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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger5286125
Actualizado: fai 9 horas 42 min

Creación monetaria y la crisis en Europa

Mér, 18/02/2015 - 14:08
Alejandro Nadal, La Jornada

Las negociaciones entre el equipo del nuevo gobierno griego y los miembros del eurogrupo llegaron al punto de no retorno. El gobierno de Syriza podría doblegarse mañana y aceptar las condiciones impuestas por el eurogrupo. Pero podría resistir. Se agotaría el tiempo para pedir una prórroga del plan de rescate y su absurdo programa de austeridad. Grecia iniciaría su salida del euro.

Los ministros de finanzas de Alemania y Holanda, Schäuble y Dijsselbloem (hoy jefe del eurogrupo), han sido claros: los bancos prestaron a los griegos los ahorros de los demás y ahora hay que pagar esa deuda. Pero esa postura se sustenta en una teoría macroeconómica equivocada y en un análisis erróneo sobre el funcionamiento de los bancos. Nos referimos a la teoría sobre fondos prestables y al análisis que atribuye a los bancos el simple papel de intermediarios entre ahorradores y demandantes de capitales.

Utilicemos la narrativa siguiente. En una economía hay gente que es paciente y hay gente impaciente. Los primeros ahorran y los segundos toman prestados esos ahorros para sus proyectos (de consumo e inversión). Los ahorros se convierten en fondos prestables: hay unas entidades, llamadas bancos, que fungen como intermediarios entre esos dos grupos de personas. La tasa de interés se determina en el mercado de esos fondos prestables.

Todo esto suena lógico, pero es falso.

De acuerdo con esa visión macroeconómica, el crédito para realizar inversiones está constreñido por el ahorro. El ahorro es lo que queda cuando al ingreso le quitamos el consumo. Entre menos consumo, más ahorro. Sin ahorro, los fondos prestables serían cero y no habría crédito. Esta idea de que el ahorro sirve para financiar la inversión conlleva la noción de que cuando hay más ahorro aumenta la oferta de crédito. Los textos introductorios de Krugman y Mankiw, utilizados en cientos de universidades, transmiten esta falsa historia.

La visión sobre la crisis en Europa que abrazan Schäuble y Dijsselbloem está basada en esta teoría. Los bancos de la eurozona habrían llevado el exceso de ahorro de países como Alemania y Holanda a países con déficit de ahorro, como Grecia.

Pero el análisis de la evolución de activos y pasivos transfronterizos de los bancos en la eurozona entre 1997 y 2011 revela una expansión inusitada del crédito que no tiene nada que ver con el ahorro en Europa. Los datos del Banco Internacional de Pagos muestran que en 2002 los activos de los bancos de la eurozona en operaciones transfronterizas ascendían a unos 2 billones (millones de millones) de euros. Cinco años después, en 2008, esos activos transfronterizos habían alcanzado la prodigiosa cifra de 10 billones de euros. ¡Un incremento de 500 por ciento! Esos activos, cabe recordar, representan entre otras cosas los préstamos que realizan los bancos (los préstamos se inscriben como activos en la contabilidad del banco porque los prestatarios deberán rembolsarlos).

¿Cómo se comparan las operaciones transfronterizas de los bancos con el PIB y el ahorro nacional de los países de la eurozona? Las cuentas nacionales en Europa indican que el PIB de los 18 países de la eurozona en 2008 ascendió a 9.5 billones de euros. ¿O sea que los activos (préstamos) transfronterizos de los bancos ese año fueron superiores al PIB de los países de la eurozona? Algo está muy mal en esa teoría que ve en los ahorros la fuente del crédito.

La realidad es que los bancos comerciales privados y públicos tienen la capacidad de crear moneda de la nada. Es una verdad que prefiere ignorarse porque es la fuente de poder de banqueros y financieros. Pero el fenómeno de la creación monetaria es evidente y es lo que permite el funcionamiento de una economía capitalista.

Los bancos de la eurozona, en especial aquellos que tenían ventajas de escala y reputación, se encontraron con una gran oportunidad al momento de consumarse la unión monetaria. El mercado de países de la cuenca del Mediterráneo les ofrecía terreno virgen para sus operaciones: no sólo había una misma referencia monetaria, sino que las reglas macroeconómicas (Tratado de Maastricht) aseguraban baja inflación. Enviaron a sus agentes más aguerridos a promover sus créditos y se encontraron con un público ávido de crédito barato. El resultado está en las cifras mencionadas arriba. La superabundancia de crédito entre 2000 y 2009 es el resultado de estas operaciones de los bancos.

La crisis proviene del exceso de crédito generado por la voracidad de los bancos de la eurozona. De aquí se transformó en una crisis de deuda soberana y el siguiente paso fue trasladar la carga de la deuda a los pueblos de los países deficitarios. Pero la irresponsabilidad de los bancos comerciales privados en la génesis de la deuda no puede ser ignorada.

Syriza tiene razón al rechazar el sacrificio del pueblo griego en el altar de la austeridad fiscal. Veremos si las élites en el viejo continente comprenden que el alma de Europa no puede perderse en un mundo en el que la creación monetaria está en manos privadas y es guiada por el afán de lucro.

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Grecia rechaza el plan de rescate pese al ultimátum de Alemania

Mar, 17/02/2015 - 12:48
Si bien las reuniones de la semana pasada entre la UE y el gobierno griego habían generado un poco de optimismo, la reunión de ayer cerró todas la puertas y dio cuenta de la inevitable fractura de Europa. Alemania no está dispuesta a ceder ni un ápice, pese a que las políticas que ha implantado para toda Europa en los últimos siete años han sido un rotundo fracaso y están condenando a Europa a una tercera recesión. Este malestar económico ya comienzan a sufrirlo los propios alemanes (de ahí que Angela Merkel sufriera el pasado domingo su mayor derrota política en Hamburgo). Esto ha llevado al gobierno alemán a desconocer las elecciones democráticas, tal como ayer lo planteó Wolfgang Schauble, el ministro de finanzas de Alemania: "Yanis Varoufakis es un pésimo ministro para Grecia". Olvida Schauble que el gobierno de Tsipras fue elegido por amplia mayoria y que los planes de Varoufakis tienen un respaldo del 79 por ciento de la población.

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Dani Rodrik: La reforma de la reforma griega

Mar, 17/02/2015 - 04:25
El nuevo Gobierno de Grecia, encabezado por el partido Syriza, que se opone a la austeridad, representa para la zona del euro una amenaza que hasta ahora no había tenido que afrontar: la de tratar con funcionarios nacionales que están fuera de la principal corriente tradicional europea. Syriza es en muchos sentidos un partido radical y con frecuencia se califican sus ideas sobre la política económica de propias de la extrema izquierda, pero su posición sobre la deuda y la austeridad cuenta con el apoyo de muchos economistas totalmente ortodoxos de Europa y los Estados Unidos. Entonces, ¿qué es lo que diferencia a Syriza?

Todas las negociaciones entre deudores y acreedores entrañan en alguna medida actitudes faroleras y bravuconas, pero el rebelde ministro de Hacienda de Grecia, Yanis Varoufakis, ha planteado con audacia su posición ante los medios de comunicación y el público de un modo que deja pocas dudas sobre su disposición a jugar fuerte.

Sería de esperar que las negociaciones entre los griegos y la “troika” (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) versarían principalmente sobre la consecución de un acuerdo relativo a los aspectos económicos de la situación, pero eso sería hacerse ilusiones. Los alemanes, junto con los países acreedores más pequeños, no están dispuestos a relajación alguna de la austeridad y se muestran inflexibles respecto de que la “reforma estructural” deba seguir siendo una condición para una nueva financiación. Consideran que ofrecer unas condiciones más fáciles sería económicamente contraproducente, entre otras cosas porque brindaría una oportunidad a los griegos de volver a las andadas.

Así, pues, lo que estamos presenciando no es un debate económico racional, sino un puro y siempre regateo y prácticamente la única baza negociadora que tiene Varoufakis puede ser la amenaza implícita de que Grecia podría abandonar el euro. La amenaza es sólo implícita; la mayoría de los griegos no quieren el abandono del euro y Varoufakis y el Primer Ministro, Alexis Tsipras, han procurado últimamente no declarar semejantes intenciones, pero, sin la amenaza, la actitud de Varoufakis de hacer valer su legitimidad democrática encontraría casi con toda probabilidad oídos sordos en Berlín, Fránkfurt y Bruselas. Syriza no tendría otra opción que la de continuar con el programa económico para cuya revocación fue elegido.

La eficacia de la amenaza de que Grecia salga depende de dos condiciones. En primer lugar, Alemania y otros miembros de la zona del euro deben considerarla un riesgo importante para ellos mismos. En segundo lugar, un regreso al dracma debe ofrecer la perspectiva de que la economía griega acabará mejorando por sí sola más que dentro de una unión monetaria (y con el programa económico vigente). A falta de la primera condición, la zona del euro responderá a Grecia así: “Por favor, márchese”. A falta de la segunda condición, la amenaza de Grecia no será creíble.

Y aquí es donde la economía vuelve a salir a escena. Examinemos la primera condición. Algunos observadores parecen haberse convencido de que cualesquiera efectos indirectos de la salida de Grecia serían soportables. Grecia es pequeña y, además, está en una situación extraordinariamente desesperada, por lo que es posible que otros miembros frágiles –España, Portugal e Italia– se libraran del contagio financiero y la viabilidad del euro no resultase afectada dramáticamente.

Pero las consecuencias son imprevisibles y los costos de cualquier efecto de dominó son potencialmente tan grandes, que a Alemania y los demás acreedores no les interesa precipitar la hipótesis de la salida de Grecia. Al contrario, presidir el desmembramiento de la zona del euro ha de ser una de las peores pesadillas de la Canciller de Alemania, Angela Merkel. La segunda condición, relativa a los efectos en la economía griega, resulta más dificil de ver con claridad. También a este respecto hay muchas hipótesis de desastre. La salida de Grecia requeriría controles de capitales y el aislamiento financiero, al menos durante un tiempo. La incertidumbre resultante sobre las políticas y los precios podría producir una sacudida muy negativa en la economía real y provocar niveles aún mayores de desempleo.

Pero hay ejemplos claros de resultados económicos positivos tras la ruptura de un vínculo monetario similar. Gran Bretaña abandonó el patrón oro muy pronto, en 1931, para poder relajar las condiciones monetarias y reducir los tipos de interés y le fue mejor que a los países que retrasaron su salida hasta más adelante. La Argentina abandonó su tipo de cambio fijo frente al dólar y experimentó una recuperación rápida después de dos trimestres malos.

En los dos casos, la recuperación de la soberanía monetaria permitió disponer de una divisa más competitiva, lo que, a su vez, aumentó la demanda de exportaciones y contribuyó a la recuperación económica. Con su salida, la mayor esperanza griega sería algo similar: un acusado impulso de la competitividad exterior. El Gobierno de Grecia tiene un margen limitado para el estímulo fiscal y quedaría excluido de los mercados financieros. Una divisa más barata podría, en principio, corregir los efectos de la austeridad.

La depreciación de la divisa funciona mediante la reducción interna de los costos en divisas. Uno de dichos costos se ha reducido ya en gran medida en Grecia. Desde el comienzo de la crisis, los salarios griegos han bajado más de un 15 por ciento, proceso denominado, con bastante propiedad, devaluación interna. Sin embargo, la reacción en materia de exportaciones ha sido decepcionante. Aunque el enorme déficit por cuenta corriente del país ha desaparecido, ello refleja un desplome de las importaciones, consecuencia de la austeridad, en lugar de un auge de las exportaciones.

Ese dato por sí solo indica que volver al dracma podría no ayudar demasiado a Grecia. Las exportaciones griegas parecen haber topado con otros factores. Unos costos energéticos mayores (por los aumentos de los impuestos al consumo y las tarifas de la electricidad), la paralización del crédito, la especialización en mercados de exportación estancados y la generalizada incertidumbre en materia de políticas parecen haber desempeñado un papel. A consecuencia de ello, los precios de las exportaciones griegas no han bajado tanto como los salarios. La salida del euro podría ser positiva en relación con algunos de dichos costos, pero agravaría otros (como, por ejemplo, la incertidumbre en materia de políticas).

A corto y medio plazo, el aumento de la competitividad griega requiere remedios que eliminen ciertas constricciones impuestas a los exportadores. Un programa griego que determine dichas constricciones y proponga remedios sería una actitud económica mucho mejor que el cumplimiento a ciegas de la lista de reformas estructurales confeccionada por la troika. Además, ofrecería un plan substitutivo y creíble frente al de permanecer en la zona del euro en las condiciones actuales, con lo que fortalecería la posición negociadora de Grecia en pro de un acuerdo que garantice que su salida no llegará a ocurrir.
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Tomado de Project Syndicate
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Suiza, el anfitrión de la nueva guerra de divisas

Lun, 16/02/2015 - 13:32
Oscar Ugarteche & Tesalia Valencia, AlaiNet

La mañana del 15 de enero, el Banco Central Suizo anunció el retiro del piso del tipo de cambio frente al euro, fijado en 1.20 francos por divisa europea en el 2011, y decidió bajar la tasa de interés a los depósitos medio punto, de -0.25% hasta -0.75%, con el objetivo de mitigar el calentamiento de la economía, y con ello, desincentivar la entrada de capitales. Este repentino giro, se tomó como medida de prevención ante la acelerada depreciación de la moneda única frente el billete verde, lo que ocasionaba a su vez un debilitamiento en los últimos meses del franco suizo ante el dólar. Por otro lado, se estableció para proteger al país de una avalancha de dinero derivada de la incertidumbre por la relajación cuantitativa del Banco Central Europeo.

A diferencia de otros bancos centrales, el Banco Suizo no le pertenece totalmente al gobierno, ya que una parte se encuentra en manos de organismos particulares e instituciones públicas, y el resto, equivalente al 45%, es propiedad de accionistas privados que incluyen regiones administrativas suizas, conocidos como cantones, muchos de los cuales recibían dividendos con un tope máximo de 6% del beneficio neto de la comisión negociadora hasta antes del 2014. Desde entonces, los accionistas han estado quejándose debido a la falta de estas transferencias, de modo que el abandono del tipo de cambio fijo se asentó como la única forma para lograr el regreso de los dividendos.

La teoría bajo la maniobra aplicada confía en que el cobro por la tenencia de dinero en el banco central obligará a buscar mejores rendimientos en otros lugares, ya sea a través de la inversión en activos productivos en la unión monetaria o por la transferencia de dinero hacia activos más seguros en el extranjero. En el primer caso, la inversión productiva adicional contribuiría a impulsar el crecimiento directamente, mientras que en el segundo, las salidas de capital ayudarían a debilitar la moneda haciendo que las exportaciones ganen competitividad.

No obstante, lo único cierto hasta ahora es la desconfianza y la incertidumbre inyectada en el mercado cambiario causando múltiples pérdidas -o en algunos casos enormes ganancias- originadas de la rápida apreciación del franco suizo de hasta 41% en un momento frente al euro, de tal manera que al final el impacto más significativo se resintió precisamente en el mercado de valores suizo, el cual tuvo un desplome de 8.7%, el más importante en un cuarto de siglo.[1] Por otra parte, el disturbio también provocó grandes pérdidas para miles de inversionistas y diversas instituciones internacionales como son Citigroup y Deutsche Bank, que perdieron cientos de millones, al igual que algunas pequeñas casas de bolsa que fueron totalmente evisceradas. Asimismo, ocasionó que el corredor de divisas al por menor más grande de Estados Unidos y tercer a nivel mundial, Forex Capital Markets (FXCM), casi se declarara en quiebra después de anunciar que podría haber caído en incumplimiento de algunos requisitos de capital regulatorio, por lo que fue rescatado inmediatamente por medio de un crédito de emergencia de 300 millones dólares provisto por la firma de inversiones Leucadia National Corp.[2]

La inesperada apreciación del franco vislumbra un panorama oscuro y un tanto ambiguo, ya que por un lado, significa que los precios en Suiza se han ajustado debido a que alrededor del 60% de los productos son importados, y se teme que pueda convertirse en un descenso sostenido que acentúe la deflación de -0.3%ya presentada, factor que ha impactado negativamente al conjunto de la actividad económica y; por otro lado, representa un desafío inmenso para el turismo y los exportadores suizos como Swatch, Tissot, Tag Heuer, Nestlé, Novartis, entre otros, los cuales obtienen la mayor parte de sus ganancias de las ventas al exterior-aproximadamente el 85%-, razón por la que tendrán que esforzarse para reducir los costos de forma radical, probablemente con afectaciones importantes en los empleos y salarios.[3]

Para los vecinos centro europeos el golpe se está viendo en los costos de las hipotecas. Con tasas de interés cercanas a cero, muchos polacos y húngaros tomaron prestado dinero de la banca suiza para pagar sus viviendas y ahora el costo de estos préstamos se ha encarecido sustantivamente. El estancamiento que puede inducir en centro europa es un factor que debe contemplarse para proyecciones de crecimiento global.

En tanto, a las secuelas de la medida suiza en el resto del mundo, se percibe en primera instancia la repercusión del aumento generalizado de los precios para sus principales socios importadores, como son el caso de Alemania, Francia, Italia y Estados Unidos. La nueva medida abre la posibilidad de una reconfiguración espacial en búsqueda de nuevos refugios para capitales con el aliciente de cobrar un interés más atractivo. Bajo este panorama, América Latina surge como destino oportuno gracias a la rentabilidad de las tasas de interés a los depósitos con la que ciertos países cuentan, entre los que destacan: Brasil con una tasa que ofrece casi 8% de rendimiento, Chile 5.2%, Uruguay 4.6%, Paraguay con 4.2%, Colombia 4.2% y México con 1.3%. De confirmarse lo anterior, el territorio Latinoamericano podría acumular reservas –no reflejadas en el producto interno-, sin olvidar establecer ciertas precauciones para suavizar las reacciones al alza de los tipos de cambio que podrían reducir la competitividad en el exterior, de modo que sería necesario mantener primero políticas macroeconómicas sanas, especialmente monetarias y cambiarias; para evitar entradas masivas de capital sin ningún control de tal manera que se puedan anticipar medidas cuando salgan.

Finalmente, la decisión suiza, aunada a la reducción posterior de la tasa de interés de Dinamarca -0.35% y Canadá -0.75%-,parecen ser el inicio de una guerra de divisas en búsqueda de restablecer el crecimiento en medio de la evolución de un mercado cambiario lleno de incertidumbre, abrumado por las fuerzas deflacionarias europeas, la baja en el precio del petróleo, el estancamiento de Europa, la débil recuperación estadounidense, que en el desorden económico mundial actual, ha provocado el fortalecimiento de la divisa americana, empujándole así la crisis al resto del mundo.
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Notas:
[1]Véase “El banco central suizo toma al mundo por sorpresa”
[2]Véase “JP Morgan Owned The Swiss Franc Move”
[3]Véase “Banco central suizo quita freno a la apreciación del franco”
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El catalizador griego

Ven, 13/02/2015 - 08:01
Alberto Rabilotta, AlaiNet

Las decadencias imperiales crean graves crisis financieras y económicas, provocan tensiones insoportables en las relaciones internacionales, desatan conmociones políticas y sociales en los países y regiones claves, incitan a guerras y rebatiñas entre las potencias aspirantes a reemplazar al hegemón que se desmorona, o al menos así fue hasta que las armas nucleares pusieron en el centro del problema la destrucción planetaria, me digo cada vez que trato de desenmarañar lo que está sucediendo actualmente con la demencial política de Estados Unidos hacia Rusia, pero no solo contra ese país sino contra todos los gobiernos que pueden amenazar de cerca o de lejos una hegemonía neoliberal que ya fracasó, pero a la que siguen aferradas los intereses económicos y financieros que controlan las fuerzas políticas en Washington.

Y cuando me asaltan estos pensamientos, lo que es muy frecuente con las noticias que indican que se está “a tres minutos” (1) de una guerra nuclear, pienso en los escritos sobre la decadencia del imperio estadounidense del extrañado historiador Eric Hobsbawm, y en una recopilación de textos de 2008 que analizan la supremacía absoluta que alcanzó Estados Unidos (EE.UU.) con el desmoronamiento de la Unión Soviética, que define como una acumulación súbita de fuerza, extraordinaria, brutal y hostil, que “es tanto más difícil entender en tanto no cuadra ni con la política imperial rodada desde largo plazo y aplicada durante la Guerra Fría, como tampoco con los intereses económicos estadounidenses”.

Y difícil no estar de acuerdo con Hobsbawm cuando agrega que “la política que domina desde hace poco en Washington parece tan insensata a los observadores extranjeros que es difícil comprender su finalidad real. Para las gentes que dominan completamente o al menos a mitad el proceso de toma de decisiones en EE.UU., se trata evidentemente de afirmar una supremacía global por la fuerza militar, pero el objetivo de esta estrategia sigue siendo oscuro. ¿Tiene posibilidades de llegar a un resultado? El mundo es demasiado complicado para ser dominado por un solo Estado” (2).

Por su vinculación orgánica con el proyecto neoliberal y su participación activa en la alianza bélica que es la OTAN, la Unión Europea (UE) forma parte de esta insensata política del imperio estadounidense, y en particular de la política de agresión contra Rusia. O al menos esto ha sido así hasta hace pocos días, cuando aparecen los primeros signos de que la Canciller alemana Angela Merkel decidió frenar un poco la insensatez política al declarar que no puede haber una solución militar a la crisis interna en Ucrania, y acompañada del presidente francés François Hollande viajó a Moscú para buscar una “entente” con el presidente ruso Vladimir Putin.

No es ajeno a este surgimiento de realismo en Berlín y otras capitales europeas el hecho de que el proyecto neoliberal de la UE esté sumido en una profunda crisis económica, fiscal, monetaria, política y social, con el desempleo en niveles nunca vistos desde la Gran Depresión y la deflación convertida en una realidad. Las sanciones contra Rusia han costado muy caro y costarán aún más por cuanto han servido para que Rusia profundice un modelo económico alternativo y la integración con China y el resto de los países del BRICS, así como con países emergentes en América latina, Asia y el Oriente Medio.

Y todo esto se desenvuelve cuando ya están en su lugar los componentes de la próxima crisis financiera y económica, tanto en EE.UU. como en la UE.

¡Y en eso llegó Siryza! Es en este contexto que la Coalición de la Izquierda Radical, Siryza, ganó las recientes elecciones en Grecia, y el mismo puede ser una explicación del impacto significativo que está teniendo este triunfo electoral en el desenvolvimiento de las diversas crisis que afectan el rígido modelo del imperialismo neoliberal aplicado en la UE, particularmente a través del sistema monetario en la zona del euro (ZE). La economista Yves Smith opina que Siryza ya logró una “victoria táctica” frente a la UE (3). Si Siryza aplica su programa, es evidente que entonces contribuirá a acelerar los procesos de una previsible descomposición del orden neoliberal europeo.

El disgusto y el desprecio de la cúpula de la UE hacia la decisión del pueblo griego se manifestó desde los primeros instantes del arribo de Siryza al gobierno de Atenas, cuando se incluyó a Grecia en el voto de nuevas sanciones contra Rusia, sin siquiera consultar con el nuevo gobierno griego para saber si daría su aprobación.

La UE funciona como una empresa transnacional, con una dirección que dicta las ordenes a seguir, y no como un sistema federativo o centralizado pero democrático. Para la burocracia de Bruselas el primer ministro Alexis Tsipras debe ser el “nuevo” gerente encargado de aplicar en Grecia las orientaciones de la casa matriz, o sea de Bruselas, y no un gobierno nacional democráticamente electo para defender los intereses del pueblo griego.

El ministro y economista griego Yanis Varoufakis puso bien en claro el nivel de la confrontación cuando después de reunirse con su colega alemán, Wolfgang Schaeuble, informó que "ni siquiera nos pusimos de acuerdo sobre el hecho de no estar de acuerdo". Por su parte Tsipras se refirió a la actitud de la UE en la primera reunión con dirigentes de su partido, y dejó en claro que Grecia "es un país soberano, tenemos una democracia, tenemos un contrato con nuestro pueblo y lo vamos a respetar" (4)

Pero antes de proseguir hay que señalar que es evidente que la UE ha fracasado en cuanto a mantener o mejorar las condiciones sociales y económicas de sus países miembros: el desempleo y la precariedad laboral son masivos, el empobrecimiento de las clases trabajadoras y las capas bajas de las clases medias es indiscutible, el desmantelamiento del Estado del bienestar ha sido completado en países como Grecia y España, y va en la misma dirección en el resto de la UE.

En cuando al estratégico objetivo político de poner fin a los nacionalismos y disputas entre las naciones europeas, que hasta el pasado reciente condujeron a tantas guerras y crímenes masivos, el fracaso es total si observamos el ascenso de los ultranacionalismos, revanchismos y formas extremistas de tipo fascista que ahora tienen, en muchos países de la UE, una dimensión comparable al comienzo del ascenso del fascismo en los años 20 del siglo 20.

En el origen de estos fracasos está la falta de democracia en el sistema de gobierno y ese funcionamiento de tipo empresarial que quedó bien en claro en 2011, cuando la CE cambió de un plumazo a los primeros ministros de dos gobiernos nacionales porque no obedecían al pie de la letra las ordenes de la CE, del BCE y del FMI, de la Troika: Yorgos Papandreu, primer ministro de Grecia, reemplazado por Lukas Papademos (2011-2012) y Silvio Berlusconi, primer ministro de Italia, por Mario Monti (2011-2013). O sea que la Troika desalojó a gobernantes electos para poner a sus procónsules, que habían hecho carrera en el sistema financiero de Wall Street y la UE.

Al oponerse a este sistema, Siryza no solamente sienta un excepcional ejemplo sino que pone en tela de juicio el rígido sistema de gobernanza, que de paso hay que aclarar que es un término muy usado para definir en la UE el sistema de gobierno, pero en realidad apropiado para la verticalidad del sistema de toma de decisiones de las empresas transnacionales o de las antiguas monarquías absolutas, y no para las sociedades democráticas o que se dicen tal (5).

En cierta medida el ejemplo de Siryza expone el sistema y la claudicación de los gobernantes pasados y presentes de los países miembros. Recordemos que si nos guiamos por las raras y tibias críticas de algunos políticos y gobernantes a la política de Bruselas contra Rusia desde 2013 y hasta hace pocos días, era claro que no había fisuras peligrosas en el consenso que la UE, EE.UU y la OTAN crearon para apoyar el golpe de Estado en Ucrania y lanzar las agresivas políticas contra Moscú.

La crítica de Siryza, que ni siquiera tuvo oportunidad de votar en contra para impedir la habitual unanimidad del “cementerio político” que es la UE, como dice un amigo historiador, convirtió esas minúsculas fisuras en grietas potencialmente peligrosas, lo que puede explicar la sorpresiva iniciativa de Angela Merkel y François Hollande de visitar a Vladimir Putin para formular un plan de solución negociada y no militar a la grave crisis ucraniana, y que ya suscitó un rechazo de parte del presidente Barack Obama ( http://spanish.xinhuanet.com/photo/2015-02/10/c_133981815_2.htm ).

Esto es más conclusivo si en el análisis incorporamos que hasta ahora la UE ignoraba las muchas críticas a esa política anti-rusa que provenían de sectores empresariales, de los agricultores y de fuerzas políticas progresistas. De pronto, y tanto por el triunfo de Siryza como por el surgimiento político de Podemos en España, donde hay elecciones en los próximos meses, el consenso anti-ruso reinante en el mundo político europeo empieza a desmoronarse.

Esto es bien visible en Francia, donde en un vuelco imprevisto todo el espectro político, desde el Frente de Izquierda, pasando por el gobierno socialista de François Hollande, siguiendo por la derecha representada por Nicolás Sarkozy y llegando hasta a la ultraderecha dirigida por Marine Le Pen, se manifiesta un claro rechazo a la política guerrerista de Washington contra Rusia.

Pero lo que es más importante y decisivo es que este vuelco se verifica en las opiniones de la gente común, de viejos y jóvenes, señalando que la voz pública rechaza la perspectiva de dejar que con la OTAN, Washington cree las condiciones para otra guerra en Europa. Y este rechazo popular no es ajeno sino complementario al existente hacia las políticas de austeridad de la UE que empobrecen a las mayorías, a los cortes en los servicios públicos, como en salud, educación, pensiones, etcétera. Y por sobre todo los ciudadanos europeos empiezan a darse cuenta que la democracia y el bienestar a que estaban acostumbrados es cada vez más una cosa del pasado.

El panorama puede ser mucho más interesante si Podemos llega al gobierno en España, país de mayor peso que Grecia, lo que además de reforzar la posición de Siryza será probablemente un fuerte aliciente para la recomposición de las fuerzas populares bajo una orientación de izquierda en otros países, incluyendo algunos de Europa Central y del Este, donde el desempleo y la pobreza están haciendo estragos demográficos y sociales.

En cuanto a la política exterior de la UE, el panorama dependerá de si el grupo de países del ex “campo socialista” (Polonia, los países Bálticos, Bulgaria, entre otros) que forman parte de la UE y de la ZE, y son instrumentos de las políticas belicistas de Washington y de la OTAN hacia Rusia, siguen jugando ese papel o se adaptan a una política de convivencia pacífica.

Muchas son las lecturas que se han hecho y se seguirán haciendo del triunfo de Siryza y de la movilización popular que está concitando en Grecia. Pero hay que tener cuidado de no cargar demasiado las espaldas del pueblo griego, que sufre las catastróficas consecuencias de las políticas neoliberales de la UE y debe realizar, a corto y mediano plazo, las tareas de supervivencia social enunciadas en el Programa de Tesalónica (6), por el cual los ciudadanos griegos votaron en primer lugar.

O sea, debemos tener cuidado de no convertir este triunfo electoral en la clave del éxito o el fracaso de lo que está teniendo (o tendrá) lugar en otros países de la UE, porque el proceso que se acaba de abrir en Grecia es y será por algún tiempo una difícil lucha asimétrica, tanto en el plano interno como en el de la UE.

Si Siryza cumple con su programa, o hace todo por aplicarlo a pesar de la oposición y de las medidas que tomarán la Troika y sus ricos y poderosos aliados locales, sumará muchos más apoyos internos por la simple razón de que beneficiará a las mayorías, y políticamente ganará apoyos porque será visto como el único partido político que cumple sus promesas. Por eso Tsipras destaca que Grecia "es un país soberano, tenemos una democracia, tenemos un contrato con nuestro pueblo y lo vamos a respetar".

En todo caso es importante destacar que por fin los europeos empiezan a darse cuenta de los riesgos que implican el acompañar la política del imperialismo neoliberal estadounidense que busca la destrucción de Rusia como etapa crucial para imponer la hegemonía mundial, y que para eso recurrirá a todos los medios a su alcance, incluyendo la guerra total.

No es consuelo saber que EE.UU. ha perdido todas las guerras que emprendió desde finales de la Segunda Guerra Mundial (7), ya que aun perdiendo dejó tanta destrucción social, cultural, económica y política que cuatro décadas más tarde uno de los pueblos victoriosos, el de Vietnam, no ha podido reparar todos los daños que el Pentágono provocó. Una guerra contra Rusia puede llegar a ser nuclear y provocar la destrucción de la humanidad, así que hay que evitarla a toda costa.
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Notas:
1.- http://www.washingtonpost.com/news/speaking-of-science/wp/2015/01/22/the-doomsday-clock-is-ticking-again-it-is-now-three-minutes-to-midnight-a-k-a-the-end-of-humanity/
2.- Eric Hobsbawm, L’Empire, la démocratie, le terrorisme (2008, edición de André Versaille y Le Monde Diplomatique, París, capítulo « Ou va l’Empire American? », página 167.
3.-Is Siryza about to Score a Tactical Win Against the Troika, por Yves Smith http://www.nakedcapitalism.com/2015/02/syrizas-bold-stance-bernies-swipe-at-the-fed-on-greece-and-the-negotiating-fog-of-war.html
4.- http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-265592-2015-02-06.html
5.- Gobernanza: http://es.wikipedia.org/wiki/Gobernanza
6.- Programa de Tesalónica: http://www.syriza.gr/article/id/59907/SYRIZA---THE-THESSALONIKI-PROGRAMME.html#.VNT8ICyM7b4
7.- http://www.nakedcapitalism.com/2015/02/since-u-s-military-lost-last-two-wars-fought-reason-think-boots-ground-anywhere-good-idea.html

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Pobreza en América Latina: un asunto de desigualdad, no de escasez

Ven, 13/02/2015 - 04:56
Betty Hernández Quintana, Red Voltaire

Tras el crecimiento que vivió la zona en la primera parte del siglo se logró un progreso que se detuvo, y desde entonces la situación se mantiene estable; pero no se registran nuevos avances. Por eso, lo más probable es que la pobreza empiece a aumentar nuevamente en América Latina, según el especialista de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) Xavier Mancero.

Hoy el contexto macroeconómico es más difícil, lo que se aprecia en los índices de pobreza y desigualdad que entre 2012 y 2014 no variaron pese al incremento económico, en tanto la indigencia aumentó, dando marcha atrás el proceso iniciado en 2000, añade el experto.

También el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) dio a conocer el índice de reducción de pobreza en América Latina desde 2000, donde en promedio se vio una disminución del 16.4 por ciento, lo que representa el beneficio de más de 56 millones de personas.

Mirando hacia el pasado vemos que gracias al auge económico de la región entre 2000 y 2012 –el más alto de las últimas 4 décadas según el PNUD– y a la ejecución de políticas de mejoras sociales, se redujeron los índices de pobreza.

Sin embargo, en 2014 cerca de 167 millones de personas continuaron siendo víctimas de ese flagelo, lo que representa el 28 por ciento de la población, indicador inmóvil desde hace 2 años, según un estudio de la Cepal.

Dicha fuente alerta también sobre el aumento de la indigencia de 11.3 por ciento en 2012 a 12 por ciento en 2014, lo que significa que del total de personas en situación de escasez 71 millones padecieron condiciones extremas.

Al respecto, la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, subrayó que “la recuperación de la crisis financiera internacional no parece haber sido aprovechada suficientemente para el fortalecimiento de políticas de protección social que disminuyan la vulnerabilidad frente a los ciclos económicos.

“Ahora, en un escenario de posible reducción de los recursos fiscales disponibles se requieren mayores esfuerzos para apuntalar dichas políticas, generando bases sólidas con el fin de cumplir los compromisos de la agenda de desarrollo post-2015”, agregó la titular.

Con este mismo objetivo se pronunciaron los dirigentes que asistieron a la III Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), donde expusieron los esfuerzos de cada país para mejorar la situación económica de sus ciudadanos y se decidieron medidas para desarrollar en conjunto el próximo quinquenio.

En dicho cónclave se acordó trabajar en cinco líneas enfocadas a reducir la pobreza extrema y la desigualdad, favorecer la educación, la ciencia, la tecnología la innovación, la protección del medio ambiente, el financiamiento de la arquitectura en la región y el fortalecimiento del bloque.

El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, denominó la lucha contra la pobreza como “un imperativo moral para nuestra región y para el planeta entero, porque por primera vez en la historia no es producto de la escasez de recursos sino de inequidad, consecuencia de perversas relaciones de poder donde pocos dominan todo”.

El mandatario, nuevo presidente pro témpore de la entidad, persuadió sobre el rol protagónico del organismo en el proceso de “descolonización en la región latinoamericana y caribeña” y en la resolución de los conflictos relacionados con los países miembros.

Correa declaró que su gobierno adoptará medidas concretas para eliminar la pobreza en 5 años, y aseguró que con una mejor distribución de los recursos se podrá combatir efectivamente ese problema.

Por otra parte, es notable el emprendimiento del presidente de Bolivia, Evo Morales, quien se comprometió con su pueblo y la comunidad internacional a reducir la extrema pobreza en los próximos 5 años, convocando a la oposición en su país a trabajar unidos y aplicar la cultura del diálogo.

La meta del titular boliviano es reducir ese mal hasta el 8 o 9 por ciento, lo que no es imposible teniendo en cuenta que hasta 2012 ese país fue el de mayor índice de reducción de la pobreza en Latinoamérica con 32.2 por ciento, seguido de Perú (26.3) y Venezuela (22.7), según PNUD.

Estas actitudes muestran el empeño de los gobiernos latinoamericanos por continuar las mejoras sociales y erradicar la pobreza en la región; sin embargo, los verdaderos resultados de las decisiones del presente se verán en los próximos años.

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Grecia, hacia el choque frontal

Xov, 12/02/2015 - 19:00
Stathis Kouvelakis, Viento Sur

El discurso sobre política general de Alexis Tsipras de la tarde del domingo fue seguida con particular atención tanto en el interior del país como en las cancillerías europeas y, sin duda, en Estados Unidos. En el interior del país y tras el chantaje del BCE y las continuas amenazas de los dirigentes europeos, se extiende una clima de efervescencia, de dignidad reencontrada, de voluntad, tanto de apoyar al gobierno frente al chantaje, como de presionarle para que no recule. En el exterior y, más en concreto, en los círculos dirigentes, se sopesa cada palabra y, sobre todo, cada medida anunciada [por el gobierno griego] para juzgar el grado de determinación del Primer Ministro y de su gobierno.

La mayoría de esos círculos esperaban el anuncio de una inflexión significativa, un anuncio de marcha atrás para facilitar el "acuerdo" en las cumbres europeas que se celebrarán esta semana. Es decir, se espera la sumisión de Grecia a sus ultimátum.

Francamente, deben estar decepcionados. En realidad, Alexis Tsipras no ha realizado ninguna concesión de fondo. Es verdad que ha evitado utilizar la palabra "anulación de la deuda", pero ha insistido con fuerza sobre su carácter inviable y reivindicado su "disminución" y "reestructuración". Además, en lo que respecta al restablecimiento del SMI al nivel de 2009 (751 €), si bien no ha anunciado su aplicación inmediata, se ha comprometido a restablecerlo a lo largo de 2015. En cuanto al resto de cuestiones, ha desgranado el programa de Salónica: medidas de urgencia para hacer frente al desastre humanitario (alimentación, restablecimiento de la corriente eléctrica, el transporte y la cobertura sanitara para todo el mundo), restablecimiento de la legislación laboral, supresión de los injustos impuestos sobre la propiedad, reforma fiscal para hace que los ricos paguen, fin de los privilegios otorgados a los media privados, restablecimiento de la RTV pública (ERT), hacer efectiva la participación estatal en la banca, acabar con la subasta de los bienes públicos (puertos, infraestructuras, energía), y fin de la represión de las movilizaciones populares.

Cuestión estratégica: Alexis Tsipras ha vuelto a decir que rechaza exigir la prolongación del actual "programa de ayudas" y también la tutela de la Troika. Y ha exigido la prorroga de la liquidez otorgada a la banca griega en base al reembolso de los beneficios realizados por los bancos centrales de la zona euro sobre la deuda griega, así como la prorroga de la capacidad de endeudamiento del gobierno griego. Finalmente, ha insistido en la necesidad de un presupuesto equilibrado, si bien ha rechazado que los excedentes primarios sean destinados al reembolso de por vida de la deuda, y a reciclar la autoridad. Ahora bien, incuso este compromiso en torno al equilibro presupuestario parece difícilmente compatible con las medidas sociales anunciadas en una situación en la que los ingresos fiscales están anémicos.

Una reforma de gran valor simbólico, y de la que ha hecho un elogio vibrante, es la de la ley sobre la nacionalidad que otorga la ciudadanía a todos los hijos e hijas de la gente inmigrante nacidos en Grecia. Asimismo ha insistido ampliamente en el papel del recién creado Ministerio de Inmigración, subrayando su papel en la protección de los derechos humanos y de la dignidad de las personas, al mismo tiempo que ha exigido un cambio de las políticas europeas al respecto. Por si fuera necesario, esto muestra que la participación en el gobierno de Anel (Griegos independientes) no ha modificado en nada la posición de Syriza sobre estas cuestiones.

Así pues, ha desechado el núcleo duro de los Memorándum. Y ahí es donde se sitúa el punto de ruptura. Alexis Tsipras ha remachado bien ese clavo de varias formas. En primer lugar, refiriéndose a la importancia de la movilización social en Grecia y a la solidaridad internacional, de la que ha saludado su apoyo, en la batalla que libra el gobierno. También se ha mostrado muy firme sobre el hecho de que el restablecimiento de la soberanía nacional, la democracia y la dignidad del pueblo griego no se negocian; lo que en el contexto actual equivale a un llamamiento a salir a la calle. No tengo dudas de que ese mensaje será entendido en Grecia y en Europa. Además, al final de su discurso, tras un largo homenaje a la larga historia de la lucha del pueblo griego, ha puesto sobre la mesa la cuestión de las indemnizaciones de guerra que debe Alemania y ha situado a Manolis Glezos [miembro de la resistencia griega durante la ocupación nazi] a la cabeza de la iniciativa que desarrollará el gobierno. Todo el mundo sabe que esta cuestión es como levantar el "banderín rojo" a los dirigentes alemanes.

Globalmente podemos decir que Alexis Tsipras ha enviado un mensaje de firmeza y de combatividad tanto al interior como al exterior del país. Y ha frustrado a quienes esperaban que comenzara a deslizarse en una espiral de concesiones que le lleven a la capitulación. Por otra parte, parece estar totalmente excluido que los dirigentes europeos toleren lo más mínimo la política anunciada hoy en el Parlamento griego.

Así pues, nos encontramos ante un escenario de confrontación cuyo próximo capítulo se jugará a lo largo de esta semana, en la que asistiremos a la conjunción de las cumbres europeas y de las movilizaciones en la calle. Sin duda, estamos a la víspera de acontecimientos que pueden hacer cambiar el curso actual de los hechos. En Grecia y en Europa.

La "ecuación mágica" para una posible victoria se encuentra en la combinación de la determinación de la dirección griega, de la movilización del pueblo griego y de la solidaridad internacional.

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Crisis en Europa: transferencias y lucha de clases

Mér, 11/02/2015 - 13:45
Alejandro Nadal, La Jornada

En 1941 la Wehrmacht nazi aniquiló en unas cuantas semanas la resistencia griega. La ocupación fue brutal: más de 325 mil civiles murieron en Grecia antes de que concluyera la guerra. Durante la ocupación, Berlín impuso un préstamo forzoso a Atenas por 476 millones de marcos, con lo que el pueblo griego acabó pagando el costo de su propia ocupación por las tropas nazis. El préstamo nunca fue reembolsado.

En 2013 una comisión del gobierno griego concluyó que Alemania debía 160 mil millones de euros a Grecia para cubrir aquel préstamo y los daños de la ocupación. La cancillería alemana respondió que el tratado de 1990 sobre la reunificación había cerrado el tema.

El informe de la comisión griega fue un subterfugio demagógico del ex primer ministro Antonis Samaras para legitimarse ante el electorado griego. Hoy el nuevo gobierno de Alexis Tsimpras ha hecho alusión a este tema: en estricto rigor jurídico el tratado de 1990 no cierra el caso (Grecia no fue parte de él) y el asunto podría seguir envolviendo las tensas negociaciones entre Atenas y Berlín.

Las crisis del capitalismo en Europa (y en el mundo) llevan la marca de colosales transferencias de recursos en el plano internacional y entre clases dentro de cada país. El que estos grupos sean de una u otra nacionalidad es accidental. La historia económica muestra que estas transferencias son crónicas en Europa y con frecuencia han sido impuestas después de una guerra por los vencedores a los vencidos.

De aquí se desprende una narrativa equivocada, pues se piensa que las transferencias son entre países. Así, hoy se afirma que Grecia (o España) debe pagar sus deudas. Pero las palabras Grecia o Alemania se refieren a una abstracción. Si nos adentramos en el análisis, veremos que en cada uno de estos espacios nacionales hay obreros, capitalistas, terratenientes, banqueros y financieros, así como políticos corruptos.

El tema de la transferencia debe ser analizado con rigor para entender la crisis en Europa y la manera de superarla. El programa de austeridad impuesto en Grecia y España conlleva un inmenso flujo de transferencia de recursos que es soportado por ciertas clases sociales en beneficio de otros grupos o clases en esos y otros países (por ejemplo, del norte de Europa).

Es necesario superar la narrativa que ve en estas transferencias simples vínculos entre Estados nacionales e ignora la dinámica de las relaciones de clase. Las transferencias de recursos en Europa (y en el mundo) dependen de fuertes ajustes en la estructura de clases al interior de cada país.

Por eso una aportación interesante es el trabajo del analista financiero Michael Pettis, (http://blog.mpettis.com). Pettis examina el proceso de estancamiento en el crecimiento del salario real en Alemania a partir de 1995 como precursor de la crisis. Al constreñirse el crecimiento salarial se forzó la reducción del consumo y, dice Pettis, creció el ahorro forzado. Los bancos alemanes no podían invertir el exceso de ahorro en Alemania y enfocaron la mira hacia países como España, Italia y Grecia. Los bancos alemanes buscaron y encontraron prestatarios ávidos de obtener créditos baratos para todo tipo de proyectos, algunos poco viables y otros especulativos.

Cuando estalla la crisis, los bancos alemanes observan el aumento de su cartera vencida e incobrable. El lobby financiero hace lo que sabe hacer muy bien: busca que los gobiernos trasladen el costo del ajuste a las clases media y trabajadora a través de la devaluación interna.

Observa Pettis con razón: antes de la crisis los trabajadores alemanes pagaron las burbujas griega y española al aceptar un crecimiento muy bajo del salario real (en un contexto en el que la productividad en Alemania se mantenía constante). Y después de la crisis los trabajadores españoles y griegos se vieron obligados a pagar el costo de la explosión a través de salarios deprimidos y desempleo.

Pero el análisis de Pettis es incompleto y sólo toca la punta del iceberg. La capacidad de creación monetaria de los bancos en Europa encontró un gigantesco espacio de rentabilidad con la unión monetaria. Así que no sólo se trasladó el ahorro forzado de países como Alemania hacia bancos y prestatarios en Grecia o España. Bajo la unión monetaria los bancos más fuertes pudieron ejercer su capacidad de creación monetaria en todo el euro espacio y fueron capaces de generar burbujas como las que estudia Minsky en su modelo de crisis bancarias.

Hoy la clase trabajadora en Europa se enfrenta a un escenario desfavorable: los bancos alemanes, franceses, holandeses e ingleses tienen grandes necesidades de recapitalización y ello necesitará de apoyo público, es decir, de una masiva transferencia de recursos de las clases medias y trabajadoras del continente hacia el sector financiero.

Los funcionarios del gobierno griego tienen razón cuando afirman que luchan no sólo por el ciudadano griego promedio, sino por el ciudadano europeo en general. La recuperación del alma social de Europa pasa por una exitosa renegociación de la crisis en Grecia.

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El fantasma de la deflación estadounidense

Mér, 11/02/2015 - 02:11
Ariel Noyola Rodríguez, AlaiNet

La inflación estadounidense acumula más de 30 meses por debajo de 2 por ciento, el objetivo del Sistema de la Reserva Federal (Fed). Hasta la fecha no existen indicios de un repunte del nivel de precios sino al contrario, la deflación (caída de precios) se ha convertido en una amenaza latente en la todavía economía de mayor tamaño en el escenario global. Los precios al consumo se ubicaron en apenas 0,4 por ciento en diciembre de 2014, su mayor caída desde finales de 2008. En términos anuales, la inflación disminuyó a 0,8 por ciento de ubicarse en 1,3 por ciento en noviembre pasado.

Así la cosas, es evidente que los riesgos crecientes de deflación en la economía estadounidense continuarán postergando la decisión de aumentar la tasa de interés de los fondos federales (federal funds rate) por parte del banco central. Y es que si bien la presidenta de la Fed, Janet Yellen, ha hecho de conocimiento público en diversas ocasiones su intención de incrementar la tasa de interés de referencia a mediados del año en curso o incluso antes (actualmente en un rango de entre 0 y 0,25 por ciento) y, con ello, mantener limitados los riesgos derivados del aumento espectacular de los índices bursátiles, los miembros del Comité de Operaciones de Mercado Abierto (FOMC, por su sigla en inglés) se resisten a aplicar la medida en medio de un nivel de precios a la baja.

Sin embargo, a diferencia de hace unos meses cuando tres miembros de la Fed votaron a favor del incremento de las tasas de interés, en la reunión más reciente, llevada a cabo la última semana de enero, los 12 miembros del Comité votaron en contra de la medida. Al término del encuentro, Yellen declaró en conferencia de prensa que la “paciencia” regirá la toma de decisiones de la Fed: la incertidumbre no cede y, por ello, no será sino hasta observar una recuperación de mayor solidez cuando las políticas monetarias excepcionalmente laxas comiencen su reversión de manera gradual.

El mensaje oculto detrás de esas declaraciones es que si la inflación continúa cayendo en las próximas semanas, no únicamente la Fed no endurecerá la política monetaria (tightening) en el corto plazo, sino que podría, eventualmente, llevar a cabo una nueva batería de medidas “no convencionales” con la mira puesta en apuntalar la rentabilidad de las empresas y los bancos. La tendencia deflacionaria constituye un signo inequívoco de que algo anda realmente mal en la economía mundial en general, y en Estados Unidos en particular. El nivel de precios extremadamente bajo no está reservado únicamente a la esfera monetaria. Es un fenómeno económico de enorme amplitud que deriva de múltiples causas y que, en términos generales, tiene estrecha vinculación con las raíces más profundas de la crisis que comenzó hace más de 6 años.

Hay que recordar que a partir de la quiebra de Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008 y hasta la contracción del crédito (credit crunch) en el plano internacional los meses siguientes, en Estados Unidos se perdieron alrededor de 8 millones de puestos de trabajo. La tasa de desempleo alcanzó 10 puntos porcentuales y la actividad económica se desplomó. La falta de liquidez en uno de los mayores bancos de inversiones de Wall Street detonó una crisis global de enormes proporciones. No fue sino hasta mediados de 2009 cuando, en términos estadísticos, la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por su sigla en inglés) apuntó que la economía estadounidense había superado la recesión. En medio de la crisis, la caída dramática de la inflación levantó preocupaciones en la Casa Blanca. Las amenazas de una espiral deflacionaria estaban a la vista.

En consecuencia, el Departamento del Tesoro y la Fed ejecutaron enérgicas acciones dirigidas a reactivar el crédito, básicamente a través de un aumento de los montos de los programas de estímulos monetarios (quantitative easing) enfocados, a su vez, en depurar el endeudamiento privado de los balances contables de las corporaciones financieras y no financieras. Sin embargo, las compras combinadas de activos hipotecarios (mortaged based securities) y bonos del Departamento del Tesoro (Treasury bonds) aumentaron exponencialmente la hoja de balance (balance sheet) de la Fed, y con ello potenciaron en buena medida los riesgos de una caída de precios. Entre agosto de 2007 y el 5 noviembre de 2014, los activos en posesión de la Fed se incrementaron en más de 500 por ciento al pasar de 870 mil millones de dólares a 4 billones 486 mil millones de dólares.

Y es que pese a su sostén irrestricto, el capitalismo estadounidense tiene serios problemas para encontrar espacios de rentabilidad. No existen nuevos proyectos de inversión en ningún lugar del territorio estadounidense que, con base en la innovación tecnológica, permitan avizorar una fase expansiva del ciclo económico. A lo largo de la última década, la industria estadounidense no supera el rango entre 79 y 81 por ciento de su capacidad instalada. Aunque durante 2012 y 2013 el índice se recuperó en comparación con 2007 y 2008, todavía está muy por debajo de los niveles alcanzados en la década de 1990, cuando alcanzó 85 por ciento en 1994.

La denominada “recuperación estadounidense” (algunos economistas de la ortodoxia se atreven incluso a llamarla “desacoplamiento”) descansa más en el repunte de los principales índices de la bolsa de valores de Nueva York y menos en la mejoría sustantiva de las condiciones de vida de la población. Incluso en la esfera financiera han surgido nuevas barreras para la acumulación de capital. Si bien es cierto que el índice Standard & Poors (cotiza las acciones de las 500 mayores empresas de Estados Unidos) continúa registrando aumentos en sus cotizaciones, la acumulación de ganancias por acción y dividendos es cada vez menor.

De esta forma salta a la vista una mayor propensión al riesgo por parte de los operadores y una volatilidad creciente de los precios en el mercado de capitales, según el Banco Internacional de Pagos (BIS). Los flujos constantes de fusiones y adquisiciones (mergers & acquisitions) así lo demuestran. Sucintamente, el aumento exponencial de las operaciones del sistema bancario en la sombra (shadow banking system) en Estados Unidos, alertado por el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) hace unas semanas, evidencia, por un lado, la competencia creciente entre capitales individuales en una batalla a muerte por la obtención de una mayor rentabilidad y, por otro lado, las limitaciones para regular la actividad financiera de nuevo cuño.

El curso de la economía estadounidense en los meses recientes pone de manifiesto una vez más que las ganancias extraordinarias en el mercado de valores guardan una relación inversamente proporcional a la evolución de las condiciones del mundo del trabajo. De acuerdo con las estimaciones realizadas por el Departamento de Trabajo, a lo largo de 2014, aproximadamente 2,95 millones de empleos se recuperaron, de los cuales 252 mil correspondieron a diciembre, cuando la tasa de desempleo cerró en 5,6 por ciento, el nivel más bajo de los últimos 5 años. Bajo esa misma perspectiva, Estados Unidos habría incrementado de manera sostenida 2 millones de puestos de trabajo anualmente desde 2010.

Sin embargo, esas cifras contrastan con el deterioro estructural del mercado laboral que, dicho sea de paso, también contribuye a consolidar la tendencia deflacionaria. En primer lugar, la población económicamente activa (PEA) se ubica actualmente en 62,7 por ciento, el registro más bajo de las últimas 3 décadas. En segundo lugar, hay serias dificultades en la absorción de la fuerza de trabajo: 7 millones de personas son empleados a tiempo parcial y la tasa de desempleo juvenil se ubica en más de 15 por ciento. En tercer lugar, la contención salarial neutraliza de manera apabullante los efectos multiplicadores de la ampliación del mercado interno y la redistribución del ingreso sobre el crecimiento económico: los salarios cayeron 10 puntos porcentuales en la composición del producto interno bruto (PIB) entre 1967 y 2013. Los salarios han caído en los meses recientes y el ingreso de las familias aún no alcanza los registros previos a la crisis. La deuda de los hogares se mantiene elevada y la polarización de clase aumenta.

No obstante, el gobierno estadounidense insiste en divulgar opiniones contrarias a través de la prensa hegemónica (The Financial Times, The Wall Street Journal, The New York Times, Bloomberg, Reuters, etcétera): la economía se fortalece de manera acelerada y, con ello, los riesgos en torno a una coyuntura crítica son cada vez más remotos:

“[Gracias a] una economía en crecimiento, una disminución de los déficit, una industria desbordante y una producción energética en auge, hemos salido de la recesión con más libertad para escribir nuestro propio futuro que cualquier otra nación en la Tierra […] la sombra de la crisis ha pasado […] la recuperación está tocando más y más vidas”, sentenció el presidente Barack Obama durante su mensaje del Estado de la Unión ante el Congreso estadounidense, el martes 20 de enero de 2015.

Con todo, las contradicciones intrínsecas de la dinámica capitalista terminarán por acallar el discurso de la dominación de clase. El fantasma de la deflación se hace cada vez más presente en la economía estadounidense y, más temprano que tarde, terminará por revelarse con todas sus fuerzas.

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La guerra económica de Alemania contra Grecia es un arma de doble filo

Mar, 10/02/2015 - 13:20
El nuevo gobierno griego y los líderes del euro están llegando a un nivel de enfrentamiento que puede significar el desmoronamiento de la moneda única. El gobierno de Syriza ha dejado claro que no va a continuar aplicando las políticas que ha exigido la troika dado que han sido un fracaso. La troika solo habla de extender los plazos de vencimiento de los créditos, pero Grecia pide un alivio real de la deuda dado que no tiene sentido extender un plan que ha fracasado. Grecia quiere emprender los programas sociales de ayuda a los pobres, los desempleados y las pequeñas empresas en lugar de los bancos y los oligarcas de Europa, como exige la troika.

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Pánico por el pánico: Rusia y el sistema mundo hoy

Dom, 08/02/2015 - 17:03
Immanuel Wallerstein, La Jornada

Visitar Rusia, lo que hice recientemente, es una extraña experiencia para alguien que venga del Norte Global. Como sabemos, la mayoría de los rusos tiene una lectura totalmente diferente de la historia reciente del mundo de la que tiene la mayoría de las personas en ese Norte Global. Además, sin embargo, se preocupan por cosas diferentes de las que los visitantes esperarían que se preocupen.

El único supuesto común que trasciende estas diferencias es el hecho de que la ocurrencia de una abrupta caída en los precios del petróleo y el gas, combinada con el embargo impuesto por algunos países sobre Rusia, ha creado un estrangulamiento económico sobre los gastos públicos de Rusia y sobre el consumo individual.

En Rusia hoy, casi todos a lo ancho del espectro político consideran que Occidente, y Estados Unidos en particular, ha conspirado con algunos otros –principalmente Arabia Saudita e Israel– para castigar a Rusia por sus acciones y supuestas fechorías al emprender lo que los rusos consideran como legítima defensa de sus intereses nacionales. El debate se centra primordialmente en Ucrania, pero incluye también, en menor grado, a Siria e Irán. La teoría de la conspiración es probablemente un tanto exagerada, ya que Estados Unidos comenzó a desarrollar su petróleo de esquistos (un importante factor del sobre abasto mundial de hoy) alrededor de 1973, en respuesta al aumento en el precio que promovió la OPEP.

No obstante, en Rusia nadie oye gran discusión de estos asuntos de política exterior. Esto se debe, probablemente, a que no hay demasiado disenso al interior del país respecto de las posiciones oficiales rusas de política exterior, ni siquiera de personas o grupos muy críticos al presidente Putin en otros asuntos. En cambio, lo que uno oye discutir es cuál es la mejor manera de manejar el agudo déficit presupuestario que enfrenta el Estado ruso.

Hay tres posiciones básicas. Una es reducir significativamente los gastos del Estado. Podríamos decir que ésta es la opción neoliberal. Es promovida por el ministro de Finanzas. La segunda es utilizar las reservas aún disponibles para el Estado ruso, con lo que se minimizaría la necesidad de reducir los gastos en lo inmediato. Podríamos decir que ésta es la opción socialdemócrata. Es promovida por el ministro de Desarrollo Económico. La tercera es utilizar uno de los dos paquetes de reservas, pero no ambos. Podríamos decir que ésta es la opción intermedia. Esto garantizaría estabilidad para 18 meses, probablemente, y se basa en la esperanza de que, de algún modo, el precio del petróleo y el gas comience a subir de nuevo para entonces y/o que las sanciones sean anuladas o que en gran medida se les pueda dar la vuelta.

Lo notable es que las tres posiciones fueron promovidas dentro del relativamente pequeño círculo de personas que toman decisiones y que rodea al presidente Putin. Hasta ahora parece que Putin mismo favorece la opción intermedia. Lo que también es notable es que este debate sea casi público. Por lo menos esto no es secreto para ningún ruso que siga las declaraciones públicas de los protagonistas, así como las filtraciones a la prensa –que son más diversas de lo que los comentaristas en Occidente sugieren normalmente.

Sin embargo, existe un peligro acechando, ocasionado por este debate casi público. Y el peligro es que los hombres de negocios rusos, los bancos, y el público en general (particularmente las personas más acaudaladas), entren en pánico, pensando que prevalecerá una opción que temen y entonces, en consecuencia, realicen vastos retiros de recursos que conduzcan a una prisa por ir a los bancos, y a una inflación importante. Si ocurre un pánico de este tipo, entonces ninguna de las opciones podrá funcionar para habilitar al Estado a que sobreviva al estrangulamiento financiero.

Hubo así una gran difusión del discurso que diera el primer ministro Dimitri Medvedev en el Foro Gaidar, el 14 de enero. Medvedev anunció que el Estado iba a emprender la opción intermedia. Le pidió a todo mundo que respaldara esta opción, precisamente para apagar cualquier posibilidad de pánico. Y de hecho terminó su discurso citando la famosa frase del presidente Franklin Roosevelt en 1933: Lo único que debemos temer es al temor mismo. Medvedev afirmó que el gobierno ruso no tiene miedo.

¿Pero será suficiente un discurso para garantizar que no habrá pánico? Porque el discurso de Medvedev no contuvo totalmente el pánico. El debate en torno al pronunciamiento del primer ministro reveló que muchas personas y muchos grupos no están persuadidos de que no vaya a haber pánico. Eso es lo que yo llamo un pánico por el pánico.

El modo en que Putin contiene este pánico por el pánico es emprender lo que él considera una política exterior fuerte, clara y medida con sumo cuidado. La decisión de reemplazar el Flujo del Sur o South Stream (el sistema de ductos de gas y petróleo que va del mar Negro en Rusia a Bulgaria, y que Bulgaria ya no permitirá debido a las sanciones) con un Turkish Stream (diferente sistema de ductos que va del mar Negro en Rusia a Turquía) es un primer paso de esa política exterior. Ambos ductos dañarían a Ucrania, al no enviar el petróleo y el gas de Rusia vía Ucrania, por lo que se eliminarían las cuotas de tránsito por dicho país. No obstante, se intenta también que el Turkish Stream contrarreste el efecto de las sanciones (que condujeron a Bulgaria a cambiar su postura), al tiempo que recompense a Turquía, que cada vez es más un aliado de Rusia.

Un segundo paso ha sido la decisión de entrar en acuerdos con China y otros países para involucrarse en transacciones monetarias en sus propias divisas, con lo que evitarían las fluctuaciones del dólar. Uno de los proyectos resultantes sería un ducto que cruzara Siberia hacia el noreste de Asia, financiado en gran medida por China. Esta es una forma de darle la vuelta a las sanciones.

Un tercer paso ha sido el anuncio, apenas ocurrido, de que se le transferirá a Irán el sistema de defensa aérea con misiles conocido como S-300. Algo largamente prometido, Rusia había cancelado el arreglo en 2010 como resultado de las presiones provenientes de Occidente. Rusia va ahora a cumplir su promesa inicial. Esto sirve para reforzar el respaldo de Rusia a la inclusión de Irán en los procesos de toma de decisiones de Asia occidental. Esto le pone presión a Estados Unidos, y al mismo tiempo ayuda contener el intento de Arabia Saudita de seguir siendo el Estado árabe sunni clave. Ya ahora, con la asunción del rey Salman, la prensa está plagada de discusiones en torno a la fragilidad de la posición saudí.

Finalmente, en Ucrania, los rusos emprenden una política cuidadosa. Pese a no tener bajo control total a los autonomistas de Donetsk-Luhansk, Rusia, no obstante, se está asegurando de que los autonomistas no puedan ser eliminados militarmente. El precio ruso de una paz verdadera es un compromiso de la OTAN de que Ucrania no sea un miembro potencial. En torno a esto hay diferentes posturas dentro de la OTAN. Cada quien está jugando juegos de alto riesgo en Ucrania. Mi suposición, y es en gran medida un mero supuesto, es que la prudencia prevalecerá y se alcanzará un acuerdo político. Yo diría, observemos a Angela Merkel después de las elecciones. Ella (y Alemania) quiere hacer un trato, pero todavía no está libre para hacerlo.

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James Galbraith: La esperanza griega

Dom, 08/02/2015 - 14:00
James K. Galbraith, Sin Permiso

Hace 54 años, en su discurso inaugural como presidente, el presidente John F. Kennedy declaró: "No negociemos nunca partiendo del miedo. Pero no tengamos nunca miedo de negociar". No eran las frases más elevadas de aquel breve discurso, pero estaban entre las más importantes. Pues le mostraban a la Unión Soviética, de forma deliberada e inequívoca, que podría concluirse la Guerra Fría sin llegar a una conflagración y que el mundo no tiene que vivir siempre entre bravuconerías y amenazas ni bajo la sombra de la guerra nuclear.

Hoy se enfrenta Europa a negociaciones sobre la deuda y la depresión. Por un lado estará el joven gobierno de Grecia. Del otro, los poderes financieros de Europa y del mundo. Hoy, como entonces, no puede esquivarse la cuestión del miedo.

Los poderes europeos se guardan tres bazas para cuando empiecen las negociaciones. En primer lugar, Grecia tiene deudas que vencen este año y que no puede pagar. En segundo lugar, los bancos griegos dependen de la provisión urgente de liquidez del Banco Central Europeo, que se les podría retirar. En tercer lugar, la flexibilización cuantitativa le otorga al BCE una manera nueva de aislar al resto de Europa de las agonías de Grecia. Si Europa quisiera, estas bazas pueden utilizarse para aplicar una política de amenazas, con el fin de mantener la austeridad, los desahucios y la penuria de Grecia.

Se huelen las amenazas. El diario The Daily Telegraph resumió la reunión de ministros de finanzas de la UE el 26 de enero: "La eurozona ha descartado el perdón de la deuda a Grecia y ha advertido de que su nuevo gobierno de coalición antiausteridad debe cumplir todos los acuerdos del pasado…" El portavoz del gobierno alemán, Steffen Seibert, declaró ante los oligarcas de Davos que Grecia debe "tomar medidas para que continúe la recuperación económica". Y eso significa "respetar sus compromisos anteriores y que el nuevo gobierno quede vinculado por los logros de la reforma". O, como dijo el ministro alemán de Finanzas en diciembre pasado: "Unas nuevas elecciones no cambian nada".

Para los griegos, estos comentarios deben de ser una broma cruel: ¿Qué recuperación económica? ¿Qué logros? Si las elecciones no cambian nada, ¿para qué molestarse en celebrarlas? Y, por supuesto, la premisa de que han de "respetar sus compromisos anteriores" no es más que terquedad dogmática. Lo que Syriza puso de manifiesto, sobre todo, es lo incontestable de que tienen que cambiar esas fracasadas medidas políticas. El primer ministro británico, David Cameron, resumió el punto de vista griego con velada ironía británica: "Lo que las elecciones griegas mostrarán también es que hay algunas señales de aviso en la economía global, eurozona incluida". Bueno, sí. Cuando fracasan las medidas políticas, entra en declive la economía. Los griegos no son los únicos en contemplar al fracaso delante de sus ojos. Tal como informaba el Telegraph, hay dos cuestiones: los acuerdos y la deuda. Respecto a la primera, Grecia propone hoy recuperar el rumbo de su destino. Se ha probado el experimento de control de la Troika. Y conocemos los resultados. Se promulgarán nuevas medidas políticas destinadas a ayudar a los indigentes y a los más vulnerables, a estabilizar la economía y a fomentar la recuperación. El pasado historial de Grecia no es bueno, eso no lo discute nadie. Pero el severo diktat que vino a continuación ha sido un desastre.

La cuestión detrás de la quita es solo parcialmente una cuestión de recursos. La alternativa de "prolongar y fingir" resulta, al fin y al cabo, una forma de transferencia fiscal. El problema estriba en que la práctica amontona deuda sobre deuda, y esta es la palanca que mantiene al país tutelado, siempre en situación de mendigar. Una quita es el medio de volver a la autonomía de la política. La forma y las condiciones precisas son, en parte, aquello de lo que trata la negociación.

Unas conversaciones con pronta fecha límite, coacción y ultimatums probablemente significaría que Europa ha tomado la decisión de impedir un debate real y dinamitar las conversaciones desde un principio. Si la decisión es ésa, entonces el peso de la Historia caerá sobre quienes la tomaron, incluyendo el caos que pueda derivarse de ello.

¿Qué capacidad de maniobra tiene Grecia? Evidentemente, no mucha; las armas pesadas están del otro lado. Pero hay algo. El primer ministro Tsipras y su equipo pueden presentar su defensa de la razón sin amenazas de ninguna clase. En ese caso, el gesto correcto y moral por la otra parte consistiría en desechar sus tres bazas y, por encima de todo, dejar espacio fiscal y garantizar la estabilidad financiera griega mientras se llevan a cabo las conversaciones.

Si es esto lo que ocurre, pueden seguir adelante las negociaciones formales. Sobre esta cuestión, los comentarios de la canciller Merkel han sido de lo más suaves. Posiblemente entienda que las opciones determinarán – muy pronto – el futuro de Europa.

En esta situación valen las dos partes del pronunciamiento de Kennedy, bosquejado, por cierto, para él por mi padre. No se debe forzar a que Grecia negocie con miedo. Y Europa, por su parte, no debe tener miedo a negociar, con tranquilidad, sin bravatas ni amenazas, de buena fe.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Los tiburones de Wall Street

Dom, 08/02/2015 - 07:01
Alejandro Nadal, La Jornada

En su intento por mitigar los efectos de la crisis financiera mundial, la Reserva Federal adoptó una postura de flexibilización monetaria desde 2008. Mantuvo tasas de interés cercanas a cero y abrió un programa de compras de títulos del Tesoro estadunidense para inyectar liquidez al sistema bancario y permitir el flujo de crédito a la economía. La realidad es que la inyección de liquidez mantuvo vivo el sistema de pagos interbancario, pero esos recursos nunca encontraron el camino del crédito a los consumidores y empresas. En cambio sí sirvieron para apuntalar una mayor actividad especulativa de los bancos y otros agentes financieros.

La política de mantener la tasa de interés de referencia en niveles cercanos a cero tuvo como propósito inflar los precios de los activos financieros y generar un espejismo de bienestar de la economía de Estados Unidos. La lógica de la Fed bajo la presidencia de Ben Bernanke era sencilla. Al mantener una política de tasas de interés cercanas a cero, el banco central buscó orientar a los inversionistas hacia espacios más rentables, en especial hacia los títulos financieros que se cotizan en la bolsa de valores. Ese movimiento provocaría un aumento en los precios de esos activos financieros y acciones. A su vez, ese incremento de precios generaría un efecto riqueza (o por lo menos la impresión de un efecto riqueza) en los participantes del mercado de valores. El aumento en los precios de acciones y otros títulos daría mayor confianza a los empresarios y la inversión aumentaría. Además, ese efecto riqueza induciría un incremento en el gasto de los consumidores porque aún los que no poseen títulos financieros percibirían a los aumentos del índice de cotizaciones en bolsa como señal de que los buenos tiempos están regresando. La demanda agregada se vería estimulada, la inversión le seguiría y la recesión quedaría atrás.

Pero la postura de la Reserva Federal tiene un gran problema: consiste en fomentar la especulación y no la inversión en la economía real. Para comprobar lo anterior hay muchos ejemplos, Uno de los más interesantes es el de las transacciones de alta velocidad. Esta modalidad del mercado financiero se lleva a cabo de manera automática por computadoras que compran y venden títulos o divisas, cobrando una muy pequeña comisión en cada transacción. Como el volumen de operaciones es gigantesco, las ganancias son enormes.

En el mercado financiero mundial, pero en especial entre Nueva York y Londres, una buena computadora y un programa adecuado pueden darle a un especulador una milésima de segundo de delantera frente al resto de la manada. Esa ventaja puede ser suficiente para generar un margen de unos cuantos centavos, pero si la operación se realiza millones de veces al día, las ganancias alcanzarán las decenas de millones. Por eso no sorprende que del total de transacciones en Wall Street hoy en día, alrededor del 60 por ciento constituyen operaciones de alta frecuencia o alta velocidad. Hasta cierto punto todo esto es normal, pues la especulación es la actividad principal en un casino, y en eso se ha convertido desde hace mucho el sistema financiero mundial.

El problema adicional es que las transacciones de alta frecuencia son un poderoso elemento desestabilizador. Cuando unos milisegundos de ventaja representan cientos de millones de dólares de ganancias, la carrera se gana con sistemas automáticos de gran velocidad. Por ello hoy las empresas más llamativas en Wall Street producen algoritmos que permiten identificar oportunidades especulativas a mayor velocidad. Pero esos algoritmos también son capaces de conducir un mercado financiero en un vuelo en picada cuando la especulación ordena vender activos en una estampida. Las computadoras y sus programadores son tan racionales como cualquier especulador de carne y hueso: cuando hay fuego, la carrera hacia la puerta de salida es lo más racional. Pero también es lo más catastrófico.

En 2010 se realizaron cuantiosas inversiones en infraestructura para transacciones financieras: se trata de poderosos servidores que procesan dichas operaciones y los cables de fibra óptica que constituyen la red mundial del sistema financiero. Estamos hablando de dos mil millones de dólares, sin contar el nuevo cable transatlántico que conecta Nueva York y Londres y que ha reducido en unas cuantas centésimas de segundo el lapso entre la recepción o envío de una orden de compraventa.

Pero los tiburones han demostrado tener cierto gusto por morder los cables de fibra óptica. Estos depredadores han llegado a arrancar pedazos de cable, provocando daños cuya reparación es muy costosa. Por supuesto, a los operadores en Wall Street lo que más preocupa es el freno que esto impone en las operaciones cotidianas de alta velocidad. Dicen algunos biólogos marinos que quizás los tiburones son sensibles a las vibraciones en estos cables porque se parecen a las de una presa en dificultades. Si esa teoría es correcta, los tiburones sí que saben reconocer a sus pares en Wall Street.

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Deuda mundial llega a 200 billones de dólares, ¿se acerca el mundo a la quiebra?

Sáb, 07/02/2015 - 21:01
El mundo está hoy más inundado de deuda que antes del estallido de la crisis financiera en agosto de 2007 y el peligro latente de la inestabilidad perdurará por mucho tiempo. De acuerdo al último informe de la consultora Global McKinsey, la deuda global en relación al producto interno bruto es hoy mucho más abultada de lo que era hace siete años. Esto confirma que las políticas implantadas por la troika han sido un fracaso en toda la línea. La austeridad, los recortes presupuestarios y los salvatajes al sistema financiero no han hecho más que disparar la deuda a niveles insostenibles. En los 22 países industrializados y las 25 principales economías emergentes que investiga el informe, la deuda ha aumentado en 57 billones de dólares, pasando de los 142 billones de dólares de fines del 2007, a los 199 billones de dólares a mediados de 2014.

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Joseph Stiglitz: Una narrativa griega sobre moralidad

Xov, 05/02/2015 - 09:00
Cuando la crisis del euro comenzó hace media década, los economistas keynesianos predijeron que la austeridad que se imponía a Grecia y a los demás países en crisis sería un fracaso. Predijeron que la austeridad ahogaría el crecimiento y aumentaría el desempleo – y que incluso fracasaría en su propósito de reducir la relación deuda–PIB. Otros economistas – en la Comisión Europea, el Banco Central Europeo, y en algunas universidades – hablaron de contracciones expansivas. Pero, incluso el Fondo Monetario Internacional sostuvo que las contracciones, como por ejemplo los recortes en el gasto público, eran solamente eso – políticas contractivas.

Nosotros casi ya no necesitábamos de una evidencia probatoria adicional. La austeridad había fallado de manera repetitiva: desde cuando se la usó hace ya bastante tiempo atrás durante la administración del presidente estadounidense Herbert Hoover – en dicha ocasión, la austeridad convirtió un desplome del mercado bursátil en la Gran Depresión – hasta cuando se la impuso en la forma de “programas” del FMI implementados en el Este de Asia y en América Latina durante las últimas décadas. Y, a pesar de todo, cuando Grecia se metió en problemas, de nuevo se intentó usarla.

En su gran mayoría, Grecia siguió las medidas dictadas por la “troika” (la Comisión Europea, el BCE y el FMI): convirtió un déficit presupuestario primario en un superávit primario. Sin embargo y de manera previsible la contracción del gasto público ha sido devastadora: 25% de desempleo, una caída del 22% en el PIB desde el año 2009, y un aumento del 35% en la relación deuda–PIB. Y ahora, con la abrumadora victoria en las elecciones de Syriza, el partido anti-austeridad, los votantes griegos han declarado que se hartaron de la situación.

Entonces, ¿qué se debe hacer? En primer lugar, seamos claros: se podría culpar a Grecia por sus problemas si sería el único país donde la medicina de la troika hubiese sido un completo y triste fracaso. Sin embargo, España tenía un superávit y un ratio bajo de deuda antes de la crisis, y este país, también, se encuentra en una depresión. No es tan necesaria una reforma estructural dentro de Grecia y España, en comparación con lo necesaria que sí es una reforma estructural en el diseño de la eurozona y un replanteamiento de los fundamentos de los marcos de políticas que han llevado al desempeño espectacularmente malo de la unión monetaria.

Grecia también nos ha recordado una vez más la magnitud de la necesidad que tiene el mundo en cuanto a contar con un marco de reestructuración de la deuda. La deuda excesiva no causó solamente la crisis del año 2008, sino que también causó la crisis del Este de Asia en la década de 1990 y la crisis de América Latina en la década de 1980. En la actualidad, continúa causando sufrimientos indecibles en EE.UU., donde millones de propietarios de viviendas han perdido sus hogares, y en la actualidad, la deuda amenaza a millones más de personas en Polonia y en otros lugares a consecuencia de que dichas personas pactaron préstamos en francos suizos.

Si se toma en cuenta la cantidad de angustia que provoca la deuda excesiva, uno podría preguntarse por qué las personas y los países se han puesto, repetidamente, en dicha situación. Al fin de cuentas, esas deudas son contratos – es decir, son acuerdos voluntarios – así que los acreedores son tan responsables de dichas deudas como lo son los deudores. De hecho, podría decirse que los acreedores son aún más responsables: por lo general, estos acreedores son instituciones financieras sofisticadas, mientras que los prestatarios con frecuencia están en mucha menor sintonía con las vicisitudes del mercado y los riesgos asociados a los diferentes acuerdos contractuales. De hecho, sabemos que los bancos estadounidenses en realidad se aprovechaban de sus prestatarios, usufructuando su falta de sofisticación financiera.

Cada país (avanzado) se ha dado cuenta de que para hacer funcionar el capitalismo se requiere otorgar a las personas un nuevo comienzo. Las prisiones de deudores del siglo XIX fueron un fracaso – por inhumanas y porque realmente no ayudaban a garantizar el pago. Lo que sí ayudó fue brindar mejores incentivos para que realicen buenos créditos, esto se logró al hacer que los acreedores sean más responsables de las consecuencias de sus decisiones.

A nivel internacional, todavía no hemos creado un proceso ordenado para otorgar a los países un nuevo comienzo. Incluso desde antes de la crisis de 2008, las Naciones Unidas, con el apoyo de casi todos los países en desarrollo y emergentes, ha estado tratando de crear un marco de este tipo. Pero EE.UU. se ha opuesto rotundamente; tal vez quiere volver a instituir las prisiones de deudores para encarcelar a las autoridades de los países excesivamente endeudados (si es así, puede que se estén desocupando espacios en la Bahía de Guantánamo).

La idea de restablecer las prisiones de deudores puede parecer descabellada, pero va en sintonía con las actuales ideas sobre riesgo moral y responsabilidad. Existe el temor de que si a Grecia se le permite reestructurar su deuda, dicho país simplemente se meterá nuevamente en problemas, al igual que ocurrirá con otros.

Dichos temores son un disparate. ¿Alguien en su sano juicio cree que algún país estaría dispuesto a atravesar voluntariamente lo que Grecia ha tenido que atravesar, sólo con el objetivo de conseguir ventajas de sus acreedores? Si existiese un riesgo moral, dicho riesgo estaría relacionado a los prestamistas – sobre todo a aquellos en el sector privado – quienes han sido rescatados en repetidas ocasiones. Si Europa ha permitido que estas deudas se desplacen desde el sector privado al sector público – un patrón bien establecido durante el último medio siglo – es Europa, no Grecia, la que debe soportar las consecuencias. De hecho, la difícil situación actual de Grecia, incluyéndose el enorme aumento del ratio de deuda, se debe en gran parte a los programas mal guiados que la troika ha impuesto a este país.

Por lo tanto, lo que es “inmoral” no es la reestructuración de la deuda, sino la ausencia de dicha reestructuración. No hay nada particularmente especial en lo que se refiere a los dilemas que Grecia enfrenta hoy en día; muchos países han estado en la misma posición. Lo que hace que los problemas de Grecia sean más difícil de abordar es la estructura de la eurozona: la unión monetaria implica que los Estados miembros no pueden devaluar su moneda con el objetivo de salir de sus problemas; sin embargo, el mínimo de solidaridad europea que debe acompañar a esta pérdida de flexibilidad en cuanto a la aplicación de políticas simplemente no está presente.

Hace setenta años, al final de la Segunda Mundial, los Aliados reconocieron que ellos debían brindar un nuevo comienzo a Alemania. Entendieron que el ascenso de Hitler tuvo mucho que ver con el desempleo (no con la inflación) que sobrevino a consecuencia de que a finales de la Primera Guerra Mundial se impuso más deuda sobre los hombros de Alemania. Los Aliados no tomaron en cuenta la estupidez asociada a la acumulación de dichas deudas, ni tampoco hablaron sobre los costos que Alemania había impuesto sobre los hombros de los demás. En cambio, no sólo perdonaron las deudas; en los hechos, los Aliados proporcionaron ayuda, y las tropas Aliadas estacionadas en Alemania proporcionaron un estímulo fiscal adicional.

Cuando las empresas entran en quiebra, un canje de deuda por acciones es una solución justa y eficiente. El enfoque análogo para Grecia es convertir sus bonos actuales en bonos vinculados con el PIB. Si a Grecia le va bien, sus acreedores recibirán más del dinero que invirtieron; si no le va bien, recibirán menos. Ambas partes tendrían un incentivo poderoso para aplicar políticas que favorezcan el crecimiento.

Rara vez las elecciones democráticas dan un mensaje tan claro como el que se dio en Grecia. Si Europa le dice no a la demanda de los votantes griegos en cuanto a un cambio de rumbo, está diciendo que la democracia no es de importancia, al menos cuando se trata de asuntos económicos. ¿Por qué simplemente no se anula la democracia, tal como lo hizo Terranova de forma efectiva cuando entró en suspensión de pagos antes de la Segunda Guerra Mundial?

Se tiene la esperanza de que prevalezcan quienes entienden de asuntos económicos relacionados con la deuda y la austeridad, y que también lo hagan aquellos quienes creen en la democracia y los valores humanos. Aún está por verse si serán ellos quienes prevalecerán.
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Tomado de Project Syndicate

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Dos posibles panoramas de la evolución de los precios del petróleo

Mér, 04/02/2015 - 07:01
El precio del barril de crudo Brent en Nueva York ha alcanzado los 55 dólares. La razón de este cambio brusco en la tendencia reside en la decisión de un número de empresas de petróleo de esquisto de reducir significativamente los costes de producción. Los expertos predicen dos posibles panoramas.

Panorama 1: Subida y colapso La situación actual podría llegar a ser un detonante del crecimiento de las cotizaciones. Pero al mismo tiempo, el mercado sigue teniendo un gran volumen de posiciones cortas, dado que los grandes jugadores todavía están a la espera de una caída de los precios a 40 dólares por barril, escribe el portal especializado Vesti Finance.

Sus expertos aconsejan tener en cuenta el hecho de que el mercado del petróleo es muy fácil de manipular, ya que una cantidad significativa de recursos se centra en los contratos de futuros, de los cuales solo el 5-10% se utiliza en la entrega real de los bienes, y el restante 90-95% actúa como lastre financiero.

La situación actual es muy adecuada para preparar una 'explosión' de los precios del petróleo. Es decir, aumentar los precios artificialmente hasta que se activen los ajustes de los márgenes, lo que a su vez dará lugar a un efecto dominó y los precios del petróleo se dispararán por su cuenta. El grupo de inversores que lo estuviese organizando podría obtener miles de millones en ingresos.

Panorama 2: Crecimiento estable Para mantener los volúmenes de producción actuales, las empresas de esquisto necesitan perforar constantemente nuevos pozos, lo que requiere un alto nivel de ingresos. La disminución del flujo de dinero y las apretadas condiciones de crédito han producido un impacto negativo en este tipo de empresas, que se han visto obligadas a reducir los gastos de producción y, en consecuencia, el número de pozos nuevos. De hecho, los bajos precios del petróleo congelan por completo el crecimiento de la producción en EE.UU.

Esto producirá una estabilización del mercado en 2015 y el precio del petróleo volverá a subir, resumen los expertos de Vesti Finance.

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El escándalo y latrocinio de la deuda griega

Mér, 04/02/2015 - 01:30
Vicenç Navarro, Alainet

Vimos durante estas últimas semanas una campaña mediática movilizada para atemorizar al votante griego a fin de que no votara a la coalición de partidos de izquierdas conocida como Syriza, una campaña que también pudimos ver aquí en España, donde el objetivo era asustar al electorado español, subrayando el desastre que supondría para este país que los partidos de izquierdas, como Podemos o Izquierda Unida (que son considerados homologables políticamente a Syriza en Grecia), ganaran las próximas elecciones a las Cortes Españolas, que se celebra a finales de este año.

Gran parte de esta campaña mediática ha consistido en tergiversar las intenciones de los que son considerados adversarios o enemigos, a los cuales hay que destruir. Una de esas tergiversaciones ha sido decir que si ganaba Syriza las elecciones, esta partido no pagaría la deuda pública, con lo cual los mercados financieros dejarían de prestar dinero a Grecia, con el consiguiente colapso financiero que forzaría a aquel país a salirse del euro. En esta avalancha de falsedades se ignoran muchos hechos que deberían conocerse para entender mejor el problema de la deuda griega y la respuesta de Syriza. Miremos, en primer lugar, cómo se ha generado la deuda griega.

Por qué el gran crecimiento de la deuda pública griega Grecia ha visto crecer la deuda pública de una manera muy rápida, pasando de representar cerca del 100% del PIB cuando se inició la Gran Recesión, al 174% en el año 2014. Hubo una ligera bajada en el año 2012 debido a la reestructuración de la deuda acordada entre los acreedores y el gobierno griego, pero en el 2013 continuó creciendo hasta llegar a los niveles actuales.

Ahora bien, es importante cuando analizamos la situación de la deuda pública de un Estado considerar no solo el tamaño de la deuda pública, sino también el coste que representa para el Estado pagar dicha deuda pública y quién es el propietario de la misma. Si miramos cada uno de estos datos veremos que, aún cuando el tamaño de la deuda pública ha aumentado, el volumen de los intereses que el Estado griego paga por la deuda han ido, en realidad, bajando: de un 7% del PIB en el año 2011, al 4,3% del PIB en el 2014. Esta cifra es, por cierto, inferior a la de Bélgica e Italia (que es aproximadamente del 5-6% del PIB). España, con una deuda pública menor que la griega (alrededor de un 100% del PIB), destina el 3,5% del PIB al pago de intereses de la deuda (algo menos que Grecia), lo cual no deja de ser sorprendente, pues lo que cuesta al Estado español pagar por los intereses de la deuda es solo ligeramente inferior a lo que le cuesta a Grecia cuando, de hecho, España tiene un porcentaje mucho menor de deuda pública que Grecia. ¿Cómo es esto posible?

La respuesta a esta pregunta es que los propietarios de la deuda pública en Grecia han dejado de ser los bancos privados (sobre todo alemanes y franceses, aunque también españoles) y lo han pasado a ser el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y los Estados de la Eurozona, incluyendo España (a través del llamado Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. FEEF). Hoy la gran mayoría de la deuda pública griega la tienen instituciones públicas, a saber: el FEFF (formado por 17 países de la UE, entre ellos España, un 60%), el Fondo Monetario Internacional (FMI, un 10%) y el Banco Central Europeo (BCE, un 6%). En España, sin embargo, según datos del Tesoro Público, la gran mayoría de la deuda pública es de los compradores extranjeros (48%). El resto lo tienen los bancos españoles (30%), compañías de seguros privados (7%), planes de pensiones privados (7%), y un 8% la Seguridad Social.

¿Por qué la Troika compró la deuda pública griega que poseían los bancos privados? En Grecia este cambio de privado a público ha significado una transformación en la evolución de la deuda en Grecia. Las condiciones de pago acordadas hubieran sido mucho más difíciles de alcanzar si las negociaciones de la reestructuración de la deuda hubieran sido primordialmente con los bancos privados. No fue así. Fue con la Troika. En dichas negociaciones se permitió una rebaja de los intereses, una extensión de los vencimientos de la deuda pública y una entrega de los beneficios directamente al gobierno griego sin retenerlo el BCE. Estos cambios explican la caída del coste de pagar los intereses de la deuda.

Estos cambios se pudieron realizar a costa de que la propiedad de la deuda pública pasara de manos privadas a públicas mediante la compra por parte del BCE, del FMI y de los estados europeos de los bonos públicos que tenían los bancos privados. Esta compra de deuda pública generó también un aumento del tamaño de la deuda y respondió a la necesidad de rescatar a los bancos privados (alemanes, franceses y españoles entre otros) que estaban llenos de deuda pública hasta la médula. De ahí que, cuando parecía que el Estado griego colapsaría, la Troika intervino para evitar el daño a la banca privada, comprándole deuda pública y facilitando el pago de la deuda por parte del Estado griego. Como bien dice el director adjunto del Financial Times, el Sr. Martin Wolf, los fondos de la Troika en su compras de deuda pública a los bancos privados, no eran “para ayudar a Grecia, sino a ayudar al sector financiero privado a que abandonara Grecia” (entrevista en el diario ARA, 01.01.15).

La raíz del enorme problema de la deuda pública era y continúa siendo el sistema bancario europeo y las normas de gobierno del Banco Central Europeo. Este, el BCE, compra deuda pública a los bancos privados a unos precios altísimos consecuencia de que el mismo BCE no pueda comprar (según su normativa) deuda pública al Estado griego directamente. Y para mayor escándalo, los bancos privados habían conseguido el dinero para comprar la deuda pública griega nada menos que del mismo BCE, a unos intereses bajísimos. Más que escándalo es un latrocinio y parasitarismo de lo público por lo privado. Y a todo ello le llaman “rescate de Grecia”, cuando es un rescate al sistema financiero privado europeo, que incluye desde los bancos privados griegos al resto de bancos europeos.

¿Por qué la deuda griega continúa creciendo? La compra de los bonos públicos por parte de la Troika fue un enorme rescate de la banca privada a unos precios exuberantes. Esta es la causa del continuo crecimiento de la deuda pública griega. Por lo tanto, los propietarios de la deuda han pasado de ser bancos privados a instituciones públicas, pues la compra del primero ha sido por parte de los segundos. En otras palabras, para evitar las pérdidas de los bancos europeos, entre otros, el Estado español ha terminado comprando bonos griegos por valor de más de 30.000 millones de euros a través del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera.

Economistas “catastrofistas” no han dicho nada sobre este latrocinio. En su lugar asustan a los españoles diciendo que si Syriza gana las elecciones, su gobierno no pagará la deuda al Estado español, perdiendo cada ciudadano 300 euros, cifra a la cual los catastrofistas han llegado dividiendo el total de la deuda pública que el Estado español posee entre el número de españoles. En este cálculo se hace una gran manipulación, pues hay el dato clave que he citado, ocultado (o probablemente desconocido por tales catastrofistas), de que el dinero prestado al Estado griego por parte del Estado español era, en realidad, parte del pago en los famosos rescates de los bancos periféricos de la Eurozona (en el caso de Grecia servía para que el Estado pudiera pagar a los bancos privados, que eran los mayores propietarios de la deuda pública). De ahí que hoy la deuda griega sea deuda pública adquirida en gran parte para que el Estado griego pudiera pagar a los bancos privados. Lo que no se dice es que los 300 euros (en realidad 600) que el ciudadano español ha prestado al Estado griego han sido para pagar a los bancos extranjeros, incluyendo los españoles, que tenían enormes cantidades de deuda pública griega. Los “paganos” han sido las clases populares griegas, que han tenido que sufrir enormes recortes de gasto público para pagar los intereses de la deuda pública, y también los ciudadanos de otros países; todos ellos para pagar a los bancos extranjeros (muy en especial alemanes, pero también franceses y españoles). Y ahora tales catastrofistas intentan enfrentar a los ciudadanos españoles con los ciudadanos griegos, diciendo que si el Estado griego no paga la deuda, el ciudadano español perderá 300 euros.

¿Por qué se reproduce tal sistema de gobierno del euro? En realidad, todo este entramado es para el beneficio y gloria de la banca privada. Todo, repito, todo podría haberse ahorrado si el Banco Central Europeo hubiera sido un Banco Central en lugar de ser un lobby de la banca, sobre todo alemana. La hipertrofia de la deuda pública griega se debe primordialmente a que el BCE no ha ayudado a los Estados (como hubiera hecho cualquier Banco Central) protegiéndoles en contra de la especulación de los mercados financieros, comprándoles deuda pública. Parece que, por fin, el BCE lo va a hacer, aunque no directamente sino indirectamente comprando deuda pública a los bancos privados en el mercado secundario. ¿Por qué ha tardado tanto? Pues porque a los bancos la situación les ha ido requetebién. Y a los Estados periféricos y a las clases populares les ha ido requetemal.

El gobierno Syriza lleva razón Resultado de todo lo dicho, es lógico que un nuevo gobierno griego pida una auditoría para saber cómo, cuándo y quién ha generado tal deuda, una auditoría, por cierto, que no está solo permitida sino incluso exigida ya ahora por las normativas de la UE y del Parlamento Europeo, según las cuales tal auditoría se exige cuando debe hacerse una restructuración de la deuda. La Troika fue precisamente la que incumplió tal norma en la última reestructuración de la deuda, pues tal auditoría hubiera mostrado la ilegalidad de las condiciones que la Troika ha impuesto a Grecia. Es justo y necesario que haya una demanda de auditoría de la deuda junto con la renegociación de la deuda. Incluso el que fue director de la reestructuración de la deuda griega en 2012, el Sr. Charles Dallara, está de acuerdo en ello. Sus recientes declaraciones son, de hecho, favorables a la propuesta de Syriza. Pero todo esto no aparece en los medios, que están movilizados para atemorizar a la población tanto en Grecia como en España. En realidad, la Troika no podría poner las condiciones que impuso a Grecia pues, como ha señalado Eric Toussaint, sus condiciones violan tanto el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea como su Carta Social, incluyendo también la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE.

Una última observación. El énfasis en la deuda ha distraído la atención de los medios de información que no han dado suficiente visibilidad a otros responsables del crecimiento de la deuda, tales como el enorme dominio del Estado por una estructura oligárquica que ha llevado a Grecia a la ruina, tal como indiqué en un artículo anterior (ver “Qué pasa en Grecia (y en España)”, Público, 14.01.15). Tal deuda no puede entenderse sin la complicidad de esta estructura de poder con los intereses financieros extranjeros, una situación semejante a la que ocurre en España.

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Se acelera la deflación en Europa

Lun, 02/02/2015 - 13:19
La deflación en los 19 países de la zona euro que utilizan la moneda única se está acelerando. En Alemania, la economía se ha deslizado por primera vez en deflación desde julio de 2009. En enero, los precios en la zona euro fueron 0,6 por ciento inferiores a los niveles de hace un año. Este es otro signo de las tendencias recesivas que amenazan con profundizar la crisis en la eurozona. Toda la zona euro podría caer en una espiral de caída de precios y salarios.

Si bien la caída de los precios del petróleo fue un factor clave en el descenso del índice general de precios, la tasa de disminución fue mayor a lo esperado. Se estima que los precios continuarán cayendo durante los próximos meses a medida que la inversión y el consumo privado se contrae. La caída de la inversión y el consumo propagado por el alto desempleo empujan a Europa a una nueva crisis. Sólo una vez en la historia ha sufrido Europa una caída general de precios y fue en julio de 2009 tras el colapso del sistema financiero de septiembre de 2008. Pero mientras en 2009 la deflación tuvo una duración muy breve, esta vez amenaza con ser prolongada. Varios países europeos continuarán a lo largo del año con caídas en los precios.

El índice de precios de la eurozona se encuentra muy por debajo de las metas establecidas por el Banco Central Europeo que están en torno al 2 por ciento anual. Por eso que mientras la energía más barata es una muy buena noticia para los países que son importadores netos de petróleo, como lo es la zona euro, el peligro de un período prolongado en deflación hace potencialmente más dañino este nuevo flagelo que comienza a sufrir Europa donde la deuda pública y privada se convierten en el gran problema.

La deflación hace que el pago de los préstamos sea una carga más pesada dado que la deuda se encarece mientras los ingresos se reducen. Este fue el motivo central por el cual Mario Draghi lanzó su nuevo plan de estímulo cuantitativo hace diez días. Con este plan, el BCE comprará bonos de los gobiernos por 60 mil millones de euros durante un mínimo de 18 meses. El objetivo es empujar la inflación hacia arriba, algo insólito para un banco central dado que su política principal siempre ha sido controlar la inflación.

Que los bancos centrales se muevan en la dirección opuesta: a empujar la inflación, demuestra lo mal que están las cosas y lo incierta que se ve la salida de la crisis. Esto confirma que las políticas de austeridad impulsadas por Angela Merkel y promovidas por la troika han sido un fracaso.

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Ser acelera la deflación en Europa

Lun, 02/02/2015 - 13:19
La deflación en los 19 países de la zona euro que utilizan la moneda única se está acelerando. En Alemania, la economía se ha deslizado por primera vez en deflación desde julio de 2009. En enero, los precios en la zona euro fueron 0,6 por ciento inferiores a los niveles de hace un año. Este es otro signo de las tendencias recesivas que amenazan con profundizar la crisis en la eurozona. Toda la zona euro podría caer en una espiral de caída de precios y salarios.

Si bien la caída de los precios del petróleo fue un factor clave en el descenso del índice general de precios, la tasa de disminución fue mayor a lo esperado. Se estima que los precios continuarán cayendo durante los próximos meses a medida que la inversión y el consumo privado se contrae. La caída de la inversión y el consumo propagado por el alto desempleo empujan a Europa a una nueva crisis. Sólo una vez en la historia ha sufrido Europa una caída general de precios y fue en julio de 2009 tras el colapso del sistema financiero de septiembre de 2008. Pero mientras en 2009 la deflación tuvo una duración muy breve, esta vez amenaza con ser prolongada. Varios países europeos continuarán a lo largo del año con caídas en los precios.

El índice de precios de la eurozona se encuentra muy por debajo de las metas establecidas por el Banco Central Europeo que están en torno al 2 por ciento anual. Por eso que mientras la energía más barata es una muy buena noticia para los países que son importadores netos de petróleo, como lo es la zona euro, el peligro de un período prolongado en deflación hace potencialmente más dañino este nuevo flagelo que comienza a sufrir Europa donde la deuda pública y privada se convierten en el gran problema.

La deflación hace que el pago de los préstamos sea una carga más pesada dado que la deuda se encarece mientras los ingresos se reducen. Este fue el motivo central por el cual Mario Draghi lanzó su nuevo plan de estímulo cuantitativo hace diez días. Con este plan, el BCE comprará bonos de los gobiernos por 60 mil millones de euros durante un mínimo de 18 meses. El objetivo es empujar la inflación hacia arriba, algo insólito para un banco central dado que su política principal siempre ha sido controlar la inflación.

Que los bancos centrales se muevan en la dirección opuesta: a empujar la inflación, demuestra lo mal que están las cosas y lo incierta que se ve la salida de la crisis. Esto confirma que las políticas de austeridad impulsadas por Angela Merkel y promovidas por la troika han sido un fracaso.

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Nouriel Roubini: ¿A qué han llevado las políticas monetarias no convencionales?

Dom, 01/02/2015 - 19:33
¿Quién hubiera pensado que, seis años después de la crisis financiera mundial, las economías más avanzadas aún estarían nadando en una sopa de letras - ZIRP, QE, CE, FG, NDR, y U-FX Int - de las políticas monetarias no convencionales? Ningún banco central había considerado la posibilidad de adoptar algunas de estas medidas (política de tipos de interés cero por ciento, flexibilización cuantitativa, expansión crediticia, orientación hacia delante de la política monetaria, tasas de depósito negativa, e intervención ilimitada en el mercado de divisas, respectivamente) antes de 2008. Hoy en día, se han convertido en el pan nuestro de cada día en materia de instrumentos de política.

De hecho, sólo en el último año y medio, el Banco Central Europeo ha adoptado su propia versión de FG, luego se trasladó a ZIRP, y luego abrazó CE, antes de decidirse a probar NDR. En enero, el Comité aprobó plenamente QE. De hecho, por ahora la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón, el BCE, y una variedad de bancos centrales de las economías avanzadas más pequeñas, tales como el Banco Nacional de Suiza, han recurrido a este tipo de políticas no convencionales.

El resultado de este activismo global de la política monetaria ha sido una rebelión entre los pseudo-economistas y hacks de mercado en los últimos años. Esta variedad de economistas "austriacos", monetaristas radicales, fanáticos del de oro, y los fanáticos de Bitcoin ha advertido en repetidas ocasiones que un aumento masivo de la liquidez mundial conduciría a la hiperinflación, el colapso del dólar, los precios del oro por las nubes, y la eventual desaparición de las monedas fiat monedas en las manos de sus contrapartes krypto en moneda digital.

Ninguno de estos terribles predicciones ha sido confirmada por los acontecimientos. La inflación es baja y la caída se vive en casi todas las economías avanzadas; de hecho, todos los bancos centrales de las economías avanzadas están fallando para lograr su mandato - explícito o implícito - de inflación del 2%, y algunos están luchando para evitar la deflación. Por otra parte, el valor del dólar se ha disparado contra el yen, el euro, y la mayoría de las monedas de los mercados emergentes. Los precios del oro desde la caída de 2013 han caído de 1.900 dólares por onza a alrededor de $ 1.200. Y el Bitcoin fue la moneda de peor desempeño del mundo en 2014, su valor ha caído casi un 60%.

Sin duda, la mayoría de los agoreros tienen apenas ningún conocimiento de economía básica. Pero eso no ha impedido que sus puntos de vista de informar el debate público. Así que vale la pena preguntarse por qué sus predicciones han sido tan espectacularmente mal.

La raíz de su error radica en su confusión de causa y efecto. La razón por la que los bancos centrales han adoptado cada vez más políticas monetarias no convencionales es que la recuperación post-2008 ha sido extremadamente anémica. Se han necesitado tales políticas para contrarrestar las presiones deflacionarias causadas por la necesidad de un doloroso desapalancamiento en la estela de grandes acumulaciones de deuda pública y privada.

En la mayoría de las economías avanzadas, por ejemplo, todavía hay una brecha de producción muy grande, con la producción y la demanda muy por debajo de potencial; por lo tanto, las empresas han limitado el poder de fijación de precios. Existe una considerable holgura en los mercados de trabajo, así: Demasiados trabajadores desempleados están persiguiendo a muy pocos puestos de trabajo disponibles, mientras que el comercio y la globalización, junto con las innovaciones tecnológicas que ahorran trabajo, está apretando cada vez más puestos de trabajo y los ingresos de los trabajadores, colocando un lastre adicional en la demanda.

Por otra parte, todavía hay holgura en los mercados inmobiliarios que tras su auge quebraron en Estados Unidos, Reino Unido, España, Irlanda, Islandia, y Dubai. Y burbujas en otros mercados (por ejemplo, China, Hong Kong, Singapur, Canadá, Suiza, Francia, Suecia, Noruega, Australia, Nueva Zelanda) plantean un nuevo riesgo, dado que su colapso arrastraría los precios de la vivienda.

Los mercados de materias primas, también, se han convertido en una fuente de presión deflacionista. La revolución energética del esquisto en América del Norte ha debilitado los precios del petróleo y del gas, mientras que la desaceleración de China ha minado la demanda de una amplia gama de productos básicos, incluido el mineral de hierro, cobre y otros metales industriales, todos los cuales están en una mayor oferta después de años en que los precios altos estimularon inversiones en nueva capacidad.

La desaceleración de China, que viene después de años de exceso de inversión en el sector inmobiliario y de infraestructura, también es causa de un exceso de oferta mundial de bienes manufacturados e industriales. Con la demanda interna en estos sectores contraída bruscamente, el exceso de capacidad en los sectores del acero y cemento de China - por citar sólo dos ejemplos - está alimentando aún más la presión deflacionaria en los mercados industriales globales.

El aumento de la desigualdad de ingresos, mediante la redistribución de los ingresos de aquellos que pasan más a los que ahorrar más, ha agravado el déficit de la demanda. También lo ha hecho el ajuste asimétrico entre el exceso de ahorro de las economías de los acreedores que se enfrentan a ninguna presión del mercado para pasar las economías deudoras más, y el exceso de gasto que hacen presión del mercado cara y se han visto obligados a ahorrar más.

En pocas palabras, vivimos en un mundo en el que hay demasiada oferta y poca demanda. El resultado es la persistente desinflación, una gran presión deflacionaria, a pesar de la flexibilización monetaria agresiva.

La incapacidad de las políticas monetarias no convencionales para evitar la deflación refleja en parte el hecho de que tales políticas buscan debilitar la moneda, mejorando así las exportaciones netas y el aumento de la inflación. Esto, sin embargo, es un juego de suma cero que sólo exporta deflación y recesión a otras economías.

Tal vez lo más importante ha sido un desajuste profundo con la política fiscal. Para ser eficaz, el estímulo monetario debe ir acompañado por el estímulo fiscal temporal, que ahora está ausente en todas las principales economías. De hecho, la zona euro, el Reino Unido, los EE.UU. y Japón persiguieron diversos grados de austeridad fiscal y la consolidaron.

Incluso el Fondo Monetario Internacional ha señalado correctamente que parte de la solución para un mundo con demasiada oferta y poca demanda tiene que ser la inversión pública en infraestructura, que no existe - o se ha desmoronado - en las economías más avanzadas y los mercados emergentes (con la excepción de China). Con las tasas de interés a largo plazo cerca de cero en la mayoría de las economías avanzadas (y en algunos casos incluso negativas), el caso de los gastos de infraestructura es realmente convincente. Pero una variedad de restricciones políticas - en particular el hecho de que las economías fiscalmente atadas recortan el gasto de capital antes de cortar los salarios del sector público, subsidios y otros gastos corriente - se frena el auge de la infraestructura necesaria.

Todo esto se suma a una receta para el continuo crecimiento lento, estancamiento secular, la desinflación, e incluso deflación. Es por ello que, en ausencia de políticas fiscales apropiadas para abordar la demanda agregada insuficiente, las políticas monetarias no convencionales seguirán siendo una característica central del paisaje macroeconómico.
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Tomado de Project Syndicate

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