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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6668125
Actualizado: fai 1 día 21 min

España no recuperará el empleo destruido durante la crisis hasta dentro de cinco años

Xov, 12/01/2017 - 15:09

España destruyó durante la crisis casi cuatro millones de empleos y se situó a la cabeza de Europa en esta triste estadística. Pero eso es el pasado. Preocupa más el futuro: España no volverá al nivel de ocupados que tenía en 2007, alrededor de 20,6 millones, hasta dentro de cuatro o cinco años, en 2021 o 2022, según el último indicador laboral de ManpowerGroup, que se se presentó este miércoles.

La previsión del indicador de ManpowerGroup es ligeramente menos optimista que la del Gobierno del PP: calcula un ritmo de creación de empleo de unos 400.000 nuevos puestos de trabajo al año, frente al medio millón anual que estima el Ejecutivo de Mariano Rajoy para los próximos cuatro años. ManpowerGroup cree que a partir de este año 2017 se moderará el fuerte avance del empleo de los dos últimos años. Pese a esa moderación, el empleo, aunque precario, seguirá manteniendo su senda ascendente, con el turismo liderando el crecimiento y la hostelería situada como el principal motor del mercado laboral durante la recuperación.

Las previsiones del estudio apuntan a un mayor aumento del empleo femenino (2,7% anual frente al 2% del masculino) y una mejora mucho más intensa del colectivo de 35 a 64 años (2,8%) frente al de los jóvenes de 16 a 34 (0,7%), los grandes perdedores de la crisis.

El estudio refleja la profunda transformación que ha sufrido el mercado de trabajo español desde el inicio de la crisis, con un gran fortalecimiento del sector servicios, que supone ya el 76,3% del empleo, frente al 66,4% de 2007.

En esta nueva estructura los grandes perdedores han sido la industria y la construcción, que han dejado en el camino a un gran número de parados, generando dudas sobre la capacidad de reabsorción de todo el empleo destruido en estos sectores.

De hecho, este crecimiento medio del empleo que se prevé para este año se traduciría en avances más intensos en el sector servicios, con un incremento del 2,5%; que en los sectores de industria y construcción, que registrarán subidas del 2,1% y del 1,9%, respectivamente.

"Hay dos millones de parados que se han convertido en crónicos, con falta de competencias, y habrá dificultades para crear empleo si no conseguimos que tengan una cualificación adecuada", dijo el presidente de ManpowerGroup en España, Raúl Grijalba.

En este sentido, uno de los autores del informe, el catedrático de economía aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona Josep Oliver, instó a aprovechar la bonanza actual para mejorar el tejido industrial español, advirtiendo en contra de "hacer una burbuja en el sector turístico".

En servicios privados el incremento será del 3,3%, mientras que en los públicos rondará 1,6%. En el caso de los asalariados, el aumento será del 2,7% y en los autónomos del 0,2%. El empleo asalariado temporal registrará una incremento del 4,2%, que será del 2,2% en el caso de los indefinidos y del 0,2% de los no asalariados.

Por otro lado, el empleo profesional y técnico registrará mayores aumentos, con un 3% y un 2,7%, respectivamente; al igual que el de los ocupados a jornada completa, que subirán un 2,5% en 2017. Por su parte, el empleo con jornada parcial aumentará un 1,2%.

El motivo de este crecimiento de empleo sería en parte, según Manpower, por el crecimiento "especialmente elevado" del PIB por segundo año consecutivo. Para el grupo, el avance del indicador debería situarse por encima del 3%, a un ritmo similar al del ejercicio anterior, que se situará en el 3,2%.
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Austeridad: la idea que no quiere morir

Mér, 11/01/2017 - 16:29

Alejandro Nadal, La Jornada

El gobierno mexicano impuso el fuerte aumento en los precios de la gasolina por una razón: ha optado por regresar a la austeridad y lo que se denomina el superávit primario. Es muy importante analizar las causas que llevan al gobierno a esta elección, que corresponde a un poderoso mito neoliberal y conlleva la descomposición del Estado mexicano.

El año pasado las calificadoras Standard & Poor’s y Moody’s rebajaron la perspectiva crediticia de México de estable a negativa. La primera de estas agencias señaló que existía una probabilidad de 30 por ciento para que degradara la calificación sobre México en los próximos dos años debido al creciente endeudamiento. Por su parte, Moody’s justificó su decisión argumentando que el desempeño de México era muy débil y que el entorno externo no facilitaba las cosas. En síntesis, la vulnerabilidad de las finanzas públicas en los próximos dos años comenzaba a alarmar a los mercados financieros.

La deuda neta del gobierno federal era 42 por ciento del PIB en 2015 y ya se proyectaba que en 2016 ese indicador subiría a 45 por ciento. Si en 2005 el índice de la deuda se había colocado en 28 por ciento, el incremento de dicho indicador había sido el resultado de los déficit primarios que el gobierno mantuvo desde 2008. Las calificadoras señalaron que el aumento del endeudamiento era moderado, pero les preocupaba que el margen de maniobra fiscal se hubiera reducido. Para completar su análisis S&P y Moody’s señalaron que a pesar de que el gobierno mexicano había instrumentado importantes reformas estructurales el crecimiento siguiera siendo mediocre y continuara el deterioro de la posición fiscal.

El superávit primario es una noción que proviene de un simple ejercicio contable: comparar los ingresos totales del gobierno con el gasto pero sin incluir el pago de intereses. Es decir, se cotejan los gastos en todos los rubros que afectan el desarrollo económico y social (salud, educación, agricultura, medio ambiente, ciencia y tecnología, etcétera) pero se excluye del gasto el servicio de la deuda. Al final del ejercicio se busca tener un excedente para pagar intereses sin tener que recurrir a un nuevo endeudamiento. Detrás de esto está la austeridad fiscal, una peligrosa idea que se resiste a morir y que conduce a cero crecimiento y mayor endeudamiento (como lo demuestran las economías de la cuenca del Mediterráneo).

Hay dos formas de generar ese excedente primario. La primera consiste en incrementar los ingresos fiscales, ya sea aumentando los impuestos o los precios de los productos y servicios que ofrece el sector público. Pero cuando se trata de aumentar impuestos, el gobierno siempre ha preferido proteger a los estratos de altos ingresos y ha optado por elevar impuestos regresivos como el IVA. Al mismo tiempo ha dejado con gravámenes nulos las transacciones financieras. Y ahora, una vez más, escoge incrementar los precios de gasolinas y energía eléctrica sin importarle el impacto negativo sobre el resto de la economía.

La segunda forma de generar un superávit primario consiste en recortar el gasto. Y aquí el gobierno mexicano ha mostrado una extraordinaria tenacidad al mantener estancado el gasto per capita en rubros como salud y educación. No importa sacrificar a la población con tal de generar un superávit primario. Y eso es lo que estuvo haciendo el gobierno a lo largo de los pasados 25 años. Pero cuando llegó la crisis financiera global, las cosas cambiaron y el superávit primario se esfumó. Claro, el gobierno señala que adoptó una postura fiscal contra cíclica y que por eso desapareció excedente que ahora le reclaman las calificadoras. De todos modos, el muy tímido estímulo fiscal del que se vanaglorió en su momento el gobierno no sirvió para gran cosa porque el modelo económico neoliberal no permite crecer ni en tiempos normales.

El paquete de política económica que envió el Ejecutivo al Congreso en septiembre del año pasado señala el objetivo de volver a generar un superávit primario. Para ello propuso un recorte en el gasto programable equivalente a 1.2 por ciento del PIB. Pero no mencionó de manera explícita que en los primeros días de enero aplicaría un aumento de 20 por ciento a los precios de las gasolinas. No se necesita ser un genio en economía para saber que esos incrementos tienen un impacto generalizado en toda la economía pues se trata de insumos que entran en la producción de todos los demás bienes. En consecuencia, los referentes (de por sí poco realistas) que utilizó el gobierno federal para definir su postura de política económica se han visto trastocados. Las perspectivas sobre tasas de inflación, crecimiento económico y expectativas sobre recaudación que se presentaron en los Criterios generales de política económica se han modificado de manera significativa. Todo eso hace que el paquete económico que dócilmente aprobó la Cámara de Diputados no corresponda a la realidad que afrontará el país en 2017.

A corto plazo seguiremos siendo testigos de la desintegración del Estado mexicano.

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“El Capital” de Marx: más actual que nunca

Mér, 11/01/2017 - 03:27
Alvaro Ramis, Punto Final

En 2017 conmemoraremos los 150 años de la publicación del primer tomo de El Capital, de Carlos Marx. Se trata de un hito mundial que no debe pasar inadvertido, entre otras razones porque la obra magna de Marx continúa siendo criterio ineludible a la hora de entender el tiempo en que vivimos. Con El Capital Marx logró el objetivo fundamental que se propuso: realizar una “crítica a la economía política”, entendida como aquellas relaciones de producción que involucran a las clases sociales. Se trata de una “crítica” en el sentido que Kant le da a este término: someter al juicio de la razón resolver, en lo posible, las distintas interpretaciones de un fenómeno. Y Marx propone su propia interpretación, que en estos 150 años ha obligado a derramar literalmente miles de litros y litros de tinta, tanto para intentar rebatirle, reinterpretarle o para reafirmar sus argumentos.

¿Puede haber, luego de tantos años, algo nuevo que decir sobre El Capital? Por supuesto, en tanto esta obra no es un punto de llegada, sino el inicio de un método. Marx no buscó dar respuesta a lo que describe en los dos primeros tomos de su obra. Las propuestas de salida sólo quedaron insinuadas y bosquejadas en el tomo III, que quedó inconcluso por su muerte. Por eso El Capital es ante todo una compleja lección de anatomía del capitalismo, y más ampliamente, de las relaciones políticas y culturales asociadas a sus lazos económicos. Sus argumentos constituyen hipótesis de trabajo, no son dogmas ni creencias, sino líneas de investigación. De esa manera, si aplicamos algunos de los conceptos que acuña Marx en El Capital podríamos entender mejor una serie de procesos del Chileactual, que la ciencia económica y sociológica que normalmente se enseña en las Facultades no logra descifrar. Veamos algunos casos:

Vivimos bajo un “modo de producción”: Para mucha gente, incluso gente muy bien formada, sólo hay una “economía”. Se habla de la opinión de los “economistas”, entendiendo por ello a los economistas ortodoxos, que asumen como natural e inevitable el mundo en que vivimos. No les importa cómo hemos llegado a este punto en la evolución económica. Sólo les interesa saber cómo funciona, y a partir de eso hacerla funcionar mejor, dentro de su propia lógica de funcionamiento. Pero Marx nos recuerda que existen muchos modos de producción que cambian y evolucionan históricamente. Y por lo tanto, la economía es fruto de relaciones de poder, de intereses de clases, de confrontaciones entre actores sociales que usan distintas tecnologías, formas de distribución e intercambio.

Marx nos diría que Chile ha devenido en lo que hoy es. No nació así. Por siglos fuimos la más pobre colonia española en América, mucho más pobre que Perú y Bolivia, ricas en minas de oro y plata. Pero esta pobre colonia podía producir trigo, cueros y alimentos para abastecer esos mercados más ricos. Paradojalmente, esta relación económica fue favoreciendo a la clase agrario-latifundista de nuestros fundos. Entusiasmados por esta nueva relación económica, nuestra oligarquía fraguó una alianza con el capital transnacional, especialmente el inglés, para arrebatar a nuestros vecinos del norte buena parte de su territorio y riquezas. Chile se estructuró entonces como una “mesa de tres patas”: una pata en la agricultura en el sur, otra pata en la minería en el norte y la última pata, en el sector financiero exportador en Santiago y Valparaíso. Poco a poco, en este baile empezó a emerger un actor nuevo: la industria. Un actor que reclamaba mercados protegidos para desarrollarse. Y para eso un Estado desarrollista, activo, fuerte. Al amparo de esa industria naciente fue surgiendo una clase obrera, distinta a la clase campesina y a los trabajadores mineros. La demanda social exigió entonces grandes reformas al orden tradicional, las que llegaron en plenitud entre 1970 y 1973. El golpe de Estado, por lo tanto, no fue sólo el golpe contra un gobierno. Fue la reacción de las patas tradicionales de la mesa chilena, que volvieron al ciclo inicial: mataron el ciclo industrializador, y volvieron a hacer de Chile un país exportador de recursos naturales. Un gran fundo, equipado con la última tecnología, pero con relaciones laborales propias del siglo XIX. A pesar del aparente “desarrollo”, para Marx el Chile de hoy no sería un país capitalista moderno. Inglaterra en el siglo XIX nos aventajaría por mucho. Somos un país extractivista, que mantiene una estructura social que no es plenamente “capitalista”, porque mantiene fuertes rasgos oligárquicos que le impiden entrar en los parámetros de la verdadera “modernidad”.

Nada se entiende en Chile sin la “acumulación originaria”: El Capital de Marx nos permite entender fenómenos que la economía ortodoxa no quiere ni mirar. Por ejemplo, ¿cuál es la raíz del conflicto entre el Estado de Chile y el pueblo mapuche? Los analistas funcionalistas dirían que es por la pobreza de unas comunidades atrasadas en el sur. Y ahí se quedan. Nunca explican cómo unas comunidades que hasta el siglo XIX eran riquísimas, porque controlaban millones de hectáreas en Argentina y Chile, se vieron reducidas a pequeñas parcelas de tierra pobrísima, al margen de toda posibilidad de crecer. Este proceso, que los historiadores chilenos llamaron “pacificación de La Araucanía” y los de Argentina “conquista del desierto”, Marx lo llama “acumulación originaria” y describe el ciclo por el cual se produce la desvinculación del productor de sus medios de producción, mediante la violencia, la conquista, la piratería y el robo.

Chile entero no se entiende en absoluto sin esos procesos de “acumulación originaria”, respecto a los pueblos indígenas en primer lugar, y luego a los nuevos habitantes de los demás territorios. Es lo que David Harvey llama la “acumulación por desposesión”, que consiste en el despojo violento de un bien común que pasa a ser una mercancía. Los ejemplos nos rodean: la educación y la salud que eran un servicio público, fueron arrebatados para convertirse en mercancías en los nuevos mercados de los servicios. Las pensiones, que no eran más que un mecanismo de solidaridad intergeneracional, se convirtieron en fondos especulativos, basados en el ahorro forzoso de los trabajadores, para alimentar a la industria financiera. Todo lo susceptible de ser apropiado, cercado, envuelto y comercializado, ha sido arrebatado a sus dueños originales para ser puesto a la venta. El desarrollo de todas las grandes fortunas de Chile sólo se puede explicar por esta acumulación originaria. Incluyendo la enorme privatización de recursos y empresas públicas entre 1973 y 1989, que pasó a ser patrimonio de capitales chilenos en alianza con las transnacionales.

Un país fascinado por el fetichismo del dinero y la mercancía: A los economistas funcionalistas y neoliberales les es imposible explicar un fenómeno que ocurre a cada instante ante sus ojos. ¿Cómo es posible que objetos y mercancías cuyo “valor de uso” es tan bajo, incrementen su “valor de cambio” hasta niveles absurdos, por razones inexplicables? Por ejemplo, producir en China un par de zapatillas Nike Air no supera los 1.800 pesos chilenos. Pero en nuestras multitiendas se venden a 45.000 pesos. ¿Qué es lo que realmente se está vendiendo ahí? ¿Un calzado o un fetiche mágico? Para Marx no hay duda: es un fetiche, en el sentido duro del término. Un fetiche es un objeto al que se le atribuyen poderes mágicos o sobrenaturales que benefician a su dueño o portador.

El comprador del fetiche Nike cree firmemente que al usarlas se le reconocerá de otra manera. Si es un joven poblador se le abrirán puertas cerradas en las mentes y corazones de quienes le observen. La mujer que compra un bolso Louis Vuitton cree entrar por un instante en un paraíso de elegancia, bienestar, admiración. El futbolista que compra el último Ferrari vive un éxtasis de autoestima increíble. Pero a los pocos días el poblador descubre que sus Nike no le eximen de la detención por sospecha, la señora descubre que el Louis Vuitton no le protege de los chismes de sus amigas y el futbolista se da cuenta que su nuevo auto no es más que alimento para los periodistas de farándula. Por lo tanto, los objetos anhelados pierden su poder mágico, y hay que volver a comprar otros que los sustituyan.

Marx se dio cuenta hace 150 años de algo que los economistas de hoy saben aprovechar muy bien, pero no saben explicar. Las mercancías no se consumen por su valor de uso sino por las características fetichistas que adquieren como valor de cambio, ya que bajo el capitalismo uno vale por lo que tiene, no por lo que es o lo que hace; lo cual lleva a que las personas se expresen por medio de sus posesiones. Chile es un país donde esta dinámica perversa ha llegado a niveles aberrantes. La prensa financiera informa que “el mercado del lujo en 2015 alcanzó los 500 millones de dólares de ventas en nuestro país”, y se espera que crezca un 53% entre 2016 y 2019. Es el mismo país donde el 10% más rico gana 26 veces más que el 10% más pobre.

Y la noción de plusvalía: Tal vez el concepto más integrador de todo El Capital es la idea de plusvalor, que Marx expone en su teoría del valor-trabajo. Sin ella no se entienden las relaciones de explotación bajo el capitalismo. Por años se dijo que este concepto estaba superado, que era necesario abandonarlo, pero inevitablemente, regresa a escena, corregido, matizado, pero igualmente real y concreto. El último testigo de su existencia es el famoso economista francés Thomas Piketty en su colosal obra El Capital en el siglo XXI , donde por sus propios cálculos y medios de investigación llega a formular lo que llama “la primera ley del capitalismo”. En qué consiste esta ley: Piketty resume esta idea en su fórmula r > g ,donde r representa la tasa media anual de rendimiento del capital (es decir, beneficios, dividendos, intereses y rentas) y g representa la tasa de crecimiento económico. En otras palabras, la riqueza acumulada crece más rápido que los ingresos del trabajo. Por tanto, los ricos se hacen más ricos, mientras todos los que dependen de los ingresos de su trabajo, quedan atrás. Es la renta del capitalista. Nada conceptualmente nuevo para Marx. Pero algo muy novedoso para toda la economía ortodoxa que no puede explicar el extraño residuo oculto que explica la desigualdad y la miseria, la extrema riqueza y la extrema pobreza bajo el reinado del capitalismo.

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El espejismo del ingreso universal

Mar, 10/01/2017 - 13:12
Michel Husson, Viento Sur

Que una sociedad garantice un ingreso decente a todos sus miembros es, evidentemente, un objetivo legítimo. Pero ello no implica la adhesión a los proyectos de ingreso universal, de base, etc. Estos proyectos se basan en un postulado erróneo, conducen a un callejón sin salida estratégico y renuncian al derecho al empleo.

Adiós al pleno empleo, viva el ingreso La idea de un ingreso universal se encarna en múltiples proyectos/1. Pero, más allá de sus diferencias, todos se desarrollan en la intersección de dos propuestas más o menos explícitas. La primera es conocida: las ganancias de productividad hacen que no se pueda alcanzar el pleno empleo. Y como toda actividad humana es creadora de valor, hay que redistribuir la riqueza producida mediante un ingreso desconectado del empleo.

Admitamos durante un instante, aunque esa previsión es altamente discutible/2,que las ganancias de productividad ligadas a las nuevas tecnologías son portadoras de una hecatombe de empleos y que un empleo sobre dos será automatizado en los dos próximos decenios. Los partidarios del fin del trabajo dicen entonces: “veis claramente que ya no habrá empleo para todo el mundo, -por lo que-es necesario un ingreso universal para redistribuir la riqueza producida por los robots”.

Hay que rechazar absolutamente ese “por lo que”. Otro razonamiento es en efecto posible: “Los robots hacen una parte del trabajo en nuestro lugar, -por lo que- nuestro tiempo de trabajo puede disminuir”. Es lo que ha ocurrido a escala histórica (no espontáneamente sino bajo la presión de las luchas sociales): las ganancias de productividad han sido, en gran parte, redistribuidas bajo forma de reducción del tiempo de trabajo.

Pequeña economía política de lo numérico En la práctica nos encontramos con que las ganancias de productividad asociadas a las nuevas tecnologías tardan un tiempo en manifestarse. Los economistas se encuentran de nuevo confrontados con la “paradoja de Solow”: estas nuevas tecnologías se ven en todos los lugares, salvo en las estadísticas de productividad. Los intentos para salir de esta dificultad consisten en decir que el volumen de producción está mal medido por los métodos habituales: estaría subestimado, de tal forma que las ganancias de productividad serían finalmente más elevadas que lo que parece. Los correctivos propuestos se basan en su mayor parte en un olvido de la vieja distinción entre valor de uso y valor de cambio que lo numérico estaría embrollando.

El desarrollo de la economía de plataforma (Uber, etc.) y de los GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon) ha estimulado en efecto las innovaciones teóricas a menudo impresionistas pero que se apoyan en su mayor parte en nuevas definiciones de la producción o de la captación de valor. La cuestión que es necesario plantearse es la de saber si las nuevas tecnologías hacen verdaderamente necesario un tal “sobrepasamiento” de la teoría del valor.

Aun a riesgo de conservadurismo es necesario, aquí, dar un paso atrás: es preciso discernir lo que es efectivamente nuevo a la vez que se toma distancia de la idea fácil según la cual las innovaciones técnicas determinarían mecánicamente los cambios sociales adecuados. Esta fascinación ante las proezas de la técnica conduce bastante rápidamente a la precipitada conclusión de que la clase asalariada está condenada.

Para quitarse de encima ese dispositivo ideológico, lo más simple es preguntarse cuál es el modelo de las empresas “numéricas”. Dicho de otra forma: ¿cómo ganan dinero? Apple vende smartphones y tabletas; su modelo se distingue en un casi-monopolio que se basa, por un lado, en una sobreexplotación de la mano de obra y, por otro, en la renta que le proporciona la adición de los consumidores a su sistema cerrado. Pero, a fin de cuentas, Apple gana dinero vendiendo mercancías. No hay pues nada nuevo bajo el sol desde este punto de vista y ello permite subrayar un resorte ideológico consistente en la mezcla de dos cosas: los resultados notables del producto y el hecho de que es una mercancía clásica. La misma cosa se podría decir de Amazon, que no es otra cosa que un distribuidor de mercancías almacenadas en inmensos hangares (o de grandes servidores para los bienes numéricos) que son manipulados por proletarios.

La tipología de las plataformas es todavía más diversificada. Por ejemplo, Blablacar y Uber no tienen exactamente la misma lógica. En el primer caso, la plataforma pone en contacto a dos personas que han escogido hacer el mismo trayecto y comparten los gastos. Se trata entonces de una transferencia de renta entre personas individuales que no crea en sí misma valor. Por contra, la plataforma percibe una comisión que corresponde a la venta de un bien mercantil, en este caso el servicio de puesta en contacto. Uber, y otras muchas como TaskRabbit en Estados Unidos, funcionan más bien como agencias de trabajo temporal, poniendo a disposición a “asalariados” que van a realizar una tarea para un cliente que va a pagar por esa prestación.

Las aplicaciones de puesta en relación hacen así posibles transacciones que habrían podido ser realizadas bajo otras formas pero a un precio más elevado o no se habrían realizado. Se podría hablar de empresa virtual que pone directamente en contacto al comprador del servicio con una persona “asalariada”. Desde un punto de vista estrictamente económico no hay verdaderamente nada nuevo bajo el sol. La plataforma rentabiliza su inversión y sus algunos asalariados, cobrando una comisión: la mercancía que vende es el servicio de puesta en relación. El trabajador recibe una remuneración, como lo haría un pequeño artesano. La gran diferencia es evidentemente la no aplicación (potencial pero no inevitable) de toda legislación social y fiscal. Este sector de la gig economy se asemeja al llamado sector informal o no declarado de los países en desarrollo y el estatuto de sus participantes es frecuentemente más próximo al de un jornalero del siglo XIX que al de asalariado o incluso trabajador autónomo.

Ello es particularmente evidente en el caso del micro-trabajo que consiste, como explica el sitio web foulefactory.com, en automatizar las “tareas manuales más laboriosas” mediante una remuneración mínima. El ejemplo emblemático es el del Turco Mecánico (Mechanical Turk) de Amazon: esta plataforma (mturk.com) pone en contacto a particulares y empresas que proponen microtareas. La misma denominación de Turco Mecánico es reveladora. Hace referencia a la famosa superchería de finales del siglo XVIII: un autómata vestido a la moda turca jugaba al ajedrez (y ganaba la mayoría de las veces). En realidad era un ser humano que manipulaba al maniquí. Amazon reivindica orgullosamente la referencia a ese subterfugio, anunciando el slogan “inteligencia artificial”: se reconoce así que muchas tareas que parecen haber sido automatizadas son de hecho realizadas por pequeñas manos pero diseminadas a través del mundo y subpagadas. Amazon simboliza así el verdadero subterfugio ideológico consistente en transformar el recurso a esta sobreexplotación en maravilla de la tecnología.

Adiós a la teoría del valor Un paso suplementario se realiza con las teorías del digital labor. Ese trabajo gratuito realizado por los consumidores que surfean en internet sería explotado, ya que produce una información que se capta integralmente sobre el sitio web y que será revendida: hay pues captación de valor producida por los “pro-consumidores” (prosumers).

Este esquema conduce a elaboraciones teóricas a veces descabelladas y que pueden incluso presentarse en un marco conceptual que evocaría la teoría del valor. Este es el caso de Christian Fuchs que lleva hasta el extremo la tradición operaria italiana: “la fábrica es el lugar del trabajo asalariado, la fábrica no está solamente en el edificio: está en todos los lugares”/3.

Para Antonio Casilli, otro teórico del digital labor, creamos valor sin saberlo, especialmente a través de los objetos conectados: “el simple hecho de encontrarse en una casa o en una oficina ‘inteligentes’. es decir equipadas de dispositivos conectados, es ya productor de valor para las empresas que colectan informaciones”/4. Es necesario entonces “reconocer la naturaleza social, colectiva, común, de todo lo que se produce en términos de contenido compartido y de datos interconectados y prever una remuneración que mida volver a dar al common lo que ha sido extraído. De donde la idea, que defiendo, del ingreso de base incondicional”.

Esta justificación del ingreso de base se basa en una extensión ilegítima de los conceptos de valor y de explotación y, finalmente, de una incomprensión de las relaciones sociales capitalistas. El gran problema del capitalismo numérico es al contrario su incapacidad de mercantilizar los bienes y servicios virtuales que produce.

Otros dos adeptos del capitalismo cognitivo van todavía más lejos al proponer un ingreso social garantizado que debería “ser concebido e instaurado como un ingreso primario ligado directamente con la producción, es decir como la contrapartida de una actividad creadora de valor y de riqueza en la actualidad no reconocida y no remunerada”/5. El término de “ingreso primario” remite a la distribución “primaria” de los ingresos, entre salarios y beneficios. Dicho de otra forma, el ingreso garantizado es pensado como una forma suplementaria de ingreso que debería agregarse al salario y al beneficio. Pero este ingreso correspondiente a una creación de valor ex nihilo nos hace entrar en un mundo paralelo fantasmágorico que ya no es el capitalismo.

Saldo de cualquier cuenta El primer impasse estratégico de los proyectos de ingreso universal se basa en una idea raramente subrayada que por otra parte reenvía al postulado de base, es decir que el pleno empleo está en lo sucesivo fuera de alcance. Sin embargo, es fácil mostrar, casi aritméticamente, que el pleno empleo es esencialmente una cuestión de reparto /6. Decir que el pleno empleo está fuera de alcance equivale pues a admitir que es imposible modificar la distribución del valor agregado de las empresas en el sentido de una creación de empleos por reducción del tiempo de trabajo.

Sin embargo los proyectos de ingreso universal implican, también ellos, una modificación de la distribución de los ingresos necesaria para financiar el ingreso incondicional en un nivel “suficiente” para asegurar un nivel de vida decente. Pero, ¿por qué ese cambio en la distribución –al menos tan drástico- sería más fácilmente aceptado por los dominantes que un reparto del trabajo?

Los partidarios del ingreso universal se encuentran a continuación confrontados con una contradicción fatal. Si el ingreso es “suficiente” o “decente”, su financiación implica redesplegar ampliamente la protección social, ya que no hay fuente autónoma de creación de valor. Ello supone una regresión social que consiste en remercantilizar lo que ha sido socializado. Si el ingreso se fija en un nivel modesto, como etapa intermedia, entonces el proyecto ya no se distingue de los proyectos neoliberales y les prepara el terreno.

Al idealizar al precariado como si correspondiese completamente a un trabajo más autónomo que permitiría liberar las iniciativas, se ocultan las formas más clásicas y dominadas. Al proponer el sobrepasamiento de la condición salarial hacia un post-asalariado adosado a un ingreso de base se facilita la tarea de los que organizan en la práctica la vuelta al pre-trabajo asalariado. Los partidarios progresistas de un ingreso de 1000 euros mensuales tienen el riesgo de favorecer la puesta en práctica de un ingreso universal de 400 euros –como saldo de todas las cuentas- que permitiría, además, reducir ventajosamente los costos de funcionamiento del Estado de Bienestar.

Adiós al programa de transición La combinación de fundamentos teóricos erróneos y de orientaciones programáticas vacilantes conduce fatalmente a renunciar o a girar la espalda a los ejes esenciales de un proyecto coherente, que empiece por la reducción del tiempo de trabajo. Más allá de algunas posiciones conciliadoras (“eso es complementario”) los partidarios del ingreso universal ignoran o desacreditan esta palanca de acción. Para Philippe Van Parijs, uno de los grandes promotores de la renta universal, ella es “una idea del siglo XX, no del siglo XXI” porque “la realidad del siglo XXI” (a la que es necesario pues resignarse) es la “multiplición del trabajo atípico, del trabajo independiente, del trabajo a tiempo parcial, de los contratos de todo tipo”/7.

Proyectándose en un futuro indistinto, todos estos proyectos saltan por encima de la necesaria movilización alrededor de medidas de urgencia como el aumento del salario mínimo y de las rentas mínimas sociales (con su extensión a los jóvenes de 18 a 25 años). Al resignarse a la precarización dejan en realidad el campo libre a los proyectos liberales de un ingreso mínimo único e insuficiente que sustituiría a las rentas mínimas sociales existentes.

Al favorecer el espejismo de un salario para toda la vida o un ingreso incondicional, estos proyectos obvian una versión radicalizada de la seguridad social profesional que asegure la continuidad del ingreso/8 (se entiende por seguridad social profesional la que tiene por objeto asegurar la continuidad del recorrido profesional y el mantenimiento de los ingresos frente a las rupturas unilaterales de los contratos, a la vez que se instaura el derecho a la movilidad de las personas; según algunas propuestas los ingresos correspondientes a los períodos de no trabajo se financiarían por cotizaciones mutualizadas a cargo de las empresas; ndt).

En fin, estos adioses al pleno empleo impiden plantear la cuestión de las necesidades sociales y de adoptar una lógica de Estado “empleador en último término”. La cuestión ecológica permanece ausente, salvo que la frugalidad del ingreso de base sea suficiente para desencadenar el decrecimiento.

De forma general, el éxito de estos proyectos se explica sin duda por las coordenadas de un período bastante de pesadilla. Parecen representar atajos que permitan sortear los obstáculos y pasar de nuevo a la ofensiva. Se encuentra esta misma búsqueda de soluciones milagro en terrenos conexos: las monedas mágicas (“libre”, “doble” o “refundadora”) para crear actividad, la vuelta a las monedas nacionales para salir de la crisis del euro, el sorteo aleatorio para restablecer la democracia, etc. Estas utopías encantatorias no son solamente estériles: son también, desgraciadamente, obstáculos a la construcción de una estrategia de alternativa encarnada en la realidad de las relaciones sociales.
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Notas:
1/ Michel Husson, “Fin du travail: le temps des gourous”, A l’encontre, 23 de junio de 2016.
2/ Michel Husson, “Le grand bluff de la robotisation“, A l’encontre, 10 de junio de 2016.
3/ Christian Fuchs, “Prolegomena to a Digital Labour Theory of Value”, tripleC, 10 (2), 2012.
4/ Antonio Casilli, «Digital labor: à qui profitent nos clics?", Le Temps, 12 de enero de 2015.
5/ Carlo Vercellone et Jean-Marie Monnier, «Mutations du travail et revenu social garanti comme revenu primaire», Les Possibles n°11, Otoño de 2016
6/ Michel Husson, “France. Réduction du temps de travail et chômage: trois scénarios“, A l’encontre, 4 de abril de 2016.
7/ Philippe Van Parijs, ”La réduction du temps de travail est une idée du XXe siècle“, L’Obs, 7 de julio de 2016.
8/ Laurent Garrouste, Michel Husson, Claude Jacquin, Henri Wilno, Supprimer les licenciements, Syllepse, 2006.

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Democracias intervenidas

Mar, 10/01/2017 - 08:01
David Brooks, La Jornada

En Washington hay gritos de protesta y condena, más investigaciones y un intenso debate sobre una barbaridad, algo inaceptable, algo tan terrible que la propia democracia está en riesgo: un gobierno extranjero se atrevió a lanzar una campaña de influencia para manipular el proceso político interno de Estados Unidos.

La CIA, la FBI y la Agencia de Seguridad Nacional ofrecieron briefings al presidente Barack Obama y al presidente-electo Donald Trump, presentaron sus resultados ante el Congreso y emitieron un informe al público resumiendo sus conclusiones sobre cómo el gobierno de Vladimir Putin ordenó e implementó una campaña que incluyó sembrar y difundir noticias falsas, hackear y filtrar correos electrónicos tanto de la campaña de Hillary Clinton como del Comité Nacional Demócrata, y que todo esto era, primero, para minar la confiabilidad del proceso electoral, pero al final, para beneficiar la campaña de Trump y dañar a Clinton.

Suponiendo que todo, o parte de esto, sea cierto, no deja de llamar la atención que los directores de inteligencia, sus supuestos jefes en la Casa Blanca y en el Congreso y un amplio coro de analistas e intelectuales del establishment se atrevan acusar y condenar a un gobierno extranjero de intromisión en los asuntos políticos internos de otra nación, sin reconocer que Estados Unidos lo ha hecho, y lo sigue haciendo, en todo el mundo y desde hace décadas.

Estados Unidos ha intervenido para influir en los resultados de elecciones de otros países por lo menos 81 veces entre 1946 y el año 2000, según el experto Dov Levin de la Universidad Carnegie Mellon. Eso no incluye golpes de Estado o intentos para derrocar gobiernos –los famosos cambios de régimen– sino sólo intentos directos para influir en una elección a favor de una fuerza política. Si se incluyen éstas, el número de intervenciones es mucho más alto.

Entre los ejemplos más prominentes tanto de intentos de influir sobre el resultado de una elección como en golpes de Estado está el caso de Salvador Allende en Chile, donde Estados Unidos no sólo apoyó el golpe del 11 de septiembre de 1973, sino que intervino en la contienda electoral de 1964 en la que la CIA invirtió más de 4 millones de dólares en proyectos encubiertos para prevenir su elección; algo que repitió sin éxito en 1970.

También están el derrocamiento de Mohammed Mossadegh en Irán, en 1953, para imponer al cha, fiel aliado de Washington; el caso de Jacobo Arbenz, en Guatemala, en 1954; Patrice Lumumba, del Congo, en 1961; la abierta interferencia en las elecciones de Jean-Bertrand Aristide, en Haití, y de Daniel Ortega, en Nicaragua, a principios de los 90, así como la instalación de Hamid Karzai, agente pagado de la CIA, como presidente de Afganistán después de la invasión estadunidense. Y claro, no se puede olvidar en esta lista más de medio siglo de intervenciones políticas para promover el cambio de régimen en Cuba.

Sólo en este nuevo siglo, las intervenciones incluyen el apoyo al golpe de Estado en Honduras contra Manuel Zelaya en 2009, algo justificado por Hillary Clinton cuando era secretaria de Estado en el primer periodo de Obama, el intento para prevenir la relección de Slobodan Milosevic en Serbia en 2000, el apoyo implícito de Washington del fracasado golpe de Estado contra Hugo Chávez, y múltiples acusaciones de los gobiernos de Bolivia y Ecuador, entre otros, por interferencia en los asuntos políticos internos.

Y mientras acusa a Rusia, Washington no comenta que intentó influir en la elecciones rusas en 1996 a favor de Boris Yeltsin. También apoyó a Vaclav Havel en la desaparecida Checoslovaquia y a candidatos presidenciales del Partido Laborista en Israel.

Estas prácticas tienen décadas: la primera operación de la CIA para influir en una elección fue realizada pocos meses después de su creación, en 1947, cuando apoyó a los democristianos contra una coalición de izquierda en Italia, en 1948, con éxito. Tim Weiner, periodista Premio Pulitzer y autor de la excelente historia de la CIA (Legacy of Ashes), comentó en entrevista con la radio pública WNYC que “después de su éxito en Italia, la CIA tomó esta fórmula –la cual incluía emplear millones de dólares para promover campañas de influencia– y la aplicó por todo el mundo en lugares como Guatemala, Indonesia, Vietnam del Sur, Afganistán y más”. Weiner subrayó que todo esto se hace con la aprobación de la presidencia de Estados Unidos.

Hubo incluso esfuerzos más complicados y controvertidos, como los revelados por el escándalo Irán-Contra durante el régimen de Reagan, que incluyeron operaciones encubiertas dentro de este país. Otto Reich –feroz opositor de los gobiernos revolucionarios de Cuba y Venezuela y otros regímenes de izquierda en el hemisferio– desde su Oficina de Diplomacia Pública en el Departamento de Estado supervisó un esfuerzo de propaganda política dentro de Estados Unidos logrando insertar información y lo que ahora se llaman noticias falsas en medios estadunidenses a favor de los contras nicaragüenses sin divulgar su vínculos con el gobierno estadunidense. Una investigación dentro del Departamento de Estados lo acusó de haber supervisado actividades prohibidas de propaganda encubierta.

Como reportamos hace unas semanas, Ariel Dorfman, en un artículo del New York Times titulado Ahora, Estados Unidos, ustedes saben cómo se sintieron los chilenos, recordó la intervención de Estados Unidos en Chile y comentó que era “irónico que la CIA –la misma agencia a la cual le valía nada la independencia de otras naciones– ahora está gritando foul porque sus tácticas han sido imitadas por un poderoso rival internacional”. Sin embargo, dijo que nada justifica que ciudadanos en cualquier lugar deben tener su destino manipulado por fuerzas fuera de la tierra que habitan. Pero, a la vez, señaló que Estados Unidos “no puede, en buena fe, denunciar lo que se le ha hecho a sus ciudadanos decentes hasta que esté listo para enfrentar lo que hizo tan frecuentemente a los igualmente decentes ciudadanos de otras naciones… Si hay un momento para que Estados Unidos se vea al espejo, para reconocer y rendir cuentas, ese momento es ahora”.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

A los 91 años muere el filósofo polaco Zygmunt Bauman

Lun, 09/01/2017 - 18:30

El profesor y filósofo polaco Zygmunt Bauman, creador del concepto de 'modernidad líquida', ha fallecido este lunes a la edad de 91 años en la localidad británica de Leeds, según ha informado el diario Gazeta Wyborcza.

De nacionalidad británica, se trasladó a la URSS con su familia a comienzos de la II Guerra Mundial. Terminado el conflicto, regresó a Polonia y ejerció la docencia en la Universidad de Varsovia, hasta que en 1968 se exilió de nuevo por razones políticas.

Durante unos años vivió en Israel y fue profesor en la Universidad de Tel Aviv hasta 1970. Ha impartido clases en universidades de Estados Unidos, Australia y Canadá y es profesor emérito de Sociología de la Universidad de Leeds (Reino Unido).

Su análisis de los vínculos entre la modernidad, el nazismo y el comunismo posmoderno le han otorgado un gran reconocimiento internacional. Ha contribuido al desarrollo de las ciencias sociales mediante la creación de conceptos como la 'teoría de la modernidad líquida', que define los tiempos actuales como una era de cambio y movimiento constante, en la que el hombre está huérfano de referencias consistentes y los conceptos son más inestables que nunca.

Las teorías de Bauman han ejercido una gran influencia en los movimientos antiglobalización. Su obra ensayística, que comenzó en los años 50, alcanzó fama internacional en los 80 con títulos como Modernidad y holocausto (1989), donde define el exterminio de judíos por los nazis como un fenómeno relacionado con el desarrollo de la modernidad.

Entre sus obras más significativas destacan La modernidad líquida (2000), considerada su obra cumbre, en la que observa cómo el capitalismo globalizado está acabando con la solidez de la sociedad industrial; Amor líquido (2005) y Vida líquida (2006).

Además es autor de títulos como La cultura como praxis (1973), La posmodernidad y sus descontentos (1997), La globalización: consecuencias humanas (1998), En búsqueda de la política (1999), La sociedad individualizada (2001) y Vidas desperdiciadas, La modernidad y sus parias (2005).

En esta última expone las consecuencias inevitables de la modernización tales como las migraciones, los refugiados, el desempleo, la nueva pobreza y la necesidad de fijar identidades.

Entre sus trabajos publicados en español se encuentran Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores (2007), Vida de consumo (2007), Archipiélago de excepciones (2008), Múltiples culturas, una sola humanidad (2008), El arte de la vida (2009) y Mundo consumo (2010). Su pensamiento y su obra han sido fruto de análisis en una decena de libros publicados por varios autores.

Bauman recibió entre otros galardones el Premio Europeo Amalfi de Sociología y Teoría Social, otorgado por la Asociación Italiana de Sociología (1989) y el Theodor W. Adorno Prize de la ciudad de Fráncfort (1998). Asimismo, fue premiado con el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010 junto a Alan Touraine.

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2017 apunta hacia un mundo multipolar

Lun, 09/01/2017 - 10:00
Emir Sader, La Jornada

La era de la hegemonía estadounidense y de neoliberalismo es, por definición, un tiempo de turbulencias e incertidumbre. Nadie ni nada permite preveer con un mínimo de certidumbre ni el futuro inmediato, menos todavía los de mediano y largo plazos. Pero el cúmulo de acontecimientos permite proyectar a 2017 como un año en que se dibujará, con más claridad, el surgimiento de un mundo multipolar.

El final de la guerra fría hizo al mundo retroceder al periodo histórico de hegemonía británica, cuando una sola potencia detentaba el predominio mundial. La decadencia británica introdujo un tiempo de disputas hegemónicas; primero entre Estados Unidos y Alemania, con dos guerras mundiales de por medio, después, entre Estados Unidos y la Unión Soviética, en el escenario llamado de guerra fría.

La desaparición de la URSS hizo que la humanidad volviera a un mundo unipolar, esta vez con la hegemonía imperial estadounidense. No tardó en anunciarse que la historia terminaría, desembocando en esa hegemonía, que traería con ella la economía capitalista de mercado y la democracia liberal como horizontes insuperables de la historia. Seguirían habiendo acontecimientos, pero todos encerrados en ese marco, que nos aprisionaría definitivamente. En lugar de girar hacia delante, la historia habría retrocedido y quedado congelada. La superioridad militar, económica, política e ideológica de Estados Unidos no permitiría alimentar ilusiones en otra dirección. El fin del socialismo, que sería el futuro de la humanidad, en la concepción derrotada, relegaba ese tipo de sociedad al museo de la historia, como un largo paréntesis finalmente concluido. La economía capitalista pasaba a ser la economía, la única posible, así como la democracia liberal, la única posible.

Sin embargo, la Paz Americana no trajo el final de los conflictos bélicos, sino su multiplicación, al tiempo en que el reino del mercado no trajo de vuelta el crecimiento económico, sino la recesión prolongada. Como resultado de esas contratendencias han surgido gobiernos antineoliberales, como en América Latina, así como fuerzas que se coordinan por la construcción de un mundo multipolar, como las congregadas en los Brics.

Un episodio que parecía ser simplemente uno más del ejercicio de la superioridad militar de Estados Unidos y de sus aliados del bloque imperialista occidental –como ya había ocurrido en Afganistán, Irak y Libia–, el de la destrucción del gobierno de Siria, como paso previo al bombardeo de Irán, terminó promoviendo una gran contrarrevuelta que, sumada a otros fenómenos, apunta hacia el surgimiento de un mundo multipolar.

Estados Unidos no había logrado crear las condiciones del bombardeo de Irán, ni adentro, ni con sus aliados externos. Rusia aprovechó para proponer un proceso de negociación entre Estados Unidos e Irán, que tuvo éxito, desarticulando los planes bélicos de Israel, apoyado por Arabia Saudita y poniendo en práctica el primer proceso de resolución pacífica de un conflicto bélico importante en el mundo en mucho tiempo.

Este éxito fue el preámbulo que permitiría también una resolución de la también aparentemente interminable guerra en Siria. Arabia Saudita, contradicha en las negociaciones con Irán, intensificó el apoyo al llamado Estado Islámico (EI), que se ha vuelto la fuerza fundamentalista y terrorista que pasó a amenazar no sólo a gobiernos de Medio Oriente, sino de todo el mundo con sus acciones. Como uno de sus efectos, la guerra en Siria quedó polarizada entre el EI y el gobierno sirio, sacando definitivamente del escenario supuestas fuerzas moderadas de oposición, usadas como pretexto por Estados Unidos para apoyar intentos de derrubar al gobierno sirio. El acuerdo entre Rusia, Turquía e Irán, apoyado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, sustentado en la derrota militar del EI, por intervención decisiva de las tropas rusas, promovió un nuevo acuerdo de paz, esta vez sin Estados Unidos.

A este nuevo horizonte se suma la alianza alrededor de los Brics, con Rusia y China como protagonistas esenciales, como fuerzas que promueven el fortalecimiento de modelos de desarrollo económico con distribución de renta, en contrapartida del agotamiento del neoliberalismo y la prolongada recesión a que ha desembocado ese modelo.

El Brexit y la victoria electoral de Donald Trump en las elecciones estadounidenses apuntan hacia retrocesos en el proceso de globalización, con políticas proteccionistas y debilitamiento de los procesos de libre comercio, imponiéndose en las dos potencias que desde hace más de un siglo han estado a la cabeza del bloque imperialista en el mundo.

La combinación de esos factores tendrá en 2017, con la retirada de Gran Bretaña de la Unión Europea, así como la toma de posesión de Donald Trump, haciendo con lo que ya se venía dibujando como el agotamiento del modelo neoliberal, la incapacidad de Estados Unidos de concluir las guerras de Afganistán y de Irak, así como su impotencia frente a la extensión de los conflictos bélicos en toda la región, así como el fortalecimiento de Rusia como actor político y militar global, un nuevo escenario mundial.

Un nuevo escenario que tiene que ser, para América Latina, un espacio de nuevas oportunidades, para salir definitivamente del modelo neoliberal y de la hegemonía estadounidense, buscando profundizar alianzas que promuevan la solución pacífica de los conflictos y apoyen políticas de desarrollo con distribución de la renta. Brasil, Argentina, México y todos los países del continente tienen que decidir dónde quieren ubicarse en ese nuevo escenario mundial.

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El euro cumple 15 años: reforma o disolución

Dom, 08/01/2017 - 11:30
José Moisés Martín Carretero, CTXT

Era enero de 2002. Andábamos como bobos intentando aclararnos sobre los cambios, si pasar todo de golpe o mantener algunas pesetas, sin hacernos una idea clara del precio de las cosas… era enero de 2002 y tomando unos cafés en Sol dejé dos euros de bote. “Has dejado 500 pesetas”, me dijo mi amigo Carlos. Yo hice como que no importaba. En realidad no tenía ni idea de si había dejado mucho o poco dinero hasta que Carlos me confirmó mi espléndida generosidad.

Para la mayoría de la ciudadanía, el cambio de moneda –que ya se había hecho realidad macroeconómica en 1999 con la fijación de los tipos de cambio irreversibles-- se había convertido más en un asunto de oficina de consumidor que de otra cosa: el famoso redondeo, el cuidado con las falsificaciones y timos, qué hacer con las pesetas, francos, florines o marcos perdidos en huchas y cajones, la percepción momentánea de perder el sentido sobre el valor de las cosas, en definitiva, asuntos de la vida cotidiana que en poco o nada oscurecían el logro histórico de manejar, de Algeciras a Helsinki, la misma moneda. Adiós a las casas de cambio, los problemas en los viajes, la debilidad de nuestra peseta… todas estas ventajas dejaban en poco los problemas iniciales de la transición. Lejos de la vida cotidiana, unos pocos economistas llevaban clamando ya diez años sobre la irracionalidad del diseño de la Unión Económica y Monetaria: Pedro Montes es quien más vivamente recuerdo, pero no faltaron también voces críticas desde la derecha del espectro político. Marginales en cualquier caso, por cuanto el consenso europeo y español –que entonces aglutinaba al 90% del Parlamento Europeo y del Congreso de los Diputados-- apostaba firmemente por el salto integrador y político que representó la creación de la eurozona.

Quince años más tarde, y aunque sería momento de hacer balance, poca gente lo hará. De los 15 años en los que la moneda única ha estado efectivamente en nuestros bolsillos, hemos pasado ocho en crisis. La imposibilidad de adecuar una política económica común a economías todavía con un grado de integración muy desigual ha generado una serie de monstruos que nos han llevado a vivir el sueño europeo como una pesadilla. En efecto, fue la recesión de Alemania y Francia en 2001/2002 la que obligó al Banco Central Europeo a bajar los tipos de interés, abaratando los créditos que nutrieron nuestra burbuja inmobiliaria, la de Irlanda y la deuda pública de Grecia. Cuando las tornas se cambiaron y el problema de crecimiento se trasladó del norte al sur, los países centrales se esforzaron en mantener una política económica irracionalmente rígida que llevó a los países del sur a situarse peligrosamente cerca de la bancarrota. Hay que recordar que en junio de 2008, cuando la crisis de la deuda estaba ya saltando de país en país, el Banco Central Europeo subió los tipos de interés al 4,5% para parar la inflación. Luego llegó el derrumbe y la aplicación de unas normas que nunca estuvieron pensadas para enfrentarse a un shock asimétrico de tal tamaño. Y mientras Trichet hacía gala de una política monetaria ultraortodoxa, el Eurogrupo garantizaba que, pasara lo que pasara, las reglas de la eurozona no se iban a quebrar. Inútil esfuerzo pues fue de esta manera como se pusieron bajo una constante amenaza de ruptura del euro.

Poco a poco fueron llegando los primeros remiendos. La puesta en marcha del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y posteriormente del Mecanismo Europeo de Estabilidad permitían tener un marco estable de apoyo para países con dificultades de liquidez. El refuerzo de la gobernanza europea con el semestre europeo permitió ordenar el tráfico de elaboración de las políticas fiscales y económicas, sistematizando el proceso y permitiendo una previsibilidad en torno a la cual ordenar la política económica. Trichet fue relevado por Draghi y la política del Banco Central Europeo dejó de ser parte del problema para buscar ser parte de la solución. En 2014, la nueva Comisión abordó una estrategia para promover el crecimiento económico a través de un incremento de la inversión –el Plan Juncker-- al tiempo que el Banco Central Europeo inauguraba –con varios años de retraso-- su propia versión de la expansión cuantitativa. Las normas fiscales se fueron aplicando con flexibilidad, hasta tal punto que se perdonaron las sanciones a los países menos cumplidores, como España y Portugal. Sólo Grecia, chivo expiatorio, ha sido y es tratada sin contemplaciones con un único objetivo político: aleccionar al sur de Europa sobre las desventajas de votar a los partidos de la izquierda emergente.

Tras quince años de euro y ocho de crisis, ¿qué balance podemos hacer? Sin duda, muy negativo. El único logro reseñable de la eurozona ha sido controlar la inflación. La convergencia económica entre los países del sur y del norte se paró, e incluso se revirtió durante la crisis. Los desequilibrios económicos y sociales se han acrecentado, y la desconfianza política se ha disparado. Y no es un problema de orientaciones políticas. En The Euro and the battle of ideas, (El euro y la batalla de las ideas) (Princeton University Press 2016), los economistas Brunnermeier, James y Landau defienden que es la ausencia de una visión compartida sobre la eurozona entre Francia y Alemania la que ha dificultado la gestión de la crisis. Quien escribe estas líneas piensa que no es tanto la orientación de la política económica como la propia naturaleza de la eurozona la que debe cambiar radicalmente. Es difícil que esto ocurra en el actual contexto sociopolítico, pero o lo hacemos o la moneda –y la Unión-- europea tienen los días contados. El euro es un experimento fallido, un "fracaso de las élites políticas", como explicó en otro excelente libro Manuel Sanchís.

Ahora que parece que las peores consecuencias de la crisis económica amainan, es urgente retomar la agenda reformista y plantear una reformulación en profundidad del proyecto, que asuma hasta sus últimas consecuencias la conveniencia de que la política económica de la eurozona se construya para el beneficio de todos sus miembros. Para ello es necesario que los países cedan una nueva parte de su soberanía. De que lo hagan o no dependerá el futuro de la moneda y del continente. Porque si no arreglamos el diseño institucional de la eurozona, si no generamos mecanismos de reequilibrio y reactivamos la convergencia real, tarde o temprano los demonios de la eurozona volverán a despertarse. Parafraseando a Einstein cuando hablaba de la tercera y la cuarta guerras mundiales, no sabemos cuándo será la segunda crisis de la eurozona, pero lo que sí sabemos es que es muy probable que no haya una tercera, porque la eurozona habrá desaparecido.

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Cinco negocios en peligro de extinción por el avance tecnológico

Sáb, 07/01/2017 - 16:07
Mundo Sputnik

Mientras las nuevas tecnologías penetran los mercados establecidos, el funcionamiento de estos inevitablemente debe cambiar, dejando a un lado a muchos de los que no lograrán adaptarse. Financial Times recopiló una lista de cinco industrias de las más amenazadas. Empresas como Uber y Lyft ya desafían el negocio de los taxistas mientras el servicio Airbnb planteó una alternativa viable a los hoteles tradicionales. En un período de 5-10 años muchos otros sectores de la economía vivirán importantes cambios en su modo de funcionar, advierte Financial Times al enumerar ciertos negocios que serán potencialmente afectados.

Agencias de viajes

Las plataformas turísticas en línea amenazan a las agencias de viajes debido a que más gente planea sus viajes por su propia cuenta a través de la web. En un futuro próximo, las empresas turísticas deberán transformarse de operadores de viajes a tenientes de hoteles y cruceros de lujo. Otra opción sería ofrecer más servicios únicos, como viajes de luna de miel o turismo de familia. La cantidad de agencias turísticas 'clásicas' ira disminuyendo, y "solo los verdaderos expertos de la industria sobrevivirán", cita el artículo a uno de los investigadores del tema.

Fabricantes de pequeñas piezas y componentes

La impresión 3D rematará a los pequeños productores y distribuidores de componentes de menor tamaño debido a la popularización de esta técnica para la rápida creación de las partes necesarias. El auge de la impresión 3D afectará cadenas logísticas enteras, permitiendo a muchas empresas imprimir los detalles necesarios en vez de comprarlos en algún lado y llevarlos a donde sea necesario. Incluso hoy en día es posible imprimir hasta equipos electrónicos sofisticados, lo que revolucionará la forma en que se desarrollan y se producen los productos electrónicos en el mundo.

Empresas de seguros de automóviles

Los coches autopilotados disminuirán los ingresos de las empresas de seguros al reducir la cantidad de accidentes de tráfico. El avance de los sistemas de autopilotaje de los coches resultará en menos carros en las calles, menos averías y más eficacia en la organización del tráfico. Para las empresas de seguros, esto será una pesadilla económica. Una opción de respuesta sería elaborar otros tipos de seguros —por ejemplo, seguro contra un fallo del algoritmo de autopilotaje—, pero en cualquier caso, este cambio afectará a la industria establecida.

Consejeros financieros

Los algoritmos de inversión echarán del mercado a los consejeros financieros por ofrecer una alternativa barata en comparación con los analistas tradicionales. Estos algoritmos —'consejeros-robot'— son capaces de manejar una cartera de valores, invertir dinero según las exigencias del cliente y optimizar la carga de impuestos. Así, los consejeros financieros poco a poco pierden la batalla ante las empresas tecnológicas, que ofrecen un producto competitivo, accesible y disponible en línea.

Talleres de reparación de automóviles

La popularización de los coches eléctricos asestará un golpe a la industria de reparación debido a que sus motores son casi imposibles de quebrar. Los carros eléctricos a menudo son elogiados por su mecanismo ecológico, pero un gran parte de su ventaja proviene también de que es poco probable que su motor se quiebre, dado que no casi no contiene partes que se mueven, además de las ruedas. Para los talleres de reparación, es una mala noticia, ya que el mantenimiento de los motores de combustión interna siempre ha sido de los servicios más lucrativos de la industria. Por si fuera poco, los conocimientos necesarios para mantener los motores eléctricos son muy diferentes a los motores convencionales, así que los especialistas deberán adaptarse o cambiar de empleo.

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Hacia un modelo de apartheid social

Ven, 06/01/2017 - 19:21

Iosu Perales, Alainet

Nos encontramos ante un cambio de época. El pacto europeo que dio lugar al estado del bienestar está pasando a mejor vida. Paulatinamente avanzamos hacia un modelo de sociedad alejado del que hemos tenido los europeos tras la segunda guerra mundial, para dar paso a una sociedad del apartheid que se distingue por aumentar las desigualdades y dejar fuera de una protección decente a millones de personas. Este cambio se viene produciendo con el viento a favor de un tipo de globalización que todo lo explica, aunque sea de modo confuso, y que está dando lugar al vaciamiento de la democracia y el desplazamiento de la política, colocando en su lugar a poderes en la sombra, económicos naturalmente, que son los que realmente deciden sin haber sido votados.

Para que el cambio de modelo se pueda hacer con la menor oposición, los cerebros intelectuales del nuevo poder idearon la inducción de una crisis que actúa como comodín que todo lo justifica y produce, además, un estado de parálisis en nuestras sociedades. Nunca se ha hablado tanto de crisis: financiera, ambiental, social, de seguridad…Como bien explica Boaventura de Sousa Santos: Pareciera que la crisis ha pasado a ser una variable independiente que todo lo explica. Se recortan los salarios y es por la crisis. Se recortan los gastos sociales y es por la crisis. Se privatizan servicios y es por la crisis. Crece de manera brutal el trabajo precario y es por la crisis. Se devalúan las pensiones y es por la crisis. La crisis que lo justifica todo pareciera que no tiene solución alternativa. Se instala en el centro de nuestro pensamiento y nos impide elaborar soluciones sociales, otro modelo, nos deja encerrados y dejamos de pensar. Nos la presentan como tan evidente que nos resignamos y nos colocamos en la posición personal de “perder lo menos posible”. El rumor de que hay que aceptar la crisis y las “soluciones” austericidas de los gobernantes que trabajan por encargo nos deja maniatados. Moverte activamente en contra puede conllevar la pérdida de algo que aún conservamos. Grecia lo intentó y sabemos el resultado.

Pero resulta que hay dinero, mucho dinero. ¿Dónde está? Sabemos que por todo el mundo aumentan los multimillonarios. Esta estirpe nunca estuvo mejor que con la crisis. ¿Para quién es la crisis?

Decir que la crisis fue organizada no es una afirmación excesiva. Lo fue. El colapso de la burbuja inmobiliaria desencadenó la crisis de los bancos, primero en Estados Unidos en 2006, contagiándose después al sistema financiero internacional, causando una crisis de liquidez y derrumbes bursátiles. De pronto la histeria y el miedo se extendieron por las sociedades europeas. Nos anunciaron que si no queríamos perder los depósito de ahorro había que salvar a los bancos y es lo que se hizo en medio de una crítica social que fue apagándose. Con semejante escenario de crisis no fue difícil para los amos del mundo disciplinarnos. Nunca fue tan complicado pensar una alternativa. Fue obligación de la socialdemocracia europea hacerlo, pero en lugar de ello dio pasos atrás, resignada a la derrota y preparándose para ser aceptada por los arrogantes poderes. Son muchas las realidades que criticar pero nunca ha sido tan difícil tener un marco teórico de modelo económico y de sociedad alternativos.

Pero ¿hacia qué sociedad vamos en este cambio de época? Boaventura de Sousa Santos, sociólogo y politólogo portugués alerta de que marchamos hacia un régimen social y civilizacional que sacrifica a la democracia a las exigencias del capitalismo. Sitúa las pruebas de lo que afirma en cuatro hechos: el primero es el apartheid social, la segregación de los excluidos; el segundo es la usurpación de las prerrogativas del Estado por parte de actores sociales muy poderosos; el tercer hecho consiste en la manipulación discrecional de la inseguridad de las personas y grupos sociales vulnerables debido a la precariedad del trabajo, lo que desemboca en una ansiedad crónica; el cuarto hecho es el fascismo financiero que controla los mercados y una economía de casino.

Lo que Boaventura de Sousa Santos llama fascismo social en su libro “Sociología jurídica crítica. Para un nuevo sentido común en el derecho”, es un régimen caracterizado por relaciones sociales y experiencias de vida bajo relaciones de poder e intercambios extremadamente desiguales, que se dirigen a formas de exclusión particularmente severas y potencialmente irreversible.

Sinceramente, la calificación de fascismo social es tan brutal que mis limitados conocimientos no me permiten asumirla sin más. Pero en todo caso es útil para el debate sobre cuál es el modelo de sociedad al que vamos. Lo que si tengo claro es que el rumor desmovilizador que afirma que nunca recuperaremos lo que queda atrás y que el futuro está marcado por el paisaje neoliberal que es la forma más salvaje de capitalismo, es sólo eso, propaganda. Seguramente no se trata de retornar al pasado sino de construir algo aún mejor.

Pero lo cierto es que estamos dando pasos a un escenario desconocido en Europa, pero también a nivel planetario, donde la gente queda a merced de su suerte, progresivamente fuera de los cada vez más estrechos servicios sociales, haciendo buena la idea de predestinación. Y no es que yo niegue algunos avances en países africanos, latinoamericanos y asiáticos, que han mejorado los índices de pobreza y de alfabetización, la lucha contra algunas enfermedades epidémicas y en los derechos de las mujeres. Pero estos progresos son poca cosa cuando los comparamos con los males del modelo que se va imponiendo. Dicen quienes saben que si de los 26 billones de euros que se dedican anualmente a las armas, se utilizaran la mitad para acabar con el hambre en el mundo, su erradicación sería posible. Sin embargo el modelo social al que nos llevan prefiere dar la espalda de cientos de millones de seres humanos cuyo destino es la miseria perpetua.

Pongamos que el calificativo de fascismo social es exagerado. De acuerdo. Pero, ¿qué nombre le ponemos al abandono de miles de refugiados que tocan las puertas europeas, y sobreviven y mueren en campos de internamiento, cuando no se hunden en el Mediterráneo? ¿qué nombre le ponemos a las guerras programadas para dar salida al enorme negocio de los fabricantes de armas? ¿cómo podemos llamar a la dronificación del poder que mata sin correr riesgos? Desde 1945, fin de la segunda guerra mundial, están muriendo hoy en las guerras más civiles que militares. Pongamos un calificativo a esta barbarie, cada cual el que quiera.

Una nota final. En este artículo dibujo un escenario general, mundial. Sin lugar a dudas de las ciudadanías concretas dependerá su destino. En Euskadi, las instituciones, los sindicatos, los partidos políticos y por supuesto la sociedad, mantenemos hoy por hoy una notable conciencia social que nos hace estar alertas. El modelo de apartheid social no es inevitable. Se puede vencer. Para ello hace falta cohesión social y luchar incansablemente por todos los derechos de todas y de todos. Y que las instituciones sean leales al pueblo. Una buena medida en Euskadi sería la Renta Básica Universal, con ella se blindaría un suelo de igualdad frente al movimiento general de desmontaje del estado del bienestar.

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Trump y la renegociación del TLCAN

Ven, 06/01/2017 - 12:43
Alejandro Nadal, La Jornada

Aprovechando el descontento provocado por la pérdida de empleos en el sector manufacturero de la economía estadunidense, una de las más insistentes promesas de campaña de Trump fue la de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). La ironía es interesante porque uno de los principales objetivos del gobierno mexicano al negociar ese tratado fue consolidar el modelo neoliberal que se estaba imponiendo en nuestro país. Reformar la legislación mexicana podía ser fácil de lograr, pero renegociar un tratado internacional con Estados Unidos siempre sería visto como una barrera infranqueable. Hoy la presión para renegociar proviene directamente de Washington.

El TLCAN fue un tratado pionero que precedió a los Acuerdos de Marrakech que dieron origen a la Organización Mundial de Comercio (OMC). Temas como derechos de propiedad intelectual, subsidios, medidas sanitarias y fitosanitarias, energía, servicios financieros y los derechos de los inversionistas, fueron incluidos en el TLCAN y sirvieron de ejemplo para los acuerdos medulares de la OMC. El resultado fue un acuerdo que sólo benefició a las grandes corporaciones de los tres países.

En el caso de México el superávit comercial con Estados Unidos (58 mil millones de dólares en 2015) no ha sido suficiente para mantener un equilibrio en la balanza comercial con el resto del mundo. Por su parte, los 600 mil empleos generados en las manufacturas en los primeros 15 años de vida del TLCAN no sirvieron para compensar la pérdida de aproximadamente 2 millones de empleos en la agricultura en ese mismo plazo. Ese saldo comercial superavitario se explica en buena medida por las exportaciones del sector energético y de las maquiladoras (que al no estar conectadas con el resto de la economía son incapaces de fungir como motores de la economía). Por eso los objetivos sobre empleo y crecimiento con equilibrio se convirtieron rápidamente en un espejismo inalcanzable para México.

Los planes específicos de Trump para renegociar el TLCAN no son claros. Durante su campaña habló de imponer un sobre arancel de 35 por ciento a las exportaciones de autos ensamblados en México y algunos otros productos. Pero una medida de ese tipo no puede justificarse ni imponerse unilateralmente sin modificar la arquitectura del tratado. Las corporaciones estadunidenses que se instalaron en México lo hicieron en respuesta a la norma salarial de hambre que ahí existe y no porque estuvieran buscando beneficiarse con subsidios distorsionadores del comercio internacional. De hecho, en caso de imponerse ese sobre arancel México podría accionar los mecanismos de solución de disputas previstos en el TLCAN o de un panel de solución de controversias de la OMC y lo más probable es que el veredicto le sería favorable. La razón es sencilla: el sobre arancel que propone Trump es ilegal.

Si Trump quisiera cambiar ese estado de cosas debería buscar imponer estándares de compensaciones para el trabajo que reduzcan el diferencial existente entre salarios en México y Estados Unidos. Habría que ver si el acuerdo paralelo (al TLCAN) en materia de trabajo pudiera llegar a convertirse en un instrumento eficaz para mejorar las condiciones laborales en México. Pero no hay que olvidarlo: aquí los principales afectados serían las corporaciones para las cuales el TLCAN fue negociado.

Por cierto, Trump tampoco podrá argumentar que Estados Unidos está sufriendo una crisis de balanza de pagos y que por lo tanto se justifica imponer un sobretasa arancelaria. El artículo 2104 del TLCAN (en el capítulo XXI sobre Excepciones) especifica que no se puede invocar una crisis de balanza de pagos para imponer ese tipo de medidas. Es decir, en su capítulo sobre excepciones, el TLCAN establece que… no habrá excepciones. Por cierto, ese precepto estuvo dirigido a México y no a Estados Unidos.

Si se reabren negociaciones sobre el TLCAN, los gobiernos de México y Canadá buscarán concesiones en rubros que fueron objeto de tensiones en el pasado. Por ejemplo, México podría buscar una ampliación de la cuota azucarera y Canadá podría aprovechar para exigir poner fin a la disputa sobre sus exportaciones madereras hacia Estados Unidos (las empresas estadunidenses argumentan que la industria maderera canadiense recibe un fuerte subsidio que aumenta su competitividad artificialmente). Y tanto Canadá como México podrían exigir una mayor participación en las compras del sector público estadunidense que hoy sigue protegido con reglas de compra nacional que contradicen el TLCAN.

En síntesis, la postura de Trump en materia de política comercial implica un rechazo a décadas de negociaciones multilaterales y bilaterales sobre acuerdos de libre comercio. Pero Trump es un magnate que se ha dedicado a los desarrollos inmobiliarios. Es una actividad lucrativa, pero no tiene nada que ver con el comercio internacional en manufacturas. Ya veremos qué cara pone cuando las grandes corporaciones le expliquen por qué se instalaron en China y México.

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Sarah Palin pide perdón a Julian Assange: "La verdad no se conocería si no fuese por él"

Ven, 06/01/2017 - 07:01

Huffington Post

Sarah Palin, la que fuera líder del Tea Party, ve Fox News, la cadena conservadora de noticias estadounidense. Y, gracias a eso, ha reconsiderado su posición sobre Julian Assange. Ha reflexionado de tal modo que ha pedido perdón al fundador de Wikileaks al mismo tiempo que recomienda a sus seguidores que vean la entrevista que Assange ha concedido a la cadena.

"La conmoción mediática que ocultó lo que muchos de la izquierda han apoyado es impactante, y esta importante información que finalmente abrió los ojos de la gente sobre los candidatos y agentes demócratas no habría sido expuesta si no fuera por Julian Assange", ha escrito la política en su perfil de Facebook. Se refiere a la filtración, por parte de Wikileaks, de miles de emails del Partido Demócrata.

La líder del Tea Party recuerda que su relación con Assange no ha sido buena en el pasado, pues en 2008, cuando ella era la candidata republicana a la vicepresidencia de Estados Unidos, Wikileaks filtró cientos de sus correos. Pero también se disculpa por eso: "Pido disculpas por condenar a Assange cuando publicó mis conocidos (y no problemáticos, relativamente aburridos) emails hace unos años". Por aquel entonces, Palin se refirió a Assange como un "antiamericano con sangre en sus manos".

En su sorprendente mensaje, Palin también recomienda ver el documental Snowden, sobre el agente de la CIA que filtró información clasificada de la Agencia de Seguridad Nacional.

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Cómo las grandes corporaciones han conseguido amasar fortunas gracias al agua

Xov, 05/01/2017 - 16:39

Con gas o sin gas y fría o del tiempo ya no son las únicas opciones de agua embotellada que tenemos en el mercado. Basta darse un paseo por tiendas especializadas en productos orgánicos para contemplar estanterías repletas de aguas especiales: desde aquellas que incluyen vitamina C o coco hasta otras "potenciadas" con minerales, electrolitos o antioxidantes, y así hasta un sinfín de variedades.

La industria del agua embotellada es un negocio en auge y no hay un solo mes en el que no asistamos al lanzamiento de un nuevo producto. Como decía la periodista Sophie Elmhirst en un artículo publicado en The Guardian: "Es un caso de capitalismo en su forma más hiperactiva y descaradamente inventiva: tomar una sustancia libremente disponible, vestirla con innumerables trajes diferentes, y luego venderla como algo nuevo y capaz de transformar el cuerpo, la mente y el alma".

Y es que el agua ya no es solo un elemento principal de la naturaleza que muchas empresas han aprovechado para hacer su particular negocio, sino que además se ha convertido en una etiqueta en blanco sobre la que se puede escribir cualquier tipo de "ingrediente mágico" para ofrecer a los consumidores la promesa de innumerables beneficios para su salud.

En las últimas dos décadas, el agua embotellada se ha convertido en el mercado de bebidas que más ha crecido del mundo. Las cifras hablan por sí solas. Según denuncian los activistas canadienses Maude Barlow y Tony Clarke en su famoso libro "Blue Gold: The Battle Against Corporate Theft of the World's Water" ('Oro azul: la lucha contra el robo corporativo del agua del mundo'), en la década de los 70 el volumen anual de agua embotellada que se comercializaba en todo el mundo no superaba los 1.000 millones de litros, mientras que en la siguiente década el consumo se duplicó. Ya en el año 2000, las ventas anuales ascendieron a más de 84.000 millones de litros y los pronósticos indican que en 2017 se consumirán 391.000 millones de litros de agua embotellada.

Desde la época medieval hasta la primera cloración Para ser una sustancia que cae del cielo y que brota de forma natural de la tierra, el agua siempre ha tenido una extraordinaria capacidad comercial. Según James Salzman, autor del libro "Drinking Water: a History" ('Beber agua: una historia'), ya en la época medieval los monjes ofrecían frascos de aguas especiales a los peregrinos como prueba de su visita. Durante siglos, los ricos europeos viajaron a ciudades conocidas por sus balnearios para probar sus beneficiosas agua e intentar curar sus enfermedades.

Sin embargo, fue en 1740 cuando se puso en marcha una de las primeras empresas embotelladoras de agua, Harrogate Spring, en Reino Unido. Apenas 70 años más tarde, la compañía se convirtió en la mayor exportadora de agua embotellada del país. Y todavía hoy, se anuncia en su web por ser "respetada y reconocida como una de las marcas de agua embotellada más finas".

Sin embargo, a principios del siglo XX, una de las principales revoluciones que ha experimentado este elemento natural estuvo a punto de acabar con el naciente negocio: una epidemia de la fiebre tifoidea en Lincoln, en 1905, provocó que el doctor Alexander Cruickshank Houston probara la primera cloración en un suministro de agua pública. Su experimento funcionó, y pronto, esta práctica se extendió por todo el mundo.

El descubrimiento provocó que la industria del agua embotellada se viese claramente amenazada, ya que hasta esa fecha comprar agua potable había sido una necesidad de los ricos. Los pobres simplemente tuvieron que soportar durante siglos - y todavía siguen soportando - beber agua no potable, y muchas veces han pagado con su vida las consecuencias de ello.

¿Quién iba a gastar su dinero en algo que salía de un grifo? Según la citada periodista, la respuesta llegó en 1977 de la mano de una de "las mayores piezas de la historia de la narración publicitaria de la televisión". Se trataba de un anuncio con la voz profunda de Orson Welles, quien relataba: "En lo profundo de las llanuras del sur de Francia, en un misterioso proceso iniciado hace millones de años, la propia Naturaleza añade vida a las heladas aguas de una sola fuente: Perrier", mientras los telespectadores veían el agua caer dentro de un vaso y admiraban la botella de cristal. El marketing había hecho historia.


El anuncio formaba parte de una campaña estadounidense de 5 millones de dólares, la más grande de la historia para un agua embotellada, y resultó ser un gran éxito. De 1975 a 1978, las ventas de Perrier en los EEUU aumentaron de 2,5 millones de botellas a más de 75 millones.

No fue la única empresa agraciada. De repente, las botellas de agua embotellada comenzaron a acompañar a las grandes "celebrities" estadounidenses, como sucedió con el primer vídeo de Jane Fonda haciendo ejercicio en 1982 o Jack Nicholson en una ceremonia de los Óscar. "El esnobismo del agua ha reemplazado al esnobismo del vino como novedad. La gente ordena sus 'eau' por orden de marca, como alguna vez hicieron con sus Scotch", señalaba la revista Time en un artículo publicado en 1985.

Agua embotellada: Los puntos clave del fraude del siglo Pronto, las grandes marcas de refrescos, viendo la oportunidad comercial, lanzaron sus propias aguas: Aquafina de PepsiCo en 1994, Dasani de Coca-Cola en 1999 o Puré Life de Nestlé en 2002. El negocio del agua se había convertido en una realidad, aunque más tarde algunas de las nacientes marcas estuviesen envueltas en escándalos relacionados con embotellar agua del grifo y no de los manantiales, como prometían a los consumidores.

Sin embargo, tal y como explica explica Sophie Elmhirst, en el citado artículo, lo peor del negocio estaba por llegar: "Si la última década fue testigo de la gran expansión comercial del agua, 2016 podría definirse como el año en que el mercado perdió la cabeza. Ahora parece que no hay límite en lo que un agua puede ser, o lo que los consumidores están dispuestos a comprar. Ya no basta con que el agua sea simplemente agua: debe tener poderes especiales".
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Via RTUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Una filtración de Wikileaks revela la trama oculta que hizo estallar la guerra de Siria

Xov, 05/01/2017 - 07:01

Recientemente, Wikileaks ha hecho público un extenso archivo de 57.934 correos electrónicos de la dirección personal de email de Berat Albayrak, yerno del presidente turco Recep Tayyip Erdogan y Ministro de Energía de este país. Analizando con detenimiento los miles de correos electrónicos de Berat Albayrak pueden extraerse informaciones cruciales para entender el origen de la guerra en Siria y para comprender las razones por las que los dirigentes de los principales países europeos se han convertido en los principales impulsores de las políticas a favor de la llegada de millones de inmigrantes y refugiados al viejo continente.

En uno de los correos filtrados por Wikileaks, el analista turco Mehmet Ozhan envía a Berat un email en el que se recoge una extensa información de oil-price.com que explica cómo, en 2012, Catar se había empeñado en construir un gasoducto desde su territorio hasta Turquía a través de Siria, ya que los cataríes, que se encuentran entre los principales productores de gas del mundo, no querían dejar de perder la oportunidad de vender su preciada producción a Europa, siempre excesivamente dependiente de los suministros rusos. El presidente sirio, Bashar al Assad, entendió rápidamente que se encontraba en una posición de fuerza y decidió subir la apuesta creando un diferente diseño geoestratégico y una fuente alternativa de combustible para el oleoducto que habría de acercarse a Europa a través de Siria.

En este punto, hay que recordar que la mayoría de los países de Oriente Medio, incluyendo Siria, son musulmanes sunitas. Por el contrario, el régimen post-Hussein en Irak, diseñado por Estados Unidos, fue dominado por los musulmanes chiítas. Bashar al Assad es un musulmán alauí -un credo también chií que los sunitas de Catar y Arabia Saudí quisieran ver borrado de la faz de la Tierra-. Por este motivo, y en lugar de dar alas a un posible oleoducto Catar-Turquía, el presidente sirio firmó un acuerdo con el gobierno chiíta de Irak y otro con su vecino Irán, la mayor nación chiíta del mundo. Así nació el proyecto de oleoducto Irán-Iraq-Siria.

En un momento en el que la economía siria se encontraba absolutamente estancada, Assad ideó un plan de gasoducto alternativo que llevaría el gas iraquí a Irán y al resto de Europa. Este proyecto, además, complació a Vladimir Putin, ya que éste tenía firmado acuerdos de larga duración con Irán, un país con el que Rusia siempre se había mantenido cómodo a la hora de establecer precios para el gas. Además, es muy importante tener en cuenta que la única base militar de Rusia en el Mediterráneo se encuentra en la costa de Siria, lo que estratégicamente permitiría a Putin controlar un segundo gasoducto a Europa. Por ello, el oleoducto iraní hacia Siria rápidamente se convirtió en una prioridad para Moscú y, consecuentemente, Assad y los rusos comenzaron a moverse para paralizar el proyecto de gasoducto de Catar y para promover el plan iraní. Pero, en el camino, Bashar al Assad se había ganado unos enemigos muy poderosos…

Un correo fechado en el mes de octubre de 2015 que, según Wikileaks, fue hallado en el ordenador personal del Ministro de Energía turco, explica cómo la decisión de Assad indignó a las monarquías sunitas de Arabia Saudí y Catar que, gracias a sus compras masivas de armamento norteamericano y británico, se jactaban de tener a las potencias occidentales en un puño “para que lucharan por ellas”. Por este motivo, según este email, “el presidente Obama y el primer ministro de Gran Bretaña, David Cameron, no tardaron en programar ataques aéreos contra Siria en un esfuerzo por derrocar a Assad. Pero, a finales de agosto de 2013, el parlamento británico votó en contra de esta acción, lo que, a su vez, ejerció una fuerte presión sobre el presidente estadounidense, quien calculó que el Congreso de Washington seguiría el ejemplo de Londres y bloquearía cualquier ataque contra Siria. Paralelamente, Rusia incrementó la apuesta moviendo sus barcos de guerra al Mediterráneo, listos para defender Siria. Los principales amigos de Arabia, Estados Unidos y Gran Bretaña, retrocedían, y fue en ese momento cuando el rey saudí decidió resolver él solo el problema de Siria”.

Tal y como se recoge en los correos electrónicos de Berat Albayrak, ministro turco de Energía y yerno de Tayyip Erdogan, publicados por Wikileaks, “el primer paso que dieron Arabia Saudí y Catar fue incrementar su apoyo económico a la Hermandad Musulmana, que pretendía imponer el control sunita en todos los países del Medio Oriente. Los saudíes persuadieron a los Estados Unidos para que apoyaran esta política y los grandes medios de comunicación occidentales se sumaron a esta causa al encuadrar las acciones totalitarias de los Hermanos Musulmanes bajo el benevolente paraguas de las ‘primaveras árabes’”.

“Por otro lado, Arabia Saudí también tomó otra decisión trascendental: abaratar el precio de su petróleo, lo que provocaba una grave pérdida de competitividad al petróleo ruso, impedía a Irán (beneficiada por el reciente levantamiento del embargo) reestructurar su industria del crudo, paralizaba la producción de fracking en Estados Unidos. De este modo, los saudíes castigaban a todos los implicados en el apoyo a Assad en el Gobierno sirio”.

Lo que ya se conoce como el “Berat's Box”, la más importante filtración de correos electrónicos de un alto cargo del Gobierno turco que ha tenido lugar hasta la fecha, también explica cómo Catar y Arabia Saudí han sido claves en el fomento y la financiación de grupos terroristas musulmanes sunitas en Irak y Siria, incluyendo, por supuesto, el autodenominado Estado Islámico (EI).

Los documentos exponen como el Estado Islámico ha sido ampliamente financiado por donantes de Arabia Saudí y Qatar, “pero no controlado por ellos”. De hecho, los líderes del Estado Islámico, en sus diferentes ramas, buscan ingresos que les permitan avanzar por delante de los líderes de las ramas rivales y obtener independencia política de Arabia Saudí. En el norte de Irak, por ejemplo, manejan las refinerías de petróleo que toman para obtener ganancias. Pero, por el contrario, en Libia destruyen las refinerías como si éstas fueran una ofensa hacia Dios. La rama libia del EI prefiere el dinero fácil del contrabando de personas, ya que “las rutas de tráfico de personas establecidas también les sirven para proyectar combatientes a todo el mundo”.

Para completar el cuadro, y según se revela en el correo electrónico en poder de Berat Albayrak que incluye un análisis realizado por la web oil-price.net, “no es una coincidencia que en este punto, Alemania, de repente, decidiera ofrecer recompensas de bienestar muy generosas a cualquier inmigrante ilegal que pudiera llegar, a través del Meditarráneo, desde la costa de Libia a las islas italianas. Alemania necesita mano de obra de trabajadores huéspedes de los países más pobres para mantener sus productos competitivos”.

El analista de oil-price.net que envía su trabajo al ministro de Energía turco ironiza, además, señalando que “la capacidad de Alemania para seguir exportando con una economía de altos salarios es aclamada por el Gobierno germano como un homenaje al sistema educativo alemán. Pero, en realidad, entre bastidores, el gobierno alemán sabe muy bien que su economía de salarios bajos, de alto rendimiento, es un tributo al sistema educativo turco. El gobierno alemán ha permitido la migración sin restricciones desde Turquía desde los primeros años ochenta del pasado siglo. Las ambiciones de salarios bajos de los obreros turcos emigrantes socavaban las facultades de negociación de los sindicatos alemanes. Los trabajadores alemanes tenían que mantener sus demandas salariales bajas para evitar que sus trabajos fueran entregados a la mano de obra no calificada turca. Pero el resurgir económico de Turquía en los últimos años ha hecho que el flujo de mano de obra barata hacia Alemania se secara. Y, por ello, el Ejecutivo de Angela Merkel trabaja insistentemente para que millones de inmigrantes lleguen al país a ocupar puestos de trabajo de sueldos bajos con los que ayudar a solventar las presiones inflacionarias…"

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Vengativa despedida de Obama contra Putin y Trump

Xov, 05/01/2017 - 02:15
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

A tres semanas de su salida, tras haber dejado al mundo y al mismo Estados Unidos (EEUU) en pleno caos, el decepcionante Obama, después de ocho años aciagos, aporreó la puerta presidencial y, en forma desesperada, intenta encajonar tanto al presidente electo Trump como al zar ruso Vlady Putin con el fin de impedir que consigan un acuerdo que pudiera derivar en un G-2, en espera de la incorporación de China para un G-3, pese a los anatemas de Trump.

Sin ninguna evidencia por el supuesto hackeo ruso al Partido Demócrata, lo cual habría beneficiado la elección de Trump, Obama tomó una serie de represalias, más simbólicas que sustanciales, contra Rusia, al expulsar en forma teatral a 35 de sus diplomáticos y al cerrar dos de sus instalaciones en Maryland.

El zar Vlady Putin, como excelente judoca cinta negra que es, deslizó las grotescas represalias de Obama, a sabiendas de su inminente salida y, en lugar de optar por la reciprocidad, decidió no expulsar a ningún diplomático estadounidense, a cuyo cuerpo, con sus hijos, invitó a festejar la Navidad del rito ortodoxo en el Kremlin.

Con un solo tuit, Trump calificó de muy inteligente la ausencia de represalias de Putin.

Más allá de los arrebatos vengativos de Obama, quien fue derrotado por Putin en los frentes de Crimea/Ucrania del Este (Donbass)/Siria, a mi juicio, sus represalias denotan cinco objetivos: 1) detener, mediante el petate del muerto ruso, la desintegración del acéfalo Partido Demócrata, que fue vapuleado en el Colegio Electoral y perdió el control de la Cámara de Representantes y el Senado. ¿Desea Obama quedarse con el cadáver de su partido?; 2) incitar a la rebelión de los superhalcones del Partido Republicano contra Trump; 3) obstaculizar a Trump en el ámbito doméstico: desde el Obamacare (los seguros médicos del presidente saliente) hasta la exploración petrolera en Dakota del Norte/Ártico/Atlántico Norte; 4) impedir el acercamiento de Trump y Putin que (en)marcaría el inicio de la solución de los contenciosos en Siria y en Irak, al unísono de la expulsión de los yihadistas tolerados por Obama, y 5) opacar la caída de Alepo, el alejamiento de Turquía y el desastre en Afganistán.

Dígase lo que se diga, aunque sea políticamente incorrecto, desde el punto de vista meramente geoestratégico, Trump puede triunfar donde fracasó Obama: mediante su espectacular acercamiento con Putin.

En estos momentos existe mucha desinformación en EEUU. Así como Baby Bush inventó las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein para ahorcarlo e invadir Irak, ahora Obama parece haber inventado las noticias de destrucción masiva con el fin de exorcizar a Rusia usando a tambor batiente a los otrora venerables rotativos, hoy en franca decadencia, para la propagación de fake news (noticias falsas)”, como The New York Times (NYT) –controlado por el grupo del megaespeculador George Soros– y The Washington Post (WP) que sirve al establishment, contra quienes ha colisionado Trump, quien ha impulsado a las nubes a Fox News y utiliza Twitter como su personal arma letal.

El investigador Matt Taibbi, del portal Rolling Stone –que no tiene ninguna proclividad por Trump–, ha tomado con pinzas los anatemas de Obama contra el hackeo ruso y comenta que “algo apesta en esta historia sobre Rusia (https://goo.gl/1we53F)”. Por cierto, el portal Infowars arremete contra WP, que colocó en su primera página, con el fin de hacer cundir el pánico rusófobo, “un falso reporte sobre el hackeo ruso de la planta eléctrica en Vermont (https://goo.gl/naC37q)”. ¡Fake news a lo que da!

A partir del 20 de enero, si no sucede un accidente en el camino, existirán muchos cadáveres entre los multimedia, porque alguien de las dos partes miente por necesidad: los apologistas de Obama/Hillary o los turiferarios de Trump.

Si después del día 20 se demuestra con evidencias que los rusos hackearon al Partido Demócrata, será muy difícil que Trump, con todo y su buena voluntad hacia Putin, revierta la dinámica vengativa de su antecesor.

Y esto en EEUU, no se diga en el mundo, es muy costoso porque una credibilidad mancillada, aunque luego profiera la verdad, nunca más será tomada en cuenta por la informada opinión publica. Hasta un portal muy favorable a Obama, como The Hill, reconoce que el presidente saliente “busca amarrar las manos de Trump (https://goo.gl/GNs5HK)”.

David Klion, del rotativo británico The Guardian (controlado por George Soros), pregunta: “¿Está usando Obama a Rusia para incrustar una cuña entre Trump y el Partido Republicano (https://goo.gl/nmh5V2)?”

NYT y The Financial Times prácticamente incitan a la rebelión del Partido Republicano contra el acercamiento de Trump y Putin, y abultan la cifra de senadores republicanos que desean sanciones más severas contra la presunta intrusión rusa en los asuntos internos de EEUU.

¿Busca Obama relegirse en los próximos cuatro años?

No hay que subestimar la oposición de los superhalcones del Partido Republicano que encabeza el pugnaz John McCain, pero también, de acuerdo con el ético y estético método dialéctico, hay que escuchar a la contraparte, como el portal Breitbart, que expone el punto contrario a los multimedia controlados por George Soros y Haim Saban (de Univision).

Kellyanne Conway, portavoz de Trump, fustigó que las represalias de Obama contra Rusia están diseñadas para encajonar al presidente electo, mientras Breitbart escudriña las “siete maneras en que Obama intenta sabotear a la administración Trump (https://goo.gl/2GgW8L)”.

Una debilidad que detecto en la sanguinaria campaña de Obama/Hillary –apuntalada por el control masivo de los multimedia por George Soros y Haim Saban– es que exhiben a Trump como si fuera un vulgar títere de Putin –un idiota útil al estilo leninista–, lo cual es inverosímil, ya que ningún presidente de EEUU, sea quien fuere, pudiera soportar la ira popular de ser expuesto como permisivo al desmantelamiento de los servicios de inteligencia cibernéticos de su país.

Más aún: ¿cómo demostrar que el presunto hackeo ruso, si lo hubiere, pudo haber afectado el curso de la elección cuando Hillary y la pestilente Fundación Clinton ya no podían ocultar tanto cadáver en sus repletos clósets de corrupción?

Lo real es que Putin acabó derrotando a Obama, quien ha dejado un mundo caótico en los frentes doméstico y global.

Obama será recordado como el presidente del caos y su derrota en Eurasia es notable: desde Crimea/Ucrania, pasando por Siria/Irak, hasta Afganistán/Pakistán.

Desde Yalta, después de la Segunda Guerra Mundial, nunca había ocurrido que hoy EEUU estuviera ausente de tres negociaciones fundamentales de paz: 1) Ucrania con el Acuerdo de Minsk de Rusia/Ucrania/Bielorrusia/Francia/Alemania;2) Siria: la próxima cumbre entre Rusia/Turquía/Irán en Kazajstán, y 3) Afganistán: de Rusia/China/Pakistán.

En las tres negociaciones de marras, Putin emerge como el gran triunfador, con la notoria ausencia de Obama.

A mi juicio, como óptimo jugador de ajedrez, Putin invitará a Trump a las tres negociaciones de paz a las que no convocó a Obama.

Tal es la triste y cruda realidad del desastre de Obama, quien llegó con los mejores auspicios y legó un mundo en pleno caos y a su país más fracturado que nunca.

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4 de enero: el día en que los principales ejecutivos ya ganaron más que sus empleados en todo un año

Mér, 04/01/2017 - 13:11
BBC Mundo

Imagínate si al cuarto día del año ganaras todo tu salario de doce meses. Algo así ocurrió este miércoles al mediodía, cuando los altos ejecutivos de las principales compañías británicas consiguieron ingresos equivalentes al sueldo anual total de un empleado promedio. Eso significa que los directivos de las compañías FTSE-100 -como se llama a las cien principales empresas que cotizan en Bolsa de Valores de Londres- podrían técnicamente dedicarse ya a descansar por el resto del año si fueran a vivir con el mismo dinero que ganan sus subordinados.

Y ni siquiera les llevó cuatro días sino dos y medio, si se considera que el 1 de enero fue no laborable. Lo llaman el "miércoles del gato gordo" (en inglés, fat cat Wednesday): con esa analogía animal se conoce informalmente a quienes están a cargo de una gran empresa y tienen el poder de aumentarse su propio salario, según la definición del diccionario de Cambridge.

Los "gatos gordos", en la jerga, son los altos ejecutivos que tienen poder suficiente para aumentarse el salario a sí mismos, según los define el diccionario de Cambridge. Distintas organizaciones usan la figura del "gato gordo" para llamar la atención sobre las rampantes desigualdades en el ingreso. "Los cálculos no pretenden hacer el regreso al trabajo más duro de lo que ya es (después de las fiestas de fin de año)", asegura Stefan Stern, director de la organización High Pay Centre, que está detrás de la campaña de denuncia. "Pero el 'miércoles del gato gordo' es un recordatorio importante de un problema de desigualdad en la retribución que se mantiene", dice.

Una relación de 129 a 1 Según el High Pay Centre, un think tank independiente y no partidario creado para monitorear la distribución del ingreso en Reino Unido, al 4 de enero estos altos ejecutivos ya habrán percibido, calculando jornadas de 12 horas, los US$34.572 (£28.200) del actual salario británico promedio. Las matemáticas indican que la relación entre la paga que recibe un director ejecutivo de una empresa FTSE-100 y la de un empleado es de 129 a 1, según datos salariales de 2015. La brecha entre directores y subordinados no se ha cerrado, sino todo lo contrario, denuncian las organizaciones que abogan por una redistribución más justa.

Y la tendencia se ha agravado: en 2016, los mismos cálculos arrojaron que los gerentes superaban la misma marca el 4 de enero por la tarde, medio día más tarde que este año. ¿Por qué en 2017 cientos de miles de personas recibirán un salario sin tener que trabajar? Según señala el think tank, que ha hecho estas correlaciones durante los últimos tres años, el salario de los más altos ejecutivos se ha incrementado hasta rozar una media de casi US$5 millones (£4 millones) al año. En 2010, ese promedio era de US$4,1 millones (£3,4 millones): una mejora del ingreso anual de casi 18%.

Aunque, según denuncias de distintas organizaciones, no se trata sólo de un problema de las compañías FTSE-100: tiene su fundamento en los llamados "pagos basados en desempeño" o bonos adicionales que se entregan a los gerentes cuando supuestamente las compañías consiguen buenos resultados bajo su mando. Un estudio reciente de la Universidad de Lancaster, sin embargo, reveló que no necesariamente existe correlación entre el pago de incentivos y la performance de las empresas. Según la investigación, publicada en diciembre, los jefes de las 350 principales empresas británicas vieron aumentar sus ingresos en un 82% en los últimos 13 años. Pero ese incremento no se corresponde con los niveles de retorno del capital invertido, que es una de las variables preferidas para medir el desempeño de las compañías. "Nuestros hallazgos muestran una desconexión material entre los salarios (de los ejecutivos) y la generación de valor fundamental (en las empresas)", expresaron los autores del informe. Por eso, la campaña del "miércoles del gato gordo" aboga por regular que las corporaciones hagan públicas esas comparativas, para dejar en evidencia que no se ha progresado en achicar la grieta salarial entre directivos y trabajadores. Los pagos adicionales por desempeño son una de las bases del problema, consideran algunos análisis. "Esperamos que el gobierno reconozca la necesidad de reformar las prácticas de pagos si es que se desea cerrar esta brecha", apuntó Stern, que anticipó que enviará al gobierno una propuesta de reforma corporativa. ¿Deben mantenerse los salarios en secreto? El gobierno británico ya tiene bajo consideración un plan para hacer que las firmas revelen la diferencia salarial entre sus ejecutivos y sus empleados en puestos no gerenciales. La primera ministra Theresa May ha manifestado que el control de los excesos corporativos constituye una prioridad de su gestión. Y el Departamento de Empresas, Energía y Estrategia Industria - una dependencia ministerial del gobierno de las islas- señaló que está "haciendo una consulta sobre alternativas" para poner un tope a los sueldos más abultados. Organismos que representan los intereses de las empresas argumentan que son los accionistas quienes deben realizar la tarea de contralor. Sin embargo, la Confederación de Industrias Británicas (CBI, por sus siglas en inglés), rechazó las premisas de la campaña contra los "gatos gordos". Consideró que, aunque es necesario que evolucionen los sistemas de control sobre cómo se manejan las corporaciones, son los accionistas quienes deben realizar la tarea de contralor. Y defendió a la vez el sistema de incentivos basados en el desempeño. "Las empresas no deben dar pagos excepcionales a cambio de un desempeño pobre y los accionistas tienen un rol clave en asegurar que se establezcan políticas de definición salarial sensatas, razonables y sostenibles", le dijo a la BBC Josh Hardie, vicedirector general de la CBI, una organización que representa a 190.000 firmas y es considerada una de las principales voceras de los intereses empresariales en el país.

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EE.UU. ha entrenado a los golpistas de América Latina

Mér, 04/01/2017 - 09:01
Emir Sader, Página 12

Los Estados Unidos prepararon a los golpistas de Brasil en 1964, a partir de la creación de la Escuela Superior de Guerra, fundada por Golbery do Couto e Silva y Humberto Castelo Branco, que habían convivido con las tropas norteamericanas en Italia, en lo que fue la participación brasileña en el final de la Segunda Guerra Mundial. Junto con los formados en la Escuela de las Américas, en Panamá, se creó así la generación que preparó y puso en práctica el golpe militar de Brasil en 1964. La Doctrina de Seguridad Nacional y los métodos de tortura fueron las dos claves esenciales del régimen de terror que fue implantado en Brasil y en los otros países del Conosur.

En la posguerra fría, los Estados Unidos buscaron un nuevo enemigo, figura esencial para exorcizar hacia el exterior los problemas de la sociedad norteamericana. Junto al narcotráfico, se fijaron en el terrorismo.

Como parte de la lucha en contra del terrorismo, con toda la amplitud que George W. Bush pasó a darle al tema, se desarrolló un campo de actividad llamado “contraterrorismo”, como un elemento más de la función de “policía del mundo” que los Estados Unidos asumieron.

El blanqueo de dinero pasó a formar parte de esa acción, en la creencia de que el terrorismo lavaría sus recursos en los mecanismos bancarios. Se pasó a la investigacion y punición en los casos de blanqueo de dinero, incluyendo la cooperación formal e informal entre los países, confiscación de bienes, métodos para extraer pruebas, negociación de delaciones, uso de interrogatorios como herramienta y sugerencias de cómo tratar con las Organizaciones No Gubernamentales sospechosas de ser usadas para financiamiento ilícito.

El seminario “Proyecto Puentes: construyendo puentes para la aplicación en Brasil” –cuyo tenor fue revelado por Wikileaks–, realizado en octubre de 2009, en Río de Janeiro, con la presencia de autoridades norteamericanas, sirvió para la formación de nuevo personal al servicio del Imperio, para consolidar entrenamiento bilateral de aplicación y habilidades prácticas de contraterrorismo. Participaron promotores y jueces federales de 26 provincias brasileñas, además de 50 policías federales de todas las provincias. La brasileña fue la mayor delegación. Tambien hubo representantes de México, Costa Rica, Argentina, Panama, Uruguay y Paraguay.

En el transcurso de la reunión intervino solamente Sergio Moro, el hoy muy conocido juez brasileño, que pretende ser un “justiciero, al margen de la ley, en contra de la corrupción”. Disertó acerca de los “cinco punto más comunes de lavado de dinero en Brasil”. Los participantes solicitaron entrenamento adicional sobre la búsqueda de evidencias, entrevistas e interrogatorios. Ese interés se suscitaría porque “la democracia brasileña no tiene todavía 20 años de edad. Así, los jueces federales, los magistrados, los abogados, son principiantes en el proceso democrático, no fueron entrenados en cómo lidiar con largos procesos judiciales (...) y son incapaces de utilizar eficazmente el nuevo código criminal, que fue completamente alterado”.

El informe pide, en los resultados de la reunión, que se realicen cursos más avanzados en San Pablo, Curitiba y Campo Grande. El informe concluye que “el sector judicial brasileño claramente está muy interesado en la lucha contra el terrorismo, pero necesita herramientas y entrenamiento para empeñar fuerzas eficazmente. (...) Magistrados y jueces especializados han conducido en Brasil los casos más significativos de corrupción de individuos de alto nivel”.

El surgimiento de gobiernos que contrarían las orientaciones de Estados Unidos fue la oportunidad para adaptar esas orientaciones a proyectos de desestabilización de esos gobiernos, apoyados en acciones que se concentran en la denuncia reiterada de supuestas irregularidades cometidas por esos gobiernos, por los partidos que los apoyan y por sus líderes. La contribución de Moro y de sus comparsas es la de usar los métodos que aprendieron con los norteamericanos –que incluyen el uso de las delaciones, entre otros métodos–, para destruir la democracia, reconstruida después del agotamiento de las dictaduras militares instaladas por la generación anterior de golpistas, también formados por los Estados Unidos.

Wikileaks ya había demostrado que los datos del espionaje del gobierno de los Estados Unidos en la Presidencia de la República de Brasil, en el Ministerio de Minas y Energía y en Petrobras fueron suministrados a Sergio Moro y sus comparsas, para que dieran inicio a las denuncias en contra del gobierno del PT. Esa reunión de 2009 es indicativa de los nuevos métodos de desestabilización política generados por EEUU, con intervención escandalosa en los asuntos internos de los otros países, violando su soberanía y contando para ello con miembros del Poder Judicial y de la policía, como preparación, por EEUU, de la nueva violación de la democracia brasileña, apoyada en personajes que representan directamente los intereses del Imperio, como Sergio Moro y sus comparsas.

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Las tragedias de Siria señalan el fin de las revoluciones árabes

Mar, 03/01/2017 - 08:01

Robert Fisk, Sin Permiso

Al igual que la catastrófica invasión anglo-estadounidense de Irak puso fin a las épicas aventuras militares occidentales en el Medio Oriente, la tragedia de Siria es una garantía de que no habrá más revoluciones árabes. Han bastado sólo trece años de carnicerías - 2003-2016 - para realinear el equilibrio de poder político en la región. Rusia e Irán y los musulmanes chiítas de la región están decidiendo su futuro; Bashar al-Assad no puede cantar victoria, pero está ganando.

"Alepo debe ser tomada rápidamente - antes de que caiga Mosul ", me anunció un comandante sirio con una sonrisa en cuartel general del ejército en Damasco. Y lo hizo, apenas un mes después. Había - y siguen habiendo – pequeños Alepos por toda Siria en los que el gobierno y sus oponentes armados "yihadistas" están jugando a "buenos" y "malos", dependiendo de quién esté sitiando a quién. Cuando las milicias sunitas terminen con el asedio de pequeños pueblos chiítas como Faour, los civiles acudirán en masa a las posiciones del gobierno. Se informa de ello como si fuera una disputa local un poco incomprensible.

Sin embargo, cuando las fuerzas del régimen asaltaron el este de Alepo, en gran parte del mundo se lamentó como un crimen de guerra. Me he cansado de repetir que, sí, que ambos bandos cometen crímenes de guerra, y que las fuerzas de Assad no son unos ingenuos cadetes militares - aunque en estos días, tenemos que recordar que los Comandos británicos de la 42 Royal Marine tampoco actuaron escrupulosamente en Afganistán. Pero la historia de Alepo todavía está siendo re-elaborada como una vieja leyenda, los valientes defensores, pero en gran medida "yihadistas", disfrazados de anodinos "rebeldes", sus oponentes comparados con los asesinos serbios de Milosevic o los pilotos de Saddam que lanzaron las bombas de gas tóxico.

Todo esto terminará pronto. Rusia se dio cuenta de que Obama y los lacrimosos liberales de Europa no estaban dispuestos a exigir hasta sus últimas consecuencias la caída de Bashar al- Assad - quién, a diferencia del aliado ucraniano de Putin en Kiev, no huyó - y se quedó a dirigir su ejército. The Economist se burló de los soldados sirios porque supuestamente no podían marcar el paso cuando Moscú organizó un desfile militar en su base aéreo sirio. Pero no hay que desfilar como la Wehrmacht para ganar batallas. El Ejército Sirio Árabe - su nombre real, que utilizan cada vez más, por lo que veo, los charlatanes habituales que se presentan como "expertos" en los canales por satélite - presume que ha luchado de forma simultánea en 80 frentes contra Isis, Nusrah y diversos ejércitos "yihadistas" (así como contra hombres del Ejército Sirio Libre que habían desertado de sus filas). Lo cual, teniendo en cuenta los meandros de las líneas del frente, es probablemente cierto, pero tal vez no sea un balance militar del que estar muy orgullosos. Una cosa es recuperar Palmyra de Isis, y otra muy distinta perderlo de nuevo frente al mismo enemigo en medio de la batalla de Alepo Este.

Los soldados sirios tienen una gran simpatía por sus aliados libaneses de Hezbollah - que suelen aparecer en el campo de batalla mejor armados que los propios sirios - pero están menos enamorados de los "asesores" iraníes que supuestamente saben mucho sobre la guerra abierta. He presenciado como un oficial iraní llamaba "estúpido" a un general sirio - en este caso, el iraní probablemente tenía razón - pero los oficiales sirios son mucho más experimentados y están más curtidos que la Guardia Revolucionaria de Teherán, que ha sufrido - junto con su aliados afganos e iraquíes chiíes - muchas más bajas que las que habían previsto.

Así que después de casi cinco años de batalla, el ejército sirio está todavía en acción. Las fuerzas de Nusrah e Isis que rodean al sector gubernamental de la ciudad siria oriental de Deir ez-Zour serán casi seguro su próximo objetivo - después de retomar Palmyra, pero mucho antes de lanzarse contra la capital Isis, Raqqa, que probablemente será retomada por los aliados kurdos de EE UU. Y lo más probable es que sea el ejército sirio el que tenga que reconstruir la nueva Siria cuando la guerra termina. Sin duda, decidirá el futuro del país.

Eso no significa la caída de Bashar al-Assad. Ni entre sus oponentes oficiales ni sus mortales enemigos yihadistas ni la oposición política corrupta y corrompida en Turquía hay alguien capaz de desafiarle. Incluso si tuviesen éxito, con toda seguridad las mismas cárceles y mazmorras estarían en funcionamiento en Siria en 24 horas para encerrar y torturar a la "nueva" oposición al "nuevo" régimen. Además, Vladimir Putin, ha sufrido suficiente humillación después de la segunda captura de Palmyra por Isis - después de que los rusos organizaran un victorioso concierto de la paz en la ciudad romana hace sólo unos meses. Putin no va a permitir la defenestración de Bashar al-Assad.

Curiosamente, los líderes occidentales son pasmosamente conscientes de la naturaleza de la verdadera lucha en Siria, e incluso a que señores de la guerra deben apoyar. Tomemos el ejemplo de la impotencia de François Hollande, que eligió afirmar en las Naciones Unidas en septiembre que Rusia e Irán deben obligar a Assad a hacer la paz, porque de otro modo tendrán que, junto con el régimen, "asumir la responsabilidad de la división y el caos en Siria". Todo esto está muy bien. Sin embargo, sólo dos meses antes, el mismo Hollande estaba exigiendo "medidas eficaces" contra el frente islamista Nusrah – una de las principales fuerzas entre los defensores de Alepo Este, aunque la mayoría de nosotros decidimos no decírselo a nuestros lectores - dado que Isis estaba en retirada y Nusrah se aprovechó de ello. "Eso está fuera de toda duda", comentó Hollande pomposamente sobre el "retroceso" de Isis. Eso fue antes de que retomaran Palmyra los mismos bandidos de Isis.

Pero quizás Hollande y sus aliados europeos - y Washington - están tan embobado con sus propias políticas sirias, débiles y equivocadas (suponiendo siempre que sepan cuáles son), que no se dan cuenta cómo ha cambiado el equilibrio de fuerzas en los campos de batalla. En lugar de indignarse sobre la brutalidad rusa, la crueldad iraní y la mendicidad de Hezbollah, deberían echar un vistazo de cerca al ejército sirio, en su mayoría musulmanes sunítas, que han luchado, desde el principio, contra unos enemigos "yihadistas" mayoritariamente también musulmanes sunitas. Siempre han considerado a Nusrah - nuestros "aliados" en Alepo Este, pagados por nuestros amigos del Golfo y armados por Occidente - más peligroso que Isis. El ejército sirio tiene razón. En esto, al menos, Hollande seguramente debe de estar de acuerdo.

Sin embargo, el poder de la ilusión es más importante para nosotros. Si Occidente no puede re tomar Mosul de Isis, difícilmente podrían haber impedido que los sirios recuperaran el este de Alepo. Pero podrían fácilmente alentar a los medios occidentales a concentrarse en las brutalidades rusas en Alepo en lugar de las terribles bajas infligidas a los aliados de Estados Unidos en Mosul. Los artículos sobre Alepo de estas últimas semanas han sido muy parecidos a los de los corresponsales de guerra británicos en la Primera Guerra Mundial. Y los rusos podrían animar a sus propios medios domesticados para que se concentraran en la victoria de Alepo en lugar de la derrota en Palmyra. En cuanto a Mosul, ha desaparecido misteriosamente de nuestras noticias. Me pregunto por qué.

Y ¿cuántos murieron en Palmyra? Y, para el caso, ¿cuántos eran realmente los asediados en el este de Alepo? ¿Era realmente 250.000? ¿O eran 100.000? Me encontré con una noticia hace unas semanas que daba dos estadísticas globales de víctimas mortales en toda la guerra de Siria: 400.000; luego, unos párrafos más adelante, 500.000. Bueno, ¿cuál es la correcta? Siempre me recuerda el bombardeo nazi de Rotterdam en 1940 cuando los aliados anunciaron que 30.000 civiles habían muerto. Durante años, esta fue la cifra oficial. Luego, después de la guerra, resultó que la cifra real - aunque bastante horrible - era de unos 900, 33 veces menos que la versión oficial. Hace pensar, ¿verdad? sobre las estadísticas de Siria.

Y si no podemos saber ni eso con certeza, ¿qué estamos haciendo interfiriendo en la guerra de Siria? No es que importe mucho. Rusia está de vuelta en Oriente Medio. Irán está asegurando su éje político Teherán-Damasco-Bagdad-Beirut. Y si los árabes del Golfo - o los americanos - quieren pesar de nuevo en la zona, pueden conversar con Putin. O al-Assad.

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El aislamiento de EEUU

Lun, 02/01/2017 - 23:48
Noam Chomsky

El 23 de diciembre de 2016, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adoptó por unanimidad la resolución 2334, con la abstención de Estados Unidos. La resolución reafirmó que la política y prácticas de Israel al establecer asentamientos en territorios palestinos y otros territorios árabes ocupados desde 1967 no tiene validez legal y constituye una seria obstrucción para lograr una paz amplia, justa y duradera en Medio Oriente (y) llama una vez más a Israel, como potencia ocupante, a regirse escrupulosamente por la Cuarta Convención de Ginebra de 1949, rescindir sus medidas previas y desistir de llevar a cabo cualquier acción que resulte en un cambio del estatus legal y la naturaleza geográfica y que afecte materialmente la composición demográfica de los territorios árabes ocupados desde 1967, incluida Jerusalén y, en particular, a no transferir partes de su propia población civil a los territorios árabes ocupados.

Reafirmado. Un asunto de cierta importancia.

Es importante reconocer que la 2334 no es nada nuevo. La cita anterior es de la resolución 446 del Consejo, del 12 de marzo de 1979, reiterada en esencia en la resolución 2334. La 446 fue aprobada 12-0 con la abstención de Estados Unidos, al que se unieron Reino Unido y Noruega. Las diferencias primordiales son que ahora Estados Unidos está solo contra el mundo entero, y que es un mundo diferente. Las violaciones israelíes a las órdenes del Consejo de Seguridad, y al derecho internacional, son ahora mucho más extremas que en 1979 y suscitan mucha mayor condena en gran parte del mundo. Por tanto, hay que tomar más en serio los contenidos de las resoluciones 446-2334. De ahí la intensa reacción a la 2334, tanto en cobertura como en comentario y, en Israel y Estados Unidos, en considerable histeria. Esas son impactantes indicaciones del creciente aislamiento de Estados Unidos en la escena mundial. Esto es, con Obama. Con Trump, es probable que el aislamiento se incremente, y de hecho así ha sido incluso antes de que asuma el poder.

El paso más significativo de Trump en promover el aislamiento estadunidense se dio el 8 de noviembre, cuando obtuvo dos victorias. La menor fue en su país, donde ganó el voto electoral. La mayor fue en Marrakech, Marruecos, donde unas 200 naciones se reunían para tratar de poner algún contenido real en los acuerdos de París de diciembre de 2015 con respecto al cambio climático, los cuales quedaron como promesas más que como el tratado que se pretendía, porque el Congreso republicano no aceptaría compromisos vinculantes.

Al llegar los votos electorales el 8 de noviembre, la conferencia de Marrakech se desvió de su programa sustantivo hacia la cuestión de si podría haber alguna acción significativa para enfrentar la severa amenaza de catástrofe ambiental ahora que el país más poderoso de la Tierra está levantándose de la mesa. Esa fue, sin duda, la mayor victoria de Trump el 8 de noviembre, de verdadera trascendencia. También definió el aislamiento de Estados Unidos respecto de los más severos problemas humanos jamás enfrentados en la historia del planeta. El mundo puso sus esperanzas de liderazgo en China, ahora que el Líder del Mundo Libre ha declarado que no sólo se retirará del esfuerzo sino, con la elección de Trump, aplicará medidas de fuerza para acelerar la carrera hacia el desastre. Un asombroso espectáculo, que pasó virtualmente sin comentario.

El hecho de que Estados Unidos esté solo ahora en su rechazo al consenso internacional se reafirmó en la declaración 2334, en la que perdió incluso a la Gran Bretaña de Theresa May.

La razón por la que Obama optó por la abstención en vez del veto es una pregunta abierta: no tenemos evidencia directa. Pero hay algunas suposiciones plausibles. Hubo algunas reacciones de sorpresa (y escarnio) después del veto de Obama en febrero de 2011 a una resolución del Consejo de Seguridad que llamaba a adoptar una política oficial en Estados Unidos, y tal vez sintió que sería demasiado repetirlo si quería salvar algo de su maltrecho legado entre sectores de la población que tienen cierto interés por el derecho internacional y los derechos humanos. También vale la pena recordar que entre los demócratas liberales, si no en el Congreso, y en particular entre los jóvenes, la opinión acerca de Israel-Palestina ha virado hacia la crítica a las políticas israelíes en años recientes, tanto que el núcleo del apoyo a esas políticas se ha desplazado a la extrema derecha, incluida la base evangélica del Partido Republicano. Tal vez esos factores influyeron.

La abstención de 2016 causó furor en Israel y en el Congreso estadunidense, tanto entre republicanos como en prominentes demócratas, incluso con propuestas de retirar fondos a la ONU en represalia por el crimen del mundo. El primer ministro israelí Netanyahu denunció a Obama por sus acciones deshonestas contra Israel. Su oficina acusó a Obama de coludirse tras bambalinas con esa conjura del Consejo de Seguridad, y presentó partículas de evidencia que apenas se elevan al nivel del humor enfermo. Un alto funcionario israelí añadió que la abstención reveló el verdadero rostro del gobierno de Obama y que ahora entendemos con qué hemos estado tratando en los ocho años pasados.

La realidad es muy diferente. Obama de hecho ha roto todos los récords de apoyo a Israel, tanto diplomático como económico. La realidad es descrita con exactitud por el especialista del Financial Times en Medio Oriente, David Gardner: “Los tratos personales de Obama con Netanyahu tal vez fueron ponzoñosos con frecuencia, pero ha sido el más pro israelí de los presidentes: el más pródigo con la ayuda militar y el más confiable en el ejercicio del voto estadunidense en el Consejo de Seguridad… La elección de Donald Trump hasta ahora ha traído poco más que espumarajos de tuits sobre éste y otros embrollos geopolíticos. Pero los augurios son ominosos. Un gobierno irredento en Israel, inclinado hacia la ultraderecha, se ve unido ahora por un gobierno nacional populista en Washington que transpira islamofobia”.

En un comentario interesante y revelador, Netanyahu denunció la conjura del mundo como prueba de la parcialidad del viejo mundo contra Israel, frase reminiscente de la distinción que hacía Donald Rumsfeld entre la vieja y la nueva Europa en 2003.

Se recordará que los estados de la vieja Europa eran los chicos malos, los principales estados europeos, que se atrevieron a respetar la opinión de la abrumadora mayoría de sus pobladores y por tanto se negaron a secundar a Estados Unidos en el crimen del siglo, la invasión de Irak. Los estados de la nueva Europa eran los chicos buenos, que desoyeron a una mayoría aún más grande y obedecieron al amo. El más honorable de los chicos buenos fue José María Aznar, de España, quien rechazó una oposición virtualmente unánime en su país a la guerra y fue recompensado con una invitación a estar al lado de Bush y Blair en el anuncio de la invasión.

Este despliegue bastante revelador de desprecio absoluto por la democracia, junto con otros al mismo tiempo, pasó virtualmente inadvertido. Es comprensible, porque la tarea en ese tiempo era ensalzar a Washington por su apasionada dedicación a la democracia, como quedó ilustrado por la promoción de la democracia en Irak, que de pronto se volvió la línea del partido después de que la única pregunta (¿renunciará Saddam Hussein a sus armas de destrucción masiva?) recibió la respuesta incorrecta.

Netanyahu está adoptando la misma postura en gran medida. El viejo mundo que se ha alineado contra Israel es todo el Consejo de Seguridad de la ONU; más específicamente, cualquiera en el mundo que tenga algún compromiso duradero con el derecho internacional y los derechos humanos. Por fortuna para la ultraderecha israelí, eso excluye al Congreso estadunidense y –de manera muy abierta– al presidente electo y sus asociados.

El gobierno israelí está, desde luego, al tanto de estos hechos. Por tanto, busca cambiar su base de apoyo a estados autoritarios como Singapur, China y la India nacionalista derechista hindú de Modi, que ahora se convierte en un aliado muy natural, con su viraje hacia el ultranacionalismo, las políticas reaccionarias internas y el odio al islam. Las razones de que Israel mire en esa dirección en busca de apoyo son esbozadas por Mark Heller, investigador principal asociado en la Institución de Estudios de Seguridad Nacional de Israel. A largo plazo, explica, hay problemas para Israel en sus relaciones con Europa occidental y con Estados Unidos, mientras, en contraste, los importantes países asiáticos no parecen indicar mucho interés por cómo Israel se lleva con los palestinos, los árabes o cualquier otra nación. En síntesis, China, India, Singapur y otros aliados favorecidos se ven menos influidos por las preocupaciones liberales y humanas que representan crecientes amenazas para Israel.

Las tendencias que se desarrollan en el orden mundial merecen alguna atención. Como se indicó, Estados Unidos está aún más aislado que en años recientes, cuando encuestas dirigidas por este país –que no se informan aquí, pero son sin duda conocidas por Washington– revelaron que la opinión mundial lo considera la mayor amenaza, con mucho, a la paz mundial, con ninguno siguiéndolo siquiera de cerca. Con Obama, el país está ahora solo en su abstención sobre los asentamientos ilegales israelíes, contra un Consejo de Seguridad unánime. Con Trump y sus seguidores de ambos partidos en el Congreso, la nación estará aún más aislada en el mundo en apoyo a los crímenes israelíes.

Desde el 8 de noviembre, Estados Unidos está aislado en el aspecto mucho más crucial del calentamiento global. Si Trump cumple su promesa de salir del acuerdo de Irán, es probable que los otros participantes persistan, con lo que Estados Unidos quedará aún más aislado de Europa. También está mucho más aislado de su patio trasero latinoamericano que en el pasado, y lo estará todavía más si Trump retrocede de los vacilantes pasos de Obama hacia la normalización de relaciones con Cuba, emprendidos para prevenir la probabilidad de que su país quedara excluido de organizaciones hemisféricas a causa de su continuo ataque a Cuba, en aislamiento internacional.

En gran medida ocurre lo mismo en Asia, porque incluso aliados cercanos estadunidenses (aparte de Japón), como Reino Unido, recurren al Banco de Desarrollo de Infraestructura de Asia, con sede en China, y a la Sociedad Económica Regional Ampliada, también basada en China, y en este caso con Japón incluido. La Organización de Cooperación de Shanghai incorpora los estados de Asia central, Siberia con su riqueza de recursos, India, Pakistán y pronto probablemente Irán y tal vez Turquía. Esta asociación ha rechazado la solicitud de Estados Unidos de sumarse como observador y en cambio le exigió que retire todas sus bases militares de la región.

Inmediatamente después de la elección de Trump, presenciamos el interesante espectáculo de la canciller alemana Angela Merkel asumiendo el liderazgo en leer la cartilla a Washington sobre valores liberales y derechos humanos. Entre tanto, desde el 8 de noviembre, el mundo mira hacia China por liderazgo para salvar al planeta de la catástrofe ambiental, en tanto Estados Unidos, una vez más en espléndido aislamiento, se dedica a socavar esos esfuerzos.

Por supuesto, el aislamiento estadunidense no es completo. Como quedó de manifiesto en la reacción a la victoria electoral de Trump, Estados Unidos cuenta con el apoyo entusiasta de la ultraderecha xenofóbica en Europa, incluidos sus elementos neofascistas. Y el retorno de la ultraderecha en partes de América Latina ofrece a Washington oportunidades de alianzas allí también. Y, desde luego, conserva su alianza cercana con las dictaduras del Golfo y con Israel, que también se separa de sectores más liberales y democráticos de Europa y se vincula con regímenes autoritarios a los que no les importan las violaciones israelíes del derecho internacional y sus duros ataques a los derechos humanos elementales.

El cuadro que se perfila sugiere el surgimiento de un Nuevo Orden Mundial, muy diferente de los retratos usuales dentro del sistema doctrinal.

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