Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger5060125
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Contracción de Alemania acelera el retorno de Europa a nueva recesión

Sáb, 16/08/2014 - 17:56

Las últimas cifras publicadas por la agencia de estadísticas Eurostat confirman que Europa se encamina a una nueva recesión o a un estancamiento prolongado. Los malos datos de Francia y Alemania publicados esta semana por Eurostat, indican que la producción industrial entre abril y junio de este año se redujo en un -0,3 por ciento en la zona euro y en -0,1 por ciento en la Unión Europea de 28 países.

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Nueva invasión a Irak: Que nadie hable del petróleo

Xov, 14/08/2014 - 09:00

Robert Fisk, La Jornada

En Medio Oriente, las primeras imágenes de cada guerra definen la narrativa que deberemos seguir obedientemente. Así que ésta es la mayor crisis desde la última gran crisis con Irak. ¿Los cristianos huyen por sus vidas? Hay que salvarlos. ¿Los yazidíes se mueren de hambre en las montañas? Arrójenles víveres. ¿Los islamitas avanzan hacia Erbil? Bombardéenlos. Destruyan sus convoys, su artillería y a sus combatientes, y bombardéenlos una y otra vez hasta que...

Bueno, el primer indicio del itinerario a seguir en nuestra más reciente aventura en Medio Oriente se nos mostró el fin de semana, cuando Barack Obama le dijo al mundo: "no creo que podamos resolver este problema en semanas; llevará tiempo". Se notó ese deliberado esfuerzo para que la palabra misión no se colara en su enunciado. Fue el vocablo mejor disfrazado de tiempos recientes.

Entonces ¿cuánto tiempo? Al menos un mes, obviamente. Quizá seis meses... ¿Un año? ¿Otro más?

Después de la guerra del Golfo de 1991, de hecho ha habido tres conflictos similares en las últimas dos décadas y media, con otro que está por estallar. Los estadounidenses y británicos impusieron zonas de exclusión aérea sobre el sur de Irak y el Kurdistán (norte) y bombardearon todas las amenazas militares que encontraron en el Irak de Saddam Hussein durante los siguientes 13 años.

¿Está Obama preparando el terreno –la amenaza de genocidio y el mandato del impotente gobierno de Bagdad de arrasar con los enemigos de Irak– para comenzar otra guerra aérea en la nación? Y de ser así, qué lo hace pensar, o a nosotros, que los islamitas, quienes están muy ocupados creando su califato en Irak y en Siria, nos seguirán la corriente en este alegre escenario.

¿Acaso el presidente de Estados Unidos, el Pentágono, el Centcom (Mando Central de Estados Unidos) y, supongo, el puerilmente llamado Comité Cobra británico en verdad creen que el Isil, con todo y su ideología medieval, se sentará en las planicies de Nínive y esperará a ser destruido por nuestras municiones?

No, los muchachos del Isil, o Estado Islámico, o el califato, o como sea que quieran llamarse en el momento, simplemente van a dirigir sus ataques a otros puntos. Si el camino a Erbil está cerrado, tomarán el camino a Alepo o el de Damasco, mismos que estadounidenses y británicos estarán menos dispuestos a bombardear o defender porque eso significaría ayudar al gobierno de Bashar al Assad en Siria, a quien odiamos tanto como odiamos al Estado Islámico.

Sin embargo, si los yihadistas tratan de capturar Alepo o sitiar Damasco y cruzar a la fuerza la frontera con Líbano, la mayoritariamente sunita ciudad mediterránea de Trípoli sería el objetivo más deseado. Entonces tendríamos que expandir nuestro precioso mandato para que incluyera a otros dos países, sobre todo porque empezaría a estar amenazada la frontera de una nación que es aún más merecedora de nuestro amor y protección que Kurdistán: Israel. ¿Alguien ha pensado en eso?

Y claro, existe lo inmencionable. Cuando liberamos Kuwait en 1991, tuvimos que recitar una y otra vez que esta guerra no era por el petróleo. Cuando invadimos Irak en 2003, tuvimos que repetir ad nauseam que este acto de agresión no era por el petróleo, como si la misión de los marines estadounidenses que fueron enviados a Mesopotamia hubiera sido proteger la exportación de espárragos.

Ahora que protegemos a nuestros amados occidentales en Erbil, damos apoyo y asistencia a los yazidíes en las montañas del Kurdistán y lamentamos la injusticia que sufren decenas de miles de cristianos que huyen de las amenazas del Isil.

No debemos ni podemos mencionar el petróleo, ni lo haremos, bajo ninguna circunstancia. Me pregunto por qué no; no es que sea significativo ni relevante... en lo más mínimo.

El Kurdistán produce 43 mil 700 millones de barriles de los 143 mil millones de barriles que conforman las reservas iraquíes, además de 25 mil 500 millones de barriles de reservas no comprobadas y tres de los seis millones de metros cúbicos de gas que produce el país.

Conglomerados de combustible y gas han emigrado masivamente al Kurdistán; de ahí que hubiera miles de occidentales viviendo en Erbil, si bien su presencia no ha sido explicada por los medios. El hecho es que Mobil, Chevron y Total, entre otras, han hecho inversiones múltiples de más de 10 mil millones de dólares, y no se permitirá al Isil meterse con compañías así en un lugar donde los operadores petroleros obtienen 20 por ciento de las ganancias de producción y exploración.

En efecto, reportes recientes sugieren que la actual producción de petróleo kurdo es de 200 mil barriles al día y llegará a 250 mil barriles diarios el próximo año, suponiendo, claro está, que mantengamos lejos de la zona a los muchachos del califato, lo que significa, según la agencia Reuters, que si el Kurdistán iraquí fuese un país verdadero y no sólo un trozo de Irak, estaría entre los diez países más ricos en petróleo del mundo, lo cual, obviamente, es algo que vale la pena defender. ¿Alguien lo ha mencionado siquiera? ¿Al menos un reportero de la Casa Blanca ha incomodado a Obama con una sola pregunta acerca de este hecho notable?

Claro, nos solidarizamos con los cristianos iraquíes, aunque muy poco nos importaban cuando se les empezó a perseguir después de nuestra invasión de 2003. Y sí, prometimos proteger a los yazidíes de la misma forma en que prometimos –y fracasamos– proteger a millón y medio de armenios cristianos víctimas del genocidio perpetrado por los musulmanes en esta misma región, hace 99 años.

No olvidemos que los amos del nuevo califato de Medio Oriente no son idiotas. Las fronteras de su guerra se extienden mucho más allá de nuestros mandatos militares. Saben que, incluso si no lo admitimos, nuestro mandato incluye al inmencionable petróleo.

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Fractura hidráulica: ¿espejismo o burbuja financiera?

Mér, 13/08/2014 - 16:37

Alejandro Nadal, La Jornada

La extracción de gas y petróleo de esquistos ha sido presentada desde hace años como una historia de éxito para el sector energético de Estados Unidos. Las compañías de petróleo y gas, así como el Departamento de Energía, han divulgado estimaciones sobre las reservas existentes que llevarían a pensar en la independencia energética de Estados Unidos para las próximas décadas. Muchos de estos datos están basados en conjeturas más que en datos duros.

El ruido se extiende a México: con la mal llamada reforma energética se abre la puerta a este tipo de explotación y su cauda de implicaciones negativas. Desde ahora se puede anunciar que la traición en el sector energético, la introducción de la explotación por fractura hidráulica se acompañará de graves daños ambientales y económicos. Lo cierto es que el futuro de los hidrocarburos de esquistos en Estados Unidos y de su nociva tecnología de extracción será determinante para ese tipo de explotación en México.

La retórica sobre una supuesta independencia energética en Estados Unidos se acompaña de una publicidad sobre sus efectos positivos en el desarrollo económico. Pero la extracción por fractura hidráulica de petróleo y gas no tiene nada que ver con el desarrollo a largo plazo de la economía regional o local, ni con la creación de empleos duraderos. Ahora parece que ni siquiera puede asegurar su viabilidad financiera en el corto y mediano plazo.

La razón es que el tiempo de maduración típico de un pozo es muy corto: entre el arranque de actividades y el pico del nivel de extracción pasan unos cuantos años y la declinación comienza muy rápidamente. Dada la corta vida de cada pozo los beneficios son de corta duración. Para mantener niveles de producción estable, se necesita multiplicar el número de pozos, lo que conduce a un círculo vicioso.

Todo esto ha dado pie a un nuevo modelo de negocios en Estados Unidos. El lobby de compañías petroleras y gaseras lanzó desde hace ocho años una descomunal campaña de relaciones públicas para promover el fracking como una excelente aventura de negocios. El objetivo central era consolidar el apoyo de las calificadoras y los bancos de inversión en Wall Street. La exuberancia provocada en los mercados financieros por las perspectivas que anunciaba la explotación de estos hidrocarburos no convencionales no es muy diferente de la que condujo a la crisis financiera global en 2008.

Muchas de las prácticas financieras que condujeron a la crisis de 2008 se han estado utilizando en el desarrollo del mercado de explotación de fractura hidráulica. En algunos casos las inversiones están rodeadas de operaciones que no se ven reflejadas en los estados contables de las empresas. Algunos instrumentos estructurados y esquemas para atraer un número mayor de inversionistas (por ejemplo, a través de esquemas volumétricos de pagos) hacen recordar los ‘ingeniosos’ vehículos de inversión estructurada con los que los bancos de inversión y sus operadores en mercados secundarios impulsaron la concesión y ventas de hipotecas chatarra antes de la crisis. Sobra decir que la opacidad de estas operaciones es terreno fértil para animar el frenesí de los inversionistas incautos y conduce necesariamente a la sobre-inversión.

La industria ya tuvo un primer llamado de atención. El exceso de capacidad instalada provocó un desplome de precios de gas en 2012. Para muchas de las empresas productoras los precios se situaron por debajo de los costos de operación. Algunas diversificaron su producción hacia yacimientos ricos en los llamados líquidos de gas natural, pero esta medida sólo indujo el desplome en los precios de estos productos. Otras empresas buscaron desesperadamente amortiguar los impactos de la caída en precios a través de consolidaciones, fusiones y nuevas adquisiciones. Los bancos e intermediarios en Wall Street obtuvieron pingües ganancias al cobrar comisiones sobre estas transacciones.

La caída en los precios de gas natural y de sus asociados para la industria petroquímica condujo necesariamente a la depreciación de activos de muchas de las grandes operadoras, entre ellas Chesapeake Energy. Este proceso se había iniciado en 2011 al publicar el USGS sus estimaciones a la baja sobre las reservas en los campos de esquistos, incluyendo los más importantes (Marcellus e Eagle Ford). Pero lo fundamental es que los agentes financieros promovieron el crecimiento desmedido de la perforación y se han beneficiado con esta revolución energética que se parece más a una nueva pirámide Ponzi.

El resultado de todo esto no será la independencia energética de Estados Unidos. Además de retrasar la transición a un perfil energético de menor intensidad en combustibles fósiles, la explotación de hidrocarburos de esquistos conducirá a una reedición de la crisis de las empresas de alta tecnología de los años noventa, sólo que con mayores repercusiones ambientales y económicas.

La burbuja fracturada llegará a México con la entrega perversa de los recursos naturales a las empresas transnacionales.
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Ver también: Ángela Merkel negoció en secreto el fracking para Europa

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Argentina en el imperio de los buitres

Lun, 11/08/2014 - 22:39
Juan Torres López, Alainet

Lo que está oyendo y leyendo la mayoría de la gente en los medios de comunicación en los últimos días es que Argentina ha dejado de pagar a sus acreedores y que eso es consecuencia de la mala gestión de un gobierno que se ha apartado de lo que debe hacerse para gestionar bien los asuntos económicos. Una versión que, como suele ocurrir, se aparta bastante de la realidad.

Un poco de historia Argentina es un país que ha sido saqueado varias veces en los últimos decenios. Primero, por sus propia oligarquía, bien directamente o a través de gobiernos de militares fascistas o de civiles que no solo expoliaron a su pueblo en beneficio de muy pocas personas y empresas, sino que mataron o encarcelaron a miles de personas para conseguirlo. También, por grandes empresas y bancos internacionales (entre las que los españoles ocupan un lugar de honor) que se apropiaron a precio de saldo de los principales activos de la economía argentina. Y, últimamente, por los grandes fondos financieros y de inversión internacionales.

Los dos principales medios que se han utilizado para ese saqueo (además, como he dicho, de la represión política y del asesinato) han sido las privatizaciones y la deuda. Mediante las primeras, los gobiernos corruptos neoliberales vendieron empresas y propiedades argentinas a grupos económicos extranjeros que se hicieron a precio de saldo con la mejor parte de la economía de aquel país (ver como un simple ejemplo: Cómo España vació Aerolíneas Argentinas). La estrategia de la deuda fue puesta en marcha por la dictadura militar al servicio de los grandes bancos internacionales y más adelante se ha ido retroalimentando a base de intereses leoninos y de la gestión ruinosa de los gobiernos neoliberales.

Para complacer a la banca internacional, la dictadura militar argentina endeudó al país en unos 45.000 millones de dólares, y a pesar de que se lleva treinta años pagando principal y deuda y de que ha habido varias quitas y reestructuraciones, ahora la deuda es seis veces mayor que cuando empezó la espiral. Algo lógico porque el interés compuesto que se aplica a los préstamos está concebido justamente para eso: para que la deuda no solo no desaparezca, sino para que crezca indefinidamente, sobre todo, si al mismo tiempo se deja a los deudores sin fuentes propias de ingresos para hacer frente con normalidad a los pagos.

El origen del problema actual En 2001 se produjo la última gran caída de la economía argentina que llevó a la pobreza al casi el 40% de la población. En esa situación un gobierno interino declaró la suspensión de pagos, lo que permitió que entre 2002 y 2004 la economía se recuperase, creciendo un 9% anual. Cuando la situación quedó algo más estabilizada, en 2005, el nuevo presidente Kirchner propuso una reestructuración de esa deuda dejada de pagar (lo que significaba seguir pagándola, aunque en condiciones diferentes) que fue aceptada por el 76% de los acreedores. Y más adelante, en 2010, la nueva presidenta Cristina Kirchner volvió a proponer otra reestructuración que ya alcanzó al 91%. Eso significaba que solo quedaban por reestructurar unos 3.600 millones de dólares. Se puede afirmar que esas operaciones de 2005 y 2010 fueron exitosas, aunque no exentas de críticas al aceptar que una deuda inicialmente ilegítima siguiera siendo asumida por el pueblo argentino. Al menos, permitieron que la economía se recuperase y que los acreedores siguiesen cobrando. Los fondos buitre El 9% restante de la deuda es la que habían adquirido los llamamos “fondos buitre”, es decir, inversores que expresamente compran deuda en riesgo de suspensión de pagos (con tipos de interés muy altos pero con gran posibilidad de impago) para hacer negocio logrando por vía judicial que se pague al 100%. Para lograrlo, los buitres no aceptan nunca ningún tipo de reestructuración y pleitean en países favorables —normalmente Estados Unidos o Inglaterra— para reclamar cantidades multimillonarias por los títulos que poseen. Para ganar solo necesitan que el país se vea forzado a la reestructuración (y para ello hacen todo lo posible para que la economía en donde han comprado títulos se hunda) y que un juez les dé la razón, como últimamente ocurrió en Estados Unidos con la deuda propiedad de Paul Singer, el propietario de un fondo buitre de menos de 300 empleados que ahora pone en jaque a un país con más de 40 millones de habitantes.

La connivencia de los estados y las instituciones internacionales La influencia de estos fondos buitre sobre la deuda de los estados, y por tanto sobre la estabilidad de sus economías, fue deliberada y precisamente con el fin de debilitar a los gobiernos ante los poderes financieros privados. Comenzó cuando en los planes de los años 80 del siglo pasado dirigidos a “salvar” a las economías periféricas previamente endeudadas, se permitió que lo que hasta entonces hacía ese tipo de fondos de inversión con la deuda privada se hiciera también con la deuda soberana. Y, sobre todo, cuando el llamado Plan Brady permitió que los títulos públicos pudieran ser canjeados en mercados bursátiles, lo que multiplicó el número de prestamistas y dificultaba enormemente la negociación de los gobiernos con sus acreedores, pues muchos de ellos se ocultaban en el anonimato, justamente, para poder actuar más tarde como auténticos buitres.

Paralelamente, los organismos internacionales que patrocinaban y diseñaban todos estos planes obligaban a que los estados incorporasen cláusulas de renuncia a su propia jurisdicción y aceptaran la de tribunales extranjeros.

Lo que ha ocurrido ahora El problema al que actualmente se enfrenta Argentina es que se ha hecho firme una sentencia de un juez de Nueva York que en febrero de 2012 dio la razón, como siempre pasa en algún lugar u otro, al fondo buitre de Paul Singer y que obliga a pagarle en su totalidad los títulos que se dejaron de abonar en 2001.

Como en ocasiones anteriores, Argentina había hecho frente al pago correspondiente a las condiciones establecidas en la reestructuración mencionada depositando para ello 539 millones de dólares en un banco estadounidense. Pero con esta sentencia, el citado juez bloqueó el pago al establecer que también debe pagarle el 100% y con anterioridad a quienes, como acabo de decir, no aceptaron la medida, a los fondos buitre. Es decir, para satisfacer a algo menos del 1% el juez impide que se siga pagando al 99% restante de los acreedores.

Al bloquear ese pago es cuando se produce la paradoja: hay una suspensión de pagos (como inmediatamente afirma la agencia de calificación Standard & Poor’s para complicar las cosas favoreciendo a los acreedores y disparando las operaciones especulativas) porque los 539 millones de dólares no llegan a los acreedores, pero Argentina sí ha pagado, puesto que ha depositado el dinero con la intención de pagar.

Y lo malo es que el problema creado por esa sentencia no termina aquí: cuando se realizó la reestructuración, los acreedores que la aceptaron lo hicieron a condición de que si algún otro recibía en algún momento condiciones especiales (como ahora ocurre con el fondo buitre) el Estado argentino tendría que resarcirlos. Lo que significa que las indemnizaciones pueden multiplicarse y provocar entonces un problema insoluble para ese país (un llamado “efecto aceleración” de la deuda).

La otra paradoja es que ahora Argentina está de nuevo de rodillas antes los grandes grupos financieros a pesar de que ha cumplido regularmente con sus obligaciones, de que ha manifestado que tiene voluntad de pagar incluso la deuda que aún tiene en suspensión de pagos desde hace años, a pesar de que los acuerdos se consideraron favorables para la inmensa mayoría de los acreedores y a pesar de que ha aceptado todas las resoluciones judiciales. Le ha pasado lo que decía Rose Park que le ocurrió a la comunidad negra de Estados Unidos: “cuanto más obedecimos, peor nos trataron”.

Las conclusiones de esta historia tan rápidamente expuesta son claras: al no haber tribunales internacionales especializados y realmente independientes, los pueblos están al albur de quienes pueden influir en cualquier juez del juzgado más inhóspito. Las operaciones puramente especulativas y los financieros que deberían de ser un crimen económico contra la humanidad gozan de plena libertad mientras que los gobiernos representativos han de actuar con las manos atadas. El negocio de la deuda se nos impone a todos y por encima de cualquier otra lógica social o necesidad humana.

Es el imperio de los buitres sobre el mundo y Argentina volverá a pagarlo si el mundo no reacciona.

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Argentina: Soberanía y deuda externa

Dom, 10/08/2014 - 23:00
Adolfo Pérez Esquivel, Sin Permiso

Desde la época de la dictadura militar y la política económica impuesta por Martínez de Hoz, el país quedó amarrado hasta el día de hoy a los tribunales de EEUU y otros poderes y al modelo de desarrollo consolidado bajo la fuerza extorsiva del endeudamiento.

Ningún gobierno cuestionó la legitimidad o legalidad de la deuda generada durante la dictadura – con excepción del intento frustrado del Presidente Alfonsín y su primer Ministro de Economía – pese a que afecta grave y continuamente al pueblo y a la soberanía nacional.

Todos los gobiernos que precedieron al actual actuaron de la misma forma: ocultaron la verdadera situación del país y asumieron la deuda sin separar lo legítimo de lo ilegítimo. Firmaron tratados de libre comercio y de “protección a las inversiones”, ejecutaron las políticas de ajuste y privatización impuestas, y así llegamos al 2001 con todas sus consecuencias.

Tanto los gobiernos de Néstor como de Cristina Kirchner continuaron con la misma política, negándose a bajar el cuadro de la Deuda de la pared y manteniendo el sometimiento del país a tribunales extranjeros, cediendo la soberanía nacional. En otros términos, consolidaron la transformación del país en una colonia de las grandes potencias y empresas, que imponen las condiciones de financiamiento, inversión y comercio y la jurisdicción de tribunales o foros arbitrales, como Nueva York o el CIADI, que siempre los van a beneficiar.

Muchas organizaciones intentaron acercarse al gobierno para tratar la situación de la deuda externa y proponer alternativas ciertas, como la realización de una auditoria participativa e integral y la nulidad de las renuncias soberanas. Lamentablemente sin resultado, pese al antecedente valioso de Ecuador, ya que hasta ahora tanto el gobierno como el Parlamento, se niegan a investigar para determinar si realmente hay deuda legítima pendiente de pago.

Es preocupante que casi todos – el gobierno más la gran mayoría de la oposición – parecen desconocer el juicio sobre la deuda externa iniciado por el patriota Alejandro Olmos en el año 1982 y concluido en el 2000. El Poder judicial no ha declarado aún las nulidades respectivas ni seguido con ahínco las causas pendientes. El Poder ejecutivo tampoco ha impulsado los juicios y acciones complementarias correspondientes en función de las más de 470 ilicitudes comprobadas por el juez Ballestero en su decisión en la causa Olmos. Y el Parlamento ha omitido actuar sobre la misma para determinar las responsabilidades políticas de una deuda que continúa provocando graves daños al país.

En varias oportunidades fuimos al Congreso, con Alejandro Olmos y otros, tratando de reunirnos y a conversar con diputados y senadores. Pero siempre fue casi imposible. Si lográbamos reunir uno o dos, eran muchos; la indiferencia y falta de conocimiento de la situación y consecuencias de la deuda externa para el país, por parte de los legisladores, era casi total.

Hasta el día de hoy, han pasado otros 14 años y los diputados y senadores no han mostrado todavía la sabiduría y compromiso necesarios para cumplir con uno de sus mandatos constitucionales, indelegables: el de “arreglar” la deuda. Por eso las consecuencias de la misma siguen agravándose, provocando situaciones como la actual con la transferencia permanente de capitales a la especulación y la usura internacional y el juicio en los EEUU con sus fallos tan predecibles a favor de los “fondos buitre” que compran por nada y quieren llevar todo. Las consecuencias para el pueblo son siempre las mismas: mayor empobrecimiento, falta de recursos para el desarrollo del país, la salud, educación y la necesidad siempre pendiente de privilegiar la deuda interna con los derechos del pueblo y de la naturaleza.

Lo ocurrido con el embargo a la Fragata Libertad en Ghana fue grave y afectó la soberanía nacional, como ahora pasa con las amenazas de posibles embargos y bloqueos de fondos del país. El comportamiento de la justicia estadounidense – no sólo el juez Griesa sino además, la Cámara de Apelaciones y la propia Corte Suprema de EE.UU. – muestra con todo su peso que no toda ley es justa, ni tampoco ciego el Poder judicial.

Pero son conclusiones absolutamente previsibles y seguirán corriendo, y mal, a nuestro país, si no se encare a fondo el raíz del problema que no son los buitres precisamente, sino la entrega de nuestra soberanía a toda calaña de buitres que anda volando, tanto por aquí como por allá, y la negativa a asumir la ya comprobada ilicitud e ilegitimidad de la deuda. No sólo es repudiable la deuda hoy en garras de los buitres reconocidos sino toda la deuda pública, acumulada desde tiempos de la dictadura sobre la base de la represión, el fraude y la complicidad, la nacionalización de las deudas de las grandes empresas privadas, la fuga de capitales y otros crímenes más.

El gobierno debiera repensar la política a seguir y no caer en el “masoquismo político”, sabiendo los resultados que le espera, pero insistiendo en la misma receta. Es necesario recuperar la soberanía y fortalecer la capacidad de nuestro pueblo e instituciones para defendernos. Pero en vez de avanzar por ese camino, el gobierno con total impunidad e irresponsabilidad continúa sometiendo al país a tribunales extranjeros y ocultando al pueblo las cláusulas secretas, como en los acuerdos con Chevrón.

Hemos denunciado en reiteradas oportunidades que Chevrón es una empresa que escapó del Ecuador, siendo condenada por la justicia de ese país a pagar 9 mil millones de dólares por los daños ambientales, como a las comunidades indígenas, que rechazó reparar. Chevrón se niega a pagar, y la justicia ecuatoriana logra embargar sus inversiones en Argentina por los daños causados. Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia de la Argentina levanta el embargo a Chevrón, a fin de acordar con el gobierno nacional la explotación con el sistema del fracking en Vaca Muerta, en la provincia del Neuquén.

Una empresa con esos antecedentes actúa con total impunidad; hay que estar atentos a la situación y la explotación de los recursos energéticos, como el petróleo y el gas en la Provincia del Neuquén, en un país que ha renunciado a su soberanía y quedado a la merced de quienes pretenden ser sus acreedores. El otro antecedente preocupante a tener en cuenta es el acuerdo reciente con China, ya que reitera el gobierno la misma política de renunciar a la soberanía nacional, sometiéndose incluso a los tribunales de Gran Bretaña.

¿Pueden explicar por qué el gobierno se niega a actuar sobre las investigaciones y decisiones de la justicia argentina, o de realizar una Auditoria para separar la deuda legítima de la ilegítima e investigar los daños causados por la deuda externa e ilegítima al país? ¿Cuáles son los motivos para que el Parlamento y el Poder Judicial omiten impulsar las acciones que les competen al respecto?

Hoy el país sufre las consecuencias de la incapacidad y falta de voluntad política de parte de sus diversas autoridades, situación que genera mayor empobrecimiento, marginalidad y pérdida de los bienes comunes, que son patrimonio del pueblo y de la naturaleza y no del gobierno de turno.

Organizaciones sociales, de derechos humanos, sindicatos, movimientos populares y religiosos están movilizados reclamando a los tres poderes estatales argentinos –el Poder Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial-, que asumen sus responsabilidades de acuerdo a la Constitución Nacional y los derechos humanos.

Y que abran instancias de dialogo con todos los sectores sociales, sindicales y políticos, que deben ser escuchados en el ejercicio democrático para buscar salidas superadoras de los errores cometidos.
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Adolfo Pérez Esquivel es Premio Nobel de la Paz

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El gas de Gaza o por qué Israel quiere el exterminio Palestino

Dom, 10/08/2014 - 19:31

Manlio Dinucci, Red Voltaire

Y sigue la guerra por el gas. Después de haber atacado Siria y haberse repartido el gas de ese país antes de lograr conquistarlo, los occidentales atacaron Irak –utilizando para ello el Emirato Islámico– para cerrar el camino al gasoducto entre Irán y Siria. Y ahora están tratando de acabar con Hamas que es, como las demás ramas de la Hermandad Musulmana, un aliado de Washington, pero se opone al saqueo del gas palestino.

Para encontrar una de las causas del ataque israelí contra Gaza hay que profundizar porque esa causa se halla exactamente a 600 metros por debajo del nivel del mar y a 30 kilómetros de la costa de la franja de Gaza. Allí, en las aguas territoriales palestinas, se encuentra un importante yacimiento de gas natural, el llamado Gaza Marine, estimado en 30.000 millones de metros cúbicos y de un valor de varios miles de millones de dólares. Según un mapa elaborado por la agencia gubernamental estadounidense U.S. Geological Survey también existen otros yacimientos de gas y de petróleo en tierra firme, en Gaza y en Cisjordania.

En 1999, mediante un acuerdo firmado por Yaser Arafat, la Autoridad Palestina confía la explotación de Gaza Marine a un consorcio conformado por British Group y la compañía privada palestina Consolidated Contractors, que disponen respectivamente del 60 y el 30% de las acciones. El 10% restante correspondería al Fondo de Inversiones de la Autoridad Palestina. Se perforan 2 pozos, Gaza Marine 1 y Gaza Marine 2. Pero nunca llegan a iniciar la producción porque Israel, que quiere todo el gas a precios ínfimos, los bloquea.

A través del ex primer ministro británico Tony Blair, enviado del «Cuarteto para el Medio Oriente», se prepara un acuerdo con Israel, que priva a los palestinos de las tres cuartas partes de los futuros ingresos del gas y pone la parte que les toca en una cuenta internacional bajo control de Washington y Londres.

Pero, inmediatamente después de ganar las elecciones de 2006, el Hamas rechaza ese acuerdo, calificándolo de robo, y exige su renegociación. En 2007, el actual ministro israelí de Defensa Moshe Ya’alon declara que «el gas no podrá extraerse sin una operación militar que ponga fin al control del Hamas en Gaza».

En 2008, Israel desata contra Gaza la operación «Plomo Fundido». En septiembre de 2012, la Autoridad Palestina anuncia que, a pesar de la oposición del Hamas, ha reanudado las negociaciones con Israel sobre la cuestión del gas. Dos meses después, la admisión de Palestina en la ONU como «Estado observador no miembro» fortalece la posición de la Autoridad Palestina en las negociaciones. Pero Gaza Marine sigue bloqueado, lo cual impide que los palestinos puedan explotar la riqueza natural existente en su territorio.

La Autoridad Palestina se lanzó entonces por otro camino. El 23 de enero de 2014, durante el encuentro del presidente palestino Abbas con el presidente ruso Putin, se discutió la posibilidad de confiar a la compañía rusa Gazprom la explotación del yacimiento de gas de las aguas de Gaza. Así lo anuncia la agencia Itar-Tass, subrayando que Rusia y Palestina tienen intenciones de fortalecer la cooperación bilateral en el sector energético. En ese marco, además de la explotación del yacimiento marítimo de gas, se prevé también la de un yacimiento de petróleo en los alrededores de la ciudad palestina de Ramallah, en Cisjordania. Y la compañía rusa Technopromexport está dispuesta a participar en la construcción de una termoeléctrica de una potencia de 200 MW en la misma zona.

La formación de un nuevo gobierno palestino de unidad nacional, el 2 de junio de 2014, acrecienta las posibilidades de concretar el acuerdo entre Palestina y Rusia.

Diez días después, el 12 de junio, se anuncia el secuestro de los 3 jóvenes israelíes, encontrados muertos el 30 de junio, proporcionando así el casus belli que da inicio a la operación «Margen protector» contra la franja de Gaza. Operación que forma parte de la estrategia de Tel Aviv, que busca apropiarse de las reservas energéticas de toda la cuenca del Levante, incluyendo las de Palestina, las del Líbano y las de Siria.

Y también encaja en la estrategia de Washington que, con su apoyo a Israel, trata de garantizarse el control de todo el Medio Oriente impidiendo que Rusia vuelva a ganar influencia en la región.

Estamos ante una mezcla explosiva, cuyas víctimas son –otra vez– los palestinos.
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Ver también Ángela Merkel negoció en secreto el fracking para Europa
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Ángela Merkel negoció en secreto el fracking para Europa

Sáb, 09/08/2014 - 08:30

En el mes de junio, y mientras toda Europa disfrutaba del mundial de fútbol, Ángela Merkel dio pasos agigantados para introducir el fracking en Europa. Cada avance de la selección alemana en la ronda deportiva, tenía su contraparte en el desarrollo del gas de esquisto elaborado por Merkel. Y el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos permitirá establecer el marco jurídico que pavimentará el camino de las empresas de fracking (todas de EE.UU.) en el corazón de Europa.
Las negociaciones entre Angela Merkel y la administración de Barack Obama, mientras los goles de Müller y Goëtze inflaban las redes en Brasil, fueron completamente ignoradas por la prensa, y ni siquiera las filtraciones de algunos medios lograron llamar la atención. Esto da cuenta de la enajenación total que vive el mundo actual. El documento secreto lo dio a conocer Washington Post y NeoPresse, en pleno fulgor del mundial de fútbol. La verdad es que cuando publicamos Estados Unidos aprovecha derribo del MH17 para arrebatar a Rusia el mercado energético de Europa, este tema estaba bastante avanzado, como muestra este artículo de EU Observer: La UE quiere acceso garantizado al gas y petróleo de Estados Unidos, como parte de la revolución del esquisto que comienza a vivir Europa.

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Italia cae en su tercera recesión desde 2008 ¿terminó la recuperación europea?

Xov, 07/08/2014 - 21:49

El producto interno bruto italiano cayó inesperadamente en el segundo trimestre, haciendo que Italia entre en su tercera recesión desde 2008. El producto interno bruto se deslizó un -0,2 por ciento en el segundo trimestre, lejos de la esperada expansión del +0,1 por ciento, sumándose al descenso de -0,1 por ciento del primer trimestre, de acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Estadísticas Italiano, Istat, Respecto a la perspectiva anualizada, la caída del PIB italiano es de -0,3 por ciento, acumulando un retroceso de 14 años que instala el nivel del PIB en los niveles del año 2000. Esta mala cifra pone en riesgo el objetivo de crecer 0,3 por ciento durante el año 2014, y pulveriza las proyecciones de crecimiento para el próximo año estimadas en 1,1 y 1,3 por ciento.

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Gaza: los designios de Israel

Xov, 07/08/2014 - 18:21
Alejandro Nadal, La Jornada

El objetivo de la ofensiva israelí en Gaza se presenta, según Tel Aviv, en términos militares. Se trata, de acuerdo con los comunicados oficiales, de una embestida para cancelar la capacidad de las milicias Al-Qassam de Hamas de lanzar cohetes en contra de asentamientos en territorio israelí. Pero la desmesura de los ataques de las fuerzas de Israel hacen pensar en otro tipo de designios y de empresa. En realidad el objetivo es anular la esperanza y enfatizar el mensaje de que el pueblo palestino no tiene alternativa, carece de salida y debe abandonar cualquier expectativa sobre el surgimiento de un Estado autónomo.

Desde el punto de vista estrictamente militar, la ofensiva israelí en Gaza ha fracasado. Su objetivo no se cumplió. Las milicias de Hamas no han sido destruidas y conservan la capacidad de lanzar cohetes hacia asentamientos en Israel.

En el plano politico la ofensiva de Israel también fracasó. En los escombros de las escuelas de Gaza se hallan también los restos de la argumentación israelí sobre su derecho a defenderse. Es cierto que el orden jurídico internacional consagra el derecho de un Estado a protegerse frente a una agresión. Pero ese derecho se encuentra sujeto a varias disciplinas: la respuesta debe guardar proporcionalidad con la agresión y no debe acompañarse de crímenes de guerra o contra la humanidad. Israel ha violado ambas restricciones.

Es una historia conocida que se remonta hasta los orígenes. Al cumplirse 30 años de la fundación del Estado de Israel (1948) se abrieron los archivos de las fuerzas armadas, del Ministerio de Asuntos Extranjeros y de organizaciones como Haganah, con lo que fue posible hacer una nueva lectura de los hechos. Lo que descubrieron los historiadores es que la visión estándar sionista sobre el nacimiento del Estado israelí y la guerra de cinco décadas en contra de sus vecinos árabes no tenía nada de desinteresada y estaba marcada por graves sesgos y simplificaciones.

Los nuevos historiadores llevaron a cabo un análisis diferente sobre las raíces históricas de cinco decenios de guerras, masacres y relocalización forzada de pueblos enteros. Los trabajos de Avi Shlaim, Benny Morris, Ilán Pappe y Simha Flapan marcan un hito en este debate.

Según Shlaim, los hallazgos del nuevo análisis pueden sintetizarse alrededor de cinco vertientes de análisis: la postura británica al finalizar el mandato inglés en Palestina, la guerra de 1948, las causas del éxodo del pueblo palestino, los objetivos de los árabes y las razones del impasse político que vivimos hasta nuestros días.

Según la versión oficial sionista el gobierno británico trató de impedir la creación del Estado de Israel. Sin embargo, los nuevos historiadores han mostrado que Londres más bien fue un obstáculo a la creación de un Estado palestino. Su análisis también pudo mostrar que contrario a lo que señala la versión oficial, los estados árabes estuvieron divididos y no tenían un plan coordinado para destruir a Israel.

Durante la guerra de 1948 alrededor de 711 mil palestinos tuvieron que huir de los territorios que serían parte de Israel. Según la versión sionista, el nuevo Estado les pidió que se quedaran y se convirtieran en ciudadanos de pleno derecho. Según los nuevos historiadores, inicialmente un número de palestinos abandonó voluntariamente sus casas y tierras, pero un número mayor de palestinos fue expulsado de sus aldeas en una operación de limpieza étnica. Este es el origen de la nakba o catástrofe palestina.

La versión sionista también sostiene que Israel ha estado siempre en desventaja, pero el análisis histórico revela que aún en 1948 ese no fue el caso. Habría que añadir hoy que Israel es el único poseedor de armas nucleares en Medio Oriente. Y, finalmente, el callejón sin salida en el que se encuentra la región no es producto de la intransigencia árabe, ya que en muchos casos los líderes de Israel han rechazado ofrecimientos de paz genuina de los países árabes. La ocupación ilegal de la margen occidental del río Jordán, la destrucción de casas de palestinos, las masacres de Sabra y Shatyla, así como el bloqueo ilegal de Gaza son algunos ejemplos claros (no los únicos) de la cerrazón israelí.

El potencial militar de Hamas es limitado y en ningún momento constituye una amenaza seria a la seguridad del Estado de Israel. Pero su presencia entraña un mensaje esencialmente político. Por el sólo hecho de existir, Hamas y sus milicias envían una señal de resistencia cotidiana a sus interlocutores en Israel y de promesa a sus seguidores en los territorios palestinos, no sólo en Gaza. Los cohetes de Hamas son condenables, pero también lo es el bloqueo inhumano que aplica Israel desde hace siete años en Gaza. La respuesta desmesurada de Israel, con sus ataques de artillería y bombas a escuelas y hospitales (refugios conocidos y bien identificados) revela que Tel Aviv está obsesionada por otras consideraciones. Su objetivo central es mantener al pueblo palestino sin esperanzas sobre su futuro. Al tratar de hundir al pueblo palestino en un cruel sistema de guetos, Israel se destruye a sí misma.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La guerra de divisas escala a nueva guerra fría con final abierto

Mér, 06/08/2014 - 19:02
La guerra comercial que se ha levantado entre Rusia y Estados Unidos junto a sus aliados europeos comienza a tener efectos visibles. Las sanciones que Europa ha levantado contra Rusia y el bloqueo del Banco Mundial a los préstamos de la banca rusa han encontrado como represalia el bloqueo del mercado de capitales para la banca occidental y la prohibición para los aviones occidentales de cruzar cielo ruso. Las tensiones van en aumento a la hora de pensar en un eje Moscú-Pekin dado que China es visto como una amenaza para Washington al ser el mayor acreedor de Estados Unidos. En todo esto pesa la enorme deuda que acumula Estados Unidos y que supera los 60 billones de dólares. Si el eje asiático Moscú-Pekin fortalece sus relaciones con el mundo occidental se aceleraría la sustitución del dólar como moneda de reserva.

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La fase demencial del totalitarismo neoliberal

Mar, 05/08/2014 - 18:27
Alberto Rabilotta, Alainet

No hay que ser un experto para ver que en los últimos meses, y de manera cada vez más acelerada, el imperialismo estadounidense y sus aliados de la OTAN están tratando de crear todas las condiciones para transformar las relaciones internacionales en un nuevo teatro de confrontaciones con vistas a mantener el ya cuestionado sistema internacional unipolar y la hegemonía neoliberal.

Hace apenas tres años, cuando alboreaba la multipolaridad con los esfuerzos de creación de UNASUR y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), con Rusia tratando de consolidar una región euroasiática y los BRICS explorando una alternativa a la tiranía neoliberal, el imperialismo se lanzó a la creación de nuevos focos de tensión, interviniendo en Libia –que en ese entonces era un país clave de una necesaria integración africana-, en Siria y en países de África, y relanzó con fuerza la subversión en varios países latinoamericanos.

En la segunda parte del 2013, cuando arreciaba la agresión intervencionista en Siria, el último gran país del Oriente Medio con un sistema en el que convivían diversos pueblos, culturas y religiones, en el marco de la reunión del G20 en San Petersburgo y gracias a la carta del papa Francisco, Rusia introdujo el tema de Siria, amenazada con bombardeos aéreos por parte de Estados Unidos y países de la Unión Europea por el supuesto e inventado uso de armas químicas por parte del gobierno sirio, y forzó una difícil negociación para frenar la amenaza de bombardeos a cambio de sacar el arsenal químico de Siria y destruirlo.

La firme posición rusa en el caso de Siria, que contó con el apoyo de China y la mayoría de países del mundo, mostró por primera vez que existían fuerzas capaces en la escena internacional para ponerle límite o término al sistema unipolar creado por EE.UU. desde el derrumbe de la Unión Soviética, y comenzar el restablecimiento de un orden multipolar, algo que para el imperialismo significaría el comienzo del fin de su proyecto de hegemonía neoliberal total.

No en vano desde el 2013, y en particular durante la primera parte del 2014 cuando la CELAC se formó, y en perspectiva de la reunión cumbre en Brasil el BRICS esboza sus intenciones de crear instrumentos financieros para liberarse del dólar, que directamente o a través de sus lacayos locales EE.UU. y sus aliados arreciaron sus intentos subversivos en Venezuela e incrementaron la desestabilización política, financiera y económica en otros países latinoamericanos.

Es en esta perspectiva de desestabilización, específicamente del gobierno de la presidenta Cristina Fernández, que juega un importante papel la decisión y todo el actuar del juez Thomas Griesa de Nueva York para favorecer a los “fondos buitre”: esa decisión constituye una nueva arma del sistema judicial estadounidense para someter a los países deudores, que son mayoría en el mundo, a una ley estadounidense que siempre es interpretada de manera a satisfacer al gran capital.

Y desde enero pasado el imperialismo neoliberal puso en acción las fuerzas que desde hace años venía financiando, entre ellas los ultranacionalistas y neonazis, para crear un peligroso foco de tensión permanente en Ucrania, en la “puerta de entrada” de Rusia.

El rechazo del presidente constitucional Víctor Yakunovich a una integración con la UE que significaba la desindustrialización del país, disparó la operación para derrocarlo y reemplazarlo con uno que aceptaría, como ha sido el caso y muy rápidamente, el dictado de Washington, del FMI y de la OTAN, destruyendo a cañonazos y bombardeos la oposición interna en el Este del país, con el claro intento genocida de eliminar la población ruso-parlante, como dijo en la televisión un “periodista” ucraniano (1), y así recuperar esas tierras. No dijo, pero se puede asumir, que una vez “limpiadas” de “gente inútil” esos territorios servirían para instalar armamentos ofensivos de la OTAN y crear una constante amenaza directa a la seguridad de Rusia.

Para lanzar la reciente cruzada contra Rusia, como dijo el ministro de Relaciones Exteriores de Moscú, Sergei Lavrov, “si no hubiera sido Ucrania, les aseguro, cualquier otro aspecto de la política interior o exterior de Rusia les hubiera servido de razón”. Lavrov lamentó que las buenas intenciones expresadas por los “socios occidentales en Europa” no resistan la inercia de la Guerra Fría que busca “llevar a todos los europeos bajo el techo de la OTAN y hacerlos que se dirijan a Rusia con un tono severo”. Esta miopía política, agregó, está basada en la intención de imponer su voluntad a toda costa, de adoptar sanciones contra quienes disienten y tomar represalias contra quienes están por “la independencia y no aceptan obedecer el orden mundial unipolar” (2).

Este orden unipolar permite a EE.UU. y sus aliados la impunidad criminal que se manifestó por enésima vez en la agresión, con bombardeos y fuerzas terrestres que mataron a cerca de dos mil personas, en la Franja de Gaza. Israel actúa impunemente gracias al apoyo político, diplomático y a las armas y datos de inteligencia estadounidenses, como confirman los documentos revelados recientemente por el informante Edward Snowden y publicados por el periodista Gleen Greenwald (3).

La ley estadounidense debe prevalecer. Estados Unidos, cuya existencia jamás fue amenazada por guerra alguna fuera de la guerra de Secesión, no posee más que una definición ideológica de sus enemigos: aquellos que no aman el modo de vida estadounidense, se encuentren donde sea, afirmaba en 2005 el historiador Eric Hobsbawm durante una conferencia en la Universidad de Harvard dedicada a destacar las diferencias entre la hegemonía estadounidense y la otrora hegemonía británica.

Este historiador argumentó que Gran Bretaña, como su hegemonía no dependía de la potencia imperial sino de su comercio, se adaptó más fácilmente a las derrotas políticas, como ya lo había hecho cuando tuvo su mayor derrota política, con la pérdida de las colonias en América. Y luego recordó que durante la Guerra Fría el crecimiento de las empresas estadounidenses en el mundo fue hecho bajo el padrinazgo del proyecto político de EE.UU., con el cual se identificarían muchos de los grandes patrones así como la mayoría de los estadounidenses. A cambio, dada su hegemonía mundial, la convicción de Washington de que la ley estadounidense debe prevalecer en las relaciones de los estadounidenses con el mundo adquirió una fuerza política considerable.

Y Hobsbawm concluyó la conferencia con una pregunta cuya respuesta es ahora evidente: ¿Retendrá EE.UU. esta lección o cederá a la tentación de mantener una posición que se erosiona apoyándose en la fuerza político-militar, engendrando así no el orden mundial sino el desorden, no la paz mundial sino la guerra, no el avance de la civilización sino la barbarie? (4).

Ahora el paseo por la realidad y el despertar de la “inteligencia social”. Por su naturaleza, que implica “desencajar” la economía capitalista de la sociedad y poner el Estado al servicio exclusivo de los grandes intereses económicos, financieros y comerciales, el imperialismo neoliberal no tiene otra alternativa que destruir toda forma de democracia y de soberanía popular y nacional. Su única opción es el totalitarismo. El intelectual húngaro Karl Polanyi, historiador de la economía, consideraba la idea de los “mercados autoregulados” a nivel mundial –el neoliberalismo- como una peligrosa utopía, y ya en 1945 advertía que EE.UU. tenía el basamento histórico e ideológico para intentar llevarla a cabo (5).

La utópica misión del neoliberalismo es instaurar un régimen universal basado en las leyes estadounidenses, como nos recuerda Hobsbawm, y para ello debe lograr que los Estados soberanos cedan su soberanía, acepten aplicar la ley estadounidense (¿No es lo que Griesa exige?) y derriben las barreras nacionales, para así convertirse en Estados garantes de un sistema al servicio exclusivo de los intereses económicos representados en los oligopolios financieros, industriales, comerciales, mineros, agroindustriales, entre otros más cuyas casas matrices están en EE.UU., la UE, Japón, Canadá y otros países de la órbita imperial.

Tal sistema no admite alternativas socioeconómicas, sean nacionales o regionales y estén o no basadas en el capitalismo, que impliquen la intervención activa de los Estados, grados de planificación socioeconómica y que los pueblos a través de los organismos políticos y sociales, actuando en democracia, tomen decisiones soberanas para defender legítimos intereses populares y nacionales.

Precisamente porque no puede tolerar competición alguna proveniente de otras alternativas socioeconómicas, ya que no tiene absolutamente nada de positivo que ofrecer a los pueblos, es que el neoliberalismo pudo desplegarse en toda su dimensión a partir del derrumbe de la Unión Soviética, cuando también se desplomó el orden mundial multilateral, y fue aplicado con particular saña en Rusia y demás ex países socialistas.

Una de las razones por las cuales el imperialismo neoliberal se lanzó en lo que parece una desbocada carrera para imponer su dictado a nivel mundial, es que en dos regiones muy importantes, América Latina y Eurasia, se han lanzado movimientos de integración económica, comercial, financiera y hasta monetaria. Y que estas iniciativas –que incluyen el BRICS en tanto que mecanismo de comunicación entre varias regiones-, han recibido nuevos impulsos políticos y están dando pasos hacia la creación de mecanismos para funcionar sin una subordinación al sistema neoliberal. Para el proyecto imperial estadounidense, que busca someter a todos los pueblos, estas iniciativas regionales deben ser destruidas.

El ministro de la Corte Suprema argentina Raúl Zaffaroni, al responder a la pregunta de Página/12 sobre qué reflexión le merece, como jurista y no como ministro de la Corte, la situación que plantean los llamados “fondos buitre”, dijo que “veo esto con un poco de miedo. Para decir la verdad, con mucho miedo. Como diría Galeano, todo parece patas arriba. Si trajésemos a alguien que hubiese dormido unas décadas, no podría entender nada. Tengo miedo por el mundo, esa es la verdad. El poder político, el de los Estados, está sobrepasado por el poder económico de oligarquías, de pequeños grupos de personas que manipulan a su gusto los medios de comunicación y el poder económico (…) Lo digo más claramente: siempre ha habido y es inevitable que haya vínculos y acuerdos entre los poderes político y económico, pero ahora el primero tiende a desaparecer o a ser manejado completamente por el segundo transnacionalizado”.

Más adelante, y al ser preguntado por qué nos encontramos hoy en tal situación, el ministro Zaffaroni responde que “esa es la segunda parte de la cuestión y respecto a la cual tenemos que pensar en el futuro. Nuestros propios gobiernos cedieron la soberanía nacional, sujetándonos a un tribunal provincial extranjero (en el caso del juez de Nueva York, Thomas Griesa) y a una Corte Suprema que declara no interesarle nada, en favor de unos especuladores con capacidad de pagar abogados y hacer lobbies (…) Creo que lo primero que debemos hacer con miras al futuro es reformar la ley y declarar imprescriptible la administración fraudulenta en prejuicio de los intereses nacionales en toda negociación internacional que comprometa sustancialmente la economía nacional. Sé que me colgarán cualquier cartel para descalificar esta opinión, pero el mundo penal internacional viene pensando estas cosas desde hace algún tiempo” (6).

El mismo 3 de agosto en Página/12, y quizás como prueba de que se está formando esa “inteligencia social” de que hablaba Karl Marx, el filósofo José Pablo Feinmann comienza su artículo enfatizando que “el capitalismo de las últimas décadas se ha manejado en el modo del vértigo”, descripción con la cual muchos analistas y periodistas estamos de acuerdo, y luego agrega que “el Imperio es el Imperio y no habla dialectos, no respeta la autonomía de los ‘polos’, arrasa con las identidades nacionales, los Estados nacionales () el orgullo europeo y las vidas iraquíes o las vidas de quienes se le opongan. No hay política multipolar, El capitalismo es un sistema totalizador. Lo fue desde 1492, cuando nace, y lo es hoy, más que nunca, por medio de la gran revolución de este tiempo, que no es la del proletariado marxista, sino, otra vez, la del burgués conquistador: la comunicacional” (7).

Todo lo anterior me parece señalar que el combate contra el imperialismo neoliberal es la tarea principal, y es una tarea urgente porque en su intento totalizador ha llegado a una fase demencial y mortal para nuestras sociedades y el planeta. Y justo cuando terminaba este artículo leí el esclarecedor análisis del filósofo Fernando Buen Abad Domínguez, “Multipolaridad” si pero anticapitalista”, del cual reproduzco una pequeña parte: “Pero el peligro de la confusión (hasta no tener claro de qué “multipolaridad” hablamos o habla cada cual) no anula la necesidad de quebrar el dominio del imperio yanqui. Tampoco implica cancelar -o satanizar- cualquier iniciativa, así sea parcial, que permita dar pasos adelante hacia la soberanía concreta mandatada por los pueblos. Sólo hay que asegurarnos de que tales pasos se dirijan hacia donde los pueblos mandan y no aparezcan los piratas reformistas que siempre tuercen caminos y veredas hacia sus reinos burocráticos plagados con gerentes serviles al capitalismo. La gracia radica en no caer en las trampas semánticas de las burguesías. La gracia está en no ilusionarse con falacias ni hacerse esclavo de ellas. Ese error nos ha costado mucho.”(8)
________
Notas:
1.- "It’s perfectly simple. You need to kill 1.5 million people in Donbass". URL https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=S9SOVarOFJk
2.- Sergei Lavrov en entrevista con Itar-Tass. URL http://en.itar-tass.com/russia/743470
3.- Cash, Weapons and Surveillance: the U.S. is a Key Party to Every Israeli Attack, by Glenn Greenwald URL https://firstlook.org/theintercept/2014/08/04/cash-weapons-surveillance/
4.- Eric J. Hobsbawm, citas de las páginas 72 y 78 (capítulo tercero) de libro “L’Empire, la démocratie, le terrorisme”. André Versaille Editeur/Monde Diplomatique, 2009.
5.- Karl Polanyi, Capitalisme Universel ou Planification Régionale?, página 486 del libro Essais de Karl Polanyi, Éditions du Seuil, 2008.
6.-“Esto es un escándalo jurídico”, entrevista al ministro de la Corte Raúl Zaffaroni, Página/12 del 3 de agosto de 2014. URL http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-252153-2014-08-03.html
7.- José Pablo Feinmann, “La Sociedad de los Lobos”, http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-252149-2014-08-03.html
8.- Fernando Buen Abad Domínguez, Rebelión, 5 de agosto 2014, URL http://www.rebelion.org/noticia.php?id=188114

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Cierra Espirito Santo y accionistas perderán su dinero

Lun, 04/08/2014 - 09:00
El gobierno de Portugal inyectó este domingo 5 mil millones de euros para evitar el colapso del Banco Espírito Santo tras una serie de escándalos financieros que impidieron el salvataje por la vía de la ampliación de capital. Carlos Costa, gobernador del Banco Central de Portugal, aseguró que se creará un banco malo para absorber todos los activos tóxicos del banco, mientras las empresas sanas serán agrupadas en el banco bueno que tendrá por nombre Novo Banco y estará alejado de la familia Espirito Santo.

El plan de rescate acordado con Bruselas fue provocado por pérdidas mucho mayores a lo esperado, y a lo reportado por el propio banco la semana pasada. Las pérdidas acabaron con los colchones de capital y las acciones se hundieron más de un 75 por ciento en la semana antes de ser suspendidas el viernes. Desde los 6,2 euros que tenía la acción a mediados de 2008, el viernes alcanzó una cotización de 10 euros. El BES será retirado de la bolsa de Lisboa y no volverá a cotizar desapareciendo de los mercados en forma definitiva. La gran novedad será que esta vez los accionistas perderán su dinero en lo que será el debut de las nuevas normas europeas destinadas a asegurarse de que los inversores, y no solo los contribuyentes, deberán hacer frente a las consecuencias cuando los bancos quiebran.

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Emir Sader: Hacia un modelo posneoliberal

Lun, 04/08/2014 - 07:59
Emir Sader, Página 12

Cuando se agotaba el ciclo largo expansivo del capitalismo, se impuso el debate sobre las razones de ese agotamiento y las formas de retomar el desarrollo económico. Triunfó la renacida versión del liberalismo, vocalizada en particular por Ronald Reagan, quien dijo que habría que suspender los límites a la libre circulación del capital, habría que desregular. El capital volvería a circular, habría inversiones, las economías volverían a crecer y todos ganarían.

Se promovió la libre circulación del capital en escala global, mediante la apertura de los mercados nacionales, la privatización de patrimonios públicos, la mercantilización de lo que antes eran derechos, la precarización de las relaciones de trabajo, la retracción del Estado y la centralidad del mercado. Pero lo que pasó fue distinto de lo previsto.

Es que, como recordaba siempre Marx, el capital no está hecho para producir sino para acumular. Liberado de las trabas del período anterior, el capital se dirigió, masivamente, hacia la esfera financiera, donde gana más, tiene liquidez total y ejerce fuerte presión sobre los gobiernos. (Una agencia de apoyo a los especuladores una vez dijo literalmente: ‘Aprovechen la fiesta, pero quédense cerca de la puerta’.) A escala mundial se dio una gigantesca trasferencia de recursos del sector productivo al especulativo, con el capital financiero asumiendo el rol de sector hegemónico en la era neoliberal del capitalismo.

El bajo crecimiento o el estancamiento o incluso la retracción de las economías se debe justamente al hecho de que el sector hegemónico en la economía es un sector parasitario, que no produce bienes ni empleos. Es el capital financiero bajo su forma especulativa, que no financia el consumo, ni la investigación, ni tampoco la producción. Vive de la compra y venta de papeles.

Los fondos buitre son el ejemplo más radical de ese carácter parasitario del capital especulativo, típico de la era neoliberal. En ese caso, se han valido de la crisis de la deuda de los países latinoamericanos para imponer normas draconianas a gobiernos subalternos, parte fundamental de la herencia maldita recibida por los gobiernos antineoliberales. Préstamos a intereses brutales a cambio de renuncia a la soberanía nacional.

Así, aun los gobiernos que ha reaccionado en contra del neoliberalismo, empezando a construir alternativas a ese modelo agotado, tienen que enfrentar todavía esa herencia. Para la derecha sería señal de fracaso de los gobiernos progresistas, cuando en realidad son todavía rezagos de los gobiernos de la misma derecha.

Los Brics han empezado a apuntar hacia la alternativa: un Banco de Desarrollo para el Sur del Mundo, un fondo de apoyo frente a problemas que puedan enfrentar los países del sur del mundo. El conflicto actual con Argentina representa los estertores del modelo contra el cual fueron elegidos los gobiernos progresistas y frente al cual construyen un modelo posneoliberal.

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Lo de Argentina no es un default

Dom, 03/08/2014 - 19:15

Alfredo Zaiat, Pagina 12

El inédito acontecimiento financiero derivado de la orden del juez Thomas Griesa de bloquear el cobro del vencimiento de intereses de deuda soberana a bonistas del canje no es un default. No lo es en términos jurídicos, financieros y económicos. No se trata de un debate semántico, aunque sí político, como queda reflejado en cada una de las opiniones del elenco estable de economistas mediáticos. Para eludir la soberbia de los cultores de la ignorancia, es necesario precisar por qué y cuándo un país está en default.

La actual situación es extraordinaria, lo que ha habilitado un debate político o de bajo vuelo con fines electoralistas, como se expresa en la mayoría de las coberturas periodísticas, siendo los grandes medios promotores de esa campaña de desinformación. También ha gatillado los lugares comunes de la prensa internacional en la descripción del destino económico argentino. El default es una definición que excede la especulación de si es una estrategia política del Gobierno, que la vulgaridad analítica menciona como la pretensión oficial de negar la realidad o de convertir la situación en una gesta épica, o si es una excusa para concretar habituales negocios en el mercado financiero, como las sentencias de calificadoras de riesgo o las apuestas con los seguros contra default. Pese a la insistencia con títulos catástrofes o evaluaciones interesadas de hombres de negocios dedicados a la comercialización de información económica, no se está en presencia de una cesación de pagos de la deuda argentina. No lo es porque lo que está sucediendo a partir del fallo y la orden de cumplimiento de la sentencia Griesa, no ingresa en esa categoría. No existen antecedentes históricos de semejante extravagancia.

Es un evento que no reúne las condiciones de un default, a las que es fácil describirlas en base a antecedentes de la historia financiera mundial: en lo jurídico, incumplimientos en el contrato de emisión de bonos del deudor con el acreedor; en lo financiero, no pago de intereses y capital al vencimiento; y en lo económico, insolvencia del deudor. Nada de eso ha sucedido.

Las calificadoras de riesgo, el comité financiero de la asociación de swaps (por los seguros contra default), economistas locales y analistas internacionales seguirán insistiendo con la existencia de un default. Incluso ahora empezaran a atemorizar con la posibilidad de que los bonistas del canje puedan solicitar la “aceleración” del cobro del total de la deuda. Es el derecho que tienen, según el prospecto de emisión, si hay incumplimientos de parte del deudor. Si eligen ese camino, terminarán judicializando toda la deuda con legislación extranjera (28 mil millones de dólares) y no cobrarán nada porque Argentina defenderá en Tribunales lo que es obvio: no hubo default. Esos bonistas no deberían seguir consejos que están siendo alentados por analistas más interesados en la política doméstica electoral que en la lógica de las finanzas. Cualquiera que conozca cómo funciona el mercado de bonos sabe que el principal objetivo de los acreedores es cobrar los intereses y el capital; no litigar. A esto último se dedican los fondos buitre.

Como lo han mencionado en más de una oportunidad el ministro de Economía, Axel Kicillof, y la presidente CFK, e ignorado en tantas otras por los publicistas del fantasma del default, Argentina ha pagado en tiempo y forma los intereses del bono Discount bajo legislación argentina, estadounidense, japonesa e inglesa. El dinero lo han recibido los agentes encargados de distribuirlo entre los bonistas. Esos dólares ya no son de Argentina; pertenecen a los bonistas del canje. Por ese motivo la dupla Griesa-Singer no puede embargarlos porque, si bien hasta ahora ha estado afectando derechos de terceros, despojarlos de esos dólares tendría consecuencias no deseadas para esa sociedad juez-buitre.

En términos jurídicos de un contrato entre deudor y acreedor, Argentina ha cumplido con su parte. El default no es un concepto abstracto sino un término preciso, definido en el contrato de fideicomiso que vincula con la Argentina con el fiduciario, el Bank of New York Mellon, y los bonistas. No pagar teniendo los recursos y forzando una cesación de pagos voluntaria es una situación que no está contemplada en la legislación argentina, lo que sería contrario al orden público y una clara violación a los prospectos de emisión de deuda. No existe una causa jurídica para gatillar el default de los bonos. Es tan elemental el caso que ni los bonistas perjudicados ni las entidades financieras afectadas por Griesa-Singer hacen sus reclamos al país deudor, sino que las dirigen hacia el juez.

El 26 de junio pasado, Argentina ha pagado los servicios de capital e intereses de esos títulos de deuda bajo ley extranjera por el equivalente a 832 millones de dólares, de los cuales 539 millones están depositados en las cuentas números 15.098 y 15.002 del Bank of New York Mellon en el Banco Central argentino. El deudor ha girado los fondos para que sean recibidos por el acreedor. Por una orden judicial esa transferencia financiera ha quedado incompleta. Los bonistas locales y extranjeros con legislación argentina han recibido los dólares cursados a través de la Caja de Valores y del Citibank-Euroclear, respectivamente. El resto no pudo por una orden de Griesa que impide a los agentes pagadores entregarlos, ampliando su jurisdicción de Nueva York a Europa. El juez es tan expansivo que en la audiencia de anteayer reclamó que dejen de hablar en público funcionarios de un gobierno que no es el de Estados Unidos, extendiendo también su jurisdicción a la libertad de expresión de otro país.

En términos financieros, Argentina giró los dólares pero los bonistas no los tienen acreditados en sus cuentas. Es una irregularidad provocada por el juez, no por el deudor. Eso no es un default. Queda aún más evidente cuando se observa el recorrido de las cotizaciones de los títulos públicos, que apenas tuvieron leves caídas. Esos activos se desploman a unos pocos centavos cuando no se pagan. La explicación buitre es que esa caída no se produjo porque el mercado está a la expectativa de un acuerdo entre privados, o que en el 2015 deja de estar vigente la cláusula RUFO, lo que permitiría solucionar el tema, o que le queda poco tiempo al gobierno de CFK. Son sólo descargos para no reconocer que en términos financieros es grotesco denominar default el bloqueo Griesa.

Además de esos aspectos jurídicos y financieros mencionados, otro aún más relevante para caracterizar lo insólito de esta situación es que Argentina tiene solvencia económica para hacer frente a los vencimientos de deuda. Pagó el correspondiente al bono Discount, hizo lo mismo hace pocos días con la primera cuota del plan de refinanciación con el Club de París y tiene los recursos para los futuros vencimientos, con reservas en divisas en el Banco Central por más de 29 mil millones de dólares.

En términos económicos, Argentina tiene solvencia para pagar sus deudas. Como se sabe, la insolvencia del deudor es lo que provoca el default. Este requisito básico de la cesación de pagos no se cumple en este caso.

Ninguna de las condiciones (jurídicas, financieras y económicas) para definir un default están presentes en el caso argentino. Otro aspecto relevante es que tampoco existen las circunstancias del ciclo económico doméstico que hacen necesario interrumpir el pago de la deuda. Los defaults han permitido reestablecer el curso de la acumulación del capital a lo largo de toda la historia del capitalismo (de 1946 a 2006 hubo 169 cesaciones de pagos de países, según la investigación de Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart). Este recorrido está marcado por períodos de intensa acumulación, que llevan a la sobreexpansión empujada por el crecimiento del crédito y el aumento de los flujos de capitales. Las crisis bancarias se deben a que las fases alcistas son seguidas por crisis de sobreproducción, con violentas caídas de los precios. La acumulación de deudas por parte de los gobiernos, y su posterior liquidación violenta, no es ajena a esta dinámica, puesto que los defaults de las deudas externas de los países forman parte de la desvalorización de capitales que acompaña toda crisis. El repudio de las deudas es la vía para esas desvalorizaciones. Por eso para reestablecer la acumulación del capital se necesita del default y posterior reestructuración de las deudas. Eso es lo que ha sucedido en Argentina en 2001. Y eso hoy no es necesario en Argentina 2014, economía que no sólo no vive en una burbuja especulativa de deuda, sino que desde 2005 ha desplegado una intensa estrategia de cancelación neta de pasivos externos.

Entender la lógica de los defaults en la historia financiera mundial permite eludir a los promotores de la ignorancia, especialistas en construir la economía del miedo para que sectores vulnerables caigan en la trampa de defender intereses que no le son propios. Los defaults son el último eslabón del ciclo económico del auge económico y posterior manía especulativa. A fines de los sesenta, la relación entre el PBI mundial, o sea las riquezas en bienes y servicios generadas en un año en la economía, y el circuito monetario era de un ratio 1 a 1. Había correspondencia entre la producción y la masa de recursos financieros. Con la desregulación financiera global y la cada vez más sofisticada ingeniería especulativa, esa relación se distanció en una proporción de 1 a 10 hasta el estallido de la última crisis internacional. Esto significa la existencia de un considerable capital ficticio en circulación, que no tiene ninguna reciprocidad con la cantidad y valor de bienes y activos físicos. Ese capital se multiplica en la esfera de las finanzas por la tasa de interés o la valorización de activos bursátiles sin ser acompañado de una expansión similar de la inversión y de la actividad productiva. Un default viene a destruir ese dinero ficticio-monetario sin contrapartida en el valor de bienes tangibles. La depreciación de parte de ese capital ficticio hasta alcanzar un nuevo equilibrio es un proceso donde se precipitan quiebras, default de deudas, depresión de cotizaciones de acciones y bonos e inflación de bienes y activos refugios, como el oro u otros metales preciosos.

Por definición jurídica, financiera y económica, y fundamentalmente por el propio funcionamiento del ciclo económico del capitalismo, el acontecimiento financiero provocado por el juez Griesa en alianza con fondos buitre y el ejecutador de la sentencia Daniel Pollack es cualquier otra cosa menos un default.

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Neoliberalismo y fondos buitre

Sáb, 02/08/2014 - 16:28
Emir Sader, Alainet

Cuando se agotaba el ciclo largo expansivo del capitalismo, se impuso el debate sobre las razones de ese agotamiento y las formas de retomada del desarrollo económico. Triunfó la renacida versión del liberalismo, vocalizada en particular por Ronald, quien dijo que habría que suspender los límites a la libre circulación del capital, habría que desreglamentar. El capital volvería a circular, habría inversiones, las economías volverían a crecer y todos ganarían.

Se promovió la libre circulación del capital en escala global, mediante la apertura de los mercados nacionales, la privatización de patrimonios públicos, la mercantilización de lo que antes eran derechos, la precarización de las relaciones de trabajo, la retracción del Estado y la centralidad del mercado. Pero lo que pasó fue distinto de lo previsto.

Es que, como recordaba siempre Marx, el capital no está hecho para producir, sino para acumular. Liberado de las trabas del período anterior, el capital se dirigió, masivamente, hacia la esfera financiera, donde gana más, tiene liquidez total y ejerce fuerte presión sobre los gobiernos. (Una agencia de apoyo a los especuladores, una vez concluyó sus sugerencias, diciendo, literalmente: Aprovechen la fiesta, pero quédense cerca de la puerta.) En escala mundial se dio una gigantesca trasferencia de recursos del sector productivo al especulativo, con el capital financiero asumiendo el rol de sector hegemónico en la era neoliberal del capitalismo.

El bajo crecimiento o el estancamiento o incluso la retracción de las economías se debe justamente al hecho de que el sector hegemónico en la economía es un sector parasitario, que no produce bienes, ni empleos. Es el capital financiero bajo su forma especulativa, que no financia el consumo, ni la investigación, ni tampoco la producción. Vive de la compra y venta de papeles.

Los fondos buitre son el ejemplo más radical de ese carácter parasitario del capital especulativo, típico de la era neoliberal. En ese caso, se han valido de la crisis de la deuda de los países latinoamericanos para imponer normas draconianas a gobiernos subalternos, parte fundamental de la herencia maldita recibida por los gobiernos antineoliberales. Préstamos a intereses brutales a cambio de renunciar a la soberanía nacional.

Así, aun los gobiernos que han reaccionado en contra del neoliberalismo, empezando a construir alternativas a ese modelo agotado, tienen que enfrentar todavía esa herencia. Para la derecha seria señal de fracaso de los gobiernos progresistas, cuando en realidad son todavía rezagos de los gobiernos de la misma derecha.

Los Brics han empezado a apuntar hacia la alternativa: un Banco de Desarrollo para el Sur del Mundo, un fondo de apoyo frente a problemas que puedan enfrentar los países del Sur del mundo. El conflicto actual con Argentina representa los estertores del modelo contra el cual fueron elegidos los gobiernos progresistas y frente al cual construyen un modelo posneoliberal.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Lo que no se ha dicho sobre el nuevo banco de los países emergentes

Ven, 01/08/2014 - 20:13
Vicenç Navarro, Attac

La historia de los desastres (y no hay otra manera de definir las consecuencias de aplicar sus políticas) creados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) es larga. Esta institución, que en su configuración actual tiene el objetivo de defender los intereses del capital financiero (es decir, de las instituciones bancarias) a costa de los intereses de los Estados supuestamente ayudados por ella, tiene una larga lista de daños a las poblaciones de los Estados “ayudados” (y, muy en particular, a sus clases populares) a causa de las políticas impuestas a sus gentes (ver Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero, Vicenç Navarro y Juan Torres, 2012).

Un caso claro ocurrió en 1997, cuando varios países asiáticos, afectados por una crisis financiera causada por la constante especulación de los mercados financieros, intentaron establecer su propio banco alternativo al FMI, que llamaron tentativamente el Fondo Monetario Asiático. Este intento fue inmediatamente vetado por el gobierno federal de EEUU, concretamente por su Ministro de Finanzas (Secretary of the Treasury), muy ligado a Wall Street, el centro bancario de EEUU. Como consecuencia de ello, tuvieron que seguir las políticas impuestas por el FMI, las clásicas y previsibles políticas neoliberales, con reformas que afectaron profundamente al bienestar de las poblaciones de los Estados “asistidos”, políticas que, como ahora también ocurre en la Eurozona, fueron ineficaces para resolver la enorme crisis económica y financiera. En realidad, la empeoraron, como también ha ocurrido en la Eurozona.

Como consecuencia, surgió con mayor intensidad la demanda de estos países y otros que habían sufrido las mismas políticas, de salirse del FMI y establecer un fondo alternativo. Tales países llegaron a la conclusión de que era prácticamente imposible cambiar el FMI, controlado por los intereses financieros estadounidenses y sus aliados europeos, intereses que, por cierto, afectaron también negativamente al bienestar de las poblaciones norteamericanas y europeas. No era, como siempre intentaron presentarlo los mayores medios de información, un conflicto entre EEUU y Europa frente al resto del mundo, sino los intereses financieros de las instituciones bancarias -que beneficiaban a sectores minoritarios en aquellos países- frente a la mayoría de las poblaciones de los países de distintos niveles de desarrollo económico. Lo que las políticas impuestas por el FMI mostraban era que los intereses particulares de las instituciones bancarias no eran los mismos ni tampoco coincidían con los intereses de las clases populares de los países desarrollados, ni con los intereses de las de los países emergentes. Como aparece en la enorme crisis financiera que EEUU y la Unión Europea están sufriendo, la realidad muestra que el enorme control por parte de las instituciones bancarias del FMI, del Banco Mundial y del Banco Central Europeo (BCE), está beneficiando a intereses muy particulares, distintos, y en realidad opuestos, a los intereses generales de la mayoría de las poblaciones (que son sus clases populares) de los países, tanto de los económicamente avanzados como de los de menor desarrollo económico. De nuevo, lo que está ocurriendo en la Eurozona (y, muy en particular, en su periferia) es un claro ejemplo de ello.

La situación en Ucrania y en 31 países “ayudados” por el FMISe sorprenderá el lector que aparezca de pronto en este artículo una referencia a Ucrania, un país que está sufriendo un conflicto bélico de enormes consecuencias. Pero la situación bélica, la guerra civil en aquel país, está ocultando otro desastre creado precisamente por el FMI. En aquel país, las políticas neoliberales impuestas por el FMI y su aliado, el BCE, están causando una enorme recesión, con un descenso de nada menos que de un 5% de su PIB, y con un gran crecimiento del desempleo. En realidad, de los 41 países que están recibiendo “ayuda” del FMI, 31 sufren una enorme recesión causada por las políticas de austeridad impuestas por el FMI y el BCE (ver el excelente artículo de Mark Weisbrot, “BRICS’ New Financial Institutions Could Break a Long-Standing and Harmful Monopoly”, en Center for Economic and Policy Research, 18.07.14).

De ahí la urgencia y necesidad de crear instituciones alternativas, como la creada por los países emergentes BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), abierta a otros países. Los medios, influenciados por el capital financiero estadounidense y europeo, han intentado minimizar la importancia de este desarrollo, considerándolo poco creíble. Su credibilidad, como institución financiera alternativa, sin embargo, está avalada, porque todos estos países tienen unos sistemas bancarios públicos. En realidad, un dato que por regla general no se conoce es que los países que han tenido mayores crisis financieras han sido aquellos en los que, en su sistema bancario, predomina el sector privado. Los casos claros son EEUU y la Eurozona, siendo incluso más acentuado el de la Eurozona, porque en esta zona el BCE no es un banco central, sino un lobby de la banca (ver mi artículo “El BCE, el lobby de la banca”, Público, 08.12.11). Ello deja a los Estados en una situación enormemente vulnerable, forzándolos a pagar unos intereses excesivos por su deuda. De ahí que la aparición de un fondo alternativo al FMI pueda significar un avance considerable en el intento de romper la mordaza que representa el FMI para todos los países, tanto los emergentes como los llamados países desarrollados.

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Los fondos buitres que acosan a Argentina también van por España

Ven, 01/08/2014 - 00:16

Los llamados «fondos buitres» son firmas que compran a bajo precio deudas impagables para tratar después de obligar los deudores a pagar la deuda comprada. El millonario Paul Singer es un especialista en ese tipo de “negocio”. Y hoy trata de consolidar su fortuna personal a expensas del pueblo de Argentina... y ya se vuelven hacia España.
Jérome Duval, Fatima Fafatale, Red Voltaire

El fondo buitre NML Capital, que junto a otros tiene a Argentina al borde de la suspensión de pagos, ya está devorando carroña en el mercado español. Elliott Management, fondo oportunista del multiespeculador estadounidense Paul Singer, ya se ha echado en el bolsillo 1.000 millones de euros en créditos fallidos de Bankia y 300 millones de euros del Banco Santander. Se estima que por ambas carteras ha pagado apenas 50 millones, según Auraree.com.

En marzo de 2013, la prensa económica española informaba que Elliott había adquirido al Grupo Santander una cartera de 300 millones de euros de créditos al consumo morosos de Santander Consumer Finance, con un descuento que ronda el 96%. El precio que pagó fue irrisorio: alrededor de 12 millones de euros, según el diario Cinco Días.

Elliott había adquirido al Grupo Santander una cartera de 300 millones de euros de créditos al consumo morosos de Santander Consumer Finance.

En agosto del mismo año 2013, Bankia, la entidad nacionalizada más beneficiada por el rescate a la banca española, lo que ha elevado considerablemente la deuda pública, informaba de que había vendido tres carteras de créditos fallidos por un volumen total de deuda de 1.353,9 millones de euros. En el hecho relevante comunicado a la CNMV, no informaba sobre a quién había vendido los préstamos, ni a qué precio. Pese a la evidente falta de transparencia, la prensa económica ha puesto nombres y números a la operación, de la que estima que “puede llevar un descuento del 95%”. Los compradores de las tres carteras fueron el buitre Cerberus –a quien asesora el hijo del expresidente del Gobierno, José María Aznar Jr.–, Elliott y la empresa de recobros no­ruega Lindorff. “La cartera estaba valorada en 1.354 millones, pero sólo apoquinaron 68”, publica Finan­zas.com. Nos hemos puesto en contacto con Bankia para confirmar estos extremos, y su respuesta ha sido que “por confidencialidad” nunca dan las cifras y “los compradores no quieren ser identificados”.

Pocos meses después, trascendía que Elliott compraba la firma de recuperación de deudas doméstica Gesif para convertirla en su base de operaciones en el mercado español. Su directora general era Melania Sebas­tián, exresponsable de Ges­tión de Información de Banca Co­mercial de Caja Madrid, quien seguiría en la usurera Gesif. Nótese cómo una exdirectiva de Caja Ma­drid hace de intermediaria entre la ya nacionalizada Bankia y el fondo buitre Elliott.

Qué ocurrió en Argentina Los fondos buitre hacen dinero aprovechándose de países en dificultades, como Argentina durante la crisis de 2001, para comprar deuda a bajo precio. Luego esperan el momento oportuno para obligarles a devolverla a un precio más alto vía judicial incluyendo intereses de demora y costas judiciales.

Así especulan sobre deuda pública, comprometiendo los gastos sociales que benefician a la gran mayoría de la población. Estos buitres eligieron el litigio tras haberse negado al formar parte del 93% de acreedores que aceptaron el canje con el Gobierno. Y ahora el juez del distrito de Nueva York, Thomas Griesa, prioriza el pago a los fondos buitre, lo que abre la puerta a una avalancha de demandas que podría desembocar en la suspensión de pagos en Argentina el 30 de julio. Como bien dice Julio C. Gambina, “nadie sabe en rigor a cuánto puede llegar la demanda de acreedores de la impagable deuda”, pero sabemos que el coste para el pueblo argentino puede ser catastrófico.

Pero, ¿quién está detrás de estos fondos buitre? NML Capital es una filial del fondo de inversión Elliott Management Corporation registrado en el paraíso fiscal de las Islas Caimán. Es el imperio del millonario defensor del Partido Republicano estadounidense y cercano al Tea Party, Paul Singer.

Elliott especula, entre otras cosas, con deudas públicas, violando cualquier soberanía de los Estados y sus pueblos. Pero especula también con deudas privadas y llegó en 2011 a poseer dos millones de dólares de la de Lehman Brothers.

Singer fue el mayor financiador de la campaña presidencial de George W. Bush en 2004; también aportó a la campaña de Mitt Romney en 2012 y a la del alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani. Además, es el mayor financiador privado de la Policía de Nueva York. Así pues, como uno de los principales financiadores del Partido Republicano, juega un papel importante en la política estadounidense y, por lo tanto, también en la política internacional.

La fundación que lleva su nombre, The Paul E. Singer Foundation, lo elogia por su filantropía, su liderazgo en la expansión del libre comercio, su gestión a favor de la seguridad nacional de EE UU y para el “futuro de Israel”. Además, Sin­ger es el presidente del Manhattan Insti­tu­te for Policy Research [1].

NML llegó incluso a embargar la Fragata Liber­tad argentina en Ghana en octubre de 2012, exigiendo al Estado argentino alrededor de 370 millones de dólares por bonos impagados.

Respecto al caso argentino, NML es el principal financiador de la organización, American Task Force Argentina (AFTA), lobby que influye en el Congreso y la Justicia estadounidense perjudicando a Ar­gen­ti­na. Para hacernos una idea del poder de estos buitres, NML llegó incluso a embargar la Fragata Liber­tad argentina en Ghana en octubre de 2012, exigiendo al Estado argentino alrededor de 370 millones de dólares por bonos impagados.

Lo que esta pasando en Argen­tina es emblemático de lo que empieza a vivir Grecia, donde operan buitres como Dart Manage­ment, con sede en islas Caimán, que también actúa en el país latinoamericano. Ya en 1999, NML consiguió, por una sentencia de EE UU, el pago por parte de Perú de 58 millones de dólares por una deuda que el fondo había comprado por 11 millones. Hizo también negocio con la República Democrática del Congo.

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Atilio Borón: La barbarie infinita

Mér, 30/07/2014 - 01:26
Atilio Borón, Página 12

¿Qué está sucediendo en Gaza? El gobierno de Israel, un estado que somete a un injusto, cruel e inhumano bloqueo a un diminuto territorio palestino a orillas del Mediterráneo, decidió aplicar un escarmiento ejemplar por el asesinato de tres jóvenes colonos judíos presuntamente perpetrado por Hamas. Sin pruebas mínimamente convincentes y en medio de una sospechosa operación policial, Jerusalén acusó a esa organización de lo ocurrido con el propósito –como lo reconociera días atrás un apologista de Israel dentro de EE.UU., Zbigniew Brzezinski– de “agitar a la opinión pública en Israel para que justifique su ataque a Gaza”. Y eso fue lo que ocurrió: niños, ancianos, mujeres y hombres caen bajo el fuego de su metralla. Para Netanyahu y su gavilla en Gaza todos son terroristas, más allá de sus apariencias. Uno de los jerarcas de la dictadura genocida en la Argentina, Ibérico Saint Jean, dijo que “primero vamos a matar a todos los subversivos, después a sus colaboradores; después a los indiferentes y por último a los tímidos”. El gobierno israelí invirtió esa secuencia y comenzó por la población civil, gente cuyo único crimen era vivir en Gaza, y cometió un delito al aplicar una penalidad colectiva para un crimen perpetrado por algunos individuos. Después de este brutal y aleccionador escarmiento invadieron Gaza para aniquilar a los terroristas y sus colaboradores. Israel sabe que el rudimentario y escaso armamento de Hamas apenas podía ocasionarle daños de alguna significación. Sus amenazas de destruir al Estado de Israel son bravuconadas que no se corresponden ni remotamente con su poder efectivo de fuego. Pero son muy útiles en la guerra psicológica: sirven para aterrorizar a la población israelí y así obtener su consentimiento para el genocidio y la ocupación de los territorios palestinos. Y también para que Estados Unidos y los países europeos aporten todo tipo de armamentos y amparen políticamente al régimen. Justamente en estos días Israel solicitó a Washington la entrega de 225 millones de dólares adicionales para financiar la producción de componentes de su escudo antimisiles, conocido como “Cúpula de Hierro”. El secretario de Defensa de EE.UU. remitió un mensaje al Senado y a la Cámara de Representantes urgiendo la rápida aprobación de la petición israelí. Si fuese aprobada la ayuda de EE.UU. para estos propósitos ascendería, sólo en 2014, a 500 millones de dólares. La ayuda militar, de cualquier fuente, que recibe Hamas es cero. La desproporción de fuerzas es tan flagrante que hablar de una “guerra” es una broma macabra. Lo dijo Marco Aurelio García, asesor especial de la presidenta Dilma Rousseff: “Lo que estamos viendo en Medio Oriente, por el amor de Dios, es un genocidio, es una masacre”.

Y es así porque Gaza no tiene ejército, no se le ha permitido que lo tenga. Israel tiene uno de los mejores del mundo, pertrechado con la más sofisticada tecnología bélica que le proporcionan Washington y las viejas potencias coloniales europeas. Gaza tampoco tiene una aviación para vigilar su espacio aéreo o una flota que custodie su mar y sus playas. Los drones y helicópteros israelíes sobrevuelan Gaza sin temor y disparan sus misiles sin preocuparse por el fuego enemigo, porque no hay fuego enemigo. Las nuevas tecnologías bélicas le han permitido “perfeccionar” lo que hizo Hitler en Guernica. En su furia asesina han bombardeado casas, escuelas, hospitales, recintos de la ONU. Sus poderosos aliados (cómplices de sus crímenes) convalidan cualquier atrocidad. Ya lo hicieron antes, y no sólo con Israel, y lo harán cuantas veces sea necesario. Su mala conciencia juega a favor de este plan genocida: callaron desvergonzadamente durante la Shoá perpetrada por Hitler ante la vista y paciencia de todo el mundo, desde el papa Pío XII hasta Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill. Callarán también ante el genocidio que metódica y periódicamente se está consumando en Gaza, porque matar palestinos a mansalva es eso: un genocidio. El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional estableció en 1998 que “se entenderá por ‘genocidio’ cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal: a) matanza de miembros del grupo; b) lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; c) sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial”. El gobierno israelí incurre en los tres componentes de la definición. El problema para el Estado de Israel, al menos en su actual conformación, es que rara vez el genocidio ha sido un camino hacia la victoria. Hitler asesinó a seis millones de judíos en los hornos crematorios y terminó aplastado por sus enemigos. ¿Por qué pensar que este genocidio tendrá un resultado diferente? Es tal vez por eso que en la entrevista ya mencionada Brzezinski afirmó que con sus políticas Netanyahu “está aislando a Israel y poniendo en peligro su futuro en el largo plazo”.

Afortunadamente, dentro de Israel hay sectores que reprueban con durísimos términos la conducta seguida en Gaza: un grupo denominado “Judíos contra el genocidio”, el Partido Comunista de Israel junto con el Frente Democrático por la Paz y la (Hadash) han condenado los crímenes perpetrados en Gaza y plantean, además, la legitimidad de la resistencia de cualquier territorio ocupado. Pero hay otros que predican la aniquilación de los palestinos, como Ayelet Shaked, la diputada que instó a las fuerzas de ocupación a matar a las madres palestinas porque engendran serpientes terroristas. Y desde el gobierno israelí se trabaja para fomentar la deshumanización del “otro” árabe. Los grandes medios de comunicación y las escuelas enseñan a los niños israelíes a odiar a sus indeseables vecinos, degradados a la condición de una raza despreciable. Para involucrarlos en el esfuerzo bélico se los invita a que escriban mensajes de muerte en los misiles que lanzan sus fuerzas armadas. Otros niños serán los que caerán muertos por esos proyectiles amorosamente dedicados por sus contrapartes israelíes.

Este comportamiento es un escupitajo a la gran tradición humanista del pueblo judío, que arranca con los profetas bíblicos, sigue con Moisés, Abraham, Jesucristo y pasa por Avicena, Maimónides, Baruch Spinoza, Sigmund Freud, Albert Einstein, Martin Buber hasta llegar a Erich Fromm, Claude Lévi-Strauss, Hannah Arendt y Noam Chomsky. O con extraordinarios judíos que enriquecieron el acervo cultural de la Argentina como León Rozitchner, Juan Gelman, Alberto Szpunberg y Daniel Barenboim, entre tantos otros que sería muy largo nombrar aquí. La traición a los grandes ideales que el judaísmo aportó a la humanidad no será gratuita. Con su criminal cobardía, con sus delitos de lesa humanidad, con sus prácticas propias del “terrorismo de Estado”, con la violación de la legalidad internacional (desacatando la resolución Nº 242, de noviembre de 1967, del Consejo de Seguridad de la ONU, que por unanimidad exige que Israel se retire de los territorios ocupados durante la Guerra de los Seis Días de 1967), las autoridades israelíes están infligiendo un durísimo golpe a la sustentabilidad a largo plazo del estado de Israel. Su aislamiento en la Asamblea General de la ONU es patético, ejemplificado por su sistemático y solitario acompañamiento a los Estados Unidos en las votaciones sobre el bloqueo impuesto a Cuba. Incluso sus más incondicionales amigos, como Mario Vargas Llosa, no ahorran críticas: después de visitar Gaza en 2005 dijo en el diario español El País: “Nadie me lo ha contado, no soy víctima de ningún prejuicio contra Israel, un país que siempre defendí ... lo he visto con mis propios ojos. Y me he sentido asqueado y sublevado por la miseria atroz, indescriptible, en que languidecen, sin trabajo, sin futuro, sin espacio vital, en las cuevas estrechas e inmundas de los campos de refugiados o en esas ciudades atestadas y cubiertas por las basuras, donde se pasean las ratas a la vista y paciencia de los transeúntes, esas familias palestinas condenadas sólo a vegetar, a esperar que la muerte venga a poner fin a esa existencia sin esperanza, de absoluta inhumanidad, que es la suya. Son esos pobres infelices, niños y viejos y jóvenes, privados ya de todo lo que hace humana la vida, condenados a una agonía tan injusta y tan larval como la de los judíos en los guetos de la Europa nazi, los que ahora están siendo masacrados por los cazas y los tanques de Israel, sin que ello sirva para acercar un milímetro la ansiada paz”.

Parece poco probable que la infernal maquinaria bélica israelí pueda hacer un alto y reflexionar sobre el significado de esta traición a los ideales del humanismo judío. Un enfermizo racismo se ha apoderado de los círculos dominantes en la sociedad israelí que le inhibe reaccionar ante las monstruosidades perpetradas en contra de los palestinos en Gaza o ante la construcción de un ignominioso muro en Cisjordania, o ante la perpetuación y profundización de las políticas de usurpación y despojo colonial. Los horrores padecidos bajo el nazismo parecerían ser suficientes para justificar lo que es a todas luces injustificable e imperdonable. ¿Será así? Pero, en caso afirmativo, la cuestión es: ¿por cuánto tiempo? Pregunta pertinente si se recuerda el dictum de John Quincy Adams, sexto presidente de EE.UU. cuando dijo que “Estados Unidos no tiene amistades permanentes, sino intereses permanentes”, una frase repetida hasta el cansancio por otro criminal de guerra, Henry Kissinger. Sería bueno que las autoridades israelíes, que dan por descontado un apoyo indefinido de Washington a sus políticas, meditaran sobre este asunto.

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Las contradicciones de la política monetaria en el corazón de la crisis financiera

Lun, 28/07/2014 - 14:51
Si tuviéramos que definir el estado actual de los mercados financieros habría que decir que están en un “coma alcohólico”. En los años 50, el presidente de la Reserva Federal William McChesney Martin acuñó la frase “hay que saber retirar a tiempo el alcohol de la fiesta antes de que ésta se anime demasiado”. McChesney definía así la principal labor de los banqueros centrales: tenían que subir las tasas de interés antes que la burbuja especulativa generada por las bajas tasas de interés inflara los precios más allá de lo razonable. Para McChesney, los mercados financieros no poseían el rol de la “autorregulación”, dado que justamente son la fuente de los mayores excesos.
La burbuja que viven hoy los mercados financieros es superior a la del año 2008 justamente por las bajas tasas de interés que están generando brutales distorsiones. Llevamos un largo tiempo planteando el problema de las burbujas especulativas, y el mes pasado, como apuntamos aquí, este tema fue advertido por el propio Banco de Pagos Internacionales. El BIS considera que las tasas de interés históricamente bajas que mantienen los principales bancos centrales del mundo, ha ayudado a incubar una constelación de burbujas financieras que amenazan con un tsunami devastador sembrando las semillas de la propia destrucción del sistema.

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A los mercados no les importa el mundo

Lun, 28/07/2014 - 12:00
Matthew Lynn, El Economista

Un avión que transportaba a unas 300 personas inocentes es derribado en una de las fronteras más peligrosas del mundo. Israel invade Gaza, reabre las heridas más profundas de Oriente Medio y podría provocar otro conflicto regional. A varios cientos de kilómetros, un levantamiento militar amenaza con convertir a Irak en un estado terrorista hecho y derecho. Al mundo no le han faltado motivos de preocupación en la última semana, ni catástrofes y conflictos a las noticias. ¿Y cómo han reaccionado los mercados financieros? Un par de bolsas han bajado y el oro dio uno de sus movimientos reflejos hacia arriba pero, en general, apenas registraron reacciones. Como si nada importante estuviera pasando.

Y en eso hay un mensaje interesante. A los mercados ya no les interesa lo que pase en el resto del mundo. Los días cuando la geopolítica podía afectar al precio de las acciones, los bonos, las materias primas o las monedas han quedado relegados al pasado. Hay dos explicaciones posibles: primero, que ya no hay más guerras o revoluciones que puedan cambiar drásticamente el panorama de la economía global y segundo, que los mercados están tan inflados de facilitación cuantitativa y dinero fácil de los bancos centrales que cualquier acontecimiento palidece de trivialidad por comparación. La verdad se sitúa en un punto intermedio. De todas formas, los inversores pueden ignorar sin miedo la guerra y la política a partir de ahora cuando estructuren su porfolio. El declive del interés de los mercados financieros en lo que ocurre en el mundo se hizo patente hace un tiempo. La Primavera Árabe que derrocó a gobiernos de todo Oriente Medio fue probablemente, la última serie de levantamientos en tener repercusiones reales y, sin embargo, se limitaba en gran medida a los índices fronterizos como el de Egipto, que no importan mucho en general.

Pero este año ha sido muy visible, y eso que en los últimos meses no ha faltado dramatismo. La anexión rusa de Crimea y posible invasión del este de Ucrania, constituye la primera gran redistribución de fronteras nacionales en Europa desde hace mucho y podría convertirse fácilmente en el inicio de un nuevo periodo de conflicto entre Rusia y Europa occidental, la salva inicial de otra guerra fría. También el levantamiento militar en Irak podría acarrear la creación de un estado islámico terrorista en un país con unas de las mayores reservas de petróleo en el mundo, y al que hace sólo una década Estados Unidos otorgaba tal importancia estratégica que lo invadió para derrocar lo que consideraba un régimen corrupto. La tensión entre israelíes y palestinos no es precisamente nueva. La última invasión de Gaza sólo es una etapa más en la larga y triste historia del conflicto. Aun así, sigue siendo una de las regiones más contenciosas del mundo y donde cualquier acción militar amenaza con una conflagración mayor. No hace tanto tiempo, cualquier suceso geopolítico como ésos habría provocado importantes oscilaciones en los mercados financieros. Tras los atentados del 11S en Washington y Nueva York, las bolsas se desplomaron. La invasión iraquí de Kuwait provocó una ola de ventas y los conflictos de Oriente Medio en los setenta mandaron el precio del petróleo por las nubes y hundieron la bolsa.

Ahora, los sucesos que hemos visto hace una semana se consideran de mínima importancia. El periodismo financiero es un negocio tan conservador como cualquier otro y no han faltado los titulares sobre el hundimiento bursátil desde el derribo del avión malasio pero, si miramos de cerca, lo interesante no fue que el mercado se moviera tanto sino tan poco. El dow, al igual que otras bolsas, perdió un 1 por ciento tras la noticia y enseguida recuperó las pérdidas un día después. Fue un movimiento modesto, típico de cualquier semana. Es cierto que el índice de Moscú hizo frente a más ventas, a raíz del endurecimiento de las sanciones de EEUU, pero apenas bajó del orden del 4 por ciento o 5 por ciento durante un par de días. Lo cierto es que apenas hubo reacciones dignas de mencionar. Los titulares fueron sólo un reflejo. Y ante esto hay dos explicaciones.

La primera es que en el mundo post-guerra fría, ninguno de esos conflictos locales regionales importan mucho. Nada de lo que ocurra en Ucrania afecta realmente al comercio mundial. Su economía es tan ínfima que no es un actor de verdad. Aunque se hunda en el caos y la guerra civil, las multinacionales no van a ganar menos dinero que antes. Casi lo mismo pasa en Irak, que tampoco es un mercado importante para nadie. Hasta Oriente Medio pierde su poder de influencia en la economía global. El petróleo es su único producto de interés pero con el desarrollo del gas de esquisto y la caída del precio de la energía solar, ya es mucho menos importante que antes. Si estalla una guerra, no tiene por qué afectar a la calidad de vida en el mundo desarrollado.

El segundo motivo es que los mercados se han desvinculado del mundo real. En los cinco últimos años, los impulsan los bancos centrales. Las decisiones de los tipos de interés o de si seguir imprimiendo dinero o no, importan mucho más que cualquier guerra regional. Mientras que el Fed o el BCE mantengan la liquidez barata, seguirán subiendo, pase lo que pase fuera. Ejércitos de analistas y gestores de los grandes fondos macro se ganan la vida analizando las tendencias geopolíticas y trasladando el dinero en consecuencia. Y, cada vez más, parece una pérdida de tiempo. Nada de lo que ocurra fuera le importa ya a los mercados. Una guerra entre China y Japón podría cambiarlo. O el colapso de la Unión Europea y la moneda única. Pero a menos que sea algo tan grande (y ambos sucesos son muy improbables), los inversores pueden dejar de preocuparse por las noticias del resto del mundo porque ninguna va a afectar a su porfolio.

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