Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger7055125
Actualizado: fai 1 hora 18 min

El ‘índice del miedo’ planea sobre Wall Street

Xov, 15/02/2018 - 08:01
Martine Orange, Mediapart

La crisis financiera de 2008 sacó a la luz la creatividad financiera. En unas semanas, el mundo había descubierto las subprimes, la titulización y todos los títulos oscuros (CDO, CDS, ABS, etc.) origen del hundimiento financiero. En las próximas semanas, es muy posible que otras siglas, VIX, se encuentren en boca de todos. No en vano ya se apunta a este índice como el principal responsable del hundimiento bursátil que conoció Wall Street el lunes 5 de febrero.

En apenas unos minutos durante la sesión del lunes, el Dow Jones, el índice de Wall Street, cayó más de un 10% hasta cerrar con pérdidas del 4,6%. Desorientados, los agentes de los mercados trataban de entender lo ocurrido. ¿Había un trader loco? ¿Ordenadores que habían perdido el control? Muchos apuntan ahora a otro culpable, el VIX, el índice de volatilidad del mercado. El índice del miedo, como se le conoce en los mercados. Un índice que, en unos años, se ha convertido en la referencia de todas las apuestas bursátiles, en mercados dominados por algoritmos y matemáticas cuánticas.

Si los mercados bursátiles han denominado al VIX el índice del miedo es porque se supone que debe medir el estado de los mercados día a día, en función de la volatilidad de éstos. La volatilidad es una noción muy empleada en los mercados financieros: mide la magnitud de las variaciones de las cotizaciones de los activos día a día. Cuanto más elevada sea, mayores serán los riesgos; mayor la perspectiva de ganancia, pero también de pérdidas.

En 1993, el Chicago Board Options Exchagne (CBOE) creó un índice para medir esta volatilidad; se calcula a diario a partir de la suma de las opciones de venta (put) y de compra (call) suscritas a partir de los valores del índice Standard & Poor’s 500. Inicialmente se concibió como un indicador para calcular los productos de cobertura y de garantía contra las recesiones de mercado. Y ese es el papel que desempeñó en 2008. Todos los inversores que habían tomado la precaución de asegurarse contra una eventual caída del mercado con ayuda de este instrumento financiero evitaron pérdidas colosales.

Esta situación no se le escapó al mundo financiero. En 2009, los bancos, las garantías, los fondos y los hedge funds descubrieron las maravillas financieras ocultas del VIX. Los actores financieros –que recurren a todas las potencialidades de los algoritmos, de las matemáticas cuánticas, del trading de alta frecuencia– empezaron a multiplicar los productos (ETP, siglas de exchange traded products, instrumentos financieros que tienen como único objetivo reproducir la evolución de un índice como los fondos indexados) basados en el VIX.

Pero desviaron por completo la finalidad inicial. Estos productos se han convertido en meras herramientas de especulación, alcista o bajista, del mercado. La volatilidad en sí misma, con ayuda de la ingeniería financiera, se ha convertido en un activo negociable en los mercados, al igual que las acciones o las obligaciones. En una palabra, se trata de apostar por el comportamiento, la tendencia que se espera o los estados de ánimo de los actores financieros en un futuro más o menos próximo. Tal es así que se llega al estadio último de la financiarización y la codicia: el de un mundo financiero que funciona como circuito cerrado, apostando en función de sus expectativas modelizadas en algoritmos.

Así se han creado cientos de fondos cotizados, productos derivados de derivados del VIX. Nadie es capaz de evaluar las cifras que hay en juego, habida cuenta del número de productos, cotizados o no (over the counter) que han florecido en los últimos años. Hay quien habla de inversiones que rondan los 500.000 millones; otros estiman que se ha invertido más de un billón de dólares.

Algunos sirven para cubrirse en caso de que la volatilidad estalle, como forma de anunciar riesgos importantes en los mercados, constituyéndose en espejo de inversiones consideradas poco arriesgadas o de las reservas de dinero. Sin embargo la mayor parte apuesta por una tendencia bajista de la volatilidad. En el lenguaje de Wall Street, son short. En otros términos, piensan que los mercados van a permanecer tranquilos, lo que les permite acumular activos muy arriesgados de alto rendimiento, cubiertos por productos indexados en el VIX. Como las finanzas nunca se quedan atrás en la búsqueda de complejidad, estos mecanismos han ido acompañados de múltiples herramientas de derivados, de efecto palanca, de estructuración financiera.
Desde 2009, todos los que han apostado por una bajada de la volatilidad en los mercados han sido siempre los grandes ganadores. Y con razón: los bancos centrales, con su política monetaria ultraacomodaticia que favorecen los tipos cero y se presentan como compradoras de títulos en los mercados, han sido en los últimos diez años las garantes en última instancia de todo el sistema financiero. Ya casi no existía riesgo, ya que los bancos centrales seguían estando allí, dispuestas a soltar miles de millones de liquidez en caso de problemas.

A mediados de 2007, los inversores incluso creyeron que habían encontrado el momento de gracia absoluto: la volatilidad se había desvanecido de todos los mercados. O las acciones, las obligaciones, los índices, en todas partes tendía a cero. El riesgo había desaparecido, Lo que permitía a los mercados hacer las apuestas más arriesgadas. Quizás habría sido necesario recordar las lecciones de Hyman Minsky. En sus análisis sobre la estabilidad financiera, el economista americano explicó que los momentos más planos, aquellos en los que todo parece en equilibrio, sin riesgo, llevan a los actores económicas a acumular los riegos y recrean nuevas condiciones de estabilidad.

El viento cambió

A mediados de año, algunos analistas advirtieron de esa falsa calma de los mercados, anunciador de grandes tempestades, en su opinión. “Ahora existe un riesgo de pérdidas catastróficas, simplemente con que el VIX suba cinco puntos, pasando de 10 a 15 puntos”, advertía en junio Marko Kolanovic, responsable de los estudios cuantitativos de JPMorgan. “El VIX, que ha sido una herramienta salvadora en la última crisis, podría ser el causante de la próxima crisis”, predecía un estudio de Goldman Sachs en noviembre. “Si los vientos cambian, habrá que atarse los machos”, avisaba también Jes Staley, director general de Barclays en Davos a finales de enero. Y el viento cambió.

Hace meses que los banqueros de los bancos centrales avisan de que se dan las condiciones económicas necesarias para abandonar las políticas monetarias ultraacomodaticias vigentes desde hace 10 años y volver a una situación más normal. Incluso si la salida se hace gradualmente, los tipos van a empezar por subir, advirtieron. No obstante, sólo hace 15 días que el mundo financiero empieza a tomar conciencia de que los tiempos en que se obtenía dinero a tipo cero se han acabado.

El nerviosismo se ha apoderado de los mercados. La volatilidad ha reaparecido. El lunes, el VIX explotó. En unas horas, el índice del miedo que rondaba los 10 puntos se disparó hasta superar los 50 puntos. Todos aquellos que habían apostado por una volatilidad casi nula se vieron sorprendidos. Para limitar las pérdidas, los fondos empezaron a vender. La magia de los algoritmos, del trading a alta frecuencia, las transacciones al nanosegundo hizo el resto, provocando un hundimiento a la velocidad de la luz. Un flash crack generalizado, nunca visto en los mercados bursátiles. Según las primeras estimaciones, unos tres billones de dólares de capitalización se esfumaron en esta deriva bursátil.

Algunos fondos explotaron. El martes, el broker Nomura anunciaba la liquidación de uno de sus fondos, ideado para apostar por el VIX siempre más bajo (VIX inverso): los 300 millones de dólares recaudados fueron literalmente barridos en la deriva bursátil de la víspera. Crédit Suisse, con fondos del mismo tipo, también anunció su liquidación: evaluada en 2.000 millones a finales de enero, había perdido el 93% de su valor en tres días. Otros fondos suspendieron su cotización. Según Bloomberg, los cinco principales fondos cotizados, que apostaban por el VIX a la baja vieron cómo el valor de sus activos pasaba de valer 3.700 millones a 525 millones de dólares, entre el 31 de enero y el 6 de febrero. Y esto no es más que una estimación inicial de las pérdidas.
“Eres un genio hasta el momento en que dejas de serlo, pero cuando basta con uno o dos días para echar por tierra toda la estrategia, entonces nunca has sido un genio”, dice Greg McKenna, estratega jefe en Axitrader, citado por Reuters. “Todo el mundo sabía que existía un gran problema. Todo el mundo sabe que el VIX Invertido [que apuesta por una volatilidad bajista] va a cero a partir de un cierto punto, pero no sólo él, todos los productos invertidos y se basan en el efecto palanca. A fin de cuentas, todo esto cuesta mucho dinero a todo el mundo”, según señala a Bloomberg Devesh Shah, uno de los diseñadores del VIX en un primer momento.

Después de la borrasca del lunes, algunos analistas financieros quieren creer que lo más duro ha pasado. Las posiciones más especulativas parece que han quedado liquidadas en la tormenta y no parece que exista más riesgo de ver un hundimiento parecido al del 5 de febrero, según ellos. Otros son mucho más circunspectos. Para ellos, hay muchos fondos que han invertido en “estos productos que no tendrían que haber existido nunca”, mucha gente que ha cedido a la locura especulativa.

En cualquier caso, la volatilidad ha reaparecido en los mercados. El VIX está a más de 29 puntos, muy por encima de los 5-10 puntos que se consideran como media normal. La noción de riesgo reaparece en el mundo financiero, lo que podría conllevar desplazamientos masivos de capitales, invertidos estos últimos años en cualquier cosa. El índice del miedo aún puede dar mucho que hablar en los próximos meses.
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Poder de mercado y enigmas macroeconómicos

Mér, 14/02/2018 - 14:07
Alejandro Nadal, La Jornada

La concentración de poder económico es algo que salta a la vista. Todos los días observamos cómo las empresas más grandes en la economía aumentan su influencia. Sabemos que ese poder les permite desplegar un comportamiento nocivo (por ejemplo, al manipular precios). Pero ese incremento del poder de mercado, ¿también tiene efectos macroeconómicos? Es decir, ¿puede explicar fenómenos como el lento crecimiento, el desempleo o la desigualdad creciente?

Para reflexionar sobre estas preguntas podemos recurrir al laboratorio más completo del capitalismo: la economía de Estados Unidos. Para ese país los datos macroeconómicos de los pasados 40 años proporcionan un marco de referencia invaluable. Pero esos datos dibujan un cuadro intrigante, en el que abundan los enigmas y las paradojas. No sorprende que la teoría económica tradicional no pueda explicar los contornos de ese paisaje.

Al revisar los datos macroeconómicos surgen varias preguntas inquietantes. Por ejemplo, ¿cómo es posible que la riqueza financiera haya crecido tanto en Estados Unidos mientras la inversión real haya permanecido en el estancamiento? Otra: ¿Cómo explicar que el valor financiero de muchas empresas haya podido mantenerse durante cuatro décadas por encima del costo de sus activos? Y quizás la interrogante más preocupante: ¿Por qué a pesar de que muchas empresas mantuvieron tasas de ganancia altas en un entorno de bajas tasas de interés no procedieron a invertir en capital y fuerza de trabajo?

Recientemente, tres economistas del Centro para el Crecimiento Equitativo en Washington se dieron a la tarea de explicar esas grandes paradojas. El trabajo de Gauti Eggertsson, Jacob Robbins y Ella Getz Wold (www.equitablegrowth.org) es muy importante por su enfoque metodológico y sus hallazgos.

Para Eggertsson y sus colegas, los temas del aumento de la riqueza financiera, el valor financiero de las empresas y el estancamiento de la inversión real se encuentran íntimamente vinculados. Su investigación identifica dos grandes motores que permiten explicar la persistencia de ese vínculo a lo largo de cuatro décadas: el creciente poder de mercado y la disminución de la tasa de interés.

Quizás la presencia de la tasa de interés en este análisis no sorprende demasiado, pues se trata de una variable típicamente macroeconómica. Pero el tema del poder de mercado, es decir, el poder que tienen las empresas en industrias altamente concentradas, llama la atención porque normalmente ese dato no se incorpora en los modelos macroeconómicos. La razón es que la noción de poder de mercado sólo es inteligible a nivel de lo que acontece en una sola rama de la actividad económica. Así, el poder de mercado está asociado con la capacidad que tienen las empresas dominantes en cada rama para incrementar sus precios con un margen adicional que depende de la concentración industrial y las barreras a la entrada de competidores. Por así decirlo, el poder de mercado es idiosincrático a cada rama mientras los modelos macroeconómicos buscan analizar el comportamiento de toda la economía en su conjunto.

La integración de la variable poder de mercado permite a los autores del estudio concluir que el aumento del poder de mercado de una empresa le permite obtener rentas monopólicas (por encima de las ganancias normales), lo que provoca un incremento del valor de las acciones que otorgan derechos sobre esas rentas monopólicas. Todo eso conduce a un aumento de la riqueza financiera y es, desde luego, consistente con el incremento de la participación de las rentas monopólicas en el ingreso nacional.

El aumento del poder de mercado tiene además el efecto de reducir la inversión en equipo y maquinaria, lo que normalmente constituye el canal para incrementar la productividad. Así que a escala macroeconómica la expansión del poder de mercado afecta el crecimiento, la generación de empleo y la desigualdad de ingreso y riqueza.

La investigación de Eggertsson y sus colegas representa un avance sobre los modelos macro que suponen competencia perfecta y un poder de mercado inexistente. Pero todavía arrastra defectos que son el legado de la teoría neoclásica. Uno de las principales fallas es su tratamiento del sistema bancario, que sigue descansando en la teoría tradicional de los fondos prestables, según la cual los bancos son simples intermediarios entre ahorradores y demandantes de capital para invertir. Esta es una teoría absurda que nada tiene que ver con la realidad y que ignora la función de creación monetaria de los bancos comerciales.

Irónicamente, mientras esta investigación es capaz de innovar al integrar en el modelo una variable de la economía real, como es el poder de mercado, sigue arrastrando los vicios de las viejas y obsoletas teorías, como el tema de los fondos prestables. Pero como decía Keynes, el problema no está en las nuevas ideas, sino en escapar de las viejas formas de pensar que se ramifican, para nosotros que hemos sido educados en sus tradiciones, hasta ocupar todos los rincones de nuestra mente.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La Doctrina Monroe siempre ha estado vigente

Lun, 12/02/2018 - 12:54
Néstor García Iturbe, Alai

Desde que en 1823, hace cerca de 200 años, Estados Unidos proclamó por primera vez la Doctrina Monroe, esta no ha dejado de estar vigente en la política exterior del Imperio, es por eso que considero un enfoque equivocado el considerar que la administración Trump está retornando a la Doctrina Monroe, como han planteado, con toda buena intención, algunos politólogos y periodistas.

La repudiada doctrina establece bien claro el principio de “América para los americanos”. En este caso cuando se habla de América se está refiriendo a todo el continente, norte, centro y sur, pero cuando se menciona a los “americanos” se modifica la etimología de la palabra para referirse solamente a los que viven en Estados Unidos, pues ellos mismos se denominan “americans” y eso fue lo que se plasmó en la Doctrina Monroe.

Esta doctrina fue la que ideológicamente se utilizó para arrebatar vastos territorios a México en un período comprendid0 entre 1836 y 1848.

En 1855 Estados Unidos invade Nicaragua y posteriormente ocupa El Salvador y Honduras.

También se puso de manifiesto en 1898 con la intervención de Estados Unidos en la Guerra de Independencia de Cuba contra España, la ocupación militar de la Isla, la imposición de un tratado que le proporcionaba entre otras ventajas bases militares y la posibilidad legal de intervenir con sus tropas cundo lo consideraran necesario, lo cual hicieron en tres oportunidades.

En 1903 crean la república de Panamá, robándole territorio a Colombia para posteriormente adueñarse del Canal de Panamá.

Desembarcan los Marines estadounidenses en República Dominicana para sofocar una rebelión originada en 1904.

A partir de esa fecha y hasta el año 2000, prácticamente un siglo, en más de cuarenta oportunidades la presencia estadounidense se ha puesto de manifiesto en América Latina utilizando distintas variantes, pudiera decirse que fueron los Marines las fuerzas más utilizadas, sin dejar de tomar en consideración otros cuerpos militares, además de la CIA, que también operó en la región. Las acciones realizadas van desde ocupación de países, golpes de estado, represión a las fuerzas de izquierda y otras donde en todo momento se han defendido los intereses económicos de los grandes consorcios estadounidenses. El listado de acciones es extenso y tétrico. La ayuda a los “contra” en Nicaragua, la muerte de Torrijos y la invasión de Granada son algunos ejemplos de las distintas formas adoptadas.

A partir del año 2000, las acciones vinculadas a la Doctrina Monroe han continuado poniéndose de manifiesto. En algunos casos el Imperio ha tratado de encubrir su actividad utilizando métodos más sofisticados, pero cuando ha sido necesario se han quitado la careta y se han apoyado en la presencia militar para conseguir sus objetivos.

Un buen ejemplo de esto es el Plan Colombia, utilizado para formar una potente fuerza militar que responda a sus intereses, el fallido golpe de estado en Venezuela en el año 2002 es otra variante. El derrocamiento del gobierno constitucional de Honduras, los golpes de estado “constitucionales” en Paraguay y Brasil. La constante guerra contra Cuba, donde además del bloqueo se utilizan métodos de subversión política ideológica para tratar de derrocar la Revolución, las campañas contra Evo Morales y el tratar de crearle una oposición “fabricada”. Las acciones contra el gobierno constitucional de Nicaragua y El Salvador nos dicen que siguen utilizando el engendro de Monroe.

Pero si todo eso no dejara totalmente clara la acción intervencionista de Estados Unidos en la región, no considero que las declaraciones recientes del señor Rex Tillerson sean las que deban despertarnos y promover el cuestionamiento de si el Imperio está regresando a la aplicación de la Doctrina Monroe.

Venezuela es el mejor ejemplo de un país que lleva años sufriendo las acciones que se derivan de la aplicación de dicha doctrina. Han tratado de doblegar al pueblo venezolano con todas las formas posibles de hacerlo, estrangulando su economía, creando y financiando grupos internos de la llamada “oposición”, organizando disturbios callejeros que han costado la vida de decenas de venezolanos, creando una carestía artificial de productos para tratar de reducir al pueblo por hambre, promoviendo la inflación, organizando campañas de descredito utilizando los medios que aún poseen, tratando de dividir la unidad existente entre gobierno, pueblo y fuerzas armadas. Todo eso es más que una declaración más, sobre algo que ya sabíamos.

La inteligencia y resistencia del pueblo venezolano, su determinación de lucha y patriotismo, demostrarán una vez más la ineficacia de las aspiraciones Imperiales.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Wall Street sufre pérdidas en medio del miedo y el pánico

Dom, 11/02/2018 - 13:00
Nick Beams, WSWS

Wall Street vio otra caída en las acciones, con el índice Dow Jones cayendo 1.032 puntos, la segunda vez en cuatro días que cae más de 1.000 puntos. Una gran parte de la venta masiva, que impactó en todos los demás índices de mercado y se extendió a todos los niveles, se produjo en la última hora, lo que indica que pueden estar por venir más ventas.

El Dow Jones bajó un 4,2 por ciento, el S&P 500 cayó un 3,8 por ciento, tomando la caída desde su máximo de enero al 10 por ciento, y el Nasdaq de la tecnología pesada perdió un 3,9 por ciento. La tasa de interés del bono del Tesoro a 10 años se elevó a un 2,9 por ciento, pero retrocedió al 2,82 por ciento a medida que el dinero se iba trasladando de las acciones a la deuda pública.

Los mercados en Asia se desplomaron dramáticamente y permanecen en números rojos. Con varias horas de negociación restantes, el índice Nikkei en Japón había caído más del 2,5 por ciento; el STX en Singapur bajó 1,8 por ciento; All Ords en Australia bajó 1 por ciento; y el Kospi en Corea del Sur cayó un 1,6 por ciento. Las bolsas de Hong Kong y Shanghai en China fueron las más afectadas, con el Hang Seng con un descenso del 3,3 por ciento y el compuesto de Shanghai con un descenso del 4,1 por ciento a la hora del almuerzo.

Seis días después de que la venta masiva en Wall Street comenzara el viernes pasado, algunos de los mecanismos del mercado que la impulsan se han vuelto más claros. La caída inicial fue provocada por la noticia de que el crecimiento salarial en los EEUU el año pasado fue del 2,9 por ciento, por encima de las expectativas del mercado. Esto se cruzó con un aumento en las tasas de interés del mercado de bonos, con el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años subiendo a su punto más alto en cuatro años, siguiendo las previsiones anteriores de que la tendencia alcista de los bonos de décadas, que ha visto caer las tasas de interés a mínimos históricos, está llegando a su fin.

La violenta reacción del mercado a un aumento marginal de los salarios no obedeció al aumento en sí sino a lo que podría augurar: un resurgimiento de la lucha de clases en los EEUU e internacionalmente a medida que los trabajadores retrocedan contra la supresión continua de los salarios que viene siendo una característica de la economía mundial desde hace 30 años y, en particular, desde la crisis financiera mundial de 2008.

La supresión de los salarios ha sido un factor clave en el aumento de los precios de las acciones, impulsado por las políticas de flexibilización cuantitativa aplicadas por la Reserva Federal de los Estados Unidos y otros bancos centrales para inyectar billones de dólares en los mercados financieros.

El retorno de la volatilidad al mercado de acciones el viernes pasado tuvo un impacto tan significativo debido a un conjunto complejo de nuevos productos financieros creados por los mercados financieros en el último período, que se centran en la volatilidad, o índice VIX.

A través de un proceso de “ingeniería financiera”, las casas financieras y los principales bancos, incluidos algunos de los nombres más importantes, como Barclays, Credit Suisse, UBS y Citigroup, crearon una serie de productos financieros, basados en el VIX, que podrían negociarse en el mercado. Esto implicó “poner en corto el VIX”, es decir, realizar apuestas según las cuales el índice de volatilidad, que estableció mínimos récord durante el año 2017, continuaría manteniendo la calma.

Antes del estallido de la venta masiva de esta semana, el índice S&P 500 había pasado más de 400 días sin registrar una caída del 5 por ciento o más, una situación que no se experimentaba desde 1959.

Apostar por la baja volatilidad fue una de las principales fuentes de ganancias del mercado de acciones durante 2017, cuando el VIX promedió 11 puntos, su punto más bajo desde que comenzaron los registros en 1990. En el comercio esta semana ha subido hasta 50.

Las suposiciones detrás de esta estrategia tienen un parecido sorprendente con las que impulsaron la negociación de valores respaldados por hipotecas en el período previo a la crisis de 2008, que fue provocada por el estallido de la burbuja de las subprime. Quienes están en el mercado de las hipotecas basura supusieron que siempre brindarían un rendimiento positivo porque, si bien puede haber subidas y bajadas en los mercados regionales, el mercado nacional en su conjunto no caerá. Esa suposición fue quebrada por la caída a nivel nacional de los precios de la vivienda en los Estados Unidos en 2007-2008, lo que provocó la debacle.

Del mismo modo, “poner en corto el VIX” se basó en la suposición de que la calma en los mercados durante el año pasado continuaría indefinidamente. Eso fue suspendido el viernes pasado, poniendo en marcha la venta masiva y forzando a los principales operadores a relajarse en sus posiciones.
Una característica principal de la agitación, que apunta al crecimiento del miedo y el pánico, ha sido la velocidad de los eventos.

El lunes, el mercado bajó en 1.157 puntos, luego de caerse en 900 puntos en solo 11 minutos durante la última hora de negociación.

El martes, el mercado se abrió a más de 500 puntos, y luego terminó con 567 puntos. De abajo hacia arriba, vio un swing de 1.200 puntos, con 29 cambios de dirección durante el día.

El miércoles, alcanzó un máximo intradiario de 381 puntos antes de cerrar con 19 puntos menos. Esto fue seguido por una caída continua desde el momento en que los mercados se abrieron ayer.

Está empeorando la venta masiva el hecho de que gran parte de la negociación se basa en fondos prestados, sujetos a llamadas de margen —el prestatario tiene que devolver efectivo al prestamista si las acciones en las que se basa el préstamo caen en valor. Enfrentados a las demandas de efectivo, los prestatarios deben liquidar las inversiones, lo que lleva a una nueva caída del mercado y un circuito de retroalimentación negativa, ya que los valores más bajos de los activos provocan nuevas llamadas de margen.

El margen de negociación es solo la punta del iceberg internacional de la deuda. El Banco de Pagos Internacionales estima que la relación entre la deuda global y el producto interno bruto (PIB) es 40 por ciento mayor hoy que hace una década. La agencia de calificación de riesgos Standard and Poor’s informó de que la deuda corporativa global no financiera aumentó en 15 puntos porcentuales al 96 por ciento del PIB en los últimos seis años, con un 37 por ciento de empresas consideradas como “altamente apalancadas”, en comparación con un 32 por ciento en 2007. Las tasas de interés van en aumento, la capacidad de las empresas e incluso de los gobiernos para pagar esta deuda se pone en tela de juicio.

Si bien el comercio de derivados complejos basados en el VIX ha sido el desencadenante inmediato de la caída del mercado, los desarrollos más amplios indican que este es un punto de inflexión financiera.

Uno de los temas continuos de los comentarios sobre los giros del mercado, incluido un tuit del presidente estadounidense, Donald Trump, es que el mercado está actuando en desacuerdo con la dirección de la economía real, que muestra signos de crecimiento.

Tal comentario ignora cuál ha sido la característica central del aumento de los mercados financieros desde 2008. El aumento en los precios de las acciones estadounidenses, que aumentó en más del 350 por ciento desde su mínimo en marzo de 2009, se produjo en medio de un crecimiento bajo, la más débil recuperación de una recesión en el período de la posguerra. La “economía real” se caracteriza por niveles históricamente bajos de inversión y baja productividad, ya que las ganancias se han desviado hacia formas cada vez más arriesgadas de especulación financiera.

El factor clave para sostener los mercados ha sido la entrada de dinero barato de la Reserva Federal, que ha expandido su balance de aproximadamente $800 mil millones antes de 2008 a más de $4 billones en la actualidad. Los especuladores han operado bajo el supuesto de que la Reserva Federal está lista para intervenir y garantizar que el mercado no caiga estrepitosamente, un factor clave en la caída de la volatilidad del mercado.

Esa suposición ahora se cuestiona. Confrontada con un aumento en el crecimiento económico de Estados Unidos, la Reserva Federal ha comenzado a elevar las tasas de interés, lo que indica que se pueden promulgar tres alzas este año. Otros bancos centrales se están moviendo en la misma dirección. El Banco de Inglaterra indicó ayer que los aumentos de las tasas de interés en el Reino Unido pueden llegar antes y ser más grandes de lo esperado. El Banco Central Europeo también está bajo presión para comenzar a recortar su programa de flexibilización cuantitativa, que ha enviado las tasas de interés a mínimos históricos, en algunos casos en territorio negativo.

A la Reserva Federal y a otros bancos centrales les preocupa que si se intervienen con más dinero barato ello pueda conducir a un aumento de la inflación. Así es como caracterizan su mayor temor de todos: una intensificación de la lucha de clases a medida que los trabajadores buscan recuperar las pérdidas en sus salarios y niveles de vida.

La crisis del mercado también está siendo alimentada por las políticas clave de la administración Trump, apoyada por los demócratas, de recortes masivos de impuestos para las élites corporativas y financieras y un impulso al gasto militar para la guerra. Estas medidas están destinadas a llevar el déficit presupuestario de los EUA a $1 billón desde su nivel actual cercano a los $700 mil millones.

El resultado será más bonos del gobierno en el mercado, lo que provocará una caída en sus precios y un aumento en las tasas de interés, ya que ambos se mueven en una relación inversa. Incluso antes del anuncio de las últimas medidas para aumentar enormemente el gasto militar, el presidente de la Reserva Federal de Nueva York, Bill Dudley, dijo en un discurso el mes pasado que el actual camino fiscal era insostenible y que los efectos adversos de los recortes de impuestos influirán sobre los gastos de capital y el producto.

La probabilidad de que estas medidas causen subidas de tipos de interés se ve agravada por tensiones geopolíticas. Bajo condiciones en las que la Fed se está retirando de las compras de bonos, Estados Unidos está montando una guerra comercial contra el segundo mayor comprador en el período reciente, China. El mes pasado, en comentarios anónimos, funcionarios financieros chinos de alto rango le dijeron a Bloomberg que estaban considerando retirar las compras de bonos, en parte como respuesta a los movimientos más agresivos de los EEUU. sobre el comercio. Si esto ocurre, ya sea por razones financieras o políticas, solo puede entorpecer aún más a los mercados financieros de los EEUU.

Cualquiera sea el resultado inmediato de la actual agitación, se han establecido algunos hechos de la vida claros, económicos y políticos. Ninguna de las contradicciones del sistema capitalista, que estallaron y salieron a la superficie en 2008, ha sido abordada, y mucho menos superada.
El período pasado ha estado marcado por el impulso a la guerra, con el creciente peligro de una conflagración nuclear en la península de Corea o en otros lugares. Al mismo tiempo, los bancos, las casas de finanzas y los oligarcas capitalistas, junto con los bancos centrales del mundo, han respondido al desastre en el que hundieron al mundo hace una década al crear nuevas “armas financieras de destrucción masiva” especulativas, estableciendo las condiciones para el estallido de una crisis aún más grave que la de 2008.

La clase obrera mundial debe hacer un balance de la situación. La respuesta de las clases dominantes a la crisis actual será la de imponer ataques cada vez más profundos contra sus derechos sociales que los que se iniciaron hace una década.

El sistema capitalista no tiene legitimidad política y económica, y amenaza con sumir a la humanidad en un desastre. Debe ser derrocado en la lucha por un programa socialista internacional por parte de la clase obrera mundial.
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Turbulencia en los mercados financieros

Xov, 08/02/2018 - 04:04
Alejandro Nadal, La Jornada

El mercado bursátil en Estados Unidos abrió el martes con señales de que se avecinaba otro día de turbulencia. El lunes estuvo marcado por la peor caída en la bolsa desde 2011: el comportamiento del índice S&P 500 anuló las ganancias de todo el año anterior. Todo esto provocó una ola de desconfianza y volatilidad en los mercados de Europa y Asia. ¿Qué está sucediendo?

Parece ser que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) es el primer banco central que logra salir de una política de flexibilidad monetaria con tasas de interés cero y una colosal expansión de su hoja de balance sin grandes dificultades y sin provocar una recesión. Ese logro no sería poca cosa. Hay que recordar que Japón no ha podido conseguir ese resultado y su política de flexibilidad monetaria no logró romper la inercia del estancamiento. Y en Europa, el Banco Central Europeo no ha abandonado su postura de tasas cero y flexibilización cuantitativa. En su apogeo esa política monetaria mantuvo una inyección de liquidez de 80 mil millones de euros mensuales, y aunque hoy se ha reducido a 30 mil millones de dólares mensuales la inyección de liquidez continúa.

La Fed considera que aplicó con éxito una política de tasas cero para contrarrestar los efectos de la crisis, y hoy ha retomado el camino de la normalización con el primer aumento de tasas de interés en 2015. Cuando la Fed comenzó su programa de compra de bonos y de títulos respaldados por hipotecas, muchos pensaron que se desataría un periodo de hiperinflación. No surgieron las presiones inflacionarias ni se ha frenado el crecimiento que ha experimentado la economía estadunidense en años recientes. Pero quizás el triunfalismo es prematuro.

Ahora bien, la semana pasada el Departamento del Tesoro del gobierno de Estados Unidos dio a conocer datos sobre sus planes de endeudamiento para este año. El anuncio incluye una nueva emisión por 955 mil millones de dólares en 2018 y otras por un billón (castellano) adicional en los próximos dos años fiscales. Lo más importante de este anuncio no es el incremento en el nivel de endeudamiento del gobierno federal, porque en este proceso Estados Unidos es el creador del medio de pago con el que se pueden saldar sus deudas. Pero el impacto que estas emisiones tienen sobre las tasas de interés es otra historia.

El anuncio del Tesoro estadunidense confirmó los temores de los inversionistas sobre el comportamiento futuro de las tasas de interés y sirvió para detonar el fuerte ajuste en el mercado bursátil. Mientras perdure el sentimiento negativo de estos inversionistas, el ajuste a la baja se va a mantener. Aquí hay dos problemas íntimamente ligados entre sí que es importante considerar. El primero es que mientras la Fed planea incrementos a la tasa de interés, el gobierno estadunidense ha decidido incrementar su endeudamiento. Eso presiona más las tasas de interés y, por supuesto, encarece el servicio de la deuda. El segundo es que precisamente el viernes pasado (cuando comenzó el ajuste en la bolsa en Nueva York) se dio a conocer el informe sobre el estado del mercado laboral. El dato principal en ese informe es que los incrementos salariales fueron los más importantes desde 2009. Se trata de un aumento modesto en términos históricos (2.9 por ciento), pero ese cambio ha sido considerado como un anuncio de nuevas presiones inflacionarias por muchos manejadores de fondos y ha contribuido a la venta masiva de títulos en Wall Street. En esta economía loca lo que promete ser una mejoría para la población y lo que promete reducir la desigualdad es interpretada como una mala señal. En todo caso, los inversionistas concluyeron que la Reserva Federal aceleraría el calendario de incrementos de tasas de interés previsto para este año.

Lo que estamos presenciando es el último episodio de la normalización que busca la Reserva Federal. Su postura de flexibilidad monetaria descansaba en dos pilares. El de la inyección de liquidez concluyó en 2014, pero contribuyó a inflar desmesuradamente los precios de los activos financieros. El segundo componente es el de las tasas muy bajas o cercanas a cero apenas comenzó a revertirse en 2016. Hoy es evidente que los inversionistas están recalculando el nivel de riesgo existente, lo que debían haber hecho desde que la Fed detuvo la inyección de liquidez. Si no lo hicieron entonces, es porque la Fed mantuvo las tasas en niveles muy bajos. Y aunque hoy todavía existe gran cantidad de liquidez en los mercados financieros, eso no ha aplacado los ánimos de los agentes que hoy se inquietan por el aumento en las tasas de interés y las expectativas inflacionarias.

La sobrevaluación de los activos financieros generada por la política monetaria posterior a la crisis es reconocida por todos los analistas del mercado. Hoy todavía estamos observando los efectos de la corrección de la Reserva Federal: está por verse si efectivamente puede concluir su salida de la flexibilidad monetaria con éxito. La volatilidad y el tiempo lo dirán.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Nuevas pillerías de las automotrices alemanas

Mar, 06/02/2018 - 13:28
Iván Restrepo, La Jornada

Guardadas todas las proporciones, parece una historia ubicada en la época en que Hitler hacía de las suyas. Cuando numerosas empresas alemanas utilizaban mano de obra esclava para reforzar su producción bélica y médicos realizaban experimentos dolorosos y mortales con miles de prisioneros en los campos de concentración. Sin el mínimo sentido ético ni consentimiento de los sometidos a tales pruebas, esos médicos y sus ayudantes buscaron encontrar un método efectivo contra la hipotermia, elaborar productos farmacéuticos para curar lesiones y enfermedades; para probar compuestos de inmunización y sueros a fin de prevenir y tratar enfermedades contagiosas: malaria, tifus, tuberculosis, fiebre tifoidea, amarilla y la hepatitis infecciosa.

En el campo de exterminio de Ravensbrueck experimentaron con injertos óseos y ver la eficacia de ciertas drogas, como la sulfanilamida. Y en los de Natzweiler y Sachsenhausen, los prisioneros sirvieron para probar antídotos contra el fosgeno y el gas mostaza.

Por su extrema crueldad, los "estudios" dirigidos por Josef Mengele en Auschwitz son los más citados. El doctor muerte logró escapar y nunca pagó por los crímenes que cometió con judíos, gitanos y otros grupos considerados racial o genéticamente indeseables por los nazis. Con ese fin, trabajó para determinar la resistencia que ofrecían a diversas enfermedades contagiosas, probar los sistemas de esterilización y así evitar que se reprodujeran. Agreguemos los que efectuó con gemelos.

Cito esos experimentos pues hay condena generalizada porque las tres multinacionales fabricantes de coches más importantes de Alemania financiaron experimentos en los que utilizaron humanos y primates. Se trata de la Volkswagen, BMW y Daimler. La finalidad: probar en seres vivos el efecto que causaban los gases provenientes de los motores diésel en el sistema respiratorio y en la circulación sanguínea. El New York Times, al que el presidente Donald Trump pone de ejemplo del periodismo basura y mentiroso, reveló que en 2014 en el laboratorio Lovelace Biomedical, ubicado en Alburquerque, Nuevo México, se realizaron los experimentos con 10 monos encerrados en una habitación. Mientras veían programas de dibujos animados en una televisión instalada en la habitación, los animales respiraban monóxido de carbono proveniente de un Beetle modelo 2013 de la Volkswagen.

Luego, los medios alemanes denunciaron que la Asociación Europea de Estudios sobre la Salud y el Medio Ambiente, fundada en 2007 por las tres empresas automotrices citadas, hicieron inhalar monóxido de carbono a 25 personas en la clínica de la Universidad de Aquisgrán, Alemania. A cada una le pagaron 14 dólares por cada hora de exposición y fueron supervisados por entidades sanitarias gubernamentales. En Alburquerque, los monos no tuvieron esa atención. Y para mayor falta de ética, el estudio fue fraudulento, pues el vehículo utilizado para los experimentos tenía un software alterado a fin de reducir las emisiones contaminantes.

Todavía las trasnacionales alemanas de automóviles no se reponen por sus trampas con motores de varios de sus modelos. Han tenido que pagar sumas millonarias al fisco de Estados Unidos, por ejemplo, por engañar a los consumidores y a las autoridades ambientales. El gobierno alemán condenó los experimentos por carecer de ética y valor científico. Por su parte, la Comisión Europea pidió al gobierno alemán proceder enérgicamente contra las empresas implicadas. La condena en los medios y las redes de todo el mundo es unánime. Thomas Steg, responsable de las relaciones públicas de las citadas trasnacionales, y quien estuvo al tanto de los experimentos, renunció a su cargo.

Esas trasnacionales financian programas de protección ambiental en México, pagan viajes todo incluido a científicos y personajes mediáticos que dicen defender la naturaleza y el bienestar humano. Algunos sirven de comparsa a dichas empresas. ¿No es su obligación moral y ética condenar públicamente estos experimentos? No pidamos peras al olmo: cuando el fraude con los motores alterados, también guardaron silencio cómplice.
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La macroeconomía "ortodoxa", a la busqueda de la "nueva gran idea"

Xov, 01/02/2018 - 23:00
Michael Roberts, Sin Permiso

Una vez más, la teoría económica dominante está tratando de re-evaluar su eficacia como análisis científico objetivo de las leyes del movimiento de las principales economías. Dado que fue incapaz de predecir la crisis financiera global, proporcionar una explicación convincente de lo sucedido y adoptar políticas que pudieran sacar a la economía capitalista de la subsiguiente Larga Depresión de crecimiento e inversión, la teoría económica “ortodoxa” se encuentra estupefacta.

He pasado revista ya a varios de estos intentos: Dani Rodrik, Paul Romer, Robert Skidelsky y el más recientemente de John Quiggin. También he analizado los esfuerzos desde teorías económicas más heterodoxas de criticar los fallos de la corriente dominante.

Asistimos ahora a otro ensayo de mirarse el ombligo. El último número de la Oxford Review of Economic Policy está dedicado a 'La reconstrucción de la teoría macroeconómica' (todos los artículos se pueden consultar libremente hasta el 7 de febrero). Y Martin Sandbu en el Financial Times británico ha examinado los diversos artículos de la revista de eminentes economistas como el ex economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, los premios Nobel Paul Krugman y Joseph Stiglitz; y el principal keynesiano británico, Simon Wren-Lewis.

En estos artículos se repiten las críticas habituales de la macro moderna: el hecho de no incluir en su explicación la 'irracionalidad' y la incertidumbre; la insistencia en los 'micro-fundamentos' en los modelos macro de la realidad económica (es decir, la crítica de Lucas) y el uso de supuestos poco realistas en los llamados modelos DSGE, que no tienen ninguna relación con la evidencia empírica.

Sandbu resume su reseña de estos nuevos esfuerzos de la teoría económica dominante de replantearse sus defectos y fallos y concluye: “deja pocas dudas de que la macroeconomía convencional tiene una profunda necesidad de reforma”. Añade: “la pregunta es cómo, y si el enfoque estándar, los modelos DSGE, pueden mejorarse lo suficientemente o deben ser desechados por completo”.

Las opiniones en la teoría económica convencional están divididas al respecto. Como dice Sandbu, “la macroeconomía DSGE no explica el pánico financiero a gran escala que vimos en 2008, ni tampoco algunas de las principales explicaciones de la lenta recuperación y del nivel de actividad económica muy inferior al de la tendencia anterior a la crisis”.

Sin embargo, Paul Krugman, admitiendo al mismo tiempo el punto ciego de la DSGE convencional, sostiene que la teoría macroeconómica existente es “lo suficientemente buena para la gestión del gobierno” y para asesorar sobre las políticas económicas. Lo que quiere decir es que la teoría económica dominante no puede explicar el movimiento del capitalismo, pero puede ser utilizada para soluciones económicas rápidas. Esto es Krugman en estado puro: en su libro sobre la crisis, End this Depression Now!, afirma que no hay necesidad de explicar la Gran Recesión; lo importante es adoptar políticas para salir de ella. ¡Creo que la mayoría de nosotros cree que no se sabrá cuales son las políticas correctas si no sabemos que causó la crisis en primer lugar!

Y otros en la Oxford Review están seguros que con un poco de ajuste, los modelos DSGE pueden ser útiles para predecir las crisis. Y un intento citado por Sandbu en su reseña da lugar a algunos resultados interesantes. Se trata de un 'modelo' de la actual Larga Depresión y cree que explica por qué las grandes economías no se han 'recuperado normalmente' ni caído en una depresión deflacionaria profunda.

Es debido a la falta de inversión en el sector capitalista que no ha recuperado lo niveles anteriores: “la economía puede quedar atrapada en un período prolongado de estancamiento. Además, el crecimiento de la productividad depende al menos en parte de la inversión: por lo tanto, el estancamiento por falta de inversión puede bloquear el crecimiento de la productividad en niveles muy bajos”. Sin embargo, incluso este modelo cae de nuevo en la explicación de la baja inversión como consecuencia de la falta de un “escenario optimista sobre el crecimiento futuro” (es decir, la falta de 'espíritus animales' a la Keynes), que no es desde luego una explicación.

Otros economistas conocidos como Simon Wren-Lewis o Olivier Blanchard no están seguros de que los modelos DSGE puedan corregirse: “Los intentos de algunos de estos modelos de hacer más de lo que estaban diseñados para hacer parece sobreestimarlos. No soy optimista en el sentido de que los DSGEs sean buenos modelos de política, a menos que sean mucho más flexible en relación con los límites de la teoría. Me gustará ver sus predicciones, pero soy escéptico, de nuevo, de que tengan éxito”. (Blanchard).

Joseph Stiglitz condena los mismos ''microfundamentos" de los modelos DSGE modernos como poco realistas. Eso significa que la microeconomía, en particular la teoría del equilibrio general, la teoría de la utilidad y el marginalismo no proporcionan una base sólida para el análisis de los 'agentes' que actúan en el movimiento de las economías capitalistas modernas. La macroeconomía ha llegado a un punto muerto debido a los errores de la microeconomía. Como Sandbu dice: “una mala macro es, en cierta medida, consecuencia de demasiado mala micro”. No es una buena noticia para la macro dominante.

¿Qué más hay? A pesar de reconocer que “la dificultad fundamental de los microfundamentos es que, sencillamente, no tenemos una teoría completa y convincente del comportamiento económico a nivel micro”, Sanbu quiere arar en “una forma más amplia y liberal de modelos DSGEs”. Por lo tanto, nada de cambios en la teoría económica convencional: seguirá utilizando el marginalismo y la teoría del equilibrio general, pero tratando de incorporar los 'espíritus animales' o la 'irracionalidad' en sus modelos de las economías modernas. ¡Buena suerte!

En un nuevo artículo, el biógrafo de Keynes, Robert Skidelsky se queja del fracaso radical de replantear la teoría económica dominante y ataca a Krugman por su opinión de que la macroeconomía es “suficientemente buena” para las decisiones políticas a adoptar. Skidelsky, por el contrario, ve la teoría macro moderna con fisuras importantes: “el problema para los nuevos macroeconomistas keynesianos es que no son capaces de reconocer la incertidumbre radical en sus modelos, lo que les deja sin ningún tipo de teoría de lo que se debe hacer en los buenos tiempos con el fin de evitar los malos…. La macroeconomía todavía tiene que encontrar una gran idea nueva”.

Lo que Skidelsky y otros críticos de la economía dominante (tanto de su micro como de su macro) no reconocen es que no surgirá ninguna nueva gran idea porque la economía dominante es el resultado deliberado de la necesidad de evitar la realidad del capitalismo. Sus teorías son justificaciones ideológicas del capitalismo (su supuesta tendencia a un crecimiento armónico, el equilibrio y la equidad). Cuando la realidad no encaja con la teoría económica dominante, simplemente la ignora. Esto se debe a que la ‘teoría económica dominante' se apoya en la ideología dominante actual.

La 'Economía política' comenzó como un análisis de la naturaleza del capitalismo sobre una base 'objetiva' por los grandes economistas clásicos Adam Smith, David Ricardo, James Mill y otros. Pero una vez que el capitalismo se convirtió en el modo de producción dominante en las principales economías y se hizo evidente que el capitalismo era otra forma de explotación de los trabajadores (esta vez por el capital), la teoría económica rápidamente negó esa realidad. Por el contrario, la economía dominante se convirtió en la apología del capitalismo, con el equilibrio general sustituyendo la competencia real; la utilidad marginal reemplazando la teoría del valor trabajo y la Ley de Say la de las crisis.

Incluso la llamada revolución keynesiana, resultado de experiencia de la Gran Depresión casi no se aplicó y pronto fue abandonada cuando el capitalismo se enfrentó con una nueva crisis en la década de 1970. Los keynesianos actuales se han convertido ahora en defensores de la teoría del mal menor o en críticos sin ninguna 'gran idea nueva'.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Feudalismo bancario

Mér, 31/01/2018 - 13:30
Alejandro Nadal, La Jornada

Durante los siglos VIII y XV predominó en Europa un sistema político y económico que ha recibido el nombre de feudalismo. Era un sistema organizado alrededor de la propiedad de la tierra, a cambio de esquemas de vasallaje, protección, trabajo y distribución de la producción agrícola. En la clásica descripción de Marc Bloch, el esquema jerárquico giraba alrededor de los tres estamentos de la sociedad: nobleza, clero y productores del campo. Típicamente los señores feudales, firmemente aposentados en sus castillos, prestaban protección a los productores agrícolas a cambio de trabajo directo o de un tributo que era pagado en especie.

Entre los habitantes del campo y los poblados las relaciones económicas se llevaban a cabo por medio de mercados, ferias y otros esquemas para los intercambios. La moneda en circulación era emitida, a veces, por autoridades eclesiásticas y, en ocasiones, por reyes o los mismos señores feudales. El trueque sólo predominó cuando había derrumbes institucionales, como al colapsarse el imperio romano o cuando desapareció el imperio de Carlomagno.

En el feudalismo existía el crédito y algunas dinastías se encargaron de proporcionar préstamos a quienes los necesitaran. Pero esos empréstitos normalmente estuvieron reservados a los poderosos y no eran para el grueso de la población. Una buena parte de los créditos se destinaba a pagar mercenarios y financiar guerras. En esos casos los intereses eran altísimos y podían alcanzar 60 por ciento (como hoy en las tarjetas de crédito). También había préstamos para los grandes comerciantes, quienes ofrecían suficientes garantías. El resto de la población tenía que recurrir a los prestamistas locales para solventar sus necesidades en caso de enfermedad o de alguna otra emergencia.

Las grandes dinastías de prestamistas operaban con sus corresponsales en diferentes partes de Europa y del Mediterráneo. Así podían ofrecer un valioso servicio a los comerciantes a través del reconocimiento de letras de cambio y otros títulos. Esos grandes prestamistas operaban como banqueros, pero su principal actividad no dependía de la captación de ahorros. Los préstamos que ofrecían eran con recursos propios o que provenían de sus complejas operaciones contables. Eran, por así decirlo, banqueros sin bancos, en el sentido moderno de la palabra.

Con el advenimiento del capitalismo la actividad crediticia se hizo cada vez más importante y la revolución industrial aceleró el proceso por las escalas de producción. Los bancos se reorganizaron, comenzaron a desarrollar sus funciones de captación de ahorro y sus operaciones expandieron los confines de la acumulación capitalista financiando el consumo. Así, no sólo se expande el tamaño del mercado final para la producción capitalista de mercancías, sino se acortó el tiempo de recuperación del capital. El proceso culmina en el siglo XIX, cuando el grueso de la población pasa a ser considerada sujeto de crédito. La gente común y corriente pasa entonces a ser cliente de los bancos.

Hoy, el nivel de endeudamiento de la población depende de muchos factores, entre los que destaca el ingreso salarial. Bajo el neoliberalismo, el estancamiento de los salarios reales condujo a una extraordinaria expansión del crédito como apoyo para mantener niveles de vida. El resultado ha sido un creciente endeudamiento para la población en general mediante hipotecas y préstamos para adquirir bienes de consumo duradero y pagar servicios educativos o de salud. Los indicadores sobre endeudamiento de las familias en Estados Unidos como proporción del PIB muestran un vertiginoso crecimiento de 40 a 97.8 por ciento entre 1960 y 2014. El patrón se repite para muchos países europeos.

El resultado es que hoy una parte significativa de la población vive y trabaja para pagar intereses a los bancos, a tal grado que es posible pensar que vivimos en una especie de feudalismo bancario. En este sistema, los bancos son los señores del dinero que crean moneda de la nada y, al igual que en el feudalismo stricto sensu, su actividad tampoco depende de la captación de ahorro. El lugar de los nobles lo ocupan los gobiernos, que también son sujetos de crédito y deben obedecer los dictados de los mercados de capitales. Sus bancos centrales, con toda y su mítica independencia, deben proporcionar reservas a los señores del dinero cuando las circunstancias así lo exigen. Los campesinos somos todos los demás, que debemos recurrir al crédito de manera sistemática. En ciertos casos hasta fracciones del capital industrial ocupan una posición similar a la de los campesinos.

El nuevo feudalismo bancario permite que la gente se mueva de una parcela a otra, por ejemplo cuando busca un empleo. Pero esas personas siempre llevan a cuestas una carga propia de los vasallos: deben pagar el servicio de su deuda, ya sea por una hipoteca u otros préstamos. Quizás la diferencia más importante es que, en contraste con las obligaciones que tenían los señores feudales con sus súbditos, los bancos no ofrecen protección alguna frente a la violencia o los accidentes de la vida.
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Davos, el foro de la desigualdad

Lun, 29/01/2018 - 15:02
Miguel Urban, El Salto

Hay pocos momentos donde el capitalismo global se muestre públicamente en toda su obscenidad y poderío como ocurre cada año en Davos. En el Foro Económico Mundial todo acompaña: el lugar (un complejo lujoso en una lujosa ciudad fuertemente vigilada de un paraíso fiscal situado en pleno corazón de Europa), el decorado (fuerzas de seguridad, lobbistas y periodistas se entremezclan con una de las mayores densidades de poder económico y político que pueden contemplarse en el mundo, con sus reuniones y cenas privadas y los precios desorbitados que acompañan cualquier servicio), los contenidos y, sobre todo, las compañías. Por si fuera poco, este año el cierre corre a cargo de Donald Trump, el “peligroso populista antiglobalización” que después de la ventajosa reforma fiscal para las multinacionales y los multimillonarios es recibido en Davos como el hijo pródigo. Ni en las mejores distopías cinematográficas habría salido un guión tan rotundo.

Los poderosos allí reunidos, que no son precisamente tontos, se cuidan muy mucho de amortiguar la obscenidad de la cita. Por eso insisten continuamente en el carácter informal y no vinculante de la reunión, se incluyen ponencias sobre la economía verde -¡bienvenido mister Capitalismo Verde!-, se ofrece la posibilidad de conocer en primera persona durante unos minutos el drama de las personas refugiadas(como si de un zoológico humano se tratase), se juega al feminismo neoliberal y hasta se incorpora al diagnóstico muchas de las críticas que, desde hace varias décadas, vienen haciendo los movimientos sociales sobre el paradigma de crecimiento incontrolado y sus nefastas consecuencias sobre las personas, los pueblos y el planeta. Pero precisamente porque no son tontos, una vez cumplido con el decoro, los papeles se mojan, las anteojeras reaparecen y las recetas vuelven a su cauce habitual.

Davos es también una excusa para que otros actores aprovechen, aprovechemos, el momento obsceno para denunciar a quienes allí se reúnen y las consecuencias de sus decisiones. Es lo que hace, por ejemplo, Oxfam cada año, publicando su informe sobre la desigualdad social en el mundo. Los datos confirman una y otra vez que la brecha entre ricos y pobres no solo no se cierra, sino que no deja de aumentar. Y que lo hace precisamente a raíz de la supuesta “salida de la crisis” de la que en 2018 se cumplen 10 años. Cifras que vuelven a desmontar la tan manida “recuperación económica” con la que día tras día nos bombardean desde tribunas oficiales y oficialistas. Porque claro que la economía española está aumentando, como ocurre en Europa y en el resto del mundo. Pero, como allí, ese crecimiento no se reparte por igual. En 2017 el 1% más rico capturó el 40% de toda la riqueza creada en España, mientras que el 50% más pobre -sí, la mitad de la población española- apenas recogió el 7%.

Esta tendencia ha reforzado una desigualdad en el reparto de la riqueza acumulada de la que no hablan los grandilocuentes discursos sobre la recuperación: hoy en España el 10% más enriquecido tiene más que el 90% restante. Y dentro de ese selecto club, el 1% más privilegiado acumula por sí solo el 25% de toda la riqueza del país. Si lo traducimos al lenguaje corriente las palabras se vuelven aún más hirientes: apenas un puñado de personas tienen tanto como varios millones. Y esta desigualdad no para de crecer. Gracias a ella, ya son 25 los españoles en la lista de multimillonarios de Forbes. Y sí, “multimillonarios” significa que, al menos, tienen 1.000 millones de euros.

A lo mejor no entendimos bien y por “recuperación” se referían únicamente a las cuentas corrientes de quienes se pasean por Davos y otros foros similares. Visto que no se comen ni dan calor, ¿no será que con los “brotes verdes” querían hablarnos en realidad de los billetes de 100 que cada día abultan más en las carteras de los de siempre? Porque aquí solo salen de la crisis quienes nunca entraron y esa famosa “luz al final del túnel” empieza a parecerse a la de la hoguera donde se queman los derechos de muchos para que unos pocos sigan alimentando su maquinaria de guerra económica.

En tiempos marcados, especialmente en Occidente, por la centralidad de la identidad y la seguridad como nuevos paradigmas, la combinación de escasez y desigualdad emergen a la vez como resultado, causa y eje central del nuevo ciclo histórico que viven tanto Europa en general como España en concreto. De ahí que ningún proyecto transformador que se precie puede dejar de colocar en el centro de su acción el combate contra la desigualdad. No habrá otra Europa ni ningún cambio político que merezca ese nombre si, en su gestación, no han hecho de la desigualdad, de todas las desigualdades crecientes, plurales e interconectadas, su principal bandera y razón de ser. Cualquier Plan B para Europa pasa por señalar con el dedo acusador lo que ocurre en Davos y las cifras que arrojan las consecuencias de las decisiones que allí se cuecen, pero no basta.

Hay que lanzar propuestas para que esa otra Europa empiece a dibujarse en el horizonte de lo posible. Y hay que hacerlo interviniendo en las realidades que son fuente y reflejo de esa desigualdad, como la fiscalidad, la precariedad o la austeridad. De lo contrario, dejaremos el tablero libre para que unos, se llamen Macron o Felipe VI, sigan cacareando la recuperación de la confianza popular en el proyecto europeo basada en una recuperación económica de cartón piedra y, otros, por su parte, se queden con el monopolio del desmontaje de la mentira para proponer menos derechos, menos libertades, más xenofobia y más lucha de los últimos contra los penúltimos.

Sin ese Plan B contra la desigualdad, el debate sobre Europa seguirá encerrado en la trampa que nos obliga a elegir entre neoliberalismo o racismo, entre austeridad o exclusión, entre la globalización de las élites de Davos y el repliegue nacional excluyente de los Le Pen y Trump de turno. Esa dicotomía se rompe atacando su flanco más débil y evidente: la desigualdad depredadora que unos y otros proponen y alimentan. Porque nuestro combate es contra las élites que provocan desigualdad y contra quienes se aprovechan de ella para convertir a los más golpeados en chivos expiatorios y exculpatorios de las primeras. Ambos nos encontrarán de frente en la lucha por otra Europa que tenga en el combate contra la desigualdad uno de sus pilares fundadores y fundamentales.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La amenaza mundial que representa la retorcida lógica imperialista

Dom, 28/01/2018 - 04:32
Alberto Rabilotta, Alai

En abril del 2017, a unos tres meses de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, escribí un artículo titulado “Un ‘auto-golpe’ que nos pone al borde del abismo”, en el cual señalaba que para paliar su extrema debilidad, el no poder disponer de los funcionarios para llenar los puestos claves de la maquinaria del Estado y así garantizar la aplicación y el seguimiento de las políticas de su gobierno, Trump tuvo que aliarse con los militares y los financieros de Wall Street, o sea con quienes detentan la mayor cuota de poder real en Estados Unidos.

La Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) dada a conocer a mediados de diciembre del 2017 y la Estrategia de Defensa Nacional (EDN), publicada un mes más tarde, es el primer parto de esa alianza, o mejor dicho (y recordando la historia del imperio romano) el precio que un Emperador generalmente paga cuando pide la protección de la Guardia Pretoriana y pacta una alianza con los oligarcas en un vano intento de salvar el imperio de una decadencia irreversible y de la ira del pueblo.

Lo sucedido era previsible desde el momento en que Trump, un “maverick” (iconoclasta) en materia política, logró ganar las elecciones luchando contra el poderoso Partido Demócrata y también contra la mayor parte de la maquinaria del Partido Republicano, su propio partido. El sistema bipartidista estadounidense fue creado y funciona para mantener el Estado bajo el control de los intereses capitalistas dominantes, lo que explica que ambos partidos cooptan y forman la burocracia que dirigirá el aparato e instituciones del Estado, que formulará y aplicará las directivas políticas para hacer avanzar los intereses dominantes.

Trump ganó las elecciones pero no tenía –y hasta perdió el acceso a- esa casta de funcionarios experimentados del Partido Republicano. El resultado estuvo a la vista en los fracasos de los sucesivos nombramientos y cambios de personal, en la cacofonía que se produjo en materia de política interior y exterior, y finalmente en los nombramientos para los puestos claves del poder con militares, financieros de Wall Street y Republicanos que representan tendencias contrarias a las esbozadas por Trump en sus promesas políticas durante la campaña electoral.

El equipo de Trump, incluyendo a miembros de su familia, está ahora dominado por quienes quieren a toda costa restablecer el “mundo unipolar”, ese poder mundial supremo que el imperialismo estadounidense alcanzó con el planificado derrumbe de la Unión Soviética, amenazado ahora por la “potencias revisionistas”.

¿Qué nos dice la EDN?
Las intenciones de Washington manifestadas en la ESN se vuelven mucho más claras en la reciente EDN, y confirman que el imperialismo de la globalización neoliberal, ese “orden internacional” basado en la aplicación de las leyes y de las políticas estadounidenses y la negación de soberanía nacional para el resto de países, está perdiendo terreno tan rápidamente como para que Washington se ponga –literalmente- en pie de guerra, y de luz verde para modernizar “las fuerzas nucleares” así como nuevas armas que aseguren el máximo de letalidad en caso de confrontación militar.

Una lectura de las 11 páginas de la EDN –la parte pública- no convence ni fundamenta las “amenazas” provenientes de armamentos militares o cuasi militares de parte de Rusia y China. Lo que hay son tergiversaciones realmente infantiles, como atribuirle a Rusia actos (invasiones de países vecinos) fraguados por Estados Unidos con sus aliados, y situaciones políticas que pueden ser resueltas mediante la negociación y acuerdos verificables, así como pueden ser resueltas las “amenazas” que según la SDN representan Corea del Norte e Irán.

Lo que realmente explica la EDN –en las 11 páginas de la versión pública y probablemente aún más en la parte secreta del documento-, es la amenaza bien real al “orden internacional” de la globalización neoliberal que representa la cooperación entre China y Rusia en el continente euroasiático, lo que explica que sea el motivo importante de un tercio de los párrafos del documento, comenzando por el segundo, donde se explicita que “estamos enfrentando un creciente desorden global, caracterizado por el declive en el largamente aplicado orden internacional basado en reglas – creando (así) el ámbito de seguridad más complejo y volátil que hayamos experimentando en memoria reciente. La rivalidad inter-estatal, no el terrorismo, es ahora nuestra preocupación principal en cuanto a la seguridad nacional de EEUU”.

Esta “rivalidad inter-estatal” (en realidad “la re-emergencia de una rivalidad estratégica de largo plazo”, sin duda en referencia a la que existió durante la Guerra Fría) proviene de las potencias “revisionistas”, y no combatirla “resultará en una disminución de la influencia global de EEUU, el debilitamiento de la cohesión entre los aliados y socios, y una reducción del acceso a los mercados que contribuirá al declive de nuestra prosperidad y niveles de vida”.

En el octavo párrafo se lee que la EDN “reconoce un ámbito de seguridad global crecientemente complejo, caracterizado por desafíos flagrantes al orden internacional libre y abierto y la re-emergencia a largo plazo de rivalidad estratégica entre naciones”, y en el siguiente se afirma que “el desafío central a la prosperidad y seguridad de EEUU es la re-emergencia de la rivalidad estratégica a largo plazo por quienes la Estrategia de Seguridad Nacional clasifica como potencias revisionistas. Es cada vez más claro que China y Rusia quieren modelar un mundo consistente con su molde autoritario – ganando autoridad de veto sobre las decisiones económicas, diplomáticas y de seguridad de otras naciones”, y en el párrafo siguiente, focalizado en la acelerada modernización en China con su supuesta política “económica predatoria para coaccionar países vecinos a reorganizar la región Indo-Pacifico a su beneficio”, la EDN afirma que China quiere alcanzar una “hegemonía regional a corto plazo (destinada) a desplazar a EEUU para alcanzar predominio global en el futuro”.

Con Rusia, en el párrafo siguiente, la EDN afirma que Moscú busca autoridad de veto sobre otras naciones en su periferia en términos de sus gobiernos, de sus decisiones económicas y diplomáticas, para destrozar la OTAN y cambiar a su favor las estructuras económicas y de seguridad en Europa y el Oriente Medio.

En suma (párrafo siguiente de la EDN), el otro cambio “del ámbito estratégico es el resistente pero debilitado orden internacional de la pos-segunda Guerra Mundial”, cuando EEUU y sus aliados “construyeron un orden internacional libre y abierto”: “China y Rusia están ahora minando el orden internacional desde el interior del sistema mediante la explotación de sus beneficios mientras simultáneamente reducen sus principios y reglas de funcionamiento”.

Y para colmo de hipocresía la EDN afirma que Rusia y China, y los ‘países canallas’, “están compitiendo en todas las dimensiones del poder. Han aumentado esfuerzos para conflictos casi armados mediante la expansión de la coerción en nuevos frentes, violando los principios de soberanía, explotando la ambigüedad y borrando deliberadamente las líneas entre los objetivos civiles y militares”.

Más adelante la EDN –para justificar los astronómicos presupuestos- afirma sin ambigüedad que “los desafíos a la ventaja militar de EEUU representan otro giro del ámbito de la seguridad global. Por décadas Estados Unidos ha gozado de una superioridad incontestada o dominante en todos los terrenos de operación. Podíamos generalmente desplegar nuestras fuerzas donde queríamos, ensamblarlas donde deseáramos y operar como quisiéramos. Hoy día, cada terreno es contestado –el aéreo, el terrestre, los mares, el espacio y el ciberespacio”.

Más claro imposible sobre lo que causa la necesidad de EEUU de crear el pánico (en este caso miedo compulsivo que hace cometer estupideces) para lanzarse en una aventura extremadamente peligrosa para la humanidad, porque la EDN anticipa que usará de todos los medios para volver a ser la potencia suprema: “Una rivalidad estratégica de largo alcance requiere la integración sin fisuras de múltiples elementos de poder nacional –diplomáticos, informativos, económicos, de inteligencia, de policías y de militares. Más que ninguna otra nación, EEUU puede expandir el espacio competitivo, tomar la iniciativa para desafiar a nuestros rivales cuando poseemos las ventajas y a ellos les faltan fuerzas. Una fuerza más letal, robustas alianzas y asociaciones, la innovación tecnología estadounidense, y una cultura de desempeño generará decisivas y sustentadas ventajas militares para EEUU”.

Sobre NuestrAmérica la SDN dice poco (en el documento publicado, pero quizás mucho más en el secreto) y de manera sibilina, como “mantener un balance de poder favorable” y “las ventajas” de que dispone en el Hemisferio Occidental, señalando que un “hemisferio estable, pacífico, que reduce las amenazas de seguridad de EEUU le reporta a éste último “inmensos beneficios”, a pesar de lo cual Washington utilizará todos los medios a su alcance para “profundizar las relaciones con los países de la región que contribuyen con capacidades militares a los compartidos desafíos de la seguridad regional y global”

En síntesis, suficiente como para confirmar que seguirán y hasta se agravarán las nefastas políticas de Washington hacia NuestrAmérica, con el objetivo de que todo el Hemisferio quede bajo la globalización y responda a las órdenes de EEUU. Y tampoco habrá cambios en la política que Washington y sus aliados aplican en África, Continente en el cual EEUU actuará para “limitar la maligna influencia de poderes no africanos”, es decir de China, Rusia y otros países que busquen mantener relaciones económicas, políticas y diplomáticas fuera de marco de la globalización que está bajo control de EEUU.

El delirio de los “imperios ilimitados”
La SDN señala la preparación para una confrontación en todos los frentes con Rusia y China, dos potencias nucleares, y detrás del abandono formal de la “lucha contra el terrorismo” como la prioridad militar de EEUU lo que hay que ver es el retorno del fomento del terrorismo dirigido contra Rusia, China y demás países “revisionistas” que anden sueltos por el mundo.

Para este drástico cambio estratégico se necesitan enemigos externos (y dentro de poco habrá que fabricar los internos), misión que cumplen la EDN y la ESN, lo que de paso justificará las decenas o cientos de miles de millones de dólares que deberán agregarse al ya gigantesco presupuesto militar, para mantener o readquirir la supremacía en armas, mejorar o crear tecnologías de uso militar, por separado o en colaboración con las empresas privadas, ampliar los medios de transporte y las formas de organización no convencionales, etcétera.

Lo que emerge claramente del documento del Pentágono, escribe el analista Bill van Auken es una visión del imperialismo estadounidense asediado por todos lados y en peligro mortal de perder su dominación global, lo que refleja el pensamiento dentro de la camarilla de militares retirados o en actividad que dominan la política exterior de Trump y que durante 16 años llevaron a cabo las interminables guerras en el Oriente Medio y Asia Central, que fracasaron en ampliar los intereses estratégicos de EEUU y crearon una serie de debacles que desgastaron las fuerzas militares de EEUU.

Francis Boyle, profesor de Derecho Internacional de la Universidad de Illinois, ve en la EDN la continuación y escalada de la estrategia estadounidense de “Imperialismo Ilimitado” (denominación del académico y experto en relaciones internacionales Hans Morgenthau para los imperialismos que siempre buscan la expansión), y para ello “el Pentágono está planeando para luchar y ‘ganar’ la Tercera Guerra Mundial contra Rusia y/o China así como para controlar, dominar, aterrorizar e intimidar el resto del mundo bajo uno u otro pretexto”(4)

¿Quiénes son los primeros (y seguramente los únicos) ganadores de este criminal aventurerismo? Sin la menor duda el poderoso complejo militar-industrial que la EDN amplía considerablemente –por escrito- para incluir las empresas del Silicon Valley y de otras ramas de la economía, y cuyos accionistas se beneficiarán desde ahora con el aumento de las acciones bursátiles, así como los financieros de Wall Street que financiarán o especularán en qué y dónde se gastarán las sumas astronómicas que recibirá el Pentágono para su extensa lista de pedidos.

Por supuesto no hay y tampoco habrá la menor discusión en los medios de desinformación y en el Congreso de Washington sobre lo que realmente sucederá al financiar este “imperialismo ilimitado”, porque lo que gane el presupuesto del Pentágono lo perderán los programas sociales y el pueblo, y otros pueblos si aceptan –como exige la SDN- compartir los gastos.

Como diría Mafalda (que a veces convoco para explicarme lo inexplicable), “¡lo ilimitado en Washington son los delirios de grandeza!”








Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El Foro Económico Mundial se reúne en Davos bajo la sombra de la crisis y la guerra

Ven, 26/01/2018 - 14:24
Bill Van Auken, wsws

El martes, el Foro Económico Mundial (WEF) abrió sus puertas en el exclusivo centro turístico alpino suizo de Davos, con unos 3.000 ejecutivos corporativos, funcionarios gubernamentales y famosos convocados con el ostensible propósito de debatir el tema de este año de “crear un futuro compartido en un mundo fracturado”.

Sin embargo, la reunión se ve ensombrecida por la fractura acelerada del orden capitalista global, que se manifiesta en niveles sin precedentes de desigualdad social en cada país, un fuerte crecimiento de la guerra comercial y la amenaza cada vez más inmediata de un conflicto armado, incluida la guerra nuclear, entre las principales potencias.

La muchedumbre adinerada en Davos, que paga 55.000 dólares por persona para asistir, está custodiada por un pequeño ejército de 4.000 soldados suizos y 1.000 policías, con una zona de exclusión aérea impuesta sobre sus cabezas. Se han prohibido las protestas en la aldea, con el pretexto de que ha habido demasiada nieve, pero miles de personas se manifestaron el martes en la capital financiera suiza de Zurich en oposición al WEF y, en particular, a la asistencia este año del presidente de los EEUU, Donald Trump. Los manifestantes portaban pancartas que decían: “Trump: no eres bienvenido”, “eres una persona de mierda” y “Destruir al WEF”.

La reunión de CEOs multimillonarios globales, banqueros y gestores de fondos de cobertura encarna la misma “fractura” social que los organizadores de Davos pretenden abordar. La cumbre se abrió apenas dos días después de que el grupo de ayuda Oxfam publicara su informe anual sobre la desigualdad social, exponiendo que de todo el crecimiento de la riqueza global en 2017, el 82 por ciento llegó al uno por ciento superior, mientras que la mitad inferior de la población mundial, unos 3,8 mil millones de personas, no recibieron nada en absoluto.

Personificando esta crisis estará Trump, el primer presidente de los EEUU en asistir a la cumbre mundial desde el 2000. Se reunirá con los CEOs globales el jueves por la noche y presentará su agenda “America First” (Estados Unidos primero) al foro en su sesión final del viernes.

Trump preparó el terreno para su aparición imponiendo aranceles a los fabricantes chinos y surcoreanos que ascienden al 50 por ciento en lavadoras y al 30 por ciento en paneles solares, invocando un estatuto raramente utilizado para proteger a los fabricantes nacionales de “lesiones graves”. Los funcionarios del gobierno retrataron la acción como un cumplimiento de las promesas de campaña para proteger a los “trabajadores estadounidenses”, incluso cuando la industria de la energía solar pronostica que su resultado neto sería la pérdida de más de 23.000 empleos.

El Ministerio de Comercio de China respondió con una declaración muy clara que expresaba la “fuerte insatisfacción” de Beijing con los aranceles y advirtió que China “defendería resueltamente sus intereses legítimos”. Existe una creciente especulación de que Trump podría seguir sus primeros aranceles con otros de consecuencias mucho mayores para el acero y el aluminio, iniciando una guerra comercial a gran escala con consecuencias impredecibles para la economía mundial.

El primer ministro de la India, Narendra Modi, pronunció el discurso de apertura ante el Foro Económico Mundial, advirtiendo: “Las fuerzas del proteccionismo están levantando la cabeza contra la globalización. Parece que está sucediendo lo contrario de la globalización”.

Aunque no nombraba a Trump, estaba claro que las observaciones de Modi estaban dirigidas principalmente contra la administración de los Estados Unidos. “El impacto negativo de este tipo de mentalidad no se puede considerar menos peligroso que el cambio climático o el terrorismo”, dijo.

Se ha hablado mucho de la supuesta contradicción entre el nacionalismo económico derechista de Trump y el supuesto carácter distintivo globalista de Davos, en medio de predicciones de una especie de enfrentamiento entre el presidente estadounidense y sus homólogos europeos, particularmente la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron.

En realidad, tanto Merkel como Macron habrán abandonado Davos antes de que llegue Trump. Además, sus gobiernos también persiguen intereses nacionales en condiciones en las que se está desmoronando todo el sistema de relaciones comerciales posterior a la Segunda Guerra Mundial, establecido bajo la égida del dominio entonces no cuestionado del imperialismo estadounidense.

La fuente de este colapso no se encuentra en los discursos demagógicos de Donald Trump, sino en las contradicciones insolubles del sistema capitalista, que está llevando a cada país a una guerra de cada uno contra todos en una lucha despiadada por ganancias y mercados. Esto está creando el mismo tipo de tensiones y conflictos globales que allanaron el camino hacia la Segunda Guerra Mundial.

Tanto el Wall Street Journal como la CNN publicaron el martes entrevistas con los principales ejecutivos corporativos y financieros de Davos elogiando a Trump por promulgar los recientes recortes impositivos para las corporaciones estadounidenses y los ricos y por llevar a cabo una desregulación sin precedentes de las grandes empresas.

El gerente general de Citigroup, Michael Corbat, dijo a la CNN que los recortes de impuestos conducirían a la expansión del negocio. “Tal vez este es el catalizador que nos lleva del optimismo a la confianza”.

“Hay un optimismo extremo”, dijo Sir Michael Sorrell, director ejecutivo del grupo de anuncios WPP PLC, al Journal. “Es notable la diferencia psicológica, independientemente de lo que pienses de Trump, que haya aportado ... Ha mejorado la psicología positiva (de los ejecutivos)”.

El “optimismo” y la “psicología positiva” de esta capa están impulsados por las expectativas de que el gran crecimiento que experimentaron en sus fortunas personales desde la crisis de 2008, impulsado por dinero gratis de los bancos centrales globales y medidas de austeridad radicales impuestas a la población mundial, ahora se acelerará aún más.

Hubo, sin embargo, opiniones menos optimistas expresadas el día de la inauguración. Axel Weber, presidente del gigante bancario suizo UBS Group AG y ex presidente del banco central de Alemania, advirtió: “Vemos que las presiones inflacionarias son ignoradas en gran medida. Estamos comenzando a ver cerrar las brechas de producción, con condiciones laborales más estrictas y presión salarial ... La inflación podría volver a ser una sorpresa este año”.

El temor a la “presión salarial” está bien fundado. Lo que más elementos conscientes dentro de la clase dominante capitalista ven en el horizonte es un crecimiento explosivo de la lucha de clases, que ya ha encontrado expresión en las primeras semanas del nuevo año en los levantamientos masivos en Irán y Túnez, así como la huelga espontánea de los trabajadores de Ford en Rumania y los paros de los trabajadores en Alemania.

Mientras tanto, en una discusión televisada entre los CEOs en el primer día de la cumbre de Davos se oían expresiones similares de inquietud.
“Se siente como el 2006 otra vez”, dijo el CEO de Barclays, Jes Staley, quien insistió en que la próxima crisis no comenzará con los bancos.

David Rubenstein, cofundador de Carlyle Group, una firma global de inversión de capital privado con sede en Washington, advirtió contra la exuberancia sobre el mercado bursátil en alza, “Usualmente cuando la gente está feliz y optimista, es cuando sucede algo malo”. Advirtió que “cisnes negros”, acontecimientos imprevistos, incluidos los conflictos geopolíticos mundiales, podrían sumir al mundo en una crisis.

Los llamados “cisnes negros” vuelven a casa para descansar mientras se celebran las conferencias y fiestas lujosas en Davos.
En Siria, la invasión turca del enclave kurdo de Afrin ha despertado el espectro de un enfrentamiento armado entre dos aliados de la OTAN, con Ankara buscando aplastar a las fuerzas kurdas sirias en su frontera que han servido como la principal fuerza de poder para la intervención del imperialismo estadounidense en el país.

El New York Times advirtió el martes que la invasión estaba llevando a los intereses de Estados Unidos y Turquía a un conflicto directo en el campo de batalla. El periódico citó a un analista de seguridad que afirmó que Washington debería elegir entre “otra traición estadounidense a los pocos grupos que han apoyado y ayudado consistentemente a los EUA en Siria e Irak, o arriesgarse a un conflicto indirecto e incluso directo con Turquía, un miembro aliado de la OTAN”.

El enfrentamiento en Siria se produce tras una serie de documentos emitidos desde Washington —la Estrategia de Seguridad Nacional, la Revisión de la Postura Nuclear y la Estrategia de Defensa Nacional— que presentan un cambio estratégico del imperialismo estadounidense hacia la preparación abierta para los enfrentamientos militares, incluyendo la guerra nuclear, con Rusia y China.

El secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, emitió un comunicado el martes acusando a Rusia de responsabilidad por un presunto ataque químico en Siria, señalando la intención de Washington de cambiar la crisis que enfrenta a Turquía a un enfrentamiento con Rusia en un país donde Washington y Moscú tienen fuerzas militares.

Esta es la cruda realidad que eclipsa el supuesto “optimismo” de los millonarios y multimillonarios reunidos en Davos.

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Davos: los ricos y poderosos en la montaña mágica

Mér, 24/01/2018 - 12:47
Alejandro Nadal, La Jornada

Esta semana se reúne la crema y nata de la élite mundial en Davos para asistir al Foro Económico Mundial. El lema principal del cónclave este año es revelador: Crear un futuro común en un mundo fracturado. Se ofrece así una perspectiva optimista sobre la construcción de un porvenir incluyente, al tiempo que se reconoce la existencia de las profundas fisuras que hoy desgarran la sociedad humana a escala planetaria.

Sesenta jefes de Estado, cientos de poderosos empresarios y miles de guardias armados se darán cita en Davos. Más de mil 700 jets privados transportarán a estas personalidades a sus hoteles de lujo, en el pequeño poblado inmortalizado por Thomas Mann en La montaña mágica (publicada en 1924).

En esa magistral novela Hans Castorp visita a su primo en el Berghof, sanatorio especializado en el tratamiento de enfermos con tuberculosis. Pero lo que habría de ser una corta visita se transforma en una estancia de siete años, cuando el joven Castorp se ve expuesto a los secretos de la enfermedad y la muerte. Lo que más atrae su atención es que, en su padecimiento, algunos de los pacientes se convierten en personas más sensibles y con mayor profundidad emocional, lo que contrasta con la superficialidad de muchos que gozan de plena salud.

El cónclave, que se inició ayer en Davos, coincide con la publicación del informe de Oxfam sobre desigualdad a escala mundial (oxfam.org). El estudio revela que el año anterior 82 por ciento de la riqueza generada en la economía mundial fue a parar a manos de uno por ciento de la población. En cambio, para la mitad más pobre del planeta (3 mil 700 millones de personas) los ingresos permanecieron sin cambio. Para Oxfam esta concentración de riqueza no es el signo de una economía saludable, sino el síntoma de un modelo que le ha fallado a miles de millones de personas que no pueden salir de la pobreza por medio de su trabajo.

El informe de Oxfam se apoya en datos duros de varias fuentes, incluyendo el Laboratorio sobre desigualdad mundial, de la Escuela de economía en París, creado por Thomas Piketty y Emanuel Sáez (wid.world). Entre sus recomendaciones principales para revertir este proceso de desigualdad creciente se encuentra el control y eliminación de la evasión fiscal y el incremento de los salarios.

Para Oxfam el problema medular es que la economía mundial se comporta como un modelo de crony capitalism, que puede traducirse como capitalismo de compadres o de connivencia. Esto permite a las grandes empresas beneficiarse de la evasión fiscal y los salarios de hambre que pagan. Sin embargo, aunque la crítica es certera, está basada en un diagnóstico muy superficial. Por ejemplo, el capitalismo no es un modelo, como dice Oxfam. Es un modo de producción (y consumo) históricamente determinado. Las grandes corporaciones, que tanto aparecen en el informe de Oxfam, son centros privados de acumulación de capital que se enfrentan en una encarnizada competencia por la rentabilidad. De ahí también la búsqueda sistemática de mecanismos para deprimir salarios.

Las recomendaciones de Oxfam están condenadas a languidecer como débil eco en los participantes de la reunión en Davos, cuando regresen a sus países en sus jets privados. Por ejemplo, Oxfam sugiere que los gobiernos deben funcionar en beneficio de toda la población en lugar de hacerlo para beneficio de las grandes corporaciones. Buena idea, pero eso ignora todo sobre la dinámica del capitalismo contemporáneo y, en especial, sobre la política macroeconómica neoliberal.

Para dar un ejemplo del ámbito de la política monetaria: uno de los temas clave ignorado por Oxfam se relaciona con el funcionamiento del sistema bancario. En ninguna parte de su estudio aparece un apartado que diga algo sobre los bancos comerciales privados y su función en la creación de dinero. Hoy sabemos que 95 por ciento de la oferta monetaria en cualquier país del mundo se compone de títulos de deuda creados por los bancos privados. Típicamente, los bancos centrales tienen funciones de regulación monetaria muy restringida y en última instancia son responsables de crear reservas cuando se las piden los bancos comerciales privados. El resultado final es un feudalismo monetario que tiene sojuzgada a la población mundial. Aquí las recomendaciones tendrían que ir más allá de la fallida regulación bancaria, que ni siquiera ha podido mitigar la rapiña del sistema de bancos sombra. Se necesita nacionalizar la actividad bancaria para recuperar así el control sobre la creación monetaria.

Davos es un buen sitio para una reunión de ricos y poderosos. Son las criaturas consentidas del sistema, como diría Settembrini, uno de los personajes de La montaña mágica que representa el legado intelectual humanista. Esas criaturas están enfermas de arrogancia y soberbia, pero a diferencia de los pacientes del Berghof, en su caso la enfermedad está hermanada con el delirio y la decadencia, no con esa mayor sabiduría que se requiere para resolver los graves problemas que hoy aquejan la sociedad humana.

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Cambio de época: Alemania abre sus reservas al yuan y reduce el dólar

Mar, 23/01/2018 - 10:00
Angela Merkel decidió mermar la sociedad estadounidense para afianzar su vínculo con el dinero chino. Pero también es un cambio geopolítico que ha forzado una realidad: el inestable Donald Trump gobierna en Washington DC y el estable Xi Jinping permanece en Beijing, aunque esto va más allá de los nombres. Es muy interesante observar cómo se ve desde Moscú, y el aporte fue de Hernando Kleimans:
Iván Danilov, Urgente 24

El Bundesbank concretó el paso siguiente en el proceso de “divorcio geopolítico” entre Alemania y USA. Sin ningún tipo de advertencia, el regulador central germano declaró que incluye el reminbi (yuan) en sus reservas de divisas y, lo que es especialmente importante, esto ocurrirá a cuenta de la reducción de la parte del dólar estadounidense.

Este gesto tiene claramente un trasfondo político, especialmente si se tiene en cuenta que todo el mundo occidental ahora espera con el corazón congelado una auténtica batalla diplomática entre Donald Trump y Ángela Merkel en el marco del Foro Económico Mundial en Davos. Las acciones del Bundesbank, que hasta este momento en un régimen acelerado efectuó la repatriación de parte de la reserva alemana de oro de las instituciones financieras norteamericanas, apuntan a que Europa está lista en la práctica a enseñar su capacidad de valerse sin las valiosas indicaciones y el “protectorado” de parte de USA.

Desde un punto de vista formal, el Bundesbank, por supuesto, es una organización independiente pero sus vinculaciones políticas con el gobierno de Ángela Merkel no son secreto para nadie. Las especiales características picantes de la situación están dadas por el hecho de que gracias a la posibilidad de “trolear” a Trump el BC alemán violó una norma no escrita: anunciar los cambios en las reservas sólo después de que ya hubiesen ocurrido. Sobre la inminente compra de yuanes por dólares el regulador notificó a la sociedad con anticipación.

Las acciones de Berlín en el frente de divisas deben ser analizadas en el marco de una tendencia más amplia al lento reformateo del sistema mundial de divisas. Hace dos semanas los medios estadounidenses y japoneses efectuaron un ataque informativo contra el reminbi/yuan, lanzando una serie de materiales analíticos que afirmaban que todos los intentos de China por lograr la internacionalización de su divisa fracasaron, aunque el FMI tuvo que incluir el yuan en su canasta de divisas.

“Las ambiciones de Beijing, vinculadas con el yuan (reminbi), aparecen como liquidadas definitivamente”, informó la agencia Bloomberg el 07/01. “La internacionalización del yuan perdió impulso”, repitió la agencia japonesa de información de negocios Nikkei.

Es evidente que existían determinados fundamentos para la malevolencia pues, pese a que el dólar estadounidense ocupa el 41,7% de la “canasta oficial de divisas del FMI”, su parte en las reservas mundiales de oro de los bancos centrales asciende al 63,5%, lo que refleja de una manera no proporcional la gran incidencia de la divisa norteamericana en el sistema financiero mundial. El objetivo final de esta campaña informativa fue el sabotaje de los intentos de China de lanzar el comercio del petróleo en yuanes en la bolsa de futuros de Shanghai. El mensaje soporte de los expertos estadounidenses fue el siguiente: “China no logró nada con el yuan y el FMI y esto significa que los futuros petroleros en yuanes también serán una plena desilusión. No hay que comerciar petróleo con yuanes. ¡Petrodólar para siempre!”.

Resulta ser que el banco central alemán con una pronunciada falta de ceremonia arruinó la velada en la que financistas y medios norteamericanos y japoneses festejaban ruidosamente el fracaso de la internacionalización del yuan. En su intervención en la conferencia de Hong Kong, Andreas Dombret, miembro del consejo de directores del Bundesbank declaró que parte de las reservas en divisas de la institución financiera central alemana será convertida a yuan pero no precisó la suma o el porcentaje de reservas. Luego otro miembro del consejo de directores del Bundesbank, Joachim Wuermeling, explicó a la agencia Reuters los motivos de un gesto inesperado: “La decisión sobre el yuan es parte de una estrategia a largo plazo y refleja el elevado papel de la divisa china en el sistema financiero mundial”, subrayó él.

Desde el punto de vista de Washington lo más desagradable en la declaración del Bundesbank es el enfoque a una diversificación de reservas a largo plazo, lo que de manera natural significa la debilitación del papel del dólar y la consecuente reducción del nivel de la demanda mundial para con él, en el caso de que otros jugadores sigan el ejemplo del banco central alemán.

Esto es especialmente importante si tomamos en cuenta los déficits gigantescos de presupuesto de USA, que aumentarán aún como mínimo en un billón de dólares debido a la reforma impositiva de Donald Trump: la maquinita de imprimir es un cómodo instrumento para emparchar los agujeros financieros en el presupuesto norteamericano gracias a que existe una demanda colosal de dólares fuera de USA. Si esta demanda no existiera o si ella se redujese fuertemente, los Estados Unidos tendrían que vivir de acuerdo con sus medios (cosa que ellos ya hace tiempo se olvidaron cómo se hace) o marchar por el camino hiperinflacionario de Zimbabwe.

En este sentido, precisamente las declaraciones del Bundesbank pueden tomarse por los estadounidenses como una amenaza a la estabilidad financiera o, cuanto menos, interpretarse como un marcador de una relación bastante hostil de parte de los financistas estatales alemanes. Es absolutamente evidente que ninguna acción del Bundesbank o del Banco Central europeo, que también hace relativamente poco informó sobre la compra de yuanes, puede por sí misma conducir a serios problemas para el sistema del dólar, pero es que esto no es necesario. Nadie quiere repetir el experimento de Muamar Gadafi, quien intentó “de un salto” sacar a toda África de la esfera del dólar y crear una unión monetaria panafricana sobre la base del oro y del petróleo. Es más, el sistema “dolarizado” no puede ser destruido de un solo golpe sin consecuencias catastróficas para el mecanismo financiero mundial y por eso los deseosos de su liquidación claramente pasaron a una táctica que, en forma condicional, puede llamarse “muerte por mil cortes”, es decir el desmontaje con ayuda de centenares de pequeños pasos, cada vez reduciendo levemente la demanda y el área de utilización de la divisa estadounidense.

Hasta el momento del derrumbe terminal del sistema del dólar sus oponentes continúan utilizándolo e incluso intentan extraer beneficios de esto. Por ejemplo, la misma China hace poco lanzó bonos estatales en dólares para demostrar que la demanda para con sus obligaciones de deuda no depende de las valoraciones de las agencias de rating norteamericanas. Y también para aliviar a las compañías chinas la atracción de créditos en dólares fuera de China. Las autoridades chinas esperan en crecimiento del PIB más bajo de los últimos 27 años: un modesto 6,5%.

El Banco Asiático de inversiones de Infraestructura, un proyecto chino, en esencia futuro competidor del Banco Mundial, está dispuesto a emitir bonos en dólares para financiar los proyectos en Asia y en los países BRICS (Brasil Rusia India China Sudáfrica). Durante 2017 un número récord de compañías chinas se posicionó en colocaciones primarias públicas en la bolsa neoyorquina, vendiendo sus acciones en dólares norteamericanos. Esto no significa que se suprimió la “desdolarización”. Esto significa que para China es importante utilizar eficientemente el actual sistema financiero mundial antes de que la estructura alternativa sea plenamente funcional. En este sentido, inequívocamente vale la pena aprender de China.

La alemana démarche de yuanes sin duda es conveniente para Rusia y no sólo debido a la debilitación del sistema del dólar en su integridad. Las acciones del Bundesbank son el reflejo del conflicto político entre Europa y USA, y el desmoronamiento del “Occidente colectivo” alivia seriamente la promoción de los intereses económicos rusos y el trabajo de los diplomáticos rusos. Vale incluso señalar especialmente la declaración de Joachim Wuermeling, el citado miembro del consejo de directores del Bundesbank, quien subrayó que los directivos del regulador central alemán “consideran la inversión en otras divisas”, además del yuan.

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Gramsci y Sraffa, la relación entre dos comunistas rebeldes

Lun, 22/01/2018 - 07:01
Sergio Cesaratto, Sin Permiso

La figura de Piero Sraffa es en gran parte desconocida para el público italiano, incluso los más cultos; poco más afortunada es la de Antonio Gramsci. Sin embargo, son los dos científicos sociales más extraordinarios de los que Italia puede vanagloriarse del siglo XX. El libro de Giancarlo De Vivo (En la tormenta del siglo XX - Antonio Gramsci y Sraffa entre la lucha política y la teoría crítica, Castelvecchi, 2017) hace luz sobre la interacción intelectual, política y humana que se estableció entre los dos en situaciones dramáticas en el siglo XX, como indica el acertado título del libro, que no solo está dirigido a académicos y "expertos", sino que es de gran interés para cualquier lector culto.

Gramsci y Sraffa se conocieron, como es sabido, en el Turín de la inmediata posguerra, y ambos eran discípulos de Umberto Cosmo (como Terracini y Togliatti). Los períodos más intensos de sus relaciones tuvieron lugar tanto en Turín (1919-1921) como en Roma (1924-1926). Pero nunca se interrumpió el contacto, incluso en el período de 1921-1924 en el que Sraffa primero (en Londres) y luego Gramsci (en Moscú) estuvieron ausentes de Italia. Desde Londres, Sraffa continuó colaborando con “Ordine Nuovo”. Después de la detención de Gramsci en noviembre de 1926, Sraffa sirvió de enlace con el Partido Comunista italiano en el exilio. Hasta la puesta en libertad condicional en 1934 de Gramsci, Sraffa solo pudo encontrarse con él una vez en 1927, y solo pudieron mantener correspondencia de manera indirecta a través de la cuñada del preso, Tatiana Schucht.

Sólo a partir de enero de 1935 pudo Sraffa visitar a su amigo en otras siete ocasiones. Sobre la última, a finales de marzo de 1937, Tatiana escribe (p. 17 del libro de De Vivo) que "ya es la tercera vez que Antonio recibe su visita, mañana y tarde... Su alegría me toca infinitamente, y su solicitud sincera de que el amigo escuche todo lo que quería decirle, y él mismo escuchar. Estas conversaciones es verdad que le cansan mucho, pero son para él tan importantes como el aire que respiramos".

Gramsci no será el único en experimentar una gran satisfacción en sus conversaciones con Sraffa; basta recordar sus encuentros semanales con Wittgenstein en Cambridge, y la afirmación de este último de que salía de cada conversación con Sraffa como un árbol podado. De Vivo nos da una idea de las conversaciones con Gramsci, cuyo componente humano es palpable en las palabras de Tatiana, de las que hablaremos más adelante. De Wittgenstein (y de Gramsci), Sraffa admirará el rigor de la investigación llevada al extremo: el economista admiraba sobre todo la honestidad, el rigor y la curiosidad intelectual.

Las cartas (primer capítulo)

La correspondencia de Sraffa con Tatiana es el medio con el que el economista (desde 1927 en Cambridge) se comunica con Gramsci. Recibe de la cuñada de Gramsci copia de las cartas del preso, y las remitirá al centro en el extranjero del Partido Comunista italiano en París. Sraffa sigue en persona tanto las iniciativas legales para la liberación de Gramsci (hasta el punto de atribuirse en alguna carta el título de abogado), a través de conocidos de su padre, antifascista y ex rector de Bocconi, como (aparentemente) las ilegales. A la luz de los profundos lazos entre Gramsci y Sraffa parece, por tanto, sorprendente que el papel del economista italiano fuese, como recuerda De Vivo, poco conocido durante mucho tiempo, casi oculto, y es sólo desde mediados de los años sesenta cuando comienza a emerger. Y, por desgracia, al salir a la superficie también comienzan a florecer las inferencias más variadas, a menudo no documentadas, sobre el papel de intermediario de Sraffa entre Gramsci y el Partido. En resumen, la acusación es que Sraffa había actuado como un agente del PCI, incluso de la Comintern, en estrecho contacto con Stalin y Togliatti. Desafortunadamente, algunos académicos reconocidos como Luciano Canfora se habrían prestado a este juego. La imagen que surge de la reconstrucción documental que hace De Vivo en el primer capítulo del libro es más bien el de un comportamiento extremadamente correcto de Sraffa, no solo en relación con el Partido sino, sobre todo, con su amigo en la cárcel, sin escatimar todos los esfuerzos posibles para su liberación y, al mismo tiempo, para aliviar su sufrimiento material e intelectual.

También está la cuestión de la famosa carta de Ruggero Grieco. Como tal vez los lectores sabrán, en 1928 la policía secreta fascista interceptó una carta del líder comunista exiliado dirigida a tres dirigentes presos, Terracini, Scoccimarro y Gramsci. Al mostrar que los tres eran miembros aún activos en la toma de decisiones del partido, esta carta podía ser un factor agravante de su situación en el inminente juicio ante el Tribunal Especial al que se enfrentaban. Gramsci fue inmediatamente aislado y sospechó de este descuido del Partido, volviendo sobre el tema cinco años más tarde en dos cartas a Tatiana, en las que explicaba sus atormentadas dudas de que la carta de Grieco hubiese sido enviada deliberadamente para agravar su situación. Y ¿quién, sino Togliatti? Tal era la confianza de Gramsci en Sraffa, que le pide a Tatiana que sus dos cartas sólo sean enviadas al ‘abogado' (y, por lo tanto, no al partido).

Determinar si Sraffa respetó o no la voluntad de su amigo es, pues, esencial, sobre todo cuando los buitres habituales han argumentado que este deseo no se cumplió. La reconstrucción de De Vivo, en lo que hace a este punto apasionante (aunque el libro en su conjunto lo es sin duda), documenta paso a paso, y de una manera que me parece incontrovertible, como Sraffa honró esa voluntad sin lugar a dudas. En concreto, Sraffa en los años setenta todavía estaba en posesión de las dos cartas de marras (las copias que le envió Tatiana), junto con veinte cartas sucesivas que, evidentemente, Sraffa había dejado de remitir al Partido. Un material que el Partido recibió por otros medios, en concreto de las autoridades soviéticas que heredaron los originales guardados por Tatiana. ¿Por qué Sraffa, se pregunta uno, no sólo respetó la voluntad de Gramsci de no entregar las dos cartas, sino tampoco las posteriores? De Vivo sugiere la hipótesis de que como consecuencia del incidente de Grieco (y otros "descuidos" posteriores), incluso Sraffa sospechaba cada vez más del Partido, una hipótesis apoyada en 1983 por Giorgio Napolitano, que después de la Segunda Guerra Mundial fue el vínculo entre el Partido y Sraffa. Este último, dice De Vivo, nunca rompió con el Partido (del que, sin embargo, no era miembro). Por su parte, Togliatti mantuvo deliberadamente en la sombra la figura de Sraffa durante más de treinta años, hasta el punto de manipular una carta importante de Tatiana a Sraffa, en la que relata el final de Gramsci, presentándola como dirigida "a su esposa y sus compañeros”. La actitud de Togliatti solo cambió cerca de su muerte, de manera que a mediados de los años sesenta se publicaron finalmente las dos cartas de Gramsci en las que se refería al incidente de Grieco (las que estaban en posesión de Togiatti, según se ha podido saber, no las de Sraffa), abriendo el debate en el marco de la discusión de si Gramsci pudo romper con el Partido Comunista en relación con la posición de la dirección soviética, que posteriormente apoyó la consigna de una asamblea constituyente democrática defendida por Gramsci contra la línea del Partido (al respecto ver un artículo de Leonardo Paggi de 1966 que despertó las iras de Amendola). La dirección comunista comenzó en ese momento a sospechar que Sraffa poseía más documentos de Gramsci, iniciando una caza del ratón que sólo tuvo éxito, después de mucha persuasión, en 1974, cuando Sraffa (que estaba empezando a perder la memoria) les entregó los documentos aún en su poder. Pero, como hemos dicho, dicho material estaba ya en posesión del Partido, e incluso se había publicado. En un apéndice del capítulo de De Vivo se desmontan las posteriores acusaciones de Canfora contra Sraffa en relación a la infame carta de Grieco. La pregunta es porque unos intelectuales respetables, más allá de los buitres, han tenido interés en Italia en ensuciar la figura cristalina de Sraffa. ¿Qué les molesta de Sraffa?

El materialismo de las ideas (segundo capítulo)

Sraffa mantuvo relaciones de intercambio intelectual profundas con algunos de los pensadores más brillantes de Cambridge, entre ellos el genio matemático Frank Ramsey, que murió prematuramente a los 26 años, y, por supuesto, Wittgenstein y Keynes. Por desgracia, conservamos escasos fragmentos de las largas conversaciones en las que sometían a la navaja de Sraffa sus teorías (probablemente más que a la inversa). Las conversaciones con Wittgenstein, según Amartya Sen, al que se refiere De Vivo, podían llegar a irritar en algunas ocasiones a Sraffa por su abstracción en comparación con las que tenía, más concretas, con Keynes. La distancia entre los dos economistas era naturalmente considerable, tanto en política como en economía, hasta el punto de que en 1951 Sraffa escribió a Dobb que Keynes era un "reaccionario". En realidad, dice De Vivo, a Sraffa le afectó mucho la muerte del gran economista en 1946. El genio de Sraffa se puede medir por el hecho de que Keynes consideraba un test las “extenuantes” críticas de Sraffa a los borradores de la Teoría General, y que Dennis Robertson, ex alumno de Keynes, más tarde inquisidor de la ortodoxia y revisor muy crítico de la Teoría general, agradeciese a Sraffa sus sugerencias, atribuyéndole en la práctica la autoría de gran parte de las críticas. Sraffa, “un misterio absoluto" como le define Richard Kahn (Pág. 82), un Zelig de la inteligencia, capaz de ayudar a aclarar puntos de vista opuestos, el de Keynes y los de sus críticos, en una avidez extrema de rigor.

Tampoco conocemos mucho sobre las conversaciones con Gramsci. Sin embargo, su opinión sobre Benedetto Croce es posible que les haya distanciado: Sraffa estaba decididamente a favor de la ciencia moderna, por la que tenía curiosidad, y creía que el idealismo de Croce era nocivo: "Es un hecho curioso que en la cultura de todos los italianos cultos hay un gran agujero: la ignorancia de las ciencias naturales. Croce es un caso extremo, pero típico. Los filósofos creen que, cuando han demostrado que los científicos serían dignos de suspender vergonzosamente en filosofía, su tarea ha terminado” [carta a Tania 23 de agosto de 1931, citado en la p.96).

Inicialmente interesado sobre todo en los problemas de la economía y las finanzas aplicadas (lo que lo enfrentó personalmente a Mussolini en no menor medida que Gramsci), a mediados de los años veinte Sraffa comenzó a interesarse en temas de teoría económica y se orientó a una carrera académica, lo que será la aventura intelectual de su vida y se convertirá en el desafío teórico más importante al marginalismo en el siglo pasado, junto al de Keynes. Eso no impidió que Sraffa siguiese manteniendo contactos políticos, no sólo con el Partido Comunista, sino también a mediados de los años veinte con la izquierda reformista, de Turati a Kuliscioff, de Rosselli a Gobetti. Por otra parte, Sraffa sufrió duros reproches de Gramsci y Togliatti por apoyar una línea de unidad de las fuerzas antifascistas en contraposición al sectarismo comunista, sin que por ello disminuyese la confianza del primero en él.

¿De que discutían hasta "tarde en la noche" Gramsci y Sraffa en Roma en el período 1924-1926? Inevitablemente, del estado insatisfactorio de los estudios económicos marxistas - sobre los que Gramsci emitió un severo juicio en los Cuadernos, compartido por Sraffa (p 119). Hay que recordar que sólo unos pocos años más tarde, en 1928, Sraffa comenzó a tener una idea bastante clara de la necesidad de reanudar el análisis de los clásicos y de Marx, que le absorbería en las próximas décadas. Por lo tanto, el mismo Sraffa vivía todavía el vasallaje intelectual común a muchos marxistas (pp. 104-7) en relación al marginalismo, representado en particular por la figura de Alfred Marshall, a pesar de las críticas muy severas que había formulado en dos artículos memorables en 1925 y 1926. Las discusiones de Sraffa con su amigo en la cárcel con respecto a los estudios económicos no tuvieron por otra parte grandes efectos (p. 115). Hubiera sido útil para el lector en este caso que De Vivo hubiera profundizado en las ideas que se apuntan de las cartas y en los Cuadernos, confrontándolas con interpretaciones anteriores, como las de Giorgio Lunghini (1994). Y en la interpretación del materialismo histórico, según De Vivo, los dos investigadores encontraron un terreno de elaboración común. En particular, el autor cita un pasaje de 1932 debido a Maurice Dobb, pero inspirado por Sraffa, en el que, en un punto clave, se habla de las "ideas" como "parte de la historia, que son 'hechos' de la experiencia histórica no menos que las invenciones mecánicas y [sic] las relaciones de propiedad, y entran en el proceso histórico de la misma manera que otros 'hechos'". Este "marxismo indisciplinado" de Sraffa (e indirectamente de Gramsci) fue objeto de acusaciones de "perversión idealista" de la célula del Partido Comunista de Cambridge, a las que Dobb respondió con irritación que el punto había sido inspirado por un camarada extranjero con una gran cultura marxista y mucho más involucrado en actividades revolucionarias (incluso ilegales) que los militantes de salón de la célula (p. 126).

El redescubrimiento de Marx

Como se ha señalado, De Vivo describe muy bien la situación intelectual del marxismo de los años veinte: una especie de división del trabajo en la que se aceptaba el análisis económico burgués como un análisis científico respetable de los problemas económicos concretos, relegando el marxismo a las “grandes leyes del movimiento del capitalismo”. Esta división de trabajo continuó en el PCI (y en el marxismo internacional también) más allá de los años veinte, al menos hasta la austeridad berlingueriana, cuando se abandonó el cuerno del marxismo dejando sólo el otro, la teoría económica burguesa. La economía crítica no fue materia prima fundamental del PCI, como por desgracia tampoco lo es hoy en día en su reformulación como farsa electoral. Que este fuera el camino que Sraffa recorrió hasta 1928 para liberarse del marginalismo y recuperar el punto de vista de los economistas clásicos y de Marx, en especial la teoría de la plusvalía (v. Cesaratto 2016) es objeto de controversia. En resumen, ¿Sraffa se inspiró en y se guió por Marx o recorrió un camino más complicado que culminó en una especie de redescubrimiento de Marx? La cuestión es delicada en dos aspectos. El primero, analítico en el sentido de que, como escribió el economista turinés, la vía para alcanzar una meta es a menudo más importante que el propio destino. Reconstruir y rehacer ese camino no es en realidad un mero ejercicio de historia del pensamiento, sino que significa volver sobre el proceso de catarsis de las ideas erróneas que se ramifican en todos los rincones de nuestra mente (según la famosa expresión de Keynes) y el no menos arduo de vislumbrar un nuevo punto de vista. El segundo, es más político en el sentido de que una derivación marxista directa del enfoque clásico expone a Sraffa a la acusación sutil, por ejemplo de Paul Samuelson, de haber sido un gran economista, pero desafortunadamente alentado por el deseo de validar a toda costa a Marx.

En un apéndice del segundo capítulo, De Vivo recupera lo que había defendido en algunas intervenciones científicas, en particular, nos guste o no, que fue El Capital de Marx la guía de Sraffa (en particular, el segundo volumen y el llamado cuarto volumen dedicado a la Historia de las Teorías de la Plusvalía). Evocando implícitamente el contexto esquizofrénico descrito por De Vivo, para el que en los años veinte se podía ser marxista defendiendo al mismo tiempo la validez del aparato marginalista de fijación de precios a través de las curvas de oferta y demanda; aunque más compleja es la posición de los que creen que hay una continuidad entre los famosos artículos de 1925 y 1926 de Sraffa sobre la teoría de los precios en Alfred Marshall (el marginalista más influyente) y posteriores avances. En particular, Sraffa rastrea en Alfred Marshallla la idea según la cual, con rendimientos constantes a escala, solo el coste determina el precio de los bienes. Sobre la base de esta sugerencia, Sraffa trata sucesivamente de anclar la determinación de los precios y la distribución de los elementos materiales (objetivos) desarrolladas en las teorías de la plusvalía del tardo mercantilista William Petty y los fisiócratas franceses, en lugar de en los conceptos subjetivos de "esfuerzo y sacrificio" de los marginalistas o en la teoría del valor trabajo de Ricardo y Marx (ésta último habría retenido casi un enfoque corrompido de la aproximación materialista del cálculo de la plusvalía de los autores precedentes a favor de una idea semi-ética del valor de la mercancía, ver en este sentido el estupendo ensayo de Saverio Fratini de 2016).

Una vez redescubierto este punto de vista materialista para sus ecuaciones, Sraffa retornó a Marx juzgando más amablemente la teoría del valor trabajo como el intento de Ricardo y Marx de desarrollar el enfoque de la plusvalía de manera original y fructífera , incluso dentro de los límites de esa teoría. El hecho de que, sin embargo, el valor-trabajo fuese una mala fundación, como ya sabían Ricardo y Marx, fue utilizado por uno de los fundadores del marginalismo, Boehm- Bawerk para atacar El Capital, predisponiendo la subordinación del marxismo al "más científico marginalismo”, que evoca De Vivo apropiadamente en su libro. El legado teórico más importante de Sraffa al pensamiento marxista y democrático es, por tanto, el haber roto esa subordinación y la esquizofrenia entre marxismo y marginalismo ilustrada por De Vivo. La cuestión del recorrido realizado por Sraffa en aquellos años decisivos permanece, naturalmente, abierto. Hubiera sido un enriquecimiento, en este sentido, que De Vivo hubiera mencionado la existencia de otras interpretaciones autorizadas.

Una figura molesta

Por lo tanto, la trayectoria de Sraffa es intelectualmente fascinante y está profundamente inmersa en la historia del corto Siglo XX, y en la del marxismo y la economía política. El libro De Vivo es en este sentido estricto no solo una lectura rigurosa sino absolutamente convincente. Una reflexión final sobre el impacto lamentablemente marginal de Sraffa en la cultura italiana hubiera sido interesante para el lector. La herencia de Sraffa en los estudios económicos sigue bien viva, y su escuela es una de las más vibrantes entre las heterodoxas - pero incluso en este caso, sin embargo, se ve a menudo marginada a favor de teorías menos coherentes. Los espacios para el pensamiento crítico en la economía, sin embargo, se han restringido drásticamente, y predominan los ‘bocconiani’ [de la Universidad Bocconi de Milán, “acríticos”, ndt] en todas las tendencias, a pesar de que la crisis ha demostrado dramáticamente su inconsistencia científica. El libro de De Vivo es importante en este sentido para sensibilizar a toda la cultura italiana de la necesidad de proteger la libertad de investigación económica, no sólo para defender el legado científico que es todo italiano, interdisciplinario, democrático y antifascista, sino porque sólo a partir de ahí, y del legado de Keynes, podrá surgir una nueva y más fructífera ciencia económica que supere el penoso autismo de la teoría dominante. En un momento de decadencia de nuestro país, ha llegado el momento de que Italia redescubra la talla humana e intelectual de Gramsci y Sraffa.


Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Francisco, el papa, entre pederastas y genocidas

Sáb, 20/01/2018 - 11:09

Marcos Roitman Rosenmann, La Jornada

La Iglesia chilena es una de las más conservadoras del continente. Su participación en el golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende la escoró más. Un tedeum en la catedral de Santiago elevó a los golpistas a la condición de salvadores de la cristiandad. Los escándalos durante décadas afectan a todas las congregaciones, ninguna está exenta de casos de violación a menores. Salesianos, maristas, dominicos, legionarios, jesuitas, Opus Dei. Existe un centenar de casos documentados.

La institución niega y considera las acusaciones, insidias para socavar la labor pastoral de sus miembros. Aún abiertas las heridas del prelado Fernando Karadima, durante años violando menores, el papa Francisco no ha querido reunirse con sus víctimas. Se ha limitado a pedir perdón. Karadima sigue siendo sacerdote. En sus 50 años de oficios religiosos amasó una gran fortuna personal. Condenado por pederastia, oficia misa a pesar de estar inhabilitado. Igualmente, resulta significativo que el papa Francisco reniegue de las acusaciones por encubrimiento de quien fue discípulo de Karadima, Juan Barros Madrid, hombre de confianza del Papa, nombrado obispo de Osorno. No menos impactante ha sido el nombramiento del ex arzobispo de Santiago, miembro del consejo cardenalicio, Javier Errázuriz Ossa, amigo personal de Pinochet, anticomunista declarado, en la actualidad empeñado en desarticular toda acción pastoral ejercida desde la Teología de la Liberación. Enemigo acérrimo de la Iglesia de los pobres, ha patrocinando querellas contra los sacerdotes militantes de la Iglesia de la opción por los pobres y del Cristo de los condenados de la Tierra, José Aldunate, Mariano Puga y Felipe Berríos.

Sin embargo, la Iglesia chilena cuenta con el apoyo de la clase política para realizar sus fechorías. La Democracia Cristiana, principal partido político durante décadas, hoy en declive, de ideología católica practicante, se alineó con las posiciones más reaccionaras del clero, siendo su correa de trasmisión. En cuanto a sus propiedades y bienes, el Episcopado posee canales de televisión, universidades, editoriales, centros comunitarios, clubes deportivos, clínicas privadas, instituciones seglares, colegios, agroindustrias y una red de empresas dedicadas a la divulgación de la fe. No hablemos de la riqueza acumulada gracias a las prerrogativas concedidas por el Estado. No paga contribuciones. Por ley se le exime del IVA. Tampoco necesita desembolsar dinero a la hora de los envíos postales. Todo lo que entra a sus arcas se convierte en patrimonio. Igualmente, su influencia se hace sentir a la hora de evitar que sean juzgados los capellanes militares y sacerdotes que prestaron colaboración en las sesiones de tortura durante los años de la dictadura.

La Iglesia católica se inhibió de investigar los casos de sacerdotes asesinados, torturados y desaparecidos, como Joan Alsina (31 años), Miguel Woodward (42), Antonio Llidó (38) y los fusilados Andrés Járlan (43) y Gerardo Poblete (31).

La Iglesia chilena no pasa por sus mejores momentos. La visita de Francisco precede la realizada por el papa polaco Juan Pablo II, hoy declarado santo por sus milagros, tal vez por transformar curas violadores y pederastas en hombres del señor, libres de polvo y paja. Su periplo está lleno de contradicciones. Mientras predica austeridad, critica el liberalismo económico, el consumo exacerbado, se manifiesta contra el calentamiento global y llama a una revangelización, no alude al coste de más de un millón de dólares desembolsado por el Estado chileno para sus fastos y mítines, además de la seguridad.

Guarda silencio ante la represión ejercida por el Estado chileno contra el pueblo mapuche. Su misa en Temuco contó con la acción de las fuerzas armadas y de Carabineros limpiando el terreno, deteniendo a los lonkos de las organizaciones del pueblo mapuche. El cordón de seguridad le garantizó una misa tranquila, con mapuches ad hoc, complacientes y sumisos. Así se ocultó el comunicado de la Conferencia Internacional de Pueblos Indígenas en cerro Ñielol, en el cual se señala: Los representantes de los pueblos indígenas ratificamos nuestros derechos colectivos, como a la libre determinación, hasta la conformación de un autogobierno. Asimismo, reafirmamos el derecho de restitución de las tierras usurpadas, exhortaremos a los estados y, en especial, a Chile, Argentina, el Vaticano y las iglesias a que depongan su política de colonialismo y domesticación con los pueblos indígenas. Exigiremos perdón del papa Francisco por los crímenes de genocidio y por la toma, confiscación y ocupación de los territorios y los recursos de los pueblos indígenas.

Al igual que sucedió con Juan Pablo II, Francisco hizo oídos sordos, llamó, como no podía ser de otra manera, al diálogo, sin mencionar el acoso, violación, asesinato y encarcelamiento de los dirigentes mapuches, donde no se respeta el habeas corpus. Calló ante las campañas contra el portavoz de la Coordinadora Arauco-Malleco, Héctor Llaitul.

Bergoglio ha tenido que hacer frente, en Santiago, Temuco e Iquique, ciudades visitadas, a manifestaciones de protesta por su actitud condescendiente con el poder, el silencio guardado frente a las demandas de justicia y su actitud protectora de una Iglesia, como la chilena, sumida en la corrupción y el descrédito. Su visita, sin tomar partido por la justicia social y denunciar a sus prelados, resulta irrelevante. Y ahora, en Perú, ¿rogará por el alma de Fujimori?Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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“Fracturas, temor y fracasos”: las élites globales miran firmemente al abismo

Ven, 19/01/2018 - 10:10
Bill Van Auken, wsws

La próxima semana, 2.500 banqueros, administradores de fondos de inversión, CEOs corporativos, funcionarios estatales y celebridades se reunirán nuevamente en el complejo alpino suizo de Davos para el Foro Económico Mundial (WEF, siglas en inglés)

Pagando US$55.000 de admisión por persona, uno podría asumir que los representantes de la oligarquía financiera y corporativa y los otros representantes tienen mucho qué celebrar.

El índice de Bloomberg Billionaires (multi-millonarios) publicado el mes pasado indicó que las fortunas de los 500 individuos más ricos del mundo —muchos de los cuales estarán presentes— aumentaron 23 por ciento en conjunto el año pasado, haciéndolos $1 billón de dólares más ricos que a fines del 2016. Desde entonces, les han seguido lloviendo sumas así de obscenas de dinero, con el índice bursátil cerrando en 26.000 puntos el miércoles, después de su aumento de 1.000 puntos más rápido en la historia.

Sin embargo, el principal reporte en el que se basarán los cuatro días de reuniones y discusiones a puerta cerrada ofrece el retrato de una élite gobernante mundial viviendo con un miedo mortal de que el recrudecimiento de las crisis económicas y sociales, ante todo la amenaza de otra guerra mundial y revolución social, vaya no solo a despojarlos de sus riquezas, sino de sus cabezas.

Bajo el título “Fracturas, temores y fracasos”, el informe del WEF sobre riesgos globales (Global Risks Report) incluye subtítulos como “La parca en cosecha”, “La muerte del comercio”, “Las hebillas de la democracia”, “La extinción de la precisión”, “Al abismo”, “Los temores de un Armagedón ecológico” y “Guerra sin reglas”.

El reporte fue compuesto con base en una encuesta de cerca de 1.000 banqueros y ejecutivos empresariales, funcionarios estatales y académicos, que encontró que el 93 por ciento de ellos teme que se empeoren los confrontamientos entre las principales potencias durante el 2018. El 79 por ciento prevé una mayor amenaza de un conflicto militar “de un Estado contra otro”. El informe cita tanto el enfrentamiento entre Estados Unidos y Corea del Norte, el cual presenta el mayor riesgo de una guerra nuclear desde el ápice de la Guerra Fría, así como la trama cada vez más compleja de conflictos interestatales producidos por la intervención militar de Washington en Irak y Siria.

Los temores de una guerra mundial son bien fundados. El mes pasado, el presidente estadounidense, Donald Trump, presentó su estrategia de seguridad nacional, donde ataca a Rusia y China como “potencias revisionistas” que obstaculizan la aserción de EUA de su hegemonía global. Además, plantea una política de un primer ataque agresivo nuclear, incluso contra adversarios que estén empleando armas convencionales o cibernéticas.

Esta política ha sido elaborada más profundamente por la postura estratégica nuclear que será presentada este mes por Trump, donde solicitará el desarrollo de armas nucleares más pequeñas y “utilizables” para desplegarlas a destacamentos en el este de Europa y Asia, lo que vuelve todavía más posible una conflagración global de escala total.

La reunión de este año en Davos, sellada y rodeada por miles de efectivos policiales y militares, se verá eclipsada por la presencia de Donald Trump, el primer presidente estadounidense que llega desde Bill Clinton, hace 18 años. Sus asistentes anunciaron que Trump planea dar su típico discurso de “América ante todo” durante la sesión final.

Pese a que el discurso de Trump pueda presentar un desafío directo al eslogan del foro de este año —“Creando un futuro compartido en un mundo fracturado”—, será tan solo otro de los más nocivos síntomas del hendimiento del marco existente de la economía y política internacional, aconteciendo bajo el peso de las cada vez más profundas contradicciones y la inhabilidad de los distintos rivales del Estado capitalista a crear un nuevo “futuro compartido” o reparar las fracturas que dividen al mundo.

Los contenidos del reporte de riesgos del WEF apuntan a un capitalismo global sumido en una crisis profunda e irresoluble.

El documento menciona que, mientras que se muestran positivos los “principales indicadores económicos”, es decir, la fuerte alza en los precios de las acciones bursátiles que han engordado los portafolios de los inversionistas que estarán en Davos, esto solo “encubre la continuación de las preocupaciones subyacentes”.

“Esta ha sido la más débil recuperación registrada tras una recesión”, indica el reporte, y añade “El crecimiento de la productividad permanece extrañamente débil”.

La economía capitalista global se ve acechada por “los insostenibles precios de los activos, tras ocho años de una racha financiera alcista en el mundo; niveles altos de endeudamiento… y fuertes presiones en el sistema financiero global”.

En una sección intitulada, “Al abismo”, el informe hace la siguiente advertencia: “Contra el trasfondo de conflictos políticos internos e internacionales —y con los formuladores de las políticas económicas navegando aguas inexploradas— el estallido de otra crisis financiera global podría abrumar la respuesta política y las políticas consiguientes. Un colapso sistémico del tipo que fue evitado en el 2007-2008 podría empujar a países, regiones, o incluso al mundo entero sobre el precipicio y a un periodo de caos”.

“El recrudecimiento de las tensiones militares”, “las acumulaciones militares”, “los conflictos indirectos” y los múltiples “focos de conflicto” son mencionados como amenazas de guerras, pero el documento luego remata con advertencias sobre el peligro de la intensificación de las tensiones sociales en todos los países capitalistas.

“En muchos países, la tela social y política se ha visto severamente desgastada por los años de ingresos reales estancados”, dice, aludiendo a cifras sobre la desaceleración de los salarios y el veloz aumento de la desigualdad social.

“Los niveles de deuda personal, acoplados con ahorros y pensiones inadecuadas, son una de las razones por las que se puede esperar que las frustraciones se profundicen en los próximos años,” establece el reporte.

Además, menciona que el informe del 2014 advertía que uno de los mayores riesgos a nivel global era el alto nivel de desempleo juvenil, siendo tan alto que atentaba con crear una “generación perdida”. El reporte nota sin atavíos que los millones de jóvenes sin trabajo podrían provocar “enfrentamientos intergeneracionales por las políticas relacionadas a impuestos y al mercado laboral”.

Las inquietudes por las divisiones sociales explosivas van de la mano con una sección del documento dedicada a las preocupaciones que conciernen el Internet. Bajo el título “Fuegos digitales salvajes”, denuncia “el uso intencional de las redes sociales para extender la desinformación”, i.e. la develación de las verdaderas condiciones que enfrentan los trabajadores en cada país, calificándolo como un desafío a la “gobernabilidad global”. El reporte aplaude las medidas de Google, Facebook y varios Gobiernos para reprimir por medio de una censura directa la “desestabilizadora desinformación en línea”.

Las conclusiones políticas del reporte son particularmente impactantes:

“La democracia ya está mostrando signos de desgaste en cara a las problemáticas económicas, culturales y tecnológicas. Es posible un daño mucho más profundo: pueden colapsar los órdenes sociales y políticos. Si un país dividido uniformemente ve posiciones polarizadas cada vez más rígidas en una contienda en la que el vencedor se lo lleva todo, el riesgo aumenta de que los debates políticos den paso a formas de secesión y confrontaciones físicas. Bajo estas circunstancias, se podría llegar a un punto de inflexión. Un espiral de violencia podría desencadenarse, particularmente si las autoridades públicas pierden el control y luego intervienen a favor de un lado con una fuerza desproporcional. En algunos países —con un acceso fácil a armas o una historia de violencia política— se podría detonar un conflicto civil armado. En otros, el Estado podría imponer su voluntad a la fuerza, con posibles consecuencias que reverberarán por un largo tiempo: un estado de emergencia, la suspensión de libertades civiles, incluso la cancelación de elecciones para proteger el orden público”.

En otras palabras, la oligarquía financiera global se reunirá en el exclusivo y pintoresco resort alpino en Davos para discutir francamente las posibilidades de una nueva guerra mundial, la erupción de guerras civiles a raíz del recrudecimiento de las contradicciones sociales y la imposición de dictaduras policiales-estatales.

Lo que describe el reporte del WEF son condiciones ya visibles en Estados Unidos y en todas las principales naciones capitalistas.

En 1938, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, León Trotsky escribió que la clase capitalista “se desliza con ojos cerrados hacia una catástrofe económica y militar”. Mientras que el reporte de riesgos del WEF sugiere que al menos algunos elementos de la élite gobernante de hoy perciben tal catástrofe en el horizonte, tienen tan poca discreción como sus antepasados hace ochenta años para prevenirla.

Esta situación suscita con gran urgencia que la clase obrera formule su propia respuesta estratégica e independiente a la crisis capitalista mundial, con base en la perspectiva de aunar a los trabajadores de todos los países en una lucha en común para reorganizar a la sociedad sobre cimientos socialistas.
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Teoría macroeconómica: la bisagra y la hegemonía neoclásica

Mér, 17/01/2018 - 09:11
Alejandro Nadal, La Jornada

En los años anteriores a la crisis financiera de 2008 parecía existir un consenso entre los economistas de las más prestigiadas universidades y oficinas de gobierno. Eran los años de la llamada Gran Moderación, frase acuñada por Alan Greenspan para denotar la época en que por fin las crisis habían sido vencidas.

El consenso giraba alrededor de un edificio teórico derivado del monetarismo y de una clase de modelos macroeconómicos que conforman la llamada Nueva Macroeconomía Clásica. Sus dogmas los conocemos de sobra: estabilidad y eficiencia de los mercados. El predominio de esta construcción de teoría macroeconómica clásica excluía la posibilidad de una nueva crisis. Era como si Keynes y sus lecciones sobre la inestabilidad intrínseca de cualquier economía capitalista nunca hubieran existido. Los economistas que mantenían posturas distintas pasaron al rincón de los heterodoxos y fueron sistemáticamente marginados.

Pero al detonar la crisis de 2008 los responsables de la política macroeconómica en Estados Unidos rápidamente adoptaron posturas basadas en los principios keynesianos y, en especial, en los relacionados con el empleo de la política fiscal para rescatar el sistema bancario y contrarrestar la caída en la demanda agregada. La aplicación de un fuerte estímulo fiscal para salvar a los bancos y reactivar la economía fue el curso de acción utilizado en Estados Unidos entre los años 2008 y 2010. En Europa, la política fiscal también jugó un papel importante para auxiliar a las instituciones financieras que se encontraron en dificultades después del colapso del banco de inversión Lehman Brothers (septiembre 2008) y algo menos para apuntalar la demanda agregada en la economía real.

Tanto en Estados Unidos como en Europa el regreso al empleo de la política fiscal se llevó a cabo muy rápidamente, contradiciendo los dogmas que consagraban el predominio de la política monetaria sobre la fiscal. En el contexto de los años 2008-2011, la política fiscal se convirtió en el instrumento por excelencia para la intervención macroeconómica. La prensa económica y de negocios calificó este proceso de renacimiento del keynesianismo.

Pero el cambio repentino en favor del empleo de la política fiscal no duró mucho tiempo. En los países que habían comenzado a aplicar una política fiscal contracíclica, el déficit fiscal también había aumentado de manera significativa. A partir de 2011 volvió a ganar importancia el llamado en favor de la austeridad fiscal para mantener una mayor credibilidad. Así que el renacimiento del keynesianismo duró poco y muy rápidamente le siguió el regreso a la fe ciega en la austeridad fiscal.

Hoy, muchos analistas se preguntan sobre las causas de este repentino cambio de posturas en materia de política macroeconómica. Recientemente Henry Farrell y John Quiggin publicaron un artículo en el que examinan el tema de los vínculos entre expertos en macroeconomía y los responsables de política económica. Y precisamente su trabajo se concentra sobre este auge y caída del keynesianismo (academic.oup.com). El mensaje principal de los autores es que existe un efecto de bisagra entre la comunidad de macroeconomistas académicos y la de los hacedores de la política macroeconómica. Según ellos, ambas comunidades están unidas por un eje común que las vincula y permite un diálogo en el que a veces predomina una serie de prioridades y por momentos prevalece otro tipo de objetivos. Los políticos necesitan de teóricos de alto perfil para justificar las medidas que aplican, mientras los sacerdotes en la capilla académica obtienen prestigio cuando sus recetas son adoptadas por los políticos. Los autores tienen algo de razón sobre este punto, pero exageran cuando atribuyen a este efecto de bisagra el auge y caída del keynesianismo en el contexto de la crisis y sus efectos.

El análisis de Farrell y Quiggin utiliza todo tipo de instrumentos de la sociología de la ciencia, pero desgraciadamente recurre menos al contenido de la teoría económica. El artículo es hoy una sensación en los círculos académicos anglosajones y hasta un seminario se ha llevado a cabo en la Universidad de Harvard para discutir sus aportaciones (dataverse.harvard.edu). Pero ese trabajo tiene muchos defectos. El más importante es que prefiere no entrar en los detalles técnicos de la teoría económica. De este modo, sigue transmitiendo la idea errónea de que los mensajes de Keynes pueden reducirse a las consideraciones sobre recurrir o no a la política fiscal. Así, Farrell y Quiggin consolidan la versión sesgada que desde la corriente dominante de la teoría económica se ha querido mantener sobre las aportaciones de Keynes al desarrollo del pensamiento económico. Quizás quieren seguir el consejo absurdo de otro profesor de la Universidad de Oxford, Simon Wren-Lewis (mainlymacro.blogspot.mx): hay que evitar la pluralidad de puntos de vista en la teoría económica para evitar que los políticos se confundan a la hora de escoger sus prioridades de política económica.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Se prolonga huelga de trabajadores metalúrgicos en Alemania

Lun, 15/01/2018 - 09:30
Ed Ouri, Ensemble!

Desde el lunes 8 de enero, los obreros de la metalurgia y de la industria electrónica están en lucha en Alemania. La patronal hace oídos sordos a las reivindicaciones del sindicato IG Metall, que reclama una mejora real de las condiciones de trabajo y de vida para los 3,9 millones de trabajadores y trabajadoras del sector. Por esta razón, el sindicato ha decidido poner en marcha una estrategia gradual de intensificación de la lucha. Así, desde el lunes se han iniciado huelgas de advertencia en las primeras fábricas del automóvil, movimiento que se extenderá en los próximos días y se considera que desembocará en una huelga indefinida. A diferencia de muchas luchas de los últimos años, esta de ahora no es defensiva, sino ofensiva: los trabajadores no se oponen a la disminución de su parte del pastel, sino que quieren una más grande.

Del diálogo social a la lucha de clases

Mientras que la patronal suele ensalzar los beneficios del diálogo social, ahora resulta que ese diálogo solo vale cuando los trabajadores aceptan las exigencias de los empresarios. Porque tan pronto un sindicato plantea verdaderas exigencias de progreso social, la patronal se niega a negociar. Concretamente, en el marco de las negociaciones de los convenios colectivos, el sindicato IG Metall reclama este año un aumento salarial de 6 % y una reducción del tiempo de trabajo individual y facultativo de 35 horas a 28 horas semanales. Mientras que el contenido de la reivindicación en materia salarial está claro, el de la reducción de jornada merece una precisión.

El modelo propuesto por el sindicato implica la posibilidad para el conjunto del personal asalariado del sector de reducir su jornada de trabajo semanal de 35 a 28 horas durante dos años. Transcurrido este periodo, tiene derecho a recuperar su tiempo de trabajo normal de 35 horas. En este modelo, los salarios deberán reducirse en principio de forma proporcional a la reducción del tiempo de trabajo. Ahora bien, el sindicato contempla una serie de excepciones: quienes tengan a su cargo un hijo o hija de menos de 14 años de edad, quienes estén cuidando a personas mayores de su familia o el personal desplazado podrán beneficiarse de una compensación al menos parcial de su salario. Por su parte, la patronal rechaza el diálogo y no piensa mejorar su propuesta, que contempla el pago de una prima de 200 € y un pequeño aumento salarial del 2 % a partir del mes de abril.

La intensificación de la lucha

En este contexto de ausencia de negociación real, el sindicato IG Metall, cuyo número de afiliados ha aumentado recientemente, ha decidido por tanto llamar a la huelga. El mismo lunes de contabilizaron 15 000 huelguistas en unas 80 empresas y el sindicato tiene previsto incrementar gradualmente el número de fábricas en huelga.

Paralelamente, en Berlín ha tenido lugar una primera manifestación sindical. Según el dirigente de IG Metal Jörg Hofmann “la masiva participación en el comienzo de las huelgas de advertencia a escala federal es una demostración del aprecio del personal por la oferta empresarial: nulo”. Al mismo tiempo, ha anunciado la extensión sucesiva del movimiento en los próximos días. Se materializa la perspectiva de una huelga indefinida, como en 1984, cuando después de siete semanas de huelga los obreros obtuvieron la reducción de la jornada se 40 a 35 horas semanales.

Este aumento de la combatividad sindical viene de la mano de un incremento relativo del poder estructural de los obreros metalúrgicos y de la industria electrónica en Alemania. En efecto, estos sectores ocupan un lugar central en la economía alemana y en las exportaciones, que son un factor clave de la misma. A esto se añade que las carteras de pedidos de las empresas alemanas están bastante llenas y la globalización les impone una capacidad de respuesta cada vez mayor y unos plazos de entrega cada vez más cortos. También está el hecho de que el paro ha disminuido en estos sectores de la industria cualificada. Con el descenso del número de parados –el ejército industrial de reserva de que hablaba Marx–, la fuerza de los trabajadores aumenta.

Malestar patronal y riesgo sindical

La patronal parece sorprendida por la combatividad obrera. Cuando IG Metall dejó entrever la posibilidad de lanzar un movimiento huelguístico, su primera respuesta fue un intento de intimidación declarando que la huelga sería ilegal, pues apoyaría una medida contraria a la ley. En efecto, la patronal afirmó que la reducción del tiempo de trabajo discriminaría a las personas que ya trabajan a tiempo parcial, porque por el hecho de reclamar una compensación al menos parcial por parte del sindicato, dichas personas ganarían salarios más bajos que quienes decidieran reducir su tiempo de trabajo.

Frente a este intento de intimidación, IG Metall responde que entonces habrá que proponer un aumento salarial suplementario para los y las trabajadoras a tiempo parcial o concederles el derecho a trabajar a jornada completa. En cuanto a esta argumentación de la patronal, que parece invocar los derechos de los trabajadores, cabe señalar que, curiosamente, no emplea el mismo argumento cuando se trata de la discriminación salarial de las mujeres. En Alemania, la diferencia salarial de género también es de alrededor de un 20 %.

Acto seguido, la patronal alega los costes suplementarios de la reducción de la jornada laboral. Para ello aduce un estudio consecuente que realizó precisamente el sindicato IG Metall entre la mano de obra del sector. Dicho estudio muestra la proporción de trabajadores que tiene potencialmente el derecho a una compensación salarial en caso de reducción de la jornada de trabajo: un 33 % son desplazados, un 26,5 % tienen hijos de menos de 14 años y un 18,5 % se ocupan de familiares en edad avanzada. Claro que una misma persona puede acumular dos o incluso tres de estos elementos. Sin embargo, según cálculos de la patronal, la reducción de la jornada laboral generará la necesidad de crear 200 000 puestos de trabajo suplementarios, y por tanto, desde su punto de vista, una disminución equivalente de los beneficios. Cosa que sorprenderá a quienes en Francia sostienen que la reducción del tiempo de trabajo no genera empleo.

La patronal alemana dice claramente que esta reducción genera empleo porque considera que todas las personas que podrían reducir su jornada con compensación lo harían. La contrapropuesta patronal a la reducción de jornada consiste, por lo demás, en aumentar la duración de esta a 38 horas. Como por arte de birlibirloque, después de afirmar que los trabajadores desean trabajar menos horas, la patronal supone que en realidad quisieran trabajar más. Claro que en este caso no tiene a mano un estudio para demostrarlo.

Además, la patronal propone asimismo a los asalariados que trabajen hasta 40 horas y superen por tanto voluntariamente la duración de la jornada establecida en el convenio colectivo. Como si el personal renunciara voluntariamente a su suplemento de horas extraordinarias. Y aparte de la cuestión del suplemento, esta propuesta revela concretamente hasta qué punto los intereses de la patronal están muy alejados de los de la clase obrera. En efecto, el mismo estudio de IG Metal invocado torpemente por la patronal refleja que el 82 % de los obreros y obreras aspiran a una reducción de su tiempo de trabajo.

De todos modos, a diferencia de la lucha por las 35 horas en 1984, esta vez IG Metall no propone una reducción generalizada del tiempo de trabajo, sino una flexibilización de la jornada laboral. Una parte del movimiento sindical denuncia esta diferencia como un factor de riesgo, porque más allá de las diferentes condiciones de trabajo según los ramos, en que el tiempo de trabajo varía entre 35 y 40 horas, esta flexibilización es susceptible de fragmentar a la mano de obra del mismo ramo en función de su jornada laboral. En efecto, esta fragmentación puede dificultar la formación de una conciencia de clase común, que será indispensable cuando la patronal trate de nuevo de poner en entredicho las conquistas de la clase trabajadora.

A este respecto es revelador que de cara a las últimas elecciones legislativas de otoño de 2017, el Partido Socialdemócrata (SPD) y los Verdes, así como los conservadores de la Unión Cristianodemócrata (CDU), defendieran la flexibilización del tiempo de trabajo. Además, la reducción de jornada temporal e individual que propone IG Metall comporta el riesgo de una sobrecarga de trabajo en caso de que la empresa decida no contratar suficientes trabajadores adicionales.

Una parte del movimiento sindical plantea asimismo la cuestión de la compensación suficiente del trabajo reproductivo (menores, personas ancianas) y considera que una compensación parcial no es suficiente. A estos riesgos asociados a la manera en que IG Metall pretende aplicar la reducción de jornada se añade otra crítica relativa a la reivindicación de un aumento salarial del 6 %. Sucede que la evolución de la relación entre salarios y productividad muestra que la reivindicación salarial podría ser bastante más elevada. Según un estudio reciente del Instituto Nacional de Investigación Económica (Deutsches Institut für Wirtschaftsforschung), entre 2003 y 2013 ha aumentado la productividad más que los salarios en la industria alemana (a diferencia de los servicios, donde la precarización general es evidente). Por consiguiente, nada más que para compensar el aumento de la productividad de los últimos años, los salarios deberían aumentar un 12 %.

A pesar de estas críticas, no hay que pasar por alto lo esencial de este movimiento huelguístico. La lección central de esta lucha creciente consiste en la mayor combatividad de la clase obrera, y ello no para defender unas conquistas, sino para obtener nuevas. Así, salta a la vista que el aumento salarial mejorará el poder adquisitivo y redistribuirá la riqueza a favor de los trabajadores. Asimismo, la oposición frontal de la patronal a la reducción del tiempo de trabajo muestra que esta propuesta sindical supone una mejora real de las condiciones de trabajo y de vida de la clase trabajadora. En una situación política en Alemania en que las políticas de seguridad y antisociales dominan el debate público desde hace ya demasiado tiempo, el retorno de la lucha de clases, impuesto por los trabajadores y trabajadoras, es sin duda una señal estimulante.
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Tomado de Viento SurUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La responsabilidad política en el colapso de nuestro planeta

Dom, 14/01/2018 - 08:01

Roberto Savio, Alai

El 20 de diciembre, los 28 Ministros de Medio Ambiente de la Unión Europea (UE) se reunieron en Bruselas para discutir el plan de reducción de emisiones preparado por la Comisión, para cumplir con el Acuerdo de París sobre cambio climático. Pues bien, lo que está claro (es) que hemos perdido la batalla para mantener el planeta tal como lo conocemos. Por supuesto, esto puede ser considerado como mi subjetiva opinión personal.

Por lo tanto, voy a proporcionar muchos datos, historia y hechos para ser concreto. Los datos y los hechos tienen un apreciable valor: son útiles para todos los debates, mientras que las ideas no. Entonces, si a Ud. no le gustan los hechos, por favor deje de leer aquí. Usted se librará de un artículo aburrido, como probablemente todos los míos, porque no estoy tratando de entretener, sino de crear conciencia. Además, si deja de leer, se ahorrará la oportunidad de conocer nuestro triste destino.

Como es usual ahora en política, los intereses se anteponen a los valores y la visión. Los ministros decidieron (con alguna resistencia de Dinamarca y Portugal), reducir el compromiso de Europa. Esto va al encuentro de Donald Trump, que abandonó el Acuerdo de París, para privilegiar los intereses estadounidenses, sin ninguna atención al planeta. Por lo tanto, Europa simplemente está siguiéndole.

Por supuesto, los que estamos vivos ahora no pagaremos nada: las próximas generaciones serán las víctimas de un mundo cada vez más inhóspito. Pocas de las personas que en 2015 asumieron en París compromisos solemnes en nombre de toda la humanidad para salvar el planeta, estarán vivos dentro de 30 años, cuando el cambio se vuelva irreversible. Y será también evidente que los seres humanos somos los únicos animales que no defendemos ni protegemos nuestro hábitat.

En primer lugar, el Acuerdo de París fue adoptado por los 195 países participantes, de los cuales 171 ya han suscrito el tratado, en sólo dos años, lo cual está muy bien, excepto que el tratado es solo una colección de buenos deseos, sin ningún compromiso concreto. Para empezar, no establece compromisos específicos y verificables. Cada país decidirá sus propios objetivos y será responsable de su implementación. Es como pedir a todos los ciudadanos de un país que decidan cuántos impuestos quieren pagar y que si no los pagan, no hay ninguna sanción.

En París en 2015 Europa se comprometió a llegar a utilizar el 27% de energías renovables (reduciendo el uso de energías fósiles), fijando un objetivo del 20% para el 2020. Pero, del 27%, bajó al 24,3%. Además, los ministros decidieron mantener los subsidios para la industria de energías fósiles hasta el 2030 en lugar del 2020, como estaba previsto. Y aunque la propuesta de la Comisión era que las plantas de energías fósiles perderían los subsidios si no reducían sus emisiones a 500 gramos de CO2 por tonelada para el 2020, los ministros extendieron los subsidios hasta el 2025.

Por último, la Comisión propuso reducir los biocombustibles (a base de productos de consumo humano, como el aceite de palma) al 3,8%. Así, los ministros, contrariamente a todas sus declaraciones sobre la lucha contra el hambre en el mundo, decidieron duplicarlo, al 7%.

Volvamos ahora al principal defecto del acuerdo de París. Los científicos tardaron dos décadas para concluir con certeza que el cambio climático es causado por las actividades humanas, a pesar de una fuerte oposición, bien financiada por la industria del carbón y del petróleo, que sostenía lo contrario.

El Panel Internacional sobre Cambio Climático, es una organización bajo los auspicios de la ONU, cuyos miembros son 194 países, pero su fortaleza proviene de los más de 2.000 científicos de 154 países que trabajan juntos en el tema del clima.

El debate se prolongó desde 1988 --cuando se estableció el IPCC-- hasta 2013, cuando llegaron a una conclusión definitiva: la única manera de detener el rápido deterioro del planeta, consiste en impedir que las emisiones superen los 1,5 grados centígrados sobre la temperatura de la Tierra en 1850. En otras palabras, nuestro planeta ya está deteriorado, y no podemos volver atrás. Hemos quemado demasiada gasolina y emitido demasiados gases contaminantes, que ya están actuando. Pero si detenemos este proceso, aunque nunca podremos cancelar el daño ya causado, que durará algunos miles de años, podemos estabilizar el planeta.

Se considera que la revolución industrial comenzó en 1746, cuando las usinas industriales reemplazaron a los tejedores individuales. Pero comenzó a gran escala en la segunda mitad del siglo XIX, con la segunda revolución industrial. Esto implicó el uso de la ciencia en la producción, inventando motores, ferrocarriles, creando fábricas y otros medios de producción industrial.

Empezamos a registrar las temperaturas en 1850, cuando aparecieron los termómetros. De esta forma, podemos verificar cómo el carbón, los fósiles y otros combustibles comenzaron a interactuar con la atmósfera.

Lo que concluyeron los científicos fue que si superamos los 1,5 grados centígrados con respecto a la temperatura de 1850, cruzaremos irreversiblemente una línea roja: no podremos modificar la tendencia, y el clima quedará fuera de control, con dramáticas consecuencias para el planeta.

La conferencia de París es el acto final de un proceso que comenzó en Río de Janeiro en 1992, con la Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo, donde dos líderes ya fallecidos, Boutros Ghali y Maurice Strong, llevaron a cabo la primera cumbre de jefes de Estado sobre el problema del medio ambiente.

Por cierto, vale la pena recordar que Strong, un hombre que dedicó toda su vida a los problemas del medio ambiente, por primera vez abrió la conferencia a los representantes de la sociedad civil, además de las delegaciones gubernamentales. Más de 20,000 organizaciones, académicos y activistas viajaron a Río, iniciando la creación de una sociedad civil global reconocida por la comunidad internacional.

A diferencia de Kioto, se suponía que París sería un acuerdo realmente global, con el fin de incluir la mayor cantidad de países posible. Es un secreto sucio poco conocido que la ONU decidió poner como objetivo no los muy ajustados 1,5 grados centígrados, sino los más apetecibles 2 grados centígrados. Pero desafortunadamente, el consenso es que ya hemos superado los 1,5 grados centígrados. Y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha estimado que los compromisos asumidos por los países en París, si no cambian, nos llevarán a 6 grados centígrados, un aumento que según la comunidad científica haría inhabitable una gran parte de nuestro planeta.

De hecho, en los últimos cuatro años registramos los veranos más calurosos desde 1850. En 2017 tenemos el récord de emisiones en la historia, que han alcanzado 41.5 giga toneladas. De ellos, 90% proviene de actividades relacionadas con los humanos, mientras que las energías renovables (cuyo costo ahora se ha vuelto competitivo con respecto a las energías fósiles), todavía cubren solo el 18% de la energía consumida en el mundo.

Hablaremos ahora de otro secreto sucio importante.

Mientras discutimos sobre cómo reducir el uso de fósiles, estamos haciendo lo contrario. En este momento, gastamos 10 millones de dólares por minuto para subsidiar la industria de los fósiles.

Según la ONU, solo considerando los subsidios directos, estos se sitúan entre 775 mil millones de dólares a 1 billón de dólares. La cifra oficial solo en el G20 es de 444 mil millones. El Fondo Monetario Internacional ya ha aceptado la opinión de economistas que sostienen que los subsidios no son solo dinero en efectivo: es el uso de la tierra y la sociedad, así como la destrucción del suelo, el uso del agua, los aranceles políticos (las llamadas externalidades, el costo que existe, pero que no está incluido en el balance de las empresas). Si tenemos en cuenta esto, llegamos a la friolera de 5.3 billones: fueron 4.9 billones en 2013. Eso representa el 6.5% del Producto Bruto global y eso es lo que les cuesta usar energías fósiles a los gobiernos, a la sociedad y a la tierra.

Este hecho no ha sido difundido por los medios de comunicación. Pocos conocen la fuerza de la industria de los fósiles. Trump quiere reabrir las minas de carbón, no solo porque esto atrae los votos de aquellos que perdieron un trabajo obsoleto, sino porque la industria de los fósiles financia el Partido Republicano. Los multimillonarios hermanos Koch, los mayores propietarios de minas de carbón de Estados Unidos, declararon haber "invertido" 800 millones de dólares en la última campaña presidencial.

Algunos podrían decir que estas cosas suceden en Estados Unidos, pero de acuerdo con la respetada organización Transparencia Internacional, en Europa hay más de 40.000 lobistas que actúan para ejercer influencia política. El Observatorio Corporativo de Europa, que estudia el sector financiero, descubrió que estos grupos de presión gastan 120 millones de euros (143 millones de dólares) al año en Bruselas y emplea a 1.700 cabilderos. Se estableció que presionan sin respetar las normas legales, con más de 700 organizaciones, superando siete veces el número de sindicatos y organizaciones de la sociedad civil.

El poder de la industria de fósiles explica por qué en 2009 los gobiernos ayudaron al sector con 557 mil millones de dólares, mientras que toda la industria de las energías renovables recibió solo entre 43 y 46 mil millones de dólares, según estimaciones de la Agencia Internacional de Energía.

Está claro que los ciudadanos no tienen idea de que una parte de su dinero está manteniendo con vida y con mucho lucro a una industria clave en la destrucción de nuestro planeta, que sabe muy bien que hemos superado las 400 partes por millón de CO2 en la atmósfera, cuando la línea roja había sido establecida en 350 ppm. Pero la gente no lo sabe, y así continúa esta espectacular fiesta de hipocresía.

En 2015, la ONU realizó una amplia encuesta donde participaron 9,7 millones de personas. Se les pidió que eligieran como prioridades seis de 16 asuntos. El primer elegido, con 6.5 millones de preferencias, fue "una buena educación". El segundo y el tercero, con más de 5 millones de preferencias, fueron "un mejor sistema de salud" y "mejores oportunidades de trabajo".

El último de los 16 temas, con menos de 2 millones, fue el "cambio climático", que también resultó último en las preferencias de los países pobres, pese a que serán las principales víctimas del cambio climático. Los 4,3 millones de participantes, de los países más pobres, pusieron en primer lugar la educación (3 millones de preferencias); el cambio climático fue el último, con 561.000 votos... Ni siquiera en Polinesia, Micronesia y Melanesia, cuyas islas están por desaparecer, el cambio climático apareció en primer lugar. Esta es una prueba contundente de que las personas no se dan cuenta de que hemos llegado al umbral de la supervivencia de nuestro planeta tal como lo conocemos desde hace miles de años.

Por lo tanto, si los ciudadanos no están conscientes y no están preocupados, ¿por qué lo habrían de estar sus políticos? La respuesta es porque son elegidos por los ciudadanos para representar sus intereses y no pueden tomar decisiones fundamentales ¿Cómo suena esto en sus oídos? Cabilderos luchando por intereses, que se presentan ofreciendo empleos y estabilidad.

Y ahora, expongamos un último secreto sucio, para mostrar cuán lejos estamos de alcanzar el control de nuestro clima. Además de lo que ya hemos dicho, hay un tema muy importante que incluso se ha debatido en París: los acuerdos se refieren exclusivamente a la reducción de las emisiones de la industria de los fósiles. Otras emisiones se han ignorado por completo.

Un nuevo filme documental, “Cowspiracy: The Sustainability Secret” (Conspiración: el secreto de la sostenibilidad), producido por Leonardo di Caprio, https://www.youtube.com/watch?v=JyTFZefMvZ8 , ha clasificado muchísimos datos sobre el impacto de la ganadería en el cambio climático. Son considerados de cierta forma exagerados. Pero sus dimensiones son tan grandes que, de todos modos, añaden otro clavo a nuestro ataúd.

Los animales emiten metano, no emiten CO2, pero el metano es al menos 25% más dañino que el CO2. La ONU reconoce que, si bien todos los medios de transporte, desde automóviles hasta aviones, contribuyen al 13% de las emisiones, las vacas lo hacen en un 18%...

Pero el verdadero problema es el uso del agua, un tema clave que no tenemos forma de abordar en este artículo. El agua es considerada incluso por los estrategas militares, como una muy próxima causa de conflictos, como el petróleo lo ha sido durante mucho tiempo.

Para producir medio kilo de carne se necesitan usa 10.000 litros de agua. ¡Eso significa que una hamburguesa es equivalente a dos meses de duchas...! Para obtener 1 litro de leche, se necesitan 1000 litros de agua. Las personas en todo el mundo usan una décima parte de lo que necesitan las vacas. El ganado usa el 33% de toda el agua disponible y el 45% de la superficie aprovechable del planeta. Además, es la causa del 91% de la deforestación de la Amazonía y producen 130 veces más desechos que los seres humanos.

La cría de cerdos en Holanda está creando serios problemas porque sus desechos ácidos están reduciendo las tierras utilizables. Y el consumo de carne está aumentando muy rápidamente en Asia y África, ya que se considera un objetivo a alcanzar los niveles de consumo de los países ricos.

A este grave impacto en el planeta, se ha unido una fuerte paradoja de sostenibilidad para la población humana. Actualmente somos 7,590 millones de personas y pronto llegaremos a 9,000 millones. La producción total de alimentos en el mundo podría nutrir de 13 a 14 mil millones de personas. De estos alimentos, una parte considerable se desperdicia y no llega a las personas (tema para un artículo separado). La comida para los animales podría alimentar a 6 mil millones de personas y tenemos mil millones de personas muriendo de hambre. Esto prueba lo lejos que estamos de utilizar los recursos racionalmente para los habitantes de la Tierra. Tenemos suficientes recursos para todos, pero no los administramos racionalmente. El número de obesos ha igualado al de las personas que mueren de hambre.

La solución lógica en esta situación sería llegar a un acuerdo sobre una gobernanza global, en el interés de un planeta para la humanidad. Sin embargo, vamos en la dirección opuesta. El sistema internacional está asediado por el nacionalismo, que hace cada vez más imposible llegar a soluciones significativas.

Concluyamos con un último ejemplo: sobrepesca. Han pasado dos décadas desde que la Organización Mundial del Comercio (que no forma parte de la ONU y se construyó en disparidad con el foro mundial) trata de llegar a un acuerdo sobre la pesca excesiva con mega redes, que recolectan una enorme cantidad de peces: 2.7 billones, de los cuales solo se usa una quinta parte y se botan los cuatro quintos restantes.

En la última conferencia de la OMC celebrada el 13 de diciembre en Buenos Aires, los gobiernos tampoco pudieron llegar a un acuerdo sobre cómo limitar la pesca ilícita. Los grandes peces han disminuido el 10% desde 1970. Y estamos explotando un tercio de todas las reservas. Se estima que la pesca ilegal coloca entre 10 mil millones y 23 mil millones en el mercado negro, según un estudio de 17 agencias especializadas, con una lista completa de nombres. Y nuevamente, los gobiernos gastan 20 mil millones de dólares por año para financiar el aumento de su industria pesquera... otro ejemplo de cómo los intereses se anteponen al bien común.

Creo que ahora tenemos suficientes datos para darnos cuenta de la incapacidad de los gobiernos para tomar en serio sus responsabilidades, porque disponen de la información necesaria para saber que nos dirigimos hacia un desastre.

En un mundo normal, la declaración de Trump de que el control del clima es un cuento chino, y que se inventó contra los intereses de Estados Unidos, debería haber causado una conmoción global. Además, si bien las políticas internas de Trump son una cuestión estadounidense, el clima está afectando a los 7.590 millones de habitantes del planeta, y Trump fue elegido por menos de una cuarta parte de las personas con derecho a voto de USA: aproximadamente 63 millones. Demasiado poco para imponer decisiones que afectan a toda la humanidad.

Actualmente, los ministros europeos se rigen por un proverbio que dice “el dinero habla y las ideas murmuran...” Hay muchos que se están preparando para especular sobre el cambio climático. Ahora que hemos perdido el 70% de hielo del polo norte y las compañías navieras se preparan a utilizar la Ruta del Norte, lo que reducirá el costo y la duración del transporte en un 17%. Y la industria vinícola británica, desde el calentamiento del planeta, está aumentando la producción en 5% cada año.

Los viñedos plantados en el sur de Inglaterra, con un suelo calcáreo, ahora se los compran los productores de Champagne, que planean mudarse allí. El Reino Unido ya produce 5 millones de botellas de vino y vinos espumosos, los que se venden todos. Esta Navidad, el espumante local superará a los champañas, cavas, prosecco y otras bebidas navideñas tradicionales.

Hemos registrado en vano, el aumento de los huracanes y las tormentas, también en Europa, y una propagación récord de incendios forestales. La ONU estima que al menos 800 millones de personas serán desplazadas por el cambio climático, lo que hará inhabitable varias partes del mundo. ¿A dónde irán? No a los Estados Unidos ni a Europa, donde son vistos como invasores.

No olvidemos que la crisis siria se produjo después de cuatro años de sequía (1996-2000) que desplazó a más de un millón de campesinos a las ciudades. El consiguiente descontento alimentó la guerra, que hasta ahora contabiliza 400,000 muertos y seis millones de refugiados. Cuando los ciudadanos se percaten de los daños, será demasiado tarde. Los científicos piensan que será nítidamente evidente después de treinta años.

Entonces, ¿por qué nos preocupamos ahora? Ese es un problema para la próxima generación. Las multinacionales continuarán ganando dinero hasta el último minuto, con la complicidad de los gobiernos y su apoyo, así que, aprovechemos la marea del cambio climático.

Vamos a comprar una buena botella de champán británico, para beberlo en una línea de cruceros de lujo sobre el Polo, y dejemos que la orquesta siga tocando, ¡como lo hizo en el Titanic hasta el último minuto!

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Banco Mundial admite que perjudicó ranking de competitividad de Chile durante gobierno de Bachelet

Sáb, 13/01/2018 - 20:31

El economista jefe del Banco Mundial, Paul Romer, admitió en una entrevista con el Wall Street Journal, que el organismo habría alterado constantemente la metodología de medición para mostrar un indicador más bajo durante la administración de la actual jefa de Estado de Chile, Michelle Bachelet, lo cual fue motivado por razones “políticas”.

El Banco Mundial, entidad internacional que se yergue como el defensor de la buena economía en todo el orbe, admitió haber alterado las cifras sobre el ranking de competitividad de Chile durante los gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet por “razones políticas”, por lo que la reacción de la mandataria fue de expresar preocupación ante la credibilidad que tendrá desde ahora este organismo.

Ante esto, la mandataria dijo, a través de su cuenta de Twitter, que es “muy preocupante lo ocurrido con el ranking de competitividad del Banco Mundial. Más allá del impacto negativo en la ubicación de Chile, la alteración daña la credibilidad de una institución que debe contar con la confianza de la comunidad internacional”.

El economista jefe del BM, Paul Romer, dio cuenta que el BM modificó los datos del ranking de competitividad empresarial de Chile durante 2006, afectando directamente el período presidencial de Bachelet, detallando haber cambiado constantemente la metodología de medición para mostrar un indicador más bajo durante la administración de la jefa de Estado, todo esto motivado por razones “políticas”.

El texto, que dio a conocer La Tercera, señala que “durante el mandato de la señora Bachelet, el ranking era constantemente deteriorado, mientras que constantemente subía durante el gobierno de Piñera”.

En la entrevista, Romer aprovecha de excusarse y entrega sus disculpas a Chile, mencionando que “esto fue mi culpa porque no dejamos las cosas lo suficientemente claras”.

Además, anunció que se corregirán los datos y recalcularán los rankings nacionales de competitividad en el informe Doing Business, romontándose al menos cuatro años atrás.

El ranking global de Chile ha estado variando constantemente desde 2006, mostrando que durante la administración de Bachelet el ranking “Doing Business” bajó constantemente, mientras que con Piñera los índices volvieron a subir.

Asimismo, en 2014 se agregaron nuevos factores a la metodología con la que se elaboraba este ranking, lo cual provocó una nueva caída que habría sido provocada por los nuevos componentes incorporados y “no por los cambios en el ambiente empresarial chileno”, dijo el experto.

En ese sentido, Romer señala que los cambios en la elaboración “parecen haber sido impulsados por motivos políticos. De acuerdo a las cosas que mediamos antes, las condiciones de negocios no empeoraron durante la administración de Bachelet”.

Por su parte, el ministro de Economía, Jorge Rodríguez Grossi, calificó el hecho como “escándalo de proporciones”, afirmando que “esperamos que la corrección del índice sea rápida, pero el daño ya ha sido hecho”.

Sobre la declaración de Romer al diario estadounidense, Grossi dijo que fue “muy franca y honrada, pero revela un escándalo de proporciones, porque lo que señala es que habría sido manipulada por el economista a cargo de su construcción (Augusto Lopez-Claro), de manera de hacer ver un deterioro económico durante el Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, con intenciones básicamente políticas”.

“Esperamos que la corrección del índice sea rápida, pero el daño ya ha sido hecho y es de esperar que no vuelva nunca más a ocurrir que se manipulen estadísticas con objetivos políticos, y menos en un organismo internacional como es el Banco Mundial”, finalizó el titular de economía.

Augusto López-Claros, el manipulador de las cifras
Augusto López-Claros, el hombre que manipuló las cifras, es el encargado del “Doing Business Report”, que compara el ambiente para los negocios entre los distintos países y que es elaborado por el Banco Mundial. Lopez-Claros es cercano al ex ministro secretario general de la Presidencia de Sebastián Piñera, Cristián Larroulet. También tiene conexiones con los ex controladores de Penta y con la Universidad del Desarrollo.

Poco demoró el gobierno en reaccionar ante la manipulación de datos de competitividad del Banco Mundial que afectaron a Chile y, directamente, a la administración de la Presidenta Michelle Bachelet.

El titular de Economía, Jorge Rodríguez Grossi, calificó de "muy franca y honrada" la declaración del economista jefe de la entidad, Paul Romer, quien a través de una entrevista al periódico norteamericano The Wall Street Journal, reveló la situación.

"Revela un escándalo de proporciones, porque lo que señala es que habría sido manipulada por el economista a cargo de su construcción (Augusto López-Claros), de manera de hacer ver un deterioro económico durante el Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, con intenciones básicamente políticas”, dijo.

Augusto López-Claros, uno de los encargados del “Doing Business Report”, que compara el ambiente para los negocios entre los distintos países y que es elaborado por el Banco Mundial, es cercano al ex ministro secretario general de la Presidencia de Sebastián Piñera, Cristián Larroulet. También tiene conexiones con los ex controladores de Penta y con la Universidad del Desarrollo.

De acuerdo a fuentes del comando de Piñera que participaron en la primera administración del Presidente, el ex ministro de Hacienda, Felipe Larraín, se refería siempre en muy buenos términos a Lopez-Claro.

Por último, la Presidenta Bachelet, a través de su cuenta de Twitter, informó que "dada la gravedad de lo sucedido, como Gobierno solicitaremos formalmente al Banco Mundial una completa investigación. Los rankings que administran las instituciones internacionales deben ser confiables, ya que impactan en la inversión y el desarrollo de los países".

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