Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger5052125
Actualizado: fai 13 horas 4 min

La investigación médica privada fomenta el fraude científico

Xov, 03/07/2014 - 14:27
Llewllyn Hinkes-Jones, Jacobin

La política de investigación académica de mercado libre ha favorecido la proliferación de la charlatanería médica y del fraude científico, obligando a los consumidores a pagar por descubrimientos que ya han financiado como contribuyentes.

El enfoque de la investigación médica que mantiene el sistema sanitario de EE UU, que persigue fines lucrativos, se fundamenta en la cruda verdad de que solamente el dinero puede prolongar la vida. Citemos por ejemplo el tipo de genes llamados “supresores tumorales”. Dada su capacidad de regular el crecimiento celular, los supresores tumorales se sitúan en la primera línea de la investigación para la prevención del cáncer. Un resultado positivo en la prueba de mutación de un gen supresor tumoral como BRCA1 o BRCA2 es una clara indicación del riesgo de padecer cáncer de mama o de ovario. Sin embargo, a pesar de la importancia del descubrimiento por su potencial para salvar vidas, el coste de las pruebas BRCA1 y BRCA2 resulta prohibitivo. Con 4.000 dólares por prueba, es cuatro veces más cara que una secuenciación genética completa. El hecho de que el precio de una evaluación que puede prevenir una enfermedad mortal sea tan desorbitado se debe única y exclusivamente a la voluntad de una empresa, Myriad Genetics. Aunque el Tribunal Supremo de EE UU acaba de denegar la pretensión de Myriad de patentar los genes BRCA1 y BRCA2, declarando que los genes humanos no son patentables, Myriad sigue ejerciendo su monopolio sobre la prueba de susceptibilidad al cáncer de mama.

Lo peor de esta política de precios de Myriad es que gran parte de los costes de desarrollo de las pruebas BRCA1 y BRCA2 ya han sido sufragados por el público. La investigación encaminada a identificar esos genes como desencadenantes de procesos cancerosos se financió con dinero público a través de la facultad de medicina de la Universidad de Utah. Myriad Genetics no es otra cosa que una empresa creada por científicos de la universidad con miras a apropiarse de la patente tras el descubrimiento de la prueba. Esto es posible al amparo de la ley Bayh-Dole. En 1980, cuando fue promulgada, esta ley pretendía impulsar la innovación en la investigación académica. Dando vía libre a las universidades a la explotación de sus descubrimientos científicos, el sistema universitario podría recaudar más dinero para financiarse. Para remunerar su trabajo, los centros académicos de investigación científica podían a partir de entonces vender sus patentes o conceder licencias exclusivas a la industria privada. Con el monopolio sobre la propiedad intelectual que le otorgaba la patente, el sector privado se vería incentivado para desarrollar rápidamente esas patentes y crear productos de consumo y servicios.

Los defensores de la ley Bayh-Dole sostuvieron que la perspectiva de ganar más dinero llevaría a la investigación científica en las universidades a realizar más descubrimientos y estimularía al sector privado a comercializar en mayor medida esos descubrimientos. No mucho tiempo después de su promulgación ya empezaron a notarse los efectos económicos: investigadores de la Universidad de Columbia solicitaron patentes relativas al proceso de cotransformación del ADN, las llamadas patentes Axel, que supondrían finalmente el ingreso de cientos de millones para la Universidad en concepto de cánones de licencia. La patente Cohen-Boyer sobre el ADN recombinante generaría unas ganancias de más de doscientos millones para la Universidad de Stanford. Junto con la sentencia del Tribunal Supremo de 1980 en el caso Diamond contra Chakrabarty, que autorizó las patentes sobre material biomédico, este fue el comienzo del boom de la biotecnología. Las universidades se apresuraron a instalar laboratorios de investigación avanzados con vistas a obtener nuevos derechos de propiedad intelectual sobre programas informáticos de secuenciación del ADN que pudieran patentarse y venderse al público.

Antes, los descubrimientos científicos realizados por las universidades públicas solo podían cederse al sector privado mediante licencias no exclusivas. Cualquier empresa privada podía desarrollar nuevos medicamentos y nuevas invenciones sobre la base de los resultados de investigaciones pioneras. Los defensores de la ley Bayh-Dole alegaron que este sistema desincentivaba la innovación, pues si una empresa no tenía la exclusiva sobre una invención, poco negocio iba a hacer desarrollándola. ¿Por qué molestarse en innovar si la competencia podía hacer lo mismo, en detrimento del margen de beneficio potencial? Las invenciones acabarían en la papelera. Sin embargo, lo que parece una simple minucia legal en materia de propiedad intelectual constituye un factor determinante del declive del sistema de investigación científica de las universidades. La no exclusividad de las licencias públicas protegía de hecho a la investigación académica de caer en una “fiebre del oro” en busca de patentes. Al suprimir esta restricción, ha abierto las compuertas a una avalancha de capitales privados deseosos de hacerse con el monopolio sobre la investigación científica más avanzada.

Ahora, entidades privadas ayudan a financiar los centros académicos a cambio de la prioridad en el proceso de “transferencia tecnológica”, es decir, de la cesión en exclusiva de los resultados de la investigación financiada con dinero público a empresas privadas. Los grandes conglomerados farmacéuticos, como Merck y GlaxoSmithKline, financian colaboraciones con universidades privadas y públicas en torno a proyectos de investigación sobre enfermedades actualmente incurables, con la condición expresa de que esas compañías puedan explotar cualquier descubrimiento futuro al amparo de una licencia exclusiva. Dichos descubrimientos, tengan que ver o no con la finalidad original del proyecto, se convierten entonces en productos farmacéuticos de marca que se venden a precios desorbitados.

Las patentes no solo incrementan los precios que han de pagar los consumidores, sino que también lastran la actividad científica por el mayor coste de la propiedad intelectual que se precisa para seguir investigando. Los centros de investigación han de pagar miles de dólares por las cepas y procesos que precisan para ponerse al día de los nuevos descubrimientos, lo que genera un sobrecoste de la investigación avanzada. El afán de lucro que ha invadido el sistema de investigación científica actual ha hecho que este ya casi no tenga nada que ver con el que rodeaba a Jonas Salk cuando descubrió el remedio para la poliomielitis. En efecto, su descubrimiento, que afectó a millones de personas que sufrían esta enfermedad incapacitante, fue cedido gratuitamente. Mientras Salk se preguntaba retóricamente si era aceptable “patentar el sol” para sacar hacer negocio, la carrera actual por patentar descubrimientos se acerca rápidamente a esa proposición absurda.

Aunque la inversión en la enseñanza pública y el impulso del desarrollo de nuevas tecnologías han de estar al servicio del bien público, la influencia del capital privado tiene un efecto en gran medida corruptor. Combinada con el fuerte declive de la financiación estatal de la enseñanza, la ley Bayh-Dole ha contribuido a privatizar el sistema universitario público. Al escasear los fondos públicos, las universidades han pasado a depender cada vez más de la inversión privada a base de subvenciones y donativos. Y ese dinero produce efectos corrosivos en las academias. En ningún otro sector este conflicto de intereses es tan evidente como en el farmacéutico y el biotecnológico. Ocurre a menudo que profesores de esas especialidades reciben dinero por firmar artículos de prensa escritos por empleados de empresas privadas, por promocionar medicamentos y por desarrollar fármacos más en función de su potencial de mercado que del bien público. A cambio de su colaboración ganan enormes honorarios de asesoramiento y gozan de lucrativos contratos para hablar en conferencias financiadas por la industria.

En el caso de la empresa Pfizer, su producto Neurontin contra las convulsiones, diversos académicos recibieron 1.000 dólares por suscribir artículos de prensa escritos por empleados desconocidos y por hablar en conferencias en que se ensalzaron las virtudes de un producto –que estaba destinado inicialmente a los epilépticos– en el tratamiento de afecciones tan diversas como el trastorno bipolar, el estrés postraumático, el insomnio, el síndrome de las piernas inquietas, sofocos, migrañas y cefaleas tensionales. Los consumidores no solo no reciben información correcta sobre la seguridad y la eficacia de los medicamentos que les recetan, sino que pagan tres veces por ellos: la financiación pública de la investigación académica encaminada a descubrir esos medicamentos, el sobrecoste de los fármacos patentados y la desgravación fiscal que practican las compañías farmacéuticas por su patrocinio de las universidades.

Pese a la escasez de la financiación pública y a su mayor dependencia de la financiación privada, las universidades no han dejado de invertir regularmente en nuevas instalaciones. Un estudio de McGraw-Hill sobre el sector de la construcción revela que entre 2010 y 2012 las instituciones de enseñanza superior se gastaron más de 11.000 millones de dólares en nuevas instalaciones. Al emitir gran cantidad de obligaciones para financiar nuevos laboratorios de investigación biomédica y modernos gimnasios, las facultades esperan atraer a estudiantes y científicos de renombre, además de patrocinadores que les ayuden a pagar todo esto . Sin embargo, estas facultades se han endeudado hasta las cejas, de manera que ahora se hallan inmersas en el círculo vicioso de una carrera competitiva por las subvenciones. Invierten masivamente en investigación para atraer subvenciones y ofrecen los derechos de propiedad intelectual al mejor postor para poder sufragar los inmensos costes administrativos y las enormes deudas que han contraído.

La carga de esta carrera por el dinero y la fama recae en los estudiantes. En los últimos treinta años, el coste de las tutorías se ha multiplicado por seis. Hay cada vez menos ofertas de posgrado, incluso en ese mundo de la investigación académica en que se gasta tanto dinero. El flujo de dinero privado que inunda el sistema de investigación científica no ha contribuido a ampliar la gama de carreras académicas. En vez de emplear a más científicos de plantilla, las universidades contratan a estudiantes de posdoctorado y los dedican a investigaciones llamativas con el fin de atraer subvenciones. Estos estudiantes se gradúan entonces en especialidades científicas ocupadas por posdoctorados que compiten entre sí por un número cada vez menor de puestos de investigación disponibles. El resultado es un mercado de trabajo muy reñido en que hay demasiadas personas luchando por ocupar cada vez menos puestos. En todo el ámbito universitario, la presión por reducir costes conlleva la sustitución de los puestos fijos por la contratación de adjuntos peor pagados y carentes de toda seguridad de empleo, mientras que los salarios de los administradores y los rectores aumentan sin cesar.

En lo que Paula Stephan, profesora de economía de la Universidad Estatal de Georgia, ha calificado de modelo académico piramidal, la discrepancia resultante entre los posdoctorados y adjuntos mal pagados y carentes prácticamente de toda perspectiva de promoción profesional por un lado, y el número cada vez menor de puestos de investigación fijos y bien pagados, ocupados por científicos famosos, por otro, se asemeja a una especie de torneo en torno a la investigación científica. Impera un clima enrarecido de todos contra todos que cobra su peaje a la ciencia que se lleva a cabo. Hace falta publicar cada vez más estudios deslumbrantes de científicos famosos en prestigiosas revistas para llamar la atención y atraer las subvenciones que se precisan para mantener las apariencias y las luces encendidas en el laboratorio. En palabras de Stephan, “ más se confunde con mejor: más financiación, más artículos, más citaciones y más becarios, al margen de si el mercado puede sostener su empleo”.

El resultado final es la necesidad no solo de publicar a toda costa, sino de publicar en revistas de prestigio nuevos cambios sustanciales y espectaculares de nuestra comprensión del mundo que nos rodea y que exigen seguir investigando… a toda costa. En palabras de Stephen Quake, profesor de bioingeniería de la Universidad de Stanford, se trata de “financiación o hambruna”. Dentro de esta matriz de decisiones resulta ventajoso falsificar hallazgos, tomar atajos y seleccionar los datos convenientemente, todo lo que haga falta para que salgan artículos y entren subvenciones. Se ha llegado hasta el punto de que hay académicos que afirman que “el coste de equivocarse es nulo; el coste es que no se publique”. En un metaanálisis de estudios publicados, realizado para la Public Library of Science (PLOS, Biblioteca Pública de Ciencias), John P.A. Ioannidis criticó específicamente la financiación privada de la investigación, señalando que “cuanto más fuertes sean los intereses financieros y de otro tipo y los prejuicios en un campo científico, tanto menos probabilidades hay de que los resultados de la investigación sean ciertos ”.

Los resultados saltan a la vista. El gran número de retractaciones debidas a una metodología incorrecta, a un enfoque inadecuado o a una mala gestión de los estudios a lo largo de la última década es pasmoso. En casi todos los campos científicos se ha producido una verdadera epidemia de imprecisiones. El porcentaje de artículos científicos que han sido objeto de retractación por fraude se ha multiplicado por diez desde 1975. Tan solo una fracción de estudios de cardiopatía y cáncer han resistido el examen porque la mayoría de los resultados no pudieron reproducirse. La teoría de los radicales libres en el envejecimiento, que en tiempos se consideraba ilustrativa del efecto de las enzimas antioxidantes en la vida de las células, ha sido desechada junto con las directrices del ministerio de Agricultura de EE UU para la medición del contenido de antioxidantes en los alimentos. Esto ha puesto a su vez en entredicho a toda la industria de suplementos vitamínicos, que en gran parte se nutre de la creciente necesidad de antioxidantes. Los efectos positivos de los ácidos grasos omega-3 en toda clase de procesos, desde la prevención del cáncer hasta el desarrollo cerebral, están en tela de juicio después de que estudios posteriores no hayan mostrado ningún efectivo significativo. Las ventajas de las mamografías regulares ya no están claras por el hecho de que los resultados de un estudio nacional canadiense no ha mostrado ningún descenso de la tasa de mortandad por cáncer de mama en relación con dicha práctica, y las pruebas regulares dan lugar a veces a diagnósticos exagerados.

Aunque sin duda existe un núcleo de actividad científica respetable y reproducible, está rodeado de una nube de imprecisiones y argucias. Medios de comunicación hambrientos de contenido se tragan descubrimientos entusiastas sobre posibles remedios contra el cáncer y no pueden o no quieren destapar las deficiencias metodológicas y los errores estadísticos que han conducido a los resultados en cuestión. Confunden todavía más al público en relación con temas controvertidos como el de los organismos genéticamente modificados o los disruptores endocrinos, publicando estudios inexactos en apoyo de cada uno de los bandos enfrentados. Estas historias dan lugar seguidamente a dietas de moda pasajeras y supuestas amenazas para la salud como las que relacionan el autismo con las vacunas de los neonatos.

Los resultados que se obtienen con rapidez y se publican a toda prisa tienen más probabilidades de ser inexactos. La ciencia bien hecha lleva su tiempo y la refutación de la ciencia tramposa puede requerir incluso más tiempo. Mientras que se tardó más de nueve meses para desechar una prueba genética reciente de autismo, el estudio original no tardó más de tres días en pasar a la presentación a la imprenta. Muchas de las personas que habrán leído en su tiempo la fabulosa noticia del descubrimiento inicial no se enterarán de su decepcionante refutación. Cuando se publica un artículo que anuncia a bombo y platillo el descubrimiento de una prueba genética relativa a la longevidad, de inmediato inspira a toda una cohorte de pequeñas empresas que ofrecen exámenes de longevidad. Cuando se refuta el artículo −no por fraude o falta de ética, sino por el error de enfoque−, esas pruebas genéticas no dejan de practicarse de la noche a la mañana, sino que se mantienen en una economía de mercado gris que saca tajada de la falta de conocimientos por parte del público en materia de investigación científica actual.

La privatización de la investigación académica no solo obstaculiza el proceso científico, sino que también hace que la corrupción directa –cuando el sector privado paga a científicos para que engañen al público sobre las toxinas en sus alimentos o la contaminación atmosférica– tiene más posibilidades de seguir a sus anchas. Unos investigadores que buscan desesperadamente financiación para conservar sus puestos y proseguir con su labor son más propensos a aceptar financiación de empresas capaces de distorsionar la ciencia en su propio beneficio. No hace más que favorecer los incentivos perversos del mercado libre para sacar provecho de lo que antaño eran instituciones públicas. Cuando una empresa puede disimular los riesgos para la salud de los productos ignífugos cancerígenos porque le interesa que se extienda su uso y así poder hacer negocio, entonces la ciencia deja de obrar a favor del interés público. Al final, la investigación académica basada en el mercado deja de ser ciencia y se convierte en un instrumento para llamar la atención y atraer dinero bajo la apariencia del rigor científico.

En todo caso, el enfoque neoliberal de la investigación académica es un retorno a los orígenes del sistema universitario, financiado por el sector privado y carente de personal fijo, cuando numerosas facultades no eran más que laboratorios de investigación e instrumentos de promoción de empresas privadas en vez de centros de conocimientos que impulsaban la ciencia en interés del público. En aquel entonces, los profesores seguían las órdenes de los donantes y patronos de las facultades. Estos últimos podían despedirlos fácilmente si manifestaban críticas o publicaban estudios que afectaran a los intereses económicos de la facultad o de sus donantes. La defensa de derechos laborales o de políticas socialistas, el apoyo a la teoría de la evolución o a la lucha contra la esclavitud, o la información pública sobre las consecuencias tóxicas de los humos de fusión del cobre podían provocar el despido inmediato. Thorstein Veblen incluso ha reconocido la existencia de una lista negra secretas entre universidades.

En efecto, la lista negra académica se conoce tan bien y la temerosa lealtad del común de los académicos es tan sensible y fiable que muy pocos de ellos se atreverán a salir en defensa de cualquiera de sus colegas que hayan caído en desgracia de alguien de la junta directiva. Cuando el empleo era fijo y la actividad recibía financiación pública, los investigadores podían expresarse libremente y centrarse en temas que no tenían nada que ver con propuestas apresuradas y destinadas a aumentar el consumo y los ingresos privados. Era posible desarrollar avances científicos a pesar de no tener ningún potencial de beneficio económico y sin la necesidad permanente de publicar a toda costa. En la época de posguerra, la inversión gubernamental en las universidades y en la investigación permitieron a muchos científicos dar los pasos innovadores decisivos que hoy nos parecen de sentido común. Lo que tantos han atribuido a los avances de la revolución digital, desde Internet y el GPS hasta la secuenciación del ADN descrita en las patentes Axel, fueron en su tiempo proyectos de gran escala, financiados por el tesoro público y desarrollados en los campus universitarios, décadas antes de que la ley de Bayh-Dole fuera concebida. Pese a las alegaciones de los defensores de la ley Bayh-Dole, esas invenciones no se pudrieron en las estanterías.

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Drogas y prostitución engordarán el PIB de países europeos

Mér, 02/07/2014 - 22:38


El barrio rojo de Ámsterdam así como los 'coffe shops' que ofrecen marihuana en los Países Bajos contribuyen con unos 2.500 millones de euros al año a la economía nacional, más que el consumo de queso, producto típico holandés, según las autoridades.

Los cálculos oficiales hechos públicos la semana pasada bajo las nuevas directrices europeas mostraron que dichos sectores representan alrededor del 0,4% del producto interior bruto (PIB). "Es un poco menos que el consumo total de pan y probablemente un poco más alto que el consumo total de queso", dijo el portavoz de la oficina de estadísticas, Peter Hein van Mulligen.

En unos dos meses España, el Reino Unido e Italia incluirán en sus estimaciones del PIB los ingresos que aportan actividades ilegales como el tráfico de drogas o la prostitución. "Esto no es una solución a la desaceleración económica de Europa. Si en su país las personas se ven obligadas a trabajar clandestinamente, no es una recuperación saludable", explicó Athanasios Vamvakidis, jefe de estrategia cambiaria en Europa del Bank of America-Merrill Lynch, al canal CNBC.

La Oficina Nacional de Estadísticas de Reino Unido estimó el mes pasado que las drogas y la explotación sexual añadirían casi un 1% a su PIB. Por su parte, Francia señaló que no van a añadir el tráfico de drogas ilegales o la prostitución ilegal a sus cálculos macroeconómicos debido a que tales operaciones no siempre se basan en el consentimiento mutuo.

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La recesión persistente

Mér, 02/07/2014 - 16:00
Alejandro Nadal, La Jornada

La gran recesión en Estados Unidos terminó oficialmente en el verano de 2009. En julio los datos indicaron un crecimiento positivo que interrumpió la mala racha de descenso iniciada con la crisis financiera de 2008. El gobierno, la Reserva federal y la prensa de negocios anunciaron que así comenzaba la recuperación. La bolsa de valores comenzó un período de auge que también fue presentado como signo claro de que lo peor había pasado.

El crecimiento de la economía estadounidense ha sido mediocre a partir de 2009, sin embargo los datos siempre se han ido presentando como los que corresponden a una recuperación. Pero este año descarriló el trencito de las buenas noticias.

Los datos sobre crecimiento para el primer trimestre de 2014 indican que el PIB cayó 2.9 por ciento con respecto al primer trimestre del año anterior, lo que marca la peor contracción en un trimestre en los pasados cinco años. ¿Qué ocurrió?

La mayor parte de los analistas y observadores esperaba una reducción, pero no de esta magnitud. Ésta ha sido la peor caída en el PIB fuera de periodos de recesión desde la segunda guerra mundial. En términos de valor, esta contracción en un solo trimestre es equivalente a las pérdidas de la recesión de 2001, así que las preguntas sobre las causas subyacentes son importantes.

Para los analistas oficiales, la caída del PIB es producto de dos factores centrales. El primero es el invierno de 2013-14, uno de los más severos en los últimos cien años. Y seguramente las bajas temperaturas jugaron un papel, aunque no se puede determinar qué proporción de la caída del PIB es directamente atribuible al pesado invierno. El gasto total de los consumidores (que explica dos terceras partes del crecimiento del PIB en Estados Unidos) aumentó sólo en un punto porcentual, cuando se esperaba que lo haría en por lo menos 3 por ciento, pero no todo eso se puede atribuir al frío. En una economía robusta, ni el invierno más fuerte provoca una caída de esta magnitud.

Muchos opositores del gobierno han señalado que la causa principal de la contracción del PIB es la reforma al sistema de salud introducida por Obama. Alrededor de este punto existe una verdadera campaña de desinformación que vaticinó a lo largo de 2013 el desplome en el número de empleos de tiempo completo. La razón sería que las empresas buscarían recortar el número de horas trabajadas a menos de 30 horas semanales con el fin de evitarse el costo de tener que otorgar prestaciones en materia de salud a sus empleados. La realidad es diferente: la oficina de estadísticas laborales de Estados Unidos ha revelado que a partir de abril de 2013 aumentó el empleo de tiempo completo y se eliminaron 230 mil empleos de tiempo parcial. Esto indica que las reformas al sector salud no pueden estar detrás del colapso del PIB.

El otro factor que juega un papel clave en el mal desempeño de la economía estadounidense es el de las exportaciones. Éstas se contrajeron en más de 9 por ciento, cuando el pronóstico era que sólo cayeran 6 por ciento. Esta es la consecuencia directa de la persistente crisis en Europa y de la pérdida de dinamismo en economías como Brasil, China e India. Es decir, la economía mundial todavía está resentida por la crisis global.

Hace cinco años terminó oficialmente la recesión en el país que detonó la crisis financiera y económica global. Desde entonces, la economía estadounidense ha crecido a un ritmo muy por debajo del que ha experimentado en otras recuperaciones. Claramente esta recesión y su recuperación no ha sido como otras.

La realidad es que existen distorsiones estructurales en la economía estadounidense que explican este comportamiento mediocre. Dos de esas distorsiones se encuentran íntimamente relacionadas. La primera es el tamaño desmedido del sector financiero. La otra es la que puso los cimientos para la gran crisis de 2008: se trata del nivel salarial que se mantiene deprimido y que explica no sólo la desigualdad, sino el sobre-endeudamiento.

En la actualidad en Estados Unidos el nivel de remuneraciones para el trabajo (no directivo) está en los niveles de 1970. Eso hace casi imposible que el ritmo de la economía pueda descansar algún día en una demanda sana basada en empleos de buena calidad.

¿Por qué están deprimidos los salarios? Porque los poderes establecidos han triunfado de manera espectacular en su ofensiva contra los trabajadores, sus sindicatos y todo lo que huela a cultura obrera y campesina. Por eso hoy seguimos observando aumentos en productividad y salarios que no crecen. Eso significa que alguien más se está llevando los beneficios.

Se dice que se necesitan dos trimestres consecutivos con crecimiento negativo para poder hablar de recesión. Es posible que el próximo trimestre muestre un crecimiento positivo y las autoridades puedan evitar el empleo de esa palabra. Pero recesión o no, todo anuncia que el tono mediocre del desempeño económico en Estados Unidos va a permanecer largos años. No será una sorpresa, es lo que se puede esperar del capital en su fase neoliberal.

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Mafia financiera de Estados Unidos aplica multa récord a BNP Paribas: 9.000 mdd

Mér, 02/07/2014 - 13:28

Confirmando que a Estados Unidos le gusta ser el alguacil del mundo y el que administra la justicia en el planeta, y quizá también presionado por la abultada deuda de 60 billones de dólares, esta vez castigó al banco francés BNP Paribas con una multa récord de 9.000 millones de dólares. Esta es la sanción más elevada aplicada a banco alguno, y esta vez el castigo fue por haber realizado negocios con Irán, Cuba y Sudán -países proscritos para Estados Unidos - por un monto que la justicia estadounidense estima en 30.000 millones de dólares. Ni la clemencia que pidió el mandatario Francois Hollande a su colega estadounidense pudo rebajar un castigo largamente anunciado y temerosamente esperado.

La crónica estaba escrita desde hace más de un mes e incluso se hablaba de 10.000 y 11.000 millones de dólares. La aparente "rebaja" generó una importante alza en las acciones del banco francés, que resistió este nuevo embate de la justicia estadounidense hacia la banca europea. Europa debería ir pensando hacer lo mismo con Goldman Sachs y su fallida estrategia frente a Grecia. Algunas de las acusaciones podrían ser: haber arrastrado a la ruina al país Heleno, haber trasgredido las normas financieras de Europa, haber ocultado información y haber adulterado los balances públicos, Europa podría pedir unos 100.000 millones de euros en multas y así dar un poco de emoción a este combate que tiene a Estados Unidos saltando en el cuadrilátero como único ganador mientras Europa yace en el piso por knock-Out.

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El mundo no es lo que era

Mér, 02/07/2014 - 09:00
Joaquin Arriola, Deia

EL PIB (Producto Interior Bruto) es un indicador muy cuestionado, pero nadie ha inventado nada mejor para medir el crecimiento económico o comparar la fortaleza productiva de los países. El PIB expresa la capacidad de generar valor económico, el producto del esfuerzo humano presente (trabajo) y del trabajo pasado (capital). El PIB también expresa el valor asignado a las materias primas extraídas -no producidas- que por ser no reproducibles valen más del trabajo que cuestan.

El comercio internacional facilita el acceso a materias primas que los países no poseen en su territorio y también al trabajo pasado, es decir al capital, creado en otros países que cuentan con los conocimientos. Cuanto mayor es el PIB de un país, su capacidad de crear valor, mayor es la importancia del comercio internacional para poder realizar una parte creciente de ese valor.

Desde hace doscientos años, las naciones más poderosas con un PIB más grande (Gran Bretaña y Francia primero, Alemania y Estados Unidos después) han utilizado su posición dominante en la política internacional para diseñar un sistema económico e institucional que les permitiera el control de los flujos internacionales de materias primas, inversiones y productos. Desde la primera Guerra del Golfo, Estados Unidos ha relanzado una campaña de largo alcance para reconfigurar el mapa en la política internacional a fin de garantizarse el control de dichos flujos, como viene haciendo desde la Segunda Guerra Mundial, pero en el nuevo siglo se enfrenta a un problema mayor para tener éxito: su peso en la economía mundial se ha debilitado drásticamente. Todavía en los años 80, Estados Unidos y su clon canadiense tenían la tercera parte de la capacidad mundial de generar valor. Hace treinta años, se puso en marcha un sistema financiero mundial unificado para reforzar el dominio anglosajón, pero no ha sido suficiente para detener la pérdida de peso de los hasta ahora países dominantes. Hoy, según datos del FMI, Norteamérica (sin México) no representa más que la cuarta parte del valor mundial y los países anglosajones han reducido su peso en la creación de valor mundial del 36% al 30% en las últimas tres décadas. Teniendo en cuenta, además, que el dólar tiende a estar sobrevalorado respecto al resto de divisas, al hacer los cálculos en esa moneda se tiende a aumentar el peso asignado a Norteamérica, superior al real.

Al resto de países dominantes tampoco les ha ido mucho mejor. Los países del G7, que agrupa a las mayores potencias industriales de Norteamérica y Europa junto a Japón, han pasado de generar dos tercios del valor mundial a principios de los 80 a menos de la mitad actualmente. En contraste, los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), que no significaban más que la décima parte del valor mundial entonces, hoy generan más de la quinta parte del valor, y en un par de años superarán a la propia UE.

Es a la luz de esta evolución que hay que analizar tanto la política internacional global como la más local. Así, la desastrosa intervención de Estados Unidos, Francia y sus aliados en Medio Oriente y en África subsahariana, con el objetivo es establecer un nuevo marco de control estable -a través de las grandes empresas fundamentalmente anglosajonas- de las materias primas locales a favor del denominado "Occidente", limitando el acceso a China; no solo ha destrozado la frágil institucionalidad de la región y aportado munición ideológica y real al fundamentalismo islámico, sino que ha tropezado con el rechazo de los BRIC -a los que habría que añadir a Sudáfrica- a esta reconfiguración política y económica que se enfrenta en Siria, pero también en Zimbabwe y otros lugares, a un fracaso previsible. La reconfiguración del mapa político y económico mundial ya no es un privilegio exclusivo de los que por herencia colonial organizaban el mundo a finales del siglo pasado.

Pero también en otros ámbitos la evolución del valor mundial abre interrogantes económicos y políticos nuevos. En Euskadi, donde el europeísmo forma parte del ADN de toda la clase política, incluidos los recién llegados, nadie se ha cuestionado si la aceptación fervorosa (por parte de Francia) o reticente (por parte de Alemania) de la nueva política de "contención" frente a Rusia y China diseñada por Estados Unidos es lo que más le conviene a un territorio con una estructura productiva basada en productos industriales de tecnología media y baja.

Asia y los países de la Comunidad de Estados Independientes (básicamente la antigua URSS, salvo los incorporados a la UE) son las regiones de mayor crecimiento económico, gracias a una eficiente planificación del aumento del empleo y el desarrollo de la industria y los servicios, y a una mejor valorización de las materias primas. De tener un peso similar a América Latina a principios de los 80 (en torno al 7% del PIB mundial), hoy generan, cada una de las dos regiones, la quinta parte del valor mundial. América Latina tiene un peso similar al de hace 30 años, lo que significa que su evolución reciente se ha basado más en una mejora sustancial de la equidad en la distribución interna de los recursos que en un cambio productivo.

Sin embargo, las relaciones económicas exteriores de la economía vasca no se han adaptado a la evolución espacial de la economía mundial. En los últimos veinte años, el peso de las distintas regiones en las exportaciones vascas se ha mantenido más o menos constante. La UE es el gran mercado que absorbe tres de cada cuatro euros de exportaciones, que con la crisis e ha reducido a dos tercios. A finales del siglo XX, tan solo un 2% de las exportaciones vascas iban a los países de la CEI, porcentaje que sigue siendo el mismo actualmente. Asia absorbía el 4%, y el gran auge importador de China y otros países no ha elevado esa cifra más allá del 5-6%.

Esta incapacidad de la industria vasca para aprovechar el dinamismo productivo de los nuevos centros de la acumulación mundial plantea problemas de política económica. Por ejemplo, definir cuántos recursos hay que asignar y de qué forma para adaptar la producción local a las demanda potencial de los nuevos mercados. Pero también plantea desafíos políticos más generales. ¿Tiene que adoptar el Gobierno vasco -o en su caso, el Gobierno español- una política internacional más autónoma respecto al diktat anglo-franco-germánico? Si bien la política arancelaria y los acuerdos comerciales son una competencia centralizada en Bruselas, los flujos comerciales concretos con uno u otro país dependen en muchas ocasiones de un trabajo de embajadas y de vínculos políticos que se tejen mediante una acción política internacional que es competencia de cada país. Al margen de eurofobias o eurofilias, no parece que lo que más nos convenga sea plegarnos a una acción política definida por los parámetros de quienes pretenden seguir reproduciendo unas jerarquías de dominación que ya no se corresponden con la realidad económica mundial. En este asunto también está en juego la capacidad de decidir de la ciudadanía, que asimismo se dilucida en la autonomía de decisión de sus representantes frente a las grandes corporaciones globales y los gobiernos en los que se apoyan.

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¿Cuántos buitres acosan a Argentina?

Mar, 01/07/2014 - 14:32

Claudio Katz, Rebelión

Argentina afronta nuevamente un chantaje financiero, pero esta vez la extorsión no tiene precedentes. Los especuladores que compraron bonos por 48 millones de dólares lograron en Nueva York una sentencia de cobro por 1.500 millones.

Este fraude retrata cómo funciona el capitalismo actual. Al pueblo argentino le quieren imponer la misma confiscación que padecen los pequeños deudores norteamericanos, los desalojados de viviendas de España y los empobrecidos de Grecia. Cuando se convoca a reforzar la integración internacional a este sistema se empuja al país a nuevos padecimientos. Los buitres se disponen a repetir el mismo despojo que ya realizaron en otros lugares como Perú.

Cómplices y ausencias En esta crisis ha salido a flote como opera la justicia estadounidense que muchos elogian como un ejemplo de independencia. No sólo Griessa, sino todos los magistrados que confirmaron el fallo demostraron su dependencia de Wall Street. Con este tipo de sentencias protegen a los especialistas en estafas de alto riesgo y a los evasores de los paraísos fiscales.

Como estos especuladores colocan periódicamente al sistema financiero al borde del abismo, también chocan con los gobiernos y organismos que pretenden regular su actividad. Por esta razón el propio FMI está descontento con un dictamen que afecta los ajustes que monitorea, para refinanciar las deudas de los países europeos colapsados por el socorro concedido a los bancos. La sentencia socava su proyecto de ordenar la quiebra de los estados mediante normas de negociación mayoritaria con los acreedores. Pero estos conflictos en los pasillos del poder no atenúan la expropiación de Argentina. Desde el inicio de la crisis global (2008) se discutieron incontables propuestas para limitar las aventuras financieras y no se aplicó ninguna. En este escenario de impunidad para la usura ningún poderoso va a impedir la ejecución de un fallo contra un país latinoamericano. No hay que ilusionarse con los formalismos diplomáticos. El maltrato contra un deudor incomodo como Argentina es plenamente compartido por Obama. El presidente del imperio exige sometimiento a Griessa y a su cobro de tributos.

Es cierto que el país ha recibido muchas declaraciones de solidaridad, desde el G 77 más China hasta la UNCTAD. Pero son mensajes cordiales sin efectos prácticos. Ningún escrito altisonante neutralizará el pago forzoso que se le impone a la Argentina. Esta falta de acompañamiento es más grave en Sudamérica. ¿Dónde están las Cumbres de Presidentes para afrontar situaciones de emergencia? ¿Qué medidas preparan UNASUR o CELAC para responder a esta bofetada contra toda la región? Hasta el momento tampoco aparecieron propuestas de intermediación de Brasil o iniciativas conjuntas para cambiar las jurisdicciones de litigio con los bonistas. Tampoco se habla de reactivar el fondo latinoamericano de estabilización de reservas, frente a un peligro de default. Esta ausencia de la región probablemente obedece al propio mareo que exhibe el gobierno ante lo que está ocurriendo.

Desconcierto frente a la hipoteca El oficialismo confiaba en un gesto de la Corte estadounidense para posponer el conflicto. Esperaba un reconocimiento por el giro ortodoxo que inició a principio año con la devaluación. Se aceptó la demanda de cinco empresas litigantes en el CIADI, se desembolsó la indemnización pedida por REPSOL y se pagaron en tiempo récord las viejas deudas con el Club de Paris. Pero ninguna de estas medidas disuadió a los protectores de los buitres. Al contrario, al observar disposición de pago reforzaron sus presiones de cobro. Cristina no tenía previsto el fallo adverso. Apostó con la miopía a un escenario opuesto, sin ningún plan para afrontar el dilema actual. Por esta razón improvisa respuestas. Un día denuncia la extorsión de los buitres y al otro sugiere el desembolso integro del dinero.

El gobierno ha quedado atrapado en el peor de los mundos. Si resuelve abonar en las condiciones que estableció Griessa se arriesga a ingresar en un pozo de demandas judiciales y erogaciones infinitas. Y si amenaza sin ninguna convicción con maniobras para eludir el pago, afronta un retorno al escenario de diciembre pasado con el dólar paralelo fuera de control. Al momento de escribir este artículo el gobierno no se atrevió a cambiar el domicilio de pago, pero intentó cumplir con los viejos bonistas soslayando la negociación que reclama Griessa. Los buitres exigieron el embargo de esos fondos y el juez bloqueó la operación, confirmando que empujará al país al default si no se aceptan las exigencias de los especuladores.

Hay un mes de plazo para cerrar las tratativas, pero lo más probable (y coherente con viraje ortodoxo del gobierno) es un acuerdo oneroso. Se ha creado un gran consenso entre el oficialismo y la oposición derechista para aceptar esa salida. Sólo divergen en los detalles del convenio. Algunos proponen abonar todo en efectivo y otros promueven cancelar el grueso de la factura en bonos. Algunos alertan contra la inconveniencia de hacer depósitos voluntarios y otros promueven esa vía. Algunos miran bien las bravuconadas en la negociación y otros piden no irritar al sultán Griessa. Pero todos ocultan los costos inmediatos del pago. La deuda pública aumentará de inmediato si se repite la emisión de bonos consumada para acordar con REPSOL. Lo mismo ocurrirá si se abonan las comisiones y punitorios que obtuvo el Club de Paris. Pero lo más grave viene después, ya que los 1300-1500 millones de dólares que se llevaran los primeros buitres constituirán el anticipo de los 12.000-15000 millones, que exigirá la segunda oleada de bonistas en litigio. Se estima que la mitad de ese 7% de “hold outs” reúne a fondos muy agresivos (“buitres de los buitres”), que harán demandas para obtener rápidos fallos favorables en Nueva York. El otro grupo tendría localizadas sus peticiones en Inglaterra, Alemania e Italia y una porción litigaría en el CIADI. En ese tribunal del Banco Mundial, Argentina tiene acumuladas demandas por unos 20.000 millones de dólares.

Pero lo más problemático fue explicitado por Cristina antes de avenirse a ingresar en el abismo. Si en los próximos años algún juez de alguna jurisdicción obliga a extender la mejora concedida a los buitres a los viejos bonistas, la hipoteca podría llegar a cifras incuantificables. Ese contexto situaría al país en un limbo jurídico, frente a las decisiones de cualquier émulo de Griessa. Esta perspectiva quedará particularmente abierta si los nuevos bonos en discusión mantienen los tribunales extranjeros como sede de controversias. En este caso se eternizaría el sometimiento financiero que Argentina conoce muy bien desde la época de la Baring Brothers.

Fantasías tranquilizadoras El gobierno y la oposición derechista vislumbran igualmente un futuro promisorio, luego de superar las turbulencias de la negociación actual. Estiman que el país accederá a los beneficios de un gran reingreso al mercado internacional. Afirman que “conseguiremos refinanciación barata”, para acceder a muchos dólares con bajas tasas de interés. Pero ese dorado escenario no sería tan inmediato, puesto que todas las emisiones próximas están previstas con costos que duplican el promedio mundial. Se tomarán créditos para cancelar préstamos, con el pálido consuelo de un abaratamiento ulterior de esa intermediación.

Por ahora existen fuertes vencimientos con bajas reservas. Las obligaciones suman 30.000 millones de dólares hasta fines del 2015, con divisas actuales de resguardo por 27.000 millones. Esta fotografía ilustra un escenario de tratativas al filo de la navaja. Además, los créditos del futuro no vendrán gratis. Exigirán al estado solvencia de repago, con la consiguiente contraparte de ajustes fiscales. La famosa pregunta mediática (“¿cómo afectará esa situación a la vida cotidiana de la gente?”) tiene una respuesta contundente: habrá recortes del gasto para los trabajadores, los jubilados y los desempleados.

Es muy posible que ese reingreso al circuito de la refinanciación incluya un retorno del FMI, que es el gran encargado internacional de gestionar nuevos créditos para pagar deudas anteriores. Un economista predilecto de Scioli (Blejer) ya declaró que la reconciliación con el Fondo será el punto de partida de su plan económico. El gobierno construye un puente hacia ese escenario, argumentando que el país necesita crédito externo para obras de infraestructura. Pero omite señalar que el grueso de la financiación en curso apunta a solventar gastos corrientes. Especialmente las provincias (Buenos Aires en primer lugar) utilizarán ese dinero para pagar sueldos. Por otra parte, los préstamos de inversión priorizan la minería y el petróleo. Solventarán a las empresas que dinamitan la Cordillera o a las compañías que se aprestan a seguir el formato de los acuerdos secretos que YPF firmó con Chevron. Tendrán un nuevo precio en boca de pozo, autorización para girar dividendos y libertad para exportar a partir de cierto nivel de extracción.

Muchos economistas neoliberales igualmente declaran que “la deuda es baja y podemos endeudarnos”, olvidando que con ese mismo diagnóstico gobernaron y crearon la montaña de pasivos que arruinó al país. Los oficialistas describen el mismo contexto de desahogo financiero, afirmando que constituye un mérito de la “política de des-endeudamiento”. Pero la disminución del pasivo total de 130 % o 90% del PBI (según el momento de comparación con el colapso del 2001) al 46% actual, mantiene porcentajes históricos significativos de endeudamiento público. Es un promedio semejante a los años 90, inferior a los momentos críticos de los 80 y superior a la media de los 70. El carácter problemático de la deuda argentina radica en la capacidad de pago, más allá de la reducida proporción frente al PBI que presenta en comparación a muchos países. El gobierno afirma que la solvencia ha crecido con el cambio de composición de compromisos externos hacia obligaciones internas.

El total de la deuda en moneda extranjera disminuyó de 94% (2000) a 59% (2012). Y el grueso de ese pasivo local es intraestatal, puesto que las obligaciones con organismos públicos pasaron en el mismo período del 6% al 58%. Se destaca que esta estructura de pagos es manejable, ya que los vencimientos se refinancian mediante simples decretos gubernamentales. ¿Pero qué quiere decir que la mitad de la deuda actual constituye un compromiso del estado con sí mismo? Qué se ha construido una ficción estadística para descargar los costos del pasivo sobre las mayorías populares. Gran parte del endeudamiento inter-estatal es con Banco Central, que ha sido convertido en una máquina de emisión con impacto inflacionario. El otro soporte es el ANSES que aumenta su tenencia de bonos públicos, mientras pospone el pago de sentencias por mala liquidación de haberes. Algunas estimaciones elevan ese pasivo a 28.200 millones de dólares.

La deuda inter-estatal es actualmente solventada por los jubilados que no cobran los atrasos de sus remuneraciones. En este terreno rige una doble vara de respuestas gubernamentales a las sentencias judiciales. Lo que ordena Griessa se negocia y las intimaciones de la Corte Suprema argentina para normalizar la situación de los jubilados son ignoradas. El trasfondo del problema es la total ineficacia de la política oficial de des-endeudamiento. En la última década se pagaron unos 50.000 millones de dólares a los organismos internacionales y 80.000 millones a los acreedores privados (otros cálculos elevan ese total a 173.000 millones). Mientras el gobierno exhibía con orgullo su comportamiento de “pagador serial”, las reservas se desplomaban y las salidas de capitales sumaron otros 80.000 millones.

Este proceso pasará a la historia como un ejemplo mayúsculo de ceguera económica. Sólo competirá en ese terreno con la opción neoliberal de retomar alegremente el endeudamiento, para “repetir lo que hacen nuestros vecinos”. Una larga experiencia de la región indica que abrir las fronteras al libre ingreso y salida de capitales otorga un pasaporte directo al temblor financiero. Sólo con el tiempo se podrá establecer, además, un real balance del canje del 2005 que tanto enorgullece al gobierno. Si ese intercambio inicial de títulos hubiera sido tan exitoso, no enfrentaríamos actualmente el escenario de terror que han detonado un juez y sus buitres. El monto real de la famosa quita deberá ser recalculado a la luz de todos los pagos adicionales que se realizaron a través del cupón de crecimiento. Los defensores del canje también olvidan que gran parte de los bonos emitidos en esa operación incluyeron la aceptación de dirimir litigios en Nueva York. Esta concesión fue justificada por la excepcionalidad del momento. “No se podía hacer otra cosa a salida del colapso del 2001”. Pero se omite mencionar que los títulos colocados en los últimos meses (por ejemplo con REPSOL), también incorporan la misma aceptación de tribunales internacionales. ¿Tampoco ahora se pudo hacer otra cosa?

Siempre hay alternativas Con el episodio de los buitres el gobierno refuerza el giro hacia el ajuste que inicio con la devaluación, pero mantiene un discurso contestatario. Disfraza con retórica progresista el puente que construye hacia la sucesión conservadora del 2015.

La derecha se burla de este divorcio entre “el relato y la realidad”. Pero esas ironías no logran ocultar sus propios mitos y veneraciones de los capitalistas. Se ríen de Boudou pero hablan con solemne respeto de Griessa, hacen chistes sobre la Cámpora pero no sobre Rocca o Grobocopatel. Especialmente eluden que actualmente acompañan las decisiones del gobierno. Todos marchan por el mismo rumbo. La derecha se congratula con el viraje pos-devaluación del oficialismo y el gobierno irrita verbalmente a los poderosos mientras implementa sus mandatos.

Las incongruencias del kirchnerismo son patéticas. Empapelan la ciudad contra los buitres mientras negocian sus exigencias. Convocan a un “frente nacional” contra los especuladores que ya incluye a todos los subordinados a Griessa. En este mundo invertido el sometimiento a demandas foráneas es presentado como una gran victoria nacional. Los ministros declaran que “vencimos a REPSOL” con un cheque de pago y que “le torcimos el brazo al Club de Paris” desembolsando una fortuna. Este doble discurso oficial exige minimizar todas las capitulaciones o contrastarlas con eventualidades más catastróficas. Hubo devaluación (pero “frenamos un dólar a 13 pesos”), se pagó a REPSOL (pero “menos de lo que querían”), se arregló con el CIADI (“pero no fue muy caro”) y se acordó con el Club de Paris (“pero era un pasivo que heredamos”).

Lo llamativo es la ausencia de reacciones críticas en vasto campo del oficialismo. El conformismo kirchnerista contrasta con la tradición de rechazos, que en el pasado generaban los virajes conservadores del justicialismo. Los ahijados de la gloriosa JP se mantienen por ahora en silencio. Afortunadamente ya despuntan fuertes cuestionamientos de la izquierda y los sectores progresistas y antiimperialistas, que no aceptan el chantaje descalificatorio de los planteos alternativos. Al igual que en los 90 vuelven a circular las advertencias del purgatorio que le espera al país “si nos aislamos del mundo”. Con esos augurios se justificó el endeudamiento que condujo al colapso.

Las opciones actuales no se reducen al default o al pago a los buitres. Esa disyuntiva es un episodio coyuntural derivado del enredo que auto-generó el oficialismo. La solución a esta encerrona exige reconocer que Argentina no necesita endeudarse significativamente. Tiene suficientes recursos propios para administrar sus gastos, si ordena su ahorro e impide el drenaje de excedentes. Los 80.000 millones de dólares expatriados durante la “década ganada” surgieron de ganancias y rentas creadas en el país. La estimación oficial de 205.000 millones de dólares de capitales argentinos localizados fuera de las fronteras se ha quedado corta frente dos estudios recientes, que elevan esa cifra a 379.000 millones (Gaggero) y 440.000 millones (Henry). Este vaciamiento fue tradicionalmente financiado con endeudamiento público. Un peligroso anticipo de repetición de esa pesadilla es el blanqueo en curso para todos los evasores de gran porte. Desde hace meses se renueva un perdón fiscal para quienes sustrajeron fondos. La complicidad oficial con la salida de capitales se extiende ahora a su reingreso.

No tiene sentido volver a endeudarse frente a este escenario de dinero sustraído del circuito nacional. Pero más hipócrita es afirmar que semejante despojo se corrige “restaurando la confianza” para que “vuelvan los capitales”. El arreglo con los buitres, el recorte del gasto social, los techos a las paritarias y una escalada de tarifazos son las primeras medidas que exigen los poderosos para considerar ese retorno. La recomposición del ahorro nacional exige el control estatal de las rentas generadas por las exportaciones (nacionalización del comercio exterior) y la estricta regulación de las divisas (mediante un control de cambio en serio y un sistema bancario estatizado).

En este marco se puede replantear la deuda, investigando su contenido y discriminando los montos que corresponde abonar. Un principio de esa auditoría fue cajoneada por el alfonsinismo, el menemismo, la Alianza y el Kirchnerismo. Ninguno quiso destapar la olla de ese pasivo. Pero los incontables canjes no han borrado las huellas de estos delitos, ni impiden separar lo fraudes de los compromisos legítimos. Esa investigación permitiría conocer cuáles son los grupos económicos que deben ser gravados con impuestos especiales. No son intocables. Un gobierno con autoridad puede cerrar las canillas de sus transferencias al exterior y poner la lupa sobre sus recursos dentro del país. La investigación es también indispensable para reemplazar definitivamente los bonos en circulación por títulos sujetos a la legislación argentina.

La suspensión del pago es una medida insoslayable, pero sujeta al momento y conveniencia de la nueva estrategia. La existencia de este plan diferencia tajantemente un replanteo de la deuda del simple default, que es una cesación de pagos indeseada e inmanejable para el deudor. Con otra política se podría reorientar los créditos concertados en el futuro hacia proyectos productivos. La batalla contra la deuda vuelve a reaparecer en un contexto muy distinto al pasado. La propia marcha de esta resistencia delineará las demandas y las medidas requeridas para cada momento. El punto de partida es recuperar la mirada crítica y la disposición a luchar.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La gran guerra imperialista

Lun, 30/06/2014 - 18:20
Emir Sader, Página 12

En 1884, las grandes potencias coloniales se reunieron en Berlín para decidir sobre la división de la dominación de Africa entre ellos. Consagraron el criterio de la “ocupación efectiva”, esto es, la potencia que ocupara realmente un país tenía derechos sobre él. Hay fronteras en el norte de Africa que visiblemente fueron definidas con regla, trazadas sobre la mesa, para facilitar el canje de territorios entre las 14 potencias colonizadoras europeas reunidas, sin importar qué pueblos vivían allí. Concluía así la división del mundo entre los colonizadores. A partir de ahí, según Lenin, cada uno sólo podría expandirse a espaldas de otros. Y como la tendencia expansiva del capitalismo es permanente, Lenin preveía que la humanidad entraba en una época de guerras interimperialistas.

La previsión se cumplió de forma rigurosa y dramática. Las dos grandes guerras que coparon la historia de la humanidad en la primera mitad del siglo XX han sido exactamente eso: guerras interimperialistas. Dos grandes bloques entre, por un lado, las potencias que se habían adueñado inicialmente de gran parte del mundo, lideradas por Inglaterra y Francia, enfrentadas a las que llegaban a la repartición del botín tardíamente –Alemania, Italia, Japón– y que buscaban redividir los territorios colonizados.

Por haber resuelto la cuestión nacional, con la instalación de estados nacionales antes que los otros países europeos, sobre todo Inglaterra y Francia, han podido construir su fuerza militar –en particular marítima– y ubicarse en mejor situación para la conquista y consolidación de un imperio colonial.

Alemania, Italia y Japón tardaron más para su unificación nacional, por la fuerza relativa más grande de las burguesías regionales, con lo cual llegaron a la arena mundial en inferioridad de condiciones. Han tenido que valerse de regímenes autoritarios para acelerar su desarrollo económico, recuperando el retraso respecto de las otras potencias mundiales.

La Primera Guerra Mundial, más allá de las contingencias de su comienzo, fue eso: una gran batalla entre los dos bloques por la repartición del mundo, especialmente de los continentes periféricos. (Alemania llegó a proponer a México que le devolvería los territorios que Estados Unidos le había arrebatado, en caso de que se sumara al bloque liderado por ella.)

Por detrás de las dos grandes guerras estaba la disputa por la hegemonía mundial. La decadencia inglesa veía asomarse dos potencias emergentes –EE.UU. y Alemania–. Al inicio de la Primera Guerra, primó en Estados Unidos la corriente aislacionista, como si la guerra fuera un tema europeo. Pero conforme Alemania avanzaba para triunfar, se desarrolló rápidamente una campaña ideológica interna para movilizar a los norteamericanos para la participación en la guerra.

1917 fue decisivo porque, con la revolución bolchevique, Rusia se apartó de la guerra –conforme la premisa de Lenin, de que se trataba de una guerra interimperialista–, mientras Estados Unidos ingresaba en la guerra, haciendo que la balanza se inclinara hacia el bloque anglo-francés.

Con la Segunda Guerra –en verdad el segundo round de una misma guerra, con las mismas características y un intervalo de pocos años– y la segunda derrota del bloque formado por Alemania, Italia y Japón, se allanaba el campo para la hegemonía imperial norteamericana. Guerras interimperialistas, las más crueles de todas las guerras, en el continente que se consideraba el más civilizado del mundo, para dirimir la disputa hegemónica entre las potencias capitalistas sobre la dominación global. El inicio de la primera, del que se cumple ahora un siglo, fue el comienzo de esa gran debacle europea.

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La gran bazuca de Mario Draghi ha fallado

Lun, 30/06/2014 - 14:00
Matthew Lynn, El Economista

La expectativa ha sido intensa, el furor arrollador, la anticipación creciente pero, ¿el resultado real? Por ahora, una decepción. Y no hablo de la selección inglesa ni de la española en la Copa del Mundo, aunque también podría ser. Me refiero al ataque monetario de Mario Draghi, la gran bazuca que supuestamente iba a levantar la economía de la Eurozona del suelo de la recesión y la deflación.

No parece que esté funcionando. Es cierto que aún es demasiado pronto para que muchas de las medidas que el Banco Central Europeo desveló tras la reunión del consejo a principios de mes puedan tener repercusiones sobre la economía real, pero dos de los objetivos principales eran bajar un euro sobrevalorado y reforzar la confianza. Ha habido muy pocas muestras de ambos. De hecho, el tipo de cambio casi no ha variado, la confianza sigue cayendo y los precios se acercan cada vez más a una deflación pura y dura.

Habrá que ceñirse al plan B ¿El resultado? Los tipos negativos de interés y préstamos específicos no van a sacar a la Eurozona de sus problemas. Al BCE sólo le queda un arma para contrarrestarlo: la flexibilización cuantitativa en toda regla, en líneas similares a los programas que ya se han lanzado en Estados Unidos, Japón y Reino Unido. El plan A no ha funcionado, así que habrá que ceñirse al plan B. Cuenten con que apretarán el gatillo antes de que acabe el año.

Antes de su última reunión del consejo, se especulaba mucho si el BCE pasaría a una flexibilización cuantitativa hecha y derecha o trataría de idear algo justo por debajo de imprimir dinero. Al final, hizo todo lo contrario que encender las máquinas. Recortó el tipo de interés principal a sólo el 0,15% e introdujo tipos negativos para cobrar a las entidades financieras por el privilegio de dejar su dinero en el banco central. Y se le ocurrió un plan de canalizar dinero directamente a las pequeñas empresas hambrientas de crédito de la Eurozona, basado en una iniciativa de relativo éxito del Banco de Inglaterra en Reino Unido.

Con la Eurozona deslizándose hacia la deflación y las economías periféricas atrapadas en una recesión, no es difícil entender por qué el BCE se ha sentido movido a actuar. Su principal objetivo fue bajar el tipo de cambio, mejorar la confianza empresarial y que los bancos volviesen a prestar a las pequeñas empresas. "Si hace falta, actuaremos enseguida con más flexibilización monetaria", dijo Draghi el mes pasado, al anunciar el paquete de estímulo. Parece que va a tener que cumplir su promesa. Ahora mismo, hay pocos signos de que el BCE haya logrado alcanzar sus objetivos. De hecho, el estado de la economía ha empeorado.

¿Ha mejorado la confianza? Pongamos las últimas cifras de la confianza, medidas por los números PMI. La empresa de datos Markit publicó el lunes que la confianza en la Eurozona había caído por segundo mes consecutivo en junio, pasando de 53,5 a 52,8. El martes, el Instituto alemán IFO anunció una caída imprevista en la confianza económica de ese país. La ralentización es evidente en todas partes pero los números de Francia fueron los más preocupantes. Su índice manufacturero ha caído a su punto más bajo en seis meses y los números globales indican que la economía francesa vuelve a encogerse tras registrar un crecimiento de casi cero en el segundo trimestre. Dado que estamos en medio de un repunte del ciclo de negocios, es un rendimiento catastrófico para la segunda mayor economía de la Eurozona. Si el BCE pretendía subir la confianza, se puede decir que ha fracasado.

¿Y el tipo de cambio? Se da por sentado que cualquier clase de medida de flexibilización debilita la moneda pero no ha funcionado con el euro, que se hundió poco después de que se anunciaran las últimas medidas y perdió varios céntimos contra el dólar. Desde entonces, ha recuperado casi todas sus pérdidas y comercia al nivel de 1,36 que ha ocupado durante casi todo el año. Aun así, el euro es demasiado fuerte como para que la economía de la Eurozona experimente una recuperación duradera. La demanda interna se ha evaporado y todos los países van a tener que exportar para zanjar sus problemas. No podrán hacerlo con una divisa sobrevalorada. Si el BCE pretendía debilitar la moneda, se puede decir que ha fracasado.

Mientras tanto, la caída implacable hacia la deflación prosigue. La inflación se sumió en su mínimo de cinco años este mes, con un 0,5%. La velocidad con que caen los precios griegos se ha acelerado al 2,1%, del 1,6%. un mes antes. Tanto Portugal como Chipre se han unido en la deflación total. Incluso si el precio del petróleo en aumento ofrece cierto respiro temporal, no habrá que esperar mucho hasta que otros países vean sus precios caer también. Por supuesto, nadie espera que el BCE sea capaz de enderezar la mayor zona económica del mundo con un chasquido de dedos de su presidente. La economía no funciona así. Hace falta tiempo para que cualquier medida monetaria surta efecto. El problema es que debería tener más repercusión que esto. El efecto sobre el tipo de cambio debería ser instantáneo. El impacto en la confianza debería reflejarse enseguida. Ambas cosas necesitan tiempo para repercutir sobre la expansión de la producción y el empleo pero la tendencia debería ser clara desde el principio.

Las demás medidas anunciadas este mes no tienen más visos de impactar. ¿Qué diferencia supone un recorte en los tipos de interés al 0,15% cuando ya estaban en mínimos históricos? Los bancos puede que tengan menos dinero en el banco central porque les cobran por ello pero no lo prestarán a empresas o consumidores en economías que siguen atrapadas en una recesión.

Sin un euro más bajo y una confianza mejorada, las políticas anunciadas no funcionarán. Draghi tendrá que reconocerlo y actuar con una flexibilización cuantitativa a gran escala. ¿Ya en julio? No apuesten en contra. Cuando la deflación se arraiga, cuesta mucho librarse de ella, como aprendieron los japoneses hace 15 años. Si el BCE no empieza a imprimir dinero muy pronto, va a ser demasiado tarde.

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Los mercados financieros están desconectados de la realidad y han plantado las semillas de su propia destrucción

Lun, 30/06/2014 - 12:34

"La euforia de los mercados financieros está desfasada con respecto a las perspectivas económicas y la tambaleante geopolítica mundial", aseguró el Banco de Pagos Internacionales, en su informe anual publicado este domingo en Basilea. El BIS señala que, en sus excesos, los mercados financieros se han desprendido de la realidad, y llama a los gobiernos a deshacerse de las políticas que avivan el insostenible auge de los activos. Es decir, el BIS también considera que las tasas de interés históricamente bajas que mantienen los principales bancos centrales del mundo, ha ayudado a incubar una constelación de burbujas financieras que amenazan con un tsunami devastador sembrando las semillas de la propia destrucción del sistema.
Los bancos centrales no deben caer en la trampa de subir las tasas de interés “demasiado lento y demasiado tarde”, señala el informe, llamando a los responsables de políticas a frenar el aumento constante de la carga de la deuda a nivel mundial, tanto pública como privada. El BIS advierte que los riesgos sistémicos se han propagado por todo el mundo, y los países emergentes no están exentos de estos peligros, justamente por la expansión del crédito y la explosión de la deuda en momentos de gran incertidumbre global.

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Irak: un desastre en ciernes

Dom, 29/06/2014 - 19:17

Yassamine Mathe, Sin Permiso

Las noticias que llegan de Irak empeoran a cada hora que pasa. Muchas ciudades al norte del país han caído ante el Estado islámico en Irak y el Levante (ISIS), gracias a la alianza con diversos grupos y tribus sunís. El ataque con morteros sobre la mayor refinería de petróleo de Irak es un ejemplo más de la intensificación del conflicto. El 17 de junio llegaron noticias sobre un intento de tomar la ciudad de Bakuba, capital de la provincia de Diyala, que está sólo a unos 64 kilómetros al norte de Bagdad.

ISIS ya controla Mosul, Tikrit, Tal Afar y unas cuantas ciudades más pequeñas y pueblos. Sin embargo, sus victorias en el norte de Irak no son solo avances militares: ahora el grupo es capaz de acceder a equipamiento militar gubernamental, inclusive helicópteros y todoterrenos militares Humvee, así como a sustanciales fondos en bancos y en empresas aseguradoras de los lugares que han tomado. Han llegado noticias de que solo los bancos de Mosul han incrementado los fondos de los grupos yihadistas en 400 millones de dólares americanos. Por supuesto, ISIS tiene además ingresos regulares adicionales provenientes de los campos petrolíferos que controla en el este de Siria, de la venta de antigüedades conseguidas en los saqueos de emplazamientos históricos, y también de donaciones por parte de acaudalados contribuyentes de Arabia Saudí y de los Estados del Golfo Pérsico.

Según afirmó David Gardner en el Financial Times: “Cuando tu segunda mayor ciudad es invadida por una horda de camisas negras fanáticos yihadistas, y tu ejército se diluye, cuando convocas el estado de emergencia pero no consigues llegar al quórum parlamentario necesario, lo que tienes es la caída en picado de un Estado. Eso es lo que Nouri al-Maleki, el irremediablemente sectario primer ministro de Irak, presidente en estos momentos, en lo que puede bien ser el último estertor de su país como nación unida”.A pesar de que la mayoría de las noticias sitúan a ISIS por primera vez en Siria en el 2013, los jefes del grupo tienen un mayor historial como parte de una de las ramas de Al Qaeda. Abu Bakr al-Baghdadi, el mascarón de proa de ISIS, nació en Samarra, al norte de Bagdad, y se unió a los insurgentes tras la invasión encabezada por los EE.UU en 2003.

El grupo afirma contar entre sus filas a personas del Reino Unido, Alemania y de otros países europeos, así como también de los EE.UU, y su propósito declarado es crear un Estado islámico en Irak y en Siria. No obstante, su mayor enemigo es Irán –miembros de la Guardia de la Revolución iraní ha estado luchando contra ellos durante los últimos meses en Siria-. Las fuerzas de ISIS están ahora a menos de 40 quilómetros de la frontera con Irán, amenazando la zonas sagradas Chíis de Karbala y de Najaf en territorio iraquí. La propaganda es clara: liberad a la región de los tafkiri (apóstatas o aquellos que son acusados de ser chiís impuros o adúlteros). Según el príncipe Turki bin Faisal al-Saud, el anterior jefe de Inteligencia de Arabia Saudí, quien debería conocer a ISIS así como a otros grupos yihadistas, ISIS no suma más de 3.000 soldados, con lo que no hubiera podido avanzar tan rápido sin la ayuda de las tribus locales sunís y de grupos políticos. En muchas de las ciudades del norte de Irak, los miembros y los partidarios del Partido Islámico, vinculado a la Hermandad musulmana, han unido sus fuerzas a las de ISIS.

Raíces en 2013 Contra lo que los medios occidentales expresan, nada de esto debería ser una sorpresa. Después de todo, los atentados con coche bomba de ISIS en las zonas chiís de Bagdad empezaron el año pasado, y el grupo controla Fallujah desde marzo de 2014. Es más, el actual desastre en Irak fue predicho por todos, inclusive aquellos con un conocimiento limitado de la región, ya en 2002, cuando los EE.UU y sus aliados empezaron con los preparativos para la invasión de Irak. Estos hechos son una consecuencia directa de la invasión de 2003 –el apoyo suní a ISIS se encuentra totalmente vinculado al bombardeo de arrasamiento de los EE.UU de Fallujah y a su apoyo a las sucesivas administraciones sectarias chiís en Bagdad (las cuales, irónicamente, se aliaron con el Estado paria del oeste de la región: Irán). Ninguna negación o falsificación de los hechos por parte de Tony Blair o de cualquier otro belicista puede cambiar esto.

La invasión de Irak en 2003 alteró de manera fundamental el equilibrio de fuerzas en la región. Extrajo quirúrgicamente el control reaccionario, pero más o menos seglar, de Saddam Hussein y puso en el poder un gobierno chií, aunque bajo los auspicios de la ocupación estadounidense.

Ese gobierno estuvo y sigue muy próximo a Irán. Arabia Saudí se opuso a ello con firmeza, junto a la mayoría de los estados sunís, cuyas maniobras en su contra empezaron ya desde el principio. No puede haber ninguna duda de que, por todas sus palabras sobre la inclusividad con respecto a los sunís, turcos y kurdos, el gobierno iraquí siguió políticas sectarias desde el comienzo. Los sunís se enfrentaron a la discriminación rutinaria y la corrupción se puso a punto de caramelo. Al comienzo, la oposición armada al Estado chií no era yihadista –una parte no era ni tan solo religiosa; estaba, simplemente, contra la ocupación- Siempre fue una cuestión de cuándo -no de si- los yihadistas intervendrían.

Habiendo dicho esto, sería incorrecto verlo como un mero y simple conflicto chií-suní. Tal y como Sami Ramadani ha recordado esta semana: “Antes de la ocupación de 2003 liderada por EE.UU, el único incidente había sido el violento saqueo de los barrios judíos en 1941… Los atentados con bomba contra las sinagogas en Bagdad entre 1950-1951, al final, resultaron ser un plan de los sionistas para asustar a los judíos de Irak –una de las comunidades judías más antiguas del mundo- para que emigraran a Israel después de que se negaran a hacerlo. Hasta la década de los 70 casi todas las organizaciones políticas de Irak eran seglares, y atraían a personas de todas las religiones o de ninguna.” [The Guardian] El conflicto actual versa no solo sobre la inestabilidad generada por la guerra, sino también sobre el equilibrio de las fuerzas geopolíticas en la región – entre ellas la “Primavera árabe”-. Contrariamente a lo expresado por Tony Blair, la Primavera árabe no surgió por el tipo de democracia deformada, hipócritamente promovida, por Bush y él mismo. Fue una rebelión contra los dictadores prooccidentales, y por unas mejores condiciones económicas en un momento en que el tránsito de los peores aspectos de la crisis económica global a los países de la periferia habían empeorado las condiciones de vida de la mayoría de la población en países como Egipto, Túnez o Siria.

En el mundo árabe había también vergüenza por la derrota de la guerra en Irak, frustración por la actitud conciliadora de los gobernantes prooccidentales en relación con el problema palestino. Las masas árabes se rebelaron contra los dictadores a los que veían como marionetas o aliados de occidente. Muchos en El Cairo, así como en Túnez y Damasco, vieron, con razón, parte de la responsabilidad de todo aquello en sus dirigentes. Es cierto que el levantamiento sirio empezó como parte de la Primavera árabe antes de que los yihadistas, incluyendo ISIS, se involucrara; pero, ¿quién financió a estos yihadistas? Los aliados de occidente más importantes en la región: Arabia Saudí y los Estados del Golfo Pérsico. ¿Por qué? Porque no tenían miedo de la creciente influencia de Irán en Irak, Siria y El Líbano. Así pues, Blair estaría mejor callado – cada palabra que pronuncia expone no solo su reaccionaria autojustificación, sino también su completa ignorancia sobre la región-.

La clave para nosotros es seguir recordando a la gente que estamos en esta terrible situación no porque a los sunís no les gusten los chiís; o viceversa; no porque los árabes, simplemente, se lo pasan bien luchando entre ellos. Estamos aquí por los políticos occidentales, tales como Bush y como Blair, que no tenían ni idea de lo que estaba pasando en Oriente Medio. Nos enfrentamos a esta situación por la historia del Colonialismo y por la manera en que las arbitrarias fronteras fueron diseñadas tras la caída del Imperio Otomano –y, de nuevo, los comentarios de Blair muestran su supina ignorancia de esa Historia-.

Estamos aquí porque occidente apoyó la dictadura del Shah, porque apoyó el gobierno bathista de Saddam Hussein en su guerra contra la República Islámica de Irán en la década de los 80 –y entonces, cuando Saddam se convirtió en el “enemigo”, los EE.UU hicieron la vista gorda a los avances de Irán en la región-. Entonces, a mediados de los 2000, receloso de los cambios que había inadvertidamente causado en el equilibrio de fuerzas en la región y preocupado por la influencia de Irán, intensificaron el conflicto con Irán, usando la excusa del programa nuclear del país, y castigó a la gente iraní –más que a su gobierno- con rigurosas sanciones. Finalmente, ahora que ha aparecido otro enemigo, occidente busca establecer una alianza con los que hasta ayer eran sus enemigos. No es ninguna sorpresa pues que haya cinismo y más, en la región, sobre esta última fase de la política exterior estadounidense.

La situación es, pues, que los dos países directa e indirectamente responsables de la creación del actual barullo en Irak y Siria –i.e. los EE.UU e Irán- ahora están uniendo fuerzas para hablar de cooperación con respecto a la “situación de la seguridad en Irak”. Ambos ya han convocado cientos de miembros del personal militar para “avisar” a Bagdad.

El 17 de junio, los EE.UU envió el barco americano Mesa Verde, con una carga de helicópteros de combate, al Golfo Pérsico para sumarse a otros barcos, entre los que se cuenta el portaaviones George HW Bush. El presidente Barack Obama, después de todo, ha dicho que no se descarta ninguna opción, y eso incluye el ataque aéreo.

Irán ya está militarmente involucrado. Un antiguo miembro de la Guardia Revolucionaria ha estado en el país durante las últimas tres semanas con el fin de aconsejar al gobierno de Nouri al-Maleki, y según algunas informaciones, está dirigiendo operaciones militares en Bagdad. El 13 de junio se confirmó que cientos de Guardias Revolucionarios ya estaban luchando en Irak, y que el presidente iraní, Hassan Rowhani, había dicho que Irán estaba preparado para dar comienzo con su intervención. No hay que olvidar que hasta hace unos pocos meses, los EE.UU estaban apoyando a los insurgentes sirios contra el régimen proiraní de Bashar al-Assad.

Hillary Clinton no cree que vaya a haber ataques militares y sugiere que los EE.UU deberían trabajar con el gobierno de Maleki para hacer que su ejército sirviera para algo. Considera que el ejército iraquí debe ser más disciplinado, menos sectario y menos corrupto. Claramente, se engaña. La ocupación estadounidense se ha valido de un Estado sectario chií para gobernar el Irak de la postguerra, así que es un poco tarde ahora para preocuparse sobre el sectarismo en el país.

¿Y qué hay sobre la corrupción? El ejército ha aprendido lo que sabe sobre corrupción a partir de los gustos del anterior secretario de defensa Donald Rumsfeld y de otros representantes de la ocupación estadounidense. Vieron como la “democracia iraquí” significaba permitir a las empresas como Halliburton hacer miles de millones gracias a la guerra. El ejército iraquí se muestra espectacularmente inútil a la hora de luchar contra los yihadistas, pero es bien capaz de eliminar y ejecutar civiles. La idea de “reciclar” una fuerza tal es parecida a la idea de “reciclar” la Mafia. Nada de esto excusa los bárbaros actos de los yihadistas –vienen de otra época-. Sin embargo, subraya lo correcto de nuestra posición, que nosotros, en Apartad las Manos de los Iranís (HOPI), hemos siempre esgrimido ante la naturaleza reaccionaria del imperialismo y del Islam político.

Nuevo contexto La situación en Irak ha cambiado todo el contexto de las negociaciones sobre las actividades de enriquecimiento del uranio en Irán. Los EE.UU se encuentran ahora en una situación bastante más precaria –los Republicanos han estado señalando esta situación con vehemencia-. Si hace una semana había alguna duda sobre si el arreglo provisional podría prorrogarse ante la ausencia de un acuerdo en firme antes del 20 de julio como fecha límite, de repente, nos llegan noticias sobre el diseño de un acuerdo final. Parece que todos los obstáculos han sido eliminados.

Mientras tanto, el Reino Unido se ha apresurado a reabrir la embajada británica en Teherán y David Cameron ha dado el paso siguiente: admitir el papel del M15 en el golpe de estado que echó el gobierno de Mohammad Mossadegh en 1953. Sin embargo, todo esto puede cambiar de la noche a la mañana si las conversaciones sobre Irak fracasan o si se identifica a un nuevo enemigo en la región. No hay nada que impida que la política exterior de los EE.UU tome nuevo rumbo.

Fuere cual fuere el resultado del conflicto actual, el futuro pinta mal. El gobierno iraquí ha tenido que confiar en las milicias chiís radicales, inclusive aquellas fuerzas que previamente habían luchado contra la ocupación estadounidense. Si sobreviven, tales fuerzas pedirán tener un papel más importante en los asuntos de estado, así como una más estricta implementación de la legislación islámica chií. Sin algún tipo de movimiento progresista desde abajo nos enfrentamos a la posibilidad de la barbarie. Y no solo arruinará Irak, sino que se esparcirá por Siria y El Líbano, por Turquía e Irán.

Esto no supondrá directamente una guerra civil. Los yihadistas han encontrado aliados entre las anteriores fuerzas bathistas y tribales enfrentadas al Estado iraquí. Sin embargo, estas fuerzas se verán pronto neutralizadas por el extremismo de ISIS, como en Siria. De ahí, formaron alianzas con los islámicos moderados y otros grupos seglares que luchaban contra Assad. No obstante, pronto comenzaron a dominar esos grupos, esperando de ellos que se adhirieran a la estricta Sharia. Lo mismo con las ciudades iraquís en donde ISIS ha ganado terreno. Así que no será un caso claro de conflicto entre los sunís y los chiís. Habrá luchas intestinas entre Sunís y Chiís y la posibilidad de una fragmentación a largo plazo.

La situación se complica todavía más en las zonas kurdas. Los yihadistas ya han ostensiblemente abandonado a los kurdos y han aprovechado la oportunidad, por ejemplo, de trasladarse a Kirkuk, en la parte más rica en petróleo del Kurdistán iraquí. Hay noticias sin confirmar de que el líder del Partido Democrático del Kurdistán, Masoud Barzani, ha ordenado a sus fuerzas no atacar a ISIS. Sin embargo los kurdos no van a dejarse enredar. Los yihadistas tienen claramente programado imponer la Sharia en todas partes. Desde ese punto de vista, de hecho, tienen más en común con Maleki en cuanto a jefe del Estado chií que con el gobierno kurdo.

Un Irak dividido en tres o más países separados puede irle muy bien al proimperialista Masoud Barzani, junto con los fabricantes de armas occidentales y las empresas petrolíferas. Pero sería un desastre para las gentes de estas áreas étnicamente mixtas, al producir una situación de conflicto permanente. La lección que esta situación desastrosa nos ofrece una vez más es la necesidad de situarse implacablemente en contra del imperialismo y de sus expediciones militares, y, al mismo tiempo, oponerse en firme al Islam político en todos sus matices: desde el moderado hasta el radical o yihadista. Decimos que no a la intervención estadounidense, no a la intervención iraní. Ellos y otras fuerzas reaccionarias han causado esta tragedia y, incluso si su intervención fuera a asegurar la victoria militar contra ISIS, nunca disminuiría su apoyo a los islamistas, más bien todo lo contrario.

Si los EE.UU realmente quieren negociar con los yihadistas, entonces lógicamente debería saldar sus cuentas con los “paymaster” de Arabia Saudí y de los emiratos del Golfo Pérsico. El problema es que, cuando luchaban contra Assad, occidente no mostraba mucha preocupación con su “extremismo” y adhesión al yihadista Islam político. Ahora puede que sea demasiado tarde.

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¿Por qué Alemania renunció a la repatriación del oro almacenado en Estados Unidos?

Dom, 29/06/2014 - 12:01

En forma tan sorpresiva como sospechosa, el gobierno de Alemania decidió renunciar a la repatriación de sus reservas de oro que mantiene en la fortaleza de Fort Knox, Estados Unidos. Alemania había solicitado en reiteradas ocasiones la devolución del oro, pero, como señalamos aqui, Estados Unidos ha procedido con gran lentitud en el cumplimiento del trámite solicitado por Alemania. Sin embargo, cuando se trató de sacar el oro de Ucrania, Estados Unidos operó con gran rapidez y en menos de dos horas Ucrania se despidió para siempre de más de 40 toneladas de oro. Hasta el momento, el gobierno de Porochenko no ha pedido ninguna explicación a la administración anterior sobre este tema crucial.
El retiro de la petición de Alemania de repatriar los más de 140.000 millones de dólares en oro ha despertado suspicacias y el ex subsecretario del Tesoro de Estados Unidos en el período de Ronald Reagan, Paul Craig Roberts, ha señalado sin tapujos que Estados Unidos no tiene ni un lingote de oro. Para Craig Roberts, esto significa que "Estados Unidos no tiene el oro y no puede devolver nada. Por eso que ha obligado a Alemania que deje de pedirlo ya que no hay nada que se le puede entregar.

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La mayor revelación del Mundial de Brasil

Dom, 29/06/2014 - 09:00
Emir Sader, Público

Pese a los favoritos de siempre, ningún equipo ha logrado destacar de manera contundente más que los otros. Hasta el punto que, ya en su primera fase, el Mundial de Brasil ha traído muchas sorpresas. La primera de ellas es la precoz eliminación del combinado español, un equipo que ya había dado señales de que su mejor momento había pasado. La salida de Inglaterra, menos sorprendente que la anterior, también resulta inesperada. Más positiva es la participación de Costa Rica, que ha logrado el paso a octavos en el grupo más difícil.

Brasil y Argentina todavía no han jugado un gran fútbol, Alemania y Holanda comenzaron bien, pero no han mantenido el nivel, mientras que Francia ha ido de menos a más. Pero más allá de las críticas que se hayan podido hacer a los equipos nacionales, parece que desde el principio había una certeza: el Mundial de Brasil sería un caos.

Las fuentes parecían seguras: los medios de comunicación brasileños lanzaban al unísono mensajes alarmantes sobre todo lo que ocurría. Los corresponsales venían con sus informaciones ya elaboradas y parecían confirmarlas en el lugar de los hechos. Todo hacía prever lo peor.

Los estadios no estarán listos hasta 2038, titulaba literalmente la revista semanal brasileña Veja, —una de las publicaciones con mayor difusión en el país—, incapaz de imaginar cómo sería posible jugar partidos mientras 18 estadios estaban en proceso de construcción y con los problemas de todo orden que se anunciaban tenían.

En los aeropuertos reinaría el “caos aéreo”, proclamaban los medios opositores —prácticamente todos lo son—, los vuelos no serían capaces de cubrir la demanda, habría retrasos, los visitantes no llegarían a tiempo a los partidos, etc.

El transporte sería un obstáculo fundamental para que las cosas funcionaran bien. Embotellamientos, buses que no llegarían puntuales, equipos que se retrasarían para los entrenamientos y hasta para los partidos, hinchadas sin posibilidad de desplazarse, un caos terrestre.

Las manifestaciones, con gran participación popular y enfrentamientos diarios con la policía, pondrían en riesgo la disputa de los partidos y serían la tónica habitual durante la celebración del Mundial de Brasil. Los cineastas y fotógrafos venían con la consigna de poner tanto o más énfasis en esos choques que en los propios partidos.

Sin embargo, las sorpresa está siendo mayúscula para los visitantes que han ido llegando: los aeropuertos funcionan muy bien, prácticamente no hay retrasos de vuelos, todo lo contrario de lo que se anunciaba. Los 18 campos de fútbol, todos listos, muy bonitos, admirados por todos los que los han visitado, permiten que Brasil tenga el mejor conjunto de estadios en el mundo. El transporte terrestre funciona igualmente muy bien, cubriendo las necesidades que han podido surgir. En cuanto a las manifestaciones, han sido cada vez mas pequeñas, más inexpresivas, hasta el punto que ni los medios internacionales se ocupan de ellas.

La visión política de un país en plena crisis social se desvaneció en poco tiempo. La declaración del Ministerio de Relaciones Internacionales de Alemania de que Brasil sería “un país de alto riesgo” suena ridícula. Los jugadores alemanes y la hinchada de ese país son de los que más se divierten, sin problema alguno.

La operación política de generar una imagen caótica de Brasil tuvo el efecto boomerang. Como la gente llegaba con la peor de las expectativas, todos elogian todavía mucho más lo que se encuentran. Y se confirma lo que dijo Lula: tienen un encuentro extraordinario con lo mejor que tiene Brasil, su pueblo.

Cualquiera que sea el resultado del Mundial, Brasil ya ganó, fuera del campo, el Mundial del 2014. Le dio la vuelta a una odiosa campaña –consciente por parte de los que discrepan de las políticas del Gobierno brasileño, ingenua por parte de los que simplemente han reproducido lo que los grandes medios decían— en su contra y sale con su imagen fortalecida del Mundial del 2014.

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El capital financiero saquea Río de Janeiro

Sáb, 28/06/2014 - 14:10
Raúl Zibechi, La Jornada

En menos de una década Río de Janeiro está padeciendo tres grandes eventos que modifican su fisonomía: los Juegos Panamericanos en 2007, la Copa del Mundo en 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016. Esa sucesión de megaeventos deportivos en tan poco tiempo es aprovechada por el capital financiero para remodelar una de las ciudades más bellas del mundo, donde obtiene enormes ganancias y provoca daños irreparables a los más pobres.

Este mes el Comité Popular de la Copa y las Olimpiadas de Río lanzó el cuarto dossier titulado Megaeventos y violaciones de los derechos humanos en Río de Janeiro (se puede bajar de comitepopulario.wordpress.com). A lo largo de 170 páginas analiza las principales consecuencias que están teniendo sobre la ciudad y su población, a la vez que pone al descubierto quiénes se benefician con las millonarias obras que imponen, entre otras, la FIFA y el Comité Olímpico Internacional.

Los megaeventos deportivos marcan el retorno de la forma más violenta de menosprecio de los derechos a la vivienda en la ciudad, puede leerse al comienzo del dossier. Se trata de una limpieza social que consiste en relocalizar a los pobres para abrir oportunidades de negocios a las grandes empresas, en zonas nobles como Barra da Tijuca, Jacarepaguá y el centro histórico, mientras los traslada a zonas lejanas donde deben remprender sus vidas desde la nada. Hasta ahora son casi 5 mil familias desplazadas de 29 comunidades, estando otras 5 mil amenazadas de desalojo.

El Comité de la Copa apoya con estudios y análisis a las comunidades desalojadas, pero sus miembros también ponen el cuerpo para resistir a las excavadoras que derriban viviendas. Las mujeres están a la cabeza de la resistencia, como Inalva Britos, en Vila Autódromo, y Alessandra en el morro da (cerro de la) Providencia. En los barrios populares las mujeres venden comida en el vecindario o hacen artesanías, estrategia de sobrevivencia que no van a poder continuar en los desolados barrios del programa Mi Casa Mi Vida. Resistir es cuestión de vida.

Río es la ciudad más afectada por la especulación inmobiliaria. El precio de las viviendas subió 65 por ciento entre 2011 y 2014, frente a un promedio de 52 por ciento en Brasil. El precio de los alquileres subió 43 por ciento, frente a 26 por ciento en São Paulo. La lista de obras es impresionante: dos estadios (el Olímpico y Maracaná), la Villa Olímpica y el Puerto Maravilla; seis líneas de trenes livianos, ampliación del metro y de las autopistas o vías rápidas urbanas: todo financiado con dineros públicos.

Sólo la remodelación en Río, de Maracaná demandó mil 50 millones de reales (470 millones de dólares). El presupuesto de obras aumentó 65 por ciento desde lo presupuestado en 2010, alcanzando la astronómica cifra de mil 500 millones de dólares sólo para las obras del Mundial y las Olimpiadas. Las principales beneficiarias son las grandes constructoras: Odebrecht, OAS, Camargo Corrêa y Andrade Gutierrez. Casualmente, las que mayores aportes hacen a los partidos políticos en las campañas electorales.

Maracaná ha sido remodelada completamente por Odebrecht, que conserva además la apetecida gestión del recinto. Comparte con Andrade Gutierrez la construcción y gestión de la Villa Olímpica, con OAS la gestión del estado Olímpico, y así hasta 20 grandes obras en Río de Janeiro, cientos en las 12 ciudades sedes del Mundial, incluyendo nuevos aeropuertos y hoteles. Sólo la nueva Terminal 3 del aeropuerto de Guarulhos (São Paulo) tuvo hasta ahora un costo de mil 500 millones de dólares.

Nada de esto se puede hacer sin represión. La ocupación por el ejército del Complexo da Maré (130 mil habitantes en 16 favelas), hasta que termine el Mundial, es apenas la acción más conocida por la población. Esta semana el gobierno del estado de Río informó de la incorporación de ocho nuevos blindados para el Batallón de Operaciones Especiales (BOPE), que serán utilizados en los operativos de “pacificación de las favelas” (O Globo, 24/06/14).

En los cuatro meses previos al Mundial, la Secretaría de Estado de Río informó de 4 mil 250 internaciones forzosas de personas en situación de calle, quienes son trasladadas a un albergue a 70 kilómetros del centro de la ciudad, donde, según el dossier de los Comités de la Copa, son alojados en condiciones precarias y sufren prácticas de tortura.

Río de Janeiro se está convirtiendo en una ciudad cada vez más cara y desigual, señala el dossier del Comité de la Copa. Una ciudad fracturada, conflictiva, como sucedió en el reciente carnaval, cuando más de 70 por ciento de los 14 mil recolectores de basura entraron en huelga. Luego de ocho días de duro conflicto y descalificaciones, una de las categorías peor pagadas obtuvo un aumento de 37 por ciento en su salario base, que aun así es de apenas 500 dólares. Pese a las presiones, aún se mantiene el enorme campamento de 4 mil personas organizado por el MTST (Movimiento de Trabajadores Sin Techo) a tres kilómetros del estadio Itaquerão.

Cuando se lleva disputada la mitad del Mundial, las manifestaciones han descendido y la cantidad de personas movilizadas es menor que en las semanas previas. Aun así, las protestas están lejos de desaparecer. Nadie olvida el éxito de las jornadas de junio de 2013, que consiguieron frenar los aumentos del boleto de transporte urbano, pero que en realidad cuestionaban el modelo de ciudad que va imponiendo el capital con apoyo de una amplia coalición de partidos.

Un reciente comunicado del MTST, que mantiene un campamento de 400 personas frente a la cámara municipal en demanda de vivienda popular, asegura que su lucha no comenzó con el Mundial ni se terminará cuando finalice. Reafirmamos que el gran legado del Mundial fue la especulación inmobiliaria y la exclusión urbana.

Después de julio, cuando el balón deje de rodar y se apaguen los fuegos de artificio mediáticos, los brasileños volverán a su vida cotidiana, pagando precios abusivos por un transporte pésimo. La resistencia al extractivismo urbano recién comienza.

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Del Sur al Norte: crisis de la deuda y programas de ajuste

Ven, 27/06/2014 - 14:14

Eric Toussaint, CADTM

Este texto pone en evidencia las similitudes de las políticas impuestas a los pueblos del Norte y del Sur del planeta a partir del gran giro neoliberal de los años 1980. Si bien fue escrito en julio de 2000, ningún retoque es necesario para presentar y analizar el desarrollo de los acontecimientos del período 1980-2000 en materia de austeridad y de endeudamiento. Su contenido tiene la ventaja de mostrar que las políticas aplicadas progresivamente a partir de 2008 en Grecia, en Europa occidental y en los Estados Unidos constituyen la profundización de una ofensiva iniciada tres decenios antes. Los argumentos utilizados por los gobiernos y los organismos internacionales que los aplican no han cambiado verdaderamente, lo mismo que las recetas utilizadas.

A partir de los años 1980, la crisis del endeudamiento público, tanto de los países del Tercer Mundo y del Este como de los países industrializados, ha sido sistemáticamente utilizada para imponer políticas de austeridad en nombre del ajuste |1|. Acusando a sus predecesores de haber vivido “por encima de sus posibilidades” recurriendo demasiado fácilmente al empréstito, la mayor parte de los gobiernos en funciones desde entonces han infligido progresivamente un “ajuste” de los gastos públicos, los sociales en particular, como si se tratara de ajustar un cinturón apretándole uno o dos agujeros.

Por lo que se refiere al Tercer Mundo y el Este, el formidable crecimiento de la deuda pública comenzó a finales de los años 1960 y desembocó en una crisis de pagos a partir de 1982. Este endeudamiento tiene responsables. Se encuentran esencialmente en los países más industrializados: los bancos privados, el Banco Mundial y los gobiernos del Norte que prestaron literalmente a espuertas centenares de miles de millones de eurodólares y de petrodólares.

Para colocar sus excedentes de capitales y de mercancías, esos diferentes actores del Norte prestaron a tasas de interés muy bajas. La deuda pública de los países del Tercer Mundo y del Este fue así multiplicada por doce entre 1968 y 1980. En los países más industrializados, el endeudamiento público aumentó igualmente con fuerza durante los años 1970, al intentar responder los gobiernos al final de los “treinta gloriosos” años de posguerra con políticas keynesianas de relanzamiento de la máquina económica.

Un giro histórico se emprendió en 1979, 1980, 1981, con la llegada al poder de Thatcher y de Reagan, que a partir de entonces aplicaron a gran escala las políticas soñadas por los neoliberales.

De entrada, procedieron en particular a una muy fuerte subida de las tasas de interés, que obligó a los poderes públicos endeudados a transferir a las instituciones financieras privadas montantes colosales. A partir de ese momento, a escala planetaria, el reembolso de la deuda pública constituyó un poderoso mecanismo de bombeo de una parte de las riquezas creadas por los trabajadores asalariados y los pequeños productores en beneficio del capital financiero.

Esas políticas, dictadas por los neoliberales, iniciaban una formidable ofensiva del capital contra el trabajo. Endeudados, los poderes públicos se pusieron a reducir los gastos sociales y de inversión, para “equilibrar” las cuentas; luego, recurrieron a nuevos préstamos, para hacer frente a la subida de las tasas de interés: es el famoso efecto “bola de nieve”, vivido en los cuatro puntos del planeta durante los años 1980. Es decir, un aumento mecánico de la deuda causado por el efecto combinado de las tasas de interés elevadas y de los nuevos préstamos necesarios para el reembolso de los préstamos anteriores.

Para pagar la deuda pública, los gobiernos se sirvieron abundantemente de los impuestos, cuya estructura fue modificada de forma regresiva en el curso de los años 1980-1990: la parte de los ingresos fiscales provenientes de los impuestos sobre las rentas del capital disminuyó, mientras que aumentaba la parte de los ingresos provenientes de los impuestos sobre el trabajo asalariado, de una parte, y sobre el consumo de masas, vía la generalización del IVA y el aumento de los impuestos indirectos, de otra.

En definitiva, el Estado quitó a los trabajadores y a los pobres para dar a los ricos, al capital: exactamente lo contrario de una política redistributiva, que debería ser, sin embargo, la preocupación principal de los poderes públicos…

La crisis de la deuda pública de los años 1980 está íntimamente ligada al proceso de desreglamentación que preside la mundialización neoliberal. En efecto, el aumento colosal del endeudamiento público, a finales de los años 1960 y comienzos de los años 1980 fue pareja con el desarrollo del mercado de los “eurodólares”, es decir una de las primeras etapas de la desreglamentación del sistema monetario internacional y de los mercados de cambios.

Importancia estratégica del ajuste estructural en los países de la periferia Las políticas de ajuste estructural comenzaron a ser aplicadas en los países de la periferia justo después del estallido de la crisis de la deuda en agosto de 1982. Constituyeron la prosecución, bajo una forma nueva, de una ofensiva que había comenzado unos quince años antes.

¿Qué estaba en juego en esta ofensiva? Para los estrategas de los gobiernos del Norte y de las instituciones financieras multilaterales a su servicio, comenzando por el Banco Mundial, imperativamente había que responder a un desafío, la pérdida de control sobre una parte creciente de la periferia: entre los años 1940 a los 1960, se fueron sucediendo las independencias asiáticas y africanas, el bloque del Este europeo se había ampliado, las revoluciones china, cubana y argelina habían triunfado, habían aparecido políticas populistas y nacionalistas, puestas en marcha por regímenes capitalistas de la periferia -del peronismo argentino al partido del Congreso indio de Nehru, pasando por el nacionalismo nasseriano-… En definitiva, nuevos movimientos y organizaciones se habían desarrollado un poco en todas partes a escala internacional, constituyendo otros tantos peligros para la dominación de las principales potencias capitalistas.

Los préstamos masivos concedidos, a partir de la segunda mitad de los años 1960, a un número creciente de países de la periferia (comenzando por los aliados estratégicos, el Congo de Mobutu, la Indonesia de Suharto, el Brasil de la dictadura militar, llegando hasta países como Yugoslavia y México) juegan el papel de lubrificante de un poderoso mecanismo de recuperación del control. Esos préstamos concretos tenían por objetivo el abandono por esos países de su política nacionalista y una conexión más fuerte de las economías de la periferia al mercado mundial dominado por el centro. Se trata igualmente de asegurar el aprovisionamiento de las economías del Centro en materias primas y en combustibles. Poniendo los países de la periferia progresivamente en competencia los unos con los otros, incitándoles a “reforzar su modelo exportador”, el objetivo era hacer bajar los precios de los productos que exportaban y, por consiguiente, reducir los costes de producción en el Norte y aumentar en él la tasa de ganancia. Se trataba en fin, en un contexto de ascenso de las luchas de emancipación de los pueblos y de guerra fría con el bloque del Este, de reforzar la zona de influencia de los principales países capitalistas. Ciertamente, no se puede afirmar que hubo por parte de los bancos privados, del Banco Mundial y de los gobiernos del Norte, la puesta en marcha de un complot. Pero no deja de ser cierto que un análisis de las políticas seguidas por el Banco Mundial y por los principales gobiernos de los países industrializados en materia de préstamos a la periferia muestra claramente que esos actores perseguían objetivos estratégicos |2|…

La crisis que estalla en 1982 es el resultado del efecto combinado de la bajada de los precios de los productos exportados por los países de la periferia hacia el mercado mundial y de la explosión de las tasas de interés. De un día para otro, hay que pagar más con ingresos que disminuyen. De ahí, el estrangulamiento. Los países endeudados anuncian que están confrontados a dificultades de pago. Los bancos privados del centro se niegan inmediatamente a conceder nuevos préstamos y exigen que se les paguen los antiguos. El FMI y los principales países capitalistas industrializados adelantan nuevos préstamos para permitir a los bancos privados recuperar su apuesta y para impedir una sucesión de quiebras bancarias.

Desde esa época, el FMI, apoyado por el banco Mundial, impone los planes de ajuste estructural. Un país endeudado que se niega al ajuste estructural se ve amenazado con la detención de los préstamos del FMI y de los gobiernos del Norte. Se puede afirmar sin riesgo a equivocarse que quienes, a partir de 1982, proponían a los países de la periferia que dejaran de pagar sus deudas y que constituyeran un frente de los países deudores tenían razón. Si los países del Sur hubieran instaurado ese frente, habrían sido capaces de dictar sus condiciones a acreedores desesperados.

Al optar por la vía del reembolso, bajo las horcas caudinas del FMI, los países endeudados han transferido hacia el capital financiero del Norte el equivalente de varios planes Marshall. Las políticas de ajuste han implicado el abandono progresivo de elementos clave de la soberanía nacional, lo que ha desembocado en un aumento de la dependencia de los países concernidos hacia los países más industrializados y sus multinacionales. Ninguno de los países que haya aplicado el ajuste estructural ha podido sostener de forma duradera una tasa de crecimiento elevada. Las desigualdades sociales han aumentado en todas partes. Ningún país “ajustado” constituye una excepción.

Los nuevos préstamos concedidos por el FMI desde 1982 persiguen tres objetivos: 1) establecer las reformas estructurales impuestas por el ajuste; 2) asegurar el reembolso de la deuda contratada; 3) permitir progresivamente a los países endeudados tener acceso a los préstamos privados vía los mercados financieros.

¿En qué consiste este “ajuste”?El ajuste estructural comprende dos grandes tipos de medidas. Las primeras son medidas de choque (generalmente la devaluación de la moneda y la subida de las tasas de interés en el interior del país concernido). Las segundas son reformas estructurales (privatización, reforma fiscal, etc.). Las devaluaciones impuestas por el FMI han alcanzado regularmente tasas del 40% al 50%. Intentan hacer más competitivas las exportaciones de los países concernidos, de forma que aumenten las entradas de divisas necesarias para el reembolso de la deuda. Otra ventaja, no despreciable desde el punto de vista de los intereses del FMI y de los países más industrializados: provocan una bajada del precio de los productos exportados por los países del Sur.

Para estos últimos tienen efectos más negativos: engendran una explosión del precio de los productos importados en su propio mercado y deprimen por ello la producción interna. Así, no solo sus costes de producción aumentan, tanto en la agricultura como en la industria y el artesanado -esto tanto más en la medida que incorporan ya numerosos recursos importados como consecuencia del abandono de las políticas “autocentradas”-, sino que el poder de compra de la gran masa de sus consumidores se estanca (el FMI prohíbe toda indexación de los salarios). Además, esas devaluaciones provocan un agravamiento de las desigualdades en el reparto de las rentas, pues los capitalistas, que disponían de liquidez, tomaron cuidado de comprar divisas extranjeras antes de su aplicación. Así, en el caso por ejemplo de una devaluación del 50%, el valor de su liquidez se duplicaba.

La política de tipos de interés elevados, por su parte, no hace sino aumentar la recesión interna: el campesino o el artesano, que debe pedir prestado para comprar los recursos necesarios para su producción, duda en hacerlo o reduce su producción por falta de medios.

Por el contrario, el capital rentista prospera. El FMI justifica estos tipos elevados afirmando que atraerán a los capitales extranjeros de los que tiene necesidad el país. En la práctica, los capitales que son atraídos por tales tipos son volátiles y toman rumbo a otros cielos al menor problema o cuando aparece una mejor perspectiva de ganancia.

Otras medidas de ajuste específicas de los países de la periferia: la supresión de los subsidios a ciertos bienes y servicios básicos y la contrarreforma agraria. En la mayor parte de los países del Tercer Mundo, la alimentación básica (pan, tortilla, arroz…) está subvencionada para impedir fuertes subidas de precios. A menudo este es también el caso en lo que se refiere al transporte colectivo, la electricidad y el agua. El FMI y el Banco Mundial exigen sistemáticamente la supresión de tales subsidios, lo que provoca un empobrecimiento de los más pobres y algunas veces revueltas por hambre.

En materia de propiedad de la tierra, el FMI y el Banco Mundial han lanzado una ofensiva a largo plazo que intenta hacer desaparecer toda forma de propiedad comunitaria. Es así como han obtenido la modificación del artículo de la Constitución mexicana que protegía los bienes comunales (ejidos). Y uno de los grandes temas sobre los que trabajan hoy estas dos instituciones es la privatización de las tierras comunitarias o estatales en el África subsahariana…

Medidas de ajuste comunes al Norte y al SurLa reducción del papel del sector público en la economía, la disminución de los gastos sociales, las privatizaciones, la reforma fiscal favorable al capital, la desreglamentación del mercado de trabajo, el abandono de aspectos esenciales de la soberanía de los Estados, la supresión de los controles de cambio, el estímulo del ahorro-pensión por capitalización, la desreglamentación de los intercambios comerciales, el impulso de las operaciones bursátiles... Todas esas medidas son aplicadas en el mundo entero a dosis que varían según las correlaciones de fuerzas sociales. Lo que llama la atención es que desde Malí a Inglaterra, de Canadá a Brasil, de Francia a Tailandia, de Estados Unidos a Rusia se constata una profunda similitud y una complementariedad entre las políticas llamadas de "ajuste estructural", en la periferia, y las bautizadas en el centro como de "saneamiento", "austeridad" o "convergencia". En todas partes, la crisis de la deuda pública ha servido de pretexto para el lanzamiento de tales políticas. En todas partes el pago de la deuda pública representa un engranaje infernal de transferencia de las riquezas en beneficio de los detentadores de capital.

François Chesnais resume la situación en unas frases: "Los mercados de títulos de deuda pública (los mercados obligaciones públicas), puestos en pie por los principales países beneficiarios de la mundialización financiera y luego impuestos a los demás países (sin demasiadas dificultades muy frecuentemente) son, según dice incluso el propio Fondo Monetario Internacional, la piedra "angular" de la mundialización financiera. Traducido a un lenguaje claro, es exactamente el mecanismo más sólido, puesto en pie por la liberalización financiera de transferencia de riquezas de ciertas clases y capas sociales y de ciertos países hacia otros. Atacar a los fundamentos del poder de las finanzas supone el desmantelamiento de esos mecanismos y, por tanto, la anulación de la deuda pública, no solo la de los países más pobres, sino también la de todos los países cuyas fuerzas sociales vivas se niegan a que el gobierno continúe imponiendo la austeridad presupuestaria a los ciudadanos para pagar los intereses de la deuda pública" |3|.

Los planes de ajuste estructural y demás planes de austeridad constituyen una máquina de guerra que intenta destruir todos los mecanismos de solidaridad colectiva (desde los bienes comunes al sistema de pensión por reparto) y someter todas las esferas de la vida humana a la lógica mercantil. El sentido profundo de las políticas de ajuste estructural es la supresión sistemática de todas las trabas históricas y sociales al libre despliegue del capital para permitirle proseguir su lógica de beneficio inmediato, cualquiera que sea su coste humano o medioambiental.

Hay que romper con esta lógica, abandonar las políticas de ajuste estructural, en cualquier lugar que se apliquen, y reconstruir un conjunto de mecanismos de control del capital de forma que se dé prioridad a la Humanidad. De ahí la importancia de crear colectivamente, gracias a solidaridades Norte/Sur, Este/Oeste, nuevas redes de lucha ciudadana. Las múltiples resistencias de las que este libro se hace eco pueden desembocar en un nuevo proyecto emancipador.
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Notas:
|1| Fuente: este texto constituye la Introducción de Éric Toussaint al libro colectivo FMI: Les peuples entrent en Résistance, Edición del Cetim, Ginebra, 2000. El libro fue realizado en colaboración con ATTAC y la Asociación Internacional de Técnicos, Expertos e Investigadores (AITEC). Libro completo: http://cadtm.org/Du-Sud-au-Nord-crise-de-la-dette en la parte abajo o http://www.cetim.ch/fr/documents/PAS-texte.pdf
|2| Para un análisis más en profundidad, leer: Éric Toussaint, La bolsa o la vida, Editorial Clacso, Buenos Aires, 2006, http://cadtm.org/La-bolsa-o-la-vida Textos completos (en el sitio web de Clacso): http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/touss/touss.html Éric Toussaint, Banco Mundial : El golpe de estado permanente, Editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2007 Ver tambien Éric Toussaint y Damien Millet, 60 preguntas 60 respuestas sobre la deuda, el FMI y el Banco mundial, Editorial Gobierno Bolivariano de Venezuela/Centro Internacional Miranda, Caracas, 2011, http://cadtm.org/60-preguntas-60-respuestas-sobre,6891
|3| François Chesnais, Tobin or not Tobin, L’Esprit frappeur, París, 1998.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La interminable guerra de Irak

Ven, 27/06/2014 - 09:01

Angel Guerra Cabrera, AlaiNet

La interminable y multidimensional guerra de Estados Unidos por controlar los hidrocarburos, otros recursos naturales estratégicos y los fondos financieros de otros países, lo ha conducido a utilizar prácticas de una ferocidad y una ausencia de escrúpulos sin límites. El cinismo con que lleva a cabo sus políticas de terror de Estado en nombre de la democracia, los derechos humanos o las “guerras” contra el terrorismo y el narcotráfico no tienen precedente. Ha implantado una tiranía mundial que pisotea las normas del derecho internacional establecidas desde la paz de Westfalia (1649) y vulnera sin contemplaciones los principios legales emanados de la Carta Magna (1215), todos ellos articulados en su Constitución.

Con esta guerra Washington trata también de acosar y cercar militar y económicamente a una China que lo desplaza como primera potencia económica mundial y a Rusia, cuya alianza con la primera crea un formidable polo de poder económico y militar, reforzado por la cooperación con los otros Brics.

A la vez persigue liquidar la lucha de los pueblos y los estados que no se subordinan a sus dictados y defienden su independencia y soberanía. En Medio Oriente, salvo Siria, ya ha destruido literalmente a todos los estados independientes. Ello da una medida del peligro que se cierne sobre los países de América Latina y el Caribe agrupados en el Alba, Unasur y Mercosur e impulsores de un esfuerzo de unidad latino-caribeña como Celac, que produce pesadilla en Washington. Aunque en Venezuela, por su liderazgo latinoamericano y sus incomparables reservas de hidrocarburos la internacional de las derechas concentra esfuerzos descomunales para derrocar su gobierno legítimo ningún país escapa en nuestra región a los planes de reconquista o recolonización de Washington.

Pero sea en la ex Yugoslavia, Afganistán, Venezuela, Argentina, Ucrania, Libia, Siria -y ahora, de repente, nuevamente en Irak-, la impudicia y la hipocresía de esta política exige a los pulpos mediáticos justificarla a sus audiencias cautivas con narrativas fantasiosas, sin lugar en el tiempo ni en el espacio reales. Inventan o reciclan nuevos membretes en cuestión de horas: “terroristas”, la “soledad de los estudiantes venezolanos”, los “expertos económicos sobre Argentina”, o los abnegados luchadores por la democracia en la plaza Maidán, o el caso de intercambiables comodines, un día nobilísimos y admirables rebeldes en Siria y al siguiente bestiales y sanguinarios yihadistas en Irak. Goebbels moriría de envidia.

¿Cómo se explica que una banda de “fundamentalistas islámicos” conquiste en horas una tercera parte de Irak sin apenas resistencia por las fuerzas del gobierno? Nadie más indicado para responderlo que Estados Unidos, creador de esta legión internacional de lunáticos y mercenarios entrenados por la CIA y otros servicios occidentales y armados con un río de dólares sauditas, cataríes y turcos para destruir al Estado sirio y, por consiguiente, golpear duro a Irán, y eliminar a las Fuerzas Patrióticas Libanesas agrupadas en torno a Hezbolá. Se suponía que Washington había organizado con tanto esmero al ejército y la seguridad iraquíes que ya estaban listas según Obama para asegurar la paz y la estabilidad del país.

Es evidente que a los hombres del llamado Estado Islámico de Irak y Levante se han unido otras fuerzas sunitas dentro de ese país no necesariamente fundamentalistas. Entre otras razones por el hartazgo con la escandalosa corrupción y la política sectaria del gobierno chiita de Nuri al-Maliki.

De la misma manera que pueden haberlo hecho muchos entre los miles de combatientes del ejército de Sadam Hussein y de funcionarios baasistas mandados masivamente al desempleo por los yanquis tan pronto inició la ocupación, también agraviados por el sectarismo religioso.

Pero fue Estados Unidos quien aplicó la carta sectaria desde el comienzo de la intervención para su plan de desmembramiento de Irak y Medio Oriente según fronteras confesionales. Como la corrupción. Hay muchos miles de millones de dólares para la “reconstrucción” de Irak cuyo paradero aún desconocen los auditores del gobierno federal. Súmese la repartición entre los amigotes de los jugosos contratos donde cientos de compañías como la Hallyburton de Dick Cheney hicieron su agosto... sin reconstruir nada.

Los gobiernos patriotas y fuerzas populares de América Latina deben mirarse en el espejo de Medio Oriente, unirse “como la plata en las raíces de los Andes” y endurecer sus puños.
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Ver también: Los petrodólares y el interés monetario de las guerras por el petróleoUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Deuda externa, fondos buitres y criminalidad financiera transfronteriza

Ven, 27/06/2014 - 08:01
Hugo Ruiz Diaz Balbuena, CADTM

Entre 1976 y 1999, la deuda pública argentina estuvo cifrada en la suma de unos 85 mil millones de dólares. Un verdadero festín de corrupción, robo y saqueo para el capital financiero internacional y los grupos económicos nacionales subordinados al proyecto político neoliberal

Como lo demostró fehacientemente en el 2000 la Sentencia llamada Olmos, la deuda externa argentina está intrínsecamente tachada de nulidad y de ilegitimidad. Es el caso típico de la llamada Deuda Odiosa.

Sin embargo, a pesar de la claridad y calidad de la sentencia penal del Juez Ballesteros, de la demostración objetiva de la responsabilidad de los grupos económicos nacionales e internacionales, de la del FMI y del Banco Mundial, la misma no recibió un seguimiento serio ni ninguna aplicación concreta.

Como es sabido, Argentina llegó al colapso institucional-político-económico-financiero en el 2001; un verdadero tsunami que puso al Estado y a los poderes públicos al borde de la descomposición total.

Lo que le alcanza de nuevo hoy a Argentina, no es un problema argentino y limitado a ella. Es un problema mucho más de fondo: es un problema de política internacional de paradigmas de organización internacional, de paradigmas de integración, de paradigmas entre soberanía y subordinación, dependencia o independencia, autodeterminación o satelización.

El “fallo” del juez norteamericano no es una decisión propiamente judicial- aunque se guarden las apariencias jurisdiccionales- , sino un juicio político ideológico bajo ficción de aplicaciòn de reglas jurídicas internas. Es un fallo que intenta legitimar el sistema de criminalidad financiera internacional.

¿Qué camino tomar? Hoy es Argentina, mañana serán de nuevo Perú, España, Grecia, Irlanda, Portugal, Italia, República del Congo, Bolivia, Ecuador, Brasil, etc.…

Es en el contexto político en que se da el “fallo” que Evo Morales expresó su solidaridad con Argentina y rechazó cualquier decisión de tribunales extranjeros que atenten contra la soberanía en la región.

Correctamente afirmó que este “fallo” es un acto de agresión financiera y económica, lo cual vuelve a poner en el tapete el tema de la definición de la agresión económica como medio e instrumento para liquidar proyectos de independencia y de desarrollo autónomo de los pueblos de la región. El realidad, como lo señaló Evo Morales con este “fallo” la criminalidad financiera transfronteriza y los especuladores no sólo pretenden” provocar nuevas crisis financieras” en los países de la región , sino conducir de nuevo hacia proyectos políticos de privatización de empresas públicas rentables y al saqueo de recursos naturales.

Asimismo, el presidente Mujica observó que el verdadero objetivo de los fondos buitres son los recursos naturales estratégicos argentinos, en particular, el yacimiento de Vaca muerta. Es decir, una nueva entrega de recursos públicos a empresas trasnacionales.

El MERCOSUR sentó una postura a favor de Argentina manifestando “su más absoluto rechazo a la actitud de dichos fondos, cuyo accionar obstaculiza el logro de acuerdos definitivos entre deudores y acreedores y pone en riesgo la estabilidad financiera de los países”. Los presidentes agrupados en el MERCOSUR expresaron su “solidaridad y apoyo a la República Argentina en la búsqueda de una solución que no comprometa su desarrollo y el bienestar de su pueblo, en consonancia con sus políticas de desarrollo nacional”. Por su parte la CELAC recordaron la Declaración de La Habana, adoptada por la II Cumbre realizada los días 28 y 29 de enero de 2014 en la expresaron la necesidad de contar con “instrumentos que posibiliten acuerdos razonables y definitivos entre acreedores y deudores soberanos” y que permitan hacer frente a problemas de sustentabilidad de deuda de forma ordenada.

Como vemos, el problema de la deuda externa sigue siendo un problema político-estratégico que puede poner de nuevo en jaque el esfuerzo de integración en toda la región. Aun cuando el problema de Argentina con los fondos buitres haya sido objeto de tratamiento en bloques como MERCOSUR y CELAC, las declaraciones y posiciones asumidas no bastan. Es un imperativo pasar a la acción con la puesta en marcha de una nueva arquitectura financiera y económica regional y con un mecanismo autónomo de solución de controversias en la región. Es necesario que un foro como la UNASUR tome medidas concretas contra los actos de corporaciones financieras criminales internacionales como la Elliot y Asociados y contra su cabeza visible Paul Singer y otros responsables.

Pero la mejor manera de confrontar a esta criminalidad financiera transfronteriza es haciendo funcionar de una vez por todas el BANCO DEL SUR.

Asimismo, más que nunca es de nuevo de actualidad desplegar una campaña continental por el no pago de deudas odiosas, nulas e ilegítimas y por una auditoría minuciosa de la deuda externa con la participación directa de la ciudadanía. Asimismo, es tiempo que los procesos penales contra los responsables de esta situación lleguen a su fin y que sean condenados debidamente, incluyendo a los más altos dirigentes, técnicos y burócratas del FMI y del Banco Mundial.

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FMI propone un plan de fontanería financiera para vigilar los flujos de dinero

Xov, 26/06/2014 - 15:26
El Fondo Monetario Internacional se está dando cuenta que las políticas monetarias laxas y los planes de flexibilización cuantitativa no han llevado al mundo a la "recuperación a tres velocidades", que prometía Madame Lagardé el año pasado, sino más bien a un estancamiento global. Esto es porque la relación entre la estabilidad financiera y la política monetaria es más caprichosa e inestable de lo que se piensa. No depende de una tasa de interés artificiosa, que además usualmente está manipulada, sino más bien de los vaivenes de la economía real. La gran lección de esta crisis, y que los organismos financieros se niegan a reconocer, es que el sistema financiero no es nada sin la economía real. De ahí que un informe del FMI publicado esta semana haga referencia a la "plomería" o "fontanería financiera" necesaria para cubrir los riesgos que están incubando las políticas de los bancos centrales.
El informe en cuestión se titula Financial Plumbing and Monetary Policy y señala que las posiciones apalancadas tienden a limitar las decisiones de política monetaria. Es decir que en una situación global fuertemente apalancada como la existente en la pre y post crisis, las decisiones de política monetaria han resultado completamente ineficaces, No debe sorprender que a siete años del estallido de la crisis se diga ahora que las políticas monetarias han sido ineficaces. Es cierto: no han apuntalado la economía y en cambio han potenciado los problemas previamente existentes como la incubación de burbujas. El problema radica en que desde los años 80 con todos los paradigmas monetaristas se hizo pensar que la política monetaria era capaz de resolver todos los problemas de una crisis. Y la figura de Alan Greenspan en los años 90 ayudó a reafirmar esta posición.

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La economía del fraude inocente

Xov, 26/06/2014 - 09:00
Alejandro Nadal, La Jornada

¿Cómo puede ser inocente un fraude? En su último libro, La economía del fraude inocente (publicado en 2004), el gran economista John Kenneth Galbraith aclara el misterio. La idea de fraude inocente nos remite a una serie de análisis y supuestos equivocados que han sido adoptados por los economistas convencionales, es decir, los que sirven a los poderes establecidos. Esos análisis se han erigido en mitos y causan daños incalculables.

La presunción de inocencia proviene de una doble crítica a dichos economistas. Para Galbraith, esos economistas convencionales no sólo están equivocados, sino que son demasiado torpes para darse cuenta de sus errores. Es decir, pueden perpetrar el fraude pero son incapaces de entender lo que están haciendo. Y si por acaso alguno de estos economistas oficiales aclara que sí entiende lo que está haciendo, entonces la presunción de inocencia se remplaza por una acusación de alevosía, premeditación y ventaja.

Entre los fraudes inocentes que cultivan los economistas convencionales se encuentra el uso del término sistema de mercado para referirse al capitalismo. Galbraith sabía muy bien que estos dos términos no son sinónimos y que el origen del capitalismo se basa en una profunda distorsión del funcionamiento de los mercados. No sólo impera en el capitalismo una forma de circulación monetaria que nada tiene que ver con la circulación de mercancías en el mercado, sino que en el capitalismo el trabajo y la naturaleza se convierten en mercancías. El mercado es la tierra en la que crece el capitalismo como una maleza que todo lo invade. Al contrario de lo que se piensa comúnmente, el capitalismo acaba por destruir el mercado.

El libro de Galbraith identifica otros ejemplos de fraude inocente perpetrados por economistas oficiales. Uno muy importante es la distinción entre sector privado y sector público. En realidad, nos dice Galbraith, los intereses de las grandes corporaciones son ahora la prioridad para los planes y políticas de los gobiernos. Tiene razón y si hubiera podido continuar con su análisis (el libro se publicó cuando tenía 94 años y le faltaban dos para morir) hubiera señalado que a nivel de la política macroeconómica, los ministerios del tesoro y hacienda, así como los bancos centrales, han subordinado las prioridades de la política fiscal y monetaria a los dictados del capital financiero. La pretendida ‘autonomía’ del banco central es otro fraude inocente. En la política económica es difícil distinguir dónde termina el sector público y dónde comienza el sector privado.

Quizás el mejor ejemplo de fraude inocente en política económica es la idea de que el banco central es capaz de controlar la oferta monetaria en una economía. Éste ha sido uno de los mitos más acendrados en la teoría y en la práctica económica y tuvo un segundo aire cuando Milton Friedman revivió las tesis tradicionales de la teoría monetaria. Es bien sabido que para los monetaristas el gobierno siempre debe mantener un balance fiscal y si es necesario, debe intervenir en la economía sólo a través de la política monetaria. Inicialmente y con el fin de controlar la inflación, eso significaba mantener la oferta monetaria creciendo de manera gradual al ritmo de la actividad económica. Se suponía que esa debía ser la regla de oro del banco central. Irónicamente, el problema para los monetaristas es que nunca supieron encontrar la medida adecuada de la masa monetaria para su planteamiento de política económica. Así, no sorprende que en Estados Unidos la Reserva federal nunca hubiera sido capaz de encontrar la forma de controlar las medidas de masa monetaria con las que estuvo experimentando durante casi treinta años.

Ahora sabemos que Paul Volcker fue el último director de la Reserva federal que intentó controlar de manera directa la oferta monetaria. Después de varios años intentando dominar la oferta monetaria, en 1986 la Fed, todavía bajo la tutela de Volcker, abandonó la lucha y aceptó lo que los banqueros ya sabían: que la oferta monetaria la determinan los bancos comerciales privados.

La política monetaria sufrió un cambio radical. Se transformó en una política que utiliza tasas de interés como instrumento principal en lugar de buscar controlar la oferta monetaria. La cantidad de moneda en circulación dejó de ser la variable clave para tratar el tema de la inflación y en su lugar se prefirió hablar de ‘expectativas inflacionarias’. El trabajo de Lucas vino a rematar las cosas: el gobierno no debe intervenir jamás en la vida económica porque los agentes son capaces de prever el efecto de dicha intervención y pueden cancelarlo con sus propias acciones. Es la ‘teoría económica’ que aprendieron los tecnócratas mexicanos en su visita a las universidades estadunidenses en la década de los años setenta.

El fraude inocente nos hace recordar a Fedro en los Diálogos: la credibilidad de alguien que cometió un fraude vergonzoso nunca será restaurada, aunque diga la verdad. De todos modos, los economistas del sistema nunca dirán la verdad.

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PIB de Estados Unidos se contrae a un ritmo anual de -2,9%, la mayor caída trimestral en 5 años

Mér, 25/06/2014 - 17:03

La economía de Estados Unidos se contrajo a un ritmo mucho mayor que lo estimado previamente en el primer trimestre para registrar su peor desempeño en cinco años, como muestra la gráfica, demoliendo la creencia de que la primera economía del planeta ha tenido una recuperación sólida. El Departamento de Comercio indicó hoy que el producto interno bruto cayó a una tasa anual de -2.9 por ciento, en lugar del -1,0 por ciento que se había informado en mayo, y del +0,1 por ciento estimado en abril.
Si bien los problemas de la economía se han culpado a un invierno inusualmente frío y a una sequía de larga data que asola Estados como Texas o California, donde se recupera el agua de las duchas y sanitarios para volver a emplearla, la magnitud de la caída sugiere muchos otros factores en juego más allá de los relacionados al clima. Estados Unidos se enfrenta a lo que hemos llamado un estancamiento secular, o de largo plazo, por la debilidad de su sector industrial, los enormes bolsones de desempleo y la existencia mayoritaria del llamado "trabajo precario", un fantasma que también se ha incrustado en Europa con las débiles señales de crecimiento y el nulo repunte del empleo. Aunque los gobiernos digan lo contrario y lancen cifras optimistas, el empleo nunca más volverá a los niveles existentes antes de la crisis desatada en 2008.

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Schäuble y el BCE confirman los temores de nueva burbuja inmobiliaria global

Mér, 25/06/2014 - 14:13

Las históricamente bajas tasas de interés que mantienen los principales bancos centrales del mundo (BCE, Reserva Federal, Banco de Japón, Banco de Inglaterra) no han hecho más que incubar las enormes burbujas especulativas que he apuntado aquí y aquí. Todo hace temer que estamos nuevamente al borde del inminente estallido de una nueva crisis financiera, como anunciamos el año pasado. Quienes ahora confirman la burbuja inmobiliaria que se ha hinchado a nivel global son nada menos que el ministro de finanzas de Alemania, Wolfgang Schauble, y el Vice Presidente del BCE, Vitor Constancio. Constancio advirtió el lunes las devastadoras consecuencias de las políticas implementadas por su propia casa: El dinero barato ha llevado a exagerar las inversiones en bienes raíces, provocando el sobrecalentamiento inmobiliario en varias ciudades europeas.

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