Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger5131125
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Yellen y Draghi confirman el fracaso de la política monetaria

Mar, 26/08/2014 - 15:56

Las políticas monetarias de la zona euro para hacer frente a la crisis financiera han sido un fracaso total, como ha reconocido el propio Mario Draghi en su discurso en Jackson Hole, el congreso donde se reúnen los principales banqueros centrales del mundo. El precio que la eurozona está pagando por estas políticas ha comenzado a socavar incluso la estabilidad de los países del norte trasladando una crisis que, según Ángela Merkel, era de los países del sur. Alemania está sufriendo un serio retroceso, Italia ha vuelto a entrar en recesión, y Francia puede ser el siguiente país en volver a la senda recesiva dado que su economía se encuentra en una situación desastrosa. Ayer renunció el primer ministro Manuel Valls asegurando que Francia no podrá cumplir los objetivos de déficit. El gobierno de Francois Hollande es uno de los más impopulares de todos los tiempos y el avance de la ultraderechista Marine Le Pen aterra a los conservadores franceses.

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La crisis pasa del sur al norte

Lun, 25/08/2014 - 17:30
Matthew Lynn, El Economista

Durante la mayor parte de sus cuatro años de vida, la crisis de la Eurozona ha seguido un guión muy sencillo. Los países derrochadores del sur, con sus mercados laborales excesivamente regulados, sistemas fiscales deficientes y renqueantes industrias, se permitieron perder la competitividad hasta unos niveles nefastos comparados con sus rivales del norte y estuvieron al borde de la quiebra. Los países del norte marchaban por delante y se resistían a rescatar a sus vecinos del sur.

Sin embargo, las cifras de este año sugieren que la crisis ha cambiado: la economía alemana encoge, Finlandia está casi en recesión, al igual que Bélgica y Holanda, Francia está plana y podría encoger muy pronto. Por el contrario, España y Portugal se expanden a la mayor velocidad de la Eurozona, Grecia se ha estabilizado e incluso Chipre muestra signos de mejora.

¿Esta crisis nunca se acaba?El repentino revés de la fortuna tiene dos consecuencias. La primera es que sugiere que esta crisis nunca se acaba. Como el agua dentro de un globo, se mueve de un sitio a otro pero su cantidad sigue siendo la misma. La Eurozona está atrapada en una depresión permanente que no parece tener salida. La segunda es que la teoría de un sur no competitivo y gastón se ha hecho añicos y la élite política tendrá que dar con una explicación mejor de los fracasos del continente. Ambas situaciones cambiarán el debate del euro y obligarán al norte a cuestionarse asuntos espinosos que hasta ahora había evitado. Las últimas cifras del crecimiento (si es que se puede llamar así) en Europa han sido sobrias. Alemania alcanzó los titulares con un descenso del 0,2% del PIB en el segundo trimestre de este año, un rendimiento pésimo para el país que se supone que es el centro neurálgico de la Eurozona. Si nos acercamos más a los números, emerge un patrón curioso: al sur le ha estado yendo bastante mejor, mientras que el norte empeora.

Fijémonos primero en el norte. Alemania, como todos sabemos, ha tenido un mal trimestre, con una producción en descenso. Finlandia, que no puede estar más al norte en la Eurozona, apenas ha logrado arañar un crecimiento del 0,1% y eso después de dos trimestres consecutivos de encoger al 0,3%. Holanda sólo ha conseguido crecer al 0,5% y encogió el trimestre anterior. Bélgica sólo ha tenido un mísero crecimiento del 0,1% y Austria nada más el 0,2%. Francia se situó en cero.

Al sur del continente hay signos alentadores, por lo menos según los últimos estándares catastróficos de la región. España resucita y registra una expansión del 0,6% en el trimestre, casi tan fuerte como la del Reino Unido. Portugal se apunta un crecimiento del 0,6% también, más que respetable para un país que tuvo que ser rescatado hace tres años.

Hasta la maltrecha Grecia empieza a dar señales de vida. En el último trimestre, su economía se encogió al 0,2% pero ha sido su descenso más bajo desde 2008, antes del inicio de la euro-crisis, y mucho mejor que el 0,5% de caída que preveían casi todos los economistas. Es posible que la economía interrumpa su descenso a finales de año. La velocidad del declive de Chipre también se ralentiza. Únicamente Italia sigue de capa caída, con una bajada del 0,2% del PIB que amenaza con prolongar una depresión que parece haber durado desde que se unió al euro.

Hace tres años se acuñó el término peyorativo PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) para referirse a los países de la periferia de la Eurozona. Sin embargo, este año con la excepción de Italia, son los PIIGS los que rinden por delante de los otros. Recordemos que Irlanda, el último miembro del quinteto, podría expandirse en más del 3% gracias al sólido rendimiento de sus exportadores. Resulta que los cerdos vuelan. Y eso tendrá tres grandes consecuencias.

Primero, deja claro que la crisis no tiene un final claro. Cuando era sólo la periferia la que tenía problemas, los políticos de la Eurozona dieron por hecho que en cuanto los países del sur empezaran a recuperarse, toda la zona volvería a crecer a un ritmo decente. Era la base de la expectativa de que el continente rindiera mucho mejor este año pero las esperanzas se han ido al traste.

La crisis no ha hecho más que moverse de sitio y no parece querer irse. A medida que el sur mejora, el norte se apaga. Y se vuelve más y más intratable con cada año que pasa.

Segundo, cambia el guión. En Alemania en particular, la opinión generalizada era que la periferia se lo había buscado. Sus economías no eran competitivas y sus políticos se gastaban demasiado dinero prestado. Para mejorar, tenían que hacer reformas (es decir, parecerse más a Alemania). Sin embargo, la regresión del rendimiento ha tirado por la borda ese guion.

Si es cierto, ¿cómo es posible que los españoles, con un mercado laboral notoriamente ineficiente, vayan mejor que los alemanes? ¿Y por qué están tan mal Finlandia y Bélgica? A medida que el sur mejora, cada vez parece más que la clave de la crisis es una escasez crónica de demanda y no el fracaso de las reformas en la periferia. A veces afectará al norte y otras al sur pero siempre estará dentro de la eurozona.

Por último, ¿quién rescatará al sistema? Mientras avanzaba la crisis, se suponía en todo momento que los países septentrionales de alto rendimiento acabarían rescatando a los de bajo rendimiento del sur. Pero si Alemania, Austria y demás están sufriendo también, no se puede esperar que subvencionen a sus vecinos. ¿Quién va a pagar la cuenta?

En los tres últimos años, los líderes de la eurozona han insistido en que el problema fundamental de la eurozona era la falta de competitividad en la periferia. Se propusieron arreglarlo obligando a hacer reformas. Los últimos datos demuestran que el análisis era erróneo desde el principio y, por lo tanto, la cura también lo es. ¿Cuál es el plan B? Por desgracia, nadie lo sabe aún.

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Mario Draghi da un giro en 180 grados a las políticas del BCE

Lun, 25/08/2014 - 15:53

En la conferencia anual de política monetaria que se celebra en Jackson Hole, Wyoming, Mario Draghi dió un golpe de timón contra Ángela Merkel rechazando los planes de austeridad y anunciando políticas para impulsar la demanda agregada, inclinándose así a las presiones de Francia e Italia. La conferencia de Jackson Hole es uno de los eventos más esperados del año dado que asisten los principales banqueros centrales del mundo, incluyendo a Janet Yellen, de la Reserva Federal; Mario Draghi, del BCE; y Haruhiko Kuroda, del Banco de Japon, junto a muchos otros banqueros. Es una reunión donde se discuten los avances de las políticas monetarias frente a la crisis, reconociendo que en muchos casos sólo ha habido retroceso.

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Joseph Stiglitz: La moratoria "a la Griesa" de Argentina

Lun, 25/08/2014 - 09:00

Joseph Stiglitz, Project Syndicate

El 30 de julio pasado los acreedores de Argentina no recibieron su pago semestral sobre los bonos reestructurados tras la última moratoria de este país, en el año 2001. Argentina había depositado 539 millones de dólares en el Bank of New York Mellon unos días antes para dicho efecto. No obstante, este banco no pudo transferir los fondos a los acreedores: el juez federal de Estados Unidos Thomas Griesa había ordenado que Argentina no podía pagar a los acreedores que aceptaron su reestructuración hasta que primero pague completamente —incluyendo el pago de intereses vencidos— a aquellos acreedores que se negaron a participar en dicha restructuración.

Por primera vez en la historia, un país que está dispuesto y tiene la capacidad para pagar a sus acreedores no puede hacerlo porque un juez se lo impide. Los medios de comunicación denominan a la situación como una suspensión de pagos por parte de Argentina, pero el hashtag #griesafault en Twitter describe dicha situación de manera mucho más precisa. Argentina ha cumplido con las obligaciones que tiene con sus ciudadanos, y también con las que tiene con sus acreedores quienes aceptaron la reestructuración que este país realizó. El fallo de Griesa, sin embargo, alienta el comportamiento usurero, se torna en una amenaza para el funcionamiento de los mercados financieros internacionales y desafía un principio básico del capitalismo moderno: los deudores insolventes necesitan un nuevo comienzo.

Las moratorias soberanas son eventos comunes que tienen muchas causas. Para Argentina, la ruta a su suspensión de pagos del año 2001 comenzó cuando su deuda soberana se incrementó rápidamente en la década de los años 1990; dicho aumento se produjo de manera concurrente a las reformas económicas neoliberales del “consenso de Washington”, las mismas que, según las creencias de los acreedores, iban a enriquecer al país. El experimento falló, y el país sufrió una profunda crisis económica y social, con una recesión que duró desde el año 1998 hasta 2002. Al final de dicho período, se alcanzó un porcentaje récord: el 57,5% de los argentinos se encontraban viviendo en niveles de pobreza, y la tasa de desempleo se disparó hasta alcanzar un 20,8%.

Argentina reestructuró su deuda en dos rondas de negociaciones, en 2005 y 2010. Más del 92% de los acreedores aceptaron el nuevo acuerdo, y recibieron bonos intercambiados y bonos indexados al PIB. Todo funcionó bien, tanto para Argentina como para los que aceptaron la reestructuración. La economía creció vertiginosamente, por lo que la rentabilidad de los bonos indexados al PIB fue muy generosa.

Pero los llamados inversores buitre vieron la oportunidad de obtener beneficios aún mayores. Los buitres no eran ni inversores a largo plazo en Argentina, ni optimistas que creían que las políticas del “consenso de Washington” funcionarían. Eran, simplemente, especuladores que se abalanzaron tras la moratoria del año 2001 y compraron bonos, que fueron vendidos por inversores en pánico a un precio equivalente a una fracción de su valor nominal. Posteriormente, demandaron a Argentina para obtener el 100% de dicho valor. NML Capital, una filial del fondo de cobertura Elliot Management, cuyo ejecutivo principal es Paul Singer, invirtió 48 millones de dólares en bonos en 2008; gracias al fallo de Griesa, NML Capital ahora debería recibir 832 millones —una ganancia de más del 1.600%—.

Las cifras son tan altas, en parte, debido a que los buitres buscan cobrar su inversión con los intereses, intereses que, en el caso de algunos valores, incluyen una prima de riesgo país —el tipo de interés más alto ofrecido cuando se emitieron los bonos para compensar la percepción de que existía entonces de que había una posibilidad de suspender pagos—. Griesa consideró que esos tipos eran razonables. Económicamente, sin embargo, no tienen ningún sentido. Cuando un país paga una prima de riesgo sobre su deuda, significa que la moratoria es una posibilidad. Pero si un tribunal dictamina que un país siempre debe reembolsar su deuda, no existe un riesgo de suspender pagos que deba ser compensado.

El reembolso en los términos estipulados por Griesa devastaría la economía argentina. NML Capital y los otros buitres, que a pesar de que en su conjunto solamente representan al 1% de los acreedores, recibirían un total de 1.500 millones de dólares. Otros acreedores que se negaron a participar en el proceso de reestructuración (un 6,6% del total) recibirían 15.000 millones. Y, debido a que en la reestructuración de la deuda se estipula que todos los acreedores que aceptaron dicha restructuración podrían demandar que sus deudas sean tratadas de acuerdo con los mismos términos que se otorgan a los acreedores que se negaron a participar en la quita, Argentina podría entrar en apuros ya que tendría que pagar 140.000 millones adicionales.

Por lo tanto, cada ciudadano argentino podría adeudar más de 3.500 dólares —es decir, más de un tercio del ingreso promedio anual per cápita. Si se aplicará la proporción equivalente en Estados Unidos, ello significaría que todos los ciudadanos estadounidenses estarían obligados a pagar alrededor de 20.000 dólares—, un dinero que iría a llenar los bolsillos de algunos multimillonarios que están decididos a exprimir a Argentina y dejarla sin un centavo.

Pero, además, la existencia de las permutas por incumplimiento crediticio (CDS por su denominación en inglés) crea la posibilidad de mayores ganancias para los buitres. Una permuta de incumplimiento crediticio otorga un seguro frente a un incumplimiento, ya que paga en caso de que los bonos no paguen. Los CDS pueden producir ganancias sustanciales, independientemente de si los bonos son o no son reembolsados —reduciendo de esta manera el incentivo que tuviesen los titulares de los bonos para llegar a un acuerdo—.

En el período previo al 30 de julio, los buitres llevaron a cabo una campaña del miedo. Ellos aseveraban que una segunda suspensión de pagos en 13 años sería un gran revés para Argentina, ya que amenazaría a la frágil economía del país. Sin embargo, todo ello se basaba en la conjetura de que los mercados financieros no irían a distinguir entre una suspensión de pagos corriente de una moratoria a la Griesa, o como se la denomina en inglés una Griesafault. Afortunadamente, los mercados sí hicieron esa distinción: los tipos de interés para las diferentes categorías de préstamos a empresas argentinas no reaccionaron ante el suceso. De hecho, los costos de endeudamiento al 30 de julio fueron más bajos que la media de todo el año.

En última instancia, sin embargo, se pagará un precio alto por esa moratoria a la Griesa -—el precio será menor para Argentina que el que tendrá que pagar la economía mundial y los países que necesiten acceso a financiación externa—. EE UU también sufrirá. Sus tribunales han sido una farsa: como un observador ha señalado, queda bien claro que Griesa nunca ha llegado a desentrañar la complejidad del tema. El sistema financiero de Estados Unidos, que ya ha ganado práctica en explotar a estadounidenses que viven en niveles de pobreza, ha ampliado sus esfuerzos, expandiéndolos a nivel mundial. Los prestatarios soberanos no van a confiar —ni deberían— en la imparcialidad y competencia del poder judicial de EE UU. El mercado para la emisión de dichos bonos se trasladará a otro lugar.
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Ver también: Los fondos buitres que acosan a Argentina también van por España - See more at: http://mamvas.blogspot.com/2014/07/los-fondos-buitres-que-acosan-argentina.html, Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Un mundo sin bancos privados. (Un experimento intelectual)

Dom, 24/08/2014 - 17:16
J.D. Alt, Sin Permiso

Cuando quieres entender algo más claramente, a veces es útil imaginar el mundo sin ese algo. Acabo de terminar un libro (Repensar el dinero, escrito por Benard Lietaer y Jacqui Dunne) que anda tan profundamente confundido sobre el modo en que nuestro sistema bancario privado “crea nuestro dinero” (pero perversamente rechaza crear lo bastante), que me ha despertado la necesidad de aclararme a mí mismo qué es realmente el sistema bancario privado. Así surgió la idea de imaginar un mundo sin ningún tipo de bancos privados y tratar de ver en qué momento y con qué propósito llegaron a ser útiles y aun, tal vez, necesarios.

Es desde luego posible imaginar un sistema monetario que, hasta cierto punto, funcione muy bien sin bancos privados: un gobierno colectivo (soberano) instituye un tesoro que emite, a iniciativa del gobierno colectivo, dólares fiduciarios. El gobierno colectivo instituye la necesidad de que los ciudadanos ingresen ese tipo de dólares fiduciarios por la vía de imponerles impuestos que sólo pueden pagarse con esos mismos dólares fiduciarios. Dado lo cual, el soberano puede ahora emitir dólares para comprar a esos mismos ciudadanos tantos bienes y servicios colectivos como puedan producir los ciudadanos, según el tiempo, los materiales, la energía y la tecnología de que dispongan. Los dólares fiduciarios que los ciudadanos ingresan al crear esos bienes y servicios colectivos serán entonces usados, no sólo para pagar sus impuestos, sino también como medio de intercambio entre ellos mismos para las cosas que privadamente producen, poseen o consumen. Así, se crean dos mercados que usan la misma moneda como medio de intercambio: el mercado de bienes y servicios colectivos y un mercado de bienes y servicios privados.

El deseo de los ciudadanos de “ahorrar” dólares para los malos días podría verse facilitado por el soberano que instruye al tesoro para que emita bonos generadores de intereses. Los ciudadanos podrían entonces cambiar su exceso de dólares fiduciarios por esos bonos, en el bien entendido de que no podrían volver a convertir esos bonos en dólares durante un determinado período de tiempo. Eso crea la ventajosa situación siguiente: a) los ciudadanos pueden incrementar sus ahorros hasta el día en que ya no pueden seguir obteniendo ingresos y vivir de su trabajo; y b) el soberano colectivo puede reducir el número de dólares en circulación (como estrategia para mantener la estabilidad de precios).

Hasta aquí, no tenemos necesidad ninguna de un sistema bancario privado. El soberano colectivo puede emitir dólares, recaudar impuestos y emitir bonos. Los ciudadanos pueden ingresar dólares y luego usar esos dólares como medio de intercambio entre ellos para obtener bienes y servicios privados. Pueden ahorrar para el futuro cambiando su exceso de dólares por bonos generadores de intereses, y pueden “votar” a favor de pagarse a sí mismos para producir todos y cada uno de los bienes y servicios colectivos que su disposición de tiempo, materiales, energía y tecnología les permita producir. A mí esto me suena mucho a sociedad feliz y próspera.

Deberíamos, no obstante, observar que la circulación total de dólares disponibles para el intercambio privado de bienes y servicios está limitada por lo que ha sido pagado a los ciudadanos a cambio de la producción de bienes y servicios colectivos (menos los impuestos recaudados, menos los dólares que se han cambiado por bonos generadores de intereses, más los pagos de intereses dimanantes de esos bonos). Muy bien podría ser que no hubiera bastantes dólares para subvenir a los esfuerzos de los ciudadanos empeñados en producir e intercambiar los bienes y servicios privados que desean. Las cosas privadas deseadas o aun desesperadamente necesarias –y para las que habría recursos disponibles— podrían dejar de ofrecerse simplemente por falta de dólares suficientes para facilitar los intercambios necesarios en su producción o suministro.

En tales circunstancias, es posible imaginar varios modos por los que el soberano colectivo podría inyectar más dólares fiduciarios en el mercado privado, además de –y añadidos a— la compra de bienes y servicios colectivos. Sin embargo, aunque los procesos democráticos (cuando funcionan adecuadamente) pueden dirigir razonablemente bien la producción de bienes colectivos, parece evidente que esos mismos procesos (aun funcionando adecuadamente) no son muy aptos para decidir qué bienes y servicios privados y en qué cantidad han de crearse. No es, pues, claro cómo podría el soberano colectivo saber a ciencia cierta cuántos dólares fiduciarios nuevos debe crear, ni cómo distribuirlos a fin de que las necesidades de bienes y servicios privados sean óptimamente satisfechas.

Bien podría ser que un sistema bancario privado pudiera resolver ese problema. El soberano colectivo podría habilitar la formación de un sistema de bancos privados, investido cada uno de ellos del privilegio legal de apalancarse en dólares fiduciarios soberanos para emitir “préstamos” a los ciudadanos, unos préstamos respaldados por sólo una fracción de los dólares soberanos de que realmente dispone el banco. El modelo de negocio podría desarrollarse más o menos así:

El soberano colectivo concede a un banco privado una franquicia legal. El banco privado, entonces, crea un incentivo para que los ciudadanos depositen en el banco sus dólares en mano: el incentivo es la promesa del banco de pagar al ciudadano algún tipo de interés, o tal vez el suministrarle un talonario de cheques o servicios de compensación de cheques, descargándole de la molestia de tener que llevar consigo grandes cantidades de efectivo. El banco queda, así pues, autorizado por la franquicia concedida por el soberano colectivo para emitir “préstamos” a los ciudadanos –denominados en moneda soberana— por montos que pueden rebasar (en un porcentaje especificado) el volumen de los dólares que el banco tiene en depósito. Por ejemplo, el banco podría estar autorizado a emitir un determinado número de nuevos “dólares-crédito” por cada dólar fiduciario que tenga en depósito. El banco generaría, entonces, beneficios por la vía de recoger intereses sobre sus préstamos.

Es importante reparar en el hecho de que el soberano garantiza que esos “dólares de crédito son tan aceptables como los dólares soberanos “reales”, comprometiéndose a convertir los “dólares-crédito” en “dólares soberanos” en cualquier momento que se pida. Con esa infalible promesa en curso, los “dólares-crédito” llegan a ser, a todos los efectos prácticos, indistinguibles de los “dólares soberanos”. Y el resultado neto es que la cantidad de dólares en circulación se ve espectacularmente incrementada, suministrando una base monetaria para una producción y un intercambio enormemente acrecidos de bienes y servicios privados.

Podría incluso imaginarse una suerte de ingenioso mecanismo operante en este nuevo escenario, porque, si todo va bien con los incentivos adecuados, el monto de los nuevos “dólares-crédito” creados se acercará mucho al monto de los nuevos dólares que realmente se necesitan para los intercambios privados, contribuyendo así a la estabilidad de precios. Eso es así porque los “dólares-crédito” emitidos por los bancos privados se emiten con el propósito, ya de producir, ya de comprar bienes y servicios reales que los ciudadanos privados desean o necesitan: y eso es continuamente verificado por el interés que tiene el banco emisor en asegurarse una alta probabilidad de recuperar el dinero del crédito. Antes de la emisión del préstamo, pues, el banco hace sus averiguaciones para confirmar que lo que producirán los dólares de nueva creación es, en efecto, algo que alguien desea comprar, o que lo que alguien desea comprar es, en efecto, algo que puede producirse al precio de compra previsto. El banco, así pues, se asegura tanto como puede de que la persona que se propone producir algo tiene, en efecto, la pericia y los recursos necesarios para producirlo (o de que la persona que se propone una compra dispone de un flujo futuro esperado de ingresos que le permitirá devolver el préstamo).

De modo que, al añadir un sistema de banca privada a nuestro mundo imaginado, lo que hemos hecho es crear una situación en la que los bienes y servicios, tanto colectivos como privados, pueden producirse, cambiarse y consumirse según sean las necesidades, siempre que se disponga de los recursos necesarios para producirlos (tiempo, trabajo, materiales, energía y tecnología). Los ciudadanos pueden ahorrar para el día en que ya no puedan seguir ganándose el sustento con su trabajo. Los precios pueden mantenerse relativamente estables por el ininterrumpido drenaje de dólares efectuado en el mercado de bienes y servicios privados por la recaudación de impuestos y por las emisiones de bonos. Parecería un diseño poco menos que perfecto. Debemos, empero, preguntarnos: ¿hay cosas que pueden ir mal, cosas que no habrían ocurrido, si no hubiéramos introducido los bancos privados en nuestro mundo imaginario?

Las cosas podrían ir mal, pongamos por caso, si los ciudadanos empiezan a usar los nuevos “dólares-crédito” para desarrollar actividades distintas de las de producir e intercambiar bienes y servicios reales. Antes de introducir los bancos privados en nuestro mundo imaginado, todos los “nuevos” dólares creados (por voluntad soberana) se gastaban siempre para crear bienes colectivos reales. Pero los “dólares-crédito” podrían potencialmente usarse para otras actividades. Los ciudadanos, por ejemplo, podrían comenzar a usar los “dólares-crédito” para apostar sobre si los precios de las acciones de una empresa subirán o bajarán. O podrían usar los “dólares-crédito” para comprar empresas cuyas ventas o cuyos productos anduvieran en apuros, a fin de despedir a sus trabajadores y liquidar con beneficios los activos de esas empresas. En todos estos ejemplos, el problema es que los nuevos “dólares-crédito” incrementan la oferta monetaria circulante en el mercado privado sin producir bienes o servicios que los ciudadanos deseen o necesiten (o puedan siquiera gastar sus dólares para comprarlos).

Este problema podría verse exacerbado, si los bancos privados decidieran que es más rentable embarcarse ellos mismos en este tipo de “estrategias de inversión” (en vez de mantenerse en su modelo de negocio original de realizar préstamos y obtener los correspondientes intereses). Se hallarían, desde luego, en una posición única de apalancamiento para hacer exactamente eso. Los directores de los bancos privados podrían crear filiales propiedad del banco y, luego, emitir “dólares-crédito” para las filiales, a fin de “invertir” en apuestas financieras. Si algo así llegara a ocurrir y, bajo el impulso del lado codicioso de la naturaleza humana, la cosa creciera desapoderadamente y se saliera de madre, es fácil imaginar la extraña situación resultante cuando se creara un enorme exceso de nuevos dólares jamás gastados ni en producir ni en comprar nada real (ni en emplear a ciudadanos que produjeran esas cosas). Los ganadores de las apuestas financieras podrían amasar gigantescas sumas de dólares –el grueso de los cuales, destinados a la realización de ulteriores apuestas—, mientras más y más ciudadanos se irían viendo reducidos a la búsqueda desesperada de algún puesto de trabajo que les permitiera subvenir a sus necesidades.

Un escenario todavía peor podría ocurrir, si los ciudadanos ganadores de apuestas empezaran a usar su potencia e influencia financiera para “comprar” el proceso democrático, guiando la orientación y las políticas del gobierno colectivo. Si eso ocurriera, ese relativamente pequeño grupo de ciudadanos se encontraría en una posición de suma ventaja a la hora de apropiarse privadamente de prácticamente todos los bienes y servicios colectivos poseídos por la sociedad, con el resultado de la substancial esclavización del resto de la sociedad. La estrategia para hacer eso entrañaría probablemente algo a lo que ya hemos aludido antes, sin duda demasiado de pasada. Y es el hecho de que la infalible promesa del soberano de convertir, siempre que se solicite, los “dólares-crédito” de los bancos privados en reales dólares fiduciarios soberanos –la promesa que otorga funcionalidad al sistema bancario— hace que los dos tipos de dólares resulten, a todos los efectos prácticos, indistinguibles. Esa indistinta confluencia de los dos tipos de dólares permite a los asaltantes del poder perpetrar la construcción de los dos mitos que hacen posible su toma de control:

1) el mito de que los bancos privados, operando en un mercado privado, crean en exclusiva todos los dólares estadounidenses que existen; y

2) el consiguiente mito de que la única manera que tiene el gobierno colectivo de conseguir dólares para gastos en bienes y servicios colectivos es o recaudando impuestos o tomando prestado de los ciudadanos.

El proceso originario (y aún muy “operativo”) de creación de dólares soberanos fiduciarios con el propósito de crear bienes y servicios colectivos vendría a ser suprimido por los asaltantes del poder, los cuales, encima, se permitirían denigrarlo como un irresponsable proceso de “imprimir billetes”; algo que, por implicación, resultaría, además de ilegal, falto de ética. Los ciudadanos en trance de ser controlados terminarían, además, persuadidos de que su gobierno colectivo está acumulando deuda a un ritmo muy superior al de su capacidad para devolverla. Con lo que sólo quedaría, entonces:

a) reducir drásticamente los dólares gastados en bienes colectivos; y

b) pagar las deudas públicas mediante la puesta en almoneda y liquidación de los bienes colectivos existentes (carreteras y aeropuertos, plantas de tratamiento de residuos y sistemas de canalización hidráulica, parques nacionales y escuelas públicas) a los ciudadanos privados que han amasado exageradas fortunas en dólares. Una vez transferidos a la propiedad privada los que eran de dominio público totalmente libres o muy accesibles, comenzará la multiplicación de peajes y rentas que contribuirán al ulterior enriquecimiento de los asaltantes del poder y a la ulterior pauperización del ciudadano medio.

Sin embargo, resulta difícil de imaginar que una ciudadanía racional pueda llegar a ceder su sistema monetario soberano –que funciona estupendamente en la creación de muchos bienes y servicios colectivos de los que ella misma depende, o de los que ella misma disfruta y se aprovecha— y volverse tan sociópata y destructiva como hemos llegado a imaginar aquí. Desde luego, si llegara a introducirse una banca privada –y parece que hay ciertos beneficios sociales que podrían sacarse de hacerlo—, habría que instituir un pequeño conjunto de reglas capaces de impedir el advenimiento del escenario de pesadilla que se acaba de fantasear.
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J.D. Alt es un reconocido arquitecto norteamericano que en los últimos años se ha interesado en la teoría econónima, integrándose en el grupo de investigación postkeynesiano conocido como Teoría Monetaria Moderna. Escribe regularmente en New Economic Perspectives

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Los “agronegocios”, el control del dólar y las amenazas a la soberanía económica de la Argentina

Xov, 21/08/2014 - 22:24

Atilio Borón, Alainet

A diferencia de otros países de América Latina, la historia económica argentina presenta como uno de sus rasgos más distintivos la periódica aparición de restricciones en el sector externo ocasionadas por la escasez de dólares para sostener las necesidades de la importación y, en mucho menor medida, el ahorro de las capas medias. En estos días se ha conocido, si bien no de manera oficial y explícita, que el puñado de gigantescas cerealeras que controlan la producción y exportación de granos y oleaginosas de este país sólo han procedido a vender poco más de la tercera parte de la última cosecha: un 37 por ciento.[1] En otras épocas a esta altura del año ya habían liquidado las dos terceras partes, pero esta vez tal cosa no ocurrió. Al actuar de esta manera las multinacionales dominantes en el sector han disminuido significativamente el aporte de dólares a la economía argentina que, como es bien sabido, ha sufrido en las últimas décadas un acentuado proceso de internacionalización y de concentración en manos de grandes oligopolios extranjeros, todo lo cual intensifica la demanda de la divisa estadounidense en las más diversas ramas de la actividad económica.

Son varios los factores de orden especulativo que explican esta conducta. En primer lugar, al promover una devaluación del peso se aumenta la rentabilidad de los sectores agrarios, mecanismo archiconocido y archiprobado para propiciar una transferencia de ingresos desde asalariados y consumidores hacia el capital más concentrado y sus aliados. Los “agronegocios” comandados por las megacerealeras, con Cargill a la cabeza, y sus socios terratenientes adoptaron esta conducta acicateada por todos los informes técnicos que pronosticaban la continuidad de la tendencia bajista de la soja y como una manera de resarcirse de las pérdidas que aquella podría ocasionar con una fuerte devaluación del peso. Ante ella había otra alternativa: vender lo antes posible y evitar un mayor deterioro del precio de la oleaginosa. Pero optaron por retener sus ventas, estimulados por los consejos de los desprestigiados “gurúes” de la citi porteña que aconsejaron no vender la cosecha porque la devaluación del peso sería inminente. Este comportamiento demuestra la falsedad de las afirmaciones que aseguran que “el campo está endeudado”, como dicen sus apologistas, porque si lo estuviera sus agentes venderían la totalidad de la cosecha para salvar sus deudas. Y se demuestra asimismo el carácter fuertemente especulativo del comportamiento del complejo del “agronegocios” y, por otra parte, la incomprensible indefensión en que se encuentra el estado nacional ante sus maniobras que lo convierten, de hecho, en un factor de desestabilización económica al imponer una política como la devaluación del peso, contraria a la promovida por el gobierno nacional.[2]

En otras palabras, la estructura y lógica de funcionamiento del sector agrario muestra la existencia de una coalición dotada de una formidable capacidad de extorsión sobre el gobierno nacional. En el centro de esta telaraña de intereses rurales se encuentra un puñado de gigantescos oligopolios entre los que sobresalen, aparte de la ya mencionada Cargill, Bunge, ADM, Louis Dreyfus Commodities, AGD, Molinos Río de la Plata, Nidera, Molino Cañuelas, Los Grobo Agropecuaria y Aceitera General Deheza. El segundo círculo de esta alianza lo conforman una vieja y nueva gran burguesía terrateniente (esta última, procedente del intenso proceso de desmonte y ampliación de la frontera agrícola y la desposesión de las comunidades tradicionales y los pueblos originarios); y el tercero es un vasto pero decreciente, debido al veloz proceso de concentración de la propiedad fundiaria, conglomerado de medianas y pequeñas propiedades agrícolas atrapadas por una formidable revolución tecnológica que las ata de pies y manos al grupo de empresas multinacionales dominantes del complejo. Este núcleo hegemónico asienta su primacía por su colosal dimensión empresarial, de alcance planetario; porque detenta el monopolio de la tecnología alimentaria de última generación y porque tiene en su poder la llave que abre la puerta de los mercados mundiales y, por eso, está en condiciones de fijar el precio de los granos, de conceder préstamos a los sectores más débiles del complejo –desplazando progresivamente de esa función al Banco de la Nación Argentina y otras entidades bancarias y abriendo un potencial frente de conflicto entre los “agronegocios” y el sistema bancario en la disputa por la renta financiera-, de transportar y acopiar su cosecha y de proveerles el paquete tecnológico, las semillas, fertilizantes y pesticidas para comenzar la siguiente campaña. El sector hegemónico de esta alianza es, de lejos, la que se lleva la parte del león de la rentabilidad del sector: vende en el exterior, percibe dólares por sus operaciones y sus gastos locales (sueldos, combustibles, transporte, instalaciones, impuestos) se abonan en pesos.

A diferencia de Chile, en donde los ingresos del principal producto de exportación, el cobre, van a parar al fisco; o de Venezuela, en donde el producido por la exportación petrolera pasa directamente a las arcas del estado, en la Argentina los ingresos de las exportaciones agropecuarias (y las mineras) quedan en manos de empresas privadas y extranjeras. En menor medida esto también se reproduce con las exportaciones industriales. El resultado de esta infeliz ecuación es que las divisas que el país necesita para motorizar su desarrollo, promover el avance industrial, financiar sus programas sociales y satisfacer la demanda interna de dólares está sujeta al arbitrio de un puñado de grandes multinacionales.

Ante ello, la única alternativa razonable para enfrentar la crisis del sector externo es la nacionalización del comercio exterior mediante la creación de una “aggiornada” Junta Nacional de Granos que asuma el control de las exportaciones agropecuarias de la Argentina y corte de raíz el chantaje al que el estado nacional se ve sometido por las multinacionales del “agronegocios”. Organismos de este tipo existen en países que para nada pueden ser acusados por los representantes del “campo” como “populistas”. Nos referimos a Australia, Nueva Zelandia y Canadá, que tienen instituciones de este tipo para regular y monitorear todo lo concerniente a la producción y las exportaciones agropecuarias. Como es bien sabido la Argentina tenía una agencia de este tipo desde 1933, y sobrevivió con distintas restructuraciones y nombres hasta que el gobierno de Carlos S. Menem dispuso la disolución de la misma con el Decreto 2294 de 1991. Desde entonces las actividades regulatorias que antaño ejercía la JNG no desaparecieron, como dicen los apologistas de la desregulación, sino que fueron privatizadas y quien hoy ejerce esas funciones de regulación son las multinacionales cerealeras, lo cual constituye un tremendo disparate. Es decir, se pasó de un control público condicionado por los mecanismos democráticos de la república, a otro de carácter privado, absolutamente descontrolado y que se mueve en función de una estrategia mundial de maximización de beneficios. Y, por eso mismo, esas multinacionales son las que tienen la capacidad para decidir, vía su control de las exportaciones y su estrategia de ventas, cuál será la oferta de dólares con que contará la economía argentina y si esta puede avanzar por la senda del crecimiento o, producto de un estrangulamiento originado en el sector externo, hundirse progresivamente en la recesión.

Por eso, y tal como lo decíamos en un trabajo anterior, la estatización del comercio exterior no puede ser una medida aislada.[3] Por el contrario, se necesita un enfoque integral dado que, a diferencia de la vieja JNG, debe:
  • (a) incluir bajo su jurisdicción a toda la cadena de producción y comercialización del sistema agroalimentario, hoy controlado por las multinacionales, lo que debería rematar en la creación de una Junta Nacional Agroalimentaria, con las salvedades que plantearemos más abajo;
  • (b) examinar y promover una reforma impositiva especialmente diseñada en función de las nuevas realidades del capitalismo agrario y que permita poner en marcha un eficaz sistema de control que evite las sobre y sub facturaciones de los distintos componentes del “agronegocios”; y, finalmente,
  • (c) re-estatizar los puertos de la Hidrovía Paraná-Paraguay, privatizados por el menemismo y que constituyen verdaderos “estados dentro de un estado” que se prestan para toda clase de maniobras fraudulentas del complejo sojero-cerealero.
Estas medidas deben ser puestas en práctica con la mayor celeridad, porque el ritmo de la crisis no tolera dilaciones. Por supuesto, las mismas requieren de imaginación, solvencia técnica y experiencia práctica. No se trata de resucitar la antigua Junta Nacional de Granos o al Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio, el IAPI de la época del primer peronismo, porque el capital ha creado nuevos instrumentos financieros (compraventa a futuro, swaps, derivativos, etcétera) y la tecnología importantes innovaciones (como el silo bolsa, para citar sino un ejemplo, que independiza al productor del riesgo que se le arruine la cosecha a la vez que le permite postergar su venta hasta que el precio sea conforme a sus expectativas) todo lo cual exige de dispositivos muchos más sofisticados que antaño para asegurar el control público de la riqueza originada en el sector agrario.

De lo anterior se desprende la necesidad de concebir una agencia estatal que regule a la totalidad del sistema agroalimentario del país, desde su origen hasta su comercialización minorista, algo bien diferente a la JNG o el IAPI. A tales efectos será decisivo, para garantizar la viabilidad práctica de esta iniciativa, convocar a un gran movimiento popular capaz de construir un instrumento político que respalde esas iniciativas y otras más encaminadas a redefinir por izquierda el rumbo de la economía argentina: además de la largamente demorada reforma tributaria la elaboración de una efectiva política anti-inflacionaria que resguarde los ingresos de los asalariados y un replanteamiento radical de las políticas destinada a preservar la soberanía efectiva, no meramente retórica, sobre los bienes comunes de nuestro país, sobre todo en el sector minero e hidrocarburífero. Una convocatoria popular sin sectarismos, soberbias burocráticas o desmovilizadores verticalismos porque, de lo contrario, la respuesta de las clases y capas populares será una mezcla de impotencia, miedo paralizante ante la clara percepción del escarmiento que se cierne sobre ellas y, en algunos casos, indiferencia, mezcla que mucho tuvo que ver con el funesto desenlace sufrido por los gobiernos peronistas en 1955 y en 1976. Una decisión tan crucial e impostergable como la estatización del comercio exterior, cualquiera que sea su forma legal y jurídica, es antes que nada un hecho político que no puede ser producido por un decreto o una resolución firmada por un funcionario instalado en las “alturas” del aparato estatal. Se requiere del pueblo en las calles para defender esa política, factible si se reúnen las condiciones planteadas más arriba.

Para concluir, lo que en términos políticos se produjo en el apogeo del neoliberalismo menemista fue una gigantesca transferencia de soberanía en donde un área estratégica: la provisión de divisas, que en otros países está a cargo del –o fuertemente contralada por el- estado, fue cedida al puñado de megacorporaciones que controlan gran parte de los alimentos que consume la población mundial. Esto constituye una aberración que debería haber sido corregida hace largos años, y que si no se lo hace ahora podría asestar un golpe mortal a todo proyecto económico que intente fundarse sobre la soberanía económica de nuestro país. Se trata, sin un ápice de exageración, de una cuestión de vida o muerte. Los remedios están al alcance de la mano. Habrá que ver si existe la voluntad política para aplicarlos, antes de que sea demasiado tarde.

- Dr. Atilio Boron, director del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (PLED), Buenos Aires, Argentina. Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2013.
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Notas:
[1] Durante el año 2013 las exportaciones del sector agropecuario ascendieron a unos 50.000 millones de dólares, incluyéndose en este total las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA), que con 30.059 millones de dólares representaron un 36,2% del total exportado mientras que los productos primarios –principalmente cereales y oleaginosos- sumaron ventas por 19.302 millones de dólares, un 23,3% del total exportado. Las exportaciones mineras sumaron en ese mismo año 4.136 millones de dólares.
[2] Nótese que las reservas del Banco Central cayeron de poco más 52.190 millones de dólares en el 2010 a 29.278 millones de dólares a fines de junio del 2014. No toda esta enorme fuga de capitales puede ser atribuida a las maquinaciones del complejo del “agronegocios”, pero sin duda que su contribución para llegar a tan lamentable resultado no fue para nada desdeñable.
[3] Cf. nuestro “Argentina: ante la ofensiva de los oligopolios, ¡estatizar el comercio exterior!”, en ALAI, 30 Enero 2014, http://alainet.org/active/70910

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Las falacias teóricas sobre la estabilidad de los mercados

Mér, 20/08/2014 - 17:22
¿Son los mercados capaces de generar una eficiente asignación de los recursos? ¿Existe en verdad el llamado "Equilibrio General", o no es más que una fanática ideología para que una minoría obtenga ventajas? Alejandro Nadal ilumina este tema con esta opinión publicada hoy en La Jornada

Hace algunos años en una discusión sobre teoría económica con Partha Dasgupta, profesor de economía de la Universidad de Cambridge, mi interlocutor me lanzó una pregunta: ¿Por qué estás tan obsesionado por la teoría sobre estabilidad de los mercados? Después de todo, continuó, si me asomo a la ventana no veo que todo se esté desintegrando, ni que los mercados estén explotando.

El desplante era absurdo. Sabes, le repliqué, cuando yo me asomo a la ventana me sucede algo extraño: me da la sensación de que el sol gira alrededor de la tierra.

Mi respuesta le desconcertó. Creo que a la fecha el ilustre profesor (designado lord por Su Majestad la reina Isabel II) no entiende lo que significaba esta frase. Y, sin embargo, estaba bastante clara: no hay acceso inmediato a las leyes del Mercado, o de la economía, sin un aparato conceptual que permita analizar y desentrañarlas. En otras palabras, sin instrumentos teóricos no hay posibilidad de entender el mundo de las leyes de la economía.

Cierto, podemos hacer observaciones de todo tipo sobre fenómenos económicos. Algunas serán de primer grado y estarán desprovistas de interés. Otras pueden ser más agudas y sugestivas. Pero ninguna observación casual permitirá comprender la estructura y dinámica de las leyes de esa dimensión de la vida social que todos llamamos la economía.

La expansión real de las relaciones de mercado y su dominación sobre otro tipo de relaciones sociales condujo a una peculiar forma de pensar a nuestra sociedad. El nacimiento de la economía política clásica estableció una agenda de investigación para esta nueva disciplina: desentrañar las leyes de la economía.

Hoy se dice vulgarmente que con las leyes de la economía no se juega. Es una frase extraña. Los voceros del poder establecido la usan para desacreditar cualquier intento por corregir los aspectos más negativos del desempeño económico, por ejemplo, la desigualdad excesiva. Pero muy pocas veces se tiene el cuidado de decirnos cuáles son esas leyes y, sobre todo, cómo es que las hemos llegado a conocer.

La pretendida ley económica que más se menciona (implícita o explícitamente) tiene que ver con la idea de que los mercados, a través de las fuerzas de la competencia, conducen a una eficiente asignación de recursos. El corolario es que no hay que perturbar el funcionamiento del mercado porque hacerlo conlleva a consecuencias funestas. Ahora bien, es cierto que la teoría económica ha estado obsesionada por la necesidad de demostrar racionalmente, hasta con sofisticados modelos matemáticos, que esa ley existe efectivamente. Pero esos esfuerzos nunca rindieron frutos.

En efecto, al día de hoy la teoría económica no ha podido desentrañar una ley sobre esta propiedad que, se supone, tiene el mercado. La llamada teoría de equilibrio general es el cuerpo teórico más desarrollado en la materia. Es la teoría de la que se reclaman los seguidores del neoliberalismo.

En la teoría de equilibrio general la eficiencia en la asignación de recursos sólo se alcanza en una situación de equilibrio. Por lo tanto, es fundamental demostrar cómo las fuerzas de la libre competencia conducen a un equilibrio general de los mercados. Y es aquí donde la teoría tiene su más estrepitoso fracaso. Al finalizar la década de los años cincuenta los modelos de Arrow, Block y Hurwicz encontraron dos casos en los que era posible concluir que las leyes de la economía conducían a una situación de equilibrio (y, por lo tanto, de una asignación eficiente de recursos).

Desgraciadamente, también descubrieron que esos casos correspondían a economías absurdas (en la que los únicos bienes en la economía tendrían que ser sustitutos, como el café y el té) o en las que se violaba un supuesto básico de la teoría (el llamado axioma débil de preferencias reveladas tendría que cumplirse a nivel de mercado). Después de una década, en 1974, los teoremas de otros tres economistas neoclásicos, Sonnenschein, Mantel y Debreu, demostraron que la teoría de equilibrio general no podría nunca demostrar la convergencia a situaciones de equilibrio sin el auxilio de supuestos o restricciones arbitrarias. Ese resultado negativo dice que la ley económica sobre el comportamiento de los mercados, tal y como se le formula desde el discurso del poder, no existe.

El tema de las leyes económicas es de vital importancia. Los poderes establecidos siempre cantan la misma melodía: absténganse de interferir con las leyes de la economía. El corolario es que hay que dejar a las clases dominantes hacer lo que saben hacer mejor, organizar la sociedad y su economía en favor de sus intereses.

El ámbito de la teoría económica constituye un camposanto en el que yacen los intentos por demostrar que las leyes de la economía rigen la eficiencia de los mercados y otros temas clave de la vida social, como la distribución del ingreso. Como se hace frente a los difuntos, los poderosos prefieren que se rinda tributo silencioso a las leyes económicas, pero que nadie se atreva a hablar de ellas con voz crítica.

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Ron Paul, y las mentiras de Estados Unidos sobre Irak

Mér, 20/08/2014 - 07:00
El parlamentario republicano y varias veces candidato a la presidencia de Estados Unidos, Ron Paul, realiza un crudo análisis sobre la nueva incursión bélica en Irak, encabezada esta vez por el presidente Obama, "cuarto presidente consecutivo que invade Irak". Para Ron Paul, los ciudadanos han sido engañados y la prensa no dice la verdad. Esto es lo que Ron Paul escribió en Ron Paul Institute, y es interesante apreciar cómo se mira esta nueva guerra desde el corazón político de Estados Unidos

Hemos estado en guerra con Irak durante 24 años, desde las operaciones Tormenta del Desierto en 1990. Poco después de la invasión de Kuwait por Iraq de ese año, la máquina de propaganda comenzó a agitarse para un ataque estadounidense contra Irak. Todos recordamos la comparecencia ante el Congreso de una joven kuwaití alegando que los iraquíes estaban arrancando a los bebés kuwaitíes de las incubadoras. La mujer resultó ser la hija del embajador de Kuwait en los EE.UU. y la historia era falsa, pero fue suficiente para convertir a la oposición estadounidense a favor de un ataque.

Este mes, otro presidente de Estados Unidos - el quinto consecutivo- comenzó a bombardear Irak. Él también está poniendo a las tropas estadounidenses en el suelo iraquí a pesar de la promesa de no hacerlo.

La segunda guerra de Irak en 2003 costó a los EE.UU. cerca de dos billones de dólares. Según las estimaciones, más de un millón de muertes se han producido como consecuencia de esa guerra. Millones de toneladas de bombas estadounidenses han caído en Irak casi de forma constante desde 1991.

¿Qué hemos logrado? ¿Dónde estamos ahora, 24 años después? Estamos de nuevo donde empezamos, en la guerra en Irak!

Estados Unidos derrocó a Saddam Hussein en la segunda guerra de Irak y puso en su lugar al gobierno títere de Nouri al-Maliki. Pero después de ocho años, la semana pasada, Estados Unidos ha diseñado un golpe contra Maliki para poner en su lugar a otra marioneta. Estados Unidos acusa a Maliki de mal gobierno y de acentuar la división del país, pero lo que realmente irritó al gobierno de Estados Unidos fue su denegación de la inmunidad el año 2011 a los miles de soldados estadounidenses que Obama quería mantener en Irak.

A principios de este año, un grupo islamista radical, ISIS, inició una avanzada sobre el territorio de Irak, a partir de Faluya. La organización había estado operando en Siria, y fue fortalecida por el apoyo de Estados Unidos para derrocar al gobierno sirio. ISIS obtuvo una amplia gama de sofisticadas armas de Estados Unidos en Siria, muy a menudo capturadas por otros grupos de oposición aprobados por Estados Unidos. Algunos afirman que los criterios de selección poco estrictos permitieron a algunos combatientes ISIS participar, incluso, en campos secretos de entrenamiento de la CIA en Jordania y Turquía.

Este mes, ISIS se convirtió en el blanco de una nueva campaña de bombardeos de Estados Unidos en Irak. El pretexto para el último ataque estadounidense fue la difícil situación de una minoría religiosa en la región kurda actualmente bajo ataque ISIS. El gobierno de Estados Unidos y los medios de comunicación advirtieron que hasta 100.000 integrantes de este grupo quedaron atrapados en una montaña y podrían ser sacrificados si Estados Unidos no intervenía de inmediato. Los estadounidenses, por desgracia, una vez más cayeron por esta propaganda y las bombas estadounidenses empezaron a caer. La semana pasada, sin embargo, se determinó que en realidad no eran 100.000 los religiosos atrapados, sino solo 2,000, y que muchos de ellos habían estado viviendo en la montaña durante años! No querían ser rescatados!

Esto no quiere decir que la difícil situación de muchas de estas personas no sea trágica, pero ¿por qué es que el gobierno de Estados Unidos no dijo una palabra cuando tres de cada cuatro cristianos fueron forzados a salir de Irak durante los diez años de la ocupación de Estados Unidos? ¿Por qué no ha dicho nada a los estadounidenses acerca de los cristianos asesinados por sus aliados en Siria? ¿Qué pasa con todos los palestinos muertos en Gaza o los rusos étnicos que murieron en el este de Ucrania?

La situación humanitaria ha sido cínicamente manipulada por el gobierno de Obama - y repetido por los medios de comunicación de Estados Unidos- para proporcionar una razón para que el presidente ataque a Irak de nuevo. Esta vez se trataba de un nuevo cambio de régimen, rompiendo el Kurdistán lejos de Irak y la protección de las ricas reservas de petróleo, con la aceptación de una nueva presencia militar de Estados Unidos en terreno iraquí. El Presidente Obama ha empezado otra guerra en Irak y el Congreso está completamente en silencio. Sin Declarar, sin autorización, sin ni siquiera un debate. Tras 24 años estamos de nuevo donde empezamos. ¿No es hora de volver a pensar en que fracasó la política intervencionista? ¿No es hora de dejar de confiar en el gobierno y su propaganda de guerra? ¿No es hora de salir de Irak en paz? Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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China y Cuba estrechan lazos

Mar, 19/08/2014 - 22:43

Durante su visita a Cuba, del 21 al 23 de julio, el presidente de China, Xi Jinping, apuntó a una nueva fase en la relación bilateral entre ambos países. Aunque desde hace tiempo los dos gobiernos tienen relaciones políticas amistosas y significativos lazos económicos, el lenguaje utilizado y la cantidad de acuerdos sugieren un nuevo impulso para expandir la inversión de china y profundizar su cooperación con la isla. El siguiente es el reporte de Economis Intelligence Unit

Durante su visita, Xi subrayó la afinidad de los dos estados comunistas, pero la relación no siempre ha sido cercana. Aunque Cuba mantiene relaciones diplomáticas con China desde la revolución de 1959, el vínculo fue distante entre las décadas de 1960 y 1980, debido a la alianza cubana con la Unión Soviética. Cuando surgieron tensiones entre Cuba y la URSS, en la década de 1980, los gobiernos cubano y chino comenzaron a explorar posibilidades hacia nuevas formas de cooperación. En 1988 se creó una comisión oficial de relaciones económicas y comerciales, y desde entonces el comercio bilateral ha crecido de manera constante. Las exportaciones cubanas a China se elevaron de 267 a 459 mdd en 1990-2012, en tanto las importaciones pasaron de 334 a mil 200 mdd.

Relación comercial En contraste con la ex Unión Soviética, la relación económica de China con Cuba se ha dado sobre todo en términos comerciales, con apenas pequeñas cantidades en donaciones o créditos blandos. Sin embargo, al ser la fuente más importante de financiamiento en el contexto de un acceso muy restringido a los mercados financieros internacionales, se ha constituido en un socio importante. A principios de la década de 1990, cuando la crisis causada en Cuba por el colapso del bloque soviético se hizo más aguda, la proporción de China en las importaciones cubanas saltó de 5 a 10 por ciento y las líneas de crédito comerciales representaron una línea vital para Cuba durante la reconstrucción económica.

El siguiente gran impulso chino a las exportaciones a Cuba llegó en 2004, cuando se dio otra restructuración de deuda y un acuerdo de nuevos créditos para recapitalizar infraestructura. Entre ellos estaban 200 mdd para mejorar las telecomunicaciones y otros 150 mdd para establecer una planta ensambladora de televisión. Un nuevo acuerdo en 2006 otorgó financiamiento comercial hasta por mil 800 mdd, el cual se utilizó en la compra de equipo eléctrico doméstico (parte de la revolución energética cubana), así como nuevos autobuses para el transporte público (370 mdd) y locomotoras, como contribución a la reparación y rehabilitación de la muy descapitalizada red ferroviaria.

Diversificación de exportaciones Aunque China ha suministrado a la isla una amplia variedad de bienes, desde arroz hasta maquinaria y equipo para transporte y comunicaciones, las exportaciones cubanas al gigante asiático se han basado en una gama muy estrecha de productos: azúcar, níquel y medicamentos. Es probable que el níquel haya desplazado al azúcar como producto principal en la década de 1990, cuando los precios internacionales de ese metal experimentaron un fuerte incremento. Esto llevó la participación de productos cubanos en el mercado chino a un máximo de casi un cuarto de punto porcentual en 2007, después de lo cual se redujo.

Las esperanzas de diversificar las exportaciones a China residen sobre todo en planes de desarrollar el comercio de biotecnología, que incluye exportaciones de medicamentos, las cuales se han decuplicado en la década pasada, a 550 mdd, según cifras oficiales cubanas. Aunque no se especifican los mercados, parece que China es un cliente importante. El despegue en exportación de fármacos comenzó an 2004, año en que se formó un grupo de trabajo conjunto entre los dos países. Las ganancias cubanas en biotecnología también incluyen ingresos por licencias para la producción de medicinas de patente cubana en el extranjero y por servicios de atención a la salud, que figuran dentro de la categoría de servicios en las cuentas con el exterior, más que como exportaciones de bienes. No hay datos publicados referentes a esas ganancias, pero la evidencia anecdótica indica que China ha sido un mercado importante, lo cual sugiere que el déficit global de Cuba con China, por bienes y servicios combinados, podría ser menor que el déficit en comercio de bienes, que ha promediado 700 mdd anuales en los cinco años pasados.

¿Un nuevo capítulo? En la delegación china que llegó con el presidente Xi participaron unos 50 representantes empresariales en busca de nuevas oportunidades emanadas de los sucesos recientes y previstos en la isla. Entre los cambios recientes, la nueva ley de inversión extranjera, que entró en vigor a finales de junio, y una zona económica especial, creada en 2013 en el puerto mejorado de Mariel, ofrecen el potencial más obvio. Entre los 29 acuerdos bilaterales firmados durante la visita estuvo también una línea de crédito para la modernización del puerto de Santiago de Cuba,en el extremo sureste de la isla; proyectos de inversión en agricultura, infraestructura, construcción, energía, minería y turismo, así como cooperación en energía renovable, biotecnología, tecnología agrícola y comunicaciones.

Entre las palabras amables durante la visita se colaron referencias a desilusiones pasadas, contratiempos y dificultades en la relación bilateral, y persisten diferencias entre las culturas política y empresarial de ambos países. Sin embargo, parece que existe una nueva voluntad política de superarlas. Reflexionando sobre la visita, Xi se refirió al acuerdo de abrir un nuevo capítulo en la cooperación amistosa entre China y Cuba para beneficio mutuo, en el cual el gobierno chino dará apoyo oficial para ayudar a empresas chinas a establecer una presencia en la isla. La amplia cobertura dada a la visita por los medios oficiales de ambos países, con referencias a la construcción de una alianza estratégica, sugiere que la relación bilateral, tanto política como económica, se está profundizando. Para Cuba, estrechar vínculos con China podría dar un significativo impulso a las perspectivas a mediano y largo plazos. De hecho, si las sanciones estadunidenses se mantienen, es posible que China llegue a convertirse con el tiempo en el principal socio comercial de Cuba.
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Tomado de La JornadaUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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China entra al fracking en yuanes amenazando la hegemonía del dólar

Lun, 18/08/2014 - 14:47

China tiene los mayores yacimientos de gas de esquisto en el mundo y ahora se anima a extraerlos por la vía del fracking. El gigante asiático se enfrenta a los retos económicos, ambientales y económicos para desarrollar la factura hidráulica en una geología compleja y de alto costo. Pero esta opción le permitiría abandonar el carbón, recurso por el cual se culpa a China de ser el mayor contaminador del planeta. China es el principal consumidor mundial de carbón y por tanto la mayor fuente contaminante de dióxido de carbono. Por eso se piensa que la extracción del gas de esquisto podría dar un vuelco en el cambio climático y frenar el deterioro ambiental, como sugiere Scientifican American. Esto, por cierto, a costa del dólar, dado que China ha comenzado a negociar todos sus recursos energéticos en yuanes.

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¿Qué es hoy una potencia nacional? El caso del poder económico de los EEUU

Dom, 17/08/2014 - 15:25
Sean Starrs, Sin Permiso

No se ha debatido sobre los datos sobre los que habría que debatir. El modo tradicional de conceptualizar el poder nacional ha sido atender a la llamada contabilidad nacional (sobre todo, al PIB, pero también a la balanza comercial, a la deuda nacional, a la participación nacional en la producción industrial mundial, etc.) y compararla con la de otras naciones. Pero en la era de la globalización, y en la medida en que las mayores empresas transnacionales del mundo realizan ahora vastas operaciones por todo el globo, esa ecuación entre contabilidad nacional y poder nacional comienza a resquebrajarse.

Anduvimos obsesionados con el declive o la persistencia del poder norteamericano en las últimas tres décadas: el ejemplo más reciente es una encuesta de Gallup que revela una creciente insatisfacción con el papel desempeñado por los EEUU en el mundo. Pero todo empezó en los 80, con una ola de declivismo desencadenada por el auge del Japón. Las ideas agoreras desaparecieron súbitamente en medio del triunfalismo de los 90, cuando los EEUU se convirtieron en la única superpotencia mundial. Tras los ataques del 11 de septiembre de 2001 y la invasión de Irak, muchos pensaron “imperio” era mejor apodo, con unos EEUU aparentemente capaces de reconfigurar el mundo prácticamente a su buen placer. Y luego, tan sólo unos pocos años después –¡ahí va!— el declivismo regresó recrecido, con un poder norteamericano supuestamente desplomándose como si de la última reina de Hollywood se tratara. China vino a reemplazar a Japón como potencia hegemónica ascendente, y la mayor crisis financiera mundial desde 1929 –originada en los propios EEUU— venía supuestamente a ser el último clavo en el ataúd del Siglo Norteamericano.

¿De verdad? ¿Cómo pudieron bascular tan drásticamente las opiniones sobre el poder norteamericano en el curso de estas décadas? Desde luego, las bases económicas del poder nacional son más profundas que todo eso. Y frente a esos sucesivos bandazos experimentados por el sentido común dominante en estas décadas, siempre ha habido opositores, también ahora. Pero ¿cómo es posible que los comentaristas atiendan a los mismos datos y, sin embargo, saquen conclusiones tan dispares?

Respuesta: no se ha debatido sobre los datos sobre los que habría que debatir, sobre todo ahora. El modo tradicional de conceptualizar el poder nacional ha sido atender a la llamada contabilidad nacional (sobre todo, al PIB, pero también a la balanza comercial, a la deuda nacional, a la participación nacional en la producción industrial mundial, etc.) y compararla con la de otras naciones. Así, cuando el PIB japonés crecía rápidamente entre los 60 y los 80, se equiparó eso con el auge del poder económico japonés. Lo que tenía pleno sentido en la era anterior a la globalización, cuando la producción estaba severamente contenida dentro de las fronteras nacionales y las empresas exportaban sus bienes y servicios para competir a escala planetaria. De modo que cuando los transistores “made-in-Japan” comenzaron a inundar el mercado norteamericano en los 60, eso no sólo reflejaba un incremento del PIB y de las exportaciones japoneses, sino también un incremento de la capacidad de las empresas japonesas, como Sony, para batir competitivamente a empresas norteamericanas como RCA.

Pero en la era de la globalización, y en la medida en que las mayores empresas transnacionales del mundo realizan ahora vastas operaciones por todo el globo, esa ecuación entre contabilidad nacional y poder nacional comienza a resquebrajarse. China, por ejemplo, ha venido siendo el mayor exportador mundial de productos electrónicos desde 2004, y sin embargo, eso no significa que las empresas chinas sean líderes mundiales en la electrónica. Aun cuando China dispone virtualmente del monopolio mundial en la exportación del iPhone, por ejemplo, es Apple la que recoge el grueso de los beneficios de las ventas del iPhone. Más en general, más de tres cuartos de las 200 mayores empresas que exportan desde China son extranjeras, no chinas. Lo que es de todo punto distinto a lo que ocurrió con el auge del Japón, impulsado por empresas japonesas que producían en Japón y exportaban al mundo.

A esa conclusión llegué en mi investigación recientemente publicada en International Studies Quarterly. Allí analizo las 200 mayores empresas transnacionales listadas por Forbes Global 2000, las distribuyo en 25 sectores y luego calculo la participación combinada en los beneficios de cada una de las nacionalidades representadas. El alcance de la dominación norteamericana es estupefaciente. De los 25 sectores, las empresas norteamericanas tienen la mayor participación en beneficios en 18, y dominan absolutamente (con una participación en beneficios del 38% o más) en 13 (más de la mitad). Ningún otro país llega siquiera a aproximarse a ese dominio norteamericano a todo lo largo y ancho de este vasto capitalismo global. Solo otro país, Japón, domina un sector (el de empresas comercializadoras y operadores de mercado), que es, por cierto, uno de los más pequeños entre los 25. En cambio, las empresas norteamericanas dominan particularmente en la frontera tecnológica, con cifras de superioridad asombrosos: un 84% de la participación en beneficios en hardware y software para computadoras (a pesar de que China se haya convertido desde 2011 en el mayor mercado mundial de PCs), un 89% de participación en beneficios del sector de salud y equipos y servicios sanitarios, así como un 53% en los beneficios de farmacéuticas y empresas de biotecnología. Acaso más sorprendente, la dominación norteamericana de los servicios financieros se ha incrementado desde el desplome de Wall Street en 2008, pasando de una participación en beneficios de un 47% en 2007 al increíble 66% registrado en 2013. En una palabra: a despecho de casi siete décadas de incremento de la competencia global y del auge de vastas regiones del mundo (sobre todo , el Este asiático), las empresas transnacionales norteamericanas siguen dominando la cúspide del capitalismo global, un fenómeno por el que pasa por alto la contabilidad nacional.

Eso no significa negar que el auge de China ha sido extraordinario, sino que tenemos que ir más allá de la contabilidad nacional si queremos entender qué está pasando. Básicamente, la economía china está estructurada a dos niveles: un nivel está dominado por el Estado y está cerrado al exterior, mientras que el otro está más o menos abierto. En muchos de estos últimos sectores, la empresas norteamericanas son ya dominantes, de modo que, en este sentido, el auge de China lo que hace realmente es incrementar el poder y la influencia de los EEUU, en la medida en que esas empresas se incrustan crecientemente en la sociedad china. En lo atinente a los sectores nacionalmente protegidos, China ha crecido rápidamente sobre todo en sectores dominados por el Estado (banca, construcción, forestal, metalurgia y minería, gas y petróleo, telecomunicaciones), pero esos sectores están bien contenidos dentro de las fronteras chinas, y sus empresas estatales chinas no compiten en el mundo exterior con las empresas transnacionales norteamericanas (aunque gas y petróleo constituyen una excepción destacable).

Pero si ahora vivimos en la era de la globalización y esas empresas operan por doquiera, ¿podemos realmente considerarlas parte del poder norteamericano? Sí, porque todavía son en última instancia propiedad de ciudadanos norteamericanos: de las 100 mayores empresas transnacionales, en promedio, más del 85% de sus acciones y participaciones tienen titularidad norteamericana. Así, un increíble 42 por ciento de los millonarios del mundo son norteamericanos (en contraste con un 4% de chinos). Que la participación del PIB de los EEUU en el producto mundial haya declinado, hasta ser menos de un 25% luego del deslome de 2008 sólo revela hasta qué punto se ha globalizado el poder granempresarial norteamericano.

Pero eso impulsa el crecimiento de la desigualdad en los EEUU, uno de los asuntos definitorios de nuestra época, desde el movimiento “Ocupa Wall Street” hasta los “Juegos del hambre”, pasando por el discurso sobre el estado de la nación del presidente Obama este año. Y eso es así, porque el 1% en la cúspide posee el 42 por ciento de las grandes empresas,y en la medida en que éstas incrementan su poder global, también se incrementa la riqueza de los propietarios norteamericanos de activos (y por lo mismo, la desigualdad). Pero no puede entenderse este hecho sin repensar el poder nacional en la era de la globalización y comprender que el poder de los EEUU no ha declinado, sino que se ha globalizado.

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Contracción de Alemania acelera el retorno de Europa a nueva recesión

Sáb, 16/08/2014 - 17:56

Las últimas cifras publicadas por la agencia de estadísticas Eurostat confirman que Europa se encamina a una nueva recesión o a un estancamiento prolongado. Los malos datos de Francia y Alemania publicados esta semana por Eurostat, indican que la producción industrial entre abril y junio de este año se redujo en un -0,3 por ciento en la zona euro y en -0,1 por ciento en la Unión Europea de 28 países.

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Nueva invasión a Irak: Que nadie hable del petróleo

Xov, 14/08/2014 - 09:00

Robert Fisk, La Jornada

En Medio Oriente, las primeras imágenes de cada guerra definen la narrativa que deberemos seguir obedientemente. Así que ésta es la mayor crisis desde la última gran crisis con Irak. ¿Los cristianos huyen por sus vidas? Hay que salvarlos. ¿Los yazidíes se mueren de hambre en las montañas? Arrójenles víveres. ¿Los islamitas avanzan hacia Erbil? Bombardéenlos. Destruyan sus convoys, su artillería y a sus combatientes, y bombardéenlos una y otra vez hasta que...

Bueno, el primer indicio del itinerario a seguir en nuestra más reciente aventura en Medio Oriente se nos mostró el fin de semana, cuando Barack Obama le dijo al mundo: "no creo que podamos resolver este problema en semanas; llevará tiempo". Se notó ese deliberado esfuerzo para que la palabra misión no se colara en su enunciado. Fue el vocablo mejor disfrazado de tiempos recientes.

Entonces ¿cuánto tiempo? Al menos un mes, obviamente. Quizá seis meses... ¿Un año? ¿Otro más?

Después de la guerra del Golfo de 1991, de hecho ha habido tres conflictos similares en las últimas dos décadas y media, con otro que está por estallar. Los estadounidenses y británicos impusieron zonas de exclusión aérea sobre el sur de Irak y el Kurdistán (norte) y bombardearon todas las amenazas militares que encontraron en el Irak de Saddam Hussein durante los siguientes 13 años.

¿Está Obama preparando el terreno –la amenaza de genocidio y el mandato del impotente gobierno de Bagdad de arrasar con los enemigos de Irak– para comenzar otra guerra aérea en la nación? Y de ser así, qué lo hace pensar, o a nosotros, que los islamitas, quienes están muy ocupados creando su califato en Irak y en Siria, nos seguirán la corriente en este alegre escenario.

¿Acaso el presidente de Estados Unidos, el Pentágono, el Centcom (Mando Central de Estados Unidos) y, supongo, el puerilmente llamado Comité Cobra británico en verdad creen que el Isil, con todo y su ideología medieval, se sentará en las planicies de Nínive y esperará a ser destruido por nuestras municiones?

No, los muchachos del Isil, o Estado Islámico, o el califato, o como sea que quieran llamarse en el momento, simplemente van a dirigir sus ataques a otros puntos. Si el camino a Erbil está cerrado, tomarán el camino a Alepo o el de Damasco, mismos que estadounidenses y británicos estarán menos dispuestos a bombardear o defender porque eso significaría ayudar al gobierno de Bashar al Assad en Siria, a quien odiamos tanto como odiamos al Estado Islámico.

Sin embargo, si los yihadistas tratan de capturar Alepo o sitiar Damasco y cruzar a la fuerza la frontera con Líbano, la mayoritariamente sunita ciudad mediterránea de Trípoli sería el objetivo más deseado. Entonces tendríamos que expandir nuestro precioso mandato para que incluyera a otros dos países, sobre todo porque empezaría a estar amenazada la frontera de una nación que es aún más merecedora de nuestro amor y protección que Kurdistán: Israel. ¿Alguien ha pensado en eso?

Y claro, existe lo inmencionable. Cuando liberamos Kuwait en 1991, tuvimos que recitar una y otra vez que esta guerra no era por el petróleo. Cuando invadimos Irak en 2003, tuvimos que repetir ad nauseam que este acto de agresión no era por el petróleo, como si la misión de los marines estadounidenses que fueron enviados a Mesopotamia hubiera sido proteger la exportación de espárragos.

Ahora que protegemos a nuestros amados occidentales en Erbil, damos apoyo y asistencia a los yazidíes en las montañas del Kurdistán y lamentamos la injusticia que sufren decenas de miles de cristianos que huyen de las amenazas del Isil.

No debemos ni podemos mencionar el petróleo, ni lo haremos, bajo ninguna circunstancia. Me pregunto por qué no; no es que sea significativo ni relevante... en lo más mínimo.

El Kurdistán produce 43 mil 700 millones de barriles de los 143 mil millones de barriles que conforman las reservas iraquíes, además de 25 mil 500 millones de barriles de reservas no comprobadas y tres de los seis millones de metros cúbicos de gas que produce el país.

Conglomerados de combustible y gas han emigrado masivamente al Kurdistán; de ahí que hubiera miles de occidentales viviendo en Erbil, si bien su presencia no ha sido explicada por los medios. El hecho es que Mobil, Chevron y Total, entre otras, han hecho inversiones múltiples de más de 10 mil millones de dólares, y no se permitirá al Isil meterse con compañías así en un lugar donde los operadores petroleros obtienen 20 por ciento de las ganancias de producción y exploración.

En efecto, reportes recientes sugieren que la actual producción de petróleo kurdo es de 200 mil barriles al día y llegará a 250 mil barriles diarios el próximo año, suponiendo, claro está, que mantengamos lejos de la zona a los muchachos del califato, lo que significa, según la agencia Reuters, que si el Kurdistán iraquí fuese un país verdadero y no sólo un trozo de Irak, estaría entre los diez países más ricos en petróleo del mundo, lo cual, obviamente, es algo que vale la pena defender. ¿Alguien lo ha mencionado siquiera? ¿Al menos un reportero de la Casa Blanca ha incomodado a Obama con una sola pregunta acerca de este hecho notable?

Claro, nos solidarizamos con los cristianos iraquíes, aunque muy poco nos importaban cuando se les empezó a perseguir después de nuestra invasión de 2003. Y sí, prometimos proteger a los yazidíes de la misma forma en que prometimos –y fracasamos– proteger a millón y medio de armenios cristianos víctimas del genocidio perpetrado por los musulmanes en esta misma región, hace 99 años.

No olvidemos que los amos del nuevo califato de Medio Oriente no son idiotas. Las fronteras de su guerra se extienden mucho más allá de nuestros mandatos militares. Saben que, incluso si no lo admitimos, nuestro mandato incluye al inmencionable petróleo.

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Fractura hidráulica: ¿espejismo o burbuja financiera?

Mér, 13/08/2014 - 16:37

Alejandro Nadal, La Jornada

La extracción de gas y petróleo de esquistos ha sido presentada desde hace años como una historia de éxito para el sector energético de Estados Unidos. Las compañías de petróleo y gas, así como el Departamento de Energía, han divulgado estimaciones sobre las reservas existentes que llevarían a pensar en la independencia energética de Estados Unidos para las próximas décadas. Muchos de estos datos están basados en conjeturas más que en datos duros.

El ruido se extiende a México: con la mal llamada reforma energética se abre la puerta a este tipo de explotación y su cauda de implicaciones negativas. Desde ahora se puede anunciar que la traición en el sector energético, la introducción de la explotación por fractura hidráulica se acompañará de graves daños ambientales y económicos. Lo cierto es que el futuro de los hidrocarburos de esquistos en Estados Unidos y de su nociva tecnología de extracción será determinante para ese tipo de explotación en México.

La retórica sobre una supuesta independencia energética en Estados Unidos se acompaña de una publicidad sobre sus efectos positivos en el desarrollo económico. Pero la extracción por fractura hidráulica de petróleo y gas no tiene nada que ver con el desarrollo a largo plazo de la economía regional o local, ni con la creación de empleos duraderos. Ahora parece que ni siquiera puede asegurar su viabilidad financiera en el corto y mediano plazo.

La razón es que el tiempo de maduración típico de un pozo es muy corto: entre el arranque de actividades y el pico del nivel de extracción pasan unos cuantos años y la declinación comienza muy rápidamente. Dada la corta vida de cada pozo los beneficios son de corta duración. Para mantener niveles de producción estable, se necesita multiplicar el número de pozos, lo que conduce a un círculo vicioso.

Todo esto ha dado pie a un nuevo modelo de negocios en Estados Unidos. El lobby de compañías petroleras y gaseras lanzó desde hace ocho años una descomunal campaña de relaciones públicas para promover el fracking como una excelente aventura de negocios. El objetivo central era consolidar el apoyo de las calificadoras y los bancos de inversión en Wall Street. La exuberancia provocada en los mercados financieros por las perspectivas que anunciaba la explotación de estos hidrocarburos no convencionales no es muy diferente de la que condujo a la crisis financiera global en 2008.

Muchas de las prácticas financieras que condujeron a la crisis de 2008 se han estado utilizando en el desarrollo del mercado de explotación de fractura hidráulica. En algunos casos las inversiones están rodeadas de operaciones que no se ven reflejadas en los estados contables de las empresas. Algunos instrumentos estructurados y esquemas para atraer un número mayor de inversionistas (por ejemplo, a través de esquemas volumétricos de pagos) hacen recordar los ‘ingeniosos’ vehículos de inversión estructurada con los que los bancos de inversión y sus operadores en mercados secundarios impulsaron la concesión y ventas de hipotecas chatarra antes de la crisis. Sobra decir que la opacidad de estas operaciones es terreno fértil para animar el frenesí de los inversionistas incautos y conduce necesariamente a la sobre-inversión.

La industria ya tuvo un primer llamado de atención. El exceso de capacidad instalada provocó un desplome de precios de gas en 2012. Para muchas de las empresas productoras los precios se situaron por debajo de los costos de operación. Algunas diversificaron su producción hacia yacimientos ricos en los llamados líquidos de gas natural, pero esta medida sólo indujo el desplome en los precios de estos productos. Otras empresas buscaron desesperadamente amortiguar los impactos de la caída en precios a través de consolidaciones, fusiones y nuevas adquisiciones. Los bancos e intermediarios en Wall Street obtuvieron pingües ganancias al cobrar comisiones sobre estas transacciones.

La caída en los precios de gas natural y de sus asociados para la industria petroquímica condujo necesariamente a la depreciación de activos de muchas de las grandes operadoras, entre ellas Chesapeake Energy. Este proceso se había iniciado en 2011 al publicar el USGS sus estimaciones a la baja sobre las reservas en los campos de esquistos, incluyendo los más importantes (Marcellus e Eagle Ford). Pero lo fundamental es que los agentes financieros promovieron el crecimiento desmedido de la perforación y se han beneficiado con esta revolución energética que se parece más a una nueva pirámide Ponzi.

El resultado de todo esto no será la independencia energética de Estados Unidos. Además de retrasar la transición a un perfil energético de menor intensidad en combustibles fósiles, la explotación de hidrocarburos de esquistos conducirá a una reedición de la crisis de las empresas de alta tecnología de los años noventa, sólo que con mayores repercusiones ambientales y económicas.

La burbuja fracturada llegará a México con la entrega perversa de los recursos naturales a las empresas transnacionales.
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Ver también: Ángela Merkel negoció en secreto el fracking para Europa

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Argentina en el imperio de los buitres

Lun, 11/08/2014 - 22:39
Juan Torres López, Alainet

Lo que está oyendo y leyendo la mayoría de la gente en los medios de comunicación en los últimos días es que Argentina ha dejado de pagar a sus acreedores y que eso es consecuencia de la mala gestión de un gobierno que se ha apartado de lo que debe hacerse para gestionar bien los asuntos económicos. Una versión que, como suele ocurrir, se aparta bastante de la realidad.

Un poco de historia Argentina es un país que ha sido saqueado varias veces en los últimos decenios. Primero, por sus propia oligarquía, bien directamente o a través de gobiernos de militares fascistas o de civiles que no solo expoliaron a su pueblo en beneficio de muy pocas personas y empresas, sino que mataron o encarcelaron a miles de personas para conseguirlo. También, por grandes empresas y bancos internacionales (entre las que los españoles ocupan un lugar de honor) que se apropiaron a precio de saldo de los principales activos de la economía argentina. Y, últimamente, por los grandes fondos financieros y de inversión internacionales.

Los dos principales medios que se han utilizado para ese saqueo (además, como he dicho, de la represión política y del asesinato) han sido las privatizaciones y la deuda. Mediante las primeras, los gobiernos corruptos neoliberales vendieron empresas y propiedades argentinas a grupos económicos extranjeros que se hicieron a precio de saldo con la mejor parte de la economía de aquel país (ver como un simple ejemplo: Cómo España vació Aerolíneas Argentinas). La estrategia de la deuda fue puesta en marcha por la dictadura militar al servicio de los grandes bancos internacionales y más adelante se ha ido retroalimentando a base de intereses leoninos y de la gestión ruinosa de los gobiernos neoliberales.

Para complacer a la banca internacional, la dictadura militar argentina endeudó al país en unos 45.000 millones de dólares, y a pesar de que se lleva treinta años pagando principal y deuda y de que ha habido varias quitas y reestructuraciones, ahora la deuda es seis veces mayor que cuando empezó la espiral. Algo lógico porque el interés compuesto que se aplica a los préstamos está concebido justamente para eso: para que la deuda no solo no desaparezca, sino para que crezca indefinidamente, sobre todo, si al mismo tiempo se deja a los deudores sin fuentes propias de ingresos para hacer frente con normalidad a los pagos.

El origen del problema actual En 2001 se produjo la última gran caída de la economía argentina que llevó a la pobreza al casi el 40% de la población. En esa situación un gobierno interino declaró la suspensión de pagos, lo que permitió que entre 2002 y 2004 la economía se recuperase, creciendo un 9% anual. Cuando la situación quedó algo más estabilizada, en 2005, el nuevo presidente Kirchner propuso una reestructuración de esa deuda dejada de pagar (lo que significaba seguir pagándola, aunque en condiciones diferentes) que fue aceptada por el 76% de los acreedores. Y más adelante, en 2010, la nueva presidenta Cristina Kirchner volvió a proponer otra reestructuración que ya alcanzó al 91%. Eso significaba que solo quedaban por reestructurar unos 3.600 millones de dólares. Se puede afirmar que esas operaciones de 2005 y 2010 fueron exitosas, aunque no exentas de críticas al aceptar que una deuda inicialmente ilegítima siguiera siendo asumida por el pueblo argentino. Al menos, permitieron que la economía se recuperase y que los acreedores siguiesen cobrando. Los fondos buitre El 9% restante de la deuda es la que habían adquirido los llamamos “fondos buitre”, es decir, inversores que expresamente compran deuda en riesgo de suspensión de pagos (con tipos de interés muy altos pero con gran posibilidad de impago) para hacer negocio logrando por vía judicial que se pague al 100%. Para lograrlo, los buitres no aceptan nunca ningún tipo de reestructuración y pleitean en países favorables —normalmente Estados Unidos o Inglaterra— para reclamar cantidades multimillonarias por los títulos que poseen. Para ganar solo necesitan que el país se vea forzado a la reestructuración (y para ello hacen todo lo posible para que la economía en donde han comprado títulos se hunda) y que un juez les dé la razón, como últimamente ocurrió en Estados Unidos con la deuda propiedad de Paul Singer, el propietario de un fondo buitre de menos de 300 empleados que ahora pone en jaque a un país con más de 40 millones de habitantes.

La connivencia de los estados y las instituciones internacionales La influencia de estos fondos buitre sobre la deuda de los estados, y por tanto sobre la estabilidad de sus economías, fue deliberada y precisamente con el fin de debilitar a los gobiernos ante los poderes financieros privados. Comenzó cuando en los planes de los años 80 del siglo pasado dirigidos a “salvar” a las economías periféricas previamente endeudadas, se permitió que lo que hasta entonces hacía ese tipo de fondos de inversión con la deuda privada se hiciera también con la deuda soberana. Y, sobre todo, cuando el llamado Plan Brady permitió que los títulos públicos pudieran ser canjeados en mercados bursátiles, lo que multiplicó el número de prestamistas y dificultaba enormemente la negociación de los gobiernos con sus acreedores, pues muchos de ellos se ocultaban en el anonimato, justamente, para poder actuar más tarde como auténticos buitres.

Paralelamente, los organismos internacionales que patrocinaban y diseñaban todos estos planes obligaban a que los estados incorporasen cláusulas de renuncia a su propia jurisdicción y aceptaran la de tribunales extranjeros.

Lo que ha ocurrido ahora El problema al que actualmente se enfrenta Argentina es que se ha hecho firme una sentencia de un juez de Nueva York que en febrero de 2012 dio la razón, como siempre pasa en algún lugar u otro, al fondo buitre de Paul Singer y que obliga a pagarle en su totalidad los títulos que se dejaron de abonar en 2001.

Como en ocasiones anteriores, Argentina había hecho frente al pago correspondiente a las condiciones establecidas en la reestructuración mencionada depositando para ello 539 millones de dólares en un banco estadounidense. Pero con esta sentencia, el citado juez bloqueó el pago al establecer que también debe pagarle el 100% y con anterioridad a quienes, como acabo de decir, no aceptaron la medida, a los fondos buitre. Es decir, para satisfacer a algo menos del 1% el juez impide que se siga pagando al 99% restante de los acreedores.

Al bloquear ese pago es cuando se produce la paradoja: hay una suspensión de pagos (como inmediatamente afirma la agencia de calificación Standard & Poor’s para complicar las cosas favoreciendo a los acreedores y disparando las operaciones especulativas) porque los 539 millones de dólares no llegan a los acreedores, pero Argentina sí ha pagado, puesto que ha depositado el dinero con la intención de pagar.

Y lo malo es que el problema creado por esa sentencia no termina aquí: cuando se realizó la reestructuración, los acreedores que la aceptaron lo hicieron a condición de que si algún otro recibía en algún momento condiciones especiales (como ahora ocurre con el fondo buitre) el Estado argentino tendría que resarcirlos. Lo que significa que las indemnizaciones pueden multiplicarse y provocar entonces un problema insoluble para ese país (un llamado “efecto aceleración” de la deuda).

La otra paradoja es que ahora Argentina está de nuevo de rodillas antes los grandes grupos financieros a pesar de que ha cumplido regularmente con sus obligaciones, de que ha manifestado que tiene voluntad de pagar incluso la deuda que aún tiene en suspensión de pagos desde hace años, a pesar de que los acuerdos se consideraron favorables para la inmensa mayoría de los acreedores y a pesar de que ha aceptado todas las resoluciones judiciales. Le ha pasado lo que decía Rose Park que le ocurrió a la comunidad negra de Estados Unidos: “cuanto más obedecimos, peor nos trataron”.

Las conclusiones de esta historia tan rápidamente expuesta son claras: al no haber tribunales internacionales especializados y realmente independientes, los pueblos están al albur de quienes pueden influir en cualquier juez del juzgado más inhóspito. Las operaciones puramente especulativas y los financieros que deberían de ser un crimen económico contra la humanidad gozan de plena libertad mientras que los gobiernos representativos han de actuar con las manos atadas. El negocio de la deuda se nos impone a todos y por encima de cualquier otra lógica social o necesidad humana.

Es el imperio de los buitres sobre el mundo y Argentina volverá a pagarlo si el mundo no reacciona.

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Argentina: Soberanía y deuda externa

Dom, 10/08/2014 - 23:00
Adolfo Pérez Esquivel, Sin Permiso

Desde la época de la dictadura militar y la política económica impuesta por Martínez de Hoz, el país quedó amarrado hasta el día de hoy a los tribunales de EEUU y otros poderes y al modelo de desarrollo consolidado bajo la fuerza extorsiva del endeudamiento.

Ningún gobierno cuestionó la legitimidad o legalidad de la deuda generada durante la dictadura – con excepción del intento frustrado del Presidente Alfonsín y su primer Ministro de Economía – pese a que afecta grave y continuamente al pueblo y a la soberanía nacional.

Todos los gobiernos que precedieron al actual actuaron de la misma forma: ocultaron la verdadera situación del país y asumieron la deuda sin separar lo legítimo de lo ilegítimo. Firmaron tratados de libre comercio y de “protección a las inversiones”, ejecutaron las políticas de ajuste y privatización impuestas, y así llegamos al 2001 con todas sus consecuencias.

Tanto los gobiernos de Néstor como de Cristina Kirchner continuaron con la misma política, negándose a bajar el cuadro de la Deuda de la pared y manteniendo el sometimiento del país a tribunales extranjeros, cediendo la soberanía nacional. En otros términos, consolidaron la transformación del país en una colonia de las grandes potencias y empresas, que imponen las condiciones de financiamiento, inversión y comercio y la jurisdicción de tribunales o foros arbitrales, como Nueva York o el CIADI, que siempre los van a beneficiar.

Muchas organizaciones intentaron acercarse al gobierno para tratar la situación de la deuda externa y proponer alternativas ciertas, como la realización de una auditoria participativa e integral y la nulidad de las renuncias soberanas. Lamentablemente sin resultado, pese al antecedente valioso de Ecuador, ya que hasta ahora tanto el gobierno como el Parlamento, se niegan a investigar para determinar si realmente hay deuda legítima pendiente de pago.

Es preocupante que casi todos – el gobierno más la gran mayoría de la oposición – parecen desconocer el juicio sobre la deuda externa iniciado por el patriota Alejandro Olmos en el año 1982 y concluido en el 2000. El Poder judicial no ha declarado aún las nulidades respectivas ni seguido con ahínco las causas pendientes. El Poder ejecutivo tampoco ha impulsado los juicios y acciones complementarias correspondientes en función de las más de 470 ilicitudes comprobadas por el juez Ballestero en su decisión en la causa Olmos. Y el Parlamento ha omitido actuar sobre la misma para determinar las responsabilidades políticas de una deuda que continúa provocando graves daños al país.

En varias oportunidades fuimos al Congreso, con Alejandro Olmos y otros, tratando de reunirnos y a conversar con diputados y senadores. Pero siempre fue casi imposible. Si lográbamos reunir uno o dos, eran muchos; la indiferencia y falta de conocimiento de la situación y consecuencias de la deuda externa para el país, por parte de los legisladores, era casi total.

Hasta el día de hoy, han pasado otros 14 años y los diputados y senadores no han mostrado todavía la sabiduría y compromiso necesarios para cumplir con uno de sus mandatos constitucionales, indelegables: el de “arreglar” la deuda. Por eso las consecuencias de la misma siguen agravándose, provocando situaciones como la actual con la transferencia permanente de capitales a la especulación y la usura internacional y el juicio en los EEUU con sus fallos tan predecibles a favor de los “fondos buitre” que compran por nada y quieren llevar todo. Las consecuencias para el pueblo son siempre las mismas: mayor empobrecimiento, falta de recursos para el desarrollo del país, la salud, educación y la necesidad siempre pendiente de privilegiar la deuda interna con los derechos del pueblo y de la naturaleza.

Lo ocurrido con el embargo a la Fragata Libertad en Ghana fue grave y afectó la soberanía nacional, como ahora pasa con las amenazas de posibles embargos y bloqueos de fondos del país. El comportamiento de la justicia estadounidense – no sólo el juez Griesa sino además, la Cámara de Apelaciones y la propia Corte Suprema de EE.UU. – muestra con todo su peso que no toda ley es justa, ni tampoco ciego el Poder judicial.

Pero son conclusiones absolutamente previsibles y seguirán corriendo, y mal, a nuestro país, si no se encare a fondo el raíz del problema que no son los buitres precisamente, sino la entrega de nuestra soberanía a toda calaña de buitres que anda volando, tanto por aquí como por allá, y la negativa a asumir la ya comprobada ilicitud e ilegitimidad de la deuda. No sólo es repudiable la deuda hoy en garras de los buitres reconocidos sino toda la deuda pública, acumulada desde tiempos de la dictadura sobre la base de la represión, el fraude y la complicidad, la nacionalización de las deudas de las grandes empresas privadas, la fuga de capitales y otros crímenes más.

El gobierno debiera repensar la política a seguir y no caer en el “masoquismo político”, sabiendo los resultados que le espera, pero insistiendo en la misma receta. Es necesario recuperar la soberanía y fortalecer la capacidad de nuestro pueblo e instituciones para defendernos. Pero en vez de avanzar por ese camino, el gobierno con total impunidad e irresponsabilidad continúa sometiendo al país a tribunales extranjeros y ocultando al pueblo las cláusulas secretas, como en los acuerdos con Chevrón.

Hemos denunciado en reiteradas oportunidades que Chevrón es una empresa que escapó del Ecuador, siendo condenada por la justicia de ese país a pagar 9 mil millones de dólares por los daños ambientales, como a las comunidades indígenas, que rechazó reparar. Chevrón se niega a pagar, y la justicia ecuatoriana logra embargar sus inversiones en Argentina por los daños causados. Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia de la Argentina levanta el embargo a Chevrón, a fin de acordar con el gobierno nacional la explotación con el sistema del fracking en Vaca Muerta, en la provincia del Neuquén.

Una empresa con esos antecedentes actúa con total impunidad; hay que estar atentos a la situación y la explotación de los recursos energéticos, como el petróleo y el gas en la Provincia del Neuquén, en un país que ha renunciado a su soberanía y quedado a la merced de quienes pretenden ser sus acreedores. El otro antecedente preocupante a tener en cuenta es el acuerdo reciente con China, ya que reitera el gobierno la misma política de renunciar a la soberanía nacional, sometiéndose incluso a los tribunales de Gran Bretaña.

¿Pueden explicar por qué el gobierno se niega a actuar sobre las investigaciones y decisiones de la justicia argentina, o de realizar una Auditoria para separar la deuda legítima de la ilegítima e investigar los daños causados por la deuda externa e ilegítima al país? ¿Cuáles son los motivos para que el Parlamento y el Poder Judicial omiten impulsar las acciones que les competen al respecto?

Hoy el país sufre las consecuencias de la incapacidad y falta de voluntad política de parte de sus diversas autoridades, situación que genera mayor empobrecimiento, marginalidad y pérdida de los bienes comunes, que son patrimonio del pueblo y de la naturaleza y no del gobierno de turno.

Organizaciones sociales, de derechos humanos, sindicatos, movimientos populares y religiosos están movilizados reclamando a los tres poderes estatales argentinos –el Poder Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial-, que asumen sus responsabilidades de acuerdo a la Constitución Nacional y los derechos humanos.

Y que abran instancias de dialogo con todos los sectores sociales, sindicales y políticos, que deben ser escuchados en el ejercicio democrático para buscar salidas superadoras de los errores cometidos.
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Adolfo Pérez Esquivel es Premio Nobel de la Paz

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El gas de Gaza o por qué Israel quiere el exterminio Palestino

Dom, 10/08/2014 - 19:31

Manlio Dinucci, Red Voltaire

Y sigue la guerra por el gas. Después de haber atacado Siria y haberse repartido el gas de ese país antes de lograr conquistarlo, los occidentales atacaron Irak –utilizando para ello el Emirato Islámico– para cerrar el camino al gasoducto entre Irán y Siria. Y ahora están tratando de acabar con Hamas que es, como las demás ramas de la Hermandad Musulmana, un aliado de Washington, pero se opone al saqueo del gas palestino.

Para encontrar una de las causas del ataque israelí contra Gaza hay que profundizar porque esa causa se halla exactamente a 600 metros por debajo del nivel del mar y a 30 kilómetros de la costa de la franja de Gaza. Allí, en las aguas territoriales palestinas, se encuentra un importante yacimiento de gas natural, el llamado Gaza Marine, estimado en 30.000 millones de metros cúbicos y de un valor de varios miles de millones de dólares. Según un mapa elaborado por la agencia gubernamental estadounidense U.S. Geological Survey también existen otros yacimientos de gas y de petróleo en tierra firme, en Gaza y en Cisjordania.

En 1999, mediante un acuerdo firmado por Yaser Arafat, la Autoridad Palestina confía la explotación de Gaza Marine a un consorcio conformado por British Group y la compañía privada palestina Consolidated Contractors, que disponen respectivamente del 60 y el 30% de las acciones. El 10% restante correspondería al Fondo de Inversiones de la Autoridad Palestina. Se perforan 2 pozos, Gaza Marine 1 y Gaza Marine 2. Pero nunca llegan a iniciar la producción porque Israel, que quiere todo el gas a precios ínfimos, los bloquea.

A través del ex primer ministro británico Tony Blair, enviado del «Cuarteto para el Medio Oriente», se prepara un acuerdo con Israel, que priva a los palestinos de las tres cuartas partes de los futuros ingresos del gas y pone la parte que les toca en una cuenta internacional bajo control de Washington y Londres.

Pero, inmediatamente después de ganar las elecciones de 2006, el Hamas rechaza ese acuerdo, calificándolo de robo, y exige su renegociación. En 2007, el actual ministro israelí de Defensa Moshe Ya’alon declara que «el gas no podrá extraerse sin una operación militar que ponga fin al control del Hamas en Gaza».

En 2008, Israel desata contra Gaza la operación «Plomo Fundido». En septiembre de 2012, la Autoridad Palestina anuncia que, a pesar de la oposición del Hamas, ha reanudado las negociaciones con Israel sobre la cuestión del gas. Dos meses después, la admisión de Palestina en la ONU como «Estado observador no miembro» fortalece la posición de la Autoridad Palestina en las negociaciones. Pero Gaza Marine sigue bloqueado, lo cual impide que los palestinos puedan explotar la riqueza natural existente en su territorio.

La Autoridad Palestina se lanzó entonces por otro camino. El 23 de enero de 2014, durante el encuentro del presidente palestino Abbas con el presidente ruso Putin, se discutió la posibilidad de confiar a la compañía rusa Gazprom la explotación del yacimiento de gas de las aguas de Gaza. Así lo anuncia la agencia Itar-Tass, subrayando que Rusia y Palestina tienen intenciones de fortalecer la cooperación bilateral en el sector energético. En ese marco, además de la explotación del yacimiento marítimo de gas, se prevé también la de un yacimiento de petróleo en los alrededores de la ciudad palestina de Ramallah, en Cisjordania. Y la compañía rusa Technopromexport está dispuesta a participar en la construcción de una termoeléctrica de una potencia de 200 MW en la misma zona.

La formación de un nuevo gobierno palestino de unidad nacional, el 2 de junio de 2014, acrecienta las posibilidades de concretar el acuerdo entre Palestina y Rusia.

Diez días después, el 12 de junio, se anuncia el secuestro de los 3 jóvenes israelíes, encontrados muertos el 30 de junio, proporcionando así el casus belli que da inicio a la operación «Margen protector» contra la franja de Gaza. Operación que forma parte de la estrategia de Tel Aviv, que busca apropiarse de las reservas energéticas de toda la cuenca del Levante, incluyendo las de Palestina, las del Líbano y las de Siria.

Y también encaja en la estrategia de Washington que, con su apoyo a Israel, trata de garantizarse el control de todo el Medio Oriente impidiendo que Rusia vuelva a ganar influencia en la región.

Estamos ante una mezcla explosiva, cuyas víctimas son –otra vez– los palestinos.
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Ver también Ángela Merkel negoció en secreto el fracking para Europa
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Ángela Merkel negoció en secreto el fracking para Europa

Sáb, 09/08/2014 - 08:30

En el mes de junio, y mientras toda Europa disfrutaba del mundial de fútbol, Ángela Merkel dio pasos agigantados para introducir el fracking en Europa. Cada avance de la selección alemana en la ronda deportiva, tenía su contraparte en el desarrollo del gas de esquisto elaborado por Merkel. Y el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos permitirá establecer el marco jurídico que pavimentará el camino de las empresas de fracking (todas de EE.UU.) en el corazón de Europa.
Las negociaciones entre Angela Merkel y la administración de Barack Obama, mientras los goles de Müller y Goëtze inflaban las redes en Brasil, fueron completamente ignoradas por la prensa, y ni siquiera las filtraciones de algunos medios lograron llamar la atención. Esto da cuenta de la enajenación total que vive el mundo actual. El documento secreto lo dio a conocer Washington Post y NeoPresse, en pleno fulgor del mundial de fútbol. La verdad es que cuando publicamos Estados Unidos aprovecha derribo del MH17 para arrebatar a Rusia el mercado energético de Europa, este tema estaba bastante avanzado, como muestra este artículo de EU Observer: La UE quiere acceso garantizado al gas y petróleo de Estados Unidos, como parte de la revolución del esquisto que comienza a vivir Europa.

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Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Italia cae en su tercera recesión desde 2008 ¿terminó la recuperación europea?

Xov, 07/08/2014 - 21:49

El producto interno bruto italiano cayó inesperadamente en el segundo trimestre, haciendo que Italia entre en su tercera recesión desde 2008. El producto interno bruto se deslizó un -0,2 por ciento en el segundo trimestre, lejos de la esperada expansión del +0,1 por ciento, sumándose al descenso de -0,1 por ciento del primer trimestre, de acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Estadísticas Italiano, Istat, Respecto a la perspectiva anualizada, la caída del PIB italiano es de -0,3 por ciento, acumulando un retroceso de 14 años que instala el nivel del PIB en los niveles del año 2000. Esta mala cifra pone en riesgo el objetivo de crecer 0,3 por ciento durante el año 2014, y pulveriza las proyecciones de crecimiento para el próximo año estimadas en 1,1 y 1,3 por ciento.

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Gaza: los designios de Israel

Xov, 07/08/2014 - 18:21
Alejandro Nadal, La Jornada

El objetivo de la ofensiva israelí en Gaza se presenta, según Tel Aviv, en términos militares. Se trata, de acuerdo con los comunicados oficiales, de una embestida para cancelar la capacidad de las milicias Al-Qassam de Hamas de lanzar cohetes en contra de asentamientos en territorio israelí. Pero la desmesura de los ataques de las fuerzas de Israel hacen pensar en otro tipo de designios y de empresa. En realidad el objetivo es anular la esperanza y enfatizar el mensaje de que el pueblo palestino no tiene alternativa, carece de salida y debe abandonar cualquier expectativa sobre el surgimiento de un Estado autónomo.

Desde el punto de vista estrictamente militar, la ofensiva israelí en Gaza ha fracasado. Su objetivo no se cumplió. Las milicias de Hamas no han sido destruidas y conservan la capacidad de lanzar cohetes hacia asentamientos en Israel.

En el plano politico la ofensiva de Israel también fracasó. En los escombros de las escuelas de Gaza se hallan también los restos de la argumentación israelí sobre su derecho a defenderse. Es cierto que el orden jurídico internacional consagra el derecho de un Estado a protegerse frente a una agresión. Pero ese derecho se encuentra sujeto a varias disciplinas: la respuesta debe guardar proporcionalidad con la agresión y no debe acompañarse de crímenes de guerra o contra la humanidad. Israel ha violado ambas restricciones.

Es una historia conocida que se remonta hasta los orígenes. Al cumplirse 30 años de la fundación del Estado de Israel (1948) se abrieron los archivos de las fuerzas armadas, del Ministerio de Asuntos Extranjeros y de organizaciones como Haganah, con lo que fue posible hacer una nueva lectura de los hechos. Lo que descubrieron los historiadores es que la visión estándar sionista sobre el nacimiento del Estado israelí y la guerra de cinco décadas en contra de sus vecinos árabes no tenía nada de desinteresada y estaba marcada por graves sesgos y simplificaciones.

Los nuevos historiadores llevaron a cabo un análisis diferente sobre las raíces históricas de cinco decenios de guerras, masacres y relocalización forzada de pueblos enteros. Los trabajos de Avi Shlaim, Benny Morris, Ilán Pappe y Simha Flapan marcan un hito en este debate.

Según Shlaim, los hallazgos del nuevo análisis pueden sintetizarse alrededor de cinco vertientes de análisis: la postura británica al finalizar el mandato inglés en Palestina, la guerra de 1948, las causas del éxodo del pueblo palestino, los objetivos de los árabes y las razones del impasse político que vivimos hasta nuestros días.

Según la versión oficial sionista el gobierno británico trató de impedir la creación del Estado de Israel. Sin embargo, los nuevos historiadores han mostrado que Londres más bien fue un obstáculo a la creación de un Estado palestino. Su análisis también pudo mostrar que contrario a lo que señala la versión oficial, los estados árabes estuvieron divididos y no tenían un plan coordinado para destruir a Israel.

Durante la guerra de 1948 alrededor de 711 mil palestinos tuvieron que huir de los territorios que serían parte de Israel. Según la versión sionista, el nuevo Estado les pidió que se quedaran y se convirtieran en ciudadanos de pleno derecho. Según los nuevos historiadores, inicialmente un número de palestinos abandonó voluntariamente sus casas y tierras, pero un número mayor de palestinos fue expulsado de sus aldeas en una operación de limpieza étnica. Este es el origen de la nakba o catástrofe palestina.

La versión sionista también sostiene que Israel ha estado siempre en desventaja, pero el análisis histórico revela que aún en 1948 ese no fue el caso. Habría que añadir hoy que Israel es el único poseedor de armas nucleares en Medio Oriente. Y, finalmente, el callejón sin salida en el que se encuentra la región no es producto de la intransigencia árabe, ya que en muchos casos los líderes de Israel han rechazado ofrecimientos de paz genuina de los países árabes. La ocupación ilegal de la margen occidental del río Jordán, la destrucción de casas de palestinos, las masacres de Sabra y Shatyla, así como el bloqueo ilegal de Gaza son algunos ejemplos claros (no los únicos) de la cerrazón israelí.

El potencial militar de Hamas es limitado y en ningún momento constituye una amenaza seria a la seguridad del Estado de Israel. Pero su presencia entraña un mensaje esencialmente político. Por el sólo hecho de existir, Hamas y sus milicias envían una señal de resistencia cotidiana a sus interlocutores en Israel y de promesa a sus seguidores en los territorios palestinos, no sólo en Gaza. Los cohetes de Hamas son condenables, pero también lo es el bloqueo inhumano que aplica Israel desde hace siete años en Gaza. La respuesta desmesurada de Israel, con sus ataques de artillería y bombas a escuelas y hospitales (refugios conocidos y bien identificados) revela que Tel Aviv está obsesionada por otras consideraciones. Su objetivo central es mantener al pueblo palestino sin esperanzas sobre su futuro. Al tratar de hundir al pueblo palestino en un cruel sistema de guetos, Israel se destruye a sí misma.

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