Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger5015125
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Thomas Piketty y el debate sobre la desigualdad

Ven, 30/05/2014 - 09:01
Marcelo Justo, Página 12

La polémica sobre el economista francés Thomas Piketty se ha convertido en sinónimo de debate sobre la desigualdad. Con un sorprendente tercer lugar en las ventas de Amazon en Estados Unidos a casi tres meses de salir a la venta, con una segunda edición en camino, han aparecido críticas a presuntas incongruencias en los datos de El Capital en el siglo XXI que buscan minar la tesis fundamental del libro, que sostiene que la creciente desigualdad del capitalismo es inherente al sistema.

Según publicó el viernes pasado Chris Giles, editor económico del diario Financial Times, en la primera plana del diario, Piketty comete errores en las proyecciones que hace para épocas en las que no había información, en el método que usa para distintos países y en un uso tendencioso de las estadísticas para probar su principal tesis.

La nota del Financial Times produjo una avalancha de cables y comentarios en los principales diarios de derecha del mundo anglosajón que tomaron el veredicto de Giles como la definitiva descalificación del libro de Piketty. La excepción a este regodeo fue un medio de incuestionable filiación capitalista: la revista The Economist. Según el semanario británico, las críticas de Giles eran cuestionables y muchos de los detractores del libro no se habían tomado el trabajo de leerlo e ignoraban que la mayoría de los datos provenían del World Top Income Database, un índice que nadie cuestiona. “Hay un par de errores que parecen ser de transcripción o de ajustes hechos a datos que requieren una evaluación del investigador”, subraya el semanario británico.

El fundamento para la tesis principal del libro, sostenida con un voluminoso examen de datos de los últimos 300 años, es que la riqueza ha aumentado a mayor velocidad que el crecimiento económico en estos tres siglos y que eso ha impactado en la desigualdad que, de seguir así, será en este siglo XXI semejante a la que existía en el victoriano siglo XIX. La crítica más sólida que se ha hecho a esta tesis viene por izquierda y es que, lejos de exagerar el estado de cosas, Piketty subestima la real dimensión de la desigualdad.

Según James Henry, autor de The price of offshore revisited y profesor de la Universidad de Columbia, el gran error de Piketty es el cálculo que hace sobre la riqueza oculta en guaridas o paraísos fiscales. “Hay unos 21 millones de millones de dólares ocultos en guaridas fiscales. La mitad de esta suma está en manos de las 91.000 personas más ricas del mundo, un 0,001 por ciento de la población mundial, que controla una tercera parte de toda la riqueza mundial. Piketty ha subestimado esta cifra. Este es el principal cuestionamiento que se le puede hacer. El resto es trivial”, indicó Henry a Página/12.

En la carta de respuesta a Giles que publicó el mismo Financial Times Piketty reconoce la necesidad de una mejor contabilización de esa riqueza oculta. “En realidad es muy posible que mis propias estimaciones no tomen plenamente en cuenta la riqueza offshore o en guaridas fiscales, algo que profundizaría la desigualdad”, señala el economista. Los datos de Piketty provienen de otro investigador de la Paris School of Economics, Gabriel Zucman, quien estima en unos 8 millones de millones de dólares la riqueza oculta en las guaridas fiscales, cálculo hecho en base a los datos disponibles macroeconómicos (balanza de pagos, por ejemplo) y los activos financieros, dejando fuera todo otro tipo de acumulación de riqueza (yates, obras de arte, etc.)

Sumándose a la polémica en la edición del matutino británico The Guardian este lunes, Paul Mason, editor económico del Channel 4 británico, señaló que las críticas de Giles (y las de otros medios de derecha) se basan en erróneas cifras oficiales. “Las conclusiones del Financial Times apenas se diferencian de las de Piketty en el análisis de Suecia y Francia. Lo hacen en el del Reino Unido y Estados Unidos. La razón es obvia. Desde tiempos inmemoriales los ricos tienen una especial aversión a declarar su riqueza. Con la reestructuración capitalista de 1979 se ha promovido la acumulación de riqueza oculta que obligó a Piketty a una mezcla de datos de herencia y encuestas junto a cálculos”, escribe Mason. Ni siquiera las cifras oficiales son congruentes. El HMRC, oficina impositiva del Reino, estima que el 10 por ciento más rico del Reino Unido tiene un 70 por ciento de la riqueza. La Oficina Nacional de Estadísticas, en cambio, estima que sólo tienen el 44 por ciento. El crecimiento de las guaridas o paraísos fiscales desde los ‘70 ha vuelto mucho más impreciso el cálculo de la riqueza (patrimonio personal que incluye depósitos, acciones, inmuebles, etc). El de los ingresos es mucho más rastreable: la diferencia genera todo tipo de incongruencias en la recolección de datos.

En Estados Unidos, Sam Pizzigati, del Institute for Policy Studies de Washington, habla de una “paradoja americana” para explicar este desfasaje. “Entre los datos que tenemos sobre la desigualdad de ingresos y de riqueza hay una profunda desconexión que equivale a una paradoja. El análisis de la curva de ingresos nos dice que ha habido un enorme crecimiento de la desigualdad entre los más ricos y el resto. Pero cuando analizamos la desigualdad de riqueza, vemos que la diferencia es ínfima. La explicación más lógica de esta diferencia es la riqueza oculta en paraísos fiscales. Si no, habría que pensar que esta gente se gasta 5000 dólares en cenas cada noche del año”, señaló Pizzigati a Página/12.

El impacto de este desfasaje en los niveles de desigualdad de una sociedad queda en claro en un estudio específico sobre Argentina, “Fuga de Capitales III (2002-2012)”, que halló un aumento del coeficiente de Gini de 0,42 a 0,49 puntos una vez que se corrigen las encuestas oficiales para incluir los ingresos no declarados y se contabilizan los fondos fugados a paraísos fiscales. “Si aceptamos que el stock fugado alcanza los 400 mil millones de dólares, equivalente a 15 veces el nivel de reservas del Banco Central, el coeficiente de desigualdad salta entonces de 0,43 a 0,49. Muchos piensan que en realidad la suma es aún mayor si se toman en cuenta las manipulaciones contables de empresas multinacionales y otros factores. Pero aún con esta cifra ‘conservadora’, vemos que el salto que da la medición de la desigualdad neutraliza los avances logrados en una mejor distribución del ingreso por el crecimiento económico y las fuertes políticas sociales del gobierno argentino durante el período 2003-2010”, indicó a Página/12 uno de los autores del informe, Jorge Gaggero.

En momentos en que, como se ha visto en las elecciones europeas, se está pagando un alto precio por desatender a estas tendencias profundas, convendría que el debate que se ha disparado con la publicación del libro de Piketty no sea ignorado con argumentos endebles.

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La burbuja de derivados alcanza un máximo histórico y amenaza la economía global

Ven, 30/05/2014 - 08:01

La burbuja mundial de los derivados financieros continúa hinchándose y ya es un 20% más grande de lo que era antes de la crisis financiera de 2008, señala Michael Snyder en su blog The Economic Collapse. Para Snyder esta es la mayor burbuja financiera que se haya dado jamás en el mundo, y cuando finalmente estalle será una auténtica pesadilla para el sistema financiero del planeta.

Según el Banco de Pagos Internacionales, el total de derivados alcanza los 710 billones de dólares, aunque otras fuentes estiman que la cifra es mucho mayor. Para hacernos una idea de las dimensiones, se estima que el PIB de EE.UU. para el 2014 será de unos 17 billones de dólares.

La cifra ya roza niveles incomprensibles y puede que esta burbuja no tarde en reventar. Sin embargo, en lugar de tomar cartas en el asunto y castigar a los grandes bancos por su conducta imprudente, nuestros líderes permiten que tanto las entidades bancarias como la burbuja de los derivados sigan creciendo. Snyder señala que los grandes bancos de Wall Street son actualmente un 37% más grandes de lo que eran antes del estallido de la crisis en 2008.

"En algún momento esta burbuja de derivados va a estallar y los bancos quebrarán. Cuando llegue ese día, enfrentaremos una crisis que hará que la de 2008 parezca un picnic", indica Snyder.

¿Qué es un derivado financiero? Los instrumentos financieros derivados son contratos cuyo precio depende del valor de un activo, el cual se denomina comúnmente 'subyacente' de dicho contrato. Estos activos pueden ser bonos, acciones, materias primas, índices bursátiles o divisas. Inicialmente este tipo de productos financieros pretendían eliminar la incertidumbre que generaba la fluctuación del precio de los productos. No obstante, en la actualidad forman parte de un sistema de especulación. Según Snyder, un derivado no tiene ningún valor intrínseco, "es esencialmente una apuesta".

La gente apuesta todo lo que uno pueda imaginar y Wall Street se ha transformado en el casino más grande de la historia del planeta. Después de la última crisis financiera, los políticos prometieron que mantendrían bajo control el comercio de los derivados. Sin embargo, el tamaño de la burbuja de los derivados no solo no ha disminuido, sino que ha alcanzado un nuevo máximo histórico.

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Argentina y la deuda: el acuerdo en París bien valió el desvelo

Xov, 29/05/2014 - 21:00
Después de una maratónica reunión que implicó casi veinte horas de negociaciones, el ministro Kicillof concluyó un acuerdo con los representantes del Club de París: Se reconocen 9700 millones de dólares de deuda a pagar en cinco años. El primer desembolso será de 1150 millones en los primeros doce meses. A través de un comunicado oficial, el Club de París informó que el monto consolidado del pasivo será cancelado “a través de una estructura flexible”.
Tomás Lukin, Página 12

Argentina y el Club de París alcanzaron un acuerdo para regularizar la deuda en default arrastrada con esos países. Luego de una prolongada reunión en la capital de Francia que se extendió durante más de diecisiete horas, los miembros del foro de acreedores y el equipo económico se pusieron de acuerdo en el mecanismo de pago. Como anticipó Página/12, la deuda se cancelará a lo largo de los próximos cinco años y contempla un desembolso inicial en efectivo por 1150 millones de dólares: un pago inicial en concepto de capital de 650 millones de dólares se realizará en julio de 2014 y los restantes 500 millones de dólares se entregarán en mayo de 2015. Como solicitó Argentina, el FMI no participará de la operatoria. El acuerdo estableció un pago mínimo que deberá afrontar Argentina por año y fijó un criterio de pagos adicionales en caso de incremento de las inversiones provenientes de los países miembros del Club. Si durante el plazo de cinco años, las inversiones adicionales fueran insuficientes para cubrir la deuda total, el país puede posponer los vencimientos hasta dos años.

“Con el acuerdo alcanzado Argentina cierra un capítulo más de la triste historia del sobreendeudamiento que condujo al default. El esquema de pagos acordado reduce sensiblemente el costo financiero de esta deuda impaga, que actualmente acumula intereses y punitorios a una tasa promedio cercana al 7 por ciento. El acuerdo asumido garantiza la sustentabilidad de los pagos de los compromisos financieros como un todo, es compatible con el perfil de vencimientos que tiene el país en el futuro y no implica condicionalidad alguna para llevar adelante sus políticas económicas.El acuerdo constituye un paso importante para promover la inversión en Argentina”, afirmó el ministro Kicillof a través de un comunicado.

La conducción del foro estuvo a cargo del director general del Tesoro francés, Ramón Fernández, pero también participaron del convite representantes de todos los acreedores, ya que las soluciones deben alcanzarse por consenso. El Club de París está compuesto por 19 países, pero los pasivos impagos de la Argentina corresponden a 15 miembros más Israel, que es miembro adherente del grupo. Alemania y Japón concentran el 60 por ciento de la deuda total. Sigue Holanda, Italia y Estados Unidos, con acreencias que no superan el 8 por ciento del total cada uno. El resto son pasivos más pequeños.

Pasar a un cuarto intermedio y retomar las conversaciones sin alcanzar el principio de acuerdo habría frustrado los avances logrados en la jornada. Por eso, los funcionarios argentinos buscaron sostener abierto el diálogo hasta lograr el consenso de todos los miembros. Desde el equipo económico consideran que el acuerdo propuesto por Argentina es favorable, ya que promueve inversiones productivas en el país a cambio de la cancelación del pasivo en cuotas. Dependiendo del mecanismo de pago que se establezca, por ejemplo si contempla la entrega de bonos, el Gobierno deberá enviar al Congreso un proyecto de ley que permita instrumentar la operación.

Concretar la salida del default con el grupo de acreedores soberanos forma parte del proceso de regularización de pasivos encarado por Argentina después de la crisis de 2002. No es el primer intento. A lo largo de los últimos años se registraron diferentes tentativas que fueron abortadas: en septiembre de 2008, CFK anunció que se cancelaría en un pago con reservas del Banco Central por 6706 millones de dólares. A los pocos días del anuncio cayó el banco Lehman Brothers y se desató una grave crisis internacional. Frente al estallido, primó la precaución y se dejó el pago en suspenso. Los intentos de 2010 y 2011 tampoco prosperaron.

Cerrar un acuerdo relajaría las condiciones para acceder al crédito externo. El equipo económico considera que los requerimientos de divisas están cubiertos este año. Por eso, advierte que el objetivo no es allanar el camino para una inminente emisión de deuda externa en el mercado internacional. No obstante, en el corto plazo destrabaría restricciones financieras para los flujos de Inversión Extranjera Directa.

Los funcionarios arribaron el martes por la noche a París y todavía no tienen fecha de regreso. Como sucedió en la visita previa de febrero, Kicillof y el secretario de Finanzas, Pablo López, contaron con la asistencia del embajador ante la Unión Europea, Hernán Lorenzino, y el coordinador de la Unidad de Reestructuración de Deuda, Adrián Cosentino. “Vamos a ser implacables en que el acuerdo sea sustentable y no condicione el crecimiento económico con inclusión”, enfatizó Kicillof en febrero, cuando regresó de su primer viaje a Francia. Una parte del moderno edificio del Ministerio de Economía francés se introduce sobre el Sena y las instalaciones cuentan con un embarcadero que permiten a los funcionarios galos trasladarse en lancha hacia otras dependencias gubernamentales, aunque el equipo económico se trasladó por las calles de París.

Alrededor de la mitad de los compromisos impagos son previos a 1983, fundamentalmente tomados durante la última dictadura militar. El 9 por ciento de la deuda corresponde al gobierno de Raúl Alfonsín, mientras que el 42 por ciento restante se asumió durante los mandatos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa. Sin contar el principio de acuerdo alcanzado ayer, Argentina ya realizó siete renegociaciones. La primera fue en 1956, durante el gobierno de facto de Aramburu, y marcó el nacimiento del Club de París. El resto de los acuerdos se alcanzaron en 1965 (Illia), 1985 y 1987 (Alfonsín) y las restantes en 1989, 1991 y 1992 (Menem). La larga historia con el Club escribirá hoy un nuevo capítulo.
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Ver: Argentina saldará su deuda de 9700 millones de dólares con el Club de ParísUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Argentina saldará su deuda de 9.700 millones de dólares con el Club de París

Xov, 29/05/2014 - 13:00

El Gobierno argentino alcanzó un acuerdo con el Club de París, un foro informal de acreedores oficiales y países deudores, para saldar la deuda de casi 10.000 millones de dólares que mantiene con el organismo. "Los representantes de los acreedores del Club de París y del Gobierno de la República Argentina (...) llegaron a un acuerdo para la liquidación en cinco años de la deuda por atrasos a los acreedores del Club de París", señaló entidad acreedora en un comunicado en el que puntualizó que los atrasos alcanzan los 9.700 millones de dólares.

El acuerdo, logrado tras una intensa jornada de negociaciones encabezada por el ministro de Economía, Axel Kicillof, estipula que Argentina pagará un mínimo de 1.150 millones de dólares antes de 2015. El siguiente monto se abonará en mayo de 2016. Esta deuda es uno de los vestigios de la crisis económica de Argentina de 2001-2002, cuando la nación latinoamericana declaró el incumplimiento de pago de unos 95.000 millones de dólares en deuda con inversionistas privados.

La resolución del pago de la deuda al Club de París es una condición sine qua non para que Argentina vuelva a tener acceso a créditos de organismos multilaterales para la exportación y el flujo normal de inversiones privadas. "Los acreedores del Club de París acogemos positivamente el progreso realizado por Argentina hacia la normalización de sus relaciones con los acreedores y la comunidad financiera internacional", indicó el comunicado.

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Los orígenes del fascismo en Europa antes y ahora

Xov, 29/05/2014 - 00:24
Vicenç Navarro, Público
Una de las interpretaciones de la historia europea que es más errónea y ha tenido peores consecuencias en la vida política y económica de este continente es la explicación que se ha dado de las causas de la subida al poder de Hitler y del nazismo en Alemania. Un argumento que se ha escrito para justificar las enormes políticas de austeridad (con recortes del gasto público, incluyendo el gasto público social, y la bajada de salarios), promovidas e impuestas por el gobierno alemán a los países de la Unión Europea, y muy en especial a los países periféricos de la Eurozona, tales como España, ha sido el supuesto temor (en realidad, pánico) que el pueblo alemán ha tenido históricamente a la hiperinflación, pues en su memoria colectiva se considera que dicha hiperinflación fue la causa del surgimiento y victoria electoral del nazismo en Alemania. De ahí –se nos dice- que las políticas de austeridad de ahora sean necesarias para evitar una inflación que podría llevarnos a la aparición de un nuevo fascismo. Si usted sigue la literatura científica económica leerá este argumento miles de veces.

Esta interpretación de lo que ocurrió en Alemania está, sin embargo, profundamente equivocada, no solo en su totalidad, sino en cada uno de sus supuestos. Comencemos por la explicación que atribuye la victoria de Hitler a la hiperinflación. De esta explicación uno tendría que ver que, cuando Hitler fue elegido, la inflación era muy alta, tan alta que la gente, en protesta, votó por Hitler. Pues bien, veamos los datos. Hitler fue elegido en el año 1933. Y ahora vayamos a los datos de la inflación en aquel año. Y el lector se asombrará, pues encontrará que no había ni pizca de inflación. En realidad, la elevada inflación había desaparecido hacía ya tiempo. Y ahí están los datos. Repito, no había inflación. No se puede, por lo tanto, decir que la elevada inflación había llevado a Hitler al poder.

¿Qué estaba pasando? Es fácil de ver y entender. Si usted mira la evolución de la inflación verá que la elevada inflación fue antes del 1933, en realidad, diez años antes, en los años veinte. En el año 1923, diez años antes de la elección de Hitler, Alemania estaba en medio de una insostenible inflación; en julio de aquel año, 1 dólar era equivalente a 1,1 millones de marcos. Dos meses más tarde, era de 109 millones. Repito, una situación que no podía continuar. Ello forzó a que el gobierno tomara toda una serie de medidas –que hoy se llamarían de austeridad- que tuvieron enormes consecuencias (como también tienen enormes consecuencias las políticas de austeridad de ahora). Y una de ellas fue el enorme crecimiento del desempleo, que pasó de un millón a seis millones de alemanes en solo tres años, lo que representaba una tasa de desempleo de un 30%. Fue esta creación de desempleo y el gran descenso del bienestar de la población lo que condujo a los movimientos de protesta, incluyendo el nazismo. Esto es lo que no se dice y debería decirse, porque hoy estamos viendo en Europa una situación muy similar, donde las políticas de austeridad están generando el crecimiento de movimientos fascistas (llamados chovinistas o lo que fuere) a lo largo del territorio europeo. No fue la inflación, sino el tipo de respuesta que el gobierno escogió -las políticas de austeridad, con un gran descenso del gasto público y de los salarios- para resolver esa elevada inflación lo que creó el enorme enfado popular y desafección hacia el régimen democrático, tal como está ocurriendo ahora.

El segundo punto que es erróneo en esta interpretación histórica de atribuir a la elevada inflación la subida de Hitler al poder, es la interpretación de las causas de la inflación. No hay duda de que el nivel de inflación en 1923 era insostenible. Pero, ¿qué es lo que causó la inflación? Y la respuesta, de nuevo, es fácil de ver. Fueron las enormes políticas de austeridad que los aliados habían impuesto a la Alemania derrotada en la I Guerra Mundial. El que mejor predijo las consecuencias de estas políticas fue John Maynard Keynes, que era el representante del gobierno británico en Versalles, en la reunión que definió las políticas que tendrían que seguirse por parte del vencido Estado alemán al terminar la I Guerra Mundial, políticas que eran tan punitivas que no permitían la recuperación de la economía alemana mediante políticas expansivas, con el aumento del gasto público, entre otras medidas. Keynes abandonó la reunión, como señal de su profundo desacuerdo. Tales medidas no dejaban ninguna otra alternativa al gobierno alemán que intentar crecer a base de imprimir dinero, lo cual hizo en abundancia, que es lo que creó la inflación. Y ahí está el problema, y también la semejanza con la situación actual.

La manera como se construyó la Eurozona y su gobernanza dificulta enormemente el estímulo económico mediante la expansión del gasto público y el aumento de los salarios. En realidad, el crecimiento económico ha descendido en la Unión Europea desde que se estableció el euro. El Tratado de Maastricht y, todavía peor, el Pacto Fiscal impuesto por Alemania, imposibilita que los Estados tengan déficit público. Ello forzó a que la estructura de poder de la Eurozona, y muy en particular el Banco Central Europeo, recurrieran a políticas de expansión monetaria (es decir, imprimir dinero, como hizo el gobierno alemán tras la I Guerra Mundial), con el peligro de que se generara inflación. Y a fin de evitar que ello ocurriera, se están llevando a cabo políticas de austeridad que están destruyendo el bienestar de la población y que están causando el surgimiento del fascismo. La historia se repite.

¿Qué está ocurriendo ahora?Hoy, una de las opciones políticas que está canalizando más el enfado de las clases populares, y muy en particular de la clase trabajadora, es la ultraderecha, tal como estamos viendo en varios países. El caso de Francia es claro. El Frente Nacional, dirigido por Le Pen, fue el que utilizó durante la campaña de las elecciones al Parlamento Europeo un discurso movilizador de la clase trabajadora, presentándose a sí mismo, sin ninguna inhibición, como el mejor instrumento para defender los intereses de la clase trabajadora, en la lucha de clases frente a la oligarquía nacional, que había traicionado a la patria vendiéndose a la Troika. Es elnacionalsocialismo, que históricamente tuvo una base obrera y ahora la recupera tras la complicidad de las izquierdas tradicionales (y muy en especial de la socialdemocracia) con la imposición de políticas que dañan los intereses de las clases trabajadoras a costa de incrementar los beneficios del capital. En este discurso, la lucha de clases y la identidad nacional son idénticas, utilizando la bandera y la defensa de la identidad y de la patria como el punto movilizador. Ha sido una mezcla ideológica imbatible. Era lógico y predecible que el fascismo ocupara el vacío creado por el socialismo y el comunismo. El pasado domingo, Le Pen consiguió el apoyo del 30% de los jóvenes y del 43% de los trabajadores franceses.

El internacionalismo de las izquierdas en su compromiso con Europa se ha mostrado impotente frente al nacionalismo del nacionalsocialismo. Por otra parte, la identificación de las izquierdas con la defensa de los inmigrantes es su punto vulnerable, pues parecen no ser conscientes de que los que pagan los costes de la integración de los inmigrantes en un país son los miembros de la clase trabajadora. Ni que decir tiene que la inmigración enriquece a un país. Ahora bien, los costes inevitables que implica su integración, que benefician a toda la sociedad, no pueden ser pagados por aquellos más vulnerables que absorben el coste. Las izquierdas, por lo general, no han sido sensibles a este punto. Añádase a ello que su internacionalismo, con su alianza con los otros pueblos de Europa, carece de credibilidad debido a su complicidad con el mundo del capital. El distanciamiento de los partidos de izquierda gobernantes (y muy en especial de la socialdemocracia) respecto a la clase trabajadora ha sido el origen de su deterioro electoral.

En España, el fascismo (que adquirió su máxima expresión durante la dictadura, establecida con la ayuda del nazismo alemán y el fascismo italiano) se caracterizó por el nacionalcatolicismo, que conjugó un nacionalismo uninacional extremo con un catolicismo enormemente reaccionario. El golpe militar de 1936 se hizo contra los rojos –socialistas y comunistas- y los separatistas –aquellos que tenían una visión de España distinta a la del fascismo español-.

Esta ideología nacionalcatólica continúa siendo muy extendida en sectores de la población española, lo cual explica su receptividad al mensaje del Partido Popular de presentarse como el defensor de la unidad de España y de los valores cristianos. Ello explica que el partido político más instrumentalizado por los poderes financieros y económicos existentes en Europa y en España continúe ganando las elecciones a pesar del enorme daño que sus políticas han causado a las clases populares, incluyendo sus votantes. El dominio por parte del PP de la bandera y del crucifijo explica su pervivencia, fruto de una Transición sumamente inmodélica.

Lo que las izquierdas deberían hacer es criticar este nacionalcatolicismo, todavía muy hegemónico en el Estado español, presentándolo por lo que es: el caparazón que sostiene un enorme domino de una minoría (servil y dócil con la Troika) frente a la mayoría de los distintos pueblos de España, que presentan como visión alternativa otra España, la republicana, multinacional y poliédrica, laica, democrática y socialmente justa.

El domingo pasado mostró una vez más el problema de las izquierdas en España. El voto a las izquierdas fue mucho mayor que el voto a las derechas. Pero las derechas continuarán gobernando España. Y seis millones más continuarán desempleados, habiendo alcanzado la situación social de las clases populares unos niveles desconocidos de deterioro. Gran parte de la responsabilidad la tienen los dirigentes del PSOE (el partido mayoritario de las izquierdas), cuyas políticas públicas han sido responsables de este deterioro, siendo cómplices con la derecha española y con las derechas europeas en el desarrollo de la Europa del capital. España necesita una rebelión del electorado y de las bases de este partido para cambiar profundamente su dirección y sus aparatos. Y las izquierdas no gobernantes (cuyo crecimiento aplaudo y considero muy positivo) deberían transcender sus intereses partidistas para aliarse a lo largo del territorio español para agitar el panorama político español, con amplias movilizaciones y exigencias de cambio a todos los niveles, con una amplia participación ciudadana, concienciando a la población de que los que gobiernan España representan una minoría muy exigua de la población española (11% del censo electoral) que defiende unos intereses económicos y financieros muy particulares que anteponen a los intereses de las clases populares, que son la mayoría de la población.

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Multimillonario George Soros admite su responsabilidad en el golpe de Estado de Ucrania

Mér, 28/05/2014 - 20:05

Esta es una prueba más de cómo los ricos gobiernan el mundo:
El multimillonario estadounidense George Soros reconoció que es responsable de establecer una fundación en Ucrania que contribuyó al derrocamiento del gobernante legítimo y a la toma del poder por una junta 'elegida' por el Departamento de Estado. En una entrevista a la cadena CNN, Soros reconoció que durante las revoluciones de 1989 financió actividades de los disidentes y grupos de la sociedad civil en el este de Europa, Polonia y la República Checa, por lo que el periodista le preguntó: "¿Está usted haciendo cosas similares en Ucrania?". "Creé una fundación en Ucrania antes de que se independizara de Rusia. Y la fundación ha estado funcionando desde entonces y ha jugado un papel importante en los acontecimientos actuales", respondió Soros. El portal InfoWars publicó que es bien sabido, aunque muchos medios de comunicación evitan mencionarlo, que Soros ha trabajado estrechamente con la USAID, la Fundación Nacional para la Democracia (que ahora hace trabajos anteriormente asignados a la CIA), el Instituto Republicano Internacional, el Instituto Nacional Demócrata para Asuntos Internacionales, la Casa de la Libertad (Freedom House) y el Instituto Albert Einstein con el fin de incitar a una serie de revoluciones 'de colores' en Europa Oriental y Asia Central tras la disolución de la Unión Soviética. Muchos de los participantes en manifestaciones del Euromaidán en Kiev eran miembros de ciertas ONG o fueron entrenados por las mismas organizaciones no gubernamentales en los numerosos talleres y conferencias patrocinados por la Fundación del Renacimiento Internacional de Soros (IRF, International Renaissance Foundation), y por los diversos institutos y fundaciones de la Sociedad Abierta (Open Society), publica el portal The New American. La IRF, fundada y financiada por el multimillonario, se jacta de que ha hecho "más que cualquier otra organización" para "la transformación democrática" de Ucrania, agrega. No obstante, esta transformación llevó a una situación en la que ultranacionalistas controlan los servicios de seguridad de Ucrania. En abril se anunció que el secretario del Consejo de la Seguridad Nacional y de Defensa de Ucrania, Andréi Parubiy, y otros líderes del golpe de Estado estaban trabajando con el FBI y la CIA para derrotar a los que se oponen al Gobierno autoproclamado. Además, indica Inforwars, la operación militar de Kiev con su carácter violento, incluyendo el incendio en la Casa de los Sindicatos en Odesa que se saldó con decenas de muertes, también se puede atribuir directamente al activismo de George Soros y de diversas organizaciones no gubernamentales. Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Unión Económica Euroasiática surge como alternativa a USA y el bloque europeo

Mar, 27/05/2014 - 15:42

Rusia, Bielorrusia y Kazajistán tienen programado firmar el próximo 29 de mayo el acuerdo sobre la creación de la Unión Económica Euroasiática (UEE). "El acuerdo entrará en vigor el 1 de enero de 2015", informa el servicio de prensa del Kremlin. Según acentúa el comunicado oficial, de este modo "concluye el proceso de formación del mayor mercado común", de 170 millones de personas, en el espacio postsoviético, que se convertirá "en un nuevo potente centro de desarrollo económico". El acuerdo prevé el libre flujo de mercancías, servicios, capitales y fuerza laboral dentro de la unión y una política común en los sectores claves de la economía: energía, industria, agricultura y transporte.

"La Unión Euroasiática facilitará los negocios en los Estados miembros, pero tiene también una misión más global: dar un carácter pluralista a la economía mundial", comenta el jefe del Centro Euroasiático de Comunicaciones, Alexéi Pilkó, según recoge el portal Véstnik Kavkaza. "Actualmente el sistema basado en un mundo unipolar ha dejado de existir. Lo más probable es que en un futuro próximo la economía mundial tenga entre tres y cinco centro de fuerza en vez de uno. Esto la protegerá de los desequilibrios que desembocaron en la crisis de 2008".

Desde el punto de vista de Leonid Savin, jefe de redacción del portal Gueopolítika, Occidente hace todo lo que está a su alcance para prevenir la integración euroasiática. "Lo ven como una amenaza a la existencia de su bloque. Es su fijación. Creen que si los países situados alrededor de Rusia unen sus esfuerzos el dominio anglosajón llegará a su fin", explicó el analista a La Voz de Rusia.

Este punto de vista tiene su lógica, enfatiza, por su parte, el politólogo Maxim Shevchenko. "Después de la Segunda Guerra Mundial Occidente estableció el dominio totalitarista del dólar. Pero hoy en día, con el crecimiento de sujetos económicos como China, India y Brasil, su hegemonía sufre: el mundo se opone al dictado del papelito verde. La Unión Euroasiática da la posibilidad de organizar una base estratégica de activos que protegerá las divisas nacionales del dominio del capital estadounidense", insiste el analista, según recoge el portal Véstnik Kavkaza.

Pero en opinión de Shevchenko, esta no es la única causa. "La Unión Euroasiática es una vía natural para el desarrollo de Rusia y nuestros vecinos. Actualmente nos entristece que quedara destruido el sistema de programación estratégica y económica común, cuando unos recursos enormes se coordinaron desde una sede única a base de un compromiso entre las partes. Cuando les dicen que muchas Suizas pequeñas son mejor que una unión grande es mentira", argumenta el politólogo.

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Participación en las elecciones europeas fue un fracaso en toda la linea

Mar, 27/05/2014 - 09:00
Una baja participación de los votantes tuvieron las elecciones del domingo en la Unión Europea. La participación fue del 43,1 por ciento y sólo un poco más alta que las elecciones de 2009. Las mayores participaciones de los votantes fueron en Luxemburgo y Bélgica. En Eslovaquia, sin embargo, sólo el 13 por ciento de los votantes emitieron su voto. Los estados de la Europa del Este tuvieron una baja participación en estas elecciones dando cuenta que firmar parte de la UE es más una carga que un alivio. Esto confirma que la extensión de Europa hacia el Este ha obedecido a intereses más geopolíticos que sociales o culturales.

La mayor participación fue en Bélgica y Luxemburgo donde alcanzó un 90 por ciento de los votantes. Hay que recordar que en estos países la votación es obligatoria y se castiga con una multa a quienes no cumplen con este derecho. En Italia los votantes llegaron al 60 por ciento mientras en Grecia al 58,2 por ciento. En Alemania votó el 47,9 por ciento de la población inscrita y en Austria el 45,7 por ciento. Francia alcanzó un 43,5 por ciento, por encima de la participación en toda la UE.

En España, el índice de participación alcanzó un mínimo histórico del 46 por ciento. Sólo en Cataluña, donde el acalorado debate político sobre la independencia de España llevó a los ciudadanos a las urnas, la participación aumentó en un 10 por ciento. Los pactos a favor de catalanes por la secesión de España, llegaron al 56 por ciento de los votos.

En Portugal, sólo alrededor del 36 por ciento de los votantes participaron en la elección. Holanda, con 37 por ciento, y Gran Bretaña con 36 por ciento quedaron debajo de la media de la UE. En Europa oriental, la participación en las elecciones fue aún más baja. En Hungría, la participación fue de sólo el 28 por ciento, muy por debajo de la media de la UE. En Bulgaria la participación alcanzó el 35,5 por ciento.

En Rumania, el 32,1 por ciento emitió su voto, ayudando al Partido Socialista en la victoria electoral. En Croacia, la participación fue del 25,2 por ciento, mientras en Polonia del 22,7 por ciento. En Eslovenia, la participación fue de apenas el 20,9 por ciento de los votantes, mientras en la República Checa, alcanzó apenas el 19,5 por ciento. La República Eslovaca alcanzó un 13 por ciento de los votantes imponiendo un nuevo récord negativo en toda la UE. La vez anterior había alcanzado una participación del 16,9 por ciento. La participación de la Europa de Este en las elecciones europeas fue un fracaso en todo el espectro político.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La teoría de las ondas largas y la crisis del capitalismo contemporáneo

Mar, 27/05/2014 - 03:23
Michel Husson

No hay mejor manera de rendir homenaje a Ernest Mandel que aplicar su método: el de un marxismo vivo, no dogmático. Y la profundidad de la crisis actual hace tanto más necesaria una reevaluación crítica de las herramientas de análisis que nos legó. Esta contribución intentará responder a esta cuestión: ¿la teoría de las ondas largas es un marco adecuado para el análisis de la crisis actual, de su génesis, y del nuevo período que abre?

Después de haber recordado las grandes líneas de esta teoría, intentaremos aplicarla al conjunto de la fase neoliberal del capitalismo, alternando las consideraciones teóricas y las observaciones empíricas. Llevaremos a cabo este examen siguiendo dos hilos conductores. El primero, que el capitalismo neoliberal corresponde a una fase recesiva cuyo rasgo esencial es la capacidad del capitalismo para restablecer la tasa de beneficio a pesar de una tasa de acumulación estancada y de mediocres aumentos de productividad. El segundo, que no están reunidas las condiciones para el paso a una nueva onda expansiva y que se abre un período de "regulación caótica".

Ondas largas La teoría de las ondas largas fue el objeto del capítulo 4 de El capitalismo tardío (Mandel, 1972), desarrollado después en una serie de trabajos, sobre todo en el libro Las ondas largas del desarrollo capitalista (Mandel, 1986). Una de las proposiciones fundamentales de esta teoría es que el capitalismo tiene una historia, y que ésta no obedece a un funcionamiento cíclico. Hay una sucesión de períodos históricos, marcados por características específicas, alternando fases expansivas y fases recesivas. Esta alternancia no es mecánica: no basta con esperar 25 o 30 años. Mandel habla de onda en lugar de ciclo, porque su enfoque no se sitúa en el esquema atribuido - probablemente de forma equivocada- a Kondratieff, de movimientos regulares y alternos de los precios y de la producción.

Uno de los puntos importantes de la teoría de las ondas largas es romper la simetría de las inflexiones: el paso de la fase expansiva a la fase depresiva es "endógeno", en el sentido de que es el resultado de los mecanismos internos del sistema. El paso de la fase depresiva a la fase expansiva es, por el contrario, exógeno, no automático, y supone una reconfiguración del entorno social e institucional. La idea clave es que el paso a la fase expansiva no está dado de antemano y que requiere reconstituir un nuevo "orden productivo" (Dockès, Rosier, 1983). Esto lleva su tiempo, y no se trata por tanto de un ciclo parecido al ciclo coyuntural cuya duración puede asociarse al tiempo de vida del capital fijo. Por ello, este enfoque no confiere ninguna primacía a las innovaciones tecnológicas en la definición del nuevo orden productivo, sino que el papel esencial lo juegan las transformaciones sociales (relación de fuerzas capital-trabajo, grado de socialización, condiciones de trabajo, etc.).

Beneficio, acumulación, productividad Nuestro punto de partida será esta proposición de Mandel: "me mantengo fiel a la definición que presenté a principios de los sesenta: ondas largas del desarrollo capitalista, que implican ondas largas de producción, empleo, ingresos, inversión, acumulación capitalista y de la tasa de beneficio" (Mandel 2008, 6). Pero una de las principales características de la fase neoliberal es precisamente una desconexión entre estas diferentes variables. Se trata de una configuración inédita, que analizaremos a partir de las evoluciones comparadas de la tasa de beneficio, la tasa de acumulación y el crecimiento de la productividad.


La primera constatación es que el restablecimiento de la tasa de beneficio que tuvo lugar después del giro neoliberal de comienzos de los años 1980 (1) no ha conducido a un aumento duradero y generalizado de la acumulación (gráfico 1). La comparación entre beneficio y acumulación permite distinguir dos fases muy diferenciadas. Hasta comienzos de los años 1980, estas dos magnitudes varían de forma concertada: fluctúan a niveles elevados durante los años 1960 y después bajan en dos tiempos; primero en los Estados Unidos y después en Japón y en Europa. Al mismo tiempo, el crecimiento y la productividad evolucionan en paralelo a la tasa de beneficio. Por tanto, el conjunto del círculo virtuoso de los años "fordistas" se desajustó a mediados de los años 1970.

La recuperación localizada entre los dos choques petroleros frenó la caída de la tasa de acumulación sólo de manera transitoria. La historia de las siguientes décadas, correspondientes a la fase neoliberal, sigue una lógica diferente, marcada por la desconexión entre la tasa de beneficio que tiende a restablecerse y la tasa de acumulación que se estanca o desciende. Ciertamente, a final de los años 1980, la economía mundial está paradójicamente excitada por el crash de 1987 y, contra toda previsión, parece despegar cada vez más: se reanuda el crecimiento, así como la acumulación de capital. Sorprende recordar que este período se haya caracterizado por un renovado interés por los ciclos largos. Múltiples artículos de prensa y declaraciones optimistas anuncian veinte nuevos años de crecimiento, o dicho de otra manera la vuelta a un ciclo Kondratyeff ascendente.

El alivio por haber evitado una crisis profunda que amenazaba después del giro hacia la economía de la oferta condujo a una forma de euforia que volveremos a encontrar una decena de años más tarde, con el boom de la "nueva economía". Incluso los más escépticos se preparan, en su fuero interno, para admitir la entrada en una nueva fase de expansión. Más que la fe en las tecnologías, son las referencias a las nuevas formas de organización del trabajo (el "toyotismo") las que juegan el principal papel ideológico. El "nuevo modelo de trabajo" parece ser la fuente de nuevos aumentos de productividad, y se contempla su generalización como el vector de un nuevo modo de regulación.

El desencanto vino bastante pronto. El cambio se efectuó a comienzo de los años 1990 (poco antes de la guerra del Golfo), y condujo a una recesión particularmente severa en Europa. A partir de ese momento, aunque no se tendrá conciencia de ello hasta más tarde, Japón también se desliza en un crecimiento casi nulo.

En el mismo gráfico 1, se puede distinguir la esperanza que suscitó la "nueva economía". El período 1996-2000 estuvo marcado por una recuperación de la acumulación. Pero tampoco en esta ocasión el movimiento dura, y por razones muy clásicas vuelve atrás. En todo caso no se extiende al resto del mundo: la recuperación en Europa de final de los años 1990 tiene otros resortes que las nuevas tecnologías y queda como un episodio coyuntural.

La segunda constatación tiene que ver con la distancia entre la tasa de beneficio y la productividad del trabajo (gráfico 2). También aquí se puede observar el paralelismo entre las dos curvas hasta mediados de pesar de unos aumentos de productividad muy inferiores a los de la fase precedente. No hacen sino volver a su nivel secular: lo que se ha llamado la "Edad de oro" del capitalismo aparece como un paréntesis histórico.

Desde el punto de vista de la teoría de las ondas largas, estamos por tanto ante una configuración inédita para el conjunto del período que va desde el giro neoliberal de mediados de los años 1980 al estallido de la crisis en 2008. Durante este cuarto de siglo, la tasa de beneficio está al alza: podría concluirse por tanto que el capitalismo ha reconstituido su dinamismo y que ha entrado de nuevo en una fase expansiva. Pero por otra parte, es un capitalismo que acumula poco, e incluso cada vez menos, y que se muestra incapaz de lograr importantes aumentos de productividad. Esta desconexión es aparentemente contradictoria y no se puede comprender el funcionamiento del capitalismo en su fase neoliberal, ni su posterior entrada en crisis, sin abordar esta contradicción. ¿Cómo ha podido restablecer el capitalismo la tasa de beneficio sobre una base material tan desfalleciente? ¿Puede hablarse en estas condiciones de onda larga expansiva? Estas dos cuestiones constituyen retos tanto teóricos como empírico-políticos, que afectan tanto a la teoría de la tasa de beneficio como al marco mismo de la teoría de las ondas largas. Hay que comenzar por tanto por volver a la dinámica de la tasa de beneficio.


Dinámica de la tasa de beneficio En el análisis de Mandel hay un hilo conductor que ocupa un lugar importante. Es la idea de que la revolución tecnológica permanente suscitada por la concurrencia entre capitales conduce forzosamente a un crecimiento de la composición orgánica del capital. Este enfoque se inscribe en una lectura bastante ortodoxa del descenso tendencial de la tasa de beneficio. En un muy interesante texto adjunto (Mandel, 1985), Mandel sintetiza sus principales tesis y propone el siguiente resumen: "El ascenso de la composición orgánica del capital conduce a una caída tendencial de la tasa media de beneficio. Esta caída puede ser parcialmente compensada por diversas contra-tendencias, la más importante de las cuales es la tendencia al crecimiento de la tasa de plusvalía (...) No obstante, a largo plazo, la tasa de plusvalía no puede aumentar de forma proporcional a la tasa de crecimiento de la composición orgánica del capital, y la mayor parte de las contra-tendencias tienden, al menos periódicamente (y también a muy largo plazo), a ser suplantadas a su vez".

Esta formulación clásica merece ser discutida. La composición orgánica del capital, o dicho de otra manera la relación en valor entre el capital constante y el capital variable, no obedece a una ley general de aumento que se derivaría de la acumulación del capital muerto en relación al capital vivo, aunque este resultado choca con la intuición de que la acumulación aumenta el peso del capital en relación al trabajo. Esta densificación de las combinaciones productivas es un hecho comprobado, pero afecta a la composición técnica, cuyo crecimiento no supone forzosamente el de la composición en términos de valor. El indicador más sencillo es el capital por cabeza, que relaciona el stock de capital -o si se quiere, el número de máquinas- con los efectivos empleados o con el número total de horas de trabajo. Aunque haya que remarcar que ese concepto de "capital", definido como un stock de medios de producción, es extraño a la teoría marxista y sólo tiene sentido en la teoría neoclásica. Pero la objeción no es legítima, porque confunde problemas de medida con la crítica de un concepto. El concepto de capital de la teoría marginalista es desde luego contestable, porque se supone preexistente a los precios relativos. Dicho de otra forma, debería ser teóricamente posible determinar la cantidad de esta sustancia particular, de este "factor de producción", que sería el capital en general, independientemente de los precios y por tanto de la distribución. Esta exigencia resulta lógicamente del hecho de que después se va a construir una teoría de la distribución que establece que el beneficio está determinado por la productividad marginal del capital, y que el salario refleja de manera simétrica la productividad marginal del trabajo. Se conoce la llamada crítica "cambridgeana" de la teoría del capital, que dice que esta teoría es circular y que la medida del capital físico no puede preexistir al sistema de precios.

Todo esto es muy justo, pero no tiene nada que ver con la posibilidad de construir un agregado bautizado como capital fijo. La misma noción de productividad del trabajo supone la medida de un producto "físico" en tanto que agregado, como "cesta" de valores de uso que sólo se puede combinar con la ayuda de un sistema de precios. El stock de capital adiciona por su parte generaciones de inversión y se basa en convenciones parecidas, a lo que añadir una ley razonable de amortización.

Por tanto, el capital por cabeza aumenta, y éste es un hecho empírico sobre el que no hay discusión alguna. ¿Por qué no se puede deducir de ello una tendencia al alza de la composición orgánica? Esta imposibilidad se deriva en lo esencial de la acción de la productividad del trabajo, lo que se puede comprobar con un mínimo formulado (recuadro) (2). El paso de la composición técnica a la composición orgánica depende de la evolución de la productividad y del salario real. Con una tasa de plusvalía constante, la composición orgánica sólo se eleva si la composición técnica del capital crece más rápido que la productividad del trabajo. En otras palabras, no se puede establecer con carácter global la identidad entre las evoluciones de la composición técnica y de la composición valor. No se puede por tanto invocar un descenso tendencial de la tasa de beneficio que sería el reflejo casi automático de una elevación continua de la composición orgánica del capital.

Composición orgánica y composición técnica Para evaluar el número de horas de trabajo cristalizadas en el capital fijo comprometido, hay que dividir el volumen de capital K por la productividad media del trabajo en la producción de los bienes de capital. Como se trata de un conjunto de bienes producidos en épocas diferentes, hay que aplicar por tanto no la productividad corriente, sino la productividad media de estas diferentes generaciones. Si la edad media del capital es θ, hay que aplicarle en primera aproximación una productividad desfasada de θ años. El valor del capital constante es entonces K/prodt-θ. El valor del capital variable es igual a wN/prodt, donde w es el salario real, N los efectivos y prodt la productividad corriente. La composición orgánica (CO) se calcula finalmente con la fórmula CO=[(K/N)/prodt-θ]/[w/prodt]. Si la tasa de plusvalía (w/prodt) es constante, la composición orgánica (CO) sólo aumenta si la composición técnica (K/N) crece más rápido que la productividad media del trabajo en el período.

Pero no deja de ser cierto que el desarrollo de las ondas largas tiene que ver con la tasa de beneficio. Eso no quiere decir que la fase expansiva de desencadene automáticamente en cuanto la tasa de beneficio alcance un determinado umbral. Esta es una condición necesaria pero no suficiente. Es preciso que la manera como se restablece la tasa de beneficio aporte al mismo tiempo una respuesta adecuada a otras cuestiones, sobre todo de la realización. Por esta razón, la sucesión de las fases no está en absoluto dada de antemano. Periódicamente, el capitalismo debe redefinir las modalidades de su funcionamiento y poner en marcha un "orden productivo", que responda de manera coherente a cierto número de cuestiones sobre la acumulación y la reproducción. En particular, tiene que combinar cuatro elementos (3):

  • un modo de acumulación de capital que regule las modalidades de concurrencia entre capitales y de la relación capital-trabajo;
  • un tipo de fuerzas productivas materiales;
  • un modo de regulación social: derecho laboral, protección social, etc.;
  • el tipo de división internacional del trabajo.
La tasa de beneficio es sin embargo un buen indicador sintético de la doble temporalidad del capitalismo, como insistía Mandel. A corto plazo, fluctúa con el ciclo coyuntural, mientras que sus movimientos a largo plazo resumen las grandes fases del capitalismo. La puesta en pie de un orden productivo coherente se traduce en su mantenimiento a un nivel elevado y poco menos que "garantizado". Al cabo de cierto tiempo, el juego de las contradicciones fundamentales del sistema degrada esta situación y la crisis, siempre y en todas partes, viene caracterizada por un descenso significativo de la tasa de beneficio. Esto refleja una doble incapacidad del capitalismo para reproducir el grado de explotación de los trabajadores y para asegurar la realización de las mercancías, más que una tendencia al alza de la composición orgánica del capital. La implantación progresiva de un nuevo orden productivo se traduce en un restablecimiento más o menos rápido de la tasa de beneficio. De esta manera nos parece útil reformular la ley del descenso tendencial de la tasa de beneficio: ésta no desciende de manera continua pero los mecanismos que lo empujan a la baja acaban siempre por triunfar sobre lo que Marx denominaba las contra-tendencias. El giro es endógeno, y periódicamente reaparece la exigencia de una refundación del orden productivo.

Es justamente una de las "causas que contrarrestan la ley" (del descenso tendencial de la tasa de beneficio) enunciadas por Marx: "En una palabra, el mismo proceso que hace que la masa del capital constante aumente en proporción al capital variable, eleva, a consecuencia de la mayor fuerza productiva del trabajo, el valor de sus elementos e impide, por tanto, que el valor del capital constante, aun cuando aumente continuamente, aumente en la misma proporción que su volumen material, es decir, que el volumen material de los medios de producción puestos en movimiento por la misma masa de fuerza de trabajo. Y puede incluso ocurrir que, en algunos casos concretos, la masa de los elementos del capital constante aumenten, mientras su valor permanece invariable o hasta disminuye (...) Volvemos a encontrar aquí que las mismas causas que producen la tendencia a la baja de la tasa de beneficio amortiguan también la realización de esta tendencia" (Karl Marx, 1894: 235-236).

Estos rodeos teóricos permiten subrayar la cuestión clave para comprender la fase neoliberal del capitalismo: ¿cómo ha podido restablecer la tasa de beneficio basándose en mediocres aumentos de productividad? Hay que acudir en primer lugar a las relaciones entre mutaciones técnicas y productividad.

Progreso técnico La productividad del trabajo mide el volumen de bienes y servicios producidos por hora de trabajo y constituye por tanto una buena aproximación al grado de desarrollo de las fuerzas productivas: juega por tanto un papel decisivo en la dinámica del capitalismo. El análisis marxista clásico descompone la tasa de beneficio en dos elementos: la tasa de explotación y la composición orgánica del capital; pero ya se ha visto que estas dos magnitudes dependen a su vez de la productividad del trabajo. La tasa de explotación depende de la evolución del salario, y la eficacia del capital de la evolución del capital por cabeza, relacionadas en uno y otro caso con la productividad del trabajo. De manera sintética, se puede decir que la tasa de beneficio subirá o bajará según que el aumento del salario real sea o no compensado por la mejora de la "productividad total de los factores", definida como una media ponderada de la productividad del trabajo y de la productividad del capital (Husson, 1996).

Paradójicamente, entre los partidarios de la "nueva economía" se asiste a un resurgimiento del marxismo vulgar, según el cual la técnica decide sobre todo. Puesto que hay nuevas tecnologías, debe haber también más productividad, más crecimiento y más empleos. Con este razonamiento simplista se ha construido, por ejemplo, la teoría del "capitalismo patrimonial" avanzada por Michel Aglietta (1998). Su hipótesis fundamental era que la "net economie" iba a procurar al capitalismo una fuente renovada de productividad que permitiría estabilizar la tasa de beneficio a un nivel elevado redistribuyendo al mismo tiempo una parte del producto, ya no en forma de salario sino de remuneraciones financieras. En la más hermosa tradición del marxismo del Komintern las nuevas tecnologías fueron aclamada como la fuente automática de nuevos beneficios y hasta de un nuevo modelo social.

Nadie evidentemente puede negar la amplitud intrínseca de las innovaciones en el ámbito de la información y de la comunicación, pero el problema está en los otros eslabones del razonamiento. Robert Solow ha dado su nombre a una paradoja que consiste justamente en señalar que la información no daba lugar a las esperados aumentos de productividad: "Se puede ver la era de las computadoras en todas partes menos en las estadísticas de productividad" (Solow, 1987).

Aparentemente, el ciclo de crecimiento correspondiente a la "nueva economía" había acabado con esta paradoja, ya que registró un salto adelante de los aumentos de productividad en los Estados Unidos. Algunos concluyeron con el anuncio de una nueva fase larga de crecimiento. Pero este pronóstico topaba de lleno con varias incertidumbres.

Podía preguntarse si se trataba de un ciclo high tech, limitado en el tiempo, y si los aumentos de productividad registradas en los sectores de alta tecnología podían difundirse al conjunto de la economía. Podía también discutirse la extensión de este modelo al resto del mundo, en la medida en que se basaba en la capacidad particular de los Estados Unidos para drenar capitales procedentes del mundo, como contrapartida a un déficit comercial que se profundiza cada año. En fin, y sobre todo, podía interrogarse sobre la legitimidad del modelo social, desigual y regresivo, asociado a estas transformaciones del capitalismo.

Estos interrogantes han tenido su respuesta y es interesante subrayar que el estallido de la "nueva economía" y de las esperanzas que había podido suscitar ha tomado la muy clásica forma de una caída de la tasa de beneficio. Por ello, un economista que tiene poco que ver con el marxismo ha podido afirmar: Marx is back (Artus, 2002). El aumento de productividad ha sido pagado con una sobreinversión costosa, que ha conducido a un aumento de la composición orgánica del capital, mientras la tasa de explotación acababa por bajar.

Es otra manera de cuestionar el vínculo entre innovación tecnológica y aumentos de productividad, mostrando que estas últimas resultan de muy clásicos métodos de intensificación del trabajo. Las transformaciones inducidas por Internet, por tomar este ejemplo, sólo tienen un papel accesorio en la génesis de los aumentos de productividad. Una vez pasado el encargo en línea, lo que viene después depende esencialmente de la cadena de montaje y de la capacidad para poner en marcha una fabricación modular; y la viabilidad del conjunto se basa a fin de cuentas en la calidad de los circuitos de aprovisionamiento físicos. En la medida en que éstos no son por sí mismos transmisibles por Internet, las mercancías encargadas deben circular en sentido inverso. Lo esencial de los aumentos de productividad no se deriva por tanto del recurso a Internet como tal, sino de la capacidad de hacer trabajar a los asalariados con horarios ultraflexibles (de jornada, semana o anual, en función del tipo de producto) y para intensificar y dar fluidez a las redes de aprovisionamiento, con una prima para las entregas individuales y el transporte por carretera.

Muchos análisis del capitalismo contemporáneo adoptan así una representación ideológica de la técnica, que viene a obstaculizar el estudio razonado de lo que es verdaderamente nuevo. Esta ideología es tanto más poderosa por apoyarse en la fascinación ejercida por tecnologías en verdad prodigiosas. Pero, a la vez, tergiversa todas las interpretaciones, con una subestimación sistemática del papel de los procesos de trabajo. Deliberado o no, se alcanza el resultado cuando se dejan de lado las implicaciones sociales de las nuevas tecnologías, reducidas a la categoría de viejas cuestiones sin interés. Se fabrica así una representación del mundo, donde el trabajador "cognitivo" se convierte en el arquetipo del asalariado del siglo XXI, cuando la puesta en marcha por el capital de estas nuevas tecnologías fabrica al menos tantos empleos poco cualificados como puestos de informáticos. Pese a todos los discursos grandilocuentes sobre las stock options y la asociación de estos nuevos héroes del trabajo a la propiedad del capital, las relaciones de clase fundamentales siguen siendo relaciones de dominación. La desvalorización permanente del status de las profesiones intelectuales, la descalificación ininterrumpida de los oficios del conocimiento, tienden a reproducir el status de proletario, y se oponen totalmente a los ingenuos esquemas de ascenso universal de las cualificaciones y de emergencia de una nueva fase del capitalismo (Husson, 2003).

Desde luego, podemos estar seguros de que los nuevos empresarios reducirán al mínimo sus gastos y tratarán de imponer sus extravagantes reivindicaciones en materia de organización del trabajo. Sin embargo, habría debido parecer evidente que muchos de los proyectos no podían lograr una rentabilidad duradera, como lo han demostrado las múltiples quiebras de prometedoras start-ups en el cambio de siglo. Muy clásicos argumentos de rentabilidad han atrapado a la "nueva economía" y decidido sobre la viabilidad de estas empresas. El recurso a las nuevas tecnologías no era en sí una garantía, ni un medio mágico de escapar a las imposiciones de la ley del valor.

Más allá de las fluctuaciones, la fase neoliberal del capitalismo se traduce en un agotamiento de los aumentos de productividad, aunque el perfil no es el mismo en los Estados Unidos y en Europa. Por su papel en la dinámica de la tasa de beneficio, es interesante observar las tendencias de la productividad total de los factores a nivel mundial (Gráfico 3). En los países más avanzados, se ralentiza de forma regular. En el resto del mundo, su ritmo de progresión se vuelve positivo a comienzo de los años 1990 y después se acelera de manera espectacular. Pero la tendencia cambia algunos años antes de la crisis y la Conference Board que estableció estas estadísticas señaló que "el crecimiento de la productividad total de los factores en las economías emergentes declina rápidamente a medida que se difuminan los efectos transitorios".


El dinamismo del capitalismo, y por tanto su futuro, dependen en gran parte de su capacidad para lograr aumentos de productividad. El debate está doblemente abierto: por una parte, sobre un posible agotamiento del dinamismo de los países emergentes; por otra, sobre un relanzamiento en los "viejos" países capitalistas. Robert Gordon, un gran especialista en estas cuestiones, ha ofrecido recientemente un pronóstico muy pesimista sobre los Estados Unidos: "El crecimiento del PIB real por habitante será más lento que en cualquier otro período comparable desde el final del siglo XIX, y el crecimiento del consumo real por habitante será más lento aún para los 99% de más abajo en el reparto de las rentas" (Gordon, 2012: 2).

Esta tendencia a la desaceleración de la productividad total de los factores permite comprender uno de los rasgos fundamentales de la fase neoliberal: la diferencia entre la tasa de beneficio que se restablece y la tasa de acumulación que permanece casi estancada. La pérdida de eficacia del capital reduce las ocasiones de inversión rentable, aquellas que permitirían lograr aumentos de productividad. En cierta manera puede decirse que los capitalistas anticipan el efecto que una acumulación demasiado fuerte del capital tendría sobre la composición orgánica. El restablecimiento de la tasa de beneficio no se ha basado por tanto en renovados aumentos de productividad, sino en un aumento constante de la tasa de explotación.

La difícil reproducción Desde el comienzo de los años 1980, la tendencia dominante ha sido la progresión de la tasa de explotación, que se puede medir por la parte de los salarios en la renta mundial (Gráfico 4). Para funcionar de manera relativamente armoniosa, el capitalismo necesita una tasa de beneficio suficiente, y también mercados. Aunque esto no basta, y debe cumplirse una condición suplementaria, relacionada con la forma de estos mercados: deben corresponder a los sectores susceptibles de lograr una rentabilidad lo más elevada posible, por estar asociados a aumentos de productividad. Pero esta adecuación es constantemente cuestionada por la evolución de las necesidades sociales.


En la medida en que la congelación salarial se ha impuesto como el medio privilegiado para el restablecimiento del beneficio, el posible crecimiento era a priori forzado. Pero no es la única razón, que se encuentra más bien en los límites de tamaño y de dinamismo de estos nuevos mercados. La multiplicación de bienes innovadores no ha bastado para constituir un nuevo mercado de un tamaño tan considerable como la rama del automóvil, que arrastraba no sólo a la industria automovilística sino también a los servicios de mantenimiento y las infraestructuras viales y urbanas. Como señala Robert Gordon: "Desde 2000, las invenciones se han centrado en los aparatos de diversión y de comunicación, que cada vez son más pequeños, más inteligentes y tienen más prestaciones, pero no cambian fundamentalmente la productividad del trabajo o las condiciones de existencia como pudieron hacerlo la electricidad y el automóvil" (Gordon, 2012: 2).

La extensión relativamente limitada de los mercados potenciales tampoco ha sido compensada con el crecimiento de la demanda. Desde este punto de vista, faltaba un importante elemento de bloqueo que cree aumentos de productividad ante progresiones rápidas de la demanda en función de los descensos de precios relativos inducidos por los aumentos de productividad. Se asiste también a una deriva de la demanda social, de los bienes manufacturados hacia los servicios, que mal corresponde con las exigencias de la acumulación del capital. El desplazamiento tiene lugar hacia zonas de producción (de bienes o de servicios) con débil potencial en productividad. En los engranajes del aparato productivo, aumenta la proporción de los gastos de servicios. Esta modificación estructural de la demanda social es una de las causas esenciales de la desaceleración de la productividad que rarifica las oportunidades de inversión rentables. No es que la productividad se haya desacelerado porque la acumulación se haya ralentizado. Sino lo contrario, la productividad -como indicador de beneficios anticipados- se ha ralentizado, por lo que la acumulación se ha desanimado y el crecimiento está embridado, con efectos suplementarios de retorno sobre la productividad. Otro elemento a tomar en consideración es la formación de una economía realmente mundializada que, confrontando las necesidades sociales elementales en el Sur con las normas de competitividad del Norte, tiende a despojar a los productores (y por tanto a las necesidades) del Sur. En estas condiciones, la distribución de rentas no basta para asegurar mercados rentables, si estas rentas son gastadas en sectores cuya productividad -inferior o creciendo menos rápidamente- influye sobre las condiciones generales de la rentabilidad. Como la transferencia no ha frenado o compensado debido a la relativa saturación de la demanda adecuada, el salario deja en parte de ser una salida adaptada a la estructura de la oferta y es una razón suplementaria para congelarlo. La desigualdad en el reparto de las rentas en beneficio de capas sociales acomodadas (también a nivel mundial) representa, hasta cierto punto, una salida a la cuestión de la realización del beneficio.

El deslizamiento del capitalismo en una fase depresiva es el resultado, por tanto, de una distancia creciente entre la transformación de las necesidades sociales y el modo capitalista de reconocimiento y de satisfacción de estas necesidades. Pero esto quiere decir también que el perfil particular de la fase actual moviliza, tal vez por primera vez en su historia, los elementos de una crisis sistémica del capitalismo. Se puede incluso avanzar la hipótesis de que el capitalismo ha agotado su carácter progresista en el sentido de que su reproducción requiere en adelante una involución social generalizada. En todo caso, se debe constatar que sus capacidades actuales de ajuste se restringen, en sus principales dimensiones, tecnológica, social y geográfica.

Si la tecnología no permite ya modelar la satisfacción de las necesidades sociales bajo la forma de mercancías de gran productividad, eso quiere decir que la adecuación a las necesidades sociales está cada vez más amenazada y las desigualdades crecientes en el reparto de la renta se vuelven la condición para la realización del beneficio. Por ello el capitalismo es incapaz de proponer un "compromiso institucionalizado" aceptable, o dicho de otra manera, un reparto equitativo de los frutos del crecimiento. De forma contradictoria con el discurso elaborado durante la "Edad de oro" de los años de expansión, ahora reivindica la necesidad de la regresión social para sostener el dinamismo de la acumulación. Sin modificación profunda de las relaciones de fuerza, parece incapaz de llegar por sí mismo a un reparto más equilibrado de la riqueza.

Con el ascenso de los llamados países "emergentes", asistimos a un verdadero "vaivén del mundo" cuyo alcance puede comprenderse con ayuda de algunas cifras. Así, los países emergentes realizaron en 2012 la mitad de las exportaciones industriales mundiales, cuando a comienzos de los años 1990 su parte sólo era del 30%. En la última década, la integridad de la progresión de la producción industrial a escala mundial ha sido realizada en los países emergentes. El capitalismo parece encontrar un segundo aliento relocalizando la producción en países con importantes aumentos de productividad, y donde el nivel salarial es muy bajo. Pero esta mundialización no está exenta de contradicciones, sobre todo en forma de desequilibrios comerciales estructurales, crecientes desigualdades sociales y efectos de vuelta sobre el crecimiento en los países del Centro.

¿Nueva onda larga... Desde la contrarrevolución neoliberal y hasta la crisis, los debates oscilaban entre dos concepciones. Algunos insistían en la coherencia de este proyecto, otros en sus imperfecciones y en particular la inestabilidad financiera. Periódicamente, se anunciaba la implantación de un nuevo modelo. La tasa de beneficio había recuperado niveles satisfactorios. Las nuevas tecnologías estaban ahí. ¿No se había entrado en un nuevo orden productivo? Pero ya antes incluso de la crisis, se podía llegar a esta conclusión: a pesar del restablecimiento de la tasa de beneficio, el capitalismo mundial no ha entrado en una nueva fase expansiva. Le faltan tres atributos esenciales: un orden económico mundial, terrenos de acumulación rentable suficientemente extensos, y un modo de legitimación social.

El cuadro teórico aquí expuesto puede situarse brevemente en relación con otros enfoques. No se opone como tal al enfoque regulacionista inicial, y su problemática presenta muchos puntos comunes: para funcionar bien, el capitalismo necesita un conjunto de elementos constitutivos de lo que puede denominarse un modo de regulación o un orden productivo. Lo importante es combinar la historicidad y la posibilidad de esquemas de reproducción relativamente estables. Pero hay que distanciarse de los trabajos regulacionistas de "segunda generación", colocados bajo el signo de la armonía espontánea y preocupados sobre todo por diseñar las líneas de un nuevo contrato social, como si fuera la lógica natural de funcionamiento del capitalismo, y como si éste dispusiera en permanencia de un stock de modos de regulación donde bastaría con atreverse a escoger el bueno (Husson, 1986).

Este enfoque se diferencia también de una interpretación marxista demasiado monocausal que hace de la tasa de beneficio instantánea el alfa y el omega de la dinámica del capital. Pero hay que discutir sobre todo los enfoques que conceden un lugar desproporcionado a la tecnología. En la teoría de las ondas largas, existe un vínculo orgánico entre la sucesión de ondas largas y la de revoluciones científicas y técnicas, sin que esta relación pueda reducirse a una visión neo-schumpeteriana donde la innovación, por sí misma, sería la clave de la apertura de una nueva onda larga. Desde ese punto de vista, las mutaciones ligadas a la informática constituyen un nuevo "paradigma técnico-económico" -por usar la terminología de Christopher Freeman y Francisco Louça, en su destacable obra (2002)- pero esto no basta para fundar una nueva fase expansiva. Es tanto más urgente tomar distancias con un cierto cientificismo marxista que los abogados del capitalismo retoman por su cuenta para hacer creer que la revolución tecnológica en curso basta para definir un modelo social coherente.

La teoría de las ondas largas desemboca en una crítica radical del capitalismo. Si éste tiene tantas dificultades para sentar las bases de un orden productivo relativamente estable y socialmente legítimo, está confrontado a una verdadera crisis sistémica. Su prosperidad se basa ya en una sobreexplotación agravada de los trabajadores, y en la negación de una gran parte de las necesidades sociales. Llegado a este estadio, las presiones que se pueden ejercer para hacerle funcionar de otra manera, para regularlo, deben ser tan fuertes que cada vez se distinguen menos de un proyecto global de transformación social.

Frente a este capitalismo que se parece cada vez más a su concepto, la aspiración a un poco de regulación es legítima. Pero hay que evitar un doble error de apreciación. En primer lugar, no hay que confundir la necesidad de re-regulación con la ilusión de la regulación que consiste en pensar que este sistema es racional y que se dejará convencer con un argumentario bien construído. Una variante de esta ilusión sería fijarse la imposible tarea de separar el buen grano de la cizaña y procurar una nueva razón de ser al capitalismo, desembarazándole del imperio de las finanzas. Y además, la crítica del capitalismo actual no puede hacerse en nombre de un "fordismo" mitificado al que se trataría de volver. Desde luego, no está prohibido apoyarse en las conquistas sociales y la legitimidad de que gozan, pero es absolutamente insuficiente.

La superación de estos dos obstáculos esboza una estrategia cuyos objetivos son bastante claros: la resistencia a la mercantilización capitalista lleva poco a poco a la construcción de una legitimidad alternativa, basada en valores de igualdad, de solidaridad y de gratuidad, que cuestionan el núcleo de la lógica capitalista. La radicalización del capital, al negarse a responder positivamente a demandas elementales y retroceder en derechos adquiridos, engendra una nueva radicalidad de los proyectos de transformación social.

... o atolladero capitalista? El enfoque marxista de la dinámica larga del capital podría a fin de cuentas ser resumida de la siguiente manera: la crisis es cierta, pero la catástrofe no lo es. La crisis es cierta, en el sentido de que todos los arreglos que se inventa el capitalismo, o que se le impone, no pueden suprimir de forma duradera el carácter desequilibrado y contradictorio de su funcionamiento. Sólo el paso a otra lógica podría desembocar en una regulación estable. Pero los periódicos cuestionamientos que jalonan su historia no implican en absoluto que el capitalismo se dirija inexorablemente hacia el hundimiento final. En cada una de estas "grandes crisis" está abierta la opción: o el capitalismo es derrocado, o se recupera bajo formas que pueden ser más o menos violentas (guerra, fascismo), y más o menos regresivas (giro neoliberal).

A modo de conclusión, nos arriesgamos a enunciar algunas tesis sobre el período abierto por la crisis:

  1. La vuelta a un capitalismo regulado ("fordista" o "keynesiano") es imposible, porque la base material, esto es, aumentos de productividad superiores a su media histórica, está fuera de alcance. El capitalismo neoliberal ha fracasado a la hora de realizar una nueva adecuación entre sus propias exigencias y la estructura de la demanda social. Además, la mundialización es un obstáculo a cualquier coordinación entre las burguesías basado en una forma de compromiso hostil con las finanzas.
  2. Este agotamiento de la dinámica propia del capitalismo en los países "avanzados" no encontrará relevo duradero en los países "emergentes"
  3. Las mismas formas adoptadas por el capitalismo en su fase neoliberal hacen también imposible tal inflexión. Ellas corresponden a la puesta en pie de una "coherencia inestable": descenso de la parte de los salarios, desigualdades sociales, financiarización y sobreendeudamiento, que forman un todo que no se puede modificar por los márgenes
  4. La única salida para el capitalismo es una huida hacia adelante intentando reproducir el modelo neoliberal, aprovechándose de la crisis para poner en marcha una terapia de choque que conduzca a una regresión sin fin.
  5. El capitalismo ha perdido sus elementos de legitimidad: sus éxitos son inversamente proporcionales a la satisfacción de las necesidades sociales, y es incapaz por esencia de hacer frente al desafío climático. Sólo apuesta por la emergencia de una "clase media mundial" que le proporcionaría una base social menos estrecha que los "1%" y mercados ampliados y estabilizados.
  6. La cuestión clave es por tanto la "aceptabilidad social" de esta degradación de las condiciones de existencia para la mayoría de la humanidad.
Partiendo de estas tesis, que más bien son hipótesis de trabajo, hay que pensar en una nueva coyuntura en la que las condiciones de aparición de una nueva fase expansiva no están reunidas en un horizonte previsible. Esto no es contradictorio con la teoría de las ondas largas, que no postula una alternancia mecánica de fases históricas expansivas y depresivas. Así lo subrayaba Mandel: "La aparición de una nueva onda larga expansiva no puede considerarse como un resultado endógeno (más o menos espontáneo, mecánico, autónomo) de la precedente onda larga depresiva, cualquiera que sea la duración y la gravedad de ésta. Lo que determina este punto de inflexión no son las leyes de movimiento del capitalismo, sino los resultados de la lucha de clases de todo un período histórico. Por tanto, lo que estamos planteando aquí es una dialéctica de los factores objetivos y subjetivos del desarrollo histórico, en la cual los factores subjetivos se caracterizan por su relativa autonomía: es decir, no están directa e indefectiblemente determinados por lo ocurrido previamente a las tendencias básicas de la acumulación del capital, a las tendencias de la transformación tecnológica o al impacto de estas tendencia en el propio proceso de organización del trabajo" (Mandel, 1986: 43).
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Notas:
1) Esta constatación no es compartida por todos los economistas marxistas. Se puede consultar el punto de vista del autor en Husson, 2010.
2) Para una demostración más detallada, ver Husson, 2013.
3) Para una presentación más detallada, ver Martin et at. 2002.

Referencias:
- Aglietta, Michel, Le capitalisme de demain, (1998), Paris, Note de la Fondation Saint-Simon,.
- Artus, Patrick, (2002), Karl Marx is back, CDC Flash n°4, janvier, .
- Dockès, Pierre, Bernard Rosier, (1983), Rythmes économiques. Crises et changement social: une perspective historique, La Découverte/Maspero.
- Freeman, Christopher, Francisco Louçã, (2002), As time goes by. From the Industrial Revolutions to the Information Revolution, Oxford University Press, .
- Gordon, Robert, (2012), “Is U.S. Economic Growth Over? Faltering Innovation Confronts the Six Headwinds”, CEPR Policy Insight N° 63, September, .
- Guerriero, Marta, (2012), “The Labour Share of Income around the World. Evidence from a Panel Dataset”, Development Economics and Public Policy Working Paper, núm. 32/2012, .
- Husson, Michel, (1986), “La escuela de la regulación o los teóricos del nuevo consenso social”, Criticas de la economía política n°30, México, .
- Husson, Michel, (1996), Misère du capital, Paris, Syros, . Husson, Michel, (2003), “¿Hemos entrado en el ‘capitalismo cognitivo’?” Panorama Internacional, Buenos Aires, .
- Husson, Michel, (2010), “El debate sobre la tasa de beneficio”, web Viento Sur, octubre, ..
- Husson, Michel, (2013), “Arithmétique du taux de profit”, note hussonet n°66, décembre, .
- Mandel Ernest, (1972), “Las “ondas largas” en la historia del capitalismo”, El capitalismo tardío, capítulo 4, .
- Mandel, Ernest, (1985), “Variables partiellement indépendantes et logique interne dans l’analyse économique marxiste classique”, publicado en anexo a Mandel, 1997, ;
- Mandel E. (1986) [1980], Las ondas largas del desarrollo capitalista: la interpretación marxista, Madrid, Siglo XXI,.
- Mandel, Ernest, (1997), Le troisième âge du capitalisme, Paris, Les Editions de la Passion, 1997.
- Mandel, Ernest, (2008) [1992], “El debate internacional sobre las ondas largas del desarrollo capitalista: un balance intermedio”, Mundo siglo XXI Número 14, otoño, ;
- Martin, Albert, Michel Dupont et al. (2002), Elementos de análisis económico marxista, Madrid, Los Libros de la Catarata, .
- Marx, Karl (1995) [1894], El Capital, Tomo III, México, Fondo de Cultura Economica.
- Stockhammer, Engelbert, (2013), “Why have wage shares fallen?”, ILO, Conditions of Work and Employment Series No. 35, .
- The Conference Board, (2012), “Productivity Projections for 2012”, January 2012, .
_______ Tomado de El ClarinUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Hollande: triste, solitario y final

Lun, 26/05/2014 - 23:51

En un breve discurso, sorprendentemente vacío y pueril, el mandatario francés Francois Hollande reaccionó al avance de Marine Le Pen en las elecciones europeas. Hollande reconoció que la votación dio cuenta de la desconfianza en Europa, en los gobiernos y en la política, sin mencionar los problemas centrales que tienen a Europa al borde del abismo. En su discurso reafirmó que el futuro de Francia está en Europa (¿y dónde más podría estar?) y que lo que quiere es reformar a Francia y reorientar a Europa. "Todos han perdido, el gobierno y la oposición. Francia es la patria de los derechos humanos y la libertad. Y justo aquí es el partido de extrema derecha el más fuerte". El gobierno de Hollande reaccionó este mismo lunes reduciendo los impuestos que había elevado a instancias de Bruselas y Angela Merkel. Hollande no se da cuenta que el rechazo de su pueblo ha sido porque no ha cumplido ninguna de las promesas electorales y ha seguido al pie de la letra las instrucciones de Angela Merkel, negando a Francia su soberanía política y económica. Le Pen ha ganado, porque justamente defiende a los franceses de la tiranía de Bruselas y de la dictadura que impone Angel Merkel sobre toda Europa conduciéndola a una auténtica debacle.

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Marine Le Pen deja en estado de shock a Europa y pone en jaque al euro

Lun, 26/05/2014 - 12:55

El resultado de las elecciones europeas ha creado un estado de shock en Europa. El triunfo de Marine Le Pen ha barrido con la política del presidente Francois Hollande y éste ha citado a todo su gabinete para una reunión de urgencia esta mañana. Manuel Valls, el Premier galo, señaló que la situación era muy grave para Francia y también para toda Europa. Las elecciones han sido consideradas un terremoto político y ha dejado "un montón de perdedores" principalmente en los partidos oficiales. Todo este miedo tiene sus orígenes en las declaraciones esgrimidas por Marine Le Pen, la lider del Frente Nacional, en el curso de su campaña. Le Pen señaló que se empeñaría en destruir el orden existente en Europa dado que es un orden que sigue la pauta que establece Angela Merkel mientras Francia, y los franceses, quedan relegados. Le Pen se comprometió a abordar de una vez el auténtico cáncer de la crisis financiera y forzar la ruptura e incluso terminar con la moneda única.

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David Harvey: Consideraciones sobre El Capital de Piketty

Dom, 25/05/2014 - 17:08
David Harvey, Sin Permiso

Thomas Piketty ha escrito un libro llamado El capital en siglo XXI que ha provocado bastante revuelo. Aboga por una fiscalidad progresiva y un impuesto global sobre la riqueza como única forma de contrarrestar la tendencia a la creación de una forma de capitalismo “patrimonial” marcada por lo que denomina “aterradoras” desigualdades de riqueza y renta. También documenta en detalle de modo intenso y difícil de rebatir de qué manera la desigualdad social, tanto de la riqueza como de la renta, han evolucionado en los últimos dos siglos, con especial rotundidad en el caso de la riqueza. Liquida la opinión ampliamente extendida de que el capitalismo de libre mercado difunde la riqueza y es el gran baluarte para la defensa de opciones y libertades. El capitalismo de libre mercado, en ausencia de intervenciones redistributivas de envergadura por parte del Estado, nos muestra Piketty, produce oligarquías antidemocráticas. Esta demostración ha alimentado la indignación progresista mientras pone fuera de sí al Wall Street Journal.

El libro ha venido presentándose con frecuencia como substituto de la obra homónima de Karl Marx en el siglo XIX. Piketty niega que fuera ésta en realidad su intención, lo cual está bien, considerando que el suyo no es en absoluto un libro sobre el capital. No nos explica por qué se produjo el crac de 2008 y por qué tanta gente está tardando tanto en salir de la doble carga del desempleo prolongado y de millones de viviendas perdidas por ejecuciones hipotecarias. No nos ayuda a comprender por qué el crecimiento es actualmente tan flojo en los EE. UU por oposición a China y por qué está bloqueada Europa en una política de austeridad y una economía de estancamiento. Lo que Piketty muestra estadísticamente (y deberíamos estarles agradecidos por esto a él y a sus colegas) es que el capital ha tendido a lo largo de su historia a producir niveles cada vez mayores de desigualdad. Esto no tiene para muchos de nosotros nada de novedoso. Era además exactamente la conclusión teórica de Marx en el primer volumen de su versión de El capital. Piketty no llega a advertir esto, lo que no resulta sorprendente, puesto que ha declarado, frente a las acusaciones de la prensa de derechas de que es un marxista disfrazado, que no ha leído El capital de Marx.

Piketty recoge una una gran cantidad de datos en apoyo de su argumentación. Su relato de las diferencias entre renta y riqueza es convincente y útil. Y proporciona una defensa meditada de los impuestos sobre la herencia, la fiscalidad progresiva y un impuesto global sobre la riqueza como antídotos posibles (aunque casi con certeza inviables políticamente) a una mayor concentración de riqueza y poder.

Pero ¿por qué se produce esta tendencia a una mayor desigualdad en el tiempo? Partiendo de sus datos (salpimentados con ciertas alusiones nítidas a Jane Austen y Balzac), deriva una ley matemática para explicar lo que sucede: la acumulación cada vez más creciente de riqueza por parte del famoso 1% (un término popularizado gracias, por supuesto, al movimiento Occupy) se debe al simple hecho de que la tasa de retorno sobre el capital (r) supera siempre la tasa de crecimiento de la renta (g). Esta es y siempre ha sido, dice Piketty, “la contradicción central” del capital.

Pero una regularidad estadística de esta clase apenas sí constituye una explicación adecuada, no digamos ya una ley. Así pues, ¿qué fuerzas producen y sostienen a esa contradicción? Piketty no lo dice. La ley es la ley y eso es lo que hay. Marx habría atribuido evidentemente la existencia de esa ley al desequilibrio de poder entre capital y trabajo. Y la explicación todavía se sostiene. El declive constante de la parte del trabajo en la renta nacional desde los años 70 se ha derivado del poder económico y político desfalleciente del trabajo a medida que el capital movilizaba tecnologías, desempleo, deslocalización y medidas políticas antisindicales (como las de Margaret Thatcher y Ronald Reagan) a fin de aplastar toda oposición. Tal como confesó Alan Budd, asesor económico de Margaret Thatcher, en un momento de descuido, resultó que las políticas antiinflacionistas de los años 80 eran “una forma estupenda de elevar el desempleo y elevar el desempleo era una forma extremadamente deseable de reducir la fortaleza de las clases trabajadoras…lo que se obró con ello fue, en términos marxistas, una crisis del capitalismo que volvió a crear un ejército de reserva y que ha permitido a los capitalistas conseguir elevados beneficios desde entonces”. La disparidad de remuneraciones entre trabajadores medios y directivos estaba aproximadamente entre 30 y 1 en 1970. Hoy se encuentra por encima de entre 300 y 1 y, en el caso de los MacDonalds, entre cerca de 1200 y 1.

Pero en el segundo volumen de El capital de Marx (que tampoco ha leído Piketty, aun cuando lo deseche alegremente), éste apuntaba que la inclinación del capital a presionar los salarios a la baja restringiría en algún momento la capacidad del mercado de absorber el producto del capital. Henry Ford identificó este dilema hace mucho tiempo cuando decretó para sus trabajadores la jornada de 8 horas a 5 dólares con el fin, afirmaba, de impulsar el consumo. Muchos pensaban que la falta de demanda efectiva formó la base de la Gran Depresión de la década de 1930. En ello se inspiraron las políticas keynesianas expansivas tras la II Guerra Mundial y tuvo como resultado ciertas reducciones en las desigualdades de renta (aunque no tanto de riqueza) en medio de un fuerte crecimiento impulsado por la demanda. Pero esta solución descansaba en el relativo empoderamiento del trabajo y la construcción del “estado social” (la denominación es de Piketty) financiado por una fiscalidad progresiva. “Considerado en su conjunto”, escribe, “en el periodo 1932-1980, casi medio siglo, el máximo impuesto federal sobre la renta ascendió a una media del 81 %”. Y esto no enfrió en modo alguno el crecimiento (otra evidencia de Piketty que rebate las creencias de la derecha).

Hacia finales de los años 60 quedó claro para muchos capitalistas que les hacía falta actuar de algún modo contra el excesivo poder del trabajo. De aquí la expulsión de Keynes del panteón de los economistas respetables, el giro al pensamiento de la economía de oferta de Milton Friedman, la cruzada para estabilizar, si no reducir, la fiscalidad, para deconstruir el Estado social y disciplinar a las fuerzas del trabajo. Después de 1980 cayeron los tipos impositivos máximos y las ganancias del capital – importante fuente de ingresos para los superricos – quedó gravada con un tipo muy inferior en los EE. UU., impulsando enormemente el flujo de riqueza hacia el 1% más alto. Pero el impacto sobre el crecimiento, muestra Piketty, fue despreciable. De modo que el “goteo” (“trickle down”) de los beneficios de los ricos a los demás (otra de las creencias dilectas de la derecha) no funciona. Nada de esto lo dictaba ninguna ley matemática. Tenía todo que ver con la política.

Pero luego se cerró el círculo y la pregunta más apremiante se convirtió en: ¿dónde está la demanda? Piketty ignora sistemáticamente esta pregunta. Los años 90 maquillaron la respuesta por medio de una inmensa expansión del crédito, incluida la ampliación de la financiación de hipotecas en los mercados sub-prime. Pero la burbuja de activos resultante estaba destinada a reventar como lo hizo en 2007-8, provocando que se derrumbara Lehman Brothers y con ello el sistema crediticio. Sin embargo, las tasas de beneficio y la concentración aun mayor de la riqueza privada se recuperó muy rápidamente después de 2009, mientras que al resto, a todos y cada uno, le iba mal. Las tasas de beneficio de las empresas son hoy tan altas como siempre lo han sido en los Estados Unidos. Las empresas están sentadas sobre montañas de dinero y se niegan a gastarlo porque no son sólidas las condiciones del mercado.

La formulación de Piketty de la ley matemática esconde más de lo que revela acerca de la política de clase que entraña. Tal como ha hecho notar Warren Buffett, “desde luego que hay una guerra de clases, y es mi clase, la de los ricos, la que la libra, y vamos ganando”. Una medida clave de su victoria son las crecientes disparidades de riqueza y renta del 1% superior en relación a todos los demás.

Existe, sin embargo, una dificultad central en la argumentación de Piketty. Se apoya en una definición de capital equivocada. El capital es un proceso, no una cosa. Es un proceso de circulación en el que el dinero se utiliza para hacer más dinero a menudo, pero no exclusivamente, mediante la explotación de la fuerza de trabajo. Piketty define el capital como el stock de todos los activos en manos de particulares, empresas y gobiernos con los que puede comerciarse en el mercado, con independencia de que esos activos se usen o no. En ello se cuenta la tierra, los bienes raíces y los derechos de propiedad intelectual, así como mi colección de arte y de joyas. Cómo determinar el valor de todas estas cosas resulta un problema técnico difícil que no tiene ningún solución convenida. Con el fin de calcular una tasa significativa de retorno, r, necesitamos alguna forma de valorar el capital inicial. Por desgracia, no hay forma de valorarlo independientemente del valor de los bienes y servicios para producir los cuales se utiliza o de por cuánto se puede vender en el mercado. El conjunto del pensamiento económico neoclásico (que es la base del pensamiento de Piketty) se funda en una tautología. La tasa de retorno sobre el capital depende de manera crucial de la tasa de crecimiento porque el capital se valora por medio de lo que produce y no por lo que entraba en su producción. Su valor se ve enormemente influido por las condiciones especulativas y puede verse gravemente deformada por la famosa “exuberancia irracional” que Greenspan identificó como característica del mercado bursátil e inmobiliario. Si le restamos la vivienda y los bienes raíces – por no decir nada del valor de las colecciones artísticas de la gente con hedge funds – a la definición de capital (y la lógica en pro de su inclusión es bastante débil) entonces se viene abajo la explicación de Piketty de las crecientes disparidades de riqueza y renta, aunque se mantendría su descripción del estado de las desigualdades pasadas y presentes.

El dinero, la tierra, los bienes raíces y las fábricas y el equipamiento que no se utilizan de modo productivo no son capital. Si es alta la tasa de retorno sobre el capital que se utiliza, esto se debe a que una parte del capital se retira de la circulación y se pone de hecho en huelga.

Restringir la provisión de capital a nuevas inversiones (fenómeno del que hoy somos testigos) garantiza una elevada tasa de retorno: es lo que hace todo capital cuando se le da la oportunidad. Esto es lo que apuntala la tendencia de la tasa de retorno del capital (no importa cómo se defina y calcule) a exceder la tasa de crecimiento de la renta. Así es cómo se asegura el capital su propia reproducción, no importa lo incómodas que sean las consecuencias para todo los demás. Y así es cómo vive la clase capitalista.

Hay muchas cosas que son valiosas en el conjunto de datos de Piketty. Pero su explicación de por qué surgen las desigualdades y las tendencias oligárquicas tiene errores. Sus propuestas respecto a los remedios a las desigualdades son ingenuas, si no utópicas. Y no ha producido desde luego un modelo de funcionamiento para el capital del siglo XXI. Para eso todavía nos hace falta Marx o un equivalente suyo contemporáneo.
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Ver artículo original en DavidHarvey.org

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Bancos españoles embargaron en 2013 cerca de 50.000 viviendas por impagos

Dom, 25/05/2014 - 08:01

Los bancos españoles embargaron cerca de 50.000 viviendas en 2013 - 11,1% más que en 2012-- debido a impagos de hipoteca por parte de sus propietarios, según cifras publicadas por el Banco de España. Este país fue doblemente golpeado en 2008 por la crisis financiera y por el estallido de la burbuja inmobiliaria. Desde el año pasado, el banco central español publica estadísticas sobre embargos de viviendas.

Los bancos españoles, que recibieron una ayuda de cerca de 40.000 millones de euros en 2012, se quedaron con 49.694 viviendas en 2013, gran parte de ellas (38.961) residencias habituales, a diferencia de las residencias secundarias o a las viviendas destinadas a alquiler. En algunos casos (21.521), las llaves de las viviendas fueron entregadas voluntariamente, pero en el caso de 28.173 viviendas los bancos debieron recurrir a la justicia.

Las expulsiones de propietarios o inquilinos endeudados suscitó gran indignación en España estos últimos años, avivada por varios suicidios de personas que estaban a punto de ser obligadas a dejar sus domicilios. Varios colectivos de ciudadanos se movilizaron para impedir estas expulsiones.

Pero las cifras del Banco de España demuestran que las expulsiones efectivamente realizadas siguen siendo un fenómeno limitado: para el conjunto de 2013, solamente 2.060 viviendas fueron embargadas tras un procedimiento judicial, y únicamente en 147 casos las fuerzas de seguridad tuvieron que intervenir (contra 346 casos en 2012).

España, cuarta economía de la zona euro, sufrió dos recesiones en cinco años y padece un índice de desempleo de 25,93% en el primer trimestre, el segundo más alto de la zonaeuro tras Grecia, que supera el 27 por ciento.

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La NSA espía durante las 24 horas a las empresas y al sistema financiero europeo

Sáb, 24/05/2014 - 09:01

La Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA) espía durante las 24 horas al sistema financiero europeo. El Bundesbank, el Santander o el BCE están intervenidos de manera rutinaria por Estados Unidos durante todo el día. Esto es lo que detallan las últimas declaraciones de Glenn Greewald, quien señala que muchos países, y sobre todo los críticos del gobierno de Estados Unidos, son vigilados con más ahínco que los propios terroristas. Greenwald es el biógrafo del ex analista de la Agencia de Seguridad, Edward Snowden, que destapó el escándalo del espionaje a nivel mundial que realiza la NSA de Estados Unidos.

Pese a que el destape del espionaje masivo que realiza Estados Unidos al resto del mundo fue considerado un escándalo, la cosa no llegó a mayores y los gobiernos europeos se cruzaron de brazos. Mal que mal, ¿a quien le importa lo que ponga en Facebook o Twitter Angela Merkel, o lo que hable por su teléfono celular? La canciller alemana no ha tenido ningún gesto de molestia ante Washington y parece aceptar el orden mundial que impone la Casa Blanca. Sin embargo, las nuevas declaraciones de espionaje, esta vez al Bundesbank, Deutschald y BCE, deberían despertar ciertas incomodidades. ¿Por que Washington ha sido tan tenaz en la investigación a los bancos europeos por la manipulación de las tasas Libor y Euribor? Esta semana Credit Suisse fue castigado a pagar la mayor multa otorgada un banco europeo al gobierno de los Estados Unidos (2.600 millones de dólares)... y eso que Crewdit Suisse para aligerar la sanción se declaró culpable.

Como señala Greenwald en esta entrevista con Tages-Anzeiger, hay evidencias concretas de que la NSA espió a los bancos suizos y vigiló atentamente sus flujos de dinero. La lista del espionaje es mucho más larga y abarca no sólo a los bancos, sino también a los gobiernos, las agencias de comercio, las grandes empresas y las oficinas de abogados como revela The New York Times, y eso que la Ley de Estados Unidos prohíbe espiar a sus ciudadanos y empresas. El pretexto de la lucha contra el terrorismo ha permitido a Estados Unidos desplegar una poderosa red de espionaje a nivel mundial. Sin embargo, la ineficacia de esta red que pretende "saberlo todo" quedó al descubierto con el desaparecido vuelo MH-370 de Malasyan Airlines que no ha sido encontrado tras 11 semanas de búsqueda.

El espionaje de Estados Unidos se ha convertido en un verdadero modelo de negocio de la corrupción. La tarea de la organización de espionaje no sólo busca rastrear a los terroristas, sino que también está abocada a la recopilación de información para las propias industrias del país en áreas altamente competitivas. El valor intrínseco de este espionaje surge del hecho de que el gobierno y las empresas de Estados Unidos buscan imponer sus intereses económicos por cualquier medio. Esto puede ocasionar daños colaterales en pleno proceso de un acuerdo de libre comercio entre Europa y Estados Unidos que, como de costumbre, privilegiará a la Casa Blanca. Más aún cuando Estado Unidos utiliza su modelo de espionaje para obtener información privilegiada sobre sus ventajas con respecto a las empresas europeas.

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El problema de la desigualdad económica y por qué debe ser combatida

Sáb, 24/05/2014 - 03:15

¿Por qué es indispensable combatir la desigualdad? La desigualdad pervierte la democracia. El poder debe emanar de las personas independientemente de su poder económico. Cuando alguien tiene demasiado poder económico puede influir en la política para sus intereses particulares, evitar la acción de la justicia, comprar voluntades, abusar de los demás… La desigualdad abre la puerta grande a las dictaduras, aunque se quieran llamar democracias, además...

1.Las sociedades desiguales generan más problemas de salud en la población. Índices estadísicos como la esperanza de vida al nacer, obesidad, abuso de drogas, embarazos adolescentes o incidencia de enfermedades mentales puntúan con valores más elevados conforme más desiguales son las sociedades. La principal explicación a esta evidencia vendría asociada a la presión social, a la mayor sensación de inseguridad, soledad o desamparo y al estrés inherente a la percepción de quedar inevitablemente rezagado en la carrera hacia el ascenso en la escala social.

2.Las sociedades más desiguales presentan un peor desempeño escolar medio en sus estudiantes. Bolsas grandes de alumnado pertenecientes a grupos sociales con bajos ingresos pueden ejercer un efecto negativo sobre los niveles motivacionales medios de los grupos escolares. Las sociedades más igualitarias y con más tendencia a utilizar metodologías cooperativas de trabajo arrojan mejores resultados en las pruebas de rendimiento escolar.

3.Las sociedades desiguales tienen mayores índices de criminalidad y mayor porcentaje de población en prisión debido a delitos contra la propiedad y violencia. Pareciera como si la obscenidad y la ostentación de la riqueza extrema exacerbara la tendencia hacia el robo en el seno de la sociedad.

4.Las sociedades desiguales presentan mayor dificultad para la movilidad entre clases sociales. El “sueño americano” de que un pobre pueda convertirse en millonario o de que el hijo de un pobre pueda tener un futuro socioeconómico desahogado es mucho más improbable en sociedades desiguales que en sociedades igualitarias, debido a la falta de ayudas sociales, a los prejuicios y a la mayor distancia que se precisa recorrer hasta alcanzar la meta deseada.

5.Las sociedades desiguales presentan mayor tendencia a la corrupción y al fraude fiscal debido a que parece existir la percepción de que la mayoría de los ricos lo hacen y … si ellos lo hacen ¿por qué no yo?

6.Las sociedades desiguales presentan una tendencia a la pérdida de calidad en las interacciones sociales, potenciando la indiferencia hacia los problemas ajenos y la posterior invisibilización y culpabilización de las víctimas de la pobreza como merecedoras de su suerte debido a su ineficiencia, vicio, debilidad o falta de competencia socio-profesional.

7.En las sociedades más desiguales la gente suele desarrollar una mayor tendencia hacia el trabajo adictivo debido a la necesidad de mejorar constantemente los niveles de ingreso y consumo para mantener las apariencias. Esto, a su vez, trae aparejado una falta de dedicación a los hijos y a la pareja y menos tiempo para el ocio compartido que suele derivar en más problemas familiares y rupturas matrimoniales.

8.Las sociedades más desiguales suelen desarrollar una mayor tendencia al consumismo y a la generación de residuos, lo que a su vez da lugar a mayores índices de contaminación, pérdida de biodiversidad e insostenibilidad ambiental.

9.Las sociedades más desiguales suelen tener más tendencia hacia la creación de burbujas especulativas e incrementos desmesurados de precios en bienes básicos de consumo como la vivienda debido a masas ociosas de capital que aspiran a conseguir una rentabilidad alta en el corto plazo.

10.Las sociedades más desiguales tienden a puntuar más bajo en el nivel de bienestar y felicidad autopercibida ya que este sentimiento subjetivo se construye en función de un análisis comparativo con la gente que nos rodea y de nuestra capacidad para establecer relaciones empáticas y recíprocas con las personas que forman parte de nuestra comunidad. En general las sociedades igualitarias suelen ser percibidas como lugares más deseables y amigables para vivir.

(*) Los países con mejores niveles de igualdad social (Índice de Gini) en el mundo rico son los países escandinavos, junto con Alemania y Japón. Los países con niveles peores de equidad en contextos de altos ingresos son EEUU, Reino Unido, China, Hong Kong, Singapur, el ente geopolítico artificial conocido como Israel o las dictaduras del golfo pérsico. Pueden contrastarse los 10 indicadores señalados con las tendencias observadas en la realidad de las últimas décadas para los países citados.
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Tomado de NH-1: Leer másUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Acuerdo Rusia-China marca el comienzo de la desdolarización del mundo

Ven, 23/05/2014 - 15:48
Con el histórico acuerdo entre Rusia y China realizado fuera del sistema del dólar vemos el comienzo de la desdolarización y la desamericanización del mundo, señaló el reconocido economista estadounidense Paul Craig Roberts. Según Craig, el boicot de algunas empresas al Foro Económico de San Petersburgo es solo "una forma simbólica de complacer a Washington. No creo que signifique nada, no creo que las empresas en Alemania, por ejemplo, quieran perjudicar sus relaciones con Rusia, ni tampoco lo quieren en Francia. Lo que es mucho más significativo es que el número de países asiáticos que están llegando a este foro y el acuerdo energético firmado por Rusia y China indican que el mundo se está alejando de la hegemonía financiera estadounidense".

El acuerdo energético firmado por Rusia y China indica que el mundo se está alejando de la hegemonía financiera estadounidense "Este gran acuerdo energético se llevará a cabo fuera del sistema del dólar, por lo que este es el comienzo de la desdolarización, el comienzo de la desamericanización". El exsubsecretario asegura que "este es un indicio de que los dos grandes países, Rusia y China, están formando una alianza estratégica porque están cansados de ser acosados y recortados por los mecanismos occidentales, están cansados de las amenazas".

"Así que se están moviendo en una nueva dirección, y se llevarán gran parte del mundo con ellos. No creo que los países europeos que tienen fuertes relaciones económicas con Rusia quieran perderlas", agregó Craig. En este mismo sentido, el analista financiero Max Keiser, opina que el amplísimo acuerdo a largo plazo firmado esta semana entre China y Rusia cambiará el panorama de las divisas de reserva mundial. "Lo que estamos viendo es una transición del 'petrodólar' al 'petrorrublo'. Durante décadas, el precio del petróleo y el gas ha sido manejado en dólares estadounidenses". Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Europa bajo la sombra de las burbujas y el estancamiento secular

Xov, 22/05/2014 - 18:19

Las políticas monetarias ultraflexibles promovidas por los principales bancos centrales del mundo han generado una burbuja expansiva en los mercados de capitales que acercan a la economía global a un nuevo momento Minsky, es decir, a un momento de gran inestabilidad financiera. Esta vez, y a diferencia de 2008, las burbujas también han disparado la deuda de los países en desarrollo haciendo que la estabilidad de los mercados financieros sea mucho más precaria que en el período 2008/2009. Una conjunción tal de malas políticas financieras desplegadas al unísono no se ha visto desde la crisis de 1929, lo que hace temer que sus consecuencias pueden resultar insospechadas.

Para entender un poco este fenómeno hay que recordar que tras el colapso de Lehman Brothers, los mercados financieros se congelaron y la Reserva Federal de Estados Unidos maquinó toda una operación para inyectar liquidez y volver a poner en funcionamiento a los mercados. Esa fue una gestión de urgencia de la crisis para evitar el colapso de un sistema sobreendeudado a nivel global. La mayoría de los países industrializados había experimentado en las últimas décadas un auge del crédito sin precedentes favorecido por la confianza en la desregulación financiera y la idea de que se había dominado el ciclo económico. En los años 80 y 90 ninguna institución era particularmente sensible al tema de la deuda. Al contrario, como decía Ronald Reagan y Margareth Thatcher, la deuda no era ningún problema.

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India: neoliberalismo y sistema de castas

Xov, 22/05/2014 - 15:42

Alejandro Nadal, La Jornada

El capital se presenta como fuerza de progreso en el terreno material y político. Y hasta en el ámbito religioso, el capital se ostenta como factor cercano a una visión secular de la sociedad. Pero cuando lo encuentra conveniente se apoya en las fuerzas más reaccionarias y retrógradas, incluso en el fanatismo religioso. En su momento todo puede serle útil, desde el fascismo hasta el sistema de castas. Pero cuidado, a algunos aliados no les gusta que los traten de domesticar.

Narendra Modi es el nuevo primer ministro en la India. Su partido, el derechista Bharatiya Janata (BJ), triunfó espectacularmente en estas elecciones y logró la mayoría absoluta en el parlamento. Esta victoria se debe a un hecho fundamental: en los últimos 20 años, el BJ y Modi han promovido el fundamentalismo nacionalista hindú. Su visión del Estado se basa en una reinterpretación de la historia y la idea de una hegemonía cultural hindú. La palabra clave es Hindutva, que se traduce como las características esenciales de lo hindú.

El BJ ha tenido varias experiencias en el poder: a nivel nacional estuvo al mando entre 1998-2004, convirtiéndose en el primer partido que derrotó al partido del Congreso, marcado por la dinastía Nehru. Durante su gestión, el BJP impuso el viraje irreversible hacia el neoliberalismo. A nivel estatal (especialmente en Gujarat) el BJ también ha aplicado una línea dura para promover Hindutva.

El descalabro electoral a nivel nacional en 2004 convenció a la dirigencia del BJ sobre la necesidad de cambiar de estrategia. La postura moderada en asuntos religiosos fue culpada de esa derrota. Había llegado el momento de adoptar una actitud más militante y se decidió el regreso al Hindutva. El estado de Gujarat se convirtió en laboratorio político del nuevo enfoque.

En 2002 se produjeron choques entre musulmanes e hindúes en Gujarat con un saldo de 2 mil muertes y múltiples actos de barbarie. El gobernador de Gujarat era Narendra Modi y estuvo a la cabeza de la lista de sospechosos de haber tolerado e incitado la violencia. Una investigación especial le relevó de todo cargo en 2012, pero muchos piensan que esa indagatoria suprimió evidencias incriminatorias: varios jefes de policía repartieron volantes con nombres y direcciones de musulmanes en varias comunidades, avivando el ánimo de linchamiento. Muchos analistas están convencidos de que Modi y sus amigos fueron co-responsables de un intento de limpieza étnica.

El neoliberalismo en la versión del partido del Congreso (con Manmohan Singh a la cabeza) y en la del BJ es el mismo. Ambos partidos creen en las virtudes del libre mercado, prefieren las grandes corporaciones (nacionales o extranjeras), las privatizaciones, el recorte en el gasto público y en especial del gasto social y sus prioridades se someten al capital financiero. Pero el BJ propone un nuevo componente para la ideología neoliberal. En su visión de economía política, la afirmación de Hindutva es la clave para el crecimiento del PIB y la prosperidad. El resurgimiento del fundamentalismo hindú sería ahora la clave del progreso económico y la salida de la pobreza para las masas del subcontinente.

La victoria electoral de este fundamentalismo puede sonar extraño, pero es explicable por el desencanto con el desempeño neoliberal de los últimos años. El partido del Congreso cargó con la factura del estancamiento provocado por la crisis y por las contradicciones del modelo neoliberal. La desigualdad crónica (hoy en aumento) añadió un ingrediente más a la mezcla explosiva.

El fundamentalismo hindú se apoya en el sistema de castas. Éste ha sido clave para mantener la explotación social. Todas las grandes experiencias de dominación han reconducido las funciones del orden de castas para cimentar las nuevas formas de expoliación. Los medios, el resurgimiento ideológico y el atraso político han sido claves para lograrlo. Un error trágico de la izquierda institucional en India fue moverse a la derecha y abandonar la bandera de la erradicación del sistema de castas.

Desde sus orígenes el sistema de castas en India ha servido para mantener la opresión y facilitar la explotación. Su orden jerárquico basado en el patriarcado y en el mantenimiento de clientelas es particularmente útil para conservar un orden propicio para los expoliadores. La desigualdad es su esencia y su base es la creencia en fuerzas universales con un esquema de organización en el que cada quien nace en su propio lugar. Es un excelente disfraz de la explotación de clases que hoy es reconducido para acompañar los dogmas neoliberales de la prosperidad por goteo y permitir el triunfo de las fuerzas reaccionarias del Bharatiya Janata.

Un último punto. Durante el primer gobierno del BJ, en 1998, se autorizaron dos series de pruebas nucleares. Hoy la India posee entre 80 y 100 cargas nucleares desplegadas en misiles balísticos y en aviones de combate. Todo eso para inflar de orgullo el pecho nacionalista y la fe religiosa que ha, como decía Gramsci, degenerado en superstición.

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El gángster que compró a los políticos de Estados Unidos

Xov, 22/05/2014 - 07:01

F. William Engdahl, Voltaire.org

La política exterior de Estados Unidos se transformó por completo desde la llegada de George W. Bush a la Casa Blanca, en 2001. Durante los 13 últimos años, los principales personajes del Partido Republicano, que disponía de una minoría –y a veces de una mayoría– capaz de bloquear importantes iniciativas políticas del presidente demócrata Barack Obama, fueron literalmente comprados por un gangster que se jacta abiertamente de su generosidad financiera.

Su nombre es Sheldon Adelson y casi nadie ha oído hablar de él fuera de Washington. Pero la revista Forbes lo clasifica como el tercer estadounidense más acaudalado, con una fortuna estimada en 37.000 millones de dólares (equivalente a 27.000 millones de euros).

En el marco del proceso «Citizen United versus Federal Election Commission», la muy conservadora mayoría de la Corte Suprema estadounidense bloqueó, en enero de 2010, la aplicación de una ley casi centenaria que limitaba las sumas de dinero que las grandes empresas privadas pueden dedicar a acrecentar su propia influencia política. La Corte Suprema abrió así a los grandes patrocinadores la posibilidad de brindar [a los políticos estadounidenses] aportes financieros prácticamente ilimitados.

Sheldon Adelson está entre los que hicieron uso de las posibilidades que ofrece esa decisión. Adelson comenzó donando varios millones de dólares para el financiamiento de la campaña electoral del ex senador proisraelí Newt Gingrich. Después de ese fracaso, se estiman en 80 millones –quizás más– el monto total de las donaciones de Adelson a Mitt Ronney, ex candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos que prácticamente se prosterna ante [el primer ministro israelí] Benyamin Netanyahu y que ha llamado incluso a la guerra contra Irán –lo cual es una idea fija del propio Adelson, quien hace poco reclamaba aún un bombardeo nuclear contra ese país.

En un encuentro con varias organizaciones judías organizado en Nueva York, justo después de las elecciones de 2012, el ex primer ministro israelí Ehud Olmert acusó a Benyamin Netanyahu de inmiscuirse abiertamente [en las elecciones presidenciales estadounidenses] a favor del candidato republicano Mitt Romney, tanto a título personal como a través de su promotor financiero Sheldon Adelson.

Las relaciones entre Adelson y Netanyahu Adelson, nacido en Boston, proviene de una familia judía y es poseedor de un pasaporte estadounidense y de un pasaporte israelí. Pertenece al círculo de amigos más cercanos del primer ministro israelí “Bibi” Netanyahu y es uno de sus más importantes pilares financieros. Todo parece demostrar que Adelson es el vínculo entre el «crimen organizado», el Likud (el partido de Netanyahu) y el control de la política de Washington, ya sea mediante un financiamiento directo o a través del AIPAC (Americain Israel Public Affairs Committee).

Adelson ha prometido pagar «lo que sea» para comprar a toda costa el próximo presidente republicano en 2016. Aporta su respaldo a varios candidatos extremistas y proisraelíes, como los senadores republicanos Ted Cruz y John McCain, dos halcones que desempeñaron un importante papel en el golpe de Estado neoconservador orquestado en Ucrania en febrero de 2014. A principios de abril, Adelson invitó a su hotel-casino de Las Vegas a los 4 principales aspirantes a la candidatura republicana para escuchar sus puntos vista y decidir por cuál de ellos va a apostar sus millones. El periodista israelí Uri Avnery señala que Adelson estaba acompañado de guardaespaldas israelíes.

Acusación de lavado de dinero Los miles de millones de Adelson provienen de sus casinos en [la ciudad estadounidense de] Las Vegas y Macao, isla situada frente a Hong Kong y restituida a China después de haber sido una concesión portuguesa. Todo el mundo sabe que el principal objetivo de los casinos es lavar el dinero del crimen organizado. Es evidente que Adelson utiliza esa gran fuente de fondos para comprar políticos, tanto en Israel como en Estados Unidos, para respaldar el intervencionismo militar.

Pero es posible que ahora pese sobre Adelson una importante amenaza. Según el ex agente de la CIA Gene “Chip” Tatum, quien cita fuentes del Departamento de Justicia de Estados Unidos, Adelson pudiera ser arrestado por el lavado de una suma de dinero ascendente a 364 millones de dólares, suma en gran parte utilizada para la compra de votos republicanos en el Congreso y para apoyar al AIPAC, el más poderoso lobby del Likud israelí.

Según Tatum, un «gran jurado» está preparando un procedimiento contra Adelson, acusado de toda una lista de delitos como lavado de dinero, uso indebido de servicios telefónicos y postales con objetivos criminales y conspiración. El socio de Adelson ya está en la cárcel.

Si este escándalo llegase a secar las fuentes de financiamiento que proveen el dinero que Adelson dedica a la política, las consecuencias pudieran llegar a ser dramáticas para la política estadounidense. ¡Manténganse a la escucha, queridos lectores!

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La Tasa Tobin descansa en paz

Xov, 22/05/2014 - 03:01
Henri Wilno, Viento Sur

Hollande se felicitaba el pasado 7 de mayo por la superación en Europa de una “etapa mayor” que va “en el sentido de lo que ha defendido siempre Francia”. En efecto, los ministros de finanzas de los 11 países miembros habían llegado a ponerse de acuerdo la víspera sobre la primera etapa de la puesta en marcha de un impuesto sobre las transacciones financieras...

Ésta aparecería en Europa en 2016 y no afectaría en realidad más que a una parte reducida de los productos financieros. Más franco que Hollande, el diario financiero Les Échos daba su diagnóstico: “un impuesto sobre las transacciones financieras (ITF) que sea una verdadera tasa Tobin no verá probablemente la luz nunca”. James Tobin fue un economista americano que, espantado por la amplitud de las transacciones con las monedas (compras y ventas), lanzó en 1972 la idea de ponerles una tasa para limitar su efecto desestabilizador sobre las economías. Como los especuladores juegan sobre variaciones limitadas de las tasas de cambio, la idea es que una tasa, incluso pequeña, disuadiría la realización de numerosas operaciones. Attac en 1998 retomó la propuesta de Tobin pero extendiéndola al conjunto de las transacciones financieras. El NPA se ha inscrito en el movimiento militante en favor de un impuesto así subrayando sus límites: no bastaría para hacer frente a la especulación financiera, sigue siendo necesario instaurar controles de todos los movimientos de capitales y socializar el sistema bancario.

Vaciado de todo contenido En el contexto de la crisis de 2008, algunos gobiernos (en particular Francia y Alemania), el Parlamento europeo y la Comisión de Bruselas se han pronunciado a favor del impuesto. Se trataba de hecho de crear un cortafuegos en relación al descontento popular suscitado por los miles de millones de euros de ayuda a los bancos sin contrapartidas.

Luego, según se sucedían los consejos de ministros y de jefes de estado europeos, el proyecto se ha vaciado cada vez más de su contenido. Despreciando los compromisos tomados por unos y otros: Hollande en su célebre discurso de Bourget en enero de 2012, Merkel en el acuerdo de coalición realizado en noviembre de 2013 con los socialdemócratas alemanes. Sobre todo porque se agitaban los lobbies bancarios. Éstos han sido oídos, en particular por los socialistas franceses: en el verano de 2013, el ministro de economía y finanzas de entonces, Pierre Moscovici dió marcha atrás, denunciando la “proposición excesiva” de la Comisión.

En el proyecto adoptado hace algunos días por los ministros europeos, la tasación de los productos derivados queda por tanto remitida a las calendas griegas. El proyecto inicial de la Comisión preveía 35.000 millones de ingresos, la tasa debería finalmente procurar unos 5.000 millones... Es menos ambiciosa que un impuesto ya existente en Gran Bretaña y llamado “stamp duty” (derecho de timbre).

La ONG inglesa Oxfam denuncia el “engaño” y Attac se indigna por el papel importante de la Francia de Hollande en este retroceso. El capital ha ganado: no es extraño cuando se ve la prisa de los gobiernos europeos, tanto de derechas como de izquierdas, por satisfacer el más mínimo de sus deseos.
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