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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6737125
Actualizado: fai 2 horas 59 min

La guerra de Trump

Lun, 10/04/2017 - 14:30

Atilio Borón, Alainet

Acosado por sucesivas derrotas en el Congreso –el rechazo a su proyecto de eliminar el Obamacare– y en la Justicia, por el tema de los vetos a la inmigración de países musulmanes, Donald Trump apeló a un recurso tan viejo como efectivo: iniciar una guerra para construir consenso interno. El magnate neoyorquino estaba urgido de ello: su tasa de aprobación ante la opinión pública había caído del 46 al 38 por ciento en pocas semanas; un sector de los republicanos lo asediaba “por izquierda” por sus pleitos con los otros poderes del estado y sus inquietantes extravagancias políticas y personales; otro hacía lo mismo “por derecha”, con los fanáticos del Tea Party a la cabeza que le exigían más dureza en sus políticas anti-inmigratorias y de recorte del gasto público y, en lo internacional, ninguna concesión a Rusia y a China. Por su parte, los demócratas no cesaban de hostigarlo. En el plano internacional las cosas no pintaban mejor: mal con la Merkel durante su visita a la Casa Blanca, un exasperante subibaja en la relación con Rusia y una inquietante ambigüedad acerca del vínculo entre Estados Unidos y China. Con el ataque a Siria, Trump espera dotar a su administración de la gobernabilidad que le estaba faltando.

Los frutos de su iniciativa no tardaron en aparecer. En el flanco interno, el chauvinismo y el belicismo de la sociedad y la cultura política norteamericanas le granjearon el inmediato apoyo de republicanos y demócratas por igual. Quien antes aparecía como un peligroso neofascista o un incompetente populista emergió de los escombros de la base aérea de Al Shayrat como un sabio estadista que “hizo lo que debía hacer”. Tanto la impresentable Hillary Clinton como el anodino John Kerry no ahorraron elogios al patriotismo y la determinación con que Trump enfrentó la inverosímil amenaza del régimen sirio, a quien se le acusó, contra toda la evidencia, de haber utilizado el gas sarín que días atrás produjo la muerte de al menos ochenta personas en un ataque perpetrado en la ciudad de Jan Sheijun.

Mentiras. Fuentes independientes señalan que esa macabra operación no pudo ser causada por Damasco sino por los “rebeldes” amparados y protegidos por Occidente, las tiranías petroleras del Golfo y el gobierno fascista de Israel. El área en donde se produjo la masacre estaba bajo el control del Al-Nusra, rama de Al Qaida que Naciones Unidas y EEUU habían calificado como terrorista. En el 2013 el gobierno sirio firmó su adhesión a la Convención para la Prohibición de Armas Químicas (OPAC) y tres años más tarde el país fue declarado territorio libre de armas químicas. Así reza el informe que esa organización elevó al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Claro está que una parte de ese arsenal pudo haber sido capturado y escondido por Al-Nusra, facilitada esta maniobra por la debacle en que estaba sumida Siria a causa de la guerra. Pero al bombardear la base aérea de Al Shayrat Washington destruyó al equipo y el arsenal militar que presuntamente podría haber probado que fue el ejército sirio quien cometió el crimen con el gas sarín.

¿Por qué destruir la evidencia que eventualmente podría culpabilizar (o inocentizar) a Al-Assad, se preguntaba la vocera de la cancillería rusa? Destruir pruebas es un delito, o por lo menos una actitud sospechosa, sobre todo si se atiende a la inevitable pregunta que hace Günter Meyer, director del Centro de Investigaciones del Mundo Árabe, con sede en Maguncia, Alemania, y que reproduce un cable de la Agencia Deutsche Welle. En cualquier película policial -asegura Meyer- cuando se investiga un crimen los detectives se preguntan quién gana y quien pierde con lo ocurrido. En este caso la pregunta tiene una clara respuesta: "De semejante ataque con gas letal solo pueden beneficiarse los grupos opositores armados” y (agrego por mi parte) sus aliados en Occidente, a la vez que sólo puede perjudicarse el gobierno sirio. Entonces, ¿por qué cometería semejante crimen? ¿Puede Al-Assad ser tan estúpido? No parece, porque de haberlo sido ya habría sido derrocado hace años.

Todas estas consideraciones fueron soslayadas por Trump. Y en esto el outsider demostró no serlo tanto porque siguió al pie de la letra el guión al cual se ajustaron los presidentes que le precedieron, desde Bush padre a Barack Obama, pasando por Bill Clinton y Bush hijo: atacar, invadir, ocupar naciones usando como pretexto un torrente de mentiras y difamaciones –eufemísticamente llamadas “posverdad” por los infames manipuladores de la opinión pública mundial- que persiguen justificar lo injustificable. Todos conocemos la historia de las “armas de destrucción masiva” que supuestamente tenía en su poder Saddam Hussein y que jamás se hallaron, ni antes de la destrucción del régimen ni después. Pero la tragedia igual fue consumada a partir del 2003 porque la mentira se había arraigado en la sociedad americana. Todos sabían, además, que el único país de la región que las poseía era Israel, pero como es el gendarme regional del imperio eso es una nimiedad que se oculta cuidadosamente ante los ojos de la opinión pública y que intencionadamente marginan de sus análisis los más sesudos especialistas.

Con el ataque del viernes pasado Washington violó, por enésima vez, la Carta de las Naciones Unidas, demostrando más allá de toda duda que el presunto “orden mundial” no es tal sino un brutal e inmoral “desorden mundial” en donde rige la máxima bárbara del derecho del más fuerte. Pero no sólo eso: Trump también violó la Carta de la OEA, que en su Capítulo 2, inciso 9, dice textualmente que “los Estados americanos condenan la guerra de agresión: la victoria no da derechos”. Sería bueno que el Secretario General de esa siniestra organización, Luis Almagro, tan preocupado por aplicar la Carta Democrática a la República Bolivariana de Venezuela tomara nota de esto y denunciara a Washington, con el mismo ardor con que enjuicia a Caracas, por su agresión a Siria.

Ante la gravedad de la situación, es obvio que Rusia no permanecerá de brazos cruzados: tiene en Siria una vital base naval en Tartus que le abre las puertas del Mediterráneo (y de ahí al Atlántico Norte) a su flota del Mar Negro anclada en Sebastopol y también una base aérea en Latakia. China e Irán también tienen intereses en juego en Siria y una Rusia cercada por tierra -con la OTAN estacionada a lo largo de toda su frontera occidental con lo que algunos observadores consideran como el mayor despliegue de fuerzas y equipos de toda su historia- y por mar si llegara a producirse la caída de Al-Assad. En tal caso Moscú no tendría sino dos alternativas: aceptar mansamente su sumisión a los dictados de Estados Unidos, cosa que obviamente no está en el ADN de Vladimir Putin y que por lo tanto jamás hará; o activar su poderoso dispositivo militar y aplicar represalias selectivas intensificando su campaña en contra del ISIS creado y protegido por Washington e, inclusive, adoptando una postura más activa en caso de una nueva agresión norteamericana. Cuesta pensar de otro modo cuando se ataca a un país como Siria que, junto a Rusia, había logrado grandes éxitos en controlar a la horda de fanáticos que sembró el terror en Siria y otras partes de Oriente Medio.

El inesperado giro de Trump (que en su campaña había divulgado nada menos que 45 tuits diciendo que “atacar a Siria era una mala idea porque podría precipitar el estallido de la Tercera Guerra Mundial”) debe poner en guardia a todos los pueblos y gobiernos del planeta porque con el ataque a Siria el mundo camina sobre el filo de una navaja. Esta actitud de vigilancia y preparación para la lucha debe ser impulsada en Nuestra América, especialmente cuando se analizan las muy recientes declaraciones del Jefe del Comando Sur, Kurt Tidd, ante el Comité de Fuerzas Armadas del Senado de Estados Unidos. En esa ocasión textualmente habló de “una creciente crisis humanitaria en Venezuela que eventualmente podría obligarnos a una respuesta regional.” Los latinoamericanos y caribeños sabemos lo que esas palabras significan y estaremos preparados para desbaratar esos planes.

Suenan los tambores de guerra en la Casa Blanca y no sería de extrañar que aparte de continuar con sus operaciones bélicas en Siria hubiera en Washington quienes crean que llegó el momento de ajustar cuentas con Corea del Norte y Venezuela, dos espinas que hace mucho tiempo Tío Sam tiene clavadas en su garganta. Cuando comienzan su periplo descendente los imperios potencian su barbarie y tratan de retrasar lo inevitable apelando a cualquier recurso, entre ellos, inventando guerras. No sería de extrañar entonces que ante este cuadro de situación, cuando son los propios estrategas imperiales los que se desvelan por tratar de detener su declinación, Trump intentara “normalizar” el mapa sociopolítico latinoamericano y del sudeste asiático recurriendo al lenguaje de los misiles. Si lo hiciera se llevaría una sorpresa enorme.

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La hillaryzación de Trump en Siria

Dom, 09/04/2017 - 17:43

Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Quizá Trump haya salvado su frágil presidencia al ceder a las intensas presiones del Deep State, pero ya perdió su alma al transformarse en la viva imagen de Hillary Clinton, quien festejó, junto al pugnaz senador John McCain, el bombardeo punitivo de una base aérea siria con 59 misiles crucero, que cobró la vida de 10 civiles, entre ellos cuatro niños, lo cual disparó las acciones de su fabricante, Raytheon (https://goo.gl/HDC7uP).

Si la llegada del trumpismo constituyó un golpe de Estado militar silencioso, ahora el Deep State profundiza el golpe militar al haber deslactosado a Trump y orillarlo a implementar en Siria políticas contradictorias, a grado tal que hoy parece un vulgar socio de la derrotada Hillary.

Los multimedia de Estados Unidos, hostiles a Trump, se refocilaron con la mirífica tecnología militar estadounidense (https://goo.gl/v8rMJi) que, a su juicio, sigue siendo la mejor del mundo, pero solamente pusieron en tela de juicio su legalidad al no contar con el beneplácito del Congreso ni de las leyes internacionales ni de la Carta de las Naciones Unidas. ¡Nada más!

El New York Times ( NYT) considera, no sin goce, que el bombardeo “puso en riesgo las relaciones de Washington con Rusia (https://goo.gl/gx2bgW)” cuando los aliados de Estados Unidos en Europa e Israel, Turquía y Arabia Saudita felicitaron a Trump.

El Pentágono previno con una hora de antelación al ejército ruso del inminente bombardeo.

Según los rusos, 23 de los 59 misiles crucero atinaron al blanco, lo cual demuestra una extremadamente baja efectividad.

Llamó la atención que Trump ordenó el bombardeo el jueves por la tarde, antes de recibir en una cena al Sr. Xi (sic), lo cual es una grave afrenta hospitalaria (https://goo.gl/fIH21Z) para el mandarín milenario, con lo que, quizá, Trump busca romper la alianza estratégica de China y Rusia.

El editorial del NYT, íntimo de George Soros, pregunta ¿Qué sigue? y refiere que los estudios muestran que golpes militares aislados consiguen muy poco cuando se requiere de una “estrategia integral y la autorización del Congreso (https://goo.gl/ZOcG0F)”.

La congresista hawaiana Tulsi Gabbard, del Partido Demócrata, boicoteada por los multimedia, fustigó el bombardeo ilegal que refuerza a Al Qaeda y a otros terroristas, y es una confrontación directa de Washington con Rusia, que puede llevar a una guerra nuclear, y se lamenta que haya ocurrido “sin esperar la colección de evidencia en la escena del envenenamiento químico (https://goo.gl/nQbkm7)”.

Para Trump, como lo fue para Bill Clinton en Serbia, los Bush en Irak, la dupla Obama/Hillary en Libia, ahora se es culpable hasta no demostrar la inocencia del bombardeado.

El texano Ron Paul, anterior congresista y tres veces candidato presidencial del Partido Republicano, considera que el bombardeo constituye una victoria de los neoconservadores (straussianos), quienes “estaban aterrorizados que cundiera la paz en Siria (https://goo.gl/15kS3S)”. ¿Tantos intereses afecta la paz?

Ron Paul –cuyo hijo, el senador Rand (líder histórico del influyente Tea Party), es el peor enemigo del pugnaz John McCain–, alega que el ataque por el gobierno sirio en Khan Seikhoun es una operación de falsa bandera: no hace ningún sentido que Bashar al Assad haya usado armas químicas cuando estaba a punto de conseguir un triunfo sobre los yihadistas (https://goo.gl/NsYZ0r). En el debate sobre el ataque a Siria, Steve Bannon, expulsado un día antes del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, perdió frente a Jared Kushner (JK), yerno de Trump (https://goo.gl/0tL9IJ).

Más que el ultra-ortodoxo judío JK, quien financió al ejército de Israel y a los ilegales colonos expan-sionistas (https://goo.gl/SX8Uco), el gran triunfador es Netanyahu, quien exclamó jubiloso que el bombardeo resonaría no solamente en Damasco, sino también en Teherán (sic), Pyongyang (sic) y en otras partes (sic).

¿A poco Netanyahu es más poderoso en la Casa Blanca que en Israel?

El polémico yerno JK, nuevo supermán israelí-estadounidense (https://goo.gl/D3fApM), estuvo en Irak en una misión secreta tres días antes del bombardeo(https://goo.gl/VgwF1L). Para preparar y triangular el bombardeo con el Mossad?

Anshel Pfeffer (AP), del rotativo israelí Haaretz, festeja el bombardeo, que ocurrió horas antes de una llamada entre Netanyahu y Putin, quien protestó las acusaciones sin base de Israel contra Siria.

AP confiesa el papel de Israel que proporcionó gran parte de los supuestos datos del ataque con armas químicas a Khan Seikhoun. Debka, vinculado al Mossad, se había dado el lujo de anunciar un día antes cómo “EU y Rusia debatieron el límite del bombardeo contra Assad (https://goo.gl/DVaYn8)”.

Un día después del ataque, Debka alega que es muy posible que Trump y Putin acordaron los límites del bombardeo punitivo y recuerda que tampoco “Rusia respondió al ataque aéreo de Israel el 17 de marzo en la base aérea del norte de Siria (https://goo.gl/7AYF8g)”.

La razón por la cual los complejos antiaéreos rusos S-300, S-400 y Pantsir-S1, que dependen del ejército ruso en Siria no fueron usados porque hubieran llevado a una guerra nuclear.

Siria es teatro de bombardeos periódicos por Israel y Turquía y tampoco Rusia los ha repelido porque solamente resguardan sus instalaciones y personal.

El analista Nikita Smaguin, editor de Irán Hoy, comenta que el bombardeo deterioró las relaciones de Rusia con Estados Unidos y afecta el complicado proceso de paz de Siria cuando Trump e Israel tienen también en la mira a Irán y a Hezbolá.

Para muchos analistas rusos Trump distrae la situación catastrófica de refugiados civiles en Mosul (https://goo.gl/EhKUYd).

Konstantin Kosachov, jefe del Comité Internacional del Senado ruso, sentenció que la fuerza aeroespacial de Rusia no se involucrará en acciones militares contra Estados Unidos a menos que exista una amenaza directa a la seguridad de los soldados rusos desplegados en Siria (https://goo.gl/JK0FBL).

Dos días después del ilegal bombardeo estadunidense contra un país soberano se nota que Trump comienza a diluir su vino bélico y elude una confrontación directa con Rusia.

El bombardeo pone en riesgo la lucha conjunta contra el terrorismo y beneficia a los yihadistas de Al Qaeda/Al-Nusra a quienes Trump pretende combatir.

A iniciativa de Washington, no se ha roto el diálogo entre Washington y Rusia cuando los cancilleres Lavrov y Tillerson han discutido por teléfono el ataque de Estados Unidos a la base aérea siria de Shairat.

Lavrov recalcó a Tillerson que los informes del uso de armas químicas por Damasco son falsos (https://goo.gl/qkPni7).

El barómetro del deterioro de la relación bilateral de Estados Unidos y Rusia lo marcará la próxima visita del secretario de Estado, Rex Tillerson, al Kremlin, cinco días después del bombardeo a Siria, cuando ya el excéntrico canciller británico Boris Johnson acababa de cancelar su visita a Moscú para presionar a Washington y elevar la puja bélica.

Dejo en el tintero la reacción de China al bombardeo ilegal que eclipsó la trascendental visita del mandarín Xi a la mansión de Trump, cuando, quizá, el bombardeo fue una clara advertencia a Corea del Norte y a Irán, como anunció el profeta paleo-bíblico Netanyahu.

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Ann Pettifor: "el euro no es un sistema viable"

Sáb, 08/04/2017 - 17:11

Andrés Villena, CTXT

La economía dominante no perdona a los disidentes. Pese a que han sido muchos los economistas que, con gran acierto, previeron la crisis financiera, pocos han contado con la oportunidad de explicarla a una audiencia masiva. La consecuencia principal es que no hemos aprendido las principales lecciones. Una de éstas reside en la verdadera naturaleza del dinero. Ann Pettifor (Sudáfrica, 1947), directora del Policy Research in Macroeconomics (PRIME) y profesora honoraria de la City University de Londres, ha publicado La producción del dinero. Cómo acabar con el poder de los bancos (Los libros del lince, 2017), un brillante y accesible ensayo que desvela qué es el dinero y por qué no lo hemos sabido hasta ahora. Según Pettifor, tenemos mucho más poder del que pudiéramos imaginar, de modo que el “sí se puede” podría incluso adquirir categoría científica.

Si tuviera solo unos minutos para transmitir a la gente un mensaje sobre lo que el dinero es en realidad, ¿qué mitos dañinos trataría de derribar?

Creo que el más dañino es la concepción del dinero como una mercancía, como el oro, la plata… o el propio bitcoin. El dinero, en realidad es, esencialmente, una “promesa para pagar”. Lo que ha pasado es que el oro o la plata, en algunas ocasiones, han representado esa promesa. Es muy importante, para las mujeres en particular, una correcta comprensión del dinero, porque no es algo complicado. Cuando llevas tu tarjeta de crédito a una tienda, no la intercambias por una cámara de fotos, sino que la muestras y, al hacerlo, demuestras que se puede confiar en ti porque tienes un acuerdo con un banco. Esta confianza es lo que te otorga poder adquisitivo para comprar y lo que permite que el vendedor venda. Y tiene algo de magia, porque cuando utilizas la tarjeta, creas dinero de la nada, lo cual es maravilloso y, por ello, ha de ser correctamente regulado. Es importante que las mujeres sepan que nuestro sistema monetario ha sido capturado por una pequeña élite mayoritariamente compuesta por hombres.

Y, ¿cómo explicaría en términos sencillos esta captura del sistema monetario?

Imagina un pueblo de la antigüedad… por entonces ya existía el crédito. Imagina a una peluquera y a un hombre que se dedica a reparar los tejados. El hombre va a que la peluquera le corte el pelo y, a cambio, le promete pagarle reparándole el tejado. En el pueblo hay alguien en quien todo el mundo confía, pongamos, un sacerdote. Este le dice al hombre: “Tienes que cumplir tu promesa; si no lo haces, voy a ir a por ti”. Y entonces el hombre le repara el tejado a la peluquera. Pero la peluquera empieza a acumular diversas promesas de pago porque le ha cortado el pelo a mucha gente y su hijo, que está apostando en la plaza del pueblo con sus amigos, le pide la caja que contiene las promesas y le promete que va a apostar con ellas y que le va a devolver una cantidad aún mayor. Y ella le cree. Él se lo juega todo, lo pierde y vuelve a casa sin nada. Eso es nuestro sistema financiero: ¿dónde estaba el sacerdote para vigilar lo que estaba pasando? Nuestros economistas nos dijeron que no nos preocupáramos y determinadas personas se han apostado todas nuestras pensiones y ahorros y, además, los han perdido.

Es un ejemplo claro. Dice que siempre ha existido el crédito. Pero, ¿y el trueque? Está en todos los libros de texto de Economía…

Los arqueólogos corroboran que hemos tenido sistemas crediticios desde hace más de cinco mil años; el trueque ha sido una excepción y se practicaba solamente con alguien a quien no conocieras, alguien en el que no confiaras. Lo normal ha sido siempre el crédito. El dinero es crédito. El problema es que si te crees que el dinero es como el oro, la consecuencia inmediata es que creerás que existe únicamente una determinada cantidad de dinero.

Lo que lleva automáticamente a esa idea de escasez tan propia de los economistas clásicos…

Exacto. Ten en cuenta que el dinero es un conjunto de promesas que yo realizo, y como ser humano puedo realizar muchas actividades para satisfacer una promesa. Si nuestra actividad económica queda limitada por la cantidad de oro existente, entonces aquellos encargados de gestionar el dinero nos dirán que “no hay dinero” para financiar un hospital, otra escuela, etc. Los hombres que controlan el sistema financiero actual quieren que pensemos que hay una cantidad finita de dinero, cuando en realidad no es finita, en absoluto. Si podemos físicamente construir un hospital porque tenemos los recursos físicos y humanos, eso quiere decir que podemos hacerlo… y el dinero es el sistema social que nos permite llevarlo a cabo. Ahora bien, dado que es una herramienta poderosa y mágica en cierto sentido, es imprescindible que esté bien regulado: somos humanos e imperfectos, incumplimos promesas, engañamos... Hace falta un jefe de la tribu, un sacerdote o lo que sea para garantizar que las promesas se cumplan. La Iglesia, las leyes y los tribunales han controlado estas relaciones durante siglos, haciendo posible un sistema monetario que no habría podido existir de otra manera.

Podemos hacer lo que queramos… Pero si imprimimos dinero de manera poco prudente, provocaremos inflación…

Eso está muy marcado en la población. Si volvemos al pueblo antiguo del principio, imaginemos que la peluquera promete cortarle el pelo a todo el mundo en un día, algo que es imposible porque no tiene la capacidad física para realizarlo. Entonces se llega a la situación en la que dicha peluquera recibe demasiado dinero, pues ha hecho demasiadas promesas para los servicios que podía prestar. Entonces se produce inflación; del mismo modo, si dice que ya no puede cortar más el pelo a la gente, la cantidad de dinero se reducirá enormemente. Si haces más promesas de la cuenta o menos, incrementas o reduces la oferta monetaria, causando inflación o deflación, respectivamente.

Además, es importante no decir eso de “imprimir dinero”, porque el dinero no se imprime apenas. El 97% de las promesas de pago toman la forma de una tarjeta de crédito o de débito. Se trata de dinero bancario, intangible. El sistema debe estar bien gestionado. En España, por ejemplo, no se invierte, no se crea empleo, no se innova… no se hacen muchas de las cosas que se tendrían que estar haciendo para luchar contra el cambio climático. Y nos dicen que es porque “no hay dinero”. Eso es ridículo. La idea de la escasez nos obliga a pensar que existe una determinada cantidad de dinero gestionada por alguien, un grupo de hombres que no nos da dinero porque hemos sido traviesos, como si fuéramos niños: eso es economía primitiva. Los bancos centrales no imprimen nada más que una mínima proporción del dinero que se utiliza. Desde que el Banco de Inglaterra fuera creado en 1694, sabemos que el sistema monetario funciona de otra manera completamente distinta, pero siempre ha habido un grupo de economistas que ha argumentado que el dinero residía en la cantidad de oro o de plata existente y que, por tanto, era finito.

Entonces la idea de la creación del dinero no es tan intuitiva… Hay que saber explicarla bien…

Esa idea monetarista de que es el banco central el que imprime el dinero es una mentira terrible. ¿Sabes quién “imprime” dinero? Tú y yo. Cada vez que pedimos un préstamo, ayudamos a crear dinero. El banco tiene poder sobre mí, por supuesto: puede evaluarme y no concederme un préstamo, pero yo también puedo renunciar a pedirlo y el dinero no se creará. Todos somos creadores de dinero. Por eso, si la economía está mal y no tenemos confianza en ella, si no invertimos, entonces la oferta de dinero se contrae; por el contrario, cuando nos sentimos seguros sobre la economía o sobre nuestros políticos, como en 2007, entonces pedimos mucho dinero prestado y la oferta monetaria crece. Y esto es algo que muchos economistas no quieren entender. Pero hay más: el gobierno es también un prestatario que, al pedir dinero prestado, aumenta la oferta monetaria. De hecho, la tragedia de la “austeridad” es que ahora nos falta confianza, no pedimos prestado ni invertimos, muchos no trabajan, la oferta de dinero se contrae y, encima, el gobierno intenta deprimir aún más la economía. La combinación de la desconfianza y la austeridad gubernamental es la que provoca la devastación que supone la tasa de desempleo juvenil en España. Es una tragedia que, además, nos ha sido impuesta por los gobiernos, por el Banco Central Europeo y por la élite europea. ¿Por qué pasa esto? Porque las mujeres no entienden el problema y les dejan hacer.

Y lo que hacen, ¿lo hacen por ignorancia o lo hacen por ideología?

Se trata de una ideología, entendiendo esta como un conjunto de ideas que satisfacen a los intereses establecidos. Es posible que a alguien que no sea economista le cueste mucho entender lo que voy a decir a continuación: por lo general, los economistas no entienden ni explican el dinero, ni la deuda ni los bancos. Es algo que no aparece ni siquiera en los libros de texto. Incluso Paul Krugman, que es un buen economista en muchos sentidos, explica el dinero a partir del hecho de que el ahorrador deposita dinero en un banco y después llega otra persona y lo pide prestado. ¡Es una idea medieval! ¡Eso no pasa desde 1694! ¿Cómo es posible que alguien tan inteligente que sabe de economía no entienda eso?

Pero entonces hace mucho más daño Krugman difundiendo estos mitos sobre el dinero que cualquier economista ultraliberal…

¡Exactamente! Hemos tenido discusiones con Krugman y llega un punto en el que no quiere escuchar. Incluso he llegado a oír a un experto del Fondo Monetario Internacional afirmar que el dinero “es un asunto de tercer orden”. La profesión está en crisis: ¡es como si los físicos no comprendieran la ley de la gravedad! John Maynard Keynes, que era un capitalista anticuado que quería salvar al capitalismo de sí mismo, sí entendió la naturaleza del dinero, y le costaba mucho explicárselo a los demás. Es algo que nos provoca mucha emocionalidad, al estar tan relacionado con nuestra supervivencia.

El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, ha sido expuesto por los medios como el salvador del euro. Sin embargo, usted asegura que las políticas del BCE solo favorecen a los ricos. ¿Por qué?

En primer lugar, hemos de dar cierto crédito a Draghi, porque proporcionó confianza al tiempo que los planes de austeridad estaban dañando enormemente las economías nacionales. Pero es que él no puede hacer más, no tiene más herramientas y lo único que ha hecho ha sido rescatar a los banqueros. El QE (la expansión cuantitativa) ha permitido a los ricos pedir más dinero prestado para comprar activos como terrenos, pisos en Londres, obras de arte, etc. Solo los ricos pueden pagar estas cosas. Compran un picasso por 300.000 euros, lo ponen en una galería acorazada en Dubai y se compran otro por 600.000, manteniendo el primero como colateral. Entretanto, hay mucha gente parada debido a la austeridad y esto explica el enorme incremento de las desigualdades.

Entonces no hay efecto “trickle down” (goteo de riqueza hacia las clases populares), para variar…

En absoluto. Mario Draghi ha ayudado a los bancos a incrementar sus préstamos y sus activos, pero no ha hecho que estos bancos presten en la economía nacional. Por ejemplo, los bancos españoles no están prestando en España sino en el resto del mundo. No prestan a la economía real porque no ven rentabilidad y, además, no tienen confianza debido a las políticas de austeridad. Yo tampoco prestaría en una economía tan débil: como banquera, estaría asustada. Y además, los bancos no están limpios del todo: mantienen muchas deudas. Para colmo y, a pesar de que son los contribuyentes los que los rescataron, los bancos están apostando –como los jóvenes del pueblo del ejemplo– y especulando con el dinero. Y esto no lo ha podido arreglar el Banco Central Europeo: aquí tiene que entrar la política fiscal.

Hablando de la eurozona, la pregunta del millón para España, que aún no nos atrevemos a hacer en voz alta, es si nos iría mejor fuera del euro. ¿Qué opina sobre este tabú?

Hay un fuerte sentimiento en Europa de unión y de paz, principalmente por el sufrimiento padecido durante las dos guerras. Nadie quiere que eso se repita. Pero ahora Alemania domina la Unión Europea. Existe una separación entre el poder monetario y el fiscal que no sucede en el Reino Unido, donde el Banco de Inglaterra apoya al gobierno, manteniendo los tipos de interés al mínimo.

Pero es que encima, dirigentes como el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, demuestran con sus afirmaciones xenófobas que la arquitectura institucional de la zona euro no va a cambiar en absoluto…

Aquí se ve la ideología dominante en toda su plenitud: es obsceno considerar que naciones enteras estén formadas por perdedores y por mujeriegos. Soy una gran seguidora de la obra del economista John Law. Este, en 1704, se quejaba de que a los escoceses se les considerara perezosos y bebedores; Law replicaba afirmando que esto se debía en realidad al mal funcionamiento del sistema monetario. Law, antes que Adam Smith, entendió el sistema monetario y descubrió que era este el que hacía menos productivos a los escoceses. Desgraciadamente, trescientos años después esta ideología sigue viva.

¿Cree, entonces, que España podría organizarse mejor con una moneda propia?

Yo no abogo por una salida del euro, porque esto podría ser enormemente destructivo para España, ya que acumularía mucha deuda en una moneda fuerte… He estado muy activa en la Campaña por el Jubileo de la Deuda, defendiendo que hay una serie de países que no pueden pagar sus deudas y sobre los cuales la deuda permanece, limitando extraordinariamente su capacidad para desarrollarse. La Ley de Bancarrota impide que los responsables de las empresas que entran en esta situación vayan a la cárcel; la ley les protege, pero esto no pasa en modo alguno con los países. Debería haber un marco para resolver estas situaciones y, si España dejara el euro y se produjera una crisis de deuda, se debería poder arbitrar un mecanismo para resolver cómo se originaron determinadas deudas y quién es el responsable de cada una. Por otra parte, aunque la salida del euro por parte de España sería dramática, tampoco creo que el euro sea viable: demasiados intereses divergentes, tensiones sociales, desempleo, malestar y, además, el auge del fascismo.

Nuevos fascismos. ¿La victoria de Donald Trump o la amenaza de Marine Le Pen responden, en el fondo, a deudas que no pueden pagarse?

Sí. Yo no soy muy crítica con los votantes de Donald Trump, ya que respondieron a alguien que prometió protegerlos, algo que Clinton no hizo. Su victoria es el resultado de una financiarización descontrolada de la economía, de la que se beneficia una pequeña élite que lo controla todo, igual que en 1929.

Aboga por un control público de las finanzas, pero incluso determinadas posiciones de la izquierda afirman que el Estado “es mal empresario y peor banquero”. Y luego están las fugas de capital…

Lo que pasa es que el Estado ha sido corrompido por el sistema financiero, que ha corrompido la vida social al completo, fíjate incluso en el deporte. Y respecto a la fuga de capitales, si bien es cierto que hemos permitido que los jovencitos que jugaban en la plaza con el dinero de la peluquera se lo llevaran a todas partes, también es cierto que deberíamos traer ese capital de vuelta. Nos van a decir que no se puede porque estos capitalistas tienen mucho poder, pero nosotros tenemos mucho poder también. Fíjate que los ricos van a Londres a realizar los contratos porque, como hemos visto, son el sistema legal y el judicial los que protegen los contratos de “promesas de pago”. Esa ley no te protege igual en países como Rusia, Filipinas o India. Entonces los ricos de estos países se vienen a Londres, que es precisamente donde con el dinero de los contribuyentes se han creado sistemas legales que protegen sus contratos financieros. A estos ricos hay que decirles que si utilizan nuestra infraestructura para que la ley les proteja, entonces tienen que traer el capital aquí y pagar los impuestos correspondientes. Y si no, no les permitiremos utilizar esta cobertura legal.

Los contribuyentes lo financiamos todo: la policía, el sistema legal, el judicial… los ricos utilizan lo que nosotros hemos construido y no pagan nada a cambio. Es el momento de que nos demos cuenta de nuestro poder y de que podemos impedirles utilizar de esa forma instituciones financiadas y construidas con nuestro dinero. Si quieren dinero fácil del Banco Central Europeo, entonces tienen que traer de vuelta sus capitales. Toda política requiere de límites y fronteras: si vives en EEUU, no puedes recibir una pensión inglesa. Las fronteras son importantes, pero la gran finanza odia estas fronteras, estos límites. Y tenemos que marcárselos.

Una última pregunta: ¿cree que Bankia podría ser nuestro primer banco público en un proceso de recuperación de las instituciones financieras si nos lo propusiéramos?

Por supuesto. De hecho, si no fuera por el BCE, todos los bancos estarían en bancarrota. En realidad, es como si todos los bancos estuvieran nacionalizados: el problema es que no ejercemos ningún poder sobre estos. Se comportan como si los contribuyentes no los hubieran salvado, y esto es culpa nuestra. Es una nacionalización legal que tenemos que convertir en real. No soy contraria a los rescates, pero sí creo que hay que ponerles términos y condiciones. Al no pedirles nada a cambio, no se pueden creer la suerte que han tenido y, como un niño mimado, están haciendo lo que les da la gana, y encima no se les castiga, por lo que perderán el control. El sistema financiero lo ha corrompido todo.

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El mundo se tambalea al borde de la guerra

Ven, 07/04/2017 - 18:12

Andre Damon, WSWS.org

El martes, varios funcionarios estadounidenses hicieron declaraciones extraordinarias y provocativas contra Corea del Norte, poniendo en manifiesto que el peligro de una gran guerra en el Pacífico es cada vez mayor.

“El tiempo se ha agotado y todas las opciones están sobre la mesa”, le comentó un oficial de Washington a la prensa, refiriéndose al conflicto con el país asiático. Después de que el gobierno norcoreano probara otro misil balístico disparándolo al mar de Japón la noche del martes, el secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, comunicó ominosa y superficialmente que, “EEUU ha dicho lo suficiente sobre Corea del Norte. No tenemos más comentarios”.

Las implicaciones de estas enigmáticas amenazas fueron dilucidadas por el exgeneral John “Jack” Keane, un importante asesor de la campaña de Hillary Clinton que rechazó en noviembre la oferta de Trump de convertirse en secretario de Defensa.

“Un ataque preventivo contra instalaciones de lanzamiento, instalaciones nucleares subterráneas, artillería y cohetes de respuesta y sitios de liderazgo del régimen podría ser la única opción que queda sobre la mesa”, le dijo Keane al diario London Times el martes. “Nos estamos acercando rápido y peligrosamente a una opción militar”.

El sábado pasado, el presidente estadounidense, Donald Trump, declaró estar dispuesto a ir “unilateralmente” a la guerra contra Corea del Norte.

El mismo fin de semana, el exsecretario de Defensa estadounidense, Ashton Carter, quien apoya la escalada militar estadounidense contra China y Corea del Norte, describió lo que implicaría una operación militar contra Corea del Norte, “cuya intensidad de violencia no hemos visto desde la última Guerra de Corea”. En esa guerra murieron casi tres millones de personas.

A pesar de que la Casa Blanca está amenazando con iniciar un conflicto militar de gran escala en el Pacífico, la prensa estadounidense ha reclamado una nueva escalada en Siria en respuesta a un presunto ataque con armas químicas por parte del gobierno de Bashar al Asad.

EEUU, Reino Unido y Francia introdujeron una resolución en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas condenando el ataque prevista para una votación el miércoles. Trump condenó las “acciones atroces del régimen de Bashar al Asad” en un comunicado donde responsabiliza la “debilidad” de su predecesor, Barack Obama.

Actualmente, están siendo desplegados cientos de soldados adicionales a Irak y Siria, a pesar de que no ha habido ninguna discusión pública o debate al respecto. Un portavoz del Pentágono le indicó al periódico Los Angeles Times que, “La coalición no anuncia ni confirma rutinariamente la información sobre la capacidad, los números, la ubicación ni el movimiento de las fuerzas dentro o fuera de Irak y Siria”.

Trump recalcó este punto en una entrevista con el diario londinense Financial Times este fin de semana: “Yo no soy el EEUU del pasado cuando te decíamos dónde íbamos a atacar en Oriente Medio... ¿Por qué hablan? No hay por qué hacerlo”.

El violento conflicto en Siria y el posible “ataque preventivo” contra Corea del Norte son, de hecho, combates indirectos entre EEUU y sus principales adversarios geopolíticos, China y Rusia. Sin embargo, Washington ya está adoptando una postura militar más directa y agresiva contra ellos.

El fin de semana, llegaron 1.350 tropas más de la OTAN a Orzysz, en el noreste de Polonia. Según Tillerson, estas tropas, junto con las miles de otras que la OTAN ha estacionado a lo largo de Polonia, Estonia, Letonia y Lituania, han sido enviadas para contrarrestar “la agitación violenta de Rusia y la agresión rusa”.

En los próximos días, se espera que Trump intensifique aun más las tensiones con Rusia cuando anuncie su respuesta a presuntas violaciones rusas del Tratado de Fuerzas Nucleares de Distancia Intermedia, mientras los medios de comunicación como el New York Times piden a gritos que ésta sea la ocasión para recrudecer la escalada militar contra este país.

El viernes pasado, Trump también firmó dos órdenes ejecutivas que avanzan la agenda de guerra comercial de su administración contra China y manifestó que su reunión esta semana con el mandatario chino, Xi Jinping, será “difícil”.

Asimismo, la Casa Blanca ha agravado las tensiones con su aliado de la OTAN, Alemania. El viernes pasado, les exigió a todos los miembros de la OTAN aumentar sus gastos militares, a lo que respondió el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Sigmar Gabriel, acusando a EEUU de querer comenzar una “guerra comercial” y pidiéndole a la Unión Europea quejarse formalmente ante la Organización Mundial del Comercio.

Mientras que EEUU se encuentra en el centro de los preparativos para otra gran guerra, la crisis del orden mundial dominado por el país norteamericano está atizando las disputas militares en todo el mundo.

Pocos días después de que Reino Unido iniciara oficialmente su salida de la UE en virtud del Artículo 50 del Tratado de Lisboa, dicho país y España entraron en un conflicto sobre el territorio estratégico de Gibraltar. El exdirigente conservador, Michael Howard, sugirió fuertemente el domingo que Reino Unido estaría dispuesto a luchar una guerra por ese territorio. A su vez, el contraalmirante británico, Chris Parry, añadió: “España tiene que aprender de la historia que nunca ha valido la pena enfrentarse a nosotros y que todavía podemos chamuscarle la barba al rey de España”.

Mientras tanto, Japón se está rearmando rápidamente, poniendo en uso este mes su segundo portahelicópteros. La semana pasada, el Partido Liberal Democrático (PLD) que gobierna Japón solicitó la adquisición de armas para “contraataques”, tales como portaaviones y misiles de largo alcance, a pesar de estar prohibidas por su Constitución.

India, según varios informes, ha estado modificando sigilosamente su programa nuclear. El New York Times reportó la semana pasada que el país “está considerando permitir ataques nucleares preventivos contra Pakistán en caso de una guerra”.

Como sucedió al inicio de la Primera Guerra Mundial hace un siglo, el mundo entero se ha transformado en un gran barril de pólvora. Cualquiera de estos e innumerables otros conflictos podría desencadenar una serie de acontecimientos que detone una guerra entre potencias nucleares, resultando en la muerte de cientos de miles, si no millones de personas en cuestión de horas.

El inmenso peligro de una nueva guerra mundial refleja el estado crítico en el que se encuentra el sistema del Estado-nación, desmoronándose bajo el peso de la profunda crisis del orden capitalista en su totalidad.

Las clases gobernantes capitalistas tienen una sola solución para esta irresoluble crisis: otra guerra mundial, con todos los horrores que implacaría. La clase obrera internacional debe oponerse a la guerra con su propio programa: la abolición del sistema del Estado-nación y del control privado de la producción, junto con la reorganización global de la economía en una federación socialista mundial.

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El día que Argentina se paró contra Macri

Ven, 07/04/2017 - 14:04
La CGT consideró que la medida fue contundente y reclamó diálogo y cambios en las políticas económicas de Macri. El Gobierno puso en acción el protocolo antipiquetes en la Panamericana, donde hubo represión y heridos.
Habían transcurrido 15 horas desde el comienzo del paro general cuando el triunviro de la CGT, Héctor Daer, calificó la jornada como “contundente” y reclamó diálogo pero también un cambio en las políticas económicas del presidente Mauricio Macri. Un rato antes las dos CTA, la de Hugo Yasky y Pablo Micheli, coincidieron en el análisis pero se animaron a calcular que el acatamiento fue de un 90 por ciento. El Gobierno, en tanto, no sólo minimizó el reclamo sino que reprimió con dureza los piquetes que organizaron los partidos de izquierda, especialmente en la Panamericana donde hubo heridos y detenidos.

Contenidos y sin reflejar alegría por el éxito de la medida de fuerza, los tres miembros de la conducción de la CGT, Héctor Daer (Sanidad), Juan Carlos Schmid (Dragado) y Carlos Acuña (Estaciones de Servicio), se aprestaron a evaluar la medida de fuerza en el histórico salón Felipe Vallese. Daer no sólo calificó la jornada como “contundente” sino que llamó al Gobierno a escuchar el reclamo que exige “la rectificación de las políticas económicas y sociales”. El dirigente cegetista no eludió la ironía de la frase que unas horas antes había lanzado Macri en la inauguración de mini Davos porteño: “Bienvenidos a todos, qué bueno que todos estemos acá, trabajando”, dijo el presidente. Daer respondió con un lacónico “todavía estamos triste porque hay millones de compatriotas nuestros que no tienen trabajo”.

A su turno, Acuña se concentró en la historia del paro, que incluyó la luego vetada ley antidespidos, el acta de noviembre que firmaron junto al gobierno y las centrales empresarias para evitar pérdidas de puestos de trabajo y un bono de 2000 pesos (“Los empresarios no cumplieron pero gobierno no se ocupó en buscar que eso se cumpla”), la movilización del 7 de marzo y ahora el paro, para concluir que “el presidente tiene la responsabilidad de escuchar al pueblo, el alto acatamiento es para que escuche y nosotros estamos dispuesta a acompañar para mejorar y que le vaya bien a los argentinos y no a unos pocos”.

Schmid se preocupó por desestimar la tesis desestabilizadora del gobierno macrista. “No estamos promoviendo ninguna fogata social, no está en el ánimo de los hombres y mujeres que se termine el mandato de nadie”. Luego afirmó que la CGT tiene “vocación de sostener el gobierno electo pero ello no significa resignación. No confundan nuestra prudencia con la lentitud y la espantosa ausencia de encontrar soluciones a los problemas del país”. No se olvidó de la acusación presidencial sobre la existencia de mafias en los sindicatos y por eso dijo que “si hay mafia en este país que la busquen en la especulación financiera, es allí donde van a encontrar más de un mafioso”.

Cuando los periodistas quisieron saber sobre la inexistencia, según afirmó el mismo Presidente, de un plan B en el gobierno, Daer tomó el micrófono y señaló que “no somos los que tienen que llevar un plan alternativo, no gobernamos, pero sí somos víctimas de políticas que no traen consecuencias favorables para la mayoría de la sociedad”.

El paro nacional que comenzó a la medianoche del miércoles se sintió con fuerza en todo el país y por su magnitud sorprendió a los propios organizadores. La adhesión de los gremios de transporte fue estratégico pero también resultó importante el respaldo de organizaciones empresarias y de pymes que colaboraron junto a los sindicatos a enmudecer y vaciar las zonas comerciales de cada ciudad. A pesar del esfuerzo que ejerció el gobierno, como la liberación de peajes y el libre estacionamiento en la ciudad de Buenos Aires, no consiguió contrarrestar la efectividad de la medida de fuerza.

La CGT realizó dos conferencias de prensa. Cuando se hizo la primera la Gendarmería, bajo la conducción del secretario de Seguridad, Eugenio Burzaco, ya había ordenado la represión a los piquetes que habían organizado partidos y sindicatos de izquierda. No hubo piedad con los manifestantes. Los palos, el agua y el gas pimienta lo distribuyeron sin distinción. La represión dejó heridos y detenidos.

Durante el primer encuentro con la prensa, el camionero Pablo Moyano, confió en que el gobierno reaccione y convoque a una mesa de diálogo pero advirtió: “No como ocurrió antes donde sólo era para la foto, donde se firmaban actas que luego no se cumplían. Si eso no ocurre habrá medidas más contundentes porque hasta ahora las medidas del gobierno no fueron a favor de los trabajadores. Creo que está claro que el gobierno beneficia a un pequeño sector”. Incluso pronosticó que las inversiones que la Casa Rosada anuncia no vendrán pero no por culpa del paro “sino por las políticas del gobierno que bajan la producción por la apertura de las importaciones y provocan la caída del salario. Eso ahuyenta las inversiones”.

Las dos CTA se reunieron en la sede que tienen en el barrio porteño de Monserrat donde coincidieron en calificar a la medida como “una jornada histórica”. Yasky dijo que “hay un país que plebiscitó, con la adhesión al paro, las políticas de ajuste del gobierno de Macri, que dijo basta de ponerle techo a las paritarias, de aumentos salariales por debajo de la inflación y de los numerosos despidos”. Micheli, en tanto, afirmó que “los trabajadores dieron una respuesta contundente frente a la profundización de las políticas económicas de ajuste de este gobierno y el único lugar que tuvo cero acatamiento al paro fue el ‘mini Davos’ de Macri”.

La respuesta delGobierno al paro nacional, que encima incluyó el fallo judicial que lo obliga a convocar a la paritaria nacional docente, fue la provocativa ironía presidencial, la represión a los piquetes y una ristra de declaraciones de los principales funcionarios del gobierno. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, se limitó a decir que la ausencia de transporte público impidió “a los que acompañan el cambio” ir a trabajar. Por su parte, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, dijo que el paro “fue innecesario e inoportuno” y se animó a decir que en varias provincias el paro no afectó la vida cotidiana. Sin embargo, los reportes que llegaron desde el resto del país contradicen al funcionario. Por caso, en Jujuy, uno de los distritos que con mano de hierro controla Cambiemos a través del radical Gerardo Morales, el paro tuvo un alto acatamiento al igual que en Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero, Santa Fe, Chubut, Misiones y La Rioja, entre otras (ver recuadro).
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Trump, Xi y la trampa de Tucídides

Ven, 07/04/2017 - 03:02

Jorge Eduardo Navarrete, La Jornada

Como acaba de advertirlo un analista británico, el presidente Xi esta familiarizado con el concepto de la trampa de Tucídides, al grado de usarlo con propiedad en ocasiones públicas y de estar consciente de que más vale no caer en ella. Gideon Rachman evoca una charla del líder chino con visitantes de Occidente en la que les sugirió, hace años, "trabajar todos juntos para evitar la trampa de Tucídides". Alude al peligro de guerra entre una gran potencia establecida a la que otra en ascenso desafía, como fue el caso de Atenas y Esparta estudiado por el clásico. Varios internacionalistas enfocan desde este particular ángulo el caso de las relaciones contemporáneas entre Estados Unidos y China. Parece que al interlocutor de Xi Jinping –en estos días, en Mar-a-Lago, Florida– no le resulta familiar en lo absoluto esta o alguna otra noción de la teoría de las relaciones internacionales o de la historia. Por suerte, el ambiente del resort peninsular del que Trump es propietario y en el que ha instalado su Casa Blanca tropical no se pensó para propiciar intercambios de tono académico. También su antecesor eligió un resort, sólo que en la costa de California, Sunnylands, para recibir por primera vez, hace cerca de cuatro años, al entonces novel líder chino.

Las conversaciones presidenciales de Mar-a-Lago se prepararon y anunciaron con contenidos y estilos muy diferentes. En Pekín, un viceministro del Exterior ofreció informaciones y comentarios a los medios. Sin ocultar los conflictos que existen, sobre todo en materia comercial y cambiaria, explicó la posición de China al respecto y expresó la esperanza de encontrar soluciones. En Washington, los empezó el presidente mismo, con la ya usual batería de tuits, seguida de declaraciones histéricas y denuncias de despojos resultantes del superávit comercial de la nación asiática. Para Trump, la reunión la semana próxima con China será muy difícil, pues no pueden tenerse déficit y pérdidas masivas de empleos ( tuit del 30 de marzo). Lo auxilió sobre todo su yerno. Ante un diplomático profesional, un diletante millonario –conflictos de intereses aparte.

La ofensiva contra el desequilibrio comercial con China se envuelve, por ahora, en el decreto –alguien sugirió traducir executive order por ucase, y no parece del todo inadecuado– expedido el viernes 31 de marzo, que ordena una investigación minuciosa de los factores que determinan la existencia de déficit para EU en el comercio bilateral, sectorial o de algún tipo específico de artículos, para adoptar las medidas correctivas del caso. Va en paralelo con otro que exige mayor rigor en la aplicación de sanciones comerciales, trátese de multas o cargos por dumping, derechos compensatorios u otra penalidad por violación de las normas comerciales. En el texto de la disposición se estima en 2 mil 300 millones de dólares el monto de las sanciones que habían dejado de cubrirse hasta mayo de 2015. Aparentemente, el faltante se explica, sobre todo, por lentitud y deficiencia recaudatoria (aunque no puede excluirse el efecto Trump: los contribuyentes que, como dijo el entonces candidato en un debate célebre, son lo bastante listos – smart– como para eludir el pago de impuestos o multas). Se hizo notar que la información estadística y analítica disponible sobre el comercio exterior de Estados Unidos es muy completa y, por lo general, oportuna. El mismo día que se divulgaron los dos decretos –que Trump consideró históricos, con su habitual desmesura–, el Departamento de Comercio divulgó su reporte anual sobre barreras al intercambio externo. Lo que estos dos ucases revelan, sobre todo, es el deseo de ganar tiempo, pues la administración, como señaló Paul Krugman, no parece tener la menor idea de hacia dónde enfocar su política comercial, más allá de proferir amenazas. Recuérdense las afirmaciones y desmentidos acerca del memorándum TLCAN del representante comercial interino de la presidencia.

Xi puede llevar a Mar-a-Lago algunas cartas de negociación interesantes. Como en diversos otros países, la actividad económica parece estar repuntando en China, no después de una fase recesiva como en Europa, sino tras una desaceleración que, siendo severa, nunca la retiró de la lista de economías dinámicas. Marzo fue el noveno mes de incremento consecutivo en la producción manufacturera, aunque el dinamismo se concentró más en las compañías que generan para el consumo nacional que en los pedidos de exportación. Ahora que el crecimiento del mercado interno es motor importante de la economía china, lo anterior se traduce en demanda adicional de importaciones, parte de las cuales puede apuntalar la producción y el empleo estadunidenses. Además, el Banco Popular de China ha marcado una senda de estabilidad para el tipo de cambio del yuan renminbi.

A más largo plazo, hacia el final del decenio, puede aparecer, con fuerza, el alza de la demanda china de petróleo de importación. Acaba de anunciarse en Singapur que Sinopec, el mayor refinador e importador de crudo de China, desea abrir una nueva frontera de suministro: Brasil, Estados Unidos y Canadá. Desde el presente año China sustituirá a Estados Unidos como principal importador mundial de crudo, y para finales de 2018 sus refinerías independientes adquirirán en el exterior hasta 2 millones de barriles diarios (mbd), para alimentar una capacidad de refinación que, al cerrar la década, llegará a 12.5 mbd. Si la demanda adicional impulsa los precios, los productores de alto costo –del subsal brasileño y del shale oil estadunidense– podrán satisfacer parte de esa demanda. En marzo de 2016 las importaciones chinas de crudo del hemisferio occidental –Brasil, Venezuela y Colombia por el momento– llegaron a 1.3 mbd. La perspectiva de crecimiento es asombrosa, sobre todo si, como quiere Trump, se olvida la preocupación por el cambio climático. Por fortuna, China no parece estar dispuesta a hacerlo.

El gran tema político para las discusiones de Mar-a-Lago es, desde luego, la RPDC y la cuestión nuclear. Trump, en su mundo de fantasía, desearía que China se hiciera cargo de Norcorea o que no se hiciera cargo. Como explicó la representante ante la ONU, China puede ejercer influencia, sancionar a Pyonyang, hacer el trabajo limpio y el sucio… Y, como explicó Trump, EU puede tomar las cosas por su cuenta… Si tal es el planteamiento y se suma otro agravio respecto de Taiwán o, de una u otra parte, algún movimiento mal calculado en el mar d el Sur de China, va a resultar muy difícil evitar la trampa de Tucídides".

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Miles de pensionistas griegos protestan contra la austeridad

Xov, 06/04/2017 - 07:30

Miles de ancianos griegos protestaron pacíficamente el martes contra mayores recortes en las pensiones, mientras Grecia permanece atascada en las conversaciones con sus acreedores sobre nuevas medidas de austeridad e impopulares reformas laborales.

Los recortes a las pensiones han sido un rasgo característico de las campañas de austeridad como contrapartida a la ayuda financiera al país. Grecia ha necesitado tres rescates multimillonarios desde 2010 para evitar la bancarrota.

Ahora Grecia está negociando nuevos recortes para mantener en vigor su rescate de 86.000 millones de euros. Representarían la decimosegunda reducción de las pensiones en siete años, un tema controvertido para el primer ministro, Alexis Tsipras, del partido Syriza que prometió combatir la austeridad cuando llegó al gobierno en 2015.

"Tsipras nos ha traicionado", dijo Stelios Vitzilaios mientras se manifestaba con otros 4.000 pensionistas por Atenas, con la ayuda de un bastón. Comenzó a trabajar cuando tenía 14 años, y ahora recibe una pensión de 550 euros al mes, 100 euros menos que antes de la crisis. Los pensionistas en el país representan a menudo el único soporte económico de los hogares, en un país donde cerca de la cuarta parte de la población activa está en paro.

Varios manifestantes dijeron que sus pensiones estaban financiando a los adultos parados de sus familias, y que tenían que apretarse el cinturón a la hora de comprar comida.

"Hemos recortado en todo. Sólo comemos judías", dijo Triainos Softsis, de 82 años. Su pensión de 800 euros se redujo a 650 euros durante la crisis, y ahora, dice, apoya económicamente a sus dos hijos y a sus nietos.

Grecia ha aceptado recortar los gastos de las pensiones ya que su rescate actual vence en 2018. Ha solicitado implementar los recortes gradualmente, a lo largo de dos o tres años. Pero Alemania y el Fondo Monetario Internacional quieren que se implementen en 2019, dijeron las fuentes.

Está previsto que los ministros de Economía y de Hacienda de Grecia viajen a Bruselas el martes para consultas con los acreedores, con la esperanza de cerrar una revisión del rescate que permita desbloquear más ayudas antes de los vencimientos de deuda que tendrá que afrontar este verano. Una pancarta resumía el sentimiento general de las protestas del martes: "No cortéis las pensiones. Cortaos la garganta".

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La anacrónica política industrial de Trump

Mér, 05/04/2017 - 13:46

Alejandro Nadal, La Jornada

Los ideólogos de la era neoliberal han insistido una y otra vez en que la política industrial es un lastre. Se le ha acusado de distorsionar los precios, de desperdiciar recursos fiscales y de ser la mejor receta para premiar a empresas y sectores perdedores en la competencia económica. Pero hoy regresa la política para el desarrollo industrial al centro del escenario con los desplantes de Trump sobre la recuperación de empleos en el sector manufacturero.

En realidad, la intervención del poder público para promover el desarrollo industrial nunca ha desaparecido. Ni siquiera en la era triunfante del neoliberalismo. Los subsidios, créditos y apoyos económicos de todo tipo para apuntalar la competitividad de alguna empresa en particular o de una rama industrial se han mantenido como una constante de la vida económica.

China siempre abrazó los instrumentos más variados de la política industrial. Desde el apoyo crediticio y los subsidios, hasta el poder de compra del Estado, pasando por la ingeniería en reversa para copiar tecnología extranjera, asimilarla y adaptarla a sus necesidades y las del mercado internacional. Por supuesto, uno de los pilares más importantes de esta política industrial fue la inversión en investigación científica y desarrollo tecnológico. A principios de este siglo China invertía 1.5 por ciento del PIB en investigación científica y desarrollo experimental (IDE), proporción bastante menor que la de los principales países industrializados. Hoy ese porcentaje ha aumentado a 2.5 por ciento, lo que sitúa a la economía china en un rango similar al de Estados Unidos. La diferencia es que Estados Unidos se ha embarcado en una política industrial anacrónica, segmentada y sin rumbo.

Recuperar los empleos viejos del sector manufacturero parece ser el objetivo primordial de la administración Trump. Pero dadas las tendencias de largo plazo en la estructura del sector manufacturero a escala mundial, es poco probable que los sectores que tienen en mente Trump y sus amigos puedan recobrar o generar los empleos perdidos. El mejor ejemplo es el de la industria del carbón y el acero. Para empezar, la mayor parte de la demanda de energía en Estados Unidos se satisface con otros energéticos. Y las dos industrias son muy intensivas en capital (requieren una inversión muy fuerte por cada empleo generado).

Así que Trump puede seguir diciendo que impidió que la Ford se llevara a México su planta de Kentucky, o puede presumir de haberle torcido el brazo a Carrier, el gigante de los equipos de refrigeración, para que no instale su planta con mil empleos en México. O puede seguir con su neoproteccionismo e imponer nuevos gravámenes sobre los productos importados desde México. Lo cierto es que esos desplantes no servirán para generar los empleos que Trump pronostica en el sector manufacturero y tampoco servirán para devolver a Estados Unidos un liderazgo industrial.

Pero hay otra vertiente de política industrial anidada en el presupuesto militar de Trump. Se recordará que el presupuesto de egresos recién enviado al Congreso contempla un incremento de 54 mil millones de dólares para gasto militar. Una buena parte de este monto se irá a las industrias que ya producen equipo militar de todo tipo, desde aviones no pilotados y misiles crucero de alta velocidad hasta submarinos invisibles y la renovación de las cabezas nucleares en el arsenal estratégico. Muchos analistas piensan que de esa inversión pueden desprenderse beneficios inesperados en términos de innovaciones tecnológicas aplicables a la industria civil.

Pero no es la primera vez que el incremento en el gasto militar contribuye a desmantelar las bases de la competitividad industrial en Estados Unidos. Entre 1960 y 1986, Estados Unidos vio reducir su participación en la producción mundial de 25 a 10 por ciento. La razón es que mientras Japón y Alemania innovaban en la introducción de máquinas herramienta de control numérico para uso genérico en la industria civil, Estados Unidos se dedicaba a diseñar sistemas automatizados para las máquinas herramienta que usaba la fuerza aérea en la producción de sus equipos y refacciones. El resultado fue el debilitamiento de la industria de máquinas herramienta de Estados Unidos y su pérdida de competitividad. Este no es el único ejemplo del impacto negativo que ha tenido el gasto militar sobre la industria en Estados Unidos, pero es un poderoso llamado de atención para dejar de creer en los ilusos comentaristas allegados al complejo militar-industrial en Estados Unidos.

Los objetivos de la política industrial de Trump nunca serán alcanzados. Y mientras Estados Unidos sigue dominado por las necesidades del sector financiero y pierde tiempo siguiendo los enfermizos tuits del señor Trump, China continúa abriendo nuevos derroteros para la industrialización en los estratégicos ramos de robótica, manufactura inteligente y nuevos materiales para energías renovables. Está bastante claro quién será el líder en manufacturas en el próximo decenio.

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Trump firma la esquela mortuoria del libre comercio

Mar, 04/04/2017 - 21:30

Bernard Cassen, Le Monde Diplomatique

Para los socios de Estados Unidos, los europeos en primer lugar, Donald Trump es un elemento perturbador que, como el ariete utilizado para batir murallas, viene a embestir contra sus dogmas más sagrados. El choque es tan duro que los medios –y, en voz baja, la mayoría de los dirigentes– dudan de la salud mental del multimillonario que se ha instalado en la Casa Blanca. A modo de contribución a la celebración del sexagésimo aniversario de la firma del Tratado de Roma (25 de marzo de 1957) que dio origen a lo que es hoy la Unión Europea (UE), Trump mandó sepultar su fundamento más importante: el libre comercio.

Este aviso de defunción oficial fue proclamado los días 17 y 18 de marzo, con ocasión de la cumbre de ministros de Economía del G20 que tuvo lugar en la estación termal alemana de Baden-Baden. Por instrucción del Presidente estadounidense, el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, mandó eliminar del comunicado final de la reunión el compromiso de “luchar contra todas las formas de proteccionismo”. Este precepto era, no obstante, una fórmula ritual, siempre copiada y pegada de una cumbre a otra.

Poco importa que, en uno u otro momento de la historia reciente, la mayoría de los Estados signatarios se hayan tomado ciertas libertades con el libre comercio: este seguía siendo el pilar ideológico del orden económico mundial. Cuestionarlo significa debilitar la legitimidad de las instituciones de lo que podemos llamar la Internacional liberal: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), con la UE como víctima colateral.

Con Donald Trump, presenciamos así el regreso del Estado en la regulación de los intercambios internacionales. Una verdadera herejía para la mayoría de los actores económicos y políticos del planeta. ¿Cómo explicar este giro de 180 grados del nuevo Presidente estadounidense con relación a sus predecesores en materia de comercio? La respuesta se resumen en dos palabras que pronuncia constantemente: America First.

Donald Trump, contrariamente a los dirigentes europeos y a la Comisión, no se complica con referencias teóricas: no está ni a favor ni en contra del libre comercio o del proteccionismo. Todo depende del momento y del contexto. En la coyuntura actual, particularmente marcada por el aumento de poder de China, considera que las medidas proteccionistas servirán mejor a los intereses de Estados Unidos, pero está dispuesto a cambiar el rumbo de la noche a la mañana en caso de necesidad.

Lejos de ser un outsider, Donald Trump se inscribe en una larga tradición estadounidense de pragmatismo muy bien descrita por Ulysses Grant, presidente de Estados Unidos de 1869 a 1877: “Durante siglos, Inglaterra se apoyó en la protección, la practicó hasta sus límites más extremos, y obtuvo resultados satisfactorios. Dos siglos después, encontró ventajoso adoptar el libre comercio, pues entiende que la protección no tiene más nada que ofrecerle. De acuerdo, señores, el conocimiento que tengo de nuestro país me lleva a pensar que, en menos de doscientos años, cuando Estados Unidos haya sacado de la protección todo lo que esta puede darle, también adoptará el libre mercado”.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos impuso directa o indirectamente el dogma del libre comercio a la parte del mundo que controlaba. Los tratados europeos son un producto puro de esta lógica. Pero los tiempos han cambiado y, para Washington, la línea oficial es, de ahora en adelante, el proteccionismo. Hasta el próximo cambio de rumbo, cuando las circunstancias lo exijan… Paralizada por esas certezas casi religiosas, la UE observa pasivamente este vaivén, así como las vacas miran pasar los trenes…
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Tomado de Público

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El pueblo dijo "ni un paso atrás"

Mar, 04/04/2017 - 14:22
Atilio A. Boron, Desde Quito

La victoria obtenida por Alianza País en el balotaje del 2 de abril confirma que el pueblo ecuatoriano supo discernir lo que estaba en juego: la continuidad de un gobierno que marcó un antes y un después en la historia contemporánea del Ecuador o el suicida salto al vacío, emulando la tragedia argentina. Lenin Moreno y Jorge Glas representan la consolidación de los avances logrados en numerosos campos de la vida social durante diez años bajo el liderazgo de Rafael Correa; su adversario, Guillermo Lasso, personificaba el retorno de la alianza social que tradicionalmente había gobernado al Ecuador con las desastrosas consecuencias por todos conocidas. Un país con grandes mayorías nacionales secularmente sumidas en la pobreza, con índices de desigualdad y exclusión económica, social y cultural aberrantes.

Una nación víctima de la insaciable voracidad de banqueros y latifundistas que saqueaban impunemente a una población que tenían como rehén y que, en su desenfreno, provocaron la megacrisis económica y financiera de 1999. En un alarde de falsificación de los hecho históricos a esa tremenda crisis la denominaron, amablemente, “feriado bancario”, a pesar de que en su vorágine acabó con la moneda ecuatoriana, que fue reemplazada por el dólar estadounidense, y provocó la estampida de unos dos millones de ecuatorianos que huyeron al exterior para ponerse a salvo de la hecatombe.

Son varios los factores que explican este alentador resultado, para Ecuador y para toda América Latina. Uno: los traumáticos recuerdos del 1999 y el descaro con que los agentes sociales y las fuerzas políticas de aquella crisis –antes que nadie Guillermo Lasso- proponían la adopción de las mismas políticas que la habían originado. La candidatura de la derecha manifestó que ampliaría los márgenes de autonomía de las fuerzas del mercado, reduciría el gasto público, privatizaría la salud y la educación, bajaría los impuestos y acabaría con la hidra de siete cabezas del supuesto “populismo económico”. La política social sería recortada porque sin decir cómo, Lasso aseguraba que crearía un millón de nuevos empleos en cuatro años, pero se cuidó muy bien de notarizar esta promesa en el programa de gobierno que, tal como lo prescribe la legislación electoral, inscribió ante un escribano público. En el terreno internacional, Lasso declaró que cerraría la sede de la UNASUR, entregaría a Julian Assange a las autoridades británicas y se alejaría de todos los acuerdos y organismos regionales como la UNASUR, la CELAC y el ALBA.

Dos, el intenso trabajo de campaña hecho por el binomio Moreno-Glas, que le permitió establecer un profundo vínculo con la base social del correísmo y de llevar a cabo, de nueva cuenta, una extenuante recorrida por las 24 provincias del país, afianzando una presencia territorial y organizacional cuyos réditos fueron evidentes a la hora de abrir las urnas. Otro factor explicativo, el tercero, fue el apoyo de Correa y su denodado esfuerzo por apuntalar con una vertiginosa dinámica gubernamental, la campaña de la fórmula oficialista. Si algo hacía falta para ratificar el carácter excepcional de su liderazgo era esto: una victoria inédita en la historia ecuatoriana porque nunca antes un gobierno se había re-elegido al cambiar la candidatura presidencial. En línea con esto hay que recordar que en la primera vuelta Alianza País había obtenido la mayoría absoluta de los diputados a la Asamblea Nacional y que un 55 por ciento de la ciudadanía votó a favor de la propuesta del gobierno de prohibir que los altos funcionarios y gobernantes pudieran tener sus dineros invertidos en paraísos fiscales. En otras palabras, apoyo interno en lo institucional y en el plano de la sociedad civil no le faltará al nuevo presidente.

En los días previos predominaba en los ambientes de la Alianza País una profunda preocupación. Las encuestas no estaban arrojando los resultados que se esperaba y ponían en cuestión el entusiasmo militante con que Moreno y Glas eran recibidos en todo el país. La campaña de terrorismo mediático fue de tal magnitud y bajeza moral, y este es el tercer factor que hay que tomar en cuenta, que hizo que el votante aliancista temiese manifestarse ante las preguntas de los encuestadores. Las acusaciones lanzadas en contra de Correa y Glas eran tan tremendas como carentes por completo de sustancia. Lo significativo del caso es que la derecha acusaba en los medios pero se abstenía de hacer una denuncia en los tribunales. Como dijo uno de los observadores en la reunión con la gente de CREO-SUMA: “no queremos chismes, aporten datos concretos”. Nunca lo hicieron. Pero, abrumada e intimada por esta artillería mediática (que contó con la activa colaboración de algunos “dizque periodistas” argentinos, en realidad agentes de propaganda al servicio de las peores causas) y por las veladas amenazas de los profetas de la restauración una parte significativa de los encuestados se definían como “indecisos” cuando en realidad no lo estaban. La verdad salió a la luz a partir del escrutinio.

En una nota anterior decíamos que esta elección sería la “batalla de Stalingrado”, porque de su desenlace dependería el futuro del Ecuador y de América Latina. Una derrota daría pábulos a la derecha regional y aceleraría la modificación regresiva del mapa sociopolítico sudamericano, fortaleciendo a los tambaleantes gobiernos de Argentina y Brasil, protagonistas fundamentales del actual retroceso político, y refutando la tesis de algunos analistas agoreros que se apresuraron a decretar el “fin del ciclo progresista” mientras el finado seguía respirando. La victoria de Alianza País confirma que la lucha continúa, que los traspiés experimentados en fechas recientes son sólo eso, que el viejo topo de la historia continúa su labor y que aquí, en la mitad del mundo, un pueblo consciente tomó el futuro en sus manos y dijo “ni un paso atrás”. Como lo afirmara Correa, hicimos mucho pero queda mucho más por hacer. Haber ganado esta batalla crucial es una gran noticia no sólo para los latinoamericanos sino para todos quienes, en el resto del mundo, pugnan por poner fin a la barbarie neoliberal. ¡Salud Ecuador!

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Como los banqueros se convirtieron en los mayores explotadores. Entrevista a Michael Hudson

Lun, 03/04/2017 - 07:01
Michael Hudson, Sin Permiso

Adam Simpson, editor de The Next System Proyect, se sentó con el economista e historiador económico Michael Hudson para discutir sobre viejos y nuevos prejuicios económicos. Michael Hudson es Profesor de Investigación de Economía de la Universidad de Missouri, Kansas City, y un prolífico escritor sobre la economía global y las prácticas financieras predatorias. Entre sus últimos libros se encuentran Killing the Host: How Financial Parasites and Debt Bondage to Ensure the Global Economy (Matar al anfitrión: cómo los parásitos financieros y la servidumbre por deudas sostienen la economía global) y su continuación J is for Junk Economics (B es por economía basura).

Adam Simpson: Michael, estoy muy contento de hablar contigo hoy. En primer lugar, quiero conocer un poco más sobre ti, antes de sumergirnos en tu nuevo libro. He oído que te calificas de economista heterodoxo. ¿Qué significa eso? ¿Cómo te convertiste en heterodoxo?

Michael Hudson: “heterodoxo” es un término acuñado recientemente, principalmente por la Universidad de Missouri en Kansas City, donde soy profesor junto con Randall Wray y Stephanie Kelton y otros miembros de la escuela de la Teoría Monetaria Moderna (MMT). El término significa simplemente que no seguimos la teoría económica convencional. Básicamente somos economistas clásicos. Hacemos lo que la economía clásica solía hacer, que es distinguir entre los ingresos del trabajo y otros no laborales. Y entre trabajo productivo e improductivo. Y vemos que los bancos crean crédito, que los gobiernos podrían crear con la misma facilidad, con objetivos sociales y económicos más productivos. Creemos que los déficits presupuestarios son una forma de proporcionar a la economía dinero para impulsar el crecimiento. Por eso nos llama Stephanie “búhos del déficit” en contraposición a los “halcones del déficit” republicanos y clintonitas, que prefieren que sean los bancos comerciales los que proporcionen el crédito que necesita la economía.

Analizamos como la economía, bienes, servicios y mano de obra, existe dentro del contexto de la riqueza, y los activos y la deuda. Así es como la gente veía la economía antes de la reacción anti-clásica en la década de 1890. Estudiamos cómo la propiedad de la tierra, los bancos y el crédito determinan el marco dentro del cual funciona la economía, a interés.

Así que somos economistas clásicos. Hyman Minsky fue el principal teórico monetario moderno. Heterodoxo significa que en gran medida sus ideas vienen de Marx. Se puede decir que la economía política clásica llegó a su conclusión lógica con Marx. El Capital fue la última gran obra de la economía clásica, y explicó cual era su lógica. Marx demostró que el capitalismo en sí era revolucionario. El capitalismo es un sistema en continua autotransformación. Y por lo tanto estudiamos cómo cambia la economía, no cómo podría alcanzar un punto de equilibrio sin cambio político. Se desarrolla, en lo que Marx llamó las leyes del movimiento. Así que estamos recuperando la política en lo que solía ser economía política, antes de que la “política” fuese echada por la borda hace un siglo y evolucionase hacia la visión unilateral y sesgada actual de la “economía”.

Adam Simpson: Interesante. También quiero saber acerca de tu propia historia personal. No sabía que fuera un término acuñado deliberadamente por quienes se llaman a sí mismos economistas heterodoxos.

Michael Hudson: Otros nos llaman ¡comunistas!

Adam Simpson: ¡Ja! Pero me pregunto por tu propia trayectoria personal en este campo. Creo que no eres el único 'heterodoxo' en tu familia. Yo mismo soy en realidad el garbanzo negro de un hogar muy derechista. Pero entiendo que no es tu caso, que vienes de una familia que siempre ha participado en el activismo y la política de izquierda. ¿Es cierto?

Michael Hudson: Nací en Minneapolis. Esa fue probablemente la única ciudad trotskista en el mundo, el centro del trotskismo en la década de 1930. Era la única ciudad donde convertirse en trotskista era una perspectiva de mejora profesional. Mi padre, Carlos Hudson, se había graduado en 1929 con un MBA de la Escuela de Negocios de la Universidad de Minnesota y quería convertirse en millonario. Creo que quería dedicarse a la minería en América Latina. Luego vino la depresión y decidió que el capitalismo no era justo. Se unió a los trotskistas, al Socialist Workers Party (Partido Socialista de los Trabajadores). Y cuando Trotsky fue exiliado a México, la mayor parte de sus guardaespaldas y compañeros de trabajo procedían de Minneapolis.

Minneapolis fue realmente el centro de organización del Sindicato de Camioneros, como puso en evidencia la gran huelga general de Minneapolis en 1934. Charles Rumford Walker escribió American City sobre Minneapolis. Había radicales escandinavos. Radicales judíos y otros. Los principales oponentes eran los estalinistas. Intentaron impedir que los trotskistas organizasen a los camioneros y a otros sindicatos.

El resultado fueron los juicios por la Smith Act de 1941. La mayoría de la gente piensa de la Ley Smith que fue utilizada contra los comunistas después de la Segunda Guerra Mundial, pero en realidad se utilizó por primera vez contra los trotskistas. El Partido Comunista instó a la inclusión de la pena de muerte por violación grave de la Ley Smith, por abogar por el derrocamiento del gobierno por la fuerza y la violencia. El criterio era si la gente tenía libros de Lenin y Marx en sus hogares. Fue la “ley mordaza” de su época.

El fiscal general de Roosevelt, Francis Biddle, escribió en su autobiografía que la única cosa que le daba vergüenza era el procesamiento de los trotskistas, porque de ninguna manera eran una amenaza para el gobierno. De hecho, el gobernador de Minnesota, del Partido de los Agricultores y Trabajadores, Floyd B. Olsen, llamó a la Guardia Nacional cuando la policía disolvió las marchas y manifestaciones disparando contra los huelguistas. Era la policía la que utilizaba la fuerza y la violencia, no los huelguistas. Olsen dijo que esperaba que el capitalismo se fuera derecho al infierno.

Mi padre y el resto de los 17 de Minneapolis fueron condenados el día antes de Pearl Harbor. Fue probablemente una suerte, porque al día siguiente podrían haber sido condenados a la pena de muerte. Mi padre pasó en la cárcel un año con los otros, pero me dijo que fue el año más feliz de su vida. Aprendió una gran cantidad de idiomas. Pasaron la mayor parte de su tiempo reclutando a Testigos de Jehová, que también estaban en prisión por negarse a ir a la guerra.

Adam Simpson: ¡Los enemigos del estado!

Michael Hudson: Sí. Pero cuando salió nos mudamos a Chicago. Crecí rodeado de muchos socialistas que se habían instalado allí. Pasaban por casa y contaban historias, así que crecí algo así como un griot africano, entre historias de como habían asaltado los edificios gubernamentales y discusiones sobre estrategia y táctica revolucionarias. Al Goldman también se trasladó a Chicago. Fue el abogado de los 17 de Minneapolis, y uno de los acusados. Pasó gran parte de su vida tratando de averiguar quién estaba detrás de la banda que mató a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Conocí a miembros de la Tercera Internacional de Lenin cuando estaba en el poder, y ellos me decían lo que tenía que ser la revolución.

Adam Simpson: Parece esa historia radical de los Estados Unidos que casi nunca se oye. Casi una historia “heterodoxa” de los Estados Unidos, la idea de que hubiera una ciudad tan estrechamente identificada con Trotsky y otros movimientos de extrema izquierda.

Michael Hudson: Por desgracia, la mayoría de las historias radicales han sido escritas por antiguos estalinistas. Lo único que les mantenía unidos aun cuando dejaron el estalinismo era su odio a los trotskistas.

Adam Simpson: Bueno, no volvamos a Rusia, porque probablemente acabaremos remontándonos a Sumeria y otros lugares. Quiero hablar de tu libro, ese es el objetivo hoy. Creo que tu libro trata de cuestionar y aclarar el lenguaje orwelliano utilizado por los economistas convencionales. Si te pregunto que “que mal interpreta la economía dominante”, en cierto sentido te estoy preguntando “¿qué dice tu libro”, lo que es un poco absurdo. Pero ¿cuáles son los conceptos clave que la economía dominante mal interpreta?

Michael Hudson: Propongo un modelo de la economía, tanto en B es por economía basura como en Matar al anfitrión. Si se intenta analizar la forma en que se acumula la riqueza, la gente cree que es de la misma manera que se describe en los libros de texto: ganando ingresos y ahorrándolos hasta hacerse rico. Eso es todo lo que la mayoría de los asalariados pueden hacer. Pero no es así como ocurre en la parte superior de la pirámide. La mayor parte de la riqueza toma la forma de ganancias de capital. Están infladas a base de crédito, así que realmente es la inflación de los precios de los activos lo que está financiado el apalancamiento de la deuda. La mayor parte de las ganancias terminan como pagos de intereses, por lo que son los banqueros, es decir, los propietarios de los bancos y tenedores de bonos, los que terminan acumulando la mayor parte del aumento de la riqueza.

Si eres un gerente financiero, te fijas en lo que se llaman los rendimientos totales. Sumas los beneficios del capital a tus ingresos corrientes. La mayoría de las ganancias de capital se obtienen en el sector de la economía más grande, que no aparece en los programas de estudios académicos: los bienes raíces, seguido por el petróleo y el gas y otros recursos naturales extractivos. Pero para la economía académica, es como si toda la economía se tratase de fabricar cosas, como si la industria contratase mano de obra para producir bienes y servicios y todo el mundo se enriqueciese a medida que aumenta la productividad. Se supone que los ahorros deben financiar el crecimiento, que así aumenta el precios de las acciones, porque los beneficios crecen empleando más mano de obra para producir más bienes y servicios.

Pero eso no es realmente lo que sucede. La mayoría del dinero se hace en la ingeniería financiera, no en la ingeniería industrial. A través de lo que los clásicos llamaban los ingresos no ganados. El 80% de los préstamos bancarios son para el sector inmobiliario. Cuanto más préstamos hagan los bancos al sector inmobiliario, más suben los precios de bienes raíces. La gente piensa que los bienes raíces suben porque crece la población y la gente es cada vez más rica y paga más. Pero no es así realmente, no es esa la razón por la qué aumentan los precios de las viviendas. El valor de un edificio de oficinas, de viviendas o comercial vale lo que un banco esté dispuesto a prestar por él como aval. En la medida que los bancos flexibilizan sus normas de préstamo, prestan cada vez más. El resultado es una pirámide de deuda, y esto es cierto no sólo para los bienes raíces, sino para la economía en su conjunto.

Cuando compré una casa en la década de 1960, la regla general era que los bancos prestaban el 75% y el 80% de su valor. El comprador tenía que tener el 20% o el 25% para el pago inicial. Y la hipoteca no podía absorber más del 25% de los ingresos del comprador. Además, el préstamo era amortizable en el transcurso de 30 años. Así que después de toda una vida de trabajo para pagarlo, al menos se era dueño de una casa sin cargas. Pero en 2008 se liberalizaron estas normas, hasta el punto que los préstamos hipotecarios pasaron a ser calificados de hipotecas basura. Fueron estas normas de crédito más flexibles las que presionaron al alza los precios de la vivienda durante muchas décadas. Hacia el año 2008 ya no era necesario ningún pago inicial. Algunos bancos incluso prestaron más que el valor real de la propiedad, e incluso prestaron el pago inicial para ayudar al nuevo comprador a reformar la casa. Algunos préstamos sólo servían ya para pagar los intereses de la hipoteca, no el principal. Los banqueros no quieren préstamos pagados, quieren intereses. Si no se paga el préstamo, se pagan cada vez más intereses. Al final de los 30 años todavía tendría el mismo saldo del principal de la hipoteca, a menos que se siga pidiendo prestado más y más contra el aval del aumento del precio de mercado de la casa, que la propia deuda global del sector hipotecario infla.

La gente habla de los economistas que “pronosticaron la crisis de 2008”. El Financial Times me cita como uno de los 12 economistas, como si sólo hubiera 12 personas en el mundo que supieran que iba a ver una crisis (y sólo 3 con modelos económicos, incluido el mío). Pero el hecho es que todo el mundo en Wall Street lo sabía. Todos los banqueros lo sabían. Si nos fijamos en cualquiera de los periódicos de la época, todos hablaban de las “hipotecas basura”. Hablaban de los solicitantes de créditos NINJA: sin ingresos, sin empleo, sin activos. El FBI advirtió en 2004 que eran testigos de la mayor ola de fraude financiero y bancario de la historia. Así que todo el mundo sabía que era fraudulento. Pero pensaban que podían dejarlo a tiempo.

La idea era, ¿cómo se hace uno rico con la promoción inmobiliaria? En la década de 1920, Thorstein Veblen escribió Absentee Ownership. Creía que, si se quiere entender la economía, hay que estudiar las ciudades pequeñas de EE UU, ya fueran en el sur o en el oeste. El tipo de ciudades sobre las que Hollywood haría películas en la década de 1930, con un banquero usurero, un político corrompido y un abogado mafioso que tratan de secuestrar la vías públicas para que lleguen hasta sus propiedades o conseguir un ferrocarril que pase por ellas o utilizar el gasto público para aumentar el valor de su propiedad para poderla revender a un precio mayor. Veblen escribió acerca de cómo todo gira entorno a como encontrar a un bobo que compre cara tu propiedad, con la esperanza de que será capaz de venderla a alguien más tonto que él.

Todo el mundo sabía que el sistema no podía durar. Pero nunca se sabe cuando va a terminar. Por lo general, la gota de agua final es el descubrimiento de un gran fraude, o un banco que hace un mal préstamo u operación. En 2007, publiqué un artículo en Harper que preveía esto, con un gráfico que demostraba porqué la burbuja económica no podía prolongarse más de un año. Y no lo hizo. Acabó como todo el mundo pensaba que acabaría. Si nos fijamos en el crecimiento de la deuda en comparación con el crecimiento de la capacidad de pagarla, se ve que muchas economías han pasado ya el punto de intersección. En el punto en el que las deudas ya no se pueden pagarse, se produce una rotura en la cadena de pagos. Eso es lo que causa la crisis. En el siglo XIX no se hablaba de los ciclos económicos, sino de crisis bruscas y de recuperaciones lentas.

Marx vio que había un ciclo. Pero como todo el mundo en su época vio la fase de expansión económica que terminaba en una crisis. Es como un efecto de trinquete. Una curva se eleva como una ola de Hokusai, y luego hay una crisis rápidamente. No es un ciclo con una curva sinusoidal suave como la describía Schumpeter en Ciclos Económicos. Y no tiene soluciones endógenas. La expansión conduce a la crisis por sobre-endeudamiento. Por lo general, las crisis son el resultado de un fraude o de una quiebra, o de alguien que hace una mala operación para un gran banco, o una crisis medio ambiental provoca una ruptura en la cadena de pagos.

Adam Simpson: Es interesante que comience con el sector inmobiliario. Cuando hablamos de ese sector frente a la economía real, creo que es extraño que la gente piense en el sector inmobiliario, en su casa, como algo que podríamos considerar que no forma parte de la “economía real”.

Michael Hudson: Hay dos maneras de pensar sobre la economía. Los libros de texto sólo hablan de la producción de bienes y servicios a cambio de salarios y beneficios. No hablan de rentas o ingresos no ganados. Es a eso a lo que me refiero con “irreal”, que no surge de la producción. Y tampoco se refieren a los intereses, o al marco de la deuda y los derechos de propiedad. Se habla mucho de lo que parece ser el flujo circular entre productores y consumidores. Ese flujo circular se llama la ley de Say. Por ejemplo, Henry Ford decía que pagaba a sus trabajadores 5 dólares al día para que pudieran comprar los coches que producían. Se representa a los trabajadores como asalariados que compran con sus ingresos lo que hacen.

Todo ello parece tener sentido, pero la economía de la producción es diferente de la riqueza financiera e inmobiliaria. ¿Quién tiene activos y quién debe a quién? Si nos fijamos en el marco económico en términos de activos y la deuda, descubrimos que el 1% acumula su riqueza endeudando al 99%. O por lo menos, se puede afirmar que el 5% gana dinero endeudando al 95%.

El truco es conseguir que otras personas se endeuden. ¿Cómo se consigue? Se les hace pensar que pueden ganar. Están dispuestos a pedir un préstamo para comprar una casa, porque piensan que desde 1945, ésa ha sido la forma en que la mayoría de las familias estadounidenses se han hecho ricas, de hecho la forma en que la clase media fue creada en la mayoría de los países occidentales fue mediante el aumento del precio de los bienes raíces que compraron a crédito. De lo que no se dieron cuenta es que el precio de los inmuebles crecía de dos maneras.

a): Con más crédito bancario, en condiciones más favorables. b): Mediante el gasto en infraestructura pública. Ciudades, estados y el gobierno federal construyeron parques, museos, caminos, ferrocarriles, agua y alcantarillado, y las centrales eléctricas. Pero esto comenzó a llegar a su fin con Reagan y Thatcher en 1980. Ha habido una privatización de la infraestructura pública: los bienes que el sector público proporciona de forma gratuita, evitando que la gente tenga que pagar precios de monopolio.

En lugar de financiar la inversión pública mediante una imposición progresiva, se financió con préstamos. Los bancos se volvieron más y más agresivos e imprudentes en la creación de nuevo crédito, porque pensaban que estaban cubiertos contra pérdidas. Esa fue la esencia de la financiarización. La ingeniería financiera reemplazó a la ingeniería industrial. Lo que la gente pensaba que era riqueza resultó ser un rentista por encima de ellos.

Esta confusión entre la riqueza tangible real y el endeudamiento financiero de la economía fue establecida hace más de 100 años por alguien que ganó un Premio Nobel: Frederick Soddy. Pero ganó el Premio Nobel de Química. Escribió muchos libros diciendo que lo que la gente piensa que es riqueza -acciones y bonos, préstamos bancarios y derechos de propiedad -son riqueza virtual. Son reclamos financieros sobre la riqueza real. Una acción o un bono es un reclamo sobre los ingresos que la riqueza real puede producir. Por lo que está en el lado opuesto de los activos en la hoja de balance. Es en el pasivo.

Los economistas solían hablar de la tierra como de un factor de producción. Pero los derechos sobre la tierra son en realidad un reclamo de propiedad, un derecho a futuro, como derecho monopolista. Es como si se afirmara que las patentes de Walt Disney sobre Mickey Mouse o que las películas que hace Walt Disney son un factor de producción. Son realmente un derecho de propiedad para cobrar un precio de monopolio. El derecho de cobrar un precio de monopolio de un servicio de cable no es realmente un factor de producción. Es extractivo. Es lo que los economistas llaman una actividad o juego de suma cero. Por lo tanto, la economía clásica tiene una idea diferente de lo que es la renta nacional que la actual. Un derecho de monopolio no es una contribución a la riqueza o a la renta nacional sólo porque los monopolistas ganan más. Es una resta del flujo circular de la economía.

Pensemos en el flujo circular entre productores y consumidores. Si los asalariados tienen que gastar más para obtener una vivienda, o para pagar una hipoteca o sus préstamos bancarios para su educación, tienen menos para gastar en la compra de bienes y servicios que producen. No están pagando a los productores de bienes y servicios. Están pagando a los banqueros o al sector inmobiliario, a los dueños del sector inmobiliario. Antes te referiste al sector financiero, seguros e inmobiliario (FIRE, por sus siglas en inglés). Durante muchos años, los economistas y estadísticos de la renta nacional ni siquiera podían distinguir qué ingresos pertenecían a qué subsector, porque estaban simbióticamente entrelazados.

No forman realmente parte de la economía productiva o de lo que se llama la economía real. Sin embargo, el alquiler, las pólizas y los intereses hipotecarios son las primeras cosas que pagan tras cobrar el sueldo. Eso es más real - en el sentido de ser más apremiante - que los bienes y los servicios. Por eso, cuando una familia recibe su cheque de pago, los impuestos y la deuda de las tarjetas de crédito, o bien el alquiler o el pago de la hipoteca, es a menudo lo primero que se descuenta automáticamente de su cheque o cuenta bancaria. Al asalariado medio americano solamente le queda el 25 o 30% de sus ingresos disponibles para gastar en los bienes y servicios que producen.

Así que hay una desviación de esos ingresos para pagar al sector FIRE, un sector que los economistas clásicos esperaban reducir al mínimo. Querían acabar con la clase rentista. Querían nacionalizar la tierra, o al menos fiscalizar a favor del estado la mayor parte de la renta de la tierra. Querían que el gobierno fuera un prestamista público, o al menos que los bancos tuvieran que hacer préstamos productivos, no financiar la recompra de acciones de las grandes empresas, las adquisiciones de empresas, o dar créditos para inflar los precios de los bienes raíces y hacer que los compradores de viviendas se endeuden cada vez más para obtener una casa en la que vivir.

La economía ha sido vuelta del revés, sin embargo, la gente no se da cuenta porque el vocabulario que se usa se ha convertido en una especie de eufemismo. Antes has dicho orwelliano y verdaderamente es una neolengua, en la que se utilizan las palabras para decir exactamente lo contrario de lo que se quiere decir. Escribí B es de economía basura en gran parte para denunciar esa terminología engañosa. Si se mira debajo del vocabulario, se da uno cuenta de lo que realmente está sucediendo, en lugar de aceptar eufemismos como “ganancias” en lugar de renta no ganada. Se puede construir una imagen diferente, más realista de la economía.

Adam Simpson: Uno de los temas fascinantes que tu libro destaca una y otra vez es el hecho de que una gran parte del engaño de la economía moderna que denuncias es algo relativamente reciente. Hay referencias a Confucio y a Sumeria en tu libro. ¿Qué aporta la perspectiva de la historia económica y la arqueología sobre el sistema económico que tenemos hoy?

Michael Hudson: Lo notable es cómo crecieron economías estables desde su despegue en Mesopotamia en el cuarto milenio antes de Cristo hasta el final del primer milenio. En la sociedad clásica no había el polarizante problema de la usura. Las economías eran todavía lo suficientemente “antropológicas”, con un bajo excedente y lo suficientemente comunitarias como para que la ética de la ayuda mutua condenase como impropio la adquisición de riqueza mediante la explotación. Había una creciente especialización del trabajo, pero también cancelación de las deudas cuando crecían demasiado, por lo menos las deudas personales. Había una distinción en la práctica entre crédito productivo e improductivo.

Cada gobernante de la dinastía de Hammurabi en Babilonia, al igual que los gobernantes sumerios antes que ellos, comenzaban su reinado proclamando la cancelación de las deudas acumuladas. En los tiempos de Babilonia le llamaban andurarum. Es un cognado del término hebreo deror, la palabra para Año Jubileo. El nuevo gobernante cancelaba las deudas, liberaba a los siervos por deuda y devolvía a sus dueños a quienes habían sido cedidos en pago de la deuda al acreedor, incluyendo a los esclavos de la familia. Además, se devolvía la tierra de cultivo para el abastecimiento familiar que hubiera sido entregada en pago a los acreedores. Pero los gobernantes no devolvían las casas de la ciudad, que se consideraban parte del excedente. No se cancelaban las deudas comerciales, que eran deudas en plata. Pero si se cancelaban las deudas de cebada para que las personas pudieran sobrevivir.

La razón por la que los gobernantes de aquellas civilizaciones actuaban así era porque si se permitía a los acreedores hacen préstamos a los cultivadores y decir “ahora tienen que trabajar para devolvernos el préstamo”, los campesinos no serían capaces de cumplir con su deber de prestación de trabajo personal (corvé). Los impuestos se pagaban en forma de jornadas de trabajo, mediante la prestación personal de servicios. Así es como desde el 11.000 aC en adelante, las civilizaciones construyeron sus grandes monumentos. Monumentos como Stonehenge, pero aún más grande, desde Gobekli Tepe en Turquía a las pirámides de Egipto, los zigurats de Mesopotamia y las murallas de las ciudades. Esta infraestructura cultural, militar y económica básica fue construida con trabajo público. La cuestión es ¿cómo se conseguía que la gente trabajase en estas obras?

Si la gente no hubiera querido construir estos monumentos culturales y obras de defensa, se habrían escapado, como hicieron después de alrededor el 1600 aC. Pero cuando los arqueólogos desenterraron los restos de los campos de trabajo para la construcción de las pirámides y los templos, encontraron que no fueron construidos por esclavos que trabajaban por unas raciones de gachas. Había una gran cantidad de carne en la dieta, una gran cantidad de cerveza en las fiestas. Se organizaba como un proceso de socialización, trabajando en proyectos públicos durante el periodo de tiempo que no era necesario para la siembra y la cosecha. Se han encontrado representaciones iconográficas de los gobernantes, ya sea en murales o en sellos cilíndricos, que llevan cestas de tierra sobre su cabeza. Un trabajo agotador, pero que era seguido de fiestas, socialización y encuentros.

En la antigüedad hubo revoluciones exigiendo la anulación completa de las deudas. Pero no era necesaria una revolución social en la Edad de Bronce, porque la autoridad central del gobernante era mayor que la de la oligarquía privada que comenzó a crecer (en gran parte gracias al dinero acumulado mediante el comercio exterior, y que prestaba sus ganancias con intereses). En la Edad de Bronce se ganaba dinero mediante la privatización, por ejemplo, los templos que ofrecía la cerveza a las mujeres para que la vendiesen a los clientes al por menor y que contraían deudas con ellos. Pero si las cosechas se perdían, se anularon estas deudas de los bebedores de cerveza y las mujeres vendedoras.

Lo mismo ocurrió en Japón en su período medieval. El sake era fabricado en los templos. Y fue con los templos con los que la mayoría de la gente acumuló deudas. Hubo una revolución contra los templos acreedores en Japón. Y en la antigüedad clásica, en el siglo séptimo antes de Cristo, las ciudades más prósperas, de Esparta a Corinto, derrocaron a las oligarquías, redistribuyeron la tierra y cancelaron las deudas. Pero más tarde, los historiadores oligárquicos llamaron a estos líderes populistas “tiranos”. Pero su tiranía consistía en expulsar a la oligarquía y redistribuir la tierra.

A partir del siglo séptimo, no vuelve a ocurrir. Solón de Atenas prohibió la servidumbre por deudas en 594 antes de Cristo. Pero en el siglo tercero antes de Cristo, los reyes de Esparta -Aegis y Cleómenes, seguido de Nabis- cancelaron las deudas. Los oligarcas hicieron un llamamiento a Roma para luchar contra Esparta. Derrotaron a Esparta. A partir de entonces, la oligarquía romana fue la primera sociedad que no canceló las deudas personales. Eso significaba que poco a poco, se reducía a los deudores a una servidumbre permanente, no meramente temporal, no solamente de 3 años como en las leyes de Hammurabi, o cada 50 años como en el Año Jubileo periódico en el Israel bíblico. Comenzó a haber servidumbre permanente y polarización económica. Ese es el mismo tipo de endeudamiento personal que se está desarrollando en las economías actuales.

Hoy en día, las familias que entran en el mercado de trabajo tendrán que pasar toda su vida laboral pagando la deuda que contraen para pagar una educación para conseguir un trabajo, así como la deuda que necesitan para comprar un coche para ir a trabajar, y la hipoteca de la casa que necesitan para vivir y evitar unos alquileres que suben y suben. Tienen que pasarse toda la vida trabajando simplemente para pagar a sus acreedores, no para vivir mejor con más bienes y servicios. A diferencia de la servidumbre, los trabajadores de hoy en día pueden vivir donde quieran. Pero dondequiera que vivan, tienen que producir valor no sólo para sus empleadores, sino también para los banqueros.

Estos banqueros (y accionistas)) son los principales explotadores en la actualidad. Así que el capitalismo financiero se está imponiendo al capitalismo industrial. En lugar de que el capitalismo industrial evolucione hacia el socialismo, como se esperaba, está retrocediendo de nuevo a una neo-servidumbre y un neo-feudalismo. Esto es principalmente debido a que es imposible reconducir la deuda dentro del sistema capitalista industrial para que evolucione hacia una economía socialista. Eso es lo que el neoliberalismo está patrocinando con la financiarización y la privatización.

La incapacidad de hacer la deuda productiva.
Adam Simpson: Me pregunto dos cosas: ¿Hubo alguna innovación política o social que permitiese a los oligarcas evitar la amenaza de una revolución que exigiese cancelar las deudas? ¿Encontraron una forma de pacto social o una nueva innovación económica para hacer que la gente dejase de exigir la cancelación de las deudas? ¿Cómo fueron estos oligarcas capaces de evadir la presión de esta reivindicación?

Michael Hudson: En un principio, bastó la fuerza armada, haciendo la guerra a los países que cancelaban las deudas. En la época romana, los acreedores simplemente asesinaban a los políticos a favor de los deudores, como los Gracos después de 133 ac en adelante (incluyendo a Jesús en Judea). Pero en el mundo actual, los acreedores han tenido que cambiar la percepción de las personas, para que la gente piense que no están siendo explotados. Alrededor de 1890 los acreedores y los latifundistas patrocinaron una reacción anti-clásica diciendo que la renta económica no existe, que todo tiene un coste y que todo ingreso es ganado. John Bates Clark en América, y los marginalistas en el extranjero, defendieron que todo lo que gana alguien, es producido- por definición (es decir, por un razonamiento circular). Así que si usted es un socio de Goldman Sachs y gana 22 de millones de dólares al año, eso se considera una contribución al PIB de la economía. La gente piensa: “Bueno, los ricos realmente se lo ganan. Son mucho más productivos que yo”.

Si se cree en este paradigma “meritocrático”, no se va a resentir la riqueza depredadora. El resentimiento es contra uno mismo. La oligarquía ha hecho que los deudores y la clase media sufran un síndrome de Estocolmo. Se auto-culpan. Y piensan que “si se recortasen los impuestos sobre los ricos, como Donald Trump quiere hacer, tendrían dinero suficiente para contratarnos y podríamos ser más ricos”.

Pero eso no es lo que hacen los ricos con su dinero. No contratan a los trabajadores aquí. Ellos se enriquecen adquiriendo una empresa, despidiendo a los trabajadores, saqueando el fondo de pensiones, y trasladando su producción a Indonesia, Vietnam o alguna otra economía de bajos salarios donde no haya sindicatos.

Los libros de texto de economía no reconocen esto. Describen un universo paralelo respaldado por una economía eufemística orwelliana que hace creer a la gente que de alguna manera van a enriquecerse con dinero prestado para comprar una casa que puede subir aún más de precio. El sueño es ser un Donald Trump en miniatura, ganar dinero gracias a su hogar como una inversión inmobiliaria. Hacer dinero en el mercado de valores entregando la gestión de su dinero a los administradores financieros de Citibank, Goldman Sachs u otras compañías que han pagado diez mil millones de dólares en multas por fraude financiero. Donald Trump quiere ahora acabar con la Agencia de Protección Financiera al Consumidor de Elizabeth Warren. El argumento republicano es que al igual que tenemos que dar a la gente el derecho a comprar comida basura, refrescos y hamburguesas de McDonald, tienen que tener el derecho a comprar productos financieros de los trileros de Wall Street que van a estafarlos.

Es lo que llaman el libre mercado. Pero ese no es el tipo de libre mercado que los economistas clásicos del “libre mercado” como Adam Smith tenían en mente. Los grupos de presión de los rentistas se han apoderado de la mente de las personas. De eso trata Matar al anfitrión. Es la dinámica intelectual básica del parasitismo. En la naturaleza, los parásitos no simplemente se adhieren a un huésped y le chupan la sangre, o se hacen con el excedente de una economía. Para poder hacerlo, tienen que adormecer al anfitrión. Necesitan un anestésico para que el huésped no se de cuenta que está siendo mordido. A continuación, los parásitos biológicos en la naturaleza tienen una enzima que utilizan para asumir el control del cerebro. El cerebro del huésped es engañado para hacerle creer que el parásito es una parte de su cuerpo, que debe ser protegidos. Eso es lo que el sector parasitario, el sector FIRE, ha hecho en las economías modernas. Ha convertido a Wall Street en el centro de planificación, no al gobierno elegido. Así es como los rentistas se han apoderado de la economía.

Pero, es evidente, los objetivos de los planificadores financieros no son los mismos que los de los planificadores del gobierno. El objetivo financiero es apropiarse de los activos, para ganar dinero en el corto plazo, no para planificar a largo plazo, que es lo que se supone que los gobiernos tienen que hacer. Nadie toma en consideración la supervivencia y la sostenibilidad de la economía a largo plazo. Estamos entramos en la fase de apropiación de activos por parte del capitalismo financiero.

Adam Simpson: el sector financiero se convierte no sólo en un parásito que está chupando la sangre, sino también en el que manda. Así es como llegamos al argumento del neo-feudalismo, que me interesa porque también soy consciente de que el economista austriaco Frederick Hayek afirmó que el camino a la servidumbre era la intervención pública en el “libre mercado” en lugar de dejar que los depredadores estafen al público.

Michael Hudson: Hayek puso la economía clásica cabeza abajo. Adam Smith, John Stuart Mill y los otros economistas clásicos que se supone que son iconos del libre mercado defendían un mercado libre de la renta de la tierra, de las rentas de monopolio y de los intereses financieros. Sin embargo, para Hayek, un mercado libre significa que es libre para estos rentistas. Libre para los propietarios, los banqueros y los monopolistas. Por eso su grupo, los Von Misianos en Austria, se pasaban el tiempo luchando contra el gasto público y la “amenaza” del socialismo. Afirmaban que el socialismo conduce al fascismo. Pero en realidad, es la escuela de Chicago la que lo hace. Es el “libre mercado” de los Chicago Boys lo que condujo al fascismo en Chile derrocando al gobierno de Allende.

Así que Hayek llamó al fascismo libertad, y a la libertad la llamó fascismo. Lo primero que hicieron los chicos de Chicago en Chile fue cerrar todos los departamentos de economía. Porque se dieron cuenta de que no se puede tener un mercado libre al estilo Hayek a menos que se esté dispuesto a matar a todos los que no estén de acuerdo con ellos. Tuvieron que matar a los dirigentes obreros y a decenas de miles de intelectuales. Se cerraron todos los departamentos de economía del país, excepto el de la Universidad Católica, donde enseñaban ellos. Hubo asesinatos en masa. Si no se está dispuestos a matar a todo el mundo que no piensa de la misma manera, no se puede tener el libre mercado de Frederick Hayek. No se puede tener a Alan Greenspan o a la Escuela de Chicago, no se puede tener la libertad económica que es la libertad de los rentistas sin reducir al resto de la economía a la servidumbre por la fuerza.

Hayek decía que la forma de crear servidumbre es hacer que la gente piense que la libertad es la servidumbre. Así que estamos de vuelta a Orwell: la libertad es esclavitud, la guerra es la paz. Esa es la economía orwelliana que ahora enseña la ortodoxia convencional. Ya no se enseña la historia del pensamiento económico como hace 50 años, cuando yo estaba haciendo mi doctorado. Se la ha sacado de los planes de estudios. Si la gente realmente quiere leer lo que dijo Adam Smith después de que viajara a Francia y se reuniese con los fisiócratas - y estaba convencido de que debía haber un impuesto sobre la tierra y que en las economías no debería haber gorrones - se daría cuenta de que lo que dijo es exactamente lo contrario de la ideología de libre mercado actual. John Stuart Mill define la renta como lo que ganan los propietarios “en su sueño”, sin tener que trabajar. Estos economistas clásicos estaban en el camino hacia el socialismo. Sólo a mitad de camino, pero en el camino hacia él.

Así que la historia del pensamiento económico ha sido sustituida por las matemáticas, para matematizar un modelo de universo paralelo ficticio. El resultado es lo que los operadores de computadoras llaman Basura in: Basura out (Gigo). Se está matematizando algo ficticio. Si nos fijamos en las introducciones a los libros de texto de Paul Samuelson o Bill Vickery, resulta que ganaron el premio Nobel de Economía por afirmar explícitamente que la economía no trata de la realidad. Sino que trata de la consistencia interna de las hipótesis. Es la construcción de un bello sistema que, si realmente funciona, sería tan atractivo que los estudiantes estarían dispuestos a abandonar su incredulidad. Eso es lo que hace un buen escritor de ciencia ficción. El truco es hacer que los lectores estén dispuestos a aceptar los supuestos que se les propone al principio. La visión de orejeras del libre mercado es simplemente una cuestión de coherencia lógica a partir de unos supuestos poco realistas.

Estas personas aparecen como entradas en mi diccionario como “sabios idiotas”. Son muy inteligente de una manera abstracta, autista, pero no saben sobre lo que son inteligentes. Están dispuestos a usar su astucia para engañarnos, para convertirse en grupos de presión pro-financieros. Su trabajo es utilizado por grupos de enfoque para averiguar qué tipo de retórica es mejor para engañar a la gente haciéndoles creer que la pobreza es riqueza. El objetivo es convencer a la gente de que pueden hacerse ricos endeudándose para comprar una casa y formar parte de la rutina económica de la clase media, y creer en aquello de lo que Ralph Nader se burló: “Sólo los ricos nos pueden salvar”. Si puede hacer que la gente crea eso, has ganado sus corazones y sus mentes

Adam Simpson: Quiero pasar a uno de los temas de actualidad para la gente: a la luz de este nuevo contexto político, quiero preguntarte sobre el capítulo de tu libro “C de cleptócrata”. La nueva administración Trump ha hecho una serie de cosas que preocupan a la gente. En relación con el sector financiero, han dado marcha atrás en relación con la débil normativa de Dodd-Frank. El Congreso Republicano está estudiando un proyecto de infraestructura que en gran medida será una transferencia de fondos públicos al sector privado. Para no hablar de los intereses empresariales directos del presidente, pero me pregunto cual es tu reacción ante la nueva administración. Además, hay esta idea de que la administración Trump representa algo nuevo. Me pregunto ¿qué crees que es nuevo, más allá del 'business-as-usual'?

Michael Hudson: Lo nuevo es que Trump ha dicho que el emperador esta desnudo. Ha dicho: “¿Creen que se están haciendo ricos con Obama? No se han hecho ricos”. Por eso, cuando Hillary les pidió a sus seguidores que pensaran como habían mejorado con Obama, se estaba pegando un tiro en el pie, porque solo ha mejorado el 1%. Todo el crecimiento de la economía estadounidense de 2008 a 2016 fue a parar únicamente al 5% de la población, los más ricos. El 95% de la población restante está peor. Trump vio lo obvio, lo que veía cualquier miembro del 95%. Cuando Hillary trató de convencer a la gente que estaban mejor, Trump dijo simplemente: “Veamos la realidad: estás peor que antes”.

Los votantes pensaron que si podía ver que la situación había empeorado, sería capaz de poner remedio en lugar de empeorarla. La gente quería prosperidad y Trump les dijo que la OTAN era obsoleta. No hay ninguna razón para que sigamos pagándola: Rusia no va a invadir Europa. ¿Por qué querría invadirla? Ningún país europeo va a invadir militarmente a otro.

El nuevo modo de hacer la guerra no es militar, es financiero. Rusia y China se dan cuenta de que Estados Unidos se está disipando su capacidad de conquistar países económicamente al gastar su excedente económico en el sector militar y en el que hemos llamado FIRE. Trump se dio cuenta que, como promotor inmobiliario, ha estado luchando contra los bancos toda su vida. No le gustan los bancos.

Así que los neoconservadores van a por él. Están diciendo que es traición querer paz en vez de guerra. Necesitamos un enemigo lo suficientemente peligroso como para justificar entregar todo el excedente a la parte superior del 5% y dedicarlo al gasto militar. Si no lo defiendes, eres un traidor a sus fortunas. Así que quieren acabar con él.

Adam Simpson: Según tengo entendido, ha prometido aumentar el gasto militar, incluso sin el enemigo que Hillary creía que era Rusia.

Michael Hudson: Por un lado, lo dijo. Por el otro, prometió que no iba a gastar tanto dinero en el Air Force One, que estaba sobrevalorado. Que se iba a deshacer de los F-35 de combate, que cuestan casi un billón de dólares. Afirmó que es un despilfarro. Que se acabaron los despilfarros. Pero si se acaban los despilfarros y lo gastos innecesarios, el gasto militar se reducirá. Así que no veo en lo que Trump va a gastar más dinero en el ejercito.

El Partido Demócrata, hace 50 o 60 años, contaba con el apoyo de los sindicatos, y decía que apoyaba a la clase trabajadora. Pero si analizamos cómo el partido ha actuado en los últimos 25 años - desde los Clinton y Robert Rubin - el guión ha sido otro. Su política ha sido la identidad. Y la política de identidad es, por ejemplo, la asociación nacional de la mujer que defiende a Wall Street y la Guerra Fría, la LGBTQ también dirigida por un líder neoconservador de Wall Street durante la Guerra Fría. Así que las mujeres, los LGBTQ, los negros, han sido todos dirigidos por neoconservadores y neoliberales. Pero el grupo que no tienen es el de los asalariados. Los trabajadores. Hillary los describió como racistas homofóbicos. Y si eres un asalariado, un miembro de la clase obrera, eres un racista homofóbico. Esa era la imagen que difundía, y los empujo en brazos de Donald Trump.

Así que fueron realmente Obama y Hillary los culpables de la victoria de Donald Trump.

Adam Simpson: Hay un gran debate en la izquierda en este momento sobre la interseccionalidad - sobre la inclusión de las personas de color y diferente sexo, orientación sexuales, etcétera, al mismo tiempo que se trata de mantener la conciencia de clase. Por ejemplo, algunos quieren decir “No vamos a luchar por los derechos de los trans, o no vamos a presionar por los derechos de las mujeres o lo que sea. Sólo vamos a centrarnos en la clase como la cuestión clave”. Hay una gran parte de la izquierda que realmente rechaza esa idea. Me pregunto -y seguramente Hillary no era la candidata que podría haberlo hecho-, pero ¿no hay una manera de tener conciencia de clase, y proteger al mismo tiempo a las personas de las comunidades marginadas y oprimidas?

Michael Hudson: Claro que hay una manera. Mucho depende de cómo se organice el partido político. Hay dos maneras: Una es conseguir el apoyo popular de los votantes en una democracia; la otra es obtener fondos de los grandes donantes y recaudadores de fondos. Los recaudadores de fondos están en Wall Street. La estrategia del Partido Demócrata - y se vio en las candidaturas al Comité Nacional Demócrata el 21 de febrero - era que la clave para conseguir televisión es la financiación. La compra de tiempo de televisión para controlar la mente de las personas exige grandes aportaciones de dinero. El dinero proviene principalmente de Wall Street, del 1%. Así que si eres dependiente del 1% para obtener dinero para comprar tiempo de televisión y para pagar por los grupos de enfoque, entonces no debe sorprender que el 1% sólo defienda sus propios interés, no los del 99%.

Una vez que se tiene una estrategia que orienta al partido hacia los candidatos y el programa que pueden conseguir la mayor cantidad de dinero para la televisión de los grandes contribuyentes, el partido será de esos grandes contribuyentes. De Wall Street. Por eso Bernie dijo: “no necesitamos a los grandes contribuyentes. Estamos apelando a los pequeños contribuyentes”. Hillary respondió: “fuera de mi partido. Mis patrocinadores no te quieren. Preferimos dirigirnos a los republicanos de derecha”. Pero los republicanos no la querían. Así que si se estructura un partido alrededor no de los votantes o lo que beneficiaría al 99%, sino a favor del 1%, nunca ganarán las elecciones. El 1% sabe cómo impedir que el 99% piense en términos de sus propios intereses y no los del 1%. Es por la teoría económica basura del neoliberalismo.

Es necesario un demagogo como Obama para empaquetar esto y hacer que sonase como si fuera a favor de las personas, pero en realidad entregó la economía a sus contribuyentes de campaña de Wall Street. Eso es lo que hizo con el Tesoro en el caso de Tim Geithner, y el Departamento de Justicia, que no ha metido en la cárcel a ningún banquero corrupto. Obama dijo que iba a hacer una cosa, pero en realidad hizo lo contrario. Ese es el secreto para ser un político: entregar a tus votantes a los contribuyentes a tu campaña. Eso es lo que es actualmente el Partido Demócrata.

Adam Simpson: Hablando de contribuyentes de la campaña, quiero hablar de las instituciones bancarias y financieras. Una de las cuestiones clave que The Next System Project investiga son las consecuencias de la creación de deuda, especialmente el daño ecológico que puede producir el sector financiero. Nos preguntamos si hay una relación entre la creación de dinero a través de la creación de la deuda y esta necesidad de seguir pagando intereses y causar daño ecológico. ¿Crees que hay alguna conexión?

Michael Hudson: Claro. Supongamos que se organiza un servicio público para funcionar con energía atómica. Se organiza como en el sector privado, para que ganen dinero las compañías eléctricas que invierten en energía atómica con préstamos de los bancos y traspasando los interés a las tarifas que cobran. Si se busca que la energía atómica de beneficios a los accionistas e intereses a los financieros, hay que reducir los costes. Los costes más fácil de recortar son los de protección del medio ambiente, porque ni son obligatorios ni contractuales en muchos casos.

Conocí a muchos de los físicos que diseñaron la bomba atómica en el Proyecto Manhattan. Se sentían muy mal por haber trabajado en la bomba. Muchos de ellos habían estudiado física porque la consideraban hermosa, y creían que la energía atómica era hermosa. Querían demostrar que podía ser algo bueno y tener una aplicación práctica en tiempos de paz. Así que después de Hiroshima y Nagasaki volcaron sus esfuerzos para el desarrollo de la energía nuclear como una energía limpia. El problema era que el coste de hacerlo era enorme que no se podía hacer si se ponían límites presupuestarios. Es como construir coches sin frenos. Los coches costarían demasiado.

No consiguieron que la energía atómica proporcionarse energía a un precio competitivo, teniendo en cuenta el coste de la eliminación del uranio empobrecido. La eliminación de uranio era un enorme problema. Había que construir plantas de energía atómica sin garantías. Como Fukushima. Tepco, el propietario japonés del servicios eléctrico, sabía que le costaría un poco más de dinero enterrar los generadores diesel de emergencia bajo tierra en caso de un tsunami. A pesar de las advertencias, optaron por ahorrar dinero construyéndolos encima del suelo y simplemente esperaban que no habría un terremoto hasta que se jubilaran de la empresa y retirasen sus salarios y bonos. Es probable que no debieran haber construido cerca de una falla sísmica. De vez en cuando va a haber un tsunami. Pero querían ganar dinero a corto plazo, así es la mentalidad financiera empresarial. Construyeron Fukushima deliberadamente insegura, pensando que las futuras generaciones pagarían, no ellos.

Cuando los consultores e ingenieros dijeron a Tepco que la planta sería peligrosa, los directivos se impusieron. Están en el negocio para ganar dinero para sus accionistas. Milton Friedman dijo que la obligación de los gerentes de empresas es hacer dinero para los accionistas, no servir a la sociedad. Así que para ellos, Fukushima fue un éxito. Ganaron dinero todos estos años sin tener que gastar el dinero extra que habría costado construir una planta y sus generadores de emergencia de manera segura.

Lo ocurre con la British Petroleum. Hubiera hecho falta una inversión 2.000 millones de dólares extra para poner válvulas de seguridad en caso de un reventón, para evitar la fuga en el Golfo. Sus directivos decidieron ahorrar los 2.000 dólares, y presionaron contra una legislación medio ambiental como la que quería Canadá, por ejemplo. Fue simplemente una decisión empresarial. El medio ambiente no era asunto suyo. Es lo que los economistas llaman una “economía externa”. Importante para la sociedad, pero no para las corporaciones y sus inversores.

Tales efectos económicos externos a menudo son mayores que los beneficios que recogen los balances corporativos. Pero no aparecen en los balances del sector privado. Así que las empresas recortan gastos para hacer más dinero, y competir con otras empresas vendiendo más barato porque no gastan en salvaguardias. Se puede recorrer toda la cadena productiva, desde la industria del carbón a todas las que contaminan poniendo en peligro a sus trabajadores. Sus balances empresariales no incluyen el coste de la contaminación ambiental

Los costes ambientales que no aparecen en los balances generales ya fueron denunciados en la década de 1840 en los Estados Unidos. Lo que iba a convertirse en el Departamento de Agricultura, que estaba en embrión dentro de la Oficina de Patentes más de diez años antes de que fuera creado por Lincoln, fue promovido por los proteccionistas en el Norte. Querían demostrar el agotamiento del suelo resultante de la agricultura de plantación como la existente en los estados esclavistas del sur que cultivaban algodón y tabaco. Querían demostrar que empobrecía la tierra. Su posición era: “Dicen que tienen un superávit comercial en el Sur. Pero lo que realmente están haciendo es agotar la tierra, por lo que tienen que desplazarse continuamente al oeste. Lo que provoca guerras con los indios y su exterminio. Y ahora están presionando para invadir México y California, porque están agotando sus tierras. Así que hay que incluir el agotamiento ambiental del suelo en el análisis del comercio”.

El Sur luchó contra esto hasta que los republicanos se hicieran con el gobierno tras la elección de Lincoln. Cien años más tarde, el Departamento de Agricultura quiso escribir una memoria de su primer centenario. Así que escribí un artículo - que incluí en America’s Protectionist Takeoff - acerca de cómo los industriales advirtieron contra la contaminación del medio ambiente. Los intereses de la agricultura, es decir, los intereses esclavistas, los intereses latifundistas, les combatieron. Me dijeron que no querían publicar mi investigación porque esa no era la orientación del Departamento. Todos defendían las exportaciones de las plantaciones al extranjero.

Hay una pelea para excluir las consideraciones ambientales de los balances nacionales. La teoría es que si no ve el daño que se está haciendo, no hay que actuar políticamente para detener el daño. Si es invisible, no debe ser regulado, y tampoco será gravado.

Adam Simpson: Interesante. Teniendo en cuenta tus estudios sobre el sector financiero, ¿qué crees que hay que cambiar para que el sistema financiero funcione, de manera racional, sostenible y ética? ¿Comienza con B de economía basura un cambio de mentalidad cultural? ¿Y tienes un modelo ético en mente?

Michael Hudson: Todo tiene que ir de la mano. Ciertamente, la forma en que se piensa como funciona la economía - y la forma de cuantificarla estadísticamente - va a moldear la percepción de lo que hay que hacer. De la misma manera que creo que necesitamos una opción pública de atención sanitaria (que también es algo que dijo Donald Trump en sus discursos de campaña; por supuesto, porque es la más eficiente), se necesita una opción pública en la banca. Por ejemplo, uno de los bancos más corrompidos durante muchos años fue Citigroup, que mi colega Bill Black de la Universidad de Missouri en Kansas City dijo que era básicamente una organización criminal. (El utiliza el término “criminogénica”.)

Cuando quebró en 2008 por sus préstamos fraudulentos, Sheila Bair quería llevarla a la Federal Deposit Insurance Corporation, que presidía. Obama se opuso respaldado por Tim Geithner como secretario del Tesoro. Citibank, el mayor truhán del sistema financiero, controlaba el Tesoro y el sistema de regulación financiera. Ese es un ejemplo de parásito que domina el cerebro. El sistema financiero presionó para salvar a los ladrones de Citibank y mantener las deudas en los libros. Ese fue el acto más fatídico de Obama.

2008-09 fue un punto de inflexión económica histórica para Estados Unidos. El gobierno debería haber descontado las deudas al precio de mercado de los bienes raíces, y fijado el servicio de la deuda hipotecaria al equivalente de una mensualidad de alquiler. Eso había sido durante mucho tiempo la definición de equilibrio en los préstamos hipotecarios de las casas. Pero los préstamos basura se quedaron en los libros para que las casas fueran embargadas, principalmente por especuladores basura corrompidos. Imagínese si Sheila Bair hubiera podido intervenir Citibank. Se podría haber utilizado como una opción pública. Se podría haber emitido tarjetas de crédito a su coste en lugar de con las fuertes tasas de interés monopolista que cobran. Se podría haber otorgado préstamos por razones productivas en lugar de hacer préstamos para la adquisición de empresas y el tipo de préstamos que están haciendo.

Se podría haber acabado con la falsificación de hipotecas basura y dejar de cancelar préstamos mentirosos. Los mentirosos estaban dirigidos por Citibank y sus representantes - lo que significa que por el ex secretario del Tesoro de Bill Clinton, Robert Rubin, mentor de Geithner como antiguo directivo de Citigroup. Estos fueron los principales donantes y apoyos de la campaña de Obama. Estaba protegiendo a los mentirosos, y les dijo que su trabajo era ponerse entre ellos y la multitud con horcas que querían encerrarlos. Se podría haber creado un sistema bancario honesto que hiciese préstamos para hacer lo que los libros de texto describe los bancos como hacer: hacer préstamos productivos que el deudor fuese capaz de pagar, en lugar de préstamos que se sabía que el deudor no podía pagar y que se hacían para vendérselos a un idiota, a un fondo de pensiones aquí o a un banco regional en Alemania, o simplemente para ejecutar la hipoteca de la propiedad.

Lo ético hubieran sido la banca pública, con una filosofía crediticia diferente de la de los bancos comerciales. Hubiera prestado a tasas mucho menos altas. No administraría los fondos de pensiones y los ahorros prestando a las empresas de calificación crediticia para terminar reduciendo y externalizando la fuerza de trabajo, sino a empresas que realmente quisieran expandir el empleo. Por eso es necesario una opción pública en la banca.

En lugar de cerrar oficinas bancarias de las zonas de bajos ingresos, se podrían utilizar las oficinas de correos como bancos públicos para proporcionar servicios básicos como hacer efectivos cheques, mantener cuentas de ahorro y ofrecer servicios de transferencia de dinero baratos para zonas que ahora se ven obligadas a recurrir a préstamos de 24 horas. En lugar de estas estafas, habría una alternativa. Los prestamistas de 24 horas son financiados por los grandes bancos como Citibank y Chase-JP Morgan. No tiene por qué ser así. Se podría tener préstamos para financiar el crecimiento económico, no para esquilmar los activos.

Adam Simpson: La última pregunta: escribes sobre la renta como si te refieras a la tierra. Tengo curiosidad - esta es un poco una pregunta personal auto-indulgente - pero he visto, por ejemplo, que Thomas Paine asociaba a la renta de la tierra y su evidente desigualdad, la noción de que una persona tiene derecho a un pedazo de tierra que, obviamente, nadie puede “poseer”. Defendía que su distribución a todo el mundo era una especie de renta básica universal. Esa parece ser una idea popular ahora, sobre todo en Silicon Valley, así como otros lugares. Quería saber tu punto de vista sobre la renta básica universal.

Michael Hudson: creo que es un nombre inapropiado. No hay ningún problema con dar a más personas suficientes ingresos para vivir. Incluso las sociedades arcaicas operaban con el principio de la ayuda mutua. Hay mucha presión para que la Reserva Federal cree un billón de dólares dándole a todo el mundo 500 dólares extra. ¿Por qué están dispuestos a hacer eso? Porque la mayoría de la gente utilizaría esos 500 dólares para pagar a los bancos - así que los bancos no tendrían que perder dinero y quebrar como resultado de sus préstamos imprudentes e improductivos. El problema no es solo el ingreso, sino en que se lo tiene que gastar la gente. Paine no habló de ingreso universal, sino de que todo el mundo debería tener derecho a un lugar para vivir, un medio para su propia subsistencia. Eso es independiente del ingreso. Una vez que se economiza y se financializa, se distorsiona.

No se debe dar dinero a las personas para comprar lo que realmente deberían ser bienes y servicios públicos fuera del mercado. No se debe dar a las personas más ingresos simplemente para pagar servicios públicos monopolistas con precios de extorsión como agua, alcantarillado, electricidad, televisión por cable y educación. Esas son las cosas que deben ser retiradas del mercado, no darle dinero a la gente para que compre bienes inmuebles sobrevalorados y monopolizados e infraestructuras que debían ser públicas.

Adam Simpson: Estoy totalmente de acuerdo. Esa es mi crítica en este debate en curso sobre la renta básica universal. Podría ser una buena idea si resolvemos un montón de otras cosas primero. Una de ellas son los parásitos financieros, porque creo que la gente habla de una economía de derrame. Tengo la sensación de que en este momento tenemos más o menos una economía de derrame hacia arriba. Al final del día, los ricos se van a salir con las suyas. La idea de proporcionar un ingreso básico universal o un estímulo, acabaría beneficiando a la parte superior del sistema.

Michael Hudson: La clave para cualquier tipo de análisis similar es el flujo circular. Si le das a la gente ingresos, ¿en qué se lo gastan? Como ya he dicho, la gente tiene que gastar el 75% de sus ingresos en cosas que no son los bienes y servicios que producen. No quieres darles ingresos para hinchar las burbujas especulativas del sector FIRE que están siendo chupadas hacia arriba por el 5%. No quieres dar más ingresos a la gente para que acabe pagando alquileres más altos y préstamos bancarios al 5% en la parte superior. Quieres hacer lo contrario.

Esta es la razón por la que la economía clásica es tan importante. Mira el debate entre Ricardo y Malthus. Ricardo defendía a los banqueros, y Malthus a los propietarios de tierras. En las guerras napoleónicas, Inglaterra tuvo que cultivar su propia comida porque Napoleón impuso un bloqueo naval que impedía la exportación a Inglaterra de alimentos. Hubo que producir más comida en Inglaterra. Después de 1815, cuando llegó la paz, se iba a implantar el libre comercio de alimentos. Pero los latifundistas se quejaron de que si había libre comercio de alimentos, bajarían los precios de los alimentos. Las rentas de la tierra agrícola se vendrían abajo, y los propietarios perderían la alta valoración de sus propiedades. Querían las Leyes del Maíz para limitar las importaciones y mantener los precios de los alimentos altos.

La política agrícola de Estados Unidos desde la década de 1930 es como las Leyes del Maíz de Gran Bretaña. La política agrícola proteccionista de Roosevelt era un eco de Malthus diciendo que era necesario dar más rentas a los latifundistas, en forma de precios de los alimentos más altos - para que pudieran invertir más ingresos de capital para aumentar la productividad. Malthus también hizo la pregunta, ¿sin los latifundistas quién va a contratar a los mayordomos? ¿Quién va a contratar a los cocheros? ¿Y quién va a comprar toda la ropa fina que da trabajo a los sastres? A Keynes le gustaba Malthus por decir esto. Pero Ricardo dijo, si se paga a esta clase de latifundistas todos esos lujos, toda esta renta, habrá que pagar a la mano de obra tanto para pagar la comida, que los industriales no podrán permitirse el lujo de contratarlos porque no serán capaces de competir con Francia, Alemania y otros países industriales.

Entonces, ¿adónde ira el excedente económico? ¿Va a ir a los latifundistas -que, por cierto, cuando compran su ropa por lo general compran importaciones procedentes de Francia y Alemania, y no de Inglaterra? O bien, se va a invertir el excedente de forma productiva? Ese debate no se conoce hoy en día, porque ha sido expurgado del plan de estudios económicos. No hay renta económica, ningún análisis de la renta nacional que analice la economía en el sentido de que el 99% paga dinero al sector FIRE que extrae el 75% de los ingresos para finanzas, seguros y bienes raíces, monopolios y el gobierno.

Alrededor de un tercio del PIB es renta de monopolio. Una tercera parte - que de otra forma podría adoptar la forma de un aumento de los niveles de vida. Hace un siglo había futuristas que escribían sobre el futuro, Simon Patten y otros, todos ellos pensaban que tendríamos una economía de ocio a estas alturas. Si se hubiera dicho a alguien hace un siglo como aumentaría la productividad, hubieran pensado que la gente sólo tendría que trabajar uno o dos días a la semana. Habría un montón de tiempo libre. Pero sucede lo contrario. La gente está siendo exprimida, tiene que trabajar horas extras. Luchan para poder llegar a fin de mes. Están a punto de no poder pagar la factura del agua o de la luz. No pueden permitirse el lujo de luchar por mejores condiciones de trabajo, y mucho menos ir a la huelga.

Así que si analiza la economía en términos de quién obtiene el excedente y que hace con el, se puede desarrollar una lógica que lleva a invertir el excedente de manera que aumente el nivel de vida y el bienestar de las personas. Pero la economía post-clásica afirma que no hay tal excedente. Un superávit implica explotación, y no hay tal explotación - como si todos trabajaremos juntos como iguales. Eso no es la realidad.

Gracias por invitarme.

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Lenin Moreno triunfa en elecciones presidenciales de Ecuador

Lun, 03/04/2017 - 01:01

El presidente del Consejo Nacional Electoral de Ecuador, Juan Pablo Pozo, dio el parte oficial en el que confirmó la victoria de Lenín Moreno con el 51,07 por ciento de los votos contra 48,93 por ciento del opositor Guillermo Lasso. El parte se dio con más del 94 por ciento de las mesas escrutadas y el funcionario pidió “respetar los resultados”. “Ecuador merece la responsabilidad de sus actores políticos”, añadió.

Justo antes de la publicación de los primeros resultados oficiales que confirmaron su ventaja, Moreno anunció tener "datos completamente certeros" sobre su victoria. "Hemos ganado las elecciones", afirmó y adelantó que será "el presidente de todos los ecuatorianos".

"Quiero denunciar la actitud caradura del encuestador pagado por el Banco de Guayaquil, que a sabiendas de que iban a perder expone a los ecuatorianos a un enfrentamiento", expresó ante sus seguidores en Quito al referirse al boca de urna que dio ganador a Lasso y en base al cual el opositor se adjudicó la victoria. “Perdió las elecciones señor, acéptelo democráticamente”, le manifestó Moreno a Lasso durante su discurso.

El postulante oficialista también sostuvo que “esta revolución continúa” y adelantó que “el acercamiento debe ser la norma del comportamiento de aquí en adelante de todos los ecuatorianos”.

Por su parte, el presidente saliente, Rafael Correa, se refirió en su cuenta de Twitter a la victoria de su partido Alianza País y dijo que “la revolución volvió a triunfar en Ecuador”. “La derecha derrotada, pese a sus millones y su prensa”, completó.

Más temprano, el opositor Guillermo Lasso, intentó adjudicarse la victoria y dijo desde Guayaquil que “a partir de hoy hay un presidente que va a promover la unidad nacional, la unidad de todos los ecuatorianos”.

Hablando ya como virtual mandatario, Lasso anunció que no descansará hasta "tirar al tacho de basura de la historia la Ley de Comunicaciones" vigente, que entre otras cosas prohíbe que los banqueros como Lasso tengan medios de comunicación.

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Terrorismo informativo y manipulación mediática en Ecuador

Dom, 02/04/2017 - 22:22
Atilio Borón. Desde Quito, Ecuador

En las pocas horas que llevo en este país he podido comprobar los alcances de la “dictadura” de Rafael Correa, esa que denuncian incansablemente la plutocracia bancaria y sus voceros, los despistados líderes de algunos movimientos sociales y una izquierda extraviada que piensa que votando a un banquero ultraneoliberal que refugia sus ganancias en paraísos fiscales podrá dar el anhelado salto hacia la construcción del socialismo en el Ecuador.

En efecto, en esta peculiar “dictadura”, como gustaba decir a Eduardo Galeano a propósito de las acusaciones en contra de Chávez, el bombardeo de los medios hegemónicos a través de la televisión, la radio y los periódicos en contra del presidente Correa es implacable e incesante. La población está sometida a un ininterrumpido ataque, en donde la manipulación informativa se ejerce sin restricciones. No hay límite ni escrúpulo alguno en las difamaciones e insultos al primer mandatario y, por extensión, a Lenin Moreno y Jorge Glas. La relación de fuerzas en el terreno mediático es de 9 a 1 a favor de la derecha, destilando sin pausa un veneno que pretende pasar por noticia o ejercicio periodístico.

Lo asombroso del caso es que en esta curiosa “dictadura” los medios pueden prostituir al periodismo, abrumar a la opinión pública con falsas informaciones y agraviar al presidente y sus colaboradores sin temer por ningún tipo de represalia. Desesperada, la derecha presiente que aún con esa fenomenal artillería mediática es poco probable que pueda ganar las elecciones del próximo domingo. Apela para ello a cualquier expediente. Las imágenes que acompañan esta nota son aleccionadoras. Están instaladas justo enfrente de las oficinas del Consejo Nacional Electoral, el organismo encargado de administrar los comicios. Como la candidatura del banquero Guillermo Lasso carece de una propuesta creíble a favor de las clases y capas populares ecuatorianas –son muchos los que aquí recuerdan lo ocurrido en la Argentina con las promesas de Mauricio Macri- recurren a la mentira y la difamación. Allí están Piedad Córdoba, Ernesto Samper, Tibisay Lucena y Sandra Oblitas exhibidos cual si fueran unos salvajes terroristas que con su accionar habrían asolado Venezuela y que amenazan con hacer lo mismo en el Ecuador en caso de que Lenin Moreno se alce con la victoria.

Todas estas aberraciones son posibles bajo la “dictadura” del correísmo mientras sus mentores y ejecutores gozan de total libertad y piden ayuda internacional (verbigracia: injerencia norteamericana) para poner fin al “despotismo” que ahoga al Ecuador.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Ecuador a la hora señalada

Dom, 02/04/2017 - 07:30

Atilio A. Boron. Desde Quito

Esta noche se despejará la incógnita de la elección presidencial en el Ecuador. Y según ella se resuelva sabremos si ese país decide continuar por la senda transitada desde hace diez años, con las rectificaciones que sean necesarias, o si mirándose en el espejo argentino, opta por arrojar por la borda todo lo conquistado, dar un salto al vacío y entregarse mansamente a la depredación neoliberal. El resultado no sólo es importante para el futuro del Ecuador sino también para Latinoamérica. Será, en caso de ganar Lenín Moreno, un punto de inflexión que ponga fin a una serie de derrotas experimentadas en Argentina, Brasil, Bolivia y Colombia. En cambio, si llegara a triunfar Guillermo Lasso la contraofensiva restauradora y la recolonización del continente impulsadas desde Washington cobrarían nuevos ímpetus para arrojarse con saña sobre Venezuela y Bolivia. Se daría así un gran paso adelante en la anhelada “limpieza política” que la Casa Blanca promueve en la región y cuya meta es retroceder el reloj de la historia al punto en que se encontraba la noche del 31 de diciembre de 1958, en vísperas del triunfo de la Revolución Cubana.

Las cinco consultoras más importantes del Ecuador coinciden en pronosticar una ventaja del candidato de Alianza País, pero nadie en su sano juicio está aquí dispuesto a dar por descontado el triunfo del oficialismo. Lo que sí es seguro es que por ningún motivo la derecha aceptaría ese desenlace. Consternó a los numerosos observadores internacionales convocados por el Consejo Nacional Electoral que en la presentación que ante ellos hicieran los representantes de la Alianza CREO-SUMA el eje excluyente de su discurso fuese el “derecho a la resistencia” garantizado por la Constitución. Derecho que deberá ser ejercido según ellos porque el CNE no garantiza la honestidad del comicio. Argumento falaz porque si de algo ha dado pruebas esa institución ha sido de su independencia del gobierno. En la primera vuelta, celebrada el 19 de febrero, el CNE arrojó un resultado que por apenas un 0,64 por ciento privó a Lenín Moreno de ser consagrado presidente del Ecuador. Si ese organismo fuera como denuncia la derecha, seguramente podría haber “dibujado” las cifras para complacer al oficialismo, pero no lo hizo. Cabe recordar que en esa ocasión los distintos candidatos opositores vaticinaban que habría un fraude escandaloso para facilitar el triunfo de Moreno. Cuando se realizó el conteo, se comprobó la falsedad de todas esas acusaciones y debió irse a la segunda vuelta, que tendrá lugar el día de hoy. Por eso, lo único que este analista puede pronosticar sobre bases firmes es que la derecha rechazará cualquier resultado que no la favorezca, por más amplia que pudiera ser la ventaja que obtenga el candidato oficialista. Y ya ha convocado a sus partidarios a movilizarse para defender una victoria que dan por segura y que sólo mediante las artimañas de la “dictadura” correísta podría serles arrebatada. Si Lenín ganase por 8 puntos de diferencia gritarían “¡Fraude!”. Si llegara a triunfar por un margen estrecho, digamos 2 puntos, gritarían “¡Fraude! aún más fuerte, ratificando la verdad contenida en aquella sentencia de Maquiavelo que dice que no hay oposición leal. Dado lo anterior, nadie debería sorprenderse si hoy tuviéramos un anochecer agitado en las principales ciudades del Ecuador.
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Página 12

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Japón en el laboratorio: economía política del Abenomics

Xov, 30/03/2017 - 13:01
Alejandro Nadal, La Jornada

La economía japonesa es un gran experimento sobre la evolución del capitalismo. Desde los orígenes de su proceso de industrialización a partir de la restauración Meiji en el siglo XIX hasta las políticas recientes para salir del estancamiento, las lecciones se multiplican. Nadie interesado en el devenir del capitalismo debe ignorarlas.

Durante el periodo 1950-1973 la economía japonesa mantuvo tasas de crecimiento del PIB superiores a 11 por ciento en promedio. Pero después de esos años el ritmo de la expansión comenzó a debilitarse. El crecimiento en la década de los 80 ya estuvo marcado por la ralentización, con tasas promedio de 4.6 por ciento. Ese crecimiento estuvo impulsado por episodios de inflación en los precios de bienes raíces, mejor conocidos como burbujas. El efecto riqueza que acompañó esos eventos proporcionó un impulso artificial al crecimiento.

En 1990 una de esas burbujas creció de manera desorbitada y reventó con mayor fuerza. Le siguió un proceso de crecimiento mediocre (0.73 por ciento anual entre 1993-1999). Los economistas no podían interpretar la causa de esta década perdida. A pesar de mantener bajas tasas de interés y un persistente déficit público, la economía japonesa siguió sin responder. Después de 10 años de crecimiento cercano a cero, entre 2000 y 2007 se presentaron síntomas de una mediocre recuperación con tasas de expansión de 1.5 por ciento. El enigma se hacía más interesante porque en esos años se introdujeron recortes en el gasto público, lo que en teoría debería haber frenado más el crecimiento. Y después vino la crisis de 2008: a partir de ese año el crecimiento volvió a su ritmo letárgico, con una tasa promedio anual de 0.22 por ciento. Hoy los economistas tradicionales siguen sin poder identificar las causas de la enfermedad que aqueja la economía japonesa.

En 2012 el nuevo primer ministro, Shinzo Abe, comenzó a aplicar un paquete de medidas de política económica para sacar a Japón del estancamiento en el que se encuentra desde 1992. Fue anunciada como una mezcla de tres flechas: dos de inspiración keynesiana y una de tipo neoliberal y con un enfoque sobre el lado de la oferta (que en la jerga anglo-sajona se conoce como supply-side economics). A esa combinación la entusiasta prensa internacional de negocios la bautizó con el nombre de Abenomics.

El primer componente es de política monetaria ‘no convencional’. Consistió en inyectar mayor liquidez y reducir tasas de interés a cero (y hasta terreno negativo) para inducir a un mayor consumo. La meta era alcanzar una inflación de 2 por ciento anual. La postura de flexibilidad cuantitativa ha llevado a una expansión aparatosa de la base monetaria, pero su impacto sobre el crecimiento ha sido nulo.

El segundo elemento fue un incremento del gasto público y condujo a un fuerte déficit público. Pero al mismo tiempo, el paquete incluyó un aumento del IVA de 5 a 8 por ciento con un efecto recesivo y regresivo a la vez. Se planteó por ley un aumento de 10 por ciento en abril de este año, pero lo más probable es que no se aplique dicha medida.

El tercer componente del paquete es de corte neoliberal: introducir reformas estructurales, reducción de impuestos a corporaciones y desregulación de mercados, especialmente del mercado laboral.

Abenomics es una mezcla de toda clase de medidas aplicadas simultáneamente: Keynesianas en el lado fiscal (aunque con impuestos recesivos), neoliberalismo y supply-side economics, política monetaria expansiva no convencional y una postura cambiaria devaluatoria.

¿Cuáles han sido los resultados? Para empezar, el crecimiento del PIB sigue siendo mediocre. Incluso la tasa de expansión sigue situándose por debajo del nivel que se tenía antes de iniciar la aplicación del paquete de medidas de Abenomics. El gasto de los hogares no se ha podido estimular y sigue estancado. Además, el objetivo de alcanzar una inflación de 2 por ciento tampoco se ha podido cumplir. Y como era de esperarse, tampoco se ha logrado la anhelada reducción del déficit fiscal y la deuda pública como porcentaje del PIB sigue en aumento.

La expansión monetaria del Abenomics condujo a una devaluación del yen japonés. Pero el efecto sobre el sector exportador no pudo contrarrestar el impacto de la contracción del mercado internacional provocada por la crisis. La balanza comercial pudo arrojar un superávit en 2016 pero sólo porque las importaciones se redujeron 16 por ciento.

En general, el paquete Abenomics presenta un saldo negativo. Ese resultado era de esperarse porque la economía japonesa sufre una deflación crónica que se acompaña de una crisis de hojas de balance en la que todos los sectores de la economía tratan de reducir sus niveles de endeudamiento. Y ese tipo de crisis, como bien lo ha señalado Richard Koo, tarda muchos años en superarse. Lo más importante es que desde el punto de vista de la clase trabajadora, el impacto es más bien tenebroso. Y es que el objetivo del paquete era simple y llanamente aumentar la tasa de explotación de la fuerza de trabajo.

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La crisis de la democracia en el neoliberalismo

Xov, 30/03/2017 - 09:01
Emir Sader, Alainet

Un elemento que se ha globalizado rápidamente ha sido el de la crisis de la democracia. En Europa, que se enorgullecía de sus sistemas políticos, las políticas de austeridad han promovido la generalizada deslegitimación de esos sistemas, centrados en dos grandes partidos. Cuando ambos asumieron esas políticas económicas anti-sociales, han entrado en crisis acelerada, perdiendo votos, intensificando el desinterés político por las elecciones, dado que esos dos partidos promueven políticas similares. Han empezado a surgir alternativas –en la extrema derecha y en la misma izquierda- que ponen en shock a esos sistemas: por la derecha de forma autoritaria, por la izquierda buscando el ensanchamiento y la renovación de las democracias.

Hasta que la crisis de las democracias dio un salto con el Brexit y con la elección de Donald Trump en los EEUU. En Gran Bretaña, los dos partidos tradicionales fueron derrotados en una decisión crucial para el futuro del país y de la misma Europa, con la decisión mayoritaria de salida de la Unión Europea. Lo cual refleja cómo esos dos partidos no han sabido entender el malestar de gran parte de la población –incluso de amplios sectores de la misma clase trabajadora- respecto a los efectos negativos de la globalización neoliberal. Los trabajadores, electores tradicionales del Partido Laborista, concentraron su voto por el Brexit, en contra de la decisión de ese partido y terminaron decidiendo la votación.

En EEUU la victoria de un candidato outsider, que, para ganar, no solo enfrentó al Partido Demócrata sino también a los grandes medios, a la dirección de su propio partido, a los formadores de opinión. El triunfo de Trump representó una derrota para los dos partidos como expresiones de la voluntad organizada de los norteamericanos.

Por todas partes la democracia tradicional hace agua. Los partidos tradicionales pierden aceleradamente apoyos, las personas se interesan cada vez menos por la política, votan cada vez menos, los sistemas políticos entran en crisis, ya no representan a la sociedad. Es la democracia liberal, que siempre se autodefinió como “la democracia”, la que entra en crisis, bajo el impacto de la pérdida de legitimidad de gobiernos que han asumido los proyectos antisociales del neoliberalismo y de la misma política, corrompida por el poder del dinero, que en el neoliberalismo invade a toda la sociedad, incluso a la misma política.

En América Latina, dos países que habían fortalecido sus sistemas políticos, mediante gobiernos y liderazgos con legitimidad popular, como Argentina y Brasil, han retrocedido hacia gobiernos que pierden –o nunca han tenido– apoyo popular. El mismo sistema político sufre con gobiernos que han hecho promesas o han sido elegidos con programas distintos a los que ponen en práctica. El programa neoliberal de ajustes fiscales profundiza la crisis de legitimidad de los gobiernos y de los mismos sistemas políticos.

La concepción que preside al neoliberalismo, que busca transformar todo en mercancía, llegó de lleno a la política, con sus financiamientos privados, con campañas adecuadas a servicios de marketing, con millonarias actividades que hacen de las campañas un despliegue de piezas publicitarias casi al estilo de cualquier otra mercancía. Por otra parte, gobiernos copados de ejecutivos privados los hacen cada vez más parecidos a empresas, por el personal y por la concepción que preside a gobiernos con mentalidad de mercado.

La era neoliberal es así la era del agotamiento del sistema de las democracias liberales. Los agentes que le daban legitimidad – parlamentos con representación popular, partidos con definiciones ideológicas, sindicatos y centrales sindicales fuertes, dirigentes políticos representantes de distintos proyectos políticos, medios de comunicación como espacio relativamente diversificado de debates – se han vaciado, dejando al sistema político y a los gobiernos suspendidos en el aire. El desprestigio de la política es la consecuencia inmediata del Estado mínimo y de la centralidad del mercado.

La crisis de las democracias se ha vuelto uno de los temas que se extienden de los EEUU a la América Latina, pasando por Europa y por Asia. Ya no se trata de reivindicar un sistema que se ha agotado, sino de construir formas alternativas de Estado, de sistemas políticos y de representación política de todas las fuerzas sociales.

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El síndrome Ícaro: ¿se acabó Trump? Not yet

Mér, 29/03/2017 - 18:46

Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

En vísperas del doble motín –genuina rebelión en la granja orwelliana– del grupo House Freedom Caucus, ala archiconservadora del Partido Republicano contra Trump y su inexperto líder camaral Paul Ryan (otrora estrella hoy eclipsada), alerté sobre el precario equilibrio de las tres fuerzas en juego y fuego en el Partido Republicano que en su conjunto abortó el proyecto de seguridad médica del Ryancare, más que un Trumpcare, como acotó correctamente el vicepresidente, Mike Pence.

Diez días antes expuse: “Más que Trumpcare, se trata de un Ryancare, ya que su autor es Paul Ryan, poderoso líder camaral del Partido Republicano, que hoy se encuentra bajo el fuego cruzado de tirios y troyanos. Hasta Breitbart , vinculado a Trump, ha protestado por el Ryancare debido a que perjudica a sus partidarios WASP (white anglo-saxon protestants) . Con el Ryancare, Trump compra su seguro de vida para inmunizarse frente a cualquier veleidad de defenestración por la mayoría republicana, que no lo aprecia mucho, pero con la que ha llegado a una volátil coexistencia pacífica. Pero tampoco Trump puede abandonar a su base conservadora” (https://goo.gl/ZxtqCh).

Pues resulta que Trump traicionó a su base popular y fue ejecutado sin miramientos, a los 65 días de haber tomado el poder, por sus supuestos aliados del grupo archiconservador House Freedom Caucus, que cuenta con 30 escaños de los 237 del Partido Republicano (la Cámara de Representantes totaliza 435 escaños): una subfractura dentro de la fractura generalizada de la sociedad estadunidense a todos los niveles.

Un Trump humillado tuiteó que los demócratas están sonriendo en DC (la capital, Washington) de que el House Freedom Caucus haya salvado el Obamacare al que se opuso toda su vida.

A mi juicio, mucho más sobresaliente que el inflado House Freedom Caucus fue Tuesday Group, del ala centrista del Partido Republicano, que cuenta con alrededor de 50 escaños desdeñados por los multimedia y sus analistas.

El anterior líder cameral republicano, Newt Gingrich, muy cercano a Trump y quien tiene mucha experiencia legislativa, adujo que la rebelión del House Freedom Caucus había salvado a los republicanos de la Cámara de un voto políticamente destructivo, el Ryancare, que sólo tenía la aprobación de 17 por ciento de los votantes y que seguramente les haría perder la próxima elección. Recordó que el Hillarycare de hace 40 años hizo perder al Partido Demócrata su mayoría y exhortó a su partido a tener más paciencia, ya que las enmiendas de gran calado toman un mínimo de ocho a 18 meses, como sucedió con las reformas de Reagan y Obama (https://goo.gl/wO3Cd7). El Partido Demócrata, no menos fracturado, con sus afines multimedia –la aplastante mayoría del espectro desinformativo estadunidense– festejaron estruendosamente la humillación de Trump por su propio partido y el desastre de su disfuncional Arte de negociar, mucho más que la insustentable vigencia del Obamacare.

Toda la impetuosidad y el pragmatismo de Trump, que detecté deslactosado desde hace mes y medio (https://goo.gl/DgKl2c), están siendo domesticados y moldeados por el vigoroso despliegue de las fuerzas de la separación de los tres poderes, al estilo Montesquieu, y sus “contrapesos (checks and balances)”, sumados a la implacable venganza del Deep State (Estado profundo) de las dos dinastías de los Bush y los Clinton, sumadas a Obama y su control de las 16 agencias de la Comunidad de Inteligencia.

John Kiriakou –anterior funcionario del contraterrorismo en la CIA– se ha sumado al sentir de los ultras del Partido Demócrata que dan por acabado al presidente 45: Si Trump no puede congregar a su propio partido en su más importante promesa de campaña, es improbable que sea capaz de conseguir cualquier otra cosa.

Cita al conocido comentarista político de CNN David Gergen –quien ha servido en importantes puestos a presidentes de ambos partidos como Ford, Reagan y Clinton– quien afirma que los primeros 100 días de Trump han sido los peores en la historia presidencial y que en ausencia de un evento unificador mayor como, Dios no lo quiera, un ataque terrorista, será virtualmente imposible para Trump pasar en el Congreso cualquier legislación controvertida o polarizante (https://goo.gl/9owVZr).

Kiriakou asevera que Trump está simplemente lisiado legislativamente, cuando los miembros de su propio partido no se sienten intimidados por él. Ni tampoco se sienten obligados a hacer lo que desea.

Doug Casey, lúcido analista financiero (sic) de Wall Street, desmenuza la fractura de la sociedad estadunidense que cataloga de choque cultural: “Nunca he visto en toda mi vida una situación similar. Nada se parece desde la Guerra de Secesión. Hoy existe una guerra civil cultural (sic) donde la gente de los ‘estados rojos’ (nota: el Partido Republicano) votó por Trump –que constituye una fuerte mayoría geográfica en Estados Unidos– está alineada contra la gente que vive en los ‘estados azules’ (el Partido Demócrata), en las dos costas y en las grandes ciudades. No están contentos sólo de ser hostiles y de estar en desacuerdo en política; pueden no volverse a hablar. Se odian unos a otros, verdaderamente con sus tripas. Tienen visiones totalmente diferentes del mundo. Es un choque de culturas” (https://goo.gl/qbS4cx).

Trump mismo reconoce que no sería presidente de no ser por el Twitter, que le permite evitar a los deshonestos multimedia –en referencia a los cuatro principales canales de televisión, con la notable excepción de Fox News– y afirma que posee su propia forma de multimedia con Twitter, Facebook e Instagram que le procuran cerca de 100 millones de seguidores. Sólo su cuenta de Twitter -@realDonaldTrump- tiene más de 26 millones de seguidores (https://goo.gl/X9V3EX).

Trump no está acabado. Not yet!: cuenta con las prerrogativas del Poder Ejecutivo, que son enormes y, sobre todo, tiene el botón nuclear al alcance de su mano como comandante supremo de las fuerzas armadas.

El deslactosado Trump está domesticado, o mejor dicho, está confinado a su esfera ejecutiva desde donde ha sido obligado a respetar tanto al Poder Judicial como el juego legislativo, dentro de su propio partido y con la oposición.

Durante la campaña los escándalos sicalípticos de Trump lo tuvieron al borde del nocaut para luego levantarse de la lona en forma milagrosa. Por lo que no sería sorprendente que el Partido Republicano, en necesidad de exhibir la gobernabilidad que incumbe a una mayoría, se reagrupe y rechace el Obamacare, que le daría oxigenación legislativa al polémico presidente 45 cuando toca a su puerta todo el exorcismo rusófobo del Partido Demócrata que no se muerde la lengua en tildarlo de traidor a la patria (https://goo.gl/Izhb6W).

El mayor problema del deslactosado Trump es que padece el síndrome Ícaro, que epitomiza el castigo a la infatuada soberbia (hubris) antigravitatoria frente a la cruda realidad.

En la portentosa mitología griega, el genial arquitecto de laberintos, Dédalo, había advertido a su hijo Ícaro de no volar demasiado alto para no acercarse al sol que le derretiría sus alas cubiertas de cera, pero tampoco demasiado bajo porque la espuma del mar mojaría sus alas y le impediría el vuelo.

A su cuenta y riesgo, el deslactosado Trump no está escuchando los consejos de los contrapesos del poder y sus dédalos del Deep State.

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Los mayores diarios del mundo se inventan historias sobre la guerra en Siria e Irak

Mér, 29/03/2017 - 07:11
Las corresponsalías están en vías de extinción y la precarización de la profesión de periodista ha ocasionado una caída en la calidad de las informaciones de los medios, completamente ya rendidos a las mentiras que emanan de los centros de poder Ferran Barber, Público

Acaba de empezar el otoño de 2015 y hemos concertado una reunión en la ciudad de Alqosh (Kurdistán de Irak) con el responsable político de una de las milicias creadas por los cristianos iraquíes -étnicamente conocidos como 'caldeo-asirios'- para plantarle cara a los 'yihadis' del Estado Islámico.

La organización política que apadrina esta partida militar de irregulares (Movimiento Democrático Asirio o Zowaa) ha recurrido a un antiguo oficial cristiano del Ejército de Irak, Behnam Abbush, para convertir a un puñado de aldeanos sin ninguna formación castrense en auténticos soldados. Tras mucho insistir, hemos logrado finalmente que sea el propio general quien nos muestre el campamento donde adiestran a sus tropas.

En las fechas de nuestra cita se presumía, y con razón, que no iba a ser trabajo fácil transformar a esos muchachos en guerreros. A finales de septiembre de 2015, Zowaa carecía de armas y de dinero para entrenar y mantener a una unidad a la que la revista Newsweek acababa de atribuir en grandes titulares la friolera de cuatro mil hombres. Literalmente, la prestigiosa publicación aseguraba en mayo de 2015, citando al Catholic Herald, que 500 habían sido ya desplegados sobre varias poblaciones asirias; otros quinientos estaban siendo entrenados en ese momento, y tres mil más, se habían inscrito en las oficinas de reclutamiento y aguardaban para pasar a formar parte en breve de ese Ejército cristiano bautizado con el nombre de Nineveh Plain Protection Units (NPU).

No era un asunto baladí. Que los cristianos iraquíes se hubieran organizado militarmente para plantar cara a los yihadistas causó tanta perplejidad en Occidente que miles de diarios se hicieron eco de ello por contagio. Para respaldar la veracidad de las afirmaciones y a falta de otras fuentes de autoridad que corroboraran sus datos, se citaban a menudo unos a otros, tal y como, en este caso hizo Newsweek, mencionando al Catholic Herald.

También el Independent, entre otros muchos diarios 'de renombre, cifraba en “varios miles” el número de caldeo-asirios que se habían unido a la gran armada cristiana para defender sus tierras del islamismo radical. Otros medios amarillos como Glenbeck se referían a la BBC para fundar su estimación de 100.000 milicianos. Los reportajes acostumbraban a ilustrarse con algunas panorámicas de soldados alineados en columnas con el emblema de las NPU cosido bajo las charreteras.

Tal fue la repercusión de esta noticia, que su difusión en prensa predispuso de inmediato a varios miles de voluntarios de Occidente para acudir a Irak a pelear en defensa de la cristiandad. Nadie, en verdad, había realizado un llamamiento así desde Mesopotamia, pero las insinuaciones de los medios extendieron la falsa idea de cruzada sectaria.

Hasta que eso sucedió, sólo el Estado Islámico y un puñado de ultras islamófobos de Europa y Norteamérica sostenían que la guerra que se libraba contra el ISIS en la vertiente iraquí del conflicto era de carácter religioso, pasando por alto al menos un par de cuestiones importantes: que la inmensa mayoría de las víctimas eran musulmanas y que esas supuestas milicias cristianas iraquíes combatían, en todos los casos, bajo la bandera de fuerzas kurdas y árabes.

Avalancha de donaciones Al mismo tiempo, las descripciones de las infamias y las atrocidades cometidas por el Estado Islámico tras la ocupación de Mosul y los Llanos de Nínive desencadenaron en España y en el resto de Occidente una avalancha de donaciones económicas, a menudo dirigidas a organizaciones militares y civiles de dudosas credenciales que decían defender a los cristianos de Mesopotamia frente a la amenaza yihadista.

Cuando, a principio del otoño de 2015, nuestro equipo llegó a Alqosh con la esperanza de grabar in situ a esos cientos de caldeo-asirios mencionados por el Newsweek y el Telegraph, el propio general Behnam se vio en la tesitura de desvelarnos un hecho sorprendente: ¡la gran armada cristiana de varios miles de hombres de la que hablaba en titulares Newsweek, el Independent y otros medios anglosajones no existía todavía!

¿Cómo pudo extenderse semejante falacia y cómo pudieron hacer suyas todas esas mentiras algunos de los medios más supuestamente prestigiosos del planeta? Al menos dos diarios españoles -Público y El Confidencial- arrojaron cierta luz acerca de lo sucedido realmente en una serie de reportajes de investigación sobre los oscuros entresijos que rodearon a la creación de estas milicias.

El asunto podía resumirse de este modo: los milicianos cristianos que aparecían en las fotos pertenecían a un pequeño contingente entrenado a instancias de Zowaa en el Kurdistán. Fueron adiestrados por una empresa norteamericana con armas ligeras alquiladas a los peshmergas de Talabani y tras un breve periodo de formación, devolvieron los AK y otras antiguallas y volvieron a sus casas porque el Movimiento Democrático Asirio carecía de los recursos necesarios para pagarles la soldada.

Fueron las imágenes captadas durante ese breve periodo de adiestramiento las que se facilitaron a Newsweek y a otros medios con el fin de persuadirles de la existencia de un ejército cristiano que en verdad estaba todavía en gestación.

Si alguien insistía en tomar nuevas fotos de la “armada caldeo-asiria” se recurría a un puñado de viejos guardas del partido y se les alineaba frente a las oficinas que Zowaa posee en las cercanías de Alqosh. Eso explica, por ejemplo, que en algunos de los reportajes sobre la milicia realizados a finales de 2015 aparezcan, por sistema, los mismos hombres, embutidos en ajados uniformes y posando sin armas en actitud desenfadada.

Naturalmente, existía un motivo por el que el responsable político de la formación nacionalista asiria que promovió la creación de las NPU, Yonnadam Kanna, se dedicó a manipular a la información pública mundial y a hacerle creer en la existencia de un ejército cristiano.

Lo que intentaba de ese modo era alentar las donaciones en la diáspora a través de organizaciones como la American Mesopotamian Organization (AMO). Con el transcurso de los meses, las NPU fueron finalmente constituidas gracias al dinero obtenido con mentiras.

Llegada la ofensiva contra Irak, disponían de unos pocos cientos de hombres que sí tomaron parte en la reconquista de las poblaciones cristianas usurpadas por el ISIS. No obstante, su número nunca alcanzó ni de lejos el millar.

De algún modo, fue una profecía autocumplida que puso en entredicho la profesionalidad de algunos de los medios más populares del planeta.

Jamás hubo una cruzada, y menos todavía, un ejército cruzado enteramente cristiano. Y, sin embargo, pueden contarse con los dedos de una mano los medios que se molestaron en retratar el contexto en que surgieron las milicias y menos todavía, sus motivaciones, muchos menos religiosas que políticas.

No era la bandera de la cristiandad la que las NPU enarbolaba, sino la de Mesopotamia y sus reclamaciones nacionalistas caldeo-asirias, sistemáticamente orilladas por la Prensa de Occidente. Tal y como afirma uno de los voluntarios españoles que se unieron a los brigadistas del norte de Siria -el gallego Arges Artiaga- esa misma prensa que describía como “cristianas” a las milicias caldeo-asirias iraquíes, omitía también por sistema cualquier explícita alusión a la revolución de orientación anarquista que los kurdos de Rojava estaban tratando de mantener a flote mientras se defendían del Estado Islámico.

Por mala fe o por ignorancia, no pocos periodistas seguían refiriéndose a las milicias kurdas de las YPG como “la contraparte siria de los marxistas terroristas del PKK”. La revolución y los avances de los kurdos en la lucha contra el sectarismo o contra el patriarcado, ni mentarlos.

Nunca se informó peor A la postre, todos estos hechos corroboraron lo que algunos medios como el Boston Globe venían denunciando desde hacía varios años: “Nunca tantos periódicos informaron tan mal acerca de un conflicto”. Nunca tantos medios se rindieron a los paradigmas emanados por el “Ministerio de la Verdad” de Washington y a las distintas verdades fragmentarias que trataban de imponer las partes contendientes.

Lo que en verdad causaba la perplejidad del Boston no es que en los conflictos de Siria e Irak se librara una guerra propagandística paralela, sino el hecho probado de que los medios de comunicación más reputados del planeta -y entre ellos, los españoles- hicieran suyas las mentiras descaradas diseminadas por todos los actores del conflicto: desde los más modestos, como el mencionado nacionalista cristiano Yonnadam Kanna, a los más poderosos, como los gobiernos ruso y norteamericano.

En este nuevo tablero de juego de las rutinas productivas periodísticas, y a falta de profesionales veteranos trabajando sobre el terreno, parecía situarse a la misma altura un rumor anónimo de un foro de Internet que una declaración institucional de las Naciones Unidas o un informe fabricado a la medida por cualquiera de las ONG que los gobiernos se inventaron para extender su propaganda.

En verdad, lo ocurrido con las milicias es sólo un botón de muestra del modo en que, tal y como sostenía Stephen Kinzer, reportero del Boston Globe, la realidad ha sido suplantada en los diarios por mentiras insidiosas, verdades fabricadas malintencionadamente, negligencias y relatos fragmentarios y descontextualizados de uno de los conflictos más complejos del último siglo.

A remolque de las versiones oficiales emanadas desde Washington, parte de la Prensa occidental comenzó a dividir los contendientes de acuerdo al maniqueísmo de la Casablanca, entre buenos y malos, en función de cómo se alineaban con los intereses de la Administración de Obama.

Absolutamente rendido a los paradigmas de los norteamericanos, un periodista de la agencia EFE hablaba, literalmente, en un titular, de “yihadistas moderados”, un oximoron disparatado que terminó calando por repetición. Incluso los islamistas del antes llamado Frente Al Nusra -filial siria de Al Qaeda- fueron durante algún tiempo mencionados como 'moderados'.¿Cómo terminaron de rodillas los grandes portadores de la verdad universal? ¿Cómo terminaron, por ejemplo, haciendo suyas las interpretaciones del origen del conflicto de Siria habilmente extendidas por la Administración de Washington?

“El modo en que los medios norteamericanos han cubierto la guerra de Siria será recordado como uno de los episodios más vergonzosos de la historia de la Prensa americana”, sostenía el periodista Stephen Kinzer, en referencia a las crónicas de Alepo.

A renglón seguido, el reportero del Boston Globe añadía: “Bajo una dura presión financiera, las revistas, los periódicos y las cadenas de televisión han reducido drásticamente el número de corresponsales que cubren los conflictos sobre el terreno y muchas de las informaciones internacionales proceden ahora de periodistas con base en Washington”, cuyas fuentes principales son la Casablanca, el Departamento de Estado, el Pentágono y los think-tank más poderosos.

En semejantes circunstancias, las verdades de los medios de gran difusión se habían convertido, a su juicio, en un holograma proyectado desde las distintas matrix de los centros de poder políticos del mundo.

Cierto es que frente a esta nueva encarnación perversa del Gran Hermano, ha comenzado a alzarse una cierta resistencia. Existe un buen número de pequeños medios independientes y de reporteros -entre ellos españoles- que han tratado de arrojar alguna luz sobre lo que está ocurriendo allá, pero sus voces acostumbran a extraviarse en la algarabía de Internet o terminan aplastadas por las cacofonías consensuadas por las grandes cabeceras de Occidente, rendidas a los pies de los nodos de poder.

Uno de esos periodistas veteranos y solventes que a menudo realiza su labor en condiciones cuasi heroícas es el vasco Karlos Zurutuza, colaborador habitual de reputados medios extranjeros como Al Jazeera o IPS y profundo conocedor de las realidades de países como Siria, Libia o Irak.

Para niños de papá En opinión de Zurutuza, la propagación de la mentira y del periodismo de los hechos fragmentarios es una clara consecuencia de los cambios estructurales que la irrupción de Internet ha introducido en la profesión a calzador.

“Los medios cada vez tiran menos de periodistas de plantilla. Las corresponsalías están desapareciendo y en su lugar, se han reemplazado por free-lance, a menudo muy jóvenes y poco experimentados, dispuestos incluso en ocasiones a trabajar sin percibir dinero, a cambio de la inyeccion de vanidad que proporciona acreditar que han estado en un conflicto. Uno se pregunta a veces si esto no acabará convirtiéndose en una práctica amateur para niños de papá de la 'generación del Facebook'”, asegura Zurutuza.

El reportero vasco cree que la primera consecuencia de la implantación de estas nuevas rutinas productivas es la precarización de las condiciones de trabajo y la segunda, la devaluación de la calidad del periodismo. “Poner un pie en Irak o en Libia, o arrimarse a algún conflicto, no aporta per se nada, si el reportero no acredita un conocimiento profesional profundo del contexto que retrata y que narra”, asegura.

“Y claro está, quienes en verdad poseen la experiencia precisa cada vez se hallan menos dispuestos a ejercer la profesión en las condiciones que nos brindan. Los independientes están cobrando menos ahora que hace 10 años. Yo mismo, sin ir más lejos, he hecho frente a situaciones tremendas. A menudo miro hacia delante y no me veo con cincuenta malvendiendo mis historias y de enganchada en enganchada por asuntos de tarifas. Eso sí, si pagan porquerías, lo normal es que obtengan porquerías”.

Nunca antes dos conflictos como Siria o Irak habían puesto más de manifiesto cómo la llegada de Internet y eso que algunos llaman el suicidio de la “prensa gratuita” ha terminado por echar abajo la capacidad de los medios para poner en entredicho las verdades oficiales. Ni siquiera los santones de la Prensa han escapado de la quema.

Hace también dos años, la agencia Getty Press publicó un reportaje gráfico sobre otra conocida milicia asiria -las NPF- invitando a algunos de sus hombres -entre otros, a su comandante Safaa Jamro- a posar entre los edificios de la ciudad de Teleskoff. Las instantáneas insinuaban una tensión bélica que ni de lejos existía en esa zona, donde hacía más de doce meses que no se registraba un intercambio serio de disparos. Según explicó a nuestro equipo en noviembre de 2015 uno de los voluntarios norteamericanos que aparece en el citado reportaje, Justin Garfield, nos confesó que fue llevado hasta el frente por el mismo periodista e invitado a posar sobre unos sacos terreros para adornar la historia.

Por los cuarteles de la milicia cristiana del NPF de Teleskoff -un lugar jocosamente bautizado como Disneywar por los reporteros de guerra veteranos- habían desfilado a finales del pasado año más de trescientos cincuenta periodistas.

Durante más de un año, el único trabajo relevante de los soldados asirios de las NPF desplegados en Teleskoff consistía en organizar un 'tour” para estos reporteros de Occidente ansiosos por volver a sus países con las preceptivas postales bélicas.

La visita guiada incluía una parada en los cuarteles de otra milicia asiria conocida como Dwekh Nawsha. Los voluntarios que servían en ella no estaban tan siquiera autorizados a poner un pie en el frente y sus atribuciones militares eran nulas, pero hasta hace poco, era la única guardia paramilitar del Kurdistán que aceptaba a extranjeros, lo que terminó por convertirla en una de las más solicitadas por los medios de Occidente.

En efecto, hasta la ofensiva de Mosul del pasado otoño, no hubo un sólo diario 'prestigioso' del planeta que no tratara de identificar a uno o varios compatriotas, para, a renglón seguido, retratarlos en posiciones de combate o plantando cara al ISIS en algún rincón del Kurdistán de Irak.

Las simpatías que estos voluntarios de Occidente suscitaron en sus respectivos países fueron tales que pocos medios de comunicación se sustrajeron a la tentación de referirse a ellos en un tono laudatorio.

“Media docena de los héroes que luchan en Irak contra el Estado Islámico son anglosajones”, aseguraba en grandes titulares el Express, en junio de 2015, como quien saca pecho en una suerte de paraolimpiadas para soldados de fortuna.

A todos los efectos se insinuaba que el peso de la lucha recaía parcialmente en un puñado de hombres blancos a los que se había confiado la responsabilidad de preparar a los ineptos kurdos y árabes y preservar la cristiandad de Oriente Medio.

Los héroes nacionales España, por supuesto, no fue menos. Y desde que la Prensa detectó en Irak la presencia de varios españoles los perfiles apologéticos de los “héroes nacionales” comenzaron a menudear en radios y en publicaciones. Con los dedos de la mano pueden contarse los medios que analizaron la conveniencia de esa presencia extranjera, y menos todavía, los que se molestaron en comprobar el hecho cierto de que la mayoría de esos “héroes” no habían visitado nunca un frente activo y menos todavía, intercambiado fuego real hasta finales del pasado año.

Los que se unieron a la milicia de Dwekh Nawsha ni siquiera estaban oficialmente autorizados a acercarse a la primera línea del frente, situada a algo más de tres kilómetros de su cuartel de Bakufa, pese a que muchos se pavoneaban e insinuaban lo contrario en las páginas creadas en las redes sociales.

En medio de toda esta vorágine, algunos medios españoles presentaron como un héroe a un ex convicto vinculado a La Falange y grupos nazis al que Público identificó, del mismo modo que la Prensa anglosajona glosó generosamente la presencia del británico Jim Atherton, a quienes muchos medios ensalzaron como un modelo humano de altruismo, sin detenerse siquiera a indagar en su pasado skinhead o en las verdaderas pulsiones islamófobas que lo alentaban.

Otros voluntarios europeos que se enrolaron en Dwekh Nawsha tenían un pasado ultra en el que el grueso de los medios no excarvaron, ocupados como estaban en ponerle rostro humano y nacional a ese conflicto.

“Y mientras la mayoría de los periodistas de Occidente se quedaban en la retaguardia o invertían su energía en encontrar a compatriotas, la responsabilidad de cubrir los acontecimientos del frente recaía a menudo en los reporteros kurdos o unos pocos corresponsales de prestigio”, nos dice una conocida presentadora de un canal de televisión con base en Dahok.

“Si echa un vistazo al listado de los profesionales muertos o heridos en el frente kurdo durante los dos últimos años verá que casi todos, si no todos, son nativos. Claro que tampoco nos sorprende que muchos de los europeos hayan decidido no correr riesgos porque nos consta que la mayoría de free-lance trabajan en condiciones económicas y con medios notablemente peores que los nuestros”.

Esta periodista de origen turcómano no exagera. Hasta cincuenta euros por pieza pagaban algunos medios digitales, según llegó a denunciar el periodista español Antonio Pampliega, antes de su secuestro. Algunos jóenes free-lance incluso regalaban su trabajo.

“Yo aproveché mi estancia en el sureste de Anatolia, en Gaziantep, gracias a un proyecto de voluntariado para hacer unos cuantos reportajes sobre asuntos jugosos que salieron a mi paso, pero nunca logré dar con un medio que me pagara por ellos”, nos dice una joven periodista malagueña, Olalla Negrete.

“Es verdad que la recesión ha puesto patas arriba nuestra profesión, pero también lo es que las empresas se han aprovechado descaradamente de esta situación para obtener mano de obra gratuita. Que no se olviden nunca de que somos la futura generación de periodistas y de que se nos ha privado incluso del derecho a formarnos y a evolucionar”.

No es difícil trazar la relación entre la [mala] calidad de los contenidos producidos desde el frente y las precarias condiciones de inseguridad y “cuasi esclavitud” en las que los periodistas desarrollan su trabajo. Las agencias, los refritos y los llamados “corta-pegas” han reemplazado a las “fuentes solventes”. Y los pocos free-lance que trabajan aún sobre el terreno están forzados a menudo a “hinchar el perro” o a apostar por historias “de interés”, capaces de competir en una jungla dominada por la víscera y por el degradado formato comunicacional del “meme-tweet”. La mayor parte de los medios han asumido que el contexto no proporciona clicks.

Y si lees, contribuye Vistas las circunstancias, el director del semanario CTXT, Miguel Mora, cree que la figura del corresponsal, tal y como la habíamos conocido, está en vías de extinción, mientras el mercado va camino de convertir a una generación entera de reporteros en mártires de la inteligencia, franqueando el paso de ese modo a las mentiras oficiales y a las informaciones fragmentarias concebidas para atizar la víscera y aumentar los “me gusta”. ¿A quién le importan las razones que motivaron la creación de esas milicias cuando hay un legionario pegando tiros en el frente?

“La precarización -nos dice Mora- comenzó ya hace diez años cuando las redacciones decidieron reemplazar a veteranos redactores senior por jóvenes sin experiencia que, de facto, trabajaban como empaquetadores de contenidos.

El cambio coincidió en el tiempo con la estafa de la recesión, consecuencia de un capitalismo sádico y virulento que terminó impregnándolo todo. Teníamos, por una parte, a directivos recibiendo sueldos astronómicos mientras se ponía en marcha una oleada brutal de despidos y se recortaba al mismo tiempo la masa salarial del resto de trabajadores.

Yo mismo tenía un contrato de corresponsal que me cancelaron unilateralmente. Toda esta situación provocó la irrupción en el mercado de nuevos medios digitales como CTXT, creados por los propios periodistas”. Preservar la calidad del periodismo y proteger los medios y los profesionales que todavía están dispuestos a hacer frente a los grandes nodos institucionales de manipulación de la opinión pública exige, en opinión de Mora, el compromiso de los lectores con estos nuevos diarios que se han negado a doblegarse a los poderes que tutelan a buena parte de los medios “mainstream”.

“No hay que olvidar -añade- que la Prensa de la derecha no tienen ningún problema en hacer publicidad oculta de los anunciantes IBEX. Como suele decir un buen amigo, sólo están en paro los periodistas de la izquierda porque los conservadores han sido generosamente financiados por el poder establecido”.

Al igual que el director de Contexto, el reportero Karlos Zurutuza piensa que en las actuales circunstancias, no hay mejor manera de que el pueblo recupere su voz que retribuir y apoyar a los medios que la amplifican. “Esto es algo que muchos vascos sabemos bien. En Euskadi hay una sociedad muy bien articulada que entendió desde un principio que debía contribuir a mantener proyectos como Egin o, más tarde, Gara en una situación de permanente restricción de las libertades de expresión a la que ya estábamos acostumbrados mucho antes de que los españoles se escandalizaran con la Ley Mordaza”, asegura el periodista.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Los grandes bancos europeos ganan 25.000 millones en paraísos fiscales

Mar, 28/03/2017 - 13:12

Attac

Los 20 principales bancos europeos, entre los que se encuentran Santander y BBVA, registran el 26% de sus beneficios en paraísos fiscales, que les reporta 25.000 millones de euros aproximadamente y representan solo el 12% de su facturación y el 7% de su personal, según un informe de Oxfam Intermón y la Fair Finance Guide International, que sostienen que lo hacen para evitar el pago de los impuestos, para facilitar a sus clientes la elusión de estos o sortear ciertas regulaciones o requisitos legales.

Entre las principales conclusiones, la investigación destaca los siguientes datos: las empresas subsidiarias ubicadas en paraísos fiscales resultan el doble de lucrativas para los bancos que las ubicadas en otros lugares. Así, por cada 100 euros de actividad, los bancos obtienen un rendimiento de 42 euros en los paraísos fiscales, en comparación con los 19 euros que obtienen de media en otras ubicaciones.

Además, un empleado o empleada de banco en un paraíso fiscal genera un beneficio medio de 171.000 euros anuales, cuatro veces más que un empleado o empleada medio, que tan solo genera 45.000 euros anuales de media. En 2015, los bancos europeos obtuvieron al menos 628 millones de euros en beneficios en paraísos fiscales en los que no contaban con ningún empleado o empleada, indica el informe. Como ejemplo, el banco francés BNP Paribas obtuvo un beneficio de 134 millones de euros libres de impuestos en las Islas Caimán, donde carecen de personal.

La organización afirma que algunas entidades han reportado beneficios en paraísos fiscales a pesar de reportar pérdidas en otros países: en 2015, el banco alemán Deutsche Bank registró escasos beneficios o incluso pérdidas en sus principales mercados mientras obtuvo 2.000 millones en paraísos fiscales. Los preferidos son Luxemburgo e Irlanda, que concentran el 29% de los beneficios de 2015. Ese mismo año, las 20 principales entidades bancarias europeas obtuvieron un beneficio de 4.900 millones en Luxemburgo, más de lo que obtuvieron en Reino Unido, Suecia y Alemania juntos.

“La nueva normativa de transparencia de la Unión Europea nos permite hacernos una pequeña idea de la ingeniería fiscal de los principales bancos europeos, y el panorama no es agradable. Los Gobiernos deben cambiar las normativas para evitar que los bancos y otras grandes empresas utilicen los paraísos fiscales para evadir y eludir el pago de impuestos o para ayudar a sus clientes a hacerlo”, afirma Miguel Alba, responsable de sector privado de Oxfam Intermón. Según el documento, los bancos no pagaron impuestos por los 383 millones de euros de beneficio que obtuvieron en siete paraísos fiscales en 2015. En Irlanda, las entidades bancarias europeas tributan a un tipo efectivo de no más del 6% (la mitad del tipo legal). Tres bancos –Barclays, RBS y Crédit Agricole– no pagan más de un 2%.

A costa de la pobreza Intermón Oxfam denuncia, además, lo que supone esta práctica: “Roban a muchos países fondos que precisan para combatir la pobreza y la desigualdad, siendo los países más pobres los más perjudicados. Cada año, la evasión y elusión fiscal por parte de las grandes multinacionales priva a los países pobres de más de 100.000 millones de dólares en ingresos fiscales, dinero suficiente para financiar servicios educativos para los 124 millones de niños y niñas sin escolarizar o atención sanitaria que podría evitar la muerte de al menos seis millones de niños y niñas”.

La organización, que valora la nueva normativa europea sobre la elaboración de informes país por país, considera sin embargo que la nueva propuesta de la Comisión Europea, dirigida a otros sectores e industrias, tiene importantes carencias como las siguientes: se limita a empresas con una facturación igual o superior a los 750 millones de euros, un requisito que excluiría hasta el 90% de las multinacionales, y no exige a las empresas que informen de sus actividades en todos los países en los que operan, incluidos los países en desarrollo.

“La normativa de transparencia de la Unión Europea está abriendo al escrutinio público el opaco mundo de la fiscalidad de las grandes empresas. Ahora, es necesario ampliarla para garantizar que todas las grandes corporaciones publiquen informes financieros por cada país en el que operan. Esto facilitará a todos los países, incluidos los más pobres, determinar si las empresas pagan los impuestos que les corresponden o no”, concluye Alba.

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Randall Wray: “Las economías de Grecia, Italia y España no se recuperarán nunca”

Mar, 28/03/2017 - 07:01

Álvaro Guzmán Bastida, CTXT

Randall Wray habla sobre política monetaria con la convicción y la urgencia del hereje que se sabe en posesión de una verdad poderosa. El economista es una de las figuras destacadas del movimiento de la teoría monetaria moderna, o modern money theory, que rompe con el análisis ortodoxo sobre la creación del dinero y propone políticas para el pleno empleo. Discípulo de Hyman Minsky, Wray (1953) recibe a CTXT en su despacho del instituto Levy, un reducto de economistas neokeynesianos en el idílico campus de Bard College, situado a dos horas al norte de Manhattan, el valle del río Hudson. Wray repasa los elementos clave de la teoría monetaria moderna, critica la renta básica, la unión monetaria europea y propone su alternativa: que el Estado garantice el empleo de todos los ciudadanos.

¿En qué consiste, brevemente, la teoría monetaria moderna?

La modern money theory (MMT) parte del reconocimiento de que un gobierno soberano en realidad no es como una familia o una empresa. A menudo, oímos a políticos, e incluso economistas, decir que si alguien gestionase el dinero de su familia como el gobierno gestiona los presupuestos del Estado, terminaría en bancarrota. Por supuesto, eso es cierto, pero la analogía es completamente falsa, porque implica que un Estado, como una familia, puede quebrar si gasta continuamente más de lo que ingresa. Desde ese punto de partida, analizamos el porqué de la diferencia y sus consecuencias. La principal diferencia es que los Estados emiten su propia moneda, mientras que si una familia emite, por ejemplo, dólares estadounidenses, los está falsificando, y sus miembros irán a la cárcel. Es una prerrogativa del Estado.

¿Qué consecuencias políticas tiene esa teoría, que va en contra del análisis económico ortodoxo?

En el momento más severo de la crisis, el Congreso de los Estados Unidos aprobó un estímulo fiscal de 800.000 millones de dólares en dos años. Esto amortiguó el declive económico, pero el país no se recuperó. El presidente Obama dijo, una y otra vez: “Nos gustaría hacer más, pero el Estado no tiene más dinero”. Eso es falso, lo supiera Obama o no. Si la opinión pública lo entendiera así, habría exigido al gobierno que hiciera más. Por fin, desde hace unos meses, estamos creando empleo a un ritmo razonable, en torno a 200.000 puestos de trabajo al mes. Pero no teníamos por qué haber pasado por un periodo tan largo de crecimiento escaso, sin apenas creación de empleo. Hemos perdido cientos de miles de millones de actividad productiva que no recuperaremos nunca. Las empresas no contrataban porque no vendían lo suficiente. Si el gobierno hubiera hecho más, si hubiera creado más demanda para la actividad productiva o incluso creado puestos de trabajo, nos habríamos recuperado mucho antes.

Habla de “hacer más” y de crear demanda y empleo, pero, ¿de qué manera?

Hay medidas convencionales como la inversión en infraestructura. No creo que nadie esté en desacuerdo con que necesitamos invertir mucho más en ese frente. Nuestros puentes se desmoronan, toda nuestra infraestructura se cae a pedazos. Y cualquiera que haya ido a China y haya visto los trenes de alta velocidad y la nueva infraestructura que tienen allí sabe que no es solo cuestión de reparar lo que ya tenemos. Nos estamos quedando rezagados. En cuanto a las estrategias menos convencionales, recuperaría el programa de creación de empleo del New Deal de los años 30. El Estado contrataría directamente a los parados, que se encargarían de actividades en beneficio de la comunidad y el interés público, o proveería los salarios para que otros, bien sean ayuntamientos, organizaciones sociales u ONG, contraten. Esto aportaría a los desempleados trabajo, experiencia y cualificación. En EEUU, tenemos un problema no ya por el desempleo, que sigue siendo demasiado alto, incluso en torno al 5% actual, sino también por un grupo enorme de la población, tres o cuatro veces el número de desempleados, que ha dejado de buscar trabajo o se ve obligado a trabajar a tiempo parcial.

Se entiende que la gente que reciba esos sueldos financiados por el Estado tendrá que estar trabajando. ¿Por qué prefiere esa solución a una renta básica, independiente de la situación laboral de cada ciudadano?

La renta básica no aporta todo lo que aporta un trabajo. Un empleo beneficia a la comunidad, por lo que es mucho más popular desde el punto de vista político. Además, estamos hablando de producir en el interés general, para resolver las necesidades ciudadanas.

Propone entonces que el Estado dirija esos recursos adonde estime más necesario para la sociedad en su conjunto.

Sí. El Estado tendría que planificar qué tipo de empleos incentiva o paga. Diría: “Necesitamos reparar estos puentes”, o: “Necesitamos más supervisión en los parques infantiles”, o más bien: “Necesitamos servicios de limpieza medioambiental”. El Estado haría una labor de planificación y contrataría a los trabajadores para esas actividades. O, si decide ceder la iniciativa a organizaciones de servicios comunitarios, haría falta un proceso de aprobación y evaluación.

Los partidarios de la renta básica señalan que muchos de los empleos que se generan con el sistema de empleo actual no son socialmente necesarios, mientras que gran parte del trabajo que se lleva a cabo en la sociedad no se considera empleo, ni está remunerado. ¿Cómo responde a esa doble crítica?

Bueno, podemos ampliar aquello que consideramos empleo que justifica un salario. Digamos que valoramos los cuidados y entendemos que las personas que los practican deben tener remuneración. Podría ser su empleo. El problema de la renta básica es que tal y como funciona la economía capitalista, que es la que tenemos, el sistema de producción necesita del trabajo remunerado, y la mayoría de la gente tiene que participar de él. Podríamos ponernos quisquillosos y debatir sobre si alguien que se dedica a freír hamburguesas tiene un trabajo beneficioso para la sociedad: no creo que comer hamburguesas sea bueno, no es saludable y es malo para las vacas. Podríamos incluso decidir que hay que prohibir las hamburguesas. Pero hemos decidido permitir una cierta libertad de elección, y hay gente a la que le gusta comer hamburguesas, y alguien tendrá que freírlas hasta que los robots puedan hacerlo. Quizá las condiciones de trabajo no son buenas y el salario es demasiado bajo. Entonces, mejoremos las condiciones laborales y los salarios. La mejor manera de hacerlo es ofrecer una alternativa en forma de garantía de empleo, con trabajos útiles para la sociedad que tengan mejores condiciones laborales y salarios más altos que los de los freidores de hamburguesas. Eso obligará a que mejoren las condiciones y el salario de los ‘freidores’, o esos empleos desaparecerán.

Los partidarios de la renta básica dirían que, para que los freidores de hamburguesas tengan la libertad de abandonar su trabajo, es necesario desligar el empleo del ingreso.

¿Abandonarlo en lugar de qué? Seguiremos necesitando comer, y que la gente construya casas, y sistemas de transporte. Tenemos un sistema en el que, para obtener un nivel de vida mínimo, la gente necesita trabajar. Su fuente de ingresos es la producción de lo que deseamos. Lo que dicen es que, por arte de magia, lo que deseamos va a seguir produciéndose, por mucho que desliguemos el ingreso del sistema productivo. No tiene ningún sentido. Creo que podemos permitirnos que cierta gente –los que no pueden trabajar o no deben hacerlo, porque tienen a menores a su cargo, por ejemplo— no participe en el sistema productivo y mantenga un buen nivel de vida. Pero la mayoría tiene que estar dentro del sistema productivo, o no tendremos nada que consumir. El otro problema es que no entienden lo importante que es el trabajo para la gente. He conocido a muchos defensores de la renta básica, y normalmente es gente que no es muy sociable, a la que no le gusta estar con los demás, ni trabajar. Se imaginan que todo el mundo es como ellos, pero la mayoría de la gente quiere contribuir a la sociedad. Les gusta poner de ejemplo trabajos que no parecen muy amenos, pero incluso esos llevan aparejados los beneficios de participar en la producción: la sensación de contribuir al bienestar social, las ventajas de formar parte de un grupo que te puede conectar con otras redes y ayudar a tener una vida exitosa y buena. La gente que trabaja vive mejor que la que no lo hace.

Ha hablado de la robotización. En 1930, Keynes predijo que la generación de sus nietos tendría jornadas de quince horas semanales. La productividad se ha disparado y las mujeres se han sumado, en masa, al mercado laboral. ¿Por qué no trabajamos quince horas a la semana?

Uno de los motivos es que los salarios son demasiado bajos, lo que obliga a la gente a trabajar más de lo que le gustaría, al tiempo que reduce el incentivo de reemplazar el trabajo humano por otras alternativas. Si los salarios fueran mucho más altos, veríamos ya robots freidores de hamburguesas. También creo que Keynes subestimó el poder de la publicidad. Pensaba que lo que la gente deseaba realmente sería socialmente deseable, pero la publicidad nos llevó en la dirección opuesta: nos hizo desear cosas que no son en absoluto deseables, que es la mayoría de lo que la gente compra. Como sociedad, hemos dejado ese asunto al mercado, y debiéramos hacer algo al respecto.

Por volver a las propuestas políticas de la teoría monetaria moderna. ¿Existe un riesgo de que fomenten la excesiva inflación?

No. Están diseñadas para no hacerlo. La garantía estatal de empleo es un ‘estabilizador automático’. Cuando el sector privado empieza a contratar, el Estado se retira paulatinamente, así que el gasto se reduce. Opera con un salario fijo, que no hace que suban los precios, sino que impide que bajen. El salario nunca podría bajar por debajo de lo que paga el Estado en ese programa, por lo que es un verdadero salario mínimo. Además, cuando decimos que el Estado no puede agotar su propio dinero, no queremos decir que el Estado siempre tenga que gastar más de lo que gasta. Lo único que decimos es, olviden la analogía con una familia; cuando el Estado necesite gastar más, siempre puede hacerlo.

¿Qué se les escapa a quienes advierten del riesgo de inflación cuando se reclaman políticas expansivas?

Que todo gasto estatal lleva consigo la creación de dinero, porque genera un crédito de reservas bancarias equivalente a lo que se gasta. Si recibes un cheque de la pensión estatal, cuando lo depositas en tu banco, el banco lo ingresa en tu cuenta y se lo manda al banco central, que también lo ingresa. Cuando pagas los impuestos, se produce el fenómeno contrario: el gasto estatal siempre conlleva un aumento de reservas. El pago de impuestos las reduce. El Estado crea dinero de la nada, y lo usamos para pagar impuestos, devolviéndoselo al Estado.

Entonces, cuando los Estados entran en lo que llamamos ‘crisis de deuda soberana’…

¿Como Japón?

O como los países del euro.

No, no, centrémonos por un momento en Japón. No tiene crisis de deuda. Su nivel de endeudamiento se acerca al 250% del PIB. Durante veinticinco años, ha rondado unos intereses del 0% y ha sufrido deflación, con los déficits presupuestarios más grandes del mundo. No hay crisis de deuda.

¿Existen las crisis de deuda soberana? ¿Son posibles?

¿En Japón? No. ¿En EEUU? No. ¿Reino Unido? ¿Turquía? Tampoco. ¿Qué tienen en común? Todos ellos emiten su propia moneda. ¿Qué pasa si uno abandona su moneda y adopta la de otro? Puede haber un problema de deuda, porque ya no tienes moneda propia. Hay países que ‘dolarizan’ su economía. Lo hizo Ecuador. Argentina tenía un régimen de convertibilidad en los años 90. Puede resultar muy problemático, porque la única manera de conseguir dólares, si no se puede exportar suficiente, es pedirlos prestados. Si se piden prestados, hay que devolverlos con intereses, y si no se consiguen más dólares, puede haber consecuencias desastrosas, incluido el impago de la deuda. ¿Cuál es el problema de Europa? Grecia o Italia tenían moneda propia. ¿Podía agotárseles? No. ¿Qué hicieron? Renunciaron a su propia moneda. Adoptaron el euro, que es una moneda extranjera. Ahora están en una situación para la que no hay solución de mercado. Esas economías –Grecia, Italia, España— no se recuperarán nunca.

¿Y si salieran del euro?

Bueno. Tendrían que salirse del euro, o habría que reformar todo el sistema. Una cosa o la otra terminará sucediendo.

¿A qué se refiere con reformar el sistema?

Las soluciones técnicas son muy fáciles. Una consiste en aumentar el presupuesto del Parlamento Europeo, que es de menos del 1% del PIB. En EEUU, la unión monetaria está bien hecha. El banco central –la Reserva Federal— se encarga de la política monetaria, y el Departamento del Tesoro de la fiscal. En la Unión Europea creyeron que se podría tener un banco central único, pero que cada Estado tuviera su política fiscal. Eso no puede funcionar. Pero sí existe un Parlamento Europeo. Si su presupuesto fuera más razonable, lo suficientemente grande como para estabilizar la demanda agregada en toda la economía, y distribuir más demanda a las economías que pierden empleo por sus déficits comerciales, podría haber una salida. ¿Cómo de grande tendría que ser? Diría que en torno a un 10%, la mitad del presupuesto de los EEUU, sería suficiente. Eso redistribuiría la demanda. Todo el mundo, incluso Alemania, tendría más demanda, pero se haría de manera progresiva, para que la periferia reciba relativamente más que el centro.

Habla de “distribuir demanda”. Pero, ¿cómo se haría eso?

El modo ideal es una garantía de empleo. Pongamos que la Unión Europea financia una garantía de empleo. Hoy en día podríamos estar hablando de un 5% del PIB, que quizá en Grecia sería más cercano al 10%, pero después de la recuperación se estabilizaría entre un 1% y un 3%.

¿Cree que eso resolvería tanto el problema del empleo como el de la estabilidad financiera?

Las crisis europea y estadounidense fueron idénticas. Pero la crisis financiera que fue igual para ambos se convirtió en crisis de deuda soberana en Europa, porque sus países no son soberanos. En EEUU, no fue así. Pudimos poner en marcha un estímulo fiscal, aunque fuera insuficiente. Salvamos el sistema financiero sin imponerle la deuda estatal a Nueva York o Dakota del Sur. Europa hizo eso, trasladando el peso a los Estados, no soberanos. España tenía superávits contables antes de la crisis. De pronto, llega la crisis financiera y la deuda estatal explota. El problema fue el sector financiero privado. La solución no es la austeridad, sino la regulación y supervisión bancaria, la ruptura de los oligopolios financieros y el encarcelamiento de los responsables de la situación. La garantía de empleo no es suficiente. Tiene que venir acompañada de las restricciones a los excesos financieros.

Ha dicho antes que los países que ceden su soberanía monetaria dejan de ser soberanos. Pero, ¿no está el resto de países subordinado a EEUU en materia monetaria, al ser el dólar la moneda de reserva mundial?

La medida en que se subordinan responde a decisiones políticas. Hay países que deciden tener un tipo de cambio fijo. Si quieres hacer eso, necesitas exportar, ¿y qué necesitas para exportar? Salarios bajos. Una demanda agregada baja. Mantener a tu población lo suficientemente pobre como para importar. Lo hacen voluntariamente. No tienen por qué hacerlo.

¿Cuál es la alternativa?

Dejar que la cotización de la moneda fluctúe. Eso te da más margen de maniobra en política fiscal. Si decides vincular tu moneda al dólar, mantendrás un tipo de interés alto, perdiendo control sobre la política monetaria. Tu tipo de interés tiene que estar por encima del de los EEUU, para mantener una moneda fuerte. Si la dejas fluctuar, puedes mantener los tipos más bajos y depreciar la moneda. Con la política fiscal sucede lo mismo: no es necesario tener a gran parte de la población desempleada. Puedes perseguir una política de pleno empleo. La consecuencia puede ser que tu tipo de cambio sea más bajo. ¿Y qué problema acarrea eso? A tus élites les sale más caro viajar a Disneylandia. No hablo en broma: para las élites de los países en desarrollo es muy importante poder mandar a sus hijos a Harvard e ir de vacaciones a Estados Unidos. Prefieren tener al 50% de la población en paro para poder hacerlo.

Tendemos a pensar en los impuestos como una estrategia recaudatoria del Estado, para construir carreteras y colegios, o pagar a profesores y a agentes de policía. Usted dice que los impuestos no sirven para eso.

Los gobiernos regionales y locales sí necesitan el dinero de los impuestos para funcionar, pero para el Estado tienen dos funciones principales: Por un lado, generar demanda para su propia moneda: si sé que tengo que pagar impuestos en billetes de la Virginia colonial, exigiré que se me pague en esos billetes. Por otro lado, los impuestos retiran dinero de la economía, poniendo coto a la inflación.

También dice que los impuestos no deben entenderse como una herramienta para disminuir la desigualdad. ¿Por qué?

No se les quita a los ricos para dárselo a los pobres. Eso lo hacía Robin Hood, pero los Estados no pueden hacerlo con su propia moneda. Cuando impones un impuesto, reduces la cantidad de moneda que hay en circulación. Antiguamente, los gobiernos coloniales quemaban los billetes que recibían como pago de impuestos. Hoy en día, si entregas al banco dinero en mal estado, la Reserva Federal lo hace trizas. Si haces una visita guiada a la Fed, te dan como souvenir una bolsita llena de jirones de billetes. La idea de que hacerles pagar impuestos a los ricos te da dinero para pagar a los pobres es errónea. Podemos pagar a los pobres sin cobrarles impuestos a los ricos. ¿Por qué cobrarles impuestos? Porque son demasiado ricos. Lo hacemos para reducir su riqueza. No debemos ligar ambas cosas, porque si por motivos políticos no podemos recaudar de los ricos, eso nos llevaría a no gastar en ayudas para los pobres. Son actos separados: podemos ayudar a los pobres y cobrarles impuestos a los ricos.

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