Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6824125
Actualizado: fai 1 hora 38 min

La recurrencia e intensidad de las crisis financieras

Mér, 16/08/2017 - 13:33
Roberto Machado, El Gran Angular

De las doce mayores crisis financieras en el mundo de las que se tiene registro, desde el fin de la burbuja de los tulipanes holandeses en 1636, hasta la crisis financiera internacional de 2008-2009, ocho corresponden a la era del capitalismo neoliberal. La mayor recurrencia e intensidad de las crisis financieras propiciadas por el neoliberalismo en el mundo es el resultado directo de la desregulación financiera, del libre movimiento internacional de capitales y del predominio del sector financiero por sobre el sector real de la economía (“financierismo”), que generan grandes ganancias especulativas privadas cuando las cosas van bien, que súbitamente se transforman en pérdidas gigantescas que acaban socializándose cuando las cosas van mal. Este es un rasgo esencial del capitalismo neoliberal. El otro es la creciente concentración del ingreso y la riqueza.

Las crisis financieras suelen tener cuatro fases[1]:

1. Primera (Inicio de la burbuja). Algún acontecimiento genera el surgimiento de una burbuja en el mercado de activos financieros (acciones, bonos, títulos de deuda, fondos mutuos, activos derivados, etc.) o bienes raíces (inmuebles en general). Una burbuja implica una dinámica insostenible en el crecimiento de los precios.

2. Segunda (Manía). Los bancos privados inflan la burbuja otorgando créditos masivamente, con lo que sobreviene una ola de sobre-optimismo y profecías auto-cumplidas: como todos creen que los precios de los activos financieros o bienes raíces seguirán subiendo, todos salen a comprar, con lo que efectivamente estos precios siguen subiendo, y la economía sigue creciendo. Los especuladores se llenan de plata.

3. Tercera (Pánico). Las expectativas cambian súbitamente y el optimismo se torna en pesimismo, ya sea porque los especuladores se dan cuenta de que están sobre-endeudados y/o de que los precios de los activos financieros o bienes raíces están inflados. Este es el fin de la burbuja.

4. Cuarta (Colapso). Los precios se desploman por otra profecía autocumplida: previendo que los precios van a caer, todos los poseedores de activos financieros o bienes raíces corren a vender para no perder dinero, lo que acelera e intensifica la caída de los precios. Los especuladores que venden primero no pierden; los que venden después, sí. Y mucho. Los bancos restringen abrupta y agudamente el crédito, luego de lo cual sobreviene la crisis de algunas instituciones financieras o del sistema financiero en su conjunto, debido a la insolvencia de especuladores y familias que compraron caro con crédito ayer, pero que sólo pueden vender barato hoy. De allí sobreviene la recesión o depresión.

La crisis financiera que estalló en Estados Unidos en 2008 se ajusta a esta descripción:

1. Fase 1. En 2001 la Reserva Federal inició la burbuja inmobiliaria a través de la significativa reducción de la tasa de interés que abarató el crédito por un periodo prolongado.

2. Fase 2. Entre 2002 y 2007 hubo una vigorosa expansión de créditos hipotecarios que alimentaron la burbuja, lo que generó sobre-optimismo y profecías auto-cumplidas: los bancos seguían prestando y sus clientes hacían grandes ganancias de capital por el incremento sostenido de los precios de los bienes inmuebles (compraban sus viviendas a un precio y al poco tiempo éste había subido de manera importante).

3. Fase 3. Los precios de los bienes raíces dejaron de crecer durante el tercer trimestre de 2007 debido al cambio de expectativas sobre los precios futuros de las viviendas y el sobre-endeudamiento de familias y empresas inmobiliarias.

4. Fase 4. El fin de la burbuja inmobiliaria hizo que los bancos restringieran abruptamente el crédito hipotecario a las familias, lo que generó otra profecía auto-cumplida: los precios de los inmuebles empezaron a caer, lo que fue amplificado por la escasez de demanda (por la falta de crédito hipotecario) y el exceso de oferta (porque los especuladores y las familias que habían tomado segundas y hasta terceras hipotecas para financiar gastos de consumo, salieron a tratar de vender sus propiedades antes de que los precios cayeran más).

Esto se contagió rápidamente a otros países debido al uso excesivo de activos financieros derivados y respaldados por hipotecas, emitidos en Estados Unidos[2]: al desplomarse el precio de los bienes raíces, numerosas instituciones financieras no sólo en Estados Unidos, sino también en Europa, sufrieron grandes pérdidas de capital, tornando a algunas insolventes. Como resultado, el PBI mundial se contrajo en 2009, cosa que no sucedía desde los años 1930.

En octubre de 2008, trece meses después del fin de la burbuja inmobiliaria y un mes después del colapso del banco de inversión Lehman Brothers en Nueva York, el FMI estimó las pérdidas globales de activos derivados respaldados por hipotecas y préstamos hipotecarios originados en los Estados Unidos en cerca de US$1 billón (millón de millones), ocho veces el PBI del Perú de 2008 (cinco veces el PBI de hoy), y cuatro veces los costos financieros asociados a la crisis asiática de 1997-1998.

Lo único bueno que tienen las crisis es que se puede aprender de los errores cometidos. Que el mundo desarrollado haya aprendido las lecciones de la crisis financiera internacional es algo que aún está por verse. Pero no (sólo) es un problema de comprensión, sino (principalmente) de intereses económicos concretos. Y el capitalismo neoliberal prioriza los intereses del sector financiero. Por lo pronto, la Ley Dodd-Frank firmada por Obama en 2010 para evitar que una crisis como la de 2008-2009 se repita, y que imponía una clara separación entre banca comercial (que capta depósitos y coloca préstamos) y banca de inversión (que realiza inversiones especulativas), ya ha sido desmantelada por Trump. Lamentablemente, la cosa no pinta nada bien.
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[1] Ver C. P. Kindleberger y R. Alibier (2005). Manias, Panics, and Crashes. A History of Financial Crises. John Wiley & Sons, Inc: Hoboken, Nueva Jersey. Quinta edición.
[2] Se llaman activos derivados porque derivan su valor del de otros activos, en este caso del valor de las viviendas. Cuando el precio de los inmuebles se desplomó, también se esfumó el valor de los activos derivados.

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Chomsky: "El neoliberalismo nos ha llevado al fomento de las tiranías"

Mar, 15/08/2017 - 08:00

El reconocido filósofo, lingüista y activista estadounidense Noam Chomsky ha desgranado en una entrevista con el periodista Chris Hedges del programa de RT 'On Contact' las ideas clave de su nuevo libro 'Réquiem por el sueño americano'. El prolífico escritor sintetiza en el volumen las diez maneras en que las élites occidentales lograron hacerse con las riendas del poder. Según Chomsky, a principios de la década de 1970 en Occidente se produjo un "desvío neoliberal". A raíz de este, la toma de decisiones en la sociedad empezó a pasar de la comunidad al "mercado libre". En sus palabras, fue "una política dirigida a la privatización, la reducción del papel de los establecimientos estatales, la eliminación de la supervisión, la protección de las organizaciones financieras y su promoción". Chomsky afirma que a estas iniciativas se les ha calificado como "fomento de las libertades", aunque sea "de la tiranía".

Chomsky recuerda cómo la toma de decisiones en el Estado pasó de la política, donde los ciudadanos ejercen su influencia, al sector corporativo. Son los monopolios y los oligopolios o las "tiranías privadas" las que empezaron a desempeñar el papel principal. En su ensayo, recuerda cómo la vida de los trabajadores se deterioró de forma "significativa" y como consecuencia de los acuerdos de libre comercio compiten globalmente. Por ejemplo, en Europa y EEUU los trabajadores están perdiendo la batalla ante los chinos que están dispuestos a trabajar en duras condiciones por míseros salarios.

Chomsky opina que esta situación de vulnerabilidad fue creada en EEUU a propósito. Los sueldos se mantienen bajos, mientras los trabajadores "de forma continua piden apoyo social" y la inflación permanece en registros discretos, y sufren la disminución de su calidad de vida. Chomsky señala que esta realidad a nivel global s vista como positiva para la economía de un país, lo que aisla màs a los trabajadores. Por ello los trabajadores tienen miedo de luchar por sus derechos y los sindicatos están muriendo. Según el filósofo, este es uno de los componentes fundamentales de la 'gran moderación' que implicó el éxito de los programas neoliberales. Antes del derrumbe del sistema económico, en 2007, los sueldos reales eran más bajos que en 1979, cuando se inició el experimento neoliberal. El neoliberalismo nos ha conducido no al fomento de las libertades, como dice, sino más bien al fomento de las tiranías más déspotas.

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Un bufón comanda el imperio

Lun, 14/08/2017 - 13:51
Emir Sader, Página 12

Estados Unidos siempre tuvo el temor de no lograr mantener dos guerras a la vez. Con el entusiasmo del consenso logrado para invadir y destruir a Afganistán –chivo expiatorio de los atentados a las Torres Gemelas, para librar de responsabilidades a Arabia Saudita, su aliado carnal–, el gobierno norteamericano se lanzó, en ese momento sólo con el apoyo de Gran Bretaña, a invadir y a destruir el país de la civilización más antigua del mundo: Irak. Década y media después, todavía está por allá. No ha logrado salir de ninguno de los dos países, a pesar de haberlos destruido.

Ahora, con el intervalo de pocos días, Donald Trump, que dirige el imperio por Twitter, dio dos declaraciones bomba, bien a su estilo. Dijo que Corea del Norte será víctima del ataque más fenomenal que el mundo haya conocido y, no contento con ello, que evalúa la posibilidad de una solución militar con Venezuela.

La agencia Reuters dijo que hay una vía de comunicación directa y secreta entre Corea del Norte y EEUU, una especie de teléfono rojo o amarillo. The New York Times delineó las razones por las cuales Washington no se metería con Caracas: pérdida de ganancias de empresas norteamericanas del petróleo, costo caro de importar crudo de otros países más lejos, además de las reacciones, que suscitarían más apoyo al gobierno venezolano.

Pero Trump ya ha jugado con apretar el botón de guerra, bombardeando Siria y Afganistán, le gustó y tuvo apoyos dentro y fuera de EEUU, después de realizar una operación en los medios sobre las crueldades que el gobierno de Assad habría cometido y que llevaron a Trump casi a las lágrimas. No fue necesario nada de ello para que tirara la bomba más potente ya disparada hasta hoy en contra de un país, en Afganistán.

Racionalmente nadie tomaría en serio a EEUU, metido todavía en Afganistán y en Irak, además de Siria, lanzado a destruir Corea del Norte e invadiendo a Venezuela, a la vez. Pero el hecho de ser el presidente con menor apoyo en los primeros seis meses de gobierno, puede incitar a Trump a montar operaciones mediáticas –como la que él hizo sobre Siria, buscando conmover con la exhibición de escenas de crueldad atribuidas al gobierno de Assad– para justificar alguna operación que, él cree, pueda aumentar su apoyo interno y mostrar al mundo que él todavía está en el comando del mundo.

Después de tantas barbaridades que Trump ha hecho y ha dicho, ya hay gente que no duda que pueda meterse en alguna nueva aventura nuclear en contra de Corea del Norte. Y que pueda querer “dar una lección” a Venezuela, valiéndose del clima favorable en el continente, antes que pueda cambiar, por ejemplo, con un eventual retorno de un gobierno hostil en Brasil.

Lo cierto es que un bufón comanda el imperio y tiene el botón nuclear al alcance de su dedo y de su Twitter. Esa es la contribución de EEUU hoy al restablecimiento de la paz mundial. Solución que ya no resultó en Siria y tampoco ha logrado ser puesta en práctica en contra de Irán. Rusia salió fortalecida, como la gran adversaria del llamado Estado Islámico, y promotora de soluciones que superen la crisis de Siria. Todo ha resultado mal para EEUU allá. Además de la incomodidad y el desgaste de las relaciones estrechas con Arabia Saudita, por ser el país promotor de apoyo al Estado Islámico, el agente más importante del terrorismo en Medio Oriente y en otros lugares del mundo.

Las amenazas de la derecha de que Venezuela está en todos los países, como lo hace Macri frente a los reveses electorales, no tiene asidero en la realidad. Pero una locura de Trump en contra de Venezuela va a tener consecuencias, que se desparraman por todo el continente. Hasta la misma OEA se vio obligada a condenar las declaraciones de Trump, lo mismo hizo el ex presidente mexicano Vicente Fox.

Una locura de Trump en contra de Corea del Norte no podría sino tener efectos graves, con respuestas hacia Corea del Sur, además de que lo que quede de los países se volverá ingobernable. En Venezuela promovería un nuevo aislamiento grave de Washington en América latina. Y tampoco es seguro que los norteamericanos apoyen locuras de ese tipo, después de los fracasos y los desgastes en Afganistán, Irak y Siria.

Pero es bueno saber que un bufón comanda el imperio y todo lo malo que puede ocurrir a partir de esa situación. Incluso la crisis final de la hegemonía imperial norteamericana en el mundo.

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El Dow Jones en 22.000: Un nuevo récord de parasitismo

Lun, 14/08/2017 - 08:00
Nick Beams, wsws.org

El Promedio Industrial Dow Jones registró su séptimo récord consecutivo el día del 3 de agosto, después de llegar a 22.000 el miércoles, impulsado por un aumento de 4,7 por ciento en las acciones de Apple. El Dow ha casi triplicado su valor desde que alcanzó su punto bajo post-crisis financiera del 2008 de 6.547 en marzo del 2009.

El histórico auge bursátil ha continuado a pesar de la inestabilidad del gobierno de Trump y el aumento de las tensiones geopolíticas, con EEUU amenazando con guerra en Europa contra Rusia, en el Medio Oriente contra Irán, y en el este de Asia contra Corea del Norte y China. El mismo día del auge del Dow, Donald Trump promulgó nuevas sanciones contra Rusia, Irán y Corea del Norte. La Unión Europea se desmorona después del Brexit y la alianza entre los Estados Unidos y Alemania se está convirtiendo en hostilidad abierta y mutua. En medio del continuo estancamiento económico, las relaciones comerciales mundiales se están desintegrando, dando lugar a la guerra comercial y el proteccionismo. Nada de esto ha puesto fin a la bonanza en Wall Street y las bolsas del mundo. En lo que va del año, el Dow ha subido un 11,5 por ciento. Una inversión de $10.000 hecha hace apenas una década ahora valdría $33.600. Estas enormes ganancias no llegan a toda la población —la Reserva Federal estima que sólo un 15 por ciento de los hogares posee acciones— sino que a la élite financiera.

En las primeras décadas del período post-Segunda Guerra Mundial, un alza en el mercado bursátil de los EEUU indicaba un fortalecimiento generalizado de la economía estadounidense, impulsada por las grandes corporaciones industriales que encarnaban la superioridad general de los métodos productivos del país. Esta época quedó en el pasado. El auge bursátil actual es una expresión de la inmensa y creciente distancia entre los mercados financieros y la economía real subyacente.

El júbilo de los directorios empresariales, Washington y la prensa por el alza del Dow por sobre los 22.000 coincide con escenas que recuerdan a la Gran Depresión. Decenas de miles trabajadores, viejos y jóvenes, en ciudades y pueblos económicamente devastados en todos los EEUU hacían cola para solicitar empleo con el minorista online Amazon con esperanzas de obtener puestos que pagan apenas $12,50 la hora.

Las verdaderas condiciones de millones de trabajadores quedaron en evidencia el mes pasado cuando Foxconn, el gigante taiwanés de la manufactura electrónica, decidió abrir una planta de ensamblaje en los Estados Unidos. Los salarios reales en el país ya son tan bajos que se volvió rentable trasladar la producción a los EEUU más cercano a la sede central de Apple y las otras empresas de alta tecnología a las que provee.

Con el hito del 2 de agosto, el Dow marcó un nuevo récord de rapidez en subir 1.000 puntos. El suceso fue bienvenido por la prensa financiera, comentando que el alza significaba un incremento en las oportunidades de ganancias de las empresas estadounidenses gracias al fortalecimiento de la economía de Estados Unidos y el mundo.

El New York Times citó a un ejecutivo empresarial que dijo que a nadie le importaba la “teleserie” en Washington y que lo que importaba era la mayor demanda mundial de las industrias pesadas y el dólar débil, que favorece las exportaciones estadounidenses.

El Wall Street Journal citó a un analista de capital de JPMorgan que afirmaba que la actual temporada de altas ganancias era “más evidencia de un repunte en las fortunas de la economía mundial” y que el crecimiento global acelerado mantendría las acciones en alza.

Estas afirmaciones no se sostienen en datos verdaderos. El Fondo Monetario Internacional proyecta un crecimiento mundial de 3,5 para este año. Mientras esto significa una leve alza respecto a las evaluaciones anteriores, está muy por debajo de los niveles anteriores a la crisis financiera mundial. Todas las principales instituciones económicas mundiales, como el FMI, el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, indican que bajas tasas de inversión en la economía real siguen ralentizando el crecimiento de la productividad.

El mes pasado, el FMI modificó a la baja sus estimados de la expansión económica de los EEUU a 2,1 por ciento, comparado con su predicción de 2,5 por ciento de hace un año. La organización descartó que la economía estadounidense volvería a una tasa de crecimiento de 3 por ciento, lo que el gobierno de Trump afirma que logrará con su programa de recortes tributarios para las corporaciones, desregulación empresarial y bonos del gobierno disfrazados de inversión en infraestructura.

En lugar de reflejar la fuerza de la economía estadounidense, el auge en el mercado de valores es la consecuencia de las formas parásitas de acumulación de lucro que se han generalizado más y más en las últimas décadas, especialmente después de la crisis financiera mundial del 2008. Estas diversas formas de parasitismo se reflejan en las principales fuerzas impulsoras detrás del alza perpetua del mercado bursátil. Una de las principales causas del alza del Dow ha sido la subida de las acciones bancarias anticipando el desmantelamiento de las mínimas normas impuestas por la Ley Dodd-Frank, que se aprobó el 2010 en respuesta a la crisis financiera. Los bancos recibieron otra ayuda cuando el mes pasado se anunció que habían aprobado las pruebas de esfuerzo organizadas por la Reserva Federal, lo que les permitió desplegar inmensas alzas en los dividendos y comprar sus propias acciones para inflar su valor.

Los motores clave del mercado ya no son las grandes corporaciones industriales, sino empresas como Facebook, Netflix, Google, Apple y Amazon, las cuales tienen acumulan lucro de manera muy distinta a los líderes del mercado del pasado. Amazon, por ejemplo, no produce nada. El alza de sus acciones, que la semana pasada convirtió brevemente a su dueño Jeff Bezos en el hombre más rico del mundo, proviene de su habilidad para inventar nuevas maneras de socavar a los gigantes minoristas tradicionales. Por tanto, el ascenso de Amazon ha venido de la mano de una ola de clausuras de tiendas minoristas y la pérdida de decenas de miles de empleos en todo los Estados Unidos.

Las empresas de alta tecnología Apple y Google, igual que las principales compañías farmacéuticas, aumentan sus ganancias monopolizando el conocimiento, protegidos por los llamados derechos de propiedad intelectual, de la misma manera que en una época pasada la posesión de tierras y la extracción de renta formaba un componente principal de la acumulación de riqueza.

Estas empresas reclaman que sus precios de monopolio son necesarios para financiar nuevas investigaciones. Pero en realidad, estos dineros se utilizan para financiar la recompra de acciones y así enriquecer groseramente a los grandes inversionistas. Apple es una de varias grandes empresas, apodadas “monstruos de la recompra” por el canal de economía CNBC, que han estado utilizando sus ganancias no para invertir en la producción, sino para aplicar “ingeniería financiera” e inflar el valor de sus acciones.

Una investigación reciente mostró que del 2006 al 2015, las 18 farmacéuticas en el índice S&P 500 gastaron $516 miles de millones en recompras y dividendos, un 11 por ciento más que lo que gastaron en investigación y desarrollo. En otras palabras, más de 500 mil millones de dólares que podrían haberse usado para mejorar la educación en salud y otros servicios sociales esenciales se gastaron en aumentar la riqueza de los ultra-ricos. Se estima que cada año las empresas del índice S&P 500 gastan entre $500 y $600 mil millones en recompra de acciones.

Estas operaciones, que mueven miles de millones de dólares directo a las manos de los ultra-millonarios, son financiadas por la Reserva Federal de los Estados Unidos. Ésta inyectó billones de dólares en los mercados financieros tras la crisis financiera del 2008, y bajó al mínimo histórico la tasa de interés de los dineros prestados para esta “ingeniería financiera”.

A contrario de lo que afirman los medios convencionales, el alza del Dow no indica que la salud de la economía estadounidense esté mejorando, sino que expresa la diseminación de la decadencia y el parasitismo.

En última instancia, este proceso de saqueo social debe ser pagado —a expensas de los empleos y el nivel de vida de la clase obrera, la misma que produce todo el valor a través de su trabajo. La enorme inflación de los activos financieros es como una pirámide invertida asentada sobre una base cada vez más estrecha de valores reales generados por la inversión productiva y la expansión de las fuerzas productivas.

Se requieren dos cosas para perpetuar esta burbuja financiera inestable e insostenible: la explotación cada vez más brutal de la clase obrera y la supresión de sus luchas. Para poner fin a lo primero hay que acabar con lo segundo, e infundir las luchas de la clase obrera con una conciencia revolucionaria y socialista.

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Publicistas del imperio

Dom, 13/08/2017 - 08:01
Atilio Borón, Página 12

Evidentemente, las crisis enseñan. Hacen caer las máscaras de quienes aparecían ante los ojos del público como “periodistas” –serios, independientes, bien informados– y los revela como lo que son: agentes de propaganda, publicistas de los grupos dominantes para quienes este es el mejor de los mundos posibles. Un mundo en donde ocho individuos tienen más riquezas que la mitad de la población mundial y el 1% más rico tiene más que el 99% restante del planeta. Para quienes están en la cima de esa pirámide pretender cambiar este mundo es una locura y una amenaza a sus intereses y privilegios. Por eso organizan una legión de publicistas disfrazados como “periodistas” o “académicos” que se encargan de engañar a la gente sea mintiendo u ocultando lo que el común de los mortales no debe jamás saber. ¿El mensaje? El mismo de Margaret Thatcher: “no hay alternativas”.

La desesperación por abortar cualquier pretensión de cambio, cualquier aspiración a construir una sociedad más justa, humana, amigable con la naturaleza es tan grande que en el día de hoy el periódico conservador La Nación publica las opiniones de dos de sus habituales colaboradores perpetrando un exabrupto que los descalifica para seguir posando como analistas políticos. Andrés Oppenheimer en la edición impresa comienza con un título que anticipa la sutileza de su escrito: “Maduro es un dictador”. Y pocas horas después, en la edición online de ese mismo diario, Loris Zanatta, un historiador italiano especializado en el estudio del nacionalismo católico y el peronismo, ganado por su ofuscación levanta la apuesta de su colega y de un plumazo Maduro ya no es un dictador sino un déspota que preside un estado totalitario.

En épocas normales jamás me habría ocupado de personas que dicen lo que estos dos publicistas. Pero vivimos en un mundo que se acerca temerariamente a su autodestrucción, “tiempos interesantes” según la conocida maldición china que inspiró a Eric Hobsbawm, y en épocas como esta quien calla otorga. Lo que transmiten los editorialistas de La Nación no son ideas sino como dijera Octavio Paz (ese sí que era un intelectual fuera de serie, lástima que involucionó hacia la derecha) simples “ocurrencias”. A ambos los reprobaría en un examen y les exigiría que leyeran cuidadosamente algunos de los textos clásicos en la teoría y la filosofía políticas antes de hablar de dictaduras y totalitarismos. Leer a Carl Schmitt, Sheldon Wolin, Franz Neumann, Hanna Arendt, Max Weber, Barrington Moore, Giorgio Agamben, Domenico Losurdo, Perry Anderson, Juan Linz y, entre nosotros, a Gino Germani para no incurrir en papelones como los que me veo obligado a comentar. Creo que es una falta de respeto para con los lectores hablar de dictadura apelando al Diccionario de la Real Academia Española o al Merriam- Webster. A falta de teóricos reconocidos y respetables en el campo de la ciencia política Oppenheimer cita una autoridad extravagante: el Asesor de Seguridad de Donald Trump, H. R. McMaster, quien según nuestro autor estuvo en lo cierto cuanto declaró que Maduro “no sólo es un mal líder: ahora es un dictador”. McMaster no parece demasiado calificado para dictar cursos de teoría política o hablar de estos temas. Su obra jamás la he visto citada en los textos que seriamente estudian el tema. Es un general del ejército con un doctorado en historia de Estados Unidos y un rudo crítico de las “políticas blandas” aplicadas por la Casa Blanca en Vietnam, cosa que lo pinta de cuerpo entero. Pero las opiniones del imperio no se discuten sino que se acatan y entonces si McMaster lo dijo Maduro “debe ser” un dictador. Extraño, como señalaba Galeano a propósito de Chávez, en un país donde su “dictadura” convocó a 21 elecciones y las dos que perdió fueron inmediatamente aceptadas por el “dictador”, mientras que la oposición “democrática” nunca reconoció sus 19 derrotas. Dictador que acaba de convocar nuevas elecciones para alcaldes y gobernadores, y que si la oposición -que dice contar con la mayoría del apoyo popular- se presenta puede ganar sin ningún problema. Que según el ex presidente James Carter el dictador cuenta con un sistema electoral que es de los mejores del mundo, más transparente y confiable que el de Estados Unidos. Que acepta que funcione una Asamblea Nacional que tiene tres “diputruchos” y que desobedeció la orden del Tribunal Superior de Justicia de convocar a nuevas elecciones para reemplazarlos con diputados legalmente electos. Que admite que el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, visite al Jefe del Comando Sur de Estados Unidos rogándole que envíe tropas a Venezuela para restaurar el orden, regrese al país sin ser molestado, convoque a conferencias de prensa para denunciar al “dictador”, continúe con su investidura parlamentaria y su actividad política hasta el día de hoy y nadie lo haya denunciado por lo que en la Argentina sería un gravísimo delito de traición a la patria. Que tiene que vérselas con medios de comunicación opositores que hicieron de la mentira y la difamación su modo de ejercer el periodismo. Si Maduro es un dictador entonces don Andrés tendrá que acuñar alguna nueva categoría teórica para asignar en su tipología a demócratas tan eminentes como el golpista Michel Temer; Manuel Santos, Enrique Peña Nieto, Horacio Cartes y nuestro Mauricio Macri, con Milagro Sala como presa política, Santiago Maldonado como “desaparecido” y la tentativa de nombrar dos jueces de la Corte Suprema por decreto.

Si lo de Oppenheimer es un exabrupto, lo de Zanatta ya se inscribe en otra dimensión: un disparate en donde Chávez termina siendo peor que Videla o Pinochet. Decir que por obra de su déspota totalitario Maduro ha “eliminado la política”, o que en ese país las elecciones “son rituales plebiscitarios llamados a ratificar la unidad del pueblo” (¿Cómo explica don Loris la mayoría absoluta de la oposición en la Asamblea Nacional?, ¿estuvo alguna vez en la hiperpolitizada Venezuela?) o, peor aún, “que el chavismo, el castrismo y el peronismo clásico, al igual que sus antepasados, no son dictaduras simples, sino fenómenos totalitarios” constituyen aberraciones históricas y teóricas que hablan de los efectos tóxicos de algunas sustancias sobre el cerebro de las personas y que las desconecta por completo de la realidad. Mi maestro y director de tesis doctoral, Gino Germani, se estará revolviendo en su tumba al escuchar tan solemne disparate contra el cual luchó toda su vida. Volver con la cantinela del peronismo como “totalitarismo” es un error tan grosero que la Universidad de Bologna debería someter a su profesor a un jurado académico y apartarlo de su cargo por mala praxis, por el imperdonable pecado de confundir ciencia con propaganda.

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Primarias en Argentina: más que elecciones, un plebiscito

Sáb, 12/08/2017 - 13:11
Javier Tolcachier, Alai

Este domingo se disputan en Argentina elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias. Bajo el pomposo nombre de “Ley de democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral”, la norma que las regula fue sancionada en 2009. Si bien en la teoría uno de los propósitos de esta pre-elección es la de ser una suerte de pre-selección democrática de candidatos dentro de las distintas agrupaciones, en la práctica esta premisa no se ha cumplido y la mayoría de las listas son únicas, sin competencia interna.

Otro motivo esgrimido en su momento para justificar la ley fue la de “ordenar” el espectro político y fortalecer el sistema partidario, previendo números de afiliaciones más altos para obtener o conservar personería jurídica, recolección de firmas para avalar candidaturas y por último, lograr un piso mínimo de votos (1.5% del padrón) para poder competir en la elección de fondo. Lejos de contribuir a una profundización democrática – como era de preverse – la nueva reglamentación conspiró contra las posibilidades de nuevas formaciones o partidos minoritarios, reduciendo la diversidad de opciones y dando continuidad al chantaje del electorado y a la concentración del voto.

Por último, el modelo partidario de representatividad no se fortaleció en absoluto. Por el contrario, los partidos fueron vaciándose paulatinamente quedando apenas como esqueletos anticuados o sellos de goma, incapaces de contener o atraer el impulso transformador de las militancias jóvenes. Esta decadencia de antiguas formas partidarias llegó al punto del vergonzante ocultamiento de sus gloriosas siglas a fin de no espantar votantes potenciales.

En rigor de verdad, ese proceso no tiene su origen en esa ni en ninguna otra ley, sino que obedece a la sublevación social contra modalidades y poderes burocráticos incapaces de ceder al empuje de nuevos tiempos que exigen una democratización estructural.

De este modo, desde un punto de vista institucional, las PASO han quedado vaciadas de su contenido original y se convierten en una pulseada preelectoral, una encuesta sobre el humor ciudadano, una suerte de antesala de la elección real a llevarse a cabo en Octubre de este año. ¿Apenas eso? De ningún modo.

Dadas las circunstancias políticas en Argentina, en vista del retroceso social inesperado para algunos, absolutamente previsible para otros, la cita adquiere un alto voltaje simbólico. ¿Qué se juega en ellas? Y en términos más amplios, a escala regional o mundial, ¿cuáles son las implicancias de su resultado?

La facción gobernante encabezada por el empresario Macri, asumió el gobierno en 2015 con una clara inferioridad legislativa, debilidad a la que se sobrepuso de manera relativa, mediante acuerdos y presiones espurias que concluyeron en la traición de un grupo de diputados y senadores al mandato político opositor conferido por un número muy significativo de la población en la elección precedente.

Sin embargo, no contar con mayorías propias o permanentes en las Cámaras atemperó – aunque parezca inverosímil dadas las características antipopulares de las medidas tomadas en los últimos dieciocho meses – la vocación de capitalismo salvaje que anima al gobierno actual. De este modo, el objetivo del gobierno es perfectamente escrutable: lograr en la elección de Octubre acuñar una mayoría legislativa – propia o alquilada – con legitimidad suficiente para profundizar el (des)ajuste social. Si consigue eso, los argentinos se verán con un panorama similar al que actualmente transita el Brasil. En pocas líneas: aumento de la edad jubilatoria y descenso relativo de sus montos, reducción salarial y de derechos laborales, congelamiento o eliminación de subsidios sociales, desinversión pública en salud, educación, vivienda, cultura, ciencia, fuerte desgravación impositiva para las grandes empresas. Todo ello con el fin de abrir a la banca y al empresariado corporativo local e internacional la mercantilización total de la vida colectiva y generar la maximización de beneficios de esa porción minoritaria.

En la vereda de enfrente, los movimientos populares y sus expresiones más progresistas, conscientes de este panorama, apuntarán todas sus fuerzas a frenar este proceso involutivo de exclusión y desintegración social. Al tiempo de recomponer líneas y alianzas luego de la derrota electoral última – que en estas latitudes se traduce en fuga de organizaciones e individuos dependientes en su militancia del grifo gubernamental – la oposición real, encarnada en el kirchnerismo y algunas pocas opciones menores, aspira a impedir en primer término “mayorías automáticas” en el parlamento que habiliten, una vez más, el desguace estatal y la hecatombe social.

De este modo, la clave política de esta elección primaria no está puesta en las candidaturas a escoger, ya que los nombres y los perfiles están ya definidos por ambas estrategias. El resultado, aunque muy posiblemente favorable a la intención opositora de mostrar una fuerte crítica popular a la política en curso, no bastará para hacer fracasar por completo el modelo.

El gobierno, apoyado, aconsejado, protegido y hasta digitado por el hegemón mediático principal, tratará incluso de vender la derrota relativa como un avance, escondiendo a la opinión pública la faceta que menos le convenga y dando mayor relevancia a lo que pueda resultarle favorable a sus designios. Por otro lado, proseguirá impertérrito en su intención de forzar a la sociedad a seguir por el mismo camino, triunfe o no en la elección, con legitimidad o sin ella.

Pero ésta no es tan sólo una lucha local. El propósito de apropiación final del todo social no es un invento del gobierno sino de las corporaciones globales, que lo incluyen pero exceden largamente. Para éstas, el Estado no sólo es un enemigo porque redistribuye parte de los dividendos sociales a los sectores más postergados, como sucedió en la década progresista en Bolivia, Venezuela, Ecuador, Argentina, o Brasil. O bastante antes en Cuba o Nicaragua. En esos lugares y tiempos, millones de personas salieron de la pobreza extrema, del hambre, lograron ampliar derechos, cultivaron su dignidad y construyeron colectivamente cierto grado de autonomía y soberanía en medio de un mundo en decadencia. Malos ejemplos a erradicar so pena cunda la pandemia inclusivista, según los cánones del poder.

Para desgracia de la elite, éste no era el único problema para el desarrollo de “buenos negocios”. El Estado, por entonces, no solamente dejó de ser una herramienta en manos de los poderosos, sino que pasó a ser su principal competidor. Un fuerte competidor que comenzó a gestionar los principales recursos aumentando la disponibilidad de ingresos para invertirlos en el bienestar de las mayorías. Un competidor que amplió el acceso a los servicios y productos para todos a bajo o nulo costo. Imperdonable! Competencia desleal! ¿Pero desleal a quién?

Así es que, en el plano económico, las grandes corporaciones multinacionales decidieron apoderarse del Estado, para que vuelva a servirles como siempre. Para que sea apenas un departamento corporativo más, un anexo. Por la razón o la fuerza, con elecciones o golpes, duros o blandos, como sea. Colocando a sus propios gerentes al frente o a lacayos entrenados en las arduas lides de la banca mundial, toda gente de su confianza, con sus códigos y su cruel frialdad ejecutiva. Insensibles que sólo piensan en que la curva de beneficio de su “company” y las bonificaciones personales que obtienen por ello vayan para arriba, sin importar la tragedia humana y medioambiental generada en su estela. Para los custodios del capital, todo derecho es dádiva injusta y toda tendencia equitativa, populismo o peores e impronunciables “ismos”.

Pero como se supone que los buenos “ismos” ya son historia antigua, que la aspiración de igualdad de oportunidades pertenece a la era pre-muro de Berlín y no a la post-muro de Trump (o de Ceuta, Hungría, Gaza y tantos otros), entonces la vulgaridad se personaliza como “castrismo”, “chavismo” o tantas otras.

Y esta personalización cumple también con una parte esencial del plan, ya que la única defensa posible de los pueblos frente a estos “monstruos grandes que pisan fuerte” es su capacidad de organización, de movilización y la enorme fe que depositan en sus liderazgos. Y esa línea estratégica es la que en definitiva los grupos de poder económicos quieren quebrar. La única trama posible que augura la “sustentabilidad” de su esquema. De ese modo, proscribir, encarcelar, difamar a los líderes sociales se corresponde con diluir la fuerza de la resistencia organizada de los pueblos. Matar la rebeldía es descabezarla y desanimarla.

Los pueblos conquistados deben ser inermes, no tener capacidad alguna de respuesta, regresar a la impotencia absoluta, ser esclavos conscientes de su incapacidad de respuesta.

Para ello el arma imprescindible son los medios masivos de difusión, de convencimiento, de manipulación en conjunto con las deformadas “redes sociales”. No hay mejor esclavo que el que cree elegir su esclavitud, el que se conforma con ella, el que no ve ninguna otra alternativa a su prisión in- y subhumana.

Sin embargo, en esta película de terror cuyo papel protagónico es de los tiranos de traje, hay un último y gran escollo: la raíz cultural de los pueblos latinoamericanos. Pese a todo el esfuerzo publicitario por promover el individualismo y la competencia, las culturas lugareñas conservan fuertes rasgos gregarios, de pertenencia colectiva. La esencial cuota identitaria que hace que el latinoamericano medio adhiera al fenómeno comunitario dificulta la permeabilidad de los conjuntos al engañoso ideal de felicidad que promueve el mundo capitalista. Las cúspides solitarias pueden atraer fugazmente, pero no llegan a la profundidad arraigada en esta región cultural, más proclive en su base social a la solidaridad y la cooperación, aunque no siempre lo parezca.

Por tanto, para imponer la crueldad como máxima virtud y eje de un modelo social depredador y esclavizante, se somete a los pueblos a una colonización cultural, a la imposición de modelos de vida no elegidos, ni coincidentes con la acumulación de memoria histórica. Dividir, diferenciar, y a la vez odiar al diferente. Esquizofrenia social y personal. ¿Cómo asombrarse luego de que crezcan los actos de violencia y la locura?

Ése es el sentido simbólico de esta elección primaria, donde nada pero todo se elige. Es una elección entre la posibilidad de liberación colectiva en lo social, cultural, económico y de estilo de vida frente al sometimiento a las falsas promesas de la libertad egocéntrica.

Es un plebiscito existencial. En contra del gobierno de las corporaciones y la dictadura del capital.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El periodismo necroterrorista contra Venezuela

Ven, 11/08/2017 - 12:10
Gilberto López y Rivas, La Jornada

Al día siguiente de la histórica elección de la Asamblea Nacional Constituyente, que tuvo lugar en la República Bolivariana de Venezuela el 30 de julio pasado, innumerables periódicos en el ámbito planetario, entre ellos, de México, exhibieron en sus primeras planas la fotografía del momento preciso en que es detonada una carga explosiva en una avenida del este de la ciudad de Caracas, dirigida contra una caravana de motorizados de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB). En un video de la emboscada que circuló por las redes electrónicas, es posible observar la columna de motociclistas dar vuelta a una esquina, y de pronto, en el fondo de la calle, tiene lugar la detonación que causó la muerte de un joven integrante de este cuerpo militar y heridas graves a otros ocho.

Los medios de comunicación empotrados en los grupos fascistas que pretenden deponer al presidente constitucional Nicolás Maduro Moro, filmaron los detalles del ataque hasta su fatal consumación, e, incluso, en el video, es posible escuchar las exclamaciones de júbilo de los supuestos "luchadores por la libertad", que celebran así el éxito de su atentado, que, de realizarse en cualquier ciudad de Europa o Estados Unidos, seguramente hubiera ocasionado una "conmoción mundial".

Sin embargo, esta cobarde agresión preparada con premeditación, alevosía y ventaja, fue cabeceada con titulares de este tenor en los diarios: "Maduro baña en sangre Venezuela en farsa electoral", "Imponen la Constituyente, día de fuego y sangre", "Maduro completa su giro autoritario en una Venezuela en pie de guerra", "Maduro encubre con violencia y represión el fracaso de la constituyente", "Maduro perpetra su golpe". El diario mexicano Milenio, con la misma portada, cabeceo: "Imponen la Constituyente". Esto es, las víctimas son presentadas como victimarios y la fotografía de un acto terrorista es mostrada como prueba de las derivas autoritarias de una supuesta dictadura y de un ambiente de "caos y guerra civil".

El reconocido experto en medios de comunicación, Pascual Serrano, analiza críticamente estas portadas de los diarios del estado español: ABC, El Mundo, La Razón, La Voz de Galicia, Heraldo, El Norte de Castilla. Sin embargo, la realidad de la jornada electoral en la que se eligieron los y las constituyentes fue totalmente distinta a la proyectada por el necroterrorismo mediático, que, por la uniformidad y sincronía de su mensaje, bien se puede suponer, sin entrar en la teoría de la conspiración, que hubo un director de orquesta en esta "batalla por la narrativa" de los militares estadounidenses especialistas en las guerras de amplio espectro. Lo que importa no es la verdad de lo que ocurre, sino la manipulación mediática a nivel masivo. Como bien lo denunció el ministro del Poder Popular para la Comunicación e Información, Ernesto Villegas: “Contra Venezuela se está produciendo un mega fake news”. (Correo del Orinoco, 6/07/17)

Estuve en Venezuela días antes y durante el proceso electoral como parte de la observación internacional proveniente de ciudadanos de unas 20 naciones. De nuestros recorridos, entrevistas y testimonios pude observar un país en el que la violencia proviene fundamentalmente de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) y sus brazos paramilitares y delincuenciales, y está localizada en puntos muy precisos y reducidos de la geografía venezolana. El resto del territorio vive la normalidad cotidiana de un país caribeño, con las características estructurales de una economía rentista en profundo cambio, pero, sobre todo, sometida al asedio oligárquico-imperialista, siempre omitido por los analistas, incluyendo quienes se autocalifican de "izquierda". Partimos de la base de que el chavismo ha sido un verdadero terremoto sociopolítico que provocó una toma de conciencia de clase y de patria de millones de personas, por un lado, y, por el otro, la rebelión sediciosa, racista y clasista del grupo oligárquico que perdió el poder político y el apoyo de las fuerzas armadas, que, en este caso, obedecen al poder originario: el pueblo de Venezuela. De ahí que la burguesía busqué en Estados Unidos, la desprestigiada OEA y los gobiernos subalternos al imperio, la intervención por la vía de sanciones económicas y políticas y, la ansiada y demandada intervención militar. El fracasado ataque de civiles portando uniformes militares, al mando de un oficial subalterno que hace tres años fue separado de la institución por traición a la patria y rebelión, al Fuerte Paramacay, ubicado en Valencia, estado Carabobo, en la madrugada del 6 de julio, es otra prueba fehaciente de la apuesta de la derecha venezolana por la violencia golpista.

Para el necroterrorismo mediático no mereció atención la participación de más de ocho millones de venezolanos y venezolanas en el proceso electoral para elegir la Asamblea Nacional Constituyente y no obstante que varios acompañamientos, escrutinios y observaciones internacionales dieron cuenta de la constitucionalidad, legalidad y legitimidad de la elección, así como de la fortaleza tecnológica, logística y profesional del Consejo Nacional Electoral. En el informe presentado al final de la jornada electoral, los y las integrantes de este acompañamiento internacional, hicieron un llamado a respetar la decisión soberana y el derecho a la autodeterminación del pueblo venezolano, expresados en la elección de la Asamblea Nacional Constituyente.

Asimismo, se consideró que esta elección estuvo fundamentada en el ordenamiento jurídico venezolano, y en la reafirmación del principio universal del ejercicio de la soberanía de los pueblos y de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas. Los y las acompañantes fueron testigos de cómo, cruzando ríos para evitar las trancas o retenes de los violentos, pernoctando en casas de familiares y amigos, y no obstante las campañas de terror entre la población: “Los venezolanos y las venezolanas en ejercicio de su derecho a la participación política, consagrado en el artículo 62 de la Constitución, han concurrido –de manera cívica y pacífica– a ejercer su derecho al voto, en una elección libre, universal, directa y secreta (…) El pueblo venezolano se pronunció por la paz, a pesar de las amenazas y acciones intervencionistas del gobierno de Estados Unidos de América y sus aliados,” y, añadiría, a pesar de la mega campaña del necroterrorismo mediático.

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Octubre de 1917, la Revolución que reinventó el mundo

Xov, 27/07/2017 - 08:00
Josep Fontana, Público

La conmemoración del centenario de la revolución rusa de octubre de 1917 debería llevarnos a una evaluación razonada de sus aciertos y sus errores, de la cual podamos sacar lecciones útiles para un presente de desconcierto e incertidumbre.

Entre sus aportaciones positivas figura en primer lugar la de haber alentado en todo el mundo las esperanzas de cambio y la voluntad de protesta de los de abajo hasta forzar a los gobiernos del capitalismo avanzado a desarrollar políticas de “reformismo del miedo” para defenderse de la amenaza potencial de la subversión. Fue en gran medida el miedo al comunismo lo que favoreció que la socialdemocracia crease lo que llamamos el estado del bienestar, basado en una redistribución de los beneficios de la actividad económica. La prueba de ello es que cuando, a fines de los años setenta, desapareció el miedo al comunismo,comenzó el desguace del estado del bienestar y se inició la etapa de desigualdad creciente en que estamos hoy sumergidos.

Otra de sus aportaciones decisivas fue su contribución al proceso de descolonización, un campo en el que los comunistas se mantuvieron activos desde que en 1927 inspiraron la reunión en Bruselas de la Liga contra el imperialismo que reunió a representantes de 134 organizaciones, procedentes de 37 territorios coloniales distintos, con la participación de figuras como Sukarno, Nehru, Haya de la Torre, Messali Hadj y una amplia representación del Kuomintang chino. Un año más tarde, en septiembre de 1928, el sexto congreso de la Internacional comunista publicaba unas Tesis sobre los movimientos revolucionarios en los países coloniales y semicoloniales en que se planteaban los métodos con que ayudar a las “revoluciones democrático-burguesas” de estos países.

Entre sus errores más graves figura el de haber renunciado al ideal leninista de crear una sociedad que, tras una fase transitoria de dictadura del proletariado, procedería a abolir gradualmente todos los mecanismos de poder del estado –la policía, el ejército y la burocracia- iniciando así el camino hacia su desaparición y hacia una sociedad en que se preveía incluso el fin del trabajo asalariado. Lejos de ello, el poder soviético acabó erigiendo un estado opresor, escudándose en la necesidad de defender la revolución de sus enemigos internos y externos.

Para entender cómo ocurrió esto hay que ir hasta la génesis de la revolución. Su planteamiento inicial, desde febrero de 1917, repetía la fórmula de los partidos socialdemócratas tradicionales: convocar una asamblea constituyente, establecer una república democrático-burguesa y emprender el camino de una lenta evolución hacia el socialismo. Fue Lenin quien en abril de 1917, haciéndose eco de la crítica a la socialdemocracia que Marx había formulado en 1875, propuso ir más allá y forzar el paso inmediato a una sociedad socialista. Seis meses más tarde, en octubre, era evidente que el gobierno que presidía Kerensky no podía seguir conteniendo la disolución del ejército y el malestar de obreros y campesinos, de modo que la toma del poder por un gobierno de los soviets se produjo con facilidad.

En lo que se había equivocado Lenin era en sus previsiones de que el capitalismo europeo estaba en trance de “venirse abajo”. Lejos de ello, replicó armando a los participantes en una llamada “guerra civil” en que intervinieron, directa o indirectamente, hasta dieciséis países distintos, que causó ocho millones de muertos y destruyó por completo la economía.

El programa de transformación de la sociedad que se había iniciado en 1917 se estancó en el verano de 1918 como consecuencia del inicio de una revuelta en que participaban a la vez los partidarios de la asamblea constituyente y las fuerzas del zarismo, armadas por las potencias capitalistas. La denuncia que Kaustky hizo en Die Diktatur des Proletariats, presentando lo que ocurría en Rusia como el enfrentamiento entre un socialismo democrático y una dictadura bolchevique,demostraba que no había entendido lo que estaba ocurriendo realmente. La ”guerra civil” se ganó gracias al apoyo de los obreros y los campesinos, pero lo que en octubre de 1917 era un poder representativo de los soviets se había convertido entre tanto, por las circunstancias de la guerra, en una dictadura bolchevique, contra la que en 1921 protestaban los obreros de Petrogrado y los marinos de Kronstadt. Lenin consideró que era necesario mantener este control político mientras se emprendía una campaña de reconstrucción económica, como condición necesaria para reemprender el programa de transformación social.

Tras la muerte de Lenin este proyecto pudo haber seguido sobre la base de la continuidad de la Nueva Política Económica y del desarrollo de los métodos de planificación que elaboraba el Gosplan, como proponían Bujarin o Rykov. Pero Stalin optó en 1929 por iniciar una nueva “revolución” que propugnaba la industrialización forzada, lo cual condujo a un enorme despilfarro de recursos y a una oleada de violencia que se reforzó todavía entre 1937 y 1938, cuando el pánico a la supuesta amenaza de una conjura interior, en complicidad con un ataque externo, costó la vida a más de setecientas mil víctimas.

Aunque los sucesores de Stalin no volvieron a recurrir al terror en esta escala, conservaron un miedo a la disidencia que hizo muy difícil que tolerasen la democracia interna. Consiguieron así salvar el régimen soviético, pero fue a costa de mantener un estado opresivo y de la renuncia a avanzar en la construcción de una sociedad socialista.

A pesar de todo, en el resto el mundo la ilusión generada por el proyecto leninista siguió animando durante muchos años las luchas de quienes aspiraban a realizar la revolución, lo cual ayudó a la socialdemocracia en su tarea de combatir la expansión de las ideas revolucionarias con una política de reformas que hizo posible que entre 1945 y 1975 se viviesen en el mundo desarrollado lo que los franceses llaman “los treinta años gloriosos” en que el crecimiento económico estuvo acompañado por un grado de igualdad social como no se había conocido hasta entonces en la historia reciente.

A partir de 1968, sin embargo, el “socialismo realmente existente” mostró claramente sus límites como proyecto revolucionario, cuando en París renunció a implicarse en los combates en la calle, y cuando en Praga aplastó las posibilidades de desarrollar un socialismo con rostro humano. Perdida su capacidad de generar esperanzas, dejó también de aparecer como una amenaza que inquietase a las clases propietarias de “occidente”, lo cual las permitió retirar las concesiones que habían hecho hasta entonces, al tiempo que la socialdemocracia se acomodaba a la situación y aceptaba plenamente la economía neoliberal.

En los años ochenta, en momentos de crisis económica y de inmovilismo político, los ciudadanos del área controlada por la Unión Soviética decidieronque no merecía la pena seguir defendiendo el sistema en el que habían vivido durante tantos años. El testimonio de un antiguo habitante de la Alemania oriental que hoy vive en Estados Unidos ilustra acerca de la naturaleza de este desengaño. Sabíamos entonces, afirma, que lo que nuestraprensa decía sobre nuestro país era un montón de mentiras, de modo que creímos que lo que decía sobre “occidente” era también mentira. No fue hasta llegar a Estados Unidos que descubrió que era verdad que había mucha gente en la pobreza, viviendo en las calles y sin acceso a cuidados médicos, tal como decía la prensa de su país. Hubiese deseado, concluye, haberlo sabido a tiempo para decidir qué aspectos de las sociedades de occidente merecía la pena adoptar, en lugar de permitir a sus expertos que nos impusieran la totalidad del modelo neoliberal.

Una reflexión como esta debería servirnos de advertencia en estos días, cuando la mayoría de las evocaciones del centenario de la revolución que se publiquen van a ser enteramente negativas, fruto de cien años de lavado del cerebro de una propaganda hostil, animada todavía hoy por el interés en ocultar todo lo que pueda haber de positivo en su legado. La alternativa no puede ser la defensa a ultranza, sino un análisis objetivo -no digo desapasionado, porque no es posible eliminar la pasión en algo que trata de la vida y el bienestar de los seres humanos- con el fin de rescatar lo que siga siendo válido de sus aciertos y evitar caer de nuevo en sus errores.

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Brexit, la noticia silenciosa

Mér, 26/07/2017 - 14:21
Alejandro Nadal, La Jornada

Ya casi nadie habla del Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE). Para muchos esa ya no es noticia y después de la tormenta del referendo de junio de 2016, cuando el electorado decidió abandonar la UE, parece que las aguas han vuelto a su cauce normal. Pero las apariencias engañan. Debajo de la aparente calma hay varios volcanes preparándose para hacer erupción. Se ha escrito mucho sobre las razones que explican el resultado del referendo. Pero todavía falta mucho que analizar sobre las consecuencias de ese sufragio de dimensiones telúricas.

Durante la campaña anterior al referendo, el entonces primer ministro David Cameron luchó ferozmente por la permanencia en la Unión Europea. Pero a pesar de lanzar mensajes alarmistas sobre un supuesto colapso económico en caso de ganar el voto negativo, no pudo convencer a unos electores cansados de años de política neoliberal y ávidos de buscar chivos expiatorios. Hoy la libra esterlina permanece un 15 por ciento por debajo del valor que tenía antes del referendo con respecto del euro, pero la economía no sufrió un colapso (todavía). De todas maneras, es importante recordar que la votación en el Reino Unido fue fragmentada. Inglaterra y Gales votaron en favor de abandonar la UE. Pero Escocia e Irlanda del Norte rechazaron la salida y votaron de manera decisiva en favor de permanecer en la Unión Europea. Al día siguiente del referendo Cameron debió renunciar y en su lugar quedó Teresa May, quien había fungido como secretaria del interior.

Pero el gobierno conservador quedó debilitado. May estaba en favor de la permanencia en la UE, pero ahora no le ha quedado más remedio que encabezar el gobierno que instaurará el retiro. Intentando fortalecer su posición en las negociaciones que se avecinaban, May convocó sorpresivamente a unas elecciones el pasado 8 de junio, las cuales le resultaron muy desfavorables. Para permanecer en el poder, la primer ministra debió pactar con el minoritario y retrógrado partido DUP de Irlanda del Norte.

En marzo pasado la primer ministra May escribió al presidente del Consejo Europeo (el polaco Donald Tusk) informando de su decisión de invocar el artículo 50 del Tratado de Lisboa (hoy, uno de los pilares centrales de la arquitectura jurídica de la Unión Europea). Ese precepto establece que cualquier miembro de la unión puede salirse si así conviene a sus intereses. Para hacerlo se requiere notificar al Consejo Europeo e iniciar las negociaciones necesarias para llegar a un acuerdo de salida en un término no mayor de dos años. Transcurrido ese plazo, los tratados que integran la matriz de relaciones de la UE dejarán de tener vigencia en el país en cuestión. El plazo puede extenderse con la aprobación unánime de todos los miembros de la unión.

Todo parece bien reglamentado. Pero el plazo de dos años no es suficiente para redefinir 40 años de relaciones económicas. La multitud y complejidad de asuntos a ser negociados es abrumadora e incluye aranceles y regulaciones ambientales, normas técnicas, tránsito de personas, inmigración, la jurisdicción de la Corte Europea y, desde luego, el delicado tema del pago de compromisos financieros adquiridos durante los cuarenta y cuatro años de membresía en la UE.

El 19 de junio comenzaron las negociaciones para el equipo negociador inglés. Si May se había hecho algunas ilusiones sobre el proceso, éstas se disiparon rápido. Los negociadores de la UE tienen instrucciones de no hacer fácil el proceso para Londres. En Bruselas hay temores de que otros países (como Holanda o Dinamarca) se sientan tentados de seguir el ejemplo del Brexit. La mejor manera de evitar ese escenario es elevando el costo para el Reino Unido.

El impacto de Brexit sobre la industria del Reino Unido será resentido en cada rama de actividad. Pero quizás uno de los efectos negativos más importantes será el que sufrirá la actividad bancaria. Al perder su derecho de pasaporte, los bancos domiciliados en el Reino Unido también verán su libertad para realizar operaciones en toda la UE. Muchos bancos internacionales encontrarán más conveniente simplemente mudarse a Francfort o a París. Aunque eso no va a ocurrir de la noche a la mañana, el éxodo de bancos y otras empresas en el sector financiero seguramente se va a producir a lo largo del proceso de negociaciones. Muchas instituciones han comenzado a elaborar planes para enviar personal a otras ciudades en la UE. Por ejemplo, HSBC ha anunciado que planea enviar más de mil empleos a su sede en París y el banco UBS también ha dado conocer planes para transferir entre mil y 5 mil empleos de Inglaterra a la UE. El impacto sobre el Reino Unido de esta gradual migración hacia las ciudades de Europa será significativo, sobre todo si se toma en cuenta la contribución del sector financiero al PIB (alrededor de 10 por ciento del PIB) y a la recaudación fiscal (unos 90 mil millones de dólares el año pasado). La semana entrante analizaremos el impacto de Brexit sobre el sector financiero con base en el Reino Unido.

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La Nigeria de la vergüenza, uno de los países con más desigualdad del mundo

Mar, 25/07/2017 - 21:36
Nigeria es el último en la lista de 152 países ordenados según su “compromiso para reducir la desigualdad”, según un reciente informe de Oxfam y el grupo Development Finance International
El número de personas viviendo en la pobreza aumentó de 69 millones en 2004 a 112 millones en 2010, a pesar de que el país tuvo un crecimiento de más del 7%
"Si eres un pobre trabajando para ricos, prefieren que seas pobre el resto de tu vida", cuenta un empleado que trabaja para los ricos del país
Emmanuel Akinwotu / Sam Olukoya, The Guardian/ El Diario

En Nigeria, al menos 86 millones de personas viven en la pobreza extrema. Se dice que el hombre más rico del país, Aliko Dangote, gana cada día 8.000 veces más que lo que un compatriota pobre gastaría en sus necesidades básicas en un año entero.

“En Nigeria, la desigualdad de ingresos es uno de los problemas más serios y, a la vez, el menos discutido”, asegura Matthew Page, que fue antiguamente el mayor experto en Nigeria para la inteligencia de Estados Unidos. “La brecha entre ricos y pobres, más que la pobreza misma, genera un sentimiento de resentimiento contra el Gobierno y en el futuro podría generar agitación social”, añade.

El análisis de Page está respaldado por un nuevo índice mundial, producido por Oxfam y el grupo Development Finance International, que pone a Nigeria última en la lista de 152 países ordenados según su “compromiso para reducir la desigualdad”. El gasto social de Nigeria (en salud, educación y protección social) es, según el informe, “vergonzosamente bajo” y “se refleja en una protección social muy pobre para sus ciudadanos”.

El multimillonario Dangote —que es también el hombre más rico de todo el continente— es un nigeriano de 60 años, magnate del cemento y filántropo. Su residencia principal en Lagos se encuentra en Banana Island, el distrito residencial más caro del país y un refugio para los súper ricos.

“La gente piensa que todos los que trabajan en Banana Island ganan mucho dinero, pero no es así”, afirma David Obi, que ha trabajado desde 2006 para los millonarios y multimillonarios de esta isla artificial (que se construyó en forma de banana). “Los ricos pagan mal, pero te hacen trabajar sin parar”, señala Obi. “Una vez trabajé para un hombre rico de allí y cuando había terminado mi trabajo, la familia me llamaba a la 1 o 2 de la madrugada para que fuera a servir al jefe. Pero cuando llegaba fin de mes, no me pagaban. Me tuve que ir porque me debía varios meses de salario”, añade.

Obi reside en una parte de esta comunidad cerrada donde los trabajadores no pueden vivir con sus familias. “Mientras los ricos viven en sus mansiones, los que trabajamos para ellos dormimos en espacios muy pequeños. A veces dos o tres trabajadores compartimos una pequeña habitación”, cuenta.

“Los ricos no quieren que los pobres salgamos adelante”, concluye. “Si eres un pobre trabajando para los ricos, prefieren que seas pobre el resto de tu vida. Piensan que si mejoras tu vida y te vuelves rico, no trabajarás más para ellos. Lo único que les importa es que ellos y sus familias sean ricos para siempre.”

Un “nivel de riqueza apabullante” Noel Anago es un cocinero de 32 años que trabaja para los ricos en eventos sociales en Lagos. “A menudo me sorprende cómo exhiben su riqueza”, dice. “Veo empresarios multimillonarios, expresidentes, políticos de primera línea y gobernadores, muchos con custodia policial y agentes del servicio secreto estatal. Me sorprende la ropa carísima que llevan, los zapatos y los bolsos de primera calidad de las esposas. Todo vale miles de dólares.”

De acuerdo con Oxfam, entre 2004 y 2010 la desigualdad en Nigeria empeoró significativamente, ya que los ricos se beneficiaron de dudosas amnistías fiscales y los legisladores tuvieron salarios que se ubican entre los más altos del mundo.

Mientras tanto, el número de personas viviendo en la pobreza aumentó de 69 millones en 2004 a 112 millones en 2010, a pesar de que el país tuvo un crecimiento económico de más del 7%. En el mismo período, el número de millonarios en Nigeria aumentó en un 44%.

“En Nigeria, la superposición entre poder político y económico es casi total”, asegura Page. “Los políticos suelen utilizar sus empresas personales para desviar dinero de las arcas públicas y muchos magnates de los negocios se han hecho millonarios gracias a su relación cercana a políticos, obteniendo grandes contratos con el Estado o beneficiándose de políticas proteccionistas. Nigeria se parece a Estados Unidos, de alguna forma, pero con menos transparencia y sin casi ningún control independiente de lo que a menudo son conflictos de interés”.

En 2014, un informe del exministro de economía, Ngozi Okonjo Iweala, reveló que el Gobierno nigeriano había perdido entre 2011 y 2013 más de 2.000 millones de euros en amnistías fiscales y beneficios a empresas y corporaciones. El informe concluyó que estas amnistías no suponían ningún beneficio para la economía nigeriana.

“A veces, el nivel de riqueza resulta apabullante”, cuenta Anago. “La desigualdad tiene un impacto en mi vida: trabajo duro para sobrevivir, mientras los ricos lo tienen todo. Pueden ir a hospitales en el extranjero, mientras los pobres nos quedamos aquí y no podemos ir al médico hasta que la situación ya es gravísima. Cuando no tienes dinero ni para comer, no puedes pensar en tu salud. Sólo piensas en cómo llenar tu estómago”.

Nigeria está ahora pasando por su recesión más larga en más de 25 años y sufre una de las crisis humanitarias más graves del mundo, empeorada por la violencia del grupo insurgente Boko Haram. Más de 4,7 millones de personas sufren inseguridad alimenticia en la región, según la ONU, mientras que el 49% de los jóvenes están subempleados en trabajos insuficientes y de media jornada o directamente desempleados.

Sin embargo, según Nonso Obikili, un economista residente en Nigeria, el debate público sobre la desigualdad ha disminuido en los últimos años. “En tiempos de crecimiento económico, bajo el Gobierno anterior, se hablaba más de “crecimiento inclusivo”, pero incluso entonces no se hizo nada significativo al respecto.

“Ahora hay recesión, así que el país está concentrado en volver a crecer”, explica el economista. “El Gobierno actual ha mejorado la situación en términos de corrupción, pero los cambios no han sido sistémicos, y eso es un problema.”

Una notoria campaña contra la corrupción, uno de los principales compromisos del presidente Muhammadu Buhari durante las elecciones de 2015, ha intentado reducir los niveles históricos de corrupción del país. Se recuperaron y apropiaron varias propiedades, bienes y dinero público y los investigadores continúan trabajando.

“La desigualdad, resultado de la corrupción” Sin embargo, si se les pregunta a Anago o a Obi, ellos dudan de que haya cambiado algo. “La desigualdad es el resultado de la corrupción”, afirma Obi. “Este país tiene muchos recursos, que si se administraran bien, no habría pobreza. Pero los ricos utilizan esos recursos para enriquecerse ellos y sus familias”.

Según Anago, “la corrupción es el factor número uno que explica la brecha entre ricos y pobres en Nigeria. Muchos de los ricos hicieron su dinero gracias a la corrupción”. Anago ofrece un crudo ejemplo de la diferencia entre un rico y un pobre en este país. “Si eres pobre en Nigeria, nunca tendrás acceso a la justicia. Por ejemplo, cuando un policía arresta a un pobre, le pide dinero para salir de la cárcel. Si no tienes dinero, vas preso”.

“Hace poco le sucedió a uno de mis primos: la policía lo arrestó y le pidió 120 euros. Tuvimos que juntar el dinero entre todos e incluso rogarle a los policías que acepten menos dinero. El dinero es muy importante en el sistema judicial, porque el dinero hace girar todos los engranajes cuando se trata de obtener justicia en Nigeria”, lamenta.

Oxfam ha criticado duramente a la clase política nigeriana, asegurando que a pesar de tener los recursos adecuados, la reducción de la pobreza ha sido obstaculizada por “el mal uso, la apropiación y la adjudicación errónea de recursos”. Los negocios pequeños y los comerciantes tienen que pagar muchísimos impuestos, mientras que los ricos se benefician de amnistías fiscales arbitrarias, según la investigación.

“No estoy seguro de que el Gobierno quiera atacar el problema de la desigualdad en Nigeria”, afirma Obi. “Si fuera así, lo habrían hecho hace mucho tiempo. Si el propio Gobierno está pagando un salario mínimo bajísimo, ¿cómo va a atacar el drama de la pobreza?”.

El año pasado, Nigeria quedó en el puesto 118 del ránking de 144 países que integran el Informe Mundial sobre la Brecha de Género. Los desafíos económicos y educativos que aquejan a los nigerianos pobres son mucho peores para las mujeres: en el estrato más pobre de la sociedad, el 75% de las mujeres no van a la escuela y en áreas urbanas el 51% no recibe educación, una cifra que duplica la de los hombres.

“Las mujeres nigerianas son una fuerza política insignificante y debilitada”, apunta Oxfam. Nigeria es el país del África subsahariana con menos proporción de mujeres parlamentarias. El Gobierno debe construir un sistema económico y político nuevo que le funcione a todo el mundo y no sólo a unos pocos afortunados” dice Celestine Okwudili Odu, coordinadora de un programa de buen gobierno de Oxfam en Nigeria. “El Gobierno podría comenzar por atacar la corrupción y proteger los derechos de las mujeres”.

Sin embargo, en Banana Island, Obi se pone filosófico sobre la brecha entre ricos y pobres que ve tan claramente cada día. “Este sitio está lleno de multimillonarios, pero algunos no quieren que nadie sepa que están aquí”, afirma.

“Prefiero mi vida a la de los millonarios, porque yo soy libre. Cuando ellos salen a la calle, deben salir rodeados de policías, en cambio yo soy libre. A mí no me busca nadie. Sí, ellos tienen dinero, tienen comida, pueden hacer lo que quieran, pero yo tengo más libertad que ellos”.

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En España, la banca en la sombra gestionó 1,34 billones de euros en 2016

Lun, 24/07/2017 - 21:26

La banca en la sombra, entendida como el conjunto de actividades crediticias y con implicaciones sistémicas potenciales que se acomenten a través de vehículos no bancarios, gestionaba en España 1,34 billones de euros en 2016, según los datos del Banco de España recabados por la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas). En un artículo analítico publicado en la revista 'Cuadernos de Información Económica', editada por Funcas, los econonomistas Santiago Carbó y Francisco Rodríguez advierten de la "necesaria monitorización" de estas actividades por el carácter sistémico y potencial de contagio de algunas de ellas, como generadoras de posibles turbulencias financieras.

En total, las instituciones financieras no bancarias gestionaban en España 1,34 billones de euros en 2016, frente al los 1,53 billones de euros de 2010, destacando, entre otras, las empresas de seguros, fondos de pensiones, fondos de titulización, auxiliares financieros y fondos de inversión no monetarios. En todo caso, la participación de España en el conjunto de la banca en la sombra global es muy reducida, apenas el 0,7% frente al 27,1% de Estados Unidos, el 10,5% de Reino Unido o el 6,3% de Alemania.

"Pese a todo, la reducida presencia de la banca en la sombra en España no hace menos necesaria la monitorización de estas actividades, por el carácter sistémico y potencial de contagio de algunas de ellas, como generadoras de posibles turbulencias financieras", aseguran los expertos. Los economistas inciden en que la que la "importancia" de la banca en la sombra radica, "muy especialmente", en la posibilidad de contagio que puede tener para el sector bancario. No obstante, explican que en España este tipo de actividades ha sido "tradicionalmente controlado" por la regulación y supervisión, aunque reiteran que la proliferación de operadores no bancarios en la eurozona y el potencial riesgo de contagio requieren un seguimiento continuo.

De cara al futuro, subrayan que también "será necesario" analizar el papel que las 'fintech' puedan tener en el contexto de la banca en la sombra, en la medida que puedan trascender el ámbito de los pagos, donde operan principalmente en la actualidad, para realizar actividades crediticias u otras tradicionalmente propias de los bancos. Por su parte, el portavoz de la Asociación Española de Banca (AEB), José Luis Martínez Campuzano, considera la regulación bancaria actual como "estricta y compleja" y estima "importante" que las autoridades fijen el mismo nivel de regulación para las actividades de terceros que presten un servicio "similar".

Martínez Campuzano, además, cree que la revisión de la regulación debe ser un proceso dinámico que valore lo beneficios y los potenciales costes en el medio plazo. "Es importante que la regulación bancaria no pase factura a la innovación y emprendimiento de los bancos", apostilla.

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Ya sabemos cuál es el coste real de la austeridad: el recorte de nuestras propias vidas

Lun, 24/07/2017 - 09:11
Los recortes han frenado el aumento constante de la esperanza de vida. Nuestra estructura social está en ruinas. No solo necesitamos un nuevo Gobierno, necesitamos una manera nueva de organizar nuestra sociedad Owen Jones, El diario/The Guardian

Está bastante claro que un programa de recortes motivado por la ideología nos está robando vida. El constante aumento de la esperanza de vida debería ser algo que todos diéramos por sentado. Después de todo, Reino Unido es una de las sociedades más acaudaladas que ha existido nunca en la historia de la humanidad. A esto se le suman también las continuas y espectaculares mejoras en medicina y tecnología.

Sin embargo, una nueva investigación llevada a cabo por un exconsejero del Gobierno, Sir Michael Marmot, sugiere que el aumento de la esperanza de vida –una tendencia que se ha mantenido constante durante cientos de años– se ha estancado desde 2010. ¿Qué pasó ese año exactamente? ¿No fue ese año cuando David Cameron, George Osborne y sus secuaces liberal demócratas comenzaron a recortar los servicios públicos con un falso pretexto económico?

No, no es que la esperanza de vida esté disminuyendo. Algo así sería realmente un signo de desastre social en un país avanzado como este. Sin embargo, de lo que estamos hablando es de privación de años de vida. Las vidas de la gente se han visto truncadas porque no están viviendo tanto como deberían haberlo hecho si la tasa de crecimiento hubiera continuado. Y, terriblemente, esta tasa de crecimiento está "muy cerca de haberse estancado", dice Marmot. Comenta también que está "profundamente preocupado" y "espera que esto empiece otra vez a mejorar".

Marmot no dice directamente que los recortes sean los responsables. Lo que sí que dice es que, en 2010, los ministros tomaron una "decisión política" para recortar el gasto. Y destaca que el gasto reciente en cuidados sociales y de salud es "miserable".

Detengámonos un momento para reflexionar sobre lo que los tories han hecho a este país. Se han dedicado a hacer avisos apocalípticos sobre lo que pasaría si no acababan con el déficit para 2015. Ni siquiera se acercaron, y ahora el objetivo se ha esfumado y será inalcanzable hasta mediados de la próxima década. Sumaron más deuda que cada Gobierno laborista. Golpearon a las personas con diversidad funcional con recortes y frenaron todo tipo de apoyos destinados a los trabajadores pobres. Ellos han presidido el apretón salarial más largo desde el siglo XIX y el peor registro en la construcción de viviendas en tiempos de paz desde los años 20. Y ahora también sabemos que han presidido una caída en la tasa de crecimiento de la esperanza de vida.

Y sí, los efectos combinados del colapso bancario y de la austeridad mataron en el Reino Unido. Hasta el momento de la quiebra de Lehman Brothers, el número de hombres que se suicidaba estaba disminuyendo a un ritmo constante. Entonces empezó a aumentar de nuevo: cientos de personas que murieron hoy estarían todavía entre nosotros si la tendencia hubiera continuado. Y a finales de 2015 el Reino Unido superó el mayor aumento en las tasas de mortalidad registradas durante casi medio siglo. Tal como apuntó el doctor Mark Green de la Universidad de Liverpool: "Es factible que los efectos de los recortes en los servicios públicos estén empezando a materializarse".

¿Existe alguna prueba más clara que demuestre lo absolutamente en bancarrota que se encuentra nuestra estructura social? El progreso humano y social está a punto de paralizarse en el Reino Unido. La vida es cada vez más precaria y más pobre para millones –pronto, puede que incluso sea más corta-. Esto es por lo que no solo necesitamos un cambio en el Gobierno del Reino Unido, necesitamos un cambio en cuanto a cómo organizar nuestra sociedad. Hace mucho tiempo que necesitamos una revolución pacífica y democrática en el Reino Unido, por el bien de nuestras condiciones de vida, por nuestra salud y por el bien de nuestras propias vidas.

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La psicología de la desigualdad y una historia de lujo

Dom, 23/07/2017 - 10:30
Sam Pizzigati, Sin Permiso

La existencia de servicios comerciales como el que ofrece The World puede simbolizar una contradicción interesante que afecta al intelectual colectivo de las sociedades occidentales contemporáneas: ¿Ofrece el más lujoso y exclusivo barco residencial del mundo lo último en experiencias humanas, o es este, sin embargo, otra señal inequívoca del carácter irremediablemente turbio del orden económico vigente? Existe un grupo formado por unas doscientas personas de grandes fortunas que pasará sus días de verano de manera plácida y despreocupada. El verano acabará, finalmente, pero no el placer y la despreocupación. Bienvenidos al mundo de The World, el mayor (y más dispendioso) “barco residencia privado del planeta”.

Habitualmente, los periodistas describen The World como un “complejo flotante de residencias de lujo en condominio”. Pero esa etiqueta no hace justicia a este navío. The World ofrece a aquellos que deciden llamar hogar a un barco nada menos que la perspectiva de un perpetuo viaje lleno de aventuras.

Pero tal promesa conlleva un precio apto para pocos bolsillos. La residencia más humilde de esta masiva embarcación de bandera bahameña se cotiza actualmente a 1,53 millones de dólares norteamericanos. La mayor de las suites cuesta 16,2 millones. Sumémosle a estos precios de venta una tasa anual de mantenimiento de 450.000 dólares, aproximadamente, para una residencia de 4,5 millones.

¿Qué obtienen los residentes a cambio de todo este dinero? El derecho a votar cada año cuáles de los siete mares irán a explorar. The World inició su viaje estival este julio en el puerto de Dutch Harbor en Alaska y navegará hacia el sur por la costa del Pacífico del continente americano hasta Cabo San Lucas, en la península mexicana de Baja California.

Llegado el otoño, el barco cruzará el Canal de Panamá, recorrerá el mar Caribe y finalmente se dirigirá a Nueva York. El año siguiente, la travesía continuará por Europa y África. A bordo de The World, el viaje nunca termina.

Algunos de los adinerados habitantes de este barco llevan viajando en él desde su inauguración en 2002. Han atracado en puertos de 114 países. Han podido ver los glaciares del círculo polar ártico y los volcanes de Vanuatu, siempre en un ambiente de exquisita complaciencia.

The World cuenta con una plantilla de 270 personas que atienden las necesidades de entre 150 y 200 residentes, los cuales gozan de una amplia oferta de ocio para mantenerse ocupados, desde las comodidades de lujo más comunes en los viajes de crucero hasta una cancha de tenis y un simulador que permite a los torpes golfistas de este barco probar “80 de los mejores campos de golf de élite del mundo”. Los vecinos de esta embarcación también cuentan con una dieta abundante. Su “tasa” anual de mantenimiento les permite gastar 30.000 dólares en tiendas gourmet o en una vinoteca de más de 16.000 botellas de vino. Los restaurantes también abundan.

Resulta que los residentes de The World reflejan perfectamente (en cierto sentido) la población mundial de hogares con al menos 10 millones de dólares, la fortuna mínima que previsiblemente posee cualquiera que se permite vivir en este barco. Actualmente, la mitad de los propietarios de viviendas en The World proviene de los Estados Unidos.

Muchos de estos propietarios terminarán regresando a tierra firme. En términos medios, los habitantes de The World pasan seis años en él como propietarios. Sacian su “hambre de viajar”, tal como explica un oficial de abordo, y después pasan el resto de sus días en tierra.

¿Qué te sugiere a ti todo esto? ¿A qué nivel se encuentra ahora tu cociente de envidia? ¿Se te ocurre algún otro objetivo vital más exclusivo que el de conseguir pagarse una vivienda a bordo de The World? O, por el contrario, ¿sacudes la cabeza, con decepción y quizás disgusto por la idea de que nuestro mundo tenga tantas personas pudientes suficientemente absortas en sí mismas como para abstraerse del mundo real (y sus problemas) durante años?

¿Deleite o disgusto? George Gallup debería hacer una encuesta, y si esa encuesta mostrase que la mayor parte de nosotros daríamos casi cualquier cosa a cambio de un viaje a bordo de The World, los plutócratas del mundo sabrían de su gran victoria. Sus sueños se habrían convertido en nuestros sueños. Y esto, para el mundo, sería una terrible pesadilla.

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Los trabajadores de esta fábrica griega demuestran cómo enfrentarse al capitalismo

Ven, 21/07/2017 - 09:31
- Un valiente grupo de trabajadores se ha convertido en ejemplo para Reino Unido y el resto de Europa al tomar el control de su lugar de trabajo
- Los dueños, en quiebra, huyeron y los trabajadores son ahora los dueños de la fábrica. No hay jerarquías y todos tienen el mismo salario
Cartel de publicidad de uno de los productos de limpieza
de la fábrica Viome Aditya Chakrabortty, The Guardian/El diario

Uno podría llamar a los hombres y mujeres de Viome trabajadores de fábrica, pero eso no sería ni la mitad. Prueba con esto: de las personas más valientes que he conocido nunca. O con esto: organizadores de uno de los experimentos sociales más llamativos en la Europa contemporánea. Y con esto otro: una lección diaria de Grecia al Reino Unido del Brexit, tanto en la forma de trabajar como en la forma de hacer política.

En el punto más alto de la crisis griega en 2011, el personal de Viome fichó y empezó a trabajar para enfrentarse a un dilema existencial. Los dueños de la empresa estaban en quiebra y habían abandonado la fábrica, situada en la segunda ciudad más grande de Grecia, Tesalónica. Desde este momento, el guión se escribió prácticamente solo: la fábrica, que producía químicos para la industria de la construcción, se iba a cerrar. Habría despidos inmediatos y se hundiría a decenas de familias en la pobreza. Y viendo que Grecia estaba en la mayor depresión económica jamás vista en la Unión Europea, las posibilidades de que los trabajadores consiguiesen otro empleo eran prácticamente nulas.

Así que decidieron ocupar su propia fábrica. No solo eso, sino que la han puesto patas arriba. Pasé un par de días allí hace unas semanas informando para Vice News Tonight on HBO y ahora parece una fábrica normal. Tras la fachada, se ha convertido en el equivalente político a la cabina Tardis [cabina de la serie británica Doctor Who que se caracteriza por ser mucho más grande por dentro que por fuera]: cuanto más miras al interior, mayor es su importancia.

Para empezar, no hay jefes. No hay jerarquía y todo el mundo tiene el mismo sueldo. Tradicionalmente, las fábricas trabajan de acuerdo a un modelo de trabajo en cadena, donde cada persona realiza una labor de uno o dos minutos durante todo el día, todos los días: Yo pongo la pantalla, tu el protector y ella mete el iPhone en la caja. Aquí, todo el mundo se reúne a las 7 de la mañana para tomar un café griego negro y hablar sobre lo que hay que hacer. Es en ese momento cuando se reparten las tareas. Y, sí, se turnan para limpiar los baños.

A ver si nos entra en la cabeza. Un puñado de hombres y mujeres de mediana edad que han pasado toda su carrera recibiendo órdenes a modo de ladridos sobre lo que tenían que hacer y cuándo hacerlo han tomado el control de su lugar de trabajo y de su futuro laboral. Se han convertido en sus propios jefes. E inmediatamente se han alineado a los principios de la máxima igualdad posible.

“Antes solo hacía una cosa y no tenía ni idea de lo que hacía el resto”. Así recuerda Dimitris Koumatsioulis la fábrica cuando empezó a trabajar en 2004. ¿Y ahora? “Todos estamos unidos. Hemos olvidado el concepto de 'yo' y podemos funcionar colectivamente como 'nosotros'”. El otro gran cambio se ha producido entre la fábrica y sus vecinos. Cuando los trabajadores “recuperaron” su lugar de trabajo (por utilizar el concepto local), solo lo pudieron conseguir con la ayuda de los residentes de la ciudad. Cada vez que llegaban los representantes de los antiguos dueños para requisar el equipo de la fábrica, tal y como les había permitido un tribunal, centenares de residentes formaban una cadena humana en frente de la fábrica (contacté con los abogados de Viome, pero a pesar de las promesas, no llegó ninguna declaración).

Cuando los trabajadores preguntaron a la comunidad local qué deberían empezar a producir, una solicitud era dejar de hacer productos químicos de construcción. Ahora fabrican en su mayoría jabón y detergentes ecológicos: más limpio, más verde y más agradable para el olfato de sus vecinos. El personal de la fábrica utiliza el edificio como punto de reunión para refugiados locales y he visto cómo se entregaban las oficinas a médicos para convertirlas en una clínica para trabajadores y vecinos. El sistema sanitario griego se ha destruido por los recortes en el gasto, en ocasiones el trato a los refugiados es espantoso; y en ambos casos, los trabajadores de Viome están haciendo todo lo que pueden para reemplazarlos.

Donde el Estado ha colapsado, el mercado se ha quedado corto y los jefes han huido, estos 26 trabajadores están intentando llenar el vacío. A estas personas les ha fallado el capitalismo; y ahora rechazan el capitalismo en sí mismo como un fracaso.

Otro veterano, Makis Anagnostoy, habla de cómo su fábrica es la prueba de que “una economía alternativa es posible”. Compara esto con el modo en que normalmente pensamos sobre el trabajo. En cualquier gran fábrica u oficina, los guardias de seguridad mantienen a raya al mundo exterior. En la puerta, dejas tus principios a un lado y escuchas a los jefes. Incluso se habla sobre la conciliación entre vida personal y vida laboral como si fuesen polos opuestos. En Viome, esto se combina. Uno de los resultados es un fuerte vínculo de lealtad entre los trabajadores y su comunidad.

La tarde en que llegué, una multitud de personas se presentó para recaudar fondos. Se sentaron en sillas de plástico en medio del almacén y vieron una obra de Dario Fo, representada por una compañía nacional de teatro. La actriz principal modificó algunas de sus líneas para referirse a este lugar y a este negocio: “Venden sus jabones por todos lados ¡Y todo el mundo los compra!”. El público aplaude mientras a algunos se les saltan las lágrimas.

Viome es valiosa, pero también es frágil. Desde el tejado del edificio se puede ver la inmensa área propiedad de la empresa matriz. Solía emplear a 350 personas; ahora, los 26 hombres y mujeres operan desde un pequeño rincón del terreno.

Ganan lo mismo que si estuviesen recibiendo la prestación por desempleo. Y cuando cae la noche, uno de los trabajadores se queda de guardia —por si acaso vuelve el antiguo dueño—. Durante el día, una serie de barriles vacíos actúan a modo de barricada.

Por todas sus debilidades, Viome ofrece una lección en política a cualquier visitante británico. Un año después del referéndum de permanencia en la UE, los británicos han entrado en una era de una soberanía estúpida. Los acomodados políticos aseguran que lo han “pillado”. Hacen que escuchan, pero solo escuchan las respuestas que quieren. A los disidentes se les dice que “están menospreciando Reino Unido”. Cualquier brote de democracia, tal como puede ser que el Partido Laborista quiera más voz de sus representantes, se aplasta como un ejemplo de ley de la calle.

Mientras tanto, la política en Reino Unido se vende como lo que un aspirante a tory alfa le dijo a otro en una recepción con champán. Desde Tesalónica, ves todo eso como la mentira que realmente es. ¿Recuperar el control? Simplemente dar la posibilidad a Alexander Boris de Pfeffel Johnson de poner alguna carita en horario de máxima audiencia. ¿Referéndums? Llenos de mentiras y alarmismo.

Si estás cansado de antiguos exalumnos jugando al populismo, ven a ver cómo es la democracia cuando la pone en práctica la gente. Ven a Viome.
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Tomado de Rebelión. Traducido por Javier Biosca Azcoiti.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Regreso al carrusel de las recesiones

Mér, 19/07/2017 - 20:02
Alejandro Nadal, La Jornada

Muchos analistas económicos se preguntan cuándo vendrá la próxima recesión en la economía mundial. Otros exclaman sorprendidos: ¿Cómo es posible? ¿Todavía se habla de una recuperación anémica y ya están pronosticando la próxima recesión?

Lo que sucede es que las economías capitalistas viven en ciclos de expansión y recesión. La fase de crecimiento en cada ciclo puede durar más o menos años, pero inexorablemente esa fase es interrumpida y remplazada por una etapa descendente. De este modo, la interrogante no es si va a desencadenarse otra recesión o no. La pregunta es cuándo va a sobrevenir dicho acontecimiento.

Nuevamente, la economía de Estados Unidos representa el mejor experimento histórico para hablar de recesiones y de la inestabilidad de las economías capitalistas. Las recesiones son eventos macroeconómicos y en los últimos 150 años la economía estadunidense ha experimentado 33 recesiones, o sea una cada cinco años en promedio.

Para el periodo que arranca en 1948 la economía de Estados Unidos ha padecido 11 recesiones: una cada seis años en promedio. Así que si observamos que la recuperación de la crisis de 2008 ya tiene nueve años de duración, la próxima recesión ya no debería tardar mucho.

Algunos indicadores muestran que las recesiones en Estados Unidos se han hecho más largas y profundas, aunque no necesariamente más frecuentes. Pero cuando llega la recuperación, el punto alto del nuevo ciclo invariablemente es inferior al correspondiente del ciclo anterior. Es decir, la economía muestra una tendencia a mantener tasas de crecimiento cada vez menos vigorosas.

No falta quien señale que la fase de expansión del ciclo anterior (antes de la crisis de 2008) tuvo una duración mayor a la del promedio. Eso es cierto, pero eso se explica porque la expansión del crédito a través del mercado de derivados y de los bancos sombra permitió mantener el crecimiento de manera artificial. O sea que la fase ascendente se prolongó no porque la economía gozara de buena salud, sino porque se mantuvo en una sobredosis de endeudamiento que ahora hace más difícil la recuperación plena.

En la historia de Estados Unidos (desde 1850) ninguna fase de expansión económica ha durado más de 10 años. (Los lectores pueden verificarlo). Hoy la economía estadunidense mantiene una tasa positiva de crecimiento desde 2009, lo que significa que ya es la tercera ola expansiva más larga en la historia de ese país. Cada día que transcurre aumenta la probabilidad de ver la llegada de una nueva recesión.

Frente a estos pronósticos pesimistas se yergue un conjunto de indicadores favorables. El índice bursátil S&P 500 mantiene niveles récord, el desempleo está por debajo de su nivel histórico (para fines prácticos la economía estadunidense ha alcanzado el pleno empleo) y la inflación sigue estando por debajo de 2 por ciento. Las promesas de la actual administración sobre reducciones de impuestos para las corporaciones podrían constituir otro factor positivo que aleja el espectro de una recesión.

Pero hasta los más optimistas reconocen los nubarrones oscuros en el paisaje económico. El desempeño en el mercado bursátil está asociado a la flexibilización monetaria que fomentó más la especulación que la inversión productiva. Las cifras del mercado laboral no ocultan la creciente precarización del empleo. Además, mucha gente ha desistido en la búsqueda de empleo y por lo tanto no cuenta como desempleados. Finalmente, los salarios se mantienen estancados (aunque hay algunos indicios de tímidos aumentos en algunos nichos del mercado).

Por otra parte, la baja inflación no es necesariamente un indicio de buena salud. La deflación ha estado asociada al sobrendeudamiento que permitió la expansión en el ciclo anterior (el endeudamiento del sector privado se acercó a 300 por ciento del PIB en 2007). Hoy la Reserva Federal admite que la tasa de inflación sigue por debajo de la meta de 2 por ciento, lo que hace cada vez más difícil justificar un incremento en la tasa de interés.

Finalmente, el consumo comienza a repuntar, pero al igual que en la fase de crecimiento 2001-2007, este consumo no está apuntalado por salarios al alza, sino por crédito y el efecto riqueza provocado por la inflación en el precio de algunos activos. Por eso el último informe del Banco de Pagos Internacionales (www.bis.org) considera que la próxima recesión podría tener un origen similar a la de 2008, con el exceso de endeudamiento afectando negativamente tanto el consumo como la inversión.

La próxima recesión no es inminente, pero como se dice en Wall Street, las recuperaciones no mueren de edad avanzada. Y cuando llegue el momento de afrontar esa contracción, la Reserva Federal no tendrá margen de maniobra. Como la tasa de interés seguirá siendo baja, la Fed no podrá recurrir a reducciones en dicha variable con el fin de reactivar la economía. La próxima recesión podría no ser tan violenta como la crisis de 2008, pero será más difícil de contrarrestar.

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Los salarios y Wall Street

Mar, 18/07/2017 - 09:00
Barry Grey, wsws

A pesar del recrudecimiento de los conflictos geopolíticos, el estancamiento económico y las crisis gubernamentales en país tras país, los mercados bursátiles en EEUU y alrededor del mundo están en medio de un espectacular auge. El viernes, mientras se intensifica la crisis del detestado gobierno en Washington por nuevas revelaciones de la saga de Trump y Rusia, las apuestas en Wall Street apuntaron a las estrellas. Los índices bursátiles DowJones y el S&P 500 cerraron el día con nuevos niveles récord y el Nasdaq registró su mejor semana del año. Desde su bache post-2008 que tocó fondo en marzo del 2009, el Dow ha aumentado un 340 por ciento.

La otra tendencia económica persistente, particularmente en EEUU, es el estancamiento y disminución de los salarios. Esto es a pesar de una tasa de desempleo nominal de 4,4 por ciento, un nivel bajo por estándares históricos y algo que caracterizan los medios de comunicación como una creación “robusta” de empleos.

A pesar de mostrar un aumento mejor que el anticipado en remuneraciones, el informe de empleo de junio publicado la semana pasada generó malestar en círculos burgueses porque los salarios aumentaron apenas un 2,4 por ciento durante el último año, muy por debajo de la tasa de 3 por ciento en los meses anteriores a la crisis financiera del 2008. El periódico New York Times citó a un alto ejecutivo de la empresa contratista Manpower en Norteamérica, quien dijo: “Nunca hemos visto que el desempleo caiga, con una participación baja y salarios que no se mueven. Eso te dice que algo no anda bien con el mercado laboral”.

Según el más reciente “Índice real de salarios” publicado este mes en el sitio web PayScale, 5 de las 32 áreas metropolitanas incluidas sufrieron disminuciones en el segundo trimestre de este año. Cuatro de los cinco están en la región del Medio Oeste, la más afectada por las décadas de desindustrialización: Detroit, Kansas City, Chicago y Minneapolis.

El índice indica que, ajustados por la inflación, los salarios reales se han hundido un 7,5 por ciento desde el 2006. En términos reales, el salario promedio en EE. UU. alcanzó su punto máximo hace más de 40 años.

Los salarios promedios en EEUU (azul)
vs índice Industrial Dow Jones (rojo)

A diferencia del desplome financiero de 1929, el cual fue seguido en EEUU por reformas sociales y una modesta redistribución de la riqueza, la crisis de Wall Street del 2008 marcó el inicio de un periodo de ataques más fuertes contra la clase obrera en combinación con un enriquecimiento de la aristocracia financiera y un aumento récord en el mercado bursátil. Se ha acelerado el aumento de la desigualdad social, algo que continúa.

La participación de los trabajadores en el producto interno bruto de EEUU ha caído a su nivel más bajo desde el final de la Segunda Guerra Mundial, mientras que el porcentaje que se dirige a las ganancias corporativas está en niveles récord.

¿Cómo se puede explicar esta situación? ¿Cuál es la relación entre el crecimiento asombroso de Wall Street y la disminución de los salarios de la clase obrera?

El “boom” en Wall Street y en las ganancias para los ricos no son el resultado de un crecimiento en la producción ni una nueva espiral ascendente de las fuerzas productivas. Por el contrario, el Fondo Monetario Internacional ha atribuido el continuo estancamiento económico y comercial principalmente a la persistente disminución de las inversiones productivas y, en relación con esto, un frenazo en el aumento de la productividad.

Lo que ha sucedido es que la financiarización y el parasitismo que ocasionaron la crisis del 2008, a partir de actividades auténticamente criminales por parte de los bancos y los fondos de inversión, se han acelerado en los años posteriores. Lejos de desviar una pequeña parte de las ganancias de las empresas para financiar reformas sociales, los gobiernos y los bancos centrales han administrado un saqueo sin precedentes de la economía mundial para rescatar a la aristocracia financiera y hacerla aún más rica a expensas directamente de la clase obrera.

La Reserva Federal de EEUU ha marcado el camino. Después de que los gobiernos de Bush y Obama utilizaran $700 000 millones del tesoro público para financiar un plan inicial de rescate para los principales bancos de Wall Street, la Reserva Federal gastó miles de millones en la compra de activos que no valían nada para limpiar los libros contables de los bancos (un proceso llamado “flexibilización cuantitativa”), resultando en que la hoja de balance de la Reserva se multiplicara por cinco. Al mismo tiempo, redujo las tasas de interés a casi cero y las ha mantenido a niveles extremadamente bajos para funcionar como un sifón de liquidez para los mercados financieros y, de esta manera, aumentar los precios de las acciones.

La hoja de balance de la Reserva Federal
se ha multiplicado por cinco

Los bancos utilizaron sus enormes ganancias para enriquecer a la aristocracia financiera aumentando sus dividendos, recomprando acciones y fusionando corporaciones. Este mes, la Reserva Federal dio luz verde para que los bancos puedan incrementar sus pagos a los más grandes inversores. Bank of America anunció que aumentará sus dividendos un 60 por ciento y dio a conocer un plan de recompra de acciones de $12 000 millones.

Esto fue acompañado, bajo Obama, por una política de austeridad y reducción de salarios contra la clase obrera. El rescate de las corporaciones automotrices fue parte de estas medidas, incluyendo un recorte salarial de 50 por ciento para todos los trabajadores recién contratados. Además, se evisceró el acceso a la salud de millones de trabajadores a través de la ley Obamacare y las pensiones fueron atacadas en relación con la quiebra de la ciudad de Detroit.

El hecho de que esta ofensiva sigue avanzando sin cuartel se vio reflejado la semana antepasada cuando el estado de Missouri bajó el ya irrisorio salario mínimo de $10 por hora en la ciudad de St. Louis al nivel de miseria de $7,70 para todo el estado.

Lo que ha hecho que esta contrarrevolución social sea posible es la supresión casi total de la oposición de la clase obrera. Cuando golpeó la Gran Depresión de los años treinta, el ejemplo que representaba la Revolución Rusa y la existencia de la Unión Soviética aterrorizaban a la burguesía e inspiran a la clase obrera internacional. Las reformas sociales del Nuevo Trato no se debieron a ninguna benevolencia de Franklin Roosevelt, sino a la erupción explosiva de las luchas de la clase obrera, especialmente entre 1934 y 1938, incluyendo huelgas generales que paralizaron ciudades enteras y una ola de paros en las plantas automotrices y otras industrias.

Por el contrario, el período actual ha estado dominado por la supresión artificial de la lucha de clases. El Departamento de Trabajo informa que, en las últimas cuatro décadas, la frecuencia de paros significativos disminuyó 90 por ciento. El período del 2007 al 2016 sostuvo la caída más baja durante cualquier otra década, con un promedio de aproximadamente 14 paros grandes por año.

Las señales de la creciente ira y militancia de la clase obrera abundan, pero sin base alguna para llevar a cabo esta lucha social en las organizaciones existentes. El Partido Demócrata se ha trasladado cada vez más a la derecha y actualmente funciona, de forma explícita y directa, como el partido en pro de Wall Street, la CIA y las guerras.

La central AFL-CIO y el resto de los sindicatos —organizaciones corporativistas de una burocracia corrupta y reaccionaria— se dedican a suprimir la oposición de la clase obrera a los recortes salariales, los despidos, las aceleraciones de la carga laboral, la precarización y los ataques a la salud y las pensiones. Bloquean las protestas siempre que sea posible y las sabotean cuando no las pueden prevenir.

Nivel de huelgas (azul) y participación en ingresos nacionales
del uno por ciento más rico(rojo)

El sitio web de la AFL-CIO refleja su indiferencia y desprecio hacia la clase trabajadora. Cuando se refiere a la cuestión de los salarios, señala en unos pocos e insubstanciales párrafos, que “el 90 por ciento de los salarios de los estadounidenses son hoy menores a los de 1997”. ¿Su plan de acción para hacer frente tan asombroso y condenatorio hecho? ¡Una petición dirigida al Congreso!

El estancamiento salarial y la acumulación de la riqueza en manos de los más ricos no se detendrán a través de súplicas a los sobornados títeres de Wall Street en el Congreso ni a cualquiera otra institución de la oligarquía corporativa financiera. Sólo el resurgimiento de la lucha de la clase obrera con base en un programa anticapitalista y socialista va a cambiar la situación.

Este periodo tan atípicamente largo en el que la lucha de clases en EE. UU. ha parecido desaparecer está llegando a su fin a pasos largos. Aumenta el enojo junto con el deseo de luchar. La huelga de Verizon del año pasado fue una de las más largas y grandes en muchos años. Este crecimiento de la militancia viene acompañado de una amplia radicalización política y un resurgimiento de sentimientos anticapitalistas, los cuales han encontrado su expresión inicial en el apoyo de masas a la campaña de Bernie Sanders en el 2016, creyendo equivocadamente que Sanders es socialista y un opositor de la “clase de multimillonarios”. Los brutales ataques contra las condiciones sociales y los derechos democráticos por parte del gobierno compuesto por oligarcas del presidente Donald Trump provocará una resistencia cada vez mayor entre trabajadores y jóvenes. Sin embargo, este movimiento emergente tiene que encontrar una nueva forma organizacional y ser guiado por una perspectiva política consciente. No debe permitir ser canalizado detrás del Partido Demócrata ni saboteado por los sindicatos.

El Partido Socialista por la Igualdad está luchando por el desarrollo de un movimiento que sea el más amplio posible, uniendo tras de sí todas las luchas —en defensa de la salud, de los inmigrantes, los puestos de trabajo, salarios y educación y en contra de la amenaza de otra guerra mundial— dentro de un solo movimiento social y político de masas contra la élite política y el sistema capitalista que defiende.

Llamamos a los trabajadores a establecer comités de lucha en las fábricas, lugares de trabajo y comunidades para desarrollar este movimiento y vincularlo con las luchas de los trabajadores de todo el mundo. Sobre todo, llamamos a todos los obreros y jóvenes que ven la necesidad de una lucha contra el capitalismo a unirse y construir el PSI como nueva dirección política de la clase obrera.

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La crisis civilizatoria y el papel de la ética

Dom, 16/07/2017 - 18:11
Frei Betto, Alai

En griego, ethos significa casa en el sentido amplio de hábitat del ser humano, tanto en lo relativo a la naturaleza como a la vida social. Ethos es una casa en construcción, y en ella el ser humano se pregunta por el sentido de sí mismo, por el rumbo y el objetivo del proyecto que asume. La ética es, pues, un proceso mediante el cual conquistamos nuestra humanidad y construimos nuestra casa, o sea, nuestra identidad como persona (ser político) y como clase social, pueblo y nación.

La humanización de sí, de los otros y del mundo es un permanente “llegar a ser”, según el punto de vista apuntado por Teilhard de Chardin: cuanto más nos espiritualizamos, más nos humanizamos. Y nuestra espiritualización es una cuestión ética antes que una opción religiosa.

El ser humano tiene dos actitudes posibles ante la vida: vivir de la tradición o de la innovación. Vive de la tradición quien se somete al mundo en el que se inserta sin cuestionarlo ni cuestionarse en él. Es la tendencia predominante en este mundo globocolonizado en el que vivimos hoy. El modo de la tradición es propio de los animales, incapaces de innovar su hábitat. Son atávicamente presos de la naturaleza.

Al ser humano le es dado el poder de innovar, de distanciarse de la naturaleza y de sí mismo, de preguntarse por el sentido de la vida y los valores a asumir ante el abanico de opciones que se abre a su libertad. Porque somos esencialmente seres históricos llamados a hacer historia.

La libertad no es dar rienda suelta a los deseos. Añádase que, con frecuencia, nuestros deseos no son propiamente nuestros. Son deseos de otros infundidos en nosotros por la publicidad y la trivialidad. Libre es quien se distancia de la tradición, de las presiones circundantes y, al indagar por el sentido, actúa de acuerdo con la inteligencia. La modernidad prefiere decir: actúa de acuerdo con la razón. Pero “la razón es la imperfección de la inteligencia”, alertó Santo Tomás de Aquino. El conocimiento no se adquiere solo mediante la razón; involucra la intuición, los sentimientos, las emociones, el sentido estético, etc. Así, la ética no nace del logos, sino del pathos, allí donde reside la emoción. Nace de la tierra fértil de la subjetividad, en la que se fortalecen las raíces de nuestros valores y principios.

La razón es la estancia intermedia entre el pathos y la contemplación, la forma suprema de conocimiento, el que nos hace vivenciar lo Real. Si no percibimos esa diferencia, somos capaces de reconocer la miseria y analizarla (razón), pero no siempre somos sensibles a ella o nos produce indignación, hasta el punto de actuar para erradicarla (pathos).

Ética social Sócrates fue condenado a muerte por herejía, como Jesús. Lo acusaron de predicarles nuevos dioses a los jóvenes. En realidad, la iluminación de Sócrates no le abrió los ojos para ver el Cielo, sino la Tierra. Advirtió que no podía deducir del Olimpo una ética para los humanos. Los dioses olímpicos podían explicar el origen de las cosas, pero no dictarles normas de conducta a los seres humanos.

La mitología, repleta de ejemplos nada edificantes, obligó a los griegos a buscar en la razón los principios normativos de nuestra buena convivencia social. La promiscuidad reinante en el Olimpo podía ser objeto de creencia, pero no convenía que se tradujera en actitudes; así, la razón conquistó autonomía frente a la religión. En busca de valores capaces de normar la convivencia humana, Sócrates apuntó a nuestra caja de Pandora: la razón.

Si nuestra moral no dimana de los dioses, entonces somos nosotros, los seres racionales, quienes debemos instituirla. En Antígona, la pieza teatral de Sófocles, Creonte le prohíbe a Antígona sepultar a su hermano Polinice en nombre de razones de Estado. La protagonista se niega a obedecer “leyes no escritas, inmutables, que no datan de hoy ni de ayer, que nadie sabe cuándo aparecieron”. Es la afirmación de la conciencia sobre la ley, de la ciudadanía sobre el Estado, del derecho natural sobre el divino.

Sócrates sostenía que la ética exige normas constantes e inmutables. No puede depender de la diversidad de opiniones. Platón aportará luces a la razón humana, al enseñarnos a discernir entre realidad e ilusión. En su República, recuerda que, para Trasímaco, la ética de una sociedad refleja los intereses de quienes detentan el poder en ella. Concepto que sería retomado por Marx y aplicado a la ideología. ¿Qué es el poder? Es el derecho concedido a un individuo o conquistado por un partido o clase social de imponer su voluntad a los demás. Y Aristóteles nos apartará del solipsismo al asociar felicidad y política.

Más tarde, Santo Tomás de Aquino, inspirado en Aristóteles, nos dará las primicias de una ética política, al priorizar el bien común y valorizar la conciencia individual como reducto incorruptible, y la soberanía popular como el poder por excelencia. Maquiavelo, por el contrario, despojará la política de toda ética, al reducirla a mero juego de poder y comercio de intereses, en los que los fines justifican los medios.

Lo moderno y lo posmoderno La crisis civilizatoria es un fenómeno singular que nos sitúa en la frontera entre dos proyectos civilizatorios: el moderno y el posmoderno.

Hoy en día experimentamos algo que nuestros bisabuelos no conocieron: un cambio de época. Ellos conocieron períodos de cambios. No fueron, como nosotros, contemporáneos de un cambio de época.

Durante los últimos dos milenios, la historia de Occidente estuvo signada por dos grandes épocas: la medieval y la moderna. La primera se prolongó durante mil años. La segunda, la mitad que la primera.

Lo que caracteriza a una época es su paradigma. El de la época medieval era la religión. La centralidad de la fe cristiana favoreció la hegemonía política de la Iglesia. Toda la cosmovisión de la Edad Media estaba marcada por factores religiosos y nociones teológicas.

Esa religiosidad infundió en las personas una ética basada sobre la noción del pecado, el miedo al infierno y la esperanza de alcanzar una vida eterna feliz después de la muerte. Eso no significa que los medievales estuvieran exentos de actitudes antiéticas. Por el contrario, la carencia de libertad de expresión y pluralismo político favoreció la intolerancia religiosa manifestada por la Inquisición en la ejecución de supuestos herejes y en empresas colonialistas que, travestidas de Cruzadas, saquearon tierras y riquezas de pueblos tenidos por impíos o enemigos de la fe cristiana.

La época medieval se desplomó entre los siglos XIII y XV debido a la influencia de la nueva cosmología de Copérnico, que desbancó la de Ptolomeo; los viajes marítimos emprendidos por la Península Ibérica; el descubrimiento del Nuevo Mundo; la introducción en Europa de las obras de Platón y Aristóteles; y el acervo científico aportado por los árabes. Esos fueron algunos de los factores que pusieron en jaque el paradigma medieval y, al cabo de poco tiempo, introdujeron el nuevo paradigma que sustentaría la modernidad: la razón y sus dos hijas dilectas, la ciencia y la tecnología.

Con Kant, la modernidad buscó escapar de los parámetros religiosos basando la ética sobre valores subjetivos y universales. No obstante, algunos de sus filósofos más importantes, como Husserl, Heidegger y Whitehead no le concedieron importancia a la cuestión ética. Excepciones notables son Bergson y Scheller.

Para Kant, la grandeza del ser humano no reside en la técnica, en subyugar la naturaleza, sino en la ética, en su capacidad para autodeterminarse a partir de su libertad. Existe en nosotros un sentido innato del deber, y no dejamos de hacer algo porque sea pecado, sino porque es injusto. Y la ética individual debe complementarse con la ética social, ya que no somos un rebaño de individuos, sino una sociedad que exige, para la buena convivencia, normas y leyes y, sobre todo, la cooperación de los unos con los otros.

Hegel y Marx recalcaron que nuestra libertad es siempre condicionada, relacional, porque consiste en una construcción de comuniones con la naturaleza y nuestros semejantes. Aun cuando la injusticia convierte a algunos en desemejantes.

En las aguas de la ética judeo-cristiana, Marx resalta la irreductible dignidad de cada ser humano y, por tanto, el derecho a la igualdad de oportunidades. En otras palabras, somos tanto más libres cuando más construimos instituciones que promuevan la felicidad de todos.

La filosofía moderna hará una distinción aparentemente avanzada que, de hecho, abre un nuevo campo de tensión, al subrayar que, respetada la ley, cada quien es dueño de sus actos. La privacidad como reino de la libertad total. El problema de ese enunciado es que traslada la ética de la responsabilidad social (cada quien debe preocuparse por todos) a los derechos individuales (cada quien que cuide de sí).

Esa distinción amenaza con hacer ceder a la ética frente al subjetivismo egocéntrico. Tengo derechos, prescritos en una Declaración Universal, pero, ¿y los deberes? ¿Qué obligaciones tengo para con la sociedad en la que vivo? ¿Qué tengo que ver con el hambriento, el oprimido y el excluido? De ahí la importancia del concepto de ciudadanía. Las personas son diferentes y, en una sociedad desigual, se les trata según su importancia en la escala social. Pero el ciudadano, pobre o rico, es un ser dotado de derechos inviolables y deberes para con el bien común, y está sujeto a la ley como todos los demás.

La crisis de la modernidad Todos los contemporáneos de este inicio del siglo XXI somos hijos de la modernidad. Su advenimiento, entre los siglos XV y XVI, hizo brotar un gran optimismo en cuanto a su futuro. Se creyó que pondría fin a las guerras, la peste, el hambre y tantos males que afectaban a las personas en el Medioevo. Ese optimismo se expresó en las obras de Voltaire, Tomás Moro, Campanella y otros.

La modernidad produjo una escisión entre la ética y la política. Se privatizó la ética, que se limitó a las virtudes asumidas por el individuo, y en cuanto a la política, se estableció como un campo que prescindía de la eticidad. Y se convirtió en mera herramienta de búsqueda del poder y permanencia en él, como si fuera un fin en sí mismo.

Somos la última generación moderna. Podemos mirar atrás y hacer un balance de la modernidad. Hay que reconocer que en los últimos 500 años la humanidad logró grandes avances, desde el saneamiento básico hasta la comunicación digital. Llegamos a posar los pies sobre la superficie de la Luna, pero seguimos siendo incapaces de aportarle nutrientes esenciales al organismo de millares de niños cuyas vidas se ven segadas precozmente por el hambre.

La modernidad fue atropellada por el capitalismo. La “ética” de los resultados sustituyó a la ética de los principios. En nombre del desarrollo, el progreso, el crecimiento económico y la paz, se implantaron el colonialismo y el neocolonialismo; se diseminaron las guerras; se acumularon arsenales nucleares; se distribuyó de manera piramidal la riqueza del mundo; se le impuso al planeta, mediante la globocolonización imperialista, un único modelo de sociedad, el del consumismo hedonista, que induce a las personas a trocar la libertad por la seguridad.

Hoy, los habitantes de la Tierra somos 7 mil 200 millones, de los cuales casi la mitad carece de condiciones dignas de vida. Baste recordar los datos divulgados por la ONG británica OXFAM en enero de 2017: 8 individuos tienen en sus manos la misma renta de 3,6 mil millones de habitantes del mundo, ¡la mitad de la humanidad!

En materia de ética estamos, como diría Guimarães Rosa, en la tercera margen del río. Abandonamos la ética religiosa de la época medieval, fundada sobre la noción del pecado, y aún no hemos logrado alcanzar la ética socrática basada sobre la razón. Es ese vacío el que le permitió al capitalismo desfigurar los cimientos de la modernidad, deshacer los grandes relatos, proclamar el “fin de la historia” y propalar la falacia que intenta imponernos la idea de que la democracia y el capitalismo son connaturales. Ese vacío creó un espacio para que se proclamara la competitividad como valor y virtud, descartando la solidaridad.

¡Hay que hacer la crítica de la razón monetarista! Es ella la que pretende que todos seamos consumistas y no ciudadanos; meros juguetes entregados a la mano invisible del mercado y no protagonistas sociales; y adeptos de la fe en el fin de la historia, o sea, la inmaculada concepción en que el capitalismo está dotado de calificativos divinos: eterno, omnipresente, omnisciente y omnipotente.

La pregunta fundamental que se nos plantea hoy es cuál será el paradigma de la posmodernidad. ¿El mercado, la mercantilización de todos los aspectos de la vida humana y la naturaleza, o la globalización de la solidaridad?

Temo que prevalezca el mercado, a menos que seamos capaces de aglutinar fuerzas para una poderosa movilización en torno a una nueva propuesta ética, fundada sobre dos principios básicos: la irreductible sacralidad de toda vida humana y el compartir de los bienes de la Tierra y los frutos del trabajo humano.

La vida humana extrapola toda ideología, filosofía o teología. Es un milagro de la naturaleza, si consideramos las excepcionales condiciones ambientales que permitieron su aparición, y para nosotros los cristianos, es un don de Dios. Hay que subrayar que hoy esas condiciones están amenazadas por la devastación de la naturaleza. Como advierte James Lovelock, la “venganza de Gaia” puede anticipar el apocalipsis.

Solo la firma convicción de que todos sin excepción, incluido el criminal más incorregible, tenemos derecho a la vida, puede llevarnos a superar todo tipo de prejuicio o exclusión. La ética exige justicia y, por tanto, que se castigue al delincuente en nombre de la defensa de los derechos de la comunidad. Pero la vida del delincuente es el límite de la ley. Esa vida no debe ser extinguida, ni debe negársele al delincuente su dignidad humana por medio de la tortura o de condiciones abyectas de encarcelamiento.

Lo mismo se aplica a todas las demás relaciones sociales y, por tanto, implica el fin de toda forma de opresión, desde la relación interpersonal y de género, como en el matrimonio, hasta las relaciones institucionales de trabajo, en las que debe prevalecer la dignidad humana sobre la ambición de lucro, y se debe sobreponer la solidaridad a la competitividad.

Esa dimensión relacional debe complementarse con la dimensión social de la ética. La humanidad no tiene futuro si no se comparten los bienes de la Tierra y los frutos del trabajo humano. Se trata de una cuestión aritmética que depende de un desafío ético: o les aseguramos a todos medios suficientes para una vida digna, incluidas las condiciones socioambientales, o, como alertara Thomas Piketty, caminaremos rumbo a la barbarie, esto es, la concentración de la renta en manos de un número cada vez menor de afortunados conducirá a la humanidad a un colapso, porque los pueblos de las naciones periféricas afectadas por la guerra, la falta de trabajo, vivienda y alimentación suficiente, tratarán cada vez más de refugiarse en los países ricos. Y los recursos naturales, como el agua potable, serán cada vez más escasos y estarán monopolizados por grandes empresas transnacionales. En resumen, el efecto de la progresiva privatización de los recursos naturales será la exclusión progresiva de grandes contingentes humanos del acceso a los bienes esenciales para la vida.

Joseph Schumpeter explicitó en 1912 la naturaleza antiética del capitalismo, al insistir en que su motor era la “destrucción creativa”, o sea, que le cabe al mercado descartar las actividades y las personas que no son suficientemente productivas, y obligar así a los débiles a cederles su lugar a los fuertes. Ese darwinismo social abrió un espacio para el surgimiento de la competencia desenfrenada. Y sirve para justificar las guerras.

En 1980, la suma de los activos financieros mundiales equivalía al PIB global, unos 27 billones de dólares estadounidenses. En 2007, poco antes de que estallara la primera gran crisis financiera del siglo XXI, el PIB mundial era de 60 billones, y los activos financieros de 240 billones, ¡cuatro veces mayores! Esa es la famosa “burbuja”, que se sigue hinchando…

Por tanto, sin ética no habrá avance civilizatorio. Sin ética, el hombre se convertirá, de hecho, en lobo del hombre. Sin ética, el capitalismo se fortalecerá, y la ambición de lucro y apropiación privada de la riqueza cobrará más importancia que la defensa y la preservación de los derechos humanos.

No habrá sociedad ética mientras haya capitalismo.

La izquierda y la ética La credibilidad de la izquierda depende, sobre todo, de su actitud ética. Fidel insistía en ese principio: “Un revolucionario puede perderlo todo, la libertad, los bienes, la familia, hasta la vida, menos la moral”.

En el siglo XX era costumbre entre los integrantes de la izquierda la práctica de la autocrítica. Guardando las proporciones, esa práctica tenía su origen en el acto penitencial de los cristianos al reconocer sus pecados. Al escalar al poder en la Unión Soviética, Stalin se erigió en único señor de la crítica. La autocrítica se hizo obligatoria y se tradujo en purgas y asesinatos.

Hoy en día, la carencia de mecanismos que propicien la autocrítica frecuente hace que muchos grupos progresistas pierdan el sentido crítico. Sobre todo cuando asumen el gobierno y se dejan cegar por la ilusión de que ejercen el poder. Lo cierto es que el poder no siempre ocupa el gobierno, pero ejerce una presión sobre él –económica, social, política e ideológica– que solo puede contenerse y vencerse mediante otra instancia que lo supere: el poder popular.

Los avances conquistados en las últimas décadas por gobiernos progresistas en América Latina son significativos en cuanto a sus dimensiones económicas, sociales, políticas y ambientales. Pero no se puede afirmar lo mismo en cuanto a su dimensión ética. Ciertas fallas han comprometido la credibilidad del proceso de cambios y de algunos de sus líderes. Tal vez Jesús, Gandhi, Luther King y Mandela no hayan tenido, históricamente, el éxito que esperaban. Pero sus testimonios éticos perduran como referencia ejemplar de conducta militante y del valor de las causas que encarnaron.

Por tanto, el desafío futuro para la emancipación de América Latina consiste en asociar un profundo proceso de cambios estructurales que la libere progresivamente de la hegemonía capitalista, con actitudes éticas que pongan de relieve la diferencia con los enemigos de clase. Pero eso no puede depender exclusivamente de virtudes personales. Urge crear mecanismos institucionales que impidan los desvíos éticos. No hay que esperar una ética de los políticos, sino una ética de la política, o sea, una institucionalidad gubernamental que inhiba todos los procedimientos que favorezcan los privilegios personales, lesivos a los intereses y derechos de la colectividad.

Ser ético, por consiguiente, es una opción revolucionaria, capaz de engendrar el hombre y la mujer nuevos soñados por la utopía comunista.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El poder del Banco de Santander en el mundo artístico

Sáb, 15/07/2017 - 03:01
Vicenç Navarro, Público

El New York Times del 5 de julio publica un artículo en primera página sobre un tema que apenas ha sido noticia en España: la construcción de un monumento a la familia Botín, propietarios del mayor banco de España, monumento instalado frente a la sede de su banco, el Banco de Santander, en la ciudad que da nombre al banco, Santander. El monumento es, en teoría, un museo de arte, pero en la práctica, y como bien subraya el artículo, parece “reflejar más la cultura del dinero que la cultura del arte”. Construido en uno de los barrios más pudientes de la ciudad, el edificio simula dos cajas enormes de cristal, muy altas, y que penetran sobre el mar, rompiendo abusivamente los contornos de la costa y del paseo marítimo. El proyecto, que inició su construcción en el momento de la crisis bancaria, ha costado 80 millones de euros, pagados por la familia Botín. Tal monumento intenta ser la alternativa al museo Guggenheim, en Bilbao, que fue construido en los barrios más deprimidos de aquella ciudad. No así este en Santander que, como indiqué antes, se ha construido en la parte más residencial de la ciudad. Como bien señala el New York Times, este museo muestra y transmite la sensación de poder, que es, por lo visto, la intención de la construcción de tal monumento.

Y este poder del Banco de Santander, que se muestra en todas las instituciones políticas llamadas representativas, incluyendo las municipales y autonómicas, explica que la construcción de dicho edificio, que rompe con todas las normas estéticas y ecológicas, interrumpiendo un paisaje costero suave, fuera aprobada por todas las autoridades pertinentes, a pesar de las constantes protestas del movimiento ecologista y movimientos sociales y vecinales en contra de la construcción de tal edificio, el cual “claramente viola las normas municipales, construido para el engrandecimiento del Banco de Santander, signo de la opulencia bancaria”. Estas protestas llegaron a todos los niveles jurídicos, incluyendo el Tribunal Supremo, y fueron todas ellas desoídas. El artículo cita a Carlos García, presidente de la asociación ambientalista ARCA, que protesta no solo por el desastre ecológico que tal edificio representa, sino también por su ubicación, que es “donde los romanos desembarcaron por primera vez y donde la ciudad de Santander empezó”. Tales movimientos han llevado sus protestas al Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Como era predecible, el museo fue inaugurado por el Rey Felipe VI, con la apertura de dos salas, mostrando cuadros prestados por el Museo del Prado de Madrid que, por cierto, es un museo pagado por todos los contribuyentes españoles. Una de las dos grandes salas contiene una colección de los cuadros de Goya. El articulista del New York Times señala, con cierta ironía, que uno de los mayores temas de los cuadros de Goya era la protesta social en contra de la injusticia reinante en su periodo. Cito directamente del artículo: “Uno de los temas más importantes [en los cuadros] de Goya fue el tema de la injusticia social, mostrando imágenes de la aristocracia decadente, contrastándola con dibujos de hambre y sufrimiento entre las clases populares”. Uno de tales cuadros, titulado “Ellos comen mucho”, muestra a un fraile defecando tras una gran comilona. El artículo termina indicando que parece que los cuadros de Goya parecen bastante aptos para los tiempos que vivimos. No me imagino un artículo como este apareciendo en los mayores rotativos del país, sobre los cuales el poder de la banca no tiene límites. Y a esto se le llama en España libertad de expresión.

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Número de trabajadores pobres en Europa se duplicó en la última década

Ven, 14/07/2017 - 07:51
Elisabeth Zimmermann, wsws

Cada vez más personas con trabajo en Europa están siendo sumidas en la pobreza, como lo demuestra un nuevo estudio de la Fundación Hans Böckler publicado el jueves 5 de julio. El estudio, titulado "Políticas de activación y pobreza", señala que una proporción creciente de la población europea vive en la pobreza, aunque esté trabajando.

Los investigadores del Instituto de Ciencias Económicas y Sociales (WSI, por sus siglas en alemán) de la Fundación Böckler examinaron los efectos de medidas en el mercado laboral y de política social en 18 países de la UE del 2004 al 2014. Todas las medidas tenían por objeto obligar a los desempleados a trabajar por bajos salarios.

De acuerdo con sus investigaciones, un promedio de alrededor del 10 por ciento de la población de entre 18 y 64 años de edad en los países estudiados eran "trabajadores pobres". Esto significa que ganan menos del 60 por ciento del ingreso promedio en su país. La proporción de trabajadores pobres fue más alta en Rumania con 18,6 por ciento, seguida por Grecia con 13,4 por ciento, y España con 13,2 por ciento.

En Alemania, el número de trabajadores pobres se duplicó, pasando de casi 1,9 millones o 4,8 por ciento en el 2004, a casi 4,1 millones o 9,6 por ciento en el 2014. El aumento es aún mayor en cifras absolutas, porque el número total de empleados en Alemania aumentó de 39,3 millones a 42,6 millones. En Alemania, en el 2014, una sola persona con menos de 986 euros netos por mes se consideraba pobre. Para un hogar con dos adultos y dos niños menores de 14 años, el umbral era de 2072 euros.

"En la mayoría de los países, la pobreza para los que trabajaban ya había comenzado a aumentar antes de la crisis en la zona del euro", dice el estudio. No obstante, a raíz de la crisis, la situación en muchos países empeoró. "Las medidas adoptadas para combatir el alto desempleo han provocado una nueva desregulación de los mercados laborales y una reducción de los beneficios sociales".

La contrarrevolución social en Europa encontró su expresión más aguda en Grecia bajo el gobierno de Syriza. Los altos niveles de desempleo por la destrucción de empleos regularmente pagados se combinan con recortes salvajes a los subsidios de desempleo y a las pensiones. Sin embargo, debido al nivel ya existente de declive social en dicho país, el aumento estadístico del número de asalariados pobres en Grecia es relativamente bajo.

El ejemplo de Alemania, donde el número de trabajadores empleados aumentó, es "particularmente notable", concluye el informe Böckler. "Evidentemente, el vínculo entre el crecimiento del empleo y la pobreza es más complicado de lo comúnmente asumido". Se trata de una subestimación deliberadamente inconclusa sobre la contrarrevolución social que ha tenido lugar en las últimas dos décadas.

El aumento del empleo precario, temporal, mal remunerado y de medio tiempo para millones de personas es un fenómeno internacional implementado por las elites gobernantes.

"El desarrollo positivo en el mercado laboral alemán se debe en gran medida a un aumento en el empleo atípico, especialmente a tiempo parcial, a menudo en el sector de servicios y de bajos salarios", señala el estudio. El crecimiento del sector de bajos salarios se ha visto acelerado por la amplia desregulación del mismo mercado de trabajo, la reducción de los beneficios y la mayor presión sobre los trabajadores para que acepten cualquier tipo de trabajo. Este aumento de la presión sobre los desempleados les obliga a encontrar un trabajo lo más rápido posible.

Los sindicatos de todos los países desempeñaron un papel importante en que esto sucediera. Rápido se pusieron al lado del capital en la crisis del 2008-2009, y le ayudaron a transferir fondos de prestaciones de los trabajadores, ganados a lo largo de décadas de lucha, a los bancos en quiebra y sus respectivos gobiernos. La Fundación Böckler es el centro de reflexión oficial del movimiento sindical alemán (DGB, por sus siglas en alemán), lo que explica el tacto diplomático de los investigadores del WSI en su informe, a pesar de que sus estadísticas sobre la pobreza entre los trabajadores constituyan una condena contra el sistema.

El crecimiento explosivo del sector de bajos salarios en Alemania inició en el 2005 por las leyes antisociales Hartz IV y el programa Agenda 2010 introducido por el gobierno de coalición SPD-Verdes liderado por Gerhard Schröder y Joschka Fischer. En el 2004, los sindicatos se opusieron activamente a los que protestaran las leyes Hartz IV. La prioridad de los sindicatos era hacer cumplir las nuevas medidas.

Los efectos concretos de las sanciones cada vez más severas y de gran alcance utilizadas por los centros de trabajo se han visto de forma clara en la ciudad de Duisburg, en el antiguo centro industrial de la región alemana del Ruhr. Con una población de casi medio millón de habitantes, 77.000 personas en Duisburg dependen de los miserables beneficios de la legislación Hartz IV. El número de personas empleadas con protección social aumentó entre el 2006 y el 2016 en alrededor de 15 000 a un total de poco menos de 166.000. Sin embargo, el número de empleados a tiempo completo disminuyó en 700 durante el mismo período, mientras que el número de empleados a tiempo parcial aumentó en alrededor de 14.000 a más de 38.000.

El número de trabajadores contratados temporalmente (la mayoría de ellos trabajando a tiempo completo) se ha triplicado durante los últimos 10 años a 9986. Unos 37.000 trabajadores en Duisburg tienen un llamado miniempleo y 10000 de estos trabajadores tienen más de un trabajo a fin de ganar suficiente dinero para sobrevivir. Esto significa que más de un tercio de todos los trabajadores de Duisburg trabaja a tiempo parcial, temporal o en miniempleos.

Un estudio elaborado por el DGB, publicado por el diario Berliner Zeitung a principios de julio, señala que esta tendencia está sucediendo en todo el país. Más de un millón de personas son contratadas por agencias, 8,5 millones a tiempo parcial, mientras que 2,53 millones tienen empleos temporales. Casi 2 millones están registrados como autónomos.

El estudio del DGB también señala que la quinta parte de trabajadores con menores salarios por hora sufrió una pérdida salarial real de 7 por ciento entre 1995 y 2015. El quintil siguiente perdió 5 por ciento. Esta es una consecuencia directa de la política de los propios sindicatos.

Mientras que los investigadores del WSI buscan ocultar las razones de la pobreza generalizada, refiriéndose a los "complejos vínculos" entre el crecimiento del empleo y la pobreza, es claro quién se está beneficiando.

El informe Global Wealth elaborado por el banco suizo Crédit Suisse de noviembre del 2016 revela un crecimiento significativo de las fortunas de los más ricos. El informe señala que el número de millonarios en dólares en Alemania aumentó en 44 000 a un total de 1,6 millones entre mediados del 2015 y mediados del 2016. El club de los súper ricos, con una fortuna de al menos $50 millones, consiguió 500 nuevos miembros para un total de 6100. Esto colocó a Alemania en el tercer lugar detrás de EE.UU. y China. Según Forbes, 114 personas con más de mil millones de dólares viven en Alemania. Los 36 más ricos tienen tanta riqueza (276 000 millones de euros) como la mitad más pobre de la población.

Esta creciente desigualdad social sólo puede ser frenada por una política dirigida contra todos los partidos políticos que representan a los grandes bancos y corporaciones.

En su declaración electoral para las elecciones federales de otoño en Alemania, el Sozialistische Gleichheitspartei (SGP, Partido Socialista por la Igualdad) escribe:

"El SGP lucha por una sociedad en la que las necesidades de los muchos estén por encima de los intereses de lucro de las grandes empresas. Los súper ricos, los bancos y las corporaciones deben ser expropiados y colocados bajo el control democrático de la población. Sólo de esta manera se pueden asegurar los derechos sociales de todos. Estos incluyen el derecho a un empleo adecuadamente remunerado, una educación de la mejor calidad, una vivienda asequible, una pensión segura, provisiones de alta calidad para los de mayor edad y acceso a la cultura".

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Guerra privatizada: las mutaciones del capitalismo

Xov, 13/07/2017 - 07:41
Alejandro Nadal, La Jornada

El asesor especial del presidente Trump, el señor Stephen Bannon, tiene un nuevo plan para ganar la guerra en Afganistán: remplazar el ejército estadounidense con contratistas privados. De este modo, la guerra se convertiría en un negocio redondo: la industria de armamentos seguiría suministrando armas y pertrechos, pero ahora hasta las acciones sobre el terreno serían responsabilidad de ejércitos privados. Se llaman mercenarios, pero el eufemismo de contratistas privados es útil para disfrazar el verdadero sentido de las guerras imperiales de nuestro tiempo.

La privatización de la guerra no es un negocio nuevo. La experiencia bélica estadounidense en Afganistán a partir de 2001 es sólo el ejemplo más reciente de operaciones de un ejército privado a gran escala. Por ejemplo, inicialmente la invasión por tropas estadounidenses se presentó como respuesta a los ataques del 9/11. Se dijo que el objetivo era desmantelar las bases de al-Qaeda, pero muy rápidamente la lógica de la guerra se transformó hasta convertirse en una ocupación militar de largo aliento. Una bien orquestada campaña de propaganda sobre la reconstrucción de una nación acompañó esta metamorfosis.

Los 15 años de duración de la guerra en Afganistán la convierten en la experiencia bélica más larga en la historia de Estados Unidos. Han fallecido más de 2 mil 400 soldados estadounidenses desde 2001, pero hoy las fuerzas del Talibán controlan más territorio en ese país que al principio de la guerra. Por eso Washington busca rediseñar una nueva estrategia para ganar esta guerra cuyos objetivos son cada vez más esquivos.

En la actualidad hay unos 9 mil soldados estadounidenses en ese país de Asia central, pero hay más de 28 mil 600 contratistas privados cuyas tareas son difíciles de describir con precisión. Ni siquiera el mismo Pentágono sabe exactamente qué está haciendo este personal. Lo cierto es que durante años recientes el número de efectivos del ejército formal ha disminuido con la supuesta finalidad de entregar la conducción de la guerra al gobierno de Kabul, pero la cantidad de contratistas privados ha ido aumentando y la guerra se ha ido privatizando.

No todos estos contratistas están involucrados directamente en operaciones militares. El servicio de investigación del congreso (CRS, por sus siglas en inglés) revela que 5 mil 500 están ocupados como traductores, en la construcción o como personal de apoyo. ¿Qué hacen los otros 23 mil contratistas privados?

El tema aquí no es solamente el del número de contratistas o mercenarios enredados en la lucha armada de manera directa. Por cada soldado en operaciones sobre el terreno se requieren centenares (si no es que miles) de personas en tareas de apoyo: comunicaciones, servicios de salud, transporte, preparación de alimentos, etcétera. En síntesis, más de 70 por ciento del personal estadounidense en las tareas de ocupación en Afganistán se compone de contratistas privados.

Washington ha gastado unos 110 mil millones de dólares en la reconstrucción de ese país. Ese monto es muy superior al total asignado al Plan Marshall para la reconstrucción de Europa después de la segunda guerra mundial. Nadie sabe cuánto dinero se ha ido en obras inútiles o insostenibles. Lo cierto es que en el paisaje afgano abundan los cascarones vacíos de escuelas y clínicas abandonadas o a medio construir. En muchos casos la energía eléctrica necesaria para el buen funcionamiento de estas obras no se pudo garantizar. En otros el abandono se debe a las acciones de sabotaje intermitente que han hecho incosteable la operación. Frecuentemente los recursos invertidos en la reconstrucción de la nación han sido un regalo para las empresas privadas encargadas de los proyectos. Pero también sirvieron para disfrazar una ocupación militar que está más interesada en objetivos estratégicos que en reparar los daños de una guerra que ha dejado más de 400 mil muertes de civiles.

El capitalismo contemporáneo sigue sus mutaciones para adaptar el mundo a sus necesidades. El salario ya no es la clave para reproducir la fuerza de trabajo y ha sido substituido por el crédito. La tasa de ganancias asociada a la actividad productiva ha sido remplazada por la rentabilidad derivada de la especulación como referencia en el proceso de acumulación. Y ahora hasta las fuerzas armadas se van transformando cada vez más en un negocio privado. En este último renglón quizás se trata más de una regresión a épocas precapitalistas pues los ejércitos privados de los señores de la guerra fueron un recurso desde hace miles de años. Pero ahora hay algo nuevo: la privatización de operaciones militares está insertada en una tendencia económica más general. Al igual que la privatización del manejo del sistema carcelario o del sistema de detención de migrantes, éste es otro indicio de la profunda reconversión del estado en la etapa actual del capitalismo. De ser una organización política, el estado hoy se ha convertido en una matriz de intereses corporativos y su finalidad no tiene nada que ver con el bienestar social.

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