Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6604125
Actualizado: fai 1 hora 41 min

A los 91 años muere el filósofo polaco Zygmunt Bauman

Lun, 09/01/2017 - 18:30

El profesor y filósofo polaco Zygmunt Bauman, creador del concepto de 'modernidad líquida', ha fallecido este lunes a la edad de 91 años en la localidad británica de Leeds, según ha informado el diario Gazeta Wyborcza.

De nacionalidad británica, se trasladó a la URSS con su familia a comienzos de la II Guerra Mundial. Terminado el conflicto, regresó a Polonia y ejerció la docencia en la Universidad de Varsovia, hasta que en 1968 se exilió de nuevo por razones políticas.

Durante unos años vivió en Israel y fue profesor en la Universidad de Tel Aviv hasta 1970. Ha impartido clases en universidades de Estados Unidos, Australia y Canadá y es profesor emérito de Sociología de la Universidad de Leeds (Reino Unido).

Su análisis de los vínculos entre la modernidad, el nazismo y el comunismo posmoderno le han otorgado un gran reconocimiento internacional. Ha contribuido al desarrollo de las ciencias sociales mediante la creación de conceptos como la 'teoría de la modernidad líquida', que define los tiempos actuales como una era de cambio y movimiento constante, en la que el hombre está huérfano de referencias consistentes y los conceptos son más inestables que nunca.

Las teorías de Bauman han ejercido una gran influencia en los movimientos antiglobalización. Su obra ensayística, que comenzó en los años 50, alcanzó fama internacional en los 80 con títulos como Modernidad y holocausto (1989), donde define el exterminio de judíos por los nazis como un fenómeno relacionado con el desarrollo de la modernidad.

Entre sus obras más significativas destacan La modernidad líquida (2000), considerada su obra cumbre, en la que observa cómo el capitalismo globalizado está acabando con la solidez de la sociedad industrial; Amor líquido (2005) y Vida líquida (2006).

Además es autor de títulos como La cultura como praxis (1973), La posmodernidad y sus descontentos (1997), La globalización: consecuencias humanas (1998), En búsqueda de la política (1999), La sociedad individualizada (2001) y Vidas desperdiciadas, La modernidad y sus parias (2005).

En esta última expone las consecuencias inevitables de la modernización tales como las migraciones, los refugiados, el desempleo, la nueva pobreza y la necesidad de fijar identidades.

Entre sus trabajos publicados en español se encuentran Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores (2007), Vida de consumo (2007), Archipiélago de excepciones (2008), Múltiples culturas, una sola humanidad (2008), El arte de la vida (2009) y Mundo consumo (2010). Su pensamiento y su obra han sido fruto de análisis en una decena de libros publicados por varios autores.

Bauman recibió entre otros galardones el Premio Europeo Amalfi de Sociología y Teoría Social, otorgado por la Asociación Italiana de Sociología (1989) y el Theodor W. Adorno Prize de la ciudad de Fráncfort (1998). Asimismo, fue premiado con el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010 junto a Alan Touraine.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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2017 apunta hacia un mundo multipolar

Lun, 09/01/2017 - 10:00
Emir Sader, La Jornada

La era de la hegemonía estadounidense y de neoliberalismo es, por definición, un tiempo de turbulencias e incertidumbre. Nadie ni nada permite preveer con un mínimo de certidumbre ni el futuro inmediato, menos todavía los de mediano y largo plazos. Pero el cúmulo de acontecimientos permite proyectar a 2017 como un año en que se dibujará, con más claridad, el surgimiento de un mundo multipolar.

El final de la guerra fría hizo al mundo retroceder al periodo histórico de hegemonía británica, cuando una sola potencia detentaba el predominio mundial. La decadencia británica introdujo un tiempo de disputas hegemónicas; primero entre Estados Unidos y Alemania, con dos guerras mundiales de por medio, después, entre Estados Unidos y la Unión Soviética, en el escenario llamado de guerra fría.

La desaparición de la URSS hizo que la humanidad volviera a un mundo unipolar, esta vez con la hegemonía imperial estadounidense. No tardó en anunciarse que la historia terminaría, desembocando en esa hegemonía, que traería con ella la economía capitalista de mercado y la democracia liberal como horizontes insuperables de la historia. Seguirían habiendo acontecimientos, pero todos encerrados en ese marco, que nos aprisionaría definitivamente. En lugar de girar hacia delante, la historia habría retrocedido y quedado congelada. La superioridad militar, económica, política e ideológica de Estados Unidos no permitiría alimentar ilusiones en otra dirección. El fin del socialismo, que sería el futuro de la humanidad, en la concepción derrotada, relegaba ese tipo de sociedad al museo de la historia, como un largo paréntesis finalmente concluido. La economía capitalista pasaba a ser la economía, la única posible, así como la democracia liberal, la única posible.

Sin embargo, la Paz Americana no trajo el final de los conflictos bélicos, sino su multiplicación, al tiempo en que el reino del mercado no trajo de vuelta el crecimiento económico, sino la recesión prolongada. Como resultado de esas contratendencias han surgido gobiernos antineoliberales, como en América Latina, así como fuerzas que se coordinan por la construcción de un mundo multipolar, como las congregadas en los Brics.

Un episodio que parecía ser simplemente uno más del ejercicio de la superioridad militar de Estados Unidos y de sus aliados del bloque imperialista occidental –como ya había ocurrido en Afganistán, Irak y Libia–, el de la destrucción del gobierno de Siria, como paso previo al bombardeo de Irán, terminó promoviendo una gran contrarrevuelta que, sumada a otros fenómenos, apunta hacia el surgimiento de un mundo multipolar.

Estados Unidos no había logrado crear las condiciones del bombardeo de Irán, ni adentro, ni con sus aliados externos. Rusia aprovechó para proponer un proceso de negociación entre Estados Unidos e Irán, que tuvo éxito, desarticulando los planes bélicos de Israel, apoyado por Arabia Saudita y poniendo en práctica el primer proceso de resolución pacífica de un conflicto bélico importante en el mundo en mucho tiempo.

Este éxito fue el preámbulo que permitiría también una resolución de la también aparentemente interminable guerra en Siria. Arabia Saudita, contradicha en las negociaciones con Irán, intensificó el apoyo al llamado Estado Islámico (EI), que se ha vuelto la fuerza fundamentalista y terrorista que pasó a amenazar no sólo a gobiernos de Medio Oriente, sino de todo el mundo con sus acciones. Como uno de sus efectos, la guerra en Siria quedó polarizada entre el EI y el gobierno sirio, sacando definitivamente del escenario supuestas fuerzas moderadas de oposición, usadas como pretexto por Estados Unidos para apoyar intentos de derrubar al gobierno sirio. El acuerdo entre Rusia, Turquía e Irán, apoyado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, sustentado en la derrota militar del EI, por intervención decisiva de las tropas rusas, promovió un nuevo acuerdo de paz, esta vez sin Estados Unidos.

A este nuevo horizonte se suma la alianza alrededor de los Brics, con Rusia y China como protagonistas esenciales, como fuerzas que promueven el fortalecimiento de modelos de desarrollo económico con distribución de renta, en contrapartida del agotamiento del neoliberalismo y la prolongada recesión a que ha desembocado ese modelo.

El Brexit y la victoria electoral de Donald Trump en las elecciones estadounidenses apuntan hacia retrocesos en el proceso de globalización, con políticas proteccionistas y debilitamiento de los procesos de libre comercio, imponiéndose en las dos potencias que desde hace más de un siglo han estado a la cabeza del bloque imperialista en el mundo.

La combinación de esos factores tendrá en 2017, con la retirada de Gran Bretaña de la Unión Europea, así como la toma de posesión de Donald Trump, haciendo con lo que ya se venía dibujando como el agotamiento del modelo neoliberal, la incapacidad de Estados Unidos de concluir las guerras de Afganistán y de Irak, así como su impotencia frente a la extensión de los conflictos bélicos en toda la región, así como el fortalecimiento de Rusia como actor político y militar global, un nuevo escenario mundial.

Un nuevo escenario que tiene que ser, para América Latina, un espacio de nuevas oportunidades, para salir definitivamente del modelo neoliberal y de la hegemonía estadounidense, buscando profundizar alianzas que promuevan la solución pacífica de los conflictos y apoyen políticas de desarrollo con distribución de la renta. Brasil, Argentina, México y todos los países del continente tienen que decidir dónde quieren ubicarse en ese nuevo escenario mundial.

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El euro cumple 15 años: reforma o disolución

Dom, 08/01/2017 - 11:30
José Moisés Martín Carretero, CTXT

Era enero de 2002. Andábamos como bobos intentando aclararnos sobre los cambios, si pasar todo de golpe o mantener algunas pesetas, sin hacernos una idea clara del precio de las cosas… era enero de 2002 y tomando unos cafés en Sol dejé dos euros de bote. “Has dejado 500 pesetas”, me dijo mi amigo Carlos. Yo hice como que no importaba. En realidad no tenía ni idea de si había dejado mucho o poco dinero hasta que Carlos me confirmó mi espléndida generosidad.

Para la mayoría de la ciudadanía, el cambio de moneda –que ya se había hecho realidad macroeconómica en 1999 con la fijación de los tipos de cambio irreversibles-- se había convertido más en un asunto de oficina de consumidor que de otra cosa: el famoso redondeo, el cuidado con las falsificaciones y timos, qué hacer con las pesetas, francos, florines o marcos perdidos en huchas y cajones, la percepción momentánea de perder el sentido sobre el valor de las cosas, en definitiva, asuntos de la vida cotidiana que en poco o nada oscurecían el logro histórico de manejar, de Algeciras a Helsinki, la misma moneda. Adiós a las casas de cambio, los problemas en los viajes, la debilidad de nuestra peseta… todas estas ventajas dejaban en poco los problemas iniciales de la transición. Lejos de la vida cotidiana, unos pocos economistas llevaban clamando ya diez años sobre la irracionalidad del diseño de la Unión Económica y Monetaria: Pedro Montes es quien más vivamente recuerdo, pero no faltaron también voces críticas desde la derecha del espectro político. Marginales en cualquier caso, por cuanto el consenso europeo y español –que entonces aglutinaba al 90% del Parlamento Europeo y del Congreso de los Diputados-- apostaba firmemente por el salto integrador y político que representó la creación de la eurozona.

Quince años más tarde, y aunque sería momento de hacer balance, poca gente lo hará. De los 15 años en los que la moneda única ha estado efectivamente en nuestros bolsillos, hemos pasado ocho en crisis. La imposibilidad de adecuar una política económica común a economías todavía con un grado de integración muy desigual ha generado una serie de monstruos que nos han llevado a vivir el sueño europeo como una pesadilla. En efecto, fue la recesión de Alemania y Francia en 2001/2002 la que obligó al Banco Central Europeo a bajar los tipos de interés, abaratando los créditos que nutrieron nuestra burbuja inmobiliaria, la de Irlanda y la deuda pública de Grecia. Cuando las tornas se cambiaron y el problema de crecimiento se trasladó del norte al sur, los países centrales se esforzaron en mantener una política económica irracionalmente rígida que llevó a los países del sur a situarse peligrosamente cerca de la bancarrota. Hay que recordar que en junio de 2008, cuando la crisis de la deuda estaba ya saltando de país en país, el Banco Central Europeo subió los tipos de interés al 4,5% para parar la inflación. Luego llegó el derrumbe y la aplicación de unas normas que nunca estuvieron pensadas para enfrentarse a un shock asimétrico de tal tamaño. Y mientras Trichet hacía gala de una política monetaria ultraortodoxa, el Eurogrupo garantizaba que, pasara lo que pasara, las reglas de la eurozona no se iban a quebrar. Inútil esfuerzo pues fue de esta manera como se pusieron bajo una constante amenaza de ruptura del euro.

Poco a poco fueron llegando los primeros remiendos. La puesta en marcha del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y posteriormente del Mecanismo Europeo de Estabilidad permitían tener un marco estable de apoyo para países con dificultades de liquidez. El refuerzo de la gobernanza europea con el semestre europeo permitió ordenar el tráfico de elaboración de las políticas fiscales y económicas, sistematizando el proceso y permitiendo una previsibilidad en torno a la cual ordenar la política económica. Trichet fue relevado por Draghi y la política del Banco Central Europeo dejó de ser parte del problema para buscar ser parte de la solución. En 2014, la nueva Comisión abordó una estrategia para promover el crecimiento económico a través de un incremento de la inversión –el Plan Juncker-- al tiempo que el Banco Central Europeo inauguraba –con varios años de retraso-- su propia versión de la expansión cuantitativa. Las normas fiscales se fueron aplicando con flexibilidad, hasta tal punto que se perdonaron las sanciones a los países menos cumplidores, como España y Portugal. Sólo Grecia, chivo expiatorio, ha sido y es tratada sin contemplaciones con un único objetivo político: aleccionar al sur de Europa sobre las desventajas de votar a los partidos de la izquierda emergente.

Tras quince años de euro y ocho de crisis, ¿qué balance podemos hacer? Sin duda, muy negativo. El único logro reseñable de la eurozona ha sido controlar la inflación. La convergencia económica entre los países del sur y del norte se paró, e incluso se revirtió durante la crisis. Los desequilibrios económicos y sociales se han acrecentado, y la desconfianza política se ha disparado. Y no es un problema de orientaciones políticas. En The Euro and the battle of ideas, (El euro y la batalla de las ideas) (Princeton University Press 2016), los economistas Brunnermeier, James y Landau defienden que es la ausencia de una visión compartida sobre la eurozona entre Francia y Alemania la que ha dificultado la gestión de la crisis. Quien escribe estas líneas piensa que no es tanto la orientación de la política económica como la propia naturaleza de la eurozona la que debe cambiar radicalmente. Es difícil que esto ocurra en el actual contexto sociopolítico, pero o lo hacemos o la moneda –y la Unión-- europea tienen los días contados. El euro es un experimento fallido, un "fracaso de las élites políticas", como explicó en otro excelente libro Manuel Sanchís.

Ahora que parece que las peores consecuencias de la crisis económica amainan, es urgente retomar la agenda reformista y plantear una reformulación en profundidad del proyecto, que asuma hasta sus últimas consecuencias la conveniencia de que la política económica de la eurozona se construya para el beneficio de todos sus miembros. Para ello es necesario que los países cedan una nueva parte de su soberanía. De que lo hagan o no dependerá el futuro de la moneda y del continente. Porque si no arreglamos el diseño institucional de la eurozona, si no generamos mecanismos de reequilibrio y reactivamos la convergencia real, tarde o temprano los demonios de la eurozona volverán a despertarse. Parafraseando a Einstein cuando hablaba de la tercera y la cuarta guerras mundiales, no sabemos cuándo será la segunda crisis de la eurozona, pero lo que sí sabemos es que es muy probable que no haya una tercera, porque la eurozona habrá desaparecido.

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Cinco negocios en peligro de extinción por el avance tecnológico

Sáb, 07/01/2017 - 16:07
Mundo Sputnik

Mientras las nuevas tecnologías penetran los mercados establecidos, el funcionamiento de estos inevitablemente debe cambiar, dejando a un lado a muchos de los que no lograrán adaptarse. Financial Times recopiló una lista de cinco industrias de las más amenazadas. Empresas como Uber y Lyft ya desafían el negocio de los taxistas mientras el servicio Airbnb planteó una alternativa viable a los hoteles tradicionales. En un período de 5-10 años muchos otros sectores de la economía vivirán importantes cambios en su modo de funcionar, advierte Financial Times al enumerar ciertos negocios que serán potencialmente afectados.

Agencias de viajes

Las plataformas turísticas en línea amenazan a las agencias de viajes debido a que más gente planea sus viajes por su propia cuenta a través de la web. En un futuro próximo, las empresas turísticas deberán transformarse de operadores de viajes a tenientes de hoteles y cruceros de lujo. Otra opción sería ofrecer más servicios únicos, como viajes de luna de miel o turismo de familia. La cantidad de agencias turísticas 'clásicas' ira disminuyendo, y "solo los verdaderos expertos de la industria sobrevivirán", cita el artículo a uno de los investigadores del tema.

Fabricantes de pequeñas piezas y componentes

La impresión 3D rematará a los pequeños productores y distribuidores de componentes de menor tamaño debido a la popularización de esta técnica para la rápida creación de las partes necesarias. El auge de la impresión 3D afectará cadenas logísticas enteras, permitiendo a muchas empresas imprimir los detalles necesarios en vez de comprarlos en algún lado y llevarlos a donde sea necesario. Incluso hoy en día es posible imprimir hasta equipos electrónicos sofisticados, lo que revolucionará la forma en que se desarrollan y se producen los productos electrónicos en el mundo.

Empresas de seguros de automóviles

Los coches autopilotados disminuirán los ingresos de las empresas de seguros al reducir la cantidad de accidentes de tráfico. El avance de los sistemas de autopilotaje de los coches resultará en menos carros en las calles, menos averías y más eficacia en la organización del tráfico. Para las empresas de seguros, esto será una pesadilla económica. Una opción de respuesta sería elaborar otros tipos de seguros —por ejemplo, seguro contra un fallo del algoritmo de autopilotaje—, pero en cualquier caso, este cambio afectará a la industria establecida.

Consejeros financieros

Los algoritmos de inversión echarán del mercado a los consejeros financieros por ofrecer una alternativa barata en comparación con los analistas tradicionales. Estos algoritmos —'consejeros-robot'— son capaces de manejar una cartera de valores, invertir dinero según las exigencias del cliente y optimizar la carga de impuestos. Así, los consejeros financieros poco a poco pierden la batalla ante las empresas tecnológicas, que ofrecen un producto competitivo, accesible y disponible en línea.

Talleres de reparación de automóviles

La popularización de los coches eléctricos asestará un golpe a la industria de reparación debido a que sus motores son casi imposibles de quebrar. Los carros eléctricos a menudo son elogiados por su mecanismo ecológico, pero un gran parte de su ventaja proviene también de que es poco probable que su motor se quiebre, dado que no casi no contiene partes que se mueven, además de las ruedas. Para los talleres de reparación, es una mala noticia, ya que el mantenimiento de los motores de combustión interna siempre ha sido de los servicios más lucrativos de la industria. Por si fuera poco, los conocimientos necesarios para mantener los motores eléctricos son muy diferentes a los motores convencionales, así que los especialistas deberán adaptarse o cambiar de empleo.

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Hacia un modelo de apartheid social

Ven, 06/01/2017 - 19:21

Iosu Perales, Alainet

Nos encontramos ante un cambio de época. El pacto europeo que dio lugar al estado del bienestar está pasando a mejor vida. Paulatinamente avanzamos hacia un modelo de sociedad alejado del que hemos tenido los europeos tras la segunda guerra mundial, para dar paso a una sociedad del apartheid que se distingue por aumentar las desigualdades y dejar fuera de una protección decente a millones de personas. Este cambio se viene produciendo con el viento a favor de un tipo de globalización que todo lo explica, aunque sea de modo confuso, y que está dando lugar al vaciamiento de la democracia y el desplazamiento de la política, colocando en su lugar a poderes en la sombra, económicos naturalmente, que son los que realmente deciden sin haber sido votados.

Para que el cambio de modelo se pueda hacer con la menor oposición, los cerebros intelectuales del nuevo poder idearon la inducción de una crisis que actúa como comodín que todo lo justifica y produce, además, un estado de parálisis en nuestras sociedades. Nunca se ha hablado tanto de crisis: financiera, ambiental, social, de seguridad…Como bien explica Boaventura de Sousa Santos: Pareciera que la crisis ha pasado a ser una variable independiente que todo lo explica. Se recortan los salarios y es por la crisis. Se recortan los gastos sociales y es por la crisis. Se privatizan servicios y es por la crisis. Crece de manera brutal el trabajo precario y es por la crisis. Se devalúan las pensiones y es por la crisis. La crisis que lo justifica todo pareciera que no tiene solución alternativa. Se instala en el centro de nuestro pensamiento y nos impide elaborar soluciones sociales, otro modelo, nos deja encerrados y dejamos de pensar. Nos la presentan como tan evidente que nos resignamos y nos colocamos en la posición personal de “perder lo menos posible”. El rumor de que hay que aceptar la crisis y las “soluciones” austericidas de los gobernantes que trabajan por encargo nos deja maniatados. Moverte activamente en contra puede conllevar la pérdida de algo que aún conservamos. Grecia lo intentó y sabemos el resultado.

Pero resulta que hay dinero, mucho dinero. ¿Dónde está? Sabemos que por todo el mundo aumentan los multimillonarios. Esta estirpe nunca estuvo mejor que con la crisis. ¿Para quién es la crisis?

Decir que la crisis fue organizada no es una afirmación excesiva. Lo fue. El colapso de la burbuja inmobiliaria desencadenó la crisis de los bancos, primero en Estados Unidos en 2006, contagiándose después al sistema financiero internacional, causando una crisis de liquidez y derrumbes bursátiles. De pronto la histeria y el miedo se extendieron por las sociedades europeas. Nos anunciaron que si no queríamos perder los depósito de ahorro había que salvar a los bancos y es lo que se hizo en medio de una crítica social que fue apagándose. Con semejante escenario de crisis no fue difícil para los amos del mundo disciplinarnos. Nunca fue tan complicado pensar una alternativa. Fue obligación de la socialdemocracia europea hacerlo, pero en lugar de ello dio pasos atrás, resignada a la derrota y preparándose para ser aceptada por los arrogantes poderes. Son muchas las realidades que criticar pero nunca ha sido tan difícil tener un marco teórico de modelo económico y de sociedad alternativos.

Pero ¿hacia qué sociedad vamos en este cambio de época? Boaventura de Sousa Santos, sociólogo y politólogo portugués alerta de que marchamos hacia un régimen social y civilizacional que sacrifica a la democracia a las exigencias del capitalismo. Sitúa las pruebas de lo que afirma en cuatro hechos: el primero es el apartheid social, la segregación de los excluidos; el segundo es la usurpación de las prerrogativas del Estado por parte de actores sociales muy poderosos; el tercer hecho consiste en la manipulación discrecional de la inseguridad de las personas y grupos sociales vulnerables debido a la precariedad del trabajo, lo que desemboca en una ansiedad crónica; el cuarto hecho es el fascismo financiero que controla los mercados y una economía de casino.

Lo que Boaventura de Sousa Santos llama fascismo social en su libro “Sociología jurídica crítica. Para un nuevo sentido común en el derecho”, es un régimen caracterizado por relaciones sociales y experiencias de vida bajo relaciones de poder e intercambios extremadamente desiguales, que se dirigen a formas de exclusión particularmente severas y potencialmente irreversible.

Sinceramente, la calificación de fascismo social es tan brutal que mis limitados conocimientos no me permiten asumirla sin más. Pero en todo caso es útil para el debate sobre cuál es el modelo de sociedad al que vamos. Lo que si tengo claro es que el rumor desmovilizador que afirma que nunca recuperaremos lo que queda atrás y que el futuro está marcado por el paisaje neoliberal que es la forma más salvaje de capitalismo, es sólo eso, propaganda. Seguramente no se trata de retornar al pasado sino de construir algo aún mejor.

Pero lo cierto es que estamos dando pasos a un escenario desconocido en Europa, pero también a nivel planetario, donde la gente queda a merced de su suerte, progresivamente fuera de los cada vez más estrechos servicios sociales, haciendo buena la idea de predestinación. Y no es que yo niegue algunos avances en países africanos, latinoamericanos y asiáticos, que han mejorado los índices de pobreza y de alfabetización, la lucha contra algunas enfermedades epidémicas y en los derechos de las mujeres. Pero estos progresos son poca cosa cuando los comparamos con los males del modelo que se va imponiendo. Dicen quienes saben que si de los 26 billones de euros que se dedican anualmente a las armas, se utilizaran la mitad para acabar con el hambre en el mundo, su erradicación sería posible. Sin embargo el modelo social al que nos llevan prefiere dar la espalda de cientos de millones de seres humanos cuyo destino es la miseria perpetua.

Pongamos que el calificativo de fascismo social es exagerado. De acuerdo. Pero, ¿qué nombre le ponemos al abandono de miles de refugiados que tocan las puertas europeas, y sobreviven y mueren en campos de internamiento, cuando no se hunden en el Mediterráneo? ¿qué nombre le ponemos a las guerras programadas para dar salida al enorme negocio de los fabricantes de armas? ¿cómo podemos llamar a la dronificación del poder que mata sin correr riesgos? Desde 1945, fin de la segunda guerra mundial, están muriendo hoy en las guerras más civiles que militares. Pongamos un calificativo a esta barbarie, cada cual el que quiera.

Una nota final. En este artículo dibujo un escenario general, mundial. Sin lugar a dudas de las ciudadanías concretas dependerá su destino. En Euskadi, las instituciones, los sindicatos, los partidos políticos y por supuesto la sociedad, mantenemos hoy por hoy una notable conciencia social que nos hace estar alertas. El modelo de apartheid social no es inevitable. Se puede vencer. Para ello hace falta cohesión social y luchar incansablemente por todos los derechos de todas y de todos. Y que las instituciones sean leales al pueblo. Una buena medida en Euskadi sería la Renta Básica Universal, con ella se blindaría un suelo de igualdad frente al movimiento general de desmontaje del estado del bienestar.

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Trump y la renegociación del TLCAN

Ven, 06/01/2017 - 12:43
Alejandro Nadal, La Jornada

Aprovechando el descontento provocado por la pérdida de empleos en el sector manufacturero de la economía estadunidense, una de las más insistentes promesas de campaña de Trump fue la de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). La ironía es interesante porque uno de los principales objetivos del gobierno mexicano al negociar ese tratado fue consolidar el modelo neoliberal que se estaba imponiendo en nuestro país. Reformar la legislación mexicana podía ser fácil de lograr, pero renegociar un tratado internacional con Estados Unidos siempre sería visto como una barrera infranqueable. Hoy la presión para renegociar proviene directamente de Washington.

El TLCAN fue un tratado pionero que precedió a los Acuerdos de Marrakech que dieron origen a la Organización Mundial de Comercio (OMC). Temas como derechos de propiedad intelectual, subsidios, medidas sanitarias y fitosanitarias, energía, servicios financieros y los derechos de los inversionistas, fueron incluidos en el TLCAN y sirvieron de ejemplo para los acuerdos medulares de la OMC. El resultado fue un acuerdo que sólo benefició a las grandes corporaciones de los tres países.

En el caso de México el superávit comercial con Estados Unidos (58 mil millones de dólares en 2015) no ha sido suficiente para mantener un equilibrio en la balanza comercial con el resto del mundo. Por su parte, los 600 mil empleos generados en las manufacturas en los primeros 15 años de vida del TLCAN no sirvieron para compensar la pérdida de aproximadamente 2 millones de empleos en la agricultura en ese mismo plazo. Ese saldo comercial superavitario se explica en buena medida por las exportaciones del sector energético y de las maquiladoras (que al no estar conectadas con el resto de la economía son incapaces de fungir como motores de la economía). Por eso los objetivos sobre empleo y crecimiento con equilibrio se convirtieron rápidamente en un espejismo inalcanzable para México.

Los planes específicos de Trump para renegociar el TLCAN no son claros. Durante su campaña habló de imponer un sobre arancel de 35 por ciento a las exportaciones de autos ensamblados en México y algunos otros productos. Pero una medida de ese tipo no puede justificarse ni imponerse unilateralmente sin modificar la arquitectura del tratado. Las corporaciones estadunidenses que se instalaron en México lo hicieron en respuesta a la norma salarial de hambre que ahí existe y no porque estuvieran buscando beneficiarse con subsidios distorsionadores del comercio internacional. De hecho, en caso de imponerse ese sobre arancel México podría accionar los mecanismos de solución de disputas previstos en el TLCAN o de un panel de solución de controversias de la OMC y lo más probable es que el veredicto le sería favorable. La razón es sencilla: el sobre arancel que propone Trump es ilegal.

Si Trump quisiera cambiar ese estado de cosas debería buscar imponer estándares de compensaciones para el trabajo que reduzcan el diferencial existente entre salarios en México y Estados Unidos. Habría que ver si el acuerdo paralelo (al TLCAN) en materia de trabajo pudiera llegar a convertirse en un instrumento eficaz para mejorar las condiciones laborales en México. Pero no hay que olvidarlo: aquí los principales afectados serían las corporaciones para las cuales el TLCAN fue negociado.

Por cierto, Trump tampoco podrá argumentar que Estados Unidos está sufriendo una crisis de balanza de pagos y que por lo tanto se justifica imponer un sobretasa arancelaria. El artículo 2104 del TLCAN (en el capítulo XXI sobre Excepciones) especifica que no se puede invocar una crisis de balanza de pagos para imponer ese tipo de medidas. Es decir, en su capítulo sobre excepciones, el TLCAN establece que… no habrá excepciones. Por cierto, ese precepto estuvo dirigido a México y no a Estados Unidos.

Si se reabren negociaciones sobre el TLCAN, los gobiernos de México y Canadá buscarán concesiones en rubros que fueron objeto de tensiones en el pasado. Por ejemplo, México podría buscar una ampliación de la cuota azucarera y Canadá podría aprovechar para exigir poner fin a la disputa sobre sus exportaciones madereras hacia Estados Unidos (las empresas estadunidenses argumentan que la industria maderera canadiense recibe un fuerte subsidio que aumenta su competitividad artificialmente). Y tanto Canadá como México podrían exigir una mayor participación en las compras del sector público estadunidense que hoy sigue protegido con reglas de compra nacional que contradicen el TLCAN.

En síntesis, la postura de Trump en materia de política comercial implica un rechazo a décadas de negociaciones multilaterales y bilaterales sobre acuerdos de libre comercio. Pero Trump es un magnate que se ha dedicado a los desarrollos inmobiliarios. Es una actividad lucrativa, pero no tiene nada que ver con el comercio internacional en manufacturas. Ya veremos qué cara pone cuando las grandes corporaciones le expliquen por qué se instalaron en China y México.

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Sarah Palin pide perdón a Julian Assange: "La verdad no se conocería si no fuese por él"

Ven, 06/01/2017 - 07:01

Huffington Post

Sarah Palin, la que fuera líder del Tea Party, ve Fox News, la cadena conservadora de noticias estadounidense. Y, gracias a eso, ha reconsiderado su posición sobre Julian Assange. Ha reflexionado de tal modo que ha pedido perdón al fundador de Wikileaks al mismo tiempo que recomienda a sus seguidores que vean la entrevista que Assange ha concedido a la cadena.

"La conmoción mediática que ocultó lo que muchos de la izquierda han apoyado es impactante, y esta importante información que finalmente abrió los ojos de la gente sobre los candidatos y agentes demócratas no habría sido expuesta si no fuera por Julian Assange", ha escrito la política en su perfil de Facebook. Se refiere a la filtración, por parte de Wikileaks, de miles de emails del Partido Demócrata.

La líder del Tea Party recuerda que su relación con Assange no ha sido buena en el pasado, pues en 2008, cuando ella era la candidata republicana a la vicepresidencia de Estados Unidos, Wikileaks filtró cientos de sus correos. Pero también se disculpa por eso: "Pido disculpas por condenar a Assange cuando publicó mis conocidos (y no problemáticos, relativamente aburridos) emails hace unos años". Por aquel entonces, Palin se refirió a Assange como un "antiamericano con sangre en sus manos".

En su sorprendente mensaje, Palin también recomienda ver el documental Snowden, sobre el agente de la CIA que filtró información clasificada de la Agencia de Seguridad Nacional.

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Cómo las grandes corporaciones han conseguido amasar fortunas gracias al agua

Xov, 05/01/2017 - 16:39

Con gas o sin gas y fría o del tiempo ya no son las únicas opciones de agua embotellada que tenemos en el mercado. Basta darse un paseo por tiendas especializadas en productos orgánicos para contemplar estanterías repletas de aguas especiales: desde aquellas que incluyen vitamina C o coco hasta otras "potenciadas" con minerales, electrolitos o antioxidantes, y así hasta un sinfín de variedades.

La industria del agua embotellada es un negocio en auge y no hay un solo mes en el que no asistamos al lanzamiento de un nuevo producto. Como decía la periodista Sophie Elmhirst en un artículo publicado en The Guardian: "Es un caso de capitalismo en su forma más hiperactiva y descaradamente inventiva: tomar una sustancia libremente disponible, vestirla con innumerables trajes diferentes, y luego venderla como algo nuevo y capaz de transformar el cuerpo, la mente y el alma".

Y es que el agua ya no es solo un elemento principal de la naturaleza que muchas empresas han aprovechado para hacer su particular negocio, sino que además se ha convertido en una etiqueta en blanco sobre la que se puede escribir cualquier tipo de "ingrediente mágico" para ofrecer a los consumidores la promesa de innumerables beneficios para su salud.

En las últimas dos décadas, el agua embotellada se ha convertido en el mercado de bebidas que más ha crecido del mundo. Las cifras hablan por sí solas. Según denuncian los activistas canadienses Maude Barlow y Tony Clarke en su famoso libro "Blue Gold: The Battle Against Corporate Theft of the World's Water" ('Oro azul: la lucha contra el robo corporativo del agua del mundo'), en la década de los 70 el volumen anual de agua embotellada que se comercializaba en todo el mundo no superaba los 1.000 millones de litros, mientras que en la siguiente década el consumo se duplicó. Ya en el año 2000, las ventas anuales ascendieron a más de 84.000 millones de litros y los pronósticos indican que en 2017 se consumirán 391.000 millones de litros de agua embotellada.

Desde la época medieval hasta la primera cloración Para ser una sustancia que cae del cielo y que brota de forma natural de la tierra, el agua siempre ha tenido una extraordinaria capacidad comercial. Según James Salzman, autor del libro "Drinking Water: a History" ('Beber agua: una historia'), ya en la época medieval los monjes ofrecían frascos de aguas especiales a los peregrinos como prueba de su visita. Durante siglos, los ricos europeos viajaron a ciudades conocidas por sus balnearios para probar sus beneficiosas agua e intentar curar sus enfermedades.

Sin embargo, fue en 1740 cuando se puso en marcha una de las primeras empresas embotelladoras de agua, Harrogate Spring, en Reino Unido. Apenas 70 años más tarde, la compañía se convirtió en la mayor exportadora de agua embotellada del país. Y todavía hoy, se anuncia en su web por ser "respetada y reconocida como una de las marcas de agua embotellada más finas".

Sin embargo, a principios del siglo XX, una de las principales revoluciones que ha experimentado este elemento natural estuvo a punto de acabar con el naciente negocio: una epidemia de la fiebre tifoidea en Lincoln, en 1905, provocó que el doctor Alexander Cruickshank Houston probara la primera cloración en un suministro de agua pública. Su experimento funcionó, y pronto, esta práctica se extendió por todo el mundo.

El descubrimiento provocó que la industria del agua embotellada se viese claramente amenazada, ya que hasta esa fecha comprar agua potable había sido una necesidad de los ricos. Los pobres simplemente tuvieron que soportar durante siglos - y todavía siguen soportando - beber agua no potable, y muchas veces han pagado con su vida las consecuencias de ello.

¿Quién iba a gastar su dinero en algo que salía de un grifo? Según la citada periodista, la respuesta llegó en 1977 de la mano de una de "las mayores piezas de la historia de la narración publicitaria de la televisión". Se trataba de un anuncio con la voz profunda de Orson Welles, quien relataba: "En lo profundo de las llanuras del sur de Francia, en un misterioso proceso iniciado hace millones de años, la propia Naturaleza añade vida a las heladas aguas de una sola fuente: Perrier", mientras los telespectadores veían el agua caer dentro de un vaso y admiraban la botella de cristal. El marketing había hecho historia.


El anuncio formaba parte de una campaña estadounidense de 5 millones de dólares, la más grande de la historia para un agua embotellada, y resultó ser un gran éxito. De 1975 a 1978, las ventas de Perrier en los EEUU aumentaron de 2,5 millones de botellas a más de 75 millones.

No fue la única empresa agraciada. De repente, las botellas de agua embotellada comenzaron a acompañar a las grandes "celebrities" estadounidenses, como sucedió con el primer vídeo de Jane Fonda haciendo ejercicio en 1982 o Jack Nicholson en una ceremonia de los Óscar. "El esnobismo del agua ha reemplazado al esnobismo del vino como novedad. La gente ordena sus 'eau' por orden de marca, como alguna vez hicieron con sus Scotch", señalaba la revista Time en un artículo publicado en 1985.

Agua embotellada: Los puntos clave del fraude del siglo Pronto, las grandes marcas de refrescos, viendo la oportunidad comercial, lanzaron sus propias aguas: Aquafina de PepsiCo en 1994, Dasani de Coca-Cola en 1999 o Puré Life de Nestlé en 2002. El negocio del agua se había convertido en una realidad, aunque más tarde algunas de las nacientes marcas estuviesen envueltas en escándalos relacionados con embotellar agua del grifo y no de los manantiales, como prometían a los consumidores.

Sin embargo, tal y como explica explica Sophie Elmhirst, en el citado artículo, lo peor del negocio estaba por llegar: "Si la última década fue testigo de la gran expansión comercial del agua, 2016 podría definirse como el año en que el mercado perdió la cabeza. Ahora parece que no hay límite en lo que un agua puede ser, o lo que los consumidores están dispuestos a comprar. Ya no basta con que el agua sea simplemente agua: debe tener poderes especiales".
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Via RTUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Una filtración de Wikileaks revela la trama oculta que hizo estallar la guerra de Siria

Xov, 05/01/2017 - 07:01

Recientemente, Wikileaks ha hecho público un extenso archivo de 57.934 correos electrónicos de la dirección personal de email de Berat Albayrak, yerno del presidente turco Recep Tayyip Erdogan y Ministro de Energía de este país. Analizando con detenimiento los miles de correos electrónicos de Berat Albayrak pueden extraerse informaciones cruciales para entender el origen de la guerra en Siria y para comprender las razones por las que los dirigentes de los principales países europeos se han convertido en los principales impulsores de las políticas a favor de la llegada de millones de inmigrantes y refugiados al viejo continente.

En uno de los correos filtrados por Wikileaks, el analista turco Mehmet Ozhan envía a Berat un email en el que se recoge una extensa información de oil-price.com que explica cómo, en 2012, Catar se había empeñado en construir un gasoducto desde su territorio hasta Turquía a través de Siria, ya que los cataríes, que se encuentran entre los principales productores de gas del mundo, no querían dejar de perder la oportunidad de vender su preciada producción a Europa, siempre excesivamente dependiente de los suministros rusos. El presidente sirio, Bashar al Assad, entendió rápidamente que se encontraba en una posición de fuerza y decidió subir la apuesta creando un diferente diseño geoestratégico y una fuente alternativa de combustible para el oleoducto que habría de acercarse a Europa a través de Siria.

En este punto, hay que recordar que la mayoría de los países de Oriente Medio, incluyendo Siria, son musulmanes sunitas. Por el contrario, el régimen post-Hussein en Irak, diseñado por Estados Unidos, fue dominado por los musulmanes chiítas. Bashar al Assad es un musulmán alauí -un credo también chií que los sunitas de Catar y Arabia Saudí quisieran ver borrado de la faz de la Tierra-. Por este motivo, y en lugar de dar alas a un posible oleoducto Catar-Turquía, el presidente sirio firmó un acuerdo con el gobierno chiíta de Irak y otro con su vecino Irán, la mayor nación chiíta del mundo. Así nació el proyecto de oleoducto Irán-Iraq-Siria.

En un momento en el que la economía siria se encontraba absolutamente estancada, Assad ideó un plan de gasoducto alternativo que llevaría el gas iraquí a Irán y al resto de Europa. Este proyecto, además, complació a Vladimir Putin, ya que éste tenía firmado acuerdos de larga duración con Irán, un país con el que Rusia siempre se había mantenido cómodo a la hora de establecer precios para el gas. Además, es muy importante tener en cuenta que la única base militar de Rusia en el Mediterráneo se encuentra en la costa de Siria, lo que estratégicamente permitiría a Putin controlar un segundo gasoducto a Europa. Por ello, el oleoducto iraní hacia Siria rápidamente se convirtió en una prioridad para Moscú y, consecuentemente, Assad y los rusos comenzaron a moverse para paralizar el proyecto de gasoducto de Catar y para promover el plan iraní. Pero, en el camino, Bashar al Assad se había ganado unos enemigos muy poderosos…

Un correo fechado en el mes de octubre de 2015 que, según Wikileaks, fue hallado en el ordenador personal del Ministro de Energía turco, explica cómo la decisión de Assad indignó a las monarquías sunitas de Arabia Saudí y Catar que, gracias a sus compras masivas de armamento norteamericano y británico, se jactaban de tener a las potencias occidentales en un puño “para que lucharan por ellas”. Por este motivo, según este email, “el presidente Obama y el primer ministro de Gran Bretaña, David Cameron, no tardaron en programar ataques aéreos contra Siria en un esfuerzo por derrocar a Assad. Pero, a finales de agosto de 2013, el parlamento británico votó en contra de esta acción, lo que, a su vez, ejerció una fuerte presión sobre el presidente estadounidense, quien calculó que el Congreso de Washington seguiría el ejemplo de Londres y bloquearía cualquier ataque contra Siria. Paralelamente, Rusia incrementó la apuesta moviendo sus barcos de guerra al Mediterráneo, listos para defender Siria. Los principales amigos de Arabia, Estados Unidos y Gran Bretaña, retrocedían, y fue en ese momento cuando el rey saudí decidió resolver él solo el problema de Siria”.

Tal y como se recoge en los correos electrónicos de Berat Albayrak, ministro turco de Energía y yerno de Tayyip Erdogan, publicados por Wikileaks, “el primer paso que dieron Arabia Saudí y Catar fue incrementar su apoyo económico a la Hermandad Musulmana, que pretendía imponer el control sunita en todos los países del Medio Oriente. Los saudíes persuadieron a los Estados Unidos para que apoyaran esta política y los grandes medios de comunicación occidentales se sumaron a esta causa al encuadrar las acciones totalitarias de los Hermanos Musulmanes bajo el benevolente paraguas de las ‘primaveras árabes’”.

“Por otro lado, Arabia Saudí también tomó otra decisión trascendental: abaratar el precio de su petróleo, lo que provocaba una grave pérdida de competitividad al petróleo ruso, impedía a Irán (beneficiada por el reciente levantamiento del embargo) reestructurar su industria del crudo, paralizaba la producción de fracking en Estados Unidos. De este modo, los saudíes castigaban a todos los implicados en el apoyo a Assad en el Gobierno sirio”.

Lo que ya se conoce como el “Berat's Box”, la más importante filtración de correos electrónicos de un alto cargo del Gobierno turco que ha tenido lugar hasta la fecha, también explica cómo Catar y Arabia Saudí han sido claves en el fomento y la financiación de grupos terroristas musulmanes sunitas en Irak y Siria, incluyendo, por supuesto, el autodenominado Estado Islámico (EI).

Los documentos exponen como el Estado Islámico ha sido ampliamente financiado por donantes de Arabia Saudí y Qatar, “pero no controlado por ellos”. De hecho, los líderes del Estado Islámico, en sus diferentes ramas, buscan ingresos que les permitan avanzar por delante de los líderes de las ramas rivales y obtener independencia política de Arabia Saudí. En el norte de Irak, por ejemplo, manejan las refinerías de petróleo que toman para obtener ganancias. Pero, por el contrario, en Libia destruyen las refinerías como si éstas fueran una ofensa hacia Dios. La rama libia del EI prefiere el dinero fácil del contrabando de personas, ya que “las rutas de tráfico de personas establecidas también les sirven para proyectar combatientes a todo el mundo”.

Para completar el cuadro, y según se revela en el correo electrónico en poder de Berat Albayrak que incluye un análisis realizado por la web oil-price.net, “no es una coincidencia que en este punto, Alemania, de repente, decidiera ofrecer recompensas de bienestar muy generosas a cualquier inmigrante ilegal que pudiera llegar, a través del Meditarráneo, desde la costa de Libia a las islas italianas. Alemania necesita mano de obra de trabajadores huéspedes de los países más pobres para mantener sus productos competitivos”.

El analista de oil-price.net que envía su trabajo al ministro de Energía turco ironiza, además, señalando que “la capacidad de Alemania para seguir exportando con una economía de altos salarios es aclamada por el Gobierno germano como un homenaje al sistema educativo alemán. Pero, en realidad, entre bastidores, el gobierno alemán sabe muy bien que su economía de salarios bajos, de alto rendimiento, es un tributo al sistema educativo turco. El gobierno alemán ha permitido la migración sin restricciones desde Turquía desde los primeros años ochenta del pasado siglo. Las ambiciones de salarios bajos de los obreros turcos emigrantes socavaban las facultades de negociación de los sindicatos alemanes. Los trabajadores alemanes tenían que mantener sus demandas salariales bajas para evitar que sus trabajos fueran entregados a la mano de obra no calificada turca. Pero el resurgir económico de Turquía en los últimos años ha hecho que el flujo de mano de obra barata hacia Alemania se secara. Y, por ello, el Ejecutivo de Angela Merkel trabaja insistentemente para que millones de inmigrantes lleguen al país a ocupar puestos de trabajo de sueldos bajos con los que ayudar a solventar las presiones inflacionarias…"

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Vengativa despedida de Obama contra Putin y Trump

Xov, 05/01/2017 - 02:15
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

A tres semanas de su salida, tras haber dejado al mundo y al mismo Estados Unidos (EEUU) en pleno caos, el decepcionante Obama, después de ocho años aciagos, aporreó la puerta presidencial y, en forma desesperada, intenta encajonar tanto al presidente electo Trump como al zar ruso Vlady Putin con el fin de impedir que consigan un acuerdo que pudiera derivar en un G-2, en espera de la incorporación de China para un G-3, pese a los anatemas de Trump.

Sin ninguna evidencia por el supuesto hackeo ruso al Partido Demócrata, lo cual habría beneficiado la elección de Trump, Obama tomó una serie de represalias, más simbólicas que sustanciales, contra Rusia, al expulsar en forma teatral a 35 de sus diplomáticos y al cerrar dos de sus instalaciones en Maryland.

El zar Vlady Putin, como excelente judoca cinta negra que es, deslizó las grotescas represalias de Obama, a sabiendas de su inminente salida y, en lugar de optar por la reciprocidad, decidió no expulsar a ningún diplomático estadounidense, a cuyo cuerpo, con sus hijos, invitó a festejar la Navidad del rito ortodoxo en el Kremlin.

Con un solo tuit, Trump calificó de muy inteligente la ausencia de represalias de Putin.

Más allá de los arrebatos vengativos de Obama, quien fue derrotado por Putin en los frentes de Crimea/Ucrania del Este (Donbass)/Siria, a mi juicio, sus represalias denotan cinco objetivos: 1) detener, mediante el petate del muerto ruso, la desintegración del acéfalo Partido Demócrata, que fue vapuleado en el Colegio Electoral y perdió el control de la Cámara de Representantes y el Senado. ¿Desea Obama quedarse con el cadáver de su partido?; 2) incitar a la rebelión de los superhalcones del Partido Republicano contra Trump; 3) obstaculizar a Trump en el ámbito doméstico: desde el Obamacare (los seguros médicos del presidente saliente) hasta la exploración petrolera en Dakota del Norte/Ártico/Atlántico Norte; 4) impedir el acercamiento de Trump y Putin que (en)marcaría el inicio de la solución de los contenciosos en Siria y en Irak, al unísono de la expulsión de los yihadistas tolerados por Obama, y 5) opacar la caída de Alepo, el alejamiento de Turquía y el desastre en Afganistán.

Dígase lo que se diga, aunque sea políticamente incorrecto, desde el punto de vista meramente geoestratégico, Trump puede triunfar donde fracasó Obama: mediante su espectacular acercamiento con Putin.

En estos momentos existe mucha desinformación en EEUU. Así como Baby Bush inventó las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein para ahorcarlo e invadir Irak, ahora Obama parece haber inventado las noticias de destrucción masiva con el fin de exorcizar a Rusia usando a tambor batiente a los otrora venerables rotativos, hoy en franca decadencia, para la propagación de fake news (noticias falsas)”, como The New York Times (NYT) –controlado por el grupo del megaespeculador George Soros– y The Washington Post (WP) que sirve al establishment, contra quienes ha colisionado Trump, quien ha impulsado a las nubes a Fox News y utiliza Twitter como su personal arma letal.

El investigador Matt Taibbi, del portal Rolling Stone –que no tiene ninguna proclividad por Trump–, ha tomado con pinzas los anatemas de Obama contra el hackeo ruso y comenta que “algo apesta en esta historia sobre Rusia (https://goo.gl/1we53F)”. Por cierto, el portal Infowars arremete contra WP, que colocó en su primera página, con el fin de hacer cundir el pánico rusófobo, “un falso reporte sobre el hackeo ruso de la planta eléctrica en Vermont (https://goo.gl/naC37q)”. ¡Fake news a lo que da!

A partir del 20 de enero, si no sucede un accidente en el camino, existirán muchos cadáveres entre los multimedia, porque alguien de las dos partes miente por necesidad: los apologistas de Obama/Hillary o los turiferarios de Trump.

Si después del día 20 se demuestra con evidencias que los rusos hackearon al Partido Demócrata, será muy difícil que Trump, con todo y su buena voluntad hacia Putin, revierta la dinámica vengativa de su antecesor.

Y esto en EEUU, no se diga en el mundo, es muy costoso porque una credibilidad mancillada, aunque luego profiera la verdad, nunca más será tomada en cuenta por la informada opinión publica. Hasta un portal muy favorable a Obama, como The Hill, reconoce que el presidente saliente “busca amarrar las manos de Trump (https://goo.gl/GNs5HK)”.

David Klion, del rotativo británico The Guardian (controlado por George Soros), pregunta: “¿Está usando Obama a Rusia para incrustar una cuña entre Trump y el Partido Republicano (https://goo.gl/nmh5V2)?”

NYT y The Financial Times prácticamente incitan a la rebelión del Partido Republicano contra el acercamiento de Trump y Putin, y abultan la cifra de senadores republicanos que desean sanciones más severas contra la presunta intrusión rusa en los asuntos internos de EEUU.

¿Busca Obama relegirse en los próximos cuatro años?

No hay que subestimar la oposición de los superhalcones del Partido Republicano que encabeza el pugnaz John McCain, pero también, de acuerdo con el ético y estético método dialéctico, hay que escuchar a la contraparte, como el portal Breitbart, que expone el punto contrario a los multimedia controlados por George Soros y Haim Saban (de Univision).

Kellyanne Conway, portavoz de Trump, fustigó que las represalias de Obama contra Rusia están diseñadas para encajonar al presidente electo, mientras Breitbart escudriña las “siete maneras en que Obama intenta sabotear a la administración Trump (https://goo.gl/2GgW8L)”.

Una debilidad que detecto en la sanguinaria campaña de Obama/Hillary –apuntalada por el control masivo de los multimedia por George Soros y Haim Saban– es que exhiben a Trump como si fuera un vulgar títere de Putin –un idiota útil al estilo leninista–, lo cual es inverosímil, ya que ningún presidente de EEUU, sea quien fuere, pudiera soportar la ira popular de ser expuesto como permisivo al desmantelamiento de los servicios de inteligencia cibernéticos de su país.

Más aún: ¿cómo demostrar que el presunto hackeo ruso, si lo hubiere, pudo haber afectado el curso de la elección cuando Hillary y la pestilente Fundación Clinton ya no podían ocultar tanto cadáver en sus repletos clósets de corrupción?

Lo real es que Putin acabó derrotando a Obama, quien ha dejado un mundo caótico en los frentes doméstico y global.

Obama será recordado como el presidente del caos y su derrota en Eurasia es notable: desde Crimea/Ucrania, pasando por Siria/Irak, hasta Afganistán/Pakistán.

Desde Yalta, después de la Segunda Guerra Mundial, nunca había ocurrido que hoy EEUU estuviera ausente de tres negociaciones fundamentales de paz: 1) Ucrania con el Acuerdo de Minsk de Rusia/Ucrania/Bielorrusia/Francia/Alemania;2) Siria: la próxima cumbre entre Rusia/Turquía/Irán en Kazajstán, y 3) Afganistán: de Rusia/China/Pakistán.

En las tres negociaciones de marras, Putin emerge como el gran triunfador, con la notoria ausencia de Obama.

A mi juicio, como óptimo jugador de ajedrez, Putin invitará a Trump a las tres negociaciones de paz a las que no convocó a Obama.

Tal es la triste y cruda realidad del desastre de Obama, quien llegó con los mejores auspicios y legó un mundo en pleno caos y a su país más fracturado que nunca.

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4 de enero: el día en que los principales ejecutivos ya ganaron más que sus empleados en todo un año

Mér, 04/01/2017 - 13:11
BBC Mundo

Imagínate si al cuarto día del año ganaras todo tu salario de doce meses. Algo así ocurrió este miércoles al mediodía, cuando los altos ejecutivos de las principales compañías británicas consiguieron ingresos equivalentes al sueldo anual total de un empleado promedio. Eso significa que los directivos de las compañías FTSE-100 -como se llama a las cien principales empresas que cotizan en Bolsa de Valores de Londres- podrían técnicamente dedicarse ya a descansar por el resto del año si fueran a vivir con el mismo dinero que ganan sus subordinados.

Y ni siquiera les llevó cuatro días sino dos y medio, si se considera que el 1 de enero fue no laborable. Lo llaman el "miércoles del gato gordo" (en inglés, fat cat Wednesday): con esa analogía animal se conoce informalmente a quienes están a cargo de una gran empresa y tienen el poder de aumentarse su propio salario, según la definición del diccionario de Cambridge.

Los "gatos gordos", en la jerga, son los altos ejecutivos que tienen poder suficiente para aumentarse el salario a sí mismos, según los define el diccionario de Cambridge. Distintas organizaciones usan la figura del "gato gordo" para llamar la atención sobre las rampantes desigualdades en el ingreso. "Los cálculos no pretenden hacer el regreso al trabajo más duro de lo que ya es (después de las fiestas de fin de año)", asegura Stefan Stern, director de la organización High Pay Centre, que está detrás de la campaña de denuncia. "Pero el 'miércoles del gato gordo' es un recordatorio importante de un problema de desigualdad en la retribución que se mantiene", dice.

Una relación de 129 a 1 Según el High Pay Centre, un think tank independiente y no partidario creado para monitorear la distribución del ingreso en Reino Unido, al 4 de enero estos altos ejecutivos ya habrán percibido, calculando jornadas de 12 horas, los US$34.572 (£28.200) del actual salario británico promedio. Las matemáticas indican que la relación entre la paga que recibe un director ejecutivo de una empresa FTSE-100 y la de un empleado es de 129 a 1, según datos salariales de 2015. La brecha entre directores y subordinados no se ha cerrado, sino todo lo contrario, denuncian las organizaciones que abogan por una redistribución más justa.

Y la tendencia se ha agravado: en 2016, los mismos cálculos arrojaron que los gerentes superaban la misma marca el 4 de enero por la tarde, medio día más tarde que este año. ¿Por qué en 2017 cientos de miles de personas recibirán un salario sin tener que trabajar? Según señala el think tank, que ha hecho estas correlaciones durante los últimos tres años, el salario de los más altos ejecutivos se ha incrementado hasta rozar una media de casi US$5 millones (£4 millones) al año. En 2010, ese promedio era de US$4,1 millones (£3,4 millones): una mejora del ingreso anual de casi 18%.

Aunque, según denuncias de distintas organizaciones, no se trata sólo de un problema de las compañías FTSE-100: tiene su fundamento en los llamados "pagos basados en desempeño" o bonos adicionales que se entregan a los gerentes cuando supuestamente las compañías consiguen buenos resultados bajo su mando. Un estudio reciente de la Universidad de Lancaster, sin embargo, reveló que no necesariamente existe correlación entre el pago de incentivos y la performance de las empresas. Según la investigación, publicada en diciembre, los jefes de las 350 principales empresas británicas vieron aumentar sus ingresos en un 82% en los últimos 13 años. Pero ese incremento no se corresponde con los niveles de retorno del capital invertido, que es una de las variables preferidas para medir el desempeño de las compañías. "Nuestros hallazgos muestran una desconexión material entre los salarios (de los ejecutivos) y la generación de valor fundamental (en las empresas)", expresaron los autores del informe. Por eso, la campaña del "miércoles del gato gordo" aboga por regular que las corporaciones hagan públicas esas comparativas, para dejar en evidencia que no se ha progresado en achicar la grieta salarial entre directivos y trabajadores. Los pagos adicionales por desempeño son una de las bases del problema, consideran algunos análisis. "Esperamos que el gobierno reconozca la necesidad de reformar las prácticas de pagos si es que se desea cerrar esta brecha", apuntó Stern, que anticipó que enviará al gobierno una propuesta de reforma corporativa. ¿Deben mantenerse los salarios en secreto? El gobierno británico ya tiene bajo consideración un plan para hacer que las firmas revelen la diferencia salarial entre sus ejecutivos y sus empleados en puestos no gerenciales. La primera ministra Theresa May ha manifestado que el control de los excesos corporativos constituye una prioridad de su gestión. Y el Departamento de Empresas, Energía y Estrategia Industria - una dependencia ministerial del gobierno de las islas- señaló que está "haciendo una consulta sobre alternativas" para poner un tope a los sueldos más abultados. Organismos que representan los intereses de las empresas argumentan que son los accionistas quienes deben realizar la tarea de contralor. Sin embargo, la Confederación de Industrias Británicas (CBI, por sus siglas en inglés), rechazó las premisas de la campaña contra los "gatos gordos". Consideró que, aunque es necesario que evolucionen los sistemas de control sobre cómo se manejan las corporaciones, son los accionistas quienes deben realizar la tarea de contralor. Y defendió a la vez el sistema de incentivos basados en el desempeño. "Las empresas no deben dar pagos excepcionales a cambio de un desempeño pobre y los accionistas tienen un rol clave en asegurar que se establezcan políticas de definición salarial sensatas, razonables y sostenibles", le dijo a la BBC Josh Hardie, vicedirector general de la CBI, una organización que representa a 190.000 firmas y es considerada una de las principales voceras de los intereses empresariales en el país.

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EE.UU. ha entrenado a los golpistas de América Latina

Mér, 04/01/2017 - 09:01
Emir Sader, Página 12

Los Estados Unidos prepararon a los golpistas de Brasil en 1964, a partir de la creación de la Escuela Superior de Guerra, fundada por Golbery do Couto e Silva y Humberto Castelo Branco, que habían convivido con las tropas norteamericanas en Italia, en lo que fue la participación brasileña en el final de la Segunda Guerra Mundial. Junto con los formados en la Escuela de las Américas, en Panamá, se creó así la generación que preparó y puso en práctica el golpe militar de Brasil en 1964. La Doctrina de Seguridad Nacional y los métodos de tortura fueron las dos claves esenciales del régimen de terror que fue implantado en Brasil y en los otros países del Conosur.

En la posguerra fría, los Estados Unidos buscaron un nuevo enemigo, figura esencial para exorcizar hacia el exterior los problemas de la sociedad norteamericana. Junto al narcotráfico, se fijaron en el terrorismo.

Como parte de la lucha en contra del terrorismo, con toda la amplitud que George W. Bush pasó a darle al tema, se desarrolló un campo de actividad llamado “contraterrorismo”, como un elemento más de la función de “policía del mundo” que los Estados Unidos asumieron.

El blanqueo de dinero pasó a formar parte de esa acción, en la creencia de que el terrorismo lavaría sus recursos en los mecanismos bancarios. Se pasó a la investigacion y punición en los casos de blanqueo de dinero, incluyendo la cooperación formal e informal entre los países, confiscación de bienes, métodos para extraer pruebas, negociación de delaciones, uso de interrogatorios como herramienta y sugerencias de cómo tratar con las Organizaciones No Gubernamentales sospechosas de ser usadas para financiamiento ilícito.

El seminario “Proyecto Puentes: construyendo puentes para la aplicación en Brasil” –cuyo tenor fue revelado por Wikileaks–, realizado en octubre de 2009, en Río de Janeiro, con la presencia de autoridades norteamericanas, sirvió para la formación de nuevo personal al servicio del Imperio, para consolidar entrenamiento bilateral de aplicación y habilidades prácticas de contraterrorismo. Participaron promotores y jueces federales de 26 provincias brasileñas, además de 50 policías federales de todas las provincias. La brasileña fue la mayor delegación. Tambien hubo representantes de México, Costa Rica, Argentina, Panama, Uruguay y Paraguay.

En el transcurso de la reunión intervino solamente Sergio Moro, el hoy muy conocido juez brasileño, que pretende ser un “justiciero, al margen de la ley, en contra de la corrupción”. Disertó acerca de los “cinco punto más comunes de lavado de dinero en Brasil”. Los participantes solicitaron entrenamento adicional sobre la búsqueda de evidencias, entrevistas e interrogatorios. Ese interés se suscitaría porque “la democracia brasileña no tiene todavía 20 años de edad. Así, los jueces federales, los magistrados, los abogados, son principiantes en el proceso democrático, no fueron entrenados en cómo lidiar con largos procesos judiciales (...) y son incapaces de utilizar eficazmente el nuevo código criminal, que fue completamente alterado”.

El informe pide, en los resultados de la reunión, que se realicen cursos más avanzados en San Pablo, Curitiba y Campo Grande. El informe concluye que “el sector judicial brasileño claramente está muy interesado en la lucha contra el terrorismo, pero necesita herramientas y entrenamiento para empeñar fuerzas eficazmente. (...) Magistrados y jueces especializados han conducido en Brasil los casos más significativos de corrupción de individuos de alto nivel”.

El surgimiento de gobiernos que contrarían las orientaciones de Estados Unidos fue la oportunidad para adaptar esas orientaciones a proyectos de desestabilización de esos gobiernos, apoyados en acciones que se concentran en la denuncia reiterada de supuestas irregularidades cometidas por esos gobiernos, por los partidos que los apoyan y por sus líderes. La contribución de Moro y de sus comparsas es la de usar los métodos que aprendieron con los norteamericanos –que incluyen el uso de las delaciones, entre otros métodos–, para destruir la democracia, reconstruida después del agotamiento de las dictaduras militares instaladas por la generación anterior de golpistas, también formados por los Estados Unidos.

Wikileaks ya había demostrado que los datos del espionaje del gobierno de los Estados Unidos en la Presidencia de la República de Brasil, en el Ministerio de Minas y Energía y en Petrobras fueron suministrados a Sergio Moro y sus comparsas, para que dieran inicio a las denuncias en contra del gobierno del PT. Esa reunión de 2009 es indicativa de los nuevos métodos de desestabilización política generados por EEUU, con intervención escandalosa en los asuntos internos de los otros países, violando su soberanía y contando para ello con miembros del Poder Judicial y de la policía, como preparación, por EEUU, de la nueva violación de la democracia brasileña, apoyada en personajes que representan directamente los intereses del Imperio, como Sergio Moro y sus comparsas.

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Las tragedias de Siria señalan el fin de las revoluciones árabes

Mar, 03/01/2017 - 08:01

Robert Fisk, Sin Permiso

Al igual que la catastrófica invasión anglo-estadounidense de Irak puso fin a las épicas aventuras militares occidentales en el Medio Oriente, la tragedia de Siria es una garantía de que no habrá más revoluciones árabes. Han bastado sólo trece años de carnicerías - 2003-2016 - para realinear el equilibrio de poder político en la región. Rusia e Irán y los musulmanes chiítas de la región están decidiendo su futuro; Bashar al-Assad no puede cantar victoria, pero está ganando.

"Alepo debe ser tomada rápidamente - antes de que caiga Mosul ", me anunció un comandante sirio con una sonrisa en cuartel general del ejército en Damasco. Y lo hizo, apenas un mes después. Había - y siguen habiendo – pequeños Alepos por toda Siria en los que el gobierno y sus oponentes armados "yihadistas" están jugando a "buenos" y "malos", dependiendo de quién esté sitiando a quién. Cuando las milicias sunitas terminen con el asedio de pequeños pueblos chiítas como Faour, los civiles acudirán en masa a las posiciones del gobierno. Se informa de ello como si fuera una disputa local un poco incomprensible.

Sin embargo, cuando las fuerzas del régimen asaltaron el este de Alepo, en gran parte del mundo se lamentó como un crimen de guerra. Me he cansado de repetir que, sí, que ambos bandos cometen crímenes de guerra, y que las fuerzas de Assad no son unos ingenuos cadetes militares - aunque en estos días, tenemos que recordar que los Comandos británicos de la 42 Royal Marine tampoco actuaron escrupulosamente en Afganistán. Pero la historia de Alepo todavía está siendo re-elaborada como una vieja leyenda, los valientes defensores, pero en gran medida "yihadistas", disfrazados de anodinos "rebeldes", sus oponentes comparados con los asesinos serbios de Milosevic o los pilotos de Saddam que lanzaron las bombas de gas tóxico.

Todo esto terminará pronto. Rusia se dio cuenta de que Obama y los lacrimosos liberales de Europa no estaban dispuestos a exigir hasta sus últimas consecuencias la caída de Bashar al- Assad - quién, a diferencia del aliado ucraniano de Putin en Kiev, no huyó - y se quedó a dirigir su ejército. The Economist se burló de los soldados sirios porque supuestamente no podían marcar el paso cuando Moscú organizó un desfile militar en su base aéreo sirio. Pero no hay que desfilar como la Wehrmacht para ganar batallas. El Ejército Sirio Árabe - su nombre real, que utilizan cada vez más, por lo que veo, los charlatanes habituales que se presentan como "expertos" en los canales por satélite - presume que ha luchado de forma simultánea en 80 frentes contra Isis, Nusrah y diversos ejércitos "yihadistas" (así como contra hombres del Ejército Sirio Libre que habían desertado de sus filas). Lo cual, teniendo en cuenta los meandros de las líneas del frente, es probablemente cierto, pero tal vez no sea un balance militar del que estar muy orgullosos. Una cosa es recuperar Palmyra de Isis, y otra muy distinta perderlo de nuevo frente al mismo enemigo en medio de la batalla de Alepo Este.

Los soldados sirios tienen una gran simpatía por sus aliados libaneses de Hezbollah - que suelen aparecer en el campo de batalla mejor armados que los propios sirios - pero están menos enamorados de los "asesores" iraníes que supuestamente saben mucho sobre la guerra abierta. He presenciado como un oficial iraní llamaba "estúpido" a un general sirio - en este caso, el iraní probablemente tenía razón - pero los oficiales sirios son mucho más experimentados y están más curtidos que la Guardia Revolucionaria de Teherán, que ha sufrido - junto con su aliados afganos e iraquíes chiíes - muchas más bajas que las que habían previsto.

Así que después de casi cinco años de batalla, el ejército sirio está todavía en acción. Las fuerzas de Nusrah e Isis que rodean al sector gubernamental de la ciudad siria oriental de Deir ez-Zour serán casi seguro su próximo objetivo - después de retomar Palmyra, pero mucho antes de lanzarse contra la capital Isis, Raqqa, que probablemente será retomada por los aliados kurdos de EE UU. Y lo más probable es que sea el ejército sirio el que tenga que reconstruir la nueva Siria cuando la guerra termina. Sin duda, decidirá el futuro del país.

Eso no significa la caída de Bashar al-Assad. Ni entre sus oponentes oficiales ni sus mortales enemigos yihadistas ni la oposición política corrupta y corrompida en Turquía hay alguien capaz de desafiarle. Incluso si tuviesen éxito, con toda seguridad las mismas cárceles y mazmorras estarían en funcionamiento en Siria en 24 horas para encerrar y torturar a la "nueva" oposición al "nuevo" régimen. Además, Vladimir Putin, ha sufrido suficiente humillación después de la segunda captura de Palmyra por Isis - después de que los rusos organizaran un victorioso concierto de la paz en la ciudad romana hace sólo unos meses. Putin no va a permitir la defenestración de Bashar al-Assad.

Curiosamente, los líderes occidentales son pasmosamente conscientes de la naturaleza de la verdadera lucha en Siria, e incluso a que señores de la guerra deben apoyar. Tomemos el ejemplo de la impotencia de François Hollande, que eligió afirmar en las Naciones Unidas en septiembre que Rusia e Irán deben obligar a Assad a hacer la paz, porque de otro modo tendrán que, junto con el régimen, "asumir la responsabilidad de la división y el caos en Siria". Todo esto está muy bien. Sin embargo, sólo dos meses antes, el mismo Hollande estaba exigiendo "medidas eficaces" contra el frente islamista Nusrah – una de las principales fuerzas entre los defensores de Alepo Este, aunque la mayoría de nosotros decidimos no decírselo a nuestros lectores - dado que Isis estaba en retirada y Nusrah se aprovechó de ello. "Eso está fuera de toda duda", comentó Hollande pomposamente sobre el "retroceso" de Isis. Eso fue antes de que retomaran Palmyra los mismos bandidos de Isis.

Pero quizás Hollande y sus aliados europeos - y Washington - están tan embobado con sus propias políticas sirias, débiles y equivocadas (suponiendo siempre que sepan cuáles son), que no se dan cuenta cómo ha cambiado el equilibrio de fuerzas en los campos de batalla. En lugar de indignarse sobre la brutalidad rusa, la crueldad iraní y la mendicidad de Hezbollah, deberían echar un vistazo de cerca al ejército sirio, en su mayoría musulmanes sunítas, que han luchado, desde el principio, contra unos enemigos "yihadistas" mayoritariamente también musulmanes sunitas. Siempre han considerado a Nusrah - nuestros "aliados" en Alepo Este, pagados por nuestros amigos del Golfo y armados por Occidente - más peligroso que Isis. El ejército sirio tiene razón. En esto, al menos, Hollande seguramente debe de estar de acuerdo.

Sin embargo, el poder de la ilusión es más importante para nosotros. Si Occidente no puede re tomar Mosul de Isis, difícilmente podrían haber impedido que los sirios recuperaran el este de Alepo. Pero podrían fácilmente alentar a los medios occidentales a concentrarse en las brutalidades rusas en Alepo en lugar de las terribles bajas infligidas a los aliados de Estados Unidos en Mosul. Los artículos sobre Alepo de estas últimas semanas han sido muy parecidos a los de los corresponsales de guerra británicos en la Primera Guerra Mundial. Y los rusos podrían animar a sus propios medios domesticados para que se concentraran en la victoria de Alepo en lugar de la derrota en Palmyra. En cuanto a Mosul, ha desaparecido misteriosamente de nuestras noticias. Me pregunto por qué.

Y ¿cuántos murieron en Palmyra? Y, para el caso, ¿cuántos eran realmente los asediados en el este de Alepo? ¿Era realmente 250.000? ¿O eran 100.000? Me encontré con una noticia hace unas semanas que daba dos estadísticas globales de víctimas mortales en toda la guerra de Siria: 400.000; luego, unos párrafos más adelante, 500.000. Bueno, ¿cuál es la correcta? Siempre me recuerda el bombardeo nazi de Rotterdam en 1940 cuando los aliados anunciaron que 30.000 civiles habían muerto. Durante años, esta fue la cifra oficial. Luego, después de la guerra, resultó que la cifra real - aunque bastante horrible - era de unos 900, 33 veces menos que la versión oficial. Hace pensar, ¿verdad? sobre las estadísticas de Siria.

Y si no podemos saber ni eso con certeza, ¿qué estamos haciendo interfiriendo en la guerra de Siria? No es que importe mucho. Rusia está de vuelta en Oriente Medio. Irán está asegurando su éje político Teherán-Damasco-Bagdad-Beirut. Y si los árabes del Golfo - o los americanos - quieren pesar de nuevo en la zona, pueden conversar con Putin. O al-Assad.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El aislamiento de EEUU

Lun, 02/01/2017 - 23:48
Noam Chomsky

El 23 de diciembre de 2016, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adoptó por unanimidad la resolución 2334, con la abstención de Estados Unidos. La resolución reafirmó que la política y prácticas de Israel al establecer asentamientos en territorios palestinos y otros territorios árabes ocupados desde 1967 no tiene validez legal y constituye una seria obstrucción para lograr una paz amplia, justa y duradera en Medio Oriente (y) llama una vez más a Israel, como potencia ocupante, a regirse escrupulosamente por la Cuarta Convención de Ginebra de 1949, rescindir sus medidas previas y desistir de llevar a cabo cualquier acción que resulte en un cambio del estatus legal y la naturaleza geográfica y que afecte materialmente la composición demográfica de los territorios árabes ocupados desde 1967, incluida Jerusalén y, en particular, a no transferir partes de su propia población civil a los territorios árabes ocupados.

Reafirmado. Un asunto de cierta importancia.

Es importante reconocer que la 2334 no es nada nuevo. La cita anterior es de la resolución 446 del Consejo, del 12 de marzo de 1979, reiterada en esencia en la resolución 2334. La 446 fue aprobada 12-0 con la abstención de Estados Unidos, al que se unieron Reino Unido y Noruega. Las diferencias primordiales son que ahora Estados Unidos está solo contra el mundo entero, y que es un mundo diferente. Las violaciones israelíes a las órdenes del Consejo de Seguridad, y al derecho internacional, son ahora mucho más extremas que en 1979 y suscitan mucha mayor condena en gran parte del mundo. Por tanto, hay que tomar más en serio los contenidos de las resoluciones 446-2334. De ahí la intensa reacción a la 2334, tanto en cobertura como en comentario y, en Israel y Estados Unidos, en considerable histeria. Esas son impactantes indicaciones del creciente aislamiento de Estados Unidos en la escena mundial. Esto es, con Obama. Con Trump, es probable que el aislamiento se incremente, y de hecho así ha sido incluso antes de que asuma el poder.

El paso más significativo de Trump en promover el aislamiento estadunidense se dio el 8 de noviembre, cuando obtuvo dos victorias. La menor fue en su país, donde ganó el voto electoral. La mayor fue en Marrakech, Marruecos, donde unas 200 naciones se reunían para tratar de poner algún contenido real en los acuerdos de París de diciembre de 2015 con respecto al cambio climático, los cuales quedaron como promesas más que como el tratado que se pretendía, porque el Congreso republicano no aceptaría compromisos vinculantes.

Al llegar los votos electorales el 8 de noviembre, la conferencia de Marrakech se desvió de su programa sustantivo hacia la cuestión de si podría haber alguna acción significativa para enfrentar la severa amenaza de catástrofe ambiental ahora que el país más poderoso de la Tierra está levantándose de la mesa. Esa fue, sin duda, la mayor victoria de Trump el 8 de noviembre, de verdadera trascendencia. También definió el aislamiento de Estados Unidos respecto de los más severos problemas humanos jamás enfrentados en la historia del planeta. El mundo puso sus esperanzas de liderazgo en China, ahora que el Líder del Mundo Libre ha declarado que no sólo se retirará del esfuerzo sino, con la elección de Trump, aplicará medidas de fuerza para acelerar la carrera hacia el desastre. Un asombroso espectáculo, que pasó virtualmente sin comentario.

El hecho de que Estados Unidos esté solo ahora en su rechazo al consenso internacional se reafirmó en la declaración 2334, en la que perdió incluso a la Gran Bretaña de Theresa May.

La razón por la que Obama optó por la abstención en vez del veto es una pregunta abierta: no tenemos evidencia directa. Pero hay algunas suposiciones plausibles. Hubo algunas reacciones de sorpresa (y escarnio) después del veto de Obama en febrero de 2011 a una resolución del Consejo de Seguridad que llamaba a adoptar una política oficial en Estados Unidos, y tal vez sintió que sería demasiado repetirlo si quería salvar algo de su maltrecho legado entre sectores de la población que tienen cierto interés por el derecho internacional y los derechos humanos. También vale la pena recordar que entre los demócratas liberales, si no en el Congreso, y en particular entre los jóvenes, la opinión acerca de Israel-Palestina ha virado hacia la crítica a las políticas israelíes en años recientes, tanto que el núcleo del apoyo a esas políticas se ha desplazado a la extrema derecha, incluida la base evangélica del Partido Republicano. Tal vez esos factores influyeron.

La abstención de 2016 causó furor en Israel y en el Congreso estadunidense, tanto entre republicanos como en prominentes demócratas, incluso con propuestas de retirar fondos a la ONU en represalia por el crimen del mundo. El primer ministro israelí Netanyahu denunció a Obama por sus acciones deshonestas contra Israel. Su oficina acusó a Obama de coludirse tras bambalinas con esa conjura del Consejo de Seguridad, y presentó partículas de evidencia que apenas se elevan al nivel del humor enfermo. Un alto funcionario israelí añadió que la abstención reveló el verdadero rostro del gobierno de Obama y que ahora entendemos con qué hemos estado tratando en los ocho años pasados.

La realidad es muy diferente. Obama de hecho ha roto todos los récords de apoyo a Israel, tanto diplomático como económico. La realidad es descrita con exactitud por el especialista del Financial Times en Medio Oriente, David Gardner: “Los tratos personales de Obama con Netanyahu tal vez fueron ponzoñosos con frecuencia, pero ha sido el más pro israelí de los presidentes: el más pródigo con la ayuda militar y el más confiable en el ejercicio del voto estadunidense en el Consejo de Seguridad… La elección de Donald Trump hasta ahora ha traído poco más que espumarajos de tuits sobre éste y otros embrollos geopolíticos. Pero los augurios son ominosos. Un gobierno irredento en Israel, inclinado hacia la ultraderecha, se ve unido ahora por un gobierno nacional populista en Washington que transpira islamofobia”.

En un comentario interesante y revelador, Netanyahu denunció la conjura del mundo como prueba de la parcialidad del viejo mundo contra Israel, frase reminiscente de la distinción que hacía Donald Rumsfeld entre la vieja y la nueva Europa en 2003.

Se recordará que los estados de la vieja Europa eran los chicos malos, los principales estados europeos, que se atrevieron a respetar la opinión de la abrumadora mayoría de sus pobladores y por tanto se negaron a secundar a Estados Unidos en el crimen del siglo, la invasión de Irak. Los estados de la nueva Europa eran los chicos buenos, que desoyeron a una mayoría aún más grande y obedecieron al amo. El más honorable de los chicos buenos fue José María Aznar, de España, quien rechazó una oposición virtualmente unánime en su país a la guerra y fue recompensado con una invitación a estar al lado de Bush y Blair en el anuncio de la invasión.

Este despliegue bastante revelador de desprecio absoluto por la democracia, junto con otros al mismo tiempo, pasó virtualmente inadvertido. Es comprensible, porque la tarea en ese tiempo era ensalzar a Washington por su apasionada dedicación a la democracia, como quedó ilustrado por la promoción de la democracia en Irak, que de pronto se volvió la línea del partido después de que la única pregunta (¿renunciará Saddam Hussein a sus armas de destrucción masiva?) recibió la respuesta incorrecta.

Netanyahu está adoptando la misma postura en gran medida. El viejo mundo que se ha alineado contra Israel es todo el Consejo de Seguridad de la ONU; más específicamente, cualquiera en el mundo que tenga algún compromiso duradero con el derecho internacional y los derechos humanos. Por fortuna para la ultraderecha israelí, eso excluye al Congreso estadunidense y –de manera muy abierta– al presidente electo y sus asociados.

El gobierno israelí está, desde luego, al tanto de estos hechos. Por tanto, busca cambiar su base de apoyo a estados autoritarios como Singapur, China y la India nacionalista derechista hindú de Modi, que ahora se convierte en un aliado muy natural, con su viraje hacia el ultranacionalismo, las políticas reaccionarias internas y el odio al islam. Las razones de que Israel mire en esa dirección en busca de apoyo son esbozadas por Mark Heller, investigador principal asociado en la Institución de Estudios de Seguridad Nacional de Israel. A largo plazo, explica, hay problemas para Israel en sus relaciones con Europa occidental y con Estados Unidos, mientras, en contraste, los importantes países asiáticos no parecen indicar mucho interés por cómo Israel se lleva con los palestinos, los árabes o cualquier otra nación. En síntesis, China, India, Singapur y otros aliados favorecidos se ven menos influidos por las preocupaciones liberales y humanas que representan crecientes amenazas para Israel.

Las tendencias que se desarrollan en el orden mundial merecen alguna atención. Como se indicó, Estados Unidos está aún más aislado que en años recientes, cuando encuestas dirigidas por este país –que no se informan aquí, pero son sin duda conocidas por Washington– revelaron que la opinión mundial lo considera la mayor amenaza, con mucho, a la paz mundial, con ninguno siguiéndolo siquiera de cerca. Con Obama, el país está ahora solo en su abstención sobre los asentamientos ilegales israelíes, contra un Consejo de Seguridad unánime. Con Trump y sus seguidores de ambos partidos en el Congreso, la nación estará aún más aislada en el mundo en apoyo a los crímenes israelíes.

Desde el 8 de noviembre, Estados Unidos está aislado en el aspecto mucho más crucial del calentamiento global. Si Trump cumple su promesa de salir del acuerdo de Irán, es probable que los otros participantes persistan, con lo que Estados Unidos quedará aún más aislado de Europa. También está mucho más aislado de su patio trasero latinoamericano que en el pasado, y lo estará todavía más si Trump retrocede de los vacilantes pasos de Obama hacia la normalización de relaciones con Cuba, emprendidos para prevenir la probabilidad de que su país quedara excluido de organizaciones hemisféricas a causa de su continuo ataque a Cuba, en aislamiento internacional.

En gran medida ocurre lo mismo en Asia, porque incluso aliados cercanos estadunidenses (aparte de Japón), como Reino Unido, recurren al Banco de Desarrollo de Infraestructura de Asia, con sede en China, y a la Sociedad Económica Regional Ampliada, también basada en China, y en este caso con Japón incluido. La Organización de Cooperación de Shanghai incorpora los estados de Asia central, Siberia con su riqueza de recursos, India, Pakistán y pronto probablemente Irán y tal vez Turquía. Esta asociación ha rechazado la solicitud de Estados Unidos de sumarse como observador y en cambio le exigió que retire todas sus bases militares de la región.

Inmediatamente después de la elección de Trump, presenciamos el interesante espectáculo de la canciller alemana Angela Merkel asumiendo el liderazgo en leer la cartilla a Washington sobre valores liberales y derechos humanos. Entre tanto, desde el 8 de noviembre, el mundo mira hacia China por liderazgo para salvar al planeta de la catástrofe ambiental, en tanto Estados Unidos, una vez más en espléndido aislamiento, se dedica a socavar esos esfuerzos.

Por supuesto, el aislamiento estadunidense no es completo. Como quedó de manifiesto en la reacción a la victoria electoral de Trump, Estados Unidos cuenta con el apoyo entusiasta de la ultraderecha xenofóbica en Europa, incluidos sus elementos neofascistas. Y el retorno de la ultraderecha en partes de América Latina ofrece a Washington oportunidades de alianzas allí también. Y, desde luego, conserva su alianza cercana con las dictaduras del Golfo y con Israel, que también se separa de sectores más liberales y democráticos de Europa y se vincula con regímenes autoritarios a los que no les importan las violaciones israelíes del derecho internacional y sus duros ataques a los derechos humanos elementales.

El cuadro que se perfila sugiere el surgimiento de un Nuevo Orden Mundial, muy diferente de los retratos usuales dentro del sistema doctrinal.

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Termina el año, no el ciclo

Sáb, 31/12/2016 - 09:01

Alfredo Serrano Mancilla, La Jornada

Ya estamos en 2017, a punto de ser investido Trump presidente de Estados Unidos; mientras tanto, Maduro continúa al frente de Venezuela; Evo gobierna en Bolivia, y lo mismo ocurre con Correa en Ecuador, a la espera de lo que suceda en las próximas elecciones del 19 febrero. Los agoreros del fin de ciclo exageraron. Es innegable que nos encontramos ante un profundo avance de la restauración neoliberal en América Latina, pero muchos se excedieron en sus pronósticos apocalípticos. Las derrotas electorales en la Asamblea legislativa en Venezuela (diciembre 2015), en el referendo por la repostulación en Bolivia (febrero 2016) y la pérdida de algunas ciudades importantes en Ecuador (febrero 2014) supusieron un importante revés al progreso de los procesos de cambio. Sin embargo, a pesar de las infinitas dificultades, se ha logrado resistir. Y, por ahora, el trío nacido en constituyentes no tira la toalla.

La región, indudablemente, ha tenido importantes transformaciones en clave política. Macri preside Argentina con un giro radical de sus políticas, que procuran hacernos olvidar de la positiva herencia K. En Brasil, el golpe de Estado de Temer ha permitido un golpe económico, con el objetivo de restituir el orden neoliberal. No son cambios menores porque no son países cualesquiera, ni por su tamaño ni por su importancia geopolítica. A eso se suma el Pacífico (Colombia, Chile, Perú y México) que prosigue su profundización neoliberal, a pesar de las protestas ciudadanas, y Paraguay es un comensal más en esta cena conservadora luego de otro golpe, el que se dio contra Lugo, hace ya varios años.

De una forma u otra se consolida el bloque geopolítico de derechas en el continente. A eso cabe añadir un frente externo adverso que no debe subestimarse. Estamos inmersos en una larga contracción económica mundial que es usada como excusa para fortalecer el espíritu global neoliberal. Se impone progresivamente el sentido común propio de las recetas de los recortes sociales, privatizaciones que conllevan merma de soberanía, creciente darwinismo económico, supremacía del poder financiero, reconcentración de la riqueza en pocas manos. Esta racionalidad también se observa incluso en el interior del bloque más progresista a la hora de tener que decidir qué hacer ante una situación hostil y compleja. Todo, absolutamente todo, está en disputa.

Pero en este devenir, hay un pequeño gran detalle que no puede ser descuidado. En cualquier ciclo largo, obligatoriamente se deben afrontar muchos momentos cuesta arriba. Algunos, propios de situaciones ajenas y otros consecuencia de las contradicciones y tensiones casa adentro. Ni todo es color rosa ni existe linealidad que valga cuando se navega a contracorriente. En esos casos, aguantar y resistir el viento en contra es una fortaleza excesivamente infravalorada ahora, cuando prevalecen las promesas vacías y los globos de colores.

La épica revolucionaria está habituada a edificarse con base en el momento fundacional que suele poner punto y final en términos simbólicos con el régimen antiguo. Suele ser escasamente seductor el periodo que toca estar en resistencia. No resulta sencillo explicar ni argumentar que ante tales circunstancias históricas no queda otra alternativa que interrumpir relativamente el ritmo progresivo de mejoras. Eso trunca drásticamente las crecientes expectativas y tiene indudablemente un alto costo político. Para procesos políticos tan acostumbrados a acelerar, frenar es casi una renuncia a un sello de origen.

De la superación o no de este momento histórico dependerá que podamos hablar de fin de ciclo o no. Por ahora, lo que sí podemos afirmar es que estos últimos años han constituido un ciclo corto tumultuoso en el que se igualan y rivalizan los proyectos. La hegemonía neoliberal no iba a acabarse en una década, por mucho tiempo que este lapso parezca. Lo mismo que las independencias necesitaron de mucho recorrido para consolidarse, sería un craso error histórico creer que ahora todo se termina. Más que tener paciencia, lo que se requiere es levantar la vista, mirar atrás en la Historia y adelante hacia el Futuro, y seguir creyendo que sí se puede. Sólo si se cree en ello y se buscan las opciones considerando que el pasado, pasado es, este ciclo largo tendrá posibilidades de no cerrarse. Por ahora, se acaba el año y todo está tan incierto como abierto. El ciclo continúa no sin vaivenes, y suponer que todo sería viajar en VIP era creer demasiado en Santaclós.

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El envejecimiento no hace al Estado del bienestar insostenible

Sáb, 31/12/2016 - 04:22
Vicenç Navarro, Público

Uno de los argumentos utilizados con mayor frecuencia por aquellos autores que señalan que el Estado del Bienestar no es sostenible es subrayar que el envejecimiento de la población hará crecer el gasto público social (en sanidad, por ejemplo) a niveles insostenibles. A primera vista, parecería lógico asumir que a mayor número de ancianos y a mayor esperanza de vida, mayor será el gasto sanitario público, pues se asume que los ancianos consumen más y más recursos sanitarios, muchos más que los otros grupos etarios. Y de esta lectura de la realidad se concluye que en el futuro será imposible sostener el Estado del Bienestar.

Seguro que usted, lector, habrá escuchado o leído estos argumentos miles de veces. Los datos, sin embargo, reflejan una realidad mucho más compleja que la asumida en este argumento. Veamos los datos y vayamos por partes, centrándonos en aquella parte del argumento que asume que el alargamiento de la esperanza de vida (es decir, del número de años de promedio que una persona vivirá) creará un grave problema económico. Y lo primero que hay que aclarar es que, por regla general, se asume erróneamente que si la esperanza de vida promedio de un país ha subido, por ejemplo, cuatro años, ello quiere decir que los ancianos viven cuatro años más. Ello no es cierto. La esperanza de vida de un país puede haberse alargado cuatro años y, sin embargo, la de los ancianos puede haber aumentado solo un año. Debido a este error, se están exagerando los años extra de vida que los ancianos experimentan hoy.

De nuevo, veamos los datos. Si España tuviera dos ciudadanos, uno, Pepito, que moriría poco después de nacer (edad 0) y otro, la Sra. García, que viviría 80 años, el promedio de la esperanza de vida de España sería (0+80) / 2 = 40. En otro país vecino, con también solo dos ciudadanos, uno, Juanito, que vive hasta los 20 años, y el otro, la Sra. Rodríguez, que vive, como la Sra. García, hasta los 80 años, la esperanza de vida sería (20+80) / 2 = 50 años, es decir, diez años más que en España. Pero ello no quiere decir que la Sra. Rodríguez viva diez años más que la Sra. García, sino que Juanito vive 20 años más que Pepito. Este es un grave error que constantemente se hace, y que explica que se esté exagerando el número de años de más que los ancianos viven. En realidad, lo que ha ocurrido en Europa y en España durante estos últimos cincuenta años ha sido la gran reducción de la mortalidad infantil y de la mortalidad entre los jóvenes.

Por extraño que parezca, mayor número de ancianos no quiere decir mucho más consumo sanitario El otro gran error que constantemente se hace es asumir que al haber más personas que llegan a ser ancianas (como resultado de que hay mayor supervivencia entre los jóvenes) ello va a determinar que haya un número mayor de ancianos, y con ello un mayor consumo en el sector sanitario, asumiendo que los ancianos consumen más servicios sanitarios que el resto de la población. Pero, de nuevo, se está exagerando este aumento del consumo, pues es incorrecto asumir una relación directa entre más años de vida o más ancianos, por un lado, y un mayor consumo sanitario, por el otro, puesto que tal consumo no depende de la edad, sino del estado de salud de la persona. Y la evidencia existente no muestra que haya un número mucho mayor de enfermedades (o mayor gravedad en las existentes) entre la mayoría de ancianos (personas por encima de los 65 años) que entre los otros grupos de edad. Esta afirmación sorprenderá a muchísimas personas, pues la percepción general es que los ancianos tienen un número mucho mayor de enfermedades que el resto de la población. Lo que en realidad ocurre es que los ancianos de hoy están en mucho mejor estado de salud que los ancianos de generaciones anteriores, y lo que estamos viendo es que, con la edad, se retrasa el momento de mayor consumo sanitario, que suele producirse en el periodo último de la vida, periodo que se ha ido retrasando a medida que la longevidad ha ido aumentando. No es, pues, que haya mucho mayor consumo con el envejecimiento, sino que hay un retraso en el inicio del gran consumo sanitario, y este retraso se incrementa cada vez más debido al mejoramiento de la salud de la población, que permite que se llegue a la tercera edad con una situación mucho más saludable.

Lo que importa, pues, no son los años de vida de más, sino los años de vida saludable sobre el total de vida de la persona. Y este porcentaje ha ido aumentando notablemente a lo largo de los últimos cincuenta años. Este es el dato clave que no es citado por los catastrofistas que dominan el discurso oficial del país.

Las pensiones son también sostenibles Otra área donde también se exagera el “peligro” que el envejecimiento supone para la sostenibilidad del Estado del Bienestar es en el área de las pensiones. La sostenibilidad de las pensiones, sin embargo, no depende de la estructura demográfica de un país, sino de la voluntad política de dicho país. Los países son cada vez más ricos como consecuencia del incremento de su PIB, y ello en parte debido al crecimiento de la productividad. Es este crecimiento de la productividad lo que explica que hoy el 5% de la población que trabaja en el campo produzca más alimentos que hace 50 años, cuando el porcentaje de trabajadores agrícolas era de casi un 30%. Decir hace 50 años que la gente se moriría de hambre porque el número de trabajadores en el campo iba bajando es tan absurdo como decir que las pensiones no son sostenibles hoy porque el número de trabajadores por pensionista ha ido bajando durante los últimos 50 años. Hoy un trabajador produce muchas más veces los bienes y servicios que la población consume que hace 50 años, y por lo tanto aporta a la riqueza del Estado mucho más que en el pasado.

En aquellos países donde las pensiones se financian a costa de contribuciones del mercado de trabajo, su sostenibilidad depende no de la evolución demográfica (como, de nuevo, los catastrofistas señalan constantemente), sino de la evolución del mercado de trabajo. De ahí que el gran deterioro que ha ocurrido en el mercado de trabajo, como consecuencia de las reformas laborales neoliberales altamente regresivas que se han impuesto en este país, haya tenido como resultado una reducción de ingresos para las pensiones públicas. Y ahí está la raíz del problema. Ahora bien, España no tiene falta de gente joven. En realidad, hoy España la exporta debido a la falta de trabajo. Pero hay otras maneras de financiar las pensiones. Hay países, como Dinamarca, en los que se financian con los impuestos generales del Estado. Y es difícil de sostener que los países no podrán pagar las pensiones. Decía el mal llamado “Comité de Expertos sobre las pensiones” (la mayoría ligado al capital financiero que sueña con meterle mano a las pensiones públicas) nombrado por el Sr. Rajoy que las pensiones no eran sostenibles porque la esperanza de vida había subido diez años desde el inicio del siglo XX, ignorando que el PIB había aumentado nada menos que veinticuatro veces desde entonces. Que las pensiones puedan pagarse o no depende primordialmente de la voluntad política del país. Y las pensiones públicas son los programas de aseguramiento más populares que existen en cualquier país, mucho más que otros programas de aseguramiento, ya sean públicos o privados.

En cuanto a su privatización como medida aconsejable para garantizar su solvencia, me parece un argumento de una enorme frivolidad. El desastre de la privatización de la Seguridad Social chilena, promovida por los economistas neoliberales, como el Sr. Sala i Martín, ha sido la mejor prueba de su gran ineficacia. Pero esto es materia para otro artículo.

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Trump elogia respuesta de Putin a las nuevas sanciones de Obama

Ven, 30/12/2016 - 21:00

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, elogió la decisión del mandatario ruso, Vladímir Putin, de no responder a las sanciones estadounidenses con medidas similares y lo calificó de "muy inteligente". "Magnífica decisión de Vladimir Putin. Siempre supe que era muy inteligente", aseguró hoy Trump en un comentario en su cuenta de Twitter.

El magnate publicó ese comentario después de que el jueves se desmarcara de la decisión del presidente de EEUU, Barack Obama, de expulsar del país a 35 diplomáticos de Rusia e imponer sanciones económicas contra organismos de espionaje, individuos y empresas de seguridad informática rusos.

"Es hora de que nuestro país avance hacia cosas más grandes y mejores", respondió Trump la noche del jueves al anuncio de sanciones a Rusia por su presunta intervención en las elecciones presidenciales estadounidenses mediante ataques informáticos para favorecerlo en detrimento de su rival demócrata, Hillary Clinton.

Putin se abstuvo hoy de responder a las sanciones de la Casa Blanca y dijo que no se rebajaría "al nivel de una diplomacia irresponsable". Esta no es la primera vez que el presidente electo estadounidense elogia a Putin, de quien ha dicho admirar su figura de líder fuerte y con quien ha mostrado un deseo de cambiar el rumbo de las relaciones bilaterales, a diferencia de las tensas relaciones mantenidas por Obama, quien acrecienta su desastroso legado en sus ocho años en la Casa Blanca.

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La guerra nuclear en 140 caracteres

Xov, 29/12/2016 - 07:31
Alejandro Nadal, La Jornada

Uno de los peores lugares para desencadenar una nueva carrera armamentista debe ser sin duda Twitter. Pero no para Donald Trump. Y para demostrarlo el 23 de diciembre lanzó un mensaje claro: Estados Unidos, señaló, deben fortalecer y expandir su capacidad atómica hasta que el mundo por fin despierte a la realidad de las armas nucleares.

Por si quedaban dudas, al día siguiente Trump volvió a twittear: ¡Que comience una nueva carrera armamentista! Pareciera que ya no habría lugar a dudas: junto a otras extravagantes promesas de su campaña el presidente electo ahora quiere añadir una nueva etapa en la carrera de armamentos nucleares.

Para tener cierta perspectiva hay que recordar que este año el presidente Barack Obama sentó las bases de un gigantesco programa de modernización del enorme arsenal estratégico de Estados Unidos.

Dicho plan incluye un gasto superior a 348 mil millones de dólares para modernizar y actualizar misiles, bombarderos, cargas nucleares, submarinos, sistemas de monitoreo e identificación de blancos, así como la infraestructura de control y comando del Pentágono. A eso hay que añadir planes para fortalecer el subsistema de investigación y desarrollo tecnológico de todos los componentes de las fuerzas armadas. Algunos analistas independientes calculan que el costo de tales proyectos podría superar el billón (castellano) de dólares.

Estados Unidos mantiene hoy un arsenal de aproximadamente mil 750 cabezas nucleares desplegadas en misiles balísticos intercontinentales lanzados desde sus bases en tierra (ICBM), en cohetes lanzados desde submarinos (SLBM) y en bombarderos estratégicos. A este número hay que agregar 180 cargas tácticas localizadas en bases en Europa. En la categoría de misiles ICBM se encuentran 441 Minuteman III, con un alcance de 6 mil kilómetros, colocados en silos subterráneos. Estos misiles pueden ser disparados en menos de cinco minutos después de recibir una orden presidencial.

Por su parte, los misiles SLBM desplegados en submarinos (de propulsión nuclear) suman 288 y todos están dotados de hasta ocho cargas independientes. Estos submarinos tienen la capacidad de permanecer ocultos durante largos periodos de tiempo y desde esa perspectiva constituyen el componente disuasivo por excelencia en caso de lo que algunos analistas llaman un intercambio nuclear.

El llamado de Trump suena ridículo si se considera el hecho de que los arsenales de Estados Unidos han atravesado múltiples programas de modernización desde los peores años de la guerra fría. De hecho, los acuerdos de control y reducción de armamentos que fueron negociados con la antigua Unión Soviética sirvieron para adelgazar el abultado inventario de cargas nucleares, misiles y bombarderos, al eliminar los elementos obsoletos y vulnerables, y abriendo espacio para los más modernos y letales. Un resultado fue el incremento en la precisión de los nuevos cohetes, lo que hizo posible reducir el tamaño de las cargas nucleares individuales. Todo esto llevó a una reducción en los arsenales nucleares y a una impresión de que el peligro estaba disminuyendo.

Es decir, el desplante de Trump (y de Obama) es absurdo desde otro punto de vista. Si hacemos una lista de los países que más invierten en armamentos resulta que el gasto militar de Estados Unidos es mayor al acumulado de las siguientes 10 naciones en dicha escala. Para el estado en el que se encuentra hoy día la economía estadounidense resulta claro que un dispendio improductivo de este calibre representa un oneroso fardo lleno de implicaciones negativas. Ni la economía será más competitiva, ni se generarán empleos productivos. Y si alguien piensa en los posibles beneficios tecnológicos que este dispendio podría traer aparejados, hay que recordar que las innovaciones que generaron los misiles y sus sistemas de navegación ya no se van a repetir.

Vladimir Putin no quiere dejar solo a su compañero de juegos y anunció a los pocos días del tuit de Trump que si Estados Unidos quiere iniciar una nueva carrera de armamentos, Rusia estaría más que dispuesta a responder al desafío. De hecho, el plan de Moscú consiste en remplazar todo el arsenal nuclear viejo heredado de la guerra fría por componentes modernos a lo largo de los próximos 10 años. Dicho sea de paso, Inglaterra, Francia, China, India, Pakistán e Israel siguen la misma trayectoria de modernizar sus arsenales nucleares.

Para el resto del mundo, el panorama es sombrío. Es cierto que el número de armas nucleares se redujo desde su punto máximo en lo más álgido de la guerra fría. Pero queda mucho por hacer para realmente eliminar el riesgo de la aniquilación nuclear. La lentitud con la que ha procedido la reducción de armamentos nucleares es una señal de alarma a la que hay que agregar el sensible deterioro del régimen de no proliferación.

Se calcula que una guerra nuclear tendría una duración de media hora. Pero el mundo de la posguerra sufriría miles de años. Eso no cabe en 140 caracteres.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La globalización ha muerto

Mér, 28/12/2016 - 15:59

Álvaro García Linera, La Jornada

El desenfreno por un inminente mundo sin fronteras, la algarabía por la constante jibarización de los estados-nacionales en nombre de la libertad de empresa y la cuasi religiosa certidumbre de que la sociedad mundial terminaría de cohesionarse como un único espacio económico, financiero y cultural integrado, acaban de derrumbarse ante el enmudecido estupor de las élites globalófilas del planeta.

La renuncia de Gran Bretaña a continuar en la Unión Europea –el proyecto más importante de unificación estatal de los cien años recientes– y la victoria electoral de Trump –que enarboló las banderas de un regreso al proteccionismo económico, anunció la renuncia a tratados de libre comercio y prometió la construcción de mesopotámicas murallas fronterizas–, han aniquilado la mayor y más exitosa ilusión liberal de nuestros tiempos. Y que todo esto provenga de las dos naciones que hace 35 años atrás, enfundadas en sus corazas de guerra, anunciaran el advenimiento del libre comercio y la globalización como la inevitable redención de la humanidad, habla de un mundo que se ha invertido o, peor aún, que ha agotado las ilusiones que lo mantuvieron despierto durante un siglo.

La globalización como meta-relato, esto es, como horizonte político ideológico capaz de encauzar las esperanzas colectivas hacia un único destino que permitiera realizar todas las posibles expectativas de bienestar, ha estallado en mil pedazos. Y hoy no existe en su lugar nada mundial que articule esas expectativas comunes. Lo que se tiene es un repliegue atemorizado al interior de las fronteras y el retorno a un tipo de tribalismo político, alimentado por la ira xenofóbica, ante un mundo que ya no es el mundo de nadie.

La medida geopolítica del capitalismo Quien inició el estudio de la dimensión geográfica del capitalismo fue Karl Marx. Su debate con el economista Friedrich List sobre el capitalismo nacional, en 1847, y sus reflexiones sobre el impacto del descubrimiento de las minas de oro de California en el comercio transpacífico con Asia, lo ubican como el primero y más acucioso investigador de los procesos de globalización económica del régimen capitalista. De hecho, su aporte no radica en la comprensión del carácter mundializado del comercio que comienza con la invasión europea a América, sino en la naturaleza planetariamente expansiva de la propia producción capitalista.

Las categorías de subsunción formal y subsunción real del proceso de trabajo al capital con las que Marx devela el automovimiento infinito del modo de producción capitalista, suponen la creciente subsunción de la fuerza de trabajo, el intelecto social y la tierra, a la lógica de la acumulación empresarial; es decir, la supeditación de las condiciones de existencia de todo el planeta a la valorización del capital. De ahí que en los primeros 350 años de su existencia, la medida geopolítica del capitalismo haya avanzado de las ciudades-Estado a la dimensión continental y haya pasado, en los pasados 150 años, a la medida geopolítica planetaria.

La globalización económica (material) es pues inherente al capitalismo. Su inicio se puede fechar 500 años atrás, a partir del cual habrá de tupirse, de manera fragmentada y contradictoria, aún mucho más.

Si seguimos los esquemas de Giovanni Arrighi, en su propuesta de ciclos sistémicos de acumulación capitalista a la cabeza de un Estado hegemónico: Génova (siglos XV-XVI), Países Bajos (siglo XVIII), Inglaterra (siglo XIX) y Estados Unidos (siglo XX), cada uno de estos hegemones vino acompañado de un nuevo tupimiento de la globalización (primero comercial, luego productiva, tecnológica, cognitiva y, finalmente, medio ambiental) y de una expansión territorial de las relaciones capitalistas. Sin embargo, lo que sí constituye un acontecimiento reciente al interior de esta globalización económica es su construcción como proyecto político-ideológico, esperanza o sentido común; es decir, como horizonte de época capaz de unificar las creencias políticas y expectativas morales de hombres y mujeres pertenecientes a todas las naciones del mundo.

El fin de la historia La globalización como relato o ideología de época no tiene más de 35 años. Fue iniciada por los presidentes Ronald Reagan y Margaret Thatcher, liquidando el Estado de bienestar, privatizando las empresas estatales, anulando la fuerza sindical obrera y sustituyendo el proteccionismo del mercado interno por el libre mercado, elementos que habían caracterizado las relaciones económicas desde la crisis de 1929.

Cierto, fue un retorno amplificado a las reglas del liberalismo económico del siglo XIX, incluida la conexión en tiempo real de los mercados, el crecimiento del comercio en relación con el producto interno bruto (PIB) mundial y la importancia de los mercados financieros, que ya estuvieron presentes en ese entonces. Sin embargo, lo que sí diferenció esta fase del ciclo sistémico de la que prevaleció en el siglo XIX fue la ilusión colectiva de la globalización, su función ideológica legitimadora y su encumbramiento como supuesto destino natural y final de la humanidad.

Y aquellos que se afiliaron emotivamente a esa creencia del libre mercado como salvación final no fueron simplemente los gobernantes y partidos políticos conservadores, sino también los medios de comunicación, los centros universitarios, comentaristas y líderes sociales. El derrumbe de la Unión Soviética y el proceso de lo que Antonio Gramsci llamó transformismo ideológico de ex socialistas devenidos furibundos neoliberales, cerró el círculo de la victoria definitiva del neoliberalismo globalizador.

¡Claro! Si ante los ojos del mundo la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), que era considerada hasta entonces el referente alternativo al capitalismo de libre empresa, abdica de la pelea y se rinde ante la furia del libre mercado –y encima los combatientes por un mundo distinto, públicamente y de hinojos, abjuran de sus anteriores convicciones para proclamar la superioridad de la globalización frente al socialismo de Estado–, nos encontramos ante la constitución de una narrativa perfecta del destino natural e irreversible del mundo: el triunfo planetario de la libre empresa.

El enunciado del fin de la historia hegeliano con el que Francis Fukuyama caracterizó el espíritu del mundo, tenía todos los ingredientes de una ideología de época, de una profecía bíblica: su formulación como proyecto universal, su enfrentamiento contra otro proyecto universal demonizado (el comunismo), la victoria heroica (fin de la guerra fría) y la reconversión de los infieles.

La historia había llegado a su meta: la globalización neoliberal. Y, a partir de ese momento, sin adversarios antagónicos a enfrentar, la cuestión ya no era luchar por un mundo nuevo, sino simplemente ajustar, administrar y perfeccionar el mundo actual, pues no había alternativa frente a él. Por ello, ninguna lucha valía la pena estratégicamente, pues todo lo que se intentara hacer por cambiar de mundo terminaría finalmente rendido ante el destino inamovible de la humanidad, que era la globalización. Surgió entonces un conformismo pasivo que se apoderó de todas las sociedades, no sólo de las élites políticas y empresariales, sino también de amplios sectores sociales que se adhirieron moralmente a la narrativa dominante.

La historia sin fin ni destino Hoy, cuando aún retumban los últimos petardos de la larga fiesta del fin de la historia, resulta que quien salió vencedor, la globalización neoliberal, ha fallecido dejando al mundo sin final ni horizonte victorioso; es decir, sin horizonte alguno. Donald Trump no es el verdugo de la ideología triunfalista de la libre empresa, sino el forense al que le toca oficializar un deceso clandestino.

Los primeros traspiés de la ideología de la globalización se hacen sentir a inicios de siglo XXI en América Latina, cuando obreros, plebeyos urbanos y rebeldes indígenas desoyen el mandato del fin de la lucha de clases y se coligan para tomar el poder del Estado. Combinando mayorías parlamentarias con acción de masas, los gobiernos progresistas y revolucionarios implementan una variedad de opciones posneoliberales, mostrando que el libre mercado es una perversión económica susceptible de ser remplazada por modos de gestión económica mucho más eficientes para reducir la pobreza, generar igualdad e impulsar crecimiento económico.

Con ello, el fin de la historia comienza a mostrarse como una singular estafa planetaria y de nuevo la rueda de la historia –con sus inagotables contradicciones y opciones abiertas– se pone en marcha. Posteriormente, en 2009, en Estados Unidos, el hasta entonces vilipendiado Estado, que había sido objeto de escarnio por ser considerado una traba a la libre empresa, es jalado de la manga por Barack Obama para estatizar parcialmente la banca y sacar de la quiebra a los banqueros privados. El eficienticismo empresarial, columna vertebral del desmantelamiento estatal neoliberal, queda así reducido a polvo frente a su incompetencia para administrar los ahorros de los ciudadanos.

Luego viene la ralentización de la economía mundial, pero en particular del comercio de exportaciones. Durante los 20 años recientes, éste crece al doble del producto interno bruto (PIB) anual mundial, pero a partir de 2012 apenas alcanza a igualar el crecimiento de este último, y ya en 2015 es incluso menor, con lo que la liberalización de los mercados ya no se constituye más en el motor de la economía planetaria ni en la prueba de la irresistibilidad de la utopía neoliberal.

Por último, los votantes ingleses y estadounideneses inclinan la balanza electoral en favor de un repliegue a estados proteccionistas –si es posible amurallados–, además de visibilizar un malestar ya planetario contra la devastación de las economías obreras y de clase media, ocasionado por el libre mercado planetario.

Hoy, la globalización ya no representa más el paraíso deseado en el cual se depositan las esperanzas populares ni la realización del bienestar familiar anhelado. Los mismos países y bases sociales que la enarbolaron décadas atrás, se han convertido en sus mayores detractores. Nos encontramos ante la muerte de una de las mayores estafas ideológicas de los siglos recientes.

Sin embargo, ninguna frustración social queda impune. Existe un costo moral que, en este momento, no alumbra alternativas inmediatas sino que –es el camino tortuoso de las cosas– las cierra, al menos temporalmente. Y es que a la muerte de la globalización como ilusión colectiva no se le contrapone la emergencia de una opción capaz de cautivar y encauzar la voluntad deseante y la esperanza movilizadora de los pueblos golpeados.

La globalización, como ideología política, triunfó sobre la derrota de la alternativa del socialismo de Estado; esto es, de la estatización de los medios de producción, el partido único y la economía planificada desde arriba. La caída del muro de Berlín, en 1989, escenifica esta capitulación. Entonces, en el imaginario planetario quedó una sola ruta, un solo destino mundial. Lo que ahora está pasando es que ese único destino triunfante también fallece. Es decir, la humanidad se queda sin destino, sin rumbo, sin certidumbre. Pero no es el fin de la historia –como pregonaban los neoliberales–, sino el fin del fin de la historia. Es la nada de la historia.

Lo que hoy queda en los países capitalistas es una inercia sin convicción que no seduce, un manojo decrépito de ilusiones marchitas y, en la pluma de los escribanos fosilizados, la añoranza de una globalización fallida que no alumbra más los destinos.

Entonces, con el socialismo de Estado derrotado y el neoliberalismo fallecido por suicidio, el mundo se queda sin horizonte, sin futuro, sin esperanza movilizadora. Es un tiempo de incertidumbre absoluta en el que, como bien intuía William Shakespeare, todo lo sólido se desvanece en el aire. Pero también por ello es un tiempo más fértil, porque no se tienen certezas heredadas a las cuales asirse para ordenar el mundo. Esas certezas hay que construirlas con las partículas caóticas de esta nube cósmica que deja tras suyo la muerte de las narrativas pasadas.

¿Cuál será el nuevo futuro movilizador de las pasiones sociales? Imposible saberlo. Todos los futuros son posibles a partir de la nada heredada. Lo común, lo comunitario, lo comunista es una de esas posibilidades que está anidada en la acción concreta de los seres humanos y en su imprescindible relación metabólica con la naturaleza.

En cualquier caso, no existe sociedad humana capaz de desprenderse de la esperanza. No existe ser humano que pueda prescindir de un horizonte, y hoy estamos compelidos a construir uno. Eso es lo común de los humanos y ese común es el que puede llevarnos a diseñar un nuevo destino distinto de este emergente capitalismo errático que acaba de perder la fe en sí mismo.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Mensaje a las elites: reformen el sistema ahora, o se lo reformarán los populistas

Mér, 28/12/2016 - 09:31
Wolfgang Münchau, Sin Permiso

Una cosa es decir, como algunos hemos dicho, que las elites liberales occidentales deberían dejar de doblar la apuesta frente a la amenaza populista. Pero, más allá de eso, ¿qué deberían hacer?

Yo empezaría por una reconsideración de la gobernanza macroeconómica: desde los bancos centrales independientes y los objetivos de inflación hasta los mercados financieros desregulados y los objetivos de la política fiscal. Dicho sencillamente: si nosotros, el establishment liberal, fracasamos en eso, los populistas nos lo harán.

Una Marine Le Pen presidenta, por ejemplo, podría sacar a Francia de la Eurozona y dar instrucciones a su banco central para financiar los gastos de su gobierno.

Pero también necesitamos recapacitar más profundamente sobre los arraigados vínculos entre nuestras instituciones, las reglas con las que operan y la teoría macroeconómica prevalente. Buena parte de lo que ahora creemos normal fue establecido bastante recientemente. Los bancos centrales no siempre fueron independientes. Los objetivos directos de inflación son ahora comunes, pero eran desconocidos antes de 1990. Los objetivos a medio plazo en la política fiscal son también una invención moderna, como lo son los consejos fiscales. Tras esas instituciones, tras esas políticas, hay una fundamentación teórica: la macroeconomía neokeynesiana. El propio John Maynard Keynes, con toda probabilidad, consideraría a sus propugnadores promedio como “economistas difuntos”.

La teoría sostiene tres tesis clave. La primera, que un baja tasa de inflación es congruente con el pleno empleo, de modo que basta con que un banco central tenga como objetivo un baja tasa de inflación. La segunda, que la política fiscal no debería usarse para realizar ajustes económicos, sino que debería perseguir objetivos de estabilidad a medio plazo. Y la tercera, que ni la política monetaria ni la política fiscal tienen demasiado impacto a largo plazo.

Es evidente que nada de eso consigue explicar el caos que ahora vemos por doquiera: crisis financieras sin fin; una pérdida permanente de producto económico; desequilibrios persistentes e incapacidad de los bancos centrales para lograr sus objetivos de inflación; tipos de interés cero. No debería sorprendernos que la gente se haya vuelto escéptica frente a expertos económicos que venden teorías que se traducen en predicciones económicas cómicamente falsas e incongruas con la realidad percibida por el común de los mortales.

Estas observaciones son suaves, si las comparamos con las que acaba de dejar escritas Paul Romer, economista jefe del Banco Mundial, en una devastadora crítica de su profesión de economista. Compara la teoría macroeconómica dominante con la teoría de las cuerdas en física. De esta última se dijo en cierta ocasión que “ni siquiera es falsa”.

El señor Romer retrata la macroeconomía moderna como un embrollo incongruente que sólo se sostiene por el interés de gentes comúnmente empeñadas en proteger su propia influencia. El grueso de sus críticas concretas son de naturaleza técnica, y van más allá de lo que cabe reseñar aquí. Comienza citando a Lee Smolin, un físico que, en 2007, observó que la física no había hecho el menor progreso en el último cuarto de siglo. Pues bien; el señor Romer sostiene que el estado de la macroeconomía es peor. Lejos de progresar, ha regresado.

Sus observaciones son ya suficientemente perturbadoras por sí mismas. Pero lo que las hace pertinentes en el contexto de esta discusión es el hecho de que nuestras instituciones de política económica presuponen la idea de que esas teorías son correctas. Nuestros banqueros centrales independientes son macroeconomistas que fueron en su día entrenados en esos mismos modelos que el señor Romer critica.

Hasta comienzos de los 90, la independencia del banco central era una excepción. La Reserva federal y la Deutsche Bundesbank eran independientes antes de 1990, pero no lo eran el grueso de los bancos centrales. Por ejemplo, con toda probabilidad, la mayoría de la gente no apoyaría la idea de que las fuerzas armadas de un país tuvieran que ser independientes porque, supuestamente, los generales saben perfectamente lo que es mejor para nosotros y no habría que importunarles con las fluctuaciones cotidianas de la política.

Si el señor Romer está en lo cierto, y la macroeconomía, lejos de progresar, ha regresado, entonces quienes tratamos de defender el orden liberal deberíamos considerar seriamente la necesidad de recuperar el control de las áreas centrales de la política económica. Deberíamos sacar la política fiscal de las manos del piloto automático y desafiar a la tiranía del ubicuo objetivo de inflación del 2 por ciento. Y deberíamos empezar a distinguir entre los intereses del sector financiero y los del conjunto de la economía. No haberlo hecho es una de las razones del voto favorable al Brexit.

Aunque las razones para desafiar las políticas fundadas en la doctrina macroeconómica dominante son abrumadores, yo dudo mucho de que el establishment llegue de verdad a desafiarlas. Como ocurrió durante la crisis financiera última, los intereses creados se meterán de por medio. Los macroeconomistas que diseñaron los modelos son los guardianes y los beneficiarios del sistema. Son los banqueros centrales independientes. Dirigen los consejos fiscales independientes. Algunos son ministros de finanzas.

No es por casualidad que una famosa serie de televisión de la pasada década –El ala Oeste—imaginara a un Premio Nobel de economía como Presidente de los EEUU. Esa versión del filosofo-rey platónico está hoy pasada de moda.

Con un establishment incapaz de sacar la menor lección de sus derrotas a lo largo de 2016, nuestro sistema está mucho más cerca de ser demolido por los populistas de fuera que de ser reformado desde dentro.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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