Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger5280125
Actualizado: fai 12 horas 6 min

Es doloroso vivir en medio del caos

Mar, 27/01/2015 - 13:50
Immanuel Wallerstein, La Jornada

El sistema-mundo está en serios problemas y está ocasionando malestar a la vasta mayoría de la población mundial. Los expertos y los políticos se aferran a un clavo ardiendo. Magnifican cada ocurrencia de las leves mejoras momentáneas, por lo común transitorias, de las varias medidas que estamos acostumbrados a utilizar.

En el lapso de más o menos un mes, de pronto se nos puede decir, al ir terminando el año calendario, que el mercado se veía mucho mejor en Estados Unidos, pese a haberse visto peor en Europa, Rusia, China, Brasil y otros muchos lugares. Pero conforme arribó el nuevo año hubo una seria caída en los precios de acciones y bonos en Estados Unidos. Fue ésta una voltereta rápida y marcada. Por supuesto, de inmediato los expertos dieron explicaciones, pero ofrecieron una amplia gama de ellas.

La cuestión real en cualquier caso no son los precios de los bonos o acciones en algún país. Es el panorama del sistema-mundo como un todo, que no me parece que se mire muy bien. Para nada. Comencemos con el principal indicador utilizado por los pensadores del establishment –las tasas de crecimiento.

Por tasas de crecimiento tendemos a querer decir precios en la bolsa de valores. Por supuesto, como sabemos y es obvio, muchas cuestiones diferentes a una mejora en la economía pueden conducir a una alza en los precios de la bolsa: primero que nada, la especulación. La especulación se ha vuelto tan fácil y está tan incrustada en las actividades diarias de los grandes operadores en el mercado mundial que hemos comenzado a asumir que esto no es sólo normal, sino más o menos deseable. En cualquier caso, tendemos a argumentar que no hay nada que alguien pueda hacer para detenerlos, si quisiéramos hacerlo. Esta última suposición es probablemente correcta, lo que justo es el problema.

En mi opinión, el único indicador que mide el bienestar de la economía-mundo y el bienestar de la vasta mayoría de la población mundial es el de las tasas de empleo. Hasta donde logro entender, el desempleo ha sido anormalmente alto por algún tiempo, si se mira el mundo como un todo. Es más, la tasa ha ido subiendo constante (no descendiendo) durante los últimos 30 o 40 años. Lo mejor que parecemos poder anticipar es que la tasa se estabilizará donde está. Revertir la tendencia no parece probable. Por supuesto, si uno mide las tasas de empleo país por país, éstas varían y oscilan. Pero a nivel mundial, la tasa de desempleo ha estado subiendo regularmente. La realidad es que hemos estado viviendo en medio de un sistema-mundo que oscila salvaje, y esto es muy doloroso. Las tasas de empleo no son las únicas tasas que oscilan. Sólo miden la más inmediata fuente de malestar. Las tasas de cambio entre divisas importantes pueden ser también una fuente visible de malestar para muchas personas de todos los niveles de ingreso. Hasta el momento, el dólar crece con rapidez vis-à-vis casi todas las otras divisas. Una tasa de cambio al alza favorece importaciones baratas y baja la inflación. Pero afecta a los exportadores, como ya sabemos, y pone en riesgo la deflación de más largo plazo.

Los costos de la energía también oscilan salvajes. El ejemplo más obvio es el petróleo. El precio estaba al principio en marcada subida por todo el mundo durante casi todo 2014, lo que brindó enormes ingresos y poder político a los países que eran productores (y a los Estados en América del Norte que eran productores). Luego, parece que de repente, se dijo que hubo una superabundancia en el mercado, y los precios de la energía comenzaron a catapultarse hacia abajo hasta un nivel bastante bajo. Aquellas estructuras políticas que habían aprovechado de la subida, ahora tuvieron que enfrentar un aumento en deuda soberana y ciudadanos infelices.

Con toda seguridad, hay un factor político involucrado en estos alocados vaivenes. Pero se ha sobredimensionado la capacidad, de aun los grandes productores como Arabia Saudita o Texas, para afectar los vaivenes en los precios. Estos vaivenes son como tornados que destrozan casas en su camino. En el proceso, las instituciones bancarias que le habían apostado a la dirección de los precios (en cualquier sentido) se encontraron en problemas radicales, y sin un respaldo garantizado de sus gobiernos.

Las alianzas geopolíticas son casi tan inestables como el mercado. Estados Unidos ha perdido su incuestionable hegemonía del sistema-mundo y nos hemos movido a un mundo multipolar. La decadencia estadunidense no comenzó recientemente, sino en 1968. Durante mucho tiempo fue una decadencia lenta, pero se hizo precipitada después de 2003, como resultado del desastroso intento de revertir la decadencia invadiendo Irak.

Nuestro mundo multipolar cuenta con 10-12 potencias con fuerza suficiente como para emprender políticas relativamente autónomas. No obstante, entre 10 y 12 es un número demasiado grande como para que alguna de ellas esté segura de que sus puntos de vista prevalecerán. El resultado es que estas potencias están barajando alianzas constantemente con tal de no verse desplazadas por las maniobras de las otras.

Muchas decisiones geopolíticas (si no es que casi todas) son imposibles de controlar, aun por los poderes más fuertes, porque no hay buenas opciones disponibles. Miren lo que está ocurriendo en la Unión Europea. Grecia está por celebrar elecciones, en las que parece que Syriza, el partido anti-austeridad, puede ganar. La política de Syriza es exigir una revisión de las medidas de austeridad impuestas a Grecia por una coalición de Alemania, Francia, el Fondo Monetario Internacional e indirectamente el Departamento del Tesoro estadunidense. Syriza dice que no quiere abandonar el euro y que no lo va a hacer.

Alemania dice que no será chantajeado por Grecia para alterar su política. ¿Chantajeado? ¿Puede la pequeña Grecia chantajear a Alemania? En un sentido los alemanes tienen razón. Con Syriza los griegos van a estar jugando bola ruda. La zona del euro no tiene previsiones acordadas ni para la retirada ni para la expulsión. Si las fuertes potencias intentan expulsar a Grecia de la zona del euro, un gran número de países pueden apresurarse a una retirada por buenas o malas razones.

Muy pronto la zona del euro podría no existir ya, y Alemania sería el perdedor individual más grande. Así, desde el punto de vista de Alemania (y de Francia), las exigencias de los griegos son una propuesta donde todos pierden. Hasta el momento Alemania mantiene su postura pero ha suavizado la amenaza de expulsión. Francia ha dicho que está contra la expulsión. Esto sirve a los objetivos de Syriza. Que en particular Alemania pierda sin importar que postura escoja ahora es una de las consecuencias políticas del caos.

El sistema-mundo se está autodestruyendo. El sistema-mundo se encuentra en lo que los científicos de la complejidad llaman una bifurcación. Éste significa que el sistema actual no puede sobrevivir, y que la real cuestión es qué lo reemplazará. Aunque no podemos predecir qué clase de nuevo sistema emergerá, podemos afectar la decisión entre las alternativas sustantivas disponibles. Pero sólo podemos esperar hacerlo mediante un análisis realista de los vaivenes caóticos existentes sin esconder nuestros esfuerzos políticos tras espejismos acerca de reformar el sistema existente o mediante intentos deliberados por ofuscar nuestro entendimiento.

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El desplome del edificio de Samuelson

Lun, 26/01/2015 - 21:00
Robert Skidelsky, Project Syndicate

Leer The Samuelson Sampler a la sombra de la Gran Recesión permite atisbar la mentalidad de una era pasada. El ejemplar refiere a las columnas semanales del difunto Paul Samuelson para la revista Newsweek de 1966 a 1973.

Samuelson, un premio Nobel, fue el decano de los economistas norteamericanos: su famoso libro de texto, Economics, tuvo 14 ediciones mientras su autor estaba en vida e introdujo a los futuros economistas del mundo a los rudimentos de su oficio. Si bien no fue el único inventor, sí fue el gran divulgador de la "síntesis neoclásica" -la combinación de la economía neoclásica y keynesiana que definió la corriente principal del campo durante 50 años.

Samuelson era un keynesiano convencido, aunque en un sentido limitado. El descartaba la mayor parte de los ataques de Keynes a la economía ortodoxa de sus tiempos por considerarlos innecesarios. Samuelson escribió "si Keynes hubiera comenzado por la simple declaración de que le parecía realista suponer que los salarios monetarios eran difíciles y resistentes a los movimientos descendentes… la mayoría de sus percepciones habrían seguido siendo igual de válidas". Para Samuelson, el aporte real de Keynes fueron las herramientas que les dio a los gobiernos para prevenir las depresiones.

Al leer The Samuelson Sampler, resulta extraordinario darse cuenta de cuán confiados estaban los economistas de su generación de que la Nueva Economía (como se llamaba a la estrategia keynesiana en Estados Unidos) había solucionado el problema de la depresión y el desempleo masivo. Como señalaba Samuelson en su introducción de 1973, "el espectro de una repetición de la depresión de los años 1930 se ha reducido a una probabilidad insignificante".

Es cierto, seguiría habiendo pequeñas fluctuaciones; pero, como escribió en 1966, las "Grandes Depresiones -caídas acumulativas que se alimentan de sí mismas- ciertamente se han extinguido". La razón era que los gobiernos ahora tenían las herramientas, especialmente la política fiscal discrecional, para chequear cualquier recesión incipiente. "Lo que importa sobre el presupuesto", dijo en 1970, "es si es inflacionario o deflacionario, no si es equilibrado o desequilibrado". En otras palabras, "Un déficit en una buena causa es buen negocio". ¿Cuántos economistas o políticos creen esto hoy?

Como los gobiernos sabían cómo detener las depresiones, los votantes insistirían en que utilizaran este conocimiento. "Si imprimir billetes puede salvar a los bancos y a las empresas de la ruina", sostuvo en 1966, "el electorado de hoy se asegurará de que cada partido en el poder lo haga".

Esto era independiente, pensaba Samuelson, de las preferencias ideológicas de quienes estaban en el poder. El republicano Richard Nixon fue elegido presidente de Estados Unidos en 1968 en base a una plataforma que hablaba de reducir los costosos programas de la Gran Sociedad de los demócratas. "Yo no soy un determinista económico", escribió Samuelson en noviembre de 1968. "Pero puedo predecir con confianza que Richard Nixon utilizará la Nueva Economía aunque sea por la simple razón de que los nuevos tiempos lo tornan ineludible".

Y así sucedió. En lugar de desinflar la economía, Nixon sacó a Estados Unidos del patrón oro en 1971 e impuso controles de salarios, precios e importaciones, proclamando sin rodeos "Ahora soy un keynesiano en economía".

Pero esa fue la última de las predicciones exitosas de Samuelson. Menos de una década después de que terminaran sus columnas de Newsweek, la Nueva Economía, que él había ensalzado como una incorporación permanente al conocimiento, escapaba de los ataques ideológicos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. A pesar de su fe en que los votantes no permitirían un retorno a la depresión, la tercera victoria electoral de Thatcher, en 1987, se produjo inmediatamente después de que el desempleo del Reino Unido había alcanzado un pico de tres millones, el nivel más alto desde los años 1930.

¿Qué fue lo que salió mal entonces? "Lo que todavía debe resolverse dentro del gremio de los economistas", escribió Samuelson en 1969, "es la potencia cuantitativa apropiada de la política monetaria versus la política fiscal". Este interrogante finalmente fue resuelto a favor de la política monetaria.

Más importante aún, como señaló en 1970, era que "ni siquiera Keynes podía garantizar que la humanidad viviera feliz para siempre. Nos dejó con un problema sin resolver. ¿Cómo podemos tener pleno empleo y también estabilidad de precios?" A regañadientes, Samuelson concluyó que era necesario que hubiera controles permanentes sobre los precios y los salarios para frenar la inflación de costos. "Nuestra economía mixta", escribió en 1970, "no sabe cómo tener una política de ingresos satisfactoria que respalde la política monetaria y fiscal… Aquí reside entonces la frontera sin resolver de la economía moderna".

Era la misma frontera que Friedrich von Hayek había analizado antes en Camino de servidumbre en 1944. Hayek temía que las políticas deliberadas para mantener el pleno empleo condujeran a una creciente usurpación del estado en el libre mercado y la libertad política. Fue este miedo lo que condujo, de los años 1980 en adelante, al abandono gradual del sistema de políticas de la economía mixta -de hecho, al desmantelamiento de la propia economía mixta.

Samuel tenía razón a medias: los gobiernos sí saben cómo frenar una caída en otra Gran Depresión. Utilizaron este conocimiento en el otoño de 2008 y 2009, razón por la cual tuvimos sólo una Gran Recesión.

Sin embargo, contrariamente a lo que creía Samuelson, a los gobiernos los acosan los miedos a los grandes déficits fiscales. Con pocas excepciones, no han sido preparados para utilizar la política fiscal para sacar a sus economías de un estancamiento post-crisis. Por el contrario, han confiado en la expansión monetaria, que es políticamente más aceptable, pero también mucho más débil en sus efectos, ya que está socavada -como predijo Keynes- por el hecho de que "varias cosas pueden salir mal en el último momento".

Más importante aún, los gobiernos han abandonado el objetivo del pleno empleo; en consecuencia, todas esas pizcas de política intervencionista que antes se creían necesarias para mantener la actividad económica en un ritmo estable también han quedado al borde del camino. Se puede resucitar temporariamente la Nueva Economía para lidiar con situaciones extremas, pero los responsables de las políticas ya no toman precauciones para impedir que vuelvan a ocurrir situaciones extremas. Cómo hacerlo, preservando al mismo tiempo la libertad y la eficiencia, hoy es la "frontera sin resolver de la economía moderna".

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Syriza gana en Grecia y pone en jaque a Europa

Lun, 26/01/2015 - 12:01
La masiva elección griega a favor del movimiento Syriza ha sido un balde de agua fría para la troika y, especialmente, para Angela Merkel, la principal impulsora de los planes que han hundido a Europa en la peor de sus crisis. Syriza es el primer triunfo de un movimiento que se opone a los planes de austeridad y promueve la cancelación de la deuda pública por considerarla ilegítima. Es probable que este triunfo y la ceguera propia de la troika conduzca a unas negociaciones algo díscolas y desesperadas que pueden desembocar en una salida desordenada de Grecia del euro. Antes de que esto ocurra habrá una larga guerra de acusaciones de ida y vuelta.

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La fortaleza del dólar y el petróleo barato son las dos grandes amenazas para EEUU

Lun, 26/01/2015 - 10:01
Dos factores económicos que 'a priori' parecerían positivos para la economía de EEUU pueden convertirse en un lastre para la mayor potencia del mundo. La fortaleza del dólar y el desplome del precio del petróleo podrían disparar el déficit por cuenta corriente del país y acabar con el resurgimiento del sector industrial en EEUU.

El economista británico y profesor de la Universidad Sheffield, Jim O'Neill, explica en Bruegel que EEUU está en una situación inmejorable en estos momentos, pero que se ve amenazado por la apreciación del dólar y la caída de los precios del petróleo. La economía de EEUU crece con fuerza, el paro cae, el consumo aumenta y lo mejor de todo es que a pesar de todo ello el déficit por cuenta corriente (exportaciones menos importaciones, principalmente) es el menor de los últimos 15 años.

Pero este escenario podría comenzar a cambiar ya. O'Neill argumenta que "la teoría de economía internacional dice que siempre que la economía de EEUU ha crecido más deprisa que la del resto de países desarrollados las importaciones se han disparado", convirtiendo a los principales sectores del país en deudores del resto del mundo. Ahora mismo, EEUU está creciendo a un ritmo muy superior al del resto de economías desarrolladas, pero además la fortaleza del dólar y el petróleo barato pueden provocar que el déficit por cuenta corriente se multiplique rápidamente.

"El petróleo barato está incrementando la renta disponible de los ciudadanos de EEUU", una sociedad cuya cultura es 100% consumista como se puede comprobar en la composición del PIB del país, donde el consumo supone más del 70%. Por otro lado, la apreciación del dólar hace mucho más atractivas las importaciones, puesto que un dólar fuerte 'abarata' los bienes y servicios producidos en otros países con divisas diferentes al dólar. Los proveedores y las empresas comenzarán a comprar bienes y servicios extranjeros, más competitivos por la pérdida de valor de las divisas de sus países.

Este fenómeno se va a ver acrecentado por el aumento de la renta disponible de los estadounidenses. El problema es que el principal damnificado va a ser el sector industrial nacional: "La apreciación del dólar va a lastrar la economía de EEUU, acabando con el resurgimiento del sector industrial", que va a ver como sus ventas se resienten tanto en el exterior del país como dentro.

Además, el petróleo barato va a destruir miles de empleos en el sector del 'fracking', donde las inversiones ya se han detenido en seco. Por otro lado, este sector estaba permitiendo mejorar el déficit comercial del país, cada millón de barriles más que se producen en EEUU es un millón de barriles menos que se tienen que importar. Pero si este sector se resiente y su producción se reduce habrá que volver a importar más petróleo de Nigeria o Arabia Saudí, por ejemplo.

Todos estos factores pueden debilitar a medio plazo la economía de EEUU. Aunque O'Neill cree que los políticos de EEUU y los economistas de la Reserva Federal no van a permitir que todos los cambios que han permitido la recuperación en EEUU "se entreguen a la ligera".
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Tomado de El Economista

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Thomas Piketty: "El verdadero peligro para Europa es la hipocresía de Juncker y Merkel"

Dom, 25/01/2015 - 16:00
Recoge las declaraciones del economista francés el periodista Eugenio Occorsio, del diario italiano La Repubblica: "Con un gobierno de izquierda puede arrancar de Grecia una revolución democrática: ayudará a revisar la austeridad que ahoga a la Unión dedicando menos recursos a pagar la deuda pública y más al desarrollo"

"No comprendo porque las llamadas cancillerías europeas están tan aterrorizadas con la probable victoria de Syriza en Grecia. O mejor, lo comprendo, pero es hora de desmontar sus hipocresías". Thomas Piketty, que enseña en la Ecole d'Économie parisina, "el economista más acreditado de 2014", tal como lo ha definido el Financial Times, baja a la arena con toda su garra con un editorial publicado ayer por el diario Libération. "En Europa hace falta una revolución democrática" ha escrito, y lo repite fuerte y claro al telefono desde el aeropuerto de París, a punto de embarcarse para Nueva York, la ciudad que lanzó su "El capital en el siglo XXI" como libro del año gracias al respaldo del premio Nobel Paul Krugman.?

Profesor, Tsipras se ha abierto camino, sin embargo, abanderando el estandarte de la salida del euro...?

Sí, pero ahora ha suavizado mucho sus posiciones. Se ha revelado, por el contrario, como un líder fuertemente europeista, una postura que se asentará posteriormente si, como es probable, tiene que formar un gobierno de coalición, a la vista de que según los sondeos no tendrá más del 28% y, por tanto, 138 escaños, 12 menos de lo necesario para obtener mayoría. Como sabe, los aliados más probables son Potami, el partido de centro-izquierda recién formado, y la otra fuerza de izquierda democrática, Dimar, que les garantizarán otro 8-10%. Desde luego, Syriza hará valer sus posiciones en Europa, pero eso no será un mal, al contrario.??

Algo sucederá, en resumen. Pero ¿estamos seguros de que no será algo rompedor? Mire, consideremos la situación con realismo. La tension en Europa ha llegado a un punto tal que, de un modo u otro, estallará en el curso de 2015. Y son tres las alternativas: una nueva crisis financiera tremenda, la afirmación de las fuerzas de derecha que forman una coalición de la que se están poniendo las bases, centrada en el Frente Nacional en Francia y que incluye a la Lega Nord de ustedes y acaso a los 5 Stelle, o bien una sacudida política que venga de la izquierda: Syriza, los españoles de Podemos, el Partito Democratico italiano, lo que queda de los socialistas, por fin aliados y operativos. Usted, ¿qué solución elige? Yo, la tercera.??

La famosa "revolución democrática", en suma. ¿Cuáles deberían ser sus primeras acciones?

Dos puntos. Primero, la revisión total de la actual política basada en la austeridad que está ahogando cualquier posibilidad de recuperación en Europa, empezando por el sur de la eurozona. Y esta revisión tiene que prever como primerísima cosa una renegociación de la deuda pública, una ampliación de los plazos y, eventualmente, condonaciones de verdad de algunas partes. Es posible, se lo aseguro. ¿Se han preguntado porque Norteamérica va viento en popa, como la Europa que está fuera del euro, como Gran Bretaña? Pero ¿por qué Italia debe destinar el 6% de su PIB a pagar los intereses y sólo un 1% a la mejora de sus escuelas y universidades? Una política centrada solamente en la reducción de la deuda resulta destructiva para la eurozona. Segundo punto: una centralización en las instituciones europeas de políticas de base para el desarrollo común a partir de la fiscal y, a lo mejor, reorientar esta última gravando más las mayores rentas personales e industriales. En esos asuntos fundamentales se debe votar por mayoría y ya no por unanimidad, y vigilar después que todos se ajusten. Una mayor centralidad vale también en otros frentes, a semejanza de lo que se está empezando a hacer con los bancos. Sólo así se podrá homogeneizar la economía y desbloquear la fragmentación de 18 políticas monetarias con 18 tipos de interés, 19 desde el principio de enero con Lituania, expuesta al azote de la especulación. No darse cuenta de ello resulta miope y, lo que es peor, profundamente hipócrita".??

Las "hipocresías europeas" de las que hablaba al inicio: ¿a qué se refiere, más concretamente?

Vayamos por orden. El más hipócrita es Jean-Claude Juncker, el hombre al cual se ha entregado, de modo inconsciente, la Comisión Europea después de que haya llevado durante veinte años a Luxemburgo a una sistemática depredación de los beneficios industriales del resto de Europa. Ahora pretende hacerse el duro y dar un giro, todo con un plan de 300.000 millones que sin embargo sólo se financia para 21, y dentro de estos 21 la mayor parte son fondos europeos ya en vía de distribución. Habla de "efecto palanca" sin darse cuenta siquiera de qué está hablando. En el segundo puesto se sitúa Alemania, que finge haberse olvidado de la maxicondonación de sus deudas tras la II Guerra Mundial, que bajaron de golpe del 200 al 30% del PIB, lo que le permitió financiar la reconstrucción y el irresistible crecimiento de los años siguientes. ¿Adónde habría llegado si se hubiera visto obligada a reducir fatigosamente su deuda a golpe del 1 o 2 % anual, como se está obligando a hacer al sur de Europa? El tercer puesto en esta bochornosa clasificación de hipocresías le corresponde a Francia, que ahora se rebela ante la rigidez alemana, pero que estuvo en primera fila prestando apoyo a Alemania cuando se impuso la política de austeridad y pareció igualmente decidida cuando con el Fiscal Compact del 2012 se condenó a las economías más débiles a reembolsar sus deudas hasta el último euro, pese a la devastadora crisis de 2010-2011. Así que si se desenmascaran y aíslan estas hipocresías, se podrá reanudar el desarrollo europeo en el año que está a punto de comenzar. Y Syriza dará menos miedo.
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Tomado de Sin PermisoUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El estado de la pobreza global

Dom, 25/01/2015 - 02:01
Kaushik Basu, Project Syndicate

La geografía económica del mundo está cambiando. La eurozona enfrenta el espectro de otra vuelta de estancamiento; Japón ha caído en una recesión, y Estados Unidos, a pesar del desempeño relativamente sólido en la última parte del año, ha generado temores en todo el mundo con su salida del alivio cuantitativo. Mientras tanto, las economías emergentes siguieron teniendo un buen desempeño. La India e Indonesia están creciendo en más del 5% anual; Malasia, 6%, y China, en más del 7%.

La magnitud del cambio global se puede ver cuando se toma en cuenta la paridad de poder adquisitivo (PPA) -una medición de la cantidad total de bienes y servicios que se pueden comprar con un dólar en cada país-. Según las cifras de 2011, difundidas a comienzos de este año, la India hoy es la tercera economía más grande del mundo en términos de PBI ajustado por PPA, delante de Alemania y Japón. Los datos también revelaron que China superaría a Estados Unidos como la principal economía del mundo en términos de PPA en algún momento de este año -un cambio que, según nuestras estimaciones, se produjo el 10 de octubre.

A pesar de este progreso, una gran proporción de gente en los países en desarrollo sigue siendo terriblemente pobre. En términos globales, la línea de pobreza se define como un ingreso diario de 1,25 dólar, ajustado por PPA -una línea que muchos critican por considerarla sorprendentemente baja -. Pero lo que realmente sorprende es que casi mil millones de personas -incluido más del 80% de las poblaciones de la República Democrática del Congo, Madagascar, Liberia y Burundi- viven por debajo de esa línea.

Una razón por la cual la pobreza global ha sido tan inextricable es que sigue estando mucho más allá de la vista de quienes no la viven, un problema prudentemente de otros. El hecho de que la mayoría de los participantes en los debates sobre la pobreza global -incluidos los lectores de esta columna- conozcan pocas personas, si es que las conocen, que viven debajo de la línea de pobreza es un indicio de la magnitud de la segregación económica mundial. Si la pobreza fuera transmisible, su incidencia, a esta altura, sería mucho más baja.

Afortunadamente, un coro de voces, no sólo de grupos de la sociedad civil, sino también de organizaciones internacionales, ha dado lugar a un movimiento global para poner fin a la pobreza. Hoy existe un creciente consenso de que la pobreza global no es sólo un problema de los pobres. Si bien la indignación moral es importante, no es suficiente cuando se trata de diseñar políticas. Los responsables de las políticas necesitan datos e, igualmente importante, la capacidad de analizarlos.

La primera tarea consiste en distinguir entre lo que es posible y lo que no. Por ejemplo, algunos han propuesto incluir la cláusula de empleo para todos los adultos en el marco que da continuación a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que se dará a conocer en 2015. Este es un objetivo imposible. Todas las economías de cualquier tamaño razonable tendrán algún grado de desempleo. De hecho, una cantidad limitada de desempleo puede ayudar a promover el desarrollo. Declarar al "empleo" un derecho es despojar a la palabra "derecho" de su significado.

Luego debe reconocerse que las economías son complejas y están interconectadas. Consideremos, por ejemplo, una política de gobierno en la que se entregan subsidios, financiados con dinero recientemente emitido, a los residentes de 1.000 ciudades. Esto no necesariamente será un beneficio para la economía en su totalidad.

Inyectar dinero podría mejorar el estándar de vida en las ciudades que reciben los fondos, pero hacerlo bien puede elevar el costo de los alimentos en todo el país, lo que haría que los residentes de las ciudades no subsidiadas pasaran a ser pobres. El impacto macroeconómico de las micro-intervenciones es una razón importante por la que persistió la pobreza, a pesar de las intervenciones bien intencionadas para combatirla.

Otra razón por la que la pobreza perdura es una desigualdad persistente -y, en muchos lugares, cada vez mayor-. En 2013, el Banco Mundial, donde me desempeño como economista jefe, ayudó a incluir el término "prosperidad compartida" en el discurso cotidiano al declarar, por primera vez, que todas las sociedades deben hacer del progreso hacia ese objetivo su misión. Sin duda, siempre habrá una cierta cuota de desigualdad en el mundo; por cierto, como sucede con el desempleo, una cantidad limitada es deseable como motor de la competencia y el crecimiento. Pero no se puede más que condenar la desigualdad profunda y generalizada que existe hoy en día.

Según algunos cálculos estimativos, la riqueza de las 50 personas más ricas del mundo totaliza alrededor de 1,5 billón de dólares, el equivalente al 175% del PBI de Indonesia, o poco más que las reservas de moneda extranjera de Japón. Si asumimos que esta riqueza arroja un rendimiento del 8% al año, el ingreso anual de las 50 personas más ricas del mundo está cerca del ingreso total de los mil millones más pobres -en otras palabras, de quienes viven debajo de la línea de pobreza.

Este es un fracaso colectivo. Mientras nos encaminamos al 2015, debemos considerar políticas e intervenciones que pongan fin a esta desigualdad extrema. Debemos hacerlo no sólo por una sensación de justicia, sino también porque, en un mundo aquejado por estas disparidades extremas, sus residentes más pobres pierden su voz, inclusive cuando tienen el derecho de votar. La desigualdad extrema es, en definitiva, un ataque a la democracia.

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El paquete de estímulo más grande de todos los tiempos puede hacer fracasar al euro

Sáb, 24/01/2015 - 13:44
Es el mayor paquete de estímulo que se ha visto a lo largo y ancho de esta crisis financiera iniciada en 2008: 1,1 billones de euros (€ 1100000000000) equivalentes a compras por 60 mil millones de euros al mes hasta septiembre de 2016, 10 mil millones de euros más de lo que anticipamos previamente. Esto indica que el plan de Mario Draghi superó todas las expectativas y los inversionistas que gustan de las apuestas especulativas han comenzado a frotarse las manos... Sin embargo, las fuertes restricciones impuestas por Alemania pueden hacer quedar en nada el plan de estímulo y llevar al colapso a la moneda única.

Con esta masiva inundación de dinero barato el BCE busca combatir las presiones deflacionarias de la zona euro dado que la inflación entró de lleno en zona negativa. Mientras los precios de las materias primas siguen en descenso, las tasas de interés continúan en mínimos históricos y la economía aún no alcanza los niveles de producción del año 2007, la deflación continúa rampante sin que nada ni nadie ponga atención en ella. La deflación es un peligro monstruoso que hasta ahora se ha minimizado por la ceguera de la troika. Por eso el plan de Mario Draghi tiene un sustrato que lo hace necesario. Pero tal no sirva de nada.

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La escalada de la desigualdad y desempleo globales

Ven, 23/01/2015 - 15:12
En el marco de la 45° edición del Foro Económico Mundial de Davos, distintos estudios advierten sobre la creciente brecha entre ricos y pobres junto a un agalopado desempleo. El próximo año, el 1 por ciento más rico de la población mundial podría acumular tanta riqueza como el resto del planeta, al tiempo que hacia el 2019 el número de desocupados alcanzará las 212 millones de personas.

Este miércoles comenzó en la ciudad suiza de Davos en Foro Económico Mundial que reúne a más de 2.500 representantes de 140 países, entre ellos 40 jefes de Estado, para analizar los principales retos que enfrenta la economía global en medio de la ascendente crisis del capitalismo -una crisis que atraviesa múltiples, financiera, energética, alimentaria y ambiental-.

En este marco, la organización no gubernamental española Oxfam Intermón presentó un informe en el que advierte sobre la creciente desigualdad global y precisa que “para el año que viene el 1 por ciento más rico de la población mundial podría acumular tanta riqueza como el resto del planeta”, es decir 70 millones de personas frente a 7.000 millones. Mientras tanto, una de cada nueve personas del mundo no tiene suficiente para comer, y 1000 millones de personas sobreviven con menos de 1,25 dólares al día, destaca el estudio.

De acuerdo al informe, desde 2010 el 1 por ciento de los individuos más ricos del mundo ha incrementado su participación en el conjunto de la riqueza a nivel mundial, según los datos del Credit Suisse. Luego precisa que en 2014 el 1 por ciento más rico poseía el 48 por ciento de la riqueza mundial, mientras que el 99 por ciento restante debía repartirse el 52 por ciento.

Los más ricos de este 1 por ciento -los milmillonarios, poseedores de más de mil millones de dólares cada uno- incluidos en la lista de la revista estadounidense de negocios Forbes acumularon riqueza en este período “a un ritmo aún más rápido”, indica Oxfam.

Puntualiza además que en 2010 las 80 personas más ricas del mundo poseían una riqueza neta de 1,3 billones de dólares, mientras que en 2014 la riqueza conjunta de las 80 personas que encabezaban la lista Forbes ascendía a 1,9 billones de dólares, “lo cual supone un incremento de 600 mil millones de dólares en sólo cuatro años”.

En la actualidad, resalta el estudio, “estas 80 personas poseen la misma riqueza que el 50 por ciento más pobre de la población mundial; esto quiere decir que 3.500 millones de personas comparten la misma cantidad de riqueza que estas 80 personas enormemente ricas”.

Según el informe, como la riqueza del resto de la población no aumentó al mismo ritmo que la de las 80 personas más ricas, la participación de este grupo en la riqueza mundial creció, al igual que la brecha entre las personas muy ricas y el resto.

Cabe resaltar que el pasado año Oxfam denunció que las 85 personas más ricas del mundo poseían la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial. Esta cifra es ahora de tan sólo 80 personas, una disminución impresionante si se tiene en cuenta que en 2010 eran 388 personas las que concentraban la misma riqueza que la mitad más pobre. En términos netos, la fortuna de las 80 personas más ricas se ha duplicado entre 2009 y 2014.

El informe evidencia además cómo la riqueza extrema se transmite de generación en generación y cómo las élites dedican enormes recursos y esfuerzos a que los estándares globales se diseñen a su favor.

Más de un tercio de los 1645 milmillonarios incluidos en la lista Forbes heredaron gran parte o toda su fortuna. Asimismo, el 20 por ciento de los milmillonarios tiene intereses en los sectores financiero y de seguros, y vieron cómo su riqueza aumentó un 11 por ciento en los 12 meses anteriores a marzo de 2014.

En 2013, estos sectores de actividad emplearon 550 millones de dólares en financiar grandes lobbistas para influir sobre las políticas que se deciden desde Estados Unidos y la Unión Europea.

Durante el período electoral de 2012 en Estados Unidos, el sector financiero realizó contribuciones por valor de 571 millones de dólares a las campañas electorales de los dos principales partidos. En la Unión Europea se calcula que los lobbistas del sector financiero dedican 150 millones de dólares anuales a influir en sus instituciones.

Desempleo Por su parte, la Organización Internacional el Trabajo (OIT) señaló en la víspera del Foro que la desocupación a nivel mundial alcanza a 201 millones de personas y advirtió que en 2019 la cifra se ubicará en 212 millones de desempleados a consecuencia del lento crecimiento de los países.

“Desde el inicio de la crisis global, en el año 2008, se perdieron más de 61 millones de empleos”, señaló el director general de la OIT, Guy Ryder, en el marco de la publicación del estudio anual de la organización sobre la evolución de los mercados. “La crisis de empleo aún no pasó, no hay motivo para la autocomplacencia”, consideró Ryder a pesar de la leve mejoría de las potencias.

Para este año, la OIT prevé que la cifra de desempleados aumente en 3 millones y pronostica que para 2019 serán 8 millones más. El principal motivo, según la OIT, es que el crecimiento económico no alcanzó en casi ningún país el nivel que tenía antes del estallido de la crisis financiera, hace seis años.

Los jóvenes son los más afectados en esta situación, ya que casi 74 millones de personas de entre 15 y 24 buscaban trabajo en 2014.

Tomado de RebeliónUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El BCE comprará bonos por un mínimo de 600 mil millones de euros

Xov, 22/01/2015 - 13:05
El Banco Central Europeo comprará bonos de los gobiernos por al menos 600 mil millones de euros a lo largo de 12 meses, en una copia exacta de lo que hizo la Reserva Federal en Estados Unidos con el plan de compra de basura tóxica por 50 mil millones de dólares al mes. Aunque los detalles para esta compra de bonos aún no se fijan, este plan supera las expectativas y comenzará en menos de 45 días. De acuerdo a The Wall Street Journal, esta operación de compra será al menos por un año, pudiéndose prorrogar a dos años.

Para poder hacer correr este plan de compra de bonos, Mario Draghi ha debido comprometerse ante las exigencias de Alemania, de que "ningún país debe ser responsable de las deudas de otro", lo que constituye una seria limitante del plan. Esto significa que cualquier operación vinculada a los bonos soberanos adquirido por el BCE deberá ser garantizada por el banco central y el país de que se trate, dado que Alemania no quiere ninguna redistribución indeseada de los riesgos financieros. Bajo este plan el banco central alemán, por ejemplo, no sería responsable de las pérdidas sufridas en la compra de bonos de Grecia o España.

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La democracia en Atenas y el espectro del Grexit

Mér, 21/01/2015 - 16:00
Alejandro Nadal, La Jornada

El domingo 25 de enero habrá elecciones en Grecia y no es exagerado afirmar que el mundo va a contener la respiración hasta conocer el resultado. Lo que está en juego es de extraordinaria importancia tanto para la crisis en Europa, como para la economía mundial. Las elecciones podrían ser el anuncio de un episodio determinante en la historia del capitalismo contemporáneo.

En 2010 los poderes establecidos en Europa impusieron en Grecia un esquema de austeridad como condición para rescatar la economía del atribulado país. La deuda se presentaba como insostenible (alcanzaba 129.7 por ciento del PIB) y el gobierno de Papandreou formalmente solicitó el rescate al Banco Central Europeo (BCE), la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional. Desde entonces estas instituciones han puesto a disposición de Atenas un total de 240 mil millones de euros para hacer frente a sus obligaciones financieras, pero al mismo tiempo han impuesto un paquete de intervención similar al utilizado en América Latina en la década de los años ochenta. El objetivo: rescatar a los bancos europeos más expuestos y, de este modo, socializar las pérdidas privadas. Al igual que en América Latina hace 30 años, esto requería el sacrificio de la población.

En 2010 la troika y la comunidad financiera estaban preocupados por la posible salida de Grecia de la unión monetaria. La perspectiva del posible contagio sobre España o Italia era suficiente para mantener toda la presión sobre el pueblo griego. Había que contener la crisis y asegurar el pago de vencimientos mientras se trasladaba el costo del rescate hacia los contribuyentes.

En los últimos cuatro años el gobierno griego ha buscado acatar los lineamientos del brutal programa económico impuesto por la troika. El presupuesto sufrió recortes extraordinarios, el salario mínimo se redujo más de 60 por ciento y el PIB sufrió una contracción superior a 30 por ciento. El desempleo supera la tasa de 26 por ciento y para los jóvenes este indicador supera 55 por ciento.

En diciembre pasado el gobierno griego anunció el nuevo presupuesto para este año afirmando que por primera vez se había alcanzado un presupuesto con balance positivo en 2014. La realidad es que ese resultado depende de un cálculo engañoso en el que se omitió incluir los gastos impuestos por la troika para capitalizar la banca. Como bien afirma Yanis Varoufakis, uno de los asesores económicos (y ahora también candidato a diputado) de Syriza, el programa impuesto a la nación griega equivale a una austeridad Ponzi porque mantiene las apariencias de que la deuda puede pagarse si se mantiene la austeridad, pero al fin de cuentas, la deuda sigue aumentando. Y en efecto, la deuda como porcentaje del PIB no sólo no se redujo, sino que aumentó y en 2014 alcanzó 174.9 por ciento. Para los candidatos de Syriza, la evidencia es innegable: la deuda es impagable.

¿Qué quiere Syriza frente a este panorama? En primer lugar, los dirigentes de Syriza, con Alexis Tsimpras a la cabeza, no plantean la salida del euro. Los asesores económicos del partido consideran que esta medida sería catastrófica e implicaría una devaluación automática de todos los activos, lo que a su vez acarrearía una enorme salida de capitales. En segundo lugar, Syriza propone la renegociación radical de la deuda externa que en los hechos llevaría a una cancelación de pasivos superior a 50 por ciento. Finalmente, Tsimpras rechaza absolutamente el programa de austeridad impuesto por la troika. Entre las primeras medidas que aprobaría el gobierno de Syriza se encuentra el aumento del salario mínimo, el arranque de un ambicioso programa de inversión pública y una serie de medidas concretas para aliviar las condiciones de emergencia de la población más necesitada.

La victoria de Syriza es probable y plantea una situación inédita en lo que va de la crisis europea. La salida de Grecia del euro no se descarta: el espectro del ‘Grexit’, neologismo formado de la combinación de las palabras Grecia y ‘Exit’, ha regresado. Si la troika rechaza una nueva negociación o si la señora Merkel denuncia las decisiones que Syriza adoptaría, la confrontación sería inevitable.

Hace unos días la Merkel señaló que su gobierno no quiere ver a Grecia abandonar el euro, pero al mismo tiempo afirmó que esperaba que Atenas mantuviera sus compromisos en referencia obvia al inhumano paquete de austeridad económica. En relación con la deuda griega, los acreedores y la troika rechazarán en una primera instancia cualquier petición de cancelación y a cambio propondrían la extensión del plazo de vencimiento a, digamos, 30 años. Esa contrapropuesta mantiene el súper oneroso pago de intereses sin proporcionar condiciones de crecimiento económico. Aquí es donde podría atascarse la negociación.

Los poderes establecidos en Europa hablan de los peligros derivados de las elecciones en Grecia. Se habla mucho de democracia en Europa, pero lo cierto es que hoy, como en los días de Pericles, la democracia griega es temida por sus enemigos.

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El FMI recorta las previsiones de crecimiento económico mundial

Mér, 21/01/2015 - 12:52
Como ha sido habitual en los últimos años, el Fondo Monetario Internacional ha recortado su proyección de crecimiento para el presente año dadas las menores expectativas en Europa, Rusia, Asia, China, Oceanía y América Latina. Casi todos los países, excepto Estados Unidos, crecerán menos de lo pronosticado en los informes anteriores. La economía mundial crecerá 3,5% en 2015, por debajo del ritmo de 3,8% proyectado en octubre, señala el FMI en su último World Economic Outlook (WEO) publicado este martes. Para el FMI el descenso en el precio del petróleo no generará un impulso a la expansión económica. EL FMI también recortó su estimación de crecimiento para el año 2017 al 3,7%, frente al 4,0% pronosticado en octubre. La debilidad económica, además de prolongar el descenso de la inflación por debajo del objetivo, está desafiando a los responsables políticos de toda Europa y Asia para llegar a nuevas formas que permitan estimular la demanda tras seis años de contracción después de la mayor crisis financiera global.

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Petróleo barato agudiza déficit presupuestario de Estados Unidos

Mér, 21/01/2015 - 03:06
La brusca caída de los precios del petróleo y del gas ha acentuado el déficit presupuestario de varias administraciones estadounidenses, advierte la publicación U.S. News & World Report. Las consecuencias de la caída del precio del crudo y del gas en el mercado mundial para la economía estadounidense pueden ser numerosas, sostiene el analista político Jason Gold.

En primer lugar, las sufrirán los estados energéticamente dependientes. Según la agencia calificadora S&P, el estado más vulnerable de Estados Unidos es Alaska. Un 87% de su presupuesto proviene del petróleo y minerales. Pero no es todo: el presupuesto para el año fiscal de 2014 se basó en un precio de 105 dólares por barril (el crudo Brent se cotizó este martes a 48,65 dólares). Un efecto inmediato sería el recorte en un 50% de los gastos en infraestructuras como puentes y carreteras, estima The New York Times.

En una situación parecida se encuentra el estado de Wyoming, donde la producción petrolera proporciona el 31% de los ingresos presupuestarios de acuerdo con un precio de 85 dólares por barril. El porcentaje 'petrolero' de los presupuestos de Nuevo México y Louisiana es de un 17% y un 13% respectivamente. Oklahoma, un gran productor nacional de petroleo y gas convencionales, al igual que Texas y Dakota del Norte (que han experimentado un auge económico debido a la exploración de los yacimientos de gas de esquisto), también pueden verse seriamente afectados, destaca Gold en su artículo en U.S. News & World Report.

Con todo, los costes bajos del petróleo y gas en el mercado tendrán algunos beneficiarios: permitirán ahorrar tanto a los ciudadanos ordinarios de EE.UU. como a compañías aéreas o líneas marítimas de carga. En general, el triste panorama económico al que se enfrenta Estados Unidos se deberá tanto a una inversión y producción reducidas como a los inevitables despidos y pérdidas, las cuales reducirán el poder adquisitivo de la población.

"Pelar las capas de la cebolla del precio del petróleo muestra que el problema va más allá de la emoción inicial sobre los bajos precios de la gasolina. El efecto dominó en las economías secundarias como el sector inmobiliario, los bancos locales y los servicios públicos será inevitable", concluye Gold.

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Joseph Stiglitz: Las políticas de la estupidez económica

Mar, 20/01/2015 - 19:35
Durante el 2014, la economía mundial se mantuvo estancada en la misma rutina en la que permanece desde que salió de la crisis financiera mundial de 2008. A pesar de se tomaron medidas gubernamentales aparentemente fuertes en Europa y Estados Unidos, ambas economías sufrieron recesiones profundas y prolongadas. La brecha entre dónde están y dónde hubiesen estado dichas economías si la crisis no hubiese entrado en erupción es enorme. En Europa, la brecha se acrecentó durante el transcurso del año.

A los países en desarrollo les fue mejor, pero incluso allí las noticias fueron sombrías. La más exitosas de estas economías, al haber basado su crecimiento en las exportaciones, continuaron su expansión tras la crisis financiera, incluso mientras sus mercados de exportación se esforzaban por superar sus dificultades. Sin embargo, su desempeño también comenzó a disminuir de manera significativa en el año 2014.

En 1992, Bill Clinton basó su exitosa campaña para alcanzar la presidencia de Estados Unidos en un slogan simple: “¡Es la economía, estúpido!”. Desde la perspectiva actual, en aquel entonces las cosas no estaban tan mal; hoy en día, los ingresos de una familia estadounidense típica son menores. Sin embargo, podemos inspirarnos en los esfuerzos de Clinton. El malestar que aflige a la economía mundial en la actualidad se podría reflejar en dos slogans simples: “Es la política, estúpido” y “Demanda, demanda, demanda”.

El estancamiento casi mundial que se vivió en el año 2014 fue creado por el hombre. En varias de las principales economías el estancamiento es el resultado de su política y sus políticas – que fueron las que ahogaron a la demanda. Ante la falta de demanda, la inversión y el empleo no se materializarán. Es así de simple.

En ningún otro lugar esta situación se muestra con mayor claridad que en la eurozona, misma que ha adoptado oficialmente una política de austeridad – recortes en el gasto público que aumentan las debilidades en el gasto privado. La estructura de la eurozona es en parte culpable de obstaculizar el ajuste al shock generado por la crisis; debido a la ausencia de una unión bancaria, no causó sorpresa que el dinero fugara de los países más afectados, lo que debilitó a sus sistemas financieros y refrenó los préstamos e inversiones.

En Japón, una de las tres “flechas” del programa para la reactivación económica del primer ministro Shinzo Abe se puso en marcha en la dirección equivocada. La caída del PIB que sobrevino tras el aumento en el impuesto al consumo en el mes de abril proporcionó aún más evidencia a favor de la economía keynesiana – como si no hubiese ya suficiente evidencia.

Estados Unidos introdujo la dosis más pequeña de austeridad, y este país ha disfrutado del mejor desempeño económico. Pero incluso en Estados Unidos hay aproximadamente 650.000 empleados del sector público menos en comparación al número de empleados antes de la crisis; normalmente, hubiéramos esperado que dicha cifra se incremente en unos dos millones. Como resultado, EE.UU., también, esta sufriendo, ya que tiene un crecimiento que es tan anémico que los salarios permanecen prácticamente estancados.

Gran parte de la desaceleración del crecimiento en los países emergentes y en desarrollo se refleja en la ralentización de China. China es ahora la mayor economía del mundo (en términos de paridad de poder adquisitivo), y ha sido durante mucho tiempo la principal contribuyente al crecimiento mundial. Sin embargo, el notable éxito de China ha generado sus propios problemas, que deben ser abordados más temprano que tarde.

Es bienvenido – y casi necesario – el desplazamiento de la economía china desde un enfoque en la cantidad a uno en la calidad. Y, a pesar de que la lucha del presidente Xi Jinping contra la corrupción puede causar que el crecimiento económico se desacelere aún más, ya que la parálisis va a afectar a la contratación pública, no hay ninguna razón para que Xi amaine sus esfuerzos. Por el contrario, existe la necesidad de abordar con igual vigor otras fuerzas que menoscaban la confianza en su gobierno – problemas ambientales generalizados, niveles altos y crecientes de desigualdad, y fraude del sector privado.

En resumen, el mundo no debe esperar que China sea quien apuntale la demanda agregada mundial en el año 2015. Al contrario, habrá un agujero aún más grande que llenar.

Mientras tanto, en Rusia, podemos esperar que las sanciones de Occidente ralenticen el crecimiento, causando efectos adversos en una Europa que ya está debilitada. (No se está argumentando en contra de las sanciones: El mundo tenía que responder frente a la invasión rusa de Ucrania, y los directores ejecutivos de las empresas occidentales que argumentan lo contrario, buscando proteger sus inversiones, han demostrado una preocupante falta de principios).

Durante los últimos seis años, el Occidente ha creído que la política monetaria puede salvar la situación. La crisis condujo hacia enormes déficits presupuestarios y creciente deuda, y el razonamiento fue el siguiente: la necesidad de desapalancamiento significa que la política fiscal debe ser dejada a un lado.

El problema es que las tasas de interés bajas no motivarán a las empresas a invertir si no hay demanda para sus productos. Las tasas bajas tampoco inspiran a las personas a endeudarse para consumir si están preocupadas por su futuro (y tienen razón para estarlo). Lo que la política monetaria puede hacer es crear burbujas de precios de los activos. Incluso podría apuntalar el precio de los bonos gubernamentales en Europa, previniendo de esta manera una crisis de la deuda soberana. Sin embargo, es importante entender claramente lo siguiente: la probabilidad de que las políticas monetarias laxas restauraren la prosperidad mundial es nula.

Esto nos lleva de nuevo a la política y las políticas. La demanda es lo que el mundo necesita más. El sector privado – incluso con el generoso apoyo de las autoridades monetarias – no va a proveer dicha demanda. Pero la política fiscal si puede hacerlo. Disponemos de una amplia variedad de inversiones públicas entre las que podemos elegir, inversiones que podrían producir grandes ganancias – mucho más altas que el costo real del capital – y que fortalecerían las hojas de balance de los países que las realizan.

El gran problema que enfrenta el mundo en el año 2015 no es económico. Sabemos cómo escapar de nuestro malestar actual. El problema es que nuestras políticas son estúpidas.
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Tomado de Project Syndicate Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El 1% más rico posee más de la mitad de la riqueza mundial

Mar, 20/01/2015 - 08:01
La riqueza que posee el 1% más rico de la población mundial (70 millones de personas), podría superar el año que viene la que acumulan conjuntamente los más de 7.000 millones de personas restantes (el 99 por ciento de la población), de acuerdo al último informe de Oxfam Tenerlo todo y querer más. Oxfam hizo público este informe ayer lunes en vísperas de la reunión anual del Foro Económico de Davos. Este es su primer párrafo: La riqueza mundial se concentra cada vez más en manos de una pequeña élite. Esta élite rica ha creado y mantenido su vasta fortuna gracias a las actividades que desarrollan por defender sus intereses en un puñado de sectores económicos importantes, como el financiero y el farmacéutico y de atención sanitaria. Las empresas de estos sectores destinan millones de dólares cada año a actividades de lobby dirigidas a favorecer un entorno normativo que proteja y fortalezca aún más sus intereses. La mayoría de las actividades de lobby que se llevan a cabo en Estados Unidos trata de influir sobre cuestiones presupuestarias y fiscales, es decir, sobre recursos públicos que deberían orientarse a beneficiar al conjunto de la ciudadanía, en lugar de reflejar los intereses de los poderosos lobistas.Leer másUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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¿Son irrealizables las propuestas de Syriza o Podemos?

Lun, 19/01/2015 - 18:00
Juan Torres López, Alainet

Desde que comenzó a atisbarse que Syriza en Grecia y Podemos en España podían llegar a gobernar con propuestas diferentes a las que se vienen aplicando en Europa no se ha parado de decir que sus programas son irrealizables.

Desde hace unos años en Grecia y ahora en España el formato es el mismo. Los economistas que en su día decían que no había burbuja inmobiliaria, que se saldría de la crisis enseguida o que llevan años difundiendo modelos que siempre fallan calculando la evolución de las pensiones públicas, se presentan ahora como los que de verdad saben predecir el futuro para asegurar que las propuestas de Syriza o Podemos no se podrán llevar a la práctica. Los presidentes o ministros de los gobiernos, como el español, que han incumplido la totalidad de sus compromisos electorales dicen ahora, como Rajoy, que Syriza o Podemos prometen “lo imposible”. Responsables públicos que en los últimos años han dejado que se produzcan autenticas fechorías y corruptelas de todo tipo, ahora aseguran que con Syriza o Podemos se deteriorarán las instituciones. Y los que han aplicado las políticas que han multiplicado la destrucción de empresas, el paro, la deuda y la evasión de capitales, afirman con rotundidad que las políticas de Syriza o Podemos nos llevarán a la catástrofe económica.

Estos discursos agoreros están claramente orientados a minar la confianza de la gente en estas fuerzas políticas de nuevo cuño y son muy exagerados pero no podemos engañarnos: hay que reconocer que tienen una buena parte de razón y que será muy difícil que Syriza o Podemos puedan llevar a cabo sus propuestas de recambio político y económico (esta es la típica frase que algunos podrán sacar de contexto para decir que “el gurú” económico de Podemos reconoce que sus propuestas son inviables). Pero las personas honradas e inteligentes no se quedan aquí sino que inmediatamente se preguntan por qué será tan difícil o incluso quizá imposible llevar a cabo el programa completo de estos partidos. Y lo que ocurre es que cada vez más gente está descubriendo de dónde viene esas dificultades.

La gente se está dando cuenta de que el fracaso de las políticas europeas a la hora de crear actividad y empleo o de acabar con la deuda es evidente y de que la situación económica que dejan las políticas que se vienen aplicando es deplorable. Se decía que las políticas de austeridad eran imprescindibles para reducir la deuda pública, pero lo cierto es que en la Eurozona ha subido del 72% del PIB en 2007 al 103% en 2014, en Grecia del 103,1% al 174,9% y en España del 35,5% al 96,8%. Y aseguraban que gracias a sus políticas se crearía empleo pero en la Eurozona hay ahora casi dos millones de ocupados menos y seis millones de parados más que en 2007.

Cualquier persona inteligente sabe que será muy difícil restañar la herida económica tan profunda que están dejando las políticas actuales.

La gente también se está dando cuenta de que el fracaso de esas políticas no se produce por casualidad sino porque los gobiernos están claramente al servicio de los bancos y de los grupos económicos más poderosos. Todo el mundo sabe ya que la disminución de las ayudas a los grupos y población más pobres o la menor financiación de los servicios públicos que necesitan para salir adelante han ido en paralelo al crecimiento de las ayudas a los bancos y a las grandes empresas. Y la gente percibe claramente que el aumento de la pobreza y la pérdida de ingresos de los grupos de renta más baja se corresponde con una situación cada vez más acomodada de los más ricos.

Cualquier persona inteligente sabe que será muy difícil realizar reformas simplemente orientadas a repartir un poco mejor la renta y la riqueza porque está claro que los de arriba lo quieren todo y que no están dispuestos a repartir ni lo más mínimo. Su resistencia, como siempre ha pasado, será grande y quizá hasta violenta.

La gente también se está dando cuenta de que para llevar a cabo estas políticas los gobiernos han ido desmantelando la democracia en Europa y que a la hora de tomar decisiones no obedecen a los pueblos que los han elegido sino a poderes económicas y financieros que se mueven en la sombra y que nunca se presentan a las elecciones. Es cada día más evidente que Europa se convierte poco a poco en una dictadura cuando sus responsables amenazan si se dan unos determinados resultados electorales o si la gente respalda políticas que no sean las que quieren aplicar los grandes poderes.

Cualquier persona inteligente sabe que cuando se debilita la democracia, como ocurre hoy día en Europa, se hace muy difícil que la voluntad popular, por muy mayoritaria que sea, pueda realizarse.

Esas dificultades las conocen ya cada vez más ciudadanos. Pero lo que no saben los que quieren convencer a la gente de que las propuestas de Syriza y de Podemos son irrealizables es que la gente no es tonta.

Es verdad que la mayoría de las personas normales y corrientes no tiene grandes conocimientos de historia. Pero tiene memoria y sabe que incluso no hace mucho se han producido cambios inesperados o bastante más difíciles que los que puedan proponer Syriza o Podemos. Mucha gente sabe que todos los poderes del mundo defendían la esclavitud como un derecho natural, o que las mujeres no votaran ni tuvieran derechos. Y mucha más gente vio caer el Muro de Berlín (¿habría algo más “imposible” que eso días antes de que cayera?) o revoluciones de un día para otro en naciones vecinas.

Es verdad que la mayoría de la gente no sabe análisis económico para comprobar que las críticas que se hacen a los programas económicos de Syriza o Podemos no tienen fundamento científico sino puramente ideológico. Pero tiene suficiente sentido común como para percibir que no tiene sentido decir que es imposible llevar a cabo en Grecia o España medidas políticas o económicas que ya se han aplicado en otros sitios.

Pero, sobre todo, la gente empieza a convencerse de que en la vida no se puede decidir solo en virtud de que algo le parezca realista o no a unos pocos sino en función de imperativos éticos que, como en este caso, llevan a reclamar justicia, libertad, bienestar o responsabilidad para todos los seres humanos por igual. El apoyo a Syriza o Podemos está aumentando tanto porque cada vez hay más gente deseosa de realizar una apuesta ética diferente porque ya está cansada de que todo vaya a los de arriba, de que se pueda robar sin límite a los de abajo, de que se destruya la naturaleza sin descanso o de que no se pida cuentas a quienes nos han llevado a la ruina. Y lo que no parece que sepan quienes dicen que las propuestas de Syriza o Podemos son irrealizables es que la fuerza con más capacidad transformadora del universo es la convicción moral y el impulso ético de los seres humanos. Es verdad que Syriza o Podemos no tienen el monopolio ni de esa convicción ni de ese impulso, y que no podrán conseguir todo lo que se proponen por sí solas, pero empiezan a disponer del suficiente como para salir adelante e incluso para transmitirlo a otras fuerzas políticas y sociales, tal y como se está demostrando día a día

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Reformas estructurales y el mito del mercado laboral

Dom, 18/01/2015 - 19:24
Alejandro Nadal, La Jornada

Ningún mito ha sido más importante en la teoría económica que el de la existencia del mercado laboral. Para la plácida ideología del capitalismo contemporáneo, plasmada en la teoría económica ortodoxa, esta fábula se usa para explicar la determinación del salario y el fenómeno del desempleo (o negar la existencia de desempleo involuntario). Es también el fundamento para recomendar la completa flexibilidad en el mercado de trabajo, es decir la eliminación de obstáculos al movimiento de los salarios para realizar el ajuste en este peculiar mercado. Este es el fondo de la llamada reforma laboral en México y en muchos otros países.

Pero hay un problema. En realidad no existe el llamado mercado laboral. Para empezar, consideremos la estructura de un mercado cualquiera. En él se encuentran los productores de una mercancía para cuya producción se han tenido que cubrir los costos de insumos variados y los consumidores que demandan ciertas cantidades de dicha mercancía.

La demanda de las mercancías comunes está determinada por las preferencias e ingresos de los consumidores, mientras su oferta depende de los costos de producción y de una tasa de ganancia. Pues en el caso del llamado mercado laboral, las cosas no son tan fáciles. Para empezar, el trabajo no se demanda para consumirlo sino para usarlo en la producción de mercancías. Además, el trabajo no se produce por empresas cuyo único objetivo es llevar su producto a vender en el mercado.

En otros términos, en el supuesto mercado laboral las relaciones entre las fuerzas de la oferta y la demanda están invertidas. La demanda de trabajo está fijada por los productores, mientras la oferta de trabajo está determinada por los que son, en el fondo, consumidores. O, si se prefiere, los productores se convierten en consumidores y éstos en aquéllos. Esta alteración acarrea una serie de complicaciones que terminan por destruir la noción de mercado laboral.

En la teoría económica estándar cuando se incrementa el precio de una mercancía, la oferta de esa mercancía aumenta (porque los oferentes obtienen mayores utilidades con el aumento de precio). En el caso del supuesto mercado laboral, cuando sube el precio de la mercancía los trabajadores pueden llegar a ofrecer menos de esa mercancía (al contrario de lo que acontece con todas las demás mercancías). ¿Por qué? La explicación es que en ese caso un trabajador puede obtener el mismo ingreso con menos horas de trabajo.

En la jerga de los economistas se diría que la curva de oferta del trabajo tiene una pendiente negativa (a mayor salario menos oferta de trabajo). Eso es un desastre para la teoría ortodoxa. Se ha buscado resolver este problema teórico aduciendo que existe un efecto sustitución y un efecto ingreso cuando aumenta el salario. Por el primero el trabajador sí aceptará trabajar más horas porque cada hora de asueto que es sustituida por una hora de trabajo le proporciona un ingreso mayor. Pero si eso suena lógico el razonamiento se viene abajo cuando se observa que el llamado efecto sustitución se destruye por el efecto ingreso: cuando el salario aumenta el trabajador reduce sus horas de trabajo y obtiene simultáneamente más tiempo de asueto y mayor ingreso. Se destruye el efecto sustitución, desaparece la curva de oferta de trabajo y el tristemente célebre concepto del mercado de trabajo se cae al agua.

En el desastre que es la teoría económica convencional queda claro que también se desmorona el supuesto fundamento racional de la llamada política de flexibilidad laboral: nada justifica la idea de que la legislación sobre salarios mínimos o que la presencia de sindicatos provocan desempleo. Ese tipo de desplantes dependen crucialmente de la idea de que existe un mercado laboral que, al igual que el mercado de manzanas, respeta la ley de la oferta y la demanda.

Si no existe el mercado de trabajo, ¿qué es lo que sí existe? La respuesta es que en una economía capitalista existen estructuras de empleos con sistemas de remuneraciones heterogéneas. Pero esto también tiene otras repercusiones negativas para la teoría ortodoxa. Ésta sostiene que la demanda de trabajo está regida por la productividad marginal del trabajo, es decir, por la aportación al producto de la última unidad de trabajo utilizada. Según este razonamiento la remuneración de los trabajadores refleja su contribución al producto social. Pero en una estructura heterogénea de empleos no es posible calcular la productividad de la última unidad de trabajo utilizada.

Todo esto confirma que el salario no es un precio. Es una variable de distribución del ingreso y se determina no por un mecanismo impersonal anónimo, sino por las relaciones de poder entre capitalistas y trabajadores. Por eso en las últimas décadas la productividad total del trabajo (que sí se puede calcular) ha crecido mucho más que el salario real: los beneficios de la mayor eficiencia no han sido para los trabajadores sino para los dueños de las empresas en las que laboran.
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Ver también ¿Qué dice la teoría económica sobre el mercado del trabajo y el desempleo?Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La última contradicción del BCE (y cómo ayudar a Grecia)

Dom, 18/01/2015 - 13:01
Yanis Varoufakis, Sin Permiso

No hay duda de que el programa OMT (“outright monetary transactions”, transacciones monetarias directas) ha sido el mayor éxito de Mario Draghi ( el diestro pero con escaso margen de maniobra Presidente del Banco Central Europeo). En el verano de 2012 el euro estaba a punto de desplomarse por el precipicio. El anuncio de Draghi de la intención del BCE de comprar cantidades ilimitadas de deuda soberana (italiana, en particular) para contener el contagio en los mercados de bonos bastó: la especulación de los bonos de la periferia terminó, a pesar de que Draghi no compró un solo bono de deuda.

Aunque de ninguna manera acabó con la crisis del euro, la obligó a trasladarse a los cimientos de la economía real (provocando la actual ola deflacionaria), reavivó el prestigio maltrecho del BCE y la confianza en su capacidad para mantener unida a la zona euro mejoró. Sin embargo, desde el primer minuto, los oponentes alemanes de la OMT (incluyendo el ... Bundesbank), y de la idea general del BCE de comprar bonos soberanos, llevaron el asunto al Tribunal Constitucional alemán, que, después de mucha deliberación, trasfirió a los tribunales europeos el veredicto final. ¿Puede el BCE acometer legalmente la compra de bonos soberanos, como insiste en hacer el programa OMT? Esa era la pregunta.

El Abogado General Pedro Cruz Villalón, del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, pronunció su veredicto: la OMT no violó el derecho europeo y puede ser puesta de nuevo en marcha a discreción de la junta directiva del BCE. Draghi debe estar satisfecho. No sólo no se ha erosionado el apoyo jurídico a su OMT sino que, además, sale muy reforzado en su actual batalla para convencer al Bundesbank y a Berlín de que el BCE debe comprar cientos de miles de millones de bonos soberanos de las naciones de la zona euro como parte de un tardío ejercicio de flexibilización cuantitativa que Draghi espera pueda derrotar a la deflación. Tiene sentido: si la compra de bonos es legalmente posible en el contexto de la OMT, con toda seguridad tiene que serlo en el contexto de la flexibilización cuantitativa.

Pero ¿por qué defiendo que esta decisión es pertinente para Grecia? Grecia no emite bonos y no se puede beneficiar, mientras se mantenga irremediablemente insolvente, de la flexibilización cuantitativa, cuyo objetivo son bonos del gobierno. Sea como fuere, hay un beneficio potencial importante en la decisión del Sr. Cruz Villalón cara al próximo gobierno griego. Esta decisión libera a Draghi de cualquier prohibición de comprar bonos del gobierno. Sin embargo, para que esta nueva "libertad" pueda convertirse en una forma significativa de flexibilización cuantitativa, no debe haber restricción alguna que obligue al BCE a comprar sólo bonos con calificación triple A y no debe asumirse que el BCE no pueda sufrir perdida alguna como consecuencia de sus compras de bonos (en caso de futura reestructuración de la deuda). Al igual que cuando la Fed compraba montones de deuda privada sin garantía blindada de cero pérdidas, el BCE, con el fin de utilizar su nueva libertad para llevar a cabo una flexibilización cuantitativa con impacto macroeconómico, debe aceptar que puede tener que aceptar pérdidas en su programa de compra de bonos.

Y aquí está el problema. Si el BCE acepta esto, como el Banco de Italia insiste que debería hacer, entonces la terca insistencia del BCE (en contra de las exigencias de SYRIZA) de que no pueden reestructurarse los bonos griegos que acumula (como resultado del fallido programa de compra de bonos SMP de 2010/1) se desmorona sin contemplaciones.

En resumen, el respaldo a la legalidad de la OMT del Tribunal Europeo es un importante apoyo al poder de negociación de un futuro gobierno de SYRIZA. De lo contrario, los planes del BCE de una flexibilización cuantitativa importante, contra las fuerzas de la deflación, están condenados al fracaso.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Noam Chomsky: Todos somos... (llene el espacio)

Sáb, 17/01/2015 - 16:50
Noam Chomsky, zcomm.org

El mundo quedó horrorizado después del brutal ataque que sufrió la revista satírica francesa Charlie Hebdo. En las columnas del New York Times, el corresponsal Steven Erlanger, presente desde hace mucho tiempo en Europa, describió de forma sobrecogedora las repercusiones inmediatas de lo que muchos describen como el “11 septiembre” francés. Fue “una jornada durante la cual se sucedieron sirenas ruidosas con los ires y venires de los helicópteros. Una jornada de frenesí mediático, de cordones policiacos, de muchedumbres en pánico y de niños alejados de las escuelas por cuestiones de seguridad. Una jornada, como las dos que le siguieron, de sangre y de horror en París y sus suburbios”. El inmenso repudio mundial provocado por el atentado fue acompañado por una reflexión sobre las raíces profundas de esta barbaridad. “Muchos son los que ven en estos hechos un choque de civilizaciones”, anunciaba un título del New York Times.

Las reacciones de horror y de indignación respecto a estos crímenes son justificadas, al igual que la búsqueda de sus causas profundas, siempre y cuando guardemos en mente firmemente algunos principios. La reacción debería ser completamente independiente de la opinión que se puede tener de ese periódico y del material que produce. Los eslóganes omnipresentes de tipo “Yo soy Charlie”, no deberían indicar, ni siquiera insinuar, ninguna asociación con el periódico, al menos en el contexto de la defensa de la libertad de expresión. Deberían más bien expresar una defensa de al libertad de expresión a pesar de lo que se puede opinar acerca del contenido, y aunque éste sea calificado de hiriente o depravado.

Y esos eslóganes también deberían expresar la condena de la violencia y del terror. El dirigente del Partido de los Trabajadores de Israel y principal contrincante para las próximas elecciones, Isaac Herzog, tiene toda la razón cuando dice que “El terrorismo es terrorismo. No existen dos formas diferentes de considerarlo.” También acierta cuando dice “Todas la naciones que desean la paz y la libertad enfrentan un inmenso reto” respecto al mortífero terrorismo – si dejamos de lado su interpretación selectiva acerca de este reto.

Erlanger describe muy bien la horrible escena. Cita uno de los periodistas sobrevivientes: “Todo se desplomó. No había ninguna escapatoria. Había humo por todos lados. Fue terrible. La gente gritaba. Una verdadera pesadilla.” Otro periodista superviviente describió “una inmensa deflagración antes de ser sumergidos en la absoluta oscuridad.” La escena, según Erlanger, “no era más que un montón de vidrio roto, paredes caídas, maderas retorcidas, pinturas desgarradas y devastación emocional.” Por lo menos 10 personas habrían muerto a raíz de la explosión, otras 20 habían desaparecido, “probablemente enterradas bajo los escombros”.

Esas citaciones, como nos lo recuerda el incansable David Peterson, no son de enero del 2015. En realidad son extraídas de una nota de Erlander del 24 de abril de 1999, que solo alcanzó la sexta página del New York Times, es muy lejos de alcanzar la relevancia del ataque de Charlie Hebdo. Erlanger en realidad describía el resultado de “un ataque con misil sobre la sede de la televisión de estado de Serbia” por parte de la OTAN (es decir los EE.UU.) que “dejó fuera del aire Radio Television Serbia.”

Hubo una justificación oficial. “La OTAN y los representantes estadounidenses defendieron el ataque”, reportó Erlanger, “como parte del esfuerzo para debilitar el régimen del Presidente de Yugoslavia Slobodan Milosevic.” El portavoz del Pentágono, Kenneth Bacon declaró durante una conferencia de prensa en Washington que “la televisión serbia formaba parte integrante de la máquina de terror de Milosevic, al mismo nivel que sus fuerzas armadas”, lo que la convertía por lo tanto en un blanco legítimo.

El gobierno de Yugoslavia declaró: “La nación entera apoya a nuestro presidente, Slobodan Milosevic”, según reporta Erlanger, quien añade que “no queda claro cómo el Gobierno sabe esto con tal precisión.”

Ningún comentario sardónico de ese tipo sería el bienvenido ahora que se puede leer en la prensa que Francia está en duelo y que el mundo está indignado ante los abominables acontecimientos. Tampoco resulta necesario interrogarse acerca de las causas profundas, ni de preguntarse quien representa a la civilización y quien a la barbarie.

Pero Isaac Herzog se equivoca cuando dice “El terrorismo es terrorismo. No existen dos formas diferentes de considerarlo.” Definitivamente sí existen dos formas de considerarlo: el terrorismo no es terrorismo cuando se trata de un ataque mucho más violento pero perpetrado por los que son Justos en virtud su poder. De la misma forma, la libertad de expresión no corre peligro cuando los Justos destruyen un canal de televisión que apoya a un gobierno que están atacando.

Asimismo, se entiende fácilmente el comentario del abogado de derechos cívicos Floyd Abrams, reconocido por su defensa apasionada de la libertad de expresión, publicado en el New York Times y en el que señala que el ataque contra Charlie Hebdo “es la agresión más grave en contra del periodismo de la que se tenga memoria.” Tiene razón de precisar “de la que se tenga memoria”, lo que divide cuidadosamente a los ataques contra el periodismo y los actos de terrorismo en dos categorías: los Suyos, que son horribles; y los Nuestros, que son virtuosos y fácilmente eliminados de nuestra memoria.

Vale la pena subrayar que esto solamente es uno de los numerosos ejemplos de ataques contra la libertad de expresión realizado por los Justos. Para mencionar únicamente otro ejemplo que fue fácilmente borrado de “nuestra memoria”, el ataque llevado a cabo por las fuerzas de los EE.UU en Falluja en noviembre del 2004, uno de los peores crímenes realizados durante la invasión a Irak, que inició con la ocupación militar del Hospital General de esa ciudad. La ocupación militar de un hospital representa en sí, por supuesto, un grave crimen de guerra, independientemente de la forma en la que fue llevada a cabo. Los hechos fueron trivialmente descritos en un artículo publicado en primera plana del New York Times, junto con una fotografía ilustrando el crimen. El texto señalaba que “soldados armados sacaron de las habitaciones a los pacientes y empleados del hospital, y les ordenaron sentarse o tirarse al piso mientras que las tropas los maniataban por detrás.” Esos crímenes fueron descritos como si fuesen altamente meritorios y justificados: “La ofensiva permitió clausurar lo que oficiales describían como una herramienta de propaganda para los militantes: el Hospital General de Falluja, con su flujo de informes sobre el número de víctimas civiles.”

Evidentemente, no se le podía permitir a una agencia de propaganda de este tipo que siguiera escupiendo sus vulgares obscenidades.

Traducción: Luis Alberto ReygadaUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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"Las dos Guerras Mundiales fortalecieron el dólar, para sobrevivir necesitan la Tercera"

Sáb, 17/01/2015 - 08:01
La historia muestra que el valor de dólar aumenta de manera drástica con las crisis y los conflictos mundiales. Para poder sobrevivir en la situación actual, la divisa norteamericana necesita una nueva Guerra Mundial, considera el experto en economía y exconsultante de la ONU Valentín Katasónov La posición de dólar en la economía mundial todavía sigue siendo fuerte pero está en un gran riesgo, considera el doctor en Economía, profesor del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú y exconsultante de la ONU, Valentín Katasónov, en su nuevo artículo.

Varias grandes potencias mundiales pueden unánimemente coordinar sus esfuerzos, unir los recursos e iniciar la conversión de sus reservas en dólares en divisas nacionales, lo que desplomaría el dólar. ¿Qué sería capaz de hacer el Sistema de Reserva Federal (FED, por sus siglas en inglés) para prevenir esta situación?

>Katasónov recuerda las condiciones gracias a las cuales el dólar se ha convertido en la mayor divisa internacional. En 1913, un 47% de las reservas mundiales de divisas eran en libras esterlinas, mientras que un 2% en dólares, pero en 1928 ya fueron un 21% en dólares. ¿Cuál fue la razón de un salto tan grande?

En 1913, el Congreso de EE.UU. bajo la presión de financieros creó la Reserva Federal de EE.UU. que empezó a imprimir los dólares. Estados Unidos por aquel tiempo era el mayor productor industrial del mundo, pero al mismo tiempo tenía una enorme deuda externa, sobre todo ante el Reino Unido. La Primera Guerra Mundial cambia de manera radical la situación convirtiendo al país norteamericano en el mayor acreedor internacional. Y sus aliados principales, Francia y Reino Unido, son los que más se han endeudado ante Estados Unidos.

La Segunda Guerra Mundial fortaleció aún más el dólar. El 70% del oro mundial tras el conflicto lo tenía Estados Unidos, que salió como la economía más fuerte del mundo. Esta situación permitió al país norteamericano imponer el sistema de Bretton Woods en 1944, según el cual las autoridades monetarias de cada país vincularon su moneda al oro. También se decidió la creación del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional con el uso del dólar como moneda de referencia internacional.

Desde el 1970 hasta hoy el precio del petróleo es exclusivamente en dólares. El petróleo es hasta ahora la base de la divisa norteamericana, por lo que es vital para EE.UU. controlar a los países petroleros para que no comercialicen con otras divisas. Para entenderlo, dice el autor, hay que recordar el destino de Libia. En el país se desató una guerra civil y su líder, Muammar Gaddafi, que empezó a vender el petróleo por euros y planeaba hacerlo después por dinar de oro fue asesinado.

Cuando el dólar empieza a depreciarse, EE.UU. provoca un conflicto armado o un cambio de régimen, sobre todo en Oriente Medio, y el valor de su divisa se recupera. El dólar caro asegura para EE.UU. los productos importados baratos para mantener el consumo dentro del país y la posibilidad de comprar por todo el mundo los recursos naturales, activos, empresas y fábricas.

Actualmente, la deuda nacional de EE.UU. asciende a un 104,5% y la deuda exterior, a un 107% del PIB. Se les hace cada vez más difícil mantener estas deudas. Otros países pasan a usar sus monedas nacionales en las relaciones comerciales, se crean las divisas regionales. Para sobrevivir, los funcionarios de la FED tendrán que acudir a su medida favorita: crear conflictos de todo tipo y fortalecer el dólar para que EE.UU. pueda sobrevivir. El dólar necesita una Tercera Guerra Mundial para poder sobrevivir, concluye el autor.
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Ver también: El origen del caos financiero y del desempleo global, Los petrodólares y el interés monetario de las guerras por el petróleoUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Thomas Piketty y la deuda pública

Ven, 16/01/2015 - 13:06
Eric Toussaint, Viento Sur

No podemos más que alegrarnos del rechazo de Thomas Piketty a la Legión de Honor que las autoridades francesas le querían conceder al comienzo de este año de 2015 |1| Algunos días más tarde, en un artículo de opinión publicado en el diario Liberation, Thomas Piketty criticaba severamente al gobierno francés y al alemán, que practican políticas neoliberales y que contribuyen a imponer a países como Grecia y España medidas antisociales en nombre del pago de la deuda. Thomas Piketty escribe: “La palma de la amnesia se la lleva Alemania, con Francia como fiel segundón. En 1945, estos dos países tenían una deuda pública que superaba el 200% de sus respectivos PIB. En 1950, esa deuda había bajado hasta menos del 30 % del PIB. ¿Qué había pasado? ¿Habrían aparecido de repente excedentes presupuestarios que permitieron pagar la deuda? Evidentemente no: fue por medio de la inflación y del repudio simple y llano que Alemania y Francia se liberaron de sus deudas en el siglo pasado. Si hubieran intentado conseguir, pacientemente, excedentes del 1% o 2% del PIB todavía estarían en aquella situación de endeudamiento, y les habría sido mucho más difícil a los gobiernos de la posguerra invertir en crecimiento. Sin embargo, son esos dos países los que aleccionan, desde 2010–2011, a los países del sur de Europa sobre el pago de sus deudas públicas, que deberán hacerlo hasta el último euro. Se trata de un egoísmo corto de vista, puesto que el nuevo tratado presupuestario adoptado en 2012, bajo la presión alemana y francesa, que organiza la austeridad en Europa (con una reducción excesivamente rápida del déficit y un sistema de sanciones automáticas totalmente inoperante) ha conducido a una recesión generalizada en la zona euro.” |2|
Es el momento para que el CADTM trate de nuevo el análisis de la deuda pública propuesto por Thomas Piketty en su libro El capital en el siglo XXI 3|, que se ha convertido durante el año 2014 en un best seller, traducido a varios idiomas. El CADTM se toma la libertad de retomar una parte de los argumentos desarrollados por Thomas Piketty, pero adopta un enfoque diferente con respecto a las soluciones aportadas. En primer lugar se presenta la posición resumida de Piketty, luego se desarrollan las soluciones propuestas por el CADTM. |4|

En su libro de casi 1.000 páginas en su versión original, Thomas Piketty dedica una decena de ellas, muy interesantes, a la cuestión de la deuda pública en el transcurso de los últimos dos siglos, centrando su análisis principalmente en Francia y Reino Unido. Tiene razón cuando afirma que el estudio del pasado en materia de deuda pública es útil para comprender y afrontar los retos de la actual crisis: “Este complejo problema del endeudamiento de los Estados y de la naturaleza de su patrimonio interesa tanto al mundo actual como al de 1800, y el estudio del pasado puede ilustrarnos sobre la muy acuciante realidad del mundo actual. A pesar de que la deuda pública está todavía lejos de alcanzar, en este comienzo del siglo XXI, el nivel astronómico que tenía a comienzos del siglo XIX, al menos en Reino Unido, llega en Francia y en numerosos países a estar muy cerca de esos récords históricos y suscita, indudablemente, aún más confusión en el mundo actual que en la época napoleónica.” |5|

Entre fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, Francia y Reino Unido adoptaron políticas totalmente diferentes en cuestión de deuda pública. Mientras que en los años 1760-1770 la deuda pública alcanzaba cerca del 100 % de la renta nacional en ambos países, cuarenta o cincuenta años después, la situación había cambiado completamente: la deuda pública francesa se elevaba a sólo un 20 % de la renta nacional en 1815, mientras que la británica había explotado y representaba el 200 % de la renta nacional.

¿Cómo se había llegado a esa situación? En Francia, el peso del reembolso de la deuda pública y el rechazo del pueblo a ser el único pagador tuvieron un papel central en la explosión revolucionaria de 1789. Las medidas en curso durante la Revolución redujeron radicalmente el peso de la deuda pública. Piketty resume de la siguiente manera la concatenación de los hechos: “La incapacidad de la monarquía francesa para modernizar sus impuestos y poner fin a los privilegios fiscales de la nobleza es bien conocida, así como la solución revolucionaria final con la convocatoria en 1789 de los Estados Generales, que desembocó en la instauración de un nuevo régimen fiscal desde 1790-1791 —especialmente, mediante un impuesto a la propiedad que obligaba a contribuir a todos los propietarios de tierras y a los derechos de sucesión que afectaban al conjunto de patrimonios— y en la “quiebra de los dos tercios” en 1797 (que en realidad es un default aún más masivo si se tiene en cuenta el episodio de los asignados |6| y de la inflación que se produjo), lo que permitió saldar las cuentas del Antiguo Régimen. Es así como la deuda pública francesa se encontró reducida de golpe a niveles extremadamente bajos a comienzos del siglo XIX (menos del 20 % de la renta nacional en 1815).” |7|

La trayectoria británica es totalmente diferente. Con el fin de afrontar la guerra ante la declaración de independencia de las 13 colonias británicas en América del Norte, y “sobre todo las múltiples guerras con Francia durante el periodo revolucionario y napoleónico, la monarquía británica optó por endeudarse sin límites. La deuda pública pasó así de cerca del 100 % de la renta nacional a comienzos de los años 1770 a cerca del 200 % en 1810, o sea diez veces más que en Francia, en la misma época.” |8|

Piketty explica que el Reino Unido necesitó un siglo de rigor presupuestario con continuos superávit, para reducir progresivamente su endeudamiento a menos del 30 % de la renta nacional a comienzos de la década de 1910.

¿Qué lecciones podemos sacar de la experiencia británica? En principio, no hay ninguna duda, según Piketty, que la importante deuda pública reforzó el peso de los patrimonios privados en la sociedad británica. Los ricos locales prestaron al Estado sin hacerse rogar.

Thomas Piketty prosigue: “… este endeudamiento público tan fuerte, globalmente, sirvió bastante bien al interés de los prestamistas y de sus descendientes, al menos en comparación con una situación en que la monarquía británica hubiera financiado sus gastos haciéndoles pagar impuestos. Desde el punto de vista de los que tienen los medios, es evidentemente mucho más interesante prestar una determinada suma al Estado (y luego recibir los intereses durante décadas) que pagar los impuestos (sin contrapartidas).” |9| Y agrega que el recurso masivo del Estado al endeudamiento público permitió a los banqueros aumentar el tipo de interés, lo que benefició muchísimo a los ricos prestamistas: empresarios, rentistas, banqueros...Y eso era muy similar a la situación que caracteriza a la época actual.

Según Piketty, la diferencia esencial con el siglo XX (véase más adelante) es que la deuda se reembolsaba a precio de oro durante el siglo XIX: “...la inflación fue prácticamente nula desde 1815 hasta 1914, y el tipo de interés correspondiente a los títulos de renta del Estado era considerable (generalmente entre el 4 % y el 5 %) y en particular netamente superior a la tasa de crecimiento. En esas condiciones, la deuda pública podía ser un excelente negocio para los que poseían un patrimonio y para sus herederos.” |10|

Piketty nos propone que imaginemos que: “...la deuda pública... acumulada sea igual al 100 % del PIB. Supongamos que el gobierno no busca pagar el principal sino que se contenta con satisfacer los intereses de cada año... Si el tipo de interés es del 5 %, necesitará cada año pagar el 5 % del PIB a los poseedores de esta deuda pública suplementaria, y así indefinidamente. Eso es lo que, aproximadamente, le pasó al Reino Unido en el siglo XIX.” |11|

Desplacémonos en el tiempo y en el espacio: en Grecia, en 2014, la deuda pública alcanza el 175 %. Si suponemos que el Estado paga la deuda a la Troika y a otros acreedores con un tipo de interés medio del 5 %, |12| y si también consideramos que el crecimiento es nulo |13| y la tasa de inflación también es nula, Grecia tendrá que pagar a sus acreedores hasta las calendas griegas el equivalente al 8 % de su PIB sin reducir el stock de la deuda ya que estaría pagando solamente los intereses. |14|

Volvamos al siglo XIX: el stock de la deuda pública francesa, muy limitado en 1815, aumenta rápidamente en las décadas posteriores y en particular durante las monarquías censatarias (1815-1848). Después de la derrota de Waterloo en 1815, el Estado francés se endeuda fuertemente para financiar las indemnizaciones que debía pagar a los ejércitos de ocupación. Lo hace nuevamente en 1825, para financiar los famosos «mil millones de los emigrados» |15| abonados a los aristócratas exiliados durante la Revolución, para recompensarles, principalmente, por la confiscación de una parte de sus tierras. En total, la deuda pública aumentó el equivalente a más del 30 % de la renta nacional. Bajo el Segundo Imperio, las deudas se pagaron hasta el último céntimo.

Piketty nos recuerda el opúsculo La lucha de clases en Francia (La Lutte des classes en France) redactado por Karl Marx en 1849-1850, en el que denuncia al nuevo ministro de finanzas de Luis-Napoleón Bonaparte, Achille Fould, digno representante de los banqueros y de las altas finanzas, que decidió aumentar los impuestos sobre las bebidas con el fin de poder pagar a los rentistas. Veinte años más tarde, debido a la derrota frente a Prusia en la guerra de 1870-1871, el Estado francés aumentaba aún más la deuda pública para pagar un tributo de guerra equivalente a cerca del 30 % de su renta nacional. Finalmente, la política favorable a los acreedores en materia de endeudamiento, que prosiguió durante el periodo 1880-1914 llevó la deuda pública a un nivel más elevado en Francia que en el Reino Unido: entre el 70 % y 80 % de la renta nacional contra menos del 50 % en la época anterior.

Piketty agrega: “La renta de un título del Estado era una inversión muy segura durante todo el siglo XIX y contribuyó a reforzar la importancia y la prosperidad de los patrimonios privados, de la misma manera que en el Reino Unido.” Su conclusión es que la política de endeudamiento público llevada a cabo en el siglo XIX en Francia y en Reino Unido “permite comprender por qué los socialistas del siglo XIX, comenzando por Karl Marx, tenían una gran desconfianza respecto de la deuda pública, ya que la percibían —con una cierta clarividencia— como un instrumento al servicio de la acumulación del capital privado.” |16| Y prosigue con toda razón al afirmar: “...una gran parte de la deuda pública (...) la posee, en la práctica, una minoría de la población a pesar de que la deuda conlleva también una redistribución importante en el interior del país (...). Considerando la fortísima concentración que siempre caracterizó la distribución de los patrimonios, (...), estudiar estas cuestiones ignorando las desigualdades entre los grupos sociales es lo mismo que silenciar una buena parte de lo que se estudia y de las realidades que están en juego.» |17|

Piketty explica que en Francia se asistió a un cambio importante en el transcurso del siglo xx en materia de gestión de la deuda pública. Los poderes públicos aprovecharon la inflación y la utilizaron para reducir el valor real de la deuda: “La consecuencia para el Estado es que a pesar de una fuerte deuda pública inicial (cerca del 80 % de la renta nacional en 1913) y de los elevados déficits durante el periodo 1913-1950, en particular durante los años de la guerra, la deuda pública francesa se encontraba en 1950 a un nivel relativamente bajo (cerca del 30 % del ingreso nacional), al igual que en 1815. Los enormes déficits de la Liberación fueron prácticamente anulados de inmediato por una inflación superior al 50 % anual durante cuatro años consecutivos, de 1945 a 1948, con una atmósfera política de alta tensión. De alguna manera fue el equivalente a la bancarrota de los dos tercios de 1797: se saldan las cuentas del pasado con el fin de poder reconstruir el país con una baja deuda pública.” |18|

Sobre la base de esta experiencia, se desarrolló en la segunda mitad del siglo XX una visión bien diferente de la de Marx y los socialistas del siglo XIX, fundada en la convicción de que el endeudamiento público podía ser un instrumento al servicio de una política de gastos públicos y de redistribución social a favor de los más modestos.

“La diferencia entre estas dos visiones es bastante sencilla: en el siglo XIX, la deuda se pagaba a precio de oro, lo que beneficiaba a los prestamistas y favorecía el refuerzo de los patrimonios privados; en el siglo xx, la deuda fue ahogada por la inflación pagándose con una moneda devaluada y, de hecho, permitió financiar los déficits por los que habían prestado su patrimonio al Estado, sin tener que aumentar los impuestos en la misma proporción. Esta visión “progresista” de la deuda pública continúa impregnado considerablemente los espíritus en este comienzo del siglo XXI, aunque la inflación desde hace tiempo se redujo a niveles cercanos a los del siglo XIX y sus efectos distributivos son relativamente oscuros.” |19| Thomas Piketty tiene toda la razón al insistir sobre los peligros de una visión unilateralmente positiva de la deuda pública.

¿Cuáles son las propuestas? Tratemos ahora las propuestas que hace Piketty. Desde el principio precisa: “Entiéndaseme bien: no tengo ningún aprecio particular por la deuda pública de la que ya apunté varias veces que a menudo acaba favoreciendo redistribuciones en sentido contrario, desde los más modestos hacia aquellos que tienen los medios para prestar al Estado (y a los que sería preferible hacerles pagar los impuestos).” |20| No podemos dejar de estar de acuerdo con Piketty. Además agrega que el “capital nacional está extremadamente mal repartido, con una riqueza privada que se apoya sobre la pobreza pública, y que, especialmente, tiene como consecuencia que gastamos mucho más en intereses de la deuda que lo que invertimos, por ejemplo, en nuestra enseñanza superior. Por otro lado es una realidad bastante vieja: teniendo en cuenta el crecimiento relativamente lento que se sucede desde los años 1970-1980, estamos en un periodo histórico en el que la deuda le sale globalmente muy cara a las finanzas públicas. Y esta es la razón principal por la que es necesario reducir rápidamente esta deuda (…)”. |21| Para reducir la deuda pública, Thomas Piketty pensó en dos soluciones que posteriormente rechazó y nos propone una tercera. La primera solución era la de privatizar los activos públicos con el objetivo de reembolsar la deuda. La segunda solución consistía en anular la deuda. La tercera que propugna es la recaudación de un impuesto excepcional progresivo “de forma que los patrimonios más modestos no lo tendrían que pagar, y en cambio pedir más a los patrimonios más elevados”. |22|

No nos extenderemos aquí sobre la primera solución ya que es evidente que es algo a combatir. Sabemos que fue puesta en práctica por los gobiernos actuales que prolongan la ola de privatizaciones comenzada en los años 1980-1990.

Con respecto a la segunda solución, la anulación de la deuda que Piketty rechaza, es porque, evidentemente, plantea mal el problema, ya que no piensa en los diferentes escenarios de anulación de la deuda. Sólo menciona explícitamente la fórmula aplicada a la deuda griega en marzo 2012 mediante una operación llamada de haircut, pero existen otras propuestas.

Y tiene razón en rechazar el tipo de anulación parcial de la deuda concebida por la Troika (Comisión Europea, BCE y FMI) para Grecia. Esta anulación estuvo condicionada por medidas que constituyen violaciones de los derechos económicos, sociales, políticos y civiles del pueblo griego, y que hundieron todavía un poco más a Grecia en una espiral descendente. Se trataba de una operación que tenía por objetivo permitir que los bancos extranjeros (principalmente franceses y alemanes) se liberaran del problema con pérdidas limitadas, que los bancos griegos se recapitalizaran a costa del Tesoro Público y que la Troika reforzara en forma duradera su influencia en Grecia. La deuda pública griega representaba el 130 % del PIB en 2009, y después de la anulación parcial llegó al 157 % en 2012, pero en 2013 alcanzó un nuevo máximo: ¡el 175 % del PIB! La tasa de desempleo que era del 12,6 % en 2010 se elevó hasta el 27 % en 2013 (y al 50 % entre los menores de 25 años). Por lo tanto, Piketty tiene razón cuando rechaza ese tipo de haircut que sólo tiene por objetivo mantener con vida a la víctima para poder desangrarla mejor.

Por el contrario, se equivoca cuando no considera seriamente una anulación o suspensión del pago de la deuda decidida por el país deudor, con sus condiciones y bajo control de su ciudadanía. Es lo que hicieron en contextos diferentes Ecuador, en 2008-2009, e Islandia a partir de 2008. Ecuador, basándose en una auditoría organizada por las autoridades del país y realizada con una participación ciudadana activa entre 2007 y 2008, suspendió unilateralmente el pago de una parte de su deuda, la que estaba en forma de títulos que tenían fecha de vencimiento en 2012 y 2030, cuyos principales tenedores eran bancos extranjeros. |23| El resultado fue positivo: Ecuador pudo recomprar el 91 % de los títulos mencionados a un 35 % de su valor. Y como consecuencia, habiéndose ahorrado ese dinero que correspondía al pago de la deuda, pudo aumentar en forma notable los gastos sociales, especialmente en los ámbitos de la educación y de la sanidad pública. Sin embargo, en el caso de Ecuador, no debemos tomar como modelo la experiencia que se está desarrollando, y es indispensable conservar una mirada crítica sobre ella. No obstante, la experiencia ecuatoriana en auditoría y suspensión unilateral del reembolso de la deuda demuestra que es perfectamente posible para un país plantear un acto unilateral fundamentado con argumentos sólidos y, en consecuencia, tener la posibilidad de mejorar los gastos públicos en ámbitos como educación y sanidad.

Por su parte, Islandia rechazó en forma unilateral, a partir de 2008, asumir las deudas de los bancos privados que habían quebrado por su exposición en el exterior. Esto se hizo en un clima de fuertes movilizaciones ciudadanas que presionaron al gobierno islandés para que no cediera ante las exigencias de los acreedores extranjeros, en particular del Reino Unido y de los Países Bajos.

Y, ¿qué pasó luego en Islandia? Debido al desplome del sistema bancario en 2008, Islandia se negó a indemnizar a los ciudadanos de Países Bajos y Reino Unido que habían colocado fondos en las filiales de bancos islandeses, que acababan de quebrar, por un total de 3.900 millones de euros. Fueron las mismas autoridades británicas y neerlandesas las que indemnizaron a sus ciudadanos y exigieron el reembolso de esas indemnizaciones a Islandia. Bajo la presión popular (manifestaciones, ocupaciones de plazas, referéndum), las autoridades de Reykiavik rechazaron esa demanda. Y eso tuvo como consecuencia la inscripción de Islandia en la lista de organizaciones terroristas, la congelación de los haberes islandeses en Reino Unido y la presentación de una denuncia de Londres y La Haya contra Reykiavik ante el Tribunal de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC o EFTA por sus siglas en inglés). |24| Por otro lado, Islandia bloqueó totalmente la salida de capitales del país. Finalmente, ha salido del conflicto mucho mejor que otros países europeos que aceptaron las exigencias de los acreedores… Por supuesto, hay que evitar hacer de Islandia un modelo pero podemos sacar enseñanzas de su experiencia.

Los casos de Ecuador y de Islandia constituyen dos experiencias recientes que deben estudiarse seriamente ya que demuestran que al lado del haircut a la griega u otras formas de reestructuración, existen otras soluciones para la anulación de una deuda. |25| Estos dos ejemplos muestran que desobedecer a los acreedores no es una catástrofe y de ninguna manera acarrea el desmoronamiento del país. Pero volvamos a la posición defendida por Thomas Piketty. Éste está convencido de que una anulación no afectará significativamente a los acreedores más ricos ya que lograrán “reestructurar a tiempo su cartera” y por lo tanto “nada garantiza que aquellos que efectivamente contribuirán serán los que deban hacerlo”. |26| Esta afirmación todavía no ha sido demostrada. Piketty no nos ofrece ninguna prueba basada en ejemplos concretos o en datos estadísticos. Sin embargo, la historia muestra que cuando un país da a entender que podría suspender el pago de su deuda o cuando suspende efectivamente ese pago, el precio de los títulos de la deuda se desploma y es muy difícil para los grandes tenedores de títulos librarse de ellos a buen precio. |27| Eso es lo que pasó en Ecuador entre 2007 y 2009, y todos los que siguen de cerca lo que pasa en los mercados de deuda saben que es prácticamente imposible deshacerse de un gran paquete de títulos sin afrontar pérdidas importantes en caso de suspensión o anulación unilateral de las deudas. Por otra parte, se puede imaginar muy bien que un país decrete la anulación o una suspensión unilateral del pago y tome medidas para indemnizar a los pequeños inversores y proteger el ahorro de los más modestos. Es posible obligar a contribuir a los que deben hacerlo y proteger a los que lo merecen. Tratemos ahora la propuesta que hace Piketty para reducir el peso de la deuda. Después de haber pensado sobre la posibilidad de “… un impuesto proporcional del 15 % sobre todos los patrimonios privados…”, |28| rechaza esa propuesta porque “no tendría mucho sentido aplicar un impuesto proporcional |29| sobre todos los patrimonios privados europeos.” |30| Piketty sostiene que “vale más aplicar un baremo progresivo, de manera que los patrimonios más modestos no paguen y que los patrimonio más ricos paguen más”. |31| Thomas Piketty se pronuncia por una reducción parcial de la deuda del orden del 20 % del PIB. Para alcanzar ese objetivo, propone un impuesto excepcional progresivo: “0 % hasta 1 millón de euros, 10 % entre 1 y 5 millones de euros, y 20 % para los mayores de 5 millones de euros” |32|, aunque indica que podrían aplicarse otros baremos. Debemos lamentar que Piketty no aborde en esta obra la cuestión de la legitimidad de la deuda pública. No podemos dejar de asombrarnos por este hecho, ya que, a lo largo de su libro, demuestra perfectamente que la política fiscal regresiva favorece la acumulación de la deuda pública. Además, como declara varias veces en su obra, los pagadores de la deuda son mayoritariamente los de abajo, de acuerdo a su participación en los impuestos, mientras que los de arriba prestan al Estado por ser una inversión segura. Tampoco propone que la ciudadanía de manera organizada audite la deuda aunque debe saber que desde 2011, en Francia (y en otros países de Europa), se están desarrollando iniciativas de auditoría ciudadana con un cierto dinamismo. |33| La propuesta del CADTM sobre la deuda pública Con el fin de contribuir al necesario debate sobre las soluciones, el CADTM propone que la parte de la deuda pública identificada como ilegítima, cuando no ilegal, no se pague, y eso implica su repudio. El CADTM completa la propuesta con las siguientes disposiciones: 1. Los pequeños tenedores de títulos de deuda pública serán íntegramente reembolsados. 2. Hace suya la siguiente proposición, que completa la precedente: “Cuando se trate de una anulación de deuda pública, será conveniente proteger a los pequeños inversores que han colocado sus ahorros en títulos públicos, así como a los asalariados y jubilados, a los que una parte de sus cotizaciones sociales (jubilación, desempleo, enfermedad, familia) fue invertida por las instituciones u organismos que las gestionan en este tipo de títulos”. |34| 3. La parte de la deuda pública que no sea identificada como ilegítima deberá ser reducida haciendo contribuir a quienes se han beneficiado de la misma. Una de las opciones para hacerles contribuir al coste de la operación consiste en aplicar un impuesto excepcional progresivo sobre el decil más rico. La recaudación de este impuesto servirá para reembolsar anticipadamente una parte de la deuda no considerada como ilegítima. Se puede pensar en otras fórmulas. El CADTM está completamente abierto a la discusión. El procedimiento para identificar la parte ilegítima de la deuda pública que se ha de repudiar o anular se basará en un proceso amplio de auditoría ciudadana de la deuda, que ha de conducir a movilizaciones y desembocar en una decisión de repudio de la deuda por parte de las autoridades públicas. El CADTM avanza sus propuestas participando activamente en diferentes procesos de auditoría ciudadana de la deuda. Será gracias a un debate democrático relacionado con el proceso de la auditoría como se podrá ajustar unas propuestas mayoritarias y será gracias a las movilizaciones que se podrá lograr que sean aplicadas por las autoridades competentes. La auditoría ciudadana también debe permitir la determinación de las diferentes responsabilidades en el proceso de endeudamiento y exigir que los responsables, tanto nacionales como internacionales, rindan cuentas ante la justicia. Si la auditoría demuestra la existencia de delitos relacionados con el endeudamiento ilegítimo, sus autores (personas físicas o jurídicas) deberán ser severamente condenados a pagar reparaciones, ser privados del ejercicio de una profesión relacionada con el crédito (a los bancos culpables se les podría retirar la licencia bancaria), y no podrán eludir las penas de prisión en función de la gravedad de sus actos. Hay que pedir cuentas judicialmente a las autoridades que hayan lanzado empréstitos ilegítimos. Asimismo, es necesario adoptar un marco legar a fin de evitar la repetición de crisis del tipo de la iniciada en los años 2007-2008: prohibición de socializar una deuda privada, obligación de organizar una auditoría permanente de la política de endeudamiento público con participación ciudadana, imprescriptibilidad de los delitos relativos al endeudamiento ilegítimo, nulidad de las deudas ilegítimas, |35| adopción de una regla de oro consistente en que el gasto público que permite garantizar los derechos fundamentales no se puede recortar y tiene prioridad sobre el gasto relacionado con el servicio de la deuda. Un Estado debe poder endeudarse con fin de mejorar las condiciones de vida de la población, por ejemplo, mediante la realización de obras de utilidad pública o la inversión en energías renovables. Algunas de estas obras pueden ser financiadas por el presupuesto corriente, gracias a una opción política atinada, pero el empréstito público puede hacer posible otras obras, de mayor envergadura, como, por ejemplo, pasar del “todo automóvil” a un desarrollo masivo del transporte colectivo; cerrar definitivamente las centrales nucleares y sustituirlas por fuentes de energía renovable; construir o recuperar las vías férreas de proximidad en todo el territorio urbano y semiurbano; incluso renovar, rehabilitar o construir inmuebles públicos y de alojamiento social, reduciendo su consumo de energía y sumándoles servicios de calidad. El CADTM considera que es conveniente definir una política transparente de deuda pública. Su propuesta es la siguiente: 1. El destino del empréstito público debe garantizar una mejora de las condiciones de vida, rompiendo con la lógica de destrucción ambiental. 2. El recurso al empréstito público debe contribuir a una voluntad redistributiva a fin de reducir las desigualdades. De acuerdo a esta propuesta, el CADTM propone que las instituciones financieras, las grandes empresas privadas y los hogares ricos sean obligados por vía legal a comprar, por una suma proporcional a su patrimonio y a sus ingresos, obligaciones de Estado sin interés y no indexadas con la inflación; el resto de la población podrá comprar voluntariamente obligaciones públicas que garanticen un rendimiento real positivo (por ejemplo, el 3 %) superior a la inflación. Así, si la inflación anual se eleva al 3 %, la tasa de interés pagada por el Estado por el año correspondiente será del 6 %. Una medida de discriminación positiva como ésta (comparable a las adoptadas para luchar contra la opresión racial en Estados Unidos, las castas en la India o las desigualdades hombre-mujer) permitirá avanzar hacia una mayor justicia fiscal y hacia una distribución menos desigual de la riqueza. El CADTM considera asimismo que los Bancos Centrales nacionales y el BCE (en el caso de los países de la eurozona) deben financiar el presupuesto del Estado con un tipo de interés tendente a cero. A propósito de la propuesta central de Thomas Piketty: un impuesto mundial progresivo sobre el capital Piketty se inclina por “una actualización adecuada del programa socialdemócrata y fiscal del siglo pasado”. Según él, hay que defender y mejorar tanto el Estado social como el impuesto progresivo sobre la renta. También se debe innovar “instaurando un impuesto mundial y progresivo sobre el capital, acompañado de una transparencia financiera muy grande”. Esta “medida permitiría evitar una espiral de desigualdad sin fin y regular eficazmente la inquietante dinámica de la concentración mundial de los patrimonios”» |36| Piketty no se hace ilusiones sobre una rápida aplicación de su propuesta: “El impuesto mundial sobre el capital es una utopía: uno no se imagina, a corto plazo, al conjunto de las naciones del mundo ponerse de acuerdo sobre su instauración, establecer un baremo de imposición sobre todas las fortunas del planeta, y después repartir armoniosamente la recaudación entre los países. Pero es una utopía útil…”. “A mi entender”, precisa Piketty, “el objetivo debe ser un impuesto anual y progresivo recaudado sobre el capital |37| a escala individual, esto es, sobre el valor neto de los activos que cada uno controla”. |38| Propone tres variantes de este impuesto progresivo sobre el capital privado. 1ª variante: una tasa de 0 % por debajo de un millón de euros; de 1 % entre 1 y 5 millones de euros; de 2 % más allá de los 5 millones de euros. 2ª variante: sumar hacia arriba, 5 % o 10 % más allá de 1.000 millones de euros. 3ª variante: sumar hacia abajo, 0,1 % por debajo de 200.000 euros y 0,5 % entre 200.000 y 1 millón de euros Este impuesto es complementario a lo ya existente, pero puede servir para reducir impuestos actuales (o para reducir la deuda, nota 2, p. 577, capítulo XV). Constituiría un complemento relativamente modesto de los ingresos actuales de los Estados. Este impuesto, aunque muy bajo, permitiría a las autoridades conocer el patrimonio de los habitantes de sus territorios. Piketty añade: “Actualmente, las organizaciones internacionales que tienen la tarea de regular y supervisar el sistema financiero mundial, comenzando por el Fondo Monetario Internacional, no tienen más que un conocimiento extremadamente aproximado del reparto mundial de los activos financieros y, en particular, de la importancia de los activos guardados en los paraísos fiscales.” |39| Entonces, “el impuesto sobre el capital sería una especie de catastro financiero del mundo, que actualmente no existe.” |40| Es necesario apoyar la propuesta de un impuesto progresivo sobre el patrimonio privado o el capital, retomando la expresión empleada por Piketty. Pero no se puede estar de acuerdo con él cuando pretende que hay que dar prioridad absoluta a este objetivo. Se necesita un verdadero programa de medidas complementarias. El impuesto progresivo sobre el capital, así como la anulación de la deuda ilegítima y la reducción radical de la parte de la deuda pública que no se haya identificado como ilegítima, deben formar parte de un amplio programa cuya realización permitirá iniciar una transición hacia un modelo postcapitalista y postproductivista. Un programa como éste, que debería tener una dimensión mundial y europea, comenzando por ponerse en marcha en uno o varios países, comprendería, en particular, el abandono de las políticas de austeridad, la reducción generalizada de la jornada laboral, con contratos compensatorios y mantenimiento del salario, la socialización del sector bancario, una reforma fiscal general, medidas para asegurar la igualdad hombre-mujer y la aplicación de una política determinada de transición ecológica. |41| Piketty tiene la ilusión de que puede convencer de la necesidad de dar prioridad absoluta a su propuesta, mientras que lo que puede ser realmente eficaz y aglutinante es definir una plataforma común de un máximo de fuerzas favorables a un cambio democrático radical a favor de la justicia social. Por otra parte, como se afirma en el texto “Anular la deuda o gravar al capital: ¿Por qué elegir?”: “La crítica fundamental que se le puede hacer a Thomas Piketty es que piensa que su solución puede funcionar aunque se mantenga el sistema actual. Propone un impuesto progresivo sobre el capital para redistribuir las riquezas y salvaguardar la democracia, pero no se cuestiona las condiciones en las que estas riquezas se originan ni las consecuencias que resultan de ese proceso. Su respuesta sólo remedia uno de los efectos del funcionamiento del sistema económico actual, sin atacar la verdadera causa del problema. En primer lugar, admitamos que logramos, mediante un combate colectivo, una imposición al capital, sin embargo, la recaudación generada por este impuesto corre el riesgo de ser succionada por el reembolso de deudas ilegítimas, si no actuamos para que se anulen. Pero sobre todo no nos puede satisfacer un reparto más equitativo de las riquezas, si éstas son producidas por un sistema depredador que no respeta ni las personas ni los bienes comunes, y acelera la destrucción de los ecosistemas. El capital no es un simple “factor de producción” que “juega un papel útil” y por lo tanto, merece “naturalmente” un rendimiento del 5 %, como dice Piketty, es también, y principalmente, una relación social que se caracteriza por la influencia de los que poseen sobre el destino de las sociedades. El sistema capitalista en tanto que modo de producción está en el origen no sólo de las desigualdades sociales, cada vez más insostenibles, sino también del peligro que corre nuestro ecosistema, del saqueo de los bienes comunes, de las relaciones de dominación y de explotación, de la alienación en los mercados, de la lógica de acumulación que reduce nuestra humanidad a mujeres y hombres incapaces de transformar sus pulsiones, obsesionados por la posesión de bienes materiales y despreocupados por lo inmaterial, que, sin embargo, es la base de nuestra vida.” |42| A la vez, una de las características y una de las debilidades de la propuesta de Piketty es que no llama a la movilización social para obtener un cambio de las políticas en curso. Es verdad que es consciente de que la acción de los de abajo desempeñó un papel en las orientaciones tomadas después de la primera guerra mundial, que denuncia la represión que sufrieron los mineros de Marikana en Sudáfrica, en agosto de 2012, pero del centenar de páginas que dedica al final para presentar unas propuestas y reflexionar sobre las soluciones que se deben aportar a los problemas centrales, ninguna de ellas está dedicada a la acción de los ciudadanos organizados, no hace ninguna alusión al movimiento de los Indignados, aunque haya mencionado al movimiento Occupy Wall Street en la parte que precede a sus propuestas. A lo sumo, podemos tener la esperanza de que la divulgación de trabajos como los suyos contribuirán a la concienciación que podrá inducir los cambios. Es una debilidad importante en la trayectoria de Piketty. ¿Hay que asombrarse entonces de que proponga la creación, al lado del Parlamento Europeo, de un “Parlamento presupuestario de la eurozona”? |43| Considera que “este parlamento podría contar con unos cincuenta miembros de cada uno de los grandes países de la zona, a prorrata de la población. Los miembros podrían provenir de las comisiones de finanzas y de asuntos sociales de los parlamentos nacionales, o elegidos de otra forma.” |44| Más adelante, no ve con malos ojos la proposición de “la elección por sufragio universal de un presidente de la Unión Europea, propuesta que lógicamente debería ir acompañada de una extensión de sus poderes”. |45| Piketty sigue la vía de reformas que no cuestionan los tratados ni la arquitectura europea, donde el predominio de los intereses del gran capital es inamovible. Pues bien, es indispensable un cambio fundamental, que pasa por la abrogación de los tratados y la apertura de un proceso constituyente, en el que la ciudadanía, unida en la acción, exija sus reivindicaciones. En conclusión, el trabajo de Thomas Piketty tiene un gran valor por su recolección de datos sobre las desigualdades durante los últimos dos siglos, y ofrece una límpida descripción de su evolución. |46| Su libro constituye un instrumento muy útil y alimenta el debate sobre las alternativas.

El Capital en el siglo XXI. Precisión en la investigación y confusión teórica Así como Thomas Piketty es preciso en la recogida de datos y su obra es útil con su análisis del reparto desigual del patrimonio y de los ingresos, algunas definiciones son netamente confusas y discutibles. Por ejemplo, la definición de capital que propone: |47|

“En todas las civilizaciones, el capital cumple dos grandes funciones económicas: por una parte, para alojarse (es decir, para producir ‘servicios de alojamiento’, cuyo valor se mide por el valor locativo de la habitación; es el valor del bienestar aportado por el hecho de dormir y vivir bajo un techo y no a la intemperie) y por otra parte como factor de producción de otros bienes y servicios…”. Prosigue: “Históricamente, las primeras formas de acumulación capitalista parecen concernir a la vez a los útiles (sílex, etc.) y a los acondicionamientos agrícolas (cercado, riego, drenaje, etc.), así como a los rudimentos de habitación (cavernas, tiendas, cabañas, etc.), antes de pasar a unas formas cada vez más sofisticadas de capital industrial y profesional y de locales de habitación cada vez más elaborados”. Henos aquí sumergidos por Thomas Piketty en una historia de la humanidad donde el capital está presente desde sus orígenes.

Esta importante confusión continúa en los análisis que hace en su libro El capital en el siglo XXI. Para Piketty, un apartamento de un valor de 80.000 euros o un depósito de 2.000 euros en una cuenta de ahorro |48| constituye un capital tanto como una fábrica o un edificio comercial de 125 millones de euros. Evidentemente, en la vida cotidiana, el señor y la señora de la calle consideran que tienen un capital en forma de un departamento que vale 80.000 euros, al que se suma un seguro de vida de 10.000 euros y tal vez 2.000 euros en una cuenta de ahorro postal, y seguramente estarán plenamente de acuerdo con la definición dada por Piketty, los manuales tradicionales de economía y su banquero. Pero se equivocan, pues el capital en la sociedad capitalista no se reduce a esto. El capital es otra cosa diferente de lo que muestran las apariencias, es una relación social que permite a una minoría de la sociedad, el uno por ciento más rico, si se quiere dar una cifra, enriquecerse apropiándose del trabajo de los otros.

Así, cuando Thomas Piketty habla de un impuesto progresivo sobre el capital, considera todos los patrimonios privados, ya sean los 1.000 euros de una cuenta bancaria o la fortuna de Lakshmi Mittal o Liliane Bettencourt.

La confusión prosigue cuando se trata de la renta: la renta del alquiler de un departamento de 80.000 euros es considerada por Piketty una renta del capital, así como la renta que obtiene Liliane Bettencourt de su participación en la firma L’Oréal.

Igualmente, la ganancia que consigue un jubilado de su cuenta en el banco (si tiene 10.000 euros con un 2 % en el 2014, lo que le proporciona 200 euros al año) es considerada una renta del capital por pequeña que sea.

Si pasamos a los salarios, Thomas Piketty considera que todas las ganancias declaradas como salarios son salarios, tanto sea el de un presidente-director general de un banco que percibe un salario de 3 millones de euros al año, como para un empleado bancario que gana 30.000 euros anuales.

Por lo tanto, es pertinente cuestionar el sentido que Piketty da a términos como “capital” o “trabajo” y definir de otro modo lo que se entiende por rentas del capital y rentas del trabajo.

Por ejemplo, el beneficio que se obtiene del alquiler de un bien, de un depósito bancario o de acciones de una empresa no se tendría que considerar un ingreso del capital más que a partir de cierto monto. Asimismo, el patrimonio inferior a cierto monto no se debería considerar un capital.

Y por otra parte, si se quiere entender cómo el uno por ciento acumula capital, hay que ir más allá de reflexiones tales como “a partir del momento en que el capital desempeña un papel útil en el proceso de producción, es natural que obtenga un rendimiento”. |49|

La confusión mantenida por Thomas Piketty, sin duda, hay que relacionarla con sus convicciones: “No me interesa denunciar las desigualdades o el capitalismo como tal, (…) las desigualdades sociales no constituyen en sí un problema, por poco que sean justificadas, es decir, fundadas en la utilidad común…” |50|

Mi crítica de las observaciones de Thomas Piketty no resta nada al interés del panorama monumental que presenta de la evolución de las desigualdades en materia de patrimonio o de rentas en el curso de los últimos siglos.

El artículo original va seguido de un Anexo titulado “El pueblo ecuatoriano contra la deuda pública ilegítima”, que se puede consultar en este enlace: http://cadtm.org/Thomas-Piketty-y-l...
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Traducción: Griselda Pinero
Notas
|1| Sobre este asunto, léase: Hubert Huertas, «Affaire Piketty, histoire d’ une amnésie collective», 3 de enero de 2015 http://www.mediapart.fr/journal/fra...
|2| Para el texto completo: www.liberation.fr/economie/2... |3| Thomas Piketty,El capital en el siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2014. Varios comentarios interesantes ya han sido publicados sobre esta importante obra. Pero no vuelvo a tratar una serie de puntos que ya jan sido abordados, y de entrada comienzo por las enseñanzas prácticas. Entre los comentarios ya publicados: 1.- Véase en la revista Les Possibles de ATTAC Francia «Reflexions sur Le Capital au XXIè. siècle de Thomas Piketty» por François Chesnais http://cadtm.org/Reflexions-sur-Le-..., (y «Elementos de respuestas a François Chesnais» por Thomas Piketty http://cadtm.org/Elements-de-repons... ). 2.- Véase también Jean-Paul Petit en la revista Inprecor: http://gesd.free.fr/jppetit.pdf. 3.- Véase Michel Husson, http://hussonet.free.fr/piketcap.pdf
|4| En el texto siguiente se retoma la segunda parte de ¿Cómo podemos utilizar lo que aprendemos del libro de Thomas Piketty sobre el capitalismo del siglo XXI?, artículo de Éric Toussaint, publicado el 16 de febrero de 2014,.http://cadtm.org/Como-podemos-utili...
|5| Thomas Piketty, op. cit., p. 130, capítulo III.
|6| «El origen de los asignados remonta al mes de diciembre de 1789 cuando fue creada la Caja de lo Extraordinario (Caisse de l’Extraordinaire). Esta caja debería recibir el producto de la venta de los bienes confiscados al clero. Los asignados eran solo simples adelantos sobre la venta de los bienes nacionales. Estos asignados remuneraban un interés. Pero las cosas evolucionaron rápidamente. En septiembre de 1790, los asignados dejaron de conllevar un interés y se reciben «como dinero en efectivo en todos los fondos públicos y particulares». El monto de las emisiones aumenta aceleradamente hasta 1796. Frente a esta proliferación de papel moneda, la garantía de los dominios nacionales a los que se continúa haciendo referencia deviene ilusoria y el valor de los asignados se desploma.» Fuente: http://sceco.univ-poitiers.fr/hfran... consultada el 17 de enero de 2014.
|7| Thomas Piketty, op. cit., p. 145, capítulo. III
|8| Thomas Piketty, op. cit., p.146, capítulo III
|9| Thomas Piketty, op. cit., p. 146, capítulo III
|10| Op, cit., p. 147, capítulo III
|11| Ibidem
|12| En realidad, el tipo es mayor pero hacemos una hipótesis teórica.
|13| La hipótesis de crecimiento nulo es teórica y facilita el cálculo. En realidad, el PIB descendió un 20 % entre 2009 y 2013, y es difícil prever lo que exactamente pasará en los próximos años. |14| Haced el mismo razonamiento para Portugal, cuya deuda pública representa el 130 % de su PIB en 2014, y cuya tasa de crecimiento es nula (incluso se redujo entre 2011 y 2013), y una inflación muy baja. Portugal paga con un tipo aproximado del 6,5 %, y durante largos años deberá reembolsar un equivalente al 8,5 % de su PIB. Italia paga su deuda pública, que alcanza el 133 % del PIB, con un tipo de interés del 5 %, así que durante muchos años deberá reembolsar el equivalente al 6,5 % de su PIB. Eric Toussaint hace la precisión de que las cifras mencionadas anteriormente forman parte de una hipótesis teórica, aunque son próximas a la realidad. Estos ejemplos no comprometen en absoluto a Thomas Piketty.
|15| Véase: http://fr.wikipedia.org/wiki/Loi_du...
|16| Thomas Piketty, op. cit., p. 147, capítulo III.
|17| Ibidem, p. 152
|18| Idem, p. 149.
|19| Thomas Piketty, op. cit., p. 149, capítulo III
|20| Idem, p.635, capítulo XVI.
|21| Idem, p. 636.
|22| Thomas Piketty, op. cit., p. 608, capítulo XVI
|23| Como recordatorio, Éric Toussaint participó en esa auditoría durante 14 meses, en 2007-2008, como representante del CADTM
|24| El tribunal de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC), que no tiene nada de asociación altermundialista, «dio la razón» a Islandia, Véase CADTM : «El tribunal de la AELC (Asociación Europea de Libre Comercio) rechaza las reclamaciones por el litigio «Icesave» contra Islandia y sus habitantes» http://cadtm.org/El-tribunal-de-la-... publicado el 30 de enero de 2013.
|25| Muy a menudo, algunos comentaristas replican que los casos de estos dos países son totalmente diferentes de los países de la Unión Europea. Por supuesto, que hay diferencias evidentes pero estaríamos equivocados en desdeñar estas experiencias. Los que profesan ese desdén muestran sobre todo ignorancia de la complejidad de las situaciones que las autoridades encontraron y parcialmente lograron superar.
|26| Thomas Piketty, op. cit., p. 608, capítulo XVI.
|27| Los haircuts propugnados por el FMI y los gobiernos de los grandes países acreedores tienen justamente por función limitar las pérdidas de los grandes acreedores privados mediante una reestructuración ordenada. En mi Tesis doctoral, mostré cómo el plan Brady constituye un modelo del género. Véase «Enjeux politiques de l’ action de la Banque mondiale et du Fonds monétaire international envers le tiers - monde», Tesis doctoral en Ciencias Políticas presentada en 2004 en las Universidades de Lieja y París VIII, se puede descargar: http://cadtm.org/Enjeux-politiques-... . Véase también mi libro Banco Mundial, El Golpe de Estado Permanente, El Viejo Topo Mataró-Barcelona, 2007 Se puede descargar en francés: http://cadtm.org/Banque-mondiale-le...
|28| Thomas Piketty, op. cit., p. 607, capítulo XVI.
|29| Aquí podemos leer en la web oficial de la Administración francesa define el impuesto proporcional «Un impuesto proporcional aplica un gravamen idéntico cualquiera sea la base sobre la que se impone (por ejemplo: el impuesto sobre sociedades). La base de la imposición designa las magnitudes económicas (ingresos, patrimonio, volumen de negocios…) que sirven de base al cálculo del impuesto. Los partidarios de la proporcionalidad consideran que es un modo de cálculo justo ya que cada uno contribuye con el mismo porcentaje de sus ingresos. (…) Los impuestos proporcionales son, además, generalmente más fáciles de calcular y, por lejos, menos costosos para implementar. Con el impuesto progresivo, el tipo aplicado aumenta con la base de imposición (por ejemplo: el impuesto sobre la renta, cuanto más elevada sea la renta, el tipo aplicado es mayor). Fuente: http://www.vie-publique.fr/decouver... Hay que señalar que Thomas Piketty define en su libro el impuesto proporcional de la misma manera que la Administración francesa.
|30| Thomas Piketty, op. cit., p. 608, capítulo XVI.
|31| Idem.
|32| Op. cit., p. 609.
|33| Véase Red Internacional para la Auditoría Ciudadana de la deuda ICAN (International Citizen debt Audit Network), http://cadtm.org/ICAN,750
|34| Thomas Coutrot, Patrick Saurin y Éric Toussaint, «Anular la deuda o gravar al capital: ¿Por qué elegir?», http://cadtm.org/Anular-la-deuda-o-..., publicado el 31 de octubre de 2013.
|35| Véase Eric Toussaint, «La Constitution équatorienne: un modèle en matière d’endettement public», http://cadtm.org/La-constitution-eq..., publicado el 27 de diciembre de 2010.
|36| Thomas Piketty, op. cit., p. 574, capítulo XV.
|37| Se debe tener presente que Piketty da una definición del capital privado que engloba los haberes mobiliarios e inmobiliarios correspondientes al 50 % más modesto.
|38| Thomas Piketty, op. cit., p.576, capítulo XV.
|39| Idem, p. 578.
|40| Idem, p.579.
|41| Véase el texto antes citado de Thomas Coutrot, Patrice Saurin y Éric Toussaint «Anular la deuda o gravar el capital: ¿Por qué elegir?», http://cadtm.org/Anular-la-deuda-o-... también: Damien Millet y Eric Toussaint, «Europa: ¿Qué programa de urgencia frente a la crisis ?» publicado el 22 de junio de 2012, http://cadtm.org/Europa-Que-program...
|42| http://cadtm.org/Anular-la-deuda-o-...
|43| Thomas Piketty, op. cit., p. 626, capítulo XVI.
|44| Idem, nota 28, p. 626.
|45| Thomas Piketty, op. cit., p. 626, capítulo XVI.
|46| Este aspecto fundamental del libro de Piketty se ha desarrollado en la primera parte de. http://cadtm.org/Como-podemos-utili... publicado el 16 de febrero de 2014.
|47| Thomas Piketty, op. cit., p. 235, capítulo VI.
|48| Se debe señalar que el monto de dinero existente en Francia en las cuentas de ahorro, cuentas corrientes, etc. representan sólo el 5 % aproximado del patrimonio privado.
|49| Thomas Piketty, op. cit., p. 465, capítulo XI.
|50| op. cit., p. 46, Introducción.
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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