Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger5046125
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Los efectos imprevistos de la bazuca de Draghi

Xov, 05/06/2014 - 14:56
Matthew Lynn, El Economista

¿Cuánto? ¿Cuándo? ¿Con qué activos? Son muchas las preguntas sin respuesta sobre la flexibilización de la política monetaria que se espera que el Banco Central Europeo presente hoy, pero dos cosas están claras: a la Eurozona no le quedan más opciones que embarcarse en algún tipo de flexibilización cuantitativa (lo que algunos analistas ya han calificado de gran bazuca) y no saldrá como el BCE o casi todos los analistas esperan.

La flexibilización cuantitativa en la eurozona tendrá grandes repercusiones en los mercados y las economías, como ocurrió cuando se imprimió dinero en EEUU, Reino Unido y Japón, pero muchas será en lugares imprevistos o por lo menos no donde lo espera el BCE. Europa del este experimentará una burbuja de activos, el valor de la libra esterlina crecerá, EEUU subirá tipos antes de lo previsto, Alemania le cogerá el gusto a imprimir dinero y el oro se hundirá todavía más en un mercado bajista.

Lo que seguramente no haga, o al menos no en un grado importante, será sacar a la economía europea de la recesión.

Si Mario Draghi no hace algo para flexibilizar la política monetaria confundirá las expectativas y podría desperdiciar su credibilidad. A los mercados se les ha hecho creer que actuará. Con el resto de la economía global en recuperación, la situación en la Eurozona sigue siendo difícil. La economía holandesa volvió a contraerse en el último trimestre y la francesa estuvo plana. Ni siquiera el crecimiento alemán parece tan sano como antes. La inflación está muy por debajo del objetivo y los precios podrían caer pronto en términos absolutos. Si el BCE no actúa ahora para contrarrestarlo, ¿cuándo lo hará?

Las posibilidades La forma de la flexibilización aún no está clara. Lo más probable es que sea un recorte de los tipos de interés, seguido de tipos negativos (es decir, los bancos tendrían que pagar por el privilegio de depositar su efectivo en el BCE). O podría ocurrírsele un plan específico de préstamos directos a las empresas, como hizo el Banco de Inglaterra. Lo más radical sería comprar activos o intervenir en los mercados de divisas. Flexibilización cuantitativa pura y dura. La historia de la impresión de dinero por un banco central en Japón, EEUU y el Reino Unido nos dice que no funciona como se espera. El plan es levantar la economía de la eurozona, pero lo más probable es que afecte a cualquier otro sector.

Éstos son los cinco efectos que puede provocar:

Una burbuja de activos en Europa del este. Con la flexibilización cuantitativa el dinero salpica a las economías vecinas. Se bombeará a los bancos de la eurozona con dinero nuevo del banco central pero no necesariamente acabará prestado a pequeñas empresas de España o Portugal. Lo más probable es que encuentre el camino hacia los mercados especulativos cercanos. Los emergentes de Europa del este están moribundos desde la crisis de 2008 pero la flexibilización cuantitativa en Europa lanzará un boom de sus activos y, en particular, los inmobiliarios.

La libra esterlina subirá como la espuma. Los mercados de divisas detestan que los bancos centrales impriman dinero. Los inversores saldrán del euro y casi todos se pasarán a su alternativa más próxima, que será la libra. El Reino Unido crece más rápido que el resto de Europa y el Banco de Inglaterra habla de subir los tipos el año que viene. Paradójicamente, la fuerza de la libra (y la caída resultante de la inflación) pospondrá esa subida aunque, por lo menos durante un año, la libra estará en alza.

Los tipos de interés de EEUU subirán más deprisa. La Reserva Federal todavía no ha decidido cuándo subirá los tipos. La liquidez creada por el BCE se abrirá paso hacia el resto del mundo y gran parte acabará en EEUU. Eso hará parte del trabajo que hacía el programa de impresión de dinero de la Fed. Esto facilitará a la Fed retirar su flexibilización cuantitativa más rápido de lo que nadie se espera y empezará a subir tipos sin que se produzcan efectos especialmente dañinos porque la flexibilización cuantitativa de la eurozona tomará el relevo al trabajo de la Fed.

Los alemanes le cogerán el gusto a la flexibilización cuantitativa. No hacemos más que leer sobre la fobia alemana a imprimir dinero por la hiperinflación de los años veinte. Puede que sea verdad pero en 2014 el BCE logrará reducir el tipo de cambio. Eso ayudará a los exportadores (que, casualmente, son casi todos alemanes). Sus rendimientos subirán y también los precios de las acciones de las grandes empresas de exportación (también alemanas). En 2015, el DAX se pondrá por las nubes y también la riqueza del alemán medio. ¿Resultado? Empezarán a pensar que la flexibilización cuantitativa es estupenda. A todos le gustan las cosas que les hacen ricos con poco esfuerzo aparente.

El oro entrará en un mercado bajista puro y duro. Desde que se habla de que el BCE está a punto de lanzar un programa masivo de flexibilización cuantitativa. ¿Qué le ha pasado al oro? Se ha hundido el precio. Ha bajado de 1.300 dólares/onza en mayo a 1.245 dólares ahora. Tal vez se haya roto el eslabón. Si la idea cobra fuerza, el oro estará en apuros y, en lugar de debilitarse sin más, podría hundirse en un mercado bajista completo.

Lo único que no es probable es la recuperación sostenida de la economía de la eurozona. Los demás activos subirán y la generosidad del BCE llenará los bolsillos de los inversores que se coloquen en el lado bueno de la operación, como ocurrió con la Fed y el Banco de Japón en el pasado.

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Todos los datos de interés que quería saber sobre China y no se atrevía a preguntar

Xov, 05/06/2014 - 09:01

El diario The Business Insider ha recopilado una serie de datos interesantes de la segunda economía más grande del mundo, que —según los expertos— pronto podría eclipsar a Estados Unidos. Como suele olvidarse que en China vive casi el 20% de la población mundial, los datos de su producción alimentaria e industrial, así como las ganancias de sus millonarios y sus reservas de recursos naturales, reflejan sumas estratosféricas.

1. Palillos chinos y árboles
Veinte millones de árboles son talados cada año para satisfacer la demanda de los palillos, ya que este país consume más de 80.000 millones de pares de palillos desechables al año. Los árboles que se talan tardan en crecer alrededor de 20 años.

2. Los rieles y la Tierra
Las líneas de ferrocarril de China, si se juntan, podrían dar la vuelta a la Tierra dos veces. Se calcula que la longitud de los rieles asciende a 93.000 kilómetros, mientras que la circunferencia de la Tierra es de 40.075 kilómetros.

3. Muertes por fumar
Cerca de un millón de chinos mueren cada año a causa del cigarrillo, lo que representa una cantidad mayor a la población de Chipre (872.000). La Organización Mundial de la Salud estima que para el año 2050 el tabaco matará a 3 millones de chinos cada año.

4. Millonarios chinos
Las 20 personas más ricas de China suman un valor total de 145.100 millones de dólares, una cantidad mayor al PIB de Hungría que tiene un PIB nominal de casi 130.000 millones de dólares.

5. Calcetines para todo el mundo
Cerca de 8.000 millones de pares de calcetines se producen anualmente en el distrito de Datang, lo que alcanzaría para entregar un par de calcetines a todas las personas del planeta entero y sobrarían aún millones más.

6. Suicidios
La tasa de suicidios es más del doble que la de EE.UU. China tiene una tasa de 22,2 suicidios por cada 100.000 personas, mientras que en EE.UU. esta tasa es de 10,3.

7. Un solo huso horario
China tiene más o menos el mismo tamaño continental que EE.UU., pero tiene solo una zona horaria. China tuvo hasta 1949 cinco zonas horarias diferentes, pero en ese año el presidente Mao Tse Tung decidió tener solo una para promover la unidad nacional. Esto significa que en algunas partes de China suele amanecer a las 10 am.

8. Producción agrícola y ganadera
La producción agrícola total de China se ha triplicado desde 1978, mientras que la producción ganadera aumentó cinco veces desde entonces, según el portal The Mother Jones. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el Gran Salto Adelante de Mao en la década de los 60 llevó al país a descuidar la producción alimenticia, provocando una hambruna y la muerte de millones de personas.
Aunque en la actualidad China puede alimentar a casi el 25% de la población mundial, cabe destacar que su población es casi el 20% de la población total del planeta.

9. El carbón
Las reservas de carbón de China pesan unos 575 millones de ballenas azules. Con 115.000 millones de toneladas de carbón, China tiene las terceras reservas del mundo. Esta nación, además, representa el 46% de la producción mundial de carbón y el 49% del consumo mundial.

10. El cemento
En los últimos dos años China produjo más cemento del que produjo EE.UU. en todo el siglo XX. En la actualidad este país asiático es el mayor productor de cemento del mundo, y produce y utiliza alrededor del 60% del cemento mundial.

11. Gas natural
Las reservas de gas natural de China equivalen al volumen de unos 1.240 millones de piscinas de tamaño olímpico. Con 109,3 billones de pies cúbicos (3,095 billones de metros cúbicos) de gas, China cuenta con una de las mayores reservas del mundo de este recurso natural.

12. Fideos instantáneos
El consumo anual de fideos instantáneos de China es suficiente para alimentar a toda Argelia (38,7 millones de personas) con tres comidas al día durante un año. China consumió 42.500 millones de paquetes de fideos instantáneos en 2011.

13. Carne de cerdo
China consumió 52 millones de toneladas de carne de cerdo en 2012, lo que equivale al peso de 5.200 Torres Eiffel.

14. La mitad de los cerdos del mundo vive en China.
Con las cifras mencionadas y siendo el mayor consumidor de carne de cerdo del mundo, no es sorpresa que 475 millones, o sea la mitad de los cerdos del mundo, residan en China.

15. Cuevas como casas
Se estima que más de 30 millones de personas en China viven en cuevas, lo que significa una cantidad cercana a la población de Arabia Saudita. Según varias informaciones, el presidente de China, Xi Jinping, vivió casi siete años en una cueva cuando fue exiliado a la provincia de Shaanxi durante la Revolución Cultural de Mao.

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El próximo crash en las bolsas mundiales

Mér, 04/06/2014 - 22:01
Juan F Valls en La prisión mental...

Las medidas de expansión monetaria llevadas a cabo por los bancos centrales con el objetivo de paliar la crisis financiera desatada en 2008 se han mostrado completamente ineficaces. El inmenso rescate a la banca privada realizado mediante inyecciones de liquidez y compra de activos tóxicos no se ha transformado en suficiente crédito para las empresas de la economía real, sino que se ha utilizado para rellenar ficticiamente los agujeros de los balances y comprar acciones. La banca privada y los fondos de inversión han multiplicado y recanalizado buena parte de dicho dinero fiat hacia los mercados financieros, es decir, lo han mantenido en última instancia bajo su control impidiendo que escapara de su esfera de acumulación. Sin embargo, esto no responde tan solo a su interés individual, en tanto que agentes, en mantener su cuota de poder en la red del mercado global, sino también a las dudas sobre el futuro crecimiento de la economía real y a la mayor rentabilidad potencial que ofrecen los mercados financieros, donde el riesgo permite una especulación de cuantiosas y rápidas ganancias… o pérdidas.

Desde 2009, las principales bolsas occidentales han mantenido una tendencia alcista que no se corresponde con el estado de la economía real. Los precios de las acciones aumentan incesantemente y no dejan de batir máximos históricos, incluyendo los de pasadas burbujas. Pero el elevado desempleo, la creciente desigualdad y, en definitiva, la escasa capacidad de compra de las masas de asalariados no pueden dar lugar a beneficios empresariales crecientes en la economía real, ni siquiera en el sector tecnológico de Internet, cuyos importantes ingresos por publicidad no dependen directamente de las rentas del trabajo. En el sur de Europa, además, las políticas de austeridad han asfixiado a los ciudadanos y estos ya no pueden consumir ni aun supliendo con deuda su escaso salario, pues apenas se conceden préstamos. De hecho, la economía europea es un polvorín. No solo se prolongará el estancamiento hasta la próxima década, sino que a esto se unirá también un esperable colapso fiscal, que abarcará a todos los estados alineados en el bloque estadounidense.

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Destrucción de la demanda aviva los temores de deflación y pone presión a Mario Draghi

Mér, 04/06/2014 - 13:01

La inflación en la zona del euro continuó su senda descendente y alcanzó en mayo el 0,5 por ciento, desde el 0,7% de abril, alejándose cada vez más del objetivo meta establecido por el BCE en 2 por ciento (ver gráfica). Esta nueva caída confirma la perspectiva de una espiral deflacionaria que sería perjudicial para la economía europea. Se espera, por tanto, que el Banco Central Europeo actúe este jueves para dar vida a la debilitada economía europea presentando tal vez por primera vez tasas de interés negativas. Incluso las más drásticas medidas como la compra de valores siguiendo el modelo de la Fed están sobre la mesa.
Se espera que el BCE reduzca la tasa de interés al 0,1 por ciento, desde el 0,25 por ciento actual, estableciendo un nuevo mínimo histórico para el costo del dinero. Más audaz resulta un análisis de Societe Generale que sostiene que el BCE establecerá por primera vez una tasa negativa de -0.1 por ciento para castigar a los bancos que depositan el dinero en el BCE en vez de inyectarlo en la economía. Se espera que el BCE aplique una tasa de penalización al dinero que la banca comercial retiene en depósitos al BCE, con el objetivo de que ésta aumente la financiación de empresas.

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La monarquía del capital financiero

Mér, 04/06/2014 - 10:01
Alejandro Nadal, La Jornada

Los reyezuelos van y vienen. Unos duran más que otros. Todos son un adorno anacrónico, pero algunos tienen menos suerte y terminan abdicando en condiciones más o menos oprobiosas. Pero, ¿y el capital financiero? ¿Podría abdicar? ¿Quién sería el heredero?

En la economía mundial se lleva a cabo uno de los experimentos más importantes. Consiste en saber si el capital financiero puede sobrevivir a sí mismo. Hay mucho en juego. El resultado último del experimento podría ser una economía mundial en estancamiento durante décadas o una reedición de los peores días de la crisis, con la amenaza del colapso del sistema financiero mundial.

Vale la pena examinar los antecedentes del experimento. Primero, la lógica del capital financiero impuso sus condiciones a las inversiones en los sectores reales (no financieros) de la economía, regulando plazos y determinando cuáles sectores debían ser abandonados (o castigados) y cuáles debían ser promovidos. El delirio del capital financiero ha contaminado toda la actividad económica y por ello tenemos una sobrecapacidad invertida en todas las industrias importantes del mundo, mientras sectores estratégicos de actividad se encuentran abandonados (agricultura sustentable).

Segundo, la economía mundial ha estado dominada por el capital financiero desde hace por lo menos un cuarto de siglo. Las prioridades de la política económica en todos los países del mundo están dictadas por las preferencias del capital financiero. Todo está subordinado a los objetivos dictados por el capital financiero.

Pero la hegemonía del capital financiero estuvo en el corazón de la crisis de 2008 y llevó el contagio hasta sus últimas consecuencias. Así que es importante saber en qué estado se encuentra el capital financiero en la actualidad.

La verdad es que una parte se encuentra disfrutando de ganancias extraordinarias, mientras otra se mantiene en dificultades. El capital más directamente vinculado con la esfera de la especulación pura atraviesa por un buen momento. La bolsa de valores en Estados Unidos, por ejemplo, va muy bien: el índice Standard & Poor’s aumentó 20 por ciento en el último año y ya ha superado el nivel histórico que alcanzó en 2007. Mientras la economía real de Estados Unidos permanece medio estancada, la nueva burbuja especulativa adquiere dimensiones desproporcionadas. Por todo el mundo, las principales plazas financieras acusan los mismos resultados. En Inglaterra, por mencionar otro ejemplo, el índice FTSE ha superado ya el récord histórico que tuvo en 1999.

Los mercados de valores, títulos y sus derivados se mantienen en una carrera ascendente que no guarda relación con lo que sucede en la economía real. El sistema regulatorio sigue siendo tan ineficiente y débil como el que había antes de la crisis. La mayor parte de los especuladores sabe muy bien que la nueva burbuja va a estallar en algún momento, pero no mañana. Si la especulación es el detonador, la inyección de liquidez que proporciona la reserva federal es el combustible del nuevo desenfreno. Por eso, cuando la Fed anunció sus planes para reducir la flexibilidad monetaria el mercado financiero se estremeció. No hay nada en la economía real que justifique el crecimiento desorbitado de los índices de precios y cotizaciones en las principales bolsas de valores del mundo. Estamos en presencia de un casino monumental.

En cambio, los bancos siguen en mala salud porque su papel en la economía es diferente. En un contexto deflacionario (que todavía no está superado) los bancos no tienen incentivos para realizar préstamos. La inversión también decae y eso contribuye a erosionar más las ganancias de los bancos. Por supuesto, algunas reformas en el sistema regulatorio orillaron a los bancos a abandonar actividades (de mayor riesgo) que habían sido muy lucrativas y sus hojas de balance fueron afectadas de manera importante por la obligación de aumentar sus índices de capitalización y reducir el apalancamiento. Todo esto conspira en contra de una recuperación en la economía real porque los bancos seguirán resistiéndose a incrementar el crédito. Lo cierto es que ahora la rentabilidad neta de los bancos en Europa, por ejemplo, permanece muy por abajo de los promedios históricos.

La historia económica revela que las recesiones financieras tienen efectos más profundos y duraderos que las recesiones que se originan en la economía real (no financiera). Por eso la experiencia de esta crisis conduce a dos importantes lecciones. Primero, la regulación de los bancos no debe ser un tema pasajero y su recapitalización debe provenir antes que nada de sus propias ganancias. Segundo, el tema de si los bancos deben ser propiedad pública es de gran importancia y no debe ser un tabú.

La lección de este experimento es sencilla. No se trata solamente de que el capital financiero abdique al trono. Se trata de abolir la monarquía en la que la lógica financiera domina el resto de la economía. El sucesor debe ser el control social sobre la actividad financiera y bancaria.

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Europa incluirá la prostitución y el tráfico de drogas para salvar la economía

Mér, 04/06/2014 - 00:00

A partir de septiembre, España, Italia y el Reino Unido incluirán en sus estimaciones del PIB los ingresos que aportan actividades ilegales como el tráfico de drogas o la prostitución. Según algunos cálculos preliminares, este cambio aportará al PIB español como mínimo 10.000 millones de euros, mientras que la Oficina Nacional de Estadística del Reino Unido cuantifica en 10.000 millones de libras (12.280 millones de euros) la contribución de estas actividades al PIB británico. ¿Salvará esta polémica medida la economía europea?

Lo de España, Italia y el Reino Unido no será nuevo para Europa dado que Estonia, Austria, Eslovenia, Finlandia, Suecia y Noruega, ya contabilizan la aportación de la prostitución y las distintas formas de tráfico ilegal de bienes y servicios a sus respectivas economías. Grecia trató de implementar la medida en 2006, pero el dinero procedente de la prostitución, las drogas y el lavado de dinero disparó el PIB en un 25% de la noche a la mañana. Bruselas consideró que era un escándalo y rechazó las cifras revisadas.

No obstante, si bien en la teoría la llamada 'economía sumergida' puede traer a los países europeos grandes éxitos, es poco probable que la situación cambie para mejor teniendo en cuenta que los traficantes y proxenetas no son muy escrupulosos a la hora de pagar los impuestos. Por eso esta no es una solución a la desaceleración económica de Europa y si en un país las personas se ven obligadas a trabajar clandestinamente, no se puede pensar que sea una recuperación saludable. Por otra parte, no se entiende muy bien el razonamiento de los legisladores que apuestan por algunos nichos de la economía sumergida pero ignoran otros.

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Jeffrey Sachs: Nuestra última oportunidad para salvar el planeta

Mar, 03/06/2014 - 19:13

Jeffrey Sachs, Project Syndicate

La Humanidad ya casi se ha quedado sin tiempo para abordar el cambio climático. Los científicos han señalado que un aumento de la temperatura de dos grados centígrados por encima de los niveles preindustriales colocará a la Tierra en un terreno peligroso y desconocido. Sin embargo, actualmente vamos camino de un aumento de cuatro grados o más en este siglo. Ha llegado la última oportunidad para actuar.

Dicha oportunidad se producirá en diciembre de 2015 en París, cuando los gobiernos del mundo se reúnan para la vigésima primera reunión anual de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, pero esa vez será diferente. O los gobiernos acuerdan la adopción de medidas decisivas, como han prometido, o volveremos la vista atrás y veremos 2015 como el año en el que la salud climática se nos deslizó entre los dedos. En 1992, los gobiernos del mundo aprobaron la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y prometieron evitar “la peligrosa interferencia antropogénica [inducida por el hombre] en el sistema climático” reduciendo la tasa de emisión de los gases que provocan el efecto de invernadero, en particular el dióxido de carbono, pero, aunque el tratado entró en vigor en 1994, la tasa de emisiones de dichos gases, incluido el CO2, ha aumentado en realidad.

En 1992, con la combustión mundial de carbón, petróleo y gas, más la producción de cemento, se lanzaron 22.600 millones de toneladas de CO2 al aire. En 2012, el año más reciente sobre el que disponemos de datos comparables, las emisiones ascendieron a 34.500 millones de toneladas. En lugar de controlarlo, la Humanidad ha acelerado el cambio climático inducido por el hombre.

Ahora ése es el mayor problema moral de nuestro tiempo. La utilización de combustibles fósiles en todo el mundo amenaza a los pobres, que son los más vulnerables al cambio climático (aunque los ricos son la causa principal), y a las generaciones futuras, que heredarán un planeta ya inhabitable en muchos lugares y con el abastecimiento de alimentos sometido a crisis en gran escala.

Estamos causando ese daño en una época en la que los adelantos tecnológicos permiten al mundo substituir los peligrosos combustibles fósiles por fuentes energéticas con escasas emisiones de carbono, como, por ejemplo, la eólica, la solar, la nuclear y la hidroeléctrica y reducir la repercusiones de los combustibles fósiles utilizando la tecnología para la captura y el almacenamiento de carbono. El Papa Francisco recientemente lo ha expresado perfectamente: «Salvaguardar la Creación», ha dicho, «porque, si destruimos la Creación, ¡la Creación nos destruirá a nosotros! ¡No debemos olvidarlo nunca!»

Sin embargo, para los muchos intereses poderosos existentes el cambio climático sigue siendo un juego cuyo objetivo es retrasar lo más posible la adopción de medidas. Las gigantescas compañías de combustibles fósiles han seguido presionando entre bastidores contra el paso a la utilización de una energía con escasas emisiones de carbono y han utilizado su inmensa riqueza para comprar informaciones en los medios de comunicación destinadas a sembrar la confusión. El imperio de medios de comunicación de Rupert Murdoch en los Estados Unidos, el Reino Unido, Australia y otras partes destaca por el papel particularmente cínico que desempeña en la difusión de propaganda anticientífica.

Aun así, la política del cambio climático puede estar cambiando para mejor, como lo refleja el contundente mensaje del Papa. El fin del estancamiento podría llegar ponto por las seis razones siguientes. En primer lugar, el mundo está dándose cuenta de la calamidad que estamos causando. Aunque la máquina de propaganda de Murdoch produce un torrente diario de falsedades anticientíficas, el público ve también sequías prolongadas (ahora en partes del Brasil, California y el Sudeste asiático, por citar sólo algunos lugares), inundaciones enormes (recientemente en Bosnia y Servia) y olas de calor letales (en muchas partes del mundo). En segundo lugar, los ciudadanos del mundo no quieren morir en medio de las llamas. La opinión pública ha logrado hasta ahora bloquear la construcción del oleoducto Keystone XL, que aceleraría la producción de arenas petrolíferas del Canadá, perspectiva escandalosa en vista de que ni el Canadá ni los EE.UU. se han comprometido aún con un plan climático.

En tercer lugar, puede que nos esperen crisis climáticas más graves. Este año podría haber un muy intenso El Niño, cuando las aguas del Pacífico oriental se calientan y provocan trastornos climáticos mundiales. Un gran El Niño ahora sería aún más peligroso de lo habitual, porque se sumaría a la tendencia general al aumento de las temperaturas mundiales. De hecho, muchos científicos creen que un gran El Niño podría hacer que 2015 fuera el año más cálido de la Tierra.

En cuarto lugar, tanto los EE.UU. como China, los dos mayores emisores de CO2, están empezando por fin a ponerse serios.El gobierno del Presidente Barack Obama está intentando parar la construcción de dos nuevas centrales eléctricas de carbón, a no ser que estén equipadas con tecnología para la captura y el almacenamiento de carbono. Por su parte, China ha comprendido que su profunda dependencia del carbón está causando una contaminación y una niebla tóxica tan devastadoras, que está provocando una pérdida enorme de vidas, pues la esperanza de vida se ha reducido nada menos que en cinco años en las regiones con un enorme consumo de carbón.

En quinto lugar, las negociaciones de París están comenzando por fin a atraer la atención mundial, tanto del público como de los dirigentes mundiales. El Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha pedido a los dirigentes políticos que asistan a una cumbre especial en septiembre de 2014, catorce meses antes de que se celebre la reunión de París, para lanzar unas negociaciones intensivas. La red de expertos de las NN.UU. que yo dirijo, Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible, hará público un importante informe el próximo mes de julio sobre cómo puede descarbonizar su sistema energético cada una de las economías más importantes.

Por último, los avances tecnológicos en materia de sistemas energéticos con escasas emisiones de carbono, incluidos los sistemas fotovoltaicos, los vehículos eléctricos, la captura y el almacenamiento de carbono, las centrales nucleares de cuarta generación con dispositivos de seguridad enormemente perfeccionados, contribuyen a la transición a una energía de bajo costo y escasas emisiones de carbono tecnológicamente realistas, con unos enormes beneficios consiguientes para la salud humana y la seguridad planetaria. A partir de este otoño, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible creará una plataforma con el fin de que todos los ciudadanos mundiales participen en la ardua misión de salvar el planeta. Dicha Red ofrecerá en línea y gratuitamente un curso introductorio al cambio climático y después organizará en línea una “negociación” mundial sobre un acuerdo climático planetario.

Esperamos que centenares de miles, tal vez millones, de ciudadanos interesados de todo el mundo participen en línea para indicar el camino a los políticos. El control del cambio climático es un imperativo moral y una necesidad práctica... demasiado importantes para dejarlos en manos de los políticos, las grandes compañías petroleras y sus propagandistas de los medios de comunicación.

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La burbuja del euro explotará si no se detiene

Mar, 03/06/2014 - 05:18
Matthew Lynn, El Economista

En Francia, el país que creó la Unión Europea y el euro, los votantes han respaldado a un partido que se propone acabar con todo ello. En Gran Bretaña, otro partido entregado a salir de la UE fue el primero en las urnas y se ha convertido en una fuerza política de masas. En España aparecen nuevos partidos anti-austeridad y Alemania ha instalado en el cargo a sus primeros políticos opuestos a la moneda única. Por todo el continente, los políticos que hacen campaña contra la mayor integración necesaria para que el euro funcione han obtenido grandes victorias.

A medio plazo, la zona euro se ha vuelto ingobernable. Pero hay un dato curioso: a los mercados por lo visto les da igual. Las acciones han subido, los bonos apenas se han movido y los rendimientos se sitúan en niveles mínimos históricos. Por supuesto, los mercados podrían tener razón en el sentido de que las elecciones no son más que un ruido de fondo, sin importancia a largo plazo pero lo más plausible es que esto sea una burbuja.

Si la definición del mercado que sufre de exuberancia irracional es aquél que cierra los oídos a las malas noticias y sólo cree en lo que quiere creer, los mercados de la Eurozona han llegado a ese punto. La UE y el euro podrían estar condenados aunque, paradójicamente, por el momento hay una fiebre de compras. Esta burbuja, como todas las demás, podría durar algún tiempo.

Catástrofe para la moneda única Los resultados de las elecciones europeas del fin de semana sólo se pueden interpretar como una catástrofe para la moneda única. Fueron los políticos franceses los que originalmente diseñaron la UE y su presidente Mitterrand quien abogó por el euro. Ahora, ese mismo país ha votado al Frente Nacional de Marine Le Pen, que ha prometido restaurar el franco.

Gran Bretaña ha votado al Partido de la Independencia del Reino Unido, la primera agrupación nueva que lidera unos comicios nacionales desde hace más de un siglo. Los partidos anti-UE han triunfado en las urnas griegas y en Dinamarca.

En Alemania, el escéptico Alternativa por Alemania ha salido elegido por primera vez, en un primer paso hacia otorgar respetabilidad a la oposición del euro en el país. En España, hasta ahora inmune al populismo anti-UE, los partidos opuestos a la austeridad que exige la membresía del euro han logrado importantes victorias. Los partidos establecidos han visto cómo su porcentaje de votos caía del 81% al 49%. Alemania y España están en la situación de Gran Bretaña y Francia hace una década: comienzan el recorrido hacia la victoria en las urnas de los partidos anti-UE.

El parlamento europeo podrá tener poca influencia pero los votos todavía cuentan porque para sobrevivir a medio plazo, la Eurozona necesita más integración. Hace falta una unión bancaria completa para que se pueda rescatar a las entidades financieras que lo necesiten y el sistema no se desmorone. También es necesaria una política fiscal común para que el gasto tributario pueda nivelar los altibajos entre las regiones y países (en lugar de que un país como Alemania prospere mientras otros como Italia siguen anclados en una recesión permanente). En resumidas cuentas, la moneda única necesita un gobierno único que la apoye. La Eurozona debe ponerse manos a la obra enseguida.

Pero no lo hará. Los partidos anti-UE no han obtenido mayoría absoluta en el parlamento ni tienen demasiado poder y los gobiernos nacionales pueden seguir avanzando hacia la integración si quieren pero, en una democracia, el electorado importa. ¿Cuántos políticos querrán presentar a sus ciudadanos un plan de unión bancaria cocinado en Bruselas? Para eso que dimitan y se pongan a buscar trabajo. Se ahorrarían la molestia de que les echen en las urnas. Cualquier medida importante hacia la integración requerirá cambios de tratados que deben ratificarse en referendo en casi todo el continente. Y no se aprobará ninguno, ni ahora ni en un futuro próximo.

La Eurozona no se integrará más y sin más integración, no puede sobrevivir. Se anquilosará en una depresión constante hasta que los países se cansen del crecimiento cero y el desempleo masivo, y empiecen a separarse. Fin de la historia. Los mercados parecen pintar otro cuadro. Las acciones europeas subieron el lunes por la mañana según se iban conociendo los resultados. El mercado italiano creció más del 2,5% por el alivio de que al cómico convertido en político Beppe Grillo no le haya ido mejor. Y se ha duplicado desde las profundidades de la crisis del euro. El DAX ascendió a su máximo histórico, al igual que el CAC-40 francés. Los mercados de bonos europeos han sido aún más fuertes. España, casi en la quiebra hace tres años, puede pedir prestado casi tan barato como EEUU. El rendimiento de un bono griego a diez años bajó al 6,5%. En 2012 superaba el 30%.

Una locura. Cualquiera que compre el CAC-40 se introduce en un mercado donde el partido más popular promete un cambio caótico de moneda, junto a una muralla proteccionista de barreras arancelarias. Lo que ocurra con las acciones de Airbus o L'Oreal mejor ni pensarlo. El que compre bonos griegos está apostando por un país con deudas crecientes, todavía en recesión y que acaba de votar a la extrema izquierda y la extrema derecha, deshaciéndose de los moderados. Más nos valdría llevarnos el dinero al casino (y de paso nos divertimos un rato).

Una burbuja es un mercado que ha dejado de mirar los hechos y sólo se escucha a sí mismo. Si el mercado actuase con racionalidad, se fijaría en los resultados electorales, admitiría que implican que el euro tiene problemas a medio plazo y empezaría a revalorar las acciones y los bonos en consecuencia. No es lo que está ocurriendo. Al contrario, los activos de la zona euro se han vuelto una burbuja autopropulsada, con una ola de dinero global y la especulación cada vez más frenética de que el Banco Central Europeo desatará su propia versión de la flexibilización cuantitativa el mes que viene. Lo que hemos aprendido de las burbujas en las dos últimas décadas es que pueden durar mucho tiempo. A ésta especialmente le queda mucha vida aunque, como todas las demás, un día explotará. Si los resultados electorales no han parado la estampida hacia los activos de la zona euro, nada lo hará (al menos en los próximos años). Paradójicamente, todavía se puede ganar mucho dinero en Europa, aunque sólo los inversores lo bastante inteligentes como para marcharse a tiempo

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Autoritarismo del siglo XXI: ¿quién es el enemigo?

Mar, 03/06/2014 - 00:57
Daniel Inclán, América Latina en Movimiento"El enemigo no puede ser atacado directamente. Si lo aproximamos frontalmente el enemigo es impenetrable. Si al enemigo lo aproximamos frontalmente debemos reconocerlo vencedor. Para continuar victorioso el enemigo requiere nuevos enemigos frontales. Ésos no existen; entonces el enemigo los inventa. Ésta es la oportunidad que aguardamos para emprender incontables ataques laterales. Así es la estrategia de la resistencia."
John Berger, De A para X. Una historia de cartas. Vivimos en un contexto autoritario que afecta el conjunto de las relaciones sociales en sus estructuras y sus prácticas. El autoritarismo contemporáneo lejos está de ser una renovada versión de los fascismos históricos o de los procesos contrarrevolucionarios de la segunda mitad del siglo XX. Ante lo que estamos es un nuevo orden social que reorganiza las relaciones interestatales y las relaciones sociales de los distintos países; su fundamento es la militarización de la vida cotidiana a través de múltiples mecanismos, que no se reducen a la presencia de cuerpos armados, legales o ilegales, en la mayoría de los espacios públicos. La militarización de las distintas formas sociales sigue un modelo de capas interactuantes que intentan atravesar todas las estructuras de la vida social, en las que ocupa un lugar privilegiado la presencia de cuerpos militares o de segmentos militarizados (“The overarching focus of this vision is full spectrum dominance –achieved through the interdependent application of dominant maneuver, precision engagement, focused logistics, and full dimensional protection”, Joint Vision 2020).

Este nuevo autoritarismo es resultado de al menos cuatro grandes transformaciones estructurales en la vuelta de siglo. La primera transformación está en el cambio de estrategia global estadounidense, que desde los años noventa dirige sus empresas militares al control de los recursos estratégicos y a la construcción de una “democracia internacional” acorde con las necesidades del libre mercado. En este proceso el papel de las fuerzas armadas estadounidenses se modificó; junto a la invasión de países y la administración de guerras en las que se convirtió en el coordinador de los cuerpos internacionales de paz, hay una campaña de intervención cívico-policiaca a través del entrenamiento de las fuerzas represivas locales, estatales o privadas, que complementan los proyectos de desarrollo económico transnacionales, localizados en las regiones donde están los bienes naturales estratégicos.

El segundo cambio es la transformación de las relaciones intercapitalistas, que modificaron la composición del bloque económico hegemónico. A pesar de los traspiés económicos, Estados Unidos es la potencia hegemónica mundial, la financiarización de la economía depende del papel estadounidense; al mismo tiempo, las empresas domiciliadas en Estados Unidos, amparadas bajo sus leyes, tienen una ventaja comparativa en los sectores estratégicos de la economía mundial. La internacionalización de la economía mundial sigue subordinada, en gran medida, a la intervención de los Estados para la defensa de los monopolios; y Estados Unidos sigue siendo el Estado más fuerte del orbe, no sólo por su capacidad militar, sino por su poder político que logra reorganizar la diplomacia internacional.

Junto con el poderío estadounidense hay intentos de reestructuración de los bloques económicos, que aspiran a contrarrestarle peso, sin lograr una autonomía absoluta. En parte porque el papel hegemónico se construye también a través de las agencias internacionales (FMI, BM, OCDE, OMC), desde las que se diseñan y administran los proyectos económicos e imponen una agenda global, apuntalando el poderío estadounidense.

La tercera transformación es la presencia de una movilización popular abigarrada, en la que se mezclan distintas demandas sociales y múltiples formas de lucha. Ante la crisis de los estados de bienestar y la avalancha de proyectos neoliberales, se han producido múltiples estrategias de resistencia, que no se adaptan a las viejas formas de organización política, el sindicato, la confederación o la guerrilla, si bien éstas siguen existiendo ya no son las que sirven de referente para la movilización popular. Desde la vuelta de siglo hay un nuevo ciclo de protestas sociales, en ocasiones con demandas perentorias o coyunturales, en ocasiones con proyectos de transformación de las estructuras sociales. Dentro de estos hay un amplio grupo de movilizaciones que construyen o intentan construir otro tipo de relaciones con el territorio, en abierta oposición a los mecanismos de territorialización del capitalismo. Este tipo de procesos de resistencia son los que más incomodan a la construcción del orden mundial, porque cuestionan, resisten y proponen alternativas al modelo dominante. La cuarta mudanza es la inminente crisis orgánica de la civilización capitalista. Las múltiples dimensiones de la crisis obligan a reconfigurar el orden de poder internacional, para asegurar la flexibilidad del poder económico y su incesante acumulación de capitales. En esta crisis, la lucha por los recursos estratégicos para la sobrevivencia del modelo de civilización capitalista es cada vez más intensa. Se resaltan de la crisis su dimensión ecológica y el impacto que ésta genera en la alimentación humana y en el desplazamiento de personas en búsqueda de mejores condiciones de vida. Al mismo tiempo hay un claro agotamiento de las formas seculares de convivencia, que ponen en cuestión la validez de las instituciones políticas occidentales. Ante estas transformaciones el autoritarismo del siglo XXI intenta contener los estallidos y las amenazas en el corto plazo para la reproducción del sistema.

La instalación del nuevo orden autoritario Estos cuatro grandes cambios han motivado una reestructuración profunda de la doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos. Un elemento clave es la modificación en la configuración discursiva y práctica del enemigo que se pretende combatir. Durante el proceso de contrainsurgencia la doctrina de seguridad nacional, inaugurada en el gobierno de Kennedy, configuraba al enemigo como la amenaza comunista a la democracia occidental. La expresión sintética de este peligro era el guerrillero, el combatiente insurgente, que por la vía de las armas intentaba desestabilizar el orden local para instalar la semilla del comunismo. Esta doctrina se acompañaba de proyectos de desarrollo local para desestabilizar a las fuerzas populares que apoyaban a los distintos grupos insurgentes, en este proceso jugaba un rol central la USAID.

Para la doctrina de seguridad nacional, expuesta por Robert McNamara, secretario de defensa estadounidense en la década de los años sesenta (The essence of security), el pueblo solidario con los guerrilleros era el verdadero enemigo; junto al exterminio de las fuerzas beligerantes se necesitaba modificar las condiciones que hacían posible una aceptación social de la insurgencia armada. El enemigo debía ser exterminado, no sólo derrotado en el terreno militar. El proceso de exterminio del enemigo seguía dos argumentos; el primero señalaba que la procedencia del enemigo era exógena, es decir, que era resultado de la infiltración internacional con el objetivo de desestabilizar el orden local. El segundo argumento se servía de una metáfora médica para señalar que la presencia de los subversivos contaminaba el resto del cuerpo social, por lo que era necesario extirparlo.

La doctrina de seguridad nacional estadounidense ha cambiado su perspectiva (Field Manual 3-24. Counterinsurgency). El enemigo ya no es el pueblo afín a las demandas de la subversión comunista; ahora lo es todo aquel sector de la sociedad que exprese manifiesta o explícitamente una oposición a las reglas de funcionamiento del capitalismo internacional. El enemigo ya no es resultado de una infiltración externa, producto de una conspiración comunista internacional. El enemigo es expresión de un desarreglo de las fuerzas locales, que aprovechando los contextos de inestabilidad económica o política ejerce una acción que “pone en peligro” a la nación en su conjunto y, en casi todas las ocasiones, convirtiéndose en un peligro para la región y, por tanto, una amenaza para la libertad y la democracia. Ahora el enemigo se construye como aquel que no respeta los “valores democráticos” y que busca imponer por la fuerza formas de socialidad que no son consensuadas por las mayorías a través de los canales institucionales (el voto universal, la representatividad de poderes y el respeto a las leyes). El nuevo enemigo es el terrorista, una figura social que se esconde detrás del anonimato, que usa la violencia desmesurada con el único objetivo de atemorizar poblaciones. Esta figura se hace concreta en aquellas personas que usan la fuerza para resistir la imposición de un proyecto económico o político, en toda colectividad que defienda su territorio, sus tradiciones y que no tolere la violación de derechos.

Uno de los espacios donde esta configuración del enemigo ha tenido grandes repercusiones es en la esfera del derecho, tanto en sus formas nacionales como en su dimensión internacional. Se ha transitado de la imposición de derechos militares a la militarización del derecho. Durante los procesos de contrainsurgencia, en los que los golpes de Estado fueron la herramienta político-militar para desarticular las movilizaciones locales, se instaló el estado de excepción como principio legal. Una forma propia de un contexto de guerra, llamada en ese entonces no-convencional, pero que seguía, al menos formalmente, los principios jurídicos de la guerra, como la suspensión de la división de poderes y el control del ejecutivo en manos de las fuerzas armadas. Este proceso presuponía el reconocimiento de fuerza beligerante a las distintas guerrillas, pretexto para legitimar la presencia de militares en el poder. En la vuelta del siglo las cosas cambiaron, se empezó a legalizar el estado de excepción, militarizando el derecho nacional e internacional. Los criterios de estado de emergencia se volvieron positivos, permitiendo la violación legalizada de derechos sin la necesidad de suspender todo el estado de derecho. Las leyes permiten construir situaciones de emergencia jurídica dentro del marco legal vigente. Los terroristas pueden ser tratados fuera del derecho general y sometidos a una estructura legal particular. Lo que en términos formales presupone una contradicción al principio universal de todo derecho positivo.

El nuevo enemigo En este proceso se construyó otra imagen del enemigo, ya no es más el enemigo político subversivo que toma las armas, hay una caracterización ambigua de aquel que no respeta las leyes y que por tanto puede ser puesto en un régimen de excepción. A diferencia del subversivo comunista, que también era un sujeto ambiguo en su definición, el sujeto terrorista no tiene ningún rasgo de proyecto político o parapolítico. Su caracterización reduce al mínimo toda posible expresión de politicidad. Lo que caracteriza al terrorista, según la nueva doctrina de seguridad nacional, es el uso clandestino y premeditado de la violencia dirigida a objetivos no combatientes para sembrar el miedo y el terror como forma de coaccionar a los gobiernos o a la sociedad.

El enemigo sigue siendo la población en su conjunto, sobre todo aquellas partes que se movilizan y resisten los proyectos político-económicos dominantes; lo que ha cambiado son las armas para combatirla. A diferencia de la guerra de contrainsurgencia de los años sesenta y setenta, desde la vuelta de siglo se construye una estrategia de lucha que abarca todos los niveles de la vida social. Junto con los ejércitos, los policías y los cuerpos de seguridad privados viajan antropólogos y sociólogos. Al enemigo se le vence conociéndolo (“viewing the adversary through one’s own eye” The U.S. Army Functional Concept for Intelligence, 2016-2028), y eso no lo hacen las fuerzas armadas, lo hacen académicos. La antropología y la sociología son instrumentos que pueden ser más efectivos que las armas de fuego. Una vieja práctica colonial, la de conocer las formas de vida de la sociedad por dominar, se recicla y se integra al autoritarismo contemporáneo que busca “derrotar” a los procesos terroristas mediante el control total de las formas sociales particulares.

Las balas no logran estabilizar las condiciones sociales para la instalación de proyectos económicos, por eso se utilizan medios de disuasión y conocimiento de las poblaciones locales a través de distintos saberes. Lograr la estabilidad necesaria para los proyectos económicos o políticos tiene como principio la división de la población para que ella misma se enfrente a los terroristas, para que sean los locales, dirigidos por los militares estadounidenses, los que enfrenten al enemigo interno. A la división interna de la sociedad agredida, y la colaboración de una parte de ella con las fuerzas estadounidenses la llaman acción unificada (Unified action is the synchronization, coordination, and/or integration of the activities of governmental and nongovernmental entities with military operations to achieve unity of effort. Field Manual 3.0. Operations).

De la construcción de la imagen del terrorista no sólo participa el orden jurídico internacional y sus adaptaciones locales, juegan un papel central los medios de comunicación. Junto con las leyes punitivas que hacen cotidiano el derecho militar, hay una fuerte campaña mediática por construir un sentido común en torno a la figura del terrorista, como aquella entidad asocial incapaz de manifestar sus demandas por las “vías institucionales” y “democráticas”. El proceso mediático contribuye a la construcción de la imagen difusa del terrorista; su representación sigue el principio de no referir a humanos, sino a figuras genéricas, sin rostro y sin identidad. La metáfora es la de un cuerpo sin identidad, sujeto sin historia, cuya única marca de diferenciación es su actuar fuera del “estado de derecho”. Este es el enemigo del poder hegemónico en el siglo XXI.

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Miembros del Congreso reaccionan contra la política fallida de Obama hacia América Latina

Lun, 02/06/2014 - 17:54
Mark Weisbrot, Últimas Noticias

En lo que constituye una impresionante irrupción de cordura en Washington, existe finalmente cierta reacción por parte del Congreso contra la extrema derecha y el “centro” en cuanto a la política de los EEUU hacia Venezuela y América Latina – algo que no había ocurrido bajo la sombra del macartismo que ha prevalecido durante años. Una carta de miembros del Congreso dirigida este martes al Presidente Obama expresó un fuerte rechazo hacia la legislación que impondrá sanciones económicas contra funcionarios venezolanos. En un año electoral en el que los políticos no ganan nada poniéndole un parado a los bravucones del recién fusionado lobby anti-cubano y anti-venezolano, este hecho es significativo. Pero aún más impactantes fueron algunos de los puntos presentados en la misiva con relación a la política de los EEUU en la región.

Los miembros del Congreso destacaron que el gobierno de los EEUU habitualmente “toma en cuenta las opiniones de los gobiernos de Europa o África en esas regiones”, y plantearon que se hiciera lo mismo con América Latina. Ahora bien, esto puede parecer un lugar común, pero la Casa Blanca y el Departamento de Estado toman decisiones y acciones de forma cotidiana sobre asuntos regionales sin consulta alguna a otros gobiernos. Como ejemplo está la decisión inicial por parte del Secretario de Estado, John Kerry, de no reconocer los resultados de la elección presidencial del año pasado en Venezuela – que luego tuvo que revertir bajo la presión de Suramérica. Las varias acciones por parte del gobierno de EEUU en apoyo al gobierno golpista de Honduras en el 2009 – y que fueron fuertemente rechazadas en la región – son otro ejemplo más de las acciones unilaterales que han originado tanto resentimiento en el hemisferio.

En un gesto que sin duda enfurecerá a la derecha, la carta también pidió que el gobierno de Obama aceptara al embajador de Venezuela y designara al suyo para Venezuela. Los miembros del Congreso también resaltaron: La Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), la Comunidad del Caribe (CARICOM) y la Organización de los Estados Americanos (por un voto de 29 a 3) todas han emitido declaraciones que brindan su apoyo de diversas formas al gobierno venezolano y hacen un llamado a respetar las instituciones democráticas del país. Varios presidentes y gobiernos, incluyendo a Michelle Bachelet de Chile, han hecho advertencias públicas contra los intentos de derrocar por la fuerza al gobierno democráticamente electo de Venezuela.Recalcamos que se trata de un intento por insertar los puntos de vista de la mayoría de los gobiernos en el hemisferio en el discurso público, una singularidad en el Congreso. UNASUR emitió un comunicado [PDF] la semana pasada donde “rechaza la iniciativa legislativa que persigue imponer sanciones unilaterales a funcionarios del Estado venezolano, lo cual vulnera el principio de no intervención en los asuntos internos de otros Estados, afecta negativamente este diálogo y es un obstáculo para que el pueblo venezolano pueda superar sus dificultades con independencia, en paz y democracia.”

Lo que hace tan importante esta comunicación es que representa el primer reconocimiento por parte los miembros del Congreso – incluyendo a figuras del liderazgo democráta, como Jan Schakowsky (Coordinador adjunto en jefe), John Conyers (demócrata de rango en el Comité judicial de la Casa) y Jim McGovern (copresidente de la Comisión Tom Lantos para los Derechos humanos) – de que la hostilidad de EEUU hacia Venezuela está aislando a Washington en el hemisferio. Por supuesto, cualquiera que no haya estado en un coma durante los últimos 12 años debería saberlo. Sin embargo, la política exterior de los EEUU está sumida en la negación.

Esta iniciativa en particular, de imponer sanciones económicas a funcionarios venezolanos, emana de la extrema derecha del espectro político acá: una alianza de neoconservadores y del lobby anti-cubano/anti-venezolano. El gobierno de Obama se opuso a estas sanciones durante una audiencia en el Senado el 8 de mayo sobre la legislación. La audiencia se asemejó a un circo, teniendo apenas como testigos invitados a conocidos aborrecedores de Venezuela – lo cual no sorprende, puesto que el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el senador Robert Menéndez, es un obsesionado de línea dura con el cambio de régimen en Cuba. (También se ha visto involucrado en un par de escándalos de tráfico de influencias en el transcurso del año, donde uno de los mayores contribuyentes a su campaña – un doctor de Miami a quien el senador le ha hecho favores – alcanzó un record nacional de más de $20 millones recibidos en un año del programa nacional de seguro de salud, Medicare).

La fractura entre la gestión de Obama y varios dinosaurios en el Congreso reflejó la fractura dentro de la oposición en Venezuela. En su testimonio ante el Senado, la más alta funcionaria del Departamento de Estado para el hemisferio, Roberta Jacobson, se opuso a las sanciones, sosteniendo que sus aliados en Venezuela no las suscriben. Por el contrario, senadores como Menéndez y Marco Rubio, simpatizaron más con quienes en la oposición boicotean el diálogo y buscan el derrocamiento del gobierno.

Pero esta fractura es ante todo táctica – por lo menos en Washington – y el Secretario de Estado de EEUU, John Kerry, ha alternado entre dar su apoyo a una u otra facción de la oposición. La semana pasada asomó que posiblemente apoyaría las sanciones.

Los esfuerzos de Washington para desestabilizar al gobierno de Venezuela durante los últimos 12 años nunca han sido una serie de eventos aislados, sino que forman parte de una estrategia general de “contención” y “repliegue” en la región. Hasta el día de hoy, el establishment de la política exterior acá todavía no ha aceptado que el giro de la región hacia gobiernos más independientes y de izquierda supone un cambio permanente, como lo fue la superación de las dictaduras durante la última década del siglo 20. Por supuesto que Venezuela es un blanco grande, ya que reposa sobre las más grandes reservas de petróleo del mundo, y como consecuencia siempre será un actor clave en la región. Pero Washington quisiera deshacerse de todos los gobiernos de izquierda, y esa gente lo ve como una meta realista en el mediano a largo plazo.

Por estas razones, la misiva de los congresistas esta semana representa un avance decisivo, al reconocer que la política de EEUU hacia Venezuela forma parte de una estrategia general cuyo efecto ha sido el creciente aislamiento de EEUU en la región. Los EEUU no cuentan con embajadores ni en Bolivia ni en Ecuador, además de Venezuela, y sus relaciones con Brasil han estado en su punto más bajo durante décadas, mucho peores que en los años Bush. Si estos miembros del Congreso provocan un nuevo debate, el gobierno de Obama – y sus aliados de derecha – con seguridad lo perderá.

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David Harvey, Thomas Piketty y la contradicción central del capitalismo

Dom, 01/06/2014 - 14:18

Michael Roberts, The Next Recession

David Harvey es un reconocido profesor marxista de Antropología y Geografía en el Centro de Graduados de la Universidad de la Ciudad de Nueva York. Harvey es bastante crítico del libro de Piketty. Reconoce que Piketty proporciona datos de gran importancia sobre la desigualdad de la riqueza y de los ingresos en las principales economías capitalistas desde que el capitalismo se convirtió en el modo dominante de producción y las relaciones sociales desde 1750. "Lo que Piketty sí muestra estadísticamente (y deberíamos estar en deuda con él y sus colegas por eso) es que el capital ha tendido a lo largo de su historia a producir cada vez mayores niveles de desigualdad. Esto, para muchos de nosotros, no es noticia. Era, además, exactamente la conclusión teórica de Marx en el Tomo I de El Capital".

Pero, como apunta Harvey, Piketty nada dice sobre las crisis recurrentes de producción y de inversión del capitalismo. Piketty "no nos dice por qué la crisis de 2008 se produjo y por qué está tomando tanto tiempo para tantas personas para salir de debajo de la doble carga del desempleo y de millones de casas perdidas en una prolongada ejecución hipotecaria. No ayuda a entender por qué el crecimiento es actualmente tan lento en EE.UU. en comparación con China, y por qué Europa está bloqueada en una política de austeridad y de una economía de estancamiento".

Entonces Harvey nos dice que todo lo que Piketty tenía que hacer era leer a Marx. Si lo hubiera hecho, dice Harvey, habría encontrado que "en el Volumen 2 de El Capital de Marx (que Piketty tampoco ha leído y festivamente descarta) Marx señaló que la afición del capital a bajar los salarios en algún momento restringiría la capacidad del mercado para absorber el producto del capital". Entonces Harvey dice que la explicación de las crisis en el capitalismo se encuentra en el Volumen 2 de El Capital de Marx, y no en el volumen 1 o 3.

En realidad, no hay una explicación de las crisis recurrentes del capitalismo que se encuentre en el Volumen 2. Es sobre todo en el Volumen 3, con la esquematización de Marx de la ley de la tendencia de la tasa de ganancia a caer (LTCTG) y sus contra-tendencias.

La explicación alternativa por el “subconsumo” de Harvey no es nueva en él. En su nuevo libro, que parece que vale la pena leer y no he leído todavía, Harvey destaca lo que él ve como "las contradicciones en el corazón del capitalismo - dirigirse, por ejemplo, a acumular capital más allá de los medios para invertirlo, su imperativo de utilizar los métodos más baratos de producción que lleva a consumidores sin medios de consumo... "

De hecho, la posición de Harvey es que la ley de Marx de la rentabilidad es irrelevante para la explicación de las crisis. Esto le lleva a afirmar que la dirección neo-liberal para aumentar los beneficios en la década de 1980 no fue "dictada por cualquier ley matemática" (lo que probablemente significa la ley de Marx de la rentabilidad). Cita a Alan Budd, asesor económico de Margaret Thatcher que confesó 'en un momento de descuido' que las políticas de lucha contra la inflación de la década de 1980 resultaron ser "una muy buena manera de aumentar el desempleo, y el aumento del desempleo fue una manera extremadamente deseable de reducir la fuerza de la clase obrera... lo que se montó en términos marxistas fue una crisis del capitalismo, que recreó un ejército de reserva de mano de obra y ha permitido a los capitalistas hacer grandes ganancias desde entonces" (Budd). Verdaderamente esta cita me hace pensar que la agenda neo-liberal fue en mucho restaurar la rentabilidad que había llegado a los mínimos de la posguerra a finales de los años 1970. Pero al parecer, según Harvey, la profunda recesión, de doble caída, en la década de 1980, que devaluó y destruyó capital y restauró la rentabilidad no tenía nada que ver con eso. En lugar de ello " todo era política".

Harvey critica a Piketty por no haberse fijado en que la restricción en la participación de los salarios, y el potencial 'subconsumo' que podría crear fue superado por un aumento masivo de la deuda de las familias: "¿dónde está la demanda? Piketty ignora sistemáticamente esta cuestión. En la década de 1990 eludieron la respuesta con una gran expansión del crédito, incluyendo la ampliación de la financiación de hipotecas en los mercados de alto riesgo ("subprime"). Pero la burbuja de activos resultante fue obligada a estallar como lo hizo en 2007-8 derribando a Lehman Brothers y el sistema de crédito con él. "Por lo tanto las crisis son producto de la falta de demanda. Las burbujas del crédito pueden compensar, pero sólo por un tiempo.

Harvey puntualiza que "Las crisis no son eventos singulares. Aunque tienen sus factores desencadenantes evidentes, los movimientos tectónicos que representan tardan muchos años en resolverse ... Con la perspectiva del tiempo, no es difícil de encontrar abundantes signos de problemas por venir mucho antes de una crisis estalla en vista completa. "Pero para él, los signos de la crisis no se encuentran en ningún movimiento de la rentabilidad, sino en crédito, porque "la financiarización global de la deuda- saturada y cada vez más desregulada, que comenzó en la década de 1980 como una forma de resolver los conflictos con el trabajo, al facilitar la movilidad geográfica y la dispersión, produjo su desenlace con la caída del banco de inversión Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008".

Harvey identifica correctamente el defecto clave de Piketty como "una definición errónea del capital. El capital es un proceso, no una cosa. Se trata de un proceso de circulación en el que a menudo el dinero se utiliza para hacer más dinero - aunque no exclusivamente - a través de la explotación de la fuerza de trabajo. Todo el pensamiento económico neoclásico (que es la base del pensamiento de Piketty) se basa en una tautología. La tasa de rendimiento del capital depende de manera crucial de la tasa de crecimiento porque el capital se valora por medio de lo que se produce y no por lo que pasó en su producción". Este es un destaque que James Galbraith y otros, entre ellos yo, han hecho sobre Piketty: no reconocer que el capital no es "la riqueza". Y esto hace la diferencia. Como dice Harvey, si sacamos la vivienda y la riqueza inmobiliaria de la medida del capital, la previsión de Piketty de un rendimiento estable de "capital", que es más alta que la tasa de crecimiento de la tendencia a largo plazo no se sostiene.

En un nuevo documento, Esteban Maito muestra precisamente eso. Usando los propios datos de Piketty, descubre que es la ley de Marx de la tendencia de la tasa de ganancia a caer en el tiempo lo que se confirma por la evidencia, no un retorno estable de Piketty. Explica que "en la perspectiva de Piketty, el capital no está relacionado con la producción o el proceso de valorización. Como sinónimo de la palabra "riqueza", cualquier bien o servicio intercambiable en el mercado es capital. Pero las tendencias descritas por Marx se refieren a la producción capitalista. En este sentido, cualquier evaluación de la teoría marxista, aunque su validación empírica, tiene que considerar este aspecto básico en su análisis. De tal manera, "las viviendas" no deben ser consideradas como parte del capital, como bienes de consumo particulares en lugar de los medios de producción. Consideraciones similares pueden establecerse en otros casos como "los activos financieros" (un circuito puro MM') o "la tierra".

De hecho, durante el último período (desde el máximo alcanzado a mediados de 1960), el retorno, incluso de Piketty, del capital, ha tendido a caer, en línea con la tasa de ganancia marxiana, porque la tierra y la propiedad residencial se han vuelto menos significativos como parte de la riqueza en comparación con las máquinas y la propiedad no residencial.

La ley de Marx de la rentabilidad explica la contradicción central del capitalismo, no la erre ("r") de Piketty, ni 'la falta de medios de consumo' de Harvey.
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Tomado de Sin PermisoUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Thomas Piketty y el debate sobre la desigualdad

Ven, 30/05/2014 - 09:01
Marcelo Justo, Página 12

La polémica sobre el economista francés Thomas Piketty se ha convertido en sinónimo de debate sobre la desigualdad. Con un sorprendente tercer lugar en las ventas de Amazon en Estados Unidos a casi tres meses de salir a la venta, con una segunda edición en camino, han aparecido críticas a presuntas incongruencias en los datos de El Capital en el siglo XXI que buscan minar la tesis fundamental del libro, que sostiene que la creciente desigualdad del capitalismo es inherente al sistema.

Según publicó el viernes pasado Chris Giles, editor económico del diario Financial Times, en la primera plana del diario, Piketty comete errores en las proyecciones que hace para épocas en las que no había información, en el método que usa para distintos países y en un uso tendencioso de las estadísticas para probar su principal tesis.

La nota del Financial Times produjo una avalancha de cables y comentarios en los principales diarios de derecha del mundo anglosajón que tomaron el veredicto de Giles como la definitiva descalificación del libro de Piketty. La excepción a este regodeo fue un medio de incuestionable filiación capitalista: la revista The Economist. Según el semanario británico, las críticas de Giles eran cuestionables y muchos de los detractores del libro no se habían tomado el trabajo de leerlo e ignoraban que la mayoría de los datos provenían del World Top Income Database, un índice que nadie cuestiona. “Hay un par de errores que parecen ser de transcripción o de ajustes hechos a datos que requieren una evaluación del investigador”, subraya el semanario británico.

El fundamento para la tesis principal del libro, sostenida con un voluminoso examen de datos de los últimos 300 años, es que la riqueza ha aumentado a mayor velocidad que el crecimiento económico en estos tres siglos y que eso ha impactado en la desigualdad que, de seguir así, será en este siglo XXI semejante a la que existía en el victoriano siglo XIX. La crítica más sólida que se ha hecho a esta tesis viene por izquierda y es que, lejos de exagerar el estado de cosas, Piketty subestima la real dimensión de la desigualdad.

Según James Henry, autor de The price of offshore revisited y profesor de la Universidad de Columbia, el gran error de Piketty es el cálculo que hace sobre la riqueza oculta en guaridas o paraísos fiscales. “Hay unos 21 millones de millones de dólares ocultos en guaridas fiscales. La mitad de esta suma está en manos de las 91.000 personas más ricas del mundo, un 0,001 por ciento de la población mundial, que controla una tercera parte de toda la riqueza mundial. Piketty ha subestimado esta cifra. Este es el principal cuestionamiento que se le puede hacer. El resto es trivial”, indicó Henry a Página/12.

En la carta de respuesta a Giles que publicó el mismo Financial Times Piketty reconoce la necesidad de una mejor contabilización de esa riqueza oculta. “En realidad es muy posible que mis propias estimaciones no tomen plenamente en cuenta la riqueza offshore o en guaridas fiscales, algo que profundizaría la desigualdad”, señala el economista. Los datos de Piketty provienen de otro investigador de la Paris School of Economics, Gabriel Zucman, quien estima en unos 8 millones de millones de dólares la riqueza oculta en las guaridas fiscales, cálculo hecho en base a los datos disponibles macroeconómicos (balanza de pagos, por ejemplo) y los activos financieros, dejando fuera todo otro tipo de acumulación de riqueza (yates, obras de arte, etc.)

Sumándose a la polémica en la edición del matutino británico The Guardian este lunes, Paul Mason, editor económico del Channel 4 británico, señaló que las críticas de Giles (y las de otros medios de derecha) se basan en erróneas cifras oficiales. “Las conclusiones del Financial Times apenas se diferencian de las de Piketty en el análisis de Suecia y Francia. Lo hacen en el del Reino Unido y Estados Unidos. La razón es obvia. Desde tiempos inmemoriales los ricos tienen una especial aversión a declarar su riqueza. Con la reestructuración capitalista de 1979 se ha promovido la acumulación de riqueza oculta que obligó a Piketty a una mezcla de datos de herencia y encuestas junto a cálculos”, escribe Mason. Ni siquiera las cifras oficiales son congruentes. El HMRC, oficina impositiva del Reino, estima que el 10 por ciento más rico del Reino Unido tiene un 70 por ciento de la riqueza. La Oficina Nacional de Estadísticas, en cambio, estima que sólo tienen el 44 por ciento. El crecimiento de las guaridas o paraísos fiscales desde los ‘70 ha vuelto mucho más impreciso el cálculo de la riqueza (patrimonio personal que incluye depósitos, acciones, inmuebles, etc). El de los ingresos es mucho más rastreable: la diferencia genera todo tipo de incongruencias en la recolección de datos.

En Estados Unidos, Sam Pizzigati, del Institute for Policy Studies de Washington, habla de una “paradoja americana” para explicar este desfasaje. “Entre los datos que tenemos sobre la desigualdad de ingresos y de riqueza hay una profunda desconexión que equivale a una paradoja. El análisis de la curva de ingresos nos dice que ha habido un enorme crecimiento de la desigualdad entre los más ricos y el resto. Pero cuando analizamos la desigualdad de riqueza, vemos que la diferencia es ínfima. La explicación más lógica de esta diferencia es la riqueza oculta en paraísos fiscales. Si no, habría que pensar que esta gente se gasta 5000 dólares en cenas cada noche del año”, señaló Pizzigati a Página/12.

El impacto de este desfasaje en los niveles de desigualdad de una sociedad queda en claro en un estudio específico sobre Argentina, “Fuga de Capitales III (2002-2012)”, que halló un aumento del coeficiente de Gini de 0,42 a 0,49 puntos una vez que se corrigen las encuestas oficiales para incluir los ingresos no declarados y se contabilizan los fondos fugados a paraísos fiscales. “Si aceptamos que el stock fugado alcanza los 400 mil millones de dólares, equivalente a 15 veces el nivel de reservas del Banco Central, el coeficiente de desigualdad salta entonces de 0,43 a 0,49. Muchos piensan que en realidad la suma es aún mayor si se toman en cuenta las manipulaciones contables de empresas multinacionales y otros factores. Pero aún con esta cifra ‘conservadora’, vemos que el salto que da la medición de la desigualdad neutraliza los avances logrados en una mejor distribución del ingreso por el crecimiento económico y las fuertes políticas sociales del gobierno argentino durante el período 2003-2010”, indicó a Página/12 uno de los autores del informe, Jorge Gaggero.

En momentos en que, como se ha visto en las elecciones europeas, se está pagando un alto precio por desatender a estas tendencias profundas, convendría que el debate que se ha disparado con la publicación del libro de Piketty no sea ignorado con argumentos endebles.

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La burbuja de derivados alcanza un máximo histórico y amenaza la economía global

Ven, 30/05/2014 - 08:01

La burbuja mundial de los derivados financieros continúa hinchándose y ya es un 20% más grande de lo que era antes de la crisis financiera de 2008, señala Michael Snyder en su blog The Economic Collapse. Para Snyder esta es la mayor burbuja financiera que se haya dado jamás en el mundo, y cuando finalmente estalle será una auténtica pesadilla para el sistema financiero del planeta.

Según el Banco de Pagos Internacionales, el total de derivados alcanza los 710 billones de dólares, aunque otras fuentes estiman que la cifra es mucho mayor. Para hacernos una idea de las dimensiones, se estima que el PIB de EE.UU. para el 2014 será de unos 17 billones de dólares.

La cifra ya roza niveles incomprensibles y puede que esta burbuja no tarde en reventar. Sin embargo, en lugar de tomar cartas en el asunto y castigar a los grandes bancos por su conducta imprudente, nuestros líderes permiten que tanto las entidades bancarias como la burbuja de los derivados sigan creciendo. Snyder señala que los grandes bancos de Wall Street son actualmente un 37% más grandes de lo que eran antes del estallido de la crisis en 2008.

"En algún momento esta burbuja de derivados va a estallar y los bancos quebrarán. Cuando llegue ese día, enfrentaremos una crisis que hará que la de 2008 parezca un picnic", indica Snyder.

¿Qué es un derivado financiero? Los instrumentos financieros derivados son contratos cuyo precio depende del valor de un activo, el cual se denomina comúnmente 'subyacente' de dicho contrato. Estos activos pueden ser bonos, acciones, materias primas, índices bursátiles o divisas. Inicialmente este tipo de productos financieros pretendían eliminar la incertidumbre que generaba la fluctuación del precio de los productos. No obstante, en la actualidad forman parte de un sistema de especulación. Según Snyder, un derivado no tiene ningún valor intrínseco, "es esencialmente una apuesta".

La gente apuesta todo lo que uno pueda imaginar y Wall Street se ha transformado en el casino más grande de la historia del planeta. Después de la última crisis financiera, los políticos prometieron que mantendrían bajo control el comercio de los derivados. Sin embargo, el tamaño de la burbuja de los derivados no solo no ha disminuido, sino que ha alcanzado un nuevo máximo histórico.

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Argentina y la deuda: el acuerdo en París bien valió el desvelo

Xov, 29/05/2014 - 21:00
Después de una maratónica reunión que implicó casi veinte horas de negociaciones, el ministro Kicillof concluyó un acuerdo con los representantes del Club de París: Se reconocen 9700 millones de dólares de deuda a pagar en cinco años. El primer desembolso será de 1150 millones en los primeros doce meses. A través de un comunicado oficial, el Club de París informó que el monto consolidado del pasivo será cancelado “a través de una estructura flexible”.
Tomás Lukin, Página 12

Argentina y el Club de París alcanzaron un acuerdo para regularizar la deuda en default arrastrada con esos países. Luego de una prolongada reunión en la capital de Francia que se extendió durante más de diecisiete horas, los miembros del foro de acreedores y el equipo económico se pusieron de acuerdo en el mecanismo de pago. Como anticipó Página/12, la deuda se cancelará a lo largo de los próximos cinco años y contempla un desembolso inicial en efectivo por 1150 millones de dólares: un pago inicial en concepto de capital de 650 millones de dólares se realizará en julio de 2014 y los restantes 500 millones de dólares se entregarán en mayo de 2015. Como solicitó Argentina, el FMI no participará de la operatoria. El acuerdo estableció un pago mínimo que deberá afrontar Argentina por año y fijó un criterio de pagos adicionales en caso de incremento de las inversiones provenientes de los países miembros del Club. Si durante el plazo de cinco años, las inversiones adicionales fueran insuficientes para cubrir la deuda total, el país puede posponer los vencimientos hasta dos años.

“Con el acuerdo alcanzado Argentina cierra un capítulo más de la triste historia del sobreendeudamiento que condujo al default. El esquema de pagos acordado reduce sensiblemente el costo financiero de esta deuda impaga, que actualmente acumula intereses y punitorios a una tasa promedio cercana al 7 por ciento. El acuerdo asumido garantiza la sustentabilidad de los pagos de los compromisos financieros como un todo, es compatible con el perfil de vencimientos que tiene el país en el futuro y no implica condicionalidad alguna para llevar adelante sus políticas económicas.El acuerdo constituye un paso importante para promover la inversión en Argentina”, afirmó el ministro Kicillof a través de un comunicado.

La conducción del foro estuvo a cargo del director general del Tesoro francés, Ramón Fernández, pero también participaron del convite representantes de todos los acreedores, ya que las soluciones deben alcanzarse por consenso. El Club de París está compuesto por 19 países, pero los pasivos impagos de la Argentina corresponden a 15 miembros más Israel, que es miembro adherente del grupo. Alemania y Japón concentran el 60 por ciento de la deuda total. Sigue Holanda, Italia y Estados Unidos, con acreencias que no superan el 8 por ciento del total cada uno. El resto son pasivos más pequeños.

Pasar a un cuarto intermedio y retomar las conversaciones sin alcanzar el principio de acuerdo habría frustrado los avances logrados en la jornada. Por eso, los funcionarios argentinos buscaron sostener abierto el diálogo hasta lograr el consenso de todos los miembros. Desde el equipo económico consideran que el acuerdo propuesto por Argentina es favorable, ya que promueve inversiones productivas en el país a cambio de la cancelación del pasivo en cuotas. Dependiendo del mecanismo de pago que se establezca, por ejemplo si contempla la entrega de bonos, el Gobierno deberá enviar al Congreso un proyecto de ley que permita instrumentar la operación.

Concretar la salida del default con el grupo de acreedores soberanos forma parte del proceso de regularización de pasivos encarado por Argentina después de la crisis de 2002. No es el primer intento. A lo largo de los últimos años se registraron diferentes tentativas que fueron abortadas: en septiembre de 2008, CFK anunció que se cancelaría en un pago con reservas del Banco Central por 6706 millones de dólares. A los pocos días del anuncio cayó el banco Lehman Brothers y se desató una grave crisis internacional. Frente al estallido, primó la precaución y se dejó el pago en suspenso. Los intentos de 2010 y 2011 tampoco prosperaron.

Cerrar un acuerdo relajaría las condiciones para acceder al crédito externo. El equipo económico considera que los requerimientos de divisas están cubiertos este año. Por eso, advierte que el objetivo no es allanar el camino para una inminente emisión de deuda externa en el mercado internacional. No obstante, en el corto plazo destrabaría restricciones financieras para los flujos de Inversión Extranjera Directa.

Los funcionarios arribaron el martes por la noche a París y todavía no tienen fecha de regreso. Como sucedió en la visita previa de febrero, Kicillof y el secretario de Finanzas, Pablo López, contaron con la asistencia del embajador ante la Unión Europea, Hernán Lorenzino, y el coordinador de la Unidad de Reestructuración de Deuda, Adrián Cosentino. “Vamos a ser implacables en que el acuerdo sea sustentable y no condicione el crecimiento económico con inclusión”, enfatizó Kicillof en febrero, cuando regresó de su primer viaje a Francia. Una parte del moderno edificio del Ministerio de Economía francés se introduce sobre el Sena y las instalaciones cuentan con un embarcadero que permiten a los funcionarios galos trasladarse en lancha hacia otras dependencias gubernamentales, aunque el equipo económico se trasladó por las calles de París.

Alrededor de la mitad de los compromisos impagos son previos a 1983, fundamentalmente tomados durante la última dictadura militar. El 9 por ciento de la deuda corresponde al gobierno de Raúl Alfonsín, mientras que el 42 por ciento restante se asumió durante los mandatos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa. Sin contar el principio de acuerdo alcanzado ayer, Argentina ya realizó siete renegociaciones. La primera fue en 1956, durante el gobierno de facto de Aramburu, y marcó el nacimiento del Club de París. El resto de los acuerdos se alcanzaron en 1965 (Illia), 1985 y 1987 (Alfonsín) y las restantes en 1989, 1991 y 1992 (Menem). La larga historia con el Club escribirá hoy un nuevo capítulo.
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Argentina saldará su deuda de 9.700 millones de dólares con el Club de París

Xov, 29/05/2014 - 13:00

El Gobierno argentino alcanzó un acuerdo con el Club de París, un foro informal de acreedores oficiales y países deudores, para saldar la deuda de casi 10.000 millones de dólares que mantiene con el organismo. "Los representantes de los acreedores del Club de París y del Gobierno de la República Argentina (...) llegaron a un acuerdo para la liquidación en cinco años de la deuda por atrasos a los acreedores del Club de París", señaló entidad acreedora en un comunicado en el que puntualizó que los atrasos alcanzan los 9.700 millones de dólares.

El acuerdo, logrado tras una intensa jornada de negociaciones encabezada por el ministro de Economía, Axel Kicillof, estipula que Argentina pagará un mínimo de 1.150 millones de dólares antes de 2015. El siguiente monto se abonará en mayo de 2016. Esta deuda es uno de los vestigios de la crisis económica de Argentina de 2001-2002, cuando la nación latinoamericana declaró el incumplimiento de pago de unos 95.000 millones de dólares en deuda con inversionistas privados.

La resolución del pago de la deuda al Club de París es una condición sine qua non para que Argentina vuelva a tener acceso a créditos de organismos multilaterales para la exportación y el flujo normal de inversiones privadas. "Los acreedores del Club de París acogemos positivamente el progreso realizado por Argentina hacia la normalización de sus relaciones con los acreedores y la comunidad financiera internacional", indicó el comunicado.

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Los orígenes del fascismo en Europa antes y ahora

Xov, 29/05/2014 - 00:24
Vicenç Navarro, Público
Una de las interpretaciones de la historia europea que es más errónea y ha tenido peores consecuencias en la vida política y económica de este continente es la explicación que se ha dado de las causas de la subida al poder de Hitler y del nazismo en Alemania. Un argumento que se ha escrito para justificar las enormes políticas de austeridad (con recortes del gasto público, incluyendo el gasto público social, y la bajada de salarios), promovidas e impuestas por el gobierno alemán a los países de la Unión Europea, y muy en especial a los países periféricos de la Eurozona, tales como España, ha sido el supuesto temor (en realidad, pánico) que el pueblo alemán ha tenido históricamente a la hiperinflación, pues en su memoria colectiva se considera que dicha hiperinflación fue la causa del surgimiento y victoria electoral del nazismo en Alemania. De ahí –se nos dice- que las políticas de austeridad de ahora sean necesarias para evitar una inflación que podría llevarnos a la aparición de un nuevo fascismo. Si usted sigue la literatura científica económica leerá este argumento miles de veces.

Esta interpretación de lo que ocurrió en Alemania está, sin embargo, profundamente equivocada, no solo en su totalidad, sino en cada uno de sus supuestos. Comencemos por la explicación que atribuye la victoria de Hitler a la hiperinflación. De esta explicación uno tendría que ver que, cuando Hitler fue elegido, la inflación era muy alta, tan alta que la gente, en protesta, votó por Hitler. Pues bien, veamos los datos. Hitler fue elegido en el año 1933. Y ahora vayamos a los datos de la inflación en aquel año. Y el lector se asombrará, pues encontrará que no había ni pizca de inflación. En realidad, la elevada inflación había desaparecido hacía ya tiempo. Y ahí están los datos. Repito, no había inflación. No se puede, por lo tanto, decir que la elevada inflación había llevado a Hitler al poder.

¿Qué estaba pasando? Es fácil de ver y entender. Si usted mira la evolución de la inflación verá que la elevada inflación fue antes del 1933, en realidad, diez años antes, en los años veinte. En el año 1923, diez años antes de la elección de Hitler, Alemania estaba en medio de una insostenible inflación; en julio de aquel año, 1 dólar era equivalente a 1,1 millones de marcos. Dos meses más tarde, era de 109 millones. Repito, una situación que no podía continuar. Ello forzó a que el gobierno tomara toda una serie de medidas –que hoy se llamarían de austeridad- que tuvieron enormes consecuencias (como también tienen enormes consecuencias las políticas de austeridad de ahora). Y una de ellas fue el enorme crecimiento del desempleo, que pasó de un millón a seis millones de alemanes en solo tres años, lo que representaba una tasa de desempleo de un 30%. Fue esta creación de desempleo y el gran descenso del bienestar de la población lo que condujo a los movimientos de protesta, incluyendo el nazismo. Esto es lo que no se dice y debería decirse, porque hoy estamos viendo en Europa una situación muy similar, donde las políticas de austeridad están generando el crecimiento de movimientos fascistas (llamados chovinistas o lo que fuere) a lo largo del territorio europeo. No fue la inflación, sino el tipo de respuesta que el gobierno escogió -las políticas de austeridad, con un gran descenso del gasto público y de los salarios- para resolver esa elevada inflación lo que creó el enorme enfado popular y desafección hacia el régimen democrático, tal como está ocurriendo ahora.

El segundo punto que es erróneo en esta interpretación histórica de atribuir a la elevada inflación la subida de Hitler al poder, es la interpretación de las causas de la inflación. No hay duda de que el nivel de inflación en 1923 era insostenible. Pero, ¿qué es lo que causó la inflación? Y la respuesta, de nuevo, es fácil de ver. Fueron las enormes políticas de austeridad que los aliados habían impuesto a la Alemania derrotada en la I Guerra Mundial. El que mejor predijo las consecuencias de estas políticas fue John Maynard Keynes, que era el representante del gobierno británico en Versalles, en la reunión que definió las políticas que tendrían que seguirse por parte del vencido Estado alemán al terminar la I Guerra Mundial, políticas que eran tan punitivas que no permitían la recuperación de la economía alemana mediante políticas expansivas, con el aumento del gasto público, entre otras medidas. Keynes abandonó la reunión, como señal de su profundo desacuerdo. Tales medidas no dejaban ninguna otra alternativa al gobierno alemán que intentar crecer a base de imprimir dinero, lo cual hizo en abundancia, que es lo que creó la inflación. Y ahí está el problema, y también la semejanza con la situación actual.

La manera como se construyó la Eurozona y su gobernanza dificulta enormemente el estímulo económico mediante la expansión del gasto público y el aumento de los salarios. En realidad, el crecimiento económico ha descendido en la Unión Europea desde que se estableció el euro. El Tratado de Maastricht y, todavía peor, el Pacto Fiscal impuesto por Alemania, imposibilita que los Estados tengan déficit público. Ello forzó a que la estructura de poder de la Eurozona, y muy en particular el Banco Central Europeo, recurrieran a políticas de expansión monetaria (es decir, imprimir dinero, como hizo el gobierno alemán tras la I Guerra Mundial), con el peligro de que se generara inflación. Y a fin de evitar que ello ocurriera, se están llevando a cabo políticas de austeridad que están destruyendo el bienestar de la población y que están causando el surgimiento del fascismo. La historia se repite.

¿Qué está ocurriendo ahora?Hoy, una de las opciones políticas que está canalizando más el enfado de las clases populares, y muy en particular de la clase trabajadora, es la ultraderecha, tal como estamos viendo en varios países. El caso de Francia es claro. El Frente Nacional, dirigido por Le Pen, fue el que utilizó durante la campaña de las elecciones al Parlamento Europeo un discurso movilizador de la clase trabajadora, presentándose a sí mismo, sin ninguna inhibición, como el mejor instrumento para defender los intereses de la clase trabajadora, en la lucha de clases frente a la oligarquía nacional, que había traicionado a la patria vendiéndose a la Troika. Es elnacionalsocialismo, que históricamente tuvo una base obrera y ahora la recupera tras la complicidad de las izquierdas tradicionales (y muy en especial de la socialdemocracia) con la imposición de políticas que dañan los intereses de las clases trabajadoras a costa de incrementar los beneficios del capital. En este discurso, la lucha de clases y la identidad nacional son idénticas, utilizando la bandera y la defensa de la identidad y de la patria como el punto movilizador. Ha sido una mezcla ideológica imbatible. Era lógico y predecible que el fascismo ocupara el vacío creado por el socialismo y el comunismo. El pasado domingo, Le Pen consiguió el apoyo del 30% de los jóvenes y del 43% de los trabajadores franceses.

El internacionalismo de las izquierdas en su compromiso con Europa se ha mostrado impotente frente al nacionalismo del nacionalsocialismo. Por otra parte, la identificación de las izquierdas con la defensa de los inmigrantes es su punto vulnerable, pues parecen no ser conscientes de que los que pagan los costes de la integración de los inmigrantes en un país son los miembros de la clase trabajadora. Ni que decir tiene que la inmigración enriquece a un país. Ahora bien, los costes inevitables que implica su integración, que benefician a toda la sociedad, no pueden ser pagados por aquellos más vulnerables que absorben el coste. Las izquierdas, por lo general, no han sido sensibles a este punto. Añádase a ello que su internacionalismo, con su alianza con los otros pueblos de Europa, carece de credibilidad debido a su complicidad con el mundo del capital. El distanciamiento de los partidos de izquierda gobernantes (y muy en especial de la socialdemocracia) respecto a la clase trabajadora ha sido el origen de su deterioro electoral.

En España, el fascismo (que adquirió su máxima expresión durante la dictadura, establecida con la ayuda del nazismo alemán y el fascismo italiano) se caracterizó por el nacionalcatolicismo, que conjugó un nacionalismo uninacional extremo con un catolicismo enormemente reaccionario. El golpe militar de 1936 se hizo contra los rojos –socialistas y comunistas- y los separatistas –aquellos que tenían una visión de España distinta a la del fascismo español-.

Esta ideología nacionalcatólica continúa siendo muy extendida en sectores de la población española, lo cual explica su receptividad al mensaje del Partido Popular de presentarse como el defensor de la unidad de España y de los valores cristianos. Ello explica que el partido político más instrumentalizado por los poderes financieros y económicos existentes en Europa y en España continúe ganando las elecciones a pesar del enorme daño que sus políticas han causado a las clases populares, incluyendo sus votantes. El dominio por parte del PP de la bandera y del crucifijo explica su pervivencia, fruto de una Transición sumamente inmodélica.

Lo que las izquierdas deberían hacer es criticar este nacionalcatolicismo, todavía muy hegemónico en el Estado español, presentándolo por lo que es: el caparazón que sostiene un enorme domino de una minoría (servil y dócil con la Troika) frente a la mayoría de los distintos pueblos de España, que presentan como visión alternativa otra España, la republicana, multinacional y poliédrica, laica, democrática y socialmente justa.

El domingo pasado mostró una vez más el problema de las izquierdas en España. El voto a las izquierdas fue mucho mayor que el voto a las derechas. Pero las derechas continuarán gobernando España. Y seis millones más continuarán desempleados, habiendo alcanzado la situación social de las clases populares unos niveles desconocidos de deterioro. Gran parte de la responsabilidad la tienen los dirigentes del PSOE (el partido mayoritario de las izquierdas), cuyas políticas públicas han sido responsables de este deterioro, siendo cómplices con la derecha española y con las derechas europeas en el desarrollo de la Europa del capital. España necesita una rebelión del electorado y de las bases de este partido para cambiar profundamente su dirección y sus aparatos. Y las izquierdas no gobernantes (cuyo crecimiento aplaudo y considero muy positivo) deberían transcender sus intereses partidistas para aliarse a lo largo del territorio español para agitar el panorama político español, con amplias movilizaciones y exigencias de cambio a todos los niveles, con una amplia participación ciudadana, concienciando a la población de que los que gobiernan España representan una minoría muy exigua de la población española (11% del censo electoral) que defiende unos intereses económicos y financieros muy particulares que anteponen a los intereses de las clases populares, que son la mayoría de la población.

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Multimillonario George Soros admite su responsabilidad en el golpe de Estado de Ucrania

Mér, 28/05/2014 - 20:05

Esta es una prueba más de cómo los ricos gobiernan el mundo:
El multimillonario estadounidense George Soros reconoció que es responsable de establecer una fundación en Ucrania que contribuyó al derrocamiento del gobernante legítimo y a la toma del poder por una junta 'elegida' por el Departamento de Estado. En una entrevista a la cadena CNN, Soros reconoció que durante las revoluciones de 1989 financió actividades de los disidentes y grupos de la sociedad civil en el este de Europa, Polonia y la República Checa, por lo que el periodista le preguntó: "¿Está usted haciendo cosas similares en Ucrania?". "Creé una fundación en Ucrania antes de que se independizara de Rusia. Y la fundación ha estado funcionando desde entonces y ha jugado un papel importante en los acontecimientos actuales", respondió Soros. El portal InfoWars publicó que es bien sabido, aunque muchos medios de comunicación evitan mencionarlo, que Soros ha trabajado estrechamente con la USAID, la Fundación Nacional para la Democracia (que ahora hace trabajos anteriormente asignados a la CIA), el Instituto Republicano Internacional, el Instituto Nacional Demócrata para Asuntos Internacionales, la Casa de la Libertad (Freedom House) y el Instituto Albert Einstein con el fin de incitar a una serie de revoluciones 'de colores' en Europa Oriental y Asia Central tras la disolución de la Unión Soviética. Muchos de los participantes en manifestaciones del Euromaidán en Kiev eran miembros de ciertas ONG o fueron entrenados por las mismas organizaciones no gubernamentales en los numerosos talleres y conferencias patrocinados por la Fundación del Renacimiento Internacional de Soros (IRF, International Renaissance Foundation), y por los diversos institutos y fundaciones de la Sociedad Abierta (Open Society), publica el portal The New American. La IRF, fundada y financiada por el multimillonario, se jacta de que ha hecho "más que cualquier otra organización" para "la transformación democrática" de Ucrania, agrega. No obstante, esta transformación llevó a una situación en la que ultranacionalistas controlan los servicios de seguridad de Ucrania. En abril se anunció que el secretario del Consejo de la Seguridad Nacional y de Defensa de Ucrania, Andréi Parubiy, y otros líderes del golpe de Estado estaban trabajando con el FBI y la CIA para derrotar a los que se oponen al Gobierno autoproclamado. Además, indica Inforwars, la operación militar de Kiev con su carácter violento, incluyendo el incendio en la Casa de los Sindicatos en Odesa que se saldó con decenas de muertes, también se puede atribuir directamente al activismo de George Soros y de diversas organizaciones no gubernamentales. Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Unión Económica Euroasiática surge como alternativa a USA y el bloque europeo

Mar, 27/05/2014 - 15:42

Rusia, Bielorrusia y Kazajistán tienen programado firmar el próximo 29 de mayo el acuerdo sobre la creación de la Unión Económica Euroasiática (UEE). "El acuerdo entrará en vigor el 1 de enero de 2015", informa el servicio de prensa del Kremlin. Según acentúa el comunicado oficial, de este modo "concluye el proceso de formación del mayor mercado común", de 170 millones de personas, en el espacio postsoviético, que se convertirá "en un nuevo potente centro de desarrollo económico". El acuerdo prevé el libre flujo de mercancías, servicios, capitales y fuerza laboral dentro de la unión y una política común en los sectores claves de la economía: energía, industria, agricultura y transporte.

"La Unión Euroasiática facilitará los negocios en los Estados miembros, pero tiene también una misión más global: dar un carácter pluralista a la economía mundial", comenta el jefe del Centro Euroasiático de Comunicaciones, Alexéi Pilkó, según recoge el portal Véstnik Kavkaza. "Actualmente el sistema basado en un mundo unipolar ha dejado de existir. Lo más probable es que en un futuro próximo la economía mundial tenga entre tres y cinco centro de fuerza en vez de uno. Esto la protegerá de los desequilibrios que desembocaron en la crisis de 2008".

Desde el punto de vista de Leonid Savin, jefe de redacción del portal Gueopolítika, Occidente hace todo lo que está a su alcance para prevenir la integración euroasiática. "Lo ven como una amenaza a la existencia de su bloque. Es su fijación. Creen que si los países situados alrededor de Rusia unen sus esfuerzos el dominio anglosajón llegará a su fin", explicó el analista a La Voz de Rusia.

Este punto de vista tiene su lógica, enfatiza, por su parte, el politólogo Maxim Shevchenko. "Después de la Segunda Guerra Mundial Occidente estableció el dominio totalitarista del dólar. Pero hoy en día, con el crecimiento de sujetos económicos como China, India y Brasil, su hegemonía sufre: el mundo se opone al dictado del papelito verde. La Unión Euroasiática da la posibilidad de organizar una base estratégica de activos que protegerá las divisas nacionales del dominio del capital estadounidense", insiste el analista, según recoge el portal Véstnik Kavkaza.

Pero en opinión de Shevchenko, esta no es la única causa. "La Unión Euroasiática es una vía natural para el desarrollo de Rusia y nuestros vecinos. Actualmente nos entristece que quedara destruido el sistema de programación estratégica y económica común, cuando unos recursos enormes se coordinaron desde una sede única a base de un compromiso entre las partes. Cuando les dicen que muchas Suizas pequeñas son mejor que una unión grande es mentira", argumenta el politólogo.

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Participación en las elecciones europeas fue un fracaso en toda la linea

Mar, 27/05/2014 - 09:00
Una baja participación de los votantes tuvieron las elecciones del domingo en la Unión Europea. La participación fue del 43,1 por ciento y sólo un poco más alta que las elecciones de 2009. Las mayores participaciones de los votantes fueron en Luxemburgo y Bélgica. En Eslovaquia, sin embargo, sólo el 13 por ciento de los votantes emitieron su voto. Los estados de la Europa del Este tuvieron una baja participación en estas elecciones dando cuenta que firmar parte de la UE es más una carga que un alivio. Esto confirma que la extensión de Europa hacia el Este ha obedecido a intereses más geopolíticos que sociales o culturales.

La mayor participación fue en Bélgica y Luxemburgo donde alcanzó un 90 por ciento de los votantes. Hay que recordar que en estos países la votación es obligatoria y se castiga con una multa a quienes no cumplen con este derecho. En Italia los votantes llegaron al 60 por ciento mientras en Grecia al 58,2 por ciento. En Alemania votó el 47,9 por ciento de la población inscrita y en Austria el 45,7 por ciento. Francia alcanzó un 43,5 por ciento, por encima de la participación en toda la UE.

En España, el índice de participación alcanzó un mínimo histórico del 46 por ciento. Sólo en Cataluña, donde el acalorado debate político sobre la independencia de España llevó a los ciudadanos a las urnas, la participación aumentó en un 10 por ciento. Los pactos a favor de catalanes por la secesión de España, llegaron al 56 por ciento de los votos.

En Portugal, sólo alrededor del 36 por ciento de los votantes participaron en la elección. Holanda, con 37 por ciento, y Gran Bretaña con 36 por ciento quedaron debajo de la media de la UE. En Europa oriental, la participación en las elecciones fue aún más baja. En Hungría, la participación fue de sólo el 28 por ciento, muy por debajo de la media de la UE. En Bulgaria la participación alcanzó el 35,5 por ciento.

En Rumania, el 32,1 por ciento emitió su voto, ayudando al Partido Socialista en la victoria electoral. En Croacia, la participación fue del 25,2 por ciento, mientras en Polonia del 22,7 por ciento. En Eslovenia, la participación fue de apenas el 20,9 por ciento de los votantes, mientras en la República Checa, alcanzó apenas el 19,5 por ciento. La República Eslovaca alcanzó un 13 por ciento de los votantes imponiendo un nuevo récord negativo en toda la UE. La vez anterior había alcanzado una participación del 16,9 por ciento. La participación de la Europa de Este en las elecciones europeas fue un fracaso en todo el espectro político.

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La teoría de las ondas largas y la crisis del capitalismo contemporáneo

Mar, 27/05/2014 - 03:23
Michel Husson

No hay mejor manera de rendir homenaje a Ernest Mandel que aplicar su método: el de un marxismo vivo, no dogmático. Y la profundidad de la crisis actual hace tanto más necesaria una reevaluación crítica de las herramientas de análisis que nos legó. Esta contribución intentará responder a esta cuestión: ¿la teoría de las ondas largas es un marco adecuado para el análisis de la crisis actual, de su génesis, y del nuevo período que abre?

Después de haber recordado las grandes líneas de esta teoría, intentaremos aplicarla al conjunto de la fase neoliberal del capitalismo, alternando las consideraciones teóricas y las observaciones empíricas. Llevaremos a cabo este examen siguiendo dos hilos conductores. El primero, que el capitalismo neoliberal corresponde a una fase recesiva cuyo rasgo esencial es la capacidad del capitalismo para restablecer la tasa de beneficio a pesar de una tasa de acumulación estancada y de mediocres aumentos de productividad. El segundo, que no están reunidas las condiciones para el paso a una nueva onda expansiva y que se abre un período de "regulación caótica".

Ondas largas La teoría de las ondas largas fue el objeto del capítulo 4 de El capitalismo tardío (Mandel, 1972), desarrollado después en una serie de trabajos, sobre todo en el libro Las ondas largas del desarrollo capitalista (Mandel, 1986). Una de las proposiciones fundamentales de esta teoría es que el capitalismo tiene una historia, y que ésta no obedece a un funcionamiento cíclico. Hay una sucesión de períodos históricos, marcados por características específicas, alternando fases expansivas y fases recesivas. Esta alternancia no es mecánica: no basta con esperar 25 o 30 años. Mandel habla de onda en lugar de ciclo, porque su enfoque no se sitúa en el esquema atribuido - probablemente de forma equivocada- a Kondratieff, de movimientos regulares y alternos de los precios y de la producción.

Uno de los puntos importantes de la teoría de las ondas largas es romper la simetría de las inflexiones: el paso de la fase expansiva a la fase depresiva es "endógeno", en el sentido de que es el resultado de los mecanismos internos del sistema. El paso de la fase depresiva a la fase expansiva es, por el contrario, exógeno, no automático, y supone una reconfiguración del entorno social e institucional. La idea clave es que el paso a la fase expansiva no está dado de antemano y que requiere reconstituir un nuevo "orden productivo" (Dockès, Rosier, 1983). Esto lleva su tiempo, y no se trata por tanto de un ciclo parecido al ciclo coyuntural cuya duración puede asociarse al tiempo de vida del capital fijo. Por ello, este enfoque no confiere ninguna primacía a las innovaciones tecnológicas en la definición del nuevo orden productivo, sino que el papel esencial lo juegan las transformaciones sociales (relación de fuerzas capital-trabajo, grado de socialización, condiciones de trabajo, etc.).

Beneficio, acumulación, productividad Nuestro punto de partida será esta proposición de Mandel: "me mantengo fiel a la definición que presenté a principios de los sesenta: ondas largas del desarrollo capitalista, que implican ondas largas de producción, empleo, ingresos, inversión, acumulación capitalista y de la tasa de beneficio" (Mandel 2008, 6). Pero una de las principales características de la fase neoliberal es precisamente una desconexión entre estas diferentes variables. Se trata de una configuración inédita, que analizaremos a partir de las evoluciones comparadas de la tasa de beneficio, la tasa de acumulación y el crecimiento de la productividad.


La primera constatación es que el restablecimiento de la tasa de beneficio que tuvo lugar después del giro neoliberal de comienzos de los años 1980 (1) no ha conducido a un aumento duradero y generalizado de la acumulación (gráfico 1). La comparación entre beneficio y acumulación permite distinguir dos fases muy diferenciadas. Hasta comienzos de los años 1980, estas dos magnitudes varían de forma concertada: fluctúan a niveles elevados durante los años 1960 y después bajan en dos tiempos; primero en los Estados Unidos y después en Japón y en Europa. Al mismo tiempo, el crecimiento y la productividad evolucionan en paralelo a la tasa de beneficio. Por tanto, el conjunto del círculo virtuoso de los años "fordistas" se desajustó a mediados de los años 1970.

La recuperación localizada entre los dos choques petroleros frenó la caída de la tasa de acumulación sólo de manera transitoria. La historia de las siguientes décadas, correspondientes a la fase neoliberal, sigue una lógica diferente, marcada por la desconexión entre la tasa de beneficio que tiende a restablecerse y la tasa de acumulación que se estanca o desciende. Ciertamente, a final de los años 1980, la economía mundial está paradójicamente excitada por el crash de 1987 y, contra toda previsión, parece despegar cada vez más: se reanuda el crecimiento, así como la acumulación de capital. Sorprende recordar que este período se haya caracterizado por un renovado interés por los ciclos largos. Múltiples artículos de prensa y declaraciones optimistas anuncian veinte nuevos años de crecimiento, o dicho de otra manera la vuelta a un ciclo Kondratyeff ascendente.

El alivio por haber evitado una crisis profunda que amenazaba después del giro hacia la economía de la oferta condujo a una forma de euforia que volveremos a encontrar una decena de años más tarde, con el boom de la "nueva economía". Incluso los más escépticos se preparan, en su fuero interno, para admitir la entrada en una nueva fase de expansión. Más que la fe en las tecnologías, son las referencias a las nuevas formas de organización del trabajo (el "toyotismo") las que juegan el principal papel ideológico. El "nuevo modelo de trabajo" parece ser la fuente de nuevos aumentos de productividad, y se contempla su generalización como el vector de un nuevo modo de regulación.

El desencanto vino bastante pronto. El cambio se efectuó a comienzo de los años 1990 (poco antes de la guerra del Golfo), y condujo a una recesión particularmente severa en Europa. A partir de ese momento, aunque no se tendrá conciencia de ello hasta más tarde, Japón también se desliza en un crecimiento casi nulo.

En el mismo gráfico 1, se puede distinguir la esperanza que suscitó la "nueva economía". El período 1996-2000 estuvo marcado por una recuperación de la acumulación. Pero tampoco en esta ocasión el movimiento dura, y por razones muy clásicas vuelve atrás. En todo caso no se extiende al resto del mundo: la recuperación en Europa de final de los años 1990 tiene otros resortes que las nuevas tecnologías y queda como un episodio coyuntural.

La segunda constatación tiene que ver con la distancia entre la tasa de beneficio y la productividad del trabajo (gráfico 2). También aquí se puede observar el paralelismo entre las dos curvas hasta mediados de pesar de unos aumentos de productividad muy inferiores a los de la fase precedente. No hacen sino volver a su nivel secular: lo que se ha llamado la "Edad de oro" del capitalismo aparece como un paréntesis histórico.

Desde el punto de vista de la teoría de las ondas largas, estamos por tanto ante una configuración inédita para el conjunto del período que va desde el giro neoliberal de mediados de los años 1980 al estallido de la crisis en 2008. Durante este cuarto de siglo, la tasa de beneficio está al alza: podría concluirse por tanto que el capitalismo ha reconstituido su dinamismo y que ha entrado de nuevo en una fase expansiva. Pero por otra parte, es un capitalismo que acumula poco, e incluso cada vez menos, y que se muestra incapaz de lograr importantes aumentos de productividad. Esta desconexión es aparentemente contradictoria y no se puede comprender el funcionamiento del capitalismo en su fase neoliberal, ni su posterior entrada en crisis, sin abordar esta contradicción. ¿Cómo ha podido restablecer el capitalismo la tasa de beneficio sobre una base material tan desfalleciente? ¿Puede hablarse en estas condiciones de onda larga expansiva? Estas dos cuestiones constituyen retos tanto teóricos como empírico-políticos, que afectan tanto a la teoría de la tasa de beneficio como al marco mismo de la teoría de las ondas largas. Hay que comenzar por tanto por volver a la dinámica de la tasa de beneficio.


Dinámica de la tasa de beneficio En el análisis de Mandel hay un hilo conductor que ocupa un lugar importante. Es la idea de que la revolución tecnológica permanente suscitada por la concurrencia entre capitales conduce forzosamente a un crecimiento de la composición orgánica del capital. Este enfoque se inscribe en una lectura bastante ortodoxa del descenso tendencial de la tasa de beneficio. En un muy interesante texto adjunto (Mandel, 1985), Mandel sintetiza sus principales tesis y propone el siguiente resumen: "El ascenso de la composición orgánica del capital conduce a una caída tendencial de la tasa media de beneficio. Esta caída puede ser parcialmente compensada por diversas contra-tendencias, la más importante de las cuales es la tendencia al crecimiento de la tasa de plusvalía (...) No obstante, a largo plazo, la tasa de plusvalía no puede aumentar de forma proporcional a la tasa de crecimiento de la composición orgánica del capital, y la mayor parte de las contra-tendencias tienden, al menos periódicamente (y también a muy largo plazo), a ser suplantadas a su vez".

Esta formulación clásica merece ser discutida. La composición orgánica del capital, o dicho de otra manera la relación en valor entre el capital constante y el capital variable, no obedece a una ley general de aumento que se derivaría de la acumulación del capital muerto en relación al capital vivo, aunque este resultado choca con la intuición de que la acumulación aumenta el peso del capital en relación al trabajo. Esta densificación de las combinaciones productivas es un hecho comprobado, pero afecta a la composición técnica, cuyo crecimiento no supone forzosamente el de la composición en términos de valor. El indicador más sencillo es el capital por cabeza, que relaciona el stock de capital -o si se quiere, el número de máquinas- con los efectivos empleados o con el número total de horas de trabajo. Aunque haya que remarcar que ese concepto de "capital", definido como un stock de medios de producción, es extraño a la teoría marxista y sólo tiene sentido en la teoría neoclásica. Pero la objeción no es legítima, porque confunde problemas de medida con la crítica de un concepto. El concepto de capital de la teoría marginalista es desde luego contestable, porque se supone preexistente a los precios relativos. Dicho de otra forma, debería ser teóricamente posible determinar la cantidad de esta sustancia particular, de este "factor de producción", que sería el capital en general, independientemente de los precios y por tanto de la distribución. Esta exigencia resulta lógicamente del hecho de que después se va a construir una teoría de la distribución que establece que el beneficio está determinado por la productividad marginal del capital, y que el salario refleja de manera simétrica la productividad marginal del trabajo. Se conoce la llamada crítica "cambridgeana" de la teoría del capital, que dice que esta teoría es circular y que la medida del capital físico no puede preexistir al sistema de precios.

Todo esto es muy justo, pero no tiene nada que ver con la posibilidad de construir un agregado bautizado como capital fijo. La misma noción de productividad del trabajo supone la medida de un producto "físico" en tanto que agregado, como "cesta" de valores de uso que sólo se puede combinar con la ayuda de un sistema de precios. El stock de capital adiciona por su parte generaciones de inversión y se basa en convenciones parecidas, a lo que añadir una ley razonable de amortización.

Por tanto, el capital por cabeza aumenta, y éste es un hecho empírico sobre el que no hay discusión alguna. ¿Por qué no se puede deducir de ello una tendencia al alza de la composición orgánica? Esta imposibilidad se deriva en lo esencial de la acción de la productividad del trabajo, lo que se puede comprobar con un mínimo formulado (recuadro) (2). El paso de la composición técnica a la composición orgánica depende de la evolución de la productividad y del salario real. Con una tasa de plusvalía constante, la composición orgánica sólo se eleva si la composición técnica del capital crece más rápido que la productividad del trabajo. En otras palabras, no se puede establecer con carácter global la identidad entre las evoluciones de la composición técnica y de la composición valor. No se puede por tanto invocar un descenso tendencial de la tasa de beneficio que sería el reflejo casi automático de una elevación continua de la composición orgánica del capital.

Composición orgánica y composición técnica Para evaluar el número de horas de trabajo cristalizadas en el capital fijo comprometido, hay que dividir el volumen de capital K por la productividad media del trabajo en la producción de los bienes de capital. Como se trata de un conjunto de bienes producidos en épocas diferentes, hay que aplicar por tanto no la productividad corriente, sino la productividad media de estas diferentes generaciones. Si la edad media del capital es θ, hay que aplicarle en primera aproximación una productividad desfasada de θ años. El valor del capital constante es entonces K/prodt-θ. El valor del capital variable es igual a wN/prodt, donde w es el salario real, N los efectivos y prodt la productividad corriente. La composición orgánica (CO) se calcula finalmente con la fórmula CO=[(K/N)/prodt-θ]/[w/prodt]. Si la tasa de plusvalía (w/prodt) es constante, la composición orgánica (CO) sólo aumenta si la composición técnica (K/N) crece más rápido que la productividad media del trabajo en el período.

Pero no deja de ser cierto que el desarrollo de las ondas largas tiene que ver con la tasa de beneficio. Eso no quiere decir que la fase expansiva de desencadene automáticamente en cuanto la tasa de beneficio alcance un determinado umbral. Esta es una condición necesaria pero no suficiente. Es preciso que la manera como se restablece la tasa de beneficio aporte al mismo tiempo una respuesta adecuada a otras cuestiones, sobre todo de la realización. Por esta razón, la sucesión de las fases no está en absoluto dada de antemano. Periódicamente, el capitalismo debe redefinir las modalidades de su funcionamiento y poner en marcha un "orden productivo", que responda de manera coherente a cierto número de cuestiones sobre la acumulación y la reproducción. En particular, tiene que combinar cuatro elementos (3):

  • un modo de acumulación de capital que regule las modalidades de concurrencia entre capitales y de la relación capital-trabajo;
  • un tipo de fuerzas productivas materiales;
  • un modo de regulación social: derecho laboral, protección social, etc.;
  • el tipo de división internacional del trabajo.
La tasa de beneficio es sin embargo un buen indicador sintético de la doble temporalidad del capitalismo, como insistía Mandel. A corto plazo, fluctúa con el ciclo coyuntural, mientras que sus movimientos a largo plazo resumen las grandes fases del capitalismo. La puesta en pie de un orden productivo coherente se traduce en su mantenimiento a un nivel elevado y poco menos que "garantizado". Al cabo de cierto tiempo, el juego de las contradicciones fundamentales del sistema degrada esta situación y la crisis, siempre y en todas partes, viene caracterizada por un descenso significativo de la tasa de beneficio. Esto refleja una doble incapacidad del capitalismo para reproducir el grado de explotación de los trabajadores y para asegurar la realización de las mercancías, más que una tendencia al alza de la composición orgánica del capital. La implantación progresiva de un nuevo orden productivo se traduce en un restablecimiento más o menos rápido de la tasa de beneficio. De esta manera nos parece útil reformular la ley del descenso tendencial de la tasa de beneficio: ésta no desciende de manera continua pero los mecanismos que lo empujan a la baja acaban siempre por triunfar sobre lo que Marx denominaba las contra-tendencias. El giro es endógeno, y periódicamente reaparece la exigencia de una refundación del orden productivo.

Es justamente una de las "causas que contrarrestan la ley" (del descenso tendencial de la tasa de beneficio) enunciadas por Marx: "En una palabra, el mismo proceso que hace que la masa del capital constante aumente en proporción al capital variable, eleva, a consecuencia de la mayor fuerza productiva del trabajo, el valor de sus elementos e impide, por tanto, que el valor del capital constante, aun cuando aumente continuamente, aumente en la misma proporción que su volumen material, es decir, que el volumen material de los medios de producción puestos en movimiento por la misma masa de fuerza de trabajo. Y puede incluso ocurrir que, en algunos casos concretos, la masa de los elementos del capital constante aumenten, mientras su valor permanece invariable o hasta disminuye (...) Volvemos a encontrar aquí que las mismas causas que producen la tendencia a la baja de la tasa de beneficio amortiguan también la realización de esta tendencia" (Karl Marx, 1894: 235-236).

Estos rodeos teóricos permiten subrayar la cuestión clave para comprender la fase neoliberal del capitalismo: ¿cómo ha podido restablecer la tasa de beneficio basándose en mediocres aumentos de productividad? Hay que acudir en primer lugar a las relaciones entre mutaciones técnicas y productividad.

Progreso técnico La productividad del trabajo mide el volumen de bienes y servicios producidos por hora de trabajo y constituye por tanto una buena aproximación al grado de desarrollo de las fuerzas productivas: juega por tanto un papel decisivo en la dinámica del capitalismo. El análisis marxista clásico descompone la tasa de beneficio en dos elementos: la tasa de explotación y la composición orgánica del capital; pero ya se ha visto que estas dos magnitudes dependen a su vez de la productividad del trabajo. La tasa de explotación depende de la evolución del salario, y la eficacia del capital de la evolución del capital por cabeza, relacionadas en uno y otro caso con la productividad del trabajo. De manera sintética, se puede decir que la tasa de beneficio subirá o bajará según que el aumento del salario real sea o no compensado por la mejora de la "productividad total de los factores", definida como una media ponderada de la productividad del trabajo y de la productividad del capital (Husson, 1996).

Paradójicamente, entre los partidarios de la "nueva economía" se asiste a un resurgimiento del marxismo vulgar, según el cual la técnica decide sobre todo. Puesto que hay nuevas tecnologías, debe haber también más productividad, más crecimiento y más empleos. Con este razonamiento simplista se ha construido, por ejemplo, la teoría del "capitalismo patrimonial" avanzada por Michel Aglietta (1998). Su hipótesis fundamental era que la "net economie" iba a procurar al capitalismo una fuente renovada de productividad que permitiría estabilizar la tasa de beneficio a un nivel elevado redistribuyendo al mismo tiempo una parte del producto, ya no en forma de salario sino de remuneraciones financieras. En la más hermosa tradición del marxismo del Komintern las nuevas tecnologías fueron aclamada como la fuente automática de nuevos beneficios y hasta de un nuevo modelo social.

Nadie evidentemente puede negar la amplitud intrínseca de las innovaciones en el ámbito de la información y de la comunicación, pero el problema está en los otros eslabones del razonamiento. Robert Solow ha dado su nombre a una paradoja que consiste justamente en señalar que la información no daba lugar a las esperados aumentos de productividad: "Se puede ver la era de las computadoras en todas partes menos en las estadísticas de productividad" (Solow, 1987).

Aparentemente, el ciclo de crecimiento correspondiente a la "nueva economía" había acabado con esta paradoja, ya que registró un salto adelante de los aumentos de productividad en los Estados Unidos. Algunos concluyeron con el anuncio de una nueva fase larga de crecimiento. Pero este pronóstico topaba de lleno con varias incertidumbres.

Podía preguntarse si se trataba de un ciclo high tech, limitado en el tiempo, y si los aumentos de productividad registradas en los sectores de alta tecnología podían difundirse al conjunto de la economía. Podía también discutirse la extensión de este modelo al resto del mundo, en la medida en que se basaba en la capacidad particular de los Estados Unidos para drenar capitales procedentes del mundo, como contrapartida a un déficit comercial que se profundiza cada año. En fin, y sobre todo, podía interrogarse sobre la legitimidad del modelo social, desigual y regresivo, asociado a estas transformaciones del capitalismo.

Estos interrogantes han tenido su respuesta y es interesante subrayar que el estallido de la "nueva economía" y de las esperanzas que había podido suscitar ha tomado la muy clásica forma de una caída de la tasa de beneficio. Por ello, un economista que tiene poco que ver con el marxismo ha podido afirmar: Marx is back (Artus, 2002). El aumento de productividad ha sido pagado con una sobreinversión costosa, que ha conducido a un aumento de la composición orgánica del capital, mientras la tasa de explotación acababa por bajar.

Es otra manera de cuestionar el vínculo entre innovación tecnológica y aumentos de productividad, mostrando que estas últimas resultan de muy clásicos métodos de intensificación del trabajo. Las transformaciones inducidas por Internet, por tomar este ejemplo, sólo tienen un papel accesorio en la génesis de los aumentos de productividad. Una vez pasado el encargo en línea, lo que viene después depende esencialmente de la cadena de montaje y de la capacidad para poner en marcha una fabricación modular; y la viabilidad del conjunto se basa a fin de cuentas en la calidad de los circuitos de aprovisionamiento físicos. En la medida en que éstos no son por sí mismos transmisibles por Internet, las mercancías encargadas deben circular en sentido inverso. Lo esencial de los aumentos de productividad no se deriva por tanto del recurso a Internet como tal, sino de la capacidad de hacer trabajar a los asalariados con horarios ultraflexibles (de jornada, semana o anual, en función del tipo de producto) y para intensificar y dar fluidez a las redes de aprovisionamiento, con una prima para las entregas individuales y el transporte por carretera.

Muchos análisis del capitalismo contemporáneo adoptan así una representación ideológica de la técnica, que viene a obstaculizar el estudio razonado de lo que es verdaderamente nuevo. Esta ideología es tanto más poderosa por apoyarse en la fascinación ejercida por tecnologías en verdad prodigiosas. Pero, a la vez, tergiversa todas las interpretaciones, con una subestimación sistemática del papel de los procesos de trabajo. Deliberado o no, se alcanza el resultado cuando se dejan de lado las implicaciones sociales de las nuevas tecnologías, reducidas a la categoría de viejas cuestiones sin interés. Se fabrica así una representación del mundo, donde el trabajador "cognitivo" se convierte en el arquetipo del asalariado del siglo XXI, cuando la puesta en marcha por el capital de estas nuevas tecnologías fabrica al menos tantos empleos poco cualificados como puestos de informáticos. Pese a todos los discursos grandilocuentes sobre las stock options y la asociación de estos nuevos héroes del trabajo a la propiedad del capital, las relaciones de clase fundamentales siguen siendo relaciones de dominación. La desvalorización permanente del status de las profesiones intelectuales, la descalificación ininterrumpida de los oficios del conocimiento, tienden a reproducir el status de proletario, y se oponen totalmente a los ingenuos esquemas de ascenso universal de las cualificaciones y de emergencia de una nueva fase del capitalismo (Husson, 2003).

Desde luego, podemos estar seguros de que los nuevos empresarios reducirán al mínimo sus gastos y tratarán de imponer sus extravagantes reivindicaciones en materia de organización del trabajo. Sin embargo, habría debido parecer evidente que muchos de los proyectos no podían lograr una rentabilidad duradera, como lo han demostrado las múltiples quiebras de prometedoras start-ups en el cambio de siglo. Muy clásicos argumentos de rentabilidad han atrapado a la "nueva economía" y decidido sobre la viabilidad de estas empresas. El recurso a las nuevas tecnologías no era en sí una garantía, ni un medio mágico de escapar a las imposiciones de la ley del valor.

Más allá de las fluctuaciones, la fase neoliberal del capitalismo se traduce en un agotamiento de los aumentos de productividad, aunque el perfil no es el mismo en los Estados Unidos y en Europa. Por su papel en la dinámica de la tasa de beneficio, es interesante observar las tendencias de la productividad total de los factores a nivel mundial (Gráfico 3). En los países más avanzados, se ralentiza de forma regular. En el resto del mundo, su ritmo de progresión se vuelve positivo a comienzo de los años 1990 y después se acelera de manera espectacular. Pero la tendencia cambia algunos años antes de la crisis y la Conference Board que estableció estas estadísticas señaló que "el crecimiento de la productividad total de los factores en las economías emergentes declina rápidamente a medida que se difuminan los efectos transitorios".


El dinamismo del capitalismo, y por tanto su futuro, dependen en gran parte de su capacidad para lograr aumentos de productividad. El debate está doblemente abierto: por una parte, sobre un posible agotamiento del dinamismo de los países emergentes; por otra, sobre un relanzamiento en los "viejos" países capitalistas. Robert Gordon, un gran especialista en estas cuestiones, ha ofrecido recientemente un pronóstico muy pesimista sobre los Estados Unidos: "El crecimiento del PIB real por habitante será más lento que en cualquier otro período comparable desde el final del siglo XIX, y el crecimiento del consumo real por habitante será más lento aún para los 99% de más abajo en el reparto de las rentas" (Gordon, 2012: 2).

Esta tendencia a la desaceleración de la productividad total de los factores permite comprender uno de los rasgos fundamentales de la fase neoliberal: la diferencia entre la tasa de beneficio que se restablece y la tasa de acumulación que permanece casi estancada. La pérdida de eficacia del capital reduce las ocasiones de inversión rentable, aquellas que permitirían lograr aumentos de productividad. En cierta manera puede decirse que los capitalistas anticipan el efecto que una acumulación demasiado fuerte del capital tendría sobre la composición orgánica. El restablecimiento de la tasa de beneficio no se ha basado por tanto en renovados aumentos de productividad, sino en un aumento constante de la tasa de explotación.

La difícil reproducción Desde el comienzo de los años 1980, la tendencia dominante ha sido la progresión de la tasa de explotación, que se puede medir por la parte de los salarios en la renta mundial (Gráfico 4). Para funcionar de manera relativamente armoniosa, el capitalismo necesita una tasa de beneficio suficiente, y también mercados. Aunque esto no basta, y debe cumplirse una condición suplementaria, relacionada con la forma de estos mercados: deben corresponder a los sectores susceptibles de lograr una rentabilidad lo más elevada posible, por estar asociados a aumentos de productividad. Pero esta adecuación es constantemente cuestionada por la evolución de las necesidades sociales.


En la medida en que la congelación salarial se ha impuesto como el medio privilegiado para el restablecimiento del beneficio, el posible crecimiento era a priori forzado. Pero no es la única razón, que se encuentra más bien en los límites de tamaño y de dinamismo de estos nuevos mercados. La multiplicación de bienes innovadores no ha bastado para constituir un nuevo mercado de un tamaño tan considerable como la rama del automóvil, que arrastraba no sólo a la industria automovilística sino también a los servicios de mantenimiento y las infraestructuras viales y urbanas. Como señala Robert Gordon: "Desde 2000, las invenciones se han centrado en los aparatos de diversión y de comunicación, que cada vez son más pequeños, más inteligentes y tienen más prestaciones, pero no cambian fundamentalmente la productividad del trabajo o las condiciones de existencia como pudieron hacerlo la electricidad y el automóvil" (Gordon, 2012: 2).

La extensión relativamente limitada de los mercados potenciales tampoco ha sido compensada con el crecimiento de la demanda. Desde este punto de vista, faltaba un importante elemento de bloqueo que cree aumentos de productividad ante progresiones rápidas de la demanda en función de los descensos de precios relativos inducidos por los aumentos de productividad. Se asiste también a una deriva de la demanda social, de los bienes manufacturados hacia los servicios, que mal corresponde con las exigencias de la acumulación del capital. El desplazamiento tiene lugar hacia zonas de producción (de bienes o de servicios) con débil potencial en productividad. En los engranajes del aparato productivo, aumenta la proporción de los gastos de servicios. Esta modificación estructural de la demanda social es una de las causas esenciales de la desaceleración de la productividad que rarifica las oportunidades de inversión rentables. No es que la productividad se haya desacelerado porque la acumulación se haya ralentizado. Sino lo contrario, la productividad -como indicador de beneficios anticipados- se ha ralentizado, por lo que la acumulación se ha desanimado y el crecimiento está embridado, con efectos suplementarios de retorno sobre la productividad. Otro elemento a tomar en consideración es la formación de una economía realmente mundializada que, confrontando las necesidades sociales elementales en el Sur con las normas de competitividad del Norte, tiende a despojar a los productores (y por tanto a las necesidades) del Sur. En estas condiciones, la distribución de rentas no basta para asegurar mercados rentables, si estas rentas son gastadas en sectores cuya productividad -inferior o creciendo menos rápidamente- influye sobre las condiciones generales de la rentabilidad. Como la transferencia no ha frenado o compensado debido a la relativa saturación de la demanda adecuada, el salario deja en parte de ser una salida adaptada a la estructura de la oferta y es una razón suplementaria para congelarlo. La desigualdad en el reparto de las rentas en beneficio de capas sociales acomodadas (también a nivel mundial) representa, hasta cierto punto, una salida a la cuestión de la realización del beneficio.

El deslizamiento del capitalismo en una fase depresiva es el resultado, por tanto, de una distancia creciente entre la transformación de las necesidades sociales y el modo capitalista de reconocimiento y de satisfacción de estas necesidades. Pero esto quiere decir también que el perfil particular de la fase actual moviliza, tal vez por primera vez en su historia, los elementos de una crisis sistémica del capitalismo. Se puede incluso avanzar la hipótesis de que el capitalismo ha agotado su carácter progresista en el sentido de que su reproducción requiere en adelante una involución social generalizada. En todo caso, se debe constatar que sus capacidades actuales de ajuste se restringen, en sus principales dimensiones, tecnológica, social y geográfica.

Si la tecnología no permite ya modelar la satisfacción de las necesidades sociales bajo la forma de mercancías de gran productividad, eso quiere decir que la adecuación a las necesidades sociales está cada vez más amenazada y las desigualdades crecientes en el reparto de la renta se vuelven la condición para la realización del beneficio. Por ello el capitalismo es incapaz de proponer un "compromiso institucionalizado" aceptable, o dicho de otra manera, un reparto equitativo de los frutos del crecimiento. De forma contradictoria con el discurso elaborado durante la "Edad de oro" de los años de expansión, ahora reivindica la necesidad de la regresión social para sostener el dinamismo de la acumulación. Sin modificación profunda de las relaciones de fuerza, parece incapaz de llegar por sí mismo a un reparto más equilibrado de la riqueza.

Con el ascenso de los llamados países "emergentes", asistimos a un verdadero "vaivén del mundo" cuyo alcance puede comprenderse con ayuda de algunas cifras. Así, los países emergentes realizaron en 2012 la mitad de las exportaciones industriales mundiales, cuando a comienzos de los años 1990 su parte sólo era del 30%. En la última década, la integridad de la progresión de la producción industrial a escala mundial ha sido realizada en los países emergentes. El capitalismo parece encontrar un segundo aliento relocalizando la producción en países con importantes aumentos de productividad, y donde el nivel salarial es muy bajo. Pero esta mundialización no está exenta de contradicciones, sobre todo en forma de desequilibrios comerciales estructurales, crecientes desigualdades sociales y efectos de vuelta sobre el crecimiento en los países del Centro.

¿Nueva onda larga... Desde la contrarrevolución neoliberal y hasta la crisis, los debates oscilaban entre dos concepciones. Algunos insistían en la coherencia de este proyecto, otros en sus imperfecciones y en particular la inestabilidad financiera. Periódicamente, se anunciaba la implantación de un nuevo modelo. La tasa de beneficio había recuperado niveles satisfactorios. Las nuevas tecnologías estaban ahí. ¿No se había entrado en un nuevo orden productivo? Pero ya antes incluso de la crisis, se podía llegar a esta conclusión: a pesar del restablecimiento de la tasa de beneficio, el capitalismo mundial no ha entrado en una nueva fase expansiva. Le faltan tres atributos esenciales: un orden económico mundial, terrenos de acumulación rentable suficientemente extensos, y un modo de legitimación social.

El cuadro teórico aquí expuesto puede situarse brevemente en relación con otros enfoques. No se opone como tal al enfoque regulacionista inicial, y su problemática presenta muchos puntos comunes: para funcionar bien, el capitalismo necesita un conjunto de elementos constitutivos de lo que puede denominarse un modo de regulación o un orden productivo. Lo importante es combinar la historicidad y la posibilidad de esquemas de reproducción relativamente estables. Pero hay que distanciarse de los trabajos regulacionistas de "segunda generación", colocados bajo el signo de la armonía espontánea y preocupados sobre todo por diseñar las líneas de un nuevo contrato social, como si fuera la lógica natural de funcionamiento del capitalismo, y como si éste dispusiera en permanencia de un stock de modos de regulación donde bastaría con atreverse a escoger el bueno (Husson, 1986).

Este enfoque se diferencia también de una interpretación marxista demasiado monocausal que hace de la tasa de beneficio instantánea el alfa y el omega de la dinámica del capital. Pero hay que discutir sobre todo los enfoques que conceden un lugar desproporcionado a la tecnología. En la teoría de las ondas largas, existe un vínculo orgánico entre la sucesión de ondas largas y la de revoluciones científicas y técnicas, sin que esta relación pueda reducirse a una visión neo-schumpeteriana donde la innovación, por sí misma, sería la clave de la apertura de una nueva onda larga. Desde ese punto de vista, las mutaciones ligadas a la informática constituyen un nuevo "paradigma técnico-económico" -por usar la terminología de Christopher Freeman y Francisco Louça, en su destacable obra (2002)- pero esto no basta para fundar una nueva fase expansiva. Es tanto más urgente tomar distancias con un cierto cientificismo marxista que los abogados del capitalismo retoman por su cuenta para hacer creer que la revolución tecnológica en curso basta para definir un modelo social coherente.

La teoría de las ondas largas desemboca en una crítica radical del capitalismo. Si éste tiene tantas dificultades para sentar las bases de un orden productivo relativamente estable y socialmente legítimo, está confrontado a una verdadera crisis sistémica. Su prosperidad se basa ya en una sobreexplotación agravada de los trabajadores, y en la negación de una gran parte de las necesidades sociales. Llegado a este estadio, las presiones que se pueden ejercer para hacerle funcionar de otra manera, para regularlo, deben ser tan fuertes que cada vez se distinguen menos de un proyecto global de transformación social.

Frente a este capitalismo que se parece cada vez más a su concepto, la aspiración a un poco de regulación es legítima. Pero hay que evitar un doble error de apreciación. En primer lugar, no hay que confundir la necesidad de re-regulación con la ilusión de la regulación que consiste en pensar que este sistema es racional y que se dejará convencer con un argumentario bien construído. Una variante de esta ilusión sería fijarse la imposible tarea de separar el buen grano de la cizaña y procurar una nueva razón de ser al capitalismo, desembarazándole del imperio de las finanzas. Y además, la crítica del capitalismo actual no puede hacerse en nombre de un "fordismo" mitificado al que se trataría de volver. Desde luego, no está prohibido apoyarse en las conquistas sociales y la legitimidad de que gozan, pero es absolutamente insuficiente.

La superación de estos dos obstáculos esboza una estrategia cuyos objetivos son bastante claros: la resistencia a la mercantilización capitalista lleva poco a poco a la construcción de una legitimidad alternativa, basada en valores de igualdad, de solidaridad y de gratuidad, que cuestionan el núcleo de la lógica capitalista. La radicalización del capital, al negarse a responder positivamente a demandas elementales y retroceder en derechos adquiridos, engendra una nueva radicalidad de los proyectos de transformación social.

... o atolladero capitalista? El enfoque marxista de la dinámica larga del capital podría a fin de cuentas ser resumida de la siguiente manera: la crisis es cierta, pero la catástrofe no lo es. La crisis es cierta, en el sentido de que todos los arreglos que se inventa el capitalismo, o que se le impone, no pueden suprimir de forma duradera el carácter desequilibrado y contradictorio de su funcionamiento. Sólo el paso a otra lógica podría desembocar en una regulación estable. Pero los periódicos cuestionamientos que jalonan su historia no implican en absoluto que el capitalismo se dirija inexorablemente hacia el hundimiento final. En cada una de estas "grandes crisis" está abierta la opción: o el capitalismo es derrocado, o se recupera bajo formas que pueden ser más o menos violentas (guerra, fascismo), y más o menos regresivas (giro neoliberal).

A modo de conclusión, nos arriesgamos a enunciar algunas tesis sobre el período abierto por la crisis:

  1. La vuelta a un capitalismo regulado ("fordista" o "keynesiano") es imposible, porque la base material, esto es, aumentos de productividad superiores a su media histórica, está fuera de alcance. El capitalismo neoliberal ha fracasado a la hora de realizar una nueva adecuación entre sus propias exigencias y la estructura de la demanda social. Además, la mundialización es un obstáculo a cualquier coordinación entre las burguesías basado en una forma de compromiso hostil con las finanzas.
  2. Este agotamiento de la dinámica propia del capitalismo en los países "avanzados" no encontrará relevo duradero en los países "emergentes"
  3. Las mismas formas adoptadas por el capitalismo en su fase neoliberal hacen también imposible tal inflexión. Ellas corresponden a la puesta en pie de una "coherencia inestable": descenso de la parte de los salarios, desigualdades sociales, financiarización y sobreendeudamiento, que forman un todo que no se puede modificar por los márgenes
  4. La única salida para el capitalismo es una huida hacia adelante intentando reproducir el modelo neoliberal, aprovechándose de la crisis para poner en marcha una terapia de choque que conduzca a una regresión sin fin.
  5. El capitalismo ha perdido sus elementos de legitimidad: sus éxitos son inversamente proporcionales a la satisfacción de las necesidades sociales, y es incapaz por esencia de hacer frente al desafío climático. Sólo apuesta por la emergencia de una "clase media mundial" que le proporcionaría una base social menos estrecha que los "1%" y mercados ampliados y estabilizados.
  6. La cuestión clave es por tanto la "aceptabilidad social" de esta degradación de las condiciones de existencia para la mayoría de la humanidad.
Partiendo de estas tesis, que más bien son hipótesis de trabajo, hay que pensar en una nueva coyuntura en la que las condiciones de aparición de una nueva fase expansiva no están reunidas en un horizonte previsible. Esto no es contradictorio con la teoría de las ondas largas, que no postula una alternancia mecánica de fases históricas expansivas y depresivas. Así lo subrayaba Mandel: "La aparición de una nueva onda larga expansiva no puede considerarse como un resultado endógeno (más o menos espontáneo, mecánico, autónomo) de la precedente onda larga depresiva, cualquiera que sea la duración y la gravedad de ésta. Lo que determina este punto de inflexión no son las leyes de movimiento del capitalismo, sino los resultados de la lucha de clases de todo un período histórico. Por tanto, lo que estamos planteando aquí es una dialéctica de los factores objetivos y subjetivos del desarrollo histórico, en la cual los factores subjetivos se caracterizan por su relativa autonomía: es decir, no están directa e indefectiblemente determinados por lo ocurrido previamente a las tendencias básicas de la acumulación del capital, a las tendencias de la transformación tecnológica o al impacto de estas tendencia en el propio proceso de organización del trabajo" (Mandel, 1986: 43).
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Notas:
1) Esta constatación no es compartida por todos los economistas marxistas. Se puede consultar el punto de vista del autor en Husson, 2010.
2) Para una demostración más detallada, ver Husson, 2013.
3) Para una presentación más detallada, ver Martin et at. 2002.

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- The Conference Board, (2012), “Productivity Projections for 2012”, January 2012, .
_______ Tomado de El ClarinUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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