Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6575125
Actualizado: fai 22 horas 29 min

Proteccionismo, globalización y “furia populista”

Mér, 09/11/2016 - 16:36
Paula Bach, La izquierda diario

La tensión entre proteccionismo y globalización se pone de manifiesto como uno de los emergentes más significativos del escenario que toma cuerpo con particular entidad en los países centrales. Este dualismo expresa a su vez el despliegue quizá más contradictorio y concreto de otra bifurcación, la que fluye entre la economía y la política.

Enfocando la arista económica, puede verificarse que un escenario de disminución del crecimiento del comercio mundial está impulsando un cierto repliegue de la globalización, un suave incremento de medidas proteccionistas y una desaceleración del ritmo de liberalización del comercio. Estos factores que poseen por ahora un impacto limitado, prometen adquirir un impulso mayor en un escenario económico que amenaza volverse más crítico. Contra esta tendencia, los tratados de libre comercio –como el TLC, el Acuerdo Transpacífico o el Transatlántico, entre otros- representan la espada privilegiada de la cruzada globalizadora de los sectores hegemónicos del capital.

Pero si se enfoca la arista política, se observa que la desazón y la pérdida de confianza en las élites dirigentes dio lugar a una oleada de repudio a la globalización expresada tanto en el ascenso del fenómeno Trump por derecha, como en su momento en el voto por izquierda a Bernie Sanders y hasta en las promesas “antitratados” a las que se vio obligada Hillary. Este suceso en su conjunto, incluyendo un nacionalismo xenófobo referenciado en amplios sectores de la población –que alcanza también fracciones del capital no hegemónico, ligadas al mercado interno- podría transformarse en una de las peores contrariedades de las élites económicas, globalofílicas por definición. La suerte de los tratados comerciales –principal arma de las multinacionales y las élites económicas para la “protección” de sus negocios- se juega en territorios tortuosos como el del Reino Unido después del brexit o el de Estados Unidos luego de la gran definición del próximo martes –independientemente, en gran parte, de quien se quede con la victoria.

En otro aspecto que distingue el actual “estancamiento secular” de aquel de los años 30, el proteccionismo se referencia hoy en el desencanto de amplios sectores de la población mientras que los sectores hegemónicos del capital declaman un amor sin barreras por la “aldea global”. Una verdadera novedad histórica que tendrá mucho que decir en el período próximo.

Debilidades de la globalizaciónBajo el título “El lento crecimiento del comercio mundial llegó para quedarse”, Martin Wolf se pregunta desde Financial Times si la globalización se está revirtiendo. Su respuesta general es no, aunque asume que se registra una pérdida de dinamismo especialmente en el comercio, motor de la integración económica global durante las últimas décadas. Tal como lo haremos aquí y para profundizar el asunto, Wolf acude al último reporte sobre Perspectiva económica mundial del FMI. A partir de los gráficos proporcionados por el organismo, compara la dinámica del crecimiento del PBI mundial y el comercio del período 1960-2015 tomado en su conjunto con el período pos Lehman (2008-2015) en su especificidad. Evalúa que entre 1960 y 2015, mientras la producción creció a una tasa media anual del 3,5%, el comercio mundial lo hizo a una tasa del 6,6% en términos reales. Sin embargo, entre 2008 y 2015, mientras la producción mundial se incrementó a una tasa media anual del 2,4%, el comercio lo hizo a un 3,4% en términos reales. No sólo el crecimiento del comercio se desaceleró, sino que la brecha entre el crecimiento del comercio y el de la producción también disminuyó drásticamente, concluye.

Por su parte el FMI contrasta el período 1985-2007 con los últimos cuatro años que se extienden entre 2012 y 2015. Concluye que mientras en la primera etapa -bajo el impulso sustancial de la globalización y el crecimiento económico- el incremento promedio del comercio mundial en términos reales se producía a un ritmo dos veces mayor que el crecimiento del PBI, durante los últimos cuatro años, apenas acompaña el ritmo del crecimiento del producto. Desde 2012 la tasa de crecimiento del comercio mundial ronda el 3% anual o sea, el equivalente a menos de la mitad de la tasa media de expansión durante las tres décadas previas. Se trata de un lento y prolongado crecimiento del comercio en relación con el incremento del producto que goza de pocos precedentes durante las cinco pasadas décadas y que de continuarse, según BBC Mundo, se convertiría en el peor período de estancamiento comercial relativo desde la Segunda Guerra Mundial.

Dentro de las causas explicativas de la desaceleración, el FMI distingue la debilidad general de la actividad económica y en particular la desaceleración del crecimiento de la inversión, como restricciones fundamentales al aumento del comercio desde 2012. Señala que los análisis empíricos sugieren que para el mundo tomado en su conjunto, hasta tres cuartas partes de la declinación del crecimiento de las importaciones de bienes en términos reales comparando los períodos 2003/7 –no casualmente el lapso que sigue a la entrada de China a la OMC- y 2012/15 se pueden atribuir a la debilidad de la actividad económica y más especialmente al débil crecimiento de la inversión. Si el ritmo de aceleración del comercio cayó tanto en bienes como en servicios, el 85% de la caída se concentra en bienes y en especial en bienes de capital e intermedios. El FMI adjudica este resultado específico a dos factores fundamentales. Por un lado a una modificación en la producción global según la cual la inversión devino particularmente intensiva en importaciones, cuestión que a la vez contribuiría a explicar la mayor desaceleración del comercio mundial respecto de la producción. Por otro lado el asunto se asocia a un bajo incremento de la inversión privada tanto en los países avanzados como en los “emergentes”, incluyendo en un plano muy destacado el proceso chino de rebalanceo desde la inversión hacia un crecimiento impulsado mayormente por el consumo.

Por último el Fondo pone de relieve que la evolución del comercio en los años recientes adquiere fisonomías sorprendentemente distintas según se la mida en dólares reales –o, lo que es lo mismo, en volumen- o en dólares nominales. En términos de dólares reales –criterio utilizado por el FMI- se observa una disminución del crecimiento del comercio mundial desde fines de 2011 a un ritmo aproximado del 3% anual. Pero si el asunto se evalúa en términos nominales, el comercio sufre una abrupta caída en términos absolutos a partir de la segunda mitad de 2014 y el valor de los bienes y servicios comerciados se reduce en un 10,5% en 2015. La apreciación del dólar y la abrupta caída de los precios del petróleo son los factores que explican la discrepancia entre los resultados. A diferencia del FMI, la Organización Mundial del Comercio confiere a dichos factores una significativa importancia tendencial tal como ilustramos enLa Reserva Federal entre Donald Trump y la economía real.

Amor sin barrerasEn cuanto a las medidas proteccionistas, los aranceles de importación son los que permiten observar de manera más clara la evolución de los costos del comercio. Según los datos del FMI, las negociaciones comerciales y las liberalizaciones unilaterales redujeron las tarifas arancelarias promedio en casi un punto porcentual al año entre 1986 y 1995. Luego las reducciones continuaron a una tasa algo disminuida de aproximadamente medio punto anual hasta 2008 pero a falta de acuerdos arancelarios desde el inicio de la crisis, las reducciones de costos resultaron mínimas.

Por otra parte el movimiento más significativo se observa –de acuerdo al FMI- en las barreras no arancelarias que incluyen restricción de flujos comerciales tales como cuotas, rescates, ayudas estatales y medidas de defensa comercial como derechos preferenciales a los productos locales. Si este tipo de barreras registra una tendencia creciente ya desde 1990, muestra un aumento constante desde 2012 y un importante salto en los años 2014 y 2015. Según Global Trade Alert los gobiernos aprobaron en 2015 un 50% más de normativas dirigidas a favorecer a sus industrias locales y los países del G-20 concentraron el 81% de esas disposiciones. Si bien las medidas que restringen el comercio no muestran -de acuerdo a la gráfica de la OMC- una tendencia claramente creciente desde 2009 hasta la fecha, registran un pico pronunciado en 2015 frente a 2014. El FMI considera que este tipo de disposiciones afecta a una pequeña proporción de productos aunque su incremento podría encontrarse entre las razones explicativas de la detención del proceso de reducción de costos en el comercio global.

Por su parte y también según el FMI, la proliferación de acuerdos de libre comercio resultó particularmente pronunciada en el curso de la década del 90, promediando alrededor de 30 acuerdos anuales. Mientras en el período previo a la crisis desatada por la caída de Lehman la cantidad de acuerdos se redujo ligeramente, a partir de 2011 la tasa cayó abruptamente a alrededor de los 10 acuerdos firmados al año. Sin embargo y también según el Fondo, los acuerdos recientes abarcarían un espectro más amplio que los anteriores incluyendo mayor cantidad de socios comerciales.

Estos factores también contribuyen a obstaculizar el comercio internacional de mercancías, aunque según el FMI su impacto cualitativo hasta el momento ha sido relativamente limitado. No obstante el organismo señala –como es bastante evidente- que de generalizarse, estos aspectos podrían pesar significativamente en la perspectiva del comercio global.

“Emerging markets moment”Pero entre los años 1990 y 2007 –período apoteótico de tratados de libre comercio y reducciones arancelarias- las importaciones chinas explicaban el 44% de la pérdida de empleo en manufacturas en EEUU según apunta el Instituto de Estudios del Trabajo de Bonn, Alemania, citado por Mark Broad de la BBC. Incluso el FMI -sin ahorrar loas al impulso global- menciona el impacto de la competencia de las importaciones chinas sobre el mercado de trabajo norteamericano. Resalta que el crecimiento de los productos provenientes de China generó un incremento del desempleo, un debilitamiento de la participación de la fuerza de trabajo y una reducción salarial en los mercados locales cuyas industrias manufactureras compiten con los productos de importación. Cuestión que -casi de más está mencionar- se explica en gran parte por importaciones de firmas norteamericanas (des)localizadas en China. El subperíodo de los años 2003-7 fue –de acuerdo a la definición del FMI- un momento de crecimiento inusualmente rápido de la inversión del capital en las economías “emergentes” y “en desarrollo”, incluida China. A su vez, en el lapso que abarca los años 1999 y 2011 –mientras todavía la reducción de tarifas arancelarias continuaba por el “camino del bien”- el sector manufacturero norteamericano perdía 6 millones de puestos de trabajo, de acuerdo a la Oficina de Estadística de Empleo de Estados Unidos, citada por el autor arriba mencionado.

Bajo el título La frontera que Donald Trump no puede romper, Sonia Corona recuerda en el diario El País que en el año 1994, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés), catapultó a la maquila –industria manufacturera que importa insumos y exporta productos terminados- en la frontera. Se refiere a la expulsión de las fábricas industriales desde el Paso (Texas, Estados Unidos) hacia Ciudad Juárez (Chihuahua, México). En conjunto –señala- componen un centro urbano de más de 2,2 millones de habitantes separados por el Río Bravo y una valla de acero infinita, pero unidos por una relación comercial simbiótica de millones de dólares. En Chihuahua están las naves industriales y a sus espaldas –ilustra- los cristales espejo de los rascacielos corporativos de Estados Unidos. La razón indiscutida para asentar una planta en estos 12 parques industriales que albergan 330 fábricas –la mayoría de origen estadounidense- y de los que pueden salir televisores, lavarropas, ropa, partes de aviones o autos, reside en el costo de los salarios, nada más ni nada menos que ocho veces más altos del otro lado de la frontera, afirma. La consecuencia al otro lado -según Econmy Policy Instituye- ascendía en 2014 a 700.000 empleos menos correspondientes fundamentalmente a industria automotriz y electrónica norteamericana. La ciudad abandonada de Detroit en el estado de Michigan es un ícono de la combinación de superexplotación de un lado y deslocalización desindustrializadora al otro. Una de las páginas más destacadas del proceso de globalización del capital de las últimas décadas.

La conjunción de una desocupación endémica, ascenso de la desigualdad, pérdida de empleos ligada a la inmigración utilizada como mano de obra barata contra los núcleos de las clases obreras tradicionales y al cambio tecnológico -todos fenómenos de las décadas recientes- terminó combinándose con la debilidad económica de los años pos Lehman que le agregó estancamiento salarial, precarización de los nuevos trabajos creados, fuertes límites a la posibilidad de endeudamiento personal, arrojando lo que definimos desde esta columna como el “fracaso del éxito” neoliberal. Este cóctel es la sustancia de la localización en el centro de los fenómenos de derecha más bizarros, como fenómeno altamente novedoso. Analizamos este aspecto hace ya un tiempo en La “furia populista” que conmueve al mainstream. Hace unos días la columnista de Financial Times, Tina Fordham, definía que las economías avanzadas están viviendo un “emerging markets moment” (momento mercados emergentes): la brillante línea entre la política en las economías avanzadas y los mercados emergentes puede haber desaparecido y una nueva normalidad en las economías avanzadas se parece mucho a la vieja normalidad de los mercados emergentes, pero con apuestas considerablemente más altas para la economía global, dispara.

Este momento político simbólico que llegó para quedarse y asistirá a una mera instancia en la jornada muy particular del próximo martes, representa quizás el límite más extremo que enfrenta la cruzada globlalizadora y antiproteccionista de las élites económicas. No está descartado que las derivaciones políticas de la economía puedan golpear antes que la economía misma. El destino de los ampliamente repudiados acuerdos transpacífico y transatlántico -armas más filosas de las élites económicas y “víctimas” de la demagogia electoral de los contendientes- mostrará probablemente las primeras escenas de la película que comienza con aquello que Martin Wolf definía hace algún tiempo como la crisis del matrimonio entre la democracia liberal y el capitalismo global.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Sueños y fantasías en el corazón del imperio

Mér, 09/11/2016 - 09:01
Alejandro Nadal, La Jornada

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos confirman el grave síndrome que aflige a la población de ese país. Desde hace muchos años el mal llamado sueño americano dejó de existir en el imaginario colectivo. Ha sido remplazado por la fantasía cotidiana del entretenimiento.

Para una mente infantil, la idea de estar sin entretenimiento de algún tipo resulta algo insoportable. En el fondo, la perspectiva de tener que pensar o reflexionar se puede convertir en una perspectiva aterradora.

Por eso cualquier cosa es buena para la distracción y el pasatiempo. Desde los omnipresentes espectáculos de los deportes, hasta las funciones de gala y las revistas de chismes sobre las celebridades, todo es un buen candidato para el entretenimiento. Y si todo debe pasar por la diversión pues el mundo de la política también puede convertirse en espectáculo.

Este año en el centro del escenario de este show se encuentran los dos contendientes más representativos del mundo político estadunidense: un sicópata payaso compite con una oportunista y ambiciosa mujer. El primero ha hecho alarde de su misoginia, machismo, racismo e ignorancia para atraer a una buena parte del electorado estadunidense. La segunda ha pretendido apoyarse en su experiencia y valores democráticos pero en los hechos ha demostrado que su belicosidad y oportunismo no tienen límites.

No es marginal el número de votantes que la mañana del martes saltaron entusiastas a la calle para ir a votar por Donald Trump. Su infantilismo tiene mezclas de sadismo vengador pues ven en el bufón millonario alguien que ha sido capaz de burlarse del establishment en Washington y que hábilmente ha sacudido al inepto y centralizador gobierno federal. Y es que muchos de los seguidores de Trump le echan la culpa al gobierno federal de todos los males que aquejan a la sociedad estadunidense, desde el desempleo y la crisis hasta una supuesta falta de firmeza frente a los desplantes de una Rusia envalentonada.

Tal pareciera que esta parte del electorado, tan adicta al entretenimiento en todas sus formas, hubiera despertado de una infantil modorra y se hubiera encontrado con un escenario de una terrible decadencia económica. Como niños enojados incapaces de analizar y enfrentar una realidad, esa parte del electorado no ha podido hacer otra cosa que buscar a quién echarle la culpa. Y en este caso se encontró con el candidato perfecto, una maquinaria que es disfuncional en muchos casos y corrupta en otros. Es decir, acabamos de nombrar al gobierno federal. Su responsabilidad en el salvamento de los principales jugadores del sector financiero después de la crisis y sus devaneos con los intereses de las grandes corporaciones no ha pasado desapercibida para esta parte del electorado. Es para ellos que Trump se saca fotos y hace declaraciones incendiarias frente al esqueleto de una oxidada planta de la industria automotriz en Detroit. Por cierto, esos votantes seguirán estando ahí al día siguiente de la elección, independientemente del resultado.

Por su parte, el electorado que votó por Hillary Clinton se divide en dos grupos. En el primero se encuentran aquellos que piensan que auténticamente representa los valores democráticos que dice abrazar. En el segundo grupo están los que la ven como una persona falsa, hueca, que como dice Jon Stewart, usa un disfraz diseñado por alguien más para ser otra persona; una mujer sin el valor de sus convicciones porque ni siquiera se sabe bien cuáles son esas convicciones.

La experiencia de la señora Clinton se cristaliza en una lista de infortunios, comenzando con las mentiras sobre sus actividades en Bosnia. Su aventura en Libia convirtió a buena parte de África en una zona de desastre. Las operaciones encubiertas realizadas por los servicios estadunidenses hasta terminaron vendiendo armas a los combatientes de ISIS, como lo revelan los correos electrónicos dados a conocer por Wikileaks. Y la intervención en Siria condujo a uno de los escenarios más peligrosos en el mundo. Ambos episodios fueron concebidos por Hillary mientras fungía como titular del Departamento de Estado. No cabe duda, de triunfar Hillary será uno de los presidentes más belicosos en la historia de Estados Unidos.

El denominador común, el rasero contra el cual fueron medidos sistemáticamente los dos contrincantes fue siempre el dinero. Y Hillary siempre salió vencedora. La mitología de los recursos infinitos de Trump se quedó en eso, mitos que se esfuman. En cambio, con Goldman Sachs a la cabeza, Hillary y los escandalosos donativos para la Fundación Clinton, siempre salieron triunfantes en la carrera para llenar su cofre de guerra.

En síntesis, las elecciones no fueron entre Hillary y Trump. Los verdaderos candidatos fueron el aventurerismo belicoso de una mujer experta en camuflajes, y la nostalgia de un mundo en el que la ignorancia y los prejuicios raciales y misóginos constituyen valores admirables. El triunfador de este proceso será un mundo más peligroso.

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Protofascismo y demagogia neoliberal

Lun, 07/11/2016 - 11:53

David Brooks, La Jornada

Estados Unidos está obligado a optar entre un protofascista y una republicana moderada.

Lo que recupera la fe en este pueblo es el hecho inusitado de que las grandes mayorías reprueban ambas opciones ofrecidas por las cúpulas y, según un sondeo de esta semana pasada, ocho de cada 10 votantes consideran que esta contienda es asquerosa.

Si la elección de verdad expresara la voluntad de la mayoría del pueblo (o sea, la supuesta definición de este ejercicio), casi toda la clase política, desde los candidatos presidenciales a casi todo el Congreso (el cual ahora goza una tasa de aprobación de 15 por ciento), serían derrotados y expulsados de sus puestos. El veredicto de la mayoría es ninguno de estos.

Pero en la elección presidencial, uno de estos dos ganará. Al final, esta elección gira en torno de la opción protofascista. La resistencia se marca más en la expresión de opiniones, pero no se convierte en acción política. Tal vez lo más sorprendente es que ante la amenaza clara y presente de esta expresión de demagogia derechista –sus inaceptables comentarios sobre las mujeres, los migrantes, los medios de comunicación o los musulmanes; sus propuestas, que implican la violación masiva de derechos civiles y humanos, y sus declaraciones mesiánicas, combinadas con su populismo, que llevan a una constante comparación con elementos de Mussolini, Hitler, Berlusconi, Ross Perot, George Wallace y más– está la ausencia de una movilización masiva, gigantesca, en su contra, en las calles, en las plazas, en sus festejos y actos, con un lema histórico y sencillo: No pasarán.

Claro que hubo protesta, pero no la suficiente para impedir que por primera vez en la historia del país una expresión con tintes fascistas se encuentre en la antesala de la Casa Blanca y no se sabe si pasarán o no.

La pregunta que más está en el aire es ¿cómo es posible que Trump tenga posibilidades de ganar?

Sea cual fuere la explicación –y es sumamente compleja, pero gira sobre las consecuencias de la aplicación de políticas neoliberales durante tres décadas, las divisiones y corrientes históricas de un país, sus dramáticos cambios socioeconómicos y demográficos, y una mayoría que ya no confía en las instituciones políticas del país–, ya nadie puede apostar sobre qué sucederá no sólo en las próximas 48 horas, sino en los próximos meses y años en este país.

Una de las cosas que quedan al descubierto en esta elección es el estado de putrefacción de la clase política. La mayoría expresa eso en casi todo sondeo, y los dos candidatos insurgentes dentro de los dos partidos principales sorprendieron a las cúpulas justo porque la respuesta popular a su mensaje de que el sistema está amañado, y sobre todo en el mensaje del socialista democrático Bernie Sanders de que la democracia está secuestrada por una oligarquía y el pueblo la tiene que rescatar, generó una ola que continúa haciendo temblar a los más poderosos.

A veces la cúpula de este país se parece a la de un país bananero bajo control de unas cuantas familias y donde los dueños de la nación y sus títeres, sin importar sus disfraces políticos, juegan, cenan y se casan entre sí. Hay una foto famosa de Bill y Hillary Clinton muertos de risa al lado de Donald Trump y su esposa Melania en la fiesta de la boda del multimillonario en su mansión en Florida, en 2005. El ex presidente fue invitado a ser miembro del club de golf de Trump en Nueva York, donde ambos han jugado juntos antes de esta contienda. El republicano donó miles a las campañas electorales de Hillary al Senado, y unos 100 mil dólares de su fundación a la Fundación Clinton.

Pero este año se vino abajo el escenario construido por los dueños del sistema para el gran espectáculo titulado democracia, donde el pueblo no tiene un papel estelar, más bien es un extra. Todo quedó al descubierto, aunque los políticos están insistiendo en que el show tiene que seguir.

Por ahora en este show desgastado, frente al Frankenstein que surgió del pantano republicano, no queda más que una sola opción. Maureen Dowd, columnista del New York Times, escribió en agosto que el sector republicano tradicional, asqueado por Trump como su abanderado, no debería preocuparse porque “ya tiene a alguien del uno por ciento que estará perfectamente bien en la Oficina Oval, alguien en que pueden confiar para ayudar a Wall Street, apoyar a la Cámara de Comercio, abrazar a los hedge funds, asegurar los acuerdos comerciales tan queridos por el empresariado estadounidenses, que buscara consejo de Henry Kissinger y promoverá la posición halcona, desatando el infierno sobre Siria y quien sabe dónde más. Los republicanos tienen a su candidata: Hillary Clinton”.

Si gana el Frankenstein insurgente, el outsider. no necesariamente habrá la revolución que promete: ya se filtró que su potencial secretario del Tesoro es un alto ejecutivo de Goldman Sachs, esa misma empresa que le pagaba casi un cuarto de millón de dólares por discurso a Hillary Clinton. Al final, la casa (las casas bursátiles) nunca pierde en este juego democrático.

A la vez, algunos dicen que esta coyuntura podría ser un amanecer. Si Trump es derrotado, intelectuales como Noam Chomsky o el historiador Eric Foner señalan que movimientos sociales recientes, casi todos encabezados por jóvenes, desde Ocupa Wall Street a la insurgencia electoral de Sanders, a Black Lives Matter, los dreamers, los del movimiento ambientalista, ahora encabezado por indígenas, están moviendo el panorama hacia la izquierda y por ello podrán obligar a Clinton y otros en la cúpula a tener que responder a sus presiones, abriendo así un capitulo liberal después de frenar la noche derechista. Casi donde veas, algo está sucediendo entre fuerzas pro democráticas en este país, afirmó Chomsky recientemente. “¿Cómo se desarrollarán? Pues eso depende de nosotros… El activismo de las últimas dos décadas esta ahí en algún lugar. Sólo necesita organizarse”.

Mientras tanto, en las próximas horas tal vez se necesita susurrar (mejor gritar) con un poquito de esperanza en los patios de todas las casas: Estirar, estirar, que el demonio va a pasar.

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Ni Trump es Barba Azul, ni Hillary Juana de Arco

Lun, 07/11/2016 - 07:00
Augusto Zamora, Público

Implacable ha sido –sigue siendo- una generalidad de medios de comunicación con el candidato republicano Donald Trump, dentro y fuera de EEUU. Tales medios funcionan como una orquesta sincronizada -vaya usted a saber desde dónde o desde qué-, para caricaturizar a Trump e idealizar a Hillary. Las noticias y los análisis han convertido las elecciones estadounidenses en una simplista y maniquea lid entre “Hillary la buena” y “Donald el malo”. Hillary, moderna Juan de Arco, y Donald, un siniestro Barba Azul.

Poco tienen que ver tales noticias y análisis con la realidad de la política de EEUU. De entrada, debe entenderse que los presidentes, en EEUU, no suelen cambiar mayormente las líneas de mando del país, que mantienen inalterables sus constantes esenciales. El demócrata Kennedy inició la guerra contra Vietnam, la continuó otro demócrata, Johnson, y la elevó a niveles criminales el republicano Nixon. Ocho años de mandato de Barack Obama, primer presidente negro de su historia, no sirvieron para cambiar en nada la situación de los llamados afroamericanos (significativo, por demás, que a los blancos no se les llamen euroamericanos y que los indios sigan siendo vistos como no americanos). Bien al contrario, sus dos últimos años de presidencia estuvieron marcados por un repunte de la violencia policial contra sus ¿hermanos? de raza, al punto que la expresión ‘tiro al blanco’ en EEUU es un real y dramático tiro al negro. Intentar remover las raíces profundas del racismo estadounidense habría generado rechazo en demasiada gente, razón por la cual era conveniente dejar las cosas como estaban.

Trump, conocedor del peso de los votantes blancos (69% del total del censo) y del racismo visceral de muchos de ellos (véase la película de Alan Parker, Arde Mississippi, 1988), decidió hacer de la inmigración, sobre todo hispana, un tema electoral dado que, para esos votantes blancos, la mayor amenaza a su supremacía racial proviene de los hispanos, cuyo flujo incesante no hay forma de parar. Las cifras apuntalan el temor de los euroamericanos: los hispanos han pasado de 15 millones en 1980 a 55 millones en 2015 y llegarían a 100 millones en 2050. Estados hay (California, Arizona, Florida…) donde el auge de la población hispana está haciendo minoría a los euroamericanos. La imagen de un muro de 3.000 kilómetros que separe a EEUU de México alivia el horror de esos blancos, algo que no debería sorprender en esta Europa que, en dos años, ha llenado muchas de sus fronteras de alambradas, vallas, policías, soldados y perros para detener la marea de inmigrantes que huyen de la guerra y el hambre. Por eso resulta más que hipócrita criticar a Trump por proponer un muro -que no se construirá: una cosa es andar en campaña electoral, otra ser presidente-, muro que en Europa no es demagogia electorera, sino realidad apoyada por amplias capas de población devota del racismo.

Es de preguntarse, por otra parte, si la campaña demoledora contra Trump (que no es santo de nuestra devoción, preciso es aclarar) no tiene sus raíces en una visión menos confrontativa del mundo, comparada con la de Hillary. Trump considera que interesa a EEUU entenderse con Rusia, limitar el gasto militar estadounidense para ‘proteger’ a países aliados (que los europeos, por ejemplo, corran con los gastos de su ‘protección’) y resguardar el empleo en el país, luchando contra la deslocalización y, por inevitable, poniendo vallas a los productos asiáticos, sobre todo chinos. Hillary ha caminado por otros derroteros. Apoyó la invasión de Iraq y la destrucción de Libia y es partidaria de que EEUU quite y ponga gobiernos donde considere menester. También cree que Rusia y China son enemigos mortales y que EEUU debe atiborrarse de armas para hacerles frente y mantener a cualquier costo su supremacía mundial. Para Hillary, EEUU sigue siendo “el país indispensable”, “un país excepcional”. “Estoy convencida de que, como decía Lincoln, seguimos siendo ‘la última y mejor esperanza de la Tierra’”. Y la “última y mejor esperanza de la Tierra” debe gobernar el mundo, incluso contra su voluntad, aunque para ello deba destruir todo lo que se le oponga. Si esa es la alternativa a los exabruptos de Trump, es de presumir que Trump es el mal menor, pues no hay nada más peligroso que los fanáticos, vístanse como se vistan o quieran ellos ser vestidos.

No debe olvidarse el peso demoledor que tiene el complejo militar-industrial en EEUU. Este país, aunque genera hoy el 18% de la economía mundial, realiza el 55% del gasto militar del planeta. 600.000 millones de dólares anuales, cantidad lo suficientemente abultada para cortar las alas a cualquier presidente que quiera afectar en negativo los intereses de este complejo, que nada tiene que ver con el de Edipo. 600.000 millones de dólares repartidos a dedo por el gobierno pues, por razones de ‘seguridad nacional’, ninguno de los grandes contratos está abierto a licitación pública. Para mantener ese gasto disparatado hacen falta enemigos y, si no los hay, preciso es inventarlos. Como en 1984, la premonitoria novela de Orwell, la consigna del complejo militar-industrial de EEUU es “la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza”. Así EEUU llena Europa de bases y contingentes militares y quiere meterle a Rusia sus misiles en las costillas, esperando que Rusia reaccione y caiga en la trampa de una nueva carrera armamentista. Por eso envían sus portaaviones al Mar de la China, para crear un ambiente pre-bélico que justifique las inversiones militares del año siguiente.

Otro dato debe arrojar pistas. El resultado de las últimas encuestas, que indicaban un gran repunte de Trump o, incluso, que ganaba a Hillary, hizo tambalearse a bolsas y mercados (que son lo mismo). Por la experiencia de España sabemos que, cuando las bolsas tiemblan, es que el establishment siente que se le mueve el piso. Alarma sin sentido: gane quien gane, una vez ungido, se integrará en el establishment y las aguas volverán a un cauce que nunca abandonaron. Pasa, simplemente, que Hillary es valor seguro y asegurado a lo largo de sus extensos andares en política, mientras que Trump, gallo de pelea, candidato salido contra los deseos del apparachik republicano, no goza –aún- de las bendiciones del establishment. Tranquilos, si gana, será otra oveja del redil, pues ni es, ni pretende ser, otro Lenin, ni su fortuna proviene de practicar la caridad.

De risa es que, en la campaña electoral, desfilen misses agraviadas por el súper macho que dice ser Trump. Tiene Hillary, en eso, el techo de cristal, pues su marido Bill no es, precisamente, ejemplo de respeto a las mujeres. Bill era incluso peor, pues para intentar tapar el hipócrita “escándalo Lewinsky” mandó a bombardear Sudán, destruyendo en el bombardeo la única fábrica de medicamentos del país. Es preferible un Trump haciendo de ramplón Tenorio que un Bill matando inocentes para tapar la apresurada felación de una becaria. En realidad, ambos son abominables, pero eso es lo que produce EEUU.

Paga Trump el haberse expresado bien del presidente ruso, Vladimir Putin, la gran bestia negra de la OTAN, pues no perdona que Putin le haya parado los pies en Georgia, Ucrania y Siria. Haber afirmado que “Putin es mejor líder que Obama” hizo chirriar los goznes de la herrumbrosa y paranoica musculatura de la OTAN. No obstante, Trump dijo una verdad. Putin ha sido más inteligente que Obama y la Merkel, ya no digamos que Holland. Sería ese el punto desde donde Trump podría –subrayamos ‘podría’- ser menos dañino que Hillary. Con la señora Clinton en la presidencia de EEUU las posibilidades de proliferación de conflictos mundiales y armas se disparan. Con Trump hay una modesta esperanza de acuerdos con China y Rusia, es decir, de paz mundial.

Todo esto no deja de ser especulaciones. Como afirmaba hace pocos días el periodista Stephen Kinzer (no confundir con Stephen King), desde The Boston Globe, EEUU “no tiene la costumbre de comprometerse con otros países”. Lo suyo es el Big Stick. Esa es, al menos, la doctrina de Hillary. Puede que Trump, bisoño en estas lides, tenga más tendencia a buscar acomodos diplomáticos. Si no es así, habrá que dejar de lado libros y elucubraciones y dedicarse a cavar trincheras. Cuanto más hondas, mejor, que Rusia y China están cada vez más preparadas para poner en su sitio al “país indispensable” que –ya va siendo hora- sería bajado de su nube supremacista de la única forma que entiende: a misilazos. Y colorín colorado, el cuento se habrá acabado.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El regreso de la derecha en América Latina

Ven, 04/11/2016 - 08:00
Emir Sader, Página 12

La nueva ola de derecha en América latina no tardó en decir a qué vino. Los gobiernos de Mauricio Macri en Argentina y de Michel Temer en Brasil se dedican, única y exclusivamente, a aplicar el mismo tipo de duro ajuste fiscal que ya había sido aplicado en esos y otros países del continente, con las desastrosas consequencias económicas y sociales que se conocen.

Para ello, tuvieron que reimponer el viejo diagnóstico, según el cual, los problemas de los países son resultado de gastos excesivos del Estado. Un diagnóstico totalmente desmentido por la forma en que en esos mismos países los gobiernos han reaccionado a los duros efectos de la crisis internacional iniciada en 2008. Se podría haber hecho lo que se hace ahora, cortando hondamente los presupuestos de los recursos para políticas sociales. Pero las economías latinoamericanas habrían ingresado en recesiones profundas y prolongadas, de las cuales no habrían salido, como ocurre con las economías europeas.

Sin embargo, los gobiernos de Argentina y de Brasil, con orientaciones distintas de las actuales, no se dejaron llevar por la crisis y reaccionaron en contra de la recesion, con medidas anticíclicas. Con ello pudieron sacar rápidamente a las economías de la recesion, volver a crecer, superar el desempleo y retomar la dinámica de expansión económica con distribución de renta, que permitió el momento más virtuoso de la historia de esos y de otros países del continente en este siglo.

Pero la derecha volvió a los gobiernos de esos países, como si no hubiera pasado nada. Como si no hubieran fracasado y arrojado a los países a las peores crisis recesivas en mucho tiempo, con altos niveles de desempleo y profundas crisis sociales. Como si no se hubieran dado gobiernos que recuperaron esas economías, superaron su crisis social y desarrollaron los programas de inclusión social más amplios de su historia.

La derecha retoma el mismo diagnóstico que había llevado a los ajustes, a las recesiones, a las crisis sociales. Necesita, para ello, borrar o descalificar todos los avances logrados a lo largo de este siglo. Como si Argentina y Brasil no estuvieran mucho mejor, de todos los puntos de vista, gracias a las políticas con las que han enfrentado a la crisis.

Tratan de pasar la idea de que la crisis actual es generada por el modelo que mejor funcionó. Dicen que se habría gastado demasiado. Que los gastos en políticas sociales serían la causa del desequilíbrio de las cuentas públicas. No las altísimas tasas de interés, no el pago de las deudas interna y externa, no la evasión de impuestos, no los paraísos fiscales, no los subsidios a los grandes empresarios, no la especulación financiera.

En realidad, la derecha vuelve para destruir lo que fue construido a lo largo de este siglo en los países donde logra, por una u otra vía, volver al gobierno. Su agenda es estrictamente negativa: privatización de propiedades públicas, menos recursos para politicas sociales, menos derechos para los trabajadores, más recesión, más desempleo. Más Estados Unidos en el continente y menos integración regional.

No pueden decir que son lo nuevo, porque rescatan a los viejos economistas neoliberales. Ni que van a retomar el crecimiento económico, porque ahondan la recesión. Ni que van a controlar las cuentas públicas, porque aumentan la inflación y el déficit público. No tienen nada para prometer, porque lo que hacen no tiene nada de popular, ni de democrático. Sólo pueden sobrevivir, blindados por los medios.

¿Cómo deben reaccionar las fuerzas populares frente a esa ofensiva conservadora?

Antes de todo, buscando el más amplio proceso de toma de conciencia, de movilización y de organización de los sectores populares, víctimas de las políticas de esos gobiernos. Sin eso, no será posible revertir la situación. En segundo lugar, buscar la más amplia unidad de las fuerzas opositoras, tomando como línea divisoria entre los dos campos al modelo neoliberal. Unir a todas las fuerzas antineoliberales. En tercer lugar, hacer un balance del pasado reciente, pero valorando todo lo conquistado como paso previo a la crítica de los errores. En el cuarto, finalmente, reconquistar la hegemonía de los valores que han llevado a los gobiernos progresistas a ser eligidos por la mayoría. Reelaborar los temas de la justicia social, de la democracia política, de la soberanía nacional, entre tantos otros, en los términos actuales, después de los avances de la derecha.

Como cada vez que se da una victoria política de la izquierda o de la derecha ésta es antecedida por una victoria en el plano de las ideas, hay que reimponer como objetivos fundamentales del país el desarrollo económico con distribución de renta, después de desarticular las falsedades con las que la derecha vuelve a los países de América latina.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Estancamiento secular: el paradigma perdido

Xov, 03/11/2016 - 10:01

Alejandro Nadal, La Jornada

En la cosmogonía de los economistas no hay nada más aterrador que la perspectiva de la crisis y el estancamiento secular. Ambos se acompañan de la pérdida del paradigma sobre estabilización y crecimiento que desde hace décadas orientó el trabajo de los economistas.

En la actualidad, como huérfanos desorientados, los economistas cercanos a la corriente dominante en teoría macroeconómica siguen buscando señales de que su paradigma no ha muerto. Recuerdan los pasajes del Paraíso perdido de John Milton en los que un Adán desamparado implora perdón pero su expulsión del paraíso es decretada. Así los economistas convencionales vagan sin rumbo, tratando de rescatar el paradigma perdido.

En el poema de Milton, el arcángel Miguel lleva a Adán a una colina desde donde contempla el porvenir que aguarda a la humanidad. Hoy desde una colina similar, los economistas observan consternados el desolador panorama del estancamiento secular. Ante su vista se suceden desempleo, pobreza, desigualdad, finanzas públicas desequilibradas y una política monetaria sumida en el desconcierto.

El viejo paradigma de estos economistas de la corriente neoclásica está basado en la creencia de que la política macroeconómica puede controlar los vaivenes de los ciclos económicos y la volatilidad de los mercados financieros. Sin duda la crisis de 2008 hizo añicos ese sueño y la fantasía de la estabilidad macroeconómica. Pero muy pocos economistas fueron capaces de leer las señales anteriores a la crisis sobre el gran diluvio del estancamiento secular.

Y sin embargo, esas señales eran bastante claras. En los últimos 30 años la tasa de crecimiento de la economía mundial disminuyó de manera constante. Entre 1973 y 2015 la tasa de crecimiento del PIB mundial pasó de 6.4 a 2.4 por ciento. Es decir, antes del frenazo que sufre la tasa de crecimiento del PIB mundial por la crisis de 2008 ya se observaba una tendencia decreciente durante más de tres décadas.

Otro indicador es el comportamiento de la tasa de interés real. Durante el periodo 1975-2015 la tasa de interés real para activos libres de riesgo fue disminuyendo brutalmente y pasó de un nivel cercano a 4 por ciento a niveles negativos cercanos a –1.2 por ciento. Los cálculos pueden variar ligeramente, pero cuando se observa una tendencia de esta magnitud a lo largo de un periodo de 30 o 40 años no se puede evitar pensar que aquí están en juego algunas fuerzas económicas seculares muy poderosas.

El problema es que frente a estas fuerzas del tiempo largo los economistas convencionales no pueden ofrecer un remedio en materia de política macroeconómica. Por ejemplo, los modelos macroeconómicos que utilizan los bancos centrales en la mayoría de los países son incapaces de sugerir medidas para afrontar un problema secular como el del estancamiento de largo aliento. Esos modelos dinámicos estocásticos de equilibro general (DSGE por sus siglas en inglés) sólo permiten en el mejor de los casos pensar en problemas acotados en el tiempo corto, como en algún episodio cíclico o un incidente de volatilidad en los mercados. Pero el marco analítico de esos modelos y sus metas sobre inflación no hace posible el concebir problemas como un desplome constante de la oferta o una deficiencia crónica de la demanda agregada. Es decir, además de tener todas las deficiencias para el tratamiento de problemas de corto plazo (agentes representativos y condiciones artificiales de estabilidad) los modelos DSGE son incapaces de dar cabida al tratamiento de problemas estructurales de largo plazo.

Frente a un escenario de estancamiento de largo plazo la política macroeconómica convencional permanece muda. Es que desde hace décadas su objeto no ha sido el control del nivel general del producto agregado. Y además, hoy los economistas convencionales no saben cómo articular una política fiscal expansiva con una política monetaria no convencional de tasas de interés muy bajas o incluso en terreno negativo. Tampoco tienen algo que ofrecer frente al problema de la desigualdad en la distribución del ingreso que tantos problemas macroeconómicos conlleva.

La teoría y política macroeconómica convencional tienen graves deficiencias, incluyendo sus anacrónicas hipótesis sobre el papel del sector bancario (como simple intermediario) y la presencia de agentes representativos (desacreditados teóricamente desde 1974). Así que ¿cómo pedirles que den el salto conceptual que les permita incorporar cosas como la evolución de la tasa de ganancia, el nivel general de salarios y la evolución del endeudamiento? Éstas son las preguntas centrales en una discusión sobre las tendencias futuras del capitalismo, pero tienen que ver con el espinoso tema de la distribución del ingreso y eso es algo que la teoría convencional prefiere ignorar.

La hipótesis del estancamiento secular invita a pensar en formas novedosas de política macroeconómica. También impone la necesidad de reflexionar sobre la necesidad de transformaciones económicas radicales porque el paradigma perdido de los neoclásicos jamás será recuperado.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La revolución rusa y nosotros

Mér, 02/11/2016 - 07:00
Este texto es la conferencia traducida que Josep Fontana realizó en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) el pasado 24 de octubre en el marco de unas jornadas sobre la Revolución Rusa de 1917, en plena Primera Guerra Mundial. Este es el primer artículo de una serie que busca rescatar el legado de la revolución rusa a los aciagos días que corren.Josep Fontana, Sin Permiso

Hacia 1890 los partidos socialistas europeos, agrupados en la Segunda Internacional, habían abandonado la ilusión revolucionaria y defendían una vía reformista que les tenía que llevar a integrarse en los parlamentos burgueses, confiando en que un día podrían acceder al poder en través de las elecciones y que desde allí procederían a transformar la sociedad. De esta manera los partidos socialistas alemán, italiano, español, francés, que mantenía todavía el nombre de sección francesa de la Internacional Obrera, o el laborismo británico optaron por una política reformista, aunque conservaran la retórica revolucionaria del marxismo para no desconcertar a sus seguidores obreros, que debían seguir creyendo que sus partidos luchaban por una transformación total de la sociedad.

La contradicción entre retórica y praxis estalló con motivo de la proximidad de la Gran Guerra de 1914. En el congreso que la Internacional socialista celebró en Basilea en noviembre de 1912 se proclamó que "era el deber de las clases obreras y de sus representantes parlamentarios (...) realizar todos los esfuerzos posibles para prevenir el inicio de la guerra" y que, si ésta finalmente empezaba, debían intervenir para que terminara rápidamente y "utilizar la crisis económica y política causada por la guerra para sublevar el pueblo y acelerar la caída del gobierno de la clase capitalista ". El congreso proclamaba, además, su satisfacción ante "la completa unanimidad de los partidos socialistas y los sindicatos de todos los países en la guerra contra la guerra", y llamaba "a los trabajadores de todos los países a oponer el poder de la solidaridad internacional del proletariado al imperialismo capitalista ".

Pero en la tarde del 4 de agosto de 1914 tanto los socialistas alemanes, que habían organizado actos contra la guerra hasta unas semanas antes, como los franceses aprobaron de manera entusiasta en sus respectivos parlamentos la declaración de la guerra y votaron los créditos necesarios para iniciarla. El Partido Socialdemócrata alemán, además, aceptó una política de tregua social que comportaba los compromisos de no criticar al gobierno y de pedir a los obreros que no hicieran huelgas mientras durase la guerra. En cuanto a los laboristas británicos, no sólo aprobaron la guerra, sino que acabaron integrándose en un gobierno de coalición.

En Rusia las cosas fueron de otra manera, ya que su partido socialdemócrata, dividido en las dos ramas de mencheviques y bolcheviques, no solamente no tenía representación en el parlamento, sino que era perseguido por la policía. A comienzos de 1917 los bolcheviques tenían algunos de sus dirigentes desterrados a Siberia, como Stalin y Kamenev, mientras otros vivían en el exilio, como Lenin, que se había instalado en Suiza, en la ciudad de Zúrich, mientras Trotsky se encontraba entonces en Nueva York.

Cuando en febrero de 1917 comenzó la revolución en Petrogrado, lo hizo sin la presencia de los jefes de los partidos revolucionarios para dirigirla, en un movimiento impulsado por un doble poder, el de los consejos o soviets de los trabajadores y de los soldados por un lado , y el del Comité provisional del parlamento por otro, que se pusieron de acuerdo para establecer un gobierno provisional y para aplazar los cambios políticos hasta la celebración, en noviembre siguiente, de una Asamblea constituyente elegida por sufragio universal.

Cuando el 3 de marzo el gobierno provisional concedió una amnistía "para todos los delitos políticos y religiosos, incluyendo actos terroristas, revueltas militares o crímenes agrarios", Stalin y Kamenev volvieron de Siberia y se encargaron de dirigir Pravda, el periódico de los bolcheviques, donde defendían el programa de continuar la guerra y convocar una Asamblea constituyente, de acuerdo con la mayoría de las fuerzas políticas rusas.

A principios de abril volvía de Suiza Vladimir Lenin, que había podido viajar gracias a que el gobierno alemán, que quería ver Rusia fuera de la guerra, le ayudó a ir en tren hasta la costa del Báltico, desde donde pasar en Suecia y en Finlandia para llegar finalmente, en otro tren, en Petrogrado.

Para entender la acción de los alemanes hay que recordar que en estos primeros meses de 1917 se produjo la crisis con Estados Unidos, que condujo a que estos declararan la guerra a Alemania el 6 de abril. Fueron los alemanes los que le propusieron el viaje, y Lenin presentó exigencias antes de aceptarlo, como que los vagones que lo llevaran a través de Alemania con la treintena de exiliados rusos que le acompañaban tuvieran la status de entidad extraterritorial. A Trotsky, en cambio, los británicos lo detuvieron mientras volvía y no llegó a Petrogrado hasta un mes más tarde.

En la recepción que los bolcheviques le organizaron el 3 de abril en la estación de Finlandia, Lenin dijo, desde la plataforma del vagón: "El pueblo necesita paz, el pueblo necesita pan, el pueblo necesita tierra. Y le dan guerra, hambre en vez de pan, y dejan la tierra a los terratenientes. Debemos luchar por la revolución social, luchar hasta el fin, hasta la victoria completa del proletariado ". Al que añadió aún: "Esta guerra entre piratas imperialistas es el comienzo de una guerra civil en toda Europa. Uno de estos días la totalidad del capitalismo europeo se derrumbará. La revolución rusa que habéis iniciado ha preparado el camino y ha comenzado una nueva época. ¡Viva la revolución socialista mundial!"

Este discurso fue mal recibido por los bolcheviques presentes en la estación y fue rechazado en las primeras votaciones de los órganos del partido. Se habían acostumbrado a la idea de apoyar una revolución democrática burguesa como primera etapa de un largo trayecto hacia el socialismo, a la manera que lo planteaban los partidos socialdemócratas europeos, y querer ir a continuación más allá les parecía una aventura condenada al fracaso.

Lo que planteaba Lenin no se reducía al lema de "paz, tierra y pan"; no era solamente un programa para terminar la guerra de inmediato y a cualquier precio, y para entregar la tierra a los campesinos. En la base de esta propuesta había un planteamiento mucho más radical, que lo llevaba a sostener que, ante los avances logrados desde febrero y de la existencia de los soviets como órganos de ejercicio del poder, no tenía ningún sentido optar por una república parlamentaria burguesa, sino que tenían que ir directamente a un sistema en el que todo el poder estuviera en manos del soviets, que se encargarían de ir aboliendo todos los mecanismos de poder del estado -la policía, el ejército, la burocracia ...- iniciando así el camino hacia su desaparición, que iría seguida de la desaparición paralela de la división social en clases.

Lenin reproducía la crítica de la vía parlamentaria que Marx había hecho en 1875 en la Crítica al programa de Gotha, un texto que los socialdemócratas alemanes mantuvieron escondido durante muchos años, donde rechazaba la idea de avanzar hacia el socialismo a través del "Estado libre" como una especie de etapa de transición, y sostenía: "Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista está el período de transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este periodo le corresponde también un período político de transición en el que el estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado".

¿Cómo debía hacerse esta transición? Es difícil de definir porque ningún partido socialista se había planteado seriamente qué hacer una vez llegados al poder, porque la perspectiva de conseguirlo parecía lejana. El único modelo existente era el de la Commune de París de 1871 y había durado demasiado poco como para haber establecido unas reglas orientativas.

Lo que proponía Lenin lo podemos saber a través de lo que decía en El estado y la revolución, donde denunciaba las mentiras del régimen parlamentario burgués donde todo (las reglas del sufragio, el control de la prensa, etc.) contribuía a establecer "una democracia sólo para los ricos ", y preveía la extinción del estado en dos fases. En la primera el estado burgués sería reemplazado por un estado socialista basado en la dictadura del proletariado.

La segunda fase surgiría de la extinción gradual del estado, y conduciría a la sociedad comunista. Durante esta transición los socialistas debían mantener el control más riguroso posible sobre el trabajo y el consumo; un control que sólo podía establecerse con la expropiación de los capitalistas, pero que no debía conducir a la formación de un nuevo estado burocratizado, porque el objetivo final era justamente ir hacia una sociedad en la que no habría "ni división de clases, ni poder del estado".

No es cosa de explicar aquí la historia, bastante conocida, de cómo los bolcheviques llegaron al poder y cómo empezaron a organizar una transición al nuevo sistema.

Lo que me interesa recordar es que el 7 de enero de 1918 Lenin confiaba en que, tras un período en el que habría que vencer la resistencia burguesa, el triunfo de la revolución socialista sería cosa de meses.

A desengañarlo vino una llamada "guerra civil", en el que participaron, apoyando a varios enemigos de la revolución, hasta trece países diferentes, y que tuvo para el nuevo estado de los bolcheviques un coste de ocho millones de muertes , entre víctimas de los combates, del hambre y de las enfermedades, además de conllevar la destrucción total de la economía. Una situación que obligaba a aplazar indefinidamente la implantación de la nueva sociedad.

Es en este momento, superada la guerra civil, cuando esta historia da un giro. Lloyd George, el jefe del gobierno británico, fue el primero en darse cuenta de que la idea de conquistar la Rusia soviética para liquidar la revolución era inútil, además de insuficiente. La lucha contra la revolución cambiaría entonces de carácter, al pasar del escenario ruso a lograr un alcance mundial. Lo que se necesitaba era combatir a escala universal la influencia que las ideas que habían inspirado la revolución soviética ejercían sobre los diversos grupos y movimientos que todo el mundo las tomaban como modelo en sus luchas.

El enemigo que se pasó entonces a combatir con el nombre de comunismo no era el estado soviético, ni siquiera los partidos comunistas de la Tercera Internacional, que hasta los años treinta no pasarían de ser pequeños grupos sectarios de escasa influencia. El enemigo era inmenso, indefinido y universal, nacido no de la observación de la realidad, sino de los miedos obsesivos de los políticos que les hacían ver el comunismo detrás de cualquier huelga o de cualquier protesta colectiva. Como, por ejemplo, de una huelga de los descargadores de los puertos de la costa del Pacífico de los Estados Unidos que movió a Los Angeles Times a asegurar que aquello era "una revuelta organizada por los comunistas para derribar el gobierno" y a pedir, en consecuencia, la intervención del ejército para liquidarla. Ejemplos como este se pueden multiplicar en los más diversos momentos y en los más diversos escenarios.

Desde ese momento la lucha contra la revolución comunista se transformó en un combate que nos afectaba y nos implicaba a todos. La segunda república española, por ejemplo, que aparecía en 1931 en el escenario internacional cuando en la mayor parte de Europa la inquietud social se iba resolviendo con dictaduras de derecha, fue recibida con hostilidad por los gobiernos de las grandes potencias. El embajador estadounidense en Madrid, por ejemplo, informaba al departamento de Estado el 16 de abril de 1931, a los dos días de la proclamación de la República, en los siguiente términos: "el pueblo español, con su mentalidad del siglo XVII, cautivado por falsedades comunistoides, ve de repente una tierra prometida que no existe. Cuando les llegue la desilusión, se tumbarán ciegamente hacia lo que esté a su alcance, y si la débil contención de este gobierno deja paso, la muy extendida influencia bolchevique puede capturarlos".

No importaba que los mensajes posteriores revelaran que el embajador ignoraba incluso quienes eran los dirigentes republicanos. En una semejanza del gobierno que enviaba a Washington estos mismos días dice, por ejemplo, de Azaña: "no encuentro ninguna referencia de parte de la embajada. El agregado militar se refiere a él como un asociado a Alejandro Lerroux. Aparentemente un "republicano radical". Lo ignoraba todo de los republicanos, pero el de la "influencia bolchevique" sí lo tenía claro.

De nuevo en 1936, al producirse el levantamiento militar en España, las potencias europeas optaron por dejar indefensa la república española ante la intervención de alemanes e italianos con hombres, armas y aviones, por temor a un contagio comunista que en 1936 no existía en absoluto.

Mientras tanto el estado soviético, bajo la dirección de Stalin, vivía con el miedo de ser agredido desde fuera y invertía en armas para su defensa unos recursos que podían haber servido para mejorar los niveles de vida de sus ciudadanos. Pero la peor de las consecuencias de este gran temor fue que degenerara en un pánico obsesivo a las conspiraciones interiores que creían que se estaban preparando para colaborar con algún ataque desde el exterior destinado a acabar con el estado de la revolución. Un miedo que fue responsable de las más de setecientas mil ejecuciones que se produjeron en la Unión Soviética de 1936 a 1939. La orden 00447 de la NKVD, de 30 de julio de 1937, "sobre la represión de antiguos kulaks, criminales y otros elementos antisoviéticos" afectó sobre todo a ciudadanos ordinarios, campesinos y trabajadores que no estaban implicados en ninguna conspiración, ni eran una amenaza para el estado. Y aunque los sucesores de Stalin no volvieron nunca a recurrir al terror en esta escala, conservaron siempre un miedo a la disidencia que hizo muy difícil que toleraran la democracia interna.

Consiguieron así salvar el estado soviético, pero fue a costa de renunciar a avanzar en la construcción de una sociedad socialista. El programa que había nacido para eliminar la tiranía del estado terminó construyendo un estado opresor.

A pesar de todo, fuera de la Unión Soviética, en el resto el mundo, la ilusión generada por el proyecto leninista siguió animando durante muchos años las luchas del otro "comunismo", y obligó a los defensores del orden establecido a buscar nuevas formas de combatirlo.

Terminada la segunda guerra mundial, la coalición que encabezaban y dirigían los Estados Unidos organizó una lucha sistemática contra el comunismo, tal como ellos la entendían, que abarcaba todo lo que pudiera representar un obstáculo al pleno desarrollo de la "libre empresa" capitalista , preferiblemente estadounidense.

La campaña tenía ahora una doble vertiente. Por un lado mantenía una ficción, la de la guerra fría, que se presentaba como la defensa del "mundo libre", integrado en buena medida por dictaduras, contra una agresión de la Unión Soviética, que se presentaba como inevitable. Todo era mentira; lo era que los soviéticos hubieran pensado en una guerra de conquista mundial, ya que desde Lenin acá tenían muy claro que la revolución no se podía hacer más que desde el interior de los mismos países. Como también era mentira que los estadounidenses se prepararan para destruir la Unión Soviética preventivamente. Pero estas dos mentiras convenían a los estadounidenses para mantener disciplinados sus aliados, la primera, y atemorizados y ocupados los soviéticos en preparar su defensa, la segunda.

"Lo peor que nos podría pasar en una guerra global, decía Eisenhower en privado, sería ganarla. ¿Qué haríamos con Rusia si ganábamos?" Y Ronald Reagan se sorprendió en 1983 cuando supo que los rusos temían realmente que los fueran a atacar por sorpresa y escribió en su diario: "Les deberíamos decir que aquí no hay nadie que tenga intención de hacerlo. ¿Qué demonios tienen que los demás pudiéramos desear?". Se sorprendía que no hubieran descubierto el engaño, como lo hicieron, demasiado tarde, en 1986, cuando Gorbachov decidió abandonar la carrera de los armamentos porque, decía, "nadie nos atacará aunque nos desarmemos completamente".

La finalidad real de la segunda vertiente de estos proyecto, que se presentaba como una cruzada global contra el comunismo, era luchar contra la extensión de las ideas que pudieran oponerse al desarrollo del capitalismo. El objetivo no era defender la democracia, sino la libre empresa: Mossadeq no fue derribado en Irán porque pusiera en peligro la democracia, sino porque convenía a las compañías petroleras; Lumumba no fue asesinado para proteger la libertad de los congoleños, sino la de las compañías que explotaban las minas de uranio de Katanga, de donde había salido el mineral con el que se elaboró ​​la bomba de Hiroshima.

Y cuando el combate no se hacía para defender unos intereses puntuales y concretos, sino en términos generales para salvar la libertad de la empresa, los resultados todavía podían ser más nefastos. Uno de los peores crímenes del siglo fue el que llevó a matar tres millones doscientos mil campesinos vietnamitas argumentando que se disponían a iniciar la conquista de Asia. No se fue a Vietnam a defender la democracia, porque lo que había en Vietnam del sur era una dictadura militar.

La mentira fundacional de aquella guerra la denunció crudamente John Laurence, que fue corresponsal de la CBS en Vietnam entre 1965 y 1970, con estas palabras: "Hemos estado matando gente durante cinco años sin otro resultado que favorecer a un grupo de generales vietnamitas ladrones que se han hecho ricos con nuestro dinero. Esto es lo que hemos hecho realmente. ¿La amenaza comunista? ¡Y una puñeta! (...) Nos hemos metido tan a fondo que no podíamos salir, porque parecería que habíamos perdido. Es una locura. No ganaremos, eso lo sabe todo el mundo. Pero no lo admitiremos y volveremos a casa, seguiremos matando a la gente, miles y miles de personas, incluyendo a los nuestros".

Por eso resultan tan reveladoras de la confusa naturaleza de la lucha anticomunista las palabras que pronunció Obama recientemente, glorificando los hombres que fueron a Vietnam, según él: "avanzando por junglas y arrozales, entre el calor y las lluvias, luchando heroicamente para proteger los ideales que reverenciamos como americanos". ¿Cuáles eran esos ideales?

No había tampoco ninguna conjura comunista en los países de América Central que fueron devastados por las guerras sucias de la CIA. Lo reconoció el Senado de los Estados Unidos en 1995 cuando denunció que los supuestos subversivos que habían sido asesinados allí eran en realidad "organizadores sindicales, activistas de los derechos humanos, periodistas, abogados y profesores, la mayoría de los cuales estaban ligados a actividades que serían legales en cualquier país democrático ". Una guerra sucia que continúa aún hoy, cuando en Honduras las bandas organizadas por el gobierno y por las empresas internacionales interesadas en la explotación de sus recursos naturales siguen matando, con la tolerancia y protección de los Estados Unidos, dirigentes campesinos que defienden la propiedad colectiva de las tierras y las aguas: como Berta Cáceres, asesinada el 3 de marzo de este año, por instigación de la empresa holandesa que patrocina el proyecto de Agua Zarca, o como José Ángel Flores, presidente del Movimiento Unificado de Campesinos del Aguán, asesinado el 18 de octubre de 2016.

El silencio ante la brutalidad de todas estas guerras lo denunció Harold Pinter en el discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, en 2005, cuando sostenía que Estados Unidos, implicados en una campaña por el poder mundial, habían conseguido enmascarar sus crímenes , presentándose como "una fuerza para el bien mundial".

Mientras Estados Unidos defendían la libre empresa, y mientras los países del "socialismo realmente existente" fracasaban en estos años de la posguerra en el intento de construir una sociedad mejor, fue el otro "comunismo" en su conjunto, en la difusa y vaga acepción que habían creado los miedos de sus enemigos, lo que consiguió un triunfo a escala global del que nos hemos beneficiado todos.

Y es que el miedo que generaba este comunismo global, no por su fuerza militar, sino por su capacidad de inspirar a todo el mundo las luchas contra los abusos del capitalismo, combinada con la evidencia de que la represión no era suficiente para detenerlo, forzaron a los gobiernos de occidente a poner en marcha unos proyectos reformistas que prometían alcanzar los objetivos de mejora social sin recurrir a la violencia revolucionaria. Es este miedo a la que debemos las tres décadas felices de después de la segunda guerra mundial con el desarrollo del estado del bienestar y con el logro de niveles de igualdad en el reparto de los beneficios de la producción entre empresarios y trabajadores como nunca se habían alcanzado antes.

El problema fue que cuando el "socialismo realmente existente" mostró sus límites como proyecto revolucionario, a partir de 1968, cuando en París renunció a implicarse en los combates en la calle, y cuando en Praga aplastó las posibilidades de desarrollar un socialismo con rostro humano, los comunistas perdieron esa gran fuerza que Karl Kraus valoraba por encima de todo cuando decía "que Dios nos conserve para siempre el comunismo, porque esta chusma -la de los capitalistas- no se vuelva aún más desvergonzada ( ...) y porque, al menos, cuando se acuesten tengan pesadillas".

Desde mediados de los años setenta del siglo pasado esta chusma duerme tranquila por las noches sin temer que sus privilegios estén amenazados por la revolución. Y ha sido justamente eso lo que les ha animado a recuperar gradualmente, no sólo las concesiones que habían hecho en los años de la guerra fría, sino incluso buena parte de las que se habían ganado antes, en un siglo y medio de luchas obreras. El resultado ha sido este mundo en que vivimos hoy, en que la desigualdad crece de manera imparable, con el estancamiento económico como daño colateral.

En estos momentos en que se aproxima el centenario de la revolución de 1917, volveremos a oír repetidas las descalificaciones habituales sobre aquellos hechos. Unas condenas que a algunos les parecen más necesarias que nunca en unos momento en que, según un informe de 17 de octubre de 2016 de la Victims of Communism Memorial Foundation no solo resulta que los jóvenes estadounidenses de 16 a 20 años, los "millennials", lo ignoran todo sobre aquella historia, sino que, y esto es más alarmante, casi la mitad se declaran dispuestos a votar a un socialista, y un 21 por ciento hasta a un comunista; la mitad piensan que "el sistema económico les es contrario" y un 40 por ciento querrían un cambio total que asegurara que los que ganan más pagaran de acuerdo con su riqueza. Todo lo cual lleva a la fundación a reclamar desesperadamente a que se enseñe a los jóvenes la siniestra historia "del sistema colectivista".

Yo pienso que nosotros necesitamos otro tipo de conmemoración, que nos permita, por un lado, recuperar la historia de aquella gran esperanza frustrada en su dimensión más global, que encierra también nuestras luchas sociales.

Pero que nos lleve a más, por otra parte, a reflexionar sobre algunas lecciones que los hechos de 1917 pueden ofrecernos en relación con nuestros problemas del presente. Porque resulta interesante comprobar que cuando un estudioso del capitalismo global contemporáneo como William Robinson se refiere a la crisis actual llega por su cuenta a unas conclusiones con las que habría estado de acuerdo Lenin: que la reforma no es suficiente -que la vieja vía de la socialdemocracia está agotada- y que uno de los obstáculos que hay que superar es justamente el del poder de unos estados que están hoy al servicio exclusivo de los intereses empresariales. Para acabar concluyendo que la sola alternativa posible al capitalismo global de nuestro tiempo es un proyecto popular transnacional, que va a ser el equivalente de la revolución socialista mundial que invocaba Lenin en abril de 1917 cuando bajó del tren en la estación de Finlandia.

Las fuerzas que deberían construir este proyecto popular serán seguramente muy diferentes de los partidos tradicionales del pasado. Serán fuerzas como las que hoy surgen de abajo, de las experiencias cotidianas de los hombres y las mujeres. Del tipo de las que se están constituyendo a partir de las luchas de los trabajadores de Sudáfrica o los indígenas de Perú contra las grandes compañías mineras internacionales, de las de los zapatistas que reivindican una rebeldía "desde abajo y a la izquierda" , de los guerrilleros kurdos de Kurdistán sirio que quieren construir una democracia sin estado, los maestros mexicanos que se manifiestan en defensa de la educación pública, los campesinos de muchos países que no militan en partidos, sino en asociaciones locales como el Movimiento Unificado de campesinos del Aguán, que presidía José Ángel Flores: unas asociaciones que se integran en otros de nivel estatal, como el Consejo de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras, que dirigía Berta Cáceres, que a su vez lo hacen en una gran entidad transnacional como es Vía Campesina. Estas fuerzas no representan todavía, ni solas ni todas sumadas, una amenaza para el orden establecido, pero anuncian las posibilidades futuras de un gran despertar colectivo.

El camino que tienen por delante, si quieren escapar de este futuro de desigualdad y empobrecimiento que nos amenaza a todos, es bastante complicado. El fracaso de la experiencia de 1917 muestra que las dificultades son muy grandes; pero pienso que nos ha enseñado también que, a pesar de todo, había que probarlo y que intentarlo de nuevo quizás valdrá la pena.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Suecia podría ser el primer país en abandonar el dinero efectivo

Mar, 01/11/2016 - 18:06
En Suecia hasta los vendedores callejeros prefieren ser pagados con dinero virtual y solo el 2% de las transacciones monetarias en 2015 se realizaron en efectivo. De seguir así, Suecia podría convertirse en el primer país en decir no al dinero en billetes y monedas, opina Jon Henley para The Guardian. "No uso más dinero en efectivo, para nada. Simplemente no lo necesitas. Las tiendas no lo quieren. Muchos bancos ni siquiera tienen. Incluso para [comprar] un dulce o un periódico puedes usar una tarjeta o un teléfono", le explicó una joven sueca de 26 años a Henley.Esta actitud es regla general entre el pueblo sueco, e incluso instituciones como las iglesias prefieren el pago electrónico. Según Riksbank, el banco central de Suecia, únicamente el 2% de las transacciones monetarias en el país nórdico en 2015 fueron hechas con dinero en efectivo; una cifra que podría bajar hasta el 0,5% en 2020. En las tiendas, solo el 20% de las transacciones se realizan actualmente en 'cash', mientras que en el resto del mundo el promedio es del 75%. Paralelamente, 900 de las 1.600 filiales bancarias suecas no tienen ni reciben depósitos en metálico. Y en muchos lugares ya no hay ni siquiera cajeros automáticos. "Creo que, en la práctica, Suecia será básicamente una sociedad sin 'cash' en unos cinco años", señala Niklas Arvidsson, experto en sistemas de pago del Instituto Real de Tecnología de Estocolmo. Actualmente, las tarjetas son el medio de pago preferido por los suecos, mientras que aplicaciones móviles como Swish están ganando popularidad para las transacciones entre personas en tiempo real. Del mismo modo, sistemas como iZettle, que permiten a vendedores ambulantes y pequeños negocios recibir pagos por tarjeta, están cada vez más de moda. Obviamente, un sistema sin efectivo tiene sus problemas. Entre ellos, el fraude electrónico y la pérdida de privacidad son los más destacados. Pero la decisión política de convertirse en un país sin dinero está más cerca de lo esperado. Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Capitalismo imperialista vs. imperio capitalista

Lun, 31/10/2016 - 08:01
Antonio Lorca Siero, Rebelión

El capitalismo en su proyecto expansivo dirigido a dinamizar el capital, necesariamente tenía que encontrar raquíticas las fronteras impuestas por el Estado-nación, planteándose desde los tiempos del capitalismo burgués el salto más allá de sus límites. Aunque la idea imperial ha estado presente en su código ideológico, la dependencia estatal para garantizar cierto grado de seguridad en el marco en el que se han venido moviendo sus empresas supuso inicialmente un freno a esta tendencia. Finalmente los intereses comerciales, especialmente la necesidad de colocar excedentes de producción más allá de las fronteras de los Estados de las sociedades industrializadas, y en especial los derivados de la especulación del capital financiero, acabaron por superar las naturales prevenciones y salir a campo abierto. A partir de ese momento fue posible desarrollar la idea imperial que anima el capitalismo desde la perspectiva de esa ideología conductora del espíritu expansivo representado en empresas, como vehículo de manifestación del capital subyacente.

En contraposición con el imperialismo beligerante de corte absolutista, la idea imperial capitalista es pacífica, en principio basada en el intercambio comercial rentable -como en los viejos tiempos se trataba de vender baratijas para obtener bienes preciados, pero ya conforme a un proceso debidamente actualizado-, en definitiva de simple abuso y explotación de los países económicamente rezagados. Dado que desde la revolución burguesa se hizo del Estado un aparato colaborador de los intereses capitalistas, llegado el momento de la expansión extrafronteras, no desdeñó utilizar el mismo paraguas estatal para garantizar el orden económico en el ámbito internacional, ampliando así su papel represor. La avanzadilla empresarial, animada por las perspectivas de lucro, abría el camino para la intervención, luego se situaba tras el Estado manteniéndose a cubierto. Se trataba con ello de hacer extensivas sus particulares normas relativas al juego del dinero para gozar de las oportunas ventajas, disponiendo de seguridad plena. Utilizando el poderío militar de los modernos ejércitos de las naciones avanzadas, los aparatos estatales abanderaron la colonización moderna como punto de apoyo para la expansión capitalista, trasladando así la función ordenadora encomendada al Estado capitalista más allá de sus fronteras. De otro lado, también la influencia basada en el prestigio o la amenaza indirecta adquirieron un grado de efectividad igualmente aprovechada por el empresariado. Así pues, soportada en tales prácticas, cuando no en la simple manipulación, la seguridad jurídica tan importante para el negocio capitalista quedaba consolidada, ya fuera por la vía colonizadora o forzando tratados internacionales tras de los que se encontraba el interés del capitalismo, procurando buscar el refrendo de la superioridad del Estado hegemónico. Con lo que el Estado-nación encargado de guardar el orden capitalista intrafronteras, con el desarrollo de la idea expansiva del capitalismo, pasa a ser un Estado protector de sus intereses más allá de las mismas, comprometiéndose activamente en la obtención de los beneficios de sus empresas. Sobre esta base ya es posible desarrollar con ciertas garantías el expolio que define las prácticas imperialistas, dirigidas a agotar los recursos ajenos en beneficio propio.

Aunque el imperialismo, conforme a la versión leninista, supondría la fase final del capitalismo fundamentalmente agobiado por el peso del monopolio del capital financiero, el neoliberalismo vino a darle mayor empuje y prolongó el proceso con la globalización dirigida a diluir la idea de monopolio, aunque acabe por encaminarse abiertamente en esa dirección. El propio Estado-nación se comprometió como Estado-imperial en la tarea de buscar cobertura al desarrollo y expansión ilimitada de las grandes empresas que se acogían a su bandera como multinacionales. La globalización o invasión pacífica del mundo, dirigida a imponer el sistema capitalista, pero conservando la diferencia entre el centro y la periferia para permitir la explotación a través de la actividad de las grandes empresas abanderadas por el primero, ha venido a ser la realización práctica del imperialismo programado desde la ideología capitalista. El modelo de Estado-imperial que la hizo posible se disfrazó de Estado fuerte o de Estado hegemónico, basando su superioridad en la riqueza industrial y en la cultura industrializada dispuestas para la exportación. Al objeto de suavizar la pura y simple realidad imperialista invasiva diseñada para proteger dentro de un área de influencia a las empresas, los Imperios -hay que hablar en plural, puesto que en la práctica el fenómeno presenta varios cauces de manifestación geográfica- intervinieron en los manejos privados del capitalismo imperialista pensando en el interés público y crearon desde los Estados dominantes organismos internacionales para controlar, entre otros aspectos, la fuerza de las armas, la cultura, los flujos del dinero, la producción y el comercio, materias en las que aspiraban a alcanzar monopolios en sus zonas de influencia. Desde el nuevo intervencionismo, los beneficios económicos obtenidos por las empresas al amparo de la globalización, también han repercutido del otro lado en los Estados hegemónicos, contribuyendo a reforzar el imperialismo estatal. Con lo que el poder adquirido por el Estado multifunción y por la burocracia operativa ha llegado a un extremo que seguramente no entraba en las previsiones iniciales del capitalismo. Los Estados dominantes han alcanzado mayor prepotencia internacional, y frente al capitalismo del laissez-faire plantean el reforzamiento del modelo kelnesianismo, aunque esto sea sin abandonar el espíritu expansionista que les ha inculcado la ideología capitalista. Bien es cierto que, conforme sostienen Hardt y Negri, el Estado-nación ha perdido soberanía, pero hay que matizar que solamente se aprecia en el caso de los dominados, por contra, en el de los hegemónicos ha sucedido lo contrario.

¿Qué efectos tiene la nueva situación en la relación del capitalismo imperialista con el Imperio capitalista?. El Imperio, representado por el Estado hegemónico etiquetado como capitalista y esos organismos internacionales colaboradores en su área de influencia, ejercen directamente o desde el intervencionismo funciones que afectan al desarrollo del capital. Contando con el monopolio del poder legislativo, por ejemplo, se promulgan leyes que obligan a las empresas, diseñan políticas reguladoras de la actividad económica y marca los límites de la libertad de mercado. Teóricamente el Estado se coloca en un nivel superior y se convierte en un gran centro de poder que en algunos aspectos escapa al control capitalista. La función del aparato estatal como guardián del orden que permitía sujetar a las masas se ha desbordado, y ahora está afectando a su promotor, ya que el Estado-imperial, heredero del Estado burgués, ha cobrado autonomía aprovechando la libertad derivada de la globalización. Pero la cuestión de fondo apunta en otra dirección.

Desde la política, el Imperio empieza a replantearse la necesidad de mirar hacia los votantes -sin duda teniendo en cuenta los resultados inesperados de las consultas prefabricadas- y considerar las reivindicaciones de los ciudadanos propios. Ante el dilema de seguir favoreciendo los intereses del capitalismo, atender las reivindicaciones de las masas en orden al bienestar o cuanto menos tratar de conciliar ambas en lo posible, intenta moverse sin despertar suspicacias. Lo que puede ser una llamada a retornar al modelo de Estado-nación, sin perder los atributos alcanzados como Estado-imperial. Pese a la presencia ciudadana en la acción política, hay que ser escépticos, porque el Imperio representante de la política de un Estado hegemónico se mueve dentro del sistema capitalista. Aunque goce actualmente de cierta autonomía respecto al capitalismo, derivada de la ambición de poder de los políticos avanzados y de la burocracia a su servicio, y aspire a reconciliarse con la ciudadanía, no puede renunciar a la condición de ser soporte funcional de la ideología capitalista, como lo ha sido desde los tiempos de la burguesía. Probablemente, al final de la controversia, esta cuestión sólo resulte ser una pequeña diferencia entre las partes, que se saldará con un acuerdo dirigido a conciliar las tesis del capitalismo imperialista con las del Imperio capitalista.

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Continúa la mentira y la manipulación de ‘El País’ en la cobertura de Unidos Podemos

Sáb, 29/10/2016 - 03:06
Vicenç Navarro, Público

El miércoles pasado por la noche envié un artículo a Público que se publicó al día siguiente, haciendo una crítica y denuncia del partidismo sectario de El País (“El desvergonzado partidismo y sectarismo de El País”, Público, 20.10.16), mostrando ejemplos de la falta de profesionalidad y clara violación de las más mínimas reglas de decencia y ética periodísticas que aparecieron en su cobertura de Podemos durante la campaña electoral de 2015, y de Unidos Podemos en la de 2016. Tal rotativo no tiene límites en su hostilidad hacia estas fuerzas políticas, actuando como mero instrumento de los barones del PSOE, tales como los Sres. Felipe González y Alfredo Pérez Rubalcaba, que son miembros del Consejo Editorial de dicho rotativo.

Tras enviar el artículo, que se publicó al día siguiente, jueves, vi en las noticias de la noche por televisión que un grupo de estudiantes de la Universidad Autónoma de Madrid había interrumpido una conferencia patrocinada por El País en dicha universidad, en la que se iban a realizar dos intervenciones, una del Sr. Felipe González, ex presidente del gobierno español, y la otra del Sr. Juan Luis Cebrián, presidente del grupo Prisa y editor de El País. Al leer las noticias de tal rotativo, así como su editorial y artículos al día siguiente, vi, una vez más, la manipulación, las mentiras y la mala leche que están caracterizando a los editoriales de El País (así como a las noticias) sobre Podemos, alcanzando ya unos niveles que deberían ser objeto de denuncia en las comisiones de ética profesional de los Colegios de Periodistas. Nunca antes El País había alcanzado el nivel de mezquindad y falta de profesionalidad que está mostrando estos días.

Ni que decir tiene que el acto de interrupción de la conferencia de los Sres. González y Cebrián por parte de los estudiantes ha generado un rechazo general, liderado por El País, rechazo que este rotativo ha intentado utilizar para acusar a Podemos, y muy en particular a su Secretario General, el Sr. Pablo Iglesias, de estar detrás de aquel acto, acusación realizada en el editorial “A golpes con la libertad” (20.10.16), así como en el reportaje de lo sucedido. Y, predeciblemente, la mayoría de medios han sumado su voz a esta condena de los estudiantes que forzaron la clausura del acto, alegando que con su intento (que fue exitoso) estaban violando la libertad de expresión, acusando a Podemos de haber organizado o estimulado dicha acción.

La condenable violencia de los estudiantes En esta denuncia a los estudiantes de la UAM falta, sin embargo, hacer una distinción. El hecho de que los estudiantes utilizaran la violencia merece ser denunciado, siendo necesario que se exprese un desacuerdo con las formas escogidas por tales estudiantes en su protesta, desacuerdo que, por cierto, han mostrado todos los dirigentes de Podemos entrevistados, incluyendo (en contra de lo que escribió El País) Pablo Iglesias. Escuchen sus declaraciones y verán claramente que El País miente (cuando escribió que Pablo Iglesias no había desaprobado la fuerza utilizada por los estudiantes para interrumpir el acto). Escuchen sus declaraciones y verán que sí expresó su desacuerdo. Las fuerzas progresistas tienen que darse cuenta de que utilizar la violencia en una manifestación política es un gran error, pues siempre será utilizada por el adversario en su contra, debilitando enormemente a la causa que se defiende. El mejor ejemplo de ello fue ETA, que debido a su estrategia de violencia utilizada durante el periodo democrático retrasó enormemente el desarrollo de su causa. Las protestas tienen que ser no violentas para ser efectivas. Utilizarla es sumamente negativo y reaccionario. No veo, pues, criticable que se realizara una denuncia del uso de la violencia por parte de los estudiantes, ya fuera esta denuncia de forma explícita o implícita, expresando un desacuerdo, tal como hizo Pablo Iglesias.

No ha habido denuncia de la violencia mediática de El País y la gran mayoría de medios de información españoles Pero hay muchas maneras de ejercer la violencia, y El País, con su constante hostilidad hacia Pablo Iglesias y hacia Podemos, está ejerciendo una violencia mediática. De ahí que si bien los estudiantes tienen que ser criticados y denunciados por su violencia física, El País (y la mayoría de medios de información) también tiene que ser denunciado por la incitación al odio que constantemente aparece en sus páginas hacia aquellos a los que considera enemigos. ¿Cómo puede acusarse a Podemos de estar detrás de la violencia de aquel acto de los estudiantes, presentados como miembros o simpatizantes de ETA? Tal acusación a Pablo Iglesias es muy semejante a la acusación que hicieron los dirigentes y barones del PSOE a Podemos, acusándolo repetidamente, incluso en las Cortes Españolas, de apoyar a ese grupo terrorista. ¿No son estas acusaciones, hechas constantemente, una incitación a la violencia? Dicha acusación es una manipulación que tiene como objetivo destruir (y no hay otra manera de definirlo) a Podemos.

Pero la belicosidad de El País no se detiene ahí. En una comparación odiosa, equipara la acción de los estudiantes que golpearon las puertas del evento e hicieron ruido para imposibilitar el acto, con el golpe militar de la Guardia Civil (de Tejero), que paralizó una sesión de las Cortes Españolas. Además de exagerado, equiparar un grupo de estudiantes que no llevaban armas con secciones de la Guardia Civil y del Ejército que llevaron a cabo un intento de golpe de Estado, es intentar inflamar lo ocurrido para tomar ventajas políticas, manipulando en exceso el reportaje de un evento. Pero, por si no fuera poco, se acusa nada menos que al Secretario General de Podemos, Pablo Iglesias, en tal reportaje de ser el incitador de dicha violencia. Y como prueba de ello, se indica que los estudiantes revoltosos llevaban pancartas en las que se hacía referencia a la “cal viva” que Pablo Iglesias mencionó en su día en las Cortes Españolas en referencia al Sr. Felipe González; aludir a la utilización de tales pancartas como prueba de la complicidad de Pablo Iglesias en el acto es indigno y de una gran mezquindad. Por cierto, siempre que se hace referencia a esa cita, se ignora el contexto en el que se hizo tal acusación. Días antes de que Pablo Iglesias hiciera dicha acusación, Felipe González había acusado injustamente a Podemos de apoyar las acciones terroristas de ETA, acusación repetida por Pedro Sánchez en las Cortes Españolas, minutos antes de que le contestara Pablo Iglesias. ¿Por qué las acusaciones de los primeros no se citan, y sí en cambio las de Pablo Iglesias?

El constantemente violado derecho a la información La gran amenaza a la democracia no es solo la violencia física, sino la violencia ejercida por los medios incitando al odio y a la agresividad contra figuras políticas y partidos políticos, tal como hacen la gran mayoría de los medios de información españoles, que más que de información son de persuasión y propaganda, siendo El País uno de ellos. Los estudiantes tenían el derecho a protestar por la visita a la universidad de dos personajes políticos, incluyendo el presidente del grupo Prisa, uno de los mayores grupos de comunicación defensores de las políticas neoliberales promovidas por el establishment (tales como las políticas de austeridad que han ido desmontando el escasamente financiado Estado del Bienestar, y las reformas laborales que han reducido los salarios) que se han impuesto a la población por parte de los gobiernos Zapatero y Rajoy, y que han hecho tanto daño a las clases populares.

Es más, tenían también el derecho de protestar por la presencia del presidente de uno de los grupos de comunicación que más han contribuido a vetar la diversidad en sus medios, habiendo vetado a Manuel Rico, a Fernando Berlín, a Javier Aroca y a Ignacio Escolar, entre otros, impidiendo a todos sus trabajadores colaborar con los medios –eldiario.es, elconfidencial.com, La Sexta– que han sido críticos con el comportamiento empresarial del Sr. Cebrián, habiendo sido censurados y expulsados de sus medios.

Los medios, incluida la prensa, tienen una responsabilidad pública de la que deriva toda una serie de privilegios. Cuando no ejercen tal función pública y no ofrecen la variedad de sensibilidades ideológicas que existen en la sociedad, vetando a aquellos que tienen posiciones contrarias a las suyas propias, no pueden hablar de defensa de la libertad y de la democracia, pues son ellos los que las están violando. Durante la dictadura, los estudiantes abucheábamos a los directores de la prensa del régimen. Y hoy tenemos muy poca democracia (casi una dictadura mediática), y la falta de diversidad de los medios contribuye a ello. Los que son responsables de esta escasa diversidad, que violan sistemáticamente el derecho a estar informado, no se merecen ser considerados demócratas, y deben ser denunciados por su comportamiento antidemocrático.

La universidad debe ser un lugar de diálogo para aquellos que permiten el diálogo La universidad es un lugar de diálogo para todos aquellos que defiendan y permitan dicho diálogo y la diversidad. No para aquellos que lo impiden y que se oponen a ello. Por mucho que le duela al grupo Prisa, el supuesto régimen dictatorial de Venezuela (como siempre lo presenta El País) tiene mayor diversidad ideológica en sus medios que España. En realidad, en un régimen que es presentado como una dictadura de izquierdas, la mayoría de medios de información son medios de clara sensibilidad de derechas, aunque hay también de izquierdas. No así en España, donde no hay prácticamente medios de información de izquierdas. Y El País ha estado impidiendo esta diversidad tanto en sus páginas como fuera de ellas. Ha estado machacando con una enorme agresividad a las voces críticas con el neoliberalismo imperante, sin permitir responder ni siquiera a los insultos. Y un tanto semejante ocurre en su cobertura mediática de las opciones políticas soberanistas en Catalunya (sean o no sean independentistas), publicando constantemente manipulaciones sobre tales opciones, sin nunca permitir voces contrarias. Que ahora el grupo Prisa pida respeto y diálogo es una desfachatez. Los estudiantes tenían el derecho a manifestarse y denunciar tal arrogancia, y hay que defender su derecho, a la vez que criticar su innecesaria violencia, que disminuyó el valor democrático de su acción. Como bien decía Bertolt Brecht, “la libertad de prensa es la libertad de sus propietarios, y se expresa en la negación de la libertad de todos los demás”. El Sr. Cebrián tiene poca autoridad moral para dar lecciones sobre la libertad de prensa en España. De ahí que la población tiene que recuperar el derecho a la información, y repito que me parece muy bien que los estudiantes protesten (sin violencia) evitando que a tales personajes se les permita hablar en los fórums académicos, a no ser que muestren con su comportamiento que ellos mismos permiten la palabra a aquellos que demonizan e insultan constantemente.

Una última observación Parece que el amplio rechazo frente a la falta de profesionalidad que está mostrando El País en su hostil cobertura de Podemos está teniendo, por fin, algún impacto. Hace unos días (24 de octubre) El País publicó un artículo de un tal Víctor Lapuente en el que por primera vez se hablaba bien de Podemos (aunque no de Pablo Iglesias). Concluía el artículo señalando que el problema de tal partido era que está dirigido por Pablo Iglesias. La demonización de Pablo Iglesias será lo último que el establishment político-mediático de este país dejará de practicar, si es que algún día lo hace. Después de todo, tanta hostilidad hacia tal fuerza política y hacia su dirección es el intento desesperado de mantener un statu quo que es insostenible. Hoy, este statu quo se reproduce no solo por la represión física por parte de los aparatos represivos del Estado, sino también (y sobre todo) por la represión intelectual, ideológica y mediática llevada a cabo por la mayoría de la gran prensa escrita y la televisión, tanto pública como privada, que promueven el pensamiento conservador y neoliberal dominante (homologable en el abanico político europeo a la ultraderecha europea), hoy altamente cuestionado por fuerzas progresistas emergentes basadas en la periferia y en el centro del territorio español, que exigen otra España mucho más democrática, mucho más justa y solidaria, mucho menos corrupta, mucho más transparente y mucho más plural, que reconozca, dentro de esta diversidad, la plurinacionalidad del Estado español. Su desarrollo y expansión es lo que determina tanta hostilidad por parte del establishment político-mediático del país, que por primera vez desde que se inició el régimen de 1978 se encuentra amenazado.

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Renta básica: una propuesta para el siglo XXI

Mér, 26/10/2016 - 13:00
Alejandro Nadal, La Jornada

En los últimos años se ha venido discutiendo la renta básica, una radical propuesta de reforma económica y social que merece un análisis cuidadoso. Se trata de un esquema que corta transversalmente varios temas cruciales: distribución del ingreso, empleo, política fiscal, seguridad social, pobreza y salarios. Es quizás la propuesta de reforma más importante desde que apareció en la escena el estado de bienestar social.

La renta básica es definida por la Red Renta Básica como un ingreso pagado por el Estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro de pleno derecho o residente de la sociedad, incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, independientemente de si es rico o pobre y sin importar con quien conviva. Es decir, la renta básica (RB) se paga sin tomar en consideración las otras posibles fuentes de renta que pueda tener un miembro de la sociedad.

Se trata de un derecho social, asimilado al estatus de ciudadano de cualquier persona e independiente del nivel de ingreso que se tiene en la sociedad. La RB es algo esencialmente diferente a los pagos para compensar una situación de desempleo. Y no tiene nada que ver con los programas de combate a la pobreza extrema que el Banco Mundial ha promocionado en el mundo. Estos últimos se diseñaron para poder instrumentar recortes al gasto social al hacer más eficiente la asignación de recursos a los más necesitados. En el fondo sirvieron para que la generación del superávit primario no generara tanta protesta social.

Es una idea que lleva a nuevas alturas el derecho ciudadano a la vida, en el contexto de una economía capitalista que está mutando sus formas de reproducción a gran velocidad. Esta transformación exige explorar opciones que dan paso a formas sociales que hoy sólo aparecen en embrión y que habitan los intersticios de las relaciones capitalistas.

En particular, la renta básica permite hacer frente a los problemas que vienen aparejados al estancamiento secular y a la creciente robotización de los procesos de la industria manufacturera y del sector servicios. Los problemas que se acumulan en esta encrucijada se pueden sintetizar fácilmente: desempleo tenaz y salarios estancados o a la baja.

Por supuesto, la propuesta de la RB tiene sus detractores en todo el espectro político. Por el lado de la izquierda encontramos al conocido economista marxista, Michael Roberts. El título de su última entrada en su blog critica la propuesta de la RB por ser, eso, básica, pero no lo suficientemente radical. Y en un pasaje clave de su texto, Roberts señala que varios políticos y economistas de derecha están a favor de la RB porque al pagarle a los trabajadores ese ingreso en lugar de salarios y beneficios sociales es visto como una manera de ahorrar dinero y reducir el tamaño del Estado y de los servicios públicos. Lo que reduce el valor de la fuerza de trabajo y aumenta la tasa de plusvalía. Roberts concluye que la RB se convierte en un subsidio salarial para aquéllos patrones que emplean trabajadores que no gozan de beneficios sociales y que estarían bajo presión para aceptar salarios no mayores que la renta básica que sería inferior al salario promedio.

Roberts comete varios errores. Su descuido hace que al final del texto el lector no sepa si esa crítica de los políticos y economistas de derecha es también compartida por Roberts. La renta básica no se paga en lugar de salarios o beneficios sociales. La RB es un ingreso independiente de otras fuentes de renta o beneficios sociales. Por tanto, la renta básica no es algo que podría sustituir los servicios proporcionados por el Estado en materia de salud, educación o protección al medio ambiente. Ciertamente no es un medio para ahorrar dinero y reducir el tamaño del Estado. Y tampoco es un subsidio para el salario que pagan los patrones a menos que se admita el supuesto erróneo de que la renta básica se paga en lugar de salarios.

¿Constituye la renta básica un factor de presión a la baja de los salarios? De entrada un régimen de RB incrementaría el poder de negociación de los asalariados. La experiencia durante los años en que el desempleo disminuyó notablemente confirma que los salarios aumentaron porque el poder de negociación de los trabajadores se incrementó. La renta básica no sería una presión para deprimir los salarios.

En el contexto de una economía capitalista afectada por una crisis deflacionaria que se asocia a un estancamiento de larga duración, la renta básica constituye un poderoso instrumento para estimular la demanda agregada. Y ciertamente es más efectiva que la postura de política monetaria que hoy entrega al sistema bancario billones de dólares para que los recicle en su interior y para que las grandes corporaciones mantengan el casino llamado bolsa de valores.

¿Tienen las economías capitalistas los recursos para aplicar una RB? La respuesta es afirmativa. El estudio de Arcarons, Domènech, Raventós y Torrens sobre un modelo de financiación de la renta básica para el Reino de España (publicado en Sin Permiso) no deja lugar a dudas.

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Michael Hudson: La gran Recesión no ha terminado

Mar, 25/10/2016 - 08:01
El FMI predice la vulnerabilidad de los bancos en los Estados Unidos y la Unión Europea al tiempo que permite el apalancamiento de la deuda insostenible, dice el economista Michael Hudson. Con lo peor de la gran recesión supuestamente superado, los analistas económicos siguen viendo signos de que no estamos todavía completamente fuera de peligro. Un nuevo informe publicado el miércoles por el Fondo Monetario Internacional muestra que algunos bancos de Estados Unidos y Europa quizás no sean lo suficientemente fuertes para sobrevivir a otro revés, incluso con ayuda estatal.

Kim Brown, CounterPunch

Se une a nosotros desde Nueva York Michael Hudson. Michael es Profesor e Investigador de Economía de la Universidad de Missouri, Kansas City. Su último libro es Matar al Anfitrión: Cómo los parásitos financieros y la servidumbre de la deuda destruye la economía global (Killing the Host: How Financial Parasites and Debt Bondage Destroy the Global Economy). Michael, gracias de nuevo por estar con nosotros.

MICHAEL HUDSON: Me alegró de estar contigo. Pero el peligro no ha pasado.

BROWN: Está bien, entremos en ello. El informe del FMI sobre la estabilidad financiera dice que a pesar de que los bancos sean más fuertes ahora que antes de la crisis económica de 2007-2008, aproximadamente el veinticinco por ciento de los bancos de Estados Unidos y alrededor de un tercio de los bancos europeos son demasiado débiles, incluso para beneficiarse de un aumento potencial de las tasas de interés y de cualquier ayuda para la recuperación, si la economía mundial tomara un giro hacia abajo. Pero antes de entrar en cuestiones específicas acerca de la salud de los bancos, Michael, ¿actualmente estamos todavía en una recesión o estamos firmemente en una recuperación?

HUDSON: No estamos en una recuperación y no estamos realmente en una recesión tradicional. La gente piensa en un ciclo económico, que es un auge seguido de una recesión y luego los estabilizadores automáticos reactivan la economía. Pero esta vez no la podemos reactivar. La razón es que cada recuperación desde 1945 se ha iniciado con un nivel de deuda cada vez mayor. La deuda es tan alta ahora, que desde 2008 hemos estado en lo que yo llamo la deflación de la deuda. La gente tiene que pagar tanto dinero a los bancos que no tienen suficiente dinero para comprar los bienes y servicios que producen. Así que no hay demasiada inversión nueva, no hay nuevos puestos de trabajo (excepto los empleos de «servicios» de salario mínimo) los mercados se están reduciendo y la gente no puede pagar sus deudas. Así que muchas empresas no pueden pagar a sus bancos.
El producto de los bancos es la deuda. Tratan de decir a los clientes que "las deudas son buenas para usted", pero los clientes no pueden permitirse más deuda, así que no hay forma de que los bancos puedan continuar con su plan de negocios corriente. De hecho, no hay manera de que los bancos puedan cobrar todo lo que se les debe. Eso es lo que el FMI no sigue a través de su análisis diciendo: "Mira, los bancos están en la ruina porque el sistema financiero está en quiebra; y el sistema financiero está en quiebra porque la idea de intentar enriquecerse mediante el endeudamiento no funciona ".
Era un modelo falso. Así que, en realidad, estamos al final de un ciclo largo que se inició en 1945 alimentando a la economía con la deuda. No podremos salirnos de ello hasta que eliminemos las deudas. Pero eso es impensable para el FMI. No puede decir eso, porque se supone que representa los intereses de los bancos. Así pues, todo lo que el FMI puede hacer es retorcerse las manos por el hecho de que los bancos no van a ganar dinero, incluso si hay una recuperación. Pero en realidad no hay una recuperación y no hay indicios de ella en el horizonte, porqué la gente tiene que pagar a los bancos. Es un círculo vicioso –o mas bien, una espiral descendente. Básicamente, los economistas del FMI se limitan a alzar los brazos admitiendo que no saben qué hacer, dados los límites de su visión restringida.

BROWN: Bueno, Michael, ayúdanos a entender por qué el crecimiento ha sido tan débil durante estos últimos ocho o seis años más o menos.

HUDSON: Si se toma el presupuesto medio familiar - lo he dicho muchas veces en tu programa - podemos ir a los números. Si tienes que pagar del cuarenta al cuarenta y tres por ciento de tus ingresos para la vivienda ; además, el quince por ciento de tu sueldo es retenido por la Seguridad Social ; tienes que pagar la atención médica ; tienes que pagar a los bancos tu deuda de la tarjeta de crédito ; préstamos estudiantiles. Después de esto te queda sólo un veinticinco o un treintaicinco por ciento, tal vez una tercera parte de tu salario para comprar bienes y servicios. Eso es todo.
El problema es que la manera de conseguir un trabajo es con una empresa que vende bienes y servicios. Las empresas no contratan porque los consumidores no tienen suficiente dinero para comprar los bienes y servicios.
Estamos en una deuda-deflación crónica. No hay manera de recuperarse a menos que se perdonen las deudas. Eso es básicamente lo que el FMI está dando a entender (de forma explicita en el caso de Grecia), pero no lo dice claramente porque eso no se puede decir, porque no se considera correcto.

BROWN: Michael, el titular de MarketWatch sobre este informe del FMI dice: “Olvidaros del ‘demasiado grande’ para caer. La gran preocupación son unos bancos demasiado débiles para sobrevivir”. Si los grandes bancos casi tumbaron el sistema financiero mundial ¿por qué unos bancos más débiles serian mejor para los consumidores?

HUDSON: Se trata de bancos especializados que hacen lo que los bancos solían hacer (antes de que el presidente Clinton suprimiera la ley Glass-Steagall en 1999). Los bancos pequeños que prestan a los consumidores están bien. La mayoría de los bancos - con el Deutsche Bank en la cumbre del espectro aquí - han decidido que no pueden continuar haciendo préstamos dinerarios, así que van al segundo plan de negocio: prestan dinero a los capitalistas de casino. Es decir, a gente que quiere jugar con derivados.
Un derivado es una apuesta sobre si una acción o un bono o un activo inmobiliario va a subir o a bajar. Hay un ganador y un perdedor. Es como una apuesta hípica. Ocurre que el mayor banco que ha prestado para este juego - no para la producción real, no para la inversión, únicamente para especular- ha sido el Deutsche Bank. Los prestatarios tomaron prestado del Deutsche Bank para jugar.
¿Cuál es la mejor apuesta del mundo en este momento? Es apostar a que las acciones del Deutsche Bank van a bajar. Los vendedores al descubierto han tomado prestado de sus bancos para apostar a que las acciones del Deutsche Bank van a bajar. Ahora se retuercen las manos diciendo: "¡Oh! los especuladores nos están matando". Pero es el Deutsche Bank y los demás bancos quienes están proporcionando el dinero a los especuladores para apostar con crédito.

BROWN: Michael, el informe del FMI dice que si, en la zona euro, los gobiernos pudieran ayudar a los bancos a deshacerse de sus préstamos malos, ello tendría un efecto positivo sobre el capital bancario. ¿Cuál sería el efecto sobre los consumidores de la economía de la UE, en general, si los bancos pudieran simplemente deshacerse de estos malos préstamos?

HUDSON: En realidad son simples matemáticas. Hay que abolir los planes de pensiones. Hay que suprimir el gasto social. Hay que subir los impuestos. Hay que hacer que por lo menos el cincuenta por ciento de la población europea emigre, ya sea a Rusia o a China. Debería haber hambre masiva. Muy simple. Ese es el precio que la zona euro piensa que vale la pena pagar. Es el precio que pensó que valía la pena que Grecia pagara. Para salvar a los bancos, toda la zona euro debería volverse como Grecia.
Hay que hacer que los gobiernos vendan la totalidad de sus propiedades públicas; vendan sus ferrocarriles, vendan su territorio público. En esencia hay que introducir el neo-feudalismo. Hay que retrasar el reloj de la historia miles de años atrás y reducir la población europea a la esclavitud de la deuda. Es una solución tan fácil como la que la Eurozona ha impuesto a Grecia. Y los líderes y los bancos urgen a los economistas responsables a que promuevan esta solución para la población en general.

BROWN: Hablemos de la otra pequeña parte de información dada a conocer por el FMI sobre la deuda. La deuda global ha llegado actualmente a cerca de ciento cincuenta y dos billones de dólares. Esto incluye la deuda pública, la deuda familiar, la deuda de las empresas no financieras. ¿Qué significa todo esto para la deuda del sistema financiero global y para la gente común, Michael?

HUDSON: Significa que la única manera en que la gente puede pagar la deuda es reduciendo drásticamente su nivel de vida. Esto significa que acepten convertir sus planes de pensiones de prestación definida (usted sabe lo que va a recibir) en "planes de aportación definida", en los que Ud. pone el dinero, pero no se sabe lo que tendrá al final.
Para salvar a los bancos de las pérdidas que acabarían con su valor neto hay que deshacerse de la Seguridad Social. Esto significa en esencia que hay que abolir el gobierno y dar su gestión al sistema bancario para que lo ejerza, con la idea de que el papel de los gobiernos es extraer ingresos de la economía para pagar a los tenedores de bonos y a los bancos.
Cuando se dice “pagar a los bancos” lo que realmente se quiere decir es pagar a los tenedores de acciones bancarias. Estos son, básicamente, el Uno por Ciento. Lo que se ve directamente en el informe del FMI, en este crecimiento de la deuda, es que el Uno por Ciento de la población posee unas tres cuartas partes de toda esta deuda. Esto significa que hay que elegir: o bien salvas la economía, o bien salvas al Uno por Ciento de la pérdida de un solo centavo.
Todos los gobiernos, desde la administración de Obama hasta Angela Merkel, la zona euro y el FMI se comprometieron a salvar a los bancos, no a la economía. Ningún precio es demasiado alto para intentar que el sistema financiero continúe funcionando algo más de tiempo. Pero finalmente no se puede salvarlo debido a que es una cuestión de matemáticas. Las deudas crecen y crecen. Y cuanto más crecen más se contrae la economía. Al reducir la economía, se reduce la capacidad de pagar las deudas, por lo que es una ilusión creer que el sistema puede ser salvado. La cuestión es ¿durante cuánto tiempo la gente va a estar dispuesta a vivir en esta ilusión?

BROWN: Esa era mi siguiente pregunta. No sólo cuanto tiempo la gente va a estar dispuesta a vivir en esta ilusión sino ¿cuánto tiempo podrá sostenerse aun esta ilusión antes de que veamos otro colapso de las economías en todo el mundo? ¿Es algo inminente, algo que simplemente deberíamos estar esperando que ocurra, para lo cual deberíamos prepararnos?

HUDSON: Todavía estamos en el colapso que comenzó después de 2008. No hay un nuevo colapso, no ha habido una recuperación. Los salarios del noventa y nueve por ciento han disminuido de manera constante desde el año 2008. Han disminuido especialmente para el veinticinco por ciento inferior de la población. Esto significa que han bajado especialmente para los negros y los hispanos y demás trabajadores de cuello azul. Su valor neto de hecho ha pasado a ser negativo y no tienen suficiente dinero para salir adelante.
De hecho, una de las grandes empresas de consultoría acaba de hacer un estudio de la “generación del milenio”. Ernst and Young hizo un estudio y resultó que el setenta y ocho por ciento de estos jóvenes están preocupados por no tener suficientes oportunidades de encontrar un trabajo bien pagado para poder devolver los préstamos estudiantiles. Un setenta y cuatro por ciento no puede pagar los servicios sanitarios si enferman. Un setenta y nueve por ciento no tiene suficiente dinero para vivir cuando se retiren. Así que, tenemos ya a toda una generación, no sólo aquí sino también en Europa, que no consigue obtener empleos bien remunerados. La única manera de que puedan vivir tal como se les prometió es tener padres lo suficientemente ricos para procurarles un fondo fiduciario.

BROWN: Hemos estado hablando con Michael Hudson. Michael es un Profesor e Investigador de Economía de la Universidad de Missouri, Kansas City. Su último libro es Matar al Anfitrión: Cómo los parásitos financieros y la servidumbre por la deuda destruye la economía global. Michael, dijiste que tenías otro libro a punto de salir ¿es cierto ?

HUDSON: Sí, a finales de este mes. Tendrá por título J is for Junk Economics. Es una revisión de por qué los economistas prometen que de alguna manera vamos a recuperarnos. Por qué esto es básicamente basura, y por qué hoy día, para ser economista debes participar en este cuento que de alguna manera podemos recuperarnos y seguir enriqueciendo a los bancos. Es un cuento. J is for Junk Economics trata de por qué no va a funcionar.
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Sin Permiso

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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¿Hay alternativa al modelo económico neoliberal?

Sáb, 22/10/2016 - 15:59
Juan A. Gimeno, El Diario.es

El modelo económico neoliberal inició en los años 80 del pasado siglo una ofensiva ideológica potente, con mensajes muy sencillos y contundentes. A lo largo de los últimos 30 años, esa ideología se ha materializado en un modelo económico a escala nacional y global cuyos resultados (desigualdad creciente, pobreza y exclusión social, precarización del mercado de trabajo, deterioro medioambiental grave, dominio de lo especulativo y deterioro de la democracia, por resaltar algunos de ellos) están llevando a una pérdida del bienestar colectivo cada vez más evidente.

Pero quizás lo más grave es que esa ofensiva está consiguiendo sustituir valores tradicionales que dábamos por indiscutidos –como la solidaridad, la justicia y la igualdad– por otros como el individualismo, la competencia egoísta, el menosprecio de lo público y la percepción de la pobreza y el desempleo como consecuencia de la pereza.

Ante ese desolador panorama, la ideología de la izquierda ha permanecido a la defensiva, añorando una vuelta a los dorados años del Estado de bienestar como paradigma de referencia, más aún después de los estragos sociales causados por la crisis y las políticas austericidas en Europa. Las opciones progresistas carecen de un hilo argumental suficientemente explicativo –sobre por qué pasa todo lo que pasa– ni adecuadamente prescriptivo –sobre la dirección en la que avanzar y las políticas que proponer–.

Un grupo de personas, de amplio espectro profesional e ideológico, que partimos de una tradición ideológica de izquierdas y de fidelidad a los valores básicos de libertad, igualdad, fraternidad y solidaridad, nos reunimos desde hace meses en un Foro de debate que hemos denominado de "economía progresista". Los días 20 y 21 celebraremos unas primeras jornadas que pretendemos que sirvan de recopilación de nuestros debates de meses pasados, de presentación pública y de lanzamiento de actividad para los próximos meses.

Queremos plantearnos si existen alternativas de transición a una economía más justa. No tenemos una respuesta de salida y por ello concebimos el trabajo como una "marcha" hacia terrenos poco conocidos, con el enriquecimiento de diferentes disciplinas y apoyada en la generosidad de los participantes en el Foro para incorporar todos los elementos valiosos que vayan aportando sus miembros.

Partimos de la convicción de que vivimos en un tiempo caracterizado por muchos nuevos fenómenos que no se acomodan a esquemas preestablecidos. Fenómenos como la amenaza a la sostenibilidad de la vida humana en el planeta, la digitalización de la sociedad, la financiarización de la economía, el agravamiento brutal de las desigualdades, las graves amenazas a la autonomía del poder político y la democracia…

Ante este escenario, el Foro quiere ser un espacio de diálogo libre, no atado a la coyuntura ni a disciplinas partidistas, que contribuya a la generación de una corriente de pensamiento económico alternativo. Queremos contribuir a definir los elementos básicos de una visión alternativa al neoliberalismo, que supere también, en las condiciones del siglo XXI, los presupuestos ideológicos de la socialdemocracia del siglo XX. Para ello nos interrogaremos sobre la situación actual del sistema capitalista, y el modelo neoliberal que ha adoptado, recogiendo las principales reflexiones existentes, aportando nuestro propio esfuerzo y dialogando con intelectuales que en otros países están buscando también respuestas a la actual situación.

Queremos contribuir a que los valores de progreso y justicia vuelvan a situarse en el centro de las preferencias sociales, a que la izquierda renueve un discurso ilusionante, a que las posturas progresistas ofrezcan nuevas metas y proyectos, a abandonar un discurso simplemente conservador de lo que consiguió, por otro estimulante de un modelo alternativo para el siglo XXI.

Sin renunciar a destacar los avances conseguidos en el pasado, la izquierda necesita redefinir sus propuestas y subrayar sus ideales. Para ello, es preciso sentar bases sólidas, en un debate riguroso que identifique los cambios radicales que se han producido respecto al pasado siglo y cómo deben adaptarse las propuestas y soluciones.

Confiamos en que el Foro de Economía Progresista, gracias a todas las personas que en él debaten aportan, sea un instrumento eficaz en ese camino.

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Empezó la batalla de Mosul por EEUU: lo peor vendrá después

Ven, 21/10/2016 - 17:32
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Se adelantó dos días al último debate presidencial entre Trump y Hillary la coreografiada captura de Mosul (https://goo.gl/SGFviu) por la coalición encabezada por Estados Unidos (EEUU)/los peshmergas kurdos (4 mil tropas)/gobierno iraquí (30 mil efectivos) y la hilarante agrupación virtual de 60 países (entre quienes se encuentra el “México neoliberal itamita”), con la conspicua reticencia de Turquía.

Pareciera que operan muchos trueques en la cartografía que va de Irak a Siria, cuando Rusia/Siria/Irán/la guerrilla chiíta Hezbolá está a punto de obtener un resonante triunfo en Alepo, con la tácita anuencia de Turquía, que ocupa ya 5 mil kilómetros cuadrados del territorio sirio.

El teatro del absurdo que opera EEUU desde 2006 en Irak –a partir del ahorcamiento de Saddam Hussein– parece más bien destinado a perpetuarse, bajo el pretexto que fuese, que a ser resuelto cuando de lo que se trata es empantanar a Rusia en Siria y carcomer, desde sus fronteras centroasiáticas/transcaucásicas/balcánicas, las entrañas del RIC: Rusia/India/China.

Resulta y resalta la legendaria maniobrabilidad geopolítica de Irán que saldría triunfante tanto en Alepo (Siria) como en Mosul (Irak), en contraste con Turquía (hasta ahora), que si se descuida podría ser balcanizada por EEUU, pese a ser el miembro impertinente de la OTAN en la fase del posgolpe.

De allí que esté cada vez más cerca de Rusia y China, y cada vez más lejos de EEUU/OTAN/la Unión Europea (UE).

A propósito, Turquía ha advertido que la tercera guerra mundial sería inevitable si persiste el conflicto sirio debido a la colisión de EEUU y Rusia (https://goo.gl/cFxTAM). Turquía, potencia sunita militar de primer orden, se ha empecinado en participar en la captura de Mosul, ciudad a mayoría sunita árabe, y lo que menos desea es que sus enemigos, los peshmergas kurdos teledirigidos por EU e Israel, emerjan como supremos beneficiados (https://goo.gl/gJqsKC).

Tampoco se puede soslayar que el primer ministro iraquí, Haidar al Abadi, es un ingeniero chiíta con excelentes vínculos en Gran Bretaña, en la hipercomplejidad del gran Medio Oriente donde nada es lineal ni maniqueo y abundan los matices, las sutilezas, los traslapes y los bazares.

Hoy Turquía mantiene tropas en Irak, en Bashiqa, muy cerca de Mosul, y ha enviado tanques a la frontera, en la zona de Silopi (https://goo.gl/D0tzoD).

En Bashiqa, Turquía cuenta con 3 mil aliados milicianos, las fuerzas de Nínive, en su mayoría turcomenos, quienes asesinaron al piloto ruso del avión derribado en Siria por Ankara.

En el más depurado sarcasmo ruso, durante la octava cumbre del BRICS en Goa (India) –boicoteada por los mendaces multimedia israelí-anglosajones–, el zar Vlady Putin, exorcizado por Washington/Londres/París por sus presuntos crímenes de guerra en Alepo, ahora se cobra la afrenta al exhortar que ojalá EU evite cualquier víctima civil durante su operativo en Mosul (https://goo.gl/JDIUhw).

Las guerras son también publicitarias.

¿Existirá en Irak un equivalente al cacofónico Observatorio Sirio (sic) de los Derechos Humanos que con una sola persona de la oposición opera en Gran Bretaña bajo la férula de los servicios secretos ingleses?

Los multimedia de Rusia se refocilan con el doble discurso orwelliano (la famosa doble parla) de EU que protege a los yihadistas en Alepo y los ataca en Mosul (https://goo.gl/ogEZUT).

Del lado estadunidense, tanto el NYT (https://goo.gl/oubfvt) como The Washington Post (https://goo.gl/KD44x5) destacan que cada uno de los aliados de EU en el campo de batalla desea un pedazo del pastel yihadista en Mosul. Para el NYT, la captura de Mosul en manos del califato yihadista pone en juego la doctrina del presidente Obama de ayudar a otros países militarmente en lugar de encabezar cada batalla cuando la reconstrucción de la ciudad en los meses posteriores ayudarán a definir el legado de Obama como el líder en tiempos de guerra que buscó sacar a EU de las líneas del frente de la guerra contraterrorista.

Solamente participarán de 200 a 300 James Bond estadunidenses, los comandos de las Operaciones Especiales, aconsejando a través de sus radios a las tropas iraquíes y kurdas.

Lo que menos quiere EEUU antes de la elección del 8 de noviembre es que fallezca, aunque sea de infarto natural, uno de sus James Bond.

La otra aportación estadunidense será con sus pilotos de los helicópteros Apache y sus analistas espías en los centros militares de Irak.

Hasta la fecha todavía no se entiende cómo hace dos años, 40 mil soldados iraquíes entrenados por EU durante una década y con 25 mil millones de dólares de ayuda, pudieron ser derrotados en forma humillante por un puñado de mil 100 yihadistas en Mosul. ¿Quién engañó a quien?

Hoy las guerras de EU son hollywoodenses con guión britanico/israelí cuando despliega a sus James Bond por doquier: desde Siria hasta Irak (https://goo.gl/m3c5ed).

Según The Washington Post, las facciones kurdas tienen puesta la mira en los campos petroleros de Mosul, la ciudad más importante de Irak que llegó a albergar 2 millones de habitantes y que hoy sólo cuenta con su mitad depletada.

Sputnik realiza la anatomía de la coalición encabezada por EEUU y entre quienes se encuentra una minoritaria fuerza paramilitar de chiítas.

La participación matricial de EEUU se confinará a los cruciales bombardeos aéreos.

A juicio del ruso Semen Bagdasarov, director del Centro de Estudios Medio Orientales y Centro Asiáticos, lo que suceda después de la derrota de los yihadistas en la superestratégica ciudad de Mosul será más interesante que su captura (https://goo.gl/Npv3Xt).

El ejército sirio arguye que EU y sus aliados “permiten el paso de los terroristas yihadistas de Mosul a Siria (https://goo.gl/OWPl2d)”.

Para el portal Russia Today –por cierto, clausurado financieramente en Gran Bretaña en contravención de la libertad universal de expresión– reproduce las perturbadoras declaraciones del diplomático británico (sic) sir Julian King, comisionado de la UE para la Seguridad: la “ofensiva en Mosul podría hacer que militantes yihadistas violentos regresen a Europa (https://goo.gl/tpVXIi)”.

Se recuerda que 2 mil 500 mercenarios/yihadistas, de nacionalidad europea, combaten a lo largo y ancho del gran Medio Oriente.

Otros 9 mil yihadistas fugitivos de Mosul ya se empezaron a instalar en las regiones orientales de Siria, quizá para crear un sunistán en el traslape de las fronteras de Irak y Siria.

Pareciera que se busca una nueva crisis migratoria que retroalimente las anteriores desde Siria hasta Europa, con el fin de desmembrar a ambos, cuando lo peor consiste, más allá de los fariseos reclamos humanitarios, en la acumulación y yuxtaposición de los yihadistas de Mosul con sus aliados en Siria.

Sería muy ingenuo creer que la caída de Mosul y de Alepo acabará con el yihadismo global que es una de las cartas principales de EU para desestabilizar y carcomer las entrañas del RIC.

La geopolítica del yihadismo global –título de mi próximo libro– opera como una cama de agua: lo que se sumerge en una parte reaparece en otra.

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La zombificación del sector bancario europeo

Mér, 19/10/2016 - 13:30
Alejandro Nadal

Hoy las hojas de balance de los bancos en Europa están en malas condiciones. La cartera vencida que aqueja al sector bancario alcanza niveles muy altos en muchas regiones de Europa. Otro componente es un monumental revoltijo de derivados cuyo precio ni siquiera se puede determinar. Y la rentabilidad en el sector sigue muy castigada y amenaza los bajos niveles de capitalización. La situación es crítica.

El sector bancario en algunos países europeos está saturado y muchos bancos ni siquiera operan con un modelo de negocios eficiente. Por eso ni siquiera han podido pasar de manera decorosa las pruebas de estrés (que no son muy estrictas). Lo más grave es el volumen de la cartera vencida, resultado en buena medida de la irresponsabilidad de los bancos y de la incapacidad de pago de los deudores que siguen agobiados por la crisis macroeconómica, la austeridad y el desempleo.

Los bancos afectados se encuentran distribuidos en toda la Unión Europea. Desde el Commerzbank alemán y el holandés ING, hasta el emblemático Deutsche Bank, grandes, medianos y pequeños, son legión los bancos europeos que se encuentran en dificultades por muchas razones.

En el caso de Deusche Bank destaca la multa de 14 mil millones de dólares que le impuso el Departamento de Justicia estadounidense por su papel en la venta de títulos respaldados por hipotecas de mala calidad antes del estallido de la crisis. La multa provocó una caída de 42 por ciento del valor de las acciones de Deutsche Bank. Y como sus hojas de balance incluyen una montaña de derivados cuyo precio es un enigma, carece de buenos incentivos para atraer inversionistas.

Quizás la situación más grave se encuentra en Italia, donde la cartera vencida alcanza el 17 por ciento del crédito total (su valor real se reduce hasta 22 por ciento del valor nominal). Hasta el banco más viejo de Europa, la Banca Monte dei Paschi di Siena (fundada en 1472) se encuentra en una muy difícil situación con más de 46 mil millones de euros de préstamos malos.

Las dificultades de los bancos italianos son bien conocidas. El monto de créditos con problemas es de 360 mil millones de euros y sigue creciendo. Muchos bancos han descontado parte de la cartera vencida hasta en 44 por ciento, pero muchos analistas de mercado consideran que el valor real se acerca más a 25 por ciento (lo que reduce esos créditos al rango de cartera incobrable).

Para el caso de muchos pequeños bancos italianos, los accionistas son pequeños ahorradores que verán sus ahorros evaporarse si el gobierno no acude al rescate. Por eso Roma está buscando la manera de darle la vuelta a las estrictas reglas impuestas por la Comisión Europea en Bruselas que impiden el empleo de recursos públicos para recapitalizar un banco en problemas. Hoy hasta se habla de un enfrentamiento inminente entre Roma y Bruselas.

Desde 2007 la Unión Europea (UE) ha inyectado cantidades astronómicas para apuntalar a los bancos. Esa es una de las razones por la que la crisis financiera se transformó tan rápidamente en una crisis fiscal y después en una crisis de deuda soberana. En total, el apoyo al sector bancario en la UE ya se ha comido la friolera de 2 billones (castellanos) de euros entre ayudas para capitalización, créditos suaves y garantías. Todo esto no sólo no ha podido servir para reactivar la economía, sino que ni siquiera ha sido suficiente para estabilizar y sacar de peligro a los bancos europeos. Hoy por hoy la tan celebrada (en su momento) Unión Bancaria Europea no ha rendido frutos, ha propiciado la inacción y se ha convertido en una fuente de inestabilidad.

Una parte del problema es que el sector bancario en varios países de Europa (especialmente Alemania) se encuentra saturado de prestamistas, lo que dificulta el acceso a economías de escala y hace que la rentabilidad se pulverice. Pero la consolidación excesiva lleva al gigantismo y al riesgo sistémico cuando hay amenaza de quiebra.

La respuesta de política macroeconómica a la crisis en Europa agravó la situación de los bancos. Primero la austeridad fiscal intensificó la recesión, con sus secuelas en materia de desempleo. Las repercusiones sobre la cartera vencida de los bancos no se hicieron esperar. Después la postura de política monetaria con tasas de interés cercanas a cero e incluso en nivel negativo castigó todavía más la ya maltrecha rentabilidad de los bancos. Claro, el Banco central europeo (BCE) niega este daño colateral cada vez que sale a relucir el tema. Pero el FMI considera que los bancos europeos no podrán generar suficiente rentabilidad aún en el caso de que la economía europea fuera el escenario de un crecimiento robusto, prospecto que no se ve nada probable para los próximos años.

Las lecciones de la crisis de los bancos en Europa son claras. La ayuda con recursos públicos puede mantener como zombies a los bancos con problemas para proteger a los banqueros ricos. Pero eso no ayuda a nadie en la economía. La conclusión es inmediata. Esta actividad tan rentable y pro-cíclica no puede estar en manos privadas.
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Histéresis: cuando una recesión se convierte en décadas de 'sufrimiento' económico

Mér, 19/10/2016 - 07:01
Vicente Nieves, El Economista

La última crisis parecía ser el inicio de un ciclo recesivo muy fuerte, pero pocos habrían apostado a que ese ciclo iba a tener consecuencias permanentes sobre la economía, que podrían lastrar el crecimiento económico y el empleo durante décadas. La crisis ha reducido de forma permanente el crecimiento potencial de las economías desarrolladas, que se enfrentan, como señaló Janet Yellen la semana pasada, a los efectos de la histéresis.

Lawrence H. Summers, profesor de la Universidad de Harvard, y Antonio Fatás, profesor de Economía en INSED, tratan las consecuencias y las causas de la histéresis en su trabajo The Permanent Effects of Fiscal Consolidations. En este documento, dichos expertos culpan a la consolidación fiscal emprendida en 2010 por la mayor parte de las economías desarrolladas. Este ha sido el principal factor que ha conducido a Occidente a la situación actual, caracterizada por un crecimiento mediocre y un mercado laboral débil.

"Los resultados muestran la presencia de fuertes efectos de histéresis producto de la política fiscal. Gran parte de las secuelas señalan hacían una consolidación fiscal contraproducente", según reza el trabajo de ambos expertos.

¿Qué es la histéresis?La histéresis es un concepto que empleado en economía suele hacer referencia sobre todo al mercado laboral. Que la tasa de paro aumente en medio de una recesión es algo normal, por los efectos derivados sobre el consumo, inversión, etc. de un ciclo recesivo. Pero si años después de haber finalizado la recesión, el mercado laboral sigue mostrando grandes debilidades, es porque la histéresis ha hecho su aparición.

Durante una recesión se suele producir un incremento de número de parados, si estos desempleados pasan un largo periodo (desempleo de larga duración) sin trabajar puede perder parte de su valía. La formación de una persona desempleada podría quedar desfasada si este individuo no puede o no tiene la voluntad de reciclar sus conocimientos para adaptarlos a los requisitos de un mercado laboral cambiante. Por ello, el gasto eficiente en políticas activas de empleo es vital para mantener la capacidad productiva de un país.

Esta descapitalización de parte del factor trabajo puede influir en el crecimiento potencial del país: "Es posible que las condiciones cíclicas dejen cicatrices permanentes en la producción, lo que típicamente se conoce como histéresis. Se usó originalmente en modelos del mercado laboral creados por Blanchard y Summers (1986) donde el desempleo cíclico se convertía en estructural".

Efectos negativos permanentesEste término está volviendo a ganar fuerza en la actualidad por el persistente desempleo de larga duración en Europa y en menor medida en EEUU. Summers y Fatás aseguran en su trabajo que "la contracción fiscal en las economías europeas no sólo ha reducido la producción a corto plazo, sino que también lo ha hecho en el medio plazo y puede que de forma permanente".

"Esta reducción en la producción hace que la consolidación fiscal sea más dura por el aumento del incremento del ratio deuda sobre PIB... Como señalaron los profesores DeLong y Summers (2012) en una economía deprimida la consolidación fiscal es contraproducente, lo que puede desembocar en un incremento de la deuda", destaca el documento.

Estos economistas creen que una política fiscal más expansiva habría sido beneficiosa en algunos casos. Además, si los resultados de este documento son correctos, tanto los gobiernos como los mercados deberían haber apoyado la expansión fiscal con el objetivo de reducir el ratio deuda sobre PIB. Por el contrario, varios países se quedaron sin acceso a los mercados y los gobiernos emprendieron procesos de consolidación fiscal, con la histéresis como resultado.

Janet Yellen se refirió en su discurso de la semana pasada a la histéresis, donde aseguró que las autoridades podrían actuar con mayor rapidez y agresividad para responder a una recesión, señalando a la política monetaria y fiscal. De esta forma, "se ayudaría a reducir la profundidad y la persistencia de la recesión, lo que limita el daño sobre la producción. Además, unas condiciones económicas fuertes pueden revertir parcialmente los daños sobre la oferta", destacó la presidenta de la Reserva Federal.

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De lo que no se informa y/o no se conoce sobre las elecciones en EEUU

Mér, 19/10/2016 - 00:10
Vicenç Navarro, Público

Está claro que las grandes instituciones representativas del Estado federal de EEUU y los mayores medios de información de aquel país (lo que se llama el establishment político-mediático estadounidense) no entienden lo que está pasando en EEUU. La aparición de las candidaturas de Donald Trump en el Partido Republicano y de Bernie Sanders en el Partido Demócrata ha cogido por sorpresa a tal establishment. El candidato Trump ha alcanzado en algunos momentos de la campaña electoral unos niveles de popularidad cercanos a los de la candidata demócrata Hillary Clinton, y el candidato Sanders casi venció en las primarias del Partido Demócrata (ganó en 22 de los 50 Estados), y ello a pesar de la clara y documentada hostilidad del aparato del Partido Demócrata, que utilizó todas las malas artes en la campaña para derrotarlo.

Y uno de los elementos de lo que está ocurriendo que ha sorprendido más al establishment político-mediático ha sido el apoyo a tales candidatos, Trump y Sanders, por parte de la clase trabajadora (de raza blanca), un sector de la población que tales establishments creían que ya no existía en aquel país, pues su percepción de la estructura social del país había sustituido incluso el término de “clase trabajadora” por el de “clase media”, definiendo como tal a toda la población que ni es rica ni es pobre. Según la percepción generalizada que tiene el establishment político-mediático de la realidad estadounidense, las categorías de clase social prácticamente han desaparecido, pues la mayoría de la población es y se siente de clase media. En esta visión de Estados Unidos, la clase trabajadora o bien ha desaparecido, o se ha convertido en clase media (por extraño que parezca, esta percepción de la estructura social de los países capitalistas desarrollados también está generalizada en el establishment político-mediático español).

Dentro de este esquema, se considera que la igualdad de oportunidades (que se asume existe en EEUU) ha actuado como un ascensor social vertical, permitiendo a los ciudadanos alcanzar los niveles que su mérito y esfuerzo permiten. Se reconoce que el racismo y el machismo prevalentes en la sociedad (y la consecuente discriminación fuerte que determinan) dificulta para tales grupos –los afroamericanos, los hispanos (procedentes de Latinoamérica) y las mujeres- el ascensor social. De ahí que lo que en EEUU se presenta como el partido de centro-izquierda (el Partido Demócrata) acentúe, como punto central de su programa, las políticas antidiscriminatorias a favor de los afroamericanos, de los latinos y de las mujeres. Su objetivo es la integración de estos sectores en el sueño americano que les permita ser miembros de la clase media y alcanzar las metas personales que se propongan. La victoria electoral de un ciudadano de raza negra en las últimas elecciones presidenciales, encarnada en la figura del Presidente Obama, era un hito esencial de esta estrategia de integración. Y la posible victoria de la Sra. Clinton significaría otra gran victoria de esta estrategia de integración de los discriminados (mujeres, en su caso) en el sistema político-económico del país.

El Partido Demócrata y la insuficiencia de las políticas identitarias integradoras El Partido Demócrata es el partido postmodernista que ha estado enfatizando los temas de identidad como centrales de su estrategia, orientada a conseguir el apoyo electoral de las minorías –los negros y los latinos- y de las mayorías -las mujeres-. La clase social no juega un papel esencial en dicha estrategia, excepto en el énfasis de mantener el nivel de vida de las clases medias, que asume constituyen la mayoría de la población. Hasta aquí la visión del establishment político-mediático del país y sus consecuencias para la estrategia electoral del Partido Demócrata.

El problema con tal visión es que es profundamente limitada e insuficiente. Y lo que está pasando en EEUU es un indicador de ello. Estas estrategias basadas en la identidad han tenido escaso efecto en cambiar las condiciones de vida de la mayoría de las clases populares, que incluyen la mayoría de minorías negras y latinas y la mayoría de mujeres. La clase trabajadora de raza negra ha visto su nivel de vida continuar descendiendo durante el mandado del Presidente Obama, que es una persona perteneciente a tal raza. En realidad, el fenómeno más llamativo que ha ocurrido en EEUU es el espectacular deterioro del bienestar y calidad de vida de la clase trabajadora y de sus diferentes componentes, incluyendo la clase trabajadora de raza negra.

En contra de lo que asume aquella visión del establishment político-mediático del país, las clases sociales continúan existiendo en aquel país (tal como también continúan existiendo en los países europeos, incluyendo España). En realidad, las cifras del censo estadounidense muestran claramente que la estructura social de EEUU es bastante semejante a la existente en la mayoría de países de la Unión Europea (UE). Existe, en primer lugar, lo que solía llamarse la clase capitalista, y que ahora se llama el 1% (el sector de la población que posee o gestiona las grandes empresas del país). En EEUU, el término más utilizado para definir esta clase (los super-ricos) es el de Corporate Class, la clase corporativa (que la componen los propietarios y gestores de las grandes empresas transnacionales basadas en EEUU).

Le sigue la pequeña burguesía, la clase media y la clase trabajadora, la cual, en contra de lo que se cree y presenta en los mayores medios de información y persuasión, constituye la mayoría de la población estadounidense (el 52%). Esta clase trabajadora es muy variada, tanto en su composición racial como en su nivel de cualificación. La clase trabajadora de raza blanca es la mejor pagada dentro de tal clase, y está sobrerepresentada (es decir, ocupa un porcentaje superior al que representa en el conjunto de la población) en el sector laboral mejor pagado (predominantemente en la manufactura), mientras que los trabajadores afroamericanos e hispanos (los que proceden de América Latina) están sobrerepresentados en los sectores peor pagados.

Esta división por raza dentro de la clase trabajadora juega un papel muy importante en la división de tal clase en EEUU. Tradicionalmente, las derechas y el mundo empresarial han utilizado el racismo para dividir y debilitar a la clase trabajadora. Fue nada menos que Martin Luther King, quien subrayó, semanas antes de que fuera asesinado, que el conflicto mayor que existía en EEUU era el conflicto de clases, siendo el racismo la ideología promovida por la clase dominante para perpetuarse en el poder, dividiendo a la clase trabajadora. De ahí que su discípulo, Jesse Jackson Senior, estableciera la Rainbow Coalition (la Coalición Arcoíris), que intentó establecer una amplia alianza de todas las razas existentes dentro de las clases populares, frente al establishment político-mediático del país.

El gran descenso del nivel de vida de la clase trabajadora en EEUU La clase trabajadora de raza blanca ha visto su nivel de vida reducido muy seriamente como consecuencia de que los sectores donde trabajaba, como el metalúrgico (donde los sueldos son más elevados), han sido los más afectados negativamente por los Tratados de Libre Comercio. El Tratado de Libre Comercio entre EEUU, Canadá y México (NAFTA), por ejemplo, tuvo un impacto devastador en los puestos de trabajo de las grandes empresas localizadas en EEUU y que se desplazaron a México. Un tanto semejante ha ocurrido con los Tratados entre EEUU y China. En consecuencia, en los últimos veinte años, EEUU ha perdido seis millones de puestos de trabajo en el sector manufacturero. Pero el impacto negativo es incluso mayor que el que presentan estos datos, pues la exportación de puestos de trabajo debilita a los sindicatos estadounidenses, con lo cual, los salarios de los puestos de trabajo de la manufactura que permanecen en EEUU han bajado significativamente. En los últimos quince años, tales salarios han bajado un 10%. Y ello como resultado del enorme debilitamiento de los sindicatos. Tal descenso de los ingresos al mundo del trabajo ha creado la ampliamente generalizada percepción que existe en EEUU de que “los hijos vivirán peor que sus padres”.

Es lógico y previsible que hoy tales sectores de la clase trabajadora, como los que pertenecen a la raza blanca, que ha sufrido un enorme bajón en su nivel de vida y en su bienestar (es el único grupo poblacional que ha visto descender su esperanza de vida), estén enfurecidos con el establisment financiero-político estadounidense, y muy en particular con el gobierno federal, al cual responsabilizan por haber facilitado, mediante sus políticas, tal exportación de puestos de trabajo (lo cual es cierto, debido a la gran influencia del 1% de la población, la más pudiente, sobre el Estado federal).

Pero parte del enfado de este sector de la población blanca hacia el Estado federal se debe también a muchas de las políticas antidiscriminatorias del Estado federal, las cuales discriminan positivamente a favor de los negros, de los latinos y de las mujeres, situación (para corregir la discriminación histórica que tales grupos han recibido) que es resentida por los blancos, incrementando las tensiones interraciales y entre género. El hecho de que las políticas sociales en EEUU no sean universales (es decir, que no beneficien a todo ciudadano y/o residente por igual), sino benéficas asistenciales (que benefician, por ejemplo, solo a los pobres) hacen que los programas antipobreza (financiados con impuestos de toda la clase trabajadora) no sean muy populares. Ni que decir tiene que esta percepción de que el gobierno federal está transfiriendo fondos públicos a través de sus programas antipobreza a los negros, por ejemplo, olvida que la mayoría de los pobres en EEUU son blancos, no son negros. Pero la percepción que se promueve es que la mayoría de pobres son negros (que son los más pobres entre los pobres).

Las políticas identitarias olvidan que hay clases dentro de las minorías y dentro de las mujeres Los programas antidiscriminación (que tienen lugar individualmente, persona por persona) han beneficiado primordialmente a sectores minoritarios de las minorías negras y latinas, y de las mujeres, sectores pertenecientes en su mayoría a la clase de renta media y media-alta (dentro de cada grupo discriminado). Ahora bien, la mayoría de los negros, latinos y mujeres (que pertenecen a las clases trabajadoras) no se han beneficiado, por lo general (tal como indiqué anteriormente) de estas medidas antidiscriminatorias, debido a que tales políticas antidiscriminatorias no están orientadas hacia la clase trabajadora. De ahí que, aun cuando hoy en EEUU haya más miembros de minorías que estén en posiciones de mayor nivel social y mayor poder (y lo mismo en cuanto a las mujeres), ello no quiere decir que la mayoría de las minorías y mujeres se hayan beneficiado de tales políticas antidiscriminatorias. La clase trabajadora de raza negra ha visto también como se reducía su nivel de vida durante el mandato del gobierno Obama. De ahí que la mayoría de jóvenes, incluyendo trabajadores negros y la mayoría de mujeres jóvenes por debajo de 40 años, apoyaran en las primarias del Partido Demócrata a Bernie Sanders (que enfatizó clase social) y no a Hillary Clinton (que enfatizó políticas de integración de las minorías). Clinton contó con el apoyo de las asociaciones a favor de las minorías y de las mujeres, asociaciones lideradas, en su mayoría, por personas de clase media alta, integradas en el aparato del Partido Demócrata. Pero la candidatura de Sanders tuvo su mayor apoyo entre la clase trabajadora y entre los jóvenes, incluyendo jóvenes negros, jóvenes latinos y mujeres jóvenes. Y su fortaleza forzó que el programa electoral del Partido Demócrata incorporara elementos importantes claramente progresistas que, de implementarse, mejorarían el bienestar de las clases populares, que constituyen la mayoría de la población estadounidense.

Las dos estrategias electorales que han seguido los candidatos En definitiva, lo que hemos visto en EEUU durante la campaña electoral ha sido el conflicto de estrategias electorales que reflejan dos visiones distintas de la estructura social de EEUU. La Sra. Clinton (una figura que representa claramente el establishment político-mediático del país) ha enfatizado las políticas identitarias (de carácter anti-discriminatorio, encaminadas a favorecer la integración de las minorías y de las mujeres en el “sueño americano”). Y la otra estrategia ha sido la de movilizar a las clases populares (centradas en la clase trabajadora) frente al establishment político-mediático.

Dentro de esta última estrategia, ha habido una gran diferencia entre Bernie Sanders y Donald Trump. El primero Bernie Sanders, presentó que la movilización popular debía ser contra el 1% que controla los mayores centros del poder financiero y económico, así como al Estado y a los medios de información y persuasión. Su estrategia (la de Sanders) incluía un discurso de clase (las clases populares frente a la Corporate Class), presentando a Clinton como agente e instrumento de la clase corporativa. Trump, por el contrario, acentuó su animosidad hacia el Estado federal, sin nunca citar a la Corporate Class (de la cual es miembro prominente). En este aspecto, Trump representaba una sensibilidad política semejante a la ultraderecha francesa liderada por Le Pen, que tiene puntos en común con el nazismo y el fascismo, que hay que recordar, se definieron a sí mismos como nacional-socialismo el primero, y nacional-sindicalismo el segundo. En España, el partido fascista, la Falange, se definió y continúa definiéndose como un partido de izquierdas, y sus colores (rojo y negro) eran y son los colores del anarquismo.

La desaparición de Sanders, sin embargo, ha limitado el conflicto electoral entre el candidato Trump y la candidata Clinton. El descenso en el atractivo electoral de Trump, en parte debido a la movilización mediática en contra de sus grandes excesos que le hacen sumamente vulnerable, ha dado un alivio al establishment político-mediático del país. Ahora bien, la posible derrota de Trump dejará intacto el enorme problema que existe hoy en EEUU y del que el establishment político-mediático parece no ser consciente. La candidatura Trump representa –como lo fue el nazismo y el fascismo- el intento de crear una alianza de sectores oligárquicos del establishment financiero y económico (los mayores financiadores de su campaña) con sectores de las clases populares, en frente de aquellas políticas del Estado federal que favorecen a las minorías y a las mujeres, estimulando el racismo y el machismo que dividen a la clase trabajadora, y dentro de una cultura jerárquica, autoritaria y antidemocrática que, en realidad, dañaría profundamente el bienestar de las mismas clases que dicen representar, es decir, las clases trabajadoras. De ahí la importancia de que el candidato Trump no consiga la presidencia.

Ahora bien, el gran problema que permanecerá después de las elecciones es que la victoria de la Sra. Clinton (victoria necesaria en este momento) no cambiará el contexto que determinó la aparición de Trump. La otra alternativa hubiera sido que el rechazo a tal establishment político-mediático pudiera haber sido canalizado por una opción política, como hizo el candidato Sanders, que cambiara la relación de clases existente en aquel país. Para que ello ocurriera, todas las fuerzas progresistas deberían aliarse, dando prioridad al mejoramiento del bienestar de todas las clases populares siguiendo una estrategia de movilización, respetando a su vez las diferentes identidades, subrayando los puntos que las unen (clase social) en su estrategia y en la defensa de sus intereses. El futuro de EEUU (y el mundo) depende de que ello ocurra.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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España calcula cuándo se agotará el fondo de reserva para las pensiones

Mar, 18/10/2016 - 15:02
Los presupuestos prorrogados que el Gobierno español envió a Bruselas incluyen estimaciones que apuntan a que España habrá agotado en diciembre de 2017 el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, según informó el diario El Mundo. "El déficit acumulado habrá dejado casi vacía la hucha de las pensiones y, por lo tanto, hará imposible el abono de la paga extra de Navidad", comunicó el diario español.Según el Plan Presupuestario confeccionado por el Gobierno en funciones de Mariano Rajoy, la Seguridad Social registrará este año un déficit del 1,7% del Producto Interior Bruto y creará un agujero de aproximadamente 19.000 millones de euros. De esta manera, el fondo de reserva decrecerá a finales de este año desde los 32.481 millones con los que contaba en 2015 hasta los 13.500 millones. Según la información publicada por el citado diario, el Gobierno calcula que con esa cantidad de dinero deberá hacer frente a un déficit en la Seguridad Social del 1,4% del PIB en 2017, lo que crearía un agujero de unos 16.000 millones de euros y terminaría de vaciar la "hucha" de las pensiones.

En cuanto al déficit del conjunto de las Administraciones Públicas, las cuentas enviadas por el Ejecutivo a Bruselas contemplan un déficit del 3,6% del PIB para 2017 cuando el objetivo marcado por la Comisión Europea es del 3,1%. Ese desajuste puede deberse a la falta de margen de maniobra del Ejecutivo para diseñar unos presupuestos que incluyan fielmente las peticiones de Bruselas dado que su situación de interinidad le obligó a prorrogar las cuentas de 2016 en lugar de confeccionar unas nuevas. Según comunicó la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, el deseo del Ejecutivo español es formar un nuevo Gabinete con plenos poderes lo antes posible para poder diseñar un nuevo techo de gasto durante el mes de noviembre. Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Un guerrero triste y cansado

Lun, 17/10/2016 - 22:00
Eric Nepomuceno, Página 12

El jueves 27 de octubre el ciudadano brasileño Luiz Inácio da Silva cumplirá 71 años de vida. Cinco menos que Pelé, que habrá cumplido 76 cuatro días antes. Uno menos que Chico Buarque, que cumplió 72 el pasado 19 de junio. Veintisiete más que su más cruel verdugo y perseguidor, el juez provinciano de primera instancia Sergio Moro, que anda por sus verdes 44 años sintiéndose una especie de dios vengador designado para impartir el castigo divino a su presa favorita.

Pero la verdad es que Luiz Inácio da Silva, Lula da Silva, ex presidente, fundador y creador del Partido de los Trabajadores, el PT, principal líder político del país más habitado y más rico de América latina, no anda con espíritu de celebrar nada.

Hace un tiempito le pregunté, en un almuerzo con otros dos amigos, si él no se cansaba nunca. Quise saber de dónde sacaba semejante energía. “A veces sí, me siento cansado, pero no puedo regalarme siquiera ese lujo, el cansancio”, me dijo.

Hablábamos de lo que pasa en Brasil, y él quiso saber cómo me sentía. “Indignado, irritado, impotente y triste”, contesté. Y Lula comentó: “Yo también me siento triste. Al fin y al cabo, hice lo que hice, empecé lo que empecé, y ahora me pasa lo que pasa…”.

¿Y qué es lo que le pasa? Pues le toca asistir a la demolición implacable de su PT, un partido nacido para reformular la política y airear un ambiente históricamente plagado de vicios e inmoralidades, y que terminó por aliarse a los enemigos y se dejó salpicar por el lodo.

Un ataque implacable de los mismos medios hegemónicos de comunicación que él creyó haber seducido, pero que a la hora de la verdad, se pusieron, con una sola y única voz, en su contra.

Por estos días, Lula da Silva trata de buscar una salida para el PT. Las elecciones municipales del domingo 2 de octubre masacraron su partido. Era algo esperado, pero no en tales dimensiones. Ha sido el peor desempeño del Partido de los Trabajadores en los últimos veinte años o más.

“Era algo esperado”, admite Lula. “Pero volveremos a ser lo que fuimos y seremos”, agrega, con la mirada fulminante puesta en algún espacio vacío y perdido.

Cuando conocí a Lula, hace como treinta y pico de años, era un hombre con mirada inquieta y feroz. Su voz ronca anunciaba cambios radicales. Ese Lula furioso ha sido drásticamente cambiado en la campaña electoral del 2002, cuando un publicista de mucho talento y escaso carácter –eligió, vendiendo personas como se fuesen jabón, a tipos de extrema derecha igual que de izquierda– creó la imagen de “Luliña paz y amor”.

Aquel Lula, el de 2002, se comprometió en una “Carta a los brasileños” a preservar puntos cruciales de la política económica de su antecesor, el neoliberal Fernando Henrique Cardoso, y lo hizo. Pero a la vez promovió cambios radicales en el panorama socioeconómico brasileño.

Los números no permiten dudas: el obrero que cometía errores básicos de gramática, que eliminaba el plural en sus frases, que tenía un discurso tosco y directo, montó un gobierno que eliminó a Brasil del mapa del hambre de las Naciones Unidas. En su gobierno, 42 millones 800 mil brasileños abrieron, por primera vez en sus vidas, una cuenta corriente en los bancos.

La libreta de ahorro, único instrumento de que disponían, quedó en la memoria. Se vendieron, como nunca, heladeras, cocinas, motos, coches. Ha sido como si una Argentina entera entrase en el mercado de consumo: 42 millones 800 mil tipos por siempre ninguneados.

Pasados los años, Lula sigue creyendo que hizo lo que tenía que hacer. “El presupuesto del Estado tiene que contemplar a los pobres, no se debe hablar de gasto, en el presupuesto para educación y salud públicas: es inversión. Inversión en el futuro de la gente”, dice.

El problema es que, en el sistema político brasileño, existen 35 partidos políticos activos y en el Congreso hay como 28. Así que ningún presidente se elige contando con mayoría en diputados y senadores. Como consecuencia, es imperioso armar alianzas políticas. Y las alianzas que armó el PT fueron con lo que de más sucio existe en la vida política brasileña. A tiempo: exactamente la misma alianza que ahora sostiene a Michel Temer, que no fue elegido, que llegó a la presidencia a raíz de un golpe institucional.

¿Qué dice Lula de esa experiencia? “Lo importante era tener una base para gobernar.” Su partido, otrora una especie de vestal contra la corrupción dominante en el escenario político brasileño, se mezcló en el lodo.

¿Y ahora? Bueno, ahora hay que empezar todo otra vez.

El mismo Lula es convocado para volver a presidir su partido, el PT. Pero se resiste. Sus interlocutores más cercanos, sus amigos, dicen que más urgente es preparar su defensa contra el acoso irremediable de una Justicia Injusta, que entre otras cosas es capaz de mantener en prisión a su ex ministro de Hacienda, Antonio Palocci, “mientras se buscan pruebas en su contra”. Esa historia de presunción de inocencia, y que les toca a los fiscales probar la culpa, quedó definitivamente eliminada del escenario judicial brasileño. Aquí en Brasil, primero se acusa, luego se detiene al sospechoso, y luego a ver cómo probar sus crímenes.

Lula da Silva anda un tanto tristón. Su mirada pasea por un horizonte invisible. Está cansado. El hombre que dice no cansarse nunca está cansado. Está visiblemente cansado. Mastica despacio y con cuidado cada parte del asado de cordero que eligió. Es un almuerzo entre amigos. De repente, le pregunto: “¿Es que no te cansás nunca?” Y él me mira, una mirada de mil fuegos, y dispara: “Es que no tengo tiempo para cansarme”. Miente. Es evidente que miente. La mentira está estampada en sus pelos, cada vez más ralos; en la mirada, cada vez más opaca; en la voz, cada vez más ronca.

Mañana o pasado o en unos días más lo detendrán. La imagen de Lula preso es, será, la gloria máxima del golpe de Estado, golpe institucional que se dio en mi país, el país de Lula. ¿Ha sido el suyo un gobierno corrupto? No. ¿Hubo corrupción en su gobierno? Claro que sí. ¿Ha sido complaciente con esa corrupción? Quizá. Muy probablemente, sí. En países como el mío, es o eso o la nada.

Me doy cuenta de que Lula tiene una coronita de perlas, de lágrimas, en la frente. De sudor, pues.

Terminamos de almorzar, nos despedimos, nos abrazamos. Nunca fui y jamás seré del PT. Mis críticas al partido creado por Lula da Silva desbordarían el espacio que me concede este diario. Pero salgo de este almuerzo largo y tardío con las palabras que dijo Lula cuando, de manera absolutamente ilegal, lo llevaron a prestar testimonio en la Policía Federal, hace como cinco, quizá seis meses.

Dijo Lula da Silva: “Si me matan, seré mártir. Si me detienen, seré héroe. Si me dejan libre, seré presidente otra vez”.

Si me permiten una participación personal, estoy seguro de que lo detendrán. Mañana o el miércoles o la semana que viene. ¿El crimen? No importa. Por ser obrero, apenas alfabetizado, y haber saneado lo mismo que hirieron sus antecesores.

Lo detendrán y condenarán por haber sido el primer obrero en alcanzar el poder, y que por intuición –mucho más que por ideología– cambió el mapa social de mi país. Es decir: que no robó nada.

Y por eso…

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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España y EEUU son los países avanzados en los que más aumentó la desigualdad según la ONU

Lun, 17/10/2016 - 19:13
Teguayco Pinto, El Diario

"El poder económico y político se concentra cada vez más en manos de un número muy reducido de personas". Este es el principal mensaje que se puede extraer del informe sobre desigualdad mundial publicado por la Unesco, y que señala a España y a EEUU como los países en los que más ha aumentado la desigualdad salarial durante los últimos años.

La desigualdad global se mide habitualmente a través del coeficiente de Gini, cuyo valor varía entre 0 (sin desigualdad) y 1. En Europa este índice oscila entre 0,25 y 0,30, aunque en España alcanzó en 2012 un elevado 0,36, según datos del informe, solo por detrás de Grecia (0,37) e Israel (0,43). En EEUU este índice alcanza un valor de 0,41, mientras que los países más desiguales se sitúan ligeramente por encima de 0,60, como, por ejemplo, Sudáfrica.

El crecimiento de las desigualdades internas ha sido especialmente marcado en los países más ricos y el informe señala el período de crisis como especialmente perjudicial, debido principalmente a una combinación de pérdida de empleos y aumento de las disparidades salariales.

España pasó de un índice Gini de 0,31 en 2002 a 0,36 en 2012, lo que supone un aumento de casi un 14%. Según el informe, el 90% del incremento de la desigualdad en España está causado por el paro y los bajos salarios durante el periodo 2006 a 2010.

Los investigadores son especialmente críticos con los recortes y las políticas de austeridad llevadas a cabo en la UE, de los que dicen que "no sólo perjudican el empleo y la inversión, sino que afectan a los pobres de manera desproporcionada, a través de reducciones de salarios y pensiones y mediante recortes en sanidad pública, educación y gasto social".

También hacen referencia al aumento de los contratos de trabajo temporal, que "se han convertido en una característica distintiva de los mercados de trabajo en el sur de Europa, los países andinos y partes de Asia" y que "suponen pérdidas salariales significativas para los trabajadores individuales". En este sentido, el informe vuelve a destacar el caso de España, "donde más de una cuarta parte de la fuerza de trabajo tiene contratos temporales".

Según los miembros del comité científico consultivo encargado de supervisar el informe, entre los que destaca el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, las medidas de liberalización económica adoptadas a partir de la década de 1980 "han provocado un aumento de la desigualdad y una distribución poco equitativa de los beneficios del crecimiento".

Además, señalan como a partir de la década de 1990 empezó a producirse un estancamiento de los salarios de la clase media en los países desarrollados, lo que unido al aumento de las ganancias del 1% de las personas más ricas y al predominio creciente de las rentas del capital financiero sobre los ingresos del trabajo, han contribuido a concentrar la riqueza en manos de una élite muy reducida.

La paradoja de la desigualdad A nivel global, el índice Gini se sitúa por encima de 0,70, aunque los resultados del informe muestran una disminución en las últimas décadas de entre un 3% y 4%, una tendencia positiva que se debe en gran parte al rápido crecimiento económico en China y la India, o al crecimiento, más moderado, de varios países de Latinoamérica. Sin embargo, esta reducción parece haberse apoyado en el incremento de las desigualdades internas de los países, algo que se conoce como la paradoja de la desigualdad.

Es especialmente llamativo el caso de China, cuyo coeficiente de Gini aumentó en once puntos durante el periodo 1985-2008, aunque disminuyó alrededor de dos puntos en los siguientes seis años. Los investigadores también mencionan a los países del antiguo bloque soviético, que durante los últimos años han sufrido un aumento importante de la desigualdad y destacan el caso de Rusia, cuyo índice Gini aumentó más de 20 puntos tras la caída de la Unión Soviética y que aún hoy se mantiene en valores superiores a 0,41.

Con respecto a los países latinoamericanos, el informe indica que la mayoría registraron una reducción de la desigualdad en la pasada década y destaca los casos de Brasil y Argentina, cuyo índice Gini disminuyó alrededor de 12 puntos. Entre los factores que han contribuido a la reducción de la desigualdad en América Latina, los investigadores destacan el aumento de los salarios mínimos, la introducción de reformas fiscales progresivas y las pensiones sociales.

Falta de reforma de los mercados financieros En otro informe publicado en las mismas fechas por la Conferencia de Comercio y Desarrollo de la ONU, se hace referencia a la desigualdad y se critica la creencia en la "hipereficiencia de los mercados autorregulados", a la que acusa de haber ignorado cómo el crecimiento estaba siendo alimentado por una "adicción malsana a las apuestas de alto riesgo entre los agentes del mercado financiero", lo que terminó provocando un aumento de la desigualdad "a niveles no vistos desde la década de 1920".

Este informe hace hincapié en el hecho de que pese a que los mercados financieros fueron castigados por la crisis, éstos "no fueron reformados", lo que sigue afectando a los niveles de deuda y desigualdad. Además, critican que la mayor parte de las ganancias de los últimos años hayan dado como resultado el aumento de los beneficios empresariales, "mientras que la mayor parte del ajuste ha caído sobre los países deudores y las familias trabajadoras, cuyos salarios, empleos y bienestar social están bajo la presión constante de las medidas de austeridad".

Objetivos de desarrollo: un eslogan sin sentido Finalmente, el informe de desigualdad llama la atención sobre el riesgo que corren los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) si no se hace mayor hincapié en las políticas redistributivas. Estos objetivos fueron aprobados en septiembre del pasado año, como un proyecto global para terminar con la pobreza, hacer frente a las desigualdades y abordar el cambio climático en el curso de los próximos quince años.

Sin embargo, según se advierte en el informe, "son muy pocos los países que efectúan inversiones en la realización de trabajos de investigación sobre las repercusiones a largo plazo que tiene la desigualdad en sus economías, sociedades y comunidades" y los científicos concluyen que "si esto no se resuelve urgentemente, la meta transversal de "que nadie se quede atrás" de aquí a 2030, proclamada en los ODS, será un mero eslogan sin sentido alguno".

El estudio, que fue presentado en la Real Academia Sueca de Ciencias y que lleva el título Afrontar el reto de las desigualdades y trazar vías hacia un mundo justo, recuerda que el 1% de la población posee casi la mitad de la riqueza de los hogares y que las 62 personas más ricas del mundo poseen por sí solas tantos bienes como la mitad más pobre de la humanidad. Una realidad que "está poniendo en tela de juicio la perdurabilidad de los modelos predominantes de desarrollo económico".

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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