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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6737125
Actualizado: fai 2 horas 52 min

Venezuela necesita mediación honesta, no injerencia de la OEA

Mér, 07/06/2017 - 01:01
Mark Weisbrot, Ultimas Noticias

La OEA no tiene papel positivo alguno que desempeñar en la resolución de la crisis política en Venezuela, del mismo modo que tampoco lo tendrían el senador Marco Rubio u otros políticos del estado de Florida que buscan un cambio de régimen en ese país. A estas alturas debiera quedarle claro a cualquier observador informado que la organización es hoy día un instrumento de quienes simplemente procuran apoyarse en la crisis actual para derrocar al Gobierno venezolano.

Lo afirmo sin exageración ni hipérbole. Aquellas personas que quieran evitar la escalada de violencia o una guerra civil en Venezuela no deben imaginarse lo contrario, independientemente de cuánto odien al actual gobierno o deseen ver a la oposición en el poder. Debieran abstenerse de apoyar la iniciativa de la OEA, tan descaradamente ilegítima, malintencionada y peligrosa.

En los círculos aburbujados de Washington, los grandes medios de comunicación y el Gobierno de Estados Unidos pretenden ser los árbitros finales de la legitimidad política. Dado que dichos actores y sus aliados están dispuestos a aparentar que la OEA es actualmente neutral, ciertas personas bien intencionadas tal vez también quieran asumir que de hecho sea así. Podrán imaginarse que una intervención como la reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la OEA celebrada el 31 de mayo, a pesar de estar controlada por actores partidistas, aumentaría la presión sobre el Gobierno venezolano para motivarlo a negociar.

Pero resulta mucho más probable que esta tenga el efecto contrario, haciendo que el Gobierno y sus partidarios se atrincheren en contra de la intervención, la cual puede describirse con exactitud como dirigida por Washington (Rubio incluso amenazó públicamente a la República Dominicana, El Salvador y Haití con castigos si estos países no cooperaban con los esfuerzos por parte de EEUU contra Venezuela en el seno de la OEA). Podría alentar al Gobierno a rechazar las concesiones que debería hacer con respecto a las demandas legítimas planteadas por la oposición. Para quienes no lo saben -porque casi nunca se menciona en este tipo de discusiones-, cualquier estrategia dirigida por Washington se considera sospechosa, porque el Gobierno estadounidense ha estado intentando socavar, desestabilizar y deshacerse del Gobierno venezolano durante más de 15 años.

Nadie se deja engañar por el hecho de que algunos de los gobiernos más importantes de Suramérica, incluyendo Brasil y Argentina, se encuentran respaldando dicho esfuerzo. Sus nuevos gobiernos derechistas (con un Temer cuya presidencia ilegítima cuelga de un hilo) están estrechamente alineados con el gobierno de Trump.

Desde el punto de vista de la oposición, esta estrategia de manipulación de la OEA con fines partidistas probablemente alentará a los elementos más extremos y violentos de la oposición venezolana a perseguir una estrategia de derrocamiento del Gobierno por medios extralegales.

Para algunos miembros de la gestión de Trump, es esta precisamente la intención, y así se ha hecho antes. El renombrado humanitario Paul Farmer, quien fue enviado especial adjunto de Bill Clinton de la ONU en Haití, testificó ante el Congreso de EEUU sobre los esfuerzos de cambio de régimen en ese país durante la década del 2000: “Asfixiar la cooperación al desarrollo y el suministro de servicios básicos también le restó oxígeno al Gobierno, lo cual fue siempre la intención. con el propósito de desalojar el gobierno de Aristide”.

La OEA desempeñó un papel vital en la justificación del trato brutal de Haití y, por lo tanto, en el derrocamiento de su gobierno elegido democráticamente. La organización coincidió originalmente con otros observadores electorales al anunciar que las elecciones de 2000 fueron “un gran éxito para la población haitiana”, pero luego cambió su posición en la medida en que EEUU hiciera avanzar su esfuerzo de cambio de régimen. Este viraje fue clave para deslegitimar al Gobierno, el cual fue posteriormente desnutrido y derrocado en un golpe de Estado respaldado por Estados Unidos en 2004. Ha sido casi siempre parte del manual de cambio de régimen: antes de que un gobierno pueda ser derrocado, necesario es deslegitimarlo.

Existen otros ejemplos recientes en los que la OEA ha sido manipulada por Washington a tal efecto. En el 2011, en Haití, la misión de la OEA hizo algo inédito en la historia del monitoreo electoral: simplemente anuló los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en ese país sin un recuento, ni siquiera una prueba estadística. El Gobierno estadounidense amenazó a Haití con cortar la ayuda que desesperadamente necesitaba luego del terremoto si no aceptaba los resultados de la comisión, eligiendo de este modo quién podría competir por la presidencia de Haití. En sus memorias, Hillary Clinton describe cómo manipuló exitosamente a la OEA para evitar que el presidente democráticamente electo de Honduras, Mel Zelaya, retornara al país luego del golpe militar de 2009.

Ahora la OEA cuenta con un secretario general, Luis Almagro, cuya postura es más abiertamente partidista y hostil hacia un gobierno miembro (Venezuela) que cualquier líder de la organización, probablemente durante décadas. Entre otras intervenciones, encabezó una campaña vigorosa en 2015 en un intento fallido de deslegitimar las elecciones a la Asamblea Nacional de diciembre en Venezuela.

Venezuela sigue siendo un país políticamente polarizado. Cualquier tercero que intente mediar en el conflicto debe contar con la confianza de ambas partes. Existen actores políticos que podrían desempeñar este papel, tal y como lo intentó el Vaticano el año pasado. Quienes sinceramente deseen promover el diálogo y la negociación en función de una resolución pacífica de la crisis en Venezuela están llamados a apoyar una mediación honesta. Se requiere con urgencia, y sabemos que no vendrá de la OEA.

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Macri convierte a la Argentina en el país que más deuda contrajo en los últimos 18 meses

Mar, 06/06/2017 - 02:01

El Estado argentino emitió deuda en 2016 por 22.351 millones de dólares y en lo que va de este año ya lleva sumados otros 23.600 millones, lo que arroja un total de 45.951 millones sólo entre títulos públicos y letras en dólares. En total, emitió una deuda 263% superior a la del país emergente que sigue en la lista: Arabia Saudita.

A esa cifra, deben sumarse otros 17.274 millones de dólares también emitidos por el Estado Nacional, pero en moneda local, 10.381 millones de dólares de las provincias, que tiene como garante al Estado Nacional, y 8366 millones de dólares de empresas privadas, lo que arroja un total de 81.972 millones.

Estos alarmantes números se desprenden del último informe del Observatorio de la Deuda Externa de la UMET, quien señala que el sobreendeudamiento público no es sostenible en el tiempo, sobre todo si la economía sigue estancada y se continúa otorgando reducciones impositivas a sectores con capacidad de pago a través de la eliminación de retenciones agropecuarias y mineras y la reducción del impuesto a las Ganancias y a los Bienes Personales.

Además, el informe destaca que en octubre de 2015 la deuda pública en Argentina era de 235.000 millones y en mayo de 2017 se habría elevado, según la proyección del Observatorio, a 290.000 millones. De este modo, la deuda bruta total habría aumentado unos 55.000 millones de dólares. Es decir, más del 11 por ciento del PIB del país trasandino, según informa el diario Página 12.

“El rumbo del modelo de Cambiemos en materia de Deuda Externa es, de persistir el esquema actual, escasamente sustentable en el tiempo. Como hemos venido expresando mes a mes, la deuda se ha vuelto la columna vertebral del modelo económico y no queda muy claro que los decisores de política tomen verdadera dimensión de esta problemática y sus efectos”, afirmó Nicolás Trotta, Rector de la UMET, luego de la presentación del documento.

Trotta además agregó que “el financiamiento con deuda externa es el sostén del indomable déficit fiscal y la única fuente de dólares significativa que han podido elaborar para nuestra economía. Los anuncios de inversiones en la economía real quedan como otro elemento más de la posverdad que el gobierno sostiene con títulos espectaculares en los medios o en los documentos de powerpoint de sus funcionarios”.

Así entonces, el crecimiento de la deuda es vertiginoso en Argentina y el Gobierno de Macri no da señales de que tenga previsto sacar el pie del acelerador. Por ahora, tal como destaca el periódico argentino anteriormente citado, quien asuma en 2019 deberá enfrentar un horizonte financiero mucho más complejo que el que dejó el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en diciembre 2015.

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Siete países rompen relaciones diplomáticas con Qatar por “apoyar al terrorismo”

Lun, 05/06/2017 - 17:50

Bahréin, Arabia Saudí, Egipto, Yemen, Libia, Maldivas y Emiratos Arabes Unidos anunciaron que rompen relaciones diplomáticas con Catar por su presunto «apoyo al terrorismo», que habría hecho peligrar la seguridad y estabilidad interna de estos países árabes. ¿Qué está detrás de esta crítica medida de grandes gigantes árabes como Arabia Saudí y Egipto contra esta pequeña monarquía del Golfo?

El tradicional apoyo de Catar a la cofradía de los Hermanos Musulmanes, grupo islamista político que ha sido declarado ilegal en Arabia Saudí y Emiratos Árabes por oponerse a las respectivas monarquías hereditarias, ha sido en los últimos años permanente fuente de tensión entre estos aliados regionales. Tras la asonada militar en 2013 contra el presidente islamista Mohamed Morsi en Egipto y la posterior persecución contra los partidarios del grupo, el Gobierno de Abdelfatah Al Sisi declaró «grupo terrorista» a la Hermandad Musulmana, ahondando aún más su enfrentamiento político con Catar.

Ya en 2014, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin retiraron sus embajadores en Catar por su apoyo a este grupo islamista. Aunque esta crisis diplomática pareció solventarse meses después con el regreso de los embajadores y la expulsión de Catar de algunos miembros de los Hermanos Musulmanes acogidos en el reino árabe, la tensión entre estos países ha continuado: en su comunicado de la mañana del lunes anunciando el cese de relaciones con Catar, Egipto ha insistido en la «línea de acción anti-egipcia» del pequeño reino del Golfo, una campaña «en apoyo del terrorismo». Arabia Saudí también se ha referido al apoyo de Catar a «grupos terroristas entre ellos los Hermanos Musulmanes».

Pese al primer fuerte apoyo público al depuesto Mohamed Morsi, en los últimos años Catar ha intentado moderar su discurso pro-Hermanos Musulmanes y ha negado en repetidas ocasiones su financiación de otros grupos extremistas. Sin embargo, Catar sigue contándose entre los principales financiadores del grupo palestino Hamás, y algunos de sus líderes permanecen exiliados en el país, pese a las «presiones externas» (saudíes y de otros países del Golfo) que habría estado recibiendo el reino catarí para expulsarlos.

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¿Qué son los llamados bonos del hambre que ha comprado Goldman Sachs en Venezuela?

Lun, 05/06/2017 - 07:40
Belen Carreño, ElDiario.es

Bonos basura, deuda exótica y en algunos casos chatarra. La deuda de países emergentes o empobrecidos ha recibido muchas calificaciones desde que en los años ochenta su inversión fuera un gran negocio para la banca de inversión. Es deuda que emiten estados que no tienen grado de inversión, esto es, que no se consideran seguros para invertir o en los que los gobiernos ni siquiera pueden pagar a agencias de rating para que les pongan una calificación y que los demás se fíen de prestarles dinero.

A esta terminología se ha añadido ahora un nuevo concepto: el de "bono del hambre". El término lo acuñó hace meses Jorge Botti, un empresario venezolano relacionado con la oposición antichavista que tomó como inspiración la saga de Los Juegos del Hambre, en la que una adolescente se enfrenta a un Gobierno totalitario. Con el término, que ya tiene más recorrido en inglés ('hunger bonds') que en castellano, Botti intentaba denunciar ante la opinión pública y especialmente al mundo financiero lo que entiende que sucede en Venezuela con el pago de la deuda externa: que el Gobierno de Nicolás Maduro antepone pagar a inversores internacionales a inyectar dinero en una economía que tiene problemas de abastecimiento.

El inicio de su campaña radica en los comunicados puntuales que hace la empresa pública de petróleos de Venezuela (PDVSA) de que devuelve puntualmente con intereses a sus acreedores internacionales. Eso desató la campaña de Botti.

La empresa venezolana estatal es uno de los principales activos que conserva el Gobierno de Maduro. Botti ha querido diseminar la duda entre los grandes fondos de inversión internacionales para que no compren este tipo de bonos. La deuda de un país como Venezuela es extremadamente arriesgada y por ello, extremadamente rentable. Para acceder a dar financiación, los fondos esperan altísimas rentabilidades, muy superiores a la media del mercado. Sin esta financiación, el Gobierno de Nicolás Maduro tendría muy difícil cubrir las necesidades básicas en el momento actual.

Hace apenas dos días, The Wall Street Journal publicaba en exclusiva que Goldman Sachs se acaba de hacer con un paquete de estos bonos por valor de algo más de 2.800 millones de dólares, aunque solo pagó 865 millones gracias al importante descuento con el que adquirió el paquete. La deuda vence en 2022 y si todo sale bien, esto es, si Venezuela paga, la rentabilidad de la inversión estará por encima del 40%. La renta de un bono español a cinco años es de poco más de un 2,2% y ya se ha dado el caso en algunos países europeos de que hay hasta rentabilidades negativas por prestar dinero. En un momento en el que en las finanzas no hay de dónde ordeñar dinero, los países inestables son la gallina de los huevos de oro.

La operación de Goldman ha dado alas a las críticas de la oposición ante el papel de los fondos de inversión y ha sacudido el mundo de las finanzas. El eco amplía las protestas de Botti que habían conseguido su reflejo en el artículo de uno de los venezolanos más influyentes fuera de su país: Ricardo Hausmann. El 26 de mayo, este profesor de Harvard (exministro venezolano, exjefe del Banco Interamericano de Desarrollo y feroz detractor del chavismo), publicaba en Project Syndicate su columna "Los bonos del hambre", haciendo suyas las tesis de Botti.

Hausmann hace un alegato inicial en el que ve comprensible que los inversores busquen una alta rentabilidad a sus inversiones. Pero inmediatamente después plantea la cuestión de que debe haber un límite moral para el enriquecimiento. El venezolano toma como ejemplo un fondo de inversión en países emergentes que gestiona JPMorgan en el que la deuda del país caribeño apenas pesa un 5%, pero supone hasta un 20% de la rentabilidad que da este producto.

Desear el mal ajeno Hausmann advierte de que la disparada prima de riesgo es una buena noticia para los inversores, pero mala para la población venezolana. Según su opinión, invertir en este fondo, "significa que uno se alegra cuando los analistas de Wall Street le informan que el país está haciendo pasar hambre a su población con el fin de evitar la reestructuración de los bonos que uno posee". Y continúa: "La alegría se explica fácilmente: las importaciones venezolanas, luego de caer 75% entre 2012 y 2016, se han reducido más del 20% en el primer trimestre de 2017. Estas son buenas noticias para los inversores en el EMBI+ [JPMorgan] porque significa que queda más dinero para el pago de intereses y capital de sus bonos".

Hausmann concluye que "cualquier persona decente que invierta en bonos venezolanos debe sentirse 'levemente nauseabunda'" y en su artículo –previo a que saltara la noticia de Goldman– pedía a JPMorgan que sacara a Venezuela de este rentable fondo de inversión.

El debate sobre la moralidad o no de estas estrategias de rentabilidad llegan sin duda por el segmento más inesperado: empresarios, expertos y economistas liberales. Personas del mundo financiero defensoras en buena medida de la desregulación de los mercados que han visto el problema de la falta de límites éticos a la inversión en un país como Venezuela.

Lo que no se expresa en el artículo, ni en los alegatos de Botti, es que cortar la financiación internacional de Venezuela estrangularía rápidamente al Gobierno de Nicolás Maduro que se quedaría sin recursos para mantener las infraestructuras mínimas.

Los gobiernos ilegítimos También vuelve a traer a primera plana el papel de Goldman Sachs en el mundo de la deuda. En 2001 Goldman ayudó a Grecia a ocultar su déficit, con el beneplácito de las autoridades europeas, para permitirle ingresar en el euro, con tejemanejes financieros. Sobredimensionó la deuda del país de forma opaca creando una burbuja que desencadenó luego la tormenta del euro en 2011. Aunque las críticas a Goldman han sido muy importantes, el default, esto es, el famoso impago nunca ha sido una opción contemplada por las autoridades europeas para Grecia y solo en los últimos tiempos algunas voces del FMI han comenzado a considerar como apropiado algún tipo de impago vía reestructuración de la deuda.

Pero la deslegitimización que algunos quisieron hacer del Gobierno de Grecia, especialmente por haber engañado con las cifras pero también con que parte de la deuda procede de la dictadura helena, nunca fue considerada una razón para el impago por la mayoría del mercado. Sí se han dado programas de condonación de deuda para algunos países del África subsahariana, pero en general la reestructuración de la deuda se considera un "riesgo moral" ya que, según la creencia del mercado, estos alivios en la carga financiera alimentan a los gobernantes el impulso de pedir prestado sin orden ni concierto.

En este interesante artículo de Joseph Stiglitz ya se describía hace años cómo el caso de los fondos buitre (que comen deuda basura o ahora bonos del hambre), contra Argentina sentaba un precedente que considera "peligroso" al tener doblegar a un Estado ante estos tiburones financieros. También como Naciones Unidas intentó limitar la actuación de este tipo de inversores e incluso declararlos ilegales.

La propuesta no salió adelante porque, entre otros países, Estados Unidos (también Alemania y Reino Unido) votó en contra. El país de Goldman Sachs aún fija la dieta.

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La izquierda global contra la derecha global: de 1945 a la fecha

Dom, 04/06/2017 - 08:08
Immanuel Wallerstein, La Jornada

El periodo entre 1945 y 1970 fue uno de extrema alta concentración de capitales a escala mundial y también de hegemonía geopolítica de Estados Unidos. En la geocultura el liberalismo centrista llegó a su cumbre como ideología gobernante. Nunca antes el capitalismo pareció funcionar tan bien. Esto no habría de durar.

El alto nivel de acumulación de capital, que en particular favoreció a las instituciones y al pueblo de Estados Unidos, alcanzó los límites en su capacidad para garantizar el necesario cuasi-monopolio de las empresas productivas. La ausencia de un cuasi-monopolio significó que por todas partes la acumulación de capital comenzara a estancarse y los capitalistas comenzaron a buscar modos alternativos de sostener sus ingresos. Los principales modos fueron la relocalización de sus empresas productivas en zonas de costo menor y el involucramiento en la transferencia especulativa de capital existente, eso que le llamamos la financiarización.

En 1945, solamente el desafío del poder militar de la Unión Soviética pudo enfrentar el cuasi-monopolio geopolítico de Estados Unidos. Para garantizar su cuasi-monopolio, Estados Unidos tuvo que acceder a un arreglo tácito pero efectivo con la Unión Soviética, apodado Yalta. Este arreglo implicó una división del poder mundial, dos tercios para Estados Unidos y un tercio para la Unión Soviética. Acordaron mutuamente no transgredir estos límites y no interferir con las operaciones económicas del otro en su propia esfera. También entraron en una guerra fría, cuya función no era derrocar al otro (por lo menos en el futuro previsible), sino mantener la incuestionada lealtad de sus respectivos satélites. Este cuasi-monopolio también llegó a su fin debido al creciente desafío a su legitimidad por parte de quienes se perdieron debido al statu quo.

Además, este periodo fue también uno en que los movimientos anti-sistémicos tradicionales conocidos como la Vieja Izquierda –comunistas, social-demócratas y movimientos de liberación nacional– llegaron al poder estatal en varias regiones del sistema-mundo, algo que había parecido altamente improbable apenas en 1945. Un tercio del mundo estaba gobernado por los partidos comunistas. Un tercio estaba gobernado por partidos social-demócratas (o su equivalente) en la zona pan-europea (Norteamérica, Europa occidental y Australasia). En esta zona, el poder alternaba entre los partidos social-demócratas que profesaban el Estado de bienestar y los partidos conservadores que también aceptaban el Estado de bienestar, aunque con un alcance reducido.

Y en la última zona, el llamado Tercer Mundo, los movimientos de liberación nacional llegaron al poder al obtener su independencia en la mayor parte de Asia, África y el Caribe, promoviendo así regímenes populares en la ya independiente América Latina.

Dada la fortaleza de los poderes dominantes y en especial Estados Unidos, puede parecer anómalo que los movimientos anti-sistémicos llegaran al poder en este periodo. De hecho, fue lo opuesto. Al buscar resistir el impacto revolucionario de los movimientos anti-coloniales y anti-imperialistas, Estados Unidos favoreció concesiones con la esperanza y la expectativa de traer al poder fuerzas moderadas en estos países que estuvieran dispuestas a operar dentro de las normas aceptadas de comportamiento interestatal. Esta expectativa resultó ser correcta.

El punto de quiebre fue la revolución-mundo de 1968, cuyo dramático aunque breve punto álgido entre 1966-1970 tuvo dos resultados importantes. Uno fue el final de la muy larga dominación del liberalismo centrista (1848-1968) como la única ideología legítima en la geocultura. Por el contrario, tanto la izquierda radical izquierdista como la ideología derechista conservadora recuperaron su autonomía y el liberalismo centrista fue reducido a ser solamente una de las tres ideologías en competencia.

La segunda consecuencia fue el desafío a escala mundial para los movimientos de la Vieja Izquierda por todas partes, asegurando que la Vieja Izquierda no era anti-sistémica en lo absoluto. Su llegada al poder no había cambiado nada de ninguna importancia, decían los impugnadores. Estos movimientos fueron vistos ahora como parte del sistema que había que rechazar para que por fin tomaran su lugar los verdaderos movimientos anti-sistémicos.

¿Qué pasó entonces? Al principio, la derecha de nuevo afirmativa pareció ganar la partida. Tanto el presidente estadunidense, Ronald Reagan, como la primera ministra de Reino Unido, Margareth Thatcher, proclamaron el fin del desarrollismo dominante y el advenimiento de la producción orientada a la venta en el mercado mundial. Proclamaron TINA, there is no alternative. Que no hay alternativa. Dada la decadencia del ingreso estatal en casi todo el mundo, la mayor parte de los gobiernos buscaron préstamos, que no podían recibir a menos que aceptaran los nuevos términos de TINA. Se les requirió reducir drásticamente el tamaño de los gobiernos y eliminar el proteccionismo, al tiempo de finiquitar los gastos del Estado de bienestar y aceptar la supremacía del mercado. Esto fue llamado el Consenso de Washington, y casi todos los gobiernos acataron este importante viraje de foco. Los gobiernos que no cumplieron fueron derrocados del cargo, lo que culminó en el colapso espectacular de la Unión Soviética. Después de algún tiempo en el cargo, los Estados que sí acataron descubrieron que la prometida alza en el ingreso real de gobiernos y trabajadores no ocurrió. Por el contrario, estos Estados sufrieron las políticas de austeridad impuestas sobre ellos. Hubo una reacción a TINA, marcada por el levantamiento zapatista en 1994, las exitosas manifestaciones de 1999 contra el intento en Seattle de promulgar garantías obligatorias para los llamados derechos de propiedad intelectual, y la fundación en 2001 del Foro Social Mundial en Porto Alegre, en oposición del Foro Económico Mundial, pilar de larga duración de TINA.

Conforme la Izquierda Global recuperó fuerza, las fuerzas conservadoras necesitaron reagruparse. Dieron un viraje del énfasis exclusivo en la economía de mercado, y lanzaron su rostro socio-cultural alternativo. De inicio invirtieron mucha energía en asuntos como luchar contra el aborto o promover la conducta exclusivamente heterosexual. Utilizaron tales temas para jalar a sus simpatizantes hacia la política activa. Y entonces ellos recurrieron a la anti-inmigración xenofóbica, abrazando el proteccionismo al que los conservadores económicos se habían opuesto específicamente.

Sin embargo, los simpatizantes de los derechos sociales expandidos para todos y el multiculturalismo copió la nueva táctica política de la derecha y exitosamente legitimaron a lo largo de la última década avances significativos en aspectos socio-culturales. Los derechos de las mujeres, los primeros derechos gay y luego el matrimonio gay, los derechos de los pueblos indígenas, todos fueron ampliamente aceptados.

Así que ¿dónde estamos? Los conservadores económicos ganaron primero y luego perdieron fortaleza. Los conservadores socio-culturales que les siguieron ganaron primero y luego perdieron fuerza. Y no obstante la Izquierda Global parece desconcertada. Esto ocurre porque todavía no está dispuesta a aceptar que la lucha entre Izquierda Global y Derecha Global es una lucha de clase y que eso debería hacerse explícito.

En la crisis estructural en curso en todo el sistema-mundo moderno, que comenzó en los 70 y que probablemente durará otros 20-40 años, el punto no es reformar el capitalismo, sino el sistema que sea su sucesor. Si la Izquierda Global va a ganar esa batalla, de manera sólida debe aliar las fuerzas contra la austeridad con las fuerzas multiculturales. Sólo reconociendo que ambos grupos representan el mismo fondo de 80 por ciento de la población mundial será probable que puedan ganar. Necesitan luchar contra el uno por ciento de hasta arriba y buscar atraer al otro 19 por ciento de su lado. Esto es exactamente lo que uno quiere decir cuando habla de lucha de clases.

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La crisis del capitalismo global y la marcha de Trump hacia la guerra

Sáb, 03/06/2017 - 22:49
William I. Robinson, Alainet

La discreta escalada de la intervención norteamericana en el Medio Oriente en las últimas semanas llega en un momento en que el régimen de Trump enfrenta un creciente escándalo sobre la presunta injerencia rusa en su campaña electoral de 2016, además de los índices históricamente más bajos de aprobación para un presidente entrante y una resistencia cada vez mayor entre la población. Los gobernantes estadounidenses a menudo han lanzado aventuras militares en el exterior para desviar la atención de las crisis políticas y los problemas de legitimidad en su ajuar.

Más allá de la intervención en Siria, Iraq y Afganistán, Trump ha propuesto un incremento de $55 mil millones de dólares en el presupuesto del Pentágono. Ha amenazado con utilizar la fuerza militar en varios polvorines alrededor del mundo, incluyendo a Siria, Irán, el Sudeste Asia, el flanco oriental de la OTAN con Rusia, y en la Península de Corea. En la medida que surjan centros competidores de poder en el sistema internacional, cualquier aventura militar podría desembocar en una conflagración global con consecuencias devastadoras para la humanidad.

Los periodistas y comentaristas políticos han centrado su atención en el análisis geopolítico en su esfuerzo por explicar las crecientes tensiones internacionales. Por muy importante que sea este enfoque, hay profundas dinámicas estructurales en el sistema del capitalismo mundial que empujan los grupos gobernantes hacia la guerra. La crisis del capitalismo global se viene intensificando, no obstante el optimismo de los economistas tradicionales y las elites mareadas por índices recientes de crecimiento y la repentina inflación de los precios de las acciones a raíz de la elección de Trump. En particular, el sistema enfrenta una insoluble crisis de sobre-acumulación y legitimidad.

La crisis actual, más que cíclica, es estructural, lo que quiere decir que la única solución es una reestructuración del sistema. La crisis estructural de los años 1930 fue resuelta mediante un nuevo tipo de capitalismo redistributivo, o sea, la socialdemocracia, el Keynesianismo, y el corporativismo. El capital respondió a la crisis estructural de los años 1970 globalizándose. La emergente clase capitalista transnacional (CCT) emprendió una vasta reestructuración neoliberal, liberalización comercial e integración de la economía mundial.

La globalización facilitó un boom en la economía global en la última década del siglo XX en la medida que los ex-países socialistas se integraron al mercado global y el capital transnacional, liberado del estado-nación, emprendió una enorme ronda de despojos y de acumulación a nivel mundial. La CCT descargó los excedentes anteriormente acumulados y reanudó la generación de ganancias en el emergente sistema globalizado de producción y finanzas mediante la adquisición de los bienes privatizados, la extensión de las inversiones en la minería y la agro-industria a raíz del despojo de centenares de miles de personas del campo en el antiguo Tercer Mundo, y una nueva ola de expansión industrial asistida por la revolución en la Tecnología de la Informática y la Computación.

No obstante, globalización capitalista ha dado lugar a una polarización social mundial sin precedentes. La agencia de desarrollo británico Oxfam informa que apenas el uno por ciento de la humanidad posee la mitad de la riqueza del mundo y el 20 por ciento controla el 95 por ciento de esa riqueza, mientras el restante 80 por ciento tiene que conformarse con apenas el 5 por ciento.

Dada esta extrema polarización de los ingresos y la riqueza, el mercado global no puede absorber la producción de la economía global. El colapso financiero de 2008 marcó el arranque de una nueva crisis estructural de la sobre-acumulación, lo que se refiere a que el capital acumulado no puede encontrar salidas rentables para la reinversión de ganancias. Los datos para 2010 indican, por ejemplo, que las compañías estadounidenses contaban en ese año con $1.8 billones de dólares en efectivo no invertido. Las ganancias corporativas han registrado niveles casi record al mismo tiempo que la inversión corporativa ha declinado.

En la medida que se va acumulando este capital no invertido, crecen enormes presiones para encontrar salidas rentables para el excedente. Los grupos capitalistas, y especialmente el capital financiero transnacional, presionan a los estados a crear nuevas oportunidades para la inversión rentable. Los estados neoliberales han recurrido a cuatro mecanismos en años recientes para ayudar a la CCT a descargar el excedente y sostener la acumulación frente al estancamiento.

Uno es el asalto y el saqueo a los presupuestos públicos. Las finanzas públicas han sido reconfiguradas mediante la austeridad, los rescates a las corporaciones, los subsidios estatales al capital, el endeudamiento estatal, y el mercado global de bonos, todo lo que resulta en la transferencia directa e indirecta por parte de los gobiernos de la riqueza, desde las clases laborales a la CCT.

Un segundo mecanismo es la expansión del crédito a los consumidores y los gobiernos, sobre todo en los países ricos, para sostener el consumo. En Estados Unidos, por ejemplo, país que ha sido “el mercado de última instancia” para la economía global, el endeudamiento de las familias de la clase obrera ha llegado a nivel record para todo el periodo post-Segunda Guerra Mundial. Los hogares norteamericanos tenían una deuda total en 2016 de $13 billones de dólares en préstamos estudiantiles y automovilísticos, en deudas de las tarjetas de crédito, y los hipotecarios. Mientras tanto, el mercado global de bonos –un indicador de la deuda gubernamental global– ya había para 2011 rebasado los $100 billones de dólares.

Un tercer mecanismo es la frenética especulación financiera. La economía global ha sido un gigantesco casino para el capital financiero transnacional, mientras crece cada vez más la brecha entre la economía productiva y el “capital ficticio”. El Producto Bruto Mundial, o el valor total de los bienes y servicios producidos a nivel mundial, alcanzó los $75 billones de dólares en 2015, mientras la especulación solamente en monedas extranjeras llegó a $5.3 billones al día en ese año y el mercado global de derivados se estimó en un alucinante $1.2 trillones.

Estos tres mecanismos pueden resolver el problema momentáneamente pero a la larga terminan agravando la crisis de la sobre-acumulación. La transferencia de la riqueza desde los trabajadores al capital constriñe aún más al mercado, mientras el consumo financiado por el cada vez mayor endeudamiento y la especulación aumenta la brecha entre la economía productiva y el “capital ficticio”. El resultado es una cada vez mayor inestabilidad subyacente de la economía global. Muchos ahora consideran que otro colapso es casi inevitable.

Sin embargo, hay otro mecanismo que sostiene la economía global: la acumulación militarizada. He aquí una convergencia de la necesidad que tiene el sistema para el control social y la necesidad que tiene para la acumulación perpetua. Las desigualdades sin precedentes solo pueden ser sostenidas por los sistemas cada vez más expansivos y ubicuos de control social y represión. Pero muy por aparte de las consideraciones políticas, la CCT ha adquirido un interés creado en la guerra, el conflicto, y la represión como medio en sí de la acumulación, incluyendo la aplicación de amplias nuevas tecnologías y una mayor fusión de la acumulación privada con la militarización estatal.

Mientras la guerra y la represión organizada por el Estado cada vez más se privatiza, los intereses de un amplio despliegue de grupos capitalistas cambian el clima político, social, e ideológico hacia la generación y el sostenimiento de los conflictos – tal como en el Medio Oriente – y en la expansión de los sistemas de guerra, de represión, de vigilancia y de control social. Las así llamadas guerras contra las drogas, contra el terrorismo, contra los inmigrantes; la construcción de muros fronterizos, de centros de detención de los inmigrantes y cárceles; la instalación de los sistemas de monitoreo y vigilancia en masa, y la extensión de las compañías privadas mercenarias y de seguridad – todo eso se convierte en principales fuentes para la acumulación y generación de ganancias.

El estado norteamericano se aprovechó de los ataques del 11 de setiembre de 2001 para militarizar la economía global. El gasto militar estadounidense se disparó, alcanzando billones de dólares para librar la “guerra contra el terrorismo” y las invasiones y ocupaciones de Iraq y Afganistán. La “destrucción creativa” de las guerras funge para echar leña a las brasas humeantes de una economía global estancada. El presupuesto del Pentágono subió en un 91 por ciento en términos reales entre 1998 y 2011, y aun sin incluir las asignaciones especiales para Iraq, se incrementó en un 50 por ciento en términos reales en este periodo. En la década de 2001 a 2011, las ganancias de la industria militar casi se cuadruplicaron. A nivel mundial, el gasto militar creció en un 50 por ciento desde 2006 a 2015, de $1.4 billones a $2.03 billones de dólares.

La vanguardia de la acumulación en la economía real alrededor del mundo cambió de la Tecnología de la Informática y la Computación antes de que reviente en 1999-2000 la burbuja de la bolsa de valores para este sector (conocido como “dot-com”), al nuevo “complejo militar-seguridad-industrial-financiero” – este mismo complejo a la vez integrado al conglomerado de alta tecnología. Este complejo ha acumulado enorme poder en los pasillos del poder en Washington y en otros centros políticos alrededor del mundo. Un emergente bloque de poder que reúne el complejo financiero global con el complejo militar-seguridad-industrial tendió a cristalizarse a raíz del colapso de 2008. Hay una peligrosa conjugación alrededor de la acumulación militarizada de los intereses de clase de la CCT con las cuestiones geopolíticas y económicas. Entre más llega a depender la economía global de la militarización y el conflicto, cada vez mayor es el impulso hacia la guerra y cada vez son más altos los riesgos para la humanidad.

El día después del triunfo electoral de Trump, el precio de las acciones de la empresa “Corrections Corporation of America”, la principal contratista privada para los centros de detención de los inmigrantes en Estados Unidos, se disparó en un 40 por ciento, dada la promesa electoral de Trump de deportar a los inmigrantes en masa. Los grandes contratistas militares como Raytheon y Lockheed Martin, registran súbitas alzas en sus acciones cada vez que hay un nuevo brote del conflicto en el Medio Oriente. Horas después de que la marina norteamericana bombardeó a Siria con misiles Tomahawk el pasado 6 de abril, el valor de las acciones de Raytheon subió en un mil millones de dólares. Centenares de firmas privadas alrededor del mundo hicieron ofertas para la construcción del tristemente célebre muro de Trump en la frontera estadounidense-mexicana.

Más allá de la retórica populista, el programa económico de Trump constituye el neoliberalismo en esteroides. Las reducciones de impuestos corporativos y la acelerada desregulación vendrá a exacerbar la sobre-acumulación y aumentará la propensión del bloque de poder para los conflictos militares. Los militares activos y retirados que controlan la maquinaria norteamericana de guerra ocupan numerosos puestos en el régimen de Trump y gozan de cada vez mayor autonomía de acción. Sin embargo, detrás los régimen de Trump y del Pentágono, la CCT busca sostener la acumulación mediante la expansión de la militarización, el conflicto y la represión. Solamente un contra-movimiento desde abajo, y a la larga, un programa para redistribuir la riqueza y el poder hacia abajo, pueden contrarrestar el espiral hacia arriba de la conflagración internacional.

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El cuarto rescate de Grecia

Ven, 02/06/2017 - 16:14
Juan Francisco Martín Seco, El viejo Topo

La reunión del Eurogrupo del lunes pasado terminó sin acuerdo acerca del cuarto rescate a Grecia. Cuarto rescate, así lo llaman los sindicatos y la oposición. La razón de esta dominación radica en que, si bien en puridad el dinero que va a recibir el país heleno pertenece al tercero, al que se firmó en 2015, ahora se condiciona su desembolso a nuevas medidas y recortes. Otra vuelta de tuerca. Es la enésima. La verdad es que no se debería llamar ni cuarto ni tercero ni primer rescate, porque nunca se ha rescatado a Grecia. Solo hay que contemplar su situación actual. A los que en realidad se ha rescatado ha sido a los bancos alemanes y franceses, mientras que se hundía al país heleno más y más en la crisis. Grecia no levanta cabeza. Y se confirma una y otra vez la nefasta política impuesta por Berlín y Bruselas.

La Comisión, no obstante, presenta estos días una visión triunfalista e idílica, quizás para justificarse y para que la esperanza haga los recortes menos duros y amargos. Afirma que está resurgiendo la confianza, despuntando el consumo, aumentando el empleo, que la temporada turística va a ser buena y que el saldo presupuestario primario (antes de pagar intereses) es mejor de lo esperado. En 2016, 3,95% del PIB.

De todo ello lo único cierto es lo que hace referencia al déficit público, que por otra parte parece que es tan solo lo que le interesa a Bruselas. Grecia acaba de entrar de nuevo en recesión (tal como se suele considerar técnicamente, dos trimestres seguidos con tasas negativas del PIB). Durante el cuarto trimestre de 2016 el PIB se redujo en el 1,2%, y en el primero de 2017 el 0,1%. Pero es que, además, hay que presumir que los nuevos recortes (2% del PIB, 3.600 millones entre 2019 y 2020), tendrán un efecto contractivo sobre la economía, con lo que se pierde toda esperanza de que la situación mejore.

Los sucesivos ajustes han tenido sobre Grecia un efecto devastador, la economía ha sufrido tres recesiones, la renta nacional se ha reducido en un 25%, la tasa de desempleo alcanza el 24% y el stock de deuda pública el 180%. El castigo sufrido parece propio de una situación de posguerra. Además las medidas adoptadas no han dañado a todos por igual. Han sido las capas bajas y medias de la población las que más las han sufrido, y la pobreza y desigualdad ha alcanzado niveles alarmantes e inconcebibles hace años.

Las condiciones impuestas ahora en lo que se ha llamado cuarto rescate continúan en la misma línea, son humillantes e injustas y gravitan sobre las clases más humildes. Las pensiones sufren el decimocuarto recorte, y disminuirán entre el 9 y el 18%, y el límite exento en el impuesto sobre la renta pasará de 8. 600 a 5.700 euros. Hay que preguntarse si la intención de los representantes de las instituciones comunitarias es tan solo eliminar el déficit público o si, por el contrario, se mueven por motivos ideológicos y a la hora de escoger las medidas se inclinan por las predilectas del neoliberalismo económico, tales como hundir lo más posible las pensiones públicas y potenciar así los fondos privados de pensiones o atacar los tributos directos y progresivos.

Esta clara intencionalidad ideológica se percibe también en el resto de medidas impuestas, diferentes de los recortes presupuestarios. Se abarata el despido y -cosa insólita en la democrática Europa- se suspende la negociación colectiva por lo menos hasta 2019. Es decir, se profundiza en la liberalización del mercado laboral con la finalidad evidente de reducir los salarios.

Pero no solo es el mercado de trabajo el que se pretende liberalizar. Las medidas afectan también al comercio y a la energía. Se establece la posibilidad de abrir treinta domingos al año en lugar de los ocho actuales. Uno no puede por menos que preguntarse qué tiene que ver esta condición con el control del déficit público. De tener algún efecto, será negativo tanto sobre la economía como sobre las finanzas públicas. Constituye, eso sí, una vieja aspiración de las grandes superficies y del poder económico, pero va en contra del pequeño comercio que es el que de verdad crea el empleo. La argumentación de que de esta manera se potencia el consumo es una falacia y una cierta ironía cuando desde 2009, año en el que comienzan los ajustes, no se ha hecho otra cosa que hundir el consumo. La llamada liberalización del sector energético pretende el mismo objetivo, abrir espacios rentables al poder económico. De ahí las privatizaciones impuestas hasta ahora y la exigencia en este acuerdo de que el Estado se desprenda de su 40% de participación en el sector.

A cambio de todas estas cesiones del Gobierno griego, lo único que se ofrece es desembolsar 7.000 millones de euros y promesas. Los 7.000 millones de euros no se destinan realmente a Grecia sino a los acreedores, ya que servirán para que este país pague los intereses de los créditos que vencen en julio. Se demuestra una vez más que lo que se pretende rescatar no es tanto los países como los prestamistas. El FMI tiene mucha experiencia en ello. Los préstamos de esta entidad a los países con problemas iban siempre orientados a que los acreedores pudiesen cobrar sus deudas. Ello explica la insistencia de Merkel en que el FMI estuviese presente en los rescates de la Eurozona.

Las promesas no dejan de ser eso, promesas, y casi nunca se han cumplido. En esta ocasión la golosina radica en que los bonos helenos entren en los programas de expansión cuantitativa del BCE, pero sobre todo en la reestructuración de la deuda pública griega. El FMI hace tiempo que viene manifestando que Grecia en ningún caso podrá hacer frente al stock de deuda pública, que en los momentos presentes alcanza el 180% del PIB. Su postura es tan radical que condiciona su participación en el rescate a que esta reestructuración se lleve a cabo. Los planteamientos del FMI dan más credibilidad actualmente a la promesa. Sin embargo, la reunión del pasado lunes del Eurogrupo indica de forma clara que Merkel es absolutamente reacia, especialmente antes de que se celebren las elecciones de septiembre, a que sus ciudadanos tengan que asumir el coste; aunque en honor de la verdad no lo van hacer en un porcentaje mayor que el resto de los contribuyentes de la Eurozona.

Desde hace mucho tiempo todo el mundo está convencido de que antes o después, de buen grado o por la fuerza de los hechos, tendrá que realizarse una quita de la deuda pública griega. El problema es que sería la segunda y nadie garantiza que, de continuar con esta política suicida, sea la última. El endeudamiento público del país heleno en 2009 era del 120% del PIB, en la actualidad y después de la primera reestructuración y de las atrocidades y sufrimientos que se han infligido al pueblo griego, del 180%.

La expropiación de derechos y los atropellos a los que se ha sometido a la población griega pasan de los límites posibles en una sociedad democrática. Nunca se sabe hasta cuándo los ciudadanos están dispuestos a soportar. Las manifestaciones y huelgas generales se han multiplicado, y hoy en día las clases bajas y medias se han sumido más bien en la tristeza y en la desesperanza, pero la violencia puede estallar en cualquier momento, especialmente después del fiasco de Syriza.

Tsipras cometió dos errores. El primero, enfrentarse en solitario a Berlín, Bruselas y Frankfurt, si no se estaba dispuesto a llegar hasta el final, es decir, a la salida de Grecia de la Eurozona. El segundo, gobernar en esas pésimas condiciones, con lo que está quemando a su partido y cegando toda posibilidad de cambio en el país heleno. Algo parecido le sucedió a Zapatero en España.

En nuestro país las formaciones políticas de izquierdas deberían tomar nota y no tener tanta prisa en llegar al gobierno. La pertenencia a la Unión Monetaria dificulta, cuando no imposibilita, cualquier política de izquierdas. Si resulta forzoso aplicar la política de Bruselas, mejor que se queme la derecha, y que las formaciones políticas de izquierdas desde la oposición vendan caro su apoyo, doblen la mano al Gobierno y le obliguen a adoptar determinadas medidas que palien la situación, al tiempo que se trabaja para aunar fuerzas en Europa en el objetivo de romper la Eurozona y retornar a las monedas y políticas nacionales.

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El retorno de Karl Marx para entender lo que está pasando en el capitalismo avanzado

Xov, 01/06/2017 - 16:06
Vicenç Navarro, Público

En una de las columnas más conocidas del semanario The Economist, la columna Bagehot (a cargo de Adrian Wooldridge), se acaba de publicar un artículo en su número del 13 de mayo que sería impensable que apareciera en las páginas de cualquier revista económica de España de semejante orientación liberal a la que tiene tal semanario. En realidad, no solo en cualquier revista económica, sino en cualquiera de los mayores medios de información de este país (incluyendo Catalunya) tal tipo de artículo nunca podría haberse publicado.

Bajo el título El momento marxista, y el subtítulo Los laboristas llevan razón: Karl Marx tiene mucho que enseñar a los políticos de hoy en día, la columna Bagehot analiza el debate existente entre el dirigente del Partido Laborista del Reino Unido, el Sr. Jeremy Corbyn, y su ministro de Economía y Hacienda en la sombra, el Sr. John McDonnell, por un lado, y los dirigentes del Partido Conservador así como los rotativos conservadores Daily Telegraph y Daily Mail , por el otro. Definir tal intercambio como debate es, sin embargo, excesivamente generoso por parte de la columna Bagehot, pues la respuesta de los rotativos conservadores y de los dirigentes conservadores a los dirigentes laboristas es una burda, grosera e ignorante demonización de Marx y del marxismo, confundiendo marxismo con estalinismo, cosa que también se hace constantemente en los mayores medios de comunicación españoles, en su mayoría también de orientación conservadora o neoliberal.

Los aciertos de Marx según Bagehot, de The Economist Una vez descartados los argumentos de la derecha británica, la columna Bagehot pasa a discutir lo que considera las grandes profecías de Karl Marx (y así las define) para entender lo que está ocurriendo hoy en el mundo capitalista desarrollado, señalando que muchas de sus predicciones han resultado ser ciertas. Entre ellas señala que:

1. La clase capitalista (que en la columna Bagehot se insiste que continúa existiendo, aunque no se utilice tal término para definirla), que es la clase de los propietarios y gestores del gran capital productivo, está siendo sustituida –como anunció Marx- cada vez más por los propietarios y gestores del capital especulativo y financiero, que Marx (y la columna Bagehot) consideran parasitarios de la riqueza creada por el capital productivo. Esta clase parasitaria es la que, según dicha columna, domina al mundo del Capital, siendo tal situación la mayor responsable del “abusivo” y “escandaloso” (término que Bagehot utiliza) crecimiento de las desigualdades. Los primeros han conseguido cada vez más beneficios a costa de todos los demás. Y para mostrarlo, el columnista de The Economist señala que mientras en 1980 los chief executives de las 100 empresas británicas más importantes ingresaban 25 veces más que el típico empleado de sus empresas, hoy ganan 130 veces más. Los equipos dirigentes de tales entidades inflaron sus ingresos a costa de sus empleados, recibiendo a la vez pagos (además del salario), de las empresas a través de acciones, pensiones y otros privilegios y beneficios. De nuevo, la columna Bagehot, señala que Marx ya lo predijo y así ocurrió. Es más, la columna Bagehot descarta el argumento que tales remuneraciones se deban a lo que el mercado de talentos exige, pues la mayoría de estos salarios escandalosos de los ejecutivos se los han atribuido ellos mismos, a través del contacto que tienen en los Comités Ejecutivos (Executive Boards) de las empresas.

Marx llevaba bastante razón 2. Marx y Bagehot cuestionan la legitimidad de los estados, instrumentalizados por los poderes financieros y económicos. La evidencia acumulada muestra que el maridaje del poder económico y político ha caracterizado la naturaleza de los Estados. La columna Bagehot hace referencia, por ejemplo, al caso Blair (dirigente de la 3ª Vía), que de dirigente del Partido Laborista, una vez dejado el cargo político, pasó a ser asesor de entidades financieras y de regímenes impresentables. En España podríamos añadir una larga lista de expolíticos que hoy trabajan para las grandes empresas, poniendo a su servicio todo el conocimiento y contactos adquiridos durante su cargo político.

3. Otra característica del capitalismo predecida por Marx –según la columna Bagehot- es la creciente monopolización del capital, tanto productivo como especulativo, que está ocurriendo en los países capitalistas más desarrollados. Bagehot señala como tal monopolización ha ido ocurriendo.

4. Y, por si no fuera poco, Bagehot señala que Marx también llevaba razón cuando señaló que el capitalismo por sí mismo crea la pobreza a través del descenso salarial. En realidad, Bagehot aclara que Marx hablaba de “inmiseración”, que es –según el columnista- un término algo exagerado pero cierto en su esencia, pues según tal columnista los salarios han ido bajando y bajando desde que empezó la crisis en 2008, de manera tal que, al ritmo actual, la tan cacareada recuperación no permitirá que se alcancen los niveles de empleo y nivel salarial de antes de la Gran Recesión en muchos años.

Es más, además de estas grandes predicciones, la columna Bagehot afirma que la presente crisis no se puede entender sin entender los cambios dentro del capital, por un lado, y el crecimiento de la explotación de la clase trabajadora, por el otro, tal como señaló Marx.

¿Se imagina el lector a algún gran diario español, sea o no económico, que hubiera permitido un artículo como este? The Economist es el semanario liberal más importante del mundo. Y promueve tal ideología. Pero algunos de sus principales columnistas son capaces de aceptar que, después de todo, Marx, el mayor crítico que ha tenido el capitalismo, llevaba bastante razón. Sería, repito, impensable que en este país, tan escorado a la derecha como resultado de una transición inmodélica de una dictadura fascista a una democracia tan limitada, no solo un rotativo liberal, sino cualquier mayor rotativo, publicara tal artículo con el tono y análisis que lo hace una de las mayores columnas de tal rotativo, firmada por uno de los liberales más activos y conocidos. Esta columna y la persona que está a cargo de ella, sin embargo, no se han convertido al marxismo. Pero reconocen que el marxismo –que en este país ha sido definido por algunas voces como anticuado, irrelevante o cosas peores- es una herramienta esencial para entender la crisis actual. En realidad, no son los primeros que lo han hecho. Otros economistas han reconocido esta realidad aunque, por regla general, tales economistas no se enmarcan en la sensibilidad liberal. Paul Krugman, uno de los economistas keynesianos más conocidos hoy en el mundo, dijo recientemente que el economista que mejor había predicho y analizado las periódicas crisis del capitalismo, como la actual, había sido Michał Kalecki, que perteneció a tal tradición.

Donde la columna Bagehot se equivoca, sin embargo, es al final del artículo, cuando atribuye a Marx políticas llevadas a cabo por algunos de sus seguidores. Confundiendo marxismo con leninismo, la columna concluye que la respuesta histórica y la solución que Marx propone serían un desastre. Ahora bien, que el leninismo tuviera una base en el marxismo no quiere decir que todo marxismo fuera leninista, error frecuentemente cometido por autores poco familiarizados con la literatura científica de dicha tradición. En realidad, Marx dejó para el final su tercer volumen, que tenía que centrarse precisamente en el análisis del Estado. Por desgracia, nunca pudo iniciarlo. Pero lo que sí que escribió sobre la naturaleza del capitalismo ha resultado bastante acertado, de manera tal que no se puede entender la crisis sin recurrir a sus categorías analíticas. La evidencia de ello es claramente contundente y el gran interés que ha aparecido en el mundo académico e intelectual anglosajón, y sobre todo en EEUU y el Reino Unido (donde se publica The Economist), es un indicador de ello. Pero me temo que lo que está ocurriendo en aquellas partes del mundo no lo verá en este país, donde los mayores medios de información son predominantemente de desinformación y persuasión.

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Presidente de Brasil es forzado a retirar orden que llamaba al ejército contra los manifestantes

Mér, 31/05/2017 - 21:26
Bill Van Auken, wsws

El presidente de Brasil Michel Temer fue obligado a retirar una orden ejecutiva que había emitido en la que llamaba al ejército a las calles y les otorgaba el poder de arresto por el período de una semana.

La medida fue supuestamente tomada para parar una protesta en la capital de Brasilia el miércoles que había sido convocada por los sindicatos y los movimientos sociales para oponerse a las “reformas” de pensiones y laborales que atacan derechos sociales básicos y exigen exigir la destitución de Temer y el reemplazo por medio del llamado a elecciones directas.

Llamar al ejército, sin embargo, tenía el aire de ser un acto de desesperación por la parte de un presidente que confronta múltiples acusaciones de corrupción y es visto como ilegítimo por la mayoría de la población brasileña.

Las más recientes encuestas de opinión indican que Temer —el ex vicepresidente que fue instalado en el palacio presidencial por medio de la destitución de su predecesor, la presidenta del Partido de los Trabajadores (PT) Dilma Rousseff en agosto de 2016 por acusaciones fabricadas de irregularidades presupuestarias— es opuesto por el 95 por ciento de la población, con un 85 por ciento aprobando la inmediata convocación a nuevas elecciones.

La manifestación del miércoles en Brasilia trajo a decenas de miles de manifestantes hacia las calles de la aislada e interna capital. La protesta fue en gran parte pacífica hasta que un grupo de miembros enmascarados del llamado bloque negro (black bloc), un grupo frecuentemente infiltrado por agentes provocadores, atacaron a la policía y vandalizaron edificios de ministerios llegando a incendiar el de agricultura.

La policía respondió con una fuerza desproporcionada y abrumadora contra toda la manifestación, desatando masivas cantidades de gas lacrimógeno, disparando granadas aturdidoras y balas de caucho, enviando policías montadas con porras hacia los grupos y, en un punto, disparando munición real a los manifestantes.

Unas 50 personas fueron heridas en la represión. Entre los casos más serios se encontraba un vendedor ambulante que ni siquiera era parte de la protesta pero le cayó una bala en la cara.

La orden que convocaba al ejército para proteger la capital vino cuando la manifestación ya se había en gran parte dispersado. La confusión y el aparente pánico con que fue tomada la decisión plantearon preocupaciones sobre que Temer estaba recurriendo al uso del ejército en un intento de sostener a su gobierno plagado por crisis y reprimir a la oposición de masas.

El llevar las tropas a las calles bajo las presentes condiciones de crisis extrema tiene implicaciones políticas históricas en Brasil, un país que fue gobernado por más de dos décadas por una dictadura militar después del golpe de 1964, que fue apoyado por EEUU.

La promulgación del decreto bajo el estatuto brasileño de “garantizar ley y orden” hizo que se desplegaran tropas alrededor de los ministerios del gobierno y en otras partes de la capital. Soldados del ejército ya habían estado estacionados por un tiempo afuera de Planalto, el palacio presidencial nacional.

Bajo los términos de la ley, el ejército debe ser convocado solamente por períodos limitados cuando las fuerzas policíacas sean incapaces de lidiar con una supuesta amenaza al orden social y las instituciones gubernamentales.

Ni el gobernador del distrito federal de Brasilia ni, aparentemente, el propio comando del ejército creían que esta era la situación el miércoles.

El gobernador de Brasilia Rodrigo Rollemberg afirmó que no se le fue consultado, como requiere la ley, antes de que las tropas sean convocadas, denunciando así la decisión como una “medida extrema” no justificada por la situación en la capital.

El general Eduardo da Costa Villas Bôas, comandante del ejército brasileño, realizó una declaración el miércoles después de la promulgación de la orden, asegurando a la población que el ejército actuaría de acuerdo con la Constitución. “Nuestra democracia no está en peligro”, declaró. Que tal garantía parezca algo necesario remarca la profundidad de la crisis política actual.

Villas Bôas expresó de forma clara su desacuerdo con la premisa del decreto, afirmando a los medios que “yo creo que la policía debe tener aún la habilidad para mantener el orden”. Declaró que el ejército debe mantenerse en alerta “a menos de que algo se salga de control”.

El comandante del ejército reconoció que la atmósfera tanto en el palacio presidencial como en el mismo comando del ejército era de “shock” y “gran inseguridad” luego de que salieran a la luz revelaciones que implicaban a Temer en la corrupción y obstrucción de justicia.

La suprema corte de Brasil la semana pasada autorizó la apertura de una investigación criminal contra Temer luego de que fuera grabado por el CEO del conglomerado gigante de empaques de productos cárnicos JBS, Joesley Batista, vociferando su aprobación a pagos para comprar el silencio de Eduardo Cunha, el ex jefe de la cámara baja del congreso. Temer también fue grabado cuando Batista le dijo que él y su compañía le pagaban a fiscales y jueces para detener las investigaciones hacia su compañía. La cinta fue entregada a fiscales como parte de un acuerdo conciliatorio.

Si bien Temer de manera repetida ha declarado que no renunciará y que tendrá que ser botado de la presidencia, se informa que sus aliados políticos más cercanos en el congreso lo están abandonando y pidiendo su renuncia.

“Los partidos políticos aliados al gobierno de Michel Temer han llegado a la conclusión de que el presidente ha perdido su habilidad para permanecer en el cargo”, informó el jueves el influyente diario Folha de S.P. El periódico reportó que el derechista PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileño) está liderando la campaña contra Temer y ha comunicado su actitud al presidente brasileño. El propio líder y candidato presidencial del PSDB, que quedó en un segundo lugar cercano a Rousseff en las elecciones presidenciales del 2014, ha sido despojado de su lugar en el senado y ordenado a que entregue su pasaporte a medida que los fiscales preparan su encarcelamiento por cargos de corrupción.

De acuerdo a Folha, los partidos burgueses que habían apoyado a Temer durante la salida de Rousseff ahora están inclinándose a que el Tribunal Superior Electoral (TSE) Federal de Brasil emita un acuerdo a comienzos del próximo mes para que invalide la elección en el 2014 de Rousseff y Temer, quién fue su compañero de carrera como vicepresidente, sobre la base de que la campaña fue financiada ilegalmente.

Semejante decisión conduciría a elecciones indirectas por el congreso, cuyos miembros tienen la mayor preocupación de salvar sus pellejos ya que docenas de congresistas y un tercio completo del senado están bajo investigación en conexión con el escándalo de corrupción multimillonario centrado en los sobornos y pagos de favores emergentes de las licitaciones con el gigantesco conglomerado energético estatal Petrobras.

La convocatoria de elecciones directas requeriría que el congreso apruebe una enmienda constitucional, lo cual se ve actualmente como improbable. Folha reportó que el Partido de los Trabajadores, que está demandando públicamente elecciones directas, promoviendo al ex presidente Lula da Silva —también en juicio por cargos de corrupción— como su posible candidato, está tras bastidores negociando con otros partidos burgueses un candidato para reemplazar a Temer por medio de un voto en el congreso.

El principal diario financiero del país Valor publicó el jueves una entrevista con el reconocido economista Yoshiaki Nakano, rector de la Escuela de Economía de Sao Paulo en la Fundación Getulio Vargas, en la que argumentaba que la renuncia de Temer era “el escenario más favorable para la economía”.

La preocupación del gran capital brasileño es que el escándalo de corrupción ha dañado la habilidad de Temer de hacer aprobar los masivos ataques a los derechos básicos y estándares de vida de los trabajadores brasileños inscritos, por vez primera, en las llamadas reformas de pensión y trabajo que están ahora estancadas en el congreso.

Fue para implementar semejantes medidas, que expanden los ataques ya comenzados bajo los gobiernos del PT de Lula y Rousseff, que Temer fue llevado hacia el poder. El objetivo es colocar el peso entero de la peor crisis económica en un siglo en las espaldas de la clase trabajadora brasileña.

Sin embargo, el gobierno del país y todos los partidos burgueses, incluyendo el PT, se han vuelto tan desacreditados que imponer tal agenda se vuelve cada vez más difícil, con la excepción de que se retorne a métodos dictatoriales de gobierno.

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Trump y la venta de la reserva estratégica de petróleo

Mér, 31/05/2017 - 15:45
Alejandro Nadal, La Jornada

El proyecto de presupuesto dado a conocer por la Casa Blanca busca reducir la deuda federal. Y uno de los componentes importantes para alcanzar ese objetivo es mediante la venta de la mitad de la reserva estratégica de petróleo. Esta medida se vincula estrechamente con la política energética de la administración Trump y merece un análisis cuidadoso.

La Reserva estratégica de petróleo (REP) de Estados Unidos es una provisión de petróleo para periodos de emergencia con una capacidad de hasta 727 millones de barriles de crudo. Fue creada en 1973 a raíz del embargo petrolero decretado por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en respuesta a la ayuda estadunidense a Israel en el contexto de la llamada guerra del Yom Kippur.

El inventario contiene al día de hoy unos 695 millones de barriles guardados en cuatro depósitos ubicados en las costas de Texas y Louisiana, cerca de los principales centros de refinación de crudo en Estados Unidos. Las instalaciones incluyen cuevas artificiales en domos salinos que alcanzan hasta mil metros de profundidad y se calcula que el costo de construcción de estas instalaciones rebasó los 4 mil millones de dólares (mmdd).

La reserva actual representa el equivalente a unos 46 días de consumo de petróleo (a las tasas de consumo aparente de 2015). A los precios corrientes en el mercado internacional, la Casa Blanca calcula que el valor de mercado de toda la reserva es de unos 48 mmdd. La venta de la mitad de la reserva se llevaría a cabo en un plazo de diez años y generaría 16.6 mmdd.

En realidad esa cantidad de recursos casi se antoja insignificante cuando se le compara con la deuda del gobierno federal que hoy rebasa los 19 billones (castellanos) de dólares. Pero el proyecto de Trump tiene implicaciones para el mercado mundial de petróleo, la política energética de Estados Unidos y el proceso de cambio climático.

Si bien es cierto que los precios internacionales de crudo han repuntado ligeramente en los últimos meses, por el lado de la oferta el mercado sigue estando saturado a pesar de los últimos acuerdos de la OPEP. Sin duda un panorama de precios deprimidos se va a mantener. El anuncio de que habrá una inyección de más crudo al mercado mundial proveniente de la venta de la REP, aunque dicha venta se lleve a cabo a lo largo de los próximos años, contribuirá a mantener bajos los precios.

La intención de vender la mitad de la REP es consistente con la política energética de Trump. Su objetivo es convertir a Estados Unidos en un país autosuficiente en petróleo y desde esa perspectiva mantener la Reserva estratégica es redundante. Trump ya ha firmado una orden ejecutiva para concluir la construcción del oleoducto Keystone que va desde los campos de Alberta (en Canadá) hasta Port Arthur, al noreste de Houston. Este oleoducto ya transporta diariamente medio millón de barriles de crudo hacia Estados Unidos, pero el desarrollo de los yacimientos de Alberta requiere una salida más importante hacia el mercado internacional vía la costa del Golfo de México. El oleoducto ha estado en disputa desde hace años y Obama nunca quiso firmar el permiso correspondiente. Una de las primeras medidas anunciadas por la administración de Trump fue dar luz verde al proyecto.

Los yacimientos de arenas bituminosas en el río Athabasca, en Alberta, figuran entre los más importantes del mundo con 1.7 billones de barriles de crudo (magnitud sólo superada por las reservas de Arabia Saudita y de la cuenca del Orinoco en Venezuela). Pero estos yacimientos son de crudo muy pesado que es difícil de extraer, transportar y refinar. Por esas dificultades estos campos ya son responsables de 10 por ciento de la huella de Canadá en materia de emisiones de gases de efecto invernadero. Pero para Estados Unidos la aportación de estos campos es una de las claves para reducir la dependencia energética frente a las fuentes del Medio Oriente.

El otro elemento importante para reducir esa dependencia es la producción doméstica a través de la tecnología de fractura hidráulica (fracking). El repunte de los precios de crudo ha dado nuevos bríos a esta industria en Estados Unidos, con lo que el lobby petrolero considera no es necesario mantener la Reserva estratégica de petróleo. La venta de la Reserva es el primer paso hacia la consolidación de una autosuficiencia energética basada en combustibles fósiles.

Éstas son muy malas noticias en el ámbito de las reducciones de emisiones de gases invernadero. La administración Trump no ha anunciado el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de Paris sobre cambio climático. Como se sabe, los compromisos voluntarios nacionales de reducción de emisiones no son vinculantes, pero por lo menos implican un cierto valor moral y debieran, en principio, facilitar la transición hacia un perfil energético basado en energías renovables. La venta de la Reserva Estratégica de Petróleo es una señala clara de que la plataforma energética de Estados Unidos seguirá basándose en combustibles fósiles.

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Las alternativas para la destitución de Temer

Mar, 30/05/2017 - 19:01
Fernando de la Cuadra, Alainet

La situación política en Brasil se ve como una larga agonía de Temer. En efecto, es posible observar que Temer está perdiendo cada vez más el apoyo de sus aliados, tanto a nivel de los partidos que formaban la base de la coalición montada a partir de la destitución de la presidenta Dilma Rousseff como a nivel de personalidades emblemáticas de la política brasileña tales como el expresidente Fernando Henrique Cardoso o el presidente del Partido Popular Socialista, Roberto Freire, que al renunciar a su cargo como Ministro de Cultura, señaló que el actual presidente ya no tiene condiciones ni políticas ni morales para continuar al mando de los destinos del país. Es difícil anticipar una fecha exacta, pero todo parece indicar que el actual mandatario no podrá concluir su gobierno. El problema es que quien lo puede substituir en la línea de sucesión, el presidente de la Cámara, diputado Rodrigo Maia, también se encuentra involucrado en varios casos de corrupción y está siendo acusado por los procuradores que tienen en sus manos el proceso Lava-Jato, aún en plena investigación por parte de la justicia brasileña. En caso de la destitución de Temer, una probable salida podría ser que asuma interinamente la jueza Carmen Lúcia, que ocupa en este momento la Presidencia del Supremo Tribunal Federal (Corte Suprema).

La mejor alternativa que se plantea y para lo cual se han movilizado vastos sectores de la ciudadanía consiste en la convocatoria de elecciones directas. No existe en la actual coyuntura otra fórmula que le otorgue más legitimidad y sustento ciudadano al futuro mandatario que ser elegido a través del concurso de la soberanía popular. El escollo de dicha salida consiste en que para llamar a elecciones directas se requiere un cambio en la constitución, lo cual de llevarse a efecto, podría demorar varios meses -dependiendo de la correlación de fuerzas que se manifieste en el congreso- con lo cual prácticamente se sobrepondría al cronograma vigente, que estipula la próxima contienda electoral para octubre del 2018. Las elecciones indirectas figuran en un itinerario más probable, aunque carecería del apoyo y la aprobación necesaria para que Brasil retorne a la senda de la estabilidad y paz social. Todos los escenarios son muy complejos y demasiado riesgosos para conseguir darle alguna estabilidad al país. De cualquier manera, la crisis es muy profunda y no se vislumbra ninguna solución a corto plazo.

Actualmente no existe ninguna alternativa viable que consiga darle gobernabilidad a Brasil. Esto favorece a Temer, aunque sea momentáneamente, pues la incerteza sobre los rumbos que podrá tomar la crisis le permiten seguir negociando con los partidos que forman la base de apoyo a su gobierno. En otras palabras, el miedo de que la crisis se agrave y se pierda el control total sobre el destino del país, hace que aquellos actores políticos y económicos poderosos que perdieron la confianza en el gobierno se den un tiempo para barajar alternativas con la finalidad de tener una sucesión que no sea tan improvisada y caótica que pueda implicar la posibilidad de estimular una ruptura de la vía institucional para la deposición del gobierno.

En todo caso, la salida de Temer no significa el derrumbe del tradicional sistema político brasileño. Al contrario, su destitución representa precisamente la confirmación de la tesis de que el actual mandatario ya no consigue comandar el país para realizar las reformas favorables que vienen impulsando los sectores más tradicionales de la política brasileña. El debate sobre la reforma del sistema previsional, de las leyes laborales (tercerización y flexibilización), la reforma o eliminación del Sistema Único de Salud (SUS), la privatización de la educación superior, la eliminación o reducción de programas sociales, etc., está siendo contaminado por la crisis del gobierno. Por lo tanto, para limpiar el camino de tales reformas, los sectores y partidos que representan la cara más tradicional y conservadora de la política de este país buscarán ciertamente la mejor manera de deshacerse del escollo que en la actual coyuntura representa la administración de Michel Temer.

Diferentemente de lo que pudiera ser una alternativa más deseable y democrática, todo parece indicar que la salida política a la crisis se va a dar dentro del esquema que proponen los partidos tradicionales. Es decir, la tendencia es que los cambios que se van a producir en Brasil en el próximo periodo y hasta las elecciones de 2018, serán efectuados dentro del campo de lo que expresan dichos partidos, a pesar de que existe cada día una mayor movilización popular contra la corrupción y la reforma del sistema político. Dichas movilizaciones serán reprimidas y la agenda política permanecerá circunscrita al término del mandato de un gobierno de emergencia que permita concluir las reformas en curso y que continúe el cronograma institucional que supone la realización de elecciones el próximo año. Este periodo por cierto va a generar un importante campo de disputas que los grupos progresistas y la izquierda deberán ocupar, si pretenden reconstruir un proyecto diferente para Brasil, que supere las penurias y tragedias que ha experimentado este país a lo largo de su historia reciente y que se han agudizado de forma dramática en los últimos dos años.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Tensiones transatlánticas dominan la cumbre del G7

Mar, 30/05/2017 - 18:09
Peter Schwarz, wsws

El sistema internacional de alianzas creado después de la Segunda Guerra Mundial se está rompiendo. Esta realidad se hizo evidente en la cumbre del G7, que concluyó el sábado en Taormina, Sicilia.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, dijo en víspera de la reunión, “No hay duda de que ésta será la cumbre del G7 más difícil en muchos años”.

La prensa europea ha identificado como causa de la crisis a la conducta provocativa y errática del presidente de EEUU, Donald Trump. Pero Trump es meramente la expresión de tendencias mucho más fundamentales. Casi una década después de la crisis financiera global, que llevó a la economía mundial al borde del colapso en 2008, los conflictos de intereses entre las potencias imperialistas han alcanzado un punto en el que ya no pueden reconciliarse a través de conversaciones y diplomacia. Esto quedó claro sobre todo en las áreas de política de comercio y cambio climático, dos de los temas más controvertidos en la cumbre.

El jueves, Trump criticó fuertemente la política económica de Alemania. En una reunión con Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, y Tusk en Bruselas, describió a los alemanes como “malos, muy malos”, y amenazó con detener la venta de autos alemanes en EEUU.

En la reunión siguiente de la OTAN, Trump denunció a los jefes de gobierno reunidos. “Veintitrés de 28 Estados miembros no están pagando lo que deberían estar pagando”, acusó. Esto era injusto para “el pueblo y los contribuyentes de Estados Unidos”.

En el vuelo a Italia, Gary Cohn, consejero económico de Trump, repitió sus amenazas. “Tendremos un debate muy polémico sobre comercio y hablaremos sobre lo que significa libre y abierto”, dijo. El asunto es hacer que las reglas del juego sean justas, agregó. EEUU “tratará a otros países como ellos nos traten a nosotros”.

Cohn describió el Acuerdo de París sobre cambio climático como “injusto” porque restringió el crecimiento económico en Estados Unidos y creó “condiciones desiguales para la competencia”. Habrá una “discusión bastante robusta” sobre el tema en la cumbre.

Trump prometió durante la campaña electoral que EEUU se retiraría del acuerdo sobre cambio climático, que se ultimó a fines de 2015 y desde entonces ha sido firmado por EEUU, China, las potencias europeas y varios países más. Los otros países del G7 —Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Japón y Canadá— están advirtiendo contra la salida de EEUU.

El viernes se desarrolló una confrontación durante la primera orden de negocios en la cumbre. La delegación de EEUU bloqueó una propuesta para hacer frente a la crisis de refugiados, presentada por los anfitriones italianos.

El gobierno italiano, que juega un papel clave en el cierre del mar Mediterráneo a migrantes que huyen de las guerras en Medio Oriente y África, pretendía reconocer, al menos verbalmente, los derechos de los refugiados. Pero EEUU rechazó esto categóricamente. Según fuentes informadas, negociadores de EEUU no estaban preparados para negociar y mantuvieron su posición, “Tómenlo o no haremos nada”.

En el borrador de la declaración, a insistencia de Estados Unidos, hay sólo una oración sobre política de refugiados que establece, “Confirmamos el derecho de los Estados a controlar sus fronteras y establecer límites claros para la migración”.

La prensa europea y políticos protestaron furiosamente sobre los “métodos equivocados, brutales y groseros de Donald Trump” (el diario francés Le Monde). La indignación llegó a un punto culminante en Alemania.

Es posible que las potencias europeas se comporten con más cortesía y corrección política que el presidente estadounidense, pero persiguen sus intereses económicos y geoestratégicos globales de una forma tan inescrupulosa como lo hace él.

En el artículo principal sobre la visita de Trump a Bruselas, el diario alemán Süddeutsche Zeitung señaló que la UE está tratando de contrarrestar la política nacionalista “Estados Unidos primero” presentándose como defensores de los mercados libres. Agregó, “Los europeos están decididos a llenar el agujero que EEUU dejará tras el rechazo de Trump al comercio mundial. La Comisión Europea está negociando actualmente, en nombre de los Estados de la UE, unos 20 acuerdos de comercio alrededor del mundo, con países que incluyen a Japón, Singapur y Vietnam”.

Bajo la presión de la disminución del crecimiento económico, mercados financieros inestables y tensiones sociales crecientes, una lucha amarga está haciendo erupción una vez más entre los poderes imperialistas por los mercados, materias primas e influencia estratégica. Como durante la primera mitad del siglo XX, cada Estado-nación capitalista está tratando de obtener la ventaja y hacer retroceder a sus oponentes.

El antecesor del G7, el Grupo de los Seis (Canadá aún no se había unido), fue establecido en 1975 en respuesta a las primeras grandes crisis económicas en la era de posguerra. Los líderes de las seis economías más poderosas se reunieron en el palacio de Rambouillet para “discusiones de chimenea” con el fin de evitar la ruptura del sistema de Bretton Woods y que la primera gran crisis petrolera no condujera a la guerra comercial y el conflicto militar.

En 1998, el G7 se amplió para incluir a Rusia y se convirtió en el G8. Rusia fue expulsada en 2014 por su anexión de Crimea. Los conflictos y las tensiones entre los restantes miembros están creciendo ahora. Estos desarrollos no sólo ponen en cuestión la continuidad del G7, sino también de la OTAN, la alianza militar más importante de los últimos 70 años.

Observadores notaron el rechazo de Trump durante su visita a Bruselas a reafirmar su compromiso con el Artículo 5 de la OTAN, que compromete a todos los Estados miembros a acudir en ayuda de un miembro de la OTAN en caso de ataque.

El Financial Times comentó, “El fracaso del señor Trump en aprobar la cláusula de defensa mutua de la alianza fue un golpe duro. Nicholas Burns, que fue embajador de EEUU ante la OTAN el 11-S, lo describió como un ‘gran error’, señalando en Twitter que ‘cada presidente de EEUU desde Truman’ se ha comprometido a apoyar el Artículo 5. ‘No así Trump hoy en la OTAN’.”

La OTAN fue siempre una alianza militar reaccionaria, y ya sea en conjunto o como parte de coaliciones cambiantes ha jugado un gran papel en las guerras neocoloniales en Medio Oriente y África del Norte, y en la escalada militar contra Rusia. Pero si ahora se rompe por la presión de sus conflictos internos, haría que guerras entre las potencias occidentales sean otra vez posibles e incluso probables.

Como en 1914 y 1939, la crisis del orden global capitalista está conduciendo una vez más a la guerra. La única manera de evitar una catástrofe de este tipo es mediante la construcción de un movimiento internacional contra la guerra, que tiene sus raíces en la clase trabajadora y las luchas por un programa socialista.

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El deshonesto papel de la OEA

Lun, 29/05/2017 - 19:01
Nils Castro, Alainet

El miércoles 24 millares de brasileños se tomaron Brasilia reclamando la renuncia del presidente de facto Michel Temer y la convocatoria inmediata de elecciones directas para elegirle sucesor. Lo mismo ocurre hace varias semanas en las todas ciudades importantes del país. Lo nuevo fue que ahora, tras intensa represión policial contra los manifestantes, Temer llamó a fuerzas del ejército federal para sacarlos de la “explanada de los ministerios” e impedirles llegar hasta la sede del Congreso. Desde los tiempos de la dictadura el ejército no había vuelto a ser empleado para eso.

A esas horas, en la Cámara los diputados negociaban si abandonar enseguida la coalición que defenestró a Dilma Rousseff ‑‑la presidenta legítimamente electa‑‑ y la remplazó con Temer. Cuestionado por incompetente y corrupto, ahora toca destituirlo pero asegurando que sea la Cámara quien designe un mandatario provisional que retenga el cargo hasta las próximas elecciones regulares, a finales de 2018. Sobre la mayoría de los diputados pesan procesos por corrupción ‑‑como también sobre Temer y varios de sus ministros‑‑. Pese a la grave crisis política, todos ellos coinciden en evitar elecciones inmediatas, para poder aprobar su agenda ultra‑neoliberal antes del cambio de gobierno, que prepara cambios drásticos a la ley laboral y a la de pensiones.

Por su parte, Luis Almagro, el secretario general de la OEA, le cuida la espalda a Temer omitiendo la crisis política brasileña y centrando la atención de ese organismo sobre el caso de Venezuela. Mientras alega que la “dictadura” del presidente Nicolás Maduro hace una “guerra sucia” contra el pueblo venezolano, Almagro silencia asimismo la crisis humanitaria que castiga al pueblo y asesina periodistas en México. Como señala el antropólogo mexicano Gilberto López y Rivas, esta nación ya cuenta cerca de 200 mil muertos, 50 mil desparecidos y medio millón de desplazados, y es el segundo país más violento después de Siria, sin que Almagro se ocupe de eso.

El antropólogo denuncia el “doble rasero” de la OEA de Almagro quien, en vez de desempeñar el papel reconciliador que debería cumplir ese organismo, lo suma a la campaña transnacional contra el gobierno venezolano y justifica la violencia de la derecha de ese país, mientras evade referirse a México y aplicarle la Carta Democrática, como sí busca hacerlo con Venezuela. No lo hace, piensa López y Rivas, porque el gobierno mexicano se presta a secundar la campaña contra Venezuela. Ya la semana pasada el presidente de Bolivia, Evo Morales, había criticado al secretario de la OEA por eludir el caso de Brasil, que está agravándose con rapidez.

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El sueño económico de China

Lun, 29/05/2017 - 09:10
Hedelberto López Blanch, Rebelión

El poder de convocatoria de China quedó reafirmado con la asistencia de 27 naciones a la denominada cumbre del Cinturón y Ruta de la Seda, un super mega proyecto en el cual se pretende invertir alrededor de 100 000 millones de dólares en los próximos años.

Reunidos en Pekín, varios líderes del orbe escucharon al presidente Xi Jinping enfatizar: “debemos construir una plataforma abierta de cooperación y defender y hacer crecer una economía mundial abierta con reglas de comercio e inversión mundiales justas, razonables y transparentes”.

El objetivo principal será ampliar los vínculos entre Asia, África, Europa y más allá para lo cual China se apoyará en grandes inversiones en infraestructuras.

El proyecto se inspira en la histórica Ruta de la Seda que durante un milenio fue el principal nexo comercial entre el Este y el Oeste a través de los desiertos y montañas de Asia Central y Oriente Próximo, y entre los personajes más conocidos que recorrieron aquellas vías aparece Marco Polo. Tras la defenestración del Imperio Bizantino y el descubrimiento de América, la ruta perdió atractivo y viabilidad pero ahora Pekín trata de revivirla con mucha más fuerza.

Si las proyecciones se cumplen, dentro de unos años, en su largo recorrido no se verán los pintorescos camellos y las caravanas de beduinos, sino modernas carreteras, veloces ferrocarriles y abundantes mercancías transportadas hacia lugares lejanos.

El plan que fue planteado en 2013 por el presidente Jinping, se ha diseñado con miras a mejorar la conexión entre el continente asiático y el europeo con la perspectiva de entrelazar a varias decenas de naciones.

Pekín aspira a desarrollar rápidamente las provincias del suroeste que no han tenido el empuje de las ubicadas en el noreste. En el trayecto se crearán centros logísticos como el de Xixian que será zona de libre comercio y de desarrollo tecnológico.

La principal meta será la de crear una red por mar y tierra que posibilite la exportación de los numerosos y diversos productos del gigante asiático y a la par importar materias primas para su creciente industrialización.

En ese enorme trasiego comercial se beneficiarán los países participantes en lo que ya se prevé como uno de los mayores mercados del orbe.

Analicemos que además de toda China, el plan también comprenderá importantes extensiones territoriales de Rusia, el subcontinente indio, el sudeste asiático e incluso el este africano.

A partir de 2014, diferentes empresas chinas han firmado contratos relacionados con la Ruta de la Seda por más de 310 000 millones de dólares, y el gobierno ha creado un fondo adicional de 40 000 millones de dólares para sufragar proyectos.En los próximo cinco años invertirá 735 000 millones.

El presidente Xi ha expresado en varias ocasiones que China debe convertirse en un actor de importancia en el escenario global como sucedió en siglos pasados.

Pese a las predicciones que apostaban por una posible debilidad de la economía china en estos años de crisis mundial, los números continúan indicando lo contrario pues en el primer trimestre de 2017 su Producto Interno Bruto creció 6,9%, dos décimas superior al alcanzado en 2016.

A finales de marzo, sus exportaciones crecieron un 22,3 %, la mayor de los dos últimos años, mientras la inversión aumentó un 9,2 %.

Se estima que en un quinquenio, las naciones participantes en la Ruta de la Seda importen de China alrededor de dos billones de dólares, lo que ratifica que este mundo, donde impera la globalización económica, no puede ser unipolar.

Mientras algunos países apuestan por la guerra y el proteccionismo para impulsar hipotéticamente sus economías, China lo hace con comercio y ampliación de mercados.

La Ruta de la Seda, enfatizó Xi Jinping, estará abierta a todos, incluyendo África y América pese a que esos continentes no se sitúan directamente en esa vía. Esperemos por su desarrollo futuro aunque innegablemente para el mundo y sus pobladores será mucho mejor comerciar que guerrear.

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La versión oficial del atentado suicida en Manchester se deshace

Sáb, 27/05/2017 - 17:45
Julie Hyland, wsws

En menos de 24 horas, ya era claro que la afirmación de la primera ministra, Theresa May, de que las agencias de inteligencia británicas sólo conocían al atacante suicida de Manchester, Salman Ramadan Abedi, "hasta cierto punto" era una mentira.

Los informes sobre aquellos que conocían a Abedi y una serie de filtraciones de fuentes de inteligencia estadounidenses y francesas demuestran que los servicios estatales de seguridad sabían que el joven de 22 años que acabó con la vida de 22 personas en el concierto de Ariana Grande, el lunes por la noche en el Manchester Arena, representaba una amenaza seria a la seguridad pública.

Desde hace cinco años, los servicios de inteligencia británicos ya habían recibido advertencias de que Abedi era un posible atacante suicida. La BBC informa que dos de sus amigos de la universidad habían llamado de forma separada a la policía en ese entonces, preocupados porque "él apoyaba al terrorismo" y opinaba que "ser un atacante suicida está bien".

Entre una gran cantidad de filtraciones de información, un reportero de la NBC, Richard Engel, escribió en Twitter que un oficial de inteligencia estadounidense les dijo a los reporteros que la familia de Abed ya le había advertido a funcionarios de seguridad británicos que era "peligroso".

El mismo día, arrestaron a su padre y hermano en Libia, acusados de apoyar por mucho tiempo a Al Qaeda y estar planeando más atrocidades.

El ministro del Interior de Francia, Gérard Collomb, reveló que Abedi tenía vínculos “comprobados” con el Estado Islámico, y que los servicios de inteligencia británicos y franceses sabían que Abedi había estado en Siria pocos días antes.

La secretaria del Interior, Amber Rudd, y la oficina de May denunciaron a las agencias de inteligencia estadounidenses y otras por filtrar información y poner en riesgo la "integridad operativa" de la investigación sobre Abedi. Su verdadera preocupación es que estas revelaciones han perjudicado sus esfuerzos para estampar de teóricos de “conspiraciones” paranoicos a todos aquellos que cuestionen la versión oficial de los hechos en Manchester.

La cronología de los eventos sigue un patrón bien establecido. Después de que ocurre una atrocidad, pronto se da a conocer que los atacantes estaban bajo la lupa de los organismos de seguridad e inteligencia, los cuales permitieron, sin excepción ni explicaciones, que éstos se "colaran por la red de seguridad". Sin embargo, hablar de incompetencia carece de validez. La única explicación posible es que estas personas estaban siendo protegidas por fuerzas dentro del Estado.

Desde un punto de vista político, el origen de todos los casos se remonta a las catastróficas guerras que han sido libradas desde la disolución de la Unión Soviética en 1991, en la antigua Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia, Siria, entre otras. Su resultado ha sido engendrar desastres políticos y sociales en un país tras otro, que constituyen tierra fértil para la proliferación de grupos e individuos terroristas.

Es crucial notar que los que han perpetrado tal violencia asesina en las calles de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y otros lugares han sido productos de las reaccionarias redes de terroristas que a su vez están íntimamente asociadas con las guerras imperialistas para cambios de régimen.

Los viajes de Abedi a Libia y Siria y sus vínculos con fuerzas terroristas islamistas evidencian que transitó el mismo camino de tantos otros autores de atentados que estuvieron vinculados con organizaciones terroristas sectarias, las cuales fueron financiadas, armadas y utilizadas por las potencias occidentales. El joven vivía en un área de Manchester que ejemplifica el cultivo de grupos terroristas islamistas por parte del imperialismo británico para sus operaciones en el exterior.

Según informes, Abedi colaboró estrechamente con el reclutador de Estado Islámico, Raphael Hostey de Manchester, quien fue asesinado por un dron en Siria el año pasado. Por varios años, una sección de miembros del Grupo Libio de Lucha Islámica se mantuvo activo en el distrito de Whalley en Manchester, cerca de la casa de Abedi. Se les permitía reclutar ahí a cambio de su apoyo en oponerse al régimen de Gadafi. El líder local, Abd al-Baset Azzouz, dejó el país en el 2014 para irse a Libia. Se indica que era un experto en bombas que contaba con doscientos o trescientos militantes bajo su mando.

El uso político que se le está dando al atentado es igual de siniestro. El martes pasado, May ordenó poner el nivel de amenaza nacional en "crítico", el más alto. A raíz de las advertencias oficiales de que otro ataque es "inminente", han despachado a casi mil soldados en las calles, principalmente en Londres, para reforzar las unidades antiterroristas. Esto cabe dentro de la Operación Temperer, un plan secreto elaborado por el gobierno tory en el 2015, cuando May era secretaria del Interior.

El último ataque sigue el mismo patrón de otros atentados terroristas antes de comicios de gran trascendencia. Más recientemente, el mes pasado, un policía parisino fue asesinado por Karim Cheurfi. Este incidente sirvió para justificar que la primera ronda de las elecciones presidenciales se celebrara bajo una vigilancia masiva militar y policial tanto en las calles como en los sitios de votación. Lo acontecido en Francia debe ser tomado como una advertencia seria sobre lo que pueda pasar en Reino Unido.

Desde el 2015, se ha mantenido un estado de emergencia en Francia tras una serie de atentados terroristas en París. Éste fue extendido el miércoles, ostensiblemente por la explosión en Manchester.

La semana anterior la revista L'Obs divulgó un plan de altos funcionarios del gobierno francés, controlado por el Partido Socialista, para realizar un golpe de Estado en caso de que ganara la candidata neofascista, Marine Le Pen, el 7 de mayo en la segunda vuelta. El objetivo no era prevenir que el Frente Nacional tomara la presidencia, sino reprimir toda protesta izquierdista e instalar a Le Pen en el poder como parte de una alianza forzosa con un gobierno encabezado por el Partido Socialista. Sin embargo, tal fue el servilismo de los representantes de la "izquierda" como Jean-Luc Mélenchon al efectivamente apoyar al banquero Emmanuel Macron que no consideraron necesario ejecutar dicho plan, al menos por ahora.

¿Alguien de verdad cree que no se están llevando a cabo discusiones similares en los círculos de poder británicos?

May convocó anticipadamente las elecciones del 8 de junio con el propósito de anteponerse al proceso democrático para conseguir una mayoría parlamentaria y así poder aprobar una serie de medidas que realmente no cuentan con ningún apoyo popular, como profundizar la ofensiva de austeridad contra la clase obrera y poner en marcha una escalada militar junto a EEUU contra Siria, Irán e incluso Rusia.

Hace menos de 48 horas, los planes de May parecían estar en ruinas. La resistencia política a su propuesta electora de obligar a los jubilados a vender sus casas para que puedan recibir asistencia social fue tan amplia que incluso sus partidarios de la prensa expresaron estar preocupados de que pueda llegar a perder ante los laboristas.

Tal es la hostilidad de los grupos de poder británicos y estadounidenses hacia la posibilidad de que Corbyn sea primer ministro —principalmente por las declaraciones de Corbyn en oposición al uso de armas nucleares y sus críticas de la OTAN— que, en el 2015, un general de alto cargo británico advirtió desde el anonimato que habría un "motín" si queda electo Corbyn.

May ya está utilizando el atentado suicida en Manchester para reenfocar la agenda electoral en cuestiones de seguridad nacional, contoneándose libremente sin ser desafiada ni cuestionada, a pesar de ser la portavoz de facto de la policía, el MI5, el MI6 y los militares. Pero, las cosas podrían ir más lejos.

El precedente histórico más reciente de la situación actual en el país fue en 1974, cuando el primer ministro conservador, Edward Heath, programó elecciones tempranas en un momento de enormes tensiones políticas y sociales a nivel internacional, incluyendo una militante huelga de mineros en Reino Unido. Heath declaró que los comicios eran para decidir, “¿quién gobierna el país?”.

Él perdió, pero no cedió su cargo por cuatro días en Downing Street. Se reconoce ahora que se estaba discutiendo un posible golpe de Estado entre altos oficiales militares.

Pero en cambio, el Estado decidió confiar en el gobierno entrante laborista para reestablecer su control. Hoy día, no se puede asumir que la postración política de Corbyn —la adopción de todas las demandas de los grupos de poder, incluyendo apoyar al uso de armas nucleares y el sistema Trident nuclear y aceptar no revertir los recortes sociales— prevenga que se recurra a la represión estatal. El giro que están tomando a formas dictatoriales de gobierno fluye de los antagonismos de clase que dominan en Reino Unido y la total putrefacción del capital británico.

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La agroindustria y el CETA

Ven, 26/05/2017 - 20:37
Marina Albiol, Pablo Jiménez, Público

Cuando hablamos del CETA y otros acuerdos comerciales similares como el TTIP o el TiSA, es frecuente referirnos a las consecuencias que tienen estos sobre los derechos sociales y laborales, sobre la merma de estos derechos que conllevará aún más, después de esta década de recortes, a la precarización de la calidad de vida de las clases populares. Puede que estos aspectos del tratado, así como los peligros de dar carta blanca a los inversores, sean los más conocidos, si es que podemos dar por conocido aquello que no ha dispuesto de la menor transparencia.

También tiene cierta relevancia informativa en relación con el mundo agrario la entrada de alimentos transgénicos, de carne hormonada y de aves sacrificadas desinfectadas mediante productos clorados. Pero esta cuestión, ya de por sí grave, encierra algo de capital importancia para el mundo agroganadero. Algo que no solo afecta a los territorios europeos y canadiense sino que puede alcanzar proporciones globales al servir de modelo para otros tratados regionales o bilaterales, algo al que el, de momento, suspendido TTIP no es ajeno.

Nos referimos al tipo de agricultura y ganadería que se va imponiendo a escala global, al tipo de alimentación que nos obligan a consumir. A lo que estamos asistiendo con el CETA es a la unificación de los modelos productivos entre las partes signatarias del acuerdo comercial o más concretamente a la imposición de los modelos de carácter agroindustrial sobre los tradicionales. Si bien ambos modelos hoy día están sujetos a las lógicas de la oferta y la demanda del mercado capitalista, en Europa, en mayor medida que Canadá, se mantiene aún en muchas explotaciones agrarias, aunque en retroceso, una producción pluriespecífica centrada en lo local, fijada al territorio, con empleo familiar, sistemas cooperativistas y significativa cuota de elaboración ecológica, mientras que en Canadá predomina otro modelo basado en producciones intensivas, monoespecíficas, reducida mano de obra y alta tecnologización, utilización masiva de fitosanitarios y pesticidas y alejadas de los centros de consumo. Esto no significa que la agroindustria no esté instalada en Europa , todo lo contrario ya que, desde finales de los años 80 y más concretamente desde la creación de la OMC (1995), se ha optado por la máxima liberalización del mercado agroalimentario sustentada en el apoyo a las grandes empresas productoras y de la gran distribución. Pero en Europa aún se mantienen estas prácticas tradicionales en el manejo de la biodiversidad y de los recursos naturales que hacen que su modelo pueda diferenciarse, aunque sea de forma parcial, del agroindustrial y que por ello está en el punto de mira de un tratado como el CETA que opta por la concentración del negocio alimentario en multinacionales de este sector y a la supeditación del resto a sus reglas, cuando no a la simple aniquilación.

El modelo impulsado por el CETA, además de la alta tecnificación y mecanización y el bajo empleo, potencia los monocultivos y el uso masivo de pesticidas y otros productos químicos, que se identifican como causas claras de la pérdida de biodiversidad. Esta forma de cultivar prescinde de cualquier otra planta o animal presentes cuando la biodiversidad está considerada como un factor de regulación indispensable para que los agrosistemas funcionen, prestando servicios ecológicos, además de los propios de producción alimentaria, tales como el reciclado de nutrientes, la depuración de productos químicos, la eliminación o reducción de plagas o enfermedades o la regulación microclimática e hídrica locales. No obstante, el CETA apuesta por el modelo agroindustrial a pesar de que la FAO ha advertido que desde 1990 se ha perdido el 75 % de la diversidad genética de los cultivos mundiales y que al menos 190 razas de animales domésticos se han extinguido y otras 1500 se consideran al borde de la extinción y de que en la actualidad existe evidencia científica suficiente como para poder afirmar que la disminución de la biodiversidad agrícola está relacionada con los cambios drásticos experimentados en las prácticas agrícolas en las últimas décadas..

Canadá ha firmado y ratificado el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB 1993) pero no los acuerdos suplementarios subsiguientes, el Protocolo de Cartagena sobre seguridad de la biotecnología (firmado pero no ratificado) de 2003 y el Protocolo de Nagoya sobre acceso a los recursos genéticos (no firmado), de 2014, que complementan el Convenio. Canadá no parece estar al lado de las voces críticas con respecto a estos protocolos que ponen en duda que con ellos se salvaguarde la riqueza biológica de determinados territorios y se protejan los derechos de los pueblos indígenas, sino que su no adhesión obedece más bien a intereses particulares de sus propias corporaciones.

Canadá es el quinto país del mundo productor de transgénicos, cultivos potenciados por el CETA, a pesar de que una evaluación de la agricultura mundial de hace unos años realizada por la ONU, la FAO, el Banco Mundial y otras agencias, junto con más de 400 científicos, determinó que los cultivos transgénicos no juegan un papel relevante para la resolución de los problemas agrícolas y alimentarios del mundo, recomendando al contrario métodos agrícolas biológicamente diversos. El propio Director General de la FAO, José Graziano da Silva indicó en 2016 que los organismos genéticamente modificados no son la solución para erradicar el hambre, encontrando que la agricultura ecológica podría ser una alternativa viable para ello.

Ecológicamente considerada, la agroindustria es claramente insostenible porque consume muchos más recursos de los que produce, despreciando el necesario equilibrio entre consumo y reposición. El modelo agroindustrial es además un gran consumidor de energía fósil tanto en el proceso de producción, por el empleo masivo de maquinaria, como en el de distribución, al comercializar los alimentos que produce muy lejos sus lugares de origen, ya conocidos como “alimentos kilométricos”, por la larga distancia que recorren para llegar a los de consumo,

Este tipo de agroganadería, al utilizar cantidad ingente de insumos químicos tanto para tratamientos de plagas y enfermedades como para mejorar los rendimientos productivos o para elaborar envases, introduce en los alimentos un factor de riesgo para la salud que hoy día ponen sobre el tapete numerosas asociaciones ecologistas y sanitarias. Como muestra podemos citar las sustancias químicas conocidas como disruptores endocrinos, presentes, entre otros productos, en plaguicidas o en envases alimentarios y que tienen capacidad de alterar el sistema hormonal, responsable de determinadas funciones vitales. El aumento de algunas enfermedades crónicas es algo inequívoco en Europa, tales como el cáncer de mama y de próstata, la obesidad, la diabetes, la infertilidad o las alteraciones mentales pudiendo tener una relación directa con estos productos.

Tampoco atiende el CETA a la calidad o la especificidad como pluses en la producción alimentaria, véase lo sucedido con las 1500 Denominaciones de Origen e Indicaciones Geográficas Protegidas de Europa, de las que en el texto final solo se reconocen 145, abandonando a su suerte al 90% restante y dejando como mentirosos a aquellos que dicen defender la excelencia o la marca patria en las promociones comerciales de sus productos nacionales. La realidad es que a las grandes multinacionales no les interesa lo específico, lo concreto, lo local por el simple hecho de que supone un control, una regulación con los que no están dispuestos a transigir.

Estos son algunos apuntes del modelo agroganadero que defiende el CETA. Pero como decíamos al principio de este artículo este acuerdo comercial, además de no circunscribirse únicamente a los territorios de las partes firmantes, ya que filiales de terceros países, notoriamente EEUU, participarán de él, contiene en si mismo el significado perverso de la economía actual, al servicio de unos pocos, que se está utilizando en otros acuerdos bilaterales y que servirá de modelo para acuerdos futuros. Un modelo globalizado que para los países del sur mantiene su papel de productor de materias primas para los países del norte y en dependencia directa con un capital financiero que especula con ellas en los mercados de futuros, en los que los precios fluctúan según los intereses de los inversores y acaban produciendo hambrunas como las que ocurrieron en 2008 que provocaron la muerte de millones de personas. Un modelo globalizado que resulta ser un desastre ecológico como el que ocurre en las inmensas superficies dedicadas al cultivo de la soja en el cono sur latinoamericano o en los millones de hectáreas deforestadas en los bosques tropicales del sureste asiático o de África. Un modelo globalizado que genera el drama social de los desplazamientos de las poblaciones rurales que vivían de los cultivos tradicionales o de los recursos del bosque.

El CETA apoya a la agroindustria y a la libre circulación de capitales, que hoy son básicamente financieros y especulativos y responsables, en último término, de los desajustes y desequilibrios del propio sistema capitalista que defienden.

La ratificación del CETA supone dar un valor normativo a lo que ya está sucediendo en el mundo globalizado, desregulando los derechos de las personas y regulando las inversiones. En lo tocante al sector agroganadero plantea una amenaza considerable para la permanencia de las economías locales a ambos lados del Atlántico, fomentando las exportaciones de las grandes corporaciones, facilitando prácticas hoy días prohibidas en Europa y obviando cuestiones básicas como la seguridad alimentaria y el bienestar animal, además de limitar las capacidades de las administraciones de plantear alternativas al propio modelo.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Concentración económica y poder político

Xov, 25/05/2017 - 08:01
Alejandro Nadal, La Jornada

El discurso político en casi todo el mundo hace constante referencia a la competencia en el mercado y su contribución al crecimiento y la eficiencia. México y Europa no son casos aislados, pero en ningún país el mensaje es tan explotado como en Estados Unidos.

La idea de que la competencia entre empresas conduce a menores precios y mayor bienestar del consumidor es la espina dorsal de la ideología y política económica neoliberal. Su corolario es que entre menos regulación, las fuerzas del mercado enfrentan menores obstáculos para alcanzar eficiencia y prosperidad.

En la jerga de la teoría económica dominante, la que se inculca a los estudiantes de economía, este es el mundo de la competencia perfecta. Es un ámbito fantástico en el que coexisten millones de pequeñas empresas que carecen de poder económico y no tienen ningún control sobre los precios.

En las antípodas de esta quimera se encuentra el mundo real, en el que existe un altísimo grado de concentración en casi todos los rubros de la actividad económica. La lista de ramas de actividad en las que la concentración se ha incrementado significativamente en las últimas dos décadas incluye la farmacéutica y cosméticos, alimentos procesados y bebidas, insumos agrícolas, cerveza, óptica, hotelería, transporte aéreo, comercio al menudeo, bienes raíces y bancos. El problema no se limita a Estados Unidos, en donde sólo dos empresas producen toda la pasta de dientes que se consume en ese país. Por ejemplo, como resultado de la fusión de Bayer y Monsanto (anunciada en 2016) una sola empresa gigantesca controlará el 25 por ciento del mercado mundial de semillas y plaguicidas.

Los estudios que examinan el impacto de las nuevas fusiones registran en la mayoría de los casos aumentos de precios después de consumada la unión. Además, en todos los sectores en los que aumenta la concentración se registran menores entradas o creaciones de nuevas empresas desde hace mucho. Así que aquel cuento sobre el mercado como tierra de oportunidades debe quedar como fábula para los niños.

El debate sobre concentración, monopolios y competencia es viejo. En el último tercio del siglo XIX se incrementó la concentración económica en todo el mundo como resultado de la ola de fusiones y adquisiciones en las industrias más dinámicas del momento. Ferrovías, telégrafos, tabaco, acero y actividad bancaria son sólo algunos ejemplos. Para nadie era un secreto que las gigantescas empresas adquirían un poder desmedido y por ello surgieron iniciativas para regular el fenómeno de la concentración. Por eso en Estados Unidos se aprobó la Ley Sherman anti-monopolios en 1890. Al amparo de dicha legislación el departamento de justicia pudo ordenar en 1911 la división de la Standard Oil y de la American Tobacco Company. En 1914 el régimen anti-monopolios se fortaleció con la ley Clayton.

El dueto Sherman-Clayton se mantuvo como referente importante en la regulación económica en Estados Unidos hasta la década de los años 1970. Pero los síntomas de debilidad industrial y de pérdida de competitividad fueron los catalizadores para relajar la aplicación de la ley. La concentración en la industria y los servicios comenzó a ser vista más como sinónimo de éxito competitivo que como una amenaza para el bienestar del consumidor. La palabra monopolio dejó de figurar en el discurso político y el tema de la concentración económica y sus efectos dañinos fue desterrado de los círculos académicos.

Hoy el debate parece resurgir, aunque la tendencia no es clara. La crisis económica y financiera tiene mucho que ver con este renovado interés en la concentración porque el poder de los grandes bancos desempeñó un papel crucial en la hecatombe. En abril de 2016 el Consejo de asesores económicos de Obama publicó un estudio que por primera vez en años identificó a la concentración económica como una fuente de debilidad en lugar de un signo de fortaleza. Pero hoy el estudio ya no está disponible en el portal de la Casa Blanca que lo dio a conocer originalmente. Trump cree que con esa torpe censura desaparecerán las malas ideas: Usted puede encontrar el estudio en formato pdf si busca en su navegador Obama Benefits of Competition.

La concentración afecta negativamente a los consumidores, frena la competitividad y asfixia la capacidad de innovación de las empresas. Además, varias investigaciones revelan que la concentración está íntimamente ligada con la creciente desigualdad en la distribución del ingreso. El pasado enero se dio a conocer un estudio (nber.org/papers/w23108) en el que se muestra que a mayores niveles de concentración en la industria, corresponde una menor participación del trabajo en el producto.

Pero la concentración tiene otros efectos dañinos que van más allá de los enumerados. La concentración de poder económico conlleva dominio político. Los legisladores que han resentido la presión de una empresa como Walmart lo saben bien. Por eso este fenómeno es una amenaza para la democracia y las instituciones de la república.

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Bolsa de Brasil se desploma tras acusaciones de corrupción contra Temer

Mar, 23/05/2017 - 14:55
Bill Van Auken, wsws

Las acciones del principal mercado bursátil de Brasil se desplomaron un 10,47 por ciento en los primeros minutos de la apertura del jueves, desencadenando el llamado “cortocircuitos” automático, que detuvo el comercio por primera vez desde la crisis financiera mundial del 2008.

La venta motivada por el pánico en la capital financiera de Sao Pablo fue causada por la dramática intensificación de la crisis política del país, con el presidente Michel Temer y su aliado político principal, el senador Aecio Neves, líder del derechista PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña), implicados directamente en el prolongado escándalo de corrupción, la Operación Lava Jato.

El gigante de los medios de comunicación del país, O Globo, informó la noche del miércoles que, como parte de un acuerdo judicial, un prominente ejecutivo de negocios había entregado grabaciones a la Suprema Corte del país. Las grabaciones registran a Temer avalando la compra del silencio del político encarcelado Eduardo Cunha, y pidiéndole a Neves 2 millones de reales (casi 600.000 dólares) para pagar su propia defensa contra cargos de corrupción.

Según O Globo, las grabaciones, hechas en secreto el pasado marzo, registran a Joesley Batista, director ejecutivo de JBS, una de las compañías frigoríficas más grandes del mundo, diciéndole a Temer que le está haciendo pagos mensuales a Cunha, el exlíder de la cámara baja del Congreso brasileño encarcelado por múltiples cargos de corrupción, para evitar que delate a otros involucrados en el inmenso soborno y el escándalo de corrupción que gira alrededor de la compañía petrolera estatal Petrobras. Según el informe, se escucha a Temer en la grabación indicándole a Batista, “Tienes que mantener eso, ¿de acuerdo?” Cunha, miembro del Partido de Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), de Temer, fue el arquitecto inicial del juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), que colocó a Temer en el poder. También fue el nexo de la vasta operación de soborno que ha implicado prácticamente a todos los partidos en Brasil, incluyendo al PT.

Temer pronunció un breve discurso el jueves en la tarde, declarando, “No renunciaré, repito que no renunciaré”. Afirmó que no tiene “nada que ocultar” y pidió una “investigación plena y una rápida aclaración de las cosas para el pueblo brasileño. Esta situación de incertidumbre no puede durar mucho tiempo”.

Continuó advirtiendo que la revelación de la “conversación grabada secretamente” amenazaba con intensificar la crisis política del país a un nivel sin precedentes, haciendo inútil el “inmenso esfuerzo para sacar al país de la recesión”. “No podemos tirar al basurero de la historia tanto trabajo hecho por el país”, dijo.

Temer se refería a la contrarrevolución social en la que su gobierno se ha embarcado desde que asumió la presidencia tras el juicio político de Rousseff. Profundizando el asalto a los derechos sociales de la clase trabajadora ya iniciado bajo el PT y Rousseff, el gobierno ha presentado ante el Congreso una reforma aplastante de las pensiones que aumenta drásticamente la edad de retiro, reduce los beneficios, aumenta las contribuciones de los trabajadores y los somete a planes privados de jubilación. Esto ha sido acompañado por una “reforma laboral” que le quitaría derechos a los trabajadores, desechando restricciones en trabajos a tiempo parcial, externalizando y permitiendo que los sindicatos negocien por fuera derechos protegidos por el código laboral del país.

Ambas piezas de legislación estaban destinadas a comenzar una agenda sistemática de medidas de austeridad para colocar toda la carga de la crisis económica más profunda de Brasil en un siglo sobre las espaldas de la clase trabajadora.

El desempleo se sitúa actualmente en niveles récord, con más de 14 millones figurando oficialmente como sin trabajo. La cifra real probablemente se acerca a 25 millones cuando se incluye a quienes han dejado de buscar trabajo. Los ingresos familiares de los trabajadores, mientras tanto, han caído más de 10 por ciento desde el 2014.

A pesar de las condiciones cada vez más desesperantes para las masas obreras brasileñas, los medios de comunicación corporativos y financieros, junto con los políticos de las grandes empresas, aplauden el supuesto giro en la economía del país, basándose en gran medida en la respuesta entusiasta de los mercados bursátiles y el capital financiero internacional al aparente progreso de Temer en los ataques a las pensiones y leyes laborales.

La venta generalizada de valores del jueves reflejó los miedos de que la implementación de estas medidas vaya a ser detenida por la cada vez más profunda crisis política que envuelve a todos los sectores de la clase política gobernante de Brasil.

El senador Ricardo Ferraço (PSDB), que estaba a cargo de la redacción de la legislación laboral, confirmó el jueves los miedos de Wall Street y del capital financiero brasileño, al decir que las reformas de Temer quedaban suspendidas momentáneamente.

“La crisis institucional que estamos enfrentando es devastadora, y necesitamos priorizar su solución”, dijo el senador en una declaración. “Ahora todo lo demás es secundario”.

Mientras tanto, la Corte Suprema de Brasil suspendió el jueves a Aecio Neves de su banca en el Senado mientras la policía federal allanaba sus múltiples casas en Río de Janeiro, Belo Horizonte y Brasilia. El tribunal no les otorgó a los fiscales las solicitudes de una orden para detener a Neves, quien perdió la elección presidencial del 2014 ante Rousseff por un margen estrecho. La policía federal, empero, sí arrestó tanto a su hermana como a su primo en Belo Horizonte por su papel en el intercambio de dinero con el ejecutivo de la compañía frigorífica.

Incluso antes de las últimas revelaciones, el porcentaje de aprobación de Temer era de apenas 9 por ciento, con grandes sectores de la población calificando su presidencia como totalmente ilegítima. Sin embargo, ha lucido en gran medida indiferente ante esta hostilidad popular, viendo a las grandes corporaciones y al capital financiero brasileño e internacional como su verdadero electorado.

Si renunciara, o terminara enjuiciado en un proceso que se prolongaría durante meses, según la Constitución brasileña, le corresponde al Congreso, mediante la elección indirecta de un sucesor que desempeñe el cargo por el resto del término presidencial, hasta después de las elecciones generales de octubre del 2018. El cuerpo legislativo está tan desacreditado como la presidencia, con 39 diputados y un tercio del Senado bajo investigación por el escándalo de corrupción. Rodrigo Maia, el presidente derechista de la cámara baja del Congreso y quien sigue en la línea de sucesión a Temer, también un exvicepresidente, es acusado por solicitar donaciones de campaña de la firma constructora OAS, una importante contratista de Petrobras, a cambio de favores políticos.

Las organizaciones de pseudoizquierda y los sindicatos brasileños han planteado el reclamo de una asamblea constituyente y elecciones directas. Su objetivo es canalizar el enojo creciente contra el sistema capitalista entero en Brasil detrás del desacreditado PT y, en particular, de la candidatura de Luiz Inácio Lula da Silva, el antiguo líder sindical metalúrgico que ocupó la Presidencia de Brasil del 2003 al 2010. El propio Lula se enfrenta a múltiples juicios de corrupción. Su gobierno del PT fue instrumental en la creación de la red de corrupción mediante su canalización de recursos estatales para promover el crecimiento y las ganancias de corporaciones capitalistas brasileñas como JBS, Odebrecht y OAS, a cambio de beneficios políticos.

Un regreso al poder de Lula y el PT significaría una continuación de las políticas capitalistas de austeridad iniciadas por su gobierno, continuadas por Rousseff y profundizadas por Temer. La misión de otro gobierno de Lula sería contener la creciente militancia de la clase trabajadora brasileña y mantenerla subordinada a los intereses del capital.

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William Baumol y el problema de la transformación

Lun, 22/05/2017 - 08:01

Michael Roberts, The Next Recession

William J. Baumol, que murió la semana pasada a la edad de 95 años, fue uno de los economistas ortodoxos más preeminentes de su generación. Enseñó durante más de 40 años en la Universidad de Princeton y la Universidad de Nueva York, donde se retiró en 2014. Su trabajo abordó la política monetaria, las finanzas corporativas, la economía del bienestar, la asignación de recursos y el espíritu empresarial, pero era más conocido por el principio que lleva su nombre: 'enfermedad de los costes' de Baumol.

La enfermedad de los costes de Baumol es la idea de que los servicios prestados personalmente - actuaciones musicales, atención médica, educación y recolección de basura, por ejemplo - de forma natural e inevitablemente aumentan de precio año tras año. La mejora de la tecnología puede permitir que los panecillos y los coches se produzcan de manera más eficiente y, por lo tanto, más rentable, pero, como observó Baumol perspicazmente, un cuarteto de cuerda de Mozart requiere hoy en día la ejecución de cuatro músicos, la misma mano de obra que en el siglo XVIII.

Esta idea tuvo una relevancia inmediata en las políticas públicas, en particular en las áreas de sanidad y educación, porque demostró por qué los servicios públicos importantes no se pueden medir en términos de rentabilidad de la misma manera que los bienes fabricados industrialmente en el sector capitalista. Proporcionan servicios que satisfacen necesidad, no beneficios.

“El punto crítico aquí es que como los políticos no entienden el mecanismo y la naturaleza de la enfermedad de los costes, y se enfrentan a las presiones políticas de un electorado igualmente desinformado, no se dan cuenta que, efectivamente, no podemos permitirnos estos servicios sin obligar a la sociedad a someterse a innecesarios recortes, restricciones y otras formas de privación”, escribió en su libro de 2012 La enfermedad de los costes. Es una cuestión de elección pública no de 'eficiencia'.

Baumol fue prolífico en su investigación económica, sobre todo en el estudio de la función del 'empresario' como innovador en lugar de como capitalista. También produjo uno de los principales manuales de economía matemática de los 1960 y 1970 - que era bastante árido, según recuerdo.

Baumol era un liberal. Aconsejó a Hillary Clinton y a varios líderes demócratas y era un firme defensor de la salud pública y la educación. Y fue uno de los ejecutivos electos de Economistas por la Paz y la Seguridad, un organismo de la ONU de los economistas liberales que se oponían a las armas nucleares, junto con Kenneth Arrow (que también ha muerto recientemente) y JK Galbraith.

Pero lo que es menos conocido es que a principios de 1970 Baumol se implicó en un debate de la corriente ortodoxa con el destacado keynesiano Paul Samuelson sobre la validez y el propósito de la teoría de valor de Marx. Samuelson había lanzado un ataque contra la teoría de Marx, cuando ésta comenzaba a atraer la atención de los estudiantes radicales en aquellos días revolucionarios (Paul A. Samuelson, “La comprensión de la noción marxista de la explotación: un resumen del llamado problema de la transformación entre los valores de Marx y los precios competitivos“, J. Econ. Lit., junio de 1971, 9 (2), pp. 399-431).

Al igual que Eugene Bohm-Bawerk, a finales de la década de 1890, y al igual que Keynes en la década de 1930, Samuelson quería exponer las falacias de la teoría de Marx por si los estudiantes se infectaban de marxismo. Keynes calificó la teoría del valor de Marx de “científicamente errónea y sin aplicación en el mundo moderno” (Keynes, Liberalismo y comunismo, citado en Hunt, 1979: 377). El enfoque de Samuelson fue que su teoría del valor era irrelevante para explicar el movimiento de precios de mercado y, por tanto, para cualquier comprensión de las economías modernas, no que la teoría del valor de Marx fuese ilógica, porque cuando los valores se miden en tiempo de trabajo no equivalen a los precios de mercado (según Bohm-Bawerk).

Samuelson argumentó que la 'transformación' de Marx de los valores del trabajo en precios de producción era innecesaria. Los precios de mercado se explican por el movimiento de la oferta y la demanda ¿que necesidad hay de una teoría de los valores? De hecho, podía desaparecer. “La verdad ha sido puesto al descubierto. Despojado de complicación lógica y confusión, cualquier método de resolver el famoso problema de la transformación parece implicar regresar de un desvío innecesario ... tal transformación es exactamente igual que cuando se utiliza una goma para borrar una entrada anterior (es decir, el valor - MR ) después de lo cual volvemos a comenzar para terminar con una entrada calculada correctamente (es decir, el precio - MR) ”.

Baumol criticó cuidadosamente a Samuelson en su ensayo, La transformación de los valores: lo que en realidad quería decir Marx. Al hacerlo, hizo una contribución importante para explicar y validar la teoría del valor de Marx. Baumol señala que Samuelson, junto con los marxistas postkeynesianos como Joan Robinson, entendieron mal el propósito de Marx en la llamada transformación de valores en precios. Marx no quería demostrar que los precios de mercado se relacionan directamente con los valores medidos en tiempo de trabajo. “Marx no tenía la intención de que su análisis de la transformación demostrase cómo los precios se pueden deducir a partir de valores”. El objetivo era mostrar que el capitalismo era un modo de producción con fines de lucro y las ganancias proviene de la explotación del trabajo; pero este hecho fue oscurecido por el mercado, donde las cosas parece que se intercambian sobre la base de una igualdad de la oferta y la demanda. Los beneficios son, ante todo, resultado de la explotación del trabajo y luego se redistribuyen (transformados) entre las ramas del capital a través de la competencia y el mercado como precios de producción.

Para Marx era evidente que sólo el trabajo crea valor. “Cada niño sabe que cualquier nación moriría de hambre, y no digo en un año, sino en unas semanas, si dejara de trabajar. Del mismo modo, todo el mundo conoce que las masas de productos correspondientes a diferentes masas de necesidades, exigen masas diferentes y cuantitativamente determinadas de la totalidad del trabajo social. Es self evident”, Carta de Marx a Kugelmann, 11 de Julio de 1868, MECW, vol.43 , pp. 68-69.

El valor total excedente se produce a partir de la explotación de la fuerza de trabajo empleadas por los diversos capitalistas - la diferencia del valor medido en tiempo de trabajo entre el tiempo necesario para los salarios de la mano de obra y el precio del producto o servicio producido vendido en el mercado por el capitalista. Pero no el valor excedente o el beneficio logrado por la fuerza laboral de cada capitalista, que no va directamente al capitalista individual. Cada capitalista compite en el mercado para vender sus productos. Y esa competencia conduce a que las ganancias se redistribuyan porque los beneficios tienden a una tasa promedio por unidad de capital invertido.

La transformación de los valores creados por la mano de obra en precios en el mercado significa que los precios individuales diferirán de los valores individuales. Como dice Baumol, Marx sabía que los precios individuales de producción diferían de los valores individuales; a diferencia de Ricardo que no pudo resolver esta transformación.

Así, la plusvalía total es convertida (transformada) en beneficio total, interés y renta, y es el mercado el que decide cuánto corresponde a cada capitalista. Sí, ‘la oferta y la demanda' deciden la perdida o la ganancia del capitalista individual. Pero eso es sólo la apariencia o el resultado de la distribución de los beneficios a través de la competencia del mercado, pero han sido creados por la explotación global del trabajo en el proceso de producción.

La explicación de Baumol era un punto de partida para una respuesta y una defensa más integral de la teoría del valor de Marx desarrollada por estudiosos marxistas como Carchedi, Yaffe, Kliman, Freeman, Moseley y otros en los últimos 40 años desde el ataque de Samuelson.

La interpretación de Baumol de la teoría de Marx proporciona una respuesta de gran alcance no sólo a Samuelson, sino también a la 'interpretación estándar' del problema de la transformación, como Fred Moseley la ha denominado en su libro, Dinero y Totalidad (un libro que explica y responde en detalle todas las cuestiones teóricas planteadas por los economistas ortodoxos y heterodoxos).

Los valores en una mercancía no tienen que ser 'transformados' en precios, como Robinson y Samuelson interpretan la teoría de Marx. Los precios son la representación en el mercado de la explotación del trabajo en el proceso de producción. Como dice Fred Moseley, si se acepta la interpretación de Samuelson de la transformación de Marx de valores en precios entonces, “los valores, de hecho, se anulan y no juegan ningún papel en la determinación de los precios” (p229). Sin embargo, esta no es la teoría de Marx. Los valores individuales no se convierten en precios individuales de producción: “Los valores individuales no desempeñan ningún papel en la teoría de los precios de Marx. Lo que ocurre es que “el nuevo valor total producido por el trabajo real ... se determina (en parte) por el valor total de la plusvalía producida, que a su vez (en parte) determina la tasa general de ganancia y, en última instancia, los precios de producción ... los precios de producción no son determinados por la multiplicación de los coeficientes de transformación de cada producto por los valores individuales, sino añadiendo la ganancia media de los costes monetarios dados”.

No hay necesidad de transformar los valores del capital constante (máquinas, etc.) y del capital variable (fuerza de trabajo / mano de obra) en precios. Ya están dados como precios de mercado en el anterior proceso de producción. La única transformación que tiene lugar es la transformación del nuevo valor total del proceso de producción en una re-distribución a través de la competencia del mercado, y los beneficios van a los diversos capitalistas, dependiendo del tamaño del capital avanzado por cada uno en el inicio de la producción.

Como dice Baumol, la distribución de la plusvalía del almacén central de la sociedad ahora se lleva a cabo a través del proceso competitivo que asigna ganancias a cada capital (o interés o renta) en una cantidad estrictamente proporcional a su inversión de capital. “Este es el corazón del proceso de transformación: la conversión de la plusvalía en ganancia, interés y renta. De cada uno según su fuerza de trabajo contratada y a cada uno de acuerdo a su inversión total” p.53.

La transformación de Marx es temporal: se inicia (t1) con un capital dinero dado a invertir en instalaciones, maquinaria y mano de obra y se obtiene un nuevo valor creado por el esfuerzo y la explotación del trabajo (t2). La plusvalía proviene de después de cubrir el coste de capital (constante y variable). Y se redistribuye luego a través de la competencia en el mercado, lo que conduce a una tasa media de ganancia. Así, el valor total (trabajo muerto y trabajo vivo, más plusvalía) sigue siendo igual a los precios finales totales (basados en el coste dado del capital invertido más una tasa media de ganancia), pero la plusvalía total se transforma en beneficios, intereses y renta y se distribuye de acuerdo con el tamaño del capital invertido.

Aquí está el esquema real de Marx de esta transformación.


Se puede ver que los valores totales (VT) equivalen a los precios totales (PT), pero los capitales individuales tienen productos con diferentes valores (V) a los precios (P) debido a la redistribución de la plusvalía (s) en beneficios (p) por el mercado. No hay transformación de los capitales constante (c) y variable (v) porque están ya transformados (en precios monetarios) en un período de producción anterior. De hecho, la transformación de Baumol (y de Marx) ya ha sido demostrada empíricamente. Carchedi ha demostrado que el índice de la tasa media de ganancia a precios monetarios es cercana a la tasa promedio de valor de la ganancia (es decir, a través de toda la economía). Otros investigadores han demostrado que cuando la producción de un sector individual se mide en términos de valor (es decir, en tiempo de trabajo) y luego se agrega, el valor total es bastante cercano a los precios totales medidos en términos monetarios. Por lo tanto la transformación de Marx del valor en precios no es irrelevante, incluso para la determinación de los precios relativos.

Pero, como dijo Baumol, demostrarlo no era el propósito de Marx. Quería demostrar que es la explotación del trabajo lo que crea valor (a través de la apropiación privada del producto de la fuerza de trabajo) y que se encuentra detrás de ganancia, interés y renta.

Los beneficios no son el premio por ‘arriesgar capital' (dinero para maquinaria, etc.); o renta por ‘proporcionar' tierras; o un interés por ‘prestar' dinero; es decir, recompensas a los diversos factores de producción. Baumol comenta: “Tal disparate es precisamente lo que anticipa el análisis de Marx y que pretende denunciar. Una vez más, hay que dejar que Marx hable por sí mismo. “En el capital-beneficio, o mejor el capital-interés, la renta-tierra, y los salarios de la mano de obra, en esta trinidad económica que expresa expresamente la conexión del valor y de la riqueza en general con sus fuentes, tenemos la mistificación completa del modo de producción capitalista. ... Esta fórmula corresponde al mismo tiempo a los intereses de las clases dominantes, al proclamar la necesidad natural y eterna justificación de sus fuentes de ingresos, elevándolos a la posición de un dogma.” (Tomo III, capítulo 48, págs. 966 -67).

No es casualidad que los keynesianos y los post-keynesianos como Joan Robinson hayan sido (y son) los más vehementes opositores de la teoría económica marxista: porque el marxismo es el principal oponente de influencia keynesiana en el movimiento obrero.

William Baumol era el más cabal de los economistas ortodoxos, un defensor del equilibrio neoclásico y del marginalismo. Pero también era un observador sorprendentemente agudo de la teoría de Marx de la explotación capitalista. Como resultado, pudo demostrar el error keynesiano (y neo-ricardiano) de creer que la teoría del valor de Marx era un 'desvío irrelevante e innecesario'. Por eso, debemos estarle agradecidos.
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Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador más de 40 años en la City londinense como analista económico y desde 2006 publica regularmente en su blog The Next Recession.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Socialdemocracia y lucha de clases

Dom, 21/05/2017 - 18:00
Gustavo Palomares, Público

Un fantasma recorre Europa, el fantasma… de la socialdemocracia; nadie sabe dónde está y todo el mundo la busca sin encontrarla: los viejos partidos socialistas perdidos en la renovación, los flamantes partidos emergentes, las pujantes plataformas ciudadanas o, incluso, los redefinidos partidos social liberales con nuevos aromas macronianos.

La evocación inicial con la que arrancan estás líneas emulando el comienzo del Manifiesto Comunista de Marx y Engels en 1888, sirve en la situación actual -más de un siglo después- para describir una vez más la actual crisis profunda de los partidos socialdemócratas en Francia, España, Holanda, Gran Bretaña e incluso en Alemania, su inicial cuna, ante el abandono progresivo en todos los casos de sus históricos electorados. La incapacidad de la socialdemocracia para dar respuesta a los principales retos de futuro con innovado discurso y su ineficacia para adaptarse con un programa propio a la evolución del capitalismo global y virtual imperante.

Las transformaciones técnicas y tecnológicas, el avance imparable de la globalización cultural y de comunicación como un nuevo instrumento de penetración ideológica y económica del neoliberalismo en esta nueva era digital, provocó la incapacidad de aquellas propuestas de mayor contenido social y de avance en la igualdad, keynesianas en lo económico y sociales en lo político, para transformarse en igual medida y similar ritmo que su oponente. Más todavía cuando la globalización impuso a “sangre y fuego” el programa económico global, calcado de las nuevas propuestas y recetas económicas de ese nuevo neoliberalismo digital imperante asociado con el poder financiero. La globalización ganaba así un nuevo calificativo: globalización “especulativa”.

Este nuevo programa de gobierno fue impuesto en todas las dinámicas globales con poca o ninguna resistencia y fue asumida por la socialdemocracia y el socialismo democrático sin rechistar, pasando a ser imaginario y relato de un pensamiento único que establecía idénticos criterios globales para adquirir las credenciales de fiabilidad política y coherencia económica. Esos factores y magnitudes económicas y financieras -ninguna de ellas de carácter social o del empleo- fueron establecidas como referencia para el Euro, como catecismo del ECOFIN y de los criterios de convergencia; dogma de fe en todos y cada uno de los nuevos objetivos de estabilidad en los distintos espacios de integración en Europa, América y Asia.

Para santificar los nuevos estándares de solvencia de forma más solemne, el nuevo dogma pasó a ser la recomendación obligada de todos los organismos internacionales: el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional -individualmente considerados y también en combo Troika– la OMC, la OCDE, así como en todos y cada uno de los organismos económicos y financieros regionales. Y no digamos ya con la llegada de la crisis a partir del 2008, cuando los últimos bastiones del socialismo democrático se plegaron al dogma de la “austeridad” y a las condiciones leoninas de esos organismos asimilados que suponían una involución en los logros sociales y derechos consolidados dos siglos atrás. Llegados a este punto, el triunfo del pensamiento único en esta fase del neocapitalismo virtual y digital, era completo.

La incapacidad de la socialdemocracia para dar respuesta a estos efectos perversos de la globalización para una parte importante de la clases medias y populares ante el recorte de derechos y el desmantelamiento progresivo de los Estados de bienestar -el mayor aporte del socialismo democrático a la modernidad en el siglo XX- provocó una distancia y desconfianza cada vez mayor de la ciudadanía respecto a esos partidos socialistas asimilados al nuevo programa neoliberal de gobierno global. La idea de una socialdemocracia secuestrada (JF Tezanos, Temas para el Debate) expresa con claridad esta situación y el elevado rescate que están pagando estos partidos en desafectos, votos y militantes, antes de conseguir su libertad; si no han perecido antes en el intento de refundarse y encontrar un programa propio con nuevos apoyos.

Es imprescindible una neo-socialdemocracia capaz de recoger los principios históricos del sentido de lo “público” y del Estado para consolidar los logros sociales y ampliarlos con un nuevo programa de alto contenido social y laboral, dentro de una apuesta para conformar esa gran coalición de fuerzas de izquierdas y progresistas como alternativa política y electoral dentro de los sistemas de partidos actuales. La socialdemocracia estará muerta si no es capaz desde la izquierda de encontrar un espacio y un programa propio separado de toda apuesta liberal en sus distintas versiones. Es necesario refundar la internacional socialista y socialdemócrata dando respuesta singular a las preguntas y dinámicas claves en el futuro.

Para llevar a cabo esta refundación, a riesgo de sonar como anatema y en un ejercicio principalmente provocador similar al realizado por Karl Kautsky con el que se ganó el epíteto de renegado, es imprescindible que esta neo-socialdemocracia, desde la reafirmada fe en los valores y sistemas democráticos, así como en los principios de libertad en todos los ámbitos políticos y económicos, rescate algunos de los valores del marxismo para afirmar hoy, en pleno siglo XXI, la total validez de la lucha de clases como un instrumento de cambio y transformación de la realidad global.

Una lucha de clases que se pone de manifiesto en el enfrentamiento entre gran parte de las clases medias proletarizadas por la crisis y las clases trabajadoras en situación de precariedad, frente a ese poder neocapitalista económico y financiero global capaz de establecer las principales dinámicas globales por encima de gobiernos, de ciudadanos y de cualquier ética y moral. Esos mismos capaces de decretar intervenciones financieras o bancarias e incluso establecer las principales magnitudes económicas en todos los escenarios globales. Los que marcan el ritmo del proceso globalizador y provocan los efectos más perversos de esta mundialización de valores que supone, la mayor revolución tecnológica de información abierta en red de democracia virtual y, a la vez, el mayor ejército de parias al servicio de los nuevos imperios tecnológicos y de comunicación dentro de un macro proceso de alienación global en donde el resultado es claro: un nuevo ejército de mano de obra disponible capaz de aceptar contratos basura y condiciones laborales cercanas a la esclavitud.

Quién es capaz de negar rotundamente que se pueda estar al borde de una revolución global con métodos más o menos violentos, tanto en la realidad física, como en la realidad on line. Derrocar este nuevo tipo de explotación hight tec de forma más o menos violenta, con métodos revolucionarios clásicos o incluso, con nuevos instrumentos de hackers militantes que, como está ocurriendo en estos días globalmente, emulando al Míster Robot inconformista de la serie de culto en la televisión mundial, provoque el colapso financiero y económico con la caída de este imperio de hegemonía virtual, capitalismo on line y banca electrónica. En conclusión, provocar el derrumbe del sistema capitalista en esta fase de la globalización financiera especulativa para hacer las delicias de Rosa Luxemburgo, Otto Bauer, Henryk Grossman y de otros líderes de la socialdemocracia clásica.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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