Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger5123125
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Piketty y las leyes de la economía

Mér, 03/09/2014 - 16:01
Alejandro Nadal, La Jornada

Algunos de los libros más citados son con frecuencia los menos leídos. Y la obra de Thomas Piketty Capital en el siglo XXI es quizás el ejemplo más reciente. Lástima, porque la lectura desordenada de algunos pasajes y crónicas conduce a conclusiones superficiales y apreciaciones equivocadas sobre uno de los fenómenos más importantes de la historia, la desigualdad económica.

El texto de Piketty se convirtió en un fenómeno literario, una proeza para un libro sobre economía de más de 650 páginas. Se trata de una aportación importante al promover el debate sobre desigualdad económica y los males que entraña, en especial para la democracia y la vida en sociedad.

Pero, ¿es que Piketty es el primero en analizar la desigualdad económica y sus implicaciones en la economía del siglo XXI? La respuesta es negativa. Muchos antes que Piketty han examinado este problema y de manera más profunda. Dos ejemplos son James Galbraith y su equipo en la Universidad de Texas y el grupo de economía política de la Universidad de Massachusetts en Amherst, con Gerald Epstein y Bob Pollin a la cabeza. Otra muestra es el economista Branko Milanovic, cuyo trabajo sobre desigualdad internacional cubrió encuestas ingreso-gasto en hogares de 91 países. Destacan también los trabajos que publica desde 1988 el equipo del Economic Policy Institute en sus informes sobre empleo, desigualdad, salarios e ingresos familiares en Estados Unidos. Y como la lista no se acaba, surge otra pregunta: ¿por qué el libro de Piketty atrajo tanta atención sobre un tema que se había venido trabajando desde años atrás?

La respuesta de Thomas Palley, otro macroeconomista con importantes investigaciones sobre el tema, es que el pequeño mundo de la economía dominante en las universidades del establishment, nunca quiso reconocer el valor de estos trabajos porque sus autores permanecen etiquetados como de izquierda y reconocerlos como interlocutores equivale a legitimarlos. Según Palley parece que el tema de la desigualdad sigue siendo un tabú a menos que sea discutido por la persona ‘correcta’.

Piketty es quizás esa persona. Su libro encuentra perturbadoras tendencias en materia de desigualdad creciente, pero sus herramientas analíticas y sus recomendaciones de política económica dejan mucho que desear. Los conceptos utilizados son los que convencionalmente utiliza la teoría económica neoclásica y han sido desacreditados en debates teóricos bien conocidos. La ignorancia de Piketty sobre estos debates es sorprendente porque tienen que ver precisamente con la definición de capital, palabra clave en el título de su obra.

Entre otras cosas, Piketty sostiene que cuando la tasa de remuneración al capital aumenta más que la tasa de crecimiento de la economía se fortalece la tendencia a una creciente desigualdad. Pero eso implica que Piketty posee una medida del capital pues, de otro modo, su tasa de remuneración carecería de sentido. El problema es que en la definición de este autor el capital es una colección de bienes heterogéneos (edificios, máquinas) y lo único que los une es una medida en términos monetarios. Ahora bien, se sabe desde la controversia sobre la teoría del capital de hace cincuenta años que el valor monetario de esos bienes heterogéneos no puede ser utilizado en sustitución de la cantidad de máquinas y edificios utilizados en la producción.

Este no es un detalle técnico. El corolario de lo anterior es que el capital no recibe una ganancia por su participación en la producción. Los propietarios de las máquinas y edificios no reciben una remuneración ligada a la productividad marginal del capital. Y ahora sí estamos cerca de la médula del problema. En sus leyes fundamentales del capitalismo Piketty utiliza el principal elemento ideológico de la teoría convencional sin cuestionarlo. El establishment le ha respondido: con este tipo de análisis edulcorado sí podemos entablar un diálogo sobre la desigualdad. Bueno, quizás algo es algo.

Piketty encuentra que la desigualdad existe y que hay épocas en las que puede intensificarse. Pero vayamos a la pregunta de fondo: ¿cuál es la causa de esa desigualdad creciente según Piketty? La respuesta se encuentra en varios pasajes y se puede sintetizar en sus palabras: el principal impulso de la desigualdad proviene de la difusión del conocimiento y la inversión en capacitación. Esto es música a los oídos del coro de economistas neoliberales que llevan años afirmando que la desigualdad proviene de un sesgo en el proceso de cambio tecnológico en la economía que proporciona mayor remuneración para ciertos grupos de trabajadores (los que poseen mayor calificación) y menor para otros (los menos calificados).

Todo esto explica por qué el libro de Piketty carece de una buena discusión sobre las causas del estancamiento de los salarios en las principales economías capitalistas a partir de los años setenta. Podemos hablar de desigualdad, por cierto, pero no de salarios. Podemos hablar del capital en el siglo XXI, pero no demasiado sobre capitalismo.
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Goldman Sachs atrapado en su propio juego con hundimiento del Espirito Santo

Mér, 03/09/2014 - 10:01
La quiebra del Banco Espírito Santo tiene una víctima importante al otro lado del Atlántico. De acuerdo con el Wall Street Journal, el banco de inversión estadounidense Goldman Sachs podría perder 835 millones de dólares por un préstamo que concedió a la institución portuguesa poco antes de que se hiciera evidente la situación de bancarrota del banco portugués. Este hecho ayuda a entender por qué Goldman Sachs emitía buenos informes sobre la solidez del principal banco de Portugal, y por qué la prensa financiera aplaudía la gestíón del banco y negaba su bancarrota inminente.

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La nueva carrera transatlántica

Mar, 02/09/2014 - 14:30
Matthew Lynn, El Economista

A lo largo de la historia ha habido carreras transatlánticas épicas, como el cruce sin ayuda del Atlántico que se disputan los regatistas cada cuatro años.

En cualquier caso se trata de un concurso de navegación, fuerza y destreza, que enfrenta a cada marinero contra los elementos y la competición. Ahora mismo hay otra carrera transatlántica en curso, esta vez entre banqueros centrales. ¿Qué país subirá los tipos antes, Gran Bretaña o Estados Unidos?

Tanto el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, como la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, han estado haciendo cada vez más ruido sobre el fin de un quinquenio de dinero súper barato. ¿Quién moverá ficha primero? Por tres motivos, la apuesta inteligente recae en EEUU.

El Reino Unido se verá atrapado inevitablemente por la depresión que está anclada en la Eurozona. Y está entrando en ocho meses de inestabilidad política. Además, su recuperación está mucho menos enraizada. Ningún banquero central querrá ser el primero en subir los tipos porque no quieren que se les culpe de ahogar una recuperación que todavía parece peligrosamente frágil. Pero si alguien lo va a hacer primero, será Yellen y no Carney.

La especulación en los mercados gira sobre si los banqueros centrales van a poner fin a un quinquenio de dinero súper barato, que comenzó con la crisis financiera de 2008, y empezar a subir los tipos de interés. Una cosa está cada vez más clara: es una carrera de sólo dos caballos. El Banco de Japón no va a subir los tipos en un futuro próximo. La abenómics sigue en sus primeras fases y, en todo caso, es más probable que el banco se ponga a imprimir yenes otra vez que a subir los tipos de interés.

¿Y el BCE? Olvídense. La Eurozona se resbala rápidamente hacia la deflación y el crecimiento se ha detenido en seco. El único paso que va a dar ahora es lanzar su propia versión de la facilitación cuantitativa (una subida de tipos es tan probable como que el presidente francés François Hollande introduzca un tipo impositivo único). Los posibles movimientos

Es cierto que algunos bancos centrales muy pequeños podrían moverse antes. Nueva Zelanda ya ha subido sus tipos de interés. Ha habido cierta especulación sobre que Australia podría seguir sus pasos, aunque no lo ha hecho aún. Suecia y Noruega podrían tomar medidas, aunque los suecos salieron escarmentados por la subida de tipos anterior en el ciclo que tuvieron que revertir. Con todo el respeto del mundo, a casi nadie le importa lo que pase en Nueva Zelanda o Noruega. La medida sobre los tipos de interés que importa vendrá de una de las grandes economías.

Y quien mueva primero es importante. En los cinco últimos años, la economía global ha estado en territorio inexplorado. Con la excepción de Japón, los tipos de interés no habían estado tan bajos nunca. ¿Qué ocurre cuando se empiezan a subir de esos niveles? ¿Los mercados se lo toman con calma? ¿O se desploman y caen muertos al suelo? Es como ser el piloto de pruebas de un nuevo avión experimental. Los túneles de viento y simuladores por ordenador puede que digan que es seguro pero hasta que alguien lo suba al aire, nadie lo sabe.

Sea lo que sea lo que predigan los modelos económicos, hasta que no suban los tipos no podremos prever las consecuencias. Es mucho mejor si otro lo hace primero y nos brinda la oportunidad de aprender de su experiencia. En niveles de "emergencia"

¿Quién será, EEUU o el Reino Unido? Ambos países parecen haber pasado del punto en que los tipos necesitan mantenerse a niveles de "emergencia". El FMI prevé que la economía británica se expanda un 3,2% este año. El paro cae a un ritmo decente y los precios de la vivienda aumentan con fuerza. La inflación está controlada.Es cierto que los salarios reales siguen siendo muy débiles pero, aun así, cuesta ver la "emergencia". Según cualquier estándar histórico, la economía funciona perfectamente bien. A nadie se le ocurriría recortar los tipos con ese trasfondo.

Casi lo mismo ocurre en EEUU. La economía se expandió un 4% en el segundo trimestre del año. Es cierto que puede que no se sostenga pero el FMI prevé un crecimiento del 2% este año y de más del 3% el siguiente. El empleo es respetable. Se crean puestos de trabajo y, aunque el crecimiento salarial es invisible, la deuda cae y los precios inmobiliarios se recuperan.

Ha habido rachas más fuertes de crecimiento en EEUU pero, prácticamente como el Reino Unido, cuesta seguirlo viendo como una "emergencia". Sin embargo, es el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, quien se enfrenta a los obstáculos más formidables. Aunque dos miembros del Comité sobre Política Económica ya han votado a favor de una subida de tipos, hay tres factores que retrasarán la decisión.

Primero, el país se dirige hacia un periodo de inestabilidad política. El mes que viene, Escocia votará si quiere ser independiente. Si gana el sí, la libra se sumirá en el caos cuando los dos países intenten desenganchar sus finanzas. En mayo del año próximo habrá elecciones generales y, con las encuestas tan disputadas, el resultado podría estar muy reñido y acabar en otro Gobierno de coalición. Una subida de tipos sólo hará peor una situación inestable. Después, al Reino Unido le va a golpear la depresión de la Eurozona.

En total, el 18% de la economía británica se compone de exportaciones a Europa. Incluso Alemania ha entrado en punto muerto. Esa quinta parte de la economía estará en apuros y tirará del resto hacia abajo.

Por último, su recuperación está mucho menos arraigada. Puede que crezca más rápido que EEUU ahora pero se ha mantenido a flote por una rápida inflación del precio de la vivienda y la constante inmigración. El PIB per capita no crece nada y la vivienda no puede seguir subiendo de precio para siempre. Hay mucha espuma que puede salir volando fácilmente.

Los tipos tienen que subir en algún momento pero la fecha sigue siendo una apuesta tremenda. En estos momentos parece que será Janet Yellen la que tendrá que moverse primero y poner su reputación en juego.

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Por qué se debe poner fin al dominio de la banca en la creación de dinero

Dom, 31/08/2014 - 19:41
En agosto del año pasado y a raiz de los nulos avances para enfrentar la crisis cuestionábamos al FMI con la dura pregunta ¿Saben algo de economía en el FMI?. En ese artículo, mencionábamos el informe de Olivier Blanchard, jefe del FMI, publicado apenas un mes antes de la quiebra de Lehman Brothers (septiemre de 2008) en el cual planteaba "el saludable estado de el macroeconomia". Ahí, Blanchard afirmaba que "todos los problemas de la macroeconomía se encuentran bajo control". Si Banchard quiso referirse a la estabilidad del sistema financiero, éste se desplomó a los 30 días de publicado ese informe; si quiso referirse a la estabilidad macroeconómica mundial, todo el mundo entró en recesión tras la caída de Lehman Brothers. Si a un ingeniero se le desploma un edificio por un error en sus cálculos, o a un médico se le muere un paciente por un error de diagnóstico, tendrá serias dificultades para encontrar trabajo, y además una seguidilla de demandas judiciales. Esto no les ocurre a los mandameses del FMI, que pueden vaticinar el mejor de los mundos aunque el mundo se esté cayendo a pedazos.

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¿Por qué importa el dinero?

Sáb, 30/08/2014 - 18:03
Randall Wray, New Economic Perspectives

Nuestra conferencia Mission Oriented Finance for Innovation explora cómo orientar la financiación hacia lo que Hyman Minsky llamó “el desarrollo del capital en la economía”, definido en un sentido amplio, para incluir la inversión privada, la inversión en infraestructuras públicas y la inversión en desarrollo humano.

Pero para entender cómo, debemos entender qué es el dinero y por qué importa. Después de todo, la financiación es el proceso de poner el dinero en manos de quienes están dispuestos a gastarlo.

La narrativa dominante es que el dinero “engrasa” las ruedas del comercio. Se podría, desde luego, hacer funcionar la máquina comercial sin dinero, pero, sin duda, funciona mejor con el lubricante del dinero.

Según esta narrativa, el dinero fue creado como un medio de intercambio: en vez de cambiar tu plátano por un pescado, ambos usuarios aceptan usar conchas de caracol como intermediario del acuerdo. Con el tiempo, la evolución del dinero incrementó la eficiencia seleccionando, sucesivamente, metales preciosos, en bruto, monedas acuñadas de metales preciosos, papel-moneda respaldado por metales preciosos y, finalmente, dinero fiduciario constituido por monedas metálicas de base, billetes de papel y entradas electrónicas.

Sin embargo, eso nunca ha cambiado la naturaleza del dinero, que era la de facilitar el comercio de bienes y servicios. Como proclamó Milton Friedman, a pesar de la complejidad de nuestra moderna economía, todos los procesos económicos importantes están contenidos en la sencilla economía, fundada en el trueque, de Robinson Crusoe.

El dinero no sería sino un “velo” que obscurecería esa sencilla realidad; en el léxico convencional, el dinero puede ignorarse dada su “neutralidad”. (Para los versados en teoría económica académica, basta referirse al teorema Modigliani-Miller y a la hipótesis de los mercados eficientes, que probarían que las finanzas son irrelevantes.)

Sólo tendríamos que preocuparnos por el dinero cuando hay demasiado: la otra tesis famosa de Friedman es que “la inflación es siempre y en todo momento un fenómeno monetario”; demasiado dinero causa el incremento de los precios. De aquí la preocupación que suscita la actual política de Flexibilización Cuantitativa de la Fed, que ha cuadruplicado el “dinero Fed” (las reservas) y que debería estar provocando una inflación masiva.

En este post ofreceré una narrativa diferente, derivada de la idea de Joseph Schumpeter, según la cual el banquero es el éforo del capitalismo.

Ver el dinero desde la perspectiva del intercambio resulta muy engañoso a la hora de entender el capitalismo.

En la historia de Robinson Crusoe, yo he obtenido un plátano y tú, un pescado. ¿Pero cómo los conseguimos? En el mundo real, los plátanos y los pescados han de producirse y esa producción debe ser financiada.

La producción comienza con el dinero necesario para la compra de los insumos, lo que crea ingreso monetario para comprar productos.

Como decía mi madre, “el dinero no crece en los árboles”. ¿Cómo consiguen el primer dinero los productores? ¿Tal vez vendiendo productos? Lógicamente, es un argumento de regreso infinito: un problema del huevo y la gallina. El primer dólar gastado (por el productor o por el consumidor) tiene que venir de algún sitio.

Hay otro problema. Aun si pudiéramos imaginar que la humanidad “recibió maná del cielo” para empezar a poner en marcha la economía monetaria –digamos, una dotación inicial de un millón de dólares—, ¿cómo explicamos los beneficios, los intereses y el crecimiento?

Si yo soy un productor que ha heredado 1000 dólares y los he gastado en insumos, no me sentiré feliz si consigo con las ventas sólo 1000 dólares. Quiero un rendimiento, tal vez de un 20% (con lo que obtendré 1200 dólares). Si soy un prestamista de dinero, prestaré 1000 dólares, pero también querré obtener 1200 dólares. Y todos nosotros queremos un pastel cada vez más grande. ¿Cómo puedo hacer que ese millón inicial se doble o triplique?

Aquí es donde aparece el “éforo” de Schumpeter. Un éforo es “alguien que supervisa”, y Schumpeter aplicó el término a los banqueros. No necesitamos imaginar el dinero como una suerte de maná, sino que hemos de verlo más bien como la creación de poder de compra controlada por el banquero.

Un productor que desee contratar recursos presenta una propuesta a la consideración del banquero. Mientras el banquero analiza su comportamiento económico en el pasado, así como la riqueza ofrecida como garantía, lo más importante para él será la probabilidad de que las perspectivas de los proyectos sean superiores a las "garantías". Si es así, el éforo avanzará un préstamo.

Más técnicamente, el banquero acepta el pagaré del productor y realiza pagos a los suministradores de recursos (incluido el trabajo) mediante abonos en sus cuentas de depósito. El pagaré del productor es el activo del banquero; los depósitos del banco son su pasivo, pero son los activos de los tenedores del depósito (suministradores de recursos).

Así es como el dinero va a parar a la economía, no vía maná caído del cielo, ni desde los helícópteros de Milton Friedman que lanzan el dinero de los bancos centrales.

Cuando los depositantes gastan (tal vez en bienes de consumo, tal vez para comprar insumos para sus propios procesos de producción), lo hacen con cargo a sus cuentas y se abona a las cuentas de los proveedores.

En nuestros días, el grueso del “dinero” consiste en entradas electrónicas a golpe de tecla en los balances de los bancos. Puesto que vivimos en un ambiente con muchos bancos, los pagos a menudo entrañan al menos dos bancos. Los bancos compensan las cuentas con cargos mutuos; o sirviéndose de depósitos en los bancos correspondientes. Sin embargo, la compensación neta entre los bancos se hace normalmente en los balances del banco central.

Como cualquier otro banquero, la Reserva Federal o el Banco de Inglaterra crean dinero a “golpe de teclado”. El dinero del banco central tiene la forma de reservas o billetes, creados para realizar pagos a clientes (bancos o tesoro nacional) o para hacer compras por su propia cuenta (títulos del tesoro o títulos respaldados por hipotecas).

La creación de dinero por los bancos y por el banco central está limitada por reglas generales como normas de suscripción, criterios de garantías o ratios de capital. Tras el abandono del patrón oro, no hay límites físicos a la creación de dinero. No hay límite físico ninguno para las entradas a golpe de tecla en los balances bancarios. Este reconocimiento es fundamental para las cuestiones que tienen que ver con las finanzas. También resulta aterrador.

Lo bueno del éforo schumpeteriano es que siempre se puede suministrar la financiación suficiente para emplear plenamente todos los recursos disponibles a fin de apoyar el desarrollo de capital de la economía. Podemos servirnos de los golpes de teclado para llegar al pleno empleo.

Lo malo del éforo schumpeteriano es que podemos crear más financiación que la que podemos usar razonablemente. Además, nuestros éforos podrían tomar malas decisiones sobre qué actividades deberían obtener el financiamiento a golpe de teclas.

Es difícil encontrar ejemplos de la creación excesiva de dinero en la financiación de usos productivos. Más bien, el principal problema es que buena parte de las finanzas se crean para alimentar burbujas de precios de los activos. Y eso vale tanto para las finanzas creadas por nuestros éforos de la banca privada como para nuestros éforos de los bancos centrales.

El mayor desafío al que hoy nos enfrentamos no es el de la falta de financiación, sino más bien la manera de impulsar la financiación para promover tanto los intereses privados como el interés público, a través del desarrollo de capital de nuestro país. Este es el tema principal de nuestro Simposio Mission Oriented Finance.
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Ver también ¿Es neutral el dinero en la economía? Una controversia que divide a los economistasUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La historia de Israel y Palestina ¿quienes son los usurpadores?

Sáb, 30/08/2014 - 08:01
Este es un documental imprescindible para entender las tensiones crecientes entre Israel y Palestina y el interminable conflicto de Gaza. El territorio de Palestina albergó durante siglos tanto a judíos como palestinos, pero al comenzar el siglo XX los judíos comenzaron a apropiarse de esa tierra en forma exclusiva desplazando a sus habitantes naturales en una de las operaciones más vergonzosas que ha respaldado occidente. El historiador Renen Berelovich combina en este documental imágenes de archivo con comentarios propios y de otros autores como Ilan Pappe, Jeff Halper, Alan Hart y Terry Boullata. "En este documental independiente, La historia sionista, quiero presentar no solo la historia del conflicto Israel/Palestina, sino también las razones centrales del mismo: la ideología sionista, sus objetivos (pasados y actuales) y su firme control no solo de la sociedad israelí, sino también, y de modo creciente, de la percepción que los occidentales tienen del Oriente Medio.
Estos conceptos ya han sido demostrados en los documentales Ocupación 101, de Abdallah Omeish y Sfyan Omeish, pero en mi documental los trato desde la perspectiva de un israelí, ex-soldado de la reserva y alguien que ha pasado toda su vida a la sombra del sionismo.
Espero que encuentren un momento para ver "La historia sionista" y, siéntanse a gusto para compartirlo con otras personas.
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¿Quienes son los más ricos de Europa?

Ven, 29/08/2014 - 16:29

Este es el mapa de los más ricos de Europa publicado por el periódico británico The Independent (clicar en la imagen para ampliar), o aquí, que indica la persona más rica de cada país, sus activos principales y el volumen estimado de su fortuna. Entre los hombres de negocios más exitosos destaca el propietario español de las tiendas ZARA, Amancio Ortega, dueño de la cadena de tiendas Zara, con una fortuna de 62 mil millones de dólares; la francesa Liliane Bettencourt, dueña de la empresa de fabricación de cosméticos L'Oréal y con una fortuna de 37 mil millones de dólares, y el productor italiano de dulces Michele Ferrero, con una fortuna de 27 mil millones de dólares. Todas las cifras del mapa aparecen en dólares. Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Pese a las tasas del cero por ciento del BCE las empresas del sur de Europa pagan intereses récord

Ven, 29/08/2014 - 09:00
Aunque la tasa de interés para el sistema financiero se encuentra en torno al cero por ciento, para las pequeñas y medianas empresas del sur de Europa se ubica en torno al 5 por ciento, y lejos de 2 por ciento que pagan las empresas alemanas. El costo para las empresas del sur es hoy más caro que antes de la crisis. Esto confirma que las bajas tasas de interés sólo han servido para aumentar la riqueza de la oligarquía financiera. La gráfica esta tomada de un informe del FMI que da cuenta del nulo aporte de las políticas del BCE para resolver los temas cruciales de la crisis europea como el empleo y el crecimiento. Las bajas tasas de interés sólo han beneficiado a los grandes bancos que pueden pedir dinero prestado al costo más bajo de la historia, mientras las empresas que dan vida a la economía real pagan intereses récord.

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Corrección en los mercados bursátiles podría llegar al 60%

Xov, 28/08/2014 - 19:12

Solo un día después de que el índice de S&P 500 cerrara por encima de los 2.000 puntos, por primera vez en su historia, Abigail Doolittle, fundadora de la firma de análisis financiero Peak Theories Research, dijo que la renuencia de la Reserva Federal a elevar las tasas de interés desde mínimos históricos podría desatar una corrección en el mercado que podría competir con la caída observada en 2007 durante la recesión global.
"Por desgracia, creo que podría venir una caída similar a lo que ocurrió en 2007", dijo Doolittle a CNBC. "Se puede ver que toda la tendencia alcista de los últimos cinco años se ha comenzado a revertir... Cuando uno ve ese tipo de giro alrededor de la tendencia, por lo general sugiere que se va a ver una volatilidad severa. Es tan tenebrosa que creo que podríamos ver, posiblemente, un 50% o 60% de corrección. Una reacción igual y opuesta a todos estos movimientos inusuales en las políticas". El banco central de Estados Unidos ha mantenido las tasas de interés a corto plazo cerca de cero desde finales de 2008, ya que ha luchado para impulsar el crecimiento después de la crisis financiera, y ha indicado que no las elevará hasta mediados de 2015. Sin embargo, Doolittle no cree que esta tendencia al alza continuará. "Pese a que estos mercados van al alza, me he vuelto pesimista debido a que las faltas técnicas subyacentes a largo plazo realmente apoyan este punto de vista... Es difícil saber cuál va a ser el catalizador exacto. Pero esa es la naturaleza misma de este tipo de caídas. Empiezan lentamente y luego aceleran su desplome". Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Foreing Affairs sugiere que los bancos centrales deberían dar dinero directamente a los ciudadanos

Xov, 28/08/2014 - 14:54

La prestigiosa y conservadora revista Foreign Affairs, vinculada a la élite política de Estados Unidos, trae una propuesta radical para acabar con la desigualdad global entre ricos y pobres y terminar de una vez con la crisis financiera: los bancos centrales deberían dar dinero directamente a los ciudadanos, dado que las reducciones de impuestos y los planes de estímulo han beneficiado a las oligarquías poderosas pero no han hecho nada por la economía en su conjunto. Para los economistas Mark Blyth y Eric Lonergan, autores del artículo Print Less but Transfer More, Why Central Banks Should Give Money Directly to the People (Imprimir menos y transferir más ¿Por qué los bancos centrales deberían dar directamente dinero a la gente?), publicado en la edición Septiembre-Octubre de Foreing Affairs, esta medida impulsaría la demanda y aboliría el desempleo. Incluso, estimularía la inflación, lo que podría poner fin a la crisis de la deuda global.

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La mirada del buitre: Argentina y Fintech

Mér, 27/08/2014 - 23:49
Alejandro Nadal, La Jornada

Un análisis del modus operandi de los fondos buitres revela vínculos profundos entre la crisis de la deuda externa de los años ochenta y el colapso del sistema financiero global de 2008. Estos vínculos no pueden pasar inadvertidos.

En primer lugar, la presencia de los fondos buitres muestra que el peso de la deuda de los países subdesarrollados perdura como uno de los rasgos más nocivos de la economía mundial y un freno para el desarrollo. En estos días el tema ha regresado al primer plano en las alas de los fondos buitres y su pelea con Argentina.

Sólo que ahora apareció en escena un nuevo personaje: el inversionista mexicano David Martínez Guzmán, fundador y presidente de Fintech, fondo de inversiones cuyas operaciones arrojan nueva luz sobre la versatilidad y capacidad de adaptación de los fondos buitres.

Ya es tradición describir el funcionamiento de los fondos buitres a través de la adquisición de bonos o títulos de deuda con problemas en el mercado secundario, con el fin de redimirlos después a su valor nominal cuando el país deudor recupere algo de su capacidad de pago. Para lograrlo, los fondos buitres no titubean en lanzar una ofensiva legal que puede adoptar varias modalidades y hasta llegar a rastrear todo tipo de activos del país deudor con el fin de incautarlos como medida precautoria. En caso de triunfar, las ganancias para los fondos pueden ser extraordinarias.

Existen muchos ejemplos de lo anterior, pasando por acciones de fondos buitre contra países como Perú, la República Democrática del Congo y Zambia. El ejemplo más reciente es Argentina, que cayó en moratoria de pagos en 2000-01 debido al excesivo endeudamiento heredado del neoliberalismo de Carlos Menem. Ese país tuvo que restructurar su deuda en 2005 pero los fondos Elliott Management y Aurelius Capital Management rehusaron los términos de la restructuración. Desde entonces pelean para obligar el pago del 100 por ciento del valor nominal de esos bonos.

Uno de los fondos que aceptaron la restructuración argentina en 2005 es Fintech. Este fondo del mexicano Martínez Guzmán se dedica a comprar deuda de empresas y países en crisis. Pero su objetivo no es simplemente recuperar el valor nominal de esos títulos adquiridos a precios de castigo. El propósito es obtener o incrementar sus parcelas de control económico. Eso se logra al canjear deuda de mala calidad por acciones de la empresa deudora o al ayudar a destrabar negociaciones entre la empresa rescatada y otros acreedores. De ese modo, Fintech puede lograr una rentabilidad más duradera o penetrar en mercados en los que las barreras a la entrada son altas y a veces infranqueables.

En 2005 los fondos buitres que rechazaron la restructuración argentina no ocultaron su desagrado con Fintech. Poco después Elliott Management y Fintech volvieron a enfrentarse en un litigio relacionado con la quiebra de la empresa Vitro. En 2009 esta empresa se encontró en dificultades (por malas inversiones en el mercado de derivados) y acudió a Fintech para obtener recursos frescos. La intervención de Fintech permitió una restructuración financiera, al adquirir la deuda que Vitro tenía con Elliott y Aurelius a cambio de la promesa de esos fondos de no ejercer acciones legales en Estados Unidos contra el concurso voluntario de quiebra abierto por la mencionada Vitro. Fintech salió de la operación con 20 por ciento de participación en Vitro y otras ventajas.

En 2006, un año después de apoyar la restructuración de la deuda argentina, Martínez Guzmán se reunió con Néstor Kirchner en Nueva York. Unos días después adquirió 40 por ciento de las acciones de Cablevisión, el sistema de televisión por cable del grupo Clarín. Es posible que Fintech haya desempeñado un importante papel en los esfuerzos por debilitar el grupo Clarín, enemistado con los Kirchner desde 2008 por sus reportajes sobre el paro nacional agropecuario. Hoy Fintech tiene fuertes inversiones en los sectores energético y de telecomunicaciones en Argentina. No es absurdo conjeturar que Fintech y Kirchner se ayudan mutuamente, en Wall Street y en Buenos Aires.

El funcionamiento de Fintech es similar a la práctica de los canjes (swaps) de deuda utilizados en los años noventa para enfrentar el problema de la deuda de los países subdesarrollados, en especial en América Latina. En aquellos años la falta de un mercado secundario de bonos soberanos condujo al FMI y al Departamento del Tesoro a crear el artificio de los canjes de deuda. Ese es el mismo mecanismo que utilizan Fintech y muchos fondos similares.

Hoy el FMI se inquieta por las prácticas de los fondos buitres y el riesgo que entrañan los fallos judiciales en Estados Unidos. Hasta publica estudios sobre las prácticas depredadoras de estos fondos. Pero muestra amnesia selectiva al olvidar que su sistema de restructuración de deuda soberana siempre se organizó para salvaguardar los derechos del capital financiero a un gigantesco costo social y económico en docenas de países.

En El Corazón delator Edgar Allan Poe relata el homicidio de un anciano cuyo único defecto consistía en tener un ojo de buitre. El asesino no tolera su mirada y decide liquidarlo. Hoy el FMI encuentra intolerable que los fondos buitres anden sueltos y puedan poner en riesgo el sistema de sumisión de deudores que tantos años le ha costado construir. ¿Habrá olvidado que el padre de todos los fondos buitres es el capital financiero?

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China da un nuevo paso contra la hegemonía del dólar

Mér, 27/08/2014 - 15:59

La guerra de divisas escala un nuevo peldaño con el acuerdo cerrado ayer en Frankfurt entre el gobierno chino y el principal centro financiero de Europa. El Banco de China ha invitado a los bancos alemanes a utilizar su servicio de compensación en yuanes y el Deutsche Bank firmó como su primer cliente. Este anuncio consolida para China la creación de un centro europeo para el comercio en yuanes, después del realizado en Londres con la libra esterlina. Frankfurt, la capital financiera de Alemania, prevaleció sobre París y Luxemburgo en este nuevo avance del gigante asiático para hacer del yuan una divisa mundial.

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Yellen y Draghi confirman el fracaso de la política monetaria

Mar, 26/08/2014 - 15:56

Las políticas monetarias de la zona euro para hacer frente a la crisis financiera han sido un fracaso total, como ha reconocido el propio Mario Draghi en su discurso en Jackson Hole, el congreso donde se reúnen los principales banqueros centrales del mundo. El precio que la eurozona está pagando por estas políticas ha comenzado a socavar incluso la estabilidad de los países del norte trasladando una crisis que, según Ángela Merkel, era de los países del sur. Alemania está sufriendo un serio retroceso, Italia ha vuelto a entrar en recesión, y Francia puede ser el siguiente país en volver a la senda recesiva dado que su economía se encuentra en una situación desastrosa. Ayer renunció el primer ministro Manuel Valls asegurando que Francia no podrá cumplir los objetivos de déficit. El gobierno de Francois Hollande es uno de los más impopulares de todos los tiempos y el avance de la ultraderechista Marine Le Pen aterra a los conservadores franceses.

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La crisis pasa del sur al norte

Lun, 25/08/2014 - 17:30
Matthew Lynn, El Economista

Durante la mayor parte de sus cuatro años de vida, la crisis de la Eurozona ha seguido un guión muy sencillo. Los países derrochadores del sur, con sus mercados laborales excesivamente regulados, sistemas fiscales deficientes y renqueantes industrias, se permitieron perder la competitividad hasta unos niveles nefastos comparados con sus rivales del norte y estuvieron al borde de la quiebra. Los países del norte marchaban por delante y se resistían a rescatar a sus vecinos del sur.

Sin embargo, las cifras de este año sugieren que la crisis ha cambiado: la economía alemana encoge, Finlandia está casi en recesión, al igual que Bélgica y Holanda, Francia está plana y podría encoger muy pronto. Por el contrario, España y Portugal se expanden a la mayor velocidad de la Eurozona, Grecia se ha estabilizado e incluso Chipre muestra signos de mejora.

¿Esta crisis nunca se acaba?El repentino revés de la fortuna tiene dos consecuencias. La primera es que sugiere que esta crisis nunca se acaba. Como el agua dentro de un globo, se mueve de un sitio a otro pero su cantidad sigue siendo la misma. La Eurozona está atrapada en una depresión permanente que no parece tener salida. La segunda es que la teoría de un sur no competitivo y gastón se ha hecho añicos y la élite política tendrá que dar con una explicación mejor de los fracasos del continente. Ambas situaciones cambiarán el debate del euro y obligarán al norte a cuestionarse asuntos espinosos que hasta ahora había evitado. Las últimas cifras del crecimiento (si es que se puede llamar así) en Europa han sido sobrias. Alemania alcanzó los titulares con un descenso del 0,2% del PIB en el segundo trimestre de este año, un rendimiento pésimo para el país que se supone que es el centro neurálgico de la Eurozona. Si nos acercamos más a los números, emerge un patrón curioso: al sur le ha estado yendo bastante mejor, mientras que el norte empeora.

Fijémonos primero en el norte. Alemania, como todos sabemos, ha tenido un mal trimestre, con una producción en descenso. Finlandia, que no puede estar más al norte en la Eurozona, apenas ha logrado arañar un crecimiento del 0,1% y eso después de dos trimestres consecutivos de encoger al 0,3%. Holanda sólo ha conseguido crecer al 0,5% y encogió el trimestre anterior. Bélgica sólo ha tenido un mísero crecimiento del 0,1% y Austria nada más el 0,2%. Francia se situó en cero.

Al sur del continente hay signos alentadores, por lo menos según los últimos estándares catastróficos de la región. España resucita y registra una expansión del 0,6% en el trimestre, casi tan fuerte como la del Reino Unido. Portugal se apunta un crecimiento del 0,6% también, más que respetable para un país que tuvo que ser rescatado hace tres años.

Hasta la maltrecha Grecia empieza a dar señales de vida. En el último trimestre, su economía se encogió al 0,2% pero ha sido su descenso más bajo desde 2008, antes del inicio de la euro-crisis, y mucho mejor que el 0,5% de caída que preveían casi todos los economistas. Es posible que la economía interrumpa su descenso a finales de año. La velocidad del declive de Chipre también se ralentiza. Únicamente Italia sigue de capa caída, con una bajada del 0,2% del PIB que amenaza con prolongar una depresión que parece haber durado desde que se unió al euro.

Hace tres años se acuñó el término peyorativo PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) para referirse a los países de la periferia de la Eurozona. Sin embargo, este año con la excepción de Italia, son los PIIGS los que rinden por delante de los otros. Recordemos que Irlanda, el último miembro del quinteto, podría expandirse en más del 3% gracias al sólido rendimiento de sus exportadores. Resulta que los cerdos vuelan. Y eso tendrá tres grandes consecuencias.

Primero, deja claro que la crisis no tiene un final claro. Cuando era sólo la periferia la que tenía problemas, los políticos de la Eurozona dieron por hecho que en cuanto los países del sur empezaran a recuperarse, toda la zona volvería a crecer a un ritmo decente. Era la base de la expectativa de que el continente rindiera mucho mejor este año pero las esperanzas se han ido al traste.

La crisis no ha hecho más que moverse de sitio y no parece querer irse. A medida que el sur mejora, el norte se apaga. Y se vuelve más y más intratable con cada año que pasa.

Segundo, cambia el guión. En Alemania en particular, la opinión generalizada era que la periferia se lo había buscado. Sus economías no eran competitivas y sus políticos se gastaban demasiado dinero prestado. Para mejorar, tenían que hacer reformas (es decir, parecerse más a Alemania). Sin embargo, la regresión del rendimiento ha tirado por la borda ese guion.

Si es cierto, ¿cómo es posible que los españoles, con un mercado laboral notoriamente ineficiente, vayan mejor que los alemanes? ¿Y por qué están tan mal Finlandia y Bélgica? A medida que el sur mejora, cada vez parece más que la clave de la crisis es una escasez crónica de demanda y no el fracaso de las reformas en la periferia. A veces afectará al norte y otras al sur pero siempre estará dentro de la eurozona.

Por último, ¿quién rescatará al sistema? Mientras avanzaba la crisis, se suponía en todo momento que los países septentrionales de alto rendimiento acabarían rescatando a los de bajo rendimiento del sur. Pero si Alemania, Austria y demás están sufriendo también, no se puede esperar que subvencionen a sus vecinos. ¿Quién va a pagar la cuenta?

En los tres últimos años, los líderes de la eurozona han insistido en que el problema fundamental de la eurozona era la falta de competitividad en la periferia. Se propusieron arreglarlo obligando a hacer reformas. Los últimos datos demuestran que el análisis era erróneo desde el principio y, por lo tanto, la cura también lo es. ¿Cuál es el plan B? Por desgracia, nadie lo sabe aún.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Mario Draghi da un giro en 180 grados a las políticas del BCE

Lun, 25/08/2014 - 15:53

En la conferencia anual de política monetaria que se celebra en Jackson Hole, Wyoming, Mario Draghi dió un golpe de timón contra Ángela Merkel rechazando los planes de austeridad y anunciando políticas para impulsar la demanda agregada, inclinándose así a las presiones de Francia e Italia. La conferencia de Jackson Hole es uno de los eventos más esperados del año dado que asisten los principales banqueros centrales del mundo, incluyendo a Janet Yellen, de la Reserva Federal; Mario Draghi, del BCE; y Haruhiko Kuroda, del Banco de Japon, junto a muchos otros banqueros. Es una reunión donde se discuten los avances de las políticas monetarias frente a la crisis, reconociendo que en muchos casos sólo ha habido retroceso.

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Joseph Stiglitz: La moratoria "a la Griesa" de Argentina

Lun, 25/08/2014 - 09:00

Joseph Stiglitz, Project Syndicate

El 30 de julio pasado los acreedores de Argentina no recibieron su pago semestral sobre los bonos reestructurados tras la última moratoria de este país, en el año 2001. Argentina había depositado 539 millones de dólares en el Bank of New York Mellon unos días antes para dicho efecto. No obstante, este banco no pudo transferir los fondos a los acreedores: el juez federal de Estados Unidos Thomas Griesa había ordenado que Argentina no podía pagar a los acreedores que aceptaron su reestructuración hasta que primero pague completamente —incluyendo el pago de intereses vencidos— a aquellos acreedores que se negaron a participar en dicha restructuración.

Por primera vez en la historia, un país que está dispuesto y tiene la capacidad para pagar a sus acreedores no puede hacerlo porque un juez se lo impide. Los medios de comunicación denominan a la situación como una suspensión de pagos por parte de Argentina, pero el hashtag #griesafault en Twitter describe dicha situación de manera mucho más precisa. Argentina ha cumplido con las obligaciones que tiene con sus ciudadanos, y también con las que tiene con sus acreedores quienes aceptaron la reestructuración que este país realizó. El fallo de Griesa, sin embargo, alienta el comportamiento usurero, se torna en una amenaza para el funcionamiento de los mercados financieros internacionales y desafía un principio básico del capitalismo moderno: los deudores insolventes necesitan un nuevo comienzo.

Las moratorias soberanas son eventos comunes que tienen muchas causas. Para Argentina, la ruta a su suspensión de pagos del año 2001 comenzó cuando su deuda soberana se incrementó rápidamente en la década de los años 1990; dicho aumento se produjo de manera concurrente a las reformas económicas neoliberales del “consenso de Washington”, las mismas que, según las creencias de los acreedores, iban a enriquecer al país. El experimento falló, y el país sufrió una profunda crisis económica y social, con una recesión que duró desde el año 1998 hasta 2002. Al final de dicho período, se alcanzó un porcentaje récord: el 57,5% de los argentinos se encontraban viviendo en niveles de pobreza, y la tasa de desempleo se disparó hasta alcanzar un 20,8%.

Argentina reestructuró su deuda en dos rondas de negociaciones, en 2005 y 2010. Más del 92% de los acreedores aceptaron el nuevo acuerdo, y recibieron bonos intercambiados y bonos indexados al PIB. Todo funcionó bien, tanto para Argentina como para los que aceptaron la reestructuración. La economía creció vertiginosamente, por lo que la rentabilidad de los bonos indexados al PIB fue muy generosa.

Pero los llamados inversores buitre vieron la oportunidad de obtener beneficios aún mayores. Los buitres no eran ni inversores a largo plazo en Argentina, ni optimistas que creían que las políticas del “consenso de Washington” funcionarían. Eran, simplemente, especuladores que se abalanzaron tras la moratoria del año 2001 y compraron bonos, que fueron vendidos por inversores en pánico a un precio equivalente a una fracción de su valor nominal. Posteriormente, demandaron a Argentina para obtener el 100% de dicho valor. NML Capital, una filial del fondo de cobertura Elliot Management, cuyo ejecutivo principal es Paul Singer, invirtió 48 millones de dólares en bonos en 2008; gracias al fallo de Griesa, NML Capital ahora debería recibir 832 millones —una ganancia de más del 1.600%—.

Las cifras son tan altas, en parte, debido a que los buitres buscan cobrar su inversión con los intereses, intereses que, en el caso de algunos valores, incluyen una prima de riesgo país —el tipo de interés más alto ofrecido cuando se emitieron los bonos para compensar la percepción de que existía entonces de que había una posibilidad de suspender pagos—. Griesa consideró que esos tipos eran razonables. Económicamente, sin embargo, no tienen ningún sentido. Cuando un país paga una prima de riesgo sobre su deuda, significa que la moratoria es una posibilidad. Pero si un tribunal dictamina que un país siempre debe reembolsar su deuda, no existe un riesgo de suspender pagos que deba ser compensado.

El reembolso en los términos estipulados por Griesa devastaría la economía argentina. NML Capital y los otros buitres, que a pesar de que en su conjunto solamente representan al 1% de los acreedores, recibirían un total de 1.500 millones de dólares. Otros acreedores que se negaron a participar en el proceso de reestructuración (un 6,6% del total) recibirían 15.000 millones. Y, debido a que en la reestructuración de la deuda se estipula que todos los acreedores que aceptaron dicha restructuración podrían demandar que sus deudas sean tratadas de acuerdo con los mismos términos que se otorgan a los acreedores que se negaron a participar en la quita, Argentina podría entrar en apuros ya que tendría que pagar 140.000 millones adicionales.

Por lo tanto, cada ciudadano argentino podría adeudar más de 3.500 dólares —es decir, más de un tercio del ingreso promedio anual per cápita. Si se aplicará la proporción equivalente en Estados Unidos, ello significaría que todos los ciudadanos estadounidenses estarían obligados a pagar alrededor de 20.000 dólares—, un dinero que iría a llenar los bolsillos de algunos multimillonarios que están decididos a exprimir a Argentina y dejarla sin un centavo.

Pero, además, la existencia de las permutas por incumplimiento crediticio (CDS por su denominación en inglés) crea la posibilidad de mayores ganancias para los buitres. Una permuta de incumplimiento crediticio otorga un seguro frente a un incumplimiento, ya que paga en caso de que los bonos no paguen. Los CDS pueden producir ganancias sustanciales, independientemente de si los bonos son o no son reembolsados —reduciendo de esta manera el incentivo que tuviesen los titulares de los bonos para llegar a un acuerdo—.

En el período previo al 30 de julio, los buitres llevaron a cabo una campaña del miedo. Ellos aseveraban que una segunda suspensión de pagos en 13 años sería un gran revés para Argentina, ya que amenazaría a la frágil economía del país. Sin embargo, todo ello se basaba en la conjetura de que los mercados financieros no irían a distinguir entre una suspensión de pagos corriente de una moratoria a la Griesa, o como se la denomina en inglés una Griesafault. Afortunadamente, los mercados sí hicieron esa distinción: los tipos de interés para las diferentes categorías de préstamos a empresas argentinas no reaccionaron ante el suceso. De hecho, los costos de endeudamiento al 30 de julio fueron más bajos que la media de todo el año.

En última instancia, sin embargo, se pagará un precio alto por esa moratoria a la Griesa -—el precio será menor para Argentina que el que tendrá que pagar la economía mundial y los países que necesiten acceso a financiación externa—. EE UU también sufrirá. Sus tribunales han sido una farsa: como un observador ha señalado, queda bien claro que Griesa nunca ha llegado a desentrañar la complejidad del tema. El sistema financiero de Estados Unidos, que ya ha ganado práctica en explotar a estadounidenses que viven en niveles de pobreza, ha ampliado sus esfuerzos, expandiéndolos a nivel mundial. Los prestatarios soberanos no van a confiar —ni deberían— en la imparcialidad y competencia del poder judicial de EE UU. El mercado para la emisión de dichos bonos se trasladará a otro lugar.
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Ver también: Los fondos buitres que acosan a Argentina también van por España - See more at: http://mamvas.blogspot.com/2014/07/los-fondos-buitres-que-acosan-argentina.html, Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Un mundo sin bancos privados. (Un experimento intelectual)

Dom, 24/08/2014 - 17:16
J.D. Alt, Sin Permiso

Cuando quieres entender algo más claramente, a veces es útil imaginar el mundo sin ese algo. Acabo de terminar un libro (Repensar el dinero, escrito por Benard Lietaer y Jacqui Dunne) que anda tan profundamente confundido sobre el modo en que nuestro sistema bancario privado “crea nuestro dinero” (pero perversamente rechaza crear lo bastante), que me ha despertado la necesidad de aclararme a mí mismo qué es realmente el sistema bancario privado. Así surgió la idea de imaginar un mundo sin ningún tipo de bancos privados y tratar de ver en qué momento y con qué propósito llegaron a ser útiles y aun, tal vez, necesarios.

Es desde luego posible imaginar un sistema monetario que, hasta cierto punto, funcione muy bien sin bancos privados: un gobierno colectivo (soberano) instituye un tesoro que emite, a iniciativa del gobierno colectivo, dólares fiduciarios. El gobierno colectivo instituye la necesidad de que los ciudadanos ingresen ese tipo de dólares fiduciarios por la vía de imponerles impuestos que sólo pueden pagarse con esos mismos dólares fiduciarios. Dado lo cual, el soberano puede ahora emitir dólares para comprar a esos mismos ciudadanos tantos bienes y servicios colectivos como puedan producir los ciudadanos, según el tiempo, los materiales, la energía y la tecnología de que dispongan. Los dólares fiduciarios que los ciudadanos ingresan al crear esos bienes y servicios colectivos serán entonces usados, no sólo para pagar sus impuestos, sino también como medio de intercambio entre ellos mismos para las cosas que privadamente producen, poseen o consumen. Así, se crean dos mercados que usan la misma moneda como medio de intercambio: el mercado de bienes y servicios colectivos y un mercado de bienes y servicios privados.

El deseo de los ciudadanos de “ahorrar” dólares para los malos días podría verse facilitado por el soberano que instruye al tesoro para que emita bonos generadores de intereses. Los ciudadanos podrían entonces cambiar su exceso de dólares fiduciarios por esos bonos, en el bien entendido de que no podrían volver a convertir esos bonos en dólares durante un determinado período de tiempo. Eso crea la ventajosa situación siguiente: a) los ciudadanos pueden incrementar sus ahorros hasta el día en que ya no pueden seguir obteniendo ingresos y vivir de su trabajo; y b) el soberano colectivo puede reducir el número de dólares en circulación (como estrategia para mantener la estabilidad de precios).

Hasta aquí, no tenemos necesidad ninguna de un sistema bancario privado. El soberano colectivo puede emitir dólares, recaudar impuestos y emitir bonos. Los ciudadanos pueden ingresar dólares y luego usar esos dólares como medio de intercambio entre ellos para obtener bienes y servicios privados. Pueden ahorrar para el futuro cambiando su exceso de dólares por bonos generadores de intereses, y pueden “votar” a favor de pagarse a sí mismos para producir todos y cada uno de los bienes y servicios colectivos que su disposición de tiempo, materiales, energía y tecnología les permita producir. A mí esto me suena mucho a sociedad feliz y próspera.

Deberíamos, no obstante, observar que la circulación total de dólares disponibles para el intercambio privado de bienes y servicios está limitada por lo que ha sido pagado a los ciudadanos a cambio de la producción de bienes y servicios colectivos (menos los impuestos recaudados, menos los dólares que se han cambiado por bonos generadores de intereses, más los pagos de intereses dimanantes de esos bonos). Muy bien podría ser que no hubiera bastantes dólares para subvenir a los esfuerzos de los ciudadanos empeñados en producir e intercambiar los bienes y servicios privados que desean. Las cosas privadas deseadas o aun desesperadamente necesarias –y para las que habría recursos disponibles— podrían dejar de ofrecerse simplemente por falta de dólares suficientes para facilitar los intercambios necesarios en su producción o suministro.

En tales circunstancias, es posible imaginar varios modos por los que el soberano colectivo podría inyectar más dólares fiduciarios en el mercado privado, además de –y añadidos a— la compra de bienes y servicios colectivos. Sin embargo, aunque los procesos democráticos (cuando funcionan adecuadamente) pueden dirigir razonablemente bien la producción de bienes colectivos, parece evidente que esos mismos procesos (aun funcionando adecuadamente) no son muy aptos para decidir qué bienes y servicios privados y en qué cantidad han de crearse. No es, pues, claro cómo podría el soberano colectivo saber a ciencia cierta cuántos dólares fiduciarios nuevos debe crear, ni cómo distribuirlos a fin de que las necesidades de bienes y servicios privados sean óptimamente satisfechas.

Bien podría ser que un sistema bancario privado pudiera resolver ese problema. El soberano colectivo podría habilitar la formación de un sistema de bancos privados, investido cada uno de ellos del privilegio legal de apalancarse en dólares fiduciarios soberanos para emitir “préstamos” a los ciudadanos, unos préstamos respaldados por sólo una fracción de los dólares soberanos de que realmente dispone el banco. El modelo de negocio podría desarrollarse más o menos así:

El soberano colectivo concede a un banco privado una franquicia legal. El banco privado, entonces, crea un incentivo para que los ciudadanos depositen en el banco sus dólares en mano: el incentivo es la promesa del banco de pagar al ciudadano algún tipo de interés, o tal vez el suministrarle un talonario de cheques o servicios de compensación de cheques, descargándole de la molestia de tener que llevar consigo grandes cantidades de efectivo. El banco queda, así pues, autorizado por la franquicia concedida por el soberano colectivo para emitir “préstamos” a los ciudadanos –denominados en moneda soberana— por montos que pueden rebasar (en un porcentaje especificado) el volumen de los dólares que el banco tiene en depósito. Por ejemplo, el banco podría estar autorizado a emitir un determinado número de nuevos “dólares-crédito” por cada dólar fiduciario que tenga en depósito. El banco generaría, entonces, beneficios por la vía de recoger intereses sobre sus préstamos.

Es importante reparar en el hecho de que el soberano garantiza que esos “dólares de crédito son tan aceptables como los dólares soberanos “reales”, comprometiéndose a convertir los “dólares-crédito” en “dólares soberanos” en cualquier momento que se pida. Con esa infalible promesa en curso, los “dólares-crédito” llegan a ser, a todos los efectos prácticos, indistinguibles de los “dólares soberanos”. Y el resultado neto es que la cantidad de dólares en circulación se ve espectacularmente incrementada, suministrando una base monetaria para una producción y un intercambio enormemente acrecidos de bienes y servicios privados.

Podría incluso imaginarse una suerte de ingenioso mecanismo operante en este nuevo escenario, porque, si todo va bien con los incentivos adecuados, el monto de los nuevos “dólares-crédito” creados se acercará mucho al monto de los nuevos dólares que realmente se necesitan para los intercambios privados, contribuyendo así a la estabilidad de precios. Eso es así porque los “dólares-crédito” emitidos por los bancos privados se emiten con el propósito, ya de producir, ya de comprar bienes y servicios reales que los ciudadanos privados desean o necesitan: y eso es continuamente verificado por el interés que tiene el banco emisor en asegurarse una alta probabilidad de recuperar el dinero del crédito. Antes de la emisión del préstamo, pues, el banco hace sus averiguaciones para confirmar que lo que producirán los dólares de nueva creación es, en efecto, algo que alguien desea comprar, o que lo que alguien desea comprar es, en efecto, algo que puede producirse al precio de compra previsto. El banco, así pues, se asegura tanto como puede de que la persona que se propone producir algo tiene, en efecto, la pericia y los recursos necesarios para producirlo (o de que la persona que se propone una compra dispone de un flujo futuro esperado de ingresos que le permitirá devolver el préstamo).

De modo que, al añadir un sistema de banca privada a nuestro mundo imaginado, lo que hemos hecho es crear una situación en la que los bienes y servicios, tanto colectivos como privados, pueden producirse, cambiarse y consumirse según sean las necesidades, siempre que se disponga de los recursos necesarios para producirlos (tiempo, trabajo, materiales, energía y tecnología). Los ciudadanos pueden ahorrar para el día en que ya no puedan seguir ganándose el sustento con su trabajo. Los precios pueden mantenerse relativamente estables por el ininterrumpido drenaje de dólares efectuado en el mercado de bienes y servicios privados por la recaudación de impuestos y por las emisiones de bonos. Parecería un diseño poco menos que perfecto. Debemos, empero, preguntarnos: ¿hay cosas que pueden ir mal, cosas que no habrían ocurrido, si no hubiéramos introducido los bancos privados en nuestro mundo imaginario?

Las cosas podrían ir mal, pongamos por caso, si los ciudadanos empiezan a usar los nuevos “dólares-crédito” para desarrollar actividades distintas de las de producir e intercambiar bienes y servicios reales. Antes de introducir los bancos privados en nuestro mundo imaginado, todos los “nuevos” dólares creados (por voluntad soberana) se gastaban siempre para crear bienes colectivos reales. Pero los “dólares-crédito” podrían potencialmente usarse para otras actividades. Los ciudadanos, por ejemplo, podrían comenzar a usar los “dólares-crédito” para apostar sobre si los precios de las acciones de una empresa subirán o bajarán. O podrían usar los “dólares-crédito” para comprar empresas cuyas ventas o cuyos productos anduvieran en apuros, a fin de despedir a sus trabajadores y liquidar con beneficios los activos de esas empresas. En todos estos ejemplos, el problema es que los nuevos “dólares-crédito” incrementan la oferta monetaria circulante en el mercado privado sin producir bienes o servicios que los ciudadanos deseen o necesiten (o puedan siquiera gastar sus dólares para comprarlos).

Este problema podría verse exacerbado, si los bancos privados decidieran que es más rentable embarcarse ellos mismos en este tipo de “estrategias de inversión” (en vez de mantenerse en su modelo de negocio original de realizar préstamos y obtener los correspondientes intereses). Se hallarían, desde luego, en una posición única de apalancamiento para hacer exactamente eso. Los directores de los bancos privados podrían crear filiales propiedad del banco y, luego, emitir “dólares-crédito” para las filiales, a fin de “invertir” en apuestas financieras. Si algo así llegara a ocurrir y, bajo el impulso del lado codicioso de la naturaleza humana, la cosa creciera desapoderadamente y se saliera de madre, es fácil imaginar la extraña situación resultante cuando se creara un enorme exceso de nuevos dólares jamás gastados ni en producir ni en comprar nada real (ni en emplear a ciudadanos que produjeran esas cosas). Los ganadores de las apuestas financieras podrían amasar gigantescas sumas de dólares –el grueso de los cuales, destinados a la realización de ulteriores apuestas—, mientras más y más ciudadanos se irían viendo reducidos a la búsqueda desesperada de algún puesto de trabajo que les permitiera subvenir a sus necesidades.

Un escenario todavía peor podría ocurrir, si los ciudadanos ganadores de apuestas empezaran a usar su potencia e influencia financiera para “comprar” el proceso democrático, guiando la orientación y las políticas del gobierno colectivo. Si eso ocurriera, ese relativamente pequeño grupo de ciudadanos se encontraría en una posición de suma ventaja a la hora de apropiarse privadamente de prácticamente todos los bienes y servicios colectivos poseídos por la sociedad, con el resultado de la substancial esclavización del resto de la sociedad. La estrategia para hacer eso entrañaría probablemente algo a lo que ya hemos aludido antes, sin duda demasiado de pasada. Y es el hecho de que la infalible promesa del soberano de convertir, siempre que se solicite, los “dólares-crédito” de los bancos privados en reales dólares fiduciarios soberanos –la promesa que otorga funcionalidad al sistema bancario— hace que los dos tipos de dólares resulten, a todos los efectos prácticos, indistinguibles. Esa indistinta confluencia de los dos tipos de dólares permite a los asaltantes del poder perpetrar la construcción de los dos mitos que hacen posible su toma de control:

1) el mito de que los bancos privados, operando en un mercado privado, crean en exclusiva todos los dólares estadounidenses que existen; y

2) el consiguiente mito de que la única manera que tiene el gobierno colectivo de conseguir dólares para gastos en bienes y servicios colectivos es o recaudando impuestos o tomando prestado de los ciudadanos.

El proceso originario (y aún muy “operativo”) de creación de dólares soberanos fiduciarios con el propósito de crear bienes y servicios colectivos vendría a ser suprimido por los asaltantes del poder, los cuales, encima, se permitirían denigrarlo como un irresponsable proceso de “imprimir billetes”; algo que, por implicación, resultaría, además de ilegal, falto de ética. Los ciudadanos en trance de ser controlados terminarían, además, persuadidos de que su gobierno colectivo está acumulando deuda a un ritmo muy superior al de su capacidad para devolverla. Con lo que sólo quedaría, entonces:

a) reducir drásticamente los dólares gastados en bienes colectivos; y

b) pagar las deudas públicas mediante la puesta en almoneda y liquidación de los bienes colectivos existentes (carreteras y aeropuertos, plantas de tratamiento de residuos y sistemas de canalización hidráulica, parques nacionales y escuelas públicas) a los ciudadanos privados que han amasado exageradas fortunas en dólares. Una vez transferidos a la propiedad privada los que eran de dominio público totalmente libres o muy accesibles, comenzará la multiplicación de peajes y rentas que contribuirán al ulterior enriquecimiento de los asaltantes del poder y a la ulterior pauperización del ciudadano medio.

Sin embargo, resulta difícil de imaginar que una ciudadanía racional pueda llegar a ceder su sistema monetario soberano –que funciona estupendamente en la creación de muchos bienes y servicios colectivos de los que ella misma depende, o de los que ella misma disfruta y se aprovecha— y volverse tan sociópata y destructiva como hemos llegado a imaginar aquí. Desde luego, si llegara a introducirse una banca privada –y parece que hay ciertos beneficios sociales que podrían sacarse de hacerlo—, habría que instituir un pequeño conjunto de reglas capaces de impedir el advenimiento del escenario de pesadilla que se acaba de fantasear.
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J.D. Alt es un reconocido arquitecto norteamericano que en los últimos años se ha interesado en la teoría econónima, integrándose en el grupo de investigación postkeynesiano conocido como Teoría Monetaria Moderna. Escribe regularmente en New Economic Perspectives

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Los “agronegocios”, el control del dólar y las amenazas a la soberanía económica de la Argentina

Xov, 21/08/2014 - 22:24

Atilio Borón, Alainet

A diferencia de otros países de América Latina, la historia económica argentina presenta como uno de sus rasgos más distintivos la periódica aparición de restricciones en el sector externo ocasionadas por la escasez de dólares para sostener las necesidades de la importación y, en mucho menor medida, el ahorro de las capas medias. En estos días se ha conocido, si bien no de manera oficial y explícita, que el puñado de gigantescas cerealeras que controlan la producción y exportación de granos y oleaginosas de este país sólo han procedido a vender poco más de la tercera parte de la última cosecha: un 37 por ciento.[1] En otras épocas a esta altura del año ya habían liquidado las dos terceras partes, pero esta vez tal cosa no ocurrió. Al actuar de esta manera las multinacionales dominantes en el sector han disminuido significativamente el aporte de dólares a la economía argentina que, como es bien sabido, ha sufrido en las últimas décadas un acentuado proceso de internacionalización y de concentración en manos de grandes oligopolios extranjeros, todo lo cual intensifica la demanda de la divisa estadounidense en las más diversas ramas de la actividad económica.

Son varios los factores de orden especulativo que explican esta conducta. En primer lugar, al promover una devaluación del peso se aumenta la rentabilidad de los sectores agrarios, mecanismo archiconocido y archiprobado para propiciar una transferencia de ingresos desde asalariados y consumidores hacia el capital más concentrado y sus aliados. Los “agronegocios” comandados por las megacerealeras, con Cargill a la cabeza, y sus socios terratenientes adoptaron esta conducta acicateada por todos los informes técnicos que pronosticaban la continuidad de la tendencia bajista de la soja y como una manera de resarcirse de las pérdidas que aquella podría ocasionar con una fuerte devaluación del peso. Ante ella había otra alternativa: vender lo antes posible y evitar un mayor deterioro del precio de la oleaginosa. Pero optaron por retener sus ventas, estimulados por los consejos de los desprestigiados “gurúes” de la citi porteña que aconsejaron no vender la cosecha porque la devaluación del peso sería inminente. Este comportamiento demuestra la falsedad de las afirmaciones que aseguran que “el campo está endeudado”, como dicen sus apologistas, porque si lo estuviera sus agentes venderían la totalidad de la cosecha para salvar sus deudas. Y se demuestra asimismo el carácter fuertemente especulativo del comportamiento del complejo del “agronegocios” y, por otra parte, la incomprensible indefensión en que se encuentra el estado nacional ante sus maniobras que lo convierten, de hecho, en un factor de desestabilización económica al imponer una política como la devaluación del peso, contraria a la promovida por el gobierno nacional.[2]

En otras palabras, la estructura y lógica de funcionamiento del sector agrario muestra la existencia de una coalición dotada de una formidable capacidad de extorsión sobre el gobierno nacional. En el centro de esta telaraña de intereses rurales se encuentra un puñado de gigantescos oligopolios entre los que sobresalen, aparte de la ya mencionada Cargill, Bunge, ADM, Louis Dreyfus Commodities, AGD, Molinos Río de la Plata, Nidera, Molino Cañuelas, Los Grobo Agropecuaria y Aceitera General Deheza. El segundo círculo de esta alianza lo conforman una vieja y nueva gran burguesía terrateniente (esta última, procedente del intenso proceso de desmonte y ampliación de la frontera agrícola y la desposesión de las comunidades tradicionales y los pueblos originarios); y el tercero es un vasto pero decreciente, debido al veloz proceso de concentración de la propiedad fundiaria, conglomerado de medianas y pequeñas propiedades agrícolas atrapadas por una formidable revolución tecnológica que las ata de pies y manos al grupo de empresas multinacionales dominantes del complejo. Este núcleo hegemónico asienta su primacía por su colosal dimensión empresarial, de alcance planetario; porque detenta el monopolio de la tecnología alimentaria de última generación y porque tiene en su poder la llave que abre la puerta de los mercados mundiales y, por eso, está en condiciones de fijar el precio de los granos, de conceder préstamos a los sectores más débiles del complejo –desplazando progresivamente de esa función al Banco de la Nación Argentina y otras entidades bancarias y abriendo un potencial frente de conflicto entre los “agronegocios” y el sistema bancario en la disputa por la renta financiera-, de transportar y acopiar su cosecha y de proveerles el paquete tecnológico, las semillas, fertilizantes y pesticidas para comenzar la siguiente campaña. El sector hegemónico de esta alianza es, de lejos, la que se lleva la parte del león de la rentabilidad del sector: vende en el exterior, percibe dólares por sus operaciones y sus gastos locales (sueldos, combustibles, transporte, instalaciones, impuestos) se abonan en pesos.

A diferencia de Chile, en donde los ingresos del principal producto de exportación, el cobre, van a parar al fisco; o de Venezuela, en donde el producido por la exportación petrolera pasa directamente a las arcas del estado, en la Argentina los ingresos de las exportaciones agropecuarias (y las mineras) quedan en manos de empresas privadas y extranjeras. En menor medida esto también se reproduce con las exportaciones industriales. El resultado de esta infeliz ecuación es que las divisas que el país necesita para motorizar su desarrollo, promover el avance industrial, financiar sus programas sociales y satisfacer la demanda interna de dólares está sujeta al arbitrio de un puñado de grandes multinacionales.

Ante ello, la única alternativa razonable para enfrentar la crisis del sector externo es la nacionalización del comercio exterior mediante la creación de una “aggiornada” Junta Nacional de Granos que asuma el control de las exportaciones agropecuarias de la Argentina y corte de raíz el chantaje al que el estado nacional se ve sometido por las multinacionales del “agronegocios”. Organismos de este tipo existen en países que para nada pueden ser acusados por los representantes del “campo” como “populistas”. Nos referimos a Australia, Nueva Zelandia y Canadá, que tienen instituciones de este tipo para regular y monitorear todo lo concerniente a la producción y las exportaciones agropecuarias. Como es bien sabido la Argentina tenía una agencia de este tipo desde 1933, y sobrevivió con distintas restructuraciones y nombres hasta que el gobierno de Carlos S. Menem dispuso la disolución de la misma con el Decreto 2294 de 1991. Desde entonces las actividades regulatorias que antaño ejercía la JNG no desaparecieron, como dicen los apologistas de la desregulación, sino que fueron privatizadas y quien hoy ejerce esas funciones de regulación son las multinacionales cerealeras, lo cual constituye un tremendo disparate. Es decir, se pasó de un control público condicionado por los mecanismos democráticos de la república, a otro de carácter privado, absolutamente descontrolado y que se mueve en función de una estrategia mundial de maximización de beneficios. Y, por eso mismo, esas multinacionales son las que tienen la capacidad para decidir, vía su control de las exportaciones y su estrategia de ventas, cuál será la oferta de dólares con que contará la economía argentina y si esta puede avanzar por la senda del crecimiento o, producto de un estrangulamiento originado en el sector externo, hundirse progresivamente en la recesión.

Por eso, y tal como lo decíamos en un trabajo anterior, la estatización del comercio exterior no puede ser una medida aislada.[3] Por el contrario, se necesita un enfoque integral dado que, a diferencia de la vieja JNG, debe:
  • (a) incluir bajo su jurisdicción a toda la cadena de producción y comercialización del sistema agroalimentario, hoy controlado por las multinacionales, lo que debería rematar en la creación de una Junta Nacional Agroalimentaria, con las salvedades que plantearemos más abajo;
  • (b) examinar y promover una reforma impositiva especialmente diseñada en función de las nuevas realidades del capitalismo agrario y que permita poner en marcha un eficaz sistema de control que evite las sobre y sub facturaciones de los distintos componentes del “agronegocios”; y, finalmente,
  • (c) re-estatizar los puertos de la Hidrovía Paraná-Paraguay, privatizados por el menemismo y que constituyen verdaderos “estados dentro de un estado” que se prestan para toda clase de maniobras fraudulentas del complejo sojero-cerealero.
Estas medidas deben ser puestas en práctica con la mayor celeridad, porque el ritmo de la crisis no tolera dilaciones. Por supuesto, las mismas requieren de imaginación, solvencia técnica y experiencia práctica. No se trata de resucitar la antigua Junta Nacional de Granos o al Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio, el IAPI de la época del primer peronismo, porque el capital ha creado nuevos instrumentos financieros (compraventa a futuro, swaps, derivativos, etcétera) y la tecnología importantes innovaciones (como el silo bolsa, para citar sino un ejemplo, que independiza al productor del riesgo que se le arruine la cosecha a la vez que le permite postergar su venta hasta que el precio sea conforme a sus expectativas) todo lo cual exige de dispositivos muchos más sofisticados que antaño para asegurar el control público de la riqueza originada en el sector agrario.

De lo anterior se desprende la necesidad de concebir una agencia estatal que regule a la totalidad del sistema agroalimentario del país, desde su origen hasta su comercialización minorista, algo bien diferente a la JNG o el IAPI. A tales efectos será decisivo, para garantizar la viabilidad práctica de esta iniciativa, convocar a un gran movimiento popular capaz de construir un instrumento político que respalde esas iniciativas y otras más encaminadas a redefinir por izquierda el rumbo de la economía argentina: además de la largamente demorada reforma tributaria la elaboración de una efectiva política anti-inflacionaria que resguarde los ingresos de los asalariados y un replanteamiento radical de las políticas destinada a preservar la soberanía efectiva, no meramente retórica, sobre los bienes comunes de nuestro país, sobre todo en el sector minero e hidrocarburífero. Una convocatoria popular sin sectarismos, soberbias burocráticas o desmovilizadores verticalismos porque, de lo contrario, la respuesta de las clases y capas populares será una mezcla de impotencia, miedo paralizante ante la clara percepción del escarmiento que se cierne sobre ellas y, en algunos casos, indiferencia, mezcla que mucho tuvo que ver con el funesto desenlace sufrido por los gobiernos peronistas en 1955 y en 1976. Una decisión tan crucial e impostergable como la estatización del comercio exterior, cualquiera que sea su forma legal y jurídica, es antes que nada un hecho político que no puede ser producido por un decreto o una resolución firmada por un funcionario instalado en las “alturas” del aparato estatal. Se requiere del pueblo en las calles para defender esa política, factible si se reúnen las condiciones planteadas más arriba.

Para concluir, lo que en términos políticos se produjo en el apogeo del neoliberalismo menemista fue una gigantesca transferencia de soberanía en donde un área estratégica: la provisión de divisas, que en otros países está a cargo del –o fuertemente contralada por el- estado, fue cedida al puñado de megacorporaciones que controlan gran parte de los alimentos que consume la población mundial. Esto constituye una aberración que debería haber sido corregida hace largos años, y que si no se lo hace ahora podría asestar un golpe mortal a todo proyecto económico que intente fundarse sobre la soberanía económica de nuestro país. Se trata, sin un ápice de exageración, de una cuestión de vida o muerte. Los remedios están al alcance de la mano. Habrá que ver si existe la voluntad política para aplicarlos, antes de que sea demasiado tarde.

- Dr. Atilio Boron, director del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (PLED), Buenos Aires, Argentina. Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2013.
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Notas:
[1] Durante el año 2013 las exportaciones del sector agropecuario ascendieron a unos 50.000 millones de dólares, incluyéndose en este total las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA), que con 30.059 millones de dólares representaron un 36,2% del total exportado mientras que los productos primarios –principalmente cereales y oleaginosos- sumaron ventas por 19.302 millones de dólares, un 23,3% del total exportado. Las exportaciones mineras sumaron en ese mismo año 4.136 millones de dólares.
[2] Nótese que las reservas del Banco Central cayeron de poco más 52.190 millones de dólares en el 2010 a 29.278 millones de dólares a fines de junio del 2014. No toda esta enorme fuga de capitales puede ser atribuida a las maquinaciones del complejo del “agronegocios”, pero sin duda que su contribución para llegar a tan lamentable resultado no fue para nada desdeñable.
[3] Cf. nuestro “Argentina: ante la ofensiva de los oligopolios, ¡estatizar el comercio exterior!”, en ALAI, 30 Enero 2014, http://alainet.org/active/70910

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Las falacias teóricas sobre la estabilidad de los mercados

Mér, 20/08/2014 - 17:22
¿Son los mercados capaces de generar una eficiente asignación de los recursos? ¿Existe en verdad el llamado "Equilibrio General", o no es más que una fanática ideología para que una minoría obtenga ventajas? Alejandro Nadal ilumina este tema con esta opinión publicada hoy en La Jornada

Hace algunos años en una discusión sobre teoría económica con Partha Dasgupta, profesor de economía de la Universidad de Cambridge, mi interlocutor me lanzó una pregunta: ¿Por qué estás tan obsesionado por la teoría sobre estabilidad de los mercados? Después de todo, continuó, si me asomo a la ventana no veo que todo se esté desintegrando, ni que los mercados estén explotando.

El desplante era absurdo. Sabes, le repliqué, cuando yo me asomo a la ventana me sucede algo extraño: me da la sensación de que el sol gira alrededor de la tierra.

Mi respuesta le desconcertó. Creo que a la fecha el ilustre profesor (designado lord por Su Majestad la reina Isabel II) no entiende lo que significaba esta frase. Y, sin embargo, estaba bastante clara: no hay acceso inmediato a las leyes del Mercado, o de la economía, sin un aparato conceptual que permita analizar y desentrañarlas. En otras palabras, sin instrumentos teóricos no hay posibilidad de entender el mundo de las leyes de la economía.

Cierto, podemos hacer observaciones de todo tipo sobre fenómenos económicos. Algunas serán de primer grado y estarán desprovistas de interés. Otras pueden ser más agudas y sugestivas. Pero ninguna observación casual permitirá comprender la estructura y dinámica de las leyes de esa dimensión de la vida social que todos llamamos la economía.

La expansión real de las relaciones de mercado y su dominación sobre otro tipo de relaciones sociales condujo a una peculiar forma de pensar a nuestra sociedad. El nacimiento de la economía política clásica estableció una agenda de investigación para esta nueva disciplina: desentrañar las leyes de la economía.

Hoy se dice vulgarmente que con las leyes de la economía no se juega. Es una frase extraña. Los voceros del poder establecido la usan para desacreditar cualquier intento por corregir los aspectos más negativos del desempeño económico, por ejemplo, la desigualdad excesiva. Pero muy pocas veces se tiene el cuidado de decirnos cuáles son esas leyes y, sobre todo, cómo es que las hemos llegado a conocer.

La pretendida ley económica que más se menciona (implícita o explícitamente) tiene que ver con la idea de que los mercados, a través de las fuerzas de la competencia, conducen a una eficiente asignación de recursos. El corolario es que no hay que perturbar el funcionamiento del mercado porque hacerlo conlleva a consecuencias funestas. Ahora bien, es cierto que la teoría económica ha estado obsesionada por la necesidad de demostrar racionalmente, hasta con sofisticados modelos matemáticos, que esa ley existe efectivamente. Pero esos esfuerzos nunca rindieron frutos.

En efecto, al día de hoy la teoría económica no ha podido desentrañar una ley sobre esta propiedad que, se supone, tiene el mercado. La llamada teoría de equilibrio general es el cuerpo teórico más desarrollado en la materia. Es la teoría de la que se reclaman los seguidores del neoliberalismo.

En la teoría de equilibrio general la eficiencia en la asignación de recursos sólo se alcanza en una situación de equilibrio. Por lo tanto, es fundamental demostrar cómo las fuerzas de la libre competencia conducen a un equilibrio general de los mercados. Y es aquí donde la teoría tiene su más estrepitoso fracaso. Al finalizar la década de los años cincuenta los modelos de Arrow, Block y Hurwicz encontraron dos casos en los que era posible concluir que las leyes de la economía conducían a una situación de equilibrio (y, por lo tanto, de una asignación eficiente de recursos).

Desgraciadamente, también descubrieron que esos casos correspondían a economías absurdas (en la que los únicos bienes en la economía tendrían que ser sustitutos, como el café y el té) o en las que se violaba un supuesto básico de la teoría (el llamado axioma débil de preferencias reveladas tendría que cumplirse a nivel de mercado). Después de una década, en 1974, los teoremas de otros tres economistas neoclásicos, Sonnenschein, Mantel y Debreu, demostraron que la teoría de equilibrio general no podría nunca demostrar la convergencia a situaciones de equilibrio sin el auxilio de supuestos o restricciones arbitrarias. Ese resultado negativo dice que la ley económica sobre el comportamiento de los mercados, tal y como se le formula desde el discurso del poder, no existe.

El tema de las leyes económicas es de vital importancia. Los poderes establecidos siempre cantan la misma melodía: absténganse de interferir con las leyes de la economía. El corolario es que hay que dejar a las clases dominantes hacer lo que saben hacer mejor, organizar la sociedad y su economía en favor de sus intereses.

El ámbito de la teoría económica constituye un camposanto en el que yacen los intentos por demostrar que las leyes de la economía rigen la eficiencia de los mercados y otros temas clave de la vida social, como la distribución del ingreso. Como se hace frente a los difuntos, los poderosos prefieren que se rinda tributo silencioso a las leyes económicas, pero que nadie se atreva a hablar de ellas con voz crítica.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Ron Paul, y las mentiras de Estados Unidos sobre Irak

Mér, 20/08/2014 - 07:00
El parlamentario republicano y varias veces candidato a la presidencia de Estados Unidos, Ron Paul, realiza un crudo análisis sobre la nueva incursión bélica en Irak, encabezada esta vez por el presidente Obama, "cuarto presidente consecutivo que invade Irak". Para Ron Paul, los ciudadanos han sido engañados y la prensa no dice la verdad. Esto es lo que Ron Paul escribió en Ron Paul Institute, y es interesante apreciar cómo se mira esta nueva guerra desde el corazón político de Estados Unidos

Hemos estado en guerra con Irak durante 24 años, desde las operaciones Tormenta del Desierto en 1990. Poco después de la invasión de Kuwait por Iraq de ese año, la máquina de propaganda comenzó a agitarse para un ataque estadounidense contra Irak. Todos recordamos la comparecencia ante el Congreso de una joven kuwaití alegando que los iraquíes estaban arrancando a los bebés kuwaitíes de las incubadoras. La mujer resultó ser la hija del embajador de Kuwait en los EE.UU. y la historia era falsa, pero fue suficiente para convertir a la oposición estadounidense a favor de un ataque.

Este mes, otro presidente de Estados Unidos - el quinto consecutivo- comenzó a bombardear Irak. Él también está poniendo a las tropas estadounidenses en el suelo iraquí a pesar de la promesa de no hacerlo.

La segunda guerra de Irak en 2003 costó a los EE.UU. cerca de dos billones de dólares. Según las estimaciones, más de un millón de muertes se han producido como consecuencia de esa guerra. Millones de toneladas de bombas estadounidenses han caído en Irak casi de forma constante desde 1991.

¿Qué hemos logrado? ¿Dónde estamos ahora, 24 años después? Estamos de nuevo donde empezamos, en la guerra en Irak!

Estados Unidos derrocó a Saddam Hussein en la segunda guerra de Irak y puso en su lugar al gobierno títere de Nouri al-Maliki. Pero después de ocho años, la semana pasada, Estados Unidos ha diseñado un golpe contra Maliki para poner en su lugar a otra marioneta. Estados Unidos acusa a Maliki de mal gobierno y de acentuar la división del país, pero lo que realmente irritó al gobierno de Estados Unidos fue su denegación de la inmunidad el año 2011 a los miles de soldados estadounidenses que Obama quería mantener en Irak.

A principios de este año, un grupo islamista radical, ISIS, inició una avanzada sobre el territorio de Irak, a partir de Faluya. La organización había estado operando en Siria, y fue fortalecida por el apoyo de Estados Unidos para derrocar al gobierno sirio. ISIS obtuvo una amplia gama de sofisticadas armas de Estados Unidos en Siria, muy a menudo capturadas por otros grupos de oposición aprobados por Estados Unidos. Algunos afirman que los criterios de selección poco estrictos permitieron a algunos combatientes ISIS participar, incluso, en campos secretos de entrenamiento de la CIA en Jordania y Turquía.

Este mes, ISIS se convirtió en el blanco de una nueva campaña de bombardeos de Estados Unidos en Irak. El pretexto para el último ataque estadounidense fue la difícil situación de una minoría religiosa en la región kurda actualmente bajo ataque ISIS. El gobierno de Estados Unidos y los medios de comunicación advirtieron que hasta 100.000 integrantes de este grupo quedaron atrapados en una montaña y podrían ser sacrificados si Estados Unidos no intervenía de inmediato. Los estadounidenses, por desgracia, una vez más cayeron por esta propaganda y las bombas estadounidenses empezaron a caer. La semana pasada, sin embargo, se determinó que en realidad no eran 100.000 los religiosos atrapados, sino solo 2,000, y que muchos de ellos habían estado viviendo en la montaña durante años! No querían ser rescatados!

Esto no quiere decir que la difícil situación de muchas de estas personas no sea trágica, pero ¿por qué es que el gobierno de Estados Unidos no dijo una palabra cuando tres de cada cuatro cristianos fueron forzados a salir de Irak durante los diez años de la ocupación de Estados Unidos? ¿Por qué no ha dicho nada a los estadounidenses acerca de los cristianos asesinados por sus aliados en Siria? ¿Qué pasa con todos los palestinos muertos en Gaza o los rusos étnicos que murieron en el este de Ucrania?

La situación humanitaria ha sido cínicamente manipulada por el gobierno de Obama - y repetido por los medios de comunicación de Estados Unidos- para proporcionar una razón para que el presidente ataque a Irak de nuevo. Esta vez se trataba de un nuevo cambio de régimen, rompiendo el Kurdistán lejos de Irak y la protección de las ricas reservas de petróleo, con la aceptación de una nueva presencia militar de Estados Unidos en terreno iraquí. El Presidente Obama ha empezado otra guerra en Irak y el Congreso está completamente en silencio. Sin Declarar, sin autorización, sin ni siquiera un debate. Tras 24 años estamos de nuevo donde empezamos. ¿No es hora de volver a pensar en que fracasó la política intervencionista? ¿No es hora de dejar de confiar en el gobierno y su propaganda de guerra? ¿No es hora de salir de Irak en paz? Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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