Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6526125
Actualizado: fai 16 horas 40 min

Continúa la mentira y la manipulación de ‘El País’ en la cobertura de Unidos Podemos

Sáb, 29/10/2016 - 03:06
Vicenç Navarro, Público

El miércoles pasado por la noche envié un artículo a Público que se publicó al día siguiente, haciendo una crítica y denuncia del partidismo sectario de El País (“El desvergonzado partidismo y sectarismo de El País”, Público, 20.10.16), mostrando ejemplos de la falta de profesionalidad y clara violación de las más mínimas reglas de decencia y ética periodísticas que aparecieron en su cobertura de Podemos durante la campaña electoral de 2015, y de Unidos Podemos en la de 2016. Tal rotativo no tiene límites en su hostilidad hacia estas fuerzas políticas, actuando como mero instrumento de los barones del PSOE, tales como los Sres. Felipe González y Alfredo Pérez Rubalcaba, que son miembros del Consejo Editorial de dicho rotativo.

Tras enviar el artículo, que se publicó al día siguiente, jueves, vi en las noticias de la noche por televisión que un grupo de estudiantes de la Universidad Autónoma de Madrid había interrumpido una conferencia patrocinada por El País en dicha universidad, en la que se iban a realizar dos intervenciones, una del Sr. Felipe González, ex presidente del gobierno español, y la otra del Sr. Juan Luis Cebrián, presidente del grupo Prisa y editor de El País. Al leer las noticias de tal rotativo, así como su editorial y artículos al día siguiente, vi, una vez más, la manipulación, las mentiras y la mala leche que están caracterizando a los editoriales de El País (así como a las noticias) sobre Podemos, alcanzando ya unos niveles que deberían ser objeto de denuncia en las comisiones de ética profesional de los Colegios de Periodistas. Nunca antes El País había alcanzado el nivel de mezquindad y falta de profesionalidad que está mostrando estos días.

Ni que decir tiene que el acto de interrupción de la conferencia de los Sres. González y Cebrián por parte de los estudiantes ha generado un rechazo general, liderado por El País, rechazo que este rotativo ha intentado utilizar para acusar a Podemos, y muy en particular a su Secretario General, el Sr. Pablo Iglesias, de estar detrás de aquel acto, acusación realizada en el editorial “A golpes con la libertad” (20.10.16), así como en el reportaje de lo sucedido. Y, predeciblemente, la mayoría de medios han sumado su voz a esta condena de los estudiantes que forzaron la clausura del acto, alegando que con su intento (que fue exitoso) estaban violando la libertad de expresión, acusando a Podemos de haber organizado o estimulado dicha acción.

La condenable violencia de los estudiantes En esta denuncia a los estudiantes de la UAM falta, sin embargo, hacer una distinción. El hecho de que los estudiantes utilizaran la violencia merece ser denunciado, siendo necesario que se exprese un desacuerdo con las formas escogidas por tales estudiantes en su protesta, desacuerdo que, por cierto, han mostrado todos los dirigentes de Podemos entrevistados, incluyendo (en contra de lo que escribió El País) Pablo Iglesias. Escuchen sus declaraciones y verán claramente que El País miente (cuando escribió que Pablo Iglesias no había desaprobado la fuerza utilizada por los estudiantes para interrumpir el acto). Escuchen sus declaraciones y verán que sí expresó su desacuerdo. Las fuerzas progresistas tienen que darse cuenta de que utilizar la violencia en una manifestación política es un gran error, pues siempre será utilizada por el adversario en su contra, debilitando enormemente a la causa que se defiende. El mejor ejemplo de ello fue ETA, que debido a su estrategia de violencia utilizada durante el periodo democrático retrasó enormemente el desarrollo de su causa. Las protestas tienen que ser no violentas para ser efectivas. Utilizarla es sumamente negativo y reaccionario. No veo, pues, criticable que se realizara una denuncia del uso de la violencia por parte de los estudiantes, ya fuera esta denuncia de forma explícita o implícita, expresando un desacuerdo, tal como hizo Pablo Iglesias.

No ha habido denuncia de la violencia mediática de El País y la gran mayoría de medios de información españoles Pero hay muchas maneras de ejercer la violencia, y El País, con su constante hostilidad hacia Pablo Iglesias y hacia Podemos, está ejerciendo una violencia mediática. De ahí que si bien los estudiantes tienen que ser criticados y denunciados por su violencia física, El País (y la mayoría de medios de información) también tiene que ser denunciado por la incitación al odio que constantemente aparece en sus páginas hacia aquellos a los que considera enemigos. ¿Cómo puede acusarse a Podemos de estar detrás de la violencia de aquel acto de los estudiantes, presentados como miembros o simpatizantes de ETA? Tal acusación a Pablo Iglesias es muy semejante a la acusación que hicieron los dirigentes y barones del PSOE a Podemos, acusándolo repetidamente, incluso en las Cortes Españolas, de apoyar a ese grupo terrorista. ¿No son estas acusaciones, hechas constantemente, una incitación a la violencia? Dicha acusación es una manipulación que tiene como objetivo destruir (y no hay otra manera de definirlo) a Podemos.

Pero la belicosidad de El País no se detiene ahí. En una comparación odiosa, equipara la acción de los estudiantes que golpearon las puertas del evento e hicieron ruido para imposibilitar el acto, con el golpe militar de la Guardia Civil (de Tejero), que paralizó una sesión de las Cortes Españolas. Además de exagerado, equiparar un grupo de estudiantes que no llevaban armas con secciones de la Guardia Civil y del Ejército que llevaron a cabo un intento de golpe de Estado, es intentar inflamar lo ocurrido para tomar ventajas políticas, manipulando en exceso el reportaje de un evento. Pero, por si no fuera poco, se acusa nada menos que al Secretario General de Podemos, Pablo Iglesias, en tal reportaje de ser el incitador de dicha violencia. Y como prueba de ello, se indica que los estudiantes revoltosos llevaban pancartas en las que se hacía referencia a la “cal viva” que Pablo Iglesias mencionó en su día en las Cortes Españolas en referencia al Sr. Felipe González; aludir a la utilización de tales pancartas como prueba de la complicidad de Pablo Iglesias en el acto es indigno y de una gran mezquindad. Por cierto, siempre que se hace referencia a esa cita, se ignora el contexto en el que se hizo tal acusación. Días antes de que Pablo Iglesias hiciera dicha acusación, Felipe González había acusado injustamente a Podemos de apoyar las acciones terroristas de ETA, acusación repetida por Pedro Sánchez en las Cortes Españolas, minutos antes de que le contestara Pablo Iglesias. ¿Por qué las acusaciones de los primeros no se citan, y sí en cambio las de Pablo Iglesias?

El constantemente violado derecho a la información La gran amenaza a la democracia no es solo la violencia física, sino la violencia ejercida por los medios incitando al odio y a la agresividad contra figuras políticas y partidos políticos, tal como hacen la gran mayoría de los medios de información españoles, que más que de información son de persuasión y propaganda, siendo El País uno de ellos. Los estudiantes tenían el derecho a protestar por la visita a la universidad de dos personajes políticos, incluyendo el presidente del grupo Prisa, uno de los mayores grupos de comunicación defensores de las políticas neoliberales promovidas por el establishment (tales como las políticas de austeridad que han ido desmontando el escasamente financiado Estado del Bienestar, y las reformas laborales que han reducido los salarios) que se han impuesto a la población por parte de los gobiernos Zapatero y Rajoy, y que han hecho tanto daño a las clases populares.

Es más, tenían también el derecho de protestar por la presencia del presidente de uno de los grupos de comunicación que más han contribuido a vetar la diversidad en sus medios, habiendo vetado a Manuel Rico, a Fernando Berlín, a Javier Aroca y a Ignacio Escolar, entre otros, impidiendo a todos sus trabajadores colaborar con los medios –eldiario.es, elconfidencial.com, La Sexta– que han sido críticos con el comportamiento empresarial del Sr. Cebrián, habiendo sido censurados y expulsados de sus medios.

Los medios, incluida la prensa, tienen una responsabilidad pública de la que deriva toda una serie de privilegios. Cuando no ejercen tal función pública y no ofrecen la variedad de sensibilidades ideológicas que existen en la sociedad, vetando a aquellos que tienen posiciones contrarias a las suyas propias, no pueden hablar de defensa de la libertad y de la democracia, pues son ellos los que las están violando. Durante la dictadura, los estudiantes abucheábamos a los directores de la prensa del régimen. Y hoy tenemos muy poca democracia (casi una dictadura mediática), y la falta de diversidad de los medios contribuye a ello. Los que son responsables de esta escasa diversidad, que violan sistemáticamente el derecho a estar informado, no se merecen ser considerados demócratas, y deben ser denunciados por su comportamiento antidemocrático.

La universidad debe ser un lugar de diálogo para aquellos que permiten el diálogo La universidad es un lugar de diálogo para todos aquellos que defiendan y permitan dicho diálogo y la diversidad. No para aquellos que lo impiden y que se oponen a ello. Por mucho que le duela al grupo Prisa, el supuesto régimen dictatorial de Venezuela (como siempre lo presenta El País) tiene mayor diversidad ideológica en sus medios que España. En realidad, en un régimen que es presentado como una dictadura de izquierdas, la mayoría de medios de información son medios de clara sensibilidad de derechas, aunque hay también de izquierdas. No así en España, donde no hay prácticamente medios de información de izquierdas. Y El País ha estado impidiendo esta diversidad tanto en sus páginas como fuera de ellas. Ha estado machacando con una enorme agresividad a las voces críticas con el neoliberalismo imperante, sin permitir responder ni siquiera a los insultos. Y un tanto semejante ocurre en su cobertura mediática de las opciones políticas soberanistas en Catalunya (sean o no sean independentistas), publicando constantemente manipulaciones sobre tales opciones, sin nunca permitir voces contrarias. Que ahora el grupo Prisa pida respeto y diálogo es una desfachatez. Los estudiantes tenían el derecho a manifestarse y denunciar tal arrogancia, y hay que defender su derecho, a la vez que criticar su innecesaria violencia, que disminuyó el valor democrático de su acción. Como bien decía Bertolt Brecht, “la libertad de prensa es la libertad de sus propietarios, y se expresa en la negación de la libertad de todos los demás”. El Sr. Cebrián tiene poca autoridad moral para dar lecciones sobre la libertad de prensa en España. De ahí que la población tiene que recuperar el derecho a la información, y repito que me parece muy bien que los estudiantes protesten (sin violencia) evitando que a tales personajes se les permita hablar en los fórums académicos, a no ser que muestren con su comportamiento que ellos mismos permiten la palabra a aquellos que demonizan e insultan constantemente.

Una última observación Parece que el amplio rechazo frente a la falta de profesionalidad que está mostrando El País en su hostil cobertura de Podemos está teniendo, por fin, algún impacto. Hace unos días (24 de octubre) El País publicó un artículo de un tal Víctor Lapuente en el que por primera vez se hablaba bien de Podemos (aunque no de Pablo Iglesias). Concluía el artículo señalando que el problema de tal partido era que está dirigido por Pablo Iglesias. La demonización de Pablo Iglesias será lo último que el establishment político-mediático de este país dejará de practicar, si es que algún día lo hace. Después de todo, tanta hostilidad hacia tal fuerza política y hacia su dirección es el intento desesperado de mantener un statu quo que es insostenible. Hoy, este statu quo se reproduce no solo por la represión física por parte de los aparatos represivos del Estado, sino también (y sobre todo) por la represión intelectual, ideológica y mediática llevada a cabo por la mayoría de la gran prensa escrita y la televisión, tanto pública como privada, que promueven el pensamiento conservador y neoliberal dominante (homologable en el abanico político europeo a la ultraderecha europea), hoy altamente cuestionado por fuerzas progresistas emergentes basadas en la periferia y en el centro del territorio español, que exigen otra España mucho más democrática, mucho más justa y solidaria, mucho menos corrupta, mucho más transparente y mucho más plural, que reconozca, dentro de esta diversidad, la plurinacionalidad del Estado español. Su desarrollo y expansión es lo que determina tanta hostilidad por parte del establishment político-mediático del país, que por primera vez desde que se inició el régimen de 1978 se encuentra amenazado.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Renta básica: una propuesta para el siglo XXI

Mér, 26/10/2016 - 13:00
Alejandro Nadal, La Jornada

En los últimos años se ha venido discutiendo la renta básica, una radical propuesta de reforma económica y social que merece un análisis cuidadoso. Se trata de un esquema que corta transversalmente varios temas cruciales: distribución del ingreso, empleo, política fiscal, seguridad social, pobreza y salarios. Es quizás la propuesta de reforma más importante desde que apareció en la escena el estado de bienestar social.

La renta básica es definida por la Red Renta Básica como un ingreso pagado por el Estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro de pleno derecho o residente de la sociedad, incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, independientemente de si es rico o pobre y sin importar con quien conviva. Es decir, la renta básica (RB) se paga sin tomar en consideración las otras posibles fuentes de renta que pueda tener un miembro de la sociedad.

Se trata de un derecho social, asimilado al estatus de ciudadano de cualquier persona e independiente del nivel de ingreso que se tiene en la sociedad. La RB es algo esencialmente diferente a los pagos para compensar una situación de desempleo. Y no tiene nada que ver con los programas de combate a la pobreza extrema que el Banco Mundial ha promocionado en el mundo. Estos últimos se diseñaron para poder instrumentar recortes al gasto social al hacer más eficiente la asignación de recursos a los más necesitados. En el fondo sirvieron para que la generación del superávit primario no generara tanta protesta social.

Es una idea que lleva a nuevas alturas el derecho ciudadano a la vida, en el contexto de una economía capitalista que está mutando sus formas de reproducción a gran velocidad. Esta transformación exige explorar opciones que dan paso a formas sociales que hoy sólo aparecen en embrión y que habitan los intersticios de las relaciones capitalistas.

En particular, la renta básica permite hacer frente a los problemas que vienen aparejados al estancamiento secular y a la creciente robotización de los procesos de la industria manufacturera y del sector servicios. Los problemas que se acumulan en esta encrucijada se pueden sintetizar fácilmente: desempleo tenaz y salarios estancados o a la baja.

Por supuesto, la propuesta de la RB tiene sus detractores en todo el espectro político. Por el lado de la izquierda encontramos al conocido economista marxista, Michael Roberts. El título de su última entrada en su blog critica la propuesta de la RB por ser, eso, básica, pero no lo suficientemente radical. Y en un pasaje clave de su texto, Roberts señala que varios políticos y economistas de derecha están a favor de la RB porque al pagarle a los trabajadores ese ingreso en lugar de salarios y beneficios sociales es visto como una manera de ahorrar dinero y reducir el tamaño del Estado y de los servicios públicos. Lo que reduce el valor de la fuerza de trabajo y aumenta la tasa de plusvalía. Roberts concluye que la RB se convierte en un subsidio salarial para aquéllos patrones que emplean trabajadores que no gozan de beneficios sociales y que estarían bajo presión para aceptar salarios no mayores que la renta básica que sería inferior al salario promedio.

Roberts comete varios errores. Su descuido hace que al final del texto el lector no sepa si esa crítica de los políticos y economistas de derecha es también compartida por Roberts. La renta básica no se paga en lugar de salarios o beneficios sociales. La RB es un ingreso independiente de otras fuentes de renta o beneficios sociales. Por tanto, la renta básica no es algo que podría sustituir los servicios proporcionados por el Estado en materia de salud, educación o protección al medio ambiente. Ciertamente no es un medio para ahorrar dinero y reducir el tamaño del Estado. Y tampoco es un subsidio para el salario que pagan los patrones a menos que se admita el supuesto erróneo de que la renta básica se paga en lugar de salarios.

¿Constituye la renta básica un factor de presión a la baja de los salarios? De entrada un régimen de RB incrementaría el poder de negociación de los asalariados. La experiencia durante los años en que el desempleo disminuyó notablemente confirma que los salarios aumentaron porque el poder de negociación de los trabajadores se incrementó. La renta básica no sería una presión para deprimir los salarios.

En el contexto de una economía capitalista afectada por una crisis deflacionaria que se asocia a un estancamiento de larga duración, la renta básica constituye un poderoso instrumento para estimular la demanda agregada. Y ciertamente es más efectiva que la postura de política monetaria que hoy entrega al sistema bancario billones de dólares para que los recicle en su interior y para que las grandes corporaciones mantengan el casino llamado bolsa de valores.

¿Tienen las economías capitalistas los recursos para aplicar una RB? La respuesta es afirmativa. El estudio de Arcarons, Domènech, Raventós y Torrens sobre un modelo de financiación de la renta básica para el Reino de España (publicado en Sin Permiso) no deja lugar a dudas.

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Michael Hudson: La gran Recesión no ha terminado

Mar, 25/10/2016 - 08:01
El FMI predice la vulnerabilidad de los bancos en los Estados Unidos y la Unión Europea al tiempo que permite el apalancamiento de la deuda insostenible, dice el economista Michael Hudson. Con lo peor de la gran recesión supuestamente superado, los analistas económicos siguen viendo signos de que no estamos todavía completamente fuera de peligro. Un nuevo informe publicado el miércoles por el Fondo Monetario Internacional muestra que algunos bancos de Estados Unidos y Europa quizás no sean lo suficientemente fuertes para sobrevivir a otro revés, incluso con ayuda estatal.

Kim Brown, CounterPunch

Se une a nosotros desde Nueva York Michael Hudson. Michael es Profesor e Investigador de Economía de la Universidad de Missouri, Kansas City. Su último libro es Matar al Anfitrión: Cómo los parásitos financieros y la servidumbre de la deuda destruye la economía global (Killing the Host: How Financial Parasites and Debt Bondage Destroy the Global Economy). Michael, gracias de nuevo por estar con nosotros.

MICHAEL HUDSON: Me alegró de estar contigo. Pero el peligro no ha pasado.

BROWN: Está bien, entremos en ello. El informe del FMI sobre la estabilidad financiera dice que a pesar de que los bancos sean más fuertes ahora que antes de la crisis económica de 2007-2008, aproximadamente el veinticinco por ciento de los bancos de Estados Unidos y alrededor de un tercio de los bancos europeos son demasiado débiles, incluso para beneficiarse de un aumento potencial de las tasas de interés y de cualquier ayuda para la recuperación, si la economía mundial tomara un giro hacia abajo. Pero antes de entrar en cuestiones específicas acerca de la salud de los bancos, Michael, ¿actualmente estamos todavía en una recesión o estamos firmemente en una recuperación?

HUDSON: No estamos en una recuperación y no estamos realmente en una recesión tradicional. La gente piensa en un ciclo económico, que es un auge seguido de una recesión y luego los estabilizadores automáticos reactivan la economía. Pero esta vez no la podemos reactivar. La razón es que cada recuperación desde 1945 se ha iniciado con un nivel de deuda cada vez mayor. La deuda es tan alta ahora, que desde 2008 hemos estado en lo que yo llamo la deflación de la deuda. La gente tiene que pagar tanto dinero a los bancos que no tienen suficiente dinero para comprar los bienes y servicios que producen. Así que no hay demasiada inversión nueva, no hay nuevos puestos de trabajo (excepto los empleos de «servicios» de salario mínimo) los mercados se están reduciendo y la gente no puede pagar sus deudas. Así que muchas empresas no pueden pagar a sus bancos.
El producto de los bancos es la deuda. Tratan de decir a los clientes que "las deudas son buenas para usted", pero los clientes no pueden permitirse más deuda, así que no hay forma de que los bancos puedan continuar con su plan de negocios corriente. De hecho, no hay manera de que los bancos puedan cobrar todo lo que se les debe. Eso es lo que el FMI no sigue a través de su análisis diciendo: "Mira, los bancos están en la ruina porque el sistema financiero está en quiebra; y el sistema financiero está en quiebra porque la idea de intentar enriquecerse mediante el endeudamiento no funciona ".
Era un modelo falso. Así que, en realidad, estamos al final de un ciclo largo que se inició en 1945 alimentando a la economía con la deuda. No podremos salirnos de ello hasta que eliminemos las deudas. Pero eso es impensable para el FMI. No puede decir eso, porque se supone que representa los intereses de los bancos. Así pues, todo lo que el FMI puede hacer es retorcerse las manos por el hecho de que los bancos no van a ganar dinero, incluso si hay una recuperación. Pero en realidad no hay una recuperación y no hay indicios de ella en el horizonte, porqué la gente tiene que pagar a los bancos. Es un círculo vicioso –o mas bien, una espiral descendente. Básicamente, los economistas del FMI se limitan a alzar los brazos admitiendo que no saben qué hacer, dados los límites de su visión restringida.

BROWN: Bueno, Michael, ayúdanos a entender por qué el crecimiento ha sido tan débil durante estos últimos ocho o seis años más o menos.

HUDSON: Si se toma el presupuesto medio familiar - lo he dicho muchas veces en tu programa - podemos ir a los números. Si tienes que pagar del cuarenta al cuarenta y tres por ciento de tus ingresos para la vivienda ; además, el quince por ciento de tu sueldo es retenido por la Seguridad Social ; tienes que pagar la atención médica ; tienes que pagar a los bancos tu deuda de la tarjeta de crédito ; préstamos estudiantiles. Después de esto te queda sólo un veinticinco o un treintaicinco por ciento, tal vez una tercera parte de tu salario para comprar bienes y servicios. Eso es todo.
El problema es que la manera de conseguir un trabajo es con una empresa que vende bienes y servicios. Las empresas no contratan porque los consumidores no tienen suficiente dinero para comprar los bienes y servicios.
Estamos en una deuda-deflación crónica. No hay manera de recuperarse a menos que se perdonen las deudas. Eso es básicamente lo que el FMI está dando a entender (de forma explicita en el caso de Grecia), pero no lo dice claramente porque eso no se puede decir, porque no se considera correcto.

BROWN: Michael, el titular de MarketWatch sobre este informe del FMI dice: “Olvidaros del ‘demasiado grande’ para caer. La gran preocupación son unos bancos demasiado débiles para sobrevivir”. Si los grandes bancos casi tumbaron el sistema financiero mundial ¿por qué unos bancos más débiles serian mejor para los consumidores?

HUDSON: Se trata de bancos especializados que hacen lo que los bancos solían hacer (antes de que el presidente Clinton suprimiera la ley Glass-Steagall en 1999). Los bancos pequeños que prestan a los consumidores están bien. La mayoría de los bancos - con el Deutsche Bank en la cumbre del espectro aquí - han decidido que no pueden continuar haciendo préstamos dinerarios, así que van al segundo plan de negocio: prestan dinero a los capitalistas de casino. Es decir, a gente que quiere jugar con derivados.
Un derivado es una apuesta sobre si una acción o un bono o un activo inmobiliario va a subir o a bajar. Hay un ganador y un perdedor. Es como una apuesta hípica. Ocurre que el mayor banco que ha prestado para este juego - no para la producción real, no para la inversión, únicamente para especular- ha sido el Deutsche Bank. Los prestatarios tomaron prestado del Deutsche Bank para jugar.
¿Cuál es la mejor apuesta del mundo en este momento? Es apostar a que las acciones del Deutsche Bank van a bajar. Los vendedores al descubierto han tomado prestado de sus bancos para apostar a que las acciones del Deutsche Bank van a bajar. Ahora se retuercen las manos diciendo: "¡Oh! los especuladores nos están matando". Pero es el Deutsche Bank y los demás bancos quienes están proporcionando el dinero a los especuladores para apostar con crédito.

BROWN: Michael, el informe del FMI dice que si, en la zona euro, los gobiernos pudieran ayudar a los bancos a deshacerse de sus préstamos malos, ello tendría un efecto positivo sobre el capital bancario. ¿Cuál sería el efecto sobre los consumidores de la economía de la UE, en general, si los bancos pudieran simplemente deshacerse de estos malos préstamos?

HUDSON: En realidad son simples matemáticas. Hay que abolir los planes de pensiones. Hay que suprimir el gasto social. Hay que subir los impuestos. Hay que hacer que por lo menos el cincuenta por ciento de la población europea emigre, ya sea a Rusia o a China. Debería haber hambre masiva. Muy simple. Ese es el precio que la zona euro piensa que vale la pena pagar. Es el precio que pensó que valía la pena que Grecia pagara. Para salvar a los bancos, toda la zona euro debería volverse como Grecia.
Hay que hacer que los gobiernos vendan la totalidad de sus propiedades públicas; vendan sus ferrocarriles, vendan su territorio público. En esencia hay que introducir el neo-feudalismo. Hay que retrasar el reloj de la historia miles de años atrás y reducir la población europea a la esclavitud de la deuda. Es una solución tan fácil como la que la Eurozona ha impuesto a Grecia. Y los líderes y los bancos urgen a los economistas responsables a que promuevan esta solución para la población en general.

BROWN: Hablemos de la otra pequeña parte de información dada a conocer por el FMI sobre la deuda. La deuda global ha llegado actualmente a cerca de ciento cincuenta y dos billones de dólares. Esto incluye la deuda pública, la deuda familiar, la deuda de las empresas no financieras. ¿Qué significa todo esto para la deuda del sistema financiero global y para la gente común, Michael?

HUDSON: Significa que la única manera en que la gente puede pagar la deuda es reduciendo drásticamente su nivel de vida. Esto significa que acepten convertir sus planes de pensiones de prestación definida (usted sabe lo que va a recibir) en "planes de aportación definida", en los que Ud. pone el dinero, pero no se sabe lo que tendrá al final.
Para salvar a los bancos de las pérdidas que acabarían con su valor neto hay que deshacerse de la Seguridad Social. Esto significa en esencia que hay que abolir el gobierno y dar su gestión al sistema bancario para que lo ejerza, con la idea de que el papel de los gobiernos es extraer ingresos de la economía para pagar a los tenedores de bonos y a los bancos.
Cuando se dice “pagar a los bancos” lo que realmente se quiere decir es pagar a los tenedores de acciones bancarias. Estos son, básicamente, el Uno por Ciento. Lo que se ve directamente en el informe del FMI, en este crecimiento de la deuda, es que el Uno por Ciento de la población posee unas tres cuartas partes de toda esta deuda. Esto significa que hay que elegir: o bien salvas la economía, o bien salvas al Uno por Ciento de la pérdida de un solo centavo.
Todos los gobiernos, desde la administración de Obama hasta Angela Merkel, la zona euro y el FMI se comprometieron a salvar a los bancos, no a la economía. Ningún precio es demasiado alto para intentar que el sistema financiero continúe funcionando algo más de tiempo. Pero finalmente no se puede salvarlo debido a que es una cuestión de matemáticas. Las deudas crecen y crecen. Y cuanto más crecen más se contrae la economía. Al reducir la economía, se reduce la capacidad de pagar las deudas, por lo que es una ilusión creer que el sistema puede ser salvado. La cuestión es ¿durante cuánto tiempo la gente va a estar dispuesta a vivir en esta ilusión?

BROWN: Esa era mi siguiente pregunta. No sólo cuanto tiempo la gente va a estar dispuesta a vivir en esta ilusión sino ¿cuánto tiempo podrá sostenerse aun esta ilusión antes de que veamos otro colapso de las economías en todo el mundo? ¿Es algo inminente, algo que simplemente deberíamos estar esperando que ocurra, para lo cual deberíamos prepararnos?

HUDSON: Todavía estamos en el colapso que comenzó después de 2008. No hay un nuevo colapso, no ha habido una recuperación. Los salarios del noventa y nueve por ciento han disminuido de manera constante desde el año 2008. Han disminuido especialmente para el veinticinco por ciento inferior de la población. Esto significa que han bajado especialmente para los negros y los hispanos y demás trabajadores de cuello azul. Su valor neto de hecho ha pasado a ser negativo y no tienen suficiente dinero para salir adelante.
De hecho, una de las grandes empresas de consultoría acaba de hacer un estudio de la “generación del milenio”. Ernst and Young hizo un estudio y resultó que el setenta y ocho por ciento de estos jóvenes están preocupados por no tener suficientes oportunidades de encontrar un trabajo bien pagado para poder devolver los préstamos estudiantiles. Un setenta y cuatro por ciento no puede pagar los servicios sanitarios si enferman. Un setenta y nueve por ciento no tiene suficiente dinero para vivir cuando se retiren. Así que, tenemos ya a toda una generación, no sólo aquí sino también en Europa, que no consigue obtener empleos bien remunerados. La única manera de que puedan vivir tal como se les prometió es tener padres lo suficientemente ricos para procurarles un fondo fiduciario.

BROWN: Hemos estado hablando con Michael Hudson. Michael es un Profesor e Investigador de Economía de la Universidad de Missouri, Kansas City. Su último libro es Matar al Anfitrión: Cómo los parásitos financieros y la servidumbre por la deuda destruye la economía global. Michael, dijiste que tenías otro libro a punto de salir ¿es cierto ?

HUDSON: Sí, a finales de este mes. Tendrá por título J is for Junk Economics. Es una revisión de por qué los economistas prometen que de alguna manera vamos a recuperarnos. Por qué esto es básicamente basura, y por qué hoy día, para ser economista debes participar en este cuento que de alguna manera podemos recuperarnos y seguir enriqueciendo a los bancos. Es un cuento. J is for Junk Economics trata de por qué no va a funcionar.
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Sin Permiso

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¿Hay alternativa al modelo económico neoliberal?

Sáb, 22/10/2016 - 15:59
Juan A. Gimeno, El Diario.es

El modelo económico neoliberal inició en los años 80 del pasado siglo una ofensiva ideológica potente, con mensajes muy sencillos y contundentes. A lo largo de los últimos 30 años, esa ideología se ha materializado en un modelo económico a escala nacional y global cuyos resultados (desigualdad creciente, pobreza y exclusión social, precarización del mercado de trabajo, deterioro medioambiental grave, dominio de lo especulativo y deterioro de la democracia, por resaltar algunos de ellos) están llevando a una pérdida del bienestar colectivo cada vez más evidente.

Pero quizás lo más grave es que esa ofensiva está consiguiendo sustituir valores tradicionales que dábamos por indiscutidos –como la solidaridad, la justicia y la igualdad– por otros como el individualismo, la competencia egoísta, el menosprecio de lo público y la percepción de la pobreza y el desempleo como consecuencia de la pereza.

Ante ese desolador panorama, la ideología de la izquierda ha permanecido a la defensiva, añorando una vuelta a los dorados años del Estado de bienestar como paradigma de referencia, más aún después de los estragos sociales causados por la crisis y las políticas austericidas en Europa. Las opciones progresistas carecen de un hilo argumental suficientemente explicativo –sobre por qué pasa todo lo que pasa– ni adecuadamente prescriptivo –sobre la dirección en la que avanzar y las políticas que proponer–.

Un grupo de personas, de amplio espectro profesional e ideológico, que partimos de una tradición ideológica de izquierdas y de fidelidad a los valores básicos de libertad, igualdad, fraternidad y solidaridad, nos reunimos desde hace meses en un Foro de debate que hemos denominado de "economía progresista". Los días 20 y 21 celebraremos unas primeras jornadas que pretendemos que sirvan de recopilación de nuestros debates de meses pasados, de presentación pública y de lanzamiento de actividad para los próximos meses.

Queremos plantearnos si existen alternativas de transición a una economía más justa. No tenemos una respuesta de salida y por ello concebimos el trabajo como una "marcha" hacia terrenos poco conocidos, con el enriquecimiento de diferentes disciplinas y apoyada en la generosidad de los participantes en el Foro para incorporar todos los elementos valiosos que vayan aportando sus miembros.

Partimos de la convicción de que vivimos en un tiempo caracterizado por muchos nuevos fenómenos que no se acomodan a esquemas preestablecidos. Fenómenos como la amenaza a la sostenibilidad de la vida humana en el planeta, la digitalización de la sociedad, la financiarización de la economía, el agravamiento brutal de las desigualdades, las graves amenazas a la autonomía del poder político y la democracia…

Ante este escenario, el Foro quiere ser un espacio de diálogo libre, no atado a la coyuntura ni a disciplinas partidistas, que contribuya a la generación de una corriente de pensamiento económico alternativo. Queremos contribuir a definir los elementos básicos de una visión alternativa al neoliberalismo, que supere también, en las condiciones del siglo XXI, los presupuestos ideológicos de la socialdemocracia del siglo XX. Para ello nos interrogaremos sobre la situación actual del sistema capitalista, y el modelo neoliberal que ha adoptado, recogiendo las principales reflexiones existentes, aportando nuestro propio esfuerzo y dialogando con intelectuales que en otros países están buscando también respuestas a la actual situación.

Queremos contribuir a que los valores de progreso y justicia vuelvan a situarse en el centro de las preferencias sociales, a que la izquierda renueve un discurso ilusionante, a que las posturas progresistas ofrezcan nuevas metas y proyectos, a abandonar un discurso simplemente conservador de lo que consiguió, por otro estimulante de un modelo alternativo para el siglo XXI.

Sin renunciar a destacar los avances conseguidos en el pasado, la izquierda necesita redefinir sus propuestas y subrayar sus ideales. Para ello, es preciso sentar bases sólidas, en un debate riguroso que identifique los cambios radicales que se han producido respecto al pasado siglo y cómo deben adaptarse las propuestas y soluciones.

Confiamos en que el Foro de Economía Progresista, gracias a todas las personas que en él debaten aportan, sea un instrumento eficaz en ese camino.

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Empezó la batalla de Mosul por EEUU: lo peor vendrá después

Ven, 21/10/2016 - 17:32
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Se adelantó dos días al último debate presidencial entre Trump y Hillary la coreografiada captura de Mosul (https://goo.gl/SGFviu) por la coalición encabezada por Estados Unidos (EEUU)/los peshmergas kurdos (4 mil tropas)/gobierno iraquí (30 mil efectivos) y la hilarante agrupación virtual de 60 países (entre quienes se encuentra el “México neoliberal itamita”), con la conspicua reticencia de Turquía.

Pareciera que operan muchos trueques en la cartografía que va de Irak a Siria, cuando Rusia/Siria/Irán/la guerrilla chiíta Hezbolá está a punto de obtener un resonante triunfo en Alepo, con la tácita anuencia de Turquía, que ocupa ya 5 mil kilómetros cuadrados del territorio sirio.

El teatro del absurdo que opera EEUU desde 2006 en Irak –a partir del ahorcamiento de Saddam Hussein– parece más bien destinado a perpetuarse, bajo el pretexto que fuese, que a ser resuelto cuando de lo que se trata es empantanar a Rusia en Siria y carcomer, desde sus fronteras centroasiáticas/transcaucásicas/balcánicas, las entrañas del RIC: Rusia/India/China.

Resulta y resalta la legendaria maniobrabilidad geopolítica de Irán que saldría triunfante tanto en Alepo (Siria) como en Mosul (Irak), en contraste con Turquía (hasta ahora), que si se descuida podría ser balcanizada por EEUU, pese a ser el miembro impertinente de la OTAN en la fase del posgolpe.

De allí que esté cada vez más cerca de Rusia y China, y cada vez más lejos de EEUU/OTAN/la Unión Europea (UE).

A propósito, Turquía ha advertido que la tercera guerra mundial sería inevitable si persiste el conflicto sirio debido a la colisión de EEUU y Rusia (https://goo.gl/cFxTAM). Turquía, potencia sunita militar de primer orden, se ha empecinado en participar en la captura de Mosul, ciudad a mayoría sunita árabe, y lo que menos desea es que sus enemigos, los peshmergas kurdos teledirigidos por EU e Israel, emerjan como supremos beneficiados (https://goo.gl/gJqsKC).

Tampoco se puede soslayar que el primer ministro iraquí, Haidar al Abadi, es un ingeniero chiíta con excelentes vínculos en Gran Bretaña, en la hipercomplejidad del gran Medio Oriente donde nada es lineal ni maniqueo y abundan los matices, las sutilezas, los traslapes y los bazares.

Hoy Turquía mantiene tropas en Irak, en Bashiqa, muy cerca de Mosul, y ha enviado tanques a la frontera, en la zona de Silopi (https://goo.gl/D0tzoD).

En Bashiqa, Turquía cuenta con 3 mil aliados milicianos, las fuerzas de Nínive, en su mayoría turcomenos, quienes asesinaron al piloto ruso del avión derribado en Siria por Ankara.

En el más depurado sarcasmo ruso, durante la octava cumbre del BRICS en Goa (India) –boicoteada por los mendaces multimedia israelí-anglosajones–, el zar Vlady Putin, exorcizado por Washington/Londres/París por sus presuntos crímenes de guerra en Alepo, ahora se cobra la afrenta al exhortar que ojalá EU evite cualquier víctima civil durante su operativo en Mosul (https://goo.gl/JDIUhw).

Las guerras son también publicitarias.

¿Existirá en Irak un equivalente al cacofónico Observatorio Sirio (sic) de los Derechos Humanos que con una sola persona de la oposición opera en Gran Bretaña bajo la férula de los servicios secretos ingleses?

Los multimedia de Rusia se refocilan con el doble discurso orwelliano (la famosa doble parla) de EU que protege a los yihadistas en Alepo y los ataca en Mosul (https://goo.gl/ogEZUT).

Del lado estadunidense, tanto el NYT (https://goo.gl/oubfvt) como The Washington Post (https://goo.gl/KD44x5) destacan que cada uno de los aliados de EU en el campo de batalla desea un pedazo del pastel yihadista en Mosul. Para el NYT, la captura de Mosul en manos del califato yihadista pone en juego la doctrina del presidente Obama de ayudar a otros países militarmente en lugar de encabezar cada batalla cuando la reconstrucción de la ciudad en los meses posteriores ayudarán a definir el legado de Obama como el líder en tiempos de guerra que buscó sacar a EU de las líneas del frente de la guerra contraterrorista.

Solamente participarán de 200 a 300 James Bond estadunidenses, los comandos de las Operaciones Especiales, aconsejando a través de sus radios a las tropas iraquíes y kurdas.

Lo que menos quiere EEUU antes de la elección del 8 de noviembre es que fallezca, aunque sea de infarto natural, uno de sus James Bond.

La otra aportación estadunidense será con sus pilotos de los helicópteros Apache y sus analistas espías en los centros militares de Irak.

Hasta la fecha todavía no se entiende cómo hace dos años, 40 mil soldados iraquíes entrenados por EU durante una década y con 25 mil millones de dólares de ayuda, pudieron ser derrotados en forma humillante por un puñado de mil 100 yihadistas en Mosul. ¿Quién engañó a quien?

Hoy las guerras de EU son hollywoodenses con guión britanico/israelí cuando despliega a sus James Bond por doquier: desde Siria hasta Irak (https://goo.gl/m3c5ed).

Según The Washington Post, las facciones kurdas tienen puesta la mira en los campos petroleros de Mosul, la ciudad más importante de Irak que llegó a albergar 2 millones de habitantes y que hoy sólo cuenta con su mitad depletada.

Sputnik realiza la anatomía de la coalición encabezada por EEUU y entre quienes se encuentra una minoritaria fuerza paramilitar de chiítas.

La participación matricial de EEUU se confinará a los cruciales bombardeos aéreos.

A juicio del ruso Semen Bagdasarov, director del Centro de Estudios Medio Orientales y Centro Asiáticos, lo que suceda después de la derrota de los yihadistas en la superestratégica ciudad de Mosul será más interesante que su captura (https://goo.gl/Npv3Xt).

El ejército sirio arguye que EU y sus aliados “permiten el paso de los terroristas yihadistas de Mosul a Siria (https://goo.gl/OWPl2d)”.

Para el portal Russia Today –por cierto, clausurado financieramente en Gran Bretaña en contravención de la libertad universal de expresión– reproduce las perturbadoras declaraciones del diplomático británico (sic) sir Julian King, comisionado de la UE para la Seguridad: la “ofensiva en Mosul podría hacer que militantes yihadistas violentos regresen a Europa (https://goo.gl/tpVXIi)”.

Se recuerda que 2 mil 500 mercenarios/yihadistas, de nacionalidad europea, combaten a lo largo y ancho del gran Medio Oriente.

Otros 9 mil yihadistas fugitivos de Mosul ya se empezaron a instalar en las regiones orientales de Siria, quizá para crear un sunistán en el traslape de las fronteras de Irak y Siria.

Pareciera que se busca una nueva crisis migratoria que retroalimente las anteriores desde Siria hasta Europa, con el fin de desmembrar a ambos, cuando lo peor consiste, más allá de los fariseos reclamos humanitarios, en la acumulación y yuxtaposición de los yihadistas de Mosul con sus aliados en Siria.

Sería muy ingenuo creer que la caída de Mosul y de Alepo acabará con el yihadismo global que es una de las cartas principales de EU para desestabilizar y carcomer las entrañas del RIC.

La geopolítica del yihadismo global –título de mi próximo libro– opera como una cama de agua: lo que se sumerge en una parte reaparece en otra.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La zombificación del sector bancario europeo

Mér, 19/10/2016 - 13:30
Alejandro Nadal

Hoy las hojas de balance de los bancos en Europa están en malas condiciones. La cartera vencida que aqueja al sector bancario alcanza niveles muy altos en muchas regiones de Europa. Otro componente es un monumental revoltijo de derivados cuyo precio ni siquiera se puede determinar. Y la rentabilidad en el sector sigue muy castigada y amenaza los bajos niveles de capitalización. La situación es crítica.

El sector bancario en algunos países europeos está saturado y muchos bancos ni siquiera operan con un modelo de negocios eficiente. Por eso ni siquiera han podido pasar de manera decorosa las pruebas de estrés (que no son muy estrictas). Lo más grave es el volumen de la cartera vencida, resultado en buena medida de la irresponsabilidad de los bancos y de la incapacidad de pago de los deudores que siguen agobiados por la crisis macroeconómica, la austeridad y el desempleo.

Los bancos afectados se encuentran distribuidos en toda la Unión Europea. Desde el Commerzbank alemán y el holandés ING, hasta el emblemático Deutsche Bank, grandes, medianos y pequeños, son legión los bancos europeos que se encuentran en dificultades por muchas razones.

En el caso de Deusche Bank destaca la multa de 14 mil millones de dólares que le impuso el Departamento de Justicia estadounidense por su papel en la venta de títulos respaldados por hipotecas de mala calidad antes del estallido de la crisis. La multa provocó una caída de 42 por ciento del valor de las acciones de Deutsche Bank. Y como sus hojas de balance incluyen una montaña de derivados cuyo precio es un enigma, carece de buenos incentivos para atraer inversionistas.

Quizás la situación más grave se encuentra en Italia, donde la cartera vencida alcanza el 17 por ciento del crédito total (su valor real se reduce hasta 22 por ciento del valor nominal). Hasta el banco más viejo de Europa, la Banca Monte dei Paschi di Siena (fundada en 1472) se encuentra en una muy difícil situación con más de 46 mil millones de euros de préstamos malos.

Las dificultades de los bancos italianos son bien conocidas. El monto de créditos con problemas es de 360 mil millones de euros y sigue creciendo. Muchos bancos han descontado parte de la cartera vencida hasta en 44 por ciento, pero muchos analistas de mercado consideran que el valor real se acerca más a 25 por ciento (lo que reduce esos créditos al rango de cartera incobrable).

Para el caso de muchos pequeños bancos italianos, los accionistas son pequeños ahorradores que verán sus ahorros evaporarse si el gobierno no acude al rescate. Por eso Roma está buscando la manera de darle la vuelta a las estrictas reglas impuestas por la Comisión Europea en Bruselas que impiden el empleo de recursos públicos para recapitalizar un banco en problemas. Hoy hasta se habla de un enfrentamiento inminente entre Roma y Bruselas.

Desde 2007 la Unión Europea (UE) ha inyectado cantidades astronómicas para apuntalar a los bancos. Esa es una de las razones por la que la crisis financiera se transformó tan rápidamente en una crisis fiscal y después en una crisis de deuda soberana. En total, el apoyo al sector bancario en la UE ya se ha comido la friolera de 2 billones (castellanos) de euros entre ayudas para capitalización, créditos suaves y garantías. Todo esto no sólo no ha podido servir para reactivar la economía, sino que ni siquiera ha sido suficiente para estabilizar y sacar de peligro a los bancos europeos. Hoy por hoy la tan celebrada (en su momento) Unión Bancaria Europea no ha rendido frutos, ha propiciado la inacción y se ha convertido en una fuente de inestabilidad.

Una parte del problema es que el sector bancario en varios países de Europa (especialmente Alemania) se encuentra saturado de prestamistas, lo que dificulta el acceso a economías de escala y hace que la rentabilidad se pulverice. Pero la consolidación excesiva lleva al gigantismo y al riesgo sistémico cuando hay amenaza de quiebra.

La respuesta de política macroeconómica a la crisis en Europa agravó la situación de los bancos. Primero la austeridad fiscal intensificó la recesión, con sus secuelas en materia de desempleo. Las repercusiones sobre la cartera vencida de los bancos no se hicieron esperar. Después la postura de política monetaria con tasas de interés cercanas a cero e incluso en nivel negativo castigó todavía más la ya maltrecha rentabilidad de los bancos. Claro, el Banco central europeo (BCE) niega este daño colateral cada vez que sale a relucir el tema. Pero el FMI considera que los bancos europeos no podrán generar suficiente rentabilidad aún en el caso de que la economía europea fuera el escenario de un crecimiento robusto, prospecto que no se ve nada probable para los próximos años.

Las lecciones de la crisis de los bancos en Europa son claras. La ayuda con recursos públicos puede mantener como zombies a los bancos con problemas para proteger a los banqueros ricos. Pero eso no ayuda a nadie en la economía. La conclusión es inmediata. Esta actividad tan rentable y pro-cíclica no puede estar en manos privadas.
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Histéresis: cuando una recesión se convierte en décadas de 'sufrimiento' económico

Mér, 19/10/2016 - 07:01
Vicente Nieves, El Economista

La última crisis parecía ser el inicio de un ciclo recesivo muy fuerte, pero pocos habrían apostado a que ese ciclo iba a tener consecuencias permanentes sobre la economía, que podrían lastrar el crecimiento económico y el empleo durante décadas. La crisis ha reducido de forma permanente el crecimiento potencial de las economías desarrolladas, que se enfrentan, como señaló Janet Yellen la semana pasada, a los efectos de la histéresis.

Lawrence H. Summers, profesor de la Universidad de Harvard, y Antonio Fatás, profesor de Economía en INSED, tratan las consecuencias y las causas de la histéresis en su trabajo The Permanent Effects of Fiscal Consolidations. En este documento, dichos expertos culpan a la consolidación fiscal emprendida en 2010 por la mayor parte de las economías desarrolladas. Este ha sido el principal factor que ha conducido a Occidente a la situación actual, caracterizada por un crecimiento mediocre y un mercado laboral débil.

"Los resultados muestran la presencia de fuertes efectos de histéresis producto de la política fiscal. Gran parte de las secuelas señalan hacían una consolidación fiscal contraproducente", según reza el trabajo de ambos expertos.

¿Qué es la histéresis?La histéresis es un concepto que empleado en economía suele hacer referencia sobre todo al mercado laboral. Que la tasa de paro aumente en medio de una recesión es algo normal, por los efectos derivados sobre el consumo, inversión, etc. de un ciclo recesivo. Pero si años después de haber finalizado la recesión, el mercado laboral sigue mostrando grandes debilidades, es porque la histéresis ha hecho su aparición.

Durante una recesión se suele producir un incremento de número de parados, si estos desempleados pasan un largo periodo (desempleo de larga duración) sin trabajar puede perder parte de su valía. La formación de una persona desempleada podría quedar desfasada si este individuo no puede o no tiene la voluntad de reciclar sus conocimientos para adaptarlos a los requisitos de un mercado laboral cambiante. Por ello, el gasto eficiente en políticas activas de empleo es vital para mantener la capacidad productiva de un país.

Esta descapitalización de parte del factor trabajo puede influir en el crecimiento potencial del país: "Es posible que las condiciones cíclicas dejen cicatrices permanentes en la producción, lo que típicamente se conoce como histéresis. Se usó originalmente en modelos del mercado laboral creados por Blanchard y Summers (1986) donde el desempleo cíclico se convertía en estructural".

Efectos negativos permanentesEste término está volviendo a ganar fuerza en la actualidad por el persistente desempleo de larga duración en Europa y en menor medida en EEUU. Summers y Fatás aseguran en su trabajo que "la contracción fiscal en las economías europeas no sólo ha reducido la producción a corto plazo, sino que también lo ha hecho en el medio plazo y puede que de forma permanente".

"Esta reducción en la producción hace que la consolidación fiscal sea más dura por el aumento del incremento del ratio deuda sobre PIB... Como señalaron los profesores DeLong y Summers (2012) en una economía deprimida la consolidación fiscal es contraproducente, lo que puede desembocar en un incremento de la deuda", destaca el documento.

Estos economistas creen que una política fiscal más expansiva habría sido beneficiosa en algunos casos. Además, si los resultados de este documento son correctos, tanto los gobiernos como los mercados deberían haber apoyado la expansión fiscal con el objetivo de reducir el ratio deuda sobre PIB. Por el contrario, varios países se quedaron sin acceso a los mercados y los gobiernos emprendieron procesos de consolidación fiscal, con la histéresis como resultado.

Janet Yellen se refirió en su discurso de la semana pasada a la histéresis, donde aseguró que las autoridades podrían actuar con mayor rapidez y agresividad para responder a una recesión, señalando a la política monetaria y fiscal. De esta forma, "se ayudaría a reducir la profundidad y la persistencia de la recesión, lo que limita el daño sobre la producción. Además, unas condiciones económicas fuertes pueden revertir parcialmente los daños sobre la oferta", destacó la presidenta de la Reserva Federal.

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De lo que no se informa y/o no se conoce sobre las elecciones en EEUU

Mér, 19/10/2016 - 00:10
Vicenç Navarro, Público

Está claro que las grandes instituciones representativas del Estado federal de EEUU y los mayores medios de información de aquel país (lo que se llama el establishment político-mediático estadounidense) no entienden lo que está pasando en EEUU. La aparición de las candidaturas de Donald Trump en el Partido Republicano y de Bernie Sanders en el Partido Demócrata ha cogido por sorpresa a tal establishment. El candidato Trump ha alcanzado en algunos momentos de la campaña electoral unos niveles de popularidad cercanos a los de la candidata demócrata Hillary Clinton, y el candidato Sanders casi venció en las primarias del Partido Demócrata (ganó en 22 de los 50 Estados), y ello a pesar de la clara y documentada hostilidad del aparato del Partido Demócrata, que utilizó todas las malas artes en la campaña para derrotarlo.

Y uno de los elementos de lo que está ocurriendo que ha sorprendido más al establishment político-mediático ha sido el apoyo a tales candidatos, Trump y Sanders, por parte de la clase trabajadora (de raza blanca), un sector de la población que tales establishments creían que ya no existía en aquel país, pues su percepción de la estructura social del país había sustituido incluso el término de “clase trabajadora” por el de “clase media”, definiendo como tal a toda la población que ni es rica ni es pobre. Según la percepción generalizada que tiene el establishment político-mediático de la realidad estadounidense, las categorías de clase social prácticamente han desaparecido, pues la mayoría de la población es y se siente de clase media. En esta visión de Estados Unidos, la clase trabajadora o bien ha desaparecido, o se ha convertido en clase media (por extraño que parezca, esta percepción de la estructura social de los países capitalistas desarrollados también está generalizada en el establishment político-mediático español).

Dentro de este esquema, se considera que la igualdad de oportunidades (que se asume existe en EEUU) ha actuado como un ascensor social vertical, permitiendo a los ciudadanos alcanzar los niveles que su mérito y esfuerzo permiten. Se reconoce que el racismo y el machismo prevalentes en la sociedad (y la consecuente discriminación fuerte que determinan) dificulta para tales grupos –los afroamericanos, los hispanos (procedentes de Latinoamérica) y las mujeres- el ascensor social. De ahí que lo que en EEUU se presenta como el partido de centro-izquierda (el Partido Demócrata) acentúe, como punto central de su programa, las políticas antidiscriminatorias a favor de los afroamericanos, de los latinos y de las mujeres. Su objetivo es la integración de estos sectores en el sueño americano que les permita ser miembros de la clase media y alcanzar las metas personales que se propongan. La victoria electoral de un ciudadano de raza negra en las últimas elecciones presidenciales, encarnada en la figura del Presidente Obama, era un hito esencial de esta estrategia de integración. Y la posible victoria de la Sra. Clinton significaría otra gran victoria de esta estrategia de integración de los discriminados (mujeres, en su caso) en el sistema político-económico del país.

El Partido Demócrata y la insuficiencia de las políticas identitarias integradoras El Partido Demócrata es el partido postmodernista que ha estado enfatizando los temas de identidad como centrales de su estrategia, orientada a conseguir el apoyo electoral de las minorías –los negros y los latinos- y de las mayorías -las mujeres-. La clase social no juega un papel esencial en dicha estrategia, excepto en el énfasis de mantener el nivel de vida de las clases medias, que asume constituyen la mayoría de la población. Hasta aquí la visión del establishment político-mediático del país y sus consecuencias para la estrategia electoral del Partido Demócrata.

El problema con tal visión es que es profundamente limitada e insuficiente. Y lo que está pasando en EEUU es un indicador de ello. Estas estrategias basadas en la identidad han tenido escaso efecto en cambiar las condiciones de vida de la mayoría de las clases populares, que incluyen la mayoría de minorías negras y latinas y la mayoría de mujeres. La clase trabajadora de raza negra ha visto su nivel de vida continuar descendiendo durante el mandado del Presidente Obama, que es una persona perteneciente a tal raza. En realidad, el fenómeno más llamativo que ha ocurrido en EEUU es el espectacular deterioro del bienestar y calidad de vida de la clase trabajadora y de sus diferentes componentes, incluyendo la clase trabajadora de raza negra.

En contra de lo que asume aquella visión del establishment político-mediático del país, las clases sociales continúan existiendo en aquel país (tal como también continúan existiendo en los países europeos, incluyendo España). En realidad, las cifras del censo estadounidense muestran claramente que la estructura social de EEUU es bastante semejante a la existente en la mayoría de países de la Unión Europea (UE). Existe, en primer lugar, lo que solía llamarse la clase capitalista, y que ahora se llama el 1% (el sector de la población que posee o gestiona las grandes empresas del país). En EEUU, el término más utilizado para definir esta clase (los super-ricos) es el de Corporate Class, la clase corporativa (que la componen los propietarios y gestores de las grandes empresas transnacionales basadas en EEUU).

Le sigue la pequeña burguesía, la clase media y la clase trabajadora, la cual, en contra de lo que se cree y presenta en los mayores medios de información y persuasión, constituye la mayoría de la población estadounidense (el 52%). Esta clase trabajadora es muy variada, tanto en su composición racial como en su nivel de cualificación. La clase trabajadora de raza blanca es la mejor pagada dentro de tal clase, y está sobrerepresentada (es decir, ocupa un porcentaje superior al que representa en el conjunto de la población) en el sector laboral mejor pagado (predominantemente en la manufactura), mientras que los trabajadores afroamericanos e hispanos (los que proceden de América Latina) están sobrerepresentados en los sectores peor pagados.

Esta división por raza dentro de la clase trabajadora juega un papel muy importante en la división de tal clase en EEUU. Tradicionalmente, las derechas y el mundo empresarial han utilizado el racismo para dividir y debilitar a la clase trabajadora. Fue nada menos que Martin Luther King, quien subrayó, semanas antes de que fuera asesinado, que el conflicto mayor que existía en EEUU era el conflicto de clases, siendo el racismo la ideología promovida por la clase dominante para perpetuarse en el poder, dividiendo a la clase trabajadora. De ahí que su discípulo, Jesse Jackson Senior, estableciera la Rainbow Coalition (la Coalición Arcoíris), que intentó establecer una amplia alianza de todas las razas existentes dentro de las clases populares, frente al establishment político-mediático del país.

El gran descenso del nivel de vida de la clase trabajadora en EEUU La clase trabajadora de raza blanca ha visto su nivel de vida reducido muy seriamente como consecuencia de que los sectores donde trabajaba, como el metalúrgico (donde los sueldos son más elevados), han sido los más afectados negativamente por los Tratados de Libre Comercio. El Tratado de Libre Comercio entre EEUU, Canadá y México (NAFTA), por ejemplo, tuvo un impacto devastador en los puestos de trabajo de las grandes empresas localizadas en EEUU y que se desplazaron a México. Un tanto semejante ha ocurrido con los Tratados entre EEUU y China. En consecuencia, en los últimos veinte años, EEUU ha perdido seis millones de puestos de trabajo en el sector manufacturero. Pero el impacto negativo es incluso mayor que el que presentan estos datos, pues la exportación de puestos de trabajo debilita a los sindicatos estadounidenses, con lo cual, los salarios de los puestos de trabajo de la manufactura que permanecen en EEUU han bajado significativamente. En los últimos quince años, tales salarios han bajado un 10%. Y ello como resultado del enorme debilitamiento de los sindicatos. Tal descenso de los ingresos al mundo del trabajo ha creado la ampliamente generalizada percepción que existe en EEUU de que “los hijos vivirán peor que sus padres”.

Es lógico y previsible que hoy tales sectores de la clase trabajadora, como los que pertenecen a la raza blanca, que ha sufrido un enorme bajón en su nivel de vida y en su bienestar (es el único grupo poblacional que ha visto descender su esperanza de vida), estén enfurecidos con el establisment financiero-político estadounidense, y muy en particular con el gobierno federal, al cual responsabilizan por haber facilitado, mediante sus políticas, tal exportación de puestos de trabajo (lo cual es cierto, debido a la gran influencia del 1% de la población, la más pudiente, sobre el Estado federal).

Pero parte del enfado de este sector de la población blanca hacia el Estado federal se debe también a muchas de las políticas antidiscriminatorias del Estado federal, las cuales discriminan positivamente a favor de los negros, de los latinos y de las mujeres, situación (para corregir la discriminación histórica que tales grupos han recibido) que es resentida por los blancos, incrementando las tensiones interraciales y entre género. El hecho de que las políticas sociales en EEUU no sean universales (es decir, que no beneficien a todo ciudadano y/o residente por igual), sino benéficas asistenciales (que benefician, por ejemplo, solo a los pobres) hacen que los programas antipobreza (financiados con impuestos de toda la clase trabajadora) no sean muy populares. Ni que decir tiene que esta percepción de que el gobierno federal está transfiriendo fondos públicos a través de sus programas antipobreza a los negros, por ejemplo, olvida que la mayoría de los pobres en EEUU son blancos, no son negros. Pero la percepción que se promueve es que la mayoría de pobres son negros (que son los más pobres entre los pobres).

Las políticas identitarias olvidan que hay clases dentro de las minorías y dentro de las mujeres Los programas antidiscriminación (que tienen lugar individualmente, persona por persona) han beneficiado primordialmente a sectores minoritarios de las minorías negras y latinas, y de las mujeres, sectores pertenecientes en su mayoría a la clase de renta media y media-alta (dentro de cada grupo discriminado). Ahora bien, la mayoría de los negros, latinos y mujeres (que pertenecen a las clases trabajadoras) no se han beneficiado, por lo general (tal como indiqué anteriormente) de estas medidas antidiscriminatorias, debido a que tales políticas antidiscriminatorias no están orientadas hacia la clase trabajadora. De ahí que, aun cuando hoy en EEUU haya más miembros de minorías que estén en posiciones de mayor nivel social y mayor poder (y lo mismo en cuanto a las mujeres), ello no quiere decir que la mayoría de las minorías y mujeres se hayan beneficiado de tales políticas antidiscriminatorias. La clase trabajadora de raza negra ha visto también como se reducía su nivel de vida durante el mandato del gobierno Obama. De ahí que la mayoría de jóvenes, incluyendo trabajadores negros y la mayoría de mujeres jóvenes por debajo de 40 años, apoyaran en las primarias del Partido Demócrata a Bernie Sanders (que enfatizó clase social) y no a Hillary Clinton (que enfatizó políticas de integración de las minorías). Clinton contó con el apoyo de las asociaciones a favor de las minorías y de las mujeres, asociaciones lideradas, en su mayoría, por personas de clase media alta, integradas en el aparato del Partido Demócrata. Pero la candidatura de Sanders tuvo su mayor apoyo entre la clase trabajadora y entre los jóvenes, incluyendo jóvenes negros, jóvenes latinos y mujeres jóvenes. Y su fortaleza forzó que el programa electoral del Partido Demócrata incorporara elementos importantes claramente progresistas que, de implementarse, mejorarían el bienestar de las clases populares, que constituyen la mayoría de la población estadounidense.

Las dos estrategias electorales que han seguido los candidatos En definitiva, lo que hemos visto en EEUU durante la campaña electoral ha sido el conflicto de estrategias electorales que reflejan dos visiones distintas de la estructura social de EEUU. La Sra. Clinton (una figura que representa claramente el establishment político-mediático del país) ha enfatizado las políticas identitarias (de carácter anti-discriminatorio, encaminadas a favorecer la integración de las minorías y de las mujeres en el “sueño americano”). Y la otra estrategia ha sido la de movilizar a las clases populares (centradas en la clase trabajadora) frente al establishment político-mediático.

Dentro de esta última estrategia, ha habido una gran diferencia entre Bernie Sanders y Donald Trump. El primero Bernie Sanders, presentó que la movilización popular debía ser contra el 1% que controla los mayores centros del poder financiero y económico, así como al Estado y a los medios de información y persuasión. Su estrategia (la de Sanders) incluía un discurso de clase (las clases populares frente a la Corporate Class), presentando a Clinton como agente e instrumento de la clase corporativa. Trump, por el contrario, acentuó su animosidad hacia el Estado federal, sin nunca citar a la Corporate Class (de la cual es miembro prominente). En este aspecto, Trump representaba una sensibilidad política semejante a la ultraderecha francesa liderada por Le Pen, que tiene puntos en común con el nazismo y el fascismo, que hay que recordar, se definieron a sí mismos como nacional-socialismo el primero, y nacional-sindicalismo el segundo. En España, el partido fascista, la Falange, se definió y continúa definiéndose como un partido de izquierdas, y sus colores (rojo y negro) eran y son los colores del anarquismo.

La desaparición de Sanders, sin embargo, ha limitado el conflicto electoral entre el candidato Trump y la candidata Clinton. El descenso en el atractivo electoral de Trump, en parte debido a la movilización mediática en contra de sus grandes excesos que le hacen sumamente vulnerable, ha dado un alivio al establishment político-mediático del país. Ahora bien, la posible derrota de Trump dejará intacto el enorme problema que existe hoy en EEUU y del que el establishment político-mediático parece no ser consciente. La candidatura Trump representa –como lo fue el nazismo y el fascismo- el intento de crear una alianza de sectores oligárquicos del establishment financiero y económico (los mayores financiadores de su campaña) con sectores de las clases populares, en frente de aquellas políticas del Estado federal que favorecen a las minorías y a las mujeres, estimulando el racismo y el machismo que dividen a la clase trabajadora, y dentro de una cultura jerárquica, autoritaria y antidemocrática que, en realidad, dañaría profundamente el bienestar de las mismas clases que dicen representar, es decir, las clases trabajadoras. De ahí la importancia de que el candidato Trump no consiga la presidencia.

Ahora bien, el gran problema que permanecerá después de las elecciones es que la victoria de la Sra. Clinton (victoria necesaria en este momento) no cambiará el contexto que determinó la aparición de Trump. La otra alternativa hubiera sido que el rechazo a tal establishment político-mediático pudiera haber sido canalizado por una opción política, como hizo el candidato Sanders, que cambiara la relación de clases existente en aquel país. Para que ello ocurriera, todas las fuerzas progresistas deberían aliarse, dando prioridad al mejoramiento del bienestar de todas las clases populares siguiendo una estrategia de movilización, respetando a su vez las diferentes identidades, subrayando los puntos que las unen (clase social) en su estrategia y en la defensa de sus intereses. El futuro de EEUU (y el mundo) depende de que ello ocurra.

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España calcula cuándo se agotará el fondo de reserva para las pensiones

Mar, 18/10/2016 - 15:02
Los presupuestos prorrogados que el Gobierno español envió a Bruselas incluyen estimaciones que apuntan a que España habrá agotado en diciembre de 2017 el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, según informó el diario El Mundo. "El déficit acumulado habrá dejado casi vacía la hucha de las pensiones y, por lo tanto, hará imposible el abono de la paga extra de Navidad", comunicó el diario español.Según el Plan Presupuestario confeccionado por el Gobierno en funciones de Mariano Rajoy, la Seguridad Social registrará este año un déficit del 1,7% del Producto Interior Bruto y creará un agujero de aproximadamente 19.000 millones de euros. De esta manera, el fondo de reserva decrecerá a finales de este año desde los 32.481 millones con los que contaba en 2015 hasta los 13.500 millones. Según la información publicada por el citado diario, el Gobierno calcula que con esa cantidad de dinero deberá hacer frente a un déficit en la Seguridad Social del 1,4% del PIB en 2017, lo que crearía un agujero de unos 16.000 millones de euros y terminaría de vaciar la "hucha" de las pensiones.

En cuanto al déficit del conjunto de las Administraciones Públicas, las cuentas enviadas por el Ejecutivo a Bruselas contemplan un déficit del 3,6% del PIB para 2017 cuando el objetivo marcado por la Comisión Europea es del 3,1%. Ese desajuste puede deberse a la falta de margen de maniobra del Ejecutivo para diseñar unos presupuestos que incluyan fielmente las peticiones de Bruselas dado que su situación de interinidad le obligó a prorrogar las cuentas de 2016 en lugar de confeccionar unas nuevas. Según comunicó la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, el deseo del Ejecutivo español es formar un nuevo Gabinete con plenos poderes lo antes posible para poder diseñar un nuevo techo de gasto durante el mes de noviembre. Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Un guerrero triste y cansado

Lun, 17/10/2016 - 22:00
Eric Nepomuceno, Página 12

El jueves 27 de octubre el ciudadano brasileño Luiz Inácio da Silva cumplirá 71 años de vida. Cinco menos que Pelé, que habrá cumplido 76 cuatro días antes. Uno menos que Chico Buarque, que cumplió 72 el pasado 19 de junio. Veintisiete más que su más cruel verdugo y perseguidor, el juez provinciano de primera instancia Sergio Moro, que anda por sus verdes 44 años sintiéndose una especie de dios vengador designado para impartir el castigo divino a su presa favorita.

Pero la verdad es que Luiz Inácio da Silva, Lula da Silva, ex presidente, fundador y creador del Partido de los Trabajadores, el PT, principal líder político del país más habitado y más rico de América latina, no anda con espíritu de celebrar nada.

Hace un tiempito le pregunté, en un almuerzo con otros dos amigos, si él no se cansaba nunca. Quise saber de dónde sacaba semejante energía. “A veces sí, me siento cansado, pero no puedo regalarme siquiera ese lujo, el cansancio”, me dijo.

Hablábamos de lo que pasa en Brasil, y él quiso saber cómo me sentía. “Indignado, irritado, impotente y triste”, contesté. Y Lula comentó: “Yo también me siento triste. Al fin y al cabo, hice lo que hice, empecé lo que empecé, y ahora me pasa lo que pasa…”.

¿Y qué es lo que le pasa? Pues le toca asistir a la demolición implacable de su PT, un partido nacido para reformular la política y airear un ambiente históricamente plagado de vicios e inmoralidades, y que terminó por aliarse a los enemigos y se dejó salpicar por el lodo.

Un ataque implacable de los mismos medios hegemónicos de comunicación que él creyó haber seducido, pero que a la hora de la verdad, se pusieron, con una sola y única voz, en su contra.

Por estos días, Lula da Silva trata de buscar una salida para el PT. Las elecciones municipales del domingo 2 de octubre masacraron su partido. Era algo esperado, pero no en tales dimensiones. Ha sido el peor desempeño del Partido de los Trabajadores en los últimos veinte años o más.

“Era algo esperado”, admite Lula. “Pero volveremos a ser lo que fuimos y seremos”, agrega, con la mirada fulminante puesta en algún espacio vacío y perdido.

Cuando conocí a Lula, hace como treinta y pico de años, era un hombre con mirada inquieta y feroz. Su voz ronca anunciaba cambios radicales. Ese Lula furioso ha sido drásticamente cambiado en la campaña electoral del 2002, cuando un publicista de mucho talento y escaso carácter –eligió, vendiendo personas como se fuesen jabón, a tipos de extrema derecha igual que de izquierda– creó la imagen de “Luliña paz y amor”.

Aquel Lula, el de 2002, se comprometió en una “Carta a los brasileños” a preservar puntos cruciales de la política económica de su antecesor, el neoliberal Fernando Henrique Cardoso, y lo hizo. Pero a la vez promovió cambios radicales en el panorama socioeconómico brasileño.

Los números no permiten dudas: el obrero que cometía errores básicos de gramática, que eliminaba el plural en sus frases, que tenía un discurso tosco y directo, montó un gobierno que eliminó a Brasil del mapa del hambre de las Naciones Unidas. En su gobierno, 42 millones 800 mil brasileños abrieron, por primera vez en sus vidas, una cuenta corriente en los bancos.

La libreta de ahorro, único instrumento de que disponían, quedó en la memoria. Se vendieron, como nunca, heladeras, cocinas, motos, coches. Ha sido como si una Argentina entera entrase en el mercado de consumo: 42 millones 800 mil tipos por siempre ninguneados.

Pasados los años, Lula sigue creyendo que hizo lo que tenía que hacer. “El presupuesto del Estado tiene que contemplar a los pobres, no se debe hablar de gasto, en el presupuesto para educación y salud públicas: es inversión. Inversión en el futuro de la gente”, dice.

El problema es que, en el sistema político brasileño, existen 35 partidos políticos activos y en el Congreso hay como 28. Así que ningún presidente se elige contando con mayoría en diputados y senadores. Como consecuencia, es imperioso armar alianzas políticas. Y las alianzas que armó el PT fueron con lo que de más sucio existe en la vida política brasileña. A tiempo: exactamente la misma alianza que ahora sostiene a Michel Temer, que no fue elegido, que llegó a la presidencia a raíz de un golpe institucional.

¿Qué dice Lula de esa experiencia? “Lo importante era tener una base para gobernar.” Su partido, otrora una especie de vestal contra la corrupción dominante en el escenario político brasileño, se mezcló en el lodo.

¿Y ahora? Bueno, ahora hay que empezar todo otra vez.

El mismo Lula es convocado para volver a presidir su partido, el PT. Pero se resiste. Sus interlocutores más cercanos, sus amigos, dicen que más urgente es preparar su defensa contra el acoso irremediable de una Justicia Injusta, que entre otras cosas es capaz de mantener en prisión a su ex ministro de Hacienda, Antonio Palocci, “mientras se buscan pruebas en su contra”. Esa historia de presunción de inocencia, y que les toca a los fiscales probar la culpa, quedó definitivamente eliminada del escenario judicial brasileño. Aquí en Brasil, primero se acusa, luego se detiene al sospechoso, y luego a ver cómo probar sus crímenes.

Lula da Silva anda un tanto tristón. Su mirada pasea por un horizonte invisible. Está cansado. El hombre que dice no cansarse nunca está cansado. Está visiblemente cansado. Mastica despacio y con cuidado cada parte del asado de cordero que eligió. Es un almuerzo entre amigos. De repente, le pregunto: “¿Es que no te cansás nunca?” Y él me mira, una mirada de mil fuegos, y dispara: “Es que no tengo tiempo para cansarme”. Miente. Es evidente que miente. La mentira está estampada en sus pelos, cada vez más ralos; en la mirada, cada vez más opaca; en la voz, cada vez más ronca.

Mañana o pasado o en unos días más lo detendrán. La imagen de Lula preso es, será, la gloria máxima del golpe de Estado, golpe institucional que se dio en mi país, el país de Lula. ¿Ha sido el suyo un gobierno corrupto? No. ¿Hubo corrupción en su gobierno? Claro que sí. ¿Ha sido complaciente con esa corrupción? Quizá. Muy probablemente, sí. En países como el mío, es o eso o la nada.

Me doy cuenta de que Lula tiene una coronita de perlas, de lágrimas, en la frente. De sudor, pues.

Terminamos de almorzar, nos despedimos, nos abrazamos. Nunca fui y jamás seré del PT. Mis críticas al partido creado por Lula da Silva desbordarían el espacio que me concede este diario. Pero salgo de este almuerzo largo y tardío con las palabras que dijo Lula cuando, de manera absolutamente ilegal, lo llevaron a prestar testimonio en la Policía Federal, hace como cinco, quizá seis meses.

Dijo Lula da Silva: “Si me matan, seré mártir. Si me detienen, seré héroe. Si me dejan libre, seré presidente otra vez”.

Si me permiten una participación personal, estoy seguro de que lo detendrán. Mañana o el miércoles o la semana que viene. ¿El crimen? No importa. Por ser obrero, apenas alfabetizado, y haber saneado lo mismo que hirieron sus antecesores.

Lo detendrán y condenarán por haber sido el primer obrero en alcanzar el poder, y que por intuición –mucho más que por ideología– cambió el mapa social de mi país. Es decir: que no robó nada.

Y por eso…

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

España y EEUU son los países avanzados en los que más aumentó la desigualdad según la ONU

Lun, 17/10/2016 - 19:13
Teguayco Pinto, El Diario

"El poder económico y político se concentra cada vez más en manos de un número muy reducido de personas". Este es el principal mensaje que se puede extraer del informe sobre desigualdad mundial publicado por la Unesco, y que señala a España y a EEUU como los países en los que más ha aumentado la desigualdad salarial durante los últimos años.

La desigualdad global se mide habitualmente a través del coeficiente de Gini, cuyo valor varía entre 0 (sin desigualdad) y 1. En Europa este índice oscila entre 0,25 y 0,30, aunque en España alcanzó en 2012 un elevado 0,36, según datos del informe, solo por detrás de Grecia (0,37) e Israel (0,43). En EEUU este índice alcanza un valor de 0,41, mientras que los países más desiguales se sitúan ligeramente por encima de 0,60, como, por ejemplo, Sudáfrica.

El crecimiento de las desigualdades internas ha sido especialmente marcado en los países más ricos y el informe señala el período de crisis como especialmente perjudicial, debido principalmente a una combinación de pérdida de empleos y aumento de las disparidades salariales.

España pasó de un índice Gini de 0,31 en 2002 a 0,36 en 2012, lo que supone un aumento de casi un 14%. Según el informe, el 90% del incremento de la desigualdad en España está causado por el paro y los bajos salarios durante el periodo 2006 a 2010.

Los investigadores son especialmente críticos con los recortes y las políticas de austeridad llevadas a cabo en la UE, de los que dicen que "no sólo perjudican el empleo y la inversión, sino que afectan a los pobres de manera desproporcionada, a través de reducciones de salarios y pensiones y mediante recortes en sanidad pública, educación y gasto social".

También hacen referencia al aumento de los contratos de trabajo temporal, que "se han convertido en una característica distintiva de los mercados de trabajo en el sur de Europa, los países andinos y partes de Asia" y que "suponen pérdidas salariales significativas para los trabajadores individuales". En este sentido, el informe vuelve a destacar el caso de España, "donde más de una cuarta parte de la fuerza de trabajo tiene contratos temporales".

Según los miembros del comité científico consultivo encargado de supervisar el informe, entre los que destaca el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, las medidas de liberalización económica adoptadas a partir de la década de 1980 "han provocado un aumento de la desigualdad y una distribución poco equitativa de los beneficios del crecimiento".

Además, señalan como a partir de la década de 1990 empezó a producirse un estancamiento de los salarios de la clase media en los países desarrollados, lo que unido al aumento de las ganancias del 1% de las personas más ricas y al predominio creciente de las rentas del capital financiero sobre los ingresos del trabajo, han contribuido a concentrar la riqueza en manos de una élite muy reducida.

La paradoja de la desigualdad A nivel global, el índice Gini se sitúa por encima de 0,70, aunque los resultados del informe muestran una disminución en las últimas décadas de entre un 3% y 4%, una tendencia positiva que se debe en gran parte al rápido crecimiento económico en China y la India, o al crecimiento, más moderado, de varios países de Latinoamérica. Sin embargo, esta reducción parece haberse apoyado en el incremento de las desigualdades internas de los países, algo que se conoce como la paradoja de la desigualdad.

Es especialmente llamativo el caso de China, cuyo coeficiente de Gini aumentó en once puntos durante el periodo 1985-2008, aunque disminuyó alrededor de dos puntos en los siguientes seis años. Los investigadores también mencionan a los países del antiguo bloque soviético, que durante los últimos años han sufrido un aumento importante de la desigualdad y destacan el caso de Rusia, cuyo índice Gini aumentó más de 20 puntos tras la caída de la Unión Soviética y que aún hoy se mantiene en valores superiores a 0,41.

Con respecto a los países latinoamericanos, el informe indica que la mayoría registraron una reducción de la desigualdad en la pasada década y destaca los casos de Brasil y Argentina, cuyo índice Gini disminuyó alrededor de 12 puntos. Entre los factores que han contribuido a la reducción de la desigualdad en América Latina, los investigadores destacan el aumento de los salarios mínimos, la introducción de reformas fiscales progresivas y las pensiones sociales.

Falta de reforma de los mercados financieros En otro informe publicado en las mismas fechas por la Conferencia de Comercio y Desarrollo de la ONU, se hace referencia a la desigualdad y se critica la creencia en la "hipereficiencia de los mercados autorregulados", a la que acusa de haber ignorado cómo el crecimiento estaba siendo alimentado por una "adicción malsana a las apuestas de alto riesgo entre los agentes del mercado financiero", lo que terminó provocando un aumento de la desigualdad "a niveles no vistos desde la década de 1920".

Este informe hace hincapié en el hecho de que pese a que los mercados financieros fueron castigados por la crisis, éstos "no fueron reformados", lo que sigue afectando a los niveles de deuda y desigualdad. Además, critican que la mayor parte de las ganancias de los últimos años hayan dado como resultado el aumento de los beneficios empresariales, "mientras que la mayor parte del ajuste ha caído sobre los países deudores y las familias trabajadoras, cuyos salarios, empleos y bienestar social están bajo la presión constante de las medidas de austeridad".

Objetivos de desarrollo: un eslogan sin sentido Finalmente, el informe de desigualdad llama la atención sobre el riesgo que corren los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) si no se hace mayor hincapié en las políticas redistributivas. Estos objetivos fueron aprobados en septiembre del pasado año, como un proyecto global para terminar con la pobreza, hacer frente a las desigualdades y abordar el cambio climático en el curso de los próximos quince años.

Sin embargo, según se advierte en el informe, "son muy pocos los países que efectúan inversiones en la realización de trabajos de investigación sobre las repercusiones a largo plazo que tiene la desigualdad en sus economías, sociedades y comunidades" y los científicos concluyen que "si esto no se resuelve urgentemente, la meta transversal de "que nadie se quede atrás" de aquí a 2030, proclamada en los ODS, será un mero eslogan sin sentido alguno".

El estudio, que fue presentado en la Real Academia Sueca de Ciencias y que lleva el título Afrontar el reto de las desigualdades y trazar vías hacia un mundo justo, recuerda que el 1% de la población posee casi la mitad de la riqueza de los hogares y que las 62 personas más ricas del mundo poseen por sí solas tantos bienes como la mitad más pobre de la humanidad. Una realidad que "está poniendo en tela de juicio la perdurabilidad de los modelos predominantes de desarrollo económico".

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El plan C de EEUU en Siria: guerra furtiva de baja intensidad contra Rusia

Lun, 17/10/2016 - 03:37
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

La fractura geopolítica global es notoria en los multimedia de las grandes potencias del Olimpo. Las noticias, que reflejan sus concomitantes intereses, también están fracturadas.

Los poderosos multimedia de Estados Unidos (EEUU) están más obsesionados en los deleznables escándalos eróticos de Donald Trump, a quien buscan descarrilar antes del último debate, que en la alarmante situación geopolítica global en la que opera Barack Obama antes de despedirse.

En su aplastante mayoría, los multimedia de EEUU están obscenamente controlados por el alicaído establishment dual de los partidos Demócrata y Republicano, lo cual se subsume en la anacrónica Santa Alianza de sus dos nuevas dinastías de los Clinton y los Bush que exorciza en forma peligrosa al zar Vlady Putin y coloca a Rusia en la picota.

¿Cual será el costo postelectoral para la salud nuclear del planeta, de la viciosa rusofobia de los seguidores de la pugnaz Hillary Clinton?

Los multimedia de Europa, en franca derrilección, se encuentran encapsulados en su declive existencial, mientras sus homólogos chinos son los más optimistas del planeta cuando exaltan la octava cumbre de los BRICS en Goa (India) y su anhelo pacífico multipolar, boicoteados en forma pueril por sus colegas occidentales.

Después de los perturbadores ejercicios de movilización en refugios atómicos de 40 millones (sic) de ciudadanos rusos, casi su cuarta parte poblacional, del 3 al 7 de octubre pasado –también boicoteados por Occidente, que se refocila con su síndrome de la negación–, los multimedia de Rusia ostentan un pesimismo espeluznante ante la inminencia de un pérfido ataque nuclear de Obama, quien ejerce al máximo su legendaria duplicidad.

Dmitry Kiselyov, que muchos sitúan como portavoz del zar Vlady Putin, en un reciente programa de Vesti Nedelyi de la televisión rusa, sentenció que la conducta ofensiva contra Rusia comporta una dimensión nuclear cuando Moscú reaccionará con nervios de acero al plan B de EEUU (https://goo.gl/USWR9s).

El analista Alexander Kirov, del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú, adujo que la grave situación en Siria parece similar a la crisis de Suez de 1956, o a la crisis de los misiles de 1962, y advirtió que Siria puede llevar a más serias consecuencias.

Los puntos de colisión entre EEUU y Rusia son múltiples y variados. Van desde la guerra cibernética hasta los ominosos tres puntos calientes geopolíticos en pleno despliegue en su dimensión curvilínea desde el mar Báltico pasando por el mar Negro hasta el mar Mediterráneo: 1. La triada de Países Bálticos/Polonia/Kaliningrado (Rusia), donde la ofensiva misilística de la dupla EEUU/OTAN ha llevado a la réplica análoga de Rusia; 2. Ucrania, donde los rusófobos de Kiev han vuelto a recalentar los frentes rusófilos de Donetsk y Lugansk, y 3. Siria, donde la inminente caída de Alepo impactará la caleidoscópica correlación pentapolar regional de fuerzas de sus principales actores multidimensionales: Turquía/Irán/Arabia Saudita (AS)/Egipto/Israel.

En cualquiera de los tres puntos incandescentes e indecentes de marras se puede desencadenar una colisión directa entre EEUU y Rusia que desembocaría en una tercera guerra mundial nuclear.

Hoy es más conspicuo el contencioso sirio cuando tanto la CIA como Ashton Carter, secretario del Pentágono, han amagado intervenir en Siria con un abanico de opciones militares, mientras Obama –al menos que no se trate de un reparto teatral de roles entre el policía malo y el policía bueno del barato maniqueismo hollywoodense– se acaba de pronunciar por una salida diplomática, la cual cobró fuerte intensidad este fin de semana desde Lausana (Suiza) –donde los cancilleres John Kerry, de EEUU, y Sergei Lavrov, de Rusia, después de su dramática ruptura, se vuelven a reunir solos y en conjunto con sus homólogos de Turquía, AS, Qatar e Irán –hasta Londres, donde Gran Bretaña, Francia y Alemania participarán en las tratativas.

En los circuitos geoestratégicos globales se presupone que el plan A de Obama versa sobre un condominio con Rusia para resolver por la vía diplomática el contencioso sirio.

En una ocasión John Kerry había amagado con un plan B para Siria que dejó perplejos a los geoestrategas rusos.

Alastair Crooke, ex espía británico y ex asesor de política exterior de la Unión Europea (antes del Brexit), hoy a cargo del relevante portal Conflicts Forum en Beirut, explaya la existencia de un plan B de EEUU mediante el cual sus superhalcones del Pentágono y la CIA buscan escalar la guerra en Siria, al tiempo que fomentan “una nueva guerra fría con Rusia” que está a punto de descolgar un resonante triunfo de alcances estratégicos en Alepo.

El ex espía Crooke asevera que Paul Ryan, líder camaral del Partido Republicano, forma parte del “bloque de la guerra fría”, quien ha catalogado al zar Vlady Putin de adversario y agresor (sic) que no comparte los intereses de EEUU.

También Hillary Cinton pertenece al “bloque de la guerra fría”, lo que explica la dualidad promiscua de los partidos Republicano y Demócrata consolidada por sus dos disfuncionales dinastías de los Bush y los Clinton que están a punto de aniquilar sexualmente al locuaz Trump, pero no al trumpismo, consustancial a la guerra civil larvada que padece EEUU.

A juicio de Crooke, el plan B de EU, en connivencia con sus aliados regionales y los yihadistas de Al-Qaeda/Al Nusra/Ahrar al Sham –transmutados y permutados por la distorsionada lingüística geopolítica israelí-anglosajona–, debían capturar Alepo, lo cual hubiera forzado a Rusia e Irán a desembarazarse del presidente sirio Bashar El-Assad, con el corolario del cambio de régimen.

Si existió un plan B, pues no fue el de EU, sino el de Rusia, que está punto de descolgar un resonante triunfo con su ayuda para conseguir la expulsión por la vía diplomática, luego de intensos bombardeos aéreos, del último reducto yihadista en el noreste de Alepo, que obliga a Obama a regresar a su fariseo plan A de su condominio con Moscú.

Sin tapujos, Crooke demuestra que EU busca la protección de Al Qaeda cuando siempre “maniobró para frenar a Rusia y Siria para debilitar a los yihadistas (https://goo.gl/gJOaMs)”.

Mike Whitney, asiduo del crítico portal Counterpunch, alega la existencia de un bélico plan C furtivo de EU que coincide con la letra inicial C del apellido de Ashton Carter, pugnaz secretario del Pentágono: una guerra de baja intensidad con el fin de empantanar a Rusia, al estilo del plan Brzezinski en Afganistán, que desembocó en la disolución del imperio soviético (https://goo.gl/xvRLtx).

El plan C es furtivo porque evita una resolución del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas y libra bombardeos encubiertos (sic) sin el conocimiento (sic) de la opinión pública.

Fue justamente lo que sucedió con el bombardeo accidental (la moda) en la ciudad siria de Der Ez-Zor el 17 de septiembre pasado, que cobró la vida de 62 soldados sirios y favoreció en forma tangencial a los yihadistas, lo cual enfureció a Rusia, que todavía no se acostumbra a la legendaria duplicidad de Obama, quien, dependiendo de las circunstancias, juega con sus tres planes: A, B y C.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Deutsche Bank: ¿momento Lehman o momento brexit?

Dom, 16/10/2016 - 20:06
Paula Bach, La izquierda diario

Hace unos días presentamos un primer análisis de Juan Chingo sobre la situación del Deutsche Bank. Acercamos aquí un segundo enfoque que combinando puntos de contacto y matices en la caracterización, aborda la situación del banco previa al episodio actual, el lugar de la multa norteamericana, de las tasas de interés negativas y de las elecciones alemanas en el destino del Deutsche.

Es sabido que el Deutsche Bank, el mayor banco de Alemania –la economía más fuerte de Europa-, sufrió hace no muchos días severas pérdidas bursátiles y enfrenta una situación de extrema debilidad financiera. El valor de sus acciones tocó el pasado viernes un piso histórico en la bolsa del Frankfurt, recuperando terreno unas horas más tarde. Los activos del banco ascienden a 1,8 billones de euros –el equivalente a la mitad del PBI alemán de 2015- y fue calificado por el Fondo Monetario Internacional como la institución que presenta mayor riesgo sistémico por delante del HSBC o del Crédit Suisse- dentro de los “too big to fall” (demasiado grande para caer).

La intención del Departamento de Justicia de Estados Unidos de penar al banco con una multa de 14.000 millones de dólares por sus prácticas ilegales con hipotecas subprime entre 2005 y 2007, colocó al Deutsche en primera plana. Pero la situación crítica del banco no se generó de un día para otro ni es el simple producto de la multa norteamericana. El Deutsche –en un sentido como la Reserva Federal- se encuentra entre las dos hojas de una tijera que se cierra. Esas dos hojas son las de la economía real y la de la política que contribuyen a su tiempo a entender el sentido e interpretar el lugar de la presión norteamericana.

Estado de cosasEl Deutsche Bank es un banco de inversión que además de cotizar en la bolsa de Frankfurt, lo hace en la de Nueva York. La actividad de la institución está centrada en operaciones de capital, compra y venta de valores y financiación y asesoramiento a grandes empresas. Tal como lo detalla el balance del banco del primer semestre del año, el Deutsche cuenta con un activo total de 1,8 billones de euros y recursos propios de primera categoría por aproximadamente 60 mil millones. La relación entre ambos valores que arroja un escaso 3,4% se conoce como razón de apalancamiento e indica la calidad del capital bancario y su capacidad para asumir pérdidas. Esta relación muestra que el banco está apalancado en alrededor de 30 veces sus activos de primera categoría.

Sin embargo, como resaltan Ángel Berges y Fernando Rojas en una nota de El País de España –y como también puede verse en el balance- si se toma en cuenta lo que se conoce como “razón de solvencia”, la situación del banco mejora. La razón de solvencia -cuestionada de todos modos por su capacidad de medir el verdadero perfil de riesgo- se calcula como la relación entre los activos de primera categoría y el activo total ahora ponderado por el nivel de riesgo –APR, en la jerga financiera. En el caso del Deutsche esta relación se aproxima al 11% y se explica porque su “activo ponderado por el nivel de riesgo” ronda apenas el 20% del activo total. Es cierto que el Deutsche mejoró su relación de solvencia desde el año 2009. En aquel año y según The Economist, la razón de solvencia alcanzó un alarmantemente bajo 2,4%, evolucionando hasta el 5,5% a mediados de 2012 y consiguiendo más tarde el actual valor de alrededor del 11%. Aunque esta relación favorece al banco respecto de la razón de apalancamiento, lo muestra como el de mayor debilidad, si se la compara con la razón de solvencia de las restantes entidades sistémicas de la eurozona.

Por otra parte, el Deutsche posee una alta especialización en productos derivados, es decir, en productos financieros cuyo precio se construye a partir de la evolución de los de otros productos como por ejemplo acciones, bonos o materias primas. El Deutsche posee derivados por un valor aproximado de 75 billones de dólares, equivalentes a un 11% del mercado total de derivados internacionales que se calcula en alrededor de 650 billones –el monto varía según el criterio que se utilice- semejantes a alrededor de unas 9 veces el PBI mundial. No hay que perder de vista que el banco se maneja con altos niveles de derivados hace años por lo que el riesgo de catástrofe no radica directamente en aquellos instrumentos sino en los contrariedades que provienen de la economía real y pueden derribar ese “House of cards”. Gran parte de los activos que subyacen a los derivados son tóxicos y en caso de derrumbe, podrían adquirir un rol comparable al de las hipotecas subprime en la crisis de 2008.

Sinergia y tasas negativasDe hecho la aceleración de la crisis del Deutsche coincide temporalmente y se vincula a los asuntos emparentados con la economía real. Más concretamente, a los límites de lo que hemos denominado la sinergia entre el crecimiento chino y de los países “emergentes” por un lado y las medidas monetarias expansivas de los países centrales, por el otro. Como ya en febrero de este año sintetizaba el periódico financiero Invertia: la desaceleración china es una fuente de preocupación para la economía alemana ya que Berlín es el tercer socio comercial de Pekín por tamaño. Además la crisis migratoria que tiene a Alemania como uno de los países preferidos de destino, puede suponer un regalo envenenado. La mano de obra barata siempre es bienvenida pero la opinión pública está poniendo sobre la mesa la idea de cerrar fronteras y acabar con Schengen, cuestión que podría ser mortal para la exportadora Alemania y para el Deutsche Bank.

El menor impulso de la economía mundial y las presiones deflacionarias derivadas, lastendencias contractivas del comercio internacional, entre otros factores, condujeron al artificio de las tasas de interés nominales negativas. Cuando un banco central define una tasa de interés nominal negativa significa que literalmente les cobra a los bancos comerciales por una parte de las reservas depositadas en la institución. El objetivo consiste en alentar a los bancos a prestar a las empresas a fin de reactivar la economía y combatir la deflación. En los hechos, en el curso del fatídico año 2014 –cuando los signos de sinergia positiva comenzaron a retroceder- primero el Banco Central Europeo y luego Suiza –con objetivo distinto- accedieron a tasas de interés nominales negativas. La medida fue imitada por Japón a principios del corriente año. Pero el intento de impulsar la economía mediante tasas de interés negativas no sólo no arroja los resultados benéficos deseados sino que se traduce en un deterioro de la rentabilidad bancaria.

Alrededor de 6 billones de dólares de deuda soberana europea y japonesa que inunda los bancos, arroja ahora un rendimiento por debajo de cero incluyendo una parte importante de los bonos de la deuda alemana a largo plazo. Esta cuestión se combina con la tendencia declinante de los precios de las materias primas –que comenzó en 2014, más allá de los diversos movimientos coyunturales- subyacentes a gran parte de los derivados. Los factores que afectan directamente la rentabilidad, repercuten a su vez depreciando las acciones de los bancos. No por casualidad, las últimas medidas monetarias implementadas por las autoridades monetarias de Japón apuntan, en primera instancia, a mejorar la rentabilidad bancaria.

El Deutsche devino una de las principales “víctimas” de una banca europea que –amenazada por múltiples crisis-, recorrió un proceso de recuperación más crítico y oscilante que el de sus pares norteamericanos. Durante el año 2015 la institución –obligada a invertir, según The Wall Street Journal, gran parte de su superávit de depósitos alemanes en bonos soberanos del país- arrojó pérdidas por 6.800 millones de euros, anunció un plan de 9.000 despidos y la retirada de diez mercados, entre ellos México, Argentina y Chile. Además ya en septiembre del año pasado el Deutsche anticipó a sus accionistas la ausencia de rentabilidad durante los ejercicios 2015 y 2016. En el primer semestre de este año –y antes de la multa norteamericana- las acciones del banco ya habían acumulado una caída cercana al 45% y su valor bursátil representaba el 25% de su valor en los libros contables. A su vez los denominados CDS –Credit Default Swaps- del Deutsche Bank que son seguros cuyo valor varía inversamente a la confianza que el “mercado” deposita en el banco, ya en julio de este año se habían incrementado un 150%.

¿Momento brexit?Si la situación del Deutsche viene siendo lacerada por las consecuencias de la “economía real” sobre los bancos, los dos últimos golpes recibidos este año provienen de un enlace entre economía y política o dicho de otro modo, derivan de la política entendida como “economía concentrada”.

Como señala The Economist en una nota de mediados de julio, si el Deutsche parecía una víctima improbable del brexit, quince días después de que los británicos votaran “Leave”, el banco sufría las consecuencias y sus acciones se derrumbaban un 27%. El mayor prestamista alemán, grafica el semanario, quedaba cerca de la situación nada halagüeña de los bancos británicos o italianos. En aquel momento sus acciones tocaron un mínimo histórico que fue superado por la reciente caída del pasado viernes. La misma nota del semanario británico recuerda que aunque a mediados de julio el precio ya había abandonado aquel piso, el Deutsche aún cotizaba en bolsa sólo una cuarta parte del supuesto valor neto de sus activos –ubicándose muy por detrás de sus pares. Se trata de círculos viciosos en los que la economía transformada en política termina afectando nuevamente a la economía.

Dentro de las múltiples causas que pueden haber motivado el actual episodio de la “multa” –por un monto casi equivalente al valor bursátil del Deutsche- es difícil dejar por fuera la cercanía de las elecciones y las tendencias “globalofóbicas” que anidan en el sentir de amplios sectores sociales norteamericanos. No parece demasiado exótico asociar de algún modo el accionar del organismo a un “gesto electoral”. Las actuales elecciones norteamericanas abundan –más que otras- en gestos que no necesariamente se desprenden de los intereses –inmediatos, al menos- del capital hegemónico. Después de todo, también la supuesta oposición al Acuerdo Transpacífico y la promesa de no avanzar en el nonato Tratado Comercial y de Inversión (TTIP), están fabricadas con gestos al electorado y no con intereses directos del capital “global”.

El monto de la multa es ya objeto -por supuesto- de una negociación que promete ser extensa y al son de la cual bailarán seguramente las acciones y la salud del Deutsche. No es esperable que el establishment norteamericano y alemán ni sus fracciones de capital más concentradas, impulsen una nueva hecatombe internacional que lograron ahuyentar luego de Lehman. Pero otra vez “la política” se presenta como heredera de ocho años de crisis sin catástrofe y crecimiento extremadamente mediocre en los países centrales. Hace pocos días la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Ángela Merkel, sufrió una dura derrota en las elecciones regionales de Berlín quedando por detrás de la fuerza de extrema derecha xenófoba, Alternativa para Alemania. Las elecciones se consideraban un test respecto de la “dadivosa” política migratoria de Merkel que como citamos más arriba, derivó en un “regalo envenenado”.

Entre las deslocalizaciones y la utilización local de los migrantes como mano de obra barata, se gesta un caldo de cultivo xenóbono en amplias franjas de la población que identifican a los trabajadores extranjeros como causa del empeoramiento de sus condiciones de vida. Resultó el móvil fundamental del triunfo del brexit y es la esencia del discurso de Trump. Pero a la vez, amplios sectores de la población deducen que un rescate bancario -como podría ser el salvataje del Deutsche- derivaría en beneficios para las altas finanzas y recortes de gastos sociales. De hecho existe una gran oposición interna a un eventual rescate estatal del mayor banco alemán que pone contra las cuerdas a una Merkel en proceso de digestión de la reciente derrota, un importante antecedente para las elecciones generales de 2017.

El resultado concentrado de los pasados años pos Lehman pone en contradicción –hasta cierto punto- las necesidades inmediatas de las “élites políticas” con los intereses estratégicos de las “élites económicas”. Quizás lo más interesante de todo este asunto es que una reedición de un “momento Lehman” –es decir una situación que reproduzca lo ocurrido tras la quiebra del banco de inversión norteamericano- se vuelve en parte difícil de imaginar después de haber corrido tanta agua bajo el puente. No es que no pueda ocurrir una catástrofe financiera sino que es difícil pensar que vaya a suceder por la decisión consciente de “no rescatar” como pasó con Lehman. Lo nuevo es que a ocho años de aquella catástrofe, un eventual rescate del Deutsche –que intentarán evitar por todos los medios- podría costarle por ejemplo las elecciones a Merkel y derivar en fenómenos políticos desconocidos. Por supuesto en toda esa maraña está inscripta la posibilidad de nuevos estallidos financieros y la imposibilidad de una gestión tan ordenada de la crisis como hasta el momento. En términos generales y abstractos, ya no puede pensarse en un golpe proveniente exclusivamente de “la economía” porque los últimos ocho años acabaron colocando también a “la política” en el centro de la escena.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El mundo va hacia la derecha, pero también hacia la izquierda

Dom, 16/10/2016 - 07:01
Emir Sader

Como los medios dan gran difusión a las olas de derecha y, especialmente, de extrema derecha, proyectan una imagen de que el mundo va hacia la derecha. Lo cual tiene elementos de verdad, pero está lejos de dar cuenta de todas las tendencias, complejas, del mundo contemporáneo.

El gran viraje a la derecha se ha producido hace algunas décadas, con el fin del campo socialista y la hegemonía neoliberal en el mundo. La fuerza de este modelo lo ha hecho cooptar a partidos socialdemócratas por todo el mundo y fuerzas nacionalistas, como fue el caso en Mexico y Argentina. La proyección de Estados Unidos como única superpotencia mundial expresó esos cambios de forma global.

De forma más reciente, otros fenómenos parecen apuntar a un nuevo ciclo de fortalecimiento de la derecha. La crisis migratoria que llegó a Europa ha expandido la extrema derecha, llegando hasta Escandinavia, mientra se consolidaba en Francia y se desarrollaba en Alemania y otros países. La votacion del Brexit y la candidatura de Donald Trump en EEUU, así como el cambio de gobierno en países como Argentina y Brasil, es tomado como ejemplos de una nova ola derechista en el mundo.

Lo cual no es errado, pero no puede ser tomado como única expresion de las tendencias actuales, ni tampoco ser agregado a expresiones de derecha sin más. El fenómeno de Trump no es más importante, en perspectiva, que el de Sanders, primer candidato con un discurso anticapitalista que logra un apoyo sorprendente en las primarias demócratas, movilizando a nuevas generaciones como ningún otro lo había logrado. Al Brexit se puede contraponer el surgimiento de Jeremy Corbin, el nuevo líder de izquierda del Partido Laborista inglés. En la misma crisis europea, han surgido, por primera vez, fuerzas con capacidad de disputar la hegemonía a los partidos tradicionales, como Syriza, en Grecia, y Podemos, en España, aun con las dificultades típicas de la austeridad todavía predominante en el continente.

Aun fenómenos como el Brexit o el apoyo de Trump son expresiones catalizados por la derecha del descontento de amplios sectores de la clase obrera de esos países con la globalización, cuya reacción puede volver a los cauces progresistas. Al igual que la extrema derecha ha logrado, en varios países europeos, capitalizar el descontento de sectores populares contra el euro, pero que puede volverse hacia la izquierda, en caso de que ésta salga de la trampa de la política de unidad europea, con el eje en la moneda única y la correspondiente política de austeridad.

Los grandes temas de la derecha están desgastados en la opinión pública mundial, sea el modelo neoliberal, siempre derrotado en las elecciones europeas, como la hegemonía global de EEUU, que ha diseminado las guerras en el mundo. Los discursos con acogida popular son los del papa Francisco, Pepe Mujica, Lula, Evo Morales, Trudeau y Sanders, no los de Angela Merkel, el FMI o el Banco Mundial.

En América Latina, donde la derecha ha recuperado capacidad de iniciativa, ha tumbado gobiernos; en el caso de Brasil lo ha hecho contra inmensas movilizaciones y ha instalado a un gobierno sin ningún respaldo popular, mientras el único líder político nacional con prestigio es Lula.

En los países donde sigue gobernando la derecha hace años, como México y Perú por ejemplo, no hay gobernante que se mantenga con prestigio más que uno o dos años al comienzo de su mandato, para después ver a sus candidatos derrotados en las elecciones siguientes. Mientras los líderes populares con perdurabilidad en el continente son de izquierda: Pepe Mujica, Rafael Correa, Evo Morales, Lula o Cristina Kirchner.

Lo que hay es un debilitamiento de las alternativas conservadoras de la derecha tradicional, así como las representadas por los partidos socialdemócratas en Europa, o el mismo Partido Demócrata en EEUU, lo que hace surgir opciones a la izquierda, pero tambien a la derecha.

En Escandinavia se ha terminado la hegemonía tradicional de la socialdemocracia, que pierde bases obreras incluso frente a las emergentes fuerzas de la extrema derecha. En el conjunto de Europa hay una pelea entre las alternativas de extrema derecha y las de las nuevas izquierdas, frente al agotamiento de los bipartidismos tradicionales.

En la misma América Latina, la disputa es entre los viejos y fracasados esquemas neoliberales de la derecha y la capacidad de renovación y recuperación de fuerza de la nueva izquierda, que representa a las fuerzas posneoliberales. Nadie pronostica un buen futuro para los nuevos intentos neoliberales, permitiendo que la izquierda recupere capacidad de acción, por el enorme respaldo popular que la lucha contra el neoliberalismo posee.
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Nobel de Literatura para Bob Dylan

Sáb, 15/10/2016 - 07:00
David Brooks

Nadie sabe quién es aunque casi todos conocen su nombre, y rehúsa ser vocero de nadie aunque millones a lo largo de medio siglo le han dado la palabra, sin su literatura musical es imposible entender a este pueblo, y sus cantos rescatan para todos la ira y la tristeza, el amor y desamor, la indignación, la soledad y la solidaridad en este país.

Durante más de medio siglo dice que ha sido un trabajador con una herramienta. A los 22 años contó al famoso entrevistador Studs Terkel: mi vida es la calle en que camino; la música, la guitarra, es sólo mi herramienta, y que su trabajo no es más ni menos que el de alguien que hace pasteles, o que corta árboles o construye techos.

Dylan siempre es proclamado como la voz de la generación de protesta. Pero en su libro de memorias Chronicles-Volume One cuenta que cuando unos radicales en busca del "Príncipe de la Protesta" fueron a verlo a su casa, él tenía muy poco en común, y sabía aún menos, sobre una generación de la cual supuestamente yo era la voz.

Dylan se ha encargado de evadir su identidad impuesta. Desde joven ha engañado a entrevistadores inventado cuentos, y confundido a los expertos sobre su vida. Pero nunca ha podido deshacerse de su perfil mítico; más bien, su intento de escapar de esa identidad a veces sólo la ha nutrido. Nadie sabe si a veces es a propósito o no. Juega con eso, pero no con la música, ni con los cuentos de lo que ve a su alrededor.

Pocos artistas han tenido tanta influencia sobre la conciencia colectiva de este país. Su obra es parte integral de la narrativa nacional.

La noticia de que Dylan es el nuevo Premio Nobel de Literatura es un antídoto contra la cruda bajeza de esta coyuntura electoral en Estados Unidos. Sin embargo, el anuncio provocó el mismo debate que ha acompañado a este artista desde sus inicios, de que no es quien debería ser. Fue primero elogiado como una nueva voz del folk, sólo para interrumpirla con una guitarra eléctrica y un giro hacia el rock; fue declarado la voz de la generación de los sesenta, pero sigue siendo un músico contemporáneo que rehúsa ser voz de nadie; ha intentado de mil maneras escapar de las definiciones impuestas, y durante años persiste la controversia sobre si la obra de Dylan es literatura o no, y si no habían escritores más merecedores que alguien tan ronco y sin pretensiones intelectuales, alguien que apenas habla. ¿No eres de esos que creen que Dylan es un poeta, ¿verdad?, preguntó Gore Vidal en una entrevista con La Jornada hace varios años. Hoy varios expresaron alguna versión de esto, pero todos, aunque rehúsen confesarlo, en algún rincón de su cabeza están murmurando, silbando o cantando la literatura de Dylan. En sus primeros años de artista, Dylan escribió sobre las inquietudes y furias de la generación de los sesenta, desde el movimiento antiguerra hasta los derechos civiles, y fue parte integral de la ruta sonora de lo que se llamaba la contracultura, de los que se dedicaron a romper las convenciones. Fue inmediato, pero no se atoró en la inmediatez. Su literatura musical nació radical, y su héroe (una vez dijo que era mi primer y mi último héroe) fue el legendario cantautor radical Woody Guthrie, a quien vino a conocer en Nueva York poco antes de su muerte. Varias de sus canciones se volvieron himnos de los movimientos sociales de los sesenta: Blowin’ in the Wind, The Times They are a’ Changin’, A Hard Rain is Going to Fall , entre otras. Se escuchaban en cafés y cantinas, en asambleas, mítines y manifestaciones. Siguen vigentes todas hoy día. De repente se escuchan entre niños, o entre veteranos de demasiadas luchas sociales, o algunos que están apenas aprendiendo sobre la historia reciente de su propio país.

La furia antiguerra de Masters of War (Maestros de Guerra, ver versión de Eddie Vedder) o With God on Our Side sigue, casi medio siglo después, tristemente vigente.

Dylan fue un príncipe poético del reino insurgente de música del Greenwich Village en Nueva York, un movimiento que tendría impacto nacional e internacional, donde desde muy joven sus canciones fueron interpretadas por músicos desde Jimi Hendrix, Joan Baez, The Band, The Byrds, Nina Simone y Johnny Cash, entre tantos más. Su influencia fue fundamental para una diversidad de músicos, desde Pet Townshend de The Who a Lou Reed, Patti Smith, David Bowie, Bruce Springsteen, Pearl Jam, Ani DiFranco, entre incontables más.

Pero no se quedó ahí, sino que atravesó por gran universo de géneros, empezando con el folk pero pasando por el rock, country, blues, gospel y, hace poco años, hasta música de la era de Sinatra. Dylan no ha dejado de moverse, jamás ha quedado atrapado en el pasado.

En un discurso al aceptar un premio en 2015, recordó que su primer productor le advirtió que “no había precedente para lo que estaba haciendo, que estaba yo adelantado para mi tiempo… o atrasado”, y que si eso era cierto, el público tardaba de tres a cinco años en alcanzarlo, pero el problema era que cuando el público me alcanzaba, yo ya estaba tres a cinco años más adelante; entonces se complicaban las cosas.

Comentó que “estas canciones mías las veo como obras de teatro de misterio, como las que Shakespeare veía cuando estaba creciendo… Estaba en los márgenes antes, y creo que están en los márgenes ahora. Y suenan como a que han recorrido un duro camino”. Explicó que sus canciones no brotan de la nada, sino que “todo salió de la música tradicional: música tradicional folk, rocanrol tradicional y música de big band…. Todas estas canciones están conectadas, que no los engañen. Simplemente abre una puerta diferente, de una manera diferente; nada más es diferente, pero dice lo mismo”.

Celebró a “artistas radicales que cimbraron la esencia misma de la humanidad… Radicales hasta el tuétano [que hacen] canciones que te llegan hasta los huesos….”.

Dylan es un camaleón, disfrazado pero siempre de sí mismo; jamás pretende ser otro. A sus 75 años de edad sigue en gira de conciertos, grabando, y escribiendo. Su voz a veces reaparece, a veces no. A veces canta de cosas místicas, otras de la vida de un obrero o de repente resucita algo viejo. Nunca se sabe.

Por alguna razón, preferiblemente misteriosa (para evitar algún análisis académico), Dylan da voz a los anónimos perdidos en el sueño/pesadilla estadounidense. A pesar de que rehúsa ser vocero, sus palabras revelan tanto una historia contemporánea individual y colectiva de este pueblo, como las grandes tensiones de una vida durante un día. Canta-cuenta historias. El nuevo premio Nobel es único o, como escribió Ann Powers en el New York Times hace años: En verdad no había necesidad de otros Dylans, porque Dylan siempre se ha renovado a sí mismo.
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Globalización: la última fiesta

Mér, 12/10/2016 - 11:32
Alejandro Nadal, La Jornada

La reunión semianual del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial en Washington, la semana pasada, podría pasar a la historia como la velada del funeral de la globalización neoliberal. Como en esas ocasiones, los discursos en memoria del difunto se suceden como colecciones de aburridos panegíricos fúnebres. Pero por más conjuros que se pronunciaron sobre los despojos mortales de la globalización neoliberal, el cadáver insepulto no quiso resucitar.

Ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales tuvieron que afrontar una larga serie de indicadores macroeconómicos negativos. No sorprende entonces que las estimaciones sobre crecimiento global que ha realizado el Banco Mundial se sitúen en el rango de 2 por ciento. Proviniendo de alguien tan sesgado en favor de los beneficios que atraería la globalización neoliberal, esos datos constituyen una señal de que las cosas no andan bien en la economía mundial. Otro indicador contundente es que las economías de los llamados mercados emergentes experimentarán tasas de crecimiento de 0.4 por ciento debido al colapso en el precio de las materias primas. O sea, estamos en medio del estancamiento.

Para empezar, la Organización Mundial de Comercio (OMC) reveló que el comercio internacional crecerá este año a la tasa más baja desde 2007. El volumen de comercio apenas crecerá 1.6 por ciento. Ese anuncio hiere también el punto de honor de la OMC porque en abril de este año el pronóstico de crecimiento era de 2.8 por ciento. Y dentro de este panorama desagradable sobresale un dato alarmante: las importaciones de las 20 economías más importantes del mundo como proporción de su producto interno bruto se han reducido durante los últimos cuatro años.

Los esfuerzos por consolidar nuevos acuerdos comerciales para cubrir macroregiones (como la cuenca del Pacífico o el Atlántico norte) se han enfrentado a obstáculos insospechados. En el caso del acuerdo para el Atlántico norte es posible que el freno que impuso Francia hace un mes sea el coup de grâce.

El volumen de inversión extranjera directa (IED) en las economías ricas del planeta (el G-20) apenas alcanzó la suma de 646 mil millones de dólares (mmdd) en 2015. Esa cifra es 40 por ciento inferior al monto más alto registrado antes de la crisis. El riesgo y la incertidumbre siguen siendo determinantes para la IED, pero los flujos de capital de corto plazo (inversiones de cartera) también siguen sufriendo el impacto de un entorno incierto y volátil.

Las menores tasas de crecimiento se traducirán en mayor presión en el mercado laboral y problemas por el lado de los ingresos fiscales. El actual presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kin ha señalado que el crecimiento económico es el motor más importante para reducir la pobreza. Ese enunciado habría que examinarlo con mayor detenimiento, pero una cosa es certera: el mal desempeño de la economía mundial organizada todavía alrededor de la política económica neoliberal no significa nada bueno para la realización de las metas del desarrollo sustentable. Por lo mismo, para el cónclave en Washington la prioridad número uno es promover el crecimiento económico y romper este ciclo depresivo que ya dura demasiado.

¿Cómo proponen los jerarcas de la política económica salir del estancamiento? Una buena síntesis del tipo de propuestas es lo que ofrece Agustín Carsterns, presidente del Comité Monetario y Financiero Internacional (organismo del FMI) y gobernador del Banco de México. Sus recomendaciones se reducen a tres. Primero, mantener la política monetaria acomodaticia en las economías avanzadas. Segundo, utilizar la política fiscal cuando sea posible. Tercero, seguir avanzando en las reformas estructurales. Pero la política monetaria no ha podido reactivar el crédito por el excesivo endeudamiento. En materia de política fiscal la austeridad ha sido el dogma dominante. Y las reformas estructurales se refieren a seguir por el rumbo de la política neoliberal que dio como resultado la crisis global. Los altos funcionarios del FMI no acaban de entender la naturaleza de la crisis que hoy está hundiendo a la economía mundial en el estancamiento.

La crisis de deflación que hoy presenciamos es resultado de poderosas inercias derivadas del súper endeudamiento que mantuvo artificialmente los niveles de crecimiento del decenio anterior a la crisis. Los niveles de endeudamiento a escala macroeconómica son extraordinarios y se sitúan en el orden del 225 por ciento del PIB mundial. Unas dos terceras partes corresponden al sector privado (hipotecas y préstamos corporativos). Es evidente que estamos frente a un círculo vicioso en el que el estancamiento hace difícil que los agentes paguen sus deudas, pero el excesivo endeudamiento conduce a un freno en la demanda y la inversión. Hay que añadir que los episodios de volatilidad estarán agravando esta situación en los próximos años. La crisis deflacionaria se traduce en lo que ya se está comenzando a llamar la Larga Depresión. Habría que organizar una última gran fiesta de despedida de lo que fue la globalización neoliberal.

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Sexo, mentiras y cero debate entre Hillary y Trump

Mar, 11/10/2016 - 08:01

Hillary Clinton y Donald Trump sostuvieron su segundo debate –más bien combate– presidencial en medio de la peor crisis de la campaña del republicano. El enfoque no estuvo tanto en la economía, las guerras, la lucha antiterrorista o el cambio climático, sino en el sexo, las mentiras, las videograbaciones y los correos electrónicos.

A un mes de la elección general del 8 de noviembre, y ante un éxodo sin precedente de políticos republicanos de la campaña de su candidato, que incluyen llamados a que se retire de la contienda, como resultado de declaraciones grabadas hace una década que revelan su agresión sexual contra mujeres, Trump necesitaba rescatar su campaña mientras Clinton buscaba hundirlo lo más posible.

El resultado fue un combate inusualmente personal en lo que suelen ser foros civiles –ni la mano se dieron al inicio– donde se evita cuestionar la calidad moral de cada contendiente. Esta noche Trump amenazó con encarcelar a Clinton si llega a la presidencia, mientras ella dijo que él estaba descalificado para ocupar la presidencia por sus comentarios no sólo contra mujeres, sino contra mexicanos, musulmanes y discapacitados, entre otros.

El debate que se realizó en San Luis tuvo un formato diferente llamado town hall, como asamblea del pueblo, en el que los candidatos respondieron preguntas de votantes indecisos que estaban alrededor del escenario y no sólo de los dos moderadores, Martha Raddatz, de ABC, y Anderson Cooper, de CNN.

El asunto de los comentarios de agresión sexual de Trump que han descarrilado su campaña desde el viernes pasado se abordó al inicio. Raddatz señaló que ese tema ha sido el más consultado en Internet de toda la contienda electoral a lo largo de los últimos 12 meses.

Trump reiteró su defensa de que fueron comentarios de vestidor y agregó: “no estoy orgulloso de ello… estoy avergonzado. Lo odio”, sólo para de inmediato tratar de desviar la atención hacia otro tema, afirmando que acabaré con el Isis. A la vez, acusó que nadie en la historia de la política ha sido más abusivo de mujeres que Bill Clinton. De hecho, como prólogo al debate, Trump sorprendió a todos esta noche al transmitir una breve conferencia de prensa unos 90 minutos antes del gran evento, en la que se rodeó de cuatro mujeres que han acusado anteriormente a Bill Clinton y su esposa de maltrato, incluyendo hostigamiento o agresiones sexuales. Las acciones hablan más fuerte que palabras. El señor Trump podría haber dicho algunas malas palabras, pero Bill Clinton me violó y Hillary Clinton me amenazó, afirmó Juanita Broaddrick, una de las mujeres. Todas después asistieron al debate, donde el ex presidente y su hija estaban entre el público.

Cooper insistió sobre si de verdad había cometido los actos sobre los que hablaba en la videograbación, ya que eso era agresión sexual, pero Trump sólo repitió su defensa de vestidor y continuó desviándose hacia otros temas. Pero subrayó: “yo tengo gran respeto por las mujeres… y las mujeres tienen gran respeto por mí”.

Por su parte, Clinton dijo: “lo que todos vimos y oímos el viernes fue a Donald hablando de mujeres, lo que piensa de las mujeres, lo que les hace a las mujeres… representa justo quién es”. Acusó que ha insultado a mujeres, hizo comentarios denigrantes contra una ex Miss Universo y ha hablado de manera abusiva contra inmigrantes, afroestadunidenses, latinos y otros; eso no es lo que somos. Indicó que con otros candidatos ha tenido diferencias, pero “nunca he cuestionado si alguien es apto para ser presidente… él no está calificado para ser presidente”. Afirmó que como país tenemos grandeza porque somos buenos.

Aunque sí abordaron algunos temas de política –comercio, energía, inmigración, Siria, Rusia y refugiados–, en los cuales los candidatos reiteraron sus posiciones de siempre, lo que marcó la noche fueron los inusitados ataques personales durante más de hora y media de combate verbal.

Esto incluyó tal vez algo sin precedente en tiempos modernos: la amenaza de una persecución legal. En torno al tema del manejo de los correos electrónicos de Clinton cuando era secretaria de Estado, y repitiendo la acusación de que ella destruyó 33 mil de ellos, Trump asombró al afirmar que no pensaba decir esto, pero lo voy a decir, y odio decirlo, pero si gano, voy a dar instrucciones a mi procurador general de poner un fiscal especial para indagar tu situación.

Clinton reviró: qué bien que alguien con el temperamento de Donald Trump no esté a cargo de nuestra ley en nuestro país. Trump replicó: Porque tú estarías en la carcel.

Ambos intercambiaron acusaciones y repitieron que el otro debe estar avergonzado de sí mismo por varios engaños y maniobras. En una, Trump recordó que Bernie Sanders había dicho que Clinton tenía mal juicio, y añadió que no entendía por qué el ex contrincante se había sumado al bando del diablo, o sea, Clinton. Más tarde afirmó: ella tiene tremendo odio en su corazón.

Un momento que llamó la atención fue cuando una musulmana estadunidense preguntó qué haría cada candidato ante la islamofobia que se ha generado en el país. Trump dijo que primero había que llamar las cosas como son, que hay una amenaza proveniente de terroristas radicales islamitas, y que era responsabilidad de la comunidad musulmana en este país reportar el odio que está ocurriendo.

Clinton respondió que la retórica demagógica de Trump sobre musulmanes no ha sido útil, ya que ha dividido comunidades, y que sus declaraciones son una herramienta de reclutamiento para las fuerzas del Isis.

En cuanto a su posición contra el ingreso de refugiados, Trumpo advirtió que eso era un caballo de Troya de todos los tiempos.

Ambos repitieron sus posiciones sobre Rusia; Clinton afirmó que los rusos han sido acusados de buscar influir en las elecciones estadunidenses y que “Wikileaks es parte de eso” –en su contra a través de los “hackeos recientes”–, mientras Trump lo puso en duda. Ella dijo que estaba dispuesta a confrontar a Vladimir Putin, insinuando que Trump era su aliado. Él reviró que cada vez que algo malo ocurre, ella acusa a Rusia.

Sobre si ha pagado impuestos federales, tema con el que fue golpeado hace una semana, cuando el New York Times obtuvo documentos que indican que era posible que hubiera evitado hacerlo durante casi 20 años empleando subterfugios legales, Trump sorprendió al confirmar que sí empleó la ley para beneficiarse, pero no ofreció mayores detalles.

La última pregunta era sobre si cada uno tenía algo bueno que decir del otro, o algo que respetaban. Clinton dijo: sus hijos. Él dijo que admiraba que ella nunca se rinde. Se dieron fríamente la mano y sus jefes de campaña de inmediato declararon que su candidato/a había triunfado.
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El fin de la economía mundial tal y como la conocemos

Dom, 09/10/2016 - 18:19
Mientras EEUU y el resto del mundo discuten sobre las enfermedades de Hillary Clinton y los comentarios sexistas de Donald Trump, la economía de EEUU, Japón y Europa se está derrumbando y podría no soportar una nueva crisis, asegura Bob Honnelly, columnista de Salon. "Existen evidencias crecientes de que el consenso posterior a la II Guerra Mundial que creó el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) se está desmoronando, y al mismo tiempo, la economía mundial está enfrentando 'vientos en contra' que se han estado gestando por décadas", explica metafóricamente el experto.

Los números y el crecimiento económico a nivel mundial siguen cayendo y los principales banqueros de Europa, Japón y EEUU no tienen nuevas ideas para volver a los índices de crecimiento anteriores a 2008. Ahora, el peligro de que se produzca una recesión global combinada con una deuda pública y privada de miles de billones de dólares está más latente que nunca. ​Noticias como el posible rescate financiero que podría necesitar el Deutsche Bank o el hecho de que los ingresos de dos tercios de la población, en 25 países con economías avanzadas, no hayan crecido e incluso hayan descendido, solo ayudan "a que desaparezca la fe en la creencia neoliberal, posterior a la II Guerra Mundial, de que solo índices crecientes de intercambio comercial a nivel mundial, posibles gracias al Banco Mundial y al FMI, son el camino hacia una prosperidad masiva". Ejemplo de esto es el resultado del referéndum del Brexit, detalla Honnelly.

En EEUU, "el modelo de comercio globalizado promovido por el Banco Mundial y el FMI como la base de un mundo más próspero ha sido rechazado por muchos de los votantes, que lo consideran un timo, habiendo sido testigos del declive de muchas ciudades norteamericanas que fueron alguna vez centros de innovación e industria", prosigue el artículo. Esa desindustrialización, junto a la acumulación de bienes por parte de unos pocos y a la increíble deuda estatal de EEUU, es lo que ha permitido que Trump, con su discurso populista, se pusiera a la cabeza del partido republicano, revela el columnista. "No puedes evitar sentir que estamos en un tren sin frenos", resume Honnely.

Por ahora, a pesar de los años de estímulo económico y de tasas de interés al 0% que siguieron a la gran recesión, los índices de crecimiento económico continúan en niveles históricamente bajos, no solo en EEUU, sino también en Japón y Europa. Esta semana, el Banco Mundial y el FMI se reúnen, un año después de que el FMI advirtiera acerca de un 'exceso de préstamos' en los mercados emergentes valorado en 3,3 billones de dólares. Por otro lado, la deuda nacional de EEUU en 2015 alcanzó los 19 billones de dólares. Mientras tanto, en el mundo aún hay 1.200 millones de personas que viven en extrema pobreza —con menos de 1,25 dólares al día—, y la brecha entre ricos y pobres continúa creciendo dramáticamente. ​"Mientras tanto —dice para concluir el analista—, en un mundo paralelo, alejado del mundo que está al borde de sufrir una burbuja de deuda mundial, EEUU se concentra en los correos perdidos de Hillary Clinton y en los impuestos no pagados por Donald Trump".
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¿Cómo le ponemos un alto al viraje político a la derecha?

Dom, 09/10/2016 - 00:23
Immanuel Wallerstein, La Jornada

Esta es una cuestión que la gente de izquierda y centroizquierda ha estado preguntándose por algún tiempo ya. De modos diferentes, la pregunta se hace en América Latina, en buena parte de Europa, en los países árabes e islámicos, en África austral y en el noreste asiático. La pregunta es de lo más dramática porque, en muchos de estos países, esto sigue a un periodo donde hubo virajes significativos hacia la izquierda.

El problema para la izquierda son las prioridades. Vivimos en un mundo en que el poderío geopolítico de Estados Unidos está en constante decadencia. Y vivimos en un mundo donde la economía-mundo está reduciendo seriamente los ingresos del Estado y los personales, de tal modo que los estándares de vida de la mayor parte de la población mundial están cayendo. Éstos son los constreñimientos de cualquier actividad para la izquierda. Constreñimientos que la izquierda así no puede afectar.

Crecientemente, hay movimientos emergentes que hacen su llamado denunciando a los principales partidos políticos de centro. Estos movimientos llaman a promover políticas transformadoras radicalmente nuevas. Pero hay dos clases de tales movimientos: uno que podríamos llamar la versión de derecha y el otro la versión de izquierda. La versión de derecha podemos hallarla en la campaña presidencial de Donald Trump en Estados Unidos, la campaña contra las drogas de Rodrigo Duterte en Filipinas, el partido Ley y Justicia en Polonia y muchos otros. En cuanto a la izquierda, la prioridad número uno es evitar que tales movimientos tomen el poder del Estado. Estos movimientos son básicamente xenofóbicos y excluyentes y utilizarán su control del Estado para aplastar a los movimientos de izquierda.

Por otra parte, existen movimientos de izquierda que también se han estado organizando sobre la base de políticas transformadoras radicalmente nuevas. Éstas incluyen el intento de Bernie Sanders de obtener la nominación demócrata a la presidencia de Estados Unidos, el intento de Jeremy Corbyn de retornar al Partido Laborista británico a su respaldo histórico hacia el socialismo, Syriza en Grecia y Podemos en España, y muchos otros. Por supuesto que cuando estos movimientos se acercan a la obtención del poder, la derecha mundial (de corriente dominante o la que es radicalmente anti-establishment) se une para eliminarlos o forzarlos a modificar sus posturas de modos importantes. Esto fue lo que ocurrió con Syriza.

Así que esta segunda prioridad tiene sus limitaciones en sí mismas. Se ven forzados a volverse otra versión de los partidos de centroizquierda o social demócrata. Esto tiene una función: limita el daño a corto plazo para los estratos más pobres, minimizando el daño. Pero no ayuda a la transformación.

El objetivo de mediano plazo de establecer un nuevo sistema-mundo que sea relativamente democrático y relativamente igualitario requiere acciones políticas de otro tipo. Requiere que en todas partes se organice desde el nivel más abajo de la política y de ahí ir construyendo alianza hacia arriba, en vez de que se baje a partir del poder del Estado. Éste ha sido el secreto de la fuerza reciente de los movimientos antiestablishment de derecha.

Lo que hará posible que la izquierda establezca un sistema sucesor de nuestro actual sistema capitalista, ahora en decadencia definitiva, es una habilidad para combinar la política de alianzas de corto plazo que minimizan el daño que los presupuestos apretados le hacen a los estratos más pobres, una fiera oposición a que el control del Estado lo obtengan los movimientos antiestablishment de ala derecha, y la continua organización de la izquierda mundial de abajo hacia arriba en lo político. Esto es muy difícil y requiere una claridad constante en el análisis, opciones morales firmes para la clase de otro mundo posible que queremos y decisiones políticas tácticas con sabiduría.

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¿Tiene arreglo la economía de Venezuela?

Sáb, 08/10/2016 - 00:05
Mark Weisbrot, CEPR

Los medios de comunicación internacional nos han bombardeado desde hace tiempo con artículos y editoriales (muchas veces difíciles de distinguir entre ellos) sobre el “colapso” de la economía venezolana. Los reportajes han estado dominados por historias sobre la escasez de alimentos y de medicinas, las colas de horas para comprar productos básicos, los salarios que han sido erosionados por la inflación de tres dígitos e incluso de disturbios por la comida.

La sabiduría convencional ofrece una serie de argumentos predecibles para explicar el “caos económico” actual: el “socialismo” fracasó — sin importar que la gran mayoría de los empleos creados durante los años de Chávez (1999–2013) fueron en el sector privado y que el tamaño del Estado ha sido mucho menor que en Francia. Se dice que el experimento completo fue un fracaso desde sus inicios. Las nacionalizaciones, las políticas antiempresariales, el gasto excesivo durante los años de altos precios de petróleo y el colapso posterior de esos precios del petróleo en 2014 fueron los que definieron el destino de Venezuela. La espiral en descenso continuará hasta que los chavistas sean expulsados del poder, a través de elecciones o de un golpe de Estado (a la mayoría de los defensores de esta línea de pensamiento no parece importarles de cual manera).

La realidad es algo más complicada. Primero, el experimento bolivariano fue bastante exitoso hasta el 2014. A partir de 2004, después de que el Gobierno de Chávez tomó el control de la industria nacional de petróleo, hasta 2014, el ingreso per capita real subió un 2% al año. Esto significó un enorme cambio con respecto al horrendo declive de largo plazo que hubo durante los veinte años previos a Chávez, cuando el Producto Interior Bruto (PIB) per capita se contraía un promedio anual del 1,2%. Durante ese mismo periodo (2004–2014), la pobreza se redujo el 49% y la pobreza extrema el 63% — y esto es solo considerando los ingresos monetarios. Se triplicó el número de personas mayores de sesenta años perceptoras de jubilación, y millones de venezolanos obtuvieron acceso a servicios de sanidad y de educación. Son las ganancias percibidas durante esta década del chavismo las que explican como el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) pudo ganar 41% de los votos en las elecciones para la Asamblea Nacional en diciembre 2015, a pesar de la importante escasez de productos de consumo, una inflación del 180% y una profunda recesión.

En cuanto a la espiral de caída económica de los últimos tres años: ¿era inevitable? Y ¿es irreversible hasta que el PSUV pierde el poder? Para dar respuesta a estos interrogantes debemos evaluar cómo llegó a esta situación Venezuela y cómo podría salir de ella.

Durante el otoño de 2012, y nuevamente en febrero de 2013, el Gobierno redujo bruscamente la disponibilidad de divisas extranjeras. Fue durante este periodo que se disparó la escasez de productos básicos, al mismo tiempo que la inflación y el precio del dólar en el mercado negro. La tasa de cambio oficial, a la cual el Gobierno vendía la gran mayoría de los dólares generados por las ventas del petróleo, estaba en 6,3 bolívares fuertes (Bs) por dólar. Pero el mercado paralelo ya existía y la escasez de dólares a tasa oficial impulsó su alza en el mercado paralelo. Y al mismo tiempo, el precio más elevado del dólar en el mercado paralelo hizo subir la inflación dado que incrementa el precio de los bienes importados.

Y al subir la inflación, más personas quieren comprar dólares, porque perciben el dólar como un activo seguro que no perderá su valor ante la inflación. Pero esto presiona el precio del dólar al alza en el mercado paralelo, lo cual incrementa aún más la inflación. Este ciclo continúa, generando una espiral “inflacionaria-depreciativa”. En octubre de 2012, la inflación estaba en un 18% y el cambio en el mercado paralelo estaba en 13 Bs por dólar. Para finales de 2015 la inflación anual alcanzó un 180% y el cambio en el mercado paralelo 833 Bs por dólar. La escasez de bienes de consumo como de otros bienes también contribuyó a alimentar esta espiral, la cual a su vez acentuó la escasez.

A finales del primer trimestre de 2014, la economía venezolana ya estaba en recesión, a pesar de que el precio internacional del petróleo se ubicaba en más de 100 dólares por barril. En enero de 2015 el precio había caído a 48 dólares por barril y siguen más o menos igual hoy en día. Esto redujo los ingresos del Gobierno en un porcentaje similar y entonces el Gobierno acudió a imprimir dinero para cubrir sus gastos. Esta creación de dinero no tenía por qué acelerar la inflación necesariamente, pero en el contexto de la espiral inflacionaria-depreciativa ciertamente lo hizo. De esa manera la inflación aumentó aún más rápidamente.

Desde finales del pasado mes de marzo, el mercado paralelo ha caído de su máximo de más de 1.211 Bs por dólar a aproximadamente 1.025 al día de hoy, tras haber subido fuertemente durante más de tres años. Al mismo tiempo, el Gobierno permitió que subiera el precio del dólar en un tercer mercado, denominado SIMADI o DICOM. Éste se establece en la actualidad en aproximadamente 640 Bs por dólar, o sea más de 60% de la tasa del mercado paralelo. Esto, sin embargo, no significa que la economía va por el camino de la estabilización. Primero, la tasa de cambio paralelo sigue siendo 100 veces superior a la tasa oficial de 10. Segundo, uno de los elementos fundamentales que ha frenado la espiral inflacionaria-depreciativa ha sido la profundización de la recesión. Hay mucha menos gente personas con recursos para adquirir dólares, y muchos están gastando sus ahorros en dólares para cubrir sus necesidades básicas. Lo cual ha empujado el precio del dólar, en el mercado paralelo, a la baja.

Esto significa que la economía venezolana no puede recuperarse con el sistema de cambio actual. Está atascada en la recesión. Adicionalmente, el sistema de cambios múltiples, con sus grandes diferencias entre las tasas, crea un incentivo inmenso para la corrupción. Cualquier persona que tenga acceso a dólares oficiales puede multiplicar sus ingresos por 100 simplemente vendiéndolos en el mercado paralelo, al cual casi todo el mundo tiene acceso.

El sistema de cambio oficial, sin embargo, es solo una de las maneras a través de las cuales se pierden los recursos en divisas del Gobierno. Incluso después del reciente incremento del precio de la gasolina, ésta sigue costando aproximadamente 6 Bs por litro — o sea, aproximadamente un centavo del dólar — a tasa SIMADI. La electricidad y el gas también están fuertemente subsidiados. Estos subsidios le cuestan al Gobierno más del 13% de su PIB. A modo de comparación, el ingreso total del Gobierno federal de Estados Unidos procedente de los impuestos sobre la renta (individual y corporativa) en 2015 fue aproximadamente del 10,6% del PIB. Al mismo tiempo, hay controles de precios que son difíciles o imposibles de mantener en la situación económica actual. En 2015, los precios de consumo en general subieron un 180%, pero los precios de los alimentos, que están controlados, subieron un 300%. Esto es una clara demostración de que los controles de precios no están funcionando.

Millones de venezolanos obtienen sus ingresos a través de algún tipo de arbitraje: por esperar horas en colas para obtener una pequeña asignación de alimentos subsidiados y luego revenderlos; por comercializar divisas en el mercado paralelo; por vender bienes robados. Incluso una dictadura que tuviera un poder considerable de represión para atacar todas las transacciones ilegales, tendría dificultades para mantener una economía que funcione bien con esta magnitud de distorsión en los precios. Pero Venezuela no es una dictadura; de hecho el Estado es muy débil en cuanto a la limitación de sus cuerpos policiales

Tomando en cuenta esta situación, está claro que son necesarias serias reformas para volver a activar la economía. La Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) congregó a un grupo de economistas, coordinados por el ex presidente de la República Dominicana Leonel Fernández, que presentó una serie de propuestas (revelación completa: yo soy uno de los miembros de este grupo).

La reforma necesaria más evidente es la unificación del sistema de múltiples tasas cambiarias. Esto se debe hacer muy rápidamente, de una sola vez. El Gobierno puede subastar una cantidad fija de dólares cada día, permitiendo que su precio sea establecido por la oferta y la demanda. Aunque esto pueda sonar preocupante a muchas personas, el precio del dólar sin duda se establecería considerablemente por debajo de la tasa del mercado paralelo actual de aproximadamente 1.000. Una tasa flotante es también la única manera de evitar el despilfarro de las escasas reservas de divisas por intentar mantener (en vano) una tasa fija sobreevaluada.

Tomando en cuenta que las devaluaciones generalmente provocan un incremento de los precios, sería necesario proteger a la gente de cualquier subida de precios de productos básicos, incluyendo los alimentos. Esto se podría lograr a través de la masificación del sistema gubernamental actual de “Tarjetas de Misiones Socialistas”, el cual podría ofrecer descuentos importantes que compensen cualquier aumento de precios. Este sistema tendría que activarse antes de la unificación de las tasas de cambio.

Los subsidios a la energía podrían luego ser eliminados gradualmente en el transcurso de los 18 meses siguientes. Para que sea aceptable económica y políticamente, la recaudación adicional del Estado por el incremento de los precios de la energía debería ser depositada en las tarjetas. Esto constituiría una ganancia neta para la gran mayoría de los venezolanos. Algunos controles de precios, incluyendo los que no permiten que los productores cubran sus gastos, serían eliminados.

Otras medidas para proteger la calidad de vida de las personas sería indexar los sueldos a la inflación y crear un programa temporal de obras públicas para generar empleo. Estas se podrían financiar con un impuesto sobre el lujo, parecido al que existe en Colombia, y un impuesto sobre las transacciones financieras.

El Gobierno puede vender parte de sus activos internacionales para ayudar a financiar esta transición. Al mismo tiempo deberá reestructurar su deuda para reducir los 17.000 millones de dólares que le corresponde pagar en el transcurso de los próximos dieciocho meses (intereses y principal).

Todo esto se puede hacer, incluso con los precios actuales del petróleo, porque Venezuela ya ajustó su nivel de importaciones a la caída de los precios del petróleo, que proveen más del 90% de los ingresos en divisas del país. Esto ha sido un ajuste enorme; las importaciones cayeron en más del 50% desde 2012. A modo comparativo, Grecia redujo sus importaciones en un 28% después de más de seis años de depresión.

Esto significa que la parte difícil del ajuste — que le exige a la gente que rebaje su estándar de vida para poder reducir fuertemente las importaciones — ya se ejecutó. Ahora hay que ajustar los precios relativos para lograr la recuperación. El resultado es que Venezuela podría volver bastante rápidamente al crecimiento económico sin necesidad de pasar por la recesión prolongada que crea normalmente un ajuste neoliberal.

Una parte de la izquierda, incluyendo a miembros del Gobierno y de la base del partido del Gobierno, el PSUV, rechazan estas reformas económicas. Estiman que se trata de un “paquetazo”, parecido al del FMI u otras reformas neoliberales que en el pasado han incrementado la pobreza. Estiman que mantener una tasa de cambio fija es “socialista” y que una tasa de cambio flotante es una reforma de “libre mercado”. Pero en realidad, el mercado negro es uno de los mercados más destructivos que existen; es el “capitalismo salvaje” que Hugo Chávez denunciaba. (El mismo Chávez permitió que la moneda venezolana flotase en febrero 2002, y las reservas de divisas subieron a pesar de la fuerte inestabilidad política de la época). Y recordemos el apoyo del FMI a tipos de cambio fijos y sobreevaluados con resultados desastrosos en Argentina, Brasil, Rusia y varios países asiáticos en los últimos años del siglo XX.

No hay nada de neoliberal en un programa de Gobierno que genera empleo, protege los sueldos de la inflación (algo que no ha sucedido desde que la inflación comenzó a dispararse hace casi cuatro años), ofrece subsidios a gran escala para los alimentos y productos básicos y protege a la población de la carga asociada generalmente al ajuste de los precios relativos.

Aún así existen personas en la izquierda que piensan que Venezuela se puede recuperar sin arreglar sus desequilibrios más fundamentales y destructivos. El 1 de septiembre, Alfredo Serano, un asesor del Gobierno, publicó un artículo con ocho “tesis económicas” sobre Venezuela. En 2700 palabras, no se menciona ni una sola vez el sistema de cambio disfuncional de Venezuela.

Al mismo tiempo, el Gobierno de EEUU — que lleva 15 años promoviendo un “cambio de régimen” en Venezuela — busca desestabilizar aún más la economía. En marzo de 2016, el presidente Obama declaró nuevamente que Venezuela presentaba una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional” de Estados Unidos e impuso sanciones económicas. Las sanciones en sí no son importantes económicamente, pero sí envían un mensaje a los inversionistas que saben lo que le pasa a los países que son etiquetados como amenazas a Estados Unidos. La administración de Obama también ha presionado a las instituciones financieras estadounidenses a no hacer negocios con Venezuela.

Los medios de comunicación internacionales y sus fuentes habituales también están jugando su papel de siempre, y algunos reportes ampliamente difundidos resultaron ser falsos. En 2015, se difundieron informes que reportaban que la tasa de pobreza se había incrementado en un 76%, cuando esto era prácticamente imposible. El FMI, que tiene una larga historia de generar pronósticos influenciados políticamente, predijo que el PIB se contraería en un 10% el año pasado, cuando en realidad fue solo de un 5,7%. Los medios de comunicación han reportado que las proyecciones de inflación del FMI estarán en el orden del 720% este año, aunque es probable que estas estén lejos de esa cifra. El hecho de que los periodistas sientan la necesidad de exagerar la situación, incluso en medio de la peor crisis económica a la que Venezuela se ha enfrentado en décadas, es una indicio más de la hostilidad de los medios de comunicación hacia el país. No obstante, incluso durante gran parte del crecimiento económico entre 2003 y 2008, cuando el empleo estaba aumentando rápidamente y la pobreza se estaba desplomando, era difícil encontrar alguna publicación positiva sobre Venezuela en los principales medios de comunicación.

Debe quedar claro, sin embargo, que la economía venezolana no se recuperará, incluso si los precios del petróleo llegasen a subir rápidamente, sin importantes reformas para resolver los más graves desequilibrios económicos.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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