Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger4357125
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La coyuntura argentina a 10 años del kircherismo

Dom, 26/05/2013 - 09:00
Julio Gambina, AlaiNet.org

Al cumplir una década de gobiernos kirchneristas, la política económica se ejerce desde la intencionalidad de mantener el nivel de actividad ante la desaceleración económica; la disputa con los empresarios por el control de los precios; la captura de dólares para cancelar deuda y la factura de combustibles; junto a problemas estructurales que definen el modelo productivo y de desarrollo.

En ese sentido destaca el incremento de las asignaciones familiares que supone una apuesta al consumo ante lo esquivo que resultan las inversiones privadas. El crecimiento se define entre el consumo, la inversión y el saldo positivo del comercio externo, siendo el consumo una de las pocas variables que aún puede inducir el gobierno.

Claro que puede entenderse como medida pre electoral y ante un acto masivo de festejo por una década de gobiernos kirchneristas, pero la realidad es que una masa importante de sectores de menores ingresos percibirá una cantidad de ingresos necesaria para enfrentar la dura cotidianeidad de la inflación.

La cuestión de fondo es que la economía argentina no crece a buen ritmo y ya no genera empleos, incluso los pierde, con el índice del desempleo en ascenso, tal como mide el INDEC. Por eso se apuesta a políticas activas que favorezcan el consumo popular, agredido por el crecimiento de los precios, que afectan especialmente a los más pobres y de menores ingresos.

Los precios son un problema de la coyuntura, que afectan a los de abajo, y que el gobierno no incluye en su diagnóstico, si nos atenemos a las mediciones del INDEC. Sin embargo, la presidenta enfrentó a los empresarios señalando que son ellos los fijadores de precios y no el gobierno. Lo señaló en simultáneo con el anuncio del fin al acuerdo de precios, que no tuvo resultados positivos evidentes. La continuidad del control remite al acuerdo de precios sobre 500 productos de consumo masivo. Habrá que ver sus resultados.

Pero la novedad fue el anuncio de controles con la militancia de organizaciones sociales y políticas, los que cubrirán una actividad principalmente sobre el comercio. En varias ocasiones hemos sostenido la necesidad del control popular sobre los precios, el que se ejerce principalmente desde los trabajadores en las principales empresas, las que definen los precios. El conflicto social en la Argentina, contra empresarios, e inclusive contra el gobierno, no favorece una política de control popular de precios. No es el mejor clima para una campaña que involucre a los trabajadores. Es un comentario válido incluso para las corrientes sindicales proclives al gobierno, las que disputan contra los empresarios, y a veces contra el gobierno, en las convenciones colectivas.

Cuestiones estructurales en discusión
Pero más allá de la adhesión o no al gobierno existen problemas estructurales que alejan al movimiento obrero del gobierno. En este sentido se destaca que no hay personería jurídica para la CTA, y hace más de dos décadas que la CTA pelea por su legitimidad. Una legitimidad que parece destinada a lograrse en la lucha y organización cotidiana, tal como se pondrá en juego este 29/5 en conmemoración del Cordobazo y por un conjunto de reivindicaciones muy concretas, como el salario, las jubilaciones, las paritarias, pero también la condena al pago de la deuda externa pública y el reclamo por otro modelo productivo contra la sojización y la mega minería.

Queda claro que la evolución de los precios es un problema de la coyuntura, y las medidas de acuerdo o de control militante lo prueban, pero se insiste en reconocer la mentira estadística. Es un problema que requiere solución, en el camino que reclaman los propios trabajadores del INDEC, que demandan la normalización del ente y al mismo tiempo, una política de combate a la inflación controlando muy pocas y grandes empresas que fijan precio en la Argentina. En ese marco se destaca la media sanción en el Senado de la Ley de exteriorización de dólares, o blanqueo, que más allá de los efectos o consecuencias económicas remite a problemas estructurales del capitalismo contemporáneo, no solo local, el “normal” o “serio”, que le dicen. Es que el capitalismo de época se asocia crecientemente al delito, a la fuga de capitales y la trata de personas, la droga, y múltiples formas de negocio que incluye la corrupción. El dato sustancial es que la batalla por el dólar es una disputa entre las clases dominantes. Es un juego en el que no entran los de abajo. El gobierno necesita los dólares porque no los fabrica y sus fuentes genuinas fallan, sea por la tendencia al achique del superávit comercial, el ingreso de divisas por inversiones que son esquivas, y la ausencia de crédito internacional barato. La urgencia de hacerse de dólares es para cumplir con las exigencias de una deuda externa pública que condiciona fuertemente a la economía local y la agigantada factura de combustibles ante la crisis energética local.

Como vemos, la coyuntura es exigente para el gobierno y evidencia las tensiones que están en juego. Por un lado existe la presión de sectores de las clases dominantes para mejorar sus posiciones ante la situación de crisis y la desaceleración económica. Cada cual atiende su juego. Los empresarios hegemónicos ganaron mucho con la recuperación 2003-2007 y con la suba de precios disputan la renta socialmente generada. Ahora van por más y quieren fugar capitales por la vía de la libre circulación de las divisas. Es una disputa por la tenencia de los dólares.

El problema es el para qué se disputan esas divisas. El sector privado hegemónico pretende abaratar la fuga de capitales, su manera de salirse del peso y ahorrar en activos externos. El gobierno, como dijimos, para pagar deuda e importación de energía. Pero también existe la presión de los de abajo, por salario e ingreso, por condiciones de trabajo y por derechos sociales extendidos, de educación o salud, entre otros.

Lo que está en discusión es el orden económico y dentro del que rige, quien lo administra. Para ser más claros, en el balance de la década kirchnerista hay que colocar el objetivo que se propuso Néstor Kirchner en su discurso de asunción hace 10 años. Allí se pronunciaba por “reconstruir el capitalismo nacional”.

Puede discutirse el carácter nacional, especialmente por la ausencia de una burguesía de carácter nacional, es decir, antiimperialista, pero no debe negarse que el capitalismo local superó los problemas económicos (valorización de los capitales) de la recesión 1998-2002 con años de crecimiento a un promedio del 8% entre 2003 y 2011, salvo el 2009, pero desde el 2010 el curso de la evolución económica se presenta errática y con tensiones sociales que intentan ser contenidas con política social masiva favorecida por recursos fiscales provenientes de la primarización exportadora del país, una cuestión estructural que comparte con toda la región latinoamericana.

Ahora, en esa recuperación los que más ganaron son las transnacionales, no solo vinculado a la soja o la mega minería, sino las terminales automotrices, los bancos, especialmente los transnacionales, a la cabeza del ranking de rentabilidad en los últimos tres años.

El capitalismo local se transnacionaliza crecientemente y no puede ser de otra forma. El capitalismo es un régimen mundial y la agenda deviene de la deseada normalización ante la crisis. Entre otras manifestaciones de la crisis está la energética, y el país expropió parcialmente a YPF para desplazar al capital externo, REPSOL, sin embargo, para asegurar la producción de los no convencionales acude a la CHEVRON, una de las grandes operadoras monopólicas del mercado mundial. En ese camino involucra a la ANCAP, la estatal petrolera de Uruguay y a la YPFB, la petrolera boliviana. Nuestro interrogante es si esas empresas y otras de la región no podrían pensar en estrategias alternativas para un manejo soberano de la energía, lo que demandaría discutir el para qué del petróleo, el gas y la energía en la región. Es un camino complejo no solo por la CHEVRON, demandada por poblaciones de pueblos originarios del Ecuador por 19.000 millones de dólares, cuestión que camina en la Justicia Argentina, por ahora. Es complejo decimos, porque ya existen cinco municipios en nuestro país que se pronunciaron contra la tecnología de la fractura hidráulica, el fracking, para extraer el “shale oil” o el “shale gas”, o hidrocarburos no convencionales. Nuevos “Famatimas” se anuncian en el horizonte.

¿Quién administra el capitalismo? ¿Se puede pensar más allá del capitalismo?

Esa es una de las discusiones en boga, y cada quién constituye su sujeto.

Unos con actos y militancia, sueldos en el Estado, e incluso mística disputada desde una política de medios y con un relato que pretende apropiarse y recuperar la epopeya de los 70´.

Otros con medios monopólicos y redes sociales que alimentan una subjetividad más propia de los 90’ para revertir la inflexión estructural que habilitó la rebelión del 2001.

Esa es la disputa más visible, los que están de un lado y los que están del otro.

¿Es la única disputa posible? No, existe una masa considerable que avala ciertas actitudes de un lado y/o del otro, pero que transitan sin referencia que pueda aglutinar una posición política alternativa.

Esa referencia también estuvo en disputa en estos años, y por variadas razones esas expectativas se frustraron, quedando vacío ese espacio político.

Uno de los problemas es que algunos sectores que pretendieron, o pretenden mostrarse como alternativa a los dos bloques principales que disputan el escenario político, no definen un rumbo anti capitalista, es más, se presentan como prolijos administradores del capitalismo existente.

No hace falta una tercera opción para administrar el capitalismo realmente existente, ni serio, ni normal, el que se pudo construir. Se necesita otro modelo productivo y de desarrollo, una sociedad que privilegie la satisfacción de las necesidades sociales más extendidas, que apunte a la des-mercantilización de la educación, la salud, la energía; que aliente la soberanía alimentaria, energética y financiera asociada a los otros países de la región, no para subordinar la estrategia productiva al gran capital, sino para promover una integración alternativa, anti sistémica, contra el capitalismo real asociado al delito, a la militarización y el empobrecimiento de las mayorías, en definitiva a un nuevo orden local y mundial.

En una nueva fecha de homenaje a la revolución de mayo, necesitamos reivindicar la revolución, ayer contra la corona española y hoy contra la dominación capitalista, en el país, en la región y en el mundo.

El mejor homenaje a la revolución es continuar luchando por la revolución en nuestro tiempo, un proceso integral, económico, político, ideológico, cultural, civilizatorio. Es un camino con mucha historia y muchas derrotas, pero con expectativas por el laboratorio de cambios en la región en este comienzo del Siglo XXI. No son vanas esperanzas, son expectativas para desarrollar subjetividad por otro mundo posible, anticapitalista y por el socialismo.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La quinta Alemania, un modelo para el fracaso europeo

Sáb, 25/05/2013 - 06:08
Rafael Poch, La Vanguardia

En la historia de la Europa contemporánea ha habido cinco Alemanias. La primera es la fragmentada y preindustrial Alemania anterior al siglo XIX, un mosaico multinacional que sobrevivió hasta Napoleón reivindicando una legitimidad imperial romana sin llegar nunca a ser verdadero Estado. La segunda aparece con la unificación bismarckiana posterior a la guerra franco-prusiana y se extiende bajo batuta prusiana hasta más allá de la Primera Guerra Mundial, con su crítico apéndice republicano de Weimar. La tercera Alemania fue la de Hitler y Auschwitz, un régimen de doce años particularmente trágico y nefasto que concluye con el fin de la Segunda Guerra Mundial. La cuarta es la Alemania doble de posguerra, tutelada por las potencias de la guerra fría; una mezcla de capitalismo y democracia en el Oeste, la RFA, y una mezcla de socialismo y dictadura en el Este, la RDA.

Todas estas Alemanias tuvieron algunos breves y fallidos contrapuntos emancipadores, desde las revoluciones de 1848 y 1918, hasta los movimientos de 1968 en la RFA y de 1989 en la RDA, pero, en general, el papel de este país en la historia europea se ha caracterizado por su condición de vanguardia continental de la contrarrevolución restauradora, la reacción absolutista y un agresivo belicismo.

Desde ese pasado, la quinta Alemania arranca de la reunificación nacional de 1990, a partir de la anexión de la RDA por la RFA, pero es ahora, con la eurocrisis, cuando comienza a manifestarse, haciendo un uso pleno y normalizado de su recuperada soberanía y potencia. La principal novedad que esta quinta Alemania aporta respecto a la anterior tiene dos aspectos.

El primero es el de su regreso, paulatino pero decidido, a un intervencionismo militar en el mundo que comenzó en los mismos años noventa en los Balcanes y que hoy ya abarca desde Afganistán a África. En ese ámbito Berlín aún está por detrás de otras grandes naciones europeas, pero ya ha invalidado definitivamente el Nie wieder Krieg (Guerra, nunca más) del canciller Willy Brandt, la posibilidad de ser una gran Suiza europea y el antiimperialismo, al que tanto apego tuvieron los alemanes de la RFA y de la RDA, respectivamente, desde la posguerra hasta los años ochenta del siglo XX. Hoy, con el pasivo desagrado de sus ciudadanos, el establishment alemán justifica sumarse militarmente al dominio imperial de occidente en el mundo, apelando abiertamente a la necesidad y legitimidad de acceder a recursos energéticos y materias primas globales. Esa es una novedad muy significativa.

El otro es un liderazgo europeo, dogmático, egoísta y arrogante, para imponer el programa de involución neoliberal impulsado desde los años setenta desde el mundo anglosajón y que la crisis financiera de 2008 ha convertido en rodillo. Al día de hoy este liderazgo apunta a profundizar la desigualdad, social y entre países. Su prioridad es el cobro íntegro de todas las deudas bancarias generadas por los malos negocios del sector financiero internacional a costa del sufrimiento de las clases medias y bajas europeas. Ese esquema conduce directo hacia una ruptura desintegradora del proyecto europeo. Dicho proyecto, del que la Unión Europea es resultado, fue formulado a partir de los años cincuenta del siglo XX como alternativa a la desastrosa y agresiva Europa guerrera que en los últimos siglos enfrentó crónicamente a unas naciones contra otras y solo por eso ya debe ser considerado útil y valioso.

El rechazo a estas dos grandes novedades de esta quinta Alemania es lo que marca en el país la diferencia entre izquierda y derecha. Las fuerzas y corrientes políticas minoritarias que en la Alemania de hoy rechazan el regreso al intervencionismo militar y el neoliberalismo que profundiza la desigualdad, encoge la democracia y amplía el privilegio de una minoría, son inmediatamente expulsadas del sentido común por el establishment alemán y declaradas “irresponsables” e “incapacitadas para gobernar” (regierungsunfähig).

Más que un sistema de partidos de izquierdas y derechas, conservadores o liberales, el sistema político alemán es un conglomerado que engloba a toda esa variedad en una disciplina superior y común de defensa del capitalismo. Esa esfera compacta, condena y expulsa a la marginalidad a quienes la ponen en cuestión y es ejemplo de la degeneración absolutista y oligárquica a la que conduce la mezcla de democracia y capitalismo en los países más ricos del mundo a principios del siglo XXI.

Ninguna fuerza política llegará al poder en Alemania sin haber previamente sintonizado con el programa general del establishment. La evolución de las fuerzas políticas con intenciones de cambio, desde los socialdemócratas en su día hasta los verdes hace mucho menos, y quien sabe si Die Linke en el futuro, es una trayectoria de adaptación al sentido común del establishment. Lejos de ser un rasgo exclusivo del sistema alemán, lo que destaca en Alemania de ese fenómeno general es su estabilidad: ese conglomerado de poderes fácticos de grandes consorcios empresariales y financieros, lobbys industriales, con sus sólidos anclajes políticos y mediáticos, está particularmente organizado y bien articulado en el país.

Elemento central de esa estabilidad es la cultura nacional de la obediencia debida a la autoridad, un particular culto al Estado, concebido como una institución neutral, superior y abstracta, y una predisposición al acatamiento automático de las jerarquías. A ello se suma una tradición de consenso e integración, enemiga del conflicto y del desorden como vías legítimas de resolución del choque de intereses. El contraste de esta cultura política, la tradición del Untertan, del súbdito razonable del orden absolutista descrito en la célebre novela de Heinrich Mann, con la tradición francesa y republicana del rebelde citoyen, ha inspirado todo tipo de reflexiones que hoy continúan siendo actuales para todo el continente.

Este libro presenta unos brochazos de esta quinta Alemania en un momento en el que Europa mira hacia Berlín con cada vez más prevención y desconfianza. “Un país que vuelve a dar miedo”, como señalaba el titular de un semanario germano. La involución neoliberal que Alemania encabeza y los delirios de hegemonía europea que proyecta el subidón nacional de la quinta Alemania, está incrementando la germanofobia y el antieuropeísmo, particularmente en la Europa del Sur, cuya población era hasta hace poco muy favorable al europeismo –y no solo por la lluvia de millones recibidos de los fondos de cohesión.

Si dos anteriores Alemanias desembocaron en grandes guerras, la quinta Alemania apunta claramente hacia la desintegración europea.

Los autores no quieren contribuir a ninguna fobia nacional ni tampoco a una reacción antieuropeísta que no proponga refundación ciudadana del proyecto. Lo que pretenden es informar sobre el lamentable papel que el establishment alemán, que forma parte de un orden mundial multinacional, está desempeñando en la actual crisis europea, en el bien entendido de que ese orden también vulnera los intereses de la mayoría social en Alemania.

Las primeras víctimas de la involución llevada a cabo por la elite empresarial y política alemana fueron los propios alemanes. En los últimos veinticinco años, la actual República Federal ha sufrido una transformación radical. Más desigualdad en un país que era relativamente nivelado para criterios europeos, estancamiento salarial, generalización de la precariedad socio-laboral en un país en el que la seguridad del puesto de trabajo era considerable, avance de la pobreza y de la desolidarización, recorte de un sistema de garantías sociales que en su día fue sólido y ancho, rebaja de impuestos a los ricos y mayor apertura al negocio privado en el ámbito de la sanidad y las pensiones. Según las últimas encuestas del conservador Instituto Allensbach de demoscopia, los alemanes son perfectamente conscientes de ello: un 70% constata una inflexión en justicia social, particularmente en la distribución de la riqueza, y considera que las cosas han empeorado en los últimos años. Ese cambio brutal se ha inducido gradualmente en las dos últimas décadas, y es presentado mediáticamente como un éxito e incluso como una especie de segundo milagro económico al lado del de la posguerra, en contradicción con la experiencia de la mayoría de los ciudadanos. Eso es en gran parte posible porque, observada en el contexto de crisis europeo, especialmente comparada con los países del sur que han sufrido la misma medicina en dosis mayores y en plazos mucho más breves con consecuencias aún más brutales, la situación socio-laboral alemana es mucho mejor. Esa circunstancia atrae hacia Alemania a no pocos jóvenes, y no tan jóvenes, españoles sin futuro laboral en su país. Frecuentemente llegan al país muy mal informados sobre lo que les espera ahí.

Toda propaganda debe incluir algún anclaje con la realidad para ser eficaz y ese es el caso de la relativa e incierta salud de Alemania en la crisis. Relativa porque siendo cierta para los beneficios empresariales, no lo es para la mayoría de asalariados que, sin embargo pueden consolarse comparando su situación con la mucho peor que rige en otros países. Incierta porque se basa en una estrategia exportadora que en los últimos veinte años ha acentuado su dependencia de la coyuntura global hasta hacerla extrema. Esa dependencia es inquietante porque en caso de enfriamiento o colapso puede hundir todo el edificio alemán con gran facilidad. A diferencia de China, que dispone de un gran mercado interno y es consciente de los problemas de esa excesiva dependencia, Alemania no parece preocupada por ello.

Este libro presenta un panorama muy general de todo lo que aquí se ha señalado. Es una visión apresurada y provisional que utiliza focos de diverso tamaño, desde el más amplio, con una perspectiva de varias décadas, hasta el más concreto que describe realidades de la semana pasada, pasando por el proceso político de los últimos años. Si tras su lectura la realidad alemana ha quedado algo más clara al lector español, habrá cumplido su objetivo.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Los multimillonarios chilenos doblan a los estadounidenses en la acumulación de la riqueza

Ven, 24/05/2013 - 03:57

Según datos de Forbes, la riqueza de los billonarios en Chile como % del PIB es de 24,7%. Este es el nivel más alto a nivel mundial como muestra la gráfica. Como % del PIB la riqueza de los billonarios estadounidenses llega al 12,5%, en Egipto llega a 8,1% mientras en Malasia llega al 16,9%... Somos un paraíso para los billonarios.

Ver también: Chile: Top ten en desigualdad, Chile sigue siendo top ten en desigualdad

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El triunfo de los bancos zombis y la irresponsabilidad financiera

Mér, 22/05/2013 - 19:23

Andrés Mourenza, EurasianHub

Grecia, uno de los primeros países quebrados de la Eurozona, es un espejo en el que leer el futuro inmediato. A pesar de las continuas consignas de los gobiernos europeos que repiten como un mantra “Nosotros no somos Grecia”, las políticas aplicadas y sus consecuencias se han venido repitiendo de una forma u otra en los restantes países con problemas. Ahora, en el país mediterráneo se está llevando a cabo un ingente proceso de concentración bancaria, en el que las entidades financieras se devoran unas a otra para crear monstruos más voraces, en un festival caníbal alegremente financiado con dinero público sin importar la irresponsabilidad con la que hayan actuado los bancos. Una de las pocas consecuencias previsibles de esta crisis será el fortalecimiento de los bancos, que han conseguido darle la vuelta a la crisis y hacer de una debacle financiera, una crisis de los Estados. Grecia es una buena muestra de ello.

“Si te debo una libra, yo tengo el problema; pero si te debo un millón, el problema lo tienes tú”. Este aforismo del economista John Maynard Keynes ha sido utilizado profusamente en los últimos años para explicar la situación de crisis actual, y con todo el peso de la razón. La paradoja contenida en esta frase es sólo aparente pues, en efecto, en el caso de grandes deudas, los acreedores son los que más deben preocuparse por la solvencia del deudor, como se pone de manifiesto cuando un gobierno no corre a rescatar a un hipotecado moroso (deuda pequeña), pero sí a un banco, cuya quiebra podría suponer dejar un enorme reguero de deudas (en depósitos, acciones, bonos o cualquier otro tipo de obligación financiera). Es el famoso lema “too big to fail” (demasiado grande para dejarlo caer o quebrar) popularizado en el Congreso de Estados Unidos en la década de 1980 y ahora recuperado bien sea aplicado a bancos, empresas o economías nacionales.

La consciencia de este hecho ha creado un sistema que el economista griego Yanis Varoufakis, en su libro El Minotauro global, ha llamado “quiebrocracia” (bankruptocracy), un sistema en el que los bancos más grandes, y por tanto más proclives a dejar un gran agujero en la economía del sistema en caso de quiebra, tienen –hablando en plata- cogidos por los huevos a los Estados. Muy pronto al inicio de la crisis, los banqueros se dieron cuenta de que, por muy irresponsable que hubiese sido su comportamiento financiero, podían contar con el dinero de los contribuyentes para salvar sus entidades. Sólo había un requisito: que el banco fuese grande, cuanto más grande mejor. En ese caso se podía justificar tranquilamente el rescate de la empresa dado que no hacerlo entrañaría riesgos aún mayores.

La señal inequívoca de que este era el comportamiento a seguir fue Lehman Brothers. Cuando entre el verano de 2007 e inicios de 2008, la burbuja que se había formado debido a la desregulación que permitió la financiarización de la economía, la titulización y comercio abusivo de productos tóxicos (como las llamadas hipotecas basuras u otro tipos de préstamos con alto riesgo de impago) y el comportamiento irresponsable de los diversos actores económicos –desde inversores a reguladores- comenzó a pinchar, los gobiernos decidieron nacionalizar bancos como Northern Rock (Gran Bretaña), subvencionar con dinero público la adquisición privada del banco estadounidense de inversión Bear Stearns por JP Morgan y rescatar los institutos hipotecarios también estadounidenses Freddie Mac y Fannie Mae. En cambio, cuanto le tocó el turno de la quiebra a Lehman Brothers, el cuarto mayor banco de inversión en su país, el Tesoro de EEUU decidió que esta vez la entidad sí debía expiar su pecados. “En las extraordinariamente tensas condiciones de septiembre de 2008, dejar quebrar a este banco fue una metedura de pata de proporciones colosales porque eliminó cualquier vestigio de confianza entre los bancos. Después de todo, Lehman no había hecho nada que otras muchas instituciones financieras no hubieran hecho. De repente, se volvió extremadamente peligroso prestar a otras instituciones financieras o comprar sus acciones. Las fichas de dominó comenzaron a caer inmediatamente, demostrando lo imprudente que es, en una crisis capitalista sistémica, basar la intervención del gobierno en el principio del ‘riesgo moral’”, escribe otro economista heleno, Costas Lapavitsas, en su El capitalismo financiarizado.

“Riesgo moral” (moral hazard) es una forma suave de llamar a lo que se podría calificar, sin ambages, como “irresponsabilidad moral” si tomamos en cuenta su definición más extendida, como la que hace el Premio Nobel de Economía Paul Krugman: “una situación en la que una persona toma la decisión de cuánto riesgo correr mientras que otra asumirá el coste si las cosas van mal” (The Return of Depression Economics and the Crisis of 2008). Si bien las ideas liberales sobre las que se funda el capitalismo han defendido siempre que el riesgo de la inversión es individual –definición que se ajusta a la noción ideal de lo que sería el emprendedor o empresario-, la regla se ha convertido en otra: como dejó dicho el congresista estadounidense Andrew Young, el sistema actual es “socialismo para los ricos y libre mercado para los pobres”, otra versión de la máxima marxista “socializar las pérdidas y privatizar los beneficios”.

Pero, por terminar con el aspecto histórico, veamos qué sucedió tras las quiebra de Lehman Brothers. Viendo el tremendo impacto que tuvo el hundimiento de Lehman Brothers en la economía global, el Gobierno de EEUU, temeroso, volvió a echarse la mano al bolsillo para rescatar bancos sin importarle la “irresponsabilidad moral” en la que hubiesen incurrido los beneficiarios del dinero público: el banco de inversión Merrill Lynch, la aseguradora AIG… Como suele ser habitual, las ideas de Washington y Nueva York fueron calcadas por Europa, que se lanzó a la pesca y rescate de sus entidades financieras.

Y este rescate del sector financiero es la principal causa por la que la crisis se ha convertido –especialmente en los estados más débiles de la Eurozona- en una crisis del déficit y de la deuda pública (y no tanto la mala gestión de los fondos públicos por parte de políticos más o menos corruptos o más o menos incapaces). Un simple análisis (Bloomberg) de la composición de la deuda griega antes y después de su rescate nos permite observar que no se ha “salvado” tanto al Estado griego –aquejado, sin duda, de graves problemas de corrupción y mal gobierno- sino a los bancos franceses y alemanes que habían comprado importantes cantidades de títulos de deuda a este país movidos por los jugosos intereses que ofrecía, ya que un impago de Grecia hubiese provocado grandes pérdidas a dichas entidades (y no olvidemos que un contrato como la compra de títulos de deuda, si firmado entre partes con igual conocimiento, otorga tanta responsabilidad al acreedor que lo compra –en este caso el banco- como al deudor). En cambio, gracias a las inyecciones de fondos de los contribuyentes europeos, y a pesar de las quitas y reestructuraciones de deuda, se ha conseguido que bancos galos y germanos deshiciesen sus posiciones en el mercado de deuda heleno con un coste relativamente bajo (Forbes).

De esta forma se ha conseguido darle la vuelta completa a la tortilla y lo que en principio era una crisis financiera en toda regla, con unos culpables claros –las entidades financieras y sus manejos irresponsables- ha sido convertido en una crisis económica cuya responsabilidad ha quedado diluida en toda una serie de actores.

Remedios antiguos y bancos zombi: el caso de Grecia
Especialmente la Unión Europea, como llevada por un misticismo primitivo, se ha dedicado a aplicar los mismos ungüentos y medicinas que provocaron la crisis: recetas de mayor desregulación y fundamentalismo monetarista para los Estados, y para el sector bancario fomentar una especie de canibalismo zombi, espoleando las fusiones y absorciones para crear bancas monstruosas e igualmente zombis que, en caso de sufrir problemas, deberán absorber una ingente cantidad de fondos públicos. Porque, ya se sabe, son too big to fail…

El caso de la banca zombi –definida como aquella que se mantiene con vida sólo gracias a la inyección constante de capital público- ha llegado en Grecia al paroxismo más absoluto. Durante los últimos dos años de crisis, los grandes bancos griegos han estado recibiendo inyecciones periódicas de liquidez del Banco Central Europeo (BCE) -bien a través de sus instancias propias, bien a través del Fondo de Estabilidad Financiera del Estado Helénico o HFSF- que han utilizado para comprar Letras del Tesoro del Estado griego a corto plazo (3 y 6 meses) y que, a su vez, han usado como garantía para recibir liquidez de los organismos mencionados anteriormente, para, nuevamente, volver a comprar Letras del Tesoro griego… y así hasta el infinito más absurdo en un proceso en el que el dinero, simplemente, pasaba de un lado a otro como la bola de ping-pong sobre la mesa, sin que esos fondos fluyesen a la economía real ni el Estado griego aliviase sus problemas de endeudamiento. Aún más, el negocio era más favorable a los bancos puesto que el interés al que se les prestaban fondos líquidos desde el BCE y el HFSF es inferior al que ellos recibían por las Letras del Tesoro.

Mientras tanto, se iba forjando la reestructuración de todo el sistema bancario griego tal como indicaba el segundo memorándum firmado a inicios de 2012 por Grecia y la troika (BCE, Comisión Europea y Fondo Monetario Internacional), que contemplaba la liquidación de entidades bancarias que no fuesen capaces de obtener la ampliación de capital necesaria en el mercado privado (llama la atención en cambio que se haya sido mucho más paciente con los cuatro grandes bancos privados de Grecia, a pesar de que hasta abril de 2013 no aprobaron sus planes de recapitalización). El 30 de abril, Miltiadis Damanikis, consejero delegado y presidente de Probank, un pequeño-mediano banco comercial griego, llamaba la atención sobre la “flagrante violación” en la igualdad de trato entre los bancos respecto a cómo se ha comportado el Gobierno griego con las cuatro entidades consideradas “sistémicas” –National Bank, Piraeus, Eurobank y Alphabank- a las que les ha abierto el grifo del dinero sin demasiadas preguntas.

Obviamente los cuatro grandes bancos griegos –a pesar de estar edificados sobre pies de barro debido a las pérdidas asumidas por la quita de deuda griega, a la pérdida de depósitos debido a la crisis y a la exposición a créditos morosos- han sido los grandes beneficiarios de esta reestructuración del sistema bancario a través de absorciones, fusiones y liquidaciones impulsada por el Gobierno griego y bendecida por las instituciones europeas. Entre las víctimas, se han liquidado los dos bancos públicos más importantes de Grecia (ATEbank o Banco Agrícola y TT Hellenic Postbank o Banco Postal).

El mayor premio se lo ha llevado el banco privado Piraeus Bank, que ha asumido 15 entidades financieras en los últimos años, entre ellas las subsidiarias griegas del francés Société Generale (Geniki) y del Millenium Bank portugués, el banco bueno resultante de la liquidación banco público griego ATEbank y las filiales en Grecia de los bancos chipriotas Bank of Cyprus, Laiki y Hellenic. De este modo, Piraeus ha pasado de ser el cuarto mayor banco de Grecia al segundo mayor, con unos activos totales de 95.000 millones de euros.

Y eso que las prácticas del presidente ejecutivo de Piraeus, Mijalis Sallas, han sido cuanto menos de dudosa legalidad. Una serie de investigaciones por parte del corresponsal de la agencia Reuters Stephen Grey y otros periodistas revelaron que Sallas usó préstamos sospechosos de los bancos Marfin Popular Bank y Proton Bank para afianzar su posición como accionista principal de Piraeus, para hacer operaciones de compras de propiedades que le pertenecían con dinero de Piraeus y para justificar ante el BCE y el HFSF que era capaz de ser considerado solvente porque podía captar dinero del mercado privado.

Hoy Marfin Popular Bank es llamado Laiki, uno de los bancos que ha provocado la crisis de Chipre después de haber sido rescatado por el Estado chipriota, y su filial en Grecia ha sido asumida por Piraeus, mientras que Proton es también un banco quebrado, con su presidente perseguido por la Justicia y que en mayo será dividido en banco bueno y malo y la parte sana vendida a alguno de los cuatro grandes bancos griegos.

La respuesta a las investigaciones de Grey fue una demanda judicial y una campaña de difamación contra Reuters, además de la contratación de una empresa de espías para investigar al periodista (Stephengrey.com). El periodista Kostas Vaxevanis, director de la revista Hot Doc (que reveló la lista de presuntos evasores fiscales conocida como Lista Lagarde y también había investigado éste y otros escándalos bancarios), asegura haber sido objeto de un complot destinado a matarle precisamente por estas últimas revelaciones (Hot Doc).

Que duda cabe de que para hacer esto, el sector financiero debe contar con unas buenas dosis de connivencia con el mundo político. En los últimos meses se abrió una investigación judicial sobre las deudas de los partidos Nueva Democracia (ND) y Movimiento Panhelénico Socialista (PASOK), los dos que se han alternado en el poder desde 1974 y que actualmente forman parte del Gobierno de coalición. La mayoría pro-gubernamental en el parlamento se apresuró a aprobar una ley que permitirá a los banqueros que aprobaron estos préstamos evitar la Justicia (eKathimerini). Las deudas de ND y PASOK acumuladas con los bancos griegos entre 2001 y 2012 –contratadas en base a préstamos a bajo interés que, aún así, no están devolviendo- ascienden a 254 millones de euros a razón de 217 millones a ATEbank, 22 millones a Attiki Bank, 20 millones a Piraeus y 10 millones a Marfin (Agencia EFE). Casualmente ATEbank, un banco público, fue recientemente liquidado por considerarse inviable y su parte sana vendida a Piraeus por 95 millones de euros, una cantidad irrisoriamente baja según los analistas locales, lo que llevó a la oposición a tachar el acuerdo de escándalo y a insinuar que podría haber habido un acuerdo bajo la mesa.

Otro punto más y probablemente tampoco casual: el actual gobernador del Banco Central de Grecia es Yorgos Provópulos, antiguo consejero delegado de Piraeus Bank (y también de Emporiki, cuando supervisó su venta al francés Crédit Agricole, que recientemente lo ha vendido a Alphabank). En cambio el actual presidente de Eurobank, Timos Jristodulu, había sido antes gobernador del Banco Central, representante de Grecia ante el FMI y el Banco Mundial, presidente de National Bank y eurodiputado por el partido conservador ND. Petros Jristodulu, un economista formado en Goldman Sachs y que ha sido investigado por EEUU por el asesoramiento dado por ese banco al gobierno griego para camuflar su deuda con la colaboración de National Bank, ha sido consejero delegado precisamente de National Bank y ahora es viceconsejero delegado de la misma entidad, tras haber presidido la Autoridad de la Deuda Pública (PDMA), la organización responsable de la emisión de bonos soberanos de Grecia.

Todo esto no ha sido óbice, más bien al contrario, para que el Estado griego continuara financiando a los cuatro grandes bancos griegos. En 2008, al inicio de la crisis financiera global se entregaron 28.000 millones de euros para garantizar su liquidez; en octubre de 2012, 18.000 millones más para su recapitalización y, ahora, se inyectarán otros 27.500 millones.

El proceso de recapitalización –necesario, por otra parte, para cumplir las ratios de solvencia exigidas por el BCE- funciona de la siguiente manera, tal y como quedó acordado por Grecia y la troika en el segundo memorándum: en caso de que los bancos consigan captar del mercado privado al menos un 10 % de sus necesidades de capital, el HFSF, es decir, el Estado griego, pondrá la parte restante a cambio de Cocos u otro tipo de acciones con derechos restringidos de voto (a pesar de que el monto total de dinero público que se entregará bastaría para convertir estas entidades en públicas ya que supera la más de la mitad de su capital social actual).

De los cuatro grandes bancos griegos, tres –National Bank, Piraeus y Alphabank- han presentado ya sus planes de recapitalización y están en proceso de lograr ese 10 % de capital privado, por lo que su gestión seguirá siendo privada, mientras que uno, Eurobank, ha reconocido que no podrá alcanzar el mínimo por lo que se ha puesto en manos del HFSF y su junta de accionistas ha aprobado la nacionalización. Sin embargo, esto no significa que vaya a convertirse en un banco público ya que otro de los compromisos asumidos por Grecia con la troika es que el banco resultante, bien capitalizado con dinero público y al que probablemente se le unan otras entidades (la parte sana de TT Hellenic Postbank es la que cuenta con más opciones de serlo), será puesto a la venta en el sector privado en un plazo máximo de cinco años.

Sólo en un caso la troika parece haber puesto el freno al fortalecimiento de los grandes bancos. Se trata del caso de la fusión de National Bank y Eurobank, a pesar de que ésta se hallaba en un estado bastante avanzado y había sido refrendada por las autoridades bancarias europeas. El problema es que el proceso se llevó a cabo al mismo tiempo que ocurría la crisis bancaria de Chipre y, al parecer, a la troika le entró –esta vez sí- miedo de que un banco como el resultante de la fusión de National Bank y Eurobank, que hubiese tenido unos activos similares al PIB de Grecia (previsto en 183.000 millones de euros para 2013), pudiese acabar con el Estado griego en caso de sufrir problemas. Eso sí, podría haber otras razones más prosaicas y menos amables en el freno al proceso de fusión: el analista Dimitris Kontogiannis, del diario Kathimerini, cree que la troika ha detenido la fusión porque así los bancos extranjeros podrán comprar a un precio más bajo los activos de Eurobank una vez sea sacado a la venta.

Destrucción creativa y reforzamiento de los bancos
Decía Karl Marx en El 18 de Brumario de Luis Bonaparte que la historia se repite “primero como tragedia y luego como farsa”. Estamos, ahora, plenamente inmersos en la repetición como farsa, utilizando para salir de la crisis la misma medicina que nos llevó a ella, engordando los bancos que ya se habían escapado del control de los Estados al inicio de la crisis.

Marx admiraba las grandes dosis de creatividad que liberaba el capitalismo a la vez que avisaba sobre su capacidad autodestructiva en crisis, como la actual, de superproducción, en las que hay “demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio” para ser aguantados por el sistema. “¿Cómo se sobrepone la burguesía a las crisis? –se preguntan Marx y Friedrich Engels en el Manifiesto Comunista-. De dos maneras: destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas y conquistando nuevos mercados, a la par que procurando explotar más concienzudamente los mercados antiguos. Es decir, que remedia unas crisis preparando otras más extensas e imponentes y mutilando los medios de que dispone para prevenirlas”.

Este concepto no es exclusivo del marxismo pues el economista liberal Joseph Schumpeter lo recuperó aproximadamente un siglo más tarde bautizándolo como el proceso de “destrucción creativa”, un proceso “esencial” del capitalismo que “incesantemente revoluciona la estructura económica desde dentro, destruyendo la vieja estructura y creando una nueva” (Capitalismo, Socialismo y Democracia).

Nadie sabe cómo terminará esta crisis ni qué surgirá después de este nuevo proceso de “destrucción creativa”, mucho más profundo que los de anteriores décadas, lo que sí parece cada vez más claro es que, con la bendición de los gobiernos actuales, los bancos que sobrevivan a la crisis saldrán tremendamente reforzados (ya lo han dicho antes economistas como el propio Lapavitsas). En el futuro se estudiará la tremenda creatividad de estos banqueros que consiguieron no sólo transformar una crisis financiera en una gran victoria sobre los Estados y lo público sino convertir sus instituciones de entidades zombis casi moribundas en monstruos más gordos, más grandes y mucho más hambrientos.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Bancos Centrales al rescate

Mar, 21/05/2013 - 21:09

Economist Intelligence Unit
Ahora que las perspectivas de recuperación flaquean en varios países, los bancos centrales inundan la economía global con dinero barato en un esfuerzo por revivir el crecimiento. En las primeras dos semanas de mayo hubo una ola de recortes de tasas de interés, que delataron las preocupaciones de los gobernantes por el ambiente de crecimiento. Es debatible hasta qué punto la liberación monetaria siga siendo efectiva dado el clima actual, pero la economía mundial se repara poco a poco a sí misma después de la crisis de años pasados. EIU prevé al menos cierta recuperación del empuje de las principales economías hacia el final de 2013, lo cual pondrá el escenario para un mejor 2014.

Nuestro más reciente pronóstico mensual mantiene el tono cauteloso sobre la recuperación que hemos adoptado en meses recientes, con pequeñas revisiones a proyecciones específicas. Lo más notable es que hemos ajustado nuestras previsiones de crecimiento para EEUU, Japón y China. En general seguimos esperando que el PIB a tipos de cambio del mercado crezca 2.1% en 2013, igual que en 2012. (En paridad de poder de compra o PPC el cuadro es ligeramente más favorable, pues esta medición da mayor peso a los mercados emergentes de rápido crecimiento.)

Las condiciones en muchas economías son más débiles que a principios de año. El crecimiento de China se redujo a 7.7% anualizado en el primer trimestre de 2013, contra 7.9 en octubre-diciembre. El crecimiento del primer trimestre en Rusia fue de apenas 1.1%, el más lento desde 2009. Sobre todo, las aflicciones económicas de la zona euro seguirán gravitando. Si bien el riesgo de una ruptura catastrófica de la divisa única europea a corto plazo se ha desvanecido, la deuda y la austeridad aún impiden el crecimiento. El desempleo está en niveles récord, e incluso las economías antes resistentes, como Francia, muestran mayores signos de tensión. La incómoda verdad es que la economía mundial no puede salir bien si su bloque económico más grande, la zona euro, está en recesión.

Sin embargo, el cuadro no es del todo desalentador. Es muy probable que China crezca más rápido en los próximos dos trimestres que en el primero, al dejarse sentir los efectos del reciente crecimiento del crédito y del resurgimiento del mercado de inmuebles. Y continuamos esperando un desempeño relativamente bueno de la economía de EEUU, donde los temores de un descenso primaveral se han disipado y los datos del empleo se han revisado al alza. La restricción fiscal podría aún entorpecer la recuperación y sus efectos no deben subestimarse, pero la economía creció a una tasa saludable en el primer trimestre y el gasto de consumo fue boyante. Vemos que los principales cambios posibles a nuestro pronóstico para EEUU serían al alza, y esperamos que el crecimiento se acerque o rebase 3% hacia el final del año.

Las políticas tienen que ver también en la recuperación global. Las tensiones financieras en la zona euro se han aligerado tremendamente en meses recientes, luego del compromiso del Banco Central Europeo de intervenir en forma ilimitada en los mercados de bonos soberanos. El nuevo esquema aún no se aplica, pero su sola existencia ha obrado maravillas. El BCE también recortó tasas de interés a principios de mayo, acción muy emulada en otras partes. Los bancos centrales de Corea del Sur, Australia, Polonia, India y Dinamarca han bajado tasas de interés, y hay probabilidad de recortes en otros países. Al mismo tiempo, la liberación cuantitativa en EEUU, Japón y Reino Unido ha tenido un impacto dramático en el trazo de políticas y en la conducta de los inversionistas, elevando los precios de activos. Sin embargo, la abundante liquidez ha hecho relativamente poco hasta ahora por mejorar el crecimiento global. Los bancos débiles, el arraigado desempleo y los altos niveles de endeudamiento han perturbado la transmisión de políticas monetarias. Pero la situación mejora: los préstamos crecen en algunos países, los bancos reparan sus balances, y las compañías aprovechan las históricamente bajas tasas de interés para acumular efectivo. Como la liquidez de los bancos centrales respalda esos y otros ajustes posteriores a la crisis, el crecimiento debe comenzar a elevarse. Prevemos un crecimiento del PIB mundial de 2.8% a tipos de cambio del mercado (y 3.8 a PPC) en 2014.

América Latina
El crecimiento en la región aminoró en forma sustancial en 2012, y la economía más grande –Brasil, que representa alrededor de 40% del PIB total– está entre los países más afectados. El inesperadamente débil desempeño de China en el primer trimestre causa inquietud entre los productores sudamericanos de bienes primarios, y este mes hemos degradado de nuevo nuestro pronóstico para Brasil en 2013-14. Sin embargo, continuamos viendo la desaceleración de América Latina como cíclica y no estructural, y prevemos que el crecimiento regional repuntará a 3.5% este año y 3.8 en 2014.

Tipos de cambio
El panorama del mercado de divisas está cambiando. En parte esto refleja el debilitamiento del yen en respuesta a la política monetaria de Japón, pero también una aparente disminución del impacto del dólar en el llamado comercio de mayor o menor riesgo, fuerte factor en los movimientos de la moneda de EEUU en años recientes. Este comercio implicaba que los inversionistas vendían los dólares seguros cuando las perspectivas de la economía global mejoraban y volvían a ellos cuando el apetito de riesgo disminuía, pauta que parece haberse debilitado hoy día, en que los inversionistas siguen un curso intermedio entre ambas posiciones. Ahora el dólar se eleva frente a otras divisas porque la economía estadounidense supera el desempeño de las demás en un grado notable. Como la zona euro sigue estancada, mantenemos el optimismo respecto del dólar, para el cual prevemos un promedio de 1.31 por euro en 2013 y 1.29 en 2014, sin variación respecto del cálculo anterior. En cambio, es probable que en los próximos meses rebajemos nuestro yen respecto de la actual previsión de 98.3 por dólar para 2013.

Productos primarios
Hubo una venta masiva de productos primarios a mediados de abril, en respuesta a los débiles datos económicos y a un súbito incremento de temores de inversionistas por el euro, relacionado con Chipre. El oro fue el del peor desempeño, pero también los precios de metales básicos tuvieron una fuerte caída. Dada nuestra previsión de una economía mundial más fuerte en el segundo semestre de 2013, esperamos que el segundo trimestre represente el punto más bajo de los precios de productos primarios, que entonces deberán comenzar a repuntar hacia la segunda mitad. El petróleo promediará 106.6 dólares por barril en 2013. Nuestra previsión del precio del petróleo no ha cambiado; en contraste, hemos reducido el pronóstico para las materias primas industriales en 2013, para reflejar la reciente venta masiva. Los precios de éstas serán esencialmente bajos este año, pero en 2014 aumentarán de modo un poco más fuerte de lo previsto en nuestro pronóstico anterior.
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Tomado de La Jornada Descargar PDF
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Enlaces 21 de Mayo

Mar, 21/05/2013 - 17:59

* Manuel Fernandez-Cuesta Marx contra el IV Reich neoliberal, eldiario.es
* Jesús N La banca, el banco malo y la cadena de favores, La Proa del Argo
* ¿Cuánto tiempo tolerarán los ciudadanos el euro? Las lecciones de Argentina, El Economista
* Makiko Inoue y Matthew L. Wald Nueva crisis en Fukushima: escape de agua contaminada, Viento Sur
* James Hamilton y Cynthia Wu Jing Risk Premia in Crude Oil Futures Prices, NBER
* Paul Krugman Los sadomonetaristas de Basilea, NYT
* Felix Salmon Cómo la tecnología redefine las normas, Reuters
* José Borrel Cómo la crisis cambia a Europa, Economistas Frente a la Crisis
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El legado de la dictadura de Jorge Rafael Videla (1976-1983)

Mar, 21/05/2013 - 02:37
Julio Gambina, ArgenPress

Con la muerte de Videla y hace muy poco de Martínez de Hoz, se van los dos principales organizadores del orden neoliberal en Argentina, que completó el ensayo iniciado en Chile en 1973 y que pronto cumplirá cuatro décadas de ofensiva del capital contra el trabajo. Ese ensayo se generalizó a todo el mundo desde la revolución neo-conservadora de Thatcher y Reagan hasta la crisis mundial en curso.

No se trata de agigantar a los dictadores del cono sur de América, pero si enfatizar que la liberalización de la economía con flexibilización salarial y laboral, las privatizaciones y la subordinación al imperialismo se acrecentaron desde entonces, afirmando una institucionalidad de dificultosa reversión a casi tres décadas de vigencia de gobiernos constitucionales en la Argentina.

El mérito principal de la dictadura genocida fue la “destrucción” de sujetos para el cambio social y político, un fenómeno que empieza a revertirse en Nuestramérica en este comienzo del Siglo XXI, pero que choca contra un orden económico, social, político y cultural construido desde aquel experimento sustentado en el terrorismo de Estado.

La legislación financiera y el endeudamiento externo siguen presentes para recordarnos el legado duro de aquel proyecto de reinserción subordinada de la Argentina en el capitalismo mundial. Pero también la desarticulación social, especialmente en el movimiento obrero, núcleo de la acumulación social en los 70’ y eje concentrado de la represión. La fragmentación actual encuentra su origen en aquellos años de la represión dictatorial. Es cierto también que la desarticulación afectó también a otros sectores sociales de muy diversos espacios culturales, intelectuales y estudiantiles, incluso a productores y empresarios pequeños y medianos.

No solo se intervinieron organizaciones sociales de trabajadores, productores y empresarios, y otros sectores, sino que se prohibieron sus manifestaciones y acciones de protestas, limitando la posibilidad de intervenir en la construcción del orden social. La violencia explícita y visible resultó organizadora del orden que persiste, insistamos, no solo en el país. La cooperación represora transnacional asoció vía Plan Cóndor al poder económico, militar e ideológico para sustentar una modificación civilizatoria que hoy se muestra en crisis en todo el mundo. Esa ofensiva capitalista contra el trabajo iniciada en Chile y en las dictaduras del cono sur marcó el camino del actual ajuste europeo y global, junto al mayor enriquecimiento del 1% de la población enriquecida del planeta.

El desafío civilizatorio del presente pasa por desarmar el entramado institucional de relaciones sociales en la economía que explican el empobrecimiento relativo de la masa laboral del mundo. La tendencia a la caída del salario como promedio mundial surge de los recientes estudios de la OIT, y no debe sorprender la continuidad de iniciativas para contener la demanda de mejoras salariales, la que se acompaña de masivos subsidios de renta en dinero para sectores empobrecidos. Es una realidad en Argentina y en toda la región latinoamericana, producto de mejoras fiscales logradas con saldos favorables del comercio internacional de materias primas.

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El otoño del imperio y del capitalismo

Dom, 19/05/2013 - 03:37
Alberto Rabilotta, El Correo

Cuando el imperio es incapaz de mantener su hegemonía aportando soluciones a las crisis sistémicas recurre a la "hegemonía explotadora"[1], con toda la violencia y la destrucción que la acompaña. Así sucedió en la decadencia de la hegemonía imperial de Holanda.

Holanda fue tratando de salvarse imponiendo el libre comercio con una hegemonía explotadora que terminó con el imperio británico, y algo similar pero de naturaleza diferente es lo que desde hace ya unas tres décadas estamos presenciando en la decadencia de la hegemonía mundial de Estados Unidos.

Hegemonía explotadora suena muy bien como apellido del neoliberalismo, de esa extraordinaria expansión financiera, comercial e industrial que el imperialismo estadounidense quiere llevar a sus límites extremos, que ya no puede controlar ni remediar sus terribles secuelas de disolución social y desastre económico, ni la concentración del poder y riqueza en las cuentas de la oligarquía que poseen los monopolios ya presentes en prácticamente todas las ramas de los sectores económicos, sin hablar de la destrucción ambiental y el recalentamiento global que amenaza la vida del planeta.

En los casos de Holanda y Gran Bretaña las fases de hegemonía explotadora fueron en efecto el «otoño» de esos imperios, pero también las «primaveras» en el proceso de desarrollo del capitalismo, y en particular del modo de producción del capitalismo industrial.

En el caso del imperio estadounidense hay razones para pensar que la hegemonía explotadora no solo es el «otoño» del imperio sino también del modo de producción capitalista, que ya se encuentra ante la «barrera insalvable» que anticipaba Karl Marx.

Bajo el imperio estadounidense el capitalismo industrial adquiere su forma más perfeccionada y desarrolla –no solo en EE.UU.- las bases de un modo de producción basado en la automatización, logrando concretar una parte del gran objetivo del gran capital, o sea la de producir de manera continua y prescindiendo de la mayor parte o la totalidad de la fuerza de trabajo asalariada.

Desde hace más de medio siglo, por las transformaciones que la automatización produjo en el modo de producir, el desenvolvimiento de las estructuras empresariales transnacionales y el creciente papel del capital financiero en la determinación de las inversiones a efectuar, lo que fue posible vía las inversiones directas, los flujos financieros y la deslocalización de la producción, el sistema capitalista se universalizó, o sea que completó la segunda parte del objetivo del gran capital.

El gran sueño del capital, de liberarse de la fuerza de trabajo asalariada o de pagar los salarios más bajos posibles, y de universalizarse, se hizo realidad con la automatización y la deslocalización. Pero esta transformación implicó un creciente reemplazo de la extracción de plusvalía, el uso de la fuerza de trabajo asalariado en las sociedades avanzadas –que crean los imprescindibles « puntos de consumo » para la realización del capital, de que hablaba Marx-, por la plusvalía extraída en el exterior, en otras sociedades, y que llega a las casas matrices en el centro imperial como renta diferencial, o sea como ganancias que van a parar a los accionistas y ejecutivos de las empresas. Es a partir de este desenvolvimiento, en mi opinión, que es posible explicar tanto la naturaleza de la crisis estructural del capitalismo como la relativamente irreversible realidad actual en las sociedades del capitalismo avanzado. Así sería posible explicar esta crisis de sobreproducción y subconsumo, el creciente y cada vez más crónico desempleo tecnológico –como definía John M. Keynes al reemplazo de los trabajadores por las maquinas- en un contexto de mayor creación de riquezas que se concentra en las pocas manos de los monopolios y los financieros, y que ya no entra sino marginalmente en la reproducción del capital en los países avanzados.

Asimismo explica que el subconsumo tiende a volverse crónico por la disminución del empleo y la masa salarial total, factor que a su vez amplia la espiral del desempleo y el subempleo, que termina poniendo en crisis las ramas de la economía aun no automatizadas.

Esto también explica el aumento de la deuda familiar –falta de empleos y bajos salarios-, y el endeudamiento de los Estados por la contracción de la recaudación fiscal –la carga tributaria descansa fundamentalmente sobre los ingresos de los trabajadores-, y el aumento del gasto público para paliar el desempleo, entre otros aspectos más.

Y, no olvidemos, esta universalización del capitalismo y de las nuevas tecnologías también permite explicar la rápida emergencia de las nuevas potencias industriales en Asia, donde las transnacionales tuvieron que integrarse a un sistema capitalista parcialmente regulado por Estados que no cedieron toda su soberanía ante el neoliberalismo.

Quizás puede también explicar que a la luz de las experiencias asiáticas y por la falta de verdadero desarrollo económico, se esté dando en los países en desarrollo que primero sufrieron la experiencia neoliberal, los de América latina, la búsqueda de nuevas estrategias de desarrollo para reparar la herencia neoliberal, como el desempleo y el subempleo, la pobreza y extrema pobreza, la destrucción de los sistemas estatales y de los programas sociales de salud, educación y de pensión.

El anzuelo sin carnada
Según los sociólogos Giovanni Arrighi y Beverly J. Silver, no es posible saber cuándo, pero es seguro que esta hegemonía explotadora del imperio estadounidense terminará muy mal [2].

Por el momento constatamos que ante su impotencia para salir de estas crisis el imperialismo ha retornado y se aferra a las políticas depredadoras –como una más pérfida institucionalización del libre comercio que permita aumentar la extracción de rentas-, y junto a sus aliados retorna a las políticas guerreristas y colonialistas del pasado, con sus terribles consecuencias sociales, económicas y políticas para todos los pueblos afectados.

Con la automatización y la deslocalización reemplazando a los trabajadores, y habiendo desaparecido la «amenaza» comunista con el desmembramiento de la URSS, el capitalismo estadounidense desmanteló totalmente el programa básico que describía Immanuel Wallerstein: «satisfacer las demandas combinadas del Tercer Mundo (relativamente poco para cada uno, pero para mucha gente) y de la clase obrera occidental (para relativamente poca gente, pero mucho para cada uno)».

En realidad, como bien observaba Wallerstein hace casi dos décadas, el capitalismo emprendió un retornó a «la situación anterior a 1848, en la que, en los focos del Estado liberal … los obreros estarían mal pagados y fuera del ámbito de los derechos políticos y sociales» [3].

Sin posibilidad real a corto, mediano y largo plazo, de una vigorosa recuperación económica, las empresas transnacionales y los bancos de los países avanzados siguen « sentadas » en billones de dólares y no utilizan los préstamos casi gratuitos que los bancos centrales han puesto a su disposición. Como apunta el columnista canadiense Thomas Walkom, del diario Toronto Star, esas empresas y financieros no invertirán en la producción que creará empleos « a menos que tengan un mercado para sus productos ».

Esta situación general y las políticas de austeridad para mantener la deflación que favorece al sistema financiero ya incuban crisis políticas e importantes protestas sociales, que en la UE empiezan a meter miedo en la clase política, como muestra el forcejeo de algunos gobiernos para que se extiendan –y no para extinguir- los plazos para cumplir con las metas de austeridad fiscal.

Y en medio de estas crisis simultáneas el principal objetivo de EE.UU. es expandir y profundizar la liberalización con el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, en su sigla en inglés), mientras que la UE se esfuerza en cerrar un acuerdo de liberalización económica y financiera con Canadá, para comenzar a negociar uno similar con EE.UU.

Ni siquiera cabe preguntarse si al negociar estos acuerdos los gobiernos están respondiendo a los intereses de sus países o simplemente a las trasnacionales y monopolios que poco o nada contribuirán en esos países desde el punto de vista fiscal, en materia de creación de empleos y de demanda interna.

Es bien conocido que EE.UU. dejó de ser la « fábrica » del mundo, que ahora está en China y el resto de Asia oriental, y también ha perdido –como señalan Arrighi y Silver- el papel del único «cajero» de las finanzas mundiales. Y por si fuera poco la baja del consumo en EE.UU. lo inhabilitó para seguir siendo la « locomotora » de la expansión económica mundial.

Si la realidad cambió hay que cambiar la manera de pensar
En febrero pasado el historiador y economista Robert Skidelsky describía la ola de automatización en la manufactura en los países occidentales –que está llegando a China-, y que la substitución del trabajo asalariado por capital (la automatización) está yendo más allá de la manufactura y no solo se está «comiendo» los trabajos poco pagados, sino también «los mejores trabajos», de nivel técnico y que parecían seguros [4].

Haciendo referencia al « desempleo tecnológico » de John M. Keynes, Skidelsky opina que la solución es reducir la jornada laboral: “Si una máquina puede reducir a la mitad la necesidad de mano de obra humana, ¿por qué en vez de prescindir de la mitad de los trabajadores no los empleamos a todos durante la mitad del tiempo ? ¿Por qué no aprovechar la automatización para reducir la semana laboral media de 40 horas a 30, después a 20 y después a diez, contabilizando esa jornada laboral decreciente como un empleo a tiempo completo ? Esto sería posible si el rédito de la automatización, en vez de quedar exclusivamente en manos de los ricos y poderosos, se distribuyera «equitativamente».

Y concluye señalando que hay que prepararse «para un futuro en el que la automatización nos dejará más tiempo libre. Pero para ello será necesaria una revolución del pensamiento social.»

En 1996 la recientemente desaparecida ensayista y escritora francesa Vivianne Forrester [5] afirmaba, en entrevista con el diario L’Humanité, que «el horror económico (de la sociedad neoliberal) se debe en gran parte al hecho de que vivimos con los criterios del siglo 19 en lo tocante al empleo», subrayando que ella no confundía «la idea del trabajo, valor fundamental, con la idea del empleo».

Pero al conservar los criterios del siglo 19 –decía Forrester-, culpabilizamos a quienes sufren la situación. Toda la argumentación se funda sobre la necesidad de encontrar un empleo. Terminemos de decirles constantemente a las personas –en particular a los jóvenes- que no pueden encontrar un salario para sobrevivir, que el solo modelo de vida autorizado es la vida asalariada. Los programas de los partidos políticos son sensiblemente idénticos a lo que eran cuando creían temporaria la crisis del empleo. Las políticas deben tomar en consideración la mundialización, las tecnologías de punta, y no dejar esas realidades ser la propiedad de la sola economía.

Para la brillante analista ya estaba planteada la cuestión de « qué hacer en una sociedad en la cual el trabajo asalariado, el empleo asalariado » se reduce constantemente, y que era hora de preguntarse si « continuaremos diciendo que la dignidad depende del hecho de tener un empleo».

Preguntada por L’Humanité si esperaba algo de «un partido como el Partido Comunista» francés, la ensayista respondió que no era adherente de ese partido, pero que «yo espero de todos los partidos, incluyendo el suyo, que consideren la situación de manera realista, moderna y actual. Que se ocupen más de la mundialización y de las tecnologías de punta, y de la consiguiente reducción del empleo, de manera a dejar de pretender que se puede arreglar una era industrial ya superada, y a no seguir alimentando la vergüenza que padecen muchos de los cesanteados por estar desempleados, o el miedo que quienes aun trabajan tienen de perder sus empleos».

Entonces, por qué y para qué el TPP y demás acuerdos...
Una característica del TPP y de los acuerdos de liberalización económica y financiera que la UE negocia con Canadá y próximamente con EE.UU. es que esas negociaciones son secretas, tienen lugar entre los tecnócratas gubernamentales y los representantes de las transnacionales, y que no serán presentadas ante los parlamentos para ser discutidas, enmendadas y puestas a votación [6].

Acerca del por qué de estas negociaciones hay que mencionar lo que Arrighi y Silver destacan en el libro citado, sobre la integración económica transnacional lanzada por EE.UU., que en Asia oriental fue «menos institucionalizada y sustantivamente más abierta» que la producida por la integración en la UE.

Ambos observaban que EE.UU. había tenido poco éxito en «utilizar su declinante pero todavía considerable poder político-económico para reorientar la integración económica regional hacia formas institucionalizadas, que crearían un ámbito más favorable para sus exportaciones e inversiones».

Por otra parte, las transnacionalizadas corporaciones estadounidenses, en particular las industrias de alta tecnología, no se comportaban efectivamente como « cuñas para mantener abiertas » a la influencia de EE.UU. las puertas de Asia oriental, y que hasta podían estar actuando en sentido contrario. Por esto mismo, agregaban, «las fuerzas de la economía transnacional están claramente minando el poder de los Estados pero, en este proceso, el de algunos está creciendo », como el de Japón y otros países asiáticos.

Más adelante señalan «la sorprendente velocidad con la que esta formación regional se ha convertido en el nuevo taller y cajero del mundo bajo el liderazgo ‘invisible’ de un Estado empresarial (Japón) y una diáspora empresarial (la China)», que ha contribuido a generalizar el ‘temor a la caída’ en los principales centros de la civilización occidental.

En efecto, si la deslocalización industrial occidental en Asia es un fenómeno conocido y estudiado, menos se habla de los « cajeros » asiáticos, los importantes centros financieros (Hong Kong, Singapur y otros más) donde operan las transnacionales y en los cuales importan las decisiones regionales tanto como las de Wall Street, de la City de Londres o de Francfort.

Y también está el papel clave que han jugado y están jugando las autoridades monetarias y los bancos centrales, públicos y privados de Japón, de China y Corea del Sur.

Imperio en decadencia queriendo vivir de rentas
La transnacionalización y deslocalización de la producción industrial y de las finanzas en el contexto del Asia oriental, y particularmente de China, aumentó el poder de los Estados de esa región y redujo el poder hegemónico de EE.UU., lo que explica el afán de Washington y los monopolios en recuperarlo mediante la institucionalización de las reglas (el chaleco de fuerza) del neoliberalismo, que comprenden aspectos económicos, financieros, y comerciales, como el crucial respeto al derecho de propiedad intelectual que figura en el TPP.

En cuanto al « para qué servirá el TPP », es claro que una institucionalización implica un intento de imponer esta hegemonía explotadora mediante la aplicación extraterritorial de las leyes estadounidenses en los mercados de los países signatarios, para aplicar estrictamente la protección al derecho de propiedad intelectual, entre otros aspectos más, y así aumentar la captación de la renta por parte de las empresas transnacionales.

Tal institucionalización proporcionaría a Washington y a los intereses estadounidenses una poderosa palanca –vía el arbitraje obligatorio fuera de las cortes- para operar en el marco político y legal de los demás países signatarios y disponer así de un poder de veto en materia de cambios políticos o económicos que afecten a sus intereses. Eso es lo que Washington y Ottawa querían con el ALCA, pero que no pudieron obtener.

La negociación del TPP aceleró el interés de la UE en negociar con Canadá y EE.UU., y eventualmente con los países de América latina.

Los objetivos son similares : avanzar en la institucionalización que constituya el chaleco de fuerza que mantenga el orden establecido para impedir que se fortalezcan en Asia los poderes estatales que restringen el neoliberalismo, y se consolide en América latina el camino de una integración regional basada en los principios de nuestras instituciones, como el ALBA, UNASUR, MERCOSUR y CELAC.

En fin, todo esto define la hegemonía explotadora que puso en marcha el imperialismo estadounidense, y que muy bien puede estar señalando tanto el ocaso del imperio como el del capitalismo.
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Alberto Rabilotta es periodista desde 1967, en México para la « Milenio Diario de Mexico ». Corresponsal de Prensa Latina en Canadá (1974) Director de Prensa Latina Canadá, cobertura América del Norte (1975-1986). Corresponsal de la Agencia de Servicios Especiales de Información, ALASEI, (1987-1990). Corresponsal de la Agencia de Noticias de Mexico, NOTIMEX, en Canadá (1990-2009 Columnista bajo seudonimos (Rodolfo Ara y Rocco Marotta) de « Milenio Diario de Mexico » (2000-2010). Colaborador de ALAI, PL, El Correo, El Independiente y otros medios desde el 2009.

Notas:

[1] La expresión « hegemonía explotadora » fue acuñada por el economista estadounidense David Calleo para describir las « potencias en declive (que) en lugar de conformarse y amoldarse, intentan apuntalar su tambaleante preeminencia en una hegemonía explotadora ». David Calleo, « Beyond American Hegemony : The Future of the Western Alliance », New York, Basie Books, 1987, página 142, citado por Giovanni Arrighi y Beverly J. Silver.

[2] Ver las « cinco proposiciones » que forman las conclusiones del libro de los sociólogos Giovanni Arrighi y Beverly J. Silver, « Caos y orden en el sistema-mundo moderno », ediciones Akal (2000)

[3] Immanuel Wallerstein, « Response : Declining States, Declining Rights ? 1995. International Labor and Working-Class History 47 », citado por Arrighi y Silver

[4] Robert Skidelsky, economista e historiador de la economía. The Rise of Robots (en español) http://www.project-syndicate.org/commentary/the-future-of-work-in-a-world-of-automation-by-robert-skidelsky/spanish

[5] Vivianne Forrester, autora de L’horreur économique (1996), falleció a comienzos de mayo de este año, a la edad de 87 años. Se pueden consultar las entrevistas en L’Humanité en 1996 y 2000 : (1996) : http://www.humanite.fr/social-eco/deces-de-viviane-forrester-auteure-de-lhorreur-eco-533610 (2000) http://www.humanite.fr/node/424533

[6] Sobre estas negociaciones ver http://rabble.ca/blogs/bloggers/council-canadians/2013/04/five-reasons-canada-should-not-ratify-canada-eu-free-trade- Y http://www.globalresearch.ca/the-trans-pacific-partnership-tpp-an-oppressive-us-led-free-trade-agreement-a-corporate-power-tool-of-the-1/5329497 http://www.globalresearch.ca/the-trans-pacific-partnership-obamas-secret-trade-deal/5329911


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Europa se sumerge en una recesión más larga que la de 2008/2009

Sáb, 18/05/2013 - 23:15

Ya lo había advertido en febrero: Europa se hunde en la recesión 2. Y los datos entregados el jueves por Eurostat así lo han confirmado. Europa sigue sumergida en un negro túnel, y todo indica que la situación continuará a la baja. Alemania continúa en declive y esta vez completó su primera caída trimestral, como muestra la gráfica. Grecia, Irlanda, Portugal, España, Italia, Francia, Alemania y otros países se encuentran con tasas de crecimiento negativas. Esto no da buenos augurios para la resolución de los problemas derivados de la crisis, sino que son una clara alerta de que continuarán profundizándose en los próximos meses.
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Entrevista al fundador de Wikileaks Julian Assange

Sáb, 18/05/2013 - 19:22
Julian Assange es el hacker itinerante australiano que ofreció al mundo la mayor filtración de documentos secretos de la historia, develando una enorme red de crímenes ocultos organizados desde las cumbres del poder. Siete meses después de haber buscado asilo en una embajada, la cruzada por la transparencia cibernética continúa. El lider de Wikileaks permanece enjaulado. Este es un programa del canal de televisión argentino Visión 7 sobre los cables secretos que conmovieron al mundo.


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¿Cómo funcionan los bancos? El origen de la crisis financiera

Sáb, 18/05/2013 - 15:34
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Sami Naïr: Por un debate sobre el porvenir del euro

Sáb, 18/05/2013 - 09:00
Sami Naïr, El País

Cada vez más voces ponen abiertamente en duda la existencia del euro como moneda “única” entre los 17 países que la han adoptado. Por su parte, cinco premios Nobel de Economía (James Mirrlees, Paul Krugman, Joseph Stiglitz, Christopher Pissarides, Thomas Sargent) consideran que España e Italia no podrán llevar a cabo las reformas exigidas sin provocar una crisis social de una amplitud devastadora para sus economías, y que si estos dos países se hunden bajo la presión de la austeridad, todo el dispositivo de la moneda única se disgregará. Estos temores no son nuevos, pero el problema es que son cada vez más compartidos. Poco a poco se va instalando la idea de que el euro puede desaparecer si no se toman medidas radicales para salvarlo. Evidentemente, no es posible entrar aquí en este debate altamente técnico y no desprovisto de segundas intenciones políticas. Lo que es seguro es que a pesar de las previsiones en forma de wishful thinking de la Comisión Europea (la última con fecha el 3 de mayo de 2013), el gusano está en la fruta. Así pues, lo interesante de las intervenciones de los Nobel de Economía es que nos obligan a salir de los biempensantes sobre esta cuestión.

Las causas principales de la crisis del euro no son todas debidas a la crisis económica mundial de 2008; de todos modos, estas habrían conducido a una explosión, aunque no hubieran sido precipitadas por la ofensiva de los mercados financieros que querían reconstituir sus pérdidas rápidamente a partir de 2010. Estas causas se deben principalmente a dos factores estructurales: la ausencia de coherencia de la zona euro, ligada a los desequilibrios de las balanzas de pagos y, por tanto, a la división estructural que se instauró entre los países del norte con superávit (Alemania, Países Bajos, Austria) y los países del sur deficitarios (entre ellos, tendencialmente, Francia); y la acentuación de esta divergencia de competitividad debida a la insuficiente integración dentro de la zona que, por falta de un presupuesto europeo capaz de financiarla seriamente, reproduce entre las regiones europeas las desigualdades preexistentes al establecimiento de la moneda única.

Y también a dos factores coyunturales: el euro fuerte, que penaliza la competitividad tanto dentro como fuera de la zona euro y que beneficia esencialmente a Alemania; y los dramáticos errores de gestión del Banco Central Europeo al principio de la crisis, que no supo ver que se trataba de una crisis sistémica del capitalismo financiero internacional.

Los mercados financieros han centrado sus ataques especulativos en los países deficitarios haciendo su deuda soberana insoportable y acentuando aún más los déficits. Ahora bien, en esta ocasión se ha constatado que la solidaridad europea era un deseo piadoso, ya que con un presupuesto europeo en torno al 1% del PIB no se pueden hacer milagros. Queda la austeridad que la troika impone hoy día a través de una política coercitiva y disciplinaria. En cuanto al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) destinado a ayudar a los países en dificultad, Alemania solo lo acepta con la condición de que la zona euro adopte el TECG (Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza Europea), plan de ajuste estructural digno del FMI. Se puede apostar a que la aplicación de este tratado va a revelarse muy peligrosa para los países en dificultad: el artículo 3 reafirma en efecto el dogma por el que la situación presupuestaria de las Administraciones públicas debe ser o equilibrada o de superávit (¡nunca visto!) e impone un calendario de convergencia hacia un “objetivo a medio plazo” que no debe sobrepasar un “déficit estructural” por encima del 0,5% del PIB. Para aclarar: más desreglamentación, mayor flexibilidad del mercado laboral, más privatización. De ahí las crisis políticas de legitimación que no dejarán de surgir y de las que ya vemos las premisas en Francia. De hecho, los dirigentes políticos europeos no quieren atacar los problemas de fondo del euro. Y ello porque todos aceptan la doxa monetarista reinante en el seno del Banco Central.

En realidad, el euro estuvo mal concebido desde el principio. Sin una arquitectura gubernamental, un presupuesto federal ni una coordinación fiscal y social era imposible llevar a cabo una moneda única que fuera provechosa para todos los miembros de la zona euro. Este debate se produjo a principios de los años 1990, desde entonces ha sido olvidado. Hay que retomarlo para evitar la explosión del euro o, lo que sería más grave todavía, la puesta en marcha de una Europa a dos velocidades, la de los ricos y la de los pobres.

Podemos examinar aquí rápidamente varios escenarios. El primero es el elegido por la Comisión de Bruselas, el Banco Central Europeo y Alemania: imposición de una política de austeridad que, de facto, rompe todos los mecanismos de cohesión social existentes en los países en dificultad. Baste aquí decir que será muy difícil llevar esta política hasta el final, salvo si se corre el riesgo de padecer explosiones sociales que pueden desembocar en la destrucción de todo el proyecto europeo. Las divergencias en España entre el Gobierno y los barones del PP, o en Francia en el mismo seno del Partido Socialista, son emblemáticas en cuanto a las dificultades a la hora de aplicar esta política de austeridad.

El segundo escenario es el de la evolución desde el actual euro caro hacia un euro competitivo, menos caro, que favorecería las exportaciones de todos los países europeos. Ello supone un gobierno económico europeo que oriente la política monetaria del Banco Central. Es un escenario del que, desgraciadamente, Alemania no quiere oír hablar, porque el euro sobrevalorado le resulta más provechoso. Penaliza las exportaciones de los países en dificultad y aumenta el desequilibrio de la balanza de pagos. En 2000, momento de su lanzamiento, tras solo algunos meses, el euro cotizaba a 1,16 con respecto al dólar, que hoy ronda en torno a 1,30 dólares. Esta sobrevaloración resulta de una complicidad objetiva de la estrategia entre el Bundesbank alemán y el Banco Central Europeo, que abogan por la independencia total de su acción con respecto a los Gobiernos nacionales. Sin embargo, el BCE cometió errores gravísimos al principio de la crisis, que en una Europa democrática habrían supuesto a sus dirigentes ser, por lo menos, destituidos…

El tercer escenario es preconizado por algunos grandes economistas alemanes (entre ellos, los profesores Hans-Werner Sinn o, también, Wilhelm Nölling), que, de forma diversa, mantienen que hay que considerar la “salida organizada” de los países del sur y la constitución de un núcleo duro con Estados del norte (de cinco a seis) dentro del euro actual. La idea implícita de este razonamiento es que, de todos modos, en razón de las divergencias en el seno de la zona monetaria, los países del sur no podrán soportar en un futuro previsible obligaciones impuestas por los países del norte. Por tanto, no sirve de nada imponer a los países deficitarios curas de austeridad y ello ralentiza el proceso de integración de los países del norte.

El cuarto escenario, principalmente defendido en Francia por algunos economistas, sostiene que para salvar el euro hay que operar una mutación en la moneda única para ir hacia una moneda “común”. Esta constituiría un sistema que religaría en la zona euro las monedas nacionales (euro-marco, euro-franco, euro-pesetas, etcétera) a un patrón común, que funcionaría como moneda de cambio y de reserva internacional. Ello permitiría a estas monedas fluctuar en su seno y operar devaluaciones competitivas, que son necesarias para lanzar de nuevo la actividad económica. La ventaja de esta solución sería conservar una moneda común, por tanto no habría que renunciar al euro, y permitiría a cada país sumarse, a su propio ritmo, a esta moneda sin tener que padecer exigencias de criterios presupuestarios y de déficits impuestos por el TECG. Así, volvería a ser posible la idea de políticas nacionales contracíclicas.

Por supuesto, estos cuatro escenarios implican visiones diferentes del futuro de Europa, que no son, por otro lado, limitativos. Es también otro motivo para la urgencia de abrir el debate, pues está en juego el porvenir de la Unión.

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Manual europeo para crisis financieras

Ven, 17/05/2013 - 23:00
¿Qué implica Chipre para la resolución bancaria y la gestión de crisis?. Dada la naturaleza reactiva ad-hoc de la gestión de la crisis en la Eurozona hasta ahora, los participantes del mercado se afanan en identificar un enfoque sistemático para calcular correctamente el riesgo bancario. Chipre refuerza el "demasiado grande para quebrar" en vez de representar un marco de trabajo universal. Los acreedores de países pequeños y pequeños sistemas bancarios corren su propio riesgo pero poco ha cambiado para los emisores grandes. Las condiciones financieras se deteriorarían si quebrara una entidad financiera sistemáticamente importante, dejando al BCE en el indeseable papel de prestamista de última instancia. Por eso, el BCE seguramente prefiera evitar las liquidaciones de bancos muy grandes. Con el riesgo de impago y la volatilidad suprimidas por la promesa de apoyo del banco central, y a falta de un supervisor supranacional con poderes efectivos, hay pocas probabilidades de una reforma que se anticipe a la crisis y apoye una prestación saludable de crédito. Eso implica que la gestión de la crisis continuará siendo reactiva por naturaleza.
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Tomado de El Economista

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La dictadura de Videla y el genocidio económico argentino

Ven, 17/05/2013 - 21:01


Eduardo Di Cola*, Buenos Aires

La muerte del genocida Jorge Rafael Videla nos transporta nuevamente al pasado más luctuoso de nuestra historia. Naturalmente que el mayor dolor está exaltado por las muertes, desapariciones, robos de bebés y todo lo que como ataque despiadado estuvo dirigido sistemáticamente en contra de las Personas.

No hay dudas que en la lucha por la Verdad y la Justicia está el mejor homenaje que podemos rendirles. De todas formas también durante el Proceso hubo un genocidio económico que simplemente quiero traducirlos en dos datos.

La deuda externa se multiplicó por 5,8 en el período 1976/83, pasó de US$ 7.870 millones a US$ 45.087 millones. Para que tomemos una idea de lo que significó, si desde el advenimiento de la democracia hubiéramos continuado con los mismos porcentajes de crecimiento, hoy nuestra deuda sería de 1,12 billones de dólares (US$ 1.127.175.000.000) A su vez si nos referimos a la fuga de divisas, los capitales de argentinos acumulados en el exterior pasaron de 3.566 millones de dólares en 1975 a 32.514 millones en 1983, vale decir que se multiplicó por 9.

De haber seguido la fuga de divisas en los mismos niveles desde el advenimiento de la democracia hasta ahora, el total de divisas fugadas acumuladas en el exterior sería de 1,04 billones de dólares (US$1.040.448.000.000). Evidentemente un absurdo que nunca podría haber ocurrido porque nadie nos hubiera prestado y a su vez la economía nacional tampoco podría haber generado semejante cantidad de dólares.

Simplemente hago este ejercicio para que tomemos conciencia de la magnitud del genocidio económico que tuvo como principales protagonistas a la dupla Videla-Martínez de Hoz, que como resultado se tradujo en el quiebre y desmantelamiento de todo nuestro aparato productivo.

La deuda heredada fue la gran responsable de las crisis que tuvo que afrontar la democracia. Recién dos décadas después de la mano de ex Presidente Néstor Kirchner los argentinos pudimos iniciar exitosamente el camino del desendeudamiento. Por primera vez en décadas el esfuerzo valió la pena.
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*Ex Diputado Nacional.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Walter Benjamin y el capitalismo como religión: la Banca ha ocupado el lugar de la Iglesia

Xov, 16/05/2013 - 09:00

Giorgio Agamben, Viento Sur

1. Hay signos de los tiempos que, aunque obvios, los hombres, que escrutan las señales en los cielos, no llegan a percibir. Cristalizan en eventos que anuncian y definen la época, es decir, eventos que pueden pasar inadvertidos y no alterar en nada, o casi nada, la realidad en la que encajan y que, sin embargo, y precisamente por esto tienen valor de signo, de indicio histórico: semeia ton kairon . Uno de estos eventos tuvo lugar el 15 de agosto de 1971, cuando el gobierno de EE.UU., bajo la presidencia de Richard Nixon declaró que la convertibilidad del dólar quedaba suspendida. Si bien esta afirmación ponía fin, de hecho, a un sistema que había vinculado durante mucho tiempo el valor de la moneda a una base áurea, la noticia, que saltó en plenas vacaciones de verano, provocó menos debate del que era razonable esperar.

Sin embargo, desde ese momento, la inscripción que todavía se puede leer en muchos billetes de banco (por ejemplo, en los de la libra esterlina o la rupia, pero no en los del euro): “Me comprometo a pagar al portador la suma de ...” refrendada por el gobernador del banco central, perdió definitivamente su sentido. Esta frase pasó a significar que a partir de ese momento a cambio del billete el banco central correspondiente haría entrega a quien lo solicitara (si alguien era lo suficientemente tonto como para hacerlo) no de una cierta cantidad de oro (para el dólar, 1/35 de onza) sino de un billete exactamente igual. El dinero había quedado desprovisto de cualquier valor que no fuera el puramente autorreferencial. Tanto más sorprendente fue la facilidad con que fue aceptado el acto del soberano estadounidense, que equivalía a cancelar el patrimonio de oro del dueño del dinero. Y si, como se ha sugerido, el ejercicio de la soberanía monetaria de un Estado consiste en su capacidad para inducir a los participantes del mercado a emplear sus obligaciones como dinero, en ese momento las obligaciones perdieron toda consistencia real, se habían convertido en puro papel.

El proceso de desmaterialización de la moneda se había iniciado muchos siglos antes, cuando las necesidades del mercado llevaron a añadir a la moneda metálica, necesariamente escasa y engorrosa, letras de cambio, billetes bancarios, juros , goldsmith’s notes, etcétera. Todas estas monedas de papel son en realidad títulos de crédito, por cuya razón se conocen como moneda fiduciaria. La moneda metálica, en cambio, valía –o hubiera debido valer– su contenido de metales preciosos (cuestión, como se sabe, insegura: el caso extremo fue el de las monedas de plata acuñadas por Federico II, que apenas usadas dejaban a la vista el rojo de cobre). Sin embargo, Schumpeter (que vivió, es cierto, en un momento en que el papel moneda había desbordado la moneda metálica), pudo afirmar no sin razón que, en última instancia, todo el dinero es sólo crédito. Después del 15 de agosto de 1971, habría que añadir que el dinero es un crédito basado sólo en sí mismo y que no refleja nada más que a sí mismo.

2. El capitalismo como religión es el título de uno de los más penetrantes fragmentos póstumos de Walter Benjamin.

Que el socialismo era algo parecido a una religión fue observado con frecuencia (entre otros por Schmitt: “El socialismo pretende dar vida a una nueva religión que para los hombres de los siglos XIX y XX tuvo el mismo significado que el cristianismo para los hombres de hace dos mil años.”) Según Benjamin, el capitalismo no es sólo, como afirma Weber, una secularización de la fe protestante, sino que él mismo es esencialmente un fenómeno religioso, que se desarrolla como parásito a partir del cristianismo. Como tal, como religión de la modernidad, se define por tres características:
  1. Es una religión de culto, tal vez la más extrema y absoluta que ha existido jamás. Todo en ella tiene significado sólo con referencia al cumplimiento de un culto, no con un dogma o una idea;
  2. Es un culto permanente, es “la celebración de un culto sans trève et sans merci”. No es posible aquí distinguir entre días festivos y días laborables, sólo hay un único e ininterrumpido día de fiesta-trabajo en el que el trabajo coincide con la celebración del culto;
  3. El culto capitalista no remite a la redención o la expiación de la culpa, sino a la culpa misma: “El capitalismo es quizás el único caso de un culto no expiatorio sino culpabilizador… Una monstruosa conciencia culpable que no conoce la redención se convierte en culto, no para expiar en éste su culpa sino para hacerla universal ... y para atrapar al final a Dios mismo en la culpa ... Dios no ha muerto, sino que se ha incorporado al destino del hombre.”
Precisamente porque tiende con todas sus fuerzas no a la redención sino a la culpa, no a la esperanza sino a la desesperación, el capitalismo como religión no tiende a la transformación del mundo sino a su destrucción. Y su dominio es en nuestro tiempo tan completo que los tres grandes profetas de la modernidad (Nietzsche, Marx y Freud) conspiran, según Benjamin, con él, son solidarios, de alguna manera, con la religión de la desesperanza. “Este paso del planeta hombre por la casa de la desesperación, en la soledad absoluta de su recorrido es el ethos que define Nietzsche. Este hombre es el superhombre , es decir el primer hombre que comienza a darse cuenta conscientemente de la religión capitalista.” Pero también la teoría freudiana pertenece al sacerdocio del culto capitalista: “Lo reprimido, la representación pecaminosa ... es el capital, sobre el cual el infierno del inconsciente paga intereses.” Y, en Marx, el capitalismo “con los intereses simples y compuestos, que son función de la culpa ... se transforma inmediatamente en socialismo”.

3. Vamos a tratar de tomar en serio y desarrollar la hipótesis de Benjamín. Si el capitalismo es una religión, ¿cómo podemos definirlo en términos de fe?, ¿en qué cree en el capitalismo? ¿qué implica, en lo que respecta a esta fe, la decisión de Nixon?

David Flüsser, gran estudioso de la ciencia de las religiones –hay también una disciplina con este extraño nombre– estaba trabajando sobre la palabra pistis, palabra griega que Jesús y los apóstoles utilizaban para “fe”. Un día se encontraba en una plaza de Atenas y en un momento dado, al levantar los ojos, vio escrito en grandes caracteres ante él Trapeza tes pisteos. Aturdido por la coincidencia, miró mejor y después de unos segundos se dio cuenta de que simplemente estaba ante un banco: trapeza tes pisteos significa en griego “banco de crédito”. He aquí el significado de la palabra pistis, que llevaba meses tratando de averiguar: pistis, “fe” no es más que el crédito de que gozamos ante Dios y del que la palabra de Dios goza en nosotros desde el momento en que creemos en él. Por esta razón Pablo puede afirmar en una famosa definición que “la fe es la sustancia de las cosas esperadas”: es lo que da credibilidad a la realidad y a lo que no existe todavía, pero en lo que creemos y tenemos fe, en lo que hemos puesto en juego nuestro crédito y nuestra palabra. Creditum es el participio pasado del verbo latino credere: es aquello en lo que creemos, en lo que ponemos nuestra fe, cuando establecemos una relación de confianza con alguien tomándolo bajo nuestra protección o prestándoles dinero, confiándonos a su protección o tomando dinero prestado. En la pistis paulina pervive la antiquísima institución indoeuropea que Benveniste ha reconstruido, la “fidelidad personal”: “El que detiene la fides puesta en él por un hombre tiene en su poder a este hombre ... En su forma primitiva, esta relación implica una reciprocidad: poner nuestra fides en alguien procuraba, a su vez, su garantía y su ayuda.”

Si esto es cierto, entonces la hipótesis de Benjamin de una estrecha relación entre capitalismo y cristianismo recibe una confirmación ulterior: el capitalismo es una religión basada enteramente en la fe, una religión cuyos seguidores viven sola fide (sólo por medio de la fe). Y como, según Benjamin, el capitalismo es una religión en la que el culto se ha emancipado de todo objeto y la culpa de todo pecado y, por lo tanto, de toda posible redención, así, desde el punto de vista de la fe, el capitalismo no tiene objeto: cree en el hecho puro de creer, en el puro crédito (believes in pure belief), es decir: en el dinero. El capitalismo es, por ello, una religión en la cual la fe –el crédito– ha sustituido a Dios. En otras palabras, en tanto que la forma pura del crédito es dinero, es una religión cuyo dios es el dinero.

Esto significa que el banco, que no es más que una máquina de fabricar y manejar crédito, ha tomado el lugar de la iglesia y, mediante la regulación del crédito, manipula y administra la fe –la escasa e incierta confianza– que nuestro tiempo todavía tiene en sí mismo.

4. ¿Qué ha significado para esta religión la decisión de suspender la convertibilidad en oro? Ciertamente, algo así como una aclaración de su propio contenido teológico, comparable a la destrucción mosaica del becerro de oro o al establecimiento de un dogma conciliar. En cualquier caso, un paso decisivo hacia la purificación y cristalización de su propia fe. Ésta –en forma de dinero y crédito–se emancipa ahora de todo referente externo, cancela su nexo de idolatría con el oro y se afirma en su carácter absoluto. El crédito es un ser puramente inmaterial, la parodia más perfecta de esa pistis que no es sino “la sustancia de lo que se espera”. La fe –así rezaba la famosa definición de la Carta a los Hebreos– es sustancia – ousia, término técnico por excelencia de la ontología griega– de lo que se espera. Lo que Pablo quiso decir es que el que tiene fe, el que ha puesto su pistis en Cristo, toma la palabra de Cristo como si se tratara de la cosa, el ser, la sustancia. Pero es precisamente este “como si” lo que la parodia de la religión capitalista elimina. El dinero, el nuevo pistis, es ahora inmediatamente y sin residuos sustancia. El carácter destructivo de la religión capitalista, de la que hablaba Benjamin, aparece aquí en plena evidencia. La “cosa esperaba,” ya no existe, ha sido destruida, y tiene que serlo porque el dinero es la esencia misma de la cosa, su ousia en el sentido técnico. Y, de esta manera, se quita de en medio el último obstáculo a la creación de un mercado de la moneda, a la transformación integral del dinero en mercancía.

5. Una sociedad cuya religión es el crédito, que sólo cree en el crédito, está condenada a vivir a crédito. Robert Kurz explicó la transformación del capitalismo del siglo XIX, todavía basado en la solvencia y la desconfianza respecto al crédito, en el capitalismo financiero contemporáneo. “Para el capital privado del siglo XIX, con sus propietarios personales y sus respectivos clanes familiares, eran todavía válidos los principios de honorabilidad y solvencia, a la luz de los cuales el incremento del uso del crédito era casi obsceno, como un comienzo del fin. Las novelas por entregas de la época están llenas de historias donde las familias numerosas se arruinan a causa de su dependencia; en algunos pasajes de Los Buddenbrook, Thomas Mann llegó a crear un tema de Premio Nobel. El capital productivo sujeto al pago de intereses era, por supuesto, esencial para el sistema desde el primer momento de su formación, pero todavía no tenía un papel decisivo en la reproducción capitalista global. Los negocios de capital ‘ficticio’ se consideraban típicos de los ambientes de estafadores y personas deshonestas, al margen del capitalismo real ... Incluso Henry Ford se negó durante mucho tiempo al uso del crédito bancario, obstinándose en su decisión de financiar sus inversiones sólo con su propio capital.” (R.Kurz, El fin de la política y la apoteosis de dinero, Roma, 1997; Die Himmelfahrt des Geldes, en “Krisis”, 1995).

Durante el siglo XIX, esta concepción patriarcal se disolvió completamente y el capital empresarial recurrió cada vez más al capital monetario, tomado del sistema bancario. Esto significa que las empresas, con el fin de seguir produciendo, deben, por así decirlo, hipotecar por anticipado cantidades crecientes de trabajo y de futura producción. El capital productor de mercancías se alimenta ficticiamente de su propio futuro. La religión capitalista, de acuerdo con la tesis de Benjamin, vive de un endeudamiento permanente, que no puede ni debe extinguirse. Pero no son sólo las empresas las que viven, en este sentido, sola fide, a crédito (o a débito). También los individuos y las familias, que recurren cada vez más al mismo, están análogamente implicados en este continuo y generalizado acto de fe en el futuro. Y la Banca es el sumo sacerdote que administra a los fieles el único sacramento de la religión capitalista: el crédito-débito.
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El legado del thatcherismo

Mér, 15/05/2013 - 08:00
Amadeu Sanchís I Labiós, Mundo Obrero

El 4 de mayo de 1979, el Partido Conservador Británico ganaba las elecciones legislativas, pero era algo más que una victoria electoral. Esa fecha suponía en la historia, el inicio de la contraofensiva de la derecha extrema occidental, que escondida tras los escombros de la II Guerra Mundial, había esperado agazapada a que llegara su momento: el momento de su venganza política contra la izquierda, de restituir sus privilegios de clase; el momento de dejar de esconder su colaboración con el fascismo; el momento de aplastar a la clase trabajadora.

Durante la reconstrucción de la Europa de la postguerra, gracias a la fuerza de los partidos socialistas y comunistas, de los sindicatos obreros y del contrapeso soviético, una parte de la derecha aceptó llegar a un acuerdo en el que los Derechos sociales se equiparaban a los Derechos civiles, creándose así los llamados Estados social y democráticos de Derecho. Dicho sistema se mantuvo gracias a una suerte de pacto no escrito entre socialdemócratas y democristianos-liberales de centro derecha, pero que a su vez abría caminos para la construcción del socialismo a través del apoyo ciudadano (en algunos países mayoritario) a los Partidos Comunistas.

Aunque inicialmente minoritaria, por su simpatía filofascista, o por su colaboración directa con la ocupación nazi, la parte más radical de la burguesía occidental, especialmente en EEUU y Gran Bretaña, iba configurando un programa alternativo a los Estados sociales desde una perspectiva filosófica, política y especialmente económica. Dicho programa estaba encabezado por pensadores como Hayek o economistas como Milton Friedman. A pesar de lo sólido de su programa, no fue sino hasta la crisis de 1973, cuando pudieron pasar a la ofensiva.

La elección de Gran Bretaña no fue casual. En este país, la clase obrera había alcanzado unas cotas de bienestar social y de poder político en las empresas, que le permitía ganar cualquier pulso a los Gobiernos conservadores, o a los laboristas moderados que intentaran limitar el avance de l@s trabajador@s. De hecho el Partido Laborista albergaba en su seno el ala izquierda más potente de los partidos de la IS, las Trade Union Congres eran el movimiento sindical más potente de Europa, y en su seno, al igual que en la Universidad, la influencia del Partido Comunista Británico era más que notoria.

Así una cadena de huelgas a finales de los 70, en la práctica un Huelga General de meses, había colapsado al Gobierno del timorato laborista James Callaghan que aterrorizado, era incapaz de asumir que la clase trabajadora británica apostaba claramente por un proceso claro de construcción del socialismo (en la línea del fabianismo, por supuesto), y acabó plegándose a las presiones del empresariado británico para limitar el poder sindical.

Pero ya era tarde para el ala derecha del Labour Party. Una figura agresiva, demagógica y despótica surgía desde las filas de los Torys en la Cámara de los Comunes. Su nombre: Margaret Thatcher. Mujer de personalidad fría y autoritaria, albergaba en su interior un profundo odio a los sindicatos y al socialismo. Un odio que podría parecer estrictamente teórico, pero que en su caso era personal, ya que Thatcher nunca perdonó al socialismo británico las políticas que habían reducido las diferencias de las clases sociales, y que para ella, al igual que para muchos de los suyos, era algo humillante.

Así, desde el primer día Thatcher (con el asesoramiento de la Escuela de Chicago) inició la primera demolición del Estado social de la historia. Con una agresividad desconocida desde el período de entreguerras, el Gobierno conservador procedió a dar prioridad al control de la inflación antes que a la consecución del pleno empleo, de tal manera que el Estado se retiraba de la economía, reducía la presión fiscal a las capas más altas, privatizaba las empresas estatales y en la práctica prohibía a los sindicatos.

Pero desde un primer momento la clase trabajadora se opuso firmemente a estas medidas consciente de que estas no eran un batalla más, eran la guerra. Así, un sinfín de huelgas y manifestaciones se sucedieron por todo el país, ante la indiferencia de Thatcher, la cual sabía que una vez ganadas las elecciones, cualquier cesión pondría en peligro su objetivo: la vuelta al capitalismo de antes de la II Guerra Mundial.

La dura resistencia sindical, en especial la heroica huelga de más de un año de los mineros, hizo mella en la fortaleza de su Gobierno, lo que llevó a Thatcher a embarcar al país en una guerra imperialista contra los militares argentinos por la posesión de un pequeño archipiélago de islas llamadas Malvinas. Una vez jugada la baza del patriotismo, los conservadores consiguieron que los apáticos sustratos medios de la sociedad británica se movilizaran activamente contra la clase obrera, de tal manera que en las elecciones de 1983, los torys se impusieron a los laboristas liderados por el izquierdista Michael Foot, obteniendo 397 escaños frente los 209 del Partido Laborista.

Thatcher tenía así el camino expedito para continuar su contrarrevolución, que tendría unas consecuencias sociales catastróficas para Gran Bretaña, de las que aún no se ha repuesto. Paro juvenil, pobreza estructural, desnutrición infantil, accidentes ferroviarios, salarios de miseria, prohibición de la negociación colectiva, sanidad y educación pública desmanteladas, son algunas pinceladas de un legado que coronó con su apoyó a la dictadura fascista de Pinochet, al cual defendió hasta su muerte.

Este hecho, bien tapado por los medios de comunicación, describe a la perfección lo siniestro y cruel de uno de los personajes más siniestros de la historia de la humanidad. Un personaje cuya obra desgraciadamente no la ha acompañado a la tumba, sino que está detrás de los dictados de la Troika para hundir países y ciudadan@s, y que tiene en el Gobierno de Rajoy un alumno aventajado.

Por eso, y para que el neoliberalismo que ella creó solo sea un negro recuerdo, debemos de hacer lo mismo que hicieron los sindicatos británicos: no amilanarse jamás, levantarse una y otra y vez, por muy duro que sea el golpe recibido. Y como cantaba Billy Bragg recordarle a la derecha que “mientras su país es de esperanza y gloria, el nuestro es de fraternidad y solidaridad”.
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Nuevo récord de inversión extranjera en América Latina

Mér, 15/05/2013 - 01:44
América Latina y el Caribe recibieron una cifra récord de inversiones extranjeras directas en 2012, según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) difundido hoy. De acuerdo con el documento, la inversión extranjera directa (IED) sumó el año pasado un total de 173.361 millones de dólares, es decir, un 6,7% más que en 2011.

Al hacer público el informe en su sede de Santiago de Chile, el organismo de Naciones Unidas indicó que este incremento se ha dado en un contexto externo de marcada reducción de estos flujos a nivel mundial. El sostenido crecimiento económico de la región, los altos precios de las materias primas y la elevada rentabilidad de las inversiones asociadas a la explotación de recursos naturales explicarían estas cifras. La Cepal no indica, en todo caso, el futuro de esta tendencia que sin duda se revertirá con la contracción que está sufriendo China y la profundización de la recesión que está sufriendo Europa.

De acuerdo a los datos de la Cepal, Brasil continúa figurando como el principal receptor de IED (Inversión Extranjera Directa), y los aumentos más importantes se registraron en Chile, que recibió 30.323 millones de dólares, y Perú, con 12.240 millones de dólares. Para este año, la CEPAL vaticina que las entradas de IED a la región oscilarán entre una caída del 3% y un aumento del 7%. "Los resultados obtenidos en materia de inversión extranjera directa dan cuenta del buen momento que atraviesa la economía de América Latina", subrayó la secretaria ejecutiva de este organismo, Alicia Bárcena. Pero, ¿cuánto tiempo más durará la bonanza?
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La crisis en Europa como tapadera para consolidar el neoliberalismo

Mar, 14/05/2013 - 21:34

Este documento de trabajo e infográfico presenta una panorámica de la ‘liquidación’ de servicios y bienes públicos en toda Europa, un proceso que está generando grandes ganancias para un puñado de transnacionales pero que suele toparse con la resistencia de la ciudadanía. Con el pretexto de la crisis del euro en la Unión Europea se avanza hacia el dominio corporativo de la sociedad, a través de la privatización de los servicios públicos y la liberalización de los mercados financieros. Este análisis de Joseph Zacune presenta una panorámica general de lo que podría definirse como ‘una gran liquidación a precio de saldo’ de servicios y activos públicos en toda Europa. Sumada a las medidas de liberalización y austeridad, está demostrando ser una catástrofe para los ciudadanos y las ciudadanas. A la vez, las empresas privadas se están haciendo con bienes públicos en crisis a precios bajos y a los bancos se les ha rescatado a expensas de la ciudadanía.
Joseph Zacune, Transnational Institute “La defensa de la austeridad siempre ha pretendido utilizar la crisis, no resolverla. Y sigue siendo así”
Paul Krugman, premio Nobel de Economía en 2008. La Unión Europea está atravesando su mayor crisis económica desde que fue creada, hace 20 años. El crecimiento económico se está derrumbando: la economía de la eurozona se contrajo un 0,6% en el cuarto trimestre de 2012 y todo indica que el frenazo se seguirá acentuando.

La crisis del euro se atribuyó erróneamente al gasto público y la consiguiente imposición de recortes y aumento de los préstamos se ha traducido en la creciente deuda de los países y la subida del desempleo. Como era de prever, la deuda pública de los países en crisis se ha disparado: las ratios de deuda sobre el PIB más elevadas en el tercer trimestre de 2012 se registraron en Grecia (153%), Italia (127%), Portugal (120%) e Irlanda (117%).

Los Estados miembros de la Unión han respondido aplicando estrictos programas de austeridad, realizando duros recortes en servicios públicos básicos y prestaciones sociales. Estas medidas son una copia de las controvertidas políticas de ajuste estructural que se impusieron a los ‘países en desarrollo’ durante las décadas de 1980 y 1990, y que llevaron al desprestigio del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Al igual que sucedió en el Sur, las políticas de austeridad en Europa se están ensañando sobre todo con los sectores más pobres, mientras que los europeos más ricos –entre los que se encontraría la élite de la banca que provocó la crisis financiera – han salido indemnes o incluso han incrementado sus fortunas.

Tras los efectos inmorales y negativos de recortes innecesarios, se halla un intento mucho más sistemático de la Comisión Europea y del Banco Central Europeo (respaldados por el FMI) de intensificar la liberalización de la economía europea y la privatización de activos públicos. La triste paradoja es que una crisis económica que muchos proclamaron como ‘la muerte del neoliberalismo’ se está utilizando, más bien, para consolidarlo. Esto se hace especialmente evidente en los países en crisis de la Unión, como Grecia y Portugal, pero es aplicable a todos los países de la UE e incluso está integrado en las últimas medidas adoptadas por la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (BCE).

Sin embargo, también se están viviendo victorias alentadoras en la batalla para salvaguardar y mejorar los servicios públicos europeos y debemos tenerlas presentes como fuente de inspiración. En Europa incluso está ganando terreno una contratendencia a favor de la remunicipalización, ya que cada vez se hacen más patentes los costes y las desventajas de privatizar servicios públicos, en particular el agua.

A medida que crece la conciencia pública de que la Comisión Europea, lejos de resolver la crisis, la está aprovechando para afianzar las mismas políticas neoliberales que ya demostraron su fracaso en el pasado, estos contramovimientos y crecientes resistencias populares están luchando por una Europa que no esté dominada por las grandes corporaciones.

La crisis del euro, que se ha convertido en una profunda y prolongada recesión en toda la UE, tiene sus raíces en la doctrina económica ‘neoliberal’ que se ha planificado y aplicado durante las últimas tres décadas. El ‘neoliberalismo’ promueve el dominio corporativo de la sociedad a través de la privatización del sector público y la liberalización de los mercados financieros. Esta doctrina, por lo general, caracteriza los derechos de los trabajadores y las trabajadoras, los impuestos, la protección del medio ambiente y el bienestar social como obstáculos que interfieren en las ganancias económicas a corto plazo.

La doctrina del Shock
Las élites empresariales y políticas, en lugar de aprender de la crisis, la están usando como pretexto para profundizar el neoliberalismo y eliminar los obstáculos que dificultan una mayor dominación corporativa, como los derechos de los trabajadores y gran parte del Estado de bienestar.

Justo antes de que tuviera lugar la cumbre de jefes de Estado de la Unión Europea de marzo de 2013 en Bruselas, Corporate Europe Observatory puso al descubierto cómo BusinessEurope –uno de los grupos de lobby empresarial más poderoso en Europa– está trabajando mano a mano con la Comisión Europea para imponer reformas neoliberales. La Comisión, entre otras cosas, está haciéndose eco de las demandas de ‘flexibilidad salarial’ de BusinessEurope para mantener bajos los costes laborales e incrementar sus ganancias. La Comisión Europea está priorizando las políticas que benefician principalmente a las empresas transnacionales en lugar de apoyar a las pequeñas empresas, los derechos de los trabajadores y las trabajadoras, y los servicios públicos básicos.

La gobernanza económica neoliberal se consagró ya en el Tratado de Lisboa, presentado para su ratificación en 2005, y la crisis del euro se están utilizando como una oportunidad para introducir nuevos instrumentos legislativos, como el llamado ‘six-pack’, el Semestre Europeo y el Pacto Presupuestario. Esta imposición de políticas impulsadas desde Bruselas aleja la toma de decisiones de los votantes e incrementa el control de burócratas que no han sido elegidos.

Una de las principales disciplinas que la Troika exige a los países en crisis es la privatización de servicios y bienes del sector público como condición para acceder a los préstamos.

Los activos que están en el punto de mira de las privatizaciones abarcan numerosos ámbitos, desde edificios estatales y bancos nacionales a servicios públicos de agua, energía, transporte, salud y correos, pasando por infraestructuras para el transporte. La legalidad de las privatizaciones impuestas es cuestionable, ya que el artículo 345 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE) exige a la Comisión que sea neutral en cuanto a la propiedad pública o privada de las empresas: “Los Tratados no prejuzgan en modo alguno el régimen de la propiedad en los Estados miembros”. Las privatizaciones que se impulsan en el marco de los programas de austeridad se justifican arguyendo que, con ellas, se generarán ingresos para devolver la deuda. Sin embargo, aunque las deudas se han incrementado desde que comenzó la crisis del euro, sobre todo en el sur de Europa, la deuda pública general de la eurozona y la UE se ha mantenido estable, en un porcentaje de alrededor del 90% y el 85% del PIB, respectivamente, a finales del tercer trimestre de 2012.

Un grupo de organizaciones de la sociedad civil europea ha exigido a la Comisión Europea que deje de imponer la privatización del agua sobre Grecia y Portugal. En una respuesta escrita el 26 de septiembre de 2012, la Comisión admitió que está promoviendo de forma deliberada la privatización del agua como una de las condiciones para ofrecer sus paquetes de ‘rescate’: “Como usted sabe, la privatización de las empresas públicas contribuye a la reducción de la deuda pública, así como a la reducción de los subsidios, otras transferencias o garantías es¬tatales a compañías de propiedad estatal. También tiene el potencial de aumentar la eficiencia de las empresas y, por extensión, la competitividad de la economía en su conjunto, a la par que atrae inversión extranjera directa.” Descargar documento Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El desmantelamiento de la banca pública en España

Mar, 14/05/2013 - 08:00
José Manuel Naredo, Attac

España tuvo una potente banca pública de la que hoy no queda vestigio. Murió tras el tozudo empeño privatizador desarrollado durante los gobiernos socialistas presididos por Felipe González y los posteriores gobiernos del PP. Ahora se sufren las consecuencias de haber saldado tan alegremente un instrumento cuya utilidad evidencian las tribulaciones del actual Gobierno en sus fallidos intentos de promover el crédito.

La banca pública existía desde antiguo en España y tenía un peso importante. En la década de los ochenta otorgaba más del 20% de los créditos, mientras que el resto correspondía a la banca privada y a las cajas de ahorros. A principios de los noventa la banca pública concedía todavía el 15% de los créditos cuando el Gobierno del PSOE decidió unificarla en el grupo llamado Argentaria para facilitar su privatización en bloque.

Tras la pérdida de las elecciones por el PSOE, este proceso se remató durante el Gobierno del PP con la integración de Argentaria en el grupo privado BBV –dando lugar al actual BBVA–,con lo que el Estado se desprendió finalmente de su participación minoritaria. La estrategia privatizadora alcanzó extremos surrealistas en su afán de liquidar cualquier traza de banca pública, como fue la segregación de las sucursales que tenía la antigua Caja Postal en las estafetas de Correos, para ofrecérselas al Deutsche Bank, cuya presencia aparece hoy insólitamente vinculada a las 2.000 oficinas de Correos que pueblan la geografía española.

Los bancos públicos habían surgido para asegurar que los antiguos servicios de crédito del Estado pudieran ejercer directamente sus funciones de intermediación financiera sin depender de las entidades privadas, como sigue ocurriendo en la mayoría de los países. Pero en España, tras haber desmantelado la banca pública, el Estado perdió esas funciones, por lo que el propio Instituto de Crédito Oficial (ICO) tuvo que recurrir a la banca privada para colocar sus préstamos. Resulta penoso observar cómo la banca privada no sólo ha hecho caso omiso de las reiteradas demandas del presidente Rodríguez Zapatero de “arrimar el hombro” en la concesión de créditos, sino que ha exigido al Estado mayores comisiones y garantías para conceder los préstamos del ICO, a la vez que hacía gala de sus millonarios beneficios. Es decir, que la banca privada, además de negarse a modificar los criterios en la concesión de créditos, saca la máxima tajada posible por el mero hecho de tramitar los del ICO, dejando por completo fuera de lugar las ingenuas sugerencias del presidente Zapatero.

El desmantelamiento de la banca pública entra en franca contradicción con las funciones que ahora se plantea el Estado con motivo de la crisis. Tras tanto adelgazar al Estado y engordar los negocios privados, el volumen y los riesgos de estos crecen a un ritmo muy superior al de los recursos públicos. Por ejemplo, si en 1995 el importe de los créditos doblaba al de los ingresos fiscales del Estado, en 2007 lo quintuplica, con lo que son cada vez más limitados los recursos públicos en comparación con los privados. Durante la crisis bancaria vivida entre 1977 y 1985, el saneamiento de las entidades financieras españolas exigió al Estado ayudas billonarias en pesetas y la crisis actual va camino de exigirlas en euros. En este caso, sería razonable aprovechar, al menos, tan enorme esfuerzo para reestablecer la propiedad y el control del Estado en el sistema bancario y paliar así los excesos privatizadores del pasado.

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