Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6129125
Actualizado: fai 22 horas 10 min

Las vías abiertas de América Latina

Mar, 01/03/2016 - 12:20
Emir Sader, La Jornada

Nunca como ahora el futuro de América Latina está tan abierto. Hemos pasado por un momento, especialmente en los años 1990, en que la historia del continente parecía congelada. Se imponía un modelo de forma avasalladora, que pretendía invertir y cerrar ciclos históricos que apuntaban en otra dirección. Ya no más desarrollo económico, sino equilibrio fiscal. Ya no más distribución de renta, sino concentración en manos de los más competentes. Ya no más derecho, sino concurrencia en el mercado. Nunca más Estado, sino empresas.

Se arriesgaron, en medio de consensos que creían fatales, a anunciar el fin de la historia, que reposaría eternamente en los brazos de la democracia liberal y de la economía capitalista de mercado. Enterradas las alternativas, el capitalismo y el imperialismo podrían rediseñar el poder en el mundo.

América Latina era encabezada por personajes como Carlos Menem, Alberto Fujimori, Fernando Henrique Cardoso, Carlos Andrés Pérez, Gonzalo Sánchez de Losada, Carlos Salinas de Gortari y Lucio Gutiérrez, consagrados entonces por los medios internacionales como los modernizadores, los liberalizadores, los globalizadores de nuestras sociedades, al fin salvadas del populismo, del estatismo, del nacionalismo.

Víctima privilegiada de las grandes trasformaciones regresivas ocurridas en el mundo y, en particular del neoliberalismo, América Latina reaccionó como ya pocos creían posible. Y se ha vuelto la única región del mundo con gobiernos antineoliberales, con procesos de integración regional, con capacidad de revertir las fuertes tendencias a la desigualdad social y al aumento de la pobreza y la miseria en el mundo.

América Latina ganó el derecho a definir su historia a partir de su capacidad de reaccionar frente al modelo neoliberal y a la globalización. Gracias al liderazgo de dirigentes como Hugo Chávez, Lula, Néstor y Cristina Kirchner, Pepe Mujica, Evo Morales y Rafael Correa. Ahora América Latina se enfrenta a los efectos de la recesión internacional y a articulaciones derechistas internas, lo que genera crisis en varios de nuestros países.

En este momento, en medio de la segunda década del siglo XXI, se puede decir que el futuro del continente está abierto. Nadie puede garantizar que los gobiernos antineoliberales se van a consolidar definitivamente, menos tampoco que los intentos de restauración conservadora se van a imponer.

Las dos vías están abiertas. Lo que se puede decir es que el escenario político latinoamericano será nuevo a partir de ahora. Ya no se contará con precios altos de los productos de exportación, al contrario, la recesión internacional tiende a extenderse. Tampoco será posible que cada país reaccione aisladamente frente a ella.

La vía de la restauración está siendo puesta en práctica en Argentina y rápidamente demuestra cómo sus planteamientos profundizan la recesión, el desempleo, el endeudamiento y hasta la misma inflación. Es una vía que recorta los derechos sociales, concentra renta, subordina los intereses del país a los grandes capitales internacionales y directamente a Estados Unidos. Conocemos hacia dónde ello podría conducir a nuestros países; hemos vivido el auge del neoliberalismo en los 1990, sabemos que es una vía trágica para nuestros países y para nuestros pueblos.

La otra es la vía de consolidar los extraordinarios avances logrados y avanzar hacia una América Latina todavía más integrada, por el Mercosur, la Unasur, la Celac, más vinculada al destino del sur del mundo, del BRICS, de su banco de desarrollo. Con gobiernos antineoliberales articulando y poniendo en práctica un modelo integrado de desarrollo con distribución de renta, profundizando incesantemente sus mercados internos de consumo de masas, fortaleciendo y democratizando más a sus estados, con procesos de formación democrática de sus opiniones píblicas, construyendo modelos de superación del neoliberalismo y de construcción de sociedades basadas en el derecho de todos.

¿Cuál de las dos vías triunfará? Es lo que se está decidiendo en este momento en el continente. Las fuerzas democráticas y populares ya no tienen derecho a seguir cayendo en los errores en que han incurrido y siguen cometiendo.

Es el destino de nuestros países en toda la primera mitad del siglo XXI lo que se está decidiendo. La conciencia real de los problemas que estamos enfrentando, de las fuerzas con que contamos y con las que podemos contar, de los errores cometidos, capacidad de renovación hacia las nuevas generaciones, hacia las mujeres, hacia las capas populares todavía postergadas, espíritu democrático y capacidad teórica creativa, nos pueden llevar por la vía democrática y popular de superación de la crisis actual.

Las dos vías están abiertas. Las duras peleas actuales son para decidir cuál de las dos se impondrá.

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"La gran apuesta", o cómo hacer quebrar a la banca con su propio veneno

Mar, 01/03/2016 - 02:28


"La gran apuesta", versión cinematográfica del libro de Michael Lewis The Big Short, resultó ganadora del Oscar al Mejor Guión adaptado en la ceremonia de los premios realizada este domingo. El filme sigue la historia de cuatro personajes que previeron la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos a mediados de la década pasada y es una de las películas más contundentes sobre la crisis financiera mundial. Adam McKay, director y coguionista junto a Charles Randolph, hicieron un trabajo notable para transmitir conceptos financieros que son complejos y difíciles de comprender para la audiencia masiva. La película, al igual que la novela de investigación de Lewis, se centra en estos cuatro personajes que, por separado, ven la pudrición del sistema financiero y tratan de ganar dinero apostando por su caída.
Este libro-investigación describe a varios de los actores claves en la creación de las permutas de incumplimiento crediticio (Credit Default Swaps) y fue un éxito de ventas cuando fue publicado en 2010. El guión es bastante fiel al libro en su agudeza e ingenio, y se centra en los mismos personajes a pesar de que han sido renombrados. Michael Burry (Christian Bale) era realmente un inversor bursátil en Scion Capital, se sacaba los zapatos y escuchaba thrash metal en su oficina. Mark Baum (Steve Carell) representa al gestor de fondos de cobertura Steve Eisman. Jared Vennett (Ryan Gosling) personifica al ejecutivo y vendedor de bonos de Deutsche Bank, Greg Lippmann, mientras Ben Rickert (Brad Pitt) representa al operador de bonos Ben Hockett.

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Cinco claves sobre el tormentoso ciclo económico

Lun, 29/02/2016 - 15:35
Oriol Vallès Codina, Diagonal

Represión salarial, neokeynesianismo, China En unos meses se cumplirán seis años del primer rescate del gobierno griego de 2010, a partir del cual se iniciaba la fase de lo que la troika gusta de llamar "austeridad expansiva" como principio rector de la política económica europea: duros recortes al Estado de bienestar y devaluación interna, en suma, represión salarial contra los ingresos de la clase trabajadora. A modo de justificación se vendía el experimento alemán a principios de los 2000 como una historia de éxito neoliberal, sin tener en cuenta que en efecto su competitividad había aumentado, pero precisamente en relación con Europa del Sur, para la cual Alemania es el principal exportador. Después de años de bonanza económica en un contexto muy inflacionario y marcado por burbujas de deuda privada y pública, la austeridad, impuesta desde las instituciones internacionales sin miramientos, sumió a Europa del Sur en una crisis brutal no sólo económica, sino también política y social. Seis años más tarde queda claro que de expansiva esa austeridad no tiene nada: el débil crecimiento de la Eurozona lo testifica. Ahora bien, el brutal estancamiento de la demanda que siguió en el sur europeo no disminuyó la potente capacidad exportadora de Alemania, ya que ésta simplemente se redirigió hacia China.

A diferencia de la Eurozona, constatando el tremendo impacto de la crisis de 2008 y el parón en la demanda global, China, hasta entonces potencia exportadora, decidió optar por un programa de estímulo masivo de corte keynesiano, el más grande de su historia, que se destinaría a construcción de viviendas, infraestructura rural, transporte, educación y sanidad, medio ambiente, industria, etcétera. Esto tuvo efectos muy claros en la economía globalizada, en la que China pasaría a destacar como motor de crecimiento global ahora también como potencia importadora, arrastrando así hacia arriba a sus socios comerciales, sobre todo países asiáticos, pero también a Alemania.

Estos programas de estímulo keynesiano masivos van bien para proteger la economía doméstica de modo temporal durante periodos de baja demanda global, como ha sido el caso chino mientras Estados Unidos, Japón y Europa, los líderes económicos tradicionales, no terminaban de despegar e insistían en rechazar políticas más pro-demanda. De hecho ésa era la misma idea de Zapatero con el Plan E hasta que se encontró con la troika. Ahora bien, estos programas son difíciles de sostener durante tanto tiempo y sobre todo con Alemania negándose a ningún tipo de política que incentive la demanda europea. Se llevaba ya mucho tiempo especulando con una recesión china y parece al fin que ha llegado, aunque de momento está focalizada en el mercado financiero desde junio de 2015: ya se empiezan a observar colapsos de estafas piramidales a la Ponzi (o Madoff como caso más reciente), el "canario en la mina" de las burbujas de crédito.

Desde entonces que el gobierno chino lleva interviniendo el mercado financiero intensamente: por ejemplo prohibiendo la compraventa a corto (short-selling), suspendiendo las salidas a bolsa (IPOs), forzando a fondos de inversión y de pensiones a comprar activos. En verano devalúa el yuan dos veces. De momento, no termina de haber transmisión a la economía real –el año pasado se crearon 11 millones de empleos, con una fuerte expansión del sector servicios y en diciembre se convertía en el primer exportador global– y puede que nunca llegue, aunque sí se observa cierta desaceleración económica, en términos de PIB y del PMI (Purchasing Managers' Index), a la baja. Entre los países más afectados por el parón chino, claro está, está Alemania, debido al desplome de las exportaciones. Una crisis china es una crisis global.

La política de expansión cuantitativa (QE) El quantitative easing del Banco Central Europeo, anunciado por Draghi hace un año, es una réplica del QE que Japón empezó en la década de los 2000 y de la Fed estadounidense, que inició a partir de la crisis de 2008, empezó a frenar en 2013 y finalizó el septiembre pasado. El QE es una política monetaria no convencional que consiste en imprimir dinero electrónico para comprar masivamente activos financieros como deuda soberana y va sobre todo dirigido a bancos privados. Lo que se busca en los mercados financieros es bajar los tipos de interés (a veces hasta tipos negativos), aumentar el crédito en la economía, incentivar el gasto privado, devaluar el euro para fomentar las exportaciones y llegar al objetivo de inflación del 2% que el BCE tiene fijado, todo con la idea de estimular el muy débil crecimiento de la Eurozona.

El principal beneficiado de introducir tanto dinero –un billón de euros– en los mercados financieros son los mismos mercados financieros y sus principales actores: bancos que así pueden limpiar su deuda, inversores, especuladores, etcétera. No es el caso de los fondos de pensiones, con muchos problemas por los bajos tipos de interés. Igualmente, la devaluación del euro no termina de beneficiar a las exportaciones por el simple hecho de que los países de la Eurozona tienden a comerciar entre ellos y no fuera de la Eurozona.

En todo caso, el problema es que se asume implícitamente que este dinero terminará por "gotear" ( "trickle-down" ) de arriba hacia abajo hasta llegar a la “economía real”. En cambio lo que termina pasando es un aumento del crédito sólo para grandes empresas y múltiples burbujas en activos financieros, por ejemplo en el mercado inmobiliario. El hecho de que se noten presiones inflacionarias sólo en los sectores más financiarizados de la economía europea mientras el resto está al borde de la deflación muestra claramente cómo uno de los principales efectos del QE europeo será el de exacerbar las desigualdades económicas, a falta de reformar los bancos privados, que son los supuestos canales institucionales que conectan el banco central con la "economía real". Es evidente que estos canales son altamente disfuncionales hoy en día. Junto con los recortes a la educación y a la sanidad públicas se está creando en España una economía dualizada a dos velocidades y escasa movilidad social, con una élite muy globalizada y competitiva y un pueblo destinado a darle servicios de bajo valor añadido a los primeros y a los turistas.

Subida de tipos de interés por parte de la Fed Constatando los efectos positivos del QE en la economía estadounidense (los salarios empiezan a subir ligeramente y el desempleo llegó a su nivel pre-crisis, aunque no haya inflación), la Fed decidió finalmente subir los tipos de interés el pasado diciembre, al 0% desde 2009. En retrospectiva, quizá esta decisión fuera precipitada, ya que algunos estiman la probabilidad de recesión en Estados Unidos en 20-25% y creciendo.

El efecto en la economía mundial (donde un 64% de las reservas mundiales son en dólares) de este nuevo paso hacia una política monetaria más restrictiva (iniciada en 2013) va a ser justo el contrario que el QE, que permitió a las economías emergentes crecer y capturar mucho más capital internacional. Eso es un problema serio para China y sus socios comerciales, ya en dificultades por la explosión de la burbuja financiera china, pero también para los exportadores de materias primas como Brasil y los productores de petróleo como Arabia Saudí, que por primera vez han pasado de reciclar sus plusvalías del petróleo a dólares a tener gigantescos déficits debido a su bajo precio actual, lo que bien podría suponer el fin del régimen financiero global del petrodólar desde el colapso de Bretton Woods en 1971. En ese sentido nos encontramos en una crisis sistémica global, lo que Larry Summers llama "estancamiento secular”, análoga a las de los años setenta y los treinta del siglo pasado: el fin de la globalización neoliberal caracterizada por un gran aumento en la población trabajadora mundial, lo que permitió la represión salarial en Occidente.

Efecto de la guerra de divisas Las presiones especulativas de este tipo tienden a intensificarse en periodos de incertidumbre económica como el actual, pero son sólo ruido que tapa el sonido de fondo. La desaceleración china y la caída de la demanda global que eso supone ha impactado duramente economías como la rusa, que dependía de las exportaciones de petróleo, pero también existe el factor político de las recientes sanciones internacionales debido a su anexión de Crimea. En el contexto europeo, por ahora no parecen existir ataques especulativos contra su moneda ni contra bonos soberanos, protegidos por el quantitative easing de Draghi.

Para defender el yuan, China, el país con mayores reservas internacionales de moneda, inyectó en 2015 medio billón de dólares con el fin de mejorar su tipo de cambio con Estados Unidos, cada vez más poco favorable debido al movimiento de la Fed hacia políticas más restrictivas. Al mismo tiempo, Rusia y Arabia Saudí están vaciando sus propias reservas de dólares en los mercados financieros, con la expectativa añadida de un precio del petróleo aún más bajo debido al levantamiento de sanciones a Irán. Mientras tanto, la Eurozona y Japón se dedican a inyectar euros y yenes masivamente en los mercados financieros vía QE, intentando desesperadamente provocar inflación y crecimiento en sus economías domésticas, pero sin éxito en la vista. Hace poco Macri devaluó el peso argentino un 40%. No deja de ser curioso que se intenten aplicar las mismas recetas económicas neoliberales que tuvieron su éxito en los años 70 y 80 para salir de la estanflación, el escenario diametralmente opuesto.

Al fin y al cabo, estamos hablando de relaciones no sólo económicas, sino también políticas: por ejemplo, Rusia y Arabia Saudí están implícitamente en guerra en Siria y eso se paga con desacuerdos a la hora de coordinar la producción de petróleo para fijar un precio más alto que les beneficie. Si la guerra civil siria es un ejemplo sangrante del fracaso de coordinación política entre los muchos países implicados en el conflicto, la guerra de divisas a la baja refleja un contundente fracaso de coordinación internacional en política económica, incapaz de generar crecimiento en un contexto de estancamiento secular global. Hace poco el ex presidente de la Fed de Minneapolis, Narayana Kocherlakota, defendía que políticas pro-demanda como el plan económico de Bernie Sanders de estímulo vía gasto social, de Corbyn vía el “quantitative easing para la gente” o renta básica sí podrían suponer un cambio de rumbo positivo para la economía global.

Papel de la industria financiera Es el núcleo mismo del problema. Hace unos días el sucesor de Kocherlakota defendía dividir los grandes bancos en más pequeños en beneficio de la estabilidad del sistema financiero. Rehén de un diagnóstico equivocado fruto de la ideología neoliberal, la troika lleva ya seis años focalizando toda su atención en flexibilizar los mercados de trabajo del sur de Europa vía represión salarial cuando el problema ya desde los años 2000 son unas instituciones financieras que distribuyen el dinero de forma disfuncional y volátil, o bien creando burbujas o bien cortando el grifo del crédito de golpe estrangulando la economía. La realidad es que el dinero que el BCE imprime no llega a la gente y eso no es culpa de que los salarios sean altos sino de los bancos. Al fin y al cabo eso no refleja más que una lucha de poder político a nivel europeo entre trabajadores y élites financieras y políticas. Quizá sea mejor no esperar a que estas reformas financieras lleguen desde arriba y crearlas desde abajo, como ahora una moneda digital alternativa conectada al tejido económico y social como la propuesta por D-CENT para Catalunya.

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La exclusión del capitalismo en un mundo demoníaco

Lun, 29/02/2016 - 07:00
José Pablo Feinmann, Página 12

Las decenas y centenas de despidos fueron calificados como necesarios. El neoliberalismo siempre busca achicar el Estado. Uno puede argumentar: se comprende, el Estado, por ejemplo, de la Alemania de Bismarck y el kaiser Guillermo I, fue en sus inicios liberal pero de inmediato proteccionista. Porque el proteccionismo le sirvió para desarrollar la gran industria. El canciller de hierro –Bismarck– derrota a Francia en la guerra –precisamente llamada– “franco-prusiana” y logra, en 1871, la unidad de Alemania. En Francia estalla la Comuna de París. Y Alemania les devuelve a Thiers y Napoleón III todos los prisioneros que les ha tomado para que ahoguen esa revolución obrera, de la que Nietzsche (que esto no oblitere la necesaria lectura que se le debe al loco de Turín) y Marx dirán cosas muy diferenciadas. El primero, en carta al barón Carl von Gersdorff del 21/06/1871, dirá: “Sobresaliendo por encima de la lucha de las naciones, nos asustó la espantable cabeza de la hidra internacional” (Friedrich Nietzshe, Epistolario, Biblioteca Nueva, Madrid, 1999, p. 95). Marx, en La Guerra Civil en Francia, escribe: “Este ejército (el de Thiers) habría sido ridículamente ineficaz sin la incorporación de los prisioneros de guerra imperiales que Bismarck fue entregando de a plazos (...) para tener al gobierno de Versalles en abyecta dependencia con respecto a Prusia”.

A plazos o no, Francia pudo aplastar a los revolucionarios de la Comuna por los prisioneros que Bismarck le devolvió para esa tarea esencial que lo involucraba a él mismo, pues lo nacional unía a la burguesía de los dos países enfrentados y lo internacional (la lucha del proletariado) les producía un escozor intolerable: la visión de un mal que amenazaba a las clases dominantes de todos los países. Así, anota Marx, se produce, ante la Comuna, un hecho sin precedentes: “El ejército vencedor y el vencido confraternizan en la matanza común del proletariado (...) La dominación de clase ya no se puede disfrazar bajo el uniforme nacional: todos los gobiernos nacionales son uno solo contra el proletariado” (Marx escribe este texto entre abril y mayo de 1871). La represión de Thiers, al frente de 45.000 soldados franceses y también alemanes, fue de tal brutalidad, de tal ensañamiento, como jamás la ciudad de París había presenciado. Se calculan treinta mil muertos, cuarenta y cinco mil detenidos que continuaron siendo masacrados en las mazmorras y decenas de miles condenados al destierro o a trabajos forzados. (Vos, Lopérfido, musa: son cifras de Eric Hobsbawm y otros historiadores serios. Además, estas cifras se consolidan con un valor simbólico. Expresan el sadismo de los matarifes. Decir que fueron más o menos, desmerece el valor de cada vida. Por ejemplo: si los nazis mataron cuatro en lugar de seis millones de judíos, ¿qué se busca demostrar? ¿Qué, al fin y al cabo, no eran tan malos?)

Aquí, en Argentina, se presenta un problema. Si se achica el Estado, si se despide a la gente, se crea la desocupación. La desocupación lleva a la protesta social. Si se la criminaliza hay que reprimir. Y cuidado: la policía “tiene hambre”. Tiene bronca. Le han impedido actuar durante doce años y –para colmo– durante las manifestaciones se la injuriaba con insultos y escupitajos. Ahora quiere tener las manos libres para cobrarse esas (no tan) viejas deudas. Lo mismo sucede con el neoliberalismo en el resto del mundo. En Francia, muy especialmente. Ahora son los sumergidos, los inmigrantes indeseados los que salen a pedir comida, cobijo, un país. Ya no son los jóvenes rebeldes de la pequeña o la alta pequeña. Ya no son los que creaban magníficas consignas. Los que escribían: “Debajo de los adoquines está la playa”. Estos, los de hoy, no creen ser la poesía. Para ellos debajo de los adoquines están los adoquines. No quieren tomar el poder. Quieren afirmar su presencia en una sociedad que los niega. Francia es el espejo en que el occidente capitalista debe mirarse. Es su inevitable futuro. Los monstruosos, los negados, los escondidos salen a la luz. Sus modales no son buenos porque nadie les enseñó modales. Nadie les enseñó nada.

¿Cómo se atreven? ¿Acaso es posible que salgan de sus madrigueras y escupan en el centro o en los arrabales de la ciudad destellante? Los bárbaros se han despertado y actúan como bárbaros. No saben hacerlo de otro modo, y cualquier otro modo, hoy, les parecería sospechoso. Los buenos modales son los de los imperios que los han explotado. Las buenas costumbres. Las buenas vestimentas. La cultura del hombre occidental. Africa y Oriente han vivido humillados por esa cultura. Hoy, en el actualísimo 2016, los matutinos publican en letras catástrofe: “Alarma en Europa por el caos en Francia”. Europa no sólo hace agua, tiene miedo. Los monstruos salieron de las catacumbas.

Caída la bipolaridad, el capitalismo se ha desbocado. Nada lo frena. Entregado a su codicia infinita (y a su infinita torpeza y a, insistamos, su no menos infinita falta de sensibilidad, de humanitas), el capitalismo nuevo milenio concentra la riqueza en manos cada vez más escasas y hunde en la miseria a la mayor parte del planeta. Esto lo saben todos. Lo que hoy ocurre en Francia no es fruto de las malas políticas de asimilación. La asimilación es imposible. Los hambreados, antes de morir, invaden la casa de los amos. Los amos no saben recibirlos, no saben qué hacer con ellos. Europa acabará por encerrarse como los ricos de la Argentina se encierran en sus countries, con custodios armados y armados ellos mismos.

El capitalismo crea exclusión y no puede sino crearla. Si no la creara no sería el capitalismo de mercado. El mundo de las corporaciones es de las corporaciones. Y las corporaciones se devoran todo. Devastan la tierra y abandonan a los hombres al hambre y la exclusión. Europa no puede asimilar porque el capitalismo nuevo milenio impide toda asimilación. Saquea la periferia. ¿Qué hace la periferia, qué hacen sus sobrevivientes? Emigran al Centro para sobrevivir. Aceptan cualquier cosa. La humillación. El racismo. Sólo se trata de subsistir. Hasta que un día (estos días) todo estalla. Se hartan. Dicen: no. Un no que no tiene ideología. No saben cómo superar lo que hay. No sueñan con un mundo mejor. Querrían vivir y trabajar en éste. Pero este mundo (el del capital, el del mercado) no da trabajo, impide vivir. Entonces sólo resta destruirlo. Salen como locos a quemar autos y destruir propiedades. Si un europeo con buenas intenciones saliera a hablar con ellos no lo escucharían. Si yo (que escribo estas líneas en las que intento abrir una hendija de comprensión) me apareciera entre ellos me escupirían. Soy, como todos nosotros, un blanquito de mierda, con trabajo, casa, derechos. La sociedad nos da un lugar. A ellos no. Para ellos, los márgenes. Todo incluido es un enemigo porque ocupa un lugar que podría ser de ellos.

“Alarma en Europa”, se lee. ¿Y no-sotros, y los argentinos de la culta Buenos Aires? Lo que hoy pasa en París sea acaso el espejo del peor de nuestros rostros futuros. Cuando los “zurdos” o los tontos progres como nosotros pedimos equidad social, democratización de la riqueza, distribución del ingreso, no sólo lo hacemos porque somos incurablemente idiotas y amigos de las buenas causas. Francia ha descubierto la cara del Otro demonizado. Siempre se niega lo Otro. Siempre se tapa la alteridad. El lenguaje del lacanismo tiene una expresión para esto. Cuando habla de “forclusión” quiere decir eso. La forclusión es la negación de la alteridad. No queremos ver lo Otro, lo negamos. De ahí, en los sujetos, estalla la psicosis. Bien, el capitalismo es psicótico. Niega lo Otro. Primero lo saqueó, lo explotó. Ahora lo niega. No sabe cómo asimilarlo. No sabe y no puede. Entonces lo demoniza.

La alarma que vive Europa debe hundir sus raíces entre nosotros. ¿Acaso no es Buenos Aires la París de América latina? ¿No fue ese título el que orgullosamente asumió esa oligarquía nuestra que, en lugar de un país, sólo construyó una ciudad? Una ciudad hermosa, como hermosa es París. ¿Cuántos excluidos esperan a las puertas de Buenos Aires? No son los piqueteros. Los piqueteros queman neumáticos y tienen una previsibilidad fatigosa. Son los que habitan el subsuelo de los piqueteros. Los que están en silencio, esperando o no. Los que se mueren de hambre. Los que miran las luces de la gran metrópoli desde las sombras de la alteridad, de la lejanía. No habrá Protocolo que los frene. ¿Cómo habrían de expresar en cinco minutos la interminable tragedia de sus vidas?

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Corto animado "Historia de un oso" da a Chile su primer premio Oscar

Lun, 29/02/2016 - 04:51

El cortometraje chileno "Historia de un oso" se convirtió en la primera producción chilena ganadora de un premio Oscar, tras triunfar en la ceremonia de este domingo en la categoría Mejor Cortometraje de Animación. La producción dirigida por Gabriel Osorio, de alrededor de 10 minutos, está inspirada en el exilio que vivió el abuelo del director y narra -como lo dice su título- la historia de un oso que fue separado de su familia y recuerda su vida a través de un diaporama. Patricio Escala, productor, y Gabriel Osorio, director, subieron a recibir el Oscar, que fue anunciado por los minions, y aseguraron estar muy felices. Osorio, incluso, dedicó el premio a su abuelo condenado al exilio durante la dictadura militar de Pinochet. "Estamos realmente contentos en este momento, (...) personalmente, quiero dedicar esto a mi abuelo que inspiró esta historia y a toda la gente que sufrió en el exilio, espero que esto no vuelva a ocurrir", fueron sus palabras.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Morgan Stanley encabeza el desplome del petróleo

Dom, 28/02/2016 - 21:00
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Pam y Russ Martens, del portal Wall Street on Parade, demuestran cómo los megabancos de Wall Street “propiciaron el desplome del petróleo (http://goo.gl/oSLEuT)”, donde destaca Morgan Stanley (MS), que se apresta en el “México neoliberal itamita”, junto a Goldman Sachs y Citigroup/Banamex, a privatizar el agua gracias a su asociación estratégica con el itamita Jesús Reyes Heroles González Garza, quien preside la entelequia del Consejo Consultivo del Agua AC (http://goo.gl/rBl1MT).

Los Martens aducen que “de la profundidad del crash financiero de Wall Street, de junio de 2008 a inicios de 2009, el petróleo doméstico perdió 70 por ciento de su valor, con un desplome de 140 a 40 dólares”. Comentan que luego sucedió una cosa extraña, cuando en 2011, pese al débil crecimiento económico global, el petróleo regresó a más de 100 dólares hasta junio de 2014. Hoy el petróleo ha tenido un mayor desplome que cuando Wall Street estaba colapsando hace casi ocho años.

Ante el estupor de los congresistas, en julio de 2013, el senador Sherrod Brown, presidente del Subcomité Bancario de Instituciones Financieras y Protección al Consumidor, develó que los megabancos de Wall Street “atesoraron cantidades sin precedente de crudo físico, metales y otras materias primas en el periodo que llevó al crash”. En las audiencias del Senado, al examinar a las sociedades financieras (Financial Holding Companies), se cuestionó si “los bancos deben controlar plantas eléctricas, bodegas y refinerías (http://goo.gl/9QIMXx)”.

Después de arremeter contra la "ausencia de regulación" de los megabancos, Sherrod Brown acentuó que estas instituciones son tan complejas, tan densas, tan opacas que son imposibles de entender (sic) cuando los seis principales megabancos de EEUU tienen 14 mil 420 subsidiarias, de las cuales 19 son bancos tradicionales. Peor: sus actividades sobre las materias primas físicas no son reportadas en forma entendible (sic) y se pierden en las profundidades (sic) de sus múltiples subsidiarias.

Luego, el mismo subcomité, presidido por el senador Carl Levin, redactó un reporte de 400 páginas para erizar los cabellos (http://goo.gl/G6595X), donde los activos físicos de petróleo propiedad de MS perturbaron a los estupefactos senadores. El subcomité exhibió que MS compró masivas tenencias físicas de petróleo, incluyendo la compra de TransMontaigne, que manejó casi 50 sitios de petróleo en EEUU y Canadá. También tenía una participación mayoritaria en Heidmar, que manejó una flota de 100 embarcaciones para entregar el petróleo en el mundo, además de ser propietaria de Olco Petroleum, que mezclaba los petróleos, apadrinaba instalaciones de almacenamiento y dirigía casi 200 gasolineras en Canadá. ¡Todo un pulpo financiero/petrolero! Se consolida la bidireccionalidad del inextricable binomio bancos/petróleo, en lo que he insistido desde hace mucho.

En 2011, MS, solamente en el área Nueva York, Nueva Jersey, Connecticut, tenía arrendamientos de depósitos de petróleo con una capacidad total de 8.2 millones de barriles, que aumentaron a 9.1 millones en 2012, y luego disminuyeron a 7.7 en 2013.

MS –supuestamente un banco de inversiones y no una empresa petrolera– también tiene depósitos en Europa y Asia y, según la Reserva Federal (la Fed), en 2012 tenía arrendamientos operativos en más de 100 depósitos petroleros con 58 millones de barriles de capacidad de almacenamiento global cuando el mundo entero produce 96.5 millones de barriles al día (hasta enero de 2016) y la legendaria reserva estratégica de petróleo de EEUU es de 695 millones (http://goo.gl/OpzUzb).

El almacenamiento de inmensas cantidades de petróleo –¡58 millones!– por MS afecta en forma tramposa la cotización tanto a la baja como al alza: en ambos casos ganan enormidades a costa de desquiciar a países enteros.

Goldman Sachs y MS desinforman en modo flagrante: hicieron declaraciones de que el petróleo alcanzaría 150 dólares y 200 dólares el barril respectivamente, y ahora, según Bloomberg, MS predijo que el petróleo se desplomaría potencialmente a 20 dólares, ya que el “crudo está apalancado (leveraged) particularmente al dólar”.

Resaltan dos anomalías del mercado petrolero controlado por las armas nucleares y financieras de EEUU: la cotización en dólares de sólo las variedades anglosajonas WIT y Brent, en detrimento de otras divisas y otros crudos mayoritarios.

Comentan los Martens que con los derivados financieros y 58 millones de barriles de petróleo físico almacenado, no es tan difícil manipular el mercado petrolero cuando los megabancos de Wall Street “son capaces de apalancar (leverage) sus transacciones petroleras en el mercado de futuros con un factor de 95 a uno”: ¡El obsceno financierismo del petróleo!

En un impactante memorando interno de 2011, la Fed sabía todas las andanzas industriales del pulpo MS, “pese a que la Fed había otorgado al banco un estatus de sociedad financiera bancaria (Bank Holding Company) durante el crash de 2008 y hasta le había inyectado un total acumulado de 2 billones de dólares en préstamos muy por debajo de las tasas del mercado para ayudarle a sobrevivir el crash”.

La Fed confesó que MS controla un modelo verticalmente integrado que abarca la producción de crudo, su destilación, almacenamiento, terrenos y transporte marítimo y terrestre, y la doble distribución al mayoreo y al menudeo. La Fed finge asombrarse cuando MS es uno de sus bancos privados que lo encarnan. El gran juego consiste en que Wall Street sea un poder mundial como arma financiera geoestratégica de EEUU (http://goo.gl/KmNE9v).

Otros dos megabancos de Wall Street, JP Morgan-Chase y Goldman Sachs, que manejan colosales cantidades de derivados financieros, acompañan a MS en sus aventuras especulativas. La insolencia de MS es infinita y se da el lujo de acusar al “México neoliberal itamita”, pésimamente manejado por Videgaray, de haber propiciado el derrumbe del oro negro mediante sus apuestas financieristas alocadas (http://goo.gl/Vk3VUy).

Para que luego no se lamenten en forma farisea, curiosamente, en las apuestas para 2016 del depreciado itamita Videgaray se encuentra gratificado MS, además de Citigroup, JPMorgan-Chase y Goldman Sachs (http://goo.gl/k3YHku).

Ergo, el “México neoliberal itamita”, a espaldas de su disfuncional Congreso y sus desinformados/engañados ciudadanos, participa en el derrumbe de su propio petróleo para beneficiar a los megabancos de Wall Street y a la estrategia financierista de EEUU de asfixiar a sus rivales geopolíticos Rusia, Irán y ­Venezuela.

Alejandro Dumel, del Ministerio de Energía de Argentina, se basa en mi libro Los cinco precios del petróleo para definir que “hoy la abrupta caída del petróleo es una mezcla entre el precio geopolítico y el precio especulativo. De lo que menos tiene, hay que aclarar, es del precio económico (http://goo.gl/6goclt)”.

Lo más cómico es que James Gorman, mandamás de MS, haya sido elegido por tres años al consejo de la Fed de Nueva York, la más importante de sus 12 ramas: ¡el gallinero secuestrado por el lobo feroz! (http://goo.gl/kYqfKt)

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Chile es el país que menos impuestos le cobra a las empresas y el que más castiga al ciudadano de a pie

Dom, 28/02/2016 - 18:30
Angela Barraza Risso, El Ciudadano

Uno de los datos más relevantes que se considera en el FEM es la presión fiscal que dan los países a las empresas a través de los impuestos. Las puntuaciones más altas implican una menor competitividad.

Al analizar las cifras en América Latina, nos encontramos con la poco grata sorpresa de que los países en los que los negocios enfrentan menos presión son: Chile (27,9%), Ecuador (33%) y Perú (36%).

En el otro extremo de la lista -vale decir, los países donde los negocios enfrentan una mayor carga tributaria- se encuentran: Argentina (137,2%), Bolivia (83,7%) y Colombia (75,4%),

Este informe toma en consideración todos aquellos impuestos que son aplicados a los negocios, sin incluir en las cifras métricas a las personas que son empleados de dichos negocios.

Para determinar el coeficiente de la carga tributaria, el cálculo se hace tomando en cuenta qué porcentaje de los ingresos netos debe pagar cada empresario al Gobierno.

El estudio toma como puntos referenciales los datos de cinco tipos diferentes de impuestos: el impuesto sobre las ganancias, los impuestos que la compañía paga por cada uno de sus empleados (incluyendo las aportaciones sociales), los impuestos a la propiedad, el impuesto sobre las ventas y otros impuestos menores.

Vale mencionar que, a mayor cantidad de impuestos, más recursos tiene un gobierno para el gasto social, razón por la que se entiende que vivir en un país como Chile, donde todo se realiza a través de concesionarias, no se nos garantice ningún beneficio e incluso los artículos considerados “de primera necesidad” (agua, gas, electricidad, medicamentos, transporte urbano y una base de alimentos) los tengamos que pagar los ciudadanos, como si fueran un lujo.

Siempre las beneficiadas son las empresas y los más castigados somos los ciudadanos en pro del “crecimiento del país”. Es cosa de ver la situación de las regiones en el norte, donde están las mineras; empresas que generan millones de dólares asentadas y contaminando ciudades y pueblos que son demasiado pobres para lo que generan, como por ejemplo, Tocopilla o Alto Hospício. Lo mismo sucede en el sur con al agricultura y la pesca, situación dramática que se desplaza por todo el borde costero. Las pesqueras generan demasiada riqueza y a los pescadores artesanales los tienen muriendo de hambre, vigilados por Sernapesca, los que les cobran multas que son ridículas, para desincentivar este tipo de actividad y nos tienen a la población -de uno de los países con más costa del mundo en relación a su superficie- pagando por el pescado como si lo trajeran de las zonas más áridas de África.

Situación similar vive la gente de Santiago que paga un servicio de transporte urbano, en relación al sueldo que reciben, como si fuera de lujo. El traslado en la capital es de animales y si sacamos la cuenta, sale más barato andar en automóvil, los que tampoco están excentos de pagos absurdos ya que para transitar por las pistas de alta velocidad, deben pagar el TAG.

Sería bueno que la brecha con los demás países se vaya estrechando para que las personas dejemos de ser los más castigados desde que la dictadura se hizo presente. Antaño, las políticas sociales del país eran mucho mejores, lo que indica a todas luces que es posible. Partiendo por el sistema de previsión social (AFP), que es un asalto a mano armada ya que, ni siquiera, podemos decidir al respecto.

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Notas sobre el ciclo industrial en EEUU

Dom, 28/02/2016 - 13:00
José Antonio Rojas Nieto, La Jornada

Por fortuna y por desgracia para nuestros vecinos, desde inicios de 1984 su capacidad industrial instalada evolucionó a tasas anuales positivas, siempre considerando el nivel de un mes respecto del mismo mes del año anterior. Esta situación no fue ocasional. Se registró durante casi 20 años. Casi 240 meses. Sólo hasta inicios de 2004 –y por primera vez en la historia económica reciente de la industria estadunidense– empezaron a registrarse comportamientos negativos en este indicador tan significativo para la marcha de cualquier economía. El de la capacidad industrial instalada.

No voy a referirme en esta ocasión a indicadores que dan razón de diversos comportamientos económicos que acompañaron este significativo dinamismo de la industria vecina. Por ejemplo, el empleo, el salario, la productividad, las importaciones, las exportaciones. Y también –para dar otro ejemplo– el crédito. Me referiré por el momento sólo al gran dinamismo experimentado por el equipamiento industrial estadunidense en la minería, en las manufacturas y en las llamadas utilities de la electricidad y del gas natural, por su referencia al carácter de servicios públicos tradicionales. Es importante destacar que este fortalecimiento continuo de la capacidad industrial instalada –de ahí la fortuna– se acompañó de una evolución similarmente dinámica del nivel de producción industrial. No siempre es así, por paradójico que parezca.

De ordinario es mayor o menor la producción industrial cuanto mayor o menor resulta ser la capacidad utilizada, asunto que resulta más difícil justamente por el crecimiento de la capacidad instalada. Sí, estos tres indicadores reportados mensualmente por los responsables de las estadísticas económicas oficiales en Estados Unidos –capacidad instalada, capacidad utilizada y producción industrial– dan razón básica del ciclo industrial estadunidense. En el que se descubren –como lo he señalado– características de gran relevancia. Pero también –de aquí la desgracia– indicios de dificultades. Más severas –por paradójico que parezca– en la medida que la economía cuenta con mayor equipamiento. Sí, mientras mayor el equipamiento de una economía –en este ejemplo de la industria– mayor es la presión a generar excedente, de ordinario identificado en el volumen de valor agregado producido. O en el indicador de beneficios de las corporaciones, en nuestro caso no financieras. Sí, resulta que es imposible que todo gran dinamismo del equipamiento se acompañe con un dinamismo equivalente en la generación de valor agregado, derivado –en nuestro ejemplo– de la evolución de la producción industrial y, más específicamente, de los niveles de productividad industrial.

Pues bien, en el ciclo virtuoso de casi 240 meses de capacidad industrial instalada creciente, se pueden identificar cuatro etapas. Se trata de cuatro momentos en los que la producción industrial no sólo empieza a crecer a tasas cada vez menores, sino negativas: 1º) entre finales de 1981 y mediados de 1983; 2º) entre diciembre de 1990 y diciembre de 1991; 3º) entre marzo de 2001 y mayo de 2002; 4º) entre abril de 2008 y diciembre de 2009, un cuarto dramático y crítico. Sí, en este cuarto periodo, se vivieron los 20 meses más críticos de la industria estadunidense contemporánea. Se alcanzaron las caídas más negativas de la historia. A finales de 1945 y de 1975 las caídas en la producción industrial anual apenas alcanzaban menos 5 por ciento. En 2009 no sólo alcanzaron ese nivel de descenso, superaron y sobrepasaron el menos 10 por ciento. Y en los meses de abril, mayo y junio registraron caídas anuales de menos 15 por ciento. Pasarán a la historia por esos drásticos descensos en la producción industrial, siempre respecto del nivel del mismo mes del año anterior.

A partir de julio de 2009 las tasas fueron cada vez menos negativas. Y –de nuevo– a inicios de 2010 volvieron a ser positivas. Así duraron hasta octubre del año pasado. Sin embargo, a pesar de ser positivas, todos los meses del año pasado fueron cada vez menores. Y en noviembre nuevamente fueron negativas. Así llevan ya tres meses seguidos. Una vez más una fase de desaceleración y caída industriales. En este momento de 15 meses. ¿Qué pasa en febrero? ¿Y después? No es fácil señalarlo. Pero hay que indicar algo importante. Se ha frenado en la industria vecina. También la relación entre generación de excedente y equipamiento industrial. En la minería, en la manufactura y en las industrias eléctrica y del gas natural. En esta última de manera sorprendente, por un gas natural que el jueves de la semana pasada registró una cotización para el referente Henry Hub de Lousiana de un dólar con 70 centavos por millón de unidad térmica británica. Algo impensable antes de 2009, año en que el crudo y el gas decidieron seguir caminos diferentes que la baja actual de precios pareciera querer rectificar. Y como complemento indisociable a toda esta situación, se registra un descenso crónico y persistente en el nivel de capacidad utilizada. Ya no digamos en esta industria del gas natural. También en la de la extracción de petróleo. Y en otras ramas de la minería y la manufactura. Globalmente la utilización actual es de 77 por ciento. Superior sin duda al dramático 66 por ciento de utilización, propio de la crisis de 2008 y 2009. Pero inferior a los altos niveles –superiores a 80 por ciento– registrados luego de 1993 e incluso luego de las dificultades de los años 2000 y 2001.

Así, con altas y bajas, es cierto que el más alto nivel de producción industrial logrado a finales de 2007 se alcanzó de nuevo a mediados de 2014. Y que hubo no sólo una renovación de la dinámica de equipamiento industrial. Incluso de la rentabilidad industrial. Y eso a pesar de que la economía estadunidense tardó seis años y medio en recuperar el nivel histórico máximo de ese difícil 2007. Pero también es cierto y hay que advertirlo, una vez más hay signos persistentes de retracción industrial. Y eso para nuestra economía son malas… muy malas noticias. Ya lo veremos. Sin duda.

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Científicos advierten de una nueva amenaza para el planeta

Dom, 28/02/2016 - 00:17

El rápido calentamiento del Ártico podría tener un efecto "catastrófico" en el clima global y la prueba de ello es la escasa extensión de las banquisas —las placas de hielo marino— en la región, según ha advertido el presidente del Instituto Pacífico de California (Estados Unidos), el doctor Peter Gleik, al diario The Independent. Lo que está sucediendo en esa región "no tiene precedentes" con respecto a años anteriores, pues las banquisas se están derritiendo antes de lo previsto. Si descendiesen las temperaturas "es posible" que se recuperaran, aunque con la inminente llegada de la primavera al hemisferio norte "esto es muy poco probable", se lamenta Peter Gleik.

Para este científico, las consecuencias del fenómeno implicarían la formación de grandes y violentas tormentas, conocidas como 'ciclogénesis explosivas', que se generan cuando las masas de aire frío del Atlántico se combinan con masas de aire frío del Ártico. Asimismo, Gleik asegura que los cambios en la banquisa ártica y su volumen podrían reflejarse en los patrones de tormentas y lluvias en latitudes medias y especula con el hecho de que "los fuertes tornados fuera de temporada del centro de Estados Unidos y los nuevos patrones de las huracanes" estén relacionados con este fenómeno.
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Ver: El cambio climático es peor de lo que se ha dicho, Cambio climático

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La teoría general de Keynes a sus 80 años

Sáb, 27/02/2016 - 14:34
Robert Skidelsky, Project Syndicate

En 1935, John Maynard Keynes escribió a George Bernard Shaw: “Creo estar escribiendo un libro sobre teoría económica que revolucionará en gran medida – supongo que no enseguida, pero sí en el curso de los próximos diez años – el modo de pensar del mundo acerca de los problemas económicos”. Y, de hecho, la obra más destacada de Keynes, La teoría general del empleo, el interés y el dinero, publicada en febrero de 1936, transformó la economía y la formulación de políticas económicas. Ochenta años más tarde planteo la siguiente pregunta: ¿Se mantiene aún viva la teoría de Keynes?

Dos elementos del legado de Keynes parecen estar asegurados. En primer lugar, Keynes inventó la macroeconomía – la teoría de la producción en su conjunto. Denominó a su teoría con la palabra “general” para distinguirla de la teoría pre-keynesiana, que asumía un nivel único de producción – el pleno empleo.

Al mostrar cómo la economía podría permanecer atrapada en un equilibrio de “subempleo”, Keynes desafió la idea central de la economía ortodoxa de su tiempo: que indicaba que los mercados de todas las materias primas, incluyéndose entre ellas a la mano de obra, se equilibran de forma simultánea y automática mediante los precios. Además, el desafío planteado por Keynes implicó una nueva dimensión para la formulación de políticas: los gobiernos pueden tener la necesidad de incurrir en déficits para mantener el pleno empleo.

Las ecuaciones agregadas que sustentan la “teoría general” de Keynes aún están ampliamente presentes en los libros de texto de economía y dan forma a la política macroeconómica. Incluso aquellos que insisten que las economías de mercado gravitan hacia el pleno empleo se ven obligados a defender su posición dentro del marco teórico que Keynes creó. Los banqueros de los bancos centrales ajustan las tasas de interés para garantizar un equilibrio entre la demanda total y la oferta total, ya que gracias a Keynes, se sabe que el equilibrio podría no producirse de manera automática.

El segundo gran legado de Keynes es la noción de que los gobiernos pueden y deben prevenir las depresiones. La aceptación generalizada de este punto de vista se puede ver en la diferencia entre la fuerte respuesta en la forma de políticas al colapso ocurrido durante el período 2008-2009 y la reacción pasiva que se dio ante la Gran Depresión de 1929-1932. Tal como el premio Nobel Robert Lucas, quien es contrario a Keynes, admitió en el año 2008: “Supongo que en la trinchera todo el mundo es keynesiano”.

Habiendo dicho esto, se debe indicar que la teoría del equilibrio del “subempleo” de Keynes ya no es aceptada por la mayoría de los economistas y formuladores de políticas. La crisis financiera mundial del año 2008 lo confirma. El colapso desacreditó la versión más extrema del enfoque que señala que la economía se autoajusta óptimamente; sin embargo, no restauró el prestigio del enfoque keynesiano.

Sin lugar a dudas, fueron las medidas keynesianas las que detuvieron el desplazamiento a la baja de la economía mundial. Sin embargo, también cargaron a los gobiernos con grandes déficits, que pronto llegaron a ser vistos como obstáculos para la recuperación – lo contrario de lo que Keynes enseñó. Ya que el desempleo aún era elevado, los gobiernos volvieron a la ortodoxia pre-keynesiana, recortando el gasto para reducir sus déficits – y socavaron la recuperación económica en el proceso.

Hay tres razones principales para este retroceso. En primer lugar, nunca se invalidó completamente la creencia en el poder que tienen los precios dentro de una economía capitalista para equilibrar el mercado laboral. Por lo tanto, la mayoría de los economistas llegaron a considerar que la persistencia del desempleo era una circunstancia extraordinaria que surge sólo cuando las cosas van muy mal, y que ciertamente no es el estado normal de las economías de mercado. El rechazo al concepto de incertidumbre radical de Keynes se encontraba en el corazón de esta reversión hacia el pensamiento pre-keynesiano. En segundo lugar, las políticas keynesianas de posguerra sobre la “gestión de la demanda”, a las cuales se otorgó el mérito de haber producido el gran auge posterior al año 1945, se encontraron con problemas de inflación a finales de la década de 1960. Alertados sobre el empeoramiento del trueque entre inflación y desempleo, los formuladores de políticas keynesianos trataron de sostener el auge a través de la política de ingresos – controlar los costos salariales mediante la firma de acuerdos nacionales con los sindicatos.

A partir de la década de 1960 hasta finales de la década de 1970, se intentó aplicar esta política de ingresos en muchos países. A lo sumo, se lograron éxitos temporales, pero las políticas siempre fallaron. Milton Friedman proporciona una razón que cuadraba con el creciente desencanto respecto a los controles de precios y salarios, y que reafirmó el punto de vista pre-keynesiano sobre cómo funcionan las economías de mercado. La inflación, dijo Friedman, sobrevino debido a los intentos de los gobiernos keynesianos por obligar a reducir el desempleo por debajo de su tasa “natural”. La clave para recuperar la estabilidad de los precios fue abandonar el compromiso de pleno empleo, debilitar a los sindicatos, y desregular el sistema financiero.

Y, de esta forma renació la vieja ortodoxia. El objetivo de pleno empleo fue sustituido por un objetivo de inflación, el desempleo fue dejado a que por sí solo busque su tasa “natural”, fuera la que fuese. Con este equipo de navegación defectuoso los políticos tuvieron que navegar a todo vapor para enfrentar a los témpanos del año 2008.

La última razón para que el keynesianismo caiga de su pedestal fue el desplazamiento ideológico hacia la derecha que comenzó con la primer ministro británica Margaret Thatcher y el presidente estadounidense Ronald Reagan. Este desplazamiento se debió más a la hostilidad existente hacia el Estado agrandado que surgió después de la Segunda Guerra Mundial y menos al rechazo de las políticas keynesianas propiamente dichas. La política fiscal keynesiana quedó atrapada en fuego cruzado, ya que muchos en la derecha la condenaron como una manifestación de la “excesiva” intervención del gobierno en la economía.

Dos reflexiones finales sugieren un papel renovado, aunque más modesto, para la economía keynesiana. Para la ortodoxia pre-2008, un shock aún mayor que el colapso per se fue la revelación del poder corrupto del sistema financiero y el grado en que los gobiernos posteriores al colapso permitieron que sus políticas sean redactadas por los banqueros. Controlar los mercados financieros en favor de los intereses de la justicia social y el pleno empleo se asienta directamente en la tradición keynesiana.

En segundo lugar, para las nuevas generaciones de estudiantes, la relevancia de Keynes puede situarse en menor magnitud en sus remedios específicos para el desempleo en comparación con la mayor prominencia que pudiese tener la crítica de Keynes a su profesión en cuando a modelados construidos sobre la base de supuestos irreales. Los estudiantes de economía deseosos de escapar del mundo esquelético de agentes optimizadores hacia un mundo de seres humanos plenos e integrales que se sitúan dentro de sus historias, culturas e instituciones se darán cuenta que la economía de Keynes es inherentemente comprensiva de dichos deseos. Esa es la razón por la que espero que Keynes tenga presencia viva dentro de 20 años, cuando se cumpla el centenario de la Teoría General, y que, posteriormente, se mantenga por mucho tiempo más.
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Project Syndicate. Traducción de Rocío L. Barrientos.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Paul Krugman: "Si España hubiese mantenido la peseta su industria sería más fuerte"

Ven, 26/02/2016 - 08:01


Paul Krugman, premio Nobel y profesor de Economía en la Universidad de Princeton, cree que si España no hubiera entrado en el euro la industria hubiera aguantado mejor durante la crisis. Además, el Nobel también ha negado que haya aconsejado al Gobierno de Grecia tras la victoria de Syriza en el país heleno.

En una entrevista realizada por Business Insider, preguntan a Krugman que cómo podrían España, Grecia o Portugal mejorar sus exportaciones: "España lleva tiempo viendo mejoras en sus exportaciones, tras un largo periodo de elevado desempleo los salarios se han mantenido a la baja". Esta situación ha permitido que los bienes y servicios producidos en España sean más competitivos.

Krugman sostiene que "España está actuando como una especie de centro de manufacturación dentro de Europa, España está empezando a sentir la recuperación. Sin embargo, Portugal está algo más lejos de lograr esa etapa".

Por otro lado, Krugman cree que si España no hubiese entrado en el euro el camino hubiese sido más sencillo: "Supón que España nunca se hubiera unido al euro y, por tanto, se hubiera producido una fuerte depreciación de la peseta. Probablemente, la industria española hubiera crecido de forma significativa. La idea de que no se puede hacer nada es incorrecta. Con los precios correctos pueden ocurrir muchas cosas", sentencia el célebre economista.

El caso de Grecia Krugman cree que el turismo puede ser la mejor 'industria' para Grecia: "Tenemos la tendencia a no tomar en serio el turismo, pero puede traer grandes cantidades de dinero. Siempre me gusta destacar que la economía griega es aproximadamente del mismo tamaño de la del área metropolitana de Miami. ¿Por qué no puede ser Grecia una economía que viva del turismo?".

"Cadenas hoteleras y demás inversiones pueden instalarse en Grecia... Estas economías no son un caso perdido, hay muchas posibilidades de hacer cosas si les llega el crédito utilizando una política monetaria que funcione", sentencia el economista estadounidense.

Por último, para terminar con Grecia, Krugman asegura que "nunca ha trabajado como asesor de Grecia. He hablado con gente y ese tipo de cosas. Conocí a Varoufakis hace algunos meses, pero después de que él ya no estuviera en el Gobierno. Yo puedo hablar con personas, pero eso no quiere decir que esté realizando una tipo de trabajo formal".

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Proyecto de oleoducto de Catar a Europa originó la guerra en Siria

Ven, 26/02/2016 - 07:01

La decisión de Estados Unidos de organizar una campaña para derrocar al presidente de Siria, Bashar al Assad, en gran parte se basó en la negativa de este mandatario a permitir el paso por su país de un gasoducto desde Catar hacia Europa, asegura el abogado Robert Kennedy júnior, sobrino del expresidente norteamericano John F. Kennedy, en un artículo para la revista Politico.

"Nuestra guerra contra Bashar al Assad no comenzó por las protestas civiles pacíficas de la Primavera Árabe en 2011", sino en 2000, "cuando Catar ofreció construir un gasoducto por valor de 10.000 millones de dólares que atravesara Arabia Saudita, Jordania, Siria y Turquía", señala Kennedy.

Esa infraestructura hubiera garantizado que los reinos suníes del golfo Pérsico tuvieran una ventaja decisiva en los mercados mundiales de gas y hubiese fortalecido a Catar, que es el aliado más cercano que Estados Unidos posee en la región, según destaca el autor, quien hace hincapié en que allí se encuentran dos de las principales bases militares norteamericanas y la sede del Mando Central de Estados Unidos en Oriente Medio.

Este columnista indica que, para defender los intereses de Rusia, el presidente sirio se negó a firmar ese acuerdo y optó por otro gasoducto, que se hubiera extendido desde Irán a Líbano y hubiese convertido a los iraníes en los mayores proveedores de gas a Europa, lo cual iba en contra de los intereses de los árabes de mayoría sunita.

Inmediatamente después de la negativa al proyecto inicial, las agencias de inteligencia de EE.UU., Catar, Arabia Saudita e Israel comenzaron a financiar a la oposición de Siria y a preparar una revuelta para derrocar al régimen de Assad, según los datos de diversos informes secretos a los que ha tenido acceso Kennedy, quien detalla que la CIA transfirió seis millones de dólares a la cadena de televisión británica Barada para que elaborara reportajes en favor del derrocamiento del mandatario sirio.

Sin embargo, Robert Kennedy júnior subraya que las decisiones de Washington obviaron el hecho de que el Gobierno de Siria era mucho más moderado que las monarquías suníes, gracias a que el país era secular y poseía una élite pluralista. Además, Assad abogaba por la liberalización y, entre otras cosas, aportó a la CIA toda la información después de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York.

El autor recuerda que la inteligencia norteamericana ha utilizado a los yihadistas para proteger los intereses relacionados con los hidrocarburos de Estados Unidos y derrocar a regímenes en Oriente Medio desde mediados del siglo XX, debido a que consideraba que las fuerzas religiosas radicales eran un contrapeso fiable a la influencia de la Unión Soviética en la zona.

Ya en 1957, EE.UU. trató en vano de provocar una revolución en Siria y derrocar al gobierno secular democráticamente elegido. Sin embargo, no se detuvo ahí, sino que la aparición de "el grupo criminal petrolero" Estado Islámico es el resultado de una larga historia de intervención de Estados Unidos en la región, finaliza el jurista.

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La guerra del agua de las castas en India

Xov, 25/02/2016 - 09:01
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

India, la fascinante civilización milenaria que he visitado varias ocasiones, es una camuflada superpotencia nuclear que pertenece a los BRICS –que Estados Unidos y Gran Bretaña anhelan aniquilar– y ostenta un impactante tercer lugar en el ranking del PIB global –detrás de China y Estados Unidos, ¡y antes de Japón y Alemania! (https://goo.gl/5vblqO)–, con uno de los mayores crecimientos en medio de la deflación mundial, pero que exhibe, en forma paradójica, una preo­cupante vulnerabilidad debido a su carencia y pésimo reparto regional del agua.

El rotativo británico The Guardian titula que Delhi, la capital de India, enfrenta una crisis de racionamiento del agua con cierre de escuelas debido a las protestas de las castas que sacuden al estado de Haryana: la casta rural jat encabeza las protestas, exige cuotas para los muy buscados puestos gubernamentales y de las universidades (http://goo.gl/twRdgk).

Pese al vigoroso crecimiento económico de India, la casta rural jat se queja de no encontrar empleo debido a las cuotas comunitarias. Curiosamente, el estado contestatario es gobernado por el partido Janata Bharatiya, al que pertenece el primer ministro Narendra Modi, cuando la lucha por el empleo, traducida en una guerra urbana del agua, rebasa la afiliación partidista.

The Guardian comenta que India reserva lugares para las castas inferiores (sic) para encauzar a las víctimas de la peor discriminación, lo cual provoca resentimiento en las otras comunidades, que se sienten despojadas. Lo que llama la atención es el conocimiento estratégico del abasto de agua del estado Haryana a la capital Delhi, lo cual, de hecho, la coloca a merced de la sed y paraliza las funciones de los tres poderes de la federación india.

La casta rural jat –mayor comunidad en Haryana, con casi 8 millones de miembros, consagrados en forma tradicional a la agricultura– exige mayor acceso a los empleos del gobierno, pero destruye la infraestructura acuífera del estado Haryana, que ha arrojado un saldo de 12 muertos y 150 heridos. Haryana rodea tres de los cuatro lados de la capital Delhi, a la que alimenta con 60 por ciento de su agua, y es uno de los estados más prósperos, con el segundo ingreso más alto per cápita (mil 900 dólares), con abundantes millonarios (crorepatis).

Siete plantas de tratamiento de agua fueron cerradas, lo cual afectó el abasto de dos terceras partes de Delhi, que cuenta con 25.7 millones de habitantes y es, por cierto, la ciudad más contaminada del planeta, que causa la muerte de 11 mil personas cada año.

Haryana –44 mil 212 kilómetros cuadrados, un poco menos que Quintana Roo, con 25.3 millones y cuya capital Chandigarh (un millón de habitantes) es compartida también con el legendario estado de Punjab– es el mayor receptor de inversiones en India y una de sus regiones más desarrolladas, tanto por su industria manufacturera como por su agricultura. Faridabad (1.5 millones de habitantes), que colinda con Delhi, es la mayor ciudad industrial estatal.

El abastecimiento del agua –alterado cuando los manifestantes forzaron el cierre de un canal en Haryana que lleva el agua a las plantas de tratamiento de la capital– debe ser restablecido después de que las fuerzas de seguridad tomaron control del canal Munak, lo cual repercutió en el suministro de verduras y leche (http://goo.gl/9FWU58). BBC reporta que 10 millones se han quedado sin agua en Delhi durante cuatro días (http://goo.gl/OrcWW4).

El relevante río Yamuna, que nutre cinco cuencas de cinco estados, donde destaca Delhi, es alimentado por un glaciar del Himalaya, tributario del Ganges, máximo río sagrado del hinduismo. En la mitología hindú, Yamuna es hermana de Yama, el dios de la muerte, e hija del dios sol Surya. El célebre mausoleo Taj Mahal se encuentra en la ribera del río Yamuna, en la ciudad de Agra.

La más reciente protesta violenta de las castas se escenificó en el estado occidental de Gujarat –31 millones de habitantes y 196 mil kilómetros cuadrados, mayor que Sonora, y segundo estado más industrializado de India detrás de Maharastra (110 millones de habitantes), cuya capital, Mumbai (18 millones de habitantes), es el centro financiero del país, cuando en 2015 la casta patidar/patel exigió el mismo trato otorgado a las castas inferiores, clasificadas por el gobierno como clases atrasadas (OBC, por sus siglas en inglés).

Según The Telegraph, se despliega una inconvencional lucha de clases cuando los puestos gubernamentales y escuelas gratuitas son asignadas a las castas inferiores bajo el sistema de reservación de acción afirmativa para contrarrestar la discriminación arraigada.

Hoy “hasta 50 por ciento de tales posiciones están delimitadas a los dalits (previamente conocidos como intocables)”, poblaciones tribales y grupos sociales designados en su conjunto como OBC, entre cuyas filas se encuentra el primer ministro Modi, hijo de un vendedor de té (http://goo.gl/Fua8ep). Los supraprivilegios no han sido fáciles de eliminar, como sucedió con la casta pudiente de los patidar/patel, cuando justamente el éxito económico de Gujarat propulsó al primer ministro Modi al olimpo geoestratégico.

La proyección geoestratégica de India le obliga a crear un equilibrio entre el anhelado sistema de reserva y la meritocracia, cuando necesita de sus mejores cuadros para competir a escala global. Esa es justamente la tarea armónica y artística de un gobierno capaz que avanza en todas las esferas del conocimiento y del bien común, que incluye el agua, que, además de ser sagrada para la grandiosa población de India, subsume su talón de Aquiles, como lo exhibieron las revueltas en Hiryana, cuyo primer acto de sublevación consistió en dejar sin el líquido vital a la capital Delhi.

Las guerras globales del agua (http://goo.gl/IKoj2l) son estratificadas en varios niveles desde los municipios/capitales de estados y federaciones pasando por regiones hasta transfronteras interestatales y de países (http://goo.gl/Rgt0WK).

Mucho me temo que los alquimistas neoliberales de la privatización a ultranza del agua no tomen en consideración la chispa de fuego que pueden prender en la Bolivia mexicana, donde habitan alrededor de 15 millones y que abarca a Iztapalapa, la mayor zona poblada de la Ciudad de México, que colinda con la zona sedienta urbana de Ciudad Neza/Ixtapaluca/Chimalhuacán /Chalco/Texcoco del estado de México (http://goo.gl/gaOPH6). ¿Una India en México?

Un daño colateral de consecuencia inesperada del proyecto del acueducto Monterrey VI es la alienación laboral/siquiátrica y la enajenación catastral de la agricultura del “México neoliberal itamita” que todavía ostenta alrededor de 35 millones de campesinos con un salario de 80 dólares al mes, ya que desviaría el río Pánuco de los castrados estados de San Luis Potosí, Veracruz y Tamaulipas.

El polémico acueducto Monterrey VI forma parte de la seguridad nacional energética de Norteamérica (http://goo.gl/2W2uH0), un proyecto de Estados Unidos, donde el fracking (fracturación hidráulica) epitomiza la bisagra de las privatizaciones conjuntas del petróleo y el agua para el noreste de México, que ostenta la tercera reserva mundial del shale gas (gas esquisto).

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Las sequías severas provocaron el fin de la civilización maya

Xov, 25/02/2016 - 07:30

Cómo encontraron su final los mayas es uno de los misterios más extraños de la historia. Sin embargo, para algunos expertos el cambio climático jugó un papel fundamental en su caída, según recoge la BBC. Un estudio publicado en diciembre en Science Direct trata de arrojar luz sobre la desaparición de esta civilización. En este documento, varios arqueólogos de Estados Unidos y Reino Unido han reunido por primera vez todos los centros urbanos de las tierras mayas, que comprenden alrededor de 200 fechas diferentes y se extienden a través de la península de Yucatán. Esta recopilación permitirá que los investigadores construyan un panorama amplio del momento en el que las ciudades mayas del norte permanecieron activas y el momento en el que podrían haber caído.

Cuando floreció la cultura maya, los registros climáticos muestran que en la región se produjeron precipitaciones relativamente altas pero, a partir del año 820 d. C., la zona sufrió 95 años de sequías, algunas de las cuales se prolongaron durante décadas. La mayoría de las ciudades mayas cayeron entre los años 850 DC y 925 DC —en gran parte coincidiendo con este siglo de sequía— y se encontraban principalmente en la parte sur de su territorio, en las actuales Guatemala y Belice. Sin embargo, en el norte de la península de Yucatán, esta civilización no solo sobrevivió, sino que comenzó a florecer.

Si el sur se paralizó para siempre por el cambio climático, los críticos se preguntan por qué no sucedió lo mismo en el norte. Hasta el momento, los investigadores habían propuesto varias explicaciones, pero las pesquisas de este equipo de arqueólogos cambia de manera significativa nuestra comprensión sobre cuándo y cómo llegó a su fin la civilización maya. Sin duda, las sequías del siglo IX fueron graves, pero el siglo XI trajo una 'megasequía'. De este modo, los registros muestran que las precipitaciones disminuyeron de manera drástica durante la mayor parte del siglo, entre los años 1020 y 1100 DC. Este análisis exhaustivo confirma que el cambio climático fue contemporáneo no con uno, sino con dos períodos devastadores del declive maya.

Si la primera ola de sequía había acabado con los mayas del sur, la segunda ola pudo haber provocado su desaparición en el norte. Tras este periodo, los mayas no se volverían a recuperar del todo. Con estos datos, resulta más que probable que el cambio climático jugó un papel decisivo en la caída de los mayas, ya que eran muy dependientes de los cultivos. Así, años de cosechas escasas habrían disminuido de manera gradual su influencia política y conducido a la desintegración de su sociedad, aunque el éxodo del pueblo maya también pudo haber sido motivado por el hambre y la búsqueda de agua.

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¿Es el euro el problema?

Xov, 25/02/2016 - 07:01
Miren Etxezarreta, Razón y Revolución

Entre muchos comentarios acerca de los problemas de las economías de la periferia europea, entre las que está la del Estado español, con frecuencia se menciona que una de las salidas a la tremenda situación que estamos sufriendo sería que las economías con problemas salieran del euro y volvieran a las monedas de cada estado.

Es verdad que el euro se estableció de forma deficiente, sin tener en cuenta lo que podía suceder en unas circunstancias de crisis como las actuales, ni considerar suficientemente las diferencias entre las economías de los países que se integraban en la moneda única, que hay abundantes errores de concepción y que la pertenencia al euro nos está creando problemas muy graves, ha permitido estrategias de política económica muy equivocadas y ahora está exigiendo medidas muy duras. ¿Puede ser el abandono del euro la solución?

Es una solución que propugnan algunos economistas críticos serios, por lo que yo no querría descalificarla, ni mucho menos. Es posible que sea una salida ante la muy difícil situación en la que nos encontramos. Y hay que afirmar que salir del euro puede ser más o menos difícil y costoso, pero es posible, como lo muestra el hecho que hay muchos países en el mundo que no están en el euro, incluyendo los diez de la UE, que no forman parte de la eurozona.

Pero no puedo evitar preguntarme que supondría la salida del euro. Tal como yo lo veo, la ventaja mayor de salir del euro es que los estados recuperarían la capacidad de devaluar, y, por lo tanto, podríamos vender más baratos en el exterior nuestros productos. El mítico mensaje de “ser más competitivos”. ¿Basta esto para resolver los graves problemas en los que estamos sumidos?

En primer lugar, no es seguro que vender más barato suponga automáticamente vender más. Depende de la demanda de los otros países, y frente a ello poco podemos hacer desde el exterior. Puede no aumentar, aunque baje el precio, porque sean otros los elementos relevantes para la competencia (calidad del producto, sistema de después de las ventas, diseño, etc.), y, además, depende de los precios de los competidores, que pueden ser tan bajos que una disminución de nuestros precios no altere la demanda. Por otra parte, no hay que olvidar que una devaluación supone encarecer nuestras importaciones, y por el momento, y a pesar de la crisis, son mayores que las exportaciones. Lo que hace que la subida de precios, que la devaluación supondría, puede perjudicar nuestra balanza externa, dado que nuestra demanda para los productos que importamos (petróleo, materias primas, tecnología) es difícil de disminuir, pues los necesitamos para el funcionamiento básico de nuestra economía. Además, ¿Cuánto tendrían que mejorar nuestras exportaciones para resolver nuestros problemas? Me parece una idea poco realista.

Quienes argumentan por la salida del euro no se detienen ahí. Piensan que tener una moneda estatal permitiría una política económica autóctona, que facilitaría recuperar el poder para hacer una política económica autónoma, sin las limitaciones férreas que nos imponen los programas de ajuste. Y aquí estoy mucho menos segura que sea así. Porque vivimos en un mundo globalizado y, no lo olvidemos, de un capitalismo feroz. Y un país económicamente débil, como nosotros, tiene muy poca autonomía. Tanto frente a los mercados, a los que habría que recurrir para la financiación necesaria, como frente a las grandes empresas que dominan nuestra economía, como frente a los organismos internacionales, sobre todo Fondo Monetario Internacional y OCDE que se han atribuido la capacidad de controlar las economías mundiales. ¿Qué diferencias supondría en el control al que estaríamos sometidos si nuestras condiciones de base, en el mejor de los casos, necesitarían mucho tiempo para cambiar? Aquí es donde creo que la salida del euro es una ilusión. En el mundo de un capitalismo agresivo y global, ¿qué capacidad tiene la economía del Estado español para tomar una ruta autónoma? Ya en 1959, con el Pacto de Estabilidad, España estuvo sometida al ajuste dictado por el FMI, y lo mismo en 1977 cuando el Pacto de la Moncloa, y en otras ocasiones.

Salir del euro es un tema complicado. A veces, se habla de salir del euro como si fuera una opción similar a ir o no al cine. Pero salir del euro tendría que suponer muchas otras medidas, entre ellas el repudio de la deuda externa, puesto que si la deuda tuviéramos que pagarla en euros la situación sería totalmente inviable. Pero supondría asimismo otros muchos cambios de alcance. Salir del euro equivale a un tsunami económico. Y no veo que fuese a resolver nuestros problemas fundamentales. Estamos prisioneros de un capitalismo global, absurdo, irracional, que en esta crisis nos está obligando a rebajar brutalmente nuestro nivel de vida para que los grandes capitales mundiales puedan seguir manteniendo el sistema y ganando mucho dinero. ¿Salir del euro nos permitirá establecer una sociedad distinta, justa y sostenible, o, en el mejor de los casos, aspecto que ya señalo que dudo mucho, facilitaría algunas medidas de política económica que permitirían una pequeña recuperación temporal de nuestra economía?

Con o sin euro, nuestra situación es muy difícil. Es el capitalismo global el que constituye el problema, más que la moneda única. Con o sin euro tenemos problemas graves de una economía débil y depauperada, de un sistema productivo desarbolado totalmente con muy pocas excepciones positivas, la población está exhausta con tanto paro, disminución de salarios, precariedad laboral, pérdida de los derechos sociales, y un muy largo etc. Temo que salir del euro no facilitará mucho la solución a estos problemas. Pero ya he dicho que es posible que tengan razón quienes lo propugnan. Personalmente no me pronunciaría con mucha fuerza. Con o sin euro tenemos problemas muy graves. En cualquier caso, no me parece el tema clave, y mucho menos para que constituya el debate crucial entre las fuerzas que deseamos otra sociedad. Se necesita un cambio radical para avanzar hacia una sociedad más satisfactoria. Por esto opino que, a plazo medio, es mucho más práctico, que sería mucho más eficiente, plantearse la necesidad de salir del capitalismo, de que ese cambio radical necesario y difícil vaya dirigido a transformar el sistema económico en el que vivimos. No es tanto un problema de moneda, sino de sistema.

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TIN: ¿adiós al dominio del capital financiero?

Mér, 24/02/2016 - 12:23
Alejandro Nadal, La Jornada

En los últimos decenios el dominio del capital financiero sobre la economía mundial ha sido casi absoluto. La esfera financiera se ha constituido en un espacio de rentabilidad que mantiene un fuerte grado de autonomía frente a las actividades productivas y comerciales de la economía real.

Pero hoy las cosas podrían estar cambiando. Los gobiernos de los países que han decidido mantener una tasa de interés negativa (TIN) están sometiendo al sector bancario a una severa prueba de esfuerzo.

El sector financiero llegó a dominar el quehacer de la política económica. Por ejemplo, los últimos cuatro decenios se caracterizan por el desmantelamiento del sistema regulatorio sobre todas las operaciones del sistema financiero y bancario. La definición de prioridades para la política macroeconómica no se quedó atrás. Los objetivos de la política fiscal y de la política monetaria fueron los del capital financiero. En materia fiscal la prioridad número uno fue la de generar un superávit primario para cubrir el pago de cargas financieras. Los objetivos relacionados con el desarrollo económico y social quedan subordinados a las necesidades del capital financiero.

En la parte monetaria, la política macroeconómica buscó siempre luchar contra otro de los peores enemigos del capital financiero, la inflación. La política monetaria mantuvo casi siempre una tasa de interés capaz de contener la demanda agregada y frenar el incremento en el índice general de precios al consumidor. En cuanto a los bancos y sus funciones de creación monetaria la política macroeconómica mantuvo una postura pasiva y procedió a reducir radicalmente las regulaciones del sistema financiero y bancario.

La teoría económica convencional siempre consideró que el banco central imponía los niveles de reservas necesarios para asegurar el buen funcionamiento de los bancos comerciales privados. En realidad, la capacidad de los bancos para crear dinero de la nada mantuvo a los bancos centrales en la defensiva. En lugar de que el instituto monetario central dictara los niveles de reservas necesarios, fue la actividad bancaria privada la que le impuso la creación de reservas necesarias para mantener los niveles de actividad económica.

Varios países importantes han introducido tasas de interés negativas (TIN), incluyendo el gran espacio económico de la esfera del euro. Y la tendencia podría intensificarse: Estados Unidos y su Reserva federal podrían recurrir a este esquema de tasas negativas si la ‘recuperación’ se debilita más y termina por agotarse (lo que muchos analistas y miembros de la Fed consideran que tendrá que ocurrir).

Hace unas semanas, el influyente ex director de la Reserva federal de Minnesota, Narayan Kocherlakota, señaló que las tasas negativas de interés eran un instrumento poderoso en las herramientas de cualquier banco central. ¿Hasta dónde podría llegar esta tendencia? Analistas de JP Morgan consideran que los bancos centrales del Reino Unido y Japón, por ejemplo, podrían llevar sus tasas negativas al nivel de menos 2.7 y menos 3.45 por ciento, respectivamente. La eurozona podría alcanzar tasas negativas de menos 4.5 por ciento y esa decisión podría anunciarse en marzo. Finalmente, de considerarlo necesario la Reserva federal tendría la capacidad de imponer una tasa negativa de hasta menos 1.3 por ciento.

Todo lo anterior tendrá un fuerte impacto sobre la rentabilidad de los bancos. Es decir, por primera vez en cuatro décadas la autoridad política adopta medidas que tienen un impacto decisivo sobre la rentabilidad del sector bancario comercial privado. A pesar de que los bancos efectivamente tienen la capacidad de crear dinero de la nada, su rentabilidad depende de los diferenciales de tasas de interés (pasivas y activas). Y una tasa negativa sobre sus depósitos y reservas en el banco central les afecta de manera directa.

No todo el capital financiero es afectado de la misma manera por estas tasas negativas, pero es cierto que casi todo el espectro de actividades financieras ha recibido un impacto directo. Por ejemplo, los rendimientos de bonos soberanos de corto plazo en Suiza, Suecia y la eurozona fueron negativos en 2015. La razón es que las tasas de referencia del banco central han sido siempre una base para determinar rendimientos en los mercados secundarios. Los componentes no-bancarios del sector financiero también se han visto afectados. Con las tasas negativas la capacidad de algunos fondos de pensiones y compañías de seguros para hacer frente a sus obligaciones de corto plazo se ha visto severamente limitada.

Las tasas negativas tienen por objeto luchar contra la deflación. Quizás terminan por erosionar la paridad cambiaria y ése es otro objetivo del banco central. Pero también es probable que las tasas negativas afecten la estabilidad del sector bancario y financiero de maneras que todavía no terminan de ser bien apreciadas. La lucha entre el Estado y el mundo financiero es una larga e interesante historia en la evolución del capitalismo. ¿Estaríamos presenciando el inicio de una nueva fase de esta larga historia?

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El cambio climático es peor de lo que se ha dicho

Mér, 24/02/2016 - 04:09
Vicenç Navarro, Público.es

Por muchos años ha existido la negativa por parte de fuerzas políticas conservadoras y liberales en reconocer que la población mundial está sufriendo las consecuencias negativas de un cambio climático irreversible que está dañando el bienestar y calidad de vida de amplios sectores de tal población. Y cuando por fin, ante la enorme evidencia científica que se ha ido acumulando de que sí estamos experimentando tal cambio climático, los negativistas lo han aceptado, pero (y es un importante pero) lo han atribuido a cambios naturales de carácter cíclico, negando ahora que tal cambio se debiera a intervención humana.

Pero esta percepción, procedente de círculos conservadores y neoliberales, ha ido acompañada de otra existente en fórums más sensibles a la evidencia científica, y que han aceptado no solo la existencia del cambio climático, sino también que éste se debe primordialmente a las consecuencias negativas del elevado consumo de las energías basadas en productos fósiles, que generan gases cuya acumulación provoca el cambio del clima.

Cada vez más gobiernos en el mundo están llegando a esta conclusión. Pero muchos de ellos, incluyendo las potencias económicas mundiales más poderosas (y mayores generadoras de tales gases) creen que la comunidad internacional ya está respondiendo de manera adecuada a los retos que representa el cambio climático, mostrando como indicador de ello la reciente Conferencia de París, que se ha presentado como un gran éxito, asumiendo que las medidas tomadas en aquel cónclave internacional permitirán, no solo frenar el cambio climático, sino incluso revertirlo.

Hemos podido leer en los mayores medios de información referirse a tal conferencia como “el mayor éxito diplomático internacional jamás conocido”, frase que utilizó el rotativo británico The Guardian (uno de los periódicos que goza de mayor prestigio y credibilidad en el mundo de habla inglesa), y que ha hecho fortuna al subrayar que la comunidad internacional supo estar en aquella reunión a la altura de las circunstancias. Para no ser menos, el Secretario General de Naciones Unidas, el Sr. Ban Ki-moon, presentó dicha conferencia como la mejor contribución de la comunidad internacional al futuro de las siguientes generaciones. “Hoy podemos mirar a los ojos a nuestros hijos y nietos y decirles que hemos juntado esfuerzos para un mundo más habitable y visible para ellos”.

La realidad muestra, sin embargo, una situación muy diferente. Y añadiría yo, preocupante, pues todavía parece no haber plena conciencia entre las estructuras de poder del mundo (y las instituciones que las reproducen) de que el cambio climático es peor de lo que creen, que este cambio es irreversible y que sus consecuencias son mucho más negativas de lo que piensan. En realidad, las medidas que se tomaron en París son muy insuficientes, muy por detrás de las que deberían haberse tomado. Y me temo que no se tomarán, a no ser que haya un cambio muy significativo en las coordenadas de poder existentes a día de hoy en las instituciones nacionales e internacionales donde se están tomando las decisiones cuya aplicación está creando el gran deterioro del clima.

El excesivo optimismo de la Conferencia de Paris Veamos los datos. Y asumo que el lector está, a grandes rasgos, informado de lo que los grandes medios de comunicación escribieron sobre la Conferencia de París, que se presentó como un gran éxito de la diplomacia francesa. Esta percepción fue facilitada por la exclusión de voces críticas que querían protestar durante la Conferencia de París y que el gobierno francés apartó de la Conferencia bajo la excusa de que tenía que extremar las medidas de seguridad tomadas a partir de los atentados terroristas de ISIS, ocurridos el pasado noviembre. Nunca antes se había visto un caso más claro de utilizar la lucha antiterrorista para apagar las voces críticas. El gobierno francés utilizó claramente tales medidas para impedir cualquier movimiento de protesta en París frente al optimismo oficial.

Recordará el lector que, según los mayores medios de información, el supuesto gran éxito de la Conferencia era haber alcanzado el acuerdo de todos los 196 países participantes para que, a partir de ahora, se tomaran medidas con el fin de que la temperatura terrestre no subiera más de 2º centígrados para final de siglo. Y para enfatizar la enorme importancia de este hecho y la inteligencia colectiva en tal Conferencia, se presentó también como signo de otro éxito el que se aprobara también que se intentaría que este incremento fuera incluso menor, es decir, un incremento de no más de 1,5º centígrados. Tal petición la habían hecho los países más pobres y más vulnerables al cambio climático. Estos dos eran supuestamente los grandes éxitos de la Conferencia.

Los enormes límites de la Conferencia de París Lo que es probable que usted no conozca es que tales objetivos no tenían ningún valor normativo. Era un desiderátum, sin que se tomaran medidas (incluyendo las sancionadoras) que estimularan a que se alcanzase tal objetivo. En realidad, voces científicas creíbles han calculado que, sumando todas las medidas a las que cada país participante en la Conferencia se comprometió a realizar para alcanzar el objetivo aprobado, (no más de 2ºC de aumento), el objetivo final sería mucho peor, pues el crecimiento de la temperatura global sería de 3,5º centígrados, un aumento auténticamente catastrófico que pondría en cuestión la propia viabilidad del colectivo humano (ver “The Irreversible Climate Change”, Monthly Review, vol. 67 N.9, february 2016).

Otra debilidad de la Conferencia fue que dicho acuerdo no dijo nada sobre los límites de las emisiones de CO2, que deberían reducirse drásticamente para alcanzar el famoso tope de 2ºC. Las soluciones propuestas, vagamente expresadas, se basan en supuestos excesivamente optimistas. Por ejemplo, aún cuando recomiendan la sustitución de los recursos fósiles por renovables, el hecho es que todavía hoy evitan referirse a la necesidad de eliminar la dependencia energética en el primer tipo de recursos, argumentando que siempre y cuando se desarrollen medidas que absorban el CO2, la producción de tales gases puede compensarse con el crecimiento de estas últimas medidas absorbentes.

Ejemplos de tales medidas son, por ejemplo, el crecimiento de los bosques, o la utilización de nuevas tecnologías que se asume se inventarán (supuesto que se ha presentado por voces críticas como la tecno-utopía), que realizarán tal labor de absorción y limpieza de tales gases. Otra gran limitación del documento es que en ninguna parte se hace mención del grave problema que representan las emisiones de gases derivadas del tráfico aéreo y marítimo internacionales, a pesar de que ello es una de las mayores causas de la acumulación de los gases causantes del problema. Y, por sorprendente que parezca, no se dijo nada sobre el hecho de desincentivar el uso del petróleo y otros derivados fósiles. En realidad, los gobiernos de las grandes potencias mundiales lucharon para defender sus intereses, anteponiendo los intereses de las industrias energéticas que utilizan combustibles fósiles, a los de sus propias poblaciones y los de la población mundial.

Los obstáculos políticos para que se resuelva el problema Las soluciones al enorme problema creado por el cambio climático son fáciles de ver. Hay que parar la producción, consumo y distribución de tales fuentes de energía fósiles, sustituirlas por otras renovables, y adaptar la sociedad a estos cambios climáticos. La aplicación de estos principios podrían constituir cambios muy importantes, que beneficiarían a todas las poblaciones, facilitando el establecimiento de nuevas sociedades, con un mayor bienestar al actual. Y ello no pasa por las “políticas de austeridad” o por el control demográfico (como algunos sectores del movimiento ecológico están proponiendo), sino por una intervención masiva y conjunta de los Estados, así como los organismos internacionales, para desarrollar políticas públicas en la dirección apuntada en este párrafo.

La sustitución de las energías fósiles por las renovables es totalmente factible, así como la adaptación de las economías a otras formas de energía, creando una gran actividad económica (con una enorme producción de puestos de trabajo). Creerse que la “mano invisible del mercado” resolverá este enorme problema es de una ingenuidad o dogmatismo neoliberal suicida. Las soluciones requerirán más intervenciones públicas que tengan como objetivo el bienestar de las poblaciones en lugar de los intereses económicos y financieros que hoy dominan gran número de Estados y organismos internacionales, como ocurre en España y en la Eurozona. La democratización de estos Estados y de estas instituciones supranacionales es la condición sine qua non de que se resuelva el problema creado por el irreversible cambio climático. Así de claro.

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Umberto Eco

Mar, 23/02/2016 - 19:17
José Blanco, La Jornada

Cimbra la noticia de la muerte de un pensador de la altura de Umberto Eco. Fue una inteligencia bruñida al límite. Entiendo que hoy hay un antes y un después de Eco, en la semiótica. Un cultura abrumadora, con una mirada capaz de ver la modernidad y el medievo en conjunto y profundidad. De ahí resultaba uno de los mayores pesimismos sobre el futuro y sobre las capacidades humanas para crear más humanidad. Un neurótico incurable a quien el cretinismo –que veía extenderse como un tsunami sobre el planeta–, lo mantenía fastidiado en línea continua. Un filósofo, antes que ninguna de sus artes y su vastísima cultura. Un escritor que puso en sus ensayos o en sus novelas el entero baúl de sus saberes. Hizo saber a sus muchos lectores que la filosofía exige poner distancia respecto al mundo cotidiano, pero, como Habermas, su actividad filosófica no estaba reñida con el rudo jaloneo cotidiano con esa realidad inmediata, no fáctica –según el propio Eco–, sino mediática, porque ese jaloneo se desarrolla a partir de la información que llega diariamente de la prensa, la televisión, la redes sociales. Si en algún lugar se lió en lucha libre con esa realidad vista en los medios, ahí aporto sugerencias mil, pero sobre todo espíritu crítico, talante del que siempre andaba sobrado el profesor de Bolonia.

Aunque los temas que aparecen en A paso de cangrejo, es un número amplio y variopinto, un elemento unificador explica la idea central del autor, y que aparece en el título del libro: “Vamos a paso de cangrejo, nos movemos hacia atrás, sobre todo en el marco geopolítico. Los mapas actuales se parecen preocupantemente a los que había antes de la guerra de 1914. Vamos de la guerra fría a la guerra real, reviviendo conflictos coloniales y religiosos; volvemos a cuestionar el darwinismo [ahí está la adocenada y gringuísima ‘teoría del diseño’: JB], asistimos a migraciones de pueblos parias, recuperamos el fascismo y el antisemitismo…”

En su pesimismo, que vivía como simple realismo, fue compañero de ruta de Saramago en sus momentos más desesperanzados, como ocurre en su novela Ensayo sobre la ceguera. Un hombre parado ante un semáforo en rojo se queda ciego súbitamente. Es el primer caso de una ceguera blanca que se expande de manera fulminante. Internados en cuarentena o perdidos en la ciudad, los ciegos tendrán que enfrentarse con lo que existe de más primitivo en la naturaleza humana: la voluntad de sobrevivir a cualquier precio. La sociedad ha perdido el más preciado de sus sentidos: sus ojos no ven más, su mente tampoco. Ha sufrido una regresión inaudita.

En Eco, el progreso está de regreso, como habría de repetir en su ensayo La Edad Media ha comenzado ya, de 2007. Entre todas las cuestiones tratadas, resume Josep Pradas, “desde el velo islámico hasta el peso de Gran Hermano en la cultura contemporánea, pasando por el incomprensible éxito de El código Da Vinci o la pervivencia de actitudes fascistas en Italia, una de las más extensas es la de la guerra y las nuevas condiciones del fenómeno bélico, radicalmente diferentes de las condiciones modernas, esbozadas por Clausewitz durante el primer tercio del siglo XIX y que sirvieron básicamente hasta 1945. La nueva lógica bélica depende de la representación mediática de una manera que los americanos se resistieron a aceptar en Vietnam, pero que con los años han aprendido a gestionar sagazmente. No obstante, observa Eco, la estrategia occidental sigue siendo la de preferir guerras periféricas en lugar de enfrentar los conflictos esenciales”.

Dejo a los lectores con la evocación atosigada de la afilada navaja de Eco: “Recuerdo en los años ochenta la invitación revolucionaria, hecha por Poder Obrero, al rechazo del trabajo, pues al final la automatización triunfante habría reducido la dura necesidad... Excepto que el resultado no fue la dignificación de la clase obrera que realizaba la condición utópica deseada por Marx, en la que cada uno habría sido al mismo tiempo –y libremente– pescador, cazador, etcétera. Contrariamente, la clase obrera fue contratada por la industria de la carnavalización como un usuario medio…

“Si después se descubre que en muchas partes del mundo hay poca diversión, y se muere de hambre, nuestra falsa conciencia es calmada con un grande espectáculo (jocoso) de beneficencia para recoger fondos para niños negros, parapléjicos y esqueléticos. Se ha carnavalizado también el deporte. ¿Cómo? El deporte es juego por excelencia: ¿cómo puede carnavalizarse un juego? Volviéndolo, de parentético [relativo al paréntesis: JB] que debía ser (un juego a la semana y las olimpiadas sólo de vez en cuando), penetrante, y de actividad afín a sí misma, actividad industrial. Se ha carnavalizado porque en el deporte no cuenta más el juego de quien juega (transformándose por otro lado en un durísimo trabajo que se logra soportar sólo drogándose), sino el gran carnaval del antes durante y después, en el que, en efecto, juega durante toda la semana quien mira, y no quien hace el juego.

“Se ha carnavalizado la política, para la cual se usa ya de por sí comúnmente la locución de política-espectáculo… La política se hace en video, como un juego de gladiadores, y para legitimar a un presidente del consejo se le hace tener un encuentro con Miss Italia. La que, entre otras cosas, no aparece vestida como una mujer normal, sino en traje de Miss Italia (llegará un día en el que también el presidente para legitimarse tendrá que aparecer enmascarado de ­presidente).

“Se ha carnavalizado la religión. Alguna vez nos reíamos de esas ceremonias que se veían en las películas, en las que hombres de color vestidos de adornos variopintos, danzaban el tip-tap gritando ‘Oh yes, oh Jesús!’ (y las obras, las obras, nos preguntábamos nosotros de educación católica, ¿dónde quedaron las obras en estos carnavales post-protestantes de la sola fe danzante?) Hoy, absit iniuria, muchas manifestaciones de júbilo acompañadas de música rock nos recuerdan la discoteca”.

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El Acuerdo Transpacífico, una amenaza al multilateralismo

Mar, 23/02/2016 - 07:11

Jomo Kwame Sundaram, IPS

El año 2015 fue todo un reto para el multilateralismo, especialmente en relación con las cuestiones de desarrollo. La Tercera Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo (FPD) de Addis Abeba tuvo pocos avances reales. Sin embargo, la cumbre de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de septiembre recuperó las esperanzas con una ambiciosa Agenda 2030 de carácter universal.

Más recientemente, la 21 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, realizada en París en diciembre, llegó a un acuerdo tras el fracaso de 2009 en Copenhague.

Sin embargo, mientras los países en desarrollo se comprometieron con criterios de justicia climática, la mayoría de las economías de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) no estuvieron a la altura, luego de incumplir los compromisos asumidos en el Protocolo de Kyoto.

Aunque se realice en su totalidad, el acuerdo de París por sí solo no evitará las consecuencias desastrosas del cambio climático ya que las temperaturas medias globales aumentarán dos grados Celsius por encima de los niveles preindustriales.

La reunión ministerial que la Organización Mundial de Comercio (OMC) celebró en diciembre en Nairobi fue otro revés, ya que Estados Unidos y sus aliados intentaron rematar la Ronda de Doha de negociaciones comerciales, empujando a la propia OMC a una crisis existencial.

Si la ronda queda inconclusa les permitirá incumplir los compromisos que asumieron en 2001 para convencer a los países en desarrollo de volver a la mesa de negociaciones después del desastre ministerial de Seattle.

En la última década Estados Unidos y muchos países de la OCDE han sido cada vez más reacios a hacer concesiones significativas en las negociaciones económicas multilaterales. Un factor clave fueron las recientes iniciativas plurilaterales que lideró Washington tras la designación de Michael Froman como representante de Comercio de ese país.

Como argumento para liquidar la Ronda de Doha, Froman citó el Acuerdo Transpacífico de Asociación para la Cooperación Económica (TPP, en inglés), negociado en octubre de 2015 en Atlanta. Mientras tanto, la Unión Europea comenzó las negociaciones con Estados Unidos para una Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP).

No es de sorprender que la mayoría de los países en desarrollo quieran que la Ronda de Doha continúe, con la esperanza de finalmente realizar las promesas de 2001 para rectificar los últimos resultados de la Ronda de Uruguay, que socavaron las perspectivas de seguridad alimentaria y desarrollo.

Al socavar las negociaciones multilaterales de la OMC, los acuerdos comerciales bilaterales y plurilaterales son la antítesis de lo que pretenden hacer, es decir, liberalizar el comercio. Para entrar en vigor, el TPP primero debe ser ratificado en el plano nacional.

El objetivo real no es el comercio Aunque se presenta como un acuerdo comercial, el TPP no refiere principalmente al “libre comercio”. Estados Unidos y muchos de sus socios en el TPP son algunas de las economías más abiertas del mundo. Las principales restricciones comerciales tienen que ver con las barreras no arancelarias, como los subsidios agrícolas estadounidenses, que el tratado no abarca.

De hecho, el TPP protegerá a los intereses contrarios al libre comercio ya que fortalecerá los monopolios de los derechos de propiedad intelectual (DPI), aun más que las disposiciones onerosas del acuerdo de la OMC sobre los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio, especialmente para las grandes empresas farmacéuticas, de medios de comunicación, de tecnología de la información, entre otras.

Por ejemplo, el acuerdo permitirá que las farmacéuticas tengan monopolios de mayor duración sobre los medicamentos patentados, alejará a los genéricos – más baratos – del mercado y bloqueará el desarrollo y la disponibilidad de medicamentos “similares” nuevos.

La evidencia demuestra que los DPI apenas promueven la investigación y podrían impedir o retrasar la innovación. Las disposiciones del TPP también limitarán la competencia, aumentarán los precios al consumo, restringirán la regulación financiera y serán una amenaza para la salud pública y el bien común.

El acuerdo también reforzará los derechos de los inversores extranjeros a expensas de las empresas locales y el interés público. Su sistema de solución de controversias entre inversores y el Estado (ISDS) obliga a los gobiernos a compensar a los primeros por la pérdida de las ganancias previstas.

El ISDS confiere a los inversores extranjeros el derecho de demandar a los gobiernos nacionales por cambios normativos o de políticas que reduzca ostensiblemente la rentabilidad esperada de sus inversiones.

El sistema dificulta a los gobiernos el cumplimiento de sus obligaciones básicas, como la protección de la salud y la seguridad de sus ciudadanos, la conservación ambiental y la estabilidad económica. Por ejemplo, si un gobierno prohíbe un producto químico tóxico tendría que compensar a los proveedores por las pérdidas sufridas, en lugar de exigirles a las empresas que indemnicen a las víctimas.

Las empresas extranjeras insisten en que el ISDS es necesario en aquellos lugares sin Estado de derecho ni tribunales confiables. Pero Estados Unidos aspira a lo mismo en el TTIP con la UE, al impugnar la integridad de los sistemas legales y judiciales europeos.

El factor político del TPP No es ningún secreto que el motivo principal para que Estados Unidos apoye el TPP ha sido debilitar a China. En palabras del presidente Barack Obama, “con el TPP, China no establece las reglas en esa región, nosotros lo hacemos”.

El amplio apoyo que recibió el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura propuesto por China, incluso de aliados tradicionales de Estados Unidos, fue una vergüenza que la Casa Blanca quería superar con desesperación. El TPP también atentaría contra el compromiso de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático con una “zona de paz, libertad y neutralidad”.

Si se toman en cuenta los beneficios económicos insignificantes y los grandes riesgos que se manejan, los gobiernos de países en desarrollo que se incorporan al tratado lo hacen principalmente por razones políticas, mientras ruegan que ellos mismos no tengan que pagar un alto costo político por sus consecuencias.

La adopción del TPP alentará más acuerdos multilaterales y bilaterales. Aunque este tipo de arreglos minen el multilateralismo comercial, la OMC y otros siguen manteniendo el pretexto de la complementariedad y la coherencia.

El Norte empleará la amenaza de abandonar la Ronda de Doha para extraer más concesiones del Sur, que todavía insiste en la necesidad de esa ronda para realizar al menos algunas de sus aspiraciones de desarrollo y seguridad alimentaria.

El debilitamiento de las perspectivas del multilateralismo económico –en cuanto a las finanzas en Addis Abeba y el comercio en Nairobi-, así como varios acontecimientos recientes más –incluidas las realineaciones políticas de la “guerra contra el terrorismo”- amenazan con transformar irreversiblemente las relaciones internacionales contemporáneas, a expensas del desarrollo sostenible y los países en desarrollo.

Jomo Kwame Sundaram es exsecretario general adjunto responsable del análisis del desarrollo económico en el sistema de la Organización de las Naciones Unidas entre 2005 y 2015. En 2007 obtuvo el premio Wassily Leontief por expandir las fronteras del pensamiento económico.

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Estados Unidos y el millonario espectáculo que llaman democracia

Lun, 22/02/2016 - 19:30
David Brooks, La Jornada

Esta es la mejor democracia que el dinero puede comprar. Cuando uno de los principales precandidatos es un multimillonario, y cuando todos los demás de ambos partidos –con excepción de uno– son patrocinados por multimillonarios, es difícil hablar de una democracia del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Como para confirmarlo, ahora hay un potencial candidato independiente, Michael Bloomberg, que amenaza con ingresar a esta, la elección más cara de la historia mundial, y que dice estar dispuesto a invertir mil millones de dólares de su propia fortuna para buscar la presidencia. Ya deberían poner un anuncio de "Se vende" en el jardín frente a la Casa Blanca.

En 2010, la Suprema Corte, en un caso conocido como Citizens United, emitió un fallo que declara que las donaciones de campaña tanto de individuos como de empresas son, en esencia, "libre expresión", y por lo tanto no pueden ser limitadas. Esto llevó a la creación de Comités de Acción Política ampliados, o "súper PAC", que son entidades dedicadas a promover sus intereses en una elección y, aunque no pueden por ley "coordinarse" con un candidato o partido, pueden comprar publicidad en televisión, generar campañas de propaganda y más, a favor de un partido o candidato. Más aún, no tienen que divulgar de dónde reciben sus contribuciones ni los montos donados.

El ex presidente Jimmy Carter calificó este fallo de legalización del soborno en las elecciones. Abundó, en una entrevista reciente con la Radio 4 de la BBC: "el fallo erróneo de la Suprema Corte, donde ahora millonarios y multimillonarios pueden entregar montos ilimitados de dinero, permiten que el soborno legal pueda prevalecer, porque todos los candidatos, sean honestos o no, o sean demócratas o republicanos, dependen de estas infusiones masivas de efectivo de gente muy rica para poder contar con el dinero para hacer sus campañas".

Explicó que "cuando los candidatos son electos hacen lo que los ricos desean. Y eso es dejar que la gente rica se haga más y más rica, y dejar de lado a la clase media. Todas las estadísticas demuestran que la clase media está estancada o va hacia abajo en el ingreso por el trabajo que realizan", indicó.

Miles de millones se invertirán en esta contienda presidencial que supuestamente refleja "la voluntad del pueblo". Pero unos cuantos ricos determinan en gran medida quiénes serán los candidatos entre los cuales el pueblo podrá escoger. Pero esta vez hay una diferencia.

Esta vez hay dos precandidatos, por ahora, que no reciben fondos de multimillonarios ni tienen un súper PAC: el por ahora republicano Donald Trump, que lo puede hacer porque es multimillonario, y el precandidato demócrata y proclamado "socialista democrático" Bernie Sanders, quien se destaca por rehusar aceptar fondos de cualquier interés empresarial o multimillonario y por financiar su campaña casi exclusivamente con donaciones pequeñas (en promedio de 27 dólares) de más de un millón de ciudadanos, un nuevo récord.

La periodista financiera Nomi Prins ofreció datos sobre los patrocinadores ricos de algunos de los principales precandidatos en un reportaje para TomDispatch, entre lo que informa: el ultraderechista cristiano Ted Cruz cuenta con tres millonarios –todos proclamados "cristianos"– que han financiado su súper Pac con más de 35 millones, además de los 65 millones que ha recaudado hasta ahora para su campaña.

Marco Rubio ha recaudado más de 33 millones de contribuciones de individuos y PAC, entre ellos Goldman Sachs. Se destaca por tener entre sus tres principales patrocinadores al jefe del fondo buitre Paul Singer, famoso por su disputa contra el anterior gobierno de Argentina; otro conocido es el ejecutivo en jefe de Oracle, Larry Ellison, quien es el tercero en la lista de los hombres más ricos del país, según Forbes.

Jeb Bush, quien el pasado fin de semana suspendió su campaña, había acumulado más fondos que cualquiera de los precandidatos –más de 128 millones hasta finales del año pasado– con ocho de sus 10 principales donantes del sector financiero, incluido Goldman Sachs, todos los cuales seguramente hoy están muy decepcionados con el fracaso de sus inversiones en él.

Hillary Clinton, precandidata demócrata, y su marido Bill, el ex presidente del país, ganaron 139 millones entre 2007 y 2014, casi todo por ofrecer discursos a empresas de Wall Street y compañías internacionales, y por sus libros. Clinton ofreció 12 discursos a empresas del sector financiero entre 2013 y 2015 ganando 2 millones 935 mil por sus palabras.

Para su campaña Clinton ha recaudado más de 100 millones. Sólo 17 por ciento de sus fondos provienen de pequeñas donaciones individuales y 81 por ciento de grandes contribuciones de donantes. Cuatro de los seis principales bancos de Wall Street figuran entre los 10 contribuyentes más generosos a su carrera política, aunque ahora han sido más titubeantes. Más aún, cuenta con varios multimillonarios, entre ellos Haim Saban y George Soros.

Este costoso espectáculo ahora arroja varias interrogantes: ¿ganarán los candidatos millonarios y/o los patrocinados por multimillonarios, o el único que depende en gran medida sólo del apoyo financiero de los ciudadanos comunes? O, por otro lado, ¿se verá un gran combate entre dos gladiadores multimillonarios: Trump contra Bloomberg? ¿O todo acabará como siempre, con varios multimillonarios patrocinando a sus gallos para ver quién es el mejor actor en este espectáculo llamado "democracia"?

No sorprende que tres de cada cuatro estadunidenses opinan que la corrupción es generalizada en el gobierno, según una encuesta Gallup en 2015, y que 84 por ciento opinan que el dinero tiene demasiado poder en este sistema político, según una encuesta de CBS News. Por ahora, la democracia es un lujo en este país.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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