Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger4316125
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¿Existen riesgos de una nueva burbuja financiera? Tal vez sí, pero probablemente no

Dom, 12/05/2013 - 07:50
Las bajas tasas de interés que ostentan la Reserva Federal y el Banco Central Europeo alientan los temores a una nueva burbuja financiera. Para muchos, en estos momentos se está fraguando la próxima crisis con la llegada de los intereses a un mínimo histórico. ¿Es esto posible? Aquí la opinión de Paul Krugman:

Las burbujas pueden ser perjudiciales para su salud financiera (y para la salud de la economía también). La burbuja de las puntocom de finales de los años noventa dejó detrás muchos edificios vacíos y muchos más sueños rotos. Cuando la burbuja inmobiliaria de la década siguiente estalló, la consecuencia fue la mayor crisis económica desde los años treinta; una crisis de la que todavía tenemos que salir.

De modo que cuando la gente habla de burbujas, deberían escuchar con atención y evaluar sus afirmaciones, y no descartarlas despectivamente, que fue el modo en que muchos autoproclamados expertos reaccionaron a las advertencias sobre el mercado inmobiliario.

Y ahora mismo se habla mucho de burbujas. La mayoría de las veces se trata de una supuesta burbuja de bonos que se supone que mantiene los precios de los bonos artificialmente altos y los tipos de interés —que se mueven en dirección opuesta a los precios de los bonos— artificialmente bajos. Pero la subida del Dow Jones también ha hecho que surja el temor a una burbuja de acciones.

Entonces, ¿tenemos una gran burbuja de bonos y/o de acciones? Respecto a los bonos, yo diría sin duda que no. En cuanto a las acciones, probablemente no, aunque no estoy tan seguro.

En todo caso, ¿qué es una burbuja? Sorprendentemente, no hay ninguna definición estándar. Pero yo la definiría como una situación en la que los precios de los activos parecen estar basados en opiniones poco plausibles o incoherentes sobre el futuro. Los precios de las puntocom en 1999 solo tenían sentido si uno creía que había muchas empresas que acabarían convirtiéndose en Microsoft; los precios de las viviendas en 2006 solo tenían sentido si uno creía que dichos precios podrían seguir subiendo mucho más deprisa que los ingresos de los compradores en el futuro.

¿Está pasando algo comparable en el mercado de los bonos actual? Bueno, el tipo de interés de los bonos a largo plazo depende principalmente de la trayectoria prevista para los tipos de interés a corto plazo, que están controlados por la Reserva Federal. Uno no quiere comprar un bono a 10 años a menos del 2%, el tipo de interés actual, si cree que la Reserva subirá los tipos a corto plazo al 4% o al 5% en un futuro no muy lejano.

¿Pero por qué exactamente deberíamos creer tal cosa? La Reserva normalmente rebaja los tipos de interés cuando el paro es alto y la inflación es baja (que es la situación actual). Es verdad que ya no puede rebajar más los tipos, porque ya están casi a cero y no pueden bajar más (de lo contrario, los inversores se limitarían a guardar sus reservas de efectivo). Pero resulta difícil ver por qué la Reserva iba a subir los tipos hasta que el paro baje considerablemente o aumente la inflación, y no hay ningún indicio en los datos de que nada parecido vaya a suceder hasta dentro de varios años.

¿Por qué, entonces, se habla tanto de una burbuja de bonos? En parte refleja la observación correcta de que los tipos de interés están muy bajos según las referencias históricas. Lo que deben tener presente, sin embargo, es que la economía también está en una situación especialmente mala desde una perspectiva histórica (peor que nunca en tres generaciones). No pueden aplicarse las reglas habituales sobre lo que constituye un nivel razonable para los tipos de interés.

También hay, debo decirlo, un elemento de ilusión en esto. Por alguna razón, mucha gente del sector financiero ha desarrollado un profundo odio hacia Ben Bernanke, el presidente de la Reserva Federal, y hacia todo lo que hace; quieren que se ponga fin a sus políticas de dinero fácil y también quieren ver que esas políticas fracasen de alguna forma espectacular. Sin embargo, resulta que la antipatía hacia los catedráticos de Princeton barbudos no es una base sólida para las estrategias de inversión.

Y nunca deberíamos olvidar el ejemplo de Japón, donde las apuestas contra los bonos del Estado —justificadas por los mismos argumentos más o menos que actualmente se usan para justificar las afirmaciones de que hay una burbuja de bonos del Tesoro estadounidense— se fueron al traste con tanta frecuencia que el sector en general llegó a ser conocido como la “fábrica de viudas”. En este momento, la deuda de Japón está muy por encima del doble de su PIB, su déficit presupuestario sigue siendo grande y el tipo de interés de los bonos a 10 años es del 0,6%. No, no es una errata.

Vale, ¿y qué hay de las acciones? Los principales índices bursátiles están ahora más altos de lo que lo estaban a finales de los años noventa, lo cual puede sonar ominoso. Sin embargo, suena mucho menos ominoso cuando uno sabe que los beneficios empresariales —que son, a fin de cuentas, aquello de lo que las acciones son participaciones— son más de dos veces y media más altos que cuando estalló la burbuja de los años noventa. Además, dado que la rentabilidad de los bonos es tan baja, sería de esperar que los inversores se pasasen a las acciones, lo que haría subir el precio de estas.

Teniéndolo todo en cuenta, la afirmación de que hay burbujas considerables en las acciones o, especialmente, en los bonos no se sostiene. Y esa conclusión es importante tanto para la política como para las inversiones.

Porque un importante trasfondo de toda esta retórica reciente sobre las burbujas es la exigencia de que Bernanke y sus compañeros dejen de intentar combatir el elevadísimo paro, que deben interrumpir y desistir de sus esfuerzos por impulsar la economía o habrá consecuencias terribles. El hecho, sin embargo, es que no hay ningún motivo para creer que nos enfrentamos a ningún problema extendido de burbujas, por no hablar de si preocuparse por burbujas hipotéticas debería tener prioridad sobre la tarea de conseguir que los estadounidenses vuelvan a trabajar. Bernanke debería hacer caso omiso del parloteo de los barones del burbujismo y seguir haciendo su trabajo.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Gigantismo imperial y decadencia del planeta Tierra

Sáb, 11/05/2013 - 07:39
Tom Engelhardt, Tom Dispatch

Se extendía desde el Caspio al Mar Báltico, desde el centro de Europa a las Islas Kuriles en el Pacífico, de Siberia a Asia Central. Su arsenal nuclear incluía 45.000 ojivas, y sus fuerzas armadas tenían a cinco millones de soldados bajo las armas. No había habido nada parecido en Eurasia desde que los mongoles conquistaron China, ocuparon partes de Asia Central y el altiplano iraní, y cabalgaron hacia Medio Oriente, saqueando Bagdad. Sin embargo, cuando la Unión Soviética colapsó en diciembre de 1991, desapareció la potencia imperial más pobre y más débil.

Y entonces hubo una sola. Nunca había habido un momento semejante: una sola nación montada sobre el globo sin un competidor a la vista. Ni siquiera había un nombre para un Estado (o estado de ánimo) semejante. “Superpotencia” ya había sido utilizado cuando había dos. “Hiperpotencia” fue probado brevemente pero no se impuso. “Única superpotencia” duró un poco pero no satisfizo. “Gran Potencia”, otrora el cénit de los apelativos, ya era una frase inferior, heredada de los siglos en los que varias naciones europeas y Japón expandían sus imperios. Algunos comenzaron a hablar de un mundo “unipolar” en el cual todos los caminos llevaban… bueno, a Washington.

Hasta hoy, nunca hemos captado enteramente ese momento en el cual el imperio soviético se convirtió inesperadamente –sobre todo, para Washington– en el imperio que explotó y ardió. El vencedor de la Guerra Fría, que permaneció de pie, pareció, entonces, ser un imperio sobre el que no se ponía el sol. Fue como si siempre la humanidad hubiera viajado hacia ese día. Parecía ser el final de la línea.

¿El último imperio?

Después del ascenso y la caída de asirios y romanos, de persas, chinos, mongoles, portugueses, holandeses, franceses, ingleses, alemanes, y japoneses, parecía haber terminado un proceso. EE.UU. dominaba de un modo previamente inimaginable – excepto en películas de Hollywood en los que los malos cacareaban sobre sus malévolos planes de dominar el mundo.

Para empezar, EE.UU. fue un imperio del capital global. Con la caída del comunismo al estilo soviético (y la transformación de un régimen comunista en China en una cuadrilla de autoritarios “arribistas capitalistas”), no había ningún otro modelo sobre cómo hacer algo, hablando económicamente. Había el camino de Washington –y el del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial (ambos controlados por Washington– o había la carretera, y la Unión Soviética ya había dejado bastante claro a dónde conducía: a la obsolescencia y a la ruina.

Además, EE.UU. tenía una potencia militar sin precedentes. Para cuando la Unión Soviética comenzó a tambalearse, los dirigentes de EE.UU. ya habían estado durante casi una década utilizando conscientemente “la carrera armamentista” para llevar a su oponente a una temprana muerte a fuerza de gastos. Y fue lo curioso después de siglos de carreras armamentistas; cuando ya no quedaba ninguna competencia, EE.UU. continuó una carrera armamentista de uno solo.

En los años siguientes, sobrepasó a todos los demás países o combinaciones de países en gastos militares por sumas asombrosas. Era la sede de los más poderosos fabricantes de armas del mundo, estaba tecnológicamente a años luz por delante de cualquier otro Estado, y seguía desarrollando futuros armamentos para 2020, 2040, 2060, incluso a pesar de haber establecido un casi monopolio sobre el comercio global de armas (y así, controlaba quién estaría bien armado y quién no lo estaría).

Tenía un imperio de bases en el extranjero, más de 1.000, que abarcaban el globo, otro fenómeno sin precedentes. Y dominaba culturalmente, de nuevo de una manera que hacía que comparaciones con otros momentos parecieran ridículas. Como los fabricantes de armas estadounidenses producían cosas que estallaban de noche para una audiencia internacional, las películas de acción y de fantasía de Hollywood conquistaban el mundo. De esas cintas a los arcos dorados, el logo de Nike, y el ordenador personal, no existía otra cultura que se aproximara a reivindicar un semejante sello distintivo global.

Las principales potencias económicas no estadounidenses del momento –Europa y Japón– mantenían fuerzas armadas dependientes de Washington, tenían bases de EE.UU. cubriendo sus territorios, y continuaban albergándose bajo el “paraguas nuclear” de Washington. No es de extrañar que, en EE.UU., el momento post soviético haya sido pronto proclamado como “el fin de la historia”, y la victoria de la “democracia liberal” o la “libertad” hayan sido celebrados como si realmente no hubiera un mañana, excepto más de lo que podía ofrecer la actualidad.

No es de extrañar que, en el nuevo siglo, los neoconservadores y los expertos que los apoyaban hayan comenzado a afirmar que los imperios británico y romano habían sido mediocres en comparación. No es de extrañar que personajes clave dentro y alrededor del gobierno de George W. Bush hayan soñado con establecer una Pax Americana en el Gran Medio Oriente y posiblemente en todo el mundo (así como una Pax Republicana en el interior). Imaginaron que podrían realmente impedir que otro competidor o bloque de competidores se alzaran para cuestionar el poder de EE.UU. Jamás.

No es de extrañar que hayan tenido notablemente pocos titubeos antes de lanzar sus incomparablemente poderosas fuerzas armadas a guerras por elección en el Gran Medio Oriente. ¿Qué podía posiblemente fallar? ¿Qué podría colocarse en el camino de la mayor potencia que la historia haya visto?

Evaluando el momento imperial, al estilo del Siglo XXI
Casi un cuarto de siglo después de la desaparición de la Unión Soviética, lo notable es cuánto –y cuán poco– ha cambiado.

Desde el punto de vista del cuánto: Los sueños de gloria militar de Washington se derrumbaron con asombrosa velocidad en Afganistán e Iraq. Entonces, en 2007, el trascendente imperio del capital también se acercó a la implosión, cuando un desastre financiero unipolar se propagó por el planeta. Condujo a la gente a comenzar a preguntarse si no sería posible que la mayor potencia del globo pudiera, de hecho, ser demasiado grande para fracasar, y nos vimos repentinamente –como todos dijeron– lanzados a un “mundo multipolar”.

Mientras tanto, el Gran Medio Oriente, cayó en la protesta, la rebelión, la guerra civil, y el caos sin que hubiera una Pax Americana a la vista, cuando un sistema de Guerra Fría controlado por Washington en la región se estremecía sin (todavía) colapsar. La capacidad de Washington de imponer su voluntad al planeta parecía cada vez más ser la más descabellada fantasía, mientras cada señal, incluyendo la hemorragia del tesoro nacional en la pérdida de guerras multibillonarias, no reflejaba predominio sino una posible decadencia.

Y sin embargo, en la categoría de cuán poco: los europeos y los japoneses se mantuvieron acurrucados bajo ese “paraguas” estadounidense, con sus territorios todavía repletos de bases estadounidenses. En la Eurozona, los gobiernos siguieron reduciendo sus inversiones en la OTAN y en sus propias fuerzas armadas. Rusia siguió siendo un país con un considerable arsenal nuclear y unas fuerzas armadas reducidas pero todavía grandes. Sin embargo, no mostró señales de pretensiones de “superpotencia”. Otras potencias regionales cuestionaron económicamente la unipolaridad –Turquía y Brasil, para nombrar dos– pero no en lo militar, y ninguna mostró la necesidad de competir por sí sola o en bloques en un sentido imperial con EE.UU.

Los enemigos de Washington en el mundo siguieron siendo de tamaño modesto (aunque presentados en enormes proporciones en la cámara de resonancia de los medios estadounidenses). Incluían a un par de tambaleantes potencias regionales (Irán y Corea del Norte), una o dos insurgencias minoritarias, y grupos relativamente pequeños de “terroristas” islamistas. Aparte de eso, como una medida del poder en el planeta, no más de un puñado de otros países tenía un puñado de bases militares fuera de su territorio.

Dadas las circunstancias, nada podría haber sido más extraño que esto: en su momento de total predominio, la única superpotencia de la Tierra con fuerzas armadas de un asombroso potencial destructivo y sofisticación tecnológica no podía ganar una guerra contra guerrillas con un armamento mínimo. De un modo aún más impresionante, a pesar de no tener serios oponentes en ningún sitio, parecía no estar en ascenso sino en decadencia, con su infraestructura en descomposición, su población económicamente deprimida, su riqueza cada vez más desigualmente dividida, su Congreso al parecer irreparable, mientras que el gran sonido succionador que se podía escuchar era el de dinero y poder orientados hacia el Estado de seguridad nacional. Más temprano que tarde, todos los imperios caen, pero este caso resultaba ser ciertamente curioso.

Y luego, por supuesto, estaba China. En el planeta que ha sido habitado por la humanidad durante los últimos miles de años, ¿puede caber alguna duda de que China habría sido la potencia escogida para cuestionar, temprano o tarde, el dominio de la gran potencia reinante del momento? Se estima que posiblemente sobrepasará a EE.UU. como la economía número uno del globo en 2030.

Ahora mismo, el gobierno de Obama parece estar trabajando precisamente sobre la base de esa suposición. Con su bien publicitado “pivote” (o “reajuste”) hacia Asia, ha estado actuando para “contener” lo que teme que pueda ser la próxima gran potencia. Sin embargo, aunque los chinos ciertamente están expandiendo sus fuerzas armadas y desafiando a sus vecinos en las aguas del Pacífico, no hay señales de que la dirigencia del país esté dispuesta a lanzarse a algo parecido a un desafío global a EE.UU. ni que podría hacerlo en algún futuro concebible. Sus problemas internos, de la contaminación a la agitación, siguen siendo suficientemente alarmantes para que cueste imaginar que China no esté absorbida por problemas internos hasta 2030 y más allá.

Y luego había un solo (planeta)
Desde el punto de vista militar, cultural y en cierta medida económico, EE.UU. se mantiene sorprendentemente solo en términos imperiales en el paneta Tierra, aunque pocas cosas han dado los resultados esperados en Washington. La historia de los años desde la caída de la Unión Soviética pueden resultar ser una historia de cómo la dominación y la decadencia de EE.UU. fueron a la par con la parte decadente de la ecuación, sorprendentemente autogenerada.

Y sin embargo existe una posibilidad genuina, incluso desconcertante: ese momento de “unipolaridad” en los 90, puede realmente sido el punto del fin de la historia, como los seres humanos la habían conocido durante milenios – es decir, la historia del ascenso y la caída de imperios. ¿Podría EE.UU. ser en realidad el último imperio? ¿Es posible que no haya ningún sucesor porque algo ha cambiado profundamente en el campo de la construcción de imperios? Una cosa es cada vez más clara: sea cual sea el estado de EE.UU. imperial, hay algo significativamente más crucial para el destino de la humanidad (y de los imperios) que está en decadencia. Hablo, por supuesto, del planeta en sí.

El actual modelo capitalista (el único disponible) para una potencia en ascenso, sea China, India, o Brasil, es también un modelo de decadencia planetaria, posiblemente de naturaleza precipitada. La definición misma del éxito –más consumidores de clase media, más dueños de coches, más compradores, lo que significa el uso de más energía, la quema de más combustibles fósiles, que más gases invernadero lleguen a la atmósfera– es también, como nunca antes, la definición del fracaso. Mientras mayor el “éxito”, más intensas las sequías, más fuertes las tormentas, más extremo el clima, mayor la elevación de los niveles del mar, más cálidas las temperaturas, mayor el caos en tierras bajas o tropicales, más profundo el fracaso. La pregunta es: ¿Conducirá esto a un fin de los modelos anteriores de la historia, incluyendo el hasta ahora predecible ascenso de la próxima gran potencia, el próximo imperio? En un planeta que degenera, ¿es posible imaginar la próxima etapa en el gigantismo imperial?

Cada factor que normalmente conduciría a la “grandeza” ahora lleva a la decadencia global. Este proceso –que no podría ser más injusto para países con tardías revoluciones industriales y de consumo– da un nuevo significado a la frase “capitalismo del desastre”

Por ejemplo los chinos, cuyos dirigentes, al abandonar el modelo maoísta, hicieron lo más natural del mundo en la época: modelaron su futura economía según la de EE.UU. – es decir, en el éxito como era definido en aquel entonces. A pesar de tradiciones comunales tradicionales y revolucionarias, por ejemplo, decidieron que para ser una potencia en el mundo tenían que convertir al coche (o sea el conductor individual) en un pilar de cualquiera futura China capitalista de Estado. Si dio resultados en EE.UU., daría resultados para ellos, y en el corto plazo, funcionó como un sueño, un milagro capitalista – y China creció.

También fue, sin embargo, una fórmula para contaminación masiva, degradación ecológica, y el lanzamiento de combustibles fósiles hacia la atmósfera en cantidades récord. Y no es solo China. No importa si se habla del uso voraz de energía de ese país, incluyendo sus posibles “bombas de carbono”, o el potencial de que la decadencia estadounidense sea detenida por nuevos métodos extremos de producir energía (fracking, extracción de arenas bituminosas, perforación en aguas profundas). Semejantes métodos, por mucho que afecten los entornos locales, pueden ciertamente convertir a EE.UU. en una “nueva Arabia Saudí”. Pero eso, por su parte, solo contribuiría aún más a la degradación del planeta, a una decadencia en una escala cada vez mayor.

¿Y si, en el Siglo XXI, la decadencia aumentara en lugar de disminuir? ¿Y si el momento unipolar resulta ser un momento planetario en el cual eventos imperiales previamente distinguibles –el ascenso y la caída de imperios– se fusionan en un solo sistema desastroso?

¿Y si la historia de nuestros tiempos fuera la siguiente: Entonces había un planeta, y se iba deteriorando?

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El fracaso del neoliberalismo

Ven, 10/05/2013 - 17:01
Vicenç Navarro, Attac.es

El dogma neoliberal ha dominado la cultura política, económica y mediática de los países del Atlántico Norte desde la década de los años ochenta del siglo pasado. Tal dogma creía que la crisis actual se debía a un gasto público excesivo que había ahogado con su peso a la economía, privando de fondos y recursos al sector privado imposibilitándolo a que actuara como motor de la economía. Como dijo el “gurú” de los neoliberales, el presidente Reagan, el gobierno (en realidad quería decir el sector público) “no es la solución, sino el problema” (discurso inaugural de su presidencia, enero de 1981). De esta concepción del origen de la crisis se derivaban sus políticas públicas de recortes y austeridad que intentaban reducir el déficit y la deuda pública de los Estados.

Los recortes se acentuaron predominantemente en los gastos públicos sociales, pues se asumía, además, que la supuestamente excesiva Protección Social estaba relajando a la clase trabajadora (redefinida como clase media), perdiendo competitividad. Se consideraba que los derechos laborales y sociales se habían hipertrofiado, extendiéndose demasiado, afectando con ello su productividad. Contribuyendo a esta pérdida de productividad, había habido un abultado crecimiento salarial en la mayoría de los países (y muy en especial en los países periféricos de la Eurozona) que había disparado los precios de los productos, obstaculizando así la capacidad exportadora del país. Se requería, por lo tanto, toda una batería de intervenciones públicas, que incluían desde la reducción de aquellos derechos laborales y sociales a la puesta en marcha de reformas laborales que tenían como objetivo disminuir los salarios.

Ni que decir tiene que el desarrollo de tales intervenciones públicas requería toda una estrategia ideológica-mediática que tenía como objetivo hacer creer a la población que tales políticas (sumamente impopulares cada una de ellas) eran las únicas posibles, señalando que no había alternativas. Parte de esta estrategia era subvencionar, directa o indirectamente, a investigadores académicos que mostraran evidencia científica que avalara la sabiduría, necesidad, inevitabilidad y bondad de tales políticas. Entre tales trabajos, destacaban los trabajos de Alberto Alesina y Silvia Ardagna sobre la necesidad de la austeridad como medida estimuladora de crecimiento (creando confianza en los mercados financieros) y los de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, que alertaron que el crecimiento de la deuda pública por encima del 90% del PIB llevaba a la recesión, explicando la crisis financiera actual en la Unión Europea por un exceso de esta deuda pública. Estos economistas neoliberales (próximos todos ellos al capital financiero, es decir a la banca y otras asociaciones financieras) eran profesores de conocidas universidades, y gozaban todos ellos de grandes cajas de resonancia que les facilitaba su protagonismo mediático. Sus trabajos se convirtieron en la sabiduría económica convencional.

Aquí en España, donde la falta de diversidad en los medios es notable (y conocida a nivel internacional) el dominio de tal dogma fue absoluto en los medios. Así, en Catalunya, la televisión pública catalana daba, y continúa dando, una hora semanal titulada “Lecciones de Economía”, donde el ideólogo más extremista de tal dogma imparte doctrina neoliberal en la forma más pura, ideólogo que aparece cada día en la televisión digital de La Vanguardia. Ni que decir tiene que tales fórums están prácticamente cerrados a voces críticas (excepto en intervenciones excepcionales y sumamente infrecuentes). Y en el resto de España sólo es necesario comprobar la frecuencia con que aparecen en los medios de información economistas patrocinados y/o financiados por FEDEA (el centro ideológico del gran capital) y ver las veces que economistas próximos a los sindicatos son entrevistados en estos medios. El desequilibrio es aún mayor.

El fracaso de tales políticas
Ni que decir tiene que su enorme visibilidad mediática en los medios de mayor difusión derivaba, no de la fortaleza de sus argumentos (que son muy débiles), sino de su función propagandística. En realidad, la evidencia científica, fácilmente accesible, mostraba el error y la falsedad de los argumentos que sostenían el edificio sobre el cual se había constituido el dogma, incluyendo entre otros hechos, que:

1. El presidente Reagan no bajó, sino que subió el gasto público (haciéndolo en el sector militar, en lugar del social) durante su mandato. Es más, tal como ha señalado Krugman, fue el presidente de EEUU que ha subido más los impuestos en tiempos de paz (bajó los de las rentas superiores, pero aumentó los de la mayoría de la población). (Ver Krugman ”Reagan was a Keynesian” New York Times 08.06.12).

2. Entre los países que sufrieron la crisis de una manera más acentuada estaban Irlanda y España, que se presentaban como discípulos aventajados de la escuela neoliberal. Cuando la crisis comenzó, ambos países tenían superávit en sus cuentas públicas y su deuda pública era menor que la del promedio de los países de la Eurozona. Es absurdo que se acuse a estos países de haber caído en la crisis por haber gastado demasiado cuando eran los países con el gasto público social por habitante más bajo de la Eurozona, y sus Estados estaban en superávit.

3. Los estudios que justificaban tales políticas han sido criticados extensamente por sus errores y falsedades, con críticas devastadoras que han mostrado el carácter predominantemente ideológico y propagandístico de tales estudios. El Center for Economic and Policy Research de Washington, el Economic Policy Institute y el Center of Political Economy de la Universidad de Massachussets (uno de los más progresistas de EEUU) criticaron tales estudios desde el principio, crítica que es ahora ampliamente aceptada (ver mis artículos El fraude en el pensamiento económico dominante, El Plural, 22.04.13, y Más sobre el fraude en el pensamiento neoliberal, Sistema, 26.04.13)

4. La aplicación de tales políticas ha conllevado una crisis tremenda, deteriorándose más y más la situación económica de tales países, alcanzando unos niveles de desempleo nunca antes vistos. 5. El bienestar y calidad de vida de las clases populares se ha deteriorado de una manera muy alarmante. En realidad, la crisis se ha centrado en las clases populares, que son las que están sufriendo más los efectos negativos de tales políticas.

6. Estas políticas están creando una enorme crisis de la democracia pues ninguna de ellas se está llevando a cabo consecuencia de un mandato popular, pues no estaban anunciadas en los programas electorales de los partidos gobernantes que las están implementando. En realidad estas políticas son enormemente impopulares.

7. Los únicos sectores sociales que apoyan tales políticas son las rentas superiores y los establishments financieros y empresariales (de grandes empresas exportadoras) que son las únicas que se benefician de tales políticas. Las clases populares (que son la mayoría de la población) se oponen.

8. El hecho de que tales políticas continúen existiendo y aplicándose se debe al enorme poder de los establishments financieros, empresariales, mediáticos y políticos que son los beneficiarios de esta crisis actual. Así de claro.

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Perspectivas de crecimiento de America Latina

Ven, 10/05/2013 - 15:01
Clausio Loser, InfoLatam

Ya quedaron atrás las reuniones de primavera norteña del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Ahora es el Foro Económico Mundial que se reúne en Lima para discutir las perspectivas económicas de la región. Se nota algún nerviosismo entre los líderes políticos y económicos de nuestros países, pero en realidad hay un grado de complaciente tranquilidad, ya que las cosas parecen ir generalmente bien, y con buenas perspectivas para el futuro.

El FMI, en su World Economic Outlook indica un crecimiento de 3% en 2012 y 3,4% proyectado para 2013. CEPAL sugiere un crecimiento económico de 3,5% para este año. Ciertamente este crecimiento implica un aumento en la renta per-cápita, pero los números están muy lejos de ser excepcionales. En un periodo que muchos comenzaron a llamar la década de América Latina, el crecimiento económico en la región se ha desacelerado significativamente, y está por debajo del promedio de los últimos diez años. Más aun, después que creciera más rápidamente en seis de los ocho años hasta 2011, la región está creciendo a un ritmo menor que el mundo como un todo, especialmente si se corrige por las cifras distorsionadas de Argentina. Ello ocurre cuando el motor de China e India también se desacelera.

Se pueden destacar varias explicaciones que podrían calificarse de tradicionales. En primera instancia, aun cuando existen políticas monetarias cautas, la inflación continúa estando a niveles mayores a los proyectados para muchos de los países de la región, con tasas particularmente altas en Argentina y Venezuela, y en mucha menor medida en Uruguay. Por otra parte, los déficits fiscales y la deuda pública han crecido también en términos del PIB, aunque no es una situación de crisis. Las cuentas externas muestran un aumento en el déficit de cuenta corriente, como consecuencia de un debilitamiento del ahorro. Claramente, este fenómeno refleja en medida importante problemas en Brasil y en parte en México, los dos gigantes regionales. Sin embargo, los problemas van más allá de estos dos países.

Las políticas económicas deben ajustarse de todos modos, pero hay un peligro subyacente. Aproximadamente dos terceras partes del valor de las exportaciones de América Latina está constituido por materias primas o “commodities”. Después de aumentar en 65% entre 2001 y 2011, los términos de intercambio han comenzado a descender, 3% en 2012 y casi 10% en lo que va de 2013. Los líderes económicos ven esta caída, pero se sienten tranquilos debido al nivel de precios de sus exportaciones.

Lamentablemente, basados en estimaciones que un grupo de técnicos hemos realizado para el Foro de Economías Emergentes, aproximadamente 1,7% de crecimiento anual es explicado por el aumento de poder adquisitivo causado directa e indirectamente por los aumentos de precios de las exportaciones latinoamericanas. Este valor constituye un tercio del crecimiento anual total del Ingreso real de la región. Sin entrar en detalles técnicos que quizás nos alejan del tema, el mero estancamiento de los términos de intercambio a los niveles actuales, llevan a una tasa de crecimiento de 2-2,5%, considerablemente menor que en 2012. Si caen los precios en un 10%, cifra no muy inusual, América Latina puede sufrir una caída del PIB, seguida por un crecimiento muy mediocre, tal como se observó por una década desde mediados de los 90s.

Estas estimaciones, que no considero de ningún modo perfectas, llevan a una clara conclusión. Los países de la región tienen que prepararse para una desaceleración (o caída) fuerte en el PIB. Si no se preparan a través de restructuración fiscal, mayor competitividad interna y externa y un sistema financiero fuerte, podremos caer de nuevo en una profunda crisis. Si nos toma por sorpresa tendrá consecuencias nefastas en términos de prosperidad futura y el combate contra la exclusión y la pobreza.

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¿Cuándo se convierte en riesgo la deuda pública?

Ven, 10/05/2013 - 09:00
Bradford DeLong, Project Syndicate

Un Gobierno que no recauda suficientes impuestos para cubrir sus gastos se topará tarde o temprano con toda suerte de problemas generados por la deuda. Sus tipos de interés nominales aumentarán a medida que los tenedores de bonos teman una subida de la inflación. Sus directivos de empresa se esconderán y tratarán de retirar su dinero de las empresas que gestionan por miedo a subidas del impuesto de sociedades.

Por otra parte, los tipos de interés reales aumentarán debido a las incertidumbres sobre las decisiones políticas, y muchas inversiones verdaderamente productivas desde el punto de vista social dejarán de ser rentables. Y cuando se instale la inflación, la división del trabajo se reducirá. Lo que alguna vez constituyó un gran entramado unido por finos vínculos monetarios se fragmentará para formar redes muy pequeñas unidas mediante fuertes vínculos de confianza personal y obligación social. Y una pequeña división del trabajo significa baja productividad.

Hay muchas probabilidades de que todo esto suceda —algún día— si un Gobierno no recauda suficientes impuestos para cubrir sus gastos. Pero ¿puede ocurrir mientras los tipos de interés se mantienen bajos, los precios de las acciones muestran tendencias alcistas y la inflación está contenida? Otros economistas —incluidos Larry Summers, Laura Tyson, Paul Krugman y muchos otros— y yo creemos que no.

Mientras los precios de las acciones mantengan tendencias alcistas, los directivos empresariales no tendrán miedo a impuestos futuros ni a las incertidumbres políticas. Mientras los tipos de interés se mantengan bajos, no habrá presión para reducir la inversión pública. Y mientras la inflación se mantenga baja, la deuda adicional que emite el Gobierno se considerará una buena reserva, ayudará a los ahorradores a dormir más tranquilos y dará impulso a la economía porque ayuda a desendeudarse y aumenta la velocidad del gasto.

Los economistas, en resumidas cuentas, no solo miran las cantidades —el volumen de deuda emitido por un Estado—, sino también los precios. Y debido a que la gente intercambia bonos por materias primas, dinero en efectivo y acciones, los precios de la deuda pública son la tasa de inflación, la tasa de interés nominal y el nivel del mercado de valores. Y todos esos precios muestran un verde furioso, señalando que los mercados preferirían que la deuda gubernamental creciera a una velocidad mayor que la indicada por los pronósticos actuales.

Cuando Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff escribieron su influyente estudio Growth in a time of debt (Crecimiento en un periodo de deuda) preguntaron lo siguiente: “Los déficits desmesurados y los épicos rescates bancarios pueden ser útiles para combatir una caída, ¿pero cuál es el impacto macroeconómico en el largo plazo de los mayores niveles de deuda pública, especialmente cuando la población envejece y aumentan los costes de la Seguridad Social?” Reinhart y Rogoff vieron un umbral del 90% del PIB para la deuda pública, más allá del cual “caen las tasas de crecimiento […] tanto en las economías avanzadas como en las emergentes”.

El principal error que cometieron Reinhart y Rogoff en su análisis —de hecho, el único error significativo— fue su uso de la palabra umbral. Esa elección semántica, junto con el gráfico que incluyeron, hizo que muchos equivocaran el camino. El Consejo Editorial de The Washington Post, por ejemplo, condenó recientemente lo que llamó el enfoque “relajado” sobre el déficit presupuestario y la deuda pública estadounidenses, basándose en que “existe un límite del 90% que los economistas consideran una amenaza al crecimiento económico sostenible”.

Por cierto, el Consejo Editorial de The Washington Post ha mostrado desde principios del milenio que requiere poco sustento empírico para sus afirmaciones. Pero el contenido de Crecimiento en un periodo de deuda también llevó al comisario europeo Olli Rehn y a muchos otros a sostener que “cuando la deuda alcanza el 80%-90% del PBI, comienza a frenar la actividad”. Es una creencia extendida que Reinhart y Rogoff demostraron que si la relación entre deuda y PIB se encuentra por debajo del 90% una economía es segura, y que solo si el peso de la deuda supera el 90%, el crecimiento se ve amenazado.

Sin embargo, el umbral no existe. Es un artefacto del método no paramétrico de Reinhart y Rogoff: metamos los datos en cuatro recipientes y tomemos el 90% como suelo del recipiente superior. De hecho, hay una disminución suave y gradual en las tasas de crecimiento a medida que aumentan los coeficientes de deuda/PIB: mejora entre el 80% y el 100% es trivial.

Y, como dicen Reinhart y Rogoff, una correlación entre deuda elevada y bajo crecimiento señala que se debe investigar si la deuda constituye un riesgo. A veces lo es: buena parte de la relación proviene de países donde los tipos de interés son mayores y el nivel del mercado de valores es menor, y donde un coeficiente de deuda/PIB más elevado implica efectivamente un crecimiento más lento. Una parte aún más significativa de la relación proviene de países donde las tasas de inflación son mayores cuando la deuda pública es mayor. Pero una parte proviene de países donde el crecimiento ya era lento y, por tanto, donde los coeficientes de deuda/PIB, como afirma constantemente Larry Summers, son resultado del denominador, no del numerador.

Entonces, ¿qué margen queda para la relación entre deuda y desempeño económico en un país con bajas tasas de interés, baja inflación, precios en alza en el mercado de valores y un saludable crecimiento previo?

No demasiado, si hay alguno. En Estados Unidos, al menos, hemos aprendido que el riesgo de acumular más deuda pública hasta que los tipos de interés y la inflación comiencen a subir por encima de los niveles normales, o el mercado de valores se colme, no es mucho. Y existen grandes beneficios potenciales si se resuelven los problemas reales estadounidenses, como el desempleo, ya mismo.
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Ver también: ¿Es la deuda pública un flagelo para el crecimiento económico?, ¿Cuánto desempleo provocaron Reinhart y Rogoff por su manipulación matemática?Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Israel, las armas nucleares y la muerte de Kennedy

Xov, 09/05/2013 - 22:24
Hace exactamente 50 años se produjo un episodio decisivo en la historia de la democracia estadounidense, una lucha épica cuyo desenlace ha sido determinante para el futuro del mundo entero. Laurent Guyenot nos recuerda lo que estuvo en juego en aquel importante momento y cómo se ha dominado el mundo desde entonces

Laurent Guyénot, Red Voltaire

En mayo de 1963, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos abría una investigación sobre las operaciones clandestinas de agentes extranjeros en territorio estadounidense, investigación cuyos principales objetivos eran el American Zionist Council y la Jewish Agency for Israel[1]. La investigación estaba motivada por un informe redactado en marzo de 1961 (y desclasificado en 2010) del presidente de esa comisión permanente, William Fulbright, que indicaba: «En los últimos años ha habido un creciente número de incidentes que implicaban intentos de gobiernos extranjeros, o de sus agentes, con vistas a influir en la política exterior americana [estadounidense] a través de métodos que se salen de los canales diplomáticos normales.» Al señalar que esos métodos incluían «actividades secretas en Estados Unidos y en otras partes», Fulbright apuntaba al «Caso Lavon»[2] de 1953, en el que varios judíos egipcios entrenados en Israel perpetraron contra objetivos británicos varios atentados con bombas que debían atribuirse a la Hermandad Musulmana para desacreditar a Nasser ante británicos y estadounidenses. La investigación del Senado sacó a la luz una actividad de blanqueo de dinero a través de la cual la Jewish Agency (indisociable del Estado de Israel, del que incluso fue precursora) hacía llegar decenas de millones de dólares al American Zionist Council, principal lobby israelí en Estados Unidos. Como resultado de aquella investigación, el Departamento de Justicia, bajo las órdenes del Attorney General Robert Kennedy, exigió que –ya que estaba financiado por el Estado de Israel– el American Zionist Council se registrara como «agente extranjero» y quedara por lo tanto sometido a las obligaciones estipuladas en la Foreign Agents Registration Act de 1938, lo cual implicaba una estrecha vigilancia de sus actividades.

Aquel intento de contrarrestar la creciente interferencia de Israel en la política estadounidense estaba, por supuesto, respaldado por el presidente. Siendo aún no más que un joven periodista que cubría la conferencia inaugural de la ONU, John F. Kennedy ya había visto con desagrado la capacidad de Israel para la compra de políticos, incluyendo al propio presidente. En efecto, el 15 de mayo de 1948, al reconocer el Estado de Israel –sólo 10 minutos después de su proclamación oficial y en contra de la opinión unánime de su propio gobierno– el presidente Harry Truman no sólo se había ganado un lugar en la historia bíblica («El histórico acto de reconocimiento de Truman quedará grabado para siempre en letras de oro en los cuatro mil años de historia del pueblo judío»[3], proclamó entonces el embajador israelí) sino que también se echó en el bolsillo 2 millones de dólares para su campaña por la reelección. «Es por eso que nuestro reconocimiento de Israel fue tan rápido», confió Kennedy a su amigo el novelista y ensayista Gore Vidal[4]. En 1960, el propio John Kennedy recibió del lobby israelí una oferta de ayuda financiera para su campaña presidencial. Así resumió [Kennedy] a su amigo el periodista Charles Bartlett la proposición del mecenas Abraham Feinberg: «Sabemos que su campaña enfrenta dificultades. Estamos dispuestos a pagar sus cuentas si usted nos deja el control de su política en el Medio Oriente.» Bartlett recuerda que Kennedy se prometió a sí mismo que «si llegaba a convertirse en presidente haría algo por cambiar aquello»[5]. En 1962 y 1963, Kennedy presentó 7 proyectos de ley para reformar el financiamiento de las campañas electorales de los congresistas. Todos fueron exitosamente combatidos por los mismos grupos de presión contra los que estaban dirigidas.

Todos los esfuerzos gubernamentales por limitar la corrupción que los agentes de Israel estaban imponiendo en la democracia estadounidense se vieron frenados de golpe por el asesinato de Kennedy y por la llegada de Nicholas Katzenbach al Departamento de Justicia, en sustitución del hermano de Kennedy. El American Zionist Council escapó a la inscripción como agente extranjero disolviéndose y cambiando su nombre por el de American Israel Public Affairs Committee (AIPAC). Diez años más tarde, el 15 de abril de 1973, Fullbright señalaba en la CBS: «Israel controla el Senado americano. […] La gran mayoría del Senado americano –alrededor del 80%– apoya por completo a Israel. Israel obtiene todo lo que quiere» [66]. El AIPAC mantuvo las mismas prácticas que su antecesor, escapando incluso a todo tipo de sanción cuando sus miembros fueron sorprendidos en flagrante delito de espionaje y alta traición: en 2005, dos responsables del AIPAC fueron absueltos después de haber recibido de Larry Franklin, miembro de la Oficina de Planes Especiales del Pentágono, una serie de documentos clasificados como secreto militar, documentos que ellos transmitieron a un alto funcionario de Israel. En 2007, John Mearsheimer y Stephen Walt demostraban en su libro El lobby israelí y la política exterior estadounidense que el AIPAC y los grupos proisraelíes de cabildeo de menor importancia eran la causa principal de la guerra contra Irak y, más ampliamente, que eran también el factor determinante de la política exterior estadounidense en el Medio Oriente. Como nada ha cambiado desde entonces, no hay razón alguna para que el gobierno de Benjamin Netanyahu no logre obtener él también de Estados Unidos la destrucción de Irán, la cual no deja de exigir.

«Nosotros, el pueblo judío, controlamos Estados Unidos y los estadounidenses lo saben» [7], dijo el primer ministro Ariel Sharon a su ministro de Relaciones Exteriores Shimon Peres el 3 de octubre de 2001, según la radio israelí Kol Israel. Su sucesor, Benjamin Netanyahu, lo demostró el 24 de mayo de 2011 ante el Congreso estadounidense, donde fue ovacionado 29 veces por un auditorio que incluso se puso de pie para aclamar específicamente cada una de las siguientes frases: «En Judea y en Samaria, los judíos no son ocupantes extranjeros»; «Ninguna distorsión de la historia puede negar el vínculo de 4.000 años entre el pueblo judío y la tierra judía»; «Israel no volverá a las fronteras indefendibles de 1967»; «Jerusalén no debe ser dividida nunca más. Jerusalén debe seguir siendo la capital unida de Israel.» [8]

Kennedy, la bomba y Dimona
Si Kennedy no hubiese sido asesinado, la influencia de Israel seguramente se hubiese visto limitada en otro sector más, el del armamento nuclear. Desde el inicio de los años 1950, David Ben Gurión, quien ejercía simultáneamente las funciones de primer ministro y de ministro de Defensa, había emprendido la fabricación secreta de bombas atómicas, desviando así de su objetivo el programa de cooperación pacífica Atom for Peace que Eisenhower había iniciado ingenuamente. Informado por la CIA, inmediatamente después de su llegada a la Casa Blanca, sobre el verdadero objetivo del complejo de Dimona, Kennedy hará todo lo posible por obligar Israel a renunciar [a sus intenciones en ese sentido]. Exigió a Ben Gurión la realización de inspecciones periódicas en Dimona. Primero lo hizo de viva voz, en Nueva York en 1961, y posteriormente a través de cartas oficiales cada vez más insistentes. En la última de esas cartas, fechada el 15 de junio de 1963, Kennedy exigía una primera inspección inmediata a la que seguirían inspecciones regulares cada 6 meses, a falta de lo cual «el compromiso y el respaldo de nuestro gobierno a Israel pudieran verse en serio peligro» [9]. El efecto de aquel mensaje fue sorprendente: Ben Gurión dimitió el 16 de junio, evitando así la recepción de aquella carta. Cuando el nuevo primer ministro Levi Eshkol entró en funciones, Kennedy le envió de inmediato una carta idéntica, fechada el 5 de julio de 1963.

Lo que quería Kennedy no era evitar que Israel alcanzara un poder que Estados Unidos reservaba para sí mismo y para sus aliados de la OTAN. Su objetivo formaba parte de un proyecto mucho más ambicioso, que ya había anunciado el 25 septiembre de 1961 –o sea 9 meses después de su investidura– ante la Asamblea General de la ONU: «Hoy cada habitante de este planeta debe imaginar el día en que este planeta haya dejado quizás de ser habitable. Cada hombre, mujer o niño está viviendo bajo una espada de Damocles nuclear pendiente de frágiles hilos que pueden ser cortados en cualquier momento por accidente o por error, o por locura. Hay que liquidar esas armas de guerra antes de que ellas nos liquiden […] Tenemos por lo tanto intenciones de lanzar un desafío a la Unión Soviética, no para una carrera armamentista sino para una carrera por la paz –para avanzar juntos, paso a paso, etapa por etapa, hasta alcanzar el desarme general y completo» [10]. Nikita Jruschov captó el mensaje y respondió favorablemente en una carta confidencial de 26 páginas, fechada el 29 de septiembre de 1961 y transmitida a través de un canal secreto. Después de la crisis de octubre de 1962 causada por los misiles instalados en Cuba, la guerra nuclear que habían logrado evitar a duras penas gracias a su propia sangre fría aproximó aún más a los dos jefes de Estado en cuanto a la convicción de que compartían la responsabilidad de liberar la humanidad de la amenaza atómica. Jruschov envió entonces a Kennedy una segunda carta privada en la que expresaba su esperanza de que, en 8 años de presidencia de Kennedy, «podamos crear buenas condiciones para una coexistencia pacífica en la Tierra, lo cual apreciarían altamente los pueblos de nuestros países así como los demás pueblos» [11]. A pesar de otras crisis, Kennedy y Jruschov prosiguieron aquella correspondencia secreta, hoy desclasificada, que comprende en total 21 cartas dedicadas en gran parte al proyecto de abolir el arma atómica.

En 1963, las negociaciones desembocaron en el primer tratado de limitación de los ensayos nucleares, que prohibía los ensayos nucleares en la atmósfera y bajo el agua, tratado firmado el 5 de agosto de 1963 por la Unión Soviética, Estados Unidos y el Reino Unido. Seis semanas más tarde, el 20 de septiembre de 1963, Kennedy expresaba ante la ONU su orgullo y esperanza: «Hace 2 años declaré ante esta asamblea que Estados Unidos había propuesto y estaba dispuesto a firmar un tratado limitado de prohibición de los ensayos. Hoy ese tratado está firmado. No acabará con la guerra. No eliminará los conflictos fundamentales. No garantizará la libertad a todos. Pero puede ser una palanca. Y se dice que Arquímedes, al explicar el principio de la palanca, dijo a sus amigos: “Denme un punto de apoyo y moveré el mundo.” Queridos cohabitantes de este planeta, podemos mover el mundo hacia una paz justa y duradera» [12].

En su última carta a Kennedy, entregada al embajador de Estados Unidos Roy Kohler pero que nunca llegó a su destinatario, Jruschov se mostraba igualmente orgulloso de aquel primer tratado histórico, que «ha inyectado una mentalidad fresca en la atmósfera internacional». Y presentaba otras proposiciones, retomando las palabras de Kennedy: «Su implementación abriría el camino hacia el desarme general y completo y, por consiguiente, hacia la liberación de los pueblos de la amenaza de la guerra.» [13]

Para Kennedy, el arma nuclear era la negación de todos los esfuerzos históricos tendientes a civilizar la guerra evitando las víctimas civiles. «No dejo de pensar en los niños, no sólo en los míos o los tuyos, sino en los niños de todo el mundo», decía a su amigo y asistente Kenneth O’Donnell durante su campaña a favor del Test Ban Treaty. Y lo repitió en su alocución televisiva del 26 de julio de 1963: «Ese tratado es para todos nosotros, especialmente para nuestros hijos y nuestros nietos, que no tienen ningún grupo de cabildeo aquí en Washington.» [14]

En los años 1960, el desarme nuclear era un objetivo realista. Sólo 4 países disponían del arma nuclear. Había una posibilidad histórica que aprovechar y Kennedy estaba decidido a no desperdiciarla. «Me obsesiona la impresión de que si no lo logramos, en 1970 habrá quizás 10 potencias nucleares en vez de 4, y 15 o 20 en 1975» [15], dijo en su conferencia de prensa del 21 de marzo de 1963. Mientras que, siguiendo las huellas de Estados Unidos y la URSS, todos los países de la OTAN y del bloque del este daban un primer paso hacia el desarme nuclear, Israel hacía en secreto lo contrario y Kennedy estaba decidido a impedirlo.

La muerte de Kennedy, meses más tarde, alivió la presión sobre Israel. Johnson decidió ignorar lo que sucedía en el complejo de Dimona. John McCone, el director de la CIA nombrado por Kennedy, dimitió en 1965 quejándose del desinterés de Johnson sobre aquel tema. Israel obtuvo su primera bomba [atómica] hacia 1967, sin admitirlo nunca. Nixon tampoco se preocupó del asunto, mientras que su consejero de seguridad nacional Henry Kissinger expresaba en privado su satisfacción ante la idea de tener en Israel una potencia nuclear aliada. Nixon, de quien se puede decir que el Estado profundo entró con él a la Casa Blanca, jugó un doble juego. Mientras respaldaba públicamente el Tratado de No Proliferación de 1968 (que no era una iniciativa estadounidense), Nixon envió a su propia burocracia un mensaje totalmente opuesto a través de un National Security Decision Memorandum de carácter secreto (NSDM-6) que decía: «No debe haber ningún esfuerzo de Estados Unidos por forzar a otros países […] a aplicar [el tratado]. Este gobierno, en su postura pública, debe reflejar un tono optimista en cuanto a que otros países firmen o ratifiquen [el tratado], apartándose al mismo tiempo de todo plan de hacer presión sobre esos países para que firmen o ratifiquen.» [16] Según las cifras del SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute) correspondientes al año 2011, existen hoy en todo el mundo 20.000 bombas nucleares que tienen como promedio una potencia 30 veces superior a la bomba atómica de Hiroshima, lo cual equivale en total a 600.000 veces lo sucedido en Hiroshima. De esas bombas, 1.800 se hallan en estado de alerta, o sea listas para ser utilizadas en cuestión de minutos. Con menos de 8 millones de habitantes, Israel es la 6ª potencia nuclear a nivel mundial.

«Si dejásemos actuar al Presidente habría una guerra nuclear cada semana» [17], decía Kissinger. Ya en los años 1950, Nixon había recomendado a Eisenhower el uso de la bomba atómica en Indochina y en Corea. Hubo que esperar hasta 1986 y a que el Sunday Times publicara varias fotos tomadas en Dimona por el técnico israelí Mordechai Vanunu para que el mundo se enterara de que Israel se había dotado secretamente de la bomba atómica. Después de ser secuestrado por los servicios secretos israelíes, Vanunu fue condenado [en Israel] por «divulgación de secretos de Estado» y pasó en la cárcel 18 años, 11 de ellos en aislamiento total. Desde su liberación, en 2004, Vanunu tiene prohibido salir de Israel y comunicarse con extranjeros.

Johnson y el USS Liberty
Kennedy no es recordado en Tel Aviv como un amigo de Israel. Además de sus ataques contra el descarado cabildeo de Israel y contra las ambiciones israelíes de poderío nuclear, Kennedy se había comprometido a favor del derecho al regreso de los 800.000 palestinos expulsados de sus casas y de sus poblados en 1947 y 1948. El 20 de noviembre de 1963, su delegación ante la ONU llamaba a la implementación de la Resolución 194 en ese sentido. Kennedy no tuvo tiempo de leer en los diarios las reacciones escandalizadas de Israel, ya que fue asesinado 2 días después.

La llegada de Johnson a la Casa Blanca fue saludada con alivio en Israel: «No cabe duda de que con la llegada de Lyndon Johnson al poder tendremos más oportunidad de acercarnos directamente al Presidente si nos parece que la política estadounidense es contraria a nuestros intereses vitales» [18], estimaba el diario israelí Yediot Ahronot. Lejos de recordar a Israel su propia limpieza étnica, Johnson abrazó plenamente el mito de la «tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra» llegando incluso un día a comparar, ante un auditorio judío, a los «pioneros judíos que construyen una casa en el desierto» [19] con sus propios ancestros en la colonización del Nuevo Mundo –lo que, en el fondo, subraya involuntariamente la equivalencia entre la negación de la limpieza étnica aplicada en Palestina por los israelíes y la negación por los estadounidenses de su propia historia de genocidio.

Kennedy había reducido la ayuda a Israel, pero Johnson la aumentó de 40 millones a 71, e incluso a 130 millones al año siguiente. La administración Kennedy había autorizado únicamente la venta a Israel de unas cuantas baterías de misiles defensivos pero bajo la administración Johnson más del 70% de la ayuda a Israel se utilizó para financiar la compra de armamento, como 250 tanques y 48 aviones de ataque Skyhawk. En 1966, la ayuda material a Israel alcanzó los 92 millones de dólares, más que la suma de todos los años anteriores. Mientras tanto, Johnson privó de ayuda estadounidense a Egipto y Argelia obligando así a esos dos países a volverse hacia la URSS para mantener el nivel de sus defensas. En junio de 1967, Johnson dio a Israel una «luz amarilla» para su guerra supuestamente «defensiva» contra Egipto, a través de una carta fechada el 3 de junio en la que aseguraba al primer ministro israelí Levi Eshkol que quería «proteger la integridad territorial de Israel y […] proporcionar un respaldo americano tan eficaz como fuese posible para preservar la paz y la libertad de su nación y de la región». [20]

La muerte de Kennedy instauró un profundo duelo en el mundo árabe, donde el retrato de JFK ornaba numerosos hogares. «Ahora es De Gaulle el único jefe de Estado occidental con cuya amistad pueden contar los árabes», diría Gamal Abdel Nasser. Mientras reducía la ayuda a Israel, Kennedy había abastecido generosamente de trigo a Egipto en el marco del programa Food for Peace. La breve presidencia de Kennedy fue para Egipto un feliz paréntesis y también un sueño que rápidamente fue disipado. Bajo Eisenhower, en 1954, Egipto había sido blanco de actos de terrorismo del tipo false flag (bandera falsa), perpetrados por Israel para «acabar con la confianza de Occidente en el régimen egipcio existente [e] impedir la ayuda económica y militar de Occidente a Egipto» [21], según los términos utilizados por el jefe de la Inteligencia Militar (Aman) Benjamin Givli en un telegrama secreto actualmente desclasificado. El complot se descubrió a causa de la detonación accidental de uno de los artefactos, lo que desencadenó el escándalo del «Caso Lavon» (apellido del ministro de Defensa Pinhas Lavon, quien fue considerado responsable), escándalo rápidamente acallado en Israel y en Estados Unidos. El primer ministro [israelí] Moshe Sharett, partidario de un sionismo moderado y respetuoso de las reglas internacionales, señaló en aquella época –aunque en privado– el irresistible ascenso de los extremistas, entre los que él incluía al futuro presidente Shimon Peres, precisando que «quiere aterrorizar a Occidente para llevarlo a respaldar los objetivos de Israel» y que «eleva el terrorismo a la categoría de principio sagrado». [22]

La muerte de Kennedy dio nuevamente rienda suelta al terrorismo maquiavélico que se ha convertido en la especialidad de Israel. Dos días antes del final de la Guerra de los Seis Días, el ejército israelí lanzó contra el USS Liberty la más célebre y calamitosa de sus agresiones false flag. En el soleado día del 8 de junio de 1967, 3 bombarderos Mirage sin distintivos y 3 lanchas torpederas con bandera israelí bombardearon, ametrallaron y torpedearon durante 75 minutos aquel barco no armado de la NSA (National Security Agency), que se hallaba en aguas internacionales y que era perfectamente identificable, con la evidente intención de que no quedara ningún sobreviviente, ya que llegaron incluso a ametrallar los botes salvavidas. Sólo cesaron el ataque al acercarse un navío soviético, cuando ya habían matado a 34 miembros de la tripulación, en su mayoría ingenieros, técnicos y traductores. Se piensa que, si hubiesen logrado hundir el barco sin testigos, los israelíes habrían atribuido el crimen a Egipto, para arrastrar así a Estados Unidos a la guerra del lado de Israel. Según Peter Hounam, autor de Operation Cyanide: Why the Bombing of the USS Liberty Nearly Caused World War III (libro publicado en 2003), el ataque contra el USS Liberty contó con la autorización previa y secreta de la Casa Blanca, en el marco del proyecto Frontlet 615, «un arreglo político secreto concluido en 1966 en el cual Israel y Estados Unidos se comprometían a destruir a Nasser». Las órdenes emitidas aquel día por la Casa Blanca, que retrasaron el auxilio durante varios horas, sugieren que Johnson no sólo cubrió a los israelíes después de los hechos, sino que incluso se había puesto de acuerdo con ellos de antemano. Oliver Kirby, vicedirector de Operaciones de la NSA en aquella época, dijo –el 2 de octubre de 2007– al periodista John Crewdson del Chicago Tribune que las transcripciones de las comunicaciones de los aviones israelíes interceptadas por la NSA e inmediatamente transmitidas a Washington no dejaban lugar a dudas sobre la identidad de los atacantes ni sobre el hecho que estos últimos habían identificado su blanco como estadounidense antes de atacarlo: «Yo estoy dispuesto a jurar sobre un montón de biblias que nosotros sabíamos que ellos sabían [que el barco era estadounidense]» [23]. Ya desenmascarado, Israel habló de un error y presentó excusas, con las cuales se contentó Johnson pretextando que «I will not embarrass our ally». En enero de 1968, cuando Johnson recibió en Washington al primer ministro israelí Levi Eshkol y lo invitó después a rancho de Texas, las relaciones fueron calurosas. Israel sacó de ello una enseñanza de impunidad cuya influencia sobre su comportamiento no debemos subestimar: el precio a pagar por el fracaso de una operación false flag contra Estados Unidos es cero. De hecho, es imposible que fracasar ya que los propios estadounidenses se encargarán de encubrir el crimen de Israel: Tel Aviv recibe de inmediato armas y aviones estadounidenses, convirtiendo rápidamente a Israel en el cliente número 1 de la industria militar estadounidense.

Notas:

[1] The Senate Foreign Relations Committee Investigates the Israel Lobby.

[2] «In recent years there has been an increasing number of incidents involving attempts by foreign governments, or their agents, to influence the conduct of American foreign policy by techniques outside normal diplomatic channels. (...) there have been occasions when representatives of other governments have been privately accused of engaging in covert activities within the United States and elsewhere, for the purpose of influencing United States Policy (the Lavon Affair).»

[3] «Truman’s historic act of recognition will remain forever inscribed in golden letters in the 4000-year history of the Jewish people.»

[4] «That’s why our recognition of Israel was rushed through so fast», citado por Gore Vidal en su prefacio a Israel Shahak, Jewish History, Jewish Religion, 1994.

[5] «We know your campaign is in trouble. We’re willing to pay your bills if you’ll let us have control of your Middle East policy»; «if he ever did get to be President, he was going to do something about it», citado por Seymour Hersh en The Samson option.

[6] «Israel controls the U.S. Senate. […] The great majority of the Senate of the U.S. —somewhere around 80 percent— are completely in support of Israel ; anything Israel wants, Israel gets.»

[7] «We, the Jewish people control America, and the Americans know it.»

[8] «in Judea and Samaria, the Jewish people are not foreign occupiers»; «No distortion of history could deny the 4,000-year-old bond between the Jewish people and the Jewish land»; «Israel will not return to the indefensible boundaries of 1967»; «Jerusalem must never again be divided. Jerusalem must remain the united capital of Israel.»

[9] «This Government’s commitment to and support of Israel could be seriously jeopardized», citado por Seymour Hersh en The Samson option.

[10] «Today, every inhabitant of this planet must contemplate the day when this planet may no longer be habitable. Every man, woman and child lives under a nuclear sword of Damocles, hanging by the slenderest of threads, capable of being cut at any moment by accident or miscalculation or by madness. The weapons of war must be abolished before they abolish us. […] It is therefore our intention to challenge the Soviet Union, not to an arms race, but to a peace race — to advance together step by step, stage by stage, until general and complete disarmament has been achieved», citado por James Douglass en JFK and the Unspeakable.

[11] «we could create good conditions for peaceful coexistence on earth and this would be highly appreciated by the peoples of our countries as well as by all other peoples», citado por James Douglass en JFK and the Unspeakable.

[12] «Two years ago I told this body that the United States had proposed and was willing to sign, a limited test ban treaty. Today that treaty has been signed. It will not put an end to war. It will not remove basic conflicts. It will not secure freedom for all. But it can be a lever, and Archimedes, in explaining the principles of the lever, was said to have declared to his friends: “Give me a place where I can stand –and I shall move the world.” My fellow inhabitants of this planet, let us take our stand here in this Assembly of nations. And let us see if we, in our own time, can move the world to a just and lasting peace», citado por James Douglass en JFK and the Unspeakable.

[13] «has injected a fresh spirit into the international atmosphere»; «Their implementation would clear the road to general and complete disarmament, and, consequently, to the delivering of peoples from the threat of war», citado por James Douglass en JFK and the Unspeakable.

[14] «I keep thinking of the children, not my kids or yours, but the children all over the world.» «This treaty is for all of us. It is particularly for our children and our grandchildren, and they have no lobby here in Washington», citado por James Douglass en JFK and the Unspeakable.

[16] «there should be no efforts by the United States government to pressure other nations […] to follow suit. The government, in its public posture, should reflect a tone of optimism that other countries will sign or ratify, while clearly disassociating itself from any plan to bring pressure on these countries to sign or ratify», citado por Seymour Hersh en The Samson Option.

[17] «If the President had his way, there would be a nuclear war each week», citado por Anthony Summers en The Arrogance of Power.

[18] «There is no doubt that, with the accession of Lyndon Johnson, we shall have more opportunity to approach the President directly if we should feel that U.S. policy militates against our vital interests.»

[19] «the Jewish pioneers building a home in the desert.»

[20] «I want to protect the territorial integrity of Israel […] and will provide as effective American support as possible to preserve the peace and freedom of your nation and of the area.»

[21] «[Our goal] is to break the West’s confidence in the existing [Egyptian] regime. The actions should cause arrests, demonstrations, and expressions of revenge. The Israeli origin should be totally covered while attention should be shifted to any other possible factor. The purpose is to prevent economic and military aid from the West to Egypt», citado por Livia Rokach en Israel’s Sacred Terrorism, 1980.

[22] «he wants to frighten the West into supporting Israel’s aims»; «raises terrorism to the level of a sacred principle», citado por Livia Rokach en Israel’s Sacred Terrorism, 1980.

[23] «I’m willing to swear on a stack of Bibles that we knew they knew.»

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Marcos Peña, del CES: La salida de la crisis durará a lo menos 15 años, es casi inmoral hacer promesas

Xov, 09/05/2013 - 14:21
El presidente del Consejo Económico y Social (CES), Marcos Peña, ha augurado hoy en España que la salida de la crisis durará "como poco" 15 años y ha señalado que es "casi inmoral" prometer medidas a la gente "con la pretensión de que van a surtir efectos inmediatos, pues no va a ser así, sino que va a ser una recuperación lentísima".

En este sentido, ha abogado por conseguir un reforzamiento institucional y que España vuelva a ser un país "creíble y serio", y ha apuntado que es "esencial" garantizar la sanidad, la educación y la pensiones, "pues cuando los ciudadanos perciban que eso está asegurado, de nuevo nacerá el afecto y la credibilidad entre la ciudadanía y la clase política".

Marcos Peña señala que lo fundamental para salir de la crisis es "más que el crédito financiero, el crédito político", es decir "convertirnos en un país que funcione bien, creíble y que reivindique una de las acciones más nobles que jamás han existido, que es la acción política". De esta manera solicita un mayor entendimiento político en España, y "una mayor cooperación institucional en todos los poderes públicos, rematado con un compromiso social que sea capaz de repartir de manera equitativa los sacrificios". Es decir, ha aclarado, "más que medidas para salir de la crisis en un día que al final llegará, lo importante es un código de circulación que nos permita transitar hasta que llegue ese momento, porque ese tránsito va a ser muy largo y va a durar más de diez años".

¿Qué se debe hacer?
Mas que saber lo que hay que hacer, hay que saber cómo hay que hacerlo, y ese cómo incorpora a muchas personas en la tarea, explica Peña, quien considera que "no puede ser una acción magistral de nadie porque la fórmula magistral no existe y el país lo está pasando muy mal y lo seguirá pasando muy mal durante bastante tiempo".

Al respecto, ha insistido en que la recuperación del afecto y de la comprensión es "fundamental", es decir, "el reforzamiento institucional es básico para dar un paso hacia delante". En su opinión, "no es suficiente una reivindicación nominal de acuerdos políticos y grandes pactos, pues de la situación actual o nos sacan los políticos o no nos saca nadie, por lo que los políticos tienen la obligación de hacer cosas que sean tangibles".

En este sentido, ha señalado que lo "esencial" es que "la sanidad funcione y se garantice, que la educación sea la apuesta esencial y que las pensiones estén garantizadas, pues es el triángulo del bienestar", y ha añadido: "cuando los ciudadanos perciban que eso está asegurado, de nuevo nacerá el afecto y la credibilidad entre la ciudadanía y la clase política, y todo el mundo es conciente de que esto se consigue desde una acción política". En esta línea, Marcos Peña ha asegurado que "no se puede hablar de nada en nuestro país olvidándose de la situación de desempleo que existe" que ha calificado de "pavorosa". Según ha dicho, "es una realidad que viene acompañada del convencimiento de que las medidas inmediatas no van a resolver la situación porque no existen y pensamos que la solución parte del reforzamiento institucional y de que el país sea creíble y serio, además de apostar por la educación y la innovación".

"De la crisis sólo van a sacarnos las personas capacitadas, por lo que habrá la obligación de capacitar a los ciudadanos y darles educación universal, pública y gratuita, y no cabe promesas de hacer un plan de empleo para mayores de 45 años y pensar que dentro de cuatro semanas veremos los efectos de la aplicación del plan, todo es mucho más complejo", afirma.

"Es casi inmoral prometer medidas a la gente con la pretensión de que van a surtir efectos inmediatos, pues no va a ser así, sino que va a ser una recuperación lentísima que como poco va a durar 15 años y tenemos que ser capaces de ver cómo transitamos esos 15 años", subraya Peña, quien considera que "el problema no es salir de la crisis, sino saber qué vamos a hacer en esta situación, pues son más importantes los medios que los fines.
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Tomado de EuropaPress

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Marcos Peña, del CES: La salida de la crisis durará "como poco" 15 años: es casi inmoral hacer promesas

Xov, 09/05/2013 - 14:21
El presidente del Consejo Económico y Social (CES), Marcos Peña, ha augurado hoy en España que la salida de la crisis durará "como poco" 15 años y ha señalado que es "casi inmoral" prometer medidas a la gente "con la pretensión de que van a surtir efectos inmediatos, pues no va a ser así, sino que va a ser una recuperación lentísima".

En este sentido, ha abogado por conseguir un reforzamiento institucional y que España vuelva a ser un país "creíble y serio", y ha apuntado que es "esencial" garantizar la sanidad, la educación y la pensiones, "pues cuando los ciudadanos perciban que eso está asegurado, de nuevo nacerá el afecto y la credibilidad entre la ciudadanía y la clase política".

Marcos Peña señala que lo fundamental para salir de la crisis es "más que el crédito financiero, el crédito político", es decir "convertirnos en un país que funcione bien, creíble y que reivindique una de las acciones más nobles que jamás han existido, que es la acción política". De esta manera solicita un mayor entendimiento político en España, y "una mayor cooperación institucional en todos los poderes públicos, rematado con un compromiso social que sea capaz de repartir de manera equitativa los sacrificios". Es decir, ha aclarado, "más que medidas para salir de la crisis en un día que al final llegará, lo importante es un código de circulación que nos permita transitar hasta que llegue ese momento, porque ese tránsito va a ser muy largo y va a durar más de diez años".

¿Qué se debe hacer?
Mas que saber lo que hay que hacer, hay que saber cómo hay que hacerlo, y ese cómo incorpora a muchas personas en la tarea, explica Peña, quien considera que "no puede ser una acción magistral de nadie porque la fórmula magistral no existe y el país lo está pasando muy mal y lo seguirá pasando muy mal durante bastante tiempo".

Al respecto, ha insistido en que la recuperación del afecto y de la comprensión es "fundamental", es decir, "el reforzamiento institucional es básico para dar un paso hacia delante". En su opinión, "no es suficiente una reivindicación nominal de acuerdos políticos y grandes pactos, pues de la situación actual o nos sacan los políticos o no nos saca nadie, por lo que los políticos tienen la obligación de hacer cosas que sean tangibles".

En este sentido, ha señalado que lo "esencial" es que "la sanidad funcione y se garantice, que la educación sea la apuesta esencial y que las pensiones estén garantizadas, pues es el triángulo del bienestar", y ha añadido: "cuando los ciudadanos perciban que eso está asegurado, de nuevo nacerá el afecto y la credibilidad entre la ciudadanía y la clase política, y todo el mundo es conciente de que esto se consigue desde una acción política". En esta línea, Marcos Peña ha asegurado que "no se puede hablar de nada en nuestro país olvidándose de la situación de desempleo que existe" que ha calificado de "pavorosa". Según ha dicho, "es una realidad que viene acompañada del convencimiento de que las medidas inmediatas no van a resolver la situación porque no existen y pensamos que la solución parte del reforzamiento institucional y de que el país sea creíble y serio, además de apostar por la educación y la innovación".

"De la crisis sólo van a sacarnos las personas capacitadas, por lo que habrá la obligación de capacitar a los ciudadanos y darles educación universal, pública y gratuita, y no cabe promesas de hacer un plan de empleo para mayores de 45 años y pensar que dentro de cuatro semanas veremos los efectos de la aplicación del plan, todo es mucho más complejo", afirma.

"Es casi inmoral prometer medidas a la gente con la pretensión de que van a surtir efectos inmediatos, pues no va a ser así, sino que va a ser una recuperación lentísima que como poco va a durar 15 años y tenemos que ser capaces de ver cómo transitamos esos 15 años", subraya Peña, quien considera que "el problema no es salir de la crisis, sino saber qué vamos a hacer en esta situación, pues son más importantes los medios que los fines.
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Tomado de EuropaPress

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China enciende las alarmas contra la especulación financiera de EEUU y la UE

Xov, 09/05/2013 - 13:13
China está dispuesta a cambiar su estrategia monetaria para defenderse de los flujos de capital especulativo y se esfuerza por controlar el flujo de fondos del extranjero. ¿Trata Pekín de abrir un nuevo frente de guerra contra Estados Unidos y el dólar? La decisión se produce después de que las exportaciones en abril indicaran que tanto la economía de China como la demanda mundial se están recuperando. Sin embargo, los economistas no tardaron en sospechar que las cifras fueron infladas artificialmente por inversionistas, entre ellos de Estados Unidos, que hacen apuestas especulativas sobre el yuan.

Según los datos del Ministerio de Comercio de China, durante el primer trimestre de 2013 empresarios de Estados Unidos y de la Unión Europea han sido los inversores más activos en el gigante asiático. Durante los primeros 3 meses de este año, las empresas estadounidenses han invertido 1.060 millones de dólares y las europeas 2.050 millones de dólares. Ante el riesgo de que esos flujos pudieran conducir a una rápida apreciación que desestabilizaría las exportaciones y la economía en general, el Banco Popular de China ha comenzado a intervenir fuertemente en el mercado cambiario doméstico.

Los negociantes informaron que los reguladores les consultaron sobre la demanda de bonos a tres meses, lo que sugiere que el banco central se está preparando para retirar sistémicamente el efectivo a largo plazo de la oferta monetaria para mitigar el impacto de los flujos de dinero caliente que se usa para obtener un beneficio a corto plazo, lo que podría repercutir en las tasas de interés, el mercado y el crecimiento económico del país. Se estima que 181.000 millones de dólares especulativos podrían haber entrado en China en el primer trimestre, lo que se habría visto impulsado parcialmente por la laxitud de la política monetaria de Estados Unidos y Europa.

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La abismante diferencia de ingresos en el quintil más rico de la población chilena

Xov, 09/05/2013 - 02:20
Cuando se habla de quintiles muy pocos entienden bien de qué se trata. Lo cierto es que corresponde a una división socioeconómica oficial que sirve para clasificar a la población -según sus ingresos- en 5 grupos, donde cada uno equivale a un 20%. Para saber a cuál quintil perteneces, debes sumar las ganancias de todos los que viven en tu casa y luego dividir por el número de personas que hay en tu familia. El resultado, es el ingreso per cápita del hogar.

Si la cifra es inferior a 86.667 pesos, entonces estás dentro del primer quintil, mientras si la cantidad es superior a 348.441 pesos eres del quinto. Esta clasificación sirve para -por ejemplo- acceder a becas o créditos estudiantiles, pues dependiendo del grupo en que te ubiques puedes optar a determinados beneficios. (Ver esquema).


Si bien el rango existente entre los 4 primeros quintiles no es muy disímil, en el último -que supuestamente agrupa a la población más rica del país- la diferencia entre los valores mínimos y máximos es abismante. Así lo evidenció, un gráfico elaborado por Fundación Sol, el cual muestra que este subgrupo de la población agrupa a personas cuyo ingreso per cápita alcanza los 350.000 pesos, pero también a quienes se empinan por los 46 millones.
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Tomado de La verdad se cuenta

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Desigualdad, tecnología y hambre de plusvalía

Mér, 08/05/2013 - 20:00
Alejandro Nadal, La Jornada

Uno de los factores determinantes de la actual crisis es la desigualdad económica que creció en el mundo en las últimas cuatro décadas. El estancamiento en los salarios condujo al endeudamiento insostenible de los hogares para mantener el nivel de consumo. Así y con burbujas especulativas se sostuvo la demanda agregada y el proceso de acumulación de capital. Pero esa modalidad de crecimiento económico se acompañó de una inestabilidad creciente en las principales economías capitalistas.

En vista de lo anterior, una pregunta clave concierne las causas de ese aumento de la desigualdad. En el medio académico convencional se ha pretendido encontrar en el cambio tecnológico la causa de esta desigualdad creciente. Esta explicación dice que las innovaciones introducidas en las últimas décadas reemplazaron el trabajo poco calificado con máquinas. Esto tuvo un doble efecto. Desvalorizó el trabajo poco calificado y redujo las oportunidades de empleo de esos trabajadores en la escala inferior de remuneraciones. Por otra parte, se incrementó la recompensa de aquéllos trabajadores de mayor calificación. Así, como los trabajadores menos calificados no pueden adquirir la capacidad técnica de manera rápida y, además, hay menos oportunidades de empleo en los niveles superiores de la escala, el cambio tecnológico transformó la escala de salarios y promovió la desigualdad en los últimos decenios.

Esta narrativa le sienta bien a la ideología neoliberal. La desigualdad sería un efecto colateral o accidental de las transformaciones en la base productiva de las sociedades. No sería la política económica perversa la que está en el origen del problema, sino un proceso natural de cambio técnico. En otras palabras, estamos frente a una explicación políticamente neutra, muy lejos de temas escabrosos como la ofensiva en contra de los sindicatos que ha dominado la política social y económica desde hace décadas.

Esta explicación sobre los orígenes de la desigualdad se encuentra en muchas investigaciones, tanto del mundo académico, como de organizaciones promotoras del neoliberalismo. Por ejemplo, la OCDE realizó una investigación en la que se concluye que el ‘progreso’ tecnológico trajo mayores recompensas para los trabajadores más calificados que para los menos preparados. Según la OCDE el proceso de innovaciones afectó la estructura de los salarios entre los trabajadores. O para decirlo de otro modo, la principal conclusión de la OCDE es que el cambio técnico afectó la desigualdad entre trabajadores.

El tema de la distribución funcional del ingreso, es decir, entre trabajadores y capitalistas, es tocado sólo tangencialmente en este tipo de estudios. Eso es realmente sorprendente si se considera que la participación de los salarios en el ingreso nacional ha sufrido una reducción significativa en las últimas décadas. Pero ese tema está cargado de implicaciones políticas y para los economistas neoclásicos es mejor dejarlo de lado.

Recurrir a la tecnología para explicar la desigualdad al interior de la clase trabajadora permite eludir el tema del impacto de la política macroeconómica sobre la distribución del ingreso. Así se evita hablar sobre cómo la prioridad de la ‘estabilidad de precios’ (lucha contra la inflación) se ha traducido en una postura de contracción fiscal y estancamiento.

Quizás el elemento de política macroeconómica que más impacto ha tenido sobre la mala distribución del ingreso es el de la política de ingresos. La represión salarial ha sido una pieza clave para contener la demanda agregada y frenar así lo que el capital financiero considera la amenaza de la inflación. Sin embargo, los estudios como el de la OCDE no contienen una discusión seria sobre este tema. No debiera sorprendernos: para la OCDE o el Banco Mundial la política macroeconómica y sus instrumentos no debe estar nunca a debate. Esto permite relegar a un segundo plano el análisis de la distribución del ingreso entre la clase capitalista y los trabajadores.

Los estudios que encuentran en el cambio técnico la principal explicación de la desigualdad adolecen de muchos defectos. En su versión más extrema (como en los trabajos de Daron Acemoglu, se pretende encontrar un proceso de cambio técnico dirigido. Hace décadas fue abandonada la pretensión de explicar el cambio técnico a través de variaciones en los precios relativos por falta de bases teóricas. Hoy vuelve a renacer ese proyecto, olvidando las viejas críticas, para explicar la desigualdad como resultado de un proyecto políticamente neutral.

Si la tecnología está relacionada con la historia de la desigualdad, debemos entonces volver la mirada hacia Marx. El capitalismo está marcado por una tendencia constante a aumentar la productividad. Es el hambre de plusvalía lo que impulsa al capitalismo a estar innovando constantemente. Y eso no sólo tiene un impacto sobre la desigualdad y la distribución funcional del ingreso. También tiene profundas consecuencias macroeconómicas que están en la raíz de la actual crisis global.

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Europa le pone límites a las atribuciones del FMI

Mér, 08/05/2013 - 14:00
El Banco Central Europeo reveló que el bloque avanza hacia un sistema en que los países miembros serán quienes administren los rescates financieros que reciben las naciones en crisis, restándole poder a la "troika", la estructura conformada por el propio BCE, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

"En un futuro a más largo plazo, pienso que deberíamos volver a un sistema pleno de la UE y eso llevaría a rendir cuentas ante el Parlamento Europeo (PE) y colocar a la UE al frente de la gestión de una crisis", señaló Jörg Asmussen, miembro del comité ejecutivo del BCE, al explicar la iniciativa.

No obstante aclaró que no hay un plazo establecido para el fin de la troika, que por ahora seguirá funcionando tal como lo viene haciendo: estableciendo controles a las economías de los países más sacudidos por la crisis e imponiéndoles ajustes o "medidas de austeridad" para recibir salvatajes.

"En medio de la crisis, no aconsejaría cambiar esta estructura de la troika. No obstante, ese momento llegará una vez que el Mecanismo Europeo de Estabilidad (Mede) sea una institución plena de la UE", dijo Asmussen, durante un debate sobre el rescate a Chipre en la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo.

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Documental: La crisis de Europa y el fin del euro

Mér, 08/05/2013 - 08:01
Cuelgo este documental sobre la crisis financiera y la década perdida que aguarda a Europa. El dinero que ha ido rescatar a los bancos está empobreciendo a toda la clase media europea. Ya hay 80 millones de pobres y la cifra no para de crecer... Y a ésto, los líderes europeos no tienen nada que ofrecer

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Estados Unidos y su recuperación con bemoles

Mar, 07/05/2013 - 09:00
Economist Intelligence Unit

La economía de Estados Unidos creció a tasa anualizada de 2,5% en el primer trimestre, una fuerte recuperación respecto de la expansión de 0,4% del último trimestre de 2012, según el cálculo inicial del gobierno. Pero si bien el gasto de consumo siguió siendo robusto, la inversión empresarial se ablandó y los recortes al gasto gubernamental contuvieron el crecimiento.

El principal punto de interés en el informe del PIB del primer trimestre fue la respuesta de la economía a la restricción fiscal que entró en vigor a principios de 2013 y se aceleró en marzo. Primero, un aumento al impuesto al salario de todos los empleados (que redujo en dos puntos porcentuales el ingreso disponible) y la elevación de tasas impositivas a los ricos amenazaron el gasto de consumo privado. Luego, los recortes automáticos al gasto federal a partir de marzo también amagaron la recuperación. Aun así, los consumidores se mantuvieron mucho más dispuestos a gastar de lo que el aumento de impuestos hubiera sugerido. El consumo privado se elevó 3.2% (anualizado) en el primer trimestre y contribuyó al crecimiento trimestral: 2.2 puntos de los 2.5 puntos porcentuales. Indicaciones anteriores ya sugerían que los consumidores mostraban notable resistencia a principios de 2013: se crearon casi 600 mil empleos en el trimestre y la tasa de desempleo continuó decreciendo, de 7.9% en enero a 7.6 en marzo. Otros indicadores de gasto también mostraron alzas. Las ventas minoristas reales crecieron 0.8% de un trimestre a otro, en tanto el crédito al consumo continuó su firme avance (al menos según datos enero-febrero), lo cual sugiere confianza de los hogares.

La vivienda impulsa la inversión
Otros componentes de la recuperación fueron más mezclados. La inversión fija en conjunto creció 4.1%, pero la cifra fue menor que las tasas de expansión asociadas normalmente con esta etapa de recuperación económica. De ordinario, el gasto empresarial debería ser un impulsor más prominente del crecimiento de lo que es en la actualidad. En el primer trimestre, la inversión fija en capital de las empresas (conocida también como inversión no residencial) creció apenas 2.1%, si bien luego de un fuerte desempeño de 13.2 en el cuarto trimestre. Aun así, subsiste la sospecha de que las firmas se abstuvieron de invertir en inmuebles y equipo porque les preocupaban los efectos de la restricción fiscal. Como la incertidumbre en torno al gasto federal persistirá buena parte del año, la inversión empresarial podría quedar muy por debajo de las expectativas para 2013. Esto, a su vez, podría contribuir a una mayor desilusión sobre la durabilidad de la recuperación y conducir a una reducción del gasto en otros sectores.

En un aspecto más positivo, la inversión residencial continuó repuntando en el primer trimestre, al elevarse 12.6% (anualizado). La recuperación en bienes raíces residenciales ha sido uno de los componentes destacados de la recuperación durante los 12 meses pasados, y mostró pocos signos de debilitarse en el primer trimestre. Los inicios de construcción de casas llegaron a su nivel más alto desde mediados de 2008, 35% más que un año antes, en tanto las terminaciones se elevaron 32% respecto de un año atrás. Este es un rubro en el que el programa de estímulo monetario de la Reserva Federal (Fed) tiene el impacto más visible. El programa de compra de bonos de la Fed ayuda a disminuir las tasas de interés hipotecario hasta los niveles más bajos en una generación, lo cual ha mejorado en gran medida la accesibilidad de la vivienda e incrementado el interés de los compradores en el mercado.

Como se esperaba, los movimientos de inventarios privados tuvieron un impacto desmesurado en el crecimiento en el primer trimestre. Este componente ha sido volátil en extremo en trimestres recientes, al rebotar de una contribución positiva de 0.7 puntos porcentuales en el tercer trimestre de 2012 a sustraer 1.5 puntos en el último trimestre del año. En este último periodo, la aportación de los movimientos de inventario se volvió fuertemente positiva de nuevo, al añadir un punto porcentual al crecimiento. Una contribución tan significativa de la acumulación de existencias por lo regular es un signo positivo para la recuperación, pero, ante los bandazos recientes, tiene sentido mantener cautela sobre el panorama de la acumulación de existencias en los próximos trimestres.

Más recortes al gasto
La parte menos inesperada del informe del primer trimestre fue el continuo descenso del gasto gubernamental, que sustrajo 0.8 puntos porcentuales al crecimiento. El consumo y la inversión del gobierno federal disminuyeron a un ritmo anual de 8.4%, en tanto las erogaciones estatales y locales cayeron 1.2%. Si bien cierto grado de consolidación fiscal es apropiado en esta fase de la recuperación, el ritmo del descenso en el gasto federal comienza a parecer excesivo. La economía no muestra aún signos de acelerarse a partir de las mediocres tasas de recuperación logradas hasta ahora. Además, los recortes automáticos que entraron en vigor en marzo (el llamado secuestro) acentuarán el descenso existente. Con todo, por ahora no hay consenso político para moderar los efectos del secuestro, así que la caída del gasto federal probablemente lastrará la economía todavía un tiempo más.

Las exportaciones netas también gravitaron en la recuperación: tanto las exportaciones como las importaciones se elevaron luego de contraerse en el trimestre anterior, pero el aumento más rápido de las importaciones significó que el comercio sustrajo 0.5 puntos porcentuales al crecimiento. La demanda económica de los socios comerciales de EU es dispareja, pues la zona euro enfrenta un segundo año de recesión. Las perspectivas de un repunte del crecimiento global desaparecen, así que no creemos que las exportaciones netas aporten mucho al crecimiento económico este año.

Pese a una respetable tasa principal de crecimiento en el cuarto trimestre, es probable que el desempeño mezclado de los componentes del PIB implique que las versiones recientes acerca de una terminación del programa de estímulos de la Fed sean prematuras. Además, los efectos del secuestro de marzo en adelante no se habrán capturado del todo en esta primera estimación del PIB. Por consiguiente, no sólo parece probable que el crecimiento del segundo trimestre sea más débil que el del primero, sino que una estimación más completa del crecimiento del primer trimestre podría conducir a una revisión a la baja respecto de la estimación inicial de 2.5% de crecimiento. Pese a una mejoría constante, la economía de EU no ha llegado aún a la tan pregonada velocidad de escape de una recuperación permanentemente rápida. Es probable que mantengamos nuestro pronóstico de crecimiento de 2.1% para 2013, pero estamos a la espera de un repunte en el segundo semestre, luego de un segundo trimestre que prevemos flojo.
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Tomado de La Jornada

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Reinhart y Rogoff, ¿un error inocente?

Mar, 07/05/2013 - 07:00
Antonio Papell, El Economista

La historia es conocida pero conviene recordarla esquemáticamente: dos economistas de Harvard, Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, prestigiados por un libro relevante de historia económica que alcanzó gran difusión, publicaron en mayo de 2010 un artículo en la American Economic Review que mostraba una correlación empírica de gran interés en medio de la gran crisis económica: examinados todos los países desde el final de la Segunda Guerra Mundial, aquéllos cuya deuda pública se hallaba en la banda entre el 60% y el 90% del PIB crecían anualmente al 3%, en tanto los que sobrepasaban el 90% registraban un retroceso medio del -0,1%.

La razón de ese salto brusco, que constituía el elemento más llamativo del análisis, sería la aparición de una cierta "intolerancia a la deuda", que generaría una subida radical de las primas de riesgo y obligaría por tanto a practicar ajustes dramáticos para recuperar la solvencia y la credibilidad en los mercados.

Reinhart y Rogoff, que en honor a la verdad nunca sacralizaron aquella correspondencia entre crecimiento y deuda, habían proclamado sin embargo lo que el neoliberalismo en boga quería escuchar, y se convirtieron pronto en santones de la nueva verdad revelada, basada en la estabilidad presupuestaria y la responsabilidad fiscal. Krugman recordaba hace poco un vibrante editorial de The Washington Post de principios de este año en que el influyente diario advertía contra la tentación de seguir acrecentando el déficit norteamericano porque -escribía- estamos "peligrosamente cerca de la marca del 90% que los economistas consideran una amenaza para el crecimiento económico sostenible". El nobel hace notar que aquellos dos expertos investigadores se habían convertido de repente para lo más granado del sistema mediático en "los economistas" en su totalidad.

El resto de la historia es conocido: tres economistas de Massachussetts (Herndon, Ash y Pollin) descubrieron un error insalvable en el análisis. Y Mike Konczal advirtió que la ponderación de los datos había sido realizada a la ligera. En definitiva, el dato correcto era que los países con una deuda superior al 90% del PIB no decrecían sino que crecían al 2,2%, con la particularidad de que la reducción no era brusca sino lineal, con lo que la urgencia del ajuste ya no existía.

La teoría de Reinhart y Rogoff ha sido sistemáticamente utilizada para criticar la política norteamericana del presidente Obama, que, justo es reconocerlo, sacó al país de la gran crisis con gran eficacia, a costa de un déficit que es aproximadamente del ciento por ciento del PIB norteamericano. Y, como es natural, ha sobrevolado la ortodoxia europea con respecto al déficit, ya que constituía el gran argumento de los conservadores que gobiernan la Unión Europea para instar la disciplina presupuestaria, recogida en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (el término crecimiento fue introducido en su momento, por cierto, a instancias de Mitterrand, quien coló la palabra pero no la idea).

En sentido contrario, la inveracidad del falso axioma deja sin soporte teórico a quienes urgen a los países en dificultades, como España, para que den preferencia a la consolidación fiscal sobre cualquier otro objetivo. Es evidente que el equilibrio presupuestario a lo largo del ciclo económico es un requisito de sentido común de cualquier buena política, pero la estabilidad ya no posee el carácter cuasi taumatúrgico que se le atribuía: en momentos como los actuales, en que nuestro desempleo rebasa lo admisible y lanza a millones de personas a la miseria y la insatisfacción, es legítimo considerar que la recuperación económica tiene preferencia sobre cualquier otra meta que podamos fijarnos. Aunque ello suponga endeudar a nuestros descendientes, quienes a su vez podrán hacer lo propio dentro de unos límites razonables.

En principio, no hay motivos para pensar que el 'error' de Reinhart y Rogoff, quienes han pasado del olimpo de la antesala del Nobel al infierno del ridículo académico, sea intencionado. En cualquier caso, con este episodio se abren nuevos interrogantes sobre el papel de los economistas, tan digno en general pero tan politizado en el peor de los sentidos en algún caso particular. Las ciencias, elementos clave del concepto de cultura, han de contribuir como es natural a la formación cabal de la opinión pública pero no deben prestarse a ser coartada de opciones políticas, siempre opinables y nunca susceptibles de convertirse en verdades científicas.
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Ver ¿Cuánto desempleo provocaron Reinhart y Rogoff por su manipulación matemática?Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El bombardeo de Israel y la batalla por Damasco

Lun, 06/05/2013 - 13:00
Juan Francisco Coloane, ArgenPress

La batalla por Damasco comenzó hace año y medio atrás. Así lo describe un funcionario de la administración Siria. Ha tenido varios hitos importantes. El mayor ha sido el giro hacia el terrorismo de una guerra que no es civil y difícil de encasillar.

La actual ofensiva del ejército sirio cubre parte de la periferia de Damasco Noreste y es la línea del frente para contener una intervención extranjera protagonizada por terroristas protegidos bajo el rótulo de “ejército rebelde”.

Esta vez fueron apoyados por la Fuerza Aérea de Israel que sobrevoló a baja altura violando el espacio aéreo del Líbano el pasado domingo cerca de las 2 am pudiendo atacar un centro de investigación científica ubicado cerca de Damasco. El plan consiste en apoyar la fuerza interventora extranjera compuesta por el nuevo ensamblaje de infantería (adoptado para Siria) donde el protagonismo lo han asumido mercenarios y terroristas de más de 20 nacionalidades diferentes.

Asesorados por personal militar israelita y estadounidense, Israel y Estados Unidos están violando la Carta de Naciones Unidas por apoyar esta fuerza que ya comienza a recibir armamento más sofisticado, incluyendo batería anti aérea y cohetería de última generación.

Fuentes no oficiales, -aunque se trata de información proveniente de ex -militares sirios con vasta experiencia en guerras anteriores-, señalan que el epicentro de los enfrentamientos cubre las localidades de Qabun, Jobar, Zablatan y Zamalka. Haciendo un semicírculo, la topografía irregular con colinas y lomaje de vegetación es apta para operaciones dispersas y del tipo guerrilla. Ubicada al noreste de Damasco, la zona de combate consiste en una franja de aproximadamente 20 Kilómetros de longitud ubicada a 10 kilómetros de la capital. El ejército sirio estaría combatiendo a un número superior a 5 mil efectivos.

Los estruendos de hace 48 horas harían aparecer al visitante primerizo un Damasco al borde del colapso, sin embargo el ejército sirio está en control de la situación. Esto confirma la aceleración en varios planos de la coalición que intenta derrocar al gobierno, por trasladar armas a los llamados rebeldes antes de que todo acabe y la Alianza Transatlántica muerda la peor derrota pos guerra fría. Está comprobado que el pretexto del bombardeo israelita al centro de investigación al norte de Damasco era más bien una señal a los grupos dispersos que en todo caso Israel está allí para apoyarlos.

La estrategia es suicida y completamente irracional. La línea roja declarada con tono amenazante por el presidente de Estados Unidos Barack Obama, la ha cruzado Israel, su principal aliado. Esto constituye un acto de extrema gravedad más aún cuando la misión de investigadores de Naciones Unidas para verificar el uso de armas químicas, informaron que el registro de testimonios indica que las armas químicas han sido usadas por las fuerzas opositoras al gobierno. Las evidencias clínicas señalan que “las fuerzas rebeldes han efectivamente usado gas sarín” uno de los principales investigadores declaró a Reuters el pasado domingo. Carla Del Ponte miembro de la comisión ha declarado que “no hay ninguna evidencia de que el gas haya sido usado por el ejército sirio.”

“Los hechos son cosas estúpidas”, es una célebre frase dicha por Ronald Reagan en la Convención del Partido Republicano en 1988. 1988.

Aunque los republicanos en Estados Unidos no desean admitirlo, el presidente Barack Obama en su política exterior con Siria e Israel, se asemeja cada vez más a Ronald Reagan. Respecto a este conflicto ha sido asesorado con un alto grado de desidia o negligencia deliberada, lo que ha conducido a Estados Unidos hacia una equivocación todavía más grave respecto a la invasión a Irak en 2003. Al impulsar el derrocamiento de un gobierno contribuyendo simultáneamente a posicionar el terrorismo, no solamente expresa la habitual arrogancia imperialista que se creía difunta con la caída de los muros, sino que construye nuevos muros con su aspiración por la supremacía usando el peor expediente: la guerra sucia.

Barack Obama es un misterio porque proviene de un aprendizaje de experiencia y filosofía política, marcado por la otredad y el trabajo comunitario. Si no hubiera tenido aspiraciones de estadista mayor en el país imperialista por antonomasia habría sido el reformador de Naciones Unidas que el mundo espera, o, un referente de paz y construcción social más igualitaria. Por el contrario. Con Siria ha adoptado un pathos de frases atractivas – como el de “la línea roja”, o “el cambio en el juego”- que están más cercanas a la mundanidad propia del político de nuevo cuño que por mucha sustancia que intente ponerle al asunto crítico, no expresa la profundidad que se le exige al estadista.

Esto es particularmente preocupante frente a una crisis que ha producido 70 mil muertes según estimaciones no verificadas aún, y de las que su administración es en parte un responsable mayor, tal como lo han sido China, Francia, Reino Unido y Rusia, los otros miembros permanentes del Consejo de Seguridad que han sido incapaces de encontrar la salida política.

La línea roja fue atravesada por Benjamín Netanyahu, el jefe de estado israelita, que reconocidamente tenía la ambición de liquidar a Yasser Arafat. Ahora está obsesionado con liquidar a Basher el Assad y al estado Sirio. Esta vez se ha encontrado con la fuerza de un ejército nacional de envergadura y el rasgo de autonomía e independencia del pueblo sirio. Los combates continúan alrededor de Damasco. Es el turno de la nueva asociación de estados independientes bajo la égida de BRICS para persuadir a Estados Unidos y la Alianza Transatlántica a detener el actual intervencionismo en Siria e impulsar el verdadero diálogo político.

A las 5. 30 de la madrugada mientras despuntaba el domingo, un empleado del municipio recoge pausadamente la basura de la calle Mayssaloun, en el centro de la ciudad, quizás ignorando lo sucedido. La noche no ha dormido con los estruendos. Es la batalla por Damasco. Otra más como la de julio del año pasado. Quizás sea la última, es lo único que los sirios desean.

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Las tres velocidades de la crisis y su bifurcación

Lun, 06/05/2013 - 09:01
Oscar Ugarteche, Ariel Noyola Rodríguez, AlaiNet

Para la segunda mitad de 2012 el ritmo de la economía mundial mostraba dos velocidades: de un lado, Estados Unidos y Europa con crecimiento económico cercano a cero debatiéndose entre el ‘precipicio fiscal’ y el ‘riesgo soberano’; de otro lado, las economías emergentes, con tasas de crecimiento positivas –en vías de desaceleración- si bien con riesgos crecientes efecto de la apreciación cambiaria ligada al flujo de capitales de corto plazo y la disminución de la actividad económica de los países avanzados.

Sin embargo, de acuerdo al informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), Perspectivas[1] de abril de 2013, la crisis se regionaliza y pasa de dos, a tres velocidades: 1) recesión en Europa, 2) repunte con volatilidad en las economías emergentes y 3) débil recuperación en Estados Unidos.

La ‘fatiga del ajuste’ se ha puesto de manifiesto en Europa con crisis política (Italia), incertidumbre financiera (Chipre se suma a la ecuación), tasas de paro en niveles históricos y depresión del mercado intrarregional. La actividad económica se contraerá 0.25% -incluyendo Alemania- en lugar de expandirse 0.25% como había registrado el Fondo en octubre de 2012. El propio José Manuel Durão Barroso, presidente de la Comisión Europea, reconoce que la austeridad ‘alcanzó su límite’ en línea con el descrédito de trabajos ‘científicos’ como Crecimiento en tiempos del endeudamiento de Reinhart y Rogoff, donde el endeudamiento público es concebido como el peor de los males posibles.

Estados Unidos por su parte, pareciera ‘despegarse’ de la tendencia seguida por Europa: datos favorables en el mercado de trabajo colocan la tasa de desempleo por debajo de 8%, recuperación del crédito bancario, repunte del mercado inmobiliario y mayor solidez de los balances ‘fortalecen’ la recuperación. No obstante, el FMI niega obtusamente la gestación de burbujas financieras en Wall Street –cuyos principales índices, Nasdaq, Dow Jones y S&P han alcanzado sus niveles previos a la crisis sin recuperación en el consumo y el empleo– si bien reconoce ‘señales de ingeniería financiera’ inusuales en los últimos meses mediante la recompra de acciones con fondos captados por la vía de la emisión de títulos de deuda. En contraposición, el Informe sobre la Estabilidad Financiera Mundial[2] resalta que los ejercicios de flexibilización cuantitativa emprendidos por la Reserva Federal, el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón aumentan la avidez de los inversionistas por activos financieros más riesgosos e incrementan el riesgo de liquidez en las economías emergentes.

Para Asia se prevé un repunte del crecimiento para 2013 de 5.7% producto de un mayor dinamismo en la demanda interna y alguna recuperación de la demanda externa en tanto el reciente reajuste cambiario del yen frente al resto de las monedas de la región podría desatar una guerra de divisas. La política monetaria nipona se encuentra en dilema: de un lado continuar con la inyección de liquidez para generar inflación en un contexto deflacionario; de otro el riesgo de cesación de pago de la deuda cuando la tasa de interés suba efecto del aumento de la inflación en el marco de una deuda total de 245% del PIB que absorbe el 40% del presupuesto nacional.[3]

En cuanto a América Latina (AL), si bien las perspectivas de crecimiento económico aumentan para 2013 a 3.25%, de 3% en 2012, la vulnerabilidad frente a los flujos de capitales transfronterizos permanece intacta. De ahí que Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL, considere[4] necesario el fortalecimiento de la integración financiera regional por dos vías: 1) implementando mecanismos de financiamiento contracíclicos de apoyo a la balanza de pagos y 2) aumentando la canalización de recursos para el financiamiento del desarrollo productivo.

El Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR) incluye únicamente a siete –Bolivia, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú, Uruguay y Venezuela– de las treinta y tres economías de la región. El reto está en ampliar este Fondo en términos tanto de volumen como de membresía. Bárcena considera que el FLAR, debería sumar 15,000 millones de dólares (mdd), actualmente es de 2,344 mdd. Nuestra apreciación es que el FLAR debería de poder contener estampidas cambiarias simultáneas de la región, exceptuando a Brasil y México y que esto requiere entre 50,000 y 100,000 mdd que podrían ser financiados mediante un ITF a los flujos de capital de corto plazo que actualmente suman 900,000 mdd anuales según el FMI. De acuerdo con Ocampo[5], con contribuciones de Brasil equivalentes al doble de los países con mayores aportes en la actualidad, el Fondo Regional alcanzaría una capacidad de crédito de 21,000 mdd, suficientes para cubrir 82% de las deudas de corto plazo. No obstante, subestima las deudas de corto plazo porque no toma en cuenta los flujos de las bolsas de valores en los países donde se emite deuda en moneda nacional comprada por extranjeros. La base de datos del FMI muestra esto claramente. Lo más significativo es el flujo de capital chileno en la bolsa de Sao Paulo y los flujos de paraísos fiscales en Sao Paulo, Lima, Bogotá y Caracas.

En suma, la leve recuperación estadounidense podría tener un impacto sobre las tasas de interés de ellos con los efectos laterales sobre los flujos de capital de corto plazo, que para algunos podría ser tan pronto como mediados del año en curso (LEAP/E2020, ídem) mientras Europa se entierra en una depresión económica y Japón intenta inyectarle inflación a su deflación para recuperar crecimiento del consumo y las exportaciones con un mejor tipo de cambio. Para AL los caminos a seguir se bifurcan: 1) fortalecer el proceso de integración financiera regional para reducir el posible impacto de la crisis y aumentar el mercado intrarregional de la mano de un proceso de desarrollo productivo incluyente o bien, 2) permanecer en la inercia esperando que el huracán pase de largo. La moneda está en el aire y mientras, la crisis sigue su curso.

Notas:
[1] Fondo Monetario Internacional. World Economic Outlook. Fecha de publicación: Abril (2013).
[2] Fondo Monetario Internacional. Global Financial Stability Report. Old risks, new challenges. Fecha de publicación: Abril (2013)
[3] LEAP/E2020. “Crisis sistémica global. Es declarada la guerra entre el ámbito económico-político y el financiero bancario” en GEAB No. 74. Fecha de publicación: 16-04-2013.
[4] Bárcena, Alicia. “América Latina necesita integración financiera regional frente a la volatilidad” en Infolatam. Fecha de publicación: 25-04-2013.
[5] Ocampo, José Antonio. La arquitectura financiera mundial y regional a la luz de la crisis. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Serie Macroeconomía del Desarrollo No. 131. Fecha de publicación: Marzo (2013).

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El decrecimiento: de la utopía a la necesidad

Sáb, 04/05/2013 - 14:27
Florent Marcellesi, La Marea

El crecimiento no es la solución, es el problema. En tiempos de recesión, la sociedad del crecimiento nos conduce al colapso económico y, en tiempos de bonanza, nos lleva directamente al colapso ecológico. Este “dilema del crecimiento” se traduce, o bien en tasas de paro y de pobreza socialmente inasumibles cuando la economía se hunde, o bien en la dilapidación acelerada de los combustibles fósiles, mayor cambio climático, crisis alimentaria y pérdida de biodiversidad cuando la economía rebrota. Para salir de esta “encrucijada del siglo XXI”, no nos valen ni el austericidio que se aplica en la actualidad ni un nuevo “pacto de crecimiento” (incluso pintado de color verde), por cierto, ambos impuestos desde arriba.

De todas maneras, ya no se trata únicamente de una cuestión ideológica. Guste o no, y por mucho que continúe habiendo grandes avances en tecnología, la era del crecimiento ha terminado. La decadencia estructural del crecimiento del Producto Interior Bruto —desde los niveles altos de los años 70 (¡tasas de hasta un 8% anuales en España!) a niveles bajos o negativos en estos momentos— indica que los países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), incluido el nuestro, van a salir del breve periodo de su historia en que su modelo económico, la paz social y el progreso se basaban en un aumento continuo e insostenible de las cantidades producidas y consumidas.

Ante esta realidad, es hora de poner en marcha una “prosperidad sin crecimiento”, entendida como nuestra capacidad de vivir bien y felices dentro de los límites ecológicos de la naturaleza. Esta tercera vía se basa en las siguientes premisas mínimas: redefinir de forma colectiva lo que llamamos riqueza y necesidades; reducir nuestra huella ecológica hasta que sea compatible con la capacidad del planeta; redistribuir el trabajo, las riquezas económicas, los cuidados, la tierra y los recursos naturales en base a la justicia social y ambiental; relocalizar la economía en circuitos cortos de consumo y producción; y desmercantilizar gran parte de nuestras actividades.

Para alcanzar estos objetivos, tenemos que ejercer el poder que está en nuestras manos. Desde abajo y de forma cooperativa, existen numerosas iniciativas de soberanía alimentaria y agroecología, autosuficiencia energética, banca ética, monedas locales, ciudades en transición, etc, que desafían diariamente al coloso liberal-productivista con pies de barro y construyen ya la transición social, ecológica y ética de la sociedad. Este profundo cambio requiere además tejer redes entre todas estas “islas alternativas” para que se vayan conformando en archipiélagos, continente y, ojalá un día, en sistema-mundo.

Sólo tenemos un planeta pero para muchas generaciones, presentes y futuras, esta gran transformación no es una utopía, es una necesidad.
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Ver: Serge Latouche, teórico del decrecimientoUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Veinte señales de que la gran depresión ha comenzado en Europa

Ven, 03/05/2013 - 16:03
La próxima Gran Depresión está en plena marcha y de acuerdo a los datos que aporta The Economic Collapse, muchos de los desastrosos niveles alcanzados durante la Gran Depresión de los años 30 han sido superados como es el caso el desempleo que hoy sufren España y Grecia. A continuación, las 20 señales que indican que la Gran Depresión ha comenzado:

-#1 La tasa de desempleo ha subido, en Francia, al 10 por ciento y el número de pedidos de seguro por desempleo se encuentra en un nuevo récord histórico.

-#2 El desempleo en la Zona Euro en su conjunto registra un récord del 12,1%.

-#3 Hace dos años, la tasa de desempleo en Portugal era del 12%; ahora es de alrededor del 17%.

-#4 La tasa de desempleo en España ha alcanzado el récord del 27%. Incluso durante la depresión de los años 30, en Estados Unidos, el desempleo no había llegado a ese nivel.

-#5 La tasa de desempleo, en España, entre los jóvenes menores de 25 años, ha alcanzado la tasa inimaginable del 57,2%.

-#6 La tasa de desempleo en Grecia ha alcanzado la tasa del 27,2%. Incluso durante la depresión de los años 30, en Estados Unidos, el desempleo no había llegado a ese nivel.

-#7 La tasa de desempleo en Grecia entre los menores de 25 años ha llegado al escalofriante 59,3%.

-#8 La venta de automóviles en Francia fue, en marzo, un 16% inferior a la del año anterior.

-#9 La venta de automóviles en Alemania fue, en marzo, un 17% inferior a la del año anterior.

-#10 En los Países Bajos, la deuda de los consumidores es del 250% de su ingreso disponible.

-#11 La producción industrial de Italia se hundió a un descomunal 25% en los últimos cinco años.

-#12 Las firmas que han presentado pedidos de quiebra, en España, es 45% mayor de lo que era hace un año.

-#13 Desde 2007, el valor de los préstamos incobrables ha aumentado, en Europa, un 150%.

-#14 Los retiros de depósitos, en Chipre, se duplicaron en marzo respecto de febrero, a pesar de que los bancos estuvieron cerrados la mitad del mes.

-#15 Debido al derrumbe absoluto de la vivienda, en España hay tres millones de vivienda vacías.

-#16 Las cosas van tan mal en España que edificios enteros se encuentran tomados por ocupantes ilegales. Un complejo de apartamentos de 285 unidades en Parla, a menos de una hora en coche de Madrid, debe ser un objetivo ideal para los inversores que buscan inmuebles baratos en España. Por desgracia, las dos terceras partes del edificio genera ingresos cero porque está invadido por los ocupantes ilegales.
"Esto está sucediendo en todo el país", dijo José María Fraile, alcalde de la ciudad, que estima que 100 departamentos tienen contratos de alquiler, y no todos los inquilinos están pagando. "Las personas pierden sus puestos de trabajo, no pueden pagar las hipotecas o el alquiler y pierden sus hogares... esto ha producido una oleada de invasores." -#17 El hambre infantil en Grecia ha alcanzado tales proporciones que los maestros informan que los niños hambrientos le piden comida a sus compañeros de aula.

-#18 En Italia, la deuda pública supera el 136% del PIB.

-#19 El 25% de los activos bancarios en Gran Bretaña se encuentran en bancos cuya relación activo-capital es de 40 a 1.

-#20 El gigante bancario alemán, Deutsche Bank, tiene 55 billones de euros (más de 72 billones de dólares) expuestos a los productos financieros derivados. Pero el PBI de Alemania es, solamente, de 2,7 billones de euros.

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Debilidad de la recuperación comienza a alimentar nuevos temores en la economía mundial

Xov, 02/05/2013 - 06:21

El debilitamiento conjunto de China, Europa y Estados Unidos, sugiere que las esperanzas de una recuperación económica vuelven a desvanecerse alimentando con ello nuevos temores. El índice manufacturero de China cayó a 50,6 en abril desde 50,9 en marzo; en Estados Unidos, la expansión del sector manufacturero se deslizó a 50,7 puntos en abril desde los 51,3 puntos de marzo. La contracción del crecimiento económico global golpeó fuerte a estos dos países que en conjunto equivalen a la cuarta parte del PIB mundial. Si incluimos los datos de Japón y Europa (en fuerte declive),vemos que mas del 50 por ciento del PIB mundial está en problemas.

La perspectiva de una nueva desaceleración en Estados Unidos y China es particularmente preocupante dado que se requiere un crecimiento en ambos países para ayudar a compensar la recesión en la zona euro. Las preocupaciones sobre el desarrollo de la economía de Estados Unidos se profundizaron aún más tras los decepcionantes datos de la construcción y la industria. A pesar de estos malos datos, la Reserva Federal insistió en que su actual programa de flexibilización cuantitativa (QE) es suficiente y aporta a la economía todo el apoyo que necesita. Todo se deja a la política monetaria y no hay ninguna intención de dar protagonismo a la política fiscal.

Sin embargo, no existe en verdad ninguna evidencia de que las políticas monetarias estén activando la recuperación en Estados Unidos dado que sólo postergan los problemas reales. Este fenómeno ha comenzado a verlo hasta el FMI, al reconocer que la recuperación no es lo suficientemente robusta "para generar puestos de trabajo para los millones de personas que han caído en el desempleo en los últimos cinco años". También comenzó a señalar los riesgos que enfrenta la recuperación global, en la cual puede diluirse la ventaja que llevaban los países asiáticos. El deterioro de las perspectivas de la economía de China, Europa y Estados Unidos, vuelve a alimentar los temores mundiales.

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