Jaque al neoliberalismo

Distribuir contido
Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger5012125
Actualizado: fai 9 horas 5 min

La carnicería de Gaza no derrotará a Hamas

Mar, 22/07/2014 - 14:45
Azzam Tamimi, Sin Permiso

A las 9 de la mañana del sábado [12 de julio] los palestinos de Hebrón y otras ciudades de Cisjordania se subieron a los tejados para contemplar lo que el ala militar de Hamás había prometido que sería un ataque de misiles sobre Tel Aviv utilizando un nuevo tipo de cohete, el J80. La J viene de Jabari, comandante militar supremo, cuyo asesinato por parte de Israel el 14 de noviembre de 2012, desencadenó la anterior guerra. Se trataba de una clara señal de desafío por parte del movimiento, que mantiene que, si bien no inició el actual ciclo del conflicto, está decidido a derrotar la ofensiva israelí.

Hamás ha insistido siempre, contrariamente a las afirmaciones de Binyamin Netanyahu, en que no sabía quién secuestró y asesinó a los tres adolescentes israelíes que el primer ministro israelí utilizó como pretexto para su arremetida contra la Franja de Gaza. No es la clase de operación que habría llevado a cabo Hamás, teniendo en cuenta que su meta estriba en garantizar la liberación de los presos palestinos en manos de Israel.

Muchos palestinos creen que Netanyahu llevaba planeando una ofensiva contra Hamás meses antes de ese secuestro. Después de que las negociaciones en punto muerto con Israel dieran lugar a que el presidente palestino, Majmud Abbás, buscase un acercamiento a Hamás, la indirecta respuesta positiva de los EE.UU. y la EU enfureció a los israelíes. La ofensiva sobre Gaza ha sido el último truco de Netanyahu, después de haber tratado de paralizar el nuevo gobierno de unidad y bloquear el pago de salarios a miles de empleados de Gaza.

Puede que esto acabe por demostrarse otro desastroso error de cálculo. En fecha tan temprana como el pasado invierno los israelíes hablaban en privado de mensajes de las nuevas autoridades militares egipcias en el sentido de que era ahora el mejor momento para atacar Gaza y derribar a Hamás. El régimen del Cairo, que derrocó al primer presidente democráticamente elegido de la historia de Egipto, ha ido estrechando el cerco sobre Gaza manteniendo el cierre del paso de Rafá a Egipto y destruyendo los túneles que mantenían la actividades de la gente de Gaza mientras Israel imponía sanciones y un asedio terrestre, marítimo y aéreo.

Como siempre, Israel trata de convencer al mundo – que contempla con horror el salvajismo con que el arsenal de Israel se ceba en los civiles de Gaza– de que no hace otra cosa que responder a los misiles que Hamás dispara sobre sus pueblos y ciudades. Pero desde la última tregua negociada con el entonces presidente de Egipto, Mohamed Morsi, Hamás no sólo se contuvo sino que trató de contener a otras facciones menores para evitar que respondieran a los frecuentes asesinatos o bombardeos con misiles por parte de Israel. La prioridad de todos se centraba en acabar el cerco, en lugar de caer en una nueva guerra.

Los dirigentes israelíes han justificado el bombardeo de viviendas y el asesinato de mujeres y niños argumentando que estos civiles son utilizados por Hamás como escudos humanos. Pero los cazas israelíes no perdonaron siquiera un centro para discapacitados. Indudablemente estos ataques, que no se pueden describir de otro modo que como crímenes de guerra, han resultado bochornosos hasta para los más acérrimos defensores de Israel en Occidente. Cuanto más dure esta ofensiva militar, más dañina resultará para Israel y sus patronos occidentales como los EE.UU. y la UE. Por esta razón es por la que el presidente Obama se ofreció a hacer de mediador en una tregua. El secretario de Exteriores británico, William Hague [que cesó en su cargo el 14 de julio], ha hecho una oferta similar, aunque su implícita hostilidad hacia Hamás – que espera, según ha dicho, sea derrocada en Gaza –mina su credibilidad como mediador. Y otro tanto hace su sesgo a favor de Israel, que, en palabras suyas, parece tener un derecho exclusivo a la autodefensa. La gente de Gaza querría preguntarle a Hague si se les considera seres humanos con derecho a la autodefensa cuando se les somete a la agresión israelí.

Sin embargo, la mayor dificultad para cualquier mediación es la falta de un liderazgo egipcio que pudiera desempeñar este papel. El actual régimen egipcio es más hostil a Hamás de lo que lo nunca lo fue el régimen durante la época de Mubarak. El enviado de paz Tony Blair parece haberse embarcado en la tarea de negociar algo con los egipcios, pero tiene un historial despreciable de hostilidad hacia los movimientos islámicos.

Por ahora, Hamás no dice mucho de ninguna oferta de mediación, pese a las informaciones de que los qataríes o los turcos pudieran tener algún papel en ello. Sin embargo, está claro que Hamás no se avendrá a ninguna mediación a menos que se tomen sus demandas en consideración. Entre éstas se cuenta reactivar las condiciones del anterior acuerdo de tregua, algunas de los cuales ha violado Israel repetidamente, y el levantamiento del bloqueo marítimo y aéreo.

Esta guerra tendrá indudablemente como consecuencia muchas muertes y una destrucción masiva para la vida de muchas personas. Los daños del lado israelí pueden ser más de naturaleza psicológica, política o económica. Lo que es seguro es que, como antes, la guerra no hará otra cosa que impulsar la popularidad de Hamás. Y esto aportará cohesión moral a todos los palestinos, sea en Gaza, en Cisjordania, o en la diáspora por todo el mundo. Resultará absolutamente crucial en el tercer levantamiento naciente, la intifada de Al-Quds [Jerusalén].

Azzam Tamimi es director del Instituto de Pensamiento Político Islámico (IIPT) de Londres. Ha sido profesor visitante en las universidades de Kyoto (2004) y Nagoya (2006) y es colaborador de Al Yazira. Es autor de varios libros, el más reciente de los cuales, sobre Islam y democracia, se titula Rachid Ghannouchi, Democrat within Islamism (Oxford University Press, Nueva York, 2001). También ha sido coeditor de Islam and Secularism in the Middle East (Hurst, London & NY University Press, Nueva York, 2000) y ha escrito sobre el conflicto palestino-israelí Hamas, the Unwritten Chapters (2006).

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Uri Avnery: ¿Quién está ganando?

Mar, 22/07/2014 - 08:01
Uri Avnery, Tel Aviv, eldiario.es

¿Cómo se vería la historia si hubiese sido escrita al estilo de la operación “Acantilado Sólido” (también conocida como Margen Protector)?

Por ejemplo:

Winston Churchill fue un canalla.

Durante cinco años mantuvo a la población de Londres bajo el fuego incesante de la Luftwaffe alemana. Utilizó a los habitantes de Londres como escudos humanos en su descabellada guerra. Mientras la población civil estuvo expuesta a las bombas y a los cohetes, sin la protección de una “cúpula de hierro”, él estuvo escondido en su búnker bajo el 10 de Downing Street.

Se aprovechó de todos los habitantes de Londres usándolos como rehenes. Cuando los líderes alemanes hicieron una propuesta de paz generosa, la rechazó por locas razones ideológicas. De este modo condenó a su pueblo a un sufrimiento inimaginable.

De vez en cuando él salía de su escondite bajo tierra para sacarse una fotografía delante de las ruinas, y después regresaba a la seguridad de su ratonera. Pero a las gentes de Londres les decía: “¡Las generaciones futuras dirán que éste fue vuestro momento glorioso!".

La Luftwaffe alemana no tuvo más remedio que seguir bombardeando la ciudad. Sus comandantes anunciaron que sólo estaban atacando a los objetivos militares, como las casas de los soldados británicos en los que se llevaban a cabo las consultas militares.

La Luftwaffe alemana apeló a los habitantes de Londres a que abandonaran la ciudad, y, de hecho, muchos niños fueron evacuados. Pero la mayoría de los londinenses hicieron caso a la llamada de Churchill de permanecer en la ciudad, condenándose así ellos mismos a un destino de “daños colaterales”.

Las esperanzas del alto mando alemán de que la destrucción de sus casas y el asesinato de sus familias podría inducir a las gentes de Londres a sublevarse, echar a Churchill y a su grupo belicista, quedaron en nada.

Los londinenses primitivos, cuyo odio hacia los alemanes se adueñó de su lógica, siguieron tercamente las instrucciones del cobarde de Churchill. La admiración de los londinenses por él creció día a día, y hacia el final de la guerra se había convertido casi en un dios.

Una estatua suya se encuentra aún hoy delante del Parlamento en Westminster.

Cuatro años después el destino se había invertido. Las fuerzas aéreas británicas y estadounidenses bombardearon las ciudades alemanas y las destruyeron por completo. No quedó piedra sobre piedra, se arrasaron palacios gloriosos, y desaparecieron tesoros culturales. “Civiles no involucrados” volaron en pedazos, fueron quemados vivos o simplemente desaparecieron. Dresden, una de las ciudades más bellas de Europa, fue destruida totalmente en pocas horas en una “tormenta de fuego”.

El objetivo oficial era destruir la industria de guerra alemana, pero esto no se logró. El verdadero objetivo era aterrorizar a la población civil con el fin de inducirlos a derrocar a sus líderes y rendirse.

Eso no sucedió. De hecho, la única rebelión seria contra Hitler la llevaron a cabo altos mandos del ejército (y falló). La población civil no se sublevó. Todo lo contrario. En una de sus diatribas contra los “pilotos del terror”, Goebbels declaró: “¡Pueden destruir nuestras casas, pero no pueden destruir nuestro espíritu!”

Alemania no se rindió hasta el último minuto. Millones de toneladas de bombas no fueron suficientes. Ello sólo fortaleció la moral de la población y su lealtad al Führer.

Y así llegamos a Gaza.

Todo el mundo se pregunta: ¿quién está ganando esta ronda?

Que debe responderse, a la manera judía, con otra pregunta: ¿cómo juzgarlo?

La definición clásica de victoria es que el bando que queda en el campo de batalla es el que gana la batalla. Pero aquí nadie se ha movido. Hamás sigue ahí. Al igual que Israel.

Carl von Clausewitz, el teórico prusiano de la guerra, pronunció la célebre frase de que la guerra no es sino la continuación de la política por otros medios. Pero en esta guerra, ninguno de los bandos tenía objetivos políticos claros. Así que la victoria no se puede juzgar de esta manera.

El bombardeo intensivo de la Franja de Gaza no ha producido una rendición de Hamás. Por otro lado, la intensiva campaña de cohetes por parte de Hamás, que ha abarcado la mayor parte de Israel, tampoco ha tenido éxito. El increíble éxito que tienen los cohetes para llegar a todas partes en Israel se ha encontrado con el increíble éxito de los anticohetes de la “Cúpula de Hierro” para interceptarlos.

Así que, hasta ahora, es un punto muerto.

Pero cuando una pequeña fuerza de combate en un territorio pequeño llega a un punto muerto con uno de los ejércitos más poderosos del mundo, puede ser considerado como una victoria.

La falta de un objetivo político israelí es el resultado de un pensamiento confuso. Los líderes israelíes, tanto políticos como militares, no saben realmente cómo tratar con Hamás.

Puede que ya se hayan olvidado de que Hamás es en gran medida una creación de Israel. Durante los primeros años de la ocupación, cuando cualquier actividad política en Cisjordania y en la Franja de Gaza era reprimida brutalmente, el único lugar en el que los palestinos podían reunirse y organizarse era la mezquita.

En ese momento, Fatah fue considerado el archienemigo de Israel. Los lideres israelíes demonizaban a Yasser Arafat, el archi-architerrorista. Se consideró a los islamistas, que odiaban a Arafat, como el mal menor e incluso aliados secretos.

Una vez le pregunté al jefe del Shin Bet en ese momento si su organización había creado a Hamás. Su respuesta fue: “No los creamos. Los toleramos’’.

Esto cambió sólo un año después del inicio de la Primera Intifada cuando el líder de Hamás, el jeque Ahmad Yassin, fue arrestado. Desde entonces, por supuesto, la realidad se ha invertido por completo: Fatah es ahora un aliado de Israel, desde el punto de vista de la seguridad, y Hamás el archi-architerrorista.

Pero, ¿lo es?

Algunos funcionarios israelíes dicen que si no existiera Hamás tendría que inventarse. Hamás controla la Franja de Gaza. Se le puede responsabilizar de lo que sucede allí. Proporciona la ley y el orden. Es un socio de confianza para un alto el fuego.

Las últimas elecciones palestinas, que se celebraron bajo la supervisión internacional, terminaron con una victoria de Hamás, tanto en Cisjordania como en la Franja de Gaza. Cuando a Hamás se le denegó el poder, lo consiguió en la Franja de Gaza por la fuerza. Todo indica que goza de la lealtad de la gran mayoría en el territorio.

Todos los expertos israelíes coinciden en que si el régimen de Hamás en Gaza cayera, grupúsculos islámicos mucho más extremistas se harían con el control y sumergirían a la Franja, con sus 1,8 millones de habitantes, en un absoluto caos. A los expertos militares no les gustaría eso.

Así que el objetivo de la guerra, si se puede dignificar como tal, no es destruir a Hamás sino dejarlo en el poder, aunque en un estado muy debilitado.

Pero, ¿cómo, por el amor de Dios, se consigue eso?

Una manera, exigida ahora por los ultraderechistas en el gobierno, es ocupar toda la Franja de Gaza.

A lo que los líderes militares responden de nuevo con una pregunta: ¿Y después qué?

Una nueva ocupación permanente de la Franja es una pesadilla militar. Significaría que Israel asume la responsabilidad de pacificar y alimentar a 1,8 millones de personas (la mayoría de los cuales, por cierto, son refugiados de 1948 procedentes de Israel y sus descendientes). Surgiría una guerra de guerrillas permanente. Nadie en Israel quiere eso en realidad.

¿Ocupar y luego irse? Se dice fácilmente. La ocupación en sí misma sería una operación sangrienta. Si se adopta la doctrina “Plomo Fundido” significaría más de mil, quizás varios miles de muertos, palestinos. Esta doctrina (no escrita) dice que si hay que asesinar a un centenar de palestinos con el fin de salvar la vida de un soldado israelí, que así sea. Pero si las bajas israelíes ascienden incluso a unas pocas decenas de muertos, el estado de ánimo del país cambiaría por completo. El ejército no quiere correr ese riesgo.

Por un momento parecía que se había logrado el martes un alto el fuego, para gran alivio de Binyamin Netanyahu y sus generales.

Pero fue una ilusión óptica. El mediador era el nuevo dictador egipcio, una persona odiada por los islamistas de todo el mundo. Es un hombre que ha matado y encarcelado a cientos de Hermanos Musulmanes. Es un aliado militar declarado de Israel. Es cliente de la generosidad estadounidense. Además, desde que Hamás surgió como una rama de los Hermanos Musulmanes egipcios, el general Abd-al-Fatah Al-Sisi los odia con todo su corazón, y no lo oculta.

Así que, en lugar de negociar con Hamás, hizo algo sumamente estúpido: dictar un alto el fuego bajo las condiciones israelíes sin consultar a Hamás para nada. Los líderes de Hamás se enteraron del alto el fuego propuesto por los medios de comunicación y lo rechazaron de plano.

En mi opinión sería mejor si el ejército israelí y Hamás negociaran directamente. A lo largo de la historia militar, los alto el fuego los han acordado los comandantes militares. Un lado envía un oficial con una bandera blanca al comandante de la otra parte, y se negocia un alto el fuego… o no. (Un famoso general americano respondió a una oferta alemana de este tipo con “¡Y un huevo!”).

En la guerra de 1948, en mi sector del frente, el comandante Yerucham Cohen y un joven oficial egipcio llamado Gamal Abd-al-Nasser negociaron un pequeño alto el fuego.

Dado que esto parece ser imposible con las partes actuales, debe encontrarse un intermediario honesto de verdad.

Mientras tanto, a Netanyahu le presionan sus colegas / rivales para que envíe tropas a la Franja, e intente al menos localizar y destruir los túneles cavados por Hamás bajo la valla fronteriza para lanzar ataques sorpresa contra los asentamientos fronterizos.

¿Cuál será el final de todo? No habrá final, sólo una ronda tras otra, a menos que se adopte una solución política.

Esto significaría: detener los cohetes y las bombas, poner fin al bloqueo israelí, permitir a la población de Gaza llevar una vida normal, impulsar la unidad palestina bajo un gobierno de unidad real, realizar negociaciones serias de paz, HACER LA PAZ.
_______
Publicado en Gush Shalom | 19 Julio 2014 | Traducción del inglés: Fátima Hernández Lamela
La primera parte de este artículo fue publicada el miércoles en Haaretz.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Usar a Ucrania para calentar el planeta

Mar, 22/07/2014 - 01:14
Naomi Klein, La Jornada

La manera de ganarle a Vladimir Putin es inundar el mercado europeo con gas natural obtenido mediante fracking (fractura hidráulica) en Estados Unidos, o al menos eso nos quiere hacer creer la industria. Como parte de la escalada de la histeria antirusa, dos iniciativas fueron presentadas en el Congreso estadounidense; éstas intentan aprobar por la vía fast-track las exportaciones de gas natural licuado (LNG, por sus siglas en inglés), en nombre de ayudar a Europa a desengancharse de los combustibles fósiles de Putin y fortalecer la seguridad nacional estadounidense.

Según Cory Gardner, el legislador republicano que presentó la iniciativa en la Cámara de Representantes, oponerse a esta legislación es como colgar el teléfono a una llamada de emergencia hecha por nuestros amigos y aliados. Y podría ser verdad –siempre y cuando tus amigos y aliados trabajan en Chevron y Shell, y la emergencia es la necesidad de mantener las ganancias elevadas, en medio de los decrecientes suministros de petróleo y gas convencional.

Para que funcione este ardid, es importante no mirar demasiado de cerca los detalles. Por ejemplo, el hecho de que mucho del gas probablemente no llegue a Europa –porque los proyectos de ley permiten que el gas sea vendido en el mercado mundial a cualquier país que pertenezca a la Organización Mundial del Comercio.

O el hecho de que, durante años, la industria ha enviado el mensaje de que los estadounidenses deben aceptar los riesgos que la fractura hidráulica trae a su tierra, agua y aire, con tal de ayudar a su país a obtener una independencia energética. Y ahora, de pronto, astutamente la meta se volvió la seguridad energética, que al parecer significa vender en el mercado mundial una temporal superabundancia de gas obtenido mediante fracking y así crear dependencias energéticas en el extranjero.

Y, sobre todo, es importante no darse cuenta que construir la infraestructura necesaria para exportar gas a esta escala tomaría muchos años de permisos y construcción. Para cuando estos masivos proyectos industriales estén funcionando, es posible que Alemania y Rusia sean amigos cercanos. Para entonces, pocos recordarán que la crisis en Crimea fue el pretexto que la industria del gas aprovechó para hacer realidad sus eternos sueños de exportación, sin importar las repercusiones sobre las comunidades locales, por el fracking, o sobre el planeta que se calienta.

A este hábito de explotar una crisis para obtener ganancias privadas le llamo la doctrina del shock, y no muestra señales de ir en retirada: durante los tiempos de crisis, ya sea real o manufacturada, nuestras elites imponen políticas no populares, que van en detrimento de la mayoría, bajo el pretexto de que es una emergencia. Muchas industrias son buenas en hacer este ardid, pero el más hábil en explotar la cualidad que tiene una crisis de frenar la racionalidad es el sector global del gas.

Durante los últimos cuatro años los cabilderos del gas han usado la crisis económica en Europa para decir a países como Grecia que la salida de la deuda y la desesperación es abrir sus hermosos y frágiles mares a la perforación. Y emplean argumentos similares para racionalizar el fracking en América del Norte y Reino Unido.

La crisis de moda es el conflicto en Ucrania. Lo usan como ariete para derribar las sensatas restricciones a las exportaciones de gas natural y para promover un controvertido acuerdo de libre comercio con Europa. Es todo un acuerdo: más economías empresariales de libre comercio contaminantes y más gases que atrapan el calor y contaminan la atmósfera. Todo esto en respuesta a una crisis energética en buena medida manufacturada.

Y vale la pena recordar –la ironía de las ironías– que la crisis que la industria del gas natural es más hábil explotar es el mismo cambio climático.

Qué importa si la única solución que la industria ofrece a la crisis climática es expandir drásticamente el uso del fracking, que libera a la atmósfera cantidades masivas de metano, desestabilizador del clima. El metano es uno de los gases de efecto invernadero más potentes, 34 veces más fuerte para atrapar el calor que el dióxido de carbono, según los más recientes cálculos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). Y eso ocurre durante un periodo de 100 años, con el poder del metano reduciéndose a lo largo del tiempo.

Es mucho más relevante, argumenta Robert Howarth, bioquímico de la Universidad de Cornell, observar el periodo de 15 a 20 años, cuando el metano tiene un impresionante potencial de cambio climático: 86 a 100 veces mayor que el dióxido de carbono. Y recuerda: no construyes infraestructura multimillonaria en dólares a menos que planees usarla durante al menos 40 años. Así que la respuesta que le damos a nuestro planeta que se calienta es la construcción de una red de hornos atmosféricos superpoderosos. ¿Estamos locos?

No sabemos cuánto metano se libera al perforar y hacer fracking y con toda su infraestructura. Aun cuando la industria del gas natural vende sus emisiones de dióxido de carbono como ¡más reducidas que el carbón!, nunca ha realizado una medición sistemática de sus fugas de metano. La industria del gas, en 1981, salió con el astuto discurso de que el gas natural era un puente a un futuro de energía limpia. Eso fue hace 33 años.

Y en 1988 –el año que el climatólogo James Hansen alertó al Congreso, en un histórico testimonio, sobre el urgente problema del calentamiento global– la Asociación Estadunidense de Gas comenzó a explícitamente describir su producto como respuesta al efecto invernadero.

El uso que la industria hace de Ucrania para expandir su mercado global, bajo la bandera de la seguridad energética, debe verse en el contexto de este ininterrumpido historial de oportunismo ante las crisis. Sólo que esta vez muchos más de nosotros sabemos dónde está la verdadera seguridad energética. Gracias al trabajo de reconocidos investigadores, como Mark Jacobson y su equipo en Stanford, sabemos que el mundo puede, para 2030, obtener su energía exclusivamente de renovables. Y gracias a los más recientes y alarmantes informes del IPCC sabemos que hacerlo es ahora un imperativo existencial.

Depende de los europeos transformar su deseo de emancipación del gas ruso en una demanda de una acelerada transición a renovables. Tal transición –a la cual las naciones europeas están comprometidas por el Protocolo de Kyoto– fácilmente puede ser saboteada si el mercado mundial es inundado con combustibles fósiles baratos que fueron extraídos mediante fracking del lecho de roca estadunidense. Responder a la amenaza de un calentamiento catastrófico es nuestro más urgente imperativo energético. Y simplemente no podemos darnos el lujo de distraernos con el más reciente ardid de mercadotecnia, alimentado con una crisis, de la industria del gas natural.
______
Artículo publicado en La Jornada, en abril de 2014
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Una recesión en Alemania pondría al euro en serio peligro

Lun, 21/07/2014 - 17:01
Matthew Lynn, El Economista

Su selección de fútbol pasa por alto las opiniones en contra y acaba ganando la Copa del Mundo. Su canciller, Angela Merkel, reina sobre el continente europeo. Su poderosa máquina exportadora mantiene las fábricas en marcha, acumula grandes excedentes comerciales y sienta las bases de lo que muchos consideran la economía de mayor éxito en el mundo.

Hoy en día, no hay muchas cosas malas en Alemania y sí muchas buenas. Aun así, si miramos debajo del capó, vemos señales preocupantes. La producción industrial disminuye. Las exportaciones bajan. Los salarios se estancan. El tipo de inflación es tan bajo que podría caer próximamente en una deflación pura y dura. Para el tercer trimestre del año, Alemania podría entrar en recesión.

Y eso cambiará la dinámica de la eurozona, no precisamente para mejor. Hasta ahora, la moneda única, pese a haber sido catastrófica para las naciones periféricas del sur de Europa, le ha ido bien a Alemania, que es con diferencia la potencia más fuerte de la Unión Europea. No sorprende que haya hecho todo lo posible por mantener la moneda pero en cuanto se vea golpeada por ella, como tantos otros, eso cambiará irremediablemente.

Con una Alemania debilitada, el euro será mucho más frágil de lo que lo ha estado este último año. Los signos de una recesión en la economía alemana están a la vista. La semana pasada supimos que la producción industrial (mucho más importante para Alemania que para casi todas las demás grandes economías avanzadas) encogió un 1,8% en mayo respecto a abril. La construcción, que suele ser un buen indicador de adónde va la economía, bajó un 4,9%.

Tanto las importaciones como las exportaciones se redujeron en mayo, lo que no apunta precisamente a una economía en auge. En base mensual ajustada, las exportaciones habían menguado un 1,1% mensual, a medida que otros países dejaban de comprar tantos coches y químicos alemanes, mientras que las importaciones se hundieron un 3,4%, ya que las fábricas se fijaron en sus libros de pedidos y decidieron que no necesitaban tanta materia prima, mientras los consumidores, apurados, compraban menos. El país siguió recogiendo un gran excedente comercial pero no es buena noticia porque refleja que las importaciones encogen más deprisa que las exportaciones.

Los demás indicadores no son mucho mejores. La inflación se desploma, como en el resto de la eurozona. En junio, se situaba a un tipo anualizado del sólo el 1% y en mayo apenas llegaba al 0,6%. Por norma general, las empresas no moderan las subidas de precios cuando la demanda es demasiado fuerte sino cuando es demasiado floja. Eso se ha reflejado en las cifras de ventas al por menor en mayo, que habían bajado un 0,6%, después de una caída del 1,5% en abril.

La mayoría de los economistas siguen prediciendo un tipo decente de crecimiento de alrededor del 2% este año en Alemania, aunque no todos. High-Frequency Economics augura que la economía alemana se contraerá por segundo trimestre en lo que va de año. Si continúa durante dos trimestres seguidos, se podrá hablar de recesión. Los mercados de bonos, que normalmente son mucho más rápidos a la hora de detectar problemas que los demás, ya se han dado cuenta de que algo pasa.

El rendimiento de un bund de diez años, como se llaman los bonos del estado alemán, lleva cayendo sin parar durante todo el año y ya ha bajado al 1,2%, muy cercano a su mínimo de todos los tiempos. Los rendimientos de los bonos no caen cuando una economía se expande con fuerza sino cuando el dinero inteligente cree que la recesión y la deflación están a la vuelta de la esquina.

No cuesta averiguar qué está pasando. Se habla mucho de la formidable máquina industrial alemana y, aunque cuenta con muchas grandes empresas, básicamente es el taller del resto de Europa. De sus exportaciones, el 69% van a parar al continente. Su mayor socio comercial es Francia, que por sí sola representa el 9,2% de las exportaciones alemanas. Asia ha crecido pero todavía representa sólo el 16% de lo que el país están vendiendo en el extranjero.

Y Europa, por supuesto, es un mercado pésimo ahora mismo y no tiene visos de mejorar en un futuro próximo. Pongamos a Francia, por ejemplo. Dado que el 40% del PIB alemán lo componen las exportaciones y una décima parte cruza la frontera hacia Francia, su vecina representa ella sola el 4% del PIB alemán. La economía francesa está estancada, con las ventas y la confianza desmoronándose cada mes. Lo mismo pasa con muchos otros mercados de Alemania, como Finlandia u Holanda. De entre sus vecinos, sólo el Reino Unido crece a un ritmo respetable, aunque por mucho que a los británicos les gusten los coches alemanes, no van a poder rescatar la economía por sí solos.

En efecto, la crisis de la eurozona ha alcanzado a su mayor economía. Y eso va a cambiar la dinámica de la moneda única que, hasta el momento, ha funcionado bastante bien para Alemania. Después de reformar su economía en los noventa, estaba en una posición ideal para recoger los frutos de la moneda única y prosperó gracias a un amplio mercado exportador, con un tipo de cambio fijo. Antiguamente, la vecina Francia e Italia se devaluaban periódicamente contra el marco alemán para seguir siendo competitivas.

Con esa opción fuera de la mesa, la industria alemana se propulsó hacia delante. El empleo era sólido, como los beneficios de las empresas. Es cierto que los alemanes se quejaban de los rescates a los europeos del sur pero, en general, sabían que el euro les iba bien y lo soportarían mientras siguiese siendo así. Dentro de la UE, lo que Alemania importa más que cualquier otro país. Es la nación más grande y rica. Mientras siga beneficiando, el euro podía sobrevivir. No ocurre lo mismo en una recesión.

Si la crisis del euro golpeara a Alemania con la misma dureza que a la Europa periférica, puede pasar cualquier cosa. La moneda única volverá a parecer muy frágil y su supervivencia a largo plazo empezará a ponerse en duda. El euro puede sobrevivir a una crisis griega o portuguesa pero con una alemana, las cosas cambian.
_______
Ver: Alemania gana el Mundial, pero impulsa a la baja la producción industrial europea

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Estados Unidos aprovecha derribo del MH17 para arrebatar a Rusia el mercado energético de Europa

Lun, 21/07/2014 - 12:00
Las sanciones contra Rusia que Europa ha aplicado tras la crisis de Ucrania al parecer no han sido suficientes para Estados Unidos. El derribo del avión de Malaysian Airlains por un misil de procedencia rusa, está permitiendo a Estados Unidos quitarle a Rusia el negocio energético. Todo al parecer es cosa de tiempo. Ucrania confiscó la memoria de los radares de la zona del misil y se ha borrado la huella del viaje que tomó el MH17. Una de las versiones asegura que el misil tenía por destino el avión del presidente Putin, que pasó por esa ruta 2 horas antes. El MH17 la habría utilizado por error ¿de quien? ¿a quien le interesaba avivar aún más el conflicto?
Por ahora, lo cierto es que Europa, a través de Ángela Merkel, está desactivando los contratos de gas con Rusia y adoptando nuevos contratos con Estados Unidos. El auge del fracking que ha iniciado el gobierno de Obama para la autosuficiencia energética del país ha sido uno de los principales estímulos de Estados Unidos para contrarrestar el desempleo y además le ha ayudado a controlar la inflación. Nada importa el daño ecológico de la fractura hidráulica con tal de hacer negocios. Y Estados Unidos está decidido a tomar cualquier camino para apropiarse del negocio energético de Europa. Aunque las propuestas energéticas de EEUU sean completamente falaces. La falsa abundancia de recursos energéticos en EUU es más bien un producto de la propaganda que de la realidad.

Leer más
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La vuelta de Orwell y el Gran Hermano a la guerra en Palestina, Ucrania y contra la verdad

Dom, 20/07/2014 - 21:01
John Pilger, Sin Permiso

La otra noche vi 1984, de George Orwell, representada en los escenarios de Londres. Pese a que pide a gritos una interpretación contemporánea, las advertencias de Orwell sobre el futuro se presentaron como una obra perteneciente a un periodo remoto e inofensivo. Parecía como si Edward Snowden nunca hubiera hecho públicas sus revelaciones, el Gran Hermano no fuera hoy un espía digital y el propio Orwell nunca hubiera dicho aquello de «para dejarse corromper por el totalitarismo no hace falta vivir en un país totalitario».

La producción, aclamada por la crítica, se me antojó una medida de nuestros tiempos culturales y políticos. Cuando se encendieron las luces, el público estaba ya en pie de camino hacia la puerta de salida. Todos parecían indiferentes o, quizás, absortos en otros asuntos. «Menudo rompecabezas», escuché que decía la chica de enfrente, mientras encendía su teléfono.

Cuando las sociedades avanzadas se despolitizan, los cambios se producen de forma tan sutil como espectacular. En el discurso del día a día, el lenguaje político está invertido, tal y como Orwell profetizó en 1984. «La democracia» es ahora un artefacto retórico. La paz es una «guerra perpetua». «Global» significa imperial. El concepto de «reforma», que una vez resultó esperanzador, hoy equivale a regresión e incluso destrucción. «Austeridad» es la imposición del capitalismo extremo a los pobres y la concesión del socialismo a los ricos: un sistema bajo el cual la mayoría está al servicio de las deudas de unos pocos.

En las artes, la hostilidad a la verdad política se ha convertido en un artículo de fe burguesa. Un titular del diario Observer prefigura «El periodo rojo de Picasso y por qué los políticos no hacen buen arte». Cabe mencionar que este titular se publicó en un periódico que saludaba el baño de sangre en Iraq a modo de cruzada liberal. La incesante oposición de Picasso al fascismo se contempla como una nota a pie de página, de igual forma que el radicalismo de Orwell ha desaparecido del premio que se apropió de su nombre.

Hace unos pocos años, Terry Eagleton, entonces profesor de literatura inglesa en la Universidad de Manchester, consideró que «por primera vez desde hace dos siglos no hay poeta, dramaturgo o novelista británico que esté preparado para cuestionar los fundamentos del estilo de vida occidental». Ya no se escriben discursos como los de Shelley a los pobres, sueños utópicos como los de Blake, condenas como las de Byron a la corrupción de la clase gobernante, ni hay un Tomas Carlyle o un John Ruskin que descubran los desastres morales del capitalismo. Ni William Morris, Oscar Wilde, HG Wells o George Bernard Shaw conocen equivalentes hoy. Harold Pinter fue el último en alzar su voz. Entre las insistentes voces del feminismo, ninguna hace eco a Virginia Woolf, quien describió extensamente «el arte de dominar a los demás... de gobernar, matar o adquirir tierras y capital».

En el Teatro Nacional, una obra nueva, Gran Bretaña, propone una sátira sobre el escándalo de las intervenciones telefónicas por el que varios periosdistas han sido juzgados y condenados, incluyendo a un antiguo editor del periódico News of the World de Rupert Murdoch. Descrita como «una comedia con colmillos afilados [que] pone a toda la incestuosa cultura [mediática] en el banquillo de los acusados y la somete a un ridículo despiadado», el punto de mira de la obra está puesto en los «agraciados y divertidos» personajes de los tabloides británicos. Todo ello está muy bien y resulta familiar. Pero, ¿cuál de los medios que no son tabloides y se consideran respetables y creíbles no sirve a la función paralela de brazo del estado y de los poderes corporativos, tal y como ocurre con la promoción de guerras ilegales?

Las indagaciones de Leveson en torno a las intervenciones telefónicas mostraron lo que era inmencionable. Tony Blair se encontraba declarando, protestando ante su señoría por el acoso del tabloide a su mujer, cuando una voz lo interrumpió desde la galería . David Lawley-Wakelin, un conocido director de cine, exigía el arresto de Blair y su enjuiciamiento por ser culpable de numerosos crímenes de guerra. Hubo un espacioso silencio: la conmoción que siempre produce la verdad. Lord Leveson dio un salto sobre sus pies, ordenó que se expulsara al divulgador de verdades y pidió disculpas al criminal de guerra. Lawley-Wakelin fue enjuiciado y Blair salió en libertad.

Los cómplices de Blair son su invariable respetabilidad. Cuando la presentadora de la BBC Kirsty Wark lo entrevistó en el décimo aniversario de su invasión a Iraq, le obsequió con un momento con el que jamás podía haber soñado: le permitió mostrarse agonizante por la «difícil» decisión en torno a Iraq, en vez de pedirle cuentas por el épico cimen. Me recordó al desfile de periodistas de la BBC, quienes en 2003 declararon que Blair podía sentirse «libre de culpa» y consiguientemente se emitió la serie «seminal» de la BBC, The Blair Years, para la que eligieron a David Aaronovitch como guionista, presentador y entrevistador. Aaronovitch, lacayo de Murdoch, elogió con pericia la campaña de ataques militares a Iraq, Libia y Siria.

Desde la invasión de Iraq –ejemplo de agresión no provocada que el fiscal de Nuremberg Robert Jackson denominó «el crimen internacional supremo, que se ha distinguido de otros crímenes de guerra únicamente por contener en sí mismo el mal acumulado de la totalidad» – a Blair y a su portavoz y principal cómplice, Alastair Campbell, les concedieron un espacio generoso en el periódico Guardian para restablecer su reputación. Descrito como la «estrella» del Partido Laborista, Campbell se ha granjeado la simpatía de los lectores por su depresión y ha expuesto sus intereses, aunque no su reciente nombramiento como consejero de Tony Blair, sobre la tiranía militar de Egipto.

Al tiempo que Iraq se desmembra a causa de la invasión Blair/Bush, un titular de Guardian reza: «Fue correcto derrocar a Saddam, pero nos hemos retirado demasiado pronto». Este coincidió con otro prominente artículo del 13 de junio, escrito por un antiguo funcionario de Blair, John McTernan, quien también sirvió al nuevo dictador de Iraq designado por la CIA Iyad Allawi. En su llamamiento a reiterar la invasión del país que su antiguo maestro ayudó a destruir, no hizo referencia alguna a las muertes de al menos 700.000 personas, la huida de cuatro millones de refugiados y una revuelta sectaria en un país que antes se jactaba de su tolerancia comunitaria.

«Blair personifica la corrupción y la guerra», escribió el columnista radical del Guardian Seumas Milne en un vehemente artículo del 3 de julio. Esto, en la profesión, se conoce como «equilibrio». Al día siguiente, el periódico publicó el anuncio de un bombardero furtivo estadounidense a página completa. Sobre la amenazante imagen del bombardero se leían las palabras: «F-35. El GRAN de Bretaña». Esta otra personificación de «la corrupción y la guerra» costará a los contribuyentes británicos 1.300 millones de libras, con el lastre adicional de que los predecesores de este modelo F han masacrado a miles de personas en el tercer mundo.

En un pueblecito de Afganistán, habitado por los más pobres de los pobres, grabé a Orifa, arrodillada frente a las tumbas de su marido, Gul Ahmed, un tejedor de alfombras, otros siete miembros de su familia, entre ellos seis niños, y dos niños que fueron asesinados en la casa vecina. Una bomba de «precisión» de 500 libras cayó directamente sobre su casita de barro, piedra y paja, dejando un cráter de 15 metros de ancho. Lockheed Martin, el fabricante del avión, obtuvo un puesto de honor en el anuncio del Guardian.

La anterior secretaria de estado y aspirante a presidente de los EEUU, Hilary Clinton, apareció hace poco en el programa Women´s Hour de la BBC. La presentadora, Jenni Murray, introdujo a Clinton como el paradigma del éxito femenino. No recordó a sus oyentes la obscenidad proferida por Clinton de que Afganistán fue invadida para «liberar» a mujeres como Orifa. No preguntó a Clinton sobre la campaña de terror de su administración en la que se emplearon aviones no tripulados para masacrar a mujeres, hombres y niños. No se mencionó la amenaza de Clinton de «eliminar» a Irán en su campaña por ser la primera mujer presidente, ni tampoco su apoyo a la vigilancia masiva ilegal o a la búsqueda de delatores.

Sí le hizo, sin embargo, una pregunta comprometedora. ¿Había perdonado Clinton a Monica Lewinski por la aventura con su marido? «El perdón es una elección», dijo Clinton, «para mí fue, absolutamente, la elección adecuada». Esto me recordó a los años 90 y la perpetua obsesión por el «escándalo» Lewinsky. El presindente Bill Clinton se encontraba entonces invadiendo Haití y bombardeando los Balcanes, África e Iraq. También se dedicaba a destruir vidas de niños iraquís; Unicef informó de la muerte de medio millón de menores de cinco años, como resultado del embargo impuesto por EEUU y Gran Bretaña. Los niños eran los nadies mediáticos, de la misma manera que las víctimas de las invasiones que apoyó y promovió Hilary Clinton –Afganistán, Iraq, Yemen, Somalia– son nadies mediáticos. Murray no los mencionó. La página web de la BBC muestra una fotografía de ella junto a su distinguida invitada, en la que ambas aparecen radiantes.

En política, como en periodismo y en arte, parece que la discrepancia que antes el «público» toleraba se ha revertido y convertido en disidencia: una clandestinidad metafórica. Cuando comencé mi carrera en Fleet Street de la Gran Bretaña de los años 60, la crítica del poder occidental como fuerza rapaz era aceptable. Se podían leer los celebrados informes de James Cameron sobre la explosión de la bomba de hidrógeno en Bikini Atoll, la atroz guerra de Korea y los bombardeos estadounidenses de Vietnam del Norte. El gran espejismo de hoy es el de pertenecer a una era de la información cuando, en realidad, vivimos en una era mediática en la que la incesante propaganda corporativa resulta insidiosa, contagiosa, eficaz y liberal.

En su ensayo de 1859 Sobre la Libertad, al cual los liberales modernos rinden homenaje, John Stuart Mill escribió: «El despotismo es una forma legítima de gobierno cuando se lidia con bárbaros, siempre que su fin sea una mejora de las condiciones y los medios se justifiquen haciendo efectivo tal fin». «Bárbaros» eran amplios sectores de la humanidad de quienes se requería una «obediencia implícita». «Es un mito afable y conveniente que los liberales se consideren pacificadores y los conservadores belicistas», escribió el historiador Hywel Williams en el 2001, «pero el imperialismo de la mecánica liberal puede resultar más peligroso dada su naturaleza no concluyente, su convicción de que representa una forma de vida superior». Él tenía en mente un discurso de Blair en el que el entonces primer ministro prometió «reordenar el mundo que nos rodea» según sus propios «valores morales».

Richard Falk, respetada autoridad en derecho internacional y Relator Especial de la ONU en Palestina, lo describió una vez como una «pantalla moral/legal unidireccional y santurrona [con] imágenes positivas de los valores e inocencia occidentales presentados como gravemente amenazados, justificando así una campaña de violencia política sin restricción». Está «tan ampliamente asumida que se ha vuelto virtualmente inamovible».

La tenacidad y el clientelismo premian a los guardianes. En la Radio 4 de la BBC, Razia Iqbal entrevistó a Toni Morrison, la premio Nobel Afro-Americana. Morrison se preguntaba por qué tantas personas estaban tan «enfadadas» con Barack Obama, pues era «guay» y deseaba construir «una economía y un sistema sanitario sólidos». Morrison se enorgullecía de haber hablado por teléfono con su héroe, el cual había leído uno de sus libros, y la había invitado a su inaguración.

Ni ella ni su entrevistador mencionaron las siete guerras perpetradas por Obama, incluyendo su campaña de terror con aviones no tripulados, por la cual familias enteras, sus rescatadores y deudos fueron asesinados. Lo que parecía importar de verdad era que un hombre de color con un «discurso muy refinado» había conseguido alcanzar las imponentes alturas del poder. En Los condenados de la Tierra, Frantz Fanon escribió que la «misión histórica» de los colonizados era servir como «línea de transmisión» de los que gobernaban y oprimían. En la era moderna, el uso de la diferencia étnica en los sistemas de poder y propaganda occidentales se contempla como un elemento esencial. Obama parece ser la encarnación de este elemento, aunque el gabinete de George W. Bush –su camarilla belicista– fue el más multiracial en la historia de la presidencia.

Cuando la ciudad iraquí de Mosul cayó bajo el mando de los yihadistas de ISIS, Obama dijo que «el pueblo americano ha hecho grandes inversiones y sacrificios para conceder a los iraquís la oportunidad de trazar un destino mejor». ¿No es «guay» esa mentira? Qué discurso tan «refinado» dio Obama en la academia militar de West Point del 28 de mayo. En su exposición del «estado del mundo» en la ceremonia de graduación de los que «asumirán el liderazgo de América» a lo largo y ancho del mundo, Obama dijo que «los Estados Unidos emplearán la fuerza militar, de forma unilateral si es necesario, cuando nuestros principales intereses así lo exijan. La opinión internacional nos importa, pero América nunca pedirá permiso...»

Repudiando el derecho internacional y los derechos de las naciones independientes, el presidente de los Estados Unidos reivindica una divinidad basada en el poder de su «indispensable nación». Es el consabido mensaje de la impunidad imperial, que pese a todo resulta siempre animoso. Evocando el resurgimiento del fascismo en 1930, Obama dijo: «Creo en la excepcionalidad americana con cada fibra de mi ser». El historiador Norman Pollack escribió: «Para los militaristas, substitúyase la aparentemente más inocua militarización de la cultura total. Para el grandilocuente líder, tendremos al reformista frustrado, trabajando despreocupadamente, planeando y llevando a cabo asesinatos y sonriendo todo el tiempo».

En febrero, los EEUU organizaron uno de sus golpes de estado «coloristas» contra el gobierno legítimo de Ucrania, explotando las protestas genuinas contra la corrupción en Kiev. La secretaria de estado de Obama Victoria Nuland escogió personalmente al líder del «gobierno interino». Lo apodó «Yats». El vicepresidente Joe Biden viajó a Kiev, igual que hizo el director de la CIA John Brennan. Las tropas de choque de su golpe de estado fueron fascistas ucranianos.

Por primera vez desde 1945, un partido neo-nazi, abiertamente antisemita, controla las áreas clave de poder en una capital europea. Ningún líder de la europa occidental ha condenado este resurgimiento del fascismo en la tierra fronteriza a través de la cual las tropas de invasión hitlerianas asesinaron a millones de rusos. Obtuvieron el apoyo del Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), responsable de la masacre de judíos y rusos, que ellos llamaban «alimañas». El UPA es la inspiración histórica del actual partido Svoboda y su aliado el Pravy Sektor. El líder de Svoboda Oleh Tyahnybok ha hecho un llamamiento para purgar Ucrania de la «mafia moscovita-judía» y demás «escoria», como gays, feministas y grupos de izquierdas. Desde el colapso de la Unión Soviética, los Estados Unidos han sitiado a Rusia con bases militares, aviones de guerra nucleares y misiles, como parte de su Proyecto de Ampliación de la OTAN. Imcumpliendo la promesa hecha al presidente soviético Mikhail Gorbachev en 1990 de que no se extendería «un solo centímetro hacia el este», la OTAN, de hecho, ha ocupado la europa oriental. En el antiguo Cáucaso soviético, la expansión de la OTAN representa la mayor construcción militar desde la Segunda Guerra Mundial.

El Plan de Acción de Membresía de la Otan es la concesión de Washington al régimen golpista de Kiev. En Agosto, la «Operación Tridente Rápido» situará a las tropas estadounidenses y británicas en la frontera Rusia-Ucrania y el ejercicio militar «Sea Breze» enviará buques de guerra estadounidenses a vista de los puertos rusos. Uno puede imaginarse la reacción si estos actos de provocación o intimidación se llevaran a cabo en las fronteras estadounidenses.

Al reclamar Crimea –que Nikita Kruschev separó ilegalmente de Rusia en 1954– los rusos no hacen más que defenderse, como han estado haciendo desde hace casi un siglo. Más del 90 por ciento de la población de Crimea votó a favor de devolver el territorio a Rusia. Crimea es el hogar de la Flota del Mar Negro y su pérdida podría significar el final para la Marina Rusa y un premio para la OTAN. Habiendo confundido las partes de guerra en Washington y Kiev, Vladimir Putin retiró las tropas de la frontera Ucraniana y urgió a las etnias rusas del este de Ucrania a abandonar las ideas de separatismo.

De una forma muy orwelliana, a todo esto se le ha dado la vuelta en occidente convirtiéndolo en «amenaza rusa». Hillary Clinton comparó a Putin con Hitler. Sin ninguna ironía, los comentaristas políticos de la derecha alemana profirieron las mismas palabras. En los medios, se limpia la imagen de los neo-nazis ucranianos llamándolos «nacionalistas» o «ultra nacionalistas». Lo que temen es que Putin esté buscando una solución diplomática y que pueda encontrarla. El 27 de junio, en respuesta al último acuerdo de Putin –su petición al Parlamento Ruso de rescindir la legislación que le otorgaba el poder de intervenir en nombre de la etnia rusa de Ucrania–, el Secretario de Estado John Kerry lanzó otro de sus ultimatums. Rusia debe «actuar en las próximas horas, literalmente» para acabar con la revuelta en Ucrania del este. A pesar de que a Kerry se lo conoce como un bufón, el grave objetivo de tales «advertencias» era propiciar que Rusia obtuviera el estatus de paria y reprimir las noticias de la guerra del régimen de Kiev contra su propio pueblo.

Un tercio de la población de Ucrania es de habla rusa y bilingüe. Hace tiempo que el pueblo persigue una federación democrática que refleje la diversidad étnica de Ucrania y sea tanto autónoma como independiente de Moscú. La mayoría no es «separatista» ni «rebelde», sino ciudadanos que desean vivir seguros en su patria. El separatismo no es más que una reacción a los ataques que sufren por parte de la junta de Kiev, que ha enviado al exilio en Rusia a unos 110.000 (según datos de la ONU). En general, se trata de mujeres y niños traumatizados.

Como los niños del embargo a Iraq y las mujeres y niñas «liberadas» de Afganistán, este pueblo étnico de Ucrania, aterrorizado por los caudillos de la CIA, son los nadies mediáticos de occidente; su sufrimiento y las atrocidades que han sufrido han sido minimizadas hasta casi desaparecer. Tampoco se ha informado en los medios de comunicación oficiales de occidente de la escala de los ataques del régimen. Esto no carece de precedentes. Volví a leer la magistral The First Casualty: the war correspondent as hero, propagandist and mythmaker, de Phillip Knightle, con admiración renovada por Morgan Philips Price del Manchester Guardian, el único reportero occidental que permaneció en Rusia durante la revolución de 1917 e informó de la desastrosa invasión de los aliados occidentales. Justo y valeroso, Philips Price agitó él solo lo que Knightley denomina el «oscuro silencio» anti-ruso de occidente.

El 2 de mayo, en Odessa, 41 personas de etnia rusa fueron quemadas vivas en la sede de un sindicato ante la mirada impasible de la policía. Existe un video terrible que lo prueba. El líder de Pravy Sektor Dmytro Yarosh saludó la masacre como «otro día brillante de nuestra historia nacional». En los medios de comunicación británicos y estadounidenses se transmitió la noticia como una «tragedia turbia» resultante de los «enfrentamientos» entre «nacionalistas» (neo-nazis) y «separatistas» (el pueblo que recogía firmas para convocar un referendum por una Ucrania federal). El New York Times la entrerró, desechando como propaganda rusa sus advertencias sobre las políticas fascistas y antisemitas de los nuevos clientes de Washington. El Wall Street Journal condenó a las víctimas – «Fuego Mortal Ucraniano Probablemente Detonado por los Rebeldes, Según el Gobierno». Obama felicitó a la junta por su «refrenamiento».

El 28 de junio, el Guardian dedicó casi una página entera a las declaraciones del «presidente» del régimen de Kiev, el oligarca Petro Poroshenko. De nuevo se aplicó la ley de inversión de Orwell. No hubo golpe de estado; no hubo guerra contra la minoría de Ucrania; los rusos tenían la culpa de todo. «Quiero modernizar mi país», dijo Poroshenko. «Queremos introducir la paz, la democracia y los valores Europeos. Hay personas a quienes no les gusta. Hay personas a quienes no gustamos».

El reportero del Guardian Luke Harding obviamente no puso en duda tales aseveraciones, ni mencionó la atrocidad cometida en Odesa, los ataques aéreos y de artillería del régimen en las áreas residenciales, el rapto y asesinato de periodistas, el bombardeo de la redacción de un periódico de la oposición y su amenaza de «liberar Ucrania de escoria y parásitos». El enemigo son «rebeldes», «militantes», «insurgentes», «terroristas» y secuaces del Kremlin. Si congregamos a los fantasmas de la historia de Vietnam, Chile, Timor del Este, Africa Austral o Iraq, podremos identificar las mismas etiquetas. Palestina es el imán de este inamovible engaño. El 11 de julio, tras la última matanza en Gaza –80 personas, entre ellas seis niños de la misma familia– perpetrada por el ejército de Israel equipado con armamento estadounidense, un general israelí escribió un artículo en el Guardian bajo el titular «Una muestra de fuerza necesaria».

En los años 70, conocí a Leni Riefenstahl, a quien pregunté sobre las películas que había rodado para glorificar a los nazis. Utilizando una cámara y unas técnicas de iluminación revolucionarias, produjo un documental en un formato que fascinó a los alemanes: era el Triunfo de la Voluntad, donde al parecer vehiculaba las maldiciones de Hitler. Le pregunté sobre la propaganda en sociedades que se imaginaban superiores al resto. Ella respondió que los «mensajes» de sus películas no estaban subordinados a las «órdenes de arriba» sino al «vacío sumiso» de la población alemana. «¿Incluye eso a la burguesía liberal e instruída?» Le pregunté. «A todo el mundo», contestó, «y, por descontado, a la intelligentsia».
_______
John Pilger, nacido en 1939 en Australia, es uno de los más prestigiosos documentalistas y corresponsales de guerra del mundo anglosajón. Particularmente renombrados son sus trabajos sobre Vietnam, Birmania y Timor, además de los realizados sobre Camboya, como Year Zero: The Silent Death of Cambodia y Cambodia: The Betrayal.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

El temido efecto dominó en la crisis del Espirito Santo

Dom, 20/07/2014 - 19:30

Las convulsiones que está provocando la quiebra del Holding Espirito Santo amenazan con provocar una reacción en cadena por todo el sistema financiero. La gráfica nos muestra los activos de la banca en comparación al PIB de los países. En todos estos países los activos bancarios han aumentado mientras el crecimiento se ha estancado. Crece la deuda y los intereses pero la economía no se mueve, ¿cuánto tiempo más se puede mantener un sistema que es abiertamente insostenible?
Por eso que los mercados sufrirán un vuelco inevitable mientras la prima de riesgo volverá a repuntar después de una solaz temporada en sus mínimos históricos. La falsa calma provocada por el dinero barato de Mario Draghi, ha sido un simple disfraz. El desarrollo sostenible no figura ni en la última página del programa. Todo ha sido para salvar las apariencias, defender un sistema financiero que se cae a pedazos y generar dinero al grupo de políticos más corruptos de la historia. Ellos son los responsables de que ninguno de los problemas haya sido resuelto. Las centenares de reuniones de Angela Merkel con Jean-Claude Juncker y Christine Lagardé han sido en verdad para llenar sus propios bolsillos.

Leer másUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Nuevas instituciones financieras BRICS podrían socavar la dominación global de EEUU y la UE

Sáb, 19/07/2014 - 23:50

Mark Weisbrot, Al Jazeera

Durante la crisis financiera asiática de 1997-1998, cuando los países de ingresos medios se vieron muy afectados por las grandes salidas de capital, se hizo un esfuerzo por parte de China, Japón, Taiwán y otros países para crear un fondo monetario asiático que ofreciera apoyo a la balanza de pagos de estos países. Sin embargo, Washington vetó la idea, insistiendo en que toda la ayuda tenía que pasar por el Fondo Monetario Internacional. El resultado fue un desastre, incluyendo una innecesariamente profunda recesión regional, ya que el FMI no actuó como un prestamista de última instancia y después se une todo tipo de condiciones dañinas e innecesarias para sus préstamos.

Pero el mundo ha cambiado mucho en los últimos 15 años. La semana pasada, los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) decidieron formar el Acuerdo de Reserva para Contingencias (CRA) y el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), y Estados Unidos no tendrá poder de veto en esta ocasión. Estas nuevas instituciones podrían marcar un punto de inflexión para el sistema financiero internacional.

La cobertura de los medios occidentales de estos desarrollos ha sido en su mayoría indiferente, pero refleja principalmente las preocupaciones de Washington y sus aliados. Ellos han tenido influencia indiscutible sobre las instituciones de toma de decisiones de gobierno financiero mundial desde hace 70 años, y la última cosa que quieren ver es la competencia. Pero la competencia es exactamente lo que necesita el mundo ahora.

El FMI y el Banco Mundial fueron creados en 1944, cuando Estados Unidos era casi la única potencia industrial posicionada en el mundo. Las instituciones reflejan esa realidad unipolar. Hoy Washington todavía controla ambas instituciones, con la colaboración subordinada de un puñado de aliados ricos; lo mismo es cierto para el G-7, G-8 y G-20. En los últimos años, ya que la zona euro se ha convertido en el receptor de más préstamos del FMI, los directores europeos tienen, por supuesto, una voz predominante en las políticas de la región, pero sigue siendo el mismo grupo de países en el cargo. E incluso en la Organización Mundial del Comercio, que se formó en 1995 y cuenta con un proceso consensual diferente, las reglas fundacionales fueron escritas por los países ricos - y en este caso, sobre todo por sus corporaciones.

Durante décadas se han hecho esfuerzos para dar a la mayoría de las naciones del mundo una voz en el FMI y el Banco Mundial, pero el progreso ha sido glacial, en el mejor de los casos. Los países BRICS tienen más del 40 por ciento de la población mundial, y China es ahora la mayor economía del mundo, pero casi no tienen voz en estas instituciones. Decir que han sido una alternativa desde hace mucho tiempo es un eufemismo.

El Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS ha recibido una mayor atención, pero el fondo de reserva de divisas 100 mil millones dólares podría ser un avance mucho mayor. Para la mayoría de los países, una de las mayores limitaciones y fuentes de inestabilidad potencial es la balanza de pagos. Deben contar con suficientes dólares u otras divisas para financiar las importaciones y suficientes reservas internacionales para asegurarse contra un vuelo de pánico de su moneda. De lo contrario, su economía puede caer en una crisis, una recesión o de otro desequilibrio económico devastador. La mayor parte del daño causado por la crisis financiera de Asia podrían haberse evitado con el equilibrio oportuno de los pagos de apoyo.

Pero las condiciones macroeconómicas perjudiciales vinculados a los préstamos del FMI han continuado. Basta con mirar a Ucrania, donde la economía se está reduciendo en un 5 por ciento este año y el FMI está imponiendo austeridad que prolongará y profundizará la recesión. Un examen de las políticas del FMI durante la recesión mundial de 2009 mostró que 31 de 41 países con acuerdos con el FMI fueron objeto de políticas macroeconómicas procíclicas - es decir, las políticas que se podrían esperar a empeorar una desaceleración económica o impedir la recuperación. Y a pesar de que el FMI es sólo el socio menor en la troika, con la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, han arrastrado a Europa a varios años de recesión innecesaria con el castigo colectivo de desempleo masivo, haciendo gran daño a la mayor parte de la economía mundial - incluyendo los BRICS y otros países en desarrollo.

Los BRICS son parte de un proceso que ha estado ocurriendo en los últimos 15 años, en que los países de ingresos medios han acumulado reservas suficientes para votar con los pies y salir de la órbita del FMI. Aunque la mayoría de los economistas y la mayoría de los principales medios de comunicación lo han ignorado, la pérdida de influencia del FMI sobre la política económica en la mayoría de los países de ingresos medios es uno de los desarrollos más importantes en el sistema financiero internacional en el último medio siglo. Es casi seguro que ha contribuido a la recuperación del crecimiento económico en la mayoría de los países en desarrollo en la última década. Es también, no por casualidad, una enorme pérdida de influencia para el gobierno de Estados Unidos, que ha utilizado tradicionalmente al FMI y su cártel de acreedores para sus propios fines imperiales.

Los BRICS tienen el potencial de romper el patrón no sólo de la dominación global Estados Unidos-UE, sino también de las condiciones perjudiciales normalmente conectados a la balanza de pagos de apoyo. Podría resultar muy importante en los próximos años: Una gran cantidad de dinero se ha derramado en bonos emergentes gubernamentales de mercado desde que la Fed fijó los tipos de interés a corto plazo en cero hace más de cinco años. Mucho de esto podría levantarse e irse cuando la Reserva Federal decida elevar las tasas de interés. Tales aumentos de las tasas eran una causa importante de la crisis del peso mexicano en 1995 y alcanzaron otros países como Brasil y Argentina unos años más tarde. Los países BRICS han indicado que están dispuestos a que otros países se unan. China tiene alrededor de 4 billones de dólares de reservas, por lo que tiene el potencial de contribuir mucho más y, probablemente, aún así salir beneficiados, ya que la mayoría de sus reservas probables van a perder dinero en bonos del Tesoro de Estados Unidos. No se sabe qué tan pronto este nuevo fondo estará en funcionamiento o que tan grande crecerá. Sin embargo, el potencial de crecimiento para la economía mundial es muy grande.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Del modelo Auschwitz al modelo Gaza

Sáb, 19/07/2014 - 14:56

Raúl Zibechi, Alainet

En poco menos de una semana Israel desencadenó sobre la Franja de Gaza una lluvia de bombas que han matado ya a más de 200 personas, 80 por ciento de ellas civiles y una quinta parte niños.

La excusa para los ataques son los misilazos que del otro lado lanzan los milicianos de Hamas sobre Israel, que acaban de causar la primera víctima mortal en Israel. Pero la disparidad no es sólo en cuanto a víctimas: Gaza es un menguado territorio de poco más de 350 quilómetros cuadrados que vive bajo el acoso sistemático de la potencia militar de la zona. Cada tanto, sobre su millón y medio de habitantes caen las bombas, según una repetida lógica de larga data, ante la indiferencia de las potencias occidentales, que por menos de eso ya estarían preparando una “intervención militar humanitaria” para frenar al agresor. Al final de la Segunda Guerra Mundial, señala el filósofo español Santiago Alba Rico, se produjeron en Europa varios acontecimientos que marcaron la historia posterior. El primero, dice, es que durante los procesos de Nuremberg se registra el rechazo del abominable “modelo Auschwitz”, signado por “la deshumanización y exterminio horizontal del otro”; pero antes la principal potencia vencedora, Estados Unidos, había impuesto “la legalización de facto de los bombardeos aéreos” sobre población civil.

El “modelo Hiroshima” se vuelve entonces aceptable y “la deshumanización y exterminio vertical del otro se asume como rutinaria o como no penalizable” (1). El bombardeo a Dresde, semanas antes de la rendición de Alemania, en marzo de 1945, en el que las fuerzas aéreas estadounidense y británica provocaron la muerte de entre 25 y 35 mil personas, es considerado por Donald Bloxham, editor del Journal of Holocaust Education, como un “crimen de guerra”. Apenas derrotados los nazis, Francia bombardeaba Argelia y Siria, provocando masacres sin que los capitostes del nuevo orden mundial emitieran la menor protesta.

Los bombardeos aéreos desde entonces han sido cosa común, incluyendo el horror de Vietnam. “Ahora mismo los drones estadounidenses bombardean Pakistán o Yemen, los aviones de Bashar al Assad a su propio pueblo y los F-16 de Israel a los palestinos de Gaza. Todos esos bombardeos nos impresionan tanto como una tormenta de verano y, desde luego, mucho menos que una cuchillada en el metro”, remata Alba Rico.

Si de Gaza se trata, los ataques aéreos contra ese territorio palestino tienen una larga historia, con su secuela de miles de muertos, entre ellos cientos de niños, que representan entre el 25 y el 30 por ciento de las víctimas.

El periodista y analista británico Robert Fisk, especialista en los conflictos de Oriente Medio, reproduce en una columna que publicó esta semana en el diario The Independent de Londres un diálogo a propósito de los bombardeos de 2008 que mataron a más de 1.400 palestinos: “‘¿Y si Dublín fuera atacada con cohetes?’, preguntó entonces el embajador israelí. Pero en la década de 1970 la ciudad británica de Crossmaglen, en Irlanda del Norte, fue atacada con cohetes por la república de Irlanda, y sin embargo la Real Fuerza Aérea no bombardeó Dublín en venganza ni mató mujeres y niños irlandeses”.

El periodista israelí Gideon Levy insiste en que para Israel no se trata de combatir el terrorismo sino de matar árabes: “Desde la primera guerra del Líbano, hace más de 30 años, matar a los árabes se convirtió en el principal medio de la estrategia israelí. El ejército israelí ya no pelea contra otros ejércitos, el objetivo principal es la población civil” (Haaretz, domingo 13). Prueba de ello es la utilización de armas prohibidas en los bombardeos. “Doctores y personal médico han encontrado en los cuerpos de fallecidos o heridos restos de armas de destrucción masiva ilegales para el derecho internacional”, aseguran médicos desde el hospital Shifa, de Gaza. El cardiólogo noruego Erik Fosse, que lleva años trabajando en la Franja, dijo a la prensa que Israel estaría empleando armas que provocan cáncer. “Los médicos apuntan que podría tratarse de los denominados explosivos de metal inerte denso (dime, por su sigla en inglés), un arma de tipo experimental cuyo radio de acción es relativamente pequeño, pero cuya explosión resulta extremadamente potente” (Russia Today, lunes 13).

En contra de lo que asegura la propaganda israelí, los bombardeos no son una respuesta a los ataques de Hamas sino un cálculo político para bloquear cambios en la región, una obsesión del establishment de ese país: impedir la reconciliación entre Hamas y Fatah y evitar la toma de distancia de la Unión Europea respecto de Estados Unidos. Para cumplir sus objetivos políticos, los dirigentes israelíes no dudan en perpetrar masacres cada vez que lo consideran oportuno. Al hacerlo revelan un estilo “claramente fascista”, apunta el israelí Uri Avnery. Avnery es una de las personalidades israelíes más destacadas. A sus 90 años no pronuncia la palabra “fascista” a la ligera, menos aun tratándose de un judío. Repasando una realidad que le duele, llega al fondo del problema: al revés de lo que debería ser, su país es “un ejército dotado de Estado”, dice.
_________
Nota:

1. (1) Alba Rico no lo menciona, pero antes de la Segunda Guerra Mundial –probablemente como ensayo para el futuro–, durante la guerra civil española, la aviación nazi había lanzado operaciones de “exterminio vertical” de población civil en zonas resistentes del País Vasco, como en Guernica.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Holding del Espirito Santo declara la bancarrota

Sáb, 19/07/2014 - 06:50

Después de haber sostenido que la solidez del Banco Espirito Santo (BES) era intachable, esta noche el Espirito Santo International (ESI), el holding principal que agrupa todas las participaciones de la compañía, ha solicitado en Luxemburgo el "régimen de gestión controlada", dado que no puede hacer frente al pago de sus obligaciones que vencen este mes. En otras palabras, el grupo se declara oficialmente en bancarrota. Había que esperar el cierre de los mercados, un día viernes, en pleno verano europeo, para evitar la gran debacle bursátil. La farsa de una banca sólida, con las primas de riesgo más bajas de la historia y pletóricas de confianza, creó la falsa ilusión del fin de la crisis. Sin embargo ésta regresa con fuerza dado el rápido escalamiento que han tenido los problemas del Espirito Santo.
El régimen de "gestión controlada" no es más que una bancarrota ordenada para este holding de 145 años de historia (nació en 1869 con cambio de divisas y juegos de lotería), cuya caída recuerda el desplome de Lehman Brothers, también un banco de siglo y medio de antiguedad que había sobrevivido a la guerra civil de Estados Unidos y las dos guerras mundiales, pero que desapareció apenas reventó la crisis financiera en septiembre de 2008. Los nexos entre el BES y otros bancos europeos, así como con el Nomura japonés, pueden provocar una caída en dominó dando cuenta de la debilidad del sistema financiero, pese a las billonarias inyecciones de liquidez de sus padres adoptivos, los bancos centrales. Una tarea que se ha hecho con cargo a los contribuyentes y disparando la deuda pública.

Leer másUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

El banco de los BRICS: pieza de una nueva arquitectura financiera

Ven, 18/07/2014 - 18:28
Oscar Ugarteche, Alainet

El 15 de julio del 2014 los cinco países del grupo BRICS anunciaron al final de la Sexta Cumbre realizada en Fortaleza, Brasil, la fundación de un banco de infraestructura de gran envergadura y un acuerdo contingente de reservas por 100,000 millones de dólares distribuido en cuentas de los cinco bancos centrales. Con una base de capital autorizado de 100,000 millones de USD dólares, y pagado de 10,000 millones, el Nuevo Banco de Desarrollo se prepara para emitir instrumentos en dólares y captar el dinero que necesita en el mercado internacional de capitales a tasas bajas. El objeto del banco, cuya sede será Shanghai, es financiar obras de gran envergadura primero en los mismos países BRICS, emitir garantías, y comprar acciones de empresas públicas.

Más allá de esto, esta nueva pieza de la arquitectura internacional es una expresión de la frustración por el ninguneo al que han sido sometidos en las IFIs por el G7. Dicen en el párrafo 18 de la declaración final de la Sexta Cumbre de los BRICS: “Permanecemos decepcionados y seriamente preocupados con la no puesta en marcha de las reformas del Fondo Monetario Internacional del 2010 que afectan negativamente la legitimidad del FMI, su credibilidad y eficacia. El proceso de reforma del FMI está basado en compromisos de alto nivel, que ya reforzaron los recursos del Fondo y también deben conducir a la modernización de su estructura de gobernanza para reflejar mejor el peso creciente de los países emergentes y en desarrollo en la economía mundial. El Fondo debe continuar siendo una institución a base de cuotas”. Actualmente el Fondo es un intermediario financiero bilateral, desdiciendo su principio.

La crítica del Banco Mundial es igual: “Este potencial (para eliminar la pobreza) sólo será realizado, sin embargo, si la institución y sus socios se mueven con eficacia hacia estructuras de gobernanza más democráticas, refuerzan la capacidad financiera del Banco y exploran modos innovadores de potenciar y compartir la financiación y conocimiento del desarrollo mientras siguen las orientaciones del cliente y reconocen las necesidades de desarrollo de cada país”. El banco debe de responder a la demanda de sus clientes y no a la inversa, como es actualmente. La creación del Banco de los BRICS, apunta a constituir un mecanismo de apoyo a la estrategia de desarrollo de los BRICS llamada “Towards a Long-Term Strategy for BRICS: Recommendations by the BTTC” del año 2013.

La gobernanza del banco tiene tres niveles. Los miembros fundadores están representados en la Junta de gobernadores por los ministros de finanzas de los cinco países. Se reúnen una o dos veces al año para recibir informes sobre el banco y sus progresos. No tienen ninguna capacidad ejecutiva. Luego viene la junta de directores, que representa a todos los accionistas. Esta junta aprueba los créditos mayores. En ningún caso el accionariado de los BRICS puede ser menor al 55% del total. Luego viene la junta ejecutiva que incluye un presidente y cuatro vicepresidentes y el comité de créditos. Cualquier país miembro del sistema de Naciones Unidas puede ser socio del banco como no sujeto de crédito. No hay evidencia que los stakeholders puedan ser socios aunque se discutió.

Hasta ahora el banco opera bajo ley estadounidense, con el dólar americano como la unidad de cuentas y medio de pago y se sujeta por lo tanto a las cortes de Nueva York. El fallo contra la Argentina del juez Griesa permite ver los problemas que esto trae y los cambios que se requieren adicionales a la creación de estas instituciones. Lo primero que salta a la vista es que el banco sería menos vulnerable si utiliza el modelo de bonos no denominados en dólares establecido por el Banco Mundial. Lo que hace frágiles los bonos denominados en dólares son la volatilidad cambiaria y la aplicación de la jurisprudencia estadounidense de manera extraterritorial, como en el fallo del caso argentino. Ante la falta de derecho financiero internacional y de un tribunal internacional de arbitraje para deuda soberana se usa Nueva York y sus leyes y precedentes.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

BRICS, potente contrapeso a la hegemonía de Washington

Xov, 17/07/2014 - 22:47
Ángel Guerra Cabrera, La Jornada

Varios acontecimientos acaecidos en los últimos días en nuestra región han dado un importante impulso a la nueva configuración geopolítica multipolar, gestada en América Latina y el Caribe desde la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela (1999). Propiciada a escala internacional por la irrupción de la locomotora económica china y la recuperación por Rusia –potencia nuclear de primer orden– de su independencia, unida a una brillante proyección geoeconómica de su riqueza en hidrocarburos y a sus eficaces contragolpes a Estados Unidos a partir de 2008 (derrota de Georgia apoyada por Washington y Tel Aviv). Igualmente, debido a la creciente coordinación de políticas entre ambas con los demás miembros de la Organización de Cooperación de Shanghái, de la Unión Económica Euroasiática y del BRICS.

Sobresale la celebración de la sexta cumbre del BRICS en Fortaleza, Brasil, con la asistencia de sus líderes: Dilma Roussef, presidenta del país anfitrión; Vladimir Putin, de Rusia; Narendra Modi, premier de India, y los presidentes de China y Suráfrica Xi Jinping y Jacob Zuma. Cabe subrayar que estos países mantuvieron a flote la economía mundial después de la crisis de 2008 y que China ha sido palanca del crecimiento económico suramericano.

Con el tema Crecimiento inclusivo: soluciones sustentables, la cumbre estremeció las finanzas internacionales con la creación del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) de los BRICS con un capital autorizado de 100 mil millones de dólares. La institución canalizará sus fondos principalmente a infraestructura de sus miembros sin las exigencias del Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) contra el bienestar y la soberanía de los pueblos. Complementado por el Acuerdo Contingente de Reserva (ACR), por igual cantidad para proteger los sistemas financieros de sus miembros de la volatilidad especulativa. Dilma no descartó la posibilidad de que otros países de fuera del grupo puedan sacar provecho del apoyo económico del NBD y del ACR.

La cumbre acordó la Declaración de Fortaleza, que censura al BM y al FMI y cuestiona explícita o implícitamente los esquemas ideológicos, económicos y políticos instaurados en el mundo a consecuencia del Consenso de Washington y del ciclo de guerras iniciado con las ocupaciones estadunidenses de Afganistán e Irak. Aboga por un mundo de inclusión y paz, donde impere el diálogo, la solución política de los conflictos y el respeto a las soberanías nacionales sobre la base del derecho internacional y –en obvia alusión a Estados Unidos- condena las acciones unilaterales que pueden beneficiar al que las realiza, pero perjudican a la gran mayoría.

Aunque no se refiere directamente a la actual agresión israelí contra Gaza, toma una postura opuesta a la de Tel Aviv, Washington y su comparsa europea en el conflicto palestino-israelí al expresar que debe solucionarse con base en las resoluciones de la ONU, en el respeto a las fronteras existentes en 1967 y considera un impedimento para ello la construcción de nuevos asentamientos judíos en los territorios ocupados por Israel.

Otro hecho de gran relevancia de esta cumbre es la participación en su tercer día de sesiones, esta vez en Brasilia, de los países miembros de Unasur, mucho más cuando Putin se había pronunciado la víspera de su viaje a la región por una América Latina unida, sostenible e independiente, añadiendo antes de iniciarse la cita que los Brics buscarán evitar una cacería de países que discrepan de Estados Unidos.

La gira latinoamericana de Putin merece capítulo aparte por su tónica amistosa y contundentes resultados: condonación de la abultada deuda de Cuba con la ex URSS y concreción de 10 convenios de cooperación junto a fuertes inversiones en petróleo de aguas profundas y en varios sectores estratégicos de la economía cubana; muy importantes acuerdos con Brasil y Argentina, todos también en sectores estratégicos como la energía nuclear, que impulsarán el desarrollo económicos de ambos países. Existe justificada expectación con las inminentes visitas oficiales del líder chino Xi Jinping a Brasil, Argentina, Venezuela y Cuba así como su reunión con el cuarteto de la Celac. Incluyo en este balance la exitosa organización por Brasil de la Copa Mundial de Futbol, en la que además de superarse los ingresos esperados por turismo no se produjo ninguno de los dramáticos escenarios vaticinados por la campaña mediática imperialista en contubernio con la derecha brasileña.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

No puede entenderse el mundo del capital sin entender el mundo del trabajo

Xov, 17/07/2014 - 20:44
Vicenç Navarro, Attac

El libro de Thomas Piketty Capital In the Twenty-First Century ha creado un gran revuelo, pues ha documentado lo que, por cierto, otros economistas (pertenecientes a asociaciones de economistas heterodoxos) habían indicado en sus escritos: la enorme concentración de la propiedad del capital que ha ido ocurriendo en gran parte de los países capitalistas desarrollados. La bien merecida fama del libro es porque detalla cómo ha ido ocurriendo, aun cuando, sorprendentemente, no analiza con detalle las causas políticas de esta enorme concentración, como ha sido el desarrollo de las políticas públicas neoliberales iniciadas por el Presidente Reagan en EEUU y por la Sra. Thatcher en el Reino Unido, y ampliamente implementadas a los dos lados del Atlántico Norte, donde esa concentración del capital ha adquirido niveles sin precedentes.

Es lógico que la mayoría de críticas al libro hayan procedido de medios como elWall Street Journal (que lo ha definido como un panfleto comunista), portavoces del capital financiero. Y en España, los mayores críticos han sido los economistas conocidos por sus sensibilidades liberales y ultraliberales, de los cuales hay una gran densidad en los medios de información y persuasión.

Hay que señalar, sin embargo, que ha habido también críticas desde posturas de izquierdas, que acentúan que Piketty se ha centrado en el mundo del capital sin relacionarlo con la evolución del mundo del trabajo, viendo la acumulación y concentración del capital como un proceso autónomo, sin conectarlo con el deterioro de las condiciones (incluyendo las salariales) del mundo del trabajo. Este deterioro ha sido muy marcado, también desde los años ochenta. Así, Jack Rasmus, en su informe sobre la situación del mercado de trabajo en EEUU publicado a raíz del 1º de mayo (ZCommunications, 01.05.14) señala que el declive salarial durante las recesiones ha sido mayor y que el crecimiento de los mismos salarios fue menor durante el periodo 1980-2009 que durante el periodo anterior 1950-1980, contrastando con el comportamiento de las rentas del capital, que crecieron espectacularmente durante todo el periodo. De ahí que las rentas del trabajo (como porcentaje de la renta nacional) descendieran en EEUU, pasando de ser el 55,6% en 1983 a un 52% en el año 2007, cuando se inició la crisis, cayendo en picado a partir de la recesión, alcanzando solo el 49,1%. Las rentas del capital subieron de manera que al final del periodo bajo estudio ya habían sobrepasado a las rentas del trabajo (lo mismo ha ocurrido, por cierto, en España).

En realidad, la crisis significó un descenso espectacular de las rentas del trabajo. Y, con ello, de la renta familiar promedio, que perdió un 10% de su capacidad adquisitiva. Ha habido una elevada destrucción de los puestos de trabajo bien pagados (14 dólares por hora), siendo sustituidos –los mismos puestos de trabajo- por otros con salarios de casi la mitad, 7,64 dólares.

Y la pregunta que Piketty debería haberse hecho y no se hizo es: ¿existe una relación entre la enorme concentración del capital y de sus rentas en los últimos treinta años -acentuada durante estos años de recesión- y el gran descenso de las rentas del trabajo? Y la evidencia muestra claramente que sí existe. En realidad, el primer fenómeno no se explica sin el segundo. Como indiqué en un artículo anterior (“La explotación social como principal causa del crecimiento de las desigualdades”,Público, 01.05.14), el crecimiento de la productividad explica que se haya continuado creando riqueza. Pero el enorme poder del capital –sobre las instituciones políticas- explica que la mayoría de la riqueza haya ido a los primeros –a los propietarios y gestores del capital- y no a los segundos –a los trabajadores.

Las políticas públicas derivadas de este hecho deberían ir mucho más allá de lo que propone Piketty, el cual se centra en un gravamen muy notable de las rentas del capital a nivel mundial. Esta medida, que muchos han considerado como necesaria pero un tanto utópica, debería ir acompañada de medidas encaminadas a incrementar las rentas del trabajo, con un aumento considerable de los salarios y del gasto público social orientado a las clases populares, medidas olvidadas, cuando no reprimidas, en los centros de decisión gubernamental, tanto en España como en la Unión Europea.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La falsa abundancia petrolera de Estados Unidos

Xov, 17/07/2014 - 06:06
Casi toda la población de EE.UU. cree que su país tiene petróleo en abundancia, pero no lo cree por factores objetivos, sino por una campaña de relaciones públicas muy exitosa en la esfera de la industria petrolera. Al mismo tiempo hay una serie de hechos que son difíciles de ignorar y que apenas pueden demostrar la abundancia de petróleo tanto en este país, como en el resto del mundo, subraya el portal Oil Price.

Existen al menos dos factores que destruyen el mito "tenemos mucho petróleo"

1. El crecimiento de la producción mundial de petróleo (petróleo y condensado) en el período entre 1997 y 2005 fue el 10,1%, según la Administración de Información de Energía de EE.UU. (EIA, por sus siglas en inglés). Durante los próximos ocho años (es decir, a partir de finales de 2005 hasta 2013) la tasa de crecimiento fue solo el 3%. Además, se produjo una fuerte desaceleración en el crecimiento de la producción a pesar de la introducción activa de nuevas tecnologías, tales como el fracturamiento hidráulico, mientras se registraba el crecimiento de los costos de exploración y desarrollo.

2. El 10 de diciembre de 1998 el precio del barril de Brent bajó a mínimos: 9,1 dólares por barril, y al final de la semana pasada se situó en 107,51 dólares. Es decir, durante 15 años los precios aumentaron en un 1,081%. Al mismo tiempo este nivel de precios es bastante estable.

A la hora de informar sobre el petróleo, los medios occidentales prefieren ignorar todos los eventos del mundo y se centran en la situación en EE.UU. asegurando que en los últimos años la producción de crudo está aumentando. Así, a esta máquina propagandista le gusta usar palabras como abundancia y reservas ricas. Sin embargo, esto no cambia el hecho de que el precio promedio de la gasolina en EE.UU. aumentó de 95 centavos por galón en febrero de 1999, hasta 3,75 dólares este 7 de julio.

Por otra parte, se usan ampliamente diferentes nociones que, de hecho, confunden a la gente. Por ejemplo, la palabra 'recursos'. En el sentido tradicional, incluso en la industria del petróleo, la evaluación de recursos es una estimación preliminar basada en datos fragmentarios que, por cierto, son casi inútiles para determinar el volumen real de la posible producción.

Para algunos expertos el término 'retorno sobre el capital invertido' es otro rodeo. Este indicador es utilizado por los inversores para reflejar el éxito de las compañías petroleras. Reduciendo el costo de exploración y producción, ellos esperan incrementar el 'retorno de la inversión'. Eso suena mucho más atractivo, dicen, que simplemente admitir que el extracto de petróleo en muchos lugares se ha hecho demasiado caro.

"En realidad, EE.UU. está lejos de ser capaz de convertirse en un verdadero exportador neto de petróleo. También se pueden recordar las previsiones según las cuales la producción de petróleo llegará a su máximo en 2020 y luego disminuirá", concluye el artículo.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Los BRICS y la fábrica de mitos

Mér, 16/07/2014 - 17:14
Alejandro Nadal, La Jornada

En el primer año de este siglo se inventó el acrónimo BRIC. La abreviatura se componía de las iniciales de cuatro países cuyas economías eran consideradas potencias emergentes: Brasil, Rusia, India y China.

En 2003 Goldman Sachs pronosticaba que en cuarenta años los países del BRIC tendrían un papel preponderante en las finanzas, comercio, industria, ciencia y tecnología a escala mundial. Su producto interno bruto rebasaría al del G6 para esos años (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Inglaterra e Italia). De acuerdo con esas proyecciones, cada integrante del BRIC dejaría atrás a las economías del G-6, salvo la de Estados Unidos (que sólo sería superada por China).

Entre 2003 y 2008 el pronóstico parecía ir por buen camino. Las cuatro economías mantuvieron altas tasas de crecimiento y sus signos vitales en materia de estabilidad y cuentas externas parecían saludables. En abril de 2010 Brasil fue el anfitrión de una reunión de los cuatro países y, en esa ocasión, Sudáfrica fue invitada a unirse al grupo. El acrónimo devino BRICS.

La serie de crisis financieras de los años noventa y las asimetrías crecientes en la economía mundial mostraron sin ambigüedades las funestas consecuencias de aplicar las recetas del consenso de Washington. El surgimiento de los BRICS generó expectativas sobre posibles reformas en el sistema monetario internacional y cambios de orientación en las políticas del Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial de Comercio. Al estallar la crisis global en 2008 se reavivó la esperanza en algunos círculos sobre el potencial de los BRICS para alterar el rumbo de la globalización neoliberal.

Hoy se lleva a cabo en Brasil la sexta cumbre de los líderes de los países integrantes del BRICS. Pero las economías del grupo no están en muy buena salud y distan mucho de haberse desmarcado de la globalización neoliberal.

En cada una de estas economías los problemas son diferentes. Pero en todas ellas la tasa de crecimiento ha disminuido: este año el crecimiento en Brasil y Rusia apenas será de 3 por ciento; en la India será de 4 por ciento y en Sudáfrica el resultado será un mediocre 2 por ciento. China, la estrella del grupo, podría alcanzar una tasa de 7 por ciento. Y las cuentas externas del grupo se han deteriorado. Brasil, India y Sudáfrica mantienen fuertes déficit de cuenta corriente y eso requiere financiamiento externo. Cada vez más el financiamiento se hace con créditos de corto plazo y con mayor endeudamiento en divisas extranjeras que en moneda local. Además, todos los BRICS tienen abultados déficit fiscales (Brasil 2.4, Sudáfrica 3.7 y la India 8.2). Todo eso agrava su vulnerabilidad en un contexto en el que las condiciones de financiamiento externo son desfavorables.

La crisis en la Unión Europea y en Estados Unidos terminó por frenar al BRICS. Es normal porque la fase ascendente del ciclo expansivo en el mercado mundial de productos básicos no podía durar eternamente y menos en un entorno recesivo. Quizás lo más importante es que a raíz de la crisis esos países han descansado más en el endeudamiento interno para tratar de mantener sus ritmos de crecimiento. Por otra parte, en tres miembros del BRICS las obras faraónicas derivadas de competencias deportivas mundiales han sido a la vez una fuente de dispendio y un motor (coyuntural) de crecimiento: las Olimpiadas de invierno en Sochi (51 mil millones de dólares), las Olimpiadas de Beijing (40 mmdd) y la Copa Mundial de Futbol en Brasil (19 mmdd). La cruda financiera después de esos eventos no es precisamente una fuente de dinamismo económico.

Las noticias sobre un nuevo banco del BRICS y la posible creación de un esquema de intercambios comerciales en monedas de estos países deben verse con escepticismo. Este bloque es más un club de países con intereses políticos y comerciales comunes que con una agenda de cambio en la economía internacional. A China le conviene la estabilidad en Sudáfrica porque ahí están algunas fuentes de materias primas de importancia estratégica. A Rusia le interesa el apoyo del grupo para contrarrestar sanciones de Estados Unidos por la crisis en Ucrania. A Brasil le inquieta una reducción en la tasa de crecimiento de China porque en mucho depende de ese mercado para productos primarios. Y a todos los líderes del BRICS les preocupa su desprestigio y la falta de credibilidad política en lo interno.

El modelo neoliberal basado en la necesidad de mantener salarios competitivos sigue siendo la espina dorsal de las directrices de política económica en los BRICS. Desde las brutales condiciones de explotación en las minas en Sudáfrica, hasta la rapacería de las mafias en Rusia, pasando por los abusos sobre los pueblos originarios en India y la expoliación de los campesinos sin tierra en Brasil, el neoliberalismo se mantiene en los BRICS. Los resultados de la cumbre del grupo en Brasil no deben engañar. La globalización neoliberal no será desafiada por un grupo de líderes de países en los que el neoliberalismo se mantiene triunfante.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

El gran efecto de la obra de Piketty

Mar, 15/07/2014 - 22:01

Carlos Berzosa, Sistema Digital

En septiembre de 2013 se publicaba en francés el magno libro de Thomas Piketty Le capital au XXIe siècle en Seuil, que fue bien acogido pero que apenas tuvo repercusión internacional. Ha sido la publicación en inglés y, sobre todo en Estados Unidos, lo que ha generado una gran controversia en torno a esta obra. Los elogios de Krugman, que lo considera como la mejor obra de economía del año si no de la década, han contribuido a ello. Se está ante el fenómeno Piketty e incluso se ha llegado a decir que es el economista de moda. Se han escrito sobre esta obra y su autor numerosos comentarios, reseñas, y artículos, algunos bastante frívolos, al tiempo que en los últimos meses se le cita y menciona con frecuencia por muchos analistas, que no son solamente economistas.

No cabe duda de que ha agitado las aguas tranquilas por las que camina la economía convencional, que no se inmuta a pesar de la crisis y los cambios que acontecen en el mundo, debido a que desvela una realidad bastante escandalosa en lo que concierne a la desigualdad en los países desarrollados, aunque también analiza las desigualdades internacionales en varias partes de la obra, en donde conviene destacar el capítulo “El crecimiento: ilusiones y realidades”.

El estudio de la desigualdad se pone de esta manera en el centro del análisis económico. Un lugar que no tenía que haber abandonado nunca pero que, sin embargo, no ha sido así para la corriente principal de la economía. No hay más que echar un vistazo a los manuales de economía que se imparten en las facultades: o no se menciona la desigualdad o cuándo sí se hace se le dedican pocas páginas y escasamente rigurosas. Esto no quiere decir que no hubiese estudiosos que no abordaran esta temática. De hecho, Piketty viene trabajando sobre la desigualdad desde hace tiempo y lo ha hecho en muchas ocasiones con otros economistas, principalmente con Emmanuel Saez, economista francés y profesor en la universidad de California en Berkeley. Las conclusiones a las que llega resultan incómodas para la derecha y los análisis convencionales de la economía. La reacción de la derecha en Estados Unidos no se ha hecho esperar y está tratando por todos los medios de desprestigiar la obra, pero no con solvencia cuestionando el análisis, sino con descalificaciones a la ideología del autor, cercano al partido socialista francés, o al título del libro considerándolo como el Marx del siglo XXI. Esto último no deja de ser llamativo, pues, aunque menciona a Marx en la introducción, Piketty ha reconocido que no lo ha leído. El Financial Times, en una crítica más seria,ha tratado de cuestionar los datos que suponen la base del estudio, a lo que Piketty ha contestado.

También desde la izquierda se ha contestado a esta obra. En el digital Sin Permiso se han publicado varios artículos con comentarios sobre el libro de Piketty, como el de James K. Galbraith, David Harvey y Charles-André Udry. Galbraith lo hace desde una posición poskeynesiana, mientas que Harvey y Udry la llevan a cabo desde una visión marxista.

Galbraith resucita la polémica sobre el concepto de capital y rescata la aportación de Marx y la de los poskeynesianos que se enfrentaron a la de los neoclásicos. De forma que una crítica que le hace es que el libro de Piketty ni versa sobre el capital en el sentido de Marx ni versa sobre el capital físico, que sirve de factor de producción en el modelo neoclásico de crecimiento económico. Estima, por otra parte, que los registros fiscales que utiliza Piketty no son la única fuente disponible de buenos datos sobre las desigualdades. Así, en una investigación desarrollada por él durante más de veinte años utilizó los registros salariales y de remuneraciones para medir la evolución a largo plazo de las desigualdades. En un trabajo realizado conjuntamente con Thomas Ferguson rastrearon estas medidas en Estados Unidos hasta 1920, y descubrieron la misma pauta, aproximadamente, que Piketty ha encontrado ahora. Concluye diciendo que: “El capital en el siglo XXI es un libro de peso, rebosante de buena información sobre flujos de ingresos, transferencia de riqueza y distribución de los recursos financieros en algunos de los países más ricos del mundo. Piketty arguye convincentemente, desde el comienzo, que la buena teoría económica tiene que empezar con -al menos incluir- un examen meticuloso de los hechos. Pero no consigue proporcionar una guía demasiado sólida para orientar la política. Y a pesar de sus grandes ambiciones, su libro no es la obra lograda de alta teoría que sugieren su título, su volumen y su recepción (hasta ahora)”.

Harvey considera que si bien hay muchas cosas que son valiosas en el conjunto de datos de Piketty, su explicación de por qué surgen las desigualdades y las tendencias oligárquicas tiene errores. Sus propuestas respecto a los remedios a las desigualdades son ingenuas, si no utópicas. Y no ha producido desde luego un modelo de funcionamiento para el capital del siglo XXI. Para eso todavía nos hace falta Marx o un equivalente suyo contemporáneo. En la misma línea lo hace Udry, quien valora la masa de datos útiles, pero plantea que Piketty sustituye la explicación social y política por la explicación tecnológica, de manera que en su argumentación de la evolución de la división entre beneficios y salarios, Piketty favorece la explicación de la sustitución del trabajo por capital. Sin embargo, considera este autor que la cuestión central en los Estados Unidos y Europa desde la década de 1980, es que el desempleo pesa sobre el equilibrio de poder entre capital y trabajo, lo que lleva a reducir los salarios.

La Gaceta del Fondo de Cultura Económica dedica su número de julio al libro de Piketty, sin duda como un anticipo a la edición en castellano que prepara esta editorial para publicar en Octubre. Además de reproducir algún capítulo de este libro hay artículos de Krugman, Rodrik, Solow, y autores latinoamericanos, como Hoyos, Esquivel, Guardia, Natanson y el alemán de ascendencia francesa Minkar. El número resulta interesantísimo con comentarios muy sabrosos, pero con menos crítica que los anteriores. Un autor tan cualificado y reconocido como Solow titula su aportación ni más ni menos de esta forma: “Piketty está en lo correcto”.

En suma, estamos ante un libro indispensable, que tiene importantes aportaciones de datos e información que hasta sus críticos por la izquierda reconocen. La controversia enriquece el conocimiento y esto lo ha conseguido Piketty. Tal vez no sea un gran libro de teoría pero sí que ha logrado que economistas relevantes se preocupen y ocupen de la escandalosa desigualdad de nuestros días. Anteriormente ha habido contribuciones importantes, pero ninguna de ellas ha llegado a alcanzar esta repercusión. Se puede estar en desacuerdo en las explicaciones de por qué se ha llegado hasta aquí y en las respuestas políticas que hay que hacer, así como en los diferentes datos que se usan para medir la desigualdad, pero es indudable que este libro supone un gran giro en los estudios de la economía y es una contribución significativa y relevante.

Ver también Thomas Piketty y la teoría general del capitalismo salvaje
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La oportunidad del nuevo Banco de los BRICS

Mar, 15/07/2014 - 20:18
Simon Ticehurst

En la reunión que ha comenzado hoy en Fortaleza, Brasil, se espera que los líderes de los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) anuncien los detalles del tan esperado nuevo “Banco de Desarrollo de los BRICS”.

La idea de un Banco de los BRICS surgió en 2012 en la cuarta cumbre en Nueva Delhi, y se concibió como una institución financiera que ejerza contrapeso a donantes tradicionales como Estados Unidos y la Unión Europea y a los donantes multilaterales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. El año pasado en la cumbre de Sudáfrica no se revelaron grandes detalles del Banco BRICS, pero se anunció que el enfoque acordado era “movilizar recursos para proyectos de infraestructura y desarrollo sustentable en los BRICS y otras economías emergentes y países en desarrollo”, de una manera que “complemente los esfuerzos existentes de instituciones financieras multilaterales y regionales para el crecimiento y el desarrollo global”.

Este tema es clave. Los países BRICS representan algunos de los mayores desafíos y logros en reducción de la desigualdad y de la pobreza y, por tanto, tienen una responsabilidad especial de ayudar al mundo a alcanzar las metas de desarrollo sostenible. A pesar de los avances significativos de India, China y Brasil, los países BRICS todavía albergan a casi la mitad de los más pobres del mundo (1.700 millones de personas) y han experimentado un alza en la desigualdad en los últimos años, a excepción de Brasil.

La creación de un Banco de los BRICS ofrece una oportunidad concreta para que los gobiernos de esos países se aseguren de que el financiamiento para el desarrollo realmente responda a las necesidades de los más pobres y marginados con una visión sensible hacia los retos medioambientales y el fortalecimiento del potencial humano. Además de recursos extras para el financiamiento social, el nuevo banco podría sentar las bases para una concepción del desarrollo global más equitativo y sustentable.

Sin embargo, los detalles de lo que se planea para el Banco son escasos, y poco es de dominio público. Esto tiene que cambiar. Es tiempo de que la discusión vaya más allá de los tecnicismos actuales sobre la contribución de capital y el papel de los BRICS en la gobernanza del Banco, y en cambio proporcione una visión sólida para su mandato, los principios, prioridades y objetivos sobre los cuales se deben basar sus actividades y operaciones. Los países BRICS tienen una gran oportunidad de trascender la agenda de desarrollo tradicional orientada al crecimiento económico basado en infraestructura, para ir hacía soluciones más inclusivas y sustentables que acaben con la pobreza extrema. Por lo tanto, el Banco de los BRICS debe ser un instrumento para promover políticas a favor de los pobres, la infraestructura rural y la creación de trabajos justos, así como para reducir la brecha entre ricos y pobres y entre hombres y mujeres, tanto en los países BRICS y como en otros países socios donde se implementarán los proyectos.

¿Qué se necesita para que esto suceda? Primero, es esencial que el Banco de los BRICS se construya y opere de tal manera que ponga la lucha contra la pobreza y la desigualdad en el corazón de su misión. Segundo, el Banco debe establecerse de tal forma que sea transparente y rinda cuentas tanto a los ciudadanos de los BRICS –cuyo dinero formará el capital del Banco–, como a los de los otros países prestatarios. Finalmente, el Banco tiene que instituir salvaguardas que protejan y promuevan los intereses de todos los afectados por los proyectos que financie.

Brasil, al asumir la presidencia del bloque para el próximo año, tiene una oportunidad y responsabilidad sin precedentes para influir en la conformación del Banco de los BRICS, y asegurarse de que éste ponga en primer lugar los intereses de los pobres. Son varios los países en América Latina que en su calidad de “economías emergentes” podrían beneficiarse de nuevos recursos para el desarrollo sostenible que proporcionaría este banco.

Esta promesa de un nuevo balance de poderes en el financiamiento multilateral mundial que ofrece el Banco BRICS, es una oportunidad que debe ser aprovechada, en aras de las personas que viven en la pobreza y del crecimiento inclusivo y sustentable de nuestro planeta.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Noam Chomsky: "EE.UU. es el líder mundial en cometer los mayores crímenes"

Mar, 15/07/2014 - 09:00
Estados Unidos es el líder mundial en hacer guerras de agresión, el mayor crimen internacional según los Juicios de Núremberg, y ha utilizado su "martillo" en América Latina y Oriente Próximo, dice el politólogo Noam Chomsky.

Los Juicios de Núremberg que siguieron a la Segunda Guerra Mundial sentenciaron que "iniciar una guerra de agresión (...) no es solo un crimen internacional, es el mayor crimen internacional, diferenciándose de los otros crímenes en que contiene en sí mismo la perversidad acumulada de los otros". Pero hoy en día "la agresión ya no es el mayor crimen internacional", "no se puede comparar con la destrucción de las vidas de las generaciones futuras para garantizar mayores bonos mañana", escribe Chomsky.

Recuerda que la invasión británico-estadounidense de Irak fue un ejemplo clásico de agresión. "Los agresores destruyeron "la identidad nacional iraquí y la reemplazaron con identidades sectarias y étnicas" cuando EE.UU. instaló un Consejo de Administración sobre la base de la identidad sectaria, "una novedad para Irak", recuerda el experto, citado por el portal AlterNet.

El politólogo subraya que ahora los chiíes y los suníes en Irak son los peores enemigos "gracias al martillo manejado por Donald Rumsfeld y Dick Cheney [respectivamente secretario de Defensa de EE.UU. y vicepresidente durante el gobierno de George W. Bush] y otros como ellos que no entienden nada más allá de la violencia y el terror y que han ayudado a crear conflictos que ahora están destrozando la región".

"El martillo fue luego recogido por el presidente Obama para destruir Libia. El resultado es que Libia está ahora desgarrada por la guerra entre milicias, mientras que el terror yihadista se ha desatado en gran parte de África, junto con una avalancha de armas que llega también a Siria", afirma Chomsky.

El académico recuerda que las consecuencias del "terrorismo de Estado de EE.UU." se sienten en todo el mundo, pero "más cerca de casa es más difícil hacerles caso omiso". El politólogo menciona la avalancha de menores que huyen a EE.UU. desde América Central: "'The Washington Post' informa de que fluyen 'en su mayoría de Guatemala, El Salvador y Honduras', pero no de Nicaragua. ¿Por qué? ¿Podría ser porque cuando el martillo de Washington azotaba la región en la década de 1980, Nicaragua fue el único país que tenía un Ejército para defender a la población contra los terroristas dirigidos por Estados Unidos, mientras que en los otros tres países los terroristas que devastaban estos países eran grupos equipados y entrenados por Washington?".
_______
Tomado de RebeliónUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Alemania gana el Mundial, pero impulsa a la baja la producción industrial europea

Lun, 14/07/2014 - 21:00

La producción industrial de la zona euro se deslizó en mayo -1,1 por ciento, lastrada por la fuerte caída de la producción industrial de Alemania que fue de -1,4 por ciento de acuerdo a los datos publicados por Eurostat este lunes. La caída de Alemania confirma que la "recuperación económica" de la que se hablaba hace algunos meses ha llegado a su fin y que Europa, al igual que Estados Unidos, se acerca a un estancamiento de largo plazo.

Leer más

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Caída del comercio mundial acelera la "des-dolarización" del planeta

Lun, 14/07/2014 - 20:00

La desaceleración del comercio mundial continúa a sus anchas a medida que la caída de la demanda configura la tendencia global del declive del comercio. Se han minimizado los efectos de la caída de la demanda, así como se han minimizado los efectos del alto desempleo. Muchos han pretendido hacer creer que "todo continuará igual o mejor" con el alto desempleo. Pero el impacto que el desempleo tiene en la demanda resulta desastroso para el conjunto de la economía mundial. En este aspecto, la caída de la demanda mundial de bienes no solo afecta la producción industrial (que sigue en descenso) sino también la demanda mundial de comercio marítimo y la demanda de las divisas con que este comercio mundial funciona.

Leer másUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización