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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger5607125
Actualizado: fai 13 horas 59 min

Verdades y mentiras de la crisis griega

Mér, 01/07/2015 - 02:26

Piergiorgio M Sandri, La Vamguardia

Más allá de la contienda política, algunas ideas sobre la situación en Grecia corresponden a tópicos, mientras que otras son ciertas. Estas son algunas de ellas:

"Grecia rompió las negociaciones porque se negó a subir el IVA”

Falso. Los acreedores exigieron que Grecia aumentara el IVA hasta el equivalente del 1% del PIB. Los griegos no se cerraron en banda. Su contraoferta situaba este aumento en el 0,93%. La diferencia entre las dos propuestas, por lo tanto, es mínima. La contienda se ha centrado en el 13% que se aplica a restaurantes y hoteles (que la troika quería elevar al 23%) y en algunos privilegios fiscales de las islas. Atenas no quiso perjudicar al turismo, que es la mayor fuente de su riqueza.

“El gasto público del Estado griego está fuera de control”

Falso. El gasto público en Grecia en 2014, disminuyó un 18,21%. Esta cifra supone que el año pasado alcanzó el 49,30% del PIB, una caída de 9,9 puntos respecto a 2013, cuando el gasto fue el 59,20%. En 2009, el gasto per cápita era de 11.151 euros, en 2014 se ha reducido un 28% hasta 8.039 euros por habitante. Por lo tanto, los datos dicen que es el país de Europa que más lo ha recortado en los últimos años, incluso en términos estructurales (es decir, sin contar los factores asociados al ciclo de la economía). Para que se tenga una idea, desde la crisis el gasto público en España se ha reducido mucho menos: ha pasado del 45,4% al 43,6%. Lo que es cierto es que el peso del gasto público en la economía griega sigue siendo excesivo.

“El sector defensa tiene un peso excesivo en la economía griega”

Verdadero. Grecia es uno de los países más militarizados de la Unión Europea: dedica un 2,3% del PIB a gasto militar. Ocupa la tercera posición dentro de los países de la OTAN, justo detrás de EE.UU. y Reino Unido, países que, a diferencia de los helenos, los anglosajones están involucrados directamente en operaciones militares alrededor del mundo. El país ocupa el cuarto lugar del mundo como comprador de armas. Grecia tiene más tanques que Alemania, Francia e Italia juntas. Antes de la crisis, el gasto militar de Grecia llegaba al 4 por ciento del PIB, y era, de lejos, el más alto de Europa. Hay que señalar que desde la crisis que estalló en 2008 el presupuesto en defensa se ha reducido de los 7.500 millones de euros de 2009, a 5.500 millones de euros en 2014. En este sentido, Atenas ha hecho los deberes, pero le queda mucho por hacer. Los miedos atávicos de una guerra con Turquía y la exigencia de potenciar algunos sectores económicos hacen que esta partida siga siendo, en proporción, muy grande.

“Atenas estos años no quiso despedir a los funcionarios”

Falso. Grecia aceptó recortar la plantilla de funcionarios en 15,000 personas durante las negociaciones del primer rescate. En abril de este año el país informó que había reducido su plantilla de trabajadores públicos en unas doscientos mil personas desde 2009 y disminuido el coste salarial del sector en ocho mil millones de euros anuales. No obstante, con la llegada del gobierno de Tsipras se prevé volver a contratar unos 4.000 funcionarios públicos despedidos anteriormente.

“La deuda griega se ha disparado en los últimos años”

Falso. En Grecia la deuda ha caído en los últimos años. Ha pasado de deber 355.954 millones de euros en 2011 a 317.094 millones en 2014, lo que supone un descenso de casi el 11%. Los griegos tampoco son los más endeudados de la Zona Euro, ya que, según su deuda per cápita, se encuentran en quinta posición por detrás de Irlanda, Italia, Austria y Francia. El problema es que el PIB en el mismo período se ha desplomado, con lo que, según los últimos datos, la deuda de Grecia es del 177,10% de PIB. Esto explica porque Grecia es el país con mayor deuda respecto al PIB de la Eurozona, muy alejado de Italia, que está situada en el segundo lugar, con una deuda del 132,10% del PIB.

“El sistema de pensiones de Grecia no es sostenible”

Verdadero. El sistema de pensiones representa un coste de 13.000 millones al año, es decir el 16% del gasto público. El problema es que un griego de cada seis, de edad comprendida entre los 50 y los 59 años, está jubilado. Este dato representa cuatro veces la media de la UE. Este grupo de personas, situados en la década de los cincuenta son el más numeroso de todos los jubilados griegos. Con estas cifras el equilibrio no se sostiene. Lo que desata alarmas es que El 45% de los jubilados cobran menos de 665 euros al mes, por debajo de la línea que los considera pobres.

“El salario mínimo en Grecia es demasiado alto”

Verdadero. En la actualidad es de 683 euros. Es el doble que el vigente en los países bálticos y de Hungría. Es superior al de Portugal y Polonia. Es seis veces el de Bulgaria. Prácticamente el doble del croata. Pese a ello, Tsipras ha anunciado su intención de volver a subirlo. En su defensa hay que reconocer es que el salario mínimo griego bajó en los últimos años, pero es que venía de niveles excesivos: para que se tenga una idea, en enero de 2012 era incluso de 876 euros: ¡más alto que el español!. En cambio, lo que preocupa la evolución a la baja del salario medio: en Grecia en 2014 fue de 20.168 euros al año, es decir 1.681 euros al mes, si hacemos el cálculo suponiendo 12 pagas anuales. En 2010 superaba los 24.000 euros, lo que supone que los trabajadores han sufrido una pérdida de poder adquisitivo estos años.

“En Grecia nadie paga impuestos”

Falso. Quién paga en Grecia, paga bastante. El peso de los ingresos fiscales en el PIB supera el 45%. Está en línea con la media de la UE. Y es un porcentaje superior al de España. Dependiendo del ranking, Grecia se sitúa entre los quince países del mundo con mayor presión fiscal. El desequilibrio de las finanzas públicas griegas se debe excesivamente al exceso de gasto. Esto no significa que no haya evasión o economía sumergida (que la hay). Pero precisamente porque el peso los impuestos en la economía griega sea bastante elevado, muchos griegos deciden evadir el fisco.

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¿De verdad puede Europa prescindir de Grecia? El cálculo fatalmente catastrófico

Mar, 30/06/2015 - 23:55
Wolfgang Münchau, Sin Permiso

¿Salida de Grecia de la Eurozona? ¡Perfectamente controlable! Este error de cálculo fatal está ampliamente difundido ahora en Europa. Sin embargo, las consecuencias de un Grexit serían terribles a largo plazo. Y menos para Grecia que para el resto de la Eurozona.

Hoy [23 de junio] se decidirá. Estamos posiblemente ante uno de los momentos más cruciales de la historia europea moderna. Los últimos anuncios parecían más bien positivos. Pero incluso un acuerdo en la eurocumbre de la UE el lunes [22 de junio] por la tarde en Bruselas no significa necesariamente que el problema esté resuelto. La letra pequeña será más importante que los titulares.

Me gustaría especificar de qué va esto y lo que podría pasar su Grecia se despidiera del Euro. Y no desde una perspectiva griega, sino desde una perspectiva alemana.

* El Grexit pondría fin a la ilusión, según la cual Grecia puede servir sus deudas. Alemania y Francia deberían contar con pérdidas conjuntas rayanas en los 160 mil millones de euros. Aun si los tribunales determinaran que Grecia debe seguir sirviendo su deuda en euros, poco cambiaría. El dinero, simplemente, no está.

* Además, están los costes para los mercados financieros. El mundo es ahora más seguro que en el momento de la caída del banco de inversión Lehman Brothers en 2008. Pero nadie sabe si los mercados podrían aguantar una bancarrota en Grecia. Hay aquí demasiadas ramificaciones que no podemos estimar desde fuera.

* Y luego hay, además, un clase de costes que ni siquiera podemos cifrar indiciariamente. Si los inversores y los depositantes privados llegaran a la conclusión que, con la salida de Grecia, la Unión Monetaria habría cambiado esencialmente, la cosa saldrá harto más cara.

Una Unión Monetaria está de por vida en situación de libertad condicional La esencia de una Unión Monetaria no es la moneda única, sino su irreversibilidad. Se puede entrar en ella, si se cumplen determinados criterios. Pero no se sale de ella jamás. Una Unión Monetaria está de por vida en situación de libertad condicional.

Con el Grexit eso cambia. Tendremos que preguntarnos qué hará Italia, si la política de reformas de Matteo Renzi naufraga. Qué pasa, si tampoco allí arranca el crecimiento y no baja el desempleo. De los tres grandes partidos políticos italianos, dos están contra el euro. El tercero, el partido de Silvio Berlusconi, ha llegado a desarrollar ya tendencias euroescépticas. Imagínense ustedes simplemente que el Grexit funciona para Grecia desde el punto de vista económico, aun con las previsibles dificultades iniciales. Tras uno o dos años, el shock habría sido digerido, y entonces se iría para arriba. ¿Cómo verá esto Italia? ¿No confirmará esto a los euroescépticos en su juicio de que Italia haría bien en abandonar el euro y beneficiarse de una devaluación masiva?

Y luego están los costes políticos, difícilmente cuantificables. Grecia es y se mantiene como miembro de pleno derecho de la Unión Europea y de la OTAN. Las amenazas de que una salida del euro traería ineluctablemente una salida de la UE son pura –y peligrosa— palabrería. No hay ningún mecanismo por el que la UE pueda forzar la salida de un país democrático. Ni siquiera se ha puesto en cuestión la pertenencia de Hungría, aun cuando motivos no faltan. Grecia, así pues, seguiría siendo miembro de la UE, seguiría teniendo por consiguiente derecho a subvenciones del presupuesto de la UE y, encima, su primer ministro mantendría un derecho de veto en el Consejo Europeo.

En todo caso, habría que esperar que tanto Grecia como Chipre profundicen su colaboración milutar con los rusos. Sería entonces sólo cuestión de tiempo que llegáramos a ver bases militares rusas en el Mediterráneo.

Para Grecia, un Grexit representaría un gran shock a corto plazo, del que se recuperaría económicamente a largo plazo. Para nosotros, exactamente lo opuesto. A corto plazo, los costos son despreciables. A largo plazo, se aceleraría la decadencia de la UE. Impedir el Grexit debería ser la prioridad más destacada de la política alemana u europea. En interés propio.

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Grecia pide un tercer rescate a dos años que incluya una reestructuración de la deuda

Mar, 30/06/2015 - 17:46

El Gobierno griego ha propuesto hoy a sus socios firmar un préstamo de 29.100 millones de euros a dos años con el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), una reestructuración de su deuda con el Fondo de Estabilidad Financiera (FEEF) y una breve prórroga del rescate que expira esta medianoche.

El objetivo de esta propuesta es poder cubrir "plenamente las necesidades de financiación y la reestructuración simultánea de la deuda", señalaron fuentes del Ejecutivo. La solicitud fue hecha por el primer ministro griego, Alexis Tsipras, en una carta dirigida al presidente del Eurogrpupo, Jeroen Dijsselbloem, y al jefe del MEDE, Klaus Regling, con copia al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y al comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Pierre Moscovici.

En la carta, filtrada por el portal informativo The Toc, Tsipras solicita al MEDE apoyo financiero durante dos años con el objetivo exclusivo de poder hacer frente al pago de sus deudas en el exterior y en el interior.

Además pide reestructurar la deuda que mantiene con el FEEF con el objetivo de hacerla sostenible. Al vencimiento del préstamo o incluso antes, Grecia tiene la intención de haber recuperado "acceso consistente" a los mercados internacionales de capitales, para poder cumplir sus necesidades futuras de financiación.

"Hasta que haya un acuerdo sobre el préstamo y que este se ponga en marcha Grecia pide al Eurogrupo una prórroga por un periodo corto, con objetivo evitar un impago técnico (technical default)", añade Tsipras en su carta, que el citado portal presenta en formato digitalizado.

Tsipras solicita el préstamo en base al artículo 13 del tratado de MEDE, según el que un miembro de este mecanismo puede solicitar ayuda a la estabilidad si tiene dificultades para financiarse a través del mercado. El Gobierno griego ha solicitado repetidamente que se trasfiera la deuda del Banco Central Europeo al MEDE para mejorar las condiciones de devolución y de intereses, petición que los socios han rechazado hasta ahora.

Dijsselbloem ha convocado para las 19.00 horas una videoconferencia extraordinaria del Eurogrupo para analizar esta nueva propuesta. Independientemente de la solicitud, fuentes gubernamentales recalcaron indirectamente que el Gobierno mantiene su recomendación del 'no' en el referéndum del próximo domingo sobre la propuesta de las instituciones -CE, BCE y FMI-, conocidas como la troika.

El Gobierno griego reclamará "hasta el final un acuerdo sostenible dentro del euro. Este será el mensaje de un 'no' a un mal acuerdo en el referéndum el domingo", señalaron. "Desde el primer momento dejamos claro que la decisión de convocar un referéndum no es el final sino la continuación de las negociaciones con mejores condiciones para el pueblo". Tsipras ha mantenido esta mañana una serie de consultas de última hora con varias capitales europeas y la CE en busca de una solución al bloqueo de las negociaciones, tras la conversación telefónica mantenida anoche con Juncker.

El presidente de la CE pidió a Tsipras que aceptara la última propuesta de las instituciones, publicada el domingo por Juncker, que contempla algunas mejoras, y a cambio, comprometerse a pedir el 'sí' en el referéndum. El Gobierno confirmó que durante esta mañana Tsipras ha hablado nuevamente con Juncker, además de con el gobernador del BCE, Mario Draghi, y con el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz.

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La lección de democracia del “catalizador griego”

Mar, 30/06/2015 - 14:11

Alberto Rabilotta, Alainet

Con la decisión del gobierno y el Parlamento griego de convocar el próximo 5 de julio a un referendo para que los ciudadanos decidan si aprueban o rechazan el dictado de la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) –la Troika-, el gobierno de Syriza ha llevado la cuestión de la crisis de la deuda al lugar que le pertenece, o sea al nivel político de la decisión popular, para que el pueblo decida la crucial cuestión política de si la sociedad existe o no, de si el pueblo es soberano o no.

Este referendo sobre “soberanía o sumisión” llega después de cinco meses de negociaciones entre el gobierno dirigido por el primer ministro Alexis Tsipras y la Troika, un proceso en el cual el gobierno de Syriza incorporó al pueblo haciendo públicas sus posiciones y las crecientes exigencias de la Troika.

Este fue un proceso de aprendizaje tanto para el pueblo como para el gobierno, ya que –como dijo Tsipras en su anuncio del referendo (1)- “luego de cinco meses de duras negociaciones, nuestros socios han emitido en el Eurogrupo de anteayer (en referencia al jueves 25 de junio) un ultimátum a la democracia griega y a su pueblo. Un ultimátum que es contrario a los principios fundacionales y a los valores de Europa, los valores de nuestro proyecto común europeo”.

De entrada Syriza aceptó las reglas del juego impuestas por la Unión Europea (UE) y negoció sobre las bases –como decíamos en el artículo “El catalizador griego” (1)- “de supervivencia social enunciadas en el Programa de Tesalónica, por el cual los ciudadanos griegos votaron en primer lugar”, con la salvedad, como entonces subrayó Tsipras, de que Grecia "es un país soberano, tenemos una democracia, tenemos un contrato con nuestro pueblo y lo vamos a respetar".

Partido de principios y soberanía popular Era claro desde el principio que Syriza es un “partido de la izquierda radical”, como lo indica su nombre, pero que llegó al gobierno con apenas un poco más del tercio de los votos y que para alcanzar la mayoría en el Parlamento tuvo que coaligarse con el partido nacionalista Griegos Independientes. El resultado electoral, para cualquier análisis realista, implicaba que Syriza no podía asumir lo que algunos esperaban –con esperanza en la izquierda y con miedo en la cúpula de la UE-, o sea una decisión radical, como declararse en default y abandonar el euro.

Syriza planteaba (y sigue haciéndolo) la necesidad de transformar el modelo neoliberal de la UE –la estabilidad monetaria y las finanzas es todo y la sociedad no existe- para convertirlo en un modelo que dé prioridad a lo social, que compense las grandes asimetrías económicas existentes entre los países de la UE y que respete el principio de soberanía nacional cuando los pueblos así lo decidan, entre otras reivindicaciones muy legítimas.

Los dirigentes de Syriza nunca cerraron puertas a políticas radicales que llevasen a un default de la deuda, pero saben que Grecia no es Islandia (que no formaba parte de la UE) ni tampoco la Argentina (en lo económico), lo que significaba que cualquier radicalización debía responder al factor principal: ¿Está el pueblo griego dispuesto a enfrentar los sacrificios de un default para defender su soberanía?

No se puede culpar a Tsipras… Hasta muy recientemente los sondeos han mostrado que no ¿Por qué? Por la simple razón de que el totalitarismo del sistema neoliberal de la UE ha logrado “acuñar” el euro en el pensamiento colectivo, como el “escudo protector” contra los males de la inflación, la inestabilidad cambiaria, y vaya a saber cuántas ilusiones más que constituyen actualmente la barrera de protección de la Troika.

Esta realidad, que no es diferente de la que encontramos en Italia, España, Portugal y otros países que el euro está estrangulando económica y socialmente, solo dejaba a Syriza la vía de emprender un difícil camino de negociar con la UE –a partir de un programa modesto, como es el de Tesalónica, pero aun así inadmisible para la Troika de la UE-, de tener que retroceder donde fuera necesario pero sin ceder en los principios y el mandato básico que había recibido en las elecciones, y hacer partícipe al pueblo griego de este proceso con vistas a que llegado el momento tuviera la oportunidad y el deber de sacar las conclusiones definitivas.

Si hay algo que debe reconocerse en este encomiable y democrático ejercicio de acción política es que no se puede avanzar radicalmente más allá de los límites de la voluntad popular, y en ese sentido la estrategia política de Syriza respeta y se ajusta al principio de que el pueblo tendrá la última palabra.

No hay que sorprenderse pues, de que la convocatoria referendaria sea criticada en los diarios y las agencias de los financieros. Por ejemplo, y con la candidez de quien adhiere a la teología de “la economía es todo y la sociedad no existe”, el economista británico Philips Shaw de la firma de inversiones Investec, criticó el referendo porque “usualmente en las democracias, son los tecnócratas y los políticos que se ocupan de los detalles, mientras los votantes son preguntados sobre asuntos amplios y de principios. Este (referendo) es una transferencia de responsabilidad del Parlamento a los electores”(3)

La casi totalidad de pronunciamientos y “análisis” de los últimos días giran en torno a la negociación y al fracaso, atribuido en general a la incomprensión del gobierno de Syriza frente a las “duras pero sensatas” políticas de la Troika, que constituyen –nos dicen esos economistas y políticos que no viven la realidad de la austeridad-, la única salida al mantenimiento de Grecia en la zona euro (ZE) y a la existencia futura de una economía viable en Grecia. Raramente, como en un artículo del New York Times (NYT), se menciona que Tsipras dijo al Parlamento que la decisión de convocar a un referendo es para “honorar la soberanía de nuestro pueblo”, o que exhortó a que los griegos den un “gran NO al ultimátum” de los acreedores, reafirmando que su gobierno respetará el resultado del plebiscito, “no importa cuál sea”. Y el NYT cita a Panos Kammenos, dirigente del partido nacionalista Griegos Independientes que forma parte de la coalición de gobierno, quien describió el comportamiento de los acreedores hacia Grecia como “fascismo absoluto” y destinado a subyugar al pueblo griego: “Nos están pidiendo que nosotros aniquilemos a Grecia, dijo en un discurso interrumpido por sollozos” (4) Una de las pocas interpretaciones realistas fue la del economista Paul Krugman, quien en su “blog” del NYT (5) señaló que “hasta ahora cada señal de una inminente ruptura de (la zona) euro fue falsa. Los gobiernos, no importa lo que digan durante las elecciones, ceden a las demandas de la Troika; mientras tanto, el BCE da los pasos para calmar a los mercados. Este proceso ha mantenido unida (la zona) euro, pero ha perpetuado la profundamente destructiva austeridad –no dejemos que unos pocos trimestres de modesto crecimiento en algunos países deudores oscurezcan el inmenso costo de cinco años de desempleo masivo”.

Agrega, el también Nobel de economía, que en términos políticos los grandes perdedores de este proceso han sido los partidos de centro-izquierda, cuyo sometimiento a (las políticas) de austeridad –y por lo tanto el abandono de lo que supuestamente estaban a favor-, les ha hecho más daños que esas mismas políticas a los partidos de centro-derecha. Me parece que la expectativa de la Troika –pienso que es tiempo de dejar de pretender que algo ha cambiado, y retornar al viejo nombre- o lo que al menos esperaba, es que Grecia fuera una repetición de esa historia. Que Tsipras hiciera lo usual, abandonar una parte de su coalición y probablemente verse forzado a una alianza con la centro-derecha, o que el gobierno de Syriza cayera. Lo que puede pasar. Pero al menos hasta ahora, continúa Krugman, Tsipras no parece decidido a aceptar una derrota. Al contrario, frente al ultimátum de la Troika ha programado un referendo sobre si hay que aceptarlo. Esto ha llevado a muchas discusiones y declaraciones que lo presentan como irresponsable, pero de hecho él está haciendo lo correcto, por dos razones. Primero, si gana el referendo, el gobierno griego saldrá fortalecido por la legitimidad democrática, que sigue teniendo, pienso yo, importancia en Europa (Y si no la tiene, eso también necesitamos saberlo).

Según Krugman, hasta ahora Syriza ha estado en una difícil situación política, con los votantes al mismo tiempo furiosos contra las nunca satisfechas exigencias de austeridad y no dispuestos a abandonar el euro, y agrega que siempre ha sido difícil –y sigue siéndolo- ver cómo reconciliar ambas posiciones, y seguidamente apunta que el referendo plantea a los votantes, en efecto, que escojan su prioridad, y eso le da a Tsipras el mandato para hacer lo que debe si la Troika lo empuja en ese camino.

Krugman finaliza expresando que si le preguntaran, diría que “empujar las cosas hasta este punto ha sido un acto de monstruosa locura de parte de los gobiernos e instituciones acreedores. Pero lo han hecho y no puedo culpar a Tsipras por dirigirse a los votantes, en lugar de volverse contra ellos”.

El choque en cámara lenta del tren económico de Grecia no solo está erosionando la defectuosa unión monetaria. No importa cuál sea el resultado de las reuniones de crisis de esta semana entre los líderes europeos en Bruselas, el prestigio de las dos instituciones que son elementos claves del acuerdo posterior a la segunda Guerra Mundial, el FMI y la UE en sí misma, han sufrido un daño permanente. Rara vez los líderes de las instituciones del mundo Occidental se han mostrado tan ineptos estratégicamente como lo han hecho frente a la crisis en Grecia, con respuestas impregnadas de pánico y rencor, escribe Peter Tasker –un analista basado en Tokio-, en la publicación Nikkeii Asian Review (6). Tasker señala que aún ahora, la prioridad absoluta de la elite europea –el club de “la vieja Europa” encabezado por Alemania-, parece querer mantener la divisa euro en su forma actual, no importa su costo en términos de desempleo y colapso social en el sur de Europa. La alternativa de sentido común, permitir que un país pueda manejar su controlada salida del euro y reestructurar sus deudas mientras sigue siendo miembro de la UE, es demasiado tabú como para ser discutida.

Soberanía o sumisión Será la expresión soberana del pueblo la que decidirá si quiere sobrevivir en tanto que tal, con todas las ventajas y sacrificios que implica a corto y mediano plazo el rechazo de las exigencias de la Troika, o si acepta someterse al dictado de la Troika para seguir aplicando el despiadado régimen de austeridad destinado a satisfacer a los acreedores de una deuda en gran parte ilegal y, más importante aún, a sentar el ejemplo de que es necesario enterrar definitivamente la soberanía de los pueblos para poder así someterlos per secula seculorum a pagar una renta a los oligarcas que controlan el parasitario sistema financiero occidental.

Cuando escribí “El catalizador griego”, la razón principal era la de hacer ver que el triunfo electoral de Syriza era un fenómeno político importante porque ponía sobre la mesa la cuestión “soberanía o sometimiento” de los pueblos en el contexto del sistema de gobernanza de la UE, señalando que se abría una lucha política caracterizada por una terrible asimetría.

Señalaba que en “el origen de estos fracasos está la falta de democracia en el sistema de gobierno y ese funcionamiento de tipo empresarial que quedó bien en claro en 2011, cuando la CE cambió de un plumazo a los primeros ministros de dos gobiernos nacionales porque no obedecían al pie de la letra las ordenes de la CE, del BCE y del FMI, de la Troika: Yorgos Papandreu, primer ministro de Grecia, reemplazado por Lukas Papademos (2011-2012) y Silvio Berlusconi, primer ministro de Italia, por Mario Monti (2011-2013). O sea que la Troika desalojó a gobernantes electos para poner a sus procónsules, que habían hecho carrera en el sistema financiero de Wall Street y la UE”.

Y que “al oponerse a este sistema, Syriza no solamente sienta un excepcional ejemplo sino que pone en tela de juicio el rígido sistema de gobernanza, que de paso hay que aclarar que es un término muy usado para definir en la UE el sistema de gobierno, pero en realidad apropiado para la verticalidad del sistema de toma de decisiones de las empresas transnacionales o de las antiguas monarquías absolutas, y no para las sociedades democráticas o que se dicen tal”.

Lo importante de este proceso, que dentro de Grecia fue comunicado al pueblo para que tuviera la última palabra, es que ha hecho renacer la opción política, basada en la soberana voluntad popular, lo cual –no importa el resultado del referendo-, es una derrota importante y de vastas consecuencias para el totalitarismo de los mercados, el neoliberalismo.

Nadie ignora que lo que ha sucedido y sucederá en Grecia es muy importante para el proceso en curso en España, donde el dirigente de Podemos, Pablo Iglesias, dijo que en su opinión “el problema no es Grecia, el problema es Europa. Alemania y el FMI están destruyendo el proyecto político de Europa () están atacando a la democracia” (7)

Syriza entre el No y el SI Los referendos sobre asuntos cruciales tienen que dar resultados inapelables, en uno u otro sentido, y más cuando el gobierno que los convoca afirma, como es el caso con Syriza, que respetará el resultado.

Si el resultado es claramente mayoritario por el NO a las exigencias de la Troika, el gobierno de Syriza saldrá fortalecido y la Troika sufrirá una primera y gran derrota política, que junto a las disidencias internas sobre la agresiva política de la UE contra Rusia, la creciente oposición popular contra el Tratado Transatlántico con Estados Unidos y el rechazo al `sistema de cuotas` para recibir los refugiados e inmigrantes ilegales, puede poner en tela de juicio el sistema de gobernanza de la UE.

Un triunfo de Syriza podría, si se corrige un tanto la inepcia de la dirigencia de la UE, como la define Tasker, abrir paso a una negociación sentada en otros términos que aquellos fijados exclusivamente por los acreedores. Pero si la inepcia persiste en la cúpula de la UE no es descartable que como única vía quede la confrontación, lo que puede llevar a la salida de Grecia de la ZE y de la UE.

Si el pasado y el presente sirven de referencia, no hay muchas esperanzas de cambios reales en esa cúpula, más allá de las buenas palabras que edulcoran las malas políticas.

El futuro de Syriza en el gobierno no debe depender necesariamente de un resultado desfavorable en el plebiscito del 5 de julio, a menos de una derrota con márgenes bien superiores al 50 por ciento que sirva a las fuerzas de la oposición y al megáfono de la UE para crear una desestabilización política en medio de la grave crisis de liquidez monetaria que la BCE ya provocó al cerrarle a Grecia el uso de los fondos de urgencia.

El proceso comenzado por Syriza, de negociar sin tapujos y de mostrar en la práctica lo bien fundado de las reivindicaciones de la izquierda radical ha servido tanto para el gobierno como para el pueblo, es muy valioso y debería ser preservado y profundizado porque en definitiva es el único proceso que puede convertir al pueblo de espectador en actor, y hacer renacer la política como instrumento para fortalecer (y no enterrar) la democracia en la UE, y servir de guía a las experiencias que sin duda vivirán otros pueblos muy próximamente.

En síntesis, esta es la lección del “catalizador griego”.
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Notas:
1.- Discurso de Alexis Tsipras, primer ministro de Grecia, anunciando la convocatoria al referendo griego, Página/12, 29 de junio 2015. http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo
2.- El catalizador griego, ALAI http://www.alainet.org
3.- http://www.bloomberg.com/news/articles/2015-06-28/tsipras-asking-grandma-to-figure-out-if-greek-debt-deal-is-fair
4.- NYT: http://www.nytimes.com/2015/06/28/world/europe/for-eurozone-a-day-of-dueling-agendas-on-greek-debt.html
5.- Blog de Paul Krugman http://krugman.blogs.nytimes.com/2015/06/27/europes-moment-of-truth/
6.- Peter Tasker http://asia.nikkei.com/Viewpoints/Perspectives/Twilight-of-the-technocrats-settles-on-eurozone
7.- http://www.reuters.com/article/2015/06/27

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Paul Krugman: Grecia debe votar No

Mar, 30/06/2015 - 09:00
Es evidente, desde hace tiempo, que la creación del euro fue un terrible error. Europa nunca tuvo las condiciones previas para una moneda única de éxito, por encima de todo, el tipo de unión fiscal y bancaria que, por ejemplo, asegura que cuando la burbuja inmobiliaria estalla en Florida, Washington protege automáticamente a la tercera edad de cualquier amenaza sobre su atención sanitaria o sobre sus depósitos bancarios.

Abandonar una unión monetaria es, sin embargo, una decisión mucho más difícil y más aterradora que nunca; hasta ahora las economías con más problemas del Continente han dado un paso atrás cuando se encontraban al borde del abismo. Una y otra vez, los Gobiernos se han sometido a las exigencias de dura austeridad de los acreedores, mientras que el Banco Central Europeo ha logrado contener el pánico en los mercados.

Pero la situación en Grecia ha alcanzado lo que parece ser un punto de no retorno. Los bancos están cerrados temporalmente y el Gobierno ha impuesto controles de capital (límites al movimiento de fondos al extranjero). Parece altamente probable que el Ejecutivo pronto tendrá que empezar a pagar las pensiones y los salarios en papel, lo que, en la práctica, crearía una moneda paralela. Y la semana que viene el país va a celebrar un referéndum sobre la conveniencia de aceptar las exigencias de la troika —las instituciones que representan los intereses de los acreedores— de redoblar, aún más, la austeridad.

Grecia debe votar "no", y su Gobierno debe estar listo para, si es necesario, abandonar el euro.

Para entender por qué digo esto, debemos primero ser conscientes de que la mayoría de cosas —no todas, pero sí la mayoría— que hemos oído sobre el despilfarro y la irresponsabilidad griega son falsas. Sí, el gobierno griego estaba gastando más allá de sus posibilidades a finales de la década de los 2000. Pero, desde entonces ha recortado repetidamente el gasto público y ha aumentado la recaudación fiscal. El empleo público ha caído más de un 25 por ciento, y las pensiones (que eran, ciertamente, demasiado generosas) se han reducido drásticamente. Todas las medidas han sido, en suma, más que suficientes para eliminar el déficit original y convertirlo en un amplio superávit.

¿Por qué no ha ocurrido esto? Porque la economía griega se ha desplomado, en gran parte, como consecuencia directa de estas importantes medidas de austeridad, que han hundido la recaudación.

Y este colapso, a su vez, tuvo mucho que ver con el euro, que atrapó a la economía griega en una camisa de fuerza. Por lo general, los casos de éxito de las políticas austeridad —aquellos en los que los países logran frenar su déficit fiscal sin caer en la depresión—, llevan aparejadas importantes devaluaciones monetarias que hacen que sus exportaciones sean más competitivas. Esto es lo que ocurrió, por ejemplo, en Canadá en la década de los noventa, y más recientemente en Islandia. Pero Grecia, sin divisa propia, no tenía esa opción.

¿Quiero decir con esto que sería conveniente el Grexit —la salida de Grecia del euro—? No necesariamente. El problema del Grexit ha sido siempre el riesgo de caos financiero, de un sistema bancario bloqueado por las retiradas presa del pánico y de un sector privado obstaculizado tanto por los problemas bancarios como por la incertidumbre sobre el estatus legal de las deudas. Es por eso que los sucesivos gobiernos griegos se han adherido a las exigencias de austeridad, y por lo que incluso Syriza , la coalición de izquierda en el poder, estaba dispuesta a aceptar una austeridad que ya había sido impuesta. Lo único que pedía era evitar una dosis mayor de austeridad.

Pero la troika ha rechazado esta opción. Es fácil perderse en los detalles, pero ahora el punto clave es que los acreedores han ofrecido a Grecia un "tómalo o déjalo", una oferta indistinguible de las políticas de los últimos cinco años.

Esta oferta estaba y está destinada a ser rechazada por el primer ministro griego, Alexis Tsipras: no puede aceptarla porque supondría la destrucción de su razón política de ser. Por tanto, su objetivo debe ser llevarle a abandonar su cargo, algo que probablemente sucederá si los votantes griegos tanto la confrontación con la troika como para votar sí la semana que viene.

Pero no deben hacerlo por tres razones. En primer lugar, ahora sabemos que la austeridad cada vez más dura es un callejón sin salida: tras cinco años, Grecia está en peor situación que nunca. En segundo lugar, prácticamente todo el caos temido sobre Grexit ya ha sucedido. Con los bancos cerrados y los controles de capital impuestos, no hay mucho más daño que hacer.

Por último, la adhesión al ultimátum de la troika conllevaría el abandono definitivo de cualquier pretensión de independencia de Grecia. No nos dejemos engañar por aquellos que afirman que los funcionarios de la troika son sólo técnicos que explican a los griegos ignorantes lo que debe hacerse. Estos supuestos tecnócratas son, en realidad, fantaseadores que han hecho caso omiso de todos los principios de la macroeconomía, y que se han equivocado en cada paso dado. No es una cuestión de análisis; es una cuestión de poder: el poder de los acreedores para tirar del enchufe de la economía griega, que persistirá mientras salida del euro se considere impensable.

Así que es hora de poner fin a este inimaginable. De lo contrario Grecia se enfrentará a la austeridad infinita y a una depresión de la que no hay pistas sobre su final.

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La Gran Depresión griega: caída del 25% del PIB y 1 millón de empleos perdidos

Lun, 29/06/2015 - 16:27

La situación con la que Grecia vivirá el referéndum del próximo 5 de julio es la de un país que no encuentra salida a una crisis que amenaza con convertirse en eterna. Desde que se firmó el primer rescate, en mayo de 2010, todos los indicadores económicos se sitúan en terreno negativo y el rebote no se ve a corto plazo. A pesar de que en el año 2014 Grecia logró crecer durante tres trimestres, los datos referentes al Producto Interior Bruto (PIB) no son optimistas. De los últimos 23 trimestres (más de cinco años), sólo ha logrado cifras positivas durante nueve meses.

Según distintas estimaciones, su PIB se ha encogido entre un 25 y un 30% desde que se firmó el primer rescate, una destrucción económica superior incluso a la de EEUU durante la Gran Depresión. Esta contracción casi permanente también afecta al mercado laboral. En el último año se ha estabilizado la pérdida de empleo, pero antes ya había perdido a uno de cada cinco ocupados. Según la última Encuesta de Población Activa (EPA), ahora mismo en Grecia hay 3,5 millones de ocupados, 900.000 menos que en el año 2010. Estos cinco años de rescate han eliminado más de uno de cada cinco puestos de trabajo.

Paralelamente, la tasa de paro ha pasado del 11,6% al 25,6% de la población activa, aunque llegó a ser del 27% en el año 2013. Actualmente, hay casi los mismos ocupados (3,5 millones) que inactivos (3,3 millones). En este contexto, no es de extrañar que los salarios acumulen cinco años de descensos. El peor ejercicio fue 2013 cuando los sueldos bajaron más de un 7%. La Comisión Europea esperaba este año un mínimo aumento, del 0,1%, que pondría fin a estos cinco años de descensos.

Otro de los indicadores que hace mucho desconoce el terreno positivo es el Índice de Precios de Consumo (IPC). Según el Instituto de Estadística griego, la deflación dura ya 27 meses y la última vez que conocieron un IPC en positivo fue en febrero de 2013. En los últimos 12 meses la tasa de inflación ha promediado el -2 por ciento. Mientras tanto, la deuda pública no deja de crecer y al final del año pasado rozaba el 180% del PIB. Las "ayudas" europeas con el rescate a la banca helena, no hicieron más que hundir la economía griega.

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Alemania, Francia e Italia rechazan la instalación de armas nucleares de EEUU contra Rusia

Lun, 29/06/2015 - 11:00

Alfredo Jalife-Rahme. La Jornada

¿Anhela Estados Unidos combatir nuclearmente a Rusia hasta el último ciudadano europeo? Aún el excelso Boletín de los Científicos Atómicos no actualiza su reloj apocalíptico, que en enero había sido colocado a tres minutos de medianoche (http://goo.gl/QKiQ5x).

Estados Unidos –único país que ha lanzado dos bombas nucleares sobre las mártires ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, lo cual parece haber olvidado su pugnaz premier Shinzo Abe– se apresta a librar pequeñas guerras nucleares mediante operaciones nucleares controladas, lo cual propone su think tank Centro Estratégico de Estudios Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés) en su reciente documento perturbador Proyecto Átomo: definiendo la estrategia nuclear de EEUU y la postura para 2025-2050, que considera la utilización del arsenal nuclear –basado en la nueva generación de ojivas tácticas y sus sistemas de lanzamiento– en una guerra contra Rusia o China.

El muy influyente portal alemán Der Spiegel denuncia que Washington una vez más habla de estacionar sus ojivas nucleares en Europa y Rusia, también, levanta la retórica, mientras los “europeos están preocupados de encontrarse atrapados en medio de una nueva guerra fría” (http://goo.gl/ky9cc8). Der Spiegel escudriña con microscopio la presente sensible situación, que puede convertir a Europa en el teatro de una tercera guerra, que inevitablemente sería nuclear, entre las dos máximas superpotencias atómicas del planeta: Estados Unidos y Rusia.

El portal alemán devela que durante una reciente reunión de ministros de Defensa de la OTAN, los alemanes y los franceses se pronunciaron contra medidas de represalia mediante la instalación de misiles nucleares de Estados Unidos en suelo europeo, cuando los alegatos de Washington sobre la pretendida ruptura por Rusia del Tratado de Fuerzas Intermedias Nucleares (INF, por sus siglas en inglés) –cuyo acuerdo entre Reagan y Gorbachov significó el fin de la guerra fría– son muy dudosos.

Lo real es que una aplastante mayoría de alemanes no desea nuevas armas nucleares de Estados Unidos en Europa. Al contrario, preferirían (sic) que sean retiradas las últimas bombas atómicas de Estados Unidos almacenadas cerca de Buchel, en Alemania occidental. Mientras la intimidad de los mandatarios de Francia y Alemania ha sido motivo del obsceno espionaje de la ominosa Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, el ministro alemán de relaciones exteriores, Frank-Walter Steinmeier, ha descrito la exhumación de “los viejos reflejos de la guerra fría”, al unísono de la espiral acelerada de palabras en escalada y luego de actos cuando Alemania –donde ha llegado mayor equipo militar almacenado– se puede convertir en una zona de despliegue: Estados Unidos planea estacionar tanques, armas y equipo pesado para 5 mil soldados estacionados en Alemania y en los países de la OTAN oriental.

La nuclearización europea hasta los límites de Rusia por Obama, incongruente premio Nobel de la Paz, vislumbra “apaciguar los temores de los estados bálticos –Lituania, Letonia y Estonia– y los países de Europa oriental –Polonia, Bulgaria y Rumania–”, quienes desde la crisis de Ucrania temen una nueva agresión rusa.

Der Spiegel aduce que Moscú contempla los planes de EEUU como una mayor prueba de que Washington intenta expandir su esfera de influencia militar en Europa cuando Berlín no desea abandonar el tratado fundacional entre la OTAN y Rusia (nota: el INF), por lo que el gobierno alemán “excluye fundamentalmente el estacionamiento ‘sustancial’ o ‘permanente’ de tropas de la OTAN en el anterior bloque oriental”. Ya veremos… Der Spiegel juzga que todos los relevantes acuerdos –los desarmes convencional y/o nuclear– están perdiendo su valor, cuando Moscú y Occidente no se tienen ya confianza, según explayó Gorbachov: Si una de las partes pierde sus nervios en esta atmósfera inflamatoria, entonces no sobreviviremos los años que vienen.

A Der Spiegel le faltó la autocrítica de Europa, llevada al borde del precipicio nuclear por la amazona israelí-estadunidense Vicky Nuland, esposa del zelote straussiano Robert Kagan, uno de los arquitectos de los fracasos bélicos de Afganistán/Irak/Siria/Libia/Yemen etcétera.

Mas allá de los rebasados estadistas europeos que cayeron en la trampa del belicismo bursátil del complejo militar-industrial de Estados Unidos –a menos de un sorpresivo acto independiente de la canciller alemana Angela Merkel y del presidente francés François Hollande–, a mi juicio las tres únicas personas susceptibles de encaminar una anhelada distensión nuclear en el planeta entre Estados Unidos y Rusia son: el papa jesuita argentino Francisco, el mandarín Xi y el primer ministro de India, Narendra Modi.

No es fácil superar los atavismos y las heridas de la aciaga etapa soviética por los países bálticos/Polonia/Bulgaria/Rumania/Moldavia, pero el papa Francisco puede otorgar todas las garantías inalienables de inmunidad bélica a todos ellos, en particular a Polonia, país de profunda tradición católica.

Juzgo que el zar Vlady Putin estaría dispuesto a realizar una negociación creativa con Polonia sin el flagrante intervencionismo de los superhalcones de Estados Unidos (http://goo.gl/tmuwnB).

Muchos de los países escindidos de la parte occidental de la ex URSS sobredimensionan –cuando no por las malignas instrucciones de Estados Unidos, por fines electoreros y/o de comisiones por la pantagruélica venta de armas– la fantasiosa amenaza de Rusia que se defiende desde el golpe de Estado en Kiev –promovido en gran medida por el megaespeculador George Soros, según grabaciones comprometedoras (http://goo.gl/kViDDK )– y su concomitante despliegue irredentista de la OTAN en la periferia inmediata de Moscú cuando ni Vlady Putin ni el complejo militar industrial ruso están dispuestos a repetir los suicidas errores trágicos de los ingenuos Gorbachov y Yeltsin.

A mi juicio, el Intermarium –que va del Mar Negro al Mar Báltico– debe ser declarado una zona libre de armas nucleares (http://goo.gl/WpiVl8), al unísono de la neutralidad obligada de Ucrania (entre el Grupo de Shanghai y la OTAN), extensiva a los países bálticos/Polonia/Rumania/Bulgaria/Moldavia–, a menos que deseen ser la carne de cañón de una confrontación nuclear entre las dos superpotencias Estados Unidos y Rusia.

Se detecta un enorme nerviosismo de Zbigniew Brzezinski, ex asesor de Seguridad Nacional de Carter e íntimo de Obama y, más que nada, uno de los diseñadores de la crisis de Ucrania –cuya instrumentación recayó en las dos amazonas israelí-estadunidenses Vicky Nuland y Anne Applebaum (anterior editora de The Economist)– cuando pregunta en su ya histórico tuit: “¿Los alemanes/franceses/italianos, quienes no desean –¡supersic!– defender a sus aliados de los países Bálticos de la OTAN, sienten –¡supersic!– que EU no debe defender a Alemania/Francia/Italia si son atacados?” (http://goo.gl/6hXTbf).

Entre Brzezinski y George Soros –presunto títere de los banqueros esclavistas Rothschild–, ¡que Dios agarre confesados a los cándidos europeos!
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Ver Der Spiegel

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Grecia, el jaque financiero

Lun, 29/06/2015 - 02:01

Salvador González Briceño, Alainet*La globalización metió al mundo en descomposición" El Eurogrupo; mejor dicho la Troika (así, solo que les disgusta), insisten en torcerle el cuello a los pensionados helenos. Nada importa más que el cumplimiento de los pagos. La fecha límite que tienen Alexis Tsripas y Yanis Varoufakis para liquidar 1,550 millones de euros a sus acreedores es hasta el 30 de junio. Son las presiones de las economías financiarizadas del “mundo desarrollado”.

Las negociaciones entre el presidente y el vicepresidente griegos y los ministros de finanzas de la zona euro, no aterrizaron el acuerdo ayer (25/VI/15). Los representantes de la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), no quitan en dedo del renglón. Las diferencias entre ambas partes son en torno a tres puntos: 1) La reforma de pensiones, están de acuerdo en la cuantía del ajuste, pero no en la manera de alcanzarlo; 2) En el IVA, hay diferencias en lo referente al aumento en la recaudación; 3) Reestructuración de la deuda.

Aclarando. En el primer punto, Grecia quiere enfocar las medidas en un alza de impuestos, pero la Troika exige endurecer las condiciones de las pensiones. Los acreedores quieren acabar con las jubilaciones anticipadas como norma en lo general, que se eleve la edad de jubilación hasta los 67 años (o a 62 cuando haya al menos 40 años de jubilación) en 2020, con la salvedad de aquellas profesiones de alto riesgo y madres cuyos hijos tengan necesidades especiales.

En el punto 2) Los acreedores quieren presionar para que hoteles, restaurantes y servicios de catering sean gravados en un 23%, y desaparezcan las exenciones de 30% a las islas del Egeo; así acepta el aumento a la energía en el 13%, y a los libros, los teatros, medicinas queden en el 6%. Del 3) Grecia quiere un compromiso para reestructurar la deuda, pero la mayoría lo quiere para después. (Ver el listado en: http://internacional.elpais.com ).

Entonces, queda claro que la Troika los pagos los quiere ya. O que la tregua esté condicionada a las exigencias que son atentatorias del bienestar de por sí minado de los trabajadores, afectando aquellos que han ahorrado toda su vida laboral para gozar de una pensión.

El trastrocamiento del sistema financiero, en este caso europeo, que a todas luces sigue presionando a los gobiernos para exprimirlos los recursos fiscales vía, ciertamente, del cobro de los compromisos previamente contraídos (un endeudamiento desbordado, problema no solo griego), cuando ellos —los banqueros— son quienes disfrutan de los beneficios del método inicialmente aplicado en Japón de la flexibilización cuantitativa luego aplicado desde la Reserva Federal así como del BCE.

La voracidad del sistema financiero sigue su curso, pese a que un buen número de países de la eurozona están en franca crisis. Así como Grecia le siguen los pasos también España, Portugal, Italia, Irlanda, por citar los menos. A estas alturas del partido, sigue en claro que la llamada globalización está en franca descomposición, o que ha metido al mundo. Desde que en los años 90 el capital financiero domina a las economías occidentales y la economía casino se apoderó del sistema crediticio y bancario a partir de 1974 cuando la banca central abandonó el patrón oro, el mundo se volatilizó.

Tras la crisis del 2008 las economías nacionales vuelan por los aires, de la mano de la aplicación de las políticas de corte neoliberal, donde la riqueza creada es atraída hacia los centros del poder global. Las sociedades se polarizan por esa vía. La pirámide de la sociedad se ensancha en la base y afila en la cumbre. No importa. Aún y cuando el propio FMI reconozca que “los cambios estructurales en los sistemas financieros han acentuado ciertas inquietudes en cuando a estabilidad”. En pocas palabras: quien está en jaque es el propio sistema financiero. Y se comporta como ave de rapiña.

Los últimos procesos de rescate de la banca en los países centrales, de la mano de las políticas de flexibilización cuantitativa emprendida por los bancos centrales (como la empresa privada federal; digo, la Reserva Federal), y las tasas cero, han contribuido a concentrar mucho más la riqueza en poquísimas manos por alentar la especulación y la quiebra de sectores como el inmobiliario. Son unos cuantos especuladores, beneficiarios de estas políticas, los que verdaderamente tiran línea sobre las políticas a seguir por las “instituciones” financieras, como el Banco Mundial, el FMI y el resto de la Troika, para engullir a los gobiernos, a las empresas privadas de los países en desarrollo y finalmente a pueblos enteros.

Seguir la pista del dinero es encontrar las trampas de los millonarios, sus intenciones y sus estrategias. Estas forman parte de su ofensiva para ganar/ganar. No les interesa la gente. No importa siquiera salvar al propio sistema que les ha dado origen. Los generadores de la riqueza son relegados por los portadores de la misma. Aquéllos son esclavos, éstos los reyes del mundo. Al sistema financiero le ha dado por olvidar sus orígenes. Se ha apoderado de los dineros de los ahorradores, pero también de sus dividendos. Ahora con las tasas cero, no falta mucho para que los banqueros comiencen a cobrar tarifas por “guardar” el dinero en sus bodegas. Aludirán el temor a los asaltos y a que no hay en dónde invertirlo, no para generarle ingresos a los ahorristas sino en su propio beneficio.

El mundo espera un avance de los griegos de cara a la Troika. Si no de este jueves, sí del próximo fin de semana, cuando habrá mesa de negociaciones. Es mentira, como lo dice, The Economist, que no importa si Grecia sale o no de la Eurozona. Como falsa la postura de: “O una buena propuesta o la quiebra”, del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. Sí que les interesa, porque de lo contrario la mazorca se les desgrana. No son pocos los países en puerta. Y esa sigue siendo un arma poderosa para los negociadores, Tsripas y Varoufakis.

Sin embargo, las posturas se acercan. Se dice que los documentos son casi los mismos, hasta de tipografía. Salvo por una hoja más de los negociadores helenos. Al final, también hay que decirlo, pactar tiene sus riesgos. Porque para Grecia el fondo del asunto seguirá presente, aún y cuando ganen en aquellos donde hay las diferencias. Las medidas de austeridad, por pocas que sean, no alentarán el crecimiento. Así como la carencia de recursos para incentivar la economía y el turismo. ¿Cómo invertir, ¡en el sentido capitalista todavía!, para generar empleos? ¿Cómo recuperar un nivel de vida aceptable para la población? En el fondo están faltando las alternativas. Y el reto no es solo para unos: es de todos. El sistema financiero está en jaque. El mundo también. Una cosa es segura: los pueblos no quieren queso, sino salir de la ratonera.

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Grecia y Ucrania víctimas colaterales de la guerra fría

Dom, 28/06/2015 - 08:00
Germán Gorraiz López, Alainet

Europa atraviesa un período muy convulso pues la crisis financiera está poniendo todavía más difícil el proceso de construcción europea (imprescindible para que pueda competir como potencia mundial) y el estancamiento económico que se está haciendo visible en los países periféricos y emergentes y la aparición de brotes deflacionistas en el seno de la UE ha provocado el desapego afectivo europeo y la aparición de fuerzas centrífugas que podrían provocar la desmembración de la actual Unión Europea y el retorno a escenarios ya olvidados de proteccionismo económico y de compartimentos estancos en el horizonte del 2019.

En el caso griego, la troika que comprenden la UE, el FMI y el BCE llevan tiempo presionando a Grecia con un riguroso programa de privatizaciones debido a su desorbitante Deuda Pública (de 320.000 millones de euros) y ha obligado a todos los partidos políticos a aprobar suicidas medidas de austeridad que han provocado la pérdida de más de 1 millón de puestos de trabajo. Además, se estima que la deuda pública del país heleno ascenderá hasta el 200 % del producto interior bruto (PIB) en el 2015, existiendo el temor de que podría pasar del default (incumplir sus pagos) a la salida de la Eurozona (medida drástica que contaría con las bendiciones de su principal acreedor, Alemania) , por lo que “cada vez más empresas europeas y estadounidenses se preparan para lo que antes era impensable”, según The New York Times.

Sin embargo, las políticas constrictivas implementadas en la Eurozona podrían volverse en su contra pues hasta ahora los procesos de adhesión de nuevos países habían funcionado como un instrumento democratizador y reformista del continente pero la doctrina del “numerus clausus” habría finiquitado el proceso de ampliación con el riesgo evidente de que los valores democráticos que la UE ha exportado hacia los países de la extinta URSS sean reemplazados por los ideales expansionistas de la Nueva Gran Rusia de Putin, con lo que se alteraría notablemente el escenario geopolítico europeo para la próxima década. Así, en el caso heleno, la asfixiante falta de liquidez obligará al Gobierno heleno a gravitar en la órbita rusa con el consiguiente impacto geopolítico pues Rusia pasaría a ser aliado natural de Grecia mientras el país heleno se convertiría en el portaaviones continental de Rusia tras la instalación de una megabase naval en Suda (Creta) con lo que quedaría perfilado el triángulo Sebastopol-Suda-Tartus como bases logísticas de la nueva Flota rusa del Mediterráneo, (disuelta en 1992 tras la extinción de la URSS) y cuya columna vertebral estará formada por la Flota del Mar Negro , la del Norte y la del Báltico, estimando que estará operativa para el 2.016 y que supondrá de facto el control del Mediterráneo Oriental por Putin, no siendo descartable que por efecto mimético países como Hungría, Albania, Serbia, Rumania y Bulgaria podrían asimismo empezar a gravitar en la órbita rusa.

Ucrania En el caso ucraniano, tras el fallido intento de la adhesión de Ucrania al tratado de Libre Comercio con la UE, subyacería la grave situación económica plasmada en la necesidad urgente de la actualización del tejido productivo ucraniano a los estándares y requisitos técnicos europeos. ( estimada en unos 160.000 millones de dólares en un proceso que se prolongaría hasta 2017, con una inversión de 20 millones $ anuales dedicados en exclusiva a la actualización de los estándares) y lograr la transición de la economía ucraniana antes de su incorporación a la UE en un país con una deuda cercana a los 136.000 millones $ y un preocupante estancamiento económico, a lo que se uniría la falta de garantías plenas para una posible integración de Ucrania como miembro de pleno derecho de la UE, (garantías que sin embargo tuvieron en su momento países como Polonia, Hungría, Bulgaria o Rumania), así como el presunto rechazo de la opinión pública europea a dicha plena integración ya que la Eurozona está inmersa en la inacabable crisis griega que absorbería los recursos financieros europeos.

Así, tras el “golpe de mano virtual” contra el depuesto Yanukóvich y la elección del candidato pro-occidental Petró Poroshenko, EEUU habría acudido en su ayuda para evitar que fuera fagocitada por la Rusia de Putin logrando que la entente FMI-UE-BM concediera a Poroshenko ya en marzo unos 4.500 millones $ correspondientes al primer tramo del rescate de un programa a cuatro años que ascendería a un total de 15.500 millones $, pero no evitará que Ucrania entre default o suspensión de pagos según un informe del analista Andrew Matheny recogido por Bloomberg al no poder hacer frente el próximo 24 de Julio a unos vencimientos de deuda cercanos a los 120 millones € , lo que provocará que la Deuda ucraniana sea endémica y recurrente. Además, como contrapartida a las recientes sanciones impuestas por la UE y EEUU contra Rusia, podríamos asistir el próximo invierno a la reedición de la Guerra del Gas ruso-ucraniano de 2006 que tendrá como efectos colaterales recortes de suministro en varios países de la UE (el gas ruso abastece en más de un 70% a países como los Países bálticos, Finlandia, Eslovaquia, Bulgaria, Grecia, Austria, Hungría y República Checa y más del 80% del total del gas que la UE importa de Rusia pasa por Ucrania) lo que aunado con la división de facto de Ucrania en dos mitades casi simétricas y separadas por el meridiano 32 Este, (quedando el Sur y Este del país (incluida Crimea) bajo la órbita rusa mientras el Centro y Oeste de la actual Ucrania navegarán tras la estela de la UE), significará “de facto” el retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría Rusia-EEUU.

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Tsipras convoca a referéndum y Grecia se acerca al default

Dom, 28/06/2015 - 00:56

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, convocó para el domingo de la próxima semana un referéndum sobre la última oferta de acuerdo de los acreedores impulsada desde Bruselas. El primer ministro griego consideró "inaceptables" las exigencias de la troika y las negociaciones volvieron a caer en punto muerto acercando la situación al decisivo momento de impago heleno. La crisis inicia así una nueva escalada haciendo inevitable el momento de la verdad: Grecia no puede pagar su deuda.
La reuniones de esta semana no han permitido avances concretos y en los principales puntos de fricción en las negociaciones entre Atenas y sus acreedores, estos últimos no quieren ceder ni un milímetro. Los roces son por el impuesto al valor agregado, el impuesto de sociedades, las privatizaciones y los gastos de defensa. Si bien en la mayoría de los puntos ha habido cierta convergencia satisfactoria en las posiciones del gobierno griego y los prestamistas, hay una serie de desacuerdos que ambas partes no han podido limar en cuatro meses de negociaciones.

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¿Quién está pagando la deuda ilegal e ilegítima de Grecia?

Sáb, 27/06/2015 - 02:01

Alejandro Teitelbaum, Alainet

El 29 de abril de 2010, Eric Woerth, entonces Ministro del Gobierno francés, explicaba con todo cinismo por France Inter: “Ayudando a Grecia nos ayudamos a nosotros mismos. Los 6 mil millones [de euros prestados por Francia a Grecia] no provienen de la caja del Estado. Se toman prestados [en los mercados financieros] a un interés del 1,4 o 1,5% y se prestan a los griegos al 5% aproximadamente. De manera que nosotros ganamos en la operación. Es bueno para el país, es bueno para Grecia y sobre todo es bueno para la zona euro. Hay que tranquilizar a los mercados. Siempre es así, hay que tranquilizar a los mercados [...] hay que tender una red pública de seguridad”.Antes de pagar, renegociar o reestructurar una deuda hay que proceder a auditarla para establecer qué parte es legítima y que parte no. Por ejemplo, si no se ha incrementado con intereses usureros, con intereses sobre los intereses (anatocismo) y si su mismo origen no es el resultado de operaciones fraudulentas (deudas simuladas, contraídas por particulares que después asume el Estado) o contraídas por gobiernos autoritarios o dictatoriales para gastos improductivos y/o suntuarios o que va a parar total o parcialmente a las cuentas particulares en paraísos fiscales de los funcionarios de turno, etc.

Existe un mecanismo perverso del capital financiero dominante y los líderes políticos a su servicio, que hace de la deuda un círculo vicioso que no cesa nunca y que permite a ese capital absorber de manera improductiva, parasitaria y permanente una buena parte del producto del trabajo de los pueblos de todo el mundo.

Según un estudio de la Fundación Hans Böckler de Alemania, publicado en marzo de 2015 en Berlín, en la crisis griega los pobres han pagado el precio más alto, especialmente a través de aumento de los impuestos. "La carga de impuestos para la mitad más pobre de la población ha aumentado en un 337%, mientras que aumentó en un 9% para la mitad más rica", escriben los autores del estudio. Desde el comienzo de la crisis, los impuestos directos aumentaron un 53% en Grecia y el 22% los impuestos indirectos.

El ingreso promedio, antes de impuestos, ascendió a 23.100 euros en 2008 y bajó a 17.900 euros en 2012, lo que representa una pérdida de alrededor del 23%. En detalle la desigualdad es alta: en promedio el 10% más pobre de la población ha perdido el 86% de sus ingresos pasando de 8.462 euros a 1.150 euros. Por el contrario, el 30% de los ingresos más altos ha perdido entre el 17% y el 20% de sus ingresos.

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Ciencia, salud y anticapitalismo

Ven, 26/06/2015 - 17:01
Raúl Zibechi, La Jornada

Las alternativas al capitalismo en áreas como la educación, la producción y la salud se expanden y comienzan a involucrar a nuevos sectores sociales. A las tradicionales prácticas por fuera del sistema que caracterizan a los pueblos indígenas y a los campesinos se van sumando sectores urbanos, tanto en las periferias de las grandes ciudades como entre profesionales de la salud y la educación.

La Semana de la Ciencia Digna en Salud, organizada por la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, entre el 15 y el 19 de junio, es un buen ejemplo de cómo la resistencia al modelo extractivo abre espacios por donde comienzan a aparecer prácticas emancipatorias. La semana conjugó cinco encuentros: de salud socioambiental, de formación docente, de comunicación y construcción de la ciencia, un foro estudiantil y el primer encuentro de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad en América Latina.

En números, hubo más de 70 actividades, se presentaron 110 trabajos académicos y cuatro libros, hubo 113 disertantes, científicos de nueve países y cientos de estudiantes, profesionales y miembros de movimientos sociales. El encuentro fue posible por la conjunción de dos movimientos: las organizaciones sociales que resisten a la minería y los monocultivos de soya, corazón del modelo extractivo, y los profesionales y estudiantes que, desde sus lugares, no sólo apoyan esas luchas sino que se involucran como militantes.

El encuentro comenzó el 16 de junio, por ser la fecha del nacimiento del científico Andrés Carrasco, referente de la resistencia a los transgénicos por su rigurosidad académica y su compromiso con los afectados. Fue jefe del Laboratorio de Embriología Molecular de la Facultad de Medicina de la UBA e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas (Conicet). En 2009 advirtió que el glifosato producía malformaciones en embriones anfibios, por lo que enfrentó una campaña de desprestigio de las empresas, la academia y funcionarios del gobierno.

Sostuvo que las pruebas sobre los efectos de los agrotóxicos no había que buscarlas en los laboratorios, sino en las comunidades fumigadas. Falleció en mayo de 2014, semanas después de participar en la escuelita zapatista y hoy es un símbolo de la lucha contra el extractivismo. La primera declaración de los científicos comprometidos le rinde homenaje al destacar que el quehacer científico debe desarrollarse de una manera éticamente responsable.

Durante la semana se presentaron trabajos por médicos, bioquímicos, genetistas, docentes y miembros de movimientos sociales, sobre una amplia gama de temas. Se insistió en que el papel de la ciencia debe ser precautorio, sobre todo ante la irresponsabilidad de las grandes empresas. En Brasil, por ejemplo, las malezas resistentes –por el abuso de agrotóxicos– ya suponen 10 por ciento de los costos de producción, cuando el modelo de agricultura industrial lleva menos de dos décadas funcionando.

El análisis sobre los mosquitos transgénicos para combatir el dengue, y la falta de estudios sobre sus consecuencias, fue uno de las ponencias más interesantes, así como la exposición sobre la resistencia a los antibióticos presentada por una coalición de centros de estudio, universidades y ONG. El ex decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuenca y coordinador regional del Programa de Acción frente a la Resistencia a los Antibióticos se mostró preocupado por la invisibilidad de este problema, quizá porque afecta a los sectores más vulnerables, a los niños, a los recién nacidos y a la población económicamente desfavorecida.

La Facultad de Medicina de Rosario adoptó los campamentos sanitarios, un dispositivo creado en el año 2010, como evaluación final integradora del ciclo de práctica final de la carrera de medicina, que integra evaluación, investigación, docencia y extensión, según lo define Damián Verzeñassi, responsable académico de esa materia e inspirador de la experiencia.

Los campamentos son la mejor expresión de la alianza entre movimientos populares y científicos. Durante una semana una cohorte de 90 a 150 estudiantes se instalan en un pueblo de menos de 10 mil habitantes de la provincia de Santa Fe, rodeados de monocultivos. Duermen en colchones en el suelo en escuelas o polideportivos, encuestan a la población en sus viviendas, casa por casa, para construir un perfil sanitario de la población.

Durante la semana hacen talleres de promoción de salud y prevención de enfermedades en las escuelas primarias y secundarias, en las plazas y centros sociales. Los docentes evalúan a los estudiantes y luego convocan a todo el pueblo para hacer la devolución de los resultados. Los 21 campamentos realizados en cinco años les permiten comparar los resultados de las diferentes comunidades, fijando la atención en la evolución de las enfermedades en los últimos 15 años.

Los datos obtenidos son escalofriantes: Ha existido un crecimiento del cáncer que oscila entre cuatro veces y media y hasta siete veces más que en el primer quinquenio, asegura Verzeñassi. Lo que hay en común en esos pueblos, donde abundan además abortos espontáneos y nacimientos con malformaciones, es que están en el medio de las áreas de producción agroindustrial con agroquímicos.

Los campamentos sanitarios han reforzado a los pobladores y organizaciones que resisten las fumigaciones, la práctica más perniciosa del modelo, pero también han abierto las puertas para cambios en la cultura médica, al punto que algunos licenciados eligieron vivir en pueblos fumigados luego de pasar por los campamentos.

Las alternativas al capitalismo no nacen ni en las instituciones estatales ni en el centro del escenario político sino, como toda creación cultural y política, en los márgenes, lejos de las relaciones sociales hegemónicas y de los reflectores mediáticos. Es creación y lucha: se resiste y se lucha para no morir; se crean los mundos nuevos para no repetir lo viejo.

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La desconocida historia sobre las negociaciones de la deuda griega

Ven, 26/06/2015 - 14:00

Vicenç Navarro, Público.es

La gran mayoría de los mayores medios de información y persuasión españoles han presentado las negociaciones que han estado ocurriendo entre las mayores instituciones de los establishments financieros (tanto el Banco Central Europeo, BCE, como el Fondo Monetario Internacional, FMI) y políticos europeos (la Comisión Europea, el Consejo Europeo y el Eurogrupo, dominado por el gobierno alemán), por un lado, y el gobierno Syriza, de Grecia, por el otro, como un desencuentro originado por la supuesta rigidez e incompetencia del último, a pesar de la paciencia y comportamiento racional de los primeros. En artículos anteriores he cuestionado esta visión tan complaciente y poco crítica reproducida como parte de la sabiduría convencional (ver La canallada que le están haciendo a Syriza en Grecia), y promovida por los gurús mediáticos económicos, todos ellos de clara sensibilidad neoliberal. Los últimos ejemplos son los análisis de la situación griega del asesor oficial en temas económicos de La Sexta Noche, el Sr. José Carlos Díez, y el “economista de la casa” (como le define la televisión pública de Catalunya, TV3, en su programa “Classe d’Economia”), el Sr. Xavier Sala i Martín.

La evidencia científica abundante (aunque no en los mayores medios de información españoles, incluyendo La Sexta Noche y TV3) muestra el error y/o falacia de dicha versión oficial. La última evidencia de tal falsedad la acaba de dar una persona que conoce bien el entramado político que estuvo detrás de las políticas aprobadas por las instituciones de los establishments financieros y políticos europeos citados anteriormente, e impuestas a la población griega. Tal persona es nada menos que Philippe Legrain, antiguo asesor del que fue Presidente de la Comisión Europea, el Sr. José Manuel Barroso, y que muestra dicha evidencia en el testimonio presentado frente a la Comisión de Análisis de la Deuda Pública del Parlamento griego hace solo unos días, el 11 de junio (ver también el artículo del economista James K. Galbraith, Bad Faith. Why Real Debt Relief Is Not On the Table for Greece).

Según el Sr. Legrain, el problema se inició en mayo de 2010, cuando el FMI se dio cuenta de que el Estado griego no podría nunca pagar su deuda pública acumulada, lo cual causaría un problema grave para los bancos que la habían comprado, consecuencia de las grandes cantidades de deuda pública adquirida por estos bancos. Su supervivencia estaba claramente amenazada. Según el Sr. Legrain, el gobierno alemán era también consciente de este gran problema, como lo eran los demás componentes del establishment financiero europeo, incluido el BCE. Todos sabían que la bancarrota del Estado griego crearía un problema gravísimo para los bancos poseedores de dicha deuda pública. Y este problema podría convertirse en un problema político mayor. Los bancos extranjeros (no griegos) que tenían más deuda pública griega eran los franceses y los alemanes (aunque también estaban los españoles), que habían sido muy activos en la compra de la deuda griega, la cual generaba unos intereses ya entonces muy elevados.

Hasta aquí el primer capítulo del drama, un drama basado en la complicidad entre las instituciones financieras (FMI y BCE), por un lado, y las instituciones políticas que gobiernan los países del euro (la Unión Europea y los principales gobiernos de la Eurozona), por el otro, para salvar, no a Grecia, sino a los mayores bancos privados. Dos ciudadanos franceses jugaron un papel clave en este entramado. Uno fue el Presidente del FMI, el Sr. Dominique Strauss-Khan, que pensaba dejar el FMI para presentarse a las elecciones francesas –como candidato del Partido Socialista francés- para el cargo electo de Presidente del país. El otro francés era el Presidente del Banco Central Europeo, el Sr. Jean-Claude Trichet, también consciente de las elecciones francesas y del desastre que podría ocurrir si algunos de los mayores bancos franceses colapsaban. Una preocupación semejante se tenía en Alemania, donde la comunidad bancaria gozaba (y continúa gozando) de una enorme influencia sobre el Estado federal alemán. De ahí que tales instituciones se movilizaran para salvar, repito, no a Grecia, sino a los bancos, como expuso claramente el Sr. Philippe Legrain. Y así es como se generó el rescate a la banca por parte del FMI, del BCE y de los mayores gobiernos de la Eurozona, comprándoles la deuda pública griega que estos habían adquirido, plenamente conscientes (repito, plenamente conscientes) de que el Estado griego nunca podría pagar dicha deuda. Era obvio que todos los actores de aquel drama conocían esto, aunque todos mantuvieron un silencio ensordecedor a fin de ocultar una situación que, de conocerse, habría creado una revuelta popular en los países cuyos gobiernos estaban salvando a los bancos privados con dinero público, comprándoles una deuda pública que nunca se podría pagar.

¿Por qué los recortes? El segundo capítulo del drama El segundo capítulo del drama fue la intensidad y brutalidad (y no hay otra manera de decirlo) de los recortes de gasto público que se impusieron a la población griega, unos recortes sin precedentes en un país europeo en tiempos de paz. Estos recortes tenían como objetivo conseguir que el Estado griego pagara, primero a los bancos privados, y más tarde a las instituciones financieras citadas anteriormente y a los Estados que habían comprado a los bancos privados sus bonos públicos griegos. Estos recortes se impusieron al pueblo griego con pleno conocimiento del enorme daño que causarían, tanto al bienestar de la población como al estado de la economía griega. El FMI había estimado que tales recortes originarían un descenso de un 5% del PIB griego. En realidad, fue mucho peor. El PIB griego descendió nada menos que un 20% (algunos creen que fue incluso mayor, un 25%).

Lo que es importante señalar es que otro de los mayores objetivos de estos recortes fue que estos determinaran un descenso de la deuda pública griega, objetivo que (como era fácil de predecir), no solo no se alcanzó, sino que se consiguió todo lo contrario. La deuda pública aumentó de una manera muy notable, alcanzando el 150% del PIB en el año 2013. Como indicó el Sr. Legrain en su declaración frente al Parlamento griego, ninguno de esos “expertos” del FMI ha sido penalizado por sus errores, errores que definió como “estupideces”, consecuencia de su aceptación acrítica del dogma neoliberal.

Pero otro objetivo de esa imposición de las políticas de austeridad era castigar al pueblo griego (y anunciar que se castigaría con la misma fuerza a cualquier otro país que no pagara la deuda pública de su Estado, como podría ocurrir en España), escogiendo las intervenciones que dañarían más a las clases populares, como por ejemplo las pensiones públicas, justificándolo bajo el argumento de que estas pensiones eran exuberantes, argumento que fue previsiblemente promovido por los mayores medios de información. En España, el rotativo El País, a través de las columnas de Xavier Vidal-Folch, ha denunciado repetidamente las “abusivas pensiones griegas” (“Mal griego, mal de otros muchos”, 24.06.15). En realidad, solo el 14% de los pensionistas reciben más de 1.050 euros al mes. La gran mayoría reciben unas pensiones por debajo de 665 euros, que es el umbral de pobreza en aquel país.

Es importante señalar que ni el gobierno anterior al de Syriza ni las autoridades del FMI, del BCE, de la Comisión Europea o de los gobiernos alemán y francés, jamás exploraron la posibilidad de reducir el gasto militar, lo cual no deja de ser sorprendente, pues Grecia es el país que se gasta más en sus fuerzas armadas en la UE-15, después del Reino Unido. La causa de este silencio era fácil de ver. Francia y Alemania eran los mayores proveedores de armamento, realizando unos negocios suculentos con la venta de armas al Ejército griego, pagadas con deuda pública. Grecia tiene 1.620 vehículos blindados, que es un número más alto que el que tienen Alemania, Francia e Italia juntas. Y en su mayoría son comprados a estos países.

Y fue el gobierno Syriza, no la Troika, el que propuso que se recortara del gasto militar, y no de las pensiones, otro dato también ignorado en los medios. En realidad, el gobierno Syriza ha sido el único que se ha atrevido a enfrentarse con el Ejército, intentando que desaparezcan las tensiones de Grecia con Turquía, hábilmente utilizadas por las fuerzas armadas para perpetuar sus intereses. Como era ya previsible, el gobierno de EEUU y la OTAN han ayudado al rearme de aquel país, presionando a la vez para que Grecia haga recortes en su Estado del Bienestar, incluidas las pensiones.

La necesaria reestructuración de la deuda El quid de la cuestión que no apareció en las negociaciones hasta que Syriza, el partido gobernante en Grecia, lo puso sobre la mesa, fue la necesidad de reestructurar la deuda pública griega, pues dicha deuda no podría pagarse en las condiciones aprobadas por las negociaciones entre la Troika y el gobierno griego anterior. Este tema era un tema tabú al principio de las negociaciones, aunque fue, por fin, aceptado al final de las mismas. Las instituciones del establishment europeo y el FMI eran plenamente conscientes de ello. Pero preferían ignorarlo y continuar explotando al pueblo griego, recuperando algo de su dinero prestado (con sus intereses).

Lo que forzó a estos establishments a ser sensibles a considerar la reestructuración de la deuda fue lo que estaba pasando en Grecia, y también en España y en Portugal. Las movilizaciones populares en apoyo al gobierno Syriza (y que fueron acompañadas por movilizaciones a lo largo del territorio de la UE) en contra de la austeridad, y los resultados de las elecciones municipales y autonómicas españolas, han alarmado en gran medida a tales establishments, pues la victoria de Podemos y otros partidos anti-austeridad en las grandes ciudades les ha preocupado en gran manera (ver John Palmer “We Must Stand With Greece For The Sake of Europe”, Social Europe Journal, 22.06.15). Y en Portugal, el Partido Socialista, probable vencedor en las próximas elecciones, ha prometido anular todas las políticas de austeridad. Hoy, lo que se ha venido a llamar la nueva izquierda está expandiéndose a lo largo del territorio europeo, una nueva izquierda que está en contra de esta Europa, queriéndola sustituir por otra distinta. Y la actual está altamente preocupada. Y de ahí la flexibilización de la enorme rigidez que había mostrado hasta ahora.

Ni que decir tiene que el gobierno Syriza tuvo que ceder en algunas de las exigencias impuestas por el establishment financiero y político, aunque menores de lo que se demandaba al principio de las negociaciones. Pero la victoria de Syriza, a la cual debe dársele las gracias por haber iniciado la rebelión frente a las políticas de austeridad, significó resistirse a la mayoría de medidas que querían imponerse a Grecia y forzar el cuestionamiento de la continuidad en el pago de la deuda pública en las condiciones actuales, que son inaceptables. Hoy en Europa se ha puesto en marcha un movimiento de protesta contra las imposiciones de su establishment financiero y económico que está ocurriendo también en España, como ha mostrado el tsunami político ocurrido en las últimas elecciones municipales y autonómicas. Todo ello muestra que si las clases populares de los países se movilizan, pueden ir conquistando espacios de libertad, democracia y bienestar que aquellos establishments, a través de sus establishments políticos, les han ido reduciendo durante todos estos años. Como decía mi amigo Eduardo Galeano, “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Está ocurriendo en Grecia y en España, habiéndose iniciado un proceso, que en este país inició el 15-M, al cual no se le puede parar. Y si no se lo creen esperen y lo verán.

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La banca española ha desahuciado a más de medio millón de familias desde 2008

Xov, 25/06/2015 - 21:41

La banca ha desahuciado a más de medio millón de familias trabajadoras en España desde 2008, según denunció Amnistía Internacional en su informe Derechos desalojados. Derecho a la vivienda y desalojos hipotecarios en España. Entre 2008 y el primer trimestre de 2015 se han iniciado 598.747 procesos de ejecución hipotecaria”, explicó Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional España, en una rueda de prensa en Madrid. Es decir, más de medio millón de familias trabajadoras fueron desalojadas de su hogar por parte de las entidades financieras, con el beneplácito del Gobierno español. “Es necesario proteger el derecho a la vivienda estableciendo también un mecanismo obligatorio para supervisar las negociaciones entre las entidades financieras y las personas, en el que las autoridades exijan a éstas que el desalojo sea la última alternativa y se prioricen soluciones que permitan a las personas permanecer en las viviendas donde residen”, aseguró Beltrán. “Hemos entregado estas propuestas a los organismos oficiales y solicitado entrevistas y reuniones. Hasta el momento se lo hemos hecho llegar, entre otros, a los ayuntamientos de Madrid y Barcelona y a los Ministerios de Economía y Fomento”, señaló el director de Amnistía Internacional España. Sin embargo, hasta el momento no han obtenido respuesta oficial, aunque esperan recibirla.
“Esperamos que los nuevos ayuntamientos puedan empezar a cumplir sus dos responsabilidades. Garantizar la mediación y que exista alojamiento para las personas que sufran un desalojo”, afirmó Beltrán, asegurando que las candidaturas ciudadanas que gobiernan en ayuntamientos como Barcelona, Madrid o Cádiz ya han dado “algún paso”, aunque los cambios más importantes dependen de las administraciones centrales.

Amnistía considera que las medidas adoptadas por el Gobierno son “insuficientes” y no han protegido la vivienda “como un derecho humano”. “Es difícil encontrar en España una violación de derechos humanos tan extendida e invisible para las autoridades como esta”, denunció Beltrán. Con esta situación en España, el Gobierno está “incumpliendo sus obligaciones internacionales en materia del derecho a la vivienda”, denunció el director de la organización. “Mientras la vivienda se siga considerando como un bien de consumo e inversión, en lugar de como un verdadero derecho humano, con obligaciones para las autoridades, no se hará frente a esta situación”, alertó Beltrán.
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Ver informe de Amnistía InternacionalUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La necesidad de que se establezcan bancos públicos

Xov, 25/06/2015 - 18:58

Vicenç Navarro, Público.es

Cuando el Profesor Juan Torres y yo escribimos las líneas estratégicas para desarrollar el programa económico del nuevo partido Podemos (documento que ha servido de base para la reflexión y preparación de tal programa por dicho partido político), una de las recomendaciones que hicimos fue que se expandiera el sector público bancario, uno de los más pequeños en la UE-15, siendo la escasa dimensión del mismo una de las causas de que España sea uno de los países en esta comunidad donde ha sido más difícil para las familias y para las pequeñas y medianas empresas conseguir acceso al crédito, una de las causas del retroceso y lentitud de la recuperación económica. Pero nuestra recomendación no se paró aquí. Fuimos incluso más allá, sugiriendo un cambio constitucional que declarara la provisión de servicios de la banca privada como una función pública, es decir, que las bases de su existencia fueran la provisión de crédito. Los taxis en España, por ejemplo, son privados, pero ejercen una función pública, que justifica los privilegios que obtienen, como es el de utilizar carriles de transporte reservados para el transporte público.

Ni que decir tiene que, como era previsible, la respuesta de la prensa económica, controlada por la banca privada, así como de las páginas económicas de los grandes medios de información y persuasión, que están endeudados hasta la médula, lo cual explica su actitud casi servil hacia el poder financiero, fue de una enorme hostilidad, alcanzando niveles de una bajeza y mezquindad que yo nunca había visto y experimentado en los muchos países en los que había vivido y trabajado durante mi largo exilio (Suecia, Reino Unido y EEUU). Y como era predecible, el panfleto del Ibex-35, que se titula Nada es gratis (fundado, entre otros, por el asesor económico de Ciudadanos, que también asesora a la banca privada), dedicó toda una serie de artículos para desacreditar nuestras propuestas y, cómo no, a nosotros, sus autores.

Dejando aparte los insultos, mentiras y falsedades (que caracterizaron las páginas de tales fórums, consecuencia de su escasa cultura democrática), es importante centrarse en la línea central de su argumento, que subraya que, como ya han mostrado las cajas de ahorro, la banca pública ha fracasado en España, consecuencia de su instrumentalización por el poder político que las controlaba. “¿Cómo Navarro y Torres pueden todavía hoy hacer tal propuesta cuando la experiencia de las cajas de ahorro ha mostrado tan claramente el desastre de la banca pública?”. Esta frase, o algo parecido, apareció en la mayoría de las revistas económicas donde se reproduce la sabiduría convencional.

Las cajas de ahorros no eran bancos públicos El problema con tal argumento es que las cajas de ahorro no eran bancos públicos. Utilizar el supuesto fracaso de las cajas de ahorro como muestra del fracaso de la banca pública es insostenible e irrelevante, pues no están comparando manzanas con manzanas, sino con melones. Las dos entidades –las cajas de ahorro y los bancos públicos- son distintas, en su identidad, en su gobernanza y en sus objetivos. Veamos los datos.

Las cajas de ahorro no eran propiedad de accionistas que cotizaran en el mercado bursátil, ni tampoco eran propiedad de una autoridad pública a la cual rindieran cuentas. No estaban ni sometidas a lo que se llama la disciplina del mercado (aunque en España tal disciplina tampoco caracteriza el mercado financiero altamente concentrado) ni tampoco eran responsables (“accountable”, en inglés) ante una autoridad que las poseyera. Las cajas eran instituciones privadas, parecidas a las fundaciones, sin que estuvieran sujetas al régimen jurídico de las fundaciones. Según las leyes que regularon su gobernanza (leyes aprobadas en 1985 y en 2002), sus órganos de gobierno tenían tres grupos de propietarios (o accionistas en la narrativa de la banca privada). Uno eran personajes procedentes de administraciones públicas (que no debían representar un porcentaje mayor del 50% del Consejo Directivo); otros eran los clientes-impositores (que debían ser entre un 25 y un 50% de tales cargos); y otros eran los trabajadores de la entidad (que representaban entre un 5 y un 15%).

Tal diversidad de tipo de “accionistas” (diversidad que se incrementaba al incluir personajes de opciones políticas existentes dentro del grupo asignado a la administración pública) facilitó la concentración del poder en manos de los gestores de las cajas, que llegaron a tener un enorme poder, que muchos utilizaron de forma clientelar e incluso corrupta, como fue el caso del Presidente de Caja Madrid. Fue esta enorme concentración de poder en los presidentes de las cajas, con limitada presión para rendir cuentas, lo que creó el supuesto fracaso de estas (en aquellas que fracasaron, y que no fueron todas. En realidad muchas cajas, como La Caixa, continuaron siendo altamente exitosas).

En realidad, la experiencia con los bancos públicos ha sido muy limitada en España. El ICO (Instituto de Crédito Oficial), una agencia pública, no es una banca pública pues, aun siendo una institución pública de crédito, su actividad crediticia se realiza a través de la banca privada, hecho que encarece el crédito innecesariamente y desplaza a la banca privada la gestión del crédito. En nuestro documento para Podemos hicimos la recomendación, ridiculizada por los gurús mediáticos, afines al capital financiero, de que el ICO actuara como un banco público, pidiendo prestado dinero del BCE y ofreciéndolo directamente a las pequeñas y medianas empresas, sin externalizar su gestión.

La experiencia internacional Sorprenderá al lector que en el mundo hay muchos más bancos públicos que privados. En realidad, la banca pública existe ampliamente en Europa, y, como he documentado en otros artículos, ha jugado un papel clave en las economías que se consideran más exitosas. Los bancos públicos han sido, por ejemplo, centrales en el éxito del mal llamado milagro económico alemán. Un tanto igual ocurre en Francia, Italia, Reino Unido, Suiza, Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia, Austria, EUUU y Canadá. En todos estos países, estos bancos públicos (tanto a nivel central como regional e incluso urbano) han sido elementos fundamentales del desarrollo económico.

No en España, donde la banca pública apenas existe, y ello como consecuencia del enorme poder (a todas luces claramente exagerado) político y mediático que la banca privada, y muy en particular los tres grandes bancos, Santander, BBVA y CaixaBank, que controlan más del 60% del mercado financiero, tiene. En realidad, es práctica común que los dirigentes de estos bancos tengan relaciones preferenciales con los gobiernos españoles, tanto centrales como autonómicos, instruyendo a los gobernantes sobre qué políticas públicas deben aplicarse. Son también los bancos privados los que canalizan predominantemente el enorme fraude fiscal realizado (el 73%) por las grandes fortunas y por las grandes empresas, que detraen del fisco casi 43.000 millones de euros al año. Hoy la banca privada, en complicidad con los paraísos fiscales, juega un papel central en el fraude fiscal. El mayor fraude que existe en España está también relacionado con la excesiva extensión de su banca privada (casi tres veces superior en proporción que en EEUU).

Pero la situación es todavía peor; la banca privada, incluyendo los tres grandes bancos citados en el párrafo anterior, ha conseguido millones y millones de euros prestados del Banco Central Europeo (que no es un banco central, sino un enorme lobby de la banca privada) a unos intereses bajísimos (menos de un 1%). Con este mismo dinero, en lugar de ofrecer crédito, ha comprado deuda pública que tenía una enorme rentabilidad, pues la compraba a unos intereses del 6, 8, o incluso 12% en el caso de los bonos públicos del Estado griego. Es el chollo del siglo. Imagínese usted, lector, que recibe dinero a unos intereses bajísimos, y con este dinero prestado se compra algo que le da unos intereses muchísimas veces superiores a los que usted pagó. Se haría millonario en pocos días. Pues esto fue lo que ocurrió con la banca privada española.

Las complicidades entre la banca privada y el poder político La complicidad entre el Banco Central Europeo y la banca privada ha alcanzado niveles escandalosos. Pero lo que es incluso más indignante es que, cuando los bancos privados, incluidos los tres grandes, comenzaron a comprar tanta deuda pública (incluyendo de Grecia) que podrían incluso colapsar en caso de que los Estados, como Grecia, no pudieran pagarles, entonces el BCE, el FMI y los gobiernos de la UE les compraron la deuda pública a fin de que no perdieran y salieran dañados. La famosa deuda pública griega se debe ahora no a los bancos privados, sino a las autoridades públicas que gastaron el dinero de los contribuyentes del erario público de cada país para salvarlos del colapso. Y para colmo de desfachatez, ahora los gobiernos que ayudaron de una manera descarada a la banca, como fue el gobierno español, movilizan a la opinión popular para atacar al gobierno Syriza diciéndole que deben pagarles la deuda, la cual ha hecho mucho daño a Grecia, y cuyo rescate para salvar a los bancos también se ha hecho a costa de más y más recortes en los países cuyos gobiernos ayudaron a la banca privada. En Europa, hoy, el que no está indignado es porque no conoce lo que pasa en su entorno.

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Washington aumenta la presión para que Alemania recorte la deuda griega

Xov, 25/06/2015 - 09:01

La insuficiencia permanente de los negociadores europeos para hacer progresos sustanciales sobre el tratamiento de la deuda griega, tiene a Europa y al mundo financiero paralizado ante la posible salida de Grecia de la Unión Europea. Esta incertidumbre se refleja en pequeña o gran escala en los mercados de bonos y las dramáticas fugas de capitales que se viven ante clientes cada vez más angustiados a la aplicación de un "corralito". Al otro lado del Atlántico, Estados Unidos no deja de ejercer presión a Ángela Merkel para que encuentre una salida a esta crisis de inmovilismo que transmite sus miedos a la esfera productiva. Como señalábamos en este artículo de marzo, Washington ha dejado bien en claro que Grecia debe mantenerse en la zona euro dadas sus implicancias geoestratégicas. En la reciente visita de Ángela Merkel a la Casa Blanca, el presidente Obama manifestó su confianza de que Alemania resolvería la crisis "para bien de occidente".

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La deuda militar con Francia y Alemania ahoga a Grecia

Mér, 24/06/2015 - 20:54

Carlos del Castillo, Público.es

Grecia se asoma a la bancarrota. El gobierno de Syriza negocia estos días con sus socios europeos las medidas de recorte para acceder a la ayuda económica que necesita para evitar un corralito. Estos presionan al Ejecutivo heleno para que acepten una nueva subida del IVA y otro recorte de las pensiones, dos líneas rojas que su presidente, Alexis Tsipras, se comprometió con su pueblo a no traspasar. En este contexto el presidente de la Comisión Europea, el conservador Jean-Claude Juncker, sugirió que Grecia podía optar por "otros instrumentos", como "un recorte modesto en el presupuesto de Defensa".

Pese a que el resto de socios europeos han denunciado que Juncker y su equipo están intentando asumir el papel de poli bueno de las negociaciones con Tsipras y su ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, lo cierto es que el presidente del Ejecutivo comunitario señaló uno de los principales agujeros negros de sus cuentas: Grecia es un país altamente militarizado e invierte una enorme cantidad de su presupuesto en Defensa en proporción a su población y a su peso geopolítico.

El pequeño país del sur de Europa tiene un Ejército de 109.000 soldados para una población de unos diez millones de habitantes. Cuenta con un ratio de unos 10 militares por cada 1.000 habitantes, de largo el mayor porcentaje de toda la Unión Europea. En comparación, España cuenta con unos 122.000 soldados, un ratio de 2,5 por cada 1.000 habitantes. Francia, una superpotencia en términos armamentísticos, de 3,5. Pero el gasto griego no solo abarca el personal.

En los últimos diez años, Grecia empleó una media del 4% de su PIB en Defensa, con picos de casi el 6%. La OTAN, conocida por presionar a sus aliados para que eleven el presupuesto militar, recomienda que el gasto militar alcance un 2% del PIB. El porcentaje griego solo fue superado por EEUU entre los países de la alianza. En dicho período, Grecia importó equipamiento militar por valor de 12.000 millones de euros. Entre 2005 y 2009, justo antes de verse obligada a solicitar el rescate, el país se convirtió en el quinto mayor importador de armas del mundo.

Carros alemanes y submarinos franceses ¿Dónde fue la ingente inversión de Grecia en material militar? Además de a EEUU, a sus socios europeos. Más concretamente, a dos de los principales exportadores mundiales de armas: Alemania y Francia. Grecia tiene 1620 vehículos blindados, más que Alemania, Francia e Italia juntas. Son, en su mayoría, Leopard 1 y Leopard 2, que fabrica la industria germana. En comparación, España tiene 300 unidades de Leopard, la propia Alemania, 400.

Todo este dispendio en armamento tiene su precio. Entre las numerosas deudas entre las que nada el nuevo Ejecutivo heleno están las facturas de 4.000 millones de euros que adeuda a Alemania. Francia, que nutre la Armada griega, es la siguiente con unos 3.000 millones. "Qué paradójico. Por un lado se le está diciendo a Syriza que recorte en gastos de armamento y por otro se le obliga a cumplir los pagos que tiene previstos, no solo por los carros de combate, sino también por unos submarinos franceses por los que pagó más de 2.000 millones que además resultaron ser defectuosos por un problema de diseño. Me parece una absoluta hipocresía", denuncia el eurodiputado de IU Javier Couso en declaraciones a Público.

Couso, miembro de las comisiones de Seguridad y Defensa y Relaciones con la OTAN del Parlamento Europeo, señala que hay "una campaña propagandística para atacar a Syriza desde todos los flancos posibles". Tsipras espera reducir la partida de Defensa en unos 200 millones, pero le será difícil deshacerse de todo el material militar con el que cuenta Grecia. Según estimaciones de la OTAN, en 2015 el país volverá a sobrepasar los 4.000 millones de euros.

De hecho, una vez inmersos en las negociaciones del primer rescate, los Ejecutivos helenos se vieron obligados a seguir firmando contratos de armamento. En un arranque de sinceridad, un asistente del primer ministro griego de 2009 a 2011, Yorgos Papandréu afirmó: "Nadie nos está diciendo compren nuestros buques de guerra o no vamos a rescatarlos. Pero se desprende claramente que serán más solícitos si lo hacemos".

Una "absurda" carrera armamentística con Turquía Además de su complicada posición geoestratégica, como la frontera sur y este de Europa, una de las causas de la crisis económica en Grecia ha sido tratar de competir con Turquía en términos armamentísticos. La rivalidad entre ambos países viene de lejos y en la actualidad sigue presente con pequeñas tensiones en las aguas del Egeo, y sobre ellas. Las flotas griega y turca se lanzaban avisos continuos, mientras que los cazas violan el espacio aéreo del contrario solo para ser interceptados y escoltados al propio. Al menos, lo hacían hasta que a los griegos se les acabó el dinero para pagar el combustible.

Si bien en los tiempos de bonanza pocos criticaban el dispendio que suponía mantener abierta esta carrera armamentística, tras la llegada de la crisis, incluso los turcos han tendido la mano a su antiguo adversario: "Incluso los países que actualmente están tratando de ayudar a Grecia en este momento de dificultad le ofrecen comprar nuevo equipamiento militar. Grecia no necesita nuevos tanques o misiles o submarinos o aviones de combate; tampoco Turquía. Es momento de recortar en gasto militar a escala mundial, pero especialmente entre Grecia y Turquía, que no tienen ninguna necesidad de submarinos alemanes o franceses", manifestó Egemen Bağış, jefe del equipo negociador entre Ankara y la UE.

"Si Grecia redujera cinco décimas su presupuesto de Defensa podría ahorrarse unos 9.000 millones de euros al año", explica Pere Ortega, director del Centro Delàs de Estudios por la Paz. Desde 2011, el país ha conseguido rebajar al 2,2% del PIB su gasto militar, que no obstante sigue siendo el más alto de la UE por detrás del Reino Unido. Para Ortega, reconocido pacifista, sigue siendo insuficiente.

"Grecia debería acabar con los conflictos históricos que mantiene con Turquía. Tiene que buscar ese camino. El otro le lleva a comprar más armas y a tener un Ejército preparado para eventuales conflictos, que son absurdos, porque los dos son socios de la OTAN", continúa Ortega, que señala que Syriza ya ha empezado a recorrer el camino para convertir a Grecia en un país neutral. "El camino para desarmarse es fácil", apunta el activista, pero no solo depende de la voluntad del Ejecutivo de Tsipras el poder recorrerlo.
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Ver también: Grecia y lo que no se dice de su gasto militar

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Cambio climático: el rugido de los pobres

Mér, 24/06/2015 - 12:21
Alejandro Nadal, La Jornada

La última reunión del G-7 terminó con una declaración sobre la necesidad de descarbonizar la economía global. La última encíclica papal Laudato Si constituye un llamado de atención sobre la urgencia de afrontar el desafío del cambio climático. Lo anterior parecería anunciar una convergencia de fuerzas para que la próxima conferencia de las partes (COP21) de la Convención marco sobre cambio climático de Naciones Unidas desemboque en un nuevo tratado internacional capaz de reducir emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y garantizar la adaptación frente a los estragos del cambio climático.

La declaratoria de los países del G-7 tiene fuertes defectos y una virtud. Los participantes adoptaron el compromiso de reducir sus emisiones de GEI entre 40 y 70 por ciento para 2050 y de descarbonizar la economía global en el transcurso de este siglo. También acordaron mantener la meta de limitar el aumento en la temperatura global a un máximo de 2 grados centígrados respecto de los niveles anteriores a la revolución industrial. Ese aumento de temperatura es un umbral más allá del cual se podría pasar a los cambios peligrosos. Desgraciadamente el G-7 no anunció un calendario con efectos vinculantes y metas cuantitativas para los integrantes del grupo.

El objetivo general de eliminar las emisiones de GEI asociadas al uso de combustibles fósiles es el principal elemento positivo del mensaje. Por primera vez este grupo de países coloca sobre la mesa de negociaciones una meta tan ambiciosa. La señora Merkel, con su doctorado en física y su muy extraño papel en la crisis europea, puede vanagloriarse de haber alcanzado este resultado gracias a su insistencia. Pero aunque la cancillería alemana había anunciado su pretensión de eliminar los combustibles fósiles en la economía global para 2050, no pudo vencer la resistencia de Canadá (con sus grandes depósitos de arenas bituminosas) y de Japón (que todavía no sabe qué hacer con su perfil energético a raíz del desastre de Fukushima).

El plan de reducción de emisiones del G-7 es modesto, lento e incompatible con la meta de limitar el incremento de temperatura. En la actualidad la concentración de CO2 en la atmósfera ya rebasa 400 partes por millón (ppm) y sigue en aumento. Hay que recordar que sería necesario estabilizar la concentración por debajo de 400 ppm para tener la confianza suficiente de que el aumento de temperatura no rebasaría los 2 grados centígrados.

Hoy la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera sigue en aumento y los problemas se multiplican. La capa de permafrost en las regiones polares contiene grandes cantidades de material orgánico, cuya descomposición liberaría dióxido de carbono y metano. El metano es treinta veces más eficaz que el CO2 para capturar radiación infrarroja. El congelamiento detiene la descomposición, pero a medida que se descongele el permafrost la descomposición aumenta y con ella la inyección de gases de efecto invernadero, constituyendo así un peligroso círculo vicioso. Se calcula que 25 por ciento del territorio del hemisferio norte es permafrost y por ello la contribución al calentamiento global proveniente de la desaparición del permafrost sería comparable a la provocada por la deforestación del bosque tropical. Estudios recientes indican que la capa de permafrost se está descongelando más rápidamente de lo que se pensaba hasta hace pocos años.

La encíclica papal del 24 de mayo no se limita, como erróneamente se ha considerado por muchos, al tema del cambio climático. Este documento aborda la problemática de la justicia y la sustentabilidad en el sentido más amplio. Junto a las dimensiones ambientales del ciclo de agua, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, la encíclica aborda el tema de la desigualdad y la injusticia (incluida la asimetría en la distribución de los efectos negativos de la degradación ambiental).

En el ámbito del cambio climático la encíclica incluye tres puntos sobresalientes. Primero, el clima es un bien común. No es propiedad de un grupo de naciones o de las grandes empresas del planeta. Segundo, el documento recupera el principio de responsabilidad diferenciada, principio que se ha venido desdibujando en las negociaciones internacionales. El tercer punto es más amplio: el deterioro ambiental y la degradación de la vida humana van de la mano. La encíclica papal arremete contra las desigualdades internacionales y señala que en el plano de la globalización neoliberal constituyen un instrumento de dominación. Por eso, la verdadera sustentabilidad ambiental sólo podrá lograrse por medio de la justicia a través de un debate en el que se pueda escuchar el llanto de la tierra y el llanto de los pobres.

La encíclica critica el afán de lucro de la especulación financiera y el crecimiento, pero es poco consistente en su análisis sobre el papel del crecimiento en las economías capitalistas. Ojalá pueda frenar los planes de convertir el desastre climático en oportunidades de negocios, porque de lo contrario el gemido de los pobres se convertirá en rugido implacable.

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Argentina, Grecia y el chantaje financiero

Mar, 23/06/2015 - 12:11
La presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, refrendó ayer la decisión de su gobierno de no pagar la deuda que reclaman los llamados fondos buitre, tenedores de bonos de deuda del país austral que no aceptaron los términos en los que el débito fue renegociado en 2005 y 2010.

Debe recordarse que Argentina alcanzó, en esos años, acuerdos con la gran mayoría de sus acreedores para restructurar los pasivos externos y en ese proceso logró importantes reducciones de los montos a pagar. En ese entonces algunos especuladores internacionales compraron una pequeña fracción de los títulos de deuda al 10 por ciento de su valor, para posteriormente desconocer las renegociaciones y se acogieron a instancias judiciales estadunidenses para exigir a Buenos Aires el pago de 100 por ciento del valor nominal de tales bonos, unos 1.300 millones de dólares.

La Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos, por su parte, tomó partido y decidió proteger a una porción minoritaria de acreedores de Argentina; sumó con ello un factor de inestabilidad a la economía mundial por cuanto puso a la nación rioplatense en un virtual incumplimiento de pagos –si bien en esta ocasión no se debe a la falta de recursos, sino a una decisión judicial– y sentó, de paso, un precedente nefasto para la definitividad de las restructuraciones de deuda externa de naciones soberanas.

Es significativo que el pronunciamiento de la mandataria argentina se dé unos días antes de que los ministros europeos se reúnan para decidir sobre el futuro de Grecia, cuyo gobierno, encabezado por el primer ministro Alexis Tsipras, de la coalición de izquierda Syriza, ha rechazado adoptar medidas que impliquen mayor sacrificio para la población –como lo exige la troika europea– y pugna en cambio por un proceso de restructura que le resulte favorable como alternativa para no incurrir en una suspensión de pagos.

Aunque la postura de Grecia resulta sumamente atendible, pues representa una opción para hacer frente a sus compromisos sin tener que causar más sufrimiento a su población, las autoridades económicas y financieras del viejo continente han mostrado una postura irreductible y peligrosa en la medida en que podría forzar la salida de la nación helénica de la zona euro y provocar una corrida especulativa contra esa divisa que afectaría al conjunto de las naciones europeas.

Los casos griego y argentino tienen elementos en común, empezando por el hecho de que la nación mediterránea atraviesa una situación análoga a la que vivió Argentina hace más de una década, cuando el gobierno de Néstor Kirchner restructuró la deuda y puso fin a la dependencia de ese país respecto del Fondo Monetario Internacional. La diferencia es que Grecia debe enfrentar, además de la presión de especuladores y organismos financieros internacionales, el chantaje de los gobiernos de otros países europeos, como la poderosa Alemania, con los que comparte una divisa común, con toda la dependencia que ello implica.

Pero, sobre todo, es posible ver en ambos casos las dificultades que enfrentan los gobiernos para mantener la soberanía de sus países frente a las presiones de poderes fácticos que buscan imponer sus criterios y decisiones económicas de manera indebida: la justicia estadunidense y los fondos buitre en el caso de Argentina, la troika europea en el caso de Grecia.

A pesar de las vicisitudes mencionadas, o justamente para sentar precedentes que permitan evitarlas en el futuro, es deseable que los gobiernos griego y argentino logren avanzar en la búsqueda de alternativas que les permitan atender los compromisos ineludibles de una economía global y recuperar, al mismo tiempo, una porción de la soberanía económica que les ha sido arrebatada a sus respectivas poblaciones como consecuencia del modelo neoliberal imperante.
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Tomado de La Jornada
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El final de juego en Grecia

Mar, 23/06/2015 - 07:01
Jeffrey Sachs, Project Syndicate

Después de meses de discusiones, la hora de la verdad entre Grecia y sus acreedores europeos se estancó en una deliberación sobre pensiones e impuestos. Grecia se niega a ceder a las demandas de sus acreedores de un recorte de los pagos a los pensionados y un aumento del impuesto al valor agregado sobre sus medicamentos y electricidad.

Las demandas de Europa -ostensiblemente destinadas a asegurar que Grecia pueda pagar su deuda externa- son petulantes, ingenuas y fundamentalmente autodestructivas. Al rechazarlas, los griegos no están jugando; están intentando sobrevivir.

No importa lo que se pueda decir sobre las políticas económicas pasadas de Grecia, su economía poco competitiva, su decisión de unirse a la eurozona o los errores que cometieron los bancos europeos cuando le otorgaron a su gobierno un crédito excesivo, la situación económica del país es sombría. El desempleo se mantiene en el 25%. La desocupación entre los jóvenes está en un 50%.

Es más, el PIB de Grecia se ha achicado un 25% desde el inicio de la crisis en 2009. Su gobierno es insolvente. Muchos de sus ciudadanos sufren hambre.

Las condiciones en Grecia hoy se asemejan a las de Alemania en 1933. Por supuesto, la Unión Europea no tiene que temer el ascenso de un Hitler griego, no sólo porque podría fácilmente aplastar un régimen de esas características, sino también -y más importante- porque la democracia de Grecia demostró ser extraordinariamente madura durante la crisis. Pero hay algo a lo que la UE sí debería tenerle miedo: la indigencia al interior de sus fronteras y las consecuencias perniciosas para la política y la sociedad del continente.

Desafortunadamente, el continente sigue dividido por líneas tribales. Los alemanes, finlandeses, eslovacos y holandeses -entre otros- no tienen tiempo para el sufrimiento de los griegos. Sus líderes políticos se ocupan de los suyos, no de Europa en ningún sentido verdadero. El alivio para Grecia es una cuestión especialmente tensa en países donde partidos de extrema derecha están en ascenso o los gobiernos de centroderecha enfrentan una oposición popular de izquierda.

Sin duda, los políticos europeos no son ciegos a lo que está sucediendo en Grecia. Tampoco han adoptado una actitud completamente pasiva. Al inicio de la crisis, los acreedores europeos de Grecia rechazaban el alivio de la deuda y cobraban tasas de interés punitivas sobre los fondos de rescate. Pero, conforme se intensificó el sufrimiento de los griegos, los responsables de las políticas económicas presionaron a los bancos del sector privado y otros tenedores de bonos para dar por perdidos la mayoría de sus reclamos. En cada etapa de la crisis, hicieron solamente lo que creían que toleraría su política nacional -no más.

En particular, los políticos de Europa se oponen a medidas que involucren directamente a los contribuyentes. El gobierno griego le ha pedido a Europa que cambie las deudas existentes por deudas nuevas para fijar tasas de interés bajas y vencimientos a más largo plazo. También ha solicitado que los pagos de intereses estén asociados al crecimiento económico. (Curiosamente no ha exigido recortes en el valor nominal de su deuda).

Pero un alivio de la deuda de estas características frente a los gobiernos europeos o el Banco Central Europeo siempre se mantuvo fuera de la mesa de conversaciones. Estas medidas probablemente requerirían votaciones parlamentarias en países de la eurozona, donde muchos gobiernos enfrentarían una intensa oposición pública -no importa cuán obvia sea la necesidad.

En lugar de confrontar los obstáculos políticos, los líderes de Europa se esconden detrás de una montaña de retórica beata y absurda. Algunos insisten con que Grecia termine su programa de pago, sin importar las consecuencias humanitarias y económicas -para no mencionar el fracaso de todos los gobiernos griegos anteriores a la hora de cumplir con sus términos-. Otros pretenden preocuparse por los posibles daños morales causados por el alivio de la deuda, a pesar del hecho de que la deuda del sector privado del país ha sido cancelada ante la insistencia de la UE, y de que hay decenas, si no cientos, de antecedentes para reestructurar las deudas de los países soberanos insolventes.

Hace casi un siglo, al final de la Primera Guerra Mundial, John Maynard Keynes pronunció una advertencia que todavía sigue siendo sumamente relevante hoy. Entonces, como ahora, los países acreedores (principalmente Estados Unidos) exigían que los países altamente endeudados saldaran sus deudas. Keynes sabía que una tragedia estaba en ciernes.

"¿Querrán los pueblos descontentos de Europa, en la generación venidera, ordenar sus vidas en tal forma que una parte apreciable de su producción diaria se dedique a hacer un pago externo?", preguntaba en Las consecuencias económicas de la paz. "En una palabra, no creo que ninguno de estos tributos se siga pagando más que, en el mejor de los casos, unos pocos años"

. Varios países europeos ahora parecen contentos de obligar a Grecia a entrar en default y provocar su salida del euro. Creen que los efectos colaterales se pueden contener sin pánico o contagio. Esta es una expresión de deseo típica entre los políticos. De hecho, es el tipo de imprudencia que llevó al secretario del Tesoro de Estados Unidos Hank Paulson a permitir que Lehman Brothers quebrara en septiembre de 2008, ostensiblemente para enseñarle al mercado una "lección". Alguna lección; todavía estamos intentando recuperarnos del error garrafal de Paulson.

De la misma manera, Keynes observaba con horror cómo los responsables de las políticas económicas se equivocaban una y otra vez en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, durante los levantamientos de los años 1920 y en la Gran Depresión de los años 1930. En 1925, Keynes criticó la indiferencia de aquellos "que están sentados en el escalón superior de la máquina". Sostenía "que son inmensamente imprudentes en su desconsideración, en su vago optimismo y su cómodo convencimiento de que realmente nada grave va a suceder. Nueve de cada diez veces, nada grave realmente va a suceder -apenas una leve aflicción de algunos individuos o grupos-. Pero corremos el riesgo de la décima vez…"

Hoy, los acreedores europeos de Grecia parecen dispuestos a abandonar sus promesas solemnes sobre la irrevocabilidad del euro para insistir en recoger algunas migajas de los pensionados del país. Si logran avanzar con sus demandas, forzando una salida de Grecia, el mundo nunca más volverá a confiar en la longevidad del euro. Como mínimo, los miembros más débiles de la eurozona sufrirán mayores presiones del mercado. En el peor escenario, se verán afectados por un nuevo círculo vicioso de pánico y corridas bancarias, arruinando a la vez la incipiente recuperación europea. En un momento en que Rusia pone a prueba la decisión de Europa de resolver los conflictos del este, el momento elegido por Europa para hacer apuestas no podría ser peor.

El gobierno griego tiene razón en poner límites. Es responsable frente a sus ciudadanos. La verdadera elección, después de todo, no está en manos de Grecia, sino de Europa.

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