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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6634125
Actualizado: fai 6 horas 31 min

Vengativa despedida de Obama contra Putin y Trump

Xov, 05/01/2017 - 02:15
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

A tres semanas de su salida, tras haber dejado al mundo y al mismo Estados Unidos (EEUU) en pleno caos, el decepcionante Obama, después de ocho años aciagos, aporreó la puerta presidencial y, en forma desesperada, intenta encajonar tanto al presidente electo Trump como al zar ruso Vlady Putin con el fin de impedir que consigan un acuerdo que pudiera derivar en un G-2, en espera de la incorporación de China para un G-3, pese a los anatemas de Trump.

Sin ninguna evidencia por el supuesto hackeo ruso al Partido Demócrata, lo cual habría beneficiado la elección de Trump, Obama tomó una serie de represalias, más simbólicas que sustanciales, contra Rusia, al expulsar en forma teatral a 35 de sus diplomáticos y al cerrar dos de sus instalaciones en Maryland.

El zar Vlady Putin, como excelente judoca cinta negra que es, deslizó las grotescas represalias de Obama, a sabiendas de su inminente salida y, en lugar de optar por la reciprocidad, decidió no expulsar a ningún diplomático estadounidense, a cuyo cuerpo, con sus hijos, invitó a festejar la Navidad del rito ortodoxo en el Kremlin.

Con un solo tuit, Trump calificó de muy inteligente la ausencia de represalias de Putin.

Más allá de los arrebatos vengativos de Obama, quien fue derrotado por Putin en los frentes de Crimea/Ucrania del Este (Donbass)/Siria, a mi juicio, sus represalias denotan cinco objetivos: 1) detener, mediante el petate del muerto ruso, la desintegración del acéfalo Partido Demócrata, que fue vapuleado en el Colegio Electoral y perdió el control de la Cámara de Representantes y el Senado. ¿Desea Obama quedarse con el cadáver de su partido?; 2) incitar a la rebelión de los superhalcones del Partido Republicano contra Trump; 3) obstaculizar a Trump en el ámbito doméstico: desde el Obamacare (los seguros médicos del presidente saliente) hasta la exploración petrolera en Dakota del Norte/Ártico/Atlántico Norte; 4) impedir el acercamiento de Trump y Putin que (en)marcaría el inicio de la solución de los contenciosos en Siria y en Irak, al unísono de la expulsión de los yihadistas tolerados por Obama, y 5) opacar la caída de Alepo, el alejamiento de Turquía y el desastre en Afganistán.

Dígase lo que se diga, aunque sea políticamente incorrecto, desde el punto de vista meramente geoestratégico, Trump puede triunfar donde fracasó Obama: mediante su espectacular acercamiento con Putin.

En estos momentos existe mucha desinformación en EEUU. Así como Baby Bush inventó las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein para ahorcarlo e invadir Irak, ahora Obama parece haber inventado las noticias de destrucción masiva con el fin de exorcizar a Rusia usando a tambor batiente a los otrora venerables rotativos, hoy en franca decadencia, para la propagación de fake news (noticias falsas)”, como The New York Times (NYT) –controlado por el grupo del megaespeculador George Soros– y The Washington Post (WP) que sirve al establishment, contra quienes ha colisionado Trump, quien ha impulsado a las nubes a Fox News y utiliza Twitter como su personal arma letal.

El investigador Matt Taibbi, del portal Rolling Stone –que no tiene ninguna proclividad por Trump–, ha tomado con pinzas los anatemas de Obama contra el hackeo ruso y comenta que “algo apesta en esta historia sobre Rusia (https://goo.gl/1we53F)”. Por cierto, el portal Infowars arremete contra WP, que colocó en su primera página, con el fin de hacer cundir el pánico rusófobo, “un falso reporte sobre el hackeo ruso de la planta eléctrica en Vermont (https://goo.gl/naC37q)”. ¡Fake news a lo que da!

A partir del 20 de enero, si no sucede un accidente en el camino, existirán muchos cadáveres entre los multimedia, porque alguien de las dos partes miente por necesidad: los apologistas de Obama/Hillary o los turiferarios de Trump.

Si después del día 20 se demuestra con evidencias que los rusos hackearon al Partido Demócrata, será muy difícil que Trump, con todo y su buena voluntad hacia Putin, revierta la dinámica vengativa de su antecesor.

Y esto en EEUU, no se diga en el mundo, es muy costoso porque una credibilidad mancillada, aunque luego profiera la verdad, nunca más será tomada en cuenta por la informada opinión publica. Hasta un portal muy favorable a Obama, como The Hill, reconoce que el presidente saliente “busca amarrar las manos de Trump (https://goo.gl/GNs5HK)”.

David Klion, del rotativo británico The Guardian (controlado por George Soros), pregunta: “¿Está usando Obama a Rusia para incrustar una cuña entre Trump y el Partido Republicano (https://goo.gl/nmh5V2)?”

NYT y The Financial Times prácticamente incitan a la rebelión del Partido Republicano contra el acercamiento de Trump y Putin, y abultan la cifra de senadores republicanos que desean sanciones más severas contra la presunta intrusión rusa en los asuntos internos de EEUU.

¿Busca Obama relegirse en los próximos cuatro años?

No hay que subestimar la oposición de los superhalcones del Partido Republicano que encabeza el pugnaz John McCain, pero también, de acuerdo con el ético y estético método dialéctico, hay que escuchar a la contraparte, como el portal Breitbart, que expone el punto contrario a los multimedia controlados por George Soros y Haim Saban (de Univision).

Kellyanne Conway, portavoz de Trump, fustigó que las represalias de Obama contra Rusia están diseñadas para encajonar al presidente electo, mientras Breitbart escudriña las “siete maneras en que Obama intenta sabotear a la administración Trump (https://goo.gl/2GgW8L)”.

Una debilidad que detecto en la sanguinaria campaña de Obama/Hillary –apuntalada por el control masivo de los multimedia por George Soros y Haim Saban– es que exhiben a Trump como si fuera un vulgar títere de Putin –un idiota útil al estilo leninista–, lo cual es inverosímil, ya que ningún presidente de EEUU, sea quien fuere, pudiera soportar la ira popular de ser expuesto como permisivo al desmantelamiento de los servicios de inteligencia cibernéticos de su país.

Más aún: ¿cómo demostrar que el presunto hackeo ruso, si lo hubiere, pudo haber afectado el curso de la elección cuando Hillary y la pestilente Fundación Clinton ya no podían ocultar tanto cadáver en sus repletos clósets de corrupción?

Lo real es que Putin acabó derrotando a Obama, quien ha dejado un mundo caótico en los frentes doméstico y global.

Obama será recordado como el presidente del caos y su derrota en Eurasia es notable: desde Crimea/Ucrania, pasando por Siria/Irak, hasta Afganistán/Pakistán.

Desde Yalta, después de la Segunda Guerra Mundial, nunca había ocurrido que hoy EEUU estuviera ausente de tres negociaciones fundamentales de paz: 1) Ucrania con el Acuerdo de Minsk de Rusia/Ucrania/Bielorrusia/Francia/Alemania;2) Siria: la próxima cumbre entre Rusia/Turquía/Irán en Kazajstán, y 3) Afganistán: de Rusia/China/Pakistán.

En las tres negociaciones de marras, Putin emerge como el gran triunfador, con la notoria ausencia de Obama.

A mi juicio, como óptimo jugador de ajedrez, Putin invitará a Trump a las tres negociaciones de paz a las que no convocó a Obama.

Tal es la triste y cruda realidad del desastre de Obama, quien llegó con los mejores auspicios y legó un mundo en pleno caos y a su país más fracturado que nunca.

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4 de enero: el día en que los principales ejecutivos ya ganaron más que sus empleados en todo un año

Mér, 04/01/2017 - 13:11
BBC Mundo

Imagínate si al cuarto día del año ganaras todo tu salario de doce meses. Algo así ocurrió este miércoles al mediodía, cuando los altos ejecutivos de las principales compañías británicas consiguieron ingresos equivalentes al sueldo anual total de un empleado promedio. Eso significa que los directivos de las compañías FTSE-100 -como se llama a las cien principales empresas que cotizan en Bolsa de Valores de Londres- podrían técnicamente dedicarse ya a descansar por el resto del año si fueran a vivir con el mismo dinero que ganan sus subordinados.

Y ni siquiera les llevó cuatro días sino dos y medio, si se considera que el 1 de enero fue no laborable. Lo llaman el "miércoles del gato gordo" (en inglés, fat cat Wednesday): con esa analogía animal se conoce informalmente a quienes están a cargo de una gran empresa y tienen el poder de aumentarse su propio salario, según la definición del diccionario de Cambridge.

Los "gatos gordos", en la jerga, son los altos ejecutivos que tienen poder suficiente para aumentarse el salario a sí mismos, según los define el diccionario de Cambridge. Distintas organizaciones usan la figura del "gato gordo" para llamar la atención sobre las rampantes desigualdades en el ingreso. "Los cálculos no pretenden hacer el regreso al trabajo más duro de lo que ya es (después de las fiestas de fin de año)", asegura Stefan Stern, director de la organización High Pay Centre, que está detrás de la campaña de denuncia. "Pero el 'miércoles del gato gordo' es un recordatorio importante de un problema de desigualdad en la retribución que se mantiene", dice.

Una relación de 129 a 1 Según el High Pay Centre, un think tank independiente y no partidario creado para monitorear la distribución del ingreso en Reino Unido, al 4 de enero estos altos ejecutivos ya habrán percibido, calculando jornadas de 12 horas, los US$34.572 (£28.200) del actual salario británico promedio. Las matemáticas indican que la relación entre la paga que recibe un director ejecutivo de una empresa FTSE-100 y la de un empleado es de 129 a 1, según datos salariales de 2015. La brecha entre directores y subordinados no se ha cerrado, sino todo lo contrario, denuncian las organizaciones que abogan por una redistribución más justa.

Y la tendencia se ha agravado: en 2016, los mismos cálculos arrojaron que los gerentes superaban la misma marca el 4 de enero por la tarde, medio día más tarde que este año. ¿Por qué en 2017 cientos de miles de personas recibirán un salario sin tener que trabajar? Según señala el think tank, que ha hecho estas correlaciones durante los últimos tres años, el salario de los más altos ejecutivos se ha incrementado hasta rozar una media de casi US$5 millones (£4 millones) al año. En 2010, ese promedio era de US$4,1 millones (£3,4 millones): una mejora del ingreso anual de casi 18%.

Aunque, según denuncias de distintas organizaciones, no se trata sólo de un problema de las compañías FTSE-100: tiene su fundamento en los llamados "pagos basados en desempeño" o bonos adicionales que se entregan a los gerentes cuando supuestamente las compañías consiguen buenos resultados bajo su mando. Un estudio reciente de la Universidad de Lancaster, sin embargo, reveló que no necesariamente existe correlación entre el pago de incentivos y la performance de las empresas. Según la investigación, publicada en diciembre, los jefes de las 350 principales empresas británicas vieron aumentar sus ingresos en un 82% en los últimos 13 años. Pero ese incremento no se corresponde con los niveles de retorno del capital invertido, que es una de las variables preferidas para medir el desempeño de las compañías. "Nuestros hallazgos muestran una desconexión material entre los salarios (de los ejecutivos) y la generación de valor fundamental (en las empresas)", expresaron los autores del informe. Por eso, la campaña del "miércoles del gato gordo" aboga por regular que las corporaciones hagan públicas esas comparativas, para dejar en evidencia que no se ha progresado en achicar la grieta salarial entre directivos y trabajadores. Los pagos adicionales por desempeño son una de las bases del problema, consideran algunos análisis. "Esperamos que el gobierno reconozca la necesidad de reformar las prácticas de pagos si es que se desea cerrar esta brecha", apuntó Stern, que anticipó que enviará al gobierno una propuesta de reforma corporativa. ¿Deben mantenerse los salarios en secreto? El gobierno británico ya tiene bajo consideración un plan para hacer que las firmas revelen la diferencia salarial entre sus ejecutivos y sus empleados en puestos no gerenciales. La primera ministra Theresa May ha manifestado que el control de los excesos corporativos constituye una prioridad de su gestión. Y el Departamento de Empresas, Energía y Estrategia Industria - una dependencia ministerial del gobierno de las islas- señaló que está "haciendo una consulta sobre alternativas" para poner un tope a los sueldos más abultados. Organismos que representan los intereses de las empresas argumentan que son los accionistas quienes deben realizar la tarea de contralor. Sin embargo, la Confederación de Industrias Británicas (CBI, por sus siglas en inglés), rechazó las premisas de la campaña contra los "gatos gordos". Consideró que, aunque es necesario que evolucionen los sistemas de control sobre cómo se manejan las corporaciones, son los accionistas quienes deben realizar la tarea de contralor. Y defendió a la vez el sistema de incentivos basados en el desempeño. "Las empresas no deben dar pagos excepcionales a cambio de un desempeño pobre y los accionistas tienen un rol clave en asegurar que se establezcan políticas de definición salarial sensatas, razonables y sostenibles", le dijo a la BBC Josh Hardie, vicedirector general de la CBI, una organización que representa a 190.000 firmas y es considerada una de las principales voceras de los intereses empresariales en el país.

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EE.UU. ha entrenado a los golpistas de América Latina

Mér, 04/01/2017 - 09:01
Emir Sader, Página 12

Los Estados Unidos prepararon a los golpistas de Brasil en 1964, a partir de la creación de la Escuela Superior de Guerra, fundada por Golbery do Couto e Silva y Humberto Castelo Branco, que habían convivido con las tropas norteamericanas en Italia, en lo que fue la participación brasileña en el final de la Segunda Guerra Mundial. Junto con los formados en la Escuela de las Américas, en Panamá, se creó así la generación que preparó y puso en práctica el golpe militar de Brasil en 1964. La Doctrina de Seguridad Nacional y los métodos de tortura fueron las dos claves esenciales del régimen de terror que fue implantado en Brasil y en los otros países del Conosur.

En la posguerra fría, los Estados Unidos buscaron un nuevo enemigo, figura esencial para exorcizar hacia el exterior los problemas de la sociedad norteamericana. Junto al narcotráfico, se fijaron en el terrorismo.

Como parte de la lucha en contra del terrorismo, con toda la amplitud que George W. Bush pasó a darle al tema, se desarrolló un campo de actividad llamado “contraterrorismo”, como un elemento más de la función de “policía del mundo” que los Estados Unidos asumieron.

El blanqueo de dinero pasó a formar parte de esa acción, en la creencia de que el terrorismo lavaría sus recursos en los mecanismos bancarios. Se pasó a la investigacion y punición en los casos de blanqueo de dinero, incluyendo la cooperación formal e informal entre los países, confiscación de bienes, métodos para extraer pruebas, negociación de delaciones, uso de interrogatorios como herramienta y sugerencias de cómo tratar con las Organizaciones No Gubernamentales sospechosas de ser usadas para financiamiento ilícito.

El seminario “Proyecto Puentes: construyendo puentes para la aplicación en Brasil” –cuyo tenor fue revelado por Wikileaks–, realizado en octubre de 2009, en Río de Janeiro, con la presencia de autoridades norteamericanas, sirvió para la formación de nuevo personal al servicio del Imperio, para consolidar entrenamiento bilateral de aplicación y habilidades prácticas de contraterrorismo. Participaron promotores y jueces federales de 26 provincias brasileñas, además de 50 policías federales de todas las provincias. La brasileña fue la mayor delegación. Tambien hubo representantes de México, Costa Rica, Argentina, Panama, Uruguay y Paraguay.

En el transcurso de la reunión intervino solamente Sergio Moro, el hoy muy conocido juez brasileño, que pretende ser un “justiciero, al margen de la ley, en contra de la corrupción”. Disertó acerca de los “cinco punto más comunes de lavado de dinero en Brasil”. Los participantes solicitaron entrenamento adicional sobre la búsqueda de evidencias, entrevistas e interrogatorios. Ese interés se suscitaría porque “la democracia brasileña no tiene todavía 20 años de edad. Así, los jueces federales, los magistrados, los abogados, son principiantes en el proceso democrático, no fueron entrenados en cómo lidiar con largos procesos judiciales (...) y son incapaces de utilizar eficazmente el nuevo código criminal, que fue completamente alterado”.

El informe pide, en los resultados de la reunión, que se realicen cursos más avanzados en San Pablo, Curitiba y Campo Grande. El informe concluye que “el sector judicial brasileño claramente está muy interesado en la lucha contra el terrorismo, pero necesita herramientas y entrenamiento para empeñar fuerzas eficazmente. (...) Magistrados y jueces especializados han conducido en Brasil los casos más significativos de corrupción de individuos de alto nivel”.

El surgimiento de gobiernos que contrarían las orientaciones de Estados Unidos fue la oportunidad para adaptar esas orientaciones a proyectos de desestabilización de esos gobiernos, apoyados en acciones que se concentran en la denuncia reiterada de supuestas irregularidades cometidas por esos gobiernos, por los partidos que los apoyan y por sus líderes. La contribución de Moro y de sus comparsas es la de usar los métodos que aprendieron con los norteamericanos –que incluyen el uso de las delaciones, entre otros métodos–, para destruir la democracia, reconstruida después del agotamiento de las dictaduras militares instaladas por la generación anterior de golpistas, también formados por los Estados Unidos.

Wikileaks ya había demostrado que los datos del espionaje del gobierno de los Estados Unidos en la Presidencia de la República de Brasil, en el Ministerio de Minas y Energía y en Petrobras fueron suministrados a Sergio Moro y sus comparsas, para que dieran inicio a las denuncias en contra del gobierno del PT. Esa reunión de 2009 es indicativa de los nuevos métodos de desestabilización política generados por EEUU, con intervención escandalosa en los asuntos internos de los otros países, violando su soberanía y contando para ello con miembros del Poder Judicial y de la policía, como preparación, por EEUU, de la nueva violación de la democracia brasileña, apoyada en personajes que representan directamente los intereses del Imperio, como Sergio Moro y sus comparsas.

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Las tragedias de Siria señalan el fin de las revoluciones árabes

Mar, 03/01/2017 - 08:01

Robert Fisk, Sin Permiso

Al igual que la catastrófica invasión anglo-estadounidense de Irak puso fin a las épicas aventuras militares occidentales en el Medio Oriente, la tragedia de Siria es una garantía de que no habrá más revoluciones árabes. Han bastado sólo trece años de carnicerías - 2003-2016 - para realinear el equilibrio de poder político en la región. Rusia e Irán y los musulmanes chiítas de la región están decidiendo su futuro; Bashar al-Assad no puede cantar victoria, pero está ganando.

"Alepo debe ser tomada rápidamente - antes de que caiga Mosul ", me anunció un comandante sirio con una sonrisa en cuartel general del ejército en Damasco. Y lo hizo, apenas un mes después. Había - y siguen habiendo – pequeños Alepos por toda Siria en los que el gobierno y sus oponentes armados "yihadistas" están jugando a "buenos" y "malos", dependiendo de quién esté sitiando a quién. Cuando las milicias sunitas terminen con el asedio de pequeños pueblos chiítas como Faour, los civiles acudirán en masa a las posiciones del gobierno. Se informa de ello como si fuera una disputa local un poco incomprensible.

Sin embargo, cuando las fuerzas del régimen asaltaron el este de Alepo, en gran parte del mundo se lamentó como un crimen de guerra. Me he cansado de repetir que, sí, que ambos bandos cometen crímenes de guerra, y que las fuerzas de Assad no son unos ingenuos cadetes militares - aunque en estos días, tenemos que recordar que los Comandos británicos de la 42 Royal Marine tampoco actuaron escrupulosamente en Afganistán. Pero la historia de Alepo todavía está siendo re-elaborada como una vieja leyenda, los valientes defensores, pero en gran medida "yihadistas", disfrazados de anodinos "rebeldes", sus oponentes comparados con los asesinos serbios de Milosevic o los pilotos de Saddam que lanzaron las bombas de gas tóxico.

Todo esto terminará pronto. Rusia se dio cuenta de que Obama y los lacrimosos liberales de Europa no estaban dispuestos a exigir hasta sus últimas consecuencias la caída de Bashar al- Assad - quién, a diferencia del aliado ucraniano de Putin en Kiev, no huyó - y se quedó a dirigir su ejército. The Economist se burló de los soldados sirios porque supuestamente no podían marcar el paso cuando Moscú organizó un desfile militar en su base aéreo sirio. Pero no hay que desfilar como la Wehrmacht para ganar batallas. El Ejército Sirio Árabe - su nombre real, que utilizan cada vez más, por lo que veo, los charlatanes habituales que se presentan como "expertos" en los canales por satélite - presume que ha luchado de forma simultánea en 80 frentes contra Isis, Nusrah y diversos ejércitos "yihadistas" (así como contra hombres del Ejército Sirio Libre que habían desertado de sus filas). Lo cual, teniendo en cuenta los meandros de las líneas del frente, es probablemente cierto, pero tal vez no sea un balance militar del que estar muy orgullosos. Una cosa es recuperar Palmyra de Isis, y otra muy distinta perderlo de nuevo frente al mismo enemigo en medio de la batalla de Alepo Este.

Los soldados sirios tienen una gran simpatía por sus aliados libaneses de Hezbollah - que suelen aparecer en el campo de batalla mejor armados que los propios sirios - pero están menos enamorados de los "asesores" iraníes que supuestamente saben mucho sobre la guerra abierta. He presenciado como un oficial iraní llamaba "estúpido" a un general sirio - en este caso, el iraní probablemente tenía razón - pero los oficiales sirios son mucho más experimentados y están más curtidos que la Guardia Revolucionaria de Teherán, que ha sufrido - junto con su aliados afganos e iraquíes chiíes - muchas más bajas que las que habían previsto.

Así que después de casi cinco años de batalla, el ejército sirio está todavía en acción. Las fuerzas de Nusrah e Isis que rodean al sector gubernamental de la ciudad siria oriental de Deir ez-Zour serán casi seguro su próximo objetivo - después de retomar Palmyra, pero mucho antes de lanzarse contra la capital Isis, Raqqa, que probablemente será retomada por los aliados kurdos de EE UU. Y lo más probable es que sea el ejército sirio el que tenga que reconstruir la nueva Siria cuando la guerra termina. Sin duda, decidirá el futuro del país.

Eso no significa la caída de Bashar al-Assad. Ni entre sus oponentes oficiales ni sus mortales enemigos yihadistas ni la oposición política corrupta y corrompida en Turquía hay alguien capaz de desafiarle. Incluso si tuviesen éxito, con toda seguridad las mismas cárceles y mazmorras estarían en funcionamiento en Siria en 24 horas para encerrar y torturar a la "nueva" oposición al "nuevo" régimen. Además, Vladimir Putin, ha sufrido suficiente humillación después de la segunda captura de Palmyra por Isis - después de que los rusos organizaran un victorioso concierto de la paz en la ciudad romana hace sólo unos meses. Putin no va a permitir la defenestración de Bashar al-Assad.

Curiosamente, los líderes occidentales son pasmosamente conscientes de la naturaleza de la verdadera lucha en Siria, e incluso a que señores de la guerra deben apoyar. Tomemos el ejemplo de la impotencia de François Hollande, que eligió afirmar en las Naciones Unidas en septiembre que Rusia e Irán deben obligar a Assad a hacer la paz, porque de otro modo tendrán que, junto con el régimen, "asumir la responsabilidad de la división y el caos en Siria". Todo esto está muy bien. Sin embargo, sólo dos meses antes, el mismo Hollande estaba exigiendo "medidas eficaces" contra el frente islamista Nusrah – una de las principales fuerzas entre los defensores de Alepo Este, aunque la mayoría de nosotros decidimos no decírselo a nuestros lectores - dado que Isis estaba en retirada y Nusrah se aprovechó de ello. "Eso está fuera de toda duda", comentó Hollande pomposamente sobre el "retroceso" de Isis. Eso fue antes de que retomaran Palmyra los mismos bandidos de Isis.

Pero quizás Hollande y sus aliados europeos - y Washington - están tan embobado con sus propias políticas sirias, débiles y equivocadas (suponiendo siempre que sepan cuáles son), que no se dan cuenta cómo ha cambiado el equilibrio de fuerzas en los campos de batalla. En lugar de indignarse sobre la brutalidad rusa, la crueldad iraní y la mendicidad de Hezbollah, deberían echar un vistazo de cerca al ejército sirio, en su mayoría musulmanes sunítas, que han luchado, desde el principio, contra unos enemigos "yihadistas" mayoritariamente también musulmanes sunitas. Siempre han considerado a Nusrah - nuestros "aliados" en Alepo Este, pagados por nuestros amigos del Golfo y armados por Occidente - más peligroso que Isis. El ejército sirio tiene razón. En esto, al menos, Hollande seguramente debe de estar de acuerdo.

Sin embargo, el poder de la ilusión es más importante para nosotros. Si Occidente no puede re tomar Mosul de Isis, difícilmente podrían haber impedido que los sirios recuperaran el este de Alepo. Pero podrían fácilmente alentar a los medios occidentales a concentrarse en las brutalidades rusas en Alepo en lugar de las terribles bajas infligidas a los aliados de Estados Unidos en Mosul. Los artículos sobre Alepo de estas últimas semanas han sido muy parecidos a los de los corresponsales de guerra británicos en la Primera Guerra Mundial. Y los rusos podrían animar a sus propios medios domesticados para que se concentraran en la victoria de Alepo en lugar de la derrota en Palmyra. En cuanto a Mosul, ha desaparecido misteriosamente de nuestras noticias. Me pregunto por qué.

Y ¿cuántos murieron en Palmyra? Y, para el caso, ¿cuántos eran realmente los asediados en el este de Alepo? ¿Era realmente 250.000? ¿O eran 100.000? Me encontré con una noticia hace unas semanas que daba dos estadísticas globales de víctimas mortales en toda la guerra de Siria: 400.000; luego, unos párrafos más adelante, 500.000. Bueno, ¿cuál es la correcta? Siempre me recuerda el bombardeo nazi de Rotterdam en 1940 cuando los aliados anunciaron que 30.000 civiles habían muerto. Durante años, esta fue la cifra oficial. Luego, después de la guerra, resultó que la cifra real - aunque bastante horrible - era de unos 900, 33 veces menos que la versión oficial. Hace pensar, ¿verdad? sobre las estadísticas de Siria.

Y si no podemos saber ni eso con certeza, ¿qué estamos haciendo interfiriendo en la guerra de Siria? No es que importe mucho. Rusia está de vuelta en Oriente Medio. Irán está asegurando su éje político Teherán-Damasco-Bagdad-Beirut. Y si los árabes del Golfo - o los americanos - quieren pesar de nuevo en la zona, pueden conversar con Putin. O al-Assad.

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El aislamiento de EEUU

Lun, 02/01/2017 - 23:48
Noam Chomsky

El 23 de diciembre de 2016, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adoptó por unanimidad la resolución 2334, con la abstención de Estados Unidos. La resolución reafirmó que la política y prácticas de Israel al establecer asentamientos en territorios palestinos y otros territorios árabes ocupados desde 1967 no tiene validez legal y constituye una seria obstrucción para lograr una paz amplia, justa y duradera en Medio Oriente (y) llama una vez más a Israel, como potencia ocupante, a regirse escrupulosamente por la Cuarta Convención de Ginebra de 1949, rescindir sus medidas previas y desistir de llevar a cabo cualquier acción que resulte en un cambio del estatus legal y la naturaleza geográfica y que afecte materialmente la composición demográfica de los territorios árabes ocupados desde 1967, incluida Jerusalén y, en particular, a no transferir partes de su propia población civil a los territorios árabes ocupados.

Reafirmado. Un asunto de cierta importancia.

Es importante reconocer que la 2334 no es nada nuevo. La cita anterior es de la resolución 446 del Consejo, del 12 de marzo de 1979, reiterada en esencia en la resolución 2334. La 446 fue aprobada 12-0 con la abstención de Estados Unidos, al que se unieron Reino Unido y Noruega. Las diferencias primordiales son que ahora Estados Unidos está solo contra el mundo entero, y que es un mundo diferente. Las violaciones israelíes a las órdenes del Consejo de Seguridad, y al derecho internacional, son ahora mucho más extremas que en 1979 y suscitan mucha mayor condena en gran parte del mundo. Por tanto, hay que tomar más en serio los contenidos de las resoluciones 446-2334. De ahí la intensa reacción a la 2334, tanto en cobertura como en comentario y, en Israel y Estados Unidos, en considerable histeria. Esas son impactantes indicaciones del creciente aislamiento de Estados Unidos en la escena mundial. Esto es, con Obama. Con Trump, es probable que el aislamiento se incremente, y de hecho así ha sido incluso antes de que asuma el poder.

El paso más significativo de Trump en promover el aislamiento estadunidense se dio el 8 de noviembre, cuando obtuvo dos victorias. La menor fue en su país, donde ganó el voto electoral. La mayor fue en Marrakech, Marruecos, donde unas 200 naciones se reunían para tratar de poner algún contenido real en los acuerdos de París de diciembre de 2015 con respecto al cambio climático, los cuales quedaron como promesas más que como el tratado que se pretendía, porque el Congreso republicano no aceptaría compromisos vinculantes.

Al llegar los votos electorales el 8 de noviembre, la conferencia de Marrakech se desvió de su programa sustantivo hacia la cuestión de si podría haber alguna acción significativa para enfrentar la severa amenaza de catástrofe ambiental ahora que el país más poderoso de la Tierra está levantándose de la mesa. Esa fue, sin duda, la mayor victoria de Trump el 8 de noviembre, de verdadera trascendencia. También definió el aislamiento de Estados Unidos respecto de los más severos problemas humanos jamás enfrentados en la historia del planeta. El mundo puso sus esperanzas de liderazgo en China, ahora que el Líder del Mundo Libre ha declarado que no sólo se retirará del esfuerzo sino, con la elección de Trump, aplicará medidas de fuerza para acelerar la carrera hacia el desastre. Un asombroso espectáculo, que pasó virtualmente sin comentario.

El hecho de que Estados Unidos esté solo ahora en su rechazo al consenso internacional se reafirmó en la declaración 2334, en la que perdió incluso a la Gran Bretaña de Theresa May.

La razón por la que Obama optó por la abstención en vez del veto es una pregunta abierta: no tenemos evidencia directa. Pero hay algunas suposiciones plausibles. Hubo algunas reacciones de sorpresa (y escarnio) después del veto de Obama en febrero de 2011 a una resolución del Consejo de Seguridad que llamaba a adoptar una política oficial en Estados Unidos, y tal vez sintió que sería demasiado repetirlo si quería salvar algo de su maltrecho legado entre sectores de la población que tienen cierto interés por el derecho internacional y los derechos humanos. También vale la pena recordar que entre los demócratas liberales, si no en el Congreso, y en particular entre los jóvenes, la opinión acerca de Israel-Palestina ha virado hacia la crítica a las políticas israelíes en años recientes, tanto que el núcleo del apoyo a esas políticas se ha desplazado a la extrema derecha, incluida la base evangélica del Partido Republicano. Tal vez esos factores influyeron.

La abstención de 2016 causó furor en Israel y en el Congreso estadunidense, tanto entre republicanos como en prominentes demócratas, incluso con propuestas de retirar fondos a la ONU en represalia por el crimen del mundo. El primer ministro israelí Netanyahu denunció a Obama por sus acciones deshonestas contra Israel. Su oficina acusó a Obama de coludirse tras bambalinas con esa conjura del Consejo de Seguridad, y presentó partículas de evidencia que apenas se elevan al nivel del humor enfermo. Un alto funcionario israelí añadió que la abstención reveló el verdadero rostro del gobierno de Obama y que ahora entendemos con qué hemos estado tratando en los ocho años pasados.

La realidad es muy diferente. Obama de hecho ha roto todos los récords de apoyo a Israel, tanto diplomático como económico. La realidad es descrita con exactitud por el especialista del Financial Times en Medio Oriente, David Gardner: “Los tratos personales de Obama con Netanyahu tal vez fueron ponzoñosos con frecuencia, pero ha sido el más pro israelí de los presidentes: el más pródigo con la ayuda militar y el más confiable en el ejercicio del voto estadunidense en el Consejo de Seguridad… La elección de Donald Trump hasta ahora ha traído poco más que espumarajos de tuits sobre éste y otros embrollos geopolíticos. Pero los augurios son ominosos. Un gobierno irredento en Israel, inclinado hacia la ultraderecha, se ve unido ahora por un gobierno nacional populista en Washington que transpira islamofobia”.

En un comentario interesante y revelador, Netanyahu denunció la conjura del mundo como prueba de la parcialidad del viejo mundo contra Israel, frase reminiscente de la distinción que hacía Donald Rumsfeld entre la vieja y la nueva Europa en 2003.

Se recordará que los estados de la vieja Europa eran los chicos malos, los principales estados europeos, que se atrevieron a respetar la opinión de la abrumadora mayoría de sus pobladores y por tanto se negaron a secundar a Estados Unidos en el crimen del siglo, la invasión de Irak. Los estados de la nueva Europa eran los chicos buenos, que desoyeron a una mayoría aún más grande y obedecieron al amo. El más honorable de los chicos buenos fue José María Aznar, de España, quien rechazó una oposición virtualmente unánime en su país a la guerra y fue recompensado con una invitación a estar al lado de Bush y Blair en el anuncio de la invasión.

Este despliegue bastante revelador de desprecio absoluto por la democracia, junto con otros al mismo tiempo, pasó virtualmente inadvertido. Es comprensible, porque la tarea en ese tiempo era ensalzar a Washington por su apasionada dedicación a la democracia, como quedó ilustrado por la promoción de la democracia en Irak, que de pronto se volvió la línea del partido después de que la única pregunta (¿renunciará Saddam Hussein a sus armas de destrucción masiva?) recibió la respuesta incorrecta.

Netanyahu está adoptando la misma postura en gran medida. El viejo mundo que se ha alineado contra Israel es todo el Consejo de Seguridad de la ONU; más específicamente, cualquiera en el mundo que tenga algún compromiso duradero con el derecho internacional y los derechos humanos. Por fortuna para la ultraderecha israelí, eso excluye al Congreso estadunidense y –de manera muy abierta– al presidente electo y sus asociados.

El gobierno israelí está, desde luego, al tanto de estos hechos. Por tanto, busca cambiar su base de apoyo a estados autoritarios como Singapur, China y la India nacionalista derechista hindú de Modi, que ahora se convierte en un aliado muy natural, con su viraje hacia el ultranacionalismo, las políticas reaccionarias internas y el odio al islam. Las razones de que Israel mire en esa dirección en busca de apoyo son esbozadas por Mark Heller, investigador principal asociado en la Institución de Estudios de Seguridad Nacional de Israel. A largo plazo, explica, hay problemas para Israel en sus relaciones con Europa occidental y con Estados Unidos, mientras, en contraste, los importantes países asiáticos no parecen indicar mucho interés por cómo Israel se lleva con los palestinos, los árabes o cualquier otra nación. En síntesis, China, India, Singapur y otros aliados favorecidos se ven menos influidos por las preocupaciones liberales y humanas que representan crecientes amenazas para Israel.

Las tendencias que se desarrollan en el orden mundial merecen alguna atención. Como se indicó, Estados Unidos está aún más aislado que en años recientes, cuando encuestas dirigidas por este país –que no se informan aquí, pero son sin duda conocidas por Washington– revelaron que la opinión mundial lo considera la mayor amenaza, con mucho, a la paz mundial, con ninguno siguiéndolo siquiera de cerca. Con Obama, el país está ahora solo en su abstención sobre los asentamientos ilegales israelíes, contra un Consejo de Seguridad unánime. Con Trump y sus seguidores de ambos partidos en el Congreso, la nación estará aún más aislada en el mundo en apoyo a los crímenes israelíes.

Desde el 8 de noviembre, Estados Unidos está aislado en el aspecto mucho más crucial del calentamiento global. Si Trump cumple su promesa de salir del acuerdo de Irán, es probable que los otros participantes persistan, con lo que Estados Unidos quedará aún más aislado de Europa. También está mucho más aislado de su patio trasero latinoamericano que en el pasado, y lo estará todavía más si Trump retrocede de los vacilantes pasos de Obama hacia la normalización de relaciones con Cuba, emprendidos para prevenir la probabilidad de que su país quedara excluido de organizaciones hemisféricas a causa de su continuo ataque a Cuba, en aislamiento internacional.

En gran medida ocurre lo mismo en Asia, porque incluso aliados cercanos estadunidenses (aparte de Japón), como Reino Unido, recurren al Banco de Desarrollo de Infraestructura de Asia, con sede en China, y a la Sociedad Económica Regional Ampliada, también basada en China, y en este caso con Japón incluido. La Organización de Cooperación de Shanghai incorpora los estados de Asia central, Siberia con su riqueza de recursos, India, Pakistán y pronto probablemente Irán y tal vez Turquía. Esta asociación ha rechazado la solicitud de Estados Unidos de sumarse como observador y en cambio le exigió que retire todas sus bases militares de la región.

Inmediatamente después de la elección de Trump, presenciamos el interesante espectáculo de la canciller alemana Angela Merkel asumiendo el liderazgo en leer la cartilla a Washington sobre valores liberales y derechos humanos. Entre tanto, desde el 8 de noviembre, el mundo mira hacia China por liderazgo para salvar al planeta de la catástrofe ambiental, en tanto Estados Unidos, una vez más en espléndido aislamiento, se dedica a socavar esos esfuerzos.

Por supuesto, el aislamiento estadunidense no es completo. Como quedó de manifiesto en la reacción a la victoria electoral de Trump, Estados Unidos cuenta con el apoyo entusiasta de la ultraderecha xenofóbica en Europa, incluidos sus elementos neofascistas. Y el retorno de la ultraderecha en partes de América Latina ofrece a Washington oportunidades de alianzas allí también. Y, desde luego, conserva su alianza cercana con las dictaduras del Golfo y con Israel, que también se separa de sectores más liberales y democráticos de Europa y se vincula con regímenes autoritarios a los que no les importan las violaciones israelíes del derecho internacional y sus duros ataques a los derechos humanos elementales.

El cuadro que se perfila sugiere el surgimiento de un Nuevo Orden Mundial, muy diferente de los retratos usuales dentro del sistema doctrinal.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Termina el año, no el ciclo

Sáb, 31/12/2016 - 09:01

Alfredo Serrano Mancilla, La Jornada

Ya estamos en 2017, a punto de ser investido Trump presidente de Estados Unidos; mientras tanto, Maduro continúa al frente de Venezuela; Evo gobierna en Bolivia, y lo mismo ocurre con Correa en Ecuador, a la espera de lo que suceda en las próximas elecciones del 19 febrero. Los agoreros del fin de ciclo exageraron. Es innegable que nos encontramos ante un profundo avance de la restauración neoliberal en América Latina, pero muchos se excedieron en sus pronósticos apocalípticos. Las derrotas electorales en la Asamblea legislativa en Venezuela (diciembre 2015), en el referendo por la repostulación en Bolivia (febrero 2016) y la pérdida de algunas ciudades importantes en Ecuador (febrero 2014) supusieron un importante revés al progreso de los procesos de cambio. Sin embargo, a pesar de las infinitas dificultades, se ha logrado resistir. Y, por ahora, el trío nacido en constituyentes no tira la toalla.

La región, indudablemente, ha tenido importantes transformaciones en clave política. Macri preside Argentina con un giro radical de sus políticas, que procuran hacernos olvidar de la positiva herencia K. En Brasil, el golpe de Estado de Temer ha permitido un golpe económico, con el objetivo de restituir el orden neoliberal. No son cambios menores porque no son países cualesquiera, ni por su tamaño ni por su importancia geopolítica. A eso se suma el Pacífico (Colombia, Chile, Perú y México) que prosigue su profundización neoliberal, a pesar de las protestas ciudadanas, y Paraguay es un comensal más en esta cena conservadora luego de otro golpe, el que se dio contra Lugo, hace ya varios años.

De una forma u otra se consolida el bloque geopolítico de derechas en el continente. A eso cabe añadir un frente externo adverso que no debe subestimarse. Estamos inmersos en una larga contracción económica mundial que es usada como excusa para fortalecer el espíritu global neoliberal. Se impone progresivamente el sentido común propio de las recetas de los recortes sociales, privatizaciones que conllevan merma de soberanía, creciente darwinismo económico, supremacía del poder financiero, reconcentración de la riqueza en pocas manos. Esta racionalidad también se observa incluso en el interior del bloque más progresista a la hora de tener que decidir qué hacer ante una situación hostil y compleja. Todo, absolutamente todo, está en disputa.

Pero en este devenir, hay un pequeño gran detalle que no puede ser descuidado. En cualquier ciclo largo, obligatoriamente se deben afrontar muchos momentos cuesta arriba. Algunos, propios de situaciones ajenas y otros consecuencia de las contradicciones y tensiones casa adentro. Ni todo es color rosa ni existe linealidad que valga cuando se navega a contracorriente. En esos casos, aguantar y resistir el viento en contra es una fortaleza excesivamente infravalorada ahora, cuando prevalecen las promesas vacías y los globos de colores.

La épica revolucionaria está habituada a edificarse con base en el momento fundacional que suele poner punto y final en términos simbólicos con el régimen antiguo. Suele ser escasamente seductor el periodo que toca estar en resistencia. No resulta sencillo explicar ni argumentar que ante tales circunstancias históricas no queda otra alternativa que interrumpir relativamente el ritmo progresivo de mejoras. Eso trunca drásticamente las crecientes expectativas y tiene indudablemente un alto costo político. Para procesos políticos tan acostumbrados a acelerar, frenar es casi una renuncia a un sello de origen.

De la superación o no de este momento histórico dependerá que podamos hablar de fin de ciclo o no. Por ahora, lo que sí podemos afirmar es que estos últimos años han constituido un ciclo corto tumultuoso en el que se igualan y rivalizan los proyectos. La hegemonía neoliberal no iba a acabarse en una década, por mucho tiempo que este lapso parezca. Lo mismo que las independencias necesitaron de mucho recorrido para consolidarse, sería un craso error histórico creer que ahora todo se termina. Más que tener paciencia, lo que se requiere es levantar la vista, mirar atrás en la Historia y adelante hacia el Futuro, y seguir creyendo que sí se puede. Sólo si se cree en ello y se buscan las opciones considerando que el pasado, pasado es, este ciclo largo tendrá posibilidades de no cerrarse. Por ahora, se acaba el año y todo está tan incierto como abierto. El ciclo continúa no sin vaivenes, y suponer que todo sería viajar en VIP era creer demasiado en Santaclós.

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El envejecimiento no hace al Estado del bienestar insostenible

Sáb, 31/12/2016 - 04:22
Vicenç Navarro, Público

Uno de los argumentos utilizados con mayor frecuencia por aquellos autores que señalan que el Estado del Bienestar no es sostenible es subrayar que el envejecimiento de la población hará crecer el gasto público social (en sanidad, por ejemplo) a niveles insostenibles. A primera vista, parecería lógico asumir que a mayor número de ancianos y a mayor esperanza de vida, mayor será el gasto sanitario público, pues se asume que los ancianos consumen más y más recursos sanitarios, muchos más que los otros grupos etarios. Y de esta lectura de la realidad se concluye que en el futuro será imposible sostener el Estado del Bienestar.

Seguro que usted, lector, habrá escuchado o leído estos argumentos miles de veces. Los datos, sin embargo, reflejan una realidad mucho más compleja que la asumida en este argumento. Veamos los datos y vayamos por partes, centrándonos en aquella parte del argumento que asume que el alargamiento de la esperanza de vida (es decir, del número de años de promedio que una persona vivirá) creará un grave problema económico. Y lo primero que hay que aclarar es que, por regla general, se asume erróneamente que si la esperanza de vida promedio de un país ha subido, por ejemplo, cuatro años, ello quiere decir que los ancianos viven cuatro años más. Ello no es cierto. La esperanza de vida de un país puede haberse alargado cuatro años y, sin embargo, la de los ancianos puede haber aumentado solo un año. Debido a este error, se están exagerando los años extra de vida que los ancianos experimentan hoy.

De nuevo, veamos los datos. Si España tuviera dos ciudadanos, uno, Pepito, que moriría poco después de nacer (edad 0) y otro, la Sra. García, que viviría 80 años, el promedio de la esperanza de vida de España sería (0+80) / 2 = 40. En otro país vecino, con también solo dos ciudadanos, uno, Juanito, que vive hasta los 20 años, y el otro, la Sra. Rodríguez, que vive, como la Sra. García, hasta los 80 años, la esperanza de vida sería (20+80) / 2 = 50 años, es decir, diez años más que en España. Pero ello no quiere decir que la Sra. Rodríguez viva diez años más que la Sra. García, sino que Juanito vive 20 años más que Pepito. Este es un grave error que constantemente se hace, y que explica que se esté exagerando el número de años de más que los ancianos viven. En realidad, lo que ha ocurrido en Europa y en España durante estos últimos cincuenta años ha sido la gran reducción de la mortalidad infantil y de la mortalidad entre los jóvenes.

Por extraño que parezca, mayor número de ancianos no quiere decir mucho más consumo sanitario El otro gran error que constantemente se hace es asumir que al haber más personas que llegan a ser ancianas (como resultado de que hay mayor supervivencia entre los jóvenes) ello va a determinar que haya un número mayor de ancianos, y con ello un mayor consumo en el sector sanitario, asumiendo que los ancianos consumen más servicios sanitarios que el resto de la población. Pero, de nuevo, se está exagerando este aumento del consumo, pues es incorrecto asumir una relación directa entre más años de vida o más ancianos, por un lado, y un mayor consumo sanitario, por el otro, puesto que tal consumo no depende de la edad, sino del estado de salud de la persona. Y la evidencia existente no muestra que haya un número mucho mayor de enfermedades (o mayor gravedad en las existentes) entre la mayoría de ancianos (personas por encima de los 65 años) que entre los otros grupos de edad. Esta afirmación sorprenderá a muchísimas personas, pues la percepción general es que los ancianos tienen un número mucho mayor de enfermedades que el resto de la población. Lo que en realidad ocurre es que los ancianos de hoy están en mucho mejor estado de salud que los ancianos de generaciones anteriores, y lo que estamos viendo es que, con la edad, se retrasa el momento de mayor consumo sanitario, que suele producirse en el periodo último de la vida, periodo que se ha ido retrasando a medida que la longevidad ha ido aumentando. No es, pues, que haya mucho mayor consumo con el envejecimiento, sino que hay un retraso en el inicio del gran consumo sanitario, y este retraso se incrementa cada vez más debido al mejoramiento de la salud de la población, que permite que se llegue a la tercera edad con una situación mucho más saludable.

Lo que importa, pues, no son los años de vida de más, sino los años de vida saludable sobre el total de vida de la persona. Y este porcentaje ha ido aumentando notablemente a lo largo de los últimos cincuenta años. Este es el dato clave que no es citado por los catastrofistas que dominan el discurso oficial del país.

Las pensiones son también sostenibles Otra área donde también se exagera el “peligro” que el envejecimiento supone para la sostenibilidad del Estado del Bienestar es en el área de las pensiones. La sostenibilidad de las pensiones, sin embargo, no depende de la estructura demográfica de un país, sino de la voluntad política de dicho país. Los países son cada vez más ricos como consecuencia del incremento de su PIB, y ello en parte debido al crecimiento de la productividad. Es este crecimiento de la productividad lo que explica que hoy el 5% de la población que trabaja en el campo produzca más alimentos que hace 50 años, cuando el porcentaje de trabajadores agrícolas era de casi un 30%. Decir hace 50 años que la gente se moriría de hambre porque el número de trabajadores en el campo iba bajando es tan absurdo como decir que las pensiones no son sostenibles hoy porque el número de trabajadores por pensionista ha ido bajando durante los últimos 50 años. Hoy un trabajador produce muchas más veces los bienes y servicios que la población consume que hace 50 años, y por lo tanto aporta a la riqueza del Estado mucho más que en el pasado.

En aquellos países donde las pensiones se financian a costa de contribuciones del mercado de trabajo, su sostenibilidad depende no de la evolución demográfica (como, de nuevo, los catastrofistas señalan constantemente), sino de la evolución del mercado de trabajo. De ahí que el gran deterioro que ha ocurrido en el mercado de trabajo, como consecuencia de las reformas laborales neoliberales altamente regresivas que se han impuesto en este país, haya tenido como resultado una reducción de ingresos para las pensiones públicas. Y ahí está la raíz del problema. Ahora bien, España no tiene falta de gente joven. En realidad, hoy España la exporta debido a la falta de trabajo. Pero hay otras maneras de financiar las pensiones. Hay países, como Dinamarca, en los que se financian con los impuestos generales del Estado. Y es difícil de sostener que los países no podrán pagar las pensiones. Decía el mal llamado “Comité de Expertos sobre las pensiones” (la mayoría ligado al capital financiero que sueña con meterle mano a las pensiones públicas) nombrado por el Sr. Rajoy que las pensiones no eran sostenibles porque la esperanza de vida había subido diez años desde el inicio del siglo XX, ignorando que el PIB había aumentado nada menos que veinticuatro veces desde entonces. Que las pensiones puedan pagarse o no depende primordialmente de la voluntad política del país. Y las pensiones públicas son los programas de aseguramiento más populares que existen en cualquier país, mucho más que otros programas de aseguramiento, ya sean públicos o privados.

En cuanto a su privatización como medida aconsejable para garantizar su solvencia, me parece un argumento de una enorme frivolidad. El desastre de la privatización de la Seguridad Social chilena, promovida por los economistas neoliberales, como el Sr. Sala i Martín, ha sido la mejor prueba de su gran ineficacia. Pero esto es materia para otro artículo.

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Trump elogia respuesta de Putin a las nuevas sanciones de Obama

Ven, 30/12/2016 - 21:00

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, elogió la decisión del mandatario ruso, Vladímir Putin, de no responder a las sanciones estadounidenses con medidas similares y lo calificó de "muy inteligente". "Magnífica decisión de Vladimir Putin. Siempre supe que era muy inteligente", aseguró hoy Trump en un comentario en su cuenta de Twitter.

El magnate publicó ese comentario después de que el jueves se desmarcara de la decisión del presidente de EEUU, Barack Obama, de expulsar del país a 35 diplomáticos de Rusia e imponer sanciones económicas contra organismos de espionaje, individuos y empresas de seguridad informática rusos.

"Es hora de que nuestro país avance hacia cosas más grandes y mejores", respondió Trump la noche del jueves al anuncio de sanciones a Rusia por su presunta intervención en las elecciones presidenciales estadounidenses mediante ataques informáticos para favorecerlo en detrimento de su rival demócrata, Hillary Clinton.

Putin se abstuvo hoy de responder a las sanciones de la Casa Blanca y dijo que no se rebajaría "al nivel de una diplomacia irresponsable". Esta no es la primera vez que el presidente electo estadounidense elogia a Putin, de quien ha dicho admirar su figura de líder fuerte y con quien ha mostrado un deseo de cambiar el rumbo de las relaciones bilaterales, a diferencia de las tensas relaciones mantenidas por Obama, quien acrecienta su desastroso legado en sus ocho años en la Casa Blanca.

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La guerra nuclear en 140 caracteres

Xov, 29/12/2016 - 07:31
Alejandro Nadal, La Jornada

Uno de los peores lugares para desencadenar una nueva carrera armamentista debe ser sin duda Twitter. Pero no para Donald Trump. Y para demostrarlo el 23 de diciembre lanzó un mensaje claro: Estados Unidos, señaló, deben fortalecer y expandir su capacidad atómica hasta que el mundo por fin despierte a la realidad de las armas nucleares.

Por si quedaban dudas, al día siguiente Trump volvió a twittear: ¡Que comience una nueva carrera armamentista! Pareciera que ya no habría lugar a dudas: junto a otras extravagantes promesas de su campaña el presidente electo ahora quiere añadir una nueva etapa en la carrera de armamentos nucleares.

Para tener cierta perspectiva hay que recordar que este año el presidente Barack Obama sentó las bases de un gigantesco programa de modernización del enorme arsenal estratégico de Estados Unidos.

Dicho plan incluye un gasto superior a 348 mil millones de dólares para modernizar y actualizar misiles, bombarderos, cargas nucleares, submarinos, sistemas de monitoreo e identificación de blancos, así como la infraestructura de control y comando del Pentágono. A eso hay que añadir planes para fortalecer el subsistema de investigación y desarrollo tecnológico de todos los componentes de las fuerzas armadas. Algunos analistas independientes calculan que el costo de tales proyectos podría superar el billón (castellano) de dólares.

Estados Unidos mantiene hoy un arsenal de aproximadamente mil 750 cabezas nucleares desplegadas en misiles balísticos intercontinentales lanzados desde sus bases en tierra (ICBM), en cohetes lanzados desde submarinos (SLBM) y en bombarderos estratégicos. A este número hay que agregar 180 cargas tácticas localizadas en bases en Europa. En la categoría de misiles ICBM se encuentran 441 Minuteman III, con un alcance de 6 mil kilómetros, colocados en silos subterráneos. Estos misiles pueden ser disparados en menos de cinco minutos después de recibir una orden presidencial.

Por su parte, los misiles SLBM desplegados en submarinos (de propulsión nuclear) suman 288 y todos están dotados de hasta ocho cargas independientes. Estos submarinos tienen la capacidad de permanecer ocultos durante largos periodos de tiempo y desde esa perspectiva constituyen el componente disuasivo por excelencia en caso de lo que algunos analistas llaman un intercambio nuclear.

El llamado de Trump suena ridículo si se considera el hecho de que los arsenales de Estados Unidos han atravesado múltiples programas de modernización desde los peores años de la guerra fría. De hecho, los acuerdos de control y reducción de armamentos que fueron negociados con la antigua Unión Soviética sirvieron para adelgazar el abultado inventario de cargas nucleares, misiles y bombarderos, al eliminar los elementos obsoletos y vulnerables, y abriendo espacio para los más modernos y letales. Un resultado fue el incremento en la precisión de los nuevos cohetes, lo que hizo posible reducir el tamaño de las cargas nucleares individuales. Todo esto llevó a una reducción en los arsenales nucleares y a una impresión de que el peligro estaba disminuyendo.

Es decir, el desplante de Trump (y de Obama) es absurdo desde otro punto de vista. Si hacemos una lista de los países que más invierten en armamentos resulta que el gasto militar de Estados Unidos es mayor al acumulado de las siguientes 10 naciones en dicha escala. Para el estado en el que se encuentra hoy día la economía estadounidense resulta claro que un dispendio improductivo de este calibre representa un oneroso fardo lleno de implicaciones negativas. Ni la economía será más competitiva, ni se generarán empleos productivos. Y si alguien piensa en los posibles beneficios tecnológicos que este dispendio podría traer aparejados, hay que recordar que las innovaciones que generaron los misiles y sus sistemas de navegación ya no se van a repetir.

Vladimir Putin no quiere dejar solo a su compañero de juegos y anunció a los pocos días del tuit de Trump que si Estados Unidos quiere iniciar una nueva carrera de armamentos, Rusia estaría más que dispuesta a responder al desafío. De hecho, el plan de Moscú consiste en remplazar todo el arsenal nuclear viejo heredado de la guerra fría por componentes modernos a lo largo de los próximos 10 años. Dicho sea de paso, Inglaterra, Francia, China, India, Pakistán e Israel siguen la misma trayectoria de modernizar sus arsenales nucleares.

Para el resto del mundo, el panorama es sombrío. Es cierto que el número de armas nucleares se redujo desde su punto máximo en lo más álgido de la guerra fría. Pero queda mucho por hacer para realmente eliminar el riesgo de la aniquilación nuclear. La lentitud con la que ha procedido la reducción de armamentos nucleares es una señal de alarma a la que hay que agregar el sensible deterioro del régimen de no proliferación.

Se calcula que una guerra nuclear tendría una duración de media hora. Pero el mundo de la posguerra sufriría miles de años. Eso no cabe en 140 caracteres.

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La globalización ha muerto

Mér, 28/12/2016 - 15:59

Álvaro García Linera, La Jornada

El desenfreno por un inminente mundo sin fronteras, la algarabía por la constante jibarización de los estados-nacionales en nombre de la libertad de empresa y la cuasi religiosa certidumbre de que la sociedad mundial terminaría de cohesionarse como un único espacio económico, financiero y cultural integrado, acaban de derrumbarse ante el enmudecido estupor de las élites globalófilas del planeta.

La renuncia de Gran Bretaña a continuar en la Unión Europea –el proyecto más importante de unificación estatal de los cien años recientes– y la victoria electoral de Trump –que enarboló las banderas de un regreso al proteccionismo económico, anunció la renuncia a tratados de libre comercio y prometió la construcción de mesopotámicas murallas fronterizas–, han aniquilado la mayor y más exitosa ilusión liberal de nuestros tiempos. Y que todo esto provenga de las dos naciones que hace 35 años atrás, enfundadas en sus corazas de guerra, anunciaran el advenimiento del libre comercio y la globalización como la inevitable redención de la humanidad, habla de un mundo que se ha invertido o, peor aún, que ha agotado las ilusiones que lo mantuvieron despierto durante un siglo.

La globalización como meta-relato, esto es, como horizonte político ideológico capaz de encauzar las esperanzas colectivas hacia un único destino que permitiera realizar todas las posibles expectativas de bienestar, ha estallado en mil pedazos. Y hoy no existe en su lugar nada mundial que articule esas expectativas comunes. Lo que se tiene es un repliegue atemorizado al interior de las fronteras y el retorno a un tipo de tribalismo político, alimentado por la ira xenofóbica, ante un mundo que ya no es el mundo de nadie.

La medida geopolítica del capitalismo Quien inició el estudio de la dimensión geográfica del capitalismo fue Karl Marx. Su debate con el economista Friedrich List sobre el capitalismo nacional, en 1847, y sus reflexiones sobre el impacto del descubrimiento de las minas de oro de California en el comercio transpacífico con Asia, lo ubican como el primero y más acucioso investigador de los procesos de globalización económica del régimen capitalista. De hecho, su aporte no radica en la comprensión del carácter mundializado del comercio que comienza con la invasión europea a América, sino en la naturaleza planetariamente expansiva de la propia producción capitalista.

Las categorías de subsunción formal y subsunción real del proceso de trabajo al capital con las que Marx devela el automovimiento infinito del modo de producción capitalista, suponen la creciente subsunción de la fuerza de trabajo, el intelecto social y la tierra, a la lógica de la acumulación empresarial; es decir, la supeditación de las condiciones de existencia de todo el planeta a la valorización del capital. De ahí que en los primeros 350 años de su existencia, la medida geopolítica del capitalismo haya avanzado de las ciudades-Estado a la dimensión continental y haya pasado, en los pasados 150 años, a la medida geopolítica planetaria.

La globalización económica (material) es pues inherente al capitalismo. Su inicio se puede fechar 500 años atrás, a partir del cual habrá de tupirse, de manera fragmentada y contradictoria, aún mucho más.

Si seguimos los esquemas de Giovanni Arrighi, en su propuesta de ciclos sistémicos de acumulación capitalista a la cabeza de un Estado hegemónico: Génova (siglos XV-XVI), Países Bajos (siglo XVIII), Inglaterra (siglo XIX) y Estados Unidos (siglo XX), cada uno de estos hegemones vino acompañado de un nuevo tupimiento de la globalización (primero comercial, luego productiva, tecnológica, cognitiva y, finalmente, medio ambiental) y de una expansión territorial de las relaciones capitalistas. Sin embargo, lo que sí constituye un acontecimiento reciente al interior de esta globalización económica es su construcción como proyecto político-ideológico, esperanza o sentido común; es decir, como horizonte de época capaz de unificar las creencias políticas y expectativas morales de hombres y mujeres pertenecientes a todas las naciones del mundo.

El fin de la historia La globalización como relato o ideología de época no tiene más de 35 años. Fue iniciada por los presidentes Ronald Reagan y Margaret Thatcher, liquidando el Estado de bienestar, privatizando las empresas estatales, anulando la fuerza sindical obrera y sustituyendo el proteccionismo del mercado interno por el libre mercado, elementos que habían caracterizado las relaciones económicas desde la crisis de 1929.

Cierto, fue un retorno amplificado a las reglas del liberalismo económico del siglo XIX, incluida la conexión en tiempo real de los mercados, el crecimiento del comercio en relación con el producto interno bruto (PIB) mundial y la importancia de los mercados financieros, que ya estuvieron presentes en ese entonces. Sin embargo, lo que sí diferenció esta fase del ciclo sistémico de la que prevaleció en el siglo XIX fue la ilusión colectiva de la globalización, su función ideológica legitimadora y su encumbramiento como supuesto destino natural y final de la humanidad.

Y aquellos que se afiliaron emotivamente a esa creencia del libre mercado como salvación final no fueron simplemente los gobernantes y partidos políticos conservadores, sino también los medios de comunicación, los centros universitarios, comentaristas y líderes sociales. El derrumbe de la Unión Soviética y el proceso de lo que Antonio Gramsci llamó transformismo ideológico de ex socialistas devenidos furibundos neoliberales, cerró el círculo de la victoria definitiva del neoliberalismo globalizador.

¡Claro! Si ante los ojos del mundo la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), que era considerada hasta entonces el referente alternativo al capitalismo de libre empresa, abdica de la pelea y se rinde ante la furia del libre mercado –y encima los combatientes por un mundo distinto, públicamente y de hinojos, abjuran de sus anteriores convicciones para proclamar la superioridad de la globalización frente al socialismo de Estado–, nos encontramos ante la constitución de una narrativa perfecta del destino natural e irreversible del mundo: el triunfo planetario de la libre empresa.

El enunciado del fin de la historia hegeliano con el que Francis Fukuyama caracterizó el espíritu del mundo, tenía todos los ingredientes de una ideología de época, de una profecía bíblica: su formulación como proyecto universal, su enfrentamiento contra otro proyecto universal demonizado (el comunismo), la victoria heroica (fin de la guerra fría) y la reconversión de los infieles.

La historia había llegado a su meta: la globalización neoliberal. Y, a partir de ese momento, sin adversarios antagónicos a enfrentar, la cuestión ya no era luchar por un mundo nuevo, sino simplemente ajustar, administrar y perfeccionar el mundo actual, pues no había alternativa frente a él. Por ello, ninguna lucha valía la pena estratégicamente, pues todo lo que se intentara hacer por cambiar de mundo terminaría finalmente rendido ante el destino inamovible de la humanidad, que era la globalización. Surgió entonces un conformismo pasivo que se apoderó de todas las sociedades, no sólo de las élites políticas y empresariales, sino también de amplios sectores sociales que se adhirieron moralmente a la narrativa dominante.

La historia sin fin ni destino Hoy, cuando aún retumban los últimos petardos de la larga fiesta del fin de la historia, resulta que quien salió vencedor, la globalización neoliberal, ha fallecido dejando al mundo sin final ni horizonte victorioso; es decir, sin horizonte alguno. Donald Trump no es el verdugo de la ideología triunfalista de la libre empresa, sino el forense al que le toca oficializar un deceso clandestino.

Los primeros traspiés de la ideología de la globalización se hacen sentir a inicios de siglo XXI en América Latina, cuando obreros, plebeyos urbanos y rebeldes indígenas desoyen el mandato del fin de la lucha de clases y se coligan para tomar el poder del Estado. Combinando mayorías parlamentarias con acción de masas, los gobiernos progresistas y revolucionarios implementan una variedad de opciones posneoliberales, mostrando que el libre mercado es una perversión económica susceptible de ser remplazada por modos de gestión económica mucho más eficientes para reducir la pobreza, generar igualdad e impulsar crecimiento económico.

Con ello, el fin de la historia comienza a mostrarse como una singular estafa planetaria y de nuevo la rueda de la historia –con sus inagotables contradicciones y opciones abiertas– se pone en marcha. Posteriormente, en 2009, en Estados Unidos, el hasta entonces vilipendiado Estado, que había sido objeto de escarnio por ser considerado una traba a la libre empresa, es jalado de la manga por Barack Obama para estatizar parcialmente la banca y sacar de la quiebra a los banqueros privados. El eficienticismo empresarial, columna vertebral del desmantelamiento estatal neoliberal, queda así reducido a polvo frente a su incompetencia para administrar los ahorros de los ciudadanos.

Luego viene la ralentización de la economía mundial, pero en particular del comercio de exportaciones. Durante los 20 años recientes, éste crece al doble del producto interno bruto (PIB) anual mundial, pero a partir de 2012 apenas alcanza a igualar el crecimiento de este último, y ya en 2015 es incluso menor, con lo que la liberalización de los mercados ya no se constituye más en el motor de la economía planetaria ni en la prueba de la irresistibilidad de la utopía neoliberal.

Por último, los votantes ingleses y estadounideneses inclinan la balanza electoral en favor de un repliegue a estados proteccionistas –si es posible amurallados–, además de visibilizar un malestar ya planetario contra la devastación de las economías obreras y de clase media, ocasionado por el libre mercado planetario.

Hoy, la globalización ya no representa más el paraíso deseado en el cual se depositan las esperanzas populares ni la realización del bienestar familiar anhelado. Los mismos países y bases sociales que la enarbolaron décadas atrás, se han convertido en sus mayores detractores. Nos encontramos ante la muerte de una de las mayores estafas ideológicas de los siglos recientes.

Sin embargo, ninguna frustración social queda impune. Existe un costo moral que, en este momento, no alumbra alternativas inmediatas sino que –es el camino tortuoso de las cosas– las cierra, al menos temporalmente. Y es que a la muerte de la globalización como ilusión colectiva no se le contrapone la emergencia de una opción capaz de cautivar y encauzar la voluntad deseante y la esperanza movilizadora de los pueblos golpeados.

La globalización, como ideología política, triunfó sobre la derrota de la alternativa del socialismo de Estado; esto es, de la estatización de los medios de producción, el partido único y la economía planificada desde arriba. La caída del muro de Berlín, en 1989, escenifica esta capitulación. Entonces, en el imaginario planetario quedó una sola ruta, un solo destino mundial. Lo que ahora está pasando es que ese único destino triunfante también fallece. Es decir, la humanidad se queda sin destino, sin rumbo, sin certidumbre. Pero no es el fin de la historia –como pregonaban los neoliberales–, sino el fin del fin de la historia. Es la nada de la historia.

Lo que hoy queda en los países capitalistas es una inercia sin convicción que no seduce, un manojo decrépito de ilusiones marchitas y, en la pluma de los escribanos fosilizados, la añoranza de una globalización fallida que no alumbra más los destinos.

Entonces, con el socialismo de Estado derrotado y el neoliberalismo fallecido por suicidio, el mundo se queda sin horizonte, sin futuro, sin esperanza movilizadora. Es un tiempo de incertidumbre absoluta en el que, como bien intuía William Shakespeare, todo lo sólido se desvanece en el aire. Pero también por ello es un tiempo más fértil, porque no se tienen certezas heredadas a las cuales asirse para ordenar el mundo. Esas certezas hay que construirlas con las partículas caóticas de esta nube cósmica que deja tras suyo la muerte de las narrativas pasadas.

¿Cuál será el nuevo futuro movilizador de las pasiones sociales? Imposible saberlo. Todos los futuros son posibles a partir de la nada heredada. Lo común, lo comunitario, lo comunista es una de esas posibilidades que está anidada en la acción concreta de los seres humanos y en su imprescindible relación metabólica con la naturaleza.

En cualquier caso, no existe sociedad humana capaz de desprenderse de la esperanza. No existe ser humano que pueda prescindir de un horizonte, y hoy estamos compelidos a construir uno. Eso es lo común de los humanos y ese común es el que puede llevarnos a diseñar un nuevo destino distinto de este emergente capitalismo errático que acaba de perder la fe en sí mismo.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Mensaje a las elites: reformen el sistema ahora, o se lo reformarán los populistas

Mér, 28/12/2016 - 09:31
Wolfgang Münchau, Sin Permiso

Una cosa es decir, como algunos hemos dicho, que las elites liberales occidentales deberían dejar de doblar la apuesta frente a la amenaza populista. Pero, más allá de eso, ¿qué deberían hacer?

Yo empezaría por una reconsideración de la gobernanza macroeconómica: desde los bancos centrales independientes y los objetivos de inflación hasta los mercados financieros desregulados y los objetivos de la política fiscal. Dicho sencillamente: si nosotros, el establishment liberal, fracasamos en eso, los populistas nos lo harán.

Una Marine Le Pen presidenta, por ejemplo, podría sacar a Francia de la Eurozona y dar instrucciones a su banco central para financiar los gastos de su gobierno.

Pero también necesitamos recapacitar más profundamente sobre los arraigados vínculos entre nuestras instituciones, las reglas con las que operan y la teoría macroeconómica prevalente. Buena parte de lo que ahora creemos normal fue establecido bastante recientemente. Los bancos centrales no siempre fueron independientes. Los objetivos directos de inflación son ahora comunes, pero eran desconocidos antes de 1990. Los objetivos a medio plazo en la política fiscal son también una invención moderna, como lo son los consejos fiscales. Tras esas instituciones, tras esas políticas, hay una fundamentación teórica: la macroeconomía neokeynesiana. El propio John Maynard Keynes, con toda probabilidad, consideraría a sus propugnadores promedio como “economistas difuntos”.

La teoría sostiene tres tesis clave. La primera, que un baja tasa de inflación es congruente con el pleno empleo, de modo que basta con que un banco central tenga como objetivo un baja tasa de inflación. La segunda, que la política fiscal no debería usarse para realizar ajustes económicos, sino que debería perseguir objetivos de estabilidad a medio plazo. Y la tercera, que ni la política monetaria ni la política fiscal tienen demasiado impacto a largo plazo.

Es evidente que nada de eso consigue explicar el caos que ahora vemos por doquiera: crisis financieras sin fin; una pérdida permanente de producto económico; desequilibrios persistentes e incapacidad de los bancos centrales para lograr sus objetivos de inflación; tipos de interés cero. No debería sorprendernos que la gente se haya vuelto escéptica frente a expertos económicos que venden teorías que se traducen en predicciones económicas cómicamente falsas e incongruas con la realidad percibida por el común de los mortales.

Estas observaciones son suaves, si las comparamos con las que acaba de dejar escritas Paul Romer, economista jefe del Banco Mundial, en una devastadora crítica de su profesión de economista. Compara la teoría macroeconómica dominante con la teoría de las cuerdas en física. De esta última se dijo en cierta ocasión que “ni siquiera es falsa”.

El señor Romer retrata la macroeconomía moderna como un embrollo incongruente que sólo se sostiene por el interés de gentes comúnmente empeñadas en proteger su propia influencia. El grueso de sus críticas concretas son de naturaleza técnica, y van más allá de lo que cabe reseñar aquí. Comienza citando a Lee Smolin, un físico que, en 2007, observó que la física no había hecho el menor progreso en el último cuarto de siglo. Pues bien; el señor Romer sostiene que el estado de la macroeconomía es peor. Lejos de progresar, ha regresado.

Sus observaciones son ya suficientemente perturbadoras por sí mismas. Pero lo que las hace pertinentes en el contexto de esta discusión es el hecho de que nuestras instituciones de política económica presuponen la idea de que esas teorías son correctas. Nuestros banqueros centrales independientes son macroeconomistas que fueron en su día entrenados en esos mismos modelos que el señor Romer critica.

Hasta comienzos de los 90, la independencia del banco central era una excepción. La Reserva federal y la Deutsche Bundesbank eran independientes antes de 1990, pero no lo eran el grueso de los bancos centrales. Por ejemplo, con toda probabilidad, la mayoría de la gente no apoyaría la idea de que las fuerzas armadas de un país tuvieran que ser independientes porque, supuestamente, los generales saben perfectamente lo que es mejor para nosotros y no habría que importunarles con las fluctuaciones cotidianas de la política.

Si el señor Romer está en lo cierto, y la macroeconomía, lejos de progresar, ha regresado, entonces quienes tratamos de defender el orden liberal deberíamos considerar seriamente la necesidad de recuperar el control de las áreas centrales de la política económica. Deberíamos sacar la política fiscal de las manos del piloto automático y desafiar a la tiranía del ubicuo objetivo de inflación del 2 por ciento. Y deberíamos empezar a distinguir entre los intereses del sector financiero y los del conjunto de la economía. No haberlo hecho es una de las razones del voto favorable al Brexit.

Aunque las razones para desafiar las políticas fundadas en la doctrina macroeconómica dominante son abrumadores, yo dudo mucho de que el establishment llegue de verdad a desafiarlas. Como ocurrió durante la crisis financiera última, los intereses creados se meterán de por medio. Los macroeconomistas que diseñaron los modelos son los guardianes y los beneficiarios del sistema. Son los banqueros centrales independientes. Dirigen los consejos fiscales independientes. Algunos son ministros de finanzas.

No es por casualidad que una famosa serie de televisión de la pasada década –El ala Oeste—imaginara a un Premio Nobel de economía como Presidente de los EEUU. Esa versión del filosofo-rey platónico está hoy pasada de moda.

Con un establishment incapaz de sacar la menor lección de sus derrotas a lo largo de 2016, nuestro sistema está mucho más cerca de ser demolido por los populistas de fuera que de ser reformado desde dentro.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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América Latina, el mundo doblemente al revés

Mér, 28/12/2016 - 03:25
Roberto Regalado, Alainet

A mediados de 1998, transcurridas más de tres décadas de globalización imperialista, dos de apogeo del neoliberalismo y casi una del derrumbe del bloque socialista europeo, el insigne escritor uruguayo Eduardo Galeano, fallecido en 2015, publicó el libro: Patas arriba. La escuela del mundo al revés. En sus páginas introductorias, Galeano escribió una nota titulada, «Si Alicia volviera», en referencia al conocido cuento infantil Alicia en el país de las maravillas. Esa nota dice: Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana.
Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista […]. En el capítulo titulado «Los modelos del éxito», Galeano sentenciaba: El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian la naturaleza: la injusticia, dicen, es la ley natural. Milton Friedman, uno de los miembros más prestigiosos del cuerpo docente, habla de «la tasa natural de desempleo». Por ley natural, comprueban Richard Herrstein y Charles Murray, los negros están en los más bajos peldaños de la escala social. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que la naturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles; y más de un siglo después, muchos dueños del mundo siguen creyendo que Charles Darwin escribió sus libros para anunciarles la gloria. A dieciocho años de la publicación de la citada obra de Galeano, el mundo sigue estando al revés, pero eso ya no está tan a la vista. Digamos que durante esos más de tres lustros, quienes pusieron el mundo al revés, y lo siguen manteniendo al revés, desataron una campaña de saturación ideológica y mediática para ocultarlo.

El neoliberalismo es una doctrina concebida para imponer y legitimar la desigualdad social extrema. En los años setenta, ochenta y noventa del siglo XX, los ideólogos neoliberales decían públicamente lo que pensaban, entre otras cosas, que la desigualdad social, llevada a sus extremos más atroces, era buena y necesaria y, por tanto, debía ser fomentada por el Estado. Así repetían lo que habían aprendido de su maestro: en el pequeño libro considerado como obra fundacional del neoliberalismo, Camino de Servidumbre, impreso en 1944, el padre de esa doctrina, Friedrich Hayek, afirmaba: «toda política directamente dirigida a un ideal sustantivo de justicia distributiva tiene que conducir a la destrucción del Estado de Derecho».1 Repárese en que Hayek planteaba que la justa distribución de la riqueza conduce a la destrucción del Estado de Derecho, es decir, que la justicia social es incompatible con la democracia liberal burguesa o, dicho a la inversa, que la democracia liberal burguesa es incompatible con la justicia social.

En esa misma línea de pensamiento, el autor del capítulo sobre los Estados Unidos del Informe de la Comisión Trilateral, publicado en 1975, el profesor Samuel Huntington, decía: La operación efectiva del sistema político democrático usualmente requiere mayor medida de apatía y no participación de parte de algunos individuos y grupos. En el pasado, toda sociedad democrática ha tenido una población marginal, de mayor o menor tamaño, que no ha participado activamente en la política. En sí misma, esta marginalidad de parte de algunos grupos es inherentemente no democrática, pero es también uno de los factores que ha permitido a la democracia funcionar efectivamente.2 Huntington no lo menciona de manera explícita, pero queda bien claro que, para él, el funcionamiento de la democracia requiere que los sectores populares sean apáticos, que no se organicen, que no postulen a sus propios candidatos y candidatas, y que no voten por ellos. Para Huntington, el problema del mundo era una exacerbación de lo que él llamaba «igualitarismo democrático» de incontables «grupos de interés» que asediaban al Estado con demandas que este no estaba en condiciones de satisfacer. Con otras palabras, para él, el problema del mundo eran las reivindicaciones socioeconómicas de los sectores populares que el Estado burgués no puede ni quiere atender, porque su función es defender los intereses del imperialismo y la oligarquía.

Para combatir a esos sectores populares, la Comisión Trilateral, integrada por oligarcas e intelectuales de derecha de los Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, abogaba, en forma totalmente pública, a viva voz, por fomentar el gobierno de las élites, promover la apatía de las mayorías, limitar las expectativas de las capas sociales bajas y medias, aumentar el poder presidencial (es decir, el presidencialismo), fortalecer el apoyo del Estado al sector privado y reprimir a los sectores radicalizados del movimiento sindical, entre muchas otras medidas y acciones de igual corte antidemocrático, elitista, excluyente y discriminatorio.

Sirvan estas menciones a Hayek y Huntington para fundamentar la afirmación de que, entre las décadas de 1970 y 1990, los ideólogos neoconservadores y neoliberales decían abiertamente lo que pensaban. Lo hacían con el objetivo de que los estratos más favorecidos de la sociedad lo asumieran como propio y lo practicaran, y de que los estratos más desfavorecidos lo aceptaran con resignación, por ser supuestamente inevitable.

El imperialismo mundial y las oligarquías de Asia, África y América Latina, siguen pensando y actuando exactamente igual. La diferencia es que hoy, no solo no lo dicen, sino que mienten con impudicia. En los dieciocho años transcurridos desde que Galeano denunciara que el mundo está al revés, los ideólogos de la derecha aprendieron a esconder su verdadero pensamiento y a asumir, de modo hipócrita, por una parte, los principios y valores de la democracia liberal burguesa emanados de la Ilustración y la Gran Revolución Francesa del 1789, principios y valores de los cuales Hayek, Huntington y todos los de su clase, renegaron y execraron y, por la otra, se han apropiado y han profanado principios y valores de los movimientos populares y las fuerzas políticas de la izquierda del siglo XX, como la defensa de los derechos humanos.

¿Por qué ese cambio? Debido a que pocos meses después de la publicación de esta obra de Galeano, a finales del propio año 1998, el comandante Hugo Chávez Frías abrió en América Latina una larga cadena de elecciones y reelecciones de gobiernos de izquierda y progresistas; debido a que, en virtud del acumulado de lucha de los pueblos, del rechazo universal a los métodos represivos históricamente empleados por las clases dominantes, y a las atroces consecuencias de las políticas neoliberales, movimientos populares y fuerzas políticas de izquierda y progresistas han sido electas y reelectas al gobierno en un considerable número de países de América Latina, por los medios y métodos de la democracia liberal burguesa. De modo que el cambio se debe a que los movimientos populares y fuerzas de izquierda de América Latina crearon las condiciones para utilizar, a su favor, los medios y métodos de un sistema político que había sido concebido para excluirlos del poder, para excluirlos del gobierno, para excluirlos del Estado, para excluirlos de toda participación política efectiva.

Por este motivo, los ideólogos de la derecha ya no pueden decir públicamente que la justicia social es incompatible con la democracia liberal burguesa o, vuelvo a decirlo a la inversa, porque se entiende mejor, que la democracia liberal burguesa es incompatible con la justicia social. Tampoco pueden decir públicamente que la exclusión de los sectores populares es una premisa del funcionamiento efectivo de ese sistema político democrático burgués.

En los países donde la izquierda ejerce el gobierno, las oligarquías, sus centros de propaganda, sus medios de comunicación y sus jueces y demás instrumentos, junto a las embajadas de los Estados Unidos y demás potencias imperialistas, se lavan las manos, como Poncio Pilatos, y culpan a la izquierda de todas las lacras, vicios y deformaciones inherentes al sistema político imperante: enlodan las palabras democracia, transparencia, probidad, derechos humanos, ciudadanía, libertad de expresión, división de poderes, Estado de Derecho, y muchas otras. Pero, en los países donde la derecha sigue gobernando, esos temas ni los mencionan.

Los ideólogos de la derecha no dicen que sus antepasados del siglo XVIII fueron enemigos a muerte de la construcción del sistema político democrático liberal burgués, enemigos a muerte del concepto de ciudadanía y del sistema de partidos políticos. Tampoco dicen que durante toda la segunda mitad del siglo XIX se opusieron al voto para todos los hombres, y que, hasta ya adentrado el siglo XX, se siguieron oponiendo al voto para las mujeres; no dicen que sus antepasados fueron enemigos jurados de que las mujeres y los hombres del pueblo, las ciudadanas y los ciudadanos, se organizaran en partidos políticos para conquistar y defender sus derechos políticos, económicos, sociales y culturales. No dicen una palabra de Hayek o de Huntington, ni de Friedman, de Herrstein, de Murray o de Rockefeller. No mencionan a Ronald Reagan ni a Margaret Thatcher, los principales promotores de la universalización del neoliberalismo en la década de 1980. Tampoco mencionan a los gobernantes latinoamericanos de inicios de los años noventa, causantes de la exclusión y la marginación de millones de latinoamericanos y latinoamericanas, como Carlos Andrés Pérez, Carlos Salinas de Gortari, Carlos Saúl Menem o Alberto Fujimori.

Parafraseando a Galeano, hoy podemos decir que el mundo está doblemente al revés, porque no solo siguen reinando los antivalores que él denunció, sino que, además, se justifica y defiende ese reinado con la mentira grosera. Hoy vienen a los países gobernados por partidos de izquierda y progresistas los heraldos de las internacionales de derecha (liberales, conservadores, demócrata cristianos y socialdemócratas, entre otros), y sus ONG’s financiadas con dinero de los monopolios transnacionales, a embaucar a nuestra juventud y a nuestro pueblo en general con las ideas fundacionales más avanzadas del pensamiento político liberal de los siglos XVIII y XIX, sin decirles que no fueron graciosas dádivas de sus antepasados oligarcas, sino conquistas arrancadas a ellos por nuestros antepasados, es decir, por los movimientos obreros, socialistas y femeninos de aquella época. Hoy vienen a embaucar a nuestra juventud y a nuestro pueblo en general, como si aquellas ideas fundacionales de la democracia liberal burguesa todavía fuesen puras, inmaculadas, respetadas y vigentes, como si el pensamiento neoconservador y neoliberal del siglo XX no hubiese renegado y abjurado de ellas. Hoy vienen a embaucar a nuestra juventud y a nuestro pueblo en general, como si no hubiesen sido las luchas de los movimientos populares y las fuerzas políticas de izquierda y progresistas las que les arrancaron a ellos los espacios democráticos existentes en la actualidad.

Ahora bien, esa manipulación hipócrita de los principios fundacionales de la democracia liberal burguesa y de algunas banderas de la izquierda solo impera en los países gobernados por fuerzas de izquierda y progresistas, mientras dichas fuerzas se mantienen en el gobierno. Cuando la derecha neoliberal logra recuperar el control del Poder Ejecutivo del Estado, como sucedió en Argentina y Brasil, de inmediato renacen los espectros de Hayek, Huntington, Friedman, Herrstein, Murray, Rockefeller, los espectros de Reagan y Thatcher, los espectros de Pérez, Salinas de Gortari, Menem, Fujimori y otros. De inmediato cesa la verborrea contra la supuesta partidocracia, desaparecen de escena las organizaciones pretendidamente defensoras de la ciudadanía, y los magistrados venales pasan, de la judicialización de la política, a la criminalización de las lideresas y los líderes de izquierda y progresistas, como hacen hoy en Argentina contra la expresidenta Cristina Fernández y muchas figuras de su gabinete y del Frente para la Victoria, y como hacen hoy en Brasil contra los expresidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff y muchas figuras de sus gabinetes y del Partido de los Trabajadores. Y, también de inmediato regresan las privatizaciones, la negación de los derechos sindicales, los despidos masivos, las reducciones salariales, los incrementos de precios, la entrega del país a los monopolios transnacionales, y todo lo demás que ya conocimos y sufrimos. Esos son los objetivos que la derecha persigue hoy con su campaña desestabilizadora contra los gobiernos de los presidentes Nicolás Maduro en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, y Salvador Sánchez Cerén en El Salvador. A raíz de la reciente reelección del presidente Daniel Ortega, ahora están recrudeciendo esa campaña en Nicaragua.

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¿Llegó la hora de resucitar la economía keynesiana?

Mar, 27/12/2016 - 14:04
Larry Elliot, The Guardian

Imaginemos este escenario: a finales de 1936, poco después de la publicación de la Teoría General, su clásico, John Maynard Keynes es congelado criogénicamente para ser devuelto a la vida 80 años después.

El panorama en ese momento era desalentador. Empezaba la Guerra Civil en España, las purgas de Stalin estaban a toda marcha y Hitler había desobedecido el Tratado de Versalles remilitarizando la región de Renania. La recuperación de la Gran Depresión aún era frágil, era el año de la marcha de Jarrow en Reino Unido y Franklin D. Roosevelt ganaba por segunda vez las elecciones presidenciales en EEUU.

Cuando se despierta en 2016, Keynes quiere saber qué ha ocurrido en las últimas ocho décadas. Le dicen que el desempleo masivo de los años treinta se resolvió por fin pero solo porque las grandes potencias redoblaron la producción militar mientras se lanzaban a la guerra por segunda vez en 25 años.

La buena noticia, se entera Keynes, es que las lecciones de los años treinta fueron aprendidas. Los gobiernos se comprometieron a mantener la demanda en un nivel alto para lograr el pleno empleo. Además, reciclaron los impuestos acumulados durante los años de crecimiento sólido y los convirtieron en mayor inversión en infraestructuras públicas. También tomaron medidas para asegurarse de que la brecha entre ricos y pobres fuera cada vez menor.

La mala noticia es que lo aprendido un día se olvidó. El período entre la reelección de Roosevelt y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca se puede dividir en dos partes: los 40 años hasta 1976 y los 40 siguientes.

Keynes descubre que los gobiernos se han apartado de sus ideas. En lugar de registrar superávit presupuestarios cuando tienen viento a favor y déficits en las épocas de vacas flacas, funcionan con déficit todo el tiempo. Los gobiernos no saben distinguir entre inversión y gastos corrientes.

En el Reino Unido, diciembre de 1976 marca un punto de inflexión. A principios de ese mes se produjo un momento crítico cuando el Consejo de Ministros, dividido y sumido en el caos, acordó adoptar la austeridad a cambio de devolver un préstamo del Fondo Monetario Internacional, necesario para apoyar a una libra en caída libre.

Después de eso, le dicen a Keynes, ha habido un cambio de paradigma. Los miembros del Partido Laborista habían sido monetaristas a su pesar; los fieles de Thatcher que llegaron después eran fieles creyentes. Levantaron los controles al movimiento de capitales, abandonaron el pleno empleo como objetivo principal de las políticas económicas, redujeron el poder de los sindicatos, recortaron los impuestos para los que más tenían, y permitieron que se profundizara la desigualdad y que las finanzas crecieran a medida que bajaba la producción.

Ni una palabra más, dice Keynes, ya sé qué pasó después. La embestida contra las organizaciones de trabajadores y los recortes en el gasto público achicaron la demanda efectiva, disimulada por la baja en las tasas de interés. El dinero barato causó un pequeño aumento de inversiones productivas aunque menor comparado con la especulación en la bolsa de valores y el mercado de propiedades. Finalmente, la burbuja explotó y, igual que en 1929, se desencadenó una terrible crisis económica.

Eso explica por qué los titulares de los periódicos que Keynes lee en el año 2016 se parecen tanto a los de 1936 con las altas tasas de desempleo y la falta de crecimiento que entonces y ahora generaron un enorme resentimiento. Eso explica también los resultados de los referendos en el Reino Unido y en Italia, los de las elecciones presidenciales en EEUU y el creciente apoyo a los partidos de la extrema derecha en Francia y Alemania.

Aun así, Keynes se sorprende al descubrir que la crisis no ocurrió ni en 2016 ni en 2015, sino ocho años antes. ¿Qué ha pasado durante todo ese tiempo?, se pregunta el economista británico.

Le explican que, en un primer momento, los bancos centrales rebajaron las tasas de interés a niveles nunca vistos. En el Reino Unido, los costes de endeudamiento se redujeron hasta 0,5%, un porcentaje aún más bajo que el mínimo de 2% con el que la libra salió del patrón oro en 1931. No fue todo. Los bancos centrales también compraron bonos del sector privado con el objetivo de aumentar el suministro de dinero y reducir así el tipo de interés del mercado (también llamados tipo de interés a largo plazo).

Las dos iniciativas merecen la aprobación de Keynes. En su trabajo aconsejaba políticas monetarias agresivas para que las tasas de interés más bajas estimulasen las inversiones del sector privado: en la mayoría de los casos, es lo que saca a las economías de la recesión.

¿Qué han hecho los gobiernos? Pero, dice Keynes, la política monetaria tal vez no sea suficiente si la caída es grave. Hay ocasiones en que no importa lo bajas que estén las tasas de interés, las empresas privadas no invierten porque ven el futuro como demasiado incierto. La gente ahorra el dinero en lugar de gastarlo. Las políticas monetarias se vuelven como el soma, la droga del libro Un mundo feliz, de Aldous Huxley: calma los ánimos y oculta el hecho de que algo raro está sucediendo.

A Keynes le cuentan que se necesitaron dosis cada vez más grandes de soma para que la economía global siguiera funcionando, con bajas inversiones que derivaron en una pobre productividad y con tasas de crecimiento muy por debajo de las registradas en los años previos a la crisis. Keynes hace la pregunta obvia: si las políticas monetarias dejaron de ser efectivas, ¿qué han hecho los gobiernos para ayudar?

Es obvio poner el tema sobre el tapete. La Teoría General de Keynes puntualiza que el deseo de invertir del sector privado se ve afectado por “espíritus animales”. Cuando están bajos, los gobiernos deberían interceder con inversión pública, incluso a costa de crear un déficit presupuestario más elevado: gracias al mayor crecimiento que resultará de esta medida, la inversión se pagará a sí misma con creces.

Keynes se horroriza cuando le dicen que, salvo un breve estímulo colectivo en el año 2009, no se siguió este enfoque. Los gobiernos empezaron a preocuparse enseguida por el tamaño de los déficits y recortaron la inversión pública.

Pero un bajo crecimiento significa que la reducción del déficit llevará más tiempo del esperado y las tasas de interés ultra bajas durante gran parte de la década han vuelto a derivar en burbujas en el precio de los activos. Los niveles de endeudamiento del sector privado están subiendo. Para Keynes, todo es predecible de una forma deprimente. Hora de volver a 1936.

Pero antes de que regrese a su tiempo, le piden a Keynes un consejo para los legisladores de 2016. El economista dibuja tres alternativas al estado actual de las cosas. Los planes de recortar los impuestos y gastar en infraestructura de Trump producirán a corto plazo un gran crecimiento, pero Keynes no está muy entusiasmado. Teme que la inversión en el tipo de infraestructura pública que EEUU necesita verdaderamente no sea mucha y que el estímulo esté mal enfocado.

La segunda opción sería abusar de las tasas de interés, en mínimos, y lanzarse a pedir préstamos para proyectos de inversión a largo plazo. Según Keynes, los gobiernos podrían hacerlo sin alarmar a los mercados mientras sigan sus enseñanzas y los préstamos sean solamente para invertir.

La tercera opción requiere más creatividad con la expansión cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés), dice Keynes. En lugar de usar el dinero sólo para el juego de la especulación, ¿por qué los gobiernos no lo aprovechan para financiar la infraestructura? Construir viviendas con la QE tiene sentido; inflar el valor de las viviendas, no.

Hay otra salida, añade Keynes, a la que nos estábamos acercando poco a poco en 1936. Llegó tres años después. No la recomiendo.
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Fuente: ElDiario.es Traducido por Francisco de Zárate

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El BCE eleva a 8.800 millones las necesidades de capital del Monte dei Paschi

Lun, 26/12/2016 - 22:00

El Gobierno italiano se quedó cortó respecto a las necesidades de capital del banco Monte dei Paschi di Siena. La necesidad de capitalización se ha incrementado hasta los 8.800 millones de euros. Eso es lo que cree el BCE, que en una carta alerta de un deterioro en la posición de liquidez durante el mes de diciembre del banco italiano. La semana pasada el Monte dei Paschi fracasó en su operación para ampliar capital por valor de 5.000 millones de euros, lo que provocó la intervención del Gobierno italiano.

En su carta remitida al ministerio de Economía y Finanzas de Italia, el BCE resalta que la posición de liquidez de Monte dei Paschi ha sufrido un rápido deterioro entre los pasados 30 de noviembre y 21 de diciembre, por lo que el déficit de capital del banco se ha incrementado hasta los 8.800 millones de euros, frente a los 5.000 millones de euros anteriores.

El BCE argumenta que la capacidad compensatoria del banco más antiguo del mundo, puesto que sus orígenes se remontan a 1472, ha disminuido hasta 8.100 millones de euros, frente a los 14.600 millones de euros anteriores, mientras que la liquidez neta a un mes de la entidad ha caído desde 12.100 millones de euros, hasta 7.700 millones de euros, lo que representa el 4,78% de la actividad total de Monte dei Paschi.

Durante la madrugada del pasado viernes, el Ejecutivo liderado por Paolo Gentiloni aprobó un decreto para la creación de un fondo de rescate dotado con 20.000 millones de euros que se destinarían al saneamiento de Monte dei Paschi —y otras entidades italianas en problemas por sus elevados niveles de créditos improductivos— después de que el banco fracasase en su intento de ampliación de capital.

El banco toscano fue incapaz de encontrar un gran inversor que sostuviese su recapitalización, por lo que se quedó a falta de 2.069 millones para completar su alzamiento de capital por valor de 5.000 millones, lo que forzó la intervención del Gobierno, quien ya posee el 4% del accionariado de Monte dei Paschi.

No obstante, la inyección de 20.000 millones de euros en el sistema financiero transalpino podría elevar la ratio de deuda de Italia, actualmente la segunda mayor de la zona euro, sólo por detrás de Grecia, hasta el 134% del PIB en 2017, frente al objetivo inicial de Roma de reducir la carga al 132% del PIB.

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Siete predicciones para 2017

Dom, 25/12/2016 - 12:00
Carlos Santa María

Nostradamus jamás hizo una predicción concreta, específica. Un grupo de "intérpretes" inició un camino ampuloso para dar sentido a sus frases, vinculándolas a hechos acaecidos, de tal forma que crearon una figura mística con capacidad profética para confirmar las ideas emitidas. Ello está en sintonía con la creencia en brujas, videntes, vaticinadores, incluso opinólogos, que lanzan tal cantidad de respuestas que algunas veces aciertan de los cientos de casos tocados. La clarividencia no es una ciencia aunque es utilizada ampliamente en los medios.

La predicción, pronóstico o tendencia razonada es una construcción de afirmaciones con un sustento de probabilidad, que no es dado como hecho cierto, sino que tiene posibilidad de convertirse en real en la medida que continúen presentándose ciertos eventos que se dirigen hacia dicha afirmación. Así, se establece una dirección que puede darse en tanto los intereses de ciertos agentes sean sólidos y se sostengan. La importancia es que sirve como una herramienta para proceder con cierto grado de seguridad en la arena del geopoder y la diplomacia.

En este sentido, para exponer dichas tendencias es factible utilizar los principios del geopoder para orientar estos pronósticos. Tres de ellos pueden ser importantes:
  • La 'Corporatocracia', entramado dirigido por las transnacionales del complejo militar-industrial-mediático e inteligencia, no dejará su cosmovisión dominante del planeta y aplicará consecuentemente todas las herramientas a su disposición para sostener y proteger sus intereses. Para dicho objetivo, empleará a gobiernos vasallos, agencias especializadas de acción encubierta, manejo de la economía mundial, medios bajo su pleno dominio, etc.
  • Los países soberanos continuarán exitosamente su lucha denodada de independencia integral para desligarse de la Corporatocracia, la cual enervará su frustración y amenazará con fuerza represiva. Por tanto, la posición de estas naciones será cada vez más altiva y segura, demostrando que la dignidad de los pueblos no se coarta por obra de la coacción despiadada.
  • La dialéctica sostiene que pueden ocurrir hechos que marquen cambios decisivos en la vida social del orbe, sin embargo, estos generalmente son el preludio de procesos que se darán, es decir, no son de momento, nacidos espontáneamente, súbitos. Consecuentemente, de continuar vigentes los intereses de las Transnacionales del poder y los intentos soberanistas, la contradicción se agudizará o podrá hacer desistir relativamente al contrario si las fuerzas de un polo le permiten avanzar victoriosamente.
A partir de estas bases es posible afirmar que:
  1. La Unión Europea continuará la política de acatamiento a las órdenes de Estados Unidos, independientemente que plantee mediáticamente lo contrario, en tanto sean los gobiernos dirigentes (Alemania-Gran Bretaña-Francia), proclives a la confrontación con el mundo multipolar en ascenso. Ello no obsta para que mantengan una política tenue de acercamiento a ciertas naciones "desobedientes" como Cuba o Irán, por ejemplo, aunque sin oponerse con vigor al bloqueo o a las sanciones que se impongan a estas.
  2. En la medida que Donald Trump no acate las obligaciones que determine la 'Corporatocracia', tendrá un gobierno diletante y sin una política coherente como lo fue en el caso de Barak Obama, siempre en contra de la paz mundial. Esto implicará una constante oposición y creación mediática de debilidad o estupor ante la política desarrollada por el nuevo presidente.
  3. Continuará del mismo modo la propaganda antisoberana en el mundo por parte de las potencias neoliberales y cuya expresión será expuesta en los medios, por lo cual no cesará la guerra evidente en este campo. Así, vendrá un nuevo año de desinformación, de ocultamiento, de interpretación interesada, de mitificación, de propaganda directa, en favor del neocolonialismo. En la medida que se desnude la verdad de los hechos, habrá mayor ataque informativo.
  4. Los puntos de conflicto internacional seguramente estarán marcados por una nueva tensión dependiendo de lo que suceda en otros centros. Esto significa que es posible reactivar el conflicto en Ucrania en este primer semestre si las derrotas en Alepo o Mosul se dan en estos tiempos. La soberanía china y las islas en conflicto pueden ser otro factor de confrontación.
  5. Lo científico es que de un punto cualquiera se puede hacer un nido de enfrentamiento construyendo las condiciones para ello: éste es un principio indestructible y la realidad lo ha demostrado con Pearl Harbour, supuesta prueba de dignidad que obligó a lanzar una bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki.
  6. El papel de EEUU, que hoy está absolutamente comprometido con apoyar al terrorismo, tal como lo demuestra el ataque de los yihadistas a Palmira cuyas fuerzas provienen de Raqqa y Mosul al informarles el gobierno estadounidense que no los atacará hasta la primavera, se verá en una disyuntiva: mostrarse ante el mundo como el país invasor que es hasta este momento, o demostrar que su objetivo es acabar con el extremismo. Hasta este momento, lo que se prevé es que Donald Trump no pretende hacer de la guerra un objetivo esencial y más bien desea dedicar sus esfuerzos a reconstruir la nación desde su interior. Está en una duda razonable actualmente hasta su toma de posesión.
  7. La Coalición anti Estado Islámico, liderada por EEUU, no tendrá un papel destacado en Siria e Irak este año 2017 ya que, pese a sus "errores" atacando las fuerzas soberanas y protegiendo terroristas, no podrá torcer el destino de dichas naciones aunque presionará a través de todos sus canales con el fin de quedarse en dichos territorios, incluso sin el aval de la ONU (que no se lo ha otorgado ni tampoco le interesa), demostrando su desprecio por la normatividad internacional, la democracia y la defensa de los Derechos Humanos. El terrorismo identificado con Daesh (Estado Islámico) y Al Qaeda, organizaciones creadas por las agencias de inteligencia estadounidense como herramientas de su política mundial, luego de su derrota en Irak y Siria, deberá desplazarse a bases como Arabia Saudí o Turquía, Egipto, Túnez o Libia, que ofrece excelentes condiciones dado el caos que generó EEUU al asesinar a Gadafi. Sin embargo, mantendrá su función extremista en varios países de Europa, pese a que sólo provocarán amenazas mínimas (atentados) ante la inmensa tragedia ocasionada en el Medio Oriente.
Afortunadamente, la amenaza de una Tercera Guerra Mundial y el incremento sustancial del mercado de armas, desenlace previsible al que conducía el Gobierno de Obama y cuya continuación era Hillary Clinton, han sido detenidas provisionalmente pese a que el segundo ítem, el comercio destructivo, se agudiza como producto de la liberación de restricciones de EEUU al aceptar la venta de armas a "rebeldes moderados", saboteadores de gobiernos legítimos, países amigos del takfirismo y terroristas ya declarados. De ello se infiere que los intentos de provocar una amenaza nuclear serán "tenidos en cuenta".

Una de las prevenciones más importantes de los gobiernos con cosmovisión multipolar tendrá que ser la guerra mediática, pues las banderas falsas para atacar países, la domesticación ideológica, la distorsión de la verdad histórica y presente, los mecanismos de manipulación, entre otros, serán empleados a fondo por los medios vasallos del neoliberalismo, impidiendo a más del 70% del mundo acceder a la verdad de los acontecimientos.

La realidad desde el geopoder es que los focos de atención no sólo pueden estar centrados en las potencias, sino que también en aquellas naciones que demuestren un alineamiento con política soberanistas, que pueden convertirse en puntos nodales. Por ejemplo, la intervención estadounidense en Yemen bombardeando desde el destructor USS Nitze a las fuerzas legítimas del país y su sistema de radares (apoyando a Arabia Saudí en su invasión), el refuerzo dado al terrorismo de Daesh y Al Qaeda en Siria e Irak por parte de Barack Obama, la aceptación de dos Chinas al manifestar Donald Trump que es un tema a discutir lo referente a Taiwán junto con las islas en el mar meridional, el bloqueo e incumplimiento del Acuerdo Nuclear signado por el G5+1 con Irán y que ha desconocido EEUU, la intensificación de ataques al Donbás por parte de Kiev, la creación de un amplio conflicto en Venezuela auspiciado por el Pentágono y soportado en la Unión Europea y los países latinoamericanos dependientes, la agresión de Corea del Sur con ejercicios militares combinados con Japón en contra de Corea del Norte, Turquía en su doble conflicto con el pueblo kurdo y sirio, la consolidación de Daesh en Sirte (Libia) y su establecimiento de una base permanente, la presencia de Boko Haram (con juramento de lealtad a Daesh), amenazando a Níger, Chad, Camerún y Nigeria.

Afganistán, el conflicto palestino israelí que puede desatar una grave crisis armada, Burundi, Sudán del Sur y otros, estarán en la mira. Romper con Cuba no parece una posición sostenible a largo plazo, a no ser que se generase una nueva crisis debido al establecimiento de un centro estratégico foráneo u otra razón artificialmente creada.

Preguntas importantes serán referidas a las amenazas nucleares de Alemania a Rusia y el derecho de Moscú a defenderse de estas. Cabe destacar que el país germano no posee ninguna autonomía frente al Pentágono, especialmente al estar dirigido actualmente por Angela Merkel. Las mismas elecciones del año 2017 en Francia, Alemania, Italia, serán fundamentales si no se eligen gobiernos neocoloniales como actualmente ocurre con Hollande y Merkel, con una postura obstructiva frente a un mundo multipolar que crece ineludiblemente. Peligroso es el levantamiento de las restricciones al suministro de armas, municiones y equipos militares a fuerzas foráneas y aliados por EEUU en su "lucha contra el terrorismo" en Siria.

Afortunadamente, el mundo no amaestrado ni neocolonizado parece tener un presente próximo pleno de futuros con esperanza. Se espera que las predicciones negativas sean detenidas por obra de los pueblos que aspiran a la paz mundial y, así, el planeta pueda gozar de las riquezas humanas y naturales que ella provee. Es la gran convicción en tiempos de reflexión para el mundo humanizado.
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Vía RTUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El mundo será golpeado por un nuevo huracán financiero, asegura Doug Casey

Sáb, 24/12/2016 - 11:01

Doug Casey es el fundador de Casey Research y un reconocido economista por sus predicciones del desplome del mercado mundial de 2008. En su última entrevista con Future Money Trends, Casey, explica su visión de lo que significará la presidencia de Donald Trump para los mercados financieros, el estímulo económico y la geopolítica. Como señaló anteriormente, 2008 fue solo la primera parte de la tormenta y nos acercamos rápidamente al borde de un nuevo huracán. Esta vez va a durar mucho más tiempo y será mucho peor de lo experimentado anteriormente. "La única cosa de la que me siento muy seguro es de que vamos a tener un caos financiero en los próximos años y eso va a llevar a la gente a comprar oro y, en menor grado, plata"... "No hay absolutamente ninguna razón desde el punto de vista fundamental para que los bonos y las acciones sean tan caros como lo son ahora. Nos esperan cambios bruscos políticos, financieros, demográficos y militares"Casey cree que Donald Trump va a mejorar la infraestructura de Estados Unidos, lo que será una bendición para el mercado de materias primas. Según él, en los próximos años, EEUU va a necesitar una gran cantidad de metales. "No excluyo la posibilidad de comprar cobre, zinc o cobalto. Pero por ahora prefiero oro y uranio, ya que en el momento presente la forma más limpia y segura de energía es sin duda la nuclear". Pero a pesar de los mejores esfuerzos del presidente Trump, no será capaz de detener la masacre en el mercado de bonos, una vista previa de la cual ha estado disponible para todos en China, donde el Gobierno detuvo el comercio tras una caída récord de bonos, asegura Casey. "Las tasas de interés van a subir. Las bajas tasas de interés y las tasas de interés negativas son en realidad destructivas para el capital y la civilización porque desalientan a las personas de ahorrar. Así que si usted posee bonos, es el momento de venderlos".

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El desastre del modelo liberal en sanidad: el caso de EEUU

Xov, 22/12/2016 - 15:27
Vicenç Navarro, Público

En el mundo capitalista desarrollado hay básicamente tres formas de financiar y proveer los servicios médicos a la población a nivel de todo el Estado. Uno, que se conoce como el Servicio Nacional de Salud (National Health Service), donde la mayoría de la financiación es pública y la provisión de los servicios es también pública. El segundo modelo es el Seguro Nacional de Salud (National Health Insurance), donde la financiación es pública (a través de un sistema de aseguramiento público) y la provisión de servicios es privada. Y, finalmente, el tercer sistema es el que es financiado privadamente (que se realiza predominantemente a través de aseguramiento privado, siendo las compañías de seguro privadas las que gestionan el sistema sanitario), y en el que la provisión de servicios es también privada. En este modelo, a diferencia de los dos anteriores, la acumulación de beneficios empresariales de carácter privado juega un papel determinante en la configuración del sistema sanitario.

Este modelo, que ha sido promovido activamente por el capital financiero (la banca y las compañías de seguros), tanto a nivel de cada país como a nivel internacional (con el apoyo activo del Banco Mundial y de la Organización Mundial de la Salud, altamente influenciada por el gobierno federal de EEUU), es el modelo liberal (en terminología económica, neoliberal). Es también este modelo el que está siendo promovido por un gran número de economistas en temas sanitarios (de clara sensibilidad liberal) en España, muchos de ellos próximos a la banca. Este modelo es el que existe en EEUU, y es, a todas luces, el sistema más caro (EEUU es el país que se gasta más en sanidad en el mundo, un 17% del PIB), más impopular (el 64% está insatisfecho con la manera como se financia y organiza el sistema sanitario), más ineficiente (el 40% de histerectomías, el 48% de operaciones de cateterismo cardíaco y bypass, el 28% de angiografías, el 40% de angioplastias y el 12% de intervenciones de cataratas son innecesarias) y más inhumano (el 32% de personas que se están muriendo, es decir, que tienen enfermedades terminales, indican estar preocupadas de cómo ellas o sus familiares pagarán las facturas médicas).

Las causas políticas del dominio del modelo liberal Como siempre ocurre, detrás de cualquier problema económico (y el sistema sanitario en EEUU es un problema económico enorme) hay una causa política: el enorme poder, no solo económico y financiero, sino también político y mediático, de lo que en EEUU se conoce como la Corporate Class (clase corporativa) (es decir, los propietarios y gestores de las grandes empresas financieras, industriales y de servicios que configuran la vida económica del país). Este poder fue el que presionó para que el sistema de financiación de la sanidad no fuera público (como en la mayoría de países de Europa), sino privado, a base de los pagos de los trabajadores y empleados de una empresa y de sus empleadores a las compañías de seguros privadas que, a su vez, contratan con los proveedores (tales como médicos, hospitales, etc.) la provisión de servicios. Así quedó fijado en la ley Taft-Harley (que el presidente Truman vetó pero que el Congreso –controlado por las derechas- aprobó). El mundo financiero, y muy en particular las compañías de seguros, favoreció esta ley que facilitó e hizo posible su gran expansión. Y el mundo empresarial también la apoyó, pues fijaba que el modo de financiar los servicios sanitarios era a través de los convenios colectivos (firmados por los representantes de los trabajadores y por los empresarios), que definen las aportaciones de trabajadores y empresarios a las compañías de seguro privadas, que son las que gestionan el sistema sanitario. Este sistema garantizaba un control por parte de los empresarios sobre su fuerza de trabajo, debido a que no solo los salarios, sino también la asistencia médica del trabajador y de su familia, dependían de su trabajo. Cuando a un trabajador se le despide (y el despido en EEUU es fácil), este o esta pierde no solo su salario, sino también su atención médica (y la de su familia). Esta medida tiene un impacto disciplinario enorme sobre el mundo del trabajo, lo cual explica que EEUU tenga el menor número de días perdidos por huelgas en el mundo capitalista desarrollado.

En este esquema, el nivel de cobertura de un trabajador depende de la fuerza que el sindicato pueda tener en los altamente descentralizados convenios colectivos. En aquellas empresas donde los sindicatos son fuertes, es probable que sus trabajadores tengan una cobertura de sus necesidades asistenciales sanitarias relativamente buena (aunque nunca comparable a lo que cualquier ciudadano tiene en los sistemas nacionales de salud o en los seguros nacionales de salud). Pero si los sindicatos son débiles o no existen, la cobertura sanitaria es menor o inexistente. De ahí la enorme diversidad en los niveles de cobertura sanitaria en EEUU. Y para complicar todavía más la situación, para aquellos que no trabajan, el aseguramiento privado individual es sumamente caro, y prohibitivo en el caso de que tengan una enfermedad crónica.

¿Qué ha hecho el Obamacare? El primer intento de reforma apareció en las campañas de Jesse Jackson (al cual tuve el placer de asesorar) en 1984 y en 1988, dirigente del movimiento Arco Iris (Rainbow Coalition, que era la alianza de las fuerzas progresistas, sindicatos, movimientos de derechos civiles, ecologistas y feministas dentro del Partido Demócrata), apoyado por los partidos socialista y comunista. Tal movimiento exigió y consiguió que se estableciera un Seguro Nacional de Salud, semejante al sistema sanitario canadiense, que originalmente había tenido un sistema parecido al existente en EEUU hasta que en los años 60 se cambió en una provincia canadiense (Saskatchewan), gobernada por el Partido Socialista canadiense, prohibiendo el aseguramiento privado, pasando este aseguramiento a ser público.

Más tarde, el presidente Clinton (que copió extensamente elementos importantes del programa de Jackson) incorporó tal demanda en su programa (con el cambio sustancial, sobre el programa de Jesse Jackson, de mantener y no sustituir a las compañías de seguros privadas), estableciendo un grupo de trabajo en la Casa Blanca, dirigido por su esposa, Hillary Clinton, en el cual la Rainbow Coalition me pidió que les representara, como científico de su confianza.

La propuesta Clinton, que fue incorporada posteriormente por el candidato, y más tarde presidente, Obama, en su programa, tenía como objetivo intentar reducir el elevadísimo número de estadounidenses que no tenían ninguna cobertura sanitaria (causando más muertes que las producidas por el SIDA). Ahora bien, a pesar de que el título del programa promovido por el presidente Obama se llama Universal Health Care, el hecho es que incluso con el pleno desarrollo de su programa, todavía permanecerían 27 millones de ciudadanos y residentes sin ninguna cobertura, y el doble de este número con cobertura insuficiente. La ley del Obamacare exige que todo ciudadano o residente tenga que tener una póliza de aseguramiento sanitario (de la misma manera que todo propietario de un coche debe tener seguro del coche), sin regular, sin embargo, el precio de la póliza. Y también exige a todos los empresarios que provean aseguramiento privado a sus trabajadores y empleados. Pero el nivel de cobertura obligatorio es muy insuficiente para cubrir las necesidades de la población. El problema mayor es que Obama no se atrevió a enfrentarse con las compañías de seguros (que han financiado gran parte de las campañas de los políticos, incluyendo la del Sr. Obama y la de la Sra. Clinton). Estas adquirirán incluso más poder bajo el mandato del presidente Trump, el cual ha nombrado como Secretary of Health (equivalente a Ministro de Sanidad) a una persona conocida por su oposición a las reformas realizadas por la Administración Obama, empeorando todavía más los problemas creados por la aplicación del modelo liberal en la sanidad de un país, un modelo que los economistas liberales intentan aplicar en España también, promovido por grandes intereses financieros, incluidas compañías de seguros sanitarios privadas que están adquiriendo más y más protagonismo en la sanidad española, expansión facilitada predominantemente por los partidos conservadores de persuasión liberal que han dominado los gobiernos españoles (incluidos los catalanes) en los años de la Gran Recesión.

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Trump y Putin: el vínculo petrolero

Mér, 21/12/2016 - 09:31
Alejandro Nadal, La Jornada

Los nombramientos para el gabinete de Donald Trump revelan mucho sobre lo que vendrá. En materia de seguridad destacan el de Mike Flynn y el general Mattis (apodado el perro rabioso), ambos con una perspectiva sumamente agresiva frente a Irán. En el ámbito económico sobresale el nombramiento de Steve Mnuchin como secretario del Tesoro y de Gary Cohn como jefe del consejo de asesores económicos. Ambos vienen directo de Goldman Sachs y tienen un historial ligado a la nueva y más peligrosa generación de especuladores financieros.

Pero sin lugar a dudas lo más sorprendente ha sido la designación de Rex Tillerson como secretario de Estado. Éste es uno de los nombramientos más importantes y tradicionalmente ha recaído en personas con experiencia en el terreno diplomático. Ese no es el caso del señor Tillerson, quien venía desempeñándose como director ejecutivo de Exxon, la compañía petrolera más grande del mundo. Pero si bien este personaje carece de experiencia en la diplomacia internacional, sí tiene un largo camino recorrido en el espacio de grandes proyectos energéticos que tienen alcances geoestratégicos. Algunos piensan que esa trayectoria en el mundo de los grandes negocios de la industria de combustibles fósiles puede llevar al nuevo funcionario a un serio conflicto de intereses. Pero la realidad es que el nombramiento ya lleva la huella de una geopolítica de la administración Trump centrada en la expansión de los vínculos con el sector energético ruso.

Es bien sabido que las dos compañías petroleras más grandes de Estados Unidos (Exxon y Chevron) estuvieron ausentes del auge de la industria de la fractura hidráulica para explotar el petróleo y gas de esquistos en ese país. Lo cierto es que mientras cientos de pequeñas compañías se lanzaban a la aventura del fracking, a veces con esquemas de financiamiento muy frágiles, Exxon estaba muy ocupada en otro tipo de proyectos de mayor escala y les llamaba la atención en el panorama mundial el potencial de crudo y gas natural en Rusia, un potencial estimado en más de 8 billones (castellanos) de dólares.

Entre 2011 y 2013 Exxon firmó una serie de convenios con la empresa estatal rusa Rosneft para explorar campos en el Mar Negro y para desarrollar recursos a través de su tecnología de fractura hidráulica en Siberia occidental. Además, y quizás estos acuerdos son lo más importante, Exxon firmó contratos para realizar perforaciones en los campos más prometedores del ártico ruso en donde se localizan lo que probablemente sean los yacimientos vírgenes más importantes que restan en el mundo. En esos años Exxon y Rosneft invirtieron más de 3 mil millones de dólares (mmdd) en un proyecto cuyos rendimientos se calculaba superarían con creces la inversión inicial.

En 2013 las exploraciones rindieron frutos y se descubrió un yacimiento muy rico en el glacial mar de Kara, al este de la isla de Nueva Zembla. Estos proyectos en las durísimas condiciones árticas representaron para la compañía petrolera el eje rector de su estrategia a largo plazo. Ese mismo año Putin galardonaba a Rex Tillerson como miembro de la Orden de la Amistad, un premio reservado a los más fieles amigos de Rusia.

Pero en 2014 comenzaron los problemas. Ese año la administración Obama impuso sanciones económicas a Rusia en respuesta a las incursiones en Ucrania y la anexión de Crimea. Tillerson se opuso a las sanciones, señalando que ese tipo de medidas raramente surtía efectos, pero la empresa no tuvo más remedio que detener sus operaciones en el ártico.

No es evidente lo que hará la administración Trump con las sanciones sobre Rusia. Durante la campaña y después de las elecciones el presidente electo ha insinuado en repetidas ocasiones que un acercamiento con Putin es una prioridad. Y para el mandatario ruso la reducción significativa de estas medidas punitivas es de suma importancia. En los últimos tres años los ingresos fiscales derivados de la explotación petrolera rusa han estado decayendo alarmantemente. Para detener esta erosión en su posición fiscal Rusia necesita explotar sus recursos, incluso los de más difícil acceso en el Mar Ártico, así como los campos en el Mar Negro. Es claro que si Washington levanta las sanciones, Exxon estaría en la primera posición para reanudar sus operaciones conjuntas con sus socios rusos, aún en el escenario actual de precios bajos para el crudo. Para Exxon la inversión en Rusia es un proyecto de largo aliento que permite en el corto plazo incrementar sus reservas probadas y con ello mantener el valor de sus acciones.

Muchos analistas están preocupados por el evidente conflicto de intereses que existe en el nombramiento de Tillerson. Se preguntan si el nuevo funcionario será el responsable de la diplomacia del gobierno federal o si seguirá pensando en las prioridades de Exxon. De cualquier manera, las malas noticias para los ecosistemas en el ártico, las emisiones de gases invernadero y el calentamiento global no dejarán de acumularse.

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El sombrío futuro de la crisis

Mar, 20/12/2016 - 09:01

Michel Husson, CADTM

La crisis no ha terminado, pero deja ya un paisaje social devastado. Tras describir sus efectos sociales, este estudio se interroga sobre la existencia de alternativas a las políticas neoliberales llevadas a cabo en la actualidad en Europa.

Las marcas de la crisis

El balance sobre el empleo se puede resumir, simplemente, señalando que en la actualidad hay el mismo número de personas que disponen de un empleo que cuando estalló la crisis: la creación neta de empleo ha sido nula en la zona euro en el curso de estos ocho últimos años. No es pues, nada asombroso, constatar que la tasa de paro sea en la actualidad del 10%, es decir casi dos puntos más que al inicio de la crisis. Esta media coexiste con importantes disparidades entre países: la tasa de paro sobrepasa el 20% en Grecia y en España, mientras que es inferior al 5% en Alemania y el Reino Unido. Pero sobre todo, estas cifras globales no dan cuenta de las transformaciones estructurales desencadenadas por la crisis.

Esta tiene, en primer lugar, un impacto sobre la demografía: a partir de 2009, la población total ha disminuido en los países más golpeados por la crisis, especialmente en España, Portugal y Grecia. Ese fenómeno se explica por la inversión de los saldos migratorios: las entradas de inmigrantes se agotan y la emigración se desarrolla. Pero la crisis deja también su marca sobre otro indicador del que se podría pensar que es relativamente independiente, el número de nacimientos. Es llamativo constatar que ha tenido la misma evolución en España y en Grecia: baja hasta mediados de los años 1980, estabilización, después aumenta desde el inicio del siglo (ver gráfico 1). Y, en los dos países, la irrupción de la crisis provoca un nuevo giro a la baja.

Gráfico 1 - Número de nacimientos en Grecia y en España En millares.
Fuente: Eurostat


Estas involuciones contribuyen a la desvitalización de los países concernidos por la salida de la juventud cualificada. Refuerzan el círculo vicioso de la austeridad, a corto plazo pero también a largo plazo al hacer más difícil el equilibrio y la financiación de las pensiones.

Los movimientos subterráneos

Las cifras del paro y del empleo ocultan movimientos menos visibles, transformaciones que corresponden, en su mayor parte, a inflexiones irreversibles.

El paro de la gente joven se aprecia mejor por la parte de los jóvenes (de 15 a 29 años) que no trabajan y ni estudian ni están en formación (NEET, Not in Education, Employmentor Training) que por la tasa de paro. Esta proporción ha aumentado en la Unión Europea, pasando del 13,2% en 2007 al 15,9% en 2013. Ha comenzado a bajar a continuación para volver al 14,8% en 2015. Pero permanece muy elevada en los países más tocados por la crisis, como Italia (25,7%), Grecia (24,1%) o España (19,4%). El paro de larga duración aumenta desde 2008 y retrocede desde 2014, pero más lentamente que el paro global. La crisis ha alejado duraderamente del empleo a una parte de la gente trabajadora, a menudo la de mayor edad y al mismo tiempo ha inscrito en la realidad social el largo y difícil acceso de la gente joven al empleo.

En un primer momento, la duración del trabajo ha servido de variable de ajuste entre actividad económica, empleo y paro. Bajo formas diversas (desempleo parcial, mantenimiento negociado de los efectivos, trabajo a tiempo parcial, etc.) la caída del tiempo de trabajo ha permitido amortizar el impacto inmediato de la crisis sobre los efectivos empleados. Pero este homenaje del vicio a la virtud era provisional: el movimiento se ha interrumpido desde que ha parecido instalarse una cierta recuperación económica. Después todo ocurre como si las modulaciones de la duración del tiempo de trabajo estuviesen puramente ligadas a la coyuntura: la crisis no ha conducido a hacer de una reducción colectiva del tiempo de trabajo un elemento estructural del combate contra el desempleo. Muy al contrario, las reformas tienden a una utilización diferenciada de la duración del trabajo: tiende a aumentar para los empleos “competitivos” y a reducirse para permitir la multiplicación de los pequeños trabajos.

El trabajo a tiempo parcial es en efecto el medio de crear un mayor número de empleos para un mismo volumen de horas trabajadas. No es pues asombroso constatar que ha sobrepasado una escalera en los países más golpeados por la crisis. Entre 2007 y 2015, la parte de las personas asalariadas a tiempo parcial ha pasado así del 13,4% al 18,3% en Italia y del 11,4% al 15,6% en España. Esta evolución es tanto más regresiva que la parte del tiempo parcial forzoso es muy elevada (68,8% en Grecia, 63,9% en Italia y 63,4% en España) y que se acompaña en estos países de una progresión aún más rápida de los contratos cortos (de menos de 15 horas por semana).

Como los empleos a tiempo parcial son mayoritariamente ocupados por mujeres, nos podemos dar cuenta que la progresión del tiempo parcial equivale a otra báscula importante en la estructura del empleo. Entre 2008 y 2015, el número de empleos a tiempo completo ha caído en 7,6 millones en la Unión Europea y este retroceso ha sido aproximadamente compensado por un aumento de 3,7 millones de empleos a tiempo parcial. Al mismo tiempo, el empleo masculino ha retrocedido en 4,7 millones mientras que el empleo femenino ha aumentado en 0,8 millones. La parte de las mujeres en el empleo total ha continuado pues progresando durante la crisis, pero esta progresión ha estado ampliamente condicionada por la del tiempo parcial (ver gráfico 2). La crisis ha reafirmado y generalizado así la “fatalidad” del tiempo parcial para las mujeres.

Gráfico 2 - Empleo de las mujeres y trabajo a tiempo parcial
Fuente: Eurostat

La bipolarización del empleo

La crisis ha acentuado las tendencias a la segmentación y a la bipolarización del mercado de trabajo, entre los “pequeños trabajos” y los empleos cualificados y mejor remunerados. Un muy interesante estudio loha mostrado recientemente a nivel de la Unión Europea. El estudio clasifica los empleos en cinco quintiles o tramos de remuneraciones y observa su progresión entre 2011 y 2015 según los diferentes estatutos de empleo. El gráfico 3 ilustra los principales resultados de este estudio: cada columna representa la progresión del número de empleos según el tramo de salarios considerado. La primera columna corresponde al 20% de los menos bien pagados, la segunda a los 20% siguientes y así hasta el 5º quintil mejor pagado.
Gráfico 3 - Crecimiento del empleo en la UE entre 2011 y 2015 según el tramo de salario y el estatuto En millones.
Fuente: Fernández-Macías y otros |1|


Se pueden observar cuatro evoluciones significativas.
  • se acentúa la polarización de los empleos: solo las categorías extremas ven progresar significativamente sus efectivos;
  • se instala la precarización: en todas las categorías de empleo, salvo en el 20% de los mejor pagados, retroceden los empleos a tiempo completo;
  • se consolidan las desigualdades salariales: el empleo de los 20% mejor pagados aumenta principalmente bajo la forma de tiempo completo;
  • retrocede el empleo autónomo, salvo entre las personas asalariadas mejor pagadas
.

Hacia la fragmentación salarial

La progresión del poder de compra de los salarios ha sido evidentemente frenada por la crisis pero no ha sido completamente anulada. De media, este poder de compra ha aumentado el 4% en la Unión Europea entre 2008 y 2015. Pero ese resultado global es engañoso al no tener en cuenta los efectos de estructura: la crisis ha destruido, sobre todo, los empleos de bajos salarios, lo que da lugar a que el salario medio vaya hacia arriba |2|. Y, por supuesto, las personas asalariadas que pierden su empleo pierden una parte de su ingreso. Y, por supuesto también, esa media encubre grandes disparidades según los países: también aquí, hay que citar a Grecia donde el retroceso del poder de compra alcanza un record del 17%.

De forma aparentemente paradójica, la crisis ha hecho incrementar la parte de los salarios en el valor agregado. Pero eso no es verdaderamente una paradoja: de media siempre, ni el freno salarial ni las supresiones de empleo han compensado plenamente el retroceso de la producción. Se podría entonces hablar de una “vuelta a la normalidad”, en la media en que la parte de los salarios ha reencontrado su nivel de inicios de los años 2000.

Sin embargo, esta evolución global encubre procesos menos visibles que conciernen a la estructura sectorial de la masa salarial. En una precedente contribución |3|, analizábamos los proyectos tendentes a desconectar la evolución relativa de los salarios entre los dos grandes sectores de la economía: el sector expuesto a la competencia internacional y el sector “protegido” de la misma. Se podía ya mostrar que se esbozaba un cambio de régimen salarial, desde una progresión relativamente homogénea de los salarios en estos dos grandes sectores a una desconexión |4|.

Por otra parte una recomendación de la Unión Europea, en su jerga característica, invoca una “necesaria reasignación de los recursos de los sectores no intercambiables hacia los sectores cambiables”. Dicho de otra forma, la “ devaluación interna” (el otro nombre de la austeridad salarial) no bastaría, sería también necesario devaluar “la tasa interna de intercambio” entre los salarios de los sectores expuesto y protegido. En resumen, la austeridad debería centrarse especialmente en los salarios del sector llamado protegido, el que no está expuesto a la competencia internacional. Y es ello lo que ocurre: en casi todos los países |5|, el salario medio en los servicios se distancia del salario medio en la industria (ver gráfico 4).

Base 100 en 2000. Fuente: Ameco

Una tal tendencia a la desconexión de los salarios entre grandes sectores de la economía significa que la mayoría de los países europeos converge hacia un modelo “a la alemana”, donde la progresión de los salarios ya no sigue la productividad del trabajo medio en el conjunto de la economía sino la productividad específica de cada sector, incluso de cada empresa. El sector expuesto a la competencia internacional ya no estaría afectado por los costos del trabajo “excesivos” en el sector de los servicios.

Las reformas estructurales de los mercados de trabajo tienen como principal función hacer posible esa desconexión. El objetivo es descentralizar al máximo la negociación colectiva para acercarla a la realidad de las empresas y ajustar la progresión de los salarios a los resultados de cada empresa. La “ley del trabajo” francesa es un buen ejemplo de esta lógica, puesto que la mayor parte de sus disposiciones tienden a hacer posibles los acuerdos derogatorios en relación con los convenios colectivos de sector (en esta web se han dedicado varios artículos al análisis de esta ley y a las movilizaciones contra la misma; el último es de Patrick Le Moal, “Formas inéditas y problemas políticos”, ndt).

Las transformaciones que se acaban de describir no son el producto de evoluciones espontáneas. Han sido acompañadas de la puesta en práctica de “reformas estructurales” que marcan ya su sello al funcionamiento de los mercados de trabajo. Una encuesta del Banco Central Europeo sobre los salarios |6| muestra así que el 10% de los empleadores europeos considera que es más fácil “ajustar el empleo” en 2013 que en 2010. Este porcentaje es particularmente elevado (el 30% y más) en los países más afectados por las citadas “reformas”, como Grecia, España y Portugal. Los resultados son similares en lo que concierne al ajuste de los salarios, que se ha hecho más fácil en todos los países, especialmente para las nuevas contrataciones.

Los cambios en el mercado de trabajo se prologan en los sistemas de negociación colectiva. Las tendencias desfavorables a las personas asalariadas (reducción de la cobertura convencional, retroceso de la sindicalización, descentralización de las negociaciones salariales) estaban en marcha antes de la crisis y engendraban una profundización de las desigualdades |7|. Pero la crisis ha introducido una “ruptura política”, como señala Jelle Visser |8|. La intervención del Estado se ha hecho mucho más presente en materia especialmente de formación de los salarios: los planes sociales que tendían a conseguir un relativo compromiso han desaparecido del paisaje y, en los países más afectados por la crisis, la negociación salarial ha “más o menos desaparecido”. Ahí también, el efecto de la crisis ha sido la profundización de la separación ente algunos países “regulados” y los otros, más numerosos, “donde son los mercados quienes deciden, en los que las negociación salarial está fraccionada y no coordinada y donde los niveles de desigualdad de los ingresos son más elevados” |9|.

Gran recesión, ¿gran bifurcación?

Este rápido examen panorámico ha permitido ilustrar la variedad de los procesos de ajuste entre diferentes países, que hace bastante vanas las tentativas de comparaciones internacionales basadas sobre tal o cual indicador unidimensional. La constatación más llamativa de esta revisión es sin duda que la crisis ha acelerado la divergencia entre las diferentes zonas de la Unión Europea. No ha golpeado a todos los países de la misma forma y las políticas de austeridad han sido desigualmente severas. En los países del “Norte” se han acentuado las tendencias ya presentes antes de la crisis, mientras que en los países del “Sur” el retroceso del empleo se acompaña de inflexiones irreversibles en el funcionamiento de los mercados de trabajo. En fin, la desconexión salarial entre sectores protegidos y expuestos parece haberse generalizado al conjunto de los países europeos: el auge del tiempo parcial es sin duda el indicio de una inflexión duradera hacia un nuevo modelo social esencialmente dualista.

There is no alternative

El rápido cuadro que acaba de ser esbozado muestra que las reformas neoliberales del mercado de trabajo traen consigo una regresión social sistemática. Se podría generalizar este diagnóstico al conjunto de las políticas europeas |10|. Más allá de esa constatación, la cuestión que se plantea es la de interrogarse sobre la coherencia y la eficacia de esas políticas.

Es necesario empezar por sobrepasar por el análisis marxista básico sobre las cuestiones de la crisis. Consiste en decir que la austeridad y las reformas estructurales son políticas coherentes porque tienden a restablecer la tasa de beneficio y que no hay otra forma para el capitalismo de salir de la crisis.

Ello es cierto, pero incompleto. La austeridad salarial no basta para salir de una gran recesión; es necesaria también una desvalorización masiva del capital que ponga los contadores a cero. Pero, y esto es uno de los parámetros de la situación actual, el capitalismo financiero no lo quiere. Una lectura sin duda más adecuada podría se la siguiente. Las diferentes fracciones del capital persiguen (en proporciones diversas) dos objetivos: restablecer la tasa de beneficio, ciertamente, pero también conservar y validar los derechos de giro adquiridos antes de la crisis bajo forma de capital ficticio. En resumen, los capitalistas rechazan “asumir sus pérdidas”: ellos lo quieren todo.

Pero esos dos objetivos son manifiestamente contradictorios. Lo son todavía más si se tiene en cuenta otros dos parámetros esenciales del período abierto por la crisis, es decir el agotamiento de las ganancias de productividad y el freno de la globalización . Por presentar las cosas de otra forma, en el fondo hay tres formas de hacer aumentar la tasa de beneficio: desvalorizando el capital, logrando ganancias de productividad o bajando los salarios. Los capitalistas no quieren desvalorizar el capital. No pueden lograr aumentos de productividad. Si se deja de lado la apuesta por las “reformas estructurales” que provienen del pensamiento mágico, solo queda una palanca: la compresión salarial.

El atolladero reformista

En todo ello hay una lógica implacable y por ello tienen algo de patético todas las tentativas de convencer a los capitalistas de que existe una forma más racional de salida de salida de la crisis. Esta es una de las enseñanzas de la crisis griega que se puede evocar rápidamente: el gobierno Syriza ha llegado a las negociaciones con la Troika con un proyecto de reestructuración de la deuda . Se había concebido un plan en colaboración con el banco Lazard, cuyas grandes líneas fueron presentadas por el banquero Mathieu Pigasse: es suficiente con escuchar su entrevista |11| para comprobar que ese plan era perfectamente racional, razonable y que constituía a priori un buen punto de partida para un compromiso asimismo razonable.

Se sabe lo que ha sucedido y desgraciadamente se podría generalizar esta lección a todas las alternativas racionales, por coherentes que sean: no es por la convicción que podrán ser puestas en práctica, ya que las mismas implican forzosamente el abandono de uno u otro de los objetivos citados anteriormente, sea frenando la carrera a la rentabilidad, sea cuestionando los derechos adquiridos sobre la plusvalía.

El espanto burgués

No es posible otra política de los dominantes, pero eso no quiere decir que funcione la que ellos imponen a los pueblos. Ya hemos comentado las inquietudes del FMI |12| en relación con la economía mundial. Son todavía quizá más grandes en Europa, como testimonian estos gritos de alarma lanzados por tres responsables europeos: “Nunca jamás había visto tal fragmentación y tan poca convergencia en nuestra Unión”, “La Unión Europea está en peligro. Nadie puede decir si (ella) existirá todavía en diez años”, “Europa no produce suficientes resultados” |13|.

Más recientemente todavía, una tribuna (que ha pasado relativamente desapercibida) es propiamente alucinante |14|. Los firmantes componen un extraño equipo, ya que se encuentran Christine Lagarde, directora general del FMI y Pascal Lamy, antiguo director general de la OMC (Organización Mundial del Comercio, Ndt), pero también los PDG (Presidente Director General, Ndt) de Air France-KLM y de Veolia. E incluso el del PMU (Pari Mutual Urbain) más acostumbrado sin duda a las apuestas hípicas que a la prospectiva económica.

Las quince personalidades deploran que “la búsqueda excesiva de una finalidad exclusiva –maximizar los beneficios para los accionistas- ha aislado a la empresa y alimentado la sospecha sobre la misma”, rechazan “la idea falsa de que una empresa pertenece a sus accionistas” y retoman a su cuenta “el consenso cada vez más fuerte” según la cual “la financiarización del capitalismo es un error”. Se pronuncian pues “a favor de una economía de mercado responsable” y, para llegar a ella, nuestros aprendices altermundialistas se limitan a proponer la modificación de los artículos 1832 y 1833 del Código Civil francés, lo que seguramente va a trastornar el funcionamiento del capitalismo.

Sin embargo, hay que tomar en serio estas manifestaciones de inquietud ya que expresan la sensación de los gestores de los intereses capitalistas de que no disponen de los útiles necesarios para “morder” sobre todos los aspectos de la realidad. Desde este punto de vista, merece ser detallado el desasosiego manifestado por la Unión Europea en una reciente Comunicación |15|. Se encuentra en primer lugar una autocrítica sobre la austeridad presupuestaria llevada a destiempo: “la orientación presupuestaria de la zona euro ha sido restrictiva en el curso del período 2011-2013, en un momento en el que la economía se deterioraba”.

La Comisión va todavía más lejos, cuando descubre los problemas planteados por la ausencia de coordinación presupuestaria a nivel europeo. La política óptima no debe ser “el resultado espontáneo de la aplicación de las reglas presupuestarias de cada Estado miembro” y es difícil de alcanzar “en ausencia de un presupuesto centralizado que podría desempeñar un papel más activo ”. La Comisión se pone incluso a soñar: sería necesario “considerar a la zona euro como una entidad única, como si hubiera un Ministro de Hacienda para el conjunto de la zona euro y definir a la política presupuestaria en términos agregados”.

Sin embargo hay fondos estructurales, el Banco Europeo de Inversiones y su Fondo Europeo para las Inversiones Estratégicas, el plan Juncker, pero ello no le parece suficiente a la Comisión que sugiere un relanzamiento equivalente al 0,5% del PIB europeo, es decir, equivalente a 50 000 millones de euros. Pero ¿quien a va a relanzar? “Los que no tienen margen de maniobra presupuestario querrían utilizarlo; los que tienen no quieren utilizarlo”, tal es la “paradoja” que subraya la Comisión. Este emplazamiento a Alemania para que tome su parte en una “orientación presupuestaria más positiva” está evidentemente llamado a ser letra muerta (el 5-12-2016, el Eurogrupo ha rechazado, por una amplia mayoría, el paquete fiscal propuesto por la Comisión, ndt).

Las manifestaciones de este “espanto burgués” remiten a otra fuente de inquietud: la regresión social –que se desprende mecánicamente de las políticas capitalistas de salida de la crisis- es el trampolín que propulsa a las corrientes soberanistas polarizadas por la extrema derecha. Los desastres sociales del neoliberalismo suministran su base económica, el recubrimiento xenófobo y reaccionario solo es el fondo la “superestructura” que sirve para desviar la cuestión social hacia las afirmaciones identitarias.
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Notas:
|1| Enrique Fernández-Macías, John Hurley, Martina Bisello, What do Europeans do at work? A task-based analysis, Eurofound, European Jobs Monitor 2016. https://goo.gl/O3Wb9Z
|2| Sobre esta cuestión técnica (pero esencial en las negociaciones salariales) ver: Michel Husson, “Les salaires ne baissent pas assez en France?”, note hussonet n° 79, 20 de enero de 2015. https://goo.gl/6tl8tk
|3| Michel Husson, “Europe. Le tout-compétitivité contre les salaires”, A l’encontre, 24 de diciembre 2014. https://goo.gl/lNFj5X
|4| Para un análisis más detallado, ver: Odile Chagny y Michel Husson, “Quel régime salarial optimal pour la zone euro?, La Revue de l’Ires, n° 81. https://goo.gl/4MizMn
|5| Las principales excepciones son Suecia y Alemania. Suecia mantiene una estructura estable de salarios. En Alemania, el período abierto por la crisis ha corregido la tendencia anterior a una desconexión muy marcada y que era anteriormente una excepción en Europa, especialmente con la puesta en marcha de un salario mínimo interprofesional.
|6| “New evidence on wage adjustment in Europe during the period 2010-13”, ECB Economic Bulletin, Issue 5/2016. https://goo.gl/fQDhzN
|7| Florence Jaumotte y Carolina Osorio Buitron, “El poder desde el pueblo”, Finanzas & Desarrollo, marzo de 2015. https://goo.gl/n0HVRF
|8| Jelle Visser, “What happened to collective bargaining during the great recession?”, IZA Journal of Labor Policy, 2016, 5:9. https://goo.gl/8hZiMO
|9| Paul Marginson y Christian Welz, Changes to wage-setting mechanisms in the context of the crisis and the EU’s new economic governance regime, Eurofound, 2014. https://goo.gl/XPc6EL
|10| Para una revisión sistemática de los efectos económicos y sociales de estas políticas, ver: Thomas Fazi, “How Can Europe Change? Civil Society Proposals”, ISI growth, Octobre 2016. https://goo.gl/FTjcCV
|11| Mathieu Pigasse sobre la deuda griega, France Inter, 3 de febrero de 2015. https://goo.gl/YkIe6k
|12| Michel Husson, “Los desconciertos del profesor Obstfeld”, Viento Sur, 30 de abril 2016 https://goo.gl/fQRbLG
|13| Las citas son respectivamente de: Jean-Claude Juncker (presidente de la Comisión Europea), Discurso sobre el estado de la Unión 2016, 14 de septiembre de 2016; de: Martin Schulz (presidente del Parlamento Europeo), “Die Europäische Union ist in Gefahr”, Die Welt, 07.12.2015 y de: Pierre Moscovici (Comisario europeo de asuntos económicos y financieros), “L’Europe ne produit pas assez de résultats”, FranceTVinfo, 11 de septiembre de 2016.https://goo.gl/v3YGmN https://goo.gl/OFPyz6 https://goo.gl/QRR0Ev
|14| Colectivo, “Plaidoyer en faveur d’une économie de marché responsable”, lemonde.fr, 16 de noviembre de 2016. https://goo.gl/3sbzlu
|15| European Commission, “Towards a Positive Fiscal Stance for the Euro Area”, Communication, 16 de Noviembre de 2016. Ver también el comunicado de prensa: “En pro de una recuperación económica más firme e integradora”. https://goo.gl/ULnCdP, https://goo.gl/ov3s
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

El rescate de Monte dei Paschi no resolvería los problemas de la banca italiana

Lun, 19/12/2016 - 08:31

Giovanni Legorano

Una nacionalización del maltrecho Banco Monte dei Paschi di Siena parece cada vez más probable. Sin embargo, el rescate del banco toscano —que podría producirse esta semana— no resolverá los problemas que afectan a los bancos italianos.

Algunos están urgiendo a Roma a que aproveche la ocasión para iniciar un amplio saneamiento del sistema bancario, que cuenta con una cartera de 360.000 millones de euros en activos tóxicos y es uno de los menos rentables de Europa. “Los problemas de algunos bancos concretos pueden resolverse”, indica Giovanni Bossi, presidente ejecutivo de Banca Ifis SpA. “Pero es necesario completar la reforma del modelo de negocio de los bancos italianos”.

Sin embargo, con la excepción de un posible apoyo a un conjunto de pequeños bancos, en condiciones críticas, es improbable que haya una intervención a nivel sectorial. Para mantenerse a flote, Monte dei Paschi está haciendo un último esfuerzo desesperado por captar 5.000 millones de euros para finales de este año. Para ello, el banco tiene previsto canjear deuda por capital y realizar una venta de acciones esta semana, según fuentes al tanto. Ambas transacciones podrían durar como mucho un par de días, indicaron las fuentes.

Si el banco no logra reunir el dinero que necesita de los inversionistas privados, el Estado italiano intervendrá y rescatará al banco, dijo esta semana una fuente del Tesoro.

Pero según la normativa europea, este rescate o cualquier esfuerzo de sanear el sistema bancario local no puede realizarse sin imponer pérdidas a los accionistas y a los bonistas. Esta opción es dura para cualquier Gobierno italiano, ya que cerca de 30.000 millones de euros en bonos junior de los bancos, con elevado riesgo, están en manos de inversionistas particulares.

La idea de celebrar elecciones en Italia el año próximo y la posibilidad de un auge de los partidos populistas dispuestos a oponerse a los planes del Gobierno de ayudar a los bancos reduce las probabilidades de que el Ejecutivo tome medidas audaces más allá de Monte dei Paschi en este momento, incluido el nuevo Gobierno interino italiano.

Además, las políticas promulgadas por el anterior Gobierno para impulsar el sector todavía tienen que ganar tracción.

Los bancos italianos se enfrentan a problemas en múltiples frentes. La economía casi se ha estancado y no se espera que crezca más de 1% en los próximos años, y el modelo ultratradicional de los bancos italianos ofrece pocas esperanzas de acabar con el dolor que las bajas tasas de interés provocan en el sector financiero europeo.

Todo esto ha reducido el margen de intermediación de los bancos y la feroz competencia está reduciendo los tipos de los préstamos. De hecho, los bancos italianos han visto cómo sus ingresos derivados de la actividad crediticia caían en un tercio desde 2008, según la consultora Prometeia SpA.

Al mismo tiempo, el tipo de interés de los depósitos en Italia no están cambiando mucho, y los bancos pagan un punto porcentual más que el tipo de referencia a un año, según Barclays .

Mientras tanto, los costos siguen siendo altos. Los bancos italianos, que emplean a 350.000 personas, invirtieron 64% de sus ingresos en gastos operativos, frente a 50% de las entidades españolas y 60% de los bancos griegos. Los costosos paquetes de despido y los rígidos contratos de empleo desaceleran los esfuerzos para reducir los costos de los bancos, que han caído 2% en el último año.

El resultado de todo esto es que la rentabilidad sobre fondos propios de los bancos italianos era de 4,8% el año pasado, frente a 14% de los bancos irlandeses o el 8,3% de la banca gala.

Mientras, los préstamos morosos han seguido aumentando y los persistentes problemas económicos de Italia han llevado a más compañías a la quiebra. Sin embargo, los escasos beneficios de los bancos son demasiado exiguos como para cubrir las pérdidas que provocarían las rebajas de valor.

Esto ha hecho que los bancos sean reacios a traspasar sus préstamos a los inversionistas dispuestos a comprarlos a precios reducidos. Aunque este año se vendieron 20.000 millones de euros en préstamos morosos, sólo representaron 6% de todos los activos tóxicos.

Según la Autoridad Bancaria Europea, más de 16% de los préstamos en Italia son morosos, el triple que la media europea.

Los esfuerzos de UniCredit SpA, el mayor banco de Italia y que cuenta con más préstamos tóxicos que ningún otro banco europeo, para solventar sus problemas ponen de manifiesto la escasez de capital que tienen las entidades italianas. El martes, el banco —que tiene 77.000 millones de euros en créditos morosos— dijo que rebajaría en 75% el valor de sus préstamos más tóxicos y de aquéllos con una improbabilidad de pagar de 40%. El banco ahora debe captar 13.000 millones de euros para cubrir en parte esas pérdidas generadas con las rebajas de valor.
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The Wall Street Journal
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