Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger5023125
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Holding del Espirito Santo declara la bancarrota

Sáb, 19/07/2014 - 06:50

Después de haber sostenido que la solidez del Banco Espirito Santo (BES) era intachable, esta noche el Espirito Santo International (ESI), el holding principal que agrupa todas las participaciones de la compañía, ha solicitado en Luxemburgo el "régimen de gestión controlada", dado que no puede hacer frente al pago de sus obligaciones que vencen este mes. En otras palabras, el grupo se declara oficialmente en bancarrota. Había que esperar el cierre de los mercados, un día viernes, en pleno verano europeo, para evitar la gran debacle bursátil. La farsa de una banca sólida, con las primas de riesgo más bajas de la historia y pletóricas de confianza, creó la falsa ilusión del fin de la crisis. Sin embargo ésta regresa con fuerza dado el rápido escalamiento que han tenido los problemas del Espirito Santo.
El régimen de "gestión controlada" no es más que una bancarrota ordenada para este holding de 145 años de historia (nació en 1869 con cambio de divisas y juegos de lotería), cuya caída recuerda el desplome de Lehman Brothers, también un banco de siglo y medio de antiguedad que había sobrevivido a la guerra civil de Estados Unidos y las dos guerras mundiales, pero que desapareció apenas reventó la crisis financiera en septiembre de 2008. Los nexos entre el BES y otros bancos europeos, así como con el Nomura japonés, pueden provocar una caída en dominó dando cuenta de la debilidad del sistema financiero, pese a las billonarias inyecciones de liquidez de sus padres adoptivos, los bancos centrales. Una tarea que se ha hecho con cargo a los contribuyentes y disparando la deuda pública.

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El banco de los BRICS: pieza de una nueva arquitectura financiera

Ven, 18/07/2014 - 18:28
Oscar Ugarteche, Alainet

El 15 de julio del 2014 los cinco países del grupo BRICS anunciaron al final de la Sexta Cumbre realizada en Fortaleza, Brasil, la fundación de un banco de infraestructura de gran envergadura y un acuerdo contingente de reservas por 100,000 millones de dólares distribuido en cuentas de los cinco bancos centrales. Con una base de capital autorizado de 100,000 millones de USD dólares, y pagado de 10,000 millones, el Nuevo Banco de Desarrollo se prepara para emitir instrumentos en dólares y captar el dinero que necesita en el mercado internacional de capitales a tasas bajas. El objeto del banco, cuya sede será Shanghai, es financiar obras de gran envergadura primero en los mismos países BRICS, emitir garantías, y comprar acciones de empresas públicas.

Más allá de esto, esta nueva pieza de la arquitectura internacional es una expresión de la frustración por el ninguneo al que han sido sometidos en las IFIs por el G7. Dicen en el párrafo 18 de la declaración final de la Sexta Cumbre de los BRICS: “Permanecemos decepcionados y seriamente preocupados con la no puesta en marcha de las reformas del Fondo Monetario Internacional del 2010 que afectan negativamente la legitimidad del FMI, su credibilidad y eficacia. El proceso de reforma del FMI está basado en compromisos de alto nivel, que ya reforzaron los recursos del Fondo y también deben conducir a la modernización de su estructura de gobernanza para reflejar mejor el peso creciente de los países emergentes y en desarrollo en la economía mundial. El Fondo debe continuar siendo una institución a base de cuotas”. Actualmente el Fondo es un intermediario financiero bilateral, desdiciendo su principio.

La crítica del Banco Mundial es igual: “Este potencial (para eliminar la pobreza) sólo será realizado, sin embargo, si la institución y sus socios se mueven con eficacia hacia estructuras de gobernanza más democráticas, refuerzan la capacidad financiera del Banco y exploran modos innovadores de potenciar y compartir la financiación y conocimiento del desarrollo mientras siguen las orientaciones del cliente y reconocen las necesidades de desarrollo de cada país”. El banco debe de responder a la demanda de sus clientes y no a la inversa, como es actualmente. La creación del Banco de los BRICS, apunta a constituir un mecanismo de apoyo a la estrategia de desarrollo de los BRICS llamada “Towards a Long-Term Strategy for BRICS: Recommendations by the BTTC” del año 2013.

La gobernanza del banco tiene tres niveles. Los miembros fundadores están representados en la Junta de gobernadores por los ministros de finanzas de los cinco países. Se reúnen una o dos veces al año para recibir informes sobre el banco y sus progresos. No tienen ninguna capacidad ejecutiva. Luego viene la junta de directores, que representa a todos los accionistas. Esta junta aprueba los créditos mayores. En ningún caso el accionariado de los BRICS puede ser menor al 55% del total. Luego viene la junta ejecutiva que incluye un presidente y cuatro vicepresidentes y el comité de créditos. Cualquier país miembro del sistema de Naciones Unidas puede ser socio del banco como no sujeto de crédito. No hay evidencia que los stakeholders puedan ser socios aunque se discutió.

Hasta ahora el banco opera bajo ley estadounidense, con el dólar americano como la unidad de cuentas y medio de pago y se sujeta por lo tanto a las cortes de Nueva York. El fallo contra la Argentina del juez Griesa permite ver los problemas que esto trae y los cambios que se requieren adicionales a la creación de estas instituciones. Lo primero que salta a la vista es que el banco sería menos vulnerable si utiliza el modelo de bonos no denominados en dólares establecido por el Banco Mundial. Lo que hace frágiles los bonos denominados en dólares son la volatilidad cambiaria y la aplicación de la jurisprudencia estadounidense de manera extraterritorial, como en el fallo del caso argentino. Ante la falta de derecho financiero internacional y de un tribunal internacional de arbitraje para deuda soberana se usa Nueva York y sus leyes y precedentes.

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BRICS, potente contrapeso a la hegemonía de Washington

Xov, 17/07/2014 - 22:47
Ángel Guerra Cabrera, La Jornada

Varios acontecimientos acaecidos en los últimos días en nuestra región han dado un importante impulso a la nueva configuración geopolítica multipolar, gestada en América Latina y el Caribe desde la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela (1999). Propiciada a escala internacional por la irrupción de la locomotora económica china y la recuperación por Rusia –potencia nuclear de primer orden– de su independencia, unida a una brillante proyección geoeconómica de su riqueza en hidrocarburos y a sus eficaces contragolpes a Estados Unidos a partir de 2008 (derrota de Georgia apoyada por Washington y Tel Aviv). Igualmente, debido a la creciente coordinación de políticas entre ambas con los demás miembros de la Organización de Cooperación de Shanghái, de la Unión Económica Euroasiática y del BRICS.

Sobresale la celebración de la sexta cumbre del BRICS en Fortaleza, Brasil, con la asistencia de sus líderes: Dilma Roussef, presidenta del país anfitrión; Vladimir Putin, de Rusia; Narendra Modi, premier de India, y los presidentes de China y Suráfrica Xi Jinping y Jacob Zuma. Cabe subrayar que estos países mantuvieron a flote la economía mundial después de la crisis de 2008 y que China ha sido palanca del crecimiento económico suramericano.

Con el tema Crecimiento inclusivo: soluciones sustentables, la cumbre estremeció las finanzas internacionales con la creación del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) de los BRICS con un capital autorizado de 100 mil millones de dólares. La institución canalizará sus fondos principalmente a infraestructura de sus miembros sin las exigencias del Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) contra el bienestar y la soberanía de los pueblos. Complementado por el Acuerdo Contingente de Reserva (ACR), por igual cantidad para proteger los sistemas financieros de sus miembros de la volatilidad especulativa. Dilma no descartó la posibilidad de que otros países de fuera del grupo puedan sacar provecho del apoyo económico del NBD y del ACR.

La cumbre acordó la Declaración de Fortaleza, que censura al BM y al FMI y cuestiona explícita o implícitamente los esquemas ideológicos, económicos y políticos instaurados en el mundo a consecuencia del Consenso de Washington y del ciclo de guerras iniciado con las ocupaciones estadunidenses de Afganistán e Irak. Aboga por un mundo de inclusión y paz, donde impere el diálogo, la solución política de los conflictos y el respeto a las soberanías nacionales sobre la base del derecho internacional y –en obvia alusión a Estados Unidos- condena las acciones unilaterales que pueden beneficiar al que las realiza, pero perjudican a la gran mayoría.

Aunque no se refiere directamente a la actual agresión israelí contra Gaza, toma una postura opuesta a la de Tel Aviv, Washington y su comparsa europea en el conflicto palestino-israelí al expresar que debe solucionarse con base en las resoluciones de la ONU, en el respeto a las fronteras existentes en 1967 y considera un impedimento para ello la construcción de nuevos asentamientos judíos en los territorios ocupados por Israel.

Otro hecho de gran relevancia de esta cumbre es la participación en su tercer día de sesiones, esta vez en Brasilia, de los países miembros de Unasur, mucho más cuando Putin se había pronunciado la víspera de su viaje a la región por una América Latina unida, sostenible e independiente, añadiendo antes de iniciarse la cita que los Brics buscarán evitar una cacería de países que discrepan de Estados Unidos.

La gira latinoamericana de Putin merece capítulo aparte por su tónica amistosa y contundentes resultados: condonación de la abultada deuda de Cuba con la ex URSS y concreción de 10 convenios de cooperación junto a fuertes inversiones en petróleo de aguas profundas y en varios sectores estratégicos de la economía cubana; muy importantes acuerdos con Brasil y Argentina, todos también en sectores estratégicos como la energía nuclear, que impulsarán el desarrollo económicos de ambos países. Existe justificada expectación con las inminentes visitas oficiales del líder chino Xi Jinping a Brasil, Argentina, Venezuela y Cuba así como su reunión con el cuarteto de la Celac. Incluyo en este balance la exitosa organización por Brasil de la Copa Mundial de Futbol, en la que además de superarse los ingresos esperados por turismo no se produjo ninguno de los dramáticos escenarios vaticinados por la campaña mediática imperialista en contubernio con la derecha brasileña.

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No puede entenderse el mundo del capital sin entender el mundo del trabajo

Xov, 17/07/2014 - 20:44
Vicenç Navarro, Attac

El libro de Thomas Piketty Capital In the Twenty-First Century ha creado un gran revuelo, pues ha documentado lo que, por cierto, otros economistas (pertenecientes a asociaciones de economistas heterodoxos) habían indicado en sus escritos: la enorme concentración de la propiedad del capital que ha ido ocurriendo en gran parte de los países capitalistas desarrollados. La bien merecida fama del libro es porque detalla cómo ha ido ocurriendo, aun cuando, sorprendentemente, no analiza con detalle las causas políticas de esta enorme concentración, como ha sido el desarrollo de las políticas públicas neoliberales iniciadas por el Presidente Reagan en EEUU y por la Sra. Thatcher en el Reino Unido, y ampliamente implementadas a los dos lados del Atlántico Norte, donde esa concentración del capital ha adquirido niveles sin precedentes.

Es lógico que la mayoría de críticas al libro hayan procedido de medios como elWall Street Journal (que lo ha definido como un panfleto comunista), portavoces del capital financiero. Y en España, los mayores críticos han sido los economistas conocidos por sus sensibilidades liberales y ultraliberales, de los cuales hay una gran densidad en los medios de información y persuasión.

Hay que señalar, sin embargo, que ha habido también críticas desde posturas de izquierdas, que acentúan que Piketty se ha centrado en el mundo del capital sin relacionarlo con la evolución del mundo del trabajo, viendo la acumulación y concentración del capital como un proceso autónomo, sin conectarlo con el deterioro de las condiciones (incluyendo las salariales) del mundo del trabajo. Este deterioro ha sido muy marcado, también desde los años ochenta. Así, Jack Rasmus, en su informe sobre la situación del mercado de trabajo en EEUU publicado a raíz del 1º de mayo (ZCommunications, 01.05.14) señala que el declive salarial durante las recesiones ha sido mayor y que el crecimiento de los mismos salarios fue menor durante el periodo 1980-2009 que durante el periodo anterior 1950-1980, contrastando con el comportamiento de las rentas del capital, que crecieron espectacularmente durante todo el periodo. De ahí que las rentas del trabajo (como porcentaje de la renta nacional) descendieran en EEUU, pasando de ser el 55,6% en 1983 a un 52% en el año 2007, cuando se inició la crisis, cayendo en picado a partir de la recesión, alcanzando solo el 49,1%. Las rentas del capital subieron de manera que al final del periodo bajo estudio ya habían sobrepasado a las rentas del trabajo (lo mismo ha ocurrido, por cierto, en España).

En realidad, la crisis significó un descenso espectacular de las rentas del trabajo. Y, con ello, de la renta familiar promedio, que perdió un 10% de su capacidad adquisitiva. Ha habido una elevada destrucción de los puestos de trabajo bien pagados (14 dólares por hora), siendo sustituidos –los mismos puestos de trabajo- por otros con salarios de casi la mitad, 7,64 dólares.

Y la pregunta que Piketty debería haberse hecho y no se hizo es: ¿existe una relación entre la enorme concentración del capital y de sus rentas en los últimos treinta años -acentuada durante estos años de recesión- y el gran descenso de las rentas del trabajo? Y la evidencia muestra claramente que sí existe. En realidad, el primer fenómeno no se explica sin el segundo. Como indiqué en un artículo anterior (“La explotación social como principal causa del crecimiento de las desigualdades”,Público, 01.05.14), el crecimiento de la productividad explica que se haya continuado creando riqueza. Pero el enorme poder del capital –sobre las instituciones políticas- explica que la mayoría de la riqueza haya ido a los primeros –a los propietarios y gestores del capital- y no a los segundos –a los trabajadores.

Las políticas públicas derivadas de este hecho deberían ir mucho más allá de lo que propone Piketty, el cual se centra en un gravamen muy notable de las rentas del capital a nivel mundial. Esta medida, que muchos han considerado como necesaria pero un tanto utópica, debería ir acompañada de medidas encaminadas a incrementar las rentas del trabajo, con un aumento considerable de los salarios y del gasto público social orientado a las clases populares, medidas olvidadas, cuando no reprimidas, en los centros de decisión gubernamental, tanto en España como en la Unión Europea.

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La falsa abundancia petrolera de Estados Unidos

Xov, 17/07/2014 - 06:06
Casi toda la población de EE.UU. cree que su país tiene petróleo en abundancia, pero no lo cree por factores objetivos, sino por una campaña de relaciones públicas muy exitosa en la esfera de la industria petrolera. Al mismo tiempo hay una serie de hechos que son difíciles de ignorar y que apenas pueden demostrar la abundancia de petróleo tanto en este país, como en el resto del mundo, subraya el portal Oil Price.

Existen al menos dos factores que destruyen el mito "tenemos mucho petróleo"

1. El crecimiento de la producción mundial de petróleo (petróleo y condensado) en el período entre 1997 y 2005 fue el 10,1%, según la Administración de Información de Energía de EE.UU. (EIA, por sus siglas en inglés). Durante los próximos ocho años (es decir, a partir de finales de 2005 hasta 2013) la tasa de crecimiento fue solo el 3%. Además, se produjo una fuerte desaceleración en el crecimiento de la producción a pesar de la introducción activa de nuevas tecnologías, tales como el fracturamiento hidráulico, mientras se registraba el crecimiento de los costos de exploración y desarrollo.

2. El 10 de diciembre de 1998 el precio del barril de Brent bajó a mínimos: 9,1 dólares por barril, y al final de la semana pasada se situó en 107,51 dólares. Es decir, durante 15 años los precios aumentaron en un 1,081%. Al mismo tiempo este nivel de precios es bastante estable.

A la hora de informar sobre el petróleo, los medios occidentales prefieren ignorar todos los eventos del mundo y se centran en la situación en EE.UU. asegurando que en los últimos años la producción de crudo está aumentando. Así, a esta máquina propagandista le gusta usar palabras como abundancia y reservas ricas. Sin embargo, esto no cambia el hecho de que el precio promedio de la gasolina en EE.UU. aumentó de 95 centavos por galón en febrero de 1999, hasta 3,75 dólares este 7 de julio.

Por otra parte, se usan ampliamente diferentes nociones que, de hecho, confunden a la gente. Por ejemplo, la palabra 'recursos'. En el sentido tradicional, incluso en la industria del petróleo, la evaluación de recursos es una estimación preliminar basada en datos fragmentarios que, por cierto, son casi inútiles para determinar el volumen real de la posible producción.

Para algunos expertos el término 'retorno sobre el capital invertido' es otro rodeo. Este indicador es utilizado por los inversores para reflejar el éxito de las compañías petroleras. Reduciendo el costo de exploración y producción, ellos esperan incrementar el 'retorno de la inversión'. Eso suena mucho más atractivo, dicen, que simplemente admitir que el extracto de petróleo en muchos lugares se ha hecho demasiado caro.

"En realidad, EE.UU. está lejos de ser capaz de convertirse en un verdadero exportador neto de petróleo. También se pueden recordar las previsiones según las cuales la producción de petróleo llegará a su máximo en 2020 y luego disminuirá", concluye el artículo.

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Los BRICS y la fábrica de mitos

Mér, 16/07/2014 - 17:14
Alejandro Nadal, La Jornada

En el primer año de este siglo se inventó el acrónimo BRIC. La abreviatura se componía de las iniciales de cuatro países cuyas economías eran consideradas potencias emergentes: Brasil, Rusia, India y China.

En 2003 Goldman Sachs pronosticaba que en cuarenta años los países del BRIC tendrían un papel preponderante en las finanzas, comercio, industria, ciencia y tecnología a escala mundial. Su producto interno bruto rebasaría al del G6 para esos años (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Inglaterra e Italia). De acuerdo con esas proyecciones, cada integrante del BRIC dejaría atrás a las economías del G-6, salvo la de Estados Unidos (que sólo sería superada por China).

Entre 2003 y 2008 el pronóstico parecía ir por buen camino. Las cuatro economías mantuvieron altas tasas de crecimiento y sus signos vitales en materia de estabilidad y cuentas externas parecían saludables. En abril de 2010 Brasil fue el anfitrión de una reunión de los cuatro países y, en esa ocasión, Sudáfrica fue invitada a unirse al grupo. El acrónimo devino BRICS.

La serie de crisis financieras de los años noventa y las asimetrías crecientes en la economía mundial mostraron sin ambigüedades las funestas consecuencias de aplicar las recetas del consenso de Washington. El surgimiento de los BRICS generó expectativas sobre posibles reformas en el sistema monetario internacional y cambios de orientación en las políticas del Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial de Comercio. Al estallar la crisis global en 2008 se reavivó la esperanza en algunos círculos sobre el potencial de los BRICS para alterar el rumbo de la globalización neoliberal.

Hoy se lleva a cabo en Brasil la sexta cumbre de los líderes de los países integrantes del BRICS. Pero las economías del grupo no están en muy buena salud y distan mucho de haberse desmarcado de la globalización neoliberal.

En cada una de estas economías los problemas son diferentes. Pero en todas ellas la tasa de crecimiento ha disminuido: este año el crecimiento en Brasil y Rusia apenas será de 3 por ciento; en la India será de 4 por ciento y en Sudáfrica el resultado será un mediocre 2 por ciento. China, la estrella del grupo, podría alcanzar una tasa de 7 por ciento. Y las cuentas externas del grupo se han deteriorado. Brasil, India y Sudáfrica mantienen fuertes déficit de cuenta corriente y eso requiere financiamiento externo. Cada vez más el financiamiento se hace con créditos de corto plazo y con mayor endeudamiento en divisas extranjeras que en moneda local. Además, todos los BRICS tienen abultados déficit fiscales (Brasil 2.4, Sudáfrica 3.7 y la India 8.2). Todo eso agrava su vulnerabilidad en un contexto en el que las condiciones de financiamiento externo son desfavorables.

La crisis en la Unión Europea y en Estados Unidos terminó por frenar al BRICS. Es normal porque la fase ascendente del ciclo expansivo en el mercado mundial de productos básicos no podía durar eternamente y menos en un entorno recesivo. Quizás lo más importante es que a raíz de la crisis esos países han descansado más en el endeudamiento interno para tratar de mantener sus ritmos de crecimiento. Por otra parte, en tres miembros del BRICS las obras faraónicas derivadas de competencias deportivas mundiales han sido a la vez una fuente de dispendio y un motor (coyuntural) de crecimiento: las Olimpiadas de invierno en Sochi (51 mil millones de dólares), las Olimpiadas de Beijing (40 mmdd) y la Copa Mundial de Futbol en Brasil (19 mmdd). La cruda financiera después de esos eventos no es precisamente una fuente de dinamismo económico.

Las noticias sobre un nuevo banco del BRICS y la posible creación de un esquema de intercambios comerciales en monedas de estos países deben verse con escepticismo. Este bloque es más un club de países con intereses políticos y comerciales comunes que con una agenda de cambio en la economía internacional. A China le conviene la estabilidad en Sudáfrica porque ahí están algunas fuentes de materias primas de importancia estratégica. A Rusia le interesa el apoyo del grupo para contrarrestar sanciones de Estados Unidos por la crisis en Ucrania. A Brasil le inquieta una reducción en la tasa de crecimiento de China porque en mucho depende de ese mercado para productos primarios. Y a todos los líderes del BRICS les preocupa su desprestigio y la falta de credibilidad política en lo interno.

El modelo neoliberal basado en la necesidad de mantener salarios competitivos sigue siendo la espina dorsal de las directrices de política económica en los BRICS. Desde las brutales condiciones de explotación en las minas en Sudáfrica, hasta la rapacería de las mafias en Rusia, pasando por los abusos sobre los pueblos originarios en India y la expoliación de los campesinos sin tierra en Brasil, el neoliberalismo se mantiene en los BRICS. Los resultados de la cumbre del grupo en Brasil no deben engañar. La globalización neoliberal no será desafiada por un grupo de líderes de países en los que el neoliberalismo se mantiene triunfante.

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El gran efecto de la obra de Piketty

Mar, 15/07/2014 - 22:01

Carlos Berzosa, Sistema Digital

En septiembre de 2013 se publicaba en francés el magno libro de Thomas Piketty Le capital au XXIe siècle en Seuil, que fue bien acogido pero que apenas tuvo repercusión internacional. Ha sido la publicación en inglés y, sobre todo en Estados Unidos, lo que ha generado una gran controversia en torno a esta obra. Los elogios de Krugman, que lo considera como la mejor obra de economía del año si no de la década, han contribuido a ello. Se está ante el fenómeno Piketty e incluso se ha llegado a decir que es el economista de moda. Se han escrito sobre esta obra y su autor numerosos comentarios, reseñas, y artículos, algunos bastante frívolos, al tiempo que en los últimos meses se le cita y menciona con frecuencia por muchos analistas, que no son solamente economistas.

No cabe duda de que ha agitado las aguas tranquilas por las que camina la economía convencional, que no se inmuta a pesar de la crisis y los cambios que acontecen en el mundo, debido a que desvela una realidad bastante escandalosa en lo que concierne a la desigualdad en los países desarrollados, aunque también analiza las desigualdades internacionales en varias partes de la obra, en donde conviene destacar el capítulo “El crecimiento: ilusiones y realidades”.

El estudio de la desigualdad se pone de esta manera en el centro del análisis económico. Un lugar que no tenía que haber abandonado nunca pero que, sin embargo, no ha sido así para la corriente principal de la economía. No hay más que echar un vistazo a los manuales de economía que se imparten en las facultades: o no se menciona la desigualdad o cuándo sí se hace se le dedican pocas páginas y escasamente rigurosas. Esto no quiere decir que no hubiese estudiosos que no abordaran esta temática. De hecho, Piketty viene trabajando sobre la desigualdad desde hace tiempo y lo ha hecho en muchas ocasiones con otros economistas, principalmente con Emmanuel Saez, economista francés y profesor en la universidad de California en Berkeley. Las conclusiones a las que llega resultan incómodas para la derecha y los análisis convencionales de la economía. La reacción de la derecha en Estados Unidos no se ha hecho esperar y está tratando por todos los medios de desprestigiar la obra, pero no con solvencia cuestionando el análisis, sino con descalificaciones a la ideología del autor, cercano al partido socialista francés, o al título del libro considerándolo como el Marx del siglo XXI. Esto último no deja de ser llamativo, pues, aunque menciona a Marx en la introducción, Piketty ha reconocido que no lo ha leído. El Financial Times, en una crítica más seria,ha tratado de cuestionar los datos que suponen la base del estudio, a lo que Piketty ha contestado.

También desde la izquierda se ha contestado a esta obra. En el digital Sin Permiso se han publicado varios artículos con comentarios sobre el libro de Piketty, como el de James K. Galbraith, David Harvey y Charles-André Udry. Galbraith lo hace desde una posición poskeynesiana, mientas que Harvey y Udry la llevan a cabo desde una visión marxista.

Galbraith resucita la polémica sobre el concepto de capital y rescata la aportación de Marx y la de los poskeynesianos que se enfrentaron a la de los neoclásicos. De forma que una crítica que le hace es que el libro de Piketty ni versa sobre el capital en el sentido de Marx ni versa sobre el capital físico, que sirve de factor de producción en el modelo neoclásico de crecimiento económico. Estima, por otra parte, que los registros fiscales que utiliza Piketty no son la única fuente disponible de buenos datos sobre las desigualdades. Así, en una investigación desarrollada por él durante más de veinte años utilizó los registros salariales y de remuneraciones para medir la evolución a largo plazo de las desigualdades. En un trabajo realizado conjuntamente con Thomas Ferguson rastrearon estas medidas en Estados Unidos hasta 1920, y descubrieron la misma pauta, aproximadamente, que Piketty ha encontrado ahora. Concluye diciendo que: “El capital en el siglo XXI es un libro de peso, rebosante de buena información sobre flujos de ingresos, transferencia de riqueza y distribución de los recursos financieros en algunos de los países más ricos del mundo. Piketty arguye convincentemente, desde el comienzo, que la buena teoría económica tiene que empezar con -al menos incluir- un examen meticuloso de los hechos. Pero no consigue proporcionar una guía demasiado sólida para orientar la política. Y a pesar de sus grandes ambiciones, su libro no es la obra lograda de alta teoría que sugieren su título, su volumen y su recepción (hasta ahora)”.

Harvey considera que si bien hay muchas cosas que son valiosas en el conjunto de datos de Piketty, su explicación de por qué surgen las desigualdades y las tendencias oligárquicas tiene errores. Sus propuestas respecto a los remedios a las desigualdades son ingenuas, si no utópicas. Y no ha producido desde luego un modelo de funcionamiento para el capital del siglo XXI. Para eso todavía nos hace falta Marx o un equivalente suyo contemporáneo. En la misma línea lo hace Udry, quien valora la masa de datos útiles, pero plantea que Piketty sustituye la explicación social y política por la explicación tecnológica, de manera que en su argumentación de la evolución de la división entre beneficios y salarios, Piketty favorece la explicación de la sustitución del trabajo por capital. Sin embargo, considera este autor que la cuestión central en los Estados Unidos y Europa desde la década de 1980, es que el desempleo pesa sobre el equilibrio de poder entre capital y trabajo, lo que lleva a reducir los salarios.

La Gaceta del Fondo de Cultura Económica dedica su número de julio al libro de Piketty, sin duda como un anticipo a la edición en castellano que prepara esta editorial para publicar en Octubre. Además de reproducir algún capítulo de este libro hay artículos de Krugman, Rodrik, Solow, y autores latinoamericanos, como Hoyos, Esquivel, Guardia, Natanson y el alemán de ascendencia francesa Minkar. El número resulta interesantísimo con comentarios muy sabrosos, pero con menos crítica que los anteriores. Un autor tan cualificado y reconocido como Solow titula su aportación ni más ni menos de esta forma: “Piketty está en lo correcto”.

En suma, estamos ante un libro indispensable, que tiene importantes aportaciones de datos e información que hasta sus críticos por la izquierda reconocen. La controversia enriquece el conocimiento y esto lo ha conseguido Piketty. Tal vez no sea un gran libro de teoría pero sí que ha logrado que economistas relevantes se preocupen y ocupen de la escandalosa desigualdad de nuestros días. Anteriormente ha habido contribuciones importantes, pero ninguna de ellas ha llegado a alcanzar esta repercusión. Se puede estar en desacuerdo en las explicaciones de por qué se ha llegado hasta aquí y en las respuestas políticas que hay que hacer, así como en los diferentes datos que se usan para medir la desigualdad, pero es indudable que este libro supone un gran giro en los estudios de la economía y es una contribución significativa y relevante.

Ver también Thomas Piketty y la teoría general del capitalismo salvaje
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La oportunidad del nuevo Banco de los BRICS

Mar, 15/07/2014 - 20:18
Simon Ticehurst

En la reunión que ha comenzado hoy en Fortaleza, Brasil, se espera que los líderes de los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) anuncien los detalles del tan esperado nuevo “Banco de Desarrollo de los BRICS”.

La idea de un Banco de los BRICS surgió en 2012 en la cuarta cumbre en Nueva Delhi, y se concibió como una institución financiera que ejerza contrapeso a donantes tradicionales como Estados Unidos y la Unión Europea y a los donantes multilaterales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. El año pasado en la cumbre de Sudáfrica no se revelaron grandes detalles del Banco BRICS, pero se anunció que el enfoque acordado era “movilizar recursos para proyectos de infraestructura y desarrollo sustentable en los BRICS y otras economías emergentes y países en desarrollo”, de una manera que “complemente los esfuerzos existentes de instituciones financieras multilaterales y regionales para el crecimiento y el desarrollo global”.

Este tema es clave. Los países BRICS representan algunos de los mayores desafíos y logros en reducción de la desigualdad y de la pobreza y, por tanto, tienen una responsabilidad especial de ayudar al mundo a alcanzar las metas de desarrollo sostenible. A pesar de los avances significativos de India, China y Brasil, los países BRICS todavía albergan a casi la mitad de los más pobres del mundo (1.700 millones de personas) y han experimentado un alza en la desigualdad en los últimos años, a excepción de Brasil.

La creación de un Banco de los BRICS ofrece una oportunidad concreta para que los gobiernos de esos países se aseguren de que el financiamiento para el desarrollo realmente responda a las necesidades de los más pobres y marginados con una visión sensible hacia los retos medioambientales y el fortalecimiento del potencial humano. Además de recursos extras para el financiamiento social, el nuevo banco podría sentar las bases para una concepción del desarrollo global más equitativo y sustentable.

Sin embargo, los detalles de lo que se planea para el Banco son escasos, y poco es de dominio público. Esto tiene que cambiar. Es tiempo de que la discusión vaya más allá de los tecnicismos actuales sobre la contribución de capital y el papel de los BRICS en la gobernanza del Banco, y en cambio proporcione una visión sólida para su mandato, los principios, prioridades y objetivos sobre los cuales se deben basar sus actividades y operaciones. Los países BRICS tienen una gran oportunidad de trascender la agenda de desarrollo tradicional orientada al crecimiento económico basado en infraestructura, para ir hacía soluciones más inclusivas y sustentables que acaben con la pobreza extrema. Por lo tanto, el Banco de los BRICS debe ser un instrumento para promover políticas a favor de los pobres, la infraestructura rural y la creación de trabajos justos, así como para reducir la brecha entre ricos y pobres y entre hombres y mujeres, tanto en los países BRICS y como en otros países socios donde se implementarán los proyectos.

¿Qué se necesita para que esto suceda? Primero, es esencial que el Banco de los BRICS se construya y opere de tal manera que ponga la lucha contra la pobreza y la desigualdad en el corazón de su misión. Segundo, el Banco debe establecerse de tal forma que sea transparente y rinda cuentas tanto a los ciudadanos de los BRICS –cuyo dinero formará el capital del Banco–, como a los de los otros países prestatarios. Finalmente, el Banco tiene que instituir salvaguardas que protejan y promuevan los intereses de todos los afectados por los proyectos que financie.

Brasil, al asumir la presidencia del bloque para el próximo año, tiene una oportunidad y responsabilidad sin precedentes para influir en la conformación del Banco de los BRICS, y asegurarse de que éste ponga en primer lugar los intereses de los pobres. Son varios los países en América Latina que en su calidad de “economías emergentes” podrían beneficiarse de nuevos recursos para el desarrollo sostenible que proporcionaría este banco.

Esta promesa de un nuevo balance de poderes en el financiamiento multilateral mundial que ofrece el Banco BRICS, es una oportunidad que debe ser aprovechada, en aras de las personas que viven en la pobreza y del crecimiento inclusivo y sustentable de nuestro planeta.

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Noam Chomsky: "EE.UU. es el líder mundial en cometer los mayores crímenes"

Mar, 15/07/2014 - 09:00
Estados Unidos es el líder mundial en hacer guerras de agresión, el mayor crimen internacional según los Juicios de Núremberg, y ha utilizado su "martillo" en América Latina y Oriente Próximo, dice el politólogo Noam Chomsky.

Los Juicios de Núremberg que siguieron a la Segunda Guerra Mundial sentenciaron que "iniciar una guerra de agresión (...) no es solo un crimen internacional, es el mayor crimen internacional, diferenciándose de los otros crímenes en que contiene en sí mismo la perversidad acumulada de los otros". Pero hoy en día "la agresión ya no es el mayor crimen internacional", "no se puede comparar con la destrucción de las vidas de las generaciones futuras para garantizar mayores bonos mañana", escribe Chomsky.

Recuerda que la invasión británico-estadounidense de Irak fue un ejemplo clásico de agresión. "Los agresores destruyeron "la identidad nacional iraquí y la reemplazaron con identidades sectarias y étnicas" cuando EE.UU. instaló un Consejo de Administración sobre la base de la identidad sectaria, "una novedad para Irak", recuerda el experto, citado por el portal AlterNet.

El politólogo subraya que ahora los chiíes y los suníes en Irak son los peores enemigos "gracias al martillo manejado por Donald Rumsfeld y Dick Cheney [respectivamente secretario de Defensa de EE.UU. y vicepresidente durante el gobierno de George W. Bush] y otros como ellos que no entienden nada más allá de la violencia y el terror y que han ayudado a crear conflictos que ahora están destrozando la región".

"El martillo fue luego recogido por el presidente Obama para destruir Libia. El resultado es que Libia está ahora desgarrada por la guerra entre milicias, mientras que el terror yihadista se ha desatado en gran parte de África, junto con una avalancha de armas que llega también a Siria", afirma Chomsky.

El académico recuerda que las consecuencias del "terrorismo de Estado de EE.UU." se sienten en todo el mundo, pero "más cerca de casa es más difícil hacerles caso omiso". El politólogo menciona la avalancha de menores que huyen a EE.UU. desde América Central: "'The Washington Post' informa de que fluyen 'en su mayoría de Guatemala, El Salvador y Honduras', pero no de Nicaragua. ¿Por qué? ¿Podría ser porque cuando el martillo de Washington azotaba la región en la década de 1980, Nicaragua fue el único país que tenía un Ejército para defender a la población contra los terroristas dirigidos por Estados Unidos, mientras que en los otros tres países los terroristas que devastaban estos países eran grupos equipados y entrenados por Washington?".
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Alemania gana el Mundial, pero impulsa a la baja la producción industrial europea

Lun, 14/07/2014 - 21:00

La producción industrial de la zona euro se deslizó en mayo -1,1 por ciento, lastrada por la fuerte caída de la producción industrial de Alemania que fue de -1,4 por ciento de acuerdo a los datos publicados por Eurostat este lunes. La caída de Alemania confirma que la "recuperación económica" de la que se hablaba hace algunos meses ha llegado a su fin y que Europa, al igual que Estados Unidos, se acerca a un estancamiento de largo plazo.

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Caída del comercio mundial acelera la "des-dolarización" del planeta

Lun, 14/07/2014 - 20:00

La desaceleración del comercio mundial continúa a sus anchas a medida que la caída de la demanda configura la tendencia global del declive del comercio. Se han minimizado los efectos de la caída de la demanda, así como se han minimizado los efectos del alto desempleo. Muchos han pretendido hacer creer que "todo continuará igual o mejor" con el alto desempleo. Pero el impacto que el desempleo tiene en la demanda resulta desastroso para el conjunto de la economía mundial. En este aspecto, la caída de la demanda mundial de bienes no solo afecta la producción industrial (que sigue en descenso) sino también la demanda mundial de comercio marítimo y la demanda de las divisas con que este comercio mundial funciona.

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Cuatro tendencias que alterarán los mercados

Lun, 14/07/2014 - 19:23
Matthew Lynn, El Economista

Una variación de 30 o 40 puntos en el Dow, medio céntimo de subida del dólar contra el euro y vuelta a bajar, un par dólares en el precio del oro (perdidos rápidamente al día siguiente)... Desde todos los puntos de vista, los mercados se han vuelto menos volátiles este año que en ningún otro momento de la última década. Y sin embargo, es muy extraño. Durante la última década, la tendencia a largo plazo ha sido que los mercados se vuelvan más volátiles, no menos. En realidad, se trata de un respiro y no del fin de las tormentas. Hay cuatro grandes tendencias que harán saltar a los mercados más que una ardilla que acabe de beberse una Coca-Cola. ¿Por ejemplo? La tecnología, una crisis de los bonos en la Eurozona, el auge de los mercados fronterizos o el hundimiento de los beneficios corporativos. La pregunta es cuándo ocurrirá.

El S&P 500 no ha conseguido moverse más de un 1% en un día desde mediados de abril. El VIX, conocido como el índice del miedo porque mide la volatilidad futura prevista, está en sus mínimos históricos. Y no son sólo los títulos sino también las divisas. El índice global de volatilidad de divisas de JP Morgan Chase se hundió hace una semana en su nivel más bajo desde 1992. El índice de volatilidad BOE de los Tesoros estadounidenses cayó bruscamente el año pasado. Hasta los bonos griegos, que solían oscilar en puntos porcentuales de dos dígitos todo el tiempo, se comercian con mucha discreción por el momento.

La ilusión se ha desvanecido en cualquier mercado en que nos fijemos. Es cierto que los mercados tipo montaña rusa de los últimos treinta años, con sus bruscas oscilaciones entre la euforia alcista y bajista, no son necesariamente la norma histórica. Hace varios años, JP Morgan analizó las crisis y fijó una caída del 15% en el valor del índice S&P 500 a lo largo de un periodo de 15 días como su definición de crisis. En el periodo post 1946, sucedió una vez en 1962 y otra en 1987, pero después hubo que esperar hasta 2002. Alguien podía dedicar toda su carrera a las finanzas y sólo ver esa clase de volatilidad una vez en la vida.

De hecho, los mercados no siempre oscilan como un yoyó. Durante muchos años, pueden subir con firmeza y éste podría ser uno de esos periodos. Se dan muchas explicaciones de por qué es así. Algunos piensan que es un efecto secundario de la impresión de dinero por los bancos centrales; otros lo atribuyen al hecho de que hay menos empresas cotizadas que antes pero la pregunta más interesante es cuál podría ser el desencadenante para que los mercados volvieran a la montaña rusa.

Las cuatro grandes tendenciasComo he dicho, hay cuatro posibilidades. Una, la tecnología. Las operaciones informatizadas de alta frecuencia se llevan la culpa de gran parte de la volatilidad de la última década, incluidas las crisis relámpago. Una normativa más estricta y ordenadores más inteligentes podrían haberlo evitado pero sigue habiendo mucha innovación tecnológica en las finanzas, desde los préstamos entre iguales hasta la financiación en masa u operaciones basadas en las redes sociales. ¿Significa que los mercados son más seguros o peligrosos? Nadie lo sabe pero la última tanda de innovaciones ha creado mucha más volatilidad y sería precipitado asumir que ésta no lo haga también.

Dos, los bonos de la Eurozona. No hay que ser un genio de las finanzas para entender que algo muy raro está pasando en el mercado de bonos de la Eurozona periférica. Los rendimientos italianos han caído al 2,7%, a un pelo de los índices de EEUU. Los rendimientos españoles se sitúan en un 2,68% y los franceses en apenas un 1,6%, muy por debajo de lo que EEUU paga para pedir dinero prestado. Pero un momento... Todos esos países tienen un crecimiento de casi cero, unos índices espeluznantes de desempleo, deuda pública fuera de control y una moneda que les da pocas esperanzas de poder inflarse para salir de los problemas. Una hipoteca basura de Florida a nombre de un perro es una apuesta más segura. Como norma general, cuando los mercados sobrevaloran en exceso un activo, se avecinan grandes problemas. ¿Por qué ahora va a ser distinto?

Tres, los mercados fronterizos. Dado que casi todos los mercados emergentes tradicionales son en realidad países de renta media, con prácticamente los mismos problemas que sus colegas desarrollados, la acción real ha pasado a los mercados fronterizos de Oriente Medio, África y Asia central. No hay duda de los altos rendimientos potenciales aunque también conllevan riesgo. Si la volatilidad desciende, que nadie se lo diga a los agentes de Dubai, por ejemplo. Ha pasado de ser un mercado fronterizo a emergente este año, aunque eso no ha evitado una caída del 22% en junio. Si el mercado bajista se define como una corrección del 20%, Dubai ha visto ocho en los seis últimos años, cada una seguida de una euforia alcista de igual virulencia. A medida que los mercados fronterizos y emergentes cobren importancia, y seguro que lo harán, la volatilidad volverá.

Cuarto, una crisis de las ganancias corporativas. Los mercados no son más que un reclamo de ganancias corporativas. En la última década, la proporción del PIB en los rendimientos ha alcanzado máximos históricos. Supera el 10% del PIB en EEUU, frente a menos del 5% durante casi todos los ochenta. Cuando algo llega a su máximo histórico, sólo puede ir en una dirección: hacia abajo. Pero si los rendimientos caen, el mercado bursátil se irá con ellos y también los bonos corporativos. Sucederá muy deprisa. En realidad, la tranquilidad no es el estado natural de los mercados. Las bruscas oscilaciones regresarán pronto y el desencadenante más probable será una de esas cuatro tendencias.

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Una ojeada al uno por ciento

Dom, 13/07/2014 - 17:36
Raúl Zibechi, La Jornada

La crisis actual está profundizando la polarización social y económica entre un pequeño puñado de multimillonarios y buena parte de la humanidad que se hunde cada vez más en la pobreza y la desesperación. Los ricos son cada vez más ricos, algo que sabemos por decenas de trabajos que se han venido difundiendo en los últimos años. Sin embargo, los ricos de la acumulación financiera son diferentes a los de otras etapas del capitalismo, cuando la hegemonía correspondía al capital productivo.

Son perros de presa, grandes predadores como los definió Fernand Braudel. En este periodo de declive del imperialismo estadunidense y de caos geopolítico, han adquirido un perfil adicional: son guerreros, del tipo de los mercenarios despiadados de las peores guerras civiles; no acatan reglas ni tienen el menor respeto por los seres humanos. El economista Michael Hudson, quien los conoció de cerca, destaca que profesan valores feudales y pretenden retroceder a la servidumbre por deudas de la población trabajadora.

La tesis de maestría de Marco Bulhões Cecilio, que integra el equipo del economista brasileño José Luis Fiori ( Poder global y geopolítica del capitalismo, en el marco de la Universidad Federal de Río de Janeiro), señala que en el sistema financiero actual, los mayores ganadores son la élite de la clase dirigente y no los accionistas. Como hemos señalado en otras ocasiones, la burguesía se ha bifurcado entre los propietarios y los gestores del capital, que son los que toman las decisiones y están situados en los escalones donde fluye el dinero.

La tesis de Cecilio recupera el trabajo de Braudel en el periodo de acumulación acelerada de riquezas, y somete algunas de sus tesis a severo escrutinio, entre ellas la que postula que la economía de mercado y el capitalismo son opuestos (http://www.poderglobal.net/category/ 3_teses-e-dissertacoes/).

Entre la clase de los gestores que se hacen con ganancias descomunales, pone de ejemplo algunos presidentes (CEO) de grandes empresas, que ganaron en plena crisis remuneraciones hasta de 162 millones de dólares, como Stanley O’Neal, de Merril Lynch. Es un caso excepcional, en un medio donde muchos ejecutivos ganan más de un millón de dólares anuales. En 2007, la empresa pagó bonos a sus ejecutivos por 4 mil millones de dólares y en 2008 las empresas de Wall Street pagaron 18 mil millones de dólares a sus ejecutivos, cuando el sistema financiero fue salvado por el gobierno.

Siguiendo con las remuneraciones, en 2014 la consultora Robert Walters estudió los salarios medios fijos de los ejecutivos en 27 países, en particular aquellos que tienen más de 12 años de experiencia. Sin incluir los bonos, después de la crisis de 2008 un director financiero (CFO) percibe 360 mil dólares anuales en Shanghai, apenas por encima de sus colegas en Nueva York y Londres. En São Paulo el mismo cargo recibe 250 mil dólares anuales. Los gerentes de contabilidad, situados en la parte baja del escalafón, obtienen en torno a los 100 mil dólares ( Valor, 12/2/14).

Pero hay una segunda cuestión tan importante como los ingresos. El perfil de este grupo indica que 80 por ciento son varones blancos, egresados de universidades de élite, preparados para una competencia feroz, que no tienen la menor fidelidad a nada que no sea ellos mismos. Una encuesta de la consultora brasileña Talenses, entre 620 ejecutivos de alto nivel de São Paulo, reveló que para los directores y gerentes el factor decisivo a la hora de decidir un lugar de trabajo es sentirse desafiados, y sólo en segundo lugar aparecen las remuneraciones y bonos (Asociación Brasileña de Recursos Humanos, 29/1/14). Lo que más los motiva son los desafíos, la conquista de nuevos logros, el reto permanente para ir más allá. Cambian constantemente de empresa: sólo 6.6 por ciento de los entrevistados llevaban más de 10 años en la empresa, 29 por ciento entre dos y cinco años y 52 por ciento menos de dos años. El cambio de empresa es parte del desafío de estos ejecutivos que tienen entre 24 y 40 años. Los altos salarios buscan retenerlos.

Como señala Braudel, son personas que tienen el privilegio de poder escoger, libertad de movimientos, no se aferran a las actividades anteriores, no se especializan en una sola actividad, de modo que pueden entrar en juegos inaccesibles para los demás. Tienen acceso a información privilegiada que les permite, por un lado, eludir los controles, y por otro, apropiarse de las innovaciones que nacen casi siempre en la base de la sociedad, ahorrando las más de las veces en desarrollo tecnológico.

Parasitismo de larga duración, le llamaba a esa actitud vital. Un parasitismo activo, destructivo, arrasador. Este modo de actuar, esta cultura empresarial, tiene enormes similitudes con la que promueven los think tanks militares. Hoy más que nunca, los ejércitos actúan como los CEO del sector financiero, y viceversa.

William McNeill, en La búsqueda del poder, sintetiza estas características de modo brillante: Nuestros únicos macroparásitos significativos son otros hombres, que, al especializarse en la violencia, se muestran capaces de asegurarse la vida sin tener que producir por sí mismos el alimento y otros géneros que consumen (Siglo XXI, 1988, Prefacio). Continúa destacando que los cambios en el armamento de los ejércitos se parecen a las mutaciones genéticas de los microorganismos para abrir nuevas zonas geográficas de explotación, o destruir algunos límites mediante el ejercicio de la fuerza dentro de la propia sociedad que los cobija.

Capital financiero y fuerzas armadas (estatales o paraestatales) son los grandes parásitos-predadores que se comportan como plagas esquilmando a la humanidad. Es la lógica del uno por ciento, que no va a cambiar por voluntad propia. Como sabemos, con las plagas no se puede negociar. Se las frena o nos destruyen. Es necesario tener claridad sobre los modos del uno por ciento. Pero debemos reconocer que aún no tenemos una estrategia para frenarlos.

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Paul Krugman: ¿Quién quiere la depresión?

Dom, 13/07/2014 - 08:16
Paul Krugman, El País

Una lección triste que he aprendido en los últimos años es que la economía es una disciplina mucho más política de lo querríamos creer. Bueno, es una forma de hablar. Pero antes de la crisis financiera, muchos economistas —incluso, hasta cierto punto, el que suscribe— pensaban que había un consenso profesional considerable en relación con algunos temas importantes.

Esto era especialmente cierto en el caso de la política monetaria. No han pasado tantos años desde que el Gobierno de George W. Bush declarase que una de las lecciones que habíamos aprendido tras la recesión de 2001 y la recuperación que la siguió era que “las políticas monetarias decididas pueden acortar y suavizar una recesión”. Entonces, sin duda, tendría que haber un consenso bipartidista a favor de una política monetaria más decidida a fin de combatir la crisis de 2007-2009, que era mucho peor. ¿No es así?

Pues no. He escrito muchas veces sobre el fenómeno del sadomonetarismo, la exigencia constante de que la Reserva Federal y otros bancos centrales dejen de intentar crear empleo y, en vez de eso, suban los tipos de interés, independientemente de las circunstancias. He indicado que la persistencia de este fenómeno tiene mucho que ver con la ideología, la que a su vez tiene mucho que ver con los intereses clasistas. Y sigo pensando que es así.

Pero ahora creo que los intereses clasistas también influyen a través de un canal más rudimentario y directo. Dicho de forma bastante simple, las políticas presupuestarias expansivas, aunque pueden ayudar al conjunto de la economía, perjudican directamente a aquellos que obtienen muchos de sus ingresos de los bonos y otros activos que generan intereses (y estos son, fundamentalmente, los más ricos, en concreto el 0,01% con ingresos más altos).

Ésta es la historia hasta la fecha: la Reserva Federal lleva más de cinco años enfrentándose a las durísimas críticas de una coalición de economistas, expertos, políticos y magnates del sector financiero que le advierten de que está “degradando el dólar” y allanándole el camino a una inflación descontrolada. Uno podría pensar que el hecho de que esta predicción sobre la inflación siga sin materializarse serviría, al menos, para que se replanteasen las cosas, pero no es así. Algunos de los detractores se han sacado de la manga nuevos argumentos para no modificar sus demandas políticas —¡es por la inflación! No, ¡es por la estabilidad financiera!—, pero la mayoría se ha limitado a seguir repitiendo las mismas advertencias.

¿Quiénes son estos detractores que siempre se equivocan y nunca tienen dudas? Sin ninguna excepción que yo recuerde, provienen de la derecha del espectro político. ¿Pero por qué los sentimientos de derechas tienen que ir de la mano de la paranoia de la inflación? Una posible respuesta es que utilizar la política monetaria para combatir las crisis es una forma de activismo gubernamental. Y los conservadores no quieren legitimar la idea de que la acción gubernamental pueda, en algún caso, tener efectos positivos, porque una vez que se admite eso, se puede terminar respaldando cosas como un seguro sanitario garantizado por el Gobierno.

Pero quienes defienden los intereses de los ricos tienen un motivo mucho más simple para quejarse de las políticas presupuestarias expansivas: los ricos obtienen una parte importante de sus ingresos de los intereses sobre los bonos, y la política de los tipos de interés bajos ha reducido enormemente dichos ingresos.

Las quejas sobre los tipos de interés bajos suelen formularse en relación con el daño que se les está haciendo a los jubilados estadounidenses que viven de los intereses de sus certificados de depósitos. Pero los cobros de intereses de los estadounidenses de la tercera edad van a parar básicamente a una minoría pequeña y relativamente acomodada. En 2012, el jubilado estadounidense medio que cobra intereses obtuvo más de 3.000 dólares, pero la mitad del colectivo recibió 255 dólares o menos. Los que en realidad salen perdiendo con los tipos de interés bajos son los verdaderamente ricos (ni siquiera el 1%, sino el 0,1% o 0,01% más adinerado). Allá por 2007, antes de la crisis, un miembro medio del 0,01% ingresaba tres millones de dólares anuales en intereses (en dólares de 2012). En 2011, esa cifra había caído hasta los 1,3 millones de dólares (una pérdida equivalente a casi el 9% de los ingresos del colectivo en 2007).

Eso es mucho dinero, y seguramente explica gran parte de la histeria en torno a las políticas de la Reserva Federal. Los ricos tienen incluso más tendencia que la mayoría de la gente a creer que lo que es bueno para ellos es bueno para Estados Unidos (y su riqueza y las influencias que compra garantizan que siempre habrá abundancia de supuestos expertos dispuestos a encontrar justificaciones para esa actitud). De ahí el sadomonetarismo.

Lo que me lleva de nuevo a la politización de la economía.

Antes de la crisis financiera, muchos gobernadores de bancos centrales y economistas vivían, ahora está claro, en un mundo de fantasía y se imaginaban que eran tecnócratas aislados de la refriega política. Después de todo, su trabajo consistía en llevar el timón de la economía por entre los bajíos de la inflación y la depresión, ¿y quién podría poner objeciones a eso?

Resulta, sin embargo, que usar la política monetaria para combatir la depresión, aunque beneficie a la inmensa mayoría de los estadounidenses, no beneficia a una pequeña minoría adinerada. Y, en consecuencia, la política monetaria está tan metida en los conflictos ideológicos y de clase como la política fiscal.

La verdad es que, en una sociedad tan desigual y polarizada como la que ha llegado a ser la nuestra, casi todo es político. Acostúmbrense a ello.

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Las múltiples voces de Pablo

Sáb, 12/07/2014 - 18:24

Ariel Dorfman, Página 12

Hace 110 años, el 12 de julio de 1904, el mundo escuchó por primera vez la voz del recién nacido que algún día se llamaría Pablo Neruda. Bueno, el mundo no: quienes escucharon aquel berrido del futuro poeta fueron la partera y la madre del niño, que fue bautizado con el nombre inverosímil de Neftalí Reyes.

Es esa voz la que ahora deseo evocar en este aniversario más que centenario, un enigma y un mensaje que se esconden muy adentro de la voz tan especial e inolvidable de Neruda.

No fui nunca amigo personal del poeta. Lo conocí de adolescente, muy al pasar: varias visitas con otros estudiantes a su legendaria casa de Isla Negra, algunas ocasiones en que me topé con él en apartamentos de amigos comunistas de mis padres, un par de palabras de admiración y agradecimiento entrecruzadas después de un recital. En cada una de estas oportunidades pude oírlo, a veces en forma somera, otras veces más extensamente, declamar sus versos. Y lo que más me llamó la atención, casi de inmediato, era cómo la sensualidad volcánica del torrente de sus palabras escritas contrastaba con la monotonía casi aburrida, un zumbido sin énfasis y sin gracia, con que el autor insistía en enunciar su obra. Era como si una tortuga tratara de relatar la carrera demencial de una liebre, paso a lento paso, una palabra tras calmosa palabra sin la menor pasión, con un ritmo somnífero. Esos versos tan sutiles, caudalosos, desencadenados, sacudidos entre respiraciones y sollozos, merecían, pensaba yo, una encarnación sonora equivalente, igualmente dramática y opulenta.

¿Cómo podría el creador de una lírica que me estremecía y alumbraba y acompasaba en la soledad y en el amor y en la lucha colocarse a tanta distancia de la emoción que suscitaba? Era algo que discutí con deleite con mi novia y futura esposa Angélica, a quien le leí, justamente, Los Versos del Capitán, los Veinte Poemas de Amor y las Residencias, porque ella incorporaba, para mí, todo lo que era bello y bendito y afluente en el universo.

Tuvimos, finalmente, ocasión de develar el misterio de la voz de Pablo cierta tarde a mediados del invierno chileno de 1964. En esa época estudiaba yo literatura en las aulas y bajo los árboles del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, la misma Facultad de Humanidades donde Neruda había realizado sus propios estudios. Por lo que no fue difícil convencerlo de que ofreciera una presentación en su antiguo recinto, como parte de la campaña presidencial de Salvador Allende (que tardaría todavía seis años más en triunfar y ponerse al frente de Chile).

A la sazón, yo era, con mis 22 años fogosos a cuestas, el jefe de los Allendistas del Pedagógico y como tal me tocó a mí, con Angélica, ir a buscar al gran poeta que había accedido con gusto a nuestra invitación. Neruda y su mujer Matilde vivían, cuando pernoctaban en Santiago, en un apartamento del barrio de Bellavista, el mismo donde se velarían nueve años más tarde sus restos en medio de una inundación desatada por los militares de Pinochet, pensando que con eso le imponían otra humillación al más gran poeta de Chile.

Pero tales tristezas parpadeaban en un futuro remoto e inconcebible, y la conversación con Neruda y Matilde en el inmenso auto que me había prestado mi padre diplomático para tan solemne traslado versó sobre cosas más gratas: el Nobel posible, los vaivenes políticos del momento, lo imprescindible que era ser fiel a sí mismo si uno quería escribir.

Recuerdo que casi le pregunté, con juvenil atrevimiento, acerca de su voz, por qué no le otorgaba más efusión y arrebato a sus lecturas públicas, pero por una vez supe morderme la impertinente lengua. Mi silencio fue recompensado al poco rato cuando pudimos Angélica y yo, junto a varios centenares de imberbes revolucionarios, oír su ensalmo poético.

En efecto, el vate nos ofrendó una sarta monocorde y menguada, casi blandengue, de palabras que, escritas, eran carnales y ardientes. Como las olas de un lago en un día sin viento, una y otra y otra, cada una expresada como si no hubiera diferencia ni turbulencia ni matices.

Y, sin embargo, de pronto, comprendí la razón profunda, de raíces oscuras, que animaba el estilo declamatorio de Neruda.

Fue cuando repitió algunas estrofas del Canto General, provenientes de “La Tierra se llama Juan”, específicamente un poema que se articulaba desde la perspectiva de Margarita Naranjo, una mujer de las salitreras a la que en 1948 la policía del presidente González Videla le había secuestrado el marido Antonio. Margarita había comenzado una huelga de hambre que no terminaría, dijo, hasta que le devolvieran a su hombre. En vez del amado, su protesta le trajo la muerte, desde la cual Neruda la hacía hablar como si estuviera viva, desde adentro y abajo del desierto donde estaba enterrada.

“Estoy muerta”, eran las palabras iniciales del poema. Y concluía: “Ahora/, aquí estoy muerta, en el cementerio de la pampa/ no hay más que soledad en torno a mí, que ya no existo,/ que ya no existiré sin él, nunca más, sin él”.

Absorbiendo aquellas palabras ahí, en la Universidad de Chile, presenciando cómo Neruda hacía de médium e intermediario del fantasma de una mujer desamparada y desaparecida, tuve una revelación que todavía me acompaña y consuela hoy, cincuenta años más tarde.

Comprendí que al escribir Neruda sus poemas no podía estar más inspirado, vital, vibrante, visceral. Pero al recitarlas lo hacía desde un reposo infinito, como si estuviera perpetuamente despidiéndose, expresándose desde el más allá, como si, a la manera de Margarita Naranjo, ya hubiera muerto. La voz con que pronunciaba cada palabra no quería interferir con nuestra apropiación, no quería influir en lo que cada lector y oyente hacían con ese regalo, nos estaba dando permiso para que hiciéramos nuestro su sonido.

Creo, quiero creer, que Neruda nos estaba preparando para un tiempo en que él no estuviera vivo, en que sólo dispondríamos de las palabras que nos dejó para recordarlo. Con Margarita Naranjo y todos los muertos de la humanidad, nos estaba diciendo entonces, y ahora, ciento diez años después de su nacimiento, aquí estoy, en la soledad del cementerio, y ya no existo, solamente existo si tú y tú y tú me hacen compañía, me mantienen vivo como aquel día lejano en que mi madre escuchó por primera vez mi voz nacida para aplacar el dolor de la tierra y la eternidad, solamente existo si Ustedes me dan nacimiento.

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Crisis del Espirito Santo es sólo la punta del iceberg

Sáb, 12/07/2014 - 10:01

La crisis que sobrevuela Portugal puede poner a prueba la vulnerabilidad del sistema bancario europeo, un sistema que ha sobrevivido a punta de escándalos y corrupción con el dinero público durante décadas. La historia sin pena ni gloria de lo más de 145 años del banco Espirito Santo (nació en 1869 con cambio de divisas y juegos de lotería) puede comenzar a escribir ahora sus últimos capítulos. El Banco Espirito Santo (BES) está conformado por un enjambre de tres empresas interrelacionadas, que están en manos de los mismos dueños, que se prestan dinero y hacen fraudes entre sí.
El Banco Espirito Santo cotiza en la bolsa de Portugal y es uno de sus principales cotizantes dado que este es el mayor banco de Portugal. Su accionista mayoritario, Espirito Santo Financial Group, posee el 25% de las acciones del BES. La empresa matriz privada, Espirito Santo International, es propietaria del 49% de Espirito Santo Financial Group (y por lo tanto dueña del Banco Espirito Santo). Esta es la empresa que ha incumplido con los pagos al BES, dejándolo en una situación muy precaria. Desde que estalló el escándalo de corrupción en Angola, que salvó miles de millones de euros del Estado por las garantías de préstamos, la situación de la banca se encuentra en las tinieblas. Es mucho el dinero que ha fluido hacia malos préstamos que nunca se devolverán, y eso es lo que tensiona los balances del Espirito Santo. Como de costumbre, los contribuyentes y los ahorradores europeos podrían verse obligados a pagar por los pecados de gente sin escrúpulos.

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“La dominación sin hegemonía es efímera”

Sáb, 12/07/2014 - 08:01
Marco A. Gandásegui, Alainet

En un seminario celebrado recientemente, el sociólogo barbadiense, Whitfield A. Knight, recordó que “la dominación sin hegemonía es efímera”. El debate se ubicaba en el plano de la actual crisis del sistema capitalista. Por un lado, la economía capitalista que aún no se recupera del golpe sufrido en 2008. Por el otro, las guerras locales desatadas en todo el mundo, incluso Europa.

Las bolsas de valores y la ‘economía real’ están estancadas, sin capacidad de generar ganancias. Son precisamente estas instituciones capitalistas las que sirven como palancas para someter a los pueblos que forman parte del sistema. La confianza que deposita la gente – no importa de qué clase social – en el mercado y los bienes y servicios que ofrece a la masa consumidora constituye la herramienta de dominación más eficaz. Esa confianza en la promesa del consumo - hegemonía - es más eficaz que todas las religiones, la educación o la represión.

En el mismo seminario celebrado en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI), de La Habana, Cuba, el austriaco, Peter Stania, planteó que en la actual crisis que enfrenta a Rusia y EEUU en Ucrania, Washington tiene como política quebrarle el espinazo a Moscú. Todo indica que EEUU abandonó el proyecto de incorporar a Rusia a la Alianza Atlántica tal como lo ha hecho con el resto de Europa central y oriental. Entre los muchos planes de contingencia de Washington, cobra fuerza la que promueve la destrucción de la Federación rusa, tal como se conoce hace tres siglos.

Con el colapso de la URSS, en 1991, los estrategas de EEUU supusieron que el antiguo bloque socialista caería rápidamente en la órbita de la gran Alianza Atlántica. No estaban equivocados. La excepción fue Rusia que reaccionó ante la ofensiva norteamericana y está resistiendo el avance avasallador de los países del pacto Atlántico. La lógica del mercado capitalista dio cuenta del bloque socialista y la URSS. ¿Cuánto tiempo podrá resistir Rusia su acoplamiento subordinado al sistema? Todo indica que Rusia no presenta una estrategia – dentro del sistema o fuera de él - como alternativa para defenderse. Todo indica que está negociando – utilizando sus riquezas naturales - su inserción definitiva al sistema. En una ponencia que presentamos señalamos que EEUU maneja dos tesis en torno a sus relaciones con Rusia. Por un lado, dividir a la Federación rusa en tres países (Europa, Siberia y Lejano oriente). Por el otro, incorporarla a la periferia de la Alianza Atlántica, como país dependiente.

La tercera ponencia que impactó a la asistencia fue la del sociólogo haitiano, Camille Chalmers, quien abordó la crisis en su país, provocada por la ocupación militar coordinada por EEUU. Describió cómo Washington desarticuló el país desde el terremoto y mantiene una fuerza militar multinacional ocupante. La táctica norteamericana descansa sobre su noción del “Estado fallido”. Washington aplica esta noción a todo país que considera su enemigo y, como consecuencia, debe ser objeto de una intervención militar. En América Latina, EEUU coloca en esa categoría a gobiernos que no se someten a sus dictados como Bolivia y Venezuela.

Todo indica que el mundo se mueve hacia una dominación total de EEUU, pero sin hegemonía. Washington optó por construir una enorme red mundial de bases militares. Ha creado conflictos en el este europeo donde envió tropas a Polonia y Letonia. En el Mar de China donde amplió su presencia militar en Filipinas. En el Medio Oriente, donde financia y arma el ejército del nuevo califato en Irak y Siria. En el Gran Caribe, tiene un cerco sobre la zona insular con bases y tropas en Colombia, país vecino de Venezuela. Además, interviene directamente con ‘asesores’, armas y financiamiento en la ‘Guerra contra las drogas’ en México.

La dominación de EEUU se sostiene sobre una estrategia militar, cuya base social y económica tiende a debilitarse. EEUU está conciente de esta realidad y tiene como objetivo estratégico contener y aislar a China. Pretende impedir el movimiento chino sobre el Pacífico. La encierra por el sur y oeste. El gran reto para EEUU es la Federación rusa en el norte. Un eje formado por China y Rusia no le permitiría a EEUU conservar su dominación mundial. La destrucción de Ucrania es para debilitar a Rusia y, de paso, neutralizar a una China pujante.

Tal como señalara Knight en el seminario del ISRI, “la dominación sin hegemonía es efímera”.

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El mayor banco de Portugal destapa el miedo de una nueva crisis financiera

Ven, 11/07/2014 - 11:30

Los miedos a una nueva crisis financiera han sido invocados directamente por el Espirito Santo. La nueva pesadilla de las bolsas mundiales es el fruto más fresco de esa santísima trinidad conocida como troika. Las turbulencias en el sector bancario de Portugal han alarmado a los inversores de todo el mundo y las bolsas mundiales han vuelto a esos días de pesadilla que parecían olvidados. La insolvencia del Espirito Santo, el mayor banco de Portugal, lastró todas las bolsas del mundo, y en Lisboa la bolsa debió cerrar por las estrepitosas caídas de su sistema financiero donde el BES se deslizó un 18 por ciento. Durante la jornada de ayer, el PSI20 de Portugal cerró con una caída de -4,2 por ciento; el Ibex35 retrocedió -1,98%, el DAX alemán -1,52%, el FTSE inglés -0,68%, mientras el Dow Jones lo hizo en -0,42%.
Todo este pánico ha sido por la débil situación del Espirito Santo, el principal banco de Portugal, que no puede pagar ni siquiera los intereses de la deuda, pese a los bajos intereses que mantiene el BCE. Esto demuestra la enorme vulnerabilidad que sufre el sistema financiero, pese al dinero barato de Mario Draghi. El miedo aumenta a medida que se acerca la hora en que los bancos centrales deberán comenzar a revertir el curso de las tasas de interés y tendrán que subirlas. Con esto, muchos bancos quedarán a la deriva, confirmando el fiasco de las pruebas de estrés realizadas en 2012 donde se dijo que los bancos estaban reforzados para resistir una nueva crisis. Sin embargo, antes que la nueva crisis comience, hay bancos que comienzan a caer.

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Capital financiero parasitario y desigualdad

Xov, 10/07/2014 - 20:43
Ismael Hossein-Zadeh, Global Research

Es conocido por todos que en los últimos años la economía de EE.UU. ha experimentado desarrollos muy desiguales. Mientras que el sector financiero ha disfrutado de altas tasas de crecimiento, la economía real sigue estancada con bajas tasas de crecimiento. En consecuencia, al tiempo que la oligarquía financiera se está quedando con la mayor parte del extraordinario aumento del precio de los activos, la abrumadora mayoría de los ciudadanos sufren el empeoramiento sistemático de sus condiciones de vida.

Por ejemplo, en un informe reciente del Banco de la Reserva Federal se demuestra que el aumento de la riqueza nacional total de EE.UU. en el primer cuarto del año 2014 fue de 1.49 billones, en tanto que la economía real (evaluada en términos del PIB) se contrajo 1% —según el Departamento de Comercio, el descenso del PIB fue realmente del 2,9% (no del 1%). En otro informe similar, el Financial Times señalaba hace poco que la riqueza del conjunto de los hogares se ha incrementado en un 43% desde lo más crudo de la crisis económica en 2008, a pesar de la lenta o inexistente recuperación del mercado de trabajo y la reducción efectiva de la renta media por familia, por debajo del 7,6% desde 2008 [1].

La explicación de esta manifiesta y creciente brecha entre el aumento del patrimonio financiero y la ausencia de crecimiento real se encuentra en la inflación del precio de los activos —una burbuja financiera mayor que la que estalló en 2008. Del incremento de 1,49 billones durante los tres primeros meses del año 2014, unos 361 mil millones de dólares se debieron a la revaloración del precio de las acciones, mientras que 758 mil millones de dólares correspondieron a la inflación inmobiliaria. No es solo que la burbuja del precio de las acciones haya beneficiado en gran medida a los ricos, que son quienes poseen la mayoría de estas, sino que además "el aumento del valor de las casas se ha concentrado en las mansiones de los super-ricos, no en las modestas viviendas de los trabajadores". De acuerdo con las cifras publicadas por Redfin, un grupo inmobiliario, entre enero y abril de 2014 las "ventas del 1% de las viviendas más caras de EE.UU., las que cuestan 1,67 millones de dólares o más, han crecido un 21%, mientras que las ventas del 99% restante han caído un 7,6%" [1].

El Financial Times, que recogió las cifras de Redfin, señaló tendencias parecidas en las ventas de bienes de consumo: Las ventas de los establecimientos de lujo como LVMH (Louis Vuitton, Bulgari) y Tiffany aumentaron un 9%; las ventas de los establecimientos cuyos clientes son sobre todo de clase obrera descendieron. Walmart bajó un 5%, las ventas de Sears cayeron un 6,8%. En el extremo inferior, solamente las tiendas baratas a las que recurren cada vez más estadounidenses para estirar sus dólares vieron incrementar sus ventas. Dollar Tree, el mayor establecimiento de este tipo, registró un crecimiento de ventas del 7,2%. ... El periódico observó que las ganancias demuestran la efectividad de las políticas para recuperar la riqueza perdida durante la recesión, pero su capacidad para estimular la economía ha sido limitada, ya que la mayor parte ha ido a parar a las familias ricas que poseen acciones y grandes casas [1]. El enriquecimiento de la oligarquía financiera, por un lado, y el simultáneo empobrecimiento de la mayoría de la sociedad por el otro, se asemeja al crecimiento de un parásito en un organismo vivo a consta de la sangre o los alimentos esenciales para la vida de dicho organismo. Esta transferencia parasitaria de sangre económica desde la base hacia arriba no es simplemente el resultado de la dinámica de la mano invisible del mercado, o de las fuerzas ciegas de la competencia económica capitalista. Acaso más importante sea el hecho de que dicha transferencia es la consecuencia lógica de insidiosas políticas económicas cuidadosamente elaboradas, diseñadas para consolidar la austeridad neoliberal.

Política monetaria por el lado de la oferta: la inflación del precio de los activos como estímulo económico Desde la Gran Depresión de los años 30, los gobiernos de los países capitalistas centrales han aplicado dos tipos fundamentales de estímulos: por el lado de la demanda, o keynesianos, y por el lado de la oferta, o neoliberales. Los primeros están dirigidas a impulsar el poder adquisitivo de los trabajadores y otros sectores de la población de manera directa: inyectando poder de compra en el sistema mediante inversiones a gran escala en infraestructura y otras empresas que creen empleo. Las medidas de este tipo, que se adoptaron inmediatamente después de la Gran Depresión y/o la Segunda Guerra Mundial y estuvieron vigentes hasta finales de los años 70 y principios de los 80, fueron la piedra angular de los programas del New Deal en EE.UU y de las políticas socialdemócratas en otras grandes economías capitalistas.

Los paladines de la economía de la oferta también proponen medidas de estímulo para recuperarse del estancamiento económico. Sin embargo, lo hacen de manera indirecta, dando un rodeo, en dos etapas. La primera tiene por objetivo enriquecer todavía más a los ricos, a través de políticas fiscales que bajen los impuestos a las rentas altas, o bien con políticas monetarias que favorezcan la inflación del precio de los activos, que en gran medida benefician a esas mismas rentas. La segunda etapa consiste esencialmente en una esperanza o un deseo: se espera que, tras inyectar recursos adicionales al 1% más rico durante la primera etapa, el 99% restante se beneficie del "efecto de goteo" posterior, impulsando así la demanda agregada y la actividad económica.

Formalmente, estas medidas se introdujeron cuando Ronald Reagan fue elegido presidente en 1980. En un primer momento, los arquitectos de la economía de la oferta se concentraron en la política fiscal. Y tras llevar a cabo con éxito su programa de reducción drástica de impuestos a los ricos dirigieron su atención a la política monetaria, sirviéndose de ella como instrumento redistributivo fundamental a favor del 1%.

Desde los tiempos de Alan Geenspan como presidente del Banco de la Reserva Federal, pasando por Ben Bernanke y hasta llegar a la actual Janet Yellen, esta política ha consistido esencialmente en ofrecer financiamiento gratuito (o casi) e limitado a los grandes bancos y otros actores de Wall Street. Aunque no está en el debate público, los responsables de la política monetaria de Wall Street a la cabeza del Banco de las Reserva Federal y el Departamento del Tesoro, han visto la inyección de dinero barato a Wall Street como una medida de estímulo monetario que funcionaría mediante la inflación del precio de los activos y el "efecto de goteo" posterior.

La lógica oficial para inundar de dinero barato el sistema financiero se sigue justificando públicamente por los mismos motivos que los estímulos monetarios keynesianos tradicionales: que tales inyecciones de dinero al sector financiero se traducirían en préstamos a la economía real, y de ese modo se incentivaría la inversión productiva, el empleo y el crecimiento. Esta explicación para suministrar dinero fácil se basa, sin embargo, en tres condiciones previas fundamentales: que los fabricantes se enfrenten a un mercado de dinero/capital caro y restrictivo; que los fabricantes prevean o se encuentren ante una gran demanda de lo que producen o pudieran llegar a producir; y que haya algo semejante a una separación entre los sectores financiero y real de la economía, como pasaba, más o menos, mientras estuvo vigente la Ley Glass-Steagall (desde 1933 hasta 1998), que estipulaba de manera expresa los tipos y las cantidades de inversión que los bancos y otros intermediarios financieros podían realizar.

Sin embargo, ninguna de estas condiciones está presente en la actual economía estadounidense. Para empezar, no hay escasez de liquidez en el sector productivo; de hecho, el sector parece estar sentado sobre una montaña de dinero pero no aumenta la producción debido al descenso de la demanda, afectada por la austeridad.

Con más de 25 millones de estadounidenses desempleados o trabajando solo a tiempo parcial que buscan y necesitan trabajos a tiempo completo, las empresas estadounidenses acumulan más de 2 billones de dólares en efectivo, negándose a invertir en actividades productivas o puestos de trabajo, y dedicándose, en cambio, a la especulación y la recompra de acciones que son más rentables para sus altos directivos. La recompra de acciones de las empresas no financieras se dio a un ritmo anual de 427 mil millones de dólares en el primer cuatrimestre, según la Reserva Federal [1]. En segundo lugar, dado que los actores del sector financiero ya no están limitados por las restricciones reglamentarias sobre los tipos y las cantidades de su inversión, por qué habrían de buscar o esperar a los prestatarios del sector real (quienes, como se mencionó, tienen suficiente dinero en efectivo), en lugar de invertir en el mucho más lucrativo negocio de la especulación. No es de extrañar que a medida que se han ido eliminando los obstáculos reglamentarios durante las últimas décadas, las burbujas financieras y sus estallidos se hayan convertido en un patrón recurrente.

En realidad, no solo los bancos de Wall Street y otros beneficiarios de la política monetaria dedican el dinero recibido casi sin intereses a la inversión especulativa, sino que cada vez más empresas del sector productivo desvían una parte creciente de sus beneficios hacia la especulación en lugar de la producción — su razonamiento parece ser el siguiente: ¿por qué molestarse en la engorrosa tarea de producir cuando se pueden obtener mayores retornos comprando y vendiendo títulos? La atracción por las ganancias especulativas, facilitada por la amplia desregularización del sector financiero, es lo suficientemente fuerte como para inducir al capital a abandonar las actividades productivas en pos de mayores retornos en la especulación. Esta constante transferencia de recursos del sector productivo al financiero es exactamente lo contrario de lo que los responsables de la política monetaria —y toda la teoría económica neoclásica/dominante— afirman que ocurre: el flujo de dinero desde el sector financiero hacia el productivo.

Esta huída de capitales del sector real al financiero, y el desfase entre la rentabilidad empresarial y la inversión real fueron señalados en un artículo de Robin Harding publicado en el Financial Times el 24 de julio de 2013. Titulado "Corporate Investment: A Mysterious Divergence", el artículo revelaba que en las últimas tres décadas habría tenido lugar una "desconexión" entre la rentabilidad empresarial y la inversión real; esto indicaría que, al contrario que en ocasiones anteriores, una parte significativa de los beneficios empresariales no está siendo reinvertida para aumentar la capacidad. En lugar de eso, se está desviando hacia otro tipo de inversiones no productivas que ofrecen rendimientos superiores del capital invertido por los accionistas. Hasta los años 80, las dos se mantuvieron a la par —alrededor del 9% del PIB. Desde entonces, y especialmente en los últimos años, mientras que la inversión real ha descendido hasta el 4% del PIB, las ganancias empresariales han aumentado hasta cerca del 12% del PIB [2].

Los altos cargos financieros que dirigen la política monetaria en EE.UU. y otros grandes países capitalistas no pueden ignorar estos hechos: que la mayor parte de la liquidez que tan generosamente inyectan al sector financiero se utiliza para transacciones especulativas en ese mismo sector sin que se aprecie ningún impacto positivo en la economía real. De modo que la pregunta es: ¿por qué insisten entonces en bombear dinero al sector financiero? La respuesta, como se mencionó anteriormente, es que en lugar de la política monetaria keynesiana parece que acaban de descubrir un nuevo estímulo monetario (del lado de la oferta): "el efecto goteo" de la inflación del precio de los activos.

Al presentar la inflación del precio de los activos como una herramienta monetaria para estimular la economía, los responsables de estas políticas, tanto en EE.UU. como en otros países capitalistas, ya no son reacios a crear burbujas financieras; esas burbujas son vistas y mostradas como capaces de estimular la economía gracias a la mejora de la demanda como consecuencia de la revalorización de los activos. En lugar de regular o limitar las actividades especulativas del sector financiero, los responsables de la política económica, con el Banco de la Reserva Federal a la cabeza desde los días de Alan Greenspan, han estado favoreciendo las burbujas del precio de los activos —enriqueciendo a los ricos todavía más y exacerbando las desigualdades.

Aparte de cuestiones tales como la justicia social y la seguridad económica para la mayoría de la sociedad, la idea de crear burbujas de activos como vectores de estimulación económica es además insostenible —mejor dicho, destructiva— a largo plazo: las burbujas financieras, sin importar cuánto puedan llegar a durar o crecer, en última instancia están ligadas al valor real producido (por los trabajadores) en una economía. Los agentes de la oligarquía financiera que dirigen la política económica no parecen preocuparse ante esta siniestra perspectiva ya que aparentemente han descubierto algo parecido a un plan de aseguramiento [insurance protection scheme] que podría proteger al mercado y a los principales actores financieros contra los riesgos de las burbujas financieras.

Asegurar las burbujas financieras: una nueva burbuja para tapar la que estalló Al parecer, a quienes defienden las burbujas de activos como un estímulo económico no les preocupan los efectos desestabilizadores de las burbujas que ellos contribuyen a crear, ya que tienden a pensar (o esperar) que las probables perturbaciones y pérdidas provocadas por el posible estallido de una burbuja pueden compensarse creando otra burbuja. En otras palabras, creen haber encontrado una póliza de seguros para las burbujas que estallan inflando otras nuevas. El profesor Peter Gowan de la London Metropolitan University describe esta estrategia perversa con las siguientes palabras:

Tanto los reguladores de Washington como los de Wall Street obviamente pensaron que juntos podrían controlar los estallidos. Esto significaba que no había necesidad de evitar que dichas burbujas se formaran: por el contrario, es evidente que ambos reguladores y operadores las crearon, pensando sin duda que una de las maneras de controlar las que estallaban era inflar una nueva en otro sector: tras la crisis de las "dot com", la burbuja inmobiliaria; detrás de aquella, una de los precios de la energía o de los mercados emergentes, y así sucesivamente [3].

Randall W. Forsyth de [la revista financiera] Barron's señala igualmente que "Greenspan siempre sostuvo que los responsables de política monetaria pueden... limpiar las secuelas de la quiebra —lo que significaba impulsar una nueva burbuja, alegó". Es obvio que con esta política de asegurar realmente las burbujas financieras la propuesta especulativa siempre saldría ganando, una propuesta a la que acertadamente se denomina "daños morales" ["moral hazard"], ya que fomenta la asunción de riesgos a costa de otros —en este caso el 99%, pues el coste de rescatar a los jugadores "too-big-to-fail" [demasiado grandes para quebrar] se paga con políticas de austeridad que favorecen los recortes. Sabiendo que "la Reserva Federal intervendría para rescatar a los mercados, fueron de exceso en exceso", sigue diciendo Forsyth. "Así que, la quiebra del [fondo de cobertura] Long-Term Capital Management en 1998 engendró el crédito fácil que llevó a la burbuja y al estallido de las 'dot com', que a su vez condujo a la facilidad extrema y a la burbuja inmobiliaria" [4].

La política de proteger a los mayores especuladores financieros contra la bancarrota muestra, entre otras cosas, que los arquitectos neoliberales de los últimos años han descartado no solo las políticas socialdemócratas del New Deal de gestión de la demanda, sino también las políticas de libre mercado de no intervención como las defendidas, por ejemplo, por la Escuela Austriaca de Economía. Tienden a ser intervencionistas cuando la oligarquía empresarial-financiera necesita ayuda, pero abogan por la economía del "laissez-faire" cuando quienes la necesitan son la clase obrera y las organizaciones de base. Antes del auge del gran capital y su control de la política económica, las burbujas especulativas no contaban con un seguro que cubriera los riesgos del estallido: los especuladores, accionistas e inversores perdían su dinero; la economía real se liberaba del peso muerto de la deuda insostenible; y (después de un doloroso pero relativamente corto periodo de tiempo) el mercado reasignaba el capital a actividades productivas. Sin embargo, en la era del gran capital y los poderosos financistas, el proceso para crear una "tabula rasa" ["clean slate"] está bloqueado, pues las entidades financieras que juegan un papel fundamental provocando burbujas y estallidos también controlan las políticas [4].
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Referencias:

[1] Citado en Patrick Martin, “Wealth report shows deepening social polarization in US”; see also Rob Uri, “Monetary Policy as Class Warfare, Revisited” .
[2] Robin Harding, “Corporate investment: A mysterious divergence” .
[3] Citado en Ismael Hossein-zadeh, Beyond Mainstream Explanations of the Financial Crisis (Routledge 2014), p. 16.
[4] Randall W. Forsyth, “Ignoring the Austrians Got Us in This Mess”.
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Tomado de Rebelión
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El regreso de las deudas externas

Xov, 10/07/2014 - 04:26
Carlos Marichal, Alainet

En las últimas semanas el tema de las deudas externas ha vuelto a colocarse en el candelero de las finanzas y de la política internacional debido a un juicio de la Suprema Corte de los Estados Unidos, que ha emitido una resolución en contra del gobierno de Argentina. Esta decisión evoca el profundo dilema que existe entre soberanía nacional y globalización financiera. Cuando un gobierno coloca deuda en los mercados internacionales, ofrece garantías de pagos que comprometen a sus contribuyentes al pago a mediano o largo plazo. Sin embargo, al venderse los bonos públicos se convierten en títulos privados que pueden convertirse en determinadas circunstancias en objeto de gigantescas especulaciones que pueden desencadenar bancarrotas de los Estados deudores.

Recordemos que en 2011 y 2012, España, Portugal y Grecia estuvieron sujetos a este tipo de especulaciones por parte de bancos e inversores quienes se beneficiaron de las abruptas subidas del premio (tasa de interés) de los bonos soberanos. En algún momento se temió que podría producirse una bancarrota soberana y, por consiguiente, el hundimiento de la moneda común, el euro. Fue la intervención de Mario Draghi, director del Banco Central Europeo, factor clave en disipar la burbuja de la especulación y el peligro de “default”. Pero el fantasma de la deuda sigue planeando y no tardará en regresar.

En el caso de América Latina, no pueden olvidarse la brutalidad y persistencia de las crisis de las deudas externas, tanto en los años de 1980 como en las crisis financieras de México en 1995, Brasil en 1998 y Argentina en 2001-2002. Cada una de estas debacles tuvo impactos económicos y sociales muy costosos y sus historias constituyen capítulos claves de la historia reciente de la globalización financiera.

La experiencia de Argentina al doblar el siglo fue de las más traumáticas. Hacia 2000 su gobierno comenzaba a hacer agua, y por ello solicitó un enorme rescate al Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin embargo, antes de concretarse, la confianza de los ahorradores e inversores se evaporó y las retiradas de dinero de los bancos argentinos comenzaron en gran escala. Con objeto de evitar el hundimiento de su administración, el presidente Fernando De la Rúa nombró a Domingo Cavallo como ministro de economía en abril de 2001 pero su plan, conocido como el “Megacanje” de las deudas públicas, fracasó debido a la falta de confianza de todos los actores económicos y financieros. El pánico bancario siguió su curso hasta que el ministro estableció un control sobre los depósitos en los bancos que fue bautizado popularmente como “el corralito”. A partir de ese momento el gobierno ya tenía sus días contados y en diciembre cayó tras revueltas populares cada vez más extendidas.

Después siguieron dos años marcados por una enorme inestabilidad política (con cuatro presidentes en un año y pico) y aumentos dramáticos del desempleo y de la pobreza. No sería hasta la elección a la presidencia argentina de Néstor Kirchner, político peronista de izquierdas, en mayo de 2003, que comenzó a vislumbrarse un posible cambio de rumbo. El nuevo gobierno tuvo la fortuna de contar con un aumento sostenido de las exportaciones agropecuarias pero igualmente importante fue su respuesta a la crisis financiera. Desde diciembre de 2001 el gobierno estaba en “default” sobre sus deudas, lo cual se debió en buena medida a la negativa explícita del FMI de activar el rescate. Para principios del año de 2004, la deuda externa alcanzaba la estratosférica cifra de 178,000 millones de dólares. A partir de repetidos viajes a Washington, el ministro de economía, Roberto Lavagna, con el apoyo muy firme de Kirchner, logró una reprogramación de las obligaciones con los principales organismos financieros multilaterales (FMI, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo). Luego se negoció con los acreedores privados garantías de pagos del servicio de los bonos externos a cambio de una reducción de su valor nominal que se estimaba en 100,000 millones de dólares en marzo de 2005: se alcanzó una quita de cerca de 55%, una de las mayores en la historia financiera internacional reciente.

Como consecuencia, el gobierno de Argentina fue marginada de los mercados de capitales internacionales pero durante los últimos diez años ha pagado el servicio acordado de la deuda de manera puntual todos los años, lo cual ya ha representado una transferencia de más de 100 mil millones de dólares a los tenedores de bonos y una reducción dramática de la deuda externa. Sin embargo, una pequeña porción de bonos que no entraron en el acuerdo fueron adquiridos por un par de fondos de inversión de los Estados Unidos que son conocidos como “fondos buitre” porque compran por centavos para luego tratar de cobrarlos a precios mucho más altos. Este negocio depende de la posibilidad de convencer a una corte de Nueva York que las compras especulativas deben reembolsarse al cien por cien de su valor nominal. Esto es lo que ocurrió hace unas semanas a partir de la decisión del juez Thomas P. Griesa de la Corte del Distrito Sur de la ciudad de Nueva York, que ha sido avalado por la instancia superior del sistema judicial norteamericano: en este caso, se sostiene que los reclamos de los especuladores serían de mayor valor jurídico que aquellos de un gobierno soberano.

El gobierno argentino ha respondido con dos estrategias complementarias. Por una parte ha ofrecido negociar con los fondos buitre durante este mes de julio, pero al mismo tiempo ha puesto en marcha una campaña política internacional para limitar los daños a su economía. Desde el lunes 7 de julio, el juez Griesa ha autorizado a un intermediario, el famoso abogado Daniel Pollack de Nueva York, para que supervise el proceso de negociaciones alucinantes en ciernes entre los especuladores y el gobierno de Argentina.

La respuesta internacional de solidaridad con Argentina ha sido impresionante. En primer término, ha logrado el apoyo de los gobiernos latinoamericanos, incluyendo los de Mercosur así como una resolución de apoyo de la Organización de Estados Americanos, aprobada el 4 de julio En segundo lugar, ha obtenido los apoyos de diversas instancias multilaterales, entre ellas, la Comisión Económica para América Latina (Cepal) y la agrupación de 77 países en Naciones Unidas conocida como G77. Pero, además, ha atraído la atención de dos grandes potencias, Rusia y China. En los días de 15 y 16 de julio se reúnen los presidentes del grupo de naciones conocido como BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en la ciudad de Fortaleza, Brasil. El presidente de Rusia, Vladimir Putin ha anunciado que después visitará a Buenos Aires para demostrar su apoyo en contra de los especuladores. Más importante aún, ha sido la declaración del presidente de China, Xi Jinping, quien también viajará a Argentina para firmar acuerdos comerciales y demostrar su apoyo en contra de los “fondos buitre” de Nueva York.

En resumidas cuentas, se trata de un episodio de geo/política y financiera de considerable impacto. Cabe preguntar: ¿cuál es el alcance de la soberanía de un gobierno y sobre todo de los contribuyentes en esta época de globalización financiera? Este es un problema medular que afecta a las democracias modernas. El principio fundamental del gobierno parlamentario consiste en que el pago de los impuestos es la base de la representación política: por ello, la soberanía fiscal y por ende de los ciudadanos, merece una defensa mucho más visible y transparente que la de los intereses financieros privados. De ello depende en buena medida la supervivencia y la legitimidad de las democracias contemporáneas y, precisamente por ello, el debate sobre las deudas públicas no dejará de acrecentarse en el escenario nacional e internacional.

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