Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger5346125
Actualizado: fai 17 horas 10 min

¿Son irrealizables las propuestas de Syriza o Podemos?

Lun, 19/01/2015 - 18:00
Juan Torres López, Alainet

Desde que comenzó a atisbarse que Syriza en Grecia y Podemos en España podían llegar a gobernar con propuestas diferentes a las que se vienen aplicando en Europa no se ha parado de decir que sus programas son irrealizables.

Desde hace unos años en Grecia y ahora en España el formato es el mismo. Los economistas que en su día decían que no había burbuja inmobiliaria, que se saldría de la crisis enseguida o que llevan años difundiendo modelos que siempre fallan calculando la evolución de las pensiones públicas, se presentan ahora como los que de verdad saben predecir el futuro para asegurar que las propuestas de Syriza o Podemos no se podrán llevar a la práctica. Los presidentes o ministros de los gobiernos, como el español, que han incumplido la totalidad de sus compromisos electorales dicen ahora, como Rajoy, que Syriza o Podemos prometen “lo imposible”. Responsables públicos que en los últimos años han dejado que se produzcan autenticas fechorías y corruptelas de todo tipo, ahora aseguran que con Syriza o Podemos se deteriorarán las instituciones. Y los que han aplicado las políticas que han multiplicado la destrucción de empresas, el paro, la deuda y la evasión de capitales, afirman con rotundidad que las políticas de Syriza o Podemos nos llevarán a la catástrofe económica.

Estos discursos agoreros están claramente orientados a minar la confianza de la gente en estas fuerzas políticas de nuevo cuño y son muy exagerados pero no podemos engañarnos: hay que reconocer que tienen una buena parte de razón y que será muy difícil que Syriza o Podemos puedan llevar a cabo sus propuestas de recambio político y económico (esta es la típica frase que algunos podrán sacar de contexto para decir que “el gurú” económico de Podemos reconoce que sus propuestas son inviables). Pero las personas honradas e inteligentes no se quedan aquí sino que inmediatamente se preguntan por qué será tan difícil o incluso quizá imposible llevar a cabo el programa completo de estos partidos. Y lo que ocurre es que cada vez más gente está descubriendo de dónde viene esas dificultades.

La gente se está dando cuenta de que el fracaso de las políticas europeas a la hora de crear actividad y empleo o de acabar con la deuda es evidente y de que la situación económica que dejan las políticas que se vienen aplicando es deplorable. Se decía que las políticas de austeridad eran imprescindibles para reducir la deuda pública, pero lo cierto es que en la Eurozona ha subido del 72% del PIB en 2007 al 103% en 2014, en Grecia del 103,1% al 174,9% y en España del 35,5% al 96,8%. Y aseguraban que gracias a sus políticas se crearía empleo pero en la Eurozona hay ahora casi dos millones de ocupados menos y seis millones de parados más que en 2007.

Cualquier persona inteligente sabe que será muy difícil restañar la herida económica tan profunda que están dejando las políticas actuales.

La gente también se está dando cuenta de que el fracaso de esas políticas no se produce por casualidad sino porque los gobiernos están claramente al servicio de los bancos y de los grupos económicos más poderosos. Todo el mundo sabe ya que la disminución de las ayudas a los grupos y población más pobres o la menor financiación de los servicios públicos que necesitan para salir adelante han ido en paralelo al crecimiento de las ayudas a los bancos y a las grandes empresas. Y la gente percibe claramente que el aumento de la pobreza y la pérdida de ingresos de los grupos de renta más baja se corresponde con una situación cada vez más acomodada de los más ricos.

Cualquier persona inteligente sabe que será muy difícil realizar reformas simplemente orientadas a repartir un poco mejor la renta y la riqueza porque está claro que los de arriba lo quieren todo y que no están dispuestos a repartir ni lo más mínimo. Su resistencia, como siempre ha pasado, será grande y quizá hasta violenta.

La gente también se está dando cuenta de que para llevar a cabo estas políticas los gobiernos han ido desmantelando la democracia en Europa y que a la hora de tomar decisiones no obedecen a los pueblos que los han elegido sino a poderes económicas y financieros que se mueven en la sombra y que nunca se presentan a las elecciones. Es cada día más evidente que Europa se convierte poco a poco en una dictadura cuando sus responsables amenazan si se dan unos determinados resultados electorales o si la gente respalda políticas que no sean las que quieren aplicar los grandes poderes.

Cualquier persona inteligente sabe que cuando se debilita la democracia, como ocurre hoy día en Europa, se hace muy difícil que la voluntad popular, por muy mayoritaria que sea, pueda realizarse.

Esas dificultades las conocen ya cada vez más ciudadanos. Pero lo que no saben los que quieren convencer a la gente de que las propuestas de Syriza y de Podemos son irrealizables es que la gente no es tonta.

Es verdad que la mayoría de las personas normales y corrientes no tiene grandes conocimientos de historia. Pero tiene memoria y sabe que incluso no hace mucho se han producido cambios inesperados o bastante más difíciles que los que puedan proponer Syriza o Podemos. Mucha gente sabe que todos los poderes del mundo defendían la esclavitud como un derecho natural, o que las mujeres no votaran ni tuvieran derechos. Y mucha más gente vio caer el Muro de Berlín (¿habría algo más “imposible” que eso días antes de que cayera?) o revoluciones de un día para otro en naciones vecinas.

Es verdad que la mayoría de la gente no sabe análisis económico para comprobar que las críticas que se hacen a los programas económicos de Syriza o Podemos no tienen fundamento científico sino puramente ideológico. Pero tiene suficiente sentido común como para percibir que no tiene sentido decir que es imposible llevar a cabo en Grecia o España medidas políticas o económicas que ya se han aplicado en otros sitios.

Pero, sobre todo, la gente empieza a convencerse de que en la vida no se puede decidir solo en virtud de que algo le parezca realista o no a unos pocos sino en función de imperativos éticos que, como en este caso, llevan a reclamar justicia, libertad, bienestar o responsabilidad para todos los seres humanos por igual. El apoyo a Syriza o Podemos está aumentando tanto porque cada vez hay más gente deseosa de realizar una apuesta ética diferente porque ya está cansada de que todo vaya a los de arriba, de que se pueda robar sin límite a los de abajo, de que se destruya la naturaleza sin descanso o de que no se pida cuentas a quienes nos han llevado a la ruina. Y lo que no parece que sepan quienes dicen que las propuestas de Syriza o Podemos son irrealizables es que la fuerza con más capacidad transformadora del universo es la convicción moral y el impulso ético de los seres humanos. Es verdad que Syriza o Podemos no tienen el monopolio ni de esa convicción ni de ese impulso, y que no podrán conseguir todo lo que se proponen por sí solas, pero empiezan a disponer del suficiente como para salir adelante e incluso para transmitirlo a otras fuerzas políticas y sociales, tal y como se está demostrando día a día

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Reformas estructurales y el mito del mercado laboral

Dom, 18/01/2015 - 19:24
Alejandro Nadal, La Jornada

Ningún mito ha sido más importante en la teoría económica que el de la existencia del mercado laboral. Para la plácida ideología del capitalismo contemporáneo, plasmada en la teoría económica ortodoxa, esta fábula se usa para explicar la determinación del salario y el fenómeno del desempleo (o negar la existencia de desempleo involuntario). Es también el fundamento para recomendar la completa flexibilidad en el mercado de trabajo, es decir la eliminación de obstáculos al movimiento de los salarios para realizar el ajuste en este peculiar mercado. Este es el fondo de la llamada reforma laboral en México y en muchos otros países.

Pero hay un problema. En realidad no existe el llamado mercado laboral. Para empezar, consideremos la estructura de un mercado cualquiera. En él se encuentran los productores de una mercancía para cuya producción se han tenido que cubrir los costos de insumos variados y los consumidores que demandan ciertas cantidades de dicha mercancía.

La demanda de las mercancías comunes está determinada por las preferencias e ingresos de los consumidores, mientras su oferta depende de los costos de producción y de una tasa de ganancia. Pues en el caso del llamado mercado laboral, las cosas no son tan fáciles. Para empezar, el trabajo no se demanda para consumirlo sino para usarlo en la producción de mercancías. Además, el trabajo no se produce por empresas cuyo único objetivo es llevar su producto a vender en el mercado.

En otros términos, en el supuesto mercado laboral las relaciones entre las fuerzas de la oferta y la demanda están invertidas. La demanda de trabajo está fijada por los productores, mientras la oferta de trabajo está determinada por los que son, en el fondo, consumidores. O, si se prefiere, los productores se convierten en consumidores y éstos en aquéllos. Esta alteración acarrea una serie de complicaciones que terminan por destruir la noción de mercado laboral.

En la teoría económica estándar cuando se incrementa el precio de una mercancía, la oferta de esa mercancía aumenta (porque los oferentes obtienen mayores utilidades con el aumento de precio). En el caso del supuesto mercado laboral, cuando sube el precio de la mercancía los trabajadores pueden llegar a ofrecer menos de esa mercancía (al contrario de lo que acontece con todas las demás mercancías). ¿Por qué? La explicación es que en ese caso un trabajador puede obtener el mismo ingreso con menos horas de trabajo.

En la jerga de los economistas se diría que la curva de oferta del trabajo tiene una pendiente negativa (a mayor salario menos oferta de trabajo). Eso es un desastre para la teoría ortodoxa. Se ha buscado resolver este problema teórico aduciendo que existe un efecto sustitución y un efecto ingreso cuando aumenta el salario. Por el primero el trabajador sí aceptará trabajar más horas porque cada hora de asueto que es sustituida por una hora de trabajo le proporciona un ingreso mayor. Pero si eso suena lógico el razonamiento se viene abajo cuando se observa que el llamado efecto sustitución se destruye por el efecto ingreso: cuando el salario aumenta el trabajador reduce sus horas de trabajo y obtiene simultáneamente más tiempo de asueto y mayor ingreso. Se destruye el efecto sustitución, desaparece la curva de oferta de trabajo y el tristemente célebre concepto del mercado de trabajo se cae al agua.

En el desastre que es la teoría económica convencional queda claro que también se desmorona el supuesto fundamento racional de la llamada política de flexibilidad laboral: nada justifica la idea de que la legislación sobre salarios mínimos o que la presencia de sindicatos provocan desempleo. Ese tipo de desplantes dependen crucialmente de la idea de que existe un mercado laboral que, al igual que el mercado de manzanas, respeta la ley de la oferta y la demanda.

Si no existe el mercado de trabajo, ¿qué es lo que sí existe? La respuesta es que en una economía capitalista existen estructuras de empleos con sistemas de remuneraciones heterogéneas. Pero esto también tiene otras repercusiones negativas para la teoría ortodoxa. Ésta sostiene que la demanda de trabajo está regida por la productividad marginal del trabajo, es decir, por la aportación al producto de la última unidad de trabajo utilizada. Según este razonamiento la remuneración de los trabajadores refleja su contribución al producto social. Pero en una estructura heterogénea de empleos no es posible calcular la productividad de la última unidad de trabajo utilizada.

Todo esto confirma que el salario no es un precio. Es una variable de distribución del ingreso y se determina no por un mecanismo impersonal anónimo, sino por las relaciones de poder entre capitalistas y trabajadores. Por eso en las últimas décadas la productividad total del trabajo (que sí se puede calcular) ha crecido mucho más que el salario real: los beneficios de la mayor eficiencia no han sido para los trabajadores sino para los dueños de las empresas en las que laboran.
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Ver también ¿Qué dice la teoría económica sobre el mercado del trabajo y el desempleo?Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La última contradicción del BCE (y cómo ayudar a Grecia)

Dom, 18/01/2015 - 13:01
Yanis Varoufakis, Sin Permiso

No hay duda de que el programa OMT (“outright monetary transactions”, transacciones monetarias directas) ha sido el mayor éxito de Mario Draghi ( el diestro pero con escaso margen de maniobra Presidente del Banco Central Europeo). En el verano de 2012 el euro estaba a punto de desplomarse por el precipicio. El anuncio de Draghi de la intención del BCE de comprar cantidades ilimitadas de deuda soberana (italiana, en particular) para contener el contagio en los mercados de bonos bastó: la especulación de los bonos de la periferia terminó, a pesar de que Draghi no compró un solo bono de deuda.

Aunque de ninguna manera acabó con la crisis del euro, la obligó a trasladarse a los cimientos de la economía real (provocando la actual ola deflacionaria), reavivó el prestigio maltrecho del BCE y la confianza en su capacidad para mantener unida a la zona euro mejoró. Sin embargo, desde el primer minuto, los oponentes alemanes de la OMT (incluyendo el ... Bundesbank), y de la idea general del BCE de comprar bonos soberanos, llevaron el asunto al Tribunal Constitucional alemán, que, después de mucha deliberación, trasfirió a los tribunales europeos el veredicto final. ¿Puede el BCE acometer legalmente la compra de bonos soberanos, como insiste en hacer el programa OMT? Esa era la pregunta.

El Abogado General Pedro Cruz Villalón, del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, pronunció su veredicto: la OMT no violó el derecho europeo y puede ser puesta de nuevo en marcha a discreción de la junta directiva del BCE. Draghi debe estar satisfecho. No sólo no se ha erosionado el apoyo jurídico a su OMT sino que, además, sale muy reforzado en su actual batalla para convencer al Bundesbank y a Berlín de que el BCE debe comprar cientos de miles de millones de bonos soberanos de las naciones de la zona euro como parte de un tardío ejercicio de flexibilización cuantitativa que Draghi espera pueda derrotar a la deflación. Tiene sentido: si la compra de bonos es legalmente posible en el contexto de la OMT, con toda seguridad tiene que serlo en el contexto de la flexibilización cuantitativa.

Pero ¿por qué defiendo que esta decisión es pertinente para Grecia? Grecia no emite bonos y no se puede beneficiar, mientras se mantenga irremediablemente insolvente, de la flexibilización cuantitativa, cuyo objetivo son bonos del gobierno. Sea como fuere, hay un beneficio potencial importante en la decisión del Sr. Cruz Villalón cara al próximo gobierno griego. Esta decisión libera a Draghi de cualquier prohibición de comprar bonos del gobierno. Sin embargo, para que esta nueva "libertad" pueda convertirse en una forma significativa de flexibilización cuantitativa, no debe haber restricción alguna que obligue al BCE a comprar sólo bonos con calificación triple A y no debe asumirse que el BCE no pueda sufrir perdida alguna como consecuencia de sus compras de bonos (en caso de futura reestructuración de la deuda). Al igual que cuando la Fed compraba montones de deuda privada sin garantía blindada de cero pérdidas, el BCE, con el fin de utilizar su nueva libertad para llevar a cabo una flexibilización cuantitativa con impacto macroeconómico, debe aceptar que puede tener que aceptar pérdidas en su programa de compra de bonos.

Y aquí está el problema. Si el BCE acepta esto, como el Banco de Italia insiste que debería hacer, entonces la terca insistencia del BCE (en contra de las exigencias de SYRIZA) de que no pueden reestructurarse los bonos griegos que acumula (como resultado del fallido programa de compra de bonos SMP de 2010/1) se desmorona sin contemplaciones.

En resumen, el respaldo a la legalidad de la OMT del Tribunal Europeo es un importante apoyo al poder de negociación de un futuro gobierno de SYRIZA. De lo contrario, los planes del BCE de una flexibilización cuantitativa importante, contra las fuerzas de la deflación, están condenados al fracaso.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Noam Chomsky: Todos somos... (llene el espacio)

Sáb, 17/01/2015 - 16:50
Noam Chomsky, zcomm.org

El mundo quedó horrorizado después del brutal ataque que sufrió la revista satírica francesa Charlie Hebdo. En las columnas del New York Times, el corresponsal Steven Erlanger, presente desde hace mucho tiempo en Europa, describió de forma sobrecogedora las repercusiones inmediatas de lo que muchos describen como el “11 septiembre” francés. Fue “una jornada durante la cual se sucedieron sirenas ruidosas con los ires y venires de los helicópteros. Una jornada de frenesí mediático, de cordones policiacos, de muchedumbres en pánico y de niños alejados de las escuelas por cuestiones de seguridad. Una jornada, como las dos que le siguieron, de sangre y de horror en París y sus suburbios”. El inmenso repudio mundial provocado por el atentado fue acompañado por una reflexión sobre las raíces profundas de esta barbaridad. “Muchos son los que ven en estos hechos un choque de civilizaciones”, anunciaba un título del New York Times.

Las reacciones de horror y de indignación respecto a estos crímenes son justificadas, al igual que la búsqueda de sus causas profundas, siempre y cuando guardemos en mente firmemente algunos principios. La reacción debería ser completamente independiente de la opinión que se puede tener de ese periódico y del material que produce. Los eslóganes omnipresentes de tipo “Yo soy Charlie”, no deberían indicar, ni siquiera insinuar, ninguna asociación con el periódico, al menos en el contexto de la defensa de la libertad de expresión. Deberían más bien expresar una defensa de al libertad de expresión a pesar de lo que se puede opinar acerca del contenido, y aunque éste sea calificado de hiriente o depravado.

Y esos eslóganes también deberían expresar la condena de la violencia y del terror. El dirigente del Partido de los Trabajadores de Israel y principal contrincante para las próximas elecciones, Isaac Herzog, tiene toda la razón cuando dice que “El terrorismo es terrorismo. No existen dos formas diferentes de considerarlo.” También acierta cuando dice “Todas la naciones que desean la paz y la libertad enfrentan un inmenso reto” respecto al mortífero terrorismo – si dejamos de lado su interpretación selectiva acerca de este reto.

Erlanger describe muy bien la horrible escena. Cita uno de los periodistas sobrevivientes: “Todo se desplomó. No había ninguna escapatoria. Había humo por todos lados. Fue terrible. La gente gritaba. Una verdadera pesadilla.” Otro periodista superviviente describió “una inmensa deflagración antes de ser sumergidos en la absoluta oscuridad.” La escena, según Erlanger, “no era más que un montón de vidrio roto, paredes caídas, maderas retorcidas, pinturas desgarradas y devastación emocional.” Por lo menos 10 personas habrían muerto a raíz de la explosión, otras 20 habían desaparecido, “probablemente enterradas bajo los escombros”.

Esas citaciones, como nos lo recuerda el incansable David Peterson, no son de enero del 2015. En realidad son extraídas de una nota de Erlander del 24 de abril de 1999, que solo alcanzó la sexta página del New York Times, es muy lejos de alcanzar la relevancia del ataque de Charlie Hebdo. Erlanger en realidad describía el resultado de “un ataque con misil sobre la sede de la televisión de estado de Serbia” por parte de la OTAN (es decir los EE.UU.) que “dejó fuera del aire Radio Television Serbia.”

Hubo una justificación oficial. “La OTAN y los representantes estadounidenses defendieron el ataque”, reportó Erlanger, “como parte del esfuerzo para debilitar el régimen del Presidente de Yugoslavia Slobodan Milosevic.” El portavoz del Pentágono, Kenneth Bacon declaró durante una conferencia de prensa en Washington que “la televisión serbia formaba parte integrante de la máquina de terror de Milosevic, al mismo nivel que sus fuerzas armadas”, lo que la convertía por lo tanto en un blanco legítimo.

El gobierno de Yugoslavia declaró: “La nación entera apoya a nuestro presidente, Slobodan Milosevic”, según reporta Erlanger, quien añade que “no queda claro cómo el Gobierno sabe esto con tal precisión.”

Ningún comentario sardónico de ese tipo sería el bienvenido ahora que se puede leer en la prensa que Francia está en duelo y que el mundo está indignado ante los abominables acontecimientos. Tampoco resulta necesario interrogarse acerca de las causas profundas, ni de preguntarse quien representa a la civilización y quien a la barbarie.

Pero Isaac Herzog se equivoca cuando dice “El terrorismo es terrorismo. No existen dos formas diferentes de considerarlo.” Definitivamente sí existen dos formas de considerarlo: el terrorismo no es terrorismo cuando se trata de un ataque mucho más violento pero perpetrado por los que son Justos en virtud su poder. De la misma forma, la libertad de expresión no corre peligro cuando los Justos destruyen un canal de televisión que apoya a un gobierno que están atacando.

Asimismo, se entiende fácilmente el comentario del abogado de derechos cívicos Floyd Abrams, reconocido por su defensa apasionada de la libertad de expresión, publicado en el New York Times y en el que señala que el ataque contra Charlie Hebdo “es la agresión más grave en contra del periodismo de la que se tenga memoria.” Tiene razón de precisar “de la que se tenga memoria”, lo que divide cuidadosamente a los ataques contra el periodismo y los actos de terrorismo en dos categorías: los Suyos, que son horribles; y los Nuestros, que son virtuosos y fácilmente eliminados de nuestra memoria.

Vale la pena subrayar que esto solamente es uno de los numerosos ejemplos de ataques contra la libertad de expresión realizado por los Justos. Para mencionar únicamente otro ejemplo que fue fácilmente borrado de “nuestra memoria”, el ataque llevado a cabo por las fuerzas de los EE.UU en Falluja en noviembre del 2004, uno de los peores crímenes realizados durante la invasión a Irak, que inició con la ocupación militar del Hospital General de esa ciudad. La ocupación militar de un hospital representa en sí, por supuesto, un grave crimen de guerra, independientemente de la forma en la que fue llevada a cabo. Los hechos fueron trivialmente descritos en un artículo publicado en primera plana del New York Times, junto con una fotografía ilustrando el crimen. El texto señalaba que “soldados armados sacaron de las habitaciones a los pacientes y empleados del hospital, y les ordenaron sentarse o tirarse al piso mientras que las tropas los maniataban por detrás.” Esos crímenes fueron descritos como si fuesen altamente meritorios y justificados: “La ofensiva permitió clausurar lo que oficiales describían como una herramienta de propaganda para los militantes: el Hospital General de Falluja, con su flujo de informes sobre el número de víctimas civiles.”

Evidentemente, no se le podía permitir a una agencia de propaganda de este tipo que siguiera escupiendo sus vulgares obscenidades.

Traducción: Luis Alberto ReygadaUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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"Las dos Guerras Mundiales fortalecieron el dólar, para sobrevivir necesitan la Tercera"

Sáb, 17/01/2015 - 08:01
La historia muestra que el valor de dólar aumenta de manera drástica con las crisis y los conflictos mundiales. Para poder sobrevivir en la situación actual, la divisa norteamericana necesita una nueva Guerra Mundial, considera el experto en economía y exconsultante de la ONU Valentín Katasónov La posición de dólar en la economía mundial todavía sigue siendo fuerte pero está en un gran riesgo, considera el doctor en Economía, profesor del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú y exconsultante de la ONU, Valentín Katasónov, en su nuevo artículo.

Varias grandes potencias mundiales pueden unánimemente coordinar sus esfuerzos, unir los recursos e iniciar la conversión de sus reservas en dólares en divisas nacionales, lo que desplomaría el dólar. ¿Qué sería capaz de hacer el Sistema de Reserva Federal (FED, por sus siglas en inglés) para prevenir esta situación?

>Katasónov recuerda las condiciones gracias a las cuales el dólar se ha convertido en la mayor divisa internacional. En 1913, un 47% de las reservas mundiales de divisas eran en libras esterlinas, mientras que un 2% en dólares, pero en 1928 ya fueron un 21% en dólares. ¿Cuál fue la razón de un salto tan grande?

En 1913, el Congreso de EE.UU. bajo la presión de financieros creó la Reserva Federal de EE.UU. que empezó a imprimir los dólares. Estados Unidos por aquel tiempo era el mayor productor industrial del mundo, pero al mismo tiempo tenía una enorme deuda externa, sobre todo ante el Reino Unido. La Primera Guerra Mundial cambia de manera radical la situación convirtiendo al país norteamericano en el mayor acreedor internacional. Y sus aliados principales, Francia y Reino Unido, son los que más se han endeudado ante Estados Unidos.

La Segunda Guerra Mundial fortaleció aún más el dólar. El 70% del oro mundial tras el conflicto lo tenía Estados Unidos, que salió como la economía más fuerte del mundo. Esta situación permitió al país norteamericano imponer el sistema de Bretton Woods en 1944, según el cual las autoridades monetarias de cada país vincularon su moneda al oro. También se decidió la creación del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional con el uso del dólar como moneda de referencia internacional.

Desde el 1970 hasta hoy el precio del petróleo es exclusivamente en dólares. El petróleo es hasta ahora la base de la divisa norteamericana, por lo que es vital para EE.UU. controlar a los países petroleros para que no comercialicen con otras divisas. Para entenderlo, dice el autor, hay que recordar el destino de Libia. En el país se desató una guerra civil y su líder, Muammar Gaddafi, que empezó a vender el petróleo por euros y planeaba hacerlo después por dinar de oro fue asesinado.

Cuando el dólar empieza a depreciarse, EE.UU. provoca un conflicto armado o un cambio de régimen, sobre todo en Oriente Medio, y el valor de su divisa se recupera. El dólar caro asegura para EE.UU. los productos importados baratos para mantener el consumo dentro del país y la posibilidad de comprar por todo el mundo los recursos naturales, activos, empresas y fábricas.

Actualmente, la deuda nacional de EE.UU. asciende a un 104,5% y la deuda exterior, a un 107% del PIB. Se les hace cada vez más difícil mantener estas deudas. Otros países pasan a usar sus monedas nacionales en las relaciones comerciales, se crean las divisas regionales. Para sobrevivir, los funcionarios de la FED tendrán que acudir a su medida favorita: crear conflictos de todo tipo y fortalecer el dólar para que EE.UU. pueda sobrevivir. El dólar necesita una Tercera Guerra Mundial para poder sobrevivir, concluye el autor.
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Ver también: El origen del caos financiero y del desempleo global, Los petrodólares y el interés monetario de las guerras por el petróleoUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Thomas Piketty y la deuda pública

Ven, 16/01/2015 - 13:06
Eric Toussaint, Viento Sur

No podemos más que alegrarnos del rechazo de Thomas Piketty a la Legión de Honor que las autoridades francesas le querían conceder al comienzo de este año de 2015 |1| Algunos días más tarde, en un artículo de opinión publicado en el diario Liberation, Thomas Piketty criticaba severamente al gobierno francés y al alemán, que practican políticas neoliberales y que contribuyen a imponer a países como Grecia y España medidas antisociales en nombre del pago de la deuda. Thomas Piketty escribe: “La palma de la amnesia se la lleva Alemania, con Francia como fiel segundón. En 1945, estos dos países tenían una deuda pública que superaba el 200% de sus respectivos PIB. En 1950, esa deuda había bajado hasta menos del 30 % del PIB. ¿Qué había pasado? ¿Habrían aparecido de repente excedentes presupuestarios que permitieron pagar la deuda? Evidentemente no: fue por medio de la inflación y del repudio simple y llano que Alemania y Francia se liberaron de sus deudas en el siglo pasado. Si hubieran intentado conseguir, pacientemente, excedentes del 1% o 2% del PIB todavía estarían en aquella situación de endeudamiento, y les habría sido mucho más difícil a los gobiernos de la posguerra invertir en crecimiento. Sin embargo, son esos dos países los que aleccionan, desde 2010–2011, a los países del sur de Europa sobre el pago de sus deudas públicas, que deberán hacerlo hasta el último euro. Se trata de un egoísmo corto de vista, puesto que el nuevo tratado presupuestario adoptado en 2012, bajo la presión alemana y francesa, que organiza la austeridad en Europa (con una reducción excesivamente rápida del déficit y un sistema de sanciones automáticas totalmente inoperante) ha conducido a una recesión generalizada en la zona euro.” |2|
Es el momento para que el CADTM trate de nuevo el análisis de la deuda pública propuesto por Thomas Piketty en su libro El capital en el siglo XXI 3|, que se ha convertido durante el año 2014 en un best seller, traducido a varios idiomas. El CADTM se toma la libertad de retomar una parte de los argumentos desarrollados por Thomas Piketty, pero adopta un enfoque diferente con respecto a las soluciones aportadas. En primer lugar se presenta la posición resumida de Piketty, luego se desarrollan las soluciones propuestas por el CADTM. |4|

En su libro de casi 1.000 páginas en su versión original, Thomas Piketty dedica una decena de ellas, muy interesantes, a la cuestión de la deuda pública en el transcurso de los últimos dos siglos, centrando su análisis principalmente en Francia y Reino Unido. Tiene razón cuando afirma que el estudio del pasado en materia de deuda pública es útil para comprender y afrontar los retos de la actual crisis: “Este complejo problema del endeudamiento de los Estados y de la naturaleza de su patrimonio interesa tanto al mundo actual como al de 1800, y el estudio del pasado puede ilustrarnos sobre la muy acuciante realidad del mundo actual. A pesar de que la deuda pública está todavía lejos de alcanzar, en este comienzo del siglo XXI, el nivel astronómico que tenía a comienzos del siglo XIX, al menos en Reino Unido, llega en Francia y en numerosos países a estar muy cerca de esos récords históricos y suscita, indudablemente, aún más confusión en el mundo actual que en la época napoleónica.” |5|

Entre fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, Francia y Reino Unido adoptaron políticas totalmente diferentes en cuestión de deuda pública. Mientras que en los años 1760-1770 la deuda pública alcanzaba cerca del 100 % de la renta nacional en ambos países, cuarenta o cincuenta años después, la situación había cambiado completamente: la deuda pública francesa se elevaba a sólo un 20 % de la renta nacional en 1815, mientras que la británica había explotado y representaba el 200 % de la renta nacional.

¿Cómo se había llegado a esa situación? En Francia, el peso del reembolso de la deuda pública y el rechazo del pueblo a ser el único pagador tuvieron un papel central en la explosión revolucionaria de 1789. Las medidas en curso durante la Revolución redujeron radicalmente el peso de la deuda pública. Piketty resume de la siguiente manera la concatenación de los hechos: “La incapacidad de la monarquía francesa para modernizar sus impuestos y poner fin a los privilegios fiscales de la nobleza es bien conocida, así como la solución revolucionaria final con la convocatoria en 1789 de los Estados Generales, que desembocó en la instauración de un nuevo régimen fiscal desde 1790-1791 —especialmente, mediante un impuesto a la propiedad que obligaba a contribuir a todos los propietarios de tierras y a los derechos de sucesión que afectaban al conjunto de patrimonios— y en la “quiebra de los dos tercios” en 1797 (que en realidad es un default aún más masivo si se tiene en cuenta el episodio de los asignados |6| y de la inflación que se produjo), lo que permitió saldar las cuentas del Antiguo Régimen. Es así como la deuda pública francesa se encontró reducida de golpe a niveles extremadamente bajos a comienzos del siglo XIX (menos del 20 % de la renta nacional en 1815).” |7|

La trayectoria británica es totalmente diferente. Con el fin de afrontar la guerra ante la declaración de independencia de las 13 colonias británicas en América del Norte, y “sobre todo las múltiples guerras con Francia durante el periodo revolucionario y napoleónico, la monarquía británica optó por endeudarse sin límites. La deuda pública pasó así de cerca del 100 % de la renta nacional a comienzos de los años 1770 a cerca del 200 % en 1810, o sea diez veces más que en Francia, en la misma época.” |8|

Piketty explica que el Reino Unido necesitó un siglo de rigor presupuestario con continuos superávit, para reducir progresivamente su endeudamiento a menos del 30 % de la renta nacional a comienzos de la década de 1910.

¿Qué lecciones podemos sacar de la experiencia británica? En principio, no hay ninguna duda, según Piketty, que la importante deuda pública reforzó el peso de los patrimonios privados en la sociedad británica. Los ricos locales prestaron al Estado sin hacerse rogar.

Thomas Piketty prosigue: “… este endeudamiento público tan fuerte, globalmente, sirvió bastante bien al interés de los prestamistas y de sus descendientes, al menos en comparación con una situación en que la monarquía británica hubiera financiado sus gastos haciéndoles pagar impuestos. Desde el punto de vista de los que tienen los medios, es evidentemente mucho más interesante prestar una determinada suma al Estado (y luego recibir los intereses durante décadas) que pagar los impuestos (sin contrapartidas).” |9| Y agrega que el recurso masivo del Estado al endeudamiento público permitió a los banqueros aumentar el tipo de interés, lo que benefició muchísimo a los ricos prestamistas: empresarios, rentistas, banqueros...Y eso era muy similar a la situación que caracteriza a la época actual.

Según Piketty, la diferencia esencial con el siglo XX (véase más adelante) es que la deuda se reembolsaba a precio de oro durante el siglo XIX: “...la inflación fue prácticamente nula desde 1815 hasta 1914, y el tipo de interés correspondiente a los títulos de renta del Estado era considerable (generalmente entre el 4 % y el 5 %) y en particular netamente superior a la tasa de crecimiento. En esas condiciones, la deuda pública podía ser un excelente negocio para los que poseían un patrimonio y para sus herederos.” |10|

Piketty nos propone que imaginemos que: “...la deuda pública... acumulada sea igual al 100 % del PIB. Supongamos que el gobierno no busca pagar el principal sino que se contenta con satisfacer los intereses de cada año... Si el tipo de interés es del 5 %, necesitará cada año pagar el 5 % del PIB a los poseedores de esta deuda pública suplementaria, y así indefinidamente. Eso es lo que, aproximadamente, le pasó al Reino Unido en el siglo XIX.” |11|

Desplacémonos en el tiempo y en el espacio: en Grecia, en 2014, la deuda pública alcanza el 175 %. Si suponemos que el Estado paga la deuda a la Troika y a otros acreedores con un tipo de interés medio del 5 %, |12| y si también consideramos que el crecimiento es nulo |13| y la tasa de inflación también es nula, Grecia tendrá que pagar a sus acreedores hasta las calendas griegas el equivalente al 8 % de su PIB sin reducir el stock de la deuda ya que estaría pagando solamente los intereses. |14|

Volvamos al siglo XIX: el stock de la deuda pública francesa, muy limitado en 1815, aumenta rápidamente en las décadas posteriores y en particular durante las monarquías censatarias (1815-1848). Después de la derrota de Waterloo en 1815, el Estado francés se endeuda fuertemente para financiar las indemnizaciones que debía pagar a los ejércitos de ocupación. Lo hace nuevamente en 1825, para financiar los famosos «mil millones de los emigrados» |15| abonados a los aristócratas exiliados durante la Revolución, para recompensarles, principalmente, por la confiscación de una parte de sus tierras. En total, la deuda pública aumentó el equivalente a más del 30 % de la renta nacional. Bajo el Segundo Imperio, las deudas se pagaron hasta el último céntimo.

Piketty nos recuerda el opúsculo La lucha de clases en Francia (La Lutte des classes en France) redactado por Karl Marx en 1849-1850, en el que denuncia al nuevo ministro de finanzas de Luis-Napoleón Bonaparte, Achille Fould, digno representante de los banqueros y de las altas finanzas, que decidió aumentar los impuestos sobre las bebidas con el fin de poder pagar a los rentistas. Veinte años más tarde, debido a la derrota frente a Prusia en la guerra de 1870-1871, el Estado francés aumentaba aún más la deuda pública para pagar un tributo de guerra equivalente a cerca del 30 % de su renta nacional. Finalmente, la política favorable a los acreedores en materia de endeudamiento, que prosiguió durante el periodo 1880-1914 llevó la deuda pública a un nivel más elevado en Francia que en el Reino Unido: entre el 70 % y 80 % de la renta nacional contra menos del 50 % en la época anterior.

Piketty agrega: “La renta de un título del Estado era una inversión muy segura durante todo el siglo XIX y contribuyó a reforzar la importancia y la prosperidad de los patrimonios privados, de la misma manera que en el Reino Unido.” Su conclusión es que la política de endeudamiento público llevada a cabo en el siglo XIX en Francia y en Reino Unido “permite comprender por qué los socialistas del siglo XIX, comenzando por Karl Marx, tenían una gran desconfianza respecto de la deuda pública, ya que la percibían —con una cierta clarividencia— como un instrumento al servicio de la acumulación del capital privado.” |16| Y prosigue con toda razón al afirmar: “...una gran parte de la deuda pública (...) la posee, en la práctica, una minoría de la población a pesar de que la deuda conlleva también una redistribución importante en el interior del país (...). Considerando la fortísima concentración que siempre caracterizó la distribución de los patrimonios, (...), estudiar estas cuestiones ignorando las desigualdades entre los grupos sociales es lo mismo que silenciar una buena parte de lo que se estudia y de las realidades que están en juego.» |17|

Piketty explica que en Francia se asistió a un cambio importante en el transcurso del siglo xx en materia de gestión de la deuda pública. Los poderes públicos aprovecharon la inflación y la utilizaron para reducir el valor real de la deuda: “La consecuencia para el Estado es que a pesar de una fuerte deuda pública inicial (cerca del 80 % de la renta nacional en 1913) y de los elevados déficits durante el periodo 1913-1950, en particular durante los años de la guerra, la deuda pública francesa se encontraba en 1950 a un nivel relativamente bajo (cerca del 30 % del ingreso nacional), al igual que en 1815. Los enormes déficits de la Liberación fueron prácticamente anulados de inmediato por una inflación superior al 50 % anual durante cuatro años consecutivos, de 1945 a 1948, con una atmósfera política de alta tensión. De alguna manera fue el equivalente a la bancarrota de los dos tercios de 1797: se saldan las cuentas del pasado con el fin de poder reconstruir el país con una baja deuda pública.” |18|

Sobre la base de esta experiencia, se desarrolló en la segunda mitad del siglo XX una visión bien diferente de la de Marx y los socialistas del siglo XIX, fundada en la convicción de que el endeudamiento público podía ser un instrumento al servicio de una política de gastos públicos y de redistribución social a favor de los más modestos.

“La diferencia entre estas dos visiones es bastante sencilla: en el siglo XIX, la deuda se pagaba a precio de oro, lo que beneficiaba a los prestamistas y favorecía el refuerzo de los patrimonios privados; en el siglo xx, la deuda fue ahogada por la inflación pagándose con una moneda devaluada y, de hecho, permitió financiar los déficits por los que habían prestado su patrimonio al Estado, sin tener que aumentar los impuestos en la misma proporción. Esta visión “progresista” de la deuda pública continúa impregnado considerablemente los espíritus en este comienzo del siglo XXI, aunque la inflación desde hace tiempo se redujo a niveles cercanos a los del siglo XIX y sus efectos distributivos son relativamente oscuros.” |19| Thomas Piketty tiene toda la razón al insistir sobre los peligros de una visión unilateralmente positiva de la deuda pública.

¿Cuáles son las propuestas? Tratemos ahora las propuestas que hace Piketty. Desde el principio precisa: “Entiéndaseme bien: no tengo ningún aprecio particular por la deuda pública de la que ya apunté varias veces que a menudo acaba favoreciendo redistribuciones en sentido contrario, desde los más modestos hacia aquellos que tienen los medios para prestar al Estado (y a los que sería preferible hacerles pagar los impuestos).” |20| No podemos dejar de estar de acuerdo con Piketty. Además agrega que el “capital nacional está extremadamente mal repartido, con una riqueza privada que se apoya sobre la pobreza pública, y que, especialmente, tiene como consecuencia que gastamos mucho más en intereses de la deuda que lo que invertimos, por ejemplo, en nuestra enseñanza superior. Por otro lado es una realidad bastante vieja: teniendo en cuenta el crecimiento relativamente lento que se sucede desde los años 1970-1980, estamos en un periodo histórico en el que la deuda le sale globalmente muy cara a las finanzas públicas. Y esta es la razón principal por la que es necesario reducir rápidamente esta deuda (…)”. |21| Para reducir la deuda pública, Thomas Piketty pensó en dos soluciones que posteriormente rechazó y nos propone una tercera. La primera solución era la de privatizar los activos públicos con el objetivo de reembolsar la deuda. La segunda solución consistía en anular la deuda. La tercera que propugna es la recaudación de un impuesto excepcional progresivo “de forma que los patrimonios más modestos no lo tendrían que pagar, y en cambio pedir más a los patrimonios más elevados”. |22|

No nos extenderemos aquí sobre la primera solución ya que es evidente que es algo a combatir. Sabemos que fue puesta en práctica por los gobiernos actuales que prolongan la ola de privatizaciones comenzada en los años 1980-1990.

Con respecto a la segunda solución, la anulación de la deuda que Piketty rechaza, es porque, evidentemente, plantea mal el problema, ya que no piensa en los diferentes escenarios de anulación de la deuda. Sólo menciona explícitamente la fórmula aplicada a la deuda griega en marzo 2012 mediante una operación llamada de haircut, pero existen otras propuestas.

Y tiene razón en rechazar el tipo de anulación parcial de la deuda concebida por la Troika (Comisión Europea, BCE y FMI) para Grecia. Esta anulación estuvo condicionada por medidas que constituyen violaciones de los derechos económicos, sociales, políticos y civiles del pueblo griego, y que hundieron todavía un poco más a Grecia en una espiral descendente. Se trataba de una operación que tenía por objetivo permitir que los bancos extranjeros (principalmente franceses y alemanes) se liberaran del problema con pérdidas limitadas, que los bancos griegos se recapitalizaran a costa del Tesoro Público y que la Troika reforzara en forma duradera su influencia en Grecia. La deuda pública griega representaba el 130 % del PIB en 2009, y después de la anulación parcial llegó al 157 % en 2012, pero en 2013 alcanzó un nuevo máximo: ¡el 175 % del PIB! La tasa de desempleo que era del 12,6 % en 2010 se elevó hasta el 27 % en 2013 (y al 50 % entre los menores de 25 años). Por lo tanto, Piketty tiene razón cuando rechaza ese tipo de haircut que sólo tiene por objetivo mantener con vida a la víctima para poder desangrarla mejor.

Por el contrario, se equivoca cuando no considera seriamente una anulación o suspensión del pago de la deuda decidida por el país deudor, con sus condiciones y bajo control de su ciudadanía. Es lo que hicieron en contextos diferentes Ecuador, en 2008-2009, e Islandia a partir de 2008. Ecuador, basándose en una auditoría organizada por las autoridades del país y realizada con una participación ciudadana activa entre 2007 y 2008, suspendió unilateralmente el pago de una parte de su deuda, la que estaba en forma de títulos que tenían fecha de vencimiento en 2012 y 2030, cuyos principales tenedores eran bancos extranjeros. |23| El resultado fue positivo: Ecuador pudo recomprar el 91 % de los títulos mencionados a un 35 % de su valor. Y como consecuencia, habiéndose ahorrado ese dinero que correspondía al pago de la deuda, pudo aumentar en forma notable los gastos sociales, especialmente en los ámbitos de la educación y de la sanidad pública. Sin embargo, en el caso de Ecuador, no debemos tomar como modelo la experiencia que se está desarrollando, y es indispensable conservar una mirada crítica sobre ella. No obstante, la experiencia ecuatoriana en auditoría y suspensión unilateral del reembolso de la deuda demuestra que es perfectamente posible para un país plantear un acto unilateral fundamentado con argumentos sólidos y, en consecuencia, tener la posibilidad de mejorar los gastos públicos en ámbitos como educación y sanidad.

Por su parte, Islandia rechazó en forma unilateral, a partir de 2008, asumir las deudas de los bancos privados que habían quebrado por su exposición en el exterior. Esto se hizo en un clima de fuertes movilizaciones ciudadanas que presionaron al gobierno islandés para que no cediera ante las exigencias de los acreedores extranjeros, en particular del Reino Unido y de los Países Bajos.

Y, ¿qué pasó luego en Islandia? Debido al desplome del sistema bancario en 2008, Islandia se negó a indemnizar a los ciudadanos de Países Bajos y Reino Unido que habían colocado fondos en las filiales de bancos islandeses, que acababan de quebrar, por un total de 3.900 millones de euros. Fueron las mismas autoridades británicas y neerlandesas las que indemnizaron a sus ciudadanos y exigieron el reembolso de esas indemnizaciones a Islandia. Bajo la presión popular (manifestaciones, ocupaciones de plazas, referéndum), las autoridades de Reykiavik rechazaron esa demanda. Y eso tuvo como consecuencia la inscripción de Islandia en la lista de organizaciones terroristas, la congelación de los haberes islandeses en Reino Unido y la presentación de una denuncia de Londres y La Haya contra Reykiavik ante el Tribunal de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC o EFTA por sus siglas en inglés). |24| Por otro lado, Islandia bloqueó totalmente la salida de capitales del país. Finalmente, ha salido del conflicto mucho mejor que otros países europeos que aceptaron las exigencias de los acreedores… Por supuesto, hay que evitar hacer de Islandia un modelo pero podemos sacar enseñanzas de su experiencia.

Los casos de Ecuador y de Islandia constituyen dos experiencias recientes que deben estudiarse seriamente ya que demuestran que al lado del haircut a la griega u otras formas de reestructuración, existen otras soluciones para la anulación de una deuda. |25| Estos dos ejemplos muestran que desobedecer a los acreedores no es una catástrofe y de ninguna manera acarrea el desmoronamiento del país. Pero volvamos a la posición defendida por Thomas Piketty. Éste está convencido de que una anulación no afectará significativamente a los acreedores más ricos ya que lograrán “reestructurar a tiempo su cartera” y por lo tanto “nada garantiza que aquellos que efectivamente contribuirán serán los que deban hacerlo”. |26| Esta afirmación todavía no ha sido demostrada. Piketty no nos ofrece ninguna prueba basada en ejemplos concretos o en datos estadísticos. Sin embargo, la historia muestra que cuando un país da a entender que podría suspender el pago de su deuda o cuando suspende efectivamente ese pago, el precio de los títulos de la deuda se desploma y es muy difícil para los grandes tenedores de títulos librarse de ellos a buen precio. |27| Eso es lo que pasó en Ecuador entre 2007 y 2009, y todos los que siguen de cerca lo que pasa en los mercados de deuda saben que es prácticamente imposible deshacerse de un gran paquete de títulos sin afrontar pérdidas importantes en caso de suspensión o anulación unilateral de las deudas. Por otra parte, se puede imaginar muy bien que un país decrete la anulación o una suspensión unilateral del pago y tome medidas para indemnizar a los pequeños inversores y proteger el ahorro de los más modestos. Es posible obligar a contribuir a los que deben hacerlo y proteger a los que lo merecen. Tratemos ahora la propuesta que hace Piketty para reducir el peso de la deuda. Después de haber pensado sobre la posibilidad de “… un impuesto proporcional del 15 % sobre todos los patrimonios privados…”, |28| rechaza esa propuesta porque “no tendría mucho sentido aplicar un impuesto proporcional |29| sobre todos los patrimonios privados europeos.” |30| Piketty sostiene que “vale más aplicar un baremo progresivo, de manera que los patrimonios más modestos no paguen y que los patrimonio más ricos paguen más”. |31| Thomas Piketty se pronuncia por una reducción parcial de la deuda del orden del 20 % del PIB. Para alcanzar ese objetivo, propone un impuesto excepcional progresivo: “0 % hasta 1 millón de euros, 10 % entre 1 y 5 millones de euros, y 20 % para los mayores de 5 millones de euros” |32|, aunque indica que podrían aplicarse otros baremos. Debemos lamentar que Piketty no aborde en esta obra la cuestión de la legitimidad de la deuda pública. No podemos dejar de asombrarnos por este hecho, ya que, a lo largo de su libro, demuestra perfectamente que la política fiscal regresiva favorece la acumulación de la deuda pública. Además, como declara varias veces en su obra, los pagadores de la deuda son mayoritariamente los de abajo, de acuerdo a su participación en los impuestos, mientras que los de arriba prestan al Estado por ser una inversión segura. Tampoco propone que la ciudadanía de manera organizada audite la deuda aunque debe saber que desde 2011, en Francia (y en otros países de Europa), se están desarrollando iniciativas de auditoría ciudadana con un cierto dinamismo. |33| La propuesta del CADTM sobre la deuda pública Con el fin de contribuir al necesario debate sobre las soluciones, el CADTM propone que la parte de la deuda pública identificada como ilegítima, cuando no ilegal, no se pague, y eso implica su repudio. El CADTM completa la propuesta con las siguientes disposiciones: 1. Los pequeños tenedores de títulos de deuda pública serán íntegramente reembolsados. 2. Hace suya la siguiente proposición, que completa la precedente: “Cuando se trate de una anulación de deuda pública, será conveniente proteger a los pequeños inversores que han colocado sus ahorros en títulos públicos, así como a los asalariados y jubilados, a los que una parte de sus cotizaciones sociales (jubilación, desempleo, enfermedad, familia) fue invertida por las instituciones u organismos que las gestionan en este tipo de títulos”. |34| 3. La parte de la deuda pública que no sea identificada como ilegítima deberá ser reducida haciendo contribuir a quienes se han beneficiado de la misma. Una de las opciones para hacerles contribuir al coste de la operación consiste en aplicar un impuesto excepcional progresivo sobre el decil más rico. La recaudación de este impuesto servirá para reembolsar anticipadamente una parte de la deuda no considerada como ilegítima. Se puede pensar en otras fórmulas. El CADTM está completamente abierto a la discusión. El procedimiento para identificar la parte ilegítima de la deuda pública que se ha de repudiar o anular se basará en un proceso amplio de auditoría ciudadana de la deuda, que ha de conducir a movilizaciones y desembocar en una decisión de repudio de la deuda por parte de las autoridades públicas. El CADTM avanza sus propuestas participando activamente en diferentes procesos de auditoría ciudadana de la deuda. Será gracias a un debate democrático relacionado con el proceso de la auditoría como se podrá ajustar unas propuestas mayoritarias y será gracias a las movilizaciones que se podrá lograr que sean aplicadas por las autoridades competentes. La auditoría ciudadana también debe permitir la determinación de las diferentes responsabilidades en el proceso de endeudamiento y exigir que los responsables, tanto nacionales como internacionales, rindan cuentas ante la justicia. Si la auditoría demuestra la existencia de delitos relacionados con el endeudamiento ilegítimo, sus autores (personas físicas o jurídicas) deberán ser severamente condenados a pagar reparaciones, ser privados del ejercicio de una profesión relacionada con el crédito (a los bancos culpables se les podría retirar la licencia bancaria), y no podrán eludir las penas de prisión en función de la gravedad de sus actos. Hay que pedir cuentas judicialmente a las autoridades que hayan lanzado empréstitos ilegítimos. Asimismo, es necesario adoptar un marco legar a fin de evitar la repetición de crisis del tipo de la iniciada en los años 2007-2008: prohibición de socializar una deuda privada, obligación de organizar una auditoría permanente de la política de endeudamiento público con participación ciudadana, imprescriptibilidad de los delitos relativos al endeudamiento ilegítimo, nulidad de las deudas ilegítimas, |35| adopción de una regla de oro consistente en que el gasto público que permite garantizar los derechos fundamentales no se puede recortar y tiene prioridad sobre el gasto relacionado con el servicio de la deuda. Un Estado debe poder endeudarse con fin de mejorar las condiciones de vida de la población, por ejemplo, mediante la realización de obras de utilidad pública o la inversión en energías renovables. Algunas de estas obras pueden ser financiadas por el presupuesto corriente, gracias a una opción política atinada, pero el empréstito público puede hacer posible otras obras, de mayor envergadura, como, por ejemplo, pasar del “todo automóvil” a un desarrollo masivo del transporte colectivo; cerrar definitivamente las centrales nucleares y sustituirlas por fuentes de energía renovable; construir o recuperar las vías férreas de proximidad en todo el territorio urbano y semiurbano; incluso renovar, rehabilitar o construir inmuebles públicos y de alojamiento social, reduciendo su consumo de energía y sumándoles servicios de calidad. El CADTM considera que es conveniente definir una política transparente de deuda pública. Su propuesta es la siguiente: 1. El destino del empréstito público debe garantizar una mejora de las condiciones de vida, rompiendo con la lógica de destrucción ambiental. 2. El recurso al empréstito público debe contribuir a una voluntad redistributiva a fin de reducir las desigualdades. De acuerdo a esta propuesta, el CADTM propone que las instituciones financieras, las grandes empresas privadas y los hogares ricos sean obligados por vía legal a comprar, por una suma proporcional a su patrimonio y a sus ingresos, obligaciones de Estado sin interés y no indexadas con la inflación; el resto de la población podrá comprar voluntariamente obligaciones públicas que garanticen un rendimiento real positivo (por ejemplo, el 3 %) superior a la inflación. Así, si la inflación anual se eleva al 3 %, la tasa de interés pagada por el Estado por el año correspondiente será del 6 %. Una medida de discriminación positiva como ésta (comparable a las adoptadas para luchar contra la opresión racial en Estados Unidos, las castas en la India o las desigualdades hombre-mujer) permitirá avanzar hacia una mayor justicia fiscal y hacia una distribución menos desigual de la riqueza. El CADTM considera asimismo que los Bancos Centrales nacionales y el BCE (en el caso de los países de la eurozona) deben financiar el presupuesto del Estado con un tipo de interés tendente a cero. A propósito de la propuesta central de Thomas Piketty: un impuesto mundial progresivo sobre el capital Piketty se inclina por “una actualización adecuada del programa socialdemócrata y fiscal del siglo pasado”. Según él, hay que defender y mejorar tanto el Estado social como el impuesto progresivo sobre la renta. También se debe innovar “instaurando un impuesto mundial y progresivo sobre el capital, acompañado de una transparencia financiera muy grande”. Esta “medida permitiría evitar una espiral de desigualdad sin fin y regular eficazmente la inquietante dinámica de la concentración mundial de los patrimonios”» |36| Piketty no se hace ilusiones sobre una rápida aplicación de su propuesta: “El impuesto mundial sobre el capital es una utopía: uno no se imagina, a corto plazo, al conjunto de las naciones del mundo ponerse de acuerdo sobre su instauración, establecer un baremo de imposición sobre todas las fortunas del planeta, y después repartir armoniosamente la recaudación entre los países. Pero es una utopía útil…”. “A mi entender”, precisa Piketty, “el objetivo debe ser un impuesto anual y progresivo recaudado sobre el capital |37| a escala individual, esto es, sobre el valor neto de los activos que cada uno controla”. |38| Propone tres variantes de este impuesto progresivo sobre el capital privado. 1ª variante: una tasa de 0 % por debajo de un millón de euros; de 1 % entre 1 y 5 millones de euros; de 2 % más allá de los 5 millones de euros. 2ª variante: sumar hacia arriba, 5 % o 10 % más allá de 1.000 millones de euros. 3ª variante: sumar hacia abajo, 0,1 % por debajo de 200.000 euros y 0,5 % entre 200.000 y 1 millón de euros Este impuesto es complementario a lo ya existente, pero puede servir para reducir impuestos actuales (o para reducir la deuda, nota 2, p. 577, capítulo XV). Constituiría un complemento relativamente modesto de los ingresos actuales de los Estados. Este impuesto, aunque muy bajo, permitiría a las autoridades conocer el patrimonio de los habitantes de sus territorios. Piketty añade: “Actualmente, las organizaciones internacionales que tienen la tarea de regular y supervisar el sistema financiero mundial, comenzando por el Fondo Monetario Internacional, no tienen más que un conocimiento extremadamente aproximado del reparto mundial de los activos financieros y, en particular, de la importancia de los activos guardados en los paraísos fiscales.” |39| Entonces, “el impuesto sobre el capital sería una especie de catastro financiero del mundo, que actualmente no existe.” |40| Es necesario apoyar la propuesta de un impuesto progresivo sobre el patrimonio privado o el capital, retomando la expresión empleada por Piketty. Pero no se puede estar de acuerdo con él cuando pretende que hay que dar prioridad absoluta a este objetivo. Se necesita un verdadero programa de medidas complementarias. El impuesto progresivo sobre el capital, así como la anulación de la deuda ilegítima y la reducción radical de la parte de la deuda pública que no se haya identificado como ilegítima, deben formar parte de un amplio programa cuya realización permitirá iniciar una transición hacia un modelo postcapitalista y postproductivista. Un programa como éste, que debería tener una dimensión mundial y europea, comenzando por ponerse en marcha en uno o varios países, comprendería, en particular, el abandono de las políticas de austeridad, la reducción generalizada de la jornada laboral, con contratos compensatorios y mantenimiento del salario, la socialización del sector bancario, una reforma fiscal general, medidas para asegurar la igualdad hombre-mujer y la aplicación de una política determinada de transición ecológica. |41| Piketty tiene la ilusión de que puede convencer de la necesidad de dar prioridad absoluta a su propuesta, mientras que lo que puede ser realmente eficaz y aglutinante es definir una plataforma común de un máximo de fuerzas favorables a un cambio democrático radical a favor de la justicia social. Por otra parte, como se afirma en el texto “Anular la deuda o gravar al capital: ¿Por qué elegir?”: “La crítica fundamental que se le puede hacer a Thomas Piketty es que piensa que su solución puede funcionar aunque se mantenga el sistema actual. Propone un impuesto progresivo sobre el capital para redistribuir las riquezas y salvaguardar la democracia, pero no se cuestiona las condiciones en las que estas riquezas se originan ni las consecuencias que resultan de ese proceso. Su respuesta sólo remedia uno de los efectos del funcionamiento del sistema económico actual, sin atacar la verdadera causa del problema. En primer lugar, admitamos que logramos, mediante un combate colectivo, una imposición al capital, sin embargo, la recaudación generada por este impuesto corre el riesgo de ser succionada por el reembolso de deudas ilegítimas, si no actuamos para que se anulen. Pero sobre todo no nos puede satisfacer un reparto más equitativo de las riquezas, si éstas son producidas por un sistema depredador que no respeta ni las personas ni los bienes comunes, y acelera la destrucción de los ecosistemas. El capital no es un simple “factor de producción” que “juega un papel útil” y por lo tanto, merece “naturalmente” un rendimiento del 5 %, como dice Piketty, es también, y principalmente, una relación social que se caracteriza por la influencia de los que poseen sobre el destino de las sociedades. El sistema capitalista en tanto que modo de producción está en el origen no sólo de las desigualdades sociales, cada vez más insostenibles, sino también del peligro que corre nuestro ecosistema, del saqueo de los bienes comunes, de las relaciones de dominación y de explotación, de la alienación en los mercados, de la lógica de acumulación que reduce nuestra humanidad a mujeres y hombres incapaces de transformar sus pulsiones, obsesionados por la posesión de bienes materiales y despreocupados por lo inmaterial, que, sin embargo, es la base de nuestra vida.” |42| A la vez, una de las características y una de las debilidades de la propuesta de Piketty es que no llama a la movilización social para obtener un cambio de las políticas en curso. Es verdad que es consciente de que la acción de los de abajo desempeñó un papel en las orientaciones tomadas después de la primera guerra mundial, que denuncia la represión que sufrieron los mineros de Marikana en Sudáfrica, en agosto de 2012, pero del centenar de páginas que dedica al final para presentar unas propuestas y reflexionar sobre las soluciones que se deben aportar a los problemas centrales, ninguna de ellas está dedicada a la acción de los ciudadanos organizados, no hace ninguna alusión al movimiento de los Indignados, aunque haya mencionado al movimiento Occupy Wall Street en la parte que precede a sus propuestas. A lo sumo, podemos tener la esperanza de que la divulgación de trabajos como los suyos contribuirán a la concienciación que podrá inducir los cambios. Es una debilidad importante en la trayectoria de Piketty. ¿Hay que asombrarse entonces de que proponga la creación, al lado del Parlamento Europeo, de un “Parlamento presupuestario de la eurozona”? |43| Considera que “este parlamento podría contar con unos cincuenta miembros de cada uno de los grandes países de la zona, a prorrata de la población. Los miembros podrían provenir de las comisiones de finanzas y de asuntos sociales de los parlamentos nacionales, o elegidos de otra forma.” |44| Más adelante, no ve con malos ojos la proposición de “la elección por sufragio universal de un presidente de la Unión Europea, propuesta que lógicamente debería ir acompañada de una extensión de sus poderes”. |45| Piketty sigue la vía de reformas que no cuestionan los tratados ni la arquitectura europea, donde el predominio de los intereses del gran capital es inamovible. Pues bien, es indispensable un cambio fundamental, que pasa por la abrogación de los tratados y la apertura de un proceso constituyente, en el que la ciudadanía, unida en la acción, exija sus reivindicaciones. En conclusión, el trabajo de Thomas Piketty tiene un gran valor por su recolección de datos sobre las desigualdades durante los últimos dos siglos, y ofrece una límpida descripción de su evolución. |46| Su libro constituye un instrumento muy útil y alimenta el debate sobre las alternativas.

El Capital en el siglo XXI. Precisión en la investigación y confusión teórica Así como Thomas Piketty es preciso en la recogida de datos y su obra es útil con su análisis del reparto desigual del patrimonio y de los ingresos, algunas definiciones son netamente confusas y discutibles. Por ejemplo, la definición de capital que propone: |47|

“En todas las civilizaciones, el capital cumple dos grandes funciones económicas: por una parte, para alojarse (es decir, para producir ‘servicios de alojamiento’, cuyo valor se mide por el valor locativo de la habitación; es el valor del bienestar aportado por el hecho de dormir y vivir bajo un techo y no a la intemperie) y por otra parte como factor de producción de otros bienes y servicios…”. Prosigue: “Históricamente, las primeras formas de acumulación capitalista parecen concernir a la vez a los útiles (sílex, etc.) y a los acondicionamientos agrícolas (cercado, riego, drenaje, etc.), así como a los rudimentos de habitación (cavernas, tiendas, cabañas, etc.), antes de pasar a unas formas cada vez más sofisticadas de capital industrial y profesional y de locales de habitación cada vez más elaborados”. Henos aquí sumergidos por Thomas Piketty en una historia de la humanidad donde el capital está presente desde sus orígenes.

Esta importante confusión continúa en los análisis que hace en su libro El capital en el siglo XXI. Para Piketty, un apartamento de un valor de 80.000 euros o un depósito de 2.000 euros en una cuenta de ahorro |48| constituye un capital tanto como una fábrica o un edificio comercial de 125 millones de euros. Evidentemente, en la vida cotidiana, el señor y la señora de la calle consideran que tienen un capital en forma de un departamento que vale 80.000 euros, al que se suma un seguro de vida de 10.000 euros y tal vez 2.000 euros en una cuenta de ahorro postal, y seguramente estarán plenamente de acuerdo con la definición dada por Piketty, los manuales tradicionales de economía y su banquero. Pero se equivocan, pues el capital en la sociedad capitalista no se reduce a esto. El capital es otra cosa diferente de lo que muestran las apariencias, es una relación social que permite a una minoría de la sociedad, el uno por ciento más rico, si se quiere dar una cifra, enriquecerse apropiándose del trabajo de los otros.

Así, cuando Thomas Piketty habla de un impuesto progresivo sobre el capital, considera todos los patrimonios privados, ya sean los 1.000 euros de una cuenta bancaria o la fortuna de Lakshmi Mittal o Liliane Bettencourt.

La confusión prosigue cuando se trata de la renta: la renta del alquiler de un departamento de 80.000 euros es considerada por Piketty una renta del capital, así como la renta que obtiene Liliane Bettencourt de su participación en la firma L’Oréal.

Igualmente, la ganancia que consigue un jubilado de su cuenta en el banco (si tiene 10.000 euros con un 2 % en el 2014, lo que le proporciona 200 euros al año) es considerada una renta del capital por pequeña que sea.

Si pasamos a los salarios, Thomas Piketty considera que todas las ganancias declaradas como salarios son salarios, tanto sea el de un presidente-director general de un banco que percibe un salario de 3 millones de euros al año, como para un empleado bancario que gana 30.000 euros anuales.

Por lo tanto, es pertinente cuestionar el sentido que Piketty da a términos como “capital” o “trabajo” y definir de otro modo lo que se entiende por rentas del capital y rentas del trabajo.

Por ejemplo, el beneficio que se obtiene del alquiler de un bien, de un depósito bancario o de acciones de una empresa no se tendría que considerar un ingreso del capital más que a partir de cierto monto. Asimismo, el patrimonio inferior a cierto monto no se debería considerar un capital.

Y por otra parte, si se quiere entender cómo el uno por ciento acumula capital, hay que ir más allá de reflexiones tales como “a partir del momento en que el capital desempeña un papel útil en el proceso de producción, es natural que obtenga un rendimiento”. |49|

La confusión mantenida por Thomas Piketty, sin duda, hay que relacionarla con sus convicciones: “No me interesa denunciar las desigualdades o el capitalismo como tal, (…) las desigualdades sociales no constituyen en sí un problema, por poco que sean justificadas, es decir, fundadas en la utilidad común…” |50|

Mi crítica de las observaciones de Thomas Piketty no resta nada al interés del panorama monumental que presenta de la evolución de las desigualdades en materia de patrimonio o de rentas en el curso de los últimos siglos.

El artículo original va seguido de un Anexo titulado “El pueblo ecuatoriano contra la deuda pública ilegítima”, que se puede consultar en este enlace: http://cadtm.org/Thomas-Piketty-y-l...
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Traducción: Griselda Pinero
Notas
|1| Sobre este asunto, léase: Hubert Huertas, «Affaire Piketty, histoire d’ une amnésie collective», 3 de enero de 2015 http://www.mediapart.fr/journal/fra...
|2| Para el texto completo: www.liberation.fr/economie/2... |3| Thomas Piketty,El capital en el siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2014. Varios comentarios interesantes ya han sido publicados sobre esta importante obra. Pero no vuelvo a tratar una serie de puntos que ya jan sido abordados, y de entrada comienzo por las enseñanzas prácticas. Entre los comentarios ya publicados: 1.- Véase en la revista Les Possibles de ATTAC Francia «Reflexions sur Le Capital au XXIè. siècle de Thomas Piketty» por François Chesnais http://cadtm.org/Reflexions-sur-Le-..., (y «Elementos de respuestas a François Chesnais» por Thomas Piketty http://cadtm.org/Elements-de-repons... ). 2.- Véase también Jean-Paul Petit en la revista Inprecor: http://gesd.free.fr/jppetit.pdf. 3.- Véase Michel Husson, http://hussonet.free.fr/piketcap.pdf
|4| En el texto siguiente se retoma la segunda parte de ¿Cómo podemos utilizar lo que aprendemos del libro de Thomas Piketty sobre el capitalismo del siglo XXI?, artículo de Éric Toussaint, publicado el 16 de febrero de 2014,.http://cadtm.org/Como-podemos-utili...
|5| Thomas Piketty, op. cit., p. 130, capítulo III.
|6| «El origen de los asignados remonta al mes de diciembre de 1789 cuando fue creada la Caja de lo Extraordinario (Caisse de l’Extraordinaire). Esta caja debería recibir el producto de la venta de los bienes confiscados al clero. Los asignados eran solo simples adelantos sobre la venta de los bienes nacionales. Estos asignados remuneraban un interés. Pero las cosas evolucionaron rápidamente. En septiembre de 1790, los asignados dejaron de conllevar un interés y se reciben «como dinero en efectivo en todos los fondos públicos y particulares». El monto de las emisiones aumenta aceleradamente hasta 1796. Frente a esta proliferación de papel moneda, la garantía de los dominios nacionales a los que se continúa haciendo referencia deviene ilusoria y el valor de los asignados se desploma.» Fuente: http://sceco.univ-poitiers.fr/hfran... consultada el 17 de enero de 2014.
|7| Thomas Piketty, op. cit., p. 145, capítulo. III
|8| Thomas Piketty, op. cit., p.146, capítulo III
|9| Thomas Piketty, op. cit., p. 146, capítulo III
|10| Op, cit., p. 147, capítulo III
|11| Ibidem
|12| En realidad, el tipo es mayor pero hacemos una hipótesis teórica.
|13| La hipótesis de crecimiento nulo es teórica y facilita el cálculo. En realidad, el PIB descendió un 20 % entre 2009 y 2013, y es difícil prever lo que exactamente pasará en los próximos años. |14| Haced el mismo razonamiento para Portugal, cuya deuda pública representa el 130 % de su PIB en 2014, y cuya tasa de crecimiento es nula (incluso se redujo entre 2011 y 2013), y una inflación muy baja. Portugal paga con un tipo aproximado del 6,5 %, y durante largos años deberá reembolsar un equivalente al 8,5 % de su PIB. Italia paga su deuda pública, que alcanza el 133 % del PIB, con un tipo de interés del 5 %, así que durante muchos años deberá reembolsar el equivalente al 6,5 % de su PIB. Eric Toussaint hace la precisión de que las cifras mencionadas anteriormente forman parte de una hipótesis teórica, aunque son próximas a la realidad. Estos ejemplos no comprometen en absoluto a Thomas Piketty.
|15| Véase: http://fr.wikipedia.org/wiki/Loi_du...
|16| Thomas Piketty, op. cit., p. 147, capítulo III.
|17| Ibidem, p. 152
|18| Idem, p. 149.
|19| Thomas Piketty, op. cit., p. 149, capítulo III
|20| Idem, p.635, capítulo XVI.
|21| Idem, p. 636.
|22| Thomas Piketty, op. cit., p. 608, capítulo XVI
|23| Como recordatorio, Éric Toussaint participó en esa auditoría durante 14 meses, en 2007-2008, como representante del CADTM
|24| El tribunal de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC), que no tiene nada de asociación altermundialista, «dio la razón» a Islandia, Véase CADTM : «El tribunal de la AELC (Asociación Europea de Libre Comercio) rechaza las reclamaciones por el litigio «Icesave» contra Islandia y sus habitantes» http://cadtm.org/El-tribunal-de-la-... publicado el 30 de enero de 2013.
|25| Muy a menudo, algunos comentaristas replican que los casos de estos dos países son totalmente diferentes de los países de la Unión Europea. Por supuesto, que hay diferencias evidentes pero estaríamos equivocados en desdeñar estas experiencias. Los que profesan ese desdén muestran sobre todo ignorancia de la complejidad de las situaciones que las autoridades encontraron y parcialmente lograron superar.
|26| Thomas Piketty, op. cit., p. 608, capítulo XVI.
|27| Los haircuts propugnados por el FMI y los gobiernos de los grandes países acreedores tienen justamente por función limitar las pérdidas de los grandes acreedores privados mediante una reestructuración ordenada. En mi Tesis doctoral, mostré cómo el plan Brady constituye un modelo del género. Véase «Enjeux politiques de l’ action de la Banque mondiale et du Fonds monétaire international envers le tiers - monde», Tesis doctoral en Ciencias Políticas presentada en 2004 en las Universidades de Lieja y París VIII, se puede descargar: http://cadtm.org/Enjeux-politiques-... . Véase también mi libro Banco Mundial, El Golpe de Estado Permanente, El Viejo Topo Mataró-Barcelona, 2007 Se puede descargar en francés: http://cadtm.org/Banque-mondiale-le...
|28| Thomas Piketty, op. cit., p. 607, capítulo XVI.
|29| Aquí podemos leer en la web oficial de la Administración francesa define el impuesto proporcional «Un impuesto proporcional aplica un gravamen idéntico cualquiera sea la base sobre la que se impone (por ejemplo: el impuesto sobre sociedades). La base de la imposición designa las magnitudes económicas (ingresos, patrimonio, volumen de negocios…) que sirven de base al cálculo del impuesto. Los partidarios de la proporcionalidad consideran que es un modo de cálculo justo ya que cada uno contribuye con el mismo porcentaje de sus ingresos. (…) Los impuestos proporcionales son, además, generalmente más fáciles de calcular y, por lejos, menos costosos para implementar. Con el impuesto progresivo, el tipo aplicado aumenta con la base de imposición (por ejemplo: el impuesto sobre la renta, cuanto más elevada sea la renta, el tipo aplicado es mayor). Fuente: http://www.vie-publique.fr/decouver... Hay que señalar que Thomas Piketty define en su libro el impuesto proporcional de la misma manera que la Administración francesa.
|30| Thomas Piketty, op. cit., p. 608, capítulo XVI.
|31| Idem.
|32| Op. cit., p. 609.
|33| Véase Red Internacional para la Auditoría Ciudadana de la deuda ICAN (International Citizen debt Audit Network), http://cadtm.org/ICAN,750
|34| Thomas Coutrot, Patrick Saurin y Éric Toussaint, «Anular la deuda o gravar al capital: ¿Por qué elegir?», http://cadtm.org/Anular-la-deuda-o-..., publicado el 31 de octubre de 2013.
|35| Véase Eric Toussaint, «La Constitution équatorienne: un modèle en matière d’endettement public», http://cadtm.org/La-constitution-eq..., publicado el 27 de diciembre de 2010.
|36| Thomas Piketty, op. cit., p. 574, capítulo XV.
|37| Se debe tener presente que Piketty da una definición del capital privado que engloba los haberes mobiliarios e inmobiliarios correspondientes al 50 % más modesto.
|38| Thomas Piketty, op. cit., p.576, capítulo XV.
|39| Idem, p. 578.
|40| Idem, p.579.
|41| Véase el texto antes citado de Thomas Coutrot, Patrice Saurin y Éric Toussaint «Anular la deuda o gravar el capital: ¿Por qué elegir?», http://cadtm.org/Anular-la-deuda-o-... también: Damien Millet y Eric Toussaint, «Europa: ¿Qué programa de urgencia frente a la crisis ?» publicado el 22 de junio de 2012, http://cadtm.org/Europa-Que-program...
|42| http://cadtm.org/Anular-la-deuda-o-...
|43| Thomas Piketty, op. cit., p. 626, capítulo XVI.
|44| Idem, nota 28, p. 626.
|45| Thomas Piketty, op. cit., p. 626, capítulo XVI.
|46| Este aspecto fundamental del libro de Piketty se ha desarrollado en la primera parte de. http://cadtm.org/Como-podemos-utili... publicado el 16 de febrero de 2014.
|47| Thomas Piketty, op. cit., p. 235, capítulo VI.
|48| Se debe señalar que el monto de dinero existente en Francia en las cuentas de ahorro, cuentas corrientes, etc. representan sólo el 5 % aproximado del patrimonio privado.
|49| Thomas Piketty, op. cit., p. 465, capítulo XI.
|50| op. cit., p. 46, Introducción.
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Conmoción en los mercados: Suiza da 'rienda suelta' a su divisa y deprecia al euro

Xov, 15/01/2015 - 19:48
El Banco Nacional de Suiza eliminó hoy el tipo de cambio máximo del franco suizo, instaurado en 2011 para frenar la apreciación experimentada en aquel momento, y ha bajado los tipos de interés oficiales del -0,25% al -0,75%. Estas inesperadas medidas, fueron dadas a conocer a través de un comunicado,y provocaron gran conmoción en los mercados de valores y divisas, impulsando la inmediata subida del franco suizo frente al resto divisas. La liberación del franco ha causado una revalorización del 17% de la moneda y el desplome del euro. La institución anunció que abandona su política de mantener el tipo de cambio máximo para el franco, que hasta ahora estaba estipulado en 1,20 unidades por euro. Esta última medida era una de las intocables de su política monetaria y se estableció en el peor momento de la crisis de la zona euro en 2011.

Este paso inesperado del Banco Nacional provocó la inmediata subida del franco suizo frente al resto divisas. En su cruce con el euro ha llegado a dispararse un 30% hasta los 0,805 francos por unidad antes de reducir sus ganancias hasta 1,059. La divisa europea también ha vivido momentos de conmoción en su cambio con el dólar. El euro ha llegado a caer hasta los 1,1575 'billetes verdes'. El franco también llegó a ganar un 25% frente al dólar al cotizar a 0,74 y en su cambio con el yen tocó niveles que no se veían desde 1980.

La bolsa suiza también reaccionó con cambios bruscos. Su principal índice bursátil, el SMI, cerró la jornada con bajadas del 8,48%, despidiendo así su peor sesión desde 1991. Empresas como Swatch vivieron un día de "auténtico tsunami" con caídas de hasta el 15%, aseguró su CEO, Nick Hayek. "No tengo palabras, es un desastre para las exportaciones y el turismo", lamentó. "Recientemente, las divergencias entre las políticas monetarias de las mayores áreas monetarias se han ampliado significativamente, una tendencia que probablemente se hará incluso más pronunciada", indicó la institución, que apuntó que la "considerable" depreciación del euro frente al dólar ha provocado un debilitamiento del franco suizo frente al 'billete verde'.

"En estas circunstancias, el banco nacional ha llegado a la conclusión de que mantener el tipo máximo de cambio para el franco suizo frente al euro ya no está justificado". El banco central helvético subrayó que la introducción de esta medida excepcional, muy criticada en su momento por amplios sectores del mercado, "protegió a la economía suiza de graves daños". "Aunque el franco suizo sigue estando alto, la sobrevaloración ha disminuido en general desde la introducción del tipo máximo de cambio, mientras la economía ha podido aprovechar esta fase para adaptarse a la nueva situación", añadió el instituto emisor.

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Los tesoros que esconde el Ártico: una nueva 'batalla económica' que enfrenta a varios países

Xov, 15/01/2015 - 08:00
La competición por explotar los recursos naturales del Ártico se podría intensificar en los próximos diez años. EEUU, Canadá, Dinamarca, Islandia, Noruega, Finlandia y Rusia están desarrollando programas para construir infraestructuras e incrementar su vigilancia en dicho territorio. Y es que la zona del Ártico esconde grandes tesoros naturales que valen miles de millones, además de una ruta comercial mucho más rápida para los países del norte de Europa.

Según Bloomberg, varias compañías procedentes de los países mencionados tienen previsto gastar 100.000 millones de dólares en la próxima década. Esta inversión de un tamaño tan considerable es consecuencia de las grandes expectativas que se tiene sobre los recursos del Ártico.

Algunos estudios revelan que esta zona del Polo Norte podría albergar alrededor del 25% de todas las reservas mundiales de petróleo y gas no descubiertas. Además, se cree que también pueden encontrarse grandes cantidades de oro, plata, cobre y diamantes.

Otro tesoro de la zona llega por su situación geográfica: la Ruta del Mar del Norte es un 40% más corta para los viajes desde los países nórdicos hasta China, que la ruta que transcurre a través del Canal de Suez, una vía de navegación artificial situada en Egipto, muy apartada de los Estados situados al norte de Europa.

Putin y Rusia ya se 'adueñaron' de esta ruta tras inaugurarla en 2011: "Vemos el futuro de la ruta marítima ártica como una arteria de transporte internacional capaz de competir con las rutas tradicionales en coste de servicios, seguridad y calidad", indicó. Putin resaltó que esta ruta "es el camino más corto entre los mercados de Europa y el región Asia-Pacífico", es decir, China, Japón, Estados Unidos y América Latina.

Dudas en el Ártico La inestabilidad en la región por las dudas legales sobre la pertenencia del Ártico han impedido que hasta el momento se hayan realizado inversiones de calado y prolongadas en el tiempo. Pero ahora, los gobiernos han comenzado a cooperar a través del Consejo Ártico, creado en 1996. Los países que comparten este territorio, excepto Rusia, han desarrollado recientemente planes y sistemas jurídicos estables, que podrían incentivar la inversión. A pesar del menor clima de inestabilidad, aún existen muchas reclamaciones territoriales que dejan en el aire la soberanía de la zona. Además de estas trabas, los externalidades negativas (penalizadas con impuestos) producto de la minería y la perforación son otra barrera que ha frenado y frenan las inversiones de las empresas dedicadas a la explotación de materias primas. También puede que tengan que decir algo los 4 millones de habitantes que ocupan la zona, muchos de ellos pertenecientes a tribus que llevan establecidos en el Ártico durante miles de años.

Hasta ahora, las grandes compañías petroleras se han topado con contratiempos y unos costes muy superiores a los calculados en un principio. Un buen ejemplo es el de la petrolera noruega Statoil, que según declara Bloomberg decidió posponer sus inversiones en el Ártico por los elevados costes, impuestos y la incertidumbre. La caída del precio del petróleo tampoco ayuda al desarrollo de las inversiones en la zona, mientras que el crudo sea barato y abundante los incentivos para encontrar nuevas reservas caen drásticamente.

Pasos hacia la cooperación A pesar de todo, algunas empresas prosiguen con las perforaciones y las investigaciones en el Ártico. Un buen ejemplo es la compañía ExxonMobil o Rosneft, que prosiguen perforando el Ártico en busca de petróleo y gas. Si las previsiones se cumplen, las reservas probadas de gas y petróleo aumentarán considerablemente, retrasando aún más el temido 'pico del petróleo'.

El gigante petrolero estadounidense comenzó a perforar a finales de 2014 el ártico de Rusia, a pesar de las sanciones occidentales impuestas contra su par ruso Rosneft. La operación fue elogiada por el presidente ruso como un modelo de "cooperación".

Aunque las sanciones de EEUU por la crisis en Ucrania no están diseñadas para detener los proyectos conjuntos de compañías rusas y estadounidenses, sí apuntan a privar a Rosneft de financiamiento en dólares y a prohibirle el acceso a tecnología moderna, por el momento.

La reclamación de Dinamarca El Gobierno danés reveló una iniciativa para reclamar como propios 895.541 kilómetros cuadrados en el océano Ártico, incluido el Polo Norte, ante la Comisión sobre las Fronteras y las Plataformas Continentales (CLCS, por sus siglas en inglés), un organismo de la ONU. La zona podría albergar importantes reservas de hidrocarburos a las que también aspiran Rusia y Canadá.

El Ministerio de Asuntos Exteriores explicó que se trata de una propuesta conjunta que plantearán Groenlandia y Dinamarca y que presenta el argumento de que la plataforma continental de Groenlandia, país bajo soberanía del Reino de Dinamarca, se extiende hacia el norte y le permitiría ampliar sus fronteras hasta casi la Siberia rusa.

Los tesoros que esconde el Ártico son muchos. La duda es a quién pertenece y si tiene derecho a la explotarlos. De este modo, el conflicto está servido para los próximos años, una 'guerra' económica por los recursos que se desarrollará durante los próximos años.
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Tomado de El Economista Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Desigualdad global y devastación

Mér, 14/01/2015 - 18:00
Silvia Ribeiro, Alainet

A principios de 2014, un reporte de Oxfam resumió gráficamente la desigualdad que impera en el mundo: 85 individuos concentran más riqueza que los 3500 millones de habitantes más pobres en el planeta, mitad de la población mundial. El informe, llamado “Gobernar para las élites: secuestro económico y desigualdad económica”, indicaba desde el título que la situación se mantiene porque las políticas gubernamentales se hacen para favorecer a los más ricos. Lo cual no sorprende, en la vasta mayoría de los casos los gobiernos y legisladores llegan a sus cargos apoyados en las “contribuciones”, por decir lo menos, de esas élites de poder económico. En un año, los 85 más ricos aumentaron su fortuna en 14 por ciento, que se tradujo, en conjunto, en ganancias por 668 millones de dólares diarios, o casi medio millón de dólares por minuto.

En octubre 2014, el banco Credit Suisse publicó un informe sobre la riqueza mundial, en el que resaltaba la preocupación por los niveles de desigualdad que siguen creciendo, lo cual considera un factor de riesgo. La riqueza mundial pasó de 117,000 billones en el año 2000 a 262,000 billones de dólares en 2014.

El 1 por ciento más rico de la población mundial tiene actualmente casi la mitad de la riqueza global (48.5 por ciento). Al mismo tiempo, el 50 por ciento de la población más pobre tiene menos del 1 por ciento de los ingresos y de ellos, el 90 por ciento vive en países del Sur. Si estas cifras son difíciles de digerir, casi lo es más saber que el 70 por ciento de la población mundial, tiene en conjunto ¡menos del 3 por ciento de los ingresos!

La región con mayor índice de desigualdad en el mundo es América Latina y el Caribe, pese a que en los últimos años, algunos países, como Uruguay y Venezuela, han contribuido a bajar el promedio continental. México y Chile son los países con mayor desigualdad de todos los miembros de la OCDE, e integran los 10 más desiguales de la región, junto a Honduras, Brasil y Colombia, entre otros. En el último año el número de mil-millonarios en la región aumentó 38 por ciento.

La desigualdad global creció particularmente en las últimas tres décadas, pero la brecha se hizo mayor a partir de las crisis de 2007-2008. Según Credit Suisse, los países donde aumentó más la desigualdad son China e India, donde ahora se encuentran algunas de las mayores fortunas y corporaciones del planeta. Estados Unidos sigue siendo el país que, con distancia, concentra la mayor parte de los ingresos. Allí radica el 49 por ciento de los individuos llamados ultra-ricos, con una fortuna mayor a los 50 millones de dólares.

Esos no son los que sufrieron con la crisis financiera que ellos mismos provocaron. Por el contrario, el 1 por ciento más rico de Estados Unidos capturó el 95 por ciento del crecimiento y ganancias posteriores a 2009, mientras el 90 por ciento de la población se hizo más pobre. Y esto sin tener en cuenta las sumas ingentes de dinero público que se gastaron para “rescatar” a instituciones financieras en crisis, de las cuales esos mismos ricos son propietarios total o parcialmente.

A estos análisis, es necesario superponerle la enorme concentración corporativa que tomó vuelo en la década de 1990, en la que las fusiones y adquisiciones empresariales crecieron 757 por ciento y siguieron en ritmo ascendente, aunque más lento, hasta el 2007. Con las crisis financieras, económicas y alimentarias de 2007-2008, bajó el porcentaje de fusiones y adquisiciones, pero la concentración empresarial ya establecida nunca volvió a bajar del nivel alcanzado en el 2000, e incluso subió en algunos años del siglo XXI. Según el estudio publicado en 2011 The network of Global Corporate Control (La red de control corporativo global) de los investigadores Vitali, Glattfelder y Battiston, 1328 corporaciones trasnacionales tienen el 60 por ciento de los ingresos globales y están interconectadas entre sí, por 2 o más relaciones mutuas, con un promedio de 20 interconexiones. En esta telaraña de relaciones que tienen atrapado al mundo, el estudio identificó una “super-entidad” corporativa, como una araña en la red, integrada por 147 corporaciones que detentan el 40 por ciento de los ingresos de todas las transnacionales y que tienen un enorme poder de decisión sobre toda la red corporativa mundial. Tres cuartas partes de éstas son instituciones financieras, que a su vez están estrechamente ligadas con las mayores transnacionales de sectores claves de la economía, como energía, petroquímica y química, comunicaciones, construcción, minería, alimentación y agricultura, etc.

Son los intereses de lucro de esta extraordinariamente ínfima minoría de ricos, los que modelan regulaciones nacionales e internacionales para mantener sus privilegios, las que empujan los modelos industriales de producción y consumo masivos, y los responsables de la devastación social, ambiental y las crisis planetarias. Apenas un ejemplo: sólo 90 empresas, la mayoría privadas, de petróleo, carbón, gas y cemento son responsables de dos terceras partes de las emisiones de gases que han provocado el cambio climático.

Hay muchos factores que se imponen para mantener la desigualdad, incluyendo un amplio aparato bélico y represivo, en general pagado con fondos públicos. Pero también hay muchos y diversos focos de resistencia y construcción colectiva desde abajo, sin duda lo que sigue haciendo el mundo habitable y en definitiva las únicas alternativas reales a estas nuevas formas de esclavitud global.

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El estancamiento europeo amenaza a la economía mundial

Mér, 14/01/2015 - 16:01
El Banco Mundial ha presentado sus Perspectivas Económicas Globales donde advierte sobre los síntomas de "estancamiento secular" en la eurozona, dada la débil demanda agregada y la caída en el crecimiento potencial de la economía europea. Es por ello que desde el hermano pequeño del Fondo Monetario Internacional (FMI) advierten que si la inflación sigue manteniéndose por debajo del objetivo del Banco Central Europeo del 2%, la debilidad del consumo y la inversión anémica podrían generar una espiral deflacionista.

"El peligro de la deflación añadiría presión a las dificultades que ya sufren algunos países de la zona euro, como un descenso de la fuerza laboral, una caída de la productividad y la pérdida de habilidades entre su extenso número de parados a largo plazo", advierten desde el Banco Mundial.

Este riesgo, que también incluye a Japón, se suma a la tensión que los bajos precios del petróleo está generando en algunos países productores y que también hunde las presiones inflacionistas. Estos factores, recordemos que la economía europea supone un sexto del PIB mundial, podrían debilitar aún más el comercio mundial en un momento en que los mercados financieros se enfrentan a un periodo de volatilidad dada a la divergencia que existe sobre la política monetaria de distintos países.

En consecuencia, en su nuevo informe el Banco Mundial recorta sus previsiones de crecimiento global para este año y el próximo. El organismo prevé que el PIB mundial avanzará el 3% en 2015, frente al 3,4% de su anterior estimación; mientras que para 2016 espera un crecimiento del 3,3%, por debajo del 3,5% previsto inicialmente.

Además, espera que la zona euro crezca un 1,1% este año desde el 1,8% anteriormente estimado y alrededor de un 1,6% el año que viene desde el 0,8% previsto en 2014. Cifras que distan del 3,2% previsto en 2015 para Estados Unidos o el 2,9% del Reino Unido. En Japón, el crecimiento se elevará a 1,2% en 2015 (0,2 % en 2014) y 1,6% en 2016.

Debido al tamaño de la eurozona, su estancamiento permanente tendría efecto en países vecinos como Reino Unido y Suiza, así como Europa del Este, el Norte de África y el Sur de Asia, dadas las extensas relaciones comerciales con estas zonas. Desde el Banco Mundial advierten que pese a que el BCE mantiene los tipos de interés cercanos a cero, el coste de financiación para el sector privado incrementaría dados los riesgos de un contexto económico inestable y la caída de precios, que vendrá acompañado de una mayor tasa de ahorro, una demanda de activos refugio y una caída de las inversiones.

Dicho esto, el Banco Mundial señala que Irlanda y España, son los únicos países de la zona euro donde el repunte parece afianzarse, "debido al fortalecimiento de los balances empresariales y la mejora de la competitividad". Aún así, la actividad económica en Francia, Alemania e Italia fue menor a la esperada el año pasado y la incertidumbre política en Grecia sigue haciendo mella en el sentiminto de los inversores.

Las naciones en desarrollo crecieron un 4,4% en 2014 y se espera que en 2015 bordeen el 4,8% y se fortalezcan en 5,3% y 5,4% en 2016 y 2017, respectivamente.

"La economía global está en una coyuntura desconcertante", aseguró Kaushik Basu, economista jefe del Banco Mundial. "Es un momento desafiante cuando se trata de realizar proyecciones económicas", añadió.

Las proyecciones señalan que los precios de los productos básicos permanecerán bajos en 2015. La caída inusualmente precipitada del precio del petróleo en el segundo semestre de 2014 podría reducir significativamente las presiones inflacionarias y mejorar los saldos en cuenta corriente y de las arcas fiscales en los países en desarrollo importadores de petróleo.

"La baja en el precio del crudo originará cambios notables en el ingreso real desde los países exportadores a los países importadores de petróleo. Tanto para exportadores como para importadores, la baja en los precios representa una oportunidad para llevar a cabo reformas que puedan aumentar los recursos fiscales y servir a objetivos ambientales más amplios", agregó Ayhan Kose, director de perspectivas de desarrollo del Banco Mundial.

Entre los países grandes de ingreso medio que se beneficiarán de los precios más bajos del petróleo se encuentra India, donde se espera que el crecimiento se acelere a 6,4% este año (a partir de 5,6% en 2014) y alcance 7% en 2016-2017. En Brasil, Indonesia, Sudáfrica y Turquía, la caída en los precios del petróleo ayudará a reducir la inflación y el déficit en cuenta corriente, una causa importante de vulnerabilidad para muchos de estos países.

Sin embargo, si se sostienen los precios bajos del petróleo, se debilitará la actividad en los países exportadores. Por ejemplo, para la economía rusa se proyecta una contracción del 2,9% en 2015, la que podría entrar nuevamente en un terreno positivo en el año 2016, cuando se espera un crecimiento del 0,1%.

"En este incierto entorno económico, los países en desarrollo deben desplegar sus recursos de manera juiciosa para apoyar programas sociales con un foco muy preciso y emprender reformas estructurales que inviertan en la gente", sostuvo el Presidente del Grupo Banco Mundial Jim Yong Kim. "También es fundamental que los países retiren los obstáculos innecesarios a la inversión del sector privado, actor que por lejos es la principal fuente de empleos y que puede sacar a cientos de millones de personas de la pobreza".
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Tomado de El Economista

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El peligroso juego político en la manipulación del precio del petróleo

Mér, 14/01/2015 - 13:19
El petróleo ha llegado a los 45 dólares el barril y no hay atisbos de que revierta la tendencia en el corto plazo. El peligroso juego político de Arabia Saudita tiene a los productores petroleros en ascuas. Rusia, Irán, Venezuela, Noruega, Nigeria y Canadá dependen de sus exportaciones de petróleo para estabilizar su presupuesto. Por eso el derrumbe del precio de su motor comercial los tiene al borde de la bancarrota. Para Venezuela el petróleo constituye el 96 por ciento de sus ingresos de exportación y con cada dólar de descenso el país pierde 800 millones de dólares. Venezuela se tambalea con una inflación que supera el 60 por ciento y con escaséz de alimentos básicos. Para Rusia los ingresos del petróleo y el gas representan las tres cuartas partes de su factura de exportación; mientras que para Nigeria el petróleo representa el 90 por ciento de sus exportaciones. Irán lucha por hacer que su dependencia del petróleo llegue en el corto plazo al 30 por ciento en lugar del 50 por ciento actual.

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Charlie Hebdo como pretexto

Mér, 14/01/2015 - 08:01
Sin vacilación, millones de franceses acaban de salir a las calles en defensa de la libertad de expresión y de culto mientras que los políticos y la prensa, violadores de esas libertades, explotan esa reacción popular para redorar su propia imagen pública. Thierry Meyssan estima que el gobierno de Francia ha orquestado una manipulación de gran envergadura para exhibirse a la cabeza de una gran manifestación popular precisamente en momentos en que busca cómo justificar una nueva operación militar en Libia.

Thierry Meyssan, Red Voltaire

En 3 días, un grupo de 4 o 5 personas que dijeron actuar en nombre de Al-Qaeda en Yemen y del Emirato Islámico (Daesh) masacró en Francia a los miembros de la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo y asesinó después a una agente de la policía municipal así como varios rehenes, en 3 acciones diferentes.

Francia, que no había conocido hechos de tanta violencia desde la época de los atentados de la OAS [1], hace más de 50 años, reaccionó proclamando «¡Todos somos Charlie!», abatiendo a 3 de los terroristas y organizando una gran manifestación de varios millones de personas.

El presidente la República, Francois Hollande, recibió a los jefes de los partidos políticos representados en la Asamblea Nacional, lanzó un llamado a la unidad nacional y participó personalmente en la manifestación acompañado de unos 50 jefes de Estado y de gobierno extranjeros.

En un artículo anterior [2], observé que el modus operandi de los terroristas no tenía nada que ver con el comportamiento habitual de los yihadistas sino más bien con el de un comando militar. A partir de lo cual señalé que poco importa quiénes fueron los ejecutores y que lo único verdaderamente importante es saber quién está detrás de ellos. Ahora quisiera, en este segundo artículo, referirme a las reacciones que esos hechos están suscitando.

Suspensión del derecho a organizar manifestaciones Inmediatamente después del anuncio de la masacre perpetrada en las oficinas de Charlie Hebdo, hacia el mediodía del 7 de enero de 2015, el primer ministro francés Manuel Valls decidió implantar el Plan Vigipirate-atentados en toda la región parisina. Este plan incluye un centenar de medidas de aplicación automática y unas 200 medidas opcionales. Entre las medidas, el ministerio del Interior anunciaba la suspensión de todas las manifestaciones ya autorizadas. Las autoridades temían que los terroristas disparasen contra la multitud.

Pero un partido de extrema izquierda llamaba a manifestar de inmediato en señal de respaldo a Charlie Hebdo. Luego de varias horas de vacilación, el prefecto de policía autorizaba una manifestación en la que habrían de participar unas 100 000 personas. Más extraño aún, el primer ministro declaraba una jornada de duelo nacional para el día siguiente, 8 de enero. Las autoridades locales organizaron numerosos mítines para observar un minuto de silencio. Y, todavía más sorprendente, el Partido Socialista llamaba a la realización –el domingo 11– de una gran manifestación nacional que reuniría más de 2 millones de personas en París.

O sea, el gobierno prohibió las manifestaciones por considerar que podían ser peligrosas para los participantes. Pero los miembros de ese mismo gobierno organizaron una manifestación gigantesca e invitaron además a jefes de Estado y de gobierno extranjeros sin plantearse ningún tipo de inquietud por cuestiones de seguridad.

Esta manipulación demuestra que, al contrario de lo que declaró públicamente, el gobierno conocía con precisión la verdadera importancia de la amenaza y sabía que no había peligro para las manifestaciones.

De todo esto, optaremos por retener la extraordinaria muestra de entusiasmo popular por la libertad.

Unión nacional En esta situación de crisis, la derecha y la izquierda se pusieron de acuerdo para participar juntas en una manifestación nacional. Pero ¿para manifestarse a favor de qué y contra quién?

Nos enteramos así de que tanto los dirigentes de derecha como los de la izquierda compartían los valores antirreligiosos, antinacionales y antimilitaristas del muy izquierdista semanario Charlie Hebdo. Ya se sabía que el fundador de la publicación, Philippe Val, era amigo de Sarkozy. Ahora nos enteramos súbitamente de que Charb, el nuevo director del semanario, estaba involucrado sentimentalmente con una ex ministra de derecha, Jeannette Bougrab.

Esta última fue invitada al noticiero del canal francés de televisión TF1. Muy emocionada, habló de su relación sentimental con el caricaturista. Luego presentó las convicciones antirreligiosas de Charb como un compromiso laico contra el islamismo para compararlo después con Jean Moulin y pedir que el caricaturista sea inhumado en el Panteón –como el gran héroe de la Resistencia francesa contra la ocupación nazi que fue Jean Moulin. Jeannette Bougrab terminó revelando que ella y Charb habían pensado en irse de Francia y rehacer sus vidas en otra parte. En pocas palabras, la ex ministra de derecha acaba de mostrar su desprecio por sus propios conciudadanos, de asimilar el laicismo a la lucha contra la religión y de poner un humorista antinacional al mismo nivel que el fundador del Consejo Nacional de la Resistencia. Por mucho que proteste la familia de Charb, Jeannette Bougrab ha sembrado la duda.

Y para que se entienda bien en qué consiste la «unión nacional» de la que nos hablan la derecha y la izquierda, varios líderes socialistas declaran que el Frente Nacional será excluido de la manifestación «republicana». ¿Acaso se ha entendido bien la enormidad de ese anuncio? Los líderes políticos del país invocan la República para excluir a sus propios rivales. Finalmente, el FN se unió a las manifestaciones realizadas en diferentes ciudades del interior de Francia.

Unión internacional El presidente de Francia quiso dar solemnidad a la manifestación de París invitando a ella a todo tipo de jefes de Estado y de gobierno.

Entre los que vinieron a la manifestación de París pudimos ver a David Cameron y Benyamin Netanyahu, cuyos países gozan de una censura militar omnipotente; al secretario de Justicia estadounidense Eric Holder, cuyo país es tan amante de la libertad de prensa que ha bombardeado y destruido numerosas estaciones de televisión, desde la de Belgrado –en la ex Yugoslavia– hasta las de Libia–; al primer ministro de Turquía, Ahmet Davutoglu, cuyo país prohíbe la construcción de iglesias cristianas (aunque ahora parece dispuesto a autorizar una). Y tampoco podemos olvidar que hace poco Netanyahu felicitaba personalmente a los heridos de Al-Qaeda que reciben cuidados en hospitales israelíes y que los países de Eric Holder, Ahmet Davutoglu y la Jordania rey Abdallah reorganizaron el Estado Islámico en enero de 2014.

¿Qué hacían entonces estos personajes en París? En todo caso no estaban defendiendo la libertad de expresión ni la libertad de culto, que sus países combaten activamente.

La libertad de expresión No fueron los políticos los únicos que trataron de mejorar su imagen exhibiéndose en la manifestación de París. También lo hizo la prensa, que ve en Charlie Hebdo un ejemplo de la libertad que ella misma pisotea constantemente con su permanente autocensura y mostrándose cada vez más solidaria con los crímenes que el gobierno comete en el extranjero.

Es verdad que son numerosos los medios de prensa existentes en Francia. Pero también es cierto que se trata de una prensa extremadamente conformista y, por consiguiente, nada pluralista. Esto se refleja incluso en la unanimidad de esa prensa al presentar el semanario satírico ya que, al contrario de lo que afirma esa prensa, Charlie Hebdo se oponía a la libertad de expresión cuando abogaba por la ilegalización del Frente Nacional o militaba a favor de la censura de internet.

En todo caso, no podemos más que regocijarnos al ver la prensa retomar ¡por fin! la defensa de quienes son víctimas de ataques por lo que han dicho o escrito.

Sobre la pista yihadista Prosiguiendo su investigación tras la pista equivocada, la prensa francesa traza el perfil de los terroristas y se olvida de tratar de encontrar a los que les dieron las órdenes. Y nos dice, con la mayor seriedad, que esta ola de atentados se debe a una colaboración entre Al-Qaeda en Yemen y el Emirato Islámico, olvidando que esas dos organizaciones están en guerra entre sí desde hace más de un año, una guerra feroz que ya cuenta más de 3 000 víctimas en ambos bandos.

Son por lo tanto sorprendentes tales referencias, y es probable que dentro de poco aparezca algo –algún hecho o noticia– que vincule los hechos de París con Libia. En efecto, si Francois Hollande sigue los pasos de George W. Bush, bien pudiera decidir una intervención en Yemen, a pesar de que algo así no sería de interés para Francia. En todo caso, el general Puga, jefe del estado mayor particular de Hollande, está preparando actualmente una nueva intervención militar en Libia.

Esta última sería un blanco mucho más lógico ya que Francia podría esperar obtener ahora los dividendos que nunca llegaron en el momento de su primera intervención en Libia. Francia culminaría así el proyecto estadounidense de rediseño del «Medio Oriente ampliado», correspondiente a lo publicado en el New York Times por la periodista Robin Wright en septiembre de 2013 [3], proyecto que el Emirato Islámico ya está concretando en Irak y en Siria.
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[1] La Organización del Ejército Secreto, OAS según sus siglas en francés, fue creada en 1961 en el marco de la guerra sucia de Francia contra el movimiento de liberación de Argelia. [2] «¿Quién está detrás del atentado contra Charlie Hebdo? », por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 8 de enero de 2015. [3] “Imagining a Remapped Middle East”, Robin Wright, The New York Times Sunday Review, 28 de septiembre de 2013.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La promesa del crecimiento económico

Mar, 13/01/2015 - 22:01
Santiago Dunne, Rebelión

Pareciera ser que agregar el adjetivo “sustentable” a las cosas las hace ver inofensivas, que cuidan el medio ambiente y que son positivas. Podríamos hablar de la “comida sustentable”, “agricultura sustentable” o del “desarrollo sustentable”. En todos los casos la connotación que le confiere esa adición es diferente. Para nuestro caso, podríamos también hacerlo con el concepto de crecimiento y entonces tendríamos el “crecimiento sustentable”. Vamos a detenernos aquí y a analizar en detalle qué connotación deriva de esta utilización, su eventual viabilidad y si es la receta que necesita el mundo para enfrentar las diversas dificultades que atraviesa.

Lo primero que voy a sostener, y es desde el punto de vista literario, es que la expresión “crecimiento sustentable” constituye un verdadero oxímoron, es decir, se manifiestan juntos dos conceptos de significado contradictorio: el crecimiento no puede ser sustentable. El punto de partida para entender esto va a ser la Economía Ecológica, que estudia el problema entre la interrelación del sistema económico con el sistema natural.

Hablar de “crecimiento sustentable” es utilizar un artificio para pretender solucionar nuevos problemas con viejas teorías. Éstas constituyen hoy el mainstream en teoría económica, y tienen su raíz conceptual en un mundo completamente diferente al nuestro. Pensar el nuevo mundo bajo una concepción que ya no tiene correspondencia, puede ser uno de los primeros cambios intelectuales que debamos realizar.

El mundo en el que se desarrollaron esas teorías era el “mundo vacio”, según Herman Daly o la “Economía del Cowboy” según Kenneth Boulding, y corresponde a toda la historia hasta unos cincuenta años después de la revolución industrial. Hasta este punto, los problemas medioambientales eran locales y de pequeña escala. Conforme los avances científicos permitieron un boom demográfico sin precedentes, el mundo se fue llenando y la “frontera” a la cual uno podía siempre escapar si las condiciones de vida eran inadecuadas dejó de existir porque ya se encontraba habitada por otras personas, y entonces había que empezar a convivir con los problemas consecuentes de la degradación ambiental.

En este contexto, es entendible que la ciencia económica se haya concebido sin pensar en el medio ambiente en absoluto , sin importar si el tinte ideológico era marxista, keynesiano o neoliberal. Hoy día, la escala de los problemas ocasionados por la contaminación no puede ser negada y son más que evidentes. El mainstream en economía no puede dar una solución de fondo a ello porque aún tienen en su concepción un modelo que no se corresponde con la realidad actual. El problema que de aquí se deriva es que realizar razonamientos bajo premisas erradas conducirá a alternativas que no solucionarán el problema, a menos que se piense en un nuevo modelo.

El modelo clásico al cual hago referencia es aquél que se encuentra en todos los textos y cursos de economía y es el del flujo circular de la actividad económica. El mismo, muestra de manera simplificada las distintas interrelaciones entre los agentes económicos: las familias, las empresas y el Estado. Cualquier cosa que ocurra fuera de este modelo es una externalidad, algo que descompensa el equilibro y produce ineficiencia económica. El ejemplo clásico de una externalidad negativa es la contaminación. El lenguaje mismo indica que una “externalidad” se encuentra fuera de las condiciones de borde del modelo y se lo debe entonces “corregir” . Los economistas Pigou y Coase se han esforzado por esbozar estrategias que internalicen los costos, sin embargo, aunque útiles si son bien aplicadas, no contribuyen a dar con el problema en su esencia.

Existen dos maneras de pensar al medio ambiente: como un obstáculo, tal como ocurre hasta el presente, o como una condición de borde. La economía ecológica adopta un modelo según el segundo enfoque, basándose en los principios de la Termodinámica, y explica que la economía es un subsistema abierto perteneciente al sistema cerrado Tierra . Un sistema cerrado es aquel que importa y exporta energía solamente, mientras que la materia circula dentro pero no fluye a través de él. Por lo tanto, se trata de un sistema finito, de crecimiento cero y materialmente cerrado, aunque abierto a la energía solar.

Puesto en estos términos, se concibe entonces que la economía neoclásica se ve a sí misma como un todo. El sistema se puede expandir en el vacío, sin ningún costo ni consecuencias por seguir creciendo. La economía ecológica define al crecimiento como el aumento cuantitativo de las dimensiones físicas del subsistema económico y/o de la corriente de residuos producida por éste . Si la economía es el todo, puede crecer infinitamente porque no tiene frontera. Pero el Primer Principio de la Termodinámica nos dice que no podemos crear algo de la nada, por lo que toda producción humana debe estar basada en recursos provistos por la naturaleza. Estos recursos son transformados en el proceso productivo en algo que los humanos puedan darle algún uso, y esa transformación requiere trabajo. También nos asegura que cada residuo que se produzca no podrá desaparecer y permanecerá en el sistema. El Segundo Principio , llamado también la “Ley de la Entropía”, nos dice que cualquier recurso que transformemos en algo útil va a desintegrarse, decaer, romperse o disiparse, en algo menos útil, volviendo en forma de residuo al sistema que generó dicho recurso.

Bajo estos dos principios, el economista Georgescu-Roegen, nos invita a pensar a la economía como un “ sistema ordenado para transformar materias primas y energía de baja entropía en residuos y energía no disponible de alta entropía, proveyendo al hombre de un flujo psíquico de satisfacción en el proceso ”. La entropía aquí debe ser entendida como la calidad del recurso y su disponibilidad para ser aprovechado por el hombre.

Se deduce a partir de esta interpretación, que pensar la economía como un flujo lineal es el modelo más abarcativo y representativo de la realidad que necesitábamos, ya que incluye en su génesis la explotación de los recursos naturales y la consecuente generación de residuos que se produce en todas las etapas del ciclo de vida de un producto . Enseñar a los futuros tomadores de decisiones que la economía se comporta según el flujo circular es un pecado intelectual y académico, ya que es lo mismo que profesar la existencia de una máquina de movimiento perpetuo e ignorar el agotamiento de los recursos y la contaminación.

Según lo expuesto, el crecimiento no puede ser sustentable si apelamos a la definición provista por la economía ecológica, ya que tiene un límite físico impuesto por el mismo sistema natural. Por eso es que el Informe Brundtland utiliza tan sabiamente el término “desarrollo sustentable”. Mientras que el crecimiento tiene un techo, el desarrollo no, y este sí puede ser infinito , ya que según H. Daly es una “mejora cualitativa en la capacidad de satisfacer necesidades y deseos sin un aumento cuantitativo de las entradas/salidas de materia/energía, a través de la economía, por encima de la capacidad de carga del sistema Tierra”.

El mismo autor ha propuesto realizar una transición de una economía basada en el crecimiento físico y en el estancamiento moral a una economía basada en el equilibrio físico y el perfeccionamiento moral, llamada “ economía de estado estacionario ”. Expresó que este cambio debe ser realizado voluntariamente antes de que nos veamos obligados a hacerlo. Este planteo teórico no es inconcebible desde el punto de vista lógico, aunque sí pueda representar una imposibilidad política. No obstante, confía en que los políticos se den cuenta que deben empezar a regular el crecimiento mismo, en lugar de ocuparse sólo de los subproductos del crecimiento.

Se escucha hablar frecuentemente en los discursos de políticos y en las recetas de los economistas que el crecimiento económico es lo que necesita un país para mejorar la calidad de vida de las personas y reducir la brecha entre ricos y pobres. La promesa del crecimiento es la prosperidad para todos sin sacrificio para nadie. Es ineludible pensar que en un mundo donde persisten necesidades absolutas no satisfechas entre los pobres se requieren medidas basadas en la redistribución más que en el crecimiento. Pero en este caso sí debería haber sacrificio de algunos.

Es claro, entonces, que el salto esencial que hay que dar está en el plano de las ideas y los conceptos para poder pasar luego al de las acciones adecuadas. Pensar en una sociedad que transite la historia con respeto a todas las formas de vida es imposible si medimos la calidad de vida en base a artículos superfluos de todo tipo que la sociedad del consumismo nos hace creer que son indispensables, que tienen una vida útil planeada de pocos años, que dependen exclusivamente de combustibles fósiles y minerales agotables, y que nuestra felicidad depende no del valor de uso del bien sino de su valor de status, como lo señaló Thorstein Veblen en el siglo XIX. Los bienes que nos dan el status satisfacen necesidades llamadas relativas, o según Keynes: “aquellas que sólo experimentamos si su satisfacción nos eleva por encima de nuestro congéneres”. Éstas mismas son por su naturaleza insaciables.

Después de 41 años de la Cumbre de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente Humano, las mejoras absolutas son escasas y la esperanza en que la tecnología vaya a resolver todos los problemas parece ser una posición extremista basada más en la fe que en perspectivas fundadas. Si la propuesta final es el “crecimiento sustentable”, lo mejor que nos puede pasar es que disminuya un poco el ritmo al cual nos vamos perjudicando, con un final conocido que sólo deja el interrogante al cuándo.

Llegados a esta instancia, y habiendo fundamentado la imposibilidad e inconveniencia de un “crecimiento sustentable” se concluye sobre la importancia de cambiar las reglas del juego. El ecologista Brasileño Leonardo Boff escribe: “La misma lógica que explota clases y somete naciones es la que depreda los ecosistemas y extenúa el planeta Tierra”. Las nuevas conductas que debemos incorporar en el plano político, jurídico y técnico, deben estar orientadas a cambiar esa lógica y pueden tomar como buen punto de partida las enseñanzas de la tradición ancestral de los pueblos originarios de los Andes, bajo la figura de la Pachamama, o bien lo presentado por James Lovelock desde la Teoría de Sistemas, bajo el nombre de Hipótesis Gaia. Como lo explica Raúl Zaffaroni: “se trata del encuentro entre una cultura científica que se alarma y otra tradicional que ya conocía el peligro que hoy vienen a anunciar y también su prevención e incluso su remedio”. Quizás la incorporación al derecho constitucional de las personería jurídica de la naturaleza (como lo han hecho Ecuador y Bolivia), la adopción de una ética de cooperación derivada de las dos concepciones mencionadas y una economía que tenga bien en claro nuestra interrelación con la Tierra , nos muestren mejor el camino para alcanzar el verdadero desarrollo sustentable.

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El caos griego y sus efectos colaterales

Mar, 13/01/2015 - 14:09
Germán Gorraiz López, Alainet

Las reformas estructurales y fiscales que ha impuesto la Troika a países como Irlanda, Grecia, Portugal, España, Italia, Chipre, Malta y Eslovenia para modernizar la Administración pública y la sanidad, mejorar el mercado laboral y adaptar la presión fiscal a las circunstancias son principios genéricos que se han traducido en sucesivas subidas de impuestos, reducción de funcionarios, supresión de organismos públicos, recortes salariales y máxima flexibilidad en el mercado laboral aunado con una sensible pérdida de jirones del primigenio Carta Social Europea (CSE) o Carta de Turín de 1.961.

En el caso griego, la troika que comprenden la UE, el FMI y el BCE llevan tiempo presionando a Grecia con un riguroso programa de privatizaciones debido a su desorbitante Deuda Pública (de 320.000 millones de euros) y ha obligado a todos los partidos políticos a aprobar suicidas medidas de austeridad que han provocado la pérdida de más de 1 millón de puestos de trabajo y el ascenso imparable de formaciones como Syriza que propone la quita de 2/3 de la deuda helena el default o suspensión de pagos hasta que se retorne a escenarios de crecimiento económico.

Por otra parte, las reformas estructurales y fiscales para modernizar la Administración pública y la sanidad, mejorar el mercado laboral y adaptar la presión fiscal a las circunstancias (rebajar el IVA situado en la actualidad en el 23%,) se han traducido en subidas de impuestos, reducción de funcionarios, supresión de organismos públicos, recortes salariales , flexibilidad en el mercado laboral y brutal pérdida de puestos de trabajo (más de un millón desde el inicio de la crisis). Además, se estima que la deuda pública del país heleno ascenderá hasta el 200 % del producto interior bruto (PIB) en el 2015, existiendo el temor de que podría pasar del default (incumplir sus pagos) a la salida de la Eurozona (medida drástica que contaría con las bendiciones de su principal acreedor, Alemania) , por lo que “cada vez más empresas europeas y estadounidenses se preparan para lo que antes era impensable”, según The New York Times.

La exclusión de Grecia de la Eurozona supondría el finiquito de la Eurozona pues el resto de países periféricos (Portugal, España, Irlanda, Malta y Chipre), seguirá inexorablemente el movimiento centrífugo de Grecia y deberán retornar a sus monedas nacionales, sufrir la subsiguiente depreciación de las mismas y la regresión a niveles de renta propias de la década de los 70 , con el consiguiente efecto demoledor en los mercados bursátiles. ¿Nuevo crash bursátil en el 2015? La total retirada por la Fed en el 2015 de sus medidas de estímulo a la economía estadounidense aunado con una posible subida de tipos de interés hará que los inversionistas se distancien de los activos de renta variable y que los bajistas se alcen con el timón de la nave bursátil mundial, derivando en una psicosis vendedora que provocará que el Dow Jones de Industriales (situado por encima de la barrera ionosférica de los 17.000 puntos), salte por los aires y termine por desencadenar el estallido de la actual burbuja bursátil que sería hija de la euforia de Wall Strett (y por extrapolación del resto de bolsas mundiales) tras las políticas monetarias de los grandes bancos centrales mundiales que han inundado los mercados con centenares de miles de millones de dólares y euros con la esperanza de relanzar la economía, más aún cuando las colocaciones sin riesgo ( deuda de EEUU o de Alemania), no retribuían nada a los inversionistas.

El nivel suelo de las Bolsas mundiales, (nivel en el que confluyen beneficios y multiplicadores mínimos), se situaría en la horquilla de los 12.000-13.000 puntos en Mercados Bursátiles como el Dow Jones, debido a la mayor virulencia y profundidad que presenta la crisis económica y muy lejos de los estratosféricos valores actuales (superando los 17.000 puntos y rememorando valores de 1.997).

Así, los inversores empiezan ya a sentir el vértigo de la altura ya que se espera que a lo largo del 2015 baje el porcentaje de los resultados empresariales que se destinarán a dividendos así como el número de empresas que repartirán el mismo, con lo que inversionistas intentarán exponerse menos al riesgo con el consecuente efecto bajista en las cotizaciones de las acciones. Se habría así producido un cambio en las expectativas del mercado, existiendo ahora la convicción de que las políticas de rescate financiero ( Programa de Apoyo para activos con problemas (TARP) llevado a cabo por las Administraciones y las sucesivas bajadas de tipos de interés de la Fed y el BCE no habrían aliviado los problemas de liquidez de las entidades financieras, de lo que sería paradigma la reciente ampliación de capital del Santander.

Ello unido al incesante aumento de la Deuda externa de los países de la Eurozona contribuirá a que la prima de riesgo aumente lo que aunado con la reducción de las exportaciones europeas hacia los países emergentes debido a la severa constricción del comercio mundial podría originar el estancamiento de las economías europeas en el 2015, con lo que asistiremos a la enésima corrección a la baja de las optimistas previsiones del FMI para la economía mundial en el 2015 (tasas de crecimiento positivas del 1,5 % para la Eurozona; del 3% para EEUU, del 7,1% para China y del 3,7% para el conjunto del PIB mundial.

Si a ello le sumamos la persistencia del riesgo latente de un default controlado de los países periféricos europeos, las dudas sobre la capacidad de endeudamiento de EEUU, el estallido de la burbuja inmobiliaria en China que de producirse causaría un impacto a nivel global 10 veces superior al que provocó el colapso del emirato petrolero de Dubai, la existencia de factores geopolíticos desestabilizadores ( Siria, Irak, Libia, Ucrania) y el regreso de la especulación en las commodities agrícolas de la mano de los fondos de inversión podría producir una psicosis vendedora y originar un nuevo crack bursátil que tendría como efectos benéficos el obligar a las compañías a redefinir estrategias, ajustar estructuras, restaurar sus finanzas y restablecer su crédito ante el mercado y como daños colaterales la ruina de millones de pequeños inversores todavía deslumbrados por las luces de la estratosfera, la inanición financiera de las empresas y el consecuente efecto dominó en la declaración de quiebras.

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Por qué la ultraizquierda ha fracasado en América Latina

Mar, 13/01/2015 - 04:41
Emir Sader, Público

Desde finales del siglo pasado y, sobretodo, desde comienzos de este siglo se han instalado en América Latina gobiernos que son producto del fracaso del neoliberalismo. En la última década del siglo XX, amplios movimientos han resistido a los gobiernos neoliberales, hasta que, llegada la hora de construir alternativas, ha habido diferencias en el seno de la izquierda.

Algunos han preferido distanciarse de esa construcción tanto con eslóganes de impacto -“Que se vayan todos”, de los piqueteros argentinos-, como con visiones intelectualistas -“autonomía de los movimientos sociales” o “cambiar el mundo sin tomar el poder”-. Otros se han lanzado a la disputa de la hegemonía en la sociedad, construyendo alternativas nuevas, como en Ecuador y en Bolivia, o concentrando fuerzas en alternativas de la resistencia al neoliberalismo, como en Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay.

Pasada ya más de una década, es posible evaluar el debate de las realidades políticas existentes desde el punto de vista más concreto, y no sólo desde el prisma de las palabras. ¿Cuál es entonces el cuadro que presenta América Latina, ya en la segunda década del nuevo siglo?

Por una parte, se encuentran los gobiernos post-neoliberales, que han construido fuerzas con gran arraigo popular, gracias a la prioridad que dan a las políticas sociales en el continente más desigual del mundo. Además, a pesar de los pronósticos negativos de algunos, han logrado constituirse en los gobiernos de mayor apoyo popular y de mayor continuidad en el tiempo, pese a la profunda y prolongada crisis internacional del capitalismo.

Nadie puede sostener que la Argentina de los Kirchner sea igual a la de Carlos Menem, ni que el Brasil de Cardoso sea igual al de Lula y de Dilma, ni que el Uruguay previo al del Frente Amplio sea similar al del Frente. Vale igual para Venezuela, Bolivia, Ecuador. Con todos estos nuevos gobiernos han mejorado sustancialmente las condiciones de vida de la población en sus respectivos países. Todos esos gobiernos han articulado y fortalecido procesos de integración regional soberanos, participan, por medio de los Brics y de los acuerdos de Celac con China y con Rusia, en la construcción de un mundo multipolar, independiente respecto a la hegemonía imperial norteamericana.

Los gobiernos post-neoliberales latinoamericanos representan el polo progresista en un mundo todavía ampliamente dominado por el modelo neoliberal, disminuyendo la desigualdad, la pobreza y la miseria, mientras estas crecen en todo el mundo. No hay como negar que sean gobiernos progresistas, democráticos y populares, apoyados por la mayoría de su población, como nunca había ocurrido antes en la historia de estos países y del continente.

Del otro lado, los gobiernos que planteaban la autonomía de los movimientos sociales -autonomía respecto a la política, a los partidos, al Estado- no han logrado construir ninguna fuerza mínimamente significativa en ningún país del continente. Ni siquiera han dado cuenta de la desaparición de los piqueteros, que habían seguido sus orientaciones. Los 20 años del surgimiento de los zapatistas han sido conmemorados sin ningún balance de qué fuerza han construido hoy en México, de por qué han quedado -heroicamente, es cierto- recluidos en Chiapas, dejando de representar una referencia en la política nacional mexicana.

Son posiciones que se quedaron en las denuncias puntuales, en la crítica, mientras que las alternativas a los gobiernos progresistas están siempre en fuerzas de derecha, nunca de los sectores de ultraizquierda, que a menudo se alían a la derecha contra esos gobiernos.

El fracaso de la ultraizquierda en América Latina se da, ante todo, porque no han sabido valorar los extraordinarios progresos de los gobiernos post-neoliberales en el plano social. Al parecer, no tienen en cuenta las condiciones de vida del pueblo para valorar un gobierno. Tan alejados están del pueblo… No entienden el inmenso retroceso por el que ha pasado el mundo en las últimas décadas, con reflejos duros en América Latina, y que los gobiernos post-neoliberales son la forma que asume la izquierda contemporánea.

Porque la ultraizquierda no valora el debilitamiento de la hegemonía imperial norteamericana con el Mercosur, Unasur, Celac, el Consejo Sudamericano de Defensa, el Banco del Sur, los Brics. Porque no sabe valorar el rescate del Estado como agente activo para el crecimiento económico y la garantía de los derechos sociales.

La ultraizquierda, en lugar de aprender de la realidad concreta, ha asumido el cambalache: nada es mejor, todo es igual. Por ello, el pueblo le da la espalda, mientras sostiene a los gobiernos y fuerzas progresistas de América Latina. La realidad concreta confirma que hay quienes han logrado contestar al neoliberalismo con alternativas concretas, mientras que otros se han quedado en las palabras y los pequeños núcleos sectarios.

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Joseph Stiglitz: Europa y su lapsus de sin razón

Lun, 12/01/2015 - 16:00
Por fin, los Estados Unidos está mostrando señales de recuperación de la crisis que estalló a finales de la administración del presidente George W. Bush, cuando la casi implosión del sistema financiero conmocionó a todo el mundo. Pero, no es una recuperación fuerte; a lo sumo, la brecha entre donde la economía habría estado y donde está hoy no se está ensanchando. Si se está cerrando, lo está haciendo muy lentamente; los daños causados por la crisis parecen ser a largo plazo.

Sin embargo, podría ser peor. Al otro lado del Atlántico, hay pocas señales de, incluso, una recuperación modesta al estilo estadounidense: la brecha entre donde Europa está y donde habría estado en ausencia de la crisis sigue creciendo. En la mayoría de países de la Unión Europea, el PIB per cápita es menor al de antes de la crisis. Una media década perdida se está convirtiendo rápidamente en una década entera perdida. Detrás de las frías estadísticas, las vidas se arruinan, los sueños se desvanecen, y las familias se desintegran (o no se forman) a la par de que el estancamiento – que llega a ser depresión en algunos lugares – se arrastra año tras año.

La UE tiene una población con gran talento y alto nivel de educación. Sus países miembros tienen marcos legales sólidos y sociedades que funcionan bien. Antes de la crisis, la mayoría de estos países incluso tenían economías que funcionan bien. En algunos lugares, la productividad por hora – o la tasa de su crecimiento – era una de las más altas del mundo.

Sin embargo, Europa no es una víctima. Sí es verdad que Estados Unidos administró mal su economía; pero, no, no es verdad que EE.UU. de alguna forma se las arregló para imponer la peor parte de la caída mundial en los hombros de Europa. El malestar de la UE es auto-infligido, a causa de una sucesión, sin precedentes, de malas decisiones económicas, comenzando por la creación del euro. Si bien el euro se creó con la intención de unir a Europa, finalmente, lo que hizo fue dividirla; y, debido a la ausencia de la voluntad política para crear instituciones que permitan que una moneda única funcione, el daño no se está revertiendo.

El caos actual proviene en parte de la adhesión a una creencia que ha sido desacreditada desde hace ya mucho tiempo sobre que existen mercados en buen funcionamiento que no tienen imperfecciones de información y competencia. La arrogancia desmedida también ha jugado un papel. ¿Cómo, si no, se podría explicar el hecho de que año tras año los pronósticos de los funcionarios europeos sobre las consecuencias de sus propias políticas han sido consistentemente erróneos?

Estos pronósticos no han sido erróneos porque los países de la UE no lograron poner en práctica las políticas prescritas, sino porque los modelos sobre los que las políticas se basaron tienen graves deficiencias. En Grecia, por ejemplo, las medidas destinadas a reducir la carga de la deuda, en los hechos, dejaron al país más cargado de lo que estaba en 2010: el ratio deuda PIB se ha incrementado, debido a que el impacto de la austeridad fiscal lastimó a la producción. Al menos, el Fondo Monetario Internacional ha admitido estos fracasos intelectuales y de políticas.

Los líderes europeos siguen convencidos de que su prioridad máxima debe ser la reforma estructural. Pero los problemas a los que ellos apuntan se habían hecho evidentes en los años previos a la crisis, y en aquel entonces, dichos problemas no detenían el crecimiento. Lo que Europa necesita más que una reforma estructural dentro de sus países miembros es una reforma de la estructura de la propia eurozona, y una reversión de las políticas de austeridad, que han fracasado una y otra vez en su intento por reencender el crecimiento económico.

Se comprobó una y otra vez que los que pensaban que el euro no podría sobrevivir estaban equivocados. Sin embargo, los críticos han tenido razón en una cosa: a menos que la estructura de la eurozona se reforme y la austeridad se revierta, Europa no se recuperará.

El drama en Europa está lejos de terminar. Una de las fortalezas de la UE es la vitalidad de sus democracias. Pero el euro despojó a los ciudadanos – sobre todo en los países en crisis – de cualquier decisión que ellos pudiesen tener sobre su destino económico. En repetidas ocasiones, los votantes echaron a quienes buscaban la reelección, debido a que se encontraban insatisfechos con el derrotero por el que se desplazaba la economía – pero lo que ocurrió fue que el nuevo gobierno continuó por el mismo rumbo, mismo que se dicta desde Bruselas, Frankfurt y Berlín.

Pero, ¿por cuánto tiempo puede esto continuar? ¿Y cómo van a reaccionar los votantes? A lo largo y ancho de Europa, hemos sido testigos del alarmante crecimiento de los partidos nacionalistas extremistas, que se van contra los valores de la Ilustración que son los que han hecho que Europa logre tantos éxitos. En algunos lugares, crecen grandes movimientos separatistas.

Ahora Grecia pone a prueba una vez más a Europa. La caída del PIB griego desde el 2010 es mucho mayor que la caída que enfrentó Estados Unidos durante la Gran Depresión de la década de 1930. El desempleo juvenil es superior al 50%. El gobierno del primer ministro Antonis Samaras ha fallado, y ahora, debido a que el Parlamento no pudo elegir un nuevo presidente para Grecia, se celebrarán elecciones generales anticipadas el 25 de enero.

Syriza, el partido izquierdista de oposición, que se comprometió a renegociar los términos del rescate de Grecia llevado a cabo por la UE, está por delante en las encuestas de opinión. Si Syriza gana pero no llega al poder, un motivo principal será el miedo a cómo responderá la UE ante dicha elección. El miedo no es la más noble de las emociones, y no va a dar lugar al tipo de consenso nacional que Grecia necesita para seguir adelante.

El problema no es Grecia. El problema es Europa. Si Europa no cambia sus maneras de actuar – si no reforma la eurozona y rechaza la austeridad – una reacción popular será inevitable. Grecia podría mantener el rumbo en esta ocasión. Pero esta locura económica no puede continuar por siempre. La democracia no lo permitirá. Sin embargo, ¿cuánto más dolor tendrá que soportar Europa antes de que se restablezca el sentido común?
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Tomado de Project Syndicate. Traducción de Rocío Barrientos

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Joseph Stiglitz: Europa y su lapsus de sentido común

Lun, 12/01/2015 - 16:00
Por fin, los Estados Unidos está mostrando señales de recuperación de la crisis que estalló a finales de la administración del presidente George W. Bush, cuando la casi implosión del sistema financiero conmocionó a todo el mundo. Pero, no es una recuperación fuerte; a lo sumo, la brecha entre donde la economía habría estado y donde está hoy no se está ensanchando. Si se está cerrando, lo está haciendo muy lentamente; los daños causados por la crisis parecen ser a largo plazo.

Sin embargo, podría ser peor. Al otro lado del Atlántico, hay pocas señales de, incluso, una recuperación modesta al estilo estadounidense: la brecha entre donde Europa está y donde habría estado en ausencia de la crisis sigue creciendo. En la mayoría de países de la Unión Europea, el PIB per cápita es menor al de antes de la crisis. Una media década perdida se está convirtiendo rápidamente en una década entera perdida. Detrás de las frías estadísticas, las vidas se arruinan, los sueños se desvanecen, y las familias se desintegran (o no se forman) a la par de que el estancamiento – que llega a ser depresión en algunos lugares – se arrastra año tras año.

La UE tiene una población con gran talento y alto nivel de educación. Sus países miembros tienen marcos legales sólidos y sociedades que funcionan bien. Antes de la crisis, la mayoría de estos países incluso tenían economías que funcionan bien. En algunos lugares, la productividad por hora – o la tasa de su crecimiento – era una de las más altas del mundo.

Sin embargo, Europa no es una víctima. Sí es verdad que Estados Unidos administró mal su economía; pero, no, no es verdad que EE.UU. de alguna forma se las arregló para imponer la peor parte de la caída mundial en los hombros de Europa. El malestar de la UE es auto-infligido, a causa de una sucesión, sin precedentes, de malas decisiones económicas, comenzando por la creación del euro. Si bien el euro se creó con la intención de unir a Europa, finalmente, lo que hizo fue dividirla; y, debido a la ausencia de la voluntad política para crear instituciones que permitan que una moneda única funcione, el daño no se está revertiendo.

El caos actual proviene en parte de la adhesión a una creencia que ha sido desacreditada desde hace ya mucho tiempo sobre que existen mercados en buen funcionamiento que no tienen imperfecciones de información y competencia. La arrogancia desmedida también ha jugado un papel. ¿Cómo, si no, se podría explicar el hecho de que año tras año los pronósticos de los funcionarios europeos sobre las consecuencias de sus propias políticas han sido consistentemente erróneos?

Estos pronósticos no han sido erróneos porque los países de la UE no lograron poner en práctica las políticas prescritas, sino porque los modelos sobre los que las políticas se basaron tienen graves deficiencias. En Grecia, por ejemplo, las medidas destinadas a reducir la carga de la deuda, en los hechos, dejaron al país más cargado de lo que estaba en 2010: el ratio deuda PIB se ha incrementado, debido a que el impacto de la austeridad fiscal lastimó a la producción. Al menos, el Fondo Monetario Internacional ha admitido estos fracasos intelectuales y de políticas.

Los líderes europeos siguen convencidos de que su prioridad máxima debe ser la reforma estructural. Pero los problemas a los que ellos apuntan se habían hecho evidentes en los años previos a la crisis, y en aquel entonces, dichos problemas no detenían el crecimiento. Lo que Europa necesita más que una reforma estructural dentro de sus países miembros es una reforma de la estructura de la propia eurozona, y una reversión de las políticas de austeridad, que han fracasado una y otra vez en su intento por reencender el crecimiento económico.

Se comprobó una y otra vez que los que pensaban que el euro no podría sobrevivir estaban equivocados. Sin embargo, los críticos han tenido razón en una cosa: a menos que la estructura de la eurozona se reforme y la austeridad se revierta, Europa no se recuperará.

El drama en Europa está lejos de terminar. Una de las fortalezas de la UE es la vitalidad de sus democracias. Pero el euro despojó a los ciudadanos – sobre todo en los países en crisis – de cualquier decisión que ellos pudiesen tener sobre su destino económico. En repetidas ocasiones, los votantes echaron a quienes buscaban la reelección, debido a que se encontraban insatisfechos con el derrotero por el que se desplazaba la economía – pero lo que ocurrió fue que el nuevo gobierno continuó por el mismo rumbo, mismo que se dicta desde Bruselas, Frankfurt y Berlín.

Pero, ¿por cuánto tiempo puede esto continuar? ¿Y cómo van a reaccionar los votantes? A lo largo y ancho de Europa, hemos sido testigos del alarmante crecimiento de los partidos nacionalistas extremistas, que se van contra los valores de la Ilustración que son los que han hecho que Europa logre tantos éxitos. En algunos lugares, crecen grandes movimientos separatistas.

Ahora Grecia pone a prueba una vez más a Europa. La caída del PIB griego desde el 2010 es mucho mayor que la caída que enfrentó Estados Unidos durante la Gran Depresión de la década de 1930. El desempleo juvenil es superior al 50%. El gobierno del primer ministro Antonis Samaras ha fallado, y ahora, debido a que el Parlamento no pudo elegir un nuevo presidente para Grecia, se celebrarán elecciones generales anticipadas el 25 de enero.

Syriza, el partido izquierdista de oposición, que se comprometió a renegociar los términos del rescate de Grecia llevado a cabo por la UE, está por delante en las encuestas de opinión. Si Syriza gana pero no llega al poder, un motivo principal será el miedo a cómo responderá la UE ante dicha elección. El miedo no es la más noble de las emociones, y no va a dar lugar al tipo de consenso nacional que Grecia necesita para seguir adelante.

El problema no es Grecia. El problema es Europa. Si Europa no cambia sus maneras de actuar – si no reforma la eurozona y rechaza la austeridad – una reacción popular será inevitable. Grecia podría mantener el rumbo en esta ocasión. Pero esta locura económica no puede continuar por siempre. La democracia no lo permitirá. Sin embargo, ¿cuánto más dolor tendrá que soportar Europa antes de que se restablezca el sentido común?
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Tomado de Project Syndicate. Traducción de Rocío Barrientos

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Europa pierde la batalla frente al fantasma deflacionario

Lun, 12/01/2015 - 12:01
La zona euro ha perdido la batalla contra la deflación con la caída de -0,2 por ciento en el índice general de precios de diciembre. Este hecho da cuenta de la gravedad de la crisis financiera desatada en 2008 que a lo largo de seis años ha sido minimizada por los líderes europeos sin dar ninguna respuesta acertada de política económica. Si bien la "inflación subyacente", que excluye la fluctuación de los precios de la energía y los alimentos, sigue siendo positiva, es muy baja para los estándares históricos. La economía funciona mejor cuando la inflación es predecible y estable y no cuando los precios son decrecientes, como muestra la gráfica. Este imparable descenso en el nivel de precios que cada mes se acentúa, es un claro reflejo de que Europa ha perdido el rumbo. A seis años de la quiebra de Lehman Brothers la producción europea no ha vuelto a los niveles alcanzados en 2007 y las condiciones de vida se hacen cada vez peores, aunque los índices bursátiles escalen hacia nuevas y exitosas alturas.

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La “civilización occidental” y la pesada herencia del colonialismo

Lun, 12/01/2015 - 01:59
Pierre Beaudet, Europe solidaire

La matanza del 7 de enero en París quedará en la memoria como un acto criminal contra la libertad de expresión. Charb, Cabu y los demás animadores de Charlie-Hebdo nos habían hecho reflexionar durante muchos años con su humor corrosivo. Hoy, cuando la derecha y la extrema derecha les santifican como víctimas de los enemigos de la “civilización”, deben estar contemplando con una sonrisa forzada cómo, habiendo denunciado el colonialismo, resultan estar tan defendidos por los nostálgicos del colonialismo.

Esas mismas víctimas se revolverían también en su tumba leyendo a Christian Rioux (Le Devoir, 9 de enero) que lanza un llamamiento, en nombre de Moliere, en defensa de la “civilización” francesa, por no decir “occidental”, amenazada en su opinión por el islam radical. La Francia “moderna” es la hija de varios centenares de años de depredación colonial, que comenzaron con el “triángulo de la muerte” impuesto a África y a las Américas a partir del siglo XVII. Los regímenes franceses, incluyendo los que aparecieron después de la revolución de 1789 esclavizaron a millones de africanos. Perpetraron genocidios olvidados en las Américas. El capitalismo “moderno” tomó forma en aquellas horribles plantaciones que hicieron la fortuna de los mercaderes franceses. Luego, en el siglo XIX, Francia se lanzó a otras espantosas aventuras coloniales, en África del Norte y en Vietnam en particular, en las que centenares de miles de personas fueron muertas, despojadas, transformadas en semiesclavas. En esos países, se recuerda aún al ejército francés que tomaba como rehenes a las poblaciones en las zonas llamadas rebeldes para asfixiarlas con humo hasta la muerte. Recordemos también que el estado francés practicaba estas depredaciones en nombre de la “civilización” y del “progreso”, para salvar a los colonizados de la “barbarie”. Hasta en los años 1960, la Francia colonial hizo y deshizo a su antojo, a pesar de la oposición en la propia Francia, por parte de resistentes uno de cuyos herederos es Charli-Hebdo.

Hay que decir finalmente que las prácticas coloniales se han reproducido en la propia Francia. Los habitantes de las colonias hambrientas y desposeídas han afluido a Francia para ocupar los empleos con bajos salarios y condiciones miserables. Han contribuido con el sudor de su frente a esta Francia “moderna” y capitalista, sufriendo la represión cotidiana e incluso las matanzas, como el asesinato por la policía de decenas de manifestantes pacíficos en la calle para reclamar la independencia de Argelia, el 17 de octubre de 1961. Aún hoy, la discriminación es sistémica en esta Francia “civilizada”. El establecimiento de perfiles raciales contra los jóvenes de ascendencia árabe o africana está bien documentado, aunque no guste a algunos contadores de historias, lo que no quiere decir que de los 4-6 millones de inmigrantes en Francia todos conozcan malos tratos. Pero, plantearos la pregunta: ¿quién vive en las viviendas protegidas de los alrededores de París, Marsella y de los grandes centros urbanos? Id a ver. En muchas ocasiones, movimientos populares franceses, no solo los de la inmigración, han pedido cambios radicales, más allá de las bellas promesas.

Desde hace algún tiempo, Francia, desde Sarkozy a Hollande, ha decidido alinearse totalmente con la guerra sin fin orquestada por los Estados Unidos en nombre de la lucha contra el “terrorismo”. La Francia “civilizada” parece preferir defender “sus” inversiones en su coto cerrado postcolonial, particularmente en África, a la vez que participa en el apoyo de las dictaduras de Irak, Afganistán o Arabia Saudita. Para los “socialistas” franceses, se añade que todo esto se hace una vez más en nombre de la “civilización”, para “salvar a los indígenas”. En realidad, las exacciones del Estado Islámico o de Al Qaeda son aún “pálidas” si se comparan a lo que hacen los aviones americanos y sus ayudantes locales sobre el terreno, matando, violando y torturando a miles de iraquíes, de sirios, de palestinos, yemenitas o afganos…

¿Excusa esto a los partidarios del Estado Islámico? Ciertamente no. Además de violar los derechos con prácticas sectarias y criminales, estos movimientos, a fin de cuentas, hacen el juego a las potencias, puesto que les permiten pretender actuar para “salvar a los afganos”, por retomar un ejemplo bien conocido. Ahora bien, organizaciones populares en esa región del mundo luchan y resisten. Luchan en condiciones de una increíble adversidad a la vez contra regímenes podridos apoyados por los Estados Unidos y sus aliados-subalternos como Francia y Canadá, y contra organizaciones terroristas que se reclaman del islam político. No se las oye, no se las apoya. ¿Por qué?

Hoy, para ser leal a la tradición de Charlie-Hebdo, hay que impedir una deriva autoritaria y antiimigrante en nombre de la “civilización”. Hay que aislar elementos terroristas a la vez que se hacen fracasar las políticas sin fin puestas en pie por las potencias, y que están en la base de nuestro mundo a la deriva. Hay que llevar a cabo la batalla de las ideas contra la islamofobia reproducida a lo largo de la jornada por medios complacientes para acentuar el giro a la derecha. No será sencillo…

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Paul De Grauwe: Grecia, la rebelión de los deudores

Dom, 11/01/2015 - 16:07
Paul De Grauwe, Ivory Tower

La crisis de la deuda griega que estalló en 2010 ha vuelto, y otra vez amenaza la estabilidad de la zona euro. Esa crisis fue el resultado de dos factores. En primer lugar, de un gasto desenfrenado, tanto del sector privado como del sector público, en Grecia durante los años de auge de 2000-2010, lo que llevó a unos enormes niveles de deuda insostenibles. En segundo lugar, de los imprudentes préstamos a Grecia de los bancos del Norte de la zona euro. En ningún momento los banqueros del Norte se preguntaron si los griegos podrían devolver los préstamos.

La UE eligió resolver la crisis de la deuda castigado a los griegos y rescatando a los banqueros del Norte. Se impuso a Grecia un programa de austeridad punitiva, cuyos efectos son visibles en todas partes en ese país. Una disminución en el PIB de cerca del 25% desde 2010, un aumento del desempleo a un nivel que no hemos visto desde los años treinta, y el empobrecimiento de grandes sectores de la población griega.

Los bancos quedaron en gran medida impunes. Es cierto que hubo una reestructuración de la deuda griega en manos de inversores privados. Algunos bancos pagan el precio del crédito excesivo concedido a Grecia, pero la mayoría de los bancos escaparon ese destino trasladando sus perdidas griegas al sector público. Esos bonos de deuda están ahora en manos de los gobiernos nacionales y el Banco Central Europeo. Y estos quieren recuperar su dinero sin importarles las consecuencias para el pueblo y el sistema político griegos.

La versión oficial de este enfoque es que la estricta austeridad que se impuso a la población griega es inevitable y al final dará sus frutos. ¿Inevitable? Sí, por supuesto, si el objetivo es salvaguardar los intereses de los acreedores, entonces no queda más que una posibilidad: los griegos tienen que devolver hasta el último céntimo. ¿Funcionará al final? Sí, por supuesto, si la austeridad se mantiene el tiempo suficiente acabará produciendo y transfiriendo recursos desde Grecia hacia el Norte rico de la zona euro.

Esta versión, sin embargo, pierde de vista las convulsiones políticas provocadas por la miseria humana que ha provocado una austeridad tan estricta. Los millones de personas que son arrojadas a la miseria por los acreedores del norte de Europa no son sujetos pasivos. No sólo protestan en las calles, algo que los acreedores pueden sobrellevar fácilmente. También votan por los partidos políticos que les prometen una manera mejor de lidiar con el problema. Y estos son los partidos que están dispuestos a romper el orden político y social establecido.

Es terrible ver como la elite política europea ha estado viviendo en un capullo, incapaz de ver las implicaciones políticas y sociales de los programas de austeridad estricta que impusieron a países como Grecia (pero también a otros países de la periferia). Esa elite política todavía no ha aprendido la lección. La primera reacción del ministro alemán de Finanzas, tras el anuncio de nuevas elecciones en Grecia fue que había que mantener a toda costa la disciplina necesaria para continuar con el programa de ajuste.

¿Qué hacer? Mucho dependerá de los resultados de las elecciones en Grecia. El partido de extrema izquierda, Syriza, busca flexibilizar la dureza de los programas de austeridad y negociar una reestructuración de la deuda con las autoridades europeas. Es bastante sorprendente descubrir que estas reivindicaciones, de hecho, se basan en un análisis correcto del problema griego. A pesar de la austeridad, que ha sido extraordinariamente dura, la deuda pública griega ha aumentado y ahora excede el 170% del PIB. El peso de esa deuda es tan alta que los futuros gobiernos griegos no podrán continuar pagando los intereses que provoca.

En lugar de negar esta realidad, los ministros de Finanzas de la UE deben comenzar ha enfrentase a ella. Deberían empezar a pensar en la forma en la que puede ayudar a aliviar la carga de la deuda griega. Negar esta realidad condena a Grecia a muchos más años de miseria y fomentará aún más los movimientos políticos extremistas en el país.

El riesgo hoy es que los líderes políticos de la eurozona se niegan a aliviar la deuda griega (y la de otros países de la periferia). En ese caso, es inevitable una crisis profunda de la zona euro. Aunque Syriza no gane las próximas elecciones, los partidos extremistas lo harán en futuras elecciones. Esto va a ser muy perjudicial para la zona euro en su conjunto.

La historia nos enseña que después de una crisis de la deuda es imprescindible alcanzar un equilibrio entre los intereses de los acreedores y de los deudores. El enfoque unilateral que se ha adoptado en la zona euro, en la que los deudores se han visto obligados a soportar todo el peso del ajuste, casi siempre conduce a una rebelión de esos deudores. Es lo que está ocurriendo en Grecia. Sólo se puede frenar si los acreedores se atreven a enfrentarse a esta realidad.
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Tomado de Sin Permiso. Traducción de Enrique García

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