Jaque al neoliberalismo

Distribuir contido
Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger5392125
Actualizado: fai 19 horas 6 min

La maldición de los rascacielos

Dom, 10/05/2015 - 00:33

El mundo está en medio de un auge de rascacielos. El año pasado, cerca de 100 edificios de más de 200 metros de altura fueron construidas, más que nunca antes. Este año la capital de China dará la bienvenida a la Torre de Shanghai, que será el segundo edificio más alto del mundo. Arabia Saudita está construyendo Union Tower, que será el edificio más alto del mundo (y el doble de la altura del Centro Mundial de Comercio de Nueva York, el edificio más alto de Estados Unidos). ¿Asegura un oscuro presagio este frenesí de la construcción para la economía mundial? Varios académicos y expertos citados por The Economist, han sostenido la tesis de "la maldición de los rascacielos", aunque una nueva investigación la pone en duda.

En 1999 Andrew Lawrence, de Dresdner Kleinwort Benson, un banco de inversión, identificó la que llegó a ser conocida como la "maldición de los rascacielos". Lawrence notó una curiosa correlación entre la construcción de los edificios más altos del mundo y las crisis económicas. La inauguración del edificio Singer y la Torre Life Metropolitan de Nueva York, en 1908 y 1909 respectivamente, más o menos coincidió con el pánico financiero de 1907 y la posterior recesión. El Empire State Building abrió sus puertas en 1931, en medio de la Gran Depresióny pronto fue apodado el "Empty State Building". Las Torres Petronas de Malasia se convirtió en el edificio más alto del mundo en 1996, justo antes de la crisis financiera asiática de 1997. El Dubai Burj Khalifa, actualmente el edificio más alto del mundo, abrió sus puertas en 2010 en medio de la crisis financiera global.

Los Rascacielos pueden ser altamente rentable, ya que permite habilitar un gran espacio a partir de un limitado pedazo de tierra. Pero en algún momento los pisos adicionales dejan de ser un buen negocio, ya que los costos marginales -por más ascensores y acero- aumentan más rápido que los ingresos marginales (rentas o ventas). William Clark (economista) y John Kingston (arquitecto), escribieron en 1930, que la altura de maximización de beneficios de un rascacielos en el centro de Nueva York en la década de 1920 era de 63 plantas. (La altura ideal probablemente no es muy diferente hoy en día.) Por lo tanto, los récord de rascacielos pueden ser vistos como una indicación de que algún entusiasta inversor está sobreestimando los probables resultados futuros de su nueva construcción.

De hecho, los constructores pueden levantar torres de alturas récord a pesar de que saben que son económicamente ineficientes. Hay, después de todo, un cierto cachet a tener un edificio muy alto con su nombre en él. En 1998, el magnate Donald Trump presentó un plan para construir el edificio residencial más alto del mundo, y logró hacer realidad su capricho: "Siempre he pensado que Nueva York debe tener el edificio más alto del mundo", proclamó. Si este tipo de proyectos pueden obtener financiación, es una muestra de que los mercados financieros están fuera de control y tarde o temprano sufrirán una fuerte corrección. La Torre del señor Trump abrió justo cuando estalló la burbuja de las puntocom.
________
Tomado de The Economist
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Europa pone fin al secreto bancario y acelera la represión financiera

Ven, 08/05/2015 - 08:00

En medio de la peor crisis financiera de la historia la Unión Europea está aplicando medidas que parecieran estar sacadas de las páginas más oscuras de la novela de George Orwell, 1984. La idea del economista de Harvard, Kenneth Rogoff, de terminar con el dinero en efectivo está cobrando fuerza al interior de los líderes de la UE con la misma rapidez con la cual su trabajo sobre la deuda desató los planes de austeridad. De nada sirvió demostrar la manipulación de datos realizada por Rogoff y Reinhardt para llegar a las conclusiones que favorecían la aplicación de los planes de empobrecimiento draconiano. Esta vez, junto al economista jefe de Citigroup han deslizado la receta perfecta para los planes de Jean Claude Juncker: terminar el secreto bancario y acabar con la privacidad del contribuyente con nuevas medidas de represión financiera.

Leer másUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Las cifras de la deuda

Xov, 07/05/2015 - 17:07
Jérôme Duval, elsalmoncontracorriente.es/

La nueva publicación del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), Las cifras de la deuda 2015, ahora disponible en español, francés e inglés, constituye un documento de especial relevancia para cualquier persona que quiere investigar o simplemente tener a su alcance herramientas para combatir las desigualdades, consecuencias de un sistema capitalista devastador basado en el endeudamiento.

Tal y como establece el manifiesto político de la red internacional del CADTM, «tanto en el Norte como en el Sur del planeta, la deuda constituye un mecanismo de transferencia de riquezas creadas por los trabajadores y trabajadoras y los pequeños productores y productoras a favor de los capitalistas. El endeudamiento es utilizado por los prestamistas como un instrumento de dominación política y económica». Ahí se pueden observar desigualdades enormes recordando el famoso lema “somos el 99%” del movimiento Occupy Wall Street, de la ’clase pueblo’ en contra de la clase capitalista, el poderoso 1% restante. Así, la publicación recopila muchísimos datos como el que nos dice que “En 2013, el 0,7 % de la población mundial acaparaba el 41 % de la riqueza mundial mientras que el 68,7 % de la población tenía une riqueza conjunta de apenas el 3% del total mundial.”

En la misma línea, aprendemos que “en el continente africano, el 0,01% de la población se reserva el 60% del PIB africano”. ¡Una desigualdad tan explosiva solo puede provenir de una explotación brutal! Como mencionan los autores, los planes de ajuste estructural y otros planes de austeridad ligados a préstamos, “constituyen una máquina de guerra que tiene por objetivo destruir todos los mecanismos de solidaridad colectiva y someter todas las esferas de la vida humana a la lógica mercantil.” Estos mecanismos de endeudamiento obedecen a intereses imperialistas y son utilizados para someter y vigilar a los gobiernos y sus pueblos.

Como en las ediciones anteriores [3], el CADTM persigue el doble objetivo de proponer, por una parte, un análisis crítico y riguroso y, por otra, una denuncia de los fines y resultados nefastos del “sistema deuda” en todos los países. La lectura del documento, enriquecido con numerosas tablas y gráficos, nos lleva a entender cómo los ricos acreedores acaparan las riquezas producidas en detrimento de la mayoría de la población, nos permite desmontar el discurso dominante y luchar para acabar con el lastre de la deuda. Pues, contrariamente al discurso mediático y las afirmaciones de los dirigentes europeos, el actual incremento de la deuda pública en Europa fue posterior al sobreendeudamiento privado: Ha sido primero una crisis de la deuda privada que luego se transformó en crisis de deuda pública vía la socialización de pérdidas.

Las cifras de la deuda 2015 describe una breve historia de la crisis de la deuda (aumento de la deuda pública desde finales de los años 1960 hasta la crisis de la deuda y cesación de pagos en 1982) y los dos factores principales que llevaron a los pueblos de los PED a la trampa de la deuda: aumento de intereses y bajada de precios de materias primas. Dos tendencias que todo indica que podrían volver a repetirse. Se subraya también el rol y nefasto impacto que tienen los organismos financieros multilaterales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial o el Club de París) y los grandes grupos financieros internacionales sobre el desarrollo de los países, comprometiendo la soberanía y la democracia. La regla ’un dólar, un voto’, que persiste tanto en el FMI como en el Banco mundial desde su creación, pone en evidencia la supremacía de la potencia de los EEUU en aquellas instituciones, otorgándole el mayor derecho de voto al país norteamericano, lo que impide cualquier cambio que contravenga a sus intereses. También, en otra sección, se apunta al fracaso de la iniciativa de PPME (Países Pobres Muy Endeudados) lanzada en 1996 por el Banco Mundial y el FMI que concierne a tan sólo un 11% de la población total de los Países en Desarrollo (PED) y que no consiguió aliviar los desembolsos de estos países hacia sus acreedores.

El informe también aborda diversos aspectos estructurales o coyunturales. Temas cruciales como la salida al escenario mundial de China como país acreedor, las crisis alimentaria y climática, los fondos buitre, el carácter regresivo de la fiscalidad y, como consecuencia, la falta de recaudación tributaria de los ingresos y rentas altas, las desigualdades salariales de género y otros factores que no hacen más que desembocar en una mala repartición de la riqueza, profundizando las desigualdades generadoras de endeudamiento, la extrema pobreza y el hambre para millones de personas.

Si nos centramos en los recursos destinados al reembolso de la deuda, observamos una hemorragia sangrante de capitales hacia los acreedores. A menudo, una parte importante de este reembolso cabe bajo la definición de deuda odiosa y, según el derecho internacional, no debería ser reembolsada por haber sido contraída en ausencia de consentimiento de la población, en ausencia de beneficio para ella y en conocimiento por parte de los acreedores. A pesar de que muchos países siguen reembolsando esas deudas odiosas (y piden nuevos préstamos para eso, o sea se endeudan para reembolsar antiguas deudas), la foto a nivel global nos enseña una barbaridad poco difundida en manuales escolares o en medios que se autoproclaman “de información”: Los denominados países en desarrollo (PED) destinan más dinero a sus acreedores ubicados en “países desarrollados” - o mejor dicho industrializados - que lo que reciben en préstamos o donaciones, y no la inversa como en principio cabría esperar. En concreto, entre 1985 y 2012, las Administraciones Públicas de los PED transfirieron a los países industrializados del norte, el equivalente a 2,5 veces el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa después de la segunda guerra mundial. Se trata de una transferencia neta de recursos negativa, ya que el deudor ha transferido una cantidad de dinero mayor a sus acreedores que la recibida como nuevos créditos. Este concepto es clave a la hora de contestar ¿Quién debe a quién?

Así, durante el periodo 1985 – 2000, las administraciones públicas de los países de África del norte, de África subsahariana y de Oriente Medio reembolsaron 61.000 millones de dólares más de lo que habían recibido durante ese mismo periodo. Los montos totales de la deuda externa de estos países en su conjunto se multiplicaron por 73 entre 1970 y 2012 mientras pagaron 145 veces la cantidad inicial que se debía en 1970. Se trata de una hemorragia sangrante. El CADTM nos advierte que esas transferencias deberían resultar aún más negativas si tomamos en cuenta en el análisis lo que podríamos añadir como la fuga de capitales, el coste de la fuga de cerebros, un cálculo del saqueo de los recursos naturales, etc.

Por otra parte, aberraciones reveladas en este precioso documento, como el hecho de que, para el año 2012, los PED reembolsaron a los acreedores 182.000 millones de dólares, mucho más que los 133.000 millones de dólares que “recibieron” como Ayuda oficial al desarrollo (AOD), permite relativizar el discurso paternalista occidental. Así, por ejemplo, la ayuda para el desarrollo para Oriente Medio en 2012 fue a parar casi en su totalidad al pago del servicio de la deuda externa. En 2012, la repatriación de los beneficios de las empresas en África, el continente más empobrecido del planeta, representó el 5% de su PIB contra el 1% de la Ayuda pública al desarrollo. Además, cabe distinguir entre ayuda real y ayuda fantasma, sabiendo que una gran parte de dicha “ayuda” esta compuesta de alivio de deuda y, como simple ejercicio contable, nunca llega a los países empobrecidos, supuestos destinatarios.

Al respecto de los países de Europa, se menciona a los bancos rescatados con ayudas públicas, sus beneficios privados y el enorme aumento de sus activos que pone en riesgo la estabilidad de las economías europeas. En España vemos cómo la parte del gasto público dedicado al pago de los intereses de la deuda casi se duplicó, pasando de 3,9% en 2008 al 6,4% en 2012, mientras el presupuesto afectado a educación y sanidad disminuyó (entre 2009 y 2011) un 13% y un 11% respectivamente. En Grecia, para “honrar” el pago de la deuda, la masa salarial del sector público pasó de 24.500 millones de euros a 15.800 millones entre 2009 y 2013 con cerca de 277.000 empleos menos. La prohibición a los bancos centrales de actuar como prestamistas ante los Estados (artículo 21.1 del estatuto del BCE) no hace más que encarecer la financiación por parte de dichos Estados. Así lo menciona el estudio citando a Olivier Bonfond: “...si Bélgica hubiera podido tener prestamos al 1% del Banco Central, la deuda pública habría pasado del 135% del PIB en 1992 al 34% del PIB en 2012 (…) Bélgica habría ahorrado 248.000 millones de euros entre 1992 y 2012.”

En fin, la moratoria, la auditoría ciudadana de la deuda y la anulación de la parte definida como ilegítima son expuestas como respuestas posibles y necesarias a la crisis que padecemos. La auditoría ciudadana debe poner en evidencia las sumas dedicadas al pago de una deuda en muchos casos odiosa, ilegal, insostenible o ilegítima, en detrimento de los derechos y necesidades fundamentales de la población. Se pone el ejemplo del informe del Colectivo para una auditoría ciudadana de la deuda pública francesa (CAC) que llegó a la conclusión de que el 59% de la deuda francesa resulta ilegítima por provenir principalmente de regalos fiscales y de unos tipos de interés excesivos.

Estos procesos de auditorías pueden ayudar a los países endeudados a tomar una decisión unilateral y soberana, dado que tienen poco control sobre su deuda, ya que a menudo, ésta se expresa en otras monedas o está sujeta a la legislación de otros países (cuyas jurisdicciones son, con frecuencia, más favorables a los acreedores). El CADTM lo reivindica como una respuesta necesaria a la hora de retomar la soberanía perdida, permitiría a los pueblos decidir sobre la utilización de sus recursos provenientes de su trabajo y reconquistar un poder popular en el sentido verdaderamente democrático.

Pero el CADTM no quiere pararse aquí y plantea la lucha contra el “sistema deuda” en el marco de una resistencia por un mundo liberado de todas formas de opresión y explotación. “Atacar a los fundamentos del poder de las finanzas significa el desmantelamiento de esos mecanismos y, por lo tanto, la anulación de la deuda pública”, interpela François Chesnais (Tobin or not Tobin, L’Esprit Frappeur, Paris, 1998) en una cita, pues aquí, la lectura de este documento constituye un avance de comprensión y conciencia del problema que padecen los pueblos, siendo un primer paso hacia la acción.
________

Las Cifras de La Deuda 2015

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Crisis de liquidez es la nueva amenaza de la economía mundial

Xov, 07/05/2015 - 08:00
Mientras la crisis de Grecia sigue sin resolverse y se intensifica la presión por la deuda, la liquidez del sistema financiero se adelgaza creando nuevos miedos en los mercados. Puede resultar una paradoja que la crisis financiera en ciernes sea desatada por una crisis de liquidez en momentos en los bancos centrales de todo el mundo han vertido fuertes inyecciones de liquidez para luchar, entre otras cosas, con la deflación. El volumen de estas inyecciones alcanza la histórica cifra de 20 billones de dólares (U$D 20000000000000), más del 25 por ciento de todo el PIB mundial. Pero la evolución de los mercados financieros y su delgadez de crédito, unido al precario nivel de crecimiento, es el presagio de que la falta de liquidez anuncia sombríos tiempos por delante.

Leer másUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

¿Cambiará la estrategia de Syriza?

Mér, 06/05/2015 - 14:47
Alejandro Nadal, La Jornada

El 25 de enero el pueblo griego votó por un partido político que ofreció terminar con el absurdo paquete de ajuste pero sin abandonar la unión monetaria. La estrategia de negociación de Syriza con sus socios en Europa y el FMI ha estado basada en la idea de que estos dos objetivos son conciliables. La dureza en las negociaciones, especialmente en Riga, capital de Letonia, ha demostrado que esta estrategia ha llegado a su límite.

Para Syriza es posible dar fin al régimen de subordinación económica impuesto por la troika (Banco Central Europeo, la Comisión de la UE y el Fondo Monetario Internacional) sin salir de la unión monetaria. Por otra parte, la mayoría del electorado griego no desea ver a su país retirarse de la unión monetaria. Las encuestas antes y después de las elecciones confirman que Syriza no hubiera salido victorioso si en su campaña hubiera ofrecido salir del euro.

Por eso en las negociaciones sobre el futuro de Grecia en la eurozona los líderes de Syriza han siempre señalado que no tienen un mandato para salir de la esfera del euro. Pero la pregunta que hoy se hacen algunos miembros de Syriza (entre ellos Costas Lapavitsas) es si esa restricción no es un estorbo para avanzar en las negociaciones. El endurecimiento de las posturas de los acreedores y la troika es un llamado a enfrentar la realidad. El gobierno de Tsipras no está en un seminario académico en el que un análisis más o menos robusto permite salir adelante.

La realidad es que el equipo negociador de Syriza ha estado convencido de que con un discurso racional podría convencer a sus interlocutores de las instituciones (palabra que se introdujo para no hablar más de la troika) sobre las bondades de proceder a una restructuración de la deuda griega y a un relajamiento de las condiciones del paquete de reformas (especialmente en lo relativo al superávit primario). Grecia podría aspirar a regresar a la senda de crecimiento y el castigo sobre el pueblo griego se reduciría notablemente. A cambio, Grecia permanecería en la unión monetaria, con lo que se evitaría el riesgo de contagio y el surgimiento de dudas existenciales sobre el futuro del euro.

La verdad es que el planteamiento es poco realista. La idea de que la unión monetaria se podría reformar desde adentro, conduciendo a un esquema de integración más saludable y digamos, amistoso para con los pueblos de Europa es una meta apreciable. Pero el análisis de los requisitos macroeconómicos medulares que constituyen los fundamentos de la unión monetaria, así como de la posición de debilidad en la que se encontró Syriza tan pronto llegó al gobierno, indica claramente que ese objetivo no se puede alcanzar sin cambios más profundos en el paisaje político europeo.

A finales de febrero Syriza tuvo que llegar a un acuerdo que extendió por cuatro meses el arreglo existente con las instituciones. Pero a cambio el nuevo gobierno cedió mucho terreno: en materia de austeridad aceptó un superávit adecuado y no realizar acciones unilaterales que pudieran comprometer las metas fiscales del acuerdo. Ese fue un mal arreglo y Syriza deberá enfrentar las próximas negociaciones con un esquema distinto. En especial, deberá comenzar a pensar seriamente en romper la camisa de fuerza que representa el ideal de reformar desde adentro a la unión monetaria.

Mientras Syriza insista en dejar fuera del marco de sus posibilidades salirse de la esfera del euro y recuperar su autonomía monetaria, las autoridades y las élites europeas le seguirán sometiendo a un duro castigo. No podrá obtener liquidez para seguir funcionando y el sistema de pagos griego seguirá siendo un rehén de las instituciones, como ya lo han demostrado los últimos desplantes de la señora Merkel y las medidas adoptadas por el Banco Central Europeo. Parecería que la estrategia de las clases dominantes en Alemania y Europa consiste en mantener a Grecia en la cámara de tortura por un largo tiempo.

La salida del euro entraña un alto costo, especialmente porque la moneda sucesora sufriría automáticamente una fuerte devaluación. Pero es importante compararla con el costo de la devaluación interna que ya ha conducido a la crisis humanitaria de la que hablan los líderes de Syriza. Además, el sector externo griego no es tan vulnerable como algunos piensan. Por otra parte, el establecimiento de controles sobre flujos de divisas y movimientos de capitales ayudaría a mantener la devaluación dentro de límites tolerables. Adicionalmente, habría que considerar inmediatamente la nacionalización de la banca o, por lo menos, la intervención gerencial de todos los bancos.

Entre las ventajas de la salida de la camisa de fuerza que actualmente representa el euro no sólo está la recuperación de la autonomía monetaria (y fiscal), sino también la restructuración de la deuda griega, tanto en lo que concierne a los montos de principal, como en la renegociación de plazos y tasas de interés. La negociación se podría llevar a cabo ya sin sufrir la presión que la troika ha venido imponiendo a su gusto.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Nouriel Roubini: El dólar se une a la guerra de divisas

Mér, 06/05/2015 - 07:00
Nouriel Roubini, Project Syndicate

En un mundo en el que la demanda interna de muchas economías avanzadas y mercados en ascenso es débil, las autoridades han sentido la tentación de impulsar el crecimiento económico y el empleo inclinándose por el crecimiento propiciado por las exportaciones. Para ello, hace falta una divisa débil y políticas monetarias ortodoxas y heterodoxas que provoquen la necesaria depreciación.

Desde el comienzo de este año, más de veinte bancos centrales de todo el mundo han relajado la política monetaria, siguiendo el ejemplo del Banco Central Europeo y del Banco del Japón. En la zona del euro, los países de la periferia necesitaban la debilidad de la divisa para reducir sus décifits exteriores y hacer arrancar el crecimiento, pero la debilidad del euro desencadenada por la relajación cuantitativa ha aumentado aún más el superávit por cuenta corriente de Alemania, que ya ascendía a un enorme ocho por ciento del PIB el año pasado. Como los superávits exteriores están aumentando también en otros países del núcleo de la zona del euro, el desequilibrio general de la unión monetaria es grande y va en aumento.

En el Japón, la relajación cuantitativa fue el primer “arco" de la “Abenomía”, el programa de reformas del Primer Ministro, Shinzo Abe. Su lanzamiento ha debilitado profundamente el yen y ahora está empezando a aumentar los superávits comerciales.

La presión exterior a que ha estado sometido el dólar de los Estados Unidos debida a la adopción de la relajación cuantitativa por parte del BCE y el Banco del Japón ha sido intensa. El dólar se ha fortalecido también frente a las divisas de los países avanzados exportadores de productos básicos, como Australia y el Canadá, y las de muchos mercados en ascenso. En esos países, la bajada de los precios del petróleo y de los productos básicos ha desencadenado depreciaciones de las divisas que están contribuyendo a proteger el crecimiento y los puestos de trabajo de los efectos de unas exportaciones menores.

El dólar ha subido también frente a divisas de los mercados en ascenso con fragilidades económicas y financieras: déficits fiscales y de cuenta corriente, aumento de la inflación y desaceleración del crecimiento, grandes acumulaciones de deuda interna y externa e inestabilidad política. Incluso China permitió brevemente que su divisa se debilitara frente al dólar el año pasado y un lento aumento de la producción puede tentar al Gobierno a dejar que el renminbi se debilite aún más. Entretanto, el superávit comercial vuelve a aumentar, en parte porque China esta inundando los mercados mundiales con su oferta de productos básicos sobrantes, como el acero.

Hasta época reciente, las autoridades de los EE.UU. no estaban demasiado preocupadas por la fuerza del dólar, porque las perspectivas de crecimiento de los Estados Unidos eran mayores que las de Europa y del Japón. De hecho, al comienzo de este año había esperanza de que la demanda interna de los EE.UU. fuera lo bastante fuerte este año para apoyar el aumento del PIB en casi un tres por ciento, pese a la fortaleza del dólar. Unos menores precios del petróleo y una menor creación de empleo –se pensaba– mejorarían los ingresos disponibles y el consumo. El gasto en bienes de capital (excluido el sector energético) y la inversión en vivienda se fortalecerían con el crecimiento acelerado.

Pero ahora la situación parece diferente y las autoridades de los EE.UU. se están poniendo cada vez más nerviosas respecto del tipo de cambio. El dólar se apreció mucho más rápidamente de lo que se esperaba y, como indican los datos correspondientes al primer trimestre de 2015, las repercusiones de las exportaciones netas, la inflación y el crecimiento han sido mayores y más rápidas de lo que daban a entender los modelos estadísticos de las autoridades. Además, no ha llegado a materializarse una fuerte demanda interna, el aumento del consumo fue débil en el primer trimestre y el gasto en bienes de capital y la inversión en vivienda fueron aún más débiles.

A consecuencia de ello, los EE.UU. se han incorporado de hecho a la “guerra de las divisas” para impedir una mayor apreciación del dólar. Los funcionarios de la Reserva Federal han empezado a hablar explícitamente del dólar como un factor que afecta a las exportaciones, la inflación y el crecimiento netos. Y las autoridades de los EE.UU. han empezado a mostrarse cada vez más críticas con Alemania y la zona del euro por adoptar políticas que debilitan el euro y eludir las que impulsan la demanda interna: por ejemplo, el estimulo fiscal temporal y un aumento más rápido de los salarios.

Además, a la intervención verbal seguirán medidas normativas, porque el crecimiento más lento y la inflación baja –en parte, desencadenados por un dólar fuerte– inducirán a la Reserva Federal a tardar más en abandonar la política de tipo de interés cero y hacerlo más lentamente de lo esperado. Así se corregirán algunas de las subidas recientes del dólar y se protegerá el crecimiento y la inflación contra los riesgos de empeoramiento.

Las fricciones sobre las divisas pueden acabar provocando más adelante fricciones comerciales y las guerras de divisas pueden acabar en guerras comerciales, lo que podría crear problemas a los EE.UU. en su intento de concluir el Acuerdo de Asociación Transpacífico. La incertidumbre sobre si el gobierno de Obama podrá conseguir votos suficientes en el Congreso para ratificar el AAT se ha complicado, además, por una propuesta de legislación que impondría aranceles a los países que practiquen la “manipulación de la divisa”. Si se impusiera la introducción de ese vínculo entre las políticas comercial y monetaria en el AAT, los participantes asiáticos se negarían a adherirse a él.

Si la mayoria de los gobiernos aplicaran políticas que impulsasen el crecimiento mediante la demanda interna, en lugar de medidas exportadoras encaminadas a empobrecer al vecino, el mundo sería más próspero, pero, para ello, tendrían que depender menos de la política monetaria y más de unas políticas fiscales apropiadas (como, por ejemplo, un mayor gasto en infraestructuras productivas). Incluso las políticas de ingresos que aumentan los salarios –y, por tanto, la renta y el consumo de los trabajadores– son una fuente mejor de crecimiento interno que las depreciaciones de las divisas (que reducen los salarios reales).

La suma de todos los balances comerciales del mundo es igual a cero, lo que significa que no todos los países pueden ser exportadores netos y las guerras de divisas acaban siendo juegos de suma cero. Ésa es la razón por la que la entrada de los Estados Unidos en la liza era sólo cosa de tiempo.
_______
Ver también Una guerra de divisas global y en toda la regla

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Los nocivos efectos de los tratados de libre comercio

Mar, 05/05/2015 - 13:30
Andrés Peñaloza, Alainet

En abril se reportaron protestas internacionales contra los tratados de libre comercio (TLC´s), esas malditas constituciones que otorgan plenos derechos y garantías a los inversionistas privados y empresas transnacionales pero nulas obligaciones.

Los convocantes –fundamentalmente organismos no gubernamentales, sindicatos y partidos políticos en 45 países- pronosticaban unas 750 acciones alrededor del orbe. Aunque la mayoría de manifestaciones se registraron en ciudades europeas como Berlín, Múnich; Leipzig, Stuttgart, Francfort, Madrid, Varsovia, Praga, Helsinki, entre otras, también se habían planeado acciones en ciudades de Estados Unidos, Brasil, Colombia, Burkina Faso, Zimbabue, Pakistán y Bangladesh.

En países de la Unión Europea crece el rechazo social a las negociaciones gubernamentales-corporativas, para suscribir un Tratado de Libre Comercio e Inversiones Trans-Atlántico entre los Estados Unidos y la Unión Europea (Transatlantic Trade and Investment Partnership –TTIP-), dirigido a socavar derechos humanos, ambientales, de cuidado a la salud y al consumidor, de democracia y soberanía, mediante la supresión de las barreras aduaneras, liberalizaciones en servicios y homologación normativa entre Estados Unidos y Europa.

Además del TTIP, las convocatorias llamaban a protestar contra otros tratados de libre comercio como el tratado en comercio de servicios (en inglés Trade in Services Agreement, TISA de la Organización Mundial de Comercio –OMC-), un acuerdo para liberalizar el comercio de servicios que afecta a 23 países, incluidos Estados Unidos, la UE, Uruguay, México, entre otros.

En México, la resistencia a los TLC´s se produjo desde el momento en que se hicieron públicas las intenciones de adherir al país a la zona de libre comercio establecida por Estados Unidos y Canadá en 1989. Una vez concretado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) el alzamiento zapatista en el sureste mexicano el 1 de enero de 1994, fecha en que se prometía el ingreso al “primer mundo” con la entrada en vigor de este tratado de muerte, saqueo, militarización y sufrimiento para millones de compatriotas pero también de herman@s centroamerican@s que intentan todos los días cruzar la frontera hacia los Estados Unidos.

¿Dónde están los empleos seguros y bien pagados y sus beneficios multiplicadores que iban a traer las inversiones extranjeras y el comercio liberalizado en los TLC´s? Se preguntan, sin saber pero intuyendo las respuestas, los más de un millón de damnificados del libre comercio que intentan abrazar el “sueño americano” devenido en víacrucis y a menudo en un verdadero infierno.

Justo el sábado 18 de abril, coincidente con la jornada internacional contra los TLC´s y los Tratados Bilaterales de Inversión –TBI- (en México conocidos como APPRIS: acuerdos de promoción y protección recíproca de inversiones) arribó el contingente del Víacrucis del Migrante Fronteras Aliadas, encabezando por el cura Alejandro Solalinde y unos 300 migrantes, en su mayoría de países del istmo centroamericano, a la basílica de Guadalupe.

Tras sortear los intentos policiacos para impedirles salir de Ixtepec, Oaxaca hacia la capital mexicana los participantes en el Víacrucis del Migrante Fronteras Aliadas cargan cruces de madera para simbolizar el martirio que les representa la política migratoria teleciana, actualmente expresada en el Plan Frontera Sur, y denunciar los atropellos, vejaciones, violaciones, secuestros y asesinatos de los que son víctimas, al transitar por suelo mexicano, cuyo gobierno ha criminalizado al migrante al asumir dócilmente el papel de contención impuesto por el gobierno estadunidense en el marco del TLCAN y su extensión militar, conocido eufemísticamente como Alianza para la Prosperidad de América del Norte (ASPAN).

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Economía: una ciencia cada día más sombría

Mar, 05/05/2015 - 02:30
Bradford DeLong, Project Syndicate

En los últimos 25 años ha habido un acalorado debate entre los economistas más destacados del mundo sobre si la naturaleza del ciclo económico sufrió un cambio fundamental tras el fin de los “gloriosos 30 años” siguientes a la Segunda Guerra Mundial, en que la economía se caracterizó por un rápido crecimiento, pleno empleo y una cierta tendencia hacia una inflación moderada. Se han planteado tres visiones distintas al respecto.

El primero en exponer su punto de vista fue Larry Summers en 1991 con su influyente artículo titulado “¿Cómo se debería determinar la política monetaria de largo plazo?”. En él, manifiesta no estar convencido de que haya cambiado la realidad económica subyacente, por lo que plantearía un enfoque más bien técnico: un intento de llamada de atención para evitar que se repitan las perturbaciones inflacionarias ocurridas en los años 70 y que marcaron el fin de los años de gloria. Su recomendación era fortalecer la independencia tecnocrática de los bancos centrales. Los políticos tendrían a su cargo la tarea de fijar objetivos, pero evitando gestionar los detalles de la economía ni imponer reglas estrictas cuyo fracaso sería inevitable ante circunstancias inesperadas. Summers argumentaba que los tecnócratas estaban en una posición mucho mejor para llevar adelante las políticas, apuntando a un 2 a 3% de inflación anual.

El debate continuó con el artículo publicado por Paul Krugman en 1998, “Ha vuelto: la crisis japonesa y el regreso de la trampa de liquidez” y su libro “El retorno de la economía de la depresión”, editado al año siguiente. Krugman planteó que los bancos centrales ya habían logrado fijar las expectativas inflacionarias en niveles bajos, pero sin haber podido reactivar una economía que, en Europa y Estados Unidos, había vuelto al patrón de “economía de la depresión” anterior a la Segunda Guerra Mundial. Sus rasgos predominantes eran la escasez de demanda agregada, riesgos deflacionarios, crisis financieras y trampas de liquidez.

Entonces Ken Rogoff entró al ruedo con un comentario sobre el artículo de Krugman. Desde su punto de vista, lo que Krugman describía como un retorno de largo plazo a la “economía de la depresión” era una situación temporal producida por deficiencias en la capacidad de regular y limitar adecuadamente la acumulación de deuda. Este fenómeno, que identificó como la causa de las turbulencias económicas, acaba inevitablemente en catástrofe, y el único modo de evitar esto sería un doloroso desapalancamiento y quitas de deuda heterodoxas que los gobiernos habrían de aplicar.

Otros destacados economistas, como Joseph Stiglitz, Ben Bernanke y Martin Feldstein, han contribuido al debate, pero en su mayoría no han definido sus posturas claramente, manteniéndose más bien en una superposición “schroedingeriana”: algunas veces escribiendo como si creyesen que los años gloriosos de posguerra no hubieran acabado y otras veces argumentando opiniones que recuerdan a las de Krugman, Summers o Rogoff.

Hoy se ha llegado a un cierto grado de consenso. No tiene mucho sentido cuestionarse si han llegado a su fin o no esos días de gloria. En la actualidad son inútiles los modelos y enfoques desarrollados para entender el ciclo económico de posguerra y su tendencia hacia una inflación moderada. Los desacuerdos entre los economistas reflejan no tanto el estado de la economía sino la interrogante de si las políticas macroeconómicas pueden ofrecer remedios eficaces.

Summers ha abandonado más o menos su creencia de los bancos centrales pueden e incluso deben evitar el regreso de la economía de la depresión. Puede que, allá por 1991, los bancos centrales hubieran sido capaces de encarnar el ideal tecnocrático de gestión de los ciclos macroeconómicos que él esperaba, pero no lograron hacerlo. Y pocos banqueros centrales parecen tener buenas ideas sobre los cambios institucionales que podrían fortalecer su capacidad de lograr esa misión.

Desde el punto de vista de Summers, que comparto, los gobiernos tienen que asumir mayores responsabilidades en la toma de riesgos, la planificación de largo plazo y la inversión. De hecho, los gobiernos que tienen la suerte de emitir en las monedas de reserva mundiales pueden asumir este papel sin sobrecargar a los futuros contribuyentes con niveles de deuda excesivos.

Sin embargo, aunque Summers y Krugman crean ahora que las políticas fiscales más expansivas pueden hacer un gran bien, Rogoff sigue adhiriendo a la posición minskyniana que ha caracterizado su pensamiento desde por lo menos 1998: para alcanzar un buen desempeño macroeconómico es necesario regular las finanzas y limitar la acumulación de deuda en tiempos de auge. Resulta peligroso intentar remediar un exceso de deuda privada emitiendo grandes cantidades de deuda estatal “segura”. Después de todo, la deuda privada también se consideraba segura cuando se emitió.

Sean cuales sean las políticas (micro o macro) que acaben por funcionar mejor para abordar los problemas económicos actuales, hay algo que se ha vuelto muy claro: el optimismo ha dejado de estar en boga.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Drones, asesinos en serie

Mar, 05/05/2015 - 02:01
El gobierno de Estados Unidos asesina a cualquier persona a la que crea vinculada al terrorismo y sobre la que no tenga control. Son asesinatos perpetrados sin juicio previo y en flagrante violación del derecho internacional… pero son legales, desde el punto de vista estadounidense. Ese programa, bajo el mando personal del presidente Obama, está dirigido por sicópatas

Manlio Dinucci, Red Voltaire

En Washington, existe ahora un macabro ritual. Una vez al mes, varios miembros del Congreso, pertenecientes a las comisiones de Inteligencia, van al cuartel general de la CIA para «visionar las grabaciones filmadas de personas que explotan, alcanzadas por los ataques de los drones en Pakistán y en otros países».

La información proviene del New York Times, que además subraya que esa «aparente supervisión» tiene como objetivo ofrecer la imagen de que existe «un riguroso control, por parte del Congreso, sobre el programa de asesinatos selectivos». Un programa que «la Casa Blanca sigue respaldando» mediante la promoción a los más altos puestos de los funcionarios de la CIA que lo crearon hace 10 años, «algunos de los cuales han encabezado también programas para el uso de la tortura en las cárceles secretas» [1]. Los drones asesinos ya «forman parte del modo estadounidense de hacer la guerra».

Este trabajo del New York Times confirma que el presidente Barack Obama estaba obligatoriamente al tanto, cuando se reunió con el primer ministro [italiano] Matteo Renzi, del asesinato de Lo Porto [2] por un drone de la CIA, ocurrido 3 meses antes del encuentro. Eso demuestra que el «terrible dolor» que Obama expresó tardíamente no implica que piense ordenar un cambio de política sobre el uso de drones asesinos.

Este es el mismo presidente de Estados Unidos que da su visto bueno a la «lista de objetivos» [3], una lista que se actualiza constantemente y en la que se recogen los nombres de personas del mundo entero que, al ser consideradas peligrosas para Estados Unidos y sus intereses, son simplemente condenadas a muerte bajo la acusación de terrorismo.

«La evaluación moral final» está en manos del presidente, sobre todo en los casos en que «con el terrorista, que será abatido por un drone, se encuentra la familia de este». Y cuando llega la autorización emitida por el presidente, el operador, cómodamente instalado en Estados Unidos, a 10 000 kilómetros de distancia, ante la consola de mandos del drone, dispara los misiles contra la casa –en Pakistán o en cualquier otro país– señalada como refugio del terrorista.

Es principalmente la CIA la que utiliza los drones asesinos en Afganistán, Pakistán, Irak, Yemen y Somalia, entre otros países. El Mando de Operaciones Especiales del Pentágono, que efectúa operaciones paralelas a las de CIA, trató en 2013 de tomar el control de todas las operaciones con drones. Pero no logró hacerlo.

La CIA sigue operando un gran número, no precisado, de drones asesinos. Se suman a estos alrededor de 250 drones de ataque de la US Air Force, que forman parte de la flota de unos 7 500 drones de todo tipo bajo control del Pentagono. Y su número va en aumento, a tal punto que ya escasean los pilotos de drones. Los que están en servicio son sometidos a rotaciones estresantes, que se traducen en un aumento de los «daños colaterales».

Pero el elevado número de víctimas se debe principalmente al hecho que la mayoría de los ataques con drones (más del 60% en Pakistán) se dirigen contra casas en las que también viven mujeres y niños. El número de víctimas civiles está llamado a aumentar con el uso de aparatos volantes robotizados capaces de despegar, atacar y regresar a sus bases de manera totalmente autónoma [sin intervención alguna de humanos]. Entre esos aparatos se halla el nEUROn, fabricado por un consorcio europeo al que pertenece la firma italiana Alenia Aermacchi, que será capaz de «efectuar automáticamente el reconocimiento del objetivo».

En lo que llega la guerra robotizada, la ministra de Defensa [italiana] Roberta Pinotti –quien al igual que Renzi hizo su debut como jefe de niños exploradores– está decidida a involucrar a Italia en la guerra de los drones. La ministra ha pedido a Washington que le dé permiso para armar los drones asesinos estadounidenses MQ-9 Reaper adquiridos por Italia, capaces de lanzar 14 misiles Hellfire cada uno.

Serán perfectos para destruir en Libia las embarcaciones de los traficantes de personas, aunque haya que lamentar una que otra masacre de inocentes que serán contabilizados como «daños colaterales».

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

El papel de las elecciones en el capitalismo

Lun, 04/05/2015 - 14:44
Guillermo Almeyra, La Jornada

En los regímenes capitalistas constitucionales las elecciones periódicas sirven a las clases dominantes para elegir cuál sector de ellas gobernará, para seleccionar y renovar el personal gobernante y para medir la temperatura política, es decir, el nivel de conciencia, organización y decisión de los sectores populares. Dado el control por el capitalismo y sus agentes de los instrumentos de mediación –medios de comunicación, academia, escuelas, jerarquías eclesiásticas conservadoras, justicia electoral–, esas elecciones supuestamente democráticas están viciadas desde su origen mismo porque los sectores populares están en ellas en condiciones de inferioridad. Si pese a eso desde finales del siglo XIX los trabajadores han luchado por el voto universal o por elecciones libres es porque intentan siempre luchar incluso en terreno adversario, en condiciones desfavorables, disputar centímetro a centímetro las condiciones de dominación y explotación capitalistas, resistir y defenderse por todos los medios.

Incluso en el caso de ganar las elecciones, como mostró el Partido Comunista Italiano que, con más de 33 por ciento de los votos en 1976 se derrumbó en poco tiempo, o como demuestra hoy el caso de Syriza en Grecia, un mayor peso en las instituciones capitalistas no modifica las relaciones de fuerzas entre las clases ni reduce el poder de los financistas, banqueros, hacendados, empresarios monopolistas, trasnacionales, ni de sus fuerzas represivas. Los termómetros –las elecciones lo son– nunca modifican la situación del paciente y, a lo sumo, lo animan o lo desaniman. Los enormes daños y desastres causados por el capitalismo sólo desaparecerán con éste, con la creación de otro poder y de otro tipo de relaciones sociales.

Para los pobres, discriminados, explotados y oprimidos el participar o no en las elecciones organizadas por el capitalismo allí donde ellos residen es sólo una cuestión de táctica. En Venezuela, frente a la mitad de la población dirigida por una derecha golpista, las elecciones deben servir para educar y separar del frente reaccionario con argumentos fraternos a los que son simplemente conservadores e ignorantes y aislar a los fascistas y agentes extranjeros. En otros países donde aún hay cierta legalidad y donde los sectores anticapitalistas y progresistas son minoritarios –como en Argentina, Paraguay o Perú, o en los países de Europa meridional– las elecciones deben ser utilizadas también para educar y organizar, demostrando la posibilidad de una alternativa al capitalismo, para hacer contracultura. Si, de paso, se obtuviese alguna posición electoral, ésta debe ser utilizada también como tribuna, como si uno hablase parado en una caja de Coca Cola, para denunciar, para organizar, apoyar las luchas sociales y proponer leyes favorables a las mayorías.

No existe la vía electoral al poder ni mucho menos la posibilidad de construir poder popular desde las instituciones capitalistas. Por eso, por ejemplo, es erróneo el sesgo electoralista que le imprimió el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) en Argentina a su campaña. Ese electoralismo sólo le permitió tener unos pocos votos y diputados más, pero es insuficiente para hacer frente al hecho de que la inmensa mayoría de la población apoya a partidos derechistas y reaccionarios y acepta como natural la ideología capitalista.

Será siempre mala, para la izquierda, una elección en la que no se explique qué sucede en escala mundial, qué repercusiones tendrán esos hechos en el país, el lazo entre las luchas locales y la resistencia antimperialista en otros lugares del continente y la necesidad y posibilidad de romper los lazos de dependencia y de explotación construyendo una fuerza alternativa anticapitalista. Es ceguera sectaria alegrarse por aumentar un punto el propio porcentaje cuando más de 90 por ciento del país y la inmensa mayoría de los asalariados votan aún por diversas facciones capitalistas de derecha.

En países, en cambio, como México, donde no existe un estado de derecho y la dictadura del capital es cada vez más feroz y sangrienta, las elecciones sirven para recomponer el frente maltrecho de la oligarquía y lograr la apariencia de legalidad a la camarilla que dirige ilegítima e ilegalmente ese semiestado. Si en algún estado de la República, como en Guerrero, es posible imponer el boicot a esa maniobra y anular las elecciones mismas, demostrando así el aislamiento del régimen, participar en la farsa electoral equivale a respaldar a quienes desde el gobierno, y en nombre del poder capitalista, están destruyendo las bases mismas de la entidad nacional. Si, en cambio, la relación de fuerzas en otros estados no permitiese el boicot, podría ser una alternativa el abstencionismo con relación a las urnas tramposas junto con el activismo en la realización de asambleas, huelgas parciales, manifestaciones, todo desarrollando la conciencia de la necesidad de construir órganos de democracia directa, como las policías comunitarias, los grupos reales de autodefensa, antinarco y contra la violencia estatal, gobiernos autónomos por voto asambleario y revocación también asamblearia de los mandatos.

El objetivo, en un periodo de elecciones que debería ser de consulta popular, pero es en cambio de reorganización del poder de las clases dominantes, debe ser educar a los sectores populares para la alternativa, mostrar que ésta es posible, organizarla, darle cuerpo en realidades locales o regionales, golpeando así la conciencia de los trabajadores y oprimidos de otras regiones menos organizadas del país e, incluso, ayudando a los que en Estados Unidos mismo –en el terreno de los patrones del gobierno mexicano– hoy se sublevan no contra una u otra injusticia sino contra el Estado y el régimen racista, como en Baltimore.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Bancos centrales planean drásticas restricciones al uso del dinero en efectivo

Lun, 04/05/2015 - 07:30

Los bancos centrales están planeando restricciones drásticas del dinero en efectivo para evitar las corridas bancarias y la intensificación de la guerra de divisas. Las ideas de Kenneth Rogoff y Willem Buiter, presentadas en este post, están cobrando fuerza y a fines de este mes se realizará una importante reunión en Londres con representantes de los principales bancos centrales del mundo para trazar el camino hacia el fin del dinero en efectivo. Terminar con las transacciones de dinero en efectivo es una de las acciones más enérgicas contra el lavado de dinero y la evasión fiscal. Pero esta guerra contra el efectivo puede acrecentar aún más la dictadura financiera.

Leer másUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Gobierno de EEUU por fin admite que el fracking provoca sismos

Dom, 03/05/2015 - 20:30

Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Un reciente reporte del Monitoreo Geológico de EEUU (USGS, por sus siglas en inglés) de su gobierno identificó ocho estados en la región central y oriental, donde las operaciones de fracking han derivado a incrementos dramáticos de terremotos debido primordialmente a la inyección del agua de desecho en las operaciones de excavación en los pozos subterráneos al activar placas tectónicas que en algunos casos eran desconocidas (http://goo.gl/MCMd2h). Se trata del mismo hallazgo de Oklahoma extrapolado a siete estados adicionales.

El letal fracking (fracturación hidráulica) perfora rocas en profundidad para extraer petróleo/gas shale (esquisto) mediante la inyección de grandes cantidades de agua y sustancias químicas desconocidas.

William Ellsworth, geofísico del USGS, sentencia que se trata de añejas placas tectónicas que no sabemos siempre donde se encuentran. Ahora resulta que se desconocen las placas tectónicas afectadas y las misteriosas sustancias químicas inyectadas. La sismicidad consustancial al fracking ya había sido expuesta por The New York Times, específicamente en Oklahoma (http://goo.gl/jE74fl).

Lo relevante del alarmante reporte es que proviene del mismo gobierno de EU y su agencia científica USGS (http://goo.gl/YrBAZY), con funciones de investigación de hallazgo de hechos carente de responsabilidad regulatoria (léase: sin dientes) con sede en Reston (Virginia) y más de 9 mil funcionarios.

La gráfica del USGS, de 1973 a 2014, es impactante por el número acumulado de terremotos que se dispararon en forma exponencial a partir de 2009.

EcoWatch reproduce el perturbador reporte (http://goo.gl/CO3bqO) y fustiga a los negadores de los terremotos de la omnipotente industria del petróleo/gas, como el multimillonario Harold Hamm, pionero del fracking, quien ha presionado a los funcionarios de Oklahoma a ocultar los hallazgos científicos de la correlación del fracking con los sismos (http://goo.gl/evlL0U).

Entre 1973 y 2008 existió un promedio de 21 terremotos de una magnitud menor a tres grados, pero a partir de 2009 –¡el año funesto del fracking!– hasta 2013, la región analizada experimentó 99 sismos por año superiores a tres grados. Sólo en Oklahoma se escenificaron 585 sismos en 2014, mucho más que en los pasados 35 años combinados.

Son por lo menos ocho estados los afectados por el incremento exponencial de la sismicidad en regiones donde los terremotos eran raros: Oklahoma, Texas, Ohio, Alabama, Arkansas, Colorado, Kansas y Nuevo México.

Sólo Oklahoma, Texas y Ohio han acaparado la atención, mientras Texas y Nuevo México comparten frontera con México, donde el gobierno neoliberal itamita y su disfuncional Congreso –a quienes importa un bledo el ambiente y la vida de los ciudadanos– han adoptado la cómoda política del avestruz para no importunar los intereses petroleros/gaseros de BlackRock y las trasnacionales anglosajonas (http://goo.gl/bucD6J).

USGS identificó 17 zonas dentro de los ocho estados que se encuentran en peligro particular debido al número creciente de los sismos inducidos. El riesgo es mayúsculo para los habitantes que viven cerca. El modelo del USGS exhibe la “intensidad de un potencial terremoto inducido en el periodo de un año, a diferencia de sus previos estudios que operaban en un lapso mayor a 50 años (el promedio de vida de un edificio, usado para propósitos de seguros, códigos de construcción y planes de respuesta de emergencia).

EcoWatch expone que el “Escalofriante incremento de sismos por fracking obliga a Kansas a tomar medidas (http://goo.gl/ttgED0)”. Las ondas concéntricas de choque desde el epicentro de Kansas alcanzan la frontera de México, cuyo gobierno misántropo no ha tomado ninguna medida preventiva al respecto.

Según el USGS, el incremento de la sismicidad coincide con la inyección de agua de desperdicio en los yacimientos profundos de desecho en varias localidades y gran parte del agua de desperdicio, subproducto de la extracción de petróleo y gas, es utilizada en forma rutinaria por la inyección a los yacimientos.

Ante la contundencia de la evidencia científica del reporte del USGS, al día siguiente el Monitoreo Geológico de Oklahoma –agencia estatal lubricada por los intereses pecuniarios de la industria del petróleo/gas, representado por el poderoso Instituto de Petróleo Estadunidense (http://goo.gl/5WIWPF)– fue orillado a aceptar que es “muy probable que la mayoría de los recientes sismos, en particular en la parte central y norcentral de Oklahoma, es desencadenada por la inyección del agua producida en los yacimientos de desecho (http://goo.gl/hoYfuI)”.

El gobierno de Oklahoma, que preside la fundamentalista (literal) Mary Fallin, del Partido Republicano y anterior vendedora de bienes raíces, se ha fracturado como reflejo del mismo fracking, ya que las dos ramas del gobierno han optado por medidas diametralmente opuestas: el Ejecutivo admite la causal de los sismos por fracking, mientras los anticientíficos legisladores, marionetas de la omnipotente industria del petróleo/gas, han llegado, mediante dos enmiendas, a castrar y frustrar la protesta de los ciudadanos sobre su destino sísmico.

¡Cómo se parecen las dos enmiendas de los corruptos legisladores de Oklahoma a la anticientífica ley Korenfeld para privatizar el agua en México (http://goo.gl/dN8Cya)!

Heather Smith, del rotativo británico The Guardian, después de exponer que finalmente el “gobierno de EEUU acepta que el fracking provoca sismos”, pregunta por qué tardaron tanto en reconocerlo (http://goo.gl/O9wPyU). Comenta que en comparación a sus previas declaraciones, el reporte del USGS es una abrupta voltereta de sus posturas previas y considera que todavía es un documento relativamente suave, ya que aconseja mayor investigación, en lugar de tomar acciones específicas.

Hasta donde sé las universidades públicas de México y sus institutos/departamentos de geología/geofísica –UNAM (http://goo.gl/LhvTA4), IPN (http://goo.gl/pIaTjQ ) y BUAP (http://goo.gl/vYdt8c)– no se han pronunciado sobre los efectos deletéreos del fracking en la transfrontera, lo cual no se le puede exigir al ITAM: centro teológico neoliberal anticientífico que carece de un departamento de geología que confunde con el medieval financierismo antihumano.

El clan itamita de Baillères, que promueve el zoocidio de la salvaje tauromaquia, es uno de los principales beneficiados de la reforma neoliberal energética y su fracking (http://goo.gl/tCZx1L).

Lo más grave es que el gobierno neoliberal mexicano y su falsificado Pacto por México pretenden ahora itamizar a las universidades públicas –en particular a la UNAM– mediante la incrustación en sus es­tructuras estratégicas pedagógicas de topos proselitistas del ITAM, cuya terminal tarea desinformativa consistirá en desviar la atención ciudadana y científica de los sismos provocados por el fracking en la sensible zona estresada por carencia de agua del noreste mexicano.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Cambio climático amenaza con extinguir a una de cada seis especies

Dom, 03/05/2015 - 19:40
Como advertíamos hace seis años en el post El cambio climático y el "palo de hockey", un reciente estudio de investigadores de la revista Science recogido por New York Times da cuenta de que una sexta parte de todas las especies animales y vegetales de la Tierra podría star en peligro de extinción debido al cambio climático. Este es un tema que ha sido completamente ignorado y que, como indica el catedrático Vicenç Navarro, ha sido uno de los temas más negados por el neolibelarismo, la corriente económica que domina el mundo desde fines de los años 70.

Leer másUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

¿El mercado de valores es otra burbuja?

Dom, 03/05/2015 - 18:21
Dean Baker, Sin Përmiso

El mercado de valores se ha recuperado claramente desde los mínimos alcanzados durante la crisis financiera. Todos los principales índices están en máximos históricos o cerca de ellos. Esto ha hecho que muchos analistas estén preocupados por una nueva burbuja en el mercado de valores. Pero estas preocupaciones están fuera de lugar.

Antes de ir a los datos, debería aclarar que no tengo miedo de advertir sobre burbujas. A finales de los noventa, avisé clara y repetidamente sobre la burbuja bursátil. Sostuve que era probable que el colapso condujera a una recesión, el final de los excedentes presupuestarios de la era Clinton, y plantearan graves problemas para las pensiones. Durante la última década también he estado advirtiendo acerca de los peligros de la burbuja inmobiliaria desde el año 2002.

Reconozco los peligros de las burbujas y he estado a la vanguardia de los que han llamado la atención sobre ellas. Sin embargo, es necesario analizar la situación de forma calmada y no gritar «fuego» cada vez que alguien enciende un cigarrillo.

En primer lugar, no hay que preocuparse porque los índices bursátiles alcancen máximos históricos; eso es lo que deberíamos esperar de ellos. A menos que estemos en una recesión, esperamos que la economía crezca. Si los beneficios crecen más o menos en sintonía con la economía, entonces debemos esperar que el mercado de valores crezca aproximadamente en sintonía con la economía, ya que de lo contrario estaríamos viendo una relación decreciente entre el precio y los beneficios en el mercado. A pesar de que eso puede suceder en un año en concreto, pocos pronosticarían una relación continuamente decreciente entre el precio y los beneficios.

Esto significa que debemos esperar que los índices bursátiles alcancen nuevos máximos regularmente. Solo tenemos que preocuparnos si el mercado de valores supera el crecimiento de la economía. Aparentemente, hay ciertos fundamentos para preocuparse en esta área. La relación entre el valor del mercado de valores y el PIB fue de 1,75 a finales de 2014. Esta cifra está muy por encima de la media observada a largo plazo, que es de aproximadamente 1, y solo un poco por debajo de la relación de 1,8 a finales de 1999, cuando el mercado se acercaba a los picos máximos de la burbuja.

Vale la pena señalar que este ascenso se da principalmente en el valor de nuevas empresas. El S&P 500 se sitúa tan solo un 40 por ciento por encima del pico que alcanzó en el 2000, mientras que la economía ha crecido aproximadamente un 80 por ciento. Esto no significa que las empresas nuevas necesariamente estén sobrevaloradas. Podría llegar a darse el caso de que las empresas más antiguas perdieran cuota de mercado y beneficios rápidamente en favor de los recién llegados durante la próxima década.

Si miramos más allá del PIB, hacia los beneficios empresariales, el argumento sobre la existencia de una burbuja se vuelve mucho más débil. En 1999, las ganancias después de impuestos eran del 4,7 por ciento del PIB. En comparación, eran un 6,3 por ciento del PIB en 2014, y más de 7 por ciento en 2012 y 2013. Tomando el número de un solo año, supone una relación entre el precio y los beneficios de 27,7 a finales de 2014 en comparación con los 38,7 en 1999. Aún así es alta en términos históricos, pero muy por debajo de los picos alcanzados en la burbuja.

Que esta cifra resulte ser excesiva dependerá en gran parte de si esta cuota de ganancia extraordinariamente alta es una anomalía o si se trata de la nueva normalidad. Mi suposición (y mi esperanza) es que sea en gran medida anómala, y si se permite que el mercado de trabajo se tense aún más, entonces vamos a ver un retroceso en los salarios. Pero si el reparto de los beneficios se mantiene cerca de su nivel actual, parece haber pocos fundamentos para preocuparse por una burbuja en el mercado.

Hay otro factor importante que debemos tener en cuenta en la evaluación de las cotizaciones bursátiles. La tasa de interés de los bonos del Estado a 10 años ha estado rondando alrededor de un poco menos del 2 por ciento. En comparación, estaba por encima del 6 por ciento a finales de 1999. Esto importa en gran medida a la hora de evaluar si el mercado está en una burbuja, ya que es necesario conocer cuál es la alternativa. En 1999, con una tasa de inflación de algo más del 2 por ciento, la tasa de interés real de los bonos a largo plazo estaba cerca del 4 por ciento. En comparación, con una inflación actual de apenas un 2 por ciento, la tasa de interés real es cercana a cero.

Aquí también existe una pregunta importante sobre las tendencias futuras. Si las tasas de interés suben, entonces ese aumento debe tener algún impacto negativo en el mercado de valores. Pero aquellos que han estado pronosticando un gran aumento en las tasas de interés se han equivocado durante los últimos cinco años y es probable que sigan equivocándose en el futuro. Sin duda, es plausible que haya alguna tendencia al alza (esa es mi apuesta), pero dada la debilidad de la economía, es probable que pasen muchos años antes de que veamos algo parecido a una tasa del 6 por ciento a largo plazo.

En resumen, no parece haber muchos fundamentos para la preocupación por una caída del mercado. Sin embargo, con la relación entre el precio y los beneficios muy por encima de los niveles normales, incluso sin asumir ninguna otra caída en los repartos de los beneficios, no hay manera de que los inversores vean algo parecido al 7 por ciento de rendimiento real de los activos, lo que ha sido el promedio histórico. Pero dados los bajos rendimientos disponibles en otros lugares, los accionistas pueden estar bastante satisfechos con un rendimiento real en el rango del 4 al 5 por ciento.

En los noventa, la burbuja bursátil condujo a la economía a través del efecto riqueza gracias al impulso del consumo, y la tasa de ahorro alcanzó entonces un mínimo histórico. La burbuja también impulsó un aumento de las inversiones en alta tecnología. En la última década, la burbuja generó riqueza inmobiliaria produciendo un auge del consumo aún mayor y un aumento de la construcción residencial.

Es difícil defender que las valoraciones actuales del mercado están impulsando la economía. El consumo es algo elevado en relación con la renta disponible, pero no se desvía enormemente de la línea marcada por la experiencia pasada. Y no hay un aumento de la inversión en su conjunto, aunque el gasto de algunos medios sociales podría ser erróneo.

Esto significa que si el mercado cayera de repente un 20 a 30 por ciento, veríamos a algunos accionistas descontentos, pero es poco probable que se hundiera la economía. No es la Tercera Ronda de la burbuja económica.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

¿Qué está pasando en Baltimore y otros centros urbanos en EEUU?

Dom, 03/05/2015 - 02:01
Vicenç Navarro, Público.es

Para explicar la agitación social que está ocurriendo en EEUU (siendo los hechos acecidos en Baltimore el último ejemplo de ello), la mayoría de los medios de información en España, se ha centrado en el tema racial, presentando dicha agitación como un caso más de conflicto racial entre blancos y negros. Tal énfasis en el tema racial es importante pero, sin embargo, insuficiente para entender lo que está ocurriendo en EEUU. En Baltimore, la mayoría del establishment político –incluyendo la alcaldesa y el Consejo Municipal- y la mayoría de policías son de raza negra. Y, sin embargo, la gente que está protestando -la mayoría también de raza negra- lo hace frente y en oposición a este establishment y a esta policía. Veamos los datos.

En primer lugar, es cierto que la raza juega un papel clave en la vida política, cultural y social de aquel país. Es una variable –la raza- que configura predominantemente dos países: el EEUU blanco y el EEUU negro. Según una encuesta publicada recientemente en el Washington Post (citada en “Race, Hope and Organizing in the Rust Belt”, Z Commentaries, 28.04.15), el 75% de los estadounidenses de raza blanca no tiene en su red de amigos a ninguna persona negra (o asiática o hispana), un porcentaje idéntico, por cierto, al que indican los estadounidenses de raza negra en cuanto a tener amigos blancos. Para valorar estos datos es importante saber que los negros en EEUU pasan nueve veces más tiempo con blancos que estos con negros (“pasan” incluye relaciones de trabajo, en el comercio o de ocio). Estos datos muestran claramente que hay dos Estados Unidos, el blanco y el negro, con una difícil relación entre ellos.

Ahora bien, esta manera de ver EEUU (que es la mayoritaria en los medios) es insuficiente, pues no incluye otra variable que debería considerarse, y que es la clase social de unos y otros. Y aquí quisiera aclarar que, en contra de lo que indica la sabiduría convencional en aquel país (que es la producida y promocionada por la estructura de poder de EEUU), que niega la existencia de clases sociales (reduciendo la estructura social a “ricos”, “clase media” y “pobres”, poniendo a la gran mayoría de la población en la categoría clase media), EEUU tiene una estructura social muy semejante a la de cualquier país europeo, es decir, tiene una clase capitalista (a la que se conoce en EEUU como Corporate Class), una pequeña burguesía, una clase media y una clase trabajadora (que es, tanto objetiva como subjetivamente, la mayoría de la población, tanto negra como blanca. Así es como se define la mayoría de la población de ambas razas cuando se les pregunta por su pertenencia a la “clase alta”, “clase media” o “clase trabajadora”).

El gran deterioro del bienestar de la clase trabajadora blanca y, sobre todo, negra Lo que hemos estado viendo en estos años de crisis y supuesta recuperación en EEUU es también lo que veremos (en realidad, ya lo estamos viendo) en la Unión Europea, incluyendo en España. Y no es ni más ni menos que una enorme polarización de las rentas (con un enorme crecimiento de las rentas del capital a costa de un enorme decrecimiento de las rentas del trabajo, es decir, de la mayoría de la población). Jack Rasmus, uno de los economistas más interesantes hoy en EEUU, acaba de publicar unos datos sobre la evolución de las rentas del capital y las rentas del trabajo durante la llamada Recuperación, que son impactantes y abrumadores (“USA: How the Rich Get Richer”). El promedio de las rentas familiares que derivan sus rentas del trabajo (es decir, de los salarios) ha ido bajando y bajando desde el año 2009 cuando, en teoría, la economía estadounidense inició su recuperación. Este descenso ha sido particularmente acentuado entre los 100 millones de familias trabajadoras, que han visto cómo se reducía, además de su estabilidad laboral (aumentando su precariedad), su trabajo, consecuencia de que se han estado destruyendo puestos de trabajo, lo que ha determinado que el porcentaje de la población ocupada (tasa de ocupación) haya bajado. La gran mayoría de la población negra (conocida como afroamericana) pertenece a los sectores con menor nivel salarial entre la población ocupada, habiendo sido particularmente afectada por este declive tan notable del mundo del trabajo. Barrios de clase trabajadora negra, cuya población trabajaba en la manufactura y la construcción (como ocurre en muchos barrios obreros negros en Baltimore), hoy están enormemente deteriorados. Es más, la Ley de Derechos Civiles, que prohíbe la discriminación de raza, paradójicamente, ha contribuido más a este deterioro, pues ha facilitado que las familias negras pertenecientes a la pequeña burguesía y a la clase media de renta media alta hayan abandonado los barrios donde estaban ubicados antes (y donde convivían con la clase trabajadora), desplazándose a los suburbios donde las clases más pudientes están ubicadas. Donde antes había suburbios blancos, ahora hay suburbios blancos y suburbios negros. Como consecuencia, los barrios tradicionalmente negros son más uniformes en cuanto a su clase social: la mayoría es clase trabajadora ocupada y, sobre todo, desocupada.

Por otra parte, las rentas del capital se han disparado. El 1% de las familias, las más pudientes, que derivan sus rentas del capital, han aumentado sus ingresos de una manera casi obscena por su cantidad. Estas rentas derivan en gran parte del enorme incremento de los beneficios empresariales, habiéndose incrementado 3.7 billones de dólares (trillones en EEUU) durante los años de crisis. Estos beneficios son de las empresas que producen bienes y servicios, y se han conseguido a base de la disminución de los salarios y de lo que llaman aumento de productividad, que ha significado un enorme incremento de la tasa de explotación, y que ha incluido una gran destrucción de puestos de trabajo y la sustitución de buenos salarios por bajos salarios. De nuevo, las familias negras han sido las más afectadas, pero no han sido las únicas.

Pero a estos 3.7 billones se debe añadir otro billón de dólares (trillón en EEUU) que procede de las rentas derivadas de la actividad financiera, cuya rentabilidad se ha disparado debido a la enorme especulación con los productos financieros. Los super-ricos, que obtienen beneficios como consecuencia de una enorme explotación del mundo del trabajo, no invierten en actividades que puedan crear empleo, sino en actividades especulativas, alcanzando un total de ingresos de 4.7 billones, que están arruinando el país y el bienestar de la mayoría de la población.

El problema no es solo el 1%, como dice el Occupy Wall Street Movement Naturalmente que este 1% requiere para mantener su enorme dominio en la sociedad, tanto sobre el Estado como sobre la sociedad civil, incluyendo los medios de comunicación, de otro 10 ó 15% de la población (pequeña burguesía y clase media de renta alta), que juega un papel clave en la reproducción del poder de ese 1%. Y este es el grupo más beneficiado por la ley antidiscriminatoria, consecuencia de lo cual hoy tiene su sector de raza negra. El Presidente Obama, que era un abogado, más tarde senador, y ahora Presidente, es un claro ejemplo de ello. Esta clase media profesional de renta alta tiene intereses de clase comunes con sus homólogos de raza blanca. Hoy, la estructura de poder político en la ciudad de Baltimore es de raza negra y la mayoría de la policía es también de raza negra, así como lo son la alcaldesa y el jefe de la policía. Y la policía es percibida en estos barrios obreros negros como una institución de represión, lo que explica las tensiones frecuentes en estos barrios, donde la criminalidad es la respuesta individual, antisocial e incívica del joven negro que no ve ningún otro futuro. Vean la excelente serie “The Wire”, y entenderán mejor lo que pasa en estos barrios.

Este artículo no puede terminar aquí, pues hay también cambios que permiten un atisbo de esperanza. En realidad, la crítica que puede hacerse a “The Wire” es que transmite una sensación extremadamente pesimista, pues aquellos barrios de Baltimore fueron también los que iniciaron el movimiento –que se extendió al resto de EEUU- para el salario decente, categoría distinta y superior al salario mínimo, exigiendo a las autoridades públicas que en sus contratos incluyeran salarios decentes. Lucharon y ganaron. Y lo hicieron aliándose con trabajadores blancos, siguiendo la filosofía política de la Rainbow Coalition, iniciada y liderada por Jesse Jackson (el discípulo predilecto de Martin Luther King), que consistió en establecer alianzas entre todos los grupos sociales, razas y etnias que consiguieron una movilización sin precedentes en EEUU (causa de que el candidato Jesse Jackson ganara el 40% de los delegados al Congreso del Partido Demócrata en 1984). Fui asesor de Jesse Jackson en aquellos años y pude ver con mis propios ojos lo que puede ocurrir en EEUU cuando los distintos componentes raciales y étnicos del mundo del trabajo se alían. Y lo que ocurrió con la campaña del salario decente es un ejemplo de ello. En este aspecto, el racismo es el mayor obstáculo para que dicha alianza se establezca. Pero la agitación social y racial que ocurre hoy en los centros urbanos de EEUU muestra también los límites de las políticas representativas simbólicas, que llevaban a la conclusión de que elegir a un Presidente negro beneficiaría a la población negra, o que la posible elección de una Presidenta beneficiará a las mujeres. Sin desmerecer la importancia de los símbolos, la realidad muestra que estas políticas son dramáticamente insuficientes. Necesarias, pero, repito, muy insuficientes, puesto que la realidad muestra que la mayoría de la clase trabajadora negra no se ha beneficiado necesariamente de haber tenido un Presidente negro. Sin desmerecer algunas de las políticas sociales progresistas de la Administración Obama, el hecho es que la situación del mercado de trabajo se ha deteriorado de una manera muy marcada durante la crisis, incluyendo los años de gobierno del Presidente Obama, y las desigualdades sociales y de renta se han disparado, como consecuencia de tal deterioro. Es más, los rescates bancarios, que han favorecido claramente a las altamente concentras rentas del capital financiero, han disparado todavía más tales desigualdades, habiendo generado una protesta generalizada que ha llevado a una situación conflictiva que ha abierto toda una serie de interrogantes.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La vía islandesa ante la crisis financiera

Sáb, 02/05/2015 - 16:38
«No escuchar a los mercados financieros sino al pueblo», ha declarado el presidente de Islandia, Olaf Ragnar Grimsson, refiriéndose a la opción aplicada en su país ante la grave crisis financiera de 2008. Ante la crisis similar que hoy enfrenta la Unión Europea y el rápido restablecimiento de la economía islandesa, ¿no sería lógico preguntarse si las soluciones que necesitan los pueblos europeos también pueden ser similares a las que impuso la ciudadanía en la «Tierra del Hielo».

Werner Wüthrich, Red Voltaire

El gobierno de Islandia anunció recientemente a la Comisión Europea y al Consejo Europeo el retiro de su pedido de adhesión à la Unión Europea. El gobierno de los socialdemócratas y los verdes había solicitado dicha adhesión en abril de 2009, después de que la crisis financiera de Estados Unidos afectara catastróficamente a los bancos islandeses. Pero las negociaciones fueron congeladas luego del restablecimiento –sorprendentemente rápido– de Islandia de esa crisis y a raíz de la elección de un nuevo gobierno.

El ministro de Relaciones Exteriores, Gunnar Bragi Sveinsson, señaló en su sitio web que: «Los intereses de Islandia están mejor fuera de la Unión Europea.» Y la población islandesa no aprobaría la incorporación del país a la Unión Europea ya que los últimos años le han permitido darse cuenta de lo que ha sido capaz de lograr por sus propios medios.

Islandia es una isla con 350.000 habitantes situada en el Océano Atlántico. Dispone de abundantes zonas de pesca. Su población practica algo de agricultura con mucha cría de ovejas y el país está recibiendo cada vez más turistas, que llegan al país atraídos por sus bellezas naturales y sus fuentes de aguas termales. Una vida agradable.

En muchos sentidos, Islandia ocupó un lugar importante en los titulares durante la última crisis. La crisis golpeó a ese país con mucha más fuerza que a otros. En 2008, la acumulación de deudas –en el apogeo de la crisis– era mucho más grande que en los países del sur de la Unión Europea. Mientras que en Grecia la deudas se elevaban al 175% del Producto Interno Bruto (PIB), las deudas de Islandia –principalmente las de los bancos– eran 10 veces superiores al PIB, o sea 1000%, conformando un escenario realmente catastrófico. Sin embargo, 7 años después, Islandia presenta nuevamente una economía relativamente saludable. ¿Cómo se explica eso?

Durante los años finales del anterior milenio, Islandia se caracterizaba por sus muy altas tasas de crecimiento. Aquello no tenía nada que ver con los resultados de la pesca sino con los tres grandes bancos de Islandia, que se habían implicado en un arriesgado juego y habían convertido la isla en una plaza financiera global. Estos tres grandes bancos islandeses atraían, por ejemplo, diversos fondos de ahorros extranjeros proponiéndoles tasas de interés elevadísimas y con aquel dinero emprendían inversiones de alto riesgo en el mundo entero. Al principio, lo hicieron con éxito. Los responsables de aquellos bancos asumieron una imagen de «modernos» y «abiertos» y rompieron con las tradiciones de sus propios bancos y de la profesión bancaria, hasta que se cumplió el proverbio que dice que «tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe».

La ruptura y la caída se produjeron hace 7 años, desembocando rápidamente en la quiebra de los tres grandes bancos de Islandia.

Existía una controversia en cuanto a la manera de enfrentar las deudas exteriores de los tres bancos islandeses. Según la doctrina occidental, el Estado y los contribuyentes tenían que asumir la responsabilidad, al menos en parte. Se trataba principalmente de los fondos llamados Icesave. Como filial online de la nacionalizada Landsbanki, durante años Icesave había atraído con elevadas tasas de interés a numerosos pequeños ahorristas extranjeros cuyo dinero no estaba cubierto por el seguro de depósitos islandés.

Principalmente Gran Bretaña y los Países Bajos, de donde venían la mayor parte de los fondos extranjeros, exigieron que el Estado islandés reembolsara esos fondos. Eran unos 4 000 millones de euros: alrededor de 12 000 euros por cada habitante de Islandia. El gobierno islandés negoció con ambos países y estos concedieron tasas bajas y alargaron los plazos para el reembolso. El Parlamento islandés aceptó el resultado de las negociaciones y adoptó, el 30 de diciembre de 2009, una ley que regulaba las modalidades de reembolso.

Pero entonces el pueblo islandés salió a las calles con sus cacerolas y expresó su inconformidad por tener que echarse a cuestas una responsabilidad que no era suya. Los especuladores extranjeros tenían que enfrentar las consecuencias de sus propios actos. En definitiva, esos especuladores habían obtenido como mínimo un 10% de su dinero.

Las pancartas y pasquines de los manifestantes planteaban la siguiente interrogante: «¿Es moral y jurídicamente justificable atribuir simplemente el riesgo al Estado y los contribuyentes?». La inicitiava ciudadana Defence organizó manifestaciones oponiéndose a la medida. Recogió más de 60 000 firmas –entre 350 habitantes– y exigió un referéndum popular. La ciudadanía asedió la residencia presidencial encendiendo bengalas rojas, para dar de la manera más visible posible una señal de «Alto» a aquella política.

El presidente de la República, Olaf Ragnar Grimsson, oyó la voz del pueblo y ordenó la organización del referéndum. «La base de nuestro Estado islandés consiste en que el Pueblo es el juez supremo de la validez de las leyes. Por tanto he decidido, de conformidad con la Constitución, transferir la decisión sobre la ley en cuestión al pueblo», anunció el presidente de la República. En marzo de 2010, el 93% de los votantes dijeron «No» al pago de las deudas bancarias por el Estado islandés.

Gran Bretaña y los Países Bajos aceptaron entonces, a falta de algo mejor, la renegociación del pago de las deudas de los bancos. En un nuevo acuerdo, Islandia obtuvo concesiones suplementarias y mejores condiciones de pago. El pago se alargó hasta 2046, lo cual implicaba que la próxima generación también tendría que asumirlo. El Parlamento islandés aceptó, el presidente de la República convocó un nuevo referéndum popular. En abril de 2011, el pueblo rechazó también la nueva proposición. ¿Qué hacer?

Los islandeses resolvieron el problema de los bancos de la siguiente manera:

- los 3 grandes bancos tuvieron que anunciar su quiebra;
- Landsbanki y su banco online fueron nacionalizados;
- los dos otros bancos fueron divididos en un «Nuevo Banco» y un «Viejo Banco»;
- el «Nuevo Banco» –dotado de nuevos capitales– asumió actividades necesarias dentro del país, como las operaciones de pago, el funcionamiento de los cajeros automáticos (ATM), un servicio de otorgamiento de créditos, etc.;
- el «Viejo Banco» heredó montones de deudas y todos los negocios extranjeros con una gran cantidad de activos tóxicos, cuya liquidación se concretó mediante un procedimiento de quiebra.

De esa manera, se mantuvo el acceso de la población a sus ahorros y los cajeros automáticos siguieron funcionando en todo momento. Los bancos fueron rebautizados. El banco Kaupthing hoy se llama Arion y el banco Glitinir ahora se llama Islandsbanki. Los tres bancos, hoy parcialmente en manos extranjeras, ahora se limitan a la realización de operaciones bancarias tradicionales dentro del país.

Este proceso de bancarrota nos recuerda el desastre de Swissair, que dio lugar a la rápida fundación de una nueva pequeña empresa –Swiss–, hoy bajo control de Lufthansa, mediante la cual los activos que quedaban de la primera compañía y la importante acumulación de deudas fueron objeto de una liquidación total durante el proceso de quiebra.

La vida se había hecho difícil en Islandia desde el inicio de la crisis. La corona islandesa perdió su valor. Aumentaron los precios y disminuyó el salario real. Se disparó el costo de la vida. Aumentó el desempleo. Los resultados económicos ya habían disminuido en un 7% en 2009. El gobierno necesitó un préstamo del FMI, ascendente a 10 000 millones de dólares, para sobrevivir en aquellos tiempos difíciles. Y, como de costumbre, el FMI puso condiciones. Pero el gobierno de los socialistas y verdes rechazó una política de liquidación en el sector social. A pesar de ello logró cumplir el programa del FMI.

Países amigos, como Noruega y Suecia, ayudaron aportando dinero. Hubo aumentos de los impuestos para la población, se acentuó la progresión del impuesto sobre los ingresos y se aplicó una serie de medidas poco ortodoxas para reducir las deudas. Por ejemplo, todos los créditos vinculados a monedas extranjeras fueron declarados ilegales. El gobierno ofreció a las empresas programas especiales de restructuración de sus deudas. Hubo reducciones de deudas para los créditos inmobiliarios. Los pequeños propietarios obtuvieron reducciones de los pagos que debían realizar. Para proteger la moneda e impedir la fuga de capitales, el gobierno introdujo controles de la circulación de los capitales, controles que aún se mantienen en vigor. Las personas que salen del país sólo pueden cambiar una cantidad limitada de euros.

El FMI respetó las medidas que el gobierno islandés adoptó. Incluso propuso al ministro islandés de Finanzas, Steingrimur Sigfusson, convertirse en principal responsable del FMI para la cuestión griega, proposición que Sigfusson rechazó.

La crisis no duró mucho en Islandia. La política enérgica, respaldada por el pueblo, arrojó resultados rápidamente. El turismo y la industria pesquera se beneficiaron grandemente con la reducción de la moneda islandesa. Islandia se volvió barata. Importó menos bienes de consumo caros pero aumentó la producción nacional. Tres años después de la caída en un 7% que se había registrado en 2009, se produjo un aumento de 3% –más que la media de la Unión Europea. Desapareció la inflación y la tasa de desempleo es hoy de un 4% –como en Suiza. Ya no hay desempleo entre los jóvenes, contrariamente a lo que sucede en otros países. La agencia Fitch aumentó de nuevo la nota de solvencia de Islandia, lo cual justificó resaltando «el éxito alcanzado mediante respuestas poco ortodoxas a la crisis».

Por otro lado, la decisión tomada en 2013 por el Tribunal de la Asociación Europea de Libre Comercio –que por una vez se pronunció a favor del pueblo– fue de gran utilidad ya que fue rechazada la responsabilidad del Estado en las deudas bancarias extranjeras.

¿Por qué Islandia se recuperó con tanta rapidez? La voz del pueblo fue un factor decisivo. Los islandeses no sólo tomaron las decisiones correctas en los dos referendos. La población también participó activamente en los acontecimientos y siempre lo hizo de forma no violenta. Creando sitios web originales, la ciudadanía se defendió de los intentos de Gran Bretaña tendientes a presentar a los islandeses como terroristas para poder congelar sus cuentas bancarias en territorio británico. Además, los islandeses pusieron manos a la obra y lograron meter en cintura su economía nacional.

La población también impidió que los responsables de los malos manejos de los bancos recibiesen, como en otros países, enormes sumas de dinero al dejar sus cargos. Muchos de ellos hoy enfrentan graves acusaciones ante los tribunales. Una comisión investigadora del Parlamento publicó un informe de 2 000 páginas que señala a una treintena de dirigentes de bancos, miembros del gobierno y del Banco Central como principales responsables de la debacle financiera. La Corte Suprema juzgó recientemente a 4 de ellos condenándolos a penas de entre 5 y 6 años de cárcel por haber realizado manipulaciones fraudulentas del mercado y por abuso de confianza, siendo estos los castigos más duros que se hayan pronunciado nunca antes en Islandia en materia de criminalidad económica.

La propia moneda fue decisiva en el salvamento del país. El drástico descenso de la corona islandesa no condujo al naufragio que auguraban algunos profetas financieros sino que fue la condición previa decisiva para el rápido restablecimiento. Actualmente, la corona islandesa se ha estabilizado en alrededor de un 30% por debajo de su valor anterior a la crisis. ¡Otros países podrían inspirarse en ese resultado! Para un miembro de la eurozona, abandonar la moneda común europea abriría un camino similar.

El éxito de la vía islandesa para salir de la crisis bancaria se diferencia radicalmente de la vía centralista de la Unión Europea, dirigida desde arriba, que consiste en salvar los bancos y «administrar las deudas» y que mantiene artificialmente vivos los bancos quebrados y hace caer la responsabilidad sobre los hombros de los contribuyentes.

Islandia contradice claramente la idea de que no existe otra alternativa que el salvamento de los grandes bancos, considerados como «Too big to fail» [Demasiado grandes para quebrar]. Pero si otros países no pueden copiar exactamente la vía de Islandia, esta los inspira a buscar valientemente nuevos caminos. Y también muestra cómo un pequeño país puede, con su propia moneda, conservar con orgullo su lugar en el mundo globalizado de la finanza.

Los problemas financieros no pueden ser resueltos por una pequeña élite y a puertas cerradas. La población y los contribuyentes pueden ayudar de manera constructiva a encontrar el camino del éxito. El hecho que el FMI haya pedido al ministro islandés de Finanzas que ayude a controlar la crisis de la deuda en Grecia habla por sí mismo.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

A 40 años de la victoria del pueblo vietnamita sobre los Estados Unidos

Sáb, 02/05/2015 - 08:00

En abril de 1975 el pueblo de Vietnam culminaba su ofensiva contra las tropas estadounidenses y concluía así la guerra y empezaba el camino a la reunificación del país. El proceso bélico había comenzado primero con la expulsión de los franceses y luego con la injerencia norteamericana que mantenía el control territorial de la parte sur de la nación.

Historias heroicas, ejemplos de luchas y resistencias se contaban a lo largo del mundo, mostrando el ejemplo de un pueblo y de un partido –con la conducción de Ho Chi Minh- que habían logrado sintetizarse en las banderas de liberación nacional y social de su patria.

Quedaron allí los efectos de los gases utilizados por las tropas yanquis, las bombas sin implosionar pero que, sólo en la Provincia de Quang Tri, ocasionaron casi 6800 muertos posteriormente, millares de familias deshechas.

Sin embargo de esta gesta memorable es necesario sacar conclusiones y realizar un aprendizaje de conjunto.

El imperialismo utilizó allí miles de hombres y toda su tecnología más efectiva puesta al servicio de la maquinaria militar, pero no pudo contra la organización, la unidad y el objetivo estratégico que se había planteado el pueblo vietnamita.

Estados Unidos tomó nota en serio de la situación. Ya en la televisión no se verían más los féretros de los caídos en Afganistán, Irak o cualquier otro conflicto en el mundo. Aceitó su táctica comunicacional y comenzó a esbozar y concretar la idea de que todo combatiente o militante político que resiste es un terrorista. Y lo masificó en sus diarios, canales de TV, películas, series, y toda actividad de propaganda que realizara.

Comprendió que no necesariamente la saturación de tropas en un territorio garantiza el triunfo. Perfeccionó sus mecanismos de inteligencia, desarrolló toda la tecnología del espionaje y generó armas en función de esos nuevos mecanismos; pero por sobre todo diseño la estrategia de los golpes suaves, metodologías de contrainformación, uso de Ongs para insertar recursos, discursos y la generación de condiciones que llevaran al desgaste a los gobiernos populares, luego que las atrocidades cometidas por las dictaduras militares que fomentó, las hicieran inviables como formas de gobierno, especialmente en América Latina.

Los movimientos populares, progresistas y revolucionarios en el mundo, a la luz de los acontecimientos, parece que no hubieran hecho una lectura correcta de las enseñanzas de la guerra de Vietnam.

En muchos casos sólo se quedó en la euforia y el homenaje permanente, pero poco se aprendió y aplicó de los ejemplos de unidad, organización, resolución de contradicciones y por sobre todo del análisis de un contexto que estaba cambiando raudamente.

Sin embargo, el pueblo vietnamita, superada la etapa de la reunificación, comenzó a reconstruir el país y a generar las condiciones para que su población acceda a un mejoramiento integral de su calidad de vida y a índices de prosperidad como nunca había tenido.

Queda entonces pendiente seguir revisando la guerra de Vietnam en su perspectiva histórica, analizando las etapas que fue atravesando, pero rescatando, por sobre todo, que es posible derrotar al imperialismo, aún frente a su rostro más feroz y sangriento.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

China, megapotencia financiera

Ven, 01/05/2015 - 12:00
Ignacio Ramonet, Le Monde Diplomatic

Contrariamente a lo que muchos piensan, China se halla aún lejos de representar un auténtico rival para Washington. En 2015, Estados Unidos sigue ejerciendo una indiscutible dominación hegemónica sobre el planeta. Tanto en el dominio militar (fundamental) como en varios otros sectores determinantes, en particular el tecnológico (Internet) y el soft power (cultura de masas). Lo cual no significa que China no haya realizado prodigiosos avances en los últimos treinta años. Nunca en la historia, ningún ­país creció tanto en tan poco tiempo.

Sin embargo, el “Imperio del medio” sigue siendo un Estado ‘emergente’, con gigantescas bolsas de pobreza en diversas zonas del interior y con un Producto Interior Bruto por habitante (PIB/per capita, en 2013) de apenas 6.800 dólares, semejante al de, por ejemplo, Namibia, República Dominicana o Perú; muy inferior al de, por ejemplo, España (30.000 dólares), Francia (42.000) o Estados Unidos (53.000). Pero su masa demográfica es tan enorme (casi mil quinientos millones de habitantes) que su peso económico global está alcanzando niveles inauditos. De hecho, desde diciembre de 2014, en términos de poder adquisitivo global de su población, China es ya la primera potencia económica del planeta. Su economía representa el 16,5% de la economía mundial, frente al 16,3% de Estados Unidos que ocupaba ese puesto de “primera potencia económica” desde 1872...

Poco a poco, y a pesar de sus considerables flaquezas, Pekín va configu­rándose efectivamente como la única potencia capaz de establecer, a medio plazo, una verdadera ‘rivalidad estratégica’ con Washington. El presidente Barack Obama no se equivoca cuando identifica a China como el país que podría disputarle a Estados Unidos –en la segunda mitad del siglo XXI–, su hegemonía planetaria.

En esa perspectiva, decidida a rivalizar con Estados Unidos en un sector en el que éstos aparecían como intocables, China acaba de abrir un nuevo frente, esta vez contra el poderío financiero norteamericano. Con la reciente creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés) –al que España se adhirió el pasado 14 de abril–, Pekín aporta una nueva prueba de sus ambiciones.

Este Banco quiere rivalizar nada menos que con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, o sea las dos principales instituciones financieras planetarias creadas bajo los auspicios de Washington al final de la Segunda Guerra Mundial en el marco de los Acuerdos de Bretton Woods (1) y controladas desde entonces por Estados Unidos y el campo occidental. El AIIB competirá además con el Banco Asiático de Desarrollo (BASD, por sus siglas en inglés), creado en 1966, y muy controlado por Japón. Por eso, ni Tokio, ni Washington se han adherido –por ahora– al AIIB aunque han fracasado rotundamente en su intento por disuadir a sus principales aliados de hacerlo.

El plazo impuesto por Pekín para ser “miembro fundador” del AIIB se terminaba el pasado 31 de marzo. Y a esa fecha ya se habían adherido unos 57 países, entre ellos los BRICS (Brasil, Rusia, la India y Sudáfrica), así como algunos de los principales socios de Estados Unidos como Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Países Bajos, Australia, Corea del Sur, Israel, etc. Lo cual constituye una enorme victoria diplomática de Pekín y un paso más en la vía para imponerse como potencia financiera internacional.

La creación del AIIB es asimismo la consecuencia de las críticas constantes contra el FMI, y que este organismo no ha sabido corregir. En particular en lo que concierne al voto. Como se sabe, para adoptar una decisión importante en el seno del FMI es necesario el 85% de los derechos de voto. Lo cual significa que Estados Unidos (que dispone del 16,74% de los votos) posee en realidad un derecho de veto. La Unión Europea también, si todos sus miembros (que disponen, juntos, de más del 30% de los votos) se unen. Mientras que, por ejemplo, China sólo tiene el 3,81% de los votos, la India el 2,81% y Brasil el 2,50%...

Este sistema tan inequitativo de votación permite que el FMI sea, desde 1945, un ‘agente objetivo’ del capitalismo en su versión ultraliberal, partidario a ultranza de las privatizaciones, de los ‘ajustes estructurales’ (como el que se le impuso a América Latina y África en los años 1980 y 1990, y que se le impone hoy a Grecia), de la desregulación financiera y de la desregulación del trabajo.

Además, bajo el pretexto de “lucha contra la corrupción” y “de promoción de la moralidad financiera”, el Banco Mundial y el FMI (cuyos dos precedentes Directores gerentes fueron Rodrigo Rato y Dominique Strauss-Kahn...) se niegan a favorecer las inversiones para el desarrollo de las infraestructuras de muchos países emergentes.

En el nuevo Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB) ningún Estado, ni siquiera China, tendrá derecho de veto. Por vez primera, en un proyecto financiero de esta envergadura, las grandes potencias occidentales sólo dispondrán de un papel secundario. Mientras que el papel de los actores regionales será ­determinante.

El AIIB surge también, en el marco de una arquitectura financiera mundial alternativa, como una pieza que se añade al Banco de Desarrollo de China (creado por Pekín en 1994) y que le acaba de prestar 3.500 millones de dólares a la empresa estatal brasileña Petrobras, muy afectada por la caída de los precios del petróleo y por un enorme escándalo de corrupción (2). Y al Nuevo Banco de Desarrollo BRICS (New Development Bank BRICS, NDB BRICS) (3), creado el 15 de julio de 2014 con ocasión de la VI cumbre de los BRICS (Brasil, Rusia, la India, China, Sudáfrica) que tuvo lugar en Fortaleza (Brasil). La sede del NDB BRICS está –no podía ser de otra manera– en Shanghái (China) y su capital inicial es de 100.000 millones de dólares. Sus principales objetivos son: favorecer una mayor cooperación financiera y fomentar un mejor desarrollo de los Estados emergentes. O sea, los objetivos del Banco Mundial... Otro de sus propósitos, reivindicado por Pekín, es reducir la dependencia de estos Estados con respecto a los bancos crediticios occidentales y al dólar.

La batalla de la moneda es otro aspecto de la ofensiva china por la hegemonía mundial. De tal modo que, por ejemplo, todos los financiamientos realizados por el Banco AIIB este año, unos 50.000 millones de dólares, lo son en yuans chinos. Las reservas de Pekín en divisas extranjeras ascienden a 3,7 billones de dólares... Pero las fluctuaciones del ‘billete verde’ estadounidense y las flaquezas del euro hacen que China desee disponer de su propia divisa, y quiera imponerla como divisa internacional. Más de un millar de bancos en unos 85 países utilizan ya el yuan en sus transferencias. En África, el yuan es, desde hace tiempo, un instrumento fundamental de la política china de inversiones. Nigeria, Ghana, Zimbabue y Sudáfrica, por ejemplo, son algunos de los países que han adoptado el “billete rojo” como moneda de pago internacional y de reserva. El volumen de los intercambios comerciales de Pekín con los países africanos alcanzó, en 2014, unos 200.000 millones de dólares, o sea más del doble de los intercambios de África con Estados Unidos (4).

Con América Latina también se han incrementado de manera espectacular los intercambios comerciales (entre 2000 y 2013, se multiplicaron por 22). En 2013, el volumen comercial total China-América Latina alcanzó los 275.000 millones de dólares. Y se estima que esta cifra se duplicará al finalizar esta década. En los próximos diez años, China invertirá 250.000 millones de dólares en América Latina, anunció el presidente  Xi Jinping, en enero pasado en Pekín, durante el primer Foro Ministerial entre China y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Las cifras de los créditos chinos a América Latina son menos destacadas, pero también reflejan la inaudita expansión de la potencia financiera asiática y sus intereses prioritarios en petróleo, minerales y productos agrícolas. De 2005 a 2014, esos créditos sumaron 119.000 millones de dólares. Y de ese total, casi la mitad (56 300 millones de dólares) se concedió a Venezuela, que posee las mayores reservas de hidrocarburos del mundo. Le siguen Brasil y Argentina, grandes exportadores de soja, con 22 000 y 19 000 millones de dólares, respectivamente (5).

Desde el inicio del siglo XXI, China viene aumentando sus inversiones directas en el exterior, alcanzando una media de 200.000 millones de dólares al año. Su potencia de fuego inversionista sigue siendo menor que la de Estados Unidos (367.000 millones de dólares en 2012), pero ya le está empezando a morder los talones. Con cierto “pánico estratégico”, Washington ve acercarse la hora en que China se impondrá también como megapotencia financiera.
________
Notas:
(1) Los Acuerdos de Bretton Woods se firmaron al final de una Conferencia internacional que reunía a los cuarenta y cuatro países aliados y que tuvo lugar en esa ciudad estadounidense de New Hampshire del 1 al 22 de julio de 1944. Ampliamente inspirados por el economista británico John Maynard Keynes, los Acuerdos dibujaron las grandes líneas de lo que sería el Sistema financiero internacional después de la guerra, organizado en torno al dólar; y crearon dos influyentes organismos: el FMI y el Banco Mundial.
(2) Cf. L’Agefi, París, 22 de abril de 2015.
(3) Les Echos, París, 14 de julio de 2014.
(4) Le Monde, París, 15 de abril de 2015. (5) Léase, Mario Osava: “China penetra en América Latina con créditos a países en penurias”, IPS, Roma, abril de 2015
(5) Léase, Mario Osava: “China penetra en América Latina con créditos a países en penurias”, IPS, Roma, abril de 2015

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Estados Unidos crece un magro 0,2% y le echa la culpa al frío

Xov, 30/04/2015 - 12:55

Lejos del 1 por ciento que había pronosticado el mercado y los principales medios especializados, la economía estadounidense creció un magro 0,2 por ciento durante el primer trimestre de 2015. La anémica cifra estuvo muy por debajo de la tendencia observada el año pasado y se culpa de ésto al fuerte descenso de las exportaciones (caída en el comercio mundial), la inversión fija, el gasto del gobierno.... y el frío, dado que este invierno fue uno de los más gélidos de la historia. Los efectos del cambio climático que tanto se han negado a ver en Estados Unidos, comienzan a hacerse visibles: terremotos, huracanes, temperaturas extremas han trastornado la antigua normalidad. Y esto afecta, por cierto, a la economía. Entre enero y marzo el producto interno bruto de la principal economía del planeta creció a su tasa más baja desde el cuarto trimestre de 2012.

Leer más

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La desaceleración de China, nueva normalidad de la economía

Xov, 30/04/2015 - 08:00
Michael Spence, Project Syndicate

Todo indica que las dos economías más grandes del mundo, Estados Unidos y China, atraviesan una desaceleración secular. Pero todavía quedan grandes dudas sobre sus trayectorias futuras de crecimiento, lo cual incide seriamente en cuestiones de valoración de activos, riesgo y política económica. Aparentemente, Estados Unidos se estabiliza en una tasa de crecimiento real (ajustada por inflación) de alrededor del 2% anual (aunque la cuestión de si es superior o inferior al potencial de la economía todavía es objeto de arduo debate). En cuanto a China, parece ir rumbo al 6 o 7% que el año pasado el gobierno señaló como “nueva normalidad” de la economía. Algunos observadores coinciden en que ese valor es sostenible durante una década más o menos, siempre que el gobierno implemente un conjunto integral de reformas en estos próximos años. Pero otros prevén que el crecimiento del PIB chino seguirá una tendencia declinante con posibilidad de aterrizaje forzoso.

Sin duda, hay motivos para preocuparse. Estados Unidos y China se enfrentan a un panorama económico más difícil creado por el crecimiento lento e incierto de Europa (uno de los principales socios comerciales de ambos países). Además, tanto Estados Unidos como China (y de hecho, toda la economía mundial) padecen una escasez de demanda agregada que crea presiones deflacionarias. En su intento de combatirlas reduciendo los tipos de interés, los bancos centrales provocan sin darse cuenta reapalancamiento (una pauta de crecimiento insostenible), sobrevaluación de activos (con cierto riesgo de corrección a la baja, dado el poco crecimiento) y devaluaciones (que no hacen más que trasladar la demanda global de un país al otro, pero no la aumentan).

Para China, cuyo crecimiento económico todavía depende hasta cierto punto de los mercados externos, este entorno es particularmente difícil, sobre todo cuando la devaluación del yen y el euro erosiona todavía más la demanda de exportaciones. Pero aun sin la crisis de los principales mercados externos, no sería realista esperar que una economía de ingresos medios grande y compleja como la china pueda crecer por encima del 6 o 7%.

Sin embargo, tras la crisis económica global, China insistió en mantener unas altísimas tasas de crecimiento del 9% durante dos años, para lo que se apoyó en el estímulo fiscal, enormes inyecciones de liquidez y una detención temporal de la apreciación del renminbi. Si el gobierno hubiera hablado de “nueva normalidad” antes, las expectativas se hubieran condicionado de otro modo. Se habría desalentado la inversión desmedida en ciertos sectores, reducido la incobrabilidad de préstamos y contenido el exceso de apalancamiento en el sector corporativo, al tiempo que se habrían evitado distorsiones de precios de los commodities. El crecimiento se hubiera frenado igual, pero con mucho menos riesgo.

En la situación actual, en cambio, China se enfrenta a serios problemas. El bajo crecimiento de la demanda externa y el hecho de que ya tiene una gran cuota de mercado en muchos productos impiden a China en lo inmediato basar su economía en un aumento de las exportaciones. Y si bien a más largo plazo apoyar las inversiones de socios comerciales en infraestructuras (especialmente por medio de la iniciativa denominada “Un cinturón, una ruta”) puede ayudarla a fortalecer los mercados externos, esto no es sustituto para la demanda agregada interna.

Las inversiones pueden impulsar un crecimiento sostenible sólo mientras no haya una caída drástica de la rentabilidad. Para las inversiones públicas, esto implica que el valor actual del incremento en la trayectoria futura del PIB (calculado con una tasa de descuento social) sea mayor que la inversión misma.

La buena noticia es que el disciplinamiento del mercado parece estar eliminando las inversiones poco rentables. Y todo indica que la inversión seguirá en auge mientras crezca la base de capital de la economía.

Pero para impulsar la demanda, China también necesita aumentar el consumo de las familias y mejorar la provisión de servicios de más valor. Los últimos datos sugieren que a pesar de los recientes aumentos salariales, el consumo apenas equivale a un 35% del PIB. Dada la alta tasa de ahorro de las familias (alrededor del 30% de la renta disponible), la renta disponible per cápita es más o menos igual a la mitad del PIB per cápita. Es cierto que una ampliación de los programas de seguridad social y una oferta más variada de opciones de ahorro e inversión podrían ayudar a reducir el ahorro preventivo e impulsar el consumo. Pero lo que realmente se necesita es un cambio en la distribución de ingresos hacia las familias.

Sin un esfuerzo concertado para aumentar la participación de las familias en la renta total del país y el peso del consumo en la demanda agregada, el crecimiento de la oferta de servicios y bienes de consumo seguirá siendo inadecuado. En particular, para sostener un crecimiento inclusivo sería útil una expansión del sector servicios, ya que es una fuente importante de creación de empleo.

Otro problema fundamental es la caída del sector inmobiliario chino, que el año pasado experimentó un veloz descenso del ritmo de construcción y de los precios.Un aumento de presiones sobre empresas constructoras ya muy apalancadas podría generar préstamos incobrables (y por tanto, un riesgo considerable) tanto en la banca tradicional como en la informal.

Por suerte, el relativamente bajo endeudamiento de las familias chinas implica que es improbable un deterioro de balances como el que hubo en algunos países avanzados durante la crisis y que provocó una inmensa caída de la demanda, incluso si la desvalorización de las propiedades no se detiene. Esto también indica que queda algo de margen para impulsar la demanda aumentando el crédito al consumo.

Hay otros motivos de esperanza. Los salarios chinos están en alza, se están por implementar medidas de protección de depósitos y sus tipos de interés se están desregulando. Además, crece la oferta de instrumentos de inversión basados en Internet. La creación de nuevas empresas en el sector servicios (sólo el año pasado se pusieron en marcha 3,6 millones) está generando empleo, en parte gracias a un nuevo marco mejorado de otorgamiento de licencias. Y las plataformas virtuales facilitan un aumento del consumo, a la vez que amplían el acceso a mercados y la financiación para empresas más pequeñas.

La dirigencia china debería apuntar a acelerar y aprovechar estas tendencias, en vez de insistir con el estímulo fiscal y monetario. Ya hay suficiente inversión pública, y ampliarla ahora sería redirigir demanda agregada en la dirección equivocada. En tanto, el ya excesivo apalancamiento de las empresas desaconseja un aumento indiscriminado del crédito.

Cualquier estímulo fiscal ahora debe concentrarse en mejorar los servicios públicos, alentar el consumo y aumentar los ingresos de las familias. Acelerar la expansión del seguro social estatal puede ayudar a reducir con el tiempo el ahorro de los hogares. En términos más generales, China debe aprovechar sus enormes reservas para generar ingresos o beneficios que aumenten la proporción de renta que las familias consideran seguro gastar. Puesto que la inversión privada sigue sobre todo la demanda, es probable que tales medidas reviertan su actual tendencia declinante.

La economía china todavía puede desacelerarse más. La dirigencia del país debe hacer lo necesario para que, de suceder tal cosa, no se perciba como una tendencia secular, ya que ello podría dañar los dos elementos que más necesita la economía: consumo e inversión.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización