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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger7109125
Actualizado: fai 22 horas 24 min

Esta puede ser la peor crisis del euro

Mér, 30/05/2018 - 17:15
Matthew Lynn, El Economista


Italia se ha visto sumida en el caos político, y ahora parece inevitable que se celebren nuevas elecciones. El contagio ha comenzado a extenderse a España y más allá. El rendimiento de los bonos está subiendo, los mercados bursátiles están cayendo y el dinero está empezando a desaparecer del continente. De repente, la zona euro está empezando a verse de nuevo como en 2011 -el año en el que el colapso griego fue el detonante de una crisis que sacudió Portugal, Italia, Irlanda y España, países que llegaron a ser conocidos colectivamente como los PIIGS-.

Con un no gobierno en Italia y España ante unas posibles elecciones, la crisis podría volver. La última vez, Angela Merkel y Mario Draghi consiguieron encontrar una solución. Esta vez, sin embargo, podría no ser posible. ¿Por qué? Porque las deudas han aumentado y más países están en peligro; porque las fuerzas antieuro están mejor preparadas; porque Merkel es mucho más débil que hace cinco años; y porque al BCE le quedan menos cartas por jugar.

El drama en Italia se intensifica día a día. Casi tres meses después de las últimas elecciones, el populista M5S y la Liga de derechas parecían haber llegado a una coalición poco probable. Durante el fin de semana, eso se desmoronó cuando el presidente Mattarella vetó al propuesto ministro de Finanzas Paulo Savona, por las dudas que había planteado a lo largo de los años sobre la pertenencia de Italia al euro. El acuerdo colapsó, con Matarella pidiendo la formación de una Administración temporal encabezada por un ex funcionario del FMI, mientras que el líder del M5S, Luigi Di Maio, pidió que se procesara al presidente de la República. Incluso para los estándares de la política italiana, un resultado caótico.

Pero no es solo Italia. Mariano Rajoy se encuentra bajo una intensa presión por un escándalo de corrupción que podría conducir a nuevas elecciones. La última vez, hubo un par de votaciones antes de que se pudiera formar un Gobierno precario, y no hay razón para pensar que esta vez será mejor. Portugal ya tiene un gobierno anti austeridad, y Grecia no parece más cerca de estar mejor de lo que lo ha estado en ningún momento en los últimos siete años. La economía irlandesa está en buena forma, pero aparte de eso, todas las economías periféricas de la zona euro que desencadenaron la última crisis parecen volátiles. La única diferencia real es que Italia está ahora en primera línea, no Grecia.

Los mercados están lejos de un pánico total. Pero, ciertamente, están nerviosos. El rendimiento de los bonos italianos se ha disparado, con un aumento de los rendimientos de la deuda a 10 años del 1,7% al 2,5% en las últimas cuatro semanas. El índice de referencia de la Bolsa de Milán ha bajado de 24.000 hace un mes a menos de 22.000 en la actualidad. El rendimiento de los bonos españoles está empezando a subir, al igual que el de los griegos. Mientras tanto, el euro está comenzando a caer, pasando de 1,24 dólares a 1,16 dólares. Es cierto que aún no es un verdadero colapso de la confianza. Pero se dirige en esa dirección. Por supuesto, es fácil asumir que si la última crisis fue solucionada, ésta también lo será. Sin embargo, hay cuatro razones por las que puede ser más difícil de arreglar.

En primer lugar, la deuda ha aumentado sustancialmente en los últimos cinco años. El ratio deuda/PIB de Bélgica se sitúa ahora por encima de 100 puntos porcentuales y Francia no se queda atrás. De hecho, cuando estalló la última crisis, el ratio de deuda de Francia era de 80 puntos porcentuales, relativamente seguro, en comparación con los 100 puntos porcentuales actuales. Portugal estaba en un 120% del PIB cuando tuvo que ser rescatado, comparado con cerca del 130% de ahora, mientras que Italia y Grecia han seguido subiendo constantemente. Si entonces era malo, ahora es peor. Además, es muy posible que los mercados empiecen a ponerse nerviosos por los diferentes países. En lugar de los PIGS, podrían ser los BIPS, para Bélgica, Italia, Portugal y España. O mejor aún, los FIBS para Francia, Italia, Bélgica y España.

En segundo lugar, el liderazgo alemán es más débil de lo que era. La última vez, Angela Merkel pudo imponer su voluntad en la zona euro, aunque se necesitaron varias cumbres nocturnas para hacerlo y algo de ayuda del FMI. Después de un terrible resultado electoral el año pasado, y a la cabeza de una coalición de aspecto inestable, Merkel ya no busca tener la autoridad para imponer su voluntad en Berlín, por no hablar del resto del continente. Arreglar una crisis monetaria requiere mucha influencia. Es cierto que Macron podría estar a la altura de las circunstancias. Pero, hasta ahora, sus planes para una ambiciosa reforma de la eurozona se han quedado en nada, y si los mercados de deuda se vuelven contra Francia, su autoridad también será destruida.

Además, las fuerzas antieuropeas son más inteligentes. En 2012 y 2013 nadie tenía un plan realista para salir del euro. La única persona que lo había pensado de verdad era el griego Yanis Varoufakis. Pero se necesita más de un economista inconformista. Los euroescépticos de Italia han estado preparando silenciosamente el terreno para una moneda paralela. El sistema financiero mundial odia esa idea, pero de hecho tiene mucho que decir al respecto. Los llamados mini-BOTs podrían proporcionar una solución elegante a los desequilibrios dentro de la moneda única, preservando el euro para las grandes empresas, pero permitiendo que el resto de la economía se devalúe y que el Gobierno reactive la demanda. Podría funcionar o no. Pero es al menos un plan para romper los grilletes del euro.

Por último, el BCE solo ha tenido un conejo para sacar del sombrero. La última vez, la mayoría de los expertos asumió que la relajación cuantitativa y la compra de bonos por parte del banco central estaban prohibidas en virtud de los tratados que crearon el euro. Esa era ciertamente la opinión en Alemania (y en algunos círculos todavía lo es). Draghi lo arruinó con su discurso de "lo que sea necesario" hace seis años. De hecho, si hay una crisis dentro de la zona euro, se producirá después de que dos billones de euros de dinero impreso hayan sido ya arrojados a la economía. Si eso no funciona, no hay nada más con el mismo tipo de poder.

Ya había señales claras de que la economía europea se estaba paralizando este año, con la ralentización de su motor alemán. Un verano de incertidumbre en Italia, que culmine en unas elecciones que bien podrían activar la pertenencia al euro, es lo último que necesita en un momento en el que la confianza ya estaba disminuyendo. La primera gran crisis de la eurozona fue arreglada por Merkel y Draghi. Pero la segunda será mucho más difícil... e incluso podría resultar imposible.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Crisis italiana reactiva el miedo y hunde a los mercados

Mér, 30/05/2018 - 07:00

El multimillonario húngaro, George Soros, ha alertado que en Europa se está gestando “otra gran crisis financiera”. Una advertencia que ha recogido Bloomberg durante el discurso de Soros en París donde ha dejado claro que “ya no es una forma de hablar decir que Europa está en peligro existencial; es la dura realidad”. A su juicio, la cancelación del acuerdo nuclear con Irán y la “destrucción” de la alianza transatlántica entre la UE y EEUU inevitablemente tendrán “un efecto negativo en la economía europea y causarán otras dislocaciones”. Una combinación de factores que provoquen a Europa “encaminarse hacia otra gran crisis financiera”. “Todo lo que podía salir mal ha salido mal”. Con estas palabras ha hecho referencia a la crisis de los refugiados, a las políticas de austeridad que han catapultado a los partidos populistas al poder y a la “desintegración territoral” ejemplificada por el Brexit.

Los peores momentos de la crisis financiera de 2008 parecen haber vuelto a Europa y con ello los temores de 2012 a una ruptura del euro. Si bien ahora el epicentro del problema está en Italia, el contagio ha sido generalizado entre los principales países de la periferia del euro. La incapacidad de formar un gobierno estable, la supuesta existencia de un plan B para preparar al país para salir de euro y, sobre todo, la posibilidad de que los políticos pudieran plantear las nuevas elecciones como un plebiscito sobre la permanencia en el euro han conseguido que el miedo del lunes se haya convertido en pánico este martes especialmente en el mercado de bonos de deuda pública.

La prima de riesgo italiana escaló un 23,2% hasta los 290,3 puntos básicos. El bono a dos años se disparó 150 puntos en un solo día, en la peor jornada para la deuda pública italiana desde 1992. En el bono a 10 años, la escalada ha sido de 50 puntos básicos y el tipo de interés ya supera el 3%. En España, la prima de riesgo ha cerrado en 134 puntos básicos frente a los 90 puntos que marcaba hace justo siete días. En Portugal, el otro periférico contagiado, el diferencial de su bono con el alemán ha subido hoy un 11% hasta los 190 puntos básicos.

En las bolsas, el principal selectivo italiano, el MIB, ha sido también el más bajista al dejarse un 2,57% de su valor. Muy de cerca han estado los descensos del Ibex 35 español que ha cerrado un 2,49% por debajo del día anterior. En la misma línea el PSI 20, índice que recoge la cotización de las principales empresas portuguesas, también ha cerrado con una caída del 2,58%. Los números rojos se han extendidos a todos los mercados europeos, aunque algo más atenuados. En el mercado de divisas, el euro sigue acusando las órdenes generalizadas de buscar en refugio que recorren las mesas de contratación de divisas y ha perdido otro 0,60% de su valor. En este momento cotiza a 1,15 dólares, un nivel que no se veía desde julio de 2017.

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Dos voces de preocupación sobre el “Nuevo Orden Mundial” de Trump

Mar, 29/05/2018 - 14:44
Nick Beams, wsws

Dos destacados escritores del Financial Times han señalado las trascendentales y, para ellos, preocupantes implicaciones para el orden político y económico mundial de la agenda “América Primero” de la administración Trump.

Gideon Rachman, el principal comentarista de asuntos exteriores del periódico, escribió un artículo sobre el “Nuevo Orden Mundial” de Trump que examina el contenido geopolítico de la retirada unilateral de Washington del acuerdo nuclear de Irán, elaborado en colaboración con las principales potencias europeas.

El comentarista de economía Martin Wolf abordó la cuestión del ultimátum estadounidense a China sobre el comercio presentado por una delegación económica de alto nivel en las conversaciones celebradas en Beijing a principios de este mes.

Uno tiene la sensación al leer ambos artículos de que hay crecientes temores en los círculos gobernantes sobre las consecuencias de la agenda económica y de política exterior de Estados Unidos para la estabilidad del sistema capitalista mundial.

Rachman comienza su artículo llamando la atención sobre un comentario del recién nombrado asesor de seguridad nacional John Bolton durante un discurso que pronunció en 2000, cuando era uno de los defensores neoconservadores más estridentes de un ataque liderado por Estados Unidos contra Irak e Irán.

“Si hoy estuviera rehaciendo el Consejo de Seguridad [de la ONU]”, dijo Bolton, “tendría un miembro permanente porque ese es el verdadero reflejo de la distribución del poder en el mundo”.

Rachman también cita un artículo de Bolton sobre Irán, escrito en 2015, que indica que el jefe de seguridad nacional está presionando para la guerra. Bolton argumentó que “solo la acción militar ... puede lograr lo que se requiere”.

El comentarista del Financial Times escribe que la decisión de Trump de retirarse del acuerdo con Irán, rechazando las “súplicas personales de los líderes de Francia, Alemania y el Reino Unido”, es el último y más serio ejemplo de la “unilateralidad agresiva” de la administración. La retirada de Estados Unidos del acuerdo del cambio climático de París y el “ataque al sistema comercial global” a través de “aranceles draconianos” se impusieron no solo a China, sino también a “aliados clave como Japón, Canadá y la UE”.

Señalando lo que él llama “furia silenciosa en Europa”, Rachman escribe que los europeos han discutido si pueden continuar con el acuerdo con Irán simplemente negándose a someterse a las sanciones de Estados Unidos. Sin embargo, eso puede resultar “muy difícil por razones que van al corazón del poder unilateral de Estados Unidos”. Estas razones se centran no solo en el acceso al mercado estadounidense, sino también en el papel del dólar como moneda de reserva mundial.

Citando comentarios de Twitter del recién nombrado embajador de Estados Unidos en Alemania, Richard Grenell, que “las compañías alemanas que hacen negocios en Irán deben cerrar sus operaciones inmediatamente”, Rachman señala que “in extremis”, los ejecutivos europeos que continúan haciendo negocios en Irán podrían ser arrestados si viajan a los EEUU, y los bancos europeos que operan en Irán podrían verse excluidos del sistema financiero estadounidense o sujetos a multas masivas en los EEUU.

“Todo esto refleja el papel del dólar estadounidense como moneda de reserva mundial”, escribe. “Es el dólar, tanto como el poderío militar estadounidense, lo que le permite a los Estados Unidos coaccionar a sus aliados, así como a sus adversarios”.

Esta observación subraya el análisis realizado por el movimiento marxista. En sus escritos sobre el imperialismo durante la Primera Guerra Mundial, Lenin definió la esencia del imperialismo como la dominación del capital financiero, que dicta políticas a los gobiernos capitalistas de todo el mundo, cualquiera que sea su línea política, una tendencia que se ha desarrollado en gran medida desde que escribió.
Esta dominación de las finanzas, a la que apunta Rachman, expone las tonterías económicas planteadas por los diversos grupos pseudoizquierdistas que, en su apoyo al imperialismo estadounidense, buscan etiquetar a China como una potencia imperialista. No hay posibilidad de que el renminbi funcione como un reemplazo del dólar como moneda mundial, y el sistema financiero de China depende por completo del capital financiero de los Estados Unidos.

Los comentarios de Rachman también dirigen la atención a la observación altamente perceptiva hecha por Trotsky en 1928 de que toda la fuerza de la hegemonía estadounidense se sentiría más agudamente no en el período de ascenso de Estados Unidos, en el momento en el que él escribía, sino en su período de declive económico, es decir, en el período en el que ahora ingresó.
Tanto Rusia como China han discutido pagos internacionales alternativos que eluden a los EUA, escribe, y los europeos pueden sentirse tentados a unirse a este esfuerzo, “particularmente si brinda la oportunidad de impulsar el papel internacional del euro”.

Pero cualquier conclusión de que un cambio tan tectónico en el sistema financiero global podría lograrse mediante un ajuste puramente económico malinterpretaría completamente las lecciones de la historia para la realidad actual, porque, como observó Lenin, de ninguna manera las relaciones entre las principales potencias capitalistas pueden cambiarse fundamentalmente sin una prueba de fuerza, y eso tiene lugar a través de la guerra.
Rachman señala que los EUA a menudo recurren a las leyes internacionales en su intento de reunir apoyo para sus acciones contra China y Rusia sobre el Mar del Sur de China y Crimea.

“Pero para que funcione un orden basado en reglas, Estados Unidos tiene que ser capaz de demostrar que, en ocasiones, está obligado a verse limitado por las reglas, al aceptar juicios inoportunos en la Organización Mundial del Comercio, por ejemplo, o disposiciones el acuerdo nuclear con Irán que no son ideales”.

Aquí nuevamente, las experiencias históricas reales y su relevancia para la situación actual simplemente se pasan por alto. El imperialismo estadounidense nunca ha aceptado que esté sujeto a las demandas de un sistema multilateral de regulación.

La supremacía del dólar, la base económica de su hegemonía, se estableció bajo el Acuerdo de Bretton Woods de 1944 después de que Estados Unidos rechazara explícitamente una propuesta ideada por el representante británico John Maynard Keynes. Luchando por los intereses del imperialismo británico en decadencia, buscó el establecimiento de una moneda internacional, el bancor, para que los EEUU, junto con las otras potencias, estuvieran sujetos a la disciplina financiera internacional. Estados Unidos no tendría nada de eso.

En el período del boom capitalista de la posguerra, si bien mantuvo su dominio económico, los EEUU hicieron ciertas concesiones a las demás potencias capitalistas importantes. De hecho, la estabilidad del capitalismo estadounidense dependía de su crecimiento y la consecuente expansión del mercado mundial.

Pero esas concesiones siempre fueron limitadas, y los EEUU afirmaron su preeminencia en tiempos de crisis. Basta recordar los comentarios del secretario del Tesoro de Estados Unidos, John Connally, en 1971 a los europeos cuando el presidente Nixon retiró el respaldo del oro al dólar estadounidense, una indicación importante de que el poder económico de los Estados Unidos estaba disminuyendo. El dólar, dijo, era “nuestra moneda”, pero es “tu problema”.

En el período transcurrido desde entonces, el declive económico de los EEUU ha continuado, haciendo que observe el orden basado en reglas no sea más que una esperanza piadosa. Con respecto a la Organización Mundial del Comercio (OMC), en cuyo establecimiento Estados Unidos desempeñó un papel clave, la opinión de la administración Trump y sectores poderosos de la clase dominante estadounidense es que sus reglas comerciales son responsables del debilitamiento económico de los EEUU y han permitido el ascenso de China.

Rachman concluye que si bien el unilateralismo de los Estados Unidos puede funcionar por un tiempo, también puede ser “una invitación a los rivales a probar la voluntad de Estados Unidos a través de acciones unilaterales en Europa, Asia y Medio Oriente. Y que esta es una receta para un mundo mucho más peligroso”.

A Rachman no le interesa extraer las implicaciones de sus comentarios, pero señalan el creciente peligro de la Tercera Guerra Mundial, impulsado por las mismas rivalidades económicas y geopolíticas que produjeron las dos guerras mundiales del siglo XX.

En su columna, Martin Wolf apunta al ultimátum dado a China en Beijing a principios de este mes, señalando que China no puede acceder a tales demandas. La demanda de que China reduzca su déficit comercial con Estados Unidos en $200 mil millones en dos años es “ridícula”, escribe.

Cita las secciones del “marco del borrador” estadounidense que exigen que China deje de apuntar a la tecnología estadounidense, acuerde cumplir con las leyes de control de exportaciones de Estados Unidos y cese todos los “subsidios que distorsionan el mercado”. Señala que China “nunca podría aceptar la idea de que Estados Unidos pueda evitar que actualice su tecnología”.

“Finalmente”, escribe, “es una locura la idea de que Estados Unidos sea juez, jurado y verdugo, mientras que China se verá privada de los derechos de tomar represalias o recurrir a través de la OMC. Ninguna gran potencia soberana podría aceptar tal humillación. Para China, sería una versión moderna de los ‘tratados desiguales’ del siglo XIX”.

Pero ese es precisamente el objetivo de los Estados Unidos —reducir a China una vez más a un estado semicolonial.

Wolf emite denuncias de acciones estadounidenses, diciendo que Washington debería estar “avergonzado”, que sus demandas son “disparatadas” y que está “mal”, no solo porque busca humillar a China, sino también porque está “librando una guerra simultáneamente con sus posibles aliados”.

Pero, como siempre, Wolf nunca investiga las fuerzas impulsoras subyacentes de lo que él denuncia como locura, es decir, las contradicciones subyacentes del modo de producción capitalista. En cambio, emite órdenes para que las potencias capitalistas actúen como buenos niños de escuela pública inglesa de una época pasada y respeten las reglas. “El camino correcto para todos”, escribe, “sería hacer que la discusión sea multilateral, no estrechamente bilateral”. China debería abrazar los principios de la apertura gobernada por reglas y el comercio liberal, y “los estadounidenses que conocen mejor el interés nacional que la presente administración deben entender que Estados Unidos se encontrará solo si busca un conflicto”.

Esto se basa en una premisa fundamentalmente defectuosa: que la belicosidad de los EEUU, sobre todo en el comercio, es simplemente un producto de la administración Trump. De hecho, las políticas de Trump son una continuación y una profundización de las medidas iniciadas por Obama. Estas buscaron establecer nuevos acuerdos comerciales, que cubrieran la región de Asia-Pacífico, excluyendo a China, así como a Europa, que fueron diseñados para colocar a los EEUU en el centro de una red de relaciones económicas globales que contrarrestaría su declive a largo plazo.

La locura a la que Wolf apunta no se origina en la mentalidad del actual ocupante de la Casa Blanca, sino que deriva de la irracionalidad del modo de producción capitalista mismo y conduce inevitablemente en la dirección de la locura definitiva, el estallido de otra guerra mundial.

La racionalidad económica no es posible en el marco del sistema de ganancias capitalista debido a la contradicción inherente que se encuentra en su centro: la propiedad privada y la apropiación y producción socializada, una contradicción que asume su expresión más aguda en la lucha de las potencias capitalistas para la dominación del mercado mundial. La organización racional de los recursos del mundo, sobre todo la riqueza creada por el trabajo de miles de millones de trabajadores, requiere el desarrollo de un orden económico superior, es decir, el socialismo internacional.


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Colombia: A tejer alianzas, Duque y Petro van a segunda vuelta

Lun, 28/05/2018 - 07:00
Camilo Rengifo Marín, Alai

Entre las nueve opciones de voto que estaban disponibles en el tarjetón electoral, dos candidatos presidenciales fueron los punteros y se consolidaron como los más votados en casi la totalidad de los departamentos del país de 50 millones de habitantes: el aspirante por el ultraconservador partido Centro Democrático, Iván Duque, y el candidato de la Coalición Colombia Humana, el centroizquierdista Gustavo Petro.

Ser el ungido del expresidente Álvaro Uribe pareció haberle dado un cupo seguro en segunda vuelta a Duque, quien logró en primera vuelta 7.554.145 de votos, el 39,13% de los votos, tras prometer la reforma del acuerdo de paz con la ex guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Pero no logró la mayoría absoluta (50%) y deberá ir a segunda vuelta con Petro el 17 de junio.

Petro también logró pasar a segunda ronda, con más de 4.843.985 y el 25.09% de los electores. El exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, con 4.584.423, logró el tercer lugar en la votación, con una diferencia respecto a Pero de un poco menos de 200 mil votos. En cuarto lugar se ubicó el exvicepresidente de Santos, Germán Vargas Lleras, con 1.403.566 de votos que representan un 7,27%, una cifra muy baja, pero superior a la de Humberto de la Calle (398.650 sufragios, 2,06 % del total).

La campaña y la elección presidencial para la primera vuelta, que tuvo una abstención de más del 46%, se desarrollaron entre el temor de que la derecha destruya el acuerdo de paz con las FARC, o que un cambio de modelo auspiciado por la centroizquierda provoque una crisis económica y social. El voto en realidad no se polarizó, se distribuyó entre varias alternativas.

Así Sergio Fajardo, de la Coalición Colombia, se quedó con Bogotá y se convirtió en la tercera opción más votada en todo el territorio nacional; el liberal Humberto de la Calle, no consiguió ser la opción más votada en ningún departamento, al igual que Germán Vargas Lleras, a pesar de que era respaldado por el oficialista partido Cambio Radical y el Partido de la U, los que consiguieron las mayores votaciones para el nuevo Congreso.

La victoria de Duque supondría para el uribismo retomar el control del país, recomponer su rumbo político en una tendencia ultraconservadora nacional y desmontar el proceso de paz para volver a implementar la mano dura. Según quedó el mapa, Petro logró consolidarse en siete departamentos costeros, tanto del Caribe como del Pacífico, mientras que Iván Duque consiguió ser la opción más votada en todo el interior del país, a excepción de Bogotá.

León Valencia, director del Centro de Pensamientos sobre el Conflicto Armado, Paz y Postconflicto, señala que el uribismo mantiene su intención de voto, frente a elecciones pasadas y destaca el resultado de Petro y Fajardo en el Caribe y Bogotá. “Digamos que lo urbano de las grandes ciudades tiene una presencia muy importante de la izquierda y la centroizquierda. Todo lo que es ese pequeño pueblo está muy ligado al uribismo”, indica.

Los miedos inducidos
La principal característica de esta campaña electoral pasa por la existencia generalizada de “grandes miedos” en la sociedad colombiana, los dos primeros creados por el aparato mediático hegemónico de la derecha y el establishment: que Colombia se convierta en otra Venezuela, a que Gustavo Petro llegue a ser presidente, y -desde los sectores democráticos- que Álvaro Uribe vuelva a gestionar el poder en el país a través de un presidente títere.

La candidatura de Gustavo Petro, sin mayores recursos económicos, ha ilusionado a una parte importante del electorado, ha repolitizado a segmentos de la sociedad, construyendo una narrativa entrañable pese a su pragmatismo. También sorprende el vertiginoso ascenso del conservador Iván Duque, un abogado de 41 años catapultado por el actual presidente Juan Manuel Santos y reclutado luego por Uribe. Hoy se ha convertido en el “hombre duro” de Colombia.

Duque fue asesor de Uribe en las Naciones Unidas, e impulsado por él llegó al puesto de senador y tuvo al expresidente como profesor asistente en la Universidad de Georgetown, junto a otras figuras señeras del conservadurismo como el español José María Aznar y el ecuatoriano Guillermo Lasso.

El empresariado, las élites pero también buena parte de las clases populares están con Duque, aplaudiendo sus propuestas radicales de seguridad, de modificar el acuerdo de paz, de impedir la participación política de los congresistas de Farc, y de atacar los cultivos de cocaína con fumigaciones, y dando marcha atrás a logros constitucionales y pactos del Tratado de Paz que logró el gobierno de Juan Manuel Santos con las Farc.

Duque prometió recuperar la autoridad, modificar el acuerdo de paz y es aceptado por los inversionistas y los mercados con su propuesta de reducir los impuestos para impulsar el desarrollo económico. "Hoy los colombianos nos han dado un voto de confianza para que iniciemos una gran transformación en Colombia, por eso quiero ser el presidente que una nuestro país", dijo ante eufóricos seguidores, al aclarar que pese a su posición no hará "trizas el acuerdo", al tiempo que rindió un homenaje a Uribe.

Tras los resultados de la primera vuelta, Petro expuso sus propuestas económicas y reiteró que se debe dejar el miedo. “Nosotros no vamos a expropiar, ni el Estado tampoco se va a quedar con los bienes de la gente, eso es una mentira de la oposición, es una cadena del engaño. Hay que darle oportunidades a la gente, que los pobres puedan dejan de serlo. Podemos lograr en la Colombia Humana hacer una sociedad de clase media para brindarle oportunidades a la población”, dijo.

Petro aclaró que en ningún momento se tomarán caminos dictatoriales. “No vamos a perseguir a los opositores, ni los chuzaremos; se respetarán los derechos humanos. El presidente Uribe no debe temer del gobierno de la Colombia Humana. Tendrá su derecho a la protección, a todos sus derechos en la eventualidad de nuestro gobierno", enfatizó Petro.

Obviamente, las alianzas serán decisivas para asegurar el triunfo de cualquiera de ellos en una segunda vuelta, para la que restan menos de tres semanas.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El feminismo de la cúspide

Dom, 27/05/2018 - 07:00
Anita Botwin, ctxt

Hace unos días nos sorprendía la noticia en la que Ana Patricia Botín se consideraba feminista. Hace diez años no, pero ahora ya sí es feminista y defiende la discriminación positiva “en un mundo egoísta gobernado por hombres”.

Podríamos alegrarnos de que Ana Botín se autodenomine feminista. Podríamos decir que si lo dice alguien de alta alcurnia y buenas marcas es que vamos ganando. Pero permítanme que lo cuestione o lo dude al menos. Mi primera opinión es pensar que algo estamos haciendo bien cuando alguien que representa a un banco de ese nivel se considera feminista, aunque hace diez años, cuando éramos una panda de locas e histéricas, ella pensaba otra cosa. Cuando alguien como Botín, Ana Rosa y la princesa Meghan Markle –recién casada con el príncipe azul– se dicen feministas y hasta hacen huelga en el caso de A.R. una piensa que vamos ganando. Pero si lo piensas dos veces, y no se quedan con las primeras impresiones, lo cierto es que nada o poco ha cambiado.

No nos engañemos, existe una especie de feminismo de moda, de masas, de conseguir la igualdad en puestos de dirección o de poder desnudarse si a una le da la gana o ser prostituta si una lo desea porque “somos libres” de hacerlo a cambio de dinero; pero existe otro feminismo de fondo, el que hace diez años no quería nadie y que a día de hoy no es el mayoritario ni mucho menos, que es el feminismo radical, el que ahonda en el problema y se plantea debates mucho más profundos y complejos. El feminismo debe ser opuesto al capitalismo, porque es precisamente el capitalismo el que no nos permite lograr la igualdad y el que feminiza la pobreza. Nosotras somos las más precarizadas dentro de este sistema, y la crisis-estafa que lideraron los bancos como el de Botín nos empobreció aún más.

La mujeres necesitan que las ayudemos, dice Ana Patricia. Las mujeres no necesitamos ayudas ni migajas ni que nos enseñe a pescar Albert Rivera, sino derechos, igualdad, que se nos trate de la misma manera por el hecho de nacer persona y no mujer. Y si no es pedir demasiado, que no se nos desahucie y se nos deje en la puta calle.

Ser feminista es mucho más que conquistar puestos de poder, que es lo que propone Ana Patricia. Eso es entrar en la lógica patriarcal-capitalista que conlleva la competitividad. El feminismo plantea precisamente lo contrario. Poner la vida en el centro, hacer política y estar en las empresas y organizaciones de otra manera.

Yo le diría a Ana Patricia que, si se considera feminista y realmente lo es, paralice todos los desahucios en los que haya mujeres que se van a quedar en la calle. Porque si es feminista sabrá que la crisis, esa en la que tienen gran responsabilidad los bancos como el suyo, ha empobrecido a la mujer y nos ha dejado en la última fila. Hace ya casi diez años de estas declaraciones de Naciones Unidas, cuando Ana Botín no se consideraba feminista: “las crisis financieras y económicas” tienen “efectos particulares sobre las cuestiones de género y constituían una carga desproporcionada para las mujeres, en particular las mujeres pobres, migrantes y pertenecientes a minorías”.

Es precisamente el capitalismo y las herramientas de las que se vale, las que propician la desigualdad y el machismo.
Ser feminista es mucho más que decir que lo eres. Ser feminista es mucho más que camisetas de Gucci en las que aparecen consignas feministas. Ser feminista es mucho más que un eslogan que puedan apropiarse políticos y banqueros porque ahora es el discurso ganador. Ser feminista es, como decía Inés Arrimadas –que no apoya al feminismo– una ideología, en la que también hay o debería haber un discurso de clases.

La pregunta que me hago es: ¿las feministas queremos formar parte de un poder corrupto?, ¿de instituciones y órganos que oprimen y fomentan la pobreza y la desigualdad? Se me ocurre que quizá sea mejor emprender un camino propio de contrapoder lejos de las instituciones actuales. A lo mejor es momento de inventar una nueva manera de hacer feminismo y serlo lejos de los discursos de las Thatcher y las Botines. No sé es más feminista por ocupar espacios de poder que repiten la lógica capitalista y competitiva que nos esclaviza al mismo tiempo.

Aplaudo que Ana Botín se autodefina como feminista. En general, aplaudo que cualquiera se autodenomine feminista, porque lo contrario es una aberración y más siendo mujer. Aplaudiría mucho más si predicara con el ejemplo porque obras son amores y no buenas razones. Está en sus manos, ahora que es feminista, doña Ana Patricia Botín.

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El Dr. Pangloss discurre sobre los salarios de hambre

Xov, 24/05/2018 - 21:24
Alejandro Nadal, La Jornada

Había una vez un país en que los salarios eran la remuneración del "factor trabajo" y las ganancias eran la retribución del "factor capital". En esas tierras, los salarios y las ganancias se determinaban por la contribución de cada uno de esos dos "factores" a la producción. Y como la mayoría de los cuentos de hadas, el final era alegre y prometedor: todo mundo vivía en el mejor de los mundos posibles.

Pero ese mundo de cuento de hadas que aún domina la enseñanza en las universidades y el quehacer de la administración pública no existe. La seudoteoría económica que lo sustentaba fue desacreditada hace más de 50 años en debates académicos hoy olvidados. Entonces, ¿por qué se sigue colocando el debate sobre salarios en los términos de aquélla teoría económica errónea? La respuesta es que las deficiencias de esa teoría no se enseñan y los poderes establecidos (en la academia y en el mundo de la política económica) simplemente esperan que el tiempo y el olvido hagan su trabajo: por eso cada año egresan de las universidades legiones de economistas que siguen creyendo en este cuento fantástico.

Se perpetúa así la idea de que la cuestión salarial se determina técnicamente por las condiciones generales de una maquinaria que se llama "la eco­nomía". El salario deja de ser una variable eminentemente política para convertirse en pieza mecánica que responde a leyes inmanentes del aparato económico. Y, como gustan machacar los voceros de los poderes establecidos, con las leyes de ese mecanismo no se juega.

El descrédito de esa teoría económica del país de las hadas se confirmó en un célebre debate académico que duró más de 10 años a partir de 1955. La discusión se conoce como la "controversia sobre las teorías del capital" y de manera contundente fue ganada por los adversarios de la teoría tradicional. Desde entonces quedó claro que los salarios no se determinan de manera mecánica por la maquinaria económica, o como querían los magos y las hadas, por la técnica de producción y la productividad del trabajo. Pero, entonces, ¿qué fuerzas determinan el nivel de los salarios y de las ganancias?

La respuesta es compleja, pues los salarios y las ganancias son variables sometidas a presiones diversas. Por ejemplo, algunas fuerzas que actúan sobre los salarios son de índole económica, pero no tienen nada que ver con la quimera del cuento de hadas. Recientemente el Instituto de Política Económica localizado en Washington (epi.org) publicó un estudio sobre la relación entre concentración industrial y salarios. Esta investigación examina la literatura académica sobre concentración industrial en Estados Unidos en los 10 años recientes. La concentración industrial se mide por la parte del mercado que es controlada por las principales empresas en cada rama de la producción. Esa concentración industrial también mide los niveles de competencia y de poder de mercado en cada industria. Y los resultados son inequívocos. Primero, la concentración industrial en Estados Unidos ha mantenido una tendencia creciente en los últimos tres decenios. Segundo, el aumento en la concentración industrial está correlacionado con la reducción en los salarios. Es decir, el incremento en la concentración de poder de mercado aparece como una de las causas de la caída en los salarios.

La concentración de poder de mercado no es la única (ni la más importante) causa de la caída de los salarios. Lo más importante es un fenómeno del que se habla poco porque a las buenas conciencias les ofende hablar de la lucha de clases.

En México existen pocos estudios sobre concentración de poder de mercado en la industria y los servicios. Pero lo que sí sabemos es que en los últimos 35 años, el salario mínimo ha perdido alrededor de 70 por ciento de su poder adquisitivo. Y hoy la última Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) arroja los siguientes datos escalofriantes: 64 por ciento de la fuerza de trabajo que tiene un empleo remunerado (sector formal e informal) percibe hasta tres salarios mínimos (o el equivalente a 7 mil 200 pesos en el momento en que se realizó la ENOE), y 77 por ciento de esa población ocupada recibe hasta cinco salarios mínimos (12 mil pesos). Es decir, hoy en México (y desde hace ya muchos años) la inmensa mayoría de la fuerza de trabajo recibe un salario que no tiene nada que ver con las necesidades de una persona para sobrevivir, ya no se diga para vivir dignamente. En la actualidad, el salario mínimo es un real salario de hambre y está desconectado de su función (reproducir la fuerza de trabajo) en una economía capitalista.

En su Cándido, cuento filosófico sobre el optimismo, Voltaire presenta al Dr. Pangloss, quien afirmaba que todo es para bien en el mejor de los mundos posibles. Quizás el personaje se adelantó a su tiempo y ya había leído los tratados de economía neoclásica con sus fábulas sobre la determinación de los salarios. De cualquier modo, esa visión panglossiana debe ser desterrada para siempre del quehacer político en México y en el mundo.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Italia: aún hay motivos para evitar el pánico

Mér, 23/05/2018 - 07:26
Matthew Lynn, El Economista

El índice de Milán cae bruscamente. Los mercados de bonos están agitados. El dinero se marcha del país y las empresas planean su huida antes de que sea demasiado tarde. Mientras una excéntrica coalición entre el Movimiento Cinco Estrellas y la Liga populista de derecha toma el poder en Roma, con un oscuro primer ministro nombrado esta semana, los mercados se están poniendo nerviosos. Ya ha habido muchas advertencias terribles sobre el impacto catastrófico de las políticas de esta coalición y sobre cómo la economía italiana se verá sumida en el caos si no recobra el sentido muy rápidamente una vez que esté en el poder.

El Progretto Paura, por llamarlo de alguna manera, está en pleno apogeo. Pero resultará ser tan chiflado como el Proyecto Miedo que vivimos en Reino Unido. En el momento del referéndum del Brexit, se nos dijo que la economía se derrumbaría si nos retirábamos de la UE, que las empresas huirían, que el desempleo se dispararía y que los precios de la vivienda caerían. Eso no sucedió. Resultó que la economía siguió la misma trayectoria ligeramente mediocre que tenía antes. Del mismo modo, la economía italiana tampoco se derrumbará. En realidad, su nuevo Gobierno podría darle un impulso muy necesario -y ciertamente no podría hacerlo peor que las dos décadas de estancamiento presidido por sus predecesores.

El nuevo Gobierno de Italia es sin duda una extraña pareja. El Movimiento Cinco Estrellas fue creado por el comediante Beppe Grillo, y combina una extraña mezcla de socialismo, anarquismo y tecnoutopismo. Está lo más lejos posible de un gobierno responsable. La Liga, anteriormente la Liga Separatista del Norte, es un partido regional de mercado radicalmente libre. Imaginen que los Verdes, Ukip y el DUP se unen para formar una coalición. Como es comprensible, todo el mundo se sentiría nervioso por lo que podría ocurrir a continuación.

Ya ha habido muchos sermones severos de los grandes de la UE sobre cómo la nueva administración debe aprender a ser responsable. Podemos esperar que el FMI, la OCDE y casi todos los demás se unan en las próximas semanas. Y sin embargo, cuando se mira de cerca, aunque algunas de sus ideas son excéntricas, la coalición también tiene algunas políticas que vale la pena probar. Y puede que le hagan a Italia bien.

Primero los impuestos. La principal promesa de la Liga de un impuesto fijo del 15%, tanto para las personas como para las empresas, se ha reducido ligeramente a dos tipos del 15 y el 20%. Pero esa seguiría siendo la reforma tributaria más radical de cualquier nación importante en la última década, superando incluso a Donald Trump en casi la mitad de la tasa corporativa de Estados Unidos. Le daría a Italia uno de los regímenes fiscales más competitivos de Europa, con un impuesto de sociedades sólo un poco más alto que el de Irlanda y un impuesto sobre la renta significativamente más bajo.

No es difícil imaginar que algunas multinacionales puedan decidir que prefieren la Amalfi a la costa de Cork a la hora de decidir dónde instalarse. Un impuesto fijo bien podría hacer de Italia un destino de elección para la inversión interna, en lugar de un remanso relativo. Al mismo tiempo, siempre que se han probado los impuestos fijos -por ejemplo, en Hong Kong- han supuesto un poderoso impulso a la competitividad, mejorando los índices de recaudación (lo que no es un punto menor en Italia) y mejorando la competitividad. No hay razón para que Italia sea diferente.

En segundo lugar, la coalición propone lo que equivale a una moneda paralela al euro. Los detalles son complejos, pero esencialmente los pagos del Gobierno se harían en forma de pagarés que se convertirían en una forma alternativa de dinero.

¿Funcionaría eso? Nadie tiene ni idea. Pero si lo hiciera, podría proporcionar una elegante vía de escape para los países atrapados dentro de una moneda única disfuncional que claramente no funciona para ellos. Las grandes empresas podrían utilizar el euro, mientras que todos los demás utilizan la moneda alternativa. Algunas de las ventajas de la moneda única se mantendrían, mientras que al resto de la economía se le permitiría respirar de nuevo. Por supuesto, hay algunas ideas extrañas ahí dentro. Una renta básica universal -otra de sus principales promesas- será cara y, lo que es más grave, romperá el vínculo entre trabajo y dinero, lo que no va a ayudar a ninguna economía. Dicho esto, para un país atrapado en una depresión que ha durado ya dos décadas, podría tener algo que decir al respecto. Dado que podría pagarse haciendo que el Banco Central Europeo cancelara 250.000 millones de euros de sus deudas, sería esencialmente una forma de lanzar dinero desde un helicóptero, como decía el expresidente de la Reserva Federal Ben Bernanke, y muchos economistas y banqueros centrales están a favor de ello en circunstancias extremas.

Es cierto que Italia no tiene la ventaja de una fuerte devaluación, que ayudó masivamente al Reino Unido inmediatamente después de la votación del Brexit (aunque la moneda paralela, si pudiera funcionar, podría lograr lo mismo). Pero no hay duda de que el programa del nuevo Gobierno dará un enorme estímulo a la demanda, tanto por los recortes masivos de impuestos como por el enorme aumento del gasto social. No hace falta ser John Maynard Keynes para darse cuenta de que si una economía tiene tanta flojedad como la de Italia, una inyección masiva de demanda sólo va a ayudar.

Cuando el Reino Unido decidió dejar la UE, los inversores mundiales se asustaron y el FTSE se hundió. Dos años después, el índice ha subido casi 2.000 puntos. El MIB de referencia de Italia ha caído drásticamente desde que la coalición llegó al borde del poder. Pero así como todos los pronósticos del Proyecto Miedo resultaron ser completamente erróneos, también lo será el Progretto Paura. De hecho, como han demostrado Reino Unido, Polonia y Hungría, los países que se enfrentan a la clase dirigente de la Unión Europea acaban bien.

Lo mismo ocurrirá en Italia. Su nuevo gobierno puede ser excéntrico, ocasionalmente loco y probablemente no muy estable. Pero también dará a la economía el impulso que precisamente necesita.
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Venezuela eligió: Ahora, que los medios no justifiquen el fin

Mar, 22/05/2018 - 07:00
Javier Tolcachier, Alai

Algo más de ocho millones seiscientos mil venezolanos han participado en la elección presidencial de este domingo, cuyo resultado ha sido la renovación de mandato al actual presidente Nicolás Maduro. También se eligieron los nuevos consejos estaduales, aunque la mira estuvo puesta en el máximo cargo ejecutivo del Estado.

El actual gobernante obtuvo 68% de los votos válidos emitidos, frente a 21% de su principal contrincante, Henri Falcón. Javier Bertucci fue apoyado por un 11% de las preferencias y el cuarto en la contienda, Reinaldo Quijada cosechó algo menos de 35 mil votos.

El acto electoral transcurrió de manera inobjetable y sin incidencias mayores, según atestiguan los observadores internacionales invitados a participar. En comparación con las flagrantes irregularidades ocurridas en las recientes elecciones hondureñas o las denunciadas por el candidato Efraín Alegre en Paraguay, el evento eleccionario puede ser caracterizado como absolutamente legítimo.

Tampoco puede acusarse al gobierno bolivariano de forzar a los electores a concurrir a las urnas, ya que el voto en la nación caribeña es optativo, distinto al caso argentino en el que la población debe asistir compulsivamente a votar.

En razón de esta libertad para ejercer o no el derecho a voto, es que la oposición más radical no puede autoadjudicarse por completo la abstención, aunque su llamamiento haya propiciado dicha actitud.

La cifra de votantes que acudió a votar fue, en proyección del CNE, del 48%, algo más de seis puntos mayor que la registrada el año pasado en ocasión de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente.

Sin duda que el boicot de la derecha nacional e internacional incidió, con mayor impacto en las clases medias y altas, aunque sin duda no en la medida esperada por sus dirigentes. Por lo demás, la abstención debe ponderarse teniendo en cuenta también cierto cansancio electoral en la población – convocada cuatro veces en un año a las urnas –, el existencia de un número incierto de venezolanos inscritos en el padrón que han emigrado y algunas acciones de amedrentamiento o boicot, lo cual reduce el universo total posible de votantes.

Estos avatares, si bien evidencian el conocido antagonismo de una porción de la sociedad frente a la Revolución Bolivariana, no hacen mella en la legitimidad misma del comicio.

En término de caudal propio de votos, Nicolás Maduro obtuvo una cifra cercana a los seis millones de sufragios (5.823.728 en el primer corte con el 92% escrutado), perdiendo una parte de los siete millones y medio de votos obtenidos en 2013.

Es lícito pensar, en un primer acercamiento, que entre ellos hay un contingente de adherentes disconformes con la conducción actual y que cierta parte de la población acusa el embate de las dificultades cotidianas, junto al desgaste natural de todo gobierno. Por otra parte, el alto número de votos obtenidos y la claridad del triunfo hablan de la mantención de un amplio núcleo duro de apoyo al chavismo en la población venezolana.

Si se trata de atender a críticas externas, como las expresadas por parte del recientemente re-electo presidente Sebastián Piñera, Chile es uno de los países con mayor abstención del mundo, un 51% en la última elección.

Algo similar se manifiesta históricamente en Colombia, otros de los países inquisidores de la calidad democrática venezolana. El presidente saliente Juan Manuel Santos fue electo con algo más de la mitad de los votos del 48% de los votantes. Porcentaje idéntico al registrado en la elección en Venezuela, algo superior al promedio de la historia electoral colombiana entre 1978 y 2010, según datos de un informe de la propia Registraduría Nacional.

¿Y qué hay de los Estados Unidos, el autodenominado guardián universal de la democracia? En la última elección presidencial hubo un 55.4% de votos válidos sobre el total de inscriptos, pero debido a un sistema de elección indirecto, gobierna allí el candidato que sacó una menor votación popular que su contendiente (46% Trump frente a 48% Clinton).

Incluso la acusación de utilizar un sistema clientelar o de voto cautivo, debería ruborizar a los gobiernos de América Latina erigidos en fiscales de la democracia venezolana. Una extensa galería de esas prácticas puede ser estudiada en el enorme prontuario antidemocrático mexicano, otro de los gobiernos que apoya la embestida contra Venezuela.

La condena a la maquinaria de movilización popular desarrollada por el chavismo, que le ha garantizado tantas victorias electorales, se explica por el desprecio interesado de los críticos por la organización popular - decisiva para lograr conquistas sociales largamente negadas a las mayorías postergadas.

El triunfo electoral de Nicolás Maduro y de la Revolución Bolivariana, es muy relevante, ya que se inscribe en un contexto de guerra económica, de sanciones comerciales, de intento de asfixia financiera, de especulación monetaria aguda, de acaparamiento intencionado de bienes de consumo básicos o su comercialización ilegal, de acoso y difamación a sus principales figuras emblemáticas. En suma, un cuadro similar a las desestabilizaciones que sufrieron muchos gobiernos progresistas o de izquierdas, que se opusieron a la sinrazón colonialista del estado del Norte.

El principal problema de la democracia en Venezuela, no es producto de sus desavenencias políticas internas, ciertamente existentes, sino que proviene de afuera.

El problema no es Venezuela, sino la política exterior estadounidense

No hay bases sólidas para deslegitimar la reelección de Nicolás Maduro para otro período de gobierno. Sin embargo, el “régimen” estadounidense (apelativo que suele usarse en la prensa hegemónica de derecha para gobiernos no afines), insiste y conspira para el no reconocimiento del gobierno electo por amplia mayoría en Venezuela. Para ello, cuenta con un séquito de voces conservadoras en América Latina y Europa, cuyos méritos democráticos, pero sobre todo sociales, son escasos.

Muestra sobrada ha dado el gobierno español de Rajoy reprimiendo a la población de Cataluña luego del referendo ganado por el independentismo, encarcelando a varios líderes y obligando al exilio a su presidente electo. Europa entera se encuentra asediada por una ola de extremismo neofascista producto del severo ajuste al que el sistema de usura internacional ha sometido a su población. No está en condiciones de dar lecciones de ninguna naturaleza.

El extremismo ha sido también la característica sobresaliente del gobierno de Trump, poniendo al borde de un cataclismo nuclear al planeta. La amenaza de borrar de la faz de la tierra a Corea del Norte, la ruptura del Acuerdo con Irán sobre su producción nuclear, el abandono del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, el recrudecimiento de sanciones contra Cuba, Rusia y la misma Venezuela, indican a las claras el sesgo unilateral de la actual política exterior norteamericana.

El aumento del gasto en armamento y la exigencia a sus aliados en la NATO de hacer lo propio, los ataques contra Siria, la complicidad con el régimen israelí, culpable del asesinato y el apartheid del pueblo palestino, la alianza con la monarquía saudita, responsable de múltiples violaciones a los derechos humanos en su propio país y de la muerte de cientos de miles de yemenitas, constituyen evidencia franca del cariz violento de los que hoy ocupan la Casa Blanca.

En América Latina, luego de repetidos intentos por doblegar y derrocar antidemocráticamente al gobierno electo, el encono geopolítico norteamericano se ha transformado en amenaza explícita de intervención armada.

La experiencia acumulada por los EEUU en un gran número de conspiraciones anteriores, hace pensar en la confluencia de tácticas ilícitas diversas, entre las cuales se encontrarían operaciones de bandera falsa, financiamiento de grupos mercenarios, cooptación de miembros de las Fuerzas de Seguridad o constitución de supuestas “alianzas de la comunidad internacional o latinoamericana”. Incluso no pueden descartarse los intentos de magnicidio.

Más allá de alcanzar o no el objetivo de remover al gobierno bolivariano, lo que se persigue con toda esta presión es instituir una suerte de castigo ejemplar - tan antiguo como la historia misma – para intimidar a todo aquel que ose rebelarse contra la injusticia instituida.

Lo más probable es que por ahora no se llegue a una agresión abierta, que no cuenta con consenso ni siquiera entre los gobiernos de derecha y que seguramente sería fuertemente resistida. Pero no hay duda alguna que EEUU continuará operando para cerrar un cerco férreo sobre Venezuela, táctica que no solamente ocasionará agudos problemas a la población que supuestamente se dice querer ayudar sino que, tal como ocurrió con Cuba en los años 60’, tendrá como contrapartida el reforzamiento de alianzas del gobierno venezolano con Rusia, China, Turquía, Irán y otros actores de la multipolaridad emergente.

Medios que justifican el fin

La enciclopedia en línea Wikipedia señala que la expresión “el fin justifica los medios” - cuyo origen fue injustamente atribuido a la orden jesuita por sus detractores - fue estampada por Napoleón en la última página de un ejemplar de “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo, presumiblemente como síntesis de su lectura. Sin duda que el principio puede ser atribuido al filósofo político florentino, sobre todo en atención al contenido del capítulo XVIII de esa obra. El pasaje más elocuente del mismo: “Dedíquese, pues, el príncipe a superar siempre las dificultades y a conservar su Estado. Si logra con acierto su fin, se tendrán por honrosos los medios conducentes al mismo”.

Siglos después, en una igualmente pragmática inversión del aforismo, son los medios los llamados a justificar el fin. Los medios masivos de difusión.

Es a través de ellos, con propaganda, información sesgada y apelando a elaborados guiones cinematográficos, que se intenta convencer a los públicos sobre las bondades del sistema capitalista, la cultura occidental y sobre la necesidad y justeza de las guerras (¿cruzadas?) que son emprendidas en su nombre.

Dichos medios, propiedad de unos pocos grupos económicos, monopolizan el espectro concentrando abrumadoramente las audiencias. Deciden cuáles contenidos deben mostrarse y cuáles no, ejerciendo una indebida pero efectiva manipulación y censura informativa. Sus líneas editoriales impiden el libre ejercicio de la profesión periodística, expulsando de sus filas a todo aquel que no se avenga a militar ideológicamente sus propósitos comerciales y políticos, traicionando elementales principios deontológicos.

Estos vehículos audiovisuales hegemónicos son los habitualmente utilizados para generar sentidos comunes previos a una agresión contra un país. La demonización del enemigo, la insidiosa caricaturización de alguno de sus aspectos, son las técnicas usadas para generar aversión y espanto en el desprevenido espectador.

Esta agresión comunicacional es siempre el primer paso para ablandar la opinión pública, para producir una matriz de aceptación, a fin de justificar el inmenso sufrimiento que traerá a su paso la devastación bélica.

Así sucedió con Libia, con Irak, con Siria – por sólo mencionar eventos recientes – y la misma añeja estratagema se está utilizando contra Venezuela.

Por ello, como defensa preventiva y efectiva de la paz, es preciso detener la oleada de desinformación que preanuncia el conflicto y resistir sus efectos nefastos. Si para las personas de buena voluntad es universalmente aceptado que el fin no justifica de ningún modo los medios, se hace necesario instituir también la máxima inversa. Los medios no deben servir para justificar ningún fin.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La crisis de gobierno en Argentina

Lun, 21/05/2018 - 18:12
Alfredo Serrano Mancilla, Público

La comunicación tiene sus límites. El país real nunca jamás podrá ser sustituido por el país narrado. A pesar que nadie puede desconocer el creciente protagonismo del marketing político, la realidad cotidiana tiene tanta omnipresencia que resulta muy peligroso infravalorarla. El macrismo creyó, inicialmente, que podría tapar la angustia que causó en la gente la crisis cambiaria con un “todo va bien, todo está en calma”. Pero no. No lo pudo conseguir, así lo certifican todas las encuestas de opinión, sin importar su procedencia ideológica.

Confundir el periodo de gobierno y gestión con la etapa de campaña electoral es un error que se suele pagar caro. El manual de Durán Barba les sirvió para ganar la elección presidencial (teniendo en cuenta que había otros múltiples factores políticos que no deben desmerecerse en dicha victoria). Sin embargo, cuando llega la hora de la toma decisiones sobre economía o sobre cualquier otro ámbito que afecta a la gente, entonces, el arte de la política cobra más importancia de la que muchos imaginan. Es el momento de la Política en mayúsculas, en grande, en todas sus dimensiones.

El macrismo viene demostrando que apuesta todo a una sola carta: la comunicación nos salvará de cualquier realidad adversa. Y no. No es así; nunca fue así. Cuando el tipo de cambio salta por los aires, y el dólar pasa de costar 17 pesos a 25 en pocas semanas, la calle se pone nerviosa porque aparece un nuevo cepo cambiario, pero con otro collar. Si antes el macrismo cuestionaba al kirchnerismo por haber violado la libertad de los argentinos poniendo un cepo al acceso de dólares, ahora ellos aplican otro cepo aunque en base a otra restricción: el poder adquisitivo. Esto es: la libertad de comprar dólares choca con el valor (elevado) al que puede adquirirse. Una forma mucho más injusta e ineficaz de aplicar otra modalidad de cepo cambiario: sólo podrá acceder al dólar el que tiene muchos pesos, debido a la evolución creciente del tipo de cambio. Por un lado, es injusto porque excluye a la mayoría y deja en evidencia que el mantra de Macri de una “Argentina de todos” es falso. Por otro lado, es ineficaz porque el efecto de esta devaluación es el estancamiento de una economía con alta inflación. Nuevamente, otra promesa incumplida.

Es tremendamente difícil disimular con retórica comunicacional el alto coste de las tarifas o de los precios en los supermercados; ni siquiera la permanente sonrisa de María Eugenia Vidal o los desvaríos humorísticos de Lilita Carrió lo han conseguido. Esta vez, la calle ha detectado con total claridad la debilidad del Gobierno argentino frente a una situación extrema de crisis cambiaria-financiera-monetaria. Se les vieron todas las costuras.

Lo primero fue llamar al FMI y a Trump como aquel hijo que no puede resolver algo por sí solo y tiene que acudir a sus padres. Más allá de las consideraciones sobre las conocidas desastrosas consecuencias de un “rescate” del FMI (en la misma Argentina hace décadas o, más recientemente, en Grecia), lo obvio es que el Gobierno demuestra un alto nivel de incapacidad e impotencia.

Lo segundo es que se ha percibido claramente que sus “poderosos aliados internos” no lo son tanto cuando se trata del billete verde. Ni los “sojeros” liquidaron parte de sus ventas para traer dólares, ni los bancos ni fondos de inversión “ayudaron” en los días previos para bajar la demanda de dólares que ha supuesto una sangría histórica de reservas. Los grupos económicos afines al Gobierno lo son en tanto ganen todo lo que puedan (y más), pero que no cuenten con ellos para que el modelo económico sea sostenible en el tiempo.

He aquí, entonces, uno de los dilemas del macrismo: si se tapan por un lado, les falta abrigo por otro. Una rentabilidad tan exagerada para el sistema financiero, en pesos y en dólares al mismo tiempo, no puede ser duradera en el tiempo porque la economía salta por los aires. O fue impericia de los técnicos o se hicieron trampas al solitario, porque todo el mundo sabía que esta política económica les iba a explotar en sus propias manos más temprano que tarde.

Lo tercero es que se ha visto resquebrajado su idilio con los mismos medios que lo auparon en el poder. No significa esto que los hayan dejado de apoyar, pero sí han puesto una distancia relativa que ha provocado un gran malestar en la Casa Rosada. Si algo tienen los grandes medios es que les gusta tener siempre la sartén por el mango. Y esta vez, en medio de la crisis -como suele ser habitual- el Gobierno reaccionó encogiéndose, estrechando su círculo de contactos. Y esto, precisamente, fue lo que no agradó en absoluto a aquellos periodistas que tienen un alto grado de incidencia en la opinión pública. Son personas que poseen unos egos tan enormes que les desagrada que no se les consulte cuando llegan estos críticos momentos. Se tambaleó, así, este acuerdo entre ambos bandos. Esto no quiere decir que esté rota la relación pero, por primera vez, hemos podido constatar que se ha generado una grieta de desconfianza que no se cura con facilidad.

Desde cualquier punto de vista, se ha puesto de manifiesto que el Gobierno argentino no es tan bueno en el campo de la gestión y de la política como lo fue en el terreno comunicacional-electoral. No es verosímil pensar que Macri salga inmediatamente en helicóptero de la Rosada. Pero ha pasado algo que no pasará desapercibido: quedó en evidencia la primera gran crisis de su gobierno. Macri ya no tiene a su jefe de gabinete que le sirva de escudo, ni ministros que puedan protegerlo. Tuvo que salir dos veces a poner la cara con un resultado más que incierto. Se comieron una vida. Les queda una menos. En política no se sabe cuántas se tienen. Pero sí hay algo absolutamente irrefutable: cuando se comienza la cuenta atrás, el final está un poco más cerca.

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El descenso a los infiernos de la iglesia chilena

Dom, 20/05/2018 - 17:49

El reconocimiento de un sacerdote chileno de la región central de Rancagua de haber tenido "conductas sexuales impropias" con al menos una creyente de su parroquia, representa otra modesta pero significativa prueba de la corrupción que durante años inficionó las estructuras de la Iglesia católica chilena hasta un punto que ni las autoridades de El Vaticano –proclives a aminorar o desconocer cualquier comportamiento execrable de sus ministros, especialmente en materia sexual– han podido pasar por alto. La renuncia en bloque de los obispos del país conosureño –que el papa Francisco tiene la potestad para aceptar o rechazar– muestra la profundidad de la crisis que sacude a la institución eclesiástica y revela también que tiene una magnitud imposible de ocultar públicamente.

No es la de Chile la única Iglesia donde las violaciones de menores y las conductas desordenadas de los religiosos llegaron a ser prácticas extendidas y frecuentes: desde los años 90 del siglo pasado, cuando especialmente en Irlanda y Estados Unidos empezaron a denunciarse casos de pederastia documentados con pruebas abundantes e irrebatibles, la grey católica de casi todo el mundo se vio sacudida por la evidencia de que gran número de clérigos, a menudo protegidos por sus superiores jerárquicos, estaban más preocupados por el cuerpo que por el alma de sus feligreses y feligresas. Poco a poco, personas que en algún momento de sus vidas estuvieron ligadas a seminarios, orfanatos, parroquias, hospitales o espacios de presunto servicio social dependientes de la Iglesia de Cristo se atrevieron a ventilar situaciones que habían permanecido encubiertas a lo largo de décadas.

El caso de la Iglesia chilena, sin embargo, amenaza con alcanzar proporciones únicas pese al sigilo con que los investigadores de la llamada Santa Sede se mueven a la hora de examinar las acusaciones de pedofilia y abusos varios que pesan como una losa sobre el clero de Chile. Y es que los eclesiásticos de ese país contaban, para la comisión de sus delitos, con la impunidad que les garantizaba el gobierno del dictador Augusto Pinochet, a quien la institución religiosa le "debía" el favor de hacer extensiva la educación confesional católica en las escuelas hasta el nivel de la enseñanza media, vieja aspiración de la Iglesia en el ámbito educativo local. Es probable que la certeza de esa impunidad haya contribuido a estimular la comisión de delitos sexuales a tal grado y en tal extensión en la estructura eclesial de la nación andina.

Si bien los actos que se atribuyen a los sacerdotes chilenos inculpados son condenables por sí mismos, el hecho de que hayan sido cometidos con el apoyo (tácito o explícito) a un régimen sanguinario que se proclamaba católico a ultranza, les da un carácter todavía más oprobioso y repudiable.

Es difícil prever hasta dónde llegará el compromiso asumido por el obispo de Roma en el sentido de depurar a la Iglesia de Chile –y por extensión a la Iglesia en general– de la corrupción que, en una de las sociedades más conservadoras de América Latina, está desencantando aceleradamente a sus fieles (en 2016 sólo 45 por ciento de los chilenos se declararon católicos, frente a 74 por ciento que decía serlo en 1995). Pero sea cual sea el resultado de la intervención papal, será difícil que la institución recupere el prestigio que alcanzaba por las épocas en que muchos de sus ministros vulneraban los derechos elementales de niños y niñas, al tiempo que bendecían los atropellos y los crímenes de un presidente de facto que afirmaba que los derechos humanos eran "un invento de los marxistas".

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La Jornada

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Impactos “invisibles” de la era digital

Ven, 18/05/2018 - 08:01
Silvia Ribeiro, Alai

Cuando pensamos en la era digital probablemente lo primero que acude a la mente son computadoras, teléfonos móviles y otros elementos obvios de lo que se ha dado en llamar TIC: tecnologías de información y comunicación. Parece algo “etéreo”, pero en realidad conlleva enormes impactos ambientales y energéticos.

Además, la industria digital va mucho más allá de esas primeras imágenes. Es una de las bases fundamentales del tsunami tecnológico que ya está sobre nosotros, pero que difícilmente percibimos en todas sus dimensiones. Entre ellas, por ejemplo, el rápido avance del “internet de las cosas” que se propone sustituir al comercio convencional –incluyendo hasta la compra semanal de los hogares­– ; la tecnología digital que mueve los mercados financieros; las transacciones y monedas digitales; la digitalización de la agricultura, con el uso de autómatas, drones, satélites, sensores y big data, la optogenética que propone manipular seres vivos a distancia; la omnipresencia de cámaras y sensores que se comunican con gigantescas bases de datos, que pueden incluir hasta nuestros datos genómicos; el “internet de los cuerpos” con la digitalización de la medicina y las nuevas biotecnologías, el avance de la inteligencia artificial que subyace a todo ello. Todas son áreas de fuertes impactos – escasamente comprendidos por la sociedad– y la lista apenas comienza.

Uno de los aspectos más pesados y a la vez “invisibles” de la era digital, es que contrariamente a lo que se podría pensar, los impactos materiales, en el medio ambiente, en recursos y demanda de energía son enormes. Jim Thomas, co-director del Grupo ETC, ejemplifica esto en tres sectores: el iceberg de la infraestructura digital, la demanda de almacenamiento de datos y la voraz demanda energética del uso de las plataformas digitales.

La infraestructura digital y de telecomunicaciones ya instalada es muy desigual. Mientras que en la mayoría de países de África y otros países del Sur global no llega a un 20 por ciento de acceso de la población, en América del Norte supera el 90 por ciento. En conjunto, constituye lo que Benjamin Bratton llama “la mayor construcción accidental de infraestructura que la humanidad haya hecho jamás”. Es decir, la infraestructura está conectada –o pretende estarlo- a todos los rincones del planeta, pero nunca se han tomado decisiones de conjunto sobre ésta, sus múltiples implicaciones e impactos. La mayor parte de la discusión global al respecto, a menudo promovida por empresas de telecomunicación y big data, es sobre supuestos aspectos de equidad (“todos deben tener derecho de acceder a la red”), y por tanto lo que plantean es que los gobiernos o agencias de apoyo al desarrollo, deben construir y pagar por la infraestructura donde no la hay, en muchos casos, priorizándola frente a otras necesidades. Lo que en general no se nombra es que la expansión de la infraestructura digital implica, entre otras cosas, aumentar la red de radiación electromagnética a todas partes, que tiene efectos negativos graves pero poco estudiados, sobre la salud y la biodiversidad. Es además un motor de conflictos para extraer los materiales necesarios para construir teléfonos celulares y otros aparatos de trasmisión y recepción.

Paralelamente, el almacenamiento de toda la información digital generada en el planeta se estimó para 2016 en 16.1 zettabytes (un zettabyte es un billón de gigabytes). Para 2025, se calcula que se requerirán 163 zettabytes, diez veces más (IDC). Para hacer la cifra un poco más tangible, serían unos 16,000 millones de los mayores dispositivos de almacenamiento disponibles comercialmente, aproximadamente 2 discos duros de alta capacidad por cada persona en el planeta. Esto requiere una cantidad gigante de materiales, que incluyen minería de muchos metales y otros minerales, incluyendo raros y escasos, la producción masiva de químicos sintéticos (y basura tóxica) y una enorme cantidad de energía para extracción, fabricación, distribución y uso, incluyendo la operación y ventilación de los dispositivos, etc.

Los requerimientos energéticos de la era digital son a menudo invisibilizados, porque se supone que la digitalización demandaría menos energía que otras actividades, lo cual podría suceder en algunos casos. No obstante, uno de los ejemplos más contundentes de lo contrario, es el uso de monedas digitales como el bitcoin. Según datos recientes, una simple transacción en bitcoin, requiere la misma cantidad de energía que usa una casa promedio en Estados Unidos ¡durante dos semanas! (digiconomist.net)

Estos son algunos ejemplos de los impactos que en general no se consideran. Todos ellos implican además efectos devastadores sobre las comunidades y poblaciones de dónde se extraen los recursos, además de las consecuencias sobre la salud de usuarios y particularmente quienes están cerca de las líneas y torres de trasmisión, así como sobre fauna, vegetación y biodiversidad. La tremenda demanda de energía de la infraestructura y operación digital se suma a los principales factores causantes de cambio climático. Por todo ello, es necesario que desde las bases de la sociedad, asumamos el análisis y evaluación múltiple de los desarrollos tecnológicos, incorporando todos sus aspectos, no solamente los que las industrias quieren vendernos.

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Especulando sobre inteligencia artificial

Mér, 16/05/2018 - 14:06
Alejandro Nadal, La Jornada

El martes 23 de abril de 2013, cuando el reloj marcaba las 13:07, los operadores en el piso de remates de la Bolsa de Valores en Nueva York vieron el siguiente mensaje de Twitter en sus monitores: Última: Dos explosiones en la Casa Blanca; Barack Obama, herido. En unos instantes el mercado entró en una caída vertiginosa y en los siguientes 90 segundos el indicador Dow Jones perdió 160 puntos, eliminando las ganancias del día. En minutos se confirmó que el mensaje era falso. Había sido generado por hackers que penetraron la cuenta de la agencia Associated Press. Y así como había comenzado el vendaval, de pronto todo regresó a la normalidad. Pero en esos minutos de frenesí financiero se generaron pérdidas por más de 140 mil millones de dólares.

El episodio ilustra de manera singular uno de los principales problemas que enfrenta en la actualidad la globalización financiera, en la medida en que se ha ido profundizando el empleo de sistemas de inteligencia artificial (IA). Hoy, cerca de 70 por ciento de transacciones en los mercados financieros se lleva a cabo mediante computadoras institucionales. Y, por supuesto, la velocidad de las transacciones se ha acelerado vertiginosamente. En los mercados de bolsa más desarrollados del mundo un título permanece en manos de un participante del mercado un promedio de 22 segundos antes de entrar nuevamente en otra transacción. La especulación automatizada ya domina en los mercados financieros.

Una pregunta llama la atención de los operadores de bolsa: ¿son más eficientes los sistemas de IA que los métodos tradicionales para obtener mejores rendimientos en una cartera de inversión? La respuesta no es evidente. La mayor parte de los operadores todavía prefiere el uso del análisis convencional, en el que los indicadores sobre la salud económica y financiera del corporativo que emite un determinado título son la base para tomar una decisión. Aunque muchos operadores son excelentes para hacer un buen análisis en poco tiempo sobre un emisor de títulos financieros, hay muchas otras variables que necesariamente serán ignoradas. Es ahí donde entra la capacidad de un programa para procesar enormes cantidades de datos en una fracción de segundo.

Los métodos tradicionales de evaluación siguen siendo válidos cuando se trata de tomar una decisión sobre la adquisición de un activo para obtener un buen rendimiento. Sin embargo, cuando se busca adquirir un título con el único propósito de venderlo inmediatamente para obtener una ganancia, las cosas cambian. En un entorno en el que proliferan las opciones sobre una gran variedad de activos, incluyendo derivados y todo tipo de productos exóticos, es vital poder sintetizar grandes cantidades de información y poder comparar diferentes senderos de transacciones para poder explotar con ventaja los diferenciales de precios entre distintos títulos. Es aquí donde las computadoras y sus sistemas de IA muestran su superioridad frente a los análisis tradicionales.

Otra pregunta se relaciona con el efecto que tiene el empleo de sistemas de IA sobre la volatilidad y estabilidad de los mercados financieros. Muchos analistas consideran que el uso de computadoras elimina el factor emocional de la ecuación, reduciendo la volatilidad y el riesgo de un pánico financiero. Pero lo cierto es que los predictores de los algoritmos de esos sistemas de IA están diseñados para replicar el mismo comportamiento de cualquier operador frente a una señal de alarma. En otras palabras, si alguien grita ¡fuego! a la mitad de una función de teatro, esos predictores también aconsejan salir como rayo hacia la puerta más cercana. Los múltiples episodios de pánico financiero generados por fallas en la tecnología en años recientes son testimonio de lo anterior.

Las plataformas que permiten transacciones en un entorno no lineal, en el que imperan el caos y la incertidumbre, todavía están en una fase experimental. Esos nuevos modelos de IA para la especulación financiera buscan alcanzar rutinas de comportamiento con una lógica no lineal, incorporando variables aleatorias y mimetizando el comportamiento humano para resolver problemas. Eso es algo paradójico, pues pareciera que ahora se busca reintroducir en la ecuación los parámetros (de conducta humana) que antes se buscaba eliminar para maximizar los beneficios de la IA.

Es prematuro predecir el resultado final de esta evolución. La difusión de computadoras con capacidad de aprender ya está ocurriendo, y los operadores de corredurías pueden sentir que sus puestos de trabajo están amenazados. En la medida en que avance la capacidad de estos sistemas para analizar océanos de datos y detectar tendencias, aumentará su capacidad para tomar las decisiones que en su mayoría siguen reservadas a un operador humano. La IA no va a cambiar la naturaleza de la especulación financiera ni sus efectos nefastos en el plano macroeconómico, pero sí puede hacerla más peligrosa por la velocidad y volúmenes involucrados en cada transacción.
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La salida del acuerdo nuclear con Irán profundiza la brecha entre EEUU y Europa

Mar, 15/05/2018 - 20:06

Al abandonar el acuerdo nuclear con Irán, Donald Trump no solo rompió puentes con Teherán, también se alejó de Bruselas. La brecha en las relaciones transatlánticas es cada vez más profunda: Estados Unidos y la Unión Europea no atraviesan su mejor momento. Antes de que el presidente de Estados Unidos hiciera pública su decisión, las principales potencias europeas desfilaron para pedirle que reconsiderara su posición. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, la canciller alemana Angela Merkel y el ministro de Exteriores británico, Boris Johnson, visitaron Washington con ese objetivo. No tuvieron éxito.

Ahora, el desencuentro entre la UE y EEUU no es solo diplomático, sino también político y -potencialmente- económico, y se suma a una serie de desacuerdos que tensaron desde la llegada de Trump la estrecha relación entre Estados Unidos y la Unión Europea. La retirada del acuerdo del clima de París; la salida de EEUU del acuerdo nuclear con Irán, y el traslado de la embajada estadounidense en Israel a Jerusalén, son algunos de los graves puntos que aumentan fuertemente las tensiones entre Europa, el Medio Oriente y EEUU. La política exterior estadounidense va contra la política exterior europea y contra los intereses europeos. Pero las diferencias entre Estados Unidos y la UE en torno a la cuestión iraní son más profundas que en casos anteriores.

¿Puede Europa salvar el acuerdo nuclear con Irán tras la salida de EE.UU.?Pese a tratarse de una decisión unilateral, las sanciones de Estados Unidos ponen presión para que el resto de firmantes del acuerdo lo abandonen. El mensaje de EEUU es claro: "nosotros no queremos seguir en el acuerdo y no queremos que ustedes se mantengan en él". Sin embargo, Francia, Reino Unido y Alemania aseguraron que el acuerdo nuclear se mantendrá pese a la salida de Estados Unidos. Por eso el consejero de la Casa Blanca en materia de Seguridad Nacional John Bolton, aumentó la presión al señalar que las empresas europeas podrían ser sancionadas de seguir con el acuerdo con Irán.

Ante esta perspectiva, ¿qué opciones tienen los países europeos para mantener su autonomía frente a quien desde la II Guerra Mundial fue uno de sus principales aliados? ¿Se mantendrá unida Europa? Hasta la fecha, la respuesta de la UE ha sido contundente: el acuerdo con Irán continúa en pie, aunque Washington se haya retirado de él. Sin embargo, la división de la UE a la hora de enfrentarse a anteriores crisis transatlánticas plantea dudas sobre cuánto tiempo será capaz Europa de conservar una postura unida. Uno de los ejemplos más recientes en ese sentido fue la fragmentación del bloque ante la invasión de Irak en 2003, cuando países como España o Reino Unido apoyaron a Estados Unidos.

Desde el punto de vista del gobierno estadounidense, la ruptura del acuerdo -calificado de "podrido" y "defectuoso" por Trump- cumple una promesa electoral del presidente, profundiza en su línea de decisiones unilaterales y desmonta uno de los legados de Barack Obama en materia de política exterior. Las voces críticas sobre las consecuencias que puede tener esta medida también resuenan al interior de EEUU. La decisión de abandonar el acuerdo nuclear con Irán aísla a EEUU, incumple un compromiso del país, aumenta el riesgo de una guerra comercial con los aliados de EEUU y de una guerra real con Irán. Y más allá de las gravisimas tensiones diplomática y política, la crisis transatlántica abierta tras la ruptura del acuerdo también tiene consecuencias económicas.

El acuerdo iraní fue presentado en 2015 como uno de los grandes éxitos de la política exterior común europea. Y por el momento -y ante una situación menos tensa que la de los meses previos a la invasión de Irak- el grupo europeo fue capaz de mantenerse unido. Antes de la imposición de las sanciones a Irán en 2012, la UE era su mayor socio comercial. Pese a un retroceso en aquel año, las relaciones económicas entre ambos bloques aumentaron de nuevo tras el acuerdo de 2015. En 2017, la UE exportó a Irán bienes por valor de US$12,9 miles de millones. Las importaciones alcanzaron los US$11,9 miles de millones. Estas cifras suponen un 0,6% del comercio total de la UE y un 6% del iraní. Pese a que estas cifras se duplicaron respecto a las de 2016, el impacto del acuerdo nuclear de 2015 no tuvo las consecuencias previstas en términos de inversión e intercambio comercial.

La decisión de mantener el acuerdo con Irán pese a la retirada de EEUU en lo fundamental no se trata de intereses económicos, sino de promover una idea determinada de la seguridad internacional y una visión concreta de cómo debería ser el orden mundial desde un punto de vista más multilateral y donde se respeten los compromisos adquiridos. Meses antes del anuncio de Trump, el Crisis Group -un centro de estudios con sede en Bruselas- realizó una encuesta entre ejecutivos de multinacionales que están buscando oportunidades de negocio en Irán. La mayoría de ellos -83%- se mostraba desconfiado ante la posibilidad de que EEUU volviera a imponer sanciones unilaterales y 79% había retrasado sus planes de entrar en el mercado iraní. No obstante, numerosas empresas europeas con intereses en Irán temen ahora tener que enfrentarse a un dilema: mantener -o iniciar- su apuesta por el mercado de ese país o arriesgarse a sufrir sanciones y, quizá, perder el mercado real estadounidense.



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Argentina vuelve al Fondo

Ven, 11/05/2018 - 21:00
En este país donde sonó fuerte el “que se vayan todos” para luego volver todos, no es extraño que reaparezcan en la escena pública - quizás siempre han estado sin que lo supiéramos - personajes como Domingo Cavallo e instituciones como el FMI. Menos aún en una gestión donde se maneja la economía del país con criterios empresariales y donde el salario es a lo único que pretenden ponerle tope mientras se les da vía libre a los tarifazos, la especulación y el endeudamiento.

Fabiana Arencibia, Alai

Cuando la semana pasada se habló de un supuesto contacto de Domingo Cavallo con Mauricio Macri, a muchos se nos paró el corazón. Quien estatizó la deuda privada durante la última dictadura siendo presidente del Banco Central, luego ministro de Economía durante parte de los mandatos presidenciales de Carlos Menem y Fernando de la Rúa, el inventor de la convertibilidad en los noventa y del corralito en el 2001, quien les avisó a sus amigos cuándo tenían que llevarse los dólares del país porque se pudría todo, ese mismo es quien volvió a aparecer en estos días. A partir de ahí, sabíamos que con él venía el camino de retorno al FMI.

El Fondo Monetario Internacional salió durante algunos años de la escena. Al menos tuvo bajo perfil luego de los cuestionamientos de muchos países por las crisis que provocaron las recetas a las que sometía a las naciones que pedían préstamos de sus arcas. En Argentina, el pago de los 9.810 millones de dólares de deuda ilegítima que hizo en 2005 el entonces presidente Néstor Kirchner también lo corrió, al menos como prestamista.

De todos modos, jamás dejamos de ser miembros del organismo y por lo tanto nunca se alejó la posibilidad de que el Fondo nos aplicara la revisión del mentado Artículo IV de su estatuto, el que le posibilita auditorías regulares sobre nuestra economía.

Recordemos además que fue el FMI quien en 2009, durante la presidencia de Cristina Fernández, brindó “asistencia técnica” al INDEC intervenido por el entonces secretario de Comercio Guillermo Moreno, para reformular el índice de precios al consumidor a nivel nacional.

Hoy el presidente Mauricio Macri - en su mini intervención grabada - y luego el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, en su breve conferencia de prensa, dieron la noticia de que ya se había tomado contacto con la directora gerente del organismo, Christine Lagarde, para comenzar a gestionar una “línea de financiamiento preventivo”.

“Esta política depende mucho del financiamiento externo. Durante los dos primeros años hemos contado con un contexto mundial muy favorable, pero eso hoy está cambiando", explicó Macri, intentando justificar como una de las causas de la disparada del dólar lo que pasa fuera del país. Precisó que el otro motivo sería la necesidad de cubrir el déficit fiscal que viene de “la pesada herencia”, que se ha profundizado - lo cual no dice - justamente por el peso de los intereses del continuo endeudamiento.

"No es cierto como dicen Macri y Dujovne que la crisis que nos lleva al FMI tiene causas externas. Todo es por el fracaso del gobierno en atacar nuestros desequilibrios fiscales y monetarios. Necesitan consensos para el ajuste que se viene. Para eso tienen que dejar de mentir. Cansan", escribió en su cuenta de twitter el economista liberal José Luis Espert.

Diferentes organizaciones y personalidades han salido a cuestionar la decisión de volver al FONDO.
Desde la organización Diálogo 2000 afirmaron: “Sin duda, un nuevo acuerdo con el FMI no es solución para Argentina, ni tampoco el intento a través del G20, de consolidar la desregulación total del capital, el comercio y las inversiones y entregar a los capitales privados - a través de las llamadas ‘asociaciones público-privadas’ - la salud, la educación, el aire, el agua, en fin la gestión de todos nuestros derechos, bienes comunes y patrimonio. Parar el proceso de endeudamiento y suspender el pago de intereses sobre la Deuda ilegítima y fraudulenta, quitarle al gran capital, extractivo y especulativo, su libertad de fuga, sus exoneraciones fiscales y subsidios de toda clase, estimular la economía dignificando los salarios y generando empleo... ¡no es que no hay alternativas!”

“A la Alianza Cambiemos no le importa nada, solo aumentar la ganancia de los dueños de las empresas de servicios y alimentar un ciclo económico de endeudamiento externo eterno e ilimitado que concentra brutalmente la riqueza y expande al mismo tiempo la pobreza de las mayorías. La devaluación salvaje, la suba de las tasas de interés a cifras siderales son parte de la misma operación colonial de atarnos a las cadenas de dominación del FMI, el encargado de la usura internacional y asistente fiel de todos los gobiernos autoritarios y cipayos desde 1955”, afirmaron desde la Liga Argentina por los Derechos del Hombre.

Por su parte, Gabriel Solano, legislador porteño del Partido Obrero en el Frente de Izquierda, dijo: “La vuelta al FMI representa el intento de un salvataje que sirve para refutar que Argentina tenía reservas suficientes para hacer frente a una fuga de capitales que se transforme en una crisis financiera y bancaria. La vuelta al FMI no será gratis: representa antes que nada la decisión de avanzar en un ajuste de enormes dimensiones. En su informe de la revisión del artículo IV, el FMI recomendó bajar las jubilaciones, subir la edad para jubilarse a los 70 años, despedir empleados públicos y avanzar decididamente en la reforma laboral. Un ajuste de este tipo refuta toda idea de ´gradualismo ´ y plantea un choque aún más agudo con los trabajadores y todo el movimiento popular”

Del mismo frente político, Juan Carlos Giordano, diputado nacional de Izquierda Socialista, aseguró: “El nuevo pacto con el FMI significará más endeudamiento, ajuste, tarifazos, techos salariales y reforma laboral antiobrera. Es un nuevo paso en el saqueo y la entrega del país a manos del imperialismo y los banqueros internacionales. Ya no quedan excusas. La CGT tiene que romper el pacto con Macri. Exigimos un paro general y un plan de lucha para repudiar el pacto Macri-FMI y derrotar el ajuste de Cambiemos y los gobernadores. Quienes convocaron a la marcha del 21F deben llamar ya al paro y a un plan de lucha. Llamamos a los trabajadores a votar esa moción en los lugares de trabajo y estudio para evitar este nuevo acto de entrega y sometimiento”.

"El FMI ya venía incidiendo: la reforma jubilatoria que se hizo en Argentina no es casualidad que se esté intentando en otros países de América Latina", dijo la diputada nacional del FIT, Myriam Bregman.

Según manifestó Juan Marino, dirigente nacional del Partido Piquetero, “los tarifazos son parte de las condiciones que exige el FMI para otorgar la línea de crédito de 30.000 millones de dólares que, según la agencia Bloomberg, Macri y Dujovne le pidieron”.

La legisladora de Libres del Sur, Victoria Donda, responsabilizó al gobierno por los efectos de la economía nacional porque “eligió el peor camino” al “atar su futuro a las exigencias de los factores financieros”. “La responsabilidad por un endeudamiento excesivo es exclusiva del gobierno de Macri. Ningún ajuste es suficiente para los buitres financieros”, completó.

“Otra vez nos llevan al Fondo para que un puñado de vivos se llene los bolsillos, el pueblo pierde trabajo, salario y paga las consecuencias”, advirtió por la red social Hugo Yasky, secretario general de la CTA de los Trabajadores y diputado de Unidad Ciudadana.

Cabe recordar que el FMI había aparecido en la vida política de nuestro país antes de ser mencionado hoy. En 2016 Macri decidió aceptar la revisión anual que no se hacía desde 2006. Así se retomaron relaciones y fue el mes pasado que nos visitó la directora gerente y elogió el rumbo económico del gobierno. "Los dos primeros años del gobierno de Macri han sido asombrosos”, dijo Christine Lagarde en clara referencia a la política de liberalización de nuestra economía.

“El FMI apoyó la política gradual, atacando el déficit fiscal pero cuidando a todos, sobre todo a los que menos tienen". Se trata "del financiamiento más barato que tenemos disponible. El FMI nos presta a tasas menores que los mercados internacionales. Esto refuerza la solvencia de Argentina", afirmó hoy Dujovne para quien este FMI es uno muy distinto al de hace 20 años.

Como devolviendo la gentileza, la directora gerente publicó un comunicado en la página oficial del FMI en el que dijo: "La Argentina es un valioso miembro del Fondo Monetario Internacional. Agradezco la declaración que el presidente Macri hizo hoy y espero con interés continuar nuestra colaboración con la Argentina. Se han iniciado discusiones sobre cómo podemos trabajar juntos para fortalecer la economía argentina y llevaremos estas conversaciones a cabo en breve".

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El mercado pone contra las cuerdas la política económica de Macri

Xov, 10/05/2018 - 19:26
Ana Delicado, Público

El presidente de Argentina, Mauricio Macri, atraviesa el período más delicado desde que llegó al poder en diciembre de 2015. La desaprobación del mandatario se extendió entre la población hasta llegar al 55%, el peor nivel desde que comenzó su legislatura, y la confianza en su política económica se ha derrumbado a niveles inéditos, lo que se ha traducido en una fuerte depreciación del

El sobresalto económico que ahora atraviesa el país no pudo llegar en peor momento. Las alarmas saltaron la semana pasada, cuando el peso argentino se devaluó el jueves, en un sólo día, un 8,3%. Asustado por el cimbronazo, el Gobierno elevó por tercera vez en una semana las tasas de interés hasta llevarlas al 40%, y redujo del 30 al 10% el patrimonio en dólares que pueden tener los bancos.

Los inversores financieros habían ingresado durante el año pasado una cantidad récord de divisas, estimada en 8.000 millones de dólares, a través de una estrategia conocida como carry trade (arbitraje de divisas), que consiste en vender dólares para volcarlos a corto plazo en otra moneda que tenga una mayor tasa de interés. “En 2017, la devaluación del peso fue del 17% y la tasa de interés promedio fue del 35%, así que el negocio fue bueno”, cuenta a Público Fausto Spotorno, economista jefe de la consultora Orlando Ferreres.

Pero la entrada de plata dulce no es eterna. El aumento de las tasas de interés en EEUU contribuyó a que la divisa local se haya depreciado más de un 13% en el transcurso de este 2018, mientras el mercado especula con un país que se ha endeudado en los últimos dos años a niveles no alcanzados por ninguna otra nación emergente. En paralelo, hace un mes entró en vigor un impuesto a la renta financiera en manos de extranjeros. “Eso explicó el retiro masivo de fondos”, sostiene el analista argentino. “El Banco Central cometió el error de salir a vender reservas garantizando el precio de salida, y se aceleró el proceso de caída de los títulos argentinos y el peso”.

Lo sucedido no fue una crisis de confianza hacia el Gobierno, sino el final de un negocio que había sido muy grande y volátil, según el economista. “Tenemos un sistema financiero muy pequeño en un país con grandes necesidades económicas, fiscales y de infraestructura. Sólo en enero se colocaron en un solo bono 9.000 millones de dólares para financiar al fisco. Eso da una idea de la vulnerabilidad de Argentina ante los movimientos de capitales”.

Para confirmar al mercado que sostendría su programa de ajuste económico, el Gobierno también anunció una bajada del déficit primario del 3,2 al 2,7% del PIB a fin de ahorrar 3.200 millones de dólares este año, lo que contraerá la inversión pública, y en concreto, las partidas destinadas a infraestructura, uno de los principales indicadores que permitió al país crecer un 2,8% en 2017.

De acuerdo a Spotorno, una parte se compensará con los 6.000 millones de dólares que hasta 2021 se invertirán en obras públicas a través de proyectos de participación público privada licitados por el Ejecutivo.

Endeudamiento y déficit
Para Claudio Lozano, exdiputado y coordinador del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IpyPP), la causa del problema se debe en realidad a la desregulación comercial y financiera que ha llevado al país a depender en extremo del ingreso de capitales especulativos y del endeudamiento externo. “Esto hace que Argentina apenas produzca 6 de los 10 dólares que necesita para funcionar. Los otros 4 los consigue a través de deuda (30.000 millones por año) o garantizando renta en dólares atractiva para que ingrese capital local o extranjero”, afirma.

El exlegislador cuestiona las razones por las que Argentina bebe del financiamiento externo. “No recurrimos a él para garantizar inversiones productivas. Si así fuera, necesitaríamos menos deuda”, razona. “La gran mayoría del endeudamiento se utiliza para pagar deuda vieja. Sólo en 2017 pagamos 9.000 millones en intereses, ante una fuga de capitales de 23.000 millones de dólares anuales. Hay una situación de fragilidad vinculada al hecho de que no tenemos dólares, porque la apertura comercial ha producido un saldo negativo de 10.000 millones de dólares”.

El Gobierno de Macri reconoce que la deuda pública total durante sus dos primeros años de gestión llegó a los 80.000 millones de dólares. Para este año, el Ejecutivo se hipotecará en otros 46.000 millones, de los cuales el 80% es deuda externa. “En tres años, este Gobierno casi duplica el endeudamiento al que recurrió la última dictadura (1976-1983), que acumuló 45.000 millones de dólares de deuda, equivalentes a 75.000 millones hoy en día”, ilustra Lozano.

El déficit financiero, que incluye los intereses de deuda y del que el Ejecutivo no suele hablar, superó en 2017 el 6% el PIB, y se estima que este año se situará en torno al 5,3%.

Con las últimas medidas adoptadas el Gobierno ratifica un rumbo equivocado, enfatiza el economista, en un país sin divisas suficientes que no regula sus finanzas y que tampoco controla las liquidaciones de los agroexportadores. “Ninguna orientación económica lleva a ahorrar dólares”, resume el exdiputado. “Al revés, se está haciendo todo de manera tal que Argentina convierta en eterna su dependencia financiera, lo que deprime la inversión productiva al ser más rentable la primera”.

Este proceso recuerda una política ya vivida durante la dictadura y los años 90, advierte Lozano. “Ahora tropezamos por tercera vez en la misma piedra. Esto siempre ha terminado con una gran conmoción social y una crisis externa por exceso de endeudamiento”.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Trump impulsa el petróleo a máximos tras romper el pacto nuclear con Irán

Mér, 09/05/2018 - 19:14

La decisión de Donald Trump de romper el pacto nuclear con Irán se deja notar en los mercados. El crudo es el principal beneficiado, ya que el regreso de las sanciones contra el país islámico golpearía las ventas de crudo iraní. Menos ventas, menos producción y por ende menos oferta en los mercados. Con una demanda sostenida, los precios irán al alza.

Irán se había convertido en el tercer mayor productor de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) tras el levantamiento de las sanciones hace unos años. El previsible recorte impulsa el crudo. Así, el barril de Brent, el de referencia en Europa, llegaba a cotizar este miércoles en 77,17 dólares, un 3,1% más que el cierre del martes y en máximos desde finales de 2014.

Su menor aporte al mercado global –ahora exporta 2,6 millones de barriles al día– puede disparar precios. Se apunta a una caída de la producción de 200.000 barriles diarios como mínimo, que podrían ser hasta un millón. Llega en un contexto de caída de las reservas de crudo a nivel global. Algo que finalmente se trasladará al bolsillo del consumidor, impactando en la inflación. Sobre todo en aquellos países con mayor dependencia de la importación, como España, China, India o Turquía.

La situación viene de perlas para Arabia Saudí, que busca maximizar los precios del crudo de cara a la salida a bolsa de la estatal Aramco, valorada en dos billones de dólares. Además, un barril más caro le permite cuadrar presupuestos y dejar atrás los abultados déficits. Y para completar los beneficios, Irán es uno de sus rivales históricos. En cualquier caso, este miércoles ha manifestado que trabajará con otras naciones para limitar el impacto si hay escasez de crudo.

La precaución de Arabia Saudí se explica por el hecho de que también Estados Unidos podría beneficiarse. Los pozos que utilizan técnicas de fracking logran mejores beneficios con una subida de precios, ya que sus márgenes son muy estrechos. Cuanto más suban los precios, más producirán, por lo que habrá más oferta y los precios caerán. Todo un juego de ganancias y pérdidas en la que los movimientos se miden al máximo.

En las bolsas, la reacción es más tímida. El grueso cotiza con leves subidas, sin grandes movimientos, después de que ayer Wall Street hiciera lo propio, con una subida del 0,01% del Dow Jones y del 0,02% en el tecnológico Nasdaq. En el Ibex 35, las grandes ganadoras eran Técnicas Reunidas, de infraestructura para petróleo y gas, que subía el 1,9%; y la petrolera Repsol, con el 1,7%. En el extranjero, las grandes también subían. La anglo holandesa Shell ganaba el 2,5%, la italiana Eni el 2,4%, la británica BP el 2,14%, la francesa Total el 1,25% y la portuguesa Galp el 0,8%.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Argentina vuelve a los tentáculos del FMI tras desplome del peso

Mar, 08/05/2018 - 22:57

El presidente de Argentina, Mauricio Macri, anunció que ha iniciado conversaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para recibir una línea de apoyo financiero por la crítica situación que vive el país trasandino ante la imparable depreciación del peso frente al dólar. Según revela Bloomberg, el crédito flexible rondaría los 30.000 millones de dólares. El valor del peso se ha hundido acumulando una depreciación de 6% en los últimos días. El dolar se cotizaba en enero en 18,65 pesos y hoy lo hace a 23,50, su máximo histórico. Ninguna de de las medidas del gobierno ha frenado el desplome, lo que ha provocado una profunda incertidumbre en el país, y da cuenta del rotundo fracaso del gobierno macrista.

A doce años de saldar la deuda con el FMI de la mano de Nestor Kirchner, Argentina vuelve a pedir socorro, como lo hizo en 2001, para superar su precaria situación financiera. Como se sabe, las condiciones para recibir apoyo del FMI son reformas estructurales, más privatizaciones, más recortes en el gasto público y más flexibilización laboral. El FMI presta a cambio de un monitoreo trimestral para vigilar la aplicación de sus exigencias. Es decir, el país pierde soberanía financiera dado que la delega a los dictados del Fondo. Esperemos que esta vez los dólares del FMI no sirvan para financiar la fuga de capitales de los grandes actores financieros. Pero en el contexto neoliberal del gobierno de Macri, eso es mucho pedir.

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¿La inteligencia artificial liquidará al capitalismo?

Lun, 07/05/2018 - 14:55
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Si la inteligencia artificial (IA) definirá el dominio geoestratégico en la próxima generación, su ideología emergente marcará el destino de la humanidad. Ya el zar Vlady Putin había alertado de que quien domine la IA controlará al mundo (http://bit.ly/2IjsAdQ).

Detrás de las amenazas de guerra comercial de Estados Unidos y China se encuentra el “posicionamiento tecnológico que marcará el siglo XXI sobre la primacía de la IA cuando Beijín ha proclamado que será el líder indiscutible en 2030 (http://bit.ly/2IgbRbA)”.

Quedó atrás la caduca taxonomía de derecha e izquierda que floreció durante la Guerra Fría en la etapa bipolar entre Estados Unidos y la ex URSS, hoy la ideología en el mundo se encuentra fracturada entre los globalistas –encabezados por el megaespeculador George Soros y la dupla británica de The Economist/The Financial Times–, acoplados a los poderosos multimedia israelí-anglosajones de occidente –contra los nacionalistas donde prevalecen Trump, el zar Vlady Putin y el mandarín Xi con sus respectivas idiosincrasias– al unísono de sus puntuales resurrecciones en la Unión Europea.

Yair, hijo del primer ministro israelí Bibi Netanyahu, sentenció con entonaciones nacionalistas sarcásticas que Soros “controla al mundo (http://bit.ly/2FMZNsV)”.

A 200 años del aniversario del nacimiento de Marx, Nathan Gardels (NG), editor en jefe del The World Post –en colaboración con The Washington Post y el Instituto Berggruen– aduce que la “IA agudizará la división entre Occidente y Oriente (https://wapo.st/2JXYucX)”.

NG no oculta su proclividad ideológica y reduce a la IA a su lecho de Procusto cerebral: la conectividad digital y los algoritmos están mejor en manos de los libertarios (sic) de Silicon Valley que en las de China con su mentalidad autoritaria que empodera al Estado.

Arguye que el mundo digital se encuentra dividido entre el espionaje capitalista de Occidente y el monitoreo del mandarinato de China. Se olvida que Snowden y Assange son hijos de Occidente.

Feng Xiang (FX) –profesor de leyes en la Universidad Tsinghua– argumenta que la “IA marcará el fin del capitalismo (https://wapo.st/2FN3oXU)”.

Considera que si la IA permanece bajo control de las fuerzas del mercado desembocará en forma inexorable en un mega-rico oligopolio de datos de multimillonarios que cosecharán la riqueza creada por los robots que desplazan la mano de obra, dejando un masivo desempleo a su alrededor.

Juzga que la economía de mercado socialista de China puede proveer una solución, si la IA “asigna en forma racional (sic) recursos mediante los análisis de macrodatos (big data) y si las robustas asas de retroalimentación (feedback loops) pueden suplir las imperfecciones de la mano invisible, mientras se comparte en forma equitativa la inmensa riqueza que crea en medio de una funcional economía planificada.

El peligro de la IA, que avanza en una tecnología de propósito general, es que permanezca en manos privadas que sirven los intereses de unos cuantos.

Aduce que la inevitabilidad del desempleo masivo y la demanda por el bienestar universal conducirán la idea de socializar (sic) o nacionalizar (sic) la IA.

El capitalismo digital fantaseó el bienestar social, como sucede con los multimillonarios de Google y Apple que esconden sus inmensas ganancias en los paraísos fiscales para evadir impuestos, lo cual choca con su lema hipócrita de responsabilidad social.

El escándalo de la empresa británica Cambridge Analytica, obligada a cerrar, con Facebook y su modelo de negocios –que coloca a las ganancias por encima de una ciudadanía responsable– es la forma en que funciona el capitalismo digital en detrimento de la sociedad. Alega que en China las empresas privadas de Internet como Alibaba y Tencent son monitoreadas por el Estado y no se encuentran por encima del control social.

Juzga que la misma penetrabilidad de la IA marcará el fin del dominio del mercado cuando sólo produce desempleo, no se diga con los robots, por lo que no existe una mejor alternativa que la intervención del Estado.

El capitalismo de laissez faire desembocará en la dictadura de los oligarcas de la IA que colectan rentas debido a que tienen reglas de propiedad intelectual sobre los medios de producción.

Así como las armas nucleares y bioquímicas, la exclusiva tecnología de punta o el núcleo de las plataformas de IA deben pertenecer a un Estado fuerte y estable que garantice la seguridad de la sociedad.

FX concluye con la frase: !Uníos robots del mundo!

El sociólogo Anthony Giddens (AG) –anterior director de la London School of Economics y exponente de la fracasada Tercera Vía que fue un engaño del ofertismo fiscal dentro de la depredación neoliberal– propone en forma antigravitatoria y desfasada una carta magna para la era digital, en similitud a la que adoptó Inglaterra (sic) en 1215 para frenar a los reyes de abusar de su poder cuando hoy “los nuevos reyes son las grandes empresas tecnológicas (https://wapo.st/2wk2Nxy)”. Su comparación es desigual e inarticulada.

AG considera que la revolución digital es la mayor fuerza dinámica en el mundo y afecta todo desde la intimidad de la vida cotidiana hasta las luchas geopolíticas cuando al mismo tiempo fractura y divide.

La evolución de la IA comporta tres fases distintas: 1. Los trabajos pioneros de Alan Turing durante la Segunda Guerra Mundial hasta finales de los 80, dominados por los gobiernos y la Academia 2. La emergencia de Silicon Valley 3. Retorno del Estado (¡súper sic!) y un dominio público mayor.

Mas allá de sus aspectos positivos, sus aspectos negativos son profundos con amenazas al tejido mismo de la democracia cuando los “movimientos on line desafían o hasta desplazan a los principales partidos políticos”, al unísono de avances dramáticos en el aprendizaje de las máquinas.

AG participó en un grupo de trabajo del Comité Selecto de la Cámara de los Lores sobre IA que publicó un reporte que propone reformas para encontrar un nuevo equilibrio entre la innovación y la responsabilidad de las trasnacionales.

Su selecta carta magna esboza intervenciones prácticas de los gobiernos (¡súper sic!): la IA debe ser desarrollada para el bien común; operar con los principios de inteligibilidad y equidad, respetar los derechos de la privacía”, estar basado en cambios de envergadura en la educación y nunca conceder el poder autónomo para dañar (sic), destruir o engañar (sic) a los humanos.

Dejando de lado las fake news israelí-anglosajones, el problema de la carta magna de AG es su implícita israelización sobre la identidad y operabilidad de su futuro árbitro.

Hoy, con bendición anglosajona, Israel, potencia digitálica cabal que ostenta 400 bombas atómicas clandestinas, se da el lujo de manipular los datos de la Organización Internacional de Energía Atómica para torpedear los acuerdos con Irán cuando ni firma el Tratado de no Proliferación de Armas Nucleares.

La selecta israelización de la IA es uno de sus principales escollos.

Quien controle la IA impondrá su modelo.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

¿Capital digital? Marx y el futuro digital del capitalismo

Dom, 06/05/2018 - 20:37
Michael R. Krätke, Sin Permiso

¿Qué tiene aun que decirnos Marx sobre el capitalismo actual? La pregunta es pertinente, porque la principal obra económica de Marx, El capital, esto es, el volumen primero de este ladrillo, apareció hace 150 años, en septiembre de 1867. El primer volumen y, en parte, también importantes borradores del segundo y el tercero de esta obra son de 1864 y 1865.

Sin embargo, El capital de Marx no versa sobre el capitalismo del siglo xix, sino sobre la lógica del desarrollo capitalista, quiere descifrar el nexo interno entre todos los fenómenos de una economía capitalista. Quiere ser una “teoría general”, que pueda explicar la dinámica que sigue el capitalismo, sus crisis y coyunturas, transformaciones y revoluciones. Marx no construye ninguna teoría del “capitalismo puro”, sin consideración de su historia. Se interesa por las tendencias a largo plazo del desarrollo capitalista, lo estudia con la mirada puesta en el futuro: ¿qué aspecto tendrá el mundo cuando el capitalismo pueda desarrollarse y extenderse sin bridas ni frenos? Le interesa la Inglaterra de su tiempo, altamente industrializada; después, los EEUU, como país donde la industrialización capitalista de todos los ámbitos —en ese momento, de la agricultura— avanza más rápidamente, porque muestra la imagen del futuro para todo el mundo capitalista.

Los estudios tecnológicos de Marx

Aunque era filósofo y jurista de formación, con 25 años se pasó al estudio de la economía política, al que se dedicó cuarenta años, hasta su muerte, en marzo de 1883. Como autodidacta y coetáneo del cénit de la primera revolución industrial en Inglaterra, estaba entusiasmado por las revoluciones tecnológicas de la época. Al ver desde el principio al capitalismo desarrollado como un modo de producción altamente tecnologizado que transformaba el mundo de forma más fundamental que todas las formas económicas anteriores, consideraba indispensable el estudio de la tecnología y las ciencias experimentales coetáneas, a diferencia de la mayor parte de economistas de su época. En varios intentos, durante 1851-52, 1856-57, 1861-63 y, nuevamente, desde 1868 hasta 1878, realizó extensos estudios sobre ciencias experimentales y tecnología.(1) Marx mostró especial interés por los descubrimientos en las ciencias experimentales de su tiempo, p. ej., en química, física y fisiología, y estaba fascinado por sus aplicaciones tecnológicas, p. ej., en la agricultura. Marx, empero, era todo menos un admirador acrítico de la nueva agricultura industrial y de la gran industria fabril, cuyas consecuencias social y ecológicamente devastadoras vio con exactitud. Conocía los escritos de autores ingleses contemporáneos como Andrew Ure, el propagandista del sistema fabril, o Charles Babbage, el inventor de la primera calculadora y teórico de la organización racional de la empresa. Estudió los escritos del pionero de la agroeconomía Justus von Liebig, y compartió la creencia de este coetáneo suyo en las posibilidades casi ilimitadas para el desarrollo de las fuerzas productivas sociales que se habían abierto con las nuevas tecnologías y el sistema fabril. Pero no consideraba a la técnica, la tecnología ni las ciencias experimentales como las fuerzas motrices. La fuerza motriz del tiempo inesperado en que la productividad de la fuerza de trabajo se había intensificado residía, a su juicio, en la dinámica específica del capitalismo moderno.

Una sentencia del viejo Marx: la tecnología no es economía política

Para comprender la actitud de Marx para con las revoluciones técnicas de su tiempo es útil recordar una de sus frases clave dichas de paso: “Sólo tecnología no es economía política”.(2) No son las tecnologías de la producción, transporte o comunicación las que determinan la marcha del desarrollo capitalista, sino al revés. Es el nuevo funcionamiento del sistema fabril, específicamente capitalista, con el que comienza la “moderna ciencia de la tecnología”, la aplicación sistemática en la producción de los resultados de las ciencias experimentales, la búsqueda constante de innovaciones, la aceleración del progreso técnico, la larga sucesión de nuevas revoluciones tecnoindustriales.

¿Cómo se desarrollan las revoluciones técnicas en el capitalismo? ¿Por qué se dan, en realidad? ¿Cómo se llevan a cabo? Marx lo estudió en detalle y tenía la mirada puesta tanto en la primera como en los inicios de la segunda revolución industrial, en los años siguientes a la gran depresión de 1873. La búsqueda permanente de mejoras e innovaciones técnicas en el sistema fabril distingue al capitalismo industrial. Marx las explica con la lógica de la “producción de plusvalía relativa”: los empresarios industriales ganan a la competencia incrementando constantemente la productividad de sus empleados, mediante la introducción y perfeccionamiento de innovaciones técnicas. Como todos hacen la apuesta, la base técnica de muchas industrias (tendencialmente, de todas) se recicla continuamente y la capacidad productiva aumenta constantemente. Así, cobra cada vez más fuerza la tendencia a la sobreproducción y la sobreacumulación, que, periódicamente, lleva a crisis, grandes y pequeñas.

En las crisis del capitalismo moderno se manifiestan las “revoluciones de valores”, que son las consecuencias inevitables de las constantes innovaciones técnicas. Llevan a la destrucción de capital, la obsolescencia de todas las tecnologías, la desaparición de profesiones. Marx estudió minuciosamente varias de las crisis de su tiempo: las de 1847-48, 1857-58 y 1873-79. Las revoluciones técnicas y transformaciones bruscas del régimen industrial exigen crisis. La desvalorización y destrucción de capital abren paso a la aplicación y proliferación de nuevas técnicas. El progreso técnico y la innovación se aceleran, así como la racionalización y reorganización por razones técnicas. Pero las nuevas técnicas, especialmente las tecnologías, sólo dan la posibilidad de transformaciones más o menos radicales de la empresa y la circulación capitalistas. Se imponen cuando cooperan con ellas los actores determinantes del capitalismo moderno: las empresas, los capitalistas, los financieros, los trabajadores asalariados. Y sólo lo hacen cuando encuentran o, mejor, cuando pueden abrir, mercados suficientemente grandes y estables para los posibles productos de las nuevas tecnologías. El capitalismo industrial moderno de alta tecnología penetra en los mercados mundiales o, más bien, crea y expande mercados mundiales (como la industria de comunicaciones de entonces, con las industrias del ferrocarril y los telégrafos, que Marx tenía ante sus ojos).

Marx y la digitalización

La crítica marxiana de la economía política se ha quedado inconclusa, Marx no pudo tratar suficientemente muchos de los problemas centrales de su teoría. Por ello, está justificada la pregunta de si su análisis del capitalismo industrial se adecúa a los fenómenos actuales. El propio análisis marxiano de las mercancías tiene sus límites. No es adecuado sin más con las mercancías ficticias o cuasimercancías, falla con los bienes públicos o comunes. ¿Puede la economía política marxiana, en la forma en que aseveran los marxistas de hoy, tratar el trabajo cognitivo y sus productos? ¿Puede explicarse con el Marx de los marxistas qué valor añadido crea exactamente un trabajador cognitivo que, p. ej., diseña programas? ¿Qué se produce exactamente en y mediante Internet? ¿Qué se compra y se vende? Ningún producto, sino derechos de uso (p. ej., a instalar Windows 10 en un PC). ¿Qué pasa, empero, si el acceso es libre y gratuito (como al abrir una cuenta de Facebook o al emplear software libre)? ¿El “valor” de los productos de software, fabricados y distribuidos por empresas privadas de evidente alta rentabilidad, lo determina la media, o la cantidad marginal, de trabajo necesario para su producción? Como bien sabía y subrayaba Marx, con la mirada puesta en sus conocimientos científicos, no hay relación alguna entre el trabajo necesario para un descubrimiento o invención científico o tecnológico y el trabajo necesario para su reproducción. Es este último, a juicio de Marx, el que determina el valor de cada mercancía. ¿Aun se puede, por tanto, aprehender la economía de la información o de los bienes cognitivos en términos de valor?

El “Fragmento sobre las máquinas”

Los profetas del poscapitalismo dicen poder descubrir en los primeros manuscritos de Marx un vaticinio genial de los desarrollos contemporáneos que señalan derechamente a una superación del capitalismo. Se trata del denominado Fragmento sobre las máquinas, un pasaje de los manuscritos económicos de 1857-58.(3) Ahí Marx se permite un experimento intelectual: supóngase que el sistema fabril, según la lógica capitalista, es crecientemente empujado hacia la “fábrica automática”. Entonces, lo que él denomina trabajo inmediato será cada vez más irrelevante respecto a la masa de capital empleado, y el carácter del trabajo se transformará. El trabajo de cada individuo se convertirá, directamente, en trabajo social, lo que se pague ya no será el trabajo inmediato de cada individuo, sino el conjunto del proceso industrial encarnado en la fábrica automática, en el sistema maquinal. Éste, empero, no dependerá del conocimiento y experiencia de grupos de trabajadores singulares, sino del conocimiento socialmente disponible, desarrollado durante generaciones. Marx habla de “fuerza productiva general” o “intelecto general”, de las “potencias generales del cerebro humano” que, en el futuro, existirán en cada trabajador individual como “individuo social”.(4) En el intento marxiano de pensar el desarrollo del capitalismo hasta su fin lógico, una fábrica automática y vacía, vigilada y controlada por escasos trabajadores cognitivos de alta competencia, los filósofos marxistas leen todo tipo de afirmaciones exorbitantes.(5) Ni el conocimiento sustituirá al trabajo ni “la ciencia” ni el “intelecto general” se convertirán en el principal agente del proceso productivo. El conocimiento, el alto conocimiento, la ciencia, no son nunca “fuerza productiva inmediata”, como escribe Marx en algún lugar, sino la precondición para una productividad creciente del trabajo. El conocimiento, el saber general y especializado, debe obtenerse mediante trabajo social, desarrollarse y, sobre todo, transmitirse. El simple mantenimiento de un buen nivel educativo cuesta considerables cantidades de trabajo social. Marx se imagina una fábrica del futuro en que la masa de trabajadores fabriles de su tiempo habrá desaparecido, ya que su “trabajo simple” habrá devenido superfluo, el trabajo fabril que quede será trabajo de especialistas de alta cualificación. No afirma que el trabajo manual vaya a desaparecer completamente; aun menos que el trabajo intelectual (que se basa en y aporta conocimiento) y el manual puedan, algún dia, separarse totalmente. El simple manejo o la vigilancia y comunicación mediante sistemas autómatas que utilizan robots no se puede equiparar a pura tarea intelectual ni a trabajo de investigación.

Marx y los mitos de la economía digital

Una parte considerable de la obra de Marx consiste en críticas, de los economistas del período clásico, pero también de “falsas críticas de la economía política”, expuestas por otros socialistas. En las lecturas filosóficas actualmente de moda se oculta el tipo de crítica que es especialmente importante para Marx. La crítica de la confusión, la irreflexión, el dogmatismo de los economistas que, a la sazón como hoy, descansaban sobre una montaña de problemas irresueltos. Marx pretendía haber refutado sus dogmas y errores, deshecho sus antinomias y planteado un tratamiento racional de sus problemas irresueltos ―y, señaladamente, desde el “punto de vista puramente económico”, que siempre adoptó. De ahí se sigue que difícilmente habría aceptado los mitos sobre una economía o, mejor, un capitalismo digital, actualmente compartidos y difundidos por tantos. Antes bien, como economista crítico, habría visto como tarea suya criticar concienzudamente los exaltados sinsentidos y afirmaciones insostenibles, precisamente cuando provienen de la “izquierda”. Para Marx, lo mismo que para los economistas políticos que todavía consideran fértil su teoría, esto es, relevante para la investigación, la “digitalización” ofrece más bien un melón por abrir que soluciones fijas y acabadas.

El mundo del capitalismo digital es muy distinto, pero, como antes, ningún software funciona sin hardware, como antes, es necesaria una infraestructura de cables, antenas de telecomunicaciones, servidores, etc. Hay que poder guardar y transmitir los datos, es necesario generar, mantener, reemplazar, es decir, organizar y reorganizar, soportes de datos (libro, disco duro, Cloud, etc.) y redes de comunicación. Ningún “bien digital” o “informativo” puede convertirse en mercancía (y, con ello, interesar a los capitalistas) sin derechos de propiedad privada, sin derechos de autor. Se trata de bienes “no rivales” (el uso por uno no merma el uso por otro), pero cada consumidor potencial puede y debe poder ser efectivamente excluido de su uso.(6) “Bienes libres” como conocimientos puramente científicos, compartidos ilimitadamente en una academic community, son, para los capitalistas privados, de interés limitado; los pueden utilizar, pero no pueden hacer negocio con ellos.

Las “técnicas” como tales, puras tecnologías, producen sólo precondiciones para transformaciones sociales, no crean ni fuerzan nada. Ninguna tecnología ni ningún tipo de mercancías hacen, “por sí mismos”, imposible la propiedad privada, el mercado o el capital. Históricamente, los actores del capitalismo han demostrado siempre ser bastante hábiles. Hasta ahora, la digitalización de la economía parece haberse llevado bien con el capitalismo. Con la transformación de la señal analógica en digital, los datos o informaciones tampoco estarán ilimitadamente accesibles, aunque su copia y difusión sean más fáciles y rápidas que nunca. A pesar de que actualmente sea fácil técnicamente copiar bienes digitales, descubrir y desarrollar productos semejantes es tan difícil e igualmente costoso en trabajo (por su incertidumbre) como antes. Esta particularidad de la producción cognitiva no ha desaparecido con la digitalización. Como antes, la digitalización tiene también muchos límites materiales y sociales, por ejemplo, el limitado número de desarrolladores de software o de especialistas en ITC, cuyo tiempo de trabajo también es limitado.

El viejo Marx no se habría tragado algunos de los mitos de la digitalización actualmente en boga, p. ej., el de la economía de costes marginales cero. Una reproductibilidad técnica de bienes alta o (casi) a voluntad lleva a costes marginales (los costes de cada unidad adicional producida) decrecientes y, con ello, a costes fijos decrecientes, en total. En principio, sí. Pero los costos marginales determinan sólo una parte de los costes totales, precisamente cuando caen rápidamente. La técnica digital (especialmente, el software) necesita vigilancia y mantenimiento, esto es, trabajo constante, que aumenta cuando el software debe ampliarse, renovarse y adaptarse a menudo, que es siempre el caso en una economía competitiva capitalista. Ni siquiera gigantes del software como Microsoft escapan a eso. Más allá de la esperanza de vida de los equipos (físicos y sociales), los costes aumentan repentinamente y, por ello, muchas empresas se aferran hasta hoy a equipos y software obsoletos; capital fijo, para ellos.(7)

En el capitalismo, la digitalización no es gratis, ni es un regalo de la naturaleza ni de la sociedad. Los bienes digitales, los datos y las necesidades necesitan, igual que antes, representación física. Su generación, tratamiento, almacenamiento y difusión requieren energía. De modo que la entropía aumenta. Los medios de comunicación electrodigitales, tal y como los conocemos y utilizamos actualmente, necesitan y generan una masa gigantesca de basura electrónica, y que crece rápidamente, cuyo transporte, almacenamiento y tratamiento posterior tiene enormes consecuencias para la economía mundial. Necesitan materias primas, de modo que alimentan a la activa industria minera mundial. Así que una economía capitalista digital tampoco es ingrávida y también choca con límites materiales.

A Marx, la denominada paradoja de la productividad no le habría dejado frío. Como economista, era un friki fanático y, evidentemente, habría tomado nota de que los países capitalistas de vanguardia, durante las últimas décadas, no han logrado ningún salto realmente impresionante en productividad ni crecimiento. Le habría llamado la atención que, a pesar del uso de tecnologías avanzadas de la información y la comunicación en casi todos los campos, de incrementos exponenciales de la potencia de les ordenadores, de innovaciones constantes, no aumente rápidamente de modo correspondiente la productividad y, con ello, la rentabilidad. No obstante, para Marx la ausencia de fuertes aumentos de la productividad del trabajo con toda la digitalización habría sido un problema, porque, de una innovación técnica, esperaba que se extendiera sobre muchas ramas de la industria, generara una ola de “revoluciones de valor”, de destrucción y renovación de capital, con el ascenso de nuevas ramas industriales y el declive de viejas industrias, esto es, una gran transformación real del capitalismo. Hasta ahora ésta tan sólo se ha suplicado elocuentemente, pero, en las estadísticas relevantes sobre producción y productividad, no aparece.

Por ello, Marx se habría preguntado cómo emplean su capital las empresas de alta tecnología actualmente líderes que dependen totalmente de tecnología digital. ¿Qué producen, qué venden los “cuatro grandes de Silicon Valley”? ¿Cómo y con qué obtienen dinero y ganancias? En primer lugar, bloqueando el acceso general a Internet o a plataformas especiales, abiertas a cambio de una cuota para usuarios de pago, un negocio que tiene poco que ver con técnica digital, y mucho con poder político y acceso de facto a bienes semipúblicos (en parte, también comunes), esto es, con una privatización de la infraestructura digital políticamente autorizada y buscada. En segundo lugar, recopilando datos y revendiéndolos y haciendo propaganda de ellos (un producto informativo híbrido, que combina servicio con representaciones físicas). Entonces pueden, como Facebook y Google, renunciar al cobro de tarifas para el acceso a sus plataformas. Sus clientes, habitualmente otras empresas capitalistas de todas las ramas posibles, compran un sitio en la plataforma y pagan por él una parte (anticipada) del beneficio extra que obtienen gracias a su acción publicitaria. El valor añadido real es sólo marginal, en algunas agencias de publicidad, que, efectivamente, prestan un servicio o bien crean un producto.

Finalmente, Marx se habría interesado por las consecuencias de la digitalización en la propia producción de viejos bienes materiales. Ya vio las consecuencias para los trabajadores industriales de los primeros comienzos del sistema fabril, vio la racionalización y perfeccionamiento de los procesos productivos, acompañados de vigilancia y controles intensivos. Vio la compresión del trabajo, el alargamiento de la jornada, el aumento de su intensidad, la presión creciente y la ascendente inseguridad para los trabajadores industriales. En el volumen primero de El capital, Marx fue uno de los primeros economistas del siglo xix que vio la posibilidad, incluso la inevitabilidad, del paro tecnológico masivo. Argumentó largo y tendido contra los defensores de la denominada teoría de la compensación, esto es, la temprana tesis de que por cada trabajo que desapareciera gracias a los avances tecnológicos, surgiría otro, o más, en otra industria, quizás totalmente nueva y, al final, todo se equilibraría maravillosamente. Marx tenía otra visión. Consideraba posible e inevitable el paro tecnológico masivo, la desaparición de profesiones y categorías laborales enteras en el capitalismo de alta tecnología y, por ello, habría comprendido totalmente nuestras preocupaciones actuales.
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Notas:
(1) Estos estudios están documentados en incontables libretas y cuadernos de trabajo que Marx dejó tras de sí. Hasta ahora tan sólo se ha publicado una parte de dichos libros y anotaciones, en la medida en que se han conservado, en los volúmenes de la sección cuarta de la segunda MEGA (obras completas de Marx y Engels).
(2) En la “Introducción”, rápidamente desechada, del verano de 1857 a sus manuscritos económicos de 1857-1858 (en Karl Marx, Friedrich Engels, “Ökonomische Manuskripte 1857/1868”, Werke, Berlín, vol. 42, 1983, p. 21).
(3) Este fragmento, de menos de quince páginas impresas, es importante, p. ej., para el periodista británico Paul Mason, que, por lo demás, no necesita mucho al Marx viejo (véase Paul Mason, Postkapitalismus. Grundrisse einer kommenden Ökonomie, Fráncfort, 2016).
(4) Véase Karl Marx, “Ökonomische Manuskripte 1857/1858”, en Karl Marx, Friedrich Engels, Werke, vol. 42, Berlín, 1983, pp. 601, 602. Por cierto, el desarrollo del sistema fabril hasta la fábrica automática también se encuentra en el volumen primero de El capital.
(5) Tras ello se encuentra el deseo de demostrar teóricamente, con citas de Marx, el inevitable final del capitalismo. Lo que Marx describe en el fragmento, como experimento intelectual, es un futuro altamente tecnologizado del capitalismo, que no se puede aprehender, tan ligeramente, con los conceptos facilones de valor. Ciertamente no, si se soslayan los problemas irresueltos de la teoría marxiana, como es mala costumbre entre filósofos y adeptos a las más nuevas lecturas de Marx.
(6) Para poder convertir la información en mercancía, hay que trabajarla. Quien tenga que comprar una información, debe saber qué valor tiene, pero el vendedor no le puede revelar su contenido, es decir, su valor de uso, antes de haberla vendido y de que ésta haya sido totalmente pagada. De ahí que se den originales formas intermedias de venta, esto es, de abandono parcial de los derechos de uso con el tiempo.
(7) Sobre esto, véase Rainer Fischbach, Die schöne Utopie. Paul Mason, der Postkapitalismus und der Traum vom grenzenlosen Überfluss, Colonia, 2017.
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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