Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6351125
Actualizado: fai 2 horas 5 min

“El neoliberalismo se basa en políticas sociales penales”

Lun, 18/07/2016 - 22:01
Javier Lorca, Página 12

La obsesión social con la violencia criminal, las políticas represivas, la persistencia cultural del colonialismo, el control social y el neoliberalismo son los principales caminos que explora la socióloga brasileña Vera Malaguti Batista en El miedo en la ciudad de Río de Janeiro, su libro publicado por la editorial de la Universidad Nacional de San Martín. Si bien su trabajo se concentra en Brasil, sus reflexiones extienden su alcance entre las sociedades latinoamericanas. “El neoliberalismo se basa en políticas sociales penales: disuelve al Estado de bienestar y desarrolla un tratamiento de la pobreza desde la política penal”, dice en esta entrevista con Página/12.

–¿Por qué la violencia criminal es una de las grandes preocupaciones de las sociedades contemporáneas, al menos en América Latina?

–Creo que es una manera plástica de ejercer el control social sobre los sectores populares, criminalizando las estrategias de supervivencia de los pobres. En el período neoliberal, un período con mucha pobreza y desempleo, la criminalización fue una estrategia muy eficaz, incluso para la criminalización de la izquierda. Milo Batista dice que el criminal es un fetiche, porque tapa la conflictividad social que hay por detrás. Esta ha sido una estrategia tan eficaz que hoy en Brasil vemos una criminalización de la política. La criminalización se constituyó en el principal eje político. Ya no se discute un proyecto de país.

–¿A qué denomina “discursos del miedo”, cómo los caracteriza?

–El discurso del miedo generalmente es impulsado por quienes están más protegidos. Si uno ve las estadísticas de violencia, al menos en Brasil, la gente que más muere es aquella de la que se tiene más miedo. El peligro, la posibilidad de sufrir violencia, está mucho más en zonas como las favelas que en los barrios más ricos. Pero son esos sectores sociales más ricos los que están detrás de un discurso de larga duración que ha transformado al pueblo en un “gran otro”. Esa estrategia tiene un origen europeo, comenzó con la colonización, es un discurso en contra del pueblo, de las minorías, las poblaciones originarias y afrodescendientes. Los discursos del miedo se agudizan siempre que hay protagonismo popular. Se construye una subjetividad que cree que el protagonismo popular va a generar el caos, el desorden. En Brasil eso es muy fuerte, por un enfrentamiento entre el orden colonial, blanco, y el vasto mundo de los pueblos originarios y afrodescendientes.

–Civilización o barbarie.

–Exactamente. Y esa es una estrategia que siempre es reconstruida cuando hay una disputa política en la que las fuerzas populares pueden alcanzar el poder. El miedo al caos, a los sucios, a los inmorales, es una construcción de larga tradición histórica, no es algo que sucede solamente desde los años 90.

–¿Cuál es el atractivo de los discursos del miedo? ¿Por qué logran adhesión social y no sólo entre los sectores acomodados?

–En momentos sociales complejos, es atractivo identificar el peligro afuera y atribuírselo a alguien. Además del rol que cumplen los medios de comunicación, la política criminal de drogas impuesta por los Estados Unidos juega un papel fundamental, es también una forma de educación. Por ejemplo, ha construido la figura del narcotraficante como un gran enemigo. Pero, cuando uno observa el comercio al menudeo de drogas, encuentra que es protagonizado por jóvenes sin ningún tipo de organización. Pero ese discurso hace que se constituya un sistema de control de los barrios más pobres, con blancos selectivos.

–¿El discurso de la lucha contra las drogas legitima la violencia contra determinados sectores sociales?

–Claro, y en especial legitima la violencia geográficamente instalada. La guerra contra las drogas genera una espiral de violencia que está en constante crecimiento.

–¿Cuál es la relación particular de estos discursos con el neoliberalismo? En su libro se refiere a “la política penal como la gran política social del neoliberalismo”.

–Es un poco la tesis del sociólogo Loïc Wacquant, que ha rectificado la comprensión que teníamos del neoliberalismo como algo que destruye las redes colectivas de amparo... La ha rectificado del siguiente modo: el neoliberalismo destruye esas redes de apoyo, pero aumenta exponencialmente el tratamiento penal de los problemas sociales. En ese sentido, es increíble cómo se ha incrementado la población carcelaria. En el caso de Brasil, Fernando Enrique Cardoso ha sido el presidente neoliberal más eficaz: llegó en 1994 y bajo su presidencia se dio un incremento del 500 por ciento de la población carcelaria. Pero, principalmente, lo que consigue el neoliberalismo es producir una adhesión subjetiva al poder punitivo, una fe muy grande en que la política penal puede resolver los problemas sociales. Si hay un problema agrario, se aumentan las penas para delitos relacionados con el modelo agrario. Si hay un problema de salud pública con las adicciones, se aumentan las penas para delitos relacionados con las drogas. Esto no solamente aumenta la población carcelaria, también aumenta la violencia, porque el sistema penal produce violencia. Pero a la vez mantiene “en orden” a vastos sectores populares. Establece vínculos simbióticos entre las favelas y las prisiones. El neoliberalismo se basa en políticas sociales penales: disuelve al Estado de bienestar y desarrolla un tratamiento de la pobreza desde la política penal. Y lo hace inculcando esta fe en lo penal.

–¿Qué función cumplen los medios de comunicación hegemónicos en la configuración de los discursos del miedo?

–Hay una educación inculcada por los grandes medios, en el largo plazo, que va constituyendo un flanco muy nítido de peligro. El sociólogo brasileño Gilberto Vasconcellos habla de un “capitalismo video-financiero”. En Brasil, el monopolio mediático tiene nombre y es Globo, una red de televisión que extiende por todo el país una educación comunicacional, subjetiva, de lenguaje, y además tiene el periódico, con una influencia política enorme, desde donde se pautan las políticas públicas en general, y las políticas penales en particular. Zaffaroni dice que para que haya genocidios antes tiene que haber discursos legitimantes... Las políticas criminales en Brasil tienen un grado de letalidad increíble, el esfuerzo de demonizar por ejemplo las redes de venta al menudeo de sustancias ilícitas ha generado una naturalización increíble del exterminio y de la existencia de milicias civiles. Esa construcción de que el gran enemigo está localizado entre los jóvenes de las favelas, es como si fuera una pena de muerte natural. El discurso del miedo al crimen es un fenómeno continental, que ha producido legislaciones, aumento de penas, incremento de las poblaciones carcelarias, la industria de la seguridad... Con un goteo cotidiano, se ha ido produciendo una mentalidad por la que los ricos se atrincheran en fortalezas, en condominios cerrados, un modelo de seguridad total montado en contra del vecino.

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No será el último golpe en Turquía

Dom, 17/07/2016 - 23:04
Robert Fisk, The Independent

Recep Tayyip Erdogan se lo merecía. El ejército turco nunca iba a seguir obedeciendo mientras el hombre que pudo recrear el Imperio Otomano convirtió a sus vecinos en enemigos y su país en una burla de sí mismo. Sería un grave error suponer dos cosas: que el aplastar un golpe militar es una cuestión momentánea y que después el ejército turco permanecerá obediente a su sultán; y considerar que al menos 161 muertos y más de 2839 detenidos es algo aislado del colapso de los estados-nación del Medio Oriente.

Los eventos del fin de semana en Estambul y Ankara están íntimamente relacionados con la ruptura de las fronteras y la credibilidad del Estado –la suposición que las naciones del Medio Oriente tienen permanentes instituciones y fronteras– infligió grandes heridas en todo Irak, Siria, Egipto y demás países del mundo árabe. La inestabilidad es ahora tan contagiosa como la corrupción en la zona, especialmente entre sus potentados y dictadores, una clase de autócratas de los que Erdogan fue un miembro desde que cambió la constitución para su propio beneficio y reinició su malvado conflicto con los kurdos.

De más está decir que la primera reacción de Washington fue instructiva. Los turcos deben apoyar a su “gobierno elegido democráticamente”. La parte de “democracia” fue más bien difícil de tragar –aunque más doloroso de recordar, sin embargo, fue la misma reacción del gobierno al derrocamiento del gobierno de Mohamed Morsi, “elegido democráticamente” en Egipto en 2013– cuando Washington definitivamente no le pidió a la gente de Egipto que apoyara a Morsi y rápidamente le dio su apoyo al golpe militar, mucho más sangriento que el intento de golpe en Turquía. De haber tenido éxito el ejército turco, seguramente Erdogan habría sido tratado tan despectivamente como el desafortunado Morsi.

Pero, ¿qué se puede esperar cuando las naciones occidentales prefieren la estabilidad a la libertad y la dignidad? Es por eso que están dispuestos a aceptar las tropas de Irán y al leal miliciano iraquí uniéndose en la lucha contre el Estado Islámico (EI), así como los pobres 700 sunnitas que “desaparecieron” después de la reconquista de Faluja y es por eso que la rutina de “Assad se debe ir” fue silenciosamente abandonada. Ahora que Bashar al Assad sobrevivió al período de gobierno del primer ministro, David Cameron –y casi con seguridad durará más tiempo que la presidencia de Obama– el régimen en Damasco mirará con ojos curiosos los acontecimientos en Turquía esta semana.

Las potencias victoriosas en la Primera Guerra Mundial destruyeron el Imperio Otomano, que fue uno de los propósitos del conflicto de 1914-18 después de que la “Sublime Porte” (Puerta Sublime) cometió el error fatal de alinearse con Alemania y las ruinas del imperio fueron luego cortadas en pedazos por los aliados y entregadas a granel a reyes brutales, dictadores y coroneles viciosos. Erdogan y el grueso del ejército que ha decidido mantenerlo en el poder por ahora encajan en esta misma matriz de Estados rotos.

Las señales de alerta estaban allí para que las vieran Erdogan y Occidente, si sólo hubieran recordado la experiencia de Pakistán. Descaradamente utilizado por los norteamericanos para enviar misiles, armas y dinero en efectivo a los “muyahidines” que luchaban contra los rusos, Pakistán –otro “pedacito” cortado a un imperio (la India)– se convirtió en un estado fallido, sus ciudades desgarradas rotas con bombas masivas, su propio ejército corrupto y servicios de inteligencia cooperando con los enemigos de Rusia –incluido el talibán– y luego infiltrado por islamistas que eventualmente amenazan al propio Estado.

Cuando Turquía comenzó a jugar el mismo rol para Estados Unidos en Siria, enviando armas a los insurgentes, su corrupto servicio de inteligencia cooperando con los islamistas, luchando contra el poder del Estado en Siria, también tomó el camino de un Estado fallido, con sus ciudades desgarradas por las bombas masivas y el campo infiltrado por los islamistas. La única diferencia es que Turquía también relanzó una guerra contra los kurdos en el sureste del país, donde partes de Diyabakir están ahora devastadas como las grandes zonas de Homs o Alepo. Erdogan se equivocó al medir los riesgos del camino que eligió para su país. Una cosa es disculparse con Putin y recomponer sus relaciones con Benjamin Netanyahu; pero cuando ya no puede confiar en su ejército, hay asuntos más serios en los que concentrarse.

Más o menos dos mil detenciones son un duro golpe para Erdogan, en realidad mayor que el golpe que planeaba el ejército para él. Deben ser sólo unos pocos de los miles de hombres de los cuerpos de oficiales turcos que creen que el sultán de Estambul está destruyendo su país. No es sólo cuestión de reconocer el grado de horror que pueden haber sentido la OTAN y la UE ante estos eventos. La verdadera cuestión será el grado en que el éxito (momentáneo) de Erdogan lo envalentonará para emprender más juicios, encarcelar a más periodistas, cerrar más periódicos, matar más kurdos y, para el caso, seguir negando el genocidio armenio de 1915.

A los extranjeros les resulta a veces difícil entender el grado de temor y disgusto casi racista con que los turcos observan cualquier forma de militancia kurda. Estados Unidos, Rusia, Europa –Occidente en general– privaron de contenido la palabra terrorista, a tal punto que no logramos comprender por qué los turcos llaman terroristas a los kurdos y los ven como un peligro para la simple existencia del Estado turco. Así es como veían a los armenios en la Primera Guerra Mundial.

Mustafá Kemal Ataturk era tal vez un buen autócrata secular, admirado incluso por Adolfo Hitler, pero su lucha por unificar a Turquía fue causada por las mismas facciones que siempre acosaron a la patria turca, junto con las sospechas oscuras (y racionales) de un complot de las potencias occidentales contra el Estado.

En resumen, este fin de semana ocurrieron sucesos más dramáticos de lo que podría parecer a simple vista. Desde la frontera de la Unión Europea, a través de Turquía, Siria, Irak y vastas partes de la península del Sinaí en Egipto y hasta Libia y –¿nos atreveremos a mencionar esto después de Niza?– Túnez, existe ahora un rastro de anarquía y estados fallidos. Sir Mark Sykes y François Georges-Picot comenzaron el desmembramiento del imperio otomano –con ayuda de Arthur Balfour–, pero éste persiste hasta nuestros días.

En este sombrío marco histórico debemos ver el golpe que-no fue- en Ankara. Hay que esperar otro en los meses o años por venir.

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Francia: el fascismo y la lucha de clases

Sáb, 16/07/2016 - 02:40

Maciek Wisniewski, La Jornada

Históricamente hay varias maneras de tapar la lucha de clases. Una, a la que el capitalismo recurre sobre todo en tiempos de crisis, es el fascismo. En su meollo, el fascismo es una revolución conservadora. Las pancartas de esta revolución gritan: ¡El capitalismo, sí!; ¡La lucha de clases, no!

Con esto los fascistas manifiestan que quieren una sociedad moderna, altamente industrializada, con empleo abundante, pero que es tradicional y respeta las viejas jerarquías; una sociedad capitalista libre de los antagonismos de clase.

He aquí donde está el problema.

La lucha de clases es inherente al capitalismo. La modernización y la industrialización erosionan las relaciones sociales. El avance del capital genera inestabilidad y acentúa los conflictos clasistas. Para ocultarlo los fascistas crean una narrativa que explica la desintegración y las tensiones, pero sin mencionar que son un resultado del desarrollo interno de la sociedad capitalista. La culpa –dicen– la tiene la invasión de un agente externo: ¡Todo estaba bien hasta que los judíos/los musulmanes penetraron nuestro cuerpo social! ¿La manera de sanarlo? Deshacerse de los judíos/los musulmanes.

Zeev Sternhell tiene una particular –y un poco problemática– teoría sobre los orígenes del fascismo.

Según él, el fascismo nace en Francia a finales del siglo XIX como una fusión entre la derecha populista y la izquierda nacionalista, ambas opuestas a la democracia política, al liberalismo y a la Ilustración.

Su mirada –aparte de pecar de galocentrismo– parece ignorar el contexto histórico (Primera Guerra Mundial) y político (anticomunismo) en que se forja el fascismo y, exagerando su genealogía intelectual se centra más en el prefascismo y/o borra la frontera entre prefascismo y fascismo (E. Traverso, La historia como campo de batalla, p. 125-131). Pero Croix-de-Feu, un movimiento de extrema derecha, católico y ultranacionalista del periodo de entreguerras, que Sternhell no califica de fascista y que otros revolucionarios fascistas franceses que querían construir una nueva orden veían como defensor de lo viejo (Z. Sternhell, Neither right nor left: fascist ideology in France, p. 225), es un buen ejemplo de varias tendencias protofascistas –conservadoras, legitimistas, autoritarias– que permean hasta hoy en la derecha y la izquierda (sic) francesa.

Junto con otras ligas antiparlamentarias –un invento francés sui géneris–, Croix-de-Feu acabó deslegalizado por el gobierno del Frente Popular (1936), pero antes, en tiempos de la gran depresión y desempleo rampante, gozó de gran popularidad.

Haciéndose de un lenguaje social y prometiendo parar el avance del comunismo, pregonaba el corporativismo y una alianza entre el capital y el trabajo (¡sic!), algo que apuntaba directamente al silenciamiento de la lucha de clases. Sus ideas desembocaron luego en el régimen semifascista de Vichy y en el pétainismo –una particular alianza entre guerra y miedo (A. Badiou dixit)–, cuyo espíritu está presente hoy en el estado de emergencia propuesto por los socialistas tras los ataques terroristas en París-Bataclan (13/11/15), pero votado y renovado ya tres veces por todas las fuerzas desde la derecha hasta los comunistas (sic), y en cuyo marco se llevaba a cabo la brutal represión contra los opositores a la reforma de la Ley de Trabajo.

Otra manera de tapar la lucha de clases es recurrir a la ideología: negar su existencia o asegurar que es cosa del pasado. Desde hace décadas venimos escuchándolo de la boca de los voceros del neoliberalismo y del pensée unique.

Esta maniobra es tan exitosa que hasta la propia izquierda se lo cree, como en el caso de messieurs Hollande, Valls y su Partido Socialista (PS), e incluso de Jean-Luc Mélenchon y su radical Partido de Izquierda (PG).

Favoreciendo las categorías como el pueblo o la nación, la PG ha ido abandonando la idea de la lucha de clases y la política de los oprimidos. Desviándose a los pantanos del nacionalismo y soberanismo, se quedaba ciega frente a los verdaderos conflictos y relaciones de poder en Francia. Sin un buen aparato político y cognitivo, se quedaba impotente frente al feroz ataque de la patronal (Medef) contra el trabajo y los restos del Estado de bienestar (C. Petitjean, What happened to the french left?, The Jacobin, 6/11/15).

He aquí donde entra el argumento de Stathis Kouvelakis: si bien la amenaza de extrema derecha o la posibilidad de fascismo son reales, la debilidad de la misma izquierda es aún más preocupante.

El avance del populismo reaccionario –7 millones de votos para el Frente Nacional (FN) en las elecciones regionales– es mala noticia, pero igualmente lo es la incapacidad de izquierda de construir un proyecto contra-hegemónico al temple autoritario de la democracia liberal.

Y si bien el panorama se parece al periodo de entreguerras –y más con estado de emergencia–, la Francia de hoy no es Italia de los 20 ni la Alemania de Weimar: la derecha es una máquina electoral y no grupos de choque, la burguesía no siente el aliento de los trabajadores en su espalda e incluso si el FN llegase al poder no impondría una dictadura fascista clásica, sino iría fortaleciendo mecanismos ya usados por los socialistas (sic).

Reforzaría el Estado neoliberal autoritario, desarrollaría más los mecanismos raciales de exclusión de elementos indeseados en el cuerpo social y, presentándose como un movimiento antisistémico –algo que comparte con los fascismos clásicos–, dirigiría la rabia generada por el capitalismo contra un enemigo interno, pero sin romper con el régimen político actual (The french disaster, Verso blog, 16/12/15).

En este sentido y contra las “advertencias mainstream”, la puerta a la extrema derecha y al fascismo no la abren las manifestaciones contra las políticas neoliberales de Hollande y el caos ocasionado por los sindicatos (sic), sino:

• Los intentos de tapar la lucha de clases desde arriba (el poder) y fallas de articularla desde abajo (la izquierda radical).
• Las políticas autoritarias y antidemocráticas del mismo gobierno, que pretende sobrepasar al FN por la derecha.
• La incapacidad de articular la rabia popular que deja al FN en la posición de única alternativa al orden dominante.

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Theresa May enfrenta a la maldición europea

Xov, 14/07/2016 - 21:18

Marcelo Justo, Página 12

Theresa May se convirtió en la segunda primera ministra mujer de la historia británica y en la cuarta conservadora de los últimos 36 años que enfrenta ese gran fantasma que se ha cargado a todos sus predecesores: Europa. En 1990 la primera Dama de Hierro, Margaret Thatcher, tuvo que renunciar a raíz de las desavenencias internas sobre la Unión Europea. En 1997, su sustituto, John Major, perdió las elecciones al frente de un partido escindido a muerte entre euroescépticos y eurófilos. El 24 de junio pasado, David Cameron dimitió luego de que los británicos votaran a favor de dejar la Unión Europea. La pregunta obvia es: ¿podrá May superar esta “maldición europea” o será su próxima víctima?

En su debut discursivo como primera ministra May eludió con astucia la bala europea concentrándose en un sorprendente mensaje de justicia social. “Creemos en la unión de todos nuestros ciudadanos. Esto significa que tenemos que luchar contra la terrible injusticia de que los pobres tengan nueve años de vida menos que el resto, que los negros sean más duramente tratados por la Justicia que los blancos, que un muchacho blanco de clase trabajadora tenga menos oportunidades de acceder a la universidad, que una mujer gane menos que un hombre”, dijo May.

La lista de injusticias –que podrían haber sido pronunciadas por un laborista o un marxista– incluía a “los que sufren problemas mentales y no reciben ayuda, a los que son jóvenes y no saben si alguna vez van a acceder a su propio hogar, a los que no tienen seguridad laboral, a los que tienen miedo de no llegar a pagar su hipoteca”. May prometió que la prioridad del gobierno al tomar decisiones serían “todos los que están luchando denodadamente” y no han sido escuchados y comprendidos por “Westminster” (es decir, la clase política).

En un país que vive obsesionado con Europa y que transformó esa obsesión en una crisis existencial desde el referendo del 23 de junio, la Unión Europea apareció en dos oraciones al final de lo que fue un discurso de refundación nacional. “Estamos viviendo un momento de gran cambio y sé que vamos a estar a la altura del desafío porque somos Gran Bretaña. Con nuestra partida de la Unión Europea, debemos forjarnos un nuevo rol en el mundo y construir un país que sirva para todos y no solo para los más privilegiados”, señaló.

En el gabinete que se anunció a pocas horas de asumir May incluyó algunos golpes de efecto tan sorprendentes como su discurso. En Cancillería nombró al líder de los Brexiters y hasta hace poco gran candidato a su puesto, el ex alcalde de Londres, Boris Johnson, uno de los políticos más excéntricos del firmamento británico. Otro de los ganadores del referendo, David Davis, fue nombrado en una secretaría inventada para el momento, la Secretaría del Brexit. En Finanzas designó a un pro-europeo, Philip Hammond, canciller con David Cameron, quien esta semana indicó que el proceso de separación de la Unión Europea puede tomar hasta seis años porque requiere la ratificación parlamentaria de los 27 miembros. “Es el plazo mínimo que ha tomado cualquier ratificación de un nuevo tratado por todos los miembros”, señaló el martes en la Cámara de los Comunes.

Las escaramuzas por Europa comenzaron antes de que May completara su mudanza a 10 Downing Street (que incluyó la decisión de mantener a Larry, el gato de la residencia, a pesar de la alergia felina de May). Norman Tebbit, ex número dos de Margaret Thatcher, y baluarte del euroescepticismo a ultranza, escribió en el Daily Telegraph que un gobierno liderado por alguien como May que votó a favor de permanencer en la Unión Europea será considerado por muchos conservadores como “una traición para evitar que el Reino Unido se separe completamente de la UE”.

La derecha pro-Brexit examinará con lupa cada paso que dé May en su negociación con la UE. En principio la iniciativa está del lado británico, que es el que debe invocar el artículo 50 del Tratado Europeo para poner el proceso en marcha. May ha dejado en claro que “en el mejor de los casos” las conversaciones comenzarían a fin de año, pero la derecha se opone al mismo concepto de una negociación con la UE porque opinan que es innecesaria ya que el mismo parlamento británico puede, en su soberanía, anular la ley que sancionó la incorporación al bloque europeo hace más de cuatro décadas. El problema de esta visión de las cosas es que la UE ha dicho que el artículo 50 es la única vía para la separación: el potencial para el desatre político-diplomático está a la vista.

May tiene tiempo hasta octubre porque el artículo 50 sólo puede ser invocado en una reunión del Consejo Europeo que recién ocurrirá ese mes. Pero en dos semanas, el 30 de julio, los que votaron por permanecer en la UE planean una demostración de fuerza convocando a un millón de personas en todo el país a favor de permanecer en el bloque. El referendo ha convertido a Gran Bretaña en un cabildo abierto permanente sobre el tema europeo.

Los desafíos de May no se agotan en la propia derecha conservadora, la negociación con la UE y la mitad del país que votó en contra de la salida del bloque europeo. La nueva primera ministra tiene que enderezar el “Britanic” que viene enfilando hacia los témpanos de la recesión desde que Cameron puso fecha al referendo, en febrero. El primer discurso fue un comienzo, pero la economía no se alimenta de palabras: el impacto del Brexit se siente en el empleo y el valor de la libra, en los mercados y el consumo.

En medio de tanta malaria, la flamante primera ministra británica tiene una a favor. La oposición laborista está inmersa en un proceso de descomposición que puede terminar en una escisión entre los Corbynistas, muy a la izquierda del partido, y el resto de los diputados, una mezcla de Blairistas, centristas y, en el mejor de los casos, una “soft left”. En las próximas semanas los afiliados tienen que decidir si respaldan al actual líder, Jeremy Corbyn, o buscan una alternativa en Angela Eagle, la primera diputada en declararse abiertamente gay, o en Owen Smith, un miembro de la “soft left” que quiere presentarse como el candidato de la unidad capaz de evitar un cisma partidario.

Así las cosas, los conservadores, que provocaron toda la crisis con el referendo, están gobernando como si fueran el único partido del Reino Unido.

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La falacia del futuro sin trabajo y de la revolución digital como causa del precariado

Xov, 14/07/2016 - 07:01

Vicenç Navarro, Público

Existe una percepción bastante generalizada de que las nuevas tecnologías de automatización, biotecnología, digitalización e inteligencia artificial están revolucionando los puestos de trabajo, con enormes implicaciones en el número de trabajos disponibles, pues todas estas innovaciones permiten, a través de un enorme crecimiento de la productividad, realizar las mismas tareas con un número mucho más reducido de trabajadores. Se supone que la sustitución de trabajadores por máquinas y robots es un fenómeno generalizado hoy en los países del capitalismo avanzado, atribuyéndose la disminución de la población que trabaja, así como los cambios que están experimentando aquellos que continúan trabajando, a la introducción de todos esos cambios que componen lo que se conoce como la revolución digital. Tal revolución no solo ha eliminado puestos de trabajo, sino que ha configurado los que permanecen, al permitir una gran flexibilidad del mercado laboral, sustituyendo trabajos estables por otros inestables. En esta percepción de lo que está ocurriendo en los modernos mercados de trabajo, se asume que de la misma manera que la cadena de montaje (propia del fordismo -que caracterizó la revolución industrial-) produjo a la clase trabajadora, la robótica y la inteligencia artificial propia de la llamada revolución digital están creando el precariado (mezcla de los términos “precario” y “proletariado”).

En esta lectura de la realidad, la clase trabajadora industrial está siendo sustituida por el precariado, trabajadores que tienen unas condiciones de trabajo muy precarias, con trabajos poco estables y muy flexibles, con bajos salarios y contratos muy cortos. En esta situación se asume que el mercado de trabajo estará compuesto por una minoría con trabajos estables y salarios altos, poseedores de elevado conocimiento especializado, que dirigirán las empresas digitalizadas, un número mayor de trabajadores poco especializados y con bajos salarios, y una gran mayoría que no tendrá trabajo, pues la revolución digital irá haciendo innecesario el trabajo que requiere una intervención humana. De ahí la imagen de que nos encontraremos en un futuro muy próximo con que casi la mitad de puestos de trabajo habrá desaparecido.

Esta interpretación de los cambios que supuestamente están ocurriendo en el mercado laboral ha generado un gran debate sobre muchas de las supuestas consecuencias que este futuro sin trabajo tendrá para la mayoría de la población. El autor que ha introducido el concepto de precariado, Guy Standing, en su libro The Precariat. The New Dangerous Class, ha llegado a sostener que este precariado es, en realidad, una nueva clase social distinta a la clase trabajadora, con intereses en ocasiones contrapuestos. El trabajador con contrato fijo, estable y que trabaja siempre para el mismo empresario está dejando de existir, según Standing. En su lugar, el tipo de trabajor más frecuente será –como consecuencia de la revolución digital- el trabajador con contrato precario, corto, inestable, variable, en una rotación continua, trabajando a lo largo de su vida profesional en muchos lugares y puestos de trabajo, dependiendo de varios empleadores con los cuales firma el contrato a nivel individual y no colectivo. Serán trabajadores con escasos poderes y pocos derechos sociales, laborales y políticos. Esta nueva clase social incluye gran parte de la población inmigrante, y en dicha clase las mujeres están claramente sobrerrepresentadas (para una crítica de este libro, leer el artículo “Politics Lost”, John Schmitt, Dissent, Summer 2016).

¿Hay una revolución digital? Y, si la hay, ¿nos conducirá a un mundo sin trabajo? La cifra frecuentemente citada de que la revolución digital eliminará casi el 50% de los puestos de trabajo (en el capitalismo avanzado) procede del artículo de los profesores Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne (ambos de la Universidad de Oxford, Reino Unido), publicado el 17 de septiembre de 2013, y titulado “The Future of Employment: How susceptible are jobs to computerisation?”. En este artículo los autores indican que, según su estudio, el 47% de los puestos de trabajo en EEUU están en riesgo de desaparecer como consecuencia de la introducción de las nuevas técnicas digitales, como la computarización de los puestos de trabajo, incluyendo su robotización, indicando además que los puestos con mayor riesgo de desaparecer son los que requieren menos educación y reciben salarios más bajos. Los autores analizan tal riesgo en 702 tipos distintos de ocupaciones. Este estudio tuvo un enorme impacto y originó esta percepción de que la revolución tecnológica que estamos viendo ahora –la revolución digital- es una de las revoluciones más importantes que ha habido históricamente en la evolución del capitalismo avanzado y que tendrá mayor impacto en sus mercados de trabajo.

Problemas graves con el determinismo tecnológico que existe en estas teorías del fin del trabajo Desde que el artículo de Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne se escribió en 2013, muchos trabajos académicos han cuestionado sus tesis. Por desgracia, tal material parece ser desconocido en los medios de mayor difusión de España, lo cual explica la repetición en tales medios de las tesis del fin del trabajo debido a la revolución digital, a pesar de la enorme evidencia científica que las cuestiona. Una de las mentes económicas más perspicaces en EEUU, Dean Baker, codirector del conocido Center for Economic and Policy Research (CEPR) de Washington D.C., por ejemplo, ha cuestionado que la revolución digital –en la medida en que exista tal revolución- haya sido una mayor causa de la destrucción de empleo en EEUU. Como él señala, si, como tales autores postulan, la revolución tecnológica, tal como la robótica, hubiera sido una de las causas más importantes de la destrucción de empleo en EEUU, tendríamos que haber visto también un crecimiento muy notable de la productividad en ese país, lo cual no es cierto. En realidad, el crecimiento de la productividad en EEUU en los últimos diez años ha sido muy bajo (solo un 1,4% al año), comparado con un 3% en el periodo 1947-1973 (durante “la época dorada del capitalismo”), cuando, como Dean Baker acentúa, aquel gran crecimiento de la productividad estuvo asociado con un desempleo muy bajo y unos salarios muy altos. Comparar lo que ocurrió entonces, en el periodo 1947-1973, en el que hubo un gran crecimiento de la productividad (junto con un desempleo muy bajo, una tasa de ocupación alta y unos salarios altos), con lo que ha ocurrido en los últimos diez años, cuando el crecimiento de la productividad ha sido muy bajo (junto con un desempleo alto, una tasa de ocupación baja y unos salarios muy bajos) nos fuerza a hacernos la siguiente pregunta: ¿por qué el gran crecimiento de la productividad en aquel periodo generó altos salarios y gran número de puestos de trabajo, y en cambio ahora un aumento de la productividad (que es mucho menor que entonces) estaría destruyendo muchos puestos de trabajo y produciendo salarios mucho más bajos? Es más, también según Dean Baker, desde el año 2000 la demanda de trabajadores poco cualificados y con salarios bajos (que representan el 30% de la parte de renta baja de la fuerza laboral) ha sido mucho mayor que la demanda de trabajadores especializados y con salarios altos.

A la luz de estos datos es difícil concluir que los robots y la inteligencia artificial, así como otros elementos de la revolución digital, sean responsables del enorme aumento de la precarización de la clase trabajadora. En realidad, Dean Baker señala que la atención a la revolución digital como causa de la pérdida de puestos de trabajo estables bien pagados se está utilizando para evitar que se analicen las causas reales de la precarización, que no son tecnológicas, sino políticas, concretamente la gran debilidad del mundo del trabajo en EEUU, que claramente aparece en el tipo de intervenciones públicas que realiza el Estado (muy influenciado por el mundo empresarial), las cuales se están imponiendo a la población. Entre ellas están las políticas públicas encaminadas a debilitar a los sindicatos, medidas aplicadas desde los años ochenta que han afectado muy negativamente la calidad del mercado de trabajo, su estabilidad y sus salarios (Dean Baker, “The job-killing-robot myth”, 06.05.15). No es la revolución digital, sino la contrarrevolución neoliberal, lo que está causando la destrucción de puestos de trabajo y la precariedad del trabajo existente.

Las causas políticas del deterioro del mercado de trabajo Trabajos realizados por el ya citado Center for Economic and Policy Research de Washington D.C., EEUU, han mostrado claramente que la tecnología sustituyó a los trabajadores a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, creando problemas graves, pues ello determinó una enorme bajada de los salarios y una crisis de demanda enorme que contribuyó a la Gran Depresión. Ahora bien, la causa de esta situación no fue la introducción de la tecnología, sino la inexistencia de instrumentos en defensa del mundo del trabajo. Y fue esta debilidad del mundo del trabajo lo que permitió la introducción de la tecnología que causó el deterioro del mundo del trabajo. En cambio, después de la II Guerra Mundial, en el período conocido como “la época dorada del capitalismo” (1947-1973), cuando el mundo del trabajo tenía tales instrumentos, como los sindicatos y los partidos políticos enraizados (como los partidos socialistas) o próximos (como el Partido Demócrata) al mundo del trabajo, fue cuando la introducción de la tecnología no significó la bajada de salarios, sino al contrario, permitió la subida de salarios y también la creación de puestos de trabajo. Y, por cierto, la productividad creció mucho más que en los periodos anteriores. Fue precisamente esta expansión del poder del mundo del trabajo en el mundo capitalista desarrollado lo que creó la respuesta del mundo del capital, con el neoliberalismo iniciado por el Presidente Reagan en EEUU, y por la Sra. Thatcher y por la Tercera Vía fundada por el Sr. Blair en Europa. A partir de entonces la tecnología sirvió para reforzar al mundo del capital, de manera que el aumento de la productividad benefició particularmente a este a costa del mundo del trabajo. Así apareció el precariado. Y es ahí donde la digitalización ha contribuido al enorme crecimiento de las rentas del capital a costa de las rentas del trabajo, situación bien documentada en la gran mayoría de países de la OCDE, lo cual no debe atribuirse a la digitalización, sino a la victoria diaria del mundo del capital sobre el mundo del trabajo.

¿Qué está, pues, ocurriendo en el mercado de trabajo en el capitalismo avanzado? ¿Habrá reducción de puestos de trabajo? Hoy en EUUU, según el profesor Dani Rodrik, de la Harvard University (“Innovation Is Not Enough”, 09.06.16), los sectores que están experimentando mayor demanda de trabajadores no son los sectores donde tales cambios tecnológicos son más utilizados (áreas informáticas y comunicación, que representan unos porcentajes de la economía bastante menores –el 10% del PIB-), sino las áreas como servicios sanitarios y áreas de salud, educación, vivienda y otras grandes áreas del Estado del Bienestar, así como transportes y comercio, donde las innovaciones tecnológicas no se han aplicado masivamente, y que representan más del 60% del PIB. Solo los servicios sanitarios y sociales representan ya el 25% del PIB, y en tales servicios, la dependencia de la tecnología robótica es mucho menor que en los primeros sectores. Y la difusión de tal tecnología, aunque notable, no ha sido tan importante como en las industrias informáticas y de comunicación. Es más, es en estos sectores mayoritarios en los que se centra la ocupación, donde ha habido un gran crecimiento del empleo, no solo de personal especializado, sino (incluso más) de personal de escasa cualificación.

En base a estos datos, Dani Rodrik concluye que, en contra de lo que se está diciendo, la tecnología digital tiene menos impacto en el mercado de trabajo que otras tecnologías introducidas en periodos anteriores, como la introducción de la electricidad, del automóvil, el aire acondicionado, el avión y otras muchas. En los sectores como en los servicios públicos del Estado del Bienestar, que son los que emplean mayor número de trabajadores, la naturaleza del trabajo los hace menos receptivos que otros sectores a la utilización de esta revolución digital como manera de ahorrar trabajadores. En realidad, los sectores que están demandando más empleo son los de las áreas sociales y las áreas de economía verde, muy poco desarrolladas, por cierto, en España.

Los últimos datos sobre la creación de empleo en EEUU no confirman las tesis del futuro sin trabajo Confirmando lo sostenido en este artículo, acaban de publicarse los datos del Council of Economic Advisers, sobre el impacto de la revolución digital en el mercado de trabajo. Su presidente, Jason Furman, presentó los datos el 7 de julio de este año (The Social and Economic Implications of Artificial Intelligence Technologies in the Near-Term), enfatizando que si bien la robótica permite la sustitución de trabajadores por nuevas tecnologías, esta introducción no ha sido determinante en los cambios que están ocurriendo en la fuerza laboral estadounidense. Las nuevas tecnologías destruyen, pero también crean puestos de trabajo. Es más, el elemento clave que configura lo uno y lo otro no son las tecnologías per se, sino cómo se diseñan, para qué y con qué objetivos.

Comprensiblemente, al tratarse de un alto oficial del gobierno federal, el Sr. Furman no analiza en este informe la importancia del contexto político para entender el diseño e introducción de las tecnologías, pues es un área muy sensible, por lo general evitada en las altas esferas del gobierno federal, aunque sí señala la importancia del Estado federal para configurar el desarrollo y aplicación de un gran número de tecnologías, indicando que las influencias políticas sobre el Estado tienen mucho que ver con el tipo de tecnologías utilizadas en el mercado de trabajo. Por ejemplo, la aprobación de patentes, permitiendo comportamientos monopolistas, juegan un papel clave en la configuración de las nuevas tecnologías. Dean Baker, menos inhibido por su cargo, habla sin tapujos, subrayando lo que muchos de nosotros hemos estado enfatizando durante mucho tiempo: los mal llamados problemas económicos son, en realidad, problemas políticos. Como siempre ha ocurrido en todos los periodos anteriores, las variables más importantes que explican que una nueva tecnología pueda dañar o beneficiar a las clases populares son las variables políticas, es decir, quién la controla y diseña, con qué objetivo la diseña, cómo y cuándo se aplica, dependen en gran medida del Estado y de qué fuerzas configuran e influencian su creación y difusión.

La gran precariedad existente hoy tiene poquísimo que ver con la introducción de nuevas tecnologías, y mucho con el enorme poder que tiene el mundo del capital frente al mundo del trabajo, hecho que, como he dicho anteriormente, ha estado ocurriendo desde el inicio, no de la revolución digital, sino de la contrarrevolución neoliberal en los años ochenta. La enorme influencia del primero sobre el Estado explica esta situación. Las fuerzas progresistas no deberían aceptar el determinismo tecnológico que oculta las causas políticas responsables de la precariedad. Como señalé en el párrafo anterior, gran parte de la revolución digital fue originada en el sector público y luego puesta a disposición del gran capital, que lo utilizó, como era predecible, para optimizar su objetivo de incrementar sus beneficios a costa del bienestar y calidad de vida de la mayoría de la población (ver “Los mitos neoliberales sobre la superioridad de lo privado sobre lo público”, Público, 07.07.16).

Última nota: la importancia de utilizar la revolución digital a favor y no en contra de las clases populares Es interesante acentuar que los puestos de trabajo que se están mecanizando son los puestos de trabajo de baja cualificación, y ello se debe en parte a que la clase trabajadora tiene menos poder y, por lo tanto, menos capacidad de oponerse a la destrucción de sus puestos de trabajo, al contrario que los puestos de trabajo más especializados, aun cuando estos puestos podrían también ser sustituidos, lo cual ocurre porque tienen mayor poder de resistencia. Pero podría ocurrir también, y en parte esto está también sucediendo.

Ahora bien, el problema no es la sustitución de trabajadores por robots, pues debería ser considerado positivo que todo tipo de trabajo repetitivo fuera sustituido. El problema es cómo se está haciendo, y con qué consecuencias. Hay una enorme necesidad y urgencia de disminuir el tiempo del trabajo, así como de crear puestos de trabajo, e incrementar su contenido estimulante e intelectual, en áreas de gran importancia y necesidad, hoy claramente desatendidas, como son las áreas de atención a las personas y a los grupos más vulnerables, como los infantes y ancianos, o bien el reciclaje de toda la economía hacia fuentes de energía sostenibles. Decir que no habrá trabajo es asumir que todas las necesidades humanas estarán ya cubiertas, lo cual es obviamente falso. Y ahí radica el punto más débil de la tesis de que habrá un futuro sin trabajo. Por otra parte, el que haya mayor o menor precariedad en un país depende del poder de las instituciones que defienden a la clase trabajadora, tales como sindicatos y partidos laboristas (llámense estos como se llamen). El hecho de que la precariedad sea menos extendida en el norte que en el sur de Europa se debe precisamente a que en el sur la clase trabajadora es débil y está dividida, y en el norte los partidos que tienen su raíz en la clase trabajadora son fuertes. La evidencia científica de ello es abrumadora.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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De economistas y oráculos

Mér, 13/07/2016 - 18:27
Alejandro Nadal, La Jornada

Los economistas fueron durante mucho tiempo algo parecido a los oráculos en la antigua Delfos. Sus consejos sobre política económica eran mensajes de los dioses: sagrados anuncios de eventos que el destino había marcado. De no seguirse las recetas de política económica que recomendaban, las consecuencias serían funestas. Sus anuncios parecían desplegarse como si fueran fruto del contacto directo con los dioses.

Muy poca gente discutía la veracidad de su contenido. Y en la disciplina misma, sólo una minoría seguía el derrotero de la crítica y del trabajo analítico serio para abordar las preguntas más urgentes y relevantes. A ese grupo minoritario se le castigaba con el ostracismo y con la marginación.

Hoy la imagen de los economistas se ha empañado y la credibilidad en sus oráculos esotéricos se ha perdido. Su desprestigio ha ido en aumento. Las causas y la evolución de la crisis financiera global no han sido entendidas por los más connotados economistas del mundo. Hoy algunos de estos guardianes del templo presagian una nueva etapa de estancamiento secular. Pero al igual que los oráculos sibilinos, el misterio rodea sus augurios y se desconocen las raíces de esta nueva etapa en el desarrollo del capitalismo mundial.

Los factores que conducen a una mayor desigualdad tampoco terminan de ser bien analizados. El libro de Piketty sirvió para alertar sobre la magnitud del fenómeno, pero muy poco (casi nada) contribuyó al análisis serio sobre las fuerzas que la engendran.

Las promesas sobre los beneficios que traería consigo la globalización al estilo neoliberal han sido desmentidas por una realidad terca como el destino que buscaba adivinar la Pitonisa en Delfos. Pero aún hoy la economía ortodoxa sigue insistiendo en las ventajas de dicho proceso de globalización y la nueva generación de acuerdos comerciales.

Al interior de la disciplina se escucha la voz de la confusión. Un ejemplo es el catálogo de dudas existenciales que recientemente publicó Mark Thoma, un macroeconomista respetable de la Universidad de Oregon (cuyo blog sobre temas económicos es el más leído del mundo, economistsview.typepad.com). Thoma hace una lista de preguntas para las cuales habría que tener una buena respuesta. Sobresalen dos interrogantes. La primera: ¿qué tan robusto es el mecanismo económico de autocorrección después de una recesión? La segunda: ¿cuáles son las fricciones sobre las que debemos concentrarnos? ¿Las de precios y salarios o las del sistema financiero?

Esas preguntas de Thoma son un indicador del estado de desorden mental en el que se encuentra la teoría económica. La combinación de las ideas de auto-corrección y de fricciones es reveladora. Detrás de estas consideraciones yace el dogma central que todo domina en la disciplina: el mecanismo económico está animado por una tendencia inexorable al equilibrio y lo único que obstaculiza esta propensión son las fricciones que existen en la formación de nuevos precios y, sobre todo, en los salarios. Necesitamos mayor humildad, dice Thoma, para cambiar de opinión cuando los datos están en desacuerdo con nuestro modelo teórico favorito. Yo creo que necesitamos algo más que humildad.

Esta visión sobre la situación actual de la disciplina es algo frívola. Como punto de partida se supone que existe un mecanismo (económico) que tiene la capacidad de autoregulación. Ataviada de diferentes ropajes esta idea ha sido la columna vertebral de la teoría económica dominante desde el nacimiento del capitalismo. La búsqueda de datos para corroborar y confirmar su veracidad se reveló al paso de las décadas como un ejercicio infructuoso. Entonces se recurrió a la construcción de complejos modelos matemáticos que permitirían demostrar que el mecanismo económico está dotado de esta propiedad de auto-corrección y que sólo las fricciones impiden su buen funcionamiento.

Pero el uso de modelos matemáticos no pudo demostrar que unas supuestas fuerzas estabilizadoras permitieran mantener une economía de mercado en una senda de equilibrio. Al contrario: lo único que se pudo demostrar fue que solamente introduciendo supuestos arbitrarios en los modelos sería posible demostrar que una economía de mercado tendría la propiedad de auto-corrección. Esas condiciones arbitrarias nada tienen que ver con los datos cuya existencia presuponen las preguntas de Thoma.

Quizás el vicio de origen más fuerte que tiene el pensamiento económico consistió en trazar desde el arranque un programa de investigación que buscaba justificar el capitalismo en lugar de comprender su naturaleza. Así se organizó la teoría económica alrededor de una misión sacrosanta: demostrar que el mercado libre y sin regulación tenía propiedades benéficas para todos. Mientras se abandonaba la vía analítica de una ciencia normal, la metáfora de la mano invisible se constituyó en el paradigma (en el sentido de Kuhn) del pensamiento económico. Enderezar de alguna manera el camino es lo que busca el pensamiento económico heterodoxo, pero será difícil convencer a los oráculos en Delfos para que abandonen sus viejas prácticas divinatorias.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Una visión alternativa de la declaración de la independencia de la Argentina

Mar, 12/07/2016 - 20:16
Atilio Boron, Alainet

El proceso emancipatorio que se desataría con fuerza en el Río de la Plata luego de la derrota de las dos invasiones inglesas a Buenos Aires, en 1806 y 1807, enfrentó desde su nacimiento a dos formaciones sociopolíticas muy claramente definidas.

Por un lado, un bloque oligárquico-colonial que a través de sucesivas mutaciones llega hasta la actualidad y que hoy se encarna en el macrismo como su expresión sociopolítica; enfrentándolo había un sector de inspiración jacobina que concebía a la emancipación como un paso hacia la construcción de un nuevo tipo de sociedad, liberada de las lacras del viejo orden colonial.

Figuras sobresalientes en este grupo eran Mariano Moreno, Juan José Castelli y Bernardo de Monteagudo, todos graduados de la Universidad de Chuquisaca, la segunda universidad creada en suelo americano después de la de Santo Domingo y situada en lo que hoy es la ciudad de Sucre. De esta suerte de Harvard hispanoamericana de la época colonial salieron algunos de los cuadros intelectuales más importantes de los procesos independentistas de Sudamérica.

Además de los arriba mencionados deberíamos agregar los nombres de José Ignacio Gorriti, José Mariano Serrano, Manuel Rodríguez de Quiroga, uno de los líderes de la gesta independentista del Ecuador; Mariano Alejo Álvarez, precursor de ese mismo proceso en el Perú y Jaime de Zudáñez, que desempeñó igual papel en el Alto Perú. No es un dato menor recordar que esa magna universidad fue el foco que precipitó la Revolución de Chuquisaca el 25 de Mayo de 1809, exactamente un año antes que la revolución de Mayo en Buenos Aires. A este notable grupo se le unió, en el Río de la Plata, la figura gigantesca de Manuel Belgrano, un auténtico “hombre del Renacimiento.”

Belgrano fue un refinado intelectual, un lúcido economista que todavía hoy sorprende con sus premonitorios análisis y audaces propuestas reformistas, periodista de fina pluma, político y estratega militar, todo eso aparte de su profesión de abogado.

Un hombre, como Bolívar, que nació en una familia adinerada y que puso toda su fortuna al servicio de la revolución y la independencia. Y como el caraqueño, murió también él sumido en la pobreza. Para estos radicales rioplatenses como para Bolívar y Miranda en el norte de Sudamérica, la derrota del imperio español no podía ni debía limitarse a la abolición del régimen político colonial y su sustitución por otro independiente sino que debía también acabar con las opresivas y arcaicas estructuras e instituciones económico-sociales impuestas por el conquistador ibérico. La propuesta de esta ala radical del proceso independentista no se limitaba, como en el caso del bloque conservador, a sustituir unas autoridades por otras sino que apuntaban a la construcción de una nueva sociedad.

Tal como lo anotara el historiador Felipe Pigna, Moreno lo expresó con todas las letras en su “Prólogo” a El Contrato Social de Jean-Jacques Rousseau: “Si los pueblos no se ilustran … si cada uno no conoce lo que puede, lo que vale o lo que debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y luego de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos, sin destruir jamás la tiranía.”

Un siglo después sería Lenin quien manifestaría su preocupación por la suerte de aquellos, en este caso el proletariado, que luchan contra el esclavista sin pretender acabar con la esclavitud. Al igual que Bolívar, San Martín y Artigas, aquel grupo de geniales jacobinos sudamericanos que anhelaba construir un nuevo orden pos-colonial fue aplastado por la reacción oligárquico-colonial. Pero dejaron sembradas unas semillas que fecundarían vigorosamente tiempo después y cuyos frutos serían recogidos y multiplicados por Martí, Mariátegui, Fidel, el Che y Chávez, entre tantos otros.

En este sentido, la realización del Congreso de Tucumán que declararía solemnemente la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata sería apenas una primera floración de aquellas semillas. En ese momento, 1816, el escenario internacional había cambiado para mal. Los vientos huracanados de la Revolución Francesa y las cruzadas napoleónicas habían amainado. La derrota de Napoleón en Waterloo precipitó, con el Congreso de Viena, la restauración de las monarquías y la reconstrucción de las viejas fronteras europeas que habían sido borradas del mapa por el arrollador empuje de los ejércitos de Napoleón, firmando con premura el certificado de defunción del ciclo revolucionario abierto por la Revolución Francesa.

Sin embargo, la dialéctica de la historia demostró con elocuencia que aquel ciclo distaba mucho de haber sido clausurado. Gramsci observó con sagacidad que su culminación efectiva tuvo lugar en Octubre de 1917 en Rusia, cuando los bolcheviques tomaron el cielo por asalto y clausuraron, entonces sí que definitivamente, el ciclo abierto por la revuelta parisina de julio del 14 de Julio de 1789 para abrir otro, con un contenido de clase y un horizonte político radicalmente distinto: la era de las revoluciones socialistas.

En el caso concreto del imperio español en América los acuerdos gestados entre Metternich y Teyllerand en el marco del Congreso de Viena decepcionaron a la monarquía ibérica porque no contemplaban el apoyo europeo para recuperar sus levantiscos territorios allende el Atlántico. Pese al desaire de sus socios europeos, cuyos principales actores y sobre todo el Reino Unido veían como beneficioso para sus intereses la desintegración del otrora imponente imperio español en América, el re-entronizado Fernando VII lanzó una violenta y masiva ofensiva militar destinada a reconquistar sus posesiones americanas.

Era, como lo confirmó la historia, una empresa destinada al fracaso. Las noticias que llegaban a América luego de la derrota de Napoleón movilizaron a los patriotas en el Río de la Plata. Quien primero reaccionó fue José Gervasio de Artigas, que ni lerdo ni perezoso convocó al Congreso de los Pueblos Libres en la ciudad entrerriana de Concepción del Uruguay, mismo que culminó el 29 de Junio de ese año con la presencia de delegados de la Banda Oriental (hoy República Oriental del Uruguay), Corrientes, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y Misiones. Artigas reaccionó de este modo en respuesta a la actitud del muy oligárquico Directorio instalado en Buenos Aires luego de la Asamblea del Año XIII. Desconfiaba el caudillo oriental del proyecto que aquél tenía para el antiguo Virreinato del Río de la Plata.

La clara admiración del Directorio y sus principales figuras, Pueyrredón y Rivadavia entre otros, por las monarquías europeas, y muy especialmente por la británica, y su exacerbado unitarismo contrariaba los ideales republicanos, democráticos y federales de la Liga Oriental. Fue por eso que con la excepción de Córdoba las demás provincias de la Liga no enviaron representantes al Congreso de Tucumán, algo que la historiografía oficial de la Argentina mucho se cuida en revelar. Los líderes de aquellas provincias ya daban por sentada la Independencia de las Provincias Unidas y, además, desconfiaban de los planes urdidos por la oligarquía porteña.

El más audaz había sido pergeñado y llevado a la práctica por Carlos María de Alvear, a la sazón Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. En tal carácter le había enviado al embajador británico en Río de Janeiro, Lord Strangford, una carta en la que, entre otras cosas, decía que “Estas provincias desean pertenecer a Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se abandonan sin condición alguna a la generosidad y buena fe del pueblo inglés y yo estoy resuelto a sostener tan justa solicitud para librarlas de los males que las afligen. … Inglaterra no puede abandonar a su suerte a los habitantes del Río de la Plata en el acto mismo que se arrojan en sus brazos generosos...” Como puede comprobarse, el servilismo del actual Ministro de Hacienda de Mauricio Macri, Alfonso de Prat Gay, quien le pidió perdón a los inversionistas españoles por los “maltratos” que le infligiera el gobierno de Cristina Fernández tiene raíces profundas que como decíamos al principio de esta nota se remontan a dos siglos atrás.

San Martín estaba al tanto de estas ignominiosas maniobras dirigidas a ahogar la revolución y la independencia en su cuna. Mientras preparaba al Ejército Libertador en Cuyo seguía tan de cerca como pudiera las deliberaciones que tenían lugar en Tucumán. Era consciente que todo el proceso emancipatorio americano pendía de un hilo. En México y los países del Istmo la rebelión popular estaba a punto de ser aplastada a sangre y fuego. Bolívar había sido derrotado, Miranda agonizaba en su mazmorra en Cádiz y Nueva Granada (Colombia) y Venezuela fueron arrasadas por los realistas.

El virreinato de Perú seguía siendo un baluarte de la reacción ibérica al cual Chile estaba encadenado. El futuro de la independencia quedaba en las manos de las Provincias Unidas y de sus dos grandes dispositivos militares: el Ejército de los Andes, comandado por San Martín, presto a cruzar la cordillera, liberar a Chile y desde allí atacar al Perú. Y las guerrillas de Martín Miguel de Güemes en el Norte, para contener a las huestes realistas que desde Perú se descolgaban para sofocar el último bastión de la rebelión: el Río de la Plata.

Por eso cuando el 9 de julio de 1816 los delegados al Congreso aprobaron una declaración en la que se comunicaba “solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas provincias romper los vínculos que las ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueran despojadas e investirse del alto carácter de nación independiente del Rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli” un sabor amargo se apoderó de algunos diputados. Uno de ellos, Pedro Medrano, anticipando la furiosa reacción que tendría San Martín al enterarse de la insoportable ambigüedad de una declaración como la del 9 de Julio, que dejaba abierta las puertas a la entronización de una dominación colonial, logró que en la sesión del Congreso que tuvo lugar el 19 de Julio se aprobara el siguiente texto que debía ser agregado a continuación de ‘sus sucesores y metrópoli’.

Decía, ya sin ambages, ‘de toda dominación extranjera’. Por eso, la fecha genuina de la declaración de la independencia es el 19 de Julio, y no la que consagrara la muy conservadora historiografía oficial de la Argentina. Es el 19, no el 9, el momento en que las Provincias Unidas se internan en el camino sin retorno de la independencia nacional, declarándose ya sin eclecticismo ni oportunismo algunos independientes no sólo de la corona española sino de cualquier otra dominación extranjera. Dos siglos después esa aspiración sigue en pie, y la lucha iniciada por aquellos gigantescos patriotas sudamericanos dos siglos atrás continúa con toda su fuerza para lograr que, por fin, podamos sacudirnos el yugo del sucesor del viejo imperio español: el imperialismo norteamericano.

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Joseph Stiglitz: del Brexit al futuro

Lun, 11/07/2016 - 16:25
Joseph Stiglitz, Project Syndicate

Pasará mucho tiempo antes de que Gran Bretaña y Europa asimilen, en su plenitud, las implicaciones del referéndum “Brexit” del Reino Unido. Las consecuencias más profundas, por supuesto, dependerán de la respuesta de la Unión Europea a la retirada del Reino Unido. En un principio, la mayoría de las personas asumieron que la UE no “se patearía a sí misma, autocastigándose”, al fin y al cabo, un divorcio amigable parece ser lo mejor para todos. Sin embargo, el divorcio – como pasa en muchos casos – podría llegar a ser problemático.

Los beneficios del comercio y la integración económica entre el Reino Unido y la EU son mutuos y si la UE tomó en serio su convicción de que una mayor integración económica es la mejor alternativa, sus líderes deberían buscar garantizar los vínculos más cercanos posibles teniendo en consideración las circunstancias. Sin embargo, Jean-Claude Juncker, el arquitecto de los mecanismos de evasión de impuestos corporativos masivos de Luxemburgo y en la actualidad Presidente de la Comisión Europea, está tomando una línea dura: “fuera significa fuera”, dice él.

Es posible que esta reacción precipitada sea comprensible, si se tiene en cuenta que Juncker puede llegar a ser recordado como la persona que presidió la etapa inicial de disolución de la UE. Él argumenta que para disuadir a otros países que pudiesen querer salir de la UE, se debe actuar de manera inflexible; y, se debe ofrecer al Reino Unido solamente un poco más de lo que ya está garantizado mediante los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio. En otras palabras, no se debe mantener unida a Europa por los beneficios que brinda, mismos que superan con creces los costos. La prosperidad económica, el sentido de la solidaridad y el orgullo de ser un europeo no son suficientes, según Juncker. Se debe mantener unida a Europa mediante amenazas, intimidación y miedo.

Esa posición ignora una lección enseñada tanto por el voto Brexit como por las elecciones primarias del Partido Republicano de Estados Unidos: grandes porciones de la población no tienen una vida próspera. La agenda neoliberal de las últimas cuatro décadas puede haber sido buena para el 1% en la cúspide de la pirámide, pero no lo fue para el resto. Yo predije tiempo atrás que, con el pasar del tiempo, llegaría el día en el que este estancamiento tendría consecuencias políticas. Ese día ya ha llegado.

A ambos lados del Atlántico, los ciudadanos culpabilizan a los acuerdos comerciales, señalándolos como una de las fuentes de sus males. Si bien esa es una simplificación excesiva, es comprensible. Los tratados comerciales de hoy en día se negocian en secreto, en estos tratados los intereses corporativos están muy bien representados, pero los ciudadanos o trabajadores de a pie están completamente excluidos. Como era de esperar, los resultados han sido parcializados: la posición de negociación de los trabajadores se ha debilitado aún más, agravando los efectos que tienen las leyes que socaban los derechos de sindicatos y empleados.

Si bien los tratados comerciales desempeñaron un papel en la creación de esta desigualdad, hubo mucho más que contribuyó a inclinar la balanza política en dirección al capital. Las normas de propiedad intelectual, por ejemplo, han aumentado el poder que tienen las compañías farmacéuticas para elevar los precios. Sin embargo, cualquier aumento en el poder de mercado de las corporaciones de hecho se traduce en una reducción de los salarios reales – hoy en día, el aumento de la desigualdad se ha convertido en una característica principal de la mayoría de los países avanzados.

A lo largo y ancho de muchos sectores, la concentración industrial es cada vez mayor – así como también lo es el poder del mercado. Los efectos de los salarios reales estancados y en descenso se han combinado con los efectos de la austeridad, lo que hace que se ciernan amenazas de recortes de los servicios públicos, de cuyas prestaciones sociales dependen grandes cantidades de trabajadores de medianos y bajos ingresos.

La incertidumbre económica resultante para los trabajadores, al combinarse con la migración, fermentó una pócima tóxica. El Occidente contribuyo a muchas de las guerras y opresiones de las que hoy son víctimas los refugiados. Proporcionar ayuda es una responsabilidad moral de todos, pero especialmente de las Potencias que en el pasado fueron colonizadoras.

Y, sin embargo, a pesar de que muchos podrían negarlo, un aumento en la oferta de mano de obra poco cualificada conduce – siempre y cuando se tengan curvas de demanda normales con pendientes negativas – a salarios de equilibrio más bajos. Y, cuando los salarios no se pueden bajar, o directamente no se los baja, el desempleo aumenta. Esto es más preocupante en los países donde la mala gestión económica ya ha dado lugar a un nivel alto de desempleo generalizado. Europa, especialmente en la eurozona, ha sido mal administrada durante las últimas décadas, hasta llegar al punto de que su desempleo promedio es de dos dígitos.

La migración libre dentro de Europa, de manera predecible, se traduce en que los países que han tenido un mejor desempeño en cuanto a la reducción del desempleo van a ser los países que terminen con una proporción de refugiados superior a la que se consideraría como equitativa. Los trabajadores de estos países asumen el costo de los salarios disminuidos y el aumento del desempleo, mientras que los empleadores se benefician de tener a disposición mano de obra barata. No es de extrañar que la carga de los refugiados recaiga sobre quienes tienen menor capacidad para llevar su peso.

Por supuesto, se habla mucho acerca de los beneficios netos de la migración de lugares menos poblados a lugares más poblados. En el caso de un país que proporciona a todos sus ciudadanos un bajo nivel de prestaciones garantizadas – es decir, niveles bajos de protección social, educación, salud y otros – eso sí puede ser cierto. Sin embargo, en países que proporcionan una red de seguridad social bastante decente es todo lo contrario.

El resultado de toda esta presión a la baja que se ejerce sobre los salarios y para incrementar los recortes en los servicios públicos ha aniquilado a la clase media, extrayendo sus entrañas; y ha tenido consecuencias similares en ambos lados del Atlántico. Los hogares de clase media y trabajadora no han recibido los beneficios del crecimiento económico. Ellos están conscientes de que los bancos son los causantes de la crisis del año 2008; sin embargo, acto seguido vieron que se destinaron miles de millones para salvarlos y montos triviales para salvar sus hogares y puestos de trabajo. Si se considera que el ingreso promedio real (ajustado por la inflación) de un trabajador a tiempo completo en EE.UU. está en un nivel más bajo del que estuvo hace cuatro décadas, la presencia de un electorado enojado no debería causar ninguna sorpresa.

Para añadir a todo esto, los políticos que prometieron el cambio no cumplieron con lo esperado. Los ciudadanos de a pie sabían que el sistema no era justo, pero se tuvieron que enfrentarse a la realidad de que el sistema es incluso más amañado de lo que habían imaginado, y perdieron la poca confianza que aún tenían en la capacidad o la buena voluntad de los políticos tradicionales para corregir dicha situación. Eso, también, es comprensible: los nuevos políticos compartían la visión de futuro de aquellos quienes habían prometido que la globalización beneficiaría a todos. Sin embargo, emitir un voto iracundo no resuelve los problemas, y puede hacer que una situación política y económica pase del sartén a las brasas. Esta apreciación también es válida con respecto a la respuesta que se da frente a dicho voto iracundo.

El pasado pisado es un principio básico en economía. A ambos lados del Canal de la Mancha, el ámbito político ahora debería dirigir sus esfuerzos a comprender cómo, dentro de una democracia, la clase política pudo hacer tan poco por abordar las preocupaciones de tantos ciudadanos. Todos y cada uno de los gobiernos de la UE deben ahora considerar la mejora del bienestar de los ciudadanos de a pie como su objetivo principal. Una mayor cantidad de ideología neoliberal no ayudará en lo absoluto. Y, debemos dejar de confundir los fines con los medios: por ejemplo, el libre comercio, en el caso de ser bien administrado, podría traer mayor prosperidad compartida; pero, si es mal administrado, sin lugar a dudas reducirá el nivel de vida de muchos ciudadanos – posiblemente de la mayoría.

Existen alternativas al actual régimen neoliberal, son alternativas que pueden crear prosperidad compartida, al igual que también hay alternativas – como por ejemplo la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión con la UE que propone el presidente estadounidense Barack Obama – que podrían causar muchísimo más daño. Hoy en día el desafío es aprender del pasado, con el fin de abrazar las alternativas mencionadas primero y evitar las segundas.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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¿El fin del capitalismo?

Dom, 10/07/2016 - 03:05
Luis González Reyes, Rebelión

¿Qué es el capitalismo? El capitalismo es un sistema económico que persigue la reproducción del capital. Esta reproducción se realiza mediante la inversión de dinero (D) en mercancías, maquinaria, materias primas, energía y fuerza de trabajo que generan bienes y servicios (M), con el objeto de conseguir con su venta más dinero (D'). Por lo tanto es obvio que, para que exista reproducción del capital, tiene que haber materia, energía y trabajadoras/es por una lado [1] y consumidoras/es por el otro.

Otra posible circulación sería D-D', en la que el dinero se invertiría en operaciones financieras para conseguir un beneficio mayor. En realidad, la circulación D-D' se apoya sobre la D-M-D'. La economía financiera lo que hace es detraer parte de la plusvalía de la economía productiva y multiplicarla aparentemente (crea más dinero, pero no más capital).

La cantidad que D' excede a D es la plusvalía. La primera forma de obtenerla es consiguiendo que los/as empleados/as trabajen produciendo más ingresos que los gastos. El capitalismo consigue esto por cuatro vías: alargar la jornada laboral, reducir los salarios, aumentar la cantidad de personas que trabajan e incrementar la productividad. Como las tres primeras tienen límites claros (los cuerpos humanos), el elemento central a largo plazo es el aumento de la productividad.

El incremento de la productividad se consigue con una mejor organización de los/as trabajadores/as (lo que podemos hacer en colectivo es mucho más que lo que conseguimos de forma individual y, por lo tanto, genera más plusvalor). También cuenta la intensidad/eficiencia del proceso de trabajo. Finalmente, es fundamental el uso de máquinas, que requieren consumos crecientes de materia y energía. Nuevamente, los cuerpos humanos ponen límites a las dos primeras formas de incremento de la productividad, por lo que históricamente ha sido imprescindible un incremento del uso de máquinas.

Hay otras formas de conseguir plusvalía que no es el trabajo asalariado. Se puede robar el trabajo ajeno mediante lo que se ha denominado “acumulación por desposesión”. En este caso, el capitalismo no crearía el valor de forma interna, sino que se lo arrancaría a quienes lo han creado fuera del sistema. Por ejemplo, el patentado de conocimientos colectivos y la apertura a los mercados capitalistas de economías que funcionaban bajo otras lógicas serían formas de acumulación por desposesión. Esto implica una extensión del capitalismo a más territorios y ámbitos de la vida.

El trabajo humano produce valor porque modifica la materia usando energía y conocimiento. Esto también lo hace la naturaleza produciendo por tanto valor. Así, la plusvalía también se consigue mediante la apropiación del trabajo de la naturaleza. Por ejemplo, el trabajo de fotosíntesis es enajenado por el propietario de la plantación de caña, o el de concentración de minerales es usurpado a través de la minería.

Para que todo esto sea posible es necesario que los seres humanos puedan trabajar en la reproducción del capital. Es decir, que las sociedades sean capaces de sostener la vida. Esto supone una ingente cantidad de trabajos de cuidados (higiene, alimentación, sostén emocional, crianza) que en muchos casos no generan plusvalía, pero sin los cuales es imposible que esta se produzca. El grueso de estas labores las realizan las mujeres en nuestro sistema patriarcal. Además, este sostenimiento de la vida requiere de unos ecosistemas que puedan realizar sus funciones (depuración del agua, sostenimiento del equilibrio climático, fertilización del suelo). Estos trabajos, además, son imposibles de retribuir por el capital [2].

De este modo, se pueden resaltar cinco condicionantes para el funcionamiento del capitalismo: i) materia y energía por un lado y consumidores/as por otro; ii) aumento de la productividad, lo que requiere un incremento del uso de máquinas, que a su vez necesita un mayor consumo de materia y energía; iii) extensión continuada del capitalismo; iv) explotar el trabajo realizado por la biosfera; y v) tener garantizada la reproducción de la vida.

¿Se está deteniendo la reproducción del capital? Como se aprecia en la figura, se está produciendo un descenso en la tasa de ganancias mundial, lo que señala dificultades crecientes para sostener la reproducción del capital.

Evolución de la tasa de beneficios mundial (pdf Michael Roberts)

Hasta los años 80, la ralentización de los incrementos de productividad había sido la causa principal del descenso en la tasa de beneficios. Esto se produjo por un periodo de exitosas luchas sociales en todo el mundo y, coyunturalmente, por el alza del precio del petróleo. Después, durante la fase neoliberal, el capitalismo logra sostener la tasa de beneficio aumentando la explotación en el trabajo asalariado (reducción de sueldos, aumento de la jornada, impuestos regresivos, desmantelamiento de servicios públicos, incorporación de más personas al mundo asalariado) y de la naturaleza (lo que incluye su mayor mercantilización). También fue determinante la fagocitación de más territorios en el sistema-mundo (entre los que destacaron Rusia y China), la inclusión de más facetas de la vida en la lógica del mercado capitalista, y la extensión de los ámbitos de actuación a nuevos espacios [3] y más funciones ecosistémicas.

Además, el sostenimiento de los beneficios requirió de una expansión gigantesca del crédito (de la deuda) para conseguir que el consumo siguiese aumentando. Esto permitió también crear la ilusión de que todo iba cada vez menor gracias al encadenamiento de burbujas especulativas. Pero, en realidad, esta especulación financiera no creó capital.

A pesar de todo, la productividad continuó descendiendo. En parte, porque la actividad empresarial se desvió a la compra de activos financieros y el pago de dividendos, en lugar de en maquinaria, pues esto era cada vez menos rentable. Pero también porque, desde 2005, se ha alcanzado el pico del petróleo convencional y esto ha conllevado un dificultad creciente de conseguir materia y energía abundante y barata.

¿Es posible una reactivación de la creación de valor? La crisis del 2007/2008, que abre la Gran Recesión y que tiene como trasfondo central la creciente incapacidad de reproducir el capital, se ha encarado con cuatro estrategias fundamentales que están chocando con límites insoslayables.

El intento neoliberal de extender el capitalismo a más ámbitos de la vida y a más territorios está llegando a su máximo, pues no quedan espacios suficientemente significativos que meter dentro de la lógica del capital. El “capitalismo de los pobres” [4] o tratados como el TPP, el TTIP, el CETA o el TISA se pueden leer como un desesperado intento de introducir dentro de la rueda de reproducción del capital los últimos reductos que quedan fuera. Aún si llegasen a tener éxito, no significarían un alivio real, pues el volumen del problema excede con mucho a las posibilidades de negocio que estas vías podrían abrir [5]. Además, para que exista un mercado globalizado hace falta petróleo abundante, barato y ligero, tres características que, está dejando de tener el crudo [6]. Un mercado global es central para permitir una mayor reproducción del capital, pues permite tener una economía de escala, y aumentar la especialización, la explotación laboral, el consumo y la capacidad de financiación.

Una medida característica de la Gran Recesión está siendo la creación ingente de dinero (deuda) mediante políticas como la quantitative easing. Lo que se persigue es sostener los niveles de consumo de las clases altas y de los grandes capitales. Pero esta medida está llegando a su límite. Primero porque, después de la creación de una cantidad nunca vista de dinero (deuda), no solo no se ha conseguido la reactivación, sino que las medidas están terminándose, pues no está nada claro que tenga sentido bajar los tipos de interés por debajo de 0%, que es básicamente donde están. Segundo, porque la deuda ha adquirido un volumen tan grande que es imposible que puedan generarse nichos de negocio suficientes para restituir una parte significativa [7]. De manera profunda, esto no es posible porque estamos en un “mundo saturado”, donde la biosfera ha sido ya ampliamente colonizada. Por lo tanto, lo que hay por delante es el sonoro estallido de nuevas burbujas.

Una tercera estrategia está siendo el aumento de los grados de explotación de las personas mediante una rebaja mayor en las condiciones laborales. Esto está produciendo la laminación de la clase consumista. Es decir, se aumentaría la productividad a costa de reducir el consumo, lo que impide recuperar la tasa de beneficios.

El cuarto grupo de medidas consiste en recrudecer la explotación de la naturaleza. Sin embargo, esto es cada vez más complicado pues, por ejemplo, los petróleos que quedan son los que están en el ártico, embebidos en rocas duras, en aguas ultraprofundas y/o de peor calidad. El capitalismo ya se ha apropiado de gran parte del trabajo realizado por la naturaleza.

Finalmente, una vía que no está explorando el capitalismo global más que parcialmente en China e India es la creación de un nuevo “Estado del Bienestar” que sostenga a otra clase consumista. Y no lo está haciendo porque esto es imposible. La construcción del “Estado del Bienestar” se produjo en un contexto de fuertes luchas sociales y, sobre todo, de un incremento fuerte de la productividad gracias a la explotación masiva de petróleo (pero no solo). Así, pudo haber altas tasas de benéfico y que parte de él recayera en las clases medias de los Estados centrales. Esto ahora es imposible.

Por si todo esto fuera poco, los mecanismos de reproducción de la vida están seriamente comprometidos. Estamos viviendo una crisis de los cuidados como consecuencia de la incorporación masiva de las mujeres al mundo asalariado en sociedades patriarcales (entre otros factores). También se está produciendo una pérdida de funciones ecosistémicas básicas.

¿Cuáles son los posibles escenarios futuros? Por lo tanto, si el capitalismo se caracteriza por la reproducción del capital y esta puede detenerse en un futuro cercano, los sistemas socioeconómicos que tengamos por delante podrían ser otros. En ellos, no habrá casi creación de riqueza y la base de la acumulación será el despojo. En todo caso, también serían factibles (aunque difíciles) nuevos capitalismos regionales.

En este escenario poscatpitalista, las estrategias de sostenimiento social de tipo “goteo” no son posibles. Estas abogan por un crecimiento y concentración de la riqueza y que, por efecto goteo, esto acabe redundando en toda la sociedad. Tampoco lo son las que buscan aumentar el tamaño de la tarta y remodelar algo el reparto de los trozos para conseguir una mejora social.

Solo hay dos opciones factibles en un contexto de fuerte reducción de la tarta. Una es que unas pocas personas consigan la fuerza suficiente para arrebatar a grandes masas los bienes de supervivencia básicos. Sería una opción que requiere un genocidio. La segunda es conseguir una redistribución real y profunda de la riqueza desposeyendo de ella a las clases altas.
________
Notas:
[1] No existe nada parecido a la economía desmaterializada. Todos los datos empíricos muestran como el crecimiento económico requiere un incremento del consumo material y energético.
[2] El trabajo humano no pagado de sostenimiento de la vida puede rondar el 70-80% del PIB mundial. El de la biosfera podría ascender al 70-250% del PIB mundial.
[3] Como la estratosfera, las aguas ultraprofundas, los genes o la nanotecnología.
[4] En este paquete entrarían, por ejemplo, los microcréditos.
[5] Entre otras cosas, porque muchas (como los servicios públicos) ya están en gran parte dentro de la lógica del mercado capitalista.
[6] El transporte depende en un 95% del petróleo y es una fuente prácticamente imposible de sustituir en este sector.
[7] Desde 2007, la acumulación de deuda en el mundo ha crecido al 5,3% (mucho más que el PIB). Para recuperar una tasa de crecimiento del 3%, en 2010, 1,6 billones de dólares debían encontrar nichos de mercado. En cambio, en 1950 esta cifra era de 150.000 millones y en 1973 de 420.000 millones.

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Pánico inmobiliario de Reino Unido hace saltar todas las alarmas a la banca

Ven, 08/07/2016 - 20:11

Los fondos congelados de Reino Unido tejen una red imposible de desenmarañar. El pánico desatado en los fondos inmobiliarios británicos, que han decretado ya el cerrojazo e impiden a sus titulares recuperar lo invertido, ha centrado la atención sobre la vulnerabilidad del sector inmobiliario comercial, financiado mayoritariamente por bancos locales, pero cada vez más por bancos extranjeros y aseguradoras. La confianza de los consumidores británicos sufre su mayor caída en 21 años.

Los bancos británicos y sus sociedades inmobiliarias habían concedido unos 90.000 millones de libras (unos 105.000 millones de euros) en créditos al sector inmobiliario comercial a finales de 2015, según un estudio de la Universidad de Montfort.

Por su parte, los bancos alemanes, estadounidenses y de otros países muestran una exposición al sector de 55.000 millones de libras (58.000 millones de euros), tras haber incrementado sus inversiones en el sector desde la crisis financiera de 2008. Las aseguradoras, que antes de la crisis apenas tenían exposición, totalizaban 25.900 millones de libras (unos 30.000 millones de euros) en créditos.

Esto implica que todos ellos podrían verse afectados si la decisión de Reino Unido de salir de la Unión Europea desemboca en una ralentización en la inversión empresarial y reduce la demanda por oficinas y centros comerciales. El valor total de la deuda inmobiliaria comercial se situaba en 183.300 millones de libras (214.000 millones de euros) a cierre de 2015, según el estudio De Montfort.

La incertidumbre ha causado pánico entre los inversores en propiedades comerciales. La semana pasada, más de 18.000 millones de libras (21.000 millones de euros) de inversores en inmobiliaria comercial fueron congelados al suspenderse la negociación los fondos gestionados por M&G Investments, Standard Life Investments y Threadneedle Investments, entre otros.

Aunque los inversores minoristas son los que más pueden perder en un primer momento, algunos fondos han estado reduciendo el valor que pusieron en la propiedad- una señal de que probablemente bajará el precio.

La división de fondos de Legal & General y F&C Investments redujo el valor de sus fondos inmobiliarios en Reino Unido el jueves para disuadir a los inversores que quieran retirar su inversión.

"El mercado inmobiliario se basa en gran medida en la confianza", señala Danny Cox, broker de Hargreaves Lansdown. "Una vez que sufres una merma como esta, lleva tiempo recuperarse". Aunque la exposición de los bancos británicos al sector es alta -el año pasado supuso un 45% del crédito, según el informe-, ha bajado desde los más de dos tercios de hace una década.

Por su parte, los bancos alemanes tenían al cierre de 2015 más de 18.000 millones de libras (21.000 millones de euros) de préstamos al mercado inmobiliario británico, frente a los 10.500 millones (12.000 millones de euros) de sus homólogos estadounidenses, según De Montfort.

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Acumulación por exterminio

Ven, 08/07/2016 - 16:46
Raúl Zibechi, La Jornada

La evolución de la guerra en el último siglo, en relación con la población, nos ofrece pistas sobre el tipo de sociedad en que vivimos. Hasta la Primera Guerra Mundial los combates sucedían entre ejércitos nacionales, en las barricadas, donde se producían las grandes carnicerías que inflamaron la conciencia obrera. Afectaban a la población de manera indirecta, por la muerte masiva de hijos y hermanos. Cuando lo hacían de forma directa, eran las más de las veces efectos colaterales del conflicto o, en ocasiones, escarmientos para debilitar la moral de quienes peleaban en el frente.

Con la Segunda Guerra Mundial las cosas cambian de manera radical. Desde los bombardeos de Hamburgo y Dresde hasta las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, pasando por el bombardeo japonés a Chongqing hasta los campos de concentración alemanes, el objetivo pasó a ser la población. Hay un antes y un después de esa guerra y de los campos de concentración, como señala Giorgio Agamben, ya que tanto el campo como el bombardeo estratégico se convirtieron en paradigmas de la política y de la guerra modernas.

No se trata de la aparición de la aviación como forma central del combate. Al revés: la aviación se convierte en decisiva porque el objetivo pasa a ser la población. Vietnam es otro punto de inflexión. Es la primera vez que los muertos estadounidenses se cuentan por miles, con un impacto mucho mayor que en las guerras anteriores. A partir de ahí, la guerra aérea redobla su importancia para evitar entrar en el cuerpo a cuerpo con el inevitable saldo de bajas propias.

La acumulación por despojo (minería a cielo abierto, monocultivos como la soya y las megaobras) tiene una lógica similar a la guerra actual, no sólo por el uso de herbicidas ensayados en la guerra contra el pueblo vietnamita, sino por la propia lógica militar: despejar el campo de población para hacerse con los bienes comunes. Para despojar/robar, es necesario quitar del medio a esa gente tan molesta; es el razonamiento del capital, una lógica que vale tanto para la guerra como para la agricultura y la minería (http://goo.gl/OBH7an).

Por eso, es importante referirse al modelo actual como cuarta guerra mundial, como hacen los zapatistas, ya que el sistema se comporta de ese modo, incluyendo por supuesto la medicina alopática que se inspira en los principios de la guerra. Los argumentos del EZLN cuadran con los de Agamben, cuando señala que el dominio de la vida por la violencia es el modo de gobierno dominante en la política actual, en particular en las regiones pobres del sur global.

La brutal represión a los maestros en Oaxaca muestra la existencia de un totalitarismo disfrazado de democracia, que según Agamben se caracteriza por “la instauración, mediante el estado de excepción, de una guerra civil legal, que permite la eliminación física no sólo de los adversarios políticos, sino de categorías enteras de ciudadanos que por cualquier razón resultan no integrables en el sistema político (El Estado de excepción, p. 25). El mismo autor nos recuerda que desde los campos de concentración no hay retorno posible a la política clásica, aquella que estaba focalizada en la demanda al Estado y la interacción con las instituciones.

¿Cómo denominar una forma de acumulación anclada en la destrucción y muerte de una parte de la humanidad? En la lógica del capital, la acumulación no es un fenómeno meramente económico, de ahí la importancia del análisis zapatista que pone el acento en el concepto de guerra. Quiero decir que el tipo de acumulación que necesita el capital en el periodo actual, no puede sino ir precedido y acompañado estructuralmente de la guerra contra los pueblos. Guerra y acumulación son sinónimos, a tal punto que subordinan al Estado-nación a esa lógica.

El tipo de Estado adecuado para esa clase de acumulación/guerra es el punto débil de quienes analizan la acumulación por desposesión o el posextractivismo. En estos análisis, más allá del valor que poseen, encuentro varios problemas a ser debatidos para fortalecer las resistencias.

El primero es que no se trata de modelos económicos, solamente. El capitalismo no es una economía, es un sistema que incluye una economía capitalista. En su etapa actual, el modelo extractivo o de acumulación por robo no se reduce a una economía, sino a un sistema que funciona (desde las instituciones hasta la cultura) como una guerra contra los pueblos, como un modo de exterminio o de acumulación por exterminio.

México es el espejo en el que podemos mirarnos los pueblos de América Latina y del mundo. Los más de 100 mil muertos y las decenas de miles de desaparecidos no son una desviación del sistema, sino el núcleo del sistema. Todas las partes que integran ese sistema, desde la justicia y el aparato electoral hasta la medicina y la música (por poner apenas ejemplos), son funcionales al exterminio. Nuestra música y nuestra justicia (y así con todos los aspectos de la vida) son parte de la resistencia al sistema. Están desgajadas o separadas del mismo. No forman parte de un todo sistémico, sino que integran ya el otro mundo.

La segunda cuestión es que las instituciones estatales han sido formateadas por y para la guerra contra los pueblos. Por eso no tiene el menor sentido dedicar tiempo y energías en incrustarse en ellas, salvo para quienes crean (por ingenuidad o interés mezquino) que pueden gobernarlas a favor de los abajos. Este es quizá el principal debate estratégico que afrontamos en esta hora sombría.

En suma, crear y cuidar nuestros espacios y protegernos del arriba sin dejarnos seducir por sus escenarios, se torna en la cuestión vital de nuestros movimientos. Recordemos que, para Agamben, los recluidos en el campo son personas a las que cualquiera puede matar sin cometer homicidio. Esta forma de ver el mundo actual explica mejor los hechos de Ayotzinapa y Nochixtlán que los discursos sobre democracia y ciudadanía, que apelan a la justicia del sistema.

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Tony Blair mintió sobre Irak y sus supuestas armas de destrucción masiva

Xov, 07/07/2016 - 21:29
El informe Chilcot reveló que Tony Blair tergiversó el informe del Comité de Inteligencia británico -el que no afirmaba que Hussein tuviera armas de destrucción masiva- y se sumó a la guerra de Bush haciendo caso omiso de las consecuencias que tendría la invasión a Irak

Tony Blair se convenció a sí mismo –y a su país– de que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva y, sin considerar los informes de inteligencia, decidió participar de la invasión a Irak en 2003. Aun cuando no se había establecido un criterio claro que justificara la guerra, el Gobierno británico se decidió por la vía bélica sin haber agotado todas las opciones pacíficas. A grandes rasgos, éstas son las severas conclusiones del informe Chilcot, que hoy por fin vio la luz después de siete años de gestación.

En 2009, Sir John Chilcot, autoridad política de trayectoria y miembro del Consejo Privado del Reino Unido, tomó a su cargo la misión de elaborar un informe conocido como el ‘informe Chilcot’ (The Iraq Inquiry), una investigación para esclarecer los términos de la participación del país en la guerra de Irak.

Hoy, el informe reveló públicamente que el primer ministro británico estaba tan convencido de una supuesta presencia de armas de destrucción masiva, que envió tropas a Irak cuando todavía era posible resolver el conflicto por la vía diplomática. Sit John Chilcot concluyó que los servicios de inteligencia habían informado propiamente al mandatario de que no había pruebas concluyentes que justificaran una guerra, informa The Independent.

El informe Chilcot sobre la guerra también reveló que Blair y el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, estaban muy al tanto de que las consecuencias para Irak serían catastróficas y que el país descendería a un caos sectario después de la invasión –contrario a lo que declaró Blair en la investigación. El hecho de que el ex primer ministro británico mintiera para justificar la participación de Reino Unido en la guerra, ha causado controversia en el país por 13 años. Chilcot no habla de “mentira” textualmente, pero sí describe que Blair decidió ignorar deliberadamente los límites entre lo que él creía y los hechos que conocía sobre Irak.

Por su parte, el ex primer ministro alegó que los 12 volúmenes del informe prueban que, en el peor de los casos, su actuar fue simplemente un error. “El informe debería omitir acusaciones de mala fe, mentira o engaño. Ya sea que la gente esté de acuerdo o en desacuerdo con mi decisión de tomar acción militar contra Saddam Hussein, decidí de buena fe y basado en lo que creía que era lo mejor para los intereses del país”, declaró Blair en la investigación.

Pero Sir John Chilcot recalcó que los riesgos de conflictos internos, la inestabilidad regional y la expansión de Al-Qaeda en Irak, eran costos perfectamente visibles por las máximas autoridades políticas de las potencias beligerantes. “Cada uno era explícitamente identificable”, afirmó; pero aun así se tomó la decisión de preparar una invasión a Irak e ir tras Saddam Hussein.

Chilcot también hizo una crítica a los jefes del Joint Intelligence Committee, el comité de inteligencia británico, por permitir que Blair tergiversara lo que le habían informado.

En septiembre de 2002, el primer ministro presentó un expediente oficial del comité de inteligencia a la Cámara de los Comunes, en el que se informaba con precisión que no era posible afirmar a ciencia cierta que Hussein tuviera armas de destrucción masiva. Sin embargo, el documento venía con un prólogo firmado por el propio Blair, que afirmaba que “sin lugar a dudas” Irak mantenía armas de destrucción masiva en su poder. Chilcot declara que esta acción fue formulada deliberadamente para establecer lo que el mandatario creía, en lugar de la verdad. “Los juicios sobre el potencial de Irak en esa declaración y en el expediente, fueron presentados con una certeza injustificada”, señaló el director de la investigación.

Hussein había declarado que su régimen había destruido todas las armas químicas que tenía y que había usado en los años ’80. Pero el informe de Sir John Chilcot establece que ante una inminente invasión de Irak por Estados Unidos -independiente de lo que el Reino Unido decidiera- los jefes de inteligencia no fueron enfáticos en aclarar la posibilidad de que el gobierno iraquí estuviera diciendo la verdad.

Cuatro meses antes de la invasión, en noviembre de 2002, el gobierno iraquí anunció que ya no tenía armas de destrucción masiva, pero Blair se negó a creerlo. Hablando por teléfono con George W. Bush en diciembre, el jefe de estado británico dijo que las declaraciones le parecían “obviamente falsas” y que esperaba con un “cauteloso optimismo” que los inspectores de armas pudieran probar que Irak mentía.

El 18 de marzo de 2003, Tony Blair persuadió a la Cámara de los Comunes de dar el visto bueno para una acción militar, pero “al momento del voto parlamentario, las opciones diplomáticas no se habían agotado”, afirma Chilcot. Desde septiembre de 2002, informes del Ministerio de Relaciones Exteriores (FCO) y del Comité de Inteligencia habían indicado que una guerra en Irak provocaría un ambiente para la violencia y un clima de inestabilidad para el país.

Un informe del FCO sobre el islamismo en Irak, presagió el surgimiento de grupos como ISIS, uno de los principales focos de la violencia que actualmente arrasa con la región. El documento advertía que era probable que grupos armados buscaran identidades e ideologías a las cuales adherirse para basar sus movimientos con fines políticos.

Tres años después de terminada la guerra, ISIS se declaró califato en Irak y actualmente mantiene el control de amplios sectores del país, incluyendo su segunda ciudad principal, Mosul. El grupo se atribuyó el bombardeo del domingo pasado en Bagdad, un ataque que dejó 250 muertos, en lo que constituye el peor ataque desde la invasión occidental a Irak en 2003.

La Operación Telic, como se conoció la guerra de Irak en el Reino Unido, logró la ocupación del país, el derrocamiento de una dictadura y el establecimiento de un nuevo gobierno pro-estadounidense (o pro-occidente), pero jamás encontró las armas de destrucción masiva a las que hicieron alusión Bush y Blair y que justificaron una invasión sobre la base de una mentira. Finalizada la guerra en 2011, el panorama socio-político de Irak, lejos de estabilizarse, se había convertido en un caldo de cultivo de guerras internas, de grupos armados y de la perpetua intervención de las potencias de occidente. Un conflicto que sigue cobrado miles de víctimas.

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¿Cómo pueden existir los paraísos fiscales si tenemos al FMI, G7 y la OCDE vigilando?

Xov, 07/07/2016 - 21:00
El volumen que manejan las guaridas fiscales es según la OCDE de 240.000 millones de dólares anuales. Durante muchos años. Ese volumen hace que las arcas públicas de todos los estados se debiliten y disminuya la progresividad fiscal

Santiago González Vallejo, Mundo Obrero

En esta publicación no hay que argumentar el rechazo de lo que el propio capitalismo y sus rectores han creado y consolidado. Los paraísos o cuevas o guaridas fiscales (para señalar de forma más adecuada la ruindad de su objeto), están definidos por su opacidad –en lo que respecta a la ocultación de las personas físicas o jurídicas dueñas de los fondos depositados, y/o su origen, frecuentemente ligados a delitos-, y no pagar impuestos.

Los impuestos son una retracción de los ingresos de las personas para satisfacer los bienes y servicios públicos. El bienestar social, la educación, la sanidad, la previsión social, pero también la mutualización de limitar o hacer frente a riesgos sociales, ambientales o de seguridad, etc., se financian con impuestos. Hay una correlación entre impuestos y estado de bienestar. Porque si bien, los salarios, la negociación colectiva, son los ingresos directos de los trabajadores, los ciudadanos tienen otros ingresos ‘en especie’, los indirectos, que conforman todo un entramado de calidad de vida. Si no hay dinero, impuestos, se deterioran los servicios públicos, se privatizan –pasando al mercado y su distribución depende de la renta individual- o dejan de existir. Además, los impuestos facilitan una inversión colectiva que debe propiciar un desarrollo al país que favorece a todos y a su futuro.

La elusión fiscal de las multinacionales, cumplir la ley pero transferir los beneficios a territorios libres de impuestos, hace que éstas compitan deslealmente desde el plano fiscal con las pymes. Si McDonald's no paga impuestos, estará en mejor posición para expandirse que una pyme de restauración. Y eso nuestros rectores lo han apoyado. Pero las patronales, dirigidas por esas multinacionales, reclaman menor presión fiscal, pero obvian esa asimetría fiscal y no reclaman que las multinacionales paguen lo mismo que las pymes y así la ciudadanía más cercana, sus clientes, tengan un mayor nivel adquisitivo (salario directo e indirecto).

Hay otras derivadas económicas. El flujo financiero que pasa por la opacidad de los paraísos fiscales, por delitos y elusión fiscal de las multinacionales, vuelve a los circuitos financieros e industriales, por medio de fondos de inversión que practican el capitalismo especulador y de corto plazo que retuercen las relaciones laborales y fomentan la deslocalización.

El volumen que manejan las guaridas fiscales es según la OCDE de 240.000 millones de dólares anuales. Durante muchos años. Ese volumen hace que las arcas públicas de todos los estados se debiliten y disminuya la progresividad fiscal. Por eso, y por la guerra a la baja en los tipos fiscales al capital, cuando no a acuerdos específicos con multinacionales, como se ha visto en el país y periodo del actual presidente de la Comisión europea, Jean Claude Juncker.

La corrupción supone un sobrecoste y aumento de la deuda pública, alrededor de 120.000 millones de euros en la Unión Europea al año en detrimento del bienestar general. Ese hurto está amparado por la impunidad de las guaridas fiscales. Lo mismo se puede decir de otros delitos y negocios ilegales, tráfico de armas y personas, narcotráfico y delitos financieros.

Pero hay un gran volumen que transita por las guaridas financieras generados por empresas de gran prestigio, sean Google, Amazon, Microsoft, Apple, o empresas extractoras en los países en desarrollo o todas las meritorias primeras empresas españolas que cotizan en Bolsa que cuentan con 891 filiales en esas guaridas. No sólo es que haya evasión fiscal delictiva, es que los rectores económicos del FMI, el G7 y la OCDE y los gobiernos que las conforman han mirado a otro lado ante las prácticas de la elusión fiscal de las multinacionales y fraude de sus potentados con la necesaria complicidad del sector financiero. Y hay billones de dólares que no han sido declarados y han dejado de contribuir al bien común durante todos estos años.

Nuestros rectores económicos y legislativos han hecho leyes que facilitan crear empresas opacas impunes y salvaguardan la falta de transparencia financiera, siendo infructuosos los últimos intentos diseñados por la propia OCDE, quizá porque entre sus miembros, los países más ricos del mundo, cuentan con una importante entramado de centros que realizan ingeniería fiscal. Que el Primer ministro británico, ‘pillado’ en los papeles de Panamá, intente distraernos de su responsabilidad con una conferencia internacional contra la corrupción y, al mismo tiempo, no contemple eliminar la opacidad de 17 centros considerados guaridas fiscales, todos de soberanía británica (Jersey, Caimán,…) ni la forma de actuar de la propia City londinense dice casi todo del cinismo de los líderes. El presidente estadounidense Obama, a través del G7 mostró su preocupación por ese ‘fenómeno’, pero no puede mostrarse escandalizado por los papeles de Panamá cuando Estados Unidos rechaza compartir información bancaria, fiscal y financiera; la legislación financiera de Panamá esta plagiada de la del estado de Delaware, que le gana en domiciliación empresarial opaca -en un solo edificio de una planta figuran domiciliadas 285.000 sociedades; y este estado, junto con Dakota del Sur, Nevada y Wyoming son más opacos que los suizos y se disponen a ser anfitriones de las sociedades y potentados asustados de la brecha informativa de Panamá.

Todo esto hace que sea perentorio que la agenda política, sindical o de desarrollo contenga la lucha contra las guaridas fiscales. Desvelar el comportamiento de dirigentes empresariales, financieros, legisladores y gobernantes es fundamental. Movilizar a las Pymes contra sus desleales competidores. Compaginar la acción local, modificando la elección de los fabricantes de los productos que consumimos y cambiando nuestras cuentas bancarias a operadores financieros que no trabajen en guaridas fiscales; variar las condiciones en los concursos públicos locales para rechazar a empresas que tengan filiales o trabajen con guaridas fiscales, como lo acaba de hacer el Ayuntamiento de Barcelona o la región de Aragón, en el Estado español y en la propia negociación colectiva interesándonos por las actuaciones de las empresas donde trabajamos y plantear en nuestras organizaciones la lucha en ámbitos internacionales, reclamando el concurso de las Naciones Unidas.

Lo más rápido y fácil sería no dar personalidad jurídica a las empresas domiciliadas en los territorios de las guaridas, o gravar sustancialmente cualquier movimiento de fondos hacia o desde esos territorios.

Hay fórmulas para eliminarlos y mejorar la base imponible de todos los países. Falta voluntad política y para ello la ciudadanía debe exigir menos distracciones y ser más exigente con empresas, legisladores y políticos.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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“El sonambulismo liberal del pueblo negro está a punto de acabar”

Xov, 07/07/2016 - 18:13

En esta entrevista, Cornel West habla del neopopulismo de Bernie Sanders, del neofascismo de Donald Trump, y arrasa con el narcisismo miope que impidió cualquier tipo de crítica al neoliberalismo de Obama

George Souvlis, OpenDemocracy

El año pasado, cuando Bernie Sanders anunció su candidatura a las Primarias demócratas a la presidencia de los Estados Unidos, muy pocos creyeron que fuera a tener éxito. La mayoría asumió que la defensa pública de ideas como “socialismo democrático” o “revolución política” alejaría al electorado americano. Pero lo que vino fue una serie de increíbles victorias en varios Estados americanos.

Pocos pueden explicar mejor este cambio, así como el preocupante ascenso de Donald Trump, que el filósofo norteamericano Cornel West. Sus trabajo sobre el rol de la raza, el género y la clase en la sociedad americana, y su experiencia política como destacado militante del Democratic Socialists of America, le proporcionan una profunda comprensión del momento político, y de su significado para la izquierda. Su voz adquiere mayor peso aún en el escenario político actual, ya que Sanders lo eligió para formar parte de su plataforma en el Partido Demócrata.

George Souvlis (GS): ¿Cual es el legado de la administración Obama?

Cornel West (CW): Nos encontramos en una encrucijada en la historia de Estados Unidos. Tenemos que escoger entre un neofascista en ascenso (Trump), el neoliberalismo en decadencia de Clinton y el neopopulismo en ascenso de Sanders. Tanto el establishment demócrata como el republicano se están desintegrando. Obama es el último suspiro del neoliberalismo que surgió con Carter: una enorme respuesta a la crisis estructural de la economía global en los años setenta. Este intento de financiarización, privatización y militarización, nos ha traído profundos problemas, en la economía, la educación, la seguridad y la comunicación, y ha producido gran desigualdad, cultura superficial y corrupción generalizada en todos los ámbitos. Ambos partidos han sido cómplices.

Todavía queda mucho por ver de cómo seguirá la campaña de Sanders durante julio, y cómo sus simpatizantes críticos continuaremos después de julio.

GS: ¿Cómo analiza el fenómeno Trump?

CW: Donald Trump es un multimillonario pseudopopulista con sensibilidad autócrata, personalidad narcisista, y por tanto un neofascista en potencia. Su proyecto reúne una mezcla letal entre grandes bancos, maxi corporaciones, xenofobia que busca un chivo expiatorio (mejicanos, mujeres, musulmanes, negros y no heterosexuales), malestar económico y nacional junto con aspiraciones militaristas en el exterior. Este es el aspecto que tiene el fascismo a la norteamericana – ecos de It can’t happen here de Sinclair Lewis (1935), la novela clásica del fascismo americano.

GS: Bernie Sanders se describe a sí mismo como un socialista democratico. ¿Qué significa esa tradición para usted?

CW: A pesar de la autodescripción de Sanders como socialista democrático, su plataforma es un neopopulismo vintage (de antaño): uso del gobierno como aquel que viene a rescatar a los trabajadores y a los pobres aplastados por Wall Street y por la indiferencia de la clase media alta ante la desaparición de oportunidades para sus conciudadanos más desfavorecidos. Viendo el rescate del gobierno a Wall Street y cómo los grupos de presión protegen los intereses de las clases acomodadas, la fórmula neopopulista de Sanders es comprensible. Como socialista democrático, y por tanto compañero de mi querido hermano Bernie, no hay duda de que está dirigiendo una plataforma neopopulista, no socialista.

GS: ¿Si Sanders fracasa, cree que podría surgir un movimiento social de su campaña?

CW: Las campañas políticas no son movimientos sociales. Incluso las grandes campañas como las que hizo Jackson en los ochenta, Obama hace poco, o Sanders ahora, no son movimientos sociales. Tenemos que distinguir entre impulsos sociales, rebeliones sociales y movimientos sociales. Teniendo en cuenta el sistema de seguridad masiva y el estado carcelario, los movimiento sociales son escasos. El imperio americano es más propenso a la contra-revolución que a la revolución, a los movimientos de derecha que a los de izquierda. Esto se debe principalmente a las profundas raíces xenófobas del país y a las grandes raíces militaristas de su cultura. Por tanto, los impulsos sociales progresistas y las caóticas rebeliones sociales debe reconfigurar nuestras prioridades: para esto son cruciales las dimensiones moral y espiritual del activismo social: para mantener viva nuestra voluntad de luchar dentro y fuera del sistema aunque tengamos pocas posibilidades de victorias inmediatas.

GS: ¿Qué piensa de los debates sobre por qué el mensaje de Bernie Sanders no está calando bien entre los votantes negros?

CW: La población negra conforma el bloque social más progresista en asuntos como la economía, el racismo y la educación. Y Bernie Sanders es el candidato más progresista en estos aspectos. Hasta ahora, la población negra se ha mantenido ligada el proyecto neoliberal de los Clinton, por serles más familiar y conocido que el del relativamente desconocido Sanders. Los negros temen a Trump, pero se muestran reacios a cambiar hacia el poco conocido Sanders. Pero, como ya hemos explicado muchos, Adolph Reed Jr., y Michelle Alexander, la política militarista y neoliberal de los Clinton ha hecho mucho daño a la clase trabajadora y a los pobres aquí y en el exterior.

La alta visibilidad de los políticos negros neoliberales, expertos e intelectuales de los medios corporativos hacen que sea difícil para nosotros tener un impacto fuerte. Sin embargo, crecen las pruebas de que la máquina Clinton -disfrazándose de Obama- se está quedando sin gas. ¡El sonambulismo neoliberal en la América negra América del Negro está llegando a su fin!

GS: ¿Qué tipo de forma organizativa cree que adoptará Black Lives Matter en el futuro? CW: El surgimiento del movimiento Las vidas negras importan es un maravilloso ejemplo de nueva militancia que es signo de la incipiente desaparición del sonambulismo neoliberal en la América negra. Este impuso expone la podredumbre moral y espiritual de mucho del liderazgo negro político-tradicional, intelectual y religioso. El trepismo miope y el narcisismo crónico que impidieron cualquier crítica seria al neoliberalismo de Obama se ven ahora expuestos, por la valentía de toda esa gente joven que se mantuvo en pie frente a los tanques militares y mostrando su respeto hacia aquellos que habían caído bajo los disparos de un policía bajo el mando de un presidente, un fiscal general y un jefe de seguridad nacional negros. Menuda condena en la cara del poder neoliberal negro por parte de los activistas de Black Lives Matter.

Esto ha sido la punta del iceberg de un movimiento que se enfrenta a las elites negras, que se mantuvieron silenciosas optando por minucias simbólicas, mientras las vidas de negros pobres eran aplastadas. Martin King, Malcolm X y Fannie Loud Hamer claman desde la tumba y sonríen a los activistas de Black Lives Matter.
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Tomado de Viento Sur

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Los mitos neoliberales sobre la superioridad de lo privado sobre lo público

Xov, 07/07/2016 - 10:01
Vicenç Navarro, Público

En España, como resultado de la derechización de la gran mayoría de los principales medios de información (sean periódicos, radios o canales de televisión) del país, existe un sesgo neoliberal muy marcado entre los gurús mediáticos en las áreas económicas, que aparecen en programas de información económica, los cuales constantemente alaban las excelencias del sector privado, denunciando a su vez las supuestas ineficiencias y despilfarros del sector público. Frecuentemente estos economistas hacen referencia al modelo económico que suponen existe en EEUU (que erróneamente definen como liberal), señalando la superioridad de tal modelo sobre el modelo económico existente en la Europa Occidental, que ven estancado en las rigideces del sistema de regulación e intervencionismo público que frena la eficiencia y desarrollo económico de la Europa Occidental de este continente. Es casi imposible leer los diarios, oír la radio o ver la televisión sin que este mensaje de superioridad de lo privado sobre lo público se repita constantemente con una frecuencia machacona digna del mejor lavado de cerebro. Uno de los que tienen mayor visibilidad mediática en defensa de la economía privada versus la pública es el Sr. Sala i Martín, el economista neoliberal que la televisión pública catalana, TV3 (controlada por el partido neoliberal gobernante Convergència Democràtica de Catalunya), presenta explícitamente como “el economista de la casa”. Este economista neoliberal tiene un programa de una hora cada dos semanas en TV3 y recientemente hizo un programa con varios capítulos que le costó al contribuyente catalán nada menos que 400.000 euros (más IVA), programa que tenía como objetivo promocionar la visión neoliberal de la economía, haciendo un canto a las excelencias del mundo empresarial, acentuando el valor de la genialidad de los grandes emprendedores, y atribuyendo el éxito de las empresas más conocidas a la libertad que favorece el capitalismo. Este programa, Economia en Colors, se presentó de octubre a noviembre del 2015, habiendo recibido personalmente por cada capítulo 7.500 euros (4.500 como presentador más 3.000 como guionista), facturando un total de 60.000 euros. Es interesante notar que este programa, un canto al pensamiento liberal a favor del sector privado, se emitió en un medio público pagado por la ciudadanía a través de sus impuestos.

Otro gurú mediático es el Sr. Daniel Lacalle, asesor de La Sexta, entre otros medios que promueven tal mensaje con gran vocación apostólica, enfatizando constantemente los méritos de la propiedad, inversión y gestión privada sobre la pública. Aparece frecuentemente en los medios, y hace unos días escribió un artículo (“Entender lo que siempre es público”, La Vanguardia, 03.07.16) en donde criticaba el intento de los partidos de izquierdas de desprivatizar la compañía Aigües Ter-Llobregat (ATLL), privatizada por el gobierno catalán del partido liberal (Convergència), acusándoles de estar estancados en una ideología anticuada que conducía a la ineficiencia en los servicios públicos a la ciudadanía.

¿Qué hay detrás de Apple, Google y otros casos de éxito empresarial? Dicho pensamiento neoliberal (también activamente promovido por blogs de economía como Nada es Gratis, un panfleto financiado hasta hace poco por el IBEX-35) desconoce, ignora u oculta varios hechos básicos, tales como que el modelo económico de EEUU no es liberal, puesto que aquel modelo está basado en un enorme intervencionismo público. En realidad, el gobierno federal es uno de los gobiernos más intervencionistas que existen en el mundo occidental. Gran parte de los sectores económicos en EEUU han sido iniciados, y/o intervenidos, y/o establecidos por el gobierno federal. En un excelente libro (The Entrepreneurial State), Mariana Mazzucato, profesora de la Universidad de Sussex, desmonta, caso por caso, la definición del modelo económico estadounidense como liberal. Analiza, por ejemplo, los grandes éxitos de la economía estadounidense, como Apple, que se atribuyen, según el credo liberal, a la gran genialidad de Steve Jobs, presentado como ejemplo del rol central que juega el gran innovador, interpretación ampliamente promovida incluso por la industria cinematográfica con la película sobre Steve Jobs y en muchos libros y miles de artículos laudatorios de su figura.

La profesora Mazzucato muestra que Apple no habría existido si no hubiera sido por la activa intervención del Estado federal. En realidad, no solo Apple, sino toda la industria electrónica, no hubiera existido sin el gobierno federal, que financió en gran parte los “descubrimientos” que se atribuyen a los grandes emprendedores privados, incluyendo Steve Jobs. La autora señala en su libro el proceso de creación de Apple (paso a paso) y de los elementos innovadores que se atribuyen a esta empresa, mostrando cómo detrás de cada uno de ellos había un trabajo previo, financiado públicamente, y desarrollado ya sea en instituciones públicas o en privadas (financiadas públicamente). En realidad, fueron las Fuerzas Armadas del gobierno federal las que introdujeron el GPS positioning y los voice-activated “virtual assistants”, utilizados por Apple. Y fueron las mismas Fuerzas Armadas las que financiaron los primeros pasos de la industria electrónica del famoso Silicon Valley. Y fueron también fondos públicos los que financiaron el touchscreen así como el lenguaje HTML, también utilizados por Apple. Y fue, de nuevo, el propio gobierno el que prestó en términos súper favorables los primeros 500.000 dólares que Apple necesitó para establecerse como empresa.

Sin la intervención pública, las empresas privadas en muchos sectores innovadores no hubieran existido Una situación semejante ocurre con Google, compañía que ya en sus inicios recibió fondos públicos procedentes de la National Science Foundation, institución pública. Y no digamos ya con la industria farmacéutica, una de las industrias con mayor rentabilidad en EEUU, y que se ha beneficiado enormemente de la investigación básica financiada públicamente por los National Institutes of Health con un presupuesto de 30.000 millones de dólares al año, una investigación sin la cual la industria farmacéutica estadounidense tampoco hubiera existido. Y ha sido, de nuevo, el gobierno federal el que ha sido el mayor inversor en la industria aeronáutica, a través del gasto militar. En realidad, el complejo militar-industrial que centra la economía estadounidense en muchos de sus sectores, está financiado públicamente (ni que decir tiene que ninguno de estos datos aparece en las alabanzas al emprendimiento de los grandes genios empresariales promovidos por los gurús mediáticos neoliberales).

En base a estos y otros datos documentados en aquel libro, es cuestionable definir el modelo estadounidense como un modelo neoliberal. En realidad, una de las causas que están creando mayor enfado entre la población estadounidense es la toma de conciencia de que un gran número de las industrias altamente exitosas, que han sido apoyadas, cuando no financiadas, públicamente en sus orígenes (como Apple y Google), ahora estén evitando pagar impuestos en EEUU, situando las sedes de sus empresas en el extranjero.

Por cierto, gran parte de las empresas que ofrecen a nivel estatal en EEUU (nivel semejante al nivel autonómico en España) elementos básicos, como el agua, son públicas, como también ocurre en el continente europeo, y lo hacen a unos precios menores y a una calidad mayor que la que provee la empresa privada a la cual el Sr. Lacalle hace referencia. Ahora bien, le aseguro a usted, lector, que estos últimos datos raramente aparecen en los grandes medios de información y persuasión de este país. Así es España (incluyendo Catalunya).

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México: el retorno de los gemelos diabólicos

Mér, 06/07/2016 - 15:50
Alejandro Nadal, La Jornada

El gobierno mexicano afirma constantemente que las bases de la economía mexicana son sólidas. Éste es el mensaje subyacente de su retórica sobre los fundamentos de la economía. Pero mucha gente se pregunta: si eso verdad, ¿por qué no mejora mi situación?

La afirmación del gobierno parte de una premisa equivocada. En realidad los fundamentos no están sólidos. Un examen somero sobre el desempeño de los principales indicadores macroeconómicos revela debilidades decisivas. Lo más sobresaliente es quizás la magnitud y tendencias con el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos y con el déficit de las finanzas públicas.

El déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos fue equivalente a 2.8 por ciento del PIB para 2015. Puede que para algunos este resultado negativo no represente un foco rojo o señal de alarma importante. Ciertamente está muy lejos del nivel desastroso que alcanzó en 1994 (7.6 por ciento del PIB) justo antes de estallar la crisis de diciembre de ese año. Pero si se observa que este indicador está muy por arriba del promedio histórico para el periodo 1980-2015 (1.8 por ciento) entonces empiezan a surgir las preguntas.

Dentro de la cuenta corriente el saldo de la balanza comercial sigue presionando en sentido negativo. El déficit comercial para abril de 2016 superó 2 mil millones de dólares (mmdd) y las exportaciones para el primer trimestre de este año cayeron 6.4 por ciento. Por supuesto, el colapso en el precio del petróleo y en la cantidad de crudo exportada juegan un papel importante en estas cifras. Las importaciones también se redujeron por varias razones, entre otras el deterioro de la paridad y el estancamiento en el que permanece la economía mexicana.

El déficit en la cuenta corriente adquiere un semblante más sombrío si se considera el desempeño de las exportaciones no petroleras dirigidas al sector manufacturero estadounidense. La balanza comercial de estas exportaciones está pronosticada para arrojar un saldo negativo de hasta 15 mmdd para 2016. A eso hay que añadir el hecho de que la producción de crudo mantiene una fuerte tendencia negativa (pasó de 3.4 millones de barriles diarios en 2004 a 2.3 en 2015). Además, el rubro de inversión extranjera se mantiene en niveles mediocres, sobre todo si se le compara con otros de los mal llamados mercados emergentes. Otra gran promesa del TLCAN que tampoco se pudo concretar.

Lo más grave es la presencia del otro déficit, el de las finanzas públicas. En efecto, para 2015 el déficit primario alcanzó 3.5 por ciento del PIB. Cabe señalar que para el modelo neoliberal éste es uno de los peores datos. El déficit primario significa que los ingresos fiscales totales (tributarios y no tributarios) han sido inferiores al gasto programable (el gasto público neto de cargas financieras).

Desde luego, el gobierno anuncia que podrá generar un superávit primario en 2017, pero ya nadie le cree. Los supuestos para alcanzar dicho resultado son inalcanzables. Para empezar, los ingresos totales deberían aumentar significativamente y ese resultado no es para nada evidente. Por ejemplo, se pronostica un descenso de 25 por ciento en los ingresos petroleros y en cuanto a los ingresos tributarios, éstos tendrían que aumentar 6.7 por ciento para alcanzar un superávit primario. Ese resultado tampoco se ve factible.

El gobierno planea recortes de hasta de 8 por ciento en el gasto público para poder alcanzar su meta de superávit primario. Ese recorte es equivalente a 2 por ciento del PIB. Aún si el gobierno logra administrar su presupuesto para imponer ese recorte, el impacto sobre el nivel de actividad económica será negativo. Y dicho impacto recesivo sobre la economía afectará la recaudación fiscal. Este panorama en el que se ve difícil alcanzar superávit primario no le cae nada bien al capital financiero.

En los últimos cuatro años la relación deuda/PIB se ha seguido deteriorando y se proyecta que pasará de 37 a 48 por ciento del PIB entre 2012 y 2016, respectivamente. Aunque a nivel internacional ese indicador no se antoja desorbitado, lo que importa es la tendencia y ésta no se ve que pueda mejorar. En todo caso, los pronósticos sobre este indicador por parte de la Secretaría de Hacienda han sido irrealistas e invariablemente han sido desmentidos por la realidad.

Desde hace más de un cuarto de siglo el gobierno de México castigó a la población y generó un superávit primario. Ese resultado aplaudido por el capital financiero fue alcanzado a través de restringir el gasto público y eso explica el estancamiento en términos reales del gasto per cápita en salud, educación y en casi todos los rubros de lo que debe constituir una verdadera política de desarrollo. Es la versión mexicana del neoliberalismo austero. Los resultados están a la vista.

El retorno de los déficit gemelos es el mejor indicador de las contradicciones del modelo neoliberal impuesto en México desde hace casi tres décadas.

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El Brexit y la OTAN alimentan la histeria anti-rusa

Mér, 06/07/2016 - 08:01
Las reacciones de la OTAN ante el Brexit hay que interpretarlas teniendo en cuenta la visión de Estados Unidos sobre la alianza atlántica. Inicialmente, el objetivo de la OTAN era mantener la URSS a raya. Hoy en día, al contar Rusia con la superioridad en materia de guerra convencional, el objetivo de la alianza atlántica ya no es hacer la guerra. En este momento, el único objetivo de la OTAN es mantener la ocupación militar estadounidense en Europa occidental y central. Para justificar ese proyecto hay que alimentar la histeria anti-rusa.
Manlio Dinucci, Voltaire

Mientras la atención político-mediático se concentra en el Brexit y sobre la posibilidad de que otros países traten de salir de la Unión Europea, la OTAN sigue reforzando su presencia y su influencia en Europa. Al tomar nota del hecho que «el pueblo británico ha decidido abandonar la Unión Europea», el secretario general de la alianza atlántica, Jens Stoltenberg, asegura que «el Reino Unido seguirá desempeñando su papel dirigente en la OTAN». También afirma que, ante la creciente inestabilidad e incertitud, «la OTAN es más importante que nunca como base de la cooperación entre los aliados europeos y entre Europa y Norteamérica».

En momentos en que la Unión Europea se resquebraja y hasta pierde pedazos, debido a la rebelión de amplios sectores populares afectados por las políticas «comunitarias» y bajo el efecto de sus propias rivalidades internas, la OTAN se proclama, más explícitamente que nunca, base de la unión entre los Estados europeos. Y estos últimos se ven así sometidos a la coyunda y cada vez más subordinados a Estados Unidos, país que refuerza su posición como líder de este bloque militar.

La cumbre de jefes de Estado y de gobierno de la OTAN, a celebrarse en Varsovia el 8 y el 9 de julio, fue preparada en un encuentro –los días 13 y 14 de junio– entre los ministros de Defensa, encuentro ampliado en el que también participó Ucrania, a pesar de que este último país no es oficialmente miembro de la OTAN. Los ministros de Defensa decidieron reforzar la «presencia avanzada» en el este de Europa, a las puertas de Rusia, con el despliegue de 4 batallones multinacionales en los países bálticos y en Polonia.

Ese despliegue podría ser rápidamente reforzado, como lo ha demostrado un ejercicio de la «Fuerza Avanzada» que incluyó el traslado de un millar de soldados y 400 vehículos militares de España a Polonia en 4 días. Con ese mismo objetivo se decidió aumentar la presencia naval de la OTAN en el Mar Báltico y el Mar Negro, en los límites de las aguas territoriales rusas. Al mismo tiempo, la OTAN enviará más fuerzas militares, acompañadas de aviones-radar AWACS, al Mediterráneo, el Medio Oriente y África.

En la misma reunión, los ministros de Defensa se comprometieron a incrementar en más de 3 000 millones de dólares los gastos militares de la OTAN en 2016 –gastos que, únicamente en presupuestos militares, constituyen más de la mitad de los gastos militares registrados a nivel mundial– y a seguir incrementando las asignaciones de fondos al sector militar durante los próximos años. Ese es el preludio de la inminente cumbre de Varsovia, que se plantea 3 objetivos fundamentales:
  • «fortalecer la disuasión», o sea las fuerzas nucleares de la OTAN en Europa;
  • «proyectar la estabilidad más allá de las fronteras de la Alianza», o sea enviar fuerzas militares al Medio Oriente, África y Asia, e incluso más allá de Afganistán;
  • «ampliar la cooperación con la Unión Europea», o sea acentuar la integración de las fuerzas europeas a la OTAN, bajo las órdenes de Estados Unidos
La crisis de la Unión Europea, abiertamente declarada con el Brexit, facilita el proyecto de Washington: llevar la OTAN a un nivel superior creando un bloque militar, político y económico –mediante el TTIP-EEUU-UE, también bajo las órdenes de Estados Unidos, contra el área euroasiática en ascenso basada en la alianza entre Rusia y China.

En ese marco, la afirmación del primer ministro italiano Matteo Renzi en el foro de San Petersburgo, cuando dijo que «la expresión “guerra fría” está fuera de la historia y fuera de la realidad, que la UE y Rusia vuelvan a ser excelentes vecinos», es trágicamente grotesca. El entierro del gasoducto South Stream Rusia-Italia y las sanciones contra Rusia, ambas cosas por orden de Washington, ya han representado para Italia la pérdida de miles de millones de euros.

Y los nuevos contratos firmados en San Petersburgo pueden volar en pedazos en cualquier momento en medio del campo minado de la escalada de la OTAN contra Rusia. Escalada en la que participa el gobierno de Matteo Renzi, quien, mientras dice que la guerra fría está fuera de la realidad, colabora en el despliegue en suelo italiano de las nuevas bombas atómicas estadounidenses para atacar Rusia.

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Hay vida después de Sanders: en busca del futuro político del movimiento

Mér, 06/07/2016 - 02:01
Dan La Botz, New Politics

El ambiente entre los 3 000 seguidores de Bernie Sanders reunidos en el McCormick Place de Chicago rezumaba un optimismo improbable. Muchas de las personas que intervinieron proclamaron, entre vítores de la multitud, que el movimiento había triunfado, a pesar de que Hillary Clinton, la candidata oficial del Partido Demócrata, haya obtenido la mayoría de los votos populares y cuente con el apoyo de la mayoría de delegados y superdelegados, además del respaldo del presidente Barack Obama, del vicepresidente Joe Biden y de la senadora Elizabeth Warren. Esta paradoja –entre la creencia del movimiento de Sanders de que hemos logrado algo muy importante y la clara victoria de Clinton en las primarias– marca el contexto contradictorio de esta conferencia de gentes, yo entre ellos, progresistas, radicales y socialistas que buscan una vía hacia el futuro.

Visión – ni organización, ni estrategia En el cavernoso centro de convenciones de McCormick Place, las sesiones plenarias de la Cumbre Popular se celebraron en una sala enorme, suficiente para albergar a 3 000 personas sentadas junto a grandes mesas redondas, con varias pantallas de gran tamaño que mostraban la imagen de las y los oradores. La conferencia parecía un congreso sindical o político, y prácticamente cada minuto del orden del día estaba organizado y planeado hasta el último detalle; la lista de oradores y los coloquios estaban programados para cubrir cada sesión. Los participantes podían acceder a la información y responder a las consultas mediante una aplicación creada para la ocasión. Este formato ofrecía un espacio muy limitado para el debate, salvo en las pocas discusiones de mesa y los descansos. Y tampoco hubo espacio para la espontaneidad y la creatividad, ni para formular propuestas. Si el movimiento Occupy había inspirado al movimiento de apoyo a Bernie, desde luego no inspiró esta Cumbre.

Hubo un contraste, por no decir choque, de culturas políticas cuando los liberados y afiliados del Sindicato Unificado de Enfermería (National Nurses United, NNU) y la comunidad y los cuadros de People’s Action (Acción Popular) sometieron a los activistas de base del movimiento de Sanders a un orden del día rígidamente estructurado. Pero incluso en este marco cundió un espíritu de independencia. Los “sanderistas” que habían acudido desde todos los rincones del país, de California a Nueva York, de Minnesota a Texas, con una media de edad de unos 40 años –muchos de cincuenta y sesenta años y montones de jóvenes, y alrededor de un 15% de gente de color– seguían, pese a la patente derrota de Sanders, llenos de entusiasmo y deseosos de seguir adelante con la “revolución política” y la lucha contra la “clase milmillonaria”.

Aunque la conferencia reflejó la amplitud de perspectivas del movimiento de apoyo a Sanders y ofreció oportunidades para el debate y la participación, nunca se concibió, para decepción de alguna gente, como una asamblea democrática capaz de tomar decisiones. Fue un intento de reflexionar sobre el movimiento y de plantear algunas ideas políticas más radicales, pero no pretendió formular una orientación de cara al futuro y tampoco lo hizo. Se trataba de materializar una visión, no una organización ni una estrategia.

¿Votar por Hillary? ¿Apoyar a candidatos progresistas? ¿Construir el movimiento? A lo largo de toda la conferencia, muchas de las personas que hablaron en el pleno dieron a entender –pese a no manifestarlo abiertamente– que debíamos votar por Hillary, apoyar a los candidatos de Bernie y construir el movimiento. Sin embargo, no estaba claro que todo el mundo iba a seguir el consejo. Cuando Dominique Scott, una estudiante de la Universidad de Misisipi, dijo en el pleno que ni Trump ni Clinton representaban a su movimiento ni sus valores –dando a entender que ella no votaría por Hillary–, hubo una gran ovación y gritos de apoyo. Muchos de los presentes no votarán por Hillary o en todo caso votarán por ella prácticamente contra su voluntad y saldrán del colegio electoral con un profundo sentimiento de indignación con el Partido Demócrata que los ha puesto en semejante aprieto.

Para plantear alternativas, algunos de los intervinientes propusieron que al margen de si uno vota o no a favor de Hillary, habría que apoyar a los candidatos de Bernie –quien afirma ahora que son 7 000– y a otros candidatos locales progresistas o, si los activistas lo prefieren, trabajar en los movimientos. La campaña de Sanders preconiza desde el principio el voluntariado, la autonomía y la confianza en que los activistas harán lo correcto, y este sentimiento también prevaleció en la Cumbre. A nadie le dijeron qué debía hacer a continuación, y esto supone tanto una fortaleza como una debilidad.

En una conferencia como esta, que no es el congreso fundacional de nada, el espíritu y el significado solo pueden captarse en las intervenciones de los oradores, las respuestas del público, los debates en los grupos, las mesas redondas organizadas entre los participantes y las conversaciones en los pasillos. No hay manifiesto ni proclama, no hay mociones ni resoluciones, de modo que lo que nos interesa es cómo suena el espíritu que reina en las salas y los pasillos, que nos rodea y que se abre camino, ora ágilmente, ora con torpeza, hacia el futuro. Así que ¿qué aspecto tenía, cómo se sentía y cómo sonaba ese “espíritu”?

Confluencia de movimientos La Cumbre reflejó la realidad del movimiento a través de la diversidad de las intervenciones sobre todas las cuestiones importantes de nuestra sociedad: racismo, patriarcado, el movimiento LGBTI, el trabajo y los problemas medioambientales, ante todo la economía basada en el carbono y el cambio climático. Los organizadores de la conferencia trataban sin duda de transmitir a los “sanderistas” la idea de que hace falta que todos los movimientos sociales confluyan para crear un único movimiento político más amplio que propugne un programa de conjunto por el cambio social, una idea que sugiere la necesidad de crear un partido político, aunque las cosas no iban por ahí.

La sesión plenaria de la noche del viernes la abrió RoseAnn DeMoro, directora ejecutiva del sindicato de enfermería NNU, el principal patrocinador de la Cumbre, cuya intervención, aparentemente inspirada en el joven Karl Marx y en David Harvey, pero formulada de la manera sencilla de alguien que se dedica todo el rato a hablar a enfermeros y enfermeras, se centró en cómo la economía política neoliberal ha destruido la humanidad de nuestra sociedad y ha puesto todo en venta, convertido todo en mercancía, no solo nuestro trabajo o nuestro consumo, sino incluso nuestro ocio. Su discurso sobre el neoliberalismo y el impacto del mismo en la economía fue sin duda el comentario más sofisticado sobre economía política que ha pronunciado un líder sindical en muchas décadas. Y DeMoro también dedicó un momento a mencionar que “los socialdemócratas suelen ser mala gente, normalmente te dejan en la estacada cuando piensas que están contigo, o sea, mucho cuidado” y que habíamos aprendido mucho en esta campaña sobre la “corrupción política generalizada en el Partido Demócrata”.

Juan Gonzalez, coorganizador de Democracy Now!, presentó acto seguido a los oradores y explicó su propia experiencia de cuando asistió, como activista estudiantil en la Universidad de Columbia, a la Convención del Partido Demócrata en 1968, en una época en que “el país parecía estar al borde de una guerra civil”. “Los del SDS/1 se negaron a votar”, dijo Gonzalez. “No quisimos apoyar a McCarthy. No quisimos votar por Humphrey. Nuestro lema era ‘Vota con los pies. Vota en la calle’. Quiero deciros que el lema era correcto, pero la táctica no. Retrospectivamente, no habría habido un cambio sustancial, pero sí habría habido un cambio positivo si no hubiera salido elegido Richard Nixon. Espero que aprendamos de nuestros errores, una nueva generación aprende de los errores del pasado.” El comentario de Gonzalez, que implicaba que hay que votar por Clinton, marcó la pauta de las intervenciones, pero el público no estuvo necesariamente de acuerdo. Cuando al final preguntó “¿Adónde vamos? ¿Reformamos? ¿Transformamos? ¿O derribamos y sustituimos por otra cosa?”, los miles de personas del auditorio corearon la última frase. Se tomaban en serio la idea de “revolución política”.

Naomi Klein, autora de La doctrina del shock y de Esto lo cambia todo, afirmó que era muy significativo que las enfermeras, que se dedicaban durante toda la vida a cuidar y curar a las personas, en el polo opuesto de la economía mercantilizada, tuvieran que encabezar este movimiento político y social. Tanto ella como la activista y actriz Rosario Dawson sugirieron que muchos de los presentes estaban relamiéndose de las heridas sufridas en las primarias y que las enfermeras estaban ayudando a curarlas. No solo curan a sus pacientes, exclamó Klein ante la muchedumbre, sino que gracias al patrocinio de esta conferencia estaban haciendo avanzar una acción humanitaria que podía curar las heridas del planeta y de nuestra sociedad. La alternativa al neoliberalismo, dijo Klein, es la esencia “holística y común” de nuestro movimiento. Explicó que la campaña de Sanders ha planteado la idea del socialismo, ha “empujado a Hillary a la izquierda y obligado a Donald Trump a hablar del libre comercio”.

John Nichols dijo a los “sanderistas” –sin explicar ni cómo ni por qué– que el movimiento “irá a más”. Adujo el viejo argumento de que Eugene Debs y Norman Thomas, candidatos del Partido Socialista, se habían presentado varias veces a las elecciones presidenciales, defendiendo las ideas del socialismo, de modo que cuando el Demócrata Franklin Delano Roosevelt resultó elegido a la Casa Blanca, muchos de sus programas socialistas se convirtieron en política gubernamental. “Siempre ganamos porque siempre vamos a más”, concluyó Nichols con grandilocuencia y alzando la voz al doble del volumen de los demás oradores. No tuvo en cuenta el contraargumento igual de venerable de que Roosevelt salvó el capitalismo y llevó al país a la segunda guerra mundial; de que el gobierno, el capital y el trabajo se fusionaron en uno durante el conflicto y resurgieron del mismo en una asociación que creó el sistema de dominación capitalista a que nos enfrentamos ahora. Claro que dijo demagógicamente al público lo que este quería escuchar, a saber, que habíamos ganado y que seguiríamos triunfando, supuestamente forzando a Clinton a poner en práctica nuestro programa, del mismo modo que otra generación había forzado a Roosevelt a hacerlo.

Este fue también el punto de vista de Frances Fox Piven, profesora de la Universidad de la Ciudad de Nueva York y autora, junto con Richard Cloward, del famoso libro Poor People’s Movements: Why they Succeed, How they Fail (1977). Defendió, como desde que se publicó el libro, que la gente vote al Partido Demócrata, pero construya un movimiento capaz de imponer un programa de reformas. “Necesitan que cooperemos”, señaló. “Hemos de amenazar con no cooperar”. Es esta opinión la que diferencia su perspectiva de la del pequeño número de militantes de extrema izquierda que asistían a la reunión y que, como yo mismo, no están interesados en “amenazar” y “cooperar” alternativamente con un partido del capital, sino en construir un partido de los trabajadores capaz, como dijo Juan Gonzalez, de “derribar y sustituir” el orden económico y político existente.

Aunque en su mayoría reflejaban la realidad del movimiento, los oradores también plantearon algunas ideas que no habían formado parte de la plataforma de Sanders y que tal vez eran nuevas para muchos de los “sanderistas”. Tobita Chow, de People’s Lobby, por ejemplo, se mostró en desacuerdo con la propuesta de Sanders de trocear los grandes bancos, defendiendo que en vez de ello se nacionalicen los bancos y otras grandes empresas. Necesitamos, dijo, el “control democrático” del sector financiero y de otras empresas. Asimismo propuso que el movimiento de Sanders se considere parte de un movimiento mundial de la clase trabajadora contra el neoliberalismo, y que se alíe con los trabajadores de Bangladesh, Vietnam y China.

Hacer política Hablaron algunos cargos electos: Jesus “Chuy” Garcia, miembro de la Comisión del condado de Cook; Nina Turner, ex senadora del Estado de Ohio, y Tulsi Gabbard, diputada al Congreso por Hawái. Mientras que Garcia y Turner, cada uno a su manera, expusieron posiciones progresistas sobre cuestiones políticas actuales, Gabbard introdujo una cuestión nueva en la conferencia, criticando duramente y condenando el papel de EEUU en Iraq, y su potente discurso antiintervencionistas estuvo en línea con la condena por parte de Sanders de los intentos de cambiar los regímenes desde fuera y se centró particularmente en la firme oposición a toda iniciativa militar en EEUU en Siria. Sin embargo, el problema que oculta todo esto es que Gabbard es islamófoba: está a favor de Israel, de Sisi (Egipto), de Asad (Siria) y de Modi (India).

Durante la conferencia, los representantes de People’s Action, muchos de ellos dirigentes de ONG (caritativas y de bienestar social, así como comités locales de apoyo electoral) propugnaron la idea de que el futuro del movimiento está en el apoyo a candidatos locales. Aparentemente se refieren al apoyo a candidatos Demócratas, pero las elecciones a cargos de nivel inferior también atraen a toda clase de activistas, ecologistas, sindicalistas, LBGTQ y negros que combaten el sistema carcelario. Algunos pueden retomar la propuesta y apoyar a candidatos independientes o socialistas, como ocurrió en la última elección en Chicago, donde se presentaron varios maestros de escuela y donde un activista de la comunidad latina, Jorge Mujica, se presentó como candidato socialista.

Las ausencias Una ausencia sorprendente fue la del Chicago Teachers Union (Sindicato de Enseñantes de Chicago, CTU), uno de los sindicatos más combativos del país, cuya huelga hace unos años y cuyas continuas manifestaciones masivas siguen enfrentándole con el alcalde Rahm Emmanuel y el establishment político y empresarial de la ciudad en torno a la cuestión de si el dinero ha de destinarse a los niños o a los bancos. Los organizadores de la conferencia invitaron a la presidenta del CTU, Karen Lewis, pero esta tenía otros compromisos, y entonces ya no intentaron negociar con la dirección del sindicato para hacerle un hueco en la Cumbre. Así que este sindicato estuvo ausente, aunque sin duda sí asistieron algunos maestros de Chicago.

También resultó curioso que el sindicato Communications Workers of America (Trabajadores de Comunicaciones de EEUU, CWA), que había manifestado su apoyo a la campaña de Sanders, tampoco patrocinara la reunión ni participara en ella como tal. Después de todo, el CWA es otro sindicato combativo que acaba de protagonizar una huelga de 18 días contra Verizon. Los enfermeros de la NNU se sumaron a los piquetes del CWA durante la huelga, pero por alguna extraña razón, las y los trabajadores de Verizon no se apuntaron a la Cumbre. Si además de los enfermeros hubieran estado presentes algunos centenares de maestros de Chicago y otros tantos miembros del CWA, la reunión habría tenido un cariz diferente.

Hubo una reunión del grupo "Trabajadores por Bernie", aunque se convocó a última hora y tuvo lugar a las siete de la mañana del domingo, siendo prácticamente un acto aislado. La cuarentena de dirigentes sindicales que asistieron hablaron de planes para el futuro, en especial sobre la creación de organizaciones políticas locales. Una vez Sanders ha quedado fuera de la carrera, nadie duda de que incluso los seis sindicatos nacionales que le apoyaron y los seis que se vieron presionados para que no apoyaran a nadie acabarán respaldando, junto con el resto del movimiento sindical, a Clinton. Claro que entre los sindicalistas que apoyan a Bernie y el resto del movimiento, no todos irán por ese camino. Chuck Zlatkin, asesor ejecutivo del presidente del American Postal Workers Union (Sindicato de Trabajadores de Correos, APWU), dijo que “la AFL-CIO/2 se ha convertido en un apéndice del Partido Demócrata y nuestros miembros están tan hartos de los Demócratas como de los Republicanos. Ninguno de los dos partidos nos sirve. Después de Bernie, ¿cómo creamos un partido de la clase obrera –porque somos el movimiento obrero–, tanto si es un tercer partido como un partido obrero o un partido del 99%?”

"Trabajadores por Bernie" ha creado una impresionante red sindical a escala nacional de apoyo a Sanders. Muchos miembros del grupo esperan que sea capaz de impulsar la continuación de la “revolución política” implicando significativamente al movimiento obrero. Este objetivo más amplio será sin duda mucho más difícil.

La extrema izquierda en la Cumbre Popular La debilidad de la extrema izquierda en la Cumbre saltaba a la vista. Democratic Socialists of America (DSA) estuvo representado por un centenar de miembros en la conferencia –muchos de ellos nuevos militantes jóvenes– y organizó una reunión de varias horas de duración antes de que comenzara el evento. El principal objetivo de DSA era incorporar a estos nuevos militantes a la organización y tener una presencia, pese a no ofrecer propuestas estratégicas sobre el futuro del movimiento.

Kshama Sawant, concejala del ayuntamiento de Seattle, estuvo presente, pese a que su grupo, Socialist Alternative, que se había implicado mucho en la campaña de Sanders, solo hubiera enviado a un puñado de miembros y no visibilizara tanto su presencia como en otras ocasiones. Sin embargo, celebraron al margen de la conferencia lo que pareció ser una reunión no oficial de unas 20 o 30 personas para discutir sobre alternativas a Hillary. La International Socialist Organization (ISO), que no había apoyado a Sanders en las primarias, instaló un puesto de información y envió a unos pocos miembros, pero no tuvo ninguna intervención organizada en la conferencia. Hubo miembros de otros grupos de izquierda, como el Communist Party USA y Solidarity, aunque no tuvieron una presencia organizada.

DSA tomó la iniciativa de organizar una reunión sobre el “socialismo democrático en una nueva época”, en la que debían intervenir, además de Sawant, Bhaskar Sunkara de Jacobin magazine y Debbie Medina de Brooklyn, miembro de DSA que se presenta candidata al Senado del Estado de Nueva York. Medina cayó enferma y fue sustituida por Frances Fox Piven. Sunkara explicó que deberíamos basarnos en la rica tradición socialista para desarrollar un programa político y construir un movimiento socialista amplio. Y mientras Sawant reclamó una acción política independiente, habló también de la petición de su grupo a Bernie de que se presentara como candidato independiente a la elección presidencial, y planteó la alternativa de Jill Stein, del Partido Verde, Piven opinó que la gente debía votar a Hillary y tratar de construir un movimiento que esta no pudiera ningunear. Cuando entraron en el debate otros grupos socialistas, la cosa se puso quisquillosa y, tal como me dijo un joven, por desgracia acabó “con una nota amarga”.

¿Y ahora qué? Los organizadores de la Cumbre no quisieron proponer ninguna forma organizativa para llevar adelante el movimiento, pese a que los activistas lo deseaban fervientemente, pero se plantearon propuestas en varios momentos de la conferencia. En la reunión aparte sobre política independiente, Bob Master, figura destacada tanto del CWA como el Working Families Party (Partido de las Familias Trabajadoras), propuso que NNU y las demás organizaciones patrocinadoras crearan una coordinadora nacional. En la reunión regional de Nueva York, Nancy Romer, activista sindical y ecologista, dijo que necesitamos crear una alianza de organizaciones y lanzar un par de campañas nacionales, quizás sobre cuestiones tales como los derechos de los votantes o la reforma de la financiación de las campañas electorales.

Todos reconocemos que con cada nueva efeméride política –la Convención del Partido Demócrata, la elección de un nuevo presidente, la toma de posesión del nuevo presidente–, lo más probable es que el movimiento vaya perdiendo cohesión, energía y adherentes. En todas partes se reclamaba una organización nacional, pero nadie sabe si esto va a ocurrir o no. La Cumbre Popular no marcó el camino a seguir, y tal vez la alternativa surja de las demandas de la convención de Filadelfia y las protestas en el exterior/3.
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Notas:
1/ Students for a Democratic Society (Estudiantes por una sociedad democrática, SDS) fue un movimiento estudiantil radical en EE UU en la segunda mitad de la década de 1960.
2/ AFL-CIO es la principal confederación de sindicatos de EE UU, formada en 1955.
3/ La Convención Nacional del Partido Demócrata, que proclamará la candidata a la elección presidencial, tendrá lugar del 25 al 28 de julio en Filadelfia.
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Tomado de Viento Sur

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Deutsche Bank, el banco más peligroso del mundo para el sistema financiero global

Mar, 05/07/2016 - 13:01

El banco alemán Deutsche Bank es la entidad financiera más peligrosa para el sistema financiero internacional, según una lista elaborada por el Fondo Monetario Internacional. Por detrás del banco germano y por delante de Santander, aparecen HSBC, Credit Suisse, JPMorgan, Goldman Sachs, Bank of América, BNP Paribas y Santander.

El FMI, además, ha advertido sobre el alto grado de interconexión del sistema financiero alemán. Según el organismo dirigido por Christine Lagarde "parece que Deutsche Bank es el contribuyente neto más importante a los riesgos sistémicos, por delante de HSBC y Credit Suisse". El FMI añade que el grado de efectos colaterales derivados de una crisis es el sistema financiero alemán sería más elevado fuera que dentro del país.

"En particular Alemania, Francia, Reino Unido y EEUU son los países que pueden provocar más efectos colaterales externos en términos de pérdidas de capital como consecuencia de un shock financiero en sus sistemas bancarios", apunta el FMI. Según informa Europa Press, los bancos sistémicos son aquellos cuyos problemas de solvencia pueden hacer tambalear el sistema financiero internacional, aquellos a las que en el argot financiero anglosajón se les conoce como TBTF (Too Big To Fail).

En su estudio, el fondo cree que la "relativa importancia" de Deutsche Bank subraya la necesidad de una gestión del riesgo, de la "intensa" supervisión de los bancos sistémicos y de la monitorización de sus exposiciones externas. La filial de Banco Santander en Estados Unidos ha suspendido los test de estrés de la Reserva Federal, al igual que la filial americana de Deutsche Bank. Se trata de las dos únicas entidades de las 33 analizadas que no han pasado los exámanes del banco central de EEUU.

Las acciones de Deutsche Bank han liderado las pérdidas en el Dax, el principal índice bursátil de Alemania. Sus títulos han caído un 2,65%, hasta 12,33 euros, y se sitúan muy cerca de mínimos históricos. Desde hace meses, el mercado está descontando que DB tiene problemas financieros y que su modelo de negocio entraña grandes riesgos, pese a que desde la entidad se ha negado en repetidas ocasiones que tenga problemas.

Durante la primera quincena de febrero, muchos inversores compararon a DB con el banco americano Lehman Brothers, cuya quiebra provocó una crisis financiera en Estados Unidos que se esparció a todo el mundo. DB es un banco de inversión que ofrece servicios financieros globales, pero desde hace años se encuentra en el punto de mira de los inversores, y en los últimos meses está afrontando un profundo proceso de reestructuración.

En 2015, publicó pérdidas astronómicas de 6.800 millones de euros y, además, anticipó que 2016 no sería un buen año. Desde entonces, los inversores penalizan las débiles previsiones que transmitió la entidad para el presente ejercicio. “Haremos lo posible por evitar pérdidas en 2016 pero, por supuesto, no podemos asegurar aún que será así”, señaló el director financiero, Marcus Schenck.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Una nueva mirada a la renta básica

Mar, 05/07/2016 - 07:11
Robert Skidelsky, Sin Permiso

La explosión de la robótica ha dado nuevas alas a la demanda de una renta básica incondicional

Gran Bretaña no es el único país que ha celebrado un referéndum este mes. El 5 de junio, los suizos rechazaron de forma aplastante, por un 77% frente a un 23%, la proposición de que todos los ciudadanos tengan garantizada una renta básica incondicional (RBI). Pero ese resultado desigual no significa que la cuestión vaya a desaparecer pronto. La RBI es una mezcla un tanto incómoda de dos objetivos: el alivio de la pobreza y el rechazo del trabajo como finalidad de la definición de la vida. El primero corresponde a la política y su práctica; el segundo es filosófico o ético.

El argumento principal para la RBI como alivio de la pobreza es, como siempre ha sido, la incapacidad del trabajo remunerado disponible para garantizar una existencia segura y digna para todos. En la era industrial, el trabajo en la fábrica se convirtió en la única fuente de ingresos para la mayoría de la gente –una fuente que fue interrumpida por episodios de desempleo causados por la aparición de maquinaria industrial–. El movimiento obrero respondió exigiendo que la aceptación del mantenimiento en el lugar de trabajo se reflejara en la creación de un sistema de seguridad social: “Capitalismo de bienestar”.

El objetivo del capitalismo de bienestar fue explícitamente proporcionar a las personas un ingreso –normalmente a través de un seguro obligatorio agrupado– durante las interrupciones forzadas de trabajo. En modo alguno era el mantenimiento del ingreso visto como una alternativa a trabajar. Como la idea de la interrupción del trabajo se amplió para incluir a los discapacitados y las mujeres que tienen hijos, los derechos de mantenimiento de los ingresos aumentaron más allá de la capacidad de la seguridad social. En la década de 1980, el presidente Reagan y la primera ministra británica Thatcher inconscientemente ampliaron aún más el alcance de la asistencia social al desmantelar las leyes e instituciones destinadas a proteger los salarios y puestos de trabajo.

En este entorno de nueva precariedad del trabajo y el bienestar, la RBI se ve como una garantía de la renta básica, ya prometida por el trabajo y el bienestar, pero ya no con fiabilidad asegurada. Su fuente es la idea, que se halla en la Biblia y la economía clásica, de que el trabajo es una maldición que se hace sólo para ganarse la vida. Como la innovación tecnológica hace aumentar la renta per cápita, la gente necesitará trabajar menos para satisfacer sus necesidades.

Tanto John Stuart Mill como John Maynard Keynes miraban hacia un horizonte de crecimiento del tiempo libre: la reorientación de la vida lejos de lo meramente útil hacia lo bello y lo verdadero. La RBI proporciona un camino práctico para navegar en esta transición. Argumentar, sin embargo, que una fuente de ingresos independiente del mercado de trabajo está destinada a ser desmoralizadora es tan moralmente obtuso como históricamente inexacto. Si fuera cierto, tendríamos que abolir todos los ingresos heredados. La burguesía europea del siglo XIX fue en gran medida una clase rentista, y pocos cuestionaban su esfuerzo de trabajo. Virginia Woolf escribió la célebre frase de que una mujer que quería escribir ficción “debe tener dinero y una habitación propia”.

La explosión de la robótica ha dado nuevas alas a la demanda de una RBI. Según estimaciones fiables, será técnicamente posible automatizar entre un cuarto y un tercio de todos los puestos de trabajo actuales en el mundo occidental dentro de veinte años. Esto acelerará la tendencia a la precariedad del empleo y los ingresos.

Una objeción a la RBI como forma de reemplazar los ingresos de los puestos de trabajo que se perderán es que es inasequible. Esto depende en parte de qué parámetros se establezcan: nivel de la RBI, a qué beneficios (si es que hay alguno) sustituye, si sólo los nacionales o todos los residentes son beneficiarios, y así sucesivamente.

Pero este no es el punto principal. La abrumadora evidencia es que la parte del león de las ganancias de productividad en los últimos treinta años se ha ido a los muy ricos. Y eso no es todo: el 40% de las ganancias de flexibilización cuantitativa en el Reino Unido ha ido al 5% más rico de los hogares, no porque fueran más productivos, sino debido a que el Banco de Inglaterra dirigió su dinero en efectivo hacia ellos. Incluso una reversión parcial de esta tendencia regresiva para la riqueza y los ingresos financiaría un modesto ingreso básico inicial. Más allá de esto, un esquema de RBI se puede diseñar para crecer en línea con la riqueza de la economía. La automatización está aumentando los beneficios, ya que las máquinas que hacen redundante el trabajo humano no requieren salarios, sólo una mínima inversión en mantenimiento.

Si no cambiamos nuestro sistema de generación de ingresos, no habrá manera de cambiar la concentración de la riqueza en las manos de los ricos y los emprendedores excepcionales. Una RBI que creciera en línea con la productividad del capital aseguraría que los beneficios de la automatización van a la mayoría, no sólo a unos pocos.

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