Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6206125
Actualizado: fai 10 horas 46 min

Cómo el crecimiento de las desigualdades causó la Gran Recesión

Xov, 26/05/2016 - 07:05
Vicenç Navarro, Público

Una de las causas más importantes de que ocurriera la Gran Recesión y de que esta fuera tan larga, fue el gran crecimiento de las desigualdades, resultado de la aplicación de las políticas públicas que se conocen como políticas neoliberales. Tales políticas públicas incluyeron, por un lado, las reformas laborales que tenían como objetivo la reducción de los salarios, y por el otro, la aplicación de la ortodoxia liberal encaminada a reducir los déficits públicos mediante medidas de austeridad y reducción del gasto público. Ambas políticas determinaron el enorme problema de la falta de demanda doméstica y, como consecuencia, el escaso crecimiento económico.

Por otra parte, la reducción de la capacidad adquisitiva de la población causó el elevado endeudamiento de las familias trabajadoras y de las medianas y pequeñas empresas, con la consiguiente expansión e hipertrofia de la banca (caso muy claro en España, donde el tamaño del sector es tres veces más grande –en términos proporcionales– que en EEUU), que invirtió predominantemente en actividades especulativas (debido a la menor rentabilidad de la economía productiva, resultado del escaso crecimiento económico) que ha consumido recursos que podrían haberse aplicado a fines más productivos y necesarios que los especulativos que han dominado, como he indicado, el comportamiento de tal sector financiero.

Esta situación podía prevenirse, pero el establishment político-mediático no lo permitió La evidencia empírica y científica que apoya la tesis expuesta en el párrafo anterior es abrumadora y contundente, lo cual explica que incluso un gran número de organismos internacionales, responsables de haber promovido tales políticas, como el Fondo Monetario Internacional o la OCDE, estén, por fin, cuestionando la aplicación de tales medidas neoliberales, que todavía se reproducen y promueven en la mayoría de países de la Eurozona. En España tal cuestionamiento no ha ocurrido todavía, en parte debido a la muy limitada diversidad ideológica de los mayores medios de información y persuasión.

La enorme falta de diversidad ideológica de estos grandes medios (claramente influenciados por la banca -cuyos créditos los sostienen-) explica que en España todavía la sabiduría convencional esté estancada en tal pensamiento. Es extraordinario que aún hoy los gurús económicos mediáticos de clara orientación neoliberal (con chaquetas llamativas, o sin ellas) continúen siendo promovidos en aquellos medios, cuando la falsedad de sus teorías es tan fácil de ver mirando la realidad que nos rodea.

Los datos, fácilmente accesibles, están ahí para todo aquel que quiera verlos. En la gran mayoría de países en Norteamérica y en la Unión Europea, las desigualdades han crecido enormemente. Las rentas del trabajo (de las que deriva la mayoría de la demanda) han ido bajando como porcentaje de la renta total de los países, mientras que las rentas del capital han ido subiendo, un fenómeno generalizado, como acabo de indicar, en los países a los dos lados del Atlántico Norte (EEUU y la Eurozona), pero con especial intensidad en los del sur de Europa, incluyendo España.

La continuidad en la aplicación de estas políticas explica el escaso impacto que las medidas tomadas por los Estados, y promovidas por el establishment europeo (el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Eurogrupo) y el Banco Central Europeo, han tenido en recuperar el buen funcionamiento de la economía de la Eurozona. En realidad, tales medidas (el deterioro del mercado de trabajo y la austeridad del gasto público) han aumentado todavía más las desigualdades y han retrasado todavía más la recuperación económica de estos países.

Las medidas monetarias: la falsa solución de los neoliberales En su mayor parte, las intervenciones de tales establishments europeos han sido de tipo monetario. Es decir, el Banco Central Europeo ha imprimido mucho y mucho dinero y lo ha distribuido a través del sistema financiero, que quiere decir predominantemente a través de los bancos, a unos intereses bajísimos, creyendo que el mayor problema de la economía era que no había suficiente dinero para que la población comprara y aumentara la demanda. Pero esta estrategia ignoraba que los canales que utilizaba para distribuir tal dinero –es decir, la banca privada- no compartían el mismo objetivo, puesto que su mayor objetivo era aumentar sus beneficios, y no necesariamente resolver los problemas de las familias o de las pequeñas y medianas empresas.

La banca utilizó tal dinero (además de para aumentar sus propios beneficios) para especular, comprando, por ejemplo, deuda pública, con la confianza que, en caso de que las burbujas creadas por tales comportamientos (como las burbujas inmobiliarias y las de deuda pública) explotaran, el Estado la rescataría, como así ha ocurrido. Las fuerzas conservadoras y liberales, que siempre critican las intervenciones del Estado para garantizar el bienestar de la ciudadanía, aplaudieron y dieron apoyo al mayor acto de beneficencia pública que haya ocurrido en el siglo XXI: la beneficencia a la banca, conocido como “el rescate a la banca”.

El BCE, consciente de que sus medidas de imprimir dinero no repercutían en el ciudadano, estimuló la banca, proveyéndola con incluso más beneficio si aseguraba la disponibilidad de crédito, asumiendo que el problema para las empresas era su dificultad para poder conseguir dinero prestado. Y aun cuando había un elemento de verdad en esta interpretación del bajo crecimiento económico, el mayor problema no era este para las pequeñas y medianas empresa (que es la que produce mayor empleo). En realidad, si los empresarios no creaban empleo era, en gran medida, porque no había suficiente demanda de sus productos y servicios. Y ahí estaba y continúa estando el problema. En realidad, la deflación (el fenómeno de que los precios estén bajando por debajo del nivel considerado aconsejable) también es consecuencia de esta falta de capacidad adquisitiva de la gran mayoría de la población, que adquiere sus rentas a partir de su trabajo.

¿La “conversión” del Sr. Draghi del Banco Central Europeo? De ahí que incluso ahora el Sr. Draghi, Presidente del Banco Central Europeo, comience a preocuparse y haya comenzado a proponer a los Estados y al Eurogrupo que se establezcan políticas fiscales para estimular la economía, aceptando las limitaciones que las políticas monetarias tienen para conseguir tal estímulo. Por políticas fiscales se entienden aquellas intervenciones que expanden el consumo y la demanda, bien a través del aumento del gasto público, bien a través de la rebaja de impuestos.

Predeciblemente, los neoliberales, como el Sr. Draghi, se centran primordialmente en esta última medida (que, por regla general, es la preferida por los partidos liberales y conservadores, como el PP, Ciudadanos y Convergència), ignorando con ello la abrumadora evidencia de que esta medida (estimular la economía a través de la reducción de impuestos) es poco eficaz para estimular la economía, mucho menos eficaz que la inversión pública encaminada a crear empleo, medida que por lo general es desfavorecida por tales partidos, aunque la evidencia muestra que es la más eficaz para estimular la economía.

Y ahí está precisamente la solución que ni el PP, ni Ciudadanos (ni tampoco el PSOE) consideran, pues están estancados en el dogma neoliberal promovido por el gobierno alemán que está creando tanto dolor y sufrimiento entre las clases populares de los países de la Eurozona. Que el PP y Ciudadanos lo hagan es coherente con su ideología neoliberal promovida por el sector financiero. Pero la conversión del PSOE a este dogma ha sido la causa de su bajón electoral, como ha ocurrido con la socialdemocracia en Europa. El apoyo a la austeridad ha sido el austericidio de la socialdemocracia.

La rebaja de impuestos que estos partidos favorecen tiende a favorecer a las rentas superiores (que pagan más impuestos) que a las rentas inferiores (que pagan menos). De ahí que estas medidas suelan incrementar todavía más las desigualdades, causa del problema económico. Lo que debería hacerse es una mayor redistribución de los recursos mediante políticas impositivas de carácter redistributivo e inversiones públicas (encaminadas a crear buen empleo, estable y bien pagado), en la infraestructura social, energética y física del país. Fue así como la Administración Roosevelt sacó a EEUU de la Gran Depresión. Fue así también como los gobiernos de la Europa Occidental salieron de la gran crisis económica que existía en Europa al terminar la II Guerra Mundial (estimulados por el Plan Marshall), y debería ser así como tendríamos que salir de la crisis ahora. La solución es fácil de ver. Y en cambio se está continuando con las mismas políticas neoliberales que han sido un auténtico desastre.

Y la pregunta que debe hacerse es ¿por qué tales políticas continúan aplicándose? Podría argumentarse que parte del problema es la incompetencia de los llamados expertos económicos neoliberales. Pero tal explicación es insuficiente. La causa real es que tales políticas, aunque perjudican enormemente al bienestar de las clases populares, beneficia enormemente a los componentes de lo que en EEUU se llama la Corporate Class, la clase de los propietarios y gestores de las grandes empresas (equivalente en cada país al IBEX-35), que dominan la vida económica, política y mediática del país. Como he indicado en un párrafo anterior, en todos estos países donde se han estado aplicando estas políticas, el porcentaje de las rentas derivadas del capital ha incrementado a costa de que las rentas derivadas del trabajo hayan disminuido.

Hoy el mundo empresarial está consiguiendo lo que siempre soñó. Y ello como consecuencia de las políticas neoliberales que ha estado promoviendo, y que han sido impuestas (y digo impuestas, pues no estaban en su programa electoral) por partidos gobernantes a la población, claramente influenciados por aquel mundo empresarial con el cual tales partidos tienen una complicidad preocupante. Hasta que no se rompa esta complicidad, España (incluyendo Catalunya) no saldrá de la Gran Recesión. Así de claro.
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Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El nuevo espíritu del capitalismo

Xov, 26/05/2016 - 02:01
Ricardo Forster, Página 12 En el régimen neoliberal de la autoexplotación uno dirige la agresión hacia sí mismo. Esta autoagresividad no convierte al explotado en revolucionario, sino en depresivo.
Hoy el poder adquiere cada vez más una forma permisiva. En su permisividad, incluso en su amabilidad, depone su negatividad y se ofrece como libertad.
La psicopolítica neoliberal está dominada por la positividad. En lugar de operar con amenazas, opera con estímulos positivos. No emplea la ‘medicina amarga’, sino el me gusta. Lisonjea el alma en lugar de sacudirla y paralizarla mediante shocks. La seduce en lugar de oponerse a ella. Le toma la delantera. Con mucha atención toma nota de los anhelos, las necesidades y los deseos (…). La psicopolítica neoliberal es una política inteligente que busca agradar en lugar de someter.”

Byung-Chul Han, Psicopolítica Hace unos años, cuando todavía no se había desatado la crisis de las hipotecas, la signada por la estrepitosa caída de Lehmann Brothers y que, desde el año 2008, sigue marcando duramente la travesía del capitalismo ultraliberal, en un notable libro de dos sociólogos franceses, Luc Boltanski y Ève Chiapello (El nuevo espíritu del capitalismo), podíamos leer, entre incrédulos y fascinados, las profundas transformaciones que se habían operado en el funcionamiento de la sociedad y de sus entramados económicos a partir de los años 80 y, sobre todo, desde la última década del siglo pasado. Boltanski y Chiapello se detenían, principalmente, a analizar y desmenuzar los cambios en el interior del mundo de las empresas, aguzaban su indagación para descifrar los procesos cultural-simbólicos que llevaron a dejar atrás los paradigmas fordistas en los que habían sido formados y formateados los cuadros gerenciales para poner en evidencia la profunda metamorfosis que viene signando la realidad empresarial desde las últimas tres décadas y que ha irradiado sobre los otros estratos de la sociedad. Lejos de los paradigmas contra los que se rebelaron los jóvenes de las décadas de 1960 y 1970, paradigmas sostenidos en el interior de la etapa productivista del capitalismo, allí incluso donde, en especial en los años que se abrieron a partir de la segunda posguerra, se expandió el Estado de Bienestar, lo que domina la escena de los últimos casi 40 años es la emergencia de un capitalismo de lo flexible asociado al impacto de la financiarización extrema de las relaciones económicas.

Combinando una rigurosa investigación de esta etapa hegemonizada por la financiarización del capital y hundiendo su bisturí crítico en los fundamentos ideológicos del neoliberalismo, los autores van mostrando de qué modo el discurso y la práctica del “nuevo espíritu” del capitalismo se fue apropiando de las experiencias y las propuestas contraculturales desplegadas en los años sesentas cuando la busca de un nuevo paradigma de libertad individual y de una violenta crítica a las formas autoritarias y jerárquicas de la sociedad burguesa dominaron la sensibilidad y las acciones de la generación de Mayo del 68. En todo caso, se afanan por comprender el paso de un capitalismo centrado en la producción y organizado a partir de estructuras verticales y jerárquicas a un capitalismo “de seducción” orientado hacia los placeres y el llamado al goce permanente capaz de introducir en la vida cotidiana la ficción de la diversidad, la libertad sin límites y la transgresión normativizada. Sus inquietudes están dirigidas a interrogar por la construcción de nuevas alternativas que logren sustraerse a esas formas de seducción que le ha permitido a la economía global de mercado imponer en casi todas las latitudes sus estructuras de dominación. Desafío de quienes siguen reivindicando ideales emancipatorios en la época en la que la lógica represiva y autoritaria del capitalismo ha mutado hacia prácticas capaces de enmascarar la actualidad de la desigualdad y la injusticia que, lejos de disminuir, se han multiplicado y acelerado a nivel planetario. “El capitalismo artístico –escribieron Gilles Lipovetsky y Jean Serroy– no hace pasar del mundo del horror al de la belleza radiante y poética”. En nuestra geografía sureña eso lo podemos comprobar al experimentar la diferencia que existe entre la publicidad de una “revolución de la alegría” propuesta por Cambiemos y la despiadada implementación de un programa de transferencia de recursos desde los sectores populares y asalariados a las grandes corporaciones financieras, a los dueños de la soja y a las empresas multinacionales. En todo caso, entre la ficción propagandística y la realidad de un aceleramiento de la desigualdad se ha colado una nueva y pujante maquinaria de producción intensiva de subjetividades sujetadas al engranaje del consumo infinito que encuentra su otro rostro en las nuevas formas de exclusión.

Veamos lo que destacan Boltanski y Chiapello: “No es difícil reconocer aquí (los autores están reflexionando sobre los cambios en la formación de los cuadros empresariales en los años 90) el eco de las denuncias antijerárquicas y de las aspiraciones de autonomía que se expresaron con fuerza a finales de la década de 1960 y durante la de 1970. De hecho, esta filiación es reivindicada por algunos de los consultores que, en la década de 1980, han contribuido a la puesta en marcha de los dispositivos de la nueva gestión empresarial y que, provenientes del izquierdismo y, sobre todo, del movimiento autogestionario, subrayan la continuidad, tras el giro político de 1983, entre su compromiso de juventud y las actividades que han llevado a cabo en las empresas, donde han tratado de hacer las condiciones de trabajo más atractivas, mejorar la productividad, desarrollar la calidad y aumentar los beneficios. Así, por ejemplo, las cualidades que en este nuevo espíritu son garantes del éxito –la autonomía, la espontaneidad, la movilidad, la capacidad rizomática, la pluricompetencia (en oposición a la rígida especialización de la antigua división del trabajo), la convivencialidad, la apertura a los otros y a las novedades, la disponibilidad, la creatividad, la intuición visionaria, la sensibilidad ante las diferencias, la capacidad de escucha con respecto a lo vivido y la aceptación de experiencias múltiples, la atracción por lo informal y la búsqueda de contactos interpersonales– están sacadas directamente del repertorio de Mayo de 1968. Sin embargo, estos temas, que en los textos del movimiento de mayo de 1968 iban acompañados de una crítica del capitalismo (y, en particular, de una crítica de la explotación) y de su anuncio de un fin inminente, en la literatura de la nueva gestión empresarial se encuentran de algún modo autonomizados, constituidos como objetivos que valen por sí mismos y puestos al servicio de las fuerzas que antes trataban de destruir. La crítica de la división del trabajo, de la jerarquía y de la vigilancia, es decir, de la forma en la que el capitalismo industrial aliena la libertad es, de este modo, separada de la crítica de la alienación mercantil, de la opresión de las fuerzas impersonales del mercado que, sin embargo, era algo que la acompañaba casi siempre en los escritos contestatarios de la década de 1970”.

Lo interesante de este análisis es, precisamente, que nos muestra de qué modo el sistema logró apropiarse de las críticas más radicales, en especial de aquellas que hacían hincapié en las formas autoritarias y jerárquicas que dominaban la esfera de la producción y del mundo económico, para, generando una metamorfosis sorprendente, ponerlas al servicio de la reconfiguración del propio capitalismo. Resulta imposible explicar la expansión cultural (y ya no sólo estructural-financiera) del neoliberalismo sin establecer estas genealogías y estos vínculos que, a simple vista, parecerían ser visceralmente contradictorios. ¿Cómo es posible que los movimientos contestatarios y anticapitalistas de los 60 y los 70 se hayan convertido en la materia prima para la refundación todavía más salvaje de la dominación burguesa sobre el conjunto de la sociedad? Seguramente es posible encontrar la respuesta en el meticuloso estudio que los autores realizan de la erosión que el nuevo individualismo libertario y hedónico generó en el interior de la vida de la sociedad de finales del siglo pasado y, sobre todo, de la “genial” apropiación que la nueva cultura empresarial fue capaz de hacer de las energías contestatarias que marcaron a una generación e hicieron inviable la persistencia de un modelo autoritario de organización de la sociedad (aunque también se llevó puesta, esta labor erosionante, el entramado comunitario para potenciar el híper individualismo). Pero, lo fundamental, fue la sagacidad con la que rápidamente comprendieron la fluidez que surgía entre las nuevas necesidades del capitalismo neoliberal y la ruptura de los límites, de las jerarquías y de las tradicionales y anquilosadas formas de organización del trabajo que estaban en la base de la crítica de los jóvenes rebeldes de los 60 y 70. Del mismo modo que, utilizando los cuantiosos recursos de los medios de comunicación y de la industria de la cultura, se desplegó un proceso de producción de subjetividad asociada a los valores emergentes de la nueva praxis individualista.

Del espíritu anticapitalista extrajeron aquellas características que se correspondían con las exigencias de la época de la fluidificación económica, de la imprescindible apertura de las fronteras mercantiles y de la radical financiarización del sistema económico que apostaba a lo flexible frente a lo sólido, a lo fugaz frente a lo permanente, a lo descentrado frente a lo orgánico, a lo horizontal frente a lo jerárquico. Bajo la impronta de un nuevo concepto de “libertad” (en gran medida extraído de la crítica de la generación del 68, lo que otros autores han llamado la “crítica artística del capitalismo”), el neoliberalismo fue modificando de cuajo las formas cultural-simbólicas y se preparó para producir una profunda mutación en la subjetividad. Difícil, por no decir imposible, desentrañar la emergencia de la “nueva derecha” (entre nosotros del macrismo) sin dilucidar las características centrales de esta etapa del capitalismo global.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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¿Por qué China no lanza su anunciada bolsa petrolera en Shanghai?

Mér, 25/05/2016 - 19:42

Alfredo Jalife-Rahme

La guerra multidimensional –excluyendo todavía la vía militar directa– de EEUU contra Rusia y China ha elevado su nivel en otros frentes y ahora se practica en forma obscena y directa en tres segmentos: 1) la guerra energética; 2) la guerra geofinanciera, y 3) la guerra de divisas, sin contar las otras confrontaciones, cibernética y de propaganda, en curso.

No fue menor el reciente anuncio timorato de relanzar la proyectada bolsa petrolera rusa de San Petersburgo, Spimex, que busca romper el supremacismo energético anglosajón y la hegemonía del dólar (http://goo.gl/jXNzzo), en paralelo a los amagos de independencia bursátil y liberación energética de China.

Bloomberg News destacó hace poco que la apertura de la bolsa petrolera de China en la plaza de Shanghai, donde operaría sus primeros contratos, arrastra los pies todavía después de más de 20 años de su anuncio (http://goo.gl/My2mfO).

El motivo aducido, poco creíble, es la volatilidad de los mercados, como si ello fuera algo novedoso, cuando es consustancial a la creación de burbujas del mercado neoliberal global, como acaba de confesar el francés centralbanquista Jacques de Larosière de Champfeu, malhadado ex director ejecutivo del FMI.

Anunciada para finales de 2015, la apertura de la bolsa petrolera de Shanghai –que contribuiría a romper el supremacismo energético anglosajón de la mercantilización del crudo por el Nymex y el IPE, respectivamente, en las plazas financieras de Nueva York y Londres– fue pospuesta hasta una fecha inespecífica de 2016, cuando ya han transcurrido cinco meses. Hace más de 20 años, el gobierno chino introdujo un contrato doméstico de crudo en 1993, que fue detenido un año más tarde en medio de la evaluación (sic) de su industria energética.

No hay que evaluar demasiado 20 años más tarde cuando las importaciones de China se han incrementado en forma sustancial: 7.9 millones de barriles al día (MBD): 8.3 por ciento más en lo que va del año y cuya mayoría sirve para almacenar sus reservas estratégicas (http://goo.gl/IfqVZp).

No es lo mismo la China de hoy que la de hace dos décadas, cuando apenas empezaba a despuntar en la geoeconomía global –en ese momento se encontraba incluso detrás de México– y aún no implementaba su trascendental asociación estratégica con Rusia, en la fase de rehabilitación y restauración relativas del zar Vlady Putin.

Hoy los diestros mosqueteros chinos, veinte años más tarde, se han posicionado como la primera superpotencia geoeconómica global (medido por el poder adquisitivo) y han establecido una asociación estratégica nuclear y gasera con Rusia –cuyos verdaderos alcances permanecen secretos– para impedir la humillante estrangulación por EEUU.

Como imagen en espejo, las exportaciones de Rusia a China rompieron récord (https://goo.gl/d1pjum), lo que (en)marca la complementariedad que se puede generar entre los dos proyectos de las nuevas bolsas petroleras: la rusa de San Petersburgo (Spimex) y la de Shanghai.

El zar Putin parece aplicar el apotegma biologista de que la función crea al órgano, como profirió a finales de 2014, durante la cumbre de la APEC en Pekín, antes de las asfixiantes sanciones de Obama y de la guerra contra el rublo (vía desplome del crudo): “El uso del rublo y el yuan podría reducir la influencia del dólar (https://goo.gl/96HMfA)”.

Casi un mes después de los anhelos tripolares de Putin, su feroz contrincante Obama –quien optó hasta ahora en forma eficiente y casi silenciosa por la guerra geofinanciera y la guerra de divisas, en lugar de las desastrosas aventuras militares– le propinó una tremenda paliza al rublo.

No será sencilla ni tersa la transición al nuevo orden tripolar entre EEUU, Rusia y China cuando los halcones –financieros y militares– de Washington se empecinan en su inviable unipolaridad.

China compite ya con EEUU como el mayor importador global de crudo y requiere no sólo establecer mayor influencia en la cotización del oro negro, sino también promover la utilización del yuan/renminbi, por lo que ha relajado las reglas que permiten la importación del petróleo a las refinerías “independientes (http://goo.gl/9zSW3g)”. No es nada desdeñable la participación de las refinerías chinas, que han llegado a procesar casi 10.6 MBD.

Más allá de la vulgar cuan reduccionista mercantilización del crudo, las coyunturas geopolíticas son cruciales para la toma de decisiones del gobierno chino, en la etapa de florecimiento/consolidación/salvaguarda por el mandarín Xi de su singular modelo mixto (público/privado).

Lu Feng, funcionario de Shanghai International Energy Exchanges, comentó que dicha bolsa energética debe concluir reglas y conductas de simulación mercantil –¡después de más 20 años!–, además de que requiere la aprobación de la Comisión Regulatoria de Valores Bursátiles de China.

Según Bloomberg, las turbulencias bursátiles y la volatilidad de los mercados financieros –donde descuellan tanto la guerra de divisas como la guerra geofinanciera entre el dólar y el yuan/renminbi que no se atreven a decir su nombre– han apaciguado las ansias del gobierno chino que necesita tener mayor influencia en la cotización del petróleo que controlan hoy en forma anómala las plazas de Nueva York y Londres.

¿Teme China a la guerra geofinanciera en boga que le pueden propinar sin misericordia las doblemente plazas financieras/energéticas de Nueva York y Londres?

En el más reciente encontronazo de guerra geofinanciera entre el dólar y el yuan/renminbi, China se vio obligada a desprenderse de un billón de dólares de sus reservas de divisas que siguen siendo las primeras del planeta, ahora disminuidas a 3 billones de dólares.

Gabe Collins, del portal The Diplomat (muy cercano a Japón), comenta que “el enfoque intenso sobre el auge del petróleo de Norteamérica (sic), Arabia Saudita y los yihadistas de Daesh/Isis oscurecen una importante tendencia (sic) energética emergente: la producción del petróleo de China está llegando a su pico (http://goo.gl/lalPO6)” –que explicaría su espectacular rebote reciente desde el desplome de 25 dólares el barril hasta los linderos de 50 dólares de hoy–, lo cual “tendrá implicaciones profundas en el mercado petrolero, ya que China no es sólo un importador masivo de crudo, sino que se encuentra también entre los cinco principales productores globales, detrás de EEUU, Rusia, Arabia Saudita y prácticamente empatada con Canadá (http://goo.gl/cbMkes)”.

Otro capítulo especial lo constituye el petróleo de esquisto (shale oil), del que China posee pletóricas reservas globales con un enorme potencial, según la muy sesgada EIA: 32 mil millones de barriles técnicamente recuperables.

¿Cómo responderá el presidente saliente Obama a las veleidades libertarias bursátiles de Rusia y China?

Por lo pronto, en el área del binomio ambiguo cuan confuso de cooperación/confrontación de Obama y el mandarín Xi, EEUU ha levantado en forma alarmante el embargo de venta de armas a Vietnam (http://goo.gl/EtY8dV), su antiguo enemigo, para confrontar a su nuevo rival: China.
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Cincuenta países endurecen el pacto secreto TiSA para entregar más servicios públicos al sector privado

Mér, 25/05/2016 - 17:30
Los cincuenta países que negocian el pacto secreto TiSA mantienen el rumbo para abrir las puertas de los servicios públicos al sector privado. A pesar de las crecientes críticas a la política comercial de la Comisión Europea en nombre de los 28, Bruselas ha fijado su posición en las conversaciones del acuerdo que afectará a prácticamente todos los servicios, desde los postales hasta los transportes, a pesar de la exigencia del Europarlamento a que el Trade In Services Agreement (TiSA, en inglés) deje fuera los servicios públicos. Y todo ello tiene lugar en una atmósfera de secretismo aún más densa que la que envuelve el TTIP.

Una nueva filtración de WikiLeaks muestra que las negociaciones han mantenido, e incluso endurecido en algunos aspectos, la línea denunciada el año pasado aquí y aquí. Uno de los documentos filtrados recoge la obligación de los estados de informar al resto de países -y por tanto a sus empresas- antes de aprobar normativas que puedan afectar a sus intereses comerciales. Y, mientras algunos de los estados negociadores piden acotar esta imposición, EEUU, Canadá y otros tantos exigen que se mantenga ante prácticamente cualquier escenario.

Esto afectaría incluso a las medidas adoptadas de urgencia por los respectivos gobiernos, ya que incumplirían la cláusula que obliga a dar una “oportunidad razonable” al resto de estados firmantes para hacer comentarios en base a sus intereses o los de sus empresas. El TiSA impone que las partes tengan “tiempo suficiente” para comentar, sin acotar ningún periodo temporal concreto, y establece que los estados “deben considerar” sus aportaciones.

Y, si EEUU logra imponer su posición, la obligación de dar cuentas al resto de estados se aplicaría a las regulaciones “a cualquier nivel de gobierno”, por lo que según los expertos de WikiLeaks esto obligaría hasta al más pequeño de los ayuntamientos a informar sobre las normativas que planee aprobar por su posible impacto en los intereses económicos y financieros de los inversores extranjeros.

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Pretender y extender: regresa la tragedia griega

Mér, 25/05/2016 - 14:00
Alejandro Nadal, La Jornada

Hace un año el gobierno de Alexis Tsipras a través de su ministro de finanzas, Yannis Varoufakis, presentó a las organizaciones de la troika (Banco Central Europeo, Comisión de la UE en Bruselas y el Fondo Monetario Internacional) un paquete de política económica para la economía griega. Lo más importante del conjunto de propuestas era el plan para restructurar la deuda griega. El documento buscaba salir del círculo vicioso de extender nuevos créditos a Grecia para sobrellevar la crisis y pretender que en el futuro cercano el endeudamiento iría reduciéndose.

La propuesta de Varoufakis contemplaba la generación de un superávit primario que pasaría de 0.8 por ciento del PIB en 2015 a 2 por ciento a partir de 2018 para estabilizarse durante la siguiente década. El superávit primario es lo que queda cuando a los ingresos del estado le restamos los rubros del presupuesto programable (antes del servicio de la deuda). No es otra cosa que la métrica del abandono de los rubros necesarios para el desarrollo social y económico.

La tasa de crecimiento que proyectaba la propuesta del gobierno de Tsipras era modesta para los primeros años y después se estabilizaría alrededor de 3 por ciento en promedio durante la siguiente década. Esta combinación de medidas permitiría reducir la proporción de la deuda con respecto al PIB para llevarla de 180 por ciento en 2015 a 127 por ciento del PIB para 2025. Los pagos por servicio de la deuda se irían reduciendo del 18 por ciento del PIB a niveles mucho más manejables.

Pero la troika propuso un plan distinto: nuevo rescate pero acompañado de nuevas y más fuertes medidas de austeridad fiscal. El gobierno de Tsipras sometió el nuevo plan a un referéndum general. El resultado del histórico ejercicio democrático del 5 de julio fue clarísimo: 62 por ciento de la población se manifestó en contra del plan propuesto por la troika.

Pero las urnas para el referéndum no fueron los únicos lugares en los que la gente podía manifestarse. Al mismo tiempo que la población rechazaba el plan de austeridad acudía ansiosa ante los bancos y los cajeros automáticos para retirar lo que quedaba de sus cuentas.

La troika decidió castigar a Grecia: el BCE restringió sus líneas de crédito de emergencia (para los bancos) y la Comisión en Bruselas exigió todavía más reformas y más austeridad. Por su parte, el FMI jugaba un doble juego. En efecto, mientras la retórica de la señora Lagarde hacía alusiones a la inefectividad de las medidas de austeridad y al hecho de que la deuda era insostenible, el FMI siguió (y ha seguido) insistiendo en las privatizaciones y demás reformas estructurales. Al día siguiente del referéndum Varoufakis renunció y apenas cuatro días después Tsipras dio a conocer un paquete de medidas que esencialmente recogía las condiciones de la troika. La capitulación del gobierno de Syriza frente a los poderes de la troika fue total.

¿Cómo se ha desempeñado la economía de Grecia desde que Tsipras decidió acatar el diktat de la troika? Las medidas de austeridad impuestas por la troika no han permitido crecer y tampoco han conducido a una reducción de la carga de la deuda. El PIB griego sufrió una contracción de 1.2 por ciento en el primer trimestre de este año (con respecto al primer trimestre del año anterior) y Grecia acumula ya tres trimestres consecutivos de sufrir una contracción económica.

Es decir, las cosas siguen empeorando. Los pronósticos del propio FMI indican que la deuda permanecerá en el rango de 180 por ciento del PIB hasta 2020 y que a partir de ese año volverá a crecer hasta llegar a 250 por ciento del PIB en 2055. Los requerimientos financieros del sector público para hacer frente a esta masa de endeudamiento ascenderían a cerca de 70 por ciento del PIB. Esta es una cifra escandalosa: la economía griega estaría destinando más de dos tercera partes del producto para pagar deudas.

Estas son las razones por las cuales el FMI considera que la deuda en Grecia no es sustentable y por las cuales se necesita un programa de restructuración de la deuda que sea más realista. Sin embargo, y aquí está el meollo de la cuestión, el FMI sostiene que Grecia debe mantener las metas de superávit primario de 3.5 por ciento anual. De este modo, la propuesta del Fondo significa ahogar a la economía griega al mismo tiempo que habla un lenguaje en apariencia más realista sobre la deuda. Es un doble juego absurdo en sus negociaciones para decidir si forma parte del tercer paquete de rescate o se mantiene al margen. Pero ese paquete es otro capítulo más de esa política del avestruz que consiste en extender el martirio de la economía griega y pretender que algún día vendrá la solución.

La tragedia en Grecia se va a volver a repetir. Los vencimientos que enfrenta Grecia para los próximos meses y la insolvencia de facto que ya existe son la prueba fehaciente de que el camino impuesto por la troika y el FMI conduce a una espiral deflacionaria y a una crisis más prolongada en la que el pueblo griego perderá todo.

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Tribunal de Estados Unidos pone 16 grandes bancos al borde de la quiebra

Mér, 25/05/2016 - 09:10
El Tribunal de Apelaciones de EEUU ha restaurado la demanda a 16 bancos internacionales por la manipulación de la tasa Libor, tipo de referencia mundial que se fija diariamente en Londres para determinar el interés que pagan los bancos entre sí. La demanda fue presentada por primera vez en 2011 y desde entonces muchos bancos llegaron a un acuerdo con la investigación, se declararon culpables y pagaron enormes multas. Sin embargo, el 2013 una juez de Manhattan, Naomi Reice Buchwald, inesperadamente rechazó la demanda.

La decisión actual del Tribunal permite a los demandantes, inversores privados e institucionales, volver a exigir enormes indemnizaciones por parte de entidades como los bancos estadounidenses JPMorgan Chase, Bank of America y Citigroup, los británicos Barclays, RBS o HSBC, los suizos UBS y Crédit Suisse, el francés Société Générale, el alemán Deutsche Bank, el japonés Bank of Tokio-Mitsubishi y la Asociación de Banqueros Británicos (BBA).

El mismo tribunal explica que reconoce que su decisión podría comportar la quiebra de estos bancos. No obstante, la restauración de la demanda no significa que la parte afectada tenga más probabilidades que antes de ganar el juicio. La investigación de la manipulación de la tasa Libor iniciada el 2012 llevó a que una decena de entidades, entre ellas Barclays y UBS, hayan sido multadas por un valor total de 10.000 millones de dólares. Más de 100 'traders' y corredores fueron despedidos o han abandonado el sector.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Un nuevo Bretton Woods

Mér, 25/05/2016 - 07:00
José Blanco, La Jornada

Los vaticinios sobre una profundización grave de la crisis del capitalismo mundial menudean. Hablan de ello expertos de varios países desarrollados, lo hace también la OCDE o el FMI. Por supuesto, en el caso de las instituciones internacionales no se pronuncian esas brutales palabras (profundización grave del capitalismo mundial), sino sólo bajan las expectativas del crecimiento.

El principal culpable del presente es, por supuesto, China, porque está actualmente creciendo a una velocidad que nunca alcanzaron las grandes potencias (por arriba de 6 por ciento), debiendo hacerlo a la que nos tenían habituados hasta hace pocos años, en torno a 10 por ciento. Sus importaciones han caído, cuando eran el principal motor del crecimiento de la economía internacional, aunque exportaba más aún de lo que importaba y estaba acumulando unas reservas estratosféricas que tenían muy preocupadas al resto de las grandes potencias, especialmente a Estados Unidos, que no se cansaba de acusarla de manipular su tipo de cambio, sin ver la increíble pulcritud con que ha vapuleado al mundo con su sistema financiero y monetario.

Cada día uno puede hallarse con nuevas noticias sobre inventos en materia de instrumentos financieros, y mil recomendaciones diferentes, dependiendo de hacia dónde apunten los obuses financieros de Wall Street, el Fondo, o Washington mismo. Lo inesperado sucede cada día.

Todos saben que no existe un sistema financiero internacional, que le sirva al capitalismo mismo, como no existía antes de la Segunda Guerra Mundial. Al final de esa guerra, había que crear instituciones para el gobierno de la economía internacional y, en 1945, ahí estaba Estados Unidos como potencia incontestable (producía más de 50 por ciento del PIB industrial del mundo), y no le fue difícil convocar a la reunión que tuvo lugar en Bretton Woods e imponer un sistema para gobernar/dominar la economía internacional. Se inventaron el FMI, el Banco Mundial y el sistema monetario bautizado como oro-dólar. En 1945 por fin el mundo tenía un sistema monetario internacional, del que había carecido por varias décadas.

Ese sistema convirtió al dólar en la divisa internacional por excelencia, pero estaba, sin remedio, y rapidito, destinado al fracaso. A partir del fin de la guerra la economía mundial tuvo una impresionante ola de crecimiento, responsable de que el sistema oro-dólar tuviera una vida tan extremadamente breve. Un crecimiento así, significaba un crecimiento aceleradísimo de los intercambios. Entre mayor es el número de intercambios mayor es la necesidad de dinero en circulación. Claro, Estados Unidos se encargaría de proveerlo. Pero no existía otra forma para proveer de dólares al mundo, que no fuera la generación permanente y creciente de un déficit comercial por parte de Estados Unidos con el resto del mundo. Entre mayores los requerimientos de dinero fiduciario, más rápido trabajaban las máquinas de Estados Unidos fabricando el billete verde.

Irremediablemente, la relación oro-dólar de 35 dólares la onza, que se fijó en 1945 en Bretton Woods, se volvió insostenible. El mundo requería cantidades inmensas de la divisa para hacer sus intercambios, y Estados Unidos los proveía mediante las importaciones que realizaba. Inundado el mundo de dólares hacia fines de los años 60, Estados Unidos ya no poseía el oro necesario para devolver a cada tenedor de un dólar, 35 onzas de oro. Así que Nixon, el 15 de agosto de 1971, dijo al mundo no cambiaré un dólar más, por oro, y háganle como quieran.

El sistema oro-dólar murió y se le sustituyó por un conjunto de mecanismos brutalmente autoritarios. Todo se desreguló –se eliminaron las reglas que regían el patrón-oro–, y se le cambió por unas reglas que varían según las potencias y los bancos leen lo que ocurre a la economía mundial, especialmente a los países llamados desarrollados. Se dejó que los bancos fueran al mismo tiempo banca de inversión y banca comercial, que se inventaran todos los instrumentos de fraude y saqueo que salieran de esas mentes obtusas y perversas que tienen los banqueros, que crearan todo el dinero que quisieran por la vía del crédito; y en efecto, especialmente los grandes bancos han creado una inefable cantidad de dinero que la economía no puede ni podrá absorber productivamente. Los gringos se inventaron también unas instituciones cuyos patrones son los bancos, y que se llaman calificadoras, cada una de las cuales tiene sus propios criterios para calificar a los países, y esa calificación es la que obliga a que todo mundo se alinee a las políticas que dicen bancos y FMI que deben ajustarse, y que derivó del Consenso de Washington.

Washington es, para John Williamson, que armó en un papel el consenso, el conjunto de instituciones que residen en esa ciudad: FMI, Banco Mundial, la Reserva Federal, los think tanks de esas instituciones y del gobierno de Washington. Williamson recogió 10 tesis provenientes de ese conjunto en el cual él decía haber hallado un consenso. Ese consenso pasó a llamarse después en todo el mundo neoliberalismo. Y hoy, ese caos sin precedentes que es la economía mundial, es en realidad el hijo bastardo de los pésimos acuerdos de Bretton Woods.

Hoy por hoy, los mismos que dieron nacimiento al Consenso de Washington, y cientos o miles de sus simpatizantes en el mundo proponen como necesario un nuevo Bretton Woods. Son impensables las barbaridades de acuerdos que saldrían de un nuevo Bretton Woods. Pero sin duda estarían pensadas para preservar los intereses del uno por ciento.

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Noam Chomsky: Arabia Saudí es el “centro del extremismo islámico radical”

Mér, 25/05/2016 - 02:01

Amy Goodman: Estamos de gira en Chicago, Illinois. Soy Amy Goodman, continuamos con la segunda parte de nuestra conversación con el disidente político, lingüista y escritor de renombre mundial, Noam Chomsky, profesor emérito de la universidad Massachusetts Institute of Technology, donde ha dado clases durante más de medio siglo. Su último libro se titula "¿Quién gobierna el mundo?" Le preguntamos sobre el rol de Arabia Saudí en Medio Oriente.

Noam Chomsky: Es una larga historia. No tenemos mucho tiempo, pero la historia básica es que Estados Unidos, como ya hicieron los británicos antes, han sido propensos a apoyar el islamismo radical en contra del nacionalismo secular. Ese ha sido un tema recurrente en la estrategia imperialista durante mucho tiempo. Arabia Saudí es el centro del extremismo islámico radical. Patrick Cockburn, uno de los mejores analistas y uno de los mejor informados, apunta acertadamente que lo que él llama la "wahabismación" del Islam suní, la propagación de la extremista doctrina saudita del wahabismo en el Islam suní, en el mundo suní, es uno de los verdaderos desastres de la era moderna. No sólo es una fuente de financiación para el Islam extremista y radical y para sus ramificaciones yihadistas, sino también una fuente de adoctrinamiento, a través de mezquitas, clérigos, escuelas, ya sabe, madrazas, donde sólo se estudia el Corán, que se está extendiendo por todas las vastas zonas suníes de influencia saudí. Y hay más.

La misma Arabia Saudí tiene uno de los historiales más grotescos del mundo en lo que a derechos humanos se refiere. Las decapitaciones que lleva a cabo ISIS, que conmocionan a todo el mundo... creo que Arabia Saudí es el único país del mundo donde se practican decapitaciones de forma regular. Eso no es todo. Las mujeres no pueden conducir, entre muchas otras cosas. Y Arabia Saudí está fuertemente respaldada por Estados Unidos y sus aliados, Gran Bretaña y Francia. ¿Cuál es la razón de esto? Tiene mucho petróleo. Tiene mucho dinero. Se les puede vender una gran cantidad de armas, creo que miles de millones de dólares en armas. Y las acciones que están llevando a cabo, por ejemplo, en Yemen, las cuales usted mencionó antes, están provocando una inmensa catástrofe humanitaria en un país muy pobre, y también está estimulando el terrorismo yihadista a nivel global, naturalmente, con armas estadounidenses y británicas. Francia también está tratando de formar parte de esto. Esta es una historia muy desagradable.

La propia Arabia Saudí basa su economía no sólo en un recurso malgastado, sino que es un recurso que está destruyendo el mundo. Hay reportes que señalan que ahora están tratando de tomar algunas medidas, pero son pasos muy tardíos; deberían de haberse tomado hace 50 años, tratando de diversificar la economía. El país cuenta con recursos que no son destructivos, como la luz solar por ejemplo, que podría ser utilizada, y que hasta cierto punto es utilizada para energía solar. Pero es demasiado tarde y, probablemente, no se pueda implementar una alternativa. Ha sido una fuente de graves problemas globales, una sociedad horrible en sí misma, en muchos sentidos... y EEUU y sus aliados, así como Gran Bretaña antes que ellos, han estimulado el desarrollo de estos islamistas radicales a lo largo de todo el mundo islámico durante mucho tiempo.

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¿Cómo escapar del neoliberalismo del siglo XXI en América Latina?

Mar, 24/05/2016 - 22:01
Alfredo Serrano Mancilla, El Ciudadano

La restricción aprieta y la salida neoliberal está a la vuelta de la esquina. Siempre te atrapa de la misma manera: te llevan hasta el borde del precipicio y, desde ahí, toca elegir el mejor salto al abismo. A medida que crece la restricción externa, más difícil es huir del laberinto neoliberal en su versión más moderna. Los tentáculos del orden hegemónico global aparecen habitualmente como “auxiliadores” para superar cualquier emergencia. Así fue en el pasado y lo es ahora. Pero, esta vez, se presenta en versión siglo XXI, aprendiendo del pasado. Ya se acabó la era de ofertar todo como un paquetazo de ajuste social. La ayuda financiera es presentada sin aparente contrapartida, sin grandes virajes. Las políticas económicas salvadoras en materia cambiaria, precios, tributarias y monetarias tampoco asoman con descaro neoliberal. Se esconden en forma de grandes acuerdos, de alianzas con amistades (peligrosas). Estamos en otro momento histórico. Todo se hace más amigable.

Esta es la primera vez que el bloque de países progresistas ha de afrontar un ciclo tan prolongado de caída de los precios de las materias primas. Economías acostumbradas a funcionar con muchas divisas han de desafiar un nuevo estado de vacas flacas. No es momento para mirar hacia atrás. Seguramente hubieron errores en el pasado; pero también se llevaron a cabo políticas económicas exitosas en redistribución de la renta, garantías de derechos sociales, crecimiento (democratizado) del consumo interno, reapropiación de sectores estratégicos, recuperación de la soberanía, mejores condiciones de inserción geoeconómica. No obstante, la clave no está ni en vanagloriarse ni autoflagelarse por el pasado. El presente es lo que manda; y el futuro es lo que espera.

En ningún manual se encuentra la receta para encarar esta emergencia económica caracterizada por un frente externo adverso. La economía mundial no presenta síntomas de recuperación: ni los precios de los commodities, ni el comercio global y, mucho menos, la economía productiva global. Países como Venezuela, Ecuador o Bolivia enfrentan una situación inédita por la combinación conjunta de múltiples retos: a) no retroceder en materia social, b) sostener un patrón de consumo superior al del siglo pasado, c) gestionar una nueva estructura de clases sociales que cambió su matriz de demandas, d) no hipotecar el futuro ni ceder en clave de soberanía. Y todo ello hay que hacerlo ganando elecciones y venciendo la actual batalla que gira en torno a las expectativas de “estar mejor”.

El neoliberalismo del siglo XXI te extiende la mano con nuevas fórmulas. El gran Tratado de Libre Comercio se sustituye por acuerdos parciales; el ALCA por los “alquitas”. Cada país firma con quien puede para ver si así logra captar más divisas. De esta manera, se atomiza la región y se desanda todo lo que se avanzó en materia de integración regional. Los Tratados Bilaterales de Inversión se camuflan en blindajes particulares por cada inversión extranjera directa. La fragmentación geográfica de la producción mundial y sus cadenas globales de valor sirven para captar el mayor porcentaje posible de ganancia generada en cualquier proceso de transformación. La nueva economía del conocimiento y sus acuerdos de propiedad intelectual construyen nuevas cadenas de dependencia entre los países centrales y la periferia. Las translatinas son actores tan trascendentes como las transnacionales. La banca privada internacional y el FMI proponen prestamos con condiciones leoninas exigiendo como garantías expropiaciones de activos públicos. No resulta sencillo escapar de esta avalancha de rebajas en época de liquidación. La tentación neoliberal retorna aprovechándose de que nunca se fue del todo procurando injertarse definitivamente ahora que las contradicciones internas-externas florecen.

Ante cierto agotamiento relativo de la inventiva creadora de los procesos progresistas en materia económica, se corre el riesgo de “dejar hacer, dejar pasar” al neoliberalismo en su versión siglo XXI. Sin embargo, la política económica heterodoxa (postkeynesianismo, neomarxismo, feminismo, institucionalismo, escuela de regulación) otorga un gran ramo de posibilidades para huir de esta salida neoliberal. Lo primero es partir de varias premisas básicas: 1) la economía como un todo (y como la suma de sus partes), 2) la economía política está más presente que nunca, 3) no hay acierto económico sin una adecuada comunicación económica, 4) la eficiencia no debe estar reñida con la justicia social, 5) la economía también produce subjetividades, 6) la sociedad con mercado (pero no de mercado) es un hecho y, como tal, hay que definir qué vaya a ser. A partir de ahí, toca edificar un nuevo metabolismo económico capaz de sostener materialmente las revoluciones sociales que se han venido aconteciendo. He aquí algunas líneas para escapar del neoliberalismo 2.0.

Por un lado, la política tributaria ha de dejar de ser mera acompañante para convertirse en una herramienta decisiva en este dilema. Es necesario utilizar este motor frente a la emergencia económica por varias razones: a) hay que avanzar en soberanía tributaria (recaudar adentro lo que se necesite adentro), b) lo tributario ha de servir como incentivo para fomentar producción nacional, frenar importaciones y penalizar lo ocioso-improductivo-especulativo. Por otro lado, el sistema bancario ha de remar en la misma dirección del modelo de desarrollo productivo. Hay que regular las carteras de créditos evitando burbujas ineficientes y especulativas; se deben poner a funcionar las reservas excedentarias a favor de la economía productiva; hay que procurar nuevos mecanismos de ahorro interno. En materia cambiaria, se deben buscar mecanismos novedosos que logren amortiguar la supremacía del dólar: timbres cambiarios que resuelvan desequilibrios comerciales, bonos ahorros cambiarios que salvaguarden de ataques a la moneda, utilización de las divisas disponibles bajo criterios multiplicativos en la economía real. En lo comercial, es momento para repensar otras modalidades de intercambio en otras divisas con los BRICS.

De nada servirían estas políticas si no vienen acompañadas de un cambio del modelo productivo, no sólo produciendo nuevos bienes finales sino también considerando la fabricación de insumos productivos, verdaderos generadores del valor agregado. En este sentido, tampoco se debe descuidar quién produce (pequeños, medianos, grandes, transnacionales) y bajo qué condiciones laborales, y especialmente bajo qué objetivos: para satisfacer la demanda interna, privada o pública, o para exportar. Es hora de una nueva planificación productiva que, además, contemple los requerimientos de la política de compras públicas. Es imprescindible sintonizar la demanda del Estado con la nueva etapa productiva.

A pesar del mandamiento neoliberal, del “no hay alternativa”, sí que se puede tomar otra ruta económica para afrontar este desafío de época. Nadie dijo que iba a ser fácil.

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Uno de los países más caros del mundo debate si debe regalar dinero a sus habitantes

Mar, 24/05/2016 - 20:35

El 5 de junio se celebrará en Suiza el referéndum que deberá decidir si el país adopta una renta básica universal, es decir, ofrecer un sueldo mensual a cada suizo simplemente por ser ciudadano, señala Bloomberg. La cantidad exacta de dinero que podría reemplazar los subsidios públicos en caso de que esta propuesta ganara en referéndum todavía se desconoce, pero se cree que ascendería a 2.500 francos suizos (2.522 dólares).

Aunque a primera vista la idea parece ser un acto de generosidad sin precedentes, hay que tener en cuenta que la vida en Suiza está muy lejos de ser barata, y disponer de 2.500 dólares al mes significa apenas superar el umbral de la pobreza.
Otro factor importante es que en Suiza no se necesitan muchos votos en apoyo de una iniciativa para celebrar un referéndum. Según los datos de las encuestas, cerca del 60% de los ciudadanos del país no quieren probar este mecanismo; tampoco simpatiza con la propuesta el actual Gobierno, que explica su escepticismo argumentando que la introducción de la renta básica universal podría traer consecuencias como un aumento de los impuestos y una escasez de mano de obra.

Sin embargo, pese a las críticas, históricamente, EEUU, Canadá y algunos países africanos han estudiado la posibilidad de introducir el ingreso garantizado, y actualmente la iniciativa se discute en Finlandia y los Países Bajos, que tienen previsto ponerla en práctica de manera experimental en varias ciudades.

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El precio del fracaso de las políticas económicas

Mar, 24/05/2016 - 13:34
Jayati Ghosh, FrontLine

A los responsables de la aplicación de políticas económicas equivocadas e innecesarias nunca se les culpabiliza por ello, y siguen imponiendo su poder y habilidades en las instituciones de gobierno y las políticas económicas.

Gran parte de la discusión en los medios acerca de la economía mundial se basa hoy en día en la noción de lo "nuevo normal" o lo "nuevo mediocre", es decir, el fenómeno de un crecimiento económico lento, estancado o negativo en la mayor parte del mundo. Las noticias sobre generación de empleo son incluso peores, ya que casi no hay creación de empleos de buena calidad y el grueso de la población padece condiciones de creciente inseguridad material. Frente a esta situación se ofrecen todo tipo de explicaciones: que es la contracara de los avances tecnológicos, que se debe al crecimiento demográfico actual más lento, a un nivel insuficiente de inversiones a causa de las variaciones en los precios relativos del capital y la mano de obra, a las "recesiones de hoja de balance contable" generadas en muchos países por el sobreendeudamiento privado, a las políticas fiscales contractivas o restrictivas aplicadas por gobiernos a su vez excesivamente endeudados.

Sin embargo, la verdad es que estas explicaciones que dan cuenta de los procesos económicos como el resultado inevitable del juego de ciertas fuerzas externas al sistema que responden a una lógica propia y que están fuera del control social, son sumamente erradas e inoportunas. Antes que nada, le dan impunidad a las políticas económicas, y esto es tremendamente importante porque eso simplemente inhabilita la consideración de otras estrategias alternativas que podrían producir otros resultados.

Mark Weisbrot denuncia e impugna este engaño efectiva y exhaustivamente en su nuevo libro Failed: What the ‘Experts’Got Wrong About the Global Economy (Oxford University Press, Nueva York, 2015) [Ahora disponible en español: Fracaso: Lo que los 'expertos' no entendieron de la economía global (Akal, Madrid, 2016)]. Weisbrot señala: "Detrás de casi cualquier malversación económica prolongada existe una combinación de malas ideas caducas, incompetencia y la maligna influencia de poderosos intereses particulares" (página 2 [versión OUP; páginas 19 – 20 versión Akal). Desafortunadamente, tales pesadillas se prolongan e incluso se repiten en otros lugares, ya que aun cuando las lecciones de una catástrofe se aprendan, "las personas que toman las decisiones" por lo general no las aprenden o en todo caso no se las toman a pecho.

Los costos de este desacierto y fracaso son enormes para la ciudadanía: para los trabajadores que quedan desempleados o con empleos inestables, inseguros y con salarios bajos; para las familias cuyo acceso a los bienes esenciales y servicios sociales se reduce; para los agricultores y otros pequeños productores cuyas actividades simplemente dejan de ser rentables o viables financieramente; para quienes se ven empujados a la pobreza debido a la crisis y la inestabilidad, o quienes sufren más hambre; y para casi todas las personas que viven en sociedad, porque sus vidas se tornan más inseguras en muchos sentidos. A cientos de millones de personas de todo el mundo se les arruinó la vida como consecuencia de la aplicación activa de políticas económicas completamente equivocadas e innecesarias. Sin embargo, como la responsabilidad por estos fracasos no recae sobre quienes deberían asumirla, los culpables no sólo se salen con la suya, sino que pueden seguir imponiendo su poder y habilidades en las instituciones de gobierno y las políticas económicas. Ellos no pagan ningún costo por estos fracasos y desaciertos.

Tragedia en la eurozona Weisbrot ilustra esto con el revelador ejemplo de la tragedia económica aún en curso en la eurozona. El autor describe las fallas de diseño de la unión monetaria que determinaron que el Banco Central Europeo (BCE) no se comportase como un verdadero banco central para todos los países miembro, ya que no ofició como prestamista de último recurso para los países de la periferia europea que enfrentaban dificultades de pago cuando la crisis se desencadenó en 2009 – 10. Por el contrario, les impuso a estos países las medidas de austeridad más draconianas, que simplemente profundizaron su desplome económico y agravaron aún más sus problemas de sobreendeudamiento, tornándolas impagables.

Pasaron dos años antes que el presidente del BCE, Mario Draghi, prometiese "hacer lo que sea necesario para salvar al euro", y sólo lo hizo cuando la crisis ya amenazaba con sepultar a toda la Unión Europea y llevar a la unión monetaria al colapso. Cuando la sangría financiera se contuvo, quedó claramente en evidencia que las autoridades europeas y el BCE podrían haber intervenido mucho antes para reducir el daño en la periferia de la Eurozona, mediante políticas monetarias y fiscales. En otros países con bancos centrales propios como Estados Unidos y el Reino Unido, tales políticas fueron efectivamente aplicadas, y ese es el motivo que explica porqué esos países se recuperaron más rápidamente y con menos sufrimiento que el que aún persiste en algunos lugares de Europa.

¿Acaso no podría haberse hecho esto antes? ¿Por qué no fueron más realistas los primeros intentos de reestructurar la deuda en Grecia como para reducir la deuda a niveles que el país pudiese pagar? ¿Por qué cada intento de solucionar el problema llegó tan tardíamente, con tanta mezquindad y tan poca convicción que el problema se fue agravando progresivamente hasta llegar a destruir la trama misma de la vida social en los países afectados? ¿Por qué se les impuso a los ciudadanos más desafortunados toda la carga del ajuste, sin que se castigara o siquiera se les hiciera sentir el más mínimo dolor a los agentes financieros responsables de los desequilibrios que llevaron a la crisis?

Weisbrot sostiene que todo este episodio debería haber sido "una lección histórica sobre la importancia del control nacional y democrático de la política macroeconómica, o al menos para no ceder ese poder a personas e instituciones equivocadas" (página 4 [versión OUP; páginas 21 – 22 versión Akal). Lamentablemente, lo contrario parece haber ocurrido, con los medios y otros actores sacando conclusiones muy proclives a culpar a las víctimas. Weisbrot carga de hecho aún más las tintas cuando dice que esta crisis fue aprovechada por intereses particulares (incluso del Fondo Monetario Internacional o FMI) para obligar a los gobiernos de estos países a aplicar reformas económicas y sociales que de otro modo resultarían inadmisibles para sus electores.

El papel de los intereses particulares — especialmente del gran capital y el capital financiero — que presionan al máximo llevando al límite a las economías para imponer reformas neoliberales que operan a su favor, ya fue observado antes en muchos países, particularmente en los países en desarrollo que se vieron forzados a aceptar las condiciones del FMI. Los requisitos convencionales: ajuste fiscal o saneamiento presupuestario basado en recortes a las pensiones y del gasto social y en salud; reducción de funcionarios públicos; "flexibilización" del mercado laboral reduciendo efectivamente la protección a los trabajadores; recorte de los subsidios que benefician a los pobres, tales como los subsidios alimentarios, a la vez que se ofrecen más reducciones de impuestos y otros incentivos fiscales a los ricos, entre otras medidas.

Weisbrot observa que dichas políticas no son necesarias para salir puntualmente de una crisis (de hecho, en la mayoría de los casos son contraproducentes) ni tampoco conducen a largo plazo al desarrollo. El autor ofrece ejemplos concretos de países que optaron por otras políticas muy distintas que resultaron exitosas. El ejemplo más importante que ofrece es el de China, un país que siguió sistemáticamente una estrategia heterodoxa de industrialización liderada por el Estado, con un sistema bancario controlado por el Estado y un papel preponderante de las empresas estatales. Las políticas heterodoxas que siguió condujeron al crecimiento económico más rápido de la historia, sacaron a cientos de millones de chinos de la pobreza y también arrastraron consigo a otros países en desarrollo, debido a la gran demanda china de importaciones, rápidamente creciente.

Influencia del FMI Weisbrot reseña otros ejemplos exitosos de políticas heterodoxas que ayudaron a los países a salir de la crisis y mejorar las condiciones de vida de su población, como fue el caso de Argentina a mediados de la década de 2000, y de una amplia gama de otros gobiernos explícitamente progresistas en países latinoamericanos que siguieron enfoques alternativos para aumentar los ingresos salariales y el empleo formal a través de la intervención activa del Estado.

Un factor importante que favoreció su capacidad de aplicar políticas económicas heterodoxas fue el declive relativo del FMI y su poder en este período. Weisbrot sostiene que el FMI comenzó a perder influencia en 1998 a raíz de la crisis asiática, cuando se hizo evidente que su evaluación del problema y las soluciones propuestas habían sido completamente equivocadas. Los cambios geopolíticos y económicos ocurridos como consecuencia de esta pérdida de influencia del FMI fueron enormemente beneficiosos para la ciudadanía en estos países y ponen de manifiesto los grandes costos que aún pagan aquellos países que fueron forzados a vivir bajo la ortodoxia económica neoliberal.

Weisbrot cierra su libro con un pronóstico positivo (excepto para la eurozona, donde sugiere que el futuro cercano seguirá siendo de sufrimiento). Considera que "en el mundo en desarrollo, las políticas económicas y el ritmo de mejoría de las condiciones de vida probablemente se traduzcan en índices positivos en el futuro próximo" (página 236 [versión OUP]). Esto responde en gran medida a su confianza en que los instrumentos e instituciones multilaterales que le impusieron políticas ortodoxas a los países en desarrollo seguirán cayendo en decadencia y que estos países tendrán la libertad y la capacidad de fomentar y mantener las políticas heterodoxas que tanto les sirvieron en el pasado reciente.

Desdichadamente, esta confianza parece ahora excesivamente optimista. El año pasado presenciamos el repliegue de los "mercados emergentes" debido a la retirada del capital financiero mundial que emigró de esos países, y el fortalecimiento de instituciones e instrumentos (en los tratados de libre comercio e inversiones y otras agencias financieras) diseñados para reducir drásticamente la autonomía en la formulación de políticas nacionales. Estamos presenciando cambios políticos en varios países que indican un renovado predominio de enfoques económicos neoliberales basados en el 'libre cambio', que privilegian los intereses del gran capital. Incluso en China hay señales de confusión a medida que el proceso de crecimiento pierde impulso, con medidas recientes orientadas a una mayor liberalización financiera que podría tener enormes consecuencias para las estrategias económicas independientes en términos de su viabilidad futura.

Esto es hasta cierto punto deprimente, pero hace que la tesis principal de Weisbrot sea aún más relevante y apremiante. Cuando el modelo convencional de política económica fracasa, los costos de ese fracaso son enormes. Por eso es sumamente importante que más personas en todo el mundo sean conscientes de la existencia de otras estrategias económicas más democráticas y justas, y que exijan que sus gobiernos las adopten.

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“El neoliberalismo enfrenta una profunda crisis intelectual”

Mar, 24/05/2016 - 08:00
Invitado por la Universidad de Buenos Aires para dictar un seminario sobre "Las políticas neoliberales contemporáneas", el sociólogo francés Fréderic Lebaron analiza la “crisis de creencia” que atraviesan las propuestas neoliberales después de las experiencias progresistas en América latina y de la crisis financiera global. Pero advierte que las elites que las promueven siguen en posiciones de poder. Lo que sigue es parte de una entrevista publicada en Página 12 "Desde 2007-2008 y la gran crisis financiera mundial, el neoliberalismo ya no es capaz de imponerse de manera tan evidente como antes como el portador de la única política posible, en particular en América del Norte y en Europa. Se enfrenta a una profunda crisis intelectual: la idea de una eficiencia natural del mercado ha perdido gran parte de su fuerza y las promesas de progreso y justicia relacionadas con un crecimiento económico liberalizado se han desdibujado ampliamente. El neoliberalismo se enfrenta a una verdadera crisis de creencia. En los años ‘80, las conquistas neoliberales se encadenaban con facilidad y rapidez: victorias electorales (Thatcher, Reagan), el cambio doctrinal de los socialdemócratas europeos, rupturas estructurales con la liberalización financiera global, luego, el Consenso de Washington a principios de los 90 tras la caída del comunismo soviético. Todos parecían éxitos. Las cosas cambiaron en la década del 2000 en América Latina con la llegada de gobiernos de izquierda, y después de 2007-2008 los cambios se extendieron a nivel mundial. La inestabilidad endémica de las finanzas globales es la principal causa de la pérdida de crédito del neoliberalismo. Al mismo tiempo, las élites económicas y políticas neoliberales siguen estando en posiciones de poder y continúan intentando promover sus políticas."Sobre la crisis financiera y las polítuicas de austeridad en Europa, Lebaron expresa: "La unificación monetaria europea fue acompañada por criterios estrictos en materia de déficit presupuestario y deuda pública. Pero los Estados jugaron un poco con las reglas y, en 2009, hasta dejaron deslizar el déficit para hacer frente a la crisis económica mundial. A partir de 2010, especialmente tras la intensificación de la especulación financiera enfrentada por el Estado griego, gobiernos e instituciones de la zona euro se orientan hacia políticas de austeridad más o menos severas, basadas en una rápida reducción del gasto público. El objetivo es el desendeudamiento de los Estados, pero el resultado es sobre todo un crecimiento económico muy bajo, e incluso una recaída en la recesión, en algunos países muy pronunciada. Entonces, observamos una degradación bastante general del mercado de trabajo. Desde 2013, la situación se agrava menos rápidamente en general, pero en ciertos países se producen no sólo más desempleo y precariedad laboral, sino también más pobreza y más desigualdad. La situación en 2016 sigue siendo de un extremado deterioro en Grecia, Portugal y España. En Francia, las políticas de austeridad son menos fuertes, pero tienen sin embargo efectos graves, con el mercado de trabajo en una situación muy difícil y con un aumento de la precariedad. Estas consecuencias se reflejan en toda la zona euro con un crecimiento de las desigualdades en las condiciones de vida" Leer más en Página 12Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Yanis Varoufakis: Para imaginar un nuevo Bretton Woods

Lun, 23/05/2016 - 20:46
Yanis Varoufakis, Sin Permiso

El derrumbe financiero de 2008 dio lugar a varios llamamientos a un sistema financiero global que recortara los desequilibrios comerciales, moderase los flujos especulativos de capital e impidiera un contagio sistémico. Tal era, por supuesto, la meta del sistema inicial de Bretton Woods. Pero ese sistema resultaría hoy tan insostenible como indeseable. Así pues, ¿qué apariencia tendría una alternativa?

La conferencia de Bretton Woods de 1944 presentó la colisión entre dos hombres y sus respectivas visiones: Harry Dexter White, representante del presidente Franklin Roosevelt, y John Maynard Keynes, que representaba a un imperio británico desfalleciente. Como no es de sorprender, prevaleció el programa de White, fundado en el superávit del comercio de postguerra de los EEUU, que se desplegó para dolarizar Europa y Japón a cambio de su aquiescencia al criterio pleno de la política monetaria para los EEUU. Y el nuevo sistema de postguerra proporcionó el cimiento de la mejor hora del capitalismo…hasta que Norteamérica perdió su superávit y se vino abajo lo que White había dispuesto.

La pregunta que se ha formulado periódicamente durante buena parte de la pasada década es una pregunta directa: ¿habría sido más adecuado para nuestro mundo multipolar posterior a 2008 el plan que se descartó de Keynes?

Zhu Xiaochuan, gobernador del banco central de China, así lo sugirió a principios de 2009, lamentando que Bretton Woods no se hubiera adherido a la propuesta de Keynes. Dos años más tarde, a Dominique Strauss Kahn, entonces Director Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional, se le preguntó cuál pensaba que debería ser el papel del FMI posterior a 2008. Su contestación fue: “Hace sesenta años, Keynes ya previó lo que hacía falta, pero era demasiado pronto. Ahora es el momento de realizarlo ¡y creo que estamos listos para llevar eso a cabo!”

A las pocas semanas, Strauss Kahn cayó en desgracia, sin llegar a explicar nunca qué es lo que entendía por “eso”. Pero no resulta difícil delinear qué es lo que “eso” podría ser.

Por encima de todo, el nuevo sistema reflejaría la visión de Keynes de que la estabilidad global se ve socavada por la ingénita tendencia del capitalismo a insertar una cuña entre las economías con superávit y las que tienen déficit. El hiato entre superávits y déficits se agranda hace durante los períodos de mejoría, mientras que, durante la recesión, el peso del ajuste recae de modo desproporcionado sobre los deudores. Lo que trae consigo un proceso de deuda y deflación que echa raíces en las regiones de déficit antes de que disminuya la demanda en todas partes.

A fin de contrarrestar esta tendencia, Keynes abogaba por substituir cualquier sistema en el que “el proceso de ajuste sea obligatorio para el deudor y voluntario para el acreedor” por otro en el que la fuerza del ajuste recaiga simétricamente sobre deudores y acreedores.

La solución de Keynes fue una Unión de Compensación Internacional (UCI) que subscribirían las principales economías. Aunque mantendrían su propia moneda y sus respectivos bancos centrales, sus miembros acordarían la denominación de todos los pagos en una unidad de contabilidad común –que Keynes denominó el “bancor”— y la compensación de todos los pagos internacionales por medio de la UCI.

Inicialmente, a la cuenta de reserva de cada Estado miembro con la UCI se le abonaría una suma de bancores proporcional a su participación en el comercio mundial. A partir de ahí, a cada uno se le abonarían bancores extra en proporción a sus exportaciones netas. Una vez establecida, la UCI gravaría fiscalmente de manera simétrica los superávits y déficits persistentes, a fin de anular el mecanismo de retroalimentación negativo entre flujos de capital desequilibrados, volatilidad, demanda agregada global inadecuada y desempleo innecesario distribuidos de manera desigual alrededor del mundo.

La propuesta de Keynes no carecía de problemas. Contemplaba divisas fijas, lo que requeriría sobregiros limitados para aquellos países que incurren en dáficits crónicos y entrañaría un regateo constante entre los ministros de economía para reajustar los tipos de cambio y de interés. Y los controles financieros rígidos, que dan a los burócratas un poder discrecional desorbitado sobre las transferencias de capital, equivalen a un error fatal.

Pero no hay razón por la que no se pueda diseñar una UCI con tipos de cambio variables y reglas sencillas y automatizadas que minimicen el poder discrecional de políticos y burócratas, a la vez que preservan las ventajas de la idea original de Keynes para mantener bajo control los desequilibrios globales.

Una nueva UCI o NUCI sería tal como Keynes la había contemplado. Pero, en lugar del bancor abstracto, presentaría una divisa digital común – llamémosla Kosmos – que emitiría y regularía el FMI. El Fondo administraría Kosmos sobre la base de un libro de contabilidad distribuido, digital y transparente, y un algoritmo que ajustaría la oferta total de una forma acordada previamente al volumen del comercio mundial, permitiendo un componente contracíclico automático que impulse la oferta en momentos de desaceleración general.

Los mercados cambiarios operarían tal como lo hacen hoy, y el tipo de cambio entre Kosmos y diversas divisas variaría del mismo modo que lo hacen los Derechos Especiales de Giro del FMI frente al dólar, el euro, el yen, la libra y el renminbi. La diferencia, por supuesto, consistiría en que, con la NUCI, los estados miembros permitirían que todos los pagos de uno a otro pasaran por la cuenta Kosmos NUCI del banco central.

Para aprovechar todo el potencial del programa para mantener los desequilibrios bajo control, se introducirían dos transferencias estabilizadoras. En primer lugar, se cargaría anualmente un gravamen al desequilibrio comercial en la cuenta de Kosmos de cada banco central, en proporción a su déficit o superávit y se pagaría a un fondo común de la NICU. En segundo lugar, las instituciones financieras privadas pagarían una tarifa al mismo fondo de la NUCI en proporción a cualquier aumento de los flujos de capital que salgan del país, lo que recuerda al aumento de precio que imponen empresas como Uber durante las horas de mayor tráfico.

El gravamen por desequilibrio comercial está destinado a motivar a los gobiernos de los países con superávit a que incrementen el gasto y la inversión internos a la vez que reducen de manera sistemática el poder adquisitivo internacional de los países con déficit. Los mercados cambiarios tomarán esto en consideración, ajustando los tipos de cambio con más rapidez como respuesta a los desequilibrios por cuenta corriente y anularán buena parte de los flujos de capital que hoy sostienen un comercio desequilibrado de manera crónica. De forma semejante, el recargo por “aumento” penalizará automáticamente las entradas y salidas de capital especulativas, como en manada, sin incrementar el poder discrecional de los burócratas o introducir controles de capital inflexibles.

De repente, el mundo habrá adquirido, sin necesidad de subscribir capital, un fondo soberano global de riqueza. Esto permitiría que la transición a un sistema energético bajo en carbono se financiara a escala global, y de modo tal, que estabilice la economía global por medio de inversiones en investigación y desarrollo consagrados a la energía verde y a tecnologías sostenibles.

Keynes era un adelantado a su tiempo: su propuesta precisaba de tecnologías digitales y de mercados de divisas extranjeras que no existían en los años 40. Pero hoy los tenemos, además de tener experiencia institucional con sistemas internacionales de compensación. Necesitamos desesperadamente la transición verde global que crearía automáticamente un Bretton Woods keynesiano. Todo lo que nos hace falta es el proceso político. Y, ciertamente un Roosevelt, convocar a las partes y catalizar el cambio.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Los tipos negativos son un impuesto escondido

Lun, 23/05/2016 - 15:57

Matthew Lynn, El Economista

Los bancos centrales han recortado los tipos de interés a casi nada. Han impreso dinero a gran escala. Donde no ha funcionado del todo (para ser sinceros, en casi ningún sitio lo ha hecho), disponen de una nueva herramienta: los tipos de interés negativos. En una tercera parte de la economía global, el dinero que ingresamos en el banco no solo no genera ningún beneficio, sino que encima nos cobran por tenerlo ahí.

Eso está causando una economía extraña de Alicia en el país de las maravillas, donde nada es exactamente lo que parece. Los gobiernos quieren que retrasemos el pago de impuestos todo lo posible, la compañía hipotecaria quiere que sigamos viviendo en la misma casa y el efectivo está tan solicitado que hasta se habla de abolirlo.

El verdadero problema de los tipos negativos podría ser muy distinto. Como argumenta un nuevo y fascinante informe del Fed de Saint Louis, en realidad son una clase de impuesto. Imponen un gravamen sobre el sistema bancario que alguien tiene que pagar?, y ese alguien probablemente seamos nosotros. Eso quizás explique por qué gustan tanto a los bancos centrales y a los gobiernos. Unos gobiernos endeudados hasta las cejas siempre estarán dispuestos a instaurar un nuevo tipo de impuesto, sobre todo si sus votantes no se van a dar cuenta. Y eso también explica por qué no funcionan: gran parte de la economía con problemas, en especial en Europa, ya está asfixiada bajo una carga tributaria imposiblemente alta.

Los tipos de interés negativos se propagan cual virus de mutación rápida por el mundo. Los suizos los probaron primero allá por los años setenta. En junio de 1972 fijaron una tasa de penalización del 2% de una cuarta parte a los extranjeros que aparcaran dinero en francos suizos, en pleno desorden de principios de década, en un experimento que apenas duró unos años.

En la era moderna, el Banco Central Europeo arrancó la tendencia, en junio de 2014, con un tipo negativo a depósitos selectos. Desde entonces, se han extendido a Suecia, Dinamarca, Suiza (otra vez) y más recientemente a Japón, mientras el BCE se adentraba todavía más en territorio negativo. Ya abarcan una tercera parte de la economía global, y no hay motivo por el que no puedan alcanzar más. La Fed puede que suba los tipos este año, pero es el único gran banco central en hacerlo, y si (o cuando) haya otra gran recesión tal vez no tenga más remedio que fijar tipos negativos también.

Para los bancos centrales es una forma de luchar contra la deflación, aunque no está demostrado que unos precios ligeramente en descenso hagan mucho daño (a algunos hasta nos gusta que se abaraten las cosas), pero podría haber una agenda oculta.

De hecho, los tipos negativos son una forma de impuesto escondido. La Fed de Saint Louis ha publicado este mes un informe en el que argumenta que los tipos negativos son una clase de impuesto.

Y es que imponen un gravamen a las reservas bancarias, ya que en vez de aparcar las reservas en el banco central a coste cero o por un tipo de interés modesto, ahora deben pagar por ese privilegio (conviene recordar también que los bancos no tienen muchas opciones, porque las leyes les obligan a mantener un nivel alto de reservas).

Y como cualquier impuesto gravado a las empresas, tiene que trasladarse de alguna manera (en tarifas más altas para los clientes, sueldos más bajos o menos dividendos). Sea donde sea, la factura la tiene que pagar alguien. "Al final, los tipos de interés negativos son impuestos con piel de cordero", concluye el informe.

Muy cierto. La factura puede tomar varias formas. Si los bancos la repercuten en los beneficios, los precios de las acciones caerán y los inversores tendrán menos dinero. Si la trasladan a los gastos de los depositantes (algunos bancos suizos han empezado a cobrar a sus clientes por depositar dinero con ellos) tendrán menos dinero para gastar por ahí.

Alternativamente, si la transfieren a los prestatarios en forma de tasas más altas de préstamos, se deprimirá el crédito y afectará también a la economía. El banco central, propiedad del gobierno, acabará teniendo más dinero y la población menos. Y cuanto más se adentre en territorio negativo, mayores serán los efectos.

Ya se observan las repercusiones en Europa. A medida que los tipos se han vuelto negativos, los precios de las acciones bancarias se agrietan. Pongamos un gigante como Deutsche Bank, antiguamente la entidad financiera más poderosa del continente. Sus acciones han descendido de 40 euros en 2013 a menos de 15 euros ahora; las acciones se han convertido en un refugio tan débil que el banco ha tenido que emitir comunicados de que no está a punto de quebrar. El índice financiero Eurostoxx perdió un tercio de su valor el año pasado. Todos están sufriendo de gravedad, como es lógico cuando se grava un impuesto.

El problema es que un impuesto más es lo último que necesita la economía de la eurozona. Casi todos los países ya están sufriendo bajo un Estado descontrolado (en Francia y Bélgica, por ejemplo, el Gobierno ya ingresa más de la mitad del PIB al año). Más que subir los impuestos, lo que puede estimular el crecimiento es bajarlos.

Desde luego, se puede debatir que la flexibilización cuantitativa, la primera de las medidas extraordinarias usadas para luchar contra la crisis de 2008, ha sido otra clase de impuesto. Ha supuesto una carga enorme para los ahorradores y casi imposibilitado el funcionamiento de los fondos de pensiones, con un gasto oculto tremendo, mientras reducía drásticamente el coste de cumplir con amplios niveles de deuda estatal.

Aun así, los tipos negativos van un paso más allá. Las medidas de emergencia tomadas por los bancos centrales desde la crisis de 2008 podrían haber sido un intento de rescatar la economía global, al borde del colapso, pero cada vez más parecen también una forma de subir los impuestos, lo que podría explicar también por qué no han funcionado bien.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Fuerte aumento de la pobreza en Argentina

Lun, 23/05/2016 - 14:00
Javier González, Nueva Tribuna

De los 43 millones de habitantes que tiene Argentina, 13 millones son pobres y 2,5 millones indigentes. De ellos, 1,4 millones cayeron en esta situación en el primer trimestre del año, según datos del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA (Universidad Católica Argentina). Este repunte de la pobreza coincide con los primeros pasos del gobierno de Mauricio Macri, que asumió el pasado 10 de diciembre.

Otros datos recientes de UNICEF Argentina también son demoledores: a diciembre de 2015, el 30 % de los niños y jóvenes argentinos de entre 0 y 17 años eran pobres, y el 8,4 % extremadamente pobres.

La inflación, que se encuentra en el nivel más alto en los últimos 14 años y podría llegar este año al 40%; el tarifazo en los servicios básicos –luz, gas, agua, transporte-; los despido en el sector público; y la devaluación del 30 % en diciembre, fueron elementos que echaron leña al fuego. Es en esta coyuntura que la oposición presentó en el parlamento una ley anti-despidos, que tendría una vigencia de seis meses y llevaría aparejada la doble indemnización para el despido sin causa. Aprobada la semana pasada, el gobierno anunció su veto.

Una prerrogativa constitucional que, sin embargo, desató la furia de la oposición, sobre todo del núcleo duro del kirchnerismo. Es el primer veto de Macri a una ley aprobada en el parlamento, donde tiene minoría. Néstor Kirchner y Cristina Fernández también vetaron leyes: lo hicieron en 54 casos, teniendo mayoría parlamentaria.

El presidente Macri argumentó que una ley de esa naturaleza no serviría más que para espantar la inversión. El mismo argumento que usó en 2010 la ex presidente, Cristina Fernández, cuando se lo pidieron los sindicatos. En ese momento, la ex presidente dijo que una ley de ese tipo iba a tener efectos totalmente opuestos a los objetivos perseguidos: “¿Qué dije entonces? No, no voy a sacar ninguna norma, que lo único que va a hacer es asustar al capital, que es lo más asustadizo que hay”.

Gobierno y oposición discuten también si hay una verdadera crisis ocupacional. Entre diciembre y febrero pasados se habrían perdido 19.938 puestos de trabajo en el sector privado, según datos oficiales. La devaluación de enero de 2014 habría provocado más desempleados que la actual. En cuanto a los despidos en el sector público, el ejecutivo argumenta que son consecuencia de la política del gobierno anterior de llenar de militantes la administración pública. Durante los 12 años de gobiernos kirchneristas entraron a trabajar para el Estado 1,4 millones de personas, que compensaron la falta de creación de empleo en el sector privado, que se había estancado en el 2008.

Las caras de la crisis se ven por todas partes. Aumentó de manera importante la cantidad de gente que acude a comedores populares, donde diversas organizaciones dan de comer gratis y que se están viendo desbordados. Para Cáritas, que tiene 1.500 comedores en todo el país, la situación de crisis comenzó hace dos años. Y es evidente para cualquiera que recorra las calles de Buenos Aires cómo aumentó el número de personas en situación de calle. Aunque las clases más desfavorecidas son las más golpeadas, también la clase media se está ajustando el cinturón a la hora de todo tipo de gastos, incluyendo el cambio de comportamiento en las compras del supermercado. De las cinco centrales sindicales existentes, algunas anuncian próximas medidas de fuerza.

En la provincia de Buenos Aires, la más poblada del país, la gobernadora, María Eugenia Vidal, aumentó las ayudas sociales y entrega 400.000 toneladas de alimentos para comedores sociales. Los piquetes por protestas en las calles aumentaron y solo en la capital hubo un promedio de 2,5 por día, lo que representa un aumento del 8% respecto al año anterior.

El delicado panorama social de la Argentina es interpretado desde el gobierno como la consecuencia del sinceramiento de la economía y la pesada herencia del gobierno anterior. En 2015, los subsidios al gas y la electricidad fueron más de 15.000 millones de dólares, mientras que los destinados al transporte fueron de otros 5.000 millones. Sumando ambas cifras se llega a casi el 50 % del déficit del PIB en el 2015.

A esto hay que sumar el fin del viento de cola en la economía, con el precio de la soja a mitad de su récord histórico, que llegó a 600 dólares la tonelada. A esto hay que sumar la crisis en Brasil y el desaceleramiento de la economía en China, dos de los principales socios comerciales de Argentina.

El gobierno anunció algunas medidas sociales para evitar el estallido. Aumentó el salario mínimo y el seguro de desempleo, anunció obras públicas millonarias y subió los montos de las principales ayudas sociales. Habrá una devolución del 15 % del IVA de la canasta básica a los sectores más postergados, que además pueden acogerse a tarifas sociales para pagar los servicios básicos. En el caso de la Asignación Universal por Hijo, además, se amplió el número de beneficiarios, incluyendo a los autónomos, los trabajadores en negro y los temporeros.

Todavía no hay datos estadísticos oficiales sobre pobreza, inflación y otras variables, ya que el INDEC (Instituto de Estadísticas y Censo) está siendo reestructurado después de que el gobierno anterior destruyese su credibilidad. A partir de enero de 2007 comenzó a divulgar informes inverosímiles. Especialmente los de inflación, que según estudios privados era el doble de lo publicado. Las estadísticas de pobreza se dejaron de publicar a principios de 2013, con el argumento de que era estigmatizante. El último informe oficial conocido, durante el gobierno de Cristina Fernández, decía que Argentina tenía un 4,7 % de pobres, menos que Alemania.

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Rusia abrirá su bolsa petrolera en rublos

Dom, 22/05/2016 - 17:25
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Antecedentes: los intentos aislados, desordenados y descoordinados por cesar la dependencia global al control hegemónico comercial del crudo en las plazas de Nueva York y Londres, así como su unilateral cotización concomitante en dólares, han sido sofocados hasta ahora en forma exitosa por EEUU y su apéndice británico.

Por ahora quedó en el olvido –quizá como parte del arreglo exitoso entre EEUU e Irán– el proyectado lanzamiento de una bolsa iraní en la isla de Kish en el golfo Pérsico (http://goo.gl/8BhHmV) que se quedó en una inexplicable primera fase inoperante (http://goo.gl/jk6wVN).

La rebelión en la granja de las entidades medio orientales que osaron intentar desprenderse de la dependencia energética del control de EEUU ha sido sofocada con fuego y sangre, lo cual llevó al ahorcamiento del mandatario iraquí Saddam Hussein, quien tuvo la osadía de desear la cotización del petróleo en euros en lugar de dólares, y la sodomización (literal) del mandatario libio Muamar Khadafi, quien se atrevió a proyectar el lanzamiento del dinar-oro, sin contar el estruendoso fracaso del fallido lanzamiento del gulfo, la divisa común de las petromonarquías árabes (http://goo.gl/UZ6XUc).

Con un alto riesgo a su seguridad, Irán y Venezuela, miembros de la agónica OPEP, reclaman desde hace buen tiempo –en forma temeraria al confrontar el supremacismo energético anglosajón– cotizar la comercialización del petróleo en otras divisas ajenas al control del dólar estadounidense.

Hechos: desde hace 10 años ya había advertido que Rusia cocinaba la idea de lanzar su bolsa petrolera que ahora cobra un inusitado vigor mediante el San Petersburg International Mercantile Exchange (Spimex).

La novedad radica en que su sede será nada menos que San Petersburgo, la mirífica ciudad más occidental de Rusia y sitio natal del grupo que gobierna hoy el Kremlin (Putin, Medvedev, Patrushev, Sechin, etcétera).

En forma interesante, el mandamás de Spimex es nada menos que Igor Sechin (http://goo.gl/NwFVIh), quien ha sentenciado la muerte de la OPEP, víctima sobre todo de la viciosa confrontación entre Irán y Arabia Saudita (http://goo.gl/VlT7EZ).

En su ya célebre entrevista a la agencia británica Reuters, Sechin, muy cercano al zar Vlady Putin, arguye el fin de la influencia de la OPEP en el mercado petrolero y exhorta que Rusia debe abandonar la esperanza que los precios puedan ser fijados por fuerzas diferentes al requilibrio del mercado, cuando “ahora los factores cruciales que influyen el mercado son las finanzas, la tecnología y la regulación. Podemos ver esto con el ejemplo del petróleo de esquisto (shale oil) que se volvió una poderosa herramienta de influencia en el mercado global (http://goo.gl/7SLozE)”.

Hoy, mediante la bolsa petrolera Spimex, Rusia pretende competir con el duopolio anglosajón del Nymex y el IPE, con sedes en Nueva York y Londres respectivamente: ambas sedes propiedades catastrales del binomio energético-bancario de las trasnacionales estadOunidenses y británicas.

Eduard Gismatullin, de Bloomberg, comenta que Putin implementa su sueño de hace una década con la cotización del propio petróleo de Rusia que tiene la esperanza de acabar con la dependencia de la evaluación de las agencias occidentales cuando le será otorgado a los mercaderes foráneos acceso directo a Spimex. El objetivo consiste cesar la cotización del oro negro en dólares estadOunidenses, que se realzará en rublos, además de “incrementar los ingresos del crudo en la variedad de los Urales al desconectar el mecanismo de fijación de precios mediante el “punto de referencia (benchmark)” del petróleo de la variedad Brent del mar del Norte, el más usado del mundo.

Por cierto, el petróleo del mar del Norte se encuentra en franco declive frente a la pletórica variedad de los Urales.

Gismatullin rememora los esfuerzos previos de China –que con Rusia intenta cambiar la cotización global del crudo– quien compite con EEUU como el mayor importador de petróleo y quien ha dilapidado dos décadas intentando introducir sus propios contratos futuros de petróleo, esperados para este año.

La cotización de los contratos de futuros de petróleo de China en la plaza de Shanghái sería en su ascendente divisa, el renminbi/yuan que se internacionaliza en forma gradual.

Rusia –que conste, una superpotencia nuclear– se queja del exagerado descuento que le asestan los mercados anglosajones a la variedad del crudo ruso de los Urales frente a los mejores precios que descuelga la variedad del mar del Norte evaluada por la agencia Platts, con sede en Londres y filial de Mc-Graw Hill Financial, dueña de la sesgada calificadora Standard and Poor’s: ¡Todo queda en famiglia!

Los tentáculos de Platts/Mc-Graw Hill Financial/Standard and Poor’s son perturbadores: desde el griego-británico-estadOunidense John Negroponte, zar del espionaje de EEUU, hasta el itamita Pedro Aspe, arquitecto de la entrega del petróleo mexicano. Mejor aquí me detengo.

Gismatullin aduce que la bolsa Spimex mejoraría la cotización del crudo ruso y ayudaría a las empresas domésticas a generar ingresos adicionales en su comercialización.

Conclusión: no faltan analistas interesados, muy dependientes de los mercados anglosajones competidores en Nymex y el IPE (Londres), como Eugene Lindell, de JBC Energy Gmbh (con sede en Viena), quienes expresan su temor sobre el alto grado de involucramiento del gobierno ruso en el sector petrolero, lo cual pondría en tela de juicio los alcances de Spimex para un mejor marco de referencia comercial de parte de algunos mercaderes bursátiles.

Hace 10 años, el Nymex ya había intentado colocar los contratos a futuros del crudo ruso, lo cual resultó infructuoso debido a su impopularidad entre los mercaderes bursátiles adiestrados operativa e ideológicamente en la plaza de Nueva York.

Con la poderosa cobertura militar y de su élite gubernamental, hoy el Kremlin intenta ponderar su suerte mercantil de su crudo (la variedad de los Urales) en la plaza de San Petersburgo para abrir una temeraria bolsa petrolera, que al parecer cuenta con la subrepticia bendición china de la plaza de Shanghái, y así competir con el mercado discrecional de Nueva York y Londres que cotizan el petróleo ajeno a su antojo geopolítico y geofinanciero, más que libremente comercial.

Su efecto, en caso de ser positivo, tendría profundas repercusiones también en las cotizaciones tanto del dólar estadounidense –que cesaría su legendaria cuan perniciosa hegemonía sobre el control mercantil/financiero del mercado petrolero global a los dos lados del Atlántico norte desde Nueva York hasta la City (Londres)– como del rublo, la alicaída divisa rusa tan vapuleada desde el reciente desplome artificial y anómalo del oro negro, que detendría su caída libre para empezar a gozar de mayor aceptación en los mercados.

La suerte del rublo está impregnada en el crudo ruso que también está correlativa y proporcionalmente vinculado a la fortaleza de la divisa rusa: ambos se retroalimentan en forma positiva y bidireccional frente a la asfixiante hegemonía del superdólar estadounidense.

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La caza de brujas macartista de los años cuarenta en EEUU y ahora en España

Dom, 22/05/2016 - 09:30
Vicenç Navarro, Público

El pasado domingo 8 de mayo, día lluvioso, fuimos mi esposa y yo al cine a ver la película Trumbo, que es la historia de la caza de brujas en Hollywood (centro de la industria cinematográfica de EEUU), centrándose en la figura de unos de los afectados más directamente por aquella página oscura de la historia de EEUU, cuando, bajo la dirección del comité del Congreso llamado House Un-American Activities Committee y del Permanent Subcommittee on Investigations del Government Operations Committee del Senado presidido por el tristemente famoso Joseph McCarthy, se intentó exitosamente suprimir las voces críticas con el capitalismo estadounidense, presentándolas como agentes de la Unión Soviética, país que había pasado de ser aliado de EEUU en la lucha contra el nazismo a ser su enemigo número 1 con la aparición de la Guerra Fría a mediados de los años cuarenta. En todo el país, incluyendo en Hollywood, personas de militancia o simpatías comunistas (como fueron la mayoría de voluntarios en las Brigadas Internacionales que lucharon en España defendiendo la democracia española frente al fascismo) fueron encarceladas y expulsadas de su trabajo, pasando a ser brutalmente silenciadas y marginadas en su propia sociedad.

La película narra la vida de una de ellas, el guionista Dalton Trumbo, que de ser uno de los guionistas más conocidos y mejor pagados en Hollywood, pasó a perderlo todo, a ser encarcelado y a tener que trabajar de manera clandestina, bajo otro nombre. Es probable que al espectador español la película basada en este personaje le diga poco. Pero es importante que se sepa lo que fue el macartismo y lo que supuso la Guerra Fría, que algunos están intentando reavivar ahora, tanto en EEUU como en España.

Trumbo es una buena película y aconsejo al lector que vaya a verla. Pero es una lástima que no cubra el período en el que Dalton Trumbo (que nació el 9 de diciembre de 1905 y murió el 10 de septiembre de 1976) vivió exiliado en México, porque allí trabajó también con Luis Buñuel en sus películas “The Young One” y “Robinson Crusoe”, y fue allí también donde conoció, además de a Buñuel, a Bertolt Brecht, Miguel Covarrubias, B. Traven, Marilyn Monroe, Frida Kahlo, Diego Rivera y Nieves Orozco, además de interactuar con republicanos españoles exilados en México. Esta dimensión habría hecho más interesante para el público español la vida de Trumbo.

La represión contra los miembros de las Brigadas Internacionales que lucharon en contra del fascismo en España Que la película se centre en un personaje famoso tiene la desventaja de que no informa sobre la represión masiva que sufrieron miles de personas desconocidas, es decir, la represión de gente normal y corriente, que no tenían la prominencia de los directores y guionistas de Hollywood. Entre estas personas la represión fue brutal. Yo lo pude ver en EEUU el año 1965, cuando, invitado por la Johns Hopkins University, llegué a aquel país para integrarme a aquel centro académico. Me explicaré.

Mi padre, que luchó para defender la República Española y perdió la guerra, nos había pedido a nosotros, sus hijos, que si a lo largo de nuestra vida y viajes encontrábamos a alguien que hubiera luchado en las Brigadas Internacionales, le invitáramos siempre a nuestra casa, ofreciéndole siempre el agradecimiento por su lucha contra el fascismo y en defensa de la República democrática. De ahí que, cuando llegué a EEUU en 1965, intenté ver y saludar a alguien que hubiera sido miembro de las Brigadas Internacionales. Y no fue nada fácil. En realidad me costó muchísimo. Y cuando, por fin, encontré a uno, un hombre que distribuía la leche a las siete de la mañana cada día a los hogares de un barrio de Baltimore, este desconfió mucho de mí. ¿Por qué quería yo verle? Cuando le expliqué que para mí él era un héroe, que quería saludarle y agradecerle su defensa de la República Española, comenzó a relajarse y a contarme su vida. Y así pude saber de una represión horrible. Un indicador de ello es que todavía entonces no quería que diera a conocer su nombre.

Había sido miembro del Partido Comunista, y como miles de ellos, fue a ayudar a la República Española en las Brigadas Internacionales. Más tarde, al volver a EEUU, los miembros de la Brigadas Internacionales fueron marginados y más tarde, perseguidos, en una represión que incluyó la cárcel en muchos casos, y la imposibilidad de encontrar trabajo. Fueron personas vetadas, además de marginadas, y muchas de ellas cambiaron su nombre. La Guerra Fría, que más que fría fue caliente dentro de EEUU, supuso una persecución brutal hacia cualquier voz crítica con un sistema capitalista sin guantes, de una dureza que en muchas dimensiones, por cierto, continúa ahora. El capitalismo de EEUU continúa sin guantes. Un dato poco conocido es que en aquel país, el 42% de las personas con enfermedades terminales están preocupadas, además de tener que enfrentarse a la muerte, por cómo ellos o sus familiares pagarán sus facturas médicas.

Los miembros de las Brigadas Internacionales fueron prematuros antinazis Fue a partir de este contacto que fui conociendo a miembros del Partido Comunista de EEUU, personas que mostraban un extraordinario compromiso político y que, en condiciones de casi clandestinidad, estaban siempre participando en cualquier lucha por los derechos laborales, sociales y civiles en aquel país. Los reconocí cuando estuve asesorando al reverendo Jesse Jackson (discípulo predilecto de Martin Luther King) en los años ochenta, cuando este estableció el movimiento Rainbow Coalition (la Coalición Arcoíris), que reunió en un movimiento a todas las fuerzas progresistas del país, desde los sindicatos hasta los movimientos pro derechos civiles de las minorías, incluyendo también el movimiento feminista Now y el movimiento ecologista. Tuve así la oportunidad de conocer a la persona que pensé era la más discriminada en EEUU, la Sra. Meredith Mercer, discriminada por ser negra, por ser mujer, por ser anciana (tenía 78 años), por vivir en Mississippi (el sur conservador y racista profundo) y por ser miembro del Partido Comunista. Era difícil reunir más condiciones discriminatorias.

Fueron personas como ella, gente de gran compromiso y de gran dedicación a mejorar su país, las que consiguieron, con otras fuerzas políticas, conquistar un gran número de derechos laborales y sociales en EEUU. De ahí que, aun cuando fui crítico con la dirección de tal partido (sobre todo por su gran apoyo acrítico a la Unión Soviética -donde mis libros críticos con aquel régimen fueron prohibidos-), siempre saludé el nivel de compromiso y dedicación al bienestar de la clase trabajadora de su país que sus miembros expresaron, compromiso digno de elogio. Fue precisamente Martin Luther King quien, una semana antes de ser asesinado, les homenajeó indirectamente, indicando que la lucha central en EEUU era la lucha de clases, rindiendo tributo a todos aquellos que en este conflicto estaban al lado del mundo del trabajo frente al mundo del capital, siendo los comunistas estadounidenses los que se distinguieron en esta lucha. Y fue en la inauguración de la Presidencia del Sr. Obama, un afroamericano, cuando por primera vez, y en su presencia, Pete Seeger (que había sido miembro del Partido Comunista) y Bruce Springsteen (que fue su alumno) cantaron por primera vez la canción completa, incluidas las partes que en su momento habían sido prohibidas del himno de las izquierdas estadounidenses, This Land is Your Land, escrito por Woody Guthrie de puño y letra, el cantante del Partido Comunista de los años treinta. La película Trumbo es un homenaje a todos ellos.

El nuevo macartismo ahora en España Lo cual me lleva a hablar de España, donde hay una avalancha en contra de la alianza de Podemos con IU, presentando a IU como comunistas peligrosos y/o anticuados, siempre utilizando el término comunista como un insulto, intentando reavivar la narrativa utilizada por la dictadura fascista que asfixió España durante casi cuarenta años. No deja de ser paradójico que las derechas en este país, herederas en su mayoría de las derechas que establecieron una dictadura, apoyada por Hitler y Mussolini, tengan la desfachatez, hoy, en el año 2016, de utilizar el término “comunista” como un término derogatorio, pues tal partido lideró la resistencia antifascista en contra de la dictadura. Es más, siempre que ha habido una movilización en defensa de la gente que se gana el pan con el sudor de su frente, he visto que había comunistas entre los que organizaban y ayudaban a estas movilizaciones, acciones que cualquier demócrata debería aplaudir. En cambio, en sentido opuesto, siempre veo que detrás de las políticas neoliberales que han hecho tanto daño hay los mismos grupos e intereses fácticos que también en su día trajeron la dictadura, y que más tarde han ido defendiendo políticas que han hecho un daño tremendo a las clases populares. Independientemente del mérito o demérito de la ideología que sustentan, los comunistas merecen un agradecimiento, pues no hay duda de que sin ellos y ellas España estaría hoy peor, una observación que lamento no poder hacer sobre las derechas con escasísima conciencia democrática en este país, tanto en el pasado como hoy. Los que deben avergonzarse de su pasado e historia son las derechas, no las izquierdas, incluyendo las enraizadas en la tradición comunista. Ni que decir tiene que tal tradición hizo errores que deben criticarse, labor a la que he contribuido. Pero los elementos positivos son mucho mayores que los negativos, lo cual es precisamente opuesto en el caso de las derechas. Y si no se lo creen, lean la historia real de España (incluyendo Cataluña) y lo verán.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La lucha contra la siguiente crisis financiera global

Dom, 22/05/2016 - 07:15
Robert Shiller, Project Syndicate

¿Qué es lo que las personas quieren decir cuando critican a los generales por “pelear la guerra anterior y no la actual”? No se dice esto porque, alguna vez, los generales piensen que ellos van a enfrentar los mismos sistemas de armas y los mismos campos de batalla que la vez anterior. Ciertamente, sus conocimientos no permitirían un razonamiento de este tipo. El error, en la medida en la que los generales lo cometen, debe darse en un nivel más sutil. Los generales a veces son lentos en cuanto a empezar a elaborar planes y artillería para esos nuevos sistemas de armas y campos de batalla. Y lo que es también de igual importancia, en algunas ocasiones los generales suponen que la situación psicológica pública, así como las narrativas que influyen el estado de ánimo que es tan importante en el logro de la victoria, son iguales a las que se tenían durante la guerra inmediatamente previa.

Esto también es cierto para los reguladores cuyo trabajo es prevenir las crisis financieras. Por las mismas razones, puede que sean lentos cuando se trata de cambiar en respuesta a las nuevas situaciones. Ellos tienden a ser lentos para adaptarse a la evolución de la situación psicológica pública. La necesidad de una regulación depende de la percepción pública de la última crisis, y, tal como George Akerlof y mi persona sostenemos en nuestro libro Animal Spirits, estas percepciones dependen en gran medida de narrativas populares cambiantes.

Los últimos informes de avance del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, siglas en inglés) en Basilea describen mejoras definitivas en los reglamentos financieros que refuerzan la estabilidad en 24 de las economías más grandes del mundo. Su “Tablero de instrumentos” tabula el progreso en 14 áreas regulatorias distintas. Por ejemplo, el FSB otorga altas puntuaciones a todos los 24 países en la implementación de los requerimientos de capital basados ​​en el riesgo de Basilea III.

Pero la situación no es del todo tranquilizadora. Puede que estos requerimientos de capital basados ​​en el riesgo no sean lo suficientemente altos, tal como Anat Admati y Martin Hellwig razonan en su influyente libro The Bankers New Clothes. Y, se ha tenido un avance mucho menor en una docena de otras áreas regulatorias tabuladas por el FSB.

Considere, por ejemplo, las normas relativas a los fondos de mercado de dinero, fondos que, de acuerdo con el FSB, sólo unos pocos países han desarrollado desde el año 2008. Los fondos con dinero de mercado son una alternativa a los bancos para guardar el dinero propio, y ofrecen tasas de interés algo más altas, pero sin el seguro que protege los depósitos bancarios en muchos países. Al igual que con los depósitos bancarios, los inversores pueden sacar su dinero en cualquier momento. Y, al igual que en el caso de los depósitos bancarios, los fondos podrían estar sujetos a una corrida si un gran número de personas tratan de retirar su dinero al mismo tiempo.

El 16 de septiembre de 2008, unos días después de que comenzara la corrida del banco estadounidense Washington Mutual y el día después de que se anuncie la quiebra de Lehman Brothers, un importante fondo de mercado de dinero de Estados Unidos, Reserve Primary Fund, que había invertido en la deuda de Lehman, se encontró en serios problemas. Con activos por un total menor a aquel que debía a los inversores, el fondo parecía estar al borde de una corrida. A medida que aumentó el pánico entre el público, el gobierno federal, por temor a una gran corrida en otros fondos de mercado de dinero, garantizó todos estos fondos por el período de un año, a partir del 19 septiembre de 2008.

La razón por la que esta corrida era tan alarmante como para necesitar de apoyo gubernamental sin precedentes se deriva de las narrativas subyacentes. De hecho, el Reserve Primary Fund no perdió todo. Se limitó a “fraccionar el dólar”, lo que significa que no pudo pagar un dólar por un dólar en libros; pero aún pudo pagar $ 0,97 por cada dólar. Entonces, ¿por qué una crisis? Después de todo, los depositantes bancarios regularmente pierden más cuando la inflación inesperada erosiona el poder adquisitivo real de sus ahorros (sólo el valor nominal de los depósitos está asegurado). Pero, las narrativas no se centran en eso. La pérdida de valor real debido a la inflación no ha sido un tema importante de la narrativa pública en EEUU durante décadas, debido a que la sostenida estabilidad de precios hizo que las personas se olvidaran de dicha pérdida de valor real.

Pero, las personas no se han olvidado de la Gran Depresión de la década de 1930, a pesar de que la mayoría de las personas que están vivan hoy no habían nacido aún en aquel entonces. En el año 2008, se recicló la narrativa de la Gran Depresión en todas partes, con todas sus coloridas historias de pánico financiero y multitudes enardecidas que se reunían en los alrededores de bancos cerrados. Además, autoridades que son dignas de confianza parecían decir, una y otra vez, que tales hechos eran históricamente remotos y no podía volver a ocurrir. En el enojado espíritu del período 2008, la reacción del público ante un evento relativamente menor tomó proporciones impresionantes.

La Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos tardó casi seis años tras la crisis para reducir la vulnerabilidad de los fondos de mercado, mediante la exigencia en el año 2014 de un “NAV flotante” (valor neto de los activos) (NAV, siglas en inglés), lo que significa que los principales fondos de mercado de dinero ya no prometen pagar un dólar por el valor nominal de un dólar. Ellos le pagan cualquiera fuese la participación del depositante en las cuentas. Esto no ofrece garantías a los inversores de fondos frente a pérdidas. Sin embargo, esta forma plausible ayudará a evitar una corrida, porque esto significa que la retirada repentina de algunos depósitos no dañará las cuentas de otras personas quienes no retiraron sus dineros.

El marco normativo internacional desde el año 2008 ha cambiado y ha mejorado, pero ninguno de esos cambios puede anticipar todos los tipos de cambios en las narrativas que subyacen a los espíritus animales públicos. Los reguladores pudieron haber impuesto un NAV flotante décadas atrás; no lo hicieron porque no previeron una narrativa que iría a desestabilizar a los fondos de mercado de dinero. No se podía haber esperado que las autoridades regulatorias pronostiquen la atención pública repentina al riesgo recién descubierto de corridas en empresas financieras no bancarias.

Mientras que tengamos un sistema económico que produce crecimiento mediante la retribución a participantes e inversores inspirados, vamos a enfrentar el riesgo de que las opiniones e historias adversas puedan abrumar repentina y temporalmente la inspiración. Los reguladores deben contrarrestar los riesgos implícitos dentro de estructuras intrínsecamente desestabilizadoras, tal como ocurrió en los fondos de mercado de dinero. Sin embargo, las regulaciones más urgentes siempre serán aquellas específicas al tiempo y contexto, debido a que cambian las narrativas. Y, la forma cómo estas narrativas resuenan con el público puede revelar, una vez más, grietas en la armadura financiera.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La nueva crisis financiera tendrá serias consecuencias en los países avanzados

Sáb, 21/05/2016 - 20:09

La próxima crisis financiera global ya ha empezado y conllevará graves consecuencias a los países desarrollados, sostiene el experto inversor Jim Rogers, quien ha predicho cada una de las grandes crisis financieras que se han producido en las últimas décadas. Rogers auguró que se vaporizarán cientos de billones de dólares de riqueza, y declinarán o desaparecerán muchas viejas instituciones, partidos políticos, gobiernos y costumbres.

Estados Unidos, el país más endeudado del mundo, pagará un alto precio por ello junto con el resto de los países desarrollados occidentales, señaló el financista, citado por 'Wall Street Daily'. Los indicadores económicos clave que aportan a la inevitabilidad del colapso son la acumulación masiva de la deuda y la inyección de dinero a los mercados. Rogers señaló que la impresión de dinero sin cesar "corrompe la moneda". Otro factor que se añade a esta perspectiva lúgubre es la expansión de derivados ―desde 500 billones de dólares en 2008 hasta 1.200 billones este año, según el FMI.

"Vamos a tener un periodo en el que la gente, los países y las sociedades que producen bienes reales, van a heredar la Tierra". En este contexto, según su opinión, prosperarán "las naciones que valoran el trabajo y el ahorro", como las asiáticas. Jim Rogers, de 73 años, es uno de los inversores más conocidos del mundo, junto con Warren Buffet y George Soros. En la década de 1970 fundó el Quantum Fund con Soros. Actualmente vive en Singapur y es el presidente de Rogers Holdings y Beeland Intereses, Inc.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Brasil: ¿golpe de Estado o fiasco?

Sáb, 21/05/2016 - 16:51

Immanuel Wallerstein, La Jornada

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, estará suspendida de su cargo mientras esté sometida a juicio por parte del Senado. Si se le encuentra culpable será retirada del cargo, que es lo que se entiende en Brasil por enjuiciamiento. Todos los que han estado intentado seguir los últimos meses de maniobras políticas, incluso los brasileños, pueden tener excusa de estar algo confundidos por las tantas vueltas que ha dado el proceso.

¿Cuál es el punto aquí? ¿Es éste un golpe de Estado constitucional, como le ha llamado en repetidas ocasiones la presidenta? ¿O es un acto legítimo que apela a la responsabilidad de la presidencia por las graves fechorías de ella y de miembros de su gabinete y asesores, como alega la oposición? Si es esto último, ¿por qué ocurre esto apenas ahora y no, digamos, durante el primer periodo de Rousseff en la presidencia, antes de que fuera electa con tanta facilidad en 2015 con un margen significativo?

Rousseff es parte del Partido dos Trabalhadores (PT), que ha sido encabezado durante mucho tiempo por su predecesor en el cargo, Luiz Inácio Lula da Silva (Lula). Un modo de ver estos eventos es como parte de la historia del PT –su llegada al poder y ahora su salida del poder (algo que es bastante probable).

¿Qué es el PT y qué ha representado en la política brasileña? El PT se fundó en 1980 como un partido opuesto a la dictadura que había gobernado Brasil desde el golpe de 1964. Era un partido socialista y anti-imperialista, que reunía a grupos marxistas, asociaciones civiles, como la Central Única dos Trabalhadores (CUT), el Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (Los Sin Tierra o MST) y movimientos católicos persuadidos de la teología de la liberación.

Desde el punto de vista tanto de los militares como de los tradicionales partidos del establishment en Brasil, el PT era un peligroso partido revolucionario, que amenazaba las estructuras conservadoras económicas y sociales del país. Estados Unidos consideró su anti-imperialismo como algo dirigido primordialmente a contrarrestar el papel dominante de Estados Unidos en la política de América Latina, lo que en realidad era así.

No obstante, el PT no buscó el poder a través de una insurrección guerrillera, sino más bien mediante elecciones parlamentarias sostenidas y respaldadas por manifestaciones extra parlamentarias. Le llevó cuatro elecciones presidenciales el llevar finalmente a un candidato del PT (Lula) al cargo, lo que ocurrió en 2003. El establishment brasileño nunca esperó que esto ocurriera y nunca aceptó que posiblemente pudiera continuar. Y tal vez han empeñado todos sus esfuerzos desde entonces a derrocar al PT. Abrieron una brecha grande en 2016. Los historiadores del futuro podrán muy bien ver el periodo 2003-2016 como los 15 años de interludio del PT.

¿Qué ocurrió, de hecho, en este interludio? El PT en el cargo fue bastante menos radical de lo que sus oponentes temían, pero lo suficiente radical como para hacerlos desear, implacables, su destrucción, no sólo como los detentadores del cargo presidencial, sino como un movimiento con un lugar legítimo en la política brasileña.

Si el PT fue capaz de llegar al poder electoral en 2003, fue debido a la combinación del creciente atractivo de su programa y su retórica, y de la caída de la fuerza geopolítica de Estados Unidos. ¿Y qué hizo el PT con su periodo en el cargo? Por un lado buscó socorrer a los estratos más pobres de Brasil mediante un programa redistributivo conocido como Fome zero (Hambre cero), que incluía la Bolsa familia (estipendio familiar), que de hecho mejoró el nivel del ingreso y redujo las enormes inequidades que sufría Brasil.

Además, la política exterior brasileña bajo el PT marcó un viraje significativo de la histórica subordinación de Brasil a los imperativos geopolíticos de Estados Unidos. Brasil asumió el liderazgo en la creación de estructuras autónomas latinoamericanas que incluían a Cuba y excluyeron a Estados Unidos y Canadá.

Por otra parte, las políticas macroeconómicas permanecieron bastante ortodoxas desde el punto de vista del énfasis neoliberal en las orientaciones de mercado de las políticas gubernamentales. Y las múltiples promesas del PT relativas a la prevención de la destrucción ambiental nunca se implementaron seriamente. El PT tampoco llevó a cabo sus promesas de una reforma agraria.

En resumen, su desempeño como movimiento de izquierda fue una bolsa mezclada. El resultado es que la deserción de grupos dentro del partido y en las más amplias alianzas políticas fue constante. Esto debilitó su posición e hizo posible que en 2015 los enemigos del PT instrumentaran un plan para destruirlo.

El escenario fue simple. Se centró en cargos de corrupción. La corrupción ha sido masiva y endémica de la política brasileña, y las figuras importantes del propio PT no estuvieron exentas, en modo alguno, de estas prácticas. La única persona que no estuvo sujeta a tales cargos fue Dilma Rousseff. ¿Qué había que hacer? La persona que tomó a su cargo la conducción del proceso de enjuiciamiento, el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha (un cristiano evangélico), fue también retirado de su cargo al ser acusado de corrupción. ¡No importa! El proceso continuó sobre la base de que Dilma Rousseff faltó a su responsabilidad de contener la corrupción. Esto hizo que Boaventura dos Santos Sousa resumiera la situación diciendo que una política honesta era sacada del cargo por los más corruptos.

Rousseff ha sido suspendida del cargo y su vicepresidente, Michel Temer, asumió el cargo como presidente interino, y de inmediato designó un gabinete de extrema derecha. Lo más probable es que Rousseff sea sometida a juicio político y se le retire permanentemente del cargo. Ella no es el objetivo real. El objetivo es Lula. Bajo la ley brasileña, ningún presidente puede seguir en el cargo por más de dos periodos sucesivos. Ha sido la expectativa de todo el mundo que Lula sea de nuevo el candidato del PT en 2019.

Lula ha sido el político más popular de Brasil en mucho tiempo. Y aunque su popularidad se haya empañado en alguna medida por el escándalo de corrupción, parece mantenerse con la suficiente popularidad como para ganar las elecciones. Así que las fuerzas de la derecha, de hecho, intentarán acusarlo de corrupción y, por tanto, tornarlo inelegible para competir.

¿Qué pasará entonces? Nadie lo sabe de cierto. Los políticos de la derecha lucharán entre ellos por la presidencia. El ejército puede decidir una vez más tomar el poder. Lo que es seguro es que el PT está acabado. El PT buscó ejercer su poder como un gobierno centrista, balanceando su programa. Pero el serio déficit presupuestal y la caída de los precios mundiales del crudo y de otras exportaciones brasileñas ha desilusionado a un amplio espectro de sus votantes. Y como en muchos otros países de la actualidad, el descontento masivo conduce al rechazo de la política centrista normal.

Lo que podría hacer un movimiento sucesor del PT es retornar a sus raíces como un movimiento anti-imperialista consistente. Esto no será más fácil de lo que le fue al PT en 1980. La diferencia entre 1980 y ahora es el grado en que el sistema-mundo está en crisis estructural. La lucha es mundial y la izquierda brasileña puede jugar un papel central en él o deslizarse a la irrelevancia y la miseria nacional.

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