Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger5392125
Actualizado: fai 14 horas 29 min

Las contradicciones de herr Schäuble

Mér, 29/04/2015 - 12:51
Alejandro Nadal, La Jornada

La probabilidad de que Grecia salga de la unión monetaria europea aumentó significativamente la última semana. La reunión de ministros de finanzas de la eurozona en Riga, capital de Latvia, muestra que el gobierno de Atenas se enfrenta a un bloque compacto y que le será muy difícil convencer a los poderes europeos sobre la necesidad de cambiar la política macroeconómica en Grecia.

El encono y tono mordaz de los ministros de finanzas contra Varoufakis, ministro griego de finanzas, tenía un objetivo claro: mostrar que las pretensiones del gobierno de Syriza no tienen futuro. El mensaje fue un ultimátum y los ministros de finanzas lograron que Tsipras lo remplazara con Euclides Tsakalotos, el nuevo jefe del equipo negociador.

Entre paréntesis, creo que los ministros de la eurozona nunca le perdonaron a Varoufakis que les hablara con un lenguaje que desconocen. Ese lenguaje es el de la macroeconomía. Imagínense, hablar de los orígenes y causas de la crisis, cuando todos saben que se trata de un cataclismo provocado por la ineptitud de los gobiernos. ¡Qué mal gusto!

La señal desde Riga es que se acerca la salida de Grecia de la esfera del euro. Y si alguien tiene dudas, que vea la conferencia del ministro alemán de finanzas, Wolfgang Schäuble, en la Brookings Institution, en Washington, hace unos días (brookings.edu). Su visión sobre la crisis y la economía mundial es reveladora.

Para empezar, Schäuble atribuye las causas de la crisis a la política monetaria y fiscal. El ministro alemán piensa que el problema de las economías capitalistas en las últimas dos décadas es que el crecimiento se ha sustentado en el endeudamiento creciente y en ciclos crediticios que tienen una fase de auge y otra de declinación y crisis. Los ejemplos que presenta son la experiencia de Japón hasta 1991 y las crisis financieras en Asia en 1997, así como el ciclo que conduce a la última crisis financiera en 2007. En conclusión, Schäuble sostiene que se ha buscado una fuente de crecimiento artificial en las políticas monetaria y fiscal y lo único que se ha logrado encontrar es un promotor de los ciclos de endeudamiento y crisis.

Consistente con este diagnóstico Schäuble piensa que el plan de recuperación en Europa sí funciona y que la prueba está en el crecimiento en España, Portugal e Irlanda. Esta expansión está conduciendo a la reducción en el desempleo. Vaya, hasta Grecia estaría comenzando a funcionar mejor: su crecimiento es positivo y ya tuvo un superávit primario. El corolario de todo esto es que el problema central en Europa, según Schäuble es el riesgo moral de ayudar a gobiernos irresponsables (léase Grecia).

El ministro alemán parece ignorar que el sistema crediticio y el endeudamiento es esencial para una economía capitalista. No se trata de un aditamento superfluo, sino de un componente medular del capitalismo. Pero Schäuble piensa que la estabilidad macroeconómica y el orden en las cuentas públicas son la clave para el crecimiento sostenido a largo plazo: la estabilidad genera expectativas favorables de largo plazo y esto permite salir del crecimiento por endeudamiento.

Pero después de criticar la práctica de recurrir al crédito en demasía para crecer, Schäuble nos informa que lo que se busca con el plan de ajuste y reformas es permitir a Grecia tener acceso ¡a los mercados financieros! Vaya, parece que se le enredó el guión al experto ministro alemán de finanzas. Por un lado nos dice que el crecimiento ha dependido del sobrendeudamiento y de los ciclos crediticios inherentes al sistema financiero, pero para Grecia hay que buscar su regreso al tenebroso mundo de los mercados financieros.

Schäuble ignora que aún las inversiones basadas en sanas expectativas de largo plazo tienen que recurrir al sistema crediticio y que es así como funciona una economía capitalista. Pero hay que informarle que los mercados financieros no tienen la propiedad que los cuentos de hadas (léase los textos de macroeconomía) les atribuyen. No son estables y tampoco pueden medir el riesgo con distribuciones normales de probabilidades porque ese mundo no existe, independientemente de cómo se forman las expectativas de los inversionistas.

Otro punto clave es la explicación sobre el superávit alemán en cuenta corriente. Según Schäuble se explica por el precio del petróleo y la apreciación del dólar. ¿De verdad creerá que estos factores coyunturales explican el desequilibrio europeo de los últimos años? Quizás lo más alarmante es la relación que establece el ministro alemán entre este superávit alemán (el mayor del mundo) y la dimensión geopolítica en la que destaca la confrontación con la Rusia de Putin. Según Schäuble hay que vencerla con el poderío económico de Alemania pues es lo que permite aplicar sanciones económicas que le duelan a Rusia.

Para estos funcionarios alemanes es claro que la Unión Europea debe responder a las necesidades del poderío alemán. Más allá del lenguaje alarmista, todo esto recuerda la descripción que hiciera la revista New Statesman de Angela Merkel como el líder alemán más peligroso desde Hitler.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Origen, patología evolución y superación del capitalismo

Mér, 29/04/2015 - 08:00
Leopoldo de Gregorio, Attac.es

Aunque fueron muchos los autores que desde el medioevo observaron, definieron y trataron de superar los efectos que en las economías causaban sus crisis, sólo Marx nos dio a conocer científicamente que éstas, como origen, estaban radicadas en lo que él, en sus diversas acepciones llamó plusvalías.

De antiguo se entendía como algo congénito que una inversión debía tener una rentabilidad; una categoría de lo connatural que al no contemplar la importancia que en sus transacciones tenía el trabajo, sólo la vinculaban con las correlaciones que concurren en el proceso comercial que era preciso materializar para la evolución y el desarrollo de la especie…

Ya Hobbes definió como una utopía un modelo de socio-economía que denominó como de mercado simple, especificándolo como un prototipo en el que “todo el mundo intercambia mercancías; que éstas hacen pasar lo que era poder de inversión en unos, en una resultante que constituye la posesión de otros.” “ que al ser las transacciones que entre sí se han de hacer constituyen tan solo productos, este intercambio mercantil no puede ser un medio por el cual se puedan obtener ganancias haciendo pasar algunos de los poderes ajenos a sus propios usos.

Con lo cual la ganancia que obtienen cada uno de ellos consiste en el mayor beneficio que se consigue al producir una cosa para el cambio, en vez de producirla para sí.” (C.B. Macpherson, La Teoría Política del Individualismo Posesivo. Editorial Fontanela, pág. 65).

Este modelo no sólo es utópico; en función de que es falso que en este intercambio mercantil no se obtengan ganancias, no podemos considerarlo como un prototipo en el que lo obtenido sea deseablemente distribuido; y que consecuentemente no se hayan suprimido las desigualdades que se generan como acumulación. Lo que para Marx era preciso concienciar era la trascendencia que tenían aquellos factores relacionados con la producción y la distribución; unos factores que condicionaban la existencia de aquéllos que no participaban en los anteriormente mencionados intercambios mercantiles. Concienciar que los egresos que se hubieran de aportar (para con el trabajo facilitar el desarrollo de sus trapicheos), constituía un simple factor de producción.

Ocurre que como consecuencia de la asunción por parte de los trabajadores de esta concienciación, (y una vez que los operadores del intercambio mercantil fueron conscientes que la compleja apropiación de una parte del trabajo no abonado estaba generando una contestación), los que con anterioridad se habían considerado exclusivamente como propietarios, terratenientes o rentistas, dejaron de contemplar la relación interesadamente seudo-patriarcal con la que hasta ese momento habían venido explotando a los que se encontraban bajo su égida, se adscribieron el rango y los comportamientos que caracterizan al capitalista. Tuvieron que asumir las relaciones y las obligaciones que dimanaban del trabajo enajenado; y en este contexto, al tener que admitir que esta situación condicionaba en cierta forma las conductas que los poseedores de los medios habían venido desarrollando, para poder asegurar y compensar las demandas llevadas a cabo por los trabajadores decidieron que era preciso ir mucho más allá de la pragmática que regulaba exclusivamente el intercambio. Sobre todo, tras su apercibimiento de que debido a la concienciación que había inculcado Marx, esta concienciación había cristalizado en un nuevo orden social.

En un principio se recurrió al fordismo y al taylorismo. Después, cuando se observó que los rendimientos dimanantes de la plusvalía relativa conllevaba una disminución asimismo relativa con respecto al proceso de inversión, se utilizó como llave con la que superar la imposibilidad de que la oferta se equiparara a la demanda, haciendo uso de un incremento desusado de las acreditaciones; se pospuso el pago ad futuro de lo que en el presente no podía ser consumido. Y todo esto con independencia de estar condenados a continuar este proceso, so pena de ser eliminados; un proceso que demandaba un continuo incremento de la estructura productiva.

Es por ello por lo que Marx aseveró que “el capitalismo sólo puede existir como una esfera que para mantenerse ha de estar supeditada a un proceso de acumulación.” Algo que socialmente es tan insostenible como lo es para la física la imagen siguiente: A este respecto adjunto unos fragmentos de una obra no comercializada que lleva por título ¿Es posible otra economía de mercado? Dice lo siguiente:

“Entiendo que la actividad racional del individuo se mueve por la identificación que en él suscita lo que puede ser aprehendido. Sin embargo, esta racionalización, al pretender trascender en el tiempo, incorpora al proceso un componente que perturbando la interinidad que debiéramos asociar a dicha identificación, va más allá de lo que ésta debería estar representando. Se está ejerciendo sobre ella una injerencia de naturaleza posesiva. A mi entender, de la misma manera que somos capaces de considerar un bien y, reflexivamente pretender resolver su bondad “anexionándonoslo”, es dable conseguir que esa concienciación que nos identifica con el mismo podemos despejarla, si la proyección que en el espacio y en el tiempo representa, la sabemos encauzar de forma que en sus efectos desempeñe una influencia exclusivamente temporal. Estimo que la tendencia hacia la posesión, esa sempiterna inclinación en la que todos estamos implicados, podemos controlarla, siempre que la tengamos que asumir como algo utilizable; algo que al fundirse en nosotros en su uso, unifique y armonice nuestra realidad con la realidad en la que tengamos que desenvolvernos” “Cuando en nuestra sociedad reclamamos como natural el derecho a poseer (es decir, nuestro derecho a la propiedad privada), estamos demandando algo más que el derecho a su uso. Estamos intentando conseguir una substantividad extrínseca; una materialización que al no poder ser incorporada a nuestro ser, va más allá de nuestro natural derecho a considerarla como algo posesible. Nosotros debemos entender que de una forma biológica y hasta psicológica, dependemos de nuestro mundo exterior y que por tanto, necesitamos satisfacer nuestras carencias en las singularidades que para repararlas podemos encontrar en lo que nos rodea. Sin embargo, tenemos que advertir que lo que nosotros tendríamos que demandar de ese mundo exterior, debería ser la cumplimentación de un gozo o la satisfacción de una necesidad; que cuando pretendemos materializar el disfrute de la mayor parte de nuestras demandas, estamos asumiéndolo como la idealización de las cosas en las que se fundamentan; cuando nunca podrán ser las cosas en sí mismas. Lo que nosotros generalmente demandamos no es la complacencia inmediata que en ellas podamos encontrar; lo que invariablemente pretendemos, es que esas cosas sigan estando ahí para que podamos seguir potencialmente disfrutándolas. Ahora bien, aunque aparentemente esta permanencia constituye una razón que supuestamente asegura lo que hubiera de ser nuestro futuro, debido a que hay que conformarla a través de un acaparamiento que obligatoriamente nos tiene que enfrentar con los demás, ésta no es la manera más idónea de conseguir los fines que con nuestra identificación con la cosa poseída hubiéramos pretendido lograr.” Nada ha engañado más a nuestra sociedad que el argumento relativo a la existencia de aquella mano invisible. Y esto, por dos razonamientos a cual más significativo. El primero, porque con ella se nos intentó mostrar la capacidad autorreguladora del libre mercado: el segundo, porque con esta autorregulación se asumía la existencia de una libertad que por contrahecha resultaba inexistente. Y para demostrarlo no es necesario recurrir a demasiados ejemplos. Con respecto al primero, los rebalses de una producción que al no poder ser consumidos constituyen la base de las crisis convencionales. Con respecto al segundo, la existencia de un proceso de acumulación que al estar fundamentado en la utilización de un sector poblacional que para subsistir tiene que alienar su fuerza de trabajo, es totalmente incompatible con esa libertad; un proceso que al no existir hogaño como una concienciada oposición, ha permitido que el Capitalismo la utilizara como una forma de compatibilizar una tendencia relativa a la baja de los salarios con respecto al incremento de la productividad. Como queda demostrado si observamos que entre 1999 y 2011, el aumento de la productividad del trabajo medio en las economías desarrolladas ha sido más de dos veces superior al de los salarios medios; un aumento de la productividad que por otra parte no ha servido para que se produjera una reducción de la jornada laboral. Lo único que ha conseguido ha sido un decremento del número de trabajadores.

Y es curioso porque esta realidad choca frontalmente con la tan traída y tan llevada curva de Kuznets; una curva en la que se describe la tendencia a una reducción de los desequilibrios en la distribución de la renta debido al incremento del crecimiento económico; una curva en la que teniendo que ser asumido como cierto que este crecimiento posibilita una mejora en las familias con menores rentas, a tenor de las diferencias que se suscitan entre los más necesitados y las que obtienen rentas superiores es totalmente incompatible con la reducción de estos desequilibrios.

Para entender las razones que conlleva ese desmedido afán de acaparar riquezas hemos de convenir en que una gran parte de nosotros llevamos en nuestro ADN los mismos componentes que caracterizaron a Fagin. Utilizamos a nuestros semejantes de igual manera a aquélla que éste empleó al hacer uso de unos necesitados que por haber devenidos sujetos de una pésima distribución de las riquezas se veían obligados a colaborar con el que interesadamente le ofrecían un cobijo. Y para contrarrestar la patología que nos condiciona de una manera subjetiva hemos utilizado la cultura, la represión, el pasotismo y en última instancia aquellas prácticas que Marx pretendió superar con la modificación de las relaciones sociales de producción y de distribución.

Aun siendo cierto que según Freud “la Historia del hombre es la historia de su represión.” que “La cultura restringe no sólo su existencia social, sino también la biológica, no sólo partes del ser humano sino su estructura instintiva” lo que no es dable tener que aceptar es que esta Historia tenga necesariamente que ser tan cenicienta. Los hombres inventaron el zapatito de cristal, la calabaza convertida en carroza y la existencia de un príncipe azul que solo por serlo daba color a nuestras vidas. Es cierto que la historia determina lo que haya de ser nuestras culturas, pero no es menos cierto que en función de que éstas generalmente conllevan una serie de rasgos que como las religiones y el lenguaje establecen fronteras, lo que hasta ahora ha sido nuestra Historia, no ha sido más que un cúmulo de desencuentros culturales.

Examinando nuestro comportamiento a lo largo de esa Historia podemos darnos cuenta que desde el momento en el que los hombres dejaron de practicar la caza (que hasta entonces les había servido como medio de vida) y comenzaron a ejercer el pastoreo y la agricultura; es decir, desde el momento en que empezaron a ejecutar el acto represivo de renunciar al disfrute inmediato de las cosas -al obligarles los condicionamientos que demandaban su nuevo estilo de vida a posponerlo en el espacio y en el tiempo -, se originó una transformación social de enorme importancia. Lo que hasta entonces tuvo que ser una comunidad (debido a la necesidad de forjar una unión que proveyera a los miembros que pudieran componerla de una manera de afrontar su indefensión), se transformó en una asociación en la que la persona adquirió un carácter de individualidad que actualizando sus ancestrales propensiones, le confirió la convicción de ser una singularidad enfrentada con aquélla en la que anteriormente se había desenvuelto. La noción que como grupo había estado experimentando el individuo se metamorfoseó en un conglomerado de subjetividades que dejaron de contar como partes necesarias en el desarrollo de su comunidad. Es más, me atrevería a decir que ante la disminución de dependencias que en su nueva forma de ganarse la vida lograron alcanzar, incluso llegó a diluirse la vigencia de esa noción de grupo que anteriormente estuvieron manteniendo (a no ser que ese grupo representara una proyección de su propio yo; una proyección puesta al servicio de sus intereses subjetivos). Y las consecuencias de esta subjetividad, (suavizando el ascetismo con el que trató de sortearlas Freud), Herbert Marcuse intentó exorcizarlas a tenor de la natural desublimación represiva que supuestamente habría de traer la revolución tecnocrática. Lo que ocurre es que esta revolución ni tuvo ni tiene una naturaleza desublimadora. Como consecuencia de un subjetivismo que han puesto a su servicio los avances de la ciencia, se ha producido lo que con toda su crudeza menciona Pedro Luís Angosto en su artículo “La izquierda, la ignorancia y el pueblo” Han servido para derruir los valores que antaño adscribimos a nuestras culturas. Han provocado“la dejación de las funciones educativas consustanciales al Estado moderno; se ha producido, gracias sobre todo a la televisión y sus millones de mensajes directos y subliminares, un tipo de ciudadano que no merece ese nombre, grosero, autista, egoísta, déspota, insolidario, un tipo que cree que él y los suyos son sujetos de todo tipo de derechos y de obligación ninguna, un tipo que mide sus triunfos en relación a los fracasos ajenos, un ser que cuya forma de vida primaria ha llegado a modificar el urbanismo de muchas ciudades, ciudades que se han llenado de reservas para la buena gente en forma de urbanizaciones cerradas, de jardines privados robados al espacio público, de colonias periféricas ultravigiladas dónde sólo ellos, los nuevos notables, tienen cabida.” Hemos llegado a un punto en el que como consecuencia de las inconsecuencias de este modelo, una parte substancial de nuestros jóvenes ni estudian ni trabajan. ¿Qué futuro les espera? ¿Cómo sacian sus ansias de consumo en una sociedad en la que abundan los recursos? ¿Cómo podemos esperar que su conducta discurra por los cánones que otrora conformaron nuestras culturas?

Y ocurre lo mismo con la forma de superarlas con las que nos catequizó Norman O. Brown. Aquéllas con las que se nos arengó (sin ninguna indulgencia para con los aspectos positivos que deben caracterizar a una cultura), que la forma de solventar los contrariedades con las que tenemos que enfrentarnos se encontraba en nuestra disposición a asumir una completa desmitificación de nuestros condicionamientos culturales.

Pero es que si con la transformación del modelo económico que dimanó de la Revolución Industrial no logramos conformar una sociedad mejor (puesto que en gran medida no se dieron las pautas para que los individuos pudieran ejercer la iniciativa privada); si observando las secuelas de lo que hemos dado en llamar “revolución tecnocrática”; si advertimos que con ella hemos podido conseguir tan solo una transformación de las estructuras del poder; si constatamos que la pérdida de los valores que constituyen lo que haya de ser nuestra cultura está llevando a nuestra juventud a una manera de afrontar la vida que pretende simplemente discurrir por ella en la conformación de una manera erótica de concebir la realidad; en la forja de un ego Dionisiaco que nos lleve a tener que observar (como escribió Nicola Chiaromonte en “Encuentro”) que “los jóvenes nacidos después de 1940 se encuentran viviendo en una sociedad que ni ejerce ni merece respeto”, ¿podemos esperar ser redimidos por un modelo que hasta ahora sólo ha sido una reposición de caras nuevas que con su apalancamiento en el Poder indefectiblemente se tornan caras viejas?

Con independencia de los efectos adversos que suelen acompañar al progreso, tenemos que reconocer que sin éste, todavía estaríamos viviendo en las cavernas; lo cual nos posa una serie de preguntas que obligándonos a tener que buscarles una respuesta, aunque por su variedad y su importancia deberían ser analizadas una a una, en función del cometido que debo perseguir con estas líneas me obliga a limitar a solo una la que debo sacar a la palestra. Con ella me refiero a ese prácticamente unánime reconocimiento de que para que en el ámbito de la economía este progreso pueda materializarse es necesario invertir parte de los beneficios obtenidos como nuevas inversiones; llevar a cabo la reinversiones que nos permitan materializar los anillos que Böhn Bawerk nos mostró en su Teoría Positiva del Capital; hacer que la economía se dinamice; aunque tan sólo dure esa dinamización en tanto en cuanto los efectos de la acumulación no vuelvan a ralentizar esta dinámica. Y aunque es cierto que con el aumento de la complejidad se incrementan unos rendimientos con un mayor valor añadido, no es menos cierto que con ello no logramos salirnos del bosque. En un modelo en el que los beneficios obtenidos a través de una mayor actividad económica no sean equitativamente repartidos no se puede esperar que esta bonanza justifique la que a éste se le haya de adscribir. El bosque hay que contemplarlo desde fuera. Dentro, incluso psicológicamente formamos parte de nuestro entorno; estamos condicionados por lo que somos; y así es muy difícil ver lo que ocurre fuera de nosotros.

Desde dentro sólo estamos constatando que este progreso, en su busca de continuos e incrementados beneficios, evoluciona de una forma que en función de su naturaleza y como consecuencia del patrocinio que sobre él ejercen los que representativamente dicen gobernarnos, nos confina a unos espacios cada vez menos transitables. Lo cual nos lleva de nuevo a preguntarnos ¿si la ortodoxia es generalmente positiva cuando su utilización es la base de un modelo socialmente razonable, cuando es empleada para garantizar la existencia de una tiranía, no es obligatorio hacer uso de la heterodoxia? Cuando esa ortodoxia está al servicio de las desigualdades, con la acumulación no sólo se detrae de la sociedad lo que debe ser comunitario, se crea una situación en la que se excluye a los que no son necesarios para seguir incrementando las riquezas. Cuando en función de esta ortodoxia se postula que para superar las crisis es necesario ser más competitivos, la propuesta de los empresarios es la de utilizar unas máquinas inteligentes que les permitan con menores costes incrementar el PIB; (y aquí me viene a la memoria el hecho de que debido al un aumento de la productividad y una legislación laboral que sólo ha repartido miseria, el pregonero de las raíces vigorosas y sus adlátares nos “alumbren” que ese incremento del producto interior bruto es la prueba de que estamos saliendo de la crisis. En nombre de una competitividad fundamentada en la necesidad de comerciar con los mercados ubicados en el Exterior, el progreso se sitúa en contraposición a los derechos de los trabajadores.

Como muy bien apunta Marco Antonio Moreno en su bitácora Jaque al neoliberalismo (ver post completo aquí) “El estancamiento de los salarios en los países desarrollados pese al continuo aumento de la productividad confirma que una parte cada vez mayor del ingreso es recaudada por la clase capitalista mientras el porcentaje relativo que reciben los trabajadores sigue disminuyendo.... “En general, en el grupo de las economías desarrolladas, el crecimiento del salario real va a la zaga del crecimiento de la productividad laboral en el período 1999 a 2013.” Es decir, incluso en épocas de bonanza los salarios reales han estado descendiendo.Actualmente estamos viendo como el sumo sacerdote y sus escribas están pregonando a bombo y platillo que la crisis es cosa del pasado; que la prima de riesgo ha caído por debajo de los cien puntos básicos (como si fuera en el templo de estos fariseos donde radica esta caída); que el consumo está repuntando (sabiendo que ante el desplome salarial, el descenso del total de las horas trabajadas, y el festival de las horas extras no abonadas, las empresas se han visto obligadas a incrementar sus ventas a crédito). Y este consumo marginal, al estar hipotecándonos todavía más, nos va a pasar factura. Tanto a nosotros como a los que lo publican como una señal de bonanza.

¿Ante la descomposición y el olor a podrido que se desprende de este modelo, no creéis que debemos abrir las ventanas y hacer nuestra aquella frase que decía?: “Nosotros somos aquéllos a quienes hemos estado esperando.”Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Escalada de Estados Unidos y la OTAN en Europa

Mar, 28/04/2015 - 19:52
La tensión militar va en aumento en Europa, donde la OTAN multiplica las maniobras bélicas alrededor del territorio ruso. Con el increíble despliegue militar de esos juegos de guerra, Washington y Bruselas esperan compensar la inferioridad tecnológica de la alianza atlántica. Contrariamente a lo que se cree, el armamento y la capacidad de producción de armas de Estados Unidos y la OTAN son superiores a los de Rusia y China… pero sólo en cantidad.

Manlio Dinucci, Red Voltaire

Noble Jump es el nombre de la maniobra de la OTAN que se desarrolló desde el 7 hasta el 9 de abril de 2015 en Alemania, Holanda, la República Checa y otros 8 países europeos, donde en 48 horas fueron movilizados miles de soldados de la «fuerza de punta» de muy alta rapidez operativa, que forma parte de la «Fuerza de Respuesta» de 30.000 soldados. La segunda fase de Noble Jump se desarrollará del 9 al 20 de junio en Polonia, donde se desplegarán tropas provenientes de Alemania, Holanda, la República Checa y otros Estados.

Así se prepara la maniobra Trident Juncture 2015, que debe desarrollarse en Italia, España y Portugal –del 28 de septiembre al 6 de noviembre– con la participación de unidades terrestres, aéreas y navales y de fuerzas especiales de todos los países de la OTAN. Con la participación de 25.000 personas, esta será –según el mando de las fuerzas estadounidenses en Europa– «la mayor maniobra de la OTAN desde la caída del muro de Berlín» y pondrá a prueba las capacidades de la «Fuerza de Respuesta», cuyo papel –según un vocero de la OTAN– es «responder a una crisis antes de que comience». En otras palabras, estamos hablando de la «guerra preventiva».

La dirección de esa maniobra estará en manos del JFC Naples, el Mando Conjunto de la OTAN con sede en Lago Patria (Nápoles, Italia) bajo las órdenes del almirante estadounidense Mark E. Ferguson III, quien funge simultáneamente como comandante de las fuerzas navales de Estados Unidos en Europa y de las fuerzas navales del AfriCom [el Mando de las fuerzas estadounidenses en África].

Como declara el general estadounidense Philip M. Breedlove –Comandante Supremo de las fuerzas aliadas en Europa, o sea el más alto jefe militar de la OTAN, nombrado siempre por el presidente de Estados Unidos– estas maniobras constituyen «un claro indicio de que nuestra Alianza tiene la capacidad y la voluntad de responder a los desafíos contra la seguridad que están surgiendo en nuestros flancos sur y oriental».

O sea, que la OTAN tiene la capacidad y la voluntad de emprender –desde sus bases en Europa– nuevas guerras en el norte de África y en el Medio Oriente, donde ya se prepara otra intervención militar en Libia, y en el este de Europa. Es evidente que, en el «flanco oriental», la OTAN –después de haber provocado la crisis ucraniana– refuerza cada vez más la presión sobre Rusia.

La mayor maniobra naval de la OTAN correspondiente a la serie Joint Warrior, que apunta contra Rusia, se desarrolla actualmente en Escocia –desde el 11 hasta el 24 de abril– con la participación de más de 50 navíos de guerra, de 70 cazabombarderos de 14 países y de un grupo naval bajo comando italiano.

En el Mar Negro, donde ya se desarrolló en marzo una maniobra de la OTAN en la que también participó Italia, varios navíos de guerra de Estados Unidos navegan en los límites de las aguas territoriales rusas. Cuando un cazabombardero ruso, que no portaba armamento pero sí estaba equipado para la guerra electrónica, sobrevoló el destructor lanzamisiles USS Donald Cook, el Pentágono protestó contra «esta acción provocadora rusa que viola los protocolos internacionales» [1].

Pero sí son legales, a los ojos de Washington, los drones estadounidenses Global Hawk que sobrevuelan el Mar Negro y Ucrania. También es legal la llegada a Ucrania de un convoy estadounidense de la 173ª Brigada Aerotransportada de Estados Unidos con armamento y material de guerra para la operación Fearless Guardian, nombre que cubre el entrenamiento durante 6 meses de 3 batallones (de clara inspiración nazi) pertenecientes a la Guardia Nacional ucraniana, entrenamiento que será garantizado por unos 300 paracaidistas estadounidenses. A esos paracaidistas estadounidenses hay que agregar los cientos de instructores militares provenientes de Gran Bretaña y Canadá. Ottawa también está garantizando a Kiev imágenes de alta definición captadas por su satélite Radarsat-2 con fines militares.

¿Y Alemania? Mientras que aparenta seguir una línea diferente a la de Washington al conversar con Moscú, Alemania participa por otro lado en las maniobras de la OTAN contra Rusia, bajo las órdenes de Estados Unidos, y al mismo tiempo arma a Lituania ofreciéndole incluso cañones automotores Panzerhaubitze 2000, que disparan 12 proyectiles de 155 milímetros por minuto, con un alcance que fluctúa entre 30 y 40 km. Los mismos que utilizó Alemania durante la guerra de la OTAN en Afganistán.

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La Diplomacia económica como arma

Mar, 28/04/2015 - 12:24
La guerra es sólo la continuación de las politicas con la suma de otros medios.
Klaus von Clausewitz (Vom Kriege). Umberto Mazzei, Rebelión

Creo que estamos en una tercera guerra mundial que decidirá si el futuro es unipolar anglosajón o multipolar. El aspecto bélico de la lucha se hace por intermediarios, porque una confrontación directa entre los protagonistas resultaría en derrota mutua. El dinero es el nervio de la guerra (Thomas More), la estrategia es agotar económicamente los adversarios; el arma es la diplomacia económica.

Putin propone compartir con Europa los recursos de la Unión Económica Euro-Asiática, para crear una entidad económica de Lisboa a Vladivostok. Eso es la peor pesadilla anglosajona, porque la economía mundial basada en el dólar dejaría de ser y Europa continental regresaría como potencia protagonista. Esa propuesta tan ventajosa para la Unión Europea debiera despertar el entusiasmo europeo, pero su clase política sirve un interés distinto al de sus pueblos, por ello colaboró en el golpe de estado en Kiev, que desestabilizó a Ucrania, su vecina, y pone en riesgo su más segura conexión energética.

Los Estados Unidos tomaron el relevo de Gran Bretaña en servir los mismos intereses financieros y heredaron la misma política de sembrar conflictos, que justifican bases e invasiones en todas partes. Los excesos cometidos con la emisión desaforada de dólares inorgánicos que alimentan el alza de los valores en la bolsa desvincularon el sector financiero del resto de la economía que muestra indicadores negativos. El dólar debe mantener su rol de moneda excepcional e imprescindible porque su uso es un tributo mundial que se paga a los Estados Unidos. La red de acuerdos de libre comercio -ahora de asociaciónes océanicas- propuestos por Estados Unidos, tiene la función esencial de mantener el uso del dólar como referencia de valor. Es para mantener esa ventaja avasallante que hoy propone dos acuerdos ambiciosos, negociados en secreto: el Trans-Pacific Partnership Agreement (TTP) y el Trans-Atlantic Trade and Investmente Partnership (TTIP). En el primero excluye a China; en el segundo excluye a Rusia.

Esta semana ha sido testigo del inicio de una ola de protestas populares contra esas dos iniciativas de la diplomacia económica norteamericana. El día 21 de abril manifestaban en Washington los sindicatos y muchos congresistas demócratas contra el Trans-Pacific Partnership (TPP). El día 19 de abril en toda Europa se protestaba contra el Trasatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP), apenas después que el Congreso de Estados Unidos autorizara, el 17 de abril, el llamado Fast Track, para negociarlo.

Ese llamado Fast Track, cuyo nombre oficial es «autorización para negociar comercio» , vino esta vez con una curiosa condición. La Sección 8, sobre Soberanía, dice que todos los acuerdos comerciales de Estados Unidos no son vinculantes para Estados Unidos, cuando contradigan una norma suya presente o futura. Con lo cual los acuerdos son obligatorios sólo para los otros socios, pero obligan a Estados Unidos sólo cuando quiere. Para asegurar mejor esa exepción, el Congreso se otorga a si mismo la facultad de sentenciar si el caso es parte del derecho internacional. Los vasallos tienen los derechos que su señor tenga a bien reconocerles.

China por su parte ha tenido mucho éxito con su propia red de acuerdos de libre comercio y de asociación económica, en que se comercia también en remimbis. En particular el Regional Comprehensive Economic Partnership, que excluye a Estados Unidos, pero incluye economías importantes del Pacífico como Japón, India, Corea del Sur, Australia e Indonesia. Otra iniciativa china es un fondo de $40 millardos para crear infraestructura de transporte y cooperación industrial en los países asiáticos que atraviesan a versión terrestre o marítima de la Nueva Ruta de la Seda.

En el área financiera de la diplomacia económica suceden movimientos estratégicos. Desde la Conferencia de Bretton Woods, en 1944, Estados Unidos tuvo poder de veto en el Fondo Monetario Internacional, en el Banco Mundial y los bancos de desarrollo regional. Los préstamos allí imponen medidas inspiradas por la filosofía neoliberal favorable a los intereses de las grandes empresas. Paises como China, que ahora es la primera economía mundial, desean actualizar el valor de los votos en esos organismos financieros internacionales, pero Estados Unidos lo veta. Esa rigidez llevó a la creación de dos nuevos organismos financieros: el New Development Bank ($40 millardos) de los BRICS y del Asian Infraestructure Investment Bank (57 países, $50 millardos) del que son socios todos los países de importancia financiera, salvo Japón y Estados Unidos.

El contenido de los acuerdos de asociación Aunque se negocien en secreto, el contenido de los acuerdos que propone Estados Unidos a la cuenca del Pacífico y a la Unión Europea es conocido, porque no se negocia nada, sino la adhesión, como en los contratos con bancos. Estados Unidos viene imponiendo a sus socios el mismo texto desde el TLCNA (NAFTA) con México y Canadá en 1994. Usó el mismo modelo para Jordania, Chile, Centroamérica (CAFTA), Marruecos, Colombia y un largo etcetera. Cuando quiso expanderlo a nivel regional, con el ALCA, pero fue rechazado con firmeza, en Buenos Aires, por los países del Mercosur, además de Bolivia, Ecuador y Venezuela.

La principal desventaja de esos acuerdos, que pretenden ser varios y son siempre el mismo, es que imponen el neoliberalismo como única política económica y miran sólo a la ganancia de las grandes empresas internacionales. Los rasgos más salientes son cuatro.

En comercio exigen una apertura a la exportacion subsidiada de productos agrícolas de Estados Unidos –incluso OGM- que acaban con la agricultura local. Eso destruye también la fuente de la cultura nacional y provoca éxodo campesino hacia ciudades donde su hacinamiento genera miseria y delincuencia o empuja a la emigración desesperada. Es el caso de México y América Central.

En Propiedad Intelectual imponen normas que prolongan los monopolios que otorgan las patentes, para producir productos farmacéuticos y agroquímicos. Eso retraza la fabricación de medicinas genéricas baratas y encarece el cuidado de la salud pública. En agroquímicos aplaza o encarece el uso de nuevos productos con perjuicio de la productividad y rendimiento agrícola.

En inversión extranjera, se mira como inversión extranjera la simple compra por un ente extranjero de acciones en una empresa nacional, sin nuevo aporte; sea aumento de capital, nueva technología, infraestructura o nuevos empleos. El Estado receptor debe abrir las puertas y garantizar el éxito de la inversión y deberá responde ante árbitros extranjeros por cualquier cambio que afecte la ganancia de la empresa inversora. Por ejemplo, la Occidental Oil obtuvo una sentencia contra Ecuador por US$2,3 millardos, porque tribunales ecuatorianos le aplicaron leyes ecuatorianas contra corrupción.

En comercio de servicios, esos acuerdos cambian el enfoque usado en la OMC de «lista positiva», que abre sólo los sectores mencionados en una lista, por un enfoque de «lista negativa» donde lo que no esté negado queda abierto. Eso abre todos los servicios del porvenir y quita el derecho a diseñar futuras políticas de desarrollo nacional. Es notable que en ellos Estados Unidos especifica que el acuerdo no compromete a los estados y sólo vincula al Distrito de Columbia y Puerto Rico.

Perspectiva de la Diplomacia Económica Desde el siglo XVI los anglosajones, bajo la etiqueta de libertad de comercio, practican el imperialismo económico. Fue el caso de la Compañia Inglesa de las Indias Orientales, la primera Big Corporation, que mandaba a los señores de la India, Pakistán, Bangladesh, Myanmar y SriLanka. Es significativo que la bandera de Estados Unidos se idéntica a la usada por la CIIO/ BEIC, salvo por el cuadrante superior, donde las estrellas substituyen el Union Jack.

Lo que se negocia hoy en foros multilaterales de fondo económico, como OMC, OMPI, FMI, Banco Mundial, OMS, OIT, implica casi siempre una erosión de soberanía; la reducción de espacios para políticas económicas y sociales autónomas. Exigencias más drásticas se hacen en tôdos los acuerdos bilaterales con las etiquetas de libre comercio, cooperación económica o en los de asociación regional.

La percepción clásica de que los acuerdos internacionales reflejan y consolidan un Status Quo, no se aplica a la Diplomacia Económica. La iniciativa aquí tiende a alterar el Status Quo. Se le altera negociando normas internacionales que tendrán consecuencias políticas, económicas y sociales al interior de los países. Las normas no siempre versan sobre asuntos económicos. Las negociaciones sobre comercio de servicios son sobre cambios en códigos legales internos. Las negociaciones en la OMPI son sobre futuros privilegios y monopolios privados. La OIT se mueve entre coaliciones de gobiernos, empresarios y sindicatos. Los organismos financieros internacionales suelen negociar decisiones políticas junto con sus préstamos. La Ronda Doha de la OMC, iniciada para acabar con el subsidio de exportaciones agrícolas, ahora gira sobre futura apertura agrícola, industrial y de servicios.

El uso de estrategias económicas para debilitar al adversario antes de iniciar una guerra es antigua. En época recientes la diplomacia usa sanciones económicas desde la Sociedad de las Naciones. Lo novedoso es que se obligue a un grupo de países soberanos a imponer a otro sanciones económicas que también perjudican sus propios intereses económicos. Es el caso de la Unión Europea imponiendo sanciones a Rusia y un caso claro de «matar dos pájaros de un tiro». ¿Cui bono?

El pillaje, el botín, los tributos y el crédito han sido siempre acciones económicas usadas para mantener una supremacía. Emmanuel de Waresquiel dice en su Fouché (2014) que Napoleón financiaba sus guerras con el pillaje y los ingleses las suyas con endeudamiento. Los Estados Unidos usan ambos.

Conclusión La diplomacia económica debiera merecer mucha más atención por parte de las cancillerías, porque su rol e incidencia en la política internacional es real, concreto y determinante; es el arma principal de la guerra en curso. En su lucha por prolongar su hegemonía, Estados Unidos cuenta con gran fuerza militar, pero hay adversarios a quienes no se puede aplicar. Su potencia tiene un punto débil y es el dólar, imprescindible para mantener su arsenal, y vulnerable por la falta de un respaldo de valor real y el gran cúmulo de deudas. Por ello teje una red de acuerdos que impongan el uso del dólar, junto con su sistema de distribuir la riqueza. Los países que prefieren un mundo multipolar moderno, distinto al surgido de Bretton Woods, construyen otro mundo económico paralelo y esperan el resultado, mientras modernizan sus ejércitos. Si vis pacem, para bellum.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Rodrigo Rato, ex director del FMI y segundo de Aznar, enjuiciado por corrupción y lavado de dinero

Lun, 27/04/2015 - 07:01
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Rodrigo Rato (RR) –ex director del FMI, ministro de Economía y viceprimer ministro en el gobierno del controvertido Aznar– fue detenido por blanqueo, fraude y alzamiento de bienes. La noticia dio la vuelta al mundo y valió la portada, con varios artículos alusivos, del Financial Times (http://goo.gl/NlOrTw): el más reciente (sic) escándalo de RR, uno de sus barones, vino en el peor momento para el atribulado Mariano Rajoy y el PP en vísperas de varias elecciones (http://goo.gl/x1I1xX).

Se desploma el hoy impresentable RR, máxima figura financierista de España durante una generación en el pináculo de la estructura del poder español, que sigue a la extraña abdicación de su zoocida monarca. Los votantes abandonan en forma masiva al PP debido a la pandemia de sus corrupciones, lo cual podría beneficiar el ascenso irresistible del movimiento contestatario antineoliberal Podemos.

RR se ha vuelto pestífero y la ciudadanía, que sufre una de sus peores crisis económicas, lo increpa y humilla en las calles como delincuente (http://goo.gl/EwTxiF). ¿Se puede deslindar el blanqueo nupcial de RR con el fiscalista Aznar, su socio en el gobierno neoliberal del PP?

El caso de RR es congénito ya que su padre fue sentenciado a 3 años de cárcel por fraude y evasión fiscal.

En espera de la exhumación de su connivencia bipolar con el PSOE, la hipercorrupta dualidad, que no duplicidad, de RR y Aznar colaboró en la atroz irrupción de Banco Santander, Telefónica y Repsol en Latinoamérica (LA), que alerté hace 7 años: “¿Aznarización pirata de los ‘tesoros’ de Petrobras y Pemex?” (http://goo.gl/NrG9BJ).

RR es un Midas al revés: lo que toca lo aniquila, quizá para amparar las oscuras cuentas subrepticias del PP y sus socios políticos y literarios en LA que promueven el salvaje neoliberalismo que beneficia a las trasnacionales españolas: Banco Santander, Telefónica y Repsol (de la que buscó ser director Calderón: íntimo del PP y su estratega Antonio Solá, quien manejó varias elecciones nauseabundas en México). En forma poco usual, el mismo FMI realizó una crítica demoledora a la actuación de RR en su fase previa a la grave crisis del 2008 (http://goo.gl/XXnIki).

La auditoría del FMI fustigó que las deficiencias internas impidieron prevenir la crisis de 2008, cuando bajo la conducción de RR, “el FMI no anticipó la crisis, su ritmo ni su magnitud y (…) no pudo advertir a sus miembros”. El vilipendiado FMI puso como ejemplo a seguir alguna de las prácticas más destructivas (sic), desoyó las señales de alerta y tuvo una doble vara de medir. Mientras era muy duro con los países emergentes, se mostraba complaciente con los países ricos, en especial EEUU, que acabó siendo el foco de la crisis. So what?

No distingo cual sea la diferencia de RR con sus antecesores en el manejo del FMI unipolar que tiene las horas contadas. Director de la mefítica Bankia –rescatado por el gobierno hipercorrupto del PP con 8 mil millones de euros–, RR renunció cuando la insolvencia alcanzó su cuello nada blanco.

La contabilidad mafiosa de Bankia en la mágica etapa de RR –quien usó sin recato sus tarjetas negras (sic) de crédito– evaporó 4 mil millones de euros, mientras otras fuentes externan un boquete azorante de 20 mil millones de euros que se ignora su destino terminal. ¿Fueron a dar a los bolsillos de Aznar y sus socios literarios en LA, colmados de preseas para honrar sus hipócritas libertad, democracia y derechos humanos?

Bloomberg seleccionó a RR como el peor ejecutivo empresarial del 2012, mientras sus fétidos escándalos y su vida lasciva orillaron a su eyección del PP donde destila(ba) insufrible olor a azufre. Después de dejar Bankia, RR apareció nada mágicamente en Banco Santander, donde cobraba por asesorías 200 mil euros al año, al igual que en Telefónica, con varios cadáveres metafóricos en el clóset, donde opera el foxiano Gil Díaz, controvertido secretario itamita de Hacienda e íntimo de Israel.

El nombramiento del tránsfuga saltimbanqui RR en el consejo consultivo de Banco Santander, el mayor banco de la eurozona, causó estupefacción (http://goo.gl/WKCSM0) cuando todos eran felices brindando cervezas al por mayor con Antonino Fernández, ex director de Grupo Modelo de México (http://goo.gl/RRhKER). Mejor aquí le paro.

¡Cuantos favores de blanqueo bidireccional ha de deber Banco Santander al lavador fondomonetarista RR!

Banco Santander –en especial su turbio consejo de administración en México (http://goo.gl/TukPjH)– fue detectado por su narcolavado (http://goo.gl/W9IfBG) sin ser inquietado por la selectivamente daltónica y cíclope Secretaría de Hacienda en la etapa aciaga de Videgaray.

El boquetazo de Bankia tiene mucha semejanza con el narcolavado y los desvíos rocambolescos de Lehman Brothers, Bernie Madoff y Banco Stanford, donde brotan muchos blanqueadores mexicanos sin ser tampoco incomodados.

El bushiano Aznar, accionista privilegiado de los fondos buitre Cerberus, que enjuagó los bonos tóxicos de Bankia, definió a RR como el mejor ministro de Economía de la democracia (sic) y lo entronizó como artífice del milagro español (http://goo.gl/vJgI7Q). ¡Que cómico!

Hace dos años aduje que el neoliberalismo español es consubstancialmente delincuencial, donde abrevan Banco Santander/Telefónica/Repsol con la cobertura democrática del PP para legitimar las rapiñas masivas a su subyugada ciudadanía (http://goo.gl/Vj05ov), extensivas a LA, como destapó el derrumbe delictivo de Antonio Solá, estratega (sic) del truculento PP (http://goo.gl/TNkyOO).

El PP, que resultó un partido consolidado de bandidos y blanqueadores, es gemelo simbiótico del PAN, de sus dos ex presidentes Fox y Calderón, y su prolífica camada literaria subsidiada, así como de partidos y organizaciones (v.gr FAES) de extrema derecha fascistoide de LA.

¡La cleptocracia con cobertura literaria de los libertinos garabatos de sus letrinas!

Durante el lapso de la detención de su socio lavador RR, Aznar vino a México, como si aún vendiera espejitos del siglo XVI, a anunciar su santa alianza con el hermano del ex priísta y hoy panista Javier Lozano, quien ha participado desde el tétrico Fobaproa/IPAB en todos los entreguistas esquemas antimexicanos (http://goo.gl/C0DSyq).

El FMI, quintaesencia del pernicioso neoliberalismo global, es un nido proliferativo de bandoleros, cuyos tres recientes directores han sido implicados en fechorías crapulosas: RR, Strauss-Kahn y Christine Lagarde (http://goo.gl/EDv86U).

El PP del lavador RR y su socio Aznar, condimentado con el sulfuroso Solá, es la imagen degenerada del putrefacto neoliberalismo del FMI que implementa en España y LA para beneficiar el inmundo bandolerismo financierista de sus trasnacionales y sus adscritos políticos y literatos muy bien lubricados que luego se transmutan a neobanqueros para perpetuar el circuito vicioso de la piratería global con su burlesco travestismo democrático publicitado en forma mendaz por los multimedia que controlan, como Televisa (http://goo.gl/69Nh75).

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El imperio de los robots en Stiglitz y en Marx

Dom, 26/04/2015 - 20:39
Branko Milanovic, Sin Permiso

Siempre es instructivo hablar con Joe Stiglitz. En una conversación que tuvimos en París, luego de su charla en la Conferencia INET [The Institute for New Economic Thinking], me observó que la elasticidad de la sustitución entre capital y trabajo mayor que 1 –un supuesto habitual en el libro de Piketty El capital en el siglo XXI— combinada con un progreso tecnológico que no cayera como maná del cielo, sino que se desarrollara en respuesta a los precios de los factores, traería consigo un proceso explosivo que sólo podría terminar con un capital en posesión de todo el ingreso neto de un país. ¿Cómo?

Supóngase que tenemos un tipo de interés dado, r (de un 5%, pongamos por caso, como a menudo supone Piketty), y un salario dado, w. Supóngase que con esa proporción de los precios de los factores resulta rentable invertir en procesos más intensivos en capital (en procesos, esto es, que reducen el coste por unidad del producto). Así, los capitalistas reemplazarán trabajo con capital y las proporciones C/T y C/producto crecerán. Puesto que la sustitución de T por C es mayor que 1, r sólo decrecerá ligeramente, mientras que los salarios (w)crecerán sólo ligeramente. Aun cuando los precios de los factores, siendo rígidos, no variarán mucho, tendrían que seguir moviéndose ligeramente en punto a hacer aún más atractivos los procesos de intensificación de capital. De modo que se diera una nueva ronda de acrecida inversión en capital, la cual, de nuevo, haría crecer las proporciones C/T y C/producto con sólo unos mínimos efectos en los precios.

Eso continuará ronda tras ronda, hasta que el entero producto sea producido prácticamente usando sólo capital y, acaso, una ínfima cantidad de trabajo. Tanto r como w seguirán casi igual que al comienzo, pero en vez de, pongamos por caso, 100 máquinas y 100 trabajadores, lo que tendremos al final serán 100 robots y un trabajador. Casi todo el producto pertenecerá a los propietarios de capital. El alfa de Piketty se acercará a 1.

De aquí que, en mi interpretación, lo que Stiglitz sostiene es que la elasticidad de sustitución superior a 1 combinada con progreso tecnológico endógeno conduce finalmente a un equilibrio explosivo. Ahora bien, esta es, como dicho, una interpretación mía, y es muy posible que Stiglitz no esté de acuerdo o que yo me haya perdido algo.

Lo cierto es que, luego de hablar con Joe, de regreso al hotel, pensé en otra cosa. ¿No es eso, en un cierto sentido, casi lo contrario, y en otro sentido, muy similar a aquel proceso, apuntado por Marx, de crecimiento de la “composición orgánica del capital” que habría de llevar a la eutanasia del capitalista (por servirnos del léxico de Keynes en un marco marxista)? En Marx, el supuesto es que más procesos de intensificación de capital son siempre más productivos. De modo que los capitalistas tienden a acumular más y más capital y a substituir el trabajo (de modo muy similar a lo que acabamos de ver en el ejemplo de Stiglitz). Eso, en un marco marxista, significa que cada vez hay menos trabajadores y que éstos, obviamente, producen cada vez menos plusvalía (absoluta): y esa plusvalía menguada en relación con una acrecida masa de capital significa que cae la tasa de beneficio.

¿Cómo afectará al capitalismo el auge de los robots? Joseph Stiglitz y Karl Marx nos proporcionan algunas claves.

El resultado es idéntico, si ponemos el proceso marxiano en un marco neoclásico y suponemos que la elasticidad de sustitución es menor que 1. Entonces, simplemente, r va cayendo en cada ronda sucesiva de inversión intensiva en capital, hasta aproximarse a cero. Como escribió Marx, cada capitalista individual tiene interés en invertir en procesos más intensivos en capital, a fin de vender más barato que los otros capitalistas, pero cuando todos hacen lo mismo, la tasa de beneficio cae para todos. De modo que lo que hacen, a fin de cuentas, es “quitarse del negocio”, o más exactamente, moverse hacia una tasa cero de beneficio.

¿Cuáles son las similitudes y las diferencias entre los dos resultados? En ambos casos, el trabajo será reemplazado por capital a un grado extremo, de manera que en ambos casos el grueso de la producción la llevarán a cabo robots. El empleo será insignificante. En Marx, el equilibrio último se daría con un r cercano a cero y un w (el supuesto de Marx) a nivel de subsistencia, evidentemente con un enorme “ejército de reserva de desempleados”. En el caso de Stiglitz, los capitalistas terminarían con un r igual y embolsándose todo el producto neto. En el equilibrio de Stiglitz, el único trabajador subsistente tendrá un salario mayor, pero nadie más tendrá empleo.

El ingreso neto, en el equilibrio marxiano, será bajo porque sólo el trabajo produce “nuevo valor”, y puesto que muy pocos trabajadores tienen empleo, el “nuevo valor” será bajo (con independencia de lo alta que sea la tasa de plusvalía que los capitalistas consigan extraer). Para visualizar el equilibrio marxiano, imaginemos a miles de robots trabajando en una gran factoría y a un solo trabajador controlándolos, siendo de un solo año la vida útil de los robots: eso significa que hay que reemplazar continuamente los robots, es decir, unos enormes costos anuales de depreciación y reinversión. La composición del PIB sería muy interesante. Si el PIB total es 100, podríamos tener un consumo = 5, una inversión neta = 5 y una depreciación = 90. Viviríamos en un país con un PIB per capita de 500.000 dólares, pero 450.000 dólares serían de depreciación.

Para ver cómo funciona esto, imaginemos que se tienen unos ingresos de 1.100 dólares anuales ganados para poder comprar un ordenador portátil que cuesta 1.000 dólares y cuya vida útil –todo el mundo está de acuerdo— es de un año. Cada año tienes que gastar el grueso del ingreso en reemplazar el ordenador portátil, y el ingreso neto disponible se mantiene pequeño. Para hacer las cosas peor, supóngase que, con cada año que pasa, en la medida en que compites con otros tipos con ordenadores portátiles, necesitas incrementar en un 5% el número de ordenadores portátiles; tu ingreso neto irá descendiendo, aun cuando vives en una cornucopia de ordenadores portátiles.

El equilibrio de Stiglitz, en ciertos sentidos, tiene una apariencia muy similar: tendríamos las mismas factorías inmensas atestadas de miles de robots, pero su producto marginal sería elevado y todo el producto neto se lo apropiarían los capitalistas.

Para el trabajo, en ambos casos, no resta casi nada, por el sencillo motivo de que prácticamente nadie tiene empleo. Una utopía harto negativa, sea como fuere. Pero no del todo: en el caso de Stiglitz, podríamos cargar con impuestos a los capitalistas y usar ese ingreso para tener a los potenciales trabajadores felices disfrutando de mucho ocio, mirando TV y jugando divertidos juegos en sus ordenadores portátiles. En el equilibrio marxiano, el ingreso neto sería bajo, aun cuando viviríamos en un mundo rebosante de complicadas máquinas. Así que no habría mucho que redistribuir. ¿Con qué se quedan ustedes?

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Economistas de Harvard y Citigroup llaman a eliminar el dinero en efectivo

Dom, 26/04/2015 - 08:55

La profunda crisis que vive el sistema financiero tiene a la economía en un callejón sin salida. Los bancos centrales han agotado todo su arsenal de políticas de estímulo y la economía permanece estancada. A siete años del estallido de la crisis y las cuantiosas inyecciones de liquidez, el dinero sigue sin fluir, y la promesa de la recuperación se ha desvanecido. El precario equilibrio entre inflación y deflación tarde o temprano se romperá. Para muchos, el problema es el dinero y las múltiples operaciones que escapan a su control: desde la creación de dinero de la nada por parte de la banca, a los abusos de los paraísos fiscales y los contrabandistas. Tarde han detectado los inconvenientes de los paraísos fiscales, el lucrativo negocio del lavado de dinero, la evasión y los fraudes fiscales a gran escala.
Por eso que la idea de terminar con el dinero en efectivo ha comenzado a tomar fuerza en el último año. Si inyectar cientos de miles de millones de euros y dólares a la economía no la ha reanimado, significa que el dinero se va justamente al lado oscuro donde no queda ninguna huella de su uso. Para evitar esta metástasis que deja en estado de coma a la economía, Kenneth Rogoff, de la Universidad de Harvard, y Willem Buiter, economista jefe de Citigroup, están proponiendo la abolición del dinero en efectivo. Ambos son de la opinión de que las actuales tasas de interés negativas a los depósitos no están significando un repunte de la economía dado que los grandes capitalistas evaden impuestos al transar sus operaciones en efectivo. Rogoff recuerda el caso de una redada realizada contra los barones de la droga en México, donde se encontraron 250 millones de dólares contantes y sonantes.

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Las leyes fundamentales de la estupidez humana

Sáb, 25/04/2015 - 02:50
En 1988 el historiador y economista italiano Carlo Maria Cipolla publicó su obra Allegro ma non troppo en la cual realizó un análisis económico, demográfico e histórico sobre la estupidez humana. No fue su trabajo más formal, ni el que le dió mayor prestigio académico a su contundente obra (ver bibliografía completa), pero fue una muestra de gran originalidad y creatividad. Cipolla fue un autor prolífico, creativo y con diversidad de intereses. Su autoridad fue siempre reconocida en la historia económica, especialmente en la historia del dinero y de la población. Trabajó también en la historia de la tecnología, la alfabetización y los sistemas sanitarios, y obtuvo numerosos reconocimientos y honores, desde el doctorado honorífico en medicina por la universidad de su Pavía natal, hasta la membresía en la Royal Historical Society of Great Britain, la American Academy of Arts and Sciences, y la Accademia dei Lincei, a la que había pertenecido Galileo.

A continuación, una síntesis de su obra Allegro ma non troppo, tomada de la página de Eumed

Primera Ley Fundamental de la Estupidez Humana: Siempre e inevitablemente todos subestiman el número de individuos estúpidos en circulación

A primera vista esta afirmación puede parecer trivial, o más bien obvia, o poco generosa, o quizá las tres cosas a la vez. Sin embargo, un examen más atento revela de lleno la rotunda veracidad de esta afirmación. Cipolla considera que por muy alta que sea la estimación cuantitativa que se haga de la estupidez humana, siempre quedaremos sorprendidos de forma repetida y recurrente por el hecho de que: personas que uno ha considerado racionales e inteligentes en el pasado resultan ser inequívocamente estúpidas;

día tras día, con una monotonía incesante, vemos cómo entorpecen y obstaculizan nuestra actividad individuos obstinadamente estúpidos, que aparecen de improviso e inesperadamente en los lugares y en los momentos menos oportunos. La Primera Ley Fundamental impide la atribución de un valor numérico a la fracción de personas estúpidas respecto del total de la población. Cualquier estimación numérica resultaría ser una subestimación. Por ello en las líneas que siguen se designará la proporción de personas estúpidas en el seno de una población con el símbolo σ.

Segunda Ley Fundamental: La probabilidad de que cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona.

No todos los humanos son iguales ya que unos son más estúpidos que otros. Según Cipolla, el grado de estupidez viene determinado genéticamente por la naturaleza pero no está asociado a ninguna otra característica de raza, sexo, nacionalidad o profesión. El profesor Cipolla realizó amplios estudios demográficos con muy diversos sectores de la población. Inicialmente afirma haber comprobado que entre los trabajadores "de cuello azul" existía una fracción σ de estúpidos y que esa fracción era mayor de lo que esperaba, con lo que se confirmaba la primera Ley. Sospechando que podía deberse a falta de cultura o a marginalidad social estudió muestras de trabajadores "de cuello blanco" y a estudiantes, comprobando que entre ellos se mantenía la misma proporción. Más sorprendido aún quedó al medir el mismo parámetro entre los profesores de universidad. Decidió por tanto expandir sus estudios hasta la élite de la sociedad, los laureados con el Premio Nobel. El resultado confirmó el poder supremo de la naturaleza: una proporción σ de laureados con el Nobel son estúpidos.

Tercera Ley Fundamental (o de Oro): Una persona estúpida es aquella que causa pérdidas a otra persona o grupo de personas sin obtener ninguna ganancia para sí mismo e incluso incurriendo en pérdidas.

El análisis de costes y beneficios de Carlo M. Cipolla permite clasificar a los seres humanos en cuatro tipos de personas, cada uno de los cuales ocupa un cuadrante en un sistema de coordenadas. Si representamos en el eje de abcisas el beneficio, positivo o negativo, que obtiene el individuo y en el eje de ordenadas el beneficio (+) o coste (-) que causa a los demás, podemos definir y estimar las coordenadas de los siguientes tipos: Desgraciado (D): aquel que se causa un perjuicio a sí mismo, beneficiando a los demás. Inteligente (I): aquel que se beneficia a sí mismo, beneficiando a los demás. Bandido (B): aquel que obtiene beneficios para sí mismo, perjudicando a los demás. Estúpido (E): aquel que causa pérdidas a otros, perjudicándose a la vez a sí mismo. Distribución de Frecuencia La mayoría de los individuos no actúa consistentemente. Bajo ciertas circunstancias una persona puede actuar inteligentemente y en otras actuar como desgraciado. La única importante excepción a esta regla es la de las personas estúpidas que normalmente muestran una fuerte tendencia hacia un comportamiento estúpido en cualquier actividad o empresa. Para los demás, podremos calcular su posición en el eje de coordenadas del gráfico 1 como una media de los resultados de sus acciones en términos de costes y beneficios causados sobre sí mismos y sobre los demás. Esta posibilidad nos permite hacer la siguiente digresión:

Consideraremos un "bandido perfecto" aquel que mediante sus acciones obtiene para sí mismo un beneficio igual al coste que origina en los demás. Es el caso del ladrón que roba a otro cien euros sin causarle ningún coste adicional. Esta situación puede ser definida como un "juego de suma cero" en el que el conjunto de la sociedad ni gana ni pierde. El "bandido perfecto" quedaría representado en el eje de coordenadas del gráfico 2 sobre la línea OM que bisecta el cuadrante B.

Sin embargo los bandidos perfectos son relativamente escasos. Es más frecuente que haya bandidos inteligentes (Bi) que obtienen más beneficios que los costes que causan, o bandidos estúpidos (Be), que para obtener algún beneficio causan un coste alto a los demás. Desgraciadamente los bandidos que permanecen por encima de la línea OM son relativamente poco numerosos. Es mucho más frecuente el individuo Be. Ejemplo de este último puede ser el ladrón que destroza los cristales de un coche para robar su radio o el que asesina a alguien para irse a pasar un fin de semana en Montecarlo.

El poder de la estupidez Los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido. Una persona inteligente puede entender la lógica de un bandido. Las acciones de un bandido siguen un modelo de racionalidad. El bandido quiere obtener beneficios. Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con que obtener beneficios para sí procurando también beneficios a los demás, deberá obtener su beneficio causando pérdidas a su prójimo. Ciertamente, esto no es justo, pero es racional, y siendo racional, puede preverse. En definitiva, las relaciones con un bandido son posibles puesto que sus sucias maniobras y sus deplorables aspiraciones pueden preverse y, en la mayoría de los casos, se puede preparar la oportuna defensa.

Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible. Tal como está implícito en la Tercera Ley Fundamental, una criatura estúpida nos perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más improbables y más impensables. No existe modo racional de prever si, cuando, cómo y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado.

Puesto que las acciones de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la racionalidad, es lógico pensar que tienen todas las de ganar porque: generalmente el ataque nos coge por sorpresa.

incluso cuando se tiene conocimiento del ataque, no es posible organizar una defensa racional porque el ataque, en sí mismo, carece de cualquier tipo de estructura racional. El hecho de que la actividad y los movimientos de una criatura estúpida sean absolutamente erráticos e irracionales, no sólo hace problemática la defensa, sino que hace extremadamente difícil cualquier contraataque. Y hay que tener en cuenta también otra circunstancia: la persona inteligente sabe que es inteligente; el bandido es consciente de que es un bandido y el desgraciado incauto está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez. Pero al contrario que todos estos personajes, el estúpido no sabe que es estúpido y esto contribuye en gran medida a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a su poder devastador.

No hay que asombrarse de que las personas desgraciadas e incautas, es decir, las que en los gráficos 1 y 2 se sitúan en el cuadrante D, no reconozcan la peligrosidad de las personas estúpidas. El hecho no representa sino una manifestación más de su falta de previsión. Pero lo que resulta verdaderamente sorprendente es que tampoco las personas inteligentes ni los bandidos consiguen muchas veces reconocer el poder devastador y destructor de la estupidez. Es extremadamente difícil explicar por qué sucede esto. Se puede tan sólo formular la hipótesis de que, a menudo, tanto los inteligentes como los bandidos, cuando son abordados por individuos estúpidos, cometen el error de abandonarse a sentimientos de autocomplacencia y desprecio en lugar de preparar la defensa y segregar inmediatamente cantidades ingentes de adrenalina ante tamaña situación de peligro.

Uno de los errores más comunes es llegar a creer que una persona estúpida sólo se hace daño a sí misma, pero esto no es más que confundir la estupidez por la candidez de los desgraciados.

A veces hasta se puede caer en la tentación de asociarse con un individuo estúpido con el objeto de utilizarlo en provecho propio. Tal maniobra no puede tener más que efectos desastrosos porque: está basada en la total incomprensión de la naturaleza esencial de la estupidez y

da a la persona estúpida la oportunidad de desarrollar sus capacidades aún más allá de lo originalmente supuesto. Uno puede hacerse la ilusión de que está manipulando a una persona estúpida y, hasta cierto punto, puede que incluso lo consiga, pero debido al comportamiento errático del estúpido, no se pueden prever todas sus acciones y reacciones y muy pronto uno se verá arruinado y destruido sin remedio. A lo largo de los siglos, en la vida pública y privada, innumerables personas no han tenido en cuenta la Cuarta Ley Fundamental y esto ha ocasionado pérdidas incalculables. Macroanálisis y Quinta Ley Fundamental: La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe. Las consideraciones finales de la Ley cuarta nos conducen a un análisis de tipo "macro", según el cual, en lugar del bienestar individual, se toma en consideración el bienestar de la sociedad, definido, en este contexto, como la suma algebraica de las condiciones del bienestar individual. Es esencial para efectuar este análisis una completa comprensión de la Quinta Ley Fundamental. No obstante, es preciso añadir que de las cinco leyes fundamentales, la Quinta es, de largo, las más conocida. El corolario de la ley dice así:
El estúpido es más peligroso que el bandido. La formulación de la ley y el corolario son aún del tipo "micro". Sin embargo, tal como hemos anunciado anteriormente, la ley y su corolario tienen profundas implicaciones de naturaleza "macro". Si todos los miembros de una sociedad fuesen bandidos perfectos, la sociedad quedaría en una situación estancada pero no se producirían grandes desastres. Todo quedaría reducido a transferencias masivas de riqueza y bienestar. Pero cuando los estúpidos entran en acción las cosas cambian completamente. La personas estúpidas ocasionan pérdidas a otras personas sin obtener ningún beneficio para ellas mismas y, por consiguiente, la sociedad entera se empobrece. El gráfico 3 muestra un sistema de clasificación simple entre las acciones que causan beneficio o perjuicio a la sociedad como un todo. Toda actividad representable a la derecha de la línea NOM implica una redistribución con beneficio social neto, mientras que las actividades que caen a la izquierda o debajo de dicha línea implican pérdidas sociales netas.

El profesor Carlo M. Cipolla, erudito historiador que ha investigado intensamente la sociedad clásica romana, la sociedad medieval y muchas otras de la antigüedad, está perfectamente cualificado para afirmar, como hace, que el coeficiente σ es una constante histórica. ¿Por qué entonces unas sociedades prosperan y otras entran en decadencia? Depende exclusivamente de la capacidad de los individuos inteligentes para mantener a raya a los estúpidos.

Más aún: en las sociedades en decadencia, el porcentaje de individuos estúpidos sigue siendo igual a σ; sin embargo, en el resto de la población Cipolla observa, sobre todo entre los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de bandidos con un elevado porcentaje de estupidez. Y entre los que no están en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de los desgraciados incautos. Tal cambio en la composición de la población de los no estúpidos es el que refuerza inevitablemente el poder destructivo de la fracción σ y conduce al país a la ruina.
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Tomado de Eumed.net
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Un nuevo acuerdo para Grecia

Ven, 24/04/2015 - 22:56
Yanis Varoufakis, Project Syndicate

Tres meses de negociaciones entre el gobierno griego y nuestros socios europeos e internacionales produjeron grandes coincidencias sobre las medidas necesarias para dejar atrás años de crisis económica y generar una recuperación sostenida en Grecia. Pero todavía no produjeron un acuerdo. ¿Por qué? ¿Qué hace falta para lograr una agenda de reformas viable y mutuamente convenida?

Los griegos y nuestros socios ya coincidimos en muchas cosas. El sistema impositivo de Grecia necesita una remodelación, y hay que independizar a las autoridades fiscales de influencias políticas y corporativas. El sistema de pensiones está enfermo. Se han cortado los circuitos crediticios de la economía. El mercado laboral fue devastado por la crisis y está profundamente segmentado, y el crecimiento de la productividad se estancó. Se necesita una modernización urgente de la administración pública y un uso más eficiente de los recursos públicos. Hay grandes trabas a la creación de nuevas empresas. La competencia en los mercados de productos es deficiente. Y los niveles escandalosos de desigualdad a los que se llegó impiden la unión de la sociedad en pos de las reformas esenciales.

Pero más allá de este consenso, quedan todavía dos obstáculos por superar para acordar un nuevo modelo de desarrollo para Grecia. En primer lugar, debemos coincidir en el modo de encarar la consolidación fiscal. En segundo lugar, necesitamos una agenda de reformas integral y compartida que posibilite esa trayectoria de consolidación e inspire confianza en la sociedad griega.

Por el lado de la consolidación fiscal, la cuestión inmediata es el método. La “troika” de instituciones (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) usan hace tiempo un método de inducción regresiva: ponen una fecha (por ejemplo, el año 2020) y un objetivo para el cociente deuda nominal/PIB (por ejemplo, 120%) que se considera prerrequisito para que Grecia pueda endeudarse en los mercados de divisas a tasas razonables. Después, calculan el superávit primario que se necesitará cada año, retrocediendo desde el plazo fijado hasta el presente, bajo supuestos arbitrarios respecto de los índices de crecimiento, la inflación, la recaudación de las privatizaciones, etcétera.

Nuestro gobierno considera que este método da lugar a una “trampa de austeridad”. Convertir la consolidación fiscal en la necesidad de alcanzar un cociente de deuda predeterminado en una fecha futura predeterminada implica buscar superávits primarios cuyo efecto sobre el sector privado impedirá lograr los índices de crecimiento presupuestos y, por lo tanto, seguir la trayectoria fiscal planeada. Es esta, precisamente, la razón del fracaso estrepitoso de los planes de consolidación fiscal ya aplicados en Grecia.

La posición de nuestro gobierno es que hay que abandonar el método de inducción regresiva. En cambio, debemos trazar un plan prospectivo basado en supuestos razonables sobre superávits primarios que serán compatibles con las tasas de crecimiento de la producción, las cifras de inversión neta y el aumento de las exportaciones necesarios para estabilizar la economía de Grecia y su cociente de deuda. Si esto implica que en 2020 la relación deuda/PIB será mayor que 120%, entonces se idearán formas de racionalizar, reperfilar o reestructurar la deuda, teniendo siempre presente el objetivo de maximizar el valor actual efectivo devuelto a los acreedores. Además de convencer a la troika de que el análisis de endeudamiento sostenible debe evitar la trampa de austeridad, el segundo obstáculo por superar es la “trampa de las reformas”. El programa de reformas anterior (que nuestros socios insisten en defender contra nuestra decisión de revertirlo) se basaba en devaluación interna, reducción salarial y de las pensiones, pérdida de protecciones laborales y privatización de activos públicos a precios máximos.

Nuestros socios creen que con el tiempo funcionará. A una mayor caída de los salarios le seguirá un aumento del nivel de empleo. La reducción de las pensiones será la cura para un sistema de pensiones enfermo. Y privatizar los activos públicos a precios más altos permitirá el pago de una deuda que muchos (en privado) consideran insostenible.

En cambio, nuestro gobierno cree que este programa fracasó y dejó a la población cansada de reformas. La mejor prueba de su fracaso es que, a pesar de una inmensa caída de salarios y costos, el crecimiento de las exportaciones se amesetó (la eliminación del déficit de cuenta corriente se debe exclusivamente al derrumbe de las importaciones).

Seguir con los recortes salariales no ayudará a las empresas exportadoras, que están atrapadas en la falta de crédito. Y seguir reduciendo las pensiones no resolverá la causa real de los problemas del sistema jubilatorio (bajo nivel de empleo y altos niveles de empleo no declarado). El único resultado de esas medidas sería dañar todavía más el ya tensionado tejido social de Grecia e imposibilitarlo de ofrecer el apoyo que nuestra agenda de reformas necesita con urgencia.

Los desacuerdos actuales con nuestros socios no son insuperables. Nuestro gobierno está decidido a racionalizar el sistema de pensiones (por ejemplo, limitando el retiro anticipado), avanzar con la privatización parcial de activos públicos, encarar el problema de los préstamos incobrables que traban los circuitos crediticios de la economía, crear una comisión tributaria totalmente independiente y alentar la creación de empresas. Las diferencias que subsisten tienen que ver con la forma de entender la relación entre las diversas reformas y el entorno macro.

No quiere decir que no podamos llegar a un acuerdo en poco tiempo. El gobierno griego quiere una trayectoria de consolidación fiscal razonable y reformas sobre cuya importancia todos estemos de acuerdo. Es nuestra tarea convencer a nuestros socios de que buscamos objetivos estratégicos, no tácticos, y de que nuestro razonamiento es válido. La tarea de ellos es renunciar a una metodología que fracasó.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Günter Grass: la muerte de un ciudadano público

Ven, 24/04/2015 - 20:24
Maciek Wisniewsk, La Jornada

Según las agencias, Günter Grass (1927-2015), el gran escritor alemán, poeta, escultor y dibujante, premio Nobel de Literatura (1999), falleció el pasado 13 de abril tras sufrir una infección seria (Ap, 13/4/15). Pero según Bernard-Henri Lévy, Grass murió ya hace tres años, cuando se atrevió a criticar el programa nuclear israelí y calificar a Israel de amenaza a la paz mundial (La primera muerte de Günter Grass, El País, 15/4/12). El filósofo francés tuvo la galantería de escribir primera, pero supongo que con la muerte pasa lo mismo que con otras cosas que realmente importan: la primera es la que cuenta. O al menos eso le hubiera gustado a Lévy y a otros detractores que Grass se ganó abriendo su boca grande a lo largo de las décadas, incomodando, rompiendo silencios y tabúes. Neal Ascherson: Decía cosas que otros no querían escuchar y a veces exageraba un poco (The Guardian, 18/4/15). Fue su manera de llamar la atención, que tenía tanto que ver con su particular y desbordado estilo literario.

Confrontaba a los alemanes con su pasado y herencia nazi; abogaba por cerrar las heridas de posguerra y restablecer las relaciones con Polonia (viniendo de la ciudad libre de Dánzig –hoy Gdansk– y de madre cachuba/polaca); acompañó al canciller Willy Brandt (1969-1974) en su histórico viaje a Varsovia en que éste reconoció las fronteras post 1945 y se arrodilló en el Monumento de los Héroes del Gueto (un gesto simbólico hacia las víctimas del Holocausto que a muchos alemanes les pareció... excesivo); criticaba al mundo por no hacer nada por el desarme nuclear; censuraba al imperialismo estadunidense y soviético, al capitalismo –desde el reformismo socialdemócrata, pero con una mirada bastante aguda– y al comunismo; se solidarizaba con los movimientos de liberación nacional; apoyaba a los disidentes del bloque soviético y defendía a Cuba y Nicaragua; se oponía a la unificación de Alemania –un nuevo Anschluss– diciendo que el horror incomparable de Auschwitz excluye la posibilidad de un solo Estado; luego denunciaba que la limpieza anticomunista resultó ser más dura que el proceso de la desnazificación; abandonó la SPD cuando el partido tomó un giro conservador/neoliberal; se oponía a la guerra en Irak (2003); salía en defensa de las minorías (romaníes y kurdos), naciones enteras (criticando el trato a los griegos, supuestos causantes de la eurocrisis) y medio ambiente (contrastando el pillaje humano con la sabiduría del mundo animal); criticaba a la canciller Merkel por su visión de la democracia al estilo del mercado y su cobardía ante el espionaje de Washington; lamentaba la pérdida de toda una generación de jóvenes europeos (y recordaba 6 millones de parados que llevaron a Hitler al poder); fustigaba los lobbies financieros; abogaba por el asilo a Snowden y advertía que en los múltiples conflictos AD 2015 hay síntomas de la tercera guerra mundial.

Todas estas intervenciones –no libres de contradicciones y/o exageraciones– harían de él un clásico intelectual público, si no fuera por su deliberado antintelectualismo, fruto de su desilusión con la generación anterior de intelectuales pro nazis (Goebbels era un intelectual) y el desencuentro con el movimiento del 68, que tildó de deshonesto (observando cómo algunos de sus hijos –¡Lévy!– se volvieron intelectuales del poder, se entiende...). Grass era más bien un ciudadano público que enturbiaba las conciencias y ponchaba las burbujas del triunfalismo. En una de sus últimas entrevistas subrayaba: Hay que decir las cosas como son. Y dudo que podamos dejarlas libradas exclusivamente a lo intelectual ( El País, 14/4/15). Su lema era: El ciudadano debe mantener la boca abierta. Pero en un caso la mantuvo cerrada casi hasta el final. Nunca ocultó su nazi-entusiasmo juvenil –una autocrítica en que edificó su posición moral–, pero no dijo que también estuvo en la Waffen-SS, revelación tardía ( Pelando la cebolla, 2006; How I spent the war, en: The New Yorker, 4/5/07) que cayó como una bomba. Hasta la izquierda quedó dividida: Christopher enfant terrible Hitchens –otro hijo del 68– lo tildó de bocón e hipócrita; José Saramago o John Berger –tomando en cuenta su trayectoria y su propia explicación– lo defendieron. Timothy Garton Ash, sin ahorrarle críticas concluía que perdió una oportunidad de confesarse en los años 60 y luego sólo quería decirlo antes de morirse ( The New York Review of Books, 16/8/07). Así que cuando publicó un poema-denuncia, Lo que hay que decir ( El País, 3/4/12), criticando a Israel por querer bombardear Irán, a Alemania por venderle submarinos capaces de transportar armas nucleares y a Occidente por su hipocresía, sus detractores la tenían fácil (¡Grass es un cripto-nazi y un cripto-antisemita!). No les importaba que su crítica se centraba en Netanyahu, que diabolizaba a Irán con fines electorales (un cínico show que repitió este año), y que allí dónde exageró –por ejemplo era poco plausible el uso de armas atómicas en ataque preventivo a las instalaciones nucleares– bastaba corregirlo con calma, tal como hizo Uri Avnery, uno de los pocos ciudadanos públicos en Israel (Günter, the terrible, en: Counterpunch, 13-15/4/12).

Una excepción al anti-intelectualismo de Grass fue su excelente diálogo con Pierre Bourdieu (1930-2002), el gran sociólogo francés: un intercambio entre un ciudadano y un intelectual público, dos especies en vías de extinción. Ambos defendían la literatura y la sociología desde abajo (escritas desde el punto de vista de las víctimas) y fustigaban el avance del neoliberalismo; aseguraban que iban a seguir con sus bocas abiertas, a pesar de su tiempo limitado ( The Nation, 15/6/00). Grass –mirando atrás y haciendo la memoria histórica– insistía en eso hasta el final: Vi cómo se desmoronaba la República de Weimar y cómo surgió Hitler porque hubo pocos ciudadanos que la defendieran; por eso siento que necesito comprometerme políticamente como ciudadano, siendo autor y artista. Por eso abro muchas veces la boca aunque haya mucha gente que quiere cerrármela. Hasta ahora no lo ha conseguido ( El País, 14/4/15). Sólo la muerte lo consiguió.
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La economía mundial vuelve a tambalearse al borde del abismo

Xov, 23/04/2015 - 12:27
Pese a los cientos de miles de millones de euros que los bancos centrales han inyectado al sistema financiero, la economía mundial vuelve a instalarse al borde del precipicio. La mezquindades de Alemania y el mortífero austericidio han acorralado a Europa en la trampa 3-D: Desempleo, Deuda, Deflación, dando cuenta que hemos entrado a un nuevo túnel y esta vez mucho más oscuro. El FMI ya está hablando directamente de los serios peligros del estancamiento secular, es decir, de una crisis que se hace omnipresente, se arraiga y se prolonga. Es la “nueva normalidad” del sistema capitalista, que se desangra por los cuatro costados a medida que todos los signos de recuperación se desvanecen.

La crisis griega es nuevamente uno de los grandes focos de tensiones. Porque aunque Alemania minimice los efectos de una salida de Grecia del euro, puede provocar un efecto mucho más devastador que la caída de Lehman Brothers hace siete años. Nadie imaginó en el 2008 que la caída de un banco pequeño como Lehman podría desatar la pandemia financiera que aún cobra víctimas. Lo mismo con Grecia, de ahí que nadie quiera arriesgarse a una salida intempestiva del país heleno que podría hundir al euro en el abismo. Es una amenaza latente que demuestra que el modelo capitalista de los últimos 30 años ha colapsado dado que todos sus signos vitales han desaparecido.

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El hada de la confianza al centro del debate

Xov, 23/04/2015 - 03:00
Robert Skidelsky, Project Syndicate

En 2011, el economista y Premio Nobel Paul Krugman caracterizó el discurso conservador sobre los déficits presupuestarios en términos de "vigilantes de bonos" y el "hada de la confianza". A menos que los gobiernos recortasen sus déficits, los vigilantes de bonos les apretarían los tornillos forzando un alza de las tasas de interés. Pero si efectivamente hacían un recorte, el hada de la confianza los recompensaría estimulando el gasto privado más de lo que los recortes lo deprimieran.

Krugman pensaba que el argumento del "vigilante de bonos" podría ser válido para algunos países, como Grecia, pero sostenía que el "hada de la confianza" no era menos imaginaria que la que recoge los dientes de los niños. Recortar un déficit en un período de recesión nunca puede generar una recuperación. La retórica política puede impedir que se adopte una buena política, pero no puede impedir que tenga éxito. Por sobre todas las cosas, no puede hacer que una mala política funcione.

Recientemente debatí este punto con Krugman en un evento del New York Review of Books. Mi argumento fue que las expectativas adversas pueden afectar los resultados de una política, no sólo las posibilidades de que se adopte. Por ejemplo, si la gente creyera que el endeudamiento del gobierno tiene que ver simplemente con una tributación diferida, entonces podría ahorrar más para poder pagar su próxima factura de impuestos.

Pensándolo bien, creo que estaba equivocado. El factor confianza afecta la toma de decisiones de un gobierno, pero no afecta los resultados de las decisiones. Excepto en casos extremos, la confianza no puede hacer que una mala política tenga buenos resultados, y la falta de confianza no puede hacer que una buena política tenga malos resultados, no más que saltar por una ventana, con la convicción errónea de que los seres humanos pueden volar, puede compensar el efecto de la gravedad.

La secuencia de acontecimientos en la Gran Recesión que comenzó en 2008 lo confirma. En un principio, los gobiernos la atacaron con todo lo que tenían a mano. Esto impidió que la Gran Recesión se convirtiera en la Gran Depresión II. Pero, antes de que la economía tocara fondo, se cortó el estímulo y la austeridad -liquidación acelerada de déficits presupuestarios, principalmente mediante recortes del gasto- se volvió la orden del día.

Una vez que las elites políticas exhaustas habían recuperado el aliento, empezaron a contar una historia destinada a impedir cualquier otro estímulo fiscal. Insistían en que la crisis había sido generada por el despilfarro fiscal, y por lo tanto sólo podía ser curada mediante la austeridad fiscal. Y ninguna austeridad a la antigua: era el gasto en los pobres, no en los ricos, lo que tenía que recortarse, porque ese gasto era la verdadera causa del problema.

Cualquier keynesiano sabe que recortar el déficit en una crisis es una mala política. Una recesión, después de todo, está definida por una deficiencia en el gasto total. Intentar remediarla gastando menos es como intentar curar a una persona enferma mediante una sangría.

De modo que era natural preguntarles a economistas/defensores de la sangría como Kenneth Rogoff y Alberto Alesina de Harvard cómo esperaban que su cura funcionara. Su respuesta era que la convicción de que funcionaría -el hada de la confianza- aseguraría su éxito.

Más precisamente, Alesina sostenía que si bien la sangría por sí sola empeoraría la salud del paciente, su impacto beneficial en las expectativas compensaría por mucho sus efectos debilitantes. Impulsado por la garantía de recuperación, el paciente a medio morir saltaría de la cama, comenzaría a correr, saltar y comer normalmente, y pronto habría recuperado su pleno vigor. La escuela de la sangría presentó alguna evidencia frágil para demostrar que esto había sucedido en unos pocos casos.

Los conservadores que querían cortar el gasto público por cuestiones ideológicas encontraron que la historia del vigilante de bonos/hada de la confianza se ajustaba perfectamente a su objetivo. Hablar claro sobre el derroche fiscal anterior hacía que un ataque del mercado de bonos a los gobiernos altamente endeudados pareciera más plausible (y más probable); el hada de la confianza prometía recompensar la austeridad fiscal haciendo que la economía fuera más productiva.

Con la ayuda de profesores como Alesina, la convicción conservadora pudo transformarse en predicción científica. Y cuando la cura de Alesina no produjo una recuperación rápida, hubo una excusa obvia: no había sido aplicada con suficiente energía como para ser "creíble".

La cura, si es que la hubo, finalmente ocurrió, años después de lo proyectado, no a través de la sangría fiscal, sino mediante un estímulo monetario masivo. Cuando el paciente atontado finalmente logró, dificultosamente, ponerse de pie, los defensores de la sangría fiscal proclamaron triunfalmente que la austeridad había funcionado.

La moraleja del cuento es simple: la austeridad en una crisis no funciona, por la simple razón de que la cura medieval de la sangría de un paciente nunca funcionó. Debilita en lugar de fortalecer. Insertar al hada de la confianza entre la causa y el efecto de una política no cambia la lógica de la política; simplemente oscurece la lógica por un tiempo. La recuperación puede producirse a pesar de la austeridad fiscal, pero nunca como consecuencia de ella.

Si bien Krugman inventó su discurso para una lectoría estadounidense, perfectamente se adecúa también al caso británico. En su primer presupuesto en junio de 2010, el ministro de Hacienda George Osborne advirtió que "se puede ver en Grecia un ejemplo de un país que no afrontó sus problemas, y ese el destino que estoy decidido a evitar".

Al presentar el presupuesto de 2015 del Reino Unido en marzo, Osborne dijo que la austeridad había hecho que Gran Bretaña volviera a "andar con la cabeza bien alta". El 7 de mayo, ese argumento será puesto a prueba en la elección parlamentaria del Reino Unido. Los votantes británicos, todavía tambaleantes por la medicina de Osborne, podrán ser perdonados si deciden que deberían haberse quedado en cama.

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¿Sustituye China a EEUU como superpotencia global?

Mér, 22/04/2015 - 19:00

Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

People’s Daily, portavoz del Partido Comunista chino, celebra los nuevos cambios en el balance de poder entre China y Estados Unidos (EEUU) a consecuencia de la creación paradigmática del nuevo banco chino de desarrollo (http://goo.gl/AcqoRH), lo cual ya había apreciado hace un mes como un game changer (punto de inflexión) (http://goo.gl/VfwMXH)”.

El rotativo festeja la participación de 57 países en el ya célebre Banco de Infraestructura e Inversiones Asiático (AIIB, por sus siglas en inglés) con Sudcorea, Gran Bretaña, Australia, Francia, Alemania e Italia, que firmaron como miembros fundadores, con la notable excepción de EEUU, lo cual refleja el hecho de que la influencia de China se ha incrementado a nuevas alturas y que el balance de poder entre EEUU y China ha emprendido un giro significativo: ¡El mundo entró a una nueva era!

El kakistocrático “México neoliberal itamita” no participa en su creación seminal –¿por órdenes de EEUU?– cuando Brasil, con una óptima geopolítica del siglo XXI, es el único país integrado de toda Latinoamérica al AIIB (http://goo.gl/uaQY4F).

People’s Daily expone los seis rubros que están cambiando la nueva era y llama la atención que no cite en absoluto a Rusia, que, a mi juicio, brinda a China su tácita cobertura militar, sin la cual hace mucho que EEUU la hubiera pulverizado: 1. El PIB de China se espera rebase al de EEUU; 2. China reconfigura el orden financiero internacional; 3. Las amistades de China se están expandiendo; 4. El poder militar de China se fortalece en forma continua; 5. La cultura china crece en popularidad; y 6. La influencia global de China será más significativa.

Sobre el PIB de China en términos de poder de paridad de compra, el año pasado el país asiático superó ya a EEUU, mientras en términos nominales(valor en dólares estadunidenses) se ubica en segundo lugar detrás de EEUU después de 30 años. El año pasado China alcanzó 7.4 por ciento de crecimiento económico rebasando a EEUU (2.4 por ciento), a la Eurozona-19 (0.8 por ciento) y Japón (0.2 por ciento), y es solamente cuestión de tiempo para que el PIB nominal de China rebase al de EEUU.

Sobre la reconfiguración del orden financiero internacional, comenta una cita de Kissinger, “quien en una ocasión aseveró que quien domine las finanzas internacionales domina el mundo (nota: aserto añejo de uno de los banqueros siniestros de la dinastía de los Rothschild, quien sentenció que más se gana cuando existe ‘sangre en las calles’)”.

El mundo dolarcéntrico es desafiado cuando el mismo FMI, repleto de escándalos crapulosos de sus dos ex directores, sopesa en forma tardía incluir al renminbi (la divisa china) entre los derechos especiales de giro (http://goo.gl/adV46s). En paralelo al paradigmático banco chino AIIB, pronto se establecerán el Banco de los BRICS y su mini FMI bendecidos en la histórica cumbre de Fortaleza, Brasil (http://goo.gl/nIgrUa).

Sobre las amistades crecientes de China: el mandarín Xi Jinping ha demostrado una óptima diplomacia, sin sucumbir en la candidez de Gorbachov y Yeltsin, mediante su adhesión a los cinco principios de coexistencia pacífica integrados a la multipolaridad, lo cual es muy atractivo para quienes no desean ser subyugados en forma masoquista por la unipolaridad militar financierista de EEUU.

Llama la atención la frase: China no tiene aliados militares, sino muchos amigos, lo cual suena a publicidad propositiva, ya que Pekín contaría, en forma subrepticia y/o tácita, con la cobertura nuclear de una superpotencia de la talla de Rusia, a la que ha solicitado la adquisición de los modernos misiles defensivos S-400 (a diferencia del S-300 de Irán), los cuales, a mi juicio, cambiarían cualitativamente la correlación de fuerzas defensivas de China –que dispone también de 250 ojivas nucleares (http://goo.gl/vsDS2Q)– en el noreste asiático, frente a Japón.

El rotativo juzga que, en contraste, EEUU coloca su perniciosa ideología al frente de sus relaciones diplomáticas, con el corolario de su unipolaridad, que no es más aceptable para el resto del mundo, que se ha vuelto más rebelde. Sobre el poder militar chino –a mi juicio, su lado vulnerable– arguye que el desarrollo de su portaviones marca la entrada a una nueva fase. Es probable que se refiera a los portaviones en forma cualitativa, donde Rusia y China vienen en tercero y cuarto lugar mundial entre los 10 primeros (http://goo.gl/CSF40e ), y no en forma “cuantitativa (http://goo.gl/Neleux)”.

La popularidad de la cultura china: es evidente que tenga un enorme impacto debido a su cultura milenaria de 5 mil años y su característica de Estado-civilización, como la califica correctamente el periodista británico Martin Jacques en su libro Cuando China gobierne al mundo: el fin del mundo occidental y el nacimiento de un nuevo orden global (http://goo.gl/vgQ7X8)”.

Su cultura, que abreva de la sapiencia civilizatoria de Confucio, colisiona con la anomia del desregulado neoliberalismo financierista, y su seducción radica en que magnetiza a la mayoría despojada del planeta en búsqueda de un nuevo orden multipolar frente a la salvaje e inarmónica unipolaridad ya agónica de EEUU.

La influencia global de China se centra en sus dos audaces proyectos geoeconómicos: la ruta de la seda continental y su equivalente marítimo que se subsumen en el eslogan una ruta, una correa que vincularán a casi la mitad de la población del mundo y conectarán con el corredor económico Bangladesh, China, India, Myanmar, que, a mi juicio, abre el espacio marítimo del mar Andamán/bahía de Bengala (http://goo.gl/tz0YUf), que forman parte del océano Índico para Pekín, que solamente cuenta con la muy vulnerable salida al mar en la zona disputada del sur del mar de China.

El otro corredor económico China-Pakistán abre otro espacio marítimo al superestratégico puerto de Gwadar (Pakistán/Baluchistán) al mar Arábigo, que forma parte también del océano Índico (http://goo.gl/1BdvS0). Ya había adelantado hace ocho años la relevancia del puerto pakistaní de Gwadar, que ha cobrado muchas vidas debido al esquema balcanizador israelí-anglosajón que fomenta la separación de Baluchistán (http://goo.gl/m80p1D).

El rotativo chino comenta que en los pasados 30 años, China ha seguido las reglas del juego mundial y ahora desea que su voz sea escuchada en la arena internacional. El académico chino Bao Shenggang comenta que el siglo chino significa la cooperación multipolar y no el dominio hegemónico, en alusión a la decadente unipolaridad de EU (http://goo.gl/VXjdeu).

China goza la gran ventaja retrospectiva de no repetir los errores trágicos del totalitarismo soviético ni del salvaje capitalismo israelí-anglosajón, y ahora puede sacar el mejor partido virtuoso.

El libro La maratón de los cien años: la estrategia secreta de China para sustituir a EEUU como superpotencia global, de Michael Pillsbury (http://goo.gl/C6KhVF), aduce que el trayecto de China comporta tres etapas de las que, a mi juicio, ha cumplido con creces las dos primeras (asimilación de la tecnología occidental y consolidación geoeconómica), en espera de la tercera: el liderazgo mundial, pero dentro de una multipolaridad sinergética.
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Keynesianismo hidráulico y la máquina Moniac

Mér, 22/04/2015 - 10:00

Alejandro Nadal, La Jornada

El mensaje central de la obra de Keynes puede resumirse en una frase: las economías capitalistas son intrínsecamente inestables. Pero esa conclusión, a la que Keynes llegó en 1936 después de un tortuoso recorrido, siempre fue inaceptable para los poderes establecidos.

En 1949 William Phillips construyó un modelo de la economía de Inglaterra. El dispositivo construido por el entonces estudiante de la London School of Economics (LSE) era una computadora analógica que pretendía simular el comportamiento de la economía inglesa a través de mecánica de fluidos.

La máquina de Phillips recibió el nombre de MONIAC (Computadora analógica del ingreso nacional monetario). El aparato medía más de dos metros de altura y estaba compuesto de varios tanques de plástico conectados por un sistema de mangueras, válvulas y bombas. Los flujos económicos estaban representados por agua de colores y se regían, supuestamente, por rigurosos principios económicos.

Cada uno de los tanques representaba un componente de la economía. El agua fluía del tesoro hacia otros tanques, indicando la forma en que se gastaba el dinero en la economía. El mecanismo era de una sencillez cautivadora: si se quería simular un incremento de recursos para el sector salud, simplemente se aumentaba el flujo de agua hacia el tanque que decía Salud.

El flujo hacia otros tanques de la economía seguía su curso por gravedad, pero una parte del líquido era bombeada para representar los ingresos fiscales tributarios. El ahorro reducía la cantidad de agua que se destinaba al consumo y la inversión podía incrementarse con los fondos ahorrados. El MONIAC representaba estos cambios drenando o incrementando el flujo de agua en la tubería dedicada al gasto total. Cuando el flujo de ahorro superaba el de la inversión el nivel en el tanque del excedente aumentaba y, en el caso contrario, se reducía. Las exportaciones e importaciones eran representadas por aumentos y reducciones (respectivamente) de líquido en el sistema.

Phillips presumía que su computadora podía representar el efecto de cambios en diversos parámetros. Variando la velocidad de la bomba destinada a los impuestos se pretendía simular el efecto de cambios en las tasas impositivas. Las consecuencias de distintos niveles de inversión también podían ser simulados con ajustes en los parámetros correspondientes.

El postulado central del MONIAC era que esos flujos representan relaciones estables que permitían administrar cambios en la economía manipulando la palanca de la política fiscal. Las leyes de la mecánica de fluidos se encargarían de todo lo demás a través de los vasos comunicantes de la computadora analógica.

El MONIAC tuvo gran éxito. En la universidad se comenzó a usar para explicar a los estudiantes las complejas interrelaciones que existen en una economía y en organismos oficiales para simular el impacto de diferentes cambios en la política fiscal. Phillips mismo pronto fue contratado como profesor de la LSE (después sería recordado más por su famosa ‘curva de Phillips’, que describía la relación entre desempleo e inflación).

En 1970 Alan Coddington acuñó el término de keynesianismo hidráulico para describir la corriente de macroeconomía que con Hansen, Samuelson y Lawrence Klein se había convertido en la versión oficial de la teoría macroeconómica de John Maynard Keynes. Para Coddington, el keynesianismo hidráulico corresponde a la idea de que una economía puede ser concebida (en el agregado) como un conjunto de flujos homogéneos y se le puede representar a través de un pequeño número de ecuaciones fundamentales. Por eso el MONIAC cabe bajo el rubro de keynesianismo hidráulico. No sólo por sus juegos de agua que serían la envidia de Haendel, sino por la pretensión de estabilidad en las relaciones económicas que se suponía debía representar.

La historia del MONIAC es interesante porque ese modelo forma parte del esfuerzo incansable por distorsionar y después recuperar la obra de Keynes. Al igual que el famoso modelo IS-LM, los postulados del MONIAC dejaron de lado todas las enseñanzas de Keynes sobre el funcionamiento e inestabilidad de las economías capitalistas. Estos trabajos distorsionaron su obra y prepararon el terreno para las críticas desde el monetarismo (Friedman) y la teoría de expectativas racionales (Lucas). El llamado nuevo keynesianismo aceptó la versión distorsionada de Keynes y por ello se colocó a la defensiva, tratando de proteger al Keynes distorsionado, buscando en las fricciones en el mercado la justificación de la intervención estatal.

Hoy predominan en la academia y la política económica los modelos de la nueva macroeconomía clásica, ya sea en su versión de ciclos reales de negocios o en los modelos dinámicos estocásticos de equilibrio general. Las dos vertientes representan un regreso al pensamiento económico de hace cien años. De Keynes no quedó nada: ni expectativas, ni incertidumbre, ni identidad inversión-ahorro o moneda endógena. Las enseñanzas de Keynes se hundieron en los fluidos del ‘keynesianismo hidráulico’.

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El nuevo desorden mundial... y los neoliberales que lo planearon

Mar, 21/04/2015 - 12:32
Tariq Ali, CounterPunch

Hace tres décadas, con el fin de la Guerra Fría y el desmantelamiento de las dictaduras de América del Sur, muchos esperaban que por fin se materializara el famoso "dividendo de la paz" prometido por Bush padre y Thatcher. No hubo suerte. Lo que hemos tenido han sido continuas guerras, levantamientos, intolerancia y fundamentalismos de todo tipo, religiosos, étnicos e imperialistas. Las revelaciones sobre las redes de vigilancia occidentales han acrecentado el sentimiento de que las instituciones democráticas no están funcionando como deberían y que, nos guste o no, estamos ante el crepúsculo de la propia democracia.

Un crepúsculo que comenzó a principios de los noventa del siglo pasado con la implosión de la antigua Unión Soviética y la toma del poder, en Rusia, Asia Central y buena parte de Europa del Este, por parte de antiguos burócratas del Partido Comunista carentes de visión, muchos de los cuales se convirtieron rápidamente en multimillonarios. Los oligarcas que se hicieron con algunas de las propiedades más caras del mundo, incluyendo algunas en Londres, pueden haber sido en su momento miembros del Partido Comunista, pero también fueron unos oportunistas sin otro compromiso que el de alcanzar el poder y llenarse los bolsillos. El vacío que dejó el colapso del sistema de partidos ha sido llenado por cosas distintas en diferentes lugares del mundo, entre ellas la religión, y no solo el Islam. Las estadísticas que muestran el aumento de la religiosidad en el mundo occidental son dramáticas; solo hay que fijarse en Francia. Además, hemos visto el auge de un imperio global con un poder sin precedentes. Estados Unidos es la potencia militar indiscutible y domina la política mundial, incluso la de los países a los que trata como enemigos.

Si comparamos la reciente demonización de Putin con el trato que recibió Yeltsin en los tiempos en los que éste cometió atrocidades mucho más estremecedoras –destruir por completo la ciudad de Grozny, por ejemplo– vemos que lo que está en juego no son los principios, sino los intereses del poder dominante mundial. Nunca antes ha existido un imperio semejante, y no es probable que vuelva a haber uno igual. En Estados Unidos se ha producido el desarrollo económico más notable de los últimos tiempos con la aparición de la revolución IT (de las Tecnologías y la Información) en la costa oeste. Sin embargo, a pesar de estos avances en la tecnología capitalista, la estructura política de Estados Unidos apenas ha cambiado en el último siglo y medio. Tal vez tenga el control militar, económico e incluso cultural –su poder blando domina el mundo– pero sigue sin haber señales de cambio político en su interior. ¿Podrá mantenerse esta contradicción?

A nivel mundial está habiendo un debate sobre la decadencia del imperio estadounidense. Y existe abundante literatura que analiza el tema y sostiene que el declive ha empezado y es irreversible. El imperio estadounidense ha tenido dificultades, ¿qué imperio no las ha tenido? Las cosas se le complicaron en los sesenta, los setenta y los ochenta: muchos pensaron que la derrota sufrida en Vietnam en 1975 era definitiva. No lo fue, y Estados Unidos no ha vuelto a sufrir otro revés semejante desde entonces. Pero a menos que conozcamos y comprendamos cómo funciona este imperio a nivel global, será muy difícil proponer un conjunto de estrategias para combatirlo o contenerlo o, como reclaman teóricos realistas como el fallecido Chalmers Johnson y John Mearsheimer, conseguir que Estados Unidos desmantele sus bases, salga de los países donde interviene y solo actúe a nivel global cuando esté amenazado como país. Muchos realistas estadounidenses sostienen la necesidad de dicha retirada, pero lo hacen desde una posición de debilidad en el sentido de que los reveses que ellos consideran irreversibles no lo son. Hay muy pocos reveses de los que el imperio no pueda recuperarse. Algunos argumentos sobre su debilitamiento son simplistas, como por ejemplo que todos los imperios que han existido al final se han derrumbado. Eso es cierto, desde luego, pero existen motivos para esos colapsos, y en este momento Estados Unidos sigue siendo inexpugnable: ejerce su poder blando en todo el mundo, incluyendo los feudos de sus rivales económicos; su poder duro todavía es dominante, permitiéndole ocupar aquellos países que considera enemigos; y su poder ideológico sigue siendo arrollador en Europa y más allá.

No obstante, Estados Unidos ha sufrido contratiempos a escala semi-continental en América del Sur, y estos han sido políticos e ideológicos más que económicos. La sucesión de victorias electorales de partidos de izquierdas en Venezuela, Ecuador y Bolivia demostró que podía haber una posible alternativa dentro del capitalismo. Ninguno de estos gobiernos, sin embargo, está desafiando al sistema capitalista, y lo mismo vale para los partidos radicales que han aparecido recientemente en Europa. Ni Syriza en Grecia ni Podemos en España suponen una amenaza para el sistema; aunque las reformas que proponen son mejores que las políticas que llevó a cabo Attlee en Gran Bretaña después de 1945. Al igual que los partidos progresistas en América del Sur, combinan programas esencialmente socialdemócratas con una amplia movilización social.

Ahora bien, las reformas socialdemócratas se han vuelto intolerables para el sistema económico neoliberal impuesto por el capital global. Si se argumenta, como hacen (si no explícita, implícitamente) quienes están en el poder, que es necesario tener una estructura política que no permita desafiar al sistema, entonces vivimos tiempos peligrosos. Convertir el terrorismo en una amenaza equivalente a la amenaza comunista de antaño resulta extravagante. El uso de la propia palabra "terrorismo", los proyectos de ley aprobados en el Parlamento y el Congreso para impedir que la gente diga lo que piensa, el examen previo de las personas invitadas a dar conferencias en las universidades, la idea de que antes de permitirles entrar en el país hay que saber qué es lo que los conferencistas extranjeros van a decir: parecen cosas sin importancia, pero son emblemáticas de la época en que vivimos. Y asusta la facilidad con que se acepta todo esto. Si lo que se nos dice es que el cambio no es posible, que el único sistema concebible es el actual, entonces vamos a tener problemas. A la larga no será aceptado. Y si se impide que la gente hable, piense, o desarrolle alternativas políticas, no será solo el trabajo de Marx el que quede relegado al olvido. Karl Polanyi, el teórico socialdemócrata más cualificado, sufrirá el mismo destino.

Hemos visto desarrollarse una forma de gobierno que yo denomino de centro extremo, que en este momento gobierna en grandes áreas de Europa e incluye partidos de izquierda, centro izquierda, centro derecha y derecha. Un sector entero del electorado, los jóvenes en particular, siente que votar no cambia nada, teniendo en cuenta los partidos existentes. El centro extremo desata guerras, ya sea por cuenta propia o en nombre de Estados Unidos; apoya las medidas de austeridad; defiende la vigilancia como absolutamente necesaria para vencer al terrorismo, sin ni siquiera preguntarse porqué existe el terrorismo: hacerse esta pregunta prácticamente convierte a uno en terrorista. ¿Por qué actúan así los terroristas? ¿Están trastornados? ¿Tiene algo que ver con lo más profundo de su religión? Estas preguntas son contraproducentes e inútiles. Si preguntas si la política imperial estadounidense o la política exterior británica o francesa no serán de alguna manera responsables, te atacan. Pero, por supuesto, las agencias de información y los servicios de seguridad saben de sobra que el motivo por el que la gente se vuelve loca –y es una forma de locura– no se halla en la religión sino en lo que ven. Hussein Osman, uno de los condenados por los atentados fallidos del metro de Londres del 21 de julio de 2005, fue detenido en Roma una semana después. "Más que rezar discutíamos del trabajo, la política, la guerra en Iraq", dijo a los interrogadores italianos. "Siempre tuvimos nuevas películas de la guerra en Iraq [...] aquellas en las que se podía ver a las mujeres y los niños iraquíes que habían sido asesinados por soldados estadounidenses y británicos". Eliza Mannigham-Buller, que en 2007 renunció como directora del MI5, dijo: "Nuestra participación en Iraq, queriendo lograr un mundo mejor, ha radicalizado a una generación entera de jóvenes".

Antes de la guerra de 2003, bajo la autoritaria dictadura de Sadam y su antecesor, el nivel de educación en Iraq era el más elevado de Oriente Medio. Cuando señalas esto te acusan de ser un apologista de Sadam, pero en los años 80 en la Universidad de Bagdad había más profesoras que las que tenía Princeton en 2009; había guarderías para facilitar que las mujeres enseñaran en las escuelas y las universidades. En Bagdad y Mosul –actualmente ocupada por el Estado Islámico– había bibliotecas con siglos de antigüedad. La biblioteca de Mosul funcionaba en el siglo XVIII y en sus depósitos albergaba manuscritos de la antigua Grecia. La biblioteca de Bagdad, como sabemos, fue saqueada después de la ocupación y lo que está ocurriendo actualmente en las bibliotecas de Mosul no es ninguna sorpresa, con miles de libros y manuscritos destruidos.

Todo lo que ha ocurrido en Iraq es consecuencia de esa guerra desastrosa que adquirió proporciones genocidas. El número de muertos sigue sin esclarecerse porque la Coalición de la Voluntad no cuenta las víctimas civiles del país que está ocupando. ¿Para qué molestarse? Pero otros han estimado que más de un millón de iraquíes fueron asesinados, sobre todo civiles. El gobierno títere instalado por la ocupación confirmó estas cifras de manera indirecta en 2006 al admitir oficialmente que había cinco millones de huérfanos en Iraq. La ocupación de Iraq es uno de los actos más destructivos de la historia moderna. A pesar de que Hiroshima y Nagasaki fueron bombardeadas con armas nucleares, la estructura social y política del Estado japonés se mantuvo; aunque los alemanes y los italianos fueron derrotados en la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte de sus estructuras militares, de información, policiales y judiciales se dejaron como estaban porque ya había otro enemigo a las puertas: el comunismo. Sin embargo, Iraq fue tratada como ningún otro país había sido tratado antes. La razón por la que la gente no acaba de ver esto es que cuando comenzó la ocupación todos los corresponsales regresaron a casa. Las excepciones pueden contarse con los dedos de una mano: Patrick Cockburn, Robert Fisk y uno o dos más. La infraestructura social de Iraq sigue sin funcionar años después de que la ocupación haya terminado; ha sido destrozada. El país ha sido desmodernizado. Occidente ha destruido los sistemas educativo y de salud iraquíes; entregó el poder a un grupo de partidos clericales chiíes que inmediatamente se embarcaron en un baño de sangre revanchista. Varios cientos de profesores universitarios fueron asesinados. Si esto no es desorden, ¿qué lo es?

En el caso de Afganistán, todo el mundo sabe qué es lo que había detrás de este gran intento, como lo llamaron los estadounidenses y británicos, de "modernizar" el país. Cherie Blair y Laura Bush dijeron que era una guerra por la liberación de las mujeres. Si lo hubiera sido, habría sido la primera en la historia. Ahora sabemos lo que fue realmente: una cruda guerra de revancha que fracasó porque la ocupación fortaleció a quienes buscaba destruir. La guerra no solo devastó Afganistán y la infraestructura que tuviera, sino que además desestabilizó Pakistán, que cuenta con armas nucleares y actualmente es un Estado muy peligroso.

Estas dos guerras no le han hecho bien a nadie, pero han conseguido dividir el mundo árabe y musulmán, fuera esa su intención o no. La decisión de Estados Unidos de entregar el poder a los partidos clericales chiíes profundizó la división suní-chií: en Bagdad, una ciudad mixta en un país donde eran comunes los matrimonios entre suníes y chiíes, hubo una limpieza étnica. Los estadounidenses actuaron como si los suníes fueran los partidarios de Sadam, pese a que muchos de ellos habían sido encarcelados arbitrariamente bajo su mandato. Esta división ha paralizado el nacionalismo árabe durante mucho tiempo. Las luchas actuales tienen que ver con el bando al que apoya Estados Unidos en cada conflicto: en Iraq, a los chiíes.

La demonización de Irán es profundamente injusta, porque sin el apoyo tácito de los iraníes los estadounidenses no podrían haber ocupado Iraq. La resistencia iraquí a la ocupación no se quebró hasta que los iraníes le dijeron al líder de los chiíes, Muqtada al-Sadr, que había estado colaborando con los opositores suníes al régimen, que la abandonase. Al-Sadr fue trasladado a Teherán y allí se le concedieron "vacaciones" por un año. Sin el apoyo iraní, tanto en Iraq como en Afganistán, a Estados Unidos le habría resultado muy difícil mantener sus ocupaciones. Todo ello le fue agradecido con sanciones, una demonización cada vez mayor, y doble rasero: Israel puede tener armas nucleares, tú no. En estos momentos Oriente Medio es un desastre total: el poder central más importante es Israel, y está extendiéndose; los palestinos han sido derrotados y seguirán estándolo por mucho tiempo; todos los principales países árabes están destrozados, primero Iraq, ahora Siria; Egipto, con una brutal dictadura militar en el poder, está torturando y asesinando como si la llamada primavera árabe nunca hubiera tenido lugar: de hecho, para los dirigentes militares nunca ocurrió.

En cuanto a Israel, el apoyo ciego que recibe de Estados Unidos es una vieja historia. Y cuestionarla, hoy por hoy, supone ser etiquetado de antisemita. El peligro que tiene esta estrategia es que si le dices a una generación que solo ha conocido el Holocausto a través de las películas que atacar a Israel es antisemita, la respuesta va a ser: ¿Y qué? "Llámanos antisemitas si quieres", dirá la gente joven. "Si eso significa estar en contra tuya, los somos". De modo que no sirve de nada. Resulta inconcebible pensar que algún Gobierno de Israel vaya a otorgar un Estado a los palestinos. Como nos advirtió el fallecido Edward Said, los Acuerdos de Oslo fueron un Tratado de Versalles palestino. En realidad fueron algo mucho peor.

La desintegración de Oriente Medio que comenzó después de la Primera Guerra Mundial continúa. No podemos saber si Iraq será dividido en tres países, o si Siria será dividida en dos o tres países. Pero no nos sorprendería que todos los Estados de la región, salvo Egipto, que es demasiado grande para desmantelarlo, terminaran convertidos en bantustanes o principados, al estilo de Qatar y los otros Estados del Golfo, financiados y mantenidos por los sauditas por un lado y los iraníes por el otro.

Todas las esperanzas suscitadas por la primavera árabe se han hundido y es importante entender por qué. Muchos de los que participaron en ellas no vieron –en gran medida por razones generacionales– que para lograr los efectos deseados hace falta algún tipo de movimiento político. No fue una sorpresa que los Hermanos Musulmanes, que participaron en las protestas de Egipto al final, se hicieran con el poder: era el único partido político real que había en Egipto. Pero luego los Hermanos Musulmanes hicieron el juego al Ejército actuando como Mubarak –proponiendo tratos a las fuerzas de seguridad, proponiendo tratos a los israelíes– y la gente empezó a preguntarse de qué servía que estuvieran en el poder. El Ejército consiguió apoyos y se deshizo de los Hermanos. Todo esto ha desmoralizado a una generación entera en Oriente Medio.

* * * ¿Cuál es la situación en Europa? Lo primero que hay que señalar es que no hay un solo país de la Unión Europea que tenga verdadera soberanía. Después del fin de la Guerra Fría y la reunificación, Alemania se ha convertido en el país más fuerte y estratégicamente más importante de Europa, pero aún así no tiene total soberanía: Estados Unidos sigue dominando en muchos niveles, especialmente en lo que respecta a las Fuerzas Armadas. Gran Bretaña se convirtió en un Estado semi-vasallo después de la Segunda Guerra Mundial. Los últimos primer ministros británicos que actuaron como si Gran Bretaña fuera un Estado soberano fueron Harold Wilson, que se negó a enviar tropas británicas a Vietnam, y Edward Heath, que impidió que las bases británicas fueran utilizadas para bombardear Oriente Medio.

Desde entonces Gran Bretaña ha hecho siempre lo que le ordenaba Estados Unidos, aun cuando una parte importante del establishment británico estuviera en contra. En el Ministerio de Asuntos Exteriores hubo claras muestras de enojo durante la Guerra de Iraq por considerar que no había ninguna necesidad de involucrar a Gran Bretaña. En 2003, cuando la guerra ya estaba en marcha, fui invitado a dar una conferencia en Damasco; allí recibí una llamada telefónica de la embajada británica pidiéndome que fuera a comer. Me pareció raro. Al llegar me dio la bienvenida el embajador y me dijo: "Solo quiero tranquilizarle, además de comer, vamos a hablar de política". En la comida dijo: "Ha llegado el turno de preguntas, empezaré yo. Tariq Ali, leí el artículo que publicó en The Guardian argumentando que Tony Blair debería ser demandado por crímenes de guerra en la Corte Penal Internacional. ¿Le importaría explicarnos por qué?" Estuve diez minutos explicándoselo ante el desconcierto de los invitados sirios. Al final el embajador dijo: "Estoy totalmente de acuerdo, no sé qué opinarán los demás". Cuando los invitados se marcharon le dije: "Fue muy valiente de su parte". Y el hombre del MI6 que había estado en la comida dijo: "Sí, puede permitírselo porque se jubila en diciembre". Pero algo muy parecido ocurrió en la embajada en Viena, donde di una conferencia de prensa contra la guerra de Iraq en el salón del embajador. Estos hombres no eran tontos, sabían perfectamente lo que estaban haciendo. Y actuaron así por la humillación que sintieron al tener un Gobierno que, a pesar de que los estadounidenses habían dicho que se las podían apañar sin Gran Bretaña, decidió involucrarse de todos modos.

Los alemanes saben que no tienen soberanía pero cuando lo apuntas se encogen de hombros. A muchos de ellos no les gusta, tienen demasiado presente su pasado, esa idea de estar casi genéticamente predispuestos a la guerra: una idea absurda, que alguna gente que debería ser más sensata ha vuelto a expresar al celebrarse los aniversarios de la Primera Guerra Mundial. Pero lo cierto es que política, ideológica, militar e incluso económicamente, la Unión Europea está en manos del imperio global. Cuando la elite europea ofreció a Grecia aquella lamentable suma de dinero, Timothy Geithner, el entonces secretario del Tesoro estadounidense, tuvo que intervenir diciéndole a la UE que aumentase el fondo de rescate hasta los 500 mil millones de euros. Vacilaron, pero finalmente hicieron lo que los estadounidenses querían. Todas las expectativas que, desde su planteamiento inicial, suscitó la idea de un continente independiente de otras potencias que siguiera su propio camino, desaparecieron al final de la Guerra Fría. Justo cuando parecía que se podía lograr ese objetivo, Europa se convirtió en un continente fiel a los banqueros, la Europa del dinero, un lugar sin perspectiva social que no cuestionó el orden neoliberal.

A los griegos se les está castigando no tanto por la deuda como por no estar llevando a cabo las reformas exigidas por la UE. El gobierno de derechas derrotado por Syriza solo consiguió que se aprobaran 3 de las 14 reformas que la UE pedía insistentemente. No pudieron hacer más porque lo que fue aprobado puso a Grecia en una situación que recuerda a Iraq: la desmodernización; las privatizaciones completamente innecesarias vinculadas a la corrupción política; el empobrecimiento de la mayoría de la población. Por eso los griegos eligieron un Gobierno que quería cambiar las cosas, y entonces les dijeron que no podían. La UE teme que se produzca el efecto dominó: si los griegos son recompensados por votar a Syriza, otros países podrían elegir gobiernos similares, así que Grecia debe ser aplastada. No se puede echar a los griegos de la UE –no lo permite la Constitución– ni de la Eurozona, pero sí hacerles la vida muy difícil de modo que tengan que salirse del euro y establecer un euro griego, o un euro dracma, para que el país siga funcionando. Pero si sucediera eso las condiciones empeorarían, al menos temporalmente, de ahí que los griegos no tienen más alternativa que resistir. El peligro está en que, en este entorno tan precario, la gente podría girar rápidamente hacia la derecha, hacia Amanecer Dorado, un partido explícitamente fascista. Esa es la magnitud del problema, y actuar como lo está haciendo la elite del euro –es decir, como el centro extremo– es una estrategia insensata y corta de miras.

Y luego está el auge de China. No hay duda de las enormes ganancias que ha generado el capitalismo en China; las economías de China y Estados Unidos son sorprendentemente independientes. Cuando hace poco un veterano sindicalista estadounidense me preguntaba qué le había pasado a la clase obrera estadounidense, mi respuesta fue inmediata: la clase obrera estadounidense está ahora en China. Sucede además que China no está ni remotamente cerca de ocupar el lugar de Estados Unidos. Las cifras que manejan los economistas muestran que, en lo que verdaderamente cuenta, los chinos todavía están por detrás. Si observamos los porcentajes por Estados de familias millonarias del mundo en 2012 tenemos: Estados Unidos, 42,5%; Japón, 10,6%; China, 9,4%; Gran Bretaña, 3,7%; Suiza, 2,9%; Alemania, 2,7%; Taiwán, 2,3%; Italia, 2%; Francia, 1,9%. Así que, en términos de fuerza económica, Estados Unidos continúa teniendo buenos resultados. En muchos mercados claves –industria farmacéutica, industria aeroespacial, programas informáticos, equipo médico– domina Estados Unidos. Las cifras de 2010 mostraron que tres cuartos de las doscientas mayores empresas exportadoras de China –y son estadísticas chinas– son de propiedad extranjera. Hay muchísima inversión extranjera en China, a menudo de países vecinos como Taiwán. Foxconn, que fabrica ordenadores para Apple en China, es una empresa taiwanesa.

La idea de que los chinos van a hacerse de repente con el poder y ocupar el lugar de Estados Unidos es una tontería. Es inverosímil militarmente; es inverosímil económicamente; y política e ideológicamente es obvio que tampoco es el caso. Cuando comenzó el declive del Imperio británico, décadas antes de que se desmoronara, la gente sabía lo que estaba pasando. Tanto Lenin como Trotsky se dieron cuenta de que los británicos se estaban hundiendo. Hay un discurso maravilloso de Trotsky, pronunciado en 1924 en el marco de la IV Internacional Comunista en el que, con un estilo inimitable, hizo las siguientes declaraciones sobre la burguesía inglesa:

Su carácter ha sido moldeado a lo largo de siglos. La autoestima de clase ya está en su sangre y su médula, sus nervios y sus huesos. Será muy difícil quitarles la confianza en sí mismos como dirigentes mundiales. Pero el americano se la quitará lo mismo cuando se ponga manos a la obra en serio. En vano se consuela el burgués británico pensando que servirá de guía al inexperto americano. Sí, habrá un periodo de transición. Pero el quid de la cuestión no está en los hábitos del liderazgo diplomático sino en el poder real, el capital y la industria existentes. Y los Estados Unidos, si nos fijamos en su economía, desde la avena hasta los grandes acorazados de última generación, ocupan el primer lugar. Producen todas las necesidades básicas hasta alcanzar entre la mitad y los dos tercios de lo que se produce en todo el mundo.

Si cambiáramos el texto, y en vez del "carácter de la burguesía inglesa" dijéramos el "carácter de la burguesía estadounidense ha sido moldeado durante siglos [...] pero el chino se la quitará lo mismo", no tendría sentido.

* * * ¿Dónde vamos a terminar al final de este siglo? ¿Dónde estará China? ¿Prosperará la democracia occidental? Una cosa que ha quedado clara en las últimas décadas es que no ocurre nada a menos que la gente quiera que ocurra; y si la gente quiere que ocurra, empieza a moverse. Uno hubiera pensado que los europeos aprenderían algo del desplome provocado por la reciente recesión y actuarían, pero no lo hicieron: se limitaron a poner tiritas y a esperar que la herida dejara de sangrar. Entonces, ¿dónde deberíamos buscar la solución? Uno de los pensadores más creativos hoy en día es el sociólogo alemán Wolfgang Streeck, que insiste en que se necesita desesperadamente una estructura alternativa a la Unión Europea y en que ésta exigirá más democracia en cada una de las etapas, tanto a nivel provincial y de ciudades como a nivel nacional y europeo. Hace falta un esfuerzo concertado para encontrar una alternativa al sistema neoliberal. Ya tenemos un principio en Grecia y en España, y podría extenderse.

Mucha gente en Europa del Este siente nostalgia de las sociedades anteriores a la caída de la Unión Soviética. Los regímenes comunistas que gobernaron el bloque soviético después de la llegada de Khrushchev al poder podrían describirse como dictaduras sociales: regímenes esencialmente débiles con una estructura política autoritaria, pero con una estructura económica que ofrecía a la gente más o menos lo mismo que la socialdemocracia sueca o británica. En una encuesta realizada en enero, el 82% de los encuestados en la antigua Alemania del Este dijeron que se vivía mejor antes de la reunificación. Cuando se les preguntó los motivos, dijeron que había más sentido de comunidad, más instalaciones, el dinero no era lo principal, la vida cultural era mejor y no se los trataba como ciudadanos de segunda clase, como ocurre ahora. La actitud de los alemanes occidentales hacia los orientales no tardó en convertirse en un problema serio; tan serio que el segundo año después de la reunificación, Helmut Schmidt, el ex canciller alemán y no precisamente un radical, dijo en la conferencia del Partido Social Demócrata que los alemanes del este estaban siendo tratados de manera absolutamente equivocada. Dijo que no se podía seguir ignorando la cultura de Alemania del Este; y que si tuviera que elegir los tres mejores escritores alemanes escogería a Goethe, Heine y Brecht. A los asistentes se les cortó la respiración cuando nombró a Brecht. Los prejuicios contra el Este estaban profundamente arraigados. La razón por la que las revelaciones de Snowden impactaron tanto a los alemanes es que de pronto resultó evidente que estaban viviendo bajo vigilancia permanente, cuando una de las mayores campañas ideológicas en Alemania Occidental tuvo que ver precisamente con el daño causado por la Stasi, que se dijo espiaba a todos en todo momento. Bien, la Stasi no tenía capacidad tecnológica para un sistema de espionaje omnipresente: en la escala de vigilancia, Estados Unidos está muy por delante del viejo enemigo de Alemania Occidental.

Los antiguos alemanes del este no solo prefieren el viejo sistema político, también ocupan el primer puesto en la lista de ateos: el 52,1% de la población no cree en Dios; la República Checa se sitúa en segundo lugar con el 39,9%; la Francia laica está por debajo con el 23,3% (laicismo en Francia significa cualquier cosa que no sea islámico). Si observamos el otro extremo, el país con la mayor proporción de creyentes es Filipinas con el 83,6%, seguido de Chile, 79.4%; Israel, 65,5%; Polonia, 62%; Estados Unidos, 60,6%; comparada con los cuales Irlanda es un bastión de moderación con solo un 43,2%. Si los encuestadores hubieran visitado el mundo islámico para hacer esas mismas preguntas seguramente se habrían sorprendido de las respuestas obtenidas en Turquía, por ejemplo, o incluso en Indonesia. No se puede circunscribir la creencia religiosa a una única parte del globo.

Este es un mundo mestizo y confuso. Sus problemas no cambian, tan solo adquieren nuevas formas. En Esparta, en el siglo III a.C., después de las Guerras del Peloponeso, fue creciendo una grieta entre la elite dirigente y la gente común, y quienes gobernaban exigieron cambios porque la brecha entre ricos y pobres se había vuelto tan enorme que resultaba intolerable. La sucesión de los monarcas radicales Agis IV, Cleómenes III y Nabis creó una estructura que permitió revivir el Estado; se liberó a los esclavos; se permitió votar a todos los ciudadanos; y la tierra confiscada a los ricos se distribuyó entre los pobres (algo que actualmente no permitiría el BCE). Temerosa de que cundiera el ejemplo, la temprana República Romana envió sus legiones bajo el mando de Tito Quincio Flaminio contra Esparta. Según Tito Livio, esta fue la respuesta de Nabis, el rey de Esparta, y al leerla se siente la frialdad y dignidad que había en sus palabras: No midáis lo que se hace en Lacedemonia a través de vuestras propias instituciones [...] Vosotros escogéis vuestra caballería, igual que vuestra infantería, de acuerdo con su renta; queréis que pocos destaquen por sus riquezas y que la masa de la población esté sometida a ellos. Nuestro legislador no quiso que el Gobierno estuviera en manos de unos pocos, como los que vosotros denomináis Senado, ni se permitió a ningún orden que tuviera preponderancia en el Estado; creía que la igualdad de rango y fortuna era necesaria para que pudiera existir un gran número de hombres que empuñasen las armas por su patria. _________
Tomado de Rebelión
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Por miedo a "evento" en Nueva York trasladan oficina de la Fed a Chicago

Lun, 20/04/2015 - 15:37

La Reserva Federal de Estados Unidos ha tomado una sorprendente decisión para alimentar múltiples derivadas especulativas: Ha comenzado a hacer el traslado de sus oficinas desde Nueva York a Chicago. La decisión parece ser una medida preventiva frente a posibles desastres naturales que tienen el potencial de paralizar todo el trabajo de la Fed. Sin embargo, la Agencia Reuters no vacila en concatenar este hecho a la inminente alza de tasas de interés que endurecerán aún más la política económica mundial en los próximos meses.

La medida había sido planificada discretamente desde hace más dos años. Aunque muchos no ven aún la relación entre el cambio climático y los fenómenos ambientales, el daño provocado en octubre de 2012 por el Huracán Sandy fue devastador. El huracán golpeó la costa este de Estados Unidos a una velocidad de 130 millas por hora, causando serios estragos en Nueva Jersey y Nueva York. Millones de personas se quedaron sin agua y electricidad en la costa este, y el fenómeno levantó un tsunami de cuatro metros en Manhattan, inundando los pozos subterráneos y los túneles del Metro de la ciudad. El New York Times informó sobre la destrucción que ahogó a la ciudad de Nueva York, donde se encuentra la sede de la Reserva Federal. Muchas otras ciudades compartieron la misma suerte.

Pero el miedo de la Fed no sólo es fruto de los huracanes devastadores. Michael Snyder considera que el miedo también se debe al terrorismo informático y a los millones de ciudadanos que empiezan a mirar a la Fed como la institución privada que es y que solo favorece a sus dueños, es decir a los banqueros. Snyder, en su blog aventura algunas hipótesis y adelanta la masiva compra de armas y equipamiento tecnológico por parte del Departamento de Seguridad para contrarrestar los disturbios civiles. El equipo técnico es tan sofisticado que permite detectar los movimientos de cada neoyorquino y evaluarlos, en tiempo real, y proyectarlos en grandes pantallas con gran nitidez. Hace dos años, una portavoz del centro de monitoreo, dijo en el programa "60 Minutes" que se podía aislar "con un chasquido de los dedos" el movimiento de cada ciudadano e individualizarlo. La Fed no solo quiere irse a un lado seguro en caso de que un tsunami llegue a Nueva York, sino que también quiere estar lejos en el caso de que la inestabilidad política siga recrudeciendo en Estados Unidos.
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Ver Reuters, Michael Snyder Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Cómo Europa abdica de su historia

Dom, 19/04/2015 - 21:29
Ángel Ferrero, Sin Permiso

La Rada Suprema de Ucrania aprobó el pasado 9 de abril una ley que prohíbe los símbolos comunistas y nazis en el país, equiparando así a ambos. La iniciativa legislativa fue aprobada por 254 votos a favor y establece que el incumplimiento de la ley conlleva el cierre de partidos políticos y medios de comunicación. El Partido Comunista de Ucrania queda de facto ilegalizado, y dentro de un mes, cuando se celebre la conmemoración del 70 aniversario del Día de la Victoria sobre el fascismo, todo aquel que decida salir a la calle con una bandera roja en Ucrania será acusado de “separatismo”. Todas las estatuas soviéticas serán asimismo desmanteladas. A mayor abundamiento, ese mismo día se aprobó otra ley que reconoce a la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) y su brazo militar, el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), como “luchadores por la independencia de Ucrania” y otorga a sus miembros determinadas garantías sociales.

"Este proyecto de ley eliminará la amenaza a la soberanía, integridad territorial y seguridad nacional de Ucrania, fomentará el espíritu y la moral de la nación ucraniana", declararon los autores de la propuesta, entre los cuales se encuentra Yuri Shujévich, diputado por el Partido Radical de Oleh Lyashko y uno de los fundadores de la Asamblea Nacional Ucraniana–Autodefensa de Ucrania (UNA-UNSO), una formación de extrema derecha que el 22 de mayo de 2014 se fusionó con Pravy Sektor. Shujévich es hijo de Roman Shujévich, uno de los dirigentes militares del UPA. Roman Shujévich estuvo al mando de la Legión ucraniana financiada por el Abwehr, el servicio de inteligencia militar alemán, y fue capitán del batallón Schutzmannschaft 201, igualmente bajo mando nazi. Como tal, fue responsable de numerosos crímenes de guerra y contra la humanidad en Bielorrusia y el asesinato de decenas de miles de rusos, judíos y polacos en Volhynia y Galicia oriental.

Todo esto, por desgracia, sorprende más bien poco. El 22 de enero de 2010, el entonces presidente de Ucrania, Víktor Yúshenko, ganador de las elecciones tras la Revolución Naranja, entregó a título póstumo a Stepan Bandera, el fundador de la OUN y el UPA, el título de Héroe de Ucrania. Aunque el gesto fue condenado por el Parlamento europeo, lo cierto es que la Unión Europea ha hecho la vista gorda en su propio territorio, y en varias ocasiones. Así, Bruselas ha tolerado durante años el desfile anual de veteranos de las Waffen-SS en Letonia, país que sigue sin conceder la nacionalidad a 262.622 ciudadanos de su país, casi dos tercios de los cuales son rusos étnicos que se niegan a reconocer que el país fue ocupado por la Unión Soviética, condición necesaria para acceder al pasaporte letón. Como toleró antes, a pesar de las fuertes protestas de la población rusófona, la decisión del gobierno estonio de retirar en 2007 en Tallin la estatua al soldado soviético.

Incluso el gobierno alemán trata desde hace años de reducir el papel de la URSS en su historia, no solamente minimizando, en plena lógica de Guerra fría, el papel de la URSS en la victoria sobre el fascismo en favor del de EEUU, sino en el proceso de reunificación, en la que la política exterior de Mijaíl Gorbachov jugó un papel clave, facilitándola. En la última Conferencia de Seguridad de Múnich, Angela Merkel expresó el agradecimiento alemán al “valor de los pueblos de Europa central y oriental” en su lucha contra el comunismo y que hizo posible la reunificación de Alemania, y en los actos del 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín el año pasado la televisión alemana destacó, por encima de Gorbachov –relegado a un segundo plano– la influencia en la disidencia germano-oriental del sindicato polaco Solidarno?.

En un reciente artículo, Taric Cyril Amar y Per Anders Rudling, profesores de historia de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) y Lund (Suecia) respectivamente, han alertado de la peligrosa manipulación histórica que suponen este tipo de medidas en Ucrania, recordando que, de hecho, hubo más ucranianos combatiendo con el Ejército Rojo que contra él. “En algunos casos –escriben– han circulado falsificaciones deliberadas de la OUN como pruebas auténticas para rechazar su carácter antisemita. Una de ellas consiste en una ficticia autobiografía de una mujer judía, Stella Krentsbakh o Kreutzbach, titulada 'Estoy viva gracias al Ejército Insurgente Ucraniano', presentada como 'prueba' para 'refutar' a cualquier testimonio genuino del antisemitismo de los nacionalistas”. Recientemente, los servicios secretos ucranianos (SBU) presentaron lo que los autores del artículo califican de “absurda lista” con 19 personas responsables de la hambruna de 1932-33 en Ucrania, dos quintas partes de los cuales se presentaron, siguiendo el estilo habitual de la propaganda antisemita, con el nombre “real” (es decir, hebreo) entre paréntesis.

Cyril Amar y Anders Rudling destacan el caso de Serhiy Kvit, actual ministro ucraniano de Educación y Ciencia. Kvit, que se presentó en las pasadas elecciones como independiente en el Bloque de Petró Poroshenko –el partido del presidente ucraniano–, fue antes rector de la Universidad Nacional de Kyiv-Mohyla (NaUKMA), uno de los cuarteles generales de la Revolución Naranja. También ha sido miembro de la organización paramilitar “Tryzub” (Tridente), de cuyo dirigente, el hoy líder de Pravy Sektor Dmytro Yarosh, es amigo.

Kvit, según explican ambos historiadores, “es el autor de una biografía laudatoria sobre Dmytro Dontsov, uno de los teóricos clave del nacionalismo etnicista ucraniano. [Kvit] niega y racionaliza el antisemitismo de Dontsov, y margina su entusiasmo por la Alemania nazi y la Italia fascista”. (Dontsov, por cierto, se trasladó en 1941, cuando la Alemania nazi inició su invasión de la URSS, a Berlín, donde sus libros antirrusos y anticomunistas habían sido ya antes traducidos.)

El ministro de Educación y Ciencia de “la Ucrania con valores europeos”, que ha insistido en varias ocasiones que los nacionalistas ucranianos de la Segunda Guerra Mundial constituyen un ejemplo a seguir, obligó como rector de la NaUKMA a clausurar la exposición “El cuerpo ucraniano”, organizada por el Centro de Investigación de la Cultura Visual y, poco después, cerró el propio centro. La exposición estaba enfocada en las minorías sexuales en Ucrania y trataba de reivindicar los derechos de los homosexuales en el país.

Cyril Amar y Anders Rudling denuncian que todos estos hechos son ignorados por los medios de comunicación occidentales como “propaganda rusa” a partir de una lógica “demasiado simple: si lo medios rusos dicen que hay un problema, entonces es que no hay ninguno”. Esta polarización, concluyen, “es intelectual y políticamente infructuosa”.

La UE trata de crear su propio relato fundacional y, como ha señalado Rafael Poch-de-Feliu, expulsar a Rusia de la historia europea. En la historia como en la economía: con una terapia de shock.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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¿Se está recuperando la economía europea?

Ven, 17/04/2015 - 13:26
Vicenç Navarro, Rebelión

Los establishments políticos y mediáticos europeos han lanzado las campanas al vuelo indicando que, por fin, y como consecuencia de las políticas de austeridad que los gobiernos de la Unión Europea (y muy en particular, de los gobiernos de la Eurozona) han impuesto (en ninguno de estos países las políticas de austeridad estaban en su oferta electoral), la economía se ha recuperado. La única diferencia entre unos y otros es que mientras algunos dicen que “ya se ha recuperado” (Mariano Rajoy, Presidente del gobierno español), otros sostienen que “se está recuperando” (Mario Draghi, Presidente del Banco Central Europeo)

En esta euforia se olvidan u ocultan varios hechos,. Uno es que el crecimiento económico (que se toma como indicador de recuperación económica) es sumamente limitado. La economía europea está creciendo a una tasa de crecimiento de solo un 1,6% como promedio, habiendo sido una tasa más baja, el 0,9% en el último cuarto del 2014. La economía europea continúa siendo mucho más pobre que lo fue en el año en que se inició la crisis, 2007. Pero el hecho más importante es que este ligerísimo crecimiento no se debe en absoluto a las medidas de austeridad (bajada de salarios y recortes de gasto público), sino a otras causas, todas ellas provisionales, cuyo impacto puede desaparecer, y pronto.

Estas causas son: la bajada del precio del petróleo (más de un 50% desde final del 2014 a Enero de 2015), bajada que ya se está revirtiendo, con el precio subiendo de nuevo. Añádase a ello que la reciente devaluación del euro ha hecho que el precio del petróleo haya subido, al ser un producto importado en la mayoría de países de la Eurozona. La devaluación del euro, conseguida con las medidas del Banco Central Europeo (masivas impresiones de dinero, prestado a intereses bajísimos) ha facilitado las exportaciones, pero encarecido las importaciones, como el petróleo. Es más, la devaluación del euro (un 10% de su valor en lo que va de año), aunque ayuda al crecimiento de las exportaciones de los países de la Eurozona, su impacto estimulante es relativamente menor, pues el sector exportador representa solo un 20% de toda la economía europea, hecho que se olvida frecuentemente. Este bajo porcentaje es la mayor limitación de todas las políticas de recuperación basadas en facilitar y expandir las exportaciones (ver Philippe Legrain, “The Eurozone’s False Recovery”, 09.04.15). Ni que decir tiene que cualquier mejora en cualquier actividad económica es probable que repercuta en un incremento del crecimiento económico. Pero, en el caso del sector exportador, este será limitado.

Y la tercera causa del crecimiento, además de la bajada del precio del petróleo y la devaluación del euro, es la política del Banco Central Europeo que, por fin, ha hecho lo que tenía que haber hecho ya hace casi siete años. Es decir, ha hecho lo que un Banco Central tendría que haber hecho en un período de crisis tan profundo como ha habido en la Eurozona durante casi siete años. El BCE ha impreso dinero y comprado deuda privada y deuda pública, ayudando a proteger a los Estados de la Eurozona, disminuyendo sus intereses. Pero esta política monetaria –que ha sido la causa mayor de la recuperación, como algunos habíamos vaticinado hacía tiempo– es todavía dramáticamente insuficiente, pues el punto clave para la recuperación económica es el estímulo económico que exige un cambio de 180º en las políticas de austeridad (que hoy continúan siendo las mayores causas del nulo o escaso crecimiento) y que consisten en bajar salarios y recortar gasto público.

Lo que se necesita es un aumento de gasto público en infraestructuras que creen buen empleo, y subir los salarios, todo ello con el objetivo de estimular la demanda doméstica, el punto clave para salir de la crisis. Sin que ello ocurra, no habrá una recuperación estable y duradera. Continuar con estas políticas de austericidio –bajada de salarios y reducción del déficit a base de recortes y más recortes– es condenar a los países de la Eurozona a la continuación de una situación de elevado desempleo, precariedad y bajos salarios, que es lo que los gobiernos españoles han conseguido desde 2007.

Muestra hasta qué punto los establishments –las estructuras de poder- europeos han llegado en su dogma neoliberal a ignorar que el objetivo principal de cualquier intervención pública debería ser la mejora del bienestar y calidad de vida de las poblaciones, que España se presente hoy (como lo ha hecho la canciller Angela Merkel) como el modelo ejemplar que otros países deberían emular. España es hoy uno de los países de la UE-15 con la tasa de desempleo más alta de la UE-15 (junto con Grecia), con mayor nivel de precariedad, con menor protección social, con mayor pobreza infantil, mayor pobreza adulta y mayor pobreza entre los ancianos, mayor número de desempleados sin ninguna cobertura de seguro de desempleo, con mayor número de trabajos mal pagados e interinos, con salarios más bajos, con menor tasa de ocupación, con menor gasto público social en sanidad, en educación, en servicios sociales, en escuelas de infancia, en servicios domiciliarios, en transferencias públicas de ayudas a la familia. Y a todo ello, la estructura de poder financiero, económico, político y mediático, lo consideran ¡modélico!. Y luego se extrañan que la Europa que están construyendo esté creando una enorme insatisfacción y rechazo.

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China en aterrizaje forzoso

Xov, 16/04/2015 - 07:00

China creció a su ritmo más lento en seis años en el primer trimestre de 2015 y la debilidad en los sectores clave indica que la segunda mayor economía del planeta sigue perdiendo impulso. Sus exportaciones cayeron fuertemente en marzo al igual que sus importaciones, confirmando que el gigante asiático ha sido fuertemente golpeado por la debilidad de la economía mundial, como apuntábamos en marzo. Las exportaciones chinas se deslizaron 15% respecto a los últimos 12 meses, mientras que las importaciones cayeron un 12,7 por ciento, producto de la debilidad del comercio mundial, que está marcando el fin del modelo basado en las exportaciones.

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Libertad, igualdad, fragilidad: el diálogo Stiglitz-Varoufakis

Mér, 15/04/2015 - 13:27
Alejandro Nadal, La Jornada

El 16 de septiembre de 1992 los especuladores forzaron la devaluación de la libra esterlina. Inglaterra buscaba mantener la paridad en 2.7 marcos por libra esterlina. Pero ese objetivo era insostenible porque su tasa de inflación era superior a la de Alemania. Los especuladores no perdieron tiempo. A pesar del incremento de las tasas de interés en Londres, George Soros y otros pasaron a la ofensiva. El Banco de Inglaterra perdió la batalla y Soros se embolsó más de mil millones de dólares, convirtiéndose en campeón de la especulación en los mercados de divisas.

En 2009 Soros donó 50 millones de dólares para crear el Instituto de Nuevo Pensamiento Económico (INET, por sus siglas en inglés) y permitir a una nueva generación de economistas afrontar los desafíos del siglo XXI. El balance de los primeros años de vida del INET es desigual y está lejos de haber generado grandes cambios en el pensamiento económico. La semana pasada organizó una conferencia en París con el curioso título Libertad, igualdad y fragilidad (ineteconomics.org).

El acto estelar de la conferencia fue el diálogo entre Joseph Stiglitz y Yanis Varoufakis, ministro de Finanzas de Grecia. Durante más de una hora Stiglitz hizo preguntas más o menos apacibles sobre el futuro de Grecia en la eurozona (véase la entrevista).

Entre los temas examinados destacan la austeridad y las metas de superávit primario que la troika impuso a Grecia, en especial la meta equivalente a 4.5 por ciento del PIB. En un momento de la conversación (minuto 32) Stiglitz comenta que ningún país ha generado un superávit primario tan importante y pregunta (escandalizado): ¿cómo es posible que el gobierno anterior a Syriza hubiera aceptado semejante compromiso y cómo es posible que la troika lo hubiera impuesto?

Parece que ni Stiglitz ni Varoufakis conocen la historia reciente de América Latina y su experiencia en materia de programas de ajuste. Uno de los rasgos distintivos de la región es que la mayoría de los países mantuvo un superávit primario durante la mayor parte del periodo 1990-2007. En el caso de México, la base de datos del economista mexicano Marcos Chávez, revela que entre 1983 y 2008 el superávit primario promedió 3.6 por ciento. En el periodo 1988-1992 el superávit primario alcanzó un promedio de ¡7.6 por ciento!

Cabe recordar que el superávit primario se genera cuando el gasto público (sin contar cargas financieras) es inferior a los ingresos. La prioridad es el servicio de la deuda y los objetivos de desarrollo y bienestar de la población pasan a segundo plano.

Los datos revelan que durante 25 años las finanzas públicas en México estuvieron orientadas a generar un superávit primario para cubrir cargas financieras, manteniéndose estancada (o declinando) la inversión en salud, educación, vivienda, transporte e infraestructura, agricultura, industria, medio ambiente e investigación científica. Si a Stiglitz le escandaliza el 4.5 por ciento impuesto por la troika, ¿qué diría de la experiencia mexicana? Los resultados están a la vista: el Estado mexicano se desintegra como resultado de perseverar en el experimento neoliberal.

La respuesta a la segunda parte de la pregunta es evidente, pero por diplomacia Varoufakis prefirió no responder. La austeridad no es una medida de técnica económica. Es un instrumento de guerra social que busca destruir las bases del estado de bienestar y del desarrollo.

Otro tema de la conversación fue la salud de los bancos en Grecia. El Fondo Helénico de estabilización fue el conducto del rescate (37 mil millones de euros) que la troika quiere ahora que sea pagado con recursos del superávit primario, pero los niveles de cartera vencida (e incobrable) de los bancos griegos siguen siendo muy elevados. Aquí entra en escena José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE.

Varoufakis menciona que la OCDE colabora en el diseño de las reformas que el gobierno de Syriza quiere aplicar y agradece tal ayuda bajo los auspicios de José Ángel Gurría. Claro que hay fórmulas de diplomacia, pero me pregunto si los ministros de Syriza conocen la trayectoria de Gurría, especialmente como secretario de Hacienda. Se trata de uno de los arquitectos del neoliberalismo en México y de un defensor del superávit primario. Cuatro años después de que el sistema bancario quebrara a raíz de la crisis de 1994, Gurría propuso la conversión a deuda pública de la montaña de pagarés que el gobierno había entregado a los bancos para remplazar la cartera vencida con títulos rentables. A la fecha, este rescate bancario (fraudulento y anticonstitucional) sigue manteniendo una fuerte hipoteca sobre las finanzas públicas en México.

La peor metáfora utilizada en la conferencia es la de Rob Johnson, director ejecutivo de INET. Señalando que a nadie le gusta un emperador desnudo, afirmó que nuestro objetivo aquí en el INET es confeccionar el nuevo vestuario del emperador. Yo hubiera preferido escuchar que el objetivo era deshacerse del emperador.

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