Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6377125
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El papa Francisco defiende al islam y fustiga el terrorismo de los yihadistas y del dinero

Ven, 05/08/2016 - 13:30
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

En su vuelo de regreso de Polonia la última semana de julio, el Papa, jesuita argentino, Francisco condenó la falsa sinonimia entre islam y terrorismo: "Identificar al Islam con la violencia ni es justo, ni es cierto".

Afirmó que "casi todas las religiones tienen un pequeño grupo de fundamentalistas" que incluyen a los católicos.

La condena vino un día después del execrable degollamiento del prelado católico Hamel en un altar, ante dos monjas, por dos jóvenes yihadistas salafistas en Normandía (Francia), que ultrajó al mundo católico de mil 200 millones, en particular, y al mundo cristiano de 2 mil 200 millones, en general (30 por ciento del planeta).

La comunidad musulmana de Francia rechazó enterrar al asesino yihadista del prelado católico francés debido a que “mancilló al islam (https://goo.gl/OTLsJu)”.

En referencia a los yihadistas salafistas de ISIS/Daesh, el Papa aseveró que se presentan con una violenta carta de identidad, pero eso no es el islam sobre el que ha hablado con varios imames (prelados religiosos musulmanes): “Sé cómo piensan y están buscando la paz (http://goo.gl/5VRB0H)”.

A finales de noviembre de 2014, el Papa, en su regreso de una visita a Turquía, hizo un llamado a los líderes musulmanes con el fin de emitir una condena global del terrorismo para que ayude a desvanecer este estereotipo (http://goo.gl/fiKo2o). En Turquía, el Papa comentó que los musulmanes se sentían ofendidos por muchos en Occidente quienes en forma automática igualan el islam con el terrorismo. A mi juicio, es el diálogo de civilizaciones, acompasado del ecumenismo –en lugar de su choque pregonado por Samuel Huntington (http://goo.gl/H4fPVo) y aplicado contra el RIC (Rusia, India y China) por el plan Brzezinski (http://goo.gl/3RAzLp)–, lo que, en esta fase caótica, podrá salvar al mundo de las atrocidades de las medievales guerras teológicas. Y el ejemplo provino justamente de Francia, en la cercanía de la iglesia Saint-Etienne-du-Rouvray, donde fue degollado Jacques Hamel, de 85 años: desde la catedral de Ruan, que celebró una misa en su memoria, donde “musulmanes y católicos rezaron en forma conjunta (http://goo.gl/CpVN35)”. Fue en la bella catedral gótica del siglo XIII de Ruan donde se inspiró el genial pintor impresionista Claude Monet.

Un rotativo cercano a los chiítas en el Líbano –mosaico de 18 sectas religiosas pluralistas donde el degollamiento del prelado francés causó ultraje y estupor– dio vuelo a la ceremonia ecuménica de la catedral de Ruan “donde varios musulmanes se sentaron en las bancadas rostrales frente al altar. Entre los feligreses se encontraba una de las monjas que fue brevemente capturada como rehén en la iglesia donde Hamel fue asesinado. La monja se volteó con sus colegas católicos para saludar o abrazar a los musulmanes que acudieron al servicio (http://goo.gl/pQxniC)”.

Según el rotativo chiíta libanés, en la icónica catedral de Nuestra Señora de París, Dalil Boubakeur, rector de la mezquita de París, dijo en forma repetida que los musulmanes desean vivir en paz.

Hoy Francia atraviesa por una situación muy delicada, donde 10 por ciento son ciudadanos musulmanes y pende la espada de Damocles de su extrema derecha que puede desembocar en una guerra civil (http://goo.gl/zDYs9u).

Las declaraciones del Papa son valientes, debido a que uno de los objetivos del yihadismo global es asesinarlo en el Vaticano.

El pontífice comentó que las causas primarias del terrorismo son “la injusticia social y la idolatría del dinero (http://goo.gl/WzgPYy)” y que en casi en todas las religiones existe siempre un grupo fundamentalista, que incluye al catolicismo que preside: “No me gusta hablar sobre la violencia islámica porque cada día cuando leo los periódicos veo violencia en Italia –alguien que mata a su novia, alguien que mata a su suegra. Estos son católicos bautizados”, por lo que si hablo de la violencia islámica, tengo que hablar de la violencia católica. No todos los musulmanes son violentos.

Ni todos los musulmanes son yihadistas, ni todos los mexicanos son zetas.

El Papa está consciente de los alcances de sus asertos: Sé que es peligroso decir esto, pero el terrorismo crece donde no existe otra opción y donde el dinero (sic) es convertido en Dios y es, en lugar de la persona, colocado en el centro de la economía global; esta es la primera forma del terrorismo. Es el terrorismo básico en contra de toda la humanidad, por lo que la falta de oportunidades económicas para los jóvenes en Europa es también causa del terrorismo.

Sobre los extravíos yihadistas, el Papa se pregunta cuantos jóvenes existen que los europeos (sic) hemos dejado vacíos de ideales, que no tienen trabajo. Que se voltean a las drogas y al alcohol o se adhieren al yihadismo.

Algo ha de saber de más el Papa para proferir que la cadena de recientes ataques terroristas, incluyendo el asesinato de un prelado católico en Francia, era la prueba (sic) de que el mundo esta en guerra.

El portal geopolitics.co enriquece sus perturbadores comentarios sobre la tercera guerra mundial en curso y que, por cierto, ya había antes abordado en su encuentro con el patriarca ruso Kiril (http://goo.gl/gyyxmA): “El mundo se encuentra en guerra… organizada, pero no es por la religión (http://goo.gl/aAPCKQ)”.

Se trata de una guerra de dominio de los pueblos y de intereses económicos: La palabra que seguido es repetida es inseguridad, pero la palabra real es guerra, según el Papa, quien explayó: Vamos a reconocerlo: el mundo se encuentra en un Estado de guerra en trozos y pedazos.

Refiere que tales ataques terroristas pueden ser vistos como otra guerra mundial: Ahora existe esta guerra. Quizá no sea orgánica (sic), pero es organizada (¡supersic!) y es guerra. No debemos tener miedo de decir esta verdad. El mundo está en guerra porque ha perdido la paz.

No es guerra de religión, ya que existe una guerra de intereses (¡supersic!). Existe una guerra por el dinero (¡supersic!). Existe una guerra por los recursos naturales. Existe una guerra por el dominio de los pueblos. Esta es la guerra cuando todas (sic) las religiones desean la paz, otros desean la guerra. ¿Entendieron? ¡Tremendo!

A mi juicio, la condena y abolición de los actos terroristas yihadistas debe provenir ante todo de la Organización de la Cooperación Islámica de 57 países que albergan a mil 600 millones de musulmanes (casi la cuarta parte del mundo), quienes en su aplastante mayoría son decentes, civilizados y proclives al diálogo de civilizaciones.

El arte que conjuga la ética con la estética, como las famosas series de pinturas de la catedral gótica de Ruan de Claude Monet, hoy simbolizan el antídoto y repudio contra cualquier tipo de terrorismo.

Este es el llamado universal desde Ruan por el diálogo de las civilizaciones mediante el cual el mundo católico, pese al doble flagelo yihadista y monetarista, ha tendido su mano al mundo islámico, obligado a imitarlo con el fin de preservar la armonía de la biósfera.

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Renta ciudadana: una salida viable a la crisis mundial

Xov, 04/08/2016 - 19:19
Leonardo Boff, Alainet

La crisis económico-financiera de 2007-2008 estremeció los fundamentos de la economía capitalista (esta es su modo de producción) y el neoliberalismo (este es su expresión política). La tesis básica era dar primacía al mercado, a la libre iniciativa, a la acumulación privada, a la lógica de la competición en detrimento de la lógica de la cooperación y a un Estado mínimo. El lema en Wall Street de Nueva York era: greed is good, la codicia es buena. Quien mira desde una perspectiva mínimamente ética ya podía saber que un sistema montado sobre un vicio (codicia) y no sobre una virtud (bien común), jamás podría resultar bien. Un día se derrumbaría.

El derrumbe empezó con la quiebra de uno de los mayores bancos norteamericanos, el Lehman Brothers, llevando todo el sistema bancario y financiero a una inconmensurable crisis. En pocos días se pulverizan billones de dólares. Parecía el fin de este tipo de mundo. Ojalá lo fuera.

Curiosamente, los que despreciaban el Estado, reduciéndolo al mínimo, tuvieron que recurrir a él, de rodillas y con las manos juntas. Los bancos centrales de los Estados tuvieron que habilitar billones de dólares para salvar las instituciones financieras quebradas. La máquina de hacer dinero giraba a máxima velocidad, día y noche.

A consecuencia de la crisis, todavía no superada hasta hoy, también entre nosotros, fueron a la quiebra miles de empresas e incluso países como Grecia, con un altísimo nivel de desempleo. Se destruyeron fortunas pero sobre todo se creó un mar de sufrimiento humano, de suicidio y hambre en el mundo entero. Datos recientes refieren que en Estados Unidos una de cada siete personas pasa hambre. Imaginemos el resto del mundo.

Nadie siguió la sabia sentencia atribuida a Einstein: «el pensamiento que creó la crisis no puede ser el mismo que nos saque de la crisis». Tenemos que pensar y actuar diferente. Fue justamente lo que no se hizo. Todavía se cree con convicción que este sistema sigue siendo bueno y válido, a pesar de la devastación ecológica que produce, poniendo en peligro las bases que sustentan la vida. Es bueno y válido para los especuladores que están acumulando una riqueza absurda. En Estados Unidos el 1% de los más opulentos acumula ingresos equivalentes al 90% del resto de los norteamericanos.

A pesar de todas las reuniones del G-8 y del G-20 para buscar alternativas, la política económico-financiera continúa igual: hacer más de lo mismo. Esto está desestructurando los países y podría llevar a una revuelta popular mundial con consecuencias funestas.

Se usaron dos estrategias. La primera fue la inyección de billones de dólares por parte de los Estados para impedir la quiebra total del sistema. Además de los billones de moneda física lanzada al mercado, se creó un complemento llamado quantitative easing. Según la definición de Wikipedia, que me parece correcta: «es la flexibilización cuantitativa, que quiere decir, la creación de cantidades significativas de dinero nuevo (electrónicamente por lo general) por un banco, autorizado por el Banco Central dentro de determinadas condiciones».

Sucede que este dinero nuevo, en vez de ser invertido en la producción y en la creación, fue inyectado en la corriente especulativa de las finanzas mundiales. Aquí se gana mucho más, inmediatamente, que en la inversión productiva que demora mucho más tiempo. De esta forma las ganancias van a los ya multimillonarios, sin solucionar la crisis; al contrario, agravándola.

La otra medida fueron las políticas de ajuste, llegadas bajo el nombre de austeridad. Para garantizar las ganancias de los capitales se organizó un ataque sistemático a los derechos sociales, a los servicios públicos de salud y de educación, al sistema de la seguridad social y a las jubilaciones. Esto se inauguró primero en la zona del euro y ahora, según la misma lógica, en Brasil. Se fragilizó la ya frágil democracia y la disminución del gasto público está provocando recesión y desempleo.

Si hubiese habido pensamiento y un mínimo de sentido humanitario, una posible salida podría ser lo que viene proponiendo incansablemente desde hace muchos años el ex-senador Eduardo Matarazzo Suplicy: la renta mínima ciudadana. Por el hecho de ser humano, cada persona tiene derecho a una renta ciudadana que le garantice una vida digna, aunque sea frugal. Dice un estudioso, Antonio Martins: «Un cálculo del sitio Swiss Info, en 2009, mostró que sólo en los primeros meses de socorro a los bancos, los Estados gastaron 10 billones de dólares, lo cual sería suficiente para pagar a cada habitante del planeta 1.422 dólares, aproximadamente 4,5 mil reales, unos 1.280 euros» (cf. sitio Outras Palavras de 14/07/16). Sería la quantitative easing for People propuesta por el líder laborista británico Jeremy Corbyn. Ese dinero circularía mediante el consumo, los beneficios públicos y superaría el grave padecimiento humano a causa del desempleo y el hambre. Esta sería una solución viable, más ética y más humana. Todavía puede ser puesta en marcha. Quién sabe si con el agravamiento de la crisis mundial no nos veremos obligados a esta solución verdaderamente salvadora.

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Las confesiones del FMI

Mér, 03/08/2016 - 13:01
Alejandro Nadal, La Jornada

El Fondo Monetario Internacional siempre ha buscado mantener la reputación de que sus intervenciones están basadas en análisis técnicos de la mejor calidad. También pretende mantener una política de transparencia que proporcione mayor legitimidad a sus acciones. Por eso mantiene una Oficina Independiente de Evaluación (OIE), que lleva a cabo peritajes sobre diversos aspectos de su actividad. La OIE responde directamente al consejo de directores ejecutivos y su mandato está por arriba de la directora gerente, Christine Lagarde.

En su último reporte la OIE (disponible en ieo-imf.org) ofrece un escalofriante diagnóstico sobre la incapacidad técnica del máximo organismo responsable del sistema de pagos internacionales. El informe se concentra en el manejo de la crisis en el contexto de la eurozona y en las intervenciones del Fondo en las economías de Grecia, Irlanda y Portugal. Estos programas de rescate fueron los primeros casos de aplicación de programas de ajuste en países desarrollados en el marco de una unión monetaria. La experiencia de las intervenciones del FMI en América Latina y el sudeste asiático no es mencionada en el informe, pero vale la pena no perder de vista sus efectos nefastos a lo largo de los últimos 20 años.

La OIE destaca que los montos involucrados en las operaciones del FMI en esos tres países europeos fueron excepcionales porque se excedieron los límites normales de 200 por ciento del valor de la cuota para períodos de 12 meses o de un 600 por ciento acumulado para la duración del programa de intervención. En cada uno de los tres países el acceso a recursos del Fondo rebasó el 2,000 por ciento de la cuota correspondiente. Para el periodo 2011-2014 los fondos canalizados a estos tres países representan más de 80 por ciento del total de los préstamos hechos por el FMI.

La intervención del FMI en estos tres países se convirtió en una operación todavía más compleja porque se llevó a cabo en colaboración con otras instituciones: la Comisión de la Unión Europea en Bruselas y el Banco Central Europeo. Estos organismos también exigieron la aceptación por los gobiernos de estos países de sendos programas de condicionalidad y de reformas estructurales adicionales.

El informe de la OIE critica el mal diagnóstico sobre la crisis al interior del Fondo. Mientras se estaba dando el contagio desde el fracturado sistema financiero estadunidense hacia el sector bancario europeo los analistas del FMI siguieron capturados por el pensamiento tradicional sobre los orígenes de la crisis.

Peor aún, el FMI ni siquiera tenía planes de contingencia para enfrentar una crisis sistémica al interior de la unión monetaria por la sencilla razón de que el análisis al interior del organismo excluía por hipótesis la posibilidad de ese tipo de evento. La existencia de déficit externos en la cuenta corriente de países de la eurozona financiados por flujos de capitales (de corto plazo) y la posibilidad de que esos flujos pudieran revertirse era simple y sencillamente negada por los supuestos del análisis macroeconómico del FMI. Eso explica la parálisis del Fondo frente a los datos reales que demostraban que la unión monetaria era una economía enferma aún antes de la crisis.

En 2006 el déficit promedio de la cuenta corriente en los países de la periferia de la unión monetaria alcanzaba el 8 por ciento del PIB y el de Grecia rebasaba 12 por ciento. Esas señales alarmantes fueron sistemáticamente ignoradas por el FMI.

El Fondo también prefirió olvidar el hecho fundamental de que la unión monetaria excluye cualquier ajuste por cambios en la paridad y por acomodos en la política monetaria. En ese contexto, la crisis mudó de piel: de los peligros que acechan a los bancos se pasó al riesgo país en los mercados financieros internacionales. El único ajuste viene por la llamada devaluación interna, que conlleva la brutal caída de los salarios para alcanzar precios competitivos en los mercados internacionales. Pero eso conduce al estancamiento, a un crecimiento desorbitado del nivel de endeudamiento como proporción del PIB y a una degradación del riesgo país con las calificadoras en los mercados internacionales. Y si a eso le agregamos la imposición de medidas de austeridad fiscal, obtenemos la profundización y prolongación de la crisis.

La OIE señala además que para aplicar el plan de salvamento de la economía griega el Fondo tuvo que recurrir a excepciones que violaron la regla de oro del FMI sobre reducción efectiva del nivel de endeudamiento. Los funcionarios de línea mostraron gran creatividad para engañar a los máximos dirigentes del Fondo.

En realidad, el informe de la OIE ignora que el objetivo central de la intervención de la troika no era salvar a la economía griega o portuguesa, sino operar el rescate de los bancos de los países acreedores del núcleo de la eurozona. Esa también es la lección central de la larga lista de intervenciones del FMI en América Latina y Asia. El OIE busca transparencia, pero en el fondo, también cae presa del síndrome de pensamiento único que siempre ha prevalecido en el FMI.

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Marx llevaba bastante razón

Mar, 02/08/2016 - 15:14
Vicenç Navarro, Público.es

Como consecuencia del enorme dominio que las fuerzas conservadoras tienen en los mayores medios de difusión y comunicación, incluso académicos, en España (incluyendo Catalunya), el grado de desconocimiento de las distintas teorías económicas derivadas de los escritos de Karl Marx en estos medios es abrumador. Por ejemplo, si alguien sugiere que para salir de la Gran Recesión se necesita estimular la demanda, inmediatamente le ponen a uno la etiqueta de ser un keynesiano, neo-keynesiano o “lo que fuera” keynesiano. En realidad, tal medida pertenece no tanto a Keynes, sino a las teorías de Kalecki, el gran pensador polaco, claramente enraizado en la tradición marxista, que, según el economista keynesiano más conocido hoy en el mundo, Paul Krugman, es el pensador que ha analizado y predicho mejor el capitalismo, y cuyos trabajos sirven mejor para entender no solo la Gran Depresión, sino también la Gran Recesión. En realidad, según Joan Robinson, profesora de Economía en la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, y discípula predilecta de Keynes, este conocía y, según Robinson, fue influenciado en gran medida por los trabajos de Kalecki.

Ahora bien, como Keynes es más tolerado que Marx en el mundo académico universitario, a muchos académicos les asusta estar o ser percibidos como marxistas y prefieren camuflarse bajo el término de keynesianos. El camuflaje es una forma de lucha por la supervivencia en ambientes tan profundamente derechistas, como ocurre en España, incluyendo Catalunya, donde cuarenta años de dictadura fascista y otros tantos de democracia supervisada por los poderes fácticos de siempre han dejado su marca. Al lector que se crea que exagero le invito a la siguiente reflexión. Suponga que yo, en una entrevista televisiva (que es más que improbable que ocurra en los medios altamente controlados que nos rodean), dijera que “la lucha de clases, con la victoria de la clase capitalista sobre la clase trabajadora, es esencial para entender la situación social y económica en España y en Catalunya”; es más que probable que el entrevistador y el oyente me mirasen con cara de incredulidad, pensando que lo que estaría diciendo sería tan anticuado que sería penoso que yo todavía estuviera diciendo tales sandeces. Ahora bien, en el lenguaje del establishment español (incluyendo el catalán) se suele confundir antiguo con anticuado, sin darse cuenta de que una idea o un principio pueden ser muy antiguos, pero no necesariamente anticuados. La ley de la gravedad es muy, pero que muy antigua, y sin embargo, no es anticuada. Si no se lo cree, salte de un cuarto piso y lo verá.

La lucha de clases existe Pues bien, la existencia de clases es un principio muy antiguo en todas las tradiciones analíticas sociológicas. Repito, en todas. Y lo mismo en cuanto al conflicto de clases. Todos, repito, todos los mayores pensadores que han analizado la estructura social de nuestras sociedades –desde Weber a Marx- hablan de lucha de clases. La única diferencia entre Weber y Marx es que, mientras que en Weber el conflicto entre clases es coyuntural, en Marx, en cambio, es estructural, y es intrínseco a la existencia del capitalismo. En otras palabras, mientras Weber habla de dominio de una clase por la otra, Marx habla de explotación. Un agente (sea una clase, una raza, un género o una nación) explota a otro cuando vive mejor a costa de que el otro viva peor. Es todo un reto negar que haya enormes explotaciones en las sociedades en las que vivimos. Pero decir que hay lucha de clases no quiere decir que uno sea o deje de ser marxista. Todas las tradiciones sociológicas sostienen su existencia.

Las teorías de Kalecki Kalecki es el que indicó que, como señaló Marx, la propia dinámica del conflicto Capital-Trabajo lleva a la situación que creó la Gran Depresión, pues la victoria del capital lleva a una reducción de las rentas del trabajo que crea graves problemas de demanda. No soy muy favorable a la cultura talmúdica de recurrir a citas de los grandes textos, pero me veo en la necesidad de hacerlo en esta ocasión. Marx escribió en El Capital lo siguiente: “Los trabajadores son importantes para los mercados como compradores de bienes y servicios. Ahora bien, la dinámica del capitalismo lleva a que los salarios –el precio de un trabajo- bajen cada vez más, motivo por el que se crea un problema de falta de demanda de aquellos bienes y servicios producidos por el sistema capitalista, con lo cual hay un problema, no solo en la producción, sino en la realización de los bienes y servicios. Y este es el problema fundamental en la dinámica capitalista que lleva a un empobrecimiento de la población, que obstaculiza a la vez la realización de la producción y su realización”. Más claro, el agua. Esto no es Keynes, es Karl Marx. De ahí la necesidad de trascender el capitalismo estableciendo una dinámica opuesta en la que la producción respondiera a una lógica distinta, en realidad, opuesta, encaminada a satisfacer las necesidades de la población, determinadas no por el mercado y por la acumulación del capital, sino por la voluntad política de los trabajadores.

De ahí se derivan varios principios. Uno de ellos, revertir las políticas derivadas del domino del capital (tema sobre el cual Keynes no habla nada), aumentando los salarios, en lugar de reducirlos, a fin de crear un aumento de la demanda (de lo cual Keynes sí que habla) a través del aumento de las rentas del trabajo, vía crecimiento de los salarios o del gasto público social, que incluye el Estado del bienestar y la protección social que Kalecki define como el salario social.

Mirando los datos se ve claramente que hoy las políticas neoliberales realizadas para el beneficio del capital han sido responsables de que desde los años ochenta las rentas del capital hayan aumentado a costa de disminuir las rentas del trabajo (ver mi artículo “Capital-Trabajo: el origen de la crisis actual” en Le Monde Diplomatique, julio 2013), lo cual ha creado un grave problema de demanda, que tardó en expresarse en forma de crisis debido al enorme endeudamiento de la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares (y de las pequeñas y medianas empresas). Tal endeudamiento creó la gran expansión del capital financiero (la banca), la cual invirtió en actividades especulativas, pues sus inversiones financieras en las áreas de la economía productiva (donde se producen los bienes y servicios de consumo) eran de baja rentabilidad precisamente como consecuencia de la escasa demanda. Las inversiones especulativas crearon las burbujas que, al estallar, crearon la crisis actual conocida como la Gran Depresión. Esta es la evidencia de lo que ha estado ocurriendo (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Anagrama, 2015)

De ahí que la salida de la Gran Crisis (en la que todavía estamos inmersos) pase por una reversión de tales políticas, empoderando a las rentas del trabajo a costa de las rentas del capital. Esta es la gran contribución de Kalecki, que muestra no solo lo que está pasando, sino por dónde deberían orientar las fuerzas progresistas sus propuestas de salida de esta crisis, y que requieren un gran cambio en las relaciones de fuerza Capital-Trabajo en cada país. El hecho de que no se hable mucho de ello responde a que las fuerzas conservadoras dominan el mundo del pensamiento económico y no permiten la exposición de visiones alternativas. Y así estamos, yendo de mal en peor. Las cifras económicas últimas son las peores que hemos visto últimamente.

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El neoliberalismo, o el robo institucionalizado de los bienes sociales

Lun, 01/08/2016 - 23:43
Juan Manuel Aragües, ElVentano.es

El neoliberalismo, como ideología dominante de nuestras sociedades, se ha mostrado como una estrategia de las élites dirigentes tendente a expoliar a la sociedad de bienes y derechos que se consiguieron tras décadas de durísimas luchas sociales a lo largo del planeta. Las políticas neoliberales se aplican a privatizar bienes comunes, como el agua, o servicios, como la educación, las pensiones, la sanidad, con el objetivo de convertir en negocio de unos pocos lo que hasta ese momento había sido patrimonio colectivo. Dicho de manera contundente, el neoliberalismo se sustenta en el robo institucionalizado de los bienes sociales.

En realidad, la práctica neoliberal no es una excepción histórica, sino más bien la norma. Desde sus orígenes, el capitalismo se ha sustentado en una dinámica expoliadora en la que los pocos se hacían con los bienes de los muchos. El desarrollo inicial del capitalismo en Inglaterra, allá por los siglos XVI-XVII, se sustenta en un proceso de cercado de campos y privatización de bosques comunales, lo que sumió en la pobreza a miles de campesinos y enriqueció de forma fabulosa a una minoría, que consiguió una acumulación de capital de tal magnitud que pudo dar origen a la tremenda empresa de industrialización del XIX.

Este proceso vino apoyado por toda una serie de desarrollos legales, de gran dureza y brutalidad, tendentes a garantizar el dominio de esa minoría y la proletarización del resto de la población. A la gente del común se le impedía, incluso, recoger leña de esos bosques privatizados con la que calentarse o encender el fuego de sus cocinas. Por otro lado, y en la misma época, la empresa colonial en América supuso también un enorme expolio de riquezas que revirtieron en Europa y en su desarrollo capitalista, como atestigua, por ejemplo, la poesía de Quevedo.

Una vez culminado el robo de bienes naturales, fundamentalmente la tierra, el capitalismo del XIX se aplica al robo del tiempo de trabajo y de los productos elaborados por la clase obrera. Los teóricos liberales habían fundamentado su doctrina en el trabajo, vinculando riqueza, esfuerzo y trabajo: quien más tiene es porque más se esfuerza, más trabaja, es decir, la propiedad es fruto del trabajo. Paradójicamente, la práctica capitalista se sustenta sobre lo contrario: el trabajo no produce propiedad, lo que se produce no pertenece al productor quien, en el XIX, debía contentarse con un salario de miseria.

La historia nos muestra que la habitabilidad del capitalismo es, en realidad, una excepción histórica. Y, además, resultado de la encarnizada resistencia y lucha de la clase obrera. La profunda explotación que se produce en el siglo XIX desemboca en las revoluciones obreras de finales del XIX y principios del XX, fruto de la potente organización obrera. Ciertamente, y por desgracia, estas revoluciones culminaron en otra nefasta experiencia histórica, el estalinismo.

Pero esa potencia obrera, representada por las organizaciones obreras, por los países del socialismo real, se convirtió en una amenaza que estuvo en el origen de un “capitalismo de rostro humano”, el estado de bienestar posterior a la II Guerra Mundial. Ese capitalismo socialdemócrata y keynesiano supuso una excepción histórica, un espejismo, que el neoliberalismo se encargó de desmontar con celeridad tras la caída del Muro de Berlín. Desaparecida la amenaza soviética y roto el espinazo de la clase obrera a través de la domesticación sindical, el capitalismo pudo retornar a su senda histórica de robo y expolio.

Las políticas que se aplican en la Unión Europea son la expresión más acabada de ese proceso neoliberal. La crisis no ha sido sino el instrumento de esas élites para aplicar medidas en beneficio propio y abundar en el expolio de los bienes colectivos. Vaciar la hucha de las pensiones, como hace, por ejemplo, el PP, no es sino una estrategia para promover el negocio de los fondos de pensiones, generando en la población el miedo a un futuro incierto. Porque el miedo es una eficaz arma política.

Decía Rousseau que todos los males empezaron cuando alguien cercó un campo, dijo “esto es mío” y hubo gente tan simple que lo consintió. Dos siglos más tarde, en vez de campos, los expoliadores cercan la educación, la sanidad, las pensiones y dicen: esto es mío y de mis amiguitos del alma. Y hay gente tan simple, como diría Rousseau, que encima va y les vota.

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Quiénes están detrás de los yihadistas, según Putin y Trump

Lun, 01/08/2016 - 07:01

Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

El reporte europeo Comercio de armas de los Balcanes sustenta que existe un conducto de armas por un valor de mil 344 millones de dólares sin precedente que fluye de Europa Central y Oriental a los campos de batalla del Medio Oriente y que luego son desviados a los yihadistas del califato islámico (http://goo.gl/2MAaYX).

Occidente sembró los vientos bélicos que ahora cosecha como tempestades yihadistas que han proliferado en toda Eurasia: desde una de sus peores atrocidades perpetrada contra la minoría de los hazaras (15 por ciento de la población, en su mayoría chiítas) de Afganistán (http://goo.gl/Gr0XzK) hasta los execrables atentados en Alemania y Francia (Normandía), donde fue degollado un prelado católico de 86 años en un altar, ante dos monjas, por jóvenes salafistas. ¡Ultrajante crueldad sin límites!

Vale la pena excavar la histórica declaración de finales de 2014 del zar Vladimir Putin quien, en respuesta a un periodista estadounidense en el Club de Discusión Internacional Valdai, reveló “que todo el mundo sabe exactamente (sic) quién creó a los yihadistas (https://goo.gl/bGbSsD)” del califato islámico.

Sobre las varias amenazas que Barack Obama dice que enfrenta Estados Unidos (EEUU) –entre ellos Rusia, China, Irán y Norcorea– se encuentran los yihadistas salafistas de Isis/Daesh, sobre cuya génesis ilustra Putin, quien abordó el tema con preguntas retóricas al estilo del helénico Demóstenes: ¿Quién los armó? ¿Quién armó a los sirios que combaten a Assad? ¿Quién creó el necesario clima político e informativo que facilitó esta situación? ¿Quién empujó a la entrega de armas en la región?

Quienes combaten primordialmente en Siria son mercenarios y Putin dice saber por quiénes son armados y pagados; se da el lujo de conocer el monto que no divulga.

Tales mercenarios son quienes ocupan los campos petroleros en Irak, en Siria y empiezan a extraer el petróleo que es comprado por alguien (sic). Y realiza una pregunta demoledora: ¿Dónde están las sanciones contra las partes que compran dicho petróleo? Hace una pregunta todavía mas incómoda a los periodistas: ¿Creen ustedes que EEUU no sabe quién compra este petróleo? ¿No son sus aliados quienes están comprando el petróleo de Isis? ¿No creen que EEUU tiene el poder de influir en sus aliados? ¿O en realidad no desea influir en ellos?

Putin critica este tipo de política de EEUU, que considera errónea porque perjudica a todas las partes, incluyendo al mismo EEUU.

En forma cáustica, Putin comenta que lo peor radica en que los rebeldes civilizados (sic) en contra del régimen sirio se han integrado a los yihadistas debido a que son mejor remunerados.

A propósito, entre el conglomerado heteróclito de rebeldes civilizados –como los califica en forma sarcástica Putin debido a su canibalismo (literal) y decapitaciones masivas–, se encuentra la facción de Al Nusra, subgrupo de Al Qaeda que se encuentra en la lista de los máximos terroristas del planeta por los multimedia occidentales y hasta por la ONU.

Después del enésimo acercamiento entre el canciller ruso, Sergey Lavrov, y su homólogo estadounidense, John Kerry, ahora se propala el divorcio amigable entre Al Nusra y Al Qaeda, esta última red fundada por Osama Bin Laden y hoy dirigida por el egipcio Ayman Zawahiri (http://goo.gl/NH7qkO).

La maniobra de ruptura de Al Nusra, rebautizado como moderado por los multimedia occidentales, busca ser más presentable en las negociaciones sobre el futuro de Siria: en su nuevo travestismo cambia su nombre a Jabhat Fateh al Sham.

Use los disfraces que sean, Al Nusra seguirá siendo una organización que pregona el yihadismo global en su guerra sin cuartel contra los infieles de Occidente (http://goo.gl/PWj3ls) y anhela la aplicación de la sharia (el omnímodo sistema legal religioso del islam).

La realidad es que los recientes triunfos del ejército sirio alrededor de Alepo y Damasco han desmoralizado a los rebeldes (http://goo.gl/ZXzOy9).

Más crudo y rudo que Putin, el polémico candidato presidencial por el Partido Republicano, Donald Trump, afirmó en el Coast Coliseum de Misisipi, durante las primarias de su partido, que “Hillary Clinton y Barack Obama han creado a Isis (https://goo.gl/I4hs19)”. ¡No es una acusación menor viniendo del señor estadounidense!

Cabe destacar que uno de los principales asesores de Trump es el retirado teniente general Michael Flynn, ex director del espionaje del Pentágono (la DIA), “quien confirmó a Al Jazeera su validez ‘precisa’ y asevera como ‘decisión deliberada’ el padrinazgo de la Casa Blanca (sic) a los radicales yihadistas que emergerían como Daesh/Isis/Isil y Al Nusra contra el régimen sirio (http://goo.gl/UpoJLN)”.

Dos años después, a la revelación sobre la autoría de la creación de los yihadistas salafistas del califato islámico, la postura del zar Putin se ha vuelto más pesimista en referencia a que EEUU y la OTAN están empujando al mundo en forma irreversible a una guerra nuclear (sic), como profirió en su charla con los periodistas de varias agencias mundiales de noticias el pasado 17 de junio en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo (https://goo.gl/OLc3x9).

A finales de 2014, Putin todavía no consideraba a EEUU una amenaza a la seguridad de Rusia cuando Obama vislumbra a Rusia como una amenaza.

Putin comenta que la política de quienes detentan el poder en EEUU es errónea porque no solamente contradice los intereses nacionales de Rusia, sino que también socava cualquier confianza que tenía en EEUU. Arremetió contra las políticas unilaterales de Obama que llevan a las crisis.

Hoy las nuevas “mentiras (sic) de EEUU y la OTAN (Putin dixit)” han llegado al colmo después de haber colocado en fechas recientes el nuevo sistema misilístico de defensa en Europa en la cercanía de las fronteras rusas bajo el pretexto pueril de la amenaza iraní (sic).

Tales misiles Tomahawk forman parte de un sistema de largo alcance que pueden penetrar territorios a 500 kilómetros y, según Putin, pronto “EEUU tendrá su próximo misil, capaz de penetrar distancias hasta de mil kilómetros (…), y a partir de ese momento empezarán a amenazar en forma directa (sic) el potencial nuclear de Rusia”. Aduce que EEUU sabe que sabemos todo en referencia al avance tecnológico de sus programados misiles.

El mandatario ruso llama la atención de los periodistas a quienes EEUU y la OTAN venden cuentos de hadas que se encargan de diseminar a los ciudadanos de sus países y quienes a su vez no perciben el sentido del peligro inminente.

Putin sentenció que lo que más le preocupa es que los periodistas de Occidente no entienden que el mundo está siendo empujado a una dirección irreversible (sic) de la que forma parte intrínseca, a mi juicio, la jugada de la carta yihadista de EEUU, cabeza de la OTAN, con el fin de carcomer las entrañas islámicas del RIC (Rusia, India y China) a lo largo y ancho de Eurasia, que incluye África.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Francia: el neoliberalismo y la lucha de clases

Ven, 29/07/2016 - 16:39
Maciek Wisniewski, La Jornada

El neoliberalismo nació como un proyecto de clase (D. Harvey dixit). Un proyecto de clases altas que ante la caída de los niveles de ganancia desde las décadas de los 60 y 70 querían suprimir a los trabajadores y revertir esta tendencia desmantelando todo lo colectivo y social organizado.

Desde sus inicios fue una guerra de clases desde arriba. Para tapar su verdadera naturaleza se ideó toda una campaña de simulaciones ideológicas. Los neoliberales, como los nuevos conquistadores del mercado de los que escribía alguna vez John Berger –que son básicamente los mismos–, invertían los signos y falseaban las direcciones para confundir a la gente (Hold everything dear, 2008, p. 122).

Las divisiones de clases y su lucha ya son cosas del pasado, decían; “las únicas divisiones que importan ahora son las ‘identitarias’”. Así –secundados intelectualmente por algunos post-marxistas– buscaban despolitizar lo público y dejar a los trabajadores confundidos y aferrados a las únicas identidades disponibles: étnica, nacional y religiosa.

Una cosa bastante astuta en medio de una guerra de clases, ¿no?

En Francia, como en otros países, fue una narrativa que abrazó no solo la derecha –y de la que en la misma medida que de sus raíces protofascistas se nutre la xenofobia del Frente Nacional (FN)–, sino también los socialistas (PS) e incluso la izquierda radical (PG).

Lo mismo pasó con el trabajo. El trabajo ya es cosa del pasado, decían los neoliberales –secundados intelectualmente por algunos post-marxistas– y ya no importa tanto, cuando en realidad estaban obsesionados con él y con la idea de flexibilizar su rígido marco legislativo (“factory legislation”, de la que hablaba Marx en El capital).

Una cosa bastante astuta en medio del despliegue de un brutal rollback hacia los trabajadores, ¿no?

Una vez consumado el golpe en Chile –un paradigmático caso de la diseminación del neoliberalismo mediante el shock–, Pinochet impuso a los trabajadores chilenos un represivo Código de Trabajo que –entre otros– daba prioridad a los acuerdos laborales y salariales por empresa sobre los tradicionales, por sectores.

Más de 40 años después en Francia, Hollande –en una maniobra digna de volverse otro paradigma neoliberal– acaba de hacer lo mismo. Los acuerdos por empresa y la nueva primacía del contrato particular por encima de la vieja ley general son puntos centrales de la ya aprobada (Libération, 21/7/16) reforma de Loi Travail (la ley El Khomri).

Sus críticos –con razón– hablan de la inversión de la jerarquía de normas.

Hasta ahora eran los trabajadores los que –gracias a los acuerdos paritarios que establecían estándares mínimos en cada sector productivo– tenían una ligera ventaja en la relación laboral.

La reforma del gobierno socialista cambia este balance a favor de los empresarios. Siguiendo la vieja ideología neoliberal de que “la causa de los problemas en la economía (‘falta de competitividad’, desempleo) es la ‘sobreprotección’ de los trabajadores, que ‘distorsiona’ el funcionamiento ‘natural’ del mercado”, le da más poder al capital.

El poder de individualizar las relaciones laborales y a atomizar a los trabajadores. El poder de realizar su sueño principal: que no haya nada más frente a él que entes desnudos, sujetos a una competencia voraz y una profunda inseguridad.

Contra sus supuestos fines, la reforma no viene a combatir al desempleo. Viene a asentarse en él. Es pieza clave en un modelo de control social que, haciéndose de la existencia de un vasto ejército industrial de reserva, domestica a los trabajadores mediante su precarización y sustituye la solidaridad gremial por el miedo individual (al despido arbitrario, a la rebaja salarial, al aumento de horas de trabajo).

Francia hasta ahora era un caso atípico en la constelación neoliberal.

Si bien desde los 80 sus tecnócratas –los socialistas (¡sic!) como Delors o Chavranski– eran los principales arquitectos detrás del desmantelamiento del modelo social de la UE, las mismas reformas en Francia avanzaban con menos vigor (pero avanzaban).

Aun así, a ojos de algunos –sobre todo a raíz de la crisis– el país, en comparación con sus vecinos, destacaba como un (mal) ejemplo de conservación de privilegios sociales retrógrados y/o “un peligroso caso de falta de ‘ajuste a la globalización’ que ya ocasionaba en un caos” –¡sic!– (The Guardian, 27/5/16).

Las élites europeas y francesas decidieron que ya no había de otra: reformar o reformar la Loi Travail, apremiando al dúo Hollande/Valls a mantenerse firmes hasta el final.

Así, de manera tardía, pero con estilo, Francia –y en particular su gobierno socialista– llegó a merecer su propio capítulo en La doctrina del shock (2007), el clásico de Naomi Klein, junto con casos como los de Chile o Polonia:

• Por retomar de Sarkozy el giro securitario que desde hace unos años marca la creciente “despotización de la política” y “autoritarización del neoliberalismo” (S. Kouvelakis dixit) y plasmarlo en estado de emergencia que a lo largo de los meses no sirvió para prevenir ataques terroristas (Niza, Rouen, etcétera), sino para proteger al gobierno y sus políticas criminalizando a los oponentes a la ley El Khomri.

• Por un impecable, creativo y combinado uso de violencia, miedo y shock para empujar la reforma: desde la brutal represión policial, uso de la amenaza terrorista para desmovilizar protestas, hasta mandarla a la Asamblea Nacional para su aprobación final... cuatro días después de la masacre en Niza (¡sic!).

• Por confirmar por enésima vez que el neoliberalismo no necesita de la democracia y hará todo para saltársela: allí está el triple (sic) uso del artículo 49.3 de la Constitución que –al no contar con una mayoría necesaria– le permitió al gobierno aprobar la reforma por decreto (¡sic!), sin debate ni voto parlamentario.

¿Y la lucha de clases? Sólo dos mensajes. Uno para la izquierda: allí está. ¡Articularla! (por si se olvidaron).

Otro para los neoliberales disgustados hoy con el auge del FN, pero que ayer la silenciaban, confundiendo a los trabajadores, precarizándolos, empobreciendo y durmiendo con cuentos identitarios, hasta el grado de que muchos ya solo saben identificarse con el lenguaje neo-fascista: cosechan lo que sembraron.

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¿Existe la clase trabajadora?

Ven, 29/07/2016 - 08:30
Vicenç Navarro, Público

Uno de los libros escritos en el Reino Unido que sería de desear que fuera ampliamente leído en España (al ser especialmente relevante para este país) es el excelente libro de Owen Jones Chavs. La demonización de la clase obrera. En este libro, el autor detalla cómo en la sociedad británica, caracterizada por una estratificación muy acentuada por clase social, la clase dominante que controla los mayores medios de información ha configurado una cultura que ensalza a tal clase, mientras que menosprecia y discrimina a la clase trabajadora, utilizando en su lenguaje expresiones ofensivas para definir a dicha clase. Un ejemplo es la utilización del término “chavs” para definir a miembros de tal clase, la palabra utilizada en el título del libro, que en la cultura española (incluyendo la catalana) equivaldría a definir a miembros de la clase trabajadora como miembros de la “clase baja”.

En cierta manera, la situación es incluso peor en España, pues aquí ni siquiera aparece el término de clase trabajadora. En realidad, la clase trabajadora ha desaparecido prácticamente en el discurso político, literario y mediático del país, y raramente aparece en los medios. Las series televisivas tienen como protagonistas profesionales de la clase media de renta alta (frecuentemente de la clase media profesional), que reflejan esta visión (errónea) de que la mayoría de la población es y se siente de clase media. En España el término de clase trabajadora definitivamente ha dejado de existir, de manera que en la estratificación social más utilizada en los medios (incluyendo los académicos) se distinguen tres clases: la clase alta, la clase media y la clase baja, utilizándose este último término para definir a la clase trabajadora, la cual se considera que está desapareciendo, encontrándose próxima a su extinción. Hoy incluso dirigentes de izquierdas son reacios a utilizar el término de clase trabajadora por considerarlo anticuado, y en su lugar utilizan el término clase media (o en ocasiones clase baja) para definirla.

El origen de la desaparición del discurso de clases: la Guerra Fría continúa viva en la cultura del país El país donde se hizo este cambio de definiciones fue EEUU, en el cual, ya en los años cincuenta, se dejaron de utilizar los términos de clase capitalista, clase media y clase trabajadora, siendo sustituidos por los de clase alta, media y baja. Este cambio en la utilización del lenguaje ocurrió en los años cincuenta en plena efervescencia de la Guerra Fría, cuando se intentó barrer en toda la sociedad estadounidense cualquier elemento que sonara a socialismo o a comunismo. Lo último que quería la estructura de poder era que se conservara una conciencia de clase por parte de la clase trabajadora.

Fue en aquel periodo cuando en los centros intelectuales del país, universidades y fundaciones, y en los mayores medios, se redefinió el concepto de clase, definiéndolo por el nivel de renta del individuo, independientemente del origen de tal renta. El objetivo era evitar por todos los medios que se estableciera una conciencia de clase, ocultando o intentando evitar cualquier percepción que significara el reconocimiento de la existencia de clases sociales que pudieran estar en conflicto. En su lugar, se enfatizó el rol de los individuos en busca del “sueño americano”, según el cual todo individuo podría subir por la escala social en base al mérito y a la oportunidad. De esta manera, el lenguaje de conflicto colectivo, incluido el conflicto de clases, desaparecería, desapareciendo con ello incluso el concepto de clases.

Lo que era permisible en la narrativa y en el lenguaje dominante era agrupar a los individuos según la jerarquía social, tomando el nivel de ingresos como indicador del lugar que dichos individuos ocupaban en aquella escala. De ahí la redefinición de las clases en clase alta, clase media y clase baja, que sustituían los términos de clase capitalista, clase media y clase trabajadora, un cambio de gran importancia para enmascarar la dinámica de poder del orden capitalista. La sociedad de clases se presentaba como la sociedad de niveles de renta, siendo el más bajo el que correspondería a la que objetivamente continuaba siendo la clase trabajadora, la clase que adquiere sus rentas a base del trabajo, en una relación subordinada con la clase capitalista, mediada esta relación por la clase media, que objetivamente no era la mayoría de la población, siendo ésta la clase trabajadora.

Últimamente esta clase capitalista, que en EEUU se le llama la clase corporativa (The Corporate Class) y que incluye los propietarios y gestores del gran capital (las mayores corporaciones financieras y económicas de los distintos sectores económicos del país), ha pasado a definirse como el 1% (señalando con ello el grado de concentración tan elevado de la propiedad del capital), situándose frente a todos los demás, el 99% de la población. Esta visión del capitalismo, que movimientos sociales contestatarios, como el Occupy Wall Street, han hecho suya, tiene algo de verdad, pero no de toda la verdad, pues este 1% necesita para el sostenimiento de su dominio un sector de la población que tiene como función garantizar dicho dominio. Este sector juega un papel clave en la reproducción del sistema y está constituido por la clase media de renta alta (incluyendo la clase media profesional), que tiene intereses distintos a los de la mayoría de la población, pues su poder depende de su relación con el 1% superior. El 1% no estaría donde está sin la existencia y apoyo de este sector cuyo tamaño va del 15% al 20% de la población. Se incluyen en esta población todos los gerentes y profesionales de dirección, por ejemplo, de los medios de información, comunicación y persuasión. De ahí que el conflicto no sea solo del 1% frente al 99% restante, sino del (1+19)% frente al 80% restante.

¿Existe conciencia de clase? Parece una paradoja que, aun cuando los medios de información casi nunca utilizan los términos y conceptos de clases sociales, estas persistan en la conciencia de la población. Así, si a la población en EEUU (y lo mismo en España) se le pide su identificación social presentando como alternativas clase alta, clase media o clase baja, la gran mayoría de la población contesta que clase media, de lo cual se deduce erróneamente que la mayoría de la población se considera clase media. Ahora bien, si la elección es entre clase alta, clase media o clase trabajadora, hay más personas en EEUU (y en España) que se definen de clase trabajadora que de clase media. En EEUU, por ejemplo, la gran mayoría (56%) de personas entre los 18 y 35 años se definen como de clase trabajadora (porcentaje que ha ido subiendo durante los años de crisis). Solo un 33% se sienten de clase media.

La gran mayoría de los que se definen como clase trabajadora apoyaron la candidatura del socialista Bernie Sanders, el candidato del Partido Demócrata que explícitamente se refirió a la clase trabajadora, utilizando dicho término para definirla. El otro candidato, este del Partido Republicano, Donald Trump, también habla a y de la clase trabajadora, y el gran empuje de estos dos candidatos en las primarias de ambos partidos ha cogido al establishment (el 20% de la población con renta superior) por sorpresa, pues ignoraba o quería ignorar que existía tal clase social y desconocía o quería desconocer la gran reducción de los estándares de vida de tal clase que ha ido ocurriendo desde que se inició la revolución (o mejor dicho, contrarrevolución) neoliberal en los años ochenta.

La proletarización de la clase media Las nuevas generaciones, que en EEUU siempre creyeron que la educación, incluyendo la universitaria, les garantizaría un futuro mejor que el de sus padres, han visto que ello no era cierto, pues, después de haber realizado sus estudios y endeudarse hasta la médula para poder alcanzar el título y los conocimientos que creían que les garantizarían el futuro mejor, no lo han alcanzado. En realidad, los salarios para los puestos de trabajo a los que aspiran son mucho más bajos que hace treinta años. Y en muchas ocasiones ni siquiera encuentran tales trabajos, teniendo que aceptar otros trabajos muy por debajo de lo que aspiran. Esta situación ha sido incluso más marcada durante la Gran Recesión (2008-2016). Esta es la causa de su gran enfado y su radicalidad, que explica, de nuevo, el éxito de las candidaturas de Bernie Sanders (que cogió por sorpresa al establishment del Partido Demócrata, representado por Hillary Clinton) y de Donald Trump (que también cogió por sorpresa al establishment del Partido Republicano). Hoy la estructura de poder está altamente cuestionada, pues las instituciones mal llamadas representativas han perdido su credibilidad y su legitimidad para la gran mayoría de la clase trabajadora, cuyo tamaño, objetiva y subjetivamente, ha ido aumentando.

Y esto es también lo que está ocurriendo en Francia (donde el partido con mayor apoyo electoral entre la clase trabajadora es el partido de Marine Le Pen), en el Reino Unido (donde la mayoría de la clase trabajadora apoyó el Brexit), en España (donde la mayoría de los jóvenes apoyan a Unidos Podemos), y así un largo etcétera. Créanme que la clase trabajadora, aunque no aparece en los medios, continúa existiendo. Y si no se lo creen, esperen la evolución de los acontecimientos políticos en Europa y lo verán.

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¿Cómo llegamos a este caos?

Xov, 28/07/2016 - 23:01
Roberto Savio, Alainet

Una maldición china dice “Ojalá que le toquen tiempos interesantes”, ya que demasiados acontecimientos perturbarían el elemento esencial de la armonía, base del panteón chino.

Y estos son, por cierto, tiempos interesantes, en que se acumulan acontecimientos dramáticos, desde terrorismo a golpes de Estado y desde desastres climáticos pasando por el declive de instituciones hasta agitación social. Sería importante, aunque difícil, repasar brevemente cómo llegamos a esta situación de “falta de armonía”.

Comencemos por algo conocido. Tras la Segunda Guerra Mundial, hubo consenso en la necesidad de evitar que se repitiera el horror vivido entre 1939 y 1945. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue el foro que reunió a casi todos los países, y la consiguiente Guerra Fría propició la creación de una asociación de jóvenes estados recién independizados, los Países No Alineados, devenidos en una zona de contención entre Oriente y Occidente.

La brecha entre el Norte y el Sur Global se convirtió en el asunto más importante de las relaciones internacionales. Tan así que en 1973, la Asamblea General de la ONU adoptó de forma unánime una resolución sobre el Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI). El mundo acordó un plan de acción para reducir las desigualdades, impulsar el crecimiento global y hacer de la cooperación y el derecho internacional la base de un mundo en armonía y en paz.

Tras la adopción del NOEI, la comunidad internacional comenzó a trabajar en ese sentido y tras la reunión preparatoria de París, en 1979, se organizó una cumbre con los jefes de Estado y de gobierno más influyentes en el balneario mexicano de Cancún, en 1981, para adoptar un plan de acción global.

Entre los 22 jefes de Estado y de gobierno presentes, estaban el presidente estadounidense Ronald Reagan (1981-1989), elegido pocas semanas antes, quien se encontró con la primera ministra británica Margaret Thatcher (1979-1990), y ambos mandatarios procedieron a anular el NOEI y la idea de cooperación internacional. Los países diseñarían políticas según sus intereses nacionales y no se inclinarían ante ningún principio abstracto.

La ONU comenzó su declive como ámbito para fomentar la gobernanza. El lugar para la toma de decisiones pasó al Grupo de los Siete (G7) países más poderosos, hasta entonces un órgano técnico, y otras organizaciones dedicadas a defender los intereses nacionales de las naciones más fuertes.

Además, otros tres acontecimientos ayudaron a Reagan y a Thatcher a cambiar el rumbo de la historia.

El primero, fue la creación del Consenso de Washington, en 1989, por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, que impusieron la política según la cual el mercado era el único motor de las sociedades y los estados pasaron a ser un obstáculo y debían achicarse lo más posible. Reagan incluso evaluó la eliminación del Ministerio de Educación.

El impacto del Consenso de Washington en el llamado Tercer Mundo fue muy doloroso. Los ajustes estructurales redujeron drásticamente el frágil sistema público.

El segundo, fue la caída del Muro de Berlín, también en 1989, que trajo aparejado el fin de las ideologías y la obligada adopción de la globalización neoliberal, que resultó ser una ideología todavía mucho más estricta.

La globalización neoliberal se caracterizó por el predominio del mercado, que liberó a las empresas “libres” o privadas de toda obligación con el Estado; la reducción del gasto público en servicios sociales, la que destruyó las redes de protección social; la desregulación, la disminución de toda regulación estatal que pudiera reducir las ganancias, y la privatización, la venta de las empresas estatales, de bienes y servicios a inversores privados.

Además, implicó la eliminación del concepto de “bien público” o “comunitario” y lo reemplazó por la “responsabilidad individual”, obligando a las personas más pobres a buscar soluciones por su cuenta para su falta de atención médica, de sistemas de educación y de seguridad social y luego culpándolas de su fracaso, considerándolas “flojas”.

El tercero, fue la eliminación progresiva de las normas que regían al sector financiero, iniciada por Reagan y terminada por Bill Clinton (1993-2001) en 1999, en el marco de la cual los bancos de depósitos pudieron utilizar el dinero de sus clientes para la especulación.

Entonces, las finanzas, consideradas el lubricante de la economía, siguieron su propio camino, embarcándose en operaciones muy riesgosas y sin relación con la economía real. Actualmente, por cada dólar de bienes y servicios producidos, se generan 40 dólares en transacciones financieras.

Ya nadie defiende el Consenso de Washington ni la globalización neoliberal. Quedó claro que si bien desde el punto de vista macro, la globalización aumentó el comercio e impulsó el crecimiento financiero y global, a escala micro, resultó un desastre.

Los defensores de la globalización neoliberal sostenían que el crecimiento le llegaría a todo el mundo. En cambio, se concentró cada vez más en un número creciente de manos. En 2010, 388 personas concentraban la riqueza de 3.600 millones de personas. En 2014, ese número se redujo a 80 personas, y en 2015, a 62.

Tan así que ahora, el FMI y el Banco Mundial piden que se refuerce al Estado como regulador indispensable. Pero desde la caída del Muro de Berlín, Europa perdió 18 millones de personas de la clase media, y Estados Unidos, 24 millones. Además, ahora hay 1.830 multimillonarios con un capital neto de 6,4 billones de dólares. En Gran Bretaña se pronostica que en 2025 la desigualdad será la misma que en 1850, en plena época victoriana y cuando nacía el capitalismo.

El nuevo mundo creado por Reagan se basó en la codicia. Algunos historiados sostienen que la codicia y el miedo son los dos motores de la historia, y los valores y las prioridades cambian en una sociedad codiciosa.

Volviendo a nuestros días, tenemos un nuevo grupo de jinetes del Apocalipsis, los daños de los pasados 20 años (1981-2001) se agravan en los siguientes 20 años (2001-2020), los que todavía no transcurrieron.

El primer jinete, fue el colapso del sistema bancario en 2008 en Estados Unidos por especulaciones absurdas con los créditos hipotecarios. La crisis se expandió a Europa en 2009, a raíz de la caída del valor de los títulos inmobiliarios, como los griegos. Recordemos que para salvar al sistema financiero, los países destinaron cerca de cuatro billones de dólares, una cifra enorme si se tiene en cuenta que los bancos siguen teniendo unos 800.000 millones de dólares en activos tóxicos.

Mientras, los bancos tuvieron que pagar 220.000 millones de dólares en multas por actividades ilegales, pero ningún gerente fue condenado. Europa no volvió a la situación anterior a la crisis. Además, numerosos puestos de trabajo desaparecieron por la deslocalización de la producción a lugares más baratos y aumentaron los empleos de bajos salarios, además de los precarios.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un trabajador gana actualmente en términos reales 16 por ciento menos que antes de la crisis, lo que afectó principalmente a los sectores más jóvenes, con 10,5 por ciento de empleo promedio en Europa. Sin embargo, el único estímulo al crecimiento es para el sector bancario, al que el Banco Central Europeo vuelca 80.000 millones de dólares al mes. Ese monto habría resuelto fácilmente la falta de empleo juvenil.

Los economistas hablan ahora de una “Nueva Economía”, en la que el desempleo es estructural. De 1959 a 1973, el crecimiento mundial se ubicó por encima de cinco por ciento al año, el que se redujo a tres por ciento en 1973, cuando la crisis del petróleo, que marcó un cambio. Y desde 2007 no logramos llegar a uno por ciento.

Además, hay que agregar el desempleo creciente propiciado por el desarrollo tecnológico. Las fábricas necesitan una proporción menor de trabajadores. La Cuarta Revolución Industrial, que implica la producción robotizada y que ahora representa 12 por ciento del total se elevará a 40 por ciento en 2025.

Algunos economistas, como el estadounidense Larry Summers, una voz oficial del sistema, dicen que estamos en un período de estancamiento que durará varios años. El temor por el futuro se volvió una realidad, avivado por el terrorismo y el desempleo y por el sueño de muchas personas que creen que es posible volver a un pasado mejor.

De eso se aprovechan, figuras populistas, desde el estadounidense Donald Trump a la francesa Marine Le Pen. Una de las consecuencias de la crisis es que en varios países europeos aparecieron partidos populistas, con plataformas nacionalistas y xenófobas, 47 la última vez que se contó. Muchos de ellos ya están en el gobierno o integran coaliciones gobernantes, como en Eslovaquia, Hungría y Polonia, y habrá que prestar atención a las próximas elecciones de Austria.

El segundo jinete del Apocalipsis es el resultado de las intervenciones armadas de Estados Unidos en Iraq, y luego de Europa en Libia y Siria, con un papel particular del ex presidente francés Nicolas Sarkozy (2007-2012).

Eso derivo en que a partir de 2012, Europa comenzara a recibir una inmigración masiva y para la cual no estaba preparada. De repente, a la gente le dio miedo la ola humana que se venía y su impacto en el mercado laboral, la cultura, la región, etcétera, convirtiéndose en un elemento importante del miedo.

Y luego el tercer jinete, fue la creación del Estado Islámico (EI) en Siria en 2013, uno de los regalos de la invasión de Iraq, encabezada por Estados Unidos. No nos olvidemos de la crisis global, que comenzó en 2008, y desde entonces el populismo y el nacionalismo comenzaron a crecer.

El espectacular impacto del EI en los medios y la radicalización de muchos jóvenes europeos de origen árabe, por lo general marginados, acentuó el temor y fue un regalo para el populismo, ahora capaz de utilizar la xenofobia para movilizar a ciudadanas y ciudadanos inseguros y descontentos.

La decadencia de las instituciones europeas llevó a muchos países, tras el brexit, a pedir una profunda revisión del proyecto europeo. El 2 de octubre, Hungría consultará a su ciudadanía: ¿Aceptaría una cuota de inmigrantes impuesta por la Unión Europea (UE) contra la voluntad de parlamento húngaro?

Ese mismo día se repiten las elecciones en Austria por cuestiones de forma, luego de que en las anteriores, la extrema derecha perdiera por 36.000 votos. Le seguirán Holanda, Francia y Alemania, con la probabilidad de que crezcan los partidos de extrema derecha. Asimismo, Polonia y Eslovaquia también quieren realizar referendos sobre la UE. Es posible que para fines de 2017, las instituciones europeas estén profundamente dañadas.

El verdadero problema es que desde la fallida Cumbre de Cancún en 1981, los países perdieron la capacidad de pensar juntos. India, Japón, China y muchos otros atraviesan una ola de nacionalismo.

En Cancún, todos los participantes, desde el entonces presidente francés François Mitterrand (1981-1995) hasta la primera ministra india Indira Ghandi (1066-1977 y 1980-1984), desde el presidente tanzano Julius Kambarage Nyerere (1964-1985) hasta el primer ministro canadiense Pierre Trudeau (1968-1979), compartían ciertos valores de justicia social, solidaridad, respeto por el derecho internacional, así como la convicción de que las sociedades fuertes eran la base de la democracia, excepto, por supuesto, Reagan y Thatcher, la que declaró: “no existe la sociedad, solo hay individuos”.

También consideraban a la paz y al desarrollo como paradigmas de buena gobernanza. Todo eso desapareció. Los líderes políticos actuales, sin ideologías y subordinados a las finanzas se han volcado principalmente al debate administrativo, sobre asuntos puntuales, sin contexto y donde es difícil distinguir entre la izquierda y la derecha. Claramente, estamos en un período de codicia y temor.

El tiempo no ayuda En 1900, Europa concentraba 24 por ciento de la población mundial. A fines de este siglo, solo cuatro por ciento. Nigeria tendrá más habitantes que Estados Unidos, y África, que ahora tiene 1.000 millones de habitantes, tendrá 2.000 millones en 2050 y 3.000 millones en 2100. Sería hora de que se discutiera cómo hacer frente al mundo que se viene. Se necesitaron 25 años para llegar a un acuerdo sobre cambio climático, y quizá ya demasiado tarde. En materia de migraciones y empleo, ese tiempo es una eternidad.

Además, ese debe ser un acuerdo global, no solo una reacción impulsiva de la canciller de Alemania, Ángela Merkel, en completa soledad, sin siquiera consultar al actual presidente de Francia, François Hollande. Pero ese tipo de agenda es políticamente inimaginable. ¿Cómo discutir algo así con Le Pen, Trump y otros populistas emergentes en el marco del nacionalismo que se propaga por el mundo?

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Hayek versus Keynes: el debate del siglo

Mér, 27/07/2016 - 14:02

Alejandro Nadal, La Jornada

Al comenzar la década de 1930 la economía mundial se encontraba sumida en la crisis más profunda de su historia. La gran obra de John Maynard Keynes sobre la inestabilidad de las economías capitalistas estaba en gestación. La trayectoria intelectual que seguiría este economista se vería atravesada por una controversia que muchos han calificado como el debate del siglo. La relevancia de esta polémica en el contexto actual no puede ser ignorada.

Las líneas divisorias que hoy cruzan el pensamiento económico le deben mucho a ese debate. Por ejemplo, el análisis sobre el papel del Estado y la política en la gestión económica depende de manera esencial de aquella polémica.

En esencia, el paisaje del campo de batalla quedó claramente definido desde las primeras escaramuzas entre Hayek y Keynes. Por un lado, encontramos la creencia en la existencia de fuerzas estabilizadoras en los mercados. Por el otro, nos topamos con un esfuerzo analítico centrado en la inestabilidad intrínseca de las economías capitalistas. Pero nos estamos adelantando. Vamos por partes.

En 1928 un joven economista austriaco de nombre Friedrich Hayek fue invitado a dar tres conferencias en la célebre London School of Economics (LSE). Sus anfitriones quedaron encantados. Una de las estrellas ascendentes de la LSE, Lionel Robbins, invitó a Hayek a pasar una temporada en la LSE: su plan era convertirlo en el ariete central para atacar las tesis que comenzaban a surgir del grupo cercano a Keynes en la Universidad de Cambridge.

Keynes había saltado a la fama en 1919 por su pequeño gran libro Las consecuencias económicas de la paz, en el que presentó una dura crítica al revanchista Tratado de Versalles. Keynes mostró que Alemania no soportaría las reparaciones de guerra impuestas por los vencedores y que la inestabilidad política sería uno de los resultados. En el contexto actual de la imposición de medidas de austeridad fiscal sobre los países de Europa, el libro de Keynes sigue siendo un poderoso llamado a la reflexión.

El 1923 Keynes publicó su Ensayo sobre la reforma monetaria, en el que sostuvo que los cambios en la cantidad de moneda podían inducir una expansión o una contracción de la actividad económica al generar incertidumbre sobre los precios futuros. La conclusión era clara: se necesitaba una política monetaria activa para estabilizar el nivel general de precios. Pero Hayek concluyó que una política monetaria podía disfrazar tendencias inflacionarias y aquí comienza la larga e importante controversia entre Keynes y Hayek.

La polémica se agudizó en 1931, cuando salieron publicados dos de los más importantes libros de estos economistas: Precios y producción, de Hayek, y el Tratado sobre la moneda, de Keynes. Poco a poco se iba perfilando el duro contraste entre las posturas de los dos autores. Hayek sostenía que el incremento en el ahorro traería consigo una mayor inversión en bienes de producción. En cambio, Keynes argumentaba que un incremento en el ahorro podía traer aparejado una contracción económica si no iba acompañado de expectativas favorables a la inversión.

Para Hayek, el análisis de Keynes conducía a una de las peores herejías: el desequilibrio entre ahorro e inversión no podía ser corregido por las fuerzas del mercado. Esto significaba que no existía un mecanismo corrector capaz de rectificar las posibles disparidades en una dimensión tan importante de la economía. Para Hayek lo peor era que esa conclusión podía generalizarse a toda la economía: no habría ningún mecanismo endógeno capaz de mantener el equilibrio entre oferta y demanda.

El contenido teórico de la discusión se hizo cada vez más complejo y, al transcurrir los años, sólo un pequeño grupo de especialistas podía seguir de cerca los argumentos de cada grupo. En 1932 otro economista del círculo cercano a Keynes, Piero Sraffa, dio a conocer una durísima crítica a la obra de Hayek. El ataque se centró en el papel que jugaba la llamada tasa natural de interés en la obra del austriaco. La crítica de Sraffa sería decisiva: Hayek nunca volvió a escribir un libro de teoría económica y tampoco abrió un debate con Keynes sobre la Teoría general. Desde 1937, cuando terminó la polémica con Sraffa, Hayek se fue dedicando a un género que le sentaba muy bien, el del panegírico ideológico. El libro que lo consagró, el Camino de servidumbre, es una obra de opinión en la que todo lo que huele a intervención gubernamental es considerado un embrión de socialismo totalitario o de fascismo. Pero Keynes señaló que el fascismo no había sido el resultado de una excesiva injerencia del gobierno en la economía, sino del desempleo y la inestabilidad del capitalismo.

Hayek tuvo la ventaja de haber sobrevivido por varias décadas a Keynes. Así pudo atacar a un contrincante que no podía responderle. Durante su larga vida, Hayek mantuvo su fe en las virtudes del libre mercado y su capacidad de autorregulación. Pero la fe y la ciencia no son buenas compañeras.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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¿Es el crecimiento del desempleo y de la precariedad consecuencia de la revolución digital?

Mar, 26/07/2016 - 22:24
Vicenç Navarro, Público

Hace unos días que publiqué un artículo (La falacia del futuro sin trabajo y de la revolución digital como causa del precariado) en el que indicaba que los datos empíricos existentes no avalan la ampliamente extendida creencia de que la revolución digital es una de las causas (sino la mayor causa) del elevado desempleo y precariedad en los mercados de trabajo de los países capitalistas más desarrollados, creencia que vaticina que en un futuro próximo casi el 50% de los puestos de trabajo existentes hoy habrán sido destruidos, creando un futuro sin trabajo. En el artículo mostré datos que no apoyaban tal creencia.

Como era de esperar, el artículo creó una predecible avalancha de comentarios, algunos favorables y otros desfavorables. Algunos estaban basados en una tergiversada lectura de mi artículo, pues no negué en él que la revolución digital podría destruir empleo. En realidad señalé que sí que podría destruir empleo, señalando los sectores económicos donde ello podría ocurrir. Ahora bien, indiqué que si bien tal revolución digital (como la robótica) puede destruir trabajo, lo cierto es que también puede crear empleo. Por regla general la robótica ha permitido abaratar los precios de los productos, con lo cual se crea en el mismo o en otros sectores un aumento de la demanda específica o general, que contribuye al crecimiento de la actividad económica y a la creación de empleo. Por otra parte, la misma aplicación de la robótica requiere la creación de empleo. Todas las revoluciones tecnológicas anteriores, desde la introducción de las cadenas de montaje y las máquinas de vapor, hasta la introducción de la electricidad, han ido acompañadas de un aumento de la actividad económica y de la creación de empleo.

Como indiqué en el artículo, la evidencia científica acumulada durante todos estos años muestra que el impacto de la revolución digital sobre el empleo (y sobre los salarios) depende primordialmente del contexto político que configura la aplicación de tal revolución tecnológica. La robótica, por ejemplo, puede destruir empleo o puede permitir sustituir trabajo repetitivo por otro más intelectualmente estimulante, o puede facilitar la reducción del tiempo de trabajo, pasando a ser de 30 horas en lugar de las 40 horas de trabajo semanales.

¿Ha aumentado la productividad durante el periodo de la supuesta revolución digital? Pero la crítica que creo que merece mayor atención es aquella que reconoce que, si bien en el pasado las nuevas tecnologías, como las máquinas de vapor o la electricidad, no habían destruido empleo, esta revolución –la digital– sí que ha destruido empleo, pues al aumentar la productividad (ahora un trabajador puede hacer el trabajo de muchos antes) se aumenta la destrucción de puestos de trabajo, y con ello aumenta el desempleo. Y frente a los datos que yo mostraba en el artículo de que, durante los años conocidos de revolución digital, la productividad apenas había aumentado, permaneciendo en unos niveles muy bajos, mis críticos señalaban que yo estaba errado, pues si hubiera incluido un periodo mayor hubiera visto un aumento muy marcado de la productividad a partir de la década de los años noventa en el pasado siglo XX. En tal crítica se reconocía que el crecimiento de la productividad fue muy bajo (1,7% de crecimiento anual) durante la década de los años setenta (1971-1980), y también muy bajo (1,7%) en los años ochenta (1981-1990). Ahora bien, los autores de tal crítica añadieron que el crecimiento fue mucho más rápido (2,3%) en la siguiente década (1991-2000), crecimiento que se mantuvo alto (2,4%) en la siguiente década (2001-2010). Y dichos autores atribuían tal expansión de la productividad a la revolución digital.

El problema en este argumento es que al tomar el cambio anual de la productividad medido por décadas (la de los años setenta versus los años ochenta, versus los años noventa, versus la primera década del siglo XXI), no estamos comparando manzanas con manzanas, sino con rábanos. Hay que comparar los datos del crecimiento de la productividad anual por ciclos económicos y no por décadas. El periodo 2000-2010, por ejemplo, incluye un periodo de fuerte crecimiento de la economía y de la productividad al principio de la década, seguido de otro periodo caracterizado por un crecimiento económico y un aumento de la productividad muy débil, que no alcanzó a ser del 1,0%. En realidad, tanto el crecimiento económico como el crecimiento de la productividad fueron mucho más bajos después del 2005 que los que hubo durante todo el periodo 1975-1995. Si se analiza el crecimiento de la productividad en los sectores no agrícolas de EEUU, puede verse (U.S. Bureau of Labor Statistics) que tal crecimiento es muy bajo. Si la revolución digital hubiera sido tan efectiva y extendida como mis críticos sostienen, tendríamos que haber visto un gran crecimiento de la productividad. No lo vimos.

¿Cómo se explica el desacoplamiento del crecimiento de la productividad y el crecimiento de empleo? Otro argumento que se aduce a favor del impacto negativo de la revolución digital en el empleo es que mientras que los periodos anteriores de gran crecimiento económico y de gran aumento de la productividad fueron acompañados de una gran creación de empleo, a partir del año 2000 el crecimiento económico y de la productividad no ha ido acompañado de un crecimiento de ese empleo. Y ello se atribuye, de nuevo, a la revolución digital.

Pero tal como acabo de indicar (y expandí en mi artículo anterior), el crecimiento de la productividad no ha sido mayor, sino al revés, ha sido menor que en épocas anteriores. Podría argumentarse que ello se debe a que tal revolución digital ha sido menos extensa de lo que se asume, o que el impacto de esta revolución digital depende de otras variables, de las cuales las políticas –como yo sostengo en mi tesis- son las determinantes. Es siempre necesario no confundir el crecimiento de la productividad en un sector de la economía con el crecimiento de la productividad promedio en toda la economía. Una cosa es el establecimiento de una tecnología y otra es su difusión. Por otra parte, toda la evidencia apunta a que las variables políticas, y muy en particular la relación capital-trabajo (lo que solía llamarse la lucha de clases), son determinantes para entender la evolución del empleo.

La precariedad en España Los datos muestran claramente que la precariedad en el mercado español ha crecido masivamente durante los años de la Gran Recesión. Tal fenómeno ha ocurrido con especial intensidad en el sur de Europa (y muy en especial en Grecia, España y también en Portugal), donde el mundo empresarial ha tenido históricamente un gran poder, mientras que el mundo del trabajo ha sido débil (con sindicatos débiles y con partidos de izquierdas divididos y en conflicto). Estas son las raíces del enorme crecimiento del desempleo, de la baja tasa de ocupación, del gran deterioro del mercado de trabajo y del descenso de los ya muy bajos salarios. Y son también estos países los que tienen unos de los gastos públicos por habitante en las transferencias y servicios públicos del Estado del Bienestar más bajos de la UE-15 (el grupo de países económicamente más avanzados de la UE). En ninguna de estas situaciones la revolución digital ha tenido mucho que ver con tales hechos. En realidad, tal revolución digital está mucho más atrasada en el sur que en el norte de Europa.

¿La recuperación económica? La precariedad continúa siendo altísima He escrito extensamente mostrando que las políticas públicas neoliberales (las políticas de austeridad, causa de los enormes recortes del gasto público social, y las reformas laborales, responsables del enorme deterioro del mercado del trabajo) han tenido un impacto muy negativo en el mundo del trabajo, causando una disminución de las rentas del trabajo a costa del crecimiento de las rentas del capital (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Editorial Anagrama, 2015). España es uno de los países de la UE-15 que tiene unas de las rentas del trabajo más bajas. En este país, los ingresos salariales han alcanzado un récord a la baja: en el año 2013 representaron solo un 47,2% del PIB. A principios de la crisis, en 2007, eran casi el 50% del PIB.

Últimamente el gobierno español alardea de que España es el país de la UE-15 que crea más empleo, sin aclarar que la gran mayoría de este empleo es precario, precariedad que alcanza dimensiones masivas entre los jóvenes que consiguen tener trabajo. En realidad, la situación entre los jóvenes es incluso peor de lo que señalan estos datos, en sí deprimentes. Y ello se debe a que estas cifras ocultan que un número muy elevado de jóvenes ha tenido que exiliarse para encontrar trabajo y otros han abandonado la búsqueda de trabajo, alargando deliberadamente el periodo de estudios.

Una nota importante que cabe señalar es que la precariedad aparece tanto entre los trabajadores con elevadas cualificaciones como entre los poco cualificados. La precariedad se presenta no solo en el comercio, la construcción, el turismo, los servicios domésticos y el trabajo agrícola, sino también en sectores de elevada cualificación y en personal cualificado, tales como los médicos, los ingenieros, los arquitectos, los abogados o los maestros. Los contratos cortos, temporales, con salarios bajos, se han estado expandiendo en estos sectores, que se consideraban protegidos. Y, de nuevo, ello tiene poco que ver con la revolución digital, y sí mucho que ver con la debilidad del mundo sindical o asociativo.

El ataque al mundo del trabajo Esta debilidad del mundo laboral explica también la gran pérdida de protección social entre los trabajadores. Entre 2010 y 2014, el gasto en prestaciones por desempleo se ha reducido casi en un 25% a pesar del gran crecimiento del desempleo. Según datos de la EPA, las personas que llevan dos años o más en el paro representan casi el 45% del total de los desempleados, con más de 1,6 millones de hogares en los que ninguno de sus miembros tiene trabajo. Y entre los trabajadores, solo entre 2010 y 2013 el salario medio había descendido en 600 euros. En realidad, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el número de trabajadores pobres (es decir, que ingresan menos de lo que se considera el umbral de pobreza en España) ha pasado a ser uno de los más altos de la UE-15. La disminución de los salarios y del empleo ha sido la mayor causa del crecimiento de la pobreza, ya en sí muy alta antes de la Gran Recesión. Casi el 30% de la población española está en situación de riesgo de pobreza. La media de ingresos familiares es en España de 26.775 euros, y la media de los ingresos individuales es de 10.531 euros, habiendo descendido (en ambos casos desde 2009) un 11% en las rentas familiares y un 7% en las individuales. De nuevo, la revolución digital ha tenido muy poco que ver con estos hechos. La principal causa ha sido la avalancha del mundo del capital (que ha sido el promotor de las políticas neoliberales) en contra del mundo del trabajo, que ha ido perdiendo en este conflicto.

Y las consecuencias económicas, sociales y humanas han sido enormes. En realidad, estas políticas de austeridad y de reformas laborales han creado un enorme problema de falta de demanda, la principal causa del escaso crecimiento de la UE y de España. El descenso de los ingresos al Estado es el resultado de ello, como bien muestran los datos. A pesar del “enorme” aumento del número de cotizantes a la Seguridad Social (que es presentado errónea y maliciosamente por parte del gobierno Rajoy como señal de su éxito en la creación de empleo), los ingresos a la Seguridad Social apenas han crecido. Mientras, la cuantía del gasto público dedicado a crear empleo se ha visto reducida a la mitad durante la Gran Recesión, y como he indicado anteriormente, el gasto en el seguro público de desempleo ha disminuido (desde 2010) casi un 25%. Todo ello ha tenido un coste humano tremendo. Es bien conocido que las crisis económicas tienen un coste elevadísimo para la salud, la calidad de vida y el bienestar de las poblaciones. Esta realidad está bien documentada (ver el libro de Vicenç Navarro y Carles Muntaner, The Financial and Economic Crises and Their Impact On Health and Social Well-Being, Baywood, 2014).

En España la situación es incluso más acentuada. La siniestralidad laboral creció un 3,3% en los primeros seis meses del año, una situación en la que casi dos trabajadores mueren, como promedio, por condiciones laborales cada día. La “violencia” laboral es mayor que cualquier tipo de violencia en España. Y digo violencia porque un gran número de tales muertes, aunque son evitables, no se evitan. Esta violencia es resultado del miedo que el trabajador precario tiene a perder el empleo. Y, de nuevo, esto tiene poco que ver con la revolución digital.

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Del multilateralismo al neoregionalismo

Mar, 26/07/2016 - 07:01

Oscar Ugarteche, Jorge Arturo Luna, Alainet

El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) es el tratado comercial plurilateral más grande (12 países miembros) desde el Tratado de Ottawa de Cooperación Imperial de 1932 (58 estados miembros) por el que se fortalecía el Imperio Británico y se consolidaba la zona monetaria de la libra esterlina. El TPP, incluye a Estados Unidos, Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam, quienes en total suman cerca del 40% de la economía global. De esto, Japón y Norte América suman las cuatro quintas partes.

No es el tamaño del acuerdo ni su concentración lo que sorprende, sino la forma en la que se han llevado a cabo las negociaciones y los alcances que podría tener. En general si hay algo que esconder es una mala señal en los tiempos de la transparencia. En términos comerciales de bienes no ofrece nada nuevo y poco adicional dado que existen TLC entre casi todos los 12 países miembros y entre éstos y Estados Unidos con pocas excepciones como Australia y Nueva Zelandia. En esto es análogo al Tratado de Ottawa de 1932, siendo Gran Bretaña el centro del acuerdo de la época y sin excepciones.

Evocando el acuerdo de 1932 dice Obama en el Washington Post “El mundo ha cambiado. Las reglas cambian con él. Los Estados Unidos y no China, debería de escribirlas.” Obama enterró el multilateralismo de la OMC con esa frase y está listo a que Estados Unidos de manera unilateral defina las reglas. Quizás como el acuerdo de 1932 deba ser bautizado como un “acuerdo imperial”. De todos modos es un acuerdo que señala al debilitamiento del multilateralismo. La manera de las negociaciones quizás señala hacia la privatización de la gobernanza global. No se negocia como un acuerdo público sino como acuerdos privados.

Desde su creación las negociaciones se llevaron a cabo en secreto y ahora que poco a poco va saliendo a la luz puede observarse distintos ángulos que dicho tratado trae consigo. Los derechos de propiedad intelectual, las patentes de medicinas, la posibilidad de que las empresas demanden a los gobiernos, así como menores requisitos a las normas de origen, son temas que generan mucha inquietud. Igualmente merecen atención los capítulos 9 y 11 sobre inversiones y servicios financieros.

Médicos sin Fronteras alertó que el TPP extenderá el periodo de vigencia de las patentes más allá de los 20 años previstos actualmente, con lo que se retrasa o bloquea la disponibilidad de medicamentos genéricos. Los altos precios de los medicamentos de marca los mantendrán inalcanzables para las personas más pobres y con eso la calidad de la salud de las personas en las economías menos prosperas de la región no verá mejora a pesar de existir retrovirales, medicinas para el corazón y tratamientos de cáncer, por nombrar algunos que están con las patentes por vencer. En el Perú, el presupuesto de salud para el programa de retrovirales dobló entre el 2010 y 2015 pero la cobertura se redujo a la mitad. Hay tres muertos al día de SIDA, una enfermedad que ya no es letal si es tratada correctamente. Habría que ver si la relación es directa entre esto y el ingreso del Perú al TLCAN o si es efecto de la intervención de la iglesia católica en el Ministerio de Salud.

El endurecimiento en los temas de propiedad intelectual afecta además el acceso a música, películas, libros y materiales y hace que el conocimiento en general se mantenga mucho más difícil y costoso, dificultando así el desarrollo de las economías emergentes.

El TPP también pone en riesgo la soberanía de los países. Un documento revelado por WikiLeaks hace unos años muestra que el TPP permitirá a las grandes empresas demandar a los gobiernos y solicitar millonarias indemnizaciones a cuenta de los contribuyentes cuando sus intereses o ganancias se vean afectados por regulaciones internas. Esto lo está trabajando Gutiérrez Haces en detalle para el conjunto de países con BITs, acuerdos bilaterales de inversión, por sus siglas en inglés en el marco del CIADI.

Según Gutiérrez Haces, en el CIADI las empresas pueden demandar a los gobiernos ante paneles de arbitraje integrados por abogados corporativos que eviten los tribunales nacionales y que anulen la voluntad de los Parlamentos en caso de no conseguir lo que quieren. Los juicios en el CIADI pueden ser incluso por ganancias esperadas no logradas. Es decir, si se anticipa 12% de rentabilidad de una inversión minera pero se incrementa el canon, por ejemplo: entonces la empresa enjuicia para que el Estado le restituya lo pagado. Con esto se destruiría por completo la legislación y los derechos fundamentales de los Estados democráticos que entrarán en riesgo más allá de los acuerdos de estabilidad fiscal de inversión inicial.

En cuestiones laborales, el TTP obliga a los estados miembros a modificar sus legislaciones laborales, para garantizar una mayor explotación de la fuerza de trabajo; esto no sólo tiene consecuencias para los países económicamente dependientes, también para la clase obrera norteamericana, que tendrá como presión el traslado de sus fuentes de empleo a otros países, y con ello la disminución de sus respectivos salarios y la pérdida de empleos. El beneficio para los otros once es la generación de empleo que ahora carece de derechos tras las reformas laborales que disolvieron los sindicatos, al menos en América Latina. Los sindicatos que sobreviven son los protegidos por partidos de gobierno.

El tratado también establece menores requisitos en las reglas de origen en la industria automotriz, un sector muy importante para naciones como México. Esto lo convierte en una atracción para Argentina cuyo socio automotriz es Brasil. De este modo Argentina pide ingresar a la Alianza del Pacifico (AdelP) como observador camino al TPP. Por eso está un país del Atlántico buscando entrar en la AdelP.

Los países Latinoamericanos que son parte del tratado pueden esperar poco dinamismo en sus exportaciones, Perú, México y Chile, ya son hoy en día socios de muchos de los miembros. Colombia, que tiene industria, banca y burguesía nacional no se suma al TPP. La burguesía compradora, como fue bautizada hace varias décadas por Amílcar Cabral en referencia a África, no lo hace. El problema para estos últimos es que no tienen mucha alternativa: venden materias primas o mano de obra barata. Son inversionistas financieros en el mejor de los casos.

Los países firmantes del TPP tienen grandes diferencias entre sí. Por ejemplo, mientras un australiano tiene un ingreso medio de 60 mil dólares anuales, un vietnamita gana 2 mil dólares. En cuanto a ingreso per cápita, del grupo de países firmantes, México sólo supera a Vietnam y Perú. La desigualdad entre los países que conforman el TPP nos hace pensar quienes serán los ganadores y quienes los perdedores. Lo que separa a los países desarrollados de los países en desarrollo es una brecha en el conocimiento, y el TPP hará que esa brecha sea más difícil de cerrar.

El TPP representa asimismo una maniobra geopolítica encabezada por Estados Unidos para influir en la Cuenca del Pacifico que ha sido dominada por China en los últimos años. Al mismo tiempo busca destruir aquellas integraciones regionales suramericanas que dejen fuera a Estados Unidos, tal es el caso del MERCOSUR en Suramérica. En ese sentido, Mauricio Macri, presidente de Argentina, ha dejado en claro en repetidas ocasiones que buscará ser parte del TPP.

Por otro lado, China ha puesto en marcha su propia versión del TTP, el llamado Acuerdo de Asociación Económica Integral Regional (RCEP, su sigla en inglés) que cubrirá un mercado de 3.400 millones de personas y estará compuesto por los diez países que integran la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), es decir Malasia, Indonesia, Brunei, Vietnam, Camboya, Laos, Myanmar, Singapur, Tailandia y Filipinas, además de seis países con los que la Asean mantiene tratados de libre comercio: Australia, China, India, Japón, Corea del Sur y Nueva Zelandia. La ventaja del RCEP con respecto al TPP es que contara con reglas menos estrictas, lo cual podría hacerlo más atractivo para los países en desarrollo. El comercio intra RCEP se hará en yuanes.

A pesar de todo el misterio detrás del TPP, las intenciones están claras, se sabe quiénes serán los beneficiados y quienes los afectados, de nuevo son las grandes corporaciones las que se llevaran la mejor parte, dando como resultado una mayor concentración del capital que se suma a los argumentos ya conocidos de Anthony B. Atkinson, Thomas Piketty, and Emmanuel Saez.

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La naturaleza, cada vez más incapaz de satisfacer las necesidades humanas

Lun, 25/07/2016 - 18:19
Guillaume Krempp, Viento Sur

La degradación de la biodiversidad es tan fuerte que el ser humano podría verse obligado a suplir numerosos servicios que presta la naturaleza, como la polinización. La alarma no la hacen sonar unos ecologistas opuestos a la destrucción de un humedal, ni miembros de la Liga de Protección de las Aves, inquietos por la desaparición de especies. Proviene de un estudio publicado en la revista Science, que concluye que el 58% de la superficie terrestre, habitada por el 71% de la población mundial, experimenta un descenso de la biodiversidad terrestre que merma la capacidad de los ecosistemas para satisfacer las necesidades humanas.

Según los 23 científicos internacionales que han procesado estadísticamente 2,38 millones de informes sobre la fauna y la flora terrestres, la diversidad de especies ha disminuido, en efecto, un 15,4 % en más de la mitad de las tierras emergidas. Para ser sostenible, la pérdida de biodiversidad no debe ser superior al 10%, de acuerdo con otro estudio publicado en Science en 2015. “Esta pérdida de biodiversidad, si sigue descontrolada, socavará a la larga los esfuerzos a favor de un desarrollo sostenible”, concluyen.

Tim Newbold, investigador especializado en el impacto humano sobre la biodiversidad en la University College of London y director de estos estudios, se muestra inquieto: “Las funciones de los ecosistemas se ven gravemente amenazadas por esta desaparición de especies. En muchas zonas, la intervención humana tendrá que sustituir pronto los servicios prestados por la naturaleza.”

Polinización, depuración de las aguas, generación de oxígeno… Estos servicios de los ecosistemas son tan numerosos como vitales. No obstante, la polinización, la producción de los nutrientes necesarios para el crecimiento de las plantas, la depuración natural de las aguas y la generación de oxígeno se ven amenazadas por la mengua de la biodiversidad de los ecosistemas. El director del estudio duda de la capacidad del ser humano para imitar a la naturaleza mediante las innovaciones tecnológicas: “No creo que nadie pueda afirmar hoy que el ser humano es capaz de eso.”

Para Pierre-Henri Gouyon, investigador del Instituto de Sistemática, Evolución y Biodiversidad del Museo Nacional de Historia Natural, la cuestión no es saber si una opción u otra es realizable, sino si es deseable: “Sin duda podríamos sustituir las abejas por pequeños robots. Esto sería antes que nada menos eficaz y más costoso. Todo esto cuando podríamos preservar la biodiversidad y los servicios ecológicos que comporta. Sencillamente, no es el mundo en que deseo que vivamos.”

Esta erosión de la biodiversidad ha sido documentada desde hace tiempo por la comunidad científica. En 2009, un equipo internacional de investigadores, dirigido por Johan Rockström, definió nueve límites planetarios que no deben sobrepasarse/. El estudio trataba en particular de los umbrales que hay que respetar en materia de utilización del agua dulce, de contaminación química y de cambio climático. Constató ya una erosión de la biodiversidad que ponía en peligro los ecosistemas en que vive el ser humano.

Escala global “La fuerza de este nuevo estudio radica sobre todo en la metodología empleada y la escala global que utiliza”, comenta Gouyon. El análisis abarca, en efecto, 39123 especies repartidas entre 18659 espacios terrestres. El equipo de Newbold tiene por tanto el mérito de haber realizado el primer cálculo de los efectos de la actividad humana en la biodiversidad a escala planetaria.

Otra originalidad del estudio es que ha tenido en cuenta la abundancia de las especies, un parámetro que permite observar con mayor precisión el número de individuos presentes en los medios naturales. “A medida que aumenta la defaunación [reducción del número de individuos entre las especies animales], esta precisión es una necesidad absoluta”, dice la filósofa del medio ambiente Virginie Maris. Los informes anteriores se basaban en la condición de las especies para deducir de ella el estado de la biodiversidad, de manera que a menudo se pasaba por alto la densidad menguante de las poblaciones animales.

Explotación de los suelos A pesar de la existencia de estudios científicos cada vez más numerosos y precisos, la degradación del medio ambiente prosigue al mismo ritmo, en particular la explotación de los suelos, que destruye hábitats y biodiversidad. Según un informe sobre la utilización de las tierras del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, publicado en 2014, la demanda creciente de productos alimenticios comportará la conversión de 190 millones de hectáreas de tierras en superficie agrícola de aquí a 2020 en todo el mundo.

Para Newbold, es por tanto indispensable asegurar desde ahora una protección eficaz de la biodiversidad. “Aprovechamos gratuitamente servicios de los ecosistemas cuyo valor es astronómico”, recuerda. En 2014, un estudio realizado por el economista estadounidense Roberto Costanza concluía que el valor de estos servicios ecológicos globales asciende a 125 billones de dólares al año. “La relación del ser humano con el mundo natural no se limita a esta lógica económica”, lamenta de todos modos Maris. “La biodiversidad engloba asimismo un conjunto de valores culturales, estéticos y morales que sería más interesante profundizar para llegar a una protección real de los ecosistemas.”

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Pronósticos reservados para la economía mundial

Lun, 25/07/2016 - 07:01
Julio Gambina, Rebelión

La información actualizada que ofrece el FMI es un llamado de alerta sobre la evolución de la Economía Mundial. El resultado del plebiscito británico para salir de la Unión Europea, el BREXIT, le agregó “incertidumbre” a la economía mundial, dice el FMI en la revisión a la baja de las proyecciones de evolución económica del sistema mundial.

Destaca el informe que el principal impacto estará en Gran Bretaña y Europa pero también en las principales potencias del capitalismo mundial y como novedad, en los llamados países “emergentes”.

Estos países “emergentes”, durante un buen tiempo luego de estallada la crisis mundial capitalista en 2007/08 fueron receptores de los flujos internacionales de capital y por lo tanto aparecían “por afuera de la crisis”. El espejismo del crecimiento económico en estos países inducía opiniones erróneas sobre la territorialidad de la crisis.

Los nuevos datos derivados de la caída de los precios de las commodities, entre otras cuestiones, morigeran el crecimiento y en algunos casos se procesa la recesión (Brasil caerá 3,3% este año), contribuyendo al deterioro de los indicadores económicos regionales y globales.

Respecto de América Latina se asume una leve mejoría en el marco de una tónica de escepticismo sobre el futuro inmediato, con una opinión satisfactoria sobre el restablecimiento de una lógica pro mercado y liberalización, especialmente derivada de la situación en Argentina.

“En Argentina, la transición a un marco de política macroeconómica más coherente y creíble sigue avanzando, y debería afianzar las perspectivas de crecimiento a mediano plazo, aunque el impacto adverso en la actividad a corto plazo ha sido mayor de lo previsto. El ajuste de los precios relativos en el primer semestre de 2016 —tras la depreciación del tipo de cambio y el alza de las tarifas de los servicios públicos— ha acelerado la inflación y perjudicado el consumo privado. Ahora la actividad económica probablemente empezará a recuperarse hacia finales de 2016, a medida que la inflación se modere gradualmente, que se estimule el gasto y que se reduzcan las tasas de interés. Se prevé que la orientación más acomodaticia de las políticas monetaria y fiscal promueva el crecimiento en 2017, pero que complique el cumplimiento de las metas fiscales y de inflación anunciadas este año”. [Ver nota de Alejandro Werner en Diálogo a Fondo]

La Revista The Economist destaca el programa pro mercado del gobierno Macri, al tiempo que llama la atención sobre la recesión, coincidiendo con la proyección del FMI de una caída del 1,5% del PBI de Argentina para este 2016. El punto de partida de la evaluación ponderada es la modificación cambiaria, la eliminación de las restricciones a la compra venta de divisas, el acuerdo con los acreedores externos y la eliminación o reducción de las retenciones. Son esos los puntos de coincidencia de la Revista británica y el organismo internacional. Ambos llaman la atención sobre la inflación inducida bajo la nueva política económica y especialmente el conflicto social a ello vinculado.

El lenguaje de los analistas remite a formulaciones técnicas, pero la realidad de la protesta interviene en la consideración de la realidad económica y política de la Argentina.

La preocupación de las clases dominantes se asienta en el paro nacional de fines de abril y su probable recreación en el corto plazo; más aún con el clima social contra el tarifazo y el ajuste en general, que involucra a sectores medios.

Desde el poder son conscientes que el conflicto ahuyenta inversores externos que buscan “seguridad jurídica” en sus inversiones, con retornos asegurados en tiempos de incertidumbre mundial.

Resuena el interrogante entre empresarios e inversores locales y externos sobre la posibilidad del oficialismo para contener el conflicto y disciplinar a la sociedad. El protocolo de seguridad no funcionó, mucho menos si la protesta es masiva, por lo que se ensayan otras formas para la represión o el control del conflicto, especialmente con el chantaje económico exacerbado ante las restricciones de un ingreso popular disminuido.

El gobierno acelera la reinstalación de la Argentina en la liberalización de la economía mundial, precisamente cuando la globalización capitalista está cuestionada, no solo por el voto británico. El problema político es la acumulación por derecha de esta crítica, expresión manifestada por Donald Trump en EEUU, lo que exige construir una perspectiva crítica desde los pueblos para la emancipación.

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Etno-geopolítica de Niza a Múnich: la migración en picota

Dom, 24/07/2016 - 20:58

Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

El choque de civilizaciones, de Samuel Huntington, anterior ideólogo del Consejo de Seguridad Nacional de EEUU (http://goo.gl/QXOfrE), prosigue su programada marcha. Siete meses de atentados en un mundo caótico: desde noviembre de 2015 en París (http://goo.gl/VDFLpm), pasando por Bruselas en marzo de 2016, hasta Niza el simbólico 14 de julio, donde un franco-tunecino mató con un camión a 84 personas (incluidos 30 musulmanes): acto execrable reivindicado por yihadistas.

Pesa mucho la etnogeopolítica en la era de las masivas migraciones, propiciadas tanto por el outsourcing (deslocalización) de la globalización desregulada como por las guerras de la OTAN y Wall Street/la City. Después del atentado de Niza comenté que ya no existía un lugar seguro en Europa (https://goo.gl/js2nN0) y (https://goo.gl/kHoH99).

Hoy el terrorismo yihadista se ha vuelto una cama de agua, cuando las guerras de la OTAN en varios puntos del gran Medio Oriente compactaron a los pletóricos refugiados, quienes, por supervivencia, han fluido a Europa por cielo, mar y tierra, y entre quienes se han insertado los yihadistas.

Días antes al atentado en Niza, el director del espionaje interno galo (la DGSI), Patrick Calvar, alertó sobre la intensificación más sofisticada de los yihadistas: la máxima amenaza son quienes han combatido en Siria e Irak, como ejemplo de quienes atacaron el Bataclan, y cuyo número en Francia “es de 400 a 500 (http://goo.gl/Hs5Rfr)”.

De los 66 millones de franceses, 10 por ciento es de religión islámica y constituye 15 por ciento de París, de 2.2 millones. La otrora bucólica Niza, con 342 mil habitantes, ostenta un número significativo de musulmanes, por lo que aportó una de cada tres víctimas del atentado ciego (http://goo.gl/ZttLyW). Fenómenos migratorios paralelos de la globalización: mientras Los Ángeles se mexicaniza, Marsella se islamiza (http://goo.gl/3qNnmI).

Alemania –inmersa en la polémica política de Obama contra Rusia y el Islam– se había salvado de ser el objetivo de un atentado. Ya se había dado un aviso con los hachazos del joven afgano de 17 años en un tren alemán en Baviera, lo cual desnudó la vulnerabilidad de los servicios de seguridad. De los casi 81 millones de habitantes en Alemania –con 36 instalaciones militares de EEUU–, existen en su seno 4 millones de musulmanes, cuyo 63.2 por ciento es de origen turco. Múnich, capital de Baviera, con 1.4 millones de habitantes, cuenta con 300 mil musulmanes.

Financial Times (FT) da mucho vuelo al refugiado afgano de 17 años, quien formó parte de los 68 mil “menores sin compañía (http://goo.gl/XieoCm)”: refugiados de la guerra y la pobreza de lugares como Siria, Irak y Afganistán que viven en Alemania y son proclives a todo género de peligros, incluyendo la radicalización.

Se considera que 7 por ciento de todos los migrantes –casi 96 mil menores de 18 años– forman parte de esta categoría sui generis. Los yihadistas señalaron al joven afgano como uno de sus soldados, aunque no existe evidencia de vínculos directos, según la policía alemana. Según FT, el incidente fue inmediatamente capturado por los alemanes de extrema derecha, quienes han presionado a Ángela Merkel para endurecer su política de refugiados.

David Ali Sonboli, alemán-iraní de 18 años, nacido y educado en Múnich, en tratamiento siquiátrico por depresión, mató en el icono estadunidense McDonald‘s a nueve personas, entre ellos siete extranjeros: tres albaneses de Kosovo, tres turcos y un griego, lo cual subsume la tragedia genealógica y ontológica de los refugiados (http://goo.gl/QVRkf5)

El juvenil multihomicida germano-iraní, que resultó un lobo solitario, fue inspirado –palabra de moda acuñada por Stratfor, la CIA de los empresarios (http://goo.gl/lQ4MNm)– por el noruego Anders Breivik, quien hace exactamente cinco años liquidó a 77 personas (https://goo.gl/ocEldJ).

Los medios israelíes de fácil gatillo desinformativo se aprovecharon en forma perversa del origen iraní del juvenil multihomicida para inventar, como The Times of Israel, que había sido inspirado por los yihadistas (http://goo.gl/nL3V0x).

En entrevistas inmediatas tras el atentado de Múnich (https://goo.gl/tR09Fg, https://goo.gl/Rvgp9J y https://goo.gl/dynSTE), comenté que, más allá de la presunta autoría (real o montada), lo relevante radicaba en la percepción de los 81 millones de alemanes, quienes presionarán en un mismo sentido antimigratorio y por la abolición del espacio Schengen (supresión de controles fronterizos entre 26 países europeos), cuya quintaesencia lo constituye el Brexit (http://goo.gl/5bVfnB), al unísono de la erección de murallas mancilladas con xenofobia, islamofobia y racismo.

Se gesta la repelente israelización –Estado racista policiaco/orwelliano/ apartheid de guetos yuxtapuestos, murallas, paranoia masiva, ciberespionaje, guerras permanentes, etcétera, de las civilizadas sociedades europeas.

Más allá de la generosidad y tolerancia de Alemania para la recepción de los migrantes, se subsume la necesidad de integrar a la fuerza laboral de la superpotencia geoeconómica teutona a los desempleados migrantes juveniles, de un promedio de edad de 25 años, en su sociedad canosa (con 46.5 años en promedio), común denominador demográfico de la Unión Europea.

En mi conferencia de este año en el ayuntamiento de la ciudad de Mérida, Yucatán (https://goo.gl/kuxUF3), abordé la Crisis de la migración a Europa, donde una serie de murallas –desde Bulgaria hasta la frontera de Hungría con Rumania, Serbia y parte de Croacia–, con severos controles fronterizos, ponían en la picota la política migratoria y el espacio Schengen.

No es gratuita la selección de Alemania como principal centro de recepción, donde se registraron 1.1 millones de refugiados en 2015 (http://goo.gl/T4dPOj).

Llama profundamente la atención que más de 50 mil migrantes provinieran de Albania en 2015 (http://goo.gl/agY92v). Tres de los acribillados en el McDonald’s de Múnich eran albaneses de Kosovo: nueva república secesionista apuntalada por la OTAN en los incandescentes Balcanes.

No es lo mismo la seducción geoeconómica de Alemania, con 46 mil 200 dólares de PIB per cápita, que Albania (3 millones de habitantes), país de mayoría islámica sunita (57 por ciento), con 11 mil 400 dólares de PIB per cápita, lo cual en su conjunto epitomiza una genuina ósmosis demográfico-migratoria.

Lamentablemente, Europa hoy cosecha lo que sembró con su múltiples guerras en el gran Medio Oriente desde la década de los ochenta en Afganistán, donde fueron gestados los muyahidines hollywoodenses de Rambo: antecesores de los yihadistas postmodernos) –luego en Irak/Siria, Libia, Mali, etcétera–, además de su imposición de la perniciosa desigualdad con asfixiante austeridad mediante su tóxica globalización desregulada, como comenté en mi entrevista a Russia Today (https://goo.gl/q6ax2q).

La biología se cobra a largo plazo las facturas cortoplacistas de las guerras geofinancieras/etno-geopolíticas de sus hijos insensatos, quienes carecen de visión holística del futuro y no aprenden de las desgra-cias del pasado.

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El fallido golpe en Turquía y las conexiones con Estados Unidos

Dom, 24/07/2016 - 08:01
Eugenio García Gascón, Público

Los medios turcos han sugerido desde el primer momento del fallido golpe de Estado del pasado viernes la existencia de una posible conexión entre los militares golpistas y potencias extranjeras. Se ha mencionado en más de una ocasión a Estados Unidos, e incluso al “sionismo”, en alusión a Israel, aunque no se han aportado pruebas más allá de ciertos vínculos que podrían ser circunstanciales.

Pero el miércoles, en una entrevista con Al Jazeera, el presidente Recep Tayyip Erdogan se sumó a las teorías de la conspiración hablando de algunos “países”, en plural, que podrían haber impulsado el golpe. Naturalmente, Erdogan declinó especificar a qué países se refería aunque dijo que la fiscalía está investigando esta posibilidad.

“Puede haber otros países implicados también. La organización terrorista gülenista tiene también otra mente superior, si podemos decirlo así, y llegará el tiempo en que se descifrarán las conexiones (…) No creo que sea necesario esperar mucho tiempo”, declaró Erdogan.

De sus palabras se deduce que el presidente turco sigue pensando en Fethullah Gülen, el predicador religioso que reside en Pensilvania y que mantiene buenas relaciones con Estados Unidos, lógicamente, y con Israel, a través de importantes organizaciones sionistas, algunas de ellas controvertidas, de Estados Unidos.

Ankara ha solicitado esta semana de manera oficial la extradición de Gülen. Los dos países cuentan con un acuerdo de extradición que se remonta a 1981, aunque distintos expertos consideran que es muy difícil que el presidente Barack Obama dé la luz verde a la entrega de Gülen por distintos motivos.

La acusación de “traición” que los turcos han colgado a Gülen no figura como motivo de extradición en el mencionado acuerdo. Además recientemente, en una entrevista publicada en abril por la revista americana Atlantic, Obama calificó a Erdogan de “fallido y autoritario”, y no tendría mucho sentido que ahora entregara a Gülen, tanto si el predicador está realmente implicado en el golpe como si no lo está.

La de Wadah Khanfar, ex director de Al Jazeera y presidente del Foro al Sharq, ha sido una de las múltiples voces que han expresado su convencimiento de que el fallido golpe ha sido dirigido, o al menos alentado, desde el extranjero. “Un golpe de esta magnitud no habría sido capaz de nada sin consultar o notificar a los americanos” previamente, ha declarado Khanfar.

En Moscú, un diputado de Rusia Unida ha manifestado que el presidente Vladimir Putin “está convencido” de que detrás de los golpistas está Estados Unidos. Curiosamente, Rusia podría ser uno de los países más beneficiados por el fracaso del golpe. Putin, que ha mantenido un alejamiento de varios meses con Erdogan a causa de la crisis siria, llamó rápidamente a Erdogan para expresarle su apoyo.

Los medios turcos han destacado que en la noche del viernes, inmediatamente después de que los militares salieran a la calle, el secretario de Estado John Kerry formuló una confusa declaración diciendo que esperaba que la unidad y la estabilidad de Turquía no se echaran a perder. Solo más tarde, cuando ya se intuía que el golpe no se iba a consumar, la Casa Blanca se expresó a favor de la democracia y aclaró que Kerry también estaba a favor de la democracia.

Otro punto de cierta relevancia que las autoridades turcas están investigando está relacionado con la enorme base militar de Incirlik, que se encuentra a menos de cien kilómetros de la frontera de Siria y donde, según ha publicado esta semana la revista New Yorker citando a un general americano, Estados Unidos guarda alrededor de medio centenar de bombas atómicas.

Los americanos usan la base de Incirlik para bombardear al Estado Islámico en Siria e Irak pero no está claro para qué son necesarias tantas bombas atómicas en esa localización. El domingo, dos días después del golpe, el jefe de la base, el general Bakir Arkan, fue detenido por su presunta implicación en el golpe.

Un día antes, el sábado por la mañana, es decir apenas unas horas después de que los golpistas salieran a la calle, la embajada de Estados Unidos en Ankara publicó un comunicado urgente en el que se afirmaba que las autoridades turcas “están prohibiendo la entrada y la salida de la base de Incirlik y han cortado la electricidad”.

La prensa ha publicado que en Incirlik había golpistas y el mismo hecho de que el jefe de la base fuera detenido al día siguiente indica que eso era cierto. La base es compartida por el ejército turco y el ejército americano, y a muchos turcos les resulta difícil explicar que los americanos de la base no supieran nada de lo que se tramaba.

Aún más, las autoridades turcas prohibieron el sábado todos los vuelos previstos por los americanos, y también por los turcos, y solo autorizaron la reanudación de los vuelos el domingo, cuando la sublevación se había sofocado definitivamente.

Todos estos hechos han servido para que la opinión pública turca sospeche que el golpe no fue obra de un grupo de militares disgustados con el autoritarismo de Erdogan sino que fue cuidadosamente planeado con asistencia del exterior, y que solamente fracasó cuando las multitudes favorables a Erdogan salieron a la calle.

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Quién organizó el intento de golpe en Turquía y por qué fracasó

Dom, 24/07/2016 - 07:01
Patrick Kingsly, The Guardian

La noche del viernes de la semana pasada, en un primer momento todo parecía indicar que uno de los gobiernos más poderosos de Oriente Medio iba a ser derrocado. Los tanques paralizaron Estambul mientras los soldados irrumpían en la sede del partido en el gobierno, bombardeaban el parlamento, se hacían con el edificio de la jefatura militar y con el control de la televisión pública y anunciaban que el ejército estaba al mando del país.

El sábado ya era evidente que el intento de golpe de Estado había fracasado. Las imágenes que definen lo sucedido a lo largo de la noche muestran cómo los golpistas se rinden ante las masivas fuerzas gubernamentales. Se bajaban de los tanques y de los camiones con las manos en alto. Por alguna extraña razón, algunos solo llevaban ropa interior.

Después de que el gobierno afirmase que la cifra de detenidos se eleva a 6.000 presuntos conspiradores, queda por dilucidar cómo los golpistas pudieron llegar tan lejos, quiénes son los líderes del intento y por qué decidieron hacerlo aquella precisa noche.

El gobierno, liderado por Recep Tayyip Erdogan, afirma que detrás de la intentona de golpe se encuentra Hizmet, el grupo islámico rival liderado por Fethullah Gülen. Por su parte, el clérigo niega esta acusación. En el pasado, el grupo era un aliado del partido en el gobierno pero en la actualidad Turquía lo considera un grupo terrorista. El gobierno afirma que Hizmet tiene miles de simpatizantes a lo largo y ancho del país, y que han estado conspirando para derrocar al gobierno de Erdogan, elegido democráticamente.

"La intentona de golpe de Estado es claramente gulenista", ha señalado una fuente del gobierno, que no ha querido ser identificada: "Muchos de los líderes del golpe de Estado fallido tienen contacto directo con altos mandos del movimiento de Gülen. Muchos de los que han participado en esta sublevación trabajaban en instituciones públicas gracias a la recomendación directa de altos mandos del movimiento de Gülen y han mantenido su lealtad a estas redes".

Según la versión gubernamental, los golpistas estaban organizados y tenían un plan para gestionar el país tras el golpe. Una fuente del gobierno asegura que tenían una lista con los nombres de 9.130 personas que iban a detener. También querían designar a gobernadores militares regionales, destituir a los responsables de las instituciones gubernamentales y ascender a más de un centenar de personas leales al movimiento.

"Nuestra impresión es que el proyecto de junta se había gestado durante bastante tiempo", indica la fuente.

Sin embargo, algunos observadores turcos son más escépticos; precisamente por la escasa organización del intento golpista. "Sinceramente, lo dudo (que Gülen esté detrás de la sublevación), indica Doğu Ergil, un politólogo de la Universidad de Ankara. "Los gulenistas no propiciarían su propia caída con un intento propio de aficionados".

Muchos consideran que el levantamiento militar no estuvo bien planeado. Participaron altos mandos de todo el país, entre ellos, el general Erdal Öztürk, comandante del Tercer Ejército en Estambul, y el general Adem Huduti, que lideraba el Segundo Ejército situado en la otra punta del país. Sin embargo, todo parece indicar que no participaron todas las facciones del ejército ni todos los generales de mayor rango. Si bien parte de la división de tanques participó en esta conspiración, no se puede decir lo mismo de la fuerza aérea. Las fuerzas terrestres tampoco participaron en la sublevación y la fuerza aérea permaneció leal al gobierno de Erdogan.

"Me sorprende que haya tenido lugar esta intentona de golpe de Estado", indica Sinan Ülgen, un analista turco de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional: "Los golpistas no contaban con apoyo suficiente en el Ejército. La sublevación se produjo al margen de la cadena de mando y no contaba con los recursos necesarios para tener éxito".

Básicamente, los golpistas obviaron pasos que se consideran esenciales para que un golpe de Estado tenga éxito. Se hicieron con el control de la televisión pública pero no mostraron ningún interés por controlar a las cadenas privadas hasta que ya fue demasiado tarde, ya que el gobierno pudo difundir su versión de los hechos durante toda la noche.

Detuvieron al Jefe del Estado Mayor de Turquía, el general Hulusi Akar, tomaron el principal puente de Estambul y se hicieron con el control de las dependencias del Ejército en Ankara. Sin embargo, no pudieron detener a sus principales rivales; el presidente Erdogan y el primer ministro, Binali Yıldırım, que movilizaron a sus partidarios y se convirtieron en las caras visibles de la operación contra los golpistas.

"¿Cómo esperaban hacerse con el control del país paralizando un solo puente, haciéndose con el control de las dependencias militares y de unos pocos aviones?", se pregunta Ülgen: "Prácticamente parece un golpe kamikaze, lo hicieron sin tener en cuenta las consecuencias".

Los más propensos a elaborar teorías de la conspiración señalan que el hecho de que Erdogan saliera indemne demuestra que se trata de un montaje del gobierno. Parece más lógico deducir que los golpistas decidieron pasar a la acción antes de tiempo por miedo a que el gobierno iniciara una purga en el Ejército.

Algunos creen que su plan había sido descubierto y que esto los obligó a pasar a la acción. También indican que probablemente estos militares hubieran sido detenidos en agosto ya que esperaban que el gobierno impulsara medidas contra los partidarios del movimiento Hizmet, y que por este motivo decidieron actuar antes de tiempo.

Esta es la versión que maneja el gobierno de Erdogan. "Los golpistas sabían que en cuestión de semanas iban a ser destituidos", indica la fuente gubernamental, "así que se decidieron a pasar a la acción".
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Tomado de Publico. Traducción de Emma Reverter
Ver también: http://mamvas.blogspot.cl/2016/07/el-golpe-nuclear-abortado-en-turquia.htmlUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Un tribunal internacional concluye que el impeachment contra Dilma es un golpe de Estado

Sáb, 23/07/2016 - 18:00
Maurício Thuswohl, Rede Brasil Atual

El proceso de impeachment contra Dilma constituye un golpe al Estado democrático de derecho y debe ser declarado nulo en todos sus efectos. Este fue el tono de la sentencia pronunciada este 20 de julio por los especialistas internacionales en derechos humanos que constituyeron el Tribunal Internacional sobre la Democracia en Brasil, convocado en Río de Janeiro por la Vía Campesina, el Frente Brasil Popular y el Frente de Juristas por la Democracia. Según la sentencia, que será enviada esta semana a los senadores y a los ministros del Supremo Tribunal Federal, “el proceso del impeachment a la presidenta de la República, decidimos que los términos por los que adoptaron esta decisión la Cámara de Diputados y el Senado Federal violan todos los principios del proceso democrático y del orden constitucional brasileño”.

Participaron de este cuerpo jurídico el obispo mexicano Raúl Veras, conocido por su accionar a favor de los derechos humanos cuando era fraile dominicano y que fue propuesto para Premio Nobel de la Paz en 2010; el abogado y político mexicano Jaime Cárdenas; el jurista italiano Giovanni Tognoni, miembro del Tribunal Permanente de los Pueblos; la senadora del Partido Comunista francés Laurence Cohen; la filósofa española María José Dulce, especialista en temas vinculados con la globalización; la abogada estadounidense de ascendencia iraquí Azadeh Shahshahani, especializada en derechos humanos de los inmigrantes musulmanes; el jurista-académico costarricense Walter Montealegre, el profesor colombiano de derecho Carlos Augusto Argoti, de la Universidad de Rosario en Bogotá, y el argentino Alberto Felipe, profesor de la Universidad Nacional de Lanús.

Antes de pronunciar su sentencia los jueces debieron responder a cuatro preguntadas formuladas por el presidente del Tribunal, el jurista Juárez Tavares:
  1. El impeachment a la presidenta de la República en los términos en que ha sido tramitado en el Congreso Nacional ¿viola la Constitución de la República?
  2. El procedimiento del impeachment sin que se haya demostrado la comisión de un delito de responsabilidad por la presidenta de la República, ¿puede considerarse un golpe parlamentario?
  3. Durante el proceso de impeachment, ¿ha sido violado el debido proceso legal, que constituye una cláusula constitucional respaldada por la Convención Americana de los Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica)?
  4. El procedimiento del impeachment caracterizado como golpe parlamentario ¿debe ser declarado nulo con todos sus efectos?
Luego de escuchar todos los testimonios y los argumentos orales de la acusación y de la defensa y examinar todos los documentos, opiniones y declaraciones que constaban en los autos, el jurado internacional respondió sí por unanimidad a las cuatro preguntas propuestas por Tavares. “El fundamento común a todos los pronunciamientos explicitados en el Tribunal reside en la vacuidad del pedido de impeachment, en la inexistencia del delito de irresponsabilidad o de una conducta dolosa que implique un atentado a la Constitución de la República y a las bases del Estado brasileño. Los jurados entendieron que este caso constituye un verdadero golpe al Estado democrático y debe ser declarado nulo a todos sus efectos” dice la sentencia.

Sin delito de responsabilidad Los juristas consideraron también que en lo referente al objeto del proceso autorizado por el STF (Corte Suprema de Justicia) y analizado por el Congreso Nacional, las llamadas “bicicletas fiscales”, está probado que Dilma no cometió ningún delito de irresponsabilidad que justifique el “impeachment. “Como se desprende del artículo 85 de la Constitución, no se debe confundir entre violación del presupuesto y violación de las reglas de su ejecución financiera. Estas últimas se hallan vinculadas a la administración financiera y no a la presupuestaria. Dado que no son normas presupuestarias su violación no puede ser objeto de delito de responsabilidad” expresa la sentencia.

Además, prosiguen los jurados, “los decretos firmados por la presidenta de la República y cuestionados en el pedido de impeachment estaban destinados a la apertura de créditos suplementarios necesarios a la ejecución del presupuesto y se hallaban debidamente autorizados por el artículo 4 de la ley de Presupuesto Anual de 2015”. De modo que los juristas internacionales consideran que no constituyen créditos abiertos sin autorización, “Debe agregarse además que esas aperturas de créditos no aumentaban los gastos de la Unión .Más del 70% de los créditos suplementarios obedecían a una decisión del Tribunal de Cuentas del país lo que en tal caso implica que la presidenta de la República se limitaba a cumplir una obligación legal”.

En cuanto al supuesto incumplimiento de la Unión frente a las deudas con el Banco del Brasil, relativas al financiamiento agrícola, ha quedado demostrado según el jurado que no existían plazos fijados para el pago, lo que elimina el alegato de atraso. ”No se trata de un empréstito o de una apertura de crédito, sino de una subvención para llevar a cabo algunas acciones imprescindibles para la concreción de la política agraria brasileña de acuerdo con los requerimientos populares por los que había sido elegida la Presidenta. El atraso es irrelevante, porque fueron anulados todos los préstamos. Tampoco en este caso las imputaciones realizadas a la presidenta de la República conforman ningún delito de irresponsabilidad” dice la sentencia.

Medios y justicia La sentencia pronunciada por un jurado integrado por nueve especialistas internacionales también trató de caracterizar el golpe llevado a cabo en Brasil: “No deben ser considerados golpes de Estado solo las intentonas militares, aunque esta sea su forma más común. También son considerados golpes de Estado aquellos actos que destituyen a gobernantes legítimamente elegidos cuando se deciden en disconformidad con las normas constitucionales y en violación de tratados y de convenciones internacionales. Esas violaciones pueden ser llevadas a cabo tanto por el Parlamento como por la Suprema Corte. En América Latina son paradigmáticos los golpes de Estado llevados a cabo desde 1859, cuando el gobierno del Perú fue destituido por el Parlamento. Más recientemente algo similar pasó en Honduras en 2009 y en Paraguay en 2012.

En Brasil, dijeron los juristas “El golpe se apoyó no solo en la decisión parlamentaria sino también en la legitimación que esa decisión política obtuvo del Poder Judicial, que no plantea cuestiones de fondo importantes como la existencia o no de un delito de responsabilidad, la violación de principios constitucionales o contradictorios o la amplia y fundamentada defensa de las decisiones”. Tampoco fue omitido en la sentencia el papel de los medios: “El golpe puede verse en la agresiva deconstrucción de la propia persona de la presidenta llevada a cabo por los medios de comunicación de masas que a veces mostraron un disimulado y otras veces notorio prejuicio machista”.

Según los jurados “el golpe en curso en Brasil incorpora también otras motivaciones, como el malestar de las élites ante el ascenso de las clases más pobres de la población a los recursos de la sociedad de consumo y también frente a la ampliación de los gastos en programas sociales y de integración necesarios al cumplimiento de los fines expresados en la Constitución brasileña en su artículo 3, como la reducción de la pobreza y la marginalización y la reducción de las desigualdades sociales y regionales”.
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Tomado de Rebelión. Traducido del portugués por Susana Merino Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Policía alemana señala que tiroteo de Múnich fue un simple "acto de locura"

Sáb, 23/07/2016 - 11:15
La Policía alemana ha descartado que el tiroteo de este viernes en Múnich guarde relación con el grupo terrorista Estado Islámico o con la reciente ola migratoria. Las autoridades barajan como principal hipótesis a un acto de locura, algo que cada vez parece más usual en un mundo convulsionado y consternado que sufre múltiples crisis. Esta vez el autor del ataque, de 18 años, parece haberse inspirado en la matanza protagonizada por el noruego Anders Behring Breivik, que hace cinco años asesinó a 77 personas en Oslo y en la isla de Utoya. El joven asesino, que "nació y creció en Múnich" a pesar de su origen iraní y cuya identidad no ha trascendido, se habría quitado la vida disparándose en la cabeza, aunque aún tenía munición para realizar 300 disparos más.

Las autoridades alemanas han confirmado el número de fallecidos causado por un único atacante, negando así las informaciones sobre la participación de tres tiradores. El tiroteo dejó nueve muertos y 27 heridos, de los cuales diez están graves. La Fiscalía asumió que el ataque, ocurrido en un centro comercial, "fue un acto de locura". Su autor, según las primeras investigaciones, habría padecido algún tipo de transtorno depresivo y estaba obsesionado con la violencia. "No hemos encontrado nada que haga pensar que el atacante tuviera algo que ver con el terrorismo islamista o, en concreto, con el Estado Islámico", declaró en rueda de prensa el responsable de la Policía de Múnich, Hubertus Andrä, que añadió: “Ni el ataque ni el atacante tienen relación alguna con el tema de los refugiados”. "En cambio si hemos encontrado material que mostraba interés por casos de matanzas generadas por ataques de locura".

La Policía sospecha que el joven se inspiró en el caso Breivik, del que justo este viernes se cumplían cinco años. "Cuando alguien se interesa de forma tan intensa por ataques masivos y de locura seguro que Breivik también ha desempeñado un papel", ha reconocido Andrä. "Esa relación digamos que es obvia", añadió. Medios locales apuntan asimismo a que el joven tendía a glorificar a Tim Kretschmer, un joven de 17 años que, en 2009, irrumpió armado en su antiguo colegio en la localidad de Winnenden (suroeste de Alemania) donde empezó una matanza que le costó la vida a 15 personas y luego se suicidó.

Los investigadores tienen que analizar el "abundante" material informático incautado, entre ello muchos artículos sobre acciones policiales y otros tiroteos y un libro titulado Amok, por qué matan los estudiantes. La Policía investiga además una cuenta de Facebook a través de la cual el tirador podría haber invitado a algunos conocidos a acercarse a la hamburguesería en la que comenzó el ataque. Los medios locales, citando fuentes cercanas a organismos de seguridad, aseguran también que el joven tenía problemas escolares y que era aficionado a los vídeojuegos violentos.

Las fuerzas de seguridad llegaron a desplegar 2.300 efectivos en el momento álgido de alerta y este sábado por la mañana alrededor de 800 seguían patrullando la capital bávara, que poco a poco comienza a volver a la normalidad. Los servicios de emergencia recibieron durante la noche más de 4.300 llamadas. Las inmediaciones del restaurante y el centro comercial donde se produjeron los hechos continúan clausurados este sábado a la espera de que avancen las investigaciones. Sin embargo, todo apunta a que fue un simple "acto de locura", algo que cada vez se hace más habitual en el caótico mundo actual.

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Cuando los premios Nobel se equivocan

Ven, 22/07/2016 - 09:01
Julio Muñoz Rubio, La Jornada

Una de las concepciones más erradas que existen sobre la ciencia y que ha tenido consecuencias muy nocivas sobre la sociedad es que se trata de un conocimiento completo y tendiente inexorable e ineluctablemente a la verdad; que la ciencia siempre está produciendo y verificando verdades y que el error siempre es corregido a tiempo. Cuando menos esa es la visión que el neófito tiene acerca de la ciencia.

Una segunda concepción errada y nociva es la que la ciencia es una actividad propia de mentalidades especialmente talentosas y brillantes, las cuales están especialmente capacitadas para no admitir la intromisión de subjetividades en la investigación. Así las cosas, sólo los pocos que posean esas cualidades pueden elaborar conocimiento científico, es decir, objetivo.

Ambas ideas son falsas.

La ciencia, por una parte, está plagada de errores. El acierto y la verdad en ciencia sólo se pueden alcanzar en contraste con el error y la equivocación; la duda está siempre presente en la ciencia. Los científicos se han equivocado muchas más veces de las que han acertado a lo largo de la historia y sólo en función de eso han podido llegar a determinar verdades, las cuales muchas veces son desmentidas como tales después de algún tiempo, revelando nuevos errores. Por otra parte, el encumbramiento que se hace de los científicos como poseedores de inteligencias poderosas e inalcanzables para quienes no pueden serlo se ha utilizado como una herramienta de poder, muy frecuentemente defensora de deshonrosas causas como el racismo, la misoginia, la homofobia, el clasismo, la destrucción ambiental o tecnologías de alto poder destructivo, como las militares y, dentro de ellas, la energía nuclear.

Más aún, dentro de la comunidad científica existe una jerarquización según la cual quienes poseen un status más alto, curriculum más voluminoso o premios, están rodeados por un aura de infalibilidad y de brillantez. Su palabra es irrebatible.

Todo esto es de gran relevancia a la luz del documento firmado por cerca de un centenar de premios Nobel que se pronuncian a favor de la producción de alimentos transgénicos.

Se busca impactar en la opinión pública mediante un ardid publicitario en el que gran cantidad de poseedores del máximo galardón intelectual (no siempre científico), al tomar partido por los alimentos transgénicos, parecen dar, con su galardón un mentís definitivo a la oposición a la agrobiotecnología.

Pero el hecho de que sean premios Nobel no implica que de entrada tengan razón. Pensar que la tienen por poseer ese reconocimiento es construir un razonamiento falaz. Un sujeto cualquiera tiene la razón cuando sus proposiciones, enunciados, argumentos, corresponden a la realidad, a la verdad, o al menos cuando trazan un camino hacia ella. Si no ocurre así, no tiene razón, por mucho que sea un científico célebre y hasta galardonado con un premio Nobel.

Si se quiere hacer una evaluación del documento que los mencionados Premios Nobel redactaron en defensa de los alimentos transgénicos, lo que se tiene que hacer es leerlo de arriba abajo y de izquierda a derecha, y sólo al acabar de leerlo y analizarlo, proceder a avalarlo o rechazarlo. El peor error que se puede cometer es comenzar por las firmas y, una vez que se constata que lo firman varios premios Nobel, entonces proceder a leerlo, ya convencidos de que personajes de este nivel no pueden equivocarse.

Ahora bien, sean lo que sean los signatarios del multicitado documento, redactado en contra de diversos puntos de vista de Greenpeace sobre los alimentos transgénicos, lo cierto es que se posicionan a favor de una de las más erradas formas de argumentación científica de los últimos tiempos, atrasada más de cuatro décadas en sus bases científicas (sobre todo de biología molecular) y más de tres siglos en cuanto a su metodología (ateniéndose a los métodos de ciencia de sistemas simples, propia de la física de los siglos XVI al XVIII).

En vez de utilizar su poder como premios Nobel para apoyar los intereses de grandes empresas trasnacionales como Monsanto, Syngenta o Du Pont, con todos sus negros historiales de contaminadoras y destructoras del ambiente y de la salud, estos intelectuales bien podrían dedicarse, como parte de la defensa de principios éticos elementales, a fomentar un discurso crítico y por tanto a la búsqueda de verdades en la ciencia, promoviendo en todo caso los debates intelectuales y ayudar a ampliar las libertades para el género humano y por último, defender a la naturaleza de los insaciables asedios de aquellas empresas y el sistema que las sostiene.

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