Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6668125
Actualizado: fai 1 día 22 min

Cómo el capital financiero gobierna el mundo

Ven, 21/04/2017 - 15:44

Nick Beams, wsws.org

Un artículo publicado la semana pasada en la página web de noticias australiana The Conversation ha puesto en dominio público algunos hallazgos importantes sobre el alcance de la dominación global del capital financiero.

Basado en una investigación llevada a cabo en el 2009, el artículo de David Peetz y Georgina Murray, académicos de la Universidad Griffith en Queensland, Australia, sintetiza su análisis del control ejercido por el capital financiero sobre las 299 mayores corporaciones del mundo (o CMGs).

A pesar de que la investigación ya tiene más de siete años, los autores señalan que, “desde entonces hemos descubierto que la tendencia es de creciente concentración en varios países en las últimas tres décadas”.

Su artículo comienza disipando el mito de que las grandes corporaciones públicas son propiedad de una gran cantidad de accionistas —una ilusión promovida continuamente en los medios de comunicación para potenciar el argumento de que los trabajadores tienen un “interés” en la bolsa de valores.

“Cuando una sola organización [el fondo de inversión estadounidense Black Rock] controla más del 6 por ciento de las acciones en las corporaciones más grandes del mundo y 30 controlan más de la mitad de todas las acciones en estas corporaciones, eso representa una concentración muy alta".

“Nuestro estudio del 2009 descubrió que varias formas de capital financiero controlaban la gran mayoría (68,4 por ciento) de las acciones en las grandes corporaciones del mundo. Los individuos o familias poseían sólo una proporción mínima (3,3 por ciento), y las compañías industriales poseían relativamente poco”.

La investigación está basada en una base de datos compilada por Bureau van Dijk, que combina información de alrededor de 100 fuentes, cubriendo casi 63.000 compañías en todo el mundo.

En un trabajo de investigación publicado en el 2009, titulado “Quién gobierna el mundo —propiedad y el capital financiero”, ambos autores informaron que unas 30 organizaciones, bancos e instituciones financieras poseían o controlaban entre ellas el 51,4 por ciento de las 299 CMGs en su base de datos.

Es decir, sólo el 1,5 por ciento de los accionistas controlaban más de la mitad de las acciones.

Este informe señalaba cuál es el mecanismo principal mediante el cual el capital financiero ejerce su control sobre las compañías en las que posee acciones.

Las instituciones financieras ejercen su poder “no a través de la voz”, es decir, teniendo directivos en las empresas, sino “a través del retiro” —la amenaza continua de retirar fondos de las acciones de las CMGs “si no llegan las ganancias adecuadas”. Mediante el uso de su poder en los mercados financieros y la presión que ejercen sobre los gerentes para mejorar “el valor para los accionistas”, el capital financiero es capaz de dictar los términos.

En efecto, le hace entender a la gerencia a través de los mercados financieros: “Si no haces todo lo posible para maximizar las ganancias —ya sea a través de una mayor productividad, una expansión a gran escala o la reducción de costos—, venderemos nuestra participación financiera o, de lo contrario, los desplazaremos como gerentes”.

Este modo operativo lleva a una conclusión importante que los autores logran sacar. Desde el punto de vista de la lógica esencial del sistema, la distinción entre capital industrial y capital financiero es engañosa. “Esto es porque, al final, el capital industrial es el capital financiero. Si alguna vez hubo un tiempo en el que el mundo era dominado por grandes corporaciones poseídas por unas pocas familias e individuos cuyos valores personales, caprichos y preferencias definieron el comportamiento de las corporaciones, ese tiempo ha pasado. El mundo es dominado por corporaciones que siguen la lógica del capital financiero—la lógica del dinero—porque eso es lo que son. Su lógica no es la lógica de los individuos, sino la lógica de una clase”.

Los datos sobre el país de origen de las grandes corporaciones y de las instituciones financieras que las controlan permiten una lectura interesante y políticamente significativa.

El mayor número de las CMGs, 86 en total, o el 29 por ciento, es originario de Estados Unidos. Los siguientes cuatro países en la lista son: Japón con 48; Gran Bretaña con 23; Francia con 23; Alemania con 20. Luego vienen en orden Corea, China, Italia y Australia.

La concentración de propiedad en las mayores potencias capitalistas es aún más pronunciada cuando se trata de corporaciones financieras. De las 10 principales corporaciones financieras que dominan a las CMGs, 6 tienen su origen en EEUU, 3 en Francia y 1 en Gran Bretaña. EEUU es el país de origen de 10 de las principales 21 entidades financieras. Fuera de este grupo, 18 tienen acciones en por lo menos 100 de las 299 corporaciones más grandes.

Dos instituciones financieras de EEUU se destacan: Black Rock y Capital Group. Ambas tienen el mayor número de acciones en una importante cantidad de compañías. En el caso de Black Rock, es el principal accionista de 42 o el 13 por ciento de sus participaciones. En el 55 por ciento su participación accionaria, Black Rock está entre los 5 accionistas principales, al igual que Capital Group con el 45 por ciento de sus participaciones.

El significado político de estos hallazgos es que refutan las afirmaciones hechas por virtualmente todos los grupos de pseudoizquierda de que Rusia y China son potencias imperialistas. No basan estas definiciones en ningún análisis económico, ya que ni las instituciones chinas ni las rusas figuran entre las principales entidades financieras que controlan las grandes corporaciones.

Como Lenin dejó claro en su obra El imperialismo, la época imperialista se caracteriza por la dominación global del capital financiero, controlado por un puñado de grandes potencias.

Este punto también fue subrayado por Trotsky cuando se opuso a varias tendencias que argumentaban que la Unión Soviética era “capitalista de Estado” y que la expansión territorial que la burocracia estalinista buscaba en relación con Europa del Este era “imperialista”. Un gran número de grupos de pseudoizquierda surgieron de esta corriente.

“En la literatura contemporánea, por lo menos la literatura marxista, el imperialismo se entiende como la política expansionista del capital financiero, que tiene un contenido económico muy bien definido”.

Decir otra cosa es sembrar la confusión, continuó Trotsky. Este es exactamente el objetivo de la pseudoizquierda. Dejando de lado cualquier análisis económico científico, ellos usan la palabra “imperialista” como un epíteto. Esto surge de sus motivaciones políticas, ya que se alinean detrás de sus “propias” potencias imperialistas, sobre todo EEUU, en la cada vez más intensa campaña de guerra contra Rusia y China.

Además, la investigación de Peetz y Murray es una confirmación sorprendente del análisis entero de Lenin en El imperialismo.

Él insistió en que el imperialismo no era una política preferida que podía ser reemplazada por alguna otra orientación, sino que éste surgió de una fase definida del desarrollo capitalista, su fase superior y final, reemplazando al capitalismo de libre competencia del siglo XIX.

Lenin enfatizó que el capital financiero buscaba la dominación económica no sólo de los países coloniales y sus recursos, sino de todo el mundo, tanto de países avanzados como oprimidos. Su política fluía de su economía —dando fin a la democracia liberal y la libertad e imponiendo reacción “en toda la línea”.

Él estaba escribiendo al comienzo de la época imperialista, que anunció su llegada con la erupción de la Primera Guerra Mundial, el 4 de agosto de 1914.

Muchas cosas han cambiado desde el siglo pasado, pero lo sorprendente es que las tendencias básicas de desarrollo económico han seguido el curso esbozado por Lenin. Por ejemplo, él enumeró cinco países —EEUU, Gran Bretaña, Francia, Alemania y Japón— como el núcleo del sistema imperialista. Como deja claro el análisis de Peetz y Murray de los datos sobre las CMGs y las instituciones financieras más prominentes, esas potencias permanecen en lo más alto de la lista.

Lenin identificó al conflicto entre las grandes potencias como la fuerza motriz objetiva de la guerra, en la medida en que cada una lucha por el dominio del mundo y entra en conflicto violento con las demás.

El desarrollo de corporaciones e instituciones financieras globales llevó a un punto crítico la contradicción fundamental del modo capitalista de producción: entre el desarrollo de la economía a nivel mundial y el modelo de Estado nación en el que está arraigado el sistema de lucro privado.

Como explicó León Trotsky, en el análisis final, la guerra fue una “revuelta de las fuerzas productivas contra la forma política de Estado y nación”. El imperialismo buscó resolver este problema de forma militar para decidir “cuál país debe transformarse de una gran potencia a ser la potencia mundial”.

En oposición al imperialismo, la clase trabajadora tenía que avanzar su propia resolución e impedir el paso de la civilización al barbarismo a través de la revolución socialista mundial —el derrocamiento del sistema de lucro privado capitalista y del Estado nación— con el fin de sentar las bases para establecer una organización socioeconómica superior a nivel global

Lenin hizo hincapié en el mismo tema en El imperialismo. La transformación del capitalismo competitivo del siglo XIX en imperialismo, o capitalismo monopólico, no sólo creó las condiciones para la guerra. También sentó las bases objetivas para una economía socialista mundial planificada. La dominación del capital financiero, el crecimiento de las corporaciones que organizan la producción a escala mundial, la interrelación de las participaciones de los bancos y las corporaciones implicaron una transformación en las relaciones sociales de la producción—la enorme socialización de la producción y la mano de obra.

Durante el boom económico de la posguerra, muchos observadores miopes—economistas burgueses y también algunos que afirmaban ser marxistas—sostuvieron que el análisis de Lenin y Trotsky se había vuelto obsoleto.

Ha sido reemplazado, dijeron, por desarrollos políticos y económicos. Las colonias de las potencias imperialistas habían logrado la independencia —no sin una lucha considerable— y estaban buscando un desarrollo económico nacional.

En el frente económico, el capital financiero, sobre el que el movimiento marxista puso un gran énfasis, había pasado a un segundo plano ya que actuó como siervo de las grandes corporaciones industriales que llegaron a dominar el panorama económico.

Pero dentro del marco del desarrollo económico e histórico más amplio, este fue un episodio corto. El auge económico de la posguerra duró sólo un cuarto de siglo, terminado a inicios de la década de 1970. La profundización de la crisis de la rentabilidad que puso fin al boom fue la fuerza motriz detrás de una vasta reestructuración del capitalismo mundial, basada en la globalización de la producción para aprovechar fuentes de mano de obra barata, alcanzando un grado de explotación más allá de lo logrado en la era del colonialismo directo y de la expansión del capital financiero.

El resultado es que la tendencia de desarrollo ha retornado, a un nivel superior, al camino trazado por Lenin. Y el avance cada vez más profundo hacia la guerra ha sido su resultado inevitable.

Al mismo tiempo, la integración de la producción ha sentado las bases objetivas para el desarrollo de una economía socialista mundial planificada. Esto se refleja no sólo en los hallazgos del estudio de Peetz y Murray, sino también en la investigación llevada a cabo en 2011.

Un artículo publicado en la revista internacional científica New Scientist en septiembre de ese año, titulado “La red de control corporativo global”, detalló tanto la enorme socialización de la producción como la dominación del capital financiero.

Mostró que en el corazón de la red de 43.000 corporaciones transnacionales había una “súper-entidad” de 147 empresas unidas más estrechamente, que controla una gran porción de la riqueza de toda la red. Según James Glattfelder, uno de los tres coautores del informe, “En efecto, menos del 1 por ciento de las compañías fue capaz de controlar el 40 por ciento de la riqueza total de la red”.

Las 20 principales compañías de este grupo estaban controladas por el capital financiero, como Barclays Bank, JPMorgan Chase y Goldman Sachs.

En la conclusión de su informe del 2009, escrito inmediatamente después de la crisis financiera global, Peetz y Murray apuntan que los Estados necesitan ejercer “cierto control sobre el capitalismo”, argumentando que “permitirle libertad sin restricciones es invitar nuevas crisis”.

Pero la posibilidad de algún tipo de reforma del capitalismo y de sus mandos en el capital financiero es una ilusión.

De hecho, el análisis de los dos autores es por sí mismo una refutación de su perspectiva política. Como señalan significativamente, la lógica del sistema es la lógica del dinero mismo.

La lógica del dinero, como la expresión material del capital, es decir, el valor que se expande sobre sí mismo, es derribar todas las barreras para su crecimiento.

El capital financiero no sólo domina y rige sobre las corporaciones. Como aclaró Lenin, también determina las políticas de Estados nominalmente independientes, incluso los más poderosos. Hoy, dicta todas las políticas gubernamentales, atacando servicios sociales vitales como la educación y la salud, exigiendo la reestructuración del mercado laboral de acuerdo a la necesidad de mayores ganancias.

Las experiencias de los últimos 30 años demuestran este hecho económico. A principios de la década de 1980, cuando el presidente francés, François Mitterrand, trató de poner algunos controles sobre los bancos, sus políticas fueron dinamitadas a través de las operaciones de los mercados financieros.

Otra experiencia importante ocurrió en 1992, cuando el capital financiero, en forma del fondo de inversión perteneciente a George Soros, forzó la devaluación de la libra esterlina al vender en corto la moneda británica y embolsarse alrededor de 2.000 millones de dólares en el proceso, a expensas del Banco de Inglaterra.

Cada gobierno vive ahora con miedo a una retirada masiva de su moneda y al veredicto de las agencias de calificación crediticia sobre sus políticas.

A fines de 1993, cuando el rendimiento de los bonos se elevó debido a la preocupación sobre el nivel de déficit del gobierno de EEUU, el gobierno de Clinton implementó una serie de medidas para imponer recortes significativos en asistencia social a fin de satisfacer las exigencias del capital financiero. En su momento, James Carville, asesor político de Clinton, comentó: “Solía pensar que si existía la reencarnación, quería regresar como el presidente de EEUU o el Papa o como un gran bateador de béisbol. Pero ahora me gustaría regresar como el mercado de bonos. Puedes intimidar a todos”.

Hay dos cuestiones básicas a tener en cuenta aquí.

En primer lugar, el capital financiero no es una figura extraña de la economía capitalista, alguna serpiente diabólica que se las ha arreglado para deslizarse en el auténtico Jardín del Edén de la ganancia y la propiedad privada, sino que surge de los cimientos de este sistema.

Al inicio de su trabajo preparatorio para El Capital, Karl Marx se enfrentó a los conceptos adelantados por el socialista pequeñoburgués Pierre-Joseph Proudhon, quien sostenía que era posible frenar los estragos financieros conservando la propiedad privada y el mercado capitalista de dónde surgió.

Como Marx señaló, esto era como tratar de acabar con el Papa conservando la Iglesia Católica.

En segundo lugar, lo esencial para el análisis de Lenin, confirmado por la investigación de Peetz, Murray y otros, es que el aumento y la dominación del capital financiero, que traen consigo la privación social y el peligro siempre creciente de una guerra mundial, no es una política u opción preferida, sino el resultado de una fase o etapa definida en el desarrollo del sistema capitalista en sí.

Esto significa que la única perspectiva viable y realista para finalizar la marcha hacia la guerra, para asegurar la paz e igualdad genuinas —el tema de la celebración de este año del Día Internacional del Trabajador de parte del Comité Internacional de la Cuarta Internacional— es la lucha por el programa de la revolución socialista mundial de la clase trabajadora internacional, cuya situación objetiva la coloca en oposición al capital.
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Ver: Ex-funcionaria del Banco Mundial revela cómo la elite corporativa domina al mundo
Estudio empírico revela la red capitalista que domina al mundo

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Salida del euro... en Francia

Ven, 21/04/2017 - 07:01

Jacques Sapir, Russeurope

Con la aparición de Jean-Luc Mélenchon entre los tres primeros lugares (en la primera vuelta de la elección presidencial francesa) la cuestión de una posible salida del euro empieza a preocupar a los mercados financieros. Crece la brecha de los diferenciales entre Francia y Alemania y aumenta la volatilidad de los mercados, sobre todo en torno a la deuda francesa.

Ahora hay dos candidatos (Le Pen y Mélenchon) que ponderan una posible salida de la moneda única. Así que tenemos que ponernos a pensar que pasaría en los primeros días de la presidencia de algunos de estos candidatos.

Antes de resolver la salida del euro, ambos candidatos proponen un nuevo escenario político, un referéndum para Marine Le Pen y negociaciones por medio del "plan A" en el caso de Jean-Luc Mélenchon. Estos escenarios son políticamente equilibrados. Respetan las convenciones de la democracia formal, pero ignoran realidades económicas y, sobre todo, no dan cuenta que los tiempos económicos y financieros son muy diferentes a los tiempos de la política.

Un imposible referéndum Supongamos que Marine Le Pen gana en la segunda vuelta o se encuentra en una buena posición tras la primera. Es incontestable que la especulación se desatará, aunque sólo sea para tratar de influir en el voto de los electores.

Concretamente aumentarían las tasas de interés y se produciría una fuga masiva de capitales. Sería imposible para Le Pen, suponiendo que resultara elegida, controlar una situación que colocaría a la economía de Francia en peligro.

Se conocen las soluciones: para evitar la fuga de capitales hay que implementar controles que impidan cualquier operación especulativa haciéndolas muy costosas, pero NO se deberán penalizar los movimientos de capital normales no especulativos (importación y exportación y turismo).

Frente al aumento de las tasas de interés, el Banco de Francia debería refinanciar, a una tasa preferencial, la deuda pública y una parte de la deuda privada. Estas dos posibles medidas (que obviamente no son las únicas) requieren: · Una ruptura, aunque sólo sea temporal, con los tratados y normas de la Unión Europea para controlar las fugas de capital.
· Una ruptura con las normas de la Unión Económica y Monetaria, la denominada "zona euro", para permitir que el Banco de Francia juegue su papel. Cuando la presidencia del nuevo Gobierno haya decidido recuperar el control (aunque sea temporalmente) del Banco de Francia (que es parte del "sistema europeo") deberá suspender su dependencia del Banco Central Europeo o declarar que el "euro" que circula en Francia ya no forma parte de la "zona euro". Tendríamos entonces, por necesidad, que salir de la zona euro, salida que podría ocurrir muy rápidamente.

La alternativa es que Le Pen incumpliera inmediatamente los compromisos anunciados en campaña y declarase que no tiene la menor intención de dejar la zona euro. Sin embargo para los mercados y para los accionistas europeos (sobre todo para Alemania) este tipo de garantías no son suficientes. Ellos quieren compromisos concretos y vinculantes.

Por lo tanto, en una hipotética primera semana de presidencia, Le Pen tendría que elegir entre retractarse en un punto crucial de su programa (lo que indudablemente la desprestigiaría) o actuar con la legitimidad de una presidenta electa, tomando las decisiones necesarias para salvaguardar los intereses franceses sin esperar al referéndum. A continuación tendría que echar mano de las medidas de emergencia establecidas en nuestra Constitución.

Un ilusorio "plan A" Supongamos ahora que es Mélenchon el elegido. Trataría de abrir una negociación (denominada plan "A"). Este plan tendría las mismas dificultades que el referéndum de Le Pen. Puede que algo disminuidas, pero esto en absoluto es algo seguro. Además debería obligatoriamente afrontar la financiación de las medidas sociales que quiere aplicar. Esto exigiría acciones unilaterales y soberanas (de financiación) por parte del Banco de Francia provocando de inmediato una reacción violenta del Banco Central Europeo. Esta reacción tomaría la forma de una ruptura entre Francia y la zona euro y el no reconocimiento del "euro francés".

Hoy es más pertinente que nunca recordar el chantaje que el BCE aplicó con éxito contra Grecia. El Banco Central Europeo produciría en Francia un “corralito” haciendo que el dinero fuera rápidamente insuficiente y colocando la economía en un punto muerto. Al Banco de Francia no le quedaría otra alternativa que convertirse en el único "prestamista de última instancia" para la economía francesa. Entonces, de hecho, estaríamos saliendo del euro.

En un momento económicamente tan complicado y volátil llamar a una asamblea constituyente será imposible o suicida. Jean-Luc Mélenchon se enfrentaría a la siguiente disyuntiva: retroceder sabiendo que su destino será el de Tsipras (compartiendo su vergüenza) o por el contrario hacer frente a sus compromisos y comportarse como el legítimo presidente de la V República utilizando las prerrogativas del cargo y de la Constitución.

También, estaría enfrentado a otro dilema igualmente doloroso: abandonar la mayor parte de su programa y "entregarse" a Alemania y al Eurogrupo o aplicar el llamado "plan B". Sin embargo, para desgracia de sus promotores, dicho plan B produciría los mismos desastrosos efectos en la economía que explicamos en el caso de Le Pen.

Si queremos preservar los intereses del pueblo francés no hay dos maneras de salir del euro, hay sólo una. Todas las demás políticas conducirían al desastre.

El momento post-euro La idea de "negociar" durante meses antes de tomar una decisión parece completamente utópica y descabellada. La decisión estará en las manos de la presidencia en los días siguientes a su elección. No habrá espacio para la "finura" que enunció el canciller Stresemann en 1920. Al revés, los líderes del Eurogrupo y los líderes alemanes exigirán una capitulación total de la presidencia francesa.

En las "negociaciones" de julio de 2015 con Grecia hubo voces (en el entorno de Le Pen y de Jean-Luc Mélenchon) que apoyaban la capitulación como un mal menor, evitando así una ruptura franca y clara con los socios europeos.

Estas voces, mutatis mutandis, son las mismas que soplaron en los oídos de Paul Reynaud en junio de 1940 aconsejándole que no combatiera, allanando de esta manera el camino a Pétain para la capitulación de Francia seguida de un armisticio vergonzoso.

Si esta rendición se llevase a cabo sería el final de la soberanía del pueblo francés traicionado una vez más por sus líderes. Más trágico sería en el caso de Jean-Luc Mélenchon que en el de Marine Le Pen. Una renuncia de Mélenchon (que inteligentemente ha dejado atrás a la "gauche liberal") significaría la destrucción de toda la izquierda en Francia.

La única alternativa sería una revolución violenta. Ahora, si la presidencia decide hacer frente a la Unión Europea, tendrá que hacerlo con el respaldo de los poderes de emergencia contenidos en la Constitución francesa. Recalcamos esto porque la Constitución tiene disposiciones presidencialistas que permiten tomar medidas de emergencia. Por eso sostenemos que querer cambiar la Constitución rápidamente sería contraproducente.

El choque que tendría lugar no significaría necesariamente que no hubiera negociaciones. Estas podrían realizarse más tarde. Pero para abrir un espacio de negociación es necesario que nuestros socios estén convencidos de que para Francia la salida del euro es un asunto irrevocable. Habrá que implementar un mecanismo que haga imposible el retorno al euro. La salida del euro debe ser un hecho.

Por otra parte esta claro que una vez que Francia decidiera salirse del euro Italia nos acompañaría, seguida rápidamente por España, Portugal y Grecia. Este podría ser “el escenario para la negociación de la disolución de la zona euro” y de los contornos de la Unión Europea incluso después de su disolución. En ese momento la cuestión de las alianzas sería primordial.

Los franceses y sus líderes tendrán entonces un claro panorama de la forma “de coordinación y cooperación” que quieren promover en Europa. Una cosa es hablar de la "Europa de las naciones" y otra cosa es imaginar las instituciones que conduzcan a su creación.

Atrapados en la campaña electoral, Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon no han tenido tiempo de imaginar realmente lo que ocurrirá en unos hipotéticos primeros días de su mandato. Más que cualquier otra cosa el pueblo francés y sus dirigentes necesitan claridad en este punto.
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Tomado de Rebelión
Traducción: Emilio Pizocaro

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Francia ante la encrucijada

Xov, 20/04/2017 - 07:00

Alejandro Nadal, La Jornada

La elección presidencial en Francia este domingo es una competencia incierta en la que algunas sorpresas podrían presentarse. El resultado final podría ser decisivo para el futuro de la Unión Europea. Cuatro candidatos importantes se disputan el pasaje al Palacio del Eliseo en París. Pero los punteros son Emanuel Macron, candidato centrista que se autocalifica de independiente y Marine Le Pen, la representante de la extrema derecha. Los otros dos son François Fillon, el candidato conservador que ha caído en desgracia por su nepotismo cuando fue primer ministro, y Jean-Luc Mélenchon, el candidato de una izquierda que se anuncia insumisa.

En relación con la Unión Europea (UE), existe una línea divisoria fundamental entre Macron y Fillon, de un lado, y Mélenchon y Le Pen, del otro. Los primeros mantienen una posición claramente favorable a la UE y en favor de permanecer en la esfera del euro, mientras que los segundos prevén organizar un referendo sobre la permanencia en la UE e incluso sobre la pertenencia a la unión monetaria. Claro, la diferencia entre Le Pen (Frente Nacional) y Mélenchon (Francia Insumisa) es enorme. La primera combina posiciones racistas con un nacionalismo a ultranza, mientras que el segundo busca fortalecer la tradición generosa inspirada en lo mejor de la república francesa y su historia.

El escenario que los sondeos anuncian como más probable es el paso a la segunda vuelta de Emanuel Macron y Marine le Pen. Ambos tienen alrededor de 22 o 23 por ciento de las intenciones de voto al día de hoy. De materializarse ese escenario, los sondeos señalan a Macron como triunfador en la segunda vuelta con más de 60 por ciento de los votos.

El programa de Macron es parecido al de Fillon y tiene por objetivo recuperar la rentabilidad que el capitalismo francés ha perdido a lo largo de las dos últimas décadas. Para lograrlo su paquete de medidas se asemeja a la combinación de keynesianismo y neoliberalismo que introdujo en Japón el primer ministro Shinzo Abe en 2012. El primer paso para alcanzar ese objetivo consiste en reducir la carga impositiva que hoy pagan las empresas, pasando de 33 a 25 por ciento. Esta reforma fiscal se acompañaría en el esquema de Macron de una reforma laboral en la que las empresas podrían negociar aumentos en la jornada de trabajo, lo que significa eliminar por la vía de los hechos la semana de 35 horas de trabajo que hoy está vigente en Francia.

Pero las sorpresas no se descartan pues los sondeos de las últimas semanas registran un ascenso importante para Mélenchon. Éste podría derrotar a alguno de los dos punteros, Macron o a Le Pen, para pasar a la segunda vuelta. Se piensa que de enfrentarse al racismo xenófobo de Le Pen, Mélenchon pasaría a ser triunfador, pero eso depende de una buena parte del electorado conservador que bien podría inclinarse por el estandarte del Frente nacional.

De los cuatro candidatos punteros, el único que ofrece una alternativa que puede calificarse de izquierda es Mélenchon. Su estilo contrasta con el de los candidatos tradicionales de la izquierda institucional. Su retórica fuerte le permite sentirse cómodo frente a un auditorio de miles de personas (como lo demuestran sus recientes concentraciones en Marsella o Toulouse). Además, su conocimiento de los detalles técnicos en cuestiones económicas le convierten en un contrincante temible en eventos más cerrados, como lo revelan muchos debates en emisiones de televisión. El programa de Mélenchon incluye una convocatoria para una asamblea constituyente y una nueva constitución en la que se daría por terminada lo que él llama la monarquía presidencialista. También se acompaña de un referendo sobre la permanencia en la Unión Europea, así como una serie de medidas en materia de política económica para generar empleos mejor remunerados y duraderos. En materia energética el programa de esta izquierda contempla el abandono del proyecto nuclear francés y un fuerte impulso para el desarrollo de las energías renovables, incluyendo su integración industrial para la producción de plantas eólicas y solares.

El legado económico de la gestión de Hollande no es nada halagüeño. Al presidente saliente le gusta afirmar que el crecimiento ha sido constante, pero la única constante es la mediocridad de ese desempeño (el año pasado se alcanzó la tasa de crecimiento más alta de su mandato: 1.1 por ciento). Ese crecimiento está impulsado por el consumo, no por la inversión y el desempleo se mantiene tenaz en 10 por ciento (24 por ciento para jóvenes). La generación de empleo se apoya en la precariedad: el 86 por ciento de los empleos nuevos son temporales y la gran mayoría se apoyan en contratos de un mes. Al mismo tiempo, casi la mitad de los desempleados en Francia tienen más de un año sin una ocupación remunerada, lo que hace más difícil su reinserción económica.

Francia se encuentra en una encrucijada. Hoy el capitalismo francés no está resolviendo los grandes problemas de bienestar social y responsabilidad ambiental.

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Argentina: el FMI no se muestra tan optimista con el rumbo económico de Mauricio Macri

Xov, 20/04/2017 - 00:16
El FMI prevé una inflación del 25,6% en Argentina para este año. La estimación es casi nueve puntos más alta que la meta oficial del Gobierno de Mauricio Macri para 2017
La pauta oficial de inflación en Argentina no sólo resulta poco creíble para los gremios de trabajadores a la hora de negociar paritarias sino también para el FMI, un viejo aliado del Gobierno de Mauricio Macri en Argentina y otros mandatarios conservadores de la región.

En su informe de perspectivas económicas globales, el organismo internacional anticipó una inflación para este año del 25,6 por ciento, por encima del techo del 17 por ciento que quiere imponer el Banco Central. Asimismo, para 2018 el cálculo oficial del 12 por ciento de suba de precios vuelve a estar por debajo de la estimación del Fondo, que se ubica en el 18,2 por ciento. En materia de crecimiento económico, para este año el FMI viene reduciendo su proyección desde el 2,8 de hace varios meses hasta el 2,2 por ciento actual, mientras que el Gobierno proyecta un 3,5 por ciento, tal como informa Página /12.

La estrecha relación del FMI con la administración de Mauricio Macri quedó en evidencia el año pasado, cuando el organismo debió revisar varias veces a la baja su proyección de crecimiento económico para la Argentina. En abril de 2016 estimó una caída del 1 por ciento para ese año y en julio la estiró hasta el -1,5 por ciento. En octubre redujo su cálculo un poco más, hasta el -1,8 por ciento. Finalmente, la baja de la economía fue del 2,3 por ciento, provocando pérdida de empleos y poder adquisitivo para miles de trabajadores.

De esta manera, Argentina vuelve a quedar segunda en el ránking latinoamericano de inflación, sólo por detrás de Venezuela, sumida en una grave crisis económica con hiperinflación, que el FMI calcula que superará el 2.000%, tal como señala El País.

Por su parte, el Indec, el organismo nacional de estadísticas de Argentina, ha registrado un 6,3% de inflación acumulada en el primer trimestre de 2017, el que suele concentrar las mayores subidas anuales. El dato marcará las paritarias, las negociaciones de aumento salarial que en Argentina se discuten año a año de forma colectiva por sector económico y que el Gobierno pretendía limitar a un máximo del 18%. Eso ha llevado a que los docentes de la Provincia de Buenos Aires, la más poblada de Argentina, se encuentren realizando distintas medidas de fuerza para reclamar un salario digno.

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El desastre europeo

Mar, 18/04/2017 - 15:26

Fernando Luengo, Público

“La Europa de dos o más velocidades”. Consigna de moda en la siempre opaca y confusa jerga empleada en los documentos comunitarios. Aunque la expresión no es nueva en la gramática de la Unión Europea (UE) –ha justificado, por ejemplo, la decisión de crear la Unión Económica y Monetaria (UEM)-, ha cobrado una renovada actualidad. Designa uno de los cinco escenarios contemplados en el Libro Blanco sobre el futuro de Europa; concretamente el tercero, denominado “Los que desean hacer más, hacen más”. La idea es, básicamente, la siguiente. Para sacar de su letargo el denominado “proyecto comunitario”, hay que permitir -favorecer, incluso- que aquellos países dispuestos a avanzar en el proceso de integración económica e institucional den pasos en esa dirección.

Los defensores de esta estrategia sostienen que actuando de esta manera se conseguirían, cuando menos, dos objetivos. Por un lado, se despejarían incertidumbres en cuanto al futuro de la UE y de la UEM, pues los países de la primera velocidad, apostarían claramente por “Más Europa”; por otro lado, quedaría desbrozado el camino de aquellos que ahora no quieren o no pueden asumir ese plus europeo. Todo ello abriría las puertas a una Europa potente y renovada capaz de enfrentar los desafíos de la crisis y zanjaría las dudas acerca de la propia viabilidad del referido proyecto comunitario.

Como tantas veces ocurre con el discurso dominante –y tantas veces pasa desapercibido, como si formara parte del sentido común- el lenguaje desliza un diagnóstico y plantea una alternativa, todo ello disfrazado de racionalidad indiscutible. Utilizaré una metáfora estrechamente relacionada con las diferentes velocidades con las que se quiere avanzar en el proceso de integración comunitaria. Poner el énfasis en la velocidad significa omitir o ignorar que buena parte de los problemas de dimensión europea –con su inevitable reflejo en las dinámicas estatales- están relacionados con las características de los vehículos, los que los conducen, la posición de los que viajan en su interior y la carretera por la que circulan.

En efecto, una primera cuestión en la que resulta obligado reparar es el muy desigual perfil estructural de las economías europeas (los coches). Algunas, con un potencial competitivo que las convierte en ganadoras indiscutibles de la dinámica integradora, dominada cada vez más por la lógica del mercado, que se ha impuesto sin paliativos sobre la lógica redistributiva de las instituciones. Otras, considerablemente más débiles, ocupan el cinturón periférico de Europa y están especializadas en productos de menos valor añadido y contenido tecnológico; estas se encuentran en inferioridad de condiciones a la hora de beneficiarse del mercado único y de la unión monetaria. Asimismo, hay que tener en cuenta –y el discurso oficial pasa de puntillas sobre este asunto- que la gestión de la crisis impulsada desde Bruselas y aplicada por gobiernos –bien conservadores, bien socialistas- han hecho todavía más pronunciadas esas disparidades estructurales.

Desde que el neoliberalismo –las ideas y los intereses que lo encarnan- impera en Europa, a partir de los años ochenta del pasado siglo, las elites económicas, en connivencia con la clase política, han marcado el rumbo de las políticas públicas (los que conducen el coche). Más aún, los espacios propios de la política han sido paulatinamente ocupados por las grandes corporaciones y los grupos de presión que las representan, poniéndolos a su servicio. En este sentido, más que una disminución del papel del Estado, hemos asistido a la captura del mismo por parte de los poderosos; las puertas giratorias simbolizan la disolución de lo público en lo privado. La máxima y última expresión de la “corporatización” del proyecto europeo han sido las políticas llevadas a cabo durante los años de crisis; políticas que, sin disimulo, han fortalecido la posición de las oligarquías, tanto en lo económico como en lo político.

Los estados de bienestar –la propia legitimidad de la construcción europea- residía en conseguir niveles crecientes de cohesión social (también en avanzar en la convergencia productiva y territorial). El crecimiento económico debía facilitar la consecución de esos objetivos. Lo cierto, sin embargo, es que en los años de auge las desigualdades han aumentado, poniendo en cuestión la capacidad y la voluntad redistributiva de las instituciones y el supuesto nexo automático existente entre crecimiento y equidad.

La irrupción de la crisis y la gestión oligárquica que se ha hecho de la misma han situado en cotas históricas la fractura social (la desigual posición de los que viajan en el coche). Los trabajadores, los grupos vulnerables y las clases medias –de las economías periféricas, sobre todo, pero también de las del Norte, donde la erosión social es asimismo manifiesta- han soportado los costes de la crisis. En paralelo, se ha abierto camino un capitalismo de naturaleza esencialmente extractiva, en un contexto de moderado e insuficiente crecimiento y de debilitamiento y pérdida de legitimidad de aquellas instituciones cuyo cometido es promover políticas de igualdad y asegurar una redistribución de la renta y la riqueza.

Aunque el crack financiero evidenció los límites, las contradicciones y los efectos devastadores de la economía basada en la deuda y de las teorías económicas que las sustentaban, las políticas implementadas para gestionar y superar la crisis –la represión salarial, los ajustes presupuestarios, la desregulación del mercado de trabajo, los rescates bancarios, las privatizaciones- han seguido el relato y la hoja de ruta del pensamiento dominante (la carretera).

Esas políticas –aunque, como he señalado, han proporcionado recursos y poder a las elites- han prolongado y agravado la crisis, sin que, finalmente, hayan conseguido una recuperación suficiente y sostenible de la actividad económica; son responsables de la generalización del empleo precario y del aumento del desempleo y la desigualdad, llevando las cuentas públicas a una situación de mayor fragilidad; también forma parte del pasivo de estas políticas la merma de potencial productivo y tecnológico de las economías, principalmente de las periféricas.

En clave europea, las medidas exigidas desde la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) han agravado las asimetrías productivas y comerciales entre el norte y el sur, han impuesto un federalismo tecnocrático y autoritario –disciplina fiscal y unión bancaria-, han favorecido las tendencias desintegradoras –cuyo máximo exponente hasta ahora ha sido el Brexit-, el auge de la extrema derecha y los nacionalismos xenófobos, y han sido manifiestamente incapaces de abordar, respetando los derechos humanos y aplicando un principio de solidaridad, el drama de los refugiados y los flujos migratorios.

La complejidad de la problemática someramente apuntada en las consideraciones anteriores en absoluto se resuelve con la consigna de permitir o favorecer una Europa de varias velocidades. Supone, en lo fundamental, más de lo mismo en lo que concierne al núcleo duro de las políticas económicas aplicadas hasta el momento, introduciendo en el engranaje institucional de la UEM algunas reformas, sesgadas y claramente insuficientes, para intentar preservar la zona euro, especialmente los intereses de lo que más se benefician de la misma, y un aumento del gasto militar. Por lo demás, en el Libro Blanco se plantean un conjunto de líneas de actuación, genéricas e imprecisas, en torno a las que, llegado el momento de su concreción, posiblemente ni siquiera se alcanzaría el consenso entre los llamados a formar parte del grupo de países de la primera velocidad.

Europa necesitaba y necesita, con urgencia, una acción política, solidaria y cooperativa, orientada hacia la convergencia productiva y territorial, la equidad social y la igualdad de género, la transición a una economía sostenible, la auditoría y reestructuración de la deuda pública, la gestión del problema de los refugiados, la persecución del fraude y de los paraísos fiscales, la creación de una hacienda comunitaria basada en el principio de progresividad, el aumento sustancial del presupuesto comunitario y la reforma en profundidad de la industria financiera. ¿Por qué no se ha recorrido ese camino? ¿Por qué razón las políticas aplicadas han ido justamente en la dirección contraria? La respuesta es clara. No ha existido voluntad política…ausencia de voluntad que aparece de nuevo en la propuesta de una Europa de varias velocidades. En caso de avanzar en esa dirección, Europa, lejos de superar la esclerosis actual, daría un paso más, acaso decisivo e irreversible, hacia la desintegración.

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Hiroshima y la madre de todas las bombas. La misma lógica para un final de época

Lun, 17/04/2017 - 09:00

Eduardo Di Cola, Buenos Aires

La última gran batalla desplegada en Europa durante la Segunda Guerra Mundial se conoce como la Batalla de Berlìn. La face final comienza el 20 de abril de 1945 con una gran ofensiva de la Unión Soviética sobre la ciudad capital del Tercer Reich. Días después, el 2 de mayo, los alemanes rinden la ciudad ante el Ejército Rojo. En el ínterin se habían suicidado Adolf Hitler y Eva Braun. También lo habían hecho Joseph Goebbles y su esposa Magdalena, conocida como "Magda, madre modelo del Tercer Reich", quien antes de suicidarse duerme y luego envenena a sus 6 hijos.

La histórica fotografía de la bandera roja con la hoz y el martillo flameando triunfante en el emblemático Reichstag, y el Desfile de la Victoria en Moscú del 24 de junio, en la que el Ejército Rojo aparece como gran vencedor con un enorme despliegue del poder militar, avisaba al mundo el nacimiento de una Unión Soviética que se plantaba como una superpotencia.

Estados Unidos necesitaba hacer lo propio. La rendición de las fuerzas alemanas ante británicos y estadounidenses en Reims el 7 de mayo y al día siguiente ante alemanes en Berlin, no le resultaba suficiente. La guerra había terminado, solo quedaba la resistencia de Japón intentando lograr una rendición más digna. Estados Unidos encontró la oportunidad para dar su aviso, y lo hizo mostrando su capacidad militar-destructiva. Así fue como el 6 de agosto, cuando ya habían transcurrido más de tres meses del suicidio de Hitler, la caída de Berlin y la rendición definitiva, el mundo se notifica del primer ataque nuclear realizado en Hiroshima y tres días después en Nagasaki. Se destruyeron dos ciudades. Había que probar dos bombas nucleares diferentes, una de uranio y la otra de plutonio.

Desde entonces no quedaron dudas, en el final de una época y en el amanecer de un nuevo orden mundial emergían dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética.

Por estos tiempos también transitamos un final de época. El mundo cruje por la crisis provocada por el neoliberalismo. Las reacciones lo ponen en evidencia. Algunas sociedades se cierran señalando al extranjero y al diferente como culpable de sus males. En otras renacen nacionalismos independentistas, problemáticas que sumadas a la repetida presión ejercida por las potencias para forzar que mercados internos sean permeables a sus productos industriales, y a la inveterada voracidad por la apropiación de los recursos energéticos existentes en el mundo, llevan a una creciente tensión con enfrentamientos bélicos, no siendo ajenos los cada vez más frecuentes atentados terroristas. Al mismo tiempo, la disputa económica global posiciona a nuevos y poderosos jugadores a expensas de un retroceso de la economía norteamericana.

La incertidumbre global gana espacio. Las dudas crecen sobre el mundo que viene. Resulta difícil saber como quedará conformado el nuevo tablero del poder internacional. Resalta en la transición que las potencias no están dispuestas a retroceder ni a escatimar medios para hacer conocer sus fortalezas. Como lo hizo en Hiroshima en aquel agosto de 1945, Estados Unidos notifica todo lo que está dispuesto a hacer, y muestra su capacidad destructiva lanzando en acción bélica la "Madre de todas las bombas", la más poderosa bomba no nuclear utilizada a la fecha. La respuesta no se hizo esperar. Ya no con un poderoso desfile como en aquel junio de 1945. Con una simple fotografía Rusia muestra la tenencia del "Padre de todas las bombas", con una capacidad destructiva -según afirman- cuatro veces superior a la norteamericana.

Finalizada la Primera Gran Guerra se auguraba un largo período de paz. Un puñado de años después el mundo estaba inmerso en la Segunda Guerra Mundial, de la que han pasado siete décadas. En tanto el neoliberalismo con su lógica de acumulación continúa haciendo estragos, generando pobreza y conflictos en todos los rincones. Las grandes potencias lejos de explorar salidas diferentes, en el plano internacional se empeñan en recorrer caminos tristemente conocidos. En tanto, en el orden interno, no son pocos los gobiernos que con represión y violencia insisten en sostener un modelo y una lógica económica que genera exclusión, profundiza la crisis y agita la conflictividad social.

Lamentablemente, este final de época encuentra las mismas respuestas que en el pasado reciente condujeron a las etapas más oscuras y dolorosas de la humanidad.

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Deutsche Bank, el desplome de un mito alemán

Dom, 16/04/2017 - 23:30

Mauro Meggiolaro, Sin Permiso

Avaricia, provincianismo, cobardía, inmadurez, mentira, incompetencia, arrogancia. Son sólo algunos de los adjetivos que un memorable reportaje del semanario alemán Der Spiegel, publicado hace pocos meses, dedicó al Deutsche Bank (https://goo.gl/P5SOQP). El mayor banco alemán, que durante buena parte de sus 146 años de historia ha sido la encarnación misma de la ética protestante en el sistema bancario, se está ahora precipitando hacia un abismo del cual, al final, sólo podría salvarlo el gobierno de Berlín y, por tanto, los contribuyentes alemanes.

En Frankfurt, a los dos rascacielos de cristal de 155 metros en los cuales tiene su sede el banco se les llama “Soll” y “Haben” (“debe” y “haber”). En la visión ideal, arquitectónica y financiera, del banco, el debe y el haber deberían guardar un equilibrio. Pero no lo guardan ya desde hace tiempo. El 2 de febrero pasado se dieron a conocer los resultados del cuarto y último trimestre de 2016: 1.900 millones de pérdidas netas. El conjunto de 2016 ha tenido como resultado, en cambio, 1.400 millones de euros de pérdidas, lo cual, comparado con los números rojos de los 6.800 milones de euros del 2015, parece hasta una buena noticia. Pesan en particular los gastos congelados, y en parte ya efectivamente desembolsados, por la implicación en cerca de 6.000 causas legales a escala global. En mayo de 2016 llegó una multa “record” de 2.500 millones de dólares de las autoridades estadounidenses y británicas, que acusan al Deutsche Bank de haber manipulado los tipos de referencia del Libor, Euribor y Tibor, en los que se basan los costes de los préstamos interbancarios, pero también las hipotecas nuestras, de los ciudadanos corrientes.

La marca ha quedado, sin embargo, pronto superada: en vísperas de Navidad pactó el pago de 7.200 millones de dólares con el Departamento de Justicia norteamericano para cerrar el capítulo de las sanciones sobre títulos garantizados por las hipotecas subprime, las grandes protagonistas de la crisis financiera que estalló en 2007-2008, de la cual estamos pagando todavía las consecuencias. Apenas se difundió la noticia del pacto, las acciones del Deutsche Bank subieron un 4% en pocas horas. Los mercados, se dice, “han lanzado un suspiro de alivio”. Dos meses antes, de hecho, las autoridades de los EEUU habían amenazado con una sanción de 14.000 millones de dólares que el banco no habría podido pagar de no haber sido justamente mediante una intervención estatal in extremis de compleja actuación, dada la inminente campaña electoral para las generales de septiembre de 2017 y las nuevas reglas europeas sobre rescates bancarios.

Los percances del coloso bancario alemán continúan sin pausa también con el nuevo año: el 31 de enero llegó una nueva multa, por un total de más de 630 millones de dólares, de las autoridades norteamericanas y británicas por haber permitido a clientes rusos reciclar cerca de 10.000 millones de dólares, transfiriéndolos a Gran Bretaña y de allí a Chipre, a Estonia, Letonia y otros países.

No hay paz, por tanto, bajo las dos torres gemelas de Frankfurt. Pero ¿por qué? ¿Cómo ha sido posible todo esto? La meticulosa reconstrucción histórica del Spiegel identifica sobre todo un periodo en el cual, dentro del banco, algo hay que se rompió para siempre: los fabulosos años noventa, cuando el banco comenzó a avergonzarse de ser alemán, provinciano, de Wolfsburg, Munich, Stuttgart o Nuremberg y quiso actuar a la americana, ganarse un sillón en primera fila en Wall Street, disputar los primeros puestos del mundo en el trading de instrumentos financieros a colosos como Goldman Sachs o Morgan Stanley. Entretanto, en 1999, Bill Clinton revocó la ley Glass-Steagall – surgida de las cenizas de la crisis de 1929, eliminando la separación entre banca de inversión y banca comercial, y abriendo las cataratas de la especulación financiera internacional con el dinero de los ahorradores. De banco del “Mittelstand”, de los millares de pequeñas y medianas empresas alemanas que representan todavía hoy el esqueleto del modelo renano, el Deutsche Bank se ha transformado progresivamente en un comisionista de títulos cada vez más complejos, al igual que los gigantes americanos, pero sin tener ni la historia ni los recursos humanos para ello. A medida que se han acercado al Olimpo de las finanzas internacionales, los directivos del banco se han visto cegados por sus mismas ambiciones y anestesiados por decenas de millones de euros en incentivos. Al podio internacional de la banca de inversión nunca se han subido o se han aupado sólo brevemente. Ahora, la suerte está echada y no se puede volver atrás. El Deutsche Bank camina como un zombi en medio del vado, entre un sueño americano que se ha convertido en una pesadilla y una supremacia alemana como banco para sostén de las empresas de la que no queda más que un bonito recuerdo. En la panza tiene el zombi 46.000 millones de derivados, 12 veces el producto interior bruto de Alemania. En realidad, explica el banco e informa el Financial Times (https://goo.gl/ye76it), sólo una pequeña parte de estos títulos sería peligrosa. Se trata de los llamados activos de Nivel 3, sin liquidez al no poder valorarse en precios de mercado. Tendrían un valor en conjunto de 31.000 millones de euros, nada comparado con los 46.000 millones de dólares totales, pero, así y todo, equivalentes al 70% del patrimonio “core” del banco. En realidad, nadie sabe valorar con certeza cuánto valen verdaderamente los derivados del Deutsche Bank. Y no sólo los del Nivel 3.

Entretanto, el banco va pasando con todos los parabienes una prueba de “stress” europea tras otra, logrando a contabilizar – gracias a las ayuditas del BCE y a operaciones no ultimadas todavía, como la venta de una cuota de 4.000 millones de euros a la banca china Hua Xia (https://goo.gl/i6sRKZ). Y en cualquier caso, es conocido, las pruebas de “stress” son para los créditos, no para la montaña de derivados u otros títulos más o menos tóxicos en el balance (https://goo.gl/6fGq7M). El Deutsche Bank zombi podrá continuar presentándose a los exámenes europeos sin que nunca le pregunten el capítulo que no se ha estudiado. Los clientes y los mercados ya lo han suspendido desde hace tiempo.

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El capitalismo es poder, no economía

Sáb, 15/04/2017 - 16:54
Raúl Zibechi, La Jornada

La frase pertenece al dirigente kurdo Abdullah Öcalan, extraída del segundo tomo del Manifiesto por la Civilización Democrática, que tiene como subtítulo La Civilización Capitalista. La era de los dioses sin máscara y los reyes desnudos. La obra, cuya traducción al español verá la luz estos días, forma parte de la defensa del líder kurdo, preso en la isla Imrali, en el mar Negro, en Turquía. El pensamiento de Öcalan es insumiso, no se somete a jerarquías prestablecidas ni acepta dogmas universales. Es el tipo de pensamiento que necesitamos en este periodo de caos sistémico, ya que las ideas heredadas están mostrando escasa utilidad para orientarnos en la tempestad.

De su reciente libro quisiera destacar tres aspectos, aunque no son suficientes para agotar el conjunto de los aportes de la obra. El primero es su crítica frontal al economicismo, una de las peores plagas intelectuales que están parasitando a los movimientos anticapitalistas. Inicia ese capítulo con un potente análisis sobre la propuesta evolucionista que defiende el nacimiento del capitalismo como resultado natural del desarrollo económico. Como se sabe, quienes postulan esa tesis piensan también que el fin del capitalismo será producto de la misma evolución de la economía que lo trajo al mundo. Por el contrario, Öcalan afirma que el capitalismo es hijo de una tradición muy antigua, que se afirma en el poder militar y político para usurpar los valores sociales, hasta convertirse en la formación social dominante en Europa en el siglo XVI. Entre los valores sociales usurpados, destaca la mujer-madre por el hombre-fuerte y el grupo de bandidos y ladrones que le acompañan.

Criticar al economicismo supone, en la misma línea, la crítica del evolucionismo, sea lineal o por saltos. Una sencilla afirmación hecha luz sobre este tema: En las guerras coloniales, donde se realizó la acumulación originaria, no hubo reglas económicas. Se enfoca contra la economía política, a la que considera la teoría más falsificadora que fue creada para encubrir el carácter especulativo del capitalismo.

A lo largo de toda su obra, pero en especial en los apartados sobre el capitalismo, se apoya en Fernand Braudel, con quien coincide en señalar que es la negación del mercado por la regulación de precios que imponen los monopolios.

En este punto aparece el segundo aspecto a destacar, cuando sostiene que el capitalismo no se identifica con la producción ni con el crecimiento económico, porque no es economía. El capitalismo es poder, no economía, asegura Öcalan. Es evidente que existe una economía capitalista, pero el sistema capitalista es un monopolio de poder que se impone desde fuera a la economía, según sostiene en este capítulo esclarecedor. El capitalismo utiliza la economía, pero es el poder, la fuerza concentrada, lo que le permite confiscar el plusvalor y los excedentes.

En consecuencia, considera que la obra principal de Marx, El Capital, funciona como un nuevo tótem que ya no es útil para los trabajadores, porque delimita el capitalismo al terreno de las leyes de la economía, un punto que comparten todos los reformismos desde hace mucho tiempo.

El tercer aspecto que me parece importante es considerar al Estado-nación como la forma de poder propia de la civilización capitalista. Un breve paréntesis: dice civilización capitalista porque la considera en su integralidad, incluyendo todas las variables articuladas, desde la economía y la cultura hasta la geopolítica y la sociedad. En consecuencia, dice que la lucha anti-estatal es más importante que la lucha de clases; y esto es una suerte de golpe al mentón para quienes nos formamos en Marx. Por eso mismo, afirma que es más revolucionario el trabajador que se resiste a ser proletario, que lucha contra el estatus de trabajador, porque esa lucha sería socialmente más significativa y ética.

En las páginas finales de este tomo afirma que los conflictos en realidad surgen entre conjuntos sociales; entre la sociedad estatal y las sociedades democráticas. En suma, el Estado es uno de los nudos a desatar, no el espacio de llegada de la lucha social.

Va más lejos. Sostiene Öcalan que Estado y poder son cosas diferentes, que el poder contiene al Estado, pero es mucho más que el Estado. En este punto advierte que el pensamiento antisistémico está necesitando investigar a fondo las formas de Estado y en particular el Estado-nación, temas que Marx no pudo o no quiso abordar.

Rechaza la toma del Estado porque pervierte a los revolucionarios y piensa que la crisis del movimiento antisistémico no puede desligarse de la opción estatal. También rechaza el concepto de hegemonía. “La esencia de la civilización estatal –escribe Öcalan– es la hegemonía sobre la sociedad”. Pero la hegemonía implica poder y éste supone dominio, que no puede existir sin el uso de la fuerza.

Es muy interesante que llegue a esta conclusión en franca oposición a pensadores como Gramsci, recuperado por toda una camada de intelectuales progresistas que hacen malabarismos teóricos para separar poder de dominación. Los monopolios de poder (Estados) así como los monopolios económicos (privados o estatales) se imponen sobre la sociedad y la asfixian. Por eso hay que alejarse de esas formas de relación social.

Al final, se comprendió que detentar el poder era lo más reaccionario del capitalismo, contra la igualdad, la libertad y la democracia, pero ya se había producido un importante retroceso, era la misma enfermedad histórica por el poder que había sufrido el cristianismo, escribe en las Conclusiones. Un pensamiento crítico, anticapitalista, anti-estatal y anti-patriarcal centrado en Medio Oriente, formulado desde la resistencia a sus poderosos

enemigos. Es imposible vencer con las armas del enemigo, nos dice Öcalan. Sin embargo, esta sencilla convicción no puede ser aceptada, sin más, como verdad revelada: cada generación deberá descubrir sus verdades con base en la propia experiencia. Por doloroso que sea.

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La crisis de los expertos económicos

Xov, 13/04/2017 - 02:01
Andy Robinson, La Vanguardia

“Coinciden los expertos económicos”. Es una de las frases predilectas de los periodistas que escribimos artículos como este. Y, últimamente, los expertos coinciden en algo un poco inquietante. Al menos para ellos: nadie les hace caso.

Ocurrió con el brexit cuando el 52% de los votantes británicos optaron por salir de la UE pese a que sólo 1 de cada 22 economistas entrevistados en un sondeo del dominical The Observer apoyó la salida. Asimismo, el programa de Donald Trump fue calificado por la mayoría de los economistas como peligrosamente proteccionista y económicamente analfabeto. Pero Trump ya está instalado en la Casa Blanca.

Los expertos pierden su influencia y el establishment económico y político advierte sobre una ola alarmante de populismo. Pero, para los jóvenes autores del nuevo libro Econocracy: el peligro de dejar a los expertos (Manchester University Press, 2017), el problema estriba en la desconexión radical entre una ciudadanía, que ni tan siquiera entiende el lenguaje elemental de la economía, y una tecnocracia formada en facultades que sólo enseñan un esotérico pensamiento único. En concreto, las teorías de la escuela neoclásica, un modelo económico que, pese a estar escondido en una densa niebla de ecuaciones algébricas, es tan ideológico como cualquier otro.

Para Joe Earle, Cahal Moran y Zach Ward-Perkins, todos activistas de un nuevo movimiento estudiantil, que cuenta ya con grupos en 14 universidades británicas y unas cuantas en Europa, la crisis de los expertos hasta puede ser motivo de celebración. “Se está dando un contragolpe a los expertos debido al fracaso de una forma muy centralizada de entender lo que son las ciencias económicas y la economía”, dice Moran, de 26 años, que cursa un posgrado en ciencias económicas en la Universidad de Manchester. Este innovador y atrevido movimiento estudiantil, que nació en el 2012 con la creación del grupo Post crash economics en Manchester –casualmente, la cuna del capitalismo industrial–, se ha extendido por las diversas universidades británicas y en el resto de Europa.

Son rebeldes pero cuentan con el apoyo moral de economistas de prestigio como Andy Haldane, el economista jefe del Banco de Inglaterra; Ha Joon Chang de Cambridge; Robert Skidelsky, el biógrafo de John Maynard Keynes; Ann Pettifor, autora de La producción del dinero; el lingüista Noam Chomsky y Martin Wolf, gurú macroeconómico del Financial Times. Los estudiantes, ya incorporados a la campaña Rethinking economics, (replanteando las ciencias económicas) reivindican la pluralidad en la enseñanza de la disciplina, mediante la incorporación al currículo de una amplia gama de teorías heterodoxas y ortodoxas, desde la austriaca a la keynesiana, feminista a ecológica, actualmente excluidas.

Abogan también por la democratización de la economía mediante programas populares de alfabetización económica. Según encuestas que el grupo de Manchester realizó en colaboración con la firma de sondeos Yougov, la mayoría de la población británica no entiende conceptos básicos de la economía como el PIB o la inflación. “Mediante programas de educación, hace falta formar ciudadanos economistas” –sostienen– dotados de suficientes conocimientos como para cumplir con el consejo de la famosa economista keynesiana de la Universidad de Cambridge, Joan Robinson: “Conviene estudiar ciencias económicas para evitar que los economistas te engañen”.

En España, ya existen iniciativas de este tipo. En la Universidad de Barcelona se ha creado un grupo de estudiantes que exigen mayor pluralidad en la enseñanza. Asimismo hay diversas iniciativas de formación ciudadana en las ciencias económicas. “No deberíamos dejar esto en manos de expertos que utilizan una jerga precisamente para ahuyentar a la gente”, dice Ricardo Záldivar, catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid que participa en una serie de programas de formación económica popular.

Al cuestionar el papel de los expertos, no se debería caer en la trampa de menospreciar los conocimientos en sí, advierte Moran. “Este es un mundo complejo y haca falta la pericia pero no hay un solo punto de vista económico”, recuerda. A fin de cuentas, hasta los técnicos del propio Fondo Monetario Internacional (FMI) quedaron perplejos al ver como sus advertencias contra un exceso de austeridad en Europa fueron rechazadas por una opinión publica en varios países, entre ellos el Reino Unido y España, convencida de que la deuda pública era el principal peligro.

Los expertos en economía –incluso los que pretenden “popularizar” las ciencias económicas como Steven Levitt, autor de éxitos de ventas como Freakonomics, suelen presentarse como mentes privilegiadas que entienden las leyes inmutables de una economía que funciona de forma independiente de la política. En realidad, explican, la idea de una economía como un “concepto abstracto regido por leyes técnicas es un invento bastante reciente”. Los economistas de principios del siglo XX se quejaron de que los políticos no les hicieran caso. “Cuando los economistas hablamos, nos tienen menos respeto de lo que merecemos,” se lamentó Irving Fisher en 1902.

En todas las elecciones generales celebradas entre 1900 y el final de la Segunda Guerra Mundial la palabra “economía” sólo apareció dos veces en el programa electoral del partido ganador. La situación ahora –o al menos, hasta la irrupción de los populismos– es la inversa. En el último manifiesto de David Cameron la economía se mencionó más de 60 veces. Por eso, es lógico pensar, según los estudiantes, que los economistas neoclásicos tienen tanto poder en estos momentos porque sus recomendaciones convienen a los poderes políticos, empresariales y bancarios.

Ahora bien, la influencia de los expertos no sería tan grave si existiera una pluralidad de ideas en las facultades donde se forman. Pero “los expertos del futuro sólo aprenden una sola perspectiva (la neoclásica) como si no hubiera otras”, advierten los estudiantes. En los exámenes de fin de carrera, el 76% de las preguntas no exige pensamiento crítico o independiente, según sus investigaciones en las universidades británicas. En la emblemática London School Economics, cantera de un ejército de “expertos” globales, unos cuantos de ellos en España, hay aún menos incentivos para pensar críticamente.

Las “ciencias económicas son un método de adoctrinamiento”, sentencian. Tras empezar sus carreras universitarias justo después del colapso del sistema financiero en el 2008, los estudiantes de Manchester confiaban en que en algún momento sus profesores les hablarían de las causas y las consecuencias de la crisis. Pero “a mitad de la carrera nos dimos cuenta de que nuestra espera era en balde”.

Las consecuencias de la brecha entre una tecnocracia versada unicamente en la economía neoclásica y una masa de gente que no entiende nada acaba de ponerse de manifiesto de forma explosiva. Más que un rechazo a Europa en sí, “el brexit es una reacción contra el gobierno de tecnócratas y la econocracia”, asegura Joe Earle, otro de los autores. “Pone de manifiesto la distanciamiento entre élites normalmente metropolitanas, dueños del lenguaje de las ciencias económicas, y el resto del país que se siente excluido y busca otro lenguaje, el del nacionalismo y soberanía”.

El brexit no sólo revela el fracaso de los expertos, sino también de sus conceptos e indicadores. Por ejemplo , el uso insistente de medidas estadísticas nacionales. Londres y el sudeste, las únicas regiones inglesas que votaron a favor de la UE, también son las únicas cuyo PIB per cápita es mayor ahora que antes de la crisis financiera. En el resto del país, se sigue por debajo del nivel del 2007. “Si no vives en Londres ¿por qué te va a interesar lo que los expertos dicen del crecimiento del PIB?” se pregunta Cahal. Y en eso estamos.

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De plumas atómicas y dragones solitarios

Mér, 12/04/2017 - 14:26

Alejandro Nadal, La Jornada

El proceso de industrialización en China arrancó desde el triunfo del Partido Comunista en 1949. A partir de ese año las prioridades estuvieron orientadas hacia la industria pesada y hubo que esperar a la contrarrevolución de Deng Xiaoping para que comenzara de lleno un proceso de diversificación industrial. Hoy la República Popular China es considerada una potencia industrial de primera magnitud, capaz de producir desde computadoras y aviones, hasta teléfonos celulares. Sus proezas tecnológicas en el terreno de la industria aeroespacial son objeto de admiración en todo mundo.

Por eso sorprendió la noticia hace unas semanas: ¡por fin la industria china había logrado dominar la tecnología para fabricar la punta de un bolígrafo! Parecía mentira porque la tecnología para producir bolígrafos tiene más de setenta años y China produce cada año unos 38 mil millones de bolígrafos, lo que representa 80 por ciento de la producción mundial de éstos. Pero lo que esa estadística no dice es que las puntas de esos bolígrafos son importadas casi en su totalidad. Aunque sorprenda, la industria china no podía fabricar los balines y la cavidad en la que están insertos para asegurar un flujo constante de tinta en un bolígrafo normal.

Vale una aclaración: parece que México es el único país de habla hispana en el que los bolígrafos son conocidos como plumas atómicas. Probablemente eso se debe a que fueron introducidos al mercado en los primeros años de la posguerra y por algún artilugio la mercadotecnia logró que el apelativo remitiera a la tecnología más moderna y no a la terrible hecatombe de los ataques nucleares de Hiroshima y Nagasaki. Pero ese es otro tema.

Existen más de 3 mil fábricas de bolígrafos en China, pero ninguna tenía la tecnología para fabricar las puntas que les permiten escribir suavemente. El 90 por ciento de esos componentes son comprados a proveedores en Suiza, Japón y Alemania, con un costo de unos 17 millones de dólares. Ese costo es insignificante para el tamaño de la economía china, pero en 2015 el primer ministro, Li Keqiang, señaló que la incapacidad de fabricar bolígrafos de buena calidad era una señal de las debilidades de la industria china. Cuando uno escribe con los bolígrafos hechos con componentes locales, el papel se rasga y la tinta no fluye de manera regular, señaló Li en una reunión oficial en Beijing. Acto seguido dio a conocer el fortalecimiento de un programa que ya existía desde 2011 para alcanzar el objetivo de producir bolígrafos chinos de buena calidad. Y por fin, la empresa estatal Taiyuan Iron and Steel Company (TISCO) ha anunciado que comenzará la producción en masa de bolígrafos integralmente made in China dentro de poco.

¿Por qué no seguir importando los componentes de los bolígrafos? Después de todo, el costo es modesto y si se toma en cuenta el tamaño de una empresa como TISCO, que produce cada año 10 millones de toneladas de acero, la demanda de acero para la industria de bolígrafos es casi de apenas unas mil toneladas al año. La respuesta es que en China existe desde hace mucho una tendencia a privilegiar la integración vertical en las industrias estatales. Es la continuación de aquella vieja prioridad de la autosuficiencia. La integración vertical permite controlar las etapas adyacentes en la cadena de producción y puede ser una operación rentable si contribuye a reducir costos de transacción y si permite garantizar el suministro estable de insumos intermedios. A las empresas chinas con fuerte integración vertical se les denomina dragones solitarios.

Pero también es cierto que los dragones solitarios pueden ser un incentivo perverso en contra de la especialización y pueden favorecer estructuras poco competitivas. Abundan los ejemplos de industrias con excesiva integración vertical que terminaron con el fracaso.

La prensa de negocios ha interpretado el caso de las plumas atómicas como un fracaso de China en el terreno de la política industrial y tecnológica. Se argumenta que la razón por la que la industria china no pudo desarrollar la tecnología para producir aceros finos de alta tolerancia (como los que se usan para producir las puntas de los bolígrafos) es la falta de un sistema eficaz de patentes para proteger los derechos de los innovadores. Pero esa interpretación ignora que la industrialización en China (y antes en Japón y Corea del Sur) no hubiera sido posible sin una estrategia deliberada de copia y asimilación de tecnología industrial que estuvo acompañada de maniobras para darle la vuelta a las estrictas reglas del sistema internacional de patentes.

Hoy la industria en China está dando un giro y avanza a paso veloz en robótica, impresiones de 3D, manufactura inteligente, equipo médico y de tele-informática. Con razón ha sobrepasado a Japón en las exportaciones de bienes de alta intensidad tecnológica. En lugar de caminar por el camino de la extinción, los dragones solitarios todavía pueden rescribir su propia historia, aunque no sea con plumas atómicas.

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El bombardeo estadounidense contra Siria y la campaña militar del imperialismo occidental

Mar, 11/04/2017 - 17:23

Joseph Kishore, WSWS

A raíz del lanzamiento de misiles crucero contra el gobierno sirio la semana pasada, la implacable lógica de la guerra ha tomado control de las decisiones de Washington. La élite política y la prensa en Estados Unidos están exigiendo que dicha acción sea seguida por la implementación de una “estrategia integral” para derrocar al presidente sirio, Bashar al Asad, y escalar las confrontaciones con Rusia.

La embajadora estadounidense ante las Naciones Unidas, Nikki Haley, declaró el domingo que “un cambio de régimen [en Siria] es algo que consideramos que va a suceder”. En cuanto a Rusia e Irán, dijo, “Estamos denunciándolos. Pero, no creo que hayamos descartado nada por el momento... Van a seguir viendo a Estados Unidos actuar cuando tiene que hacerlo”.

El domingo, el senador republicano Lindsey Graham, pidió el envío de “cinco a seis mil” tropas a Siria, además de más sanciones económicas contra Rusia. Dijo que Asad está cometiendo “un gravísimo error porque, si uno es un adversario de EEUU y no está preocupado por lo que pueda hacer Trump en un día dado, debe estar loco”.

Tanto los demócratas como los republicanos fueron parte del coro de llamados a la acción contra el gobierno ruso. “Son cómplices”, dijo el senador republicano, Marco Rubio, y agregó, “Vladimir Putin es un criminal de guerra que está ayudando a otro criminal de guerra”. Su colega demócrata, Ben Cardin, declaró que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas debería establecer un tribunal de crímenes de guerra para enjuiciar a Asad y al presidente ruso, Vladimir Putin.

Este es el lenguaje de la guerra. Llamar a un mandatario de otro país un criminal de guerra es el preludio tradicional de una acción militar.

Estados Unidos no está solo en sus provocaciones incendiarias. Todas las potencias imperialistas en Europa se alinearon en apoyo del ataque contra Siria. El secretario de Defensa británico, Michael Fallon, escribió el domingo que Rusia es “indirectamente responsable por cada baja civil la semana pasada”, algo que por supuesto no fue dicho en relación con la masacre estadounidense la ciudad iraquí de Mosul el mes pasado.

El secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, está participando en una reunión de cancilleres del G7, la cual comenzó este lunes en Italia, donde EEUU y sus aliados europeos están discutiendo un ultimátum para que Moscú retire sus tropas de Siria y deje de apoyar al gobierno de Asad. Tillerson reiterará esta demanda cara a cara con el canciller ruso en Moscú, presuntamente amenazando con utilizar ciertas acusaciones de “crímenes de guerra” contra Rusia.

En uno de los pocos comentarios que señala cuáles serían las consecuencias de tales acciones, el profesor de la Universidad de Georgetown, Colin Kahl, escribió el domingo en el diario Washington Post que si EEUU continúa este escalamiento de reclamos de un cambio de régimen y zonas de exclusión aérea, “las posibilidades de un enfrentamiento militar con Moscú son reales”. Sin embargo, este es precisamente el camino que está tomando el gobierno de Trump, respaldado por la élite política en su conjunto y las potencias imperialistas de Europa.

¿Cómo responderán EEUU y sus aliados si Rusia rechaza dicho ultimátum de retirarse de Siria? En medio de la histeria antirrusa que ha llegado a dominar a la prensa y a la burguesía en EEUU, nadie está planteando la cuestión de cuántos cientos de millones de personas morirían en una guerra con Rusia, o siquiera si quedará un mundo habitable después de una conflagración nuclear.

Al mismo tiempo, Estados Unidos está aumentando sus amenazas militares en Asia. Durante el fin de semana, el gobierno de Trump desplegó buques de guerra a la península de Corea, mientras que varios reportes señalan que Washington está considerando ataques de “decapitación” y otras acciones militares contra el gobierno norcoreano, las cuales podrían ocurrir tan pronto como esta semana.

El grado de imprudencia de la política exterior imperialista tiene una base objetiva. La impulsan dos factores en particular y relacionados entre sí.

En primer lugar, las secciones dominantes del ejército, las cuales están dictando gran parte de las políticas de Trump, están decidiendo revertir a toda costa la decisión de la administración de Obama de echarse atrás en el 2013 y no intervenir directamente en Siria. En vez, se había llegado a un acuerdo con Rusia para supervisar la destrucción de armas químicas de Siria. Las cúpulas militares consideran que este cambio es un paso crítico para mantener el dominio estadounidense, no sólo en Oriente Medio y Europa del Este, pero en todo el mundo.

Escribiendo para el diario New York Times el domingo, el senador republicano, Tom Cotton, declaró que los ataques en Siria “han logrado un gran avance en restablecer nuestra severamente dañada credibilidad ante el mundo”. Cotton indicó: “En una sola noche, el presidente Trump cambió las tornas. Le demostró al mundo que cuando EEUU lanza una advertencia, hará valer sus palabras con acciones... Ya que nuestra credibilidad ha sido restaurada, EEUU puede volver a su ofensiva alrededor del mundo”.

Las afirmaciones de Cotton dejan claro que el ataque químico fue tan solo otro pretexto fabricado para llevar a cabo una intervención armada. Una y otra vez, se ha demostrado que las potencias imperialistas han inventado acusaciones de crímenes de guerra para justificar su agenda neocolonial y depredadora.

El gobierno de Asad, cuyas fuerzas han estado a la ofensiva, no tenían nada que ganar de un ataque químico contra enemigos que se están replegando. Estados Unidos, al contrario, tenía motivos políticos obvios. La CIA y el Pentágono querían una justificación para atacar al gobierno sirio con fines geoestratégicos.

Ahora que lo han hecho, Cotton se jactó: “Le hemos recordado a amigos y enemigos que Estados Unidos no sólo posee un poder sinigual, sino que lo usará nuevamente para proteger nuestros intereses, aspiraciones y aliados”.

La segunda razón detrás de la escalada militar concierne las preocupaciones por la profundización de la crisis y la inestabilidad en toda Europa y EEUU. La Unión Europea (UE) y la OTAN se están resquebrajando en medio de un auge de movimientos nacionalistas alrededor de la salida de Reino Unido de la UE o Brexit.

La confrontación con Rusia será un factor “unificador”. Chris Coons, el senador demócrata de Delaware, detalló este punto la semana pasada en la Institución Brookings como parte de su charla titulada “¿Estamos en guerra con Rusia?”. Coons indicó que “el orden internacional encabezado por EEUU” está siendo amenazado por Rusia, que “se beneficia directamente de la elección de mandatarios europeos que apoyen un nacionalismo intolerante y que comparten su oposición a una UE cohesionada y a una OTAN fuerte”.

Según Coons, “El régimen de Vladimir Putin está logrando hoy día lo que la Unión Soviética pretendió alcanzar en 1950... Está destruyendo la unidad de Occidente, aislando a EEUU y alejando a la gente de Occidente de nuestros gobiernos”. Además, “está socavando la confianza entre estadounidenses, en nuestras instituciones y en la propia credibilidad de nuestra democracia”.

Este intento de Coons de atribuirle al gobierno de Putin la ruptura de la UE y el descontento social en Europa y EEUU es completamente absurdo. Las decenas de millones de trabajadores cuyos niveles de vida se están desplomando no necesitan que Putin les haga saber que el sistema político y económico les ha fallado.

Dentro de EEUU, el Partido Demócrata, aliado con las cabecillas militares y de inteligencia, está protagonizando el proceso de agitar histeria antirrusa con las intenciones de mantener a Europa bajo control y redirigir las tensiones sociales dentro de EEUU hacia un conflicto militar en el exterior. A raíz de los bombardeos contra Siria, los demócratas dejaron de lado sus críticas ocasionales de las políticas domésticas de Trump y se han enfocado en elogiar a la Casa Blanca y exigir una política más consistente contra Asad y Rusia.

De forma ominosa, Coons expresó estar preocupado por encuestas recientes que muestran que, “sólo la mitad de todos los estadounidenses cree que Rusia realmente interfirió en las elecciones presidenciales”, incluso después de que “toda la comunidad de inteligencia estadounidense dejara claro que Rusia intervino en el proceso electoral”. El Congreso estadounidense, aseveró, tiene que “entender cuál es la naturaleza de nuestro conflicto con Rusia y asegurarse que el pueblo estadounidense comparta ese entendimiento”.

¿Y si la gente no “comparte ese entendimiento”? Entonces, culpan a la “propaganda enemiga” e ilegítima.

La clase gobernante estadounidense tiene razón en estar preocupada sobre la conciencia de las masas. Las mismas contradicciones que desencadenan guerras imperialistas en el sistema capitalista mundial crean las bases objetivas para la revolución socialista, las cuales toman la forma una intensificación de las luchas de clase en todo el mundo. En EEUU, las consecuencias de una campaña militar contra Rusia conllevarán a un sentimiento generalizado de ira y ultraje. Amplios sectores de la clase obrera y la juventud cargan un gran escepticismo y un odio imperecedero hacia la élite política y la prensa.

Sin embargo, el principal peligro en la actualidad es que dicha oposición no está organizada políticamente. Las decisiones están siendo tomadas tras bastidores, mientras que el grueso de la población no tiene idea de lo catastróficas que son las consecuencias de dichas políticas. Ningún medio corporativo ha ofrecido una evaluación crítica de la propaganda estatal. Y asimismo, todo el espectro político oficial apoya la campaña de guerra del imperialismo norteamericano.

Sea cual fuere el resultado inmediato de los bombardeos en Siria, los eventos mundiales están moviéndose rápidamente en dirección de otra guerra mundial. Esta realidad tiene que animar internacionalmente una intervención políticamente consciente de la clase obrera para acabar de una vez y por todas con el imperialismo y con la división del mundo en Estados nación para poder reorganizar la sociedad sobre cimientos socialistas.

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La guerra de Trump

Lun, 10/04/2017 - 14:30

Atilio Borón, Alainet

Acosado por sucesivas derrotas en el Congreso –el rechazo a su proyecto de eliminar el Obamacare– y en la Justicia, por el tema de los vetos a la inmigración de países musulmanes, Donald Trump apeló a un recurso tan viejo como efectivo: iniciar una guerra para construir consenso interno. El magnate neoyorquino estaba urgido de ello: su tasa de aprobación ante la opinión pública había caído del 46 al 38 por ciento en pocas semanas; un sector de los republicanos lo asediaba “por izquierda” por sus pleitos con los otros poderes del estado y sus inquietantes extravagancias políticas y personales; otro hacía lo mismo “por derecha”, con los fanáticos del Tea Party a la cabeza que le exigían más dureza en sus políticas anti-inmigratorias y de recorte del gasto público y, en lo internacional, ninguna concesión a Rusia y a China. Por su parte, los demócratas no cesaban de hostigarlo. En el plano internacional las cosas no pintaban mejor: mal con la Merkel durante su visita a la Casa Blanca, un exasperante subibaja en la relación con Rusia y una inquietante ambigüedad acerca del vínculo entre Estados Unidos y China. Con el ataque a Siria, Trump espera dotar a su administración de la gobernabilidad que le estaba faltando.

Los frutos de su iniciativa no tardaron en aparecer. En el flanco interno, el chauvinismo y el belicismo de la sociedad y la cultura política norteamericanas le granjearon el inmediato apoyo de republicanos y demócratas por igual. Quien antes aparecía como un peligroso neofascista o un incompetente populista emergió de los escombros de la base aérea de Al Shayrat como un sabio estadista que “hizo lo que debía hacer”. Tanto la impresentable Hillary Clinton como el anodino John Kerry no ahorraron elogios al patriotismo y la determinación con que Trump enfrentó la inverosímil amenaza del régimen sirio, a quien se le acusó, contra toda la evidencia, de haber utilizado el gas sarín que días atrás produjo la muerte de al menos ochenta personas en un ataque perpetrado en la ciudad de Jan Sheijun.

Mentiras. Fuentes independientes señalan que esa macabra operación no pudo ser causada por Damasco sino por los “rebeldes” amparados y protegidos por Occidente, las tiranías petroleras del Golfo y el gobierno fascista de Israel. El área en donde se produjo la masacre estaba bajo el control del Al-Nusra, rama de Al Qaida que Naciones Unidas y EEUU habían calificado como terrorista. En el 2013 el gobierno sirio firmó su adhesión a la Convención para la Prohibición de Armas Químicas (OPAC) y tres años más tarde el país fue declarado territorio libre de armas químicas. Así reza el informe que esa organización elevó al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Claro está que una parte de ese arsenal pudo haber sido capturado y escondido por Al-Nusra, facilitada esta maniobra por la debacle en que estaba sumida Siria a causa de la guerra. Pero al bombardear la base aérea de Al Shayrat Washington destruyó al equipo y el arsenal militar que presuntamente podría haber probado que fue el ejército sirio quien cometió el crimen con el gas sarín.

¿Por qué destruir la evidencia que eventualmente podría culpabilizar (o inocentizar) a Al-Assad, se preguntaba la vocera de la cancillería rusa? Destruir pruebas es un delito, o por lo menos una actitud sospechosa, sobre todo si se atiende a la inevitable pregunta que hace Günter Meyer, director del Centro de Investigaciones del Mundo Árabe, con sede en Maguncia, Alemania, y que reproduce un cable de la Agencia Deutsche Welle. En cualquier película policial -asegura Meyer- cuando se investiga un crimen los detectives se preguntan quién gana y quien pierde con lo ocurrido. En este caso la pregunta tiene una clara respuesta: "De semejante ataque con gas letal solo pueden beneficiarse los grupos opositores armados” y (agrego por mi parte) sus aliados en Occidente, a la vez que sólo puede perjudicarse el gobierno sirio. Entonces, ¿por qué cometería semejante crimen? ¿Puede Al-Assad ser tan estúpido? No parece, porque de haberlo sido ya habría sido derrocado hace años.

Todas estas consideraciones fueron soslayadas por Trump. Y en esto el outsider demostró no serlo tanto porque siguió al pie de la letra el guión al cual se ajustaron los presidentes que le precedieron, desde Bush padre a Barack Obama, pasando por Bill Clinton y Bush hijo: atacar, invadir, ocupar naciones usando como pretexto un torrente de mentiras y difamaciones –eufemísticamente llamadas “posverdad” por los infames manipuladores de la opinión pública mundial- que persiguen justificar lo injustificable. Todos conocemos la historia de las “armas de destrucción masiva” que supuestamente tenía en su poder Saddam Hussein y que jamás se hallaron, ni antes de la destrucción del régimen ni después. Pero la tragedia igual fue consumada a partir del 2003 porque la mentira se había arraigado en la sociedad americana. Todos sabían, además, que el único país de la región que las poseía era Israel, pero como es el gendarme regional del imperio eso es una nimiedad que se oculta cuidadosamente ante los ojos de la opinión pública y que intencionadamente marginan de sus análisis los más sesudos especialistas.

Con el ataque del viernes pasado Washington violó, por enésima vez, la Carta de las Naciones Unidas, demostrando más allá de toda duda que el presunto “orden mundial” no es tal sino un brutal e inmoral “desorden mundial” en donde rige la máxima bárbara del derecho del más fuerte. Pero no sólo eso: Trump también violó la Carta de la OEA, que en su Capítulo 2, inciso 9, dice textualmente que “los Estados americanos condenan la guerra de agresión: la victoria no da derechos”. Sería bueno que el Secretario General de esa siniestra organización, Luis Almagro, tan preocupado por aplicar la Carta Democrática a la República Bolivariana de Venezuela tomara nota de esto y denunciara a Washington, con el mismo ardor con que enjuicia a Caracas, por su agresión a Siria.

Ante la gravedad de la situación, es obvio que Rusia no permanecerá de brazos cruzados: tiene en Siria una vital base naval en Tartus que le abre las puertas del Mediterráneo (y de ahí al Atlántico Norte) a su flota del Mar Negro anclada en Sebastopol y también una base aérea en Latakia. China e Irán también tienen intereses en juego en Siria y una Rusia cercada por tierra -con la OTAN estacionada a lo largo de toda su frontera occidental con lo que algunos observadores consideran como el mayor despliegue de fuerzas y equipos de toda su historia- y por mar si llegara a producirse la caída de Al-Assad. En tal caso Moscú no tendría sino dos alternativas: aceptar mansamente su sumisión a los dictados de Estados Unidos, cosa que obviamente no está en el ADN de Vladimir Putin y que por lo tanto jamás hará; o activar su poderoso dispositivo militar y aplicar represalias selectivas intensificando su campaña en contra del ISIS creado y protegido por Washington e, inclusive, adoptando una postura más activa en caso de una nueva agresión norteamericana. Cuesta pensar de otro modo cuando se ataca a un país como Siria que, junto a Rusia, había logrado grandes éxitos en controlar a la horda de fanáticos que sembró el terror en Siria y otras partes de Oriente Medio.

El inesperado giro de Trump (que en su campaña había divulgado nada menos que 45 tuits diciendo que “atacar a Siria era una mala idea porque podría precipitar el estallido de la Tercera Guerra Mundial”) debe poner en guardia a todos los pueblos y gobiernos del planeta porque con el ataque a Siria el mundo camina sobre el filo de una navaja. Esta actitud de vigilancia y preparación para la lucha debe ser impulsada en Nuestra América, especialmente cuando se analizan las muy recientes declaraciones del Jefe del Comando Sur, Kurt Tidd, ante el Comité de Fuerzas Armadas del Senado de Estados Unidos. En esa ocasión textualmente habló de “una creciente crisis humanitaria en Venezuela que eventualmente podría obligarnos a una respuesta regional.” Los latinoamericanos y caribeños sabemos lo que esas palabras significan y estaremos preparados para desbaratar esos planes.

Suenan los tambores de guerra en la Casa Blanca y no sería de extrañar que aparte de continuar con sus operaciones bélicas en Siria hubiera en Washington quienes crean que llegó el momento de ajustar cuentas con Corea del Norte y Venezuela, dos espinas que hace mucho tiempo Tío Sam tiene clavadas en su garganta. Cuando comienzan su periplo descendente los imperios potencian su barbarie y tratan de retrasar lo inevitable apelando a cualquier recurso, entre ellos, inventando guerras. No sería de extrañar entonces que ante este cuadro de situación, cuando son los propios estrategas imperiales los que se desvelan por tratar de detener su declinación, Trump intentara “normalizar” el mapa sociopolítico latinoamericano y del sudeste asiático recurriendo al lenguaje de los misiles. Si lo hiciera se llevaría una sorpresa enorme.

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La hillaryzación de Trump en Siria

Dom, 09/04/2017 - 17:43

Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Quizá Trump haya salvado su frágil presidencia al ceder a las intensas presiones del Deep State, pero ya perdió su alma al transformarse en la viva imagen de Hillary Clinton, quien festejó, junto al pugnaz senador John McCain, el bombardeo punitivo de una base aérea siria con 59 misiles crucero, que cobró la vida de 10 civiles, entre ellos cuatro niños, lo cual disparó las acciones de su fabricante, Raytheon (https://goo.gl/HDC7uP).

Si la llegada del trumpismo constituyó un golpe de Estado militar silencioso, ahora el Deep State profundiza el golpe militar al haber deslactosado a Trump y orillarlo a implementar en Siria políticas contradictorias, a grado tal que hoy parece un vulgar socio de la derrotada Hillary.

Los multimedia de Estados Unidos, hostiles a Trump, se refocilaron con la mirífica tecnología militar estadounidense (https://goo.gl/v8rMJi) que, a su juicio, sigue siendo la mejor del mundo, pero solamente pusieron en tela de juicio su legalidad al no contar con el beneplácito del Congreso ni de las leyes internacionales ni de la Carta de las Naciones Unidas. ¡Nada más!

El New York Times ( NYT) considera, no sin goce, que el bombardeo “puso en riesgo las relaciones de Washington con Rusia (https://goo.gl/gx2bgW)” cuando los aliados de Estados Unidos en Europa e Israel, Turquía y Arabia Saudita felicitaron a Trump.

El Pentágono previno con una hora de antelación al ejército ruso del inminente bombardeo.

Según los rusos, 23 de los 59 misiles crucero atinaron al blanco, lo cual demuestra una extremadamente baja efectividad.

Llamó la atención que Trump ordenó el bombardeo el jueves por la tarde, antes de recibir en una cena al Sr. Xi (sic), lo cual es una grave afrenta hospitalaria (https://goo.gl/fIH21Z) para el mandarín milenario, con lo que, quizá, Trump busca romper la alianza estratégica de China y Rusia.

El editorial del NYT, íntimo de George Soros, pregunta ¿Qué sigue? y refiere que los estudios muestran que golpes militares aislados consiguen muy poco cuando se requiere de una “estrategia integral y la autorización del Congreso (https://goo.gl/ZOcG0F)”.

La congresista hawaiana Tulsi Gabbard, del Partido Demócrata, boicoteada por los multimedia, fustigó el bombardeo ilegal que refuerza a Al Qaeda y a otros terroristas, y es una confrontación directa de Washington con Rusia, que puede llevar a una guerra nuclear, y se lamenta que haya ocurrido “sin esperar la colección de evidencia en la escena del envenenamiento químico (https://goo.gl/nQbkm7)”.

Para Trump, como lo fue para Bill Clinton en Serbia, los Bush en Irak, la dupla Obama/Hillary en Libia, ahora se es culpable hasta no demostrar la inocencia del bombardeado.

El texano Ron Paul, anterior congresista y tres veces candidato presidencial del Partido Republicano, considera que el bombardeo constituye una victoria de los neoconservadores (straussianos), quienes “estaban aterrorizados que cundiera la paz en Siria (https://goo.gl/15kS3S)”. ¿Tantos intereses afecta la paz?

Ron Paul –cuyo hijo, el senador Rand (líder histórico del influyente Tea Party), es el peor enemigo del pugnaz John McCain–, alega que el ataque por el gobierno sirio en Khan Seikhoun es una operación de falsa bandera: no hace ningún sentido que Bashar al Assad haya usado armas químicas cuando estaba a punto de conseguir un triunfo sobre los yihadistas (https://goo.gl/NsYZ0r). En el debate sobre el ataque a Siria, Steve Bannon, expulsado un día antes del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, perdió frente a Jared Kushner (JK), yerno de Trump (https://goo.gl/0tL9IJ).

Más que el ultra-ortodoxo judío JK, quien financió al ejército de Israel y a los ilegales colonos expan-sionistas (https://goo.gl/SX8Uco), el gran triunfador es Netanyahu, quien exclamó jubiloso que el bombardeo resonaría no solamente en Damasco, sino también en Teherán (sic), Pyongyang (sic) y en otras partes (sic).

¿A poco Netanyahu es más poderoso en la Casa Blanca que en Israel?

El polémico yerno JK, nuevo supermán israelí-estadounidense (https://goo.gl/D3fApM), estuvo en Irak en una misión secreta tres días antes del bombardeo(https://goo.gl/VgwF1L). Para preparar y triangular el bombardeo con el Mossad?

Anshel Pfeffer (AP), del rotativo israelí Haaretz, festeja el bombardeo, que ocurrió horas antes de una llamada entre Netanyahu y Putin, quien protestó las acusaciones sin base de Israel contra Siria.

AP confiesa el papel de Israel que proporcionó gran parte de los supuestos datos del ataque con armas químicas a Khan Seikhoun. Debka, vinculado al Mossad, se había dado el lujo de anunciar un día antes cómo “EU y Rusia debatieron el límite del bombardeo contra Assad (https://goo.gl/DVaYn8)”.

Un día después del ataque, Debka alega que es muy posible que Trump y Putin acordaron los límites del bombardeo punitivo y recuerda que tampoco “Rusia respondió al ataque aéreo de Israel el 17 de marzo en la base aérea del norte de Siria (https://goo.gl/7AYF8g)”.

La razón por la cual los complejos antiaéreos rusos S-300, S-400 y Pantsir-S1, que dependen del ejército ruso en Siria no fueron usados porque hubieran llevado a una guerra nuclear.

Siria es teatro de bombardeos periódicos por Israel y Turquía y tampoco Rusia los ha repelido porque solamente resguardan sus instalaciones y personal.

El analista Nikita Smaguin, editor de Irán Hoy, comenta que el bombardeo deterioró las relaciones de Rusia con Estados Unidos y afecta el complicado proceso de paz de Siria cuando Trump e Israel tienen también en la mira a Irán y a Hezbolá.

Para muchos analistas rusos Trump distrae la situación catastrófica de refugiados civiles en Mosul (https://goo.gl/EhKUYd).

Konstantin Kosachov, jefe del Comité Internacional del Senado ruso, sentenció que la fuerza aeroespacial de Rusia no se involucrará en acciones militares contra Estados Unidos a menos que exista una amenaza directa a la seguridad de los soldados rusos desplegados en Siria (https://goo.gl/JK0FBL).

Dos días después del ilegal bombardeo estadunidense contra un país soberano se nota que Trump comienza a diluir su vino bélico y elude una confrontación directa con Rusia.

El bombardeo pone en riesgo la lucha conjunta contra el terrorismo y beneficia a los yihadistas de Al Qaeda/Al-Nusra a quienes Trump pretende combatir.

A iniciativa de Washington, no se ha roto el diálogo entre Washington y Rusia cuando los cancilleres Lavrov y Tillerson han discutido por teléfono el ataque de Estados Unidos a la base aérea siria de Shairat.

Lavrov recalcó a Tillerson que los informes del uso de armas químicas por Damasco son falsos (https://goo.gl/qkPni7).

El barómetro del deterioro de la relación bilateral de Estados Unidos y Rusia lo marcará la próxima visita del secretario de Estado, Rex Tillerson, al Kremlin, cinco días después del bombardeo a Siria, cuando ya el excéntrico canciller británico Boris Johnson acababa de cancelar su visita a Moscú para presionar a Washington y elevar la puja bélica.

Dejo en el tintero la reacción de China al bombardeo ilegal que eclipsó la trascendental visita del mandarín Xi a la mansión de Trump, cuando, quizá, el bombardeo fue una clara advertencia a Corea del Norte y a Irán, como anunció el profeta paleo-bíblico Netanyahu.

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Ann Pettifor: "el euro no es un sistema viable"

Sáb, 08/04/2017 - 17:11

Andrés Villena, CTXT

La economía dominante no perdona a los disidentes. Pese a que han sido muchos los economistas que, con gran acierto, previeron la crisis financiera, pocos han contado con la oportunidad de explicarla a una audiencia masiva. La consecuencia principal es que no hemos aprendido las principales lecciones. Una de éstas reside en la verdadera naturaleza del dinero. Ann Pettifor (Sudáfrica, 1947), directora del Policy Research in Macroeconomics (PRIME) y profesora honoraria de la City University de Londres, ha publicado La producción del dinero. Cómo acabar con el poder de los bancos (Los libros del lince, 2017), un brillante y accesible ensayo que desvela qué es el dinero y por qué no lo hemos sabido hasta ahora. Según Pettifor, tenemos mucho más poder del que pudiéramos imaginar, de modo que el “sí se puede” podría incluso adquirir categoría científica.

Si tuviera solo unos minutos para transmitir a la gente un mensaje sobre lo que el dinero es en realidad, ¿qué mitos dañinos trataría de derribar?

Creo que el más dañino es la concepción del dinero como una mercancía, como el oro, la plata… o el propio bitcoin. El dinero, en realidad es, esencialmente, una “promesa para pagar”. Lo que ha pasado es que el oro o la plata, en algunas ocasiones, han representado esa promesa. Es muy importante, para las mujeres en particular, una correcta comprensión del dinero, porque no es algo complicado. Cuando llevas tu tarjeta de crédito a una tienda, no la intercambias por una cámara de fotos, sino que la muestras y, al hacerlo, demuestras que se puede confiar en ti porque tienes un acuerdo con un banco. Esta confianza es lo que te otorga poder adquisitivo para comprar y lo que permite que el vendedor venda. Y tiene algo de magia, porque cuando utilizas la tarjeta, creas dinero de la nada, lo cual es maravilloso y, por ello, ha de ser correctamente regulado. Es importante que las mujeres sepan que nuestro sistema monetario ha sido capturado por una pequeña élite mayoritariamente compuesta por hombres.

Y, ¿cómo explicaría en términos sencillos esta captura del sistema monetario?

Imagina un pueblo de la antigüedad… por entonces ya existía el crédito. Imagina a una peluquera y a un hombre que se dedica a reparar los tejados. El hombre va a que la peluquera le corte el pelo y, a cambio, le promete pagarle reparándole el tejado. En el pueblo hay alguien en quien todo el mundo confía, pongamos, un sacerdote. Este le dice al hombre: “Tienes que cumplir tu promesa; si no lo haces, voy a ir a por ti”. Y entonces el hombre le repara el tejado a la peluquera. Pero la peluquera empieza a acumular diversas promesas de pago porque le ha cortado el pelo a mucha gente y su hijo, que está apostando en la plaza del pueblo con sus amigos, le pide la caja que contiene las promesas y le promete que va a apostar con ellas y que le va a devolver una cantidad aún mayor. Y ella le cree. Él se lo juega todo, lo pierde y vuelve a casa sin nada. Eso es nuestro sistema financiero: ¿dónde estaba el sacerdote para vigilar lo que estaba pasando? Nuestros economistas nos dijeron que no nos preocupáramos y determinadas personas se han apostado todas nuestras pensiones y ahorros y, además, los han perdido.

Es un ejemplo claro. Dice que siempre ha existido el crédito. Pero, ¿y el trueque? Está en todos los libros de texto de Economía…

Los arqueólogos corroboran que hemos tenido sistemas crediticios desde hace más de cinco mil años; el trueque ha sido una excepción y se practicaba solamente con alguien a quien no conocieras, alguien en el que no confiaras. Lo normal ha sido siempre el crédito. El dinero es crédito. El problema es que si te crees que el dinero es como el oro, la consecuencia inmediata es que creerás que existe únicamente una determinada cantidad de dinero.

Lo que lleva automáticamente a esa idea de escasez tan propia de los economistas clásicos…

Exacto. Ten en cuenta que el dinero es un conjunto de promesas que yo realizo, y como ser humano puedo realizar muchas actividades para satisfacer una promesa. Si nuestra actividad económica queda limitada por la cantidad de oro existente, entonces aquellos encargados de gestionar el dinero nos dirán que “no hay dinero” para financiar un hospital, otra escuela, etc. Los hombres que controlan el sistema financiero actual quieren que pensemos que hay una cantidad finita de dinero, cuando en realidad no es finita, en absoluto. Si podemos físicamente construir un hospital porque tenemos los recursos físicos y humanos, eso quiere decir que podemos hacerlo… y el dinero es el sistema social que nos permite llevarlo a cabo. Ahora bien, dado que es una herramienta poderosa y mágica en cierto sentido, es imprescindible que esté bien regulado: somos humanos e imperfectos, incumplimos promesas, engañamos... Hace falta un jefe de la tribu, un sacerdote o lo que sea para garantizar que las promesas se cumplan. La Iglesia, las leyes y los tribunales han controlado estas relaciones durante siglos, haciendo posible un sistema monetario que no habría podido existir de otra manera.

Podemos hacer lo que queramos… Pero si imprimimos dinero de manera poco prudente, provocaremos inflación…

Eso está muy marcado en la población. Si volvemos al pueblo antiguo del principio, imaginemos que la peluquera promete cortarle el pelo a todo el mundo en un día, algo que es imposible porque no tiene la capacidad física para realizarlo. Entonces se llega a la situación en la que dicha peluquera recibe demasiado dinero, pues ha hecho demasiadas promesas para los servicios que podía prestar. Entonces se produce inflación; del mismo modo, si dice que ya no puede cortar más el pelo a la gente, la cantidad de dinero se reducirá enormemente. Si haces más promesas de la cuenta o menos, incrementas o reduces la oferta monetaria, causando inflación o deflación, respectivamente.

Además, es importante no decir eso de “imprimir dinero”, porque el dinero no se imprime apenas. El 97% de las promesas de pago toman la forma de una tarjeta de crédito o de débito. Se trata de dinero bancario, intangible. El sistema debe estar bien gestionado. En España, por ejemplo, no se invierte, no se crea empleo, no se innova… no se hacen muchas de las cosas que se tendrían que estar haciendo para luchar contra el cambio climático. Y nos dicen que es porque “no hay dinero”. Eso es ridículo. La idea de la escasez nos obliga a pensar que existe una determinada cantidad de dinero gestionada por alguien, un grupo de hombres que no nos da dinero porque hemos sido traviesos, como si fuéramos niños: eso es economía primitiva. Los bancos centrales no imprimen nada más que una mínima proporción del dinero que se utiliza. Desde que el Banco de Inglaterra fuera creado en 1694, sabemos que el sistema monetario funciona de otra manera completamente distinta, pero siempre ha habido un grupo de economistas que ha argumentado que el dinero residía en la cantidad de oro o de plata existente y que, por tanto, era finito.

Entonces la idea de la creación del dinero no es tan intuitiva… Hay que saber explicarla bien…

Esa idea monetarista de que es el banco central el que imprime el dinero es una mentira terrible. ¿Sabes quién “imprime” dinero? Tú y yo. Cada vez que pedimos un préstamo, ayudamos a crear dinero. El banco tiene poder sobre mí, por supuesto: puede evaluarme y no concederme un préstamo, pero yo también puedo renunciar a pedirlo y el dinero no se creará. Todos somos creadores de dinero. Por eso, si la economía está mal y no tenemos confianza en ella, si no invertimos, entonces la oferta de dinero se contrae; por el contrario, cuando nos sentimos seguros sobre la economía o sobre nuestros políticos, como en 2007, entonces pedimos mucho dinero prestado y la oferta monetaria crece. Y esto es algo que muchos economistas no quieren entender. Pero hay más: el gobierno es también un prestatario que, al pedir dinero prestado, aumenta la oferta monetaria. De hecho, la tragedia de la “austeridad” es que ahora nos falta confianza, no pedimos prestado ni invertimos, muchos no trabajan, la oferta de dinero se contrae y, encima, el gobierno intenta deprimir aún más la economía. La combinación de la desconfianza y la austeridad gubernamental es la que provoca la devastación que supone la tasa de desempleo juvenil en España. Es una tragedia que, además, nos ha sido impuesta por los gobiernos, por el Banco Central Europeo y por la élite europea. ¿Por qué pasa esto? Porque las mujeres no entienden el problema y les dejan hacer.

Y lo que hacen, ¿lo hacen por ignorancia o lo hacen por ideología?

Se trata de una ideología, entendiendo esta como un conjunto de ideas que satisfacen a los intereses establecidos. Es posible que a alguien que no sea economista le cueste mucho entender lo que voy a decir a continuación: por lo general, los economistas no entienden ni explican el dinero, ni la deuda ni los bancos. Es algo que no aparece ni siquiera en los libros de texto. Incluso Paul Krugman, que es un buen economista en muchos sentidos, explica el dinero a partir del hecho de que el ahorrador deposita dinero en un banco y después llega otra persona y lo pide prestado. ¡Es una idea medieval! ¡Eso no pasa desde 1694! ¿Cómo es posible que alguien tan inteligente que sabe de economía no entienda eso?

Pero entonces hace mucho más daño Krugman difundiendo estos mitos sobre el dinero que cualquier economista ultraliberal…

¡Exactamente! Hemos tenido discusiones con Krugman y llega un punto en el que no quiere escuchar. Incluso he llegado a oír a un experto del Fondo Monetario Internacional afirmar que el dinero “es un asunto de tercer orden”. La profesión está en crisis: ¡es como si los físicos no comprendieran la ley de la gravedad! John Maynard Keynes, que era un capitalista anticuado que quería salvar al capitalismo de sí mismo, sí entendió la naturaleza del dinero, y le costaba mucho explicárselo a los demás. Es algo que nos provoca mucha emocionalidad, al estar tan relacionado con nuestra supervivencia.

El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, ha sido expuesto por los medios como el salvador del euro. Sin embargo, usted asegura que las políticas del BCE solo favorecen a los ricos. ¿Por qué?

En primer lugar, hemos de dar cierto crédito a Draghi, porque proporcionó confianza al tiempo que los planes de austeridad estaban dañando enormemente las economías nacionales. Pero es que él no puede hacer más, no tiene más herramientas y lo único que ha hecho ha sido rescatar a los banqueros. El QE (la expansión cuantitativa) ha permitido a los ricos pedir más dinero prestado para comprar activos como terrenos, pisos en Londres, obras de arte, etc. Solo los ricos pueden pagar estas cosas. Compran un picasso por 300.000 euros, lo ponen en una galería acorazada en Dubai y se compran otro por 600.000, manteniendo el primero como colateral. Entretanto, hay mucha gente parada debido a la austeridad y esto explica el enorme incremento de las desigualdades.

Entonces no hay efecto “trickle down” (goteo de riqueza hacia las clases populares), para variar…

En absoluto. Mario Draghi ha ayudado a los bancos a incrementar sus préstamos y sus activos, pero no ha hecho que estos bancos presten en la economía nacional. Por ejemplo, los bancos españoles no están prestando en España sino en el resto del mundo. No prestan a la economía real porque no ven rentabilidad y, además, no tienen confianza debido a las políticas de austeridad. Yo tampoco prestaría en una economía tan débil: como banquera, estaría asustada. Y además, los bancos no están limpios del todo: mantienen muchas deudas. Para colmo y, a pesar de que son los contribuyentes los que los rescataron, los bancos están apostando –como los jóvenes del pueblo del ejemplo– y especulando con el dinero. Y esto no lo ha podido arreglar el Banco Central Europeo: aquí tiene que entrar la política fiscal.

Hablando de la eurozona, la pregunta del millón para España, que aún no nos atrevemos a hacer en voz alta, es si nos iría mejor fuera del euro. ¿Qué opina sobre este tabú?

Hay un fuerte sentimiento en Europa de unión y de paz, principalmente por el sufrimiento padecido durante las dos guerras. Nadie quiere que eso se repita. Pero ahora Alemania domina la Unión Europea. Existe una separación entre el poder monetario y el fiscal que no sucede en el Reino Unido, donde el Banco de Inglaterra apoya al gobierno, manteniendo los tipos de interés al mínimo.

Pero es que encima, dirigentes como el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, demuestran con sus afirmaciones xenófobas que la arquitectura institucional de la zona euro no va a cambiar en absoluto…

Aquí se ve la ideología dominante en toda su plenitud: es obsceno considerar que naciones enteras estén formadas por perdedores y por mujeriegos. Soy una gran seguidora de la obra del economista John Law. Este, en 1704, se quejaba de que a los escoceses se les considerara perezosos y bebedores; Law replicaba afirmando que esto se debía en realidad al mal funcionamiento del sistema monetario. Law, antes que Adam Smith, entendió el sistema monetario y descubrió que era este el que hacía menos productivos a los escoceses. Desgraciadamente, trescientos años después esta ideología sigue viva.

¿Cree, entonces, que España podría organizarse mejor con una moneda propia?

Yo no abogo por una salida del euro, porque esto podría ser enormemente destructivo para España, ya que acumularía mucha deuda en una moneda fuerte… He estado muy activa en la Campaña por el Jubileo de la Deuda, defendiendo que hay una serie de países que no pueden pagar sus deudas y sobre los cuales la deuda permanece, limitando extraordinariamente su capacidad para desarrollarse. La Ley de Bancarrota impide que los responsables de las empresas que entran en esta situación vayan a la cárcel; la ley les protege, pero esto no pasa en modo alguno con los países. Debería haber un marco para resolver estas situaciones y, si España dejara el euro y se produjera una crisis de deuda, se debería poder arbitrar un mecanismo para resolver cómo se originaron determinadas deudas y quién es el responsable de cada una. Por otra parte, aunque la salida del euro por parte de España sería dramática, tampoco creo que el euro sea viable: demasiados intereses divergentes, tensiones sociales, desempleo, malestar y, además, el auge del fascismo.

Nuevos fascismos. ¿La victoria de Donald Trump o la amenaza de Marine Le Pen responden, en el fondo, a deudas que no pueden pagarse?

Sí. Yo no soy muy crítica con los votantes de Donald Trump, ya que respondieron a alguien que prometió protegerlos, algo que Clinton no hizo. Su victoria es el resultado de una financiarización descontrolada de la economía, de la que se beneficia una pequeña élite que lo controla todo, igual que en 1929.

Aboga por un control público de las finanzas, pero incluso determinadas posiciones de la izquierda afirman que el Estado “es mal empresario y peor banquero”. Y luego están las fugas de capital…

Lo que pasa es que el Estado ha sido corrompido por el sistema financiero, que ha corrompido la vida social al completo, fíjate incluso en el deporte. Y respecto a la fuga de capitales, si bien es cierto que hemos permitido que los jovencitos que jugaban en la plaza con el dinero de la peluquera se lo llevaran a todas partes, también es cierto que deberíamos traer ese capital de vuelta. Nos van a decir que no se puede porque estos capitalistas tienen mucho poder, pero nosotros tenemos mucho poder también. Fíjate que los ricos van a Londres a realizar los contratos porque, como hemos visto, son el sistema legal y el judicial los que protegen los contratos de “promesas de pago”. Esa ley no te protege igual en países como Rusia, Filipinas o India. Entonces los ricos de estos países se vienen a Londres, que es precisamente donde con el dinero de los contribuyentes se han creado sistemas legales que protegen sus contratos financieros. A estos ricos hay que decirles que si utilizan nuestra infraestructura para que la ley les proteja, entonces tienen que traer el capital aquí y pagar los impuestos correspondientes. Y si no, no les permitiremos utilizar esta cobertura legal.

Los contribuyentes lo financiamos todo: la policía, el sistema legal, el judicial… los ricos utilizan lo que nosotros hemos construido y no pagan nada a cambio. Es el momento de que nos demos cuenta de nuestro poder y de que podemos impedirles utilizar de esa forma instituciones financiadas y construidas con nuestro dinero. Si quieren dinero fácil del Banco Central Europeo, entonces tienen que traer de vuelta sus capitales. Toda política requiere de límites y fronteras: si vives en EEUU, no puedes recibir una pensión inglesa. Las fronteras son importantes, pero la gran finanza odia estas fronteras, estos límites. Y tenemos que marcárselos.

Una última pregunta: ¿cree que Bankia podría ser nuestro primer banco público en un proceso de recuperación de las instituciones financieras si nos lo propusiéramos?

Por supuesto. De hecho, si no fuera por el BCE, todos los bancos estarían en bancarrota. En realidad, es como si todos los bancos estuvieran nacionalizados: el problema es que no ejercemos ningún poder sobre estos. Se comportan como si los contribuyentes no los hubieran salvado, y esto es culpa nuestra. Es una nacionalización legal que tenemos que convertir en real. No soy contraria a los rescates, pero sí creo que hay que ponerles términos y condiciones. Al no pedirles nada a cambio, no se pueden creer la suerte que han tenido y, como un niño mimado, están haciendo lo que les da la gana, y encima no se les castiga, por lo que perderán el control. El sistema financiero lo ha corrompido todo.

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El mundo se tambalea al borde de la guerra

Ven, 07/04/2017 - 18:12

Andre Damon, WSWS.org

El martes, varios funcionarios estadounidenses hicieron declaraciones extraordinarias y provocativas contra Corea del Norte, poniendo en manifiesto que el peligro de una gran guerra en el Pacífico es cada vez mayor.

“El tiempo se ha agotado y todas las opciones están sobre la mesa”, le comentó un oficial de Washington a la prensa, refiriéndose al conflicto con el país asiático. Después de que el gobierno norcoreano probara otro misil balístico disparándolo al mar de Japón la noche del martes, el secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, comunicó ominosa y superficialmente que, “EEUU ha dicho lo suficiente sobre Corea del Norte. No tenemos más comentarios”.

Las implicaciones de estas enigmáticas amenazas fueron dilucidadas por el exgeneral John “Jack” Keane, un importante asesor de la campaña de Hillary Clinton que rechazó en noviembre la oferta de Trump de convertirse en secretario de Defensa.

“Un ataque preventivo contra instalaciones de lanzamiento, instalaciones nucleares subterráneas, artillería y cohetes de respuesta y sitios de liderazgo del régimen podría ser la única opción que queda sobre la mesa”, le dijo Keane al diario London Times el martes. “Nos estamos acercando rápido y peligrosamente a una opción militar”.

El sábado pasado, el presidente estadounidense, Donald Trump, declaró estar dispuesto a ir “unilateralmente” a la guerra contra Corea del Norte.

El mismo fin de semana, el exsecretario de Defensa estadounidense, Ashton Carter, quien apoya la escalada militar estadounidense contra China y Corea del Norte, describió lo que implicaría una operación militar contra Corea del Norte, “cuya intensidad de violencia no hemos visto desde la última Guerra de Corea”. En esa guerra murieron casi tres millones de personas.

A pesar de que la Casa Blanca está amenazando con iniciar un conflicto militar de gran escala en el Pacífico, la prensa estadounidense ha reclamado una nueva escalada en Siria en respuesta a un presunto ataque con armas químicas por parte del gobierno de Bashar al Asad.

EEUU, Reino Unido y Francia introdujeron una resolución en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas condenando el ataque prevista para una votación el miércoles. Trump condenó las “acciones atroces del régimen de Bashar al Asad” en un comunicado donde responsabiliza la “debilidad” de su predecesor, Barack Obama.

Actualmente, están siendo desplegados cientos de soldados adicionales a Irak y Siria, a pesar de que no ha habido ninguna discusión pública o debate al respecto. Un portavoz del Pentágono le indicó al periódico Los Angeles Times que, “La coalición no anuncia ni confirma rutinariamente la información sobre la capacidad, los números, la ubicación ni el movimiento de las fuerzas dentro o fuera de Irak y Siria”.

Trump recalcó este punto en una entrevista con el diario londinense Financial Times este fin de semana: “Yo no soy el EEUU del pasado cuando te decíamos dónde íbamos a atacar en Oriente Medio... ¿Por qué hablan? No hay por qué hacerlo”.

El violento conflicto en Siria y el posible “ataque preventivo” contra Corea del Norte son, de hecho, combates indirectos entre EEUU y sus principales adversarios geopolíticos, China y Rusia. Sin embargo, Washington ya está adoptando una postura militar más directa y agresiva contra ellos.

El fin de semana, llegaron 1.350 tropas más de la OTAN a Orzysz, en el noreste de Polonia. Según Tillerson, estas tropas, junto con las miles de otras que la OTAN ha estacionado a lo largo de Polonia, Estonia, Letonia y Lituania, han sido enviadas para contrarrestar “la agitación violenta de Rusia y la agresión rusa”.

En los próximos días, se espera que Trump intensifique aun más las tensiones con Rusia cuando anuncie su respuesta a presuntas violaciones rusas del Tratado de Fuerzas Nucleares de Distancia Intermedia, mientras los medios de comunicación como el New York Times piden a gritos que ésta sea la ocasión para recrudecer la escalada militar contra este país.

El viernes pasado, Trump también firmó dos órdenes ejecutivas que avanzan la agenda de guerra comercial de su administración contra China y manifestó que su reunión esta semana con el mandatario chino, Xi Jinping, será “difícil”.

Asimismo, la Casa Blanca ha agravado las tensiones con su aliado de la OTAN, Alemania. El viernes pasado, les exigió a todos los miembros de la OTAN aumentar sus gastos militares, a lo que respondió el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Sigmar Gabriel, acusando a EEUU de querer comenzar una “guerra comercial” y pidiéndole a la Unión Europea quejarse formalmente ante la Organización Mundial del Comercio.

Mientras que EEUU se encuentra en el centro de los preparativos para otra gran guerra, la crisis del orden mundial dominado por el país norteamericano está atizando las disputas militares en todo el mundo.

Pocos días después de que Reino Unido iniciara oficialmente su salida de la UE en virtud del Artículo 50 del Tratado de Lisboa, dicho país y España entraron en un conflicto sobre el territorio estratégico de Gibraltar. El exdirigente conservador, Michael Howard, sugirió fuertemente el domingo que Reino Unido estaría dispuesto a luchar una guerra por ese territorio. A su vez, el contraalmirante británico, Chris Parry, añadió: “España tiene que aprender de la historia que nunca ha valido la pena enfrentarse a nosotros y que todavía podemos chamuscarle la barba al rey de España”.

Mientras tanto, Japón se está rearmando rápidamente, poniendo en uso este mes su segundo portahelicópteros. La semana pasada, el Partido Liberal Democrático (PLD) que gobierna Japón solicitó la adquisición de armas para “contraataques”, tales como portaaviones y misiles de largo alcance, a pesar de estar prohibidas por su Constitución.

India, según varios informes, ha estado modificando sigilosamente su programa nuclear. El New York Times reportó la semana pasada que el país “está considerando permitir ataques nucleares preventivos contra Pakistán en caso de una guerra”.

Como sucedió al inicio de la Primera Guerra Mundial hace un siglo, el mundo entero se ha transformado en un gran barril de pólvora. Cualquiera de estos e innumerables otros conflictos podría desencadenar una serie de acontecimientos que detone una guerra entre potencias nucleares, resultando en la muerte de cientos de miles, si no millones de personas en cuestión de horas.

El inmenso peligro de una nueva guerra mundial refleja el estado crítico en el que se encuentra el sistema del Estado-nación, desmoronándose bajo el peso de la profunda crisis del orden capitalista en su totalidad.

Las clases gobernantes capitalistas tienen una sola solución para esta irresoluble crisis: otra guerra mundial, con todos los horrores que implacaría. La clase obrera internacional debe oponerse a la guerra con su propio programa: la abolición del sistema del Estado-nación y del control privado de la producción, junto con la reorganización global de la economía en una federación socialista mundial.

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El día que Argentina se paró contra Macri

Ven, 07/04/2017 - 14:04
La CGT consideró que la medida fue contundente y reclamó diálogo y cambios en las políticas económicas de Macri. El Gobierno puso en acción el protocolo antipiquetes en la Panamericana, donde hubo represión y heridos.
Habían transcurrido 15 horas desde el comienzo del paro general cuando el triunviro de la CGT, Héctor Daer, calificó la jornada como “contundente” y reclamó diálogo pero también un cambio en las políticas económicas del presidente Mauricio Macri. Un rato antes las dos CTA, la de Hugo Yasky y Pablo Micheli, coincidieron en el análisis pero se animaron a calcular que el acatamiento fue de un 90 por ciento. El Gobierno, en tanto, no sólo minimizó el reclamo sino que reprimió con dureza los piquetes que organizaron los partidos de izquierda, especialmente en la Panamericana donde hubo heridos y detenidos.

Contenidos y sin reflejar alegría por el éxito de la medida de fuerza, los tres miembros de la conducción de la CGT, Héctor Daer (Sanidad), Juan Carlos Schmid (Dragado) y Carlos Acuña (Estaciones de Servicio), se aprestaron a evaluar la medida de fuerza en el histórico salón Felipe Vallese. Daer no sólo calificó la jornada como “contundente” sino que llamó al Gobierno a escuchar el reclamo que exige “la rectificación de las políticas económicas y sociales”. El dirigente cegetista no eludió la ironía de la frase que unas horas antes había lanzado Macri en la inauguración de mini Davos porteño: “Bienvenidos a todos, qué bueno que todos estemos acá, trabajando”, dijo el presidente. Daer respondió con un lacónico “todavía estamos triste porque hay millones de compatriotas nuestros que no tienen trabajo”.

A su turno, Acuña se concentró en la historia del paro, que incluyó la luego vetada ley antidespidos, el acta de noviembre que firmaron junto al gobierno y las centrales empresarias para evitar pérdidas de puestos de trabajo y un bono de 2000 pesos (“Los empresarios no cumplieron pero gobierno no se ocupó en buscar que eso se cumpla”), la movilización del 7 de marzo y ahora el paro, para concluir que “el presidente tiene la responsabilidad de escuchar al pueblo, el alto acatamiento es para que escuche y nosotros estamos dispuesta a acompañar para mejorar y que le vaya bien a los argentinos y no a unos pocos”.

Schmid se preocupó por desestimar la tesis desestabilizadora del gobierno macrista. “No estamos promoviendo ninguna fogata social, no está en el ánimo de los hombres y mujeres que se termine el mandato de nadie”. Luego afirmó que la CGT tiene “vocación de sostener el gobierno electo pero ello no significa resignación. No confundan nuestra prudencia con la lentitud y la espantosa ausencia de encontrar soluciones a los problemas del país”. No se olvidó de la acusación presidencial sobre la existencia de mafias en los sindicatos y por eso dijo que “si hay mafia en este país que la busquen en la especulación financiera, es allí donde van a encontrar más de un mafioso”.

Cuando los periodistas quisieron saber sobre la inexistencia, según afirmó el mismo Presidente, de un plan B en el gobierno, Daer tomó el micrófono y señaló que “no somos los que tienen que llevar un plan alternativo, no gobernamos, pero sí somos víctimas de políticas que no traen consecuencias favorables para la mayoría de la sociedad”.

El paro nacional que comenzó a la medianoche del miércoles se sintió con fuerza en todo el país y por su magnitud sorprendió a los propios organizadores. La adhesión de los gremios de transporte fue estratégico pero también resultó importante el respaldo de organizaciones empresarias y de pymes que colaboraron junto a los sindicatos a enmudecer y vaciar las zonas comerciales de cada ciudad. A pesar del esfuerzo que ejerció el gobierno, como la liberación de peajes y el libre estacionamiento en la ciudad de Buenos Aires, no consiguió contrarrestar la efectividad de la medida de fuerza.

La CGT realizó dos conferencias de prensa. Cuando se hizo la primera la Gendarmería, bajo la conducción del secretario de Seguridad, Eugenio Burzaco, ya había ordenado la represión a los piquetes que habían organizado partidos y sindicatos de izquierda. No hubo piedad con los manifestantes. Los palos, el agua y el gas pimienta lo distribuyeron sin distinción. La represión dejó heridos y detenidos.

Durante el primer encuentro con la prensa, el camionero Pablo Moyano, confió en que el gobierno reaccione y convoque a una mesa de diálogo pero advirtió: “No como ocurrió antes donde sólo era para la foto, donde se firmaban actas que luego no se cumplían. Si eso no ocurre habrá medidas más contundentes porque hasta ahora las medidas del gobierno no fueron a favor de los trabajadores. Creo que está claro que el gobierno beneficia a un pequeño sector”. Incluso pronosticó que las inversiones que la Casa Rosada anuncia no vendrán pero no por culpa del paro “sino por las políticas del gobierno que bajan la producción por la apertura de las importaciones y provocan la caída del salario. Eso ahuyenta las inversiones”.

Las dos CTA se reunieron en la sede que tienen en el barrio porteño de Monserrat donde coincidieron en calificar a la medida como “una jornada histórica”. Yasky dijo que “hay un país que plebiscitó, con la adhesión al paro, las políticas de ajuste del gobierno de Macri, que dijo basta de ponerle techo a las paritarias, de aumentos salariales por debajo de la inflación y de los numerosos despidos”. Micheli, en tanto, afirmó que “los trabajadores dieron una respuesta contundente frente a la profundización de las políticas económicas de ajuste de este gobierno y el único lugar que tuvo cero acatamiento al paro fue el ‘mini Davos’ de Macri”.

La respuesta delGobierno al paro nacional, que encima incluyó el fallo judicial que lo obliga a convocar a la paritaria nacional docente, fue la provocativa ironía presidencial, la represión a los piquetes y una ristra de declaraciones de los principales funcionarios del gobierno. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, se limitó a decir que la ausencia de transporte público impidió “a los que acompañan el cambio” ir a trabajar. Por su parte, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, dijo que el paro “fue innecesario e inoportuno” y se animó a decir que en varias provincias el paro no afectó la vida cotidiana. Sin embargo, los reportes que llegaron desde el resto del país contradicen al funcionario. Por caso, en Jujuy, uno de los distritos que con mano de hierro controla Cambiemos a través del radical Gerardo Morales, el paro tuvo un alto acatamiento al igual que en Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero, Santa Fe, Chubut, Misiones y La Rioja, entre otras (ver recuadro).
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Página 12

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Trump, Xi y la trampa de Tucídides

Ven, 07/04/2017 - 03:02

Jorge Eduardo Navarrete, La Jornada

Como acaba de advertirlo un analista británico, el presidente Xi esta familiarizado con el concepto de la trampa de Tucídides, al grado de usarlo con propiedad en ocasiones públicas y de estar consciente de que más vale no caer en ella. Gideon Rachman evoca una charla del líder chino con visitantes de Occidente en la que les sugirió, hace años, "trabajar todos juntos para evitar la trampa de Tucídides". Alude al peligro de guerra entre una gran potencia establecida a la que otra en ascenso desafía, como fue el caso de Atenas y Esparta estudiado por el clásico. Varios internacionalistas enfocan desde este particular ángulo el caso de las relaciones contemporáneas entre Estados Unidos y China. Parece que al interlocutor de Xi Jinping –en estos días, en Mar-a-Lago, Florida– no le resulta familiar en lo absoluto esta o alguna otra noción de la teoría de las relaciones internacionales o de la historia. Por suerte, el ambiente del resort peninsular del que Trump es propietario y en el que ha instalado su Casa Blanca tropical no se pensó para propiciar intercambios de tono académico. También su antecesor eligió un resort, sólo que en la costa de California, Sunnylands, para recibir por primera vez, hace cerca de cuatro años, al entonces novel líder chino.

Las conversaciones presidenciales de Mar-a-Lago se prepararon y anunciaron con contenidos y estilos muy diferentes. En Pekín, un viceministro del Exterior ofreció informaciones y comentarios a los medios. Sin ocultar los conflictos que existen, sobre todo en materia comercial y cambiaria, explicó la posición de China al respecto y expresó la esperanza de encontrar soluciones. En Washington, los empezó el presidente mismo, con la ya usual batería de tuits, seguida de declaraciones histéricas y denuncias de despojos resultantes del superávit comercial de la nación asiática. Para Trump, la reunión la semana próxima con China será muy difícil, pues no pueden tenerse déficit y pérdidas masivas de empleos ( tuit del 30 de marzo). Lo auxilió sobre todo su yerno. Ante un diplomático profesional, un diletante millonario –conflictos de intereses aparte.

La ofensiva contra el desequilibrio comercial con China se envuelve, por ahora, en el decreto –alguien sugirió traducir executive order por ucase, y no parece del todo inadecuado– expedido el viernes 31 de marzo, que ordena una investigación minuciosa de los factores que determinan la existencia de déficit para EU en el comercio bilateral, sectorial o de algún tipo específico de artículos, para adoptar las medidas correctivas del caso. Va en paralelo con otro que exige mayor rigor en la aplicación de sanciones comerciales, trátese de multas o cargos por dumping, derechos compensatorios u otra penalidad por violación de las normas comerciales. En el texto de la disposición se estima en 2 mil 300 millones de dólares el monto de las sanciones que habían dejado de cubrirse hasta mayo de 2015. Aparentemente, el faltante se explica, sobre todo, por lentitud y deficiencia recaudatoria (aunque no puede excluirse el efecto Trump: los contribuyentes que, como dijo el entonces candidato en un debate célebre, son lo bastante listos – smart– como para eludir el pago de impuestos o multas). Se hizo notar que la información estadística y analítica disponible sobre el comercio exterior de Estados Unidos es muy completa y, por lo general, oportuna. El mismo día que se divulgaron los dos decretos –que Trump consideró históricos, con su habitual desmesura–, el Departamento de Comercio divulgó su reporte anual sobre barreras al intercambio externo. Lo que estos dos ucases revelan, sobre todo, es el deseo de ganar tiempo, pues la administración, como señaló Paul Krugman, no parece tener la menor idea de hacia dónde enfocar su política comercial, más allá de proferir amenazas. Recuérdense las afirmaciones y desmentidos acerca del memorándum TLCAN del representante comercial interino de la presidencia.

Xi puede llevar a Mar-a-Lago algunas cartas de negociación interesantes. Como en diversos otros países, la actividad económica parece estar repuntando en China, no después de una fase recesiva como en Europa, sino tras una desaceleración que, siendo severa, nunca la retiró de la lista de economías dinámicas. Marzo fue el noveno mes de incremento consecutivo en la producción manufacturera, aunque el dinamismo se concentró más en las compañías que generan para el consumo nacional que en los pedidos de exportación. Ahora que el crecimiento del mercado interno es motor importante de la economía china, lo anterior se traduce en demanda adicional de importaciones, parte de las cuales puede apuntalar la producción y el empleo estadunidenses. Además, el Banco Popular de China ha marcado una senda de estabilidad para el tipo de cambio del yuan renminbi.

A más largo plazo, hacia el final del decenio, puede aparecer, con fuerza, el alza de la demanda china de petróleo de importación. Acaba de anunciarse en Singapur que Sinopec, el mayor refinador e importador de crudo de China, desea abrir una nueva frontera de suministro: Brasil, Estados Unidos y Canadá. Desde el presente año China sustituirá a Estados Unidos como principal importador mundial de crudo, y para finales de 2018 sus refinerías independientes adquirirán en el exterior hasta 2 millones de barriles diarios (mbd), para alimentar una capacidad de refinación que, al cerrar la década, llegará a 12.5 mbd. Si la demanda adicional impulsa los precios, los productores de alto costo –del subsal brasileño y del shale oil estadunidense– podrán satisfacer parte de esa demanda. En marzo de 2016 las importaciones chinas de crudo del hemisferio occidental –Brasil, Venezuela y Colombia por el momento– llegaron a 1.3 mbd. La perspectiva de crecimiento es asombrosa, sobre todo si, como quiere Trump, se olvida la preocupación por el cambio climático. Por fortuna, China no parece estar dispuesta a hacerlo.

El gran tema político para las discusiones de Mar-a-Lago es, desde luego, la RPDC y la cuestión nuclear. Trump, en su mundo de fantasía, desearía que China se hiciera cargo de Norcorea o que no se hiciera cargo. Como explicó la representante ante la ONU, China puede ejercer influencia, sancionar a Pyonyang, hacer el trabajo limpio y el sucio… Y, como explicó Trump, EU puede tomar las cosas por su cuenta… Si tal es el planteamiento y se suma otro agravio respecto de Taiwán o, de una u otra parte, algún movimiento mal calculado en el mar d el Sur de China, va a resultar muy difícil evitar la trampa de Tucídides".

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Miles de pensionistas griegos protestan contra la austeridad

Xov, 06/04/2017 - 07:30

Miles de ancianos griegos protestaron pacíficamente el martes contra mayores recortes en las pensiones, mientras Grecia permanece atascada en las conversaciones con sus acreedores sobre nuevas medidas de austeridad e impopulares reformas laborales.

Los recortes a las pensiones han sido un rasgo característico de las campañas de austeridad como contrapartida a la ayuda financiera al país. Grecia ha necesitado tres rescates multimillonarios desde 2010 para evitar la bancarrota.

Ahora Grecia está negociando nuevos recortes para mantener en vigor su rescate de 86.000 millones de euros. Representarían la decimosegunda reducción de las pensiones en siete años, un tema controvertido para el primer ministro, Alexis Tsipras, del partido Syriza que prometió combatir la austeridad cuando llegó al gobierno en 2015.

"Tsipras nos ha traicionado", dijo Stelios Vitzilaios mientras se manifestaba con otros 4.000 pensionistas por Atenas, con la ayuda de un bastón. Comenzó a trabajar cuando tenía 14 años, y ahora recibe una pensión de 550 euros al mes, 100 euros menos que antes de la crisis. Los pensionistas en el país representan a menudo el único soporte económico de los hogares, en un país donde cerca de la cuarta parte de la población activa está en paro.

Varios manifestantes dijeron que sus pensiones estaban financiando a los adultos parados de sus familias, y que tenían que apretarse el cinturón a la hora de comprar comida.

"Hemos recortado en todo. Sólo comemos judías", dijo Triainos Softsis, de 82 años. Su pensión de 800 euros se redujo a 650 euros durante la crisis, y ahora, dice, apoya económicamente a sus dos hijos y a sus nietos.

Grecia ha aceptado recortar los gastos de las pensiones ya que su rescate actual vence en 2018. Ha solicitado implementar los recortes gradualmente, a lo largo de dos o tres años. Pero Alemania y el Fondo Monetario Internacional quieren que se implementen en 2019, dijeron las fuentes.

Está previsto que los ministros de Economía y de Hacienda de Grecia viajen a Bruselas el martes para consultas con los acreedores, con la esperanza de cerrar una revisión del rescate que permita desbloquear más ayudas antes de los vencimientos de deuda que tendrá que afrontar este verano. Una pancarta resumía el sentimiento general de las protestas del martes: "No cortéis las pensiones. Cortaos la garganta".

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La anacrónica política industrial de Trump

Mér, 05/04/2017 - 13:46

Alejandro Nadal, La Jornada

Los ideólogos de la era neoliberal han insistido una y otra vez en que la política industrial es un lastre. Se le ha acusado de distorsionar los precios, de desperdiciar recursos fiscales y de ser la mejor receta para premiar a empresas y sectores perdedores en la competencia económica. Pero hoy regresa la política para el desarrollo industrial al centro del escenario con los desplantes de Trump sobre la recuperación de empleos en el sector manufacturero.

En realidad, la intervención del poder público para promover el desarrollo industrial nunca ha desaparecido. Ni siquiera en la era triunfante del neoliberalismo. Los subsidios, créditos y apoyos económicos de todo tipo para apuntalar la competitividad de alguna empresa en particular o de una rama industrial se han mantenido como una constante de la vida económica.

China siempre abrazó los instrumentos más variados de la política industrial. Desde el apoyo crediticio y los subsidios, hasta el poder de compra del Estado, pasando por la ingeniería en reversa para copiar tecnología extranjera, asimilarla y adaptarla a sus necesidades y las del mercado internacional. Por supuesto, uno de los pilares más importantes de esta política industrial fue la inversión en investigación científica y desarrollo tecnológico. A principios de este siglo China invertía 1.5 por ciento del PIB en investigación científica y desarrollo experimental (IDE), proporción bastante menor que la de los principales países industrializados. Hoy ese porcentaje ha aumentado a 2.5 por ciento, lo que sitúa a la economía china en un rango similar al de Estados Unidos. La diferencia es que Estados Unidos se ha embarcado en una política industrial anacrónica, segmentada y sin rumbo.

Recuperar los empleos viejos del sector manufacturero parece ser el objetivo primordial de la administración Trump. Pero dadas las tendencias de largo plazo en la estructura del sector manufacturero a escala mundial, es poco probable que los sectores que tienen en mente Trump y sus amigos puedan recobrar o generar los empleos perdidos. El mejor ejemplo es el de la industria del carbón y el acero. Para empezar, la mayor parte de la demanda de energía en Estados Unidos se satisface con otros energéticos. Y las dos industrias son muy intensivas en capital (requieren una inversión muy fuerte por cada empleo generado).

Así que Trump puede seguir diciendo que impidió que la Ford se llevara a México su planta de Kentucky, o puede presumir de haberle torcido el brazo a Carrier, el gigante de los equipos de refrigeración, para que no instale su planta con mil empleos en México. O puede seguir con su neoproteccionismo e imponer nuevos gravámenes sobre los productos importados desde México. Lo cierto es que esos desplantes no servirán para generar los empleos que Trump pronostica en el sector manufacturero y tampoco servirán para devolver a Estados Unidos un liderazgo industrial.

Pero hay otra vertiente de política industrial anidada en el presupuesto militar de Trump. Se recordará que el presupuesto de egresos recién enviado al Congreso contempla un incremento de 54 mil millones de dólares para gasto militar. Una buena parte de este monto se irá a las industrias que ya producen equipo militar de todo tipo, desde aviones no pilotados y misiles crucero de alta velocidad hasta submarinos invisibles y la renovación de las cabezas nucleares en el arsenal estratégico. Muchos analistas piensan que de esa inversión pueden desprenderse beneficios inesperados en términos de innovaciones tecnológicas aplicables a la industria civil.

Pero no es la primera vez que el incremento en el gasto militar contribuye a desmantelar las bases de la competitividad industrial en Estados Unidos. Entre 1960 y 1986, Estados Unidos vio reducir su participación en la producción mundial de 25 a 10 por ciento. La razón es que mientras Japón y Alemania innovaban en la introducción de máquinas herramienta de control numérico para uso genérico en la industria civil, Estados Unidos se dedicaba a diseñar sistemas automatizados para las máquinas herramienta que usaba la fuerza aérea en la producción de sus equipos y refacciones. El resultado fue el debilitamiento de la industria de máquinas herramienta de Estados Unidos y su pérdida de competitividad. Este no es el único ejemplo del impacto negativo que ha tenido el gasto militar sobre la industria en Estados Unidos, pero es un poderoso llamado de atención para dejar de creer en los ilusos comentaristas allegados al complejo militar-industrial en Estados Unidos.

Los objetivos de la política industrial de Trump nunca serán alcanzados. Y mientras Estados Unidos sigue dominado por las necesidades del sector financiero y pierde tiempo siguiendo los enfermizos tuits del señor Trump, China continúa abriendo nuevos derroteros para la industrialización en los estratégicos ramos de robótica, manufactura inteligente y nuevos materiales para energías renovables. Está bastante claro quién será el líder en manufacturas en el próximo decenio.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Trump firma la esquela mortuoria del libre comercio

Mar, 04/04/2017 - 21:30

Bernard Cassen, Le Monde Diplomatique

Para los socios de Estados Unidos, los europeos en primer lugar, Donald Trump es un elemento perturbador que, como el ariete utilizado para batir murallas, viene a embestir contra sus dogmas más sagrados. El choque es tan duro que los medios –y, en voz baja, la mayoría de los dirigentes– dudan de la salud mental del multimillonario que se ha instalado en la Casa Blanca. A modo de contribución a la celebración del sexagésimo aniversario de la firma del Tratado de Roma (25 de marzo de 1957) que dio origen a lo que es hoy la Unión Europea (UE), Trump mandó sepultar su fundamento más importante: el libre comercio.

Este aviso de defunción oficial fue proclamado los días 17 y 18 de marzo, con ocasión de la cumbre de ministros de Economía del G20 que tuvo lugar en la estación termal alemana de Baden-Baden. Por instrucción del Presidente estadounidense, el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, mandó eliminar del comunicado final de la reunión el compromiso de “luchar contra todas las formas de proteccionismo”. Este precepto era, no obstante, una fórmula ritual, siempre copiada y pegada de una cumbre a otra.

Poco importa que, en uno u otro momento de la historia reciente, la mayoría de los Estados signatarios se hayan tomado ciertas libertades con el libre comercio: este seguía siendo el pilar ideológico del orden económico mundial. Cuestionarlo significa debilitar la legitimidad de las instituciones de lo que podemos llamar la Internacional liberal: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), con la UE como víctima colateral.

Con Donald Trump, presenciamos así el regreso del Estado en la regulación de los intercambios internacionales. Una verdadera herejía para la mayoría de los actores económicos y políticos del planeta. ¿Cómo explicar este giro de 180 grados del nuevo Presidente estadounidense con relación a sus predecesores en materia de comercio? La respuesta se resumen en dos palabras que pronuncia constantemente: America First.

Donald Trump, contrariamente a los dirigentes europeos y a la Comisión, no se complica con referencias teóricas: no está ni a favor ni en contra del libre comercio o del proteccionismo. Todo depende del momento y del contexto. En la coyuntura actual, particularmente marcada por el aumento de poder de China, considera que las medidas proteccionistas servirán mejor a los intereses de Estados Unidos, pero está dispuesto a cambiar el rumbo de la noche a la mañana en caso de necesidad.

Lejos de ser un outsider, Donald Trump se inscribe en una larga tradición estadounidense de pragmatismo muy bien descrita por Ulysses Grant, presidente de Estados Unidos de 1869 a 1877: “Durante siglos, Inglaterra se apoyó en la protección, la practicó hasta sus límites más extremos, y obtuvo resultados satisfactorios. Dos siglos después, encontró ventajoso adoptar el libre comercio, pues entiende que la protección no tiene más nada que ofrecerle. De acuerdo, señores, el conocimiento que tengo de nuestro país me lleva a pensar que, en menos de doscientos años, cuando Estados Unidos haya sacado de la protección todo lo que esta puede darle, también adoptará el libre mercado”.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos impuso directa o indirectamente el dogma del libre comercio a la parte del mundo que controlaba. Los tratados europeos son un producto puro de esta lógica. Pero los tiempos han cambiado y, para Washington, la línea oficial es, de ahora en adelante, el proteccionismo. Hasta el próximo cambio de rumbo, cuando las circunstancias lo exijan… Paralizada por esas certezas casi religiosas, la UE observa pasivamente este vaivén, así como las vacas miran pasar los trenes…
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Tomado de Público

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