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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6526125
Actualizado: fai 16 horas 34 min

Referendo a la italiana y crisis bancaria

Sáb, 10/12/2016 - 08:00

Alejandro Nadal,

El sistema bancario en Italia es como un espagueti súpercocinado y mal sazonado. No se encuentra el comienzo ni el fin de cada fina tira de pasta. Todas enredadas parecen una serpiente de mil cabezas, pero todas están infectadas de un mismo mal, su cartera vencida. Lo grave es que, como Italia es la tercera economía de la Unión Europea, una crisis bancaria en ese país sería una amenaza mortal para el euro y no podrá ser barrida abajo de la alfombra.

Para el primer ministro Matteo Renzi el referendo del domingo pasado sobre reformas constitucionales habría otorgado un diseño más dinámico a la administración pública para salir de la parálisis política y el estancamiento económico. Pero los críticos de las reformas objetaron la mayor centralización del poder político y económico que resultaría de ganar el sí. El resultado fue aplastante: alrededor de 60 por ciento de los votantes rechazaron las reformas propuestas. En algunas regiones donde el desempleo es más elevado (por ejemplo en el Mezzogiorno) el rechazo alcanzó 70 por ciento.

¿Qué tiene que ver esto con los bancos italianos y el euro? Sumida en el estancamiento y el desempleo, Italia afronta además la más grave inestabilidad bancaria de su historia. La verdad es que la economía italiana no se ha recuperado de la crisis de 2008. Desde 2009 la economía italiana ha sufrido una contracción mayor a 10 por ciento y el año pasado apenas creció 0.8 por ciento, lo que ha ido agravando el problema de la cartera vencida que hoy alcanza los 400 mil millones de euros (alrededor de 20 por ciento del PIB).

Después de varios intentos fallidos para rescatar y colocarlos nuevamente en pie, los bancos italianos siguen su descenso al infierno de los números rojos. Entre los bancos más importantes con problemas graves se encuentran Monte dei Paschi di Siena (el banco más antiguo del mundo), Banco Popolare y Unicredit. Todos tienen coeficientes de cartera vencida a capital (más reservas) superiores a 100, lo que significa que no tienen suficientes recursos para cubrir sus pérdidas.

Cuando estalló la crisis financiera muchos bancos italianos estuvieron comprando bonos del gobierno, práctica promovida en su momento por el Banco Central Europeo (BCE). Pero la crisis en Grecia demostró que esa no era una buena idea y el BCE y la Unión Europea (UE) dieron marcha atrás cuando se percataron que el nivel de apalancamiento del gobierno italiano era excesivo. Hoy la política sobre rescates en la UE busca impedir que un gobierno preste ayuda para recapitalizar sus propios bancos y fomenta la idea de que en caso de crisis los primeros en absorber pérdidas sean los inversionistas de dichos establecimientos. Las nuevas reglas pretenden evitar los rescates perversos en los que la irresponsabilidad de los dueños de bancos es recompensada con recursos fiscales mientras la deuda privada se convierte en deuda pública. Esto tiene algo de sentido pero los rescates privados ignoran las interdependencias del sistema bancario y las consecuencias sistémicas de un colapso en uno de los grandes bancos.

La irritación que las nuevas reglas han provocado en Italia es considerable porque existen cientos de miles de pequeños inversionistas que compraron papeles de los bancos deteriorados y hoy ven sus ahorros amenazados. Esto explica una parte del voto de castigo en contra del primer ministro italiano en el referéndum pasado.

Para superar el obstáculo impuesto por las nuevas reglas de la UE, Renzi y su ministro de finanzas Pier Carlo Padoan adoptaron la idea de crear un banco malo, es decir, un banco privado capaz de comprar la cartera tóxica de los bancos italianos más expuestos. El resultado fueron dos fondos especiales, Atlante I y II, para recapitalizar y comprar cartera vencida, respectivamente. Pero los Atlantes no tienen los recursos suficientes para afrontar un problema de esta magnitud. Además de la falta de transparencia en sus decisiones sobre cuáles bancos debían ser ayudados, los fondos no pudieron tranquilizar a los mercados que suponen tendrá que venir tarde o temprano otra inyección de fondos públicos, con lo que la deuda pública aumentará y con ello los problemas de su financiamiento en los mercados de capitales internacionales.

El gobierno italiano y el euro afrontan un serio dilema. Los fondos Atlante (el banco malo) no han podido llevar a cabo el salvamento de los bancos. Pero tampoco es evidente que un gobierno que se ahoga en un pantano de deudas pueda seguir operando este rescate con fondos públicos (la relación deuda-PIB en Italia supera 132 por ciento, lo que ubica a este país en segundo lugar después de Grecia). Y tampoco se ve la salida por el lado de una inyección de recursos de países como Alemania.

La crisis de la banca italiana es también la crisis de los bancos europeos cuyas acciones se han desplomado este año. Así que aunque ya no es válido aquello de que todos los caminos conducen a Roma, lo cierto es que hoy la crisis de los bancos europeos pasa por Italia.

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Se cumplen 20 años de Democracy Now! el medio independiente más influyente en EEUU

Ven, 09/12/2016 - 19:38
Noam Chomsky, Harry Belafonte y Patti Smith, entre otros, festejaron dos décadas de Democracy Now!, el medio independiente progresista más influyente de Estados Unidos, dedicado a dar voz a los sin voz y romper silencios oficiales en un noble experimento que nació para durar nueve meses en nueve estaciones de radio, y que ahora transmite diariamente en más de mil 400 estaciones de radio y televisión en Estados Unidos bajo la dirección de Amy Goodman y Juan Gonzalez.

¿Dónde reside el corazón rebelde?, es la pregunta clave de nuestros tiempos, comentó Belafonte, legendario músico y activista que fue parte de círculo íntimo del reverendo Martin Luther King Jr, en el acto en la Iglesia Riverside, al señalar que la lucha es incesante contra las fuerzas de reacción. Bienvenidos al Cuarto Reich, tal vez es lo que se necesita decir aquí, comentó, y recordó que él combatió a Hitler en la Segunda Guerra Mundial, sólo para regresar a este país para luchar por el derecho al voto de los afroestadunidenses. Hoy, afirmó, se tiene que continuar. Hay muchos traseros que patear ahora: ¡hagámoslo!

Belafonte señaló que la victoria de los indígenas en Standing Rock logró parar la máquina, y es una llamada a todos de que la máquina puede ser parada; eso me da consuelo. Hoy día, reafirmó, el corazón tiene que dar mayor espacio para la rebelión.

Chomsky, después de ofrecer un devastador análisis sobre cómo la humanidad está en el precipicio de su propia destrucción ante las dos mayores amenazas existenciales del deterioro ambiental planetario y el peligro de guerra nuclear, dejando casi sin aliento al público que llenó la iglesia en esta ciudad, ofreció algunas palabras esperanzadoras al final. A pesar de la elección de Donald Trump –lo cual dice que no lo sorprendió–, indicó que justo por las grandes luchas sociales a lo largo de la historia estadunidense hoy día el país es mucho más civilizado que hace 50 años en cuanto a derechos y libertades civiles de minorías, mujeres y más. Por lo tanto, los que luchan hoy empiezan desde un plano más elevado y, por lo tanto, hay mayor oportunidad de organizar el cambio necesario.

Recordó que las luchas históricas empiezan desde el inicio de un país que fue fundado “sobre el exterminio de indígenas y la esclavitud, fuente de la riqueza inmensa aquí y en Europa… O sea, cuando Trump habla de hacer grande otra vez a Estados Unidos, pues no era tan grande”. Pero la gente no se rindió, aun en circunstancias mucho más difíciles que las actuales. El proceso electoral reveló cosas positivas, como la masiva votación de los jóvenes contra Trump, pero, aún más importante, su apoyo a la precandidatura de Bernie Sanders, “un fenómeno extraordinario, alguien que se llamaba socialista –lo que antes era una palabra sucia en este país– sin apoyo de los medios, de los ricos y más, y quien casi conquistó a uno de los dos partidos nacionales, en gran medida impulsado por los jóvenes… ahora los jóvenes tienen en sus manos la tarea de crear una sociedad civilizada aquí”.

En el acto, Amy Goodman, fundadora y directora de Democracy Now! (www.democracynow.org) –proyecto que gira en torno a un noticiero diario de una hora, más un sitio digital y también producción de documentales–, recordó la historia de esta iniciativa periodística dedicada a estar en el terreno y a acudir “adonde está el silencio… pero donde suele ser poco silencioso, ya que hay esfuerzos de organización, de gritos de resistencia, baile y más, tanto en este como en otros países”.

Juan Gonzalez, copresentador con Goodman de Democracy Now!, reconocido periodista y columnista famoso del Daily News de Nueva York, activista en las huelgas estudiantiles contra la guerra en Vietnam, uno de los fundadores de los Young Lords (organización latina hermana de las Panteras Negras), dijo estar orgulloso de que este medio noticioso de bases, que nació para dar voz a los sin voz, al ofrecer noticias disidentes y alternativas para expresar la verdad ante el poder, hoy día es una institución entre los medios progresistas.

El actor Danny Glover comentó que ante esta nueva realidad política, “todos tenemos tecnología, pero la clave son los esfuerzos de organización; esto necesita algo desde el fondo de nuestros corazones… tenemos que estar armados con información de Democracy Now! y proceder con más fuerza que nunca”.

El músico Tom Morello resumió el sentir de muchos cuando dijo que el programa me hace sentir menos solo, y ante la nueva realidad protofascista de este país, invitó a todos a cantar el himno progresista de Woody Guthrie This land is your land con todos sus versos subversivos. Patti Smith declaró que los jóvenes de hoy están por crear los cambios más revolucionarios en la historia, y cantó: estaba soñando/que la gente tiene el poder/de redimir el trabajo de los ilusos; su himno de La gente tiene el poder.
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La Jornada

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A fin de cuentas, Fidel Castro tuvo razón sobre el papel de EEUU en América Latina

Mar, 06/12/2016 - 13:57

Mark Weisbrot, CEPR

Las reacciones en torno a la muerte de Fidel Castro Ruz han puesto de manifiesto las diferentes formas en que se percibe en todo el mundo al revolucionario cubano y por mucho tiempo jefe de Estado. La mayor parte del mundo ve con admiración a Castro y a Cuba como protagonistas de un hito heroico, al levantarse contra un imperio intimidatorio y de inmenso poder, en defensa de su soberanía nacional, y todavía haber vivido para contarlo. Sin hablar de las millones de personas que se han visto beneficiadas por la ayuda que prestan los médicos y el personal de salud cubanos, junto a otros actos de solidaridad internacional quizá inigualables en la historia moderna, sobre todo tratándose de una nación del nivel de ingresos y del tamaño de Cuba..

En las entrañas de la potencia intimidatoria, las cosas lucen de otro modo. No solo nos referimos a las declaraciones poco corteses por parte de Donald Trump acerca del fallecimiento de Castro, las cuales son fieles a su estilo y buscan complacer a la menguante pero todavía influyente base republicana de cubano-americanos de derecha en Florida. Citemos el subtítulo del New York Times (la traducción de la versión en inglés) en su obituario dedicado a Fidel: “El Sr. Castro trajo la guerra fría al hemisferio occidental, atormentó a 11 presidentes estadounidenses y llevó brevemente al mundo al borde de una guerra nuclear”. Detengámonos por un momento en un simple elemento de este humor involuntario: ¿quién fue en realidad quien trajo la guerra fría a este hemisferio? Pocos años antes de la Revolución cubana, Washington derrocó al gobierno democráticamente electo de Guatemala, bajo el falso pretexto de que constituía una cabeza de playa para el comunismo soviético en el hemisferio. Ese acto marcó el comienzo de casi cuatro décadas de dictadura y de una violencia de Estado espantosa, la cual sería luego calificada como genocidio por la ONU. En 1999, el presidente Bill Clinton pidió disculpas por el papel de EE.UU. en dicho genocidio.

Pero lo que en realidad valida la visión de Castro ― que coincide con la interpretación de la mayor parte del mundo ― en torno al enfrentamiento de EE.UU. contra Cuba, aún más que las cuatro primeras décadas del bloque por parte de EE.UU. y demás intervenciones contra Cuba, es lo que ha ocurrido en América Latina en el siglo XXI. En esta época, los gobiernos de izquierda llegaron al poder mediante elecciones democráticas a una escala sin precedentes. Los gobiernos de izquierda fueron electos, y en ciertos países reelectos, primero en Venezuela, luego en Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Honduras, Chile, Nicaragua, Ecuador, Paraguay y El Salvador. Algunos de los nuevos presidentes habían sido perseguidos, encarcelados o torturados bajo las dictaduras apoyadas por EE.UU. Y todos coincidían con la opinión de Fidel Castro en cuanto al papel de Estados Unidos en América Latina..

Aunque la Unión Soviética ya había quedado en el pasado por más de una década, la "guerra fría" a la que Cuba se enfrentaba resultó estar vivita y coleando en el siglo XXI. La postura de Washington hacia la mayoría de estos gobiernos era hostil y parecía querer dotarse de oportunidades para deshacerse de los mismos por cualquier medio que fuera necesario. Por supuesto, ya no se trataba de 1960; por lo cual ya no se podrían declarar bloqueos u organizar campañas de invasión como se hizo con Cuba. No obstante, EE.UU. participó en el golpe de Estado de 2002 en Venezuela y apoyó otros intentos fuera del marco de la ley para deshacerse de su gobierno. Washington también hizo todo a su alcance para ayudar a consolidar el golpe militar de 2009 en Honduras, y Hillary Clinton admitió en su libro de 2014 haberse esforzado con éxito para evitar que el presidente democráticamente electo, Manuel Zelaya, volviera a su cargo. El Gobierno de EE.UU. también ayudó a consolidar el golpe de Estado parlamentario en Paraguay en el año 2012..

EE.UU. también le ha brindado su respaldo al reciente resurgimiento de la derecha en América Latina. Cuando Mauricio Macri asumió el cargo de presidente de Argentina en diciembre de 2015, la gestión de Obama levantó su bloqueo a los préstamos concedidos por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otros órganos multilaterales de financiación, que había puesto en marcha contra el anterior gobierno de izquierda. El juez de Nueva York que había puesto en situación de rehenes a más de 90% de los acreedores de Argentina en nombre de los fondos buitre de EE.UU. también levantó su medida, que dejó así en evidencia un acto político. La gestión de Obama también hizo patente su apoyo al reciente golpe de Estado parlamentario en Brasil..

Resulta que Fidel Castro siempre tuvo razón sobre la política de Estados Unidos hacia América Latina. Es asombrosa la continuidad de dicha política, desde lo más alto de la guerra fría hasta el mismísimo momento actual, dado lo mucho que ha cambiado el mundo. Lo anterior debería hacer que cualquiera se pregunte qué tanto habrán tenido que ver con todo esto la ex Unión Soviética o cualquiera de los demás pretextos que nos han sido expuestos para justificar la intervención de EE.UU. en el hemisferio a lo largo de las últimas seis décadas; por ejemplo, los “derechos humanos”..

Puede que esta vergonzosa realidad atraiga mayor atención ahora que contamos con un presidente electo que habla y actúa como el matón que EE.UU. de hecho ha sido en América Latina durante tanto tiempo. Las cuestiones de óptica tienen su importancia. El gobierno de Obama fue por lo menos igual de malo que el de George W. Bush en el caso de este hemisferio. (La apertura de relaciones con Cuba ciertamente representa un cambio histórico y constituye un reconocimiento de que 55 años de bloqueo no han logrado el deseado cambio de régimen. Sin embargo, se trata menos de un cambio de política que un giro hacia un medio potencialmente más eficaz para lograr el mismo objetivo). No obstante, George W. Bush recibió una cobertura mucho peor que el presidente Obama, lo cual sin duda hizo cierta diferencia..

Por primera vez en muchos años, EE.UU. ahora cuenta con aliados importantes en América del Sur que consideran que los intereses regionales de Washington son idénticos a los suyos. Se trata de los nuevos gobiernos de derecha de Brasil, Argentina y Perú. Eso ya había puesto a Washington en pie de lucha bajo la actual gestión. Trump ha dado a entender que sería más agresivo contra Cuba, aunque no queda claro si querría frenar los intereses empresariales estadounidenses que desde hace muchos años han deseado la apertura del país isleño. Pero vendrá siendo un aliado mucho menos digerible públicamente para los nuevos gobiernos de derecha de la región..

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El “efecto Macri” y la caótica situación de Argentina

Mar, 06/12/2016 - 07:30

Cuando en diciembre del año 2015 Mauricio Macri tomaba posesión de su gobierno, prometió que para el segundo semestre de 2016 se comenzarían a registrar los primeros cambios económicos de su programa de gestión. A un año del mandato de Macri, Argentina experimenta una complicada crisis económica y social. Un panorama difícil se produjo luego de las primeras acciones del gobierno, la devaluación, las altas tasas de interés contra la reactivación económica y el ajuste del sector público tuvieron como consecuencia la caída de la actividad económica. Una de las principales consecuencias directas del desplome económico fueron los despidos de carácter masivo.

En noviembre de 2016 se registraba un aumento de 127 mil argentinos desempleados más a los ya existentes a inicio de año, según cifras del sistema de Seguridad Social de Argentina, 7 mil 719 pertenecen al sector público y 119 mil 876 al sector privado. Aunque no se conoce con exactitud una cifra de los despidos generados en el año, algunas fuentes especulan con que ya sobrepasan los 300 mil argentinos desempleados a solo un año de gobierno de presidente Mauricio Macri.

Veto de la Ley Antidespidos Bajo fuertes críticas y protestas sociales en mayo de 2016 el presidente de Argentina, Mauricio Macri, dejó sin efecto la Ley Antidespidos. En mayo de 2016 el presidente de Argentina procedió al veto de la Ley Antidespidos. Foto Oscar Alerta. El líder de Cambiemos consideró que esta ley entorpecería las brechas para generar nuevos empleos, expresando que este tipo de proyecto de ley “quieren trabar el progreso” y “no le permiten avanzar”.

La Ley Antidespidos tenía como propuesta declarar la emergencia ocupacional por seis meses, en los cuales un trabajador despedido sin causa, puede solicitar su reincorporación inmediata o percibir doble indemnización. Ahora con el veto los empresarios tienen vía libre para practicar el despido masivo que se viene experimentando a 12 meses de tomado el poder por Muricio Macri. Sin dudas la gestión de Cambiemos no favorece la actual situación que enfrenta el país. Mucho distan las promesas lanzadas por Macri aquel 10 de diciembre cuando en su toma de posesión prometió al pueblo argentino “elevar la mirada optimista sobre el borrón y cuenta nueva” del comportamiento económico en Argentina.

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La guerra racial, el capitalismo y la ideología

Dom, 04/12/2016 - 13:00

Maciek Wisniewski, La Jornada

Hace unos meses, analizando el ascenso de Trump, Franco Bifo Berardi apuntaba que el causante de ello era el mismo truco que una vez usó Hitler [las comparaciones entre ambos son erróneas, pero la similitud en cuestión, correcta] (Verso blog, 3/6/16). A los alemanes empobrecidos y humillados por la agresión financiera anglofrancesa posguerra (las reparaciones) Hitler les dijo: “¡no sois ‘trabajadores-perdedores’ [explotados/desempleados]; sois ‘arios-ganadores’!” Este cambio de autopercepción y sustitución de la solidaridad gremial (socialismo/comunismo) por la particularidad racial (nacionalsocialismo) es la misma táctica que hoy –en tiempos de la política identitaria– usan Trump y la extrema derecha en Europa. A la gente empobrecida y humillada por la agresión financiera multinacional poscrisis (la austeridad) y las décadas del neoliberalismo le dicen: “no sois trabajadores derrotados, sois ‘raza blanca’ que se levantará de sus rodillas”.

2. También para Zygmunt Bauman, el secreto de la victoria de Trump –que en su momento descartaba Bifo...– estaba en casar la política identitaria con la “ansiedad (angst) económica” que consumía a lo que queda de la clase trabajadora y media –condensando incluso todos los aspectos de su inseguridad existencial–, ofreciéndoles un arreglo rápido a su sufrimiento: la expulsión de los –étnicamente diversos– migrantes (l‘Espresso, 11/11/16).

3. Del mismo modo que Mike Davis llamó a resistir la tentación de sobreinterpretar la llegada de Trump como el 18 de brumario o el 1933 [norte]americano y mirar a EU y las cifras de estas elecciones (The Jacobin, 16/11/16), Vijay Prashad trazó las raíces del lema Make America great again –con su inherente racismo: hoy el país sufre, y florecía cuando los blancos estaban en control– a la política estadunidense: casando la retórica de Franklin D. Roosevelt durante la Gran Depresión de los 30, que prometía dar la voz a los olvidados, con la de R. Nixon, que tras los disturbios raciales de 1968 hablaba de una mayoría silenciosa –los blancos que lamentaban el fin formal del racismo (¡sic!)–, Trump pintó la imagen de un olvidado alienado económicamente y racialmente dirigiendo el resentimiento por el carril cultural contra los migrantes y minorías étnicas responsables por la desaparición de los empleos (Alternet, 9/11/16).

4. A la contranarrativa de Hillary Clinton/Obama de que America was already great, los votantes de las regiones abandonadas desde el clintonismo (fly-over country) y arrasadas por la desindustrialización y la globalización (rust belt), inclinándose por Trump, dijeron no tanto: muchos se identificaban con su racismo y misoginia apuntadas a las dos principales figuras demócratas, pero otros (swing-voters) se tapaban las narices y votaban desde lo económico.

5. Thomas Frank –que en What’s the matter with Kansas? (2004) demostró cómo los trabajadores blancos acabaron apoyando a conservadores cuyas políticas económicas eran opuestas a sus propios intereses, y en Listen, liberal (2016), cómo liberales abandonaron a la clase trabajadora– señaló la negación suicida, el moralismo elitista y el desprecio clasista/racista de los propios demócratas: Clinton asumía que los trabajadores no apoyaban a Trump, y si lo hacían era sólo por su racismo irracional; así les negaba la capacidad de analizar/saber de dónde venía su pobreza, los juzgaba de antemano y los descartaba por racistas y deplorables (subestimando su voto de protesta). “Pero su rabia –subraya Frank– era muy racional, aunque Trump sea su vocero dudoso [falso]” (The Guardian, 9/11/16).

6. Naomi Klein ya lo predijo: los liberales culparían a todo por la derrota de H. Clinton –desde la FBI hasta el racismo– para no mencionar el neoliberalismo (desregulación, privatización, austeridad, libre comercio) y la ultrarica clase de Davos (cuyo miembro y candidata era Hillary). “Mucha gente está sufriendo y Trump le habla a este sufrimiento; lo hace atacando a gente de color y migrantes; demonizando a musulmanes y degradando a mujeres, pero el ‘neoliberalismo de élite’ no tiene nada que ofrecer a este dolor: es su causa” (La Jornada, 10/11/16).

7. ¿Es clase o raza [y género]? Es todo a la vez, aunque la solidaridad y organización deben partir desde la primera (racismo y sexismo han sido históricamente herramientas de división en la fábrica y hoy –en tiempos del identitarismo– lo siguen siendo también en sus afueras). Lo entendió el reverendo J. Jackson cuando buscaba en los 80 la nominación presidencial; interrogado en Baltimore, el gran centro industrial, como conseguiría el voto de un obrero blanco, dijo que haciéndole ver que tiene más en común con un obrero negro por ser los dos obreros, que con su jefe por ser blanco.

8. Si –aparte de ser herramientas del empoderamiento– la raza [y/o género] ya servía[n] para dividir (el capital), manipular (Trump) o empujar la narrativa del mal menor (H. Clinton), ahora sirve(n) también para el lavado de errores: para los liberales, la única explicación aceptable de rechazo a las bondades de la globalización es racismo [y sexismo], que tapa la historia de cómo era posible que Trump lanzara su guerra racial (neoliberalismo) y mantiene su llama.

9. Jodi Dean: la política identitaria en estas elecciones apuntaba –de ambos lados– a la continuación, no abolición del capitalismo; su versión liberal suprimiendo la historia del anticapitalismo radical negro y feminismo comunista demolía, no fomentaba la solidaridad, mientras la diversidad que defendía era sólo la de los exitosos/celebrities multiculturales; la inclusión de trabajadores en ella era guerra de clases que a la vez blanqueaba y vilipendiaba al resto de la clase trabajadora para legitimar las mismas políticas que hacen sufrir a la gente de color (Verso blog, 26/11/16).

10. Según Bifo, la guerra entre el globalismo neoliberal y el nacionalismo antiglobalista nos llevará a una tragedia. Igual y sí. Pero igualmente trágico era que –tras décadas del neoliberalismo– la única elección en el país más desarrollado del mundo fue entre las guerras imperiales afuera (H. Clinton) y la guerra racial en casa (Trump). O nos salva la izquierda capaz de articular las ansiedades modernas desde la solidaridad y lo universal, o sálvese quien pueda.

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¿Qué hay detrás de la 'guerra' contra el dinero en efectivo?

Sáb, 03/12/2016 - 07:00

Mientras muchos expertos han declarado la guerra al dinero en efectivo, alegando que es utilizado por terroristas y criminales para violar la ley, varios estudios han conseguido comprobar que esta hipótesis tiene más de una sombra.
La semana pasada, el exsecretario del Tesoro de EEUU, Lawrence Summers, publicó un artículo en el que aseguraba que Washington tendría que dejar de emitir billetes de 100 dólares, a pesar de que, recientemente, una medida similar con la rupia provocó el caos en la India. Esta propuesta se suma a la opinión del economista también estadounidense Kenneth Rogoff, que en su libro 'The curse of cash' sostiene que los billetes de alto valor nominal como los de 100 dólares y 500 euros se utilizan en el tráfico de drogas, trata de personas, extorsiones y prácticas corruptas. Sin embargo, hay otros estudios que demuestran que esta crítica al dinero en efectivo poco tiene que ver con la realidad.
Estas investigaciones probaron que en los países en los que circulan billetes con un alto nominal se registran menores índices de criminalidad. Por ejemplo Suiza, con su billete de 1.000 francos —equivalente a 1.000 dólares—, cuenta con el índice de crimen organizado más bajo del mundo, según los datos presentados por el informe del Foro Económico Mundial. En este mismo grupo también pueden incluirse países como Singapur, Japón y los Emiratos Árabes Unidos, que disponen de billetes de mucho valor pero que tienen bajos índices de criminalidad. Al mismo tiempo, el crimen organizado, la corrupción y la evasión fiscal florecen en países como Brasil, Nigeria o Sudáfrica, cuyos billetes con un valor más elevado apenas alcanzan los 30 dólares.
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Chile ocupa tercer lugar entre países latinoamericanos con reparto de tierras más desigual

Xov, 01/12/2016 - 15:52

América Latina es la región más desigual del mundo en reparto de tierras, según el informe "Desterrados: tierra, poder y desigualdad en América Latina", presentado hoy por la organización humanitaria Oxfam en Bogotá.

"En la región, 32 personas privilegiadas acumulan la misma riqueza que los 300 millones de personas más pobres. Esta desigualdad económica está íntimamente relacionada con la posesión de la tierra, pues los activos no financieros representan un 64% de la riqueza total", indica el informe. Más de la mitad de la tierra productiva de la región está concentrada en el 1% de las explotaciones agropecuarias de mayor tamaño, agrega el estudio. "Esta concentración de tierra está fomentada por la alta dependencia en la explotación de recursos naturales por parte de unos cuantos grupos poderosos, que acumulan cada vez más riqueza gracias a políticas hechas a su medida", dijo el director regional de América Latina y el Caribe de Oxfam, Simon Ticehurst. Colombia es el país más desigual de la región, donde el 0,4% de las fincas más grandes concentran el 77,6% de la tierra, seguido de Perú (77,3%), Chile (74,4%) y Paraguay (71,3%). Ticehurst aseguró que los datos varían por el tamaño promedio de las fincas más grandes entre Centroamérica, donde tienden a ser las propiedades más pequeñas, y Suramérica. "El de mayores extensiones es Argentina pero sin embargo el porcentaje de la tierra no es tan grave como el resto de la región. El tamaño promedio de las explotaciones es de 22.000 hectáreas en el caso de Argentina, lo que es un extremo muy fuerte, mientras que en El Salvador es solo de 65 hectáreas", precisó. El informe también evidencia que las pequeñas fincas familiares, a pesar de ser el 80% de todas las exportaciones en la región, ocupan menos del 13 % de la tierra productiva. Millones de hogares campesinos con pequeñas parcelas conviven con megaplantaciones y las mujeres agricultoras son las más afectadas por esta desigualdad, pues las parcelas que trabajan son aún más pequeñas y de peor calidad que las de los hombres. "No es posible combatir la desigualdad en América Latina sin abordar las diferencias abismales en el reparto de la tierra, que siguen provocando conflictos sociales y ambientales y una persecución cada vez mayor contra los defensores de las comunidades y el campesinado", añadió Ticehurst. Oxfam sitúa al extractivismo en la raíz de la alta desigualdad del reparto de la tierra, ya que este modelo en concesiones mineras y petroleras, ganadería extensiva, y monocultivos se ha apoderado de la región. La competencia por el control de los recursos naturales ha disparado los conflictos territoriales y ha incrementado los índices de violencia contra defensores del medioambiente y derechos humanos. En ese sentido, la organización humanitaria hace un llamado a los Gobiernos de la región para que cumpla los objetivos de Desarrollo Sostenible proyectados para 2030.

Para cumplir el propósito deben promover una nueva redistribución de la tierra, impulsar un crecimiento económico equilibrado y diversificado, y limitar a la gran industria y las élites económicas para influir sobre el diseño e implementación de políticas públicas.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Estímulo fiscal al estilo Trump

Mér, 30/11/2016 - 13:35
Alejandro Nadal

El plan económico de Donald Trump incluye fuertes reducciones de impuestos, tanto para individuos como para empresas, y posibilidades de deducciones fiscales hasta cuatro veces más altas que las existentes en la actualidad. Se calcula que éstas y otras reformas reducirán el ingreso fiscal en 9.5 billones (castellanos) de dólares a lo largo de la siguiente década y llevarán los ingresos tributarios a su nivel más bajo desde la Segunda Guerra Mundial.

En el caso de los impuestos a las personas físicas, el plan contempla consolidar las siete tasas impositivas existentes en solamente tres estratos de ingresos. Hoy las siete tasas de impuestos existentes van de 10 a 39.6 por ciento y el plan de Trump compactará esos estratos en sólo tres con niveles de tasas impositivas de 10, 20 y 25 por ciento. Es decir, la tasa marginal más alta será reducida en casi 40 por ciento y al mismo tiempo se aumentarán los niveles de las deducciones personales. Además, la tasa impositiva máxima para las personas físicas con ganancias derivadas del capital y dividendos se reduce a 20 por ciento.

Por el lado de los impuestos a las empresas la tasa impositiva pasará de 35 a 15 por ciento. Las ganancias repatriadas se gravarán con una muy baja tasa (10 por ciento) lo que supuestamente servirá para que los grandes grupos corporativos y empresas que operan a escala trasnacional abandonen los paraísos fiscales. La tasa aplicable a las entidades fiscales de transición (diseñadas para evitar doble tributación para empresas y sus dueños) también se reducirá a 15 por ciento de su tasa aplicable que es la del impuesto al ingreso de las personas físicas. Esta reforma simplifica algunos aspectos del régimen fiscal pero, por otra parte, crea incentivos para que algunas personas físicas se transformen en esas entidades fiscales de transición y aprovechen las menores tasas que se aplican a las empresas.

Es claro que los beneficios de la reducción de impuestos serán muy desiguales. Los causantes en los deciles inferiores de la escala de distribución del ingreso apenas verán su ingreso neto aumentar 0.8 por ciento, mientras que los deciles superiores experimentarán aumentos de hasta 21 por ciento. La reforma tributaria de Trump está diseñada para beneficiar a los más ricos y aumentará la desigualdad.

Si se quisiera mantener el equilibrio en el presupuesto federal frente a estas reducciones de impuestos la administración Trump tendría que recortar el gasto en por lo menos 20 por ciento. Pero el plan del nuevo gobierno contempla una ampliación del gasto público en un ambicioso programa de renovación y construcción de obras de infraestructura, fuerzas armadas y rubros como el de la atención a los veteranos de guerra. El aumento en gasto militar es absurdo (Estados Unidos ya gasta más que los 10 países juntos que destinan grandes recursos al rubro militar). Militarizar la frontera con México y construir su famoso muro también tendrían un costo significativo. Además, en su campaña Trump siempre mantuvo que el gasto en seguridad social y el programa federal de asistencia médica no sería recortado.

¿Qué hay del gasto en infraestructura? Todos los analistas concuerdan en que el rezago en infraestructura en Estados Unidos debe ser atendido. Trump dijo la noche de su victoria electoral que vamos a reparar carreteras, puentes, túneles, aeropuertos, escuelas y hospitales; nuestra infraestructura será la mejor del mundo y pondremos millones de personas a trabajar al reconstruirla. Pero el plan de Trump descansa en esquemas de asociaciones público-privadas, en los cuales una empresa privada recibe créditos fiscales para realizar una inversión en infraestructura (por ejemplo, una carretera) y posteriormente el costo es recuperado a través del cobro de peaje. Es decir, estamos hablando de privatizar buena parte de la infraestructura existente (detalles en peternavarro.com).

Cada quien puede pensar lo que quiera de la participación privada en obras de infraestructura, pero estos esquemas de privatización no son aplicables a la mayoría de los proyectos de construcción y reparación de este tipo de obras. Muchos proyectos prioritarios desde el punto de vista social no podrían ser financiados con créditos fiscales (agua, transporte urbano, reparación de carreteras existentes, modernización de hospitales y escuelas). Otros necesitarían peajes y cuotas muy elevados, así como niveles de aforo muy altos, que no existen, para garantizar la rentabilidad que los inversionistas privados exigen. La experiencia internacional (incluyendo la de México) está repleta de ejemplos que terminan en la quiebra de las entidades privadas y en episodios de su rescate con recursos públicos.

El estímulo del paquete fiscal de Trump puede aumentar el crecimiento económico en 2017, pero ese efecto se disipará y para 2019-2020 regresarán el estancamiento y la recesión. Mientras tanto, la desigualdad y el desequilibrio en las finanzas públicas habrán aumentado. Los que votaron por Trump no verán mejorar su situación.
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Trump y el fascismo del siglo XXI

Mar, 29/11/2016 - 14:18
William I. Robinson, Alainet

Contrario a lo que se piensa, Donald Trump es miembro de la clase capitalista transnacional (CCT), ya que tiene fuertes inversiones alrededor del mundo y una parte muy importante de su "populismo" y discurso anti-globalización respondió a la demagogia y la manipulación políticas en función de la elección presidencial.

Asimismo, esta clase capitalista trasnacional y el mismo Trump dependen de la mano de obra inmigrante para sus acumulaciones de capital y no pretenden realmente deshacerse de una población en peonaje laboral debido a su condición de inmigrante y no de ciudadano/residente "legal". Sus pretendidos planes de deportación, reducidos en número ya como presidente electo, y sus propuestas de criminalización de los migrantes en una escala mayor, buscan, por un lado, convertir a la población inmigrante en chivo expiatorio de la crisis y canalizar el temor y la acción de la clase obrera ciudadana (mayoritariamente blanca) contra ese chivo expiatorio, y no hacia las elites y el sistema. Por el otro lado, los grupos dominantes han explorado como reemplazar el sistema actual de súper - explotación de la mano de obra inmigrante (con base en la no documentación), con un sistema de mano de obra inmigrante visada, esto es, con visas laborales ("guest worker programs” en inglés).

A la vez, Trump busca intensificar las presiones para bajar los salarios en Estados Unidos a fin de hacer "competitiva" la mano de obra norteamericana con la extranjera, o sea, con la mano de obra barata en otros países. La nivelación transnacional de los salarios hacia abajo es una tendencia general de la globalización capitalista que sigue en marcha con Trump, esta vez con un discurso de "volver competitiva" la economía estadunidense y "regresar los trabajos" a su país.

No hay que menospreciar la dimensión de extremo racismo de Trump sino analizar esta dimensión más a fondo. El sistema estadounidense y los grupos dominantes se encuentran en una crisis de hegemonía y legitimidad, y el racismo y la búsqueda de chivos expiatorios son un elemento central para desafiar esta crisis. Al mismo tiempo, sectores significativos de la clase obrera blanca estadounidense vienen experimentando una desestabilización de sus condiciones laborales y de vida cada vez mayor, una movilidad hacia abajo, "precarización", inseguridad e incertidumbre muy grandes. Este sector tuvo históricamente ciertos privilegios gracias a vivir en el considerado Primer Mundo, y por privilegios étnico-“raciales” con respecto a negros, latinos, etcétera. Van perdiendo ese privilegio a pasos agigantados frente a la globalización capitalista. Ahora el racismo y el discurso racista desde arriba canalizan a ese sector hacia una conciencia racista y neo-fascista de su condición.

Igual de peligroso es el discurso abiertamente fascista y neo-fascista de Trump que ha logrado "legitimar" y desatar los movimientos ultra-racistas y fascistas en la sociedad civil estadounidense. En esa dirección, he venido escribiendo sobre el "fascismo del siglo XXI" como respuesta a la grave y cada vez mayor crisis del capitalismo global, y esto explica el giro hacia la derecha neo-fascista en Europa, tanto del Oeste como del Este, el resurgimiento de una derecha neo-fascista en América Latina, el giro hacia el neo-fascismo en Turquía, Israel, Filipinas, la India y en muchos otros lugares. Una diferencia clave entre el fascismo del siglo XX y el del siglo XXI es que ahora se trata de la fusión no del capital NACIONAL con el poder político reaccionario, sino una fusión del capital TRANSNACIONAL con el poder político reaccionario.

El Trumpismo representa una intensificación del neo-liberalismo en Estados Unidos, junto con un mayor papel del Estado para subsidiar la acumulación transnacional de capital frente al estancamiento. Por ejemplo, la propuesta de Trump de gastar un billón de dólares (trillón en inglés) en infraestructura, cuando la estudiamos bien, es en realidad para privatizar esa infraestructura pública y trasladar impuestos de los/las obreras al capital en forma de recortes de impuestos al capital y subsidios a la construcción de obras privatizadas de tal infraestructura. Viene una época de cambios en EEUU y en todo mundo. Temo que estamos al precipicio del infierno. Seguramente habrá masivos estallidos sociales, pero también una escalada espeluznante de represión estatal y privada.

La crisis en espiral del capitalismo global ha llegado a una encrucijada. O bien hay una reforma radical del sistema (si no su derrocamiento) o habrá un giro brusco hacia el "fascismo del siglo XXI". El fracaso del reformismo de élite, la falta de voluntad de la élite transnacional para desafiar la depredación y rapacidad del capitalismo global, ha abierto el camino para una respuesta de extrema derecha a la crisis. El trumpismo es la variante estadounidense del ascenso de una derecha neofascista frente a la crisis en todo el mundo, el Brexit, el resurgimiento de la derecha europea, el retorno vengativo de la derecha en América Latina, Duterte en Filipinas, etcétera. En Estados Unidos, la traición de la élite liberal es tan responsable del trumpismo, como lo son las fuerzas de extrema derecha que movilizaron a la población blanca en torno a un programa de chivo expiatorio racista, misógino y basado en la manipulación del miedo y la desestabilización económica. Pero críticamente, la clase política que durante las últimas tres décadas ha prevalecido está más que en bancarrota y ha pavimentado la llegada de la extrema derecha y ha eclipsado el lenguaje de las clases trabajadoras y populares y del anticapitalismo. Ayuda a descarrilar las revueltas en curso desde abajo y ha ayudado a empujar a los trabajadores blancos a una "identidad" fundamentada en el nacionalismo blanco y ayudó a la derecha neofascista a organizarlos en lo que Fletcher denomina "un frente unido blanco y misógino".

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El banco más antiguo del mundo sigue dando señales de debilidad

Mar, 29/11/2016 - 08:01

El banco italiano Monte dei Paschi di Siena indicó que su plan de rescate por 5.000 millones de euros podría fracasar ante el riesgo que presentan demandas legales por más de 8.000 millones de euros, un descenso de su liquidez y la potencial amortización de más préstamos malos. En un prospecto de 146 páginas para una oferta de swap de deuda, que es un pilar fundamental del plan de rescate que busca mantener al banco funcionando, Monte dei Paschi advirtió ayer de una "considerable incertidumbre" en torno a la iniciativa.

La entidad, la más antigua del mundo aún en funcionamiento, hizo esta revelación a los mercados, temerosos de que el referendo constitucional del 4 de diciembre en Italia pueda hacer caer al Gobierno del primer ministro Matteo Renzi. En el documento se mencionó 30 veces el riesgo de una recapitalización interna bajo las leyes europeas, que impondrían pérdidas sobre sus tenedores de bonos. El prestamista toscano fue el que peor desempeño tuvo en las pruebas de resistencia bancarias de julio.

El banco busca conseguir 5.000 millones de euros convirtiendo sus bonos subordinados en acciones, una colocación privada a uno o más inversores de referencia y una venta de su participación en el mercado. Hasta el momento no ha podido asegurar un compromiso firme de inversores de peso antes de la votación. Las acciones del banco cerraron con una caída del 13,8 por ciento a 17,24 euros, tras perder el 86 por ciento de su valor en lo que va de año.

El temor a que una derrota de Renzi en el referendo pueda hundir el plan de recapitalización de Monte dei Paschi y desatar un efecto dominó en otras entidades -incluidas siete que ya están en problemas- hizo caer un 2,4 por ciento el índice bancario y afectó a las acciones europeas.

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Macri, Temer y Peña Nieto, huérfanos de Hillary

Lun, 28/11/2016 - 08:00
Emir Sader, La Jornada

Estaba todo listo para que Hillary Clinton sembrara aquello por lo cual había trabajado tanto. Al final, había sido ella la principal responsable de la nueva forma de golpe de Estado en América Latina, con el derrocamiento del gobierno de Manuel Zelaya en Honduras, después del último intento de golpe militar clásico en Venezuela, en 2002. Fracasó. Ella y su gobierno apoyaron el golpe en contra de Fernando Lugo, que siguió el mismo guión, así como Hillary y Obama se han callado, de forma cómplice, frente al golpe en Brasil.

Obama ya había viajado a Argentina para congratularse con la victoria de Mauricio Macri y anunciar una nueva época en las relaciones entre los dos gobiernos, felicitando al presidente argentino por los primeros pasos dados en la dirección de retomar el viejo modelo neoliberal. El secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, a su vez, vino a establecer relaciones cordiales con el presidente golpista Michel Temer.

Sumándose al gobierno mexicano de Enrique Peña Nieto, tradicional adepto del neoliberalismo, el escenario parecía listo para que Hillary comandara la utilización del nuevo eje Brasil-Argentina, agregado al de México, para definir un campo pro estadunidense en la región, que pudiera no sólo apoyar a esos países en la dirección del modelo siempre promovido por Estados Unidos, para hacer de ese eje la base para atacar a Venezuela, Bolivia y Ecuador. Controlando a las tres más grandes economías del continente, con modelos económicos similares –lo cual no ocurría desde 2003–, Estados Unidos se preparaba para imponer de nuevo su política, sin contrapesos, en la región.

El ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, José Serra, siempre de forma desastroza, se había referido a la posibilidad de que Trump fuera electo mandatario estadunidense como una pesadilla, con la cual esos gobiernos ahora tienen que convivir. La derrota de Hillary produjo desconcierto y hasta miedo en los gobiernos neoliberales, por la ausencia de ella y por los anuncios de política internacional de Trump, que apuntan hacia un escenario contrario al que esos desastrosos gobernantes están conduciendo a sus países.

México es, desde luego, una víctima privilegiada de Trump, porque el tema de los migrantes sirvió de chivo expiatorio para los problemas de empleo en Estados Unidos, así como el Tratado de Libre Comercio con América del Norte, que el nuevo presidente estadunidense pretende revisar. Con un comercio exterior totalmente dependiente de Estados Unidos –con 80 por ciento de sus exportaciones hacia el vecino del norte– y también de las remesas de los mexicanos en Estados Unidos, que serían retenidas o por las cuales se cobrarían impuestos para construir el muro en la frontera, México entró en pánico con la elección de Trump y sus amenazas. De nada sirvió la grotesca invitación que hizo Peña Nieto a que lo visitara, con efectos negativos para la imagen del ya desgastado presidente mexicano.

Pero Macri y Temer tampoco salen de su estupefacción. No tienen idea de cómo reaccionar, más allá de los mensajes protocolares. En el momento en que se disponen a colocar a Argentina y a Brasil de nuevo en el rumbo de la globalización neoliberal, creyendo que iban a recibir entusiastas elogios del imperio –que Obama ya había empezado a hacer–, se dan cuenta de que los dos países, que habían fungido como las dos cabezas del bloque imperialista –Gran Bretaña y Estados Unidos–, se desvían del camino que ellos habían apuntado como la vía única e inevitable para el mundo entero. En ese momento, cuando el fortalecimiento de los procesos de integración regional y un acercamiento más grande con los Brics es la vía alterna, Macri y Temer llevan a sus países a la misma vía de México, de dependencia directa y absoluta de Estados Unidos, a caminos superados por las mismas potencias centrales del sistema. ¿Cómo avanzar con el tratado de libre comercio del Mercosur con Europa, cuando Estados Unidos cancela definitivamente su acuerdo con el viejo continente? ¿Cómo debilitar el Mercosur, la Unasur y la Celac, cuando el proteccionismo norteamericano requiere más y no menos comercio regional? ¿Cómo no aprovechar el banco de desarrollo de los Brics cuando la economía occidental profundiza todavía más su recesión y las fórmulas del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional llevan a una extensión de la crisis recesiva y del desempleo?

Macri, Temer y Peña Nieto hacen que Argentina, Brasil y México paguen el precio caro de las opciones equivocadas que ellos han hecho, de subordinar las economías de sus países a la de Estados Unidos, obedecer lo que Washington planteaba hasta aquí –el camino del libre comercio y la apertura de los mercados nacionales a la globalización. No queda a esos países claves en el continente sino cambiar radicalmente sus orientaciones y adecuarse a los nuevos horizontes internacionales, con el agotamiento de la globalización y del mismo modelo neoliberal. Cuanto más esos gobiernos persistan en esa vía equivocada y superada, más se debilitarán y preparan las condiciones de sus derrotas y su sustitución por gobiernos posneoliberales.

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El mayor estadista del último medio siglo

Dom, 27/11/2016 - 22:09
Guillermo Almeyra, La Jornada

Fidel Castro fue, con mucho, el mayor estadista del reciente medio siglo. Fue el último de los grandes revolucionarios dirigentes de las movilizaciones democráticas de liberación nacional que comenzaron en 1910 con las revoluciones china, persa y mexicana, y durante y después de la Segunda Guerra Mundial llevaron a la independencia y unidad del subcontinente indio y de Indonesia, Indochina, las colonias africanas, el Egipto nasseriano y Argelia.

Cuba es un pequeño país de 11.5 millones de habitantes. Durante mucho tiempo dependió económicamente de la exportación de un monocultivo –el azúcar de caña-, de ron y tabaco y del turismo, y depende ahora tam-bién de la provisión de servicios (turismo, envío de médicos y enseñantes). Esta economía de postre (lujos prescindibles como el tabaco y la bebida) y de servicios produce muy escasas ganancias y dependen de la distribución de la plusvalía mundial que se produce en regiones más industrializadas, o sea, de los excedentes económicos de que puedan disponer los sectores medios que consumen esos bienes y servicios no indispensables. Es, por lo tanto, un país frágil y dependiente.

Uno de los grandes méritos de Fidel Castro fue haber hecho posible la elevación inmediata del nivel cultural de Cuba y el desarrollo veloz y ejemplar de la investigación científica y de las ciencias médicas de alta calidad. Hijo de un terrateniente azucarero y alumno de los jesuitas, rompió la dependencia del azúcar y con una población pobre hasta entonces creyente en los santos africanos y cuyas clases más ricas eran católicas o protestantes: construyó una educación laica y científica.

Sobre el cadáver de Fidel Castro se van a volcar toneladas de insultos con el objetivo de disminuir su obra y de preparar el asalto final contra Cuba, para volver a colonizarla y reconstruir en ella burdeles y casas de juego. Pero también lloverán las asquerosas descargas de moralina conservadora y de lambisconería necrofílica de los oportunistas de siempre o los elogios de sinceros simpatizantes de la Revolución Cubana, fieles y fidelistas que no saben distinguir entre la revolución de un pueblo y las virtudes y los límites de sus dirigentes. Ofendería a la ética y a la inteligencia de los lectores y faltaría a mi deber de historiador, de periodista y de socialista si me sumara acríticamente a ellos.

Fidel Castro fue, en efecto, un gran revolucionario cubano, a la altura de Martí, y un gran estadista, defensor valiente y permanente de la independencia de Cuba frente al imperialismo estadunidense y, a su mo-do, de la transformación de una revolución democrática y antiimperialista en un pun-to de partida para la construcción de las bases elementales del socialismo –que sólo podrá construirse realmente a escala mundial– en esa pequeña isla pobre y dependiente. Pero ni era socialista cuando militaba en el movimiento estudiantil y en el partido de Guiteras como nacionalista antiimperialista radical, en oposición al Partido Socialista Popular (comunista stalinista) aliado entonces con el dictador Fulgencio Batista, ni cuando asaltó el cuartel Moncada con otros demócratas como él, ni cuando desembarcó en Cuba en la heroica expedición del Granma. El Departamento de Estado creyó por eso que podría utilizarlo para sacarse de encima al impresentable Batista y envió a Herbert Matthews, del New York Times, a entrevistarlo en Sierra Maestra.

Los partidos comunistas de todo el mundo lo tacharon de aventurero pequeño burgués y lo combatieron hasta 1959, y aún después, un pintoresco y funesto trotskista argentino (Nahuel Moreno) festejó en 1958 el fracaso de la huelga general revolucionaria lanzada por el 26 de julio, acusándola de gorila.

He defendido toda mi vida la Revolución Cubana sin identificarla con Fidel Castro ni con sus dirigentes. Fui presidente del comité argentino de solidaridad con la Revolución Cubana creado en 1957, dos años antes del triunfo de la revolución y el gobierno progresista de Frondizi me encarceló por eso. Puedo decir, por lo tanto, que fueron numerosos y enormes los errores de Fidel derivados de su falta de formación socialista y de las necesidades tácticas de la alianza con la burocracia mundialmente contrarrevolucionaria que dirigía la Unión Soviética.

Durante la crisis de los cohetes, en 1962, que puso al mundo al borde de la guerra nuclear, Fidel y el gobierno cubano enfrentaron gran peligro y repudiaron la traición de Jruschiov, que retiró los cohetes defensivos sin consultarlos. Pero después, para renovar todo el aparato productivo, Cuba tuvo que apoyarse en el Kremlin y Fidel Castro, imitando a los comunistas soviéticos, creó un Partido Único, que transformó en Partido Comunista, y lo identificó con el Estado, en vez de mantenerlo separado y como control crítico.

Mientras el imperialismo, con sus ataques militares y políticos y su bloqueo criminal creaba escasez en Cuba, sembraba enfermedades y obligaba a un país pobre a construir una fuerza militar desproporcionada, generando así pobreza y burocracia, Fidel y sus compañeros creyeron que el desarrollo y el socialismo se construye desde los aparatos y cerraron las vías para la autogestión, el control obrero, la participación real de los trabajadores sobre las decisiones del partido comunista y del gobierno. Eso eliminó la democracia y reforzó la burocracia.

La censura, la represión cultural y homofóbica y el apoyo a la invasión soviética de Checoeslovaquia en 1968 lesionaron el prestigio mundial de Fidel. El fracaso de la zafra monstruo de 1970 desarticuló la economía. Fidel calificó también al corrupto Brezhnev de gran marxista y apoyó a la dictadura argentina durante la guerra de las Malvinas, creyendo que era antiimperialista. Como estadista se guió por lo que creía útil para Cuba, no por lo que ayuda a la liberación social, e identificó los Estados y gobiernos con los pueblos (fue el primero en saludar el fraudulento triunfo de Salinas en 1988). Esos errores tuvieron un costo enorme, pero Cuba no es ya la de 1959. Fidel Castro será recordado siempre como revolucionario antiimperialista.

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El legado de Fidel

Dom, 27/11/2016 - 04:22
Atilio Boron, Página 12

La desaparición física de Fidel hace que el corazón y el cerebro pugnen por controlar el caos de sensaciones y de ideas que desata su tránsito hacia la inmortalidad. Recuerdos que se arremolinan y se superponen, entremezclando imágenes, palabras, gestos (¡qué gestualidad la de Fidel, por favor!), entonaciones, ironías, pero sobre todo ideas, muchas ideas. Fue un martiano a carta cabal. Creía firmemente aquello que decía el Apóstol: trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras. Sin duda que Fidel era un gran estratega militar, comprobado no sólo en la Sierra Maestra sino en su cuidadosa planificación de la gran batalla de Cuito Cuanevale, librada en Angola entre diciembre de 1987 y marzo de 1988, y que precipitó el derrumbe del régimen racista sudafricano y la frustración de los planes de Estados Unidos en África meridional. Pero además era un consumado político, un hombre con una fenomenal capacidad para leer la coyuntura, tanto interna como internacional, cosa que le permitió convertir a su querida Cuba -a nuestra Cuba en realidad- en una protagonista de primer orden en algunos de los grandes conflictos internacionales que agitaron la segunda mitad del siglo veinte. Ningún otro país de la región logró algo siquiera parecido a lo que consiguiera Fidel. Cuba brindó un apoyo decisivo para la consolidación de la revolución en Argelia, derrotando al colonialismo francés en su último bastión; Cuba estuvo junto a Vietnam desde el primer momento, y su cooperación resultó de ser de enorme valor para ese pueblo sometido al genocidio norteamericano; Cuba estuvo siempre junto a los palestinos y jamás dudó acerca de cuál era el lado correcto en el conflicto árabe-israelí; Cuba fue decisiva, según Nelson Mandela, para redefinir el mapa sociopolítico del sur del continente africano y acabar con el apartheid. Países como Brasil, México, Argentina, con economías, territorios y poblaciones más grandes, jamás lograron ejercer tal gravitación en los asuntos mundiales. Pero Cuba tenía a Fidel …

Martiano y también bolivariano: para Fidel la unidad de América Latina y, más aún, la de los pueblos y naciones del por entonces llamado Tercer Mundo, era esencial. Por eso crea la Tricontinental en Enero de 1966, para apoyar y coordinar las luchas de liberación nacional en África, Asia y América Latina y el Caribe. Sabía, como pocos, que la unidad era imprescindible para contener y derrotar al imperialismo norteamericano. Que en su dispersión nuestros pueblos eran víctimas indefensas del despotismo de Estados Unidos, y que era urgente e imprescindible retomar los iniciativas propuestas por Simón Bolívar en el Congreso Anfictiónico de 1826, ya anticipadas en su célebre Carta de Jamaica de 1815. En línea con esas ideas Fidel fue el gran estratega del proceso de creciente integración supranacional que comienza a germinar en Nuestra América desde finales del siglo pasado, cuando encontró en la figura de Hugo Chávez Frías el mariscal de campo que necesitaba para materializar sus ideas. La colaboración entre estos dos gigantes de Nuestra América abrió las puertas a un inédito proceso de cambios y transformaciones que dio por tierra con el más importante proyecto económico y geopolítico que el imperio había elaborado para el hemisferio: el ALCA.

Estratega militar, político pero también intelectual. Raro caso de un jefe de estado siempre dispuesto a escuchar y a debatir, y que jamás incurrió en la soberbia que tan a menudo obnubila el entendimiento de los líderes. Tuve la inmensa fortuna de asistir a un intenso pero respetuoso intercambio de ideas entre Fidel y Noam Chomsky acerca de la crisis de los misiles de Octubre de 1962 o de la Operación Mangosta, y en ningún momento el anfitrión prestó oídos sordos a lo que decía el visitante norteamericano. Una imagen imborrable es la de Fidel participando en numerosos eventos escenificados en Cuba –sean los encuentros sobre la Globalización organizados por la ANEC; los de la Oficina de Estudios Martianos o la Asamblea de CLACSO en Octubre del 2003- y sentado en la primera fila de la platea, munido de un cuadernito y su lapicera, escuchando durante horas a los conferencistas y tomando cuidadosa nota de sus intervenciones. A veces pedía la palabra y asombraba al auditorio con una síntesis magistral de lo dicho en las cuatro horas previas, o sacando conclusiones sorprendentes que nadie había imaginado. Por eso le decía a su pueblo “no crean, lean”, fiel reflejo del respeto que sentía por la labor intelectual.

Al igual que Chávez, Fidel un hombre cultísimo y un lector insaciable. Su pasión por la información exacta y minuciosa era inagotable. Recuerdo que en una de las reuniones preparatorias de la Asamblea de Clacso del 2003 nos dijo: “recuerden que Dios no existe, pero está en los detalles” y nada, por insignificante que pareciera, debía ser librado al azar. En la Cumbre de la Tierra de Río (1992) advirtió ante el escepticismo o la sonrisa socarrona de sus mediocres colegas (Menem, Fujimori, Bush padre, Felipe González, etcétera) que la humanidad era “una especie en peligro” y que lo que hoy llamamos cambio climático constituía una amenaza mortal. Como un águila que vuela alto y ve lejos advirtió veinte años antes que los demás la gravedad de un problema que hoy está en la boca de cualquiera.

Fidel ha muerto, pero su legado –como el del Che y el de Chávez- vivirá para siempre. Su exhortación a la unidad, a la solidaridad, al internacionalismo antiimperialista; su reivindicación del socialismo, de Martí, su creativa apropiación del marxismo y de la tradición leninista; su advertencia de que la osadía de los pueblos que quieren crear un mundo nuevo inevitablemente será castigada por la derecha con un atroz escarmiento y que para evitar tan fatídico desenlace es imprescindible concretar sin demora las tareas fundamentales de la revolución, todo esto, en suma, constituye un acervo esencial para el futuro de las luchas emancipatorias de nuestros pueblos.

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Samper: Castro "fue el estadista más importante del siglo XX en América Latina"

Sáb, 26/11/2016 - 22:00

El expresidente de Colombia y secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), Ernesto Samper, dijo que el líder de la Revolución Cubana será para siempre "un modelo de revolución, de coherencia y de transparencia". Por estas características y sus "testimonios de vida", el político colombiano opinó que Castro "fue el estadista más importante del siglo XX en América Latina" y afirmó que "se fue en el peor momento" para la región. "El solo hecho de que estuviera vivo Fidel significaba la presencia de la revolución" "Uno no escoge el momento para morirse, pero se nos va en el peor momento, en el cual la región está inmersa en una gran incertidumbre con ocasión de la elección de Donald Trump", valoró Samper. El expresidente dijo que en este momento "hay nubarrones" en las relaciones entre los Estados Unidos y la región, por las posibles repercusiones de su Gobierno en materia migratoria, en el proceso de paz en Colombia y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba. "Ese era el tipo de situaciones que Fidel ayudaba a entender, a despejar, a concretar. Así es que nos tocará seguir un poco sus enseñanzas, para saber cómo enfrentamos estos enigmas", opinó. Del mismo modo, el colombiano precisó que la solidaridad de Cuba con la región en materia de educación y salud pública refuerza la idea de Castro de que la Revolución no es solo una "política" sino por sobre todo "social". Samper destacó la "convicción" del estadista cubano "al final de sus días" de que "no había que exportar revolución armada sino médicos, maestros y salubristas". "Esto expresa la capacidad de entender los cambios que estaban pasando en la región. Lo recordaremos por el compromiso con la igualdad social, su transparencia y su consistencia ideológica. Este es el Fidel con el cual nos tenemos que quedar", concluyó. Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Fidel, sinónimo de revolución

Sáb, 26/11/2016 - 15:38
Emir Sader, Público

Fidel se ha vuelto sinónimo de Revolución, desde aquellas primeras fotos de unos barbudos que habían tumbado un dictador en el ya lejano año de 1959. En América Latina, para quienes la revolución era un fenómeno distante en el tiempo —algo que acaeció en Rusia y China con Lenin y Mao—, Fidel planteó para nosotros y para tantas generaciones la revolución como actualidad, evidenció que la revolución era posible aquí mismo, en nuestro continente.

Fidel encarnó a la revolución en América Latina, pero también en todo el mundo, porque Cuba levantaba de nuevo la idea de socialismo cuando éste se había vuelto algo aparentemente petrificado, eternamente postergado.

Empecé mi militancia política en 1959 repartiendo un periódico —Acción Socialista—, que tenía estampada la imagen de unos barbudos que había conseguido acabar con un dictador —en aquel momento de América Central no se hablaba todavía del Caribe—, posando como si fueran jugadores de fútbol. Curiosamente, más tarde, mi generación pasó a convertirse en la generación de la Revolución Cubana, que nos sedujo a tantos con la reforma urbana, con la fundación de la Casa de las Américas, con la soberanía frente al imperialismo, con la proclamación de la Revolución como una Revolución socialista, con la resistencia frente al intento de invasión de la Bahía de Cochinos o el cerco naval a la isla. En definitivo, con todo lo que venía de allí que nos alentaba y marcaba el camino.

Pude ver a Fidel cuando visitó Chile, durante el gobierno de Allende. En sus varias visitas por el país hasta su discurso final en el Estadio Nacional. Después, inmediatamente después del golpe en Chile, pude encotrarme con él por primera vez en La Habana para discutir las consecuencias del golpe.

Inolvidable verlo entrar; enorme, alto, enérgico, simpático y afectuoso. Presenciar su infinita capacidad de escuchar a las personas, de preguntar e interesarse sobre Chile, el golpe, Allende, Miguel Enriquez y el MIR, sobre Brasil.

Tuve el privilegio de convivir con su presencia en la vida cubana durante muchos años, conocer cómo un dirigente se interesa por todo lo cotidiano de un país y del mundo, pronunciarse todo el tiempo sobre todos tipo de problemas, ser el más radical crítico de la Revolución, apuntando problemas y alternativas, implacable con los errores, pero siempre ofreciendo alternativas y despertando esperanzas.

El hecho de poder haber presenciado sus discursos en la Plaza de la Revolución tantas y tantas veces es de las experiencias más impresionantes que uno pueda tener. En una de esas concentraciones, siempre para millones de personas, se homenajeaba a los muertos por el acto terrorista que tumbó un avión cubano, y que causó la muerte, entre otras personas, a un equipo de deportistas juveniles cubanos. Con todos los cuerpos presentes en la plaza, Fidel hizo uno de sus discursos más emocionantes, que concluyó diciendo: “Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla.” Para provocar las lágrimas de aquellos cubanos que se habían desplazado de todas partes para oírlo hablar durante horas al sol.

Fidel siempre sorprendió a todos con su audacia. Desde aquella primera vez del asalto al cuartel Moncada, pasando por el desembarco del Granma, hasta sus iniciativas posteriores, ya desde el poder, valiéndose siempre del factor sorpresa de la guerrilla. Cuando Fidel abrió las puertas de todas las embajadas para que los que quisieran irse de Cuba que se fueran. Permitiendo que llegaran embarcaciones desde Miami para recogerlos. Un gesto audaz, que él supo revertir a favor de la Revolución, como todo lo que él hacia.

Como cuando proclamó que el chico Elian sería recuperado por Cuba, objetivo que parecía imposible pero que él, generando siempre una enorme confianza, logró. Como cuando afirmó que Cuba recuperaría a sus 5 héroes presos en EEUU, lo cual parecía absolutamente inviable, pero él supo construir, una vez más, la estrategia victoriosa para conseguir lo imposible.

Fidel fue el sinónimo de la Revolución durante más de 50 años. Quien quisiera saber de la Revolución y del socialismo, bastaría con dirigir sus miradas hacia él. El comandante, junto con el Che, mostraron para tantas generaciones el horizonte del socialismo, de la revolución, del compromiso militante.

Fidel fue la personificación de la Revolución y del socialismo. Su vida y sus palabras han sonado siempre como la voz más fuerte, más digna, más vibrante, con más esperanza, con más coraje que la Historia ha conocido.

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Fidel Castro, el lider de la Revolución Cubana, ha fallecido a los 90 años

Sáb, 26/11/2016 - 02:01

El líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, falleció este viernes 25 de noviembre a la edad de 90 años. ​Fidel Castro fue el gran lider de la Revolución cubana que en 1959 derrocó la dictadura encabezada por Fulgencio Batista que apoyaba EEUU. Fidel Castro, había cumplido 90 años el pasado 13 de agosto. Nacido en 1926, desde diciembre de 1976 y por tres décadas Castro fue presidente del Consejo del Estado y Consejo de Ministros de Cuba, así como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de la nación isleña. En 2006, debido a su frágil estado de salud, Fidel Castro abandonó los cargos políticos y cedió sus funciones a su hermano menor, Raúl Castro.
La lucha revolucionaria de Fidel data del 11 de marzo de 1952, tras el golpe militar del general Fulgencio Batista. Castro estuvo en las primeras filas de la resistencia, organizando los partidarios para derrocar al dictador. La primera acción del grupo de Castro fue atacar el Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953. El asalto fracasó, y Fidel fue detenido y condenado a 15 años de prisión. Sin embargo, bajo la presión popular, fue liberado por amnistía en 1955 y emigró a México, donde continuó con los preparativos de una rebelión. En diciembre de 1956, el grupo de los revolucionarios encabezados por Castro desembarcó en la provincia de Oriente de Cuba. El núcleo inicial fue creciendo hasta convertirse en el Ejército Rebelde que armó una fuerte resistencia contra el régimen dictatorial de Batista, culminando en su derrota el 1º de enero de 1959.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La era de la desglobalización ha comenzado

Ven, 25/11/2016 - 07:00

Hasta hace pocos días, el modelo a seguir era uno solo: la globalización. Pero desde el triunfo de Donald Trump y el Brexit, la palabra de moda es el antónimo: desglobalización. Durante casi medio siglo, el mundo solo escuchó hablar de las ventajas de la apertura y el libre cambio. Este discurso adquirió toda su fuerza cuando hace 25 años se disolvió la Unión Soviética. Parecía que iban a caer todas las fronteras en un mundo hegemonizado por Estados Unidos. Sin embargo, las cosas que nos prometen eternas también terminan. Esto ya sucedió al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, que puso fin a 40 años de extendido crecimiento del comercio internacional.

En un artículo publicado en The New York Times, Ruchir Sharma analiza la recurrencia de estos ciclos de apertura y de proteccionismo, y señala que no se trata de periodos cortos, sino que abarcan décadas de la historia. La brutal contracción provocada tras el fin de la Primera Guerra y de la Gran Depresión de 1929, redujo el comercio mundial a solo un 10% del producto bruto global, cuando en 1914 era del 30%. Los inmigrantes a Estados Unidos, que llegaban al millón por año antes de 1914, se redujeron a unas pocas decenas de miles al finalizar el conflicto bélico. Después de 1945, la rueda volvió a girar. En 1970, el comercio mundial logró recuperar los niveles de 1914 y desde entonces se duplicó, llegando al 60% del producto global. Pero a partir de 2008, empezamos el camino inverso: el comercio mundial cayó a 55%, el flujo de capital se redujo a menos del 2% del producto bruto mundial, cuando había llegado a ser del 16% en 2007. Y la migración también se frenó: a pesar de la oleada de refugiados en Europa, la migración a los países ricos se redujo a cuatro millones de personas entre 2011 y 2015, según los datos aportados por Sharma. Antes de que Trump empiece a aplicar sus medidas, desde 2011, el número de mexicanos que se han ido de Estados Unidos ha superado a los recién llegados en 140.000.

Las dos oleadas se parecen en la enorme desigualdad que produjeron y el grosero aumento de la riqueza: entre 1870 y los años 20, el porcentaje del ingreso del 1% más rico de Estados Unidos creció hasta llegar al 20%. "El sueño americano ha muerto. El obrero industrial de la zona central del país donde solía haber una industria manufacturera, hoy tiene una calidad de vida inferior a la que tuvo sus padres. Pero lo que más le preocupa no es su retroceso social sino que su hijo va a tener una calidad de vida inferior a la que tiene hoy. Todo lo contrario a lo que prometía el sueño americano donde las generaciones debían estar cada vez mejor", dijo a Sputnik Miguel Ponce, experto en comercio internacional.

Para Roberto Conde, antiguo vicecanciller uruguayo y experto en materia de integración, Trump recogió el voto de ese cinturón desindustrializado como consecuencia de la deslocalización de las empresas. En los últimos 25 años se han perdido unos seis millones de trabajos industrializados bien remunerados, explicó. "La llegada de Trump al poder muestra un claro rebrote de los movimientos de desglobalización. Confirma lo que viene sucediendo en Europa con los partidos antisistema ultranacionalistas. Hoy en día tener un discurso proteccionista y aislacionista como el de Trump es un discurso antiglobalizante", dijo a Sputnik Damián Jacubovich, licenciado en geopolítica. Trump aseguró que "ni su país ni su gente se pondrán a los pies del falso canto de la globalización". Para Jacubovich, su llegada al poder indica el "principio del fin" para los partidos tradicionales, con los que la población de Occidente siente un "gran descontento".

Las críticas de Trump al Tratado Transpacífico de libre comercio (TPP, por sus siglas en inglés), el acuerdo firmado por 12 países de la cuenca del Pacífico, fueron una de las claves de su victoria. En su discurso de aceptación de la candidatura, en junio, había dicho que "el TPP será el golpe de muerte para la manufactura estadounidense", porque "abrirá aún más nuestros mercados a los que especulan agresivamente con las divisas", y "hará más fácil a nuestros competidores enviar bienes baratos subsidiados a nuestros mercados", obligando a los trabajadores de EEUU "a competir con los de Vietnam, uno de los países con los salarios más bajos de la Tierra".

El anuncio del nuevo presidente electo, el 21 de noviembre, de que retirará a Estados Unidos del TPP, se realizó justo un día después de que el presidente Barack Obama ratificara su adhesión a este acuerdo moribundo, en la Cumbre de Lima de los Líderes del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). En la declaración final de la Cumbre, los líderes de la APEC, que reúne 21 países de la cuenca del Pacífico, incluyendo a Perú y Chile, se propusieron "revertir las medidas proteccionistas y distorsionadoras del comercio, que debilitan el comercio y frenan el progreso y la recuperación de la economía internacional". Se abrazan al mástil de la globalización, ahora que la misma potencia que la expandió por el mundo, ha decidido abandonarla.
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Las consecuencias económicas del señor Trump

Mér, 23/11/2016 - 12:42
Alejandro Nadal

Durante la campaña electoral el candidato republicano mostró su capacidad para mantenerse en el terreno de la ambigüedad, sobre todo en el plano de la política macroeconómica. Pero el 20 de enero Donald Trump tomará posesión y el análisis de las medidas que adoptará en materia fiscal, monetaria y comercial es necesario.

De entrada se puede anunciar con claridad que el saldo de su administración será negativo. Para comenzar, a lo largo del próximo mandato presidencial la economía estadunidense sufrirá una recaída y entrará en una nueva recesión con crecimiento negativo del PIB para 2019 y 2020. Además, la deuda pública y el déficit fiscal se incrementarán notablemente y el saldo de la balanza comercial continuará siendo negativo.

Los ejes más importantes de la política económica de DT incluyen la postura monetaria de la Reserva Federal, la política fiscal (ingresos y gastos) y la política comercial (en especial su postura frente a China y México). Otro aspecto clave es el impacto de su política migratoria sobre el mercado laboral de Estados Unidos. Las próximas semanas examinamos estos aspectos de la política económica de Trump.

Donald Trump (DT) ha manifestado en múltiples ocasiones su preferencia por mantener bajas las tasas de interés. Sin embargo, a lo largo de su campaña criticó severamente la política de la Reserva Federal por sus efectos negativos sobre los millones de ahorradores y pensionados que vieron desplomarse los ingresos que obtenían vía intereses sobre sus ahorros.

En realidad la inyección de liquidez vinculada a la flexibilización monetaria no ha podido reactivar la economía y sólo benefició al sector financiero y a las grandes corporaciones. En efecto, los bancos y especuladores tomaron ese dinero que la Reserva Federal les presta gratis para usarlo en otros espacios económicos (mercados emergentes) y así obtener mayores ganancias. Las corporaciones lo usaron para re-comprar sus propias acciones y hacerlas aumentar de valor. El resultado es una burbuja inflacionaria en activos financieros y una bolsa de valores cuyo índice ha aumentado desorbitadamente. Según Trump la Fed creó las condiciones de otra gran crisis.

Pero DT no ha podido ser más específico en el terreno de la política monetaria. Un aumento en la tasa de interés haría crecer el costo del servicio de la deuda del gobierno federal y afectaría los planes para incrementar el gasto público en infraestructura. Así que lo más probable es que la Fed mantenga la tasa cercana al límite cero durante los primeros meses de la administración para facilitar la aprobación del programa de gasto público expansivo.

Ahora bien, para lograr que la flexibilidad monetaria llegue efectivamente a los canales de la economía real se necesita re-regular el sistema bancario y financiero. Obama no quiso hacerlo por sus nexos con los Clinton, Rubin y sus amigos en Wall Street. DT ha criticado también a los grandes bancos pero no es para nada evidente que el Congreso quiera embarcarse ahora en un proyecto regulatorio para los bancos.

El panorama se torna más interesante cuando se consideran las posturas de Trump respecto del nivel de la deuda del gobierno federal y la forma de enfrentarla. Paradójicamente, en este terreno DT está más cerca de economistas heterodoxos que apoyan la llamada nueva teoría monetaria. Estos economistas fueron los primeros en predecir correctamente que la flexibilidad monetaria no provocaría una inflación elevada y que el déficit del gobierno tampoco sería la causa de un incremento en las tasas de interés. La idea de que Estados Unidos sufra una crisis al estilo europeo no tiene cabida en estos economistas, y tampoco en la cabeza de Trump, porque se parte de la premisa de que el gobierno federal siempre puede imprimir todo el dinero que le permita solventar cualquier nivel de deuda. Eso lleva a los temas de la (supuesta) independencia de la Reserva Federal y de la inflación.

La Fed es una creación híbrida del gobierno federal y de los bancos privados. Su independencia frente al gobierno federal es relativa: Trump podrá nombrar a cinco de los miembros de su consejo en los primeros 18 meses de su administración. Y, por otro lado, la Fed no ha sido independiente frente a los grandes jugadores del sector financiero.

En cuanto a la inflación, hay que observar que se cumplen ya 90 meses de tasas de interés cero y tres fases de flexibilidad monetaria pero la inflación no aparece por ningún lado. Es cierto que los tenedores de bonos están vendiendo sus títulos de renta fija porque anticipan un repunte de la inflación, pero por el momento lo que domina el panorama macroeconómico es la deflación.

Al final del periodo presidencial el electorado se dará cuenta que sus condiciones no han mejorado bajo Trump. Para re-elegirse el presidente podría inclinarse con sus asesores a provocar una nueva guerra (que siempre es útil cuando se acercan las elecciones). Eso recuerda la letra de una vieja canción de Dire Straits, luego vinieron los tiempos difíciles y luego siguió la guerra.
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Huxley en el siglo XXI

Mér, 23/11/2016 - 04:42
José Blanco

La primero rusa y después estadounidense Nina L. Khuscheva, doctora en literatura por la Universidad de Princeton, no hace mucho escribió un ensayo donde recordaba notables predicciones de escritores desde tiempos de Julio Verne (1828-1905), con su De la Tierra a la Luna.

Entre las conjeturales imágenes de su lejano porvenir, siempre ha destacado la que en 1932 escribiera Aldous Huxley en su celebrado Un mundo feliz. Lo que nos gusta nos arruina, predijo Huxley. En efecto, en esa novela (en su origen divertida aunque inverosímil), Huxley describió una raza humana dividida en un conjunto de clases sociales que, por el año 2540, habría sido convertida en una monstruosidad por la ignorancia de lo humano, el ansia incontenible de entretenimiento, un dominio insospechado de la tecnología, y una sobreabundancia de bienes materiales. Todo ello para unos cuantos.

Con la reciente elección de Donald Trump como presidente, en Estados Unidos y en otras sociedades avanzadas, se ha vuelto mucho más notoria la predicción de Huxley aunque más de 500 años antes de lo previsto por el escritor.

Y ello no sólo por las singularidades señaladas de esa sociedad, que indudablemente está a la vista de todos, sino por otras más que el propio Huxley anticipaba: la cultura pública de Estados Unidos, como gran ejemplo de lo que en general pasa hoy en el mundo, ha procurado ser mantenida lejos del pensamiento intelectual con una frecuencia inusitada, y de la mano de una suerte de alarde de un peculiar igualitarismo democrático que, parece, es una condición de la creatividad sin restricciones, que el capitalismo neoliberal salvaje soporta y requiere. Y, claro, ahí están los notables ejemplos de Steve Jobs y Bill Gates, que nos demuestran que la innovación, el hecho más valorado del planeta, requiere imaginación y arrojo, y no requiere de grandes estudios. Ambos winners abandonaron la universidad, apenas andados unos pasos dentro de ella. Ahí están, pues, esos dos inmensos winners cuya grandeza se mide por los millones que acumularon administrando descaradamente la obsolescencia. Lo que se requiere son tripas, perseverancia y un buen grupo de CEO, para engañar sin freno al respetable para que anualmente compre el último modelo de lo que sea, pero que sea un producto tecnológico. Ya se sabe, triunfar significa generar millones; esa es la filosofía (perdón a los filósofos por el uso del vocablo) del capitalismo neoliberal. Pero todo ello se refiere, por supuesto a la alta sociedad de consumo, que vive semioculta o de plano invisible a los ojos de los muchos millones de mendicantes y menesterosos de seres humanos brutalmente desdichados.

Por supuesto, la innovación tecnológica siempre será bienvenida, toda vez que se trate de innovaciones efectivamente beneficiosas para los seres humanos todos. Pero la cantidad de gadgets y apps que los mercados absorben permanentemente son, apenas, un estupidizante consumo de entretenimiento.

Lo que Huxley no imaginó en sus visiones de lo que sería su posteridad, es que el mundo engendraría una desigualdad social descomunal entre mortales, creada por la deshumanización más sanguinaria de un pequeño grupo que ha sometido por la enajenación, por la manipulación financiera, por el circo ya sin pan, por los gobiernos y sus ejércitos y su ingente acumulación de altísima tecnología plasmada en armas terroríficas.

En el mundo de Huxley los individuos no eran seres paridos por mujer, sino fabricados en probetas con cualidades prefiguradas para las tareas que debían desempeñar. En ese mundo nadie era pariente de nadie. En la cúspide, los Alfa Doble-Más, Alfas Más y Alfas Menos (los más inteligentes de todas las clases, cuyas tareas requerían responsabilidad y toma certera de decisiones); los Beta (seres inteligentes, pero no intelectuales como los Alfas); los Gamma (que requerían ciertas habilidades creadas por el entrenamiento. Un Gamma podía desempeñarse en la sala de envasado de los embriones, por ejemplo); los Delta (para trabajos mucho más simples; algo así como la llamada clase media baja actual); y los Épsilon (fabricados especialmente para desempeñar las tareas más infames y para atender a los Alfa. Era una clase baja, realmente feos y tontos, pero no inútiles). Nadie estaba inconforme con su condición, porque habían sido expresamente fabricados para cumplir sus tareas y estar muy contentos de ser quienes eran.

Seres humanos de todos esos tipos existen en la actualidad, aunque sí son paridos por mujer, sí son parientes y no están en lo absoluto conformes con su destino. Muy por el contrario están encabronados hasta la pared de enfrente con la pretensión de la cúspide del establishment de convertir su propio sentido común, en sentido común del conjunto de la sociedad. Se trata de una hegemonía que ya no es. Los Gama, los Delta, los Épsilon de hoy han abierto los ojos en la mayor parte del mundo. Les faltan las vías y los instrumentos para echar abajo la injusticia sin medida que los aplasta.

La elección de un cuasi demente multimillonario que pretende representar la vida jodida de los de abajo, es un contrasentido y un despropósito, y se derrumbará en un suspiro. La creación de los electores de Trump es obra de los de hasta arriba. Los crearon mediante las reglas, al final fallidas, mediante las que intentan manejar la globalización neoliberal. Hillary era, por ahora, el símbolo de la dominación más feroz que haya conocido la historia. Trump tropezará por su torpeza. Quién puede saber cuáles serán las consecuencias.
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La Jornada
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La codicia de Piñera

Mar, 22/11/2016 - 09:01

El economista Sebastián Edwards se refirió a la situación que enfrenta el ex Presidente Sebastián Piñera luego que se diera a conocer que su sociedad Bancard realizó inversiones en la pesquera peruana Exalmar en paralelo al conflicto nacional con Perú en La Haya, mientras era Presidente de la República.

"Yo conozco a Sebastián Piñera hace mucho tiempo, soy amigo de él, y creo que (él) no se aprovechó y no hubo ningún interés en este tema de las inversiones en Perú. Pero no lo exime de que haya sido una cosa sumamente desprolija, son dos cosas distintas. Yo no creo que haya querido profitar, pero hay una situación que es desprolija y que lo complica", comenzó señalando Sebastián Edwards en el programa de TVN "Mejor Hablar de Ciertas Cosas", conducido por el periodista Matías del Río.

En ese sentido, apuntó que "si tú eres Piñera y te presentas a Presidente, la primera cosa que dices con tu equipo: aquí hay cosas que hay que tener absoluta seguridad. Por ejemplo, no podemos tener inversiones en cuestiones que tienen que ver con pornografía, no podemos tener inversiones en armamento, armas de destrucción, en cuestiones que están al borde de la ley, en países limítrofes. Le faltó un rayado de cancha que es bastante evidente. Hubo una despreocupación y eso me parece a mí que lo complica".

Asimismo, hizo hincapié en que "la pregunta que se está haciendo la gente es para qué Piñera quiere más plata" y reiteró que su problema tiene que ver con una falta de transparencia, "debió haber pasado todo a un fideicomiso".

A juicio de Edwards, el eventual precandidato de la derecha es "codicioso" y recordó al respecto: "Le dije que tenía que regalar toda su plata y se enojó mucho conmigo (...) estaba furioso, y me contestó: ¿y por qué no regalai la tuya huevón?".
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