Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger4851125
Actualizado: fai 23 horas 55 min

Inversores huyen de mercados emergentes y desatan pánico global

Mér, 05/02/2014 - 01:02

La volatilidad ha vuelto a poner nerviosos a los mercados financieros y está desatando nuevas tormentas monetarias que amenazan echar por tierra la tibia recuperación económica. Este escenario parecía imposible hacia finales del año pasado, pero lo advertimos aquí y aquí. No sólo se empaña una débil recuperación, sino que se pone en serio peligro a los países que hasta el momento habían sorteado discretamente la crisis desatada hace seis años.

Desde mediados de enero, la tormenta monetaria sopla con fuerza sobre los países emergentes que han visto a sus monedas hundirse por los caprichosos deslices de los mercados de capitales. Las monedas de Argentina, Turquía, Rusia, India y Sudáfrica han sufrido fuertes ataques devaluatorios. Y si hasta hace poco los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) eran un refugio seguro para los inversores internacionales de todo tipo, los vientos han cambiado de dirección de manera notable, dando cuenta de la precariedad de todo el sistema. El Índice MSCI Emerging Markets ha caído un 7 por ciento desde principios de enero, el doble de la caída de los mercados europeos y estadounidenses.

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"Nos espera una crisis comparable a la rusa de 1917, pero a escala global"

Mar, 04/02/2014 - 09:00
Si nos fijamos en cómo se desarrolla la situación en la política mundial, no podemos hacer la vista gorda a los grandes cambios que están por venir, opina el economista Mijaíl Jazin. Según el analista económico, lo más importante es entender el comportamiento actual de la élite, es decir, de aquellas personas que pueden (aunque no siempre quieren) tomar las decisiones necesarias.

"Alguien puede estar en desacuerdo con el concepto de la caída de la élite financiera mundial o puede no creer en la continuación de la crisis económica, pero basta leer el reciente discurso de Obama ante la Asamblea General de la ONU o ante el Congreso para entender que los cambios son evidentes", afirmó Jazin en un artículo publicado en el portal ruso Worldcrisis.

La mencionada élite son aquellos que no quieren cambiar absolutamente nada. Su tarea es "evitar cualquier intento de cambiar algo en el sistema que les permite vivir bien". Jazin opina que este grupo consta de dos partes principales: financistas internacionales y la burocracia, tanto internacional como nacional.

En cuanto aparece una persona que simplemente mencione la necesidad de llevar a cabo algún cambio, este grupo trata de exterminarla con la máxima brutalidad, si no físicamente, sí en el marco de la vida social y política. No interpretan esas tentativas de cambio como un deseo de salir de la crisis, sino como un intento de cambiar la élite existente por otra.

"Como consecuencia, las posibilidades de llevar a cabo reformas están fuertemente limitadas, lo que tarde o temprano provoca una explosión", dijo Jazin. Según sus palabras, el ejemplo clásico de este tipo de "explosión" es la Rusia de 1917, cuando la falta de voluntad de la aristocracia de introducir cambios en el país provocó la muerte de este grupo social, y luego provocó cambios fundamentales en todo el Estado. Así, cree el economista, "existe una probabilidad muy elevada de que nos espere una crisis comparable a la del año 1917, solo que a escala global".

Jazin concluye que, cuanto más tratan los financieros y la burocracia de proteger el antiguo sistema -que está dando ya sus últimos pasos-, más brillante será la victoria de lo que él llama "islam político" y de otras fuerzas opositoras radicales que no ofrecen ninguna alternativa.

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Corrupción generalizada en Europa supera los 120.000 millones de euros

Mar, 04/02/2014 - 02:20

La corrupción en los 27 estados de la Unión Europea sigue siendo un grave problema y más de 120.000 millones de euros se desvían anualmente en las prácticas corruptas de los nexos político-empresariales. De acuerdo al informe entregado hoy (y con seis meses de retraso) por la comisario europea Cecilia Malmström, el 75 por ciento de la población cree que el problema es generalizado. La crisis financiera ha impulsado las malas prácticas y esto lo sufren los gobiernos con el descenso de la recaudación tributaria.
La corrupción afecta a todos los países de la UE y socava la confianza de los ciudadanos en las instituciones democráticas, perjudica a la economía y priva a los Estados de ingresos públicos que son muy necesarios. La adjudicación de las propuestas públicas y el financiamiento de los partidos políticos son dos frentes que propagan los negocios turbios, señaló hoy Cecilia Malmstrom en Bruselas. Pero también la corrupción se ha asentado en otros sectores, como la salud, donde muchos pacientes se ven obligados a pagar por debajo de la mesa para obtener los tratamientos necesarios.

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Los pobres del mundo

Dom, 02/02/2014 - 18:50
Osvaldo Bayer, Página 12

Basta leer los títulos de los diarios para volverse pesimista.

Se nos dijo siempre que el capitalismo solucionaba todos los problemas por sí mismo. ¿Cómo? He analizado los diarios alemanes de las últimas dos semanas. Partamos de la base que se sostiene que Alemania es el país más desarrollado y adelantado de Europa, por su organización y por ser el único que no ha sido sorprendido por la crisis. Pero esa tesis se derriba estrepitosamente cuando uno entra en detalles. Justamente, los dos diarios que analicé, uno es profundamente liberal-conservador y el otro social-liberal, sin decirlo, demuestran lo contrario. Se trata del General Anzeiger, principal diario de la zona renana, y el Frankfurter Rundchau, que llega a todo el país.

El 21 de enero pasado, este último titulaba “Globalmente más desocupados”, y señalaba el texto: “Según el informe anual de la Organización del Trabajo de Naciones Unidas en el 2013 se constataron 202 millones de personas sin trabajo, es decir, cinco millones más que en el 2012”. Y agrega: “La continua suba de la desocupación comenzó con el inicio de la crisis financiera del 2008 y seguirá así según estudios de la ONU”.

Sigamos, ahí no se termina. El General Anzeiger del 15 de enero titula “Impuestos contra la pobreza infantil”. Y expresa: “En Alemania, según opinión de la mayoría de sus habitantes, se hace muy poco por los niños pobres. Para lo cual se señala que hay que cobrar más impuestos a los ricos. Esto se expresó luego de una encuesta realizada por la Asociación de Ayuda al Niño”. Y justo en la misma página de este diario figura esta información: “Griegos ricos salvan miles de millones de euros”. En Grecia, el país que más sufre la crisis europea. Dice la nota: “De acuerdo a lo sostenido por el director de la SDOE (de Impuestos) ante el Parlamento, griegos de fortuna enviaron desde su país 54 mil millones de euros al exterior”. Y agrega que sobre esa suma nunca se pagaron impuestos.

Uno se pregunta, después de eso, ¿por qué el Mercado Común Europeo está ayudando financieramente a Grecia en su increíble crisis?

Pero volvamos a los niños. En el mismo diario, bajo el título “Problema dejado de lado” y el subtítulo “Alemanes que desean más interés en combatir la miseria de los niños”, se señala: “Niños que van a la escuela con el estómago vacío. Niños de cuarto y quinto grado que sólo con mucho empeño y dificultad pueden leer y escribir. Niñas y niños que no pueden concurrir a las piletas de natación para aprender a nadar, por falta de dinero. Desde años atrás se discute el problema pero hasta ahora la política no ha encontrado una estrategia exitosa”.

Wolfgang Büscher ha escrito que “La política no interviene en el problema, total los niños no votan”. De acuerdo con datos de la Fundación de Ayuda al Niño, “viven 2.800.000 niños y adolescentes en familias que perciben menos del sesenta por ciento de la entrada mínima que necesita una familia”.

El presidente de la Federación Alemana de Pagadores de Impuestos ha declarado que “hay suficiente dinero. Ni la República, ni las provincias ni las comunas tienen problemas, reciben el pago de impuestos necesarios. El único problema es por qué no se gastan esos dineros recibidos para terminar con los problemas sociales y familiares”.

Pienso: si esto ocurre en Alemania, un país tan organizado, qué ocurrirá en nuestra Latinoamérica con sus inmensas villas miseria y su enorme número de niños.

Un problema que tendrían que tratar todos los días los parlamentos del mundo y obligar así a los gobiernos a terminar con esa raíz de las violencias que son la pobreza y la desigualdad.

Pero en esto no se acaban los problemas. Leamos este título del General Anzeiger del 21/1/14: “Pobreza en la vejez. El riesgo crece”. Y de subtítulo: “Pronósticos sombríos para jubilados del futuro”. Y el texto: “Cada vez menos dinero para vivir. Los números son alarmantes y muestran la grieta que atraviesa a nuestra sociedad”. Y señala que así se expresa el Panorama 2013, documento de expertos sociales y estadísticos presentado hace pocos días. De acuerdo con él ha ido creciendo el riesgo de caer en la pobreza de las personas entre 55 y 64 años. Ese riesgo ha crecido, claramente, desde hace cuatro años del 17,7 por ciento al 20,5. Un promedio exactamente igual muestra el Informe para Jubilados de la Organización para el Trabajo Conjunto y Desarrollo (OECD).

Por su parte, la Fundación Bertelsmann ha presentado un estudio sobre el desarrollo en 129 países, con datos del 2011 al 2013. En él se concluye que “dada la gran diferencia entre ricos y pobres, se llevarán a cabo en los próximos años en muchas partes del mundo masivas protestas. En numerosas democracias, en los pasados años, se han registrado pasos atrás”. Además resalta que “en numerosas regiones del mundo, a pesar del crecimiento económico, se registra siempre un alto crecimiento de la pobreza y de limitaciones sociales. En la mayoría de los estados se benefician sólo las minorías elitistas. Al mismo tiempo, aumenta la resistencia. Por eso, en el futuro continuarán las protestas y revueltas ciudadanas”.

El ser humano no se rinde, continúa la lucha comenzada hace siglos. El único camino.

Pero, ante tanta mala noticia, hay una buena: en Alemania, el año pasado, las librerías vendieron más libros que en el 2012. Se detuvo así la decadencia de las librerías que venían perdiendo hace años. ¡La mejor noticia!

Aunque hay otra mala: a Alemania ha llegado la información que la multinacional alemana Kronberg y Schubert, radicada en la Argentina, ha despedido a 70 trabajadores –en su mayoría mujeres– de su fábrica de autopartes de Pilar y utilizó la policía argentina para reprimir a quienes habían iniciado un paro por mejores condiciones de trabajo, policía que fue ayudada por “barras bravas”. Los despedidos piden ayuda de los sindicatos alemanes ya que esa empresa tiene plantas también en este país, del que es originaria. Si esos trabajadores son oídos eso sí se llamaría “solidaridad internacional”.

Y después de una mala noticia, otra buena: acabo de recibir desde Buenos Aires dos tomos de la obra Derechos humanos, economía, política y sistema financiero, editada por la Comisión Nacional de Valores de la Argentina que preside Alejandro Vanoli. Investigación llevada a cabo por los investigadores María C. Perosino, Walter Bosisio y Bruno Napoli. En la obra se detalla el colaboracionismo del poder económico con la dictadura militar. Y aparece la lista de los empresarios y financistas secuestrados y/o desapoderados durante la última dictadura. Por fin una investigación tan profunda sobre algo que fue por muchos años callado. Además, el primer tomo se dedica al ciclo realizado en la propia Comisión sobre “Aportes a la construcción democrática en las sociedades contemporáneas”. Un aporte muy positivo a la vida democrática argentina.

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Inside Job, de Charles Ferguson

Sáb, 01/02/2014 - 17:27


Este es uno de los documentales que mejor explica la crisis financiera que estalló en septiembre de 2008, producto de la corrupción generalizada del sistema financiero. Fue realizado el año 2010 por Charles Ferguson y explora cómo los cambios en el entorno político y las prácticas bancarias abusivas incubaron la peor crisis financiera de la historia. La desregulación financiera, las privatizaciones y la generación de instrumentos financieros de precaria estabilidad permitieron la proliferacion de burbujas que llevaron al sistema a su colapso.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La dupla Di Caprio-Scorsese y el calígula de Wall Street

Sáb, 01/02/2014 - 09:00
Mi nombre es Jordan Belfort, el año en que cumplí 26, gané 49 millones de dólares. Esto realmente me molestó porque era tres menos que un millón a la semana” Jordan Belfort tiene 51 años y vive en una casa de tres dormitorios en California. Lejos están los tiempos en que ganaba cientos de millones de dólares y vivía en una enorme mansión en Hamptons, Long Island, con una flota de autos de lujo y un enorme yate que había pertenecido a Coco Chanel, y que hundió en el Mediterráneo. Belfort podía ganar varios millones de dólares en cosa de minutos por su maestría para vender basura como si se tratara de oro. Esto lo catapultó como el lobo de Wall Street y ganó tanto dinero que comenzó a guardarlo en los paraísos fiscales. La investigación por el lavado de dinero permitió detectar el fraude y armar las acusaciones contra Belfort.

Hoy Belfort vive de las charlas y de los seminarios sobre “ventas y persuasión”, por los que recibe 30.000 o 50.000 dólares, generosas sumas de dinero porque este hombre convence. Sin embargo, la mitad de lo que gana debe aportarlo a un fondo compensatorio para las víctimas de sus fraudes millonarios. Desde que fue condenado el año 2004, ha pagado apenas 10 millones de dólares de los más de 100 millones que debe devolver a sus víctimas, una tarea que se pone cuesta arriba. Su historia tal vez sería desconocida si en una de las prisiones donde estuvo recluído no hubiera conocido al comediante Tommy Chong, que se encontraba preso por un lío de drogas. Tras escuchar las historias de Belfort, lo convenció a escribir un libro. Por los derechos del libro y la película, Belfort ha recibido 2 millones de dólares. Su condena a 4 años fue rebajada a 22 meses por su colaboración con el FBI.

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Por acuerdo milagroso de último minuto, China evita primer default

Ven, 31/01/2014 - 14:07
La caída de la primera ficha de la burbuja financiera china deberá esperar. El anunciado default que promovía el gobierno en su linea de represión financiera fue esquivado por un acuerdo de último minuto con los inversionistas. La empresa fiduciaria China Credit Trust acordó reembolsar el capital inicial por completo, pero los inversionistas perderán el 70 por ciento del 10 por ciento anual de intereses que esperaban obtener. Como señalamos en este post, la banca en la sombra ofreció jugosos intereses por inversiones en el borde de la ilegalidad ofreciendo niveles de rentabilidad insostenibles.

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Microeconomía para todos

Ven, 31/01/2014 - 09:00
Paul Seabright, Project Syndicate

Las principales universidades del mundo llevan medio siglo enseñando microeconomía a través del lente del modelo de equilibrio general competitivo de Arrow‑Debreu. Este modelo, que formaliza una idea central de La riqueza de las naciones de Adam Smith, encarna la belleza, la simplicidad y la falta de realismo de los dos teoremas fundamentales del equilibrio competitivo, en contraste con el desorden y la complejidad de los cambios que han ido introduciendo los economistas en un intento de reflejar mejor el funcionamiento real del mundo. Dicho de otro modo, mientras los investigadores intentan comprender situaciones reales, que son complejas, a los estudiantes se los pone a analizar supuestos alejados de la realidad.

Este enfoque educativo surge en gran medida de la idea (razonable) de que para los estudiantes es más útil tener un marco para pensar los problemas económicos que una mescolanza de modelos. Pero el problema es que a esta idea se le vino a sumar otra noción más perniciosa: la de que a medida que las desviaciones respecto del modelo de Arrow‑Debreu se vuelven más realistas (y por ende más complejas), también se tornan menos adecuadas para su presentación en el aula. Dicho de otro modo, el pensamiento microeconómico “real” hay que dejárselo a los expertos.

Es cierto que los modelos básicos (por ejemplo, las teorías del monopolio y el oligopolio, la teoría de los bienes públicos o la teoría simple de la información asimétrica) tienen valor educativo. Pero pocos investigadores realmente trabajan con ellas. Las teorías sobre las que se basa la investigación microeconómica (contratos incompletos, mercados bilaterales, análisis de riesgos, elección intertemporal, señalización de mercado, microestructura del mercado financiero, tributación óptima y diseño de mecanismos) son mucho más complejas y demandan una habilidad excepcional para evitar la inelegancia. Por ello, suelen estar excluidas de los manuales.

De hecho, hace al menos dos décadas que los manuales de microeconomía casi no tienen cambios. Esto lleva a que los estudiantes de grado tengan problemas para entender incluso los resúmenes (abstracts) de los artículos que pueblan las revistas especializadas y que abordan las complejas representaciones de la realidad microeconómica. Y en muchas áreas (como la del análisis antimonopolio, el diseño de subastas, la tributación, la política medioambiental y la regulación industrial y financiera) se ha llegado a considerar que las aplicaciones a políticas prácticas son dominio exclusivo de los especialistas.

Pero no tendría que ser así. Es cierto que los modelos microeconómicos realistas son más complejos que sus contrapartes de manual idealizadas, pero para entenderlos no es imprescindible contar con años de experiencia en investigación.

Un ejemplo que viene al caso es el del análisis económico de mercados bilaterales, que supone la competencia entre plataformas cuyo principal “producto” consiste en conectar dos categorías de usuarios que se ofrecen mutuamente beneficios de red. En los mercados bilaterales, muchos de los supuestos típicos del análisis antimonopolio dejan de ser válidos: la entrada al mercado puede perjudicar a los consumidores, los contratos de exclusividad pueden aumentar la cantidad de empresas en el mercado y la fijación de precios por debajo del costo no es necesariamente predatoria.

Una reseña publicada por David Evans y Richard Schmalensee describe numerosas situaciones en las que aplicar los supuestos tradicionales puede llevar a error (algo que, por ejemplo, podría sucederle a un funcionario regulador que sólo posea título de grado). La moraleja es clara y dice: “No hagan esto en casa”.

Pero todas las diferencias de comportamiento entre los mercados bilaterales y los mercados tradicionales se pueden comprender usando herramientas sencillas de microeconomía elemental, como la distinción entre productos sustitutos y complementarios. Mientras que la colusión entre productores de sustitutos suele elevar los precios, los proveedores de productos complementarios se ponen de acuerdo para bajarlos. De modo que si dos plataformas que aparentemente ofrecen servicios similares son complementarias (por ejemplo, una de ellas conecta a los consumidores con un conjunto de usuarios que los ayuda a valorar más a otro conjunto de usuarios), la entrada al mercado puede ser perjudicial para los consumidores. De hecho, puede incluso ocurrir que dos plataformas sean complementarias respecto de un conjunto de usuarios y sustitutas para otro. Por ejemplo, las diferentes etapas de un torneo de fútbol televisado son complementarias para los espectadores y sustitutas para los anunciantes

Además, los acuerdos de exclusividad pueden aumentar la competencia, al permitir a dos plataformas ocupar nichos de mercado distintos, cuando en el otro caso una de ellas expulsaría a la otra. En síntesis, basta entender bien la diferencia entre productos complementarios y sustitutos y se podrá reproducir casi cualquier análisis de los modelos más elaborados (sin tener que afrontar el costo de contratar expertos). La microeconomía de grado debería dar herramientas a los estudiantes, no hacer que se sientan excluidos. Si bien el modelo de Arrow-Debreu tiene su valor (en concreto, porque permite explicar el surgimiento de orden en una economía no planificada), para los estudiantes es muy desalentador descubrir que aquello que se considera adecuado a su nivel de comprensión es escasamente aplicable a situaciones de la vida real. Una reorganización del plan de estudios de microeconomía permitiría transmitir un mensaje más alentador (y más exacto): que hasta las ideas complejas que elaboran los expertos pueden ser comprendidas y aplicadas por cualquier persona educada.

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Falsedades del pensamiento económico dominante

Xov, 30/01/2014 - 10:30
Vicenç Navarro, Público

Permítame, Sr. lector, que le hable como si estuviéramos tomando un café, explicándole algunas de las mayores falsedades que se le presentan a diario en la prensa económica. Debería ser consciente de que gran parte de los argumentos que se presentan en los mayores medios de información y persuasión económicos del país para justificar las políticas públicas que se están llevando a cabo, son posturas claramente ideológicas que no se sustentan en base a la evidencia científica existente. Le citaré algunas de las más importantes, mostrándole que los datos contradicen lo que dicen. Y también intentaré explicarle por qué se continúan repitiendo estas falsedades, a pesar de que la evidencia científica las cuestiona, y con qué fin se le presentan diariamente a usted y al público.

Comencemos por una de las falsedades más importantes, que es la afirmación de que los recortes de gasto público en los servicios públicos del Estado del Bienestar, tales como sanidad, educación, servicios domiciliarios, vivienda social, y otros (que están perjudicando enormemente el bienestar social y calidad de vida de las clases populares), son necesarios para que no aumente el déficit público. Y se preguntará usted, “y, ¿por qué es tan malo que crezca el déficit público?”. Y los reproductores de la sabiduría convencional le responderán que la causa de que haya que reducir el déficit público es porque el crecimiento de este déficit determina el crecimiento de la deuda pública, que es lo que el Estado tiene que pagar (predominantemente a la banca, que tiene algo más de la mitad de la deuda pública en España) por haber pedido prestado dinero a la banca para cubrir el agujero creado por el déficit público. Se subraya así que la deuda pública (que se considera una carga para las generaciones venideras, que tendrán que pagarla) no puede continuar creciendo, debiéndose reducir recortando el déficit público, lo cual quiere decir para ellos recortar, recortar y recortar el Estado del Bienestar, hasta el punto de acabar con él, que es lo que está ocurriendo en España.

Los argumentos que se utilizan para justificar los recortes no son creíbles El problema con esta postura es que los datos (que la sabiduría convencional oculta o ignora) muestran precisamente lo contrario. Los recortes son enormes (nunca se habían visto durante la época democrática unos tan grandes), y en cambio, la deuda pública continúa y continúa creciendo. Mire lo que está pasando en España, por ejemplo, con la sanidad pública, uno de los servicios públicos más importantes y mejor valorados por la población. El gasto público sanitario como porcentaje del PIB se redujo alrededor de un 3,5% en el periodo 2009-2011 (cuando debería haber crecido un 7,7% durante el mismo periodo para llegar al gasto promedio de los países de semejante desarrollo económico al nuestro), y el déficit público se redujo, pasando del 11,1% del PIB en 2009 al 10,6% en 2012, y en cambio la deuda pública no bajó, sino que continuó aumentando, pasando del 36% del PIB en 2007 al 86% en 2012. En realidad, la causa de que la deuda pública esté aumentando se debe, en parte, a los recortes del gasto público.

¿Cómo puede ser eso?, se preguntará usted. Pues la respuesta es fácil de ver. El descenso del gasto público implica que disminuye la demanda pública y con ello el crecimiento y la actividad económica, con lo cual el Estado recibe menos ingresos por vía de impuestos y tasas. Y al recibir menos impuestos, el Estado debe endeudarse más, con lo cual la deuda pública continúa creciendo. Ni que decir tiene que el mayor o menor impacto estimulante del gasto público depende del tipo de gasto. Pero se está recortando en los servicios públicos del Estado del Bienestar, que son los que crean más empleo y que están entre los que estimulan más la economía. Permítame que repita esta explicación debido a su enorme importancia.

Cuando el Estado (tanto central como autonómico y local) aumenta el gasto público, aumenta la demanda de productos y servicios, y con ello el estímulo económico. Cuando baja, disminuye la demanda y desciende el crecimiento económico, con lo cual el Estado recibe menos fondos. Es lo que en la terminología macroeconómica se conoce como el efecto multiplicador del gasto público. La inversión y el gasto públicos facilitan la actividad económica, lo cual es negado por los economistas neoliberales (que se promueven en la gran mayoría de medios de mayor información y persuasión del país), y ello a pesar de la enorme evidencia publicada en la literatura científica (ver mi libro Neoliberalismo y Estado del Bienestar, Ariel Económica, 1997).

Otra farsa: nos gastamos más de lo que tenemos La misma sabiduría convencional le está diciendo también que la crisis se debe a que hemos estado gastando demasiado, muy por encima de nuestras posibilidades. De ahí la necesidad de apretarse el cinturón (que quiere decir recortar, recortar y recortar el gasto público). Por regla general, esta postura va acompañada con el dicho de que el Estado tiene que comportarse como las familias, es decir “en ningún momento se puede gastar más de lo que se ingresa”. El Presidente Rajoy y la Sra. Merkel han repetido esta frase miles de veces.

Esta frase tiene un componente de hipocresía y otro de falsedad. Déjeme que le explique el por qué de cada uno. Yo no sé cómo usted, lector, compró su coche. Pero yo, como la gran mayoría de españoles, compro el coche a plazos, es decir, a crédito. Todas las familias se han endeudado, y así funciona su presupuesto familiar. Pagamos nuestras deudas a medida que vamos ingresando los recursos que, para la mayoría de españoles, proceden del trabajo. Y de ahí deriva el problema actual. No es que la gente haya ido gastando por encima de sus posibilidades, sino que sus ingresos y sus condiciones de trabajo han ido deteriorándose más y más, sin que la población sea responsable de ello. En realidad, los responsables de que ello ocurra son los mismos que le están diciendo que tienen que recortarse los servicios públicos del Estado del Bienestar y también bajar los salarios. Y ahora tienen la osadía (para ponerlo de una manera amable) de decir que la culpa la tenemos usted y yo, porque hemos estado gastando más y más. Yo no sé usted, pero le garantizo que la mayoría de las familias no han estado comprando y amasando bienes como locos. Todo lo contrario.

La misma hipocresía existe en el argumento de que el Estado ha estado gastando demasiado. Fíjese usted, lector, que el Estado español ha estado gastando, no mucho más, sino mucho menos de lo que han gastado otros países de similar nivel de desarrollo económico. Antes de la crisis, el gasto público representaba solo el 39% del PIB, cuando el promedio de la UE-15 era un 46% del PIB. Ya entonces, el Estado debería haberse gastado como mínimo 66.000 millones de euros más en gasto público social para haberse gastado lo que le correspondía por su nivel de riqueza. No es cierto que ni las familias ni el Estado se hayan gastado más de lo que deberían. Y a pesar de ello, le continuarán diciendo que la culpa la tiene la mayoría de la población que ha gastado demasiado y ahora tiene que apretarse el cinturón.

También habrá usted escuchado que estos sacrificios (los recortes) hay que hacerlos “para salvar al euro” De nuevo, esta cantinela de que “estos recortes son necesarios para salvar al euro” se reproduce constantemente Ahora bien, en contra de lo que constantemente se anuncia, el euro no ha estado nunca en peligro. Ni tampoco hay la más mínima posibilidad de que algunos países periféricos (los PIGS, que incluye a España) de la Eurozona sean expulsados del euro. En realidad, uno de los problemas de los muchos que tienen estos países es que el euro está demasiado fuerte y sano. Su cotización ha estado siempre por encima del dólar y su elevado poder dificulta la economía de los países periféricos de la Eurozona. Y otro problema es que el capital financiero alemán les ha prestado, con amplios beneficios, 700.000 millones de euros y quiere ahora que los países periféricos los devuelvan. Si alguno de ellos dejara el euro, la banca alemana podría colapsar. Esta banca (cuya influencia es enorme) no quiere ni oír hablar de que estos países deudores se vayan del euro. Les aseguro que es lo último que desean.

Esta observación, que es obvia, no es un argumento, por cierto, a favor de permanecer en el euro. En realidad, creo que los países PIGS deberían amenazar con salirse del euro. Pero es absurdo el argumento que se utiliza de que España tenga que ver reducido el tiempo de visita al médico todavía más para salvar al euro (que es el código para decir, “salvar a la banca alemana y devolverle el dinero” que prestó consiguiendo enormes beneficios).

Estas son las falacias que constantemente se le exponen. Pero le aseguro que se le presentan sin que exista ninguna evidencia que las avale. Así de claro.

La causa de los recortes Y se preguntará usted, ¿por qué se hacen entonces estos recortes? Y la respuesta es fácil de ver, aunque raramente la verá en aquellos medios de información y persuasión. Es lo que solía llamarse “lucha de clases”, pero ahora aquellos medios no utilizan esta expresión por considerarla “anticuada”, “ideológica”, “demagógica” o cualquier epíteto que utilizan para mostrar el rechazo y deseo de marginalización de aquellos que ven la realidad según un criterio distinto, e incluso opuesto, al de los que definen la sabiduría convencional del país.

Pero, por mucho que lo quieran ocultar, esa lucha existe. Es la lucha (lo que mi amigo Noam Chomsky llama incluso guerra de clases –como expone en su introducción al libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España, de Juan Torres, Alberto Garzón y yo) de una minoría (los propietarios y gestores del capital, es decir, de la propiedad que genera rentas) contra la mayoría de la población (que obtiene sus rentas a partir de su trabajo). Ni que decir tiene que esta lucha de clases ha ido variando según el periodo en el que uno vive. Era distinta en la época de nuestros padres y abuelos de la que está ocurriendo ahora. En realidad, ahora es incluso más amplia, pues no es solo de las minorías que controlan y gestionan el capital contra la clase trabajadora (que continúa existiendo), sino que incluye también a grandes sectores de las clases medias, formando lo que se llaman las clases populares, conjuntamente con la clase trabajadora. Esta minoría es enormemente poderosa y controla la mayoría de los medios de información y persuasión, y tiene también una gran influencia sobre la clase política. Y este grupo minoritario desea que se bajen los salarios, que la clase trabajadora esté atemorizada (de ahí la función del desempleo) y que pierda los derechos laborales y sociales. Y está reduciendo los servicios públicos como parte de esta estrategia para debilitar tales derechos. También es un factor importante la privatización de los servicios públicos, que es consecuencia de los recortes, y que permite la entrada del gran capital (y muy en particular del capital financiero-banca y de las compañías de seguros) en estos sectores, aumentando sus ganancias. Usted habrá leído cómo en España las compañías privadas de seguros sanitarios se están expandiendo como nunca antes lo habían conseguido. Y muchas de las empresas financieras de alto riesgo (que quiere decir, altamente especulativas) están hoy controlando grandes instituciones sanitarias del país gracias a las políticas privatizadoras y de recortes que los gobiernos están realizando, justificándolo todo con la farsa (y créanme que no hay otra manera de decirlo) de que tienen que hacerlo para reducir el déficit público y la deuda pública.

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El reino del capital especulativo

Mér, 29/01/2014 - 22:51
Emir Sader, Página 12

Cuando el ciclo económico largo de la segunda posguerra empezó a agotarse, el diagnóstico triunfante fue que el crecimiento se había debilitado por excesivas reglamentaciones. En las palabras de Ronald Reagan, de solución el Estado pasaba a ser el problema.

Excesiva cantidad de reglamentaciones respecto a la circulación del capital, hacia empresas estatales, hacia contratación de mano de obra, frenaban el ímpetu invertidor del capital. Déjese fluir libremente el capital, levantando todas las normas que lo incomodan y volverán las inversiones, y con ella el crecimiento económico y todos ganarán, decían las propuestas vencedoras del ex presidente de Estados Unidos.

Y así han triunfado el diagnóstico y las soluciones neoliberales. Todo el arsenal neoliberal se puede sintetizar en desreglamentaciones: apertura de los mercados nacionales al mercado mundial, privatización de empresas estatales, contratación precaria de mano de obra.

Pero la propuesta neoliberal ignoraba una advertencia de Marx, según la cual el capital no está hecho para producir, sino para acumular. Liberado de trabas, los capitales no se concentraron en las inversiones productivas, sino que se trasladaron hacia donde ganan más, con menos impuestos y más liquidez: la especulación financiera. Se ha acumulado mucho más capital, con mucho menos producción.

Hubo un gigantesco proceso de transferencia de capitales, en escala mundial, del sector productivo al sector financiero. No es que haya empresarios productivos y otros especulativos. Todos los grandes grupos económicos tienen, en su cabeza, una institución financiera, que reparte las inversiones, haciendo que a menudo tengan más ganancias las provenientes de la especulación que las que vienen de la producción.

La razón de fondo por la cual el ciclo largo actual es recesivo reside precisamente en ese mecanismo de incentivo a la especulación financiera, con altas tasas de interés, canalizando los capitales hacia la compra y venta de papeles, que no produce bienes, ni empleos.

Es, a la vez, la traba fundamental a que las economías de los países puedan retomar ciclos de expansión. Se puede decir que los problemas comunes que hoy enfrentan países como Argentina, Venezuela, Brasil y otros de Latinoamérica, así como España, Grecia, Portugal, entre otros de Europa, se deben a esa fuerte tendencia especulativa y recesiva impuesta por los capitales financieros.

Aun creciendo, las economías latinoamericanas sufren las presiones recesivas provenientes del centro del capitalismo. Al igual que las economías europeas tiran alcohol al fuego, al buscar soluciones neoliberales a su crisis neoliberal.

La especulación financiera busca imponer un cerco a gobiernos como los de Argentina y Venezuela, obligándolos a devaluaciones –abiertas o no–, pero incrementando, a la vez, riesgos inflacionarios, que producen desgastes en los salarios, como es típico del cruel círculo vicioso que las economías latinoamericanas han vivido en un pasado reciente.

El gran tema contemporáneo de la era neoliberal es, por lo tanto, cómo quebrar la hegemonía del capital financiero en su modalidad especulativa, para transferir recursos masivos hacia las inversiones productivas. Las presiones mediáticas respecto a los riesgos inflacionarios no tienen por objetivo cuidar el poder de compra de los salarios, sino lograr que las tasas de interés se mantengan altas, favoreciendo las ganancias especulativas.

Aun con el inmenso desgaste del neoliberalismo por la profunda y prolongada crisis en el centro del capitalismo, del cual no logra salir, la hegemonía neoliberal sobrevive, sobre todo porque está anclada en el rol central del capital especulativo. Sin quebrar esa hegemonía, con vigorosas acciones reguladoras y de inversiones de parte de los Estados, así como de acciones coordinadas de procesos de integración regional –como los existentes en América del Sur, como el Mercosur, el Banco del Sur–, no será posible superar el reino del capital especulativo.

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¿Ha terminado la crisis en España?

Mér, 29/01/2014 - 17:19
Aunque el gobierno asegura que la crisis ha terminado, lo cierto es que estamos muy lejos aún de ver la luz al final del túnel. La última vez que España repuntó fue el año 2010 aprovechando, tal vez, el viento de cola del Mundial de Fútbol. Desde entonces, y con las medidas de austeridad implantadas por la troika, el crecimiento ha sido cada vez peor: el 2012 más bajo al 2011, el 2013 más bajo al 2012. Como muestra la gráfica, los planes de austeridad hundieron a España en una segunda recesión aún más prolongada que la de 2008-2009, dando cuenta de los errores de diagnóstico en la evaluación inicial de la crisis.

Si bien en 2014 puede revertirse la tendencia (y a esto se debe el optimismo del gobierno), hay que señalar que las perspectivas de crecimiento son muy débiles y el alto desempleo es una amenaza latente que tendrá efectos muy perniciosos en la cohesión social. El nivel de desempleo aún muestra los efectos de la reacción en cadena que propagó el estallido de la crisis financiera en el sector inmobiliario. El 27 por ciento de desempleo general y el 55 por ciento de desempleo juvenil no son cifras que puedan mejorar ni en un año, ni en dos, ni en cinco años. Lo que viene, por tanto, es un necesario cambio de paradigma en torno al consumismo y la plata dulce. Pero esta es una tarea que debe asumir Europa en su conjunto. La crisis financiera generada por el estallido de la burbuja inmobiliaria (con préstamos de gran laxitud a 40 años, que fueron solo un gran negocio para la banca), ha significado el derrumbe de los precios de la vivienda, la quiebra de grandes empresas y el origen del fantasma deflacionario que busca hundir los salarios.
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Muda de piel en el neoliberalismo maduro

Mér, 29/01/2014 - 14:00
Alejandro Nadal, La Jornada

Las crisis del capitalismo son como el cambio de piel de una serpiente. Cuando el animal ha crecido, la vieja piel que estorba debe ser abandonada. En los ofidios, la capa córnea de la epidermis es abandonada como un manto viejo que conserva la forma de su último ocupante. Pero la operación es regulada por cambios hormonales endógenos. La vieja camisa queda atrás como vestigio de una etapa de crecimiento mientras, emerge un animal revestido de una nueva y más eficaz envoltura.

El capital tiene una gran capacidad de adaptación que le permite abandonar las obsoletas estructuras epidérmicas cuando ya no le son funcionales. Por ejemplo, durante los años dorados de expansión capitalista (1945-1975) el capital no tuvo problema en adaptarse a una situación de bonanza para la clase asalariada. El aumento de salarios que acompañó al incremento de productividad sustentó el dinamismo de la demanda agregada. La inversión tuvo incentivos robustos porque la demanda se anunciaba estable y fiel. Pero al mismo tiempo el metabolismo profundo del capital llevó la tasa de ganancia al estancamiento y después al decrecimiento.

En la década de los años setenta se presentan todas las condiciones que exigen una muda de piel. El estancamiento en esos años se acompañó de un proceso inflacionario que el capital identificó como la peor amenaza. La coyuntura fue aprovechada para transformar el régimen de acumulación de la posguerra porque el capital ya lo percibía como obsoleto e incluso peligroso. El objetivo aparente fue terminar con la inflación, pero la intención era más profunda.

El trabajo es el contrario del capital. Pero mientras el capital encuentre espacios de rentabilidad adecuados en un esquema de acumulación apuntalado por una demanda agregada sólida, tolerar al contrario con salarios al alza no le representó mayor problema. Todo cambió cuando la tasa de ganancia decreció entre 1966 y 1978. En un contexto en el que las ganancias sufren, el capital no tuvo empacho en desmantelar el régimen de acumulación anterior. Para cuando la tasa de ganancias se recuperó en los años ochenta la serpiente ya ostentaba otra envoltura.

El explosivo aumento en las tasas de interés decretado por la Reserva Federal (bajo la dirección de Paul Volcker) en 1979 estuvo dirigido inicialmente a frenar las presiones inflacionarias. Pero el brutal incremento en los tipos de interés desencadenó una recesión mundial y provocó la crisis de la deuda de los años ochenta. Dicha crisis fue aprovechada para comenzar a cambiar las prioridades de política macroeconómica y para desmantelar las instituciones que habían sido funcionales en la posguerra. Muy pronto el capital se percató de que podía despojarse de la piel que había servido en la posguerra y que ahora era un estorbo.

La destrucción del estado de bienestar es la muda de piel que desemboca en el neoliberalismo. El proceso es complejo y ha sido distinto en cada país y ha estado marcado por las características de su historia. Por ejemplo, en México la destrucción arranca puntualmente en 1982 al declararse la insolvencia. La destrucción de las instituciones del Estado mexicano continúa hasta nuestros días. En Estados Unidos se dejaron en pie muchas instituciones ligadas al régimen de acumulación de la posguerra pero a partir de 1973 se frenó el aumento de los salarios. A partir de 1975 el endeudamiento de las familias se convirtió en uno de los pilares para sostener la demanda agregada y el salario dejó de ser el referente central para la reproducción de la fuerza de trabajo.

En Europa el proceso arranca en los años noventa. El Tratado de Maastricht no sólo convirtió a la Comunidad Económica Europea en Unión, sino que entronizó las prioridades neoliberales en la política macroeconómica. En 1999 se establece la unión monetaria y se consolida la victoria del capital financiero. Hoy el afianzamiento neoliberal es tan completo que puede imponer una gran falsificación histórica: la crisis financiera del sector privado es presentada hoy como una crisis de endeudamiento público. Los datos desmienten esta torcida visión de las cosas, pero los medios moldean la opinión pública a su antojo.

El cambio de piel le permite a la serpiente sobrevivir y crecer. Es igual con el capital. Pero ¿qué clase de criatura emerge de esta muda de piel? Por el momento parece ser que el capital financiero seguirá marcando el derrotero de la política económica. Sus prioridades han moldeado la respuesta a la crisis. Por un lado la austeridad y la consolidación fiscal profundizaron la recesión y el desempleo. Por el otro, la llamada flexibilidad monetaria sólo ha beneficiado a los bancos, al impedir que se desplome el sistema de pagos con dinero emitido por los bancos.

El capitalismo mundial en su nuevo ropaje enfrenta grandes desafíos. Pero entre sus tareas pendientes no se encuentra eliminar la desigualdad, ni abrir nuevas oportunidades a los desposeídos. Las clases trabajadoras tendrán que arrancarle al capital las condiciones para alcanzar esos objetivos.

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CELAC, cita en La Habana

Mar, 28/01/2014 - 02:29
Atilio Borón, Rebelión

No es un milagro, pero casi. Contra todos los pronósticos la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) se va consolidando como institución “nuestroamericana” y está a punto de celebrar en La Habana su Segunda Cumbre de Presidentes. Decimos “milagro” porque ¿quién habría podido imaginar, hace apenas cinco años, que el sueño bolivariano de Hugo Chávez –sueño fundado en un impecable diagnóstico de la geopolítica mundial- por construir un organismo regional sin la presencia de Estados Unidos y Canadá rendiría sus frutos? Para ello Chávez y quienes lo acompañaron en esta empresa patriótica tuvieron que vencer toda clase de obstáculos: la resignación de algunos gobiernos, la claudicación de otros, el escepticismo de los de más allá y la sistemática oposición de Washington, dato nada menor en la política de nuestros países. Eppur si muove, diría Galileo al contemplar la concreción de este proyecto bolivariano que por primera vez en la historia nuclea a todas las naciones de América Latina y el Caribe con la sola excepción-¡por ahora!- de Puerto Rico. Sin dudas, el fortalecimiento de la CELAC -como el de la UNASUR en el plano sudamericano- son muy buenas noticias para la causa de la emancipación de la Patria Grande.

La Casa Blanca intentó primero impedir el lanzamiento de la CELAC, realizado en Caracas en Diciembre del 2011 con la presencia de su incansable promotor y mentor, ya atacado por el cáncer que le costaría la vida. Al fracasar en su intento el imperio movilizó a sus aliados regionales para abortar –o por lo menos, posponer para un futuro indefinido- la iniciativa. Tampoco resultó. La siguiente estrategia consistió en utilizar algunos de sus incondicionales peones en la región como caballos de Troya, para malograr desde adentro el proyecto. No avanzó demasiado, pero consiguió que el primer gobierno que ejerció la presidencia pro témpore de la CELAC durante el 2012, el Chile de Sebastián Piñera, declarase por boca de Alfredo Moreno, su canciller, que “la CELAC será un foro y no una organización, que no tendrá sede, secretariado, burocracia ni nada de eso”. ¡Un foro!, es decir, un ámbito de amables e intrascendentes pláticas de gobernantes, diplomáticos y expertos que ni por asomo pondría en cuestión la dominación imperialista en Latinoamérica y el Caribe. Y la Casa Blanca también logró, a través del militante activismo de sus principales amigos de la Alianza del Pacífico, México, Colombia y Chile, que todas las decisiones de la CELAC debieran adoptarse por unanimidad. Parecería que la “regla de la mayoría” –tan cara a la tradición política estadounidense- sólo funciona cuando conviene; cuando no, se impone un criterio que de hecho le confiere poder de veto a cualquiera de los treinta y tres miembros de la organización. Pero esta es un arma de doble filo: Panamá u Honduras podrán vetar una resolución que exija poner fin al status colonial de Puerto Rico, pero Bolivia, Ecuador y Venezuela podrán hacer lo mismo ante otra que proponga requerir la colaboración del Comando Sur para combatir al narcotráfico.

El segundo turno presidencial de la CELAC, durante el 2013, recayó en Cuba, y el presidente Raúl Castro Ruz dio pasos importantes para desbaratar las maquinaciones del canciller chileno: se avanzó en la institucionalización de la CELAC y se creó el embrión de una organización que para esta próxima Cumbre pudo elaborar 26 documentos de trabajo, algo que ningún foro hace. Algunas propuestas, como la declaración de América Latina y el Caribe como una “Zona de Paz” serán objeto de un sordo debate porque no se trata sólo de evitar la presencia de armas nucleares en la región -¿cómo saber si ya no las hay en la base de Mount Pleasant, en nuestras Islas Malvinas?- sino también de utilizar el recurso de la fuerza para dirimir conflictos internos. Este tema hace subrepticia alusión a la tradición intervencionista de Washington en Latinoamérica y a la presencia de sus 77 bases militares en la región, cuyo propósito es exactamente ese: intervenir, cuando las condiciones lo aconsejen, con su fuerza militar en la política interna de los países de la región complementando la abierta intervención que ya Washington realiza en todos ellos. Recuérdese, para poner un ejemplo bien didáctico, el decisivo papel de “la embajada” para determinar el ganador de la reciente elección presidencial en Honduras. El tema, como se ve, será uno de los más urticantes y divisivos porque hay gobiernos, y no son pocos, que no sólo toleran la presencia de esas bases militares norteamericanas sino que, como Colombia, Perú y Panamá, las reclaman.

Otro tema potencialmente disruptivo es la aprobación de la propuesta venezolana de integrar a Puerto Rico a la CELAC -lo cual es absolutamente lógico teniendo en cuenta la historia y el presente de ese país, así como su cultura, su lengua, y sus tradiciones- pero que probablemente suscite reservas entre los gobiernos más cercanos a Washington para quien Puerto Rico es un innegociable botín de guerra. Una guerra cuya victoria les fue arrebatada a los patriotas cubanos y merced a lo cual con la apropiación de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas, la Roma americana iniciaría su ominoso tránsito de la república al imperio. Se descuenta, en cambio, un apoyo unánime para el reclamo argentino en relación a las Islas Malvinas, al levantamiento del bloqueo a Cuba y para otras propuestas tendientes a reforzar los vínculos comerciales, políticos y culturales. Se sabe que Ecuador presentará una propuesta de repudio al espionaje que realiza los Estados Unidos y de desarrollo de una nueva red de comunicaciones en la Internet a salvo de la interdicción de Washington; y que es probable que se aprueben propuestas concretas en relación al combate a la pobreza y que se examinen alternativas para consolidar el Banco del Sur y, eventualmente, para crear una gran empresa petrolera latinoamericana, tema sobre el cual el presidente Chávez había insistido una y otra vez.

La transición geopolítica internacional en curso, y que se manifiesta en el desplazamiento del centro de gravedad de la economía mundial hacia el Asia-Pacífico; la declinación del poderío global de Estados Unidos; el irreparable derrumbe del proyecto europeo; la persistencia de la crisis económica estallada a fines del 2007 y que sólo parece acentuarse con el paso del tiempo y la permanencia de un “orden” económico mundial que concentra riqueza, margina naciones y profundiza la depredación del medio ambiente han actuado como poderosos alicientes para remover la inicial desconfianza que muchos gobiernos tenían en relación a la CELAC. El acuerdo logrado en Caracas en 2011 establecía que una troika se haría sucesivamente cargo de la presidencia durante los primeros tres años: comenzó Chile, siguió Cuba (ratificando el repudio continental al bloqueo estadounidense y su propósito de aislar a la Revolución Cubana) y al terminar esta Cumbre la presidencia se trasladará a Costa Rica. Este país, incondicional aliado de Washington, deberá afrontar unas decisivas elecciones el próximo 2 de Febrero, cuando por primera vez en décadas la hegemonía política de la derecha neocolonial costarricense estará amenazada por el ascenso de un nuevo y sorprendente actor político: el Frente Amplio. La actual presidenta, Laura Chinchilla, por largos años funcionaria de la USAID, garantizaba con el triunfo del oficialismo la “domesticación” de la CELAC y el retorno al proyecto acunado por Sebastián Piñera y expresado con total descaro por su canciller. Pero todas las encuestas dan por sentado que habrá una segunda vuelta y allí el discurso y las propuestas bolivarianas del candidato del Frente Amplio, José M. Villata, podrían catapultarlo a la presidencia de Costa Rica. Por supuesto, al igual que ocurriera pocos meses atrás con las elecciones presidenciales en la vecina Honduras todo el aparato de inteligencia, manipulación mediática y financiamiento de los partidos amigos ha sido ya puesto en marcha por Washington, para quien una derrota de la derecha neocolonial costarricense sería un revés de amplias repercusiones regionales. Si tal cosa ocurriera la CELAC podría dar un nuevo paso hacia su definitiva institucionalización, algo que América Latina y el Caribe necesitan impostergablemente.

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La frontera marítima determinada por La Haya en la controversia Chile-Perú

Lun, 27/01/2014 - 15:01

De acuerdo al Fallo de la Corte de La Haya, Chile mantiene como origen de su frontera el Hito número 1 y la paralela a lo largo de 80 millas marítimas. Desde ahí, se crea una linea equidistante que finaliza en el límite de las 200 millas marítimas. Pese a que el dictamen reduce la longitud del paralelo a 80 millas y le entrega a Perú una parte de la zona económica exclusiva del mar chileno, el fallo reconoce la declaración de Santiago de 1954 como el documento que determina el límite marítimo Chile-Perú. El Hito número 1 era rechazado por Perú.

La controversia por el límite martítimoEste era el mapa en discusión que vimos en el post La controversia marítima que enfrenta a Chile y Perú en La Haya. Como vemos, Perú desconocía el Hito número uno y exigía que la línea equidistante marítima partiera casi de la misma frontera terrestre.

La resolución de La HayaMás sobre esto en La controversia marítima Chile-PerúUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Argentina y el golpismo de ‘The Wall Street Journal’

Lun, 27/01/2014 - 09:00
Emir Sader, Público

El que lea la descripción que la periodista de The Wall Street Journal hace de Buenos Aires tendrá la nítida impresión de que ella habla de la Buenos Aires de la crisis de 2001-2002: “Una sensación de premonición se cernía sobre la ciudad. La economía estancada, la inflación en alza, el capital saliendo del país y los porteños de todos los ámbitos preparados para una tormenta y resignarse a las penurias que llegarían a esta ciudad porteña”.

Sigue la sensible periodista norteamericana: “La infraestructura de la ciudad parecía abatida. Los amplios bulevares y grandiosos edificios del siglo XIX están cansados y roñosos y las calles huelen mal. Los grafitis enardecidos y los afiches hechos tiras desfiguran las paredes, lo que intensifica una sensación generalizada de decadencia sin ley”.

Hasta que ella llega al sorprendente diagnóstico de esa dramática situación: “Destruir la riqueza de una nación demora un largo tiempo, pero (y ahí viene la sorpresa), una década de kirchnerismo, de gobiernos encabezados por Néstor Kirchner y por su actual viuda Cristina Fernández de Kirchner, parece lograrlo”.

Ahí viene la confusión. La descripción alarmante de la situación de Buenos Aires no se refiere a las calamidades que el país vivió cuando la implosión del modelo —alabado en prosa y verso por el FMI y por el propio The Wall Street Journal— neoliberal en la versión menemista de la paridad con el dólar. En ese momento, la expropiación masiva de la población argentina por el sistema bancario llevó al país al peor retroceso de su historia —comparado, por Eric Hobsbawm, al que vivió la Rusia con el fin de la URSS— y se podían ver imágenes inimaginables hasta ese momento en Buenos Aires y en toda Argentina. Sumado a los más altos niveles de desempleo que el país había conocido –un país que había vivido el pleno empleo en períodos anteriores–, la pauperización de amplios sectores de las clases medias y la diseminación de la población de calle, Buenos Aires escenificó los peores momentos de su historia. Algo incomparablemente peor que lo que describe la periodista de The Wall Street Journal.

Fue a partir de esa crisis, del más grande retroceso que la economía argentina había vivido, que Néstor Kirchner primero, y Cristina a continuación, han logrado recuperar económica y socialmente el país, con niveles altos de desarrollo, a pesar de la herencia maldita de la desindustrialización, de la privatización de empresas públicas —empezando por YPF—, la miseria y la exclusión social.

Fueron diez años de recuperación sistemática de la economía, con niveles de crecimiento de los más altos de América latina, con reducción drástica del desempleo, que han permitido a los Kirchner ganar tres elecciones presidenciales seguidas. Sin embargo, la periodista habla de “destrucción de la riqueza de una nación por los Kirchner”. Seguramente ella no pasó por Buenos Aires poblada por cartoneros, gente, incluso de clase media, que venía a la capital a recoger todo lo que pudiera para revender, reciclar, usar, poblaciones en el abandono, cuando implosionó la suicida política neoliberal, tan elogiada por The Wall Street Journal.

Como suele pasar con los articulistas de esos órganos, todo queda patas arriba: los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa, que han destruido la riqueza del país, aparecen como los que la han creado y multiplicado. Los gobiernos de los Kirchner, que han recuperado el país del desastre recibido, aparecen como los que habrían destruido esa riqueza.

Al final de su artículo, la periodista pronostica una “explosión social”, hecho que efectivamente ocurrió, al final de los gobiernos de Menem y de De la Rúa. Si hubiese ella escrito su artículo en aquel momento habría dado en el blanco, con las extraordinarias movilizaciones que sucedieron al quiebre de la economía argentina por seguir las orientaciones del FMI y de The Wall Street Journal.

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Davos debate las desigualdades, pero invita a los evasores fiscales

Dom, 26/01/2014 - 19:00
Larry Elliott, The Guardian

Quienes lo ven desde fuera podrían imaginarse que a los líderes empresariales que todos los años se reúnen en Davos para darle a la lengua sólo les preocupa enriquecerse. Sus críticos podrían llegar a imaginarse que los jefazos de las empresas, que llegan volando al Foro Económico Mundial, a 1.600 metros de altitud en los Alpes suizos, en sus helicópteros, con sus señoras de buen ver revestidas de armiño, no son conscientes de las tribulaciones de los pobres. Pero estarían equivocados.

Mientras los ricos y poderosos hacen sus preparativos de última hora para su semana en la montaña mágica, es su deseo enviar un mensaje de que comprenden lo que sucede con la desigualdad. Padecen por ese sufrimiento. De verdad que sí.

La prueba de la línea basada en el "Davos lo entiende" procede del informe anual de riesgos recopilado por el Foro Económico Mundial. Pregunta a 700 de sus miembros cuáles creen que serán las amenazas a la economía global más acuciantes de la década que viene. La desigualdad se considera la amenaza más probable.

Klaus Schwab, que creó la reunión de Davos en la década de 1970, está satisfecho de este hallazgo. Como buen socialdemócrata chapado a la antigua, quiere que sus miembros reciban una lección de historia y se den cuenta de que el capitalismo no puede sobrevivir si la renta y la riqueza se concentran en poquísimas manos. A lo largo de la mayor parte del siglo, los líderes empresariales más perspicaces se dieron cuenta de que sus trabajadores necesitaban salarios razonables para que pudieran comprar los bienes y servicios que ellos producían. Aprehendieron la idea de que un sistema de mercado en su forma más cruda era incompatible con la democracia y dieron así su aquiescencia, mientras se limaban los bordes más ásperos por medio de una fiscalidad progresiva, del Estado del Bienestar y los frenos al capital. En su fuero interno, temían que la Revolución Rusa sirviera de modelo a los trabajadores desafectos de Occidente.

Las actitudes han cambiado en los últimos 30 años. La llamada Gran Compresión de rentas que vimos entre las décadas de 1930 y 1970 invirtió su rumbo, mientras el 1% superior se hacía con los frutos del crecimiento. Los ricos recurrían a su dinero y su influencia para asegurarse de que los gobiernos hicieran su voluntad. Tras la caída del Muro de Berlín, no había modelo rival y sí menos necesidad de mostrar moderación. Con la llegada de un mundo unipolar, se volvió a una forma más agresiva de economía de mercado como no se había visto desde los primeros días de la industrialización.

Schwab declaró la semana pasada que el crecimiento no inclusivo es insostenible, y tiene razón. Un documento distribuido por Oxfam llega a la misma conclusión, haciendo notar que las 85 personas más ricas del mundo poseen una fortuna equivalente a la riqueza total – $1.7 billones de dólares– de la mitad inferior de la población de la Tierra. Es una cifra bastante apabullante. Se podría meter a esas 85 personas en un autobús londinense de los de doble piso (no es que monten alguna vez en bus) y serían igual de ricos que 3.500 millones de personas.

El contraargumento es que hay mucha menos pobreza de la que había hace 15 o 20 años y esto – en buena medida gracias a tres décadas de crecimiento explosivo en China – es verdad. Los que argumentan que una marea alta eleva a todos los barcos se preguntan a qué viene todo este alboroto.

El alboroto guarda relación con tres de los temas que van a figurar este año en el orden del día de Davos: lo perdurable de la recuperación económica, el cambio climático y el abismo entre ricos y pobres. En la fase anterior a la crisis de 2007-2009, la creciente desigualdad era compatible con la expansión gracias tan solo a niveles cada vez mayores de endeudamiento personal. Desde el inicio de la crisis, el tinglado ha seguido moviéndose gracias a un estímulo sin precedentes de los bancos centrales. A corto plazo, la preocupación estriba en qué sucederá en las economías, más frágiles, de los mercados emergentes a medida que la Reserva Federal vaya restringiendo su programa de compra de activos. El proceso de imprimir dólares llevó a que el dinero caliente saliera en tromba de los EE.UU. hacia las divisas de mercados emergentes de mayores rendimientos; al deshincharse el programa puede que veamos una nueva tromba.

Una preocupación a largo plazo es que exprimir de manera prolongada los salarios reales –intensificación de la tendencia del último cuarto de siglo – vendrá a suponer que la gente pida más prestado para financiar sus hábitos de consumo justo cuando la eliminación gradual del estímulo encarece los préstamos.

La segunda gran cuestión, que ha quedado inactiva desde el comienzo de la crisis, es si el actual modelo de crecimiento global es coherente con impedir que el planeta se acabe friendo. Una recesión siempre relega las cuestiones ambientales en el orden de la agenda y esta ha sido una recesión especialmente honda y dolorosa. La falta de coordinación global y la (errada) creencia de que la fracturación hidráulica (fracking) es la respuesta a las necesidades energéticas mundiales no ha contribuido a mejorar las cosas.

Por último, está la inclusividad. La recesión ha sido especialmente brutal con los jóvenes, muchos de los cuales se encuentran sin empleo o desempeñando trabajos para los que están sobrecualificados. En muchos países de mercados emergentes, la población se vence del lado de los menores de 25 años, el grupo con mayores probabilidades de emigrar o provocar disturbios sociales en el país. Los medios modernos hacen evidentísima la sesgada distribución de la riqueza, el poder y las oportunidades.

Tal como refiere el informe de Oxfam: "Cuando la riqueza se apodera del diseño de las medidas políticas, se retuercen las reglas para favorecer a los ricos, a menudo en detrimento de todos los demás. Entre las consecuencias se cuentan la erosión de la gobernanza democrática, la descomposición de la cohesión y la desaparición de la igualdad de oportunidades para todos. A menos que se pongan en práctica soluciones políticas audaces para frenar la influencia de la riqueza sobre la política, los gobiernos van a actuar en favor de los intereses de los ricos".

Sin duda, la línea de Schwab sobre la desigualdad recibirá esta semana mucho apoyo en público. Habrá asombro y nervios ante algunos de los hallazgos más sorprendentes del informe de Oxfam, como que en los EE. UU. el 1% más rico ha acaparado desde 95% del crecimiento tras la crisis financiera, mientras que el 90% de la base se ha vuelto más pobre.

Pero no esperemos mucho apoyo a ninguno de los remedios sugeridos por Oxfam: que las grandes empresas dejen de recurrir a escondites fiscales para pagar impuestos; que los líderes empresariales apoyen una fiscalidad progresiva, la cobertura universal de sanidad y educación y un sueldo que alcance para vivir en todas las empresas que controlan. Puede que los directivos presentes en Davos estén preocupados por las repercusiones de la desigualdad, pero no están tan preocupados y no están ni la mitad de preocupados de lo que deberían estar.

Schwab podría hacerles la vida más incómoda a sus invitados poniendo nombre y apellidos a los agresivos evasores fiscales y abochornándolos, dejando de invitarles a su festejo de charlas. Con ello, sin embargo, quedarían muchas habitaciones libres en Davos.

Por el contrario, empresas como Google (facturación de 2012 en el Reino Unido: 3.000 millones de libras esterlinas; beneficios en el Reino Unido: 900 millones de libras; impuesto de sociedades: 11,6 millones de libras) pueden dárselas de buenos ciudadanos globales. Este año los periodistas están invitados a una “charla junto al fuego” con Eric Schmidt, como para mostrar que el presidente de Google no es un magnate despiadado sino la reencarnación de Franklin Roosevelt. [1]

Nota de uso personal – cosas que llevarse a Davos: botas, gorro de lana, guantes, bolsa para vomitar.

Nota del Traductor:
[1] Se conocen como charlas junto al fuego (fireside talks) las treinta alocuciones radiofónicas que sobre los más diversos temas de actualidad dirigió Roosevelt al pueblo norteamericano entre 1933 y 1944 en un tono familiar y con ánimo de pedagogía política y gran eficacia para construir su imagen pública y difundir sus medidas de gobierno.
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Tomado de Sin Permiso

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La devaluación del peso argentino

Sáb, 25/01/2014 - 12:51
Julio Gambina, Blog de Julio Gambina

Hace un año el dólar se cotizaba a menos de $5. Hoy con la devaluación se necesitan $8 por dólar, convalidando un incremento del 60% en el precio de la divisa. Hasta hace poco se sostenía que la política oficial no contemplaba devaluar la moneda nacional. Sin embargo, la aceleración de la depreciación monetaria se apresuró durante el 2013 y más aún sobre fines del año, especialmente con el cambio de autoridades en el Gabinete de Ministros y en la Presidencia del Banco Central en noviembre pasado.

El comienzo del 2014 evidenció un mayor nivel de depreciación monetaria, agudizada en esta semana con la deliberada retirada del Banco Central del mercado cambiario el miércoles 22/1, que apenas pudo sostener por un día, y ya el jueves 23/4 tuvo que vender 100 millones de dólares para bajar la cotización de los $8,40 por dólar a $7,75 por unidad de moneda estadounidense. El viernes 24/1 el precio de la divisa osciló por encima de los $8.

Complementariamente, el gobierno dispuso flexibilizar las restricciones a la compra de divisas para atesoramiento, lo que estaba prohibido hasta ahora, lo que podrá realizarse previa autorización de la AFIP, el ente de recaudación, con un adicional de 20% a cuenta del impuesto a las ganancias, que a la cotización del día, cada dólar se obtendrá contra $9,60.

Hasta aquí los hechos. Las incertidumbres a futuro continúan, especialmente el impacto sobre los precios, ya que la devaluación incide en la importación de insumos y bienes intermedios necesarios para la producción en el país, tal el caso de automotores o electrodomésticos entre otros, sin perjuicio de un conjunto de bienes y servicios que ajustan precios sobre costos dolarizados, e incluso expectativas.

Es un dato que las devaluaciones favorecen a los grandes productores y exportadores y de hecho, era la demanda de los sectores hegemónicos de la producción local, buena parte asociada a la transnacionalización capitalista de la economía argentina. La contracara es el perjuicio para quienes perciben ingresos fijos, los trabajadores, regulares e irregulares, activos o pasivos, a tiempo completo, flexibilizados o tercerizados, los que reciben planes sociales e incluso productores y empresarios que asocian sus ventas a este importante sector de la sociedad. Son pocos los beneficiados, el poder económico más concentrado, y son millones los que verán afectados su capacidad de compra. Las devaluaciones no generan equidad, y aun mejorando competitividad, algo que no es seguro, supone la transferencia de recursos de los trabajadores a los propietarios concentrados del capital.

¿Por qué la devaluación? ¿Hay otras posibilidades? Desde el gobierno se explican maniobras especulativas del titular de Shell en connivencia con bancos extranjeros, el Citi, el Francés y el HSBC. Más allá de las acciones legales que se impulsen bien vale considerar la necesidad de mantener a la banca extranjera en la Argentina y consultarnos, a esta altura, por qué continuar con la legislación financiera de la dictadura genocida. Asociado a ello se requiere un estricto control del comercio exterior, el que se concentra en un puñado de empresas extranjeras y un conjunto reducido de bienes que explican el comercio exterior.

Claro que estamos remitiendo a la nacionalización de la banca y del comercio exterior, y que ello supone un enfrentamiento con el poder económico y político, que se requiere constituir sujeto social y político para sostener la confrontación. Ello necesita asumir un nuevo rumbo modificando la ecuación de beneficiarios y perjudicados del orden económico y social en el país. Lo que ha fallado en la Argentina de este tiempo es la concepción de la posibilidad de un “capitalismo nacional” al que convocó a construir Néstor Kirchner en mayo del 2003. En la era de la transnacionalización es un imposible, como inútil es buscar una “burguesía nacional” que asuma ese proyecto, salvo la gestación de nuevos sectores de burguesía local, los que acumulan en el marco de un proceso continuo de extranjerización y dependencia de la economía local al sistema mundial del capitalismo.

La realidad es que las divisa tienen precio y la pelea por su cotización enfrentó a los sectores hegemónicos privados de la economía argentina con el gobierno, demandante de dólares, principalmente para la cancelación de la deuda pública. Eso explica la perdida de reservas en el último tiempo, solamente 12.000 millones de dólares durante el 2013, entre fuga de capitales y pagos de la deuda, según datos oficiales.

El precio de la divisa, de los bienes y servicios, o de la fuerza de trabajo se dirime en el capitalismo en un mercado monopolizado por grandes capitales altamente concentrados y centralizados. Los Estados pueden convalidar la situación o enfrentarla, lo que supone romper la lógica del capital para intentar organizar un orden diferente, anticapitalista, incluso socialista.

Es un debate que trasciende la realidad nacional y se presenta en toda la región Nuestramericana, ya que el cambio político emergente a comienzos de siglo puede agotarse si no se profundizan políticas independientes y soberanas en la región. Aludo a la soberanía alimentaria, energética, financiera, que contribuya a una modificación del modelo productivo depredador y a un nuevo modelo de desarrollo para la región.

Falta poco para la cumbre de la CELAC y se discute un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. ¿Ese es el rumbo de la inserción internacional de Nuestramérica? La inserción subordinada de la región fortalece la dependencia del orden capitalista en las condiciones actuales de transnacionalización, generalización de la especulación y el delito. ¿Hay solución fortaleciendo la inserción en el orden capitalista mundial, ese que gerencia el FMI, el Banco Mundial, la OMC? ¿Por qué libre cambio con Europa, luego de haber rechazado el ALCA? ¿Es mejor el capitalismo europeo que el estadounidense? El interrogante es aún más válido cuando pensamos la hegemonía alemana en Europa y las políticas de austeridad generalizadas en el viejo continente.

Argentina y la región están urgidas por cambios estructurales, los que deben realizarse integradamente. Existen novedosos mecanismos e instrumentos en funcionamiento, junto a avanzadas ideas que pueden facilitar el proceso. Aludo al ALBA, incluso UNASUR y la CELAC, pese a los matices en su seno. También al sistema múltiple de pagos con monedas locales entre Brasil y Argentina, escasamente usado, o el SUCRE entre los países del ALBA, al que adhirió Uruguay. Mucho se escribió sobre la nueva arquitectura financiera, expresión de ello es el Banco del ALBA. Bolivia acaba de anunciar que dispone de la cuota asignada para hacer funcionar un Banco del Sur que puede ser depositario de las reservas internacionales, cuantiosas entre los países que adhieren a la iniciativa.

No constituye una utopía hacer realidad el otro mundo posible a que nos convocó el Foro Social Mundial a comienzos del presente siglo. El capitalismo no ofrece soluciones a los pueblos de la región y del mundo. Fue en esencia el mensaje de Hugo Chávez cuando a fines del 2004 formuló su proyecto del socialismo del Siglo XXI. Ante la debacle de la URSS y el socialismo en el este de Europa y el rumbo e inserción de China en el capitalismo global, existen voces que nos acusan de anacrónicos y cuando mucho de utópicos. Los utópicos son los que imaginan una salida dentro del capitalismo y aún, aquellos que se contienen en el límite de lo posible, intentando reformar al capitalismo.

Los límites de la heterodoxia, el neo-desarrollismo o neo-keynesianismo, según como se asuma, en la Argentina, da cuenta de los debates, en la región y en el mundo, por superar la crisis del capitalismo, la dependencia, pensando y construyendo un orden económico, social, político y cultural de emancipación, sin explotación y armonioso con la naturaleza.

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Economía mundial comenzará a recuperarse de la crisis en 2015

Ven, 24/01/2014 - 20:58
Según informes oficiales de la ONU, la economía mundial comenzará a recuperar el nivel anterior a la crisis a partir del 2015. El crecimiento del 2013 fue de un 2,1%, la tasa de crecimiento más baja desde 2009, cuando terminó la fase aguda de la crisis financiera, de acuerdo con el reporte de los expertos de Naciones Unidas sobre las perspectivas de desarrollo económico mundial (WESP, por sus siglas en inglés). Entre las causas que ralentizan el crecimiento destacan el alto desempleo, la falta de exportaciones y la fuga de capitales de los países en desarrollo.

Según WESP, el principal obstáculo para un crecimiento más rápido sigue siendo la baja actividad de los participantes en el comercio mundial (su crecimiento en 2013, según datos preliminares, ascendió al 3,1%). El volumen de las importaciones en Estados Unidos y la Unión Europea está todavía por debajo de los niveles anteriores a la crisis, lo que limita el ritmo del crecimiento de las economías en desarrollo dependientes de estos mercados, especialmente de los países del bloque BRICS. Así, la tasa media del crecimiento de estas economías en 2014 podría alcanzar el 5,6% (incluyendo un 7,5% en China y un 2,9% en Rusia), lo que está muy por debajo de los niveles previos a la crisis (alrededor del 8% de crecimiento anual del PIB).

La afluencia de capital en las economías de rápido crecimiento, provocada por una fuerte caída de las tasas de interés y las tasas de crecimiento en los países desarrollados, durante el plazo comprendido entre 2008 y 2012 alcanzó el 85%, pero en 2013 el volumen de estas inversiones se redujo hasta el 12%, según los expertos de la ONU. Por otro lado, los especialistas indican la amenaza que suponen los bajos ritmos de la inflación, que podría convertirse en deflación, lo que causaría dificultades para que la zona euro salga de la crisis.

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Los 85 más ricos del mundo tienen tanto dinero como los 3.500 millones más pobres, según un informe de Oxfam

Ven, 24/01/2014 - 13:22
Las 85 personas más ricas del mundo tienen tanto dinero como 3.500 millones de los más pobres del planeta, la mitad de la población de la tierra. Esto es según el último informe de Oxfam sobre los riesgos de la creciente brecha entre los muy ricos y los pobres. El informe, titulado “Trabajando para los pocos”, fue publicado el lunes, y fue compilado por Oxfam, una organización internacional que busca soluciones contra la pobreza y la injusticia. El documento se concentra en la dimensión de la desigualdad económica global causada por la creciente riqueza de los más ricos que plantea la amenaza al “progreso humano”.

Un total de 210 personas llegaron a poseer cada uno más de 1.000 millones de dólares el año pasado, sumándose a los existentes 1.426 que ya los poseen con un patrimonio neto conjunto de 5.400 billones (millones de millones) de dólares. “En lugar de progresar juntos, la gente es separada cada vez más por el poder económico y político, aumentando inevitablemente las tensiones sociales y aumentando el riesgo de crisis social”, señala el informe.

Asimismo, según los datos de Oxfam, el 1% más rico de personas en todo el globo tiene 110 billones de dólares, o sea 65 veces la riqueza total de la mitad inferior de la población del planeta – lo que efectivamente “presenta una amenaza significativa para sistemas políticos y económicos inclusivos”. “Es sorprendente que, en el siglo XXI, la mitad de la población del mundo –es decir tres mil quinientos millones de personas– no posea más que una ínfima elite que podría caber confortablemente en un autobús de dos pisos”, dijo la directora ejecutiva de Oxfam Winnie Byanyima en una conferencia de prensa.

Y la cantidad de ricos sigue aumentando continuamente: por ejemplo, en India la cantidad de dueños de más de mil millones de dólares aumentó de seis a 61 en los últimos 10 años, y su patrimonio neto combinado es actualmente de 250.000 millones de dólares.

El informe apareció antes del Foro Económico Mundial en Davos que comenzó esta semana, e insta a los dirigentes del mundo a discutir cómo encarar este urgente problema. Entre las soluciones presentadas por Oxfam hay medidas para evitar la evasión de impuestos y el uso de la riqueza económica para presionar gobiernos, buscando beneficios políticos. También, la organización llama a que “se publiquen todas las inversiones en compañías y consorcios de los cuales son los últimos propietarios beneficiarios”, así como “desafiando a los gobiernos a que utilicen los dineros públicos para proveer atención sanitaria universal, educación y protección social para los ciudadanos”.

Oxfam también dijo que hay muchas leyes que favorecen a los ricos, que fueron cabildeadas en una “toma del poder” por los más ricos del mundo. Desde fines de los años setenta, las tasas de impuestos para los más ricos han bajado en 29 de 30 países para los que existen datos, según Oxfam. “Un estudio en seis países (EE.UU., el Reino Unido, España, Brasil, India y Sudáfrica) mostró que la mayoría de la gente cree que las leyes están sesgadas a favor de los ricos”, dice el informe.

Por ejemplo, casi 80% de los españoles y los indios, así como más de un 60% de los residentes de EE.UU. y el Reino Unido, están de acuerdo o totalmente de acuerdo en que “los ricos tienen demasiada influencia en la orientación de este país”.
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Ver Informe de Oxfam: Gobernar para las élites. Secuestro democrático y desigualdad económicaUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Lo que no se dice sobre las causas de la Gran Recesión

Xov, 23/01/2014 - 14:18
Vicenç Navarro, Sistema Digital

El título de este artículo podrá sorprender al lector, pues se ha escrito tanto sobre las causas de las crisis que parecería que ya todo se ha dicho o escrito. Pues no, no todo se ha dicho o publicado. En realidad, muy poco se ha dicho o publicado en los mayores fórums de información y persuasión sobre las causas reales de lo que se ha llamado la Gran Recesión. Espero que al final del artículo entienda por qué se ha hablado muy poco de ello.

Tres son las causas de la Gran Recesión. Una, sobre la que sí se ha escrito bastante, es el crecimiento del capital financiero, es decir, de las instituciones como la Banca, las compañías de seguros y otras cuyo negocio se basa en manejar dinero. La otra causa, relacionada con la anterior, es la desregulación de este capital financiero, y muy en especial del sector bancario, que ha creado lo que correctamente se ha definido como “capitalismo de casino” (es decir, basado en la especulación). Esta desregulación se ha dado como parte de una cultura desreguladora que ha afectado a otras actividades económicas, como la desregulación del comercio. De ello también se ha hablado extensamente.

Ahora bien, de lo que no se ha hablado es precisamente de lo que hay detrás del aumento del crecimiento del capital financiero (o lo que se llama financiarización de la economía) y de su deriva especulativa. Esta ignorada o desconocida (o incluso ocultada) causa es ni más ni menos que el enorme crecimiento de las desigualdades de renta en la mayoría de países a los que se define como países avanzados económicamente (básicamente los de la OCDE, el club de países más ricos del mundo).

Y aquí el lector me va a permitir que elabore qué quiere decir “el incremento de las desigualdades en la distribución de las rentas en un país”. Comencemos primero con el concepto de “distribución de las rentas”. Las rentas (el dinero que la gente recibe) pueden proceder del trabajo (predominantemente a través de los salarios) o de la propiedad de capital (es decir, propiedad, como por ejemplo, acciones, que generan rentas). Pues bien, la distribución de las rentas es el factor determinante para entender la evolución económica (y también política) de un país.

La mayoría de la población deriva sus rentas del trabajo. De ahí que cuando estas rentas bajan (y pueden bajar debido a varias circunstancias, como la bajada de salarios, y/o el descenso del número de gente que trabaja, y/o el aumento del desempleo), la demanda de productos y servicios, y con ello la producción de estos productos y servicios, también baja, con lo cual la economía sufre un descenso, que es lo que se llama recesión.

El “descubrimiento” de esta relación entre bajada de la demanda y crisis económica se atribuye generalmente al famoso economista Keynes, lo cual no es del todo cierto. En realidad, le sorprenderá al lector que fue Karl Marx -que tiene muy mala prensa en España- el que ya lo señaló cuando indicó en su libro más conocido, El Capital, que la acumulación de capital, a costa del trabajo, llevaría a las crisis del capitalismo. Pero más que Karl Marx, el que elaboró más esta teoría fue uno de sus seguidores, Michal Kalecki, el cual a su vez influenció a dos de los mejores economistas de nuestro tiempo, Joan Robinson y mi amigo Paul Sweezy, ninguno de los cuales, por cierto, recibió ningún Premio Nobel de Economía. En su lugar, los Premios Nobel de Economía (financiados por la banca escandinava) eran entregados a ultraliberales como Robert Lucas, que había escrito que analizar temas de distribución de la renta era dañino y peligroso (“una de las tendencias perniciosas y dañinas en el conocimiento económico… en realidad, venenosa para tal conocimiento, es el estudio de temas de distribución”. The Industrial Revolution: Past and Future). Ni que decir tiene que Lucas era un economista súper próximo al capital, que no quiere oír nada sobre redistribución de las rentas. Autores como Lucas y otros economistas neoliberales continúan teniendo muy buena prensa, no solo en círculos académicos españoles sino incluso en la prensa en general.

¿Por qué la financiarización de la economía? Ahora bien, cuando la gente no tiene dinero, lo pide prestado. Y de ahí se explica el gran crecimiento de la Banca. El endeudamiento tan tremendo de las familias españolas, así como de las medianas y pequeñas empresas (que son las que crean más empleo en España), se debe precisamente a la disminución de las rentas del trabajo. Hay una relación inversa desde los años ochenta entre la disminución de las rentas del trabajo en un país y el crecimiento de la banca. A mayor disminución de las primeras, mayor crecimiento de la segunda (ni que decir tiene que otros factores intervienen también, como la mayor o menor disponibilidad de crédito. Pero esto último no explica por sí solo el enorme crecimiento del endeudamiento).

Y los datos hablan por sí mismos. Las rentas del trabajo como porcentaje del PIB bajaron en España desde el 68% en la década de los ochenta a un 62% en la primera década del siglo XXI. En EEUU, durante el mismo periodo bajaron de un 68% a un 65%. Un tanto parecido ocurrió en la mayoría de países de la OCDE, aunque el grado de descenso y el porcentaje variaron considerablemente. Pero, incluso en los países nórdicos, como Suecia, el descenso, aun cuando mucho menor, fue del 71% al 69%. España, junto con Grecia (que pasó del 67% al 60%), Italia (del 68% al 65%) e Irlanda (del 70% al 55%), fueron de los países en los que el porcentaje de las rentas del trabajo sobre el PIB era más bajo y en los que más bajó (Eckhard Hein, "Finance-dominated Capitalism and Income Distribution. Implications for an ‘Agenda of Shared Prosperity’"). En todos ellos, las rentas del trabajo bajaron rápidamente a costa del incremento de las rentas del capital. Esta es la realidad, ignorada, desconocida u ocultada. Y no es casualidad, por cierto, que Grecia, Irlanda, Italia y España sean los países donde la Gran Recesión ha sido más acentuada (ver mi artículo “Capital-Trabajo: el origen de la crisis actual”, Le Monde Diplomatique, julio de 2013). Es en estos países donde el problema de la demanda es mayor y, por lo tanto, la recesión es también mayor.

¿Por qué aumentó la especulación financiera? Este descenso del peso de las rentas del trabajo puede no traducirse en descenso de la demanda, si la capacidad adquisitiva de la población no desciende, como consecuencia de conseguir prestado dinero para continuar comprando los productos y servicios que necesita. Es decir, el crédito (que le proporciona la Banca) puede mantener la demanda. Pero hasta cierto punto. Y ahí está la raíz del problema. La demanda persiste pero va cayendo, y con ello la actividad económica. Y ello puede representar un problema, incluso para el mundo del capital, pues si no hay suficiente demanda, las fábricas producen menos y los propietarios pueden conseguir menos beneficios. Lo que se llama la “rentabilidad del capital” queda afectada cuando baja la demanda. De ahí que la gente que tiene mucho dinero no vaya a invertir en lo que se llama economía productiva (es decir, en producir productos y servicios), sino en áreas donde la rentabilidad sea mayor, tales como las actividades especulativas en, por ejemplo, el sector inmobiliario. Y es así como se produce la enorme explosión de burbujas especulativas, facilitada por la desregulación de la Banca. Ahora bien, toda burbuja, por definición, explota. Y cuando explota, la banca colapsa o se paraliza, el crédito desaparece y la economía se colapsa, pues sin crédito, la demanda también colapsa, ya que los salarios, cada vez más bajos, sin crédito, no pueden mantenerla. Y ahí surge la Gran Recesión. La enorme concentración de la riqueza ha creado la Gran Recesión, de la misma manera que antes, a principios del siglo XX, creó la Gran Depresión.

¿Y por qué ha habido esta concentración de riquezas? Una vez se entienden las causas de la crisis, las soluciones son bastante fáciles. A riesgo de pecar de inmodestia, les aseguro que la gran mayoría de mis estudiantes en el programa de Políticas Públicas y Sociales de la UPF-Hopkins, al terminar sus estudios, saben cómo resolver la crisis. Las soluciones no son difíciles de ver desde el punto de vista científico: revertir las políticas públicas que se han ido desarrollando, la mayoría desde el periodo 1980 hasta ahora, cambiando el signo de estas intervenciones, favoreciendo a las rentas del trabajo en lugar de a las rentas del capital. Ello implica una redistribución muy notable de las rentas del país, disminuyendo las rentas del capital –incluso con la sustitución del capital por otras formas de propiedad en muchas áreas de la economía- y aumentando las rentas del trabajo. La solución para salir de la crisis es un aumento muy notable de las rentas del trabajo (a base de aumentar salarios, ocupación y empleo) y un descenso de las del capital. Y como acabo de decir, con una notable reducción no solo del espacio del capital financiero, sino también de su propiedad y comportamiento, eliminando, por ejemplo, el carácter especulativo del capital privado, sustituyéndolo, en el caso de la Banca, por capital público. No tiene sentido, por ejemplo, que la Banca privada consiga préstamos baratísimos del Banco Central Europeo (BCE), que es una entidad pública, para que luego los Bancos privados presten este dinero a unos intereses altísimos a las autoridades públicas (como al Estado) o a las empresas. Es mucho más eficiente y justo eliminar el intermediario –la banca privada- y que el BCE preste a los Estados directamente, y que estos presten a la población y a las empresas directamente (ver mi artículo “Una de las mil razones para estar indignados”. El Plural, 13.01.14). Y, como parte de esta solución, disminuir la excesiva dispersión salarial (que ha ido aumentando entre la población asalariada), impidiendo que los salarios más altos sean, como ahora, obscenamente altos, sin guardar ninguna relación con la productividad. Y, muy importante, terminar con la “beneficencia” hacia la Banca, que ha sido la que más se ha beneficiado de la generosidad estatal.

Ahora bien, que ello ocurra o no, depende de causas políticas. Para que ocurra, se necesita un cambio profundo de las relaciones de poder, incluyendo las relaciones de poder de clase, en las que una minoría controla la mayoría de instituciones mediáticas y políticas de los países de la OCDE, imponiendo las políticas ultraliberales que están dañando enormemente a la población.

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