Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6132125
Actualizado: fai 16 horas 9 min

Réquiem por la globalización

Mar, 15/03/2016 - 20:45
Germán Gorraiz López, Alainet

El fenómeno de la globalización económica ha conseguido que todos los elementos racionales de la economía estén inter-relacionados entre sí debido a la consolidación de los oligopolios, la convergencia tecnológica y los acuerdos tácitos corporativos, por lo que la irrupción de la crisis económica en la aldea global ha provocado la aparición de nuevos retos para gobiernos e instituciones sumidas en el desconcierto y en la incredulidad, retornando lenta pero inexorablemente a escenarios económicos desconocidos desde la II Guerra Mundial.

Así, la sustitución de la doctrina económica de Equilibrio presupuestario de los Estados por la del déficit endémico, (práctica que por mimetismo, adoptarán las economías domésticas y las empresas y organismos públicos y privados), ha contribuido a la desaparición de la cultura del ahorro, endeudamiento crónico y excesiva dependencia de la Financiación Exterior. Asimismo, la política suicida en la concesión de créditos e hipotecas de alto riesgo de las principales entidades bancarias mundiales que inmersos en la vorágine expansiva de la economía mundial del último decenio y en aras de optimizar su cuenta de resultados, habrían actuado obviando las más elementales normas de prudencia crediticia, convirtiéndose en meros brokers especulativos y descuidando las dotaciones a los Fondos de Provisión e Insolvencia.

Ello, unido a la falta de supervisión por parte de las autoridades monetarias de los índices de solvencia de las entidades bancarias, originó la crisis de las subprime de EE.UU., seguida de un goteo incesante de insolvencias bancarias, una severa contracción de los préstamos bancarios y una alarmante falta de liquidez monetaria y de confianza en las instituciones financieras. A ello se sumaría la instauración del consumismo compulsivo en los países desarrollados, favorecido por el bombardeo incesante de la publicidad, el uso irracional de las tarjetas de plástico, la concesión de créditos instantáneos con sangrantes intereses y la invasión de una marea de productos manufacturados de calidad dudosa y precios sin competencia, provenientes de los países emergentes, pues la obsesión paranoica de las multinacionales apátridas o corporaciones transnacionales, por maximizar los beneficios, (debido al apetito insaciable de sus accionistas, al exigir incrementos constantes en los dividendos), les habría inducido a endeudarse peligrosamente en aras del gigantismo, mediante OPAS hostiles e intensificando la política de deslocalización de empresas a países emergentes, en aras de reducir los costes de producción, (dado el enorme diferencial en salarios y la ausencia de derechos laborales de los trabajadores).

Sin embargo, la entrada en escenarios de recesión de países como Noruega, Canadá, Brasil, Rusia y Finlandia debido al desplome de las commodities y ciertos indicadores macroeconómicos recientes de países como China o EEUU han alertado del riesgo de que el estancamiento económico se adueñe de la economía mundial en el 2016 lo que aunado con la reciente subida de tipos de interés del dólar, hará que los inversionistas se distancien de los activos de renta variable y que los bajistas se alcen con el timón de la nave bursátil mundial, derivando en una psicosis vendedora que terminará por desencadenar el estallido de la actual burbuja bursátil. Dicha burbuja sería hija de la euforia de Wall Street (y por extrapolación del resto de bolsas mundiales) tras las políticas monetarias de los grandes bancos centrales mundiales que han inundado los mercados con centenares de miles de millones de dólares y euros con la esperanza de relanzar la economía, más aún cuando las colocaciones sin riesgo ( deuda de EEUU o de Alemania), no retribuyen nada a los inversionistas lo que aunado con un posible repunte del precio del crudo debido a factores geopolíticos desestabilizadores (Ucrania, Libia, Siria e Irak), podría producir un nuevo crash bursátil pues el nivel suelo de las Bolsas mundiales, (nivel en el que confluyen beneficios y multiplicadores mínimos), se movería en la horquilla de los 12.000-13.000 en Mercados Bursátiles como el Dow Jones, a años luz de los estratosféricos techos actuales, rememorando valores de octubre del 2008. Dicho estallido provocará la consiguiente inanición financiera de las empresas y subsiguiente devaluación de sus monedas para incrementar sus exportaciones y tendrá como efectos benéficos el obligar a las compañías a redefinir estrategias, ajustar estructuras, restaurar sus finanzas y restablecer su crédito ante el mercado (como ocurrió en la crisis bursátil del 2000-2002) y como daños colaterales la ruina de millones de pequeños inversores todavía deslumbrados por las luces de la estratosfera, la inanición financiera de las empresas y el consecuente efecto dominó en la declaración de quiebras e incrementos de la tasa de paro hasta niveles desconocidos desde la época de la II Guerra mundial aunado con incrementos espectaculares del déficit Público y de la Deuda Externa.

El retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría entre EEUU-Rusia tras la crisis de Ucrania y la mutua imposición de sanciones entre UE-Japón-EEUU por un lado y Rusia por el otro, marcarían el inicio del ocaso de la economía global y del libre comercio, máxime al haberse demostrado inoperante la Ronda Doha (organismo que tenía como objetivo principal de liberalizar el comercio mundial por medio de una gran negociación entre los 153 países miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y haber fracasado en todos sus intentos desde su creación en el 2011. Así, no sería descartable la implementación por las economías del Primer Mundo de medidas proteccionistas frente a los países emergentes (Fomento del Consumo de Productos nacionales) en forma de ayudas para evitar la deslocalización de empresas, subvenciones a la industria agroalimentaria para la Instauración de la etiqueta BIO a todos sus productos manufacturados, Elevación de los Parámetros de calidad exigidos a los productos manufacturados del exterior y la imposición de medidas fitosanitarias adicionales a los productos de países emergentes, lo que obligará a China, México, Brasil e India a realizar costosísimas inversiones para reducir sus niveles de contaminación y mejorar los parámetros de calidad, dibujándose un escenario a cinco años en el que se pasaría de las guerras comerciales al proteccionismo económico, con la subsiguiente contracción del comercio mundial, posterior finiquito a la globalización económica y ulterior regreso a los compartimentos estancos en la economía mundial.

Finalmente, el cambio de patrones de consumo de los países emergentes aunado con inusuales sequías e inundaciones y la aplicación de restricciones a la exportación de los principales productores mundiales para asegurar su autoabastecimiento, conseguirá desabastecer los mercados mundiales de productos agrícolas básicos para la alimentación (trigo, maíz, mijo, sorgo y arroz), elevar sus precios hasta niveles estratosféricos y provocar una nueva crisis alimentaria mundial que irá "in crescendo" hasta alcanzar su cenit en el horizonte del 2.020 y afectará especialmente a las Antillas, América Central, México, Colombia, Venezuela, Egipto, Corea de Norte, India, China, Bangladesh y Sudeste Asiático, ensañándose con especial virulencia con el África Subsahariana y pudiendo pasar la población atrapada en la hambruna de los 1.000 millones actuales a los 2.000 millones estimados por los analistas.

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Golpe blanco en Brasil

Mar, 15/03/2016 - 16:05
Emir Sader, Página 12

El último intento de golpe militar en America latina no resultó. Fue contra Hugo Chávez, en 2002. El fue secuestrado por mandos militares, llevado a una isla, aislado, mientras el entonces presidente de la asociación de empresarios asumía la presidencia, al lado de los propietarios de los medios venezolanos, en una fiesta típica de las oligarquías golpistas latinoamericanas.

Pero la fiesta duró poco. Cuando el pueblo supo lo que ocurría, tomó el palacio y expulsó al presidente de la asociación de empresarios, así como a los dueños de los medios. El más breve presidente de Venezuela tuvo que abandonar el palacio y el país, mientras que Chávez volvía a la presidencia en los brazos del pueblo.

A partir de aquel momento la derecha latinoamericana adhirió a formas de golpes blancos. Y fue desarrollando procesos políticos incipientes, con algunas medidas antineoliberales, pero todavía sin una configuración plenamente definida, sin apoyo parlamentario, para derrumbar a sus líderes. Sucedió así con Manuel Zelaya en Honduras y con Fernando Lugo en Paraguay.

Con acusaciones sin fundamento, pero intensamente difundidas por los medios, habían generado un clima favorable a la votación del impeachment de los presidentes. En el caso de Zelaya, con su secuestro y traslado hacia Costa Rica. En ninguno de los dos casos las acusaciones fueron comprobadas, pero la operación ya estaba en marcha y aprobada por el aparato judicial de los dos países. Los golpes blancos estaban dados.

Estos golpes blancos fueron condenados ampliamente, llegando incluso a que los gobiernos instalados tras el derrocamiento de Zelaya y Lugo fueran suspendidos de los organismos internacionales a que pertenecían –OEA, Mercosur, Unasur–, hasta que la legalidad institucional fuera restablecida, con nuevas elecciones. Sucedió así porque hay un entendimiento consensual en el continente de no reconocer a gobiernos que asuman rompiendo la legalidad por medio de golpes de Estado, aun los considerados blancos. Las elecciones se realizaron en esos países, pero los candidatos apoyados por los líderes depuestos no lograron triunfar, incluso por elecciones con fraude, en el caso de Honduras. En el caso de Paraguay, la división de las fuerzas que habían apoyado a Lugo dificultó también un triunfo electoral. No hay así condiciones para que golpes blancos sean aceptados en el consenso político democrático en América latina.

Brasil es un caso típico de derrota de la oposición en elecciones plenamente reconocidas pese a lo cual la oposición insiste en buscar pretextos para un impeachment de la presidenta Dilma Rousseff. No han encontrado ningún argumento real, pero insisten en el intento, como forma de sangrar al gobierno y de prolongar la inestabilidad política en el país.

Asimismo, no bastaría a la oposición eventualmente derrumbar a la presidenta con un impeachment, porque en nuevas elecciones el favorito es Lula. De ahí que parte del golpe blanco sea buscar sacar a Lula de la disputa electoral, mediante acusaciones igualmente sin fundamento, pero contando con sectores del sistema judicial que maniobran para forjar pruebas, con medios al servicio del golpe y con una Policía Federal que se presta a operaciones brutales de forma arbitraria.

Por ello la defensa de Lula se ha vuelto no sólo la defensa del más grande líder popular y democrático que Brasil jamás tuvo, sino también la lucha en contra del golpe blanco y la defensa de la democracia en el país. Atacar a Lula es parte de los intentos de golpe blanco. Ellos necesitan ser derrotados en todos los planos, porque la democracia brasileña no sobrevivirá con estos agentes de las nuevas dictaduras. Brasil necesita de líderes legitimados por el apoyo popular, cuya presencia en la vida política cotidiana fortalece a la democracia y hace renacer la esperanza de que Brasil pueda retomar la vía del desarrollo económico con distribución de la renta, que tanto bien hizo al país y a los brasileños.

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¿Estamos en la base de una crisis estructural del capitalismo?

Lun, 14/03/2016 - 03:01
Paul Walder, El Ciudadano

Las observaciones y proyecciones económicas para el año en curso esbozadas durante los últimos meses del 2015 comenzaron a desplegarse con mayor nitidez y amplitud que todos aquellos vaticinios. Las primeras semanas de enero fueron la clara expresión de nuevos momentos de crisis y precipitación de eventos, no todos ellos acotados a los mercados financieros y las estadísticas sino conectados con dramatismo con la economía real. Desde el inicio del descenso de los precios del petróleo y otros commodities hacia la mitad del 2014, numerosas compañías locales y transnacionales, en una enloquecida operación de reducción de costos, comenzaron a alivianar la carga mediante recortes en la producción, licuación de activos y términos de actividades de exploración de nuevos yacimientos. Un conjunto de medidas de achique que no se comparan con la más brutal de todas: la eliminación en masa de sus trabajadores.

Si este es el oscurecido rostro económico que exhibe el sector privado transnacionalizado, las áreas estatales también se muestran ensombrecidas. El violento desplome de los precios de las materias primas, pero especialmente del petróleo, alimento y vitamina para el crecimiento del capital, también ha reducido los ingresos fiscales de países exportadores de estos productos. Unos los sufren vía menores ingresos tributarios, como Chile, y otros, como Venezuela o Arabia Saudita, con industrias petroleras estatales, mediante una merma aún mayor de sus arcas fiscales. En todos los casos, las consecuencias se ven con claridad en la mella de sus programas sociales y en el ingreso a una etapa política de gran inestabilidad.

El mayor y más reciente evento en el espacio económico se expresó durante los primeros días del año en curso. Desde la primera jornada financiera del 2016, todo se ha venido cuesta abajo: el cobre, el petróleo, el maíz, el gas, otros commodities y todos los mercados de valores fueron empujados al suelo tras especulaciones respecto al futuro de la economía China como motor del crecimiento mundial. En medio de la caída de los precios de los commodities y la contracción de los mercados asiáticos globalizados, con efectos directos en el resto del mundo financiero, la pregunta que han esbozado numerosos analistas y oficiantes de los mercados es si vamos hacia una nueva recesión o de lleno hacia una depresión. Una interrogante que se suma a otra aún mayor: ¿Pudo la economía mundial salir efectivamente de la crisis explosionada el 2008?

La crisis global de las hipotecas impagables de finales de la década pasada se resolvió con la ayuda de los grandes bancos centrales e inyecciones astronómicas de dinero. Este impulso llenó el mundo de capitales y divisas, favoreció a China, como motor de la producción y el crecimiento mundial, y ayudó a países exportadores de materias primas, como es el caso de Chile o de los productores de petróleo. El fuerte crecimiento chino y su demanda de commodities explicó el consumo y los altos precios de los recursos naturales durante los primeros años de esta década.

¿Crisis cíclica? Ese ciclo de altos precios y consumo de masas ha llegado a su fin. El círculo virtuoso de crecimiento económico ha terminado, como tantos otros en la historia del capitalismo. Hace un año y seis meses el valor del crudo estaba en unos 115 dólares el barril. Durante las primeras semanas de enero rompió el piso de los 30 dólares. Y lo mismo con el cobre, que se mantuvo durante los primeros años de la década sobre los cuatro dólares y hoy está pegado en torno a los dos dólares.

Es posible que este freno de las actividades productivas sea la expresión de uno de los múltiples ciclos del sistema capitalista, tal como las crisis asiática, argentina, punto com o subprimes. En este caso, tras un periodo difícil, de austeridad y de ciertas complicaciones políticas, el modelo volvería a un periodo de crecimiento. En cuanto a plazos, los observadores del establishment financiero, tales como los grandes bancos y agencias de inversión, estiman que no será ni éste ni el próximo año. El precio del petróleo, claro indicador histórico sobre los ciclos de la economía capitalista, se mantendrá bajo durante estos dos años. Una readecuación de las inversiones estimularía nuevamente la demanda en el mediano plazo alzando los precios del crudo y el crecimiento económico en general.

No son pocos los analistas que afirman que éste no es el caso. La intervención de los estados y bancos centrales la década pasada pudo ser la última vuelta posible de la rosca del modelo neoliberal por lo que estaríamos en las puertas del fin de un ciclo de larga duración del sistema capitalista. Estaríamos ante el fin de un ciclo estructural provocado por las propias contradicciones internas del capitalismo, hipótesis trabajada desde hace largos años por profesores como David Harvey o Immanuel Wallerstein.

¿Por qué han bajado tanto los precios del petróleo en tan poco tiempo? Los actuales precios del crudo son los menores registrados desde comienzos de la década pasada durante las crisis asiáticas y argentina, en tanto en el trance de las subprimes cayeron por un breve periodo sólo bajo los 40 dólares tras haber tocado máximos históricos sobre los 130 el año anterior. En cualquier caso, estos hitos y tendencias tuvieron una clara relación con la evolución de otros indicadores de la economía y, por cierto, con la geopolítica. El desarrollo histórico de los precios del crudo tampoco puede desligarse de los acontecimientos en Oriente Medio, la región del planeta productora de aproximadamente un tercio del petróleo que consume el mundo.

Problemas de sobre oferta Si todas las anteriores crisis petroleras habían tenido una directa vinculación con trastornos económicos o geopolíticos, la actual matiza estas variables. El proceso de caída libre del crudo iniciado el 2014 ha sorprendido a todos los analistas y agencias de inversiones, cuyos pronósticos fallaron estrepitosamente. Todos estos bancos y firmas asesoras establecieron entonces que el petróleo seguiría en alza para terminar aquel año alrededor de los 115 dólares. A más de un año de esos fallidos pronósticos, tendría que suceder un evento de gran magnitud e impacto para torcer la tendencia descendente que no ha hallado ningún freno. Porque la caída en los precios ha venido ocurriendo pese a un Oriente Medio en llamas.

Para explicar la caída en los precios los economistas del establishment recurren a las clásicas variables del mercado. Aquí habría problemas de oferta y de demanda. De partida, la caída en la demanda debido a un mundo con una economía estancada desde las crisis de la década pasada. Y como los productores necesitan también recursos, han aumentado la producción generando un mercado con excedentes.

Ante estas bajas, analistas ligados a bancos de inversión y firmas similares se preguntan por qué la OPEP se ha quedado de brazos cruzados. Algo ha hecho, pero sin llegar a acuerdos. Los saudíes han preferido mantener su cuota de mercado y no apoyar los precios con un recorte de la producción. Por su lado, Irak reduce sus precios para sus clientes asiáticos, siguiendo la estrategia de Irán y Arabia y, desde este año, Irán ingresó con fuerza en los mercados mundiales al gozar del fin de las sanciones impuestas por “occidente”.

Junto a este conjunto de variables, hay una serie de nuevos factores que también presionan los precios. Desde inicios de la década circulaban informes que apuntaban al sistema de fractura hidráulica, más conocida como fracking o también esquisto, como la tecnología que permitiría a Estados Unidos convertirse en el principal productor de crudo del mundo. Tras la crisis de las subprimes y las inyecciones de capital de los bancos centrales de los países desarrollados, el petróleo rompió la barrera de los cien dólares atrayendo a nuevos inversionistas a colocar sus activos en el fracking, tecnología de extracción de altos costos pero bastante rentable con un petróleo sobre los 70 y 80 dólares. Durante los primeros años de la década el fracking logró inundar los mercados petroleros, pero como amarga contradicción, también su aniquilación: la sobre oferta deprimió los precios internacionales del crudo y hoy ha llevado a la quiebra a no pocas empresas e inversionistas en este tipo de tecnología con consecuencias aún por verse.

También de insuficiente demanda La otra explicación de la baja está en la demanda. Es un hecho que desde la crisis de las subprimes el mundo desarrollado representado por Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, no han logrado superar por sí mismos esa crisis. Ese gran trance, fue remontado en parte con el protagonismo de China. Fue una nueva vuelta de tuerca a la máquina del consumo y producción manufacturera que benefició durante varios años a los países productores de materias primas. El alto precio de los commodities por largos años permitió que las naciones emergentes, como el caso de las latinoamericanas, pudieran sortear la crisis de una manera exitosa pero también ilusoria. En el caso de Chile, que gozó de un precio promedio del cobre sobresaliente durante el inicio de la actual década, permitió olvidar rápidamente tales obstáculos al disfrutar de altas tasas de crecimiento del PIB.

Hoy, a menos de diez años del colapso de las subprimes, hay señales, esta vez desde China, de serios problemas en la economía mundial. Lo que en estos días parece quedar en evidencia es una economía mundial incapaz de superar las trabas estructurales que condujeron a la crisis pasada. Lo que está expresando el derrumbe de las bolsas de valores planetarios y la caída de los precios de los commodities es una recaída, manifestada en otros mercados, de la economía global. Pero esta vez hay motivos de aún mayor preocupación. Por un lado tenemos la evidencia que los países desarrollados golpeados durante la década pasada nunca lograron levantarse con fuerza como para sostener una demanda persistente en el tiempo. Junto a ello, tenemos una desaceleración de la economía china, efecto que se ha transmitido de manera dramática a las economías de los países emergentes. Brasil, y varios otros países latinoamericanos terminarán este año con cifras negativas.

El momento actual ha tocado en la línea de flotación a las economías latinoamericanas. Aun cuando no se acerca a la crisis de la deuda de los años ochenta, aquella década “perdida”, hay aspectos que son, por el momento, preocupantes. Por un lado, está el efecto directo de la desaceleración china, que es la caída de los precios de las principales exportaciones y de los ingresos de divisas. Ello, a su vez, ha conducido a un fuerte proceso devaluatorio, con complicaciones cambiarias. Aun cuando una moneda devaluada favorece a los exportadores, no lo hace con el conjunto de la economía. De prolongarse y aumentar este proceso habrá alzas en los precios de productos importados o con componentes importados y aumentos en las deudas en dólares contraídas por las empresas. Si a estas variables le agregamos el alza en las tasas de interés en Estados Unidos, que podrían aumentar aún más en el corto plazo, veremos amplificado este fenómeno, con consecuencias ciertamente negativas a partir de este momento.

El petróleo es en la actualidad el motor del crecimiento económico. La relación es directa. Como escribe Alejandro Nadal en La Jornada de México, la industria energética lleva a cabo grandes inversiones y sus efectos multiplicadores en la economía son muy fuertes. “Una parte significativa del crecimiento de la economía estadounidense después de la crisis de 2008 se debió a las inversiones del sector energético (y, en especial, del fracking). Pero cuando las empresas petroleras tienen que aplicar el freno de emergencia, el efecto de contracción, con todos sus multiplicadores, no tarda en manifestarse. La crisis global sigue evolucionando”.

¿O crisis estructural? Son muchos los observadores, analistas y teóricos que prevén una crisis estructural o fin del capitalismo tal como lo conocemos hoy en día. Desde la crisis del 2008 los países desarrollados no han logrado mantener tasas importantes de crecimiento, en tanto otros, como Grecia o España, siguen empantanados. Y si desde entonces el empuje vino desde China, Brasil, Rusia y emergentes pequeños, hoy ninguna de estas naciones está en condiciones de alterar el proceso de vaciamiento económico. Estaríamos en una etapa desconocida durante los últimos siglos, un periodo de cambios estructurales que pasan, necesariamente, por la destrucción de las actuales bases.

Harvey sostiene con bastante claridad esta hipótesis en su ensayo del 2014 “Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo”. Hay suficientes argumentos, no externos, sino inherentes al capitalismo en su actual fase neoliberal, que anidan y despliegan su autodestrucción. Numerosos aspectos demasiado evidentes, desde la caída de las tasas de ganancia a la destrucción ambiental, desde la impúdica desigualdad al control de los mercados por los monopolios, los cuales impiden la reproducción del capital. Wallerstein, en su esquema del sistema mundo, confronta la teoría de los largos ciclos históricos (inspirado en Fernand Braudel), haciendo coincidir con los actuales padecimientos el fin de uno de aquellos largos períodos. Vivimos el fin de un ciclo histórico de larga duración y el inicio de otro, aun cuando incierto en su desarrollo y contenido.

Sean éstas hipótesis acertadas, erradas o todavía adelantadas, hay en los presentes episodios un aspecto que estimula una de las más agudas contradicciones del capitalismo. Tras algunos años de distensión, hoy el papel de la clase trabajadora ha sido relegado nuevamente a las canteras del origen del desarrollo del capital. Esta contradicción quedó expresada con una claridad palmaria y pasmosa en la exposición que hizo de forma muy singular Oxfam en la exclusiva reunión de las elites en Davos, Suiza, en enero pasado. Un informe de la ONG concluyó que las 62 personas más ricas del mundo acumulan más capitales que la mitad más pobres.

En los últimos cinco años esos 62 acaudalados vieron incrementar sus riquezas en 44 por ciento mientras la de la mitad más pobre se redujo en 41 por ciento. Una muestra precisa de aquel fenómeno venenoso propio del neoliberalismo que Harvey denomina “acumulación por desposesión”.

Se trate de una crisis cíclica o estructural, la realidad es que hemos ingresado en un largo corredor lleno de riesgos, que desde la economía inundan los escenarios sociales y políticos. La crisis es seria y no está acotada al sistema financiero, sino se ha extendido, como hemos citado, a los precios del petróleo y otros commodities. El crudo, y no sólo las bolsas de valores, actúa como una alarma sobre el mal estado de la economía mundial. En este contexto, podemos recordar que durante enero las pérdidas acumuladas en Wall Street ascendieron a más de 1,6 millones de millones de dólares. Una cantidad impresionante que será, sin ninguna duda, trasladada desde el uno por ciento más rico a los trabajadores, consumidores y ciudadanos en general mediante recortes salariales, alzas de precios y otras estrategias. Una nueva movida para el engorde neoliberal o para la acumulación por desposesión.

El desplome no es considerado como portador de buenas noticias, nos alerta el economista Alejandro Nadal. “Al contrario, es un muy mal presagio de que la economía mundial seguirá empantanada en un entorno recesivo por varios años”.

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La política de la ira

Dom, 13/03/2016 - 21:20
Dani Rodrik, Project Syndicate

Tal vez lo único que sorprende de la reacción populista que ha abrumado a la política en muchas democracias avanzadas sea que haya tardado tanto en llegar. Incluso hace dos décadas era fácil predecir que la falta de voluntad de los políticos dominantes para ofrecer remedios contra la inseguridad y la desigualdad de nuestra era hiperglobalizada abriría un espacio político para los demagogos con soluciones fáciles. En esa época fueron Ross Perot y Patrick Buchanan; hoy son Donald Trump, Marine Le Pen y varios más.

La historia nunca se repite exactamente, pero sus lecciones no dejan de ser importantes. Debemos recordar que la primera época de la globalización, que alcanzó su cúspide en las décadas previas a la Primera Guerra Mundial, produjo eventualmente una reacción política todavía más grave.

La evidencia histórica ha sido bien resumida por mi colega de Harvard, Jeffry Frieden. En el apogeo del patrón oro, sostiene Frieden, los actores políticos dominantes tuvieron que restar importancia a la reforma social y la identidad nacional porque priorizaron las vinculaciones económicas internacionales. La respuesta asumió dos formas fatales en el período de entreguerras: los socialistas y los comunistas eligieron la reforma social, mientras que los fascistas prefirieron la reafirmación nacional. Ambos caminos se alejaban de la globalización y propugnaban un cierre económico (y cosas mucho peores).

La reacción actual probablemente no llegue a tanto. Sin importar cuán costosos hayan sido los trastornos derivados de la Gran Recesión y la crisis del euro, palidecen frente a los de la Gran Depresión. Las democracias avanzadas han creado —y mantienen (a pesar de los reveses recientes)— amplias redes de seguridad social en forma de seguros de desempleo, jubilaciones y beneficios familiares. La economía mundial ahora cuenta con instituciones internacionales funcionales —como el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio (OMC)— que no existían antes de la Segunda Guerra Mundial. En último lugar, pero no por ello menos importante, los movimientos políticos extremistas como el fascismo y el comunismo han sido en gran medida desacreditados.

De todas formas, los conflictos entre una economía hiperglobalizada y la cohesión social son reales, y las élites políticas dominantes los ignoran por su cuenta y riesgo. Como sostuve en mi libro de 1997 ¿Ha ido demasiado lejos la globalización?, la internacionalización de los mercados de bienes, servicios y capital abre una brecha entre los grupos cosmopolitas, profesionales y capacitados que pueden aprovecharla, y el resto de la sociedad. Se exacerban dos tipos de divisiones políticas en este proceso: una identitaria que gira alrededor de lo nacional, las etnias o la religión; y una de ingresos, vinculada con las clases sociales. Los populistas basan su atractivo en una u otra de estas divisiones. Los populistas de derecha como Trump hacen política de identidad. Los populistas de izquierda como Bernie Sanders enfatizan el abismo entre los ricos y los pobres.

En ambos casos queda claro quién es el «otro» hacia el cual dirigir la ira. ¿Apenas llegas a fin de mes? Son los chinos los que han estado robado nuestros empleos. ¿Te molesta el crimen? Son los mexicanos y otros inmigrantes que traen sus luchas de pandillas al país. ¿Terrorismo? Pues, son los musulmanes, por supuesto. ¿Corrupción política? ¿Qué puedes esperar cuando los grandes bancos financian nuestro sistema político? A diferencia de las élites políticas dominantes, los populistas pueden señalar fácilmente a los culpables de los males de las masas.

Por supuesto, los políticos dominantes están comprometidos porque fueron quienes tomaron las decisiones todo este tiempo, pero también están inmovilizados debido a su narrativa central, que huele a inacción e impotencia.

Esta narrativa culpa a fuerzas tecnológicas que están más allá de nuestro control por el estancamiento de los salarios y la creciente desigualdad. Trata a la globalización y las normas que la sostienen como algo inexorable e inevitable. El remedio que ofrece —la inversión en educación y habilidades— promete pocas recompensas inmediatas y, en el mejor de los casos, daría resultado dentro de años.

En realidad, la economía mundial actual es producto de decisiones explícitas que los gobiernos han tomado en el pasado. Fue una decisión no detenerse en el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por su sigla en inglés) y crear la OMC, mucho más ambiciosa y entrometida. De manera similar, será una elección la de ratificar los futuros megaacuerdos comerciales, como el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica y el Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión.

Fue decisión de los gobiernos relajar las normas financieras y procurar la completa movilidad transfronteriza del capital, así como fue una elección mantener estas políticas casi intactas a pesar de la tremenda crisis financiera mundial. Y, como Anthony Atkinson nos lo recuerda en su magistral libro sobre la desigualdad, incluso el cambio tecnológico no es inmune a la capacidad de agencia del gobierno: los responsables de las políticas pueden hacer muchas cosas para influir sobre la dirección del cambio tecnológico y garantizar que genere más empleos e igualdad.

El atractivo de los populistas es que dan voz a la ira de los excluidos. Ofrecen una grandiosa narrativa y soluciones concretas, aun cuando sean engañosas y, a menudo, peligrosas. Los políticos dominantes no recuperarán el terreno perdido hasta que también ellos ofrezcan soluciones serias que dejen lugar a la esperanza. Deben dejar de esconderse detrás de la tecnología o la globalización inevitables, estar dispuestos ser audaces y encarar reformas de gran escala que afecten la forma en que funcionan las economías locales y la mundial.

Si una de las lecciones de la historia es el peligro de los estragos de la globalización, otra es el de la maleabilidad del capitalismo. Fueron el New Deal, el estado de bienestar y la globalización controlada (bajo el régimen de Bretton Woods) los que eventualmente revitalizaron las sociedades orientadas a los mercados y llevaron al boom de la posguerra. Estos logros no se produjeron con ajustes superficiales y pequeñas modificaciones de las políticas existentes, sino una ingeniería institucional radical.

Señores políticos moderados, tomen nota.

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La caída de la demanda: ¿secuela reptando la realidad?

Dom, 13/03/2016 - 07:01
Immanuel Wallerstein, La Jornada

La ideología neoliberal ha dominado el discurso mundial durante los primeros 15 años del siglo XXI. El mantra ha sido que la única política viable para gobiernos y movimientos sociales era otorgar prioridad a algo conocido como mercado. La resistencia a esta creencia se volvió mínima, en tanto partidos y movimientos que se dicen a sí mismos de izquierda, o por lo menos de centro-izquierda, abandonaron su tradicional énfasis en medidas propias de un Estado de bienestar y aceptaron la validez de esta posición orientada al mercado. Arguyeron que por lo menos se podría suavizar su impacto reteniendo alguna pequeña parte de las históricas redes de seguridad construidas por más de 150 años.

La política resultante fue una que radicalmente redujo el nivel de impuestos para los sectores más acaudalados de la población, lo que por tanto incrementó la brecha del ingreso entre este sector acaudalado y el resto de la población. Las firmas, en especial las grandes, pudieron incrementar sus niveles de ganancia reduciendo o dislocando sus empleos.

La justificación ofrecida por sus proponentes fue que, con el tiempo, esta política volvería a crear los empleos que se habían perdido y que habría algún efecto de derrama del valor incrementado que podría crearse si se permitía que el mercado prevaleciera. El llamado mercado nunca fue una fuerza independiente de la política. Pero esta verdad elemental fue diligentemente pasada por alto o, si alguna vez se le discutía, se le negaba con ferocidad.

¿Terminó aquel día? ¿Hay lo que en un reciente artículo de Le Monde se le llama un regreso tímido de las instituciones del establishment a una preocupación por sostener la demanda? Ocurrieron por lo menos dos signos de esto, ambos de peso considerable. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha sido por mucho tiempo el pilar más fuerte de la ideología neoliberal, e impone sus requisitos a todos los gobiernos que le solicitan préstamos. No obstante, en un memorándum emitido el 24 de febrero de 2016, el Fondo Monetario Internacional expresó sus preocupaciones en público en relación con lo anémica que se ha tornado la demanda. Urgió a que los ministros de Finanzas del G-20 se movieran más allá de las políticas monetarias para dar aliento a las inversiones en vez de a los ahorros, para sostener la demanda creando empleos. Esto significa un viraje muy fuerte para el FMI.

Más o menos al mismo tiempo (el 18 de febrero), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el segundo pilar en importancia en cuanto a ideología neoliberal, difundió un memorándum anunciando un viraje semejante. Y dijo que era urgente involucrarse colectivamente en acciones que pudieran sostener la demanda mundial.

Por eso mi pregunta: ¿se cuela reptando la realidad? Bueno, sí, aunque sólo sea tímidamente. El hecho es que, a escala global, el crecimiento prometido en producción de valor agregado no ha ocurrido. Por supuesto la caída es dispareja. China sigue creciendo, aunque sea a un ritmo reducido, uno que amenaza con caer aún más. Estados Unidos parece seguir creciendo, en gran medida porque, relativamente, el dólar sigue pareciendo el lugar más seguro para que los gobiernos y los ricos estacionen su dinero. Pero la deflación parece haberse vuelto la realidad dominante de casi toda Europa y de casi todas las llamadas economías emergentes del sur global.

Ahora todos estamos en un juego de espera. ¿Acaso las tímidas jugadas recomendadas por el FMI y la OCDE restañarán la realidad de una demanda mundial en declive? ¿Podrá resistir el dólar una ulterior pérdida de la confianza en su capacidad para ser un repositorio estable del valor? ¿O nos movemos hacia un alocado vaivén mucho mayor y más severo en el llamado mercado, con todas las consecuencias políticas que esto sin duda acarreará?

Una caída en la demanda mundial es la consecuencia directa de una reducción en el empleo mundial. En los últimos 200, inclusive 500 años, cada vez que había un cambio tecnológico que desaparecía empleos en alguno de los sectores productivos, los obreros que estaban perdiendo su empleo resistieron estos cambios. Quienes resistían se involucraron en las llamadas demandas ludditas de mantener la tecnología previa.

Políticamente, la resistencia luddita siempre ha demostrado ser infructuosa. Las fuerzas del establishment dijeron siempre que se crearían nuevos empleos en reemplazo de aquellos que se perdieron, y que se renovaría el crecimiento. Y era cierto. De hecho se crearon nuevos empleos –pero no entre los trabajadores de cuello azul. Más bien los nuevos empleos fueron trabajos de cuello blanco. Como resultado, y en el más largo plazo, la economía-mundo vio una reducción en los empleos de cuello azul y un aumento significativo en el porcentaje de los trabajadores de cuello blanco.

Se ha asumido siempre que los empleos de cuello blanco estaban exentos de eliminación. Se suponía que estos empleos requerían interacciones de humanos con otros humanos. Se pensaba que no había máquinas que pudieran reemplazar al trabajador humano. Bueno, eso ya no es así.

Ha habido un gran avance tecnológico que permite que las máquinas realicen cálculos de enormes cantidades de datos que hasta ahora fueron el ámbito de asesores financieros de nivel bajo. De hecho estas máquinas están en camino de eliminar puestos de trabajo de esos empleos de cuello blanco de nivel bajo. Con seguridad, esto todavía no ha afectado a los que podrían llamarse puestos de supervisión o mayor nivel. Pero uno puede ver para dónde sopla el viento.

Cuando los puestos de cuello blanco eran eliminados o reducidos en número, de hecho fueron reemplazados por nuevos puestos de cuello blanco. Sin embargo, ahora, cuando desaparecen puestos de cuello blanco, ¿dónde está el contenedor de los nuevos empleos que vayan a crearse? Y si no pueden ser localizados, el efecto global es que disminuyen severamente la demanda efectiva.

Sin embargo, la demanda efectiva es el sine qua non del capitalismo como sistema histórico. Sin una demanda efectiva, no puede haber acumulación de capital. Ésta es la realidad que parece colarse reptando. No sorprende entonces que se expresen las preocupaciones. Pero no es probable que los tímidos intentos de lidiar con esta nueva realidad hagan, de hecho, una diferencia. La crisis estructural de nuestro sistema está en plena expansión. La gran pregunta no es si podemos reparar el sistema, sino con qué vamos a reemplazarlo.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Abandonar el euro es el camino más rápido para que España alcance el pleno empleo

Sáb, 12/03/2016 - 02:00
Mark Weisbrot, El Economista

Las elecciones de diciembre en España fueron la prueba, si alguien la necesitaba, de que la lucha por el futuro económico y social de Europa está lejos de llegar a su fin.

Por primera vez en tres décadas, ninguno de los dos grandes partidos que han gobernado en España desde su transición incompleta a la democracia ha sido capaz de formar una coalición de gobierno. El partido de derechas en el gobierno en funciones, el Partido Popular (con raíces en la dictadura fascista de Francisco Franco) sigue siendo el partido con mayor presencia en el Congreso, pero su representación se ha reducido un tercio.

Al partido de centro-izquierda (PSOE), que perdió su mayoría frente al PP en 2011 por su respaldo a la austeridad, le fue incluso peor. Muchos de sus antiguos votantes fueron a parar principalmente a Podemos, un nuevo partido de izquierda, con menos de dos años de vida, que nació de las masivas protestas contra la austeridad.

Podemos sorprendió a los gabinetes demoscópicos y a la mayoría de los medios de comunicación al conseguir el 20,7% de los votos, a sólo 1,3 puntos del PSOE. El PP obtuvo el 28,7% y un nuevo partido, denominado Ciudadanos, que algunos han calificado como 'el Podemos de derecha', obtuvo el 13,9%.

La agitación política que rompió el sistema bipartidista en España forma parte de un proceso en curso que ha asediado a los gobiernos europeos desde la recesión mundial de 2009. Se estima que el PIB de los diecinueve países de la Eurozona ha crecido un 1,5% en 2015; algunos pueden haber pensado que una recuperación económica tan débil y la capitulación del gobierno griego ante las demandas europeas el pasado julio marcan el principio de una solución al malestar económico de Europa.

Esto todavía dejaría una multitud de problemas, tanto reales como sobredimensionados: la crisis migratoria, el terrorismo, el referéndum propuesto en Reino Unido sobre la pertenencia a la UE. Pero el problema económico está en el centro de la mayor parte de problemas y puede dificultar considerablemente su solución. La llegada de hasta un millón de inmigrantes a una población europea de más de 503 millones de personas no sería tan volátil políticamente si la región no conociera además un desempleo masivo y una inseguridad económica prolongada.

Los problemas de Europa La solución del problema económico se enfrenta a dos obstáculos principales: primero, la pérdida de soberanía económica y democracia, que permitirá, en los casos en que no les fuerce, a los gobiernos cambiar de dirección frente al fracaso económico a largo plazo; y segundo, las narrativas falsas con las que generalmente se presenta al público la economía europea, propagando un diagnóstico equivocado.

La pérdida de soberanía económica es la principal razón de que la zona Euro tenga una tasa de desempleo más de dos veces superior a la de Estados Unidos. Incluso si los votantes estadounidenses hubieran elegido a Mitt Romney en 2012, éste no se hubiera atrevido a hacer lo que los gobiernos de la Eurozona (especialmente los de los países más vulnerables) han hecho, ya que habría supuesto un obstáculo a su reelección. Los países de la Eurozona cedieron el control sobre sus políticas macroeconómicas más importantes: la política monetaria (incluidos los tipos de interés), la política de la tasa de cambio (adoptando el euro) y cuando empezaron los problemas descubrieron que también su política fiscal (impuesto y gasto público) podía ser incautada por una élite ajena a sus intereses.

Sin soberanía económica nacional, hay poco lugar para la democracia en la política económica. Esta debiera de haber sido la lección que todos deberíamos haber extraído de los últimos siete años. Los países de la Eurozona entregaron su soberanía a un grupo de personas con una agenda política bastante hostil a los intereses de la mayoría de los europeos (un grupo al que los ciudadanos jamás hubieran votado). Yanis Varoufakis, ministro de Finanzas bajo el primer gobierno del primer ministro Alexis Tsipras entre enero y julio del año pasado, ha señalado que el Eurogrupo de ministros de economía y finanzas (con quienes trataba de negociar el futuro de Grecia) "ni fue elegido ni rinde cuentas a nadie" y que ni siquiera cuenta con un estatus legal. Pero la llamada 'troika', que ha dictado muchas de las decisiones económicas a Grecia en los últimos seis años de recesión (el Banco Central Europeo (BCE), la Comisión Europea y el FMI), no es muy diferente.

Hay una serie de documentos que detallan la agenda económica de la troika y el Eurogrupo. El artículo IV del Convenio Constitutivo del FMI requiere que los países miembros mantengan reuniones regulares con el FMI y que éstas deriven en un informe que describa el estado actual de la economía y recomiende diferentes políticas. Una ojeada a 67 de las denominadas reuniones del artículo IV para los 27 países de la UE entre 2008 y 2011 muestra un patrón sorprendentemente consistente.

Hay recomendaciones orientadas a reducir el empleo y los salarios en el sector público, recortar el gasto en pensiones y asistencia sanitaria, endurecer las condiciones para optar a seguro de desempleo y otras medidas para incrementar la fuerza de trabajo, modificar leyes para que reduzcan el poder de negociación de los trabajadoras, entre otros muchos cambios tendentes al aumento de la desigualdad.

En la medida en que estos documentos son un producto de la negociación entre los funcionarios del ministerio de finanzas y el personal del FMI (dirigido por directores europeos) representan un consenso de élite muy alejado de lo que los ciudadanos de estos países querrían o manifestarían a través de su voto. Como era de esperar, son estas mismas políticas las que se han implementado, con especial insistencia en los países más vulnerables de la Eurozona, desde 2010. Alemania y la austeridad La lucha en curso es, por tanto, mucho más que el habitual conflicto entre acreedores y deudores, o incluso entre países acreedores y países deudores (a pesar del evidente liderazgo de Alemania en el bando de la austeridad). De hecho, los acreedores privados griegos vieron reducidos en un 50% en sus principales bonos a principios de 2012, a pesar de que pudo haberse evitado en su mayor parte con simple respaldo del BCE a los bonos griegos cuando empezaron a tener problemas en 2009.

Esto es lo que teóricamente debe hacer un banco central y lo que el BCE finalmente hizo con los bonos españoles e italianos en julio de 2012, cuando el presidente del BCE Mario Draghi anunció que iba hacer "todo lo que sea necesario" para asegurar la estabilidad del euro. Estas cinco palabras pusieron fin a la parte financiera de la crisis europea; el momento crítico se hizo evidente en los intereses de los bonos de los gobiernos español e italiano, que cayeron de picos insostenibles de 6 e incluso 7% a alrededor de 1,6% en la actualidad (bonos italianos a diez años).

La pregunta que quedó sin responder es: ¿por qué el BCE no hizo esto dos años antes, y evitó así las crisis que se repitieron en 2011 y 2012? La respuesta puede encontrarse en los documentos del Artículo IV del FMI, así como en las declaraciones de los funcionarios europeos. En una reunión del Artículo IV con Francia en 2009 se puede leer: "La experiencia histórica indica que consolidaciones fiscales exitosas se hicieron con frecuencia en medio de recesiones económicas o en estadios iniciales de recuperación".

En otras palabras, las autoridades europeas vieron la crisis financiera como una oportunidad para forzar a los gobiernos de la Eurozona a aceptar sus términos y condiciones. Es importante entender esto porque muestra hasta qué punto están comprometidos con ese consenso de élites para rehacer Europa. Estaban dispuestos a hacer pasar a la Eurozona dos años más de crisis y recesión -una desaceleración que los Estados Unidos, cuya Gran Recesión acabó en junio de 2009 (18 meses después de empezar), no conoció-.

El BCE no actuó Este compromiso se manifestó en la brutalidad con la que las autoridades europeas trataron a Grecia cuando sus votantes, tras más de seis años de recesión inducida por la austeridad, eligieron al partido de izquierda Syriza el 25 de enero de 2015. Nueve días después de que Syriza tomase posesión, el BCE interrumpió su línea de crédito primaria y más barata.

A continuación restringió la cantidad de crédito que los bancos griegos podían aportar al gobierno, algo que no había hecho con el gobierno conservador previo. Esto estrechó el nudo financiero alrededor del cuello de Grecia y contribuyó a la huida de capitales que favoreció otro empujón a Grecia hacia una nueva recesión. Entre diciembre de 2014 y el mes de abril siguiente, más de mil millones de euros (alrededor del 13% del PIB griego) salió de los depósitos bancarios griegos.

Pero esto era sólo el principio. Enseguida se vio que las autoridades europeas, lideradas por el BCE, estaban siguiendo una estrategia de cambio de régimen en Grecia. Estaban debilitando la economía con la esperanza de que el daño erosionara el apoyo al gobierno. Hubo divisiones entre las autoridades europeas; el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Shäuble, habló abiertamente de forzar la salida de Grecia del euro. Pero como confirmó Varoufakis en las rondas de negociación europeas de alto nivel, quedó claro que la Canciller alemana Angela Merkel prefería mantener a Grecia en el euro, con Syriza fuera. La administración Obama resultó estar de acuerdo con esto por razones geopolíticas.

A posteriori, quedó claro que no hubo negociaciones reales en marcha. Cuando las autoridades europeas se dieron cuenta de que Grecia nunca saldría del euro (independientemente del resultado de las negociaciones), no tenían más motivos para hacer concesiones. Fue solo palo y nada de zanahoria. Cuando el primer ministro Alexis Tsipras anunció que habría un referéndum el 5 de julio sobre el plan de austeridad del Eurogrupo, se desató toda la furia de los jefes supremos.

El BCE hizo algo que ningún banco central había hecho nunca a un gobierno bajo su jurisdicción: restringió lo suficiente el crédito como para forzar un bloqueo del sistema bancario, creando una grave crisis financiera en Grecia, forzando el establecimiento de controles de capitales que todavía hoy siguen haciendo daño a la economía. Los funcionarios europeos, que intentaron influir en el resultado declarando públicamente que un voto por el 'No' significaría la salida de Grecia del euro, dejaron claro que este asalto al sistema financiero buscaba reducir a Grecia a la sumisión.

Sorprendentemente, los votantes griegos rechazaron de forma abrumadora el plan de austeridad. Este desafío ante la violenta arremetida mediática y el bloqueo del sistema bancario es bastante extraordinario. Sin embargo, Tsipras y la mayor parte de los líderes de Syriza decidieron que no había más opción que aceptar las exigencias de las autoridades, a pesar de su larga campaña contra éstas y la austeridad en general.

Quizá aún más extraordinariamente, a pesar de algunas deserciones en el ala izquierda del partido, fueron reelegidos en septiembre. Aunque Syriza perdió su batalla crucial sobre la política económica, la estrategia de cambio de régimen también fracasó porque un número suficiente de votantes griegos comprendieron que el gobierno no fue el culpable del daño económico que el BCE había infligido.

La reelección de Syriza es la prueba no sólo de las excepcionales habilidades políticas de Tsipras, sino también de la presión ejercida por la camisa de fuerza en la que los griegos se consideraban atrapados. Llevo años defendiendo que Grecia podría haberse recuperado mucho antes si se hubiera salido del euro en lugar de firmar el primer acuerdo con el FMI en 2010, lo que les llevó a una espiral descendente que destruiría el 25% de la economía griega y empujaría a un cuarto de la fuerza de trabajo y a la mayoría de los jóvenes griegos al desempleo.

Muchos economistas comparten esta visión. El ex-economista del FMI Arvind Subramanian escribió ya en 2012 que Grecia podría recuperarse tan exitosamente fuera del euro que podría convencer a otros muchos países de la Eurozona seguir el mismo camino.

Ninguna de las crisis financieras y recesiones asociadas con devaluaciones en las últimas dos décadas, algunas de ellas bastante graves, se acerca a la recesión prolongada que ha sufrido Grecia. Y el país no está en ningún caso fuera de peligro: se prevé que su economía volverá a crecer en 2017 tras caer este año, pero los pronósticos del FMI para Grecia han sido excesivamente optimistas prácticamente todos los años desde 2010 y la insostenibilidad de la deuda del país hace que crisis adicionales sean probables.

¿Qué debe hacer España? ¿Dónde deja esto a España? El relato de la derecha es que el país se está recuperando gracias a las políticas del gobierno y que los votantes no deberían arruinar el progreso generando inestabilidad política (esto es, votando a una alternativa de izquierda). Un relato en cierto modo más extendido saca una lección simple de Grecia: desafiar a las autoridades europeas es contraproducente y no hay alternativas al actual programa económico y al desempleo masivo.

Estos relatos son erróneos. Aunque la economía española creció un 3,2% en 2015, la parte del crecimiento que se puede atribuir al éxito de las políticas de austeridad es pequeña o incluso nula. El gobierno ha seguido una política de 'devaluación interna': ya que España no puede devaluar directamente el euro, puedo hacerlo efectivamente más barato reduciendo los precios y salarios internos.

Esta devaluación se ha llevado a cabo a través de políticas que han generado recesión y un desempleo creciente, con la esperanza de que las exportaciones reaviven la economía. Sin embargo, la mayor parte del crecimiento reciente no viene de las exportaciones netas, sino de la relajación de la austeridad presupuestaria así como de la caída de los precios del petróleo (que permite a los consumidores contar con más dinero para gastar) y de la flexibilización cuantitativa del BCE (que reduce los tipos de interés).

España es la cuarta economía más grande de la Eurozona. No opera bajo un acuerdo de préstamo europeo o del FMI que la obligue a sabotear su propia economía. Sería significativamente más arriesgado, financiera y políticamente, para el BCE intentar bloquear el sistema bancario español, como hizo con Grecia. Y hay caminos hacia el pleno empleo y el progreso social en los que un gobierno español resuelto podría embarcarse manteniéndose dentro del euro. Algunos de éstos pueden verse en el programa económico de Podemos.

Por estas razones, Podemos ha dejado claro que seguirá su programa económico dentro de la Eurozona. Esto tiene sentido, dadas las graves dificultades políticas actuales para cualquier gobierno que siquiera proponga salirse del euro. Sin embargo, desde un punto de vista puramente económico, abandonar el euro sería el camino más rápido hacia el pleno empleo y el retorno a una creciente mejora en nivel de vida de la mayoría.

El liderazgo neoliberal de Europa está ofreciendo un futuro nefasto, especialmente a la juventud europea. En España, un quinto de la fuerza de trabajo está desempleada, incluyendo a la mitad de los jóvenes, y un 60 % de los desempleados llevan sin empleo desde hace más de un año. El FMI estima que el desempleo se mantendrá en el 16-17% cuando España alcance su plenitud productiva dentro de unos años. En otras palabras, este es el mejor escenario que puede alcanzar. Incluso para toda la Eurozona, el pronóstico de desempleo es de más de un 9% en 2020, cuando se prevé que la economía llegue a la plenitud de su producción potencial.

Las autoridades europeas están intentando crear una nueva imagen del desempleo de masas, un Estado de bienestar reducido y un empeoramiento de la distribución de la renta como nueva norma para Europa, al igual que los salarios estancados y la desigualdad creciente se convirtieron en norma en la economía estadounidense desde los años 80. En su relato, los beneficios electorales de los partidos de la derecha, anti-inmigrantes y racistas, se deben a un sentimiento 'antieuropeo'; en lo que respecta a la camisa de fuerza neoliberal (desde todos los puntos del espectro político) acumulan un criticismo válido. Son, precisamente, sus propias políticas y el daño que resulta de ellas lo que ha llevado, por ejemplo, a los trabajadores franceses a votar al Frente Nacional

No hay ningún motivo económico para que los europeos se rindan a la agenda política que ya les ha sometido al fracaso económico prolongado. Pero para rechazar tal programa, necesitarán gobiernos progresistas suficientemente fuertes para implementar alternativas prácticas a nivel nacional. Será una carrera contrarreloj ver si estos esfuerzos pueden tener éxito antes de que se produzca un mayor daño estructural.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Las empresas globales cuya aportación en impuestos equivale a cero

Ven, 11/03/2016 - 02:11
Pese a rendir informes sobre los beneficios antes de impuestos, 27 multinacionales estadounidenses de la lista Standard & Poor's 500 no pagaron impuestos en 2015. Entre las 27 empresas que no pagan impuestos se encuentran la compañía de telecomunicaciones Level 3 Communications, las aerolíneas United Continental y American Airlines, la compañía de automóviles General Motors y Hewlett-Packard, informa el portalUSA Today.

Tres de las empresas destacadas por la calificadora internacional de riesgo Standard & Poor's (Mallinckrodt, Willis Towers Watson y XL Group) tienen su sede fuera de EEUU y algunas son REIT (Real Estate Investment Trust), lo que les permite pasar las cargas fiscales a los accionistas. Las 27 empresas mencionadas en el artículo e incluidas en la lista de Standard & Poor's 500 generan beneficios.

Numerosas empresas estadounidenses guardan sus beneficios en zonas libres de impuestos como las Islas Caimán y otros sitios con bajos tipos en el impuesto de sociedades. Apple, Facebook, Goldman Sachs, American Express o Nike entre otras numerosas multinacionales se aprovechan de las lagunas fiscales a cuenta de los contribuyentes estadounidenses. Según el informe de US PIRG Education Fund y Citizens for Taz Justice, las empresas de la lista de Fortune 500 (o 'Riqueza 500', en español) tienen más de 2.100 millones de dólares en beneficios acumulados offshore.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El BCE baja los tipos de interés al 0% y comprará también deuda corporativa

Xov, 10/03/2016 - 22:59
Draghi ha desenfundado el bazooka, retomando el tipo de munición que ya empleó en 2014 y sorprendiendo al mercado con su contundencia, en lo que se podría considerar la tercera versión del "hacer lo que sea necesario". Es decir, lo ha hecho a lo grande: rebaja de tipos, inmersión mayor en los tipos negativos por aparcar el dinero en el banco, ampliación del programa de compra de activos (tanto en volumen como en tipo) y, sobre todo, una nueva barra libre de liquidez que podría significar que el Banco Central Europeo (BCE) pague a las entidades financieras que aumenten el crédito.

En concreto, el BCE ha decidido bajar los tipos de interés al mínimo histórico del 0% (aunque el presidente del BCE antes hubiera dicho que el 0,05% era el límite) y ha bajado el interés de la facilidad marginal de crédito al 0,25% (desde el 0,3%) y ha rebajado también más la tasa sobre los depósitos (el dinero que la banca aparca en la institución) hasta el -0,4%, desde el -0,3% anterior.

Eso sí, el presidente del banco central ha puntualizado que "el Consejo de Gobierno espera que los tipos de interés permanezcan a estos niveles o más bajos durante un largo periodo de tiempo y bien pasado el horizonte de nuestras compras de activos". Bajo sus previsiones, "no anticipamos que sea necesario reducir los tipos más", aunque ha recalcado que "no se ha quedado sin munición" y tiene más herramientas no convencionales a su disposición.

Amplía el programa de compras Más allá de los tipos, la institución amplía programa de compras de activos, la denominada flexibilización cuantitativa o QE por sus siglas en inglés, con la inclusión de deuda corporativa con grado de 'inversión'. Es decir, comprará todo tipo de bonos corporativos de empresas no financieras con la excepción de los calificados como 'bono basura'.

Esta nueva serie de activos permitirá ampliar hasta los 80.000 millones de euros mensuales el programa de estímulo, según ha explicado en un comunicado. Este nuevo incremento se comenzará a ejecutar ya desde abril de este año. Esto supone 20.000 millones más de euros al mes para la compra de estos activos. "Este programa estará activo hasta finales de marzo de 2017, aunque se podría prolongar todo lo que sea necesario", ha añadido el presidente de la institución monetaria.

El banquero italiano ha asegurado que el BCE "seguirá vigilando muy de cerca los precios en los próximos meses" y Draghi ha vuelto a señalar que el BCE tiene que hacer todo lo que pueda por llevar de nuevo la inflación a los objetivos marcados por la institución monetaria.

"El bajo precio del petróleo debería dar mayor apoyo a los consumidores y a las empresas", lo que a su vez también afecta de forma negativa a los precios, ha señalado Mario Draghi. No obstante, la política monetaria seguirá ayudando "manteniendo los tipos extraordinariamente bajos durante todo el tiempo que sea necesario".

Pagar por incrementar el crédito Por otro lado, también iniciará una nueva serie de cuatro operaciones de refinanciación a largo plazo (TLTRO II), cada una con un vencimiento de cuatro años, y se celebrarán en junio, septiembre, diciembre de este año, siendo la última en marzo de 2017.

El tipo que se aplicará a estas operaciones será el tipo principal de refinanciación que esté vigente en ese momento en el BCE, ahora mismo en el 0%, pero para los bancos que incrementen el crédito podría llegar a aplicar hasta el -0,4% al que se sitúa actualmente la tasa de depósito. Es decir, el banco central pagará a las entidades que incrementen el crédito. Es decir, el BCE dará un trato especial a las entidades que den crédito a la economía real, a diferencia de otras entidades que se centran en otro tipo de operaciones.

Esta barra libre estará limitada al 30% del total del crédito concedido por la entidad a empresas no financieras y hogares, excluyendo las hipotecas. "Un banco que sea muy activo a la hora de conceder préstamos a la economía real puede pedir prestado más que un banco que se concentre en otras actividades", especificó Draghi.

El banquero italiano tampoco ha dudado en señalar que las reformas estructurales se han ralentizado, lo que a la postre puede afectar al crecimiento del PIB. "Se están revisando los crecimientos futuros de la Eurozona a la baja, los riesgos del crecimiento global están aumentando junto con los riesgos geopolíticos".

Para que la política monetaria funcione, es necesario que las políticas fiscales y de reestructuración deben ayudar para que las medidas tomadas por el BCE logren un funcionamiento óptimo. "Se deben seguir implementando reformas estructurales que beneficien a la productividad, hay que acelerar las reformas a la vez que las políticas fiscales también deben apoyar al crecimiento económico".

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Fukushima, cinco años después

Xov, 10/03/2016 - 13:33
Chie Matsumoto, Solidarity

Dicen que el tiempo lo cura todo, pero esto no está tan claro para las personas afectadas por el peor accidente nuclear ocurrido en el mundo. Cinco años después de producirse la fusión de tres reactores de la central nuclear de Fukushima Daiichi, por lo menos 100 000 lugareños siguen estando desplazados; 80 personas se han suicidado tan solo en Fukushima debido a la pérdida de sus familias, sus bienes y toda esperanza de futuro (dato de diciembre de 2015, según el ministerio de Reconstrucción y la oficina del Consejo de Ministros); la contaminación radiactiva sigue expandiéndose y todos los viernes continúan concentrándose manifestantes de todo Japón y del extranjero ante la residencia del primer ministro en Tokio para expresar consignas antinucleares.

El gobierno japonés parece haber olvidado todo lo relacionado con la limpieza que todavía están llevando a cabo 3 000 trabajadores todos los días en la central de la Tokyo Electric Power Company (TEPCO) situada a unos 100 kilómetros de la capital.Además ha reactivado una planta que permanecía apagada en la provincia meridional de Kagoshima y se propone poner de nuevo en marcha otra que se halla en la prefectura de Fukui, en el norte. Tras el cambio de gobierno que se produjo apenas seis meses después de la catástrofe, Japón comenzó a vender tecnología nuclear a Jordania, Vietnam, Turquía y Sudáfrica, entre otros países, en todos los casos a pesar de las masivas protestas nacionales. India será el año que viene el primer país que firme un acuerdo sobre energía nuclear con Japón desde que ocurrió la catástrofe. Japón ratificó el Tratado de No Proliferación Nuclear de Naciones Unidas en 1976.

Protestas internas Muchos japoneses y japonesas se han hecho eco de esas protestas manifestándose desde el día de la catástrofeen contra de los negocios de exportación nuclear de Japón, reclamando el fin del uso de la energía atómica y su sustitución por energías renovables. Han organizado concentraciones ante el ministerio de Economía, Comercio e Industria (METI, según la sigla en inglés), que supervisa la industria nuclear. Hubo madres que hablaron en esas concentraciones por primera vez en su vida; un grupo de jóvenes iniciaron una huelga de hambre para exigir la erradicación de las centrales nucleares. Organizaron una sentada delante del METI y en septiembre de 2011 levantaron una carpa, que de inmediato se convirtió en el centro del movimiento nuclear japonés y de todo el mundo. Hubo gente que dormía en la carpa y desde allí acudía al trabajo; se celebraron conciertos antinucleares de fin de año delante de la carpa; se organizó la autodefensa contra matones de ultraderecha que intentaron destruir la carpa. Menos conocida que Occupy Wall Street, la carpa del METI fue una de las ocupaciones más largas, junto con la que hubo contra las bases de EEUU en Okinawa.

Ahora los ocupantes de la carpa se enfrentan en los tribunales al ministerio, que reclama la propiedad del terreno y exige una compensación por la ocupación durante cinco años. Han perdido en primera instancia y la instancia superior ha desestimado su recurso. La carpa está en proceso de desmantelamiento.

La voz de los trabajadores Aunque debemos seguir adelante con nuestra movilización hasta erradicar el uso de la energía nuclear, algunos trabajadores de la central consideran que no se les escucha.“No veo a ningún trabajador de la central en el movimiento”, ha dicho Ryusuke Umeda, antiguo empleado. A sus 80 años de edad, Umeda pide a los manifestantes antinucleares que sean conscientes de las condiciones de trabajo inseguras en el entorno radiactivo de las centrales nucleares.“Me gustaría que la gente preguntara si se ofrece a los trabajadores una formación adecuada en materia de salud y seguridad y supiera en qué entorno están obligados a trabajar”, ha declarado Umeda. “Sabiendo esto se sentirán todavía más convencidos de la necesidad de desmantelar todas las centrales nucleares del mundo. Con este fin dedicaré lo que queda de mi corta vida a convencer a la gente de cuánto urge conseguirlo.”

Umeda ha presentado una demanda judicial en que exige una indemnización para los trabajadores. Afirma que ha sufrido un infarto de miocardio y otras dolencias después de haber trabajado durante 43 días en centrales nucleares en 1979. Puesto que muchos de estos trabajadores acaban con graves problemas de salud, en muchos casos no encuentran otro empleo y han de afrontar gravosos gastos médicos. Umeda también vive de los subsidios del Estado. Su demanda constituye el primer juicio incoado por un trabajador de una central nuclear que reclama una indemnización por su afección cardiaca. El Estado ha reconocido ese mismo problema a las víctimas de la bomba atómica.

Hiroshi Masumoto es otro que ha tenido que vender su casa para pagar sus facturas médicas y que vive de los subsidios del Estado. De 82 años de edad, este oriundo de la ciudad de Kitakyushu, del sur de Japón, está conectado a una bombona de oxígeno para poder respirar. Masumoto, quien controlaba el nivel de exposición a la radiación de los trabajadores en varias centrales nucleares, también ha interpuesto una demanda judicial para reclamar una indemnización.

Según TEPCO, más de 6 000 trabajadores entran y salen todos los días de la central de Daiichien Fukushima. Unas 300 personas adicionales siguen descontaminando las zonas de acceso restringido y llenan unos contenedores negros flexibles de tierra radiactiva para preparar el retorno a casa de los vecinos desplazados. Miles de estos contenedores están apilados sin que haya ningún lugar al que llevarlos. Los contratistas generales, sus filiales y TEPCO están quedándose sin trabajadores; según un reciente reportaje, han reclutado a extranjeros para los trabajos de limpieza en el interior de la central de Fukushima y sus alrededores.

He entrevistado a un hombre de Bangladesh en la prefectura de Kanagawa que aceptó la oferta de trabajo de un agente brasileño para trabajar en la central. Se subió al camión junto con otros extranjeros, me dijo. La paga era un 30 % más alta que en las obras de construcción en que estaba trabajando. Sin embargo, este hombre de 43 años de edad dejó el trabajo al cabo de pocos días porque “se asustó” por los efectos de la radiación en su salud. Añadió que si necesitara el dinero, volvería a ese puesto de trabajo.

Relato de un superviviente Recuerdo la entrevista que mantuve con Tomoya Watanabe el 16 de marzo de 2011 en el gimnasio de un colegio convertido en refugio de emergencia en Nihonmatsu, en la prefectura de Fukushima. Yo había ido a esta región nevada a recoger testimonios de la central después de la catástrofe. Ningún empleado de TEPCO quiso hablar con nosotros por miedo a represalias. Watanabe fue uno de los poquísimos trabajadores subcontratados que se prestó a contarnos su experiencia desde que se produjo el terremoto. En el refugio ayudaba en la cocina para dar de comer a cientos de residentes en Namieque, como él mismo, habían sido evacuados de su ciudad, situada a tan solo diez kilómetros de la central de Daiichi.

Watanabe comenzó supervisando a los trabajadores en la central de Daiichi después de que concluyera su misión en la central de Fukushima Daini y después en la central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, donde trabajó hasta que la instalación quedó sometida a una inspección. Me habló del día en que ocurrió la catástrofe. Como supervisor, no pudo abandonar el lugar hasta después de asegurarse de que los demás trabajadores habían acudido a un lugar seguro y confirmó la escala del daño en el interior del edificio colindante con el reactor. Al percatarse de que era una suerte que siguiera vivo, se juró que nunca más volvería a esta clase de trabajo.

Medio año después, cuando volví a Fukushima a entrevistarle a él y a otros trabajadores, Watanabe me contó que había puesto en marcha una pequeña empresa. Me complació y me animó ver que la catástrofe no le había desmoralizado, pero cuando me dijo que su empresa reclutaba trabajadores para destinarlos a centrales nucleares, no pude disimular mi consternación.“Es la vida”, me dijo en la vivienda temporal en que se alojaba junto con su familia. “Necesito trabajar.” Watanabe no es el único que piensa que trabajar en centrales nucleares es su vocación para toda la vida. Muchos hombres que viven en ciudades que albergan centrales nucleares reconocen esa dependencia mutua. El año pasado me localizó en Facebook y me dijo que su empresa se había especializado en la descontaminación de los alrededores de la central de Fukushima. Al menos su negocio prospera.

Desde que miles de trabajadores comenzaron a volver a la central de Daiichi, el ministerio de Trabajo solo ha aprobado hasta ahora la indemnización en un único caso. Esto ocurrió el año pasado; al trabajador en cuestión, de cuarenta y tantos años de edad, le han diagnosticado leucemia después de haber estado trabajando en la central de Fukushima durante un año y medio.

La necesidad de sindicarse Mientras la catástrofe de Fukushima sigue su curso y se precisan miles de trabajadores para la descontaminación, hemos de exigir medidas adecuadas de seguridad e higiene, así como concienciar de sus derechos a los trabajadores, especialmente a los temporales. Activistas sindicales, junto con un sindicato en Fukushima y un sindicato de trabajadores temporales en Tokio,han intentado organizar a los trabajadores temporales. Por desgracia, sus esfuerzos no han dado muchos resultados, pero algunos trabajadores de la descontaminación se han organizado para negociar el plus de peligrosidad que no cobran.

Hemos de seguir organizándonos y también de colaborar con nuestros correligionarios de fuera de Japón para luchar por una sociedad desnuclearizada. En marzo de este año tendrá lugar un Foro Social Mundial 2016 en Tokio para conmemorar el quinto aniversario de la catástrofe de Fukushima con el lema de “hacia otro mundo sin centrales nucleares”. Puede que la herida sea demasiado profunda para que se cure con el tiempo, pero recordar Fukushima es lo que importa para nuestro futuro.

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El BCE está acorralado y corre el riesgo de ser el nuevo Banco de Japón

Xov, 10/03/2016 - 08:00
Mohamen El-Erian, El Economista

En tanto su consejo de gobierno se apresta a reunirse en Frankfurt este jueves, el Banco Central Europeo (BCE) constata que sobre su margen de acción pesan no sólo temas regionales sino también otros bancos centrales del mundo importantes a nivel sistémico. La banca 'pinchará' con el esperado recorte de las tasas de depósito del BCE, pero ya descuenta la peor parte.

El BCE está incómodamente acorralado entre, por un lado, la Reserva Federal -que puede pero no quiere aventurarse más en una política monetaria no convencional- y por otro, el Banco del Japón, y en menor medida, el Banco Popular de China, que siguen estando dispuestos a hacer más, pero con medidas que resultan cada vez más ineficaces para sostener la actividad económica.

Manteniendo ese delicado equilibrio, es posible que el BCE opte por hacer más. Pero aunque es probable que sus medidas no convencionales tengan impacto a corto plazo, el banco central se acercará más al punto de resultar cada vez más inefectivo y hasta quizá corra el riesgo de ser contraproducente. Los funcionarios del BCE se verán significativamente presionados para ampliar el apoyo del banco a una economía europea que está perdiendo impulso de crecimiento y que últimamente vio pasar la tasa de inflación a negativa.

Para tal fin, se sentirán tentados de incrementar el nivel de las compras mensuales de bonos en gran escala, el programa conocido como flexibilización cuantitativa, y podrían empujar más en el terreno negativo las tasas de interés y alterar la estructura de estos tipos.

Camino contrario a la Fed Dichas acciones contrastarían marcadamente con el camino emprendido por la Fed, que abandonó su programa de flexibilización cuantitativa y, por primera vez en casi 10 años, subió los tipos de interés, no porque la economía estadounidense haya logrado despegar, sino porque preocupa cada vez más el daño colateral y las consecuencias involuntarias de una dependencia excesiva y prolongada de la experimentación en la política del banco central.

En cambio, el BCE se acercaría a su homólogo japonés, que tiene dificultades para cumplir con los objetivos marcados pese a que recientemente sorprendió a los mercados con amplias medidas de estímulo.

Aunque no existe ninguna certeza de que la efectividad de las políticas experimentales continúe, las acciones del BCE esta semana seguramente tendrán cierto impacto sobre el tipo de cambio y los precios de los activos financieros, además de que potencialmente produzcan algunos efectos económicos positivos.

Específicamente, probablemente ayudarían a debilitar el euro, lo cual apoyaría las exportaciones y las actividades de sustitución de importaciones. Y es probable que ayuden a los mercados financieros europeos a tener un desempeño superior a la media, al menos en términos relativos, lo cual ayudaría marginalmente a apuntalar el consumo.

Sin embargo, los efectos a corto plazo se disiparán rápidamente salvo que se complementen con un cambio más amplio en la política europea, dejando atrás la dependencia excesiva del BCE para adoptar una respuesta de política integral que potencie reformas estructurales favorables al crecimiento, que ataque las deficiencias de la demanda agregada, resuelva los focos remanentes de endeudamiento excesivo y fortalezca la arquitectura económica y financiera regional.

El riesgo de ser Japón Además, tal como dijo el presidente de la Fed, Ben Bernanke, en agosto de 2010, los "beneficios" de las políticas no ortodoxas traen aparejados "costes y riesgos". La dependencia excesiva que mantiene la economía europea del banco central va volviéndose una propuesta cada vez más difícil de defender, en la medida que aumenta la vulnerabilidad política del BCE y debilita la eficacia de su política a más largo plazo, crea un entorno más difícil para los bancos y distorsiona la asignación de capital.

A decir verdad, el BCE podría ser vulnerable a seguir el camino de Japón, viendo disminuir los beneficios, superados por los crecientes costes y riesgos. Cuando el Banco del Japón sorprendió a los mercados hace algunas semanas bajando las tasas de interés a negativas, probablemente no anticipó lo que sobrevino después: una moneda más fuerte (no más débil), una caída (no una recuperación) en el mercado bursátil, un parlamento furioso exigiendo explicaciones y la evidencia de una mayor desintermediación de la banca por parte de los hogares.

Esto constituye un recordatorio vívido de que, pasado cierto punto, el activismo no convencional prolongado de los bancos centrales -especialmente cuando implica tasas de interés nominales negativas- puede dejar de ser parte de una solución a corto plazo para causar complicaciones que no son fáciles de contener.

La principal pregunta que se debe hacer antes de la reunión del BCE no es si hará más. Claro que harán más. La pregunta es más bien, cuán rápido se acercará inadvertidamente a la desdichada situación en que se encuentra en este momento el Banco del Japón, con una política monetaria de escasa efectividad y un aumento de la vulnerabilidad política. Nadie, al menos a quien le importe la salud de Europa y la economía global, quiere que otro banco central importante llegue a ese momento.

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De Huntington a Trump: ¿la última revuelta demográfica de los WASP?

Mér, 09/03/2016 - 23:00
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Existe una perturbadora convergencia entre el teórico de la guerra permanente mediante el choque de ocho civilizaciones (sic), Samuel Huntington, y el pragmático multimillonario Donald Trump sobre el supremacismo blanco de los WASP (white anglo-saxon protestants: angloestadounidenses protestantes blancos).

La única diferencia es que Huntington es venerado, mientras Trump es abominado, por el complejo militar-industrial.

Huntington, tan mexicanófobo e islamófobo como Trump, fue el coordinador de la planeación de seguridad en el Consejo de Seguridad Nacional con James Carter, además de darling de las universidades Yale, Harvard y de Chicago.

En su libro más reciente, ¿Quiénes somos? (https://goo.gl/2MY7uH), una oda a la mexicanofobia –en la que presuntamente colaboró un efímero canciller del doble cara Vicente Fox–, observa que "en 1930, los angloestadunidenses continuaban siendo el grupo dominante y, posiblemente, el mayor en número de la sociedad estadunidense, pero étnicamente (sic) Estados Unidos había dejado de ser una sociedad angloestadounidense".

A su juicio, los angloestadounidenses, quienes “habían pasado a ser los WASP, si bien habían ido perdiendo peso proporcional en la población, la cultura anglo-protestante de sus antepasados colonos sobrevivió durante 300 años como el elemento definitorio primordial de la identidad estadounidense”.

Huntington, apologista del apartheid de Sudáfrica, realiza una alarmante pregunta cabalmente racista: ¿Estados Unidos sería el que es hoy en día si en los siglos XVII y XVIII no hubiera sido colonizado por protestantes británicos, sino por católicos (sic) franceses, españoles o portugueses? La respuesta es no, no sería Estados Unidos: sería Quebec, México o Brasil".

Agrega que la cultura anglo-protestante de Estados Unidos "ha combinado instituciones y prácticas políticas y sociales heredadas de Inglaterra (incluida, de manera muy especial, la lengua inglesa) con los conceptos y los valores de protestantismo disidente (sic) que los colonos trajeron consigo".

En el capítulo 11, sobre las "viejas y nuevas líneas divisorias", con el subtítulo "nativismo blanco" (sic), cita a Wallerstein siete años después de la votación por la defenestración (impeachment) de Bill Clinton: “¿Tan difícil resulta ver (…) la rebelión (sic) de los hombres WASP contra lo que perciben que es su decreciente papel en la sociedad estadunidense?”

En su repelente libro El choque de las civilizaciones y la reconfiguración del nuevo orden mundial –que lanzó, después de la disolución de la URSS, en el think tank de extrema derecha neoliberal AEI–, entre sus ocho (sic) polémicas civilizaciones se encuentra la occidental –núcleo de la anglosfera, netamente protestante–, que colisiona con la de Latinoamérica, eminentemente católica.

Sea a nivel doméstico, sea a nivel continental, a juicio de Huntington la inmigración latino-católica representa una amenaza cultural para Estados Unidos, que pudiera "dividirlo en dos poblaciones, dos culturas y dos idiomas".

Huntington fue un WASP protestante episcopalista (http://goo.gl/Q7tnmP).

Más allá de la masiva cacofonía de pánico que se ha generado en torno de Trump, quien pasará a la historia por haber aniquilado a la dinastía de los Bush, en un abordaje más profundo representa, a mi juicio, la continuación y la excrecencia del tóxico supremacismo WASP de Huntington.

Trump alardea de ser protestante presbiteriano (http://goo.gl/lEfKHB) y ostenta que su libro de cabecera es la Biblia (sic). Su "pastor" es el también controvertido Norman Vincent Peale, masón del rito escocés grado 33, quien estableció una acrobática asociación entre la siquiatría y la religión mediante la teosicoterapia del "pensamiento positivo".

No es gratuito que la mayor diatriba doméstica contra Trump haya provenido de Mitt Romney, fallido anterior candidato presidencial y mormón de la poligámica Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Desde el arribo de Brent Scowcroft –mormón y ex consejero de Seguridad Nacional con Ford y Daddy Bush–, la CIA y la FBI han sido inundadas por reclutados de la iglesia de Romney (http://goo.gl/s0wXar), adalid del establishment totalmente descompuesto.

Dejando de lado el choque transfronterizo –por la erección del ignominioso muro– entre Francisco, el papa jesuita argentino, y el presbiteriano WASP Trump (de madre escocesa y abuelo alemán), ¿asistimos a una subrepticia guerra de religiones en Estados Unidos?

El muro de la ignominia, favorecido por 68 por ciento de los estadunidenses, que coincide con el porcentaje de su población blanca (64 por ciento), no es una idea original de Trump. Fue erigido por Baby Bush desde 2006 en la tercera parte de la transfrontera a un costo de 3 mil 400 millones de dólares: en la etapa de la hilarante cuan delirante "enchilada completa" del fugaz canciller de Fox, y luego, del disfuncional Calderón, quienes optaron por el vergonzoso silencio sepulcral.

Trump continuaría lo que inició Baby Bush, quien tiene muchos seguidores en la clase política del “México neoliberal itamita”.

En The New York Times, Nicholas Kristof fustiga a "Donald el peligroso" (¿dónde hemos escuchado eso en México?; http://goo.gl/0kQMh9), mientras el connotado historiador texano Michael Lind juzga que los neoconservadores straussianos bushianos –quienes en forma impactante se encuentran hoy más cerca de Hillary que de Trump– son responsables del trumpismo (sic), cuando “la mayor parte de los estadunidenses son clase trabajadora sin educación universitaria. Si sus valores e intereses no están representados o son tomados seriamente por cualquier think tank o publicaciones académicas o cualquiera de las facciones políticas, encontrarán a alguien que los represente eventualmente, quizá una estrella de un reality show. En forma cruda y demagógica, Trump representa esa circunscripción electoral” (constituency; http://goo.gl/40mR6Q).

Se perdieron las clásicas fronteras electorales (http://goo.gl/Kq3EWN). Nada está escrito en una de las más atípicas y distópicas elecciones de Estados Unidos cuando, desde un punto de vista más horizontal que vertical, Trump atrae a un amplio sector de la insurgente clase trabajadora blanca que se siente abandonada y que, curiosamente, está votando más, del lado demócrata, por el admirable judío jázaro socialista –pero antisionista y anti Wall Street– Bernie Sanders.

Más que los "blancos", son los mexicanos guadalupanos (4 por ciento), latinos (20 por ciento, incluidos los mexicanos) y afroestadunidenses (12 por ciento) –sumados de Goldman Sachs y la coalición sionista de George Soros y Haim Saban (dueño de Univisión)– quienes apuntalan a Hillary, que tiene varios cádaveres en el clóset –desde donaciones espurias a su fundación hasta el asesinato del embajador de Estados Unidos en Bengasi– y, sobre todo, la ominosa investigación de la FBI sobre sus "privatizados" correos gubernamentales.

Se empieza a manejar en Washington el escenario nada descabellado del rescate in extremis por el vicepresidente Joe Biden para entrar como salvador del Partido Demócrata y supremo redentor de Estados Unidos frente a la rebelión de los WASP encabezada por Trump, fiel seguidor del supremacismo blanco protestante anglosajón de Huntington, una generación más tarde. La moneda está en el aire.

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Deflación y estancamiento

Mér, 09/03/2016 - 14:23
Alejandro Nadal, La Jornada

Durante años las autoridades monetarias y los organismos financieros internacionales impulsaron una política monetaria dirigida a controlar la inflación. El gasto público tuvo que subordinarse a ese imperativo central que era la estabilidad de precios. La política de tasas de interés respondía a la necesidad de enfriar la economía cuando el calentamiento llevara riesgos inflacionarios. Y la política de ingresos también estuvo sometida a la exigencia de contener la demanda agregada. De ahí sale la contención del crecimiento de los salarios. Pero ahora las cosas han cambiado y con la crisis económica global descubrimos que en Europa, Estados Unidos, Japón e incluso China, el verdadero enemigo es la deflación.

Pero ¿por qué es mala la deflación? Hay varias razones. Primero, una reducción sostenida del nivel general de precios hace que los agentes económicos estén menos dispuestos a realizar gastos. Cuando los precios caen los consumidores tienen expectativas de que seguirán reduciéndose y prefieren esperar a que caigan todavía más. La demanda agregada se reduce, la actividad económica se frena y el desempleo aumenta.

Segundo, los agentes económicos no están dispuestos a tomar préstamos porque cuando tengan que repagar sus deudas, lo harán en una moneda que valdrá más que la que recibieron cuando aceptaron el crédito. Es decir, la deflación perjudica a los deudores y beneficia a los acreedores. Ésta es la imagen espejo del mundo en el que la inflación es el enemigo de los acreedores. Aceptar un crédito cuando los precios están cayendo no es bueno para el deudor porque el peso de su deuda se incrementará en términos reales. Y eso incluye a los empresarios que les gustaría embarcarse en una operación productiva.

Tercero, desde el punto de vista de la oferta hay que señalar que los inversionistas no tienen ningún interés en embarcarse en nuevas aventuras productivas cuando observan que los precios están reduciéndose. Es cierto que tampoco les gusta un escenario de fuerte inflación, pero un incremento moderado de precios, digamos de 5 o 7 por ciento no les hace sentir que están en la hiperinflación de la república de Weimar o en Zimbabue. En cambio detrás del problema de la deflación se esconde el espectro de un mundo en el que se estará produciendo con pérdidas.

En conjunto, estas tres razones pueden conducir a una severa contracción económica en la que las fuerzas que se desencadenan se retroalimentan y hacen muy difícil salir de una recesión. Eso es precisamente lo que estamos presenciando en casi todos los centros motores de la economía mundial, desde Europa y Estados Unidos hasta Japón. Varios indicadores muestran que la economía en China podría irse dirigiendo a un escenario similar. Esto es lo que alimenta la idea del estancamiento secular.

¿Qué pueden hacer las autoridades económicas frente a la deflación? Pues la verdad es que bastante poco. Hoy vemos que los bancos centrales han llevado sus tasas de interés al límite inferior más bajo, a cero por ciento, pero el impacto sobre el consumo y la inversión, es decir, sobre la demanda agregada, es muy débil. Eso se debe a que a pesar de que los precios están cayendo, los consumidores no tienden a incrementar su gasto porque también tienen expectativas negativas debido a que el peso de sus deudas se está incrementando en términos reales. O sea que el efecto positivo del descenso en los precios se contrarresta por el endeudamiento. Y hay que recordar que en los últimos dos decenios el endeudamiento de casi todos los agentes económicos (familias y empresas) ha sido el impulsor del crecimiento. Hoy el sobreendeudamiento hace que el consumidor no responda a la caída en los precios porque todavía prevalece el efecto de la orgía de sobrendeudamiento y los agentes buscan por todos los medios posibles reducir la carga de deudas.

Este fenómeno es especialmente severo en China, así que no tiene mucho sentido apostar a que su economía pueda volverse motor del crecimiento mundial. En los últimos veinte años, mientras la maquinaria de propaganda del neoliberalismo hacía que todo el mundo se maravillara por las altas tasas de crecimiento en China, los bancos daban créditos a quien quisiera construir rascacielos transparentes, ciudades fantasmas o carreteras que no iban a ninguna parte. Y ahora que el banco central chino relaja al extremo su política monetaria, recortando el nivel de reservas que los bancos comerciales o semi-privados deben mantener en el instituto monetario, ningún analista espera que esta medida pueda acelerar el crecimiento.

Los bancos centrales en el mundo capitalista desarrollado buscan regresar a niveles de inflación moderados. Por ejemplo, en Estados Unidos y en Suecia, la Reserva federal y la Riksbank buscan regresar a una tasa de crecimiento con una inflación de 2 por ciento. Quizás la Fed tenga que seguir el ejemplo de los suecos e instaurar tasas de interés negativas. De todos modos, el impacto sobre la demanda agregada ha sido casi despreciable en Suecia. Decididamente, algo está cambiando en el capitalismo contemporáneo.

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¿Qué nos dice el Índice 'Big Mac'?

Mar, 08/03/2016 - 20:18
Richard Dunbar, El Economista

Hay una serie de factores detrás de la reciente ola de ventas del mercado, pero el origen de la volatilidad actual se remonta a la decisión de las autoridades chinas de liberalizar, y por lo tanto devaluar, el yuan el pasado agosto. La decisión se tomó en medio de un contexto de fortalecimiento casi ininterrumpido del dólar americano, que estaba causando problemas a las divisas que están vinculadas a su valor. Por ello, quizá merezca la pena evaluar el importante papel que están jugando las divisas tanto en la política económica, como para los que toman decisiones de inversión.

Para responder a estas preguntas, un buen punto de partida podría ser el índice económico Big Mac index. Este conocido índice analiza el precio de este famoso producto en diferentes países y convierte su precio a dólares. El índice se basa en la teoría de la paridad del poder adquisitivo, que sugiere que con el tiempo los tipos de cambio se deben ajustar, a fin de que con un dólar se compre la misma cantidad de bienes o servicios en cualquier lugar -en nuestro caso un Big Mac-. Y si este tipo de comida parece una ganga en una divisa, esa moneda podría estar infravalorada. Se elige el Big Mac porque es uno de los pocos productos que es totalmente idéntico en todas partes y, por tanto, comparable en todos los lugares.

Este índice es una herramienta interesante, dado que los estrategas de divisas tienden a ser más bien cortoplacistas en sus previsiones. Por el contrario, el índice Big Mac tiene una visión a más largo plazo. ¿Y qué nos está diciendo ahora? En primer lugar, dentro de las principales divisas, que la más cara es el franco suizo. Esto no será una sorpresa para nadie que haya tratado de comprar un Big Mac mit pommes frites en la nación más próspera de Europa. ¿Y la moneda más barata? El bolívar venezolano. Una vez más, tampoco será una sorpresa en un país donde las exportaciones de petróleo representan el 95% de los ingresos del país.

Según el índice, el euro parece representar relativamente bien el valor, aunque quizá debería seguir la política del Banco Central Europeo de devaluación de su divisa como parte de sus estrategias de flexibilización cuantitativa. Sin embargo, quizás lo más sorprendente ha sido la evolución del yen. Aunque parezca barato, la divisa se ha mantenido prácticamente sin cambios durante el año, a pesar de la continuación del "QE máximo" por el Banco de Japón. De hecho, el dólar parece tener un valor razonable o claro frente a prácticamente todos los interesados -un hecho importante a tener en cuenta para aquellos inversores que se han embarcado en un "huida hacia la seguridad". En las turbulencias actuales, los activos estadounidenses han sido percibidos como un refugio, incluyendo tanto bonos del Tesoro como acciones. Sin embargo, comprar cosas caras, obviamente, debería ser una estrategia emprendida con cierto cuidado. Por último, el renminbi chino también parece infravalorado en esta medida - así que quizá las autoridades monetarias chinas ya han conseguido lo que querían tras la devaluación de la moneda. El actual Doom-fest en torno a todas las cosas relacionadas con China ha contribuido a esta tendencia.

Sin embargo, la divisa que mejor rendimiento tuvo el año pasado es posiblemente la que tenga más problemas para convencer al dependiente de McDonalds de que la acepte: el Bitcoin. La moneda virtual supera hasta en un 40% al dólar. Los inversores podrían tener razón al ser un poco escépticos de cara a esta creación electrónica, y su fuerte rendimiento puede sólo reflejar una recuperación de su annus horribilis en 2014, pero también podría reflejar el hecho de que no es una herramienta de política monetaria de ningún Gobierno central, y por lo tanto puede navegar por aguas alejadas de estas tormentas particulares.

Por supuesto, este análisis nos puede decir todo y nada. También vale la pena señalar que otro de los aspectos de las monedas es que pueden, y lo hacen, exceder "su valor razonable". A la espera de una regresión a la media, lo que este análisis predice podría poner a prueba la paciencia de los inversores, por no hablar de la cartera. No obstante, constituye un recordatorio oportuno en estos tiempos de política monetaria "no convencional", y en un momento de considerable consenso respecto a las divisas para, al menos, estar al tanto de lo que se está comprando.

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La economía del petróleo barato es decepcionante

Mar, 08/03/2016 - 16:16
Ariel Noyola Rodríguez, Alainet

Un rasgo que caracteriza a la economía mundial de nuestros días es el bajo crecimiento pero –más todavía– la deflación, es decir, la tendencia a la caída de precios, consecuencia a su vez de un deterioro estructural de la rentabilidad del sistema. El desplome de precios se ha manifestado fundamentalmente en el mercado de materias primas (commodities). Y, por mucho, el petróleo es el que ha sufrido la peor caída.

Desde mediados de 2014 los precios de referencia internacional, el Brent y el West Texas Intermediate (WTI), han disminuido en más de 60%. Esta situación ha provocado que los países cuyos ingresos fiscales dependen de las exportaciones de hidrocarburos se encuentren hoy en un serio predicamento, obligándose a realizar un esfuerzo gigantesco para transformar su matriz productiva.

¿Por qué ha caído tanto el precio del petróleo? En primer lugar, el bajo crecimiento que la economía mundial ha registrado a partir de 2009 hasta la fecha ha hecho que la oferta mundial de petróleo esté muy por encima del nivel de demanda. Según las estimaciones de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por su sigla en inglés), en la actualidad existe una sobreoferta de petróleo de aproximadamente 2.5 millones de barriles diarios. Es que las economías de los grandes demandantes de energía se han desacelerado drásticamente: China registró en 2015 una tasa de crecimiento del producto interno bruto (PIB) de 6.9%, la más baja de los últimos 25 años.

Recordemos que a lo largo de las últimas 2 décadas la demanda petrolera mundial estuvo fuertemente arrastrada por la región de Asia-Pacífico, especialmente por China y en menor medida la India que, en aras de mantener elevadas tasas de crecimiento del PIB, privilegiaron la firma de acuerdos de inversión con los países petroleros para garantizar el suministro energético de sus empresas. Ahora el panorama económico es muy distinto.

En segundo lugar, la pugna entre Estados Unidos y Arabia Saudita por el dominio del mercado petrolero mundial los llevó a librar una guerra de precios que no hizo sino apuntalar la caída de las cotizaciones. Estados Unidos favoreció la producción de petróleo y gas de esquisto (shale). Con ello consolidó su posición como uno de los principales países productores e incentivó la acumulación de inventarios (stocks). De acuerdo con los datos más recientes de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por su sigla en inglés), en la semana que terminó el 19 de febrero los inventarios de las empresas petroleras estadounidenses ascendieron a 506.7 millones de barriles, el nivel más alto de los últimos 86 años.

Arabia Saudita, por su parte, apostó por la caída de los precios del petróleo para sacar de la jugada a las empresas estadounidenses. Y, en efecto, en buena medida consiguió debilitar a Washington. Se han perdido decenas de miles de empleos en Estados Unidos, precisamente por el desplome de las ganancias del sector energético. Es que, mientras que entre 2000 y 2014 el auge de los precios de la energía generó unos 400,000 puestos de trabajo en la Unión Americana, en los últimos 18 meses se evaporaron más de 200,000. Tan sólo el pasado mes de enero se perdieron unos 30,000 empleos.

Sin embargo, esta estrategia también resultó dolorosa para Arabia Saudita y las petromonarquías del Golfo Pérsico. Toda vez que la mayor parte de sus ingresos fiscales derivan de las ventas de petróleo, la drástica caída de los precios los colocó en una situación económica insostenible. Algunos de estos países han llevado a cabo reformas impositivas para elevar la recaudación; otros gobiernos de plano han permitido la participación de la iniciativa privada en la industria energética para incentivar la inversión.

Para los grandes países exportadores de petróleo ha resultado exasperante el hecho de que los precios se ubiquen hoy por debajo de los 30 dólares, cuando durante la última década, oscilaron entre 90 y 100 dólares por barril. Por esa razón varios miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), como Venezuela, han insistido en la necesidad de alcanzar un acuerdo que reduzca el techo de la producción petrolera en por lo menos 5% para, de esta manera, propiciar un incremento de los precios.

Bajo esta misma orientación se ha inscrito la política energética de la Federación rusa, país que, si bien no forma parte de la OPEP, ha mostrado una gran disposición para colaborar estrechamente con los integrantes del cártel petrolero, especialmente con Arabia Saudita, a fin de estabilizar los precios a favor de los países productores. El declive de la economía ha marcado la pauta: después de intensas negociaciones, y pese a las enormes diferencias políticas, se logró un acuerdo a mediados de febrero. La OPEP y Rusia tomaron la decisión de congelar la producción petrolera a los niveles del pasado mes de enero, con lo cual, esperan que por lo menos los precios no caigan más.

Lo cierto es que es imposible anticipar que el mercado de petróleo registrará precios altos en el corto plazo. Algunas firmas de inversión estiman que para el año 2017 el precio del crudo podría estabilizarse, superando los 60 dólares por barril. De hecho, hay quienes auguran un incremento por encima de los 100 dólares como el presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien considera que en el mediano plazo el precio podría incluso sobrepasar los 200 dólares. Soñar no cuesta nada.

El sector petrolero seguirá enfrentando grandes dificultades. Por una parte, parece casi imposible que la recuperación de la economía mundial se convierta en el detonante de un nuevo auge de precios. Se añade también el hecho de que Irán tiene todo listo para comenzar a exportar petróleo de forma masiva. De acuerdo con la agencia Moody’s, el país persa podría agregar unos 500,000 barriles diarios a la oferta mundial de petróleo durante 2016, con lo cual, se profundizaría aún más la caída de las cotizaciones. El acuerdo entre Rusia y la OPEP también tendrá un efecto marginal sobre las cotizaciones.

Por otra parte, la deflación petrolera ha reducido las inversiones en el sector, y detonado la quiebra de cientos de empresas, principalmente en Estados Unidos. Aquellos inversionistas que confiaron ciegamente en la revolución energética de Washington ahora están al borde del abismo: comprometieron enormes sumas de dinero en proyectos que producen utilidades marginales. Los balances contables de los bancos también se encuentran en un momento crítico, los grandes banqueros de Wall Street no encuentran cómo hacer frente a las deudas incobrables de sus clientes. Y lo mismo pasa en el resto del mundo, las pérdidas suman cientos de miles de dólares a lo largo de los últimos meses, un descalabro colosal.

Los ganadores de la caída del precio del petróleo han sido en alguna medida, los consumidores de a pie. En varios países los combustibles han disminuido de precio y, con ello, se ha conseguido aliviar un poco la economía tanto de las familias, como de pequeños y medianos empresarios. Sin embargo, destaca el hecho de que el drástico desplome de los precios del crudo no ha favorecido la recuperación de la economía mundial como sí sucedió en el pasado luego de una crisis financiera y una larga recesión. Por eso, la economía del petróleo barato ha sido por demás decepcionante.

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Las exportaciones de China caen hasta niveles mínimos de 2009

Mar, 08/03/2016 - 09:01

Los datos de febrero sobre el volumen de comercio exterior de China no pueden ser menos alentadores, ya que sus exportaciones cayeron un 25,4 por ciento frente al mismo periodo del año pasado, mientras que sus importaciones se redujeron un 13,8 por ciento, confirmando su declive por decimosexto mes consecutivo, informa Reuters. De esta forma, el volumen de las exportaciones registra su caída récord desde 2009, recalca la agencia, que vincula este descenso tan significativo con las peculiaridades del calendario chino. En 2015, el año nuevo lunar y las festividades relacionadas con este evento se celebraron bastante tarde, el 19 de febrero, mientras que este año comenzaron el día 9. El presidente de la Comisión Estatal china para el Desarrollo y Reformas, Xu Shaoshi, informa que las importaciones se redujeron debido únicamente en términos monetarios debido a la caída del precio internacional de las materias primas. Los datos sobre el comercio exterior se hicieron públicos pocos días después de que Pekín presentara un proyecto de desarrollo del país para los próximos cinco años que prevé un crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) anual del 6,5 por ciento, recoge RBK. Por primera vez en un cuarto de siglo, en 2015 el crecimiento del PIB de China se desaceleró hasta situarse en el 6,9 por ciento.

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Nouriel Roubini ¿Regresamos al 2008?

Lun, 07/03/2016 - 07:30
Nouriel Roubini, Project Syndicate

La pregunta que me hacen con más frecuencia en estos días es la siguiente: ¿Regresamos al 2008 y a otra crisis financiera y recesión global? Mi respuesta es un franco no, pero aclaro que el reciente episodio de turbulencia del mercado financiero global probablemente sea más serio que cualquier período de volatilidad y comportamiento de aversión al riesgo desde 2009. Esto es porque hoy existen por lo menos siete causas de riesgo de catástrofe global, a diferencia de los factores únicos -la crisis de la eurozona, el episodio del "taper tantrum" (cuando la Reserva Federal anunció una posible reducción anticipada de sus compras de bonos), una posible salida griega de la eurozona y un aterrizaje económico forzoso en China- que han alimentado la volatilidad en los últimos años.

Primero, los temores sobre un aterrizaje forzoso en China y su potencial impacto en el mercado bursátil y el valor del renminbi han regresado con ganas. Si bien es más probable que China tenga un aterrizaje con sacudidas más que forzoso, todavía deben calmarse las preocupaciones de los inversores debido a la desaceleración actual del crecimiento y la continua fuga de capitales.

Segundo, los mercados emergentes están en serios problemas. Enfrentan vientos de frente globales (la desaceleración de China, el fin del súper ciclo de las materias primas, la salida de la Fed de las tasas de política monetaria cero). Muchos experimentan desequilibrios macro, como déficits de cuenta corriente y fiscal gemelos, y confrontan una creciente inflación y una desaceleración del crecimiento. La mayoría no han implementado reformas estructurales para impulsar el débil crecimiento potencial. Y la debilidad de la moneda aumenta el valor real de billones de dólares de deuda acumulada en los últimos diez años.

Tercero, la Fed probablemente se equivocó al abandonar su política de tasa de interés cero en diciembre. Un crecimiento más débil, una inflación más baja (debido a una mayor caída de los precios del petróleo) y condiciones financieras más difíciles (por un dólar más fuerte, un mercado bursátil corregido y mayores diferenciales de crédito) ahora amenazan el crecimiento y las expectativas inflacionarias de Estados Unidos. Cuarto, muchos riesgos geopolíticos que se cuecen a fuego lento ya están llegando a un punto de ebullición. Quizá la causa más inmediata de incertidumbre sea la perspectiva de una guerra fría de largo plazo -interrumpida por conflictos subsidiarios- entre las potencias regionales de Oriente Medio, particularmente Arabia Saudita, chiita, e Irán, sunita.

Quinto, el derrumbe de los precios del petróleo está generando caídas de las acciones de Estados Unidos y globales y alzas en los diferenciales de crédito. Esto ahora puede señalar una demanda global débil -en lugar de una oferta creciente- en tanto se desacelera el crecimiento en China, en los mercados emergentes y en Estados Unidos.

Los precios bajos del petróleo también perjudican a los productores de energía de Estados Unidos, que conforman una porción importante del mercado accionario de Estados Unidos, e imponen pérdidas crediticias y potenciales incumplimientos de pago a las economías que son netas exportadoras de energía, sus deudas soberanas, sus empresas estatales y las firmas del sector energético. En la medida que las regulaciones impidan que los creadores de mercado ofrezcan liquidez y absorban la volatilidad de mercado, cada shock fundamental se vuelve más agudo en términos de correcciones de precios de los activos de riesgo.

Sexto, los bancos globales se ven amenazados por los retornos más bajos, debido a las nuevas regulaciones implementadas a partir de 2008, el crecimiento de la tecnología financiera que amenaza con alterar sus modelos de negocios ya en dificultades, el creciente uso de tasas de política monetaria negativas, las pérdidas crediticias en alza por activos de mala calidad (energía, materias primas, mercados emergentes, prestatarios corporativos europeos frágiles) y el movimiento en Europa para que los acreedores de los bancos asuman parte de la deuda, en lugar de rescatarlos con ayuda estatal ahora restringida.

Finalmente, este año la Unión Europea y la eurozona podrían ser la zona cero de una turbulencia financiera global. Los bancos europeos están en dificultades. La crisis migratoria podría conducir al fin del Acuerdo Schengen y (junto con otros problemas domésticos) al fin del gobierno de la canciller alemana, Angela Merkel.

Es más, la salida de Gran Bretaña de la UE se está volviendo cada vez más probable. Ahora que el gobierno griego y sus acreedores vuelven a estar en una trayectoria de colisión, el riesgo de una salida de Grecia puede regresar. Los partidos populistas de derecha y de izquierda están ganando fuerza en toda Europa. En consecuencia, Europa cada vez corre más riesgo de desintegrarse. Para colmo de males, su vecindario no es un lugar seguro: hay guerras no sólo en Oriente Medio sino también en Ucrania -a pesar de los repetidos intentos por parte de la UE de negociar la paz, mientras que Rusia se está volviendo más agresiva en las fronteras de Europa, desde los países bálticos hasta los Balcanes.

En el pasado, los riesgos de catástrofe eran más ocasionales, los temores por el crecimiento terminaban siendo sólo eso y la respuesta en materia de políticas era fuerte y efectiva, lo cual permitía que los episodios de riesgo elevado fueran breves y que se restablecieran los precios de los activos a sus niveles altos anteriores (si no más altos aún). Hoy, existen siete causas de potencial riesgo de catástrofe global, y la economía mundial está pasando de una expansión anémica (crecimiento positivo que se acelera) a una desaceleración (crecimiento positivo que se desacelera), lo cual derivará en una mayor reducción del precio de los activos de riesgo (acciones, materias primas, crédito) a nivel mundial. Al mismo tiempo, las políticas que frenaron y revirtieron el ciclo fatal entre la economía real y los activos de riesgo se están quedando sin fuerzas. El mix de políticas no es el adecuado, debido a una excesiva dependencia de la política monetaria y no de la política fiscal. De hecho, las políticas monetarias se están volviendo cada vez menos convencionales, lo que se refleja en la tendencia de varios bancos centrales hacia tasas de interés reales negativas; y estas políticas poco convencionales corren el riesgo de hacer más mal que bien ya que afectan la rentabilidad de los bancos y otras firmas financieras.

Dos meses funestos para los mercados financieros pueden dar lugar en marzo a una recuperación reparadora de activos como las acciones globales, en tanto algunos bancos centrales clave (el Banco Popular de China, el Banco Central Europeo y el Banco de Japón) se vuelven más flexibles, mientras que otros (la Fed y el Banco de Inglaterra) seguirán esperando un tiempo más. Pero repetidas erupciones generadas por algunas de las siete causas de riesgo de catástrofe global harán que el resto de este año -a diferencia de los siete anteriores- sea malo para los activos de riesgo y anémico para el crecimiento global.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La enorme tolerancia en España con el fascismo

Dom, 06/03/2016 - 16:46
Vicenç Navarro, Público.es

Una de las cosas que me sorprendió y que me entristeció más a la vuelta del exilio fue la enorme tolerancia que percibí en España hacia el fascismo, no solo entre las derechas, sino incluso entre amplios sectores intelectuales de las izquierdas, que frecuentemente utilizaban el término ‘franquista’ para definir aquel régimen, sin que ni siquiera utilizaran el término ‘fascista’, ignorando que, como he señalado en varias ocasiones, aquel régimen tenía todas las características que definen el fascismo: un nacionalismo exacerbado, de dimensión imperialista, con tonos racistas (el día nacional se llamaba de la Raza), con una adulación a la figura del líder del partido fascista, supuestamente provisto de dotes sobrehumanas (Caudillo por la Gracia de Dios), y con instituciones miméticas a las de los Estados fascistas (como los sindicatos verticales), imbuido de una ideología totalizante que afectaba a todas las dimensiones del ser humano (desde la lengua hasta el sexo), claramente influenciada por una doctrina sumamente reaccionaria (promovida por el Estado, en alianza con la Iglesia Católica, que formaba parte del Estado) bajo la justificación de querer construir una sociedad nueva, en contra de los ‘rojos’ (definiendo como tales a todas las voces opuestas a aquel régimen) y ‘separatistas’ (incluyendo en esta categoría a todas las otras visiones de España distintas a la España radial y uninacional).

Ni que decir tiene que estas características se diluyeron con el tiempo, y al final de aquella dictadura fascista pocos dentro de ese Estado se creían la ideología, sobre todo los dirigentes de aquel Estado, meros oportunistas carreristas, corruptos hasta la médula, característica que ha continuado entre sus sucesores en la derecha española. Aun así, las características de aquel régimen y de la ideología totalizante sí que pervivieron, de manera que muchos de sus elementos todavía están presentes en la cultura hegemónica del país y en el aparato del Estado (para la evolución de este apartado, ver mi libro Bienestar insuficiente, democracia incompleta. Sobre lo que no se habla en nuestro país, Anagrama, 2002).

El Estado dictatorial era totalitario, y no solo autoritario Al reintegrarme de nuevo en la vida académica española, vi que la mayor parte de su comunidad politológica había aceptado las teorías del profesor Juan José Linz, que negaba el carácter fascista de aquel régimen, limitándose a reconocer que había sido un régimen meramente autoritario, pero en absoluto totalitario, definiendo como tal un régimen que promoviera una ideología totalizante que intentara cambiar profundamente la sociedad creando un nuevo hombre (la mujer no pintaba nada en esta ideología) que, como indiqué en párrafos anteriores, sustituyera al hombre republicano del régimen anterior, presentándolo como “anti España”, “rojo” y “separatista”. He escrito crítica y extensamente sobre las teorías de Juan José Linz, lo cual me ha originado un cierto distanciamiento de una gran parte de politólogos españoles que todavía hoy continúan definiendo aquel sistema político como meramente autoritario y caudillista. Es más, muchos de los personajes más conocidos en las ciencias políticas españolas fueron discípulos del profesor Linz, lo cual complicó incluso más mis relaciones personales con tales discípulos. Tomaron mis críticas a su profesor casi como una afrenta personal. Pero los que se lo tomaron peor fueron mis amigos de izquierdas, compañeros de la lucha contra aquel régimen durante la clandestinidad, y que más tarde fueron protagonistas de la transición que tuvo lugar en España de la dictadura a la democracia. En mis escritos —y muy en especial en el libro mío que cito en un párrafo anterior— indiqué que el enorme dominio que las fuerzas conservadoras habían tenido durante el periodo de la Transición (un proceso que, por cierto, distaba mucho de ser modélico, tal como los protagonistas lo definieron) era la mayor causa de que la democracia que dicha Transición produjo fuera de muy escasa calidad (en absoluto homologable a la existente en el resto de la Europa occidental), con un Estado del Bienestar muy poco desarrollado y con una hegemonía clara en el pensamiento dominante que conducía a definir a los antecesores de las actuales fuerzas conservadoras como autoritarios, pero en absoluto totalitarios, y todavía menos como fascistas. Y el gran error de las izquierdas es que en su proceso de acomodación reprodujeron tal visión de lo que había sido aquel régimen, definiéndolo como franquista y no como fascista. Mi crítica hacia esta acomodación resultó en que varios de aquellos compañeros, protagonistas de la Transición, me retiraran la palabra.

El desconocido y ocultado pasado de Dalí Como indicadores de este dominio tenemos la continuidad en la promoción de personajes que jugaron un papel clave en el mantenimiento y reproducción de aquel régimen. Seguimos viendo cómo estos personajes gozan de una gran prominencia en la vida política, intelectual y cultural, no solo en las instituciones públicas financiadas con fondos públicos, sino también en las privadas.

Recuerdo la sorpresa y desagrado que me produjo encontrar un gran monumento en Catalunya al despreciable colaborador del fascismo en España, y máximo portavoz en los foros culturales en el extranjero de este fascismo español y de sus dirigentes, que fue el Sr. Salvador Dalí, uno de los principales defensores de tal fascismo a nivel internacional. Salvador Dalí fue parte del establishment fascista, simpatizando claramente con la Falange. Su servilismo y adulación al dictador alcanzó niveles nauseabundos, promocionándolo en el extranjero, presentándolo como “el político clarividente que impuso la verdad, la claridad y el orden en el país en un momento de gran confusión y anarquía” (ver The Shameful Life of Salvador Dalí, de Ian Gibson).

Su apoyo al fascismo continuó hasta el último día de la dictadura, defendiendo al dictador hasta el final. Y también apoyó la brutal represión del régimen (por cada asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió 10.000, según el mayor estudioso del fascismo europeo, el profesor Malefakis, de la Universidad de Columbia en Nueva York).

Dalí fue uno de los máximos defensores no solo del fascismo, sino también de la represión por la que tal régimen se caracterizó. Ejemplos de ello hay muchos. El caso más conocido fuera de España (pero no en su interior) es el que ocurrió a raíz de la ejecución, el 27 de septiembre de 1975, de cinco prisioneros políticos, acto que generó una enorme repulsa internacional. Frente a dicha barbaridad, Dalí salió en defensa de tales ejecuciones, indicando en declaraciones a la Agencia France Press que “dos millones de españoles salieron a la calle aplaudiendo al mayor héroe existente en España, el general Franco, mostrando que todo el pueblo español está con él (….). Es una persona maravillosa. Y su acto garantiza que la monarquía que le suceda sea un éxito. En realidad, se necesitan tres veces más ejecuciones de las que han ocurrido”.

La represión fascista fue dura en la parte alta del Empordà (el Alt Empordà), incluyendo Cadaqués, donde tal personaje vivía. Entre las víctimas de aquella represión estuvo un maestro que fue fusilado por enseñar el catalán. Una nota interesante. Dalí se fue rápidamente a París al finalizar la dictadura, temeroso de que la población pudiera lincharle. El dominio (también en Catalunya) de las derechas en la Transición explica que no solo no le ocurriera nada, sino que se le promocionara. Se le presentó como un gran recurso del país que podía atraer turistas al Alt Empordà.

Hoy en Cadaqués (que es donde la burguesía catalana veraneaba) no hay un monumento a ese maestro fusilado. En cambio, Dalí tiene todo un monumento en la Plaza Mayor de esa localidad, sin que la juventud conozca nada de lo que pasó en su pueblo. Ello es un indicador más de que la burguesía catalana ha continuado dominando la vida política, intelectual, cultural y mediática de Catalunya durante la época postdictatorial. Tal promoción se argumenta (como acentuó el columnista de La Vanguardia, el Sr. Antoni Puigverd, portavoz informal de la respetabilidad burguesa) con que una cosa es su comportamiento como ciudadano y otra es su pintura, y el homenaje se supone que es al pintor, y no al fascista.

La conveniente dicotomía persona versus pintor o versus escritor (en el caso de Josep Pla) Una situación algo comparable ha sido el gran respeto y homenaje que se ha rendido al escritor Josep Pla, el gran autor de las letras catalanas, gran defensor de la versión burguesa de la cultura catalana, que apoyó activamente el golpe fascista militar, siendo una de sus funciones —como espía del Ejército fascista— el señalar los lugares donde debía bombardearse Barcelona, comunicando la información a las fuerzas militares para que estas bombardearan. De nuevo, una persona que jugó un papel importante en la estrategia militar del golpe fascista es homenajeada por sus escritos en catalán, ignorando su articulación con el golpe militar que, por cierto, oprimió brutalmente a la cultura catalana.

Recuerdo la impresión nauseabunda que me dio descubrir el busto de Josep Pla en el Ateneo Barcelonés, durante muchos años el centro intelectual burgués de Barcelona. Tal institución es privada, pero la existencia de este busto muestra la falta de sensibilidad democrática de dicha institución. De nuevo, el domino de la burguesía catalana en la vida cultural e intelectual explica que se le homenajee, con la presencia de un busto de su figura.

En este caso se ha dicho también que una cosa es la persona y otra es el escritor. Tal argumento ignora muchos hechos. Uno es que aquellas sociedades en donde se derrotó al fascismo y al nazismo, y en las cuales se desfascistó y desnacificó (como en Alemania) el país, las personas que habían sido parte del aparato cultural nazi y fascista fueron deshomenajeadas, perdiendo los honores que la dictadura les había otorgado, eliminando sus monumentos en los espacios públicos y prohibiendo que se les homenajeara en los espacios privados.

En España, sin embargo, el fascismo no fue derrotado, y las fuerzas que dominaron la Transición fueron las herederas de aquellos que hicieron el golpe militar y establecieron el régimen dictatorial. Y esto ocurrió en toda España, incluyendo Catalunya. El temor (cuando no la cobardía) de los gobiernos de izquierdas en España (primordialmente del PSOE) ha tenido un coste elevadísimo, pues ha permitido el mantenimiento de una visión hegemónica de lo que ocurrió en España, donde la recuperación de la Memoria Histórica está muy retrasada. Hay una relación clara entre la permanencia de un monumento al fundador de aquel régimen (el general que ha asesinado a más españoles en este país) en el Valle de los Caídos, y el rechazo institucional que ha ocurrido en Madrid a la propuesta de que se interrumpiera el homenaje a las figuras de Dalí y de Josep Pla, activos miembros de la represión fascista, eliminando la dedicación de calles públicas a tales personajes en esa ciudad. ¿Hasta cuándo continuará este temor a las derechas, herederas de aquel régimen, en España?

Una última observación. Tengo una magnífica opinión de la alcaldesa de Madrid y del nuevo ayuntamiento de aquella ciudad, que reflejan el Madrid popular (tan distinto al Madrid oficial, capital del Reino de España). Y así consta en mis escritos, donde he defendido a la alcaldesa Carmena frente a los ataques de las derechas españolas (ver mi artículo El Ayuntamiento de Madrid lleva razón, Público, 30.07.2015). Ello me da, por lo tanto, peso moral para criticar ahora un hecho que considero sorprendente y denunciable. Según parece, se ha dicho que el ayuntamiento, a raíz del ruido mediático de protesta generado por la derecha madrileña por el retiro del monumento fascista al Alférez Provisional, ha enviado una carta a la Fundación Nacional Francisco Franco (que protestó por tal hecho) indicando que reposicionará el monumento (ver el artículo Un error no justifica otro, Joan B. Culla, El País, 26.02.2016).

Me gustaría que esta información no fuera cierta, pues, en caso contrario, me parecería un insulto no solo a las víctimas del fascismo, sino también a todas las personas demócratas en este país. Espero que esto no haya sido así. Pero el ayuntamiento debe aclararlo. Y si esta carta existe, la alcaldesa debería reconocer su error y no poner de nuevo tal monumento. Repito lo que dije antes. El temor debe terminarse en España. No hacerlo es continuar empoderando a las derechas españolas, herederas del fascismo.

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Lula y el futuro de Brasil

Sáb, 05/03/2016 - 13:06

Emir Sader, La Jornada
La derecha brasileña siempre creyó que en algún momento el Partido de los Trabajadores (PT) iba a ganar, pero fracasaría y a partir de ese momento podría dirigir el país con tranquilidad. Luiz Inácio Lula da Silva ganó y resultó ser el mejor gobierno que jamás tuvo el país. Desde ese momento empezó la caza de Lula.

No pudieron impedir su relección en 2006, ni que él eligiera y religiera a su sucesora, en 2010 y 2014. Ahora Lula aparece como favorito para ganar las elecciones de 2018 y volver a ser presidente de Brasil.

En la desesperación, la derecha une todo lo que tiene: sectores del Poder Judicial, de la Policía Federal, los grandes medios privados, todos en campaña total contra Lula. Una campaña que se intensificó a partir del discurso de Lula en Río de Janeiro, en el cumpleaños del PT, el 27 de febrero, cuando declaró públicamente que si fuera para garantizar la continuidad del proceso iniciado en 2003, él seria candidato de nuevo.

A partir de ese momento la derecha declaró una guerra abierta contra Lula. Declaraciones falsas, desmentidas enseguida, pero mantenidas por los medios como si fueran reales.

La acción de la Policía Federal directamente contra el ex mandatario –en su casa, en la casa de su hijo, en el Instituto Lula–, llevándolo detenido, a pesar de que él ya había prestado anteriores declaraciones, fue anunciada por un periodista de Red Globo varias horas antes por Internet. Fue una operacion mancomunada de sectores del Poder Judicial con los grandes medios privados y sectores de la Policía Federal.

Es el intento más grave de buscar excluir a Lula de la vida política brasileña. No hay ninguna prueba de las acusaciones que le hacen, intentan que presos declaren contra él a cambio de la disminución de sus condenas –las mal llamadas delaciones premiadas. No han logrado nada. De ahí la accion mediática espectacular contra el ex mandatario, para ver si logran con ello desgastar su imagen.


Han actuado en el momento en que Lula se declara candidato, en que el ministro de Justicia fue sustituido, pero todavía no ha cambiado los mandos de la Policía Federal, cuando el Supremo Tribunal Federal aún no ha juzgado el pedido de Lula de que el juez más arbitrario de todos deje de estar al mando de los casos en que se le acusa. Por todo ello, lo han hecho en este momento, acelerando los enfrentamientos y poniendo en jaque, al mismo tiempo, al gobierno de Rousseff.

Pero ahora han creado un punto de no retorno. Lula salió de rendir declaración, fue a la sede del PT y dio una conferencia de prensa emocionante, donde dijo que su llama está más encendida que nunca, que a partir del lunes retoma los viajes por todo el país para charlar, conversar, dejando claro que la campaña electoral de 2018 ha comenzado ahora.

El destino de Brasil se juega en este momento. O logran, por la vía judicial y policial excluir a Lula de la vida política, y así harían lo que les da la gana del país. O Lula logra superar también este momento y vuelve con más fuerza como el candidato favorito para a ser presidente de Brasil en 2018.

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Spotlight, una de curas pederastas gana el Oscar

Ven, 04/03/2016 - 12:20

Pepe Gutierrez Alvarez, Viento Sur

La noticia es de la mayor importancia. De entrada nos demuestra que a pesar de que la sombra de los negocios parece haberlo podrido todo, en EE UU en general y en el cine en particular se han conquistado lo que aquí llamábamos “zonas de libertad”. “La película del año” trata del caso iniciado en 2002, cuando un pequeño equipo de reporteros del Boston Globe comenzó a tirar de la manta de una causa judicial por pederastia. La acusación tenía los testimonios de más de 100 niños contra un cura de Massachusetts, en realidad una punta del iceberg.

Lo primero que descubren es que la Archidiócesis de Boston había ocultado el caso. En contra de lo habitual, los reporteros desarrollan una investigación gracias a la cual se destapó que en esa comunidad estadounidense había al menos 86 curas que habían sido acusados alguna vez de abusar sexualmente de niños de la región. El escándalo sacudió a la Iglesia Católica, el arzobispo tuvo que dimitir y sólo en la zona de Boston afloraron poco tiempo después unas 600 denuncias por abusos cometidos por el clero en el pasado. Como se revela a mitad de la película, el número aproximado de miembros del clero que cometen pederastia está estimado, por diferentes organismos, en un 6%.

Esta es la historia, una película sobre un tema casi tabú, que el cine no ha comenzado a tratar abiertamente hasta fechas recientes. Cierto que hubo precedentes, el primero que recuerdo es Los olvidados(1950), de Luis Buñuel, el tema sugerido en The Innocents (1961) titulada aquí Suspense y en Latinoamérica Posesión satánica), obra maestra del cine británico de Jack Clayton con guión de Truman Capote y William Archibald que adaptan la inmortal novela de Henry James. Mucho más explícita fue Sleepers (1996), con guión y dirección de Barry Levinson que se apoyó en la novela de Lorenzo Carcaterra y que realizada con talento e ira, apoyada en actores de relieve (Brad Piit, de Niro, Kevin Bacon), enfoca la respuesta hacia el terreno de la venganza, o sea personalizando la tragedia. Mucho más interesante es Mystic River (2002), quizás la mejor de Clint Eastwood que describe como la vida de un muchacho violado puede convertirse en un infierno.

Aunque el caso de Boston fue motivo de una miniserie de cierto relieve, Our Fathers (Secretos de confesión, 2005), también con un sólido reparto, no fue hasta El club (2014/2015), de Pablo Larraín, un autor que utiliza de manera insólita y rotundamente eficaz los códigos del cine de género (quien no haya visto su film No, que no espere más, lo puede hacer on line), que realiza la crítica más radical en todos los sentidos (la forma en la que está rodada, con la imagen amoldándose a los horrores más profundos, merece estudio) y que se sirve de las herramientas del cine de terror para mostrar la cómoda penitencia de un grupo de curas de repugnante historial. En un film de una dureza insoportable, Larraín muestra los horrores de ese mundo y de historias en la que el “destierro” de esos curas equivale a la ocultación pública del problema. Un juego ese del destierro y la ocultación profusamente utilizado por el franquismo y que se extendió a otros casos e historias, de funcionarios corruptos o policías asesinos (como el que disparó contra Germán Rodríguez en el San Fermín de 1978 en Pamplona).

Esta lista sumaria puede complementarse con trabajos como Els internats de la por (https://www.youtube.com/watch?v=ttAbGa789Hg) , de Montse Armengou y Ricard Belis, un documental irreemplazable que abre de par en par unas puertas que seguían cerradas cuatro décadas después del gran silencio franquista. La historia está cambiando, están sucediendo cosas que antes ni se imaginaban: ¿quién iba a imaginar que en irlanda la Iglesia iba a perder un referéndum sobre el matrimonio gay?. Antes hubo películas como The Magdalene Sisters, (Las hermanas de la Magdalena, 2003), de Peter Mullan. Hace unos días, TV3 emitía un documental sobre “los hijos del pecado”, la fosa de más de 800 criaturas víctimas de esta institución que hacía negocio con las “pecadoras” y que vendía sus hijos, o se deshacían de ellos como si fuesen desecho.

El cine pues crea caminos, se compromete como en el caso Spotlight, que hacesemanas está en nuestras carteleras y en la boca de mucha gente que, al tiempo, no puede por menos que hablar de conexiones que hemos conocido o padecido, historias como la de los Maristas de Sans de Barcelona que ponen en evidencia más lo que se esconde que lo que al final -cuando las víctimas no se ocultan- se dice. Una obra filmada con inteligencia, apostando por una presentación de los datos de forma clara y precisa y sin abusar de lo sentimental. La mayor parte de la película son estos cuatro periodistas, un abogado y algún agente burocrático más debatiendo sobre los procedimientos legales y las operaciones a realizar a la hora de armar el reportaje con rigor, ofreciendo una muestra precisa del poder que tienen las redacciones y, por lo tanto, de la existencia de una trama de complicidad. Porque Spotlight es también una película sobre la lucha en la prensa entre el negocio y la conciencia.

De eso seguro que sabe su afamado guionista Aaron Sorkin, el celebrado autor de varias series de televisión de la mítica HBO como The Newsroom (2102), en cuya segunda temporada Sorkin introduce una cínica apología patriótica. Pero en esta película, su director Thomas McCarthy no se va por las ramas. Se nota que ha vivido en una redacción, que conoce las miserias y grandezas del oficio y que también ha aprendido del mejor cine “liberal” norteamericano, de aquel que en los años sesenta ejemplificó la unión entre John Frankenheimer y Burt Lancaster. Normalmente, el Oscar responde a razones más o menos cuestionables, pero a veces acierta. No sé si Spotlight es la mejor película del año, pero de lo que hay duda es que se trata de una buena película como cine del mejor, pero sobre todo porque amplía de manera muy considerable la brecha de luz sobre las oscuridades de una Iglesia con la que no se puede topar, algo que ya sabía Cervantes. Me trae al recuerdo una pequeña historia que tuvo lugar en mi localidad (La Puebla de Cazalla, Sevilla), gobernada por el PCE y luego por IU, con gente muy valiosa. Pues bien, hace unos pocos años sucedió que el amplio espacio del convento se hundió. A pesar de que pronto se pusieron vallas, algunos pudieron ver cosas extrañas, cuerpos. Pero faltó tiempo para que llegara una brigada de obras y todo quedara tapado y bien tapado. ¿Qué había allí? no sabemos. Pero lo más sospechoso es el silencio. Necesitamos muchas películas como ésta.

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Capitalismo y colapso climático

Ven, 04/03/2016 - 05:19
John Saxe-Fernández, La Jornada

¿Quiénes son los responsables y grandes ganadores del retraso de 24 años en la regulación y freno de las emisiones de gases con efecto invernadero (GEI), que según el consenso científico articulado por el Panel intergubernamental sobre cambio climático de la ONU, está en la base del colapso climático antropogénico (CCA) en curso? Estudios de Richard Heede (Climatic Change, enero, 2014); Robert Brulle (Climatic Change, enero 2013), Justin Farrell (Academia Nacional de Ciencias, mayo 2015) y Tim Gore (Oxfam, 2015) ayudan a dilucidar lo que para una abrumadora mayoría (97 por ciento) de la comunidad científica del mundo es, junto a una guerra nuclear, el riesgo mayor jamás afrontado por la humanidad y la biota global.

Heede rastrea las huellas de emisiones de dióxido de carbono (CO2) y metano (CH4) de los principales productores de combustibles fósiles y cemento en la vasta base de datos del Departamento de Energía de Estados Unidos. Su estudio registró emanaciones de las principales 50 firmas privadas; de 31 entes estatales y de nueve naciones productoras de petróleo, gas natural, carbón y cemento, de 1854 a 2010. Su emisión global acumulada de GEI fue de 914 mil millones de toneladas de CO2 equivalente (GTCO2e): 63 por ciento de la generación mundial de CO2 industrial y CH4 entre 1751 y 2010. Ese es el total de lo lanzado a la atmósfera por los 90 mayores entes fósiles.

Desde un diario inglés Suzanne Goldenberg sintetizó la sustancia del estudio así: La crisis climática del sigloXXI fue causada en gran medida por sólo 90 corporaciones, que han lanzado a la atmósfera dos tercios de los GEI generados desde el inicio de la era industrial. Las firmas van desde corporaciones como Chevron, Exxon y BP a entes de propiedad estatal.

En entrevista, Heede indicó que aunque existen miles de productores de gas, petróleo y carbón, los que toman las decisiones, los altos gerentes de las principales firmas emisoras de GEI, son pocos. Caben en uno o dos autobuses. Enfatizó un dato de gran relevancia: que la mitad de los GEI emitidos desde la revolución industrial ¡se generaron en los últimos 25 años! es decir, desde que las corporaciones y los gobiernos ya sabían de la relación entre las emisiones de GEI y el calentamiento global con alto riesgo para centenas y miles de millones de personas. Cabe volver a recordar que en la Cumbre de la ONU en Brasil, 1992, también lo advirtió Fidel Castro.

La relevancia sociopolítica del estudio de Heede no pasó inadvertida ni por quienes van a las cumbres climáticas, ni por los funcionarios que dialogan en lo oscurito con los cabilderos de la industria fósil. Importa especificar la responsabilidad histórica de grandes firmas de las sociedades de consumo: el problema no es gestado por la humanidad, ni por aumentos en la población, sino por la vasta explotación capitalista que se gestó desde la revolución industrial, con los combustible fósiles en papel de vital eje de acumulación. El dato duro que da Heede hace trizas la noción de que en el calentamiento global todos somos culpables, por tanto no hay responsables y evidencia que no vivimos en un antropoceno como se lee con frecuencia, sino en el capitaloceno, asunto planteado por Elmar Altvater en El Fin del capitalismo, tal y como lo conocemos, 2012.

Desde los años 70 las grandes petroleras encabezadas por Exxon fueron advertidas por sus científicos del riesgo de los GEI, según se documentó en 2015. Exxon usó ese conocimiento para sus negocios, desatendió las advertencias, apoyó al negacionismo con millones, lucró con la duda sobre la ciencia climática y gozó la cascada de ganancias que traía consigo el desborde de las emisiones de GEI registrados en los pasados 25 años gracias al bloqueo de la industria fósil a la regulación y freno vinculante de esos gases.

Estos son crímenes corporativos y/o estatales de lesa humanidad. Según el FMI (imf.org) en 2015 la industria fósil mundial gozó de subsidios por 5.3 billones (trillions) de dólares, mientras Exxon anunció antes de la COP21, cuando se habló de compromisos vinculantes que extraería petróleo sin límite y Rex Tillerson, su CEO, anunció en la CERAWeek (Houston, abril, 2015) el arribo de una transformación dramática de la escena energética gracias a tecnologías que dan acceso a la energía de las arenas bituminosas, a los fósiles en aguas profundas, al gas y petróleo de lutitas y del Ártico (sic). Toda una nueva era de abundancia energética hacia el caos climático con aumentos de temperatura de 4ºC a corto plazo (según estudio de Shell) hasta los 6ºC después.

Al año de lo dicho por Tillerson, Enrique Peña Nieto fue al Texas de los Bush. Premiado por la entrega del sector petroeléctrico de acá, festejó con CERA su hazaña anti-nacional para que Exxon, Shell, et al, sigan transformando al mundo como lo conocemos y ocupen los yacimientos y gasolineras del país, en medio de la mayor violencia y desastre de derechos humanos en la historia nacional.

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