Jaque al neoliberalismo

Distribuir contido
Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger5483125
Actualizado: fai 19 horas 15 min

Joseph Stiglitz y la necesidad de un estado de derecho para la deuda soberana

Xov, 18/06/2015 - 16:13
Joseph Stiglitz y Martin Guzman, Project Syndicate

Los gobiernos a veces tienen que reestructurar sus deudas. De lo contrario, la estabilidad económica y política de un país puede verse amenazada. Pero, en ausencia de un estado de derecho a nivel internacional para resolver las moratorias soberanas, el mundo paga un precio más alto del que debería para tales reestructuraciones. El resultado es un mercado de deuda soberana que funciona deficientemente, marcado por disensos innecesarios y demoras costosas en el abordaje de problemas cuando estos surgen.

Nos enfrentamos a recordatorios de esta situación, una y otra vez. En Argentina, son las batallas que libran las autoridades con un pequeño número de “inversores” (los llamados fondos buitres) que ponen en peligro la reestructuración de la totalidad de la deuda que fue acordada – voluntariamente – por una abrumadora mayoría de los acreedores del país. En Grecia, la mayor parte de los fondos de “rescate” de los programas temporales de “asistencia” se asignan para pagos a acreedores existentes, mientras que se obliga al país a adherirse a políticas de austeridad que han contribuido poderosamente a la disminución del 25% del PIB y han dejado a su población en peor situación. En Ucrania, las posibles ramificaciones políticas de las dificultades con la deuda soberana son enormes.

Por lo tanto, la pregunta sobre cómo gestionar la reestructuración de la deuda soberana – para reducir la deuda a niveles que sean sostenibles – es más apremiante que nunca. El sistema actual confía demasiado en las “virtudes” de los mercados. De manera general, las disputas no se resuelven sobre la base de reglas que garantizan una resolución justa, sino que se resuelven mediante la negociación entre desiguales, en la que los ricos y poderosos suelen imponer su voluntad a los demás. Generalmente, los resultados consiguientes no sólo son desiguales, sino que también son ineficientes.

Aquellos que afirman que el sistema funciona bien, encuadran a casos como los de Argentina dentro de las excepciones. La mayoría de las veces, según lo que ellos afirman, el sistema funciona óptimamente. Lo que ellos quieren decir, por supuesto, es que los países débiles por lo general se subyugan. Sin embargo, cuando esto ocurre, ¿cuál es el costo para sus ciudadanos?, ¿cuán bien funcionan las reestructuraciones?, ¿se ha logrado establecer al país en una trayectoria sostenible en cuanto a su deuda? Con demasiada frecuencia, debido a que los defensores del statu quo no se formulan estas preguntas, las crisis de la deuda ocurren una tras otra.

La reestructuración de la deuda de Grecia en el año 2012 es un ejemplo de ello. El país actuó de acuerdo con las “reglas” de los mercados financieros y se las arregló para finalizar la reestructuración rápidamente; sin embargo, el acuerdo fue malo y no ayudó a que la economía se recupere. Tres años más tarde, Grecia necesita urgentemente una nueva reestructuración.

Los deudores en dificultades necesitan un nuevo comienzo. Las sanciones excesivas llevan a juegos de suma negativa, en los que el deudor no puede recuperarse y los acreedores no se benefician de una mayor capacidad de pago que trae consigo una recuperación.

La ausencia de un estado de derecho para la reestructuración de la deuda retrasa nuevos comienzos y puede conducir al caos. Es por eso que ningún gobierno deja a la suerte de las fuerzas del mercado la reestructuración de las deudas internas. Todos los gobiernos han llegado a la conclusión de que los “remedios contractuales” simplemente no son suficientes. En lugar de ello, promulgaron leyes de quiebra que proporcionan normas básicas para la negociación entre acreedores y deudores, promoviendo así la eficiencia y la equidad.

Las reestructuraciones de deuda soberana son aún más complicadas que una quiebra interna, ya que están plagadas por problemas de múltiples jurisdicciones, demandantes tanto implícitos como explícitos, y activos mal definidos a los cuales los demandantes pueden recurrir. Por esta razón creemos que la aseveración de algunos – incluyéndose entre ellos al Tesoro de Estados Unidos – sobre que no existe una necesidad de un estado de derecho a nivel internacional es tan sorprendente.

Sin lugar a duda, puede que no sea posible establecer un código internacional sobre quiebra que sea total; pero, sí se puede alcanzar un consenso sobre muchos temas. Por ejemplo, un nuevo marco debería incluir cláusulas que prevén aplazamientos de litigios mientras se lleven a cabo reestructuraciones, limitándose así el ámbito para que se desarrollen conductas perturbadoraspor parte de los fondos buitre.

También debería contener provisiones para situaciones de atrasos en préstamos: los prestamistas que estén dispuestos a otorgar créditos a un país que atraviesa por una reestructuración recibirían tratamiento prioritario. Tales prestamistas tendrían, por lo tanto, un incentivo para proporcionar a los países recursos frescos, cuando dichos países más los necesitan.

También debería haber un acuerdo sobre que ningún país puede renunciar a sus derechos básicos. No puede haber una renuncia voluntaria de la inmunidad soberana, de la misma forma que ninguna persona puede venderse a sí misma como esclavo. Asimismo, debería haber límites relativos a la medida en la que un gobierno democrático puede comprometer de manera vinculante a los gobiernos posteriores.

Lo antedicho es particularmente importante debido a la tendencia que tienen los mercados financieros en cuanto a inducir a políticos miopes para que aflojen las restricciones presupuestarias actuales, o para que se realicen préstamos, a expensas de las generaciones futuras, a gobiernos que son patentemente corruptos, tal como ocurrió en el caso del ya derrotado régimen de Yanukóvich en Ucrania. Dicha limitación mejoraría el funcionamiento de los mercados de deuda soberana al inducir a una mayor investigación previa o due diligence con respecto a la actividad crediticia.

Un marco de “leyes blandas”, que contenga estas características y que sea implementado a través de una comisión de supervisión que actúe como mediadora y supervisora del proceso de reestructuración, podría resolver algunas de las ineficiencias e injusticias de hoy en día. Sin embargo, si el marco debe ser consensual, su aplicación no debería basarse en una institución que esté ligada de manera demasiado estrecha con uno u otro lado del mercado.

Esto significa que la regulación de la reestructuración de la deuda soberana no puede tener su sede en el Fondo Monetario Internacional, institución que está vinculada de manera demasiado estrecha con los acreedores (además, esta institución es también acreedora por cuenta propia). Para minimizar la posibilidad de conflictos de intereses, el marco podría ser implementado por las Naciones Unidas, una institución más representativa que está liderando iniciativas en este tema, o por una nueva institución mundial, tal como ya se sugirió en el Informe Stiglitz sobre Reformas del Sistema Monetario y Financiero Internacional.

La crisis en Europa es sólo el ejemplo más reciente de los altos costos – para acreedores y deudores por igual – que conlleva la ausencia de un estado de derecho a nivel internacional para resolver las crisis de deudas soberanas. Tales crisis seguirán ocurriendo. Si la globalización va a funcionar para todos los países, las reglas para la actividad crediticia soberana deben cambiar. Las modestas reformas que proponemos se constituyen en el punto de partida correcto.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Europa debe hacer frente a la inminente reestructuración de la deuda griega

Xov, 18/06/2015 - 15:10

El sistema financiero griego está a punto de implosionar por completo y esto significará el inevitable impago de la deuda soberana griega, como confirmó ayer el Banco Central de Grecia, lo que puede significar la salida del país Heleno de la zona euro. El fantasma de este acontecimiento ha acorralado a Europa para mantener a Grecia en la zona euro a toda costa, y en este juego forzado los líderes de la troika han vivido su día de la marmota desde al año 2010. En estos cinco años la troika ha elaborado numerosas cabriolas para reducir la tensión de la crisis griega, pero todo ha sido externo y artificial. Nada ha llegado a la raiz del problema. La deuda griega, impagable, ha sido justamente el tema más esquivado por los líderes europeos. Y Alemania ha carecido de la voluntad para resarcir a Grecia con las reparaciones de guerra que el nazismo provocó cen la ocupación la segunda guerra mundial.

Leer másUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

¿Representan los gobernantes a los gobernados?

Mér, 17/06/2015 - 15:30
Vicenç Navarro, Público.es

En el discurso oficial reproducido en los mayores medios de información del mundo occidental, democracia es aquel sistema político en el que es la ciudadanía la que, a través del sistema representativo, escoge a sus gobernantes para que, en su nombre, gobiernen el país, aplicando las medidas que la población desee. Ahora bien, lo que está ocurriendo en gran parte de los países de este mismo mundo occidental es que la distancia entre lo que la mayoría de la población desea y lo que el gobierno lleva a cabo es cada vez mayor. Es decir, que la distancia entre lo que los gobernantes hacen y lo que los gobernados –teóricamente la fuente de autoridad de los primeros- desean es cada vez mayor. En realidad, en muchas ocasiones hacen precisamente lo contrario. La evidencia de que ello es así es contundente.

Veamos los datos y analicemos lo que ocurre, por ejemplo, en el sistema democrático de EEUU, presentado por muchos liberales como el modelo democrático por excelencia. Leyendo las declaraciones de los dirigentes de aquel país (que constantemente dan lecciones de democracia a otros países, incluso sancionando a algunos por su supuesta falta de democracia), EEUU es un faro que ilumina al mundo en la navegación hacia un sistema en el que la soberanía derive del pueblo, principio que retóricamente aparece en todas (repito, todas) las Constituciones de los países que se definen como democráticos. La propia Constitución estadounidense comienza con la espléndida frase de que “nosotros, el pueblo, decidimos…”(“We, the people, decide…”), frase de la narrativa oficial que entra en clara contradicción con la realidad, que muestra que, en verdad, el pueblo decide muy poco.

Veamos primero qué es lo que los gobernados desean. Según las recientes encuestas del New York Times y de la cadena de televisión CBS, publicadas recientemente por tal rotativo (“Inequality Troubles Americans Across Party Lines”) hace dos semanas, la población en EEUU cree, por amplia mayoría (que va del 66% al 85% de la ciudadanía), que 1) en EEUU las desigualdades de rentas y de riqueza son excesivas; 2) el sistema económico vigente es injusto; 3) el gobierno debería reducir tales desigualdades; 4) las grandes empresas (large corporations) tienen excesiva influencia en las instituciones políticas y representativas del país; 5) el gobierno debería gravar las grandes fortunas mucho más de lo que lo hace; 6) el gobierno debería proteger a los trabajadores mucho más de lo que lo hace, promoviendo sus derechos laborales; 7) se debería establecer un salario y/o compensaciones máximas a los ejecutivos de las grandes empresas, que limiten las enormes desigualdades existentes entre las élites gerenciales y directores, por un lado, y el resto de la fuerza laboral, por el otro; 8) el gobierno debería regular el comercio, incluyendo el internacional, que afecta negativamente el bienestar de los trabajadores; 9) los tratados de libre comercio deberían dejar de favorecer a las grandes empresas a costa de las medianas y pequeñas empresas y de los consumidores; y 10) el Congreso y el gobierno federal de EEUU deberían dejar de favorecer a los intereses de las grandes corporaciones a costa de los intereses de la ciudadanía en general. Hasta aquí lo que los gobernados desearían que los gobernantes hicieran. Le podrá sorprender al lector que este sentir sea bastante generalizado en un gran número de países democráticos, incluida España. La diferencia es que en algunos países se le pregunta a la ciudadanía este tipo de información, y en otros no. En España, debido al enorme dominio de los medios por parte de los conservadores y liberales, tales preguntas raramente se hacen en las encuestas. Pero las pocas que existen confirman que, en general, la opinión de la ciudadanía es muy semejante a la que muestra la ciudadanía estadounidense al otro lado del Atlántico.

Lo que los gobernantes hacen Veamos ahora lo que los gobernantes han estado haciendo, y veremos que las políticas públicas aprobadas y llevadas a cabo por el gobierno federal y el Congreso de EEUU han sido una de las mayores causas del crecimiento de las desigualdades en EEUU (lo mismo, por cierto, ocurre en España). La Agencia Tributaria de EEUU (IRS) acaba de publicar un informe (citado en “Who Pays Taxes in the U.S.? Everyone but the Super-Rich”, Truthout, 05.06.15) que muestra cómo los más ricos entre los super-ricos, es decir, los más ricos entre el 1% más rico del país (que ingresan 62 millones de dólares al año) pagan proporcionalmente menos en impuestos (nominalmente el 20% de sus ingresos) que las familias que reciben más dinero en la mitad inferior de la población estadounidense (36.000 dólares), que pagan el 28%. Esta desigualdad ha alcanzado incluso mayores niveles durante la crisis actual, en la que el 1% de renta superior ha absorbido el 95% de todo el crecimiento de la renta nacional (“Paul Street: Privilege-Serving Story Placement”, ZNet Articles, 07.06.15), un porcentaje sin precedentes en EEUU desde principios del siglo XX, cuando se inició la Gran Depresión. Una situación semejante ocurre con el salario mínimo. El gobierno federal no ha tomado medidas encaminadas a incrementar el salario mínimo para recuperar el nivel que ya tenía antes de la crisis (en realidad, el salario mínimo ha permanecido muy por debajo de lo que existía en los años setenta del siglo pasado).

En España los gobiernos presididos por el Sr. Zapatero, antes y por el Sr. Rajoy ahora, han estado aplicando políticas públicas, sumamente impopulares, que no tenían ningún mandato popular, puesto que no estaban en las ofertas electorales de los partidos gobernantes. Estas políticas, tanto en la reforma laboral que tenía como objetivo la bajada de salarios y el aumento de la precariedad, como los recortes de gasto público social que han deteriorado los servicios públicos del Estado del Bienestar de una manera muy marcada, han dañado la calidad de vida de las clases populares enormemente. Y, repito, sin que tuvieran ningún mandato popular. ¿Por qué?

La corrupción del poder político La raíz de que esta gran distancia entre gobernantes y gobernados exista es, como bien percibe la mayoría de la población, el enorme poder que el mundo empresarial (lo que en EEUU se llama la Corporate Class) ejerce sobre las instituciones políticas, poder que se realiza, bien directamente, a través de las contribuciones (legales e ilegales) que las grandes empresas realizan a partidos e instituciones políticas (hecho facilitado por el proceso electoral estadounidense, que es financiado predominantemente con fondos privados), bien indirectamente, a través del control de los medios de información y persuasión del país. Es imposible, en el llamado sistema democrático estadounidense, poder presentarse a unas elecciones (sean del nivel que sean, locales, estatales o federales) sin tener muchísimo dinero para poder tener acceso a la televisión (que está desregulada y vende tanto espacio televisivo como el candidato pueda comprar). Y a eso lo llaman democracia. Debería haber un movimiento internacional protestando por la falta de democracia en EEUU. El gobierno federal de EEUU tiene poquísima credibilidad y legitimidad para abanderar la lucha por la democracia.

La situación en España Ni que decir tiene que España y EEUU son países muy diferentes y, sin embargo, tienen características muy comunes. Entre ellas está la enorme distancia entre lo que los gobernados desean y lo que los gobernantes hacen. EEUU y España están entre los países donde esta distancia es mayor. Y la lista de temas en que tal gran distancia toma lugar es muy semejante en ambos países. Y la respuesta de los gobernantes es también similar. Y las causas son parecidas: la enorme influencia de los poderes económicos y financieros y de las clases pudientes sobre las instituciones representativas. La respuesta a este fenómeno, sin embargo, ha sido distinta. En España el movimiento masivo de protesta 15-M, que surgió en rebelión a esta captación de la democracia representativa por grupos económicos y/o financieros y por las clases dominantes (que son más que el famoso 1%), fue seguido por el establecimiento de movimientos y partidos políticos tales como Podemos, Las Mareas, y otros, que pasaron de las protestas a la realización de propuestas, hecho, este último, que no ha ocurrido en EEUU. En aquel país apareció el Occupy Wall Street –OWSM- (en cierta manera inspirado por el movimiento 15-M), pero tales instrumentos y movimientos de propuestas no han surgido en EEUU, y esto se debe, en gran parte, a la falta de la articulación del OWSM con el Estado, constituyéndose en un movimiento de protesta que nunca tuvo vocación de gobierno. Una de las causas de que ello no haya ocurrido es el sistema electoral, que al no ser proporcional en EEUU dificulta enormemente la aparición de nuevos partidos, lo cual no ocurre en España en las elecciones municipales y explica la diversidad de partidos que han surgido en las últimas elecciones municipales, sistema proporcional muy limitado, en cambio, en las legislativas en España, que favorece, como en EEUU, el sistema bipartidista. Hoy el sistema llamado democrático está experimentando una enorme crisis, siendo EEUU y España dos de los países donde las instituciones representativas están más desacreditadas, precisamente debido a la enorme distancia entre los gobernantes y los gobernados.

Para resolver esta situación se tendrán que hacer cambios profundos, mucho más sustanciales que los que se están proponiendo en los programas electorales de los partidos (tales como primarias, listas abiertas, y otras propuestas). Sin minimizar la importancia de tales propuestas, estas se quedan muy cortas, en realidad, cortísimas, pues se necesitan cambios mucho más profundos, como que 1) el sistema electoral sea auténticamente proporcional de manera que el voto de cada ciudadano tenga el mismo peso, lo cual dista de ser así en ambos países; 2) con la introducción de formas de democracia directa, como referéndums vinculantes; 3) eliminando además las contribuciones y donaciones privadas a los partidos y a los representantes; y 4) hacer cumplir el mandato constitucional que exige la diversidad ideológica en los medios (tanto públicos como privados), de donde las izquierdas están sistemáticamente excluidas. Hoy existe en la práctica una dictadura mediática, donde las voces críticas son prácticamente inexistentes, siendo vetadas o marginadas constantemente. Así es este país, donde las estructuras de poder conservadoras son enormemente dominantes. La reacción de personajes representantes de este poder, como son los grandes banqueros de este país, frente al terremoto político que ha pasado en las últimas elecciones municipales, es característica de ello. En 1936, estimularon un golpe militar. Esperemos que ahora no se atrevan a hacerlo. Pero supongo que sus instintos antidemocráticos les están empujando para hacer todo lo posible (legal e ilegal) para parar el gran deseo popular de alcanzar mayor democracia que la existente hoy en el país.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Grecia: moneda paralela para salir de la prisión

Mér, 17/06/2015 - 11:21
Alejandro Nadal, La Jornada

Hace cinco meses comenzaron las negociaciones entre los representantes del gobierno griego de Syriza y los del FMI, el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Europea. No se ha resuelto ningún problema y el tiempo se acaba.

El domingo pasado las pláticas se interrumpieron apenas 45 minutos después de comenzar. No es el fin del mundo, pero sí una muestra del punto muerto en el que se encuentra todo el proceso. El primer ministro griego Alexis Tsipras rechazó las exigencias de los acreedores, añadiendo que la economía griega ha sido objeto de un pillaje durante los últimos cinco años y que las demandas son motivadas por razones políticas. Y tiene razón. Si en el pasado el rescate ha estado dirigido a los bancos europeos más que a Grecia, hoy las instituciones están decididas a terminar con el experimento Syriza tan pronto como se pueda.

Frente a esta coyuntura el gobierno griego enfrenta un escenario en el que la salida del euro se presenta cada vez más como la única opción posible. Pero una eventual salida del euro plantea importantes problemas técnicos y de organización relacionados con el funcionamiento del sistema de pagos nacional e internacional, así como con la política monetaria. Esos problemas no son insuperables, pero un mal manejo de las opciones existentes podría desembocar en una catástrofe.

Desde el principio de las negociaciones los funcionarios de Syriza han insistido en un punto fundamental: la salida del euro no está dentro de su mandato. Pero el endurecimiento de la postura de los acreedores puede conducir a la expulsión de Grecia de la esfera del euro. En particular, si el BCE suspende las operaciones con Grecia en el marco del ELA o sistema de emergencia para proporcionar liquidez al sistema bancario, ese hecho sería suficiente para completar de facto dicha expulsión. Las declaraciones de Tsipras indican que el gobierno griego no ignora que el BCE podría ir por ese camino. Atenas debe comenzar a organizar la salida ordenada del euro.

En los últimos meses se han multiplicado los análisis sobre los pasos a seguir para minimizar el daño asociado con la salida del euro y la transición a una nueva moneda. Se ha escrito mucho sobre divisas paralelas y sobre la emisión de medios de pagos como los llamados CAF o Certificados de adelantos fiscales (véase Andresen y Parenteau en el número 71). Estos certificados podrían servir para pagar sueldos y salarios, pensiones y para compras en el mercado interior. Los CAF serían usados para pagar impuestos y por esa razón son aceptados por todos. No existirían CAF impresos en papel y sólo se utilizarían a través de pagos y cuentas electrónicas (la población sin teléfono celular usaría la red de oficinas de correo).

La viabilidad de este sistema está relacionada con la penetración en el mercado. Las primeras empresas que acepten pagos en CAF verían aumentar su participación en el mercado y aumentarían sus ventajas competitivas. Por eso la aceptación de los CAF en el sector privado se aceleraría. El estímulo en la economía llevaría a un crecimiento mayor y a fortalecer el sector exportador.

Un sistema basado en medios de pago electrónicos tiene la enorme ventaja de poder ser implementado de manera rápida y sin necesidad de realizar inversiones costosas en adaptaciones de las máquinas que hoy subyacen en el sistema bancario (cajeros automáticos, impresión de billetes en papel adecuado y acuñación de moneda). Claro que el costo está en las tecnologías de información electrónica, pero eso habría que enfrentarlo de todas maneras. Los CAF permiten reducir la evasión fiscal y hacen muy difícil la fuga de capitales. Por cierto, los CAF son compatibles con un sistema de control de capitales (que Syriza debió establecer desde que formó su gobierno).

El esquema de los CAF plantea muchas interrogantes y no resuelve todos los problemas. En especial, quedaría por ver qué se hace con el banco central griego, los pagos al interior de la zona euro (TARGET2) y con la provisión de liquidez a través del sistema ELA. Pero es importante observar que la introducción de los CAF no afecta este sistema de pagos. Si en el curso de las negociaciones sobre la deuda externa, el BCE y la Comisión en Bruselas imponen mayores condiciones a los bancos griegos eso no se deberá a razones técnicas relacionadas con las hojas de balance de esas entelequias que son los bancos centrales nacionales. Forzar la mano sobre los bancos sería simple y llanamente un acto de castigo contra el pueblo griego.

La introducción de un sistema parecido a los CAF fortalecería la postura de Syriza en sus negociaciones con los acreedores. Atenas estaría enviando un claro mensaje a las instituciones que hoy se encuentran al servicio del capital financiero sobre su firme intención de salir de la prisión neoliberal. Una respuesta de endurecimiento por parte de esas instituciones no tendría nada que ver con imperativos económicos y sí revelaría el carácter político de su venganza.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Una interpretación alternativa de la Teoría Monetaria

Mar, 16/06/2015 - 12:18
Enric Llopis, Rebelión

¿De dónde procede la expresión “fraude inocente”? Fue introducida por el economista John Kenneth Galbraith (“La economía del fraude inocente”, en 2004) para referirse a determinadas premisas incorrectas en materia económica, que políticos, economistas de la ortodoxia y medios de comunicación raramente ponen en cuestión. Banquero, inversor, hombre de negocios y uno de los principales defensores de la Teoría Monetaria Moderna, Warren Mosler señaló en 2010 algunos de estos “errores letales” en el libro “Los siete fraudes inocentes capitales de la política económica”, publicado en 2014 por ATTAC.

En un tono sencillo, directo y asequible para el gran público, Mosler explica que el dinero moderno es un mero apunte contable en una hoja de cálculo, un recurso financiero que se crea de la nada y que los estados –siempre que dispongan de soberanía monetaria- pueden crear en el volumen que consideren. En consecuencia, según esta tesis, un gobierno nunca se quedará sin dinero y siempre tendrá capacidad para pagar sus deudas. Lo realmente decisivo son los recursos reales y la capacidad productiva (hoy en general muy infrautilizada).

Los siete fraudes constituyen “falsificaciones de dimensiones históricas que juegan un papel fundamental a favor de las clases dominantes”, subraya el economista Alejandro Nadal en el prólogo del libro. Una de las falsificaciones más importantes, añade Nadal, consiste en que las fuerzas competitivas en el mercado libre llevan al equilibrio de los precios. “Es parte del esfuerzo por destruir el pensamiento macroeconómico y reducirlo todo a la microeconomía”. Dicho de otro modo, se trata de situar en el frontispicio de la teoría económica la idea de Thatcher: “La sociedad no existe, sólo hay individuos”.

El enunciado de los siete “fraudes inocentes” se deriva de la experiencia profesional de Mosler en Wall Street y el mundo financiero. El primer “fraude” expresa que un gobierno necesite endeudarse o recaudar más impuestos para contar con capacidad de gasto. La economía ortodoxa dice que esto es así, como en cualquier familia. El autor niega esta tesis: “no hay un límite numérico a la cantidad de dinero que el gobierno puede gastar cada vez que quiera; el gobierno nunca será insolvente y jamás quebrará”. Sin embargo, reconoce que un gasto excesivo puede provocar un aumento de los precios. En este punto reside la importancia de la fiscalidad para Warren Mosler: regular la economía, equilibrarla y evitar tanto un sobrecalentamiento (elevada demanda e inflación), como una atonía en el sistema económico.

La segunda “falacia” consiste en afirmar que los déficits públicos representan una carga onerosa (en términos de endeudamiento) para las generaciones venideras. El autor de “Los siete fraudes” afirma, por el contrario, que el tamaño del déficit “no supone ningún problema para las finanzas”. En coherencia con su interpretación de la teoría monetaria, el gasto del gobierno no es más que un número en una cuenta de la Reserva Federal. Así pues, en el futuro, “nuestros hijos podrán ir a trabajar, producir y consumir los bienes y servicios que generen, sin importar cuántos bonos del tesoro están pendientes de pago”, destaca.

Economistas, políticos y medios de comunicación defienden que los déficits presupuestarios reducen los ahorros de la población. “Este tercer fraude capital está muy vivo en las más altas esferas”, afirma el autor del libro, quien sostiene precisamente lo contrario, que el déficit fiscal incrementa el ahorro. Así lo explica: cuando el estado gasta 100 billones de dólares procedentes de la venta de bonos del Tesoro, los ahorros de los receptores de ese gasto ven incrementar sus cuentas en la misma cantidad. Y al contrario, el superávit presupuestario no puede convivir, a juicio de Mosler, con un aumento del ahorro privado. ¿Cuál es entonces el sentido del déficit público? Garantizar la producción y el empleo cuando el poder adquisitivo no sea suficiente. “Lo que importa en la vida real es la producción y el empleo; el tamaño del déficit es una estadística de contabilidad”, insiste el autor.

“La seguridad social está en quiebra” (el expresidente Bush realizó cuatro veces esta afirmación en un solo día). El argumento de este cuarto “fraude” se ha escuchado en el estado español hasta el hartazgo: dentro de tres décadas las personas jubiladas superarán en mucho a la de trabajadores, lo que vaciará las arcas de la seguridad social. El pensamiento oficial concluye de este pronóstico que deben recortarse los gastos o aumentar los impuestos. Pero “si realmente quieren que los ancianos tengan más ingresos –contesta Mosler-, es una simple cuestión de incrementar las prestaciones”. La verdadera pregunta tendría que apuntar a los “problemas reales” y (de nuevo) a la economía productiva: comida, vivienda, ropa, electricidad, gasolina, servicios médicos que se les asignarán a las personas mayores.

“El desequilibrio del déficit comercial es insostenible, destruye puestos de trabajo y reduce la producción”. Es el quinto “error letal”. Afirma Warren Mosler que la producción e importaciones de un país es su verdadera riqueza. Más aun, defiende que el déficit comercial aumenta el nivel de vida real de la población. Ante afirmaciones como que Estados Unidos “está perdiendo puestos de trabajo a causa de China” o “Al igual que un marinero borracho, Estados Unidos está endeudándose en el extranjero para financiar sus hábitos de gasto”, el autor responde que es el capital extranjero el que depende del crédito interno a ciudadanos estadounidenses. Finalmente la compañía exportadora tiene un depósito en dólares en un banco, lo que también es ahorro. “¿Dónde está el capital extranjero? ¡No hay ninguno!”. Además, queda siempre la opción de apoyar la producción interna y el empleo mediante instrumentos de política fiscal.

El sexto “fraude” es de capital importancia porque conduce directamente a la actual crisis financiera. “Necesitamos ahorro para disponer de fondos para realizar inversiones”, expresa la falacia. Lo que realmente ocurre es una desviación de recursos de la economía real al sector financiero, con lo que la inversión real se desvincula del bien público. Pese a lo que afirma el discurso oficial, “del mismo modo que los préstamos crean depósitos en el sistema bancario, es la inversión la que genera ahorros”. El razonamiento es sencillo: si un ciudadano gasta menos de lo que ingresa –es decir, ahorra-, otro debe gastar lo que el primero no gastó, más sus propios ingresos; de lo contrario no se venderá la producción, se generarán stocks, caerán las ventas y el empleo.

El último “fraude inocente” considera negativo algo que, según Warren Mosler, tiene efectos benéficos para la economía. “Lo malo de los elevados déficit actuales es que significan mayores impuestos el día de mañana”. El sentido de los impuestos, reitera el autor en diferentes pasajes del libro, no es aumentar la recaudación sino rebajar el poder adquisitivo ante los riesgos inflacionarios. Tiene sentido esta medida, además, si la tasa de desempleo es muy baja. “Nos los subirán (los impuestos) en el momento en que los estantes se estén vaciando, debido a que nuestro exceso de poder adquisitivo está causando una inflación no deseada”, resume Mosler.

En el prefacio James K. Galbraith pondera la sencillez expositiva del autor y su “lucidez transparente”. Según Galbraith, “muchos economistas valoran la complejidad por sí misma; un vistazo a cualquier revista moderna de economía lo confirma; ¡Un argumento verdaderamente incomprensible puede conferir un gran prestigio!”. La segunda parte del libro (“La era de los descubrimientos”) consiste en un recorrido por la peripecia vital del autor, desde los orígenes en una familia pequeñoburguesa de Manchester, hasta su incursión en el campo financiero. El texto concluye con una tercera parte de 16 páginas (“interés público”), donde el autor defiende medidas como una suspensión de impuestos sobre las nóminas, un Servicio de empleo nacional, la cobertura sanitaria universal o medidas de alquiler social ante las ejecuciones hipotecarias.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Las consecuencias negativas de los anteriores tratados de libre comercio

Lun, 15/06/2015 - 13:18
Vicenç Navarro, Público.es

El año pasado hizo 20 años de la firma del Tratado de Libre Comercio entre EEUU, Canadá y México conocido como NAFTA (North American Free Trade Agreement), uno de los mayores tratados comerciales que el gobierno federal de EEUU ha aprobado en los últimos treinta años y que ha sido el modelo sobre el cual todos los demás se han estado construyendo, de los cuales los dos últimos que se están intentando aprobar son el Tratado de Libre Comercio del Pacífico, el Trans-Pacific Partnership o TPP, y ahora el que pronto se firmará entre EEUU y la Unión Europea. Es, por lo tanto, importante analizar qué ha pasado en aquellos países – EEUU, Canadá y México- que fueron supuestamente beneficiados por aquel tratado. La retórica oficial cuando se aprobó fue que tal tratado permitiría beneficiar a las poblaciones de todos estos países, incluido México. Y los datos parecerían mostrar que así fue. La economía mexicana creció, creándose gran riqueza. Ahora bien, si se analiza quién se benefició de tal crecimiento, el resultado es mucho menos positivo. En realidad, fue negativo. Veamos. Las rentas del capital (los super-ricos) crecieron enormemente, convirtiéndose en los más ricos entre los super-ricos del mundo. En realidad, la persona más rica del mundo, el Sr. Carlos Slim, adquirió su riqueza durante aquellos años de aplicación del tratado NAFTA. Su riqueza pasó de ser de 6.000 millones de dólares en 1994 (año del inicio del NAFTA) a 73.000 millones de dólares en 2014, 20 años después. Y así ocurrió con los 24 nuevos super-ricos de México, que pasaron a ser de los más super-ricos del mundo. También generó, por cierto, una clase media de rentas muy elevadas, claramente relacionadas y dependientes de los negocios y el consumo generado por los super-ricos. Sobre estos hechos se creó la imagen del gran éxito del NAFTA.

Pero en la otra cara de la moneda, oculta en la campaña oficial, se vio que el nivel de pobreza extrema de México subió muy rápidamente, pasando de un 16% a un 28% solo en los primeros cinco años. 5 millones de campesinos tuvieron que abandonar sus tierras, contribuyendo a incrementar el elevado desempleo urbano, deteriorando el mercado de trabajo a unos niveles nunca antes vistos. Hoy la pobreza ha alcanzado un 52% de la población. Esta situación, que pocos cuestionan hoy, pues los datos son más que contundentes, se ha presentado como consecuencia de la americanización de la economía mexicana. Y hay datos que orientan en este sentido. Ha habido una colonización de México por parte del capital estadounidense. Pero (y es un importante pero) es un error verlo solo como una colonización, pues grandes sectores de la burguesía mexicana, como el Sr. Carlos Slim, se han beneficiado de este tratado que, al debilitar al mundo del trabajo, mediante la desregulación del mercado de trabajo y el debilitamiento de la protección social y de las políticas públicas encaminadas a proteger al ciudadano como trabajador, como consumidor y como residente –mayores objetivos de NAFTA-, ha beneficiado a las clases dominantes de los tres países firmantes del acuerdo. De ahí su enriquecimiento a costa del bienestar de la mayoría de la ciudadanía, que obtiene sus rentas del trabajo, generando mayores desigualdades.

El aumento de la pobreza va acompañado del aumento de la violencia y de la represión La otra cara del NAFTA ha sido el enorme aumento de la represión bajo el nombre de “guerra contra el narcotráfico”. Los hechos señalados en los párrafos anteriores son ya bastante conocidos. Pero lo que es menos conocido es que paralelamente a estos acuerdos de libre comercio, se han dado una serie de acuerdos de tipo militar, presentados como parte de la guerra contra la droga, enraizada esta última en una cultura de desregulación, incluida de seguridad y protección ciudadana, que, en el caso de México, ha tenido consecuencias sumamente negativas sobre el Estado mexicano, transformándolo en un Estado corrompido por el narcotráfico, y enormemente represivo, con complicidades entre el narcotráfico y los aparatos de seguridad del Estado, de dimensiones desconocidas y sin precedentes.

Y por si no fuera poco, otra consecuencia de la miseria en las zonas rurales, ha sido un fenómeno masivo: las migraciones desde México a EEUU, habiéndose desplazado a EEUU gran parte de la población rural, muy afectada por el tratado. No hay duda de que componentes de esta realidad –como el aumento de la polarización social- ocurrirán también en el desarrollo e imposición del Tratado de Libre Comercio EEUU-UE (para mayor expansión, ver la presentación del profesor William Robinson en la Universidad Autónoma Nacional de México, el 16 de abril de 2015, publicada en Truthout el 4 de julio bajo el título “Global Capitalist Crisis and the North American Free Trade Agreement: Reflections 21 Years On”).

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Acabar con el califato del mercado

Lun, 15/06/2015 - 03:00
Emir Sader, La Jornada

La discusión entre el gobierno griego y los responsables de las políticas de austeridad en Europa resume los dilemas de la humanidad en el nuevo siglo. De un lado de la mesa la defensa en contra de la masacre humanitaria, que ha sido impuesta al pueblo griego –especialmente a sus sectores más frágiles: los más pobres, los ancianos, los niños, las mujeres–, del otro, los que responden por los dictámenes del mercado.

Ya van décadas de que se ha impuesto la centralidad del mercado. Se volvió al culto de que la mano invisible de la ley de la oferta y la demanda debiera decidir los destinos de la humanidad.

Ese genial engendro liberal sirve de pretexto para que las personas renuncien a conducir el destino de la humanidad. Bastaría que cada uno buscara satisfacer sus necesidades individuales para que, como por arte de magia, se generara no sólo progreso, sino también una adecuada y justa distribución de la riqueza.

Ese cuento de hadas, que ya había conducido la humanidad a su peor crisis económica en 1929, volvió como por arte de magia para reordenar un mundo desviado por intervenciones estatales, derechos, soberanía. La lógica de los mercados sobre las necesidades de las personas –esto es lo que está en juego en las negociaciones entre el gobierno griego y los que hablan en nombre de la troika.

¿Puede la humanidad asistir pasivamente a esas negociaciones en que el poder del dinero pretende imponerse sobre lo que el pueblo griego –además de todo lo que ya ha sufrido– necesita? ¿Hasta cuándo algunos gobiernos seguirán pretendiendo hablar en nombre de la humanidad mientras buscan imponer los intereses del capital especulativo sobre 99 por ciento de la gente?

Sin embargo, los medios de comunicación intentan hacerla aparecer como contraposición entre la racionalidad económica y el despilfarro de la gente. Los de la austeridad hablan como si representaran un modelo de éxito, que ha sacado a sus países de la recesión, con menos pobreza, menos exclusión social, con gobiernos que disfrutan de gran apoyo popular.

Sin embargo, no logran sacar una de las regiones más ricas del mundo –Europa– de una crisis profunda y prolongada con sus recetas de austeridad y más austeridad. Mientras gobiernos de América Latina, después de sufrir la crisis de la deuda, dictaduras militares y los más radicales gobiernos neoliberales logran retomar el crecimiento económico, disminuir las desigualdades y conquistar estabilidad política. Es, desde ese punto de vista, que Grecia resiste a las ofensivas depredadoras del capital especulativo.

Lo que Grecia y todos los países en crisis necesitan no es más austeridad, sino un acuerdo nacional para retomar el desarrollo, con generación de empleo y distribución de renta. Para ello no tiene que mirar hacia Berlín, sino hacia América Latina.

Para acabar con el califato del mercado, antes que éste termine con lo que Europa construyó mejor: su Estado de bienestar social.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La economía no es circular sino entrópica

Lun, 15/06/2015 - 01:00
Joan Martínez Alier, Sin Permiso

Un eslogan político que se oye en China y también en la Unión Europea es que la economía debería ser circular. Los activistas que luchan contra la avalancha y el desperdicio de la basura doméstica, a veces usan el eslogan residuo cero, zero waste, que se parece un poco a ese eslogan oficial. Es decir, hay que disminuir los residuos y hay que reciclar los que se producen. ¿Quién podría estar en contra?

¿Cómo funcionaría una economía circular? Por ejemplo, entra aluminio en la economía procedente de la minería de bauxita, el proceso consume mucha electricidad y deja un barro rojo tóxico. Ya no más: vamos a reciclar todo el aluminio que producimos y usamos, reciclar todas las latas y todos los marcos de ventana, además los vamos a hacer más finitos e igual de resistentes. Se acabó la minería de bauxita. Se gasta además –suponemos– menos energía para reciclar que para producir el aluminio. ¡Qué bien!

Como ha escrito Jesús Ramos Martín, bajo la ilusión de la economía circular, parecería que el crecimiento puede continuar de manera ilimitada, pues reciclaremos los residuos y los convertiremos en nuevos recursos. Por si fuera poco, si cada vez somos más eficientes en el uso de recursos, vamos a necesitar menos cantidad de los mismos. Pero ahí aparece una paradoja (la Paradoja de Jevons): la mayor eficiencia abarata el costo, y por tanto puede llevar a un mayor uso.

Además, veamos algunas cifras sobre el uso mundial de materiales y la falsa ilusión de una economía circular. ¿Cómo funciona realmente la economía mundial? Un artículo reciente de Willi Haas y sus colegas vieneses en el Journal of Industrial Ecology da algunas cifras. Recuerden que la población mundial es de algo más de 7 mil millones. Todas las cifras que siguen están también en miles de millones de toneladas (o lo que es lo mismo, gigatoneladas, GT), de manera que vemos que el uso de materiales por persona y año es de alrededor de ocho toneladas en promedio –pero en la India es solamente cuatro, y en Estados Unidos más de 20. Ese uso de materiales por año se divide en las siguientes categorías:

Doce GT de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) que en su casi totalidad van para ser quemados en la producción de electricidad o consumo doméstico, o en el transporte, es decir se usan como fuentes de energía. Son como fotosíntesis embotellada hace millones de años, la descorchamos y allá se va. No se puede quemar dos veces. El calor se disipa, por la segunda ley de la termodinámica o ley de la entropía.

Diecinueve GT de biomasa, para muchos usos distintos, la alimentación del ganado o directamente la alimentación humana (un kilogramo al día, más o menos), la producción de pasta de papel (eventualmente, una parte del papel es reciclado), la producción de madera para construcción, y la mayor parte de madera para quemar. Gracias a la fotosíntesis, esa biomasa se produce cada año otra vez, gracias a la energía solar y al agua, pero no se recicla más que en una pequeña parte. Además, los nutrientes (fósforo, potasio, nitrógeno) no regresan a los campos, en general. Mientras en algunos lugares faltan, en otros son producidos en exceso, llevan a la eutrofización de los cursos de agua por el exceso de nutrientes, o contaminan la napa freática con nitritos.

Veintidós GT de materiales de construcción, arenas y gravas para cementos. Esa extracción suele dañar el ambiente, pero además esos materiales apenas se reciclan. Aumenta el stock acumulado en los edificios, autopistas. Se puede discutir si se podría reciclar en mayor parte, y tal vez una economía sin crecimiento podría usar únicamente viejos materiales de construcción reciclados para reponer infraestructuras y rehabilitar viviendas. Estamos muy lejos de esta situación, no sólo porque la economía mundial todavía crece sino porque resulta seguramente más caro el reciclaje que la nueva extracción.

Por último, el cuarto sumando, a nivel mundial, es 4.5 GT de materiales metalíferos (de lo cuales la mayor parte se convierte en escorias y relaves), ingresando en la economía en promedio menos de una GT de metales ya concentrados y refinados. Algunos son de más fácil reciclaje que otros.

En conjunto, lo que se recicla actualmente en el mundo no es más de 6 por ciento de los materiales extraídos. Estamos lejísimos de una economía circular. Una economía que funcionara exclusivamente con energías renovables también sería entrópica, sin duda, pero dependería del flujo continuo de energía solar. Tal vez consiguiera reciclar todos los materiales, llevando a cero la extracción nueva. Estamos muy lejos de esta situación.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Revuelta global contra Obama por su secreta triada neoliberal financiera: TPP TTIP TISA

Dom, 14/06/2015 - 21:57
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Las revueltas globales/regionales/locales contra el neoliberalismo global hoy son polimorfas y se manifiestan en forma directa –tanto en la Cámara de Representantes de EEUU contra la Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) como en el Parlamento Europeo contra su similar trasatlántico (TTIP, por sus siglas en inglés)– o en forma indirecta en las urnas –Syriza(Grecia)/Podemos(España)– o en forma furtiva con las filtraciones de Wikileaks contra el Tratado de Comercio de los Servicios (TISA, por sus siglas en inglés).

De los tres esquemas neoliberales mercantilistas/financieristas (que por comodidad señalaré por sus siglas en inglés: TPP/TTIP/TISA) el más secreto y pernicioso a leguas es TISA, el menos conocido por el público. A propósito, el México neoliberal itamita fue incrustado en los tres esquemas irredentistas del saliente Obama sin consulta ciudadana y a espaldas de su ignaro Congreso disfuncional.

El supremo ideólogo de los tres esquemas neoliberales, cada vez más financieristas que mercantilistas, es Robert Zoellick –prominente funcionario y banquero–, quien los utiliza con finalidad geoestratégica para preservar la hegemonía global de EEUU (http://goo.gl/TVzt2u).

The New York Times ( NYT) titula con amargura que Los líderes empresariales reaccionan con consternación por la derrota de la enmienda comercial que había solicitado Obama por fast-track (http://goo.gl/EaQqQ6). Mediante el fast -track, el Congreso puede aprobar o rechazar el TPP en paquete, pero no puede modificar su contenido. ¡Vaya seudodemocracia!

NYT considera que el desaire a los líderes de los negocios en EEUU fue mayor del que le propinaron a Obama los legisladores de la Cámara de Representantes, en su mayoría del partido Demócrata sumados a algunos tránsfugas del Partido Republicano: ¡302 en contra; 126 a favor!

A 18 meses de su despedida, Obama se disfrazó de inversionista de Wall Street, que quizá haya sido siempre su verdadera personalidad –se recuerda que en forma asombrosa rescató a los bucaneros banqueros y abandonó a los despojados ciudadanos después de la grave crisis financiera de 2008, que dejó muchas huellas y llagas–, y fue vapuleado sin reverencia por la mayoría insurgente del Partido Demócrata, presionada como nunca por sus electores, que no desea perder los próximos comicios en forma masoquista.

Todavía no está totalmente derrotado, pero se tambalea en sus entrañas el TPP, pornográficamente publicitado contra China, que incorpora a EEUU y a otros 11 países de la cuenca del Pacífico, entre ellos el México neoliberal itamita.

El TPP otorga(ba) irrestricto poder supranacional a las voraces trasnacionales y a sus controladores (los megabancos de Wall Street) con licencia secreta y permisiva para delinquir contra los consumidores y descuartizar el ambiente sin miramientos.

El espejismo de controlar 40 por ciento de la economía global, mediante el TPP, no convenció a los sindicatos (¡todavía se mueven!), ambientalistas y microempresarios de medicamentos genéricos, el núcleo que apuntaló la fronda del Partido Demócrata, quienes recordaron la derrota histórica que sufrieron tanto los empleados (con sus salarios), en especial del alicaído sector manufacturero, como los ciudadanos (desde la clase media hasta los miserables) hace dos décadas con el TLCAN que provocó una creciente desigualdad.

Los legisladores solamente tuvieron derecho a leer el TPP en un cuarto secreto de lectura sin “poder copiar o tomar notas (http://goo.gl/cF1ARu)”. ¡Increíble!

Alguien podrá impugnar, no sin razón, que en el México neoliberal itamita –cosignatario del cataclísmico Tlcan, y vasallo, quizá sin saberlo, del triple esquema secreto TPP/TTIP/TISA– sus ignaros congresistas sufragan sin siquiera leer una línea de las enmiendas.

El portal Storm Clouds Gathering arremete contra las cláusulas ultrasecretas del TPP y sus oscuros tribunales comerciales extrajudiciales –que pueden nulificar leyes de cualquier país miembro (incluyendo al México neoliberal itamita) por árbitros no-elegidos– en los que las trasnacionales son colocadas a nivel de países mutilados de su añeja “soberanía (http://goo.gl/MSZV9M)”. Mediante gobernadores monetaristas centralbanquistas y árbitros extrajudiciales, el neoliberalismo financierista ha sometido a la democracia y ha avasallado a los venales políticos. ¿Cuál es la razón por la cual los ciudadanos, ya no se diga los emasculados legisladores de ningún lado, no tienen derecho a conocer siquiera el contenido de los tratados que afectan su existencia? Ya que los derechos de propiedad intelectual están cubiertos por el TPP, las implicaciones para el futuro de la Internet son muy graves –(nota: a lo que alerté en Bajo la Lupa; http://goo.gl/wDU8SR): no se trata de comercio. Tampoco de empleos. Se trata de poder. Del poder de las trasnacionales anglosajonas controladas por los megabancos de la plutocracia de Wall Street y la City/Londres.

Mientras en la matriz operativa de los tres esquemas neoliberales financieristas han reverberado las protestas en el seno de su Cámara de Representantes estadunidense, su gemelo simbiótico trasatlántico TTIP confronta una tempestad ciudadana que obligó al Parlamento Europeo a posponer su votación sine die, debido a las profundas divisiones políticas que ha provocado, a lo que da mucho vuelo el portal europeo DeDefensa (http://goo.gl/OwYFBb).

Según Nick Dearden, director de Global Justice Now, “la mayoría de los europeos no desea la instalación de tribunales secretos de arbitraje (http://goo.gl/FC88hj)” que constituyen en realidad la imposición de un sistema judicial privado que da vuelta al sistema europeo de protección de los derechos humanos.

El rechazo ciudadano en Europa ha sido abrumador. El sitio europeo Stop-TTIP (http://stop-ttip.org/es/) se ha colocado como su punta de lanza con más de 2 millones de firmas. Hasta la oficina del NYT en Estrasburgo admite que el Parlamento Europeo no aprobará jamás el TTIP.

Como si la Unión Europea necesitara de mayores problemas a los geopolíticos (Ucrania) y geoeconómicos (Grecia) que ostenta, ahora la nueva democracia ciudadana del siglo XXI colisiona con su oscurantista plutocracia ­tecnificada.

A reserva de profundizar ulteriormente, el pernicioso TISA, que manejaría 70 por ciento de los servicios globales desde los bancarios pasando por la salud hasta el transporte –cuyo secreto contenido en el ámbito financiero ha sido expuesto por Wikileaks (http://goo.gl/UBO6Yv)–, otorga ominosamente “el monopolio del dinero a los bancos privados en forma permanente (http://goo.gl/Q617lN)”.

Al saliente cuan irreconocible por sus votantes Obama se le tambalea el TPP, se le derrumba el TTIP y se le escurre de las manos el TISA. El obediente México neoliberal itamita se encuentra implicado en los tres fracasos de Obama. Retorna la eterna lucha entre el oscurantismo tiránico y la luminosidad de la democracia ciudadana.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La trampa de la impunidad o cómo los grandes ladrones gobiernan el mundo

Dom, 14/06/2015 - 09:00
Jeffrey Sachs, Project Syndicate

El nuestro es un mundo de impunidad. Las acusaciones de corrupción rodearon a la FIFA durante decenios y acabaron, hace dos semanas, con detenciones en masa de altos cargos de la institución. Sin embargo, el presidente de la FIFA, Sepp Blatter, fue reelegido, incluso después de las detenciones. Sí, al final Blatter dimitió, pero sólo después de que él y docenas de miembros de la Federación mostraran una vez más su desdén a la honradez y a la ley.

Vemos esa clase de comportamiento por todo el mundo. Pensemos en Wall Street. En 2013 y 2014, JPMorgan Chase pagó más de 20.000 millones de dólares en multas por infracciones financieras; sin embargo, el director gerente se llevó a su casa 20 millones de dólares de retribución en 2014 y 2015. O pensemos en los escándalos de corrupción en Brasil, España y muchos otros países, en los que los gobiernos siguen en el poder aun después de que se haya revelado un gran nivel de corrupción dentro del partido gobernante.

La capacidad de quienes ejercen un gran poder público y privado para violar la ley y las normas éticas a fin de lucrarse es una de las más flagrantes manifestaciones de desigualdad. Los pobres reciben sentencias a cadena perpetua, mientras que los banqueros que afanan miles de millones reciben invitaciones a las cenas de Estado en la Casa Blanca. Una famosa coplilla de la Inglaterra medieval muestra que no se trata de un fenómeno nuevo: La ley encierra al hombre o la mujer
que roba un ganso de la dehesa,
pero deja libre al mayor canalla,
el que le roba la dehesa al ganso. Los mayores ladrones actuales son los que están robando los bienes comunes modernos: saqueando los presupuestos estatales, degradando el medio ambiente natural y aprovechándose de la confianza pública. En el caso FIFA podemos encontrar algunos actores familiares: cuentas bancarias secretas en Suiza y en el paraíso fiscal de las islas Caimán, empresas ficticias, en fin: todos los accesorios financieros concebidos literalmente para proteger a los ricos del examen y de la ley.

En este caso, el FBI y el Departamento de Justicia de los Estados Unidos han cumplido con su deber, pero lo han hecho, en parte, penetrando en los turbios mundos del secretismo financiero creado y protegido por el Congreso y el Tesoro de EE UU. (siempre protectores de los paraísos fiscales del Caribe).

En algunas sociedades y en algunos sectores económicos, la impunidad es ahora tan omnipresente, que se la considera inevitable. Cuando se acaba considerando “normal” de forma generalizada el comportamiento impropio de los dirigentes políticos y empresariales, la opinión pública no lo castiga, lo que refuerza su carácter de normal y crea una “trampa de impunidad”.

La situación en el sector bancario mundial es particularmente alarmante. Un reciente estudio detenido de las actitudes éticas del sector de los servicios financieros de los EE.UU. y del Reino Unido ha mostrado que ahora el comportamiento impropio e ilegal está considerado, en efecto, omnipresente. Un 47 por ciento de quienes respondieron dijo que era probable que sus competidores hubiesen llevado a cabo actividades impropias e ilegales.

Mientras, la generación más joven ha aprendido la lección: el 32 por ciento de los encuestados que llevaban menos de 10 años empleados en el sector financiero dijeron que, si no hubiera posibilidad de que ser detenidos, aprovecharían su información privilegiada para ganar 10 millones de dólares.

Sin embargo, no todas las sociedades ni todos los sectores están presos en una trampa de impunidad. Algunas sociedades –las más destacadas de las cuales son las escandinavas– mantienen la esperanza de que los funcionarios públicos y los dirigentes empresariales actúen ética y honradamente. En esos países, los ministros se ven obligados a dimitir por infracciones menores que en otros países parecerían triviales.

La de convencer a los ciudadanos americanos, rusos, nigerianos o chinos de que la corrupción se puede en verdad controlar podría parecer una tarea fútil, pero el objetivo es digno del empeño, porque la evidencia resulta abrumadora: la impunidad no es sólo moralmente nociva, sino también económicamente costosa y profundamente corrosiva para el bienestar.

Estudios recientes han mostrado que, cuando existe una “confianza generalizada” en la sociedad, los resultados económicos son mejores y la satisfacción vital es mayor. Entre otras razones, resulta más fácil concertar acuerdos comerciales y aplicarlos eficientemente. No es casualidad que los países escandinavos figuren entre los más felices y prósperos del mundo año tras año.

Así, pues, ¿qué se puede hacer para superar la trampa de la impunidad? Una parte de la respuesta es, naturalmente, la imposición de la observancia de la ley (como en el caso de los procesamientos de la FIFA) y la protección de los denunciantes. Sin embargo, no basta; las actitudes públicas también desempeñan un papel importante.

Si el público expresa desprecio y repugnancia por los banqueros que engañan a sus clientes, por los ejecutivos de empresas petroleras que destrozan el clima, por los funcionarios de la FIFA que respaldan las comisiones ilegales y los políticos que adulan a todos ellos a cambio de fondos para campañas electorales y sobornos, la ilegalidad para unos pocos no puede llegar a ser la norma. El desdén público tal vez no pusiera fin inmediatamente a la corrupción, pero puede hacer menos agradable la vida de los que están robando los bienes públicos a todos los demás.

Aun así, podemos formular una pregunta aún más sencilla. ¿Por qué son agasajados esos mismos banqueros por el presidente Barack Obama, invitados a brillantes cenas de Estado y reverentemente entrevistados por los medios de comunicación? Lo primero que una sociedad puede y debe hacer es denegar la respetabilidad a los dirigentes políticos y empresariales que abusan deliberadamente de la confianza pública.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La trampa de la impunidad

Dom, 14/06/2015 - 09:00
Jeffrey Sachs, Project Syndicate

El nuestro es un mundo de impunidad. Las acusaciones de corrupción rodearon a la FIFA durante decenios y acabaron, hace dos semanas, con detenciones en masa de altos cargos de la institución. Sin embargo, el presidente de la FIFA, Sepp Blatter, fue reelegido, incluso después de las detenciones. Sí, al final Blatter dimitió, pero sólo después de que él y docenas de miembros de la Federación mostraran una vez más su desdén a la honradez y a la ley.

Vemos esa clase de comportamiento por todo el mundo. Pensemos en Wall Street. En 2013 y 2014, JPMorgan Chase pagó más de 20.000 millones de dólares en multas por infracciones financieras; sin embargo, el director gerente se llevó a su casa 20 millones de dólares de retribución en 2014 y 2015. O pensemos en los escándalos de corrupción en Brasil, España y muchos otros países, en los que los gobiernos siguen en el poder aun después de que se haya revelado un gran nivel de corrupción dentro del partido gobernante.

La capacidad de quienes ejercen un gran poder público y privado para violar la ley y las normas éticas a fin de lucrarse es una de las más flagrantes manifestaciones de desigualdad. Los pobres reciben sentencias a cadena perpetua, mientras que los banqueros que afanan miles de millones reciben invitaciones a las cenas de Estado en la Casa Blanca. Una famosa coplilla de la Inglaterra medieval muestra que no se trata de un fenómeno nuevo: La ley encierra al hombre o la mujer
que roba un ganso de la dehesa,
pero deja libre al mayor canalla,
el que le roba la dehesa al ganso. Los mayores ladrones actuales son los que están robando los bienes comunes modernos: saqueando los presupuestos estatales, degradando el medio ambiente natural y aprovechándose de la confianza pública. En el caso FIFA podemos encontrar algunos actores familiares: cuentas bancarias secretas en Suiza y en el paraíso fiscal de las islas Caimán, empresas ficticias, en fin: todos los accesorios financieros concebidos literalmente para proteger a los ricos del examen y de la ley.

En este caso, el FBI y el Departamento de Justicia de los Estados Unidos han cumplido con su deber, pero lo han hecho, en parte, penetrando en los turbios mundos del secretismo financiero creado y protegido por el Congreso y el Tesoro de EE UU. (siempre protectores de los paraísos fiscales del Caribe).

En algunas sociedades y en algunos sectores económicos, la impunidad es ahora tan omnipresente, que se la considera inevitable. Cuando se acaba considerando “normal” de forma generalizada el comportamiento impropio de los dirigentes políticos y empresariales, la opinión pública no lo castiga, lo que refuerza su carácter de normal y crea una “trampa de impunidad”.

La situación en el sector bancario mundial es particularmente alarmante. Un reciente estudio detenido de las actitudes éticas del sector de los servicios financieros de los EE.UU. y del Reino Unido ha mostrado que ahora el comportamiento impropio e ilegal está considerado, en efecto, omnipresente. Un 47 por ciento de quienes respondieron dijo que era probable que sus competidores hubiesen llevado a cabo actividades impropias e ilegales.

Mientras, la generación más joven ha aprendido la lección: el 32 por ciento de los encuestados que llevaban menos de 10 años empleados en el sector financiero dijeron que, si no hubiera posibilidad de que ser detenidos, aprovecharían su información privilegiada para ganar 10 millones de dólares.

Sin embargo, no todas las sociedades ni todos los sectores están presos en una trampa de impunidad. Algunas sociedades –las más destacadas de las cuales son las escandinavas– mantienen la esperanza de que los funcionarios públicos y los dirigentes empresariales actúen ética y honradamente. En esos países, los ministros se ven obligados a dimitir por infracciones menores que en otros países parecerían triviales.

La de convencer a los ciudadanos americanos, rusos, nigerianos o chinos de que la corrupción se puede en verdad controlar podría parecer una tarea fútil, pero el objetivo es digno del empeño, porque la evidencia resulta abrumadora: la impunidad no es sólo moralmente nociva, sino también económicamente costosa y profundamente corrosiva para el bienestar.

Estudios recientes han mostrado que, cuando existe una “confianza generalizada” en la sociedad, los resultados económicos son mejores y la satisfacción vital es mayor. Entre otras razones, resulta más fácil concertar acuerdos comerciales y aplicarlos eficientemente. No es casualidad que los países escandinavos figuren entre los más felices y prósperos del mundo año tras año.

Así, pues, ¿qué se puede hacer para superar la trampa de la impunidad? Una parte de la respuesta es, naturalmente, la imposición de la observancia de la ley (como en el caso de los procesamientos de la FIFA) y la protección de los denunciantes. Sin embargo, no basta; las actitudes públicas también desempeñan un papel importante.

Si el público expresa desprecio y repugnancia por los banqueros que engañan a sus clientes, por los ejecutivos de empresas petroleras que destrozan el clima, por los funcionarios de la FIFA que respaldan las comisiones ilegales y los políticos que adulan a todos ellos a cambio de fondos para campañas electorales y sobornos, la ilegalidad para unos pocos no puede llegar a ser la norma. El desdén público tal vez no pusiera fin inmediatamente a la corrupción, pero puede hacer menos agradable la vida de los que están robando los bienes públicos a todos los demás.

Aun así, podemos formular una pregunta aún más sencilla. ¿Por qué son agasajados esos mismos banqueros por el presidente Barack Obama, invitados a brillantes cenas de Estado y reverentemente entrevistados por los medios de comunicación? Lo primero que una sociedad puede y debe hacer es denegar la respetabilidad a los dirigentes políticos y empresariales que abusan deliberadamente de la confianza pública.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La protesta contra los partidos predominantes

Sáb, 13/06/2015 - 23:30
Immanuel Wallerstein, La Jornada

En los países donde existen elecciones impugnadas, comúnmente hay dos partidos predominantes que se consideran cercanos al centro o en los alrededores de la visión de los votantes en dicho país. En los últimos años ha habido un número relativamente grande de elecciones donde un movimiento de protesta gana la elección o por lo menos gana los suficientes escaños como para que deba conseguirse su respaldo de modo que pueda gobernar un partido predominante.

El ejemplo más reciente de esto es Alberta, en Canadá, donde el Nuevo Partido Democrático (NPD), compitiendo en una plataforma razonablemente hacia la izquierda, de un modo inesperado y sorprendente, desbancó del poder a los Conservadores Progresistas, partido de ala derecha que había gobernado la provincia sin dificultad por muy largo tiempo. Lo que hizo de este hecho algo más sorprendente fue que Alberta tiene la reputación de ser la más conservadora provincia de Canadá, y es la base del primer ministro canadiense, Stephen Harper, en el cargo desde 2006. El NPD ganó inclusive 14 de 25 escaños en Calgary, la residencia y bastión del propio Harper.

Alberta no es el único caso. El Partido Nacional Escocés (PNE) arrasó en las elecciones en Escocia, tras una historia de ser un partido marginal. El ultraderechista partido polaco Justicia y Ley derrotó al candidato de lo que se había considerado un partido conservador pro-negocios, la Plataforma Cívica. Syriza, en Grecia, haciendo campaña con una plataforma anti-austeridad, está ahora en el poder, y el primer ministro, Alexis Tsipras, lucha por alcanzar sus objetivos. En España, Podemos, otro partido que combate la austeridad, de manera constante sube en las encuestas y parece empeñado en dificultar –si no es que impedir– que permanezca en el poder el gobierno del partido conservador, el Partido Popular. India está celebrando un año en el poder de Narendra Modi, que compitió en una plataforma que se dedicó a desbancar del poder a los partidos y las dinastías del establishment.

Estas plataformas de protesta, todas, tienen algo en común. Todas utilizaron una retórica de campaña que podríamos llamar populista. Esto significa que aseguraron estar luchando contra las élites del país, aquellas con demasiado poder que ignoran las necesidades de una vasta mayoría de la población. Estas plataformas enfatizaban las brechas (en salud y bienestar) entre las élites y todos los demás. Deploraban la caída del salario real de los estratos medios. Enfatizaron la necesidad de proporcionar empleos, usualmente en instancias en las que ocurría un aumento significativo del desempleo.

Además, estos movimientos de protesta siempre señalaron la corrupción en los partidos en el poder y prometieron ponerle un freno, o al menos reducirlo. Y todo esto, junto, lo presentaron como un llamado al cambio, a un real cambio. No obstante, tenemos que mirar más de cerca estas protestas. No son, de ningún modo, parecidas. De hecho, hay una división fundamental entre ellas, algo que notamos tan pronto como miramos el resto de su retórica. Algunos de estos movimientos de protesta se sitúan a la izquierda –el NPD en Alberta, Syriza en Grecia, Podemos en España, el PNE en Escocia. Y algunos están claramente a la derecha: Modi en India, el Partido Justicia y Ley en Polonia. Quienes se sitúan a la izquierda enfocan sus críticas, centralmente, en torno a aspectos económicos. Los situados a la derecha primordialmente hacen aseveraciones nacionalistas, por lo común con énfasis xenófobo. Aquellos a la izquierda quieren combatir el desempleo con políticas gubernamentales que promuevan la creación de empleos, incluida, por su puesto, una mayor colecta fiscal entre los más acaudalados. Quienes se sitúan a la derecha quieren combatir el desempleo evitando la migración, aun al punto de expulsar a los migrantes.

Una vez en el poder, a estos movimientos de protesta –sean de izquierda o derecha– les resulta muy difícil cumplir las promesas populistas que hicieron para resultar electos. Las grandes corporaciones tienen instrumentos importantes con los cuales limitar las medidas que se tomen contra ellas. Actúan a través de esta entidad mítica llamada mercado, auxiliadas e instigadas por otros gobiernos e instituciones internacionales. Los movimientos de protesta encuentran que, si empujan muy duro, el ingreso del gobierno se reduce, por lo menos en el corto plazo. Pero para quienes votaron por ellos, el corto plazo es la medida de su aprobación continua. El día de gloria de los movimientos de protesta corre el riesgo de estar muy limitado. Así que entran en arreglos, lo que enoja a la mayoría militante de sus simpatizantes.

Uno debe recordar siempre que los simpatizantes de un cambio en el gobierno son siempre una multitud abigarrada. Algunos son militantes que buscan un extenso cambio en el sistema-mundo y en el papel que su país juega en éste. Algunos sólo están hartos de los partidos predominantes tradicionales, que son vistos como que se cansaron y dejaron de ser responsivos. Algunos dicen que un nuevo grupo en el poder no puede hacer nada peor que quienes estaban antes. En resumen, estos movimientos de protesta no son un ejército organizado, sino una inestable alianza flotante de muchos grupos diferentes.

Son tres las conclusiones que podemos extraer de esta situación. La primera es que los gobiernos nacionales no tienen un poder ilimitado para hacer lo que quieren. Están en extremo constreñidos por la operación del sistema-mundo en su totalidad.

La segunda conclusión es que, no obstante, pueden hacer algo para aliviar los pesares de las personas ordinarias. Pueden hacerlo, precisamente mediante reasignaciones del ingreso vía impuestos y otros mecanismos. Tales medidas minimizarán las penurias de quienes son los beneficiarios. Los resultados pueden solamente ser temporales. Pero de nuevo les recuerdo que vivimos todos en el corto plazo y que cualquier ayuda que podamos obtener en el corto plazo es un avance, no un retroceso.

La tercera conclusión es que si un movimiento de protesta va a ser un participante serio en el cambio del sistema-mundo no debe limitarse a un populismo cortoplacista, sino que debe involucrarse en una organización de mediano plazo que afecte la lucha mundial en este periodo de lucha sistémica y de transición a un sistema-mundo alternativo, uno que ya comenzó y está en curso.

Es solamente cuando los movimientos de protesta de izquierda aprenden cómo combinar las medidas de corto plazo, que minimizan las penurias, con los esfuerzos de mediano plazo por inclinar la lucha bifurcada en pos de un nuevo sistema, que podremos tener la esperanza de arribar al resultado que deseamos: un sistema-mundo relativamente democrático y relativamente igualitario.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Grecia ¿el último acto de Europa?

Sáb, 13/06/2015 - 13:00
Joseph Stiglitz, Project Syndicate

Los líderes de la Unión Europea siguen embarcados en un juego en la cuerda floja con el Gobierno griego. Grecia ha cumplido con mucho más de la mitad de las exigencias de sus acreedores. Sin embargo, Alemania y otros tenedores de deuda griega cotinúan exigiendo que este país firme un programa de política económica que ha demostrado ser un fracaso, y que pocos economistas alguna vez pensaron que podría, llegaría o debería ser implementado.

La oscilación en la posición fiscal de Grecia, que va desde un gran déficit primario a un superávit fue un hecho casi sin precedentes, pero la exigencia que pide que el país alcance un superávit primario del 4,5% del PIB fue desmedida. Lamentablemente, en ese primer momento en el que la “troika” –la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional– incluyó esta exigencia irresponsable en el programa financiero internacional para Grecia, las autoridades del país no tuvieron más remedio que adherirse.

La insensatez de continuar promoviendo este programa es particularmente aguda hoy en día, tomando en cuenta la disminución del 25% de su PIB que Grecia ha sufrido desde el inicio de la crisis. La troika calculó erróneamente los efectos macroeconómicos del programa que impuso. Según los pronósticos publicados, creían que, mediante la reducción de los salarios y la aceptación de otras medidas de austeridad, las exportaciones griegas aumentarían y la economía podría volver rápidamente al crecimiento. Creían, también, que la primera reestructuración de la deuda llevaría a la sostenibilidad crediticia.

La troika se equivocó en sus pronósticos, en repetidas ocasiones. Y no por poco, sino por mucho. Los votantes de Grecia tenían razón al exigir un cambio de rumbo, y su gobierno está en lo correcto al negarse a firmar un programa profundamente defectuoso.

Una vez dicho esto, sí existen posibilidades de llegar a un consenso: Grecia ha expresado de manera clara su voluntad de participar en reformas continuas, y ha agradecido la ayuda de Europa para la implementación de algunas de ellas. Una dosis de la realidad por parte de los acreedores de Grecia – sobre lo que se puede lograr, y sobre las consecuencias macroeconómicas de las diferentes reformas fiscales y estructurales – podría constituirse en la base para un acuerdo que sería bueno no sólo para Grecia, sino para toda Europa.

Algunas personas en el continente, especialmente en Alemania, parecen ser indiferentes a una salida de Grecia de la eurozona. Afirman que el mercado ya tiene “amortizada” una ruptura de ese tipo. Hay autores que incluso sugieren que sería buena para la unión monetaria.

Creo que tales opiniones subestiman significativamente tanto los riesgos actuales como futuros que están involucrados. Un grado similar de indiferencia se hizo evidente en Estados Unidos antes del hundimiento de Lehman Brothers en septiembre del año 2008. Hacía mucho que se conocía la fragilidad de los bancos de Estados Unidos, por lo menos desde la quiebra de Bear Stearns en el mes de marzo anterior. No obstante, debido a la falta de transparencia (que en parte, a su vez, se debió a la debilidad de la regulación), tanto los mercados como los formuladores de políticas no sopesaron plenamente los vínculos entre las instituciones financieras. De hecho, el sistema financiero mundial aún siente las réplicas del terremoto que significó la caída de Lehman. Y los bancos aún siguen sin ser transparentes, y por lo tanto se encuentran en riesgo. Todavía no conocemos el alcance pleno de los vínculos entre las instituciones financieras, incluyéndose los vínculos que emergen de los derivados no transparentes y las permutas de incumplimiento crediticio.

En Europa, ya podemos ver algunas de las consecuencias de la regulación inadecuada y del diseño defectuoso de la propia eurozona. Sabemos que la estructura de la moneda única promueve la divergencia, no la convergencia: a medida que el capital y las personas con talento dejan las economías afectadas por la crisis, estos países se vuelven menos capaces de pagar sus deudas. En la medida que los mercados comprenden que una viciosa espiral descendente está integrada estructuralmente en el euro, las consecuencias para la próxima crisis se tornan profundas. Y otra crisis es inevitable: se encuentra en la naturaleza misma del capitalismo.

La maniobra relativa a la confianza realizada por el presidente del BCE, Mario Draghi, en la forma de su declaración del año 2012 acerca de que las autoridades monetarias harían “lo que sea necesario” para preservar el euro, ha funcionado hasta el momento. Pero el conocimiento de que el euro no es un compromiso vinculante entre sus miembros hará que sea mucho menos probable que tal maniobra funcione la próxima vez. Los rendimientos de los bonos podrían dispararse al alza, y ninguna cantidad de declaraciones para restablecer la confianza por parte del BCE y de los líderes europeos sería suficiente para bajarlos desde niveles estratosféricos, porque el mundo ahora sabe que no van a hacer “lo que sea necesario”. Como el ejemplo de Grecia ha demostrado, únicamente van a realizar miopes exigencias relativas a políticas electorales.

La consecuencia más importante, me temo, es el debilitamiento de la solidaridad europea. El euro se suponía que la fortalecería. En cambio, ha tenido el efecto contrario.

No es del interés de Europa –o del mundo– tener un país en la periferia de Europa, alejado de sus vecinos, sobre todo ahora, cuando la inestabilidad geopolítica es ya tan evidente. El vecino Oriente Próximo está en crisis; Occidente está tratando de contener a una Rusia que últimamente se ha vuelto agresiva; y China, que ya es el mayor ahorrador del mundo, el país más grande en cuanto al comercio exterior y la economía más grande en general (en términos de paridad de poder adquisitivo), confronta a Occidente con nuevas realidades económicas y estratégicas. Este no es un momento para la desunión europea.

Los líderes europeos se veían a sí mismos como visionarios cuando crearon el euro. Ellos pensaban que miraban más allá de las exigencias a corto plazo que normalmente preocupan a los líderes políticos.

Desafortunadamente, su comprensión de la economía se quedó corta frente a su ambición; y la política en aquel momento no permitió la creación del marco institucional que podría haber permitido que el euro funcione según lo previsto. A pesar de que se suponía que la moneda única iba a traer consigo prosperidad sin precedentes, es difícil detectar un efecto positivo significativo para la eurozona en su conjunto durante el período anterior a la crisis. En el período posterior a dicha crisis, los efectos adversos han sido enormes.

El futuro de Europa y del euro depende ahora de si los líderes políticos de la eurozona pueden o no pueden combinar una pizca de pensamiento económico con un sentido visionario de —y una preocupación por— la solidaridad europea. Probablemente empecemos a encontrar la respuesta a esta pregunta existencial durante las próximas semanas.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Comenzó la reunión anual del poderoso y polémico Club Bildelberg

Sáb, 13/06/2015 - 12:24

El misterioso y poderoso grupo Bilderberg, que se reúne cada año a puerta cerrada, inició este jueves su encuentro anual que se extenderá hasta el domingo en un discreto hotel de Telfs-Buchen, cerca de Innsbruck, en el oeste de Austria. El club, que surgió en 1954 en el hotel Bilderberg (de ahí su nombre) en Holanda con el objetivo de “promover el diálogo entre Europa y Norteamérica”, tenía confirmada en su 63° reunión la presencia de 140 participantes procedentes de 22 países.

Con la fama de ser el “club secreto que elige a los líderes mundiales”, una de las leyendas atribuidas al grupo Bilderberg –aparte de una serie de teorías conspirativas- asegura que ningún líder estadounidense puede ingresar a la Casa Blanca si no asistió antes a una de sus reuniones. Eso al menos sucedió con John F. Kennedy y, más recientemente con Jimmy Carter, Bill Clinton y Barack Obama, que acudió al encuentro de junio de 2008, que se realizó en Virginia. Ese mismo año también concurrió Hillary Clinton. Además, como antecedente, Margaret Thatcher participó en la reunión de 1975 y cuatro años antes de que se convirtiera en primera ministra británica.

Algunos de los participantes de este encuentro son el primer ministro belga, Charles Michel; el ministro holandés de Finanzas y presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem; el Presidente austríaco, Heinz Fischer; Laurence Boone, la consejera económica del Presidente francés François Hollande, y el alcalde de Burdeos y futuro candidato a las primarias de la derecha francesa, Alain Juppé. También asistirán el ex presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, el es secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger, el ex director de la CIA David Petraeus, el ex presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, o el actual secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. El grupo es presidido actualmente por el francés Henri de Castries, quien dirige la aseguradora Axa.

Al menos 2.100 policías austríacos y 300 alemanes fueron dispuestos para garantizar la seguridad de los participantes, y se decidió bloquear hasta el domingo la carretera de 25 kilómetros que lleva hasta el hotel. También se prohibió el sobrevuelo de aviones o helicópteros en un radio de 50 kilómetros. Pese a estas medidas, los grupos anti-Bilderberg prometen reunir entre 2.000 y 3.000 manifestantes el sábado en Telfs.
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Aumentan las movilizaciones y las huelgas en Alemania

Ven, 12/06/2015 - 14:33

Manuel Kellner, Viento Sur

En lo que llevamos de 2015 Alemania conoce un número de huelgas superior a las habidas a lo largo de todo el año 2014. Ninguno de los conflictos ha concluido aún.

En lo que se refiere a los conductores de trenes, el sindicato mayoritario en la Deutsche Ban AG, el EVB (vinculado a la confederación DGB), firmó un acuerdo que apenas va más allá de las propuestas iniciales de la patronal, sin mejora alguna en un tema tan importante como la jornada laboral y la GDL está a la espera de las propuestas de los mediadores. Si éstas no le convencen, planteará un referéndum entre su afiliación y el movimiento huelguístico podría desencadenarse de nuevo. Si la GDL obtiene un acuerdo superior al firmado por el EVB sería aplicado a toda la plantilla en función del reglamento que rige actualmente las relaciones laborales. Como el telón de fondo del conflicto es el intento del gobierno de restringir el derecho de huelga de los sindicatos minoritarios, es difícil imaginar que la GDL capitule sin más.

En el sector postal, el sindicato de servicios Ver.di, tras varias huelgas de advertencia y la huelga en la sección de paquetería, comenzó el pasado 8 de junio una huelga indefinida, en la que, más allá de las reivindicaciones salariales y de la jornada laboral semanal (36 horas en lugar de las 38,5 actuales), lo que prima es una reivindicación solidaria: exigir las mismas condiciones de trabajo para quienes en la sección de paquetería trabajan para "compañías externas" (UPS, Fedex, etc). Aquí también el acuerdo no parece estar cerca. La dirección del servicio postal privatizado (el Estado alemán no detenta más que el 20 % de las acciones) declara beneficios millonarios al tiempo que defiende la reducción de los salarios del personal subcontratado como indispensable para poder defenderse de la "competencia global". Lo cierto es que si las y los asalariados aceptasen esta lógica, el día de mañana, las víctimas serían otros sectores del servicio postal.

En cuanto al sector de la educación y a los trabajadores y trabajadoras de la asistencia social, el conflicto está en período de mediación, por lo que se ha vuelto al trabajo tras cuatro semanas de huelga. Pero puede que sea por poco tiempo, porque la patronal -la asociación de municipios- argumenta que las arcas públicas están vacías debido las restrictivas políticas presupuestarias que soportan desde hace muchos años. Las y los educadores exigen una revalorización-equiparación de su trabajo con quienes desempeñan una actividad similar en los servicios públicos, lo que implicaría un incremento medio de un 10%, en sus salarios.

Existen otras huelgas en otros sectores y uno se puede preguntar por qué sectores asalariados rompen ahora con la pasividad que dura desde hace mucho tiempo y se ponen en movimiento para defender sus reivindicaciones. En principio, ocurre en razón de una situación política general (la gran coalición del CDU-SPD, éste último como socio menor) que no ha permitido mejorar en nada la situación de la gente asalariada. Su única medida, el salario mínimo, quedó meridianamente claro desde el principio, que (debido a la cantidad "excepciones" que contempla) sólo favorecerá a una pequeño sector. Por tanto, la decepción es grande. Y de nuevo se crean fisuras entre el SPD y las direcciones sindicales, incluso si éstas no son muy combativas.

Por otra parte, -y esta es probablemente un razón más de fondo- existe una rabia contenida desde hace tiempo y un sentimiento de amargura entre los trabajadores y trabajadoras, sobre todo el sector servicios y, en especial, entre quienes padecen las políticas neoliberales de privatización que no han hecho mas que empeorar sus condiciones de vida y de trabajo así como sus perspectivas, que son cada vez más precarias.

Así pues, se trata de una tendencia de fondo en la sociedad, en la que los conflictos sociales se exacerban como reacción a una ofensiva patronal y gubernamental de largo alcance que, con una determinación y una ferocidad inusitada, cuyo objetivo es poner fin a lo que aún queda de las conquistas sociales. Esta ofensiva se desarrolla con firmeza y dureza y, hasta ahora, no había desencadenado una reacción parecida por parte de los trabajadores y trabajadoras. La ideología del consenso, del compromiso, comienza a astillarse.

En cualquier caso, aun no se puede hacer balance de las huelgas, porque las luchas continúan.

Por último, también asistimos al incremento de las movilizaciones. El 18 de marzo, 25 000 personas se manifestaron en Frankfort contra la inauguración del Banco Central de la UE; fue un día laboral, en la que la gente que trabaja no podía participar. A principios de junio 40 000 personas se movilizaron en Baviera contra la cumbre del G7 reunido en el Castillo de Elmau, a quince kilómetros de Garmish-Partenkirchen . Y para el 20 de junio, Attac-Alemania anuncia 100 000 manifestante en Berlín para protestar contra las instituciones europeas -como se conoce a la Troika rebautizada-, y su política contra el pueblo griego y de cara a las y los inmigrantes. Aunque la cifra que anuncia Attac puede ser muy optimista, lo probable es que sea una manifestación masiva.

En todo caso, no hay que olvidar que la DGB (Confederación general de sindicatos) llamó a sumarse a las manifestaciones que se desarrollaron en Frankfort y Baviera y que para el 13 de junio ha convocado manifestaciones masivas en cuatro ciudades alemanas (Colonia, Hanover, Dresde y Nuremberg) en apoyo a la equiparación de los trabajos sociales con el lema ¡Es la hora de actuar!.
_______
Ver Nueva huelga de Ferrocarriles en Alemania por bajos salariosUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

En medio de la corrupción política, parte en Chile la 44ª edición de la Copa América

Xov, 11/06/2015 - 21:31
Este jueves arranca en Chile la 44ª edición de la Copa América de fútbol, el torneo más antiguo del mundo aún en vigencia, en que participan las selecciones nacionales de América del Sur más dos equipos invitados. El campeonato se lleva a cabo por séptima vez en Chile, entre el 11 de junio y el 4 de julio. El partido inaugural de la Copa América 2015 enfrenta en Santiago a la selección chilena con el seleccionado de Ecuador y se juega esta noche a las 2030 hrs. Será el primer encuentro de los 26 que se jugarán en el marco del torneo.
A lo largo de estos 44 campeonatos, Chile es el segundo país con más Copa América organizadas: 7. El primero es Argentina con 9. Chile es también el equipo que ha disputado más partidos en la Copa América: 167. Chile nunca ha sido campeón de la Copa América, pero ha terminado en el podio en cinco de las seis ediciones en que fue local. Datos históricos indican que Sergio Livingstone es el jugador que más partidos ha disputado en la Copa América: 34, entre 1941 y 1953; mientras que Enrique Hormazábal, con 10 goles, es uno de los goleadores históricos de la Copa América (seis en 1955 y cuatro en 1956).
Este evento deportivo se produce en momentos en que Chile se encuentra atónito frente a los casos de corrupción que envuelven a la clase política y empresarial. Pagos oscuros y secretos por cientos de millones de dólares que han ido a dar a los bolsillos de quienes manejan los hilos del poder, acrecentando la profunda desigualdad asentada en Chile. Los casos Penta, Caval y SQM, entre otros, tienen a Chile entre la perplejidad y la indignación, que no se olvidarán con tres semanas de fútbol.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Emir Sader: América Latina y la tercera oleada de inmigrantes europeos

Xov, 11/06/2015 - 15:15
Emir Sader, Alainet

La novedad en los ciclos migratorios es su inversión en las relaciones de Europa con América Latina. Desde que ha empezado la crisis internacional del capitalismo, en el 2008, baja el número de inmigrantes latinoamericanos hacia Europa, una significativa parte de ellos retorna a sus países de origen y – la novedad más grande – surgió una nueva ola de inmigración europea hacia América Latina.

Una de las regiones más ricas del mundo – incluso por la explotación de América Latina -, Europa extermina su generoso Estado de bienestar social. Empieza a poner en práctica el slogan de una campaña del PP de Cataluña: “Ya no hay para todos”.

Surge una nueva ola de inmigración, esta vez de europeos hacia América Latina. Como no hay plazo para que se termine la prolongada y profunda recesión que las políticas de austeridad han producido y, por otra parte, hay gobiernos en América Latina que, por no seguir esa receta, han mantenido y extendido sus políticas sociales, el continente se vuelve de nuevo atractivo para los europeos.

¡Que sean bienvenidos! Han estado por aquí, una primera vez, con la espada y la cruz, como colonizadores. (Como expresaba un cartel de ecuatorianos en España, hace algunos años; “Estamos aquí, porque ustedes han estado allá.”). Han explotado nuestros recursos, han diezmado a las civilizaciones indígenas, han introducido la esclavitud. Salieron, varios siglos después, expulsados, para que fuéramos políticamente independientes y pudiéramos terminar con la esclavitud.

La segunda ola de inmigración europea fue muy distinta: trabajadores, que vinieron a buscar mejores condiciones de vida y ayudaron a constituir nuestras clases trabajadoras. Han traído su calor humano, sus culturas, sus experiencias de vida y de lucha. Han traído ideologías anarquistas, socialistas, comunistas, capacidad de organización y espíritu de lucha. Se han quedado y hacen parte de nuestras vidas, de nuestros mundos, de nuestras culturas.

Más recientemente la llamada globalización promovió salidas masivas de latinoamericanos buscando trabajo en Europa. Hasta que la crisis actual ha frenado esas salidas y ahora ese movimiento se ha invertido.

Bienvenidos, europeos que llegan hasta aquí. Están encontrando, por lo menos en algunos países, un clima distinto al de Europa y al de gran parte del mundo. Basta con decir que por aquí los haitianos – que llegan por decenas de miles a Brasil – son acogidos, se les entrega documentos de identidad y de trabajo, se trata de obtenerles empleos y casas. Son atendidos en la misma embajada brasileña en Haití, que facilita documentos para sus largos viajes.

Gran cantidad de extranjeros son legalizados en algunos de nuestros países, todos los años, a pesar de existir todavía un alta proporción que todavía viven sin documentos y trabajan en condiciones infrahumanas. Pero se denuncian esas condiciones y se avanza en la superación de esas condiciones de trabajo.

Encuentran aquí, en algunos países, cambios sociales fundamentales, porque hay gobiernos que no se orientan por la centralidad del mercado y por los que en Europa llaman de austeridad. Las políticas sociales son la prioridad. Hay modelos de desarrollo económico con distribución de renta, hay combate a la pobreza, la desigualdad y la miseria como nunca había habido en el pasado.

Es justamente a esos países de nuestro continente que los inmigrantes europeos vienen. Porque de nada les serviría venir a países que reproducen las políticas que los han expulsado de sus países. Preferiríamos que ustedes no necesitaran venir, sabemos que nuestro lugar natural es nuestro país. Pero los recibimos con todo el cariño y la solidaridad que ustedes se merecen. Que muchos de nosotros, huyendo de las dictaduras recibimos de ustedes.

Lo que más queremos de Europa es de nuevo ver a ese continente desarrollar políticas de bienestar social, como lo ha hecho tan bien durante varias décadas. Pero quédense aquí cuanto tiempo quieran, tratamos de tratarlos de la mejor manera posible. Somos solidarios con ustedes y con la nueva izquierda europea, que desarrolla políticas con las cuales nos identificamos mucho.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Empleo precario: adiós al reloj de oro

Mér, 10/06/2015 - 12:18
Alejandro Nadal, La Jornada

Durante la crisis en los años 80 se intensificó el debate sobre desempleo en los países capitalistas desarrollados. Eran los años de la llamada recesión Volcker, en honor del presidente de la Reserva Federal cuya decisión de incrementar la tasa de interés provocó una recesión mundial. En Estados Unidos se habló mucho de redundancias en el mercado laboral y de las dificultades para conseguir un ajuste. Pero nadie estaba preocupado por la inestabilidad y la precariedad del empleo. Durante los años ochenta se esperaba que con la recuperación todo volvería a la normalidad y las grandes empresas del capitalismo moderno restablecerían su capacidad de generación de empleos estables.

Pero al regresar el crecimiento económico en la década de los 90, el mercado laboral no se comportó como en los mejores años de la historia del capitalismo. Todo había cambiado: había mucho menos probabilidades de obtener empleos que estuvieran vinculados a la idea de hacer carrera en una de esas grandes empresas emblemáticas de la era dorada del capitalismo (1945-1975). Algo extraño estaba ocurriendo con el famoso mercado laboral.

En los años radiantes de la acumulación capitalista obtener un empleo en una gran empresa era sinónimo de iniciar una carrera. La trayectoria podía ir desde los niveles más modestos en el escalafón hasta los puntos más altos en la jerarquía de la misma compañía. La mayor parte de la vida laboral de una persona se desarrollaba en la misma industria y frecuentemente en una sola empresa. El camino trazaba de manera puntual el ciclo de vida de cada empleado. La mitología capitalista contaba que al final de su carrera, el gerente le entregaría un clásico reloj de oro en reconocimiento a sus servicios de varias décadas. La jubilación y una pensión decente, con cuidados médicos, le esperaban a la salida.

Todo eso se ha ido para siempre. El proyecto de hacer carrera en una empresa desapareció hace más de 20 años. Desde entonces aumentó la preocupación por la mala calidad del empleo, la inestabilidad y lo precario de las condiciones de trabajo. En la actualidad, la mayor parte de los integrantes de la fuerza de trabajo en una economía capitalista habrá estado en muchos empleos antes de que le llegue la hora de la jubilación. Y no habrá reloj de oro al final de esa trayectoria.

Esta transformación en el mundo del empleo es resultado de múltiples causas. Una de ellas (pero no la única) es el cambio tecnológico, que en el capitalismo conlleva la expropiación del saber obrero y su incorporación en máquinas y procesos productivos. Así la incorporación de la microelectrónica abrió las puertas a la manufactura flexible y a la fragmentación de los procesos de producción en todo tipo de industrias. De manera complementaria las innovaciones en el campo de las llamadas técnicas de la información hicieron posible la dispersión de las distintas etapas de la producción al interior de una industria.

Para la producción capitalista todo esto ofrecía oportunidades atractivas en su gestión de los procesos productivos y la reducción de costos de todo tipo. En el ámbito de los costos laborales las oportunidades resultaron ser muy atractivas.

Se piensa que la lucha contra las organizaciones laborales comienza bajo la presidencia de Reagan. En realidad los antecedentes vienen desde antes: en 1947 la ley Taft-Hartley limitó la acción de las organizaciones obreras en Estados Unidos, prohibió las huelgas de solidaridad y debilitó su influencia política. También hay que observar que mucho antes del éxodo hacia China se presentó la relocalización de plantas e industrias completas de ciudades como Chicago, Cleveland y Detroit, en el norte, hacia ciudades del sur y suroeste de Estados Unidos (como Atlanta, Birmingham y Houston). El capital se desplazó hacia ciudades en las que la legislación laboral era más flexible (es decir, francamente hostil a las organizaciones obreras).

En la década de los 90 el desplazamiento de empleos fue hacia los nuevos espacios en países como México, China, Vietnam, Indonesia y Malasia. Los salarios de hambre y las condiciones de trabajo (inseguras e insalubres) revelan la tristemente célebre carrera al sótano. La enorme pérdida de empleos en la industria manufacturera en Estados Unidos es el resultado de una transformación estructural que muy pocos analistas pudieron predecir.

Europa pudo mitigar parcialmente los efectos de la transformación, pero la crisis está cambiando todo esto. La recuperación llevará a nuevos territorios los patrones de ocupación y empleo, espacios en los que los llamados Mac-empleos de mala calidad serán cada vez más importantes. La estructura del empleo en México refleja estas tendencias a escala mundial. Las características son precarización, inseguridad, inestabilidad, escasa remuneración y condiciones peligrosas sin responsabilidad para el empleador.

Estas tendencias tienen otras dos dimensiones: hacia el desempleo creciente y la declinación política de la clase trabajadora. Regresaremos sobre estos temas.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Banco HSBC despedirá a 50 mil trabajadores en todo el mundo

Mér, 10/06/2015 - 02:11

El banco británico HSBC, incriminado en operaciones de lavado de dinero en Europa y Estados Unidos, anunció que recortará 50.000 puestos de trabajo en todo el mundo, reduciendo el tamaño de su negocio de banca de inversión y eliminando las filiales de bajo rendimiento en Turquía y Brasil. HSBC dijo que reducirá sus costos en hasta 5 mil millones de dólares anuales dentro de dos años, y estudiará si debe trasladar su sede de Gran Bretaña a finales de año.

El banco, que tiene operaciones en 73 países, ha eliminado decenas de empresas de bajo rendimiento en los últimos años, ya que pretende reducir los costos y reducir su riesgo. HSBC señaló que reducirá de 12.000 a 13.000 empleos como resultado de la racionalización y la automatización de procesos en el banco. Un adicional de 7000 a 8000 reducciones se aplicará por el cierre de sucursales y la eliminación de funciones de back office. HSBC espera reducir su número de sucursales en un 12 por ciento.

Al igual que muchos de sus rivales, HSBC está tratando de reducir la cantidad de activos de mayor riesgo en su balance, incluyendo el tamaño de su mercado en la banca global, para centrarse en negocios estratégicos y rentables. HSBC dijo que reduciría los llamados activos ponderados por riesgo, una medida del riesgo del capital que posee, en un 25 por ciento, o alrededor de $ 290 mil millones. La mitad de estas reducciones serpa en la banca de inversión.

Los planes anunciados este martes son las mayores reducciones de empleo en HSBC desde 2011. Un número de rivales de la entidad, incluyendo Barclays, Credit Suisse y Royal Bank of Scotland, han anunciado planes similares para reducir el tamaño de su fuerza de trabajo y eliminar las empresas de riesgo. El anuncio de HSBC se produce pocos días después de la renuncia de los ejecutivos jefes de Deutsche Bank, Anshu Jain y Jürgen Fitschen. Deutsche Bank está siendo investigado por lavado de dinero y todo apunta a que este banco también ha ayudado a evasores fiscales.

Como vemos, los bancos más grandes del mundo están en serias dificultades y eso perjudica al empleo, y también a la inversión, es decir, a toda la actividad económica.
______
Ver más en The New York Times, Público.es
LUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

El enorme daño causado por las ineficaces políticas de austeridad

Mar, 09/06/2015 - 13:52
Vicenç Navarro, Alainet

Existe hoy un debate en el mundo anglosajón que tiene una gran relevancia para España y que, sin embargo, no ha aparecido en sus medios de mayor difusión. Se centra en si las políticas públicas de austeridad (que consisten en recortes del gasto público y en la disminución de los salarios) han sido eficaces o no para recuperar la economía, ayudándola a salir de la Gran Recesión. A un lado de este debate está Niall Ferguson, que desde las páginas del Financial Times ha indicado que sí que han sido eficaces, mostrando el crecimiento económico de su país, el Reino Unido, del 2,6% del PIB en el año 2014, como prueba de ello (ver “The UK Labour party should blame Keynes for their election defeat”, Financial Times, 10.05.15). Según este autor, tales medidas de austeridad impuestas por el gobierno conservador del Sr. Cameron han causado esta recuperación, recobrando el crecimiento económico. Es interesante señalar que el Presidente Rajoy también ha acentuado que la “recuperación económica”, con una tasa de crecimiento del PIB español del 1,4% en el año pasado, muestra que sus políticas de austeridad han sido necesarias y eficaces para que la economía española saliera de la Gran Recesión.

En el otro lado del debate existen varios autores, de los cuales el más conocido es Robert Skidelsky, que postula que lejos de ser eficaces, tales políticas han retrasado enormemente la recuperación económica, causando un gran sufrimiento entre la población que no ha servido para nada (ver “Niall Ferguson’s Wishful Thinking”, Social Europe Journal, 28.05.15). Lo que este autor indica es que para medir la eficacia de estas políticas no basta con mostrar que existe ahora crecimiento económico, sino que también hay que tener en cuenta el tiempo que se ha tardado para que la economía crezca de nuevo. Según Skidelsky, las políticas de austeridad, lejos de ser eficaces para recuperar el crecimiento, lo que han hecho ha sido retrasarlo. Muestra cómo en todos los años en que la austeridad ha sido el eje central de las políticas públicas ha habido un estancamiento del crecimiento económico, y cómo solo cuando tales políticas se han relajado la economía ha crecido de nuevo. En realidad, tales políticas han dejado en tan mal estado a la economía británica que no se recuperará, alcanzando los niveles anteriores al inicio de la crisis (2008), hasta dentro de nueve o diez años a partir de ahora. Definir estas políticas como exitosas es, según tal autor, absurdo. Lejos de ser eficaces, han causado un daño enorme, no solo en sufrimiento humano, sino también en términos económicos. Lo mismo podría decirse en el caso español, en el que, como resultado de tales políticas, ha habido un enorme retraso en la recuperación económica, prediciéndose que hasta dentro de diez o incluso quince años no se recuperarán los indicadores previos a la crisis.

La deuda pública ha continuado creciendo La reducción de la economía, consecuencia de la larga recesión, ha generado un crecimiento de la deuda pública, pasando (durante el periodo de austeridad) de ser en el Reino Unido de un 69% del PIB a un 80%, lo contrario precisamente de lo que se intentaba con los recortes del gasto público y la reducción del déficit público. De nuevo, una situación idéntica ha ocurrido en España. A pesar de los grandes recortes de gasto público, incluyendo el gasto público social, la deuda pública en España se ha disparado, llegando casi a ser del 100% del PIB. Definir esta situación como exitosa es abusar de la flexibilidad del lenguaje, reflejando una capacidad de manipulación que debería denunciarse. Como bien señala Skidelsky, la experiencia histórica muestra claramente que la mejor manera de reducir la deuda pública es estimular el crecimiento económico, precisamente a base de aumentar el gasto público. El caso más conocido es la salida de EEUU de la Gran Recesión. Y un tanto semejante ocurrió en el Reino Unido. En este país, la deuda pública pasó de representar el 240% del PIB en 1945 al 64% en 1970, después de 25 años de crecimiento económico. Esta experiencia justifica, por cierto, la resistencia por parte del gobierno de Syriza a continuar aplicando las políticas de austeridad que el establishment neoliberal europeo y el FMI continúan insistiendo que se apliquen en Grecia.

Este debate debería darse también en España, donde tales políticas de austeridad han creado un desastre (y no hay otra manera de definirlo) que es incluso mayor que en el Reino Unido, resultado de no controlar su propia moneda (caso que no ocurre en el Reino Unido, que tiene su propia moneda y su banco central). De ahí que la crisis haya sido mayor en España que en el Reino Unido, y el tiempo de recuperación vaya a ser mucho más largo y extenso que en aquel país. Y a esto el establishment financiero, económico, político y mediático lo llama Recuperación. No tienen vergüenza.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización