Jaque al neoliberalismo

Distribuir contido
Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6573125
Actualizado: fai 18 horas 26 min

El tiempo se detiene en Johannesburgo

Mér, 28/09/2016 - 15:04

Alejandro Nadal, La Jornada

Los elefantes tienen un oído extraordinario y pueden escuchar los sonidos que emiten a varios kilómetros de distancia. Además, tienen en la planta de los pies unos biosensores que registran todo tipo de vibraciones. Esto les permite escuchar a través de la base de sus poderosas patas. En un fuerte contraste con esta capacidad para escuchar de los elefantes, los humanos parece que no podemos o no queremos escuchar.

Hoy el tráfico y comercio (legal e ilegal) de especies amenazadas es una de las más poderosas fuerzas detrás de la extinción de especies y la pérdida de biodiversidad. La Convención sobre comercio internacional de especies amenazadas (CITES, por sus siglas en inglés) es un instrumento legal para hacer frente a esta amenaza. En estos días se lleva a cabo la decimoséptima conferencia de las partes en Johannesburgo, Sudáfrica. ¿Qué es lo que está en juego aquí? La suerte de miles de especies que son objeto de explotación comercial, legal e ilegal, depende de las resoluciones que adopte esta Conferencia de las Partes (CoP17).

La convención CITES busca controlar y regular los flujos comerciales de flora y fauna silvestre de especies amenazadas. Sin embargo, en muchos casos la misma convención se ha convertido en una organización disfuncional que promueve la liberalización comercial y socava sus objetivos sobre conservación. El ejemplo más sobresaliente es el de los elefantes y el mercado mundial de marfil.

En 1989 la CITES impuso una prohibición sobre el comercio internacional de marfil. Los niveles de cacería furtiva descendieron y durante una década las poblaciones de elefantes pudieron experimentar cierta recuperación. Pero en 1999 la presión para abrir el comercio internacional de marfil logró que la CITES autorizara una primera venta experimental y supuestamente única, de marfil. Así se autorizó la venta de 50 toneladas de Botswana, Namibia y Zimbabwe a Japón. Diez años más tarde se autorizó una segunda venta única y se dio luz verde a la venta de otras 108 toneladas a China.

O sea que la famosa interdicción de comercio internacional no ha sido tan estricta como mucha gente piensa. El renacimiento del mercado de marfil no se hizo esperar y el efecto sobre las cotizaciones fue inmediato: el precio de marfil subió de 200 a más de mil 400 dólares estadounidenses por kilogramo entre 2002 y 2011.

Al mismo tiempo la cacería de elefantes aumentó vertiginosamente hasta superar los 30 mil elefantes cada año. En promedio cada elefante muerto contribuye con 10 kilos de marfil y eso significa que la masacre de estos animales inyecta unas 300 toneladas de marfil al mercado mundial. De ese total unas 30 toneladas anuales son objeto de decomisos aduanales en los países por donde transita el marfil. Las restantes 270 toneladas anuales llegan efectivamente al mercado ilegal de marfil, sobre todo en Asia.

El vínculo entre el mercado legal y el flujo de marfil obtenido de la cacería ilegal de elefantes es inmediato. Y si alguien no lo cree, que considere los siguientes elementos. El suministro de materia prima (marfil crudo) para los procesadores legales del mercado chino se integra por lo que queda de la venta única de 2008. Pero es un débil riachuelo comparado con el torrente que alimenta hoy en día el comercio rozagante y vigoroso de marfil. Esas 270 toneladas de marfil ilegal están siendo lavadas y comercializadas por los conductos que sirven al mercado legal.

Este punto es crucial: la división entre el mercado legal y el tráfico ilegal es una construcción artificial que no corresponde a la realidad. El marfil ilegal que encuentra su camino hasta las tiendas al menudeo utiliza los canales de transporte, almacenamiento y comercialización del comercio legal. Por eso se necesita abolir todos los mercados de marfil, tanto en el plano doméstico como en la dimensión internacional.

En 1935 George Orwell escribió un pequeño cuento intitulado Matar a un elefante. Los acontecimientos se desarrollan en Birmania. Es el relato en primera persona de un policía colonial que es llamado a matar un elefante que se ha rebelado y está destruyendo casas y plantíos. Este policía es el único que tiene un rifle capaz de matar al paquidermo y cuando por fin lo tiene en la mira, todo el mundo y el tiempo parecen detenerse. La muchedumbre que ya se ha reunido espera ansiosamente el disparo fatal. Cuando el policía por fin oprime el gatillo, y aún antes de que la bala llegue a su destino, el animal sufre una misteriosa y terrible transformación: es como si hubiera recibido un golpe y ahora fuera inmensamente viejo, como si le hubiera afectado una indescriptible senilidad. Arrugado y enjuto, el animal se pone de rodillas antes de comenzar una lenta agonía.

Aquí en Johannesburgo el tiempo también parece detenerse mientras se discute la suerte de los elefantes. Si no se logra abolir el mercado mundial de marfil, muy pronto los veremos más avejentados y marcados por el signo de la extinción.
_________
Ver: El gran censo de los elefantes

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

El timo de la deuda soberana

Mér, 28/09/2016 - 07:01
"El neoliberalismo es la respuesta a un gran fracaso de dimensiones históricas, a saber, la incapacidad del capital para mantener tasas de ganancia adecuadas"
Alejandro Nadal “El crédito, que es un ingreso consumido antes de haberse realizado, puede posponer el momento en el que el capitalismo alcance sus límites sistémicos, pero no puede abolirlo. Incluso el mejor de los encarnizamientos terapéuticos debe concluir algún día”
Anselm Jappe
Alfredo Apilánez, Trampantojos y Embelecos

Deudocracia“La misión de estas instituciones es transferir, bajo las más diversas formas, masas colosales de riqueza al sector financiero”. El lapidario diagnóstico del economista brasileño Theotonio dos Santos describe la esencia de la función de los bancos centrales “independientes” como puntales de la aguda expropiación financiera característica del neoliberalismo contemporáneo. El relativamente saneado -hasta la virulenta crisis actual- Estado brasileño emite bonos del tesoro no porque tenga deudas (desde hace 20 años Brasil, un país fuertemente exportador, tiene superávit fiscal primario antes del pago de intereses), sino para otorgar jugosos réditos a los fondos de inversión y a la gran banca privada internacional.

¿Por qué un país con superávit en las cuentas públicas tiene que aumentar su deuda con los mercados financieros, extrayendo el flujo de pagos de intereses de los impuestos de los inermes ciudadanos? Tampoco la ortodoxia viene al rescate del chanchullo: “Al definir la función del Estado, no hay ningún teórico de la corriente neoliberal que incluya entre sus deberes lanzar títulos de deuda con altas tasas de interés sin tener ninguna deuda derivada de los llamados ‘fines’ del Estado”. La surrealista coyuntura muestra el quid de la cuestión, más cercano al flagrante latrocinio que a la aséptica microeconomía friedmaniana, acerca del papel real del sanedrín de las finanzas brasileñas: “Se trata de una expropiación de los recursos obtenidos por los distintos tipos de ingresos fiscales para transferirlos al sistema financiero bajo los pretextos más increíbles y las maneras más inventivas”.

La perversidad del proceso se aprecia en que los intereses del pago de esa deuda “odiosa” generada por “la dinámica de los mercados” empujaron a Brasil, en las amargas palabras de Dos Santos “a un falso déficit fiscal, que debe ser cubierto con ajustes, reduciendo el gasto público destinado a satisfacer las necesidades de nuestra población”. Bajo la consabida excusa, típica de la vulgata neoliberal, de contener la inflación y atraer capitales foráneos el banco central “neocon” mantuvo elevadísimas tasas de interés para alborozo de los bancos privados y de los hombres de “trajes caros de Wall Street”, que recibían jugosos réditos del generoso regalo de su “troyano” en la sometida economía del gigante sudamericano: “Ningún razonamiento económico razonable, ningún estudio empírico serio, ningún estudio de caso capaz de probar la relación absurda entre los aumentos desproporcionados en las tasas de interés y contención de la inflación (…) se presentó para el debate con el pueblo brasileño que justifique la transferencia de alrededor de 1 billón de reales en pago de intereses al privilegiadísimo 1% del pueblo brasileño”. Esta “institución monstruosa”, en los lúgubres términos de Dos Santos, funge pues como venal mamporrero del gran capital transnacional, estrechamente confabulado con ese 1% de élites extractivas autóctonas para dejar expedita la vía de la confiscación masiva de riqueza de los trabajadores brasileños.

A tenor de lo anterior, no cabría pues sorprenderse de que el nuevo gobierno neoliberal de Brasil surgido del pseudogolpe contra Rousseff –quizás haya sido éste uno de los “inconfesables” motivos de su taimada defenestración- tenga entre sus prioridades “dar completa independencia al Banco Central” para alejarlo de deletéreas “interferencias políticas”: business as usual. Sin embargo, el banco central de Brasil no es más que un clon desvaído y subalterno de sus todopoderosos “hermanos mayores”.

Todo el armazón superestructural del capitalismo contemporáneo –el FMI, el BIP y la furibunda embestida de las huestes neoliberales surgida del inveterado Consenso de Washington y esparcida a los cuatro vientos por la miríada de cabilderos y think tanks que difunden profusamente el evangelio- se fundamenta, cual dogma de fe de la ortodoxia y máxima primordial de la gestión responsable, en el principio de independencia de la banca central.

Costas Lapavitsas resume, muy didácticamente, el fondo del asunto: “Los bancos centrales han cobrado más prominencia, reforzados por una independencia tanto legal como práctica. Miran con benevolencia el exceso especulativo financiero, mientras movilizan recursos sociales para rescatar a los financistas de la crisis”.

En una iluminadora entrevista, con la suficiencia y el cuajo del que no rinde cuentas ante nadie, Alan Greenspan, gobernador de la Reserva Federal de Estados Unidos hasta poco antes del crack de 2007 –el mismo que, cumpliendo su papel de fiel escudero de Wall Street, alimentó la megaburbuja inmobiliaria estimulando el festín de ‘derivados’ y la desregulación financiera de los días de vino y rosas- explica, en román paladino, el orden de prioridades: "¿Cuál es la relación adecuada -lo que debería ser- la relación adecuada entre el gobernador de la Fed y el presidente de los Estados Unidos?"

Respuesta: "En primer lugar, la Reserva Federal es una agencia independiente. Y eso significa, básicamente, que no hay ninguna otra agencia del Gobierno que pueda anular las acciones o decisiones que tomamos. Mientras que cada uno esté en su lugar -y no hay evidencia de que la administración o el Congreso o cualquier otra persona esté solicitando que hagamos las cosas de manera distinta a lo que nosotros creemos que es lo más apropiado-, entonces, el tipo de relación que haya, francamente, no importa en absoluto”. A confesión de parte, relevo de pruebas.

La institución con más influencia en las condiciones que determinan el bien común –nivel de salarios, intereses de los préstamos, privatizaciones de servicios públicos, patrocinio furibundo de políticas de austeridad y recortes de gasto público, precios de los activos inmobiliarios, etc.- es un consorcio privado secretista –desde 2006 es imposible conocer el monto de activos monetarios puestos en circulación por la impresora de la FED- que maneja a discreción “el activo más valioso de la República”. Como banco central “independiente” regula la oferta monetaria -el derecho a imprimir dinero en cualquier cantidad de la moneda de reserva mundial (el privilegio exorbitante)- y funge como el puntal maestro de la arquitectura del sistema financiero internacional –los bonos del Tesoro del manirroto Tío Sam-.

El esquema se repite: la “máquina de succión” de la deuda pública volcando ‘masas colosales de riqueza’ real al sector financiero. La FED produce dólares –dinero electrónico en cantidades astronómicas-. Con la intermediación de los bancos comerciales –la mayor parte, sus propios accionistas- los presta al gobierno de Estados Unidos a cambio de bonos del tesoro que financian la descomunal deuda del Gobierno federal y que le sirven como «garantías». Los bancos de la FED, en posesión de esos títulos perciben colosales flujos de intereses vía extracción de recursos fiscales. “En 2011, el Gobierno federal de los Estados Unidos pagó 454.000 millones de dólares en intereses sobre la deuda federal (casi ¡un tercio! del total de 1.1 billones de dólares pagados en impuestos sobre la renta ese año) en una colosal transferencia de rentas del trabajo hacia la expropiación financiera”. ¿Por qué cuando la FED pone dinero nuevo en el mercado lo hace contra deuda pública en manos de la banca privada con intereses que asume el estado?, ¿existe alguna justificación “técnica” de tan depurado y clamoroso latrocinio? El reputado economista James Galbraith nos lo aclara: “¿Podría el Tesoro ahorrarse este galimatías (sic) y pagar sus cuentas sin la existencia de los bonos? Económicamente, claro. ¿Por qué no lo hace? (…) La respuesta es simple: al hacerlo revelaría que la “deuda pública” es una ficción y el techo de la deuda una farsa. No hay nada que haga de los bonos algo económicamente necesario. Esto es evidente en cuanto la Reserva Federal vuelve a comprar muchos de ellos, entregando al público el dinero que habría tenido en primer lugar”. Eso sí, convertido en préstamos bancarios productores de jugosos réditos para los “dueños del casino”.

El otro lado del AtlánticoMientras tanto, en las ruinas de la vieja Europa, el “guardián del euro”, surgido del conciliábulo neoliberal del Tratado de Maastricht como copia depurada de su “padrino” estadounidense, es el ejemplo más aquilatado de este distópico paradigma. En aras del sagrado principio de “independencia” y de la preservación de su autonomía de cualquier instancia de control democrático, tiene taxativamente prohibido financiar directamente a los gobiernos de la zona euro –el sacrílego papel de prestamista de último recurso-. Son los bancos y las instituciones financieras privadas –¿les suena?- las que gozan del “escandaloso privilegio” –Eric Toussaint dixit- del monopolio del crédito al sector público. Así resume Toussaint el recurrente cambalache: “Desde 2010, el BCE compra títulos de la deuda pública en el mercado secundario: no los compra directamente a los Estados sino a los bancos que, a su vez, los compraron en el mercado primario a los Estados, y que no saben cómo desembarazarse de ellos. (…) Si el BCE comprase títulos públicos en el mercado primario, se aportaría una financiación directa a los Estados”. Carlo Vercellone explica el punto clave: “El resultado es que en la eurozona los Estados se encuentran privados de la existencia de un prestatario de última instancia y dependen de los mercados para su financiación. De este modo ha podido instalarse el gobierno de la renta a través de la deuda soberana, un gobierno ya explícito que dicta las políticas económicas de austeridad y de expropiación de las instituciones del bienestar social”.

Las implicaciones de este “golpe de Estado” silencioso de las finanzas modernas son fabulosas. Los Estados, carentes de soberanía monetaria, son empujados hacia las voraces fauces del capital financiero ante la imposibilidad de financiarse directamente a través del banco central –artículo 101 del Tratado de Maastricht-. Como explica Nadal: “La separación en compartimentos estancos de la política fiscal y de la política monetaria pone de rodillas al estado moderno frente a los caprichos de los mercados financieros. Los poderes soberanos se han degradado al rango de clientes del sistema financiero internacional y los objetivos de desarrollo se someten a los dictados del capital financiero”. Para los países “parias”, aplastados por los ataques especulativos de los “bazukas” de los hedge funds y las agencias de rating contra sus ruinosas arcas públicas, sólo resta probar el aceite de ricino de los “rescates”, los ajustes estructurales y la “consolidación” fiscal, aplicados “magnánimamente” por los obsecuentes gobiernos entregados con armas y bagajes a la implacable troika.

Mientras, el hierático Mr. Dragui envaina el látigo de siete colas que emplea para fustigar a los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España) para acudir solícito al rescate de sus adláteres de la gran banca -atiborrada aún de activos tóxicos producto del derrumbe hipotecario de 2008- dejando expedito el camino para retornar a la senda de las burbujas de activos y la hipertrofia crediticia. Ni siquiera- dicho sea de paso- la política monetaria del BCE cumple con su función estatutaria –mantenimiento de la estabilidad de precios- al haber fracasado en el objetivo de crear inflación moderada. La colosal inyección de liquidez a la banca, llevada al paroxismo con el ‘relajamiento cuantitativo’, no ha ido a parar a la inversión productiva –no ha hecho acto de presencia el llamado ’efecto goteo’ hacia las PYMES y empresas no financieras- sino a la hipertrofia de los mercados bursátiles y al inflado de nuevas y más formidables burbujas de activos-que, curiosamente, no son inflacionarias ya que el precio de la vivienda no está incluido en el IPC-. Incluso las propias corporaciones multinacionales-que también reciben su parte del pastel, vía adquisición de bonos empresariales en la última Quantitative Easing (QE)-, se apuntan al casino: “¿Y qué hacen las corporaciones con esos enormes recursos que no invierten? Se destinan, ya sea al casino financiero, a comprar sus propias acciones (y así subir su precio en forma artificial − y los bonos de fin de año de los ejecutivos-), repartir dividendos astronómicos, a comprarse unas a otras a precios siderales (para así poder coludir en forma legal, al mismo tiempo que eludir impuestos), a incrementar salarios y beneficios de ejecutivos y a contribuir a sus fondos de pensiones”.

Los manuales de economía ni siquiera mencionan estos hechos. La función del banco central es envuelta en una “música celestial” –búsqueda de la estabilidad de precios, pleno empleo (excepto en el caso del ultraliberal BCE, que ni siquiera incluye este objetivo “social” en su mandato), operaciones de mercado abierto, emisión de moneda de curso legal, fijación del tipo de interés, ajuste de los coeficientes de caja y reservas de la banca privada y suministro de liquidez para el “normal” funcionamiento del mecanismo de pagos- que disuade al lego con su jerga pseudocientífica y encubre eficazmente de aséptica neutralidad su función real.

Nada más lejos de la realidad. Como explica Michael Hudson, “La FED, otras agencias gubernamentales, Wall Street y el resto de la banca central post-telón de acero forman parte de un sistema de conjunto. Ha de verse cada agencia en el contexto de ese sistema y de sus dinámicas. Y esas dinámicas son dinámicas de polarización social que echan su raíz, sobre todo, en mecanismos financieros”.

Murray Rothbard, autor de una famosa filípica contra la FED, resume, en fin, el núcleo del asunto: “De hecho, este es el papel que justifica su existencia: apoyar a la banca comercial privada, ayudándoles a inflar dinero y créditos, aportando reservas a los bancos, y sacándoles de apuros cuando se encuentran con problemas”.

La función esencial de la banca central moderna –“al fin y al cabo, consorcios de bancos privados con la bendición del Estado”-es pues potenciar la expropiación financiera característica de la matriz de la acumulación de la fase neoliberal a través del “imperio de la renta” que sustenta la condición de las finanzas privadas como máquina de captura predatoria de la riqueza social. Pero son sólo los mamporreros de la gran “manguera de succión” financiera: su vórtice real reside en otro lugar.
_______
Continuar lectura en Trampantojos y Embelecos

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

El estado de vigilancia en los países libres

Mar, 27/09/2016 - 10:01

Noam Chomsky, Alainet

En los últimos tiempos, hemos aprendido mucho sobre la naturaleza del poder del Estado y las fuerzas que impulsan sus políticas, además de aprender sobre un asunto estrechamente vinculado: el sutil y diferenciado concepto de la transparencia.

La fuente de la instrucción, por supuesto, es el conjunto de documentos referidos al sistema de vigilancia de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) dados a conocer por el valeroso luchador por la libertad, el señor Edward J. Snowden, resumidos y analizados de gran forma por su colaborador Glenn Greenwald en su nuevo libro No Place to Hide (Sin lugar donde esconderse).

Los documentos revelan un notable proyecto destinado a exponer a la vigilancia del Estado información vital acerca de toda persona que tenga la mala suerte de caer en las garras del gigante, que viene a ser, en principio, toda persona vinculada con la moderna sociedad digital.

Nada tan ambicioso fue jamás imaginado por los profetas distópicos que describieron escalofriantes sociedades totalitarias que nos esperaban.

No es un detalle menor el hecho que el proyecto sea ejecutado en uno de los países más libres del planeta y en radical violación de la Carta de Derechos de la Constitución de Estados Unidos, que protege a los ciudadanos de persecuciones y capturas sin motivo y garantiza la privacidad de sus individuos, de sus hogares, sus documentos y pertenencias.

Por mucho que los abogados del gobierno lo intenten, no hay forma de reconciliar estos principios con el asalto a la población que revelan los documentos de Snowden.

También vale la pena recordar que la defensa de los derechos fundamentales a la privacidad contribuyó a provocar la revolución de independencia de esta nación. En el siglo XVIII el tirano era el gobierno británico, que se arrogaba el derecho de inmiscuirse en el hogar y en la vida de los colonos de estas tierras. Hoy, es el propio gobierno de los propios ciudadanos estadounidenses el que se arroga este derecho.

Todavía hoy Gran Bretaña mantiene la misma postura que provocó la rebelión de los colonos, aunque a una escala menor, pues el centro del poder se ha desplazado en los asuntos internacionales. Según The Guardian y a partir de documentos suministrados por Snowden, el gobierno británico ha solicitado a la NSA analizar y retener todos los números de faxes y teléfonos celulares, mensajes de correo electrónico y direcciones IP de ciudadanos británicos que capture su red,

Sin duda los ciudadanos británicos (como otros clientes internacionales) deben estar encantados de saber que la NSA recibe o intercepta de manera rutinaria routers, servidores y otros dispositivos computacionales exportados desde Estados Unidos para poder implantar instrumentos de espionaje en sus máquinas, tal como lo informa Greenwald en su libro.

Al tiempo que el gigante satisface su curiosidad, cada cosa que cualquiera de nosotros escribe en un teclado de computadora podría estar siendo enviado en este mismo momento a las cada vez más enormes bases de datos del presidente Obama en Utah.

Por otra parte y valiéndose de otros recursos, el constitucionalista de la Casa Blanca parece decidido a demoler los fundamentos de nuestras libertades civiles, haciendo que el principio básico de presunción de inocencia, que se remonta a la Carta Magna de hace 800 años, ha sido echado al olvido desde hace mucho tiempo.

Pero esa no es la única violación a los principios éticos y legales básicos. Recientemente, el New York Times informó sobre la angustia de un juez federal que tenía que decidir si permitía o no que alimentaran por la fuerza a un prisionero español en huelga de hambre, el que protestaba de esa forma contra su encarcelamiento. No se expresó angustia alguna sobre el hecho de que ese hombre lleva 12 años preso en Guantánamo sin haber sido juzgado jamás, otra de las muchas víctimas del líder del mundo libre, quien reivindica el derecho de mantener prisioneros sin cargos y someterlos a torturas.

Estas revelaciones nos inducen a indagar más a fondo en la política del Estado y en los factores que lo impulsan. La versión habitual que recibimos es que el objetivo primario de dichas políticas es la seguridad y la defensa contra nuestros enemigos.

Esa doctrina nos obliga a formularnos algunas preguntas: ¿la seguridad de quién y la defensa contra qué enemigos? Las respuestas ya han sido remarcadas, de forma dramática, por las revelaciones de Snowden.

Las actuales políticas están pensadas para proteger la autoridad estatal y los poderes nacionales concentrados en unos pocos grupos, defendiéndolos contra un enemigo muy temido: su propia población, que, claro, puede convertirse en un gran peligro si no se controla debidamente.

Desde hace tiempo se sabe que poseer información sobre un enemigo es esencial para controlarlo. Obama tiene una serie de distinguidos predecesores en esta práctica, aunque sus propias contribuciones han llegado a niveles sin precedentes, como hoy sabemos gracias al trabajo de Snowden, Greenwald y algunos otros.

Para defenderse del enemigo interno, el poder del Estado y el poder concentrado de los grandes negocios privados, esas dos entidades deben mantenerse ocultas. Por el contrario, el enemigo debe estar completamente expuesto a la vigilancia de la autoridad del Estado.

Este principio fue lúcidamente explicado años atrás por el intelectual y especialista en políticas, el profesor Samuel P. Huntington, quien nos enseñó que el poder se mantiene fuerte cuando permanece en la sombra; expuesto a la luz, comienza a evaporarse.

El mismo Huntington lo ilustró de una forma explícita. Según él, “es posible que tengamos que vender [intervención directa o alguna otra forma de acción militar] de tal forma que se cree la impresión errónea de que estamos combatiendo a la Unión Soviética. Eso es lo que Estados Unidos ha venido haciendo desde la doctrina Truman, ya desde el principio de la Guerra Fría”.

La percepción de Huntington acerca del poder y de la política de Estado era a la vez precisa y visionaria. Cuando escribió esas palabras, en 1981, el gobierno de Ronald Reagan emprendía su guerra contra el terror, que pronto se convirtió en una guerra terrorista, asesina y brutal, primero en América Central, la que se extendió luego mucho más allá del sur de África, Asia y Medio Oriente.

Desde ese día en adelante, para exportar la violencia y la subversión al extranjero, o aplicar la represión y la violación de garantías individuales dentro de su propio país, el poder del Estado ha buscado crear la impresión errónea de que lo que estamos en realidad combatiendo es el terrorismo, aunque hay otras opciones: capos de la droga, ulemas locos empeñados en tener armas nucleares y otros ogros que, se nos dice una y otra vez, quieren atacarnos y destruirnos.

A lo largo de todo el proceso, el principio básico es el mismo. El poder no se debe exponer a la luz del día. Edward Snowden se ha convertido en el criminal más buscado por no entender esta máxima inviolable.

En pocas palabras, debe haber completa transparencia para la población pero ninguna para los poderes que deben defenderse de ese terrible enemigo interno.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La Sociedad Europea de Física desmonta la versión de EEUU y explica que el 11-S fue una demolición controlada

Mar, 27/09/2016 - 09:00
Científicos europeos han concluído que las torres gemelas fueron derribadas por una demolición controlada y no por el impacto de los aviones, que eran maniobrados por drones para crear un falso secuestro. ¿Hasta donde llegará Estados Unidos en el engaño y la mentira? Sabemos que George Bush mintió con las armas de destrucción masiva y con todo, pero esperábamos otra cosa del gobierno de Obama, y no el servilismo que ha dado al imperio financiero en sus ocho años de gobierno
La European Physical Society es una organización sin ánimo de lucro cuyo propósito es promover la física y la labor de los físicos en Europa. Fue creada en 1968 y entre sus miembros se incluyen las sociedades nacionales de física de 41 países, y unos 3200 miembros individuales. Esta asociación científica acaba de publicar en su revista, European Physics News, un artículo firmado por un grupo de científicos, ingenieros y arquitectos -Steven Jones, Robert Korol, Anthony Szamboti y Ted Walter-, donde se asegura que el derrumbe de los tres edificios del World Trade Center en los atentados del 11S fue un caso de demolición controlada.

El artículo de estos científicos señala que en agosto de 2002, el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST), una institución del gobierno de EEUU, inició lo que se convertiría en una investigación de seis años sobre el derrumbe el 11 de Septiembre de 2001 de las dos Torres Gemelas o World Trade Center (WTC) y el menos conocido colapso del Edificio 7 del WTC, que no fue alcanzado por ningún avión.

El NIST condujo las investigaciones en base a una premisa: que las caídas de las Torres Gemelas y del WTC 7 eran los únicos casos conocidos de total colapso estructural de rascacielos a causa del fuego. Ciertamente, nunca antes del 11-S se había producido un colapso total de un rascacielos con estructura de acero, con la excepción del terremoto de México de 1985, que produjo la caída de un edificio de 21 plantas, aunque los defectos en su construcción explican probablemente tal caída.

Los expertos norteamericanos del NIST señalaron tras varios años de investigación y de posponer sus conclusiones que el fuego causado por la explosión del combustible de los aviones había provocado el colapso de los edificios. Sin embargo, quince años después del evento, un creciente número de físicos, arquitectos e ingenieros rechazan esta explicación.

En primer lugar los edificios con una estructura de acero han soportado grandes incendios sin caer por cuatro principales razones:
  1. Los incendios no generan temperaturas lo bastante elevadas como para calentar las grandes estructuras hasta el punto de hacerlas colapsar, además de no durar lo suficiente para ello. Según los datos, en el caso del WTC, el factor de seguridad era de 3 o mayor, lo que requeriría un calor de 660ºC al menos para provocar el derrumbe.
  2. La mayor parte de los rascacielos tienen sistemas de supresión de incendios como rociadores de agua, que impiden a aquellos liberar la suficiente energía como para calentar el acero hasta un punto crítico.
  3. Las partes estructurales están protegidas por materiales resistentes al fuego, que están diseñados para impedir a éste alcanzar temperaturas lo suficientemente altas para producir un colapso.
  4. Los rascacielos con estructura de acero son sistemas altamente resistentes. De este modo, si se produce un fallo localizado, esto no lleva al colapso de toda la estructura. A lo largo de la historia, se conocen tres rascacielos que sufrieron colapsos parciales debido a incendios, pero ninguno de ellos llevó a un colapso total del edificio. Otro número incontable de rascacielos han sufrido incendios enormes y de larga duración sin sufrir siquiera colapsos parciales. Los grandes edificios están también preparados para resistir terremotos y huracanes. El acero es tanto fuerte y resistente como dúctil y esto le permite, a diferencia del cemento, resistir las grandes presiones.
Las Torres Gemelas habían sido diseñadas específicamente para resistir el impacto de un gran avión de pasajeros, como explicó el principal ingeniero de su estructura, John Skilling, en una entrevista con el Seattle Times tras el atentado con bomba contra el WTC en 1993. “Nuestros análisis indicaron que el principal problema sería que todo el combustible del avión entraría en el edificio y se produciría así un horrendo incendio. Mucha gente moriría”, dijo. “Sin embargo, la estructura del edificio continuaría allí”. Por contra, las Torres Gemelas sufrieron un total colapso, y no una de ellas, sino las dos y con muy poco tiempo de diferencia.

Skilling afirmó que el único mecanismo que podría derribar las Torres Gemelas era una explosión interna controlada. Estas explosiones cortarían las columnas de acero en una área lo suficientemente amplia como para causar el derrumbe del edificio. Esta técnica requiere la destrucción, en primer lugar, de las columnas centrales para hacer que el edificio se derrumbe hacia abajo y hacia su interior, un fenómeno llamado “implosión”.

El colapso del Edificio 7 del WTC -que no fue alcanzado por ningún avión- reviste un especial interés porque tiene todos los signos de una implosión. El edificio de 32 metros (8 pisos) se derrumbó totalmente en 2,25 segundos de caída libre. Su caída fue de una forma simétrica. Su marco de acero se destruyó casi totalmente y se depositó en la base del edificio. El NIST concluyó, sin embargo, que el colapso fue causado por incendios. El NIST ignoró todas las evidencias que refutaban sus conclusiones, ya determinadas de antemano. Ellos negaron también la caída libre del edificio. Sólo después de ser desafiados por físicos como David Chandler y Steven Jones, que midieron la caída en vídeo, el NIST reconoció que se había producido una caída libre en 2,25 segundos.

En lo que se refiere a las Torres Gemelas, numerosos científicos preguntaron al NIST cuál era la causa de que, según su teoría, las partes bajas de los edificios no hubieran frenado o ralentizado la caída de las superiores, donde se había producido el incendio que, según el NIST, había producido el colapso. Su respuesta fue que era “incapaz de proporcionar una explicación plena sobre el colapso total de los dos edificios”. Sus computadores no fueron capaces de replicar una caída igual en base a los datos de la teoría del NIST.

El NIST afirmó que la presencia bien documentada de metal derretido de color naranja que se ve saliendo de las torres en los siete minutos antes de su colapso era aluminio del avión combinado con material orgánico, pero, sin embargo, los experimentos han demostrado que el metal derretido naranja emana de una “reacción de termita” que se utiliza para debilitar una estructura antes de una voladura.
________
Ver: 15 Years Later: On the Physics of High-Rise Building Collapses
En este blog, Todo sobre el 11-S

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Estancamiento secular y agonía del capitalismo

Mar, 27/09/2016 - 07:01
Immanuel Wallerstein, La Jornada

Los economistas del mundo están batallando con algo nuevo que les es muy difícil explicar. ¿Por qué es que los precios del mercado de valores han continuado subiendo pese al hecho de que algo conocido como crecimiento parece estar estancado? En la teoría económica dominante no se supone que funcione de tal modo. Si no hay crecimiento, los precios del mercado deberían declinar, estimulando por tanto el crecimiento. Y cuando se recupera el crecimiento, entonces los precios del mercado vuelven a subir.

Todos aquellos que son fieles a esta teorización dicen que la anomalía es una aberración momentánea. Algunos niegan incluso que sea cierto. Pero hay otros que consideran la anomalía un desafío importante a la teorización dominante. Buscan revisar la teorización para que tome en cuenta lo que muchos ahora llaman estancamiento secular. Los críticos incluyen a prominentes personas, algunos de ellos laureados con el Premio Nobel. Incluyen pensadores tan diferentes como Amartya Sen, Joseph Stiglitz, Paul Krugman y Stephen Roach.

Aunque cada una de estas personas tiene una diferente línea de argumentos, comparten algunas creencias. Todos ellos consideran que lo que hagan los Estados tiene un impacto grande en lo que ocurre. Todos ellos consideran que la situación actual es poco sana para la economía como un todo y ha contribuido a un incremento significativo en la polarización del ingreso real. Todos ellos consideran que se debe intentar movilizar la opinión pública para ponerle presión a las autoridades gubernamentales para que actúen formas específicas. Y todos ellos consideran que aunque continuara la actual situación anómala y poco sana todavía algún tiempo, existen políticas estatales apropiadas que harán posible una economía menos polarizada y más sana.

Hace no tanto, el estancamiento secular fue un término utilizado por muchos analistas, primordialmente para describir el estado de la economía japonesa, al comienzo de los años 90 del siglo XX. Pero desde 2008 el uso del concepto se ha aplicado a diversas regiones –miembros de la zona del euro, como Grecia, Italia e Irlanda; Estados ricos en petróleo, como Rusia, Venezuela y Brasil; recientemente también Estados Unidos, y potencialmente actores económicos previamente fuertes como China o Alemania.

Uno de los problemas de quienes buscan entender lo que está ocurriendo es que diferentes analistas utilizan diferentes geografías y diferentes calendarios. Algunos hablan de la situación Estado por Estado y algunos intentan evaluar la situación en la economía-mundo como un todo. Algunos piensan que el estancamiento secular comenzó en 2008; otros dicen que fue en la década de los 90. Otros más piensan que viene de finales de los 60, y unos cuantos más la sitúan aun antes.

Déjenme proponerles una vez más otro modo de entender el estancamiento secular. La economía-mundo capitalista ha existido en partes del globo desde el siglo XVI. Yo le he llamado el sistema-mundo moderno. Se ha expandido de un modo constante en lo geográfico terminando por abarcar el mundo entero desde mediados del siglo XIX. Ha sido un sistema muy exitoso en términos de su principio rector: la interminable acumulación de capital. Es decir, la búsqueda de acumular capital de modo de acumular más capital aún.

El moderno sistema-mundo, como todos los sistemas, fluctúa. También tiene mecanismos que limitan las fluctuaciones y lo empujan hacia un renovado equilibrio. Esto semeja un ciclo de altas y bajas. El único problema es que las caídas nunca retornan al punto bajo previo, sino a uno un poco más alto. Esto se debe a que en el complejo patrón institucional hay resistencia a ir hasta el fondo. La forma real de los ritmos cíclicos es dos pasos hacia arriba y un paso hacia abajo. Por tanto, el punto de equilibrio se mueve.

Si uno mide la abscisa de las tendencias, se mueven hacia una asíntota de 100 por ciento, que por supuesto no pueden cruzar. Un poco antes de dicho punto (digamos, cerca del 80 por ciento), las curvas comienzan a fluctuar alocadas. Esto es señal de que nos hemos movido al interior de la crisis estructural del sistema. Se bifurca, lo que quiere decir que son dos diferentes, casi opuestos, modos de optar por un sistema sucesor (o sistemas). Lo único que no es posible, es hacer que el actual sistema opere del modo normal anterior.

Mientras que antes de ese punto los grandes esfuerzos por transformar el sistema tuvieron como efecto pocos cambios, ahora lo opuesto es cierto. Cada pequeño esfuerzo por cambiar el sistema tiene un gran impacto. Es mi argumento que el sistema-mundo moderno entró en su crisis estructural cerca de 1970 y se mantendrá en ella todavía otros 20-40 años más. Si deseamos evaluar las acciones útiles, necesitamos tener en cuenta dos temporalidades diferentes: el corto plazo (a lo sumo tres años) y el mediano plazo.

A corto plazo lo que podemos hacer es minimizar el sufrimiento de quienes son los más afectados negativamente por la creciente polarización en el ingreso que está ocurriendo. La gente vive en el corto plazo y necesita alivio inmediato. Sin embargo, tal alivio no cambiará el sistema. El cambio puede ocurrir a mediano plazo conforme los que favorecen una clase u otra de sistema sucesor obtienen la suficiente fuerza para inclinar la bifurcación hacia su propia dirección.

He aquí el peligro de no ir lo suficientemente lejos en el análisis crítico del sistema. Sólo si uno mira con claridad que no hay salida del estancamiento persistente uno puede de hecho volverse lo suficientemente fuerte para ganar la batalla política y moral.

Una punta de la bifurcación pugna por remplazar el capitalismo por otro sistema que será tan malo o más que el anterior, manteniendo los rasgos cruciales de jerarquía, explotación y polarización. La otra punta pugna por un nuevo sistema que sea relativamente igualitario y relativamente democrático.

En los años por venir, habrá vueltas que parezcan indicar que el sistema vuelve a funcionar. Puede incluso subir el nivel de empleo en el sistema como un todo (la medida clave del estado del sistema). Pero tal alza no podrá durar mucho, porque la situación global es demasiado caótica. Y el caos paraliza la presteza de los poderosos emprendedores y de las personas simples por igual, en lo tocante a gastar el capital remanente en formas que tienen el riesgo de pérdida y, por tanto, de su supervivencia.

Estamos en un alocado viaje, uno que no es nada placentero. Si nos hemos de comportar con sensatez, el primer requisito es la claridad de análisis, seguida de decisiones morales y juicio político. El fondo del asunto es que ya hace mucho rebasamos el punto en que el capitalismo como sistema histórico pueda sobrevivir.
_________
Traducción: Ramón Vera HerreraUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Deutsche Bank y el fantasma de Lehman Brothers

Mar, 27/09/2016 - 02:01

Las acciones del mayor banco alemán se desplomaron ayer otro 7,54% superando, en lo que va de año, una caída de más del 50%, aunque Angela Merkel no quiere oír hablar de rescate mientras el mercado vuelve a especular con la posibilidad de una ampliación de capital. En este sentido siguen creciendo las dudas sobre el estado de las cuentas de Deutche Bank y de cómo va a resolver los diferentes frentes legales que tiene abiertos, incluida una posible multa de 14.000 millones de dólares (12.500 millones de euros).

La entidad alemana lidera las caídas de los bancos europeos y los 5.500 millones de euros que ha provisionado para afrontar sus problemas legales y la posibilidad de que tenga que ampliar capital para afrontar esa factura resultan insuficientes. Además de la investigación en EEUU sobre su papel en la distribución de hipotecas basura, Deutsche Bank también está siendo investigado por manipulación de divisas, metales preciosos y sacar capitales de Rusia.

El detonante del desplome de ayer fue la noticia de que la canciller Angela Merkel descarta cualquier tipo de ayuda estatal a Deutsche Bank antes de las próximas elecciones de septiembre de 2017, según adelantaba el semanario Focus este fin de semana, quien también mantenía que la canciller negó la ayuda para resolver estos problemas legales en EEUU. Por su parte, Jörg Eigendorf, portavoz de Deutsche Bank, ha asegurado que los fundamentos del banco son "fuertes" y ha culpado a la "especulación pura" de las caídas en bolsa. Asimismo, en una entrevista con la cadena CNBC ha dicho que no hay planes para ampliar capital, que el banco puede resolver sus problemas por sí solo y que no ha buscado ayuda de las autoridades alemanas por sus problemas legales en EEUU.

El fantasma del Lehman europeo Las preocupaciones sobre el banco son globales, y el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya avisó a comienzos de verano que suponía el "mayor contribuyente neto a los riesgos sistémicos globales" tras suspender los test de estrés en EEUU. El año pasado la entidad perdió cerca de 6.800 millones de euros y tuvo un tormentoso arranque de año en bolsa, con una caída del 40% en menos de mes y medio.

El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, tuvo que salir en público a respaldar a la entidad, pero en el mercado resurgía el temor al Lehman Brothers europeo, un fantasma que ya recorrió los mercados en 2013. De fondo, ruido de sable sobre un posible impago de un bono, una rabieta en el mercado que Deutsche controló con un plan de recompra de deuda. Este verano también resurgió el viejo rumor de una fusión con Commerzbank, segunda entidad alemana, opción que Deutsche Bank desmintió aunque su consejero delegado reconocía que serían necesarias más fusiones en el sector financiero alemán.

Los esfuerzos por levantar un banco lastrado por su papel en la crisis financiera han incluido el abandono de las operaciones en una decena de países y una fuerte reducción de plantilla con el objetivo de controlar costes. Mientras, la rentabilidad del banco sigue sufriendo en un entorno de tipos de interés bajos. De hecho, Deutsche Bank ha criticado públicamente al BCE.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización