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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6888125
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Los problemas y errores del independentismo catalán

Sáb, 14/10/2017 - 22:23
Vicenç Navarro, Publico

Catalunya está viviendo la mayor crisis social, política, y pronto veremos la económica, que haya existido en la época democrática. He mostrado con detalle en otro artículo las dimensiones de la gran crisis social en Catalunya, la mayor en este siglo y finales del anterior (“El mayor problema que tiene hoy Catalunya del cual no se habla: la crisis social” Público, 30 de Junio 2017). Y a esta crisis social se le ha añadido la enorme crisis política en la que las instituciones de la Generalitat eran intervenidas por el Estado central, con la posibilidad (que tiene elevada probabilidad) de que se reduzcan todavía más las capacidades de decisión y gestión de las instituciones públicas de Catalunya por parte del Gobierno catalán. Por otra parte, el temor de que las grandes tensiones políticas que están ocurriendo en Catalunya afecten a las grandes empresas basadas en Catalunya ha determinado una huida masiva de muchas empresas, desplazándose a otras partes de España, creándose con ello la crisis económica.

Ni que decir tiene que la mayor responsabilidad de lo que ocurre en Catalunya se debe a las políticas desarrolladas, aplicadas e impuestas por el Estado central español, gobernado por el Partido Popular liderado por el Sr. Mariano Rajoy. Ahora bien, sin implicar una igualdad de responsabilidades o equidistancia de razones, el hecho es que el gobierno de Junts Pel Sí, es también, responsable de cada una de estas crisis, hecho que, aun cuando se acentúa (e incluso se exagera) en los medios basados en Madrid, se ignora en gran número de los medios basados en Barcelona, controlados (los públicos), y altamente influenciados (los privados debido a generosas subvenciones públicas) por el gobierno independentista de la Generalitat de Catalunya. Puesto que ya he analizado críticamente el Estado central y el gobierno Rajoy en otros artículos (ver “La necesaria movilización de las fuerzas democráticas frente a los herederos del franquismo” Público, 28 de Septiembre 2017), intento ahora centrarme en el comportamiento del gobierno Junts Pel Sí, mostrando que tiene su parte de responsabilidad en las enormes crisis que cito al inicio del artículo.

No me voy a extender en la crisis social, pues creo ya haber demostrado que las políticas de claro corte neoliberal (como la reforma laboral, que ha incrementado el desempleo y la precariedad y disminuido los salarios y la protección social) y los enormes recortes del gasto público social y las privatizaciones en los servicios públicos del Estado del Bienestar catalán realizadas por los gobiernos de Convergencia (con Unió Democrática hasta el año 2015 y con ERC después), han jugado un papel esencial en el gran deterioro de la calidad de vida y bienestar social de las clases populares en Catalunya. Estas políticas neoliberales fueron aprobadas en las Cortes Españolas (junto con el PP, otro partido neoliberal), por el partido Convergència (ahora llamado PDeCAT que ha gobernado Catalunya por la mayoría del periodo democrático).

La crisis política: consecuencia del llamado “procés”

En cuanto a la crisis política, causa importante de tal crisis ha sido la estrategia diseñada para alcanzar la independencia “exprés” desarrollado, por Convergència que ha liderado la coalición Junts Pel Sí, en colaboración con el partido ERC y con la ayuda de la CUP, un partido muy minoritario pero con considerable influencia debido a que sin él, Junts Pel Sí no alcanzaría la mayoría en el Parlament. Es importante señalar que tal mayoría parlamentaria debe su estatus de mayoría a una ley electoral inicialmente diseñada en época predemocrática (con el objetivo de discriminar a la clase trabajadora) que, cuando el gobierno Pujol pudo cambiarla, la dejó tal como estaba, favoreciendo a las zonas rurales y pequeños centros urbanos a costa de las grandes ciudades donde vivía tal clase. Como consecuencia de ello, tal mayoría parlamentaria no se corresponde a una mayoría de votos. En realidad, los votos a los partidos independentistas, nunca han sumado una mayoría del electorado en Catalunya.

Tal estrategia, conocida como el “procés” ha incluido varios componentes. Uno de ellos ha sido el calendario de intervenciones en las que alcanzar la secesión era un objetivo inmediato y siempre prioritario, anteponiéndolo a todos los demás (en realdad, la actividad legislativa del Parlamento bajo esta mayoría ha sido muy limitada). El President Puigdemont aseguró que el Parlament aprobaría 45 leyes en los 18 meses de legislatura. En realidad, hasta ahora han visto la luz verde solo 23 (18 este año y 5 el año pasado). En el principio de la legislatura anterior, durante un período parecido fueron aprobadas 47 leyes. (La baja productividad se debe a la importancia otorgada a la función agitacional, en lugar de la legislativa).

Lo que el govern catalán deseaba era centrarse en conseguir la independencia “exprés”. Como parte de este proceso rápido se fue escalando el nivel de intervenciones, bien en la narrativa de su discurso, bien en el argumentario utilizado para justificar sus intervenciones, bien en las acciones tomadas por el govern catalán que produjeron un incremento de la tensión con el Estado central, tensión que tenía el intento de movilizar la opinión popular en apoyo del Govern. En realidad, algunos dirigentes de Junts Pel Sí así lo indicaron en varias ocasiones. Su meta era radicalizar el discurso para conseguir una mayor movilización.

La monopolización del soberanismo por el independentismo

La otra característica de este proceso ha sido monopolizar el significado de soberanismo (el derecho a decidir) con el de independentismo (la secesión de Catalunya del resto de España) haciendo los dos conceptos y términos intercambiables e idénticos. La dicotomía presentada en su estrategia era, pues, el limitar las alternativas posibles a independentismo o a lo que los independentistas llamaban el unionismo, definiendo como tal a todas las opciones que no eran secesionistas. Esta estrategia limitaba enormemente las alternativas, reduciéndolas solo a dos posibles. Una era conseguir la independencia o la otra, la de continuar en el presente estatus quo, dicotomía que favorecía a la primera opción, pues el comportamiento represivo e insensible a la identidad catalana y al no reconocimiento de Cataluña como nación del gobierno Rajoy debilitaba cada vez más el atractivo de la segunda alternativa. En esta estrategia del independentismo, era esencial presentar a toda España como incambiable y hostil a Catalunya. En realidad en esta estrategia independentista el movimiento político social en Cataluña, conocido como En Comú Podem, liderado por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau y el movimiento político social en España, Unidos Podemos, eran percibidos como obstáculos para sus fines, pues presentaban una imagen amable y atractiva de España. La elección de En Comú Podem en las dos últimas elecciones legislativas en Cataluña creó gran desazón en los sectores más conservadores y liberales de Junts Pel Sí. En realidad, Convergència (PDeCAT), no votó la moción de censura al gobierno Rajoy presentada por Podemos.

Ambas formaciones políticas –En Comú Podem y Unidos Podemos–, apoyaban el derecho a decidir del pueblo catalán, derecho que incluye el derecho a escoger entre varias alternativas, una de las cuales sería la secesión, aun cuando no era la alternativa preferida por ninguno de estas dos coaliciones. La mayoría de la población catalana es soberanista (es decir, apoya el derecho a decidir) pero no es independentista. Todo independentista es soberanista pero no todo soberanista es independentista. Esta clarificación nunca la hicieron los independentistas, faltando a la verdad cuando indicaron que “el pueblo catalán desea la independencia”, a no ser que se limite el significado catalán, porque los datos muestran que la mayoría del electorado no es independentista.

El mal llamado referéndum como instrumento de movilización

Otra característica del “procés”, relacionada con la anterior (la identificación del referéndum con independentismo), fue la exclusión de las organizaciones no independentistas en la gestión de la campaña del referéndum. En realidad, marginaron la organización del Pacto Nacional, que incluía, además de los partidos soberanistas (independentistas y no independentistas) a las mayores instituciones de la sociedad civil, tales como sindicatos, asociaciones de vecinos, de profesionales, de campesinos, de la pequeña empresa y un largo etcétera. Y la máxima expresión de esta monopolización apareció en la organización de las fiestas de la Diada de este año (cuando la población sale a la calle en una manifestación colectiva en homenaje de aquellos que murieron defendiendo los derechos de Cataluña en el año 1714 en su lucha contra el Monarca Borbón Felipe V), que fue un canto a la independencia, protestando la falta de libertad existente en España, ignorando a su vez la falta de libertad y pluralidad existente en los actos gestionados por el gobierno Junts Pel Sí y en sus medios de información (TV3 y Catalunya Ràdio) abusivamente instrumentalizados por Junts Pel Sí. La Diada, día nacional de Catalunya, fue un canto al SI en la campaña electoral de lo que erróneamente llamaron como referéndum. Ello explica que mucha gente, como yo, que cada año íbamos a celebrar el día nacional de Catalunya en las manifestaciones mutitudinarias, no fuéramos, ofendidos por el carácter tan partidista y sectario del acto. Como consecuencia de ello, el número de participantes este año bajó en comparación con años previos.

La causa movilizadora: del independentismo a la democracia

La carga policial en la mañana del 1 de Octubre cambió la naturaleza y objetivo de la movilización. La carga policial explica que mucha gente que no pensaba participar en el referéndum salió a la calle para votar, mostrando su rechazo a aquel acto y a la actitud claramente represiva y antidemocrática del Estado Central. Y lo que es de especial interés es que este aumento de participación en el referéndum fue más acentuado en los barrios obreros del cinturón rojo de Barcelona que en otras partes de Barcelona y Catalunya. La manifestación pasó de ser un movimiento pro independencia a un movimiento pro democracia, paso que quedó refrendado por lo ocurrido el día 3 de octubre cuando Catalunya (y muy en especial Barcelona) paró. Hubo un paro general organizado y gestionado por la Taula Demòcrata (la Mesa Demócrata), compuesta por las mayores asociaciones de la sociedad civil, desde los sindicatos mayoritarios a las asociaciones de campesinos, asociaciones de vecinos, asociaciones profesionales, de los pequeños empresarios, y un largo etcétera. Fue un paro generalizado en toda Catalunya. Esto cambió la orientación del movimiento, y a pesar del intento del gobierno Junts Pel Sí, y sus instrumentos como Omnium y ANC, la Mesa Demócrata adquirió un protagonismo que molestó a los partidos independentistas que consideraban el cambio como una dilución de su causa.

La clase trabajadora catalana no es independentista

Otro gran error del independentismo fue la falta de atractivo del independentismo entre la clase trabajadora de Cataluña. La evidencia de ello, aunque constantemente negada por los partidos independentistas, es conocida. La clase trabajadora no es independentista en Cataluña, por varias razones. Una es que el movimiento independentista está liderado por una coalición dirigida por el partido del Sr. Mas, es decir, por la derecha catalana, cuyas políticas neoliberales son percibidas, con razón, por la clase trabajadora como dañinas a sus intereses. La proximidad del Presidente Puigdemont con Mas es conocida, y Mas nunca fue popular entre las clases trabajadoras catalanas. Y la otra causa de la falta de apoyo al independentismo por parte de las clases populares es que la mayoría son de procedencia de partes de España y emotivamente se consideran españoles y se oponen a la secesión. La mayoría de la clase trabajadora en Cataluña es de habla castellana. La evidencia en este fenómeno es clara, como por ejemplo muestran los datos provenientes de la Encuesta del CEO (CIS de la Generalitat) de Junio de 2017, donde se puede ver que a más ingresos por hogar más apoyo a la independencia, y a la inversa, mientras menos ingresos haya por hogar menos apoyo a la independencia. Además en Cataluña las personas que se autoconsideran de clase popular (clases de renta media-baja y renta baja) claramente no apoyan la independencia: el 56,15% de las clases populares no apoyan la independencia mientras que solo un 33% sí la apoyan.

Ello explica porque el independentismo nunca ha sido mayoritario y continuará sin serlo, pues la independencia en sí no motiva a la mayoría de la población. Solo en caso de que este proyecto independentista tuviera un contenido fuertemente social, existiría tal posibilidad. Pero tal tema social estaba ausente en el proyecto independentista. Solo vagas generalizaciones, con escasa credibilidad, marcaron el discurso social del independentismo con promesas un tanto hiperbólicas, carentes de credibilidad. Un caso claro era la afirmación hecha por dirigentes de Junts Pel Sí y economistas afines, incluyendo el gurú económico de TV3 (la televisión pública de la Generalitat de Cataluña), el Sr. Xala i Marti, que las pensiones no sufrirían con la Transición a la independencia, lo cual es una obvia falsedad pues en el período de Transitoriedad Jurídica es necesaria la colaboración del Estado español, y de su Seguridad Social, que de no obtenerse se crearía un enorme problema para los pensionistas catalanes. En agosto de 2017, Cataluña tenía 1.704692 pensionistas con una prestación media de 957 euros, financiada en parte por 3.294.418 afiliados. Estas contribuciones no son suficientes creándose un déficit de 4.700 millones de euros (una cifra superior de la citada por los secesionistas). Tal dinero tendría que venir de la propia Generalitat, año tras año, acumulándose una deuda considerable, pues el Estado español, podría no pagar a los pensionistas catalanes. Los problemas de la transición que afectarían a tales pensionistas serían enormes y de varios años (y no solo seis meses, como algunos portavoces del independentismo han profetizado).

En este aspecto, tales partidos rozaron la irresponsabilidad, pues hicieron promesas claramente irrealizables, como que no habría sacrificios en la transición, el mantenimiento de las pensiones y otras transferencias y servicios públicos. Ahora bien, de todas las exageraciones, las más grandes eran las que asumían que se conseguiría la independencia en seis meses. Es difícil creerse que los que hacían tales declaraciones creyeran lo que decían.

La realidad es que en su campaña a favor de la independencia, Junts Pel Sí ha minimizado los costes de la independencia exprés, llegando a niveles de exageración e hipérbole, que pasaron como verdades en un contexto mediático carente de capacidad crítica. Constantemente enfatizaron el mensaje de que todo –desde las pensiones hasta la sanidad- sería mucho mejor en la Catalunya independiente, y todo ello en contra de la evidencia que señala un periodo largo de escasez que a la ciudadanía no se le ha indicado que ocurriría (y que la huida de las empresas refleja la génesis de la crisis económica que se avecina). La evidencia de tales falsedades es enorme.

A qué nos lleva la situación actual

Es imposible que los dirigentes del movimiento independentista liderado por el gobierno catalán no vieran que este procés llevara a la situación actual que está creando una enorme frustración y dolor. Muchas eran las razones para que tal estrategia no fuera posible. Una era el Estado español, heredero del Estado dictatorial y la fuerza del nacionalismo españolista que había calado (como consecuencia de cuarenta años de dictadura y cuarenta años de democracia supervisada e incompleta) entre grandes sectores de la población Española. La correlación de fuerzas en España ha sido muy desfavorable a las fuerzas independentistas. Al enorme desequilibrio de fuerzas en España se suma la nulidad de apoyos en la Unión Europea. Es más, al considerar España como incambiable el independentismo no relacionó la transformación de Catalunya con la existente transformación que está ocurriendo en España. En realidad su campaña anti España, dificultó que grandes sectores de la población española pudieran hacer suya la lucha por una nueva Cataluña.

Resultado de todo ello es que su estrategia está llevando a Catalunya a una situación donde veremos la pérdida total de la autonomía y pérdida de derechos. En realidad, la torpeza del independentismo ha sido hábilmente utilizada por el Estado español para hacer perder a Cataluña los derechos que había conseguido, facilitando a su vez una enorme involución a lo largo del territorio español, despertando, y envalentonando a la caverna. Y lo que es enormemente frustrante es que era fácilmente predecible ver que tal hecho ocurriría. La única razón que podría explicar el hecho de que, a pesar de la evidencia existente que hacía fácil prever lo que ocurriría, los dirigentes independentistas continuaran insistiendo en ello, era que, en realidad lo que querían era capitalizar electoralmente la enorme movilización en las elecciones que tendrán lugar en Cataluña próximamente.

Otra alternativa hubiera sido posible

Otra alternativa hubiera sido desenfatizar la independencia y enfatizar, en su lugar, la creación de una nueva Catalunya en colaboración con las izquierdas españolas que están intentando cambiar España. La creación de la nueva Catalunya hubiera podido ser el punto de inicio del cambio en España, ayudando al pueblo español a que percibiera que la lucha por el derecho a decidir en Catalunya era también la lucha para transformar España. La estrategia a seguir hubiera sido la democratización de Catalunya y de España, en un proyecto de profunda transformación democrática, poniendo la resolución de la Gran Crisis Social en el centro de las luchas para conseguir la plurinacionalidad. El paro general del 3 de Octubre, liderado por fuerzas que pusieron como objetivo la propuesta democrática, era un indicador de que tal estrategia era posible. El hecho de que no se hiciera así ha hecho un daño irreparable a Cataluña y a España. El hecho de que se haya enfatizado tanto el tema nacional, polarizando la sociedad entre independentistas y defensores de la “unidad nacional”, está debilitando enormemente a las fuerzas progresistas democráticas y muy en particular a las izquierdas, facilitando con ello, la reproducción de las sensibilidades neoliberales que han estado liderando los dos polos en esta polarización.
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Richard Thaler, Premio Nobel de Economía: “Es el momento de más riesgo financiero de nuestras vidas”

Ven, 13/10/2017 - 09:00
El premio Nobel de Economía 2017, el estadounidense Richard H. Thaler, expresó su incomprensión porque pese al momento de elevado riesgo existente, los mercados financieros no parecen preocuparse y siguen batiendo récords.

“Parece que estamos viviendo el momento con más riesgo de nuestras vidas, y sin embargo los mercados bursátiles parece que estén durmiendo la siesta. Admito que no lo entiendo”, dijo Thaler en una entrevista en la cadena Bloomberg. Thaler, de 72 años, se ha centrado en el estudio de la irracionalidad en las decisiones económicas por parte de los humanos y es considerado uno de los padres de la economía del comportamiento.

El profesor de la Universidad de Chicago reconoció su nerviosismo por los continuos hitos históricos en Wall Street, que no van acompañados de información económica que los sustente. “No sé ustedes, pero yo estoy nervioso, y parece que cuando los mercados están nerviosos, son propensos a ser asustados. Pero parece que nada les asusta ahora”. Si se trata de “la posibilidad de la reforma fiscal” prometida por el presidente estadounidense, Donald Trump, con agudos recortes de impuestos para empresas e individuos, el economista dijo que “los inversores deberían haber perdido ya la confianza” ante los continuos retrasos y batallas internas en el Congreso.

Thaler expresó su desconfianza también sobre Trump, quien se ha comprometido a devolver a EEUU un crecimiento anual superior a 3%. “Su ratio de certidumbre sobre su conocimiento está en casi en cifras de récord”, afirmó sobre el mandatario, conocido por su pasión por los superlativos. Frente a ello, Thaler señaló que todo el mundo necesita “mucha humildad, especialmente al hablar de economía”. Tras sus declaraciones, Wall Street volvió a cerrar la jornada con subidas y nuevos máximos históricos de dos de sus principales mercados de referencia, el Dow Jones de Industriales y el índice compuesto del mercado Nasdaq.

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La represión mediática del diario ‘El País’

Xov, 12/10/2017 - 07:00
Vicenç Navarro, Publico
Bajo la dirección de Antonio Caño, El País está alcanzando un nivel de sectarismo, manipulación y promoción de falsedades que está convirtiendo a tal rotativo en un mero instrumento de propaganda en defensa del status quo, especialmente hostil a las nuevas formaciones progresistas que lo cuestionan, utilizando todos los medios para destruir a los que la dirección de tal rotativo considera sus adversarios.

Ya denuncié en su día tal comportamiento, que alcanzó su máxima expresión cuando presentó la ovación que recibió el ex alcalde Pasqual Maragall en el estadio de la Vall d’Hebrón (totalmente abarrotado de gente -3.500 personas- para escuchar a Pablo Iglesias) como un abucheo. El gran aplauso que el popular ex alcalde de Barcelona recibió al entrar en el estadio se convirtió en un abucheo en el informe escrito al día siguiente por el corresponsal de tal rotativo, el Sr. Francesco Manetto. Y, como era de esperar, esta noticia fue reproducida en muchas otras contribuciones en tal diario, como en la columna del intelectual orgánico del pujolismo, el Sr. Joan B. Culla, que se refirió a tal supuesto abucheo como un claro indicador del supuesto anticatalanismo de Podemos. Escribí al rotativo pidiendo que corrigieran dicha información, sin recibir respuesta alguna. Jamás hicieron la corrección (ver mi artículo Manipulaciones y Mentiras en El País). Yo he sido víctima de insultos y falsedades frecuentemente, sin que nunca hayan publicado mis respuestas.

La última manipulación y falsificación de El País: la cobertura de lo que pasa en Catalunya

Pero voy a referirme solo a una noticia en la que soy, una vez más, víctima de una manipulación grosera, carente de la más mínima ética periodística cuando se refieren a mi persona como uno de los “intelectuales que lleva años defendiendo con vehemencia la secesión de Catalunya de España”. Tengo que decir que incluso para los estándares de mentira y manipulación a los que nos tiene acostumbrados El País bajo Antonio Caño, esta mentira y manipulación consigue ser un récord. Me tuve que leer el artículo dos veces, pues la osadía (en lenguaje popular, la cara dura) alcanzó un récord. Pero miremos primero lo que se dice y cómo se dice. En un artículo que se titula “Los profesores activistas del independentismo”, subtitulado “Un grupo de docentes catalanes en Estados Unidos lleva años defendiendo la secesión” (09.10.17), aparece mi nombre como uno de tales secesionistas, junto con nada menos que el economista más ultraliberal, más independentista y que aparece con más frecuencia en los medios de información del gobierno de Junts Pel Sí, el Sr. Sala i Martín, que es precisamente una de las personas que más he criticado en Catalunya y en España por su neoliberalismo extremista y por la escasa credibilidad y rigor que presenta en sus argumentos, incluyendo falacias económicas a favor de la secesión. El grado de ignorancia de mi postura y de mi trabajo que muestra el corresponsal de tal rotativo, Joan Faus, que escribe el artículo, es enorme, pues mi crítica e incluso denuncia de tal economista y sus falsificaciones en su campaña independentista es bien conocida y ha sido publicada extensamente, tanto en Catalunya y en España como en EEUU.

Pero, por si fuera poco, la prueba de que el Sr. Joan Faus muestra como ejemplo de mi sensibilidad supuestamente secesionista es que firmé una “Carta abierta sobre la represión política en Catalunya” junto con mi amigo Noam Chomsky y otros 47 profesores. Dicha carta, sin embargo, no habla nada de la secesión. Lo que hace es denunciar la represión que el Estado español está imponiendo a la población y a las autoridades catalanas, represión que alcanzó su máxima expresión en la brutal agresión que las instituciones públicas de la Generalitat, incluyendo las Universidades públicas catalanas, recibieron, hechos denunciados por la prensa y por la comunidad internacional, en el 1 de Octubre. Tal represión, y más tarde brutalidad policial del 1 de octubre, tenían elementos comunes a la represión policial del régimen dictatorial que yo viví en los años cincuenta en Barcelona, cuando participé en la resistencia antifasicsta. Es, además, conocido que soy miembro del Consejo Ciudadano Estatal de Podemos y de la Ejecutiva de Catalunya en Comú, ambos críticos con el referéndum, aun cuando defienden el derecho de la ciudadanía de Catalunya a decidir su articulación con el Estado español, lo que les ha llevado a apoyar tal movilización como acto de afirmación de ese derecho, sin con ello reconocer tal movilización como un referéndum.

El referéndum es un instrumento para ejercer el derecho a decidir pero tal derecho incluye el derecho a escoger entre varias alternativas, una de las cuales es la secesión, alternativa que ni yo ni ninguna de estas formaciones política favorece. Además fuera el que fuera el resultado del referéndum del 1 de Octubre (que no podría definirse como tal, pues no estaba pactado con el Estado central, no teniendo, por lo tanto, las garantías que requiere un referéndum), tal resultado debería negociarse con el gobierno central. Estar a favor del derecho a decidir –soberanismo- no es sinónimo de pedir la secesión de Catalunya. Existe una diferencia entre el soberanismo y el independentismo, distinción que parece demasiado compleja y difícil de entender para un rotativo de carácter tan propagandista a favor del status quo (que nos ha llevado a la situación actual) como es El País.

Una última observación. Tengo que pedir a mis lectores que me ayuden a difundir este artículo que intenta corregir las mentiras y falsedades que aparecen constantemente en El País, y que denuncien tal comportamiento; y si comparten mi enojo, escriban al director de El País criticándolo, como yo mismo he hecho. Aquí reproduzco la nota que le envié a El País:

En su artículo de hoy, “Los académicos activistas del independentismo”; (9/10/2017, p.26), me sorprende enormemente ver mi nombre en dicha lista, pues yo no soy secesionista. La carta que firmé, a la que el artículo hace referencia, no pedía la secesión, sino que protestaba por la represión del Estado, impidiendo el desarrollo de un referéndum, represión que alcanzó su máxima expresión el 1 de octubre. El artículo confunde la demanda de un referéndum, que apoya la mayoría de la población en Catalunya, con la demanda de secesión. En realidad, creo haber sido uno de los profesores más críticos de los autores independentistas que ustedes citan. Su corresponsal tendría que haberse informado mejor de mi trabajo.
Vicenç Navarro
10 de octubre de 2017
Barcelona Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Cataluña y la fractura de España

Mér, 11/10/2017 - 23:12
Alejandro Nadal, La Jornada

El Fondo Monetario Internacional y su máquina de relaciones públicas en la prensa internacional de negocios alaban hoy la recuperación de la economía española. Presentan la tasa de crecimiento del PIB para este y los pasados dos años como prueba de que sus políticas de austeridad y responsabilidad financiera sí funcionan. Pero tantos elogios a la gestión económica del gobierno central del reino de España no pueden maquillar las cicatrices que dejó la debacle. En buena medida la quiebra política que hoy atraviesa el Estado español es producto de esa crisis del capitalismo neoliberal que insiste en seguir queriendo marcar el derrotero de España y de toda Europa.

El mismo día que el presidente del gobierno de Cataluña, Carles Puigdemont, anunciaba la declaración de independencia y solicitaba suspender sus efectos en aras del diálogo, en Madrid la comisión del Congreso sobre la investigación de la crisis financiera ha rechazado la iniciativa que pedía la comparecencia de los ex presidentes de gobierno José Luis Rodríguez Zapatero y José María Aznar. El portavoz del Partido Popular en la comisión ha explicado que su grupo rechazó la comparecencia de los ex presidentes del Gobierno porque ya se había citado a los responsables económicos de estos jefes del Ejecutivo. Es un hecho extraordinario que revela la quiebra política del Estado español.

Esta era una decisión esperada. La comisión del Congreso que investiga la crisis financiera, el rescate bancario y la quiebra de las cajas de ahorro no sólo ha rechazado llamar a comparecer a los presidentes de Gobierno en los años aciagos del rescate bancario, sino que ha puesto a salvo también a los presidentes de los grandes bancos y constructoras evitándoles el trabajo y la pena de rendir su testimonio en el curso de las investigaciones sobre el gran rescate bancario.

La maquinaria económica no es una entidad movida sin orientación política. Las decisiones sobre el rescate de los bancos españoles que hicieron la crisis financiera de 2008 no eran simples rutinas de programación para ser adoptadas por ingenieros que oprimían botones frente a un tablero de mando. Y las orientaciones fiscales que castigaron con austeridad a las autonomías y, por ende, a la población española a lo largo de estos años, tampoco fueron producto de una quimera de simples funcionarios de tercer nivel. Lo cierto es que el rescate bancario y los recortes al gasto público (que constituyen el desvío de recursos más importante y descarado que se ha visto en la historia económica de España) fueron producto de directrices establecidas en el plano más alto de la jerarquía política. Ese es el origen de la verdadera fractura de España.

Hoy los anuncios favorables sobre el desempeño de la tasa de crecimiento del PIB en España insisten en que por tercer año consecutivo la expansión alcanzará 3 por ciento. Pero olvidan mencionar que apenas este año se habrá podido alcanzar el nivel del PIB que se tenía en 2007. Es decir, una década perdida que nadie en Madrid se atreve a reconocer.

En materia de generación de empleo, el balance es todavía más desalentador. Entre 2008 y 2014 se perdieron más de 3.8 millones de empleos y hoy apenas se ha recuperado 40 por ciento de esos empleos perdidos. El balance por regiones y grupos de edad es todavía lastimoso. Es verdad que la tasa general de desempleo pasó de 28 a 17 por ciento entre 2014 y 2017. Pero si se examinan los datos con detenimiento se observa que una parte muy importante de esa reducción se debe a la contracción de la fuerza de trabajo. En efecto, entre 2012 y 2017 la fuerza de trabajo pasó de 23.5 a 22.7 millones de personas, lo que explica una tercera parte de la caída del desempleo.

No es la recuperación lo que reduce el desempleo en las autonomías, sino las secuelas de una crisis de larga duración que ha terminado por fracturar el ánimo de muchos jóvenes que han preferido dejar de buscar empleos de mala calidad. Por eso la tasa de actividad de jóvenes de entre 20 y 24 años se desplomó de 70 a 55 por ciento entre 2007 y 2017. La precariedad del empleo existente es la otra fea cara de una recuperación que sigue castigando con salarios bajos.

La lucha por la plena independencia de una República de Cataluña es su larga historia nacional. Sin duda es también consecuencia de los torpes y oportunistas acomodos de una burguesía catalana que ha jugado la carta del separatismo cuando le ha convenido y la del centralismo cuando se le ha ofrecido. Pero hoy existe un ingrediente nuevo en la compleja ecuación catalana. Se trata del peso de la crisis financiera y económica de 2008 y del autoritario capitalismo neoliberal en España y en la Unión Europea.

La incapacidad del centralismo español para entender la actual encrucijada política recuerdan aquella carta de Pierre Vilar, el gran historiador francés, a unos días después de proclamada la república en 1931: Las palabras república federal que utilizan en sus encabezados los diarios de Barcelona, me arruino de comprar diarios madrileños para encontrarlas.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El New York Times reporta la acusación del WSWS de censura y una lista negra de Google

Mar, 10/10/2017 - 08:00
Andre Damon, wsws

La censura de Google y la inclusión en una lista negra del World Socialist Website y otros sitios web de izquierda y contra la guerra fue objeto de un largo artículo publicado por el New York Times el 27 de septiembre. Titulado "Google como policía de tráfico", fue colocado prominentemente en la portada de la edición impresa de su sección de negocios y publicado en el sitio web del periódico.

Escrito por el periodista Daisuke Wakabayashi, especialista en temas relacionados con la tecnología, el artículo comienza así: "Cuando David North, el presidente editorial del World Socialist Web Site, notó una caída en el tráfico del sitio en abril, inicialmente lo atribuyó a la fatiga de las noticias sobre el presidente Trump o un cambio en la conciencia política.

"Pero cuando examinó los números de cerca, dijo North, encontró una explicación más clara: Google había dejado de redirigir las consultas de búsqueda al sitio. Él descubrió que los términos de la búsqueda más prominentes que solían dirigir a la gente al World Socialist Web Site ya no lo hacen por absoluto.

"Esto no es un accidente", dijo North. "Esta es una forma de intervención deliberada".

El Sr. Wakabayashi se puso en contacto inicialmente con el WSWS varios días después de la publicación el 25 de agosto de la carta abierta de North al CEO de Google y a otros ejecutivos líderes de la compañía. La carta, que incluía datos extensos demostrando que Google intentaba excluir al WSWS y a otros sitios de izquierda de los resultados de la búsqueda, exigió el fin de la censura y de la lista negra.

Si bien el Times ha publicado informes de que Google restringió el acceso a sitios de extrema derecha, el artículo del Sr. Wakabayashi es el primer informe sustancial dentro de la prensa estadounidense sobre la censura corporativa de los sitios de izquierdas.

La investigación del WSWS ha encontrado que el tráfico de búsqueda a 13 sitios de izquierda, contra la guerra y progresivos ha caído un 55 por ciento desde que Google anunció cambios a su algoritmo de búsqueda el abril pasado.

Después de la discusión inicial de North con Wakabayashi, el WSWS proporcionó al reportero del Times información extensa respaldando su afirmación de que la dramática caída en el tráfico de búsqueda proveniente de Google era atribuible a una disminución en la posición de los artículos en los resultados de búsqueda. A finales de septiembre, poco antes de la publicación del artículo, Wakabayashi realizó una segunda entrevista con North.
El artículo informó de forma precisa las conclusiones del WSWS.

"A mediados de abril, una búsqueda en Google de ‘socialismo contra el capitalismo’ resultó en uno de los enlaces del sitio en la primera página de resultados, pero en agosto, esa misma búsqueda no incluía ninguno de sus enlaces. El sitio dijo que 145 de los 150 primeros términos de búsqueda que habían redirigido a las personas al sitio en abril ya no incluyen sus vínculos".

En su entrevista con Wakabayashi, North instó al reportero del Times a pedirle a Google que presente una respuesta basada en datos reales al análisis del WSWS:
"Se les debe pedir que expliquen cómo lo hacen", dice el Times, citando a North. "Si dicen que no estamos [Google] haciendo nada, simplemente no es creíble".
El reportero del Times intentó obtener una respuesta de Google, pero no recibió ninguna respuesta. "Google se negó a comentar sobre el World Socialist Web Site", informa el artículo.

El silencio total de Google equivale a una admisión de culpabilidad
El artículo de Wakabayashi también hace referencia a la acusación dentro de la carta abierta de que las búsquedas de Google favorecen los sitios del establecimiento.
"Sr. North argumentó que la caída en el tráfico es el resultado de que Google dirige a los usuarios hacia las principales organizaciones de noticias, incluyendo el New York Times. El World Socialist Web Site afirmó que el tráfico de referencias de búsqueda había caído desde abril para una variedad de otras publicaciones izquierdistas, progresistas, socialistas o contra la guerra como AlterNet y Consortiumnews”.
Durante el mes que estaba investigando el artículo, el Sr. Wakabayashi aparentemente no descubrió ninguna evidencia que refutara las afirmaciones de la censura de Google. Al contrario, su propia investigación proporcionó apoyo para las conclusiones del WSWS.

Por ejemplo, el New York Times encontró que mientras que el tráfico de los buscadores de web hacia el WSWS se redujo, el tráfico no proveniente de los buscadores se incrementó.
"Estoy en contra de la censura en cualquier forma", dijo North al Times. "Depende de la gente lo que quieren leer. Esto no va a detener el World Socialist Web Site. El sitio se aumentará y se difundirá".
La publicación de este informe por parte del Times sobre el esfuerzo de Google para censurar y poner el World Socialist Web Site y otros sitios de izquierda en una lista negra es un hecho políticamente significativo.
En respuesta al artículo del Times, David North emitió la siguiente declaración:

"La exposición del WSWS del ataque de Google a los derechos democráticos está siendo ampliamente seguido y está teniendo un impacto sustancial. El artículo que apareció en el Times estaba en preparación durante un mes. Su propia investigación confirmó que el tráfico hacia el WSWS ha disminuido drásticamente. Cuando el Times le solicitó responder a nuestras alegaciones, Google optó por obstruir las investigaciones del reportero. Si Google hubiera sido capaz de refutar el WSWS, habría proporcionado las pruebas al Sr. Wakabayashi. No lo hizo porque nuestras afirmaciones son verdaderas. Google está involucrado en una conspiración para censurar la Internet.
"El esfuerzo de Google fracasará. La conciencia de que los derechos democráticos básicos están siendo atacados está creciendo rápidamente. Google se desacredita a sí mismo, ya que su nombre se convierte en sinónimo de manipulación de búsquedas y supresión de la libertad de expresión y pensamiento crítico.
"El World Socialist Web Site no se retirará ni se echará atrás en esta lucha. Confiamos en que nuestra lucha contra el gobierno y la censura patrocinada por las corporaciones seguirá ganando apoyo".
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Los sindicatos británicos exigen recuperar la propiedad pública del sector energético

Lun, 09/10/2017 - 13:11
Viento Sur

El Congreso anual de la Unión de los sindicatos británicos (Trade Union Congress-TUC) votó una resolución importante sobre el cambio climático pidiendo que el sector energético vuelva a ser propiedad pública y esté sometido a un control democrático.

La resolución, votada por unanimidad, llama a la Confederación Nacional -que cuenta con 5,7 millones de miembros- a trabajar con el Partido Laborista para alcanzar este objetivo y aplicar un programa masivo para la conservación de la eficiencia energética. La resolución se pronuncia a favor de la creación de un grupo de presión cuya finalidad sea conseguir una estrategia de “transición justa” para las trabajadoras y trabajadores afectados e impulsar las investigaciones sobre los riesgos a largo plazo que suponen las inversiones en combustibles fósiles para los fondos de pensiones.

El manifiesto electoral de 2017 del Partido Laborista “For the Many, Not the Few” (A favor de la mayoría, no de unos pocos) destaca el fracaso de la privatización de la energía, la debilidad de la política energética, la necesidad de cumplir los compromisos del Reino Unido respecto al clima y de lograr que un 60 % de su energía alcance en 2030 el objetivo de cero carbono o que sea obtenida de fuentes renovables.

Esta declaración se comprometía también a que la energía vuelva a ser de propiedad pública para promover la energía renovable, a un precio asequible para los consumidores y bajo control democrático. El manifiesto llama a la creación de compañías de energía “públicas, responsables localmente y cooperativas para competir con los suministradores de energía privados existentes”.

Los peligrosos cambios climáticos
Preparada por Sarah Woolley, secretaria regional del sindicato del sector de la alimentación (Bakers, Food and Allied Workers Union – BFAWU), la resolución se refiere a las “pruebas irrefutables de que cambios climáticos peligrosos provocan cambios sin precedentes en nuestro medio ambiente”. La resolución también menciona el anuncio de (COP 21) y de los riesgos que esto representa para la lucha contra el cambio climático. Finalmente, la resolución también denuncia el enfoque caótico del gobierno conservador actual tanto en relación al Brexit como en materia de política general.

La resolución asegura que la lucha contra el cambio climático y el compromiso hacia una economía a base de producción de carbono no puede dejarse a expensas del mercado sino que exige que el sector público tenga un papel importante para dirigir la transición. En defensa de la resolución, varios oradores hicieron referencia a la devastación que ha desencadenado a través del Caribe por el huracán Irma -el huracán más fuerte registrado en la historia – y por la provocada por Harvey en el sur de Texas unos días antes.

Cliff Holloway, del sindicato de conductores de tren ASLEF, recordó el importante papel del transporte en las emisiones de gas de efecto invernadero en el Reino Unido. El representante del sindicato ferroviario, Glenroy Watson señaló la necesidad de que los trabajadores estén representados en el desarrollo de soluciones y preconizó un mayor apoyo a los países del Sur para favorecer sus esfuerzos de adaptación.

Hablando en nombre de la UNISON, el sindicato de servicios públicos, Nicky Ramanadi recordó el problema de la escasez de combustibles, mientras que Ele Wade, del sector de la energía prospect, destacó que los proyectos de reducción de emisiones de gas de efecto invernadero llegan con retraso para alcanzar sus objetivos. Iain Dalton, del sector de distribución USDAW, recordó el fracaso del sector privado destacando que “la propiedad pública de la energía bajo control democrático representaba una parte crucial de esta resolución aprobada”

Chris Baugh, subsecretario general del sindicato de servicios públicos y comerciales (PCS) tse pronunció igualmente a favor de la resolución. Un fragmento de su intervención puede verse en Youtube.

La resolución también fue apoyada por Andy Noble, del sindicato de bomberos. Animó a las federaciones a apoyar a los sindicatos en la defensa de la democratización de la energía y a unirse a los sindicatos por todo el mundo en la lucha mundial por el control democrático de la energía.

En el texto de la resolución incluso ha sido reconocido formalmente el importante trabajo de los compañeros de TUED (Sindicato para la democratización de la energía) y del Transnational Institute, de Amsterdam, cuyo reciente informe “Recuperar los servicios públicos: cómo las ciudades y la ciudadanía hacer retroceder la privatización” puso en evidencia la tendencia a nivel mundial a una remunicipalización de los servicios públicos, incluida la energía.

Después de la votación, Martin Mayer, el representante de la UNITE en el comité Ejecutivo del Partido Laborista a escala nacional, explicó a TUED: “Hoy los sindicatos británicos por primera vez, se han puesto de acuerdo en una estrategia visionaria para combatir el cambio climático. Esto implica retomar el control de nuestra energía privatizada y llamar a una transición equitativa para proteger los es empleos”. Jeremy Patient, del Sheffield Climate Alliance – que forma parte del grupo de sindicatos del campo contra el cambio climático – añadió: “Sabemos que existen empleos correctos y válidos en la transición energética hacia el carbono cero y esta resolución muestra el camino con esta estrategia industrial intersectorial que puede reequilibrar y reconstruir la s industrias y proteger a los trabajadores”Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La flexibilización cuantitativa de la Fed: una evaluación de clase

Lun, 09/10/2017 - 10:00
Nick Beams, WSWS

La semana pasada, la Junta del Banco Federal de Reserva (Fed) Estados Unidos puso fin formalmente a su programa de flexibilización cuantitativa, anunciando que a partir del próximo mes empezaría a reducir los US$ 4,5 billones de activos financieros que tiene en su balance.

Junto con la política de tasas de interés ultrabajas, la expansión de las tenencias de deuda de la Fed de US$ 800 mil millones a su nivel actual tenía como objetivo prevenir un colapso total del sistema financiero estadounidense y mundial como resultado del colapso de 2008.
La intervención de la Fed, que fue replicada por otros importantes bancos centrales, fue un evento sin precedentes en la historia económica.
La medida para liquidar sus tenencias de activos, aunque a un ritmo muy lento de sólo US$ 50 mil millones por mes, a partir del comienzo del próximo año, la Fed quiere fomentar la creencia de que esto es un retorno a las condiciones “normales”, y que los efectos de la crisis de 2008 irán desapareciendo con el tiempo. Pero la crisis de 2008 no fue el resultado de meros desajustes en el sistema financiero. Era la expresión de una ruptura de procesos arraigados en el propio corazón de la economía capitalista misma.

La causa inmediata de la crisis fue la especulación en activos financieros, que habían llegado a dominar cada vez más la economía estadounidense. Los acontecimientos de 2008 fueron precedidos por el colapso de la burbuja de puntocom especulativa en 2001-2002, de que la desaparición de Enron, que basó sus cifras de ganancias en cálculos fraudulentos en los mercados financieros, fue sólo una de las expresiones más gráficas.

El colapso de las acciones puntocom no dio lugar a ningún tipo de limpieza regulatoria del sistema financiero, sino más bien a la baja de las tasas de interés por parte de la Fed, lo que llevó a una mayor especulación, encabezada por la burbuja hipotecaria subprime.
Debido a que el mercado subprime era una expresión de procesos mucho más amplios, su colapso desencadenó una crisis en todo el sistema financiero, a pesar de las afirmaciones del jefe de la Fed, Ben Bernanke, en 2007 de que cualquier problema en esta área sería superado rápidamente sin mayores consecuencias, ya que ascendía a sólo unos 50.000 millones de dólares.

Los economistas y expertos burgueses buscan pasar la especulación como una especie de actividad malsana que fluye simplemente de la codicia y la falta de regulación para contenerla, sin relación con el funcionamiento de la economía capitalista misma. De hecho, es la expresión de procesos económicos profundamente arraigados.

La economía capitalista no se basa en la producción de bienes para satisfacer la demanda de consumo o promover el crecimiento económico y el bienestar. Es la producción realizada con el objetivo de ampliar el capital a través de la extracción de plusvalía de la clase trabajadora. De este punto de vista, el determinante clave de la salud de la economía capitalista es la tasa a la que se produce esa expansión, es decir, la tasa de ganancia.

Sin embargo, el proceso mismo de expansión capitalista contiene una contradicción porque produce una tendencia a la disminución de la tasa de ganancia. Esto se debe a que, a pesar de las afirmaciones de los economistas burgueses de que el beneficio proviene de las cosas –los medios de producción, el conocimiento o la tierra– o del genio de los individuos y su espíritu empresarial, su fuente primaria es la explotación de la fuerza de trabajo de la clase obrera en el proceso de producción capitalista y la extracción de la plusvalía. Esta plusvalía se divide entonces entre los distintos propietarios de la propiedad en forma de ganancias en la industrial, intereses y rentas, junto con las ganancias comerciales y la riqueza apropiada por el sector financiero.

Aunque parece que estos sectores de la economía generan ganancias a través de sus propias actividades, en última instancia su fuente es la totalidad de plusvalía extraída de la clase trabajadora. Y en la medida en que esta masa de plusvalía tiene que expandir una masa cada vez mayor de capital, la tasa de ganancia tiende a declinar. El capital, por supuesto, se esfuerza por superar esta contradicción aumentando la explotación de la clase trabajadora y desarrollando nuevas formas de producción que reducen los costos.

Pero, como Marx explicó el funcionamiento de esta tendencia, uno de sus rasgos es también el surgimiento de la especulación, la estafa y el lanzamiento de nuevos productos con promesas de grandes ganancias –la burbuja de puntocom fue una expresión de esto como fue el subprime esquema Ponzi– por el cual cada sección del capital se esfuerza por superar las consecuencias que se derivan de este fenómeno.
Bajo condiciones en las que las tasas de ganancia reales estaban experimentando una recesión, la crisis de 2008 fue el resultado de la creciente dependencia del capitalismo estadounidense de las actividades financieras –la especulación y la estafa.
¿Cuál ha sido el resultado de la flexibilización cuantitativa?

El fundamento oficial del programa era que el rescate inicial de los bancos y las casas financieras era necesario para evitar un colapso total del sistema financiero y de la economía en general y que los nueve años siguientes de tasas de interés históricamente bajas y compras masivas del banco central de los activos financieros han sido necesarios para restaurar la economía real a su funcionamiento “normal”.
Esto no ha ocurrido. Mientras que la economía estadounidense ha experimentado una “recuperación” desde la peor recesión desde la Gran Depresión, es la más débil en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, con tasas de crecimiento apenas de 2 por ciento, en medio de la disminución de la productividad y los salarios reales.

El efecto principal de la flexibilización cuantitativa ha sido la inflación –i.e aumento– de los precios de los activos en beneficio de los ultra-ricos, con una brecha cada vez mayor entre la riqueza y los ingresos del 10 por ciento superior y el 90 por ciento inferior.
Las contradicciones subyacentes de la acumulación capitalista no han sido superadas. Más bien, el programa de flexibilización cuantitativa las ha intensificado, preparando el camino para otro desastre financiero aún más grave que el de 2008.

El mercado bursátil, que se encuentra en o cerca de máximos históricos, ha aumentado casi un 300 por ciento desde su punto más bajo en marzo de 2009, con índices de precios próximos a los niveles alcanzados en 1929, según el economista ganador del Premio Nobel, Robert Shiller.
Mientras se refiere a estas cifras “preocupantes”, Shiller sostiene la perspectiva de un aumento contínuo debido a lo que él llama la “psicología de la masa”. En otras palabras, el mercado continuará aumentando porque las elites financieras creen que continuará haciéndolo, recordando una de las observaciones de Marx de que las leyes de la economía capitalista funcionan de la misma manera que la ley de la gravedad cuando una casa se derrumba alrededor de sus oídos.

El aumento de los mercados no es el producto del crecimiento en la economía real, sino el resultado de la manipulación financiera. No es una expresión de salud económica, sino de una enfermedad creciente, al igual que la tuberculosis le da un color rosado a las mejillas.
Una cierta medida de la extensión de este fenómeno maligno puede medirse a partir de las extraordinarias actividades de las grandes corporaciones estadounidenses, algo semejante nunca antes visto.

Según las cifras de la Reserva Federal divulgadas la semana pasada, los activos líquidos de las compañías no financieras, incluidos depósitos en el extranjero, divisas y acciones de fondos mutuos, alcanzaron un récord de 2,3 billones de dólares en el segundo trimestre. Se trata de un aumento del 60 por ciento desde 2009.

Las empresas que tienen estas reservas, concentradas en las 30 primeras empresas –que poseen activos en efectivo de US$ 1,2 billones, o más de la mitad– han estado pidiendo fondos a través de la emisión de bonos corporativos.

Las empresas están manteniendo su dinero en el extranjero debido a los impuestos que podrían incurrir si lo trajeron a casa. Por lo tanto, están aprovechando el régimen de tasas de interés bajas domésticas creado por la Fed para asumir más deuda en lugar de usar su efectivo.
Según un reciente artículo de Bloomberg titulado “The Great Corporate Cash Shell Game”, la cantidad de dinero recaudada de esta manera por las principales firmas estadounidenses, incluyendo Apple, Microsoft, Alphabet (el dueño de Google) y General Electric, ha aumentado en un 66 por ciento desde mediados de 2009 y ahora asciende a 5,24 billones de dólares.

De acuerdo con una estimación, si el efectivo corporativo estadounidense fuera un país, estaría entre los 10 primeros por producto interno bruto, con las participaciones concentradas en sólo 30 empresas.

La fuente de este desarrollo extraordinario es la falta de oportunidades de inversión en la economía real debido a las menores tasas de ganancias. Esto impulsa a las grandes empresas a tratar de elevar su línea de fondo y su precio de las acciones a través de la manipulación financiera.

Como señaló Bloomberg, las compañías que tienen grandes reservas de efectivo y un aumento de la deuda no han estado usando este dinero para crear un “ciclo virtuoso de inversión económica”, una situación en la que la inversión crea nuevos mercados y beneficios para otros y, para aumentar el valor de sus propias acciones.

Estos desarrollos son una expresión gráfica del hecho de que, lejos de encaminar la economía hacia un desarrollo más “normal”, el programa de la Fed ha alimentado el tipo de especulación y “ingeniería financiera” que precipitó la crisis de 2008."

Hay otras consecuencias importantes. La disponibilidad de dinero barato también ha sido un factor importante en el financiamiento de adquisiciones y fusiones, lo que ha incrementado el crecimiento de la dominación monopolista de áreas clave de la economía de los Estados Unidos.

El aumento de la especulación financiera también ha sido un factor importante en el crecimiento de la desigualdad social. Esto no es simplemente un producto del hecho de que el aumento en los valores de los activos como resultado de las políticas de la Fed, ha sido “maravilloso” para las élites financieras, en palabras del operador del fondo de inversión de alto riesgo Warren Buffett.

El parasitismo también está inextricablemente ligado a la continua lucha contra los salarios y a la transformación de las condiciones de empleo a través del crecimiento de los empleos a tiempo parcial y ocasional, que constituyen el 90 por ciento de los 10 millones de empleos creados bajo la administración Obama.

Esta conexión fluye de la misma naturaleza de la acumulación financiera. Mientras que el capital financiero parece ser capaz de crear dinero simplemente a partir de dinero, en última instancia, el beneficio financiero, en el que las grandes corporaciones, aparentemente no financieras, dependen cada vez más, representa una apropiación de la plusvalía extraída de la clase trabajadora.

Así, mientras que el capital financiero funciona como una especie de parásito gigante, debe, al mismo tiempo, asegurar el flujo continuo de sangre, en este caso de la plusvalía, del cuerpo económico vivo.

Esta necesidad se ve en uno de los otros rasgos económicos más importantes de la década pasada: los esfuerzos en curso para incrementar la explotación en todas las formas cada vez más familiares –la intensificación del trabajo, la casualidad, el crecimiento de los sistemas salariales de dos niveles, entre otros.

En no absoluto accidentalmente, Amazon, uno de los principales exponentes del parasitismo financiero, ha estado a la vanguardia del desarrollo de nuevas formas de explotación más intensas.

Al examinar este proceso, sería un gran error concluir que el aumento del parasitismo, promovido en gran parte por las políticas de flexibilización cuantitativa de la Fed, actuando como guardián de los intereses de las élites financieras, es algo “malo” del capitalismo que puede ser extirpado a través de una agenda política diferente con el fin de presentar el “bien”.

Más bien, ha surgido de las contradicciones más profundas e irresolubles de la economía capitalista y expresa la lógica esencial de un sistema basado en la acumulación de la riqueza privada y el beneficio a expensas de las necesidades sociales.
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Donald Trump y el mito de la soberanía

Dom, 08/10/2017 - 12:00
Immanuel Wallerstein, La Jornada

Donald Trump ocupó mucho de su discurso en Naciones Unidas para afirmar que fue electo para defender la soberanía estadounidense. Dijo que todos y cada uno de los Estados miembros también buscaban defender su propia soberanía. ¿Qué quiso decir con esto?

Tal vez no haya ninguna otra palabra en el vocabulario público común de dirigentes políticos y analistas académicos que tenga tantos significados y usos en conflicto como soberanía. La única otra que se acerca en confusión es liberalismo. Es por tanto útil que rastreemos un poco de la historia del término.

Uno no se encuentra el término usado antes de la creación del moderno sistema-mundo en el largo siglo XVI. Ésta fue la época cuando las cabezas de ciertos Estados (notablemente Inglaterra, Francia y España), proclamaron la doctrina de las monarquías absolutas. Insistían en que el monarca era absuelto de los desafíos de cualquier persona o institución. Esto por supuesto era una reivindicación, no la descripción de una realidad.

Lo que estos monarcas intentaban establecer era la soberanía de sus Estados. Soberanía para ellos significaba que ningún poder exterior a su Estado tenía el derecho de interferir en las decisiones de su Estado. También quería decir que ningún poder al interior del Estado podía fallar en el encargo de llevar a cabo las decisiones del Estado. La doble orientación (externa e interna), era crucial al concepto.

Es obvio que simplemente afirmar la soberanía no fue suficiente. El Estado tenía que instrumentar estas reivindicaciones. Ningún Estado era entonces, y nunca ha sido, plenamente soberano, ni siquiera el más poderoso. Pero los Estados más fuertes lo hicieron y lo hacen mejor que los menos poderosos.

Cuando decimos de algunos Estados que son hegemónicos en el moderno sistema-mundo, en realidad queremos decir que pueden interferir, de hecho, en los asuntos internos de otros Estados. Y en efecto logran mantener su unidad interna. No enfrentan resistencias institucionales significativas, y mucho menos movimientos secesionistas.

Estados Unidos fue un poder hegemónico más o menos entre 1945 y 1970. Impuso su modo en el sistema-mundo 95 porciento del tiempo en 95 por ciento de los asuntos. Otro término para describir esto es decir que Estados Unidos era imperialista. Imperialista es un término negativo y una potencia hegemónica puede lograr, en gran medida, prohibir su utilización.

Conforme declina la hegemonía, el imperialismo como término comienza a usarse más ampliamente. Así también la soberanía. Los países menos poderosos afirman sus derechos como poderes soberanos para luchar contra los poderes imperiales. Así Trump estaba en lo correcto, en el sentido de que muchos, tal vez la mayoría de los miembros de Naciones Unidas hoy, defienden públicamente su soberanía.

Cuando Trump afirma la soberanía estadounidense, esto es señal de debilidad. Es precisamente porque Estados Unidos es un hegemón en decadencia aguda, que tiene que recurrir a usar el mito de la soberanía y rechazar la idea de que las instituciones supranacionales pueden tener algo que decir de las políticas estadounidenses. Cuando un Estado báltico afirma su soberanía, está demandando respaldo contra lo que considera que es la reafirmación de Rusia de su propia autoridad. Y cuando China afirma su soberanía, busca expandir su poder de toma de decisiones a nuevas áreas.

Los movimientos secesionistas nos fuerzan a todos a confrontar nuestra utilización del término. Cataluña celebra un referendo sobre su derecho a la independencia soberana. España dice que dicho referendo viola la soberanía española. En la situación de reivindicaciones directamente opuestas, cada quien debe decidir cual reivindicación es más legítima. Algunas veces esto puede dirimirse sin violencia.

Éste es el caso, por ejemplo, de cuando Eslovaquia se separó de Checoeslovaquia. Y algunas veces hay guerra civil. Pero dado que ninguna secesión elimina nunca todas las diferencias en las subcategorías al interior de un Estado, el derecho a la secesión debe cesar en alguna parte.

El punto que quiero enfatizar es que la soberanía es un mito, uno que todos podemos usar, uno que tiene diferentes consecuencias en diferentes momentos del sistema-mundo. Nuestro juicio moral depende de la totalidad de las consecuencias y no del mito de la soberanía. Cuando Trump utiliza el término, tiene implicaciones reaccionarias. Cuando otros lo usan, puede tener implicaciones progresistas. El término mismo no nos dice nada.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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España: el inicio del fin del régimen del 78

Sáb, 07/10/2017 - 15:30
Vicenç Navarro, Público

Como indiqué en un artículo anterior reciente (La necesaria movilización de las fuerzas democráticas frente a los herederos del franquismo), ha habido siempre dos visiones de lo que es España. Una ha sido la dominante, que alcanzó su máximo desarrollo durante la dictadura franquista, y que ha continuado durante todo el periodo postdictatorial democrático, como consecuencia del gran dominio que las fuerzas conservadoras tuvieron sobre el aparato del Estado y sobre la gran mayoría de los medios de información en el proceso de transición de la dictadura a la democracia, mal definido como modélico. Tal visión es la uninacional, presentando a España como la única nación existente de la península ibérica no portuguesa, y que se encuentra reflejada en un Estado monárquico centrado en la capital del Reino, Madrid (que tiene poco que ver con el Madrid popular), de la cual irradian todas las otras regiones, situación claramente reflejada en su sistema de transporte radial, tomando la capital como punto de llegada y de salida de cualquier vía de trasporte. Tal visión de España ha sido históricamente la característica de las derechas españolas. Ni que decir tiene que han ocurrido cambios importantes en este Estado uninacional que han diluido algo su centralismo. Pero, por lo general, este ha mantenido las principales características del Estado uninacional, en cuyos aparatos continúa reinando la cultura heredada del régimen dictatorial anterior, incluyendo su uninacionalidad.

La otra visión es la plurinacional, que piensa que en España hay varias naciones con distintos idiomas y culturas que deben asociarse voluntariamente y no por la fuerza, con soberanías que puedan compartirse si así lo desean. Esta última visión es la más arraigada en la cultura republicana, promovida históricamente por las izquierdas. Alcanzó su máxima expresión durante la II República, que fue interrumpida por un golpe militar (ayudado por tropas del régimen nazi alemán y del fascista italiano) estimulado por las derechas, realizado por unas tropas que se definieron a sí mismas como las “nacionales”, que dijeron defender la Unidad de España, unidad que, por cierto, nadie estaba cuestionando. Lo que el president Companys de la Generalitat de Catalunya estaba pidiendo no era la desunión, sino la redefinición de España. El president Companys, lejos de ser secesionista, se consideraba español y quería ayudar a establecer una nueva España. Era altamente popular, no solo en Catalunya, sino también en el resto de España. Un indicador de ello es que cuando fue liberado de la cárcel de Cádiz, fue aclamado por la población de las distintas ciudades españolas que tuvo que atravesar en su vuelta a Barcelona. Esta visión plurinacional fue brutalmente reprimida (el president Companys fue fusilado) durante la dictadura, siendo considerada como la anti-España. Tal visión plurinacional fue también la que estaba en los programas de todos los partidos de izquierda, tanto catalanes como españoles, durante la resistencia antifascista. Todos ellos apoyaron el derecho de autodeterminación (lo que ahora se llama el derecho a decidir), garantizando así una unión voluntaria y no forzada de los distintos pueblos y naciones de España.

La imposición por parte del Monarca y del Ejército de la visión uninacional en el periodo democrático
Dicha visión fue abandonada, sin embargo, durante la transición debido al veto que pusieron el Monarca y el Ejército. Las izquierdas catalanas, sin embargo, nunca abandonaron tal compromiso. Y el gobierno tripartito dirigido por el socialista Pasqual Maragall propuso un Estatut en 2005 que definía a Catalunya como nación dentro del Estado español, Estatut que, a pesar de haber sido votado y aprobado por el Parlament, por las Cortes Españolas (con sustanciales recortes) y por la población catalana en un referéndum, fue vetado por las derechas españolas, lideradas por el PP, que controlaban (y continúan controlando) el Tribunal Constitucional. Fue, como bien señala el conocido y reputado catedrático de Derecho Constitucional Javier Pérez Royo, en su reciente artículo L’obligació de Rajoy, ARA (04.10.17), “un golpe de Estado” en el que se violaba la llamada soberanía popular (expresada en la aprobación del Estatut en el Parlament, en las Cortes Españolas y en el referéndum que tuvo lugar en Catalunya) por parte de un tribunal (el Tribunal Constitucional) controlado por las derechas herederas del Estado franquista, vetándolo. Y todo ello bajo el acuerdo constitucional, sancionado por la inmodélica transición. De ahí surgió, como también señala Javier Pérez Royo, la rebelión que ha llevado al 1 de octubre. A ello ha contribuido la enorme pasividad y el silencio ensordecedor del PSOE y de la gran mayoría de la intelectualidad española. Esta rebelión fue radicalizándose a medida que el gobierno Rajoy, máxima expresión e instrumento de los vencedores de la Guerra Civil y de las fuerzas que dominaron la transición, ignoró, desoyó y despreció las propuestas que le hicieron los sucesivos gobiernos de la Generalitat para redefinir su relación con el Estado español. Era, pues, inevitable que lo que está pasando, pasara. Los partidos independentistas, principalmente dos bajo la alianza de Junts Pel Sí, no habían sido independentistas hasta recientemente, siguiendo un proceso bastante predecible: la gran mayoría de ellos (CDC y ERC) habían sido antes federalistas, transformándose en independentistas cuando no vieron ninguna posibilidad de cambio dentro del Estado actual.

Las raíces franquistas de las derechas españolas (muchas de las cuales se definen como de centro o centroderecha)
Está claro que la mayor responsable de la gran crisis existente hoy en España es la pervivencia de la cultura franquista en los aparatos del Estado. Hay que recordar que el PP fue fundado en 1977 bajo el nombre de Alianza Popular, una alianza de las asociaciones políticas de ultraderecha franquista de las cuales las más destacadas fueron: Reforma Democrática, liderada por Fraga Iribarne, ministro del Estado dictatorial franquista durante el periodo 1962-1969 y 1975-1976; Unión del Pueblo Español, liderada por Cruz Martínez Esteruelas, ministro entre 1974-1976; Acción Democrática Española, liderada por Federico Silva Muñoz, ministro en 1965-1970; Democracia Social, liderada por Licinio de la Fuente y de la Fuente, ministro en 1969-1975, y vicepresidente del gobierno durante el periodo 1974-1975; Acción Regional, liderado por Laureano López Rodó, ministro en 1965-1967, 1967-1973 y 1973-1974; Unión Social Popular, liderado por Enrique Thomas de Carranza, gobernador de Toledo en 1965-1969 y procurador de las Cortes Españolas en 1971-1977, miembro de Fuerza Nueva; y Unión Nacional Española, ministro en 1970-1974. Todos ellos eran fundadores de dicha fuerza política. Hoy la relación entre tal partido y aquel régimen se reproduce leyendo la biografía de gran número de sus dirigentes. Un ejemplo es Rafael Hernando, actual portavoz parlamentario del PP en el Congreso de los Diputados, que fue miembro de Alianza Popular desde los años ochenta, y que según algunas informaciones periodísticas habría mostrado simpatías hacia el partido de ultraderecha Fuerza Nueva.

Ni que decir tiene que dicho partido es una especie de paraguas bajo el cual hay diversas sensibilidades, desde la fascista (que explica que en España no haya un partido ultraderechista de masas) hasta la cristianodemócrata y la liberal. Pero su cultura hegemónica es claramente franquista, y su nacionalismo uninacional extremo es heredero del existente durante la dictadura. Esta visión, tanto en la versión extrema como en la versión más moderada, es la que domina la intelectualidad española, basada en la capital del Reino. Han contribuido a ello los mayores medios de información, incluyendo El País, que fue establecido por algunos personajes dentro de la dictadura que se consideraron reformadores, tales como Fraga Iribarne, quien fichó a Juan Luis Cebrián para que lo gestionara. Juan Luis Cebrián (cuyo padre fue el director del diario Arriba, el diario oficial del régimen fascista) había sido director de los servicios informativos de la Radio Televisión Española en 1974, que era el mayor instrumento propagandístico del régimen dictatorial. Ni que decir tiene que El País fue abriéndose, permitiendo cierta pluralidad en sus páginas, de las cuales fueron excluidas, con notables excepciones, las izquierdas y los que cuestionaron la visión uninacional del Estado, convirtiéndose en el máximo valedor de la Monarquía y de tal Estado. Su respuesta a la crisis actual ha sido un furibundo ataque a las nuevas izquierdas y a los partidos independentistas (el último ejemplo es el artículo de uno de sus intelectuales, el Sr. Santos Juliá, que, predeciblemente, atribuye todo lo que ocurre en Catalunya a la CUP, un partido independentista que obtuvo solo un 8% de los votos validos en las elecciones de 2015).

El establishment uninacional, heredero del franquismo, pone todo el peso de su argumentario en defensa de su visión uninacional (que justifica la represión llevada a cabo por los aparatos judiciales y de seguridad del Estado en Catalunya) en el respeto a la ley y a la Constitución, leyes y Constitución que en gran medida fueron elaboradas en un proceso altamente desigual (que propagandística y erróneamente se definió como modélico), dominado por las derechas.

Ni que decir tiene que, incluso en el caso de que se aceptara que la ley refleja la soberanía popular (supuesto altamente cuestionable), hay que señalar que el gobierno Rajoy se ha saltado las leyes españolas constantemente, siendo uno de los partidos políticos con mayor corrupción en España. Y, de nuevo, incluso aceptando que la ley fuera resultado de la soberanía popular (que no lo es), su aplicación es constantemente sesgada a favor de los intereses económicos, financieros, religiosos, partidistas y de clase que ejercen un enorme dominio sobre el aparato judicial; el caso Millet en Catalunya y el caso Púnica en España son un ejemplo de ello. El enorme conservadurismo y corporativismo del estamento judicial es de sobras conocido.

La incapacidad de comprender qué pasa en Catalunya (y en España)
Otra característica del pensamiento uninacional típico del régimen del 78 es su incapacidad para entender lo que ocurre en Catalunya, atribuyendo el movimiento de rebeldía en defensa de la identidad y la nación catalanas a la propaganda y capacidad de movilización de los partidos gobernantes en la Generalitat de Catalunya, antes Convergència i Unió (alianza de un partido liberal y un partido cristianodemócrata) y ahora el mismo partido Convergència con ERC. En dicha interpretación se olvida que el primer partido, Convergència, ha caído en gran descrédito debido a haberse conocido la gran corrupción de su dirección, que utilizó la Generalitat de Catalunya como si fuera de su propiedad para su beneficio personal (situación que Pablo Iglesias ha definido, con acierto, como el nacional-patrimonialismo del PP, y que puede atribuirse igualmente a CDC), teniendo incluso que cambiar su nombre a PDeCAT. El otro partido de la coalición CiU, Unió Democràtica, ha desaparecido.

Se olvida u oculta también que los que propusieron el Estatut de Catalunya del 2005 fueron las izquierdas (el tripartito dirigido por Pasqual Maragall). Y también se ignora que las movilizaciones iniciales fueron para defender tal Estatut. Su posterior radicalización es responsabilidad de la insensibilidad democrática y de la falta de respeto a la plurinacionalidad por parte del Estado central. Es sorprendente que la mayoría de artículos sobre la crisis publicados, por ejemplo, en El País, hayan sido críticos con Junts Pel Sí y pocos con el gobierno Rajoy.

El sectarismo del establishment intelectual-mediático español
Creo haber sido uno de los autores catalanes y españoles que más ha criticado en España y en Catalunya al gobierno de Junts Pel Sí de la Generalitat de Catalunya por sus políticas económicas y sociales, que pertenecían claramente a la sensibilidad neoliberal, la misma, por cierto, que inspiró al gobierno del PP (en realidad, las tensiones nacionales entre el gobierno del PP y Junts Pel Sí están ocultando la enorme crisis social que sus políticas económicas han provocado; la evidencia de ello es abrumadora). Y también he criticado el comportamiento antidemocrático de Junts Pel Sí, mostrado en su manipulación sectaria del Parlament de Catalunya, como bien denunció el parlamentario Joan Coscubiela, de la coalición Catalunya Sí que es Pot.

Ahora bien, es de un sectarismo denunciable el comportamiento del establishment político-mediático español y de su intelectualidad (incluyendo grandes sectores de la intelectualidad de la izquierda española), que mientras denuncian en varias páginas de El País (uno de los rotativos más sectarios hoy en España, eje del establishment mediático uninacional, profundamente hostil a los nacionalismos “periféricos” y a las nuevas izquierdas, y defensor a ultranza del régimen del 78, definiendo la transición como modélica) el comportamiento antidemocrático de Junts Pel Sí, permanecen callados, en un silencio ensordecedor, frente a la enorme represión que ha ocurrido en Catalunya (alrededor de 900 heridos). Es interesante señalar que la atribución de la mayor responsabilidad por la gran crisis política del país al gobierno catalán es característica del uninacionalismo franquista vigente que apareció también en el discurso del rey Felipe VI. Una postura más equilibrada, pero también errónea, es la que atribuye la responsabilidad en igualdad de condiciones al gobierno central y al gobierno catalán, y digo errónea porque es fácil de demostrar que ha sido la versión uninacional franquista, presente no solo en el gobierno Rajoy, sino también en el establishment político-mediático español, la causante de la gran crisis política del país.

Una última observación: el error de algunas voces de izquierdas
Una postura bastante extendida en amplios sectores de las izquierdas españolas es considerar estas discusiones y tensiones como resultado del protagonismo de los nacionalismos en la vida política del país, que están ocultando la enorme crisis social del país. Esta percepción, a la cual me he referido en varias ocasiones, tiene un gran elemento de verdad. Describe parte de la situación actual. Es, pues, necesario subrayar la importancia de este argumento. Ahora bien, un argumento puede ser necesario pero no suficiente, ya que el mismo Estado uninacional que prohíbe y persigue el plurinacionalismo en España es también (como he documentado ampliamente) el Estado responsable de la crisis social actual. Esto es una realidad obvia, de manera que el tema social está íntimamente ligado al tema nacional. De ahí que históricamente las izquierdas, no solo las catalanas, sino también las españolas, hubieran incorporado en sus proyectos de gobierno el apoyo a un Estado republicano plurinacional. Hay que recuperar la validez del proyecto republicano social y plurinacional. Y me alegra constatar que ello está ya ocurriendo. En Catalunya, en las movilizaciones, pueden verse más y más banderas republicanas. Y lo mismo está ocurriendo a lo largo del territorio español.

Hay una creciente constatación en Catalunya que para conseguir un cambio social y nacional hay que favorecer y defender la reestructuración del Estado español, por el bien de España y por el bien de Catalunya. Las nuevas izquierdas están hoy cuestionando la uninacionalidad de España. Su iniciativa de invitar a todas las fuerzas democráticas a actuar de forma colaborativa para trasformar España (incluyendo Catalunya) es de una enorme trascendencia e importancia.

Ni que decir tiene que las derechas postfranquistas están acusando a tales nuevas izquierdas de ayudar al independentismo. Y dicho mensaje aparece extensamente hoy en el establishment uninacional español, alcanzando niveles grotescos en su promoción internacional. Nada menos que el director de la oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Internacionales (European Council of Foreign Relations), escribió hace unos días un artículo que define al movimiento de rebelión en Catalunya frente al Estado central como un movimiento racista (sí, ha leído bien, racista) que considera a los españoles como inferiores, y acusando, por si no fuera poco, a Podemos de proindependentista, utilizando “tácticas insurreccionales” (tal personaje se llama Francisco de Borja Lasheras; su artículo aparece en Social Europe). Y lo que es más lamentable es que algunas izquierdas están contribuyendo a esta campaña. Pero cualquier persona que conozca la realidad (pasada y presente) de este país puede ver que la única solución para mantener España unida hoy es precisamente pidiendo una alianza de todas las fuerzas democráticas en oposición al establishment heredero del franquismo. La vía actual defendida por el Rey y por Rajoy creará la ruptura de España.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Corea del Norte y Yemen: los costes del Imperio

Ven, 06/10/2017 - 13:11
Mark Weisbrot, USNews & World Report

Los estadounidenses deben oponerse a las políticas de Trump en Corea del Norte y Yemen que responden a prioridades imperiales.
Mientras la guerra verbal entre los gobiernos de Donald Trump y Kim Jong-un ha degenerado en una espiral de insultos pueriles y amenazas militares cada vez mayores, el mundo tiembla ante sus posibles consecuencias. Según supuestas informaciones del Pentágono, un ataque con armas convencionales de Corea del Norte causaría 20.000 bajas diarias a Corea del Sur. Una guerra nuclear, podría suponer millones de muertos.

Mientras tanto, en Yemen, Estados Unidos colabora militarmente con lo que las organizaciones de ayuda humanitaria consideran crímenes contra la humanidad. Las fuerzas armadas estadounidenses suministran combustible y asisten en la localización de objetivos a los bombarderos saudíes, que ya han causado la muerte de miles de civiles . Además, la intervención comandada por Arabia Saudí en la guerra civil de Yemen ha bloqueado la entrada de alimentos al país, llevando a más de siete millones de personas al borde de la muerte por inanición.

“Los saudíes intentan deliberadamente crear una situación de hambruna en Yemen para obligar a los yemeníes a sentarse a la mesa de negociaciones [y] el gobierno de Estados Unidos participa en esta estrategia”, ha declarado el senador Chris Murphy.

En estos momentos, y como resultado de la destrucción, Yemen está sufriendo la peor epidemia de cólera del mundo, que ya ha afectado a más de 500.000 personas y ha causado más de 2.000 muertes. Según estimaciones de la ONU, en Yemen muere un niño cada 10 minutos a causa de enfermedades prevenibles.

Si nuestro gobierno amenaza con aniquilar naciones enteras o participa en despiadados castigos colectivos en lugares remotos, al menos deberíamos entender por qué sucede esto. Estos crímenes son ilegales (incluso las amenazas de Trump contra Corea del Norte están prohibidas por la Carta de Naciones Unidas) y nada podría justificarlos. No obstante, nuestros dirigentes y analistas políticos inundan los medios de comunicación de masas con razonamientos que a menudo logran el apoyo tácito de muchas personas que no deberían suscribir el engaño.

La idea de que la capacidad nuclear de Corea del Norte es una amenaza para Estados Unidos, sobre todo porque Kim estaría lo suficientemente loco para atacarnos, fue desmentida en un reciente reportaje del New York Times:

“Lo temible no es que Kim pueda lanzar un ataque preventivo sobre la Costa Oeste; esa sería una opción suicida y si algo ha demostrado el líder de treinta y tres años durante los cinco años que lleva en el cargo es que busca la supervivencia por encima de todo. Pero el hecho de que Corea del Norte cuente con el potencial para contraatacar debería determinar cualquier decisión que Trump y sus sucesores hagan sobre la defensa de sus aliados en la región”.

Es decir: si Corea del Norte tomara represalias contra un ataque de Estados Unidos, Washington perdería poder en Asia. Parece que cuando rascamos bajo la superficie de los argumentos de “seguridad nacional” que justifican una política exterior terriblemente peligrosa o violenta, lo que encontramos suele ser el poder, más que la seguridad o el bienestar de los estadounidenses. De otro modo, la negociación de soluciones pacíficas debería ser la prioridad.

Pero en junio, sin ir más lejos, la Administración Trump rechazó una oferta de Corea del Norte y China para negociar un acuerdo por el que aquella suspendería sus ensayos con misiles y nucleares a cambio de que Estados Unidos suspendiera sus “maniobras militares a gran escala” en la península de Corea.

Esas mismas prioridades imperiales que impiden una solución negociada con Corea del Norte parecen ser la principal razón por la que Estados Unidos participa en la guerra y las atrocidades de Yemen. En este caso, forman parte de la alianza estratégica de Washington con la dictadura saudí, que recientemente ha sido objeto de un aumento de críticas por su apoyo a grupos terroristas como el ISIS.

Afortunadamente, algunos miembros del Congreso están dispuestos a retirar su respaldo a la participación inconstitucional y no autorizada en la guerra dirigida por Arabia Saudí contra Yemen.

Durante casi tres años, y respondiendo a la solicitud de la dictadura saudí, el Ejecutivo ha desplegado al ejército de Estados Unidos contra los hutíes, un grupo rebelde yemení, sin relación alguna con al-Qaeda o el ISIS –grupos incluidos por EE.UU. en la Autorización de Uso de la Fuerza Militar de 2001– y opuestos a estas organizaciones. Un grupo de abogados que representa a ambos partidos [demócrata y republicano] ha puesto sobre la mesa el primer debate público que se produce sobre este tema en nuestro país y que obligará a votar sobre la continuidad de estas hostilidades no autorizadas introduciendo una “resolución privilegiada”, lo que significa que se discutirá en el Congreso por encima de las objeciones de la dirección de los partidos, para obligar al presidente Trump a retirar las fuerzas estadounidenses de esta guerra saudí que está llevando el hambre a la región.

Pero es necesario ejercer más presión desde abajo. Las decenas de millones de estadounidenses que entienden la diferencia entre “seguridad nacional” e imperio deben manifestarse de forma más activa para que el Congreso refrene a la Administración Trump.

Recientemente, Bernie Sanders señaló que “Arabia Saudí no es nuestro aliado” y propuso un acercamiento más imparcial al conflicto entre Irán y Arabia Saudí. También se mostró contrario al objetivo de “hegemonía global benigna” en política exterior, que atribuyó a “alguien de Washington” y calificó de desastre el “marco organizativo de la guerra global contra el terror”.

Esto es una buena señal que indica que el movimiento que llevó a Sanders a ganar el 46 por ciento del voto demócrata por la presidencia tiene potencial para proponer una política exterior más independiente. El apoyo masivo a los atletas que están “hincando la rodilla” cuando suena el himno nacional en los eventos deportivos es otra iniciativa a la que debemos dar la bienvenida y que no habría sido posible hace apenas unos años. Los atletas protestan contra el racismo y la brutalidad policial pero a la vez se niegan –ellos y sus millones de seguidores– a ser intimidados por el “patriotismo pagado” y falso promovido por Trump. También esto tiene facilita desarrollar un pensamiento independiente y unos muy necesarios debates sobre la política exterior de Estados Unidos.

Trump ha contribuido a este despertar masivo de conciencia encarnando en su propia persona y vomitando al exterior muchos de los odiosos errores que deben rectificarse. No es necesario que se lo agradezcamos –él ha hecho del mundo un lugar más peligroso– pero debemos aprovechar la oportunidad que nos brinda.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Cataluña: cuando la democracia es ilegal

Xov, 05/10/2017 - 20:32
Alejandro Nadal, La Jornada

Europa es testigo de la movilización popular y del ejercicio de disciplina civil más importantes en su historia contemporánea. Es la enseñanza que ha dado Cataluña, lección que tiene múltiples perfiles. Entre otras cosas, Cataluña ha vuelto a mostrar que la democracia no es compatible con la injusticia, y mucho menos con la represión.

Pero hay otro corolario que se desprende de los hechos del primero de octubre. La fractura del reino de España es absoluta y no tiene compostura. En sus obsoletas ideas de Estado ha demostrado por la vía de los hechos que la democracia es ilegal, peligrosa y que no será tolerada. Las declaraciones del rey de España y los actos de gobierno del señor Mariano Rajoy, presidente del gobierno, no dejan lugar a dudas: la esencia del franquismo no es ajena a la política de clase que impera en el reino de España. La unidad de España antes que nada, incluso antes del diálogo político y antes que la razón de la justicia.

Aunque la corrupción contamina la clase política que hoy condena el referendo del primero de octubre, sus miembros no han titubeado en apoyar el peor acto de represión en gran escala que se ha presentado en los últimos cuatro decenios en España. Olvidan que la represión puede frenar momentáneamente un proceso político, pero no lo puede desaparecer. Las imágenes de las cargas de la policía nacional y la guardia civil en contra de manifestantes, votantes, funcionarios electorales marcarán por siempre la bancarrota política del gobierno español. Pero aun con el lujo de la fuerza, el gobierno en Madrid no ha podido desarticular el referendo. Rajoy ha olvidado el sabio consejo de Talleyrand a Napoleón, Sire, las bayonetas sirven para muchas cosas, pero no para sentarse sobre ellas.

El tema de la legalidad rodea los debates sobre el referendo catalán. Pero con frecuencia se olvida la delicada conexión que debe existir entre ese concepto, la legitimidad y la justicia. Hablar de legalidad como si fuera una entelequia que existe en el vacío no tiene sentido. Hay que recordar que en la Alemania nazi también se hablaba de la necesidad de hacer respetar la legalidad por encima de todo. También había reglamentos y un orden en Auschwitz.

La represión que desencadenó el gobierno en Madrid en contra del pueblo de Cataluña no deja lugar a dudas sobre el verdadero sentido de la legalidad que el gobierno español quiere imponer y hacer respetar. La suya es la de una clase que sólo habla el lenguaje burdo de la dominación.

Es la misma noción de legalidad que subyace la aprobación de las reformas al artículo 135 de la constitución española en 2011. Ese precepto hoy cristaliza con gran claridad los principios a los que debe someterse todo el pueblo de España, y no sólo el catalán. En su parte medular, ese precepto impone la absurda máxima de la estabilidad presupuestaria, prohibiendo al Estado y a las comunidades autónomas incurrir en un déficit que supere los márgenes fijados por la Unión Europea. Pero lo más grave es su párrafo tercero que estipula que el pago de los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública gozará de prioridad absoluta. Es decir, por encima de cualquier inversión en salud, educación, vivienda e infraestructura, están los derechos de los acreedores, aunque los créditos estén manchados de corrupción y envenenados por la especulación.

Pero ese artículo 135 contiene otro pasaje revelador: La actual situación económica y financiera no ha hecho sino reforzar la conveniencia de llevar el principio de referencia a nuestra Constitución. Es claro que esta pseudo-justificación se refiere a uno de los momentos más álgidos de la crisis financiera. Pero esa oración, que parece escapó de los considerandos de la iniciativa de reforma, no tiene sentido como parte de un texto constitucional.

Así, la constitución que hoy es enarbolada como eje vertebral y casi eterno de la España unida es evidenciada en el artículo 135 como algo que se puede acomodar a las circunstancias si los señores del dinero así lo disponen. ¿La coyuntura de una crisis financiera elevada a rango constitucional? Todo se vale con tal de consolidar el dominio de los acreedores sobre el pueblo español. En cambio nada importa cuando se trata de un referendo y el derecho a la libre determinación de una nación.

El mensaje del rey de España, Felipe VI, es la evidencia de esa rigidez que caracteriza a los estados oligárquicos. Lejos de elevar el nivel del diálogo y de la deliberación política seria, la alocución del rey envía una señal unilateral de dureza y de respaldo absoluto a Rajoy. Censura a los catalanes, pero ni una palabra sobre la represión que el gobierno desencadenó para impedir el referendo. Ni siquiera una señal de apertura para retomar un diálogo, incluso dentro de los estrechos límites del actual Estado español. Queda claro que Felipe VI no es un estadista. El mensaje final es duro y contundente: no habrá solución negociada y sólo queda la fuerza como medio de comunicación. En este paisaje, la lucha del pueblo catalán es otro capítulo de la contienda por los valores de la democracia y la república.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La vergüenza de Europa: violentos altercados en el referéndum catalán

Mér, 04/10/2017 - 00:43
Foto: © Tjerk van der Meulen
Marc Masmiquel, Alainet

El 1 de octubre de 2017 había convocado un referéndum organizado por la Generalidad de Cataluña, el gobierno catalán, democráticamente elegido en las urnas. Sin embargo, a pesar del ingente y mayoritario apoyo de los ciudadanos y gobiernos municipales fue duramente reprimido por los cuerpos policiales del Gobierno español, bajo órdenes de Mariano Rajoy y su ministro del Interior Juan Ignacio Zoido.

El resultado de las cargas policiales ha sido de 844 heridos. Todo el plan gubernamental del gabinete de Rajoy contra el referéndum ha destinado más de 10.000 efectivos de los cuerpos de seguridad del estado, así como el corte indiscriminado de páginas web de la Generalitat de Catalunya y web ciudadanas de apoyo a las votaciones.

La pregunta del referéndum del 1-O es la siguiente: “¿Quiere que Catalunya sea un estado independiente en forma de república?”.

El referéndum de independencia de Cataluña de 2017 es un referéndum de autodeterminación de la comunidad autónoma española de Cataluña convocado por la Generalidad de Cataluña para el 1 de octubre de 2017. La Ley del Referéndum que lo haría posible, aprobada el 6 de septiembre por el Parlamento de Cataluña con los votos a favor de los parlamentarios de Junts pel Sí y la CUP, fue suspendida por el Tribunal Constitucional español al día siguiente, órgano al que Puigdemont, el presidente de la Generalidad, afirmó que se ignoraría en base a la propia legislación catalana, que sí lo aprobaba y garantizaba. Hay referentes diversos de procesos de referéndums de autodeterminación, como en Escocia (2014) y en Quebec (1995).

La Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña solicitó a la Guardia Civil, Mozos de Escuadra, Policía Nacional y policías locales que incautasen el material relacionado con el referéndum.

Foto: © Tjerk van der Meulen
Desde primeras horas de la mañana ha habido cargas policiales en diferentes lugares de los más de 2.300 colegios electorales. Las fuerzas del orden estatales han cerrado por la fuerza 400 colegios impidiendo la votación, requisando urnas y papeletas a unos 770.000 votantes. A pesar de las cargas policiales, de los 5,3 millones de votantes convocados ha habido una alta participación, cercana al 50%. Con el escrutinio del 99% de los votos ya se cuentan y verifican en relación al censo 2.262.424 votos computados.

La Generalidad de Cataluña dispuso un censo universal informatizado para que los votantes pudieran votar en cualquier colegio electoral. Sin embargo ha habido reiterados cortes de las comunicaciones a Internet y esto ha dificultado el proceso.

Para garantizar el proceso de votación se organizó semanas antes un contingente de Observadores Internacionales con miembros de Países Bajos, Estados Unidos, Francia, Alemania, Dinamarca, Montenegro, Polonia e Italia.

A pesar del precinto por la fuerza de varios centenares de colegios electorales, la población catalana llevada a las urnas ha hecho gala de elevadas muestras de participación y tácticas ciudadanas para evitar el boicot del referéndum. La dureza de las cargas policiales, contra personas de todas las edades se ha saldado con heridos graves y más de 800 heridos, con lesiones y fracturas de diversa gravedad. Se han vivido momentos de gran tensión al crearse barreras humanas para evitar las cargas. Los votantes se han defendido entregando claveles y con los brazos abiertos. Los cuerpos de bomberos catalanes han hecho barreras de contención para evitar el primer impacto de las cargas.

Daan Everts es el jefe de la misión de los Observadores Internacionales, el diplomático holandés manifestó “La violencia utilizada ha sido deplorable y lamentable”. Observadores del contingente internacional llevarán al Estado español a la corte penal de la Haya por la represión ordenada y perpetrada por las cargas de policías nacionales y agentes de la Guardia Civil. Los mozos de escuadra, el cuerpo catalán de seguridad ha intentado mediar en el conflicto priorizando la seguridad física de los votantes, sin que eso fuese posible, desembocando en agresiones diversas a la ciudadanía catalana que quería ejercer su derecho de voto. La propia policía nacional ha denunciado la pasividad de los cuerpos de seguridad catalanes.

La violencia ha despertado una repulsa internacional inmediata, visible en todos los medios internacionales, y en organizaciones de defensa de los Derechos Humanos como Amnistía Internacional. Salil Shetty, el Secretario General de Amnesty International ha declarado: “La policía debe respetar la libertad de reunión, el uso desproporcionado de la fuerza es ilegal.”

Noam Chomsky, el lingüista y activista estadounidense ha declarado sobre estos hechos una concisa afirmación "Acontecimientos ominosos, sin duda." Cuerpos diplomáticos, primeros ministros europeos, analistas e investigadores sobre derechos humanos y los propios civiles han definido estos sucesos como abominables y vergonzosos, agresiones no recordadas desde las represiones franquistas de la Guerra Civil española. La reflexión directa que ha generado esta fatídica situación ha generado que se convoque una huelga general el día 3 de octubre.

Los medios y testimonios, no se centran en lo que significa o no la petición de república de la población catalana, ahora el punto clave está en la crisis de gobierno que esto supone para el Partido Popular, y el presidente español Mariano Rajoy. Las medidas ejecutadas no han frenado a Mariano Rajoy, que ayer noche presumió en una rueda de prensa sin preguntas de frenar la consulta catalana y declaró sobre la actuación policial: "Hemos hecho lo que teníamos que hacer".

Analistas y académicos americanos han presentado una carta al ejecutivo español declarando que “En este momento, el nivel de represión política en Cataluña es de un carácter severo y arbitrario que no se experimentaba desde los días de la dictadura franquista”, no han tenido duda en comparar y establecer analogías entre la actitud del Gobierno español con las del dictador fascista Francisco Franco.

Estos son los adjetivos con mayor presencia en medios internacionales que se han usado para definir estos sucesos: ”abominables, ominosos, odiosos, repugnantes, execrables, repulsivos, desdichados, desgraciados y vergonzosos”.

A pesar de los 844 heridos, de la presión internacional, de las denuncias contra el Gobierno español a la corte penal de la Haya, el gabinete ejecutivo de Mariano Rajoy estudia suspender el estado de autonomía catalán y asumir sus competencias aplicando el artículo 155 de la Constitución española. Son momentos tensos, porque una medida de estas características podría desembocar en un conflicto sin parangón desde la Guerra Civil española que acabó con 40 años de dictadura fascista.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El régimen de Rajoy se descubre ante el mundo

Mar, 03/10/2017 - 07:37
David Bollero, Público

El régimen de Rajoy, esa suerte de neoautoritarismo que ejerce en connivencia con Ciudadanos, se descubrió ayer ante todo el mundo. No hay marcha atrás, no hay posibles excusas. Las imágenes del 1 de octubre, tanto en fotografía como en vídeo, son de tal crudeza que no hay argumento posible que pueda esgrimir la derecha para justificarlas. Por este motivo, la lluvía de críticas por parte de fuerzas políticas desde el exterior no ha hecho sino empezar, tras haber visto en los propios periódicos de sus países la cobertura de un 1 de octubre que devolvió a los grises a las calles.

Con un balance de 844 heridos, escuchar a Rajoy decir que ayer se actuó con ley y nada más que con la ley le delata como un gobernante de una España en blanco y negro. Todas las personas que consideran que la actuación de Policía Nacional y Guardia Civil fue proporcional están equivocadas e ignoran las decenas y decenas de denuncias que ya se han interpuesto por brutalidad policial.

El hecho de que Rajoy y sus secuaces consideraran que actuar con esa contundencia era una acto de fortaleza y lo revistieran de Estado de Derecho no es más que un reflejo de cómo se ha gestionado el asunto catalán durante los últimos cinco años. Y de aquellos polvos, estos lodos.

Tanto Rajoy como Puigdemont concibieron la celebración del referéndum como un duelo para demostrar quién aguantaría mejor el envite del contrario. Ganó por goleada el independentista.



En ese duelo, tal y como lo concibieron ambos, da igual lo irregular del plebiscito y lo poco fiables de los resultados, lo que realmente importan son vídeos como el adjunto de The Guardian que circulan por toda Europa, por todo el mundo.

El PP es tan soberbio, tiene el autoritarismo tan incrustado en su ADN, que a pesar de haberse visto obligado a reducir el despliegue de parte de su dispositivo de más de 10.000 agentes en Catalunya cuando comenzaron a circular las imágenes de personas apaleadas en redes sociales, no admite la brutal represión. La televisión del régimen, TVE, no hizo más que repetir que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado actuaban por mandato judicial. Cierto, pero es el ministerio del Interior el que ordena cómo ha de cumplirse ese mandato y ayer se hizo a palos.

Toda esta represión no legitima el modo en que se ha realizado un referéndum chapucero que debería haberse hecho con más garantías y sin palos en las ruedas por parte del Gobierno central. Toda esta represión no hace menos deleznables algunos actos vandálicos por parte de ciertos exaltados. Que nadie crea que son excluyentes. No.

Sin embargo, la severísima violencia-aún sin condena por parte de ninguna asociación de la Guardia Civil ni sindicato policial– y la valoración por parte de Rajoy y l@s suy@s como algo proporcionado hacen que todos ellos sean indignos de representar a una España que no cree en esa violencia porque, si lo hiciera, ayer Catalunya habría sido una auténtica batalla con dos bandos y no lo que fue: una paliza a manos de fuerzas del desorden. Que dimitan ya. Nunca han estado a la altura.

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Argentina: el endeudamiento como sistema

Lun, 02/10/2017 - 21:39

Eduardo Lucita, Rebelión

La deuda tiende a recuperar centralidad política y económica. Cada vez pesa más en el presupuesto y lleva a dilapidar recursos escasos, al mismo tiempo que empuja más y más a la subordinación del país a los organismos financieros internacionales.

Desde que asumiera el gobierno de Mauricio Macri su principal decisión ha sido volver al ciclo de endeudamiento, lo que está ratificado en la elevación al Congreso Nacional del proyecto de Presupuesto 2018 que revela que se continuará en ese sendero y muestra que las partidas que más crecen son las destinadas al pago de los servicios de la deuda.

La emisión de un bono a 100 años por parte del gobierno nacional fue más que emblemático. No solo sorprendió a unos y otros sino que volvió a darle centralidad política a la deuda. No tanto por el monto -2.750 millones de dólares- o el interés que es alto -se pagará de intereses unos 200 millones al año- sino por el plazo. Con esto el gobierno ha dado un mensaje al sistema financiero internacional, Argentina vuelve al mismo para no retirarse jamás.

Vaivenes de la deuda
En lo que va de la recuperación democrática la deuda ha tenido momentos de fuerte centralidad política, pero todos y cada uno de los gobiernos de este tiempo se encargaron, uno tras otro, con la colaboración de los parlamentos, de desvalorizarla y dar la idea de que estaba bajo control.

Sucedió una y otra vez desde la salida de la dictadura. En tiempos del gobierno de Raúl Alfonsín las demandas del no pago de la deuda eran moneda corriente, incluso el Programa de los 26 puntos, en 1985 cuando al frente de la CGT estaba Saúl Ubaldini, contemplaba como prioritario establecer una moratoria del pago de los servicios de la deuda.

Los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rua mantuvieron una política de endeudamiento masivo sin que, salvo algunos sectores, hubiera demasiados cuestionamientos.

La deuda externa volvió al centro de la escena cuando en medio de la mayor crisis política y social de nuestro país el entonces presidente provisional Adolfo Rodríguez Saá declaró la suspensión unilateral de los pagos de la parte privada, ya que a los organismos se les siguió pagando religiosa y puntualmente.

Es en los tiempos del gobierno de Néstor Kirchner cuando se reestructura la deuda primero y luego se le paga al contado y por adelantado al FMI. Crecen entonces los debates y las críticas, pero el gobierno logra instalar la idea que el problema de la deuda se había resuelto para siempre.

Ya en los mandatos de Cristina Fernández de Kirchner -que se autodenominó “pagadora serial” ya que pagaba religiosamente todos los vencimientos de la deuda y se negó a investigarla- se inicia un proceso de cambiar deuda externa por interna hasta que reaparece un clásico de la economía argentina: la restricción externa (falta de dólares). El entonces ministro de economía Axel Kicillof preparó las condiciones para volver al endeudamiento (pagó a Repsol cuando había dicho que no se le pagaría nada; al Club de París, sin ni siquiera separar el monto de la deuda considerada odiosa, y al Ciadi, organismo de solución de controversias dependiente del BM). Pero apareció el juez Griesa con su fallo a favor de los llamados fondos buitre (compradores a precio vil de bonos que no ingresaron al canje producto de la reestructuración) que trabó el proceso. Claramente se trató del costo de no haberla investigado en su momento y la deuda volvió a generar grandes controversias.

El ciclo actual
Finalmente al inicio del actual gobierno de Mauricio Macri se paga a los fondos buitre y se reinicia un nuevo ciclo de endeudamiento que por su monto y velocidad es inédito. El regreso a los llamados “mercados voluntarios de crédito” (léase endeudamiento) ha sido tan rápido que la deuda creció en torno a los 73.000 millones de dólares desde fines del 2015 a la actualidad. Es que hay un cambio en el financiamiento del déficit fiscal, si el gobierno anterior lo financiaba con emisión monetaria éste lo hace con endeudamiento.

Así, si a fines del 2015, la deuda (interna y externa) expresada en dólares alcanzaba a los 240.665 millones (53,5% del PBI), a diciembre de 2016 era de 275.446 millones (54,2 del PBI). El mensaje de elevación del proyecto de Presupuesto 2018 dice que 2017 cerrará con una deuda de 317.000 millones (58,7 del PBI), se estima que el 75 por ciento está expresada en moneda extranjera y el resto en pesos. Este monto incluye la deuda con el sector privado, con los organismos internacionales más la deuda intraestatal (Anses, BNA y BCRA). No incluye la deuda de las provincias y del BCRA por la emisión de Lebacs estimada en unos 62.000 millones.

Este veloz endeudamiento continuaría en el 2018, donde las necesidades de financiamiento según el proyecto presentado alcanzan a los 45.000 millones de en dólares. Cabe destacar que las partidas que más crecen son las destinadas al pago de la deuda (28,2 por ciento), especialmente los intereses que alcanzarán este año a los 13.400 millones (2 puntos del PBI).

Mecanismo perverso
Financiar déficit con endeudamiento ha dado lugar a un mecanismo perverso. La rápida colocación de bonos de deuda a partir del 2016 hizo, que junto con lo proveniente de las exportaciones, ingresara al país una oleada de dólares que el BCRA debe comprar emitiendo pesos, pero como esa millonada de pesos se considera causal de inflación debe sacarla del mercado para lo que emite Letras (las superrentables Lebacs) que pagan altísimas tasas de interés. Esas tasas, que difícilmente se consigan en algún país del mundo, hacen que ingresen nuevos capitales especulativos, que con un tipo de cambio atrasado, obtienen una ganancia inédita, pero nuevamente el BCRA debe cambiar esos dólares por pesos y volver a esterilizarlos con tasas más altas que abultan el pago de intereses. Como se ve un círculo vicioso de nunca acabar.

La situación parece estar en una verdadera encerrona sin que por ahora se vea luz al final del túnel. Si el gobierno dejara de endeudarse tendría que emitir para financiar el déficit, pero en su concepción monetarista no puede seguir emitiendo a riesgo de realimentar el proceso inflacionario, que como se ve se resiste a bajar con la rapidez que se pensaba. Por ahora el BCRA solo trata de estirar los plazos de la Lebacs, pagando más del 27 por ciento por letras a 180 días, su presidente, Federico Sturzenegger acaba de decir que “no están dadas las condiciones para relajar la política monetaria en los próximos meses”. Continuar endeudando al país, con una economía que crece muy poco, corre el riesgo de caer una nueva crisis de la deuda, con las consecuencias previsibles. Este riesgo no es inmediato, pero sí potencial. La deuda exigible (sector privado y organismos internacionales) es del 28,5% del PBI, relativamente baja para los estándares internacionales, y el gobierno proyecta llevarla al 37,3% en el 2020.

Sin sustentabilidad
La deuda tiende a recuperar centralidad política y económica, cada vez pesa más en el presupuesto y lleva a dilapidar recursos escasos, al mismo tiempo que empuja más y más a la subordinación del país a los organismos financieros internacionales. Esto abre la duda: cuál es la sustentabilidad financiera de este esquema fuertemente dependiente del endeudamiento externo en un mercado mundial que si bien está muy líquido y con tasas muy bajas, es muy frágil, especialmente la banca, y cualquier movimiento no previsto puede alterar los flujos y elevar las tasas.

Se requiere con urgencia la conformación de un frente político-social lo más amplio posible para hacer frente a este nuevo ciclo de endeudamiento, que comience por impugnar el bono a 100 años y que suspenda los pagos hasta que se investigue la deuda, al menos la contraída por el actual gobierno.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Discusiones sobre el fin del capitalismo y lo que vendrá

Lun, 02/10/2017 - 07:31
Claudia Cinatti, La izquierda diario

El capitalismo como modo de producción histórico es un sistema que va a terminar y su fin no está demasiado lejos, incluso quizás ya estamos viviendo el comienzo de este final anunciado. Su muerte no será un acontecimiento violento precipitado por una revuelta de los explotados sino un proceso prolongado y la causa de defunción, una sobredosis de sí mismo. Lo que hay por delante son décadas de decadencia económica, política, social y moral. Palabras más o menos, esta es la principal tesis del sociólogo alemán Wolfgang Streeck sobre la situación actual y su dinámica más probable.

La radicalidad de su análisis y lo sombrío de su pronóstico son una muestra más de la profundidad de la crisis económica, política, social, estatal –orgánica– que ha abierto la Gran Recesión de 2008. Sobre todo viniendo de un intelectual que antes de formular esta versión sui generis de la teoría del derrumbe capitalista, militaba en las filas del mainstream socialdemócrata.

Los ensayos de Streeck, centrados fundamentalmente en la crisis de la Unión Europea y el capitalismo occidental, abrieron un intenso debate y provocaron la repuesta tanto de defensores del neoliberalismo, como Martin Wolf, como también de representantes de la intelectualidad socialdemócrata bien pensante, entre ellos Jürgen Habermas, con quien ha sostenido una dura polémica sobre el futuro de la Unión Europea. Su lectura adquirió un renovado interés a la luz de los nuevos fenómenos políticos, en particular, con el ascenso de populismos de signos políticos opuestos, y otros eventos relativamente sorpresivos como el Brexit y la presidencia de Trump.

Sin embargo, la agudeza de su análisis contrasta con sus conclusiones políticas. Streeck sostiene una visión fatalista según la cual el capitalismo va camino a implosionar por sus propias contradicciones, lo que abrirá inexorablemente una nueva etapa de barbarie. Descartada la perspectiva de la revolución social, la única alternativa supuestamente realista sería “desglobalizar” al capitalismo y restaurar la soberanía del Estado-nación frente a los “mercados”. En síntesis se trataría de sustituir el viejo reformismo socialdemócrata (incluyendo sus variantes “neo” como Syriza) con un igualmente ajado soberanismo que aunque se anuncie por izquierda, entraña los peligros del nacionalismo y recrea ilusiones en la colaboración de clases.

El agotamiento de la “gran transformación” neoliberal y la victoria pírrica del capital
A riesgo de simplificar, podría decirse que la premisa fundamental que subyace a las elaboraciones de Streeck(1) es que la historia del capitalismo es la de sus crisis y no la de su equilibrio, como sostienen los teóricos funcionalistas y racionalistas. La cuestión es por qué y cómo ha sobrevivido hasta ahora y si podrá resurgir de la Gran Recesión de 2008.

Según Streeck la resiliencia del capitalismo, que la ideología predominante confunde con inmortalidad, tiene una explicación política concreta: el salvataje ha venido de las fuerzas antagónicas a la expansión ilimitada de los “mercados”. Es decir, el sistema capitalista es frágil e históricamente ha dependido de reparaciones extraeconómicas. Se podría decir que hay una “lógica” de la crisis en la que confluyen economía y política, o para usar sus términos, “capitalismo” y “democracia”, que se ha expresado históricamente en el ascenso y caída del llamado “capitalismo democrático” de la segunda posguerra –que Streeck considera como un período excepcional de crecimiento económico de Occidente–. Según esta “lógica”, el capitalismo fue rescatado de sus tendencias predatorias por la “democracia”, que funciona en su esquema teórico como un cierto significante de la política estatal en general y del reformismo en particular. En los términos del análisis de clase de la sociedad, al que Streeck retorna parcialmente en una suerte de “neomarxismo”, el movimiento obrero había logrado el suficiente volumen de fuerza para imponer un compromiso al capital y lo ejercía a través de instituciones –sindicatos fuertes, socialdemocracia, y variantes del keynesianismo como el New Deal– lo que en última instancia contribuía a mantener cierta “soberanía” del Estado-nación sobre los “mercados”, aunque este siempre cristaliza alguna relación entre “soberanía y dependencia”(2). En esta definición se transparenta la deuda teórica de Streeck con el “doble movimiento” de Karl Polanyi(3) entre la tendencia a la expansión de la economía de mercado más allá de sus dominios y las demandas sociales, y el rol del Estado como árbitro y a la vez corrector.

Streeck critica las teorías de la crisis de la Escuela de Frankfurt, en particular a Habermas y Claus Offe, que creían que el capitalismo siempre iba a funcionar en “modo keynesiano” y por lo tanto habían desplazado las contradicciones de la esfera de la economía (y la lucha de clases) a la de la cultura, afirmando que el capitalismo enfrentaba una crisis de legitimación. Para su sorpresa, fueron los capitalistas, y no el movimiento obrero, los que pusieron a este “capitalismo democrático” ante las primeras señales de la crisis a principios de la década de 1970.

Según Streeck, la restauración neoliberal significó una victoria pírrica para el capitalismo, porque en su vorágine terminó devorándose las instituciones que vistas dialécticamente lo habían protegido de sí mismo. Barridas las barreras a la lógica del “mercado” –léase sindicatos fuertes, (social)democracia, intervención estatal para la redistribución– el desenfreno capitalista solo pospuso la crisis durante cuatro décadas, literalmente comprando tiempo con dinero mediante la financierización, la globalización y el endeudamiento(4). La crisis de 2008 es el punto culminante de esta “transformación neoliberal” que según Streeck llevará a su implosión porque se han agotado los mecanismos (y el dinero) para “comprar tiempo”.

Los tres jinetes del apocalipsis son el estancamiento económico, la deuda pública (en particular la conversión del Estado deudor del neoliberalismo al Estado de consolidación de los años de la austeridad) y la desigualdad socio-económica. Estas tres crisis –tanto en su dimensión económica como política– se retroalimentan y profundizan las tendencias al colapso que se preanuncia en cinco síntomas mórbidos: estancamiento, redistribución oligárquica, saqueo del dominio público, corrupción y anarquía global producto de la crisis de hegemonía norteamericana, que agrega el dramatismo de la posibilidad de accidentes que escalen conflictos internacionales y emparente la situación con la de 1930, aunque aún no está planteado un enfrentamiento entre grandes potencias.

De esta fenomenología y lógica de la crisis de 2008 (o más precisamente de la disolución postergada del “capitalismo democrático”) surgen dos conclusiones interrelacionadas que alimentan la perspectiva de barbarie que sostiene Streeck.

La primera es que el capitalismo está muriendo a causa de su éxito, por una sobredosis de sí mismo. Y esta es una muerte lenta, por “miles de cortes”, es decir, por una acumulación de contradicciones que están llevando a una decadencia prolongada.

La segunda es que producto de su éxito, el capitalismo habría liquidado a su “sepulturero”: son los capitalistas y no el proletariado los que están cavando su propia fosa.

¿Staatsvolk vs. Markvolk?
La transformación “hayekiana” que implicó el neoliberalismo significó según Streeck el fin del matrimonio por conveniencia entre “capitalismo” y “democracia”, que solo fue posible en el período excepcional de la segunda posguerra. Aunque la ofensiva neoliberal extendió la democracia formal, lo hizo separándola completamente de la economía, en sus palabras, “deseconomizó la democracia” y “desdemocratizó el capitalismo” a través de sustraer sus instituciones de la presión democrático-electoral, lo que tiene su máxima expresión en la independencia de los bancos centrales. Junto con la globalización implicó una doble pérdida de soberanía del Estado-nación, por lo tanto de la “democracia” que solo puede ejercerse en el ámbito nacional.

Según Streeck estas condiciones configuran el modelo de lo que llama el “Estado deudor” (y posteriormente de consolidación o austeridad), cuya principal misión es recortar el gasto público y repagar la deuda a instituciones internacionales. Este Estado estaría entre “dos pueblos”: el llamado Staatsvolk, es decir, la ciudadanía del Estado-nación; y el Markvolk, literalmente el “pueblo del mercado” que sería internacional(5). El resultado de este proceso es la transformación del sistema político en un espectáculo, en una “post democracia”(6), no porque haya habido un putsch o golpe; de hecho se siguen realizando elecciones periódicas, pero la soberanía se ha desplazado de instituciones electas (gobiernos y parlamentos) a instituciones no electas trasnacionales. Son los “mercados”, no los electores, los que imponen la política a través de mecanismos extrapolíticos y antidemocráticos. Una vez más, la muestra acabada de este proceso es la Unión Europea y la troika (remember Grecia), tras el cual asoma el liderazgo hegemónico del imperialismo alemán. Pero la formulación del esquema de los “dos pueblos” resulta una simplificación insostenible, y quizás sea el aspecto más débil de la elaboración de Streeck.

Se trata de dos abstracciones: no solo el “mercado” no constituye un “pueblo” siquiera en sentido metafórico, sino que el Staatsvolk neutro que postula Streeck tampoco existe: existen las clases y fracciones de clase. Si bien Streeck reconoce que en última instancia el “mercado” también está en el “Estado”, es decir, que la burguesía existe como clase en las fronteras del Estado-nación, en su esquema los antagonismos y la lucha de clases no tienen ninguna centralidad y la contradicción principal es entre el Estado nacional y la globalización. De hecho plantea que esta nueva estructuración de la economía y la geopolítica internacional divide a los Estados en acreedores y deudores y los hace homogéneos en su estructura interna, difuminando los intereses antagónicos de explotados y explotadores. En última instancia, y ante la crisis de los partidos del “extremo centro”, esta es la sustancia sobre la cual se erigen los neopopulismos de extrema derecha y de izquierda que le han dado una voz de colaboración de clases a los perdedores de la globalización.

Interregnum, socialismo y barbarie
Entre la muerte no definitiva del “capitalismo globalizado” y la ausencia de una alternativa superadora, Streeck ve por delante un prolongado Interregnum plagado de fenómenos aberrantes, usando la célebre afirmación de Antonio Gramsci. Sin un proletariado que pueda llevar al socialismo el capitalismo colapsará por el peso de sus propias contradicciones, ni vivo ni muerto. En este Interregnum equivalente a la Edad oscura y caracterizado por la entropía social, un puñado de ricos se aislarán (incluso físicamente) de las mayorías empobrecidas, y en el marco de la ingobernabilidad harán su agosto señores de la guerra y dictadores... Más allá de la “poesía” Streeck no logra demostrar que el proletariado en todo el mundo ha sido barrido y reducido a “polvo social”, sencillamente porque no se corresponde con la realidad. Las huelgas con que la clase obrera griega intentó frenar el ajuste de la troika, las luchas y movilizaciones sindicales contra la reforma laboral en Francia, la existencia de sindicatos fuertes en varios países a pesar de la ofensiva neoliberal, desmienten la tesis sociológica y política fundamental de Streeck. Eso no quiere decir que no haya derrotas, pero si las hay es porque hay lucha de clases.

La tendencia al cesarismo y a la dominación más abiertamente despótica del capital no está en discusión. Fue lo que se puso de manifiesto con la crisis y es lo que muestra sin ir más lejos el gobierno de Trump, un bonapartismo débil surgido de la polarización social y las profundas divisiones del aparato estatal.

La utilización de las categorías de Gramsci es oportuna para definir la situación: efectivamente la crisis de 2008 ha abierto elementos de crisis orgánicas en los países centrales, expresados en la crisis de los partidos tradicionales. Pero esto no solo ha dado populismos burgueses que buscan capitalizar el descontento con demagogia nacionalista y xenófoba. Los nuevos fenómenos políticos como las decenas de miles de jóvenes que se sumaron a la campaña de Jeremy Corbyn en Gran Bretaña o a la campaña de Sanders en Estados Unidos, son muestras de que lo que prima es la polarización social y política. Streeck tiene razón cuando plantea su escepticismo no solo con respecto al reformismo socialdemócrata tradicional sino también de sus variantes neoreformistas, como Syriza y, nosotros agregaríamos, de los recambios como los de Corbyn o Sanders. Pero frente a estos nuevos gestionadores del capital, apenas propone “desglobalizar” el capitalismo y restaurar la soberanía del Estado-nación, un coqueteo peligroso con el nacionalismo que incluso ya le costó una polémica por sus posiciones cuestionables sobre la crisis de los refugiados en la Unión Europea(7).

Por último, Streeck plantea que el fin del capitalismo no puede ser “decretado” por algún “comité central leninista” y descarta la perspectiva socialista como una utopía, surgida de un supuesto “prejuicio marxista” (o más en general, moderno) según el cual el capitalismo solo terminará cuando haya listo un modelo superador, repitiendo sin mucha problematización la caricatura determinista del marxismo. Supuestamente para escapar de este determinismo, anuncia el fin del capitalismo sin asumir la responsabilidad política de qué lo reemplazará. Al final del día, en el esquema teórico-político de Streeck la barbarie actúa como “idea reguladora” a la manera que lo hacía el “socialismo” para el reformismo socialdemócrata, para sostener la nada novedosa política de la colaboración de clases dentro de las fronteras nacionales.
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Notas:
(1) Los conceptos aquí discutidos se encuentran desarrollados fundamentalmente en: W. Streeck, Comprando tiempo. La crisis pospuesta del capitalismo democrático, Buenos Aires, Katz Editores, 2016; How Will Capitalism End? Essays on a Failing System, Londres, Verso, 2016, y “El retorno de lo reprimido”, New Left Review (en español) N.° 104, mayo-junio de 2017.
(2) Gastón Gutiérrez y Paula Varela, “La democracia y su secreto. Reseña de Naturaleza y forma del Estado capitalista”, IdZ 33.
(3) Wolfgang Streeck, “How will capitalism end?”, New Left Review N.° 87, mayo-junio de 2014.
(4) Streeck sostiene que la Gran Recesión de 2008 es la última etapa de la crisis iniciada en la década de 1970, las tres anteriores son: la inflación de 1970, la deuda estatal de 1980 y la deuda privada de 1990-2000 que derivó en la crisis de las hipotecas subprime. Estas crisis fueron acompañadas por sucesivas transformaciones del Estado, que pasó de “Estado fiscal” a “Estado deudor” y finalmente a “Estado de consolidación”. Estos movimientos marcan el giro de la “soberanía nacional” hacia la “dependencia de los mercados internacionales”.
(5) El Staatsvolk abarca los siguiente términos: ciudadanos, nacional, derechos civiles, votantes, elecciones, opinión pública, lealtad, servicios de interés general. El Markvolk se emparenta con: internacional, inversores, demandas, acreedores, subastas, tasas de interés, “confianza”, servicio de la deuda. Ver: Wolfgang Streeck, “La reforma neoliberal: del Estado fiscal al Estado deudor”, en Comprando tiempo, ob. cit., pág. 85.
(6) La situación “postdemocrática” se corresponde a la famosa frase de Margaret Thatcher de que no hay alternativa al neoliberalismo (TINA, como se conoció por su sigla en inglés). Es similar al concepto de “postpolítica” de Chantal Mouffe, al de “extremo centro” de Tariq Ali y al “partido del cártel” de Peter Mair.
(7) Streeck denuncia correctamente que detrás de la política de Merkel durante la crisis de refugiados de la UE estaba el interés nacional alemán, pero llega a sugerir que sería democrático que los países de la UE discutieran la cuota de inmigrantes que estarían dispuestos a aceptar. Ver: Wolfgang Streeck, “Scenario for a Wonderful Tomorrow”, London Review of Books vol. 38, N.° 7, 31 de marzo de 2016.


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La censura política y las noticias falsas

Ven, 29/09/2017 - 16:39
“Un amplio abanico de sitios de izquierdas, progresistas y que se oponen a la guerra han visto caer su posicionamiento en el tráfico en los meses pasados”
A finales de julio de 2017, World Socialist Web Site -WSWS- denunció que desde abril recibían menos visitas en su portal, pues su sitio no aparecía en los resultados de búsqueda de Google. No era coincidencia. Otros portales de izquierda tampoco están entre los primeros resultados del buscador, reduciendo así su visibilidad.

Le está pasando esto a sitios como: Wikileaks, Alternet, Counterpunch, Global Research, Consortium News y Truthout. El director editorial, David North, de WSWS calificó esto como una censura política.

¿A qué se debe? Un buscador funciona con un algoritmo que examina la información en la Web y le arroja resultados al usuario. El algoritmo de Google contiene una serie de parámetros desconocidos y fijados por la empresa; esto hace que un resultado de una búsqueda pueda aparecer entre los primeros o últimos lugares. En abril de 2017, se anunció cambios en su servicio de búsqueda agregándole parámetros para identificar y no presentar sitios con información falsa y tergiversada.

Google, según Bloomberg News1, trabaja con The Washington Post y The New York Times para determinar qué sitios comparten noticias falsas. Sin embargo, el diario estadounidense fue criticado por promocionar una publicación de un grupo anónimo ProporNot. Este portal presenta informes en donde acusa a 200 sitios de emitir noticias falsas. A pesar de que Washinton Post publicó una nota editorial asegurando que no validaba el informe, 14 de estos sitios acusados en el informe no aparecen entre los primeros resultados de Google y están recibiendo menos visitas direccionadas desde este el buscador.

Se quiere garantizar la calidad de la información que consumen los usuarios. Pero se desconoce cómo catalogan ellos un sitio, a qué características debe responder para ser considerado como engañoso. Ciertamente, los portales con información alternativa están siendo silenciados por ofrecer puntos de vista diferentes.

Por su parte, Wikipedia ataca las noticias falsas creando un portal Wikitribune en donde se ofrecerán noticias verificadas. Será gestionado por periodistas voluntarios y no tendrá publicidad. Con los aportes de la comunidad y el trabajo periodístico se construirán relatos alternativos a las noticias falsas.

Como afirma Javier Tolcachier : “las proclamas constitutivas de las nuevas narraciones incluirán apartados referidos a la participación popular para refundar la democracia, los bienes comunes para acometer nuevos caminos en la economía, la ciudadanía universal y la redefinición del equilibrio medioambiental para evitar la depredación irracional”2. La única forma de construir discursos alternativos es mediante la participación ciudadana y la democratización de todo tipo de conocimiento.
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Tomado de Alai
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Haití: de la colonización francesa a la esclavitud económica de la deuda

Xov, 28/09/2017 - 15:16

Jérôme Duval, El Salto

La pobreza de los países colonizados se vio en gran medida aumentada por una transferencia de deuda. Las deudas contraídas por las potencias coloniales con el Banco Mundial (BM), para sacar mayor partido a estas, fueron luego transferidas, sin su consentimiento, a los países colonizados que se ganaron su independencia. Constituyen un caso de deuda odiosa, así como las deudas contraídas para pagar y refinanciar esas deudas.

Haití es acreedor de Francia
En la noche del 22 al 23 de agosto de 1791 en Santo Domingo, antiguo nombre de Haití, 50.000 esclavos se levantaron simultáneamente en una insurrección armada, impulsando un largo proceso que condujo a que el día 29 de agosto de 1793 sucediera la primera abolición de la esclavitud en la historia y la proclamación de la independencia. Santo Domingo, entonces rebautizado como Haití, se convirtió en 1804 en la primera república negra independiente, un caso único en la historia de una revuelta de esclavos que dio origen a un Estado.

Probablemente Francia nunca haya perdonado esa insurrección, que le hizo perder abundantes ingresos de su sistema de esclavitud y de la destrucción de miles de plantaciones de azúcar y café. Haití pagó un precio muy alto: en 1825, se vio obligado a pagar a Francia 150 millones de francos para compensar, por sus pérdidas, a los antiguos colonos que habían dominado a los esclavos, a cambio del reconocimiento de su existencia como nación-estado independiente. La sanción se impuso bajo la amenaza de una invasión militar: el 17 de abril de 1825, una flota de 14 barcos de guerra se amontonaron en la costa de Puerto Príncipe, lista para intervenir, y dejaba entrever una posible restauración de la esclavitud en caso de insubordinación.

Este pago extorsionado al pueblo haitiano por haberse atrevido a lograr la independencia fue renegociado trece años más tarde, en 1838, rebajado la cantidad a 90 millones, tras un escandaloso "Tratado de Amistad". Dentada a soplar generaciones bajo el peso de una deuda ilegítima, Haití, que luchó durante muchos años por liberarse de la tutela y la esclavitud francesas, pagó la sanción a sus antiguos colonos desde 1825 a 1883. Hasta el último centavo.

Louis-Georges Tin, presidente del Consejo Representativo de Asociaciones Negras (CRAN), dijo: "El dinero debe ir al estado haitiano y a la sociedad civil haitiana. Ha llegado el momento de reparar esta doble pena sufrida por la isla, la esclavitud y el rescate. La indigencia de Haití se debe al pago de 90 millones de francos, lo que obligó al país a endeudarse durante década".

Sin disculpas, sin reparación, sin restitución, sin molestias
En abril de 2003, con ocasión del bicentenario de la muerte de Toussaint-Louverture, el presidente Jean-Bertrand Aristide afirmó que Francia es la deudora de Haití, y no al revés. Exigió "restitución y reparación" por los daños causados por la esclavitud y por la sanción exigida en 1825. Reclamó 21.000 millones de dólares a Francia, el valor capitalizado de los 90 millones de francos de oro pagados en aquel entonces. Pero, tras la intervención política y militar franco-americana que condujo al derrocamiento de Aristide en febrero de 2004, los diversos regímenes que se sucederán a la cabeza del Estado, abandonarán la pretensión de restitución del dinero a Francia.

No fue hasta el terremoto del 12 de enero de 2010, donde al menos 250.000 personas murieron y cerca de 1,3 millones de personas se quedaron sin hogar, que un presidente francés decidió pisar el territorio de su antigua colonia por primera vez desde la independencia en 1804. Un mes después del terremoto, Nicolas Sarkozy finalmente hizo una visita rápida de cuatro horas. Se trató de una oportunidad perfecta para rendir homenaje al sector privado francés, alabando a Suez y Veolia, que "repararon las cañerías" o a EDF, que "restauraron el alumbrado público". Se anunció unas ayudas de unos 326 millones de euros. De esta cantidad, 56 millones de dólares no se moverán, ya que se usan para cancelar la deuda bilateral que la isla tiene con Francia. La generosa declaración de cancelación de la deuda emitida por Sarkozy como respuesta al desastre no es nada nuevo, ya que se trata de una decisión que data de julio de 2009, después de que Haití alcanzara el punto de culminación de la Iniciativa ampliada en favor de los países pobres muy endeudados (PPME), el 30 de junio de 2009. Por su parte, el Banco Mundial, no cancela el reembolso de 38 millones de dólares, sino que sólo lo suspende durante cinco años. El Fondo Monetario Internacional decide conceder una "ayuda" de 100 millones de dólares en forma de préstamo, que no devenga intereses pero que deberá reembolsarse. Ayudas que están muy lejos de los 21.000 millones de dólares reclamados por Aristide y los movimientos sociales como la Plataforma Haitiana para el Desarrollo Alternativo (PAPDA) y está muy lejos de satisfacer las necesidades de Haití.

No se ha hecho nada al respecto desde entonces. Francia sigue negándose a devolver la deuda histórica de Haití. El país que ahora preside Macron, tiene una gran responsabilidad en la situación económica de Haité y en el estado de pobreza en el que su población se encuentra. Por ejemplo, cuando concedió refugio al ex-dictador Jean Claude Duvalier, exiliado en la Riviera Francesa después de 29 años de dictadura, entre padre e hijo, con una fortuna de 900 millones de dólares robados al Estado haitiano. Cantidad superior a la deuda externa del país.

Mentira y aberración de la "deuda moral" de Hollande
Sin duda, no es casualidad que hasta más de dos siglos después de la independencia de la isla no haya sido necesario realizar el primer viaje oficial de un jefe de Estado francés a Haití. La visita del Presidente François Hollande, el 12 de mayo de 2015, fue acogida con satisfacción por los manifestantes que exigían "reparación" y "restitución", por parte de Francia, de la cantidad pagada por el país para obtener su independencia.

Las palabras "Hollande, dinero, sí, moralidad, no" se podían leer en las pancartas, refiriéndose al discurso pronunciado unos días antes por el jefe de Estado, que visitó Guadalupe el 10 de mayo. Hollande había declarado anteriormente: "Cuando llegue a Haití, pagaré la deuda que debemos”, lo cual levantó muchas esperanzas. Pero en realidad, Hollande hablaba sólo de "deuda moral" y no de la restitución de los miles de millones que Haití pagó a Francia. Como Louis-Georges Tin, también autor de Slavery and Reparations, expresó: "El arrepentimiento es un asunto moral o religioso; la reparación es un problema económico y político". Francia también tiene una deuda con Haití. Esta deuda es un caso único en la historia. Es la única vez que los ganadores han rendido tributo a los vencidos. Preferimos pedir a la gente que haga caridad y se olvide de los problemas del pasado, en lugar de comprender finalmente que Haití no está endeudado, sino que es un acreedor. Este rescate, pagado a lo largo del siglo XIX, es precisamente de lo que debemos hablar, ya que ha entorpecido la economía haitiana, ha estrangulado su desarrollo y sigue amenazando su futuro.

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Aumentan la pobreza y la desigualdad en España según se avecina referéndum de independencia

Xov, 28/09/2017 - 02:01
James Lerner, wsws

El empeoramiento de la crisis social en España ha sido prácticamente ignorado durante el período previo al referéndum del 1 de octubre de independencia catalana.

Las cifras oficiales del Gobierno español para el mes de agosto muestran un mayor aumento del desempleo, señalando una desaceleración del crecimiento económico y apuntando hacia un crecimiento de la desigualdad social.

Unas 46 000 personas se unieron a las filas de los desempleados en agosto, terminando seis meses de cifras de desempleo ligeramente en declive. El número de trabajadores que aportan impuestos sobre la nómina a la seguridad social se desplomó en 179 000.

La tasa de desempleo en España es del 17,8 por ciento, la segunda más alta de la Unión Europea (UE) después de Grecia (22,5 por ciento). El número de jóvenes menores de 25 años sin trabajo es del 38,6 por ciento (frente al 44,4 por ciento de Grecia).

El Gobierno del Partido Popular (PP) atribuye el aumento del desempleo a factores estacionales, mayormente el final de la temporada turística.

"Agosto es un mes de tránsito en el que se extinguen ciertas actividades marcadas por el calendario estival, mientras aún no se ha reanudado la actividad en sectores que tradicionalmente sufren un parón de verano (construcción, industria)", afirmó Tomás Burgos, secretario de Estado de la Seguridad Social.

Sin embargo, el aumento del paro fue el más alto desde el mes de agosto del 2008, en lo peor de la crisis económica mundial.

Además, las cifras oficiales de desempleo son un pobre reflejo de la situación real que enfrentan los trabajadores, particularmente a medida que un número cada vez mayor, especialmente los desempleados de larga duración, abandonan el mercado laboral, dejando de buscar trabajo activamente.

Una cuarta parte de los desempleados no ha tenido un empleo durante al menos cuatro años.

Por encima de esto, están las personas que han emigrado al extranjero en busca de trabajo, que omiten las estadísticas oficiales. De las cifras del registro consulados, casi 2,5 millones de trabajadores y jóvenes están registrados como residentes fuera de España. Hay cientos de miles más que no se registran.

Al mismo tiempo, se está intensificando una redistribución masiva de la riqueza e ingresos hacia algunos de los mayores bancos y fortunas privadas de Europa como consecuencia directa de la contrarrevolución social perseguida por los principales partidos de la burguesía española, el PP y el Partido Socialista (PSOE) desde el colapso financiero del 2008.

Un informe basado en la recopilación de registros fiscales muestra que, en apenas cuatro años, entre el 2011 y el 2015, el número de personas ricas —que poseen por lo menos €700 000 en activos— aumentó en nada menos que 44 por ciento, unas 58 000 personas más. Alrededor del 0,4 por ciento de la población posee ahora la mitad de la riqueza en España. Se han beneficiado del rescate bancario de €57 000 millones de euros, de los que sólo se han recuperado cuatro mil millones.

El resultado de este prolongado ataque contra los salarios, las condiciones laborales y los beneficios sociales es que la mitad de los hogares en España tiene ingresos inferiores o en riesgo de caer por debajo del nivel oficial de la pobreza (€8010 para un soltero individual y €16 823 para dos adultos y dos niños) o de exclusión social. El número de trabajadores y jóvenes con ingresos inferiores a €6.000 euros al año ha aumentado en 1,4 millones en los últimos cinco años, a un total de 5,4 millones.

Entre el 2012 y 2015, los frecuentes recortes y los cada vez más estrictos requisitos para recibir asignaciones por desempleo y asistencia social han resultado en una caída de no menos del 41 por ciento en dichos gastos y un recorte del 31 por ciento en el número de trabajadores desempleados beneficiarios.

Cada vez más hogares están sin ninguna fuente de ingreso aparte de las pensiones de los abuelos. Estas familias dependen de sus parientes mayores para costear comidas, el cuidado de los niños y otros gastos.

El alza del desempleo en España está intersectando otras políticas de la burguesía que han profundizado la miseria y desigualdad en el país.

Una de estas políticas es el uso de contratos temporales para mantener un gran grupo de trabajadores en un estado precario de existencia como instrumentos desechables de los empresarios. Por ejemplo, más del 92 por ciento de los contratos firmados en agosto eran temporales. Para una amplia capa de la clase trabajadora, especialmente los jóvenes, un contrato de trabajo permanente se ha convertido en una rareza, casi como ganarse la lotería.

España tiene la tercera tasa más alta de empleo temporal de todos los países de la OCDE, conformando un 26,1 por ciento de la fuerza laboral, tan sólo detrás de Polonia y Colombia.

Para los que están atrapados en el mundo del trabajo temporal, un contrato no proporciona seguridad, ya que los términos de referencia han reducido sus plazos a pocos meses, incluso semanas o días. Una consecuencia de esta mayor precariedad laboral es el aumento del 8,4 por ciento a un total de 300 muertes por accidentes en el trabajo durante el primer semestre de este año, en comparación con dicho periodo del 2016.

El efecto en los niños ha sido devastador. La UNICEF reportó recientemente que España tiene el tercer nivel más alto de pobreza infantil en toda Europa, detrás de Rumanía y Grecia. Alrededor del 40 por ciento de los niños vivían por debajo de la línea oficial de la pobreza en 2014, nueve puntos porcentuales más que en el 2008.

La fuente de este calamitoso derrumbe de la posición social de la clase obrera es la ruptura del orden económico y político de la posguerra, que también ha dado lugar al crecimiento del nacionalismo y del separatismo. En España, el sistema bipartidista se ha derrumbado y se han fortalecido las demandas de independencia regional, sobre todo en Cataluña.

El tema crítico en estos desarrollos es la movilización independiente de la clase obrera en oposición a las élites gobernantes de España, Cataluña y Europa.

El crecimiento del separatismo, expresado en el referéndum de la independencia catalana del 1 de octubre, es un desarrollo retrógrado que atraviesa la lucha crítica para unir a la clase obrera en oposición a la contrarrevolución social llevada a cabo por España y Cataluña bajo los auspicios de la UE.

La lucha por la independencia catalana está ligada a un intento de las capas burguesas y de la clase media alta en las regiones más prósperas de España para explotar su posición económica ya privilegiada. Una de sus principales quejas es que no quieren que los impuestos recaudados allí subvencionen a las regiones más pobres de España.

El papel de las organizaciones de pseudoizquierda como la CUP es desviar el descontento social, especialmente entre los jóvenes, hacia vías nacionalistas, dividiendo así a la clase obrera española contra sí misma y en apoyo a una u otra facción rival de la burguesía.
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Desastres naturales y jerarquías de dominación

Mér, 27/09/2017 - 14:39

Alejandro Nadal, La Jornada

En el año 464 antes de la era presente, un terremoto arrasó la ciudad-estado de Esparta y mató a 20 mil personas. Estudios modernos estiman que el movimiento telúrico fue de 7.4 en la escala de Richter. La catástrofe fue aprovechada por la población de ilotas, los siervos de Esparta, para alzarse en rebelión. Los ilotas no eran esclavos, pertenecían al Estado y debían trabajar la tierra a la que estaban adscritos bajo la supervisión y a las órdenes de los espartanos.

A medida que había crecido la población de ilotas, el miedo de los espartanos fue aumentando. El maltrato, la intimidación y los rituales de masacres anuales se volvieron comunes para someterlos. Así que cuando sobreviene el terremoto y los ilotas se rebelan, los espartanos no titubearon en recurrir a sus archi-rivales en Atenas para pedir ayuda en sus esfuerzos por sofocar la sublevación. Según Tucídides, los malentendidos que siguieron entre Esparta y Atenas fueron una de las causas más importantes de las guerras del Peloponeso que habrían de durar más de 21 años.

La lección de esta historia es muy importante. Lo que realmente inquieta al poder cuando sobreviene un desastre natural es el desorden social. A las rutinas de la dominación habitual se opone ahora, de pronto, lo accidental y el mundo de lo contingente. Ahora los dominados pueden erigirse en seres independientes y tomar conciencia de que las estructuras de dominación/subordinación son efímeras y frágiles. Los dominantes pierden su lugar en la cima de la jerarquía que se ha colapsado. En el ámbito de lo imprevisto se afirma la oportunidad de cambio para las clases oprimidas.

En otras palabras, no son los peligros para la población lo que preocupa al poder, aunque los vulnerables puedan morir o perder su casa. Lo que realmente le inquieta del desastre natural es su ingrediente subversivo. Los espartanos lo tenían claro: la reconstrucción de la ciudad se llevará a cabo después y una vez que se regrese al orden social que existía antes de la catástrofe.

Cuando el desastre perturba la jerarquía social existente, se puede utilizar la nomenclatura de la cultura de la protección civil. Con la varita mágica del vocabulario, se puede convertir a los abandonados de ayer en los damnificados de hoy. Se busca restablecer el orden social asignando papeles a cada grupo: los pobres serán de ahora en adelante, vulnerables y damnificados. Lo más apremiante no son sus necesidades y heridas. Lo principal es regresarlos a la rutina de la subordinación.

Así se pierde la posibilidad de usar el mejor recurso disponible para enfrentar los desastres naturales: la propia población afectada. Esto es algo reconocido en los mejores análisis sobre los efectos y prevención de desastres. Hay tres razones por las que la población afectada por un desastre natural es el recurso más importante para prevenir y reducir los daños de un desastre natural. Primero, ya está en el lugar de los acontecimientos: puede vigilar, prevenir y, sobre todo, no necesita esperar a que llegue la ayuda. Segundo, esa población conoce mejor que nadie el terreno sobre el cual ocurrieron los hechos, llámese sismo o huracán. Sabe de primera mano cuáles son los caminos alternativos para llevar ayuda y está al tanto de los lugares en los que puede refugiarse la población para mitigar los daños. Tercero, después del trauma inmediato del desastre, la población dañada y sus amigos y familias van a permanecer en el lugar afectado. A pesar de lo largo y penoso de la reconstrucción, no se va a cansar, no presentará el síndrome de la fatiga y no se va a retirar.

En síntesis, la población afectada tiene un grado de compromiso con la recuperación superior al de cualquier autoridad que aparece en la estela de un desastre natural. Eso explica por qué surgen tensiones entre los equipos de rescatistas locales y voluntarios, por una parte, y las autoridades que llegan desde el exterior a la comunidad.

Pero para que la población pueda efectivamente convertirse en ese recurso y tenga la capacidad de enfrentar el desastre, se necesita que esté permanentemente movilizada y que disponga de instrumentos y herramientas adecuadas, equipos de comunicación y generación de energía, entrenamiento, simulacros, sus propias rutinas de inspecciones y protocolos para enfrentar la emergencia. Todo esto, por cierto, requiere un presupuesto adecuado a nivel federal y estatal.

La población, organizada a nivel de manzana o barrios, debería también poder participar y supervisar el proceso de toma de decisiones sobre uso de suelo y reglamentos de construcción. ¿Estarán las autoridades federales y las de la Ciudad de México dispuestas a aceptar este tipo de movilización y participación de la población? No lo creo. Entonces la siguiente pregunta es si la sociedad tiene hoy la capacidad de organizarse para recuperar su derecho a decidir sobre su propio destino. ¿Tendrá la lucidez de rechazar el regreso a esa normalidad de los 43 estudiantes desparecidos de Ayotzinapa y la del homicidio industrial de las obreras de la calle de Chimalpopoca?
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Pasos hacia la "despetrodolarización"

Mar, 26/09/2017 - 12:45

Hedelberto López Blanch, Rebelión

La proliferación de la política norteamericana de imponer sanciones económicas a los países que no le son afines se ha convertido en un arma de doble filo para la preservación del dólar como la principal moneda de reserva internacional.

Como expresa un viejo refrán: a grandes males, grandes remedios, y eso es lo que han estado haciendo varias naciones emergentes y en desarrollo cuya última acción fue anunciada por el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, al notificar el pasado 8 de septiembre que su Gobierno venderá petróleo y otros productos en monedas distintas al dólar, en un esfuerzo para hacer frente a las restricciones financieras impuestas por Estados Unidos.

La obsesión estadounidense por derrocar a la Revolución Bolivariana le ha llevado a imponer numerosas sanciones contra Caracas para perjudicar su producción petrolera y por ende su economía, además de impulsar acciones terroristas y desestabilizadoras con la utilización de las fuerzas de derecha opositoras de esa nación.

En su alocución ante la televisión, Maduro informó de que comenzarán la venta de petróleo, gas, oro y todos los productos que vende el país con nuevas monedas, entre las cuales están el yuan chino, el yen japonés, el rublo ruso y la rupia india.

La nación sudamericana siempre ha reportado semanalmente en dólares el precio promedio de su cesta de crudos y productos, pero ya en la semana del 11 al 15 de septiembre el Ministerio del Petróleo presentó el valor en yuanes, 306.26 en la moneda china, equivalente a 46.76 dólares por barril (dpb) y proporcionó un tipo de cambio de referencia para hacer la conversión a dólares.

Tras las sanciones impuestas por Washington, como si fuera el regente del mundo, los bancos estadounidenses han rehusado recibir fondos públicos para pagos de importaciones o servicio de deuda y además Venezuela ha tenido dificultades para vender y cobrar sus barriles de petróleo, la mayor fuente de ingresos del país.

Los economistas consideran que el petrodólar es más importante para la dominación global estadounidense que la exportación de armas o la cultura hollywoodense, porque permite que Washington sea el mayor exportador de billetes de dólares, los que el mundo necesita para comprar petróleo.

La historia comienza desde los acuerdos de Bretton Woods, en 1944, cuando el oro era el sistema monetario basado en una cantidad fija de reservas del metal dorado almacenadas en bancos nacionales, lo cual limitaba los préstamos. Por entonces, Washington poseía el 70 % de las reservas del mundo, excluyendo a la ex Unión Soviética, y logró que el billete verde se estableciera como moneda de reserva en el orbe.

En los años 70 el dólar sufrió una dramática caída debido al crecimiento económico de Alemania y Japón y a la reticencia de Estados Unidos de ajustar sus políticas económicas para mantener el equilibrio dólar-oro.

En 1973, bajo el mandato de Richard Nixon, Estados Unidos logró que el rey Faisal de Arabia Saudita aceptara el pago en dólares por el petróleo que exportaba y que invirtiera los beneficios en bonos y letras de cambio del Tesoro estadounidense. A la par, Washington protegería a Riad de cualquier hipotética agresión.

Además, la administración de Nixon, separó el dólar de sus reservas de oro y comenzó a imprimir a diestra y siniestra su moneda con la cual inundó al mundo, sin que ésta tenga un valor real respaldada con las riquezas del país emisor.

Para 1975, todos los miembros de la OPEP acordaron cobrar su petróleo únicamente en dólares mientras los importadores de crudo debieron acumular sus excedentes comerciales en esa moneda, con el fin de comprar petróleo.

Con la abrupta demanda, el dólar se fortaleció, mientras los países productores del Golfo ponían sus excedentes del billete verde en obligaciones del Tesoro estadounidense lo cual posibilitaba un aumento considerable en su gasto público. Washington imprime desde entonces grandes cantidades de moneda sin tener un respaldo en oro.

La bonanza fue grande, y uno de sus resultados es que la actual deuda externa sobrepasa los 20 billones de dólares por lo que para mantener sus enormes importaciones, necesita la llegada diaria de miles de millones de dólares procedentes de China, (mayor acreedor de títulos del Tesoro público de Estados Unidos) las monarquías árabes, Japón y Corea del Sur.

Importante resultó que el Fondo Monetario Internacional (FMI) aceptara el yuan chino como moneda de reserva internacional a la par que el gigante asiático extiende sus intercambios comerciales en esa y otras divisas con Rusia, Irán, India y varias naciones asiáticas, europeas y latinoamericanas.

Rusia, desde antes de las sanciones norteamericanas en su contra, ya estaba adaptando sus bancos para no utilizar en sus transacciones al dólar.

Irán desde hace meses renunció a utilizar el billete verde en su comercio exterior. Kazajistán ha encargado recientemente al Banco Nacional la desdolarización de la economía de su país.

Hay que reconocer que la jugada venezolana es valiente y peligrosa pues todo país que luche contra el dólar es considerado una amenaza directa a la hegemonía económica estadounidense, y sus élites (empezando por el mandatario Donald Trump) intentarán resistir como sea este proceso.

Recordemos que una de las causas por las que el líder libio Muammar al-Gaddafi resultó derrocado y asesinado brutalmente en 2011 fue luego de decidir vender petróleo mediante un denominado dinar de oro para reemplazar al dólar y el euro.

Aunque la "despetrodolarización" se encuentre en constante jaque, los pueblos del mundo deberán estar alertas para que en Caracas no ocurra lo mismo que sucedió en Trípoli.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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