Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger5314125
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La promesa del crecimiento económico

Mar, 13/01/2015 - 22:01
Santiago Dunne, Rebelión

Pareciera ser que agregar el adjetivo “sustentable” a las cosas las hace ver inofensivas, que cuidan el medio ambiente y que son positivas. Podríamos hablar de la “comida sustentable”, “agricultura sustentable” o del “desarrollo sustentable”. En todos los casos la connotación que le confiere esa adición es diferente. Para nuestro caso, podríamos también hacerlo con el concepto de crecimiento y entonces tendríamos el “crecimiento sustentable”. Vamos a detenernos aquí y a analizar en detalle qué connotación deriva de esta utilización, su eventual viabilidad y si es la receta que necesita el mundo para enfrentar las diversas dificultades que atraviesa.

Lo primero que voy a sostener, y es desde el punto de vista literario, es que la expresión “crecimiento sustentable” constituye un verdadero oxímoron, es decir, se manifiestan juntos dos conceptos de significado contradictorio: el crecimiento no puede ser sustentable. El punto de partida para entender esto va a ser la Economía Ecológica, que estudia el problema entre la interrelación del sistema económico con el sistema natural.

Hablar de “crecimiento sustentable” es utilizar un artificio para pretender solucionar nuevos problemas con viejas teorías. Éstas constituyen hoy el mainstream en teoría económica, y tienen su raíz conceptual en un mundo completamente diferente al nuestro. Pensar el nuevo mundo bajo una concepción que ya no tiene correspondencia, puede ser uno de los primeros cambios intelectuales que debamos realizar.

El mundo en el que se desarrollaron esas teorías era el “mundo vacio”, según Herman Daly o la “Economía del Cowboy” según Kenneth Boulding, y corresponde a toda la historia hasta unos cincuenta años después de la revolución industrial. Hasta este punto, los problemas medioambientales eran locales y de pequeña escala. Conforme los avances científicos permitieron un boom demográfico sin precedentes, el mundo se fue llenando y la “frontera” a la cual uno podía siempre escapar si las condiciones de vida eran inadecuadas dejó de existir porque ya se encontraba habitada por otras personas, y entonces había que empezar a convivir con los problemas consecuentes de la degradación ambiental.

En este contexto, es entendible que la ciencia económica se haya concebido sin pensar en el medio ambiente en absoluto , sin importar si el tinte ideológico era marxista, keynesiano o neoliberal. Hoy día, la escala de los problemas ocasionados por la contaminación no puede ser negada y son más que evidentes. El mainstream en economía no puede dar una solución de fondo a ello porque aún tienen en su concepción un modelo que no se corresponde con la realidad actual. El problema que de aquí se deriva es que realizar razonamientos bajo premisas erradas conducirá a alternativas que no solucionarán el problema, a menos que se piense en un nuevo modelo.

El modelo clásico al cual hago referencia es aquél que se encuentra en todos los textos y cursos de economía y es el del flujo circular de la actividad económica. El mismo, muestra de manera simplificada las distintas interrelaciones entre los agentes económicos: las familias, las empresas y el Estado. Cualquier cosa que ocurra fuera de este modelo es una externalidad, algo que descompensa el equilibro y produce ineficiencia económica. El ejemplo clásico de una externalidad negativa es la contaminación. El lenguaje mismo indica que una “externalidad” se encuentra fuera de las condiciones de borde del modelo y se lo debe entonces “corregir” . Los economistas Pigou y Coase se han esforzado por esbozar estrategias que internalicen los costos, sin embargo, aunque útiles si son bien aplicadas, no contribuyen a dar con el problema en su esencia.

Existen dos maneras de pensar al medio ambiente: como un obstáculo, tal como ocurre hasta el presente, o como una condición de borde. La economía ecológica adopta un modelo según el segundo enfoque, basándose en los principios de la Termodinámica, y explica que la economía es un subsistema abierto perteneciente al sistema cerrado Tierra . Un sistema cerrado es aquel que importa y exporta energía solamente, mientras que la materia circula dentro pero no fluye a través de él. Por lo tanto, se trata de un sistema finito, de crecimiento cero y materialmente cerrado, aunque abierto a la energía solar.

Puesto en estos términos, se concibe entonces que la economía neoclásica se ve a sí misma como un todo. El sistema se puede expandir en el vacío, sin ningún costo ni consecuencias por seguir creciendo. La economía ecológica define al crecimiento como el aumento cuantitativo de las dimensiones físicas del subsistema económico y/o de la corriente de residuos producida por éste . Si la economía es el todo, puede crecer infinitamente porque no tiene frontera. Pero el Primer Principio de la Termodinámica nos dice que no podemos crear algo de la nada, por lo que toda producción humana debe estar basada en recursos provistos por la naturaleza. Estos recursos son transformados en el proceso productivo en algo que los humanos puedan darle algún uso, y esa transformación requiere trabajo. También nos asegura que cada residuo que se produzca no podrá desaparecer y permanecerá en el sistema. El Segundo Principio , llamado también la “Ley de la Entropía”, nos dice que cualquier recurso que transformemos en algo útil va a desintegrarse, decaer, romperse o disiparse, en algo menos útil, volviendo en forma de residuo al sistema que generó dicho recurso.

Bajo estos dos principios, el economista Georgescu-Roegen, nos invita a pensar a la economía como un “ sistema ordenado para transformar materias primas y energía de baja entropía en residuos y energía no disponible de alta entropía, proveyendo al hombre de un flujo psíquico de satisfacción en el proceso ”. La entropía aquí debe ser entendida como la calidad del recurso y su disponibilidad para ser aprovechado por el hombre.

Se deduce a partir de esta interpretación, que pensar la economía como un flujo lineal es el modelo más abarcativo y representativo de la realidad que necesitábamos, ya que incluye en su génesis la explotación de los recursos naturales y la consecuente generación de residuos que se produce en todas las etapas del ciclo de vida de un producto . Enseñar a los futuros tomadores de decisiones que la economía se comporta según el flujo circular es un pecado intelectual y académico, ya que es lo mismo que profesar la existencia de una máquina de movimiento perpetuo e ignorar el agotamiento de los recursos y la contaminación.

Según lo expuesto, el crecimiento no puede ser sustentable si apelamos a la definición provista por la economía ecológica, ya que tiene un límite físico impuesto por el mismo sistema natural. Por eso es que el Informe Brundtland utiliza tan sabiamente el término “desarrollo sustentable”. Mientras que el crecimiento tiene un techo, el desarrollo no, y este sí puede ser infinito , ya que según H. Daly es una “mejora cualitativa en la capacidad de satisfacer necesidades y deseos sin un aumento cuantitativo de las entradas/salidas de materia/energía, a través de la economía, por encima de la capacidad de carga del sistema Tierra”.

El mismo autor ha propuesto realizar una transición de una economía basada en el crecimiento físico y en el estancamiento moral a una economía basada en el equilibrio físico y el perfeccionamiento moral, llamada “ economía de estado estacionario ”. Expresó que este cambio debe ser realizado voluntariamente antes de que nos veamos obligados a hacerlo. Este planteo teórico no es inconcebible desde el punto de vista lógico, aunque sí pueda representar una imposibilidad política. No obstante, confía en que los políticos se den cuenta que deben empezar a regular el crecimiento mismo, en lugar de ocuparse sólo de los subproductos del crecimiento.

Se escucha hablar frecuentemente en los discursos de políticos y en las recetas de los economistas que el crecimiento económico es lo que necesita un país para mejorar la calidad de vida de las personas y reducir la brecha entre ricos y pobres. La promesa del crecimiento es la prosperidad para todos sin sacrificio para nadie. Es ineludible pensar que en un mundo donde persisten necesidades absolutas no satisfechas entre los pobres se requieren medidas basadas en la redistribución más que en el crecimiento. Pero en este caso sí debería haber sacrificio de algunos.

Es claro, entonces, que el salto esencial que hay que dar está en el plano de las ideas y los conceptos para poder pasar luego al de las acciones adecuadas. Pensar en una sociedad que transite la historia con respeto a todas las formas de vida es imposible si medimos la calidad de vida en base a artículos superfluos de todo tipo que la sociedad del consumismo nos hace creer que son indispensables, que tienen una vida útil planeada de pocos años, que dependen exclusivamente de combustibles fósiles y minerales agotables, y que nuestra felicidad depende no del valor de uso del bien sino de su valor de status, como lo señaló Thorstein Veblen en el siglo XIX. Los bienes que nos dan el status satisfacen necesidades llamadas relativas, o según Keynes: “aquellas que sólo experimentamos si su satisfacción nos eleva por encima de nuestro congéneres”. Éstas mismas son por su naturaleza insaciables.

Después de 41 años de la Cumbre de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente Humano, las mejoras absolutas son escasas y la esperanza en que la tecnología vaya a resolver todos los problemas parece ser una posición extremista basada más en la fe que en perspectivas fundadas. Si la propuesta final es el “crecimiento sustentable”, lo mejor que nos puede pasar es que disminuya un poco el ritmo al cual nos vamos perjudicando, con un final conocido que sólo deja el interrogante al cuándo.

Llegados a esta instancia, y habiendo fundamentado la imposibilidad e inconveniencia de un “crecimiento sustentable” se concluye sobre la importancia de cambiar las reglas del juego. El ecologista Brasileño Leonardo Boff escribe: “La misma lógica que explota clases y somete naciones es la que depreda los ecosistemas y extenúa el planeta Tierra”. Las nuevas conductas que debemos incorporar en el plano político, jurídico y técnico, deben estar orientadas a cambiar esa lógica y pueden tomar como buen punto de partida las enseñanzas de la tradición ancestral de los pueblos originarios de los Andes, bajo la figura de la Pachamama, o bien lo presentado por James Lovelock desde la Teoría de Sistemas, bajo el nombre de Hipótesis Gaia. Como lo explica Raúl Zaffaroni: “se trata del encuentro entre una cultura científica que se alarma y otra tradicional que ya conocía el peligro que hoy vienen a anunciar y también su prevención e incluso su remedio”. Quizás la incorporación al derecho constitucional de las personería jurídica de la naturaleza (como lo han hecho Ecuador y Bolivia), la adopción de una ética de cooperación derivada de las dos concepciones mencionadas y una economía que tenga bien en claro nuestra interrelación con la Tierra , nos muestren mejor el camino para alcanzar el verdadero desarrollo sustentable.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El caos griego y sus efectos colaterales

Mar, 13/01/2015 - 14:09
Germán Gorraiz López, Alainet

Las reformas estructurales y fiscales que ha impuesto la Troika a países como Irlanda, Grecia, Portugal, España, Italia, Chipre, Malta y Eslovenia para modernizar la Administración pública y la sanidad, mejorar el mercado laboral y adaptar la presión fiscal a las circunstancias son principios genéricos que se han traducido en sucesivas subidas de impuestos, reducción de funcionarios, supresión de organismos públicos, recortes salariales y máxima flexibilidad en el mercado laboral aunado con una sensible pérdida de jirones del primigenio Carta Social Europea (CSE) o Carta de Turín de 1.961.

En el caso griego, la troika que comprenden la UE, el FMI y el BCE llevan tiempo presionando a Grecia con un riguroso programa de privatizaciones debido a su desorbitante Deuda Pública (de 320.000 millones de euros) y ha obligado a todos los partidos políticos a aprobar suicidas medidas de austeridad que han provocado la pérdida de más de 1 millón de puestos de trabajo y el ascenso imparable de formaciones como Syriza que propone la quita de 2/3 de la deuda helena el default o suspensión de pagos hasta que se retorne a escenarios de crecimiento económico.

Por otra parte, las reformas estructurales y fiscales para modernizar la Administración pública y la sanidad, mejorar el mercado laboral y adaptar la presión fiscal a las circunstancias (rebajar el IVA situado en la actualidad en el 23%,) se han traducido en subidas de impuestos, reducción de funcionarios, supresión de organismos públicos, recortes salariales , flexibilidad en el mercado laboral y brutal pérdida de puestos de trabajo (más de un millón desde el inicio de la crisis). Además, se estima que la deuda pública del país heleno ascenderá hasta el 200 % del producto interior bruto (PIB) en el 2015, existiendo el temor de que podría pasar del default (incumplir sus pagos) a la salida de la Eurozona (medida drástica que contaría con las bendiciones de su principal acreedor, Alemania) , por lo que “cada vez más empresas europeas y estadounidenses se preparan para lo que antes era impensable”, según The New York Times.

La exclusión de Grecia de la Eurozona supondría el finiquito de la Eurozona pues el resto de países periféricos (Portugal, España, Irlanda, Malta y Chipre), seguirá inexorablemente el movimiento centrífugo de Grecia y deberán retornar a sus monedas nacionales, sufrir la subsiguiente depreciación de las mismas y la regresión a niveles de renta propias de la década de los 70 , con el consiguiente efecto demoledor en los mercados bursátiles. ¿Nuevo crash bursátil en el 2015? La total retirada por la Fed en el 2015 de sus medidas de estímulo a la economía estadounidense aunado con una posible subida de tipos de interés hará que los inversionistas se distancien de los activos de renta variable y que los bajistas se alcen con el timón de la nave bursátil mundial, derivando en una psicosis vendedora que provocará que el Dow Jones de Industriales (situado por encima de la barrera ionosférica de los 17.000 puntos), salte por los aires y termine por desencadenar el estallido de la actual burbuja bursátil que sería hija de la euforia de Wall Strett (y por extrapolación del resto de bolsas mundiales) tras las políticas monetarias de los grandes bancos centrales mundiales que han inundado los mercados con centenares de miles de millones de dólares y euros con la esperanza de relanzar la economía, más aún cuando las colocaciones sin riesgo ( deuda de EEUU o de Alemania), no retribuían nada a los inversionistas.

El nivel suelo de las Bolsas mundiales, (nivel en el que confluyen beneficios y multiplicadores mínimos), se situaría en la horquilla de los 12.000-13.000 puntos en Mercados Bursátiles como el Dow Jones, debido a la mayor virulencia y profundidad que presenta la crisis económica y muy lejos de los estratosféricos valores actuales (superando los 17.000 puntos y rememorando valores de 1.997).

Así, los inversores empiezan ya a sentir el vértigo de la altura ya que se espera que a lo largo del 2015 baje el porcentaje de los resultados empresariales que se destinarán a dividendos así como el número de empresas que repartirán el mismo, con lo que inversionistas intentarán exponerse menos al riesgo con el consecuente efecto bajista en las cotizaciones de las acciones. Se habría así producido un cambio en las expectativas del mercado, existiendo ahora la convicción de que las políticas de rescate financiero ( Programa de Apoyo para activos con problemas (TARP) llevado a cabo por las Administraciones y las sucesivas bajadas de tipos de interés de la Fed y el BCE no habrían aliviado los problemas de liquidez de las entidades financieras, de lo que sería paradigma la reciente ampliación de capital del Santander.

Ello unido al incesante aumento de la Deuda externa de los países de la Eurozona contribuirá a que la prima de riesgo aumente lo que aunado con la reducción de las exportaciones europeas hacia los países emergentes debido a la severa constricción del comercio mundial podría originar el estancamiento de las economías europeas en el 2015, con lo que asistiremos a la enésima corrección a la baja de las optimistas previsiones del FMI para la economía mundial en el 2015 (tasas de crecimiento positivas del 1,5 % para la Eurozona; del 3% para EEUU, del 7,1% para China y del 3,7% para el conjunto del PIB mundial.

Si a ello le sumamos la persistencia del riesgo latente de un default controlado de los países periféricos europeos, las dudas sobre la capacidad de endeudamiento de EEUU, el estallido de la burbuja inmobiliaria en China que de producirse causaría un impacto a nivel global 10 veces superior al que provocó el colapso del emirato petrolero de Dubai, la existencia de factores geopolíticos desestabilizadores ( Siria, Irak, Libia, Ucrania) y el regreso de la especulación en las commodities agrícolas de la mano de los fondos de inversión podría producir una psicosis vendedora y originar un nuevo crack bursátil que tendría como efectos benéficos el obligar a las compañías a redefinir estrategias, ajustar estructuras, restaurar sus finanzas y restablecer su crédito ante el mercado y como daños colaterales la ruina de millones de pequeños inversores todavía deslumbrados por las luces de la estratosfera, la inanición financiera de las empresas y el consecuente efecto dominó en la declaración de quiebras.

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Por qué la ultraizquierda ha fracasado en América Latina

Mar, 13/01/2015 - 04:41
Emir Sader, Público

Desde finales del siglo pasado y, sobretodo, desde comienzos de este siglo se han instalado en América Latina gobiernos que son producto del fracaso del neoliberalismo. En la última década del siglo XX, amplios movimientos han resistido a los gobiernos neoliberales, hasta que, llegada la hora de construir alternativas, ha habido diferencias en el seno de la izquierda.

Algunos han preferido distanciarse de esa construcción tanto con eslóganes de impacto -“Que se vayan todos”, de los piqueteros argentinos-, como con visiones intelectualistas -“autonomía de los movimientos sociales” o “cambiar el mundo sin tomar el poder”-. Otros se han lanzado a la disputa de la hegemonía en la sociedad, construyendo alternativas nuevas, como en Ecuador y en Bolivia, o concentrando fuerzas en alternativas de la resistencia al neoliberalismo, como en Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay.

Pasada ya más de una década, es posible evaluar el debate de las realidades políticas existentes desde el punto de vista más concreto, y no sólo desde el prisma de las palabras. ¿Cuál es entonces el cuadro que presenta América Latina, ya en la segunda década del nuevo siglo?

Por una parte, se encuentran los gobiernos post-neoliberales, que han construido fuerzas con gran arraigo popular, gracias a la prioridad que dan a las políticas sociales en el continente más desigual del mundo. Además, a pesar de los pronósticos negativos de algunos, han logrado constituirse en los gobiernos de mayor apoyo popular y de mayor continuidad en el tiempo, pese a la profunda y prolongada crisis internacional del capitalismo.

Nadie puede sostener que la Argentina de los Kirchner sea igual a la de Carlos Menem, ni que el Brasil de Cardoso sea igual al de Lula y de Dilma, ni que el Uruguay previo al del Frente Amplio sea similar al del Frente. Vale igual para Venezuela, Bolivia, Ecuador. Con todos estos nuevos gobiernos han mejorado sustancialmente las condiciones de vida de la población en sus respectivos países. Todos esos gobiernos han articulado y fortalecido procesos de integración regional soberanos, participan, por medio de los Brics y de los acuerdos de Celac con China y con Rusia, en la construcción de un mundo multipolar, independiente respecto a la hegemonía imperial norteamericana.

Los gobiernos post-neoliberales latinoamericanos representan el polo progresista en un mundo todavía ampliamente dominado por el modelo neoliberal, disminuyendo la desigualdad, la pobreza y la miseria, mientras estas crecen en todo el mundo. No hay como negar que sean gobiernos progresistas, democráticos y populares, apoyados por la mayoría de su población, como nunca había ocurrido antes en la historia de estos países y del continente.

Del otro lado, los gobiernos que planteaban la autonomía de los movimientos sociales -autonomía respecto a la política, a los partidos, al Estado- no han logrado construir ninguna fuerza mínimamente significativa en ningún país del continente. Ni siquiera han dado cuenta de la desaparición de los piqueteros, que habían seguido sus orientaciones. Los 20 años del surgimiento de los zapatistas han sido conmemorados sin ningún balance de qué fuerza han construido hoy en México, de por qué han quedado -heroicamente, es cierto- recluidos en Chiapas, dejando de representar una referencia en la política nacional mexicana.

Son posiciones que se quedaron en las denuncias puntuales, en la crítica, mientras que las alternativas a los gobiernos progresistas están siempre en fuerzas de derecha, nunca de los sectores de ultraizquierda, que a menudo se alían a la derecha contra esos gobiernos.

El fracaso de la ultraizquierda en América Latina se da, ante todo, porque no han sabido valorar los extraordinarios progresos de los gobiernos post-neoliberales en el plano social. Al parecer, no tienen en cuenta las condiciones de vida del pueblo para valorar un gobierno. Tan alejados están del pueblo… No entienden el inmenso retroceso por el que ha pasado el mundo en las últimas décadas, con reflejos duros en América Latina, y que los gobiernos post-neoliberales son la forma que asume la izquierda contemporánea.

Porque la ultraizquierda no valora el debilitamiento de la hegemonía imperial norteamericana con el Mercosur, Unasur, Celac, el Consejo Sudamericano de Defensa, el Banco del Sur, los Brics. Porque no sabe valorar el rescate del Estado como agente activo para el crecimiento económico y la garantía de los derechos sociales.

La ultraizquierda, en lugar de aprender de la realidad concreta, ha asumido el cambalache: nada es mejor, todo es igual. Por ello, el pueblo le da la espalda, mientras sostiene a los gobiernos y fuerzas progresistas de América Latina. La realidad concreta confirma que hay quienes han logrado contestar al neoliberalismo con alternativas concretas, mientras que otros se han quedado en las palabras y los pequeños núcleos sectarios.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Joseph Stiglitz: Europa y su lapsus de sin razón

Lun, 12/01/2015 - 16:00
Por fin, los Estados Unidos está mostrando señales de recuperación de la crisis que estalló a finales de la administración del presidente George W. Bush, cuando la casi implosión del sistema financiero conmocionó a todo el mundo. Pero, no es una recuperación fuerte; a lo sumo, la brecha entre donde la economía habría estado y donde está hoy no se está ensanchando. Si se está cerrando, lo está haciendo muy lentamente; los daños causados por la crisis parecen ser a largo plazo.

Sin embargo, podría ser peor. Al otro lado del Atlántico, hay pocas señales de, incluso, una recuperación modesta al estilo estadounidense: la brecha entre donde Europa está y donde habría estado en ausencia de la crisis sigue creciendo. En la mayoría de países de la Unión Europea, el PIB per cápita es menor al de antes de la crisis. Una media década perdida se está convirtiendo rápidamente en una década entera perdida. Detrás de las frías estadísticas, las vidas se arruinan, los sueños se desvanecen, y las familias se desintegran (o no se forman) a la par de que el estancamiento – que llega a ser depresión en algunos lugares – se arrastra año tras año.

La UE tiene una población con gran talento y alto nivel de educación. Sus países miembros tienen marcos legales sólidos y sociedades que funcionan bien. Antes de la crisis, la mayoría de estos países incluso tenían economías que funcionan bien. En algunos lugares, la productividad por hora – o la tasa de su crecimiento – era una de las más altas del mundo.

Sin embargo, Europa no es una víctima. Sí es verdad que Estados Unidos administró mal su economía; pero, no, no es verdad que EE.UU. de alguna forma se las arregló para imponer la peor parte de la caída mundial en los hombros de Europa. El malestar de la UE es auto-infligido, a causa de una sucesión, sin precedentes, de malas decisiones económicas, comenzando por la creación del euro. Si bien el euro se creó con la intención de unir a Europa, finalmente, lo que hizo fue dividirla; y, debido a la ausencia de la voluntad política para crear instituciones que permitan que una moneda única funcione, el daño no se está revertiendo.

El caos actual proviene en parte de la adhesión a una creencia que ha sido desacreditada desde hace ya mucho tiempo sobre que existen mercados en buen funcionamiento que no tienen imperfecciones de información y competencia. La arrogancia desmedida también ha jugado un papel. ¿Cómo, si no, se podría explicar el hecho de que año tras año los pronósticos de los funcionarios europeos sobre las consecuencias de sus propias políticas han sido consistentemente erróneos?

Estos pronósticos no han sido erróneos porque los países de la UE no lograron poner en práctica las políticas prescritas, sino porque los modelos sobre los que las políticas se basaron tienen graves deficiencias. En Grecia, por ejemplo, las medidas destinadas a reducir la carga de la deuda, en los hechos, dejaron al país más cargado de lo que estaba en 2010: el ratio deuda PIB se ha incrementado, debido a que el impacto de la austeridad fiscal lastimó a la producción. Al menos, el Fondo Monetario Internacional ha admitido estos fracasos intelectuales y de políticas.

Los líderes europeos siguen convencidos de que su prioridad máxima debe ser la reforma estructural. Pero los problemas a los que ellos apuntan se habían hecho evidentes en los años previos a la crisis, y en aquel entonces, dichos problemas no detenían el crecimiento. Lo que Europa necesita más que una reforma estructural dentro de sus países miembros es una reforma de la estructura de la propia eurozona, y una reversión de las políticas de austeridad, que han fracasado una y otra vez en su intento por reencender el crecimiento económico.

Se comprobó una y otra vez que los que pensaban que el euro no podría sobrevivir estaban equivocados. Sin embargo, los críticos han tenido razón en una cosa: a menos que la estructura de la eurozona se reforme y la austeridad se revierta, Europa no se recuperará.

El drama en Europa está lejos de terminar. Una de las fortalezas de la UE es la vitalidad de sus democracias. Pero el euro despojó a los ciudadanos – sobre todo en los países en crisis – de cualquier decisión que ellos pudiesen tener sobre su destino económico. En repetidas ocasiones, los votantes echaron a quienes buscaban la reelección, debido a que se encontraban insatisfechos con el derrotero por el que se desplazaba la economía – pero lo que ocurrió fue que el nuevo gobierno continuó por el mismo rumbo, mismo que se dicta desde Bruselas, Frankfurt y Berlín.

Pero, ¿por cuánto tiempo puede esto continuar? ¿Y cómo van a reaccionar los votantes? A lo largo y ancho de Europa, hemos sido testigos del alarmante crecimiento de los partidos nacionalistas extremistas, que se van contra los valores de la Ilustración que son los que han hecho que Europa logre tantos éxitos. En algunos lugares, crecen grandes movimientos separatistas.

Ahora Grecia pone a prueba una vez más a Europa. La caída del PIB griego desde el 2010 es mucho mayor que la caída que enfrentó Estados Unidos durante la Gran Depresión de la década de 1930. El desempleo juvenil es superior al 50%. El gobierno del primer ministro Antonis Samaras ha fallado, y ahora, debido a que el Parlamento no pudo elegir un nuevo presidente para Grecia, se celebrarán elecciones generales anticipadas el 25 de enero.

Syriza, el partido izquierdista de oposición, que se comprometió a renegociar los términos del rescate de Grecia llevado a cabo por la UE, está por delante en las encuestas de opinión. Si Syriza gana pero no llega al poder, un motivo principal será el miedo a cómo responderá la UE ante dicha elección. El miedo no es la más noble de las emociones, y no va a dar lugar al tipo de consenso nacional que Grecia necesita para seguir adelante.

El problema no es Grecia. El problema es Europa. Si Europa no cambia sus maneras de actuar – si no reforma la eurozona y rechaza la austeridad – una reacción popular será inevitable. Grecia podría mantener el rumbo en esta ocasión. Pero esta locura económica no puede continuar por siempre. La democracia no lo permitirá. Sin embargo, ¿cuánto más dolor tendrá que soportar Europa antes de que se restablezca el sentido común?
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Tomado de Project Syndicate. Traducción de Rocío Barrientos

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Joseph Stiglitz: Europa y su lapsus de sentido común

Lun, 12/01/2015 - 16:00
Por fin, los Estados Unidos está mostrando señales de recuperación de la crisis que estalló a finales de la administración del presidente George W. Bush, cuando la casi implosión del sistema financiero conmocionó a todo el mundo. Pero, no es una recuperación fuerte; a lo sumo, la brecha entre donde la economía habría estado y donde está hoy no se está ensanchando. Si se está cerrando, lo está haciendo muy lentamente; los daños causados por la crisis parecen ser a largo plazo.

Sin embargo, podría ser peor. Al otro lado del Atlántico, hay pocas señales de, incluso, una recuperación modesta al estilo estadounidense: la brecha entre donde Europa está y donde habría estado en ausencia de la crisis sigue creciendo. En la mayoría de países de la Unión Europea, el PIB per cápita es menor al de antes de la crisis. Una media década perdida se está convirtiendo rápidamente en una década entera perdida. Detrás de las frías estadísticas, las vidas se arruinan, los sueños se desvanecen, y las familias se desintegran (o no se forman) a la par de que el estancamiento – que llega a ser depresión en algunos lugares – se arrastra año tras año.

La UE tiene una población con gran talento y alto nivel de educación. Sus países miembros tienen marcos legales sólidos y sociedades que funcionan bien. Antes de la crisis, la mayoría de estos países incluso tenían economías que funcionan bien. En algunos lugares, la productividad por hora – o la tasa de su crecimiento – era una de las más altas del mundo.

Sin embargo, Europa no es una víctima. Sí es verdad que Estados Unidos administró mal su economía; pero, no, no es verdad que EE.UU. de alguna forma se las arregló para imponer la peor parte de la caída mundial en los hombros de Europa. El malestar de la UE es auto-infligido, a causa de una sucesión, sin precedentes, de malas decisiones económicas, comenzando por la creación del euro. Si bien el euro se creó con la intención de unir a Europa, finalmente, lo que hizo fue dividirla; y, debido a la ausencia de la voluntad política para crear instituciones que permitan que una moneda única funcione, el daño no se está revertiendo.

El caos actual proviene en parte de la adhesión a una creencia que ha sido desacreditada desde hace ya mucho tiempo sobre que existen mercados en buen funcionamiento que no tienen imperfecciones de información y competencia. La arrogancia desmedida también ha jugado un papel. ¿Cómo, si no, se podría explicar el hecho de que año tras año los pronósticos de los funcionarios europeos sobre las consecuencias de sus propias políticas han sido consistentemente erróneos?

Estos pronósticos no han sido erróneos porque los países de la UE no lograron poner en práctica las políticas prescritas, sino porque los modelos sobre los que las políticas se basaron tienen graves deficiencias. En Grecia, por ejemplo, las medidas destinadas a reducir la carga de la deuda, en los hechos, dejaron al país más cargado de lo que estaba en 2010: el ratio deuda PIB se ha incrementado, debido a que el impacto de la austeridad fiscal lastimó a la producción. Al menos, el Fondo Monetario Internacional ha admitido estos fracasos intelectuales y de políticas.

Los líderes europeos siguen convencidos de que su prioridad máxima debe ser la reforma estructural. Pero los problemas a los que ellos apuntan se habían hecho evidentes en los años previos a la crisis, y en aquel entonces, dichos problemas no detenían el crecimiento. Lo que Europa necesita más que una reforma estructural dentro de sus países miembros es una reforma de la estructura de la propia eurozona, y una reversión de las políticas de austeridad, que han fracasado una y otra vez en su intento por reencender el crecimiento económico.

Se comprobó una y otra vez que los que pensaban que el euro no podría sobrevivir estaban equivocados. Sin embargo, los críticos han tenido razón en una cosa: a menos que la estructura de la eurozona se reforme y la austeridad se revierta, Europa no se recuperará.

El drama en Europa está lejos de terminar. Una de las fortalezas de la UE es la vitalidad de sus democracias. Pero el euro despojó a los ciudadanos – sobre todo en los países en crisis – de cualquier decisión que ellos pudiesen tener sobre su destino económico. En repetidas ocasiones, los votantes echaron a quienes buscaban la reelección, debido a que se encontraban insatisfechos con el derrotero por el que se desplazaba la economía – pero lo que ocurrió fue que el nuevo gobierno continuó por el mismo rumbo, mismo que se dicta desde Bruselas, Frankfurt y Berlín.

Pero, ¿por cuánto tiempo puede esto continuar? ¿Y cómo van a reaccionar los votantes? A lo largo y ancho de Europa, hemos sido testigos del alarmante crecimiento de los partidos nacionalistas extremistas, que se van contra los valores de la Ilustración que son los que han hecho que Europa logre tantos éxitos. En algunos lugares, crecen grandes movimientos separatistas.

Ahora Grecia pone a prueba una vez más a Europa. La caída del PIB griego desde el 2010 es mucho mayor que la caída que enfrentó Estados Unidos durante la Gran Depresión de la década de 1930. El desempleo juvenil es superior al 50%. El gobierno del primer ministro Antonis Samaras ha fallado, y ahora, debido a que el Parlamento no pudo elegir un nuevo presidente para Grecia, se celebrarán elecciones generales anticipadas el 25 de enero.

Syriza, el partido izquierdista de oposición, que se comprometió a renegociar los términos del rescate de Grecia llevado a cabo por la UE, está por delante en las encuestas de opinión. Si Syriza gana pero no llega al poder, un motivo principal será el miedo a cómo responderá la UE ante dicha elección. El miedo no es la más noble de las emociones, y no va a dar lugar al tipo de consenso nacional que Grecia necesita para seguir adelante.

El problema no es Grecia. El problema es Europa. Si Europa no cambia sus maneras de actuar – si no reforma la eurozona y rechaza la austeridad – una reacción popular será inevitable. Grecia podría mantener el rumbo en esta ocasión. Pero esta locura económica no puede continuar por siempre. La democracia no lo permitirá. Sin embargo, ¿cuánto más dolor tendrá que soportar Europa antes de que se restablezca el sentido común?
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Tomado de Project Syndicate. Traducción de Rocío Barrientos

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Europa pierde la batalla frente al fantasma deflacionario

Lun, 12/01/2015 - 12:01
La zona euro ha perdido la batalla contra la deflación con la caída de -0,2 por ciento en el índice general de precios de diciembre. Este hecho da cuenta de la gravedad de la crisis financiera desatada en 2008 que a lo largo de seis años ha sido minimizada por los líderes europeos sin dar ninguna respuesta acertada de política económica. Si bien la "inflación subyacente", que excluye la fluctuación de los precios de la energía y los alimentos, sigue siendo positiva, es muy baja para los estándares históricos. La economía funciona mejor cuando la inflación es predecible y estable y no cuando los precios son decrecientes, como muestra la gráfica. Este imparable descenso en el nivel de precios que cada mes se acentúa, es un claro reflejo de que Europa ha perdido el rumbo. A seis años de la quiebra de Lehman Brothers la producción europea no ha vuelto a los niveles alcanzados en 2007 y las condiciones de vida se hacen cada vez peores, aunque los índices bursátiles escalen hacia nuevas y exitosas alturas.

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La “civilización occidental” y la pesada herencia del colonialismo

Lun, 12/01/2015 - 01:59
Pierre Beaudet, Europe solidaire

La matanza del 7 de enero en París quedará en la memoria como un acto criminal contra la libertad de expresión. Charb, Cabu y los demás animadores de Charlie-Hebdo nos habían hecho reflexionar durante muchos años con su humor corrosivo. Hoy, cuando la derecha y la extrema derecha les santifican como víctimas de los enemigos de la “civilización”, deben estar contemplando con una sonrisa forzada cómo, habiendo denunciado el colonialismo, resultan estar tan defendidos por los nostálgicos del colonialismo.

Esas mismas víctimas se revolverían también en su tumba leyendo a Christian Rioux (Le Devoir, 9 de enero) que lanza un llamamiento, en nombre de Moliere, en defensa de la “civilización” francesa, por no decir “occidental”, amenazada en su opinión por el islam radical. La Francia “moderna” es la hija de varios centenares de años de depredación colonial, que comenzaron con el “triángulo de la muerte” impuesto a África y a las Américas a partir del siglo XVII. Los regímenes franceses, incluyendo los que aparecieron después de la revolución de 1789 esclavizaron a millones de africanos. Perpetraron genocidios olvidados en las Américas. El capitalismo “moderno” tomó forma en aquellas horribles plantaciones que hicieron la fortuna de los mercaderes franceses. Luego, en el siglo XIX, Francia se lanzó a otras espantosas aventuras coloniales, en África del Norte y en Vietnam en particular, en las que centenares de miles de personas fueron muertas, despojadas, transformadas en semiesclavas. En esos países, se recuerda aún al ejército francés que tomaba como rehenes a las poblaciones en las zonas llamadas rebeldes para asfixiarlas con humo hasta la muerte. Recordemos también que el estado francés practicaba estas depredaciones en nombre de la “civilización” y del “progreso”, para salvar a los colonizados de la “barbarie”. Hasta en los años 1960, la Francia colonial hizo y deshizo a su antojo, a pesar de la oposición en la propia Francia, por parte de resistentes uno de cuyos herederos es Charli-Hebdo.

Hay que decir finalmente que las prácticas coloniales se han reproducido en la propia Francia. Los habitantes de las colonias hambrientas y desposeídas han afluido a Francia para ocupar los empleos con bajos salarios y condiciones miserables. Han contribuido con el sudor de su frente a esta Francia “moderna” y capitalista, sufriendo la represión cotidiana e incluso las matanzas, como el asesinato por la policía de decenas de manifestantes pacíficos en la calle para reclamar la independencia de Argelia, el 17 de octubre de 1961. Aún hoy, la discriminación es sistémica en esta Francia “civilizada”. El establecimiento de perfiles raciales contra los jóvenes de ascendencia árabe o africana está bien documentado, aunque no guste a algunos contadores de historias, lo que no quiere decir que de los 4-6 millones de inmigrantes en Francia todos conozcan malos tratos. Pero, plantearos la pregunta: ¿quién vive en las viviendas protegidas de los alrededores de París, Marsella y de los grandes centros urbanos? Id a ver. En muchas ocasiones, movimientos populares franceses, no solo los de la inmigración, han pedido cambios radicales, más allá de las bellas promesas.

Desde hace algún tiempo, Francia, desde Sarkozy a Hollande, ha decidido alinearse totalmente con la guerra sin fin orquestada por los Estados Unidos en nombre de la lucha contra el “terrorismo”. La Francia “civilizada” parece preferir defender “sus” inversiones en su coto cerrado postcolonial, particularmente en África, a la vez que participa en el apoyo de las dictaduras de Irak, Afganistán o Arabia Saudita. Para los “socialistas” franceses, se añade que todo esto se hace una vez más en nombre de la “civilización”, para “salvar a los indígenas”. En realidad, las exacciones del Estado Islámico o de Al Qaeda son aún “pálidas” si se comparan a lo que hacen los aviones americanos y sus ayudantes locales sobre el terreno, matando, violando y torturando a miles de iraquíes, de sirios, de palestinos, yemenitas o afganos…

¿Excusa esto a los partidarios del Estado Islámico? Ciertamente no. Además de violar los derechos con prácticas sectarias y criminales, estos movimientos, a fin de cuentas, hacen el juego a las potencias, puesto que les permiten pretender actuar para “salvar a los afganos”, por retomar un ejemplo bien conocido. Ahora bien, organizaciones populares en esa región del mundo luchan y resisten. Luchan en condiciones de una increíble adversidad a la vez contra regímenes podridos apoyados por los Estados Unidos y sus aliados-subalternos como Francia y Canadá, y contra organizaciones terroristas que se reclaman del islam político. No se las oye, no se las apoya. ¿Por qué?

Hoy, para ser leal a la tradición de Charlie-Hebdo, hay que impedir una deriva autoritaria y antiimigrante en nombre de la “civilización”. Hay que aislar elementos terroristas a la vez que se hacen fracasar las políticas sin fin puestas en pie por las potencias, y que están en la base de nuestro mundo a la deriva. Hay que llevar a cabo la batalla de las ideas contra la islamofobia reproducida a lo largo de la jornada por medios complacientes para acentuar el giro a la derecha. No será sencillo…

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Paul De Grauwe: Grecia, la rebelión de los deudores

Dom, 11/01/2015 - 16:07
Paul De Grauwe, Ivory Tower

La crisis de la deuda griega que estalló en 2010 ha vuelto, y otra vez amenaza la estabilidad de la zona euro. Esa crisis fue el resultado de dos factores. En primer lugar, de un gasto desenfrenado, tanto del sector privado como del sector público, en Grecia durante los años de auge de 2000-2010, lo que llevó a unos enormes niveles de deuda insostenibles. En segundo lugar, de los imprudentes préstamos a Grecia de los bancos del Norte de la zona euro. En ningún momento los banqueros del Norte se preguntaron si los griegos podrían devolver los préstamos.

La UE eligió resolver la crisis de la deuda castigado a los griegos y rescatando a los banqueros del Norte. Se impuso a Grecia un programa de austeridad punitiva, cuyos efectos son visibles en todas partes en ese país. Una disminución en el PIB de cerca del 25% desde 2010, un aumento del desempleo a un nivel que no hemos visto desde los años treinta, y el empobrecimiento de grandes sectores de la población griega.

Los bancos quedaron en gran medida impunes. Es cierto que hubo una reestructuración de la deuda griega en manos de inversores privados. Algunos bancos pagan el precio del crédito excesivo concedido a Grecia, pero la mayoría de los bancos escaparon ese destino trasladando sus perdidas griegas al sector público. Esos bonos de deuda están ahora en manos de los gobiernos nacionales y el Banco Central Europeo. Y estos quieren recuperar su dinero sin importarles las consecuencias para el pueblo y el sistema político griegos.

La versión oficial de este enfoque es que la estricta austeridad que se impuso a la población griega es inevitable y al final dará sus frutos. ¿Inevitable? Sí, por supuesto, si el objetivo es salvaguardar los intereses de los acreedores, entonces no queda más que una posibilidad: los griegos tienen que devolver hasta el último céntimo. ¿Funcionará al final? Sí, por supuesto, si la austeridad se mantiene el tiempo suficiente acabará produciendo y transfiriendo recursos desde Grecia hacia el Norte rico de la zona euro.

Esta versión, sin embargo, pierde de vista las convulsiones políticas provocadas por la miseria humana que ha provocado una austeridad tan estricta. Los millones de personas que son arrojadas a la miseria por los acreedores del norte de Europa no son sujetos pasivos. No sólo protestan en las calles, algo que los acreedores pueden sobrellevar fácilmente. También votan por los partidos políticos que les prometen una manera mejor de lidiar con el problema. Y estos son los partidos que están dispuestos a romper el orden político y social establecido.

Es terrible ver como la elite política europea ha estado viviendo en un capullo, incapaz de ver las implicaciones políticas y sociales de los programas de austeridad estricta que impusieron a países como Grecia (pero también a otros países de la periferia). Esa elite política todavía no ha aprendido la lección. La primera reacción del ministro alemán de Finanzas, tras el anuncio de nuevas elecciones en Grecia fue que había que mantener a toda costa la disciplina necesaria para continuar con el programa de ajuste.

¿Qué hacer? Mucho dependerá de los resultados de las elecciones en Grecia. El partido de extrema izquierda, Syriza, busca flexibilizar la dureza de los programas de austeridad y negociar una reestructuración de la deuda con las autoridades europeas. Es bastante sorprendente descubrir que estas reivindicaciones, de hecho, se basan en un análisis correcto del problema griego. A pesar de la austeridad, que ha sido extraordinariamente dura, la deuda pública griega ha aumentado y ahora excede el 170% del PIB. El peso de esa deuda es tan alta que los futuros gobiernos griegos no podrán continuar pagando los intereses que provoca.

En lugar de negar esta realidad, los ministros de Finanzas de la UE deben comenzar ha enfrentase a ella. Deberían empezar a pensar en la forma en la que puede ayudar a aliviar la carga de la deuda griega. Negar esta realidad condena a Grecia a muchos más años de miseria y fomentará aún más los movimientos políticos extremistas en el país.

El riesgo hoy es que los líderes políticos de la eurozona se niegan a aliviar la deuda griega (y la de otros países de la periferia). En ese caso, es inevitable una crisis profunda de la zona euro. Aunque Syriza no gane las próximas elecciones, los partidos extremistas lo harán en futuras elecciones. Esto va a ser muy perjudicial para la zona euro en su conjunto.

La historia nos enseña que después de una crisis de la deuda es imprescindible alcanzar un equilibrio entre los intereses de los acreedores y de los deudores. El enfoque unilateral que se ha adoptado en la zona euro, en la que los deudores se han visto obligados a soportar todo el peso del ajuste, casi siempre conduce a una rebelión de esos deudores. Es lo que está ocurriendo en Grecia. Sólo se puede frenar si los acreedores se atreven a enfrentarse a esta realidad.
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Tomado de Sin Permiso. Traducción de Enrique García

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El equipo de Charli Hebdo, mártir en su lucha contra la estupidez

Sáb, 10/01/2015 - 19:53
Alejandro Teritelbaum, ArgenPress

La sátira literaria que existe por lo menos desde Aristófanes, suele ser un instrumento de lucha contra la estupidez. Especialmente la sátira iconoclasta como la practicó desde hace decenios Charlie Hebdo, primero con el nombre de Hara Kiri.

Iconoclasta de todos los poderes: religiosos, políticos, económicos y sociales, para tratar de sacudir las neuronas de la gente cómodamente instalada en sus creencias y certidumbres y en la reverencia de sus íconos, religiosos o seculares.

No es exacto que Charlie Hebdo se haya dedicado especialmente a ridiculizar a la religión musulmana.

Mucho antes de arremeter contra ésta, 'Charlie-Hebdo', que entonces se llamaba 'Hebdo hara-kiri', lo hizo contra los poderes públicos y las personalidades francesas. Fue incluso prohibido, en 1970, por haber anunciado en portada, en 1970, la muerte del general Charles de Gaulle (el principal ícono de los franceses) con el siguiente titular:"Baile trágico en Colombey: un muerto".

Y lo siguió haciendo hasta ahora, con ilustraciones totalmente irreverentes referidas a los sucesivos presidentes franceses, a las autoridades de otros países, a la religión católica y a la judía. La gente mal informada cree que se dedicó solamente a la religión musulmana porque las sátiras sobre ésta suscitaron reacciones virulentas de los fundamentalistas (denuncias ante la justicia, amenazas y atentados anteriores a la matanza del siete de enero) que tuvieron trascendencia pública que por cierto llegó también a los quizás nunca tuvieron en sus manos un ejemplar de la revista.

La variedad de los objetivos de la sátira de Charlie Hebdo se puede comprobar si se busca en Internet las 1000 “tapas” de Charlie Hebdo entre 1992 y 2011 : “images correspondant à les 1000 une de charlie hebdo”.

Uno de los miembros de la redacción asesinados es Bernard Maris, economista también iconoclasta que se burló siempre de los economistas al servicio del sistema que nunca aciertan en sus previsiones y dan doctas (y falsas) explicaciones después que se produjeron los acontecimientos.

Escribió numerosos libros con esa orientación, entre ellos:

-Economistas por encima de toda sospecha o la gran mascarada de las predicciones;
-Los siete pecados capitales de los universitarios;
-Carta abierta a los gurus de la economía que nos toman por imbéciles.

La libertad de expresión ha sido bastardeada por el sistema dominante. Eso no quiere decir que no haya que defenderla con uñas y dientes porque, la experiencia lo demuestra, es indispensable para conquistar una sociedad sin clases y también para que ésta sea sustentable y no fracase, como ha ocurrido con el “socialismo real”.

De modo que el equipo de Charlie Hebdo merece el respeto y el homenaje sin reservas de todos los que, sin telarañas en la cabeza, aspiran a que no prospere el giro a la derecha de una parte de la población que se advierte en muchas regiones del mundo y que los pueblos emprendan decididamente el camino de la liberación de las ideologías (seculares y religiosas) dominantes y del yugo capitalista.

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El petróleo como arma geopolítica

Sáb, 10/01/2015 - 09:01
Manlio Dinucci, Red Voltaire

Mientras la caída del precio del petróleo pone contra las cuerdas a una Rusia que, ya en crisis por causa de las sanciones de Estados Unidos y de la Unión Europea, ve disminuir los ingresos provenientes de sus exportaciones energéticas, Estados Unidos está convirtiéndose en el mayor productor mundial de crudo –en lugar de Arabia Saudita– y pronto será no sólo autosuficiente sino que estará también en condiciones de garantizar a la Unión Europea petróleo y gas en abundancia y además barato. Eso es lo que nos dicen los medios de prensa. Una historia que vamos a confrontar aquí con los datos de la realidad partiendo de la siguiente interrogante: ¿Por qué han bajado los precios del petróleo?

Esta caída se debe no sólo a factores económicos, como la contracción de la demanda mundial, sino también a factores geopolíticos. Ante todo, a la decisión de Arabia Saudita, el mayor exportador mundial –seguida de Rusia–, de mantener un nivel de producción elevado para que, al aumentar la oferta, disminuya el precio del crudo. ¿Qué interés tiene Arabia Saudita en esa maniobra, que puede reducir sus propios ingresos provenientes del petróleo? Afectar a otros países exportadores, principalmente a Rusia, Irán y Venezuela.

Riad puede darse el lujo de realizar esa maniobra porque los costos de extracción del crudo saudita se hallan entre los más bajos del mundo, 5 o 6 dólares el barril, mientras que la extracción de un barril de petróleo en, por ejemplo, el Mar del Norte cuesta más de 26 dólares.

La idea de que la maniobra de Riad pueda estar dirigida contra Estados Unidos, donde ha comenzado el bum del petróleo de esquistos, carece de lógica. En primer lugar porque Estados Unidos sigue importando petróleo saudita, cuya calidad conviene a las refinerías estadounidenses, mientras que el petróleo de esquistos sustituirá el que se importaba de Nigeria, de Angola y de Argelia. Y además porque la maniobra sobre el precio del petróleo es resultado de un acuerdo entre Washington y Riad basado en la estrategia tendiente –en primer lugar– a debilitar y aislar a Rusia. En ese contexto se inserta el boom del petróleo y del gas extraídos, en Estados Unidos, de los esquistos bituminosos mediante la técnica de fracturación hidráulica, o sea desbaratando la roca de los estratos profundos mediante el uso de agua mezclada con diversas sustancias químicas.

Se trata de una técnica muy costosa. Según la Agencia Internacional para la Energía, extraer petróleo de las arenas de esquistos cuesta entre 50 y 100 dólares por barril mientras que extraer un barril de petróleo en el Medio Oriente cuesta unos 10 dólares. Según los expertos, la extracción del gas de esquistos es económicamente interesante cuando el precio internacional del petróleo sobrepasa los 70 dólares por barril. Pero desde junio el barril el precio del barril de petróleo ha sufrido un descenso del 40%, así que el precio del barril anda por los 60 dólares, y puede seguir bajando.

¿Cómo es posible entonces que se mantenga el boom? Porque Estados Unidos –o sea, el Estado federal– está dedicando miles de millones de dólares a estimular esa actividad, en la que se han implicado generalmente pequeñas compañías petroleras. Resulta significativo comprobar que las mayores compañías se mantienen fuera de ese negocio, entre otras cosas porque los yacimientos que se explotan mediante la técnica de fracturación hidráulica se agotan mucho antes que los yacimientos convencionales.

También hay que tener en cuenta que esa técnica de extracción provoca muy graves daños al medioambiente, daños cuyos costos recaen sobre las colectividades locales. Muchas de ellas se oponen, hasta ahora con poco resultado, al uso de sus territorios para la extracción de petróleo y de gas de esquistos.

Así que el boom petrolero estadounidense tiene como locomotora los objetivos geopolíticos de Washington: por un lado, perjudicar a Rusia y otros países, y por otro lado, hacer que los aliados europeos sustituyan las compras de productos energéticos rusos por los que provienen de Estados Unidos.

El hecho es que Estados Unidos, que es el mayor importador de crudo del mundo, no puede garantizar a Europa los volúmenes de petróleo y de gas natural que garantiza Rusia, ni tampoco a los precios que practica Rusia. Todo esto no pasa de ser un bluff o, como dicen los españoles, un “farol” en el «póker americano» de la guerra.

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La nueva Santa Cruzada

Sáb, 10/01/2015 - 00:01
Manlio Dinucci, Red Voltaire

La matanza perpetrada en las oficinas de la publicación satírica Charlie Hebdo, en París, sigue despertando asombro entre los analistas y cronistas del mundo entero. Mientras la prensa francesa denuncia a coro el terrorismo islamista, observadores de otros países –como Manlio Dinucci, en el diario italiano Il Manifesto– ven en ese crimen una manipulación orquestada por los servicios secretos occidentales.

Se mueven y disparan como verdaderos comandos. Nada de ráfagas, para no desperdiciar municiones. Sólo uno a dos disparos para cada víctima, como el policía ya herido y ultimado en el suelo de un solo tiro por el asesino que pasa a su lado, vuelve al automóvil y, antes de abordarlo, recoge con toda calma un zapato deportivo –que habría podido servir de prueba mediante un análisis de ADN.

Sin embargo, cuando esos mismos individuos, después de haber dado muestras de una preparación digna de un comando de fuerzas especiales, cambian de vehículo, «olvidan» en el primer auto –según la versión de la policía– un documento de identidad. Y así firman oficialmente el atentado. En pocas horas, el mundo entero conocerá sus nombres y sus biografías: «dos delincuentes de poca monta, radicalizados, conocidos de la policía y los servicios de inteligencia franceses».

Ante los hechos que están siendo definidos como «el 11 de septiembre de Francia», no podemos menos que recordar lo sucedido en el momento del 11 de septiembre estadounidense, cuando –sólo unas horas después del atentado contra las Torres Gemelas– rápidamente circulaban los nombres y biografías de las personas designadas como autores de los hechos y miembros de al-Qaeda. También en Estados Unidos, en el momento del asesinato del presidente Kennedy, el presunto asesino fue descubierto de inmediato. Y lo mismo sucedió en Italia, con la masacre de la Piazza Fontana. Resulta por lo tanto legítima la sospecha de que, detrás del atentado perpetrado en Francia, pueda estar el largo brazo de los servicios secretos.

Los dos presuntos autores de la matanza de París, si son ciertas sus biografías, pertenecen al mundo subterráneo creado por los servicios secretos occidentales –incluyendo los de Francia– que en 2011 financiaron, entrenaron y armaron en Libia diversos grupos islamistas, que poco antes eran calificados de terroristas.

Entre esos grupos se hallaban precisamente los primeros núcleos del futuro Emirato Islámico y los servicios secretos occidentales les proporcionaron el armamento a través de una red organizada por la CIA –según una investigación del New York Times publicada en marzo de 2013– cuando, después de haber participado en el derrocamiento de Muammar el-Kadhafi, fueron enviados a Siria para tratar de derrocar al presidente Assad y posteriormente para atacar Irak, en el preciso momento en que el gobierno de al-Maliki se alejaba de Occidente y se acercaba a Pekín y Moscú.

El Emirato Islámico, nacido en 2013, recibe financiamiento de Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y Turquía, países que además –al igual que Jordania– le facilitan el tránsito a través de sus territorios. Y no hay que olvidar que los países que acabamos de mencionar son todos estrechos aliados de Estados Unidos y de las demás potencias occidentales, incluyendo a Francia. Lo cual no significa que la masa de miembros de los grupos islamistas, a menudo provenientes de diferentes países occidentales, tengan conciencia de esa complicidad. En todo caso, es altamente probable que tras los terroristas se escondan agentes secretos occidentales y árabes especialmente entrenados en la realización de ese tipo de operaciones.

Aún a la espera de nuevos elementos que puedan aclarar el verdadero origen de la masacre perpetrada en Francia, resulta lógico que nos preguntemos: ¿Quién se beneficia con todo esto?

La respuesta se deduce de lo que declaró Nicolas Sarkozy, quien –cuando era presidente de Francia– fue uno de los principales artífices del respaldo a los grupos islamistas que participaron en la guerra de agresión contra Libia. Sarkozy calificó el atentado perpetrado en Francia de «guerra declarada contra la civilización, cuya responsabilidad es defenderse».

Se busca así convencer a la opinión pública de que Occidente está en guerra contra quienes quieren destruir la «civilización» –lo cual implica que es Occidente quien representa la «civilización»– y que por ello tiene que defenderse aumentando sus fuerzas militares y enviándolas a todos los lugares donde surja esa «amenaza».

Se trata así de transformar el dolor de las masas por las víctimas de la masacre en movilización a favor de la guerra. El David, cubierto en Florencia con un velo negro en señal de duelo, está llamado ahora a empuñar la espada de la nueva Santa Cruzada.

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Piketty llama a no tener miedo a Podemos y Syriza, y a inspirarse en ellos

Ven, 09/01/2015 - 11:00
El economista francés Thomas Piketty aseguró ayer que Podemos y Syriza son partidos pro europeos y que habría que inspirarse en ellos para encontrar mejores soluciones a la crisis de Europa. Piketty advirtió además que de seguir la economia mundial como ha sido en los últimos 30 años, en unas pocas décadas más toda la riqueza del mundo pertenecerá a las grandes fortunas y culpó de ello a las privatizaciones y a la crisis financiera, que ha aumentado la desigualdad.

En una conferencia-coloquio en la que fue presentado por el periodista Miguel Ángel Aguilar que fue precedida de un minuto de silencio en memoria de los fallecidos en el atentado al semanario satírico Charlie Hebdo, Piketty comentó que si los más ricos crecen dos y tres veces más que el resto, en cincuenta años la riqueza del mundo pertenecerá a lo más acaudalados y eso, ha dicho, "debería detenerse en algún momento". Piketty se pregunta cuándo va a pararse esta concentración de la riqueza y lamenta que no haya "una fuerza natural" que permita que esta aglutinación se detenga en "un punto razonable".

Sin miedo a Podemos y SyrizaEl economista francés señaló que las nuevas formaciones políticas, como Podemos, en España, o Syriza, en Grecia, son partidos "pro europeos" y, por eso, no se les debería tener miedo sino que habría que inspirarse y unirse a ellos para encontrar una mejor solución para Europa. Piketty hizo una alusión a Francia y auguró que en las próximas elecciones el Frente Nacional podría ocupar posiciones importantes y eso sería "desastroso". También dijo que el nivel de hipocresía de las elites puede ser impresionante e hizo hincapié en que la política más importante para reducir la desigualdad es invertir en educación.

Piketty admitió que está horrorizado con el dato de que la inversión que destina Europa para sostener su sistema universitario es mucho menor a la que se destina para pagar los intereses bancarios. También subrayó "el caos" en Europa al tener rentabilidades diferentes en las deudas nacionaes. Por ello, aboga por compartir la rentabilidad y añadió que Francia e Italia han sido "muy egoístas" en 2011 y 2012 por disponer de rentabilidades muy bajas y no querer compartirlas con España o Grecia. "Mientras no haya confianza, se mantendrá el estancamiento, señaló, al tiempo que ha dicho que cambiar los tratados políticos es posible".

Las dificultades de EuropaPiketty precisó que "la complicación" de Europa es que los países son demasiado pequeños en comparación con la economía mundial "y las economías pequeñas tienden a actuar de una manera que está en contradicción con sus valores sociales". En su opinión, esto ha repercutido en que se penaliza a los contribuyentes que "no se pueden ir", es decir, trabajadores y rentas medias lo que provoca que hoy los grupos menos cualificados se sientan abandonados por sus gobiernos. Para Piketty, estas "soluciones nacionalistas" se ven como una solución pero, en realidad, "no lo son". Por eso el economista pide que las instituciones europeas se transformen mientras las decisiones fiscales se concentren en las mismas manos.

Piketty también ha criticado la privatización y que algunos países de la zona euro estén cerrando escuelas y hospitales para pagar a deudores privados. En esta línea se refirió a España para asegurar que ahí los pagos de intereses "superan el presupuesto de todas las universidades públicas" y eso, ha dicho, "no parece la estrategia correcta para preparar el futuro".

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¿Quién está detrás del atentado contra Charlie Hebdo?

Xov, 08/01/2015 - 22:00
En este reportaje, la televisión francesa France24 mutila el video original para que televidentes no vean el momento en que los atacantes ultiman al policía herido. Numerosos franceses denuncian el islamismo y manifiestan en las calles en reacción contra el atentado perpetrado en París contra el semanario satírico Charlie Hebdo. Por su parte, Thierry Meyssan observa que la interpretación yihadista carece de sentido. Aunque sería más conveniente para él sumarse al coro de quienes denuncian una operación de al-Qaeda o del Emirato Islámico en París, Thierry Meyssan expone una hipótesis diferente, pero mucho más peligrosa.

Thierry Meyssan, Red Voltaire

El 7 de enero de 2015, un comando irrumpe en la sede parisina de Charlie Hebbo y asesina 12 personas. Otras 4 víctimas han sido reportadas en estado grave. En los videos se oye a los atacantes gritar «¡Allah Akbar!» y afirmar después que han «vengado a Mahoma». Una testigo, la dibujante Coco, afirmó que los individuos decían ser de al-Qaeda. Eso ha bastado para que numerosos franceses denuncien el hecho como un atentado islamista. Pero esa hipótesis es ilógica.

La misión del comando no coincide con la ideología yihadista En efecto, los miembros o simpatizantes de grupos como la Hermandad Musulmana, al-Qaeda o el Emirato Islámico [1] no se habrían limitado a matar dibujantes ateos. Habrían comenzado por destruir los archivos de la publicación en presencia de las víctimas, como lo han hecho en la totalidad de las acciones que perpetran en el Magreb y el Levante. Para los yihadistas, lo primero es destruir los objetos que –según ellos– ofenden a Dios, antes de castigar a los «enemigos de Dios».

Y tampoco se habrían replegado de inmediato, huyendo de la policía, sin completar su misión. Por el contrario, la habrían realizado hasta el final aunque eso les costase la vida.

Por otro lado, los videos y varios testimonios muestran que los atacantes son profesionales. Están acostumbrados al manejo de armas y sólo disparan cuando es realmente necesario. Su indumentaria tampoco es la de los yihadistas sino más bien la que caracteriza a los comandos militares.

Su manera de ejecutar en el suelo un policía herido, que no representaba un peligro para ellos, demuestra que su misión no era «vengar a Mahoma» del humor no muy fino de Charlie Hebdo.

el vídeo censurado por la televisión francesa donde los asesinos rematan en el suelo y con brutal salvajismo a un policía heridoObjetivo de la operación: favorecer el inicio de una guerra civil Los atacantes hablan bien el idioma francés y es muy probable que sean franceses, lo cual no justifica la conclusión de que todo sea un incidente franco-francés. Por el contrario, el hecho de que se trata de profesionales nos obliga a separar estos ejecutores de quienes dieron la orden de realizar la operación. Y nada demuestra que estos últimos sean franceses.

Es un reflejo normal, pero intelectualmente erróneo, creer que conocemos a nuestros agresores en el momento en que acabamos de sufrir la agresión. Eso es lo más lógico, tratándose de la criminalidad común y corriente. Pero no es así cuando se trata de política internacional.

Quienes dieron las órdenes que llevaron a la ejecución de este atentado sabían que estaban provocando una ruptura entre los franceses de religión musulmana y los franceses no musulmanes. El semanario satírico francés Charlie Hebdo se había especializado en las provocaciones antimusulmanas, de las que la mayoría de los musulmanes de Francia han sido víctimas directa o indirectamente. Si bien los musulmanes de Francia no dejarán seguramente de condenar este atentado, les será difícil sentir por las víctimas tanto dolor como los lectores de la publicación. Y no faltarán quienes interpreten eso como una forma de complicidad con los asesinos.

Es por eso que, en vez de considerar este atentado extremadamente sanguinario como una venganza islamista contra el semanario que publicó en Francia las caricaturas sobre Mahoma y dedicó reiteradamente su primera plana a caricaturas antimusulmanas, sería más lógico pensar que se trata del primer episodio de un proceso tendiente a crear una situación de guerra civil.

La estrategia del «choque de civilizaciones» fue concebida en Tel Aviv y Washington La ideología y la estrategia de la Hermandad Musulmana, al-Qaeda y el Emirato Islámico no predica provocar una guerra civil en «Occidente» sino, por el contrario, desatar la guerra civil en el «Oriente» y separar ambos mundos herméticamente. Ni Said Qotb, ni ninguno de sus sucesores llamaron nunca a provocar enfrentamientos entre musulmanes y no musulmanes en el terreno de estos últimos.

Por el contrario, quien formuló la estrategia del «choque de civilizaciones» fue Bernard Lewis y lo hizo por encargo del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Esa estrategia fue divulgada posteriormente por Samuel Huntington, presentándola no como una estrategia de conquista sino como una situación que podía llegar a producirse [2]. El objetivo era convencer a los pueblos de los países miembros de la OTAN de que era inevitable un enfrentamiento, justificando así el carácter preventivo de lo que sería la «guerra contra el terrorismo».

No es en El Cairo, en Riad ni en Kabul donde se predica el «choque de civilizaciones» sino en Washington y en Tel Aviv.

Quienes dieron la orden que llevó al atentado contra Charlie Hebdo no estaban interesados en contentar a yihadistas o talibanes sino a los neoconservadores o los halcones liberales.

No debemos olvidar los precedentes históricos Tenemos que recordar que durante las últimas décadas hemos visto a los servicios especiales de Estados Unidos y de la OTAN
- utilizar en Francia la población civil como conejillos de Indias para experimentar los efectos devastadores de ciertas drogas [3];
- respaldar a la OAS para asesinar al presidente francés Charles De Gaulle [4];
- proceder a la realización de atentados “bajo bandera falsa” contra la población civil en varios países miembros de la OTAN [5].

Tenemos que recordar que, desde el desmembramiento de Yugoslavia, el estado mayor estadounidense ha experimentado y puesto en práctica en numerosos países su estrategia conocida como «pelea de perros», que consiste en matar miembros de la comunidad mayoritaria y matar después miembros de las minorías para lograr que ambas partes se acusen entre sí y que cada una de ellas crea que la otra está tratando de exterminarla. Fue así como Washington provocó la guerra civil en Yugoslavia y, últimamente, en Ucrania [6].

Los franceses harían bien en recordar igualmente que no fueron ellos quienes tomaron la iniciativa de la lucha contra los yihadistas que regresaban de Siria e Irak. Por cierto, ninguno de esos individuos ha cometido hasta ahora ningún atentado en Francia ya que el caso de Mehdi Nemmouche no puede catalogarse como un hecho perpetrado por un terrorista solitario sino por un agente encargado de ejecutar en Bruselas a 2 agentes del Mosad [7] [8]. Fue Washington quien convocó, el 6 de febrero de 2014, a los ministros del Interior de Alemania, Estados Unidos, Francia (el señor Valls envió un representante), Italia, Polonia y Reino Unido para que inscribieran el regreso de los yihadistas europeos como una cuestión de seguridad nacional [9]. Fue sólo después de aquella reunión que la prensa francesa abordó ese tema dado el hecho que las autoridades habían comenzado a actuar.

Expresándose por primera vez en francés para dirigir un mensaje a los franceses, John Kerry denuncia un ataque contra la libertad –cuando su país no vacila, desde 1995, en bombardear y destruir las estaciones de televisión que le molestan, tanto en Yugoslavia como en Afganistán, en Irak y en Libia– y celebra la lucha contra el oscurantismo.

No sabemos quién ordenó este ataque profesional contra Charlie Hebdo pero sí sabemos que no debemos precipitarnos. Tendríamos que tener en cuenta todas las hipótesis y admitir que, en este momento, su objetivo más probable es dividirnos y que lo más probable es que quienes dieron la orden estén en Washington.
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Notas:
[1] También conocido bajo su acrónimo árabe como Daesh y designado –por razones de propaganda– como ISIS por la administración estadounidense, el autoproclamado Emirato Islámico es el grupo que se identificaba anteriormente como Emirato Islámico en Irak y el Levante (EIIL).
[2] «La “guerra de civilizaciones”», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 7 de diciembre de 2004.
[3] «Cuando la CIA utilizaba ciudadanos franceses como conejillos de India», por Hank P. Albarelli Jr., Red Voltaire, 30 de marzo de 2010.
[4] «Cuando el stay-behind quiso derrocar a De Gaulle», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 28 de agosto de 2009.
[5] «Les Armées Secrètes de l’OTAN», por Daniele Ganser, éd. Demi-Lune. Los lectores pueden ver la traducción al español de esa obra publicada por capítulos en el sitio de la Red Voltaire.
[6] «El representante adjunto de la ONU en Afganistán expulsado de su puesto», «¿Puede Washington derrocar tres gobiernos a la vez?», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria) y Red Voltaire, 3 de octubre de 2009 y 24 de febrero de 2014.
[7] «El caso Nemmouche y los servicios secretos atlantistas », por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria), Red Voltaire, 9 de junio de 2014.
[8] Algunos citarán, en contraposición, los casos de Khaled Kelkal (1995) y de Mohammed Mehra (2012) como casos de «lobos solitarios» vinculados a yihadistas, pero que no tienen nada que ver con Siria ni con Irak. Desgraciadamente, estos 2 individuos fueron eliminados por las fuerzas del orden, lo cual hace imposible la verificación de las teorías oficiales.
[9] «Siria se convierte en “tema de seguridad interna” para Estados Unidos y la Unión Europea», Red Voltaire, 8 de febrero de 2014
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Ver también: Los terroristas entrenados por la CIA y el Mossad insertos en el Estado IslámicoUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Thomas Piketty: "En 50 años toda la riqueza del mundo será de las grandes fortunas"

Xov, 08/01/2015 - 15:39
El economista francés Thomas Piketty ha advertido hoy de que en 50 años toda la riqueza del mundo pertenecerá a las grandes fortunas y ha culpado de ello a la privatización y a la crisis financiera, que ha aumentado la desigualdad.

En una conferencia-coloquio en Madrid en la que fue presentado por el periodista Miguel Ángel Aguilar y precedida de un minuto de silencio en memoria de los fallecidos en el atentado al semanario satírico Charlie Hebdo, Piketty ha comentado que "si los más ricos crecen dos y tres veces más que el resto, en cincuenta años la riqueza del mundo pertenecerá a lo más acaudalados y esondebería detenerse en algún momento".

Piketty se pregunta cuándo va a pararse esta concentración de la riqueza y ha lamentado que no haya "una fuerza natural" que permita que esta aglutinación se detenga en "un punto razonable". Este economista, que recientemente se situó en el centro de la polémica por renunciar a medalla de la Legión de Honor de Francia, tras considerar que no corresponde al Gobierno francés decidir quién es honorable, ha planteado "la transformación" del sistema fiscal, de manera que se requiera menos dinero a las rentas medias y a los trabajadores.

Piketty ha precisado que "la complicación" de Europa es que los países son demasiado pequeños en comparación con la economía mundial "y las economías pequeñas tienden a actuar de una manera que está en contradicción con sus valores sociales". En su opinión, esto ha repercutido en que se penaliza a los contribuyentes que "no se pueden ir", es decir, trabajadores y rentas medias, lo que provoca que hoy los grupos menos cualificados se sientan abandonados por sus gobiernos.

Piketty también ha criticado la privatización y que algunos países de la zona euro estén cerrando escuelas y hospitales para pagar a deudores privados. En esta línea se ha referido a España para asegurar que los pagos de intereses "superan el presupuesto de todas las universidades públicas" y eso "no parece la estrategia correcta para preparar el futuro".
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Los terroristas entrenados por la CIA y el Mossad insertos en el Estado Islámico

Mér, 07/01/2015 - 23:00
Más de 2000 terroristas entrenados por Estados Unidos y el régimen de Israel se han unido al grupo terrorista que se identifica como Emirato Islámico (Daesh, en árabe, y anteriormente EIIL), informó en diciembre el sitio web de inteligencia militar israelí DEBKAfile. Según ese sitio web israelí, esos combatientes del grupo terrorista autodenominado «Brigadas de Mártires de Yarmuk» fueron entrenados en Jordania, durante 2 años, por agentes estadounidenses, en su mayoría expertos de la CIA, con apoyo del ejército israelí y su servicio secreto, el Mossad.

DEBKAfile explicó que esa defección repentina se produjo después de las negociaciones entre el líder de esa banda extremista, Musab Ali Qarfan, también conocido como Musab Zaytune, y el líder del Emirato Islámico, Ibrahim al-Samarrai, alias Abu Bakr al-Bagdadi. También indica que, a diferencia de los grupos terroristas presentes en la península egipcia del Sinaí, las «Brigadas de Mártires de Yarmuk» no han jurado lealtad a Daesh, sino que se trata de una alianza operativa.

Ese grupo terrorista, que lucha contra el gobierno sirio, estaba desplegado en unos 45 de los 76 kilómetros de la frontera de los territorios ocupados con Siria. Esto significa que ahora esa larga franja fronteriza podría hallarse bajo control del Emirato Islámico, lo que supondría una amenaza incluso para el régimen israelí. Por otra parte, estos terroristas también controlan parte de la frontera sirio-jordana. Por lo tanto, ahora el vínculo entre Jordania y el sur de Siria, que servía a los intereses estratégicos de Estados Unidos, también está en manos del Emirato Islámico.

En 2013, las «Brigadas de Mártires de Yarmuk» reivindicaron el secuestro de 25 cascos azules en la meseta del Golán.
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Tomado de Red VoltaireUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Charlie Hebdo y el nuevo ataque a la libertad de expresión

Mér, 07/01/2015 - 18:01
Dos hombres entraron a la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo y dispararon y mataron a dos policías, dos empleados y ocho periodistas de esa publicación que, desde 2006, había sido amenazada permanentemente por incluir caricaturas contra los líderes religiosos, políticos y empresariales del mundo. El presidente François Hollande calificó este hecho como un "acto terrorista" y declaró duelo nacional y elevó al máximo el nivel de alerta en París. El titular del Consejo Francés del Culto Musulmán (CFCM) y rector de la Gran Mezquita de París, Dalil Boubakeur, condenó "en nombre de los musulmanes" de Francia el "horror del crimen" y subrayó que "es inútil ver en ello una connotación religiosa".

La página web de la revista francés Charlie Hebdo muestra ahora la imagen de arriba. En francés, "Je Suis Charlie" no sólo se traduce como "Yo Soy Charlie", sino que también como "Yo sigo a Charlie". Este crimen ha provocado conmoción mundial dado que no sólo se trata de un asesinado a sangre fría de un grupo de personas, sino de un atentado contra la libertad de expresión. Sin embargo, no debemos permitir que los gobiernos occidentales manchen la memoria de aquellos que fueron asesinados para promover consignas vacías sobre la libertad. Justamente lo que menos representaba Charlie Hebdo eran lemas vacíos. Su estilo provocador era más poderoso que la dinamita y muchas de sus portadas eran verdaderos golpes al mentón a la cursilería de las políticas actuales y al conformismo ramplón de los grupos religiosos. Este atentado es un nuevo golpe a la libertad de expresión para confundir y acallar el descontento ciudadano. Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Eurocrisis: bancos privados y crisis pública

Mér, 07/01/2015 - 11:33
Alejandro Nadal, La Jornada

La perspectiva de una victoria electoral de Syriza dentro de unas semanas en Grecia vuelve a plantear la necesidad de un análisis objetivo sobre la naturaleza de la crisis en Europa. La demanda de renegociar el paquete de austeridad que la troika impuso sobre Atenas desembocará en una confrontación política casi sin precedentes. Si no le tiembla la mano a los dirigentes de Syriza y sus asesores económicos, podrían desenmascarar la verdadera agenda de Alemania y sus bancos, inaugurando una nueva etapa en la lucha entre capital financiero y la democracia.

El 9 de mayo de 2010 se llevó a cabo una reunión en el Fondo Monetario Internacional para considerar el primer paquete de rescate por la crisis en Grecia. El tema central era el grado de participación del FMI, junto con el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión de la Unión Europea en dicho plan. La minuta de los debates (filtrada al Wall Street Journal en 2013) reveló la existencia de un importante desacuerdo en las deliberaciones.

Los representantes de Argentina, Brasil, India, Irán, Rusia y Suiza discreparon con el programa planteado por la troika porque se excluía toda posibilidad de restructurar la deuda. El programa imponía un ajuste brutal sobre la economía griega pero no contemplaba la posibilidad de una quita. En esa reunión el representante de Brasil, Nogueira Batista, señaló que el programa sería más un rescate de los acreedores privados que de la economía griega.

Sin recortes a la deuda griega la troika buscaba efectivamente rescatar a los grandes bancos europeos con alto grado de exposición en Grecia. En 2008 los bancos alemanes tenían niveles de apalancamiento más elevados que los de otros bancos europeos y, por lo tanto, sus hojas de balance estaban repletas de títulos de muy mala calidad. Deutsche Bank, por ejemplo, sigue siendo el banco europeo con mayor apalancamiento y con una exposición superior a los 55 billones (millones de millones) de euros en los mercados de derivados.

Dos años después se aceptó el recorte de 50 por ciento de la deuda griega, pero para entonces los bancos alemanes habían logrado reducir de manera importante su exposición con títulos de ese país: la deuda había sido socializada y las pérdidas también. Las maniobras tuvieron éxito: los rescatados fueron los acreedores. En especial, el establecimiento de las operaciones de financiamiento de largo plazo (LTRO, por sus siglas en inglés) por el BCE permitió a los bancos alemanes vender a bancos en la periferia sus títulos de mala calidad y reducir su exposición en esos espacios económicos.

En la evolución de la crisis europea es claro que la estrategia alemana ha sido el rescate de sus bancos. Para lograrlo ha contado con la complicidad de otros gobiernos europeos que han enfrentado el mismo problema. La estrategia se basó en hacer cargar a las instituciones europeas y el FMI la parte más importante del problema: en esta triste historia la única unión europea ha sido la de la europeanización de las pérdidas de los bancos alemanes.

Para lograr su objetivo Alemania logró una hazaña de propaganda que haría palidecer de envidia al mismísimo Goebbels. La versión común de la crisis descansa en la idea de que los bancos son intermediarios entre los ahorradores y los demandantes de crédito. Los primeros habrían sido los piadosos ahorradores alemanes y los segundos los irresponsables habitantes de la cuenca del Mediterráneo, con su proclividad a vivir en el jolgorio.

Muchos ingenuos todavía creen esta historieta, pero las creencias no pueden remplazar la realidad. Un programa político que sea realmente emancipador no puede basarse en las fábulas que el discurso del capital transmite todos los días. Los bancos no son intermediarios y su funcionamiento se basa en sus operaciones de creación monetaria, acomodándose al ritmo de la demanda de crédito. Hay que insistir: los bancos privados, todos ellos, funcionan abriendo una cuenta de depósito a nombre de sus deudores al momento de acordarles un préstamo. Ningún banco privado requiere tener en su bóveda un depósito para poder realizar un préstamo. Por eso la máxima debe ser los préstamos crean los depósitos y no al revés. Esto es lo que se conoce como una economía de moneda endógena.

Un corolario de todo lo anterior es que si la unión monetaria tiene muchos defectos, para los bancos siempre tuvo una virtud: creó el espacio común para desarrollar sus operaciones de creación monetaria sin incurrir en los costos de transacción vinculados a los tipos de cambio.

Las implicaciones políticas de todo esto son extraordinarias. El reclamo del pueblo griego por renegociar el cruel programa de ajuste es el prólogo de una batalla de dimensiones épicas. Frente a las posturas de Syriza se yergue la pretensión de los bancos que desean seguir monopolizando la creación de uno de los objetos sociales más importantes, el dinero. Las tomas de posición de Syriza deben traducir en programa político la necesidad de someter a control social la función de creación monetaria

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Mijaíl Gorbachov: ¿Un nuevo orden más propio de la Guerra Fría?

Mar, 06/01/2015 - 04:39
Cuando 2014 se acerca a su fin, está claro que las estructuras políticas europeas e internacionales que han estado vigentes desde 1989 no han aprobado la prueba del tiempo. De hecho, el mundo no había presenciado un ambiente tan tenso y peligroso desde el fin de la Guerra Fría, con derramamiento de sangre en Europa y el Oriente Medio sobre el telón de fondo de una ruptura del diálogo entre las potencias más importantes. Parece que el mundo está al borde de una segunda guerra fría. Algunos dicen incluso que ya ha comenzado.

Entretanto, el órgano internacional principal del mundo –el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas– no está desempeñando precisamente un papel ni adopta medidas concretas para detener los incendios y las muertes. ¿Por qué no ha actuado con determinación para evaluar la situación y formular un programa de acción conjunta?

Una primera razón es –creo yo– la de que la confianza creada mediante una labor denodada y esfuerzos mutuos para poner fin a la Guerra Fría se ha desplomado. Sin dicha confianza, las relaciones internacionales pacificas en el mundializado planeta actual resultan inconcebibles. Pero esa confianza no ha sido socavada recientemente; ocurrió hace mucho. Las raíces de la situación actual estriban en los acontecimientos del decenio de 1990.

El fin de la Guerra Fría había de señalar el comienzo de una vía hacia una nueva Europa y un orden mundial más seguro, pero, en lugar de construir nuevas instituciones europeas para la seguridad y aplicar la desmilitarización de Europa, como se había prometido en la Declaración formulada en Londres por la OTAN en 1990, Occidente –y en particular los Estados Unidos– se declaró victorioso. La euforia y el triunfalismo se subieron a la cabeza de los dirigentes occidentales. Aprovechando la debilidad de Rusia y la falta de un contrapeso, se negaron a atender las advertencias contra la aspiración a un monopolio de la dirección mundial.

Los acontecimientos de los últimos meses son las consecuencias del intento de imponer -con estrechez de miras- la voluntad propia e ignorar los intereses de los socios propios. Una lista de semejantes faits accomplis incluiría la ampliación de la OTAN, la guerra en Yugoslavia (en particular, en Kosovo), los planes de defensa mediante misiles, el Iraq, Libia y Siria. A consecuencia de ello, lo que era una ampolla ahora se ha convertido en una herida infectada. Y es Europa la que más sufre. En lugar de encabezar el cambio en un planeta mundializado, el continente se ha convertido en una palestra de agitación política, competencia por las esferas de influencia y conflictos militares. La consecuencia inevitable es la de que Europa está debilitándose en un momento en el que otros centros de poder e influencia están fortaleciéndose. Si continúa así, Europa perderá su influencia en los asuntos del mundo y se volverá progresivamente irrelevante.

Por fortuna, la experiencia del decenio de 1980 indica una vía por la que avanzar. La situación internacional en aquella época no era menos peligrosa que hoy. Sin embargo, conseguimos mejorarla: no sólo normalizando las relaciones, sino también poniendo fin a la confrontación de la Guerra Fría. Se logró primordialmente mediante el diálogo, pero la clave para dialogar es la voluntad política y la fijación de prioridades idóneas.

En la actualidad, la prioridad principal debe ser el diálogo mismo: una renovación de la capacidad para relacionarse, escucharse y oírse mutuamente. Ahora están resurgiendo señales alentadoras, si bien las gestiones iniciales sólo han dado resultados modestos y débiles: el acuerdo de Minsk sobre un cese del fuego y una retirada militar en Ucrania, el acuerdo trilateral sobre el gas concertado por Rusia, Ucrania y la Unión Europea y el alto a la intensificación de las sanciones mutuas.

Debemos seguir pasando de la polémica y las acusaciones mutuas a una búsqueda de los puntos de convergencia y un levantamiento gradual de las sanciones, que están dañando a las dos partes. Como primera medida, se deben levantar las llamadas sanciones personales que afectan a figuras políticas y parlamentarios para que puedan incorporarse de nuevo al proceso de búsqueda de soluciones mutuamente aceptables. Un sector en el que adoptar medidas conjuntas podría ser el de ayudar a Ucrania a superar las consecuencias de la guerra fratricida y reconstruir las regiones afectadas.

Lo mismo es aplicable a las amenazas mundiales y la seguridad paneuropea. Los actuales problemas mundiales fundamentales –el terrorismo y el extremismo, la pobreza y la desigualdad, el cambio climático, la migración y las epidemias– están empeorando diariamente y, pese a ser diferentes, comparten un rasgo fundamental: ninguno de ellos tiene una solución militar. Sin embargo, faltan mecanismos políticos para resolver esos problemas o son disfuncionales, precisamente cuando la continua crisis mundial debe persuadirnos para que busquemos –sin demora– un nuevo modelo que pueda garantizar la sostenibilidad política, económica y medioambiental.

En cuanto a la seguridad de Europa, sólo una solución paneuropea es viable. De hecho, los intentos de abordar el problema ampliando la OTAN o mediante la política de defensa de la UE son contraproducentes. Necesitamos más instituciones no excluyentes y mecanismos que brinden seguridades y garantías a todos.

A ese respecto, la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa, que infundió una gran esperanza, no ha estado hasta ahora a la altura de la tarea, lo que no quiere decir que se deba substituirla por algo nuevo, sobre todo porque ahora ha asumido importantes funciones de control en Ucrania, pero la OSCE es –podríamos decir– un edificio que requiere importantes reparaciones y alguna construcción nueva.

Hace años, el ex ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Hans Dietrich Genscher, el ex Asesor de Seguridad Nacional de los EE.UU, Brent Scowcroft, y otras autoridades propusieron la creación de un Consejo de Seguridad o Dirección para Europa. Yo manifesté mi acuerdo con ese planteamiento. En el mismo sentido, durante su presidencia el Primer Ministro de Rusia, Dmitri Medvedev, pidió la creación de un mecanismo para la diplomacia preventiva y las consultas obligatorias en caso de amenaza a la seguridad de algún Estado. Si se hubiera creado dicho mecanismo, se podrían haber evitado los peores acontecimientos habidos en Ucrania. Naturalmente, hay que reprochar a los dirigentes políticos que desatendieran esas y otras “ideas europeas”, pero también a toda la clase política, las instituciones de la sociedad civil y los medios de comunicación europeos.

Aunque soy por naturaleza optimista, he de reconocer que resulta muy difícil no ser pesimista al acercarse 2014 a su fin. No obstante, no debemos ceder ante el pánico y la desesperación o dejarnos arrastrar a una vorágine de inercia negativa. Se debe transformar la amarga experiencia de los últimos meses en la voluntad de reanudar el diálogo y la cooperación. Éste es mi llamamiento a nuestros dirigentes y a todos nosotros para 2015. Pensemos, propongamos y actuemos juntos.
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Tomado de Project SyndicateUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Mijaíl Gorbachov ¿Un nuevo orden más propio de la Guerra Fría?

Mar, 06/01/2015 - 04:39
Cuando 2014 se acerca a su fin, está claro que las estructuras políticas europeas e internacionales que han estado vigentes desde 1989 no han aprobado la prueba del tiempo. De hecho, el mundo no había presenciado un ambiente tan tenso y peligroso desde el fin de la Guerra Fría, con derramamiento de sangre en Europa y el Oriente Medio sobre el telón de fondo de una ruptura del diálogo entre las potencias más importantes. Parece que el mundo está al borde de una segunda guerra fría. Algunos dicen incluso que ya ha comenzado.

Entretanto, el órgano internacional principal del mundo –el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas– no está desempeñando precisamente un papel ni adopta medidas concretas para detener los incendios y las muertes. ¿Por qué no ha actuado con determinación para evaluar la situación y formular un programa de acción conjunta?

Una primera razón es –creo yo– la de que la confianza creada mediante una labor denodada y esfuerzos mutuos para poner fin a la Guerra Fría se ha desplomado. Sin dicha confianza, las relaciones internacionales pacificas en el mundializado planeta actual resultan inconcebibles. Pero esa confianza no ha sido socavada recientemente; ocurrió hace mucho. Las raíces de la situación actual estriban en los acontecimientos del decenio de 1990.

El fin de la Guerra Fría había de señalar el comienzo de una vía hacia una nueva Europa y un orden mundial más seguro, pero, en lugar de construir nuevas instituciones europeas para la seguridad y aplicar la desmilitarización de Europa, como se había prometido en la Declaración formulada en Londres por la OTAN en 1990, Occidente –y en particular los Estados Unidos– se declaró victorioso. La euforia y el triunfalismo se subieron a la cabeza de los dirigentes occidentales. Aprovechando la debilidad de Rusia y la falta de un contrapeso, se negaron a atender las advertencias contra la aspiración a un monopolio de la dirección mundial.

Los acontecimientos de los últimos meses son las consecuencias del intento de imponer -con estrechez de miras- la voluntad propia e ignorar los intereses de los socios propios. Una lista de semejantes faits accomplis incluiría la ampliación de la OTAN, la guerra en Yugoslavia (en particular, en Kosovo), los planes de defensa mediante misiles, el Iraq, Libia y Siria. A consecuencia de ello, lo que era una ampolla ahora se ha convertido en una herida infectada. Y es Europa la que más sufre. En lugar de encabezar el cambio en un planeta mundializado, el continente se ha convertido en una palestra de agitación política, competencia por las esferas de influencia y conflictos militares. La consecuencia inevitable es la de que Europa está debilitándose en un momento en el que otros centros de poder e influencia están fortaleciéndose. Si continúa así, Europa perderá su influencia en los asuntos del mundo y se volverá progresivamente irrelevante.

Por fortuna, la experiencia del decenio de 1980 indica una vía por la que avanzar. La situación internacional en aquella época no era menos peligrosa que hoy. Sin embargo, conseguimos mejorarla: no sólo normalizando las relaciones, sino también poniendo fin a la confrontación de la Guerra Fría. Se logró primordialmente mediante el diálogo, pero la clave para dialogar es la voluntad política y la fijación de prioridades idóneas.

En la actualidad, la prioridad principal debe ser el diálogo mismo: una renovación de la capacidad para relacionarse, escucharse y oírse mutuamente. Ahora están resurgiendo señales alentadoras, si bien las gestiones iniciales sólo han dado resultados modestos y débiles: el acuerdo de Minsk sobre un cese del fuego y una retirada militar en Ucrania, el acuerdo trilateral sobre el gas concertado por Rusia, Ucrania y la Unión Europea y el alto a la intensificación de las sanciones mutuas.

Debemos seguir pasando de la polémica y las acusaciones mutuas a una búsqueda de los puntos de convergencia y un levantamiento gradual de las sanciones, que están dañando a las dos partes. Como primera medida, se deben levantar las llamadas sanciones personales que afectan a figuras políticas y parlamentarios para que puedan incorporarse de nuevo al proceso de búsqueda de soluciones mutuamente aceptables. Un sector en el que adoptar medidas conjuntas podría ser el de ayudar a Ucrania a superar las consecuencias de la guerra fratricida y reconstruir las regiones afectadas.

Lo mismo es aplicable a las amenazas mundiales y la seguridad paneuropea. Los actuales problemas mundiales fundamentales –el terrorismo y el extremismo, la pobreza y la desigualdad, el cambio climático, la migración y las epidemias– están empeorando diariamente y, pese a ser diferentes, comparten un rasgo fundamental: ninguno de ellos tiene una solución militar. Sin embargo, faltan mecanismos políticos para resolver esos problemas o son disfuncionales, precisamente cuando la continua crisis mundial debe persuadirnos para que busquemos –sin demora– un nuevo modelo que pueda garantizar la sostenibilidad política, económica y medioambiental.

En cuanto a la seguridad de Europa, sólo una solución paneuropea es viable. De hecho, los intentos de abordar el problema ampliando la OTAN o mediante la política de defensa de la UE son contraproducentes. Necesitamos más instituciones no excluyentes y mecanismos que brinden seguridades y garantías a todos.

A ese respecto, la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa, que infundió una gran esperanza, no ha estado hasta ahora a la altura de la tarea, lo que no quiere decir que se deba substituirla por algo nuevo, sobre todo porque ahora ha asumido importantes funciones de control en Ucrania, pero la OSCE es –podríamos decir– un edificio que requiere importantes reparaciones y alguna construcción nueva.

Hace años, el ex ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Hans Dietrich Genscher, el ex Asesor de Seguridad Nacional de los EE.UU, Brent Scowcroft, y otras autoridades propusieron la creación de un Consejo de Seguridad o Dirección para Europa. Yo manifesté mi acuerdo con ese planteamiento. En el mismo sentido, durante su presidencia el Primer Ministro de Rusia, Dmitri Medvedev, pidió la creación de un mecanismo para la diplomacia preventiva y las consultas obligatorias en caso de amenaza a la seguridad de algún Estado. Si se hubiera creado dicho mecanismo, se podrían haber evitado los peores acontecimientos habidos en Ucrania. Naturalmente, hay que reprochar a los dirigentes políticos que desatendieran esas y otras “ideas europeas”, pero también a toda la clase política, las instituciones de la sociedad civil y los medios de comunicación europeos.

Aunque soy por naturaleza optimista, he de reconocer que resulta muy difícil no ser pesimista al acercarse 2014 a su fin. No obstante, no debemos ceder ante el pánico y la desesperación o dejarnos arrastrar a una vorágine de inercia negativa. Se debe transformar la amarga experiencia de los últimos meses en la voluntad de reanudar el diálogo y la cooperación. Éste es mi llamamiento a nuestros dirigentes y a todos nosotros para 2015. Pensemos, propongamos y actuemos juntos.
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¿Como será la economía en 2015? Aquí van seis predicciones

Mar, 06/01/2015 - 00:28
Hay pocas cosas menos predecibles que la economía. Hay cosas que afectan al sistema y que no se pueden prever. Sabiendo que lo siguiente podría ser incorrecto, el portal 'The National Interest' hace sus predicciones para el 2015. Estas son las predicciones de 'The National Interest:

1. La economía de EE.UU. volverá a desilusionar
Según las expectativas, el crecimiento del PIB será del 3% o menos aún. A diferencia de las heridas previas a la crisis financiera, esta vez las razones para el debilitamiento son otros países, principalmente China y Europa. Sus economías están estrechamente entrelazadas con la de EE.UU., por lo que sus efectos serán tangibles en el comercio. La otra gran economía, Japón, puede tener un leve impulso en la primera parte del año, con el efecto positivo para las exportaciones de la debilidad del yen. Las importaciones se encarecerán y la suma del comercio puede ser nula.

2. El crecimiento del PIB chino estará por debajo del presupuestado 7%
La merma en los precios de viviendas y en el crecimiento del PIB indica un traspaso de una economía propulsada por la infraestructura e inversiones a una basada en el consumo. De ahí, cuestiones sobre la sostenibilidad del consumo de mercancías de China no pueden menos que afectar a otras economías propulsadas por el consumo.

3. Los decrecientes precios del petróleo serán tanto una bendición como una maldición para EE.UU.
La caída en los precios del crudo otorga más recursos a los consumidores, algo beneficioso para la economía estadounidense. Igual que la construcción durante un auge inmobiliario, el sector petrolero crea empleos bien pagados para poco formados y menos hábiles trabajadores. Con la creciente presión sobre el sector, estos empleos tienden a ser remplazados por otros en el comercio al por menor y otras industrias basadas en el consumo, caracterizados por trabajo a tiempo parcial y peores sueldos.

4. Los precios de las mercancías se mantendrán bajos ante el decrecimiento global
Con el tiempo, los bajos precios deberían estimular la demanda y mover la oferta. Pero la fortaleza del dólar en relación al euro, el yen y las otras monedas juega en contra de la producción manufacturera estadounidense. La combinación de un debilitamiento de las perspectivas de crecimiento para la economía mundial y el fortalecimiento del dólar mantendrá la presión sobre los productos básicos y la economía mercantil en general, no solamente sobre el sector petrolero.

5. El sector inmobiliario de EE.UU. no crecerá significativamente
La recuperación ha sido decepcionante hasta la fecha y hay pocos catalizadores para estimular un rebote fuerte en las viviendas iniciadas. El crecimiento de los precios continuará desacelerándose y es probable que se vuelva negativo, como la fijación de precios se ha elevado por delante de la asequibilidad. La desaceleración de los precios más bajos será un beneficio a largo plazo para el mercado global de la vivienda, pero va a defraudar en 2015.

6. EE.UU. reasumirá el liderazgo en la economía global en 2015, no por sus propios éxitos
Ante el desilusionante crecimiento global, el debilitamiento mercantil de economías emergentes, además de los fracasos de Europa y Japón en conseguir sus metas de inflación, la economía estadounidense liderará un mundo débil y no una recuperación vigorosa.

Por otra parte, Estados Unidos puede ver en serias dificultades su mercado de bonos de deuda soberana a raíz de la nueva burbuja que se está inflando con el dólar. Es insólito que la moneda del país más endeudado del mundo se aprecie respecto al resto de las monedas. Esta burbuja puede estallar durante el 2015 y provocar un fuerte golpe a todo el sistema financiero.

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