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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6379125
Actualizado: fai 19 horas 36 min

Un informe del Senado de Brasil exculpa a Rousseff de participar en maniobras fiscales

Mar, 28/06/2016 - 15:50
Un informe elaborado por técnicos del Senado brasileño señala que no existen pruebas de que la presidenta suspendida, Dilma Rousseff, participara en las maniobras fiscales que la oposición utilizó para iniciar los ataques contra la mandataria y la apertura del proceso de destitución que sigue en la Cámara Alta.

De acuerdo con el informe de 223 páginas realizado a petición de la defensa de Rousseff, la gobernante fue responsable de la emisión de una serie de decretos que alteraban los presupuestos sin la pertinente autorización del Congreso. Sin embargo, según una nota divulgada por el Senado, los técnicos de la Cámara no encontraron pruebas de que Rousseff participara en los atrasos en el pago de créditos a la banca pública, considerados por la oposición como maniobras fiscales y que, de acuerdo con la acusación, supondrían un crimen de responsabilidad, lo que podría terminar con la destitución de la jefe de Estado.

Según la acusación, el Gobierno atrasó sistemáticamente el envío de recursos a los estatales Banco do Brasil, Caixa Económica Federal y Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), cantidades que supuestamente fueron utilizadas para pagar programas sociales en un año electoral. Rousseff siempre ha mantenido que esas supuestas maniobras fiscales que motivaron la apertura del juicio político son parte de los manejos contables habituales de cualquier gobierno en Brasil.

Esas prácticas, que datan de 2014 y se mantuvieron en 2015, dieron sustento a la acusación que llevó a la apertura del juicio político contra Rousseff, quien el pasado 12 de mayo fue suspendida de sus funciones y sustituida en forma interina por su entonces vicepresidente, Michel Temer. El proceso concluirá a fines de julio, cuando el instructor de la comisión presentará un informe en el que deberá recomendar la destitución de la mandataria o que la causa sea archivada.

Ese informe será sometido a principios de agosto al pleno del Senado, que deberá decidir por una mayoría simple de 41 votos entre sus 81 miembros si la causa prosigue. Si así fuera, la Corte Suprema convocará al pleno de la Cámara Alta para una última sesión, que sería a mediados de agosto. En esa definitiva instancia, Rousseff será destituida si así lo decide una mayoría calificada de dos tercios de los senadores (54 votos). En ese caso, Temer debería completar el mandato que vence el 1 de enero de 2019, pero si Rousseff fuera absuelta recuperaría el poder una vez que sea publicada la sentencia.

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El impacto de Brexit

Mar, 28/06/2016 - 08:01

Michael Roberts, The Next Recession
Bueno, me equivoqué. Creí que los británicos votarían a favor de permanecer en la UE, aunque por poco. Pero han votado, por poco, salir. El índice de participación del 72% fue mucho mayor que en las últimas elecciones generales de mayo de 2015 (67%), cuando el partido conservador volvió al poder con una exigua mayoría de sólo 12 escaños. El Primer Ministro David Cameron había logrado la victoria por los pelos gracias a la promesa de convocar un referéndum sobre la pertenencia a la UE. Lo que bastó para debilitar el apoyo electoral del euroescéptico Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), que había obtenido más del 20% de los votos en las elecciones europeas y locales. Al aceptar un referéndum, Cameron logró reducir la representación de UKIP a un sólo escaño en el parlamento.

Pero esta táctica política ha fracasado. Cameron ha perdido el referéndum y ha anunciado ya que dimitirá y que dará paso como primer ministro a un dirigente pro-Brexit para llevar a cabo las tensas y tortuosas negociaciones con los dirigentes de la UE en otoño. Ganar las elecciones así ha resultado un regalo envenenado, como sugerí.

Parece que un número suficiente de votantes ha creído los argumentos de los conservadores pro Brexit y UKIP de que la culpa de lo que les pasaba la tenía “demasiada inmigración” y un exceso de regulación de la UE (aunque Gran Bretaña ya es la economía más desregulada de la OCDE). Nada que ver con la crisis capitalista global, la consiguiente larga depresión y las políticas de austeridad del gobierno conservador.

Sí, muchos votantes no se tragaron los argumentos sobre la inmigración y la regulación; pero fueron principalmente los jóvenes; los que vivían en las zonas multiétnicas como Londres y Manchester y los hogares más acomodados en el sur urbano. No fueron suficientes en comparación con los que votaron a favor de la salida. Es decir, los mayores, los que viven en pequeños pueblos y ciudades, principalmente en el norte o en Gales, lejos de Londres y de los “inmigrantes”, pero que han sufrido y mucho los trabajos mal pagados, los recortes del sector público, las viviendas sin mantenimiento y el abandono de las calles y de los servicios públicos.

Junto a ellos, los racistas acérrimos de la pequeña-burguesía y las pequeñas empresas, que de nada se aprovechan del comercio con la UE o de su generosidad financiera. Creen que les iría mejor de alguna manera con una vuelta a los viejos tiempos, cuando el imperialismo británico se bastaba a si mismo ("recuperar de nuevo nuestro país"). Pero no será así porque es muy probable que los escoceses, que rechazaron por muy poco en referéndum su propia independencia en septiembre de 2014, y que votaron mayoritariamente permanecer en la UE, ahora pedirán otro referéndum para abandonar el Reino Unido y permanecer en la UE como un estado independiente. Volver a los viejos tiempos del imperialismo británico será remontarse en el tiempo a antes de la unión de 1603, cuando Inglaterra-Gales y Escocia tenían distintos monarcas.

¿Y ahora qué? Pues bien, los mercados financieros han reaccionado de forma natural con pánico, el valor de la libra esterlina frente al dólar ha caído a su nivel más bajo desde 1985, cuando había (otra) crisis del petróleo. Los precios de las acciones también se han desplomado drásticamente. Pero se trata sólo de una reacción de sorpresa ante lo inesperado. Cómo reaccionarán los mercados financieros en los próximos meses dependerá del curso de las negociaciones (que podrían durar dos años o incluso más). Y de lo que suceda a la economía del Reino Unido.

En notas anteriores, he subrayado la opinión casi unánime entre los economistas convencionales de que Brexit podría perjudicar la economía del Reino Unido, tanto a corto como a largo plazo. La mayoría cree que el Reino Unido entrará en recesión antes de que finalice el año. ¿Por qué? Después de todo, con una libra más débil, los exportadores británicos serán capaces de competir en precios en los mercados mundiales y europeos. Seguramente se reducirá el peligrosamente elevado déficit exterior (el 7% del PIB) que el capitalismo británico mantiene con el resto del mundo. Y el Banco de Inglaterra proporcionará todo el crédito que bancos y compañías quieran y es posible incluso que recorte las tasas de interés a cero para ayudar a las familias con sus hipotecas y a las empresas con sus deudas.

Quizás - pero la historia ha demostrado que la devaluación de una moneda rara vez consigue relanzar el crecimiento económico, la productividad e incluso el comercio de un país. He citado en otra ocasión cómo los keynesianos se equivocaron cuando creyeron en 2001 que la devaluación del peso en Argentina relanzaría la economía: la Gran Recesión pronto les desengañó.

Y durante la Gran Recesión, el Reino Unido dejó caer de manera espectacular la libra. Sin embargo, las exportaciones no se recuperaron, y la economía nacional, impulsada por las bajas tasas de interés y una burbuja de la vivienda, sólo consiguió un déficit por cuenta corriente.

Y ese déficit tuvo que ser financiado con flujos de capital exterior: extranjeros que invierten en la industria británica; la compra de acciones de empresas y bonos del Estado británicos; y depósitos de dinero en efectivo en los bancos británicos para ganar intereses o reinvertir. Pero la financiación ya había empezado a secarse por temor al Brexit. Y el Brexit ahora es una realidad. La única forma de financiar el déficit será elevando las tasas de interés de los depósitos y los bonos, no recortando las tasas.

Sin embargo, el déficit externo en realidad puede reducirse, no porque las exportaciones mejoren, sino porque las importaciones de bienes y servicios extranjeros caigan. Porque si la economía británica se estanca, las empresas y los hogares van a comprar menos del extranjero, ya que los precios de las importaciones subirán con la caída de la libra esterlina y puede haber inflación. Ello reduciría los ingresos reales de los hogares medios británicos.

Y los beneficios de una libra más débil también dependen de la demanda en otras partes del mundo. Si la zona euro y la economía de Estados Unidos no crecen, puede que no basten precios más bajos para que haya un aumento significativo en la demanda de exportaciones del Reino Unido. Además, en los últimos años, las exportaciones británicas han demostrado ser bastante inelástica. Las mercancías británicas tienden a ser bienes y servicios de mayor valor añadido, menos sensibles a la variación de los precios que la ropa confeccionada.

Y esa es la verdadera cuestión. La devaluación en realidad sólo afecta a la demanda. La otra parte de la ecuación es la oferta y la capacidad productiva. La devaluación no necesariamente promueve la inversión y una mayor productividad. Hay quién incluso defiende que la devaluación puede reducir el incentivo para ser eficiente porque se gana competitividad sin el esfuerzo de aumentar la productividad. Lo que realmente importa es lo que va a pasar con la inversión y la rentabilidad empresarial.

Los mayores costes de producción por las importaciones y la debilidad de la demanda en el país y en el extranjero es probable que desalienten a las empresas británicas a la hora de invertir en el país y que lo mismo les ocurra a los inversores extranjeros. Y la rentabilidad general de las empresas británicas a finales de 2015 se situaba todavía por debajo del pico de 1997, mientras que la rentabilidad del sector industrial clave para las exportaciones era la mitad que en 1997.

Si el Reino Unido entra en recesión, la demanda de exportaciones de la UE (coches alemanes, vino francés, ropa italiana etc..) va a debilitarse. Y una recesión en el Reino Unido podría arrastrar también a la UE. Y ello en un entorno en el que el crecimiento económico mundial se ha reducido a su nivel más bajo desde el final de la Gran Recesión, en el que el crecimiento de los beneficios empresariales globales es cero y la inversión empresarial está cayendo en muchas economías.

A largo plazo el Brexit no supondrá una gran diferencia para la salud del capitalismo británico, pero en este momento podría ayudar a acelerar una nueva recesión mundial. Y tendría un impacto mucho mayor en las vidas de los que votaron a favor del Brexit que los supuestos problemas como la inmigración “descontrolada” o las regulaciones de Bruselas.
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Tomado de Sin Permiso. Traducido por G. Buster

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El Brexit no protegerá a la Gran Bretaña del horror de una Unión Europea en vías de desintegración

Mar, 28/06/2016 - 04:34

Yanis Varoufakis, Sin Permiso

Ganó el Leave, salir, porque demasiados votantes británicos identificaron a la UE con autoritarismo, irracionalidad y desprecio de la democracia parlamentaria, y porque demasiado pocos creyeron a los que sosteníamos que otra UE era posible.

Hice campaña a favor de un voto radical por el Remain, por quedarse, haciéndome eco de los valores de nuestro movimiento paneuropeo Democracy in Europe Movement (DiEM25). Visité distintas ciudades en Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte, buscando convencer a los progresistas de que disolver la UE no era la solución. Sostuve que su desintegración desencadenaría fuerzas deflacionarias tales, que muy probablemente significarán por doquiera una nueva vuelta de tuerca de la austeridad y que terminarán favoreciendo al establishment y a sus adláteres xenófobos. Junto con John McDonell, Caroline Lucas, Owen Jones, Paul Mason y otros, abogué por una estrategia de permanecer, pero contra el orden y las instituciones establecidos.

Contra nosotros se levantaba una alianza fraguada entre:
  • David Cameron, cuyos amaños con Bruselas traen a la memoria de los británicos todo lo que desprecian en la UE;
  • el Tesoro y su grotesco alarmismo pseudoeconométrico;
  • la City, cuya insufrible arrogancia ensimismada puso a millones de votantes contra la UE;
  • Bruselas, tenazmente empleada en aplicar su última tortura del “submarino” y el simulacro de asfixia a la periferia europea;
  • el ministro de finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, cuyas amenazas a los votantes británicos galvanizaron el sentimiento antialemán;
  • el penoso gobierno socialista francés;
  • Hillary Clinton y sus alegras muchachos atlantistas, dibujando una UE incluida en otra peligrosa “coalición de voluntades”;
  • y el gobierno griego, cuya persistente capitulación ante la punitiva austeridad de la UE tan difícil nos hacía convencer a la clase obrera británica de que sus derechos estaban protegidos por Bruselas.
Las fuerzas subterráneas insidiosas que se verán activadas ahora Las repercusiones del voto serán calamitosas. Pero no serán aquellas contra las que repetidamente advirtían Cameron y Bruselas. Los mercados no tardarán en estabilizarse, y las negociaciones probablemente llevarán a una solución de tipo noruego, lo que permitirá al próximo parlamento británico encontrar la vía hacia algún tipo de arreglo tomado de común acuerdo. Schäuble y Bruselas patalearán y resoplarán, pero, inevitablemente, buscarán un compromiso de este tipo con Londres. Los Tories se mantendrán unidos, como siempre, guiados por el potente instinto de su interés de clase. Sin embargo, a pesar de la relativa tranquilidad que seguirá al actual shock, se activarán fuerzas subterráneas insidiosas dotadas de una formidable capacidad para infligir daños a Europa y a la Gran Bretaña.

Ni Italia, ni Finlandia, ni España, ni Francia ni, desde luego, Grecia son sostenibles bajo las actuales condiciones. La arquitectura del euro es garantía de estancamiento y está profundizando la espiral deflacionaria de deuda que fortalece a la derecha xenófoba. Los populistas en Italia, en Finlandia, posiblemente en Francia, exigirán referéndums u otras sendas de desconexión.

El único hombre con un plan es el ministro alemán de finanzas. Schäuble ve en el pánico post-Brexit su gran oportunidad de poner por obra una unión permanentemente austeritaria. Las zanahorias vienen en forma de un pequeño presupuesto de la eurozona destinado cubrir parcialmente el desempleo y los seguros de los depósitos bancarios. El palo será un poder de veto sobre los presupuestos nacionales.

Si yo estoy en lo cierto y el Brexit lleva a la construcción de una jaula de hierro austeritaria permanente para los estados miembros que permanecen en la UE, hay dos posibles resultados. Uno es que la jaula de hierro se sostenga, en cuyo caso la austeridad institucionalizada exportará deflación a Gran Bretaña, pero también a China (cuyo ulterior desestabilización tendrá a su vez negativas repercusiones en Gran Bretaña y en la UE).

Otra posibilidad es que la jaula se rompa (por abandono de Italia o de Finlandia, por ejemplo), resultando finalmente en el abandono por parte alemana de una eurozona en colapso. Pero eso convertirá a la nueva zona Deutschmark –que probablemente se extenderá hasta la frontera ucraniana— en una gigantesca máquina generadora de deflación (puesto que la nueva moneda se disparará al alza, y las fábricas alemanas perderán mercados internacionales). Gran Bretaña y China tendrían, bajo ese escenario, mayores posibilidades aún de ser alcanzadas por un shock deflacionario todavía mayor.

El horror de esos posibles desarrollos, de los que el Brexit no protegerá a Gran Bretaña, es la razón principal de que yo y otros miembros del DiEM25 hayamos tratado de salvar a la UE del establishment que está llevando al europeismo al abismo. Yo dudo mucho de que, a pesar del pánico que han sentido tras el Brexit, los dirigentes de la UE sean capaces de aprender la lección. Seguirán parloteando de la democratización de la UE y seguirán imponiéndose a través del miedo. ¿Puede sorprender que tantos progresistas británicos hayan terminado dando la espalda a esta UE?

Aunque yo sigo convencido de que el Leave era la opción equivocada, me congratulo de la determinación del pueblo británico para enfrentarse a la disminución de soberanía democrática causada por el déficit democrático de la UE. Y me niego a sentirme abatido, aun contándome entre los perdedores del referéndum.

Lo que ahora deben hacer los demócratas británicos y europeos es aprovechar ese voto para enfrentarse al establishment en Londres y en Bruselas con más ahínco que antes. La desintegración de la UE corre ahora a toda velocidad. Tender puentes por toda Europa, unir a los demócratas a través de toda las fronteras y de todos los partidos; eso es lo que Europa necesita más que nunca para evitar deslizarse hacia un abismo xenófobo y deflacionario como el de los años 30 del siglo pasado.
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Tomado de Sin Permiso. Traducción de Minima EstrellaUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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No hay un plan B después del Brexit

Lun, 27/06/2016 - 21:30

Eduardo Febbro, Página 12

Los abanderados de la retórica se quedaron mudos. Un clima de avión sin piloto en medio de una tormenta se respira en las capitales europeas. Nadie, de hecho, tiene un plan B para salir del callejón que cerró el futuro de la Unión Europea luego de que Gran Bretaña aprobara el Brexit. Los 27 son 27 silencios y 27 controversias que enfrentan tres opciones decisivas: la manera y los tiempos en que Gran Bretaña dejará la UE, las reformas que se deben poner en marcha y los tratados que deberán replantearse. Bruselas, Berlín, París, Roma, Londres, las grandes capitales europeas flotan en un estado de levitación. La canciller alemana Angela Merkel organiza hoy un encuentro en Berlín con el presidente francés, François Hollande, y con el presidente del Consejo italiano, Matteo Renzi. Merkel no ha sacado de la galera ninguna propuestas y se ha limitado, por el momento, a pedir que se conserve “la calma y la determinación”. François Hollande amagó con un planteo a favor del “crecimiento, la armonización fiscal y social”. Nada, en suma. El más agresivo fue Renzi. En una columna publicada por el diario de negocios Il Sole 24 Ore, el presidente del Consejo italiano arremetió contra “las políticas de austeridad que taparon el horizonte, transformaron el porvenir en una amenaza y reforzaron el miedo”.

Esas tres posiciones se trasladarán mañana y el miércoles a Bruselas, donde los jefes de Estado y de gobierno de los 27 países de la Unión se reúnen en una cumbre a tientas. Mañana también se reúne en pleno el Parlamento Europeo, que busca alguna idea ambiciosa. Pero todos están con las manos atadas y dependen de lo que haga Gran Bretaña. No se sabe cuándo Londres activará el famoso artículo 50 del tratado de Unión mediante el cual se abre la puerta de salida. Además, el referendo sobre el Brexit es consultivo, por consiguiente, el gobierno británico debe antes obtener una mayoría para plasmar el Brexit en los hechos. En la Cámara, sin embargo, los “no leave” o partidarios del “Brimain” son mayoritarios. En la edición del sábado del Bild Zeitung, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, declaró que “la Unión Europea tiene décadas de experiencia en la gestión de las crisis y siempre salió reforzada”. La diferencia es que ahora no se trata de una crisis que se puede negociar, sino de una ruptura decidida por una mayoría popular. Por este motivo nadie esconde la realidad: la Unión Europea está el peligro, debilitada por los populismos extremistas y emocionales, el euroescepticismo, los nacionalismos pujantes, una banda de dirigentes políticos oportunistas cuyas formaciones tienen un pasado tan negro como las pesadillas, el costo alucinante de las políticas de ajuste, el desempleo, sin credibilidad ante opiniones públicas y, en parte, paralizada por una tecnocracia kafkiana.

Como si fuera poco, los británicos parecen decididos a alargar la agonía de su partida y, con ello, atan a sus socios europeos ante cualquier decisión colectiva. Los cancilleres de los seis países fundadores de la UE (Francia, Italia, Bélgica, Holanda, Alemania, Luxemburgo) se reunieron el sábado en Berlín e invitaron a Londres “a ir lo más rápido posible”. De hecho, antes que cualquier plan de acción común, la urgencia radica hoy en sacarse de encima al Reino Unido lo más pronto posible para evitar el estancamiento de las aguas. El jefe de la diplomacia alemana, Frank-Walter Steinmeier, dijo claramente que la rapidez evitaría “que nos encontremos empantanados”. Ese discurso alemán no refleja la posición de la tortuga que ha adoptado por ahora Angela Merkel. Los 27 miembros de la Unión están prisioneros de Londres, tanto más cuanto que los ingleses jugaron con el fuego del Brexit pero ahora no quieren perder las ventajas. Gran Bretaña busca mantener los privilegios inherentes a la Unión, entre ellos el acceso al mercado interno. Por ello Londres atrasa la activación del artículo 50 hasta que no obtenga garantías de que conservará un estatuto especial. En el horizonte de esa controversia se esboza una ruptura entre el eje alemán y holandés –más de la mitad de su excedente comercial lo consiguen en Gran Bretaña– y los demás países.

En lo que atañe a los pueblos europeos, especialmente el de Francia, amenazado por una extrema derecha galopante y nacionalista, ningún dirigente tiene una hoja de ruta. El primer ministro francés, Manuel Valls, pidió que se “reinventara una Europa que escucha a sus pueblos”. Su credibilidad, en ese campo preciso, es escasa. Ha sido, entre tantos, el primer sordo. Los países fuertes de Europa, como Francia, caminan sobre una cuerda floja porque sus dirigentes no tienen suficiente credibilidad para someter las reformas profundas de Europa a un referendo: lo perderían de inmediato –es el caso de François Hollande–. El presidente francés, sin embargo, acertó cuando interpeló a sus socios al “refuerzo de la Zona Euro y de su gobernabilidad democrática”. Ese es uno de los ojos del ciclón: como lo demostró la tragedia griega, la famosa Zona Euro escapa a todo control, que sea Ejecutivo, Parlamentario o nacional. Para cambiar ese orden vertical y absurdo es preciso reformar los tratados europeos para transferir el control a los parlamentos, es decir a los pueblos, sobre una Zona Euro que funciona en circuito cerrado. Allí se plantea otro límite: nuevos tratados equivalen a consultar a los pueblos y el pasado más reciente muestra que los referendos terminaron casi todos con votos negativos. A fuerza de darles la espalda a las sociedades, la Unión Europea se cita ahora con pueblos que son hostiles a todo cuanto viene de su seno. La gran madre protectora perdió la confianza de sus hijos y los ideales con los cuales los educó.

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Londres fuera de la Unión Europea, no de la OTAN

Lun, 27/06/2016 - 10:06
Atilio Boron, Rebelión

El triunfo del Brexit en el referendo abre múltiples interrogantes. La mayoría de los analistas, sobre todo en la prensa hegemónica internacional, ha puesto el énfasis en el examen de sus consecuencias sobre los mercados, su exacerbada volatilidad y la cotización de las principales monedas. Sin restarle importancia a este asunto creemos que este énfasis economicista está lejos de apuntar a lo más significativo. Los mercados son entidades veleidosas, siempre sujetos a esa “exuberante irracionalidad” denunciada por Alan Greenspan, el ex jefe de la Reserva Federal de Estados Unidos, de modo que pronosticar su derrotero una vez consumada la salida del Reino Unido de la UE es un ejercicio ocioso y condenado al fracaso, inclusive si las predicciones se hacen para el corto plazo. Mucho más importante es ponderar lo que la decisión del electorado británico significa en términos políticos: un golpe si no mortal pero sin duda muy duro a un proyecto comunitario que cuando adquirió una connotación social y política progresista fue secuestrado, tergiversado y prostituido por la oligarquía financiera europea. Con la deserción de Londres –un divorcio litigioso y no consentido, al decir de algunos- la UE pierde a la segunda economía y al segundo país en población, lo que debilita a una Europa que, con la estructuración supranacional pergeñada por Bruselas, trató de reposicionarse en términos más protagónicos en el turbulento tablero de la política internacional. Si con el Reino Unido en sus filas la UE no era más que un aburrido segundo violín en el concierto de naciones, con los británicos afuera su gravitación global disminuye aún más vis a vis China, Rusia y los nuevos centros de poder internacional.

No fue casualidad que haya sido Angela Merkel quien mostró la mayor preocupación por el éxodo británico al exhortar a los gobiernos europeos a “mantener la calma y la compostura” ante la mala noticia. Se comprende su actitud: la canciller alemana fue quien con más fuerza impulsó el avance por la senda autodestructiva seguida por la UE en los últimos años. Convirtió al acuerdo pan-europeo en un apéndice de la gran banca, sobre todo alemana; combatió con meticulosidad germana los resabios del proyecto original, que tenía como metas la construcción de una Europa Social y de Ciudadanos; fortaleció a la conservadora burocracia de la Comisión Europea e hizo del Banco Central Europeo (BCE) el perro guardián de la ortodoxia financiera impuesta sin miramientos sobre todos los gobiernos del área. Mientras el neoliberalismo se batía en retirada de América Latina y el Caribe en medio de las ruinas que había dejado a su paso fue la Merkel quien lo revivió en Europa, incorporando al Fondo Monetario Internacional como participante activo en la gestión macroeconómica de los estados y dando origen, junto a la Comisión Europea y el BCE a la infame troika que poco después, como insaciable plutocracia, se convertiría en el verdadero gobierno de Europa arrojando por la borda cualquier contenido democrático. Los griegos, donde se inventó la democracia, pueden dar fe de la furia destructiva de la troika de la UE, que al caerse la hoja de parra de su hueca palabrería democrática puso en evidencia los alcances de la descomposición del viejo proyecto europeo, atado de pies y manos al servicio del capital.

Esta Europa de las clases dominantes, burocrática y empresarial es la que recibió un mazazo brutal desde el Reino Unido y no hay razón alguna para lamentarse por ello. La UE que acompañó a Washington en todas sus tropelías y todos sus crímenes en el escenario internacional ahora recoge los amargos frutos de su complicidad con los que EEUU perpetrara en Oriente Medio. Era obvio que la destrucción causada en Irak, Libia y ahora Siria provocaría una incontenible marea de refugiados que tienen sólo un lugar adonde dirigirse: Europa. Washington puede alegremente incurrir en tales atrocidades porque está protegido por dos océanos que lo convierten en un destino inalcanzable para quienes huyen del infierno que desata con sus drones, misiles y unidades de combate. Pero Europa, en cambio, está ahí nomás. Y ese torrente humano activó y potenció los peores instintos xenofóbicos y racistas en buena parte de las poblaciones europeas que pretenden, vanamente, ponerse a salvo de las consecuencias de su pasado colonialista y su presente como compinches del imperialismo norteamericano. Por eso la xenofobia fue un componente decisivo del triunfo del Brexit, saludada con euforia por un racista probado y confeso como Donald Trump y los representantes de la derecha en casi toda Europa, con Marine Le Pen a la cabeza.

No sería de extrañar que lo ocurrido en el Reino Unido precipitara un “efecto dominó” en donde diversos países tengan que someter su permanencia en la UE al veredicto popular. La derecha en Francia y en Holanda ya está hablando de ello, y en otros países ya hay quienes lo están pensando. La crisis puede inclusive tornar inevitable un nuevo plebiscito en Escocia para decidir sobre su permanencia en Gran Bretaña. Los escoceses quieren permanecer en Europa y votaron en ese sentido en el referendo de días pasados. Uno de los coletazos del Brexit podría llegar a ser una Escocia independiente y la desaparición de la Gran Bretaña tal como hoy la conocemos.

Para concluir: lo bueno de esta situación es que el debilitamiento de la Unión Europea resta fuerzas al imperialismo norteamericano, del cual aquella es su aliada histórica fundamental. Y esta es una gran noticia para los pueblos del mundo que luchan para librarse del yugo de la dominación imperialista. Sin embargo no se debe olvidar que hoy por hoy el pacto atlantista europeo-norteamericano pasa menos por la UE que por la OTAN. Esto es así tanto en el terreno doméstico, habida cuenta de la creciente militarización en la represión de la protesta social en Europa; como en el ámbito internacional, donde el saqueo a otros pueblos reposa cada vez más en la eficacia disuasiva de las armas. Fue por eso que el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, se apresuró a tranquilizar a sus socios diciendo que la salida británica de la UE no implicaba abandonar la OTAN, de lejos, la más importante expresión del crimen organizado a nivel mundial. Y en tiempos tan convulsionados como estos para la burguesía imperial eso es lo que cuenta. Que Londres pegue un portazo y se retire de la UE es un problema, porque ahora la armonización de políticas entre Estados Unidos y Europa se torna más complicada por la división entre el Reino Unido y los demás países europeos, y las heridas que deja este “divorcio no consentido” entre quienes antes formaban parte de una misma institución supranacional. Pero mucho más grave sería que el electorado británico decidiera salirse de la OTAN, lo que obligaría al imperio a repensar y redefinir su estrategia de guerra a espectro completo a escala global. Por ahora no hay peligro de que tal cosa vaya a ocurrir. Pero el mundo está cambiando muy rápidamente y las sólidas certezas de antaño parecen estar comenzando a volatilizarse.

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La UE se desmorona porque la gente está harta de su autoritarismo

Dom, 26/06/2016 - 22:10


Luego de la inesperada victoria del Brexit en el referéndum celebrado este jueves en el Reino Unido, varios eurodiputados han advertido que la salida de ese país del bloque comunitario hará que la Unión Europea "se desmorone en pedazos" dentro de los próximos cinco años, como informa Daily Mail.

"Este es el principio del fin para la UE", aseguró Peter Lundgren, diputado del partido Demócratas de Suecia. "Otros países seguirán los pasos del Reino Unido. Europa va a caer", agregó. La gente está harta de la falta democracia existente en el bloque europeo y de las políticas que se toman desde Bruselas, aseguran varios parlamentarios. "Es solo cuestión de tiempo"

Según el diario británico, tras el 'Brexit' los gobiernos de países como Suecia, Alemania, Países Bajos, Italia, Austria y Francia estarán bajo una intensa presión por parte de los partidos euroescépticos que buscarán celebrar sus propios referéndums y tratar de negociar las relaciones con Bruselas. "El Reino Unido ha sentado un precedente. Otros Estados miembros seguirán y todo se vendrá abajo. Esto ocurrirá muy pronto", señaló el eurodiputado sueco.

"La UE no puede sobrevivir. Es poco democrática, la corrupción es muy alta, la ambición de los eurócratas es demasiada, hay demasiado dinero en el vagón del tren", criticó Lundgren. "La gente se está dando cuenta poco a poco de lo que está pasando. El Reino Unido ha iniciado el proceso, y Europa se desmoronará".

El proceso del fin ha comenzado. Algo ha empezado en Europa, y no puede ser detenido. Una vez que un país ha quedado fuera, Europa va a caer en unos cinco años. Joppe Koford, un asesor danés del bloque socialdemócrata del Parlamento Europeo, admitió que la UE se encontraba en una situación desesperada incluso antes del 'Brexit', pero Bruselas creía que era "demasiado pronto para sacar esa conclusión".

"No es el referéndum en el Reino Unido lo que podría hacer que Europa se desmorone. Es la falta de soluciones a problemas como los bajos salarios, el alto nivel de desempleo o la amenaza terrorista", dijo Koford, para quien la élite de Bruselas está desconectada de la voluntad del pueblo. "Estos son los principales factores de la desintegración", agregó el político.

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Brexit deja al descubierto los límites de la globalización y el malestar contra las élites

Dom, 26/06/2016 - 19:22
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Robert Lacey, biógrafo de su majestad, filtró que la reina de Inglaterra preguntó dos días antes de la dramática votación del Brexit por “tres buenas razones para que Gran Bretaña (GB) deba ser parte de Europa (http://goo.gl/v5cj2m)”.

¿Qué impacto tuvo el euroescepticismo de la monarca de 90 años cuando las encuestadoras daban como triunfante la permanencia de GB en la Unión Europea (UE), hoy de 27 miembros y a punto de ser balcanizada?

El Brexit, además del rechazo a los migrantes, representó la revuelta de la clase obrera contra la globalización financierista del caduco thatcherismo de casi medio siglo de hegemonía global (http://goo.gl/MDsnxi).

Obama, quien apoyó la permanencia de GB en la UE, culpó a la globalización del impactante resultado (http://goo.gl/QL53LX)... Nelson Schwartz y Patricia Cohen, del NYT, titularon que “para EEUU, el Brexit puede ser un aviso de los limites de la globalización (http://goo.gl/yvUsWO)”.

Jonathan Martin y Alexander Burns, del NYT, preguntan con angustia: “¿es el Brexit el precursor de una presidencia para Donald Trump?” Contestan que no es tan rápido cuando imperan las fuerzas del nacionalismo (sic) económico y la furia (sic) de la clase trabajadora y su malestar contra las élites distantes, la angustia sobre una percibida pérdida de soberanía (sic) nacional.

David Axelrod, ex estratega de Obama y consultor del Partido Laborista en GB, sentenció que la “globalización y los cambios tecnológicos significan millones de personas que han visto sus empleos marginados y sus salarios declinar (http://goo.gl/yVG14P)”. Se les olvidó a los neoliberales que los desempleados también votan.

Hispan TV abunda sobre la opinión en Twitter de Michael McFaul, pugnaz y anterior embajador de EEUU en Rusia: la salida de GB de la UE constituye “una victoria para Putin (http://goo.gl/8RVkLj)” y sus objetivos de política exterior cuando se beneficia de una Europa débil... A juicio de McFaul, el Brexit constituye una posible muestra de la disolución de la UE, algo que podría dar aún más ventaja a Rusia para negociar los términos con los que se levantarían las sanciones.

GlobalSecurity.org reporta las opiniones de las radios que controla EEUU y asevera que “Rusia se deleita por el Brexit” como “señal de la disolución europea y el desvanecimiento de la influencia de EEUU (http://goo.gl/9cEJ1p)”.

El Brexit es comparable a la caída del Muro de Berlín –quizá un antiWaterloo– que cambiará dramáticamente las fichas geoestratégicas en el viejo continente y cuyas piezas esparcidas serán repartidas entre EEUU y Rusia (con China en el asiento de atrás).

La duplicidad de GB tenía un pie afuera y otro adentro de la UE: se beneficiaba de su relación especial, que data desde Churchill en su alianza con EEUU y el Northcom –y no pertenece a la zona euro de 19 países ni participa en el libre paso de personas del acuerdo Schengen–, mientras gozaba de todas las canonjías financieristas y mercantilistas que le proveía su confortable adhesión a la UE.

Para el estadounidense Robert Parry, el Brexit representa un “golpe al establishment” nor-atlántico: puede causar dolor económico en el corto plazo y presentará riesgos geopolíticos de largo plazo cuando la población prefirió su libertad e independencia ante el poder supranacional de los apparatchiks de Bruselas (http://goo.gl/VIt7lU).

¡La libertad y la independencia tienen un precio invaluable!

La devaluación inicial de 11 por ciento de la libra esterlina puede llegar a 25 por ciento, como aduce Ambrose Evans-Pritchard (muy cercano a la reina), lo cual no es tan dramático porque en el contexto de la guerra de divisas beneficia las exportaciones.

En espera de ver cómo se ajusta la plaza financiera de la City, hoy segunda en el ranking global, su problema radica en su declinante economía, cuando hasta Indonesia la ha desplazado del octavo lugar (http://goo.gl/8Z4sZU).

GB, segunda geoeconomía de la UE, no tenía mucho futuro en la Europa encabezada por la alemana monetarista Merkel, otra gran perdedora, en un entorno de estancamiento... George Osborne, secretario de Hacienda británico, ya se había adelantado en su alianza geoeconómica con China al haber apuntalado al banco AIIB (http://goo.gl/x1dSGM), lo cual enfureció a Obama y dejó plantada a Merkel.

Ya habrá tiempo de ahondar sobre el desmantelamiento nuclear de la UE, que se queda sin su segundo paraguas atómico cuando GB ostenta 200 ojivas nucleares detrás de Francia, que cuenta con 298.

Robert W. Merry, editor político de The National Interest, aduce que el Brexit constituye la furia contra las élites cuando “el nacionalismo (sic) sustituye a la globalización (http://goo.gl/WxmiM8)”... El Brexit representa también un severo golpe al hierático acuerdo mercantilista del TTIP (http://goo.gl/WNvc7d).

¿Habrá efecto dominó en la UE cuando existe cola para ir a solicitar referendos secesionistas en Francia, Holanda, Suecia, Dinamarca, Hungría y, quien debió salir primero, Grecia?

Al día siguiente del Brexit, Trump cantaba victoria en su campo de golf en Escocia (que paradójicamente votó por su permanencia en la UE y al mismo tiempo desea separarse de GB), mientras brotaba a la luz publica la colisión entre Francia y Alemania que no presagia nada bondadoso (http://goo.gl/Ib4LJf).

En Rusia se le van a la yugular a Angela Merkel, a quien acusan de haber caído en la trampa estadounidense que convirtió a Alemania en un Estado vasallo basado en “cuatro pilares: finanzas, americanización de la élite política, recursos de la información y bases militares”.

Por su parte, el portal Der Spiegel sentencia en forma lúgubre la muerte de Europa y se pregunta si habrá otra Europa (http://goo.gl/MXNoO5).

La derrota de Obama es relativa porque, mientras la libra esterlina y el euro se desplomaban, el superdólar estadunidense se revaluaba más, seguido por el oro, a lo cual hace eco el editorial chino del Global Times que aduce que el Brexit beneficia a EEUU, que elimina a un poderoso rival, el euro, cuando la UE será más domesticable en el ámbito político (http://goo.gl/AEYzd3).

¿Qué hizo sucumbir la atractiva cohesión europea: la crisis del binomio austeridad/desempleo, para satisfacer a la plutocracia bancaria de Frankfurt y la City, o la crisis de los migrantes? Las dos, además de la ausencia de una identidad común durante las turbulencias.

¿Qué advendrá de la OTAN? ¿Propició o se adelantó la pérfida Albión (GB) a lo inevitable? Más allá de las grotescas jeremiadas neoliberales, el reajuste mundial a la desglobalización (http://goo.gl/1Z4YI5) será largo y doloroso.

Coincidencia geoestratégica de destino: el mismo día que la UE iniciaba su implosión, el Grupo de Shanghái (OSC) celebraba su 16 cumbre en Tashkent (Uzbekistán), donde se reunieron el zar Vladimir Putin y el mandarín chino Xi, y aprobaron el protocolo de ingreso de dos grandes pesos pesados nucleares: India y Pakistán (https://goo.gl/BwTDva). ¡Fin de una era!

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El doloroso Brexit

Dom, 26/06/2016 - 08:33

Nos encontramos en un punto crucial de la historia en el cual todo lo aparentemente sólido y real se disuelve y desvanece como el aire o la fragancia... Tras ocho años de crisis ya nada escandaliza... Somos esclavos de la tiranía financiera impuesta por el neoliberalismo del FMI y el sistema financiero en el cual tan bien se encuentra la esfera política, para "manejar el orden". Pero los manipuladores del orden y organizadores del caos nunca imaginaron que este caos podría llegar a ser mayor a lo planeado y escapar a todo control... como este referéndum en UK que ha desatado todos los caos poniendo la situación fuera de control. Este 23 de junio ha sido el momento en el que los tantas veces humillados y subexplotados votaron por abandonar la Unión Europea en desprecio a su autoritarismo. La siguiente es una reflexión tomada de theobjective.com Brexit es una realidad. No hay marcha atrás. Pretender que se puede negociar un acuerdo entre el Reino Unido y la Unión Europea para amortiguar el golpe solo empeoraría la situación. Tenemos que separarnos. Lo cual va a ser muy traumático en lo político, en lo económico, en lo sentimental. Una ola de populismo recorre Europa. Galopa a lomos del monstruo de la insolidaridad, de la frustración, del miedo, de egoísmo, de odio. El Brexit es solo el primer zarpazo de este Grendel 2.0 que amenaza la existencia de la Unión Europea. Pero este monstruo, esta mentira masiva que ha empujado a la mayoría de británicos a votar leave, este nuevo Tarquino no se va a quedar satisfecho. La mentira y la manipulación de la que alimenta no se sacia nunca. A partir de hoy recorrerán Europa con más fuerza arrasando lo que puedan. No ha calmado aún su inconmensurable lujuria. Cuando de Gasperi, Adenauer y Monet soñaron que podía haber paz en nuestro continente, dieron vida a la Unión Europea. A las mejores décadas de nuestra historia. Cameron solo soñó ser Primer Ministro y hoy el Reino Unido es la primera víctima del Grendel. El primer jadeo de Tarquino. El mundo que dejamos, el que dejaremos, dependerá de lo que hagamos los europeos. De que tengamos la valentía de poner el interés común por encima de la ambición personal, la solidaridad por encima del cálculo electoral, la justicia por encima de la arbitrariedad, la verdadera democracia por encima de la conquista del voto. Todavía no se ha consumado sobre Lucrecia el terrible pecado. Leer másUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Lo que los medios no dicen sobre las causas del Brexit

Sáb, 25/06/2016 - 17:10

Vicenç Navarro, Público

No hay pleno conocimiento y conciencia en las estructuras de poder político y mediático (que en terminología anglosajona se llama el establishment político-mediático) que gobiernan las instituciones de la Unión Europea, así como las que gobiernan en la mayoría de países que constituyen tal Unión, de lo que ha estado ocurriendo en la UE y las consecuencias que las políticas propuestas e impuestas por tales establishments han estado teniendo en las clases populares de los países miembros. Durante estos años, después del establecimiento de la Unión, se ha ido germinando un descontento entre estas clases populares (es decir, entre las clases trabajadoras y las clases medias de renta media y baja) que aparece constantemente y que amenaza la viabilidad de la UE.

El rechazo de las clases populares a la UE Indicadores de tal descontento han aparecido ya en muchas ocasiones. Una de las primeras fue el resultado del referéndum que se realizó en varios países de la UE que, por mandato constitucional, tenían que hacer para poder aprobar la Constitución europea. En todos los países donde se realizó el referéndum, la clase trabajadora votó en contra. Los datos son claros y contundentes. En Francia, votaron en contra el 79% de trabajadores manuales, el 67% de los trabajadores en servicios y el 98% de los trabajadores sindicalizados; en Holanda, el 68% de los trabajadores; y en Luxemburgo, el 69%. Incluso en los países en los que no hubo referéndum, las encuestas señalaban que, por ejemplo en Alemania, el 68% de los trabajadores manuales y el 57% de los trabajadores en servicios hubieran votado en contra. Unos porcentajes parecidos se dieron también en Suecia, donde el 74% de los trabajadores manuales y el 54% de los trabajadores en servicios también hubieran votado en contra. Y lo mismo ocurrió en Dinamarca, donde el 72% de los trabajadores manuales hubieran también votado en contra.

El rechazo a la UE por parte de la clase trabajadora ha ido aumentando Otro dato que muestra tal rechazo fue el surgimiento de partidos que explícitamente rechazaron la Unión Europea, partidos cuya base electoral fue precisamente la clase obrera y otros segmentos de las clases populares que antes, históricamente, habían votado a partidos de izquierdas, siendo el caso más conocido (pero no el único) el del partido liderado por Le Pen y que, según las encuestas, podría ganar las próximas elecciones en Francia. En realidad, la identificación de los partidos de izquierda tradicionales con la Unión Europea (y con las políticas neoliberales promovidas por el establishment de tal Unión) ha sido una de las mayores causas del enorme bajón electoral de estos partidos en la UE (y, muy en particular, entre las bases electorales que les habían sido más fieles, es decir, entre las clases trabajadoras). Para que baste un ejemplo, en Francia, si la mitad de los votos (predominantemente de la clase trabajadora) que habían apoyado al partido de Le Pen hubieran sido para la candidata socialista Ségolène Royal, ésta hubiera sido elegida Presidenta de Francia. En paralelo con la pérdida de apoyo electoral, los partidos socialdemócratas en la UE perdieron también gran número de sus militantes. El caso más dramático fue el del Partido socialdemócrata alemán que, junto con la pérdida de apoyo electoral, perdió casi la mitad de sus militantes, de 400.000 en 1997 a 280.000 miembros en 2008.

La evidencia es pues abrumadora que la identificación de tales partidos de izquierda (la mayoría de los cuales han sido partidos gobernantes socialdemócratas que han jugado un papel clave en el desarrollo de las políticas públicas promovidas por la UE) con la Unión ha sido una de las principales causas de su enorme deterioro electoral y de la pérdida de su militancia.

El rechazo a la UE ha ido aumentando más y más entre las clases populares, a la vez que ha ido aumentado el apoyo entre las clases más pudientes

Por desgracia, las encuestas creíbles y fiables sobre la UE (que son la minoría, pues la gran mayoría están realizadas o financiadas por organismos de la UE o financiadas por instituciones próximas) no recogen los datos de la opinión popular sobre la UE según la clase social. Sí que los recogen por país, y lo que aparece claramente en estas encuestas es que la popularidad de la UE está bajando en picado. Según la encuesta de la Pew Research Center, las personas que tienen una visión favorable de la UE ha bajado en la gran mayoría de los 10 mayores países de la UE (excepto en Polonia). Este descenso, desde 2004 a 2016, ha sido menor en Alemania (de un 58% a un 50%) pero mayor en Francia (de un 78% a un 38%), en España (de un 80% a un 47%). Grecia es el país que tiene un porcentaje menor de opiniones favorables a la UE (un 27%).

Ahora bien, aunque raramente se recoge información por clase social, sí que se ha recogido el distinto grado de popularidad que la UE tiene según el nivel de renta familiar. Y, allí, los datos muestran que hay un gradiente, de manera que a mayor renta familiar, mayor es el apoyo a la UE. Es razonable, pues, suponer que la parte de la población que tiene una visión más desfavorable de la UE es la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares.

Y lo que también aparece claro en varias encuestas es que una de las mayores causas de tal rechazo es la percepción que las clases populares tienen del impacto negativo que tiene, sobre su bienestar, la aplicación de las políticas propuestas por el establishment político-mediático de la UE. Esta percepción es mucho más negativa entre las clases populares (clase trabajadora y clases medias, de renta media y baja) que no entre las clases más pudientes. En realidad, el rechazo, siempre especialmente agudo entre las clases populares, es claramente mayoritario entre la gran mayoría de la población. Ahí vemos que, según la encuesta Pew, el 92% de la población en Grecia desaprueba la manera como la UE ha gestionado la crisis existente en Europa; tal porcentaje es de 68% en Italia, el 66% en Francia y el 65% en España, países donde precisamente el descenso del porcentaje de población con la opinión favorable de la UE ha sido mayor.

Este rechazo a la UE existe también entre la clase trabajadora del Reino Unido Es en este contexto descrito en la sección anterior, que debe entenderse el rechazo de las clases populares del Reino Unido, rechazo que ha ido claramente acentuándose en los barrios obreros de aquel país, y muy en especial en Inglaterra y el País de Gales. El voto de rechazo a la permanencia en la UE procede en su mayoría de las clases populares. Y ha sido un voto no solo anti-UE pero también (y sobre todo) un voto anti-establishment británico y, muy en particular, anti-establishment inglés, siendo este último el centro del establishment británico, pues concentra los mayores centros financieros y económicos del país. El establishment británico y el establishment de la UE habían movilizado todo tipo de presiones (por tierra, mar y aire) a fin de que el referéndum fuera favorable a la pertenencia. De esta manera, es un claro signo de afirmación y poder que las clases populares se opusieran y ganaran al establishment. Por otra parte, los datos mostraban que lo que ha ocurrido, iba a ocurrir. La popularidad de la UE en el Reino Unido pasó de ser un 54% (ya uno de los más bajos de la UE) en 2004 a un 44% en 2016 (según Pew). En realidad, el Reino Unido es el país donde el porcentaje de población opuesta a dar mayor poder a la UE es mayor (65%) después de Grecia (68%) Y, según otras encuestas, el sector menos entusiasta con la UE eran las clases populares, que gradualmente han ido transfiriendo su apoyo electoral del Partido Laborista al partido UKIP (el partido anti UE).

La supuesta excepcionalidad de España Es un dicho común en los mayores medios de comunicación que España es uno de los países más pro-UE, lo cual es cierto, pero solo en parte (lo mismo era cierto con Grecia). Es lógico que Europa, percibida durante muchos años como el continente punto de referencia para las fuerzas democráticas, por su condición democrática y su sensibilidad social, se convirtiera en el “modelo” a seguir por países como España, Portugal y Grecia, que sufrieron durante muchos años dictaduras de la ultraderecha, seriamente represivas y con escasísima conciencia social. Para los que luchamos contra la dictadura, Europa Occidental era un sueño a alcanzar.

Pero, debido al control o excesiva influencia del pensamiento neoliberal en el establishment político mediático de la UE (muy próximo al capital financiero y al capital exportador alemán, que ha estado configurando las políticas públicas neoliberales que los establishment político-mediáticos de cada país de la UE han hecho suyas), este sueño se ha convertido en una pesadilla para las clases populares, particularmente dañadas por tales políticas neoliberales. Las reformas laborales que han dañado el estándar de vida de estas clases y los recortes de gasto público, con el debilitamiento de la protección social y del estado del bienestar, así como la desregulación en la movilidad del capital y del trabajo, han sido un ataque frontal a la democracia y al bienestar de las clases trabajadoras, realidad muy bien documentada (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Anagrama, 2015). La pérdida de soberanía nacional que conlleva la UE ha significado la pérdida de soberanía popular, causa del deterioro de su bienestar. La evidencia de que ello es así es contundente, clara y convincente. Es más que obvio que esta Europa no es la Europa de los pueblos, sino la Europa de las empresas financieras y de los grandes conglomerados económicos.

¡No es chauvinismo lo que causa el rechazo a la UE! Ante esta situación, el establishment político-mediático europeo quiere presentar este rechazo como consecuencia de un retraso cultural de las clases populares, todavía estancadas en un nacionalismo retrógrado, que incluye un chauvinismo anti-inmigrante que merece ser denunciado. John Carlin, en el El País, 24.06.16, define este rechazo (Brexit) como resultado “de la mezquindad, ignorancia, carácter retrógrado, xenofobia y tribal” de los que votaron en contra de la permanencia. Y así se está interpretando, por parte de la mayoría de los medios de comunicación europeos, el voto de rechazo a la UE por parte de las clases populares británicas. Este mensaje intenta ocultar las causas reales de tal rechazo, causas que he descrito en este artículo. Olvidan que, si bien todos los xenófobos votaron a favor de la salida del Reino Unido de la UE, no todos los que así votaron eran xenófobos.

En esta manipulación están participando poderes de la socialdemocracia europea que no han entendido todavía lo que está ocurriendo entre lo que solían ser sus bases. No quieren entender que el rechazo que está ocurriendo es hacia esta Europa que la socialdemocracia ha contribuido a crear, una Europa que carece de vocación democrática y sensibilidad social. El maridaje de los aparatos dirigentes de las socialdemocracias con los intereses financieros y económicos dominantes en la UE (y en cada país miembro) ha sido la causa de su gran declive, que todavía no entienden porque no quieren entenderlo. Lo que pasa en Francia, dónde hay un gobierno socialdemócrata que está intentando destruir a los sindicatos (como la señora Thatcher hizo en el Reino Unido), o en España, dónde el PSOE fue el que inició las políticas de austeridad, son indicadores de esta falta de comprensión de lo que está ocurriendo en la UE, y que es el fracaso de las izquierdas para atender a las necesidades de las clases populares. De ahí la transferencia de lealtades que están ocurriendo, en lo que refiere a los partidos.

Es lógico y predecible que las políticas neoliberales y los partidos que las aplican sean rechazados por las clases populares, pues son éstas las que sufren más cada una de estas políticas, incluyendo la desregulación de la movilidad de capitales y del trabajo. Regiones enteras en el Reino Unido han sido devastadas, siendo sus industrias trasladadas al este de Europa, creando un gran desempleo en las regiones. Y la desregulación del mundo del trabajo, acompañada de la dilución, cuando no destrucción, de la protección social, ha creado una gran inestabilidad y falta de seguridad laboral. En realidad, fueron las políticas del gobierno Blair y del gobierno Brown (1997-2010) las que sentaron las bases para este rechazo generalizado hacia la UE. Tales gobiernos de la Tercera Vía facilitaron la llegada de inmigrantes a los que los empresarios contrataron con salarios más bajos. Y así se inició el desapego con la Unión Europea (ver “Don’t blame Corbyn if Brexit wins”, Denis McShane).

En España, frente al descrédito del partido socialdemócrata (PSOE) debido, entre otras razones a su participación en la construcción de esta Europa, han aparecido una serie de fuerzas políticas, tanto en la periferia como en el centro (Unidos Podemos y confluencias), que están canalizando este desencanto popular acentuando, con razón, que esta no es tampoco nuestra Europa, y que se requieren cambios profundos para recuperar la Europa democrática y social a la que aspiramos y que debe construirse. Así de claro.

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Varoufakis: "Triunfo del Brexit significa que la destrucción de la UE está funcionando a toda velocidad"

Sáb, 25/06/2016 - 07:34
Yanis Varoufakis, el ex ministro de Finanzas griego cree que la votación histórica por el Reino Unido a abandonar la Unión Europea es un presagio del fin de la UE. Muchos votantes se han puesto de acuerdo en identificar a la Unión Europea con autoritarismo, irracionalidad y descontento. Así que las cosas tendrán un aspecto fuera de control algunas semanas pero lentamente se calmarán. La cuestión es lo que subyace debajo de esta fachada donde poderosas fuerzas comenzarán a pujar por la desintegración de la Unión Europea. El ministro Alemán Wolfgang Schauble va a utilizar el miedo para hacer de la austeridad algo permanente. Se va intentar imponer el control sobre los presupuestos nacionales o a hacer un presupuesto común para cortar las piernas a países como España, Italia y Grecia... Y ese avance será contrario a la supervivencia de la UE... ¿Va a golpear con especial dureza el Brexit a los países de la UE?

Sin duda. Y avanza en la desintegración de la Unión Europea porque refuerza el sentimiento antieuropeo. Va a reforzar políticas fallidas como la de la austeridad. Y, cuidado, es posible que veamos la transformación del eurogrupo en un gobierno europeo de forma efectiva. Los dogmas se convertirán en leyes. Y atrapará a España, Italia y Grecia en una crisis permanente.

Su movimiento DiEM25 aboga por la redemocratización de Europa. ¿Cómo le explicaría al lector en qué consiste ese proceso?

Esta es la pregunta más importante a la que puedo contestar. La democracia es un lugar donde los ciudadanos pueden preguntar cuestiones que importan a los dirigentes. En esencia: primero: ¿Qué poderes tiene?; segundo ¿cómo los está usando?; tercero ¿Quién te dio esos poderes?; y cuarto ¿cómo podemos librarnos de ti?... España, Grecia, Italia... son democracias. Pero son unas democracias que no toman decisiones. Las grandes decisiones se toman en la UE y en el Eurogrupo que no está sujeto a control democrático. Y se toman decisiones con la puerta cerrada. Lo que deberíamos hacer idealmente es que el Parlamento Europeo fuera un verdadero Parlamento con poderes reales. El actual lo es de forma nominal pero no en la práctica. Necesitamos una auténtica democracia que venza a la oligarquía.

Usted asegura que es un europeísta convencido. ¿Cómo convencería a un europeo de que siga creyendo en la Unión?

Efectivamente, soy un fanático del europeísmo. Precisamente, mi oposición a la troika el año pasado fue porque soy un europeísta convencido y creo que la troika está destrozando Europa. Las instituciones europeas están ahora mismo fuera de la racionalidad. Y esto alimenta los movimientos antieuropeos que han conducido al Brexit... Así que lo prioritario que deben entender los ciudadanos es que debemos permanecer unidos. No debemos sucumbir, no debemos rendirnos ante las fuerzas de la desintegración. No debemos rendirnos ante la troika, ante los 'Schauble', los 'Juncker' ni 'las Merkel' del mundo. Estos son los peores enemigos de la UE por las políticas que imponen.

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Impacto Mundial: Reino Unido abandona la Unión Europea

Ven, 24/06/2016 - 14:58

Gran Bretaña votó en favor de salir de la Unión Europea (UE). La opción del Brexit consiguió 52 por ciento de votos, contra 48 por ciento de los partidarios por mantenerse en el bloque comunitario al que se integró en 1973, según resultados oficiales del histórico referendo celebrado ayer y divulgados esta mañana, y que llevaron a una acelerada caída de la libra a niveles no vistos desde hace 31 años.

Justo después de las 4:40 horas, la BBC pronosticó que Reino Unido se iría del bloque al que hasta ahora pertenecen 28 naciones, en un giro de 180 grados a lo que habían predicho sondeos la noche del jueves. El pánico en los mercados ha sido generalizado

El resultado de este referendo –que tuvo una participación de 72 por ciento, incluidos 30 millones de jóvenes– tendrá consecuencias importantes, entre ellas, la dimisión del primer ministro David Cameron, partidario de mantener al país en la UE, y quien convocó el referendo presionado por el ala antieuropea del Partido Conservador (en el cual milita) y del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), liderado por Nigel Farage, con la idea de poner fin a décadas de debate sobre la relación de Londres con Bruselas.

Cuando faltaban por contabilizar sólo dos circunscripciones de un total de 387, el Brexit tenía 17 millones 176 mil seis votos, contra 15 millones 952 mil 444 sufragios de la opción Remain. La salida de Reino Unido de la UE, proceso que demorará dos años, es el mayor revés para el bloque de 28 naciones desde su fundación. El grupo perderá a su segunda mayor economía y a una de sus principales potencias militares, y de inmediato alentó pedidos de votaciones similares por parte de políticos antieuropeos en otros países.

El apoyo por permanecer dentro de la comunidad fue más fuerte en Londres y Escocia, pero con ciudades como Sheffield y Sunderland que se unieron con Canterbury, Torbay y Peterborough en favor del Brexit (juego de palabras entre Gran Bretaña y exit, que significa salir). De esta manera, quedaron superadas las expectativas de las firmas encuestadoras que tras la consulta daban ventaja a la opción por la permanencia dentro de la UE. Incluso, uno de los líderes de la campaña para sacar al Reino Unido de la UE, Nigel Farage, dirigente del UKIP, había concedido una aparente derrota. Al parecer, el voto para quedarse ganará, declaró a la emisora Sky News.

Conforme se fueron dando los resultados del conteo de votos, Farage se declaró confiado en un triunfo de la opción de abandonar la UE. Ahora sí me atrevo a soñar con un Reino Unido independiente, escribió en su cuenta de Twitter.

¡Que el 23 de junio pase a la historia como nuestro nuevo día de independencia!, exclamó Farage. Las fuerzas euroescépticas británicas se mostraban eufóricas, celebrando una victoria a la que calificaron como una protesta contra los líderes británicos, las grandes empresas y los políticos extranjeros –entre ellos el presidente de Estados Unidos, Barack Obama– que habían instado a la permanencia del Reino Unido en el bloque.

Unos 46.5 millones de electores fueron llamados a responder a la pregunta: ¿Debe el Reino Unido seguir siendo miembro de la Unión Europea o abandonar la Unión Europea?, y a pesar del mal tiempo, acudió a votar 72 por ciento de los electores británicos.

Tras los primeros resultados que mostraban el triunfo del Brexit, la libra esterlina se desplomó a sus niveles más bajos desde 1985, a 1.36 dólares por unidad, mientras los mercados financieros mundiales se derrumbaban. El euro se hundió cerca de 4 por ciento frente al dólar por las preocupaciones de que el resultado generaría un mayor daño económico y político al país frente a permanecer como parte del bloque. Los inversionistas corrieron en masa en busca de activos considerados de refugio, como el oro y el yen.

En el ámbito político, también se registraron ya algunas reacciones, cuando el líder de la ultraderecha holandesa, el diputado Geert Wilders, exigió este viernes un referendo en su país sobre la pertenencia a la UE, tras el triunfo anunciado del Brexit en Reino Unido.

Dejar la UE podría costarle a Reino Unido el acceso al sistema de mercado único sin barreras y significaría que debería buscar nuevos acuerdos comerciales en todo el mundo. El presidente Obama dijo recientemente que Gran Bretaña estaría al final de la fila para un pacto con su país, de triunfar el Brexit.

La UE, en tanto, quedará debilitada económica y políticamente, enfrentando la salida no sólo de uno de los miembros que ha defendido con más fuerza las políticas de libre mercado, sino también de un país con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y con un ejército poderoso. El bloque perderá de golpe cerca de un sexto de su producción económica total.

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Triunfo del Brexit desata viernes negro en bolsas mundiales

Ven, 24/06/2016 - 05:39

Como era de esperar, los mercados entraron en modo pánico apenas comenzó a hacerse irreversible la tendencia ganadora del Brexit, en el referéndum realizado ayer en Reino Unido por su retiro o permanencia en la Unión Europea. El retiro del Reino Unido de la UE es una noticia impactante, que demuestra lo compleja que es la situación social en Europa y la insatisfacción del ciudadano ante un modelo económico que lo ha empobrecido... Aunque las medidas que impondrá el Brexit comenzarán a aplicarse en dos años más, los mercados reaccionaron con un pánico inmediato y las acciones se desplomaron desde Tokio a Londres y Chicago. La libra esterlina sufrió su mayor pérdida en tres décadas y cayó más de 10 por ciento mientras el euro se hundió a minimos históricos. El yen y el dólar tuvieron sus mayores aumentos mientras el precio del barril de petróleo retrocedió a 47 dólares y el oro escaló a los 1359 dólares la onza.

Las Bolsas asiáticas abrieron con fuerte volatilidad pero apenas los datos fueron dando cuenta del triunfo del Brexit comenzaron a registrar fuertes pérdidas que superaban el 3 por ciento. Los principales índices en Sídney, Tokio y Hong Kong se desplomaron apenas se conoció que los partidarios de abandonar la UE ganaban por un margen mayor al previsto y lo informado por la prensa. En Asia el Nikkei japonés y el Hang Seng hongkonés sufrieron pérdidas que superaban el 3 por ciento. Todo indica que los mercados sufrirán un nuevo viernes negro con un estruendo que puede tener características globales. Comienza así la lenta agonia del neoliberalismo implantado por Margareth Thatcher hace casi cuarenta años. Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Piden en Italia un referéndum para salir de la UE y el euro

Xov, 23/06/2016 - 22:27


Al club de los descontentos con el modelo monetario de la Eurozona se ha unido el Movimiento 5 Estrellas italiano, que aboga por un referéndum nacional para decidir el futuro del euro y la permanencia de Italia en la UE.

“Queremos celebrar un referéndum consultivo sobre el euro, dado que la moneda común europea que está vigente no funciona. Necesitamos tener divisas nacionales o un tipo de Euro 2”, declaró el vice presidente de la Cámara Baja del Parlamento italiano, Luigi Di Maio, citado por Reuters.

A este respecto, el Movimiento 5 Estrellas ha propuesto introducir dos tipos de divisas en Europa: una destinada al uso en los países “ricos” del norte europeo y la otra para la circulación en los demás Estados de la Eurozona. El fundador del movimiento opositor, Beppe Grillo, se expresó a favor de celebrar otro referéndum para decidir sobre el futuro de la permanencia de Italia en la UE. “Actualmente estamos esperando los resultados del Brexit. El mero hecho de que un país como el Reino Unido esté celebrando un referéndum sobre su permanencia en el bloque implica el fracaso de la Unión Europea”Pese al hecho de que la ley italiana prohíbe cambiar los acuerdos internacionales por medio de la celebración de referéndums nacionales, el voto sobre la continuidad del euro pondría a prueba a la opinión pública y enviaría al Gobierno italiano una clara señal sobre el asunto. La participación en la Eurozona ha hecho disminuir para Italia el coste de los recursos a los que accede Roma, dándole acceso a tasas de interés más bajas.

Al mismo tiempo, este paso provocó un alza de la inflación y bloqueó automáticamente cualquier intento de los políticos italianos de realizar una política monetaria soberana que se corresponda con lo que necesita Italia.

Recientemente, el Movimiento 5 Estrellas ganó en 19 de las 20 elecciones municipales celebradas en el país, incluidas las importantes alcaldías de Roma y Turín, así que no sería acertado considerarlos simplemente como un movimiento radical, comentó Jean-Yves Camus, un experto del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas francés (IRIS). “Sí que es un partido político populista, pero en el sentido de que refleja ciertos sentimientos de la población. Hay que tomarles en serio, pues su posición coincide con las esperanzas —de los italianos—. Las elecciones municipales demostraron un claro desacuerdo de los ciudadanos con la política vigente”Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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¿Qué pasará tras el referéndum del 'Brexit'?

Xov, 23/06/2016 - 14:52
Matthey Lynn, El economista

El FTSE se ha desviado un 20%, la libra baja hasta la paridad con el dólar, la eurozona fracturada y el desembrollo de los tratados de libre comercio que han allanado el camino de la globalización. El Estado Islámico declara un califato en Wimbledon y obliga a las jugadoras a ponerse un burka durante el torneo... De acuerdo, esto último me lo he inventado, pero lo demás no es más que una selección de las predicciones horripilantes de los mercados financieros sobre lo que podría pasar si mañana por la mañana nos encontramos con que Gran Bretaña ha decidido salirse de la Unión Europea.

Quizá haya algo de verdad en ellas y quizá no. Para los inversores, lo importante es adivinar qué sucederá después del recuento. En realidad, puede haber un buen Brexit y un mal Brexit, si el Reino Unido negocia un reajuste en cierto modo amistoso de su relación con sus vecinos europeos o, por el contrario, se desata una fea guerra comercial que podría expandirse fácilmente más allá de sus fronteras inmediatas. También hay un buen Bremain y un mal Bremain, si el tema se zanja durante una generación o el Gobierno se hunde con acritud y un Partido Laborista que ha girado a la izquierda se hace con el poder. ¿Qué ocurrirá? Lo sabremos el viernes a mediodía.

A quien mire hacia atrás desde el final de año le costará recordar a qué viene tanto nerviosismo sobre el Brexit. Es verdad que al Reino Unido le importa, aunque seguramente mucho menos de lo que se imagina, pero no tiene sentido que haya dominado los mercados globales desde hace semanas. ¿Qué más le da a Microsoft o a Samsung que Gran Bretaña, un mercado significativo pero no especialmente crucial, forme parte del bloque comercial europeo o no? La respuesta, seguramente, es que no importa mucho. Los mercados han decidido dejarse llevar por el pánico respecto al resultado.

Dicho eso y vista tanta atención prestada, el resultado del viernes será decisivo. El último día de campaña, el dinero inteligente ha decidido que Gran Bretaña votará para quedarse y, escribiendo como escribo desde Londres, sin duda parece lo correcto. La campaña del Leave no ha conseguido centrarse en un único tema ni tranquilizar a la gente de que la economía saldrá ilesa, aunque cualquiera sabe. La participación será decisiva y las encuestas no tienen la suficiente experiencia como para dar fiabilidad a sus pronósticos. Todavía puede decantarse fácilmente a ambos lados.

El problema de los mercados es que no acabará aquí. En realidad, marcharse podría ser una catástrofe o un suceso intrascendente. Y lo mismo puede ocurrir si se quedan. He aquí una guía aproximada de cuatro desenlaces posibles y sus consecuencias.

Primero, una victoria rotunda del Brexit. ¿Qué pasaría después? En el mejor de los casos, David Cameron se daría una cura de humildad, seguiría como primer ministro y sería perdonado rápidamente por sus rivales políticos, al negociar una salida rápida y razonable de la UE. Angela Merkel y François Hollande firmarían un acuerdo magnánimo con el Reino Unido, reconociendo que sus economías no están preparadas para una guerra comercial con un gran socio y ofrecerían a los británicos el acceso abierto al mercado único. Tal vez pedirían algunas cosas a cambio: una contribución modesta al presupuesto de la UE, por ejemplo, y el cumplimiento de sus grandes normas, pero nada que Cameron no pudiese aceptar. A finales de año, la cuestión estaría zanjada y todo habría vuelto a la normalidad. Eso sería un buen Brexit.

Segundo, otra victoria rotunda del Brexit, aunque esta vez seguida del caos. Cameron se vería obligado a dimitir. El partido conservador se dividiría enconadamente, sin nadie a la cabeza. Tras meses de luchas internas, se convocarían elecciones y el partido laborista, encabezado por su líder más izquierdoso de la historia, subiría al poder. Al otro lado del Canal de la Mancha, Merkel y Hollande erigirían barreras contra las exportaciones británicas y se negarían a negociar cualquier tipo de acuerdo. La libra se hundiría y los inversores saldrían del país. Eso sería un mal Brexit.

Tercero, una victoria rotunda de Remain. Un David Cameron triunfante actuaría con magnanimidad, pero sabedor de que el voto ha reforzado mucho su posición. Uno o dos de los grandes defensores del Brexit (sobre todo Boris Johnson) acabarían en el exilio político pero al resto se le perdonaría enseguida. Los partidarios de Leave asumirían el resultado y la cuestión se zanjaría para siempre, o por lo menos durante un par de décadas. Mientras, los líderes de Europa admitirían que un país importante ha estado a punto de irse y reformarían la unión con más descentralización y, sobre todo, mejoras económicas. Eso sería un buen Remain.

Por último, una victoria ajustada de Remain, con revuelo en el partido conservador y la dimisión forzosa de Cameron como primer ministro antes de navidad. Uno de los líderes del Brexit le sustituiría y prometería repetir el referendo lo antes posible. Se libraría una guerra de desgaste contra Bruselas, con exigencias constantes de devolución de más poderes al Reino Unido. Con una mayoría minúscula, el partido conservador dividido se esforzaría por mantener el poder. Mientras tanto, en Bruselas los tecnócratas europeos no elegidos se tomarían el voto británico como una excusa para centralizar los poderes más aun, introducirían la tributación corporativa europea y se harían con el control de los presupuestos nacionales. Eso sería un mal Remain.

¿Cuál será el desenlace? Dada su capacidad política, subestimada por los expertos, un buen Bremain es lo más posible, aunque lo averiguaremos después del recuento de los votos y cuando veamos la reacción inmediata no solo en Londres sino también en Bruselas y en Berlín. En realidad, los inversores inteligentes no deben fijarse solo en el resultado sino observar el margen de la victoria y las repercusiones políticas inmediatas. Solo entonces sabrán si pueden volver a preocuparse con tranquilidad sobre los precios de las materias primas, los tipos de interés de Estados Unidos y todas esas cosas que suelen preocuparles, o si el Brexit continuará dominando los mercados durante los próximos meses.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

El yihadista estadounidense de Orlando, empleado de trasnacional paramilitar británica

Xov, 23/06/2016 - 07:40
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

G4S, la mayor empresa de seguridad del mundo y bizarra firma paramilitar trasnacional británica, destaca por sus poco conocidas operaciones en 125 países, entre ellos el “México neoliberal itamita”, con 618 mil empleados sui géneris, como el yihadista estadounidense Omar Saddiqui Mateen. Esta empresa encabeza la privatización de la seguridad global y es el tercer empleador privado del mundo detrás de la explotadora Walmart y Foxconn.

Es curioso que se sepa muy poco de la trasnacional paramilitar privada G4S que controla nuestras vidas y que carga con estruendosos escándalos (http://goo.gl/fvl2tl). Su comedia de errores es infinita, desde el pésimo cuidado de las cárceles en Gran Bretaña hasta los Juegos Olímpicos de Londres, donde no pudieron cumplir con la cuota de 13 mil vigilantes, por lo que el gobierno llamó a miles de soldados y policías en su lugar.

¡Qué parecido existe entre la siniestra paramilitar G4S y la fu­nesta Blackwater, empresa privada (sic) militar de EEUU en Iraq, que tuvo que trasmutar su nombre al de Xe Services y luego al de Academi, después de su barbarie ocupacional!... ¿Se trata de una nueva modalidad de ocupación/intervención paramilitar de los países vasallos al outsourcing (deslocalización) de la seguridad, donde brilla intensamente la tripleta israelí-anglosajona y su panoplia ­ciberbélica?

Hoy las invasiones son multidimensionales, más que únicamente con ejércitos, donde juegan un papel decisivo las guerras geofinancieras de los banksters israelí-anglosajones y sus empresas paramilitares de seguridad con sus bélicos ­empleados.

De no ser por la deleznable carnicería en Orlando perpetrada por el presunto yihadista estadounidense Omar Saddiqui Mateen –exhibicionista de playeras de la policía de Nueva York y empleado desde 2007 de la siniestra G4S (http://goo.gl/qjiLXn)–, es probable que la tan desinformada opinión pública nunca se hubiera enterado de la existencia de la trasnacional paramilitar y multifuncional británica.

Pregunta tonta: ¿por qué nadie investiga a G4S en EEUU, ya no se diga en el “México neoliberal itamita” y los otros países que "vigila"?

La privada paramilitar G4S pre­gona sus labores multifuncionales: Servicios de personal de seguridad, servicios de manejo de efectivo, servicios de justicia, vigilancia de espec­táculos masivos y externalización de procesos de negocios (sic) relacionados con la seguridad y sus riesgos cuando protege los principales aeropuertos del mundo (120) y puertos (70 países), además de que maneja cárceles y correccionales, provee logística y transporte de bancos (sic), realiza vigilancia electrónica, dispone de minas (¡supersic!) terrestres y artefactos explosivos militares y da entrenamiento en seguridad”.

Más bien G4S parece una trasnacional paramilitar en el limbo entre lo privado y lo público, donde oculta el número de sus empleados ex militares en el mundo turbio del contratismo de la seguridad local/regional/global que abarca a los impresentables “guaruras (body guards)” para todo tipo de servicios cuando 27 por ciento de sus ingresos globales provienen de contratos con los gobiernos.

¿Qué tipo de contratos tuvo y tiene G4S con el fallido “México neoliberal itamita”? ¿Lo sabrán sus ignaros congresistas? ¿Chi lo sa?

No cuadran sus magros ingresos netos, unos raquíticos 26 millones de dólares, con sus alcances globales y su espectacular número de empleados.

Su división en Estados Unidos (EEUU) se ha cansado de hacer trampas en sus ejercicios antiterroristas, por lo que ha sido expulsado y sustituido en 10 principales sitios nucleares (sic) tras el 11-S.

A mi juicio, muchas fallas de G4S sirven para sembrar el terror deliberado con propósitos extra-curriculares.

Según el feroz investigador Way­ne Madsen, “Sitora Yusufiy, ex mujer del tirador del bar Pulse, Omar Mateen, confesó que había sido instruida por los agentes de la FBI de no decir a los medios que su ex marido era gay (http://goo.gl/z9u0Au)”, lo cual ya había sido referido por Bajo la Lupa.

Wayne Madsen exhuma los es­trechos vínculos de G4S con el sector judicial (sic) de EEUU cuando operaba como Wacken­hut, empresa que arrancó con el ex agente de la FBI (sic) George Wackenhut Sr, en representación del director de la FBI Edgar Hoover. ¿Es la filial G4S en EEUU una cobertura de la FBI?

Se ha cocinado una extraña mezcla de yihadista/gay/neoyorquino del terrorista Omar Mateen cuando resulta que su padre, candidato a la presidencia en Afganistán, forma parte de la red pro talibán de los propagandistas afganos/paquistaníes que usan las redes de televisión y radio financiadas por Broadcasting Board of Governors (BBG), influida por la CIA.

¿Entonces, los consagrados comentaristas de radio y televisión en Estados Unidos son palomeados por la CIA/FBI/Mossad para desinformar a su audiencia ignara? Ahora queda claro por qué ya no me invitan en fechas recientes. Jajaja.

Se ha gestado una clásica colisión bipolar entre la FBI, consagrada a asuntos domésticos, y la trasnacionalidad de la CIA, cuyo director es John Brennan, anterior jefe de la estación en Arabia Saudita y quien testificó ante el Congre­so que no existía evidencia de una conexión entre Omar Mateen y los yihadistas del califato islámico, según Madsen.

G4S operó antes como Group 4 Securicor, y su sede se encuentra en Crawley (Sussex). Su presidente es el británico John Connolly y su director ejecutivo es el anglosudafricano Ashley Almanza, cuya operatividad es perturbadora: hace 23 años fue director financiero (sic) en el área de exploración y producción de British Gas (¡supersic!) y luego director financiero de BG Group con ingreso neto de mil 44 millones de dólares con solamente 5 mil 200 empleados (http://goo.gl/cpaUxJ).

En forma extraña, Almanza es director simultáneo (sic) de Schroders –trasnacional británica de manejo de capitales financieros en 28 países– y Noble Corporation, contratista de perforación off shore.

¿Qué tienen que ver juntos seguridad de G4S con manejo de activos financieros de Schroders y exploración petrolera de Noble Corporation en las aguas muy profundas de la geopolítica y el outsourcing de la seguridad?

La estructura operativa de G4S, nominada por la ONG Public Eye Award como una de las peores compañías del mundo, se divide en dos rubros: 1) Secure Solution: consulta de riesgo, manejo de seguridad y sistemas de seguridad, y 2) Cash Solutions: outsourcing del ciclo del manejo de liquidez para bancos, instituciones financieras y menudeo: 18 por ciento (sic) de su rotación.

G4S ha sido acusada de usar como mano de obra barata a los detenidos inmigrantes en las cárceles (https://goo.gl/Sxkzhg). ¿G4S explotará también a los migrantes mexicanos detenidos en las cárceles que maneja?

A lo que ha llevado la perniciosa privatización paramilitar de la seguridad pública y su outsourcing, que forma parte intrínseca del neoliberalismo global israelí-anglosajón y que no pocas veces es manipulado por las agencias de espionaje (FBI, CIA, Mossad, etcétera) y sus macabros juegos electoralistas y hasta geopolíticos cuando ahora las elecciones en el Atlántico Norte se están decidiendo con la siembra de atentados y la difusión deliberada del miedo ulterior.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La Alianza del Pacífico , Caballo de Troya de la Doctrina Monroe

Mér, 22/06/2016 - 19:23

Germán Gorraiz López, Attac

La importancia de la Alianza del Pacífico fue destacada por el analista y economista Jorge González Izquierdo, quien dijo a la AFP que este bloque en lo político “es un contrapeso al grupo que quiso formar el presidente Hugo Chávez de Venezuela”, en alusión a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), integrada por Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Dominica, Ecuador, San Vicente y Las Granadinas y Antigua y Barbuda. Así, tras una fachada neoliberal, se escondería un refinado proyecto de ingeniería geopolítca cuya finalidad última sería dinamitar el proyecto político-integracionista representado por la UNASUR e intensificar la política de aislamiento de los Gobiernos progresista-populista de la región, en especial de Venezuela tras quedar huérfana del alma mater de la Revolución Bolivariana (Chávez) así como finiquitar el proyecto integrador económico del MERCOSUR, proceso de de integración económico creado en en 1991 tras la firma del Tratado de Asunción entre Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay al que posteriormente se habría incorporado Venezuela como Estado parte, quedando Bolivia, Colombia, Perú, Ecuador,Chile, Surinam y Guyana como “Estados asociados”.

Dicha estrategia fagocitadora tendría como objetivos a medio plazo aglutinar el Arco del Pacífico para integrar además a Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá e incorporar por último al Mercosur (Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay) , siguiendo la teoría kentiana del “palo y la zanahoria “ expuesta por Sherman Kent en su libro “Inteligencia Estratégica para la Política Mundial Norteamericana” (1949). En dicho libro, Kent afirma que “ la guerra no siempre es convencional: en efecto, una gran parte de la guerra, de las remotas y las más próximas, ha sido siempre realizada con armas no convencionales: [...] armas [...] políticas y económicas. La clase de guerra en que se emplean [...] (son la) guerra política y la guerra económica.” Los fines de estos tipos de guerra fueron descritos por este autor de la siguiente manera: “en estas guerras no convencionales se trata de hacer dos cosas: debilitar la voluntad y la capacidad de resistencia del enemigo y fortalecer la propia voluntad y capacidad para vencer” y más adelante añade que los instrumentos de la guerra económica “consisten en la zanahoria y el garrote”: “el bloqueo, la congelación de fondos,el ‘boicot’, el embargo y la lista negra por un lado; los subsidios, los empréstitos, los tratados bilaterales, el trueque y los convenios comerciales por otro”.

Brzezinski, México y CubaEn el discurso de Obama ante el pleno de la VI Cumbre de las Américas celebrado en Cartagena (Colombia) en el 2012, recordó que la Carta Democrática Interamericana declara “que los pueblos de América Latina tienen derecho a la democracia y sus gobiernos tienen la obligación de promoverla y defenderla, por lo que intervendremos cuando sean negados los derechos universales o cuando la independencia de la justicia o la prensa esté amenazada”, advertencia extrapolable a Ecuador y Venezuela.

Por otra parte, la revista Foreign Policy, ( edición de enero-febrero, 2012), publicó un análisis de Brzezinski titulado “After America” (”Después de América”), donde analiza la tesis de la decadencia de los EEUU debido a la irrupción en la escena global de nuevos actores geopolíticos (China y Rusia) y de sus posibles efectos colaterales en las relaciones internacionales. Respecto a México, Brzezinski afirma que “el empeoramiento de las relaciones entre una América (EEUU) en declinación y un México con problemas internos podría alcanzar niveles de escenarios amenazantes”. Así, debido al “caos constructivo” exportado por EEUU y plasmado en la guerra contra los cárteles del narco iniciada en el 2.006, México sería un Estado fallido del que sería paradigma la ciudad de Juárez, (la ciudad más insegura del mundo con una cifra de muertes violentas superior al total de Afganistán en el 2009), por lo que para evitar el previsible auge de movimientos revolucionarios antiestadounidenses se procederá a la intensificación de la inestabilidad interna de México hasta completar su total balcanización y sumisión a los dictados de EEUU.

En cuanto a Cuba, las medidas cosméticas tomadas por la Administración Obama (relajación de las comunicaciones y el aumento del envío de remesas a la isla así como el inicio de una ronda de conversaciones sobre temas de inmigración), dejan intacto al bloqueo y no cambian sustancialmente la política de Washington aunque reflejan el consenso de amplios sectores del pueblo norteamericano a favor de un cambio de política hacia la Isla auspiciado por la decisión del régimen cubano de terminar con el paternalismo estatal y permitir la libre iniciativa y el trabajo por cuenta propia. Sin embargo, la renovación automática por parte de EEUU por un año más del embargo comercial a la isla podría suponer para Cuba pérdidas estimadas en cerca de 50.000 millones de $, no siendo descartable la firma de un nuevo tratado de colaboración militar con Rusia que incluiría la instalación de una base de Radares en la abandonada base militar de Lourdes para escuchar cómodamente los susurros de Washington y la instalación de bases dotadas con misiles Iskander, pudiendo reeditarse la Crisis de los Misiles (octubre 1962).

¿Hacia el final de Petrocaribe?Petrocaribe fue creado en 2005 por iniciativa de Venezuela con el objetivo de suministrar combustibles a los países miembros en condiciones ventajosas de pago, como créditos blandos y bajas tasas de interés y estaría integrado por 18 países (incluidos Honduras, Guatemala, Cuba, Nicaragua, República Dominicana, Haití, Belice y una decena de islas del Caribe) y según las autoridades venezolanas, el país exporta 100.000 barriles diarios a los países del bloque que generaban una factura de 4.000 millones de dólares, de la cual una parte se paga en “efectivo” y el resto estaría subsidiado. La nueva estrategia de EEUU sería estrechar lazos comerciales y militares con los países de Petrocaribe ante el peligro de contagio mimético de los ideales revolucionarios chavistas al depender en exclusiva de la venezolana Petrocaribe para su abastecimiento energético, empezando por el presidente dominicano Danilo Medina. Así, según la agencia EFE, el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, en una conferencia sobre energía y cambio climático en el centro de estudios Atlantic Council de Washington afirmó que “si Petrocaribe llegara a caer debido a los acontecimientos en Venezuela, podríamos acabar con una grave crisis humanitaria en nuestra región”. Asimismo, el pasado enero, el Gobierno estadounidense celebró una Cumbre de Seguridad Energética en el Caribe en la que instó a los países de la región a diversificar sus fuentes de energía, confiar más en las inversiones privadas y reducir así su dependencia de Petrocaribe. Por otra parte, China habría asumido el reto de construir el Gran Canal Interoceánico en Nicaragua para sortear el paso del estrecho de Malaca, (dicho estrecho es vital para China al ser la ruta principal para abastecerse de petróleo pero se habría convertido “de facto” en una vía marítima saturada y afectada por ataques de piratas), por lo EEUU procederá a desestabilizar el gobierno de Daniel Ortega dentro de su estrategia geopolítica global de secar las fuentes energéticas chinas.

Venezuela como víctima colateral de la Guerra Fría EEUU-RusiaEn Venezuela, asistimos a una imposible cohabitación política y a una división casi simétrica de la sociedad venezolana que será aprovechado por EEUU para implantar “el caos constructivo de Brzezinski” mediante una sistemática e intensa campaña desestabilizadora que incluirá el desabastecimiento selectivos de artículos de primera necesidad, la amplificación en los medios de la creciente inseguridad ciudadana y la posterior petición al Ejército para que se erija en “salvador de la Patria”, plan diseñado por la CIA y que contando con la inestimable ayuda logística de Colombia (convertida en el portaaviones continental de EEUU), podría llegar a finiquitar el régimen post-chavista. Así, el acuerdo chino-venezolano por el que la empresa petro-química estatal china Sinopec invertirá 14.000 millones de dólares para lograr una producción diaria de petróleo en 200.000 barriles diarios de crudo en la Faja Petrolífera del Orinoco, (considerado el yacimiento petrolero más abundante del mundo), sería un misil en la línea de flotación de la geopolítica global de EEUU (cuyo objetivo inequívoco sería secar las fuentes energéticas de China), por lo que no sería descartable un intento de golpe de mano inmediato de la CIA contra Maduro.

Brasil y Argentina, los nuevos gendarmes neoliberales de SudaméricaBrasil forma parte de los llamados países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y aunque se descarta que dichos países forman una alianza política como la UE o la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN), dichos países tienen el potencial de formar un bloque económico con un estatus mayor que del actual G-8 (se estima que en el horizonte del 2050 tendrán más del 40% de la población mundial y un PIB combinado de 34.951 Billones de $) y el objetivo inequívoco de Putin sería neutralizar la expansión de EEUU en el cono sur americano y evitar la posible asunción por Brasil del papel de “gendarme de los neoliberales” en Sudamérica, pues Brasil juega un rol fundamental en el nuevo tablero geopolítico diseñado por EEUU para América Latina ya que le considera como un potencial aliado en la escena global al que podría apoyar para su ingreso en el Consejo de Seguridad de la ONU como miembro permanente, con el consiguiente aumento del peso específico de Brasil en la Geopolítica Mundial.

Recordar que la decisión de la presidenta brasileña Dilma Rousseff de posponer su visita de Estado a Washington (decisión avalada por los principales asesores de Rousseff, entre ellos su antecesor y mentor Lula da Silva), entrañó el riesgo de una peligrosa confrontación entre las dos grandes potencias del continente americano, pues según Lula “los americanos no soportan el hecho de que Brasil se haya convertido en un actor global y en el fondo, lo máximo que ellos aceptan es que Brasilia sea subalterno, como ya lo fue”. Así, Rousseff tras afirmar que “el espionaje ilegal representa una violación de soberanía incompatible con la convivencia democrática entre países amigos”, exigió a Estados Unidos explicaciones convincentes de las razones de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) para presuntamente violar las redes de computadoras de la petrolera estatal Petrobras y tras su enérgico discurso en la apertura de la 68 Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), se habría granjeado la enemistad de la Administración Obama que procederá a la implementación del “caos constructivo” en Brasil para desestabilizar su mandato presidencial (impeachement).

Respecto a Argentina, el Gobierno norteamericano felicitó efusivamente a CFK por su victoria electoral a través del portavoz para los asuntos de América Latina de EEUU, William Ostick quien transmitió la voluntad de la administración de Obama de “trabajar productivamente” con el gobierno argentino tras los últimos desencuentros entre ambas administraciones. No obstante, en el encuentro privado que mantuvieron en Cannes CFK y Obama en el marco del G-20, la mandataria argentina no habría sido sensible a las tesis de Obama y no habría aceptado la reanudación de ejercicios militares conjuntos con EE.UU en territorio argentino coordinados por EEUU, (pues de facto habría significado la ruptura de la nueva doctrina militar diseñada para la región por los gobiernos que suscribieron la UNASUR, cuyo primer Secretario General fue precisamente Néstor Kirchner) por lo que CFK se habría convertido en un elemento incómodo para la estrategia fagocitadora de EEUU. Así, tras la victoria de Macri, asistiremos al ingreso de Argentina en la Alianza del Pacífico, quedando tan sólo Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Brasil como países díscolos a las tesis de una EEUU que procederá a implementar la política del Big Stick o “Gran Garrote”, (cuya autoría cabe atribuir al presidente de Estados Unidos Theodoro Roosevelt), sistema que desde principios del siglo XX ha regido la política hegemónica de Estados Unidos sobre América Latina, siguiendo la Doctrina Monroe ,“América para los Americanos”. Estaríamos pues en vísperas de la irrupción en el escenario geopolítico de América Latina de una nueva ola desestabilizadora cuyos primeros bocetos ya están perfilados y que terminará de dibujarse en esta década) y que tendrán a Honduras y Paraguay como paradigmas de los llamados “golpes virtuales o postmodernos “que protagonizará EEUU en esta década en el nuevo escenario panamericano, con lo que el concepto de Patria Grande expuesto por Manuel Ugarte en su libro homónimo de 1922 quedará como utopía inalcanzable.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El Brexit y el futuro del neoliberalismo en Europa

Mér, 22/06/2016 - 14:44

Alejandro Nadal, La Jornada

Mañana se decide en el Reino Unido la permanencia o la salida de la Unión Europea. Es una decisión histórica. El futuro de Europa y hasta de la economía mundial pueden estar en juego. Por eso el debate ha sido intenso y, frecuentemente, indecoroso.

Uno de los principales temas que atraviesa la discusión es el de la migración y por ello las acusaciones de racismo han ido y venido entre los que participan en esta controversia. Y si bien el tema de la migración es importante, lo es también la otra gran vertiente del debate: el futuro del neoliberalismo en Europa.

Quizás el punto más trascendental en el debate sobre la salida del Reino Unido de la UE es el de los poderes centralizadores de la Comisión en Bruselas. Ese organismo promovió la aplicación de la mezcla de políticas macroeconómicas más ineficaz que se conoce como respuesta a una crisis que no vio venir y que, por consiguiente, tampoco pudo prevenir. Rindiendo pleitesía a los dogmas más queridos del neoliberalismo y, en especial, al de la austeridad fiscal, la Comisión es culpable de uno de los desastres históricos más espectaculares en Europa desde la segunda guerra mundial. Su terca oposición a una política fiscal flexible que podría haber contribuido a enfrentar la crisis es hoy un ejemplo de libro de texto sobre cómo agravar una recesión. La destrucción de la vida de millones de personas en todo el continente, en especial en los países de la cuenca del Mediterráneo, es resultado de su soberbia e incompetencia, así como la de sus aliados en el Banco Central Europeo (y, dicho sea de paso, en el Fondo Monetario Internacional). Por eso una de las preguntas que se hace buena parte de la izquierda en el Reino Unido es fácil de comprender: ¿por qué permanecer en un esquema neoliberal que ha sido responsable de la destrucción de la economía europea?

El proyecto de integración europea fue visto por algunos como una fuerza que podría balancear y frenar los peores abusos del capitalismo en el Reino Unido. Pero el Tratado de Maastricht firmado en 1993 ya consagraba los principios del neoliberalismo en el plano macroeconómico, en especial las limitaciones al déficit fiscal. Y como la regla sobre déficit fiscal no es otra cosa que un mandato para recortar el gasto público (afectando directamente a rubros como salud, educación, vivienda y un medio ambiente sano), en realidad, se traduce en un ataque directo a los derechos sociales.

Posteriormente, con el Tratado de Lisboa de 2007 (en vigor desde 2009) aumentó el poder centralizador de varios organismos de la UE y, en especial, de la Comisión en materia de política macroeconómica al consagrarse el objetivo de la estabilidad de precios como la principal prioridad.

Vale la pena recordar que el Tratado de Lisboa fue un subterfugio para fijar a Europa en una trayectoria rígida de neoliberalismo. Así como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte fue un arma para amarrar las reformas neoliberales impuestas en México por el gobierno de Salinas, Lisboa fue el instrumento para reintroducir por la puerta trasera lo que se había querido imponer a través del proyecto de constitución europea. Ese proyecto fue rechazado en 2005 por sendos referendos en Francia y en Holanda. El proyecto constitucional tuvo que ser abandonado pero sus principios centralizadores y dogmas neoliberales fueron mantenidos en el Tratado de Lisboa. Así que aquí viene otra pregunta de la izquierda en el Reino Unido: ¿por qué confiar en las posibilidades del gradualismo para ir democratizando poco a poco la estructura de la integración neoliberal en Europa? Hay que ser optimistas, pero no ingenuos.

La verdad es que la Unión Europea no fue concebida para promover y beneficiar un proyecto social. Los derechos sociales arrancados al capital en la posguerra inmediata fueron desmantelados de manera sistemática, sobre todo a partir de Maastricht. Desde entonces, las prioridades fueron la desregulación comercial y financiera, la flexibilidad laboral (y su secuela de salarios estancados), así como la privatización de servicios públicos. Lo que hay que tener claro es que la destrucción del estado de bienestar no era una moda o una tendencia pasajera. Se basa en un proyecto que el capital buscó hacer realidad en toda Europa, concebida como espacio de rentabilidad y no como ambiente democrático. Y en su andamiaje institucional esa Europa neoliberal descansa en cuerpos de funcionarios que no tienen que rendir cuentas porque no han sido elegidos por nadie. Eso sí, están fuertemente comprometidos con los principios del neoliberalismo a ultranza. ¿Qué no se lo dijeron a Varoufakis con toda claridad? ¡Ninguna votación democrática puede ir contra los tratados y las reglas de la integración europea!

El futuro del neoliberalismo en la Unión Europea depende de muchos factores. Un eventual triunfo del Brexit podría convertirse en un golpe a los poderes centralizadores en la UE. Pero para cambiar el proyecto neoliberal lo que se necesita es un cambio radical en el paisaje político desde las bases nacionales en los estados miembros de la Unión Europea.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Brexit: el futuro del neoliberalismo en Europa

Mér, 22/06/2016 - 14:44

Alejandro Nadal, La Jornada

Mañana se decide en el Reino Unido la permanencia o la salida de la Unión Europea. Es una decisión histórica. El futuro de Europa y hasta de la economía mundial pueden estar en juego. Por eso el debate ha sido intenso y, frecuentemente, indecoroso.

Uno de los principales temas que atraviesa la discusión es el de la migración y por ello las acusaciones de racismo han ido y venido entre los que participan en esta controversia. Y si bien el tema de la migración es importante, lo es también la otra gran vertiente del debate: el futuro del neoliberalismo en Europa.

Quizás el punto más trascendental en el debate sobre la salida del Reino Unido de la UE es el de los poderes centralizadores de la Comisión en Bruselas. Ese organismo promovió la aplicación de la mezcla de políticas macroeconómicas más ineficaz que se conoce como respuesta a una crisis que no vio venir y que, por consiguiente, tampoco pudo prevenir. Rindiendo pleitesía a los dogmas más queridos del neoliberalismo y, en especial, al de la austeridad fiscal, la Comisión es culpable de uno de los desastres históricos más espectaculares en Europa desde la segunda guerra mundial. Su terca oposición a una política fiscal flexible que podría haber contribuido a enfrentar la crisis es hoy un ejemplo de libro de texto sobre cómo agravar una recesión. La destrucción de la vida de millones de personas en todo el continente, en especial en los países de la cuenca del Mediterráneo, es resultado de su soberbia e incompetencia, así como la de sus aliados en el Banco Central Europeo (y, dicho sea de paso, en el Fondo Monetario Internacional). Por eso una de las preguntas que se hace buena parte de la izquierda en el Reino Unido es fácil de comprender: ¿por qué permanecer en un esquema neoliberal que ha sido responsable de la destrucción de la economía europea?

El proyecto de integración europea fue visto por algunos como una fuerza que podría balancear y frenar los peores abusos del capitalismo en el Reino Unido. Pero el Tratado de Maastricht firmado en 1993 ya consagraba los principios del neoliberalismo en el plano macroeconómico, en especial las limitaciones al déficit fiscal. Y como la regla sobre déficit fiscal no es otra cosa que un mandato para recortar el gasto público (afectando directamente a rubros como salud, educación, vivienda y un medio ambiente sano), en realidad, se traduce en un ataque directo a los derechos sociales.

Posteriormente, con el Tratado de Lisboa de 2007 (en vigor desde 2009) aumentó el poder centralizador de varios organismos de la UE y, en especial, de la Comisión en materia de política macroeconómica al consagrarse el objetivo de la estabilidad de precios como la principal prioridad.

Vale la pena recordar que el Tratado de Lisboa fue un subterfugio para fijar a Europa en una trayectoria rígida de neoliberalismo. Así como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte fue un arma para amarrar las reformas neoliberales impuestas en México por el gobierno de Salinas, Lisboa fue el instrumento para reintroducir por la puerta trasera lo que se había querido imponer a través del proyecto de constitución europea. Ese proyecto fue rechazado en 2005 por sendos referendos en Francia y en Holanda. El proyecto constitucional tuvo que ser abandonado pero sus principios centralizadores y dogmas neoliberales fueron mantenidos en el Tratado de Lisboa. Así que aquí viene otra pregunta de la izquierda en el Reino Unido: ¿por qué confiar en las posibilidades del gradualismo para ir democratizando poco a poco la estructura de la integración neoliberal en Europa? Hay que ser optimistas, pero no ingenuos.

La verdad es que la Unión Europea no fue concebida para promover y beneficiar un proyecto social. Los derechos sociales arrancados al capital en la posguerra inmediata fueron desmantelados de manera sistemática, sobre todo a partir de Maastricht. Desde entonces, las prioridades fueron la desregulación comercial y financiera, la flexibilidad laboral (y su secuela de salarios estancados), así como la privatización de servicios públicos. Lo que hay que tener claro es que la destrucción del estado de bienestar no era una moda o una tendencia pasajera. Se basa en un proyecto que el capital buscó hacer realidad en toda Europa, concebida como espacio de rentabilidad y no como ambiente democrático. Y en su andamiaje institucional esa Europa neoliberal descansa en cuerpos de funcionarios que no tienen que rendir cuentas porque no han sido elegidos por nadie. Eso sí, están fuertemente comprometidos con los principios del neoliberalismo a ultranza. ¿Qué no se lo dijeron a Varoufakis con toda claridad? ¡Ninguna votación democrática puede ir contra los tratados y las reglas de la integración europea!

El futuro del neoliberalismo en la Unión Europea depende de muchos factores. Un eventual triunfo del Brexit podría convertirse en un golpe a los poderes centralizadores en la UE. Pero para cambiar el proyecto neoliberal lo que se necesita es un cambio radical en el paisaje político desde las bases nacionales en los estados miembros de la Unión Europea.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El Brexit, una campaña salpicada por la xenofobia

Mér, 22/06/2016 - 07:30
Marcelo Justo, Página 12

A tres días del referendo sobre Europa, el brutal asesinato de la diputada laborista Jo Cox el jueves pasado dejó a los Brexit a la defensiva y produjo ayer la primer defección de alto calibre. La Baronesa Warsi, ex ministra del gobierno de Cameron, señaló que podía haber razones económicas para abandonar la Unión Europea (UE), pero el “odio y la xenofobia” con que se había llevado adelante la campaña la obligaban a cambiar de bando. “Mentiras, xenofobia y odio: esa es la razón por la que dejo “dejar” la Unión Europea”, tuiteó.

Las encuestas siguen cabeza a cabeza, pero los europeístas de “Remain” descontaron la dramática desventaja que se insinuó la semana pasada y empezaron, en la recta final, a sacar media cabeza a sus rivales. La bolsa y la libra esterlina, con esa erótica hipersensibilidad que tienen para estos fenómenos, cerraron ayer al alza recuperando el terreno perdido en la última semana.

El líder del nacionalista británico antieuropeo UKIP, Nigel Farage, que ha personificado en los últimos cinco años la campaña para dejar la UE, reconoció el impacto del asesinato de Cox que lo obligó a retirar un incendiario afiche desplegado poco antes del hecho. En la imagen avanzaba una densa marea humana de inmigrantes de Siria bajo un slogan que decía “Breaking point. We must break free of the EU and take back control of our borders”(Punto de Ruptura. Tenemos que liberarnos de la Unión Europea y recuperar el control de nuestras fronteras”).

En un intento de despegarse de las acusaciones que le llovieron por el afiche, citado por Warsi como una razón fundamental para cambiarse de bando, Nigel Farage señaló a ITV que el asesinato le había cambiado el sentido a esa imagen. “Cuando mostré el afiche no hubo polémica. Pero después ocurrió una tragedia. Lo que está haciendo el primer ministro y la campaña de ‘Remain’ es mezclar la acción de un loco con las razones que tiene la mitad de los británicos que quieren recobrar el control de nuestras fronteras”, dijo el líder de los UKIP.

El tema inmigratorio y el tono apocalíptico han sido centrales en la campaña de los “Brexit”, sea del UKIP o del abundante contingente conservador que le dio la espalda a Cameron. El afiche encapsulaba en toda su brutalidad el estilo del “mundo post-fáctico” de las campañas políticas modernas, más centradas en la captura de percepciones y prejuicios que en un debate basado en hechos.

La imagen en cuestión no era de una embarcación de refugiados cruzando el Canal de la Mancha rumbo al Reino Unido sino una foto en la frontera de Croacia y Eslovenia. El referendo no podría hacer nada por detener esa marea aún si los Brexit ganaran por 20 puntos porque los refugiados en cuestión eran sirios, no europeos. Nada de eso importó la mañana en que se publicitó el afiche con el objetivo de reproducirlo ad infinitum en los noticieros del resto del día. Pero poco después de la una de la tarde, la realidad golpeó con toda su contundencia cuando un desequilibrado mental fascinado con la ultraderecha británica, Thomas Muir, asesinó a Cox, una líder proeuropeísta con una historia de lucha a favor de los inmigrantes.

En su primera presentación ante la justicia el sábado, Muir, dejó más salpicados a los Brexits con el veneno de la xenofobia. Cuando el juez le preguntó su nombre, contestó, “Death to traitors, freedom for Britain”, (Muerte a los traidores, libertad para los británicos) que, en la segunda línea más que en la primera, coincidía con uno de los ejes de campaña de los Brexit. En el homenaje parlamentario a Cox ayer, varios diputados no pudieron evitar las lágrimas y todos coincidieron en elogiar el espíritu de la diputada laborista que, según el primer ministro David Cameron, “le salvó la vida a mucha gente con su trabajo por Siria, Sudán y el Congo”. El laborista Stephen Kinnock, que compartía oficina con Cox, apuntó al afiche de la discordia. “Solo puedo imaginar su reacción al ver ese afiche que demonizaba a cientos de desesperados refugiados, entre ellos niños aterrorizados y hambrientos que huían de Estado Islámico y las bombas rusas. Jo entendía el impacto que tenía la retórica y hubiera respondido con toda su fuerza a esa mezcla deliberada de cinismo y desesperación”, indicó Kinnock.

Las encuestas siguen parejas, pero todavía no han medido el impacto del asesinato. Al igual que los inversores, los tomadores de apuestas se inclinan ahora por el campo pro-europeo. El tono con que habló Farage en las distintas entrevistas que le hicieron era el de alguien amargo y desilusionado ante esa trampa de último momento que la hacía la realidad. Aún así, más allá del resultado, está claro que el tema europeo ha expuesto un Reino Unido cada vez más fragmentado a nivel social y geográfico. Inmigrantes y Europa se han convertido en símbolos de una profunda polarización entre norte y sur, campiña y ciudad, y, más importante aún, entre una Inglaterra euroescéptica y una Escocia, Irlanda del Norte, y, en menor medida Gales, proeuropeas.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El Brexit abre la crisis política británica

Mar, 21/06/2016 - 19:30
Isidro López, Püblico.es

Lo que está sucediendo en el Reino Unido en estos días resulta francamente impresionante e inesperado. El referéndum sobre la salida de la UE ha hecho estallar el sistema de partidos y, acto seguido, en un país que parecía pacificado desde hacía décadas se ha desencadenado una dinámica política de extraordinaria visceralidad que ha terminado con la reaparición de la violencia política, el terrible asesinato fascista de Jo Cox.

La primera conclusión acerca del asunto es constatar la fuerza que ha tenido el sistema de partidos turnista británico para contener un malestar social que, evidentemente, no ha nacido con el referéndum sobre el Brexit y que, sólo tangencialmente, tiene que ver con la cuestión europea. La cuestión europea únicamente ha eliminado los ejes sobre los que giraba la política británica. Ha convertido a los partidos, con partidarios del Remain y del Leave en todos los campos, en entidades superfluas que responden a fuerzas sociales externas a ellas.

Dentro de las muchas aristas que tienen estas fuerzas desencadenadas se pueden señalar algunas cosas. El euroescepticismo de las élites inglesas solo puede ser entendido como una fuerza de negociación dentro de la Unión Europea. Desde los tiempos del cheque británico a principios de los años ochenta, el Reino Unido ha amenazado con su salida para provocar transformaciones en un sentido neoliberal de la Unión. Legislaciones fundamentales sobre movimientos de capitales y mercado interior tienen origen británico, mas en concreto en la City. Tanta importancia tienen estas presiones, que frente a un cierto lugar común dominante que señala a Alemania y su escuela ordoliberal como constructora del proyecto neoliberal europeo, más bien se debe hablar de un proyecto conjunto británico y alemán.

La propia convocatoria de este referéndum tiene que ver con la intención del gobierno de Cameron de atacar las leyes migratorias internas y sus derechos asociados por la UE. La medida se produce en un contexto, común a toda la Europa central, de creciente xenofobia provocada por el “no hay para todos” de las políticas de austeridad. Y, por supuesto, cómo en todo el continente y en buena parte del mundo, esta situación viene marcada por la total incapacidad del capitalismo financiero para articular un ordenamiento social digno de tal nombre. Eso si, parece claro que lo que era un ejercicio rutinario de presión sobre la Unión se le ha ido seriamente de las manos a Cameron, hasta el punto de haber dinamitado temporalmente el sistema político británico.

Obviamente no sólo hay euroescepticismo entre las élites, con este jamas se hubiera llegado a la situación de polarización actual. El campo de batalla político que se ha dibujado en las últimas semanas son las feroces capas obreras o post obreras británicas, y especificamente las inglesas, ya que en Escocia han dejado bien claro que son pro Unión Europea, por movimiento reflejo ante cualquier imagen del nacionalismo inglés. Pero lo cierto es que hoy, un amalgama de posiciones que van desde el rechazo popular vagamente proteccionista (como nos ha recordado Trump, la antimigración es una variante del proteccionismo), hasta el revival colonial proto fascista, pasando por el desden aristócratico tory. En conjunto todas estas fuerzas forman algo así como un “bloque histórico” anti-europeo.

Frente a ellos se sitúa el poder financiero, el mismo que se ha beneficiado enormemente de la ambiguedad euroesceptica y de la dualidad libra-euro, amenazando con lanzar fuertes ataques sobre la libra si gana el Brexit. Ataques que, por un lado, no hay que tomarse del todo a broma, y, por otro, nos recuerdan que no es indispensable estar en el Euro para estar sometidos al chantaje financiero. Existe también una clase media urbana con altos niveles de cualificación que aunque ha sufrido el ataque conjunto del endeudamiento y la precariedad se sigue viendo a sí misma como cosmopolita, marcando un abismo con las clases populares que están por debajo de ellos en el país de Europa donde las divisiones en la estructura social son mas drásticas y culturalmente marcadas.

Precisamente este último parece ser el eje que ha hecho estallar la campaña del referéndum y le ha dado una visceralidad que sería inusitada en el contexto de otros países europeos. Frente a situaciones como la griega o la española, la Union Europea tiene escasa fuerza material en la definición de la situación de las clases populares británicas y lo que estamos viendo se parece mucho más a un conflicto interno mediado por la cuestión europea, esta última mas en forma de constructo cultural que otra cosa. Un poco a la manera del “Que pasa con Kansas” de Thomas Frank y su lucha de clases puesta del revés, el enfrentamiento se ha centrado entre las clases medias y las clases populares. Cosmopolitas/multicultis frente a nacionalistas/proteccionistas. Nada representa mejor este conflicto, en gran medida inane desde el punto de vista de la transformación social, que la flotilla de Bob Geldof, el millonario progre bienpensante frente a los pescadores, imagen idealizada del pueblo honesto trabajador, capitaneados por el oportunismo instrumentalizador de Nigel Farage en pleno Támesis.

Más allá del resultado del próximo jueves, que parece evidente será favorable a la permanencia, y en el que parece haber sido decisiva la muerte de Jo Cox, este referéndum ha abierto una brecha en la sociedad británica que será difícil de cerrar en los próximos años. En definitiva, también en Reino Unido avanza la crisis política.

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