Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger5396125
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Olvídese de Grecia, Japón es la verdadera bomba de tiempo de la economía mundial

Sáb, 28/02/2015 - 03:00
Si bien los ojos del mundo financiero están hoy en Grecia, existe otra crisis que se desarrolla a 10 mil kilómetros del Mediterráneo y que podría tener un impacto mucho más grave sobre la economía mundial, especialmente sobre Europa y Estados Unidos. La crisis fiscal en Japón, la tercera economía más grande del mundo, podría tener un mayor impacto en la economía mundial que la de Grecia, cuya economía es demasiado pequeña, de acuerdo a lo que escribe Fortune.

Takatoshi Ito, economista de la Escuela de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Columbia, argumentó en una mesa redonda que a menos que el Gobierno japonés pueda elevar el impuesto sobre las ventas del 8% actual a un 15%, la economía de Japón sufrirá una crisis fiscal entre 2021 y 2023. Esto sería así porque la población de Japón continúa envejeciendo y su alta tasa de ahorro se sigue derrumbando, arrastrando a la sociedad japonesa a una deuda que no podrá absorber dado los enormes niveles que el gobierno está asumiendo.

A diferencia de Grecia, el Gobierno japonés puede imprimir tantos yenes como quiera para pagar sus deudas, que son del Gobierno, de los bancos japoneses y de los ciudadanos. Pero toda esta impresión de dinero, piensa Ito, conducirá a una crisis de inflación y a una disminución significativa del nivel japonés de vida.

La decisión del ministro Shinzo Abe de retrasar el aumento del impuesto sobre las ventas del 8% al 10 por ciento hasta el año 2017 es indicativo de la incapacidad del gobierno para forzar estas políticas dolorosas en el público. Las dificultades demográficas que enfrente Japón, su baja tasa de natalidad y la aversión cultural a la inmigración, hace que la población en edad de trabajar se reduzca de manera alarmante, mientras que la población de jubilados que no trabajan y que exigen asistencia sanitaria de buen nivel va en aumento.

La desaceleración del crecimiento y la productividad puede empeorar las cosas en los próximos años por tanto el gobierno no debe temer a encarar un alza en los impuestos. Este hecho también es preocupante para Europa y Estados Unidos, economías que también están lidiando con el lento crecimiento y el envejecimiento de la población. De ahí que lo que ocurra en Japón en los próximos años puede dar una advertencia a todo el mundo.

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La importancia de la Teoría para interpretar la Crisis Económica

Ven, 27/02/2015 - 15:02
Carlos Berzosa, Sistema Digital

El estallido de la crisis económica en 2007 ha dado lugar a determinados economistas, pocos por desgracia, a buscar más allá de circunstancias coyunturales una explicación teórica de las posibles razones de por qué se ha producido. Algunos analistas tras el fracaso de la experiencia neoliberal han celebrado el regreso de Keynes. Pero Keynes no ha vuelto en la política económica para quedarse, aunque hubo intervenciones de los gobiernos al principio de producirse el choque para salvar sobre todo a la banca, pero pasado ese susto se regresó mayoritariamente, sobre todo en la Unión Europea (UE), al fundamentalismo de mercado que tan tristes resultados ha dado.

Las políticas de ajuste y las medidas recomendadas caminan en esa dirección neoliberal y esto no solamente está dificultando la salida de la crisis, sino que ha creado un endeudamiento creciente, público y privado, en bastantes países que resulta impagable. Las cargas del ajuste se han repartido muy desigualmente, en contra de los de abajo y también, aunque en menor medida, de los del medio y a favor de los de arriba. La crisis con sus secuelas está lejos de resolverse, independientemente de que se produzcan recuperaciones, pero aún quedan demasiados cabos sueltos para suponer que se puedan lograr las condiciones de bienestar de antes del estallido de la Gran Recesión. En Estados Unidos se ha aplicado una política de estímulos más keynesiana, aunque impulsada en gran parte por el gasto militar, y eso le está favoreciendo en el crecimiento mientras que la UE se estanca. De todos modos, se entra en una fase que se caracterizará por la inestabilidad e inseguridad creciente.

Los autores keynesianos han realizado aceptables análisis de la crisis, y aunque tienen sus limitaciones a la hora de explicar el funcionamiento del sistema globalmente, no cabe la menor duda de que son muy superiores analíticamente a las contribuciones efectuadas por los monetaristas y neoliberales. Vista con perspectiva histórica que dan estos últimos siete años destacaría, en primer lugar, el libro de Skidelsky El regreso de Keynes (Crítica, 2009), pero también Stiglitz Caída Libre (Taurus, 2010), Krugman Acabad ya con esta crisis (Crítica, 2012) y Akerlof y Schiller Animal Spirits (Gestión 2000, 2009). Todos ellos premios Nobel, excepto Skidelsky, que sin embargo, considero que ha hecho el mejor trabajo entre los mencionados. Estos autores recuperan a su vez a un poskeynesiano como Minsky, que se encontraba olvidado pero cuya obra se ha revitalizado debido a que los hechos le han dado la razón, después de muerto, como es el caso de su libro Can “It”happen again?( M.E. Sharpe, 1982).

Las limitaciones del keynesianismo, a pesar de sus aciertos, lo que ha provocado es que bastantes analistas hayan vuelto los ojos a Marx, lo que ha sido bien acogido por parte del público inquieto intelectualmente. Esto se puede comprobar simplemente echando un vistazo en los estantes y bandejas de las librerías. Los libros de Marx se vuelven a vender, algunos de ellos se han vuelto a reeditar, y también los de autores que se consideran seguidores de su contribución. Entre tanta literatura resulta difícil destacar cuáles merecen la pena de ser leídos con el fin de que ayuden a saber algo más sobre lo que está pasando. Pero voy a hacer alguna recomendación.

En primer lugar, conviene leer a Marx, lo que no resulta fácil, pues como se sabe escribió bastantes libros y artículos, algunos de ellos largos, densos y arduos de leer, y aunque en su extensa obra escribió como no podía ser menos acerca de las crisis no tiene un tratado sistemático de ellas, lo que ha dado lugar a interpretaciones diferentes sobre las causas que las provocan entre sus seguidores. Por eso es por lo que resulta muy de agradecer la publicación que con el titulo Las crisis del capitalismo (Sequitur, 2009) se recogen párrafos de Teorías sobre la plusvalía (Fondo de Cultura Económica). Este libro tiene como introducción dos ensayos muy ricos de ideas de Bensaïd. Para los que estén interesados en conocer el pensamiento de Marx resulta de gran utilidad el libro no muy extenso y didáctico de Fine y Saad-Filho El Capital de Marx (Fondo de Cultura Económica, 2013) que tiene además un último capítulo muy ilustrativo sobre financiarización, neoliberalismo y crisis.

Uno de los libros que me satisface más es el de Bellamy Foster y Fred Magdoff La gran crisis financiera (Fondo de cultura Económica, 2009) que se sitúa en la línea de la tradición marxista de la escuela americana de Sweezy y la revista Monthly Review. Por último mencionar el que se acaba de publicar de Duménil y Lévi La gran bifurcación. Acabar con el neoliberalismo (Catarata, 2014). Así como el recién sacado de la imprenta de Aglietta y Brand Un New Deal para Europa. Crecimiento, euro, competitividad (Traficantes de sueños, 2015).

Hay muchos más también valiosos, y hay quien sin duda apostará por otros libros. Estos son solamente una muestra y los que yo modestamente recomiendo. Lo hago desde el convencimiento de que para interpretar la realidad tenemos que estar armados con una buena teoría. Desde el mundo académico es una obligación profundizar en la raíz que motiva los fenómenos, no confundir causas con efectos y no caer en la mera descripción de los hechos, enumerándoles cronológicamente sin capacidad de análisis. El conocimiento resulta necesario para poder interpretar el funcionamiento de la realidad para, a partir de ahí, tener capacidad de realizar un buen diagnóstico con el fin de contribuir a remediar los males derivados de la crisis y de un modelo económico y social concreto. Esto es lo que no se está haciendo en el pensamiento dominante cuya debilidad teórica es manifiesta y de ahí los resultados tan negativos que se están produciendo con las recetas recomendadas.

No estaría mal, además, que los políticos y sus asesores se acerquen más a la literatura económica a ver si consiguen elevar el nivel intelectual del debate del Estado de la Nación. Los asesores son demasiados prisioneros de los informes oficiales y de las cifras que usan de un modo parcial e interesado y lo que se necesita es más capacidad de argumentar. Ante una situación tan triste reivindico la importancia del conocimiento frente a la ignorancia.

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La paradoja de los precios

Xov, 26/02/2015 - 13:00
Robert Skidelsky, Project Syndicate

En 1923, John Maynard Keynes se refirió a una cuestión económica fundamental, que todavía es válida, con las siguientes palabras: “(…) la inflación es injusta y la deflación es inconveniente. De ambas, tal vez la deflación sea (…) lo peor; porque es peor (…) generar desempleo que frustrar las esperanzas del rentista. Pero ambos males no son necesariamente equiparables”.

La lógica del argumento parece irrefutable. Como muchos contratos son “inflexibles” (es decir, no son fáciles de revisar) en términos monetarios, tanto la inflación como la deflación producen daño en la economía. El aumento de precios reduce el valor de ahorros y pensiones, mientras que la caída de precios reduce las expectativas de ganancias, alienta el ahorro desmedido y aumenta el peso real de las deudas.

La frase de Keynes se ha convertido en un mandamiento de política monetaria (uno de sus pocos consejos que perduró). La tesis comúnmente aceptada es que los gobiernos deben buscar la estabilidad de precios con un ligero sesgo inflacionario para estimular los “espíritus animales” [expectativas económicas] de empresarios y consumidores.

En los diez años que precedieron a la crisis financiera de 2008, los bancos centrales independientes fijaron una meta de inflación de alrededor del 2%, a fin de dar a las economías un “ancla” para la estabilidad de precios. Nadie debía esperar una desviación respecto de la meta, a menos que fuera temporal. Se eliminaría de los cálculos empresariales la incertidumbre respecto de la trayectoria futura de los precios.

Desde 2008, la Junta de la Reserva Federal y el Banco Central Europeo no pudieron cumplir la meta del 2% de inflación en ningún año; el Banco de Inglaterra sólo lo logró en uno de siete. Además, en 2015 se prevé una caída de precios en Estados Unidos, la eurozona y el Reino Unido. ¿Qué queda del ancla inflacionaria? ¿Y qué supone la caída de precios para la recuperación económica?

Lo primero que debe tenerse en cuenta es que el “ancla” siempre fue tan insegura como la teoría monetaria en la que se basaba. El nivel de precios en un momento cualquiera depende de muchos factores, de los que la política monetaria tal vez sea el menos importante. En la actualidad, es probable que el derrumbe de precios del crudo sea el principal factor que impide alcanzar la meta de inflación, así como en 2011 su encarecimiento tuvo el efecto contrario.

Como señaló el economista británico Roger Bootle en su libro de 1996 La muerte de la inflación, el efecto abaratador de la globalización influyó mucho más sobre el nivel de precios que las políticas antiinflacionarias de los bancos centrales. De hecho, la experiencia poscrisis con la flexibilización cuantitativa evidencia la relativa incapacidad de la política monetaria para compensar la tendencia deflacionaria global. De 2009 a 2011, el Banco de Inglaterra inyectó 375.000 millones de libras (578.000 millones de dólares) en la economía británica, para “volver a la meta de inflación”. En un lapso algo mayor, la Reserva Federal inyectó tres billones de dólares. Como mucho, esta enorme expansión monetaria sólo produjo un “pico” inflacionario temporal.

Como dice el dicho: “Uno puede llevar el caballo al agua, pero no obligarlo a beber”. No se puede forzar a la gente a gastar dinero si tiene buenos motivos para no hacerlo. Es improbable que las empresas inviertan en un contexto de negocios incierto y que las familias se pongan a consumir cuando están enterradas en deudas. Es una verdad que el BCE descubrirá muy pronto con su propio programa de expansión monetaria por un billón de euros con el que busca estimular la estancada economía de la eurozona.

¿Qué pasará con la recuperación si caemos en lo que a modo de eufemismo algunos llaman “inflación negativa”? La opinión comúnmente aceptada indica que el efecto sobre la producción y el empleo ha de ser perjudicial. Keynes lo explicó en 1923: “el hecho de la caída de precios perjudica a los empresarios; en consecuencia, el temor a la caída de precios los lleva a protegerse limitando sus operaciones”.

Pero a muchos analistas no les preocupa una reducción de precios, ya que distinguen entre “desinflación benéfica” y “deflación dañina”. Lo primero supone aumento del ingreso real para prestamistas, pensionados y trabajadores, además de abaratamiento de la energía para la industria. Todos los sectores de la economía gastarán más y eso impulsará la producción y el empleo (al tiempo que sostendrá el nivel de precios).

En cambio, la “deflación dañina” supone un aumento de las deudas en términos reales. Los deudores están obligados por contrato a pagar cada año una suma fija en concepto de interés. Si el dinero se revaloriza (al caer los precios), el interés que pagan les cuesta más (medido por los bienes y servicios que podrían comprar con ese dinero) que si los precios se hubieran mantenido. (En el otro sentido, el caso inflacionario, los intereses les costarán menos.) De modo que la deflación de precios implica inflación de deudas; y a mayor endeudamiento, menos gasto. Con las enormes deudas que aún tienen los sectores público y privado, la deflación dañina sería, como señala Bootle, “una pesadilla indescriptible”.

¿Cómo evitar que la desinflación benéfica se convierta en deflación dañina? Los apóstoles de la expansión monetaria creen que basta con acelerar la máquina de imprimir billetes. Pero si no funcionó estos últimos años, ¿por qué va a hacerlo en el futuro?

Para evitar la deflación (y así sostener la recuperación económica) parece necesaria una de dos condiciones: un veloz retroceso del abaratamiento de la energía o una política deliberada tendiente a elevar la producción y el empleo por medio de la inversión pública (algo que, paralelamente, produciría un aumento de precios). Pero esto obligaría a abandonar el objetivo prioritario de reducir el déficit.

Lo primero es una eventualidad impredecible; lo segundo, ningún gobierno está dispuesto a hacerlo. Así que lo más probable es que sigamos viendo más de lo mismo: una economía semiestancada por tiempo indeterminado.

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Syriza y los acreedores: un nuevo lenguaje en Europa

Mér, 25/02/2015 - 13:45
Alejandro Nadal, La Jornada

En su Arte de la guerra, Sun Tzu aconseja permanecer atento al peligro y al caos mientras no tengan todavía forma. Es precisamente lo que tenía que hacer el nuevo gobierno en Atenas al abordar la primera ronda de negociaciones con los poderes establecidos de Europa, y en especial con los ministros de finanzas del eurogrupo.

Atentos al peligro antes de que tome forma, dice el clásico texto. Pero con el enemigo apuntando una pistola a la cabeza, es difícil pensar que el peligro todavía no llega. Y Syriza se encontró en una situación análoga. Era claro que lo urgente era generar un nuevo lenguaje.

El gobierno del primer ministro Alexis Tsipras tomó posesión apenas hace un mes. En las negociaciones para extender el acuerdo con la troika sólo estaba previsto o prolongar el acuerdo con las condiciones de austeridad que ya están plasmadas en el memorándum de entendimiento o rechazarlo. Esta última opción implicaría, como se sabe, precipitar una crisis bancaria que desembocaría en la salida desordenada del euro a un terrible costo. El diktat punitivo de los halcones de la austeridad es sencillo: obedecer o salirse.

Los acreedores calcularon que Syriza no estaba preparado para llevar a cabo una salida ordenada del euro. Ese cálculo es acertado. Syriza no tiene la intención de salir del euro por varias razones, pero quizás la más importante es que no fue elegido para abandonar la moneda común europea. Por eso se equivocan quienes afirman que Syriza llegó débil a las negociaciones por haber desechado de entrada la amenaza de abandonar el euro. Parece que Tsipras y sus amigos piensan, por el momento, que esa medida iría más allá de su mandato electoral.

Tsipras y Varoufakis han sido claros sobre este tema. Pero si esta primera experiencia de negociación no abre nuevos espacios a la política fiscal o no proporciona la flexibilidad que necesita Syriza, el debate interno sobre la forma de realizar una transición monetaria comenzará a considerar la salida del euro como una opción realista.

En la coyuntura actual, el proyecto de recuperar el pleno dominio de la política monetaria y cambiaria es muy importante y nadie lo ha olvidado en Atenas. Pero convertirlo en un objetivo político explícito que quizás habría que llevar a un referéndum, por ejemplo, es algo distinto. Planear esa transición, establecer las bases para concretarla (imprimir y acuñar el circulante de alto poder que debería entrar en circulación) y establecer los tiempos y secuencia para realizar la conversión de manera ordenada con el público, eso es algo que lleva tiempo. En un contexto de guerra económica, dicha planeación es equivalente a mostrar al enemigo todas las cartas. Y el enemigo no va a cooperar con Atenas si se llega a escoger esa opción, el Grexit. No hay que perder eso de vista, los acreedores que quieren someter a los pueblos de Europa harán todo lo que puedan para que abandonar el euro conlleve un costo terrible para Grecia.

Entonces, ¿cuál era el objetivo de los negociadores griegos en esta primera escaramuza?

Syriza fue elegido para salir de la austeridad y llevar a cabo las reformas que de verdad necesita la economía en Grecia para bienestar del pueblo. La lista completa de propuestas que Atenas presentó a la Unión Europea y al eurogrupo incluye algunas de estas reformas y aplaza otras. Las más importantes tienen que ver con el nivel del superávit fiscal, el esquema de privatizaciones y la mal llamada reforma laboral. Parece claro que la meta de superávit fiscal ha quedado clavada en el 1.5 por ciento. Esto sigue siendo dañino, sobre todo en el contexto de una crisis deflacionaria. Pero ya no se hace referencia a la meta de 4.5 por ciento que destacaba un aire punitivo o de vendetta en el memorando. ¿Un pequeño logro o claudicación de Siriza en esta primera ronda?

El compromiso para generar un superávit primario de 4.5 por ciento en 2016 fue adquirido por el gobierno anterior. Pero nadie, ni Bruselas, ni el FMI, ni los halcones del eurogrupo, llegó a creer que era un objetivo alcanzable. Esto dice mucho sobre la duplicidad de los poderes establecidos. Como señala Frances Coppola (www.pieria.co.uk), la gran diferencia entre la posición de Syriza y la del eurogrupo se reduce a unas cuantas palabras: prolongar el programa actual versus llegar a un nuevo acuerdo. El programa actual es un desastre, pero en lugar de reconocerlo, el eurogrupo y los halcones de la austeridad intentaron por todos los medios que el nuevo gobierno en Atenas aceptara continuarlo. En ese terreno fundamental, fracasaron.

Las negociaciones en el futuro cercano tendrán que especificar los contornos del nuevo arreglo. Claro, este tipo de acuerdos conlleva el peligro de permitir errores de cálculo, algo que puede desembocar en conflictos más intensos. Pero también abre espacios para que un nuevo lenguaje permita una deliberación constructiva, con resultados más favorables para el futuro de los pueblos de Europa, atentos todos mientras el caos todavía no adquiere forma.

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Michael Spence: La necesaria inversión pública

Mér, 25/02/2015 - 00:33
El mundo enfrenta la perspectiva de un prolongado período de débil crecimiento económico. Pero se trata de un riesgo, no del destino. La mejor forma de evitar un resultado de ese tipo es descubrir la forma de canalizar las grandes reservas de ahorro hacia inversiones del sector público que mejoren la productividad.

Las mejoras de la productividad son fundamentales para el crecimiento a largo plazo, ya que habitualmente se traducen en mayores ingresos que, a su vez, impulsan la demanda. Por supuesto, es un proceso que lleva tiempo (especialmente si, por ejemplo, quienes inicialmente reciben ese mayor ingreso ya tienen una elevada tasa de ahorro), pero con abundantes inversiones en las áreas adecuadas, se puede sostener el crecimiento de la productividad.

El peligro reside en las inversiones basadas en deuda que desplazan la demanda del futuro hacia el presente sin estimular el aumento de la productividad. Este enfoque inevitablemente conduce a una desaceleración del crecimiento y hasta puede dar lugar a una crisis financiera como la que recientemente hizo temblar a Estados Unidos y Europa.

Esas crisis causan grandes shocks de demanda negativa cuando los excesos de deuda y las caídas de los precios de los activos perjudican los balances, que luego necesitan un aumento del ahorro para recuperarse: una combinación letal para el crecimiento. Si la crisis tiene lugar en una economía con importancia sistémica, como Estados Unidos o Europa (los dos mayores mercados externos para las economías emergentes), el resultado es un déficit mundial de demanda agregada.

De hecho, las graves restricciones a la demanda son una característica clave del actual entorno económico mundial. Si bien Estados Unidos finalmente está saliendo de un prolongado período durante el cual el producto potencial superó a la demanda, el elevado desempleo continúa reprimiendo la demanda en Europa. Una de las principales víctimas es el sector de los transables en China, donde la demanda interna aún es inadecuada para cubrir el déficit y evitar una desaceleración del crecimiento del PBI.

Otra tendencia notable es que las economías se están recuperando de los recientes shocks de demanda con ritmos diferentes: aquellas más flexibles y dinámicas, como Estados Unidos y China, muestran un mejor desempeño que sus contrapartes en los mundos desarrollado y emergente. La excesiva regulación del sector de no transables en Japón ha limitado el crecimiento de su PBI durante años, mientras que las rigideces estructurales en las economías europeas impiden la adaptación a los avances tecnológicos y a las fuerzas de los mercados globales.

Las reformas orientadas a aumentar la flexibilidad de una economía siempre son difíciles –más aún en tiempos de escaso crecimiento–, porque requieren eliminar protecciones de los intereses creados en el corto plazo para lograr una mayor prosperidad en el largo plazo. Considerando esto, resulta fundamental encontrar maneras de impulsar la demanda para facilitar las reformas estructurales en las economías relevantes.

Eso nos lleva al tercer factor detrás del anémico desempeño de la economía mundial: la infrainversión, especialmente del sector público. En Estados Unidos la inversión en infraestructura se mantiene por debajo de los niveles óptimos y la inversión en la base de conocimiento y tecnología de la economía está decayendo, en parte porque la presión para mantener el liderazgo en esas áreas se ha desvanecido con el fin de la Guerra Fría. Europa, por su parte, se ve limitada por su excesiva deuda pública y sus débiles posiciones fiscales.

En el mundo emergente, India y Brasil son apenas dos casos en que la inversión inadecuada ha mantenido al crecimiento por debajo de su potencial (aunque eso puede estar cambiando en la India). La notable excepción es China, que ha mantenido niveles elevados (tal vez a veces excesivos) de inversión pública durante el período poscrisis.

Las inversiones públicas adecuadamente dirigidas pueden ayudar mucho a impulsar el desempeño económico: generan demanda agregada rápidamente, alimentan el crecimiento de la productividad al mejorar el capital humano, fomentan la innovación tecnológica y estimulan la inversión del sector privado al aumentar los rendimientos. Si bien la inversión pública no puede solucionar una gran brecha en la demanda de la noche a la mañana, sí puede acelerar la recuperación y establecer patrones de crecimiento más sostenibles.

El problema es que las políticas monetarias no convencionales en algunas de las economías más importantes han creado un entorno de bajos rendimientos y dejaron a los inversores un tanto desesperados por opciones de alto rendimiento. Muchos fondos de pensión tienen patrimonios negativos, porque los rendimientos necesarios para cubrir sus pasivos de largo plazo parecen imposibles de lograr. Mientras tanto, el capital se acumula en los balances de los adinerados y en los fondos soberanos de inversión patrimonial.

Si bien el estímulo monetario es importante para facilitar el desapalancamiento, evitar las disfunciones en el sistema financiero y mejorar la confianza de los inversores, no puede colocar a una economía en una senda de crecimiento sostenible por sí solo, algo que los funcionarios de los bancos centrales han enfatizado en reiteradas ocasiones. Las reformas estructurales, junto con una mayor inversión, también son necesarias.

Dado el grado en que la demanda insuficiente está limitando al crecimiento, la inversión debe llegar primero. Frente a las fuertes limitaciones fiscales (y políticas), los responsables de la elaboración de las políticas deben abandonar la errónea noción de que las inversiones con amplios –y, en alguna medida no apropiables– beneficios públicos deben ser financiadas solo con fondos públicos. En lugar de ello, debe establecer canales de intermediación para el financiamiento a largo plazo.

Al mismo tiempo, este enfoque implica que los responsables de las políticas deben encontrar formas para garantizar que la inversión pública genere rentabilidad para los inversores privados. Afortunadamente, existen modelos, como los aplicados a los puertos, las carreteras y los sistemas ferroviarios, además del sistema de derechos de propiedad intelectual.

Esos esfuerzos no deben verse limitados por las fronteras internacionales. Dado que aproximadamente un tercio del producto de las economías avanzadas es transable –una proporción que no hará más que aumentar, ya que los avances tecnológicos permiten el intercambio de más servicios– los beneficios de un programa para canalizar ahorros hacia la inversión pública se derramarían hacia otras economías.

Este es el motivo por el cual el G20 debiera fomentar la inversión pública de sus países miembros, mientras que las instituciones financieras internacionales, los bancos de desarrollo y los gobiernos nacionales debieran canalizar el capital privado hacia la inversión pública, con rentabilidades adecuadas. Con un enfoque de ese tipo, la «nueva normalidad» de la economía podría pasar de su actual trayectoria mediocre a una de sólido crecimiento sostenible.
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Tomado de Project Syndicate

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Yanis Varoufakis: No es momento de juegos en Europa

Lun, 23/02/2015 - 04:48
Yanis Varoufakis, Sin Permiso

Escribo este artículo en un aparte de una negociación crucial con los acreedores de mi país, una negociación cuyo resultado puede marcar a una generación y demostrar que constituye incluso un punto de inflexión para el experimento que Europa desarrolla con la unión monetaria.

Los especialistas en teoría de juegos analizan las negociaciones como si fueran juegos en los que partir trozos de tarta entre jugadores egoístas. Debido a que he pasado muchos años investigando sobre teoría de juegos en mi pasada vida de profesor universitario, algunos comentaristas se han apresurado a suponer que, como nuevo ministro de Economía griego, andaba yo afanosamente ocupado en idear faroles, estratagemas y opciones externas, debatiéndome por mejorar un baza endeble.

Nada podría estar más alejado de la verdad.

Si de algo me ha convencido mi formación en teoría de juegos es que sería una auténtica locura pensar en las actuales deliberaciones entre Grecia y nuestros socios como un juego de negociación que se ha de ganar o perder por medio de faroles o subterfugios tácticos.

El problema de la teoría de juegos es que, tal como solía decirles a mis alumnos, da por descontados los motivos de los jugadores. Cuando se trata del póker o del "blackjack", este supuesto no plantea problemas. Pero en las actuales deliberaciones entre nuestros socios europeos y el nuevo gobierno griego, lo más esencial reside en anticipar nuevos motivos. Crear una actitud mental que transcienda las divisiones nacionales, disuelva la distinción acreedor-deudor en favor de una perspectiva paneuropea y sitúe el bien común europeo por encima de las pequeñeces políticas, un dogma que se demuestra tóxico si se universaliza y que se cifra en una mentalidad de nosotros contra ellos.

Como ministro de Economía de un país pequeño, fiscalmente agobiado, que carece de banco central propio y que es visto por muchos de sus socios como un deudor problemático, estoy convencido de que solo tenemos una opción: rehuir cualquier tentación de tratar este momento crucial como un experimento de estrategia y presentar con honradez, por el contrario, los datos referentes a la economía social de Grecia, someter a discusión nuestras propuestas para que vuelva a crecer Grecia, explicar por qué van en interés de Europa y revelan las líneas rojas que la lógica y el deber nos impiden cruzar.

La gran diferencia entre este gobierno griego y otros anteriores es doble: estamos decididos a enfrentarnos a poderosos intereses creados con el fin de que Grecia se reinicie y ganarnos la confianza de nuestros socios. Estamos decididos a que no se nos trate como una colonia por deudas que debería sufrir lo que sea necesario. El principio de la mayor austeridad para la economía más deprimida resultaría pintoresco si no causara tantos sufrimientos innecesarios.

A menudo me preguntan: ¿qué pasa si la única manera de asegurarse financiación consiste en cruzar tus líneas rojas y aceptar medidas que consideras parte del problema, más que de su solución? Fiel al principio de que no tengo derecho a marcarme faroles, mi respuesta es: no vamos a cruzar las líneas que hemos señalado como rojas. De otro modo, no serían de verdad rojas sino puro farol.

Pero, ¿qué pasa si esto le ocasiona a su pueblo grandes penurias?, me preguntan. Seguramente debe usted ir de farol.

El problema de esta línea de argumentación es que supone, siguiendo la teoría de juegos, que vivimos en la tiranía de las consecuencias. Que no se da ninguna circunstancia cuando debemos hacer lo que es correcto, no como estrategia sino sólo porque es…lo correcto.

Contra ese cinismo, el nuevo gobierno griego va a introducir innovaciones. Desistiremos, sean cuales fueren las consecuencias, de llegar a acuerdos que sean perjudiciales para Grecia y perjudiciales para Europa. Se acabará el juego de "ampliar y fingir" que comenzó después de que la deuda pública de Grecia se volviera imposible en 2010. No más préstamos, no hasta que tengamos un plan creíble para que crezca la economía con el fin de reembolsar esos préstamos. Para ayudar a que la clase media se ponga en pie de nuevo y encaremos la espantosa crisis humanitaria. No más programas de "reformas" que toman como blanco a los pensionistas pobres y las farmacias familiares mientras dejan sin tocar la corrupción a gran escala.

Nuestro gobierno no pide a nuestros socios una salida para no reembolsar nuestras deudas. Pedimos unos pocos meses de estabilidad financiera que nos permitan embarcarnos en la tarea de las reformas que la amplia mayoría de los griegos puede admitir y apoyar, de modo que podamos reanudar el crecimiento y terminar con nuestra incapacidad de pagar lo que debemos.

Se puede pensar que esta retirada de la teoría de juegos viene motivada por alguna agenda de izquierda radical. No es el caso. En esto la influencia principal proviene de Immanuel Kant, el filósofo alemán que nos enseñó que lo racional y lo libre huyen del imperio de la propia conveniencia obrando de modo correcto.

¿Cómo sabemos que nuestra modesta agenda política, que constituye nuestra línea roja, es correcta en términos kantianos? Lo sabemos mirando a los ojos de los hambrientos de las calles de nuestras ciudades o contemplando a nuestra agobiada clase media, o tomando en cuenta los intereses de la gente que trabaja duro en cualquier pueblo o ciudad de Europa dentro de nuestra unión monetaria. Al fin y al cabo, Europa solo recobrará su alma cuando recupere la confianza de la gente poniendo sus intereses en el centro de la escena.

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Noam Chomsky: “Syriza y Podemos son la reacción al asalto neoliberal”

Dom, 22/02/2015 - 23:00
Miguel Mora, Miradas al Sur

Ha caído la nevada del siglo en Boston, el termómetro marca 15 bajo cero, los micros no circulan y los autos patinan. A las once de la mañana, el profesor emérito Noam Chomsky, lingüista y filósofo, de 86 años, está ya en su puesto, dando una entrevista a un periodista francés en su despacho del Departamento de Lingüística del Massachussets Institute of Technology (MIT).

Estamos en el legendario Stata Center, construido por Frank Gehry en acero y ladrillo. La Facultad de Ciencias de la Información, Inteligencia e Informática está abarrotada de estudiantes, con abrumadora mayoría asiática. En la octava planta, junto a un ascensor, la guarida de Chomsky y sus asesores huele a café recién hecho, y se respira calma y camaradería.

En un despacho contiguo al de Chomsky está el nonagenario Morris Halle, un barbudo diminuto de ojos vivos, con el saco lleno de migas y pinta de haber compartido vodka y revoluciones con Bakunin. The New Yorker ha comparado a la pareja de lingüistas con Dante y Virgilio, con Sherlock Holmes y Watson. Halle, un lingüista destacado, fue quien llevó a Chomsky al MIT en 1955, cuando nadie se atrevía a contratar a aquel joven judío, brillante y airado recién doctorado en Harvard. En 1968, los dos escribieron a cuatro manos el libro más importante de la historia de la lingüística, The Sound Pattern of English, que hizo por la fonología –el estudio del sonido de las palabras– lo que Chomsky había hecho antes –a los 29 años– por la sintaxis: le dio forma y la convirtió en una ciencia.

Otro personaje clave en la vida de Chomsky es su secretaria, Bev Stohl, una mujer encantadora que en un aparte bromea sobre los venerables maestros: “Ahí los tienes, entre los dos suman más de 200 años”. El despacho de Chomsky, lleno de libros sobre anarquía, guerra, historia y lingüística, es luminoso y amplio, y está presidido por dos grandes fotos de Bertrand Russell, ídolo y referencia del pensador ateo y pacifista. Chomsky sale a recibir al segundo entrevistador del día con gesto afable y sonriente. Se nota enseguida que ha perdido energía y oído y que tiene la voz queda. Pero escucharlo sigue siendo toda una experiencia: tras abrazar todas las causas justas y perdidas, el viejo azote del imperialismo yanqui sigue siendo un Quijote incurable y un analista implacable. Guarda una memoria prodigiosa de fechas, hechos, libros y discursos, no pierde el hilo en ningún momento y mantiene la cabeza clara, ágil y potente.

Además de dar sus clases, escribir sus artículos y atender a sus alumnos, Chomsky imparte conferencias allá donde lo invitan –“tengo la agenda llena hasta 2016”, dice– y contesta personalmente a las docenas de mensajes y cartas que recibe cada día. Según su secretaria, “el hombre no dice nunca que no, simplemente no sabe”. La prueba llega al final de los 45 minutos de entrevista, cuando el periodista lo invita a ser presidente de honor del comité editorial de CTXT. Chomsky responde: “Bueno, no participo en comités… ¡Pero si es honorario, podría!”.

Miguel Mora: Se le ve sonriente. ¿Todavía encuentra razones para ser optimista?

Noam Chomsky: Bueno, algunas hay. Aunque no faltan tampoco para ser pesimista. La humanidad tendrá que decidir, y no a largo plazo, si quiere sobrevivir u olvidar dos enormes e inminentes amenazas: una es las catástrofes medioambientales, la otra es la guerra nuclear. El Boletín de los Científicos Atómicos, que ha sido el principal monitor de cuestiones nucleares y estratégicas durante muchos años, publica un famoso Reloj del Juicio Final. Determina la distancia a la que las agujas del reloj deberían estar de la medianoche. Y acaban de adelantarlo a tres minutos del final. Es lo más cerca que hemos estado desde la Crisis de los Misiles de Cuba. La amenaza nuclear sigue aumentando; siempre ha sido significativa, y es casi un milagro que escapáramos de ella. En este momento, EE.UU. está dedicando un billón de dólares a modernizar y poner al día su arsenal nuclear. El Tratado de No Proliferación Nuclear nos obliga a comprometernos a eliminar estas armas, a mostrar signos de querer eliminarlas. No hay nada de eso. Rusia sigue su carrera, y algunas potencias menores también.

Pero casi nadie habla de ello

No se habla mucho, salvo algunos analistas estratégicos, expertos económicos y otra gente preocupada por estas cuestiones. Pero hay amenazas muy serias. Una es el conflicto en Ucrania. Uno confía en que las potencias se frenarán, pero viendo los antecedentes no es en absoluto seguro. Sólo un ejemplo: a principios de los años 80, la administración Reagan decidió sondear las defensas rusas. Así que simularon ataques por tierra y aire, incluyendo armas nucleares. No dijeron a los rusos lo que estaban haciendo porque querían provocar no un simulacro, sino una alerta real. Fue un momento de extrema tensión. Reagan acababa de anunciar iniciativas estratégicas de defensa como la Guerra de las Galaxias, pero los analistas de ambos bandos lo interpretaron como un arma de primer ataque. No es un misil defensivo, si en algún momento llega a funcionar, sino una garantía para lanzar el primer ataque. Ahora, conforme los archivos rusos se han ido haciendo públicos, la inteligencia de EE.UU. ha reconocido que la amenaza fue extremadamente seria. De hecho, un informe reciente asegura que casi estalla la guerra.

Así que estamos vivos de milagro

Vuelvo a su pregunta inicial. ¿Optimismo? Es siempre la misma historia. Siempre, no importa cómo juzgues lo que está pasando en el mundo, tienes, básicamente, dos opciones. Puedes decidir ser pesimista, decir que no hay esperanza y abandonar todo esfuerzo, en cuyo caso contribuyes a asegurar que suceda lo peor. O puedes agarrarte a cualquier esperanza –siempre hay alguna– e intentar hacer lo que puedas y quizás así seas capaz de evitar un desastre, o incluso, de abrir el camino a un mundo mejor.

Usted cambió la lingüística cuando tenía 29 años y luego intentó cambiar el mundo. Todavía sigue en ello. Imagino que lo segundo ha sido más duro que lo primero. ¿Ha valido la pena?

¡Cambiar la lingüística también fue bastante duro! Tiene un poco de ciencia, aspectos de filosofía contemporánea. Creo que he estado en el lado adecuado, aunque formo parte de una pequeña minoría.

¿Y diría que el balance ha sido positivo?

Ha habido éxitos, no sólo míos, sino de la oposición popular a la violencia, a la guerra, a la desigualdad. El movimiento por los derechos civiles –en el que yo no fui una figura de referencia pero estuve involucrado, como tantos otros– consiguió objetivos significativos, aunque no todos los que perseguía, ni mucho menos. Si hacemos caso a la retórica oficial, la lucha de Martin Luther King acaba en 1963 con su famoso discurso “Yo tengo un sueño”, que condujo a la legislación de los derechos civiles y a una mejora significativa de los derechos de voto y de otros derechos en el sur. Pero King no se detuvo en ese punto. Continuó luchando contra el racismo del Norte y también intentó generar un movimiento por los pobres, no sólo negros, sino los pobres en general. King fue asesinado en Memphis (Tennessee) mientras apoyaba una huelga de funcionarios. Luego, su mujer, su viuda, lideró la Marcha por el Sur, por todas las zonas donde había habido disturbios, llegó a Washington y montó una acampada, Resurrection City. Aquel era el Congreso más liberal de la historia: les permitieron quedarse un tiempo y luego mandaron a la policía de noche, destruyeron el campamento y desalojaron a todo el mundo. Ese fue el final del movimiento para atajar la pobreza. Hoy sabemos que gran parte del problema no ha sido erradicado.

Europa vive también el período más sombrío de los últimos 50 años

Ha habido mejoras importantes, pero toparon con una barrera. Y esa barrera empeoró con el asalto neoliberal contra la población mundial, que empezó a finales de los años 70 y despegó con Reagan y Thatcher. Europa es hoy una de las mayores víctimas de esas políticas económicas de locos, que suman austeridad a la recesión. Incluso el FMI dice que ya no tienen sentido. Pero sí tienen sentido desde un punto de vista: están desmantelando el Estado del Bienestar, debilitando a los trabajadores para aumentar el poder de los ricos y los privilegiados. Visto así, es todo un éxito; el resultado es destruir las sociedades, pero eso es una especie de pie de página que no tienes en cuenta si estás sentado en las oficinas del Bundesbank.

La sociedad ha empezado a moverse. ¿Cree que cambiarán las cosas?

Hay una resistencia muy significativa contra el asalto neoliberal. La más importante se da en Sudamérica, es espectacular. Durante 500 años, Sudamérica sufrió la dominación de las potencias imperiales occidentales, la última de ellas, EE.UU. Pero en los últimos 10 o 15 años ha empezado a romper con eso. Esto tiene mucha relevancia. Latinoamérica fue uno de los socios más leales de los consensos de Washington, de las políticas oficiales.

El patio trasero

Pero ha dejado de serlo; no del todo, pero por primera vez en medio milenio, los países se están moviendo hacia la integración, que es un requisito para la independencia. Estuvieron separados en el pasado, están empezando a unirse. El símbolo de esto es que EE.UU. ha perdido sus bases militares en América latina; la última se cerró en Ecuador. Y otra ilustración llamativa es lo que está pasando en las conferencias continentales. En la última, que se celebró en Colombia, no pudieron realizar una declaración conjunta. El motivo es que hubo dos países que se opusieron: EE.UU. y Canadá. Esto era inimaginable en el pasado.

Guantánamo sigue ahí. ¿Cree que Cuba intentará recuperar la base en las conversaciones de La Habana?

Estoy seguro de que lo intentarán, pero dudo de que EE.UU. acepte.

He leído un artículo suyo reciente en el que decía que Obama es un liberal conservador, un republicano moderado, y que la de Nixon fue la administración más izquierdista de la historia

Nixon era un buen tipo; hoy los estándares han cambiado. Ahora Nixon parece un izquierdista, y Eisenhower, un radical incendiario. Eisenhower, al fin y al cabo, dijo que aquel que calificara de locura la legislación del New Deal no podía formar parte del sistema político norteamericano. Ahora, todo eso ha desaparecido.

¿Obama no es de izquierda?

El término izquierda en EE.UU. se utiliza ahora para los moderados de centro, porque el espectro se ha movido. Un viejo chiste decía que EE UU es un Estado de un solo partido (el partido de los negocios) con dos facciones (demócratas y republicanos); era bastante acertado. Ahora ya no sirve. Sigue siendo un país de un solo partido, pero sólo hay una facción: los republicanos moderados. Ése es el único partido operativo. Se llaman demócratas, pero son similares a lo que solían ser los republicanos moderados. El otro partido, el de los republicanos, se ha salido de ese marco. Ha abandonado cualquier pretensión de ser un partido parlamentario. Y lo ha reconocido. Uno de los líderes de opinión conservadores más respetados, Norman Ornstein, ha descripto a los republicanos como una insurgencia radical que ha abandonado todo deseo de participar en la política parlamentaria.

¿Hacia dónde van los neocons?

El partido se ha movilizado para alcanzar dos objetivos: uno, destruir el país y que parezca culpa de los demócratas, de manera que ellos puedan volver a gobernar. Su otro objetivo es simplemente servir al rico y al poderoso. Pero como no puedes hacer de esto un programa político, han hecho una cosa razonable: han movilizado a grandes sectores de la población que siempre habían estado ahí pero no se habían organizado como fuerza política. Uno de estos colectivos es el de los cristianos evangélicos, que forman una parte enorme de la población. Y ahí tienes al nuevo responsable del Comité Medioambiental del Senado, James Inhofe, que afirma: “Es arrogante decir que los humanos pueden hacer cualquier cosa contra la voluntad de Dios, como el cambio climático”. Esto es antediluviano. No puedes ni llamarlo Edad de Piedra, las tribus primitivas tenían más criterio. Pero esta es la esencia de la base republicana, extremista y cristiana evangélica. El otro sector movilizado es la gente aterrorizada. La sociedad de Estados Unidos es ahora muy mestiza, pero la población blanca se está convirtiendo en minoría. De forma que hay un gran sector de la población, y un grupo de políticos, que dice: “Nos están robando el país”. Es una forma de decir que hay demasiados rostros oscuros. Hispanos, sobre todo.

¿Y musulmanes?

También, pero los hispanos son ahora la principal fuente de miedo.

El mito nacional funciona siempre contra la invasión de pueblos “inferiores”

Y así sigue. Puede que no tenga una base histórica o biológica, pero está en la conciencia colectiva. Y ahora estamos en el punto en el que nuestra herencia mitológica anglosajona no sólo se ve amenazada, sino desbordada por esos extranjeros que se están apoderando de nuestro país. Todo esto es parte de lo que el ex Partido Republicano –tengo que llamarlo ex– ha movilizado como base de esa política que roza el delirio…

Europa lleva un camino parecido

Es delirante la forma en que la troika está tomando decisiones en Europa. Se puede calificar de delirante si se tienen en cuenta las consecuencias humanas, pero desde el punto de vista de los que diseñan la política no es delirante, a ellos les va estupendamente. Son más ricos y poderosos que nunca, y están acabando con el enemigo, que es la población en general.

Aki Kaurismäki, el cineasta finlandés, lo llama capitalismo sádico

Es que el capitalismo es intrínsecamente sádico; de hecho, Adam Smith reconoció que cuando se le da rienda suelta y queda liberado de ataduras externas, su naturaleza sádica se manifiesta porque es intrínsecamente salvaje. ¿Qué es el capitalismo? Maximizar tus beneficios a expensas del resto del mundo. Un famoso premio Nobel de Economía, James M. Buchanan, dijo una vez que el ideal de todo ser humano es ser el amo y que el resto del mundo sea su esclavo. Desde el punto de vista de la economía neoclásica, por qué no, ése es el ideal.

¿Un mundo sin derechos ni responsabilidades?

Un mundo sin reglas en el que los poderosos hacen lo que quieren. Y, donde, milagrosamente, todo sale a la perfección. Es interesante comprobar cómo Adam Smith planteó esto en la famosa expresión “mano invisible”, que tanto se usa ahora. Ahora vemos que, cuando el capital carece de cortapisas, particularmente los mercados financieros, todo salta por los aires. A eso es a lo que se está enfrentando hoy Europa.

Sorprendentemente, 25 años después de la caída del Muro de Berlín, Syriza, un partido de izquierda, ha ganado en Europa. Es como si las políticas de la troika hubieran resucitado al enemigo

Yo no lo veo así. Por la sencilla razón de que hay muchos mitos acerca del enemigo. Rusia estaba más alejada del socialismo de lo que lo está hoy Estados Unidos; la revolución bolchevique fue un gran fracaso para el socialismo, provocó una tiranía autocrática en la que los trabajadores eran eso que Lenin llamó un ejército proletario bajo el control de un líder que no tenía nada que ver con el socialismo.

¿Syriza no es entonces el péndulo de la Historia volviendo atrás?

Para los patrones actuales, Syriza es un partido de izquierda, pero no lo es por su programa. Es un partido anti neoliberal. No exigen que los trabajadores controlen la industria.

No, claro, no son revolucionarios

Ni socialistas tradicionales. Y esto no es una crítica, creo que es positivo. Y lo mismo pasa con Podemos: son partidos que se levantan contra el asalto neoliberal que está estrangulando y destrozando a los países periféricos.

Hablemos sobre la prensa. Usted ha criticado duramente a The New York Times y The New Yorker en sendos artículos recientes. ¿La decadencia de los periódicos tradicionales tiene que ver con su cercanía al poder o, como aseguran los editores, es culpa de Internet?

Escribo sobre The New York Times y The New Yorker porque lo que me interesa es ese tipo de límite liberal. Prefiero que otros denuncien a la Fox, que es una broma. Lo interesante son los periódicos intelectuales, porque establecen el límite externo de la crítica aceptable. Son una especie de guardianes. Dicen: “Puedes llegar hasta aquí, pero no más allá”. Y lo hacen por un interés particular. Desde un punto de vista doctrinal no creo que hayan cambiado, protegen las estructuras del Estado desde hace mucho. El derrocamiento de la democracia en Guatemala recibió un gran respaldo de los medios; el del sistema parlamentario iraní en 1953 fue enormemente respaldado; la Guerra de Vietnam, igual, gran apoyo todo el tiempo. De hecho, la única crítica que se ha hecho a la Guerra de Vietnam hasta el momento es que fue un fracaso. Cuando a Obama se le consideraba un gran héroe moral porque se opuso a la invasión de Irak, ¿qué dijo la prensa? Dijo que esa guerra había sido un error garrafal, claro, porque no salió bien. Si hubiera salido bien, habría sido perfecta.

¿Guardianes del poder, pero no de la democracia?

La prensa vive un grave declive, pero creo que básicamente se debe al funcionamiento de los mercados publicitarios. Los grandes medios son grandes empresas, y viven esencialmente de la publicidad; ahora sus fuentes de capital se están dispersando, y están en declive. Si leemos, por ejemplo, The Boston Globe, era un buen periódico, uno de los mejores del país, pero ahora no tiene noticias independientes en absoluto, funciona con agencias, apenas tiene corresponsales. Lo mismo está ocurriendo en el resto del país. No se trata de una actitud doctrinal, creo que está relacionado con el funcionamiento de la sociedad de mercado: si no ganas suficiente dinero, caes.

¿Y no le parece raro que esos medios sigan defendiendo el modelo que les ha llevado a la ruina?

Desde un punto de vista doctrinal, sencillamente, de una forma abrumadora, no sólo en Estados Unidos, los medios defienden al poder. En Estados Unidos ese poder son los negocios y el Estado. Aunque hay excepciones. The Wall Street Journal, el principal periódico económico, publica muy buenas historias de delitos empresariales. Por suerte, no estamos en un Estado fascista.
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Tomado de Viento SurUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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HSBC, una historia de agua y opio

Ven, 20/02/2015 - 11:52
Jean-Louis Conne, Le Monde Diplomatic

Poco después del terremoto de Haití el banco estadounidense Goldman Sachs anunciaba que donaría un millón de dólares a los siniestrados y posteriormente declaró una ganancia neta de 13.400 millones de dólares en 2009. Un gesto potente correspondiente a las ganancias generadas por nueve minutos de actividad especulativa. Detrás de las señoriales fachadas, la historia de los establecimientos financieros se hunde a menudo en aguas fangosas.

Cuatro letras han trepado al pináculo de la notoriedad a partir de que un antiguo ejecutivo de este célebre banco enviase al fisco francés una lista de clientes sospechosos de fraude: HSBC Pero, ¿qué es lo que ocultan? A lo sumo aquí y allá se habla del “banco británico”. Efectivamente, HSBC son las siglas de“Hong-Kong& Shanghai Banking Corporation”. La historia de esta empresa de “compradores” (en español en el texto), uno de los mayores grupos bancarios del mundo cuya sede londinense se refleja en el Támesis, comenzó con una historia de agua, pero también de opio.

A principios del siglo XIX nació en Londres, capital del Imperio Colonial Británico, la “Peninsular and Oriental Steam Navigation Company”. Su primer barco a vela y a vapor, el San Juan, zarpó del puerto de Londres el 1 de septiembre de 1937 y se hundió en el mar. Otros barcos de la compañía también naufragaron, entre ellos el Carnatic, cuyos restos se encontraron en los arrecifes de Abou Nawas.

Pero la compañía sobrevivió a esos contratiempos. En 1839 P&O consiguió contratos para llevar correo a Alejandría (Egipto) vía Gibraltar y Malta. Después de fusionarse con la “Transatlantic Steamship Company” en 1844, creó los que podrían llamarse los primeros cruceros de lujo del Mediterráneo. Diez años después unió su destino al de la“British India Steam Navigation Company”, cuyas naves transportaban correo entre Calcuta (India) y Rangún (Birmania) Su propietario, el administrador colonial escocés James Mackay, llegó a presidente de la P&O, que finalmente absorbió a la B.I.

Mackay a su vez mantenía estrechas relaciones con Sheng Xuanhai, el ministro de Transportes de China bajo la dinastía Qing (Manchuria), el último reinado hasta la abolición del gobierno imperial en enero de 1912. Favorable a la introducción de la tecnología occidental pese a las tensiones políticas y militares, Sheng se convirtió en su abogado, en particular en Shanghái, donde fundó la Universidad Jiao Tong orientada a la mecánica, la ingeniería y el equipamiento militar, y luego en Hong Kong. Jugando un papel muy importante en la reforma de la enseñanza en Shanghái, promovió a esta ciudad como la más tecnológica de China. En 1902 Sheng y Mackay firmaron, en nombre de China y Reino Unido, el Tratado llamado “Mackay Treaty”, relacionado con la protección de las marcas y las patentes.

En este contexto aparece otro escocés, Thomas Sutherland, y se une a P&O. Hace carrera en la sociedad, colabora en la construcción de los muelles de Hong Kong y se convierte en el superintendente de P&O y también en el primer presidente del Hong Kong&Whampoa Dock en 1863. En esa época el 70% de los fletes marítimos procedían de la importación del opio de la India que vendían a los chinos los hombres de negocios británicos a pesar de los intentos de oposición de las autoridades chinas.

Sutherland se da cuenta de que la situación es ideal para desarrollar un banco comercial. Y en 1865 funda con otros el Hong Kong&Shanghai Banking Corporation, el famoso HSBC. En su consejo de administración, presidido por Francis Chomley figura también la sociedad comercial Dent&Co, por el nombre de su creador Thomas Dent . Un personaje. En 1839 el alto funcionario chino Lin Zexu, reconocido por sus dotes y su altura moral, ordenó su arresto con el objeto de hacerle abandonar sus depósitos de opio, que violaban la prohibición decretada por las autoridades chinas. Ese fue uno de los desencadenantes de la primera guerra del opio que finalizó en 1842 con el primer “tratado desigual” el de Nankin. Al terminar la segunda guerra del opio (1856-1860) las potencias británica y francesa impusieron la creación de concesiones territoriales bajo administración extranjera, abriendo numerosos puertos chinos al comercio exterior y a la legalización del negocio del opio. Hacía cinco años que había concluido el conflicto cuando Sutherland creó el HSBC. El banco lleva su nombre muy acertadamente, puesto que algunos de sus caracteres significan en chino “juntar”, “recoger”, “riqueza”.

Un nombre que hace cantar al dinero El HSBC cosecha sus primeras riquezas a partir del opio de la India y luego del Yunnan chino. A partir de 1920 instala sucursales en Bangkok y Manila. En 1949 concentra sus actividades en Hong Kong. En 1980 y en 1997 se instala en EE.UU. y Europa y en 1993 desplaza su sede social a Londres, antes de la retrocesión del territorio de la República Popular China anunciada para 1997.

En 1999 las acciones del HSBC Holdings se cotizan en una tercera plaza bursátil, Nueva York. El grupo compró Republic New York Corporation (actualmente integrada en el HSBC USA Inc.) así como su sociedad hermana Safra Republic Holdings S.A., hoy HSBC Republic Holdings SA (Luxemburgo). En 2007 el grupo registró resultados récord antes de impuestos, 24.000 millones de dólares, de los cuales el 60% procedente de los mercados emergentes de Asia, Oriente Próximo y américa Latina. Por primera vez las ganancias acumuladas ese mismo año en China llegaron a 1.000 millones de dólares. Otro tanto en Francia.

Stephen Green dirige el HSBC Holdings, como presidente-director, desde marzo de 2006 y desde febrero de 2008 su director ejecutivo es Vincent H.C. Cheng, quien fue miembro del consejo ejecutivo de HongKong, la mayor autoridad legislativa del gobierno, entre 1995 y 1997, así como miembro del Comité Nacional de la XI Conferencia política consultiva de la República Popular China.

RebeliónUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Las causas políticas del austericidio en España, en Grecia y en la Eurozona

Xov, 19/02/2015 - 15:16
Vicenç Navarro, Alainet

A pesar de la robusta y sólida evidencia científica que existe mostrando el enorme daño que las políticas de austeridad han supuesto para la mayoría de las poblaciones de los países de la Eurozona, estas políticas continúen aplicándose, proponiéndose e incluso promocionándose y/o justificándose en los mayores medios de información y persuasión. Un ejemplo de esto último es el programa “Classe d’Economia” (Clase de Economía) de la televisión pública catalana, TV3, que continúa promoviendo el ideario neoliberal de su protagonista, incluyendo su aseveración de que la recesión en la Eurozona no se debe a la falta de demanda, sino al excesivo intervencionismo del sector público que dificulta la cultura empresarial europea (ver el programa “Classe d’Economia” del día 29.01.2015).

Para alcanzar esta conclusión se intenta mostrar en el programa que no ha habido recortes de gasto público (medida esencial en las políticas de austeridad) en Grecia, utilizando como prueba de tal sorprendente aseveración la evolución durante la Gran Recesión del gasto público en Grecia, como porcentaje del PIB, señalando que tal porcentaje ha, en realidad, crecido, mostrando con ello la supuesta falsedad de la tesis de los recortes. Tal gráfico, sin embargo, ignora que esta manera de presentar los datos no es correcta, pues al descender durante este periodo el denominador del ratio, es decir, el PIB (Grecia ha perdido un 25% de su PIB durante la Gran Recesión) el notable descenso del gasto público (el numerador del ratio) al ser menor que el colapso del PIB, enmascarará lo que está ocurriendo, dando la falsa sensación de que el gasto público en realidad ha crecido. El indicador que debe utilizarse es la evolución de gasto público por habitante, que ha descendido nada menos que un 16%. Este descenso ha creado una realidad dramática en aquel país. El New York Times publicó hace unos días un excelente artículo mostrando la consecuencia de esta austeridad en los hospitales griegos. ¡Un auténtico desastre!. Esta disminución del gasto público, junto con el descenso salarial es, en gran parte, responsable de la disminución de la demanda.

Es interesante señalar que el establishment neoliberal europeo y economistas afines presentan el enorme descenso del gasto público como la causa de la recuperación de la economía griega, cuando en realidad, tal limitadísima recuperación se debe, entre otros factores, al descenso de la intensidad de los recortes, al haber alcanzado un superávit el presupuesto estatal. Grecia ha sido el país de la OCDE que ha visto unos recortes de gasto público más intensos, con una reducción más acentuada en su déficit público, habiendo alcanzado un ligero superávit. Estos recortes han contribuido al colapso del PIB. De ahí la expresión de “austericidio” para definir este proceso.

¿Por qué tal austericidio? Tal austericidio se presenta como necesario “para recuperar la confianza de los mercados”, una de las frases más utilizadas en la narrativa neoliberal. Pero tal descenso del déficit público, resultado de unos recortes sin precedentes en su historia o en la de los otros países de la Eurozona, tuvo poco impacto en los intereses de la deuda pública, que continuó creciendo, forzando una intervención del BCE y del Establishment Europeo, pasando la deuda de ser privada a ser pública, con lo cual, los intereses de la deuda bajaron. La lógica pregunta es ¿por qué no respondieron antes? Valga recordar que el Sr. Draghi había forzado en su día un descenso de los intereses de la deuda pública con aquella frase de que ”haré todo lo posible para salvar el Euro”, y con ello bajaron los intereses de la deuda pública. ¿Por qué no lo hizo antes? Y ahí está el tema clave que aplica a todos los países de la Eurozona. ¿Por qué el establishment neoliberal no intentó evitar la Gran Recesión y permitió que algunos países como Grecia llegaran casi al abismo? Y es ahí donde no se puede responder a esta situación atribuyéndolo a un error o incluso, como lo define el Premio Nobel Stiglitz, como “una gran estupidez”. Pero antes de responder a esta pregunta, veamos otra pieza de evidencia de las consecuencias, no solo humanas y sociales, sino también económicas, de tal austericidio.

Las consecuencias económicas del austericidio Que el problema mayor que causa la Gran Recesión es la demanda, no es difícil de mostrar. Se acaba de publicar una encuesta realizada entre empresarios europeos en la que se les preguntaba sobre las causas que les habían forzado a reducir su actividad económica durante la crisis conocida como la Gran Recesión. En todos los países, la principal causa de que tuvieran que disminuir su producción de bienes y servicios fue, según los empresarios, la reducción de la demanda de tales bienes y servicios. Es decir, que la gente compraba mucho menos de sus productos y servicios de lo que hacía antes. Esta era, con mucho, la mayor causa de que tuvieran que disminuir su producción. Los españoles, por cierto, fueron los empresarios que presentaron un porcentaje más grande (62% frente al 38% en el promedio de la Unión Europea, UE) que indicaba la reducción de la demanda como su mayor dolor de cabeza.

Seguía por detrás el acceso al crédito bancario, señalando la dificultad de acceso a él como una causa de sus dificultades. Y muy en tercer lugar (con unos porcentajes muy bajos) aparecía el nivel salarial de sus empleados como una causa del descenso en la actividad económica de su empresa (todos estos datos proceden del artículo de Ronald Janssen “No Investment But Reforms Until the Economy Tanks Again”, Social Europe Journal, 03.12.14).

Estos datos y muchos otros publicados, tanto en las revistas científicas como en los medios que gozan de credibilidad, muestran lo desacertadas que son las propuestas que están haciendo tanto el Banco Central Europeo como la Comisión Europea y el Consejo Europeo, así como el Fondo Monetario Internacional (FMI), que continúan insistiendo en que una condición indispensable para salir de la crisis es continuar con las medidas de austeridad (que quiere decir reducir más y más el gasto público, y muy en especial el gasto público social) y con la profundización de las “reformas estructurales” (que quiere decir, facilitar el despido de los trabajadores por parte de los empresarios a fin de reducir los salarios). Últimamente el FMI se ha ido distanciando de las primeras propuestas (las de austeridad), enfatizando, sin embargo, la necesidad de realizar “las reformas estructurales”. No así las instituciones del establishment europeo. La nueva Comisión Europea (la más reaccionaria y neoliberal de las que han existido) acaba de presentar un informe, la Annual Growth Survey 2015, en el que se subraya la gran urgencia de profundizar en estas medidas que han dado lugar a un enorme descenso de los salarios y al crecimiento del desempleo, que son precisamente las principales causas de que haya descendido de una manera tan notable la demanda doméstica y el crecimiento económico.

¿Por qué se continúan imponiendo estas políticas neoliberales? El lector se preguntará por qué entonces estos organismos continúan proponiendo estas medidas. La respuesta es múltiple, e incluye desde una gran incompetencia de algunos dirigentes de estos organismos (hay que recordar que Rodrigo Rato llegó a ser director del FMI) hasta la creencia extendida entre el personal de tales agencias (personal muy cosmopolita y bien pagado) de que la manera de salir de la crisis es mediante el crecimiento de las exportaciones (en lugar de un aumento de la demanda doméstica), asumiendo que la reducción de los salarios es una manera de incentivar las exportaciones (y disminuir la demanda de importaciones, y con ello disminuir el déficit comercial).

El problema con esta creencia es que el sector exportador es, en cualquier país, un sector minoritario, cuya influencia sobre toda la economía, en países como España, es relativamente menor. De ahí que su capacidad para estimular la economía sea relativamente escasa. Y España es un ejemplo de ello. El sector exportador ha sido exitoso durante todos los años de crisis sin que haya permitido sacar a la economía de la crisis. La evidencia existente muestra que el aumento del gasto público (predominantemente en inversiones, no solo físicas y tecnológicas, sino también sociales, diseñadas con el objetivo de crear empleo) e incrementar los salarios, son medidas de gran importancia para aumentar la demanda y estimular la economía. A no ser que ello ocurra, no habrá una recuperación económica.

Las causas del austericido son políticas más que económicas Pero sería equivocado ver esta insistencia en promover aquellas políticas solamente como un error o como “una estupidez económica” (ver Joseph Stiglitz, “The Politics of Economic Stupìdity”, Social Europe Journal, 21.01.15). En realidad, sin excluir que haya incompetencia (y claramente la hay), hay que concluir que los grandes beneficiarios de estas políticas, que son predominantemente el capital financiero, están hoy dominando el mundo, no solo político-institucional, sino también el mediático y académico (financia la gran mayoría de centros de investigación económica, y revistas económicas) que continúa promocionando el dogma que sustenta el aparato ideológico que lo sostiene (ver Los Amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero, de Juan Torres y yo). Y en la Eurozona el capital financiero alemán es el que domina el capital financiero europeo que ejerce una desmesurada influencia sobre las instituciones del Banco Central Europeo, de la Comisión Europea y del Consejo Europeo.

Pero tal aparato ideológico se está desmoronando hoy a los dos lados del Atlántico Norte, donde la percepción generalizada es que estas políticas han sido un desastre. En España, sin embargo, la influencia de estos grupos financieros y económicos es casi absoluta sobre tales instituciones político-mediáticas. Y ello explica la todavía persistencia del dogma neoliberal que aparece por todas partes, incluido en los gurús mediáticos de los grandes medios de información y persuasión.

Una última observación. El austericidio no puede tener lugar en un país sin la complicidad del establishment financiero-político, y muy en especial dentro de ellas de la gran banca, que están consiguiendo lo que siempre soñaron. No hay que olvidar nunca que, como dijo el Sr. Draghi al Wall Street Journal (24.02.12), la época de la Europa Social ha terminado. Y el caso de Grecia muestra claramente que lo consiguieron. De ahí que utilizaron todos los medios para que ello sea irreversible. Y se opondrán a las propuestas del partido que ganó oponiéndose al austericidio. Pero el poder financiero-económico-mediático, y político no es omnipotente. De ahí la enorme importancia de las movilizaciones de apoyo a Syriza que están teniendo lugar a lo largo de toda la Unión Europea, aunque usted, lector, es probable que no lo haya visto o leído en los medios (con excepciones). Es un conflicto en el que se define el tipo de Europa que tendremos en el futuro. El análisis de las propuestas de Syriza muestra que son razonables, lógicas y factibles. Que se presenten como extremistas es un indicador del nivel de derechización de la cultura política y mediática en España.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Aquellos polvos y estos lodos

Xov, 19/02/2015 - 05:37
Eduardo Montes de Oca

Concedámosles el beneficio de la duda. Quizás incluso a la altura de 1991, en el vórtice del derrumbe de la URSS, ciertos dirigentes apoltronados en el oportunismo y una burocracia desconectada de las bases sociales, que jugó la baza de la corporatocracia global, de las fuerzas más recalcitrantes del capitalismo universalizado, no imaginaron que el desmantelamiento del llamado socialismo real resultaría “la más grande catástrofe geopolítica del siglo XX”, como asevera Vladímir Putin.

Pero qué interesa si ingenuidad o cinismo. Lo significativo es que aquellos polvos trajeron estos lodos. Rusia continúa siendo, con China, el enemigo para derrotar por quienes no pasan por alto su potencial. Las abundosas materias primas, la tecnología de punta sobre todo en el sector militar y la alianza con el vecino “dragón” constituyen detonantes de la alergia occidental.

Alergia de larga data e incentivada por lo que Oscar Julián Villar Barroso señala en la revista Temas (La Habana, número 78, páginas 25-32). A pesar de que, en los años ochenta, “los errores en la política económica y la propia situación internacional propiciaron carencias materiales y desabastecimiento de algunos productos” en la URSS, un grupo de expertos estadounidenses, dirigidos por el Premio Nobel Vasili Leontiev, concluyó que las dificultades no eran de las que exigían profundas transformaciones en el sistema. Y hay más. En el propio 1991, Margaret Thatcher aseguró que la Unión Soviética no representaba un peligro en la esfera militar, sino… ¡en la económica!

Afirmaciones formuladas aun cuando se constataba la incomprensión de la necesidad del cambio de paradigma productivo, el aferramiento al modelo fordista tradicional y a la economía extensiva; en fin, “la incapacidad de la dirección de ese país de avanzar dentro del modelo posindustrial de desarrollo y de mantener el carácter revolucionario de su proceso de construcción del socialismo”. Tal vez no andaba tan descaminado el por algunos tan denostado Igor Ligachov al cuestionarse: “¿Qué clase de inmovilismo fue ese, si en los 18 años de dirección de Leonid Brezhnev […] la producción industrial creció tres veces, la agrícola una vez y media, se construyeron cinco centrales electronucleares y dos gigantes para la construcción de maquinarias, entre otras obras importantes?”.

Pero más allá de este controvertible asunto, que lógicamente da pábulo para un análisis más prolijo y enjundioso, lo cierto es que hoy, como ayer, el espíritu antirruso campea por sus respetos en un planeta que los ilusos vaticinaron pacífico tras la “caída de los rojos”. Y ese acendrado sentimiento xenófobo, alentado por ciertas élites en su afán de unipolaridad, se percibe claramente en el “affaire” Ucrania. Con Pierre Charasse (Red Voltaire), anotemos que la crisis en esa nación europea “ha puesto en evidencia la magnitud de la manipulación de las opiniones occidentales por los grandes medios de comunicación televisivos […] y la mayoría de la prensa escrita alimentada por las agencias noticiosas [...] Es muy preocupante que muchos ciudadanos del mundo se dejen llevar por una rusofobia jamás vista, ni en los peores momentos de la guerra fría. La imagen que la maquinaria mediática nos impone es que los rusos son unos ‘bárbaros atrasados’ frente a los ‘civilizados occidentales’”.

Así que “el importantísimo discurso de Vladimir Putin el 18 de marzo, después del referendo en Crimea, fue prácticamente boicoteado en todos los medios. En cambio, se dedicaron amplios espacios a las reacciones occidentales. Naturalmente, todas negativas. En ese discurso, Putin explicó detalladamente que la crisis en Ucrania no fue provocada por Rusia y presentó con toda racionalidad la posición rusa y los legítimos intereses estratégicos de su país en la era posconflicto ideológico”.

Para nuestra fuente, el asunto resulta asaz nítido: humillada por el trato que le impusieron a partir de 1989, la Federación ha despertado y, desperezándose, reanuda “una política de gran potencia buscando reconstruir posiciones en la línea histórica tradicional de la Rusia zarista y después de la Unión Soviética”.

El articulista acota que la geografía determina la estrategia. “Rusia, después de haber perdido –según la fórmula de Putin– gran parte de sus ‘territorios históricos’ y de su población rusa y no rusa, se fijó como gran proyecto nacional y patriótico recuperar su estatus de superpotencia, de actor ‘global’, asegurando en primer lugar la seguridad de sus fronteras terrestres y marítimas. Eso es precisamente lo que quiere impedir un Occidente inmerso en su visión unipolar del mundo”.

Ahora, ¿de qué cartas dispone este estadista de talante sereno, que en su sobriedad parece proclamar: “yo sé lo que me traigo entre manos”? Charasse va directo: como buenos ajedrecistas, Putin y su equipo “tienen varias jugadas de adelanto, basadas todas en un conocimiento profundo de la historia, de la realidad del mundo y de las aspiraciones de gran parte de las poblaciones de los territorios anteriormente controlados por la exUnión Soviética. Vladimir Putin conoce a la perfección las divisiones de la Unión Europea, sus debilidades, la capacidad militar real de la OTAN y el estado de las opiniones públicas occidentales, poco deseosas de aumentar los gastos militares en un periodo de recesión económica. A diferencia de la Comisión Europea, cuyo proyecto coincide con el de Estados Unidos en cuanto a consolidar un bloque euroatlántico político-económico-militar, los ciudadanos europeos no quieren seguir ampliando la Unión Europea hacia el este ni admitir en ella a Ucrania, Georgia ni ningún otro país exsoviético”.

Además, a los analistas del Kremlin no se les escapan las decisivas metamorfosis a escala del orbe. Como recuerdan, y subrayan, observadores tales el conocido Jorge Beinstein (La Jornada), “[...] en 2014 China representa el 16,4 por ciento del Producto Bruto Mundial contra 16,2 por ciento de los Estados Unidos. En 1980 Estados Unidos representaba el 22,3 por ciento y China solo 2,3 por ciento. En el año 2004 Estados Unidos todavía parecía estar ubicado en una cima difícil de alcanzar con el 20,1 por ciento del Producto Bruto Mundial y China crecía pero llegaba al 9,1 por ciento (menos de la mitad del PBI estadounidense). En diez años más se equilibró la balanza y de acuerdo al pronóstico del FMI la diferencia a favor de China aumentará en los próximos años”.

Siguiendo la lógica del comentarista del diario mexicano, agreguemos que estos datos del Fondo Monetario Internacional no se circunscriben solo a la expansión del gigante asiático, sino que devienen muestra por antonomasia de la declinación de Norteamérica, “cuyo poderío económico relativo global fue retrocediendo año tras año desde el inicio del siglo actual. La respuesta de su elite dirigente fue seguir con el proceso de financierización que la había encumbrado, al mismo tiempo que degradaba el sistema industrial y acumulaba deudas, mientras que para proteger y prolongar sus privilegios parasitando sobre el resto del mundo exacerbó su tendencia militarista. Lo que se había iniciado en la última etapa del Gobierno de Clinton se agravó con la llegada de George W. Bush y lo hizo aún más bajo la presidencia de Obama. Las guerras se fueron sucediendo y extendiendo, la crisis financiera de 2008 no calmó la euforia belicista, por el contrario la acentuó y las bajas tasas de crecimiento productivo que siguieron, las amenazas de default, el aumento de la marginalidad social, las pérdidas de mercados externos y otras calamidades dejaron vía libre al autismo imperial. Nos encontramos ante la reacción desesperada de un sistema drogado embarcado en una loca fuga hacia adelante, los lobos de Wall Street convergen con los militares hitlerianos de la OTAN al timón de un inmenso Titanic que alberga al conjunto del G5 (Estados Unidos+Alemania+Francia+Japón+Inglaterra)”. Lo peor: el militarismo es asumido por la clase dominante norteamericana, imposibilitada de (renuente a) descifrar las señales del exterior, como la “solución” a sus problemas. Y hela aquí buscando someter a “sus aliados-vasallos de la OTAN, acorralar a Rusia y a China, sumergir en el caos a países de todos los continentes y así tomar posesión de una amplia variedad de recursos naturales de la periferia, desde el petróleo y el gas hasta llegar al coltan, al litio o al oro”.

No en vano diversos observadores convergen en que la humanidad parece encaminarse a la Tercera Guerra Mundial. Epigramática, rotunda, la opinión de Atilio Borón en este sentido: “La OTAN estrecha cada vez más el círculo trazado sobre Rusia, llevando a sus extremos un proceso que fue el objetivo político fundamental perseguido, en el teatro europeo, por los sucesivos gobiernos demócratas y republicanos que ocuparon la Casa Blanca desde los comienzos de la Guerra Fría. Y a lo anterior hay que sumar la declaración de guerra económica que, en los hechos, ha decretado el Gobierno de Estados Unidos”.

Sí, Rusia se erige en algo así como el objetivo principal de una espiral geostratégica algunos de cuyos signos, insistamos, los constituyen las intervenciones de Occidente en Afganistán, Irak y Libia. La actual puja de los precios del petróleo, al parecer deprimidos en aras de que colapse la economía de una nación que todavía vive mayormente de la exportación de materias primas, y el cerco asfixiante de bases militares podrían ser la “preparación artillera” de la conflagración que vendría. Que vendrá, si se cumplen los calenturientos anhelos del Pentágono, que no por mero “amor al arte”, no gratuitamente, ha pedido al Congreso asignar unos 79 millones de dólares, contantes y sonantes, a la modernización de los “aviones del juicio final”, los cuales, destinados al uso exclusivo del presidente y de altos jefes castrenses, en caso de una hecatombe atómica podrían permanecer en el aire una semana, con reabastecimiento en vuelo y protección contra la radiación.

Nada, que lleva razón el sobrio Putin al sentenciar que el derrumbe de la Unión Soviética representa “la más grande catástrofe geopolítica del siglo XX”. Sí, estos lodos provienen de aquellos polvos, aunque los dirigentes apoltronados en el oportunismo y una burocracia desconectada de las bases sociales hayan imaginado, al cometer el crimen de lesa dignidad, de lesa patria, que estarían apostando además por el mejor de los escenarios posibles: el de la paz eterna.
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Tomado de Cuba Debate

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Creación monetaria y la crisis en Europa

Mér, 18/02/2015 - 14:08
Alejandro Nadal, La Jornada

Las negociaciones entre el equipo del nuevo gobierno griego y los miembros del eurogrupo llegaron al punto de no retorno. El gobierno de Syriza podría doblegarse mañana y aceptar las condiciones impuestas por el eurogrupo. Pero podría resistir. Se agotaría el tiempo para pedir una prórroga del plan de rescate y su absurdo programa de austeridad. Grecia iniciaría su salida del euro.

Los ministros de finanzas de Alemania y Holanda, Schäuble y Dijsselbloem (hoy jefe del eurogrupo), han sido claros: los bancos prestaron a los griegos los ahorros de los demás y ahora hay que pagar esa deuda. Pero esa postura se sustenta en una teoría macroeconómica equivocada y en un análisis erróneo sobre el funcionamiento de los bancos. Nos referimos a la teoría sobre fondos prestables y al análisis que atribuye a los bancos el simple papel de intermediarios entre ahorradores y demandantes de capitales.

Utilicemos la narrativa siguiente. En una economía hay gente que es paciente y hay gente impaciente. Los primeros ahorran y los segundos toman prestados esos ahorros para sus proyectos (de consumo e inversión). Los ahorros se convierten en fondos prestables: hay unas entidades, llamadas bancos, que fungen como intermediarios entre esos dos grupos de personas. La tasa de interés se determina en el mercado de esos fondos prestables.

Todo esto suena lógico, pero es falso.

De acuerdo con esa visión macroeconómica, el crédito para realizar inversiones está constreñido por el ahorro. El ahorro es lo que queda cuando al ingreso le quitamos el consumo. Entre menos consumo, más ahorro. Sin ahorro, los fondos prestables serían cero y no habría crédito. Esta idea de que el ahorro sirve para financiar la inversión conlleva la noción de que cuando hay más ahorro aumenta la oferta de crédito. Los textos introductorios de Krugman y Mankiw, utilizados en cientos de universidades, transmiten esta falsa historia.

La visión sobre la crisis en Europa que abrazan Schäuble y Dijsselbloem está basada en esta teoría. Los bancos de la eurozona habrían llevado el exceso de ahorro de países como Alemania y Holanda a países con déficit de ahorro, como Grecia.

Pero el análisis de la evolución de activos y pasivos transfronterizos de los bancos en la eurozona entre 1997 y 2011 revela una expansión inusitada del crédito que no tiene nada que ver con el ahorro en Europa. Los datos del Banco Internacional de Pagos muestran que en 2002 los activos de los bancos de la eurozona en operaciones transfronterizas ascendían a unos 2 billones (millones de millones) de euros. Cinco años después, en 2008, esos activos transfronterizos habían alcanzado la prodigiosa cifra de 10 billones de euros. ¡Un incremento de 500 por ciento! Esos activos, cabe recordar, representan entre otras cosas los préstamos que realizan los bancos (los préstamos se inscriben como activos en la contabilidad del banco porque los prestatarios deberán rembolsarlos).

¿Cómo se comparan las operaciones transfronterizas de los bancos con el PIB y el ahorro nacional de los países de la eurozona? Las cuentas nacionales en Europa indican que el PIB de los 18 países de la eurozona en 2008 ascendió a 9.5 billones de euros. ¿O sea que los activos (préstamos) transfronterizos de los bancos ese año fueron superiores al PIB de los países de la eurozona? Algo está muy mal en esa teoría que ve en los ahorros la fuente del crédito.

La realidad es que los bancos comerciales privados y públicos tienen la capacidad de crear moneda de la nada. Es una verdad que prefiere ignorarse porque es la fuente de poder de banqueros y financieros. Pero el fenómeno de la creación monetaria es evidente y es lo que permite el funcionamiento de una economía capitalista.

Los bancos de la eurozona, en especial aquellos que tenían ventajas de escala y reputación, se encontraron con una gran oportunidad al momento de consumarse la unión monetaria. El mercado de países de la cuenca del Mediterráneo les ofrecía terreno virgen para sus operaciones: no sólo había una misma referencia monetaria, sino que las reglas macroeconómicas (Tratado de Maastricht) aseguraban baja inflación. Enviaron a sus agentes más aguerridos a promover sus créditos y se encontraron con un público ávido de crédito barato. El resultado está en las cifras mencionadas arriba. La superabundancia de crédito entre 2000 y 2009 es el resultado de estas operaciones de los bancos.

La crisis proviene del exceso de crédito generado por la voracidad de los bancos de la eurozona. De aquí se transformó en una crisis de deuda soberana y el siguiente paso fue trasladar la carga de la deuda a los pueblos de los países deficitarios. Pero la irresponsabilidad de los bancos comerciales privados en la génesis de la deuda no puede ser ignorada.

Syriza tiene razón al rechazar el sacrificio del pueblo griego en el altar de la austeridad fiscal. Veremos si las élites en el viejo continente comprenden que el alma de Europa no puede perderse en un mundo en el que la creación monetaria está en manos privadas y es guiada por el afán de lucro.

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Grecia rechaza el plan de rescate pese al ultimátum de Alemania

Mar, 17/02/2015 - 12:48
Si bien las reuniones de la semana pasada entre la UE y el gobierno griego habían generado un poco de optimismo, la reunión de ayer cerró todas la puertas y dio cuenta de la inevitable fractura de Europa. Alemania no está dispuesta a ceder ni un ápice, pese a que las políticas que ha implantado para toda Europa en los últimos siete años han sido un rotundo fracaso y están condenando a Europa a una tercera recesión. Este malestar económico ya comienzan a sufrirlo los propios alemanes (de ahí que Angela Merkel sufriera el pasado domingo su mayor derrota política en Hamburgo). Esto ha llevado al gobierno alemán a desconocer las elecciones democráticas, tal como ayer lo planteó Wolfgang Schauble, el ministro de finanzas de Alemania: "Yanis Varoufakis es un pésimo ministro para Grecia". Olvida Schauble que el gobierno de Tsipras fue elegido por amplia mayoria y que los planes de Varoufakis tienen un respaldo del 79 por ciento de la población.

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Dani Rodrik: La reforma de la reforma griega

Mar, 17/02/2015 - 04:25
El nuevo Gobierno de Grecia, encabezado por el partido Syriza, que se opone a la austeridad, representa para la zona del euro una amenaza que hasta ahora no había tenido que afrontar: la de tratar con funcionarios nacionales que están fuera de la principal corriente tradicional europea. Syriza es en muchos sentidos un partido radical y con frecuencia se califican sus ideas sobre la política económica de propias de la extrema izquierda, pero su posición sobre la deuda y la austeridad cuenta con el apoyo de muchos economistas totalmente ortodoxos de Europa y los Estados Unidos. Entonces, ¿qué es lo que diferencia a Syriza?

Todas las negociaciones entre deudores y acreedores entrañan en alguna medida actitudes faroleras y bravuconas, pero el rebelde ministro de Hacienda de Grecia, Yanis Varoufakis, ha planteado con audacia su posición ante los medios de comunicación y el público de un modo que deja pocas dudas sobre su disposición a jugar fuerte.

Sería de esperar que las negociaciones entre los griegos y la “troika” (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) versarían principalmente sobre la consecución de un acuerdo relativo a los aspectos económicos de la situación, pero eso sería hacerse ilusiones. Los alemanes, junto con los países acreedores más pequeños, no están dispuestos a relajación alguna de la austeridad y se muestran inflexibles respecto de que la “reforma estructural” deba seguir siendo una condición para una nueva financiación. Consideran que ofrecer unas condiciones más fáciles sería económicamente contraproducente, entre otras cosas porque brindaría una oportunidad a los griegos de volver a las andadas.

Así, pues, lo que estamos presenciando no es un debate económico racional, sino un puro y siempre regateo y prácticamente la única baza negociadora que tiene Varoufakis puede ser la amenaza implícita de que Grecia podría abandonar el euro. La amenaza es sólo implícita; la mayoría de los griegos no quieren el abandono del euro y Varoufakis y el Primer Ministro, Alexis Tsipras, han procurado últimamente no declarar semejantes intenciones, pero, sin la amenaza, la actitud de Varoufakis de hacer valer su legitimidad democrática encontraría casi con toda probabilidad oídos sordos en Berlín, Fránkfurt y Bruselas. Syriza no tendría otra opción que la de continuar con el programa económico para cuya revocación fue elegido.

La eficacia de la amenaza de que Grecia salga depende de dos condiciones. En primer lugar, Alemania y otros miembros de la zona del euro deben considerarla un riesgo importante para ellos mismos. En segundo lugar, un regreso al dracma debe ofrecer la perspectiva de que la economía griega acabará mejorando por sí sola más que dentro de una unión monetaria (y con el programa económico vigente). A falta de la primera condición, la zona del euro responderá a Grecia así: “Por favor, márchese”. A falta de la segunda condición, la amenaza de Grecia no será creíble.

Y aquí es donde la economía vuelve a salir a escena. Examinemos la primera condición. Algunos observadores parecen haberse convencido de que cualesquiera efectos indirectos de la salida de Grecia serían soportables. Grecia es pequeña y, además, está en una situación extraordinariamente desesperada, por lo que es posible que otros miembros frágiles –España, Portugal e Italia– se libraran del contagio financiero y la viabilidad del euro no resultase afectada dramáticamente.

Pero las consecuencias son imprevisibles y los costos de cualquier efecto de dominó son potencialmente tan grandes, que a Alemania y los demás acreedores no les interesa precipitar la hipótesis de la salida de Grecia. Al contrario, presidir el desmembramiento de la zona del euro ha de ser una de las peores pesadillas de la Canciller de Alemania, Angela Merkel. La segunda condición, relativa a los efectos en la economía griega, resulta más dificil de ver con claridad. También a este respecto hay muchas hipótesis de desastre. La salida de Grecia requeriría controles de capitales y el aislamiento financiero, al menos durante un tiempo. La incertidumbre resultante sobre las políticas y los precios podría producir una sacudida muy negativa en la economía real y provocar niveles aún mayores de desempleo.

Pero hay ejemplos claros de resultados económicos positivos tras la ruptura de un vínculo monetario similar. Gran Bretaña abandonó el patrón oro muy pronto, en 1931, para poder relajar las condiciones monetarias y reducir los tipos de interés y le fue mejor que a los países que retrasaron su salida hasta más adelante. La Argentina abandonó su tipo de cambio fijo frente al dólar y experimentó una recuperación rápida después de dos trimestres malos.

En los dos casos, la recuperación de la soberanía monetaria permitió disponer de una divisa más competitiva, lo que, a su vez, aumentó la demanda de exportaciones y contribuyó a la recuperación económica. Con su salida, la mayor esperanza griega sería algo similar: un acusado impulso de la competitividad exterior. El Gobierno de Grecia tiene un margen limitado para el estímulo fiscal y quedaría excluido de los mercados financieros. Una divisa más barata podría, en principio, corregir los efectos de la austeridad.

La depreciación de la divisa funciona mediante la reducción interna de los costos en divisas. Uno de dichos costos se ha reducido ya en gran medida en Grecia. Desde el comienzo de la crisis, los salarios griegos han bajado más de un 15 por ciento, proceso denominado, con bastante propiedad, devaluación interna. Sin embargo, la reacción en materia de exportaciones ha sido decepcionante. Aunque el enorme déficit por cuenta corriente del país ha desaparecido, ello refleja un desplome de las importaciones, consecuencia de la austeridad, en lugar de un auge de las exportaciones.

Ese dato por sí solo indica que volver al dracma podría no ayudar demasiado a Grecia. Las exportaciones griegas parecen haber topado con otros factores. Unos costos energéticos mayores (por los aumentos de los impuestos al consumo y las tarifas de la electricidad), la paralización del crédito, la especialización en mercados de exportación estancados y la generalizada incertidumbre en materia de políticas parecen haber desempeñado un papel. A consecuencia de ello, los precios de las exportaciones griegas no han bajado tanto como los salarios. La salida del euro podría ser positiva en relación con algunos de dichos costos, pero agravaría otros (como, por ejemplo, la incertidumbre en materia de políticas).

A corto y medio plazo, el aumento de la competitividad griega requiere remedios que eliminen ciertas constricciones impuestas a los exportadores. Un programa griego que determine dichas constricciones y proponga remedios sería una actitud económica mucho mejor que el cumplimiento a ciegas de la lista de reformas estructurales confeccionada por la troika. Además, ofrecería un plan substitutivo y creíble frente al de permanecer en la zona del euro en las condiciones actuales, con lo que fortalecería la posición negociadora de Grecia en pro de un acuerdo que garantice que su salida no llegará a ocurrir.
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Tomado de Project Syndicate
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Suiza, el anfitrión de la nueva guerra de divisas

Lun, 16/02/2015 - 13:32
Oscar Ugarteche & Tesalia Valencia, AlaiNet

La mañana del 15 de enero, el Banco Central Suizo anunció el retiro del piso del tipo de cambio frente al euro, fijado en 1.20 francos por divisa europea en el 2011, y decidió bajar la tasa de interés a los depósitos medio punto, de -0.25% hasta -0.75%, con el objetivo de mitigar el calentamiento de la economía, y con ello, desincentivar la entrada de capitales. Este repentino giro, se tomó como medida de prevención ante la acelerada depreciación de la moneda única frente el billete verde, lo que ocasionaba a su vez un debilitamiento en los últimos meses del franco suizo ante el dólar. Por otro lado, se estableció para proteger al país de una avalancha de dinero derivada de la incertidumbre por la relajación cuantitativa del Banco Central Europeo.

A diferencia de otros bancos centrales, el Banco Suizo no le pertenece totalmente al gobierno, ya que una parte se encuentra en manos de organismos particulares e instituciones públicas, y el resto, equivalente al 45%, es propiedad de accionistas privados que incluyen regiones administrativas suizas, conocidos como cantones, muchos de los cuales recibían dividendos con un tope máximo de 6% del beneficio neto de la comisión negociadora hasta antes del 2014. Desde entonces, los accionistas han estado quejándose debido a la falta de estas transferencias, de modo que el abandono del tipo de cambio fijo se asentó como la única forma para lograr el regreso de los dividendos.

La teoría bajo la maniobra aplicada confía en que el cobro por la tenencia de dinero en el banco central obligará a buscar mejores rendimientos en otros lugares, ya sea a través de la inversión en activos productivos en la unión monetaria o por la transferencia de dinero hacia activos más seguros en el extranjero. En el primer caso, la inversión productiva adicional contribuiría a impulsar el crecimiento directamente, mientras que en el segundo, las salidas de capital ayudarían a debilitar la moneda haciendo que las exportaciones ganen competitividad.

No obstante, lo único cierto hasta ahora es la desconfianza y la incertidumbre inyectada en el mercado cambiario causando múltiples pérdidas -o en algunos casos enormes ganancias- originadas de la rápida apreciación del franco suizo de hasta 41% en un momento frente al euro, de tal manera que al final el impacto más significativo se resintió precisamente en el mercado de valores suizo, el cual tuvo un desplome de 8.7%, el más importante en un cuarto de siglo.[1] Por otra parte, el disturbio también provocó grandes pérdidas para miles de inversionistas y diversas instituciones internacionales como son Citigroup y Deutsche Bank, que perdieron cientos de millones, al igual que algunas pequeñas casas de bolsa que fueron totalmente evisceradas. Asimismo, ocasionó que el corredor de divisas al por menor más grande de Estados Unidos y tercer a nivel mundial, Forex Capital Markets (FXCM), casi se declarara en quiebra después de anunciar que podría haber caído en incumplimiento de algunos requisitos de capital regulatorio, por lo que fue rescatado inmediatamente por medio de un crédito de emergencia de 300 millones dólares provisto por la firma de inversiones Leucadia National Corp.[2]

La inesperada apreciación del franco vislumbra un panorama oscuro y un tanto ambiguo, ya que por un lado, significa que los precios en Suiza se han ajustado debido a que alrededor del 60% de los productos son importados, y se teme que pueda convertirse en un descenso sostenido que acentúe la deflación de -0.3%ya presentada, factor que ha impactado negativamente al conjunto de la actividad económica y; por otro lado, representa un desafío inmenso para el turismo y los exportadores suizos como Swatch, Tissot, Tag Heuer, Nestlé, Novartis, entre otros, los cuales obtienen la mayor parte de sus ganancias de las ventas al exterior-aproximadamente el 85%-, razón por la que tendrán que esforzarse para reducir los costos de forma radical, probablemente con afectaciones importantes en los empleos y salarios.[3]

Para los vecinos centro europeos el golpe se está viendo en los costos de las hipotecas. Con tasas de interés cercanas a cero, muchos polacos y húngaros tomaron prestado dinero de la banca suiza para pagar sus viviendas y ahora el costo de estos préstamos se ha encarecido sustantivamente. El estancamiento que puede inducir en centro europa es un factor que debe contemplarse para proyecciones de crecimiento global.

En tanto, a las secuelas de la medida suiza en el resto del mundo, se percibe en primera instancia la repercusión del aumento generalizado de los precios para sus principales socios importadores, como son el caso de Alemania, Francia, Italia y Estados Unidos. La nueva medida abre la posibilidad de una reconfiguración espacial en búsqueda de nuevos refugios para capitales con el aliciente de cobrar un interés más atractivo. Bajo este panorama, América Latina surge como destino oportuno gracias a la rentabilidad de las tasas de interés a los depósitos con la que ciertos países cuentan, entre los que destacan: Brasil con una tasa que ofrece casi 8% de rendimiento, Chile 5.2%, Uruguay 4.6%, Paraguay con 4.2%, Colombia 4.2% y México con 1.3%. De confirmarse lo anterior, el territorio Latinoamericano podría acumular reservas –no reflejadas en el producto interno-, sin olvidar establecer ciertas precauciones para suavizar las reacciones al alza de los tipos de cambio que podrían reducir la competitividad en el exterior, de modo que sería necesario mantener primero políticas macroeconómicas sanas, especialmente monetarias y cambiarias; para evitar entradas masivas de capital sin ningún control de tal manera que se puedan anticipar medidas cuando salgan.

Finalmente, la decisión suiza, aunada a la reducción posterior de la tasa de interés de Dinamarca -0.35% y Canadá -0.75%-,parecen ser el inicio de una guerra de divisas en búsqueda de restablecer el crecimiento en medio de la evolución de un mercado cambiario lleno de incertidumbre, abrumado por las fuerzas deflacionarias europeas, la baja en el precio del petróleo, el estancamiento de Europa, la débil recuperación estadounidense, que en el desorden económico mundial actual, ha provocado el fortalecimiento de la divisa americana, empujándole así la crisis al resto del mundo.
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Notas:
[1]Véase “El banco central suizo toma al mundo por sorpresa”
[2]Véase “JP Morgan Owned The Swiss Franc Move”
[3]Véase “Banco central suizo quita freno a la apreciación del franco”
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El catalizador griego

Ven, 13/02/2015 - 08:01
Alberto Rabilotta, AlaiNet

Las decadencias imperiales crean graves crisis financieras y económicas, provocan tensiones insoportables en las relaciones internacionales, desatan conmociones políticas y sociales en los países y regiones claves, incitan a guerras y rebatiñas entre las potencias aspirantes a reemplazar al hegemón que se desmorona, o al menos así fue hasta que las armas nucleares pusieron en el centro del problema la destrucción planetaria, me digo cada vez que trato de desenmarañar lo que está sucediendo actualmente con la demencial política de Estados Unidos hacia Rusia, pero no solo contra ese país sino contra todos los gobiernos que pueden amenazar de cerca o de lejos una hegemonía neoliberal que ya fracasó, pero a la que siguen aferradas los intereses económicos y financieros que controlan las fuerzas políticas en Washington.

Y cuando me asaltan estos pensamientos, lo que es muy frecuente con las noticias que indican que se está “a tres minutos” (1) de una guerra nuclear, pienso en los escritos sobre la decadencia del imperio estadounidense del extrañado historiador Eric Hobsbawm, y en una recopilación de textos de 2008 que analizan la supremacía absoluta que alcanzó Estados Unidos (EE.UU.) con el desmoronamiento de la Unión Soviética, que define como una acumulación súbita de fuerza, extraordinaria, brutal y hostil, que “es tanto más difícil entender en tanto no cuadra ni con la política imperial rodada desde largo plazo y aplicada durante la Guerra Fría, como tampoco con los intereses económicos estadounidenses”.

Y difícil no estar de acuerdo con Hobsbawm cuando agrega que “la política que domina desde hace poco en Washington parece tan insensata a los observadores extranjeros que es difícil comprender su finalidad real. Para las gentes que dominan completamente o al menos a mitad el proceso de toma de decisiones en EE.UU., se trata evidentemente de afirmar una supremacía global por la fuerza militar, pero el objetivo de esta estrategia sigue siendo oscuro. ¿Tiene posibilidades de llegar a un resultado? El mundo es demasiado complicado para ser dominado por un solo Estado” (2).

Por su vinculación orgánica con el proyecto neoliberal y su participación activa en la alianza bélica que es la OTAN, la Unión Europea (UE) forma parte de esta insensata política del imperio estadounidense, y en particular de la política de agresión contra Rusia. O al menos esto ha sido así hasta hace pocos días, cuando aparecen los primeros signos de que la Canciller alemana Angela Merkel decidió frenar un poco la insensatez política al declarar que no puede haber una solución militar a la crisis interna en Ucrania, y acompañada del presidente francés François Hollande viajó a Moscú para buscar una “entente” con el presidente ruso Vladimir Putin.

No es ajeno a este surgimiento de realismo en Berlín y otras capitales europeas el hecho de que el proyecto neoliberal de la UE esté sumido en una profunda crisis económica, fiscal, monetaria, política y social, con el desempleo en niveles nunca vistos desde la Gran Depresión y la deflación convertida en una realidad. Las sanciones contra Rusia han costado muy caro y costarán aún más por cuanto han servido para que Rusia profundice un modelo económico alternativo y la integración con China y el resto de los países del BRICS, así como con países emergentes en América latina, Asia y el Oriente Medio.

Y todo esto se desenvuelve cuando ya están en su lugar los componentes de la próxima crisis financiera y económica, tanto en EE.UU. como en la UE.

¡Y en eso llegó Siryza! Es en este contexto que la Coalición de la Izquierda Radical, Siryza, ganó las recientes elecciones en Grecia, y el mismo puede ser una explicación del impacto significativo que está teniendo este triunfo electoral en el desenvolvimiento de las diversas crisis que afectan el rígido modelo del imperialismo neoliberal aplicado en la UE, particularmente a través del sistema monetario en la zona del euro (ZE). La economista Yves Smith opina que Siryza ya logró una “victoria táctica” frente a la UE (3). Si Siryza aplica su programa, es evidente que entonces contribuirá a acelerar los procesos de una previsible descomposición del orden neoliberal europeo.

El disgusto y el desprecio de la cúpula de la UE hacia la decisión del pueblo griego se manifestó desde los primeros instantes del arribo de Siryza al gobierno de Atenas, cuando se incluyó a Grecia en el voto de nuevas sanciones contra Rusia, sin siquiera consultar con el nuevo gobierno griego para saber si daría su aprobación.

La UE funciona como una empresa transnacional, con una dirección que dicta las ordenes a seguir, y no como un sistema federativo o centralizado pero democrático. Para la burocracia de Bruselas el primer ministro Alexis Tsipras debe ser el “nuevo” gerente encargado de aplicar en Grecia las orientaciones de la casa matriz, o sea de Bruselas, y no un gobierno nacional democráticamente electo para defender los intereses del pueblo griego.

El ministro y economista griego Yanis Varoufakis puso bien en claro el nivel de la confrontación cuando después de reunirse con su colega alemán, Wolfgang Schaeuble, informó que "ni siquiera nos pusimos de acuerdo sobre el hecho de no estar de acuerdo". Por su parte Tsipras se refirió a la actitud de la UE en la primera reunión con dirigentes de su partido, y dejó en claro que Grecia "es un país soberano, tenemos una democracia, tenemos un contrato con nuestro pueblo y lo vamos a respetar" (4)

Pero antes de proseguir hay que señalar que es evidente que la UE ha fracasado en cuanto a mantener o mejorar las condiciones sociales y económicas de sus países miembros: el desempleo y la precariedad laboral son masivos, el empobrecimiento de las clases trabajadoras y las capas bajas de las clases medias es indiscutible, el desmantelamiento del Estado del bienestar ha sido completado en países como Grecia y España, y va en la misma dirección en el resto de la UE.

En cuando al estratégico objetivo político de poner fin a los nacionalismos y disputas entre las naciones europeas, que hasta el pasado reciente condujeron a tantas guerras y crímenes masivos, el fracaso es total si observamos el ascenso de los ultranacionalismos, revanchismos y formas extremistas de tipo fascista que ahora tienen, en muchos países de la UE, una dimensión comparable al comienzo del ascenso del fascismo en los años 20 del siglo 20.

En el origen de estos fracasos está la falta de democracia en el sistema de gobierno y ese funcionamiento de tipo empresarial que quedó bien en claro en 2011, cuando la CE cambió de un plumazo a los primeros ministros de dos gobiernos nacionales porque no obedecían al pie de la letra las ordenes de la CE, del BCE y del FMI, de la Troika: Yorgos Papandreu, primer ministro de Grecia, reemplazado por Lukas Papademos (2011-2012) y Silvio Berlusconi, primer ministro de Italia, por Mario Monti (2011-2013). O sea que la Troika desalojó a gobernantes electos para poner a sus procónsules, que habían hecho carrera en el sistema financiero de Wall Street y la UE.

Al oponerse a este sistema, Siryza no solamente sienta un excepcional ejemplo sino que pone en tela de juicio el rígido sistema de gobernanza, que de paso hay que aclarar que es un término muy usado para definir en la UE el sistema de gobierno, pero en realidad apropiado para la verticalidad del sistema de toma de decisiones de las empresas transnacionales o de las antiguas monarquías absolutas, y no para las sociedades democráticas o que se dicen tal (5).

En cierta medida el ejemplo de Siryza expone el sistema y la claudicación de los gobernantes pasados y presentes de los países miembros. Recordemos que si nos guiamos por las raras y tibias críticas de algunos políticos y gobernantes a la política de Bruselas contra Rusia desde 2013 y hasta hace pocos días, era claro que no había fisuras peligrosas en el consenso que la UE, EE.UU y la OTAN crearon para apoyar el golpe de Estado en Ucrania y lanzar las agresivas políticas contra Moscú.

La crítica de Siryza, que ni siquiera tuvo oportunidad de votar en contra para impedir la habitual unanimidad del “cementerio político” que es la UE, como dice un amigo historiador, convirtió esas minúsculas fisuras en grietas potencialmente peligrosas, lo que puede explicar la sorpresiva iniciativa de Angela Merkel y François Hollande de visitar a Vladimir Putin para formular un plan de solución negociada y no militar a la grave crisis ucraniana, y que ya suscitó un rechazo de parte del presidente Barack Obama ( http://spanish.xinhuanet.com/photo/2015-02/10/c_133981815_2.htm ).

Esto es más conclusivo si en el análisis incorporamos que hasta ahora la UE ignoraba las muchas críticas a esa política anti-rusa que provenían de sectores empresariales, de los agricultores y de fuerzas políticas progresistas. De pronto, y tanto por el triunfo de Siryza como por el surgimiento político de Podemos en España, donde hay elecciones en los próximos meses, el consenso anti-ruso reinante en el mundo político europeo empieza a desmoronarse.

Esto es bien visible en Francia, donde en un vuelco imprevisto todo el espectro político, desde el Frente de Izquierda, pasando por el gobierno socialista de François Hollande, siguiendo por la derecha representada por Nicolás Sarkozy y llegando hasta a la ultraderecha dirigida por Marine Le Pen, se manifiesta un claro rechazo a la política guerrerista de Washington contra Rusia.

Pero lo que es más importante y decisivo es que este vuelco se verifica en las opiniones de la gente común, de viejos y jóvenes, señalando que la voz pública rechaza la perspectiva de dejar que con la OTAN, Washington cree las condiciones para otra guerra en Europa. Y este rechazo popular no es ajeno sino complementario al existente hacia las políticas de austeridad de la UE que empobrecen a las mayorías, a los cortes en los servicios públicos, como en salud, educación, pensiones, etcétera. Y por sobre todo los ciudadanos europeos empiezan a darse cuenta que la democracia y el bienestar a que estaban acostumbrados es cada vez más una cosa del pasado.

El panorama puede ser mucho más interesante si Podemos llega al gobierno en España, país de mayor peso que Grecia, lo que además de reforzar la posición de Siryza será probablemente un fuerte aliciente para la recomposición de las fuerzas populares bajo una orientación de izquierda en otros países, incluyendo algunos de Europa Central y del Este, donde el desempleo y la pobreza están haciendo estragos demográficos y sociales.

En cuanto a la política exterior de la UE, el panorama dependerá de si el grupo de países del ex “campo socialista” (Polonia, los países Bálticos, Bulgaria, entre otros) que forman parte de la UE y de la ZE, y son instrumentos de las políticas belicistas de Washington y de la OTAN hacia Rusia, siguen jugando ese papel o se adaptan a una política de convivencia pacífica.

Muchas son las lecturas que se han hecho y se seguirán haciendo del triunfo de Siryza y de la movilización popular que está concitando en Grecia. Pero hay que tener cuidado de no cargar demasiado las espaldas del pueblo griego, que sufre las catastróficas consecuencias de las políticas neoliberales de la UE y debe realizar, a corto y mediano plazo, las tareas de supervivencia social enunciadas en el Programa de Tesalónica (6), por el cual los ciudadanos griegos votaron en primer lugar.

O sea, debemos tener cuidado de no convertir este triunfo electoral en la clave del éxito o el fracaso de lo que está teniendo (o tendrá) lugar en otros países de la UE, porque el proceso que se acaba de abrir en Grecia es y será por algún tiempo una difícil lucha asimétrica, tanto en el plano interno como en el de la UE.

Si Siryza cumple con su programa, o hace todo por aplicarlo a pesar de la oposición y de las medidas que tomarán la Troika y sus ricos y poderosos aliados locales, sumará muchos más apoyos internos por la simple razón de que beneficiará a las mayorías, y políticamente ganará apoyos porque será visto como el único partido político que cumple sus promesas. Por eso Tsipras destaca que Grecia "es un país soberano, tenemos una democracia, tenemos un contrato con nuestro pueblo y lo vamos a respetar".

En todo caso es importante destacar que por fin los europeos empiezan a darse cuenta de los riesgos que implican el acompañar la política del imperialismo neoliberal estadounidense que busca la destrucción de Rusia como etapa crucial para imponer la hegemonía mundial, y que para eso recurrirá a todos los medios a su alcance, incluyendo la guerra total.

No es consuelo saber que EE.UU. ha perdido todas las guerras que emprendió desde finales de la Segunda Guerra Mundial (7), ya que aun perdiendo dejó tanta destrucción social, cultural, económica y política que cuatro décadas más tarde uno de los pueblos victoriosos, el de Vietnam, no ha podido reparar todos los daños que el Pentágono provocó. Una guerra contra Rusia puede llegar a ser nuclear y provocar la destrucción de la humanidad, así que hay que evitarla a toda costa.
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Notas:
1.- http://www.washingtonpost.com/news/speaking-of-science/wp/2015/01/22/the-doomsday-clock-is-ticking-again-it-is-now-three-minutes-to-midnight-a-k-a-the-end-of-humanity/
2.- Eric Hobsbawm, L’Empire, la démocratie, le terrorisme (2008, edición de André Versaille y Le Monde Diplomatique, París, capítulo « Ou va l’Empire American? », página 167.
3.-Is Siryza about to Score a Tactical Win Against the Troika, por Yves Smith http://www.nakedcapitalism.com/2015/02/syrizas-bold-stance-bernies-swipe-at-the-fed-on-greece-and-the-negotiating-fog-of-war.html
4.- http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-265592-2015-02-06.html
5.- Gobernanza: http://es.wikipedia.org/wiki/Gobernanza
6.- Programa de Tesalónica: http://www.syriza.gr/article/id/59907/SYRIZA---THE-THESSALONIKI-PROGRAMME.html#.VNT8ICyM7b4
7.- http://www.nakedcapitalism.com/2015/02/since-u-s-military-lost-last-two-wars-fought-reason-think-boots-ground-anywhere-good-idea.html

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Pobreza en América Latina: un asunto de desigualdad, no de escasez

Ven, 13/02/2015 - 04:56
Betty Hernández Quintana, Red Voltaire

Tras el crecimiento que vivió la zona en la primera parte del siglo se logró un progreso que se detuvo, y desde entonces la situación se mantiene estable; pero no se registran nuevos avances. Por eso, lo más probable es que la pobreza empiece a aumentar nuevamente en América Latina, según el especialista de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) Xavier Mancero.

Hoy el contexto macroeconómico es más difícil, lo que se aprecia en los índices de pobreza y desigualdad que entre 2012 y 2014 no variaron pese al incremento económico, en tanto la indigencia aumentó, dando marcha atrás el proceso iniciado en 2000, añade el experto.

También el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) dio a conocer el índice de reducción de pobreza en América Latina desde 2000, donde en promedio se vio una disminución del 16.4 por ciento, lo que representa el beneficio de más de 56 millones de personas.

Mirando hacia el pasado vemos que gracias al auge económico de la región entre 2000 y 2012 –el más alto de las últimas 4 décadas según el PNUD– y a la ejecución de políticas de mejoras sociales, se redujeron los índices de pobreza.

Sin embargo, en 2014 cerca de 167 millones de personas continuaron siendo víctimas de ese flagelo, lo que representa el 28 por ciento de la población, indicador inmóvil desde hace 2 años, según un estudio de la Cepal.

Dicha fuente alerta también sobre el aumento de la indigencia de 11.3 por ciento en 2012 a 12 por ciento en 2014, lo que significa que del total de personas en situación de escasez 71 millones padecieron condiciones extremas.

Al respecto, la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, subrayó que “la recuperación de la crisis financiera internacional no parece haber sido aprovechada suficientemente para el fortalecimiento de políticas de protección social que disminuyan la vulnerabilidad frente a los ciclos económicos.

“Ahora, en un escenario de posible reducción de los recursos fiscales disponibles se requieren mayores esfuerzos para apuntalar dichas políticas, generando bases sólidas con el fin de cumplir los compromisos de la agenda de desarrollo post-2015”, agregó la titular.

Con este mismo objetivo se pronunciaron los dirigentes que asistieron a la III Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), donde expusieron los esfuerzos de cada país para mejorar la situación económica de sus ciudadanos y se decidieron medidas para desarrollar en conjunto el próximo quinquenio.

En dicho cónclave se acordó trabajar en cinco líneas enfocadas a reducir la pobreza extrema y la desigualdad, favorecer la educación, la ciencia, la tecnología la innovación, la protección del medio ambiente, el financiamiento de la arquitectura en la región y el fortalecimiento del bloque.

El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, denominó la lucha contra la pobreza como “un imperativo moral para nuestra región y para el planeta entero, porque por primera vez en la historia no es producto de la escasez de recursos sino de inequidad, consecuencia de perversas relaciones de poder donde pocos dominan todo”.

El mandatario, nuevo presidente pro témpore de la entidad, persuadió sobre el rol protagónico del organismo en el proceso de “descolonización en la región latinoamericana y caribeña” y en la resolución de los conflictos relacionados con los países miembros.

Correa declaró que su gobierno adoptará medidas concretas para eliminar la pobreza en 5 años, y aseguró que con una mejor distribución de los recursos se podrá combatir efectivamente ese problema.

Por otra parte, es notable el emprendimiento del presidente de Bolivia, Evo Morales, quien se comprometió con su pueblo y la comunidad internacional a reducir la extrema pobreza en los próximos 5 años, convocando a la oposición en su país a trabajar unidos y aplicar la cultura del diálogo.

La meta del titular boliviano es reducir ese mal hasta el 8 o 9 por ciento, lo que no es imposible teniendo en cuenta que hasta 2012 ese país fue el de mayor índice de reducción de la pobreza en Latinoamérica con 32.2 por ciento, seguido de Perú (26.3) y Venezuela (22.7), según PNUD.

Estas actitudes muestran el empeño de los gobiernos latinoamericanos por continuar las mejoras sociales y erradicar la pobreza en la región; sin embargo, los verdaderos resultados de las decisiones del presente se verán en los próximos años.

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Grecia, hacia el choque frontal

Xov, 12/02/2015 - 19:00
Stathis Kouvelakis, Viento Sur

El discurso sobre política general de Alexis Tsipras de la tarde del domingo fue seguida con particular atención tanto en el interior del país como en las cancillerías europeas y, sin duda, en Estados Unidos. En el interior del país y tras el chantaje del BCE y las continuas amenazas de los dirigentes europeos, se extiende una clima de efervescencia, de dignidad reencontrada, de voluntad, tanto de apoyar al gobierno frente al chantaje, como de presionarle para que no recule. En el exterior y, más en concreto, en los círculos dirigentes, se sopesa cada palabra y, sobre todo, cada medida anunciada [por el gobierno griego] para juzgar el grado de determinación del Primer Ministro y de su gobierno.

La mayoría de esos círculos esperaban el anuncio de una inflexión significativa, un anuncio de marcha atrás para facilitar el "acuerdo" en las cumbres europeas que se celebrarán esta semana. Es decir, se espera la sumisión de Grecia a sus ultimátum.

Francamente, deben estar decepcionados. En realidad, Alexis Tsipras no ha realizado ninguna concesión de fondo. Es verdad que ha evitado utilizar la palabra "anulación de la deuda", pero ha insistido con fuerza sobre su carácter inviable y reivindicado su "disminución" y "reestructuración". Además, en lo que respecta al restablecimiento del SMI al nivel de 2009 (751 €), si bien no ha anunciado su aplicación inmediata, se ha comprometido a restablecerlo a lo largo de 2015. En cuanto al resto de cuestiones, ha desgranado el programa de Salónica: medidas de urgencia para hacer frente al desastre humanitario (alimentación, restablecimiento de la corriente eléctrica, el transporte y la cobertura sanitara para todo el mundo), restablecimiento de la legislación laboral, supresión de los injustos impuestos sobre la propiedad, reforma fiscal para hace que los ricos paguen, fin de los privilegios otorgados a los media privados, restablecimiento de la RTV pública (ERT), hacer efectiva la participación estatal en la banca, acabar con la subasta de los bienes públicos (puertos, infraestructuras, energía), y fin de la represión de las movilizaciones populares.

Cuestión estratégica: Alexis Tsipras ha vuelto a decir que rechaza exigir la prolongación del actual "programa de ayudas" y también la tutela de la Troika. Y ha exigido la prorroga de la liquidez otorgada a la banca griega en base al reembolso de los beneficios realizados por los bancos centrales de la zona euro sobre la deuda griega, así como la prorroga de la capacidad de endeudamiento del gobierno griego. Finalmente, ha insistido en la necesidad de un presupuesto equilibrado, si bien ha rechazado que los excedentes primarios sean destinados al reembolso de por vida de la deuda, y a reciclar la autoridad. Ahora bien, incuso este compromiso en torno al equilibro presupuestario parece difícilmente compatible con las medidas sociales anunciadas en una situación en la que los ingresos fiscales están anémicos.

Una reforma de gran valor simbólico, y de la que ha hecho un elogio vibrante, es la de la ley sobre la nacionalidad que otorga la ciudadanía a todos los hijos e hijas de la gente inmigrante nacidos en Grecia. Asimismo ha insistido ampliamente en el papel del recién creado Ministerio de Inmigración, subrayando su papel en la protección de los derechos humanos y de la dignidad de las personas, al mismo tiempo que ha exigido un cambio de las políticas europeas al respecto. Por si fuera necesario, esto muestra que la participación en el gobierno de Anel (Griegos independientes) no ha modificado en nada la posición de Syriza sobre estas cuestiones.

Así pues, ha desechado el núcleo duro de los Memorándum. Y ahí es donde se sitúa el punto de ruptura. Alexis Tsipras ha remachado bien ese clavo de varias formas. En primer lugar, refiriéndose a la importancia de la movilización social en Grecia y a la solidaridad internacional, de la que ha saludado su apoyo, en la batalla que libra el gobierno. También se ha mostrado muy firme sobre el hecho de que el restablecimiento de la soberanía nacional, la democracia y la dignidad del pueblo griego no se negocian; lo que en el contexto actual equivale a un llamamiento a salir a la calle. No tengo dudas de que ese mensaje será entendido en Grecia y en Europa. Además, al final de su discurso, tras un largo homenaje a la larga historia de la lucha del pueblo griego, ha puesto sobre la mesa la cuestión de las indemnizaciones de guerra que debe Alemania y ha situado a Manolis Glezos [miembro de la resistencia griega durante la ocupación nazi] a la cabeza de la iniciativa que desarrollará el gobierno. Todo el mundo sabe que esta cuestión es como levantar el "banderín rojo" a los dirigentes alemanes.

Globalmente podemos decir que Alexis Tsipras ha enviado un mensaje de firmeza y de combatividad tanto al interior como al exterior del país. Y ha frustrado a quienes esperaban que comenzara a deslizarse en una espiral de concesiones que le lleven a la capitulación. Por otra parte, parece estar totalmente excluido que los dirigentes europeos toleren lo más mínimo la política anunciada hoy en el Parlamento griego.

Así pues, nos encontramos ante un escenario de confrontación cuyo próximo capítulo se jugará a lo largo de esta semana, en la que asistiremos a la conjunción de las cumbres europeas y de las movilizaciones en la calle. Sin duda, estamos a la víspera de acontecimientos que pueden hacer cambiar el curso actual de los hechos. En Grecia y en Europa.

La "ecuación mágica" para una posible victoria se encuentra en la combinación de la determinación de la dirección griega, de la movilización del pueblo griego y de la solidaridad internacional.

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Crisis en Europa: transferencias y lucha de clases

Mér, 11/02/2015 - 13:45
Alejandro Nadal, La Jornada

En 1941 la Wehrmacht nazi aniquiló en unas cuantas semanas la resistencia griega. La ocupación fue brutal: más de 325 mil civiles murieron en Grecia antes de que concluyera la guerra. Durante la ocupación, Berlín impuso un préstamo forzoso a Atenas por 476 millones de marcos, con lo que el pueblo griego acabó pagando el costo de su propia ocupación por las tropas nazis. El préstamo nunca fue reembolsado.

En 2013 una comisión del gobierno griego concluyó que Alemania debía 160 mil millones de euros a Grecia para cubrir aquel préstamo y los daños de la ocupación. La cancillería alemana respondió que el tratado de 1990 sobre la reunificación había cerrado el tema.

El informe de la comisión griega fue un subterfugio demagógico del ex primer ministro Antonis Samaras para legitimarse ante el electorado griego. Hoy el nuevo gobierno de Alexis Tsimpras ha hecho alusión a este tema: en estricto rigor jurídico el tratado de 1990 no cierra el caso (Grecia no fue parte de él) y el asunto podría seguir envolviendo las tensas negociaciones entre Atenas y Berlín.

Las crisis del capitalismo en Europa (y en el mundo) llevan la marca de colosales transferencias de recursos en el plano internacional y entre clases dentro de cada país. El que estos grupos sean de una u otra nacionalidad es accidental. La historia económica muestra que estas transferencias son crónicas en Europa y con frecuencia han sido impuestas después de una guerra por los vencedores a los vencidos.

De aquí se desprende una narrativa equivocada, pues se piensa que las transferencias son entre países. Así, hoy se afirma que Grecia (o España) debe pagar sus deudas. Pero las palabras Grecia o Alemania se refieren a una abstracción. Si nos adentramos en el análisis, veremos que en cada uno de estos espacios nacionales hay obreros, capitalistas, terratenientes, banqueros y financieros, así como políticos corruptos.

El tema de la transferencia debe ser analizado con rigor para entender la crisis en Europa y la manera de superarla. El programa de austeridad impuesto en Grecia y España conlleva un inmenso flujo de transferencia de recursos que es soportado por ciertas clases sociales en beneficio de otros grupos o clases en esos y otros países (por ejemplo, del norte de Europa).

Es necesario superar la narrativa que ve en estas transferencias simples vínculos entre Estados nacionales e ignora la dinámica de las relaciones de clase. Las transferencias de recursos en Europa (y en el mundo) dependen de fuertes ajustes en la estructura de clases al interior de cada país.

Por eso una aportación interesante es el trabajo del analista financiero Michael Pettis, (http://blog.mpettis.com). Pettis examina el proceso de estancamiento en el crecimiento del salario real en Alemania a partir de 1995 como precursor de la crisis. Al constreñirse el crecimiento salarial se forzó la reducción del consumo y, dice Pettis, creció el ahorro forzado. Los bancos alemanes no podían invertir el exceso de ahorro en Alemania y enfocaron la mira hacia países como España, Italia y Grecia. Los bancos alemanes buscaron y encontraron prestatarios ávidos de obtener créditos baratos para todo tipo de proyectos, algunos poco viables y otros especulativos.

Cuando estalla la crisis, los bancos alemanes observan el aumento de su cartera vencida e incobrable. El lobby financiero hace lo que sabe hacer muy bien: busca que los gobiernos trasladen el costo del ajuste a las clases media y trabajadora a través de la devaluación interna.

Observa Pettis con razón: antes de la crisis los trabajadores alemanes pagaron las burbujas griega y española al aceptar un crecimiento muy bajo del salario real (en un contexto en el que la productividad en Alemania se mantenía constante). Y después de la crisis los trabajadores españoles y griegos se vieron obligados a pagar el costo de la explosión a través de salarios deprimidos y desempleo.

Pero el análisis de Pettis es incompleto y sólo toca la punta del iceberg. La capacidad de creación monetaria de los bancos en Europa encontró un gigantesco espacio de rentabilidad con la unión monetaria. Así que no sólo se trasladó el ahorro forzado de países como Alemania hacia bancos y prestatarios en Grecia o España. Bajo la unión monetaria los bancos más fuertes pudieron ejercer su capacidad de creación monetaria en todo el euro espacio y fueron capaces de generar burbujas como las que estudia Minsky en su modelo de crisis bancarias.

Hoy la clase trabajadora en Europa se enfrenta a un escenario desfavorable: los bancos alemanes, franceses, holandeses e ingleses tienen grandes necesidades de recapitalización y ello necesitará de apoyo público, es decir, de una masiva transferencia de recursos de las clases medias y trabajadoras del continente hacia el sector financiero.

Los funcionarios del gobierno griego tienen razón cuando afirman que luchan no sólo por el ciudadano griego promedio, sino por el ciudadano europeo en general. La recuperación del alma social de Europa pasa por una exitosa renegociación de la crisis en Grecia.

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El fantasma de la deflación estadounidense

Mér, 11/02/2015 - 02:11
Ariel Noyola Rodríguez, AlaiNet

La inflación estadounidense acumula más de 30 meses por debajo de 2 por ciento, el objetivo del Sistema de la Reserva Federal (Fed). Hasta la fecha no existen indicios de un repunte del nivel de precios sino al contrario, la deflación (caída de precios) se ha convertido en una amenaza latente en la todavía economía de mayor tamaño en el escenario global. Los precios al consumo se ubicaron en apenas 0,4 por ciento en diciembre de 2014, su mayor caída desde finales de 2008. En términos anuales, la inflación disminuyó a 0,8 por ciento de ubicarse en 1,3 por ciento en noviembre pasado.

Así la cosas, es evidente que los riesgos crecientes de deflación en la economía estadounidense continuarán postergando la decisión de aumentar la tasa de interés de los fondos federales (federal funds rate) por parte del banco central. Y es que si bien la presidenta de la Fed, Janet Yellen, ha hecho de conocimiento público en diversas ocasiones su intención de incrementar la tasa de interés de referencia a mediados del año en curso o incluso antes (actualmente en un rango de entre 0 y 0,25 por ciento) y, con ello, mantener limitados los riesgos derivados del aumento espectacular de los índices bursátiles, los miembros del Comité de Operaciones de Mercado Abierto (FOMC, por su sigla en inglés) se resisten a aplicar la medida en medio de un nivel de precios a la baja.

Sin embargo, a diferencia de hace unos meses cuando tres miembros de la Fed votaron a favor del incremento de las tasas de interés, en la reunión más reciente, llevada a cabo la última semana de enero, los 12 miembros del Comité votaron en contra de la medida. Al término del encuentro, Yellen declaró en conferencia de prensa que la “paciencia” regirá la toma de decisiones de la Fed: la incertidumbre no cede y, por ello, no será sino hasta observar una recuperación de mayor solidez cuando las políticas monetarias excepcionalmente laxas comiencen su reversión de manera gradual.

El mensaje oculto detrás de esas declaraciones es que si la inflación continúa cayendo en las próximas semanas, no únicamente la Fed no endurecerá la política monetaria (tightening) en el corto plazo, sino que podría, eventualmente, llevar a cabo una nueva batería de medidas “no convencionales” con la mira puesta en apuntalar la rentabilidad de las empresas y los bancos. La tendencia deflacionaria constituye un signo inequívoco de que algo anda realmente mal en la economía mundial en general, y en Estados Unidos en particular. El nivel de precios extremadamente bajo no está reservado únicamente a la esfera monetaria. Es un fenómeno económico de enorme amplitud que deriva de múltiples causas y que, en términos generales, tiene estrecha vinculación con las raíces más profundas de la crisis que comenzó hace más de 6 años.

Hay que recordar que a partir de la quiebra de Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008 y hasta la contracción del crédito (credit crunch) en el plano internacional los meses siguientes, en Estados Unidos se perdieron alrededor de 8 millones de puestos de trabajo. La tasa de desempleo alcanzó 10 puntos porcentuales y la actividad económica se desplomó. La falta de liquidez en uno de los mayores bancos de inversiones de Wall Street detonó una crisis global de enormes proporciones. No fue sino hasta mediados de 2009 cuando, en términos estadísticos, la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por su sigla en inglés) apuntó que la economía estadounidense había superado la recesión. En medio de la crisis, la caída dramática de la inflación levantó preocupaciones en la Casa Blanca. Las amenazas de una espiral deflacionaria estaban a la vista.

En consecuencia, el Departamento del Tesoro y la Fed ejecutaron enérgicas acciones dirigidas a reactivar el crédito, básicamente a través de un aumento de los montos de los programas de estímulos monetarios (quantitative easing) enfocados, a su vez, en depurar el endeudamiento privado de los balances contables de las corporaciones financieras y no financieras. Sin embargo, las compras combinadas de activos hipotecarios (mortaged based securities) y bonos del Departamento del Tesoro (Treasury bonds) aumentaron exponencialmente la hoja de balance (balance sheet) de la Fed, y con ello potenciaron en buena medida los riesgos de una caída de precios. Entre agosto de 2007 y el 5 noviembre de 2014, los activos en posesión de la Fed se incrementaron en más de 500 por ciento al pasar de 870 mil millones de dólares a 4 billones 486 mil millones de dólares.

Y es que pese a su sostén irrestricto, el capitalismo estadounidense tiene serios problemas para encontrar espacios de rentabilidad. No existen nuevos proyectos de inversión en ningún lugar del territorio estadounidense que, con base en la innovación tecnológica, permitan avizorar una fase expansiva del ciclo económico. A lo largo de la última década, la industria estadounidense no supera el rango entre 79 y 81 por ciento de su capacidad instalada. Aunque durante 2012 y 2013 el índice se recuperó en comparación con 2007 y 2008, todavía está muy por debajo de los niveles alcanzados en la década de 1990, cuando alcanzó 85 por ciento en 1994.

La denominada “recuperación estadounidense” (algunos economistas de la ortodoxia se atreven incluso a llamarla “desacoplamiento”) descansa más en el repunte de los principales índices de la bolsa de valores de Nueva York y menos en la mejoría sustantiva de las condiciones de vida de la población. Incluso en la esfera financiera han surgido nuevas barreras para la acumulación de capital. Si bien es cierto que el índice Standard & Poors (cotiza las acciones de las 500 mayores empresas de Estados Unidos) continúa registrando aumentos en sus cotizaciones, la acumulación de ganancias por acción y dividendos es cada vez menor.

De esta forma salta a la vista una mayor propensión al riesgo por parte de los operadores y una volatilidad creciente de los precios en el mercado de capitales, según el Banco Internacional de Pagos (BIS). Los flujos constantes de fusiones y adquisiciones (mergers & acquisitions) así lo demuestran. Sucintamente, el aumento exponencial de las operaciones del sistema bancario en la sombra (shadow banking system) en Estados Unidos, alertado por el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) hace unas semanas, evidencia, por un lado, la competencia creciente entre capitales individuales en una batalla a muerte por la obtención de una mayor rentabilidad y, por otro lado, las limitaciones para regular la actividad financiera de nuevo cuño.

El curso de la economía estadounidense en los meses recientes pone de manifiesto una vez más que las ganancias extraordinarias en el mercado de valores guardan una relación inversamente proporcional a la evolución de las condiciones del mundo del trabajo. De acuerdo con las estimaciones realizadas por el Departamento de Trabajo, a lo largo de 2014, aproximadamente 2,95 millones de empleos se recuperaron, de los cuales 252 mil correspondieron a diciembre, cuando la tasa de desempleo cerró en 5,6 por ciento, el nivel más bajo de los últimos 5 años. Bajo esa misma perspectiva, Estados Unidos habría incrementado de manera sostenida 2 millones de puestos de trabajo anualmente desde 2010.

Sin embargo, esas cifras contrastan con el deterioro estructural del mercado laboral que, dicho sea de paso, también contribuye a consolidar la tendencia deflacionaria. En primer lugar, la población económicamente activa (PEA) se ubica actualmente en 62,7 por ciento, el registro más bajo de las últimas 3 décadas. En segundo lugar, hay serias dificultades en la absorción de la fuerza de trabajo: 7 millones de personas son empleados a tiempo parcial y la tasa de desempleo juvenil se ubica en más de 15 por ciento. En tercer lugar, la contención salarial neutraliza de manera apabullante los efectos multiplicadores de la ampliación del mercado interno y la redistribución del ingreso sobre el crecimiento económico: los salarios cayeron 10 puntos porcentuales en la composición del producto interno bruto (PIB) entre 1967 y 2013. Los salarios han caído en los meses recientes y el ingreso de las familias aún no alcanza los registros previos a la crisis. La deuda de los hogares se mantiene elevada y la polarización de clase aumenta.

No obstante, el gobierno estadounidense insiste en divulgar opiniones contrarias a través de la prensa hegemónica (The Financial Times, The Wall Street Journal, The New York Times, Bloomberg, Reuters, etcétera): la economía se fortalece de manera acelerada y, con ello, los riesgos en torno a una coyuntura crítica son cada vez más remotos:

“[Gracias a] una economía en crecimiento, una disminución de los déficit, una industria desbordante y una producción energética en auge, hemos salido de la recesión con más libertad para escribir nuestro propio futuro que cualquier otra nación en la Tierra […] la sombra de la crisis ha pasado […] la recuperación está tocando más y más vidas”, sentenció el presidente Barack Obama durante su mensaje del Estado de la Unión ante el Congreso estadounidense, el martes 20 de enero de 2015.

Con todo, las contradicciones intrínsecas de la dinámica capitalista terminarán por acallar el discurso de la dominación de clase. El fantasma de la deflación se hace cada vez más presente en la economía estadounidense y, más temprano que tarde, terminará por revelarse con todas sus fuerzas.

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La guerra económica de Alemania contra Grecia es un arma de doble filo

Mar, 10/02/2015 - 13:20
El nuevo gobierno griego y los líderes del euro están llegando a un nivel de enfrentamiento que puede significar el desmoronamiento de la moneda única. El gobierno de Syriza ha dejado claro que no va a continuar aplicando las políticas que ha exigido la troika dado que han sido un fracaso. La troika solo habla de extender los plazos de vencimiento de los créditos, pero Grecia pide un alivio real de la deuda dado que no tiene sentido extender un plan que ha fracasado. Grecia quiere emprender los programas sociales de ayuda a los pobres, los desempleados y las pequeñas empresas en lugar de los bancos y los oligarcas de Europa, como exige la troika.

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