme crisis política que tiene el país ha sido causada por la políticas neoliberales realizadas desde los años ochenta, iniciadas por el presidente Reagan y continuadas por todos los demás, Bush senior, Clinton, Bush junior y Obama. No hay que olvidar que el enorme desencanto creado por el presidente Obama favoreció la victoria de Trump. El “Yes, we can!” (¡Sí, nosotros podemos!) quedó en un eslogan que no se materializó en la medida en que las expectativas que había generado no se cumplieron, destacando su complicidad con los grandes poderes financieros (centrados en Wall Street), los cuales frenaron significativamente su vocación transformadora.

En realidad, ha ocurrido en EEUU lo que también se ha dado en Europa. La aplicación de las políticas neoliberales ha creado esta enorme crisis y un rechazo (al cual también se le define erróneamente como populismo) que está predominantemente centrado en las clases populares y que, debido a la adaptación de las izquierdas tradicionales al neoliberalismo, ha sido canalizado por partidos de ultraderecha, con características semejantes al fascismo. Las políticas neoliberales de Trump continuarán imponiéndose, paradójicamente envueltas en una narrativa “obrerista” y “proteccionista” que entra en claro conflicto con las políticas de la administración Trump, que son profundamente hostiles hacia el mundo del trabajo a costa de un tratamiento claramente preferencial hacia el mundo del capital. Y con unas políticas comerciales que continuarán la dinámica de la globalización neoliberal, realizada no a base de tratados de libre comercio que incluyen varios países, sino a través de tratados bilaterales que permitan a EEUU tener mayor control de los términos de tales tratados. Trump representa así la máxima expresión del neoliberalismo. De ahí su enorme capacidad de dañar el bienestar de las clases populares del mundo, incluyendo las clases populares de EEUU, las primeras víctimas del capitalismo sin guantes, con una concepción darwiniana caracterizada por su enorme insensibilidad social y carente de solidaridad, con un canto a la acumulación de capital sin freno, sin límites en su comportamiento para así alcanzarlo. Lo que está ocurriendo muestra que, como bien indicó Rosa Luxemburg, las alternativas entre las que la humanidad debería escoger serían el barbarismo (al cual la evolución del capitalismo podría llevar) o el socialismo. El neoliberalismo y su máxima expresión nos están llevando claramente a la primera de esas alternativas. Así de claro.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El Potus contra el mundo

Mér, 07/06/2017 - 10:31
Alejandro Nadal, La Jornada

El presidente de Estados Unidos (Potus, por sus siglas en inglés) ha decidido retirar a su país del Acuerdo de París sobre Cambio Climático. Al anunciar esta medida presentó datos y razonamientos que son falsos y engañosos. Y aunque el Acuerdo de París es defectuoso, es el único instrumento disponible hoy para tratar de evitar un aumento en la temperatura global que se anuncia catastrófico.

Al comunicar el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París, el Potus mencionó tres razones que son inexactas. La primera es que dicho acuerdo impuso a Estados Unidos serias restricciones que afectan negativamente su competitividad internacional, al tiempo que dejó en libertad a otras economías para proseguir sus políticas sin limitación alguna. La segunda es que también obliga a Estados Unidos a entregar decenas de miles de millones de dólares para el llamado Fondo verde para el clima. Y la tercera es que el Acuerdo de París sólo permitiría reducir la temperatura en dos décimas de un grado centígrado, lo que a decir del Potus es una cantidad insignificante.

El Potus sostiene que al amparo del Acuerdo de París, China e India tienen permitido construir cientos de plantas termoeléctricas de carbón para los próximos años, mientras que a Estados Unidos le está prohibido erigir nuevas plantas de ese tipo. Eso es falso. El Acuerdo está basado en compromisos voluntarios de reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero. Esos compromisos están determinados independientemente por cada país y no son vinculantes. Los países signatarios pueden utilizar la combinación de fuentes energéticas que quieran, siempre y cuando dicho perfil energético les permita cumplir sus compromisos de reducción de emisiones totales de gases invernadero, y en particular, de dióxido de carbono (CO2). Así que Estados Unidos también puede incluir nuevas termoeléctricas de carbón en su plataforma energética.

Según el Potus las reglas del Acuerdo de París conllevan la pérdida de 2.7 millones de empleos de aquí a 2025. Pero esa estimación proviene de un estudio del ultraconservador American Council for Capital Formation que examina lo que sucedería si el sector industrial se viera obligado a reducir sus emisiones en 40 por ciento en los próximos 20 años; es decir, sin tomar en cuenta la contribución de otros sectores a la reducción de emisiones. Es un escenario absurdo que sólo sirve para fines de propaganda.

La generación de empleos por parte de la industria estadunidense no se ve afectada por el Acuerdo de París, como erróneamente afirma el Potus. Hoy en día la creación de nuevos empleos descansa más en las industrias que desarrollan las fuentes de energías renovables, en especial la eólica y la solar. Para dar un ejemplo, el año pasado en Estados Unidos el sector de energía solar generó más de 373 mil empleos, mientras que el sector carbón apenas creó 160 mil.

La segunda razón esgrimida por el Potus también es inexacta. No es cierto que el Acuerdo de París obliga a su país a entregar cantidades astronómicas al Fondo verde del clima porque esas aportaciones son voluntarias. Y si bien Estados Unidos ofreció realizar la contribución más alta (3 mil millones de dólares), lo cierto es que per cápita ese monto es uno de los más bajos (9.30 dólares). Hasta el momento ese país ha efectivamente desembolsado mil millones de dólares para el Fondo y con el anuncio del Potus el restante queda cancelado. Hay que recordar que Estados Unidos es responsable de aproximadamente 30 por ciento del total de CO2 emitido a la atmósfera, así que la contribución de dicho país no guarda ninguna proporción con su responsabilidad histórica en el problema del calentamiento global.

También es incorrecta la aseveración de que con el Acuerdo de París apenas se lograría una reducción ínfima (de 0.2 grados) en la temperatura global. Esta afirmación revela que el Potus y sus asesores no tienen idea de la naturaleza del problema que afronta el mundo entero. El Acuerdo de París no busca reducir la temperatura global. Su objetivo principal es mantener el incremento de la temperatura por debajo del umbral de 2 grados centígrados. Ese nivel de incremento en la temperatura global es considerado peligroso por la mayor parte de la comunidad científica debido a las consecuencias negativas e irreversibles que acarrea. Cabe notar que para muchos científicos el umbral de 1.5 grados ya es intolerable. De cumplirse las metas del Acuerdo de París, existen buenas probabilidades de mantener el calentamiento global por debajo del umbral de 2 grados centígrados, lo cual no es para nada insignificante.

La decisión del Potus es una mancha terrible en la ya de por sí deteriorada imagen de Estados Unidos. Pero lo más importante es que da la espalda a una revolución energética que ya está en marcha hacia las energías renovables. Y si el tema económico le preocupa al Potus, hay que señalar que el retroceso estadunidense dejará el liderazgo tecnológico y comercial en manos de las empresas de China, Japón y la Unión Europea.

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Venezuela necesita mediación honesta, no injerencia de la OEA

Mér, 07/06/2017 - 01:01
Mark Weisbrot, Ultimas Noticias

La OEA no tiene papel positivo alguno que desempeñar en la resolución de la crisis política en Venezuela, del mismo modo que tampoco lo tendrían el senador Marco Rubio u otros políticos del estado de Florida que buscan un cambio de régimen en ese país. A estas alturas debiera quedarle claro a cualquier observador informado que la organización es hoy día un instrumento de quienes simplemente procuran apoyarse en la crisis actual para derrocar al Gobierno venezolano.

Lo afirmo sin exageración ni hipérbole. Aquellas personas que quieran evitar la escalada de violencia o una guerra civil en Venezuela no deben imaginarse lo contrario, independientemente de cuánto odien al actual gobierno o deseen ver a la oposición en el poder. Debieran abstenerse de apoyar la iniciativa de la OEA, tan descaradamente ilegítima, malintencionada y peligrosa.

En los círculos aburbujados de Washington, los grandes medios de comunicación y el Gobierno de Estados Unidos pretenden ser los árbitros finales de la legitimidad política. Dado que dichos actores y sus aliados están dispuestos a aparentar que la OEA es actualmente neutral, ciertas personas bien intencionadas tal vez también quieran asumir que de hecho sea así. Podrán imaginarse que una intervención como la reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la OEA celebrada el 31 de mayo, a pesar de estar controlada por actores partidistas, aumentaría la presión sobre el Gobierno venezolano para motivarlo a negociar.

Pero resulta mucho más probable que esta tenga el efecto contrario, haciendo que el Gobierno y sus partidarios se atrincheren en contra de la intervención, la cual puede describirse con exactitud como dirigida por Washington (Rubio incluso amenazó públicamente a la República Dominicana, El Salvador y Haití con castigos si estos países no cooperaban con los esfuerzos por parte de EEUU contra Venezuela en el seno de la OEA). Podría alentar al Gobierno a rechazar las concesiones que debería hacer con respecto a las demandas legítimas planteadas por la oposición. Para quienes no lo saben -porque casi nunca se menciona en este tipo de discusiones-, cualquier estrategia dirigida por Washington se considera sospechosa, porque el Gobierno estadounidense ha estado intentando socavar, desestabilizar y deshacerse del Gobierno venezolano durante más de 15 años.

Nadie se deja engañar por el hecho de que algunos de los gobiernos más importantes de Suramérica, incluyendo Brasil y Argentina, se encuentran respaldando dicho esfuerzo. Sus nuevos gobiernos derechistas (con un Temer cuya presidencia ilegítima cuelga de un hilo) están estrechamente alineados con el gobierno de Trump.

Desde el punto de vista de la oposición, esta estrategia de manipulación de la OEA con fines partidistas probablemente alentará a los elementos más extremos y violentos de la oposición venezolana a perseguir una estrategia de derrocamiento del Gobierno por medios extralegales.

Para algunos miembros de la gestión de Trump, es esta precisamente la intención, y así se ha hecho antes. El renombrado humanitario Paul Farmer, quien fue enviado especial adjunto de Bill Clinton de la ONU en Haití, testificó ante el Congreso de EEUU sobre los esfuerzos de cambio de régimen en ese país durante la década del 2000: “Asfixiar la cooperación al desarrollo y el suministro de servicios básicos también le restó oxígeno al Gobierno, lo cual fue siempre la intención. con el propósito de desalojar el gobierno de Aristide”.

La OEA desempeñó un papel vital en la justificación del trato brutal de Haití y, por lo tanto, en el derrocamiento de su gobierno elegido democráticamente. La organización coincidió originalmente con otros observadores electorales al anunciar que las elecciones de 2000 fueron “un gran éxito para la población haitiana”, pero luego cambió su posición en la medida en que EEUU hiciera avanzar su esfuerzo de cambio de régimen. Este viraje fue clave para deslegitimar al Gobierno, el cual fue posteriormente desnutrido y derrocado en un golpe de Estado respaldado por Estados Unidos en 2004. Ha sido casi siempre parte del manual de cambio de régimen: antes de que un gobierno pueda ser derrocado, necesario es deslegitimarlo.

Existen otros ejemplos recientes en los que la OEA ha sido manipulada por Washington a tal efecto. En el 2011, en Haití, la misión de la OEA hizo algo inédito en la historia del monitoreo electoral: simplemente anuló los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en ese país sin un recuento, ni siquiera una prueba estadística. El Gobierno estadounidense amenazó a Haití con cortar la ayuda que desesperadamente necesitaba luego del terremoto si no aceptaba los resultados de la comisión, eligiendo de este modo quién podría competir por la presidencia de Haití. En sus memorias, Hillary Clinton describe cómo manipuló exitosamente a la OEA para evitar que el presidente democráticamente electo de Honduras, Mel Zelaya, retornara al país luego del golpe militar de 2009.

Ahora la OEA cuenta con un secretario general, Luis Almagro, cuya postura es más abiertamente partidista y hostil hacia un gobierno miembro (Venezuela) que cualquier líder de la organización, probablemente durante décadas. Entre otras intervenciones, encabezó una campaña vigorosa en 2015 en un intento fallido de deslegitimar las elecciones a la Asamblea Nacional de diciembre en Venezuela.

Venezuela sigue siendo un país políticamente polarizado. Cualquier tercero que intente mediar en el conflicto debe contar con la confianza de ambas partes. Existen actores políticos que podrían desempeñar este papel, tal y como lo intentó el Vaticano el año pasado. Quienes sinceramente deseen promover el diálogo y la negociación en función de una resolución pacífica de la crisis en Venezuela están llamados a apoyar una mediación honesta. Se requiere con urgencia, y sabemos que no vendrá de la OEA.

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