Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger5097125
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El Capital según Karl Marx

Dom, 14/09/2014 - 09:01

Mientras Adam Smith es conocido como el autor del concepto de “la mano invisible” del mercado y ser uno de los principales teóricos del capitalismo, Karl Marx ha pasado a la historia como el mayor crítico de este sistema económico dado que la mano invisible del mercado no existe. El mercado está gobernado por los intereses de una oligarquía que se ha apropiado de la sangre y los músculos de gran parte de la población. Este documental realizado por el canal Encuentro explica la importancia de la obra de Karl Marx y por qué el capitalismo encierra en sí mismo la génesis de su propia destrucción.

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Noam Chomsky: La visión del búho de Minerva

Dom, 14/09/2014 - 07:01
No es agradable contemplar los pensamientos que deben de pasar por la mente del búho de Minerva cuando, al caer la noche, ella emprende la tarea de interpretar la era de la civilización humana, que ahora tal vez se acerque a su nada glorioso final. La era comenzó hace casi 10 mil años en la Media Luna Fértil, que se extendía desde las tierras entre el Tigris y el Éufrates a través de Fenicia hacia la costa oriental del Mediterráneo, y de allí al valle del Nilo, a Grecia y más allá. Lo que ocurre en esa región ofrece dolorosas lecciones sobre las profundidades a las que la especie es capaz de descender.

La tierra entre el Tigris y el Éufrates ha sido escenario de indecibles horrores en años recientes. La agresión de George W. Bush-Tony Blair en 2003, que muchos iraquíes compararon con las invasiones mongolas del siglo XIII, fue un golpe letal más. Destruyó mucho de lo que sobrevivió a las sanciones de la ONU impulsadas por William Clinton contra Irak, condenadas por genocidas por los distinguidos diplomáticos Denis Halliday y Hans von Sponeck, quienes las administraban antes de renunciar en señal de protesta. Los devastadores informes de Halliday y Von Sponeck recibieron el tratamiento que se suele dar a los hechos indeseables.

Una consecuencia terrible de esa invasión se muestra en la guía visual a la crisis en Irak y Siria del New York Times: el cambio radical de los vecindarios en que convivían diversas religiones, en 2003, a los actuales enclaves sectarios, atrapados en un odio profundo. Los conflictos incendiados por la invasión se han extendido y ahora reducen toda la región a escombros.

Gran parte de la zona del Tigris y el Éufrates está en manos del Isil y su autoproclamado Estado Islámico, sombría caricatura de la forma extremista del Islam radical que tiene asiento en Arabia Saudita. Patrick Cockburn, corresponsal de The Independent en Medio Oriente y uno de los analistas mejor informados sobre el Isil, lo describe como una horrible organización, en muchos sentidos fascista, muy sectaria, que mata a todo el que no cree en su particular versión rigurosa del Islam.

Cockburn destaca también la contradicción en la reacción occidental al surgimiento del Isil: esfuerzos por cortar su avance en Irak, junto con otros para socavar al principal opositor del grupo en Siria, el régimen brutal de Bashar Assad. Entre tanto, una importante barrera a la propagación de la plaga del Isil en Líbano es Hezbolá, odiado enemigo de Estados Unidos y su aliado Israel. Y para complicar más la situación, Estados Unidos e Irán tienen ahora en común una justificada preocupación por el ascenso del Estado Islámico, como otros en esta región tan conflictiva.

Egipto se ha hundido en uno de sus tiempos más oscuros bajo una dictadura militar que continúa recibiendo apoyo de Washington. Su destino no fue escrito en las estrellas: durante siglos rutas alternativas han sido bastante viables, pero no con poca frecuencia una pesada mano imperial ha bloqueado el camino.

Luego de los renovados horrores de las semanas pasadas, debe ser innecesario comentar sobre lo que emana de Jerusalén, considerada un centro moral en la historia remota.

Hace 80 años, Martin Heidegger ensalzó a la Alemania nazi por aportar la mejor esperanza de rescatar la gloriosa civilización de los griegos de manos de los bárbaros de Oriente y Occidente. Hoy los banqueros alemanes aplastan a Grecia bajo un régimen económico diseñado para mantener la riqueza y el poder que poseen.

El probable fin de la era de la civilización se atisba en el borrador de un nuevo informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (PICC), el observatorio, conservador en general, de lo que ocurre en el mundo físico.

El informe concluye que incrementar las emisiones de gases de efecto invernadero conlleva el riesgo de impactos graves, generalizados e irreversibles para las personas y los ecosistemas en las próximas décadas. El planeta se acerca a la temperatura en la que la pérdida de la vasta capa de hielo sobre Groenlandia será incontenible. Eso, junto con el derretimiento del hielo del Antártico, podría elevar los niveles del mar hasta inundar ciudades importantes y planicies costeras.

La era de la civilización coincide de cerca con la edad geológica del holoceno, que comenzó hace unos 11 mil años. El periodo anterior, pleistoceno, duró 2,5 millones de años. Ahora, científicos sugieren que una nueva era empezó hace 250 años, llamada antropoceno, en la cual la actividad humana ha tenido un impacto dramático en el mundo físico. El ritmo de cambio de las edades geológicas es difícil de pasar por alto.

Un índice del impacto humano es la extinción de especies, que ahora se estima del mismo ritmo que hace 65 millones de años, cuando un asteroide golpeó la Tierra, lo cual se presume que fue la causa del fin de la era de los dinosaurios, que abrió el camino a la proliferación de mamíferos pequeños y, a la larga, de los humanos modernos. Hoy los humanos somos el asteroide que condena a gran parte de la vida a la extinción.

El informe del PICC reafirma que la vasta mayoría de reservas conocidas de combustibles deben quedar en el suelo para evitar riesgos intolerables a las generaciones futuras. Entre tanto, los principales consorcios energéticos no ocultan su objetivo de explotar esas reservas y descubrir otras.

Un día antes de presentar un resumen de las conclusiones del panel, el New York Times reportó que grandes existencias de granos en el medio oeste de Estados Unidos se pudren porque los ferrocarriles están ocupados transportando los productos del boom petrolero de Dakota del Norte a los puertos de embarque hacia Asia y Europa.

Una de las consecuencias más temidas del calentamiento global antropogénico es el derretimiento de las regiones de hielo permanente. Un estudio en la revista Science advierte que incluso temperaturas ligeramente más elevadas (menos de las previstas para los próximos años) podrían comenzar a derretir la capa de hielo, con posibles consecuencias fatales para el clima global.

Arundhati Roy sugiere que la metáfora más apropiada para la insania de nuestros tiempos es el glaciar Siachen, donde soldados indios y paquistaníes se han matado en el campo de batalla de más altitud en el mundo. El glaciar se está derritiendo y revela miles de proyectiles de artillería usados y tambores de combustible vacíos, hachas para hielo, botas viejas, tiendas y muchos otros desperdicios que miles de combatientes humanos generan en conflictos sin sentido. Y mientras los glaciares se derriten, India y Pakistán enfrentan un desastre indescriptible.

Triste especie. Pobre búho.
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Este notable artículo de Noam Chomsky fue tomado de La Jornada. Recomiéndalo

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Bolsas cierran con pérdidas generalizadas

Sáb, 13/09/2014 - 01:30
Pérdidas generalizadas en los principales parqués de EEUU. Después de varias sesiones bajo la amenaza, el Dow perdió por fin el nivel de los 17.000 puntos, tras bajar un 0,36% hasta los 16.988. El S&P 500 lo tuvo aún peor y al sonar la campana marcaba los 1.986 enteros, con una caída del 0,57%. El Nasdaq 100 también cayó (un 0,57%) y cierra la semana en los 4.069 puntos. La pérdida de soportes del Dow Jones y del Standard & Poor's plantea un nuevo escenario en el que la consolidación podría convertirse en corrección.

Ni siquiera los sólidos datos de ventas minoristas y de confianza en EEUU consiguieron animar las bolsas durante la jornada de ayer. Y eso que el indicador de consumo marcó su séptimo mes consecutivo de avances y también su mayor subida mensual desde abril. Al final de la jornada todos los sectores de Wall Street terminaron con descensos, entre los que destacaron el energético (-1,53%), el de telecomunicaciones (-0,56%), el de materias primas (-0,54%) el tecnológico (-0,52%) o el financiero (-0,38%). La inmensa mayoría de los treinta valores del Dow Jones cerraron con pérdidas, encabezados por la petrolera Exxon Mobil (-1,29%), la operadora Verizon (-1,24%), la multinacional Coca-Cola (-1,17%) y la tecnológica Intel (-1,14%).

Al otro lado de la tabla lideró las ganancias el banco de inversiones Goldman Sachs (1,2%), por delante del banco JPMorgan (0,45%), la multinacional McDonald's (0,41%), Johnson & Johnson (0,03%) y Nike (0,02%). Fuera de ese índice, las acciones del gigante Apple subieron un 0,23 % tras anunciar que los pedidos del nuevo iPhone que arrancaron la pasada medianoche han alcanzado ya "un nivel récord" aunque sin especificar cuántos.

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El estancamiento económico en la zona euro

Ven, 12/09/2014 - 13:33
Domènec Ruiz Devesa, Sistema Digital

En la página nueve del semanario económico de referencia en el mundo, The Economist, nada sospechoso por otro lado de tentaciones heterodoxas, y publicado el pasado día 30 de agosto de 2014, se puede leer el siguiente extracto que me permito traducir al castellano: “En las últimas semanas a los países de la eurozona les está entrando agua en el barco una vez más. Su Producto Interior Bruto (PIB) colectivo se estancó en el segundo trimestre: Italia recayó en la recesión, el PIB francés fue plano y hasta la poderosa Alemania sufrió una inesperada y sustancial caída en la producción (…) entretanto, la inflación ha disminuido hasta alcanzar niveles peligrosamente bajos, de alrededor del 0,4 por ciento, muy por debajo del objetivo de cerca del 2 por ciento del Banco Central Europeo, alimentando miedos entorno a que la zona en su conjunto caiga presa de una deflación persistente”.

En efecto, siete años después del estallido de la crisis de los títulos hipotecarios de alto riesgo en los Estados Unidos de América, la Unión Europea sigue siendo incapaz de superar definitivamente la crisis económica con un claro relanzamiento del crecimiento y del empleo, con lo que ello supone de desafección al gran proyecto europeo de paz y estabilidad continental y de auge de peligrosos populismos a derecha e izquierda, que amenazan con devolver a los europeos al período de Entreguerras. Es importante recordar que fue la Gran Depresión que se inicia en 1929 y el recurso a los proteccionismos frente a la cooperación internacional lo que sirvió de caldo de cultivo de los nacionalismos y los totalitarismos que llevarían a los europeos a la Segunda Guerra Mundial, el más destructor de los conflictos desarrollados en el Viejo Continente. El horror absoluto que representa Auschwitz llevó a aquella generación de la posguerra a poner en marcha la integración europea de una vez por todas, como la única garantía de una paz irreversible que hiciera imposible que se repitieran hechos semejantes. Así, el 9 de mayo de 1950 el ministro de asuntos exteriores francés, Robert Schuman, bajo inspiración de Jean Monnet, propuso a los países europeos la puesta común de la producción del carbón y del acero, los principales ingredientes de las maquinarias bélicas, como primer paso para el establecimiento de una federación europea. Desde entonces, los Estados miembros de la Unión Europea no han entrado en guerra entre sí, ni en general con otros Estados europeos. Desde este punto de vista, los casi 65 años de paz ininterrumpida en la Europa comunitaria es un logro que no puede ser subestimado.

Al mismo tiempo, la Unión Europea ha sido además de un factor de paz, un motor de prosperidad económica, al menos hasta la década de los setenta del siglo pasado. A partir de ese momento, coincidiendo con la quiebra del sistema monetario de Bretton Woods en 1973, el inicio de la globalización financiera facilitada por la revolución tecnológica, y el predominio de la ideología neoliberal, Europa ha experimentado un crecimiento económico inferior al del período precedente, al tiempo que han aumentado las desigualdades socioeconómicas y se ha instalado como elemento permanente del paisaje el paro estructural. Solamente la expansión que se ha desarrollado de finales de los noventa a finales de los dos mil ha supuesto un paréntesis en esta tendencia secular de estancamiento económico, demostrándose por otro lado su insostenibilidad al basarse en una colosal burbuja financiera.

Éste es por tanto el gran reto de la Europa unida, pues sin crecimiento y bienestar la paz social e internacional está amenazada. Y sin embargo se sigue sin estar a la altura del mismo, salvo por la actuación del Banco Central Europeo (BCE), quien el pasado 4 de septiembre de 2014 una vez más exprimió la política monetaria a su extremo, reduciendo el tipo de interés (el precio del dinero) a un inédito 0,05 por ciento además de anunciar nuevas compras de bonos públicos y privados para inyectar liquidez a empresas y familias. Esta nueva batería de medidas debe ser bienvenida, y su impacto será positivo. Pero el mensaje que el BCE está mandando a los líderes europeos y en concreto a la canciller de Alemania es más profundo aun. Le está diciendo que la política monetaria no da más de sí y de que es necesaria una nueva política fiscal que impulse el crecimiento. Mientras tanto, la señora Merkel sigue repitiendo el mantra del ajuste con fe religiosa, como si con ello se conjurara la tozuda realidad, línea política que parece compartir el presidente del Gobierno español a cambio de una presidencia del Eurogrupo, que en cualquier caso no estará vacante al menos hasta el verano de 2015.

Entre tanto, el coro de voces a izquierda y derecha que reclama bien una senda de ajuste del déficit público más larga para no dañar el crecimiento y las políticas de bienestar, bien un plan europeo de inversiones que reduzca el altísimo paro, o ambas medidas a la vez, es cada vez mayor. Lo que es evidente es que en escenario de crisis de la demanda agregada en el que los Estados no tienen margen de maniobra fiscal, es responsabilidad de la Unión Europea desarrollar una política anti-cíclica. De ahí que la sociedad civil organizada haya propuesto a través de la Iniciativa Ciudadana Europea el New Deal 4 Europe, un programa de inversiones públicas a financiar por los impuestos del carbono y a las transacciones financieras internacionales[1], mientras que el nuevo presidente de la Comisión Europea, señor Juncker, ha propuesto un plan de gasto público-privado por valor de 300.000 millones de euros. Por su parte, el ministro polaco de finanzas proponía en las páginas de El País un esquema similar basado en un fondo de capital con aportaciones de los estados[2].

En definitiva, Europa necesita un nuevo Plan Marshall para iniciar una nueva etapa de crecimiento y bienestar económico. Y la Comisión Europea no necesita el permiso de Alemania para llevarlo a cabo, pues tiene la capacidad de emitir deuda pública como en su día hiciera la Comunidad Europea del Carbón y del Acero en los años cincuenta. El presidente Juncker, incluyendo a su recién propuesta lista de comisarios, debe demostrar a los ciudadanos europeos que lo han votado que va actuar como jefe de un verdadero Gobierno y no como secretario ejecutivo del Consejo Europeo. La puesta en marcha del plan de inversiones anticrisis y su financiación con deuda e impuestos comunitarios es la prueba del nueve. De ello depende la pervivencia del proyecto de integración europea y la definitiva superación de los fantasmas del pasado.
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Notas:
[1]Véasehttp://www.newdeal4europe.eu/it/. Para aportar la propia firma a esta Iniciativa Ciudadana Europea:https://ec.europa.eu/citizens-initiative/REQ-ECI-2014-000001/public/index.do?lang=es
[2]Véasehttp://elpais.com/elpais/2014/09/05/opinion/1409914490_172739.html
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Argentina: ¿capitalismo sin reglas o reglas al capital?

Xov, 11/09/2014 - 15:01
José Steinsleger, La Jornada

En el infausto 2001 (golpe técnico de Estado de George W. Bush, caída de las Torres Gemelas, inicios de la guerra de Afganistán), Argentina cerró el año con 11 mil movilizaciones de protesta, violentos saqueos a supermercados, agresiones a políticos y funcionarios públicos, y el famoso corralito, que impedía a los ahorristas y trabajadores extraer su dinero de los bancos.

A mediados de diciembre, el presidente Fernando de la Rúa (líder de una alianza que terminó en aquelarre político de saldos varios) huyó de la Casa Rosada en helicóptero. Pero los tres gobernantes que lo relevaron constitucionalmente en el cargo no alcanzaron a contener la indignación popular. En tanto, miles de familias de la ubérrima, opulenta, hermosa Buenos Aires pernoctaban a la intemperie junto con las arrimadas del suburbio que habían recorrido decenas de kilómetros. Y en las madrugadas, todas libraban violentas discusiones acerca de quién había llegado primero a los contenedores de basura de los restaurantes.

De su lado, los medios entrevistaban a miles de jóvenes que, haciendo filas que pegaban varias vueltas a las manzanas de las embajadas de Italia, España o Estados Unidos, invocaban la doble nacionalidad, o tramitaban visas en busca de nuevos horizontes. Desesperación y desenlace de 27 años de capitalismo salvaje, puro, duro, sangriento en el que sus víctimas, no necesariamente pobres o indigentes a ojos vistas, hacían trepar vertical y exponencialmente la curva de suicidios.

En mayo de 2003, un ignoto político de bajo perfil, gobernador de la provincia patagónica de Santa Cruz, se impuso en los aguados y tensos comicios presidenciales de 2003. Néstor Kirchner, líder del Frente para la Victoria (FPV), obtuvo el segundo lugar de la primera vuelta, ubicándose, paradójicamente, detrás del máximo responsable del desastre nacional: Carlos Menem. Sin embargo, frente al clima reinante, el ganador optó por no presentarse a la segunda vuelta. Y así, Kirchner llegó a la presidencia con 22.4 por ciento de los votos.

En el discurso de posesión, Kirch­ner dijo: “No he llegado hasta aquí para pactar con el pasado ni para que todo termine en un mero acuerdo de cópulas dirigenciales. No voy a ser presa de las corporaciones. Tenga el pueblo argentino la certeza de que quien les habla está decidido a dar vuelta la página de la historia… Mis convicciones no las voy a dejar en nombre del pragmatismo en la puerta de entrada de la Casa Rosada”.

Días después, la conductora derechista de un programa de televisión preguntó al nuevo presidente: ¿Se viene el zurdaje? Kirchner respondió: Hablar en esos términos le costó 30 mil desaparecidos al país. Se viene más democracia.

Pocos creían. Porque en 2003, 60 por ciento de los argentinos se debatían en la pobreza, que entre los menores de 14 años ascendía a 75 por ciento, y hasta 80 por ciento en las paupérrimas provincias del norte y noreste. La deuda externa triplicaba las exportaciones, el sueldo de 50 por ciento de los trabajadores del sector privado no alcanzaba a cubrir la canasta básica de alimentos y la desocupación rondaba 20 por ciento.

En junio, el titular del FMI, Horst Kohler, aterrizó en Buenos Aires para conocer al presidente e instarlo a firmar un acuerdo con el organismo cuyo rol consiste en oficiar de policía financiera del Banco Mundial. Kirchner le respondió: No voy a firmar algo que el país no pueda cumplir.

Días después, en el salón oval de la Casa Negra, entre bromas va, bromas viene, Bush le aconsejó que acordara con el FMI, sin ayuda de Estados Unidos. El jefe del imperio comentó que Lula le caía bien, aunque él era de derecha y el brasileño de izquierda. Con desenfado, Kirchner respondió: No se preocupe, yo no tengo ese problema porque soy peronista, y me puedo entender con los dos. Sin captar la ironía, Bush remató: “Claro… usted es de ‘centro’”.

Observación que, curiosa y literalmente, continúan repitiendo hasta hoy las izquierdas clasistas que se dicen anticapitalistas. Pero veamos las cosas conjurando las trampas de una geometría analítica que insiste en alinearse con las anacrónicas ideas de Euclides. ¿Izquierda, centro, derecha? Como se dice en Argentina, Néstor Kirchner fue a los bifes, poniendo alma y cuerpo en la redistribución del ingreso. Cosa imposible de afrontar poniéndole metas a la inflación. Mirando de frente a los ojos de millones de sacrificados en el altar neoliberal, les dijo: no hay otra salida.

En septiembre, en la reunión de Dubai, Kirchner llegó a un acuerdo con el FMI. Pero sobre la mesa arrojó los naipes de sus propias reglas del juego: pagar la deuda y cumplir con los tenedores de bonos, con una quita de 75 por ciento. Los nigromantes del poder real respondieron: ¡Ja! Kirchner les advirtió: Es mejor que se apuren a aceptar.

Luego, en la ONU, manifestó: “Nunca se supo de nadie que pudiera cobrar deuda alguna a los que están muertos… Que el éxito o fracaso de las políticas económicas se mida en términos de crecimiento, equidad, pobreza y desempleo”. Y luego vino la frase que llenó de esperanza a los argentinos: Somos los hijos de las madres y las abuelas de Plaza de Mayo.

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Cambio climático: una trayectoria rígida y peligrosa

Xov, 11/09/2014 - 14:09
Alejandro Nadal, La Jornada

Hace dos semanas se filtró a la prensa un borrador del último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). Se trata de un documento preliminar, pero el mensaje es claro: el riesgo de provocar daños severos e irreversibles sobre el clima es real y urge reducir de manera drástica las emisiones de gases invernadero. Este llamado de atención de los científicos contrasta de manera brutal con el desinterés de los gobiernos y grandes corporaciones que dominan la economía mundial.

La versión final del documento filtrado deberá discutirse en una conferencia en la sede de Naciones Unidas en Nueva York el 23 de este mes. Convocada por Ban Ki-moon, esa reunión deberá reunir a líderes de gobierno y del sector privado para discutir acciones concretas orientadas a disminuir las emisiones en el corto plazo. Pero parece que muy pocos jefes de Estado y gobierno asistirán. Eso no debe sorprender.

El mundo carece hoy de un marco regulatorio sobre cambio climático y el proceso de negociaciones para alcanzar compromisos políticos vinculantes es un caos. La cumbre de Nueva York es esencialmente una reunión para conversar. La COP20 de Lima en diciembre sólo permitirá avanzar en un borrador para un nuevo tratado sobre cambio climático. Habrá que esperar hasta la COP21 (París, 2015) para ver qué clase de engendro emerge de este larguísimo proceso de componendas y transacciones.

Los resultados del quinto informe de evaluación del IPCC indican que el calentamiento en el sistema climático es un fenómeno indiscutible y algunos de los cambios observados en las últimas seis décadas no tienen precedente desde hace miles de años. El calentamiento se observa en la atmósfera y los océanos; el volumen de hielo y la cantidad de nieve se han reducido y el nivel del océano se ha incrementado.

Los estudios del IPCC muestran que las observaciones anteriores están correlacionadas con el aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera. El principal GEI es el bióxido de carbono (CO2) y proviene principalmente del uso de combustibles fósiles y procesos industriales, y en menor grado de la deforestación y cambios de uso de suelo. El inventario de GEI incluye otros gases más potentes en su capacidad de retener radiación infrarroja (como el metano) y aunque es necesario reducir esas emisiones, la principal contribución al cambio climático es la del CO2.

El informe señala que las emisiones no están reduciéndose. Es más, hay indicaciones de que están aumentando más rápidamente. Como dicen algunos analistas, no sólo estamos caminando en la dirección equivocada, sino que lo estamos haciendo de manera acelerada.

Quizás la conclusión más llamativa del informe tiene que ver con las reservas de hidrocarburos y su destino final. Alrededor del 80 por ciento de los combustibles fósiles que se sabe existen bajo diversas formas en el subsuelo tendrían que quedarse donde están para evitar rebasar el umbral de un calentamiento de 2 grados centígrados (con respecto a la temperatura promedio anterior a la revolución industrial). Es decir, cuatro quintas partes de las reservas de combustibles fósiles tendrían que quedarse bajo suelo.

La economía mundial adoptó hace muchas décadas un perfil energético que depende totalmente de los combustibles fósiles. Cambiar la infraestructura asociada a ese perfil es un proceso costoso y lento. No sólo se necesita desarrollar fuentes alternativas de energía. También se requieren cambios en la forma de transportar y de consumir esa energía. Pero los grandes consorcios del sector energético se han comprometido con ese perfil tecnológico y no están preparadas para cambiarlo antes de haber amortizado sus inversiones. Los cambios tendrían que introducirse también en una larga lista de bienes de consumo duradero.

Pero hay algo más. Las grandes corporaciones del sector energético mundial siguen gastando miles de millones de dólares en exploración y extracción de combustibles fósiles. Y si por arte de magia se adoptara la decisión de dejar el 80 por ciento de las reservas en el subsuelo, esas compañías tendrían que aceptar la anulación de billones de dólares de sus activos que son el valor de esas reservas. Las ramificaciones de un cambio radical en la estructura financiera de estas empresas son muy amplias y conllevan una profunda transformación del sistema financiero.

La resistencia al cambio proviene no sólo de una rigidez en la infraestructura de bienes de producción y consumo, también proviene del sector financiero. Y si alguien piensa que la cancelación de activos es una simple operación contable, hay que recordarle que el dominio del capital financiero es el rasgo principal de la etapa actual del capitalismo mundial.

La economía mundial permanece encerrada irremediablemente en una trayectoria de crisis y será difícil cambiar de rumbo. Sólo una movilización ciudadana masiva a escala planetaria podría forzar el cambio para transitar por un sendero menos peligroso.

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El dolar es el principal enemigo de la economía de Estados Unidos

Mér, 10/09/2014 - 13:21

La posición de dólar como moneda de reserva mundial es una de las principales causas del estancamiento económico de Estados Unidos. La acumulación de dólares que hace el resto del mundo lleva al billete verde a una constante presión revaluatoria que termina asfixiando sus exportaciones e incentivando las importaciones y destruyendo miles de empleos que debilitan la economia de Estados Unidos. Este es el lado más oscuro de la guerra de divisas, donde Estados Unidos siempre llevará las de perder, dado que al ser el dólar la moneda de reserva todos los países buscarán los mecanismos para atesorar dólares y hacer que éste se mantenga elevado. El resto del mundo puede articular mecanismos más eficientes para devaluar sus monedas y esta es una ventaja que no posee el dólar. Recordemos que tras el quiebre de Bretton Woods el dolar se convirtió en la moneda de reserva sin ningún respaldo en oro ni en nada. Esto favoreció a Estados Unidos cuando su sector industrial permitía generar abultados superávit en la balanza comercial. Pero a medida que Japón, primero, y China, después, comenzaron a dar vuelta la balanza comercial, Estados Unidos comenzó a ceder terreno sin pensar que ser dueño de la divisa podría ser un arma de doble filo.

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Hay una crisis global en el empleo: se necesitan 600 millones de puestos de trabajo

Mar, 09/09/2014 - 22:53
El objetivo de crecimiento mundial del 2%, marcado por el G20 para este año, debe ir acompañado de la creación de empleo de calidad y protección social y laboral, señala un informe presentado hoy en Melbourne por tres organismos internacionales. "Hay una crisis mundial en el empleo", sentencia el Banco Mundial. "Reavivar el crecimiento económico también depende de la recuperación de la demanda y, en este sentido, requiere una fuerte creación de empleo y un aumento salarial", según el documento preparado para la reunión de ministros de Empleo del G20 que se celebrará del 10 al 11 de septiembre en Melbourne.

El texto presentado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y el Banco Mundial (BM) también alerta que, "a pesar de algunas mejoras recientes, la brecha laboral se mantendrá de forma significativa en varias economías del G20 hasta al menos el 2018". El informe "Mercados laborales G20: previsiones, retos claves y respuestas políticas" indica que "la sustancial brecha laboral y la persistente debilidad en la calidad de los empleos, salarios e ingresos son parte de los factores que contribuyen a la caída de la demanda agregada a través del impacto negativo en el consumo agregado, las inversiones, el ingreso y gasto gubernamental".

Así se alude a uno de los debates del G20 en torno al actual déficit de la demanda agregada a nivel mundial, que muchos economistas consideran como un factor que explica la recuperación desigual y débil, así como el lento crecimiento económico. El estudio también pide que se incluya en los Planes de Empleo del G20 el fortalecimiento de políticas laborales activas y los sistemas de protección social, abordar las desigualdades, los bajos salarios y la pobreza de los trabajadores.

"Necesitamos crear unos 600 millones de trabajos adicionales en todo el mundo en los próximos doce meses para mantener las tasas de empleo estables y hacer frente al crecimiento de la población", recomendó en un comunicado Nigel Twose, jefe de la delegación del BM a la reunión del G20 en Melbourne. La crisis financiera internacional y la lenta recuperación de varios países del G20 han dado como resultado altas tasas de desempleo y una merma en los ingresos de los trabajadores porque se recortó la tasa de crecimiento de los salarios reales hasta en un 2%, de acuerdo al documento, que recuerda la ampliación de la brecha entre el crecimiento de los salarios y la productividad laboral. "Hay pocas dudas de que existe una crisis mundial en el empleo", remarcó Twose.

En varios países del G20, especialmente en las economías emergentes, el enfoque también se centra en el empleo informal, el subempleo y la pobreza de los trabajadores, porque el grupo tiene más de cien millones de personas en el paro y 447 millones que viven con menos de dos dólares al día (1,55 euros). "Uno de los hallazgos más preocupantes que se emanan de este documento es que más de la mitad de la fuerza de trabajo en los países emergentes del G20, que es una cifra impactante de 837 millones de trabajadores, son pobres o estuvieron ligeramente por encima de la línea de la pobreza el año pasado", subrayó Twose.

La calidad del trabajo es otro de los retos dentro de las economías avanzadas del G20 que se suma a los bajos salarios, la inseguridad laboral y la calidad del ambiente laboral. El G20, bajo la presidencia australiana, aprobó en febrero pasado impulsar el objetivo de crecimiento del 2% por encima de las previsiones en los próximos cinco años, de cara a la cumbre de sus líderes celebrarán en noviembre en la ciudad de Brisbane, en el noreste de Australia. Los miembros del G20 son la Unión Europea, el G7 (Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania, Reino Unido, Italia y Francia), Arabia Saudí, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Rusia, Suráfrica y Turquía.

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Buitres sobre Argentina, la crisis del dólar y Nueva York

Lun, 08/09/2014 - 19:35
Oscar Ugarteche, Ariel Noyola Rodríguez, Alainet

Paul Singer, el propietario de NML Capital, le hizo, sin querer, un enorme favor a la humanidad. En un par de meses, deslegitimó por completo las reglas de la Arquitectura Financiera Internacional (AFI) existente y, de paso, fortaleció el respaldo de la mayoría del mundo a favor de Argentina. En ese sentido, la carta dirigida el pasado 25 de agosto al Secretario General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, firmada por los economistas Joseph Stiglitz, Robert Solow, Dani Rodrik y José Antonio Ocampo, entre otros, y el ex primer ministro canadiense Paul Martin, constituye una parte del comienzo de una campaña global para transformar los mecanismos de reestructuración de deuda soberana. La otra parte es la iniciativa impulsada por el grupo G77 más China (integrado por más de 130 países) para elevar a la Asamblea General de Naciones Unidas una iniciativa de reforma al respecto.

Por un lado, se ha puesto nuevamente en cuestión la institucionalidad edificada al término de la segunda posguerra bajo mandato estadounidense. En segundo lugar, y más importante todavía, el agravio en contra de Argentina detonó un amplio consenso en torno a la necesidad de realizar una reforma profunda de la AFI, al día de hoy basada en las leyes de Nueva York y sujeta a los tribunales de dicha ciudad, con contratos denominados en dólares y con fallos aplicados universalmente. Es decir, el embate de los buitres contra Argentina precipitó la crisis de confianza en el dólar como instrumento de crédito y de Nueva York como espacio jurisdiccional privilegiado para resolver reestructuraciones de deuda futuras.

Hoy es evidente que los fondos buitres constituyen el sector más agresivo del capital financiero. A través de complejas maniobras jurídicas y especulativas apoyadas casi siempre por funcionarios públicos de alto nivel, los fondos buitres han puesto contra la pared en las últimas dos décadas a varios gobiernos soberanos (República del Congo, Panamá, Perú, Argentina, etc.). El modus operandi consiste en exigir pagos completos más intereses devengados en momento críticos por títulos de deuda comprados en gran descuento. En el caso argentino, en 2005 y 2010 aproximadamente 92% de los acreedores aceptaron los canjes de deuda propuestos por el gobierno después de la crisis de 2001. Sin embargo, 0.45% del 7% restante de los acreedores que no llegó a un acuerdo (holdouts), compró bonos por un valor de 40 millones de dólares que ahora pretenden cobrar de manera abusiva en más de 1,300 millones de dólares.

Por esa razón, y ante el temor de que los buitres cobren nuevas víctimas, el canciller argentino Héctor Timerman, acompañado del ministro de Economía Axel Kicillof, anunció el viernes 29 de agosto en Buenos Aires que el grupo G-77 más China había aprobado de manera unánime presentar una propuesta ante la ONU a fin de establecer un nuevo marco regulatorio. Kicillof detalló: “el resto de los países nos ha pedido que transmitamos esta experiencia para que nunca más pase lo de Griesa, nunca más pase un reclamo como el que formula Singer […] los fondos buitres son un parásito del sistema financiero internacional que tiene que desaparecer". El próximo martes 9 de septiembre, se presentará la iniciativa: “Si la mayoría vota afirmativamente, en menos de un año Argentina habrá dado al mundo una Convención para resolver en forma justa, equitativa y no bajo amenazas de un sistema que pueda establecer un juez o un país, sino con base a lo que resuelvan todos los Estados miembros de la ONU”, detalló el ministro argentino (Xinhua, 30/08/2014).

De otro lado, un día anterior al anuncio del gobierno argentino, la Asociación Internacional del Mercado de Capitales (ICMA, por sus siglas en inglés), que integra a más de 450 miembros entre bancos, emisores de deuda e inversionistas de más de 52 países, hizo pública la idea de generalizar las cláusulas de acción colectiva incorporadas en los contratos. De este modo, el nuevo marco regulatorio transformaría de jure las relaciones entre deudores y acreedores. Por un lado, haría valer la voluntad expresa de las tres cuartas partes de los acreedores en situaciones de controversia y por otro lado, neutralizaría de facto los ataques por parte de los fondos buitres. El siguiente paso consiste en que los gobiernos nacionales adopten de manera inmediata la nueva reglamentación. Lamentablemente, los cambios no incluirían a Argentina ya que no son de carácter retroactivo. Hay, por tanto, dos pistas de reforma abiertas, o más Estado a través de Naciones Unidas o más Mercado con el ICMA. Parece imposible para el sistema internacional volver al status quo previo al fallo de Griesa.

Ambas iniciativas ocurren un mes después de que Argentina había sido declarada en default parcial por parte de la Corte de Nueva York. En conclusión, el conflicto entre los buitres y Argentina aceleró el declive de Nueva York como el centro articulador del sistema financiero internacional y puso sobre la mesa la necesidad de implementar reglas más universales, justas y transparentes. Mientras tanto, los fondos de George Soros y Citibank mantienen juicios abiertos con el Bank of New York apreciándose así que la AFI ya no beneficia a los inversionistas mayoritarios ni asegura la estabilidad del sistema global.

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Los buitres y su libra de carne

Lun, 08/09/2014 - 14:05
Noé Jitrik, Página 12

En una nota publicada en este mismo diario propuse, hace un tiempo, una lectura algo diferente de las habituales de El mercader de Venecia. Tal como lo veía entonces, para Shakespeare el haber colocado lo sórdido y cruel en un judío prestamista era en realidad secundario y, seguramente, un lugar común de la época o, desde una perspectiva teatral, no desdeñable en un habilísimo cultor del género, un personaje que podía generar de inmediato un efecto caricatural y una inmediata respuesta de un público sensible a los estereotipos.

Pero conjeturé que no se quedaba en eso; más bien, así lo entendía, estaba situándose en una zona de múltiples significaciones para su época. Por empezar, si lo que daba lugar al conflicto dramático era un compromiso asumido por un mercader –que no era Shylock–, Antonio, un veneciano ennoblecido por una multitud de virtudes, con un prestamista lleno de defectos, salvo el poder de la argumentación, en realidad ponía en escena un enfrentamiento que le habría encantado señalar a Marx y a sus infinitos comentadores: las dificultades de un sistema comercial –Antonio afronta temporales y remisos clientes– que ya había sentado sus reales en esa Italia preburguesa, con un incipiente sistema financiero: Shylock tiene dinero y lo presta, no es complicado conjeturar que se trata del punto de partida de la creación de los bancos que, no es inútil recordarlo, ganan porque prestan.

Además, ese choque supone el conflicto entre un mundo feudal, de señores que visten bien y pasan su tiempo seduciendo jovencitas o batiéndose en duelo por fruslerías, con un mundo que comienza a perfilarse, que va a ser el mundo que conocemos aunque el atuendo de quien lo encarna y la religión que profesa sean antiguos, lo que también supone un choque entre un poder basado en promesas y linajes con un poder creciente que descansa en una laboriosa y oscura acumulación, fundamento mismo del capitalismo moderno.

Muchas otras posibilidades de lectura nos ofrece generosamente ese texto, que durante siglos ha sido considerado no sólo polémico sino incluso antisemita. Una más de las que mencioné: la conversión de la judía al anglicanismo por la vía del amor enfrenta a la rigidez católica. ¿Sería una solución “blanda” del “problema judío”, como lo diría Sartre siglos después, frente a la “dura” crueldad de la Inquisición?

Y, por último, la humillación del judío: mientras con alegre regocijo se celebra el triunfo judicial y el del amor, fracasa el oscuro, pero invencible –según Freud– deseo del dinero. Desde luego que lo que Shakespeare no podía prever era que, siglos después, la modernidad financiera terminaría por ganar la partida. Eso lo vemos ahora.

De todo ello hice un breve relato, pero dejé de lado un aspecto importante de la obra, el esplendor del ingenio de Shakespeare que tocó más cuerdas de la vida social, lo cual no deja de reconocerse. Es la cuestión de la ley, nada menos. Quiero tomar esta situación porque, me parece, tiene que ver con lo que estamos viviendo en la actualidad en nuestro castigado, por la ley, país.

Cuando todas las intrigas previas culminan y los plazos se han vencido, Shylock quiere que se ejecute el contrato, o sea que si Antonio no paga, le quiten una libra de carne. No se sabe qué hará si la obtiene, pero si al prestar el dinero eso quedó planteado y Antonio lo aceptó, creyendo seguramente que no se llegaría a ese punto, o que era inverosímil que se llegara a ello, cuando declara que no puede pagar Shylock reclama y, en consecuencia, debe intervenir un juez, el Dux, para que se cumpla con la ley. Si el juez no lo hace desvirtúa su función y, por lo tanto, el sistema pone en evidencia su debilidad. Porcia, personaje de otra intriga, se disfraza de hombre y con ese atuendo viene como abogado a terciar; con el aplauso de Shylock, que celebra la prudencia de ese ficto abogado, le da la razón, sostiene que hay que cumplir y cuando el juez está por bajar el martillo dice algo así como “pero...una libra de carne, ninguna gota de sangre”.

Esta ingeniosa salida pone en cuestión la problemática de la ley. Las leyes, no es ninguna novedad, regulan las relaciones sociales y, por lo tanto, son imprescindibles para la vida social; sintetizan las situaciones individuales y, por lo tanto, están situadas en un terreno general; para aplicarlas hay que interpretarlas y ahí está el juez y lo que gravita en su interpretación. Si no tiene en cuenta lo que puede acarrear su aplicación literal o si su interpretación está contaminada por lo que se llama “conflicto de interés”, su juicio puede acarrear lo contrario de lo que la ha inspirado. El Dux se detiene, el prestamista reclamador termina por ser acusado, triunfa la sabiduría y el sistema jurídico prueba que no es ciego ni sordo y que está al servicio de lo humano.

No parece arbitrario traspolar el esquema veneciano al escenario de Nueva York. El juez Griesa aplica la ley literalmente; para los abogados hace lo que tiene que hacer pero a pedido de los fondos buitre que vienen a ser el Shylock de esta comedia y la Argentina el Antonio al que le quieren sacar un poco más que una libra de carne. Pero, ya sea por una natural simpatía por los ricos, ya porque no ve más allá que la letra de la ley, ya porque está senil, el juez, impermeable, ciego y sordo, ignora que su dictamen puede salpicar mucha sangre, eso que había debido considerar que sucedería para que su interpretación de la ley fuera tan sabia y responsable como para justificar el poder que se le ha concedido. Cree seguramente, y con él muchos juristas, que si no lo hace así el sistema se derrumbará, pero no se da cuenta de que ocurrirá lo contrario, o sea que el sistema, al ser injusto por el impresionante daño que esa decisión puede provocar, se desvirtúa, deja de ser confiable y respaldo de la vida social para convertirse así en un enemigo de una sociedad a la que cree defender y respetar.

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Lo mejor del capitalismo se ha acabado para los países ricos… y lo mismo pasará con los pobres hacia 2050

Dom, 07/09/2014 - 13:01
Paul Mason, Sin Permiso

Una de las ventajas de tener una élite global es que ellos al menos saben lo que está pasando. Nosotros, las masas engañadas, puede que tengamos que esperar decenas de años hasta saber quiénes son los pedófilos en puestos de poder, y que banqueros son delincuentes o están en quiebra. Pero se supone que las élites lo saben en tiempo real, y que sobre esa base han de hacer predicciones precisas.

Hasta qué punto se ha vuelto esto difícil quedó demostrado la semana pasada cuando la OCDE publicó sus previsiones para la economía mundial hasta 2060. Según las mismas, ese crecimiento se ralentizará en unos dos tercios de su ritmo actual, la desigualdad aumentará de modo masivo y existe un gran riesgo de que el cambio climático empeore las cosas. Pese a todo esto, afirma la OCDE, el mundo será cuatro veces más rico, más productivo, más globalizado y tendrá mejor formación. Si uno es de los que se debaten tratando de racionalizar las dos mitades de esa previsión, no hay en ese caso que preocuparse: lo mismo le pasa a algunos de los economistas más capacitados del planeta.

El crecimiento mundial se ralentizará hasta un 2.7%, afirma este organismo de expertos con sede en París, porque el efecto derivado de alcanzar igual nivel que ha impulsado el crecimiento en el mundo en vías de desarrollo– crecimiento de la población, educación, urbanización – se irá agotando. Antes incluso de que eso pase, el semiestancamiento de las economías avanzadas significa una media global a largo plazo en los próximos 50 años de un crecimiento de sólo el 3%, lo que es poco. El crecimiento de los empleos de alta cualificación y la automatización de los empleos significa, en la proyección principal, que la desigualdad crecerá en un 30%. Hacia 2060, países como Suecia tendrán niveles de desigualdad como los que se ven actualmente en los EE. UU.: pensemos en Gary, Indiana, en el extrarradio de Estocolmo.

El conjunto de la proyección se completa con el riesgo de que los efectos económicos del cambio climático empiecen a destruir el capital, el litoral y la agricultura en la primera mitad de siglo, recortando el crecimiento del PIB mundial hasta en un 2,5% y el 6% en el sudeste asiático.

La parte más desolada del informe de la OECD no se encuentra en lo que proyecta sino en lo que da por sentado. Da por sentado, en primer lugar, un rápido aumento de la productividad, gracias a la tecnología de la información. Tres cuartos de todo el crecimiento esperado provienen de esto. Sin embargo, esa presunción es, tal como dice con un eufemismo el informe, "elevada cuando se compara con la historia reciente".

No hay absolutamente ninguna certeza de que toda la revolución de la información de los últimos 20 años vaya a derramarse en cascada en sectores aun más productivos y que creen más valor. La OCDE declaró el año pasado que, si bien Internet probablemente había impulsado la economía norteamericana hasta en un 13%, los efectos económicos más generales eran probablemente más amplios, algo imposible de medir y no captado por el mercado. El veterano economista norteamericano Robert Gordon ha sugerido que el empuje de productividad de la tecnología de la información es real, pero está ya agotado. De cualquier modo, existe un riesgo bastante elevado de que ese escaso 3% de crecimiento previsto se acerque al 1%.

Y luego está problema de las migraciones. Para que funcione el supuesto principal, Europa y los EE.UU. han de absorber cada uno 50 millones de emigrantes de aquí a 2060, y el resto del mundo desarrollado ha de absorber otros 30 millones. Sin ellos, la mano de obra y la base fiscal se contraen de tal modo que los estados quiebran.

El riesgo principal que muestra la OECD es que los países en desarrollo progresen tan rápidamente que la gente deje de emigrar. Un riesgo más evidente – tal como lo señala el voto de un 27% al Frente Nacional en Francia y las alborotadas multitudes que insultan a los inmigrantes en la frontera de California – es que no acepten la emigración las poblaciones del mundo desarrollado. Eso, sin embargo, no se considera.

Y ahora imaginemos el mundo del supuesto principal: Los Angeles y Detroit se parecen a Manila: abyectos barrios de chabolas junto a rascacielos protegidos, la mano de obra del Reino Unido, una mezcla de ancianos blancos y jóvenes emigrantes recién llegados, los empleos de ingresos medios prácticamente desaparecidos. Si naces en 2014, entonces para 2060 serás un abogado de 45 años o un camarero de 45 años. No habrá mucho entremedias. El capitalismo entrará en su cuarta década de estancamiento y entonces – si no hemos hecho nada respecto a las emisiones de carbono – empezarán a sentirse las repercusiones verdaderamente graves del cambio climático.

La OCDE le envía al mundo un mensaje claro: en lo que respecta a los países ricos, se ha terminado lo mejor del capitalismo. Para los países pobres – que hoy experimentan el oropel y la neblina de la industrialización – se habrá acabado para 2060. Si queréis mayor crecimiento, dice la OCDE, tenéis que aceptar una mayor desigualdad. Y viceversa. Hasta para alcanzar una magra tasa media de crecimiento global del 3%, tenemos que hacer "más flexible" el trabajo, y la economía más globalizada. A esos inmigrantes en desbandada sobre las vallas de Melilla, junto a Marruecos, tenemos que darles la bienvenida, en masa, a un ritmo de dos o tres millones anuales en el mundo desarrollado durante los próximos 50 años. Y tenemos que conseguir esto sin que el orden global se fragmente.

Ah, y está el problema fiscal. El informe apunta que, con la polarización entre rentas altas y bajas, tendremos que pasar – como sugiere Thomas Piketty – a los impuestos sobre la riqueza. Aquí el problema, según señala la OCDE, estriba en que los activos – ya se trate de un caballo campeón de carreras, una cuenta bancaria secreta o el copyright del logotipo de una marca – tienden a ser intangibles y a mantenerse por tanto en jurisdicciones dedicadas a esquivar los impuestos a la riqueza.

La recomendación de la OCDE – más globalización, más privatización, más austeridad, más migraciones y una tasa a la riqueza, si es que podemos conseguirla– tendrá su importancia. Pero no para todo el mundo. La lección última del informe es que, más tarde o más temprano, surgirá una alternativa al "más de lo mismo". Porque las poblaciones armadas de teléfonos inteligentes y con un acrecentado sentido de los derechos humanos, no aceptarán un futuro de elevada desigualdad y reducido crecimiento.

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Paul Krugman: "Hay tufillo a desesperación en Europa"

Dom, 07/09/2014 - 09:01
Paul Krugman, El País

El jueves, el Banco Central Europeo anunciaba una serie de nuevas medidas que iba a tomar para tratar de impulsar la economía de Europa. El anuncio tenía un tufillo a desesperación, lo cual era tranquilizador. Europa, que está en peor situación económica que durante la década de 1930, se encuentra sin lugar a dudas atrapada en un torbellino deflacionario, y es bueno saber que el BCE es consciente de ello. Pero puede que la revelación haya llegado demasiado tarde. No está nada claro que las medidas que hay ahora sobre el tapete sean lo bastante contundentes para invertir el sentido de esa espiral deflacionaria.

Y ahí estaríamos nosotros, si no fuera por Bernanke. En Estados Unidos, las cosas distan de ir bien, pero parece que (al menos por ahora) hemos escapado a la clase de trampa que amenaza a Europa. ¿Por qué? Una posible respuesta es que la Reserva Federal empezó hace años a hacer lo que debía, al comprar billones de dólares en obligaciones, a fin de evitar la situación a la que se enfrenta ahora su homólogo europeo.

Se puede alegar, y yo lo haría, que la Reserva debería haber hecho todavía más. Pero sus responsables han sido víctimas de ataques feroces durante todo este tiempo. Expertos, políticos y plutócratas los han acusado una y otra vez de "degradar" el dólar, y nos advertían de que la inflación iba a dispararse de un momento a otro. El repunte de la inflación que predijeron no se ha producido pero, a pesar de haberse equivocado un año tras otro, casi ninguno de esos detractores ha reconocido su error, y ni siquiera han cambiado de cantinela. Y la pregunta que me he estado haciendo es por qué. ¿Qué empuja a un sector poderoso de nuestra clase política —llamémoslo el comité de la deflación— a exigir políticas de restricción del crédito incluso en una economía deprimida y con poca inflación?

Una cosa está clara: como tantas otras cosas hoy día, la política monetaria se ha convertido en gran medida en un asunto partidista. No solo porque los mensajes sobre la degradación del dólar provengan casi exclusivamente de la derecha del espectro político; la paranoia de la inflación se ha convertido, hasta un punto llamativo, en una cuestión de corrección política conservadora, de manera que incluso algunos economistas que deberían ser más sensatos se han unido al coro. Así que podemos concretar más la pregunta: ¿por qué la gente de derechas odia la expansión monetaria, aun cuando se necesita desesperadamente?

Una de las respuestas reside en el poder de la verdadez, expresión de justa fama acuñada por Stephen Colbert para referirse a cosas que no son ciertas, pero se lo parecen a algunos. "La Reserva Federal está imprimiendo dinero, el hecho de imprimir dinero genera inflación y la inflación siempre es mala" es una afirmación falsa por partida triple, pero a mucha gente le parece verdadera. Y sí, la tendencia a preferir la verdadez a una verdad más compleja está y ha estado casi siempre relacionada con el conservadurismo político, y esta tendencia se intensifica aún más en una época en la que algunos líderes políticos extraen sus teorías monetarias de las novelas de Ayn Rand.

Otra respuesta es el interés de clase. La inflación ayuda a los deudores y perjudica a los acreedores, mientras que con la deflación sucede lo contrario. Y los ricos tienen muchas más probabilidades que los pobres de ser acreedores, de tener dinero en el banco y obligaciones en la cartera, en vez de hipotecas y saldos pendientes en la tarjeta de crédito. En la época dorada de finales del siglo XIX, la élite se movilizó en masa para derrotar a William Jennings Bryan, que pretendía sacar a Estados Unidos del patrón oro; el coste de la campaña electoral, expresado como porcentaje del PIB, fue mucho más alto en 1896 que en cualquier otra elección presidencial, anterior o posterior. ¿Se están movilizando hoy los ricos de manera similar en contra de la política del crédito barato?

Por lo que yo sé, no tenemos pruebas fehacientes de ello. Sin duda, hay muchos inversores ricos entre la multitud que denuncia la degradación del dólar, pero no sabemos con certeza lo representativos que son; y se podría argumentar que a los grandes inversores les deberían gustar las políticas expansivas de la Reserva, que han sido muy beneficiosas para la Bolsa. Pero puede que los ricos no confíen en esa conexión, en parte porque la inflacionaria década de 1970 fue muy mala para los mercados bursátiles. Y sabemos a ciencia cierta que los muy ricos tienen más tendencia que el resto de los ciudadanos a considerar que el déficit presupuestario es nuestro mayor problema, aun cuando la austeridad fiscal probablemente sea perjudicial para sus ganancias. Por tanto, es probable que el interés de clase aparente también sea una motivación clave para el comité de la deflación.

Una nota al margen: los ricos de Europa no son tan ricos ni tan influyentes como los estadounidenses pero, no obstante, los intereses de los acreedores son todavía mayores que en Estados Unidos porque los países acreedores, Alemania en concreto, han acabado dictando las políticas de toda Europa.

Y es importante que entendamos que el dominio que ejercen los intereses de los acreedores a ambos lados del Atlántico, respaldado por doctrinas económicas falsas pero que generan una atracción visceral, ha tenido consecuencias trágicas. Nuestras economías se han debilitado a causa de la penosa situación de los deudores, que se han visto obligados a recortar drásticamente el gasto. Para evitar una depresión profunda y prolongada, necesitamos políticas que contrarresten ese lastre. Pero, en vez de eso, lo que tenemos es la obsesión con los peligros del déficit presupuestario y la paranoia de la inflación. Y una depresión económica que no se acaba nunca.
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Ver: La influencia de Ayn Rand sobre Alan Greenspan y su génesis en la crisis financieraUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Mario Draghi confirma la debilidad de la economía europea

Ven, 05/09/2014 - 16:59
El Banco Central Europeo no sorprendió a nadie con su última pócima milagrosa de volver a reducir cada uno de sus tres principales tipos de interés y dos nuevos programas para la compra de valores respaldados por activos y bonos garantizados emitidos por los bancos de la eurozona. Hay preocupación de que el período deflacionista puede persistir durante más tiempo de lo pensado y poner en peligro la recuperación económica de la zona euro. Draghi reconoció que “hemos visto un empeoramiento de las perspectivas de inflación a mediano plazo, y el movimiento a la baja en varios indicadores muestran que la recuperación ha perdido impulso." Lo que no se animó a decir Mario Draghi, es que la economía europea se encamina a una nueva recesión y que los últimos movimientos de ficha del BCE van rumbo a ninguna parte. La política monetaria está cada vez más arrinconada en el descrédito y la incompetencia dado que tras seis años de crisis no ha podido dar con un camino fiable para la recuperación económica verdadera. Si a esto sumamos la desaceleración en picada que sufre China y Japón, y la debilidad inserta en Estados Unidos, donde, de acuerdo a Janet Yellen, casi la totalidad del empleo creado en ese país en los últimos años es de carácter precario y temporal, podemos esperar que nos hallamos en las puertas de una nueva recesión global. De esta nueva crisis los principales culpables serán los bancos centrales, y las políticas de los gobiernos que dieron rienda suelta a los planes de austeridad que ordenó Angela Merkel. Como al parecer existe eso que algunos llaman “justicia divina”, no deberá sorprendernos cuando el próximo país que siga a Francia e Italia en su nueva entrada en recesión sea Alemania, país que ya comienza a sufrir signos de fatiga con una tasa de desempleo en aumento.

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Capital financiero y estructura social de los emergentes

Xov, 04/09/2014 - 09:01
Antxon Mendizabal, Viento Sur

El eje del Pacífico ha entrado sin permiso en el proceso de acumulación capitalista mundial y se ha ubicado además en el centro.

Desde el principio del capitalismo industrial hasta los años 80 del siglo XX, el desarrollo capitalista se centraba en el crecimiento europeo, el crecimiento de la América anglosajona y en una gran economía trasatlántica que unía ambos. A partir de los años 80, el centro de gravedad de la economía mundial se desplaza hacia el Pacífico.

La década de los 90 está marcada por el agresivo crecimiento de China y de los nuevos países industrializados asiáticos. La crisis financiera de la segunda mitad de la década será también un reflejo de la febril dinámica existente en estas latitudes: Malasia, Indonesia, Japón, Corea del Sur, etc. Será afectada por un proceso de especulación financiera que abarca también las regiones más distantes como Brasil y Rusia. En el continente americano, el crecimiento se polariza hacia las costas del Pacífico. Asistimos así al fuerte crecimiento de México y Chile y al acelerado crecimiento de la economía de California en Estados Unidos. Para analistas como Andrés Barreda, en esta década se multiplica por cuatro el tráfico portuario del pacífico estadounidense.

Junto a la emergencia y consolidación de India y China como grandes potencias, encontramos aquí la mayor concentración de población trabajadora ofertando trabajo de toda la historia humana; que presiona a los salarios a la baja. Cerca de 2.000 millones de personas ofertando trabajo de los que más de 1.000 millones ganan menos de dos dólares diarios, de los que 350 millones sobreviven con un dólar diario y de los que 170 millones son niños. Se evalúan también en cerca de un millón de personas al año los que mueren como consecuencia de accidentes y enfermedades socio-laborales relacionadas con el trabajo que realizan; devoradas por un febril proceso de producción, intercambio y crecimiento.

Estamos, por lo tanto, ante el mejor espacio del planeta para acumular capital basado en la superexplotación de los trabajadores (salarios y condiciones laborales en China, India, Bangladesh, etc.). Ello conforma la base de un nuevo desarrollo del modo de producción capitalista bajo dominación financiera e intensiva en la explotación de la fuerza de trabajo. Dicho de otra manera, encontramos en la base de funcionamiento de la economía mundial un modelo de explotación intensiva de la fuerza de trabajo que hegemoniza espacios crecientes de la economía mundial y nos presiona a todos hacia la regresión social.

La estructura social del eje del Pacífico avanza en el continente americano a través de la alianza del Pacífico. Conformado por Colombia, México, Chile, Perú y Costa Rica y abrazando la práctica totalidad de la costa del pacífico del Continente Latinoamericano, donde se constatan las mayores tasas de crecimiento del continente, representando el 40% del PIB y el 55% de las exportaciones latinoamericanas. Conformada a gran velocidad en el contexto de la recuperación de la antigua alianza del Alca y de la lucha por la hegemonía entre USA y China, la alianza del Pacífico tiene entre sus objetivos fundamentales neutralizar y destruir los grandes avances económicos, sociales y políticos del Proceso Bolivariano.

Bajo la dominación del capital financiero, encontramos aquí un modelo de sociedad neoliberal con grandes desigualdades sociales, que integra progresivamente los mercados de valores de Colombia, Chile, Perú y México; proyectando destruir las construcciones de solidaridad, participación popular y soberanía, como el Alba, el Proyecto del Sucre y los aspectos político-sociales incluidos en las nuevas realidades de Unasur, la Celac, Petrosur, Petrocaribe, Banco del Sur, el Satélite Bolivariano de Comunicación, el Mega Anillo de Fibra Óptica para Internet y las diversas iniciativas de los sectores campesinos, obreros, indígenas y populares.

Y se asienta en una construcción europea que renunció en su momento a una convergencia macro-social que permitiera un espacio económico, social y político alternativo en la rica Europa, abrazando la lógica neoliberal que subordina sus realizaciones a las exigencias del mercado mundial. Así, el actual modelo europeo del euro representa un espacio económico dominado por los grandes centros de poder del gran capital financiero y limitado por la hegemonía de las grandes corporaciones internacionales, que utilizan sus deslocalizaciones e implantaciones productivas para presionar hacia la flexibilización, la precarización y la regresión social.

Una nueva Europa estructuralmente antidemocrática, donde el único organismo elegido, el Parlamente Europeo, tiene una capacidad decisoria mínima, mientras dos instituciones conformadas por los representantes de los gobiernos, el Consejo de Ministros y la Comisión Europea, acaparan las competencias decisionales que orientan las políticas comunitarias, donde el principio de subsidiariedad es una caricatura, las regiones solo tienen funciones consultivas y son los estados-nación los que legislan y deciden en contra de sus propios pueblos. Se trata de una Europa marcada por el retroceso de los derechos laborales, la destrucción del tejido productivo de los países y regiones débiles, la privatización, la precariedad, el paro y la degradación de los servicios y prestaciones sociales.

Sobre este modelo europeo se aplican las políticas de austeridad. Se trata de combatir la deuda pública creada por el poder financiero con nuevos planes de ajuste. Los recortes sociales y las privatizaciones son así la condición para obtener nuevos créditos. La aplicación de los planes de ajuste lleva al colapso económico y social de los estados periféricos económicamente más débiles. Y en general descargan así el coste de la crisis sobre el sector asalariado y la población con limitados recursos de supervivencia.

Los gobiernos europeos deciden brutales ajustes para calmar a los mercados (sus propios bancos). Los mercados destituyen a los representantes políticos elegidos y ubican en el poder a sus propios representantes. La misión histórica de los nuevos tecnócratas es demoler las políticas de protección social y los restos de bienestar generados en el anterior modelo Fordista-Keynesiano.

Más recientemente, el Acuerdo Transatlántico entre Estados Unidos y la Unión Europea representa una nueva ofensiva, con la filosofía ya aplicada del AMI, OMC y la TLC, en la consolidación de la nueva dominación financiera de la economía del mundo. A nivel jurídico-político, garantiza a las multinacionales y a los grandes inversores financieros una nueva legislación que ubica su poder decisorio por encima de las disposiciones sociales, económicas y políticas de los estados occidentales. A nivel económico, asiatiza las relaciones laborales de occidente, garantiza a las multinacionales de la agroindustria y a las grandes empresas farmacéuticas el control de los vitales sectores de la salud y de la alimentación e impide la cristalización de proyectos económico-sociales propios en los pueblos de occidente. A nivel geopolítico, se trata de reestructurar la organización neoliberal del mundo occidental bajo la batuta de los Estados Unidos de América, con el objetivo declarado de distorsionar el proceso que convierte a Oriente en general y a China en particular en el centro de la nueva acumulación mundial. Un nuevo ciclo de luchas sociales y políticas emerge en el escenario actual.

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Piketty y las leyes de la economía

Mér, 03/09/2014 - 16:01
Alejandro Nadal, La Jornada

Algunos de los libros más citados son con frecuencia los menos leídos. Y la obra de Thomas Piketty Capital en el siglo XXI es quizás el ejemplo más reciente. Lástima, porque la lectura desordenada de algunos pasajes y crónicas conduce a conclusiones superficiales y apreciaciones equivocadas sobre uno de los fenómenos más importantes de la historia, la desigualdad económica.

El texto de Piketty se convirtió en un fenómeno literario, una proeza para un libro sobre economía de más de 650 páginas. Se trata de una aportación importante al promover el debate sobre desigualdad económica y los males que entraña, en especial para la democracia y la vida en sociedad.

Pero, ¿es que Piketty es el primero en analizar la desigualdad económica y sus implicaciones en la economía del siglo XXI? La respuesta es negativa. Muchos antes que Piketty han examinado este problema y de manera más profunda. Dos ejemplos son James Galbraith y su equipo en la Universidad de Texas y el grupo de economía política de la Universidad de Massachusetts en Amherst, con Gerald Epstein y Bob Pollin a la cabeza. Otra muestra es el economista Branko Milanovic, cuyo trabajo sobre desigualdad internacional cubrió encuestas ingreso-gasto en hogares de 91 países. Destacan también los trabajos que publica desde 1988 el equipo del Economic Policy Institute en sus informes sobre empleo, desigualdad, salarios e ingresos familiares en Estados Unidos. Y como la lista no se acaba, surge otra pregunta: ¿por qué el libro de Piketty atrajo tanta atención sobre un tema que se había venido trabajando desde años atrás?

La respuesta de Thomas Palley, otro macroeconomista con importantes investigaciones sobre el tema, es que el pequeño mundo de la economía dominante en las universidades del establishment, nunca quiso reconocer el valor de estos trabajos porque sus autores permanecen etiquetados como de izquierda y reconocerlos como interlocutores equivale a legitimarlos. Según Palley parece que el tema de la desigualdad sigue siendo un tabú a menos que sea discutido por la persona ‘correcta’.

Piketty es quizás esa persona. Su libro encuentra perturbadoras tendencias en materia de desigualdad creciente, pero sus herramientas analíticas y sus recomendaciones de política económica dejan mucho que desear. Los conceptos utilizados son los que convencionalmente utiliza la teoría económica neoclásica y han sido desacreditados en debates teóricos bien conocidos. La ignorancia de Piketty sobre estos debates es sorprendente porque tienen que ver precisamente con la definición de capital, palabra clave en el título de su obra.

Entre otras cosas, Piketty sostiene que cuando la tasa de remuneración al capital aumenta más que la tasa de crecimiento de la economía se fortalece la tendencia a una creciente desigualdad. Pero eso implica que Piketty posee una medida del capital pues, de otro modo, su tasa de remuneración carecería de sentido. El problema es que en la definición de este autor el capital es una colección de bienes heterogéneos (edificios, máquinas) y lo único que los une es una medida en términos monetarios. Ahora bien, se sabe desde la controversia sobre la teoría del capital de hace cincuenta años que el valor monetario de esos bienes heterogéneos no puede ser utilizado en sustitución de la cantidad de máquinas y edificios utilizados en la producción.

Este no es un detalle técnico. El corolario de lo anterior es que el capital no recibe una ganancia por su participación en la producción. Los propietarios de las máquinas y edificios no reciben una remuneración ligada a la productividad marginal del capital. Y ahora sí estamos cerca de la médula del problema. En sus leyes fundamentales del capitalismo Piketty utiliza el principal elemento ideológico de la teoría convencional sin cuestionarlo. El establishment le ha respondido: con este tipo de análisis edulcorado sí podemos entablar un diálogo sobre la desigualdad. Bueno, quizás algo es algo.

Piketty encuentra que la desigualdad existe y que hay épocas en las que puede intensificarse. Pero vayamos a la pregunta de fondo: ¿cuál es la causa de esa desigualdad creciente según Piketty? La respuesta se encuentra en varios pasajes y se puede sintetizar en sus palabras: el principal impulso de la desigualdad proviene de la difusión del conocimiento y la inversión en capacitación. Esto es música a los oídos del coro de economistas neoliberales que llevan años afirmando que la desigualdad proviene de un sesgo en el proceso de cambio tecnológico en la economía que proporciona mayor remuneración para ciertos grupos de trabajadores (los que poseen mayor calificación) y menor para otros (los menos calificados).

Todo esto explica por qué el libro de Piketty carece de una buena discusión sobre las causas del estancamiento de los salarios en las principales economías capitalistas a partir de los años setenta. Podemos hablar de desigualdad, por cierto, pero no de salarios. Podemos hablar del capital en el siglo XXI, pero no demasiado sobre capitalismo.
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Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Goldman Sachs atrapado en su propio juego con hundimiento del Espirito Santo

Mér, 03/09/2014 - 10:01
La quiebra del Banco Espírito Santo tiene una víctima importante al otro lado del Atlántico. De acuerdo con el Wall Street Journal, el banco de inversión estadounidense Goldman Sachs podría perder 835 millones de dólares por un préstamo que concedió a la institución portuguesa poco antes de que se hiciera evidente la situación de bancarrota del banco portugués. Este hecho ayuda a entender por qué Goldman Sachs emitía buenos informes sobre la solidez del principal banco de Portugal, y por qué la prensa financiera aplaudía la gestíón del banco y negaba su bancarrota inminente.

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La nueva carrera transatlántica

Mar, 02/09/2014 - 14:30
Matthew Lynn, El Economista

A lo largo de la historia ha habido carreras transatlánticas épicas, como el cruce sin ayuda del Atlántico que se disputan los regatistas cada cuatro años.

En cualquier caso se trata de un concurso de navegación, fuerza y destreza, que enfrenta a cada marinero contra los elementos y la competición. Ahora mismo hay otra carrera transatlántica en curso, esta vez entre banqueros centrales. ¿Qué país subirá los tipos antes, Gran Bretaña o Estados Unidos?

Tanto el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, como la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, han estado haciendo cada vez más ruido sobre el fin de un quinquenio de dinero súper barato. ¿Quién moverá ficha primero? Por tres motivos, la apuesta inteligente recae en EEUU.

El Reino Unido se verá atrapado inevitablemente por la depresión que está anclada en la Eurozona. Y está entrando en ocho meses de inestabilidad política. Además, su recuperación está mucho menos enraizada. Ningún banquero central querrá ser el primero en subir los tipos porque no quieren que se les culpe de ahogar una recuperación que todavía parece peligrosamente frágil. Pero si alguien lo va a hacer primero, será Yellen y no Carney.

La especulación en los mercados gira sobre si los banqueros centrales van a poner fin a un quinquenio de dinero súper barato, que comenzó con la crisis financiera de 2008, y empezar a subir los tipos de interés. Una cosa está cada vez más clara: es una carrera de sólo dos caballos. El Banco de Japón no va a subir los tipos en un futuro próximo. La abenómics sigue en sus primeras fases y, en todo caso, es más probable que el banco se ponga a imprimir yenes otra vez que a subir los tipos de interés.

¿Y el BCE? Olvídense. La Eurozona se resbala rápidamente hacia la deflación y el crecimiento se ha detenido en seco. El único paso que va a dar ahora es lanzar su propia versión de la facilitación cuantitativa (una subida de tipos es tan probable como que el presidente francés François Hollande introduzca un tipo impositivo único). Los posibles movimientos

Es cierto que algunos bancos centrales muy pequeños podrían moverse antes. Nueva Zelanda ya ha subido sus tipos de interés. Ha habido cierta especulación sobre que Australia podría seguir sus pasos, aunque no lo ha hecho aún. Suecia y Noruega podrían tomar medidas, aunque los suecos salieron escarmentados por la subida de tipos anterior en el ciclo que tuvieron que revertir. Con todo el respeto del mundo, a casi nadie le importa lo que pase en Nueva Zelanda o Noruega. La medida sobre los tipos de interés que importa vendrá de una de las grandes economías.

Y quien mueva primero es importante. En los cinco últimos años, la economía global ha estado en territorio inexplorado. Con la excepción de Japón, los tipos de interés no habían estado tan bajos nunca. ¿Qué ocurre cuando se empiezan a subir de esos niveles? ¿Los mercados se lo toman con calma? ¿O se desploman y caen muertos al suelo? Es como ser el piloto de pruebas de un nuevo avión experimental. Los túneles de viento y simuladores por ordenador puede que digan que es seguro pero hasta que alguien lo suba al aire, nadie lo sabe.

Sea lo que sea lo que predigan los modelos económicos, hasta que no suban los tipos no podremos prever las consecuencias. Es mucho mejor si otro lo hace primero y nos brinda la oportunidad de aprender de su experiencia. En niveles de "emergencia"

¿Quién será, EEUU o el Reino Unido? Ambos países parecen haber pasado del punto en que los tipos necesitan mantenerse a niveles de "emergencia". El FMI prevé que la economía británica se expanda un 3,2% este año. El paro cae a un ritmo decente y los precios de la vivienda aumentan con fuerza. La inflación está controlada.Es cierto que los salarios reales siguen siendo muy débiles pero, aun así, cuesta ver la "emergencia". Según cualquier estándar histórico, la economía funciona perfectamente bien. A nadie se le ocurriría recortar los tipos con ese trasfondo.

Casi lo mismo ocurre en EEUU. La economía se expandió un 4% en el segundo trimestre del año. Es cierto que puede que no se sostenga pero el FMI prevé un crecimiento del 2% este año y de más del 3% el siguiente. El empleo es respetable. Se crean puestos de trabajo y, aunque el crecimiento salarial es invisible, la deuda cae y los precios inmobiliarios se recuperan.

Ha habido rachas más fuertes de crecimiento en EEUU pero, prácticamente como el Reino Unido, cuesta seguirlo viendo como una "emergencia". Sin embargo, es el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, quien se enfrenta a los obstáculos más formidables. Aunque dos miembros del Comité sobre Política Económica ya han votado a favor de una subida de tipos, hay tres factores que retrasarán la decisión.

Primero, el país se dirige hacia un periodo de inestabilidad política. El mes que viene, Escocia votará si quiere ser independiente. Si gana el sí, la libra se sumirá en el caos cuando los dos países intenten desenganchar sus finanzas. En mayo del año próximo habrá elecciones generales y, con las encuestas tan disputadas, el resultado podría estar muy reñido y acabar en otro Gobierno de coalición. Una subida de tipos sólo hará peor una situación inestable. Después, al Reino Unido le va a golpear la depresión de la Eurozona.

En total, el 18% de la economía británica se compone de exportaciones a Europa. Incluso Alemania ha entrado en punto muerto. Esa quinta parte de la economía estará en apuros y tirará del resto hacia abajo.

Por último, su recuperación está mucho menos arraigada. Puede que crezca más rápido que EEUU ahora pero se ha mantenido a flote por una rápida inflación del precio de la vivienda y la constante inmigración. El PIB per capita no crece nada y la vivienda no puede seguir subiendo de precio para siempre. Hay mucha espuma que puede salir volando fácilmente.

Los tipos tienen que subir en algún momento pero la fecha sigue siendo una apuesta tremenda. En estos momentos parece que será Janet Yellen la que tendrá que moverse primero y poner su reputación en juego.

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Por qué se debe poner fin al dominio de la banca en la creación de dinero

Dom, 31/08/2014 - 19:41
En agosto del año pasado y a raiz de los nulos avances para enfrentar la crisis cuestionábamos al FMI con la dura pregunta ¿Saben algo de economía en el FMI?. En ese artículo, mencionábamos el informe de Olivier Blanchard, jefe del FMI, publicado apenas un mes antes de la quiebra de Lehman Brothers (septiemre de 2008) en el cual planteaba "el saludable estado de el macroeconomia". Ahí, Blanchard afirmaba que "todos los problemas de la macroeconomía se encuentran bajo control". Si Banchard quiso referirse a la estabilidad del sistema financiero, éste se desplomó a los 30 días de publicado ese informe; si quiso referirse a la estabilidad macroeconómica mundial, todo el mundo entró en recesión tras la caída de Lehman Brothers. Si a un ingeniero se le desploma un edificio por un error en sus cálculos, o a un médico se le muere un paciente por un error de diagnóstico, tendrá serias dificultades para encontrar trabajo, y además una seguidilla de demandas judiciales. Esto no les ocurre a los mandameses del FMI, que pueden vaticinar el mejor de los mundos aunque el mundo se esté cayendo a pedazos.

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¿Por qué importa el dinero?

Sáb, 30/08/2014 - 18:03
Randall Wray, New Economic Perspectives

Nuestra conferencia Mission Oriented Finance for Innovation explora cómo orientar la financiación hacia lo que Hyman Minsky llamó “el desarrollo del capital en la economía”, definido en un sentido amplio, para incluir la inversión privada, la inversión en infraestructuras públicas y la inversión en desarrollo humano.

Pero para entender cómo, debemos entender qué es el dinero y por qué importa. Después de todo, la financiación es el proceso de poner el dinero en manos de quienes están dispuestos a gastarlo.

La narrativa dominante es que el dinero “engrasa” las ruedas del comercio. Se podría, desde luego, hacer funcionar la máquina comercial sin dinero, pero, sin duda, funciona mejor con el lubricante del dinero.

Según esta narrativa, el dinero fue creado como un medio de intercambio: en vez de cambiar tu plátano por un pescado, ambos usuarios aceptan usar conchas de caracol como intermediario del acuerdo. Con el tiempo, la evolución del dinero incrementó la eficiencia seleccionando, sucesivamente, metales preciosos, en bruto, monedas acuñadas de metales preciosos, papel-moneda respaldado por metales preciosos y, finalmente, dinero fiduciario constituido por monedas metálicas de base, billetes de papel y entradas electrónicas.

Sin embargo, eso nunca ha cambiado la naturaleza del dinero, que era la de facilitar el comercio de bienes y servicios. Como proclamó Milton Friedman, a pesar de la complejidad de nuestra moderna economía, todos los procesos económicos importantes están contenidos en la sencilla economía, fundada en el trueque, de Robinson Crusoe.

El dinero no sería sino un “velo” que obscurecería esa sencilla realidad; en el léxico convencional, el dinero puede ignorarse dada su “neutralidad”. (Para los versados en teoría económica académica, basta referirse al teorema Modigliani-Miller y a la hipótesis de los mercados eficientes, que probarían que las finanzas son irrelevantes.)

Sólo tendríamos que preocuparnos por el dinero cuando hay demasiado: la otra tesis famosa de Friedman es que “la inflación es siempre y en todo momento un fenómeno monetario”; demasiado dinero causa el incremento de los precios. De aquí la preocupación que suscita la actual política de Flexibilización Cuantitativa de la Fed, que ha cuadruplicado el “dinero Fed” (las reservas) y que debería estar provocando una inflación masiva.

En este post ofreceré una narrativa diferente, derivada de la idea de Joseph Schumpeter, según la cual el banquero es el éforo del capitalismo.

Ver el dinero desde la perspectiva del intercambio resulta muy engañoso a la hora de entender el capitalismo.

En la historia de Robinson Crusoe, yo he obtenido un plátano y tú, un pescado. ¿Pero cómo los conseguimos? En el mundo real, los plátanos y los pescados han de producirse y esa producción debe ser financiada.

La producción comienza con el dinero necesario para la compra de los insumos, lo que crea ingreso monetario para comprar productos.

Como decía mi madre, “el dinero no crece en los árboles”. ¿Cómo consiguen el primer dinero los productores? ¿Tal vez vendiendo productos? Lógicamente, es un argumento de regreso infinito: un problema del huevo y la gallina. El primer dólar gastado (por el productor o por el consumidor) tiene que venir de algún sitio.

Hay otro problema. Aun si pudiéramos imaginar que la humanidad “recibió maná del cielo” para empezar a poner en marcha la economía monetaria –digamos, una dotación inicial de un millón de dólares—, ¿cómo explicamos los beneficios, los intereses y el crecimiento?

Si yo soy un productor que ha heredado 1000 dólares y los he gastado en insumos, no me sentiré feliz si consigo con las ventas sólo 1000 dólares. Quiero un rendimiento, tal vez de un 20% (con lo que obtendré 1200 dólares). Si soy un prestamista de dinero, prestaré 1000 dólares, pero también querré obtener 1200 dólares. Y todos nosotros queremos un pastel cada vez más grande. ¿Cómo puedo hacer que ese millón inicial se doble o triplique?

Aquí es donde aparece el “éforo” de Schumpeter. Un éforo es “alguien que supervisa”, y Schumpeter aplicó el término a los banqueros. No necesitamos imaginar el dinero como una suerte de maná, sino que hemos de verlo más bien como la creación de poder de compra controlada por el banquero.

Un productor que desee contratar recursos presenta una propuesta a la consideración del banquero. Mientras el banquero analiza su comportamiento económico en el pasado, así como la riqueza ofrecida como garantía, lo más importante para él será la probabilidad de que las perspectivas de los proyectos sean superiores a las "garantías". Si es así, el éforo avanzará un préstamo.

Más técnicamente, el banquero acepta el pagaré del productor y realiza pagos a los suministradores de recursos (incluido el trabajo) mediante abonos en sus cuentas de depósito. El pagaré del productor es el activo del banquero; los depósitos del banco son su pasivo, pero son los activos de los tenedores del depósito (suministradores de recursos).

Así es como el dinero va a parar a la economía, no vía maná caído del cielo, ni desde los helícópteros de Milton Friedman que lanzan el dinero de los bancos centrales.

Cuando los depositantes gastan (tal vez en bienes de consumo, tal vez para comprar insumos para sus propios procesos de producción), lo hacen con cargo a sus cuentas y se abona a las cuentas de los proveedores.

En nuestros días, el grueso del “dinero” consiste en entradas electrónicas a golpe de tecla en los balances de los bancos. Puesto que vivimos en un ambiente con muchos bancos, los pagos a menudo entrañan al menos dos bancos. Los bancos compensan las cuentas con cargos mutuos; o sirviéndose de depósitos en los bancos correspondientes. Sin embargo, la compensación neta entre los bancos se hace normalmente en los balances del banco central.

Como cualquier otro banquero, la Reserva Federal o el Banco de Inglaterra crean dinero a “golpe de teclado”. El dinero del banco central tiene la forma de reservas o billetes, creados para realizar pagos a clientes (bancos o tesoro nacional) o para hacer compras por su propia cuenta (títulos del tesoro o títulos respaldados por hipotecas).

La creación de dinero por los bancos y por el banco central está limitada por reglas generales como normas de suscripción, criterios de garantías o ratios de capital. Tras el abandono del patrón oro, no hay límites físicos a la creación de dinero. No hay límite físico ninguno para las entradas a golpe de tecla en los balances bancarios. Este reconocimiento es fundamental para las cuestiones que tienen que ver con las finanzas. También resulta aterrador.

Lo bueno del éforo schumpeteriano es que siempre se puede suministrar la financiación suficiente para emplear plenamente todos los recursos disponibles a fin de apoyar el desarrollo de capital de la economía. Podemos servirnos de los golpes de teclado para llegar al pleno empleo.

Lo malo del éforo schumpeteriano es que podemos crear más financiación que la que podemos usar razonablemente. Además, nuestros éforos podrían tomar malas decisiones sobre qué actividades deberían obtener el financiamiento a golpe de teclas.

Es difícil encontrar ejemplos de la creación excesiva de dinero en la financiación de usos productivos. Más bien, el principal problema es que buena parte de las finanzas se crean para alimentar burbujas de precios de los activos. Y eso vale tanto para las finanzas creadas por nuestros éforos de la banca privada como para nuestros éforos de los bancos centrales.

El mayor desafío al que hoy nos enfrentamos no es el de la falta de financiación, sino más bien la manera de impulsar la financiación para promover tanto los intereses privados como el interés público, a través del desarrollo de capital de nuestro país. Este es el tema principal de nuestro Simposio Mission Oriented Finance.
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Ver también ¿Es neutral el dinero en la economía? Una controversia que divide a los economistasUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La historia de Israel y Palestina ¿quienes son los usurpadores?

Sáb, 30/08/2014 - 08:01
Este es un documental imprescindible para entender las tensiones crecientes entre Israel y Palestina y el interminable conflicto de Gaza. El territorio de Palestina albergó durante siglos tanto a judíos como palestinos, pero al comenzar el siglo XX los judíos comenzaron a apropiarse de esa tierra en forma exclusiva desplazando a sus habitantes naturales en una de las operaciones más vergonzosas que ha respaldado occidente. El historiador Renen Berelovich combina en este documental imágenes de archivo con comentarios propios y de otros autores como Ilan Pappe, Jeff Halper, Alan Hart y Terry Boullata. "En este documental independiente, La historia sionista, quiero presentar no solo la historia del conflicto Israel/Palestina, sino también las razones centrales del mismo: la ideología sionista, sus objetivos (pasados y actuales) y su firme control no solo de la sociedad israelí, sino también, y de modo creciente, de la percepción que los occidentales tienen del Oriente Medio.
Estos conceptos ya han sido demostrados en los documentales Ocupación 101, de Abdallah Omeish y Sfyan Omeish, pero en mi documental los trato desde la perspectiva de un israelí, ex-soldado de la reserva y alguien que ha pasado toda su vida a la sombra del sionismo.
Espero que encuentren un momento para ver "La historia sionista" y, siéntanse a gusto para compartirlo con otras personas.
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