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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6824125
Actualizado: fai 1 hora 37 min

La politización del dolor de las víctimas del terrorismo

Lun, 04/09/2017 - 21:51
Vicenç Navarro, Público

A raíz del ataque terrorista en Barcelona y en otros centros urbanos y pueblos de Catalunya, hemos visto durante estos últimos días varios hechos que merecen destacarse. Uno es el espíritu de solidaridad, auténticamente ejemplar, entre las distintas culturas existentes en Catalunya, que alcanzó su máxima expresión cuando en Ripoll se pidió que fuera Hafida Oukabir, la persona musulmana hermana de dos de los terroristas (uno muerto y el otro en prisión), la que resumiera el sentir del dolor y del rechazo hacia el terrorismo que la población de Ripoll sentía. Y en Barcelona, otra persona, también musulmana, Miriam Hatibi, fue una de las dos personas escogidas para leer el manifiesto de protesta y solidaridad, ampliamente aplaudido por el medio millón de personas presentes. El grito espontáneo surgido de la ciudadanía, No Tenim Por! (¡No tenemos miedo!) representaba el sentimiento generalizado de la población barcelonesa de no permitir que el miedo configurara el futuro de la ciudad. La Alcaldesa Colau definió de una manera muy clara y emotiva lo que este grito significaba: era la llamada “a que Barcelona continuara siendo lo que siempre fue y continúa deseando ser, es decir, una ciudad abierta, plural, diversa y solidaria”.

Pero también hubo aspectos no tan positivos durante estos días de gran dolor, que aparecieron tanto en Catalunya como en el resto de España, que merecen señalarse también y que, en cambio (y de un manera predecible) no aparecieron en los mayores medios de comunicación del país, altamente controlados, bien por intereses financieros (los medios privados) o por los partidos gobernantes (los medios públicos). En este aspecto, es importantes señalar que el excelente discurso hecho por Hafida Oukabir en Ripoll incluía un ruego (diría yo exigencia) de que las instituciones catalanas hicieran una autocrítica sobre el comportamiento que habían tenido todos estos años que antecedieron al ataque terrorista, ruego que ha pasado desapercibido y desatendido por completo. Por desgracia, la autocrítica no es una virtud ampliamente practicada en los medios del establishment político-mediático del país, ni de Catalunya ni de España. Resultado de cuarenta años de una dictadura enormemente represiva (convirtiéndose en el régimen gobernante de España que ha atemorizado y asesinado al mayor número de españoles que haya existido en su reciente historia) y de una transición inmodélica, existe hoy en tales medios una cultura democrática poco desarrollada. Y la respuesta a la crisis creada por el terrorismo por parte de tales establishments fue una clara prueba de ello. Veamos algunos ejemplos.

La clara politización por los partidos y movimientos políticos de los hechos acaecidos

Un mensaje hecho con gran contundencia en la manifestación del sábado 26 de agosto (que se centró en una denuncia del terrorismo y una demanda para que exista la paz) fue un rechazo por parte de amplios sectores de la manifestación a la Monarquía Borbónica por su relación privilegiada con la familia real de Arabia Saudí (una de las cinco monarquías absolutas todavía existentes en el mundo), y al partido gobernante en España (el Partido Popular), por su activa y masiva venta de armas españolas a aquel Estado. Aplaudo esta crítica, y solo lamento que no se hubiera hecho mucho antes. Pero me apena que muchos de los protagonistas de estas protestas hayan tenido escasa credibilidad, pues era obvio que su máximo interés era desacreditar a los receptores del mensaje –el Monarca y el gobierno Rajoy- pero, en cambio, parecía importarles poco el argumento que utilizaban para denunciarlos, es decir, la ayuda a los Estados (en este caso, Arabia Saudí) que financiaban el terrorismo. Como indiqué en otro artículo reciente (Ver “Lo que no se está diciendo a raíz del ataque terrorista en Barcelona”, Público, 24.08.17) tales voces, supuestamente escandalizadas con el comportamiento del Rey y del gobierno Rajoy, han mantenido un silencio ensordecedor sobre el apoyo que una institución enormemente importante en Catalunya ha dado a otra dictadura tan absolutista y medieval (y esclavista) como la de Arabia Saudí, que es Qatar, y que es también una de las mayores financiadoras de movimientos yihadistas. Esta institución, protegida por el silencio, es nada menos que el Club de Fútbol de Barcelona que, a través de las camisetas de los jugadores ha estado promocionando al Estado de Qatar, una de las monarquías más absolutas y una de las dictaduras más crueles existentes en el mundo, que también ha estado financiando al terrorismo yihadista. Me parece bien que un conocido militante independentista apareciera casi al lado del rey Felipe VI con una pancarta en que se leía “Felipe, quien quiere la paz no trafica en armas” (en catalán). Pero tal protesta hubiera tenido más credibilidad si aquel y otros miles de independentistas, así como otros que denunciaban al Rey y al gobierno Rajoy hubieran denunciado al Barça en cada partido de fútbol que se jugaba en su campo, por promocionar Qatar. Nunca vimos tal denuncia o abucheo en el campo del Barça, y ello a pesar de que estuviera lleno de banderas independentistas. ¿Por qué callaron tanto tiempo?

La doble moral de los mayores medios de comunicación

Y esta incoherencia se mostró también, como era predecible, en los mayores medios de comunicación catalanes. Prácticamente ninguno de ellos denunció la transformación del Barça (al que, con razón, se le presentó durante la dictadura como de “ser más que un club” por facilitar que la gente canalizara su rechazo a la dictadura a través del fútbol, siendo la única expresión colectiva permitida), en un mero instrumento propagandista del Estado de Qatar, una de las dictaduras más crueles, opresivas, esclavistas y apoyadores del terrorismo existentes hoy en el mundo. Este silencio se convirtió en veto cuando envié a los tres rotativos más importantes de Catalunya un artículo denunciando al Barça por ello, sin que nunca lo publicaran (ver el artículo “El Barça, ¿más que un club?”. ARA, 06.06.16). La censura fue su respuesta. Y tampoco apareció tal denuncia en los mayores canales televisivos de Catalunya, que también han silenciado aquella transformación que, mírese como se mire, es una ofensa a todos los que lucharon por la democracia y justicia social durante la dictadura, que ven ahora cómo los propietarios del Barça transformaron tal club defensor de la libertad y de la democracia en el promotor de una dictadura cruel y terrorista. Aconsejo a los lectores que vean el excelente documental sobre la transformación política del Barça, presentado a nivel internacional por un canal público de la televisión sueca, mostrando lo que fue y lo que representó el Barça durante la dictadura franquista, y lo que ha llegado a ser estos últimos años. (Verlo colgado en mi blog www.vnavarro.org). Me alegra ver que Jordi Évole en su artículo semanal en El Periódico, días después de que yo denunciara el silencio sobre el Barça, publicara la primera denuncia del Barça en los medios que he visto en la prensa escrita en papel en este país.

La instrumentalización política del dolor de las víctimas por parte de los mayores medios de información

La falta de cultura democrática que caracterizó la cultura mediática española, que incluye la catalana, apareció una vez más en la manera cómo se cubrieron los hechos dramáticos ocurridos en Barcelona. Tal sesgo alcanzó niveles vergonzosos en la presentación de las figuras protagonistas del evento: las autoridades políticas de carácter institucional. A nivel del Estado central la noticia preferente de los mayores medios próximos al partido gobernante en el Estado español era mostrar el deseo de unidad y prevención de la secesión, dando gran hincapié a la necesidad de mantener una coordinación dentro de la unidad, mostrando, de nuevo, gran incoherencia (hipocresía), pues había sido el Estado central el que había mostrado menos cooperación, consecuencia de su jacobismo, ocultando información a las autoridades catalanas que hubiera sido de gran ayuda, tal como ha documentado la prensa internacional. Pero los medios públicos de la Generalitat de Catalunya también mostraron claros signos del sesgo informativo -al cual nos tienen acostumbrados- intentando negar la importancia de un aviso recibido de Bruselas sobre el Imán, bajo la pobre excusa de que era una mera nota “informal”.

Pero esta utilización de los mayores medios públicos de la Generalitat de Catalunya, y sobre todo de TV3, para promover la secesión de Catalunya fue la visibilidad preferencial que tal canal dio a la figura del President Puigdemont y al Vicepresident Oriol Junqueras, dejando muy en segundo plano a la alcaldesa Ada Colau. La única diferencia con la televisión pública española es que en aquel canal el Monarca y Rajoy absorbieron la mayoría de visibilidad mediática. En ella la alcaldesa Colau tampoco apareció de una manera muy visible. En cualquier otro país demócrata la alcaldesa de la ciudad hubiera liderado la manifestación ciudadana. No así en España. Y la utilización de TV3 para promover el secesionismo alcanzó niveles extremos, como las entrevistas hechas durante la marcha del 26 de agosto en homenaje a las víctimas, a los dos dirigentes del movimiento proindependencia, el Presidente de la ANC y el de Omnium, dándoles un protagonismo que no se le dio a ninguna otra asociación, a pesar de que tenían mucha más centralidad en la crisis terrorista que estos personajes políticos. Creo que a la audiencia le hubiera gustado más que se entrevistara a personal del sistema sanitario de urgencias, por ejemplo (que probablemente se habrían quejado, con razón, de la falta de recursos, resultado de los recortes sanitarios del gobierno Junts Pel Sí), que no a tales dirigentes de movimientos secesionistas que aparecen continuamente en tales medios promoviendo la secesión.

Y también debería hacerse una crítica a las Iglesias, incluyendo las musulmanas, que no se hizo

Pero las críticas deberían también extenderse, como bien pedía Hafida Oukabir, a las comunidades religiosas, que actuaron con gran solidaridad durante la crisis, lo cual aplaudo, pero olvidaron en el periodo pre-crisis la responsabilidad que todas ellas tuvieron en contribuir a crear las condiciones para que tal ataque ocurriera. Y es ahí donde debería criticarse a las religiones, o mejor dicho, a las Iglesias (las instituciones humanas que gestionan las religiones) por su actitud moralizante, arrogante y escasamente democrática. El lector me permitirá hacer una reflexión muy local y que espero aclare lo que digo. Si usted va al bello pueblo de Cadaqués en el Alt Empordà, verá que en un lugar muy prominente de la fachada de la Iglesia hay un reloj de sol. Y bajo tal reloj hay una frase que lo resume todo. Dice “Yo (el reloj de sol) sin sol no soy nada. Tú sin fe no eres nada”. Esta frase es enormemente insultante para los que no somos creyentes, al definirnos como parte de la nada. Bajo este lema de superioridad moral, que se presenta en todas las religiones, las Iglesias se han atribuido la potestad de dominar, explotar y violar todos los derechos humanos imaginables. Y la historia de nuestro país es un ejemplo de ello. Hubo épocas en Catalunya, en España y en Europa, en que el terrorismo de la Iglesia Católica –como en la época de la Inquisición- o durante su apoyo a la dictadura, estaba generalizado. Esto no se ha enseñado en nuestras escuelas y debería haberse hecho.



El Estado debería respetar las religiones, pero regular a sus Iglesias Y el otro punto que debería también criticarse es la excesiva permisividad del Estado español (sea central, autonómico o local) hacia las Iglesias. Y estoy hablando de todas las Iglesias, que a través de la enseñanza y normativa moral que promueven alcanzar una enorme influencia sobre la población. En realidad, uno de los instrumentos más importantes que utilizó la dictadura franquista para mantenerse en el poder fue la Iglesia Católica, que era una rama del Estado (los sacerdotes eran pagados por el Estado y los obispos eran nombrados por el dictador), y que adoctrinó durante cuarenta años a toda la población. Incluso hoy la Iglesia Católica continúa ejerciendo una enorme influencia en la cultura general del Estado, siendo una de las máximas promotoras, por ejemplo, de la uninacionalidad del Estado y del machismo en el país.

En la España actual, las Iglesias (todas) están en situación privilegiada, la católica mucho más que cualquier otra, siendo ello una consecuencia directa, en el caso de la Iglesia Católica, de la continuación de la cultura franquista en las instituciones del Estado. Y este privilegio incluye una tolerancia excesiva que tiene componentes antidemocráticos, lo cual repercute negativamente sobre la formación y educación de la ciudadanía. Y ello aplica también a la Iglesia musulmana existente en España. Los Imanes -como educadores de sus feligreses- deberían estar regulados, aprobados y registrados por el Estado (sea este central, autonómico o local), asegurándose de que comparten los valores democráticos del país. No puede ser que algunas Iglesias Musulmanas sean “islas de otros países” dentro del país, financiadas desde fuera, transmitiendo una cultura distinta a la del lugar donde residen y viven sus feligreses. Es más, los Imanes deberían hablar el lenguaje de sus feligreses y tener los valores democráticos de la sociedad donde se ubican. Esta normativa, existente ya en otros países, debería aplicarse a todas las Iglesias, y también a la musulmana en España. Y las comunidades musulmanas necesitan presionar para que ello ocurra.

La integración de los jóvenes musulmanes a la sociedad

Pero tales comunidades deberían presionar (junto con toda la sociedad) para que se integre a los jóvenes en la sociedad. Lo que es más importante conocer, de todo lo que ha ocurrido, es saber por qué unos jóvenes que parecían integrados en la sociedad catalana se convirtieron en terroristas. Este es el gran tema del que apenas se ha hablado. Cargar todas las culpas en el Imán es insuficiente. Tan importante es el mensaje como el mensajero. ¿Qué es lo que se estuvo transmitiendo a los jóvenes? ¿Era la transmisión de las brutalidades que se están cometiendo en los países de mayoría musulmana en los que los gobiernos occidentales, como España, están bombardeando o ayudando a bombardear a sus poblaciones? ¿O fue su motivación religiosa la de matar a los infieles? ¿O puede el deseo de recuperar Andalucía remontarnos entonces a la época medieval? Estas son preguntas que deben responderse, pues ello puede llevarnos a una reflexión general, muy necesaria, sobre cuál es el papel de las Iglesias en una sociedad democrática, dentro de otro debate, incluso más urgente y necesario, de cuál es la función de los medios de comunicación en nuestro país, que más que ser de información son de persuasión. La libertad y la democracia dependen, en parte, de ello.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

El huracán Harvey no salió de la nada

Dom, 03/09/2017 - 19:33
Naomi Klein, La Jornada

Ahora es el momento de hablar sobre el cambio climático y todas las demás injusticias sistémicas –desde realizar detenciones e interrogatorios basados en el perfil racial hasta la austeridad económica– que transforman desastres como Harvey en catástrofes humanas.

Busquen la cobertura mediática sobre el huracán Harvey y las inundaciones en Houston, y oirán acerca de cómo este tipo de lluvia no tiene precedente. Escucharán acerca de cómo nadie lo vio venir, así que nadie se podía preparar adecuadamente.

De lo que oirán muy poco es acerca de por qué estos eventos climáticos sin precedentes, históricos, ocurren con tanta regularidad, que decir histórico ya se volvió un cliché meteorológico. En otras palabras, no escucharás hablar mucho, si es que algo, sobre el cambio climático.

Esto, nos dicen, es porque se busca no politizar una tragedia humana que todavía está en desarrollo, lo cual es comprensible, pero aquí está el detalle: cada vez que hacemos como que un suceso meteorológico nos llega de la nada, como alguna acción de Dios que nadie pudo predecir, los reporteros toman una decisión extremadamente política. Es la determinación de no herir sentimientos y evitar la controversia, a costa de la verdad, por más difícil que sea. Porque la verdad es que estos eventos fueron predichos desde hace mucho tiempo por los científicos climáticos. Los cada vez más cálidos océanos crean tormentas más poderosas. Los cada vez más altos niveles de los océanos implican que esas tormentas entran a sitios que antes no alcanzaban. Las temperaturas cada vez más calientes ocasionan precipitaciones pluviales cada vez más extremosas: largos periodos de sequía interrumpidos por masivas tormentas de nieve o lluvia, en vez de los estables y predecibles patrones con que la mayoría de nosotros crecimos.

Los récords que se rompen año con año –ya sea de sequía, de tormentas, fuegos incontrolados o simplemente calor– ocurren porque el planeta está notablemente más caliente, más que nunca desde que comenzaron a llevarse registros. Cubrir sucesos como Harvey mientras se ignoran esos hechos, no ofrecer una plataforma para que los científicos climáticos puedan explicarlo con sencillez, mientras no se menciona la decisión del presidente Donald Trump de retirarse de los acuerdos climáticos de París, implica fracasar en el más básico deber del periodismo: ofrecer hechos importantes y contexto relevante. Deja al público con la falsa impresión de que estos desastres no tienen un origen, lo cual también implica que no se pudo haber hecho algo para prevenirlos (y que no se puede hacer algo para evitar que en el futuro sea peor).

También vale la pena señalar que la cobertura mediática de Harvey ha estado altamente politizada desde mucho antes de que la tormenta tocara tierra. Ha habido eternas conversaciones acerca de si Trump tomaba suficientemente en serio la tormenta, largas especulaciones acerca de si este huracán será su “momento Katrina” y se han ganado puntos políticos (con justificada razón) con el hecho de que muchos republicanos votaron contra el apoyo a Sandy pero ahora sí atienden a Texas. Eso se llama hacer política de un desastre –es el tipo de política partisana que está en la zona de confort de los medios convencionales, una política que, de forma oportunista, no toma en cuenta el hecho de que anteponer los intereses de las empresas de combustibles fósiles a la necesidad de un decisivo control de la contaminación es un asunto profundamente bipartisano.

En un mundo ideal, todos deberíamos de poder poner en pausa lo político hasta que la emergencia haya pasado. Luego, cuando todo mundo estuviera a salvo, tendríamos un largo, meditativo e informado debate público acerca de las implicaciones para las políticas de la crisis que acabábamos de presenciar. ¿Qué debería implicar para el tipo de infraestructura que construimos? ¿Qué debería implicar para el tipo de energía de la que dependemos? (Una pregunta con tremendas consecuencias para la industria dominante en la región, a la que le está pegando más duro el huracán: la petrolera y la del gas). La hipervulnerabilidad a la tormenta de los enfermos, los pobres y los de la tercera edad, ¿qué nos dice acerca del tipo de redes de seguridad que tejemos, dado el escabroso futuro que ya aseguramos?

Dado que hay miles de desplazados, podríamos incluso discutir los innegables vínculos entre la alteración climática y la migración –desde el Sahel a México– y aprovechar la oportunidad para debatir la necesidad de una política de migración que comience con la premisa de que Estados Unidos tiene una buena parte de la responsabilidad de las principales fuerzas que sacan a millones de sus hogares.

Pero no vivimos en un mundo que permite ese tipo de debate serio y mesurado. Vivimos en un mundo en el cual los poderes gobernantes se han mostrado demasiado dispuestos a explotar el desvío de atención de una crisis de gran escala; y muchos están dispuestos a usar las emergencias de vida o muerte para imponer sus políticas más regresivas, políticas que nos llevan más por el camino correctamente descrito como una forma de apartheid climático. Lo vimos después del huracán Katrina, cuando los republicanos no perdieron el tiempo y promovieron un sistema de educación completamente privatizado, debilitaron la legislación laboral y fiscal, incrementaron las perforaciones petroleras y de gas y la industria de la refinación, y abrieron las puertas a compañías mercenarias como Blackwater. Mike Pence fue un artífice clave de ese proyecto inmensamente cínico y no deberíamos esperar menos después de Harvey, ahora que él y Trump están al mando.

Ya vimos a Trump usar como tapadera al huracán Harvey para lograr el muy controversial indulto de Joe Arpaio y una mayor militarización de las fuerzas policiales estadunidenses. Se trata de movimientos especialmente ominosos, en el contexto de que los puestos de control migratorios siguen operando aún con las carreteras inundadas (un serio desincentivo para que los migrantes evacuen), así como en el contexto de los funcionarios municipales hablando acerca de aplicar las penas máximas a los saqueadores (vale la pena recordar que después de Katrina, varios residentes afroestadunidenses fueron baleados por la policía en medio de este tipo de retórica).

En pocas palabras, la derecha no desperdiciará el tiempo para explotar a Harvey y ningún otro desastre como ese para diseminar ruinosas y falsas soluciones, como la policía militarizada, más infraestructura petrolera y de gas y sistemas privatizados. Lo cual significa que la gente informada y a la que le importa tiene el imperativo moral de nombrar las verdaderas raíces de esta crisis –conectar los puntos entre la contaminación climática, el racismo sistémico, los reducidos fondos de los servicios sociales y los excesivos fondos para la policía. También necesitamos aprovechar el momento para proponer soluciones intersectoriales, que dramáticamente reduzcan las emisiones mientras batallamos contra toda forma de desigualdad e injusticia (algo que hemos intentado plantear en The Leap (https://theleap.org/), y que grupos como la Alianza por la Justicia Climática (www.ourpowercampaign.org/cja) han impulsado durante mucho tiempo).

Y tiene que ocurrir ahora mismo –justo cuando los enormes costos humanos y económicos de la inacción están en plena luz pública. Si fracasamos, si dudamos debido a una errónea idea de lo que es apropiado durante una crisis, dejamos la puerta abierta a que despiadados actores exploten este desastre para obtener predecibles y perversos fines.

También es una dura verdad que la ventana para tener estos debates es cada vez más estrecha. No tendremos ningún tipo de debate de política pública después de que pase esta emergencia; los medios regresarán a cubrir obsesivamente los tuits de Trump y otras intrigas palaciegas. Así que, si bien parecería ser indecente estar hablando acerca de las causas primordiales mientras la gente aún está atrapada en sus hogares, este es, siendo realistas, el único momento en que tenemos la atención de los medios como para tratar el tema del cambio climático. Vale la pena recordar que la decisión de Trump de retirarse del acuerdo climático de París –acción que va a repercutir a escala global durante décadas– recibió más o menos dos días de cobertura decente. Luego regresaron a hablar de Rusia las 24 horas.

Hace poco más de un año Fort McMurray, pueblo en el corazón del auge de petróleo de arenas bituminosas en Alberta, casi quedó reducido a cenizas. Durante un tiempo el mundo estuvo pasmado por las imágenes de los vehículos que iban en fila, sobre una carretera, con las llamas acercándose por ambos lados. En aquel momento nos dijeron que era insensible y sólo se buscaban chivos expiatorios si se hablaba acerca de cómo el cambio climático exacerbaba fuegos incontrolables como este. Era todavía más tabú hacer cualquier conexión entre nuestro mundo, cada vez más caliente, y la industria que da energía a Fort McMurray y que daba empleo a la mayoría de los desalojados, que produce una forma de petróleo particularmente alta en carbono. El momento no era el adecuado; era el de mostrar compasión, brindar apoyo y no hacer preguntas difíciles.

Pero, claro, ya para cuando era apropiado plantear esos asuntos los reflectores de los medios hace mucho que se habían ido. Y hoy, mientras Alberta intenta conseguir al menos tres nuevos oleoductos para cubrir sus planes de incrementar la producción a partir de bituminosas, ese terrible incendio y las lecciones que podría haber aportado casi no se mencionan.

En ello hay una lección para Houston. La ventana para proveer un contexto significativo y sacar conclusiones importantes es reducida. No podemos arriesgarnos a echarla a perder.

Hablar con honestidad acerca de qué fomenta esta época de desastres seriales –incluso mientras ocurren– no falta al respeto a la gente que está en el sitio en cuestión. De hecho, es la única manera de en verdad rendir tributo a sus pérdidas, y nuestra última esperanza para prevenir un futuro con incontables más víctimas.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Harvey no salió de la nada

Dom, 03/09/2017 - 19:33
Naomi Klein, La Jornada

Ahora es el momento de hablar sobre el cambio climático y todas las demás injusticias sistémicas –desde realizar detenciones e interrogatorios basados en el perfil racial hasta la austeridad económica– que transforman desastres como Harvey en catástrofes humanas.

Busquen la cobertura mediática sobre el huracán Harvey y las inundaciones en Houston, y oirán acerca de cómo este tipo de lluvia no tiene precedente. Escucharán acerca de cómo nadie lo vio venir, así que nadie se podía preparar adecuadamente.

De lo que oirán muy poco es acerca de por qué estos eventos climáticos sin precedentes, históricos, ocurren con tanta regularidad, que decir histórico ya se volvió un cliché meteorológico. En otras palabras, no escucharás hablar mucho, si es que algo, sobre el cambio climático.

Esto, nos dicen, es porque se busca no politizar una tragedia humana que todavía está en desarrollo, lo cual es comprensible, pero aquí está el detalle: cada vez que hacemos como que un suceso meteorológico nos llega de la nada, como alguna acción de Dios que nadie pudo predecir, los reporteros toman una decisión extremadamente política. Es la determinación de no herir sentimientos y evitar la controversia, a costa de la verdad, por más difícil que sea. Porque la verdad es que estos eventos fueron predichos desde hace mucho tiempo por los científicos climáticos. Los cada vez más cálidos océanos crean tormentas más poderosas. Los cada vez más altos niveles de los océanos implican que esas tormentas entran a sitios que antes no alcanzaban. Las temperaturas cada vez más calientes ocasionan precipitaciones pluviales cada vez más extremosas: largos periodos de sequía interrumpidos por masivas tormentas de nieve o lluvia, en vez de los estables y predecibles patrones con que la mayoría de nosotros crecimos.

Los récords que se rompen año con año –ya sea de sequía, de tormentas, fuegos incontrolados o simplemente calor– ocurren porque el planeta está notablemente más caliente, más que nunca desde que comenzaron a llevarse registros. Cubrir sucesos como Harvey mientras se ignoran esos hechos, no ofrecer una plataforma para que los científicos climáticos puedan explicarlo con sencillez, mientras no se menciona la decisión del presidente Donald Trump de retirarse de los acuerdos climáticos de París, implica fracasar en el más básico deber del periodismo: ofrecer hechos importantes y contexto relevante. Deja al público con la falsa impresión de que estos desastres no tienen un origen, lo cual también implica que no se pudo haber hecho algo para prevenirlos (y que no se puede hacer algo para evitar que en el futuro sea peor).

También vale la pena señalar que la cobertura mediática de Harvey ha estado altamente politizada desde mucho antes de que la tormenta tocara tierra. Ha habido eternas conversaciones acerca de si Trump tomaba suficientemente en serio la tormenta, largas especulaciones acerca de si este huracán será su “momento Katrina” y se han ganado puntos políticos (con justificada razón) con el hecho de que muchos republicanos votaron contra el apoyo a Sandy pero ahora sí atienden a Texas. Eso se llama hacer política de un desastre –es el tipo de política partisana que está en la zona de confort de los medios convencionales, una política que, de forma oportunista, no toma en cuenta el hecho de que anteponer los intereses de las empresas de combustibles fósiles a la necesidad de un decisivo control de la contaminación es un asunto profundamente bipartisano.

En un mundo ideal, todos deberíamos de poder poner en pausa lo político hasta que la emergencia haya pasado. Luego, cuando todo mundo estuviera a salvo, tendríamos un largo, meditativo e informado debate público acerca de las implicaciones para las políticas de la crisis que acabábamos de presenciar. ¿Qué debería implicar para el tipo de infraestructura que construimos? ¿Qué debería implicar para el tipo de energía de la que dependemos? (Una pregunta con tremendas consecuencias para la industria dominante en la región, a la que le está pegando más duro el huracán: la petrolera y la del gas). La hipervulnerabilidad a la tormenta de los enfermos, los pobres y los de la tercera edad, ¿qué nos dice acerca del tipo de redes de seguridad que tejemos, dado el escabroso futuro que ya aseguramos?

Dado que hay miles de desplazados, podríamos incluso discutir los innegables vínculos entre la alteración climática y la migración –desde el Sahel a México– y aprovechar la oportunidad para debatir la necesidad de una política de migración que comience con la premisa de que Estados Unidos tiene una buena parte de la responsabilidad de las principales fuerzas que sacan a millones de sus hogares.

Pero no vivimos en un mundo que permite ese tipo de debate serio y mesurado. Vivimos en un mundo en el cual los poderes gobernantes se han mostrado demasiado dispuestos a explotar el desvío de atención de una crisis de gran escala; y muchos están dispuestos a usar las emergencias de vida o muerte para imponer sus políticas más regresivas, políticas que nos llevan más por el camino correctamente descrito como una forma de apartheid climático. Lo vimos después del huracán Katrina, cuando los republicanos no perdieron el tiempo y promovieron un sistema de educación completamente privatizado, debilitaron la legislación laboral y fiscal, incrementaron las perforaciones petroleras y de gas y la industria de la refinación, y abrieron las puertas a compañías mercenarias como Blackwater. Mike Pence fue un artífice clave de ese proyecto inmensamente cínico y no deberíamos esperar menos después de Harvey, ahora que él y Trump están al mando.

Ya vimos a Trump usar como tapadera al huracán Harvey para lograr el muy controversial indulto de Joe Arpaio y una mayor militarización de las fuerzas policiales estadunidenses. Se trata de movimientos especialmente ominosos, en el contexto de que los puestos de control migratorios siguen operando aún con las carreteras inundadas (un serio desincentivo para que los migrantes evacuen), así como en el contexto de los funcionarios municipales hablando acerca de aplicar las penas máximas a los saqueadores (vale la pena recordar que después de Katrina, varios residentes afroestadunidenses fueron baleados por la policía en medio de este tipo de retórica).

En pocas palabras, la derecha no desperdiciará el tiempo para explotar a Harvey y ningún otro desastre como ese para diseminar ruinosas y falsas soluciones, como la policía militarizada, más infraestructura petrolera y de gas y sistemas privatizados. Lo cual significa que la gente informada y a la que le importa tiene el imperativo moral de nombrar las verdaderas raíces de esta crisis –conectar los puntos entre la contaminación climática, el racismo sistémico, los reducidos fondos de los servicios sociales y los excesivos fondos para la policía. También necesitamos aprovechar el momento para proponer soluciones intersectoriales, que dramáticamente reduzcan las emisiones mientras batallamos contra toda forma de desigualdad e injusticia (algo que hemos intentado plantear en The Leap (https://theleap.org/), y que grupos como la Alianza por la Justicia Climática (www.ourpowercampaign.org/cja) han impulsado durante mucho tiempo).

Y tiene que ocurrir ahora mismo –justo cuando los enormes costos humanos y económicos de la inacción están en plena luz pública. Si fracasamos, si dudamos debido a una errónea idea de lo que es apropiado durante una crisis, dejamos la puerta abierta a que despiadados actores exploten este desastre para obtener predecibles y perversos fines.

También es una dura verdad que la ventana para tener estos debates es cada vez más estrecha. No tendremos ningún tipo de debate de política pública después de que pase esta emergencia; los medios regresarán a cubrir obsesivamente los tuits de Trump y otras intrigas palaciegas. Así que, si bien parecería ser indecente estar hablando acerca de las causas primordiales mientras la gente aún está atrapada en sus hogares, este es, siendo realistas, el único momento en que tenemos la atención de los medios como para tratar el tema del cambio climático. Vale la pena recordar que la decisión de Trump de retirarse del acuerdo climático de París –acción que va a repercutir a escala global durante décadas– recibió más o menos dos días de cobertura decente. Luego regresaron a hablar de Rusia las 24 horas.

Hace poco más de un año Fort McMurray, pueblo en el corazón del auge de petróleo de arenas bituminosas en Alberta, casi quedó reducido a cenizas. Durante un tiempo el mundo estuvo pasmado por las imágenes de los vehículos que iban en fila, sobre una carretera, con las llamas acercándose por ambos lados. En aquel momento nos dijeron que era insensible y sólo se buscaban chivos expiatorios si se hablaba acerca de cómo el cambio climático exacerbaba fuegos incontrolables como este. Era todavía más tabú hacer cualquier conexión entre nuestro mundo, cada vez más caliente, y la industria que da energía a Fort McMurray y que daba empleo a la mayoría de los desalojados, que produce una forma de petróleo particularmente alta en carbono. El momento no era el adecuado; era el de mostrar compasión, brindar apoyo y no hacer preguntas difíciles.

Pero, claro, ya para cuando era apropiado plantear esos asuntos los reflectores de los medios hace mucho que se habían ido. Y hoy, mientras Alberta intenta conseguir al menos tres nuevos oleoductos para cubrir sus planes de incrementar la producción a partir de bituminosas, ese terrible incendio y las lecciones que podría haber aportado casi no se mencionan.

En ello hay una lección para Houston. La ventana para proveer un contexto significativo y sacar conclusiones importantes es reducida. No podemos arriesgarnos a echarla a perder.

Hablar con honestidad acerca de qué fomenta esta época de desastres seriales –incluso mientras ocurren– no falta al respeto a la gente que está en el sitio en cuestión. De hecho, es la única manera de en verdad rendir tributo a sus pérdidas, y nuestra última esperanza para prevenir un futuro con incontables más víctimas.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Johan Galtung pronostica el colapso de EEUU para 2020

Sáb, 02/09/2017 - 03:18

Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

El connotado profesor noruego Johan Galtung, sociólogo y matemático nominado al Premio Nobel de la Paz 2017, afirmó que Estados Unidos va a colapsar en el año 2020 (sic), y “cuyo poder declinará aún más con Trump (https://goo.gl/4UFE5e)” –en una fascinante entrevista realizada por el académico e investigador británico Nafeez Ahmed.

El prospectivista Johan Galtung había previsto en forma correcta el colapso de la URSS y es considerado padre fundador de los estudios de paz y conflictos como disciplina científica. Desde el año 2000, Galtung había predicho el colapso del imperio estadounidense para 2025, que recortó en cinco años debido al extremo militarismo de Baby Bush, que aceleró la tendencia.

Nafeez Ahmed desmenuza el modelo Galtung: teoría de sincrónicas contradicciones mutuamente reforzadas, sustentada en la comparación del auge y caída de 10 imperios históricos. La quinta escencia del modelo Galtung radica en que mientras más se profundizan las contradicciones, existe mayor probabilidad que resulten en una crisis social que cambia drásticamente el orden existente. Después de haber tenido éxito con su modelo respecto de la URSS, Johan Galtung inició su aplicación para EEUU.

Nafeez Ahmed comenta que Galtung escribió en 1996 un reporte científico (borrado de la red) publicado por el Instituto del Análisis del Conflicto y la Resolución, de la Universidad George Mason, en el que asentó que EEUU pronto seguirá el mismo camino que las previas construcciones imperiales de auge y caída. A juicio de Ahmed, a su vez connotado prospectivista académico, el libro de Johan Galtung de 2009 – La Caída del Imperio Estadounidense: ¿Qué Sigue? (https://goo.gl/gF3eYV)”– señala unas 15 (súper sic) enormes sincrónicas contradicciones mutuamente reforzadas que afligen a EU, lo cual llevará al fin de su poder global en 2020.

Durante la fase de su declive de aquí a 2020, es probable que EEUU atraviese una fase de fascismo reaccionario, alimentado por la capacidad de una tremenda (sic) violencia global; la visión del excepcionalismo estadounidense como el óptimo país; una creencia en la próxima guerra final entre el bien y el mal; un culto al Estado poderoso que lleva a dicha lucha maniquea, y un culto al líder poderoso.

A juicio de Johan Galtung, tal fascismo –que se gestó con Baby Bush y llega a su fruición con Trump– es un síntoma del declive y cuya característica sicológica es una reactiva arremetida, debido a la incrédula pérdida del poder.

El fascismo como mecanismo de defensa de la debacle

Entre las 15 contradicciones estructurales de EEUU que llevan a su declive: económicas –una sobreproducción en relación con la demanda, desempleo y aumento de costos por el cambio climático–; militares –crecientes tensiones entre EEUU, la OTAN y sus aliados militares, al unísono de la creciente insustentabilidad económica de sus guerras–; políticas –papeles conflictivos de EEUU, la ONU y la Unión Europea–; culturales –tensiones religiosas con el islam y otras minorías–, y sociales: “creciente brecha entre el sueño estadounidense, la creencia de que cualquiera puede prosperar en EEUU gracias al arduo trabajo frente a la realidad de la vida estadounidense”.

Resulta que la incapacidad estructural (sic) para resolver tales contradicciones llevará al desgajamiento del poder político de EEUU a escala global y potencialmente doméstico.

Las señales del colapso global con Trump brillan con sus contradicciones militares en Irak donde, por un lado, critica la intervención de su país, mientras que, por otro lado, enjuicia que EEUU debió haberse llevado el petróleo de Irak, lo cual no se trata de un robo, sino el rembolso (súper sic) por la inversión bélica de EEUU en 1.5 millones de millones de dólares (https://goo.gl/xeQuBJ) ¡Ya no se diga ahora en Afganistán!

A escala doméstica, Trump ha prometido deportar a 11 millones de migrantes ilegales, construir un muro entre EEUU y México, y prohibir la migración musulmana.

Otra flagrante contradicción versa, por un lado, en que Trump pudiera muy bien ofrecer una oportunidad para evitar conflictos potenciales con grandes potencias rivales, como Rusia y China, pero, por otro lado, pudiera todavía, en forma estúpida (sic), librar más guerras unilaterales (sic) y empeorar las contradicciones domésticas en relación a las minorías.

Para Johan Galtung, las incoherentes propuestas políticas de Trump son evidencia del mayor declive estructural del poder de EEUU.

Galtung define con exactitud lo que se colapsa: un imperio es más que la violencia en el mundo. Es una estructura transfronteriza (sic) con un centro, que es el país imperial, y una periferia, los países clientelares cuando el punto sobre el imperialismo es hacer que las élites de la periferia hagan los trabajos para el centro. Ahora bien, el país centro puede ser una dictadura o una democracia.

Para Johan Galtung, el colapso del imperio estadounidense ocurre cuando las élites de la periferia no desean combatir más las guerras de EEUU y no desean ser más explotadas por el centro.

Una señal clave del colapso sería la actitud de Trump con la OTAN, respecto de la cual resaltan las contradicciones: al no pagar sus adeudos, la OTAN puede desaparecer y entonces Trump optaría irse por la libre, lo cual acelera y socava el imperio global de EEUU al mismo tiempo.

El colapso global de EEUU puede desembocar en su balcanización con potenciales implicaciones domésticas que socavan su cohesión interna, con el ascenso de los supremacistas blancos y aún de minorías quienes en lugar de la unión, preferirán a EEUU como una confederación (sic) o una comunidad.

Galtung no se siente pesimista y, al contrario, vislumbra la inevitabilidad del colapso del imperio estadounidense como “una real oportunidad para la revitalización de la República (súper sic) estadounidense, caracterizada por su dinamismo, su apoyo a los ideales de libertad, su productividad y creatividad, y su cosmopolitismo (sic) hacia los otros.

Johan Galtung despedaza la política exterior de EEUU con cerca de 250 intervenciones (súper sic) desde que Jefferson las inició en Libia en 1801 y con más de 20 millones (sic) de asesinatos en 37 países desde 1945.

El rotativo británico The Independent da vuelo a la prospectiva de Galtung y cita como su antítesis a Xenia Wickett, directora del programa EEUU y las Américas en el think tank Chatham House, quien desecha los asertos de Galtung como totalmente fuera de la realidad, ya que “EEUU es un poder global por varias razones. Ostenta la mayor fuerza militar en el mundo, tiene el más robusto poder blando en términos de sus universidades (…) en términos de sus empresas y en términos del alcance (sic) de sus multimedia. Todavía es la mayor economía en el mundo. La idea de que cualquiera de estas cosas (sic) cambiará en los próximos cuatro años está fuera de la realidad” (https://goo.gl/Lkb2Dm).

Es muy discutible la infatuación de Xenia Wickett. Sin contar la resurrección militar de Rusia, en los próximos tres años China desplazará a EEUU como la máxima superpotencia geoeconómica (https://goo.gl/vMzbJE). Tres años se encuentran a la vuelta de la esquina y alguien se va a equivocar. Lo sabremos muy pronto…

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La inundación de Houston y la anarquía del mercado capitalista

Ven, 01/09/2017 - 14:49

Niles Niemuth,WSWS

El desastre que vive la región del Golfo en Texas por el huracán Harvey se empeora cada vez más, y ahora la tormenta se traslada hacia Luisiana al este. La ciudad de Houston, la cuarta más grande del país, sigue bajo el agua por las inundaciones sin precedentes. La cifra de muertos es de 30 y sigue subiendo, mientras docenas más han desaparecido. Cinco días después de que Harvey tocara tierra, aun no se sabe cuántos necesitan ser rescatados.

Incluso mientras aumentan las víctimas mortales y la destrucción en el sureste tejano, se intenta negar que no se pudo hacer nada para minimizar el impacto de la tormenta.

El titular de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), William “Brock” Long proclamó que era imposible prever el desastre. “No era posible ni soñar tales pronósticos”, dijo el lunes por la noche. El diario Washington Post lo citó acríticamente en la primera plana, bajo el titular “Oficiales de rescate indican que era imposible prepararse para la ferocidad del diluvio”.

El martes, el New York Times escribió que los esfuerzos de rescate iban “tan bien como se podía esperar”. Después, señaló que en vez de “lamentar no haber escuchado advertencias viejas”, el país debería “mirar hacia adelante”. Al igual que en Nueva Orleans después del huracán Katrina, sugirió ominosamente que puede que áreas enteras de Houston se dejen echar a perder, diciendo que los oficiales ahora tienen “que tomar decisiones difíciles en cuanto a qué reconstruir y cómo”.

Doce años después de Katrina, no se ha hecho nada para reforzar los controles contra inundaciones ni para mejorar la infraestructura social y limitar el impacto de tormentas grandes. Tampoco se ha hecho nada para planificar y preparar medidas de emergencia y seguridad pública para tratar con eventos climatológicos severos. Se hicieron advertencias repetidas y recomendaciones urgentes que fueron completamente ignoradas, como el reporte del 2014 de la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles titulado “Un llamado por una Estrategia Nacional de Gestión de Riesgos por Inundaciones”.

Robert Bea, un profesor emérito de ingeniería civil de la Universidad de California en Berkeley y experto en los riesgos por huracanes en la costa del Golfo de México, le indicó al Los Angeles Times que es “una mentira de 100 años” que el sistema de control de inundaciones de Houston podía proteger a la población para una tormenta que sólo pasa cada 100 años. Esta mentira, explicó, está basada en un máximo de 13 pulgadas de lluvia en 24 horas, algo que ha ocurrido más de ocho veces en los últimos 27 años.

No cuesta pensar en las razones detrás de tal grado de negligencia. Tanto la industria de bienes raíces, Wall Street y los monopolios petroleros se opusieron a acatar las advertencias. Su capacidad para bloquear la toma de medidas que pudieron haber protegido al pueblo estadounidense, mediante políticos pagados de ambos partidos, ejemplifica la subordinación completa de todas las necesidades sociales bajo el capitalismo al interés de acaparar una mayor riqueza e ingresos de la oligarquía corporativa y financiera.

El estado de Texas en general y Houston en particular han sido celebrados como modelos del “éxito” de la desregulación y del capitalismo del libre mercado. Siendo el hogar de la dinastía Bush y de las monstruosas compañías de petróleo y gas, Houston es la ciudad más grande del país sin legislación urbanística. No existen límites serios a lo que pueden hacer los especuladores de bienes raíces y desarrolladores, quienes han hecho caso omiso a las advertencias de ingenieros y científicos sobre las consecuencias de pavimentar por encima de humedales y pastizales, terrenos que absorben la lluvia, con concreto impermeable.

La extensión urbana de la ciudad ahora cubre 1500 kilómetros cuadrados. Desde el 2010, han sido construidos miles de hogares sobre planicies aluviales y los planificadores municipales han sabido que la ciudad está situada sobre una superficie muy propensa a inundaciones, pero no hicieron nada para detener la destrucción de las barreras naturales que alguna vez limitaban las inundaciones. Los miles de trabajadores que han perdido sus medios de vida son las víctimas de la negligencia criminal de los oficiales gubernamentales que representan los intereses de las inmobiliarias, magnates petroleros y banqueros.

Hubo una amplia gama de advertencias sobre una catástrofe por inundaciones. En el 2008, el huracán Ike pasó cerca, pero golpeó la ciudad de Galveston. Tres otras tormentas desde el 2015 han ocasionado inundaciones importantes en las áreas que FEMA había declarado en riesgo. Discusiones que se han estado llevando a cabo desde hace demasiado tiempo sobre ampliar y fortificar la infraestructura para proteger a Houston y otras ciudades costeras de mareas tormentosas nunca han pasado de sus etapas de planeamiento. Por mientras, los sistemas anticuados e inadecuados de control contra inundaciones que fueron construidos hace décadas ya están colapsados.

El presidente Donald Trump visitó Texas el martes, ejemplificando la descarada indiferencia de la élite gobernante estadounidense hacia la crítica situación que viven los trabajadores como resultado de su avaricia y negligencia. Al mismo tiempo, demostró un enorme grado de ignorancia hacia lo que están pensando las masas.

En un evento planificado en el centro de gestión de desastres en Corpus Christi, el mandatario, el gobernador de Texas, Greg Abbott y el jerarca de FEMA se dieron palmadas en la espalda por su supuestamente maravillosa respuesta a las desastrosas inundaciones. Presentaron el obsceno espectáculo de caos e incompetencia por parte de las autoridades, lo cual ha provocado gran impacto e ira alrededor del país y el mundo, como un modelo de compasión y eficiencia.

Abbott, un activo político de la industria petrolera, alabó servilmente a Trump, quien representa los intereses de las inmobiliarias que han saqueado y condenado a Houston a su estado actual.

Como sucedió en Nueva Orleans después de Katrina, ya se habla detrás de bastidores sobre cómo aprovechar la crisis para desmantelar aun más las regulaciones, privatizar bienes y recortar salarios.

Es crítico que la clase obrera y la juventud lleguen a las conclusiones políticas necesarias de este denominado “desastre natural”. La catástrofe en Texas no es, después de todo, la primera.

Los últimos doce años han visto una serie de eventos que han expuesto de forma más y más clara los niveles impresionantes de desigualdad y pobreza que caracterizan a la sociedad estadounidense, junto con la indiferencia y criminalidad de la oligarquía corporativa gobernante: Katrina en el 2005, el derrame de petróleo de BP en el 2010, la supertormenta Sandy en el 2012 y ahora Houston.

Todos estos desastres son de hecho crímenes sociales. Demuestran además la incompatibilidad de las sociedades complejas de la actualidad con un sistema económico obsoleto e irracional que está basado el afán de lucro personal de los oligarcas financiero. Miles de personas en Houston lo perdieron todo, muchos incluso sus vidas, y ¿para qué? Para que gánsteres multimillonarios como Trump puedan comprarse mansiones y yates más grandes y puedan mantener a políticos sobornados para que defiendan sus riquezas y poder.

Estos trágicos eventos demuestran de forma negativa la urgente necesidad de reorganizar toda la vida económica y social del país y el mundo con base en una planificación racional y científica, el control y manejo público de los recursos de la sociedad y la participación democrática de las masas.

Más allá, el despliegue de solidaridad y la organización de los esfuerzos de socorro por parte de gente ordinaria en Houston y alrededor del país ponen en evidencia el potencial para el desarrollo de tal sociedad. ¿Qué lo previene? Una oligarquía barbárica que se aferra a toda la riqueza y fuerzas productivas de la sociedad. La lección principal del huracán Harvey es que este obstáculo tiene que ser quitado del camino. La única fuerza social que lo puede lograr es la clase obrera.

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Regulación financiera: el fantasma de Ferdinand Pecora

Mér, 30/08/2017 - 12:52
Alejandro Nadal, La Jornada

El 6 de junio de 1934 el entonces presidente Franklin Roosevelt firmó la ley que estableció la Comisión Reguladora del Mercado de Valores y la Actividad Bursátil (Securities and Exchange Commission, SEC). Junto a él se encontraba Ferdinand Pecora, colaborador cercano y uno de los arquitectos del proyecto de ley. Después de la ceremonia Roosevelt se acercó a Pecora y le preguntó: Ahora que he firmado y promulgado este instrumento, ¿qué clase de ley será ésta, Ferdinand?

Pues será una buena o una mala ley, dependiendo de las personas que la apliquen, fue la incisiva respuesta de Pecora. Este abogado había sido asistente del fiscal de Nueva York y fue el principal asesor legal del comité senatorial que investigaba la actividad bancaria y bursátil. Su inteligencia y tenacidad terminó por ganarse la confianza de los senadores. Su influencia fue determinante para convertir al comité en el precursor de los principales instrumentos reguladores de la actividad financiera y de la bolsa de valores en Estados Unidos. Uno de esos instrumentos fue la ley Glass-Steagall (1933) que separó las actividades de los bancos comerciales de las de los llamados bancos de inversión. (Por cierto, la aceptación del neoliberalismo por parte de Clinton condujo a la derogación de esta ley en 1999.)

Muchos esperaban que Pecora sería designado para dirigir la SEC. Pero a Roosevelt le tembló el pulso y prefirió el perfil de Joseph Kennedy. Fue una decisión de gran importancia. Pecora era un inmigrante siciliano y su visión del mundo no era la de los miembros del selecto club de millonarios que se codeaban con los especuladores. Para alguien que venía del exterior del establishment, Pecora nunca tuvo miedo de enfrentarse a los poderosos señores del dinero.

Pero a Roosevelt le aconsejaron muchos asesores cercanos al mundo de las finanzas con el mensaje de que el enfoque de Pecora era demasiado ideológico. Por eso optó por Kennedy para dirigir la flamante SEC, no sólo por considerarlo más pragmático, sino por sus conexiones en Wall Street. Quizás lo que más alarmó al mismo Roosevelt fue una frase pronunciada por Pecora en el sentido de que la actividad especulativa era parte de la naturaleza del capital financiero. La agudeza de Pecora quedó de manifiesto en su libro Wall Street bajo juramento (publicado en 1939), obra en la que hasta se adelantó al análisis de Hyman Minsky sobre la hipótesis de inestabilidad financiera y el desarrollo de las burbujas con activos financieros.

En un editorial de 2009 el New York Times se preguntaba: ¿Dónde está nuestro Ferdinand Pecora? La interrogante se refería a los distintos esquemas de regulación bancaria y financiera que serían necesarios para evitar los abusos de la especulación que condujeron a la gran crisis de 2007. Y ayer mismo el Financial Times señaló que en una comparación histórica con las reformas de la era de Ferdinand Pecora, los cambios a la regulación del sistema financiero introducidos a partir del estallido de esta crisis parecen pusilánimes.

Las reformas en materia de regulación financiera aprobadas en 2010 están contenidas en la ley Dodd-Frank. Su principal restricción está plasmada en la llamada Regla Volcker que prohíbe a los bancos comerciales ser propietarios o inversionistas en fondos de cobertura o en entidades que por su naturaleza funcionen como operadores especulativos. Es una regla importante, pero efectivamente es tímida frente a las transformaciones que se necesitan en el sistema financiero y deja incólume el gigantesco casino que es el mercado de derivados.

La semana pasada, en su discurso en el simposio de Jackson Hole, Janet Yellen, la presidente de la Reserva federal, salió en defensa de la regulación financiera. En especial, Yellen dedicó su alocución a las reformas introducidas en los últimos 10 años, en especial la ley Dodd-Frank, señalando que hicieron que el sistema bancario estadounidense fuera hoy más robusto y seguro. Es un desafío directo a Trump quien promueve varias iniciativas para eliminar las partes medulares de la ley Dodd-Frank que el ocupante de la Casa Blanca califica como regulación excesiva y asfixiante.

A principios de junio la Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley que exentaría a los pequeños bancos regionales de las restricciones de la Dodd-Frank. Es un ejemplo de la forma en que el lobby financiero trabaja incansablemente para debilitar las timoratas reformas introducidas en 2010. El mismo Trump ha declarado que si pudiera derogaría en un día la ley Dodd-Frank pues supuestamente ese instrumento impone serios obstáculos a la actividad bancaria y empresarial, frenando la creación de empleos.

El mandato de la señora Yellen concluye en febrero del año que viene. Después de su discurso, es evidente que Trump no le pedirá que permanezca otros cuatro años. Y la visión de Yellen en favor de las tibias reformas al sector financiero se tendrán que ir con ella. Figuras como las de un Ferdinand Pecora se alejarán todavía más en el horizonte.

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Crece el temor de un desplome financiero y una revuelta social en Estados Unidos

Lun, 28/08/2017 - 09:01
Nick Beams, WSWS

Están aumentando las inquietudes en los círculos financieros de EEUU y alrededor del mundo de que la acelerada subida de la bolsa de valores estadounidense tras la elección de Donald Trump de paso a un gran desplome. Estas preocupaciones develan algunas de las fuerzas que están detrás de la virtual guerra civil que vive la élite política estadounidense.

Los corredores y ejecutivos de Wall Street son cada vez más de la opinión de que el “comercio Trump”, que envió al Dow Jones y otros índices bursátiles a récords históricos, ha llegado a su fin, debido a que el presidente se ha vuelto un inconveniente. El punto álgido del ímpetu empresarial pasó de largo con el conflicto que siguió los disturbios nazis en Charlottesville. Los comentarios de Trump en defensa de los neonazis fueron percibidos como una carga debilitante para los intereses internacionales del imperialismo estadounidense y un posible detonante de inestabilidad social y política dentro del país.

Sin embargo, las preocupaciones sobre la inestabilidad que pueda causar el mandatario reflejan temores más profundos. La clase gobernante estadounidense confronta problemas que van más allá del actual ocupante de la Casa Blanca.

En un comentario publicado el lunes, Ray Dalio, el presidente del mayor fondo de inversión del mundo, Bridgewater, declaró que la política “probablemente va a desempeñar un mayor rol del que hemos experimentado antes en una manera muy similar a 1937”. La capacidad de EEUU para sobrellevar conflictos políticos tendrá un mayor efecto en la economía que las “políticas monetarias y fiscales clásicas”.

La referencia a 1937 es significativa. La primera mitad de ese año vio un colapso importante en la economía estadounidense—un declive más empinado que el de 1932 en lo peor de la Gran Depresión—. Ese año también vivió una erupción de las luchas de clases en las industrias automotriz y siderúrgica.

Dalio escribió que las divisiones sociales y económicas en EEUU son similares a las de los alzamientos revolucionarios en este periodo. “Durante tiempos como estos, aumentan los conflictos (tanto internos como externos), emergen los populismos, las democracias son amenazas y pueden ocurrir guerras”. Luego, añadió que él no puede predecir cuán mala será la situación, pero dijo no sentirse alentado. “Los conflictos se han intensificado al punto que un combate hasta la muerte es más probable que una reconciliación”.

Hace casi 170 años, en su obra Las luchas de clases en Francia, Marx notó que la erupción de la lucha de clases tiene un impacto significativo en el sistema financiero porque pone en duda la confianza en la viabilidad misma del sistema económico que preside la clase gobernante.

En su comentario, Dalio escribió que, cuando uno mira los promedios, “uno podría concluir que la economía de EEUU está bien, pero cuando uno mira los números detrás de esos promedios, se vuelve claro que a algunos les va extraordinariamente bien mientras que a otros terriblemente mal, con las mayores brechas de riqueza e ingresos desde los años treinta”.

Dalio y otros se han referido a la cada vez más amplia brecha social y política en términos de “populismo”, pero su verdadero temor es que emerja un conflicto abierto entre clases. “La mayoría de los estadounidenses”, anotó, “parecen estar fuerte e intransigentemente en desacuerdo en cuanto a nuestros líderes y la dirección del país”. Además, “están más dispuestos a luchar por lo que creen que en tratar de ir más allá de sus diferencias para trabajar productivamente con base en principios compartidos”.

En otras palabras, las ilusiones sobre el “sueño americano” y sobre EEUU como “la tierra de la oportunidad”, que sirvieron históricamente como un tipo de pegamento político, se han desvanecido. Lo que aterra a la clase gobernante es que la clase obrera entre en acción bajo condiciones en que todo apunta a un estallido de la burbuja financiera que ha venido siendo inflada por los bancos centrales globales desde la crisis financiera del 2008.

Hace nueve años, la desintegración completa de los mercados bursátiles fue prevenida solamente gracias a la inyección de billones de dólares al sistema financiero global—tan sólo la Reserva Federal de EEUU vertió más de cuatro billones de dólares—. Sin embargo, el efecto principal de estas medidas no fue estimular una recuperación significativa en la economía “real” —algo evidente viendo que las tasas de interés en EEUU y las principales economías permanecen en niveles históricamente bajos—, sino facilitar un auge en el mercado financiero.

La última expresión de esta manía especulativa ha sido la subida del valor de la criptomoneda Bitcoin. Después de los más de 3000 días que le tomó alcanzar el nivel de $2000, la divisa, utilizada para el comercio por Internet, brincó de $2000 a $4000 dólares en menos de 85 días. La valoración total del mercado de Bitcoins se ha expandido a $140 000 millones, con el ingreso de algunos de los principales inversores como Goldman Sachs.

Sin embargo, esta es sólo una de las burbujas que se han desarrollado en casi todos los activos financieros.

Con la descarga de dinero ultrabarato por la Reserva Federal y los otros bancos centrales, las compañías también han podido mantener el valor de sus acciones alto a través de préstamos para recomprar sus propias acciones. Sin embargo, este proceso está llegando a un límite, ya que las compañías se han endeuda excesivamente y no pueden adquirir nuevos préstamos para continuar inflando los valores de sus acciones.

Como lo comentó el diario Financial Times el lunes, tomando en cuenta sus valoraciones históricas y de largo plazo, las acciones en EE. UU. “parecen más caras que en cualquier otro momento excepto en los meses antes del gran colapso de 1929 y del estallido de la burbuja de las puntocoms en el 2000”.

Bajo lo que eran circunstancias “normales”, el dinero era invertido en los mercados de bonos para aprovechar sus mayores tasas de rentabilidad; sin embargo, los mercados de bonos ahora también se encuentran en una burbuja con un comercio a niveles históricos, con tasas de interés (que varían inversamente al precio) en niveles bajos récord.

En el 2008, la clase gobernante estadounidense respondió a la crisis financiera por medio de mecanismos políticos y económicos. Por un lado, instalaron a Obama como presidente, bajo proclamas de una “audaz esperanza” y “cambio en el que puedes creer” y contando con el apoyo de la burocracia sindical y las distintas organizaciones de las capas privilegiadas de la clase media, que aclamaron su elección como un momento “transformativo”.

Por el otro lado, destaparon el tesoro para inyectar la mayor cantidad de dinero al sistema financiero en la historia económica para financiar una orgía de especulación y organizar la mayor transferencia de riqueza de la clase obrera a los ricos. Lejos de resolver las contradicciones, las recrudecieron a un nivel más alto.

A pesar de que hay secciones de la burguesía que tiemblan ante la intensificación de los conflictos de clases, no pueden proponer ninguna medida que aborde las condiciones que están llevando inexorablemente a explosiones sociales. Mientras que Trump ha perseguido la política de desarrollar un movimiento extraparlamentario de extrema derecha, sus críticos dentro de la clase gobernante están buscando reorganizar su administración para ponerla bajo un control más firme de la cúpula militar y financiera del país.

Estamos entrando en un nuevo periodo de convulsiones económicas y sociales, para el cual tiene que prepararse la clase obrera mediante la construcción de una dirección revolucionaria basada en un programa internacionalista y socialista para resolver, en sus propios intereses, la crisis histórica del sistema de lucro capitalista.

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Las reacciones española y catalana al ataque

Dom, 27/08/2017 - 09:00
Robert Fisk, La Jornada

Amenos que usted sea catalán o español, quizá pasó por alto los indicios de la grave división política detrás de la matanza en Barcelona. Los reportes internacionales casi deliberadamente evitaron mencionar las partes engañosas de la información. Se nos invitó a mirar el horror, el temor y el dolor creados por los asesinos islamitas, sin contemplar por un momento que algunas de las reacciones a ese acto de barbarie fueron muy diferentes a las de unidad nacional e internacional que, se supone, Europa y el mundo debían compartir.

Hubo una pista de culpabilidad en todo esto cuando los primeros reportes pusieron énfasis en la unidad de Barcelona y del pueblo español, y mencionaron de paso el referendo del primero de octubre sobre la independencia catalana, que el gobierno de Madrid alega es ilegal.

Según dicho mensaje, el acto de terrorismo podía curar esas divisiones. Ciertamente, la historia subliminal era muy simple: algunas cosas –el terror, el asesinato y el dolor– no pueden vencerse con nociones como la independencia nacional, libre del control de un gobierno central.

Me sorprendió la manera en que un reportero de la televisión británica constantemente interrumpía a los testigos que no expresaban lo traumatizante y sorpresivo que fue el atentado ni el tormento mental que éste les provocó. No podían enunciar lo evidente: que estos ataques se están volviendo algo normal –palabra odiada por todos los periodistas– y que en este caso existía un contexto que se estaba pasando por alto.

Así que mencionemos dicho contexto ahora. El primer ministro español, Mariano Rajoy, llegó con varias horas de retraso a Barcelona para expresar sus condolencias. Ni una vez durante su sermón de duelo por las personas asesinadas y la herida a esta ciudad catalana mencionó a Cataluña. Sólo habló del dolor de la nación española. En su perorata, el presidente catalán, Carlos Puigdemant, habló de Cataluña como un país, lo cual no es.

El ministro del Interior catalán diferenció entre las víctimas españolas y catalanas. En la conferencia de prensa habló en catalán y no en español.

Sería una idea simpática que los asesinos del culto de Isis, sin percatarse de ello, hubieran creado una unidad en España en la víspera del voto por la independencia de Cataluña, pero la idea de que este potencialmente catastrófico momento político en la historia de España no se vuelva parte de las consecuencias de la matanza es ridículo.

Me preguntaba por qué sólo pocos periodistas se refirieron al conflicto nacionalista. En el Irish Times, por ejemplo, Paddy Woodworth –experto en la violenta lucha española por el País Vasco– indicó que el ataque del Isis expuso "la falla geológica que divide a España". El portal Politico eligió poner la matanza de inocentes en Barcelona en el contexto de la política española.

Woodworth se preguntó si los atacantes se dieron cuenta de esto. Él opinó que la acalorada insistencia de Puigdemont, a sólo horas de los asesinatos, de que los atacantes no afectarían el movimiento hacia la independencia catalana fue "casi indecente".

Durante las 20 horas que siguieron a la matanza, españoles (de ambos bandos) fueron testigos del espectáculo de Rajoy y Puigdemant al frente de "comités de crisis" separados en la misma ciudad. Según ellos, se estaban coordinando, pero sin estar en el mismo recinto. Parece que hasta hace poco las fuerzas de seguridad catalanas tuvieron acceso a las agencias europeas de seguridad. El diario madrileño El País aleccionó a sus lectores sobre cómo la indignación en Barcelona debía "devolver a la realidad" a las "fuerzas políticas catalanas".

En las reacciones mundiales hacia el ataque hubo algunas veladas referencias a las limpiezas étnicas de musulmanes ocurridas en los siglos XV y XVI a manos del dueto formado por el rey Fernando y su esposa la reina Isabel. Nunca creí esa idea de que estos épicos crímenes históricos eran, en parte, causantes de que los actuales asesinos del Isis maten a inocentes embistiéndolos con vehículos y mucho menos que con ellos justifiquen tanta perversidad.

Un miserable y pequeño grupo de armenios asesinó a diplomáticos turcos en venganza por el Holocausto turco de 1915, cuando ocurrió la matanza de millón y medio de civiles armenios cristianos. Pero otros pueblos no toman venganza así. Sobrevivientes del Holocausto judío, sus descendientes y correligionarios no ejercen violencia contra los pobladores de la Alemania actual. Tampoco la comunidad judía mundial desea la venganza por su propia persecución durante la limpieza étnica de España que sufrieron a la par de los musulmanes. Salvo por los que se convirtieron al cristianismo o murieron en la hoguera –por lo menos mil judíos, pero pueden ser hasta 10 mil–, las comunidades musulmana y judía fueron expulsadas de España y Portugal en los siglos XV y XVII. De hecho, España y Portugal decidieron resarcir estas acciones al dar la ciudadanía completa y pasaportes a los descendientes de las familias expulsadas. En 2014, el Ministerio de Justicia español afirmó que esa erradicación de las comunidades se trató de "un error histórico" y "una tragedia".

Los descendientes judíos de las víctimas, muchos de los cuales viven en Israel, por tanto tienen "el derecho al retorno", garantía que los israelíes no conceden a los habitantes de Palestina que fueron expulsados de sus hogares o que huyeron tras la creación de Israel. Los musulmanes, por otro lado, no fueron invitados a volver. Después de que España y Portugal declararon su acto de generosidad hacia descendientes de las víctimas judías y su derecho a pasaportes, los musulmanes no debían molestarse en solicitar su retorno.

Hubo voces que afirmaron que los cristianos de Andalucía fueron obligados a reprimir las rebeliones musulmanas y que las expulsiones de ellos, por tanto, tuvieron lugar en "tiempos de guerra". En la imaginación popular, en tiempos de guerra las expulsiones ocurren por razones distintas a las puramente raciales, y esto probablemente se aplica a los árabes palestinos. La verdadera razón detrás de la decisión de España y Portugal, de por qué sólo adoptaron una actitud justa y moral hacia los descendientes judíos, es que no quieren que los musulmanes vengan a sus territorios.

Bueno, pues después de Barcelona muchos dirán que tuvieron razón. Pero después debemos recordar que los asesinos de Barcelona eran de origen marroquí. Marruecos, junto con Argelia, son territorios a los que llegaron los musulmanes expulsados de España a principios del siglo XVII. Argelia es el país de origen de los que asesinaron a inocentes en Francia, y los medios omitieron mencionar la terrible historia colonial de este país cuando se reportaron atrocidades cometidas en París y Marsella.

Nada justifica la matanza de inocentes. Además, a los asesinos de Barcelona no les importa a quiénes mataron, ni su ciudadanía ni su religión. Sin embargo, en momentos de emoción aterradora debemos reflexionar un poco en lo que los periodistas llaman los antecedentes y poner los hechos en su contexto, por así decirlo.

Españoles y catalanes saben todo esto. Conocen su historia medieval. Vieron, la semana pasada, los patéticos desaires antiespañoles y anticatalanes de sus politiquillos. ¿Por qué ambos lados no pueden contarnos la misma historia?

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Lo que no se está diciendo a raíz del ataque terrorista en Barcelona

Ven, 25/08/2017 - 17:35
Vicenç Navarro, Público

A raíz del atentado terrorista en Barcelona, se han escrito muchos artículos de gran utilidad, explicando brevemente el origen del Estado islámico y su expansión, muy notable a partir de la invasión de Irak por el Ejército de EEUU y de sus aliados, incluyendo España. Lo que es importante subrayar es que a lo largo de los últimos cuarenta años no es la primera vez que un movimiento musulmán terrorista se establece y expande gracias a intervenciones (muchas de ellas militares) del gobierno federal de EEUU y de otros gobiernos occidentales (los de Gran Bretaña y Francia han sido dos de los más activos) que han estimulado el establecimiento y/o la expansión de tales movimientos. Y en cada caso, el motivo de tales intervenciones de los gobiernos occidentales tenía como objetivo eliminar y/o destruir fuerzas políticas nativas, muchas de ellas de carácter progresista, que los gobiernos occidentales consideraban contrarias a sus intereses. La evidencia acumulada de ello es abrumadora.

Uno de los casos recientes más conocidos es Afganistán, donde el gobierno de EEUU ayudó intensamente, financiando y armando al movimiento creado por nada menos que Osama Bin Laden, que se caracterizaba por su primitivismo y fanatismo religioso. Por extraño que parezca, Bin Laden estuvo financiado por la CIA, agencia del gobierno federal de EEUU. Tal movimiento, Al Qaeda, consideraba como su enemigo número uno a las fuerzas socialistas laicas -apoyadas entonces por la Unión Soviética- que intentaban hacer las reformas económicas, sociales y culturales que aquel país necesitaba para romper con su subdesarrollo, su pobreza y su asfixiante y reaccionario ambiente religioso y cultural que mantenía al país en una situación desesperante para la gran mayoría de su población. No hay que olvidar que fue el Gobierno de EEUU el que ayudó a la expansión de uno de los movimientos más fanáticos y reaccionarios entonces existentes, alabados por algunos miembros del Congreso de EEUU por su profunda religiosidad. Lo que tal Gobierno no se esperaba fue que una vez derrotadas las fuerzas socialistas, Al Qaeda se rebelara en contra de sus mentores, iniciando una campaña terrorista en contra de Occidente que alcanzó su máximo nivel el 11 de septiembre, con la voladura de las Torres Gemelas.

Pero esto fue solo el inicio. A Al Qaeda le siguieron muchos otros movimientos, uno de los cuales los yihadistas del Estado Islámico, que pudieron surgir con gran empuje mediante el vacío de poder que se creó con la caída de Sadam Hussein en Irak, consecuencia de la invasión estadounidense. Y un tanto igual está ocurriendo en Siria, en el intento de derrotar a otro dictador, el presidente Bashar Al-Assad de Siria. Es la guerra de Siria lo que está generando predominantemente el terrorismo en Europa. Este terrorismo también se ha expandido en Libia, donde la caída del coronel Gadafi –resultado de la intervención militar de EEUU y sus aliados europeos- ha destruido Libia, permitiendo la expansión del ISIS en el Norte de África. Tanto en Siria como en Libia, ni Sadam Hussein ni el coronel Gadafi representaban fuerzas progresistas, pero sí que significaban un parapeto y freno a la expansión del yihadismo. Es interesante indicar que tanto el uno como el otro habían sido apoyados por EEUU y el mundo occidental cuando fuerzas progresistas intentaron cambiar el país.

¿Quién está financiando el yihadismo? Este es uno de los capítulos del terrorismo más estudiados, y sobre el cual más se ha escrito. Pero una fuente de información valiosa han sido los papeles del Departamento de Estado de EEUU, publicados por Wikileaks, y que aparecieron durante la campaña electoral a la Presidencia de aquel país. Ahí aparecen datos que confirman lo que se ha ido sospechando desde hace tiempo. Según la Secretaria de Estado del gobierno Obama (la figura equivalente a Ministro de Asuntos Exteriores) –la Sra. Hillary Clinton-, algunas de las fuentes más importantes de financiación del yihadismo han sido el gobierno de Qatar y el de Arabia Saudita, afirmación que la Secretaria hacía con todo énfasis, descartando que fuera alguno de los príncipes de las Casas Reales que dominan tales gobiernos. La Sra. Clinton afirmaba que eran los gobiernos de aquellos Estados con pleno conocimiento y aprobación los que lo estaban financiando.

Esta relación es ampliamente conocida en la diplomacia internacional y también en España, lo que ha dado pie a muchas denuncias del comportamiento de la Casa Real española, por su conocida amistad y soporte a las casas reales de aquellos países, que constituyen los gobiernos que dirigen sus Estados. Un ejemplo de ello es el argumento utilizado por el partido político independentista catalán, la CUP, en su oposición a que el Monarca español presida el acto de homenaje a las víctimas del ataque terrorista en España, por considerar impropia la relación de la Monarquía Española con las casas reales que gobiernan aquellos países, argumento que ha resonado intensamente en la sociedad catalana. Considero la postura de la CUP coherente y entiendo la amplia receptividad de este argumento en Catalunya. Ahora bien, existe cierta contradicción en tal denuncia (que yo comparto) pues parece olvidar que gran número de instituciones catalanas están implicadas y entrelazadas con Qatar, y que no han sido denunciadas; incluyendo nada menos que Futbol Club Barcelona, que hasta hace poco era el mayor promotor, a través de su camiseta, del Estado de Qatar (del cual dependía la aerolínea que promocionaba, Qatar Airways). En realidad, raramente se denuncia al Barça por su promoción masiva de un Estado que financiaba y continúa financiando movimientos que incluyen actos terroristas en su estrategia militar, como el que ocurrió en Barcelona hace solo unos días (ver mi artículo sobre el Barça, “El Barça, més que un club”, en el diario ARA). En realidad Qatar, uno de los estados más represivos del mundo están muy presente en la ciudad de Barcelona a través de gran número de inversiones, incluyendo inmobiliarias.

Dos últimas observaciones. La respuesta al ataque terrorista mostró uno de los problemas mayores que tiene el Estado español: su excesivo centralismo

Una nota generalizada en los medios de comunicación ha sido el aplaudir la eficiencia de la Policía catalana, los Mossos, en respuesta a los ataques terroristas. No quiero yo desmerecer con mi observación el valor de tal aplauso, bien merecido. Pero quisiera hacer dos apuntes que se basan en hechos reales, pero poco conocidos. Uno es que como consecuencia de que el Estado español fue resultado, no de una ruptura con el régimen dictatorial anterior (basado en la represión), sino de una apertura y adaptación de tal Estado para incluir dimensiones democráticas, tenemos una enorme cantidad de cuerpos de policías, que sumando sus efectivos, resulta que somos el país en Europa con el número mayor de policías por cada 100.000 habitantes (y en contraste el que tiene un número menor de personas adultas trabajando en los servicios públicos del Estado del Bienestar, como educación, sanidad, servicios sociales, escuelas de infancia, servicios domiciliarios, entre otros). Es probable que la proporción de todo el cuerpo de policías sea muy desigual entre los distintos cuerpos. Pero me parece que en el caso del terrorismo, que tiende a ocurrir en las ciudades, sería importante dar mayor presencia y protagonismo a las fuerzas locales que a las centrales. Lo cual me lleva a otro tema, relacionado con lo anterior.

El escaso poder de los municipios Una nota que ha destacado en la respuesta de los tres niveles del Estado (el central, el autonómico y el municipal) en estos días de crisis, es el enorme protagonismo institucional que se ha dado en los medios al gobierno central y al gobierno autonómico. Pero el papel del Ayuntamiento de Barcelona y el de la alcaldesa Colau ha sido mostrado (errónea y manipuladoramente) como menor, mostrando un perjuicio, heredado de la época anterior durante el régimen dictatorial, en que las autoridades locales contaban poco. Resultado de tal visión jacobina del Estado, el Ayuntamiento tiene poco poder para resolver los mayores problemas de la sociedad (que es en su mayoría urbana) y que los ayuntamientos carecen de autoridad y recursos para resolverlos. En los países de Sur de Europa (España, Grecia, Portugal e Italia), donde las derechas han sido más poderosas y las izquierdas más divididas y con menor poder, es donde los ayuntamientos tienen menos poder. Son los niveles del Estado (el Estado local) más popular (o menos impopular), al estar más cercanos a donde la ciudadanía vive y trabaja, y es, en cambio, el nivel con menor poder. Es precisamente donde las izquierdas han sido más poderosas –el Norte de Europa- donde tienen más poder.

Es el Ayuntamiento el nivel más cercano y más conocedor de la realidad social y económica en la que la ciudadanía vive. Y es quien conoce mejor los barrios, los lugares de trabajo y ocio, las viviendas, los centros sanitarios, las escuelas y otros servicios sobre los cuales tienen poco poder y recursos. Y el ataque terrorista lo ha confirmado.

La popularidad de la actual alcaldesa, la Sra. Ada Colau, se debe primordialmente a su ambición de cambiar Barcelona, con la valentía que se requiere para enfrentarse con los enormes poderes (incluyendo los intereses de Qatar), que han tenido en el pasado reciente un excesivo poder en la ciudad. Es denunciable que otros partidos que se definen de izquierda no hayan apoyado sistemáticamente un programa unido para cambiar Barcelona. Y es un insulto a la ciudad que, por razones políticas coyunturales, se quiere dar una imagen de unidad, bajo la batuta del Rey, de Rajoy y de Puigdemont, poniendo en el último hoyo de la pantalla a la alcaldesa Ada Colau. Impensable que ello ocurriera en Suecia, donde las izquierdas siempre tuvieron poder.

La prevención del terrorismo no ocurrirá a no ser que las comunidades participen activamente en tales campañas, pues es una característica común de todos los atentados, que los terroristas son personas que viven en tales comunidades. Lo local es importante para resolver los mayores problemas sociales, incluyendo la seguridad. Y uno de los hechos más notables estos días y que ha generado un aplauso general a nivel mundial es el comportamiento modélico de la ciudadanía de Barcelona, mostrando una gran madurez política y un comportamiento democrático ejemplar. De ahí que en el reconocimiento y acto público sea esta ciudadanía, representada por la Alcaldesa Colau, la que debiera tener el protagonismo, y no las figuras de siempre promovidas por los medios de persuasión que financian. Así de claro.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La restauración neoliberal tropieza en América Latina

Ven, 25/08/2017 - 02:01
Emir Sader, La Jornada

Parecía todo redondo: los gobiernos populistas serían un breve paréntesis en el continente, en la contramano de las corrientes globales. En la derecha y en la ultraizquierda, el análisis estaba listo: fin de ciclo de los gobiernos antineoliberales.

Problemas graves en Venezuela, derrota electoral en Argentina, revés en Bolivia, golpe en Brasil, entre otros, pronosticaban que la derecha volvería. La anunciada restauración neoliberal ganaba cuerpo en Argentina con el flamante gobierno de Mauricio Macri y en Brasil con el de Michel Temer. La derecha se preparaba para conmemorar victorias en Ecuador, en Chile, en México, en Colombia, a lo mejor incluso en Bolivia, entre otros países del continente. Estados Unidos proclamaba que su periodo de más grande aislamiento en América Latina terminaba.

Los que se incomodaban con los gobiernos que más conquistas habían logrado en el continente, pero que no correspondían a sus equivocadas previsiones, volvían a aparecer, después de haber estado ausentes, sin discurso alguno. Fueron los más contundentes en prever el fin de ciclo de gobiernos que desmienten todo lo que ellos han dicho. Alivianados, podrían volver a sus viejas y siempre desmentidas tesis académicas.

Pero las cosas no han evolucionado como preveían los conservadores. Ni los gobiernos de Macri y de Temer logran cumplir con lo que prometían, ni tampoco en otros países el panorama corresponde a lo que la derecha esperaba.

Los modelos de restauración neoliberal, puestos en práctica en Argentina y en Brasil, ni han retomado el crecimiento económico, ni tampoco han superado la crisis. La recesión se perpetúa y se profundiza en esos países, el desempleo llega a niveles récord, la situación social se degrada, los apoyos de esos gobiernos caen, a punto de que el gobierno de Temer tiene menos de 5 por ciento de apoyo.

Se confirma que la retomada del viejo proyecto, ya aplicado en los 80 y los 90 del siglo pasado en varios países de la región, no tiene ninguna capacidad de dar solución a los problemas de esos países. Al contrario, disminuir las inversiones estatales, los recursos para las políticas sociales, cortar los derechos de los trabajadores, sólo han ahondado la crisis. La restauración neoliberal desemboca en un fracaso.

Por otra parte, la crisis venezolana, frente al agotamiento de los métodos de acción de la oposición y de las amenazas desastrosas de Trump, así como frente a la elección de una Asamblea Constituyente, han generado una situación de crisis para la oposición. Sus manifestaciones han bajado de tono, el desconcierto cunde en sus filas.

En países como México, Colombia, Chile, a su vez, la izquierda tiene perspectivas reales de victoria en las próximas elecciones presidenciales. Andrés Manuel López Obrabor aparece como favorito en las encuestas, al tiempo en que los partidos tradicionales de la derecha, el PRI y el PAN, tiene hasta dificultades de unificarse mínimamente a su interior y lanzar candidatos competitivos.

En Colombia, Gustavo Petro, ex alcalde de Bogotá, disputa en las encuestas el liderazgo con el candidato más cotizado de la derecha, Vargas Peñaloza, mientras el partido de Uribe busca un nombre, en medio de la caída del apoyo del ex presidente, que por primera vez tiene su nivel de rechazo más alto que el de apoyo.

En Chile, cuando la derecha ya se preparaba para conmemorar el retorno de Sebastián Piñera, frente a la incapacidad del gobierno de Bachelet de siquiera tener un candidato propio, el Frente Amplio desarrolla una importante campaña con la candidatura de Beatriz Sánchez, una gran líder del sector de la educación en el país, y se ubica en segundo lugar en las encuestas.

En Ecuador, aun con un resultado apretado, el problema no viene del retorno de la derecha, sino de disensiones dentro del gobierno de Lenín Moreno y de Alianza País. Conflictos que no dejan de preocupar, aún más por el tono que asumen los reproches mutuos. Pero son diferencias dentro de un mismo proceso.

En Bolivia, desecha completamente la farsa de las acusaciones personales en contra de Evo Morales, que se han revelado un completo montaje de la oposición, el MAS se prepara para encarar la forma de poder volver a presentar la candidatura de Evo, sustentado en el apoyo masivo que tiene su gobierno.

Ha pasado el auge de la contraofensiva de la derecha, que pierde aliento y no presenta ninguna propuesta novedosa que pudiera configurar realmente un fin de ciclo, superado por nuevo periodo histórico. Son intentos de volver al viejo modelo neoliberal que, ni en América Latina, ni en ningún otro lado, presenta capacidad de superar la crisis generalizada a que ese mismo modelo ha tirado la gran mayoría de las economías de Europa, Estados Unidos y América Latina.

Es de las mismas fuerzas que han protagonizado el extraordinario proceso de lucha en contra del neoliberalismo, que pueden surgir nuevas perspectivas para retomar y dar continuidad, en las nuevas condiciones históricas a ese proceso.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La élite empresarial y el ejército afianzan su dominio sobre Washington

Xov, 24/08/2017 - 10:01
Patrick Martin y Joseph Kishore, WSWS

En la mayoría de los casos, las consecuencias de un acontecimiento político develan las cuestiones esenciales detrás de éste. Los conflictos dentro de la clase gobernante provocados por los disturbios nazis en Charlottesville que culminaron en el despido el viernes pasado del estratega en jefe de Trump, Stephen Bannon, fueron uno de estos casos.

Los medios de comunicación corporativos han buscado enmarcar estos eventos en términos puramente raciales, indicando que el despido de Bannon y de otros defensores del “nacionalismo blanco” han dejado a la Casa Blanca de Trump en las manos más estables y “moderadas” de la camarilla de generales y exgenerales encabezados por el jefe de personal John Kelly, junto con los ejecutivos financieros como Gary Cohn, el asesor económico de Trump, y Steven Mnuchin, el secretario del Tesoro.

El diario New York Times marcó el trecho con un editorial el domingo en el que declaró: “Los estadounidenses, acostumbrados constitucional y políticamente a líderes civiles, dependen ahora de tres generales activos y retirados —John Kelly, el nuevo jefe de personal de la Casa Blanca, H. R. McMaster, el asesor en seguridad nacional, y Jim Mattis, el secretario de Defensa— para prevenir que el Sr. Trump se salga completamente de curso. Con experiencia y educación, leídos sobre los terribles costos de las confrontaciones militares y motivados por un impulso hacia el servicio público que el Sr. Trump carece, estos tres, se espera, van a poder contrarrestar los peores instintos del mandatario”.

En la misma edición del Times, un análisis de noticias ovaciona lo que su encabezado llama “La voz moral de las corporaciones estadounidenses”. Según esta versión de los hechos, “un coro de líderes empresariales surgió la semana pasada para denunciar a los grupos del odio y defender la tolerancia y la inclusión”.

Entre aquellos que participaron en este “coro” de líderes “morales”, se encuentran criminales corporativos como Jamie Dimon de JP Morgan Chase, uno de los culpables de la crisis financiera del 2008; Mary Barra de General Motors, quien presidió el encubrimiento de los defectos de ignición que mataron a cientos de personas; y Doug McMillon, el CEO de WalMart, cuya compañía es un símbolo de la explotación de la mano de obra barata.

La élite gobernante ve los incautos comentarios de Trump en defensa de los neonazis que realizaron disturbios en Charlottesville como una seria amenaza para los intereses del imperialismo estadounidense en el extranjero, al igual que para la estabilidad social y política en el país. Los intereses corporativos más poderosos miran el efecto que pueda tener en la implementación de la agenda de recortes fiscales para las corporaciones, la eliminación de regulaciones empresariales y el resurgimiento en ganancias en la forma de reformas en infraestructura y el desmantelamiento del seguro médico para los más pobres, Medicaid, y otros programas sociales.

La autoexposición de Trump de que está intentando desarrollar una base de apoyo extraparlamentaria de tendencia fascista hizo temblar a la élite financiera por el peligro de que colapse la burbuja financiera que se ha venido inflando desde el desplome de Wall Street del 2008.

La respuesta, planteada de la forma más clara por el Times, ha sido afianzar el control del ejército y la élite empresarial sobre el gobierno a un grado sin precedentes en la historia estadounidense. Han pasado 56 años desde que el presidente Dwight D. Eisenhower advirtió en su discurso de despedida en 1961 acerca del peligro que el “complejo militar-industrial” representaba para la democracia. Sin embargo, Eisenhower no podría ni imaginarse el tamaño, poder y grado de dominio que ha alcanzado el complejo militar, de inteligencia y corporativo en la actualidad.

El primer resultado de esta consolidación fue el anuncio de que Trump daría un discurso a la nación el martes por la noche, detallando los planes para una expansión de la guerra en Afganistán.

La burguesía teme ante todo que crezca la oposición de la clase obrera al gobierno de Trump y a todo el sistema político. Por ende, en la narrativa oficial de la prensa, no se puede encontrar ninguna referencia a la realidad social que se vive en EEUU —un país en el que veinte individuos poseen tanta riqueza como la mitad más pobre de la población— ni a la verdadera agenda reaccionaria del gobierno de Trump. Tampoco hay discusiones sobre la guerra y los crímenes que han cometido líderes “responsables” como Mattis, quien se ganó el apodo “Perro Rabioso” por dirigir la destrucción de la ciudad iraquí de Faluya.

Tales abordajes son reemplazados por distracciones que se han centrado en una burdamente falsa representación de EEUU como un país que bulle y borbotea de racismo, exagerando también la envergadura e influencia de las fuerzas neonazis y racistas. Consecuentemente, es posible tener la aparente pero compatible contradicción, generalizada en la prensa alineada con el Partido Demócrata, de la promoción de la política de identidades junto a retratos respetuosos e incluso admirativos de los matones supremacistas blancos que protestaron en Charlottesville.

Un boletín de noticias publicado el domingo por la revista New Yorker bajo el titular “Supremacía Blanca en Estados Unidos” es un ejemplo típico. En la introducción, David Remnick, el autor de la biografía hagiográfica de Obama The Bridge, proclama: “No lo dudes: los neonazis y los supremacistas blancos están ahora al frente de la política estadounidense”.

Uno de los artículos más destacados por la revista es del autor Toni Morrison, bajo el título, “Haciendo a EEUU blanco de nuevo”. Ahí, insiste que, “A diferencia de todos países europeos, Estados Unidos mantiene la blancura de las personas como su fuerza unificadora”. En línea con el Partido Demócrata y sus satélites, los cuales incluyen a las organizaciones de pseudoizquierda de los sectores más privilegiados de la clase media, Morrison explica que la llegada de Trump al poder es producto del racismo del “EEUU blanco”: En las elecciones, tantos votantes blancos —con poca y mucha escolaridad— acogieron con tanto entusiasmo la vergüenza y el miedo sembrados por Donald Trump. El candidato cuya compañía fue demandada por el Departamento de Justicia por no alquilarle apartamentos a personas negras. El candidato que cuestionó si Barack Obama nació en EEUU y que pareció aprobar la golpiza de un protestante de Black Lives Matter en un mitin electoral. El candidato que no permitía que los trabajadores negros estuvieran en las plantas de sus casinos. El candidato que es adorado por David Duke y respaldado por el Ku Klux Klan. El intento de presentar a todos los blancos, particularmente a los hombres, como simpatizantes secretos del KKK es un fraude político. El racismo existe. Sin embargo, los supremacistas blancos y neonazis que marcharon en Charlottesville son una minoría diminuta que es vista con repulsión por la gran mayoría de los trabajadores. Su movilización nacional sólo pudo congregar a unos pocos cientos de promotores de esa barbárica ideología. Mientras tanto, decenas de miles de personas de todas las razas marcharon para denunciar a Trump y a los fascistas que defiende.

Trump es presidente hoy, no porque hubo un gran voto en apoyo al racismo, sino porque pudo apelar con mayor éxito al descontento social que el Partido Demócrata y Hillary Clinton, quien personifica la alianza de Wall Street con el aparato militar y de inteligencia y que ni siquiera intentó maquillar su hostilidad complaciente hacia las dificultades para sobrevivir de las decenas de millones de trabajadores en el país.

La narrativa racialista que está siendo empleada para demonizar a sectores vastos de la población, apuntalada por la política de identidades de las capas privilegiadas de la clase media, cumple varias funciones: encubrir políticamente la enorme transferencia de riqueza a favor de los ricos, crear apoyo para un virtual golpe palaciego en manos de los generales y multimillonarios en el gobierno y, lo más significativo, desviar y suprimir el desarrollo de un movimiento independiente de la clase obrera.

La imperiosa amenaza a los derechos democráticos no proviene de un puñado de matones fascistas, sino de la alianza de Wall Street y el Pentágono que está siendo celebrada como el antídoto para los fascistas en las calles.

Por su parte, el Times y sus afiliados en el Partido Demócrata no perciben a los neonazis como la verdadera amenaza, sino al movimiento socialista de la clase obrera.

La promoción de la política racialista y el afianzamiento del control militar y corporativo sobre el gobierno van mano a mano con la supresión de los puntos de vista de oposición, particularmente los del World Socialist Web Site. A esto se debe la decisión hecha por Google, en estrecha colaboración con el Estado, de censurar y poner en una lista negra al WSWS mediante la manipulación de los resultados de búsqueda. Este paso augura acciones más agresivas para incorporar ataques contra la oposición socialista en las políticas de la élite corporativa y financiera.

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La crisis de los huevos con fipronil sacude a Europa

Xov, 24/08/2017 - 02:00

La crisis de los huevos contaminados con fipronil ha puesto de manifiesto las grietas del sistema alimentario europeo, que ya ha sembrado dudas a los consumidores en la última década con otros episodios como el de la gripe aviar, la carne de caballo o el E.Coli.

Si en los últimos meses Bruselas presumía de su estricto sistema de control y miraba con recelo a Brasil por un fraude en la venta de carne en mal estado que salpicó incluso las negociaciones del acuerdo con Mercosur, la Unión Europea (UE) tiene ahora que analizar sus fallos y devolver la confianza a sus propios consumidores.

El escándalo de los huevos con fipronil recuerda al de la carne de caballo detectada en 2013, que afectó a más de 20 países, y que se vendía en preparados cárnicos como vacuno. Los expertos aseguraron entonces que las trazas de carne equina no implicaban un riesgo sanitario, pero el asunto dañó la confianza de los consumidores europeos e hizo dudar de la efectividad de los controles en la cadena alimentaria.

El fraude de la carne equina volvió el pasado abril con la denominada operación Gazel, que desmanteló una red ilegal de venta de carne equina y se saldó con más de una veintena de detenidos en España, algunos de los cuales ingresaron en prisión imputados por delitos contra la salud pública, blanqueo, falsedad y pertenencia a organización criminal. El tema afectó también a Francia, Italia, Bélgica y Portugal y saltó, según dijo entonces la Comisión Europea (CE) gracias a los nuevos puntos de control establecidos a raíz del escándalo de 2013.

El nuevo fraude, esta vez en partidas de huevos contaminadas con un insecticida de uso ilegal en la cadena alimentaria, ha recordado a Bruselas la necesidad de seguir trabajando en el asunto. La Comisión Europea ha evitado tratar el tema con la palabra "crisis", dado que técnicamente, según los niveles detectados hasta ahora, no hay un riesgo potencial para el consumo, aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) califica el producto como "moderadamente tóxico" y los umbrales "máximos" establecidos a nivel europeo han sido superados en algunas partidas.

El fipronil no ha causado ninguna intoxicación mortal, contrariamente al brote del E.coli en 2011, que afectó sobre todo a los productores de pepino en España porque erróneamente se señaló en Alemania a esa hortaliza española como el origen del brote infeccioso. Murieron 15 personas en Alemania y una en Suecia, aunque la CE solo confirmó tres fallecimientos, y hubo 347 infectados en Alemania, 30 en Suecia, 13 en Dinamarca, 6 en Francia, 7 en Holanda, uno en Suiza y 6 en Estados Unidos, y dos casos de españoles que habían viajado a Alemania en ese momento.

La UE revive también los fantasmas de la crisis de las vacas locas, que estalló en 1996, causó cientos de muertes en una decena de países y pérdidas millonarias en la ganadería europea, o el caso de las dioxinas detectado en Bélgica en 1999, con la contaminación grave en piensos compuestos en explotaciones de aves de corral.

El sistema de control alimentario europeo se rige por una herramienta de alerta rápida compartida por los Estados miembros (RASFF, en sus siglas en inglés), creado en 1979 y en el que los países envían notificaciones urgentes cuando detectan algo anormal en sus alimentos. Según el último informe del RASFF, las alertas pasaron de 523, en 2012, a 821 en 2016.

El escándalo del fipronil, sin embargo, ha puesto en duda que los países utilicen correctamente este sistema, dado que, si bien Bélgica había detectado la sustancia en huevos en junio, no lo comunicó al resto de países hasta el 20 de julio. La sospecha recae en la empresa holandesa Chickfriend, que supuestamente comercializó como "bio" un tratamiento para las gallinas con este insecticida, que estaría en el origen del fraude. Sus dos administradores, detenidos desde el pasado jueves, permanecerán en la cárcel al menos dos semanas más tras declarar hoy ante el juez.

Bélgica, además, acusó a Holanda de haber detectado la sustancia en noviembre y de "ralentizar" la gestión de la crisis, mientras la CE intenta hacer de árbitro y dice que no va a entrar "en un juego de culpas". Sin embargo, ahora tiene que analizar su papel como supervisor y la eficiencia de las normas comunitarias, para lo que ha convocado una reunión el próximo 26 de septiembre en la que espera extraer nuevas lecciones de este escándalo y poner en marcha nuevas medidas.
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Via Público

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El nuevo algoritmo de Google limita el acceso a sitios web de izquierdas y progresistas

Mér, 23/08/2017 - 18:01
Andre Damon y Niles Niemuth, WSWS.org

En los tres meses desde que Google, el monopolio de Internet, anunciara planes para impedir que los usuarios accedieran a “noticias falsas”, ha caído significativamente el posicionamiento global de tráfico de un amplio abanico de organizaciones izquierdistas, progresistas, contrarias a la guerra y de los derechos democráticos.

El 25 de abril de 2017, Google anunció que había implementado cambios en su servicio de búsqueda para dificultar que los usuarios accedieran a lo que llamó información “de baja calidad” tales como “teorías de la conspiración” y “noticias falsas”.

La compañía dijo en un post en un blog que el propósito central del cambio en su algoritmo de búsqueda era darle al gigante de las búsquedas un mayor control para identificar contenido considerado objetable según sus pautas. Declaró que había “mejorado nuestros métodos de evaluación e hizo actualizaciones algorítmicas” con el objeto de “hacer aflorar más contenido fiable”.

Google continuó, “El mes pasado actualizamos nuestras Pautas para el Posicionador de Calidad de las Búsquedas para proporcionar ejemplos más detallados de páginas de baja calidad para que los posicionadores los señalicen adecuadamente”. Esos moderadores tienen instrucción de señalizar “experiencias de usuarios molestas”, incluyendo páginas que presentan “teorías conspirativas”, a no ser que “la búsqueda indique claramente que el usuario está buscando un punto de vista alternativo”.

Google no explica con precisión qué quiere decir con la expresión “teoría de la conspiración”. Usando la categoría amplia y amorfa de las noticias falsas, el objetivo del sistema de búsquedas de Google es restringir el acceso a sitios web alternativos, cuya cobertura e interpretación de eventos entra en conflicto con los de medios del establishment tales como el New York Times y el Washington Post.

Señalizando contenido de manera que no aparezca en las dos primeras páginas de resultados de una búsqueda, Google es capaz de bloquear de hecho el acceso de los usuarios a él. Dado que enormes cantidades del tráfico web son influidas por los resultados de las búsquedas, Google puede de hecho esconder o enterrar contenido que no le conviene mediante la manipulación de los posicionamientos de las búsquedas.

Justo el mes pasado, la Comisión Europea multó a la compañía con 2700 millones de dólares por manipular los resultados de las búsquedas para dirigir a los usuarios de manera inapropiada a su propio servicio de comparación de compras, Google Shopping. Ahora, parece que Google está usando esos métodos criminales para impedir que los usuarios accedan a puntos de vista políticos que la compañía considera objetables. El World Socialist Web Site ha sido blanco de los nuevos “métodos de evaluación” de Google. Mientras que en abril de 2017 se originaron 422.460 visitas al WSWS en búsquedas en Google, la cifra ha bajado a unas estimadas 120.000 este mes, una caída de más del 70 por ciento.

Aún utilizando términos de búsqueda como “socialista” y “socialismo”, lectores nos han informado de que lo tienen cada vez más difícil para localizar al World Socialist Web Site con sus búsquedas en Google.

Según el servicio de herramientas de administración de sitios web de Google, el número de búsquedas que desembocaron en que el usuario viera contenido del World Socialist Web Site (es decir, que apareciera un artículo del WSWS en una búsqueda hecha en Google) cayó desde 467.890 al día a 138.275 a lo largo de los tres meses pasados. La posición media de artículos en búsquedas, mientras tanto, cayó de 15,9 a 37,2 a lo largo del mismo período.

David North, director de la Junta Editorial Internacional del WSWS, declaró que Google está implicada en la censura política. “El World Socialist Web Site existe desde hace casi 20 años”, dijo, “y ha logrado reunir a una vasta audiencia internacional. Durante la primavera pasada, el número de visitas individuales al WSWS cada mes superó los 900.000.

“Mientras un porcentaje significativo de nuestros lectores entra al WSWS directamente, muchos usuarios de la web acceden al sitio mediante buscadores, de los cuales Google es el más ampliamente utilizado. No hay ninguna explicación inocente para esta caída extraordinariamente aguda en lectores, casi de la noche a la mañana, provenientes de búsquedas en Google”.

“La pretensión de Google de que está protegiendo a los lectores de las ‘noticias falsas’ es una mentira motivada políticamente. Google, un monopolio masivo, con muy estrechos vínculos con el Estado y agencias de inteligencia, está bloqueando el acceso al WSWS y a otros sitios web de izquierdas y progresistas a través de un sistema de búsquedas amañadas”.

En los tres meses desde que Google implementara los cambios en su buscador, menos gente ha accedido a sitios de noticias de izquierdas o que se oponen a la guerra. En base a información disponible en Alexa analíticas, otros sitios que han experimentado drásticas caídas en el posicionamiento incluyen a WikiLeaks, Alternet, Counterpunch, Global Research, Consortium News y Truthout. Incluso grupos prominentes de los derechos democráticos como American Civil Liberties Union y Amnesty International parecen haber sido afectados.

Según Google Trends, el término “noticia falsa” casi se cuadruplicó en popularidad a principios de noviembre, en torno a la época de las elecciones estadounidenses, cuando los demócratas, medios del establishment y agencias de inteligencia intentaron achacar a la “información falsa” la victoria electoral de Donald Trump sobre Hillary Clinton.

El 14 de noviembre, el New York Times proclamó que Google y Facebook “se enfrentaban a una crítica creciente acerca de cómo las noticias falsas en sus sitios podrían haber influido el resultado de las elecciones presidenciales”, y estarían tomando medidas para combatir las “noticias falsas”.

Diez días más tarde, el Washington Post publicaba un artículo, “Esfuerzo de propaganda ruso ayudó a difundir ‘noticias falsas’ durante las elecciones, dicen los expertos”, que citaba a un grupo anónimo conocido como PropOrNot que compiló una lista de sitios de “noticias falsas” que difundían “propaganda rusa”.

La lista incluía varios sitios categorizados por el grupo como “izquierdistas”. De manera significativa, puso en su mira a globalresearch.ca, que reproduce a menudo artículos del World Socialist Web Site.

Después de la crítica generalizada de lo que era poco más que una lista negra de sitios que se oponen a la guerra y al establishment, el Washington Post se vio obligado a publicar una retractación, declarando “el Post, que no nombró a ninguno de los sitios, como tal no respalda la validez de los hallazgos de PropOrNot”.

El 7 de abril, Bloomberg News informó de que Google estaba trabajando directamente con el Washington Post y el New York Times para “comprobar los hechos” de los artículos y eliminar las “noticias falsas”. A esto siguió la nueva metodología de búsqueda de Google.

Tres meses después, de los 17 sitios declarados como de “noticias falsas” por la lista negra desacreditada del Washington Post, 14 vieron caer su posicionamiento. El declive medio del alcance global de todos esos sitios es el 25 por ciento, y algunos sitios vieron caer un 60 por ciento su alcance global.

“Estas acciones por parte de Google constituyen una censura política y son un ataque descarado a la libertad de expresión”, dijo North. “En momentos en los que es generalizada la desconfianza pública hacia los medios del establishment, este gigante corporativo está explotando su posición monopolística para restringir el acceso público a un amplio espectro de noticias y análisis críticos”.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Bitcoin y los tulipanes digitales

Mér, 23/08/2017 - 09:07
Alejandro Nadal, La Jornada

La idea de una moneda generada por los usuarios directa y descentralizadamente, sin la intervención del sistema bancario, suena interesante. Para empezar, no estaría sujeta al proceso de endeudamiento que caracteriza a la moneda emitida por los bancos comerciales privados al otorgar un crédito. Además, no dependería de un respaldo por parte de un banco central, único emisor de moneda de alto poder. Esas son las principales virtudes de una moneda cuyo papel de medio de cambio facilitaría las transacciones y las desembarazaría del yugo que el sistema financiero mantiene sobre la creación monetaria.

En la actualidad existen varias monedas que pretenden tener esas cualidades y cuya circulación se lleva a cabo por medio de la red. Se trata de monedas digitales y se denominan cripto-monedas porque el control de los pagos y transacciones se lleva a cabo mediante un sistema encriptado que impide la violación y, por así decirlo, la falsificación de la moneda. La más importante es el bitcoin, que fue introducida en 2009 y ya ha ganado aceptación institucional a escala internacional. El gobierno de Japón, por ejemplo, recientemente eliminó el impuesto a las transacciones que utilizan esta moneda digital, lo que ha provocado un incremento en el uso de bitcoin y un auge en el mercado de cripto-monedas. Por otra parte, las transacciones con esta moneda digital no necesitan de intermediarios y por tanto no hay que pagar las abultadas comisiones que normalmente cobran los bancos y los grandes operadores de tarjetas de crédito.

Esta moneda digital ha sido considerada por muchos como el instrumento de cambio del futuro. En la actualidad es utilizada para todo tipo de transacciones, desde una pizza a domicilio, hasta un paquete de materias primas en el mercado de futuros. El bitcoin pretende alcanzar una aceptación y uso internacionales, casi a la par que el dólar estadunidense o el euro. Sin embargo, a pesar del auge que ha experimentado el empleo de esta cripto-moneda, hay indicadores de que el sistema bitcoin está funcionando cerca de su capacidad de operación que está determinada por el número de transacciones que tolera. Eso ha provocado mayor volatilidad en el valor del bitcoin y hasta un incremento en el costo de cada transacción, así como demoras en confirmar que el pago se ha llevado a cabo de manera correcta.

Pero todo lo anterior no es nada comparado con el explosivo aumento en el valor del bitcoin. Hoy un bitcoin se cotiza en el mercado de cripto-monedas en más de 4 mil dólares. Es decir, desde mayo a la fecha el bitcoin ha duplicado su valor. Cabe recordar que el valor original del bitcoin cuando se inició su empleo en transacciones comerciales en 2010 era de unos humildes centavos de dólar.

La evolución de las cotizaciones del bitcoin denota con toda claridad que esta cripto-moneda se ha convertido en un activo como cualquier otro y es objeto de una feroz actividad especulativa. Es decir, estamos frente a una burbuja especulativa que podría reventar en cualquier momento.

La explicación de este fenómeno descansa en el doble papel de esta moneda. Por una parte es un simple medio de cambio que puede ser usado para comprar cualquier artículo en el mercado. Pero también es una reserva de valor para hacer frente a compromisos futuros. Y por esta característica, un bitcoin se ha convertido en un activo en el que cualquier agente puede decidir colocar una cierta cantidad de riqueza. Y aquí es donde todo empieza a comportarse de una manera singular: al incrementarse el precio del bitcoin, la demanda no sólo no se reduce sino que se incrementa. Las expectativas de comprar algo hoy a un cierto precio y venderlo mañana a un precio más alto es el motor de un comportamiento especulativo que ha llevado el bitcoin a niveles que no tienen nada que ver con su empleo en transacciones comerciales.

Los usuarios de bitcoin están adquiriendo esta moneda digital no porque sea útil como medio de cambio. La están comprando porque su precio está aumentando. Es el mismo fenómeno que se ha presentado con todo tipo de activos en los mercados financieros y recuerda la fiebre de los tulipanes que invadió los Países Bajos en el siglo XVII. El clásico estudio de Peter Garber sobre la manía de los tulipanes (publicado en el Journal of Political Economy en 1989) revela que en el momento de más auge de ese mercado nadie estaba comprando tulipanes por sus cualidades ornamentales. Por eso el precio de un ejemplar de la variedad Semper Augustus pasó de unos mil florines a más de 5 mil 500 florines entre 1623 y 1637. La locura duró años hasta que reventó la burbuja dejando a muchos en la ruina.

Las virtudes que tendría una moneda que no es emitida por el sistema de bancos comerciales privados son considerables. Pero mientras no se pueda controlar su papel de reserva de valor, las cripto-monedas no podrán separarse del mundo de la especulación. El bitcoin se ha convertido en una colección de tulipanes digitales y es el protagonista de una burbuja que pronto tendrá que reventar.

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Assange: "Quienes financian a ISIS son los mismos que financiaron la Fundación Clinton"

Mar, 22/08/2017 - 08:06


El fundador de Wiki Leaks, Julian Assange, revela en esta entrevista en exclusiva con el periodista australiano John Pilger que quienes financian al ISIS son los mismos que los que financian la Fundación Clinton. Assange da a conocer un correo enviado por Hillary Clinton a su jefe de campaña, John Podesta, en 2016, donde la entonces candidata a la presidencia de Estados Unidos manifiesta que el actual Estado Islámico es financiado por los gobiernos de Arabia Saudí y Qatar, y no por “algún príncipe canalla" que "utiliza el dinero del petróleo para eso pero que, en realidad, su gobierno no está de acuerdo”.

“Son los Gobiernos de Qatar y de Arabia Saudita los que han estado financiando al Estado Islámico”, según Asssange desprende de ese correo. En la entrevista con el fundador de WikiLeaks, de noviembre de 2016, Assange agrega que “el dinero catarí y saudita está repartido por todas partes, incluyendo muchos medios de comunicación”.

Assange señala a Hillary Clinton como un elemento central y representativo del ‘establishment’ estadounidense o el llamado consenso de Washington y sus influencias: “Ella es un centralizador. Hay un montón de engranajes en el mecanismo: desde los grandes bancos, como Goldman Sachs, hasta los elementos principales de Wall Street, pasando por los servicios de inteligencia, personal del Departamento de Estado, los sauditas, etc.”, asegura.

Otro correo filtrado demuestra que la Fundación Clinton recibió un millón de dólares de Qatar. Dicha Fundación no informó inicialmente al Departamento de Estado, según informó Reuters. Según se desprende de un correo electrónico, Qatar prometió ese dinero en 2011 para el 65.º cumpleaños de Bill Clinton, y solicitó reunirse con el expresidente estadounidense en persona al año siguiente para entregarle un cheque.

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Trump emasculado: militares y Goldman Sachs expulsan a Bannon

Lun, 21/08/2017 - 08:06
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

WSWS (https://goo.gl/hNM6dm) arguye que con el despido del fascista Steve Bannon –anterior oficial de Marina, ex banquero y principal estratega político de Trump–, los militares afirman su control en la Casa Blanca. Su defenestración se gestó tres días después de la conferencia de prensa de Trump quien “defendió a los manifestantes nazis y supremacistas blancos” en Charlottesville, lo cual provocó una crisis política sin precedentes en Washington, lo que daña severamente la credibilidad de EEUU en la arena internacional y crea las condiciones para explosiones sociales domésticas.

Hasta James Murdoch, director de 21st Century Fox e hijo de Rupert (aliado de Trump), reprochó la ambivalencia del polémico presidente quien dos días más tarde criticó a sus presuntos aliados.

Más allá de la rebelión en la granja de un sector del Partido Republicano, el índice Dow Jones declinó 274 puntos con el amago de la renuncia del israelí-estadounidense Gary Cohn, anterior presidente de Goldman Sachs y hoy jefe económico de la Casa Blanca. Con el despido de Steve Bannon, los tratantes del piso de remates de la bolsa de Nueva York, que repuntó, explotaron de júbilo.

La decisión de su defenestración provino del flamante general retirado John Kelly, de los Marines quien defendió a su colega el general H.R.McMaster –consejero de seguridad nacional– y de quien el feroz portal Infowars alega que es controlado por el megaespeculador George Soros quien planea la captura de la Casa Blanca, citando a una fuente del espionaje israelí (https://goo.gl/1ycnPG).¿Será?

No es ningún secreto el choque de Soros con el gobierno de Netanyahu y su aliado Sheldon Adelson, dueño de casinos y periódicos.

La gota que derramó el vaso de la expulsión de Bannon –quien había presentado su renuncia 10 días antes, congelada por su pupilo ideológico Trump– fue su cruda entrevista a The American Prospect (https://goo.gl/DKjuhA) donde planteó purgar (sic) a sus oponentes en las secretarías de Estado y de Defensa, atacó a Cohn por oponerse a la guerra comercial contra China y, lo peor de todo, a mi juicio, expuso la vacuidad de las amenazas bélicas contra Norcorea, donde no existe una solución militar ya que en la primera media hora habrían 10 millones de muertos (¡súper sic!) en Seúl.

Lo más relevante: Steve Bannon colocó a China como el principal enemigo de EEUU y que, en caso de no ser detenida en los próximos cinco años, marcaría un punto de inflexión que impulsaría a Pekín como el nuevo hegemón.

Los negocios en China de Goldman Sachs, de la banca Rothschild y Soros –no se diga de Jared Kushner y su esposa Ivanka– chocaron conspicuamente con el estratega Bannon quien fue el artífice del triunfo de Trump en el Colegio Electoral al movilizar a las huestes de desempleados supremacistas blancos y los WASP (blancos, protestantes anglosajones) en la olvidada área rural de EU: desde el cinturón bíblico hasta el cinturón industrial.

Ni tardo ni perezoso Steve Bannon –a quien el Vaticano ya le había declarado la guerra “teo-política (https://goo.gl/1DswuC)”– regresó de inmediato a su plataforma Breitbart News, portavoz del nacionalismo blanco económico y declaró en forma bombástica que se encuentra en guerra contra los opositores de Trump en el Congreso, los multimedia y las trasnacionales. Fue notorio que no haya mencionado a los militares que lo decapitaron (https://goo.gl/HUcnDS). El emasculado Trump se encuentra arrinconado y más aislado que nunca con el solo apoyo interno de su familia, su hija Ivanka y su yerno Kushner quien controla a su correligionario Stephen Miller, caústico amanuense de Trump y connotado islamófobo muy dado a una retórica estrambótica, como la que profirió el presidente sobre la carnicería (sic) estadounidense perpetrada por los lobos de Wall Street.

Arrinconado en la Casa Blanca, el hoy emasculado Trump, a quien ya había detectado como “deslactosado (https://goo.gl/1V4qXd)”, tendrá como aliado a Bannon desde su púlpito nacionalista blanco en Breitbart, a quien felicitó: “Steve Bannon será una nueva voz dura (sic) e inteligente, quizá mucho mejor que antes. Los fake news necesitan competencia (https://goo.gl/vx6mLG)”.

Jonathan Swan, del portal AXIOS, asevera que Bannon, apoyado por la familia del multimillonario Bob Mercer, se prepara para la guerra (¡súper sic!) con su “maquinaria homicida de Breitbart”: una guerra termonuclear (¡súper sic!) contra los globalistas quienes han destruido a EU. La guerra será contra el general H. R. McMaster, Dina Powell –vice-consejera de seguridad nacional que proviene de Goldman Sachs–, Gary Cohn y la pareja Jared e Ivanka. A mi juicio, el desenlace de esta guerra civil, que no se atreve a pronunciar su nombre, dependerá de la movilización de las huestes nacionalistas/populistas/supremacistas blancos.

El júbilo por la expulsión de Steve Bannon es indescriptible: desde Hollywood hasta Huffington Post, presuntamente controlado por Soros, y que llegó hasta titular en forma racista “Adiós Goy (https://goo.gl/1GH4rF)”. El término Goy (¡súper sic!) es despectivamente racista para quienes no son judíos y son vistos como “no humanos (https://goo.gl/rpBLtA)”.

Washington es un volcán en plena erupción y el rotativo israelí Haaretz revela que los generales de EU encabezan una revuelta sin precedentes contra Trump, debido a que si cada soldado negro abandona, como consecuencia de los comentarios del presidente sobre Charlottesville, “el ejército colapsaría (https://goo.gl/Vft2Ls)”.

Pepe Escobar resalta la estratagema de Steve Bannon que consiste en seducir a la desempleada clase trabajadora que solía ser fiel al Partido Demócrata: más hablan de política de identidad los demócratas, y más los tengo atrapados. Deseo que hablen diario sobre el racismo. Si la izquierda (sic) se concentra en la raza y la identidad, y nosotros vamos con el nacionalismo económico, podemos aplastar (sic) a los demócratas, según el explosivo Bannon (https://goo.gl/fcfvZv). Antes habría que ver qué sucede en las próximas elecciones intermedias de 2018.

Steve Bannon sentenció en una entrevista a Weekly Standard que la “presidencia de Trump por la que luchamos y ganamos, se acabó (https://goo.gl/YXGjc3)”.

Bannon va a la guerra de guerrillas y externó que todavía tenemos un inmenso (¡súper sic!) movimiento para rescatar algo de lo que queda de la presidencia. Consideró que Trump será mucho más convencional (sic) al tener dificultades de avanzar los temas del nacionalismo económico y la inmigración (Nota: en la que incluyó la construcción del muro).

Steve Bannon vaticinó que los republicanos, quienes han sido reticentes en su apoyo, moderarán (¡super sic!) a Trump. Mejor dicho: ¡los militares y Goldman Sachs!

NYT juzga que la salida de Bannon fue una victoria para Cohn y el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin (Nota: ambos de Goldman Sachs), y pregunta qué quedará de la agenda de Trump en comercio, cambio climático, China, inmigración y Afganistán.

¿Trump leerá más que nunca el portal Breitbart e intentará aplicar el nacionalismo económico mezclado de supremacismo blanco (https://goo.gl/nQcddK)?

Una cosa es segura: Steve Bannon afuera será mucho más peligroso que adentro de la Casa Blanca.

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En la Playa, a orillas de la guerra nuclear

Ven, 18/08/2017 - 15:56

John Pilger

El capitán de un submarino de Estados Unidos se dirige a su tripulación, "Todos tenemos que morir algún día; unos antes, otros después. El problema es que nunca estamos listos para la muerte. No sabemos cuando llegará. Bueno, ahora sabemos que no hay nada que hacer al respecto, estaremos todos muertos en una semana”.

La guerra había terminado hacía un mes. Los Estados Unidos, Rusia y China habían sido los antagonistas. No queda claro si se había iniciada por accidente o por error, pero no hubo vencedor. El hemisferio norte está sin vida, totalmente contaminado.

Una nube de radiactividad se movía hacia el sur de Australia , Nueva Zelandia, África y América del Sur. En septiembre, las últimas ciudades y pueblos sucumbirán. Al igual que en el norte, la mayoría de los edificios permanecerán intactos, algunos iluminados por los últimos destellos de la luz eléctrica. "El mundo termina de esta manera.
No con una explosión sino con un largo gemido"
Estas líneas del poema de TS Eliot, que aparecen al principio de la novela En la playa, de Nevil Shute me hicieron llorar.

Es una obra maestra publicada en el apogeo de la Guerra Fría (1957), cuando demasiados escritores estaban en silencio o amedrentados. Nada de lo que he leído sobre una guerra nuclear es tan rigurosa como advertencia. Ningún libro es más urgente.

Algunos lectores recordarán la película inspirada en este libro. Gregory Peck es el comandante que lleva su submarino a Australia para esperar en silencio la muerte de los últimos seres vivos.

He leído En la playa los días que el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley que declara la guerra económica a Rusia, la segunda potencia nuclear más letal del mundo. Excepto la promesa de un gran botín no había ninguna justificación para esa votación demente.

Las "sanciones" también se dirigen a Europa, sobre todo Alemania, que depende del gas natural ruso y a las empresas europeas que hacen negocios legítimos con Rusia. Durante el debate en el Congreso, los senadores más locuaces dejaron muy preciso: el embargo fue diseñado para obligar a Europa a importar gas más caro de los Estados Unidos.

Su objetivo principal parece ser la guerra –la guerra real–. Una guerra sin ningún tipo de provocación externa. Parecen desear la guerra, aunque los estadounidenses no tienen idea lo que es un conflicto de este tipo. La guerra civil de 1861 fue la última en su continente. Creen que la guerra es lo que Estados Unidos hace a los demás.

Los Estados Unidos es el único país que ha usado armas nucleares contra seres humanos, es la nación que tiene el récord mundial de gobiernos derrocados - muchos de ellos democracias - y, que ha destruido sociedades enteras. Las millones de muertes en Irak y Siria son solo una fracción de la horrenda carnicería cometida en Indochina. A esa masacre el presidente Reagan la calificó como "una causa noble" y el presidente Obama como la acción “valiente de un pueblo excepcional".

Mientras filmaba -el año pasado en el Lincoln Memorial de Washington- oí a una guía del Servicio Nacional de Parques dar una conferencia a jóvenes estudiantes, "Escuchad, dijo, perdimos a 58.000 jóvenes soldados en Vietnam, pero murieron defendiendo la libertad".

De un porrazo, se invirtió la realidad. La libertad NO fue defendida. La libertad fue destruida. Un pequeño país campesino fue invadido y millones de sus habitantes fueron asesinados, mutilados, desposeídos, envenenados; por cierto. 60.000 de los invasores perdieron la vida.

Los medios de comunicación están realizando una lobotomía a cada generación. La verdad es eliminada. La historia se cercena, es reemplazada por lo que Time llamó "el eterno presente". Harold Pinter describe este recurso mediático como "La manipulación de un poder que se presenta a sí mismo como una fuerza del bien universal. Lo hace con un brillante e ingenioso acto de hipnosis colectiva para hacernos creer que no ha pasado nada. Incluso mientras esté sucediendo, no está sucediendo. La verdad no importa, porque no tiene interés para occidente”.

Los liberales y la "izquierda progre neoliberal" están ansiosas de participar en esta manipulación: un lavado de cerebro masivo.

Trump está loco, es un fascista, un juguete de Rusia. Si, pero como escribió en un artículo memorable, Luciana Bohne, Trump no solo es un demente es también un regalo para los "liberales que mantienen su cerebro en formaldehído". Esta obsesión liberal es un gran peligro para todos.

Mientras persiguen sus fosilizadas agendas anti-Rusia, medios de comunicación narcisista como el Washington Post, la BBC y The Guardian suprimen la esencia de la historia política más importante de nuestro tiempo. No recuerdo en mi larga vida belicistas más peligrosos que los actuales.

El 3 de agosto, mientras The Guardian titulaba, en primera página, que los rusos conspiraron con Trump escondía en un rincón de la página 16, la noticia que el Presidente de los Estados Unidos “se vio obligado a firmar un proyecto de ley del Congreso que declara la guerra económica en Rusia”. A diferencia de otras ceremonias Trump, “firmó la ley prácticamente en secreto y con una advertencia: esta ley es claramente inconstitucional".

El golpe contra el hombre en la Casa Blanca está en marcha. No es porque Trump sea un ser humano aborrecible, que lo es, sino porque ha dejado claro que no quiere una guerra contra Rusia.

Una visión de cordura, o de simple pragmatismo, es un anatema para los administradores de la "seguridad nacional" que protegen un sistema basado en la guerra, la vigilancia, el armamentismo, las amenazas y el capitalismo extremo. Martin Luther King los llamó "los mayores proveedores de la violencia en el mundo de hoy".

Han acorralado a Rusia y China, con misiles y un arsenal nuclear. Han utilizado neonazis en Ucrania para instalar un agresivo régimen en la frontera de Rusia. De hecho, están utilizando el mismo camino que empleó Hitler para invadir la Unión Soviética, causando la muerte de 24 millones de personas. Ahora, el objetivo es desmembrar la Federación Rusa.

En respuesta, Vladimir Putin usa sin cesar por la palabra "asociación" pero al parecer nada contiene a los partidarios de la guerra en los Estados Unidos. La incredulidad de los rusos se convirtió primero en miedo y ahora en una cierta resolución. En Rusia temen un ataque nuclear, los simulacros de defensa ante un bombardeo son frecuentes. Su historia les dice que deben prepararse.

La amenaza va por etapas. Rusia está en primer lugar, China es la siguiente. Los EEUU acaban de terminar un gran ejercicio militar con Australia conocido como Sable y Talismán. Ensayaron el bloqueo de los estrechos de Malaca y del Mar del Sur de China, por donde pasa toda el comercio de los chinos.

El almirante al mando de la flota del Pacífico de Estados Unidos dijo que, "si es necesario", iba a bombardear China. Decir eso públicamente, en una atmósfera enrarecida, empieza a parecerse a la ficción del libro de Nevil Shute.

Nada de esto se considera noticia. La información honesta ya no es bienvenida en los grandes medios de comunicación. Charlatanes, conocidos como “expertos” someten a los editores de prensa. Donde antes había información, las noticias son reemplazadas por clichés de puntas afiladas. Los periodistas que no cumplen son defenestrados.

Los últimos acontecimientos tienen un montón de precedentes. En mi película- documental “La próxima guerra en China”, John Bordne, un miembro de combate de la Fuerza Aérea de Estados Unidos con base en Okinawa, Japón, describe cómo en 1962 -durante la crisis de los misiles con Cuba- él y sus compañeros recibieron la orden de “poner en marcha los misiles".

Los misiles cargados de cabezas nucleares estaban dirigidas a China y Rusia. Aunque la orden fue finalmente revocada John Bordne cuenta en el documental que el oficial a cargo había ordenado disparar (con las armas de servicio), nadie debía desobedecer el lanzamientos de los misiles.

En el apogeo de la Guerra Fría, la histeria anticomunista en los Estados Unidos era de tal magnitud que la gran mayoría de los funcionarios estadounidenses que trabajaban en China fueron acusados de traición y despedidos. En 1957 el año en que se publicó “En la playa” - ningún funcionario del Departamento de Estado podía hablar el idioma de la nación más poblada del mundo. Los que hablaban chino-mandarín fueron purgados sin disculpas.

El proyecto de ley contra Rusia fue bipartidista. No hay ninguna diferencia fundamental entre demócratas y republicanos. Los términos "izquierda" y "derecha" aquí no tienen sentido. La mayor parte de las guerras modernas de Estados Unidos no fueron iniciadas por los conservadores, sino por los demócratas liberales.

Cuando Obama dejó el cargo, sumaba un récord de siete guerras, incluyendo a Afganistán (la guerra más larga de Estados Unidos) y, una campaña sin precedentes de ejecuciones extrajudiciales -asesinatos- ejecutados por drones, aviones no tripulados.

En el último año de Obama -según el Consejo de Relaciones Exteriores- el "guerrero liberal" dejó caer 26,171 bombas -tres bombas cada hora, 24 horas al día. Después de haberse comprometido de "librar al mundo" de las armas nucleares, el Premio Nobel de la Paz, construyó más cabezas nucleares que cualquier presidente desde la Guerra Fría. Trump, todavía parece un “pelele” en comparación a este héroe.

Obama –con Hillary Clinton a su lado- destruyó a Libia como estado moderno. ¿La secuela? Puso en marcha una verdadera estampida humana a Europa. En uno de los últimos actos el presidente demócrata firmó un proyecto de ley que entregó una cifra récord al Pentágono: $ 618 mil millones de dólares.

Es el ascenso del militarismo fascista al gobierno de los Estados Unidos. Trump es el resultado de este grave deriva, se siente apoyado por el militarismo.

Escondida por la burocracia del establishment existe una oficina llamada "Centro de Análisis, Información y Respuesta". En la práctica es el Ministerio que se encarga de proporcionar la "versión oficial de los hechos". Es también el organismo que debe prepararnos psicológicamente para una guerra nuclear – Esto tan terrible puede llegar a pasar. Si usted y yo lo permitimos.
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Tomado de Rebelion. Traducción: Emilio Pizocaro

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Venezuela indoblegable

Ven, 18/08/2017 - 10:00
Ángel Guerra Cabrera, La Jornada

Estados Unidos ha lanzado una feroz guerra no convencional contra los gobiernos revolucionarios y progresistas, y los movimientos populares de nuestra América. Añeja en la doctrina militar del Pentágono y también conocida como guerra de cuarta generación, se ha nutrido y desarrollado con recientes experiencias como las revoluciones de colores y la primavera árabe. El blanco principal del ataque es la Venezuela bolivariana, contra la que el imperio y los gobernantes de la región que le sirven, desatan su furia y frustración.

Luego de una ofensiva de meses para derrocar al gobierno del presidente Nicolás Maduro, Trump declaró que no descarta la opción militar en Venezuela, en medio de bravatas contra Corea del Norte y de haber creado un gravísimo conflicto en el área. Gracias al rapto belicista del magnate, los gobiernos que lo acompañan en la aventura antivenezolana se han visto obligados a rechazar una salida militar y a reiterarlo durante la gira del vicepresidente Mike Pence por la región. Dirigida a cerrar el cerco contra la patria de Bolívar, Pence ha tenido que dedicarla en parte al control de daños luego de la alarma originada por la declaración de su jefe. Aunque con tres días de retraso, hasta los contrarrevolucionarios de la MUD debieron barruntar una risible condena.

Maduro, buen conocedor de la prepotencia del imperio, replicó con firmeza y con una gigantesca marcha chavista por la paz y la medida de realizar un ejercicio cívico-militar armado en todas las zonas de defensa integral para los días 26 y 27 de julio. Venezuela tiene cientos de miles de combativos milicianos voluntarios, además de las bien entrenadas y armadas unidades regulares.

El chavismo ha derrotado en dos décadas, uno tras otro, todos los intentos de poner fin a su experiencia de transformación, liberación nacional y social e impulso a la unidad e integración latino-caribeña. Una de las más creativas y revolucionarias que ha habido en el mundo. La paz y la observancia de la democracia participativa y protagónica es parte fundamental de su filosofía. Votos sí, balas no, su consigna.

El más reciente esfuerzo desestabilizador de la derecha endógena está encuadrado en la operación Venezuela Freedom 2 del Comando Sur de las fuerzas armadas yanquis. Tras cuatro meses de violencia fascista, de prender fuego a 29 personas, de las que murieron nueve; de la obsesiva quema de hospitales y guarderías, almacenes de alimentos y medicinas, mobiliario público, oficinas gubernamentales y cientos de negocios privados, la derecha ha sufrido una gran derrota con las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente y los decretos que ésta emite. Al lograr más de 8 millones de votos, el chavismo estuvo muy cerca de alcanzar su más alta votación histórica y la oposición quedó desmoralizada.

Al extremo que, sin solución de continuidad, pasó de la violencia fascista y de afirmar que no dejaría las calles hasta la salida de Maduro, a inscribir a toda prisa 196 candidatos para las elecciones regionales.

La derecha es antidemocrática por naturaleza, pero en su estrategia apela principalmente al golpismo sin dejar el camino electoral. Si pierde en las urnas, grita fraude; pero si gana, se ensoberbece y trata por todos los medios de imponer su agenda neoliberal subordinada a Washington y al capital internacional.

En un salto mortal, gira ahora hacia los comicios, pues el chavismo le arrebató la calle entrado julio, donde ya es incapaz de reunir más de cuatro gatos, como se vio en la famosa toma de Venezuela o en la hora cero, que se suponía sufriría el gobierno chavista el 30 de julio. No obstante, la operación David, desmantelada por la fuerza armada y los servicios de seguridad bolivarianos, demuestra que puede haber nuevos coletazos de violencia a la desesperada.

Por mucho que Estados Unidos y las fuerzas del neoliberalismo y la antipatria insistan, a escala internacional, en el apoyo a la contrarrevolución. Por más que las corporaciones de la mafia mediática continúen vertiendo las más escandalosas y descocadas mentiras sobre la revolución bolivariana. No obstante que el capital financiero y la derecha endógena continúen la cruel guerra económica. Nada de eso podrá doblegar el apoyo del pueblo venezolano a su gobierno constitucional. Y es lo decisivo. Venezuela, además, no está sola, como demuestran la reciente visita a Cuba del presidente Maduro y las crecientes expresiones de solidaridad que recibe de pueblos y gobiernos independientes.

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Estado Islámico siembra el pánico en Barcelona

Xov, 17/08/2017 - 21:30

Una furgoneta subió el jueves a la concurrida avenida de Las Ramblas de Barcelona y arrolló a turistas y residentes, convirtiendo el popular destino vacacional europeo en una sangrienta y mortífera escena. En total, 13 personas murieron y más de 100 resultaron heridas, 15 de ellas de gravedad, en lo que las autoridades definieron como un ataque terrorista.
El vehículo alquilado por los terroristas inició su recorrido en la confluencia de la Rambla con Plaça Catalunya y recorrió 400 metros hasta el mosaico de Joan Miró (Carrer Hospital), atropellando a toda la gente que se encontraba, haciendo eses para causar el mayor daño. Este atentado terrorista perpetrado con furgoneta se ha convertido, por ahora, en el segundo más mortífero en Barcelona tras el de Hipercor en 1987. En concreto, el balance, según Emergències, es de 13 muertos, 15 heridos graves, 23 heridos menos graves y 48 heridos leves.
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Gran eclipse sobre el TLCAN

Xov, 17/08/2017 - 02:01
Alejandro Nadal, La Jornada

La renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte comienza hoy. Las condiciones han cambiado mucho desde los primeros intercambios que habrían de dar forma al TLCAN. Por aquellos tiempos los negociadores de los tres gobiernos, convencidos de las extraordinarias bondades del libre comercio, repetían sin cesar que el nuevo acuerdo comercial sería un rotundo éxito.

La prensa internacional de negocios se derretía en elogios sobre las novedades del pacto, el primero que involucraba países de muy distinto grado de desarrollo. El contenido del tratado iría mucho más lejos de la simple desgravación arancelaria o la eliminación de un sistema de cuotas y abarcaría temas sobre inversiones directas, política industrial, propiedad intelectual, compras de gobierno, regulaciones del sector servicios, así como un capítulo sobre solución de controversias. Carla Hills, representante de comercio de Estados Unidos, repetía sin cesar que con el TLCAN todas las partes saldrían beneficiadas y la prosperidad alcanzaría a todos los habitantes de América del Norte. El gobierno mexicano le hacía coro con la idea de que nuestro país entraría de lleno al primer mundo. Y la promesa de las reformas pro-mercado que introducía el gobierno de Salinas supuestamente garantizaban un proceso de crecimiento de largo alcance.

Hoy las circunstancias han cambiado. Para acercarse a la mesa de una renegociación sería indispensable tener a la mano una evaluación integral de los efectos que el TLCAN ha tenido sobre la economía mexicana y las perspectivas de su desarrollo. Desgraciadamente, no existe por el lado del gobierno mexicano una valoración completa, validada bajos el protocolo de un escrutinio profesional y abierto, sobre los efectos reales del tratado en la sociedad y la economía en su conjunto. Los efectos sobre la creación de empleos, la evolución de salarios, el impacto sobre el tejido industrial, el desempeño del sector servicios, los flujos de inversión directa, las repercusiones en el agro mexicano, por mencionar algunos temas, debieran ser incorporados en esa evaluación del tratado y las perspectivas de una estrategia general de desarrollo del país.

Es cierto que la integración económica entre las tres economías de la región se ha profundizado y que los flujos de comercio e inversiones se expandieron de manera notable. Pero hay algo inquietante en ese proceso de integración: más de 80 por ciento de las exportaciones mexicanas están dirigidas a Estados Unidos. Es decir, desde el punto de vista de diversificación de mercados el TLCAN es un rotundo fracaso.

El superávit de México en la balanza bilateral con Estados Unidos es visto por muchos como una muestra de que el tratado fue benéfico para nuestro país. Sin embargo, se necesita un análisis más cuidadoso antes de saltar a esa conclusión. Por ejemplo, se requiere examinar el impacto del TLCAN sobre la balanza comercial en su conjunto para alcanzar una visión más certera. Lo cierto es que la balanza comercial de México con el resto del mundo ha mantenido un déficit crónico y el superávit con Estados Unidos no permite cancelar ese resultado negativo. Por eso hoy el déficit en la cuenta corriente de México representa 2.7 por ciento del PIB.

Pero subsisten muchos otros problemas. Uno de ellos es el destino del proyecto de industrialización en México. Una parte importante de las exportaciones mexicanas proviene de la industria maquiladora. Pero el contenido nacional de dichas exportaciones se ha mantenido bajo. Un estudio de Castillo y De Vries (Journal of International Trade and Economic Development, julio de 2017) muestra que el valor agregado de contenido nacional en las exportaciones de las maquiladoras no rebasa 13 por ciento. Esto significa que la débil integración con el resto de la economía impide descansar en las maquiladoras como motor de crecimiento.

Otra investigación de Jorge E. Mendoza Cota, del Colegio de la Frontera Norte (publicada en la revista Norteamérica 2015) confirma que las exportaciones de manufacturas están marcadas por una fuerte dependencia de importaciones de bienes de capital e insumos intermedios. Lo más grave es que la economía mexicana mantiene un importante déficit manufacturero con las economías de China, Japón, Corea y la Unión Europea. Ese estado de cosas no va a cambiar en el futuro cercano.

El TLCAN codificó y contribuyó a profundizar un proceso de integración económica que ya estaba en marcha en la región. La pregunta que hoy es importante formular es si ese instrumento es la mejor manera de proseguir con esa integración o si sería mejor explorar senderos alternativos. La renegociación que hoy exige Estados Unidos es una oportunidad para enfrentar ésta y otras preguntas.

El 21 de agosto podrá observarse un eclipse solar total sobre buena parte del territorio estadunidense. En México se observará como eclipse parcial. En tiempos de las supersticiones, el evento podría interpretarse como portador de malos augurios. Quizás hoy sería bueno verlo como invitación a repensar las profecías sobre el gran éxito que supuestamente tendría el TLCAN.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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