Jaque al neoliberalismo

Distribuir contido
Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6200125
Actualizado: fai 24 min 37 seg

La nueva ola conservadora en el mundo

Lun, 28/03/2016 - 18:53
Emir Sader, Público

Ya en los años 60, Richard Nixon creó la expresión “mayoría silenciosa”. En contraposición a los grandes sectores emergentes que participaban en las campañas por los derechos civiles en Estados Unidos y en contra de la guerra de Vietnam, esa mayoría sería silenciosamente conservadora. Sería el “país profundo”, que ejercería en las urnas su derecho a voto en favor de la derecha, en contra de la movilización en las calles, protagonizada por una supuesta minoría restringida de activistas. El propio Nixon fue elegido presidente, finalmente, poniendo fin a la racha de gobiernos demócratas y a la agitada década de los sesenta, confirmando así de alguna manera su hipótesis.

Un tiempo después, cuando Ronald Reagan despuntaba, para convertirse en gobernador de California primero y aspirar después a la presidencia de EEUU, mucha gente decía que era imposible que un pésimo actor de películas del oeste pudiera ser presidente de los Estados Unidos. Pero fue elegido y reelegido presidente del país más importante del mundo, consagrado por la victoria norteamericana en la guerra fria y la desaparición de la URSS.

Más recientemente, frente a George W. Bush, Reagan parecería un intelectual, pero aun así Bush fue presidente de EEUU durante dos mandatos. Todo parecía confirmar la tesis de Nixon.

Ahora, mucha gente, atemorizada, se pregunta si Donald Trump puede llegar a ser elegido presidente en las elecciones de este año, a pesar de sus posiciones ultra conservadoras que él de forma desinhibida defiende en las primarias del Partido Republicano, perfilándose como favorito para ser el candidato de esa formación.

Desde 1980, con el inicio del primer gobierno Reagan, los Estados Unidos han sido gobernados durante 20 años por los republicanos y 16 por los demócratas. Han controlado el Congreso norteamericano durante el período más largo de tiempo. Y algunos demócratas, como fue el caso de Bill Clinton, dieron un giro conservador a las orientaciones del Partido Demócrata. De esta manera, en las últimas décadas, hemos visto como el conjunto del sistema político norteamericano se volvía más conservador.

El mismo Partido Republicano, pasó por el Tea Party, hasta llegar a la avalancha de Donald Trump, que puede que no gane las elecciones de noviembre, pero seguramente empujará el centro político más hacia la derecha.

Pero no es solo un fenómeno norteamericano. En Europa, a pesar de la profunda y prolongada crisis neoliberal del capitalismo, las corrientes que más crecen y se fortalecen son las de extrema derecha, que ya estaban enraizadas en Francia y ahora llegan a Alemania. Se reproducen también en toda Escandinavia, así como en casi todos los países del Este europeo.

Al igual que con el discurso de Trump, el tema de los inmigrantes es central en todas esas corrientes, que expresan todo su odio, su voluntad discriminatoria y su egoísmo. Porque el inmigrante para ellos es “el otro”, “el extranjero”, “el bárbaro”, mientras que se tienen a sí mismos como “los civilizados”. Blancos, religiosos, violentos, van construyendo una nueva derecha, todavía más conservadora, de mayor exclusión social, étnica y cultural.

Los fundamentalismos islámicos surgen en el campo político contrapuestos a esas corrientes, pero componen un movimiento similar de intolerancia, odio y violencia exacerbada. Contribuyen a componer el cuadro de nuevas corrientes conservadoras emergentes en el mundo.

En América Latina, las sucesivas derrotas de la derecha en los países con gobiernos contrarios al neoliberalismo han conducido a procesos de radicalización de la derecha: desconocimiento de los resultados electorales, intentos de desestabilización política mediante campañas de los medios de comunicación con denuncias reiteradas, terrorismo económico, búsqueda de la descalificación personal de los líderes populares, acciones violentas de grupos terroristas, que han traído entre otras consecuencias la radicalización de sectores más o menos amplios de la clase media. Buscan reinstaurar climas ideológicos de la guerra fría, con la intolerancia, la discriminación. Se valen del control monopólico de los medios de comunicación para generar climas de desestabilización política, buscando la pérdida de legitimidad de los gobiernos, el desprestigio de sus líderes, con denuncias de corrupción generalizada de los políticos y de los partidos.

Todo produce procesos de despolitización, de desplazamiento de los grandes temas y desafíos de fondo que tienen esas sociedades hacia temas como los de la corrupción, que se utilizan para criminalizar al Estado, que sería la fuente de la corrupción, según esa versión, que absuelve a las grandes empresas privadas. Es, a la vez, una operación para bajar la autoestima del pueblo de cada país. Porque si no es así, la derecha no logra imponerse. Sin un pueblo desmoralizado, la derecha no puede imponerse.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Ilusiones progresistas devoradas por la crisis

Lun, 28/03/2016 - 13:00
Jorge Beinstein, Alainet

La coyuntura global está marcada por una crisis deflacionaria motorizada por las grandes potencias. La caída de los precios de las commodities, cuyo aspecto más llamativo fue, desde mediados del 2014, la de las cotizaciones del petróleo, descubre el desinfle de la demanda internacional mientras tanto se estanca la ola financiera, muleta estratégica del sistema durante las últimas cuatro décadas. La crisis de la financierización de la economía mundial va ingresando de manera zigzageante en una zona de depresión, las principales economías capitalistas tradicionales crecen poco o nada[1] y China se desacelera rápidamente. Frente a ello Occidente despliega su último recurso: el aparato de intervención militar integrando componentes armadas profesionales y mercenarias, mediáticas y mafiosas articuladas como “Guerra de Cuarta Generación” destinada a destruir sociedades periféricas para convertirlas en zonas de saqueos. Es la radicalización de un fenómeno de larga duración de decadencia sistémica donde el parasitismo financiero y militar se fue convirtiendo en el centro hegemónico de Occidente.

No presenciamos la “recomposición” política-económica-militar del sistema como lo fue la reconversión keynesiana (militarizada) de los años 1940 y 1950 sino su degradación general. La mutación parasitaria del capitalismo lo convierte en un sistema de destrucción de fuerzas productivas, del medio ambiente, y de estructuras institucionales donde las viejas burguesías se van transformando en círculos de bandidos, novedoso encumbramiento planetario de lumpenburguesías centrales y periféricas.

La declinación del progresismo Inmersa en este mundo se despliega la coyuntura latinoamericana donde convergen dos hechos notables: la declinación de las experiencias progresistas y la prolongada degradación del neoliberalismo que las precedió y las acompañó desde países que no entraron en esa corriente de la que ahora ese neoliberalismo degradado aparece como el sucesor.

Los progresismos latinoamericanos se instalaron sobre la base de los desgastes y en ciertos casos de las crisis de los regímenes neoliberales y cuando llegaron al gobierno los buenos precios internacionales de las materias primas sumados a políticas de expansión de los mercados internos les permitieron recomponer la gobernabilidad.

El ascenso progresista se apoyó en dos impotencias; la de la derechas que no podían asegurar la gobernabilidad, colapsadas en algunos casos (Bolivia en 2005, Argentina en 2001-2002, Ecuador en 2006, Venezuela en 1998) o sumamente deterioradas en otros (Brasil, Uruguay, Paraguay) y la impotencia de las bases populares que derrocaron gobiernos, desgastaron regímenes pero que incluso en los procesos más radicalizados no pudieron imponer revoluciones, transformaciones que fueran más allá de la reproducción de las estructuras de dominación existentes.

En los casos de Bolivia y Venezuela los discursos revolucionarios acompañaron prácticas reformistas plagadas de contradicciones, se anunciaban grandes transformaciones pero las iniciativas se embrollaban en infinitas idas y venidas, amagos, desaceleraciones “realistas” y otras astucias que expresaban el temor profundo a saltar las vallas del capitalismo. Ello no solo posibilitó la recomposición de las derechas sino también la proliferación a nivel estatal de podredumbres de todo tipo, grandes corrupciones y pequeñas corruptelas.

Venezuela aparece como el caso más evidente de mezcla de discursos revolucionarios, desorden operativo, transformaciones a medio camino y autobloqueos ideológicos conservadores. No se consiguió encaminar la transición revolucionaria proclamada (más bien todo lo contrario) aunque si se logró caotizar el funcionamiento de un capitalismo estigmatizado pero de pie, obviamente los Estados Unidos promueven y aprovechan esa situación para avanzar en su estrategia de reconquista del país. El resultado es una recesión cada vez más grave, una inflación descontrolada, importaciones fraudulentas masivas que agravan la escasez de productos y la evasión de divisas que marcan a una economía en crisis aguda[2].

En Brasil el zigzagueo entre un neoliberalismo “social” y un keynesianismo light casi irreconocible fue reduciendo el espacio de poder de un progresismo que desbordaba fanfarronería “realista” (incluida su astuta aceptación de la hegemonía de los grupos económicos dominantes). La dependencia de las exportaciones de commodities y el sometimiento a un sistema financiero local transnacionalizado terminaron por bloquear la expansión económica, finalmente la combinación de la caída de los precios internacionales de las materias primas y la exacerbación del pillaje financiero precipitaron una recesión que fue generando una crisis política sobre la que empezaron a cabalgar los promotores de un “golpe blando” ejecutado por la derecha local y monitoreado por los Estados Unidos.

En Argentina el “golpe blando” se produjo protegido por una máscara electoral forjada por una manipulación mediática desmesurada, el progresismo kirchnerista en su última etapa había conseguido evitar la recesión aunque con un crecimiento económico anémico sostenido por un fomento del mercado interno respetuoso del poder económico. También fue respetada la mafia judicial que junto a la mafia mediática lo acosaron hasta desplazarlo políticamente en medio de una ola de histeria reaccionaria de las clases altas y del grueso de las clases medias.

En Bolivia Evo Morales sufrió su primera derrota política significativa en el referéndum sobre reelección presidencial, su llegada al gobierno marcó el ascenso de las bases sociales sumergidas por el viejo sistema racista colonial. Pero la mezcla híbrida de proclamas antiimperialistas, postcapitalistas e indigenistas con la persistencia del modelo minero-extractivista de deterioro ambiental y de comunidades rurales y del burocratismo estatal generador de corrupción y autoritarismo terminaron por diluir el discurso del “socialismo comunitario”. Quedó así abierto el espacio para la recomposición de las elites económicas y la movilización revanchista de las clases altas y su séquito de clases medias penetrando en un vasto abanico social desconcertado.

Ahora las derechas latinoamericanas van ocupando las posiciones perdidas y consolidan las preservadas, pero ya no son aquellas viejas camarillas neoliberales optimistas de los años 1990, han ido mutando a través de un complejo proceso económico, social y cultural que las ha convertido en componentes de lumpenburguesías nihilistas embarcadas en la ola global del capitalismo parasitario.

Grupos industriales o de agrobusiness fueron combinando sus inversiones tradicionales con otras más rentables pero también más volátiles: aventuras especulativas, negocios ilegales de todo tipo (desde el narco hasta operaciones inmobiliarias opacas pasando por fraudes comerciales y fiscales y otros emprendimientos turbios) convergiendo con “inversiones” saqueadoras provenientes del exterior como la megaminería o las rapiñas financieras.

Dicha mutación tiene lejanos antecedentes locales y globales, variantes nacionales y dinámicas específicas, pero todas tienden hacia una configuración basada en el predominio de elites económicas sesgadas por la “cultura financiera-depredadora” (cortoplacismo, desarraigo territorial, eliminación de fronteras entre legalidad e ilegalidad, manipulación de redes de negocios con una visión más próxima al videojuego que a la gestión productiva y otras características propias del globalismo mafioso) que disponen del control mediático como instrumento esencial de dominación rodeándose de satélites políticos, judiciales, sindicales, policiales-militares, etc.

¿Restauraciones conservadoras o instauraciones de neofascismos coloniales? Por lo general el progresismo califica a sus derrotas o amenazas de derrotas como victorias o peligros de regreso del pasado neoliberal, también suele utilizarse el término “restauración conservadora”, pero ocurre que esos fenómenos son sumamente innovadores, tienen muy poco de “conservadores”. Cuando evaluamos a personajes como Aecio Neves, Mauricio Macri o Henrique Capriles no encontramos a jefes autoritarios de elites oligárquicas estables sino a personajes completamente inescrupulosos, sumamente ignorantes de las tradiciones burguesas de sus países (incluso en ciertos casos con miradas despreciativas hacia las mismas), aparecen como una suerte de mafiosos entre primitivos y posmodernos encabezando políticamente a grupos de negocios cuya norma principal es la de no respetar ninguna norma (en la medida de lo posible).

Otro aspecto importante de la coyuntura es el de la irrupción de movilizaciones ultra-reaccionarias de gran dimensión donde las clases medias ocupan un lugar central. Los gobiernos progresistas suponían que la bonanza económica facilitaría la captura política de esos sectores sociales pero ocurrió lo contrario: las capas medias se derechizaban mientras ascendían económicamente, miraban con desprecio a los de abajo y asumían como propios los delirios neofascistas de los de arriba. El fenómeno sincroniza con tendencias neofascistas ascendentes en Occidente, desde Ucrania hasta los Estados Unidos pasando por Alemania, Francia, Hungría, etc., expresión cultural del neoliberalismo decadente, pesimista, de un capitalismo nihilista ingresando en su etapa de reproducción ampliada negativa donde el apartheid aparece como la tabla de salvación.

Pero este neofascismo latinoamericano incluye también la reaparición de viejas raíces racistas y segregacionistas que habían quedado tapadas por las crisis de gobernabilidad de los gobiernos neoliberales, la irrupción de protestas populares y las primaveras progresistas. Sobrevivieron a la tempestad y en varios casos resurgieron incluso antes del comienzo de la declinación del progresismo como en Argentina el egoísmo social de la época de Menem o el gorilismo racista anterior, en Bolivia el desprecio al indio y en casi todos los casos recuperando restos del anticomunismo de la época de la Guerra Fría. Supervivencias del pasado, latencias siniestras ahora mezcladas con las nuevas modas.

Una observación importante es que el fenómeno asume características de tipo “contrarrevolucionario”, apuntando hacia una política de tierra arrasada, de extirpación del enemigo progresista, es lo que se ve actualmente en Argentina o lo que promete la derecha en Venezuela o Brasil, la blandura del contrincante, sus miedos y vacilaciones excitan la ferocidad reaccionaria. Refiriéndose a la victoria del fascismo en Italia Ignazio Silone la definía como una contrarrevolución que había operado de manera preventiva contra una amenaza revolucionaria inexistente[3]. Esa no existencia real de amenaza o de proceso revolucionario en marcha, de avalancha popular contra estructuras decisivas del sistema desmoronándose o quebradas, envalentona (otorga sensación de impunidad) a las elites y su base social.

La marea contrarrevolucionaria es uno de los resultados posibles de la descomposición del sistema imponiendo de manera exitosa en algunos casos del pasado proyectos de recomposición elitista, en el caso latinoamericano expresa descomposición capitalista sin recomposición a la vista.

Si el progresismo fue la superación fracasada del fracaso neoliberal, este neofascismo subdesarrollado exacerba ambos fracasos inaugurando una era de duración incierta de contracción económica y desintegración social. Basta ver lo ocurrido en Argentina con la llegada de Macri a la presidencia: en unas pocas semanas el país pasó de un crecimiento débil a una recesión que se va agravando rápidamente producto de un gigantesco pillaje, no es difícil imaginar lo que puede ocurrir en Brasil o en Venezuela que ya están en recesión si la derecha conquista el poder político.

La caída de los precios de las commodities y su creciente volatilidad, que la prolongación de la crisis global seguramente agravará, han sido causas importantes del fracaso progresista y aparecen como bloqueos irreversibles de los proyectos de reconversión elitista-exportadora medianamente estables. Las victorias derechistas tienden a instaurar economías funcionando a baja intensidad, con mercados internos contraídos e inestables, eso significa que la supervivencia de esos sistemas de poder dependerá de factores que las mafias gobernantes pretenderán controlar. En primer término el descontento de la mayor parte de la población aplicando dosis variables de represión, legal e ilegal, embrutecimiento mediático, corrupción de dirigentes y degradación moral de las clases bajas. Se trata de instrumentos que la propia crisis y la combatividad popular pueden inutilizar, en ese caso el fantasma de la revuelta social puede convertirse en amenaza real.

La estrategia imperial Los Estados Unidos desarrollan una estrategia de reconquista de América Latina aplicándola de manera sistemática y flexible. El golpe blando en Honduras fue el puntapié inicial al que le siguió el golpe en Paraguay y un conjunto de acciones desestabilizadoras, algunas muy agresivas, de variado éxito que fueron avanzando al ritmo de las urgencias imperiales y del desgaste de los gobiernos progresistas. En varios casos las agresiones más o menos abiertas o intensas se combinaron con buenos modales que intentaban vencer sin violencias militar o económica o sumando dosis menores de las mismas con operaciones domesticadoras. Donde no funcionaba eficazmente la agresión empezó a ser practicado el ablande moral, se implementaron paquetes persuasivos de configuración variable combinando penetración, cooptación, presión, premios y otras formas retorcidas de ataque psicológico-político.

El resultado de ese despliegue complejo es una situación paradojal: mientras los Estados Unidos retroceden a nivel global en términos económicos y geopolíticos, van reconquistando paso a paso su patio trasero latinoamericano. La caída de Argentina ha sido para el Imperio una victoria de gran importancia trabajada durante mucho tiempo a lo que es necesario agregar tres maniobras decisivas de su juego regional: el sometimiento de Brasil, el fin del gobierno chavista en Venezuela y la rendición negociada de la insurgencia colombiana. Cada uno de estos objetivos tiene un significado especial:

La victoria imperialista en Brasil cambiaría dramáticamente el escenario regional y produciría un impacto negativo de gran envergadura al bloque BRICS afectando a sus dos enemigos estratégicos globales: China y Rusia. La victoria en Venezuela no solo le otorgaría el control del 20% de las reservas petrolíferas del planeta (la mayor reserva mundial) sino que tendría un efecto dominó sobre otros gobiernos de la región como los de Bolivia, Ecuador y Nicaragua y perjudicaría a Cuba sobre la que los Estados Unidos están desplegando una suerte de abrazo de oso.

Finalmente la extinción de la insurgencia colombiana además de despejar el principal obstáculo al saqueo de ese país le dejaría las manos libres a sus fuerzas armadas para eventuales intervenciones en Venezuela. Desde el punto de vista estratégico regional el fin de la guerrilla colombiana sacaría del escenario a una poderosa fuerza combatiente que podría llegar a operar como un mega-multiplicador de insurgencias en una región en crisis donde la generalización de gobiernos mafioso-derechistas agravará la descomposición de sus sociedades. Se trata tal vez de la mayor amenaza estratégica a la dominación imperial, de un enorme peligro revolucionario continental, es precisamente esa dimensión latinoamericana del tema lo que ocultan los medios de comunicación dominantes.

Decadencia sistémica y perspectivas populares Más allá de la curiosa paradoja de un imperio decadente reconquistando su retaguardia territorial, desde el punto de vista de la coyuntura global, de la decadencia sistémica del capitalismo, la generalización de gobiernos pro-norteamericanos en América Latina puede ser interpretada superficialmente como una gran victoria geopolítica de los Estados Unidos aunque si profundizamos el análisis e introducimos por ejemplo el tema del agravamiento de la crisis impulsada por esos gobiernos tenderíamos a interpretar al fenómeno como expresión específica regional de la decadencia del sistema global.

El alejamiento del estorbo progresista puede llegar a generar problemas mayores a la dominación imperial, si bien las inclusiones sociales y los cambios económicos realizados por el progresismo fueron insuficientes, embrollados, estuvieron impregnados de limitaciones burguesas y si su autonomía en materia de política internacional tuvo una audacia restringida; lo cierto es que su recorrido ha dejado huellas, experiencias sociales, dignificaciones (suprimidas por la derecha) que serán muy difícil extirpar y que en consecuencia pueden llegar a convertirse en aportes significativos a futuros (y no tan lejanos) desbordes populares radicalizados.

La ilusión progresista de humanización del sistema, de realización de reformas “sensatas” dentro de los marcos institucionales existentes, puede pasar de la decepción inicial a una reflexión social profunda, crítica de la institucionalidad mafiosa, de la opresión mediática y de los grupos de negocios parasitarios. Ello incluye a la farsa democrática que los legitima. En ese caso la molestia progresista podría convertirse tarde o temprano en huracán revolucionario no porque el progresismo como tal evolucione hacia la radicalidad anti-sistema sino porque emergería una cultura popular superadora, desarrollada en la pelea contra regímenes condenados a degradarse cada vez más.

En ese sentido podríamos entender uno de los significados de la revolución cubana, que luego se extendió como ola anticapitalista en América Latina, como superación crítica de los reformismos nacionalistas democratizantes fracasados (como el varguismo en Brasil, el nacionalismo revolucionario en Bolivia, el primer peronismo en Argentina o el gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala). La memoria popular no puede ser extirpada, puede llegar a hundirse en una suerte de clandestinidad cultural, en una latencia subterránea digerida misteriosamente, pensada por los de abajo, subestimada por los de arriba, para reaparecer como presente, cuando las circunstancias lo requieran, renovada, implacable.
________
Notas:
[1] Si consideramos el último lustro (2010-2014) el crecimiento promedio real de la economía de Japón ha sido del orden del 1,5%, la de Estados Unidos 2,2% y la de Alemania 2% (Fuente: Banco Mundial).
[2] Un buen ejemplo es el de la “importación” de fármacos donde empresas multinacionales como Pfizer, Merck y P&G hacen fabulosos negocios ilegales ante un gobierno “socialista” que les suministra dólares a precios preferenciales. Con un juego de sobrefacturaciones, sobreprecios e importaciones inexistentes las empresas farmacéuticas habían importado en 2003 unas 222 mil toneladas de productos por los que pagaron 434 millones de dólares (unos 2 mil dólares por tonelada), en 2010 las importaciones bajaron a 56 mil toneladas y se pagaron 3410 millones de dólares (60 mil dólares la tonelada) y en 2014 las importaciones descendieron aún más a 28 mil toneladas y se pagaron 2400 millones de dólares (un poco menos de 87 mil dólares la tonelada). Como bien lo señala Manuel Sutherland de cuyo estudio extraigo esa información: “lejos de plantearse la creación de una gran empresa estatal de producción de fármacos, el gobierno prefiere darles divisas preferenciales a importadores fraudulentos, o confiar en burócratas que realizan importaciones bajo la mayor opacidad”. Manuel Sutherland, “2016: La peor de las crisis económicas, causas, medidas y crónica de una ruina anunciada”, CIFO, Caracas 2016.
[3] Ignazio Silone, “L'École des dictateurs”, Collection Du monde entier, Gallimard, París 1964.
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

¿Colapso de la Unión Europea? Un punto de vista escéptico

Lun, 28/03/2016 - 09:00
Immanuel Wallerstein, La Jornada

Uno de los juegos que los expertos y los políticos juegan hoy día es verbalizar el por qué y el cómo va a colapsar, ya está colapsando, la Unión Europea (UE). Cualquiera que siga las noticias mundiales conoce las explicaciones estándar: la Grexit y la Brexit (acrónimos que designan la posible salida de Grecia o Gran Bretaña de la UE) sólo conducirán a otras salidas; nadie quiere más migrantes (refugiados) en su país; Alemania tiene demasiado poder, o no lo suficiente; están surgiendo por todas partes fuerzas/partidos de ultraderecha; el acuerdo de Schengen, que accede a movimientos sin visa, está siendo suspendido en casi todos los países que lo habían adoptado; crece imparable el desempleo.

Existe un tema subyacente en esta letanía de pesimismo (¿o es optimismo?). Los europeos, tanto los sofisticados como los ignorantes, se han vuelto impermeables a los argumentos racionales. Casi todos actúan irracionalmente, respondiendo a sus emociones y no a los análisis reflexivos. Pero ¿en verdad es así, Charlie Brown? Da para una buena tira cómica, pero ¿acaso significa que la UE dejará de hecho de existir?

No estoy brindando aquí mis puntos de vista sobre si la Unión Europea es buena o mala, si debería ser apoyada o si deberíamos socavarla. En cambio, quiero analizar lo que pienso que ocurre en la realidad. ¿Será que las instituciones que ahora conforman la Unión Europea continuarán existiendo a 10 o 20 años de hoy? Sospecho que sí. Para ver por qué pienso esto, revisemos juntos lo que hace que los europeos –tanto los sofisticados como los “ignorantes– duden de si dar el paso fatal de desmantelar aquello por lo que trabajaron tan duro durante los últimos 70 años. Hay algunas razones que uno podría llamar económicas, otras que serían geopolíticas y, finalmente, otras que podríamos llamar culturales.

Comencemos por la economía. La situación en términos del ingreso actual, tanto para los Estados como para la mayoría de los individuos, es mala en todas partes de la Unión Europea. La cuestión es si desmantelar Europa podría tal vez mejorarla, o de hecho empeorarla.

Algo que está sujeto a constante debate es la Eurozona –¿podrá sobrevivir? Tomemos por ejemplo lo que ocurrió en Grecia y las dos elecciones de 2015 que se celebraron ahí. Alexis Tsipras, el dirigente del partido Syriza, que hoy gobierna, fue elegido en los primeros comicios con una plataforma anti-austeridad. En la negociación con la UE para un préstamo ulterior, él se retractó en justo todo aquello que le había prometido a los votantes griegos. Accedió a las medidas exigidas por la UE que dañan severamente el ingreso real de la mayoría de la población. Debido a esto fue denunciado por las fuerzas de izquierda dentro de Syriza que lo acusaron de traicionar sus promesas, se retiraron del partido y establecieron su lista. No obstante, en las siguientes elecciones que fueron convocadas por Tsipras con gran celeridad volvió a recibir el mandato. Los votantes griegos lo eligieron a él, más que la las fuerzas de izquierda dentro de Syriza.

Parece claro, por lo menos para mí, que los votantes griegos no prestaron atención alguna a las denuncias de izquierda porque, por encima de todo, no querían abandonar la zona del euro. Tsipras hizo su prioridad mantener el euro y, en cambio, las fuerzas de izquierda buscaban volver a una divisa autónoma. Aparentemente, los votantes griegos creyeron que los aspectos negativos más reales de estar en la zona del euro eran menores, en su punto de vista, que los probables aspectos negativos de recrear el dracma.

La situación es más o menos la misma en lo que concierne a los llamados rasgos de la red de seguridad que habían instalado los gobiernos europeos, tal como las pensiones y los beneficios del desempleo. Virtualmente todos los países de la UE han estado recortando su red de seguridad por falta de fondos. Estos recortes los han resistido, a veces con logros, los partidos de izquierda o centroizquierda. Pero ¿acaso hay razones para suponer que si la Unión Europea desapareciera mañana estos gobiernos tendrían más fondos para distribuir? Los partidos de izquierda dicen con frecuencia eso, condenando lo que consideran como presiones neoliberales de la burocracia de la Unión Europea en Bruselas. Pero miren por todo el mundo. ¿Puede alguien señalar gobiernos fuera del alcance de Bruselas que hayan sido capaces de incrementar sus gastos relativos al estado de bienestar?

Si no existen ventajas reales en desmantelar la UE, en términos de los niveles de ingresos, ¿hay alguna otra razón para hacerlo? La UE ha jugado un importante papel geopolítico desde su establecimiento y su membresía ha crecido constante. Estados Unidos ha estado apoyando públicamente el surgimiento y expansión de la Unión Europea, pero la ha intentado socavar en los hechos. Estados Unidos ha visto a la UE como un peligro geopolítico importante. Es obvio para casi todos los observadores que la fuerza geopolítica de la UE es resultado de los números. Un desmantelamiento terminaría con esta fuerza y reduciría a los Estados europeos separados a una importancia geopolítica casi nula.

Al final, casi todos los líderes y movimientos europeos entienden esto. Sin embargo, pese a que casi todos ellos vayan contra la UE como estructura, ¿están preparados para dejar a un lado las ventajas que una gran entidad única les otorga? Los grupos de derecha, en especial en Europa oriental, consideran a la UE como una presión de Estados Unidos para ofrecerles protección militar contra una Rusia tentativamente agresiva. Los grupos de izquierda en otros países, como en Francia, usan la fuerza de la UE para contener lo que piensan que son las acciones tentativamente agresivas de Estados Unidos. ¿Alguno de estos grupos ganaría del desmantelamiento de la UE?

Finalmente, hay los llamados lazos culturales entre Estados Unidos y Europa. Se proclaman en público y se desdeñan más calladamente como remanentes de la dominación hegemónica estadunidense en los primeros 25 años después de 1945. Otra vez ahí hay motivaciones varias. Los partidos y movimientos de izquierda quieren utilizar la estructura unificada como modo de recobrar la autonomía cultural (aun una superioridad) que sienten que tenían antes de 1945. Las fuerzas de derecha quieren utilizar su fuerza para insistir en su autonomía cultural sobre las cuestiones de derechos humanos. De nuevo, en la unión yace la fuerza.

Lo que observo que ocurre es que hay más y más retórica y menos y menos acciones reales. Para bien o para mal, mi sensación es que las instituciones de la UE sobrevivirán. Esto no significa que no cambien. Hay, y continuará habiendo, una lucha política real dentro de la UE acerca del tipo de institución colectiva que debería ser. Esta lucha política al interior de Europa es una parte de la lucha global acerca del mundo que queremos construir como resultado de la crisis estructural del sistema-mundo moderno.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Las ignoradas causas de la enorme crisis que estamos viviendo

Lun, 28/03/2016 - 07:00
Vicenç Navarro, Público

Por extraño que parezca, poco se ha escrito sobre las causas reales de la enorme crisis económica y financiera que se conoce como la Gran Recesión (que para millones de españoles es la Gran Depresión), crisis que continúa existiendo. Soy consciente de que esta afirmación producirá sorpresa entre muchos lectores, pues se ha escrito muchísimo sobre esta Gran Recesión que, además, se presenta como un hecho pasado, pues se asume que ya hemos salido de ella. Pero veamos los datos.

La Gran Recesión se ha ido gestando desde los años ochenta y está causada por la enorme concentración de la riqueza y de las rentas en la gran mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte, lo que ha estado ocurriendo a costa del descenso de la riqueza y de las rentas de la mayoría de la población, que deriva sus ingresos del mundo de trabajo. En realidad, desde los años ochenta ha habido una redistribución de las rentas con una gran transferencia de fondos de la mayoría de la población a una minoría muy reducida de esta, fenómeno que ha causado la crisis (ver mi artículo “Capital-Trabajo: el origen de la crisis actual”, Le Monde Diplomatique, julio 2013).

La distribución de las rentas en la “época dorada del capitalismo” (1945-1979) Comencemos por analizar la situación en EEUU (cuyo gobierno federal es uno de los que recoge con mayor detalle la información sobre la distribución de las rentas) y la evolución de las rentas durante el periodo 1945-2014, que dividiremos en dos periodos. El primero va desde la II Guerra Mundial hasta el año 1979-1980. Durante este periodo hubo una redistribución de las rentas, de manera que el 80% de la población (los cuatro quintiles inferiores) vio crecer año tras año sus ingresos un 2,3% anual como promedio, siendo tal crecimiento en las rentas inferiores (2,5%) mayor que en las renta superiores (2,2%). En realidad, el grupo que vio crecer menos sus rentas fue el 5% superior de la población (los súper ricos). Su tasa de crecimiento anual promedio fue de un 1,9%. Durante aquel periodo, los salarios crecieron paralelamente al crecimiento de la productividad. El país iba creciendo, pero las rentas de la mayoría de la población iban creciendo más y más rápido que las rentas superiores (ver Elise Gould, Debates on Income Inequality and Social Cohesion, Economic Policy Institute, February 2016).

La reacción neoliberal (1979-2014) Pero a partir de los años ochenta, cuando se llevaron a cabo las políticas neoliberales iniciadas por el Presidente Reagan en EEUU y la Sra. Thatcher en el Reino Unido, y más tarde hechas suyas por la Tercera Vía en el socialismo europeo, esto cambió y se revirtió. A partir de entonces, el crecimiento de las rentas superiores, el 5% superior de la población, fue mucho más rápido (un 2%) que el de las del resto de la población. En realidad, el 40% (los dos quintiles inferiores de la población, que constituyen la clase trabajadora de EEUU) apenas vio crecer sus ingresos durante el periodo 1979-2007 (un promedio del 0,2%). Y en el periodo de la Gran Recesión (2007-2015), que no ha terminado, sufrió un descenso en sus ingresos de un 2,4%. La bajada de la capacidad adquisitiva de la gran mayoría de la población (la clase trabajadora y las clases medias de renta media y baja) ha sido muy dramática durante esta crisis. Durante este periodo, el crecimiento de los salarios ha sido muy inferior al crecimiento de la productividad. Así, mientras en el periodo 1948-1973 el crecimiento de los salarios (un 91,3% de crecimiento acumulado) fue parecido al crecimiento de la productividad (un crecimiento acumulado del 96,7%), en el periodo 1973-2014 el crecimiento de los salarios fue solo de un 9,2%, mientras que el de la productividad fue del 72,2% (los salarios son la compensación laboral por hora, y todos los datos son acumulativos para el periodo definido. Véase Understanding the Historic Divergence Between Productivity and a Typical Worker’s Pay, Economic Policy Institute, September 2015).

Las consecuencias del crecimiento de las desigualdades de renta Las consecuencias de este crecimiento de las desigualdades de renta son muchas. A nivel humano (que es el nivel que debería ser más importante), estas desigualdades han tenido un enorme impacto en la calidad de vida, salud y bienestar de las poblaciones. La esperanza de vida (años de vida de la persona) de las personas con niveles de ingreso iguales o superiores a la media ha subido, durante el período neoliberal 1972-2001, casi siete años. En cambio, para las personas de nivel de ingresos inferior a la media (la mitad inferior de la población estadounidense), ha subido solo 1,9 años. En realidad, para las mujeres de clase trabajadora la esperanza de vida ha descendido 3 años, un descenso más que considerable.

Pero lo que es igualmente importante es que cuando analizamos el impacto de este crecimiento de las desigualdades de renta en las áreas económicas, es cuando vemos las causas de la crisis actual. La reducción de la capacidad adquisitiva de la gran mayoría de la población (al ser el crecimiento de los ingresos mucho menor, e incluso negativo) determinó una bajada muy marcada de la demanda de bienes y servicios, generando un enorme descenso del crecimiento económico, alcanzando incluso niveles negativos como hemos estado viendo en el sur de Europa, incluyendo España. La reducción de los salarios (así como la reducción del gasto público, incluyendo el social) ha sido una de las mayores causas de la Gran Recesión. La evidencia científica de ello es abrumadora y se podía ver fácilmente que las políticas de austeridad y las reformas laborales que caracterizan las políticas liberales (conocidas como neoliberales), encaminadas a reducir los salarios estaban creando un grave problema económico, como ya indiqué en mi libro Neoliberalismo y Estado del Bienestar, escrito en 1997. Hoy, por fin, incluso el último informe de la OCDE y el grupo de investigación del Fondo Monetario Internacional (FMI) han admitido el error de tales políticas, aunque los economistas neoliberales que monopolizan los espacios mediáticos en España, con chaquetas llamativas o normales, todavía no lo reconocen, aferrados a su dogma liberal.

Cómo se generó la crisis financiera Pero este descenso de la demanda ha generado a su vez otros dos graves problemas. Uno es que la población, que veía disminuir sus ingresos, intentó mantener su nivel de vida a base de endeudarse. Tanto la población como las empresas y el Estado se endeudaron más y más, con lo cual, el capital financiero (es decir, la banca) creció considerablemente. Pero aquel descenso salarial creó otro problema: el descenso de la demanda de productos y servicios, disminuyendo con ello la rentabilidad de las inversiones en las áreas de la economía productiva, es decir, donde se producen los bienes y servicios cuyo consumo ha disminuido. De ahí que el gran capital (los súper ricos) fuera invirtiendo más y más en actividades especulativas (tales como en el sector inmobiliario) que tienen una elevada rentabilidad. Un resultado de ello es que la actividad especulativa ha ido sustituyendo la actividad productiva, apareciendo así el capitalismo del casino. De ahí que hemos visto que el capital financiero, además de crecer debido al endeudamiento de la población, también ha crecido debido al enorme desarrollo de tal actividad especulativa, puesto que las instituciones financieras se han ido especializando más y más en inversiones especulativas. Hoy tal sector (que es sumamente negativo para la economía) está hipertrofiado en la mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte, y significa asimismo una enorme absorción de recursos que deberían utilizarse en la economía productiva. España, donde el sector bancario es (en relación con el PIB) uno de los más grandes de la UE-15, es un claro ejemplo de ello.

Pero además de absorber recursos que deberían haberse invertido en áreas productivas (donde se producen bienes y servicios) en el país, la expansión del capital financiero creó una enorme inestabilidad, pues toda actividad especulativa (que crea enormes burbujas, como la inmobiliaria que hemos vivido en España) conlleva un riesgo. Toda burbuja explota, con consecuencias negativas para la economía y, más importante, para el bienestar de la población, como hemos visto en España. Ahora bien, lo que es importante subrayar es que el riesgo no lo asume la banca, pues cuando está en dificultades (es decir, cuando corre el peligro de colapsar) inmediatamente viene el Estado (es decir, los ciudadanos que pagamos impuestos) y la “rescata”, con lo cual la banca nunca se arriesga, pues sabe que el Estado benefactor la salvará. Se ha creado así una complicidad banca-Estado que está en la raíz de la crisis financiera.

¿Qué es lo que debería hacerse? A la luz de esta evidencia está muy claro qué es lo que debería hacerse, y que se resume en hacer casi lo opuesto a lo que la mayoría de gobiernos a los dos lados del Atlántico Norte (Norteamérica y la UE) han estado haciendo. Las soluciones desde el punto de vista de política económica son muy fáciles de entender, aunque, por desgracia, no son fáciles de ver o de leer en los medios españoles, debido al abusivo control de estos medios por parte de los grupos económicos y financieros que han originado la crisis y se han beneficiado de ella. Es probable que usted, lector, no haya leído esta explicación en los medios porque la mayoría de ellos están influenciados, cuando no controlados, por los grupos económicos y financieros que dominan la economía de estos países. Y ello ocurre no solo en los medios privados (poseídos por grupos empresariales privados), sino también en los públicos (controlados por partidos políticos próximos, cuando no financiados, por tales grupos).

El mayor obstáculo para resolver el grave problema actual no es económico, sino político, pues el cambio propuesto implica un enfrentamiento con grupos muy poderosos: en primer lugar, nos encontramos con el enorme poder del 1% de la población de más renta (los súper ricos), al cual hay que sumar, en segundo lugar, el 10 ó el 15% de renta superior, es decir, de la clase media de renta alta, la clase media profesional, que está al servicio de aquel 1%, gestionando los aparatos de la reproducción del sistema a través de la difusión de valores, percepciones, creencias, recursos e instituciones que sostienen el dominio político y la hegemonía ideológica cultural en tales países.

Estos cambios pueden hacerse en España Quisiera hacer aquí una reflexión, motivada por el hecho de que percibo que se está extendiendo en España una percepción que está creciendo rápidamente, incluso en círculos progresistas, de que tales cambios hoy no se pueden hacer a nivel nacional, pues se considera que la globalización económica en general y la europeización de la economía española en particular imposibilitan tales cambios, a no ser que haya un cambio a nivel mundial o, en el caso español, a nivel de la UE o al menos de la Eurozona.

Ni que decir tiene que hay elementos de tal opinión que son acertados, excepto cuando concluyen –como lo hacen a menudo- que no hay nada que hacer hasta que se cambie lo supranacional. En esta percepción, los Estados-nación han desaparecido o deberían desaparecer (algo en lo que autores como Toni Negri continúan insistiendo). El argumento de la globalización (que los conservadores y liberales -y Negri- aplauden) ignora que la economía mundial ha estado siempre globalizada. En realidad, estaba más globalizada a principios del siglo XX que ahora. Y también ignora que algunos de los países más globalizados, como los países nórdicos europeos (que son los que tienen mayores indicadores de globalización), son los que tradicionalmente han tenido salarios más altos y Estados del Bienestar más desarrollados. El conflicto Capital-Trabajo (que solía llamarse “lucha de clases”) tiene lugar predominantemente (pero no exclusivamente) a nivel de Estado-nación. Y ello continúa siendo así. En realidad, el problema no es la globalización, sino el tipo de globalización, que sistemáticamente favorece a los Estados-nación más dominantes en el área internacional o en la Eurozona. Hoy los Estados-nación juegan un papel clave en la reproducción del orden (mejor dicho, desorden) internacional. No hay empresas multinacionales. Son empresas transnacionales.

Naturalmente que se necesita llevar las estrategias de cambio a nivel global y/o a nivel de la Eurozona. Pero esta estrategia conlleva la articulación de las luchas que tienen lugar a nivel de cada Estado-nación con las luchas a nivel de las instituciones europeas, unas instituciones que –de nuevo- son controladas y hegemonizadas por los grupos económicos y financieros dominantes de los Estados-nación como Alemania, aliados con los establishments financieros y económicos de cada país. El establishment financiero-económico español, a través del gobierno Rajoy, está consiguiendo lo que siempre ha deseado (la reducción salarial, y el desmantelamiento del Estado del Bienestar) con la inestimable ayuda del gobierno Merkel en Alemania, que representa los intereses financieros y económicos dominantes de aquel país. En contra de lo que se está diciendo, los Estados-nación juegan un papel clave en la reproducción de aquel dominio. La evidencia científica que apoya tal tesis es abrumadora. Las empresas mal llamadas multinacionales, son en realidad transnacionales, es decir, están basadas en un Estado-nación. Telefónica, prototipo de lo que se define como una multinacional, es una empresa española. El hecho de que su producción y distribución ocurra en varios países, no quiere decir que sea propiedad de varios países. En realidad, para entender el comportamiento de Telefónica, hay que entender la relación entre aquella empresa y el Estado español. Son, pues, los Estados los que continúan teniendo un gran protagonismo en la esfera mundial. Atribuir la continuidad de las políticas neoliberales por parte del Estado español a la imposibilidad de cambiarlas debido a la europeización de la economía española es hacerle el juego al argumentario de las élites dominantes en el país. Naturalmente que el sistema de gobernanza de la UE dificulta enormemente la posibilidad de cambios en cada país. No hay duda de ello. Pero que sea difícil no quiere decir que sea imposible. Hay que romper con un determinismo globalizador que está paralizando a las izquierdas, mostrando que sí que hay alternativas, tal como Juan Torres, Alberto Garzón y yo mostramos en su día, cuando escribimos el libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España (2011).

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Atentados de Bruselas: ¿Cómo hacer frente a la barbarie?

Dom, 27/03/2016 - 17:00
Daniel Tanuro, lagauche.org

Cuando detuvieron a Salah Abdeslam, las autoridades belgas cantaron victoria: "Lo tenemos! "... Unos días más tarde, los criminales de Daesh han golpeado en el corazón de Bruselas. Treinta y dos muertos, cientos de heridos, niños mutilados. Una horrible carnicería. ¿Hubiera sido posible evitarla? Tal vez. El mal funcionamiento de los servicios de seguridad en el caso de Ibrahim Barkhaoui es obvia, y es una reminiscencia del caso Dutroux.

Pero Dutroux estaba (casi) solo, mientras que Daech es una organización criminal que no tiene escasez de aspirantes a suicida. Incluyendo aspirantes de círculos no musulmanes, menos "identificables" que Barkhaoui. El ataque de Verviers pudo frustrarse, pero no los demás. Si Barkhaoui Ibrahim hubiera sido detenido a su regreso de Turquía, ¿qué habría sucedido? Hubiera reclutado en la cárcel a otros yihadistas - antes de salir un día. El árbol, por tanto, no debe ocultar el bosque. Es una ilusión creer que podemos superar el flagelo del terrorismo con "mejor política", "mejor información" vigilancia "selectiva", etc. [1]

Atentados suicidas El problema es el siguiente: nada puede detener que un atacante suicida fanático se inmole en medio de una multitud inocente. Desde el momento en que todo el mundo es un objetivo potencial, el número de posibles objetivos es tan alto que ni siquiera se puede tratar de protegerlos a todos. La verdad es que incluso un estado policial tipo Gran Hermano no podría acabar con el terrorismo yihadista. Ni siquiera un estado de ese tipo podría protegerse de un ataque suicida contra una de nuestras centrales nucleares "microfisuradas". Además, ¿queremos vivir en un estado así?

La respuesta seguritaria al terrorismo, está claramente en un callejón sin salida. Es evidente que los responsables de los servicios no tienen ni idea. La OCAM elevó el nivel de amenaza a 4 ... después de los ataques. Y ¿ahora qué? ¿Imponer un bloqueo generalizada, como el que paralizó Bruselas después de los ataques en París en noviembre? Los empresarios no quieren, cuesta demasiado a la economía. El Gobierno excluye esta "solución". De todos modos, el bloqueo solo puede durar unos pocos días: los terroristas pueden esperar a que se levante…

¿Qué más? ¿Sacar más soldados a las calles? Es inútil, evidentemente. Los soldados estaban en el aeropuerto de Zaventem. Ni los tanques en las calles ni un submarino en el canal serían de la menor utilidad contra los ataques suicidas. Los responsables del gobierno lo saben. El despliegue del ejército no tiene para ellos otro objetivo que tranquilizar a la población, demostrar - a un gran coste - que el Estado la protege.

La decisión de filtrar a los pasajeros en las entradas y salidas de las estaciones de Bruselas es un ejemplo de la impotencia de la respuesta securitaria. Es probable que este filtrado se haya decidido como alternativa al bloqueo de emergencia para tranquilizar a la gente. Pero no tranquiliza; al contrario, preocupa más. De hecho, un terrorista con explosivos puede tomar el tren en una estación provincial e inmolarse en Bruselas en medio de la multitud de viajeros que recorren los pasillos y andenes hacia la salida del edificio. ¿Quién habrá podido imaginar un dispositivo tan absurdo?...

¿Guerra total? Podríamos continuar el juego de las hipótesis sobre lo que hará el gobierno. Ninguna es una solución estructural. Poner en marcha una guerra total para eliminar al Estado Islámico del mapa en Irak y Siria se convierte por lo tanto es la "solución", que sueñan más o menos las derechas extremas. Excepto que: ¡es fue lo que Bush hijo hizo precisamente en Afganistán, y sabemos el resultado!. No sólo Al Qaeda no está muerta (¡a diferencia de miles de civiles!), sino que la organización de Bin Laden dio a luz a otra, aún peor, Daech. ¿Queremos repetir el mismo error? ¿No vemos que las cruzadas de Occidente contra el mundo árabe y musulmán son una parte de la máquina que genera el odio vengativo que lleva a algunos a la locura?

Decimos: parte de la máquina. Hay otros: la complicidad con los crímenes del estado sionista contra el pueblo palestino; la venta de armas a las dictaduras fundamentalistas; el rechazo brutal de los solicitantes de asilo; el abandono y la güetización de los barrios pobres de nuestras ciudades, donde viven las poblaciones de origen inmigrante; el racismo y la islamofóbia, el perfil racial de la policía, la discriminación en el empleo, las campañas de odio contra las mujeres que llevan velo; la estigmatización en los medios de comunicación; por no hablar de la cobardía odiosa en nombre de la realpolitik de los crímenes atroces del llamado régimen "laico" (de hecho, no lo es en absoluto) de Bashar al Assad, el verdugo del pueblo sirio. Lo sorprendente, no es que semejante "máquina" despierte tanto odio, es que algunos se sorprendan.

Mecanismo sectario No hablamos de las posibles razones por las que el odio toma la forma de una violencia ultra-destructiva, y se adorna con una ideología de otra época: pseudo-religiosa, sexista, autoritaria y profundamente reaccionaria . Todo indica que los jóvenes desorientados que dejan nuestros barrios para unirse a la yihad no lo hacen empujados por una radicalización del Islam, sino por una pseudo-islamización de su radicalización -o de su criminalidad. Es en realidad la "radicalización" de su odio sin perspectivas lo que lleva a algunos, en algún momento, a envolverse en esta fantasía: el islamismo radical dará significado a su vida, el estado islámico les ofrece un Reino de hermandad y su martirio (en realidad: su conversión en asesino) les abrirá las puertas del paraíso.

En pocas palabras, el mecanismo es sectario, no religioso. Ahora bien, en esta secta la exaltación del suicidio es tal que cada vez que un "mártir" se inmola, docenas de candidatos quieren tomar su lugar. No hay solución policial a esta situación, tampoco militar. Una solución estructural sólo puede ser política: debe asegurarse de que la fuente del odio se seca. Esto requiere un cambio radical de orientación consistente en todas las áreas relacionadas con las "partes" de la máquina. Un cambio de orientación conjunto, tanto en política exterior como en política interna.

Retirar las tropas belgas de las operaciones donde participan. Enviar al ejército a los cuarteles (pendiente de eliminarlo por completo). Apoyar la lucha legítima del pueblo palestino por sus derechos. Unilateralmente poner fin a la venta de armas a Arabia Saudí y a otras dictaduras (hasta eliminar la producción de armas, con el reciclaje de los trabajadores). Apoyar las luchas populares por la democracia en Siria y en otros lugares. Acoger a los refugiados y solicitantes de asilo. Aprovechar cualquier oportunidad para una política de renovación urbana digna de ese nombre en los barrios desfavorecidos. Poner fin a las provocaciones y la violencia policial. Crear puestos de trabajo de calidad, invertir en infraestructura pública. Abrir los medios de comunicación a la libre expresión. La práctica de una verdadera democracia participativa con capacidad efectiva de toma de decisiones de asociaciones, comités de vecinos, etc. Estas son algunas ideas que hay que desarrollar.

La razón de la emoción No existen soluciones simples a problemas complicados y ciertamente no tenemos la solución definitiva para luchar contra el terrorismo. El desarrollo de un programa de este tipo tiene que ver con los actores sociales. Esto llevará tiempo y no eliminará los peligros, pero la movilización social proporciona una mejor protección que las fuerzas especiales. En cualquier caso, una cosa es cierta: la solución sólo se encontrará rompiendo con la lógica actual de una sociedad basada en la injusticia, la violencia y la exclusión. Hay que seguir la vía de una política social generosa, basada en la solidaridad, las libertades democráticas, la distribución de la riqueza y la lucha contra la desigualdad en el país y en el mundo. Para citar la declaración de la LCR (leída por más de 10.000 personas en nuestro sitio web): "Es con la vida como se lucha con la política de la muerte”. De hecho, es una cuestión de vida o muerte. La emoción lo embarga todo. La que nos moviliza hoy debe apoyarse en la razón para salir del ciclo de la barbarie.
________
Notas:
[1] No nos sorprendería ver como Jan Jambon aprovecha el mal funcionamiento, poniendo sobre la mesa las sentencias incomprensibles que la extrema derecha exige después del caso Dutroux, y que la movilización ciudadana impulsada por Russo había permitido contrarrestar. La izquierda debe ser muy cautelosa hoy en su denuncia del mal funcionamiento.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Europa no escuchó las advertencias de Gaddafi y Assad que tristemente se cumplieron

Dom, 27/03/2016 - 03:00

Mientras que Europa vive las consecuencias de los brutales atentados que sacudieron Bruselas el 22 de marzo, cobrándose la vida de 31 personas, las advertencias sobre el posible aumento de la amenaza terrorista en Europa comenzaron a sonar varios años antes.

En 2011, el entonces líder de Libia Muamar Gaddafi alertó a Tony Blair en dos conversaciones telefónicas que su retirada del poder abriría la puerta al ascenso de Al Qaeda, que luego emprendería una invasión de Europa. En concreto, alertó que los yihadistas "quieren controlar el Mediterráneo y luego atacarán a Europa", según cita 'The Guardian. El mismo año, en una entrevista a France 24, Gaddafi aseguró que "Libia juega un papel importante en la seguridad en el Mediterráneo".

A su vez, en junio de 2013, el presidente sirio Bashar Al Assad también advirtió que si Europa comenzaba a suministrar armas a los rebeldes, reforzaría a los terroristas en el "patio trasero de Europa" y causaría caos y pobreza en Siria, como informó The Telegpraph. En declaraciones al periódico alemán 'Frankfurter Allgemeine Zeitung', Assad advirtió que el levantamiento del embargo de armas también llevaría a "la exportación directa del terrorismo a Europa". "Los terroristas se entrenarán para el combate y regresarán a casa equipados con la ideología extremista", añadió el presidente.

En Europa omiten que los terroristas de Bruselas son los mismos que combatieron contra Al Assad. "Los autores de los atentados en Bruselas son los mismos yihadistas que combatieron en Libia a Muamar Gaddafi y en Siria a Bashar al Assad", señala Alexéi Pushkov, director del Comité de Asuntos Exteriores de la Duma Estatal de Rusia. "Eso es algo que en Europa prefieren callar", agregó el político, que expresó también sus condolencias a las familias de las víctimas de los atentados en Bélgica. "Ya llegó la hora de que Europa entienda de dónde proviene la verdadera amenaza a Europa. Los ataques terroristas de este martes en Bruselas y los de París del pasado 13 de noviembre demostraron a las claras quién amenaza a la UE.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Acuerdo UE-Turquía sobre refugiados: cambiar dinero por vidas humanas

Ven, 25/03/2016 - 22:40
Mehmet Ugur, Sin Permiso

Yo solía divertirme investigando la integración europea, debido a que la cuestión me sorprendía por ser un rico laboratorio para destilar pruebas del lado obscuro de los gobiernos nacionales. He aprendido un rato largo acerca de la forma en que los gobiernos de mi país de origen y mi país de adopción (Turquía y el Reino Unido) defendían el ‘interés nacional’ en Europa. Mi lectura de la evidencia sugería que el ‘interés nacional’ no era en realidad nada más que el de los puntos de veto: grupos de interés pequeños pero estrechamente organizados capaces de apoderarse de la política pública, precisamente porque son pocos en número y se organizan de modo eficaz. Por contraste, el público en su conjunto (es decir, el origen legal y filosófico del interés nacional) quedaba orillado debido a su inherente debilidad a la hora de resolver problemas de acción, tal como ha demostrado Mancur Olson.

La inmigración es una cuestión de política en la que los grupos de veto tienen mejores oportunidades de equiparar sus intereses egoístas a un ‘interés nacional’ indivisible, pero en buena medida ficticio.

El reciente acuerdo entre la UE y Turquía sobre los refugiados sirios es un vergonzoso ejemplo de la política pública europea atrapada por grupos de veto que consisten en grupos y políticos xenófobos minoritarios preocupados por sus posibilidades de reelección. El acuerdo consta de tres elementos: (i) por cada refugiado sirio devuelto de las islas griegas a Turquía, la UE aceptará a un solicitante de asilo sirio de Turquía; (ii) el acuerdo no se aplicará a otras nacionalidades (es decir, a ciudadanos de Afganistán, Pakistán o incluso Irak); (iii) ayuda financiera extra de 3.000 millones a Turquía, que dobla la ayuda hasta 6.000 millones.

La Alta Comisión de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR), Amnistía Internacional y otros organismos han indicado ya que el acuerdo es moralmente un error y puede ser ilegal. Esencialmente, se reduce a una deportación forzosa, dado que los refugiados, sirios o no, que sean devueltos a Turquía se verán privados de su derecho a ser escuchados en un tribunal. En segundo lugar, el acuerdo implica enviar refugiados a Turquía, país considerado inseguro por las organizaciones de derechos humanos. Estas últimas llevan mucho tiempo criticando a Turquía por detener refugiados de manera arbitraria, remitiéndolos de vuelta a países peligrosos y bloqueando su acceso al mercado de trabajo.

Aparte de sus defectos legales, el acuerdo es moralmente vergonzoso por dos razones: en primer lugar, no detendrá el flujo de refugiados que huyen de zonas de guerra. En el mejor de los casos, el flujo puede verse reducido si Turquía colabora. Considerando la falta de seguridad y estabilidad de muchas partes de Oriente Medio y otros países como Afganistán, algunos refugiados seguirán jugándose la vida para buscar asilo en Europa, ya sea vía Turquía o atravesando el mar Egeo hasta Grecia. En segundo lugar, la exclusión de los refugiados de nacionalidad no siria representa una regresión clara respecto al espíritu de la Convención de Ginebra para los Refugiados de 1951, que garantiza un trato igual para todos los refugiados que huyen de zonas bélicas, con independencia de su nacionalidad.

El acuerdo también es políticamente defectuoso, porque se reduce a apoyar a un gobierno y un presidente turco autoritarios, que están matando a civiles inocentes (niños incluidos), destruyendo ciudades y barrios y silenciando el disenso con el pretexto de luchar contra el terrorismo. El aumento del número de ataques terroristas no es independiente de la marcha del gobierno y el presidente, su apoyo a grupos terroristas en Siria y su discurso cargado de odio, que ha fomentado continuos ataques violentos contra el único partido con un programa de respeto sin reservas por los derechos humanos y la democracia, el Partido Democrático de los Pueblos (Halklarin Demokrati Partisi - HDP). La combinación de una política exterior temeraria y la supresión de la opinion dentro de Turquía han sido el impulsor principal que ha incrementado tanto la probablidad de atentados terroristas como la vuelta a los mismos.

Aunque se asuma que los atentados terroristas son únicamente un problema de seguridad, la forma en que han respondido el gobierno turco y sus fuerzas de seguridad (incluyendo a los militares) constituye una serie de crímenes punibles de acuerdo con el Derecho Internacional. Aunque el Tribunal Europeo de Derechos Humanos haya rechazado hasta ahora aplicar requerimientos por razones técnicas, veremos un enorme torrente de casos individuales que entrañan pérdida de vidas y propiedades, privación de agua e instalaciones sanitarias, trato cruel a hombres, mujeres y niños, y trato desconsiderado de los difuntos.

Víctimas del acuerdo El acuerdo también le ofrece a Turquía la aprobación europea, por lo menos tácita, para que continue con su arremetida contra los kurdos so capa de lucha contra el terrorismo. La experiencia internacional sugiere claramente que los conflictos armadas no tienen vencedores. La misma historia de Turquía en la década de 1990 es un caso que se suma a la evidencia. Las principales víctimas de la arremetida de Turquía contra los kurdos serán los civiles kurdos, hombres, mujeres y niños.

La segunda victima sera la oposición emergente bajo el paraguas del HDP. De los otros dos países de oposición, el Partido de Acción Nacionalista (MHP) se atiene a principios racistas, xenófobos y opresivos de la ideología nacionalista turca, entre cuyas credenciales se cuenta la justificación del genocidio armenio y la admiración por el nazismo. El otro partido de la oposición – el Partido Popular Republicano (CHP) – incluye tanto a nacionalistas como a socialdemócratas, pero está unido a una ideología estatista en la que la ‘unidad’ del Estado turco (como quiera que se defina) tiene prioridad por encima de cualquier otra cuestión política, económica o social del país. Esta es la razón por la cual, tan tarde como esta semana, su líder proclamó que estarían en contra de cualquier cambio constitucional que reconozca a las diferentes etnias de Turquía y ponga fin a que el turco sea el único idioma oficial. Y esto pese al hecho de que kurdos y otros grupos étnicos constituyen cerca del 15% de la población.

El caso se justifica sobre la base de la crisis de los refugiados en la que está sumida Europa. Sin embargo, la justificación refleja una tendencia a poner los propios deseos (o la confianza en el actual gobierno turco) por delante de los hechos. Las instituciones europeas han elaborado numerosos informes, han emitido diversas resoluciones judiciales y ha invertido mucho tiempo de su personal en reuniones, todo con el propósito de ‘anclar’ la democratización turca. Sin embargo, el estado de la democracia es peor que en los años 90 y primeros años del siglo cuando el AKP llegó al poder. La UE y los gobiernos nacionales decididos a firmar el acuerdo, sobre todo el gobierno alemán, deberían ofrecer a los ciudadanos europeos pruebas de cómo funcionaría el acuerdo y hacer lo prometido de modo humano. A menos que se haga esto, la UE acabará apoyando a un régimen autoritario en un momento en que hasta los norteamericanos han empezado a hacer oír duras críticas debido a su papel en Siria y su opresión de la disidencia dentro del país.

El gobierno turco se ha resuelto utilizar a los refugiados sirios como moneda de cambio con la UE. Las actas que se han filtrado de un encuentro del 5 de octubre de 2015 entre el presidente de la Comisión Europea (Jean-Claude Juncker) y el presidente turco (Recep Tayyip Erdogan) demuestran que esta intención data de hace largo tiempo. El documento filtrado indica que Erdogan no sólo le tomó el pelo a Juncker sino que también fue hipócrita respecto a la puesta en práctica de su parte del trato. Por ende, revela que la Comisión había retrasado deliberadamente la publicación de un boletín de calificaciones criticando el historial de democratización del gobierno turco hasta después de las elecciones en Turquía, que ganó el AKP apoyándose en una campaña de violencia orquestada por el Estado.

Echando un vistazo por adelantado al estrafalario encuentro de este fin de semana [19 y 20 de marzo], lo que podemos ver es que solo Chipre se mantiene firme en su amenaza de vetar el acuerdo. Aunque el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, visitara Nicosia para suavizar las objeciones chipriotas, el presidente chipriota, Nicos Anastasiades, reiteró que Chipre no aceptaría las exigencias turcas. Francia e Italia hicieron algunas críticas ruidosas, pero decidieron acomodarse para salvar el plan de Angela Merkel. Grecia también se ha mostrado muy reticente hacia el acuerdo, pero las manos de su gobierno están atadas por el acuerdo de rescate que tuvo que aceptar bajo coacción. El gobierno del Reino Unido, como se esperaba, declaró que apoyaba el acuerdo.

En conjunto, da la impresión de que la UE se inclina por llegar a un acuerdo con Turquía, traicionando los valores europeos y dejando que el primer ministro turco se frote las manos con la sonrisa de un vendedor de alfombras oriental. De modo que se ha demostrado que Mancur Olson llevaba razón: la opinión pública europea que aprecia la democracia y los derechos humanos puede verse orillada este fin de semana. Pero recuérdese: el predominio de los puntos de veto en política es un indicador de la caída y no del ascenso de las ‘naciones’.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Así funciona la gran imprenta de la Reserva Federal: se crean 500 millones de dólares al día

Ven, 25/03/2016 - 20:50

"De aquí salen al día más de 500 millones de dólares en billetes recién creados", afirma con una amplia sonrisa Donovan Elliot, operador de una de las imprentas de la Oficina de Grabado e Impresión (BEP) de Estados Unidos.

"Cuidado, en ese carro, ahí van 50.000 dólares en billetes de uno", advierte Elliot desde una de las salas de impresión de la moneda más importante del mundo: el dólar.

La Reserva Federal (Fed), el banco central estadounidense, es el que decide cuánto dinero se crea, pero es en la BEP donde esta tarea se desarrolla con diligencia y sin un solo momento de interrupción.

La BEP se encuentra en pleno centro de Washington y, aunque no aparezca en las guías, es uno de los principales reclamos turísticos de la capital estadounidense. Elliot, como el resto de sus 800 trabajadores, trabaja rodeado de dinero. Planchas de billetes de uno, dos, cinco, diez, veinte, cincuenta y cien dólares. Miles de millones de dólares en todas las denominaciones.

Las 24 horas del día, siete días a la semana, con turnos sucesivos y un continuado suceder de operarios. Solo en 2015 se emitieron billetes por valor de 560 millones de dólares al día, en total más de 7.000 millones de dólares.

De fondo, el constante ruido de los tornos que no cesan de imprimir. "Aunque parezca mentira, a la semana te has acostumbrado. Hay tanto dinero por todas partes que te olvidas", subraya Lydia Washington, de la oficina de prensa de la institución, durante el recorrido por su interior.

Solo dos instalaciones en todo EEUU producen dólares: la de Washington y la de Fort Worth, en Texas. Pese la impresionante cantidad de billetes que se realizan, el riesgo de la inflación no sobrevuela el edificio ya que más del 90% de los que se emiten cada año son usados para reemplazar los que se retiran de circulación por sus malas condiciones tras un prolongado uso.

No todas los denominaciones, sin embargo, tienen la misma vida útil. El billete de un dólar, uno de los más populares, tiene una vida media de 5,8 años, comparado con el de 20 dólares que se mantiene en circulación una media de 7,9 años; y el más duradero es el de mayor valor, el de 100 dólares, que está operativo una media de 15 años.

Dentro del BEP también trabajan historiadores como Franklin Knoll, quien se encarga del departamento de archivos e investigación y para el que la fabricación de billetes es "una compleja mezcla de artesanía y arte con un gran componente tecnológico".

La historia de la impresión de dinero Knoll explica que las primeras planchas de dólares federales fueron creadas en Nueva York en 1862, en plena Guerra Civil, por una empresa privada y luego enviadas a un sótano del actual edificio del Departamento del Tesoro, en la capital estadounidense, para que "se le pusieran los sellos oficiales, se cortaran y separaran cada uno de ellos".

Antes de esa fecha, los billetes eran emitidos "bajo demanda" y respaldados por los diferentes bancos privados que existían en el país, lo que generaba complicaciones y problemas debido a la diversidad y variedad.

En la década de 1920, se realizó una primera revisión del diseño, y se crearon billetes más pequeños, que son la base de los actuales, y más delante se modernizó el proceso con nuevas máquinas más rápidas y eficaces.

A lo largo de los años se han llevado a cabo varios rediseños de los billetes de más alta denominación, especialmente por cuestiones de seguridad y para combatir la falsificación. "Obviamente, falsificar un billete de un dólar no es muy rentable, así que hay menos presión sobre estas denominaciones", subrayó Knoll. Todos los billetes deben ser revisados por el Servicio Secreto de EEUU, que es quien da finalmente la luz verde una vez se cumplen los estándares de seguridad.

Otro de los elementos que complican aún más labor de los impresores de dólares, es que el dólar, como moneda de reserva internacional, es usado ampliamente fuera de las fronteras estadounidenses. De acuerdo con las últimas estimaciones, se calcula que entre la mitad y dos tercios del valor total de la moneda estadounidense en circulación se encuentra fuera de EEUU. Sea donde sea que vayan a parar, no obstante, el acta de nacimiento se produce aquí, en la BEP.
_______
Tomado de El Economista

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

¿Es "arrojar dinero desde helicópteros" la fórmula mágica para salvar la economía?

Ven, 25/03/2016 - 08:00


Más de 600 recortes de tipos de interés y compras de activos por miles de millones de dólares: ninguna de estas medidas tomadas por los bancos centrales de los países desarrollados ha logrado impulsar la inflación o un crecimiento económico notable, escribe Bloomberg.

Con lo cual, para sacar al mundo del estancamiento desinflacionista podría utilizarse la estrategia conocida como 'arrojar dinero desde helicópteros', o sea, que los bancos centrales financien directamente el estímulo público. Dicho concepto fue propuesto por Milton Friedman, premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia, en 1969, quien imaginó el dinero recién impreso lanzado desde helicópteros.

La imagen es una metáfora para ilustrar la idea de que el dinero debe ser entregado directamente a la gente, que al tener más dinero gastará más. En su opinión, esta medida estimula la actividad económica y aumenta la inflación. En el sentido moderno, la estrategia no solo contempla la distribución directa de dinero, sino también otras formas de estimular el gasto de las familias como, por ejemplo, los beneficios fiscales.

La teoría, de momento jamás puesta en práctica por ninguna economía moderna grande, es fusionar las políticas monetarias y fiscales, subraya el medio. Gobiernos con problemas de liquidez venden deudas a corto plazo directamente a su banco central por el dinero recién impreso, que a continuación se inyecta directamente en la economía a través de recortes de impuestos o programas de gasto. En este caso se evitan los intermediarios habituales como los bancos.

De acuerdo con Bloomberg, economistas de Citigroup, HSBC Holdings y Commerzbank AG publicaron recientemente informes para los inversores sobre el tema, mientras que "el titán de los fondos de cobertura" Ray Dalio ve potencial en la idea. Por su parte, el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, lo definió como "un concepto muy interesante".

"No sabemos con certeza si 'arrojar dinero desde helicópteros' será el próximo intento de fórmula milagrosa; sin embargo, el tema está recibiendo mucha atención", comentó Gabriel Stein, economista de Oxford Economics. "La probabilidad de que sea implementada una forma de la estrategia en algún lugar es razonablemente alta".

Los detractores señalan que la afluencia de dinero desatará la inflación, inflará la deuda nacional y "hará grandes agujeros en los balances de los bancos centrales". Sin embargo, "la clara lección de los últimos años es que las medidas de política aparentemente inimaginables y limitadas antes a la teoría o los libros de historia pueden convertirse en realidad si las circunstancias económicas extraordinarias persisten durante un tiempo suficiente", observó Jonathan Loynes de Capital Economics.
_________
Tomado de RT

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

El corazón enfermo de Europa

Ven, 25/03/2016 - 00:12
Fabrizio Lorusso, La Jornada

El balance preliminar de dos atentados suicidas reivindicados por el Estado Islámico (EI) en el aeropuerto y en el Metro de la capital de Bélgica es de 31 muertos y 270 heridos. En la mañana cundió el pánico por la amenaza yihadista, pero de nuevo se trata de armas, redes y terroristas locales.

El objetivo fue el centro de un viejo continente acorralado por el estancamiento económico, producto de un modelo que ha ido abatiendo los derechos sociales y laborales sin ofrecer el tan esperado crecimiento, y la crisis de los migrantes y refugiados forzados a huir de guerras en las que varios países occidentales tienen implicaciones directas. Por primera vez empiezan a temblar los palacios de la Unión Europea (UE).

Después de los actos terroristas del noviembre pasado en París, e incluso tras la matanza en Charlie Hebdo, 10 meses antes, que había sido reivindicada por Al Qaeda, aunque entre los atacantes había también un afiliado del EI, hubo una escalada en la ofensiva contra el EI en Siria por una heterogénea coalición internacional. En ésta participan países como Rusia, Canadá, EU, Reino Unido, Turquía, Francia y otros europeos que están claramente contrapuestos en el escenario internacional, pero unidos en la coyuntura siria, aun con finalidades geoestratégicas divergentes.

Putin sostiene el gobierno sirio de Bashar al Assad y combate al EI, aunque hace una semana optó por retirar la aviación militar y suspender las incursiones aéreas, mientras Estados Unidos, Francia y el Reino Unido apoyan a los rebeldes sirios. Los turcos, aliados occidentales, llegaron inclusive a sostener al Estado Islámico que ahora dicen combatir, así como Arabia Saudí, Qatar y Kuwait, que fueron financiadores de los islamistas y hoy son parte de la coalición. El gobierno turco de Recep Erdogan, más bien, vuelca energías a la represión contra la minoría kurda. Por otro lado, el EI mantiene sus posiciones en una Libia dividida entre tres gobiernos de facto, así que se vislumbran nuevas intervenciones para no perjudicar los intereses petroleros occidentales.

En febrero las discusiones para la paz en Siria –azotada por una guerra civil entre los grupos rebeldes, surgidos tras la primavera árabe de 2011 contra el dictador al Assad, y las fuerzas gubernamentales– no han resuelto la cuestión de la permanencia en el poder de Assad, que contrapone a EU y Rusia, y se reanudaron esta semana. En Siria siguen activos tanto el EI como las facciones radicales de Al Qaeda, como Al Nusra, mientras que a lo largo de la frontera turca las comunidades kurdas, verdadero baluarte democrático-popular de la región que ha sabido repeler al EI por tierra, resiste pese al hostigamiento de Erdogan que, además, endureció la represión interna contra los partidos de referencia para los kurdos y la prensa en general.

Sin embargo, la UE acaba de firmar un acuerdo con Turquía para delegar a este país la resolución del problema de los migrantes y, en contrapartida, Estambul va a recibir fondos por 6 billones de euros y se destrabarán las negociaciones, paralizadas hace años, para su adhesión a la Unión.

La política desunida de la UE no ha sabido contrarrestar los fracasos en el escenario sirio y en Irak, mientras que en su interior no ha podido revertir la progresiva fractura del tejido social, especialmente en las periferias de las grandes ciudades y en las distintas generaciones de migrantes. Los jefes de Estado han denunciado un ataque a nuestra sociedad abierta y democrática, ya que se arremetió contra un lugar simbólico, la ciudad de Bruselas, sede de instituciones de la UE. Aconteció lo que temíamos, dijo el primer ministro belga, Charles Michel.

En efecto, ya no se hablaba de si los islamitas, por medio de ciudadanos europeos o foreign fighters, atacarían al país, sino del cuándo. Las fuerzas policiacas ya estaban en alerta, a raíz del operativo antiterrorista de la semana pasada en que se detuvo a Salah Abdeslam, último sobreviviente de los atentados de París. Su arresto no ha servido para frenar el terrorismo, así como la captura de un capo no detiene al narcotráfico. Más bien, pudo haber acelerado los tiempos para que otra célula, posiblemente ligada a Abdeslam, actuara y mostrara su capacidad pese a los operativos de seguridad.

Mientras, las ultraderechas aprovechan para cabalgar el descontento y el miedo, fomentando el extremismo y la xenofobia y, a la vez, desviando la atención de los problemas estructurales y de la austeridad macroeconómica. En este sentido, la derecha neofascista se junta idealmente con la neoliberal-tecnocrática, que ahora puede atribuir la culpa del fracaso económico-social a factores externos: los migrantes, los islamitas, Rusia.

Desde luego, se registra el fiasco de los sistemas de inteligencia, muy descoordinados incluso entre dos vecinos como Francia y Bélgica. En territorio belga residen 500 potenciales terroristas, combatientes que, aun después de realizar viajes a Libia o Siria y volver a Europa, no han podido ser detenidos. Pero no se trata sólo de las fallas de la inteligencia, de la seguridad o de la integración social, sino de cambiar el rumbo de la política exterior, ya que los líderes europeos han sido cómplices de varias facciones del terrorismo yihadista que sirvieron repetidamente como aliadas, luego se combatieron esquizofrénicamente y, a la postre, llegaron a sacudir desde adentro el enfermo corazón europeo

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Precios de materias primas y especulación financiera

Mér, 23/03/2016 - 13:11
Alejandro Nadal, La Jornada

Casi todos los análisis sobre la economía mundial y la evolución de la crisis coinciden en una cosa: la recesión en China está acelerando la caída en los precios de las mercancías básicas a escala mundial. La reducción en la demanda mundial debido a la crisis de 2007-08 ha provocado una caída en esos precios, pero hoy predomina la idea de que el freno en el crecimiento en China es el factor explicativo más importante de la caída en los precios de materias primas. La realidad es mucho más compleja.

Es cierto que la contracción económica a raíz de la crisis de 2007-2008 ha llevado a una reducción en los precios de las materias primas y productos básicos. Pero desde hace muchos años se ha popularizado la creencia de que China es la fuente principal de demanda de todo tipo de productos básicos, desde los agropecuarios hasta minerales y otros insumos intermedios. Las altísimas tasas de crecimiento del PIB en China han sido vistas tradicionalmente como el motor de la evolución de precios de estas materias primas y commodities.

Ahora que los precios de los commodities se han desplomado, es muy tentador concluir que la causa se encuentra en la fuerte contracción de la economía china. En efecto, sabemos que el PIB en China ha dejado de crecer a las tasas vertiginosas de hace unos años. Las fuentes oficiales señalan que el crecimiento en 2015 fue de 6.9 por ciento, pero nadie toma esa cifra en serio. Es mucho más probable que el crecimiento en 2015 haya sido de apenas 3 por ciento, lo que es una catástrofe para una economía como la china. Pero aún esta correlación entre el comportamiento del PIB en China y los precios de commodities es insuficiente para concluir que la evolución de la economía china es la causa principal del colapso de precios de los productos básicos.

El Banco Asiático de Desarrollo acaba de publicar un estudio sobre el impacto de la recesión en China sobre los precios de productos básicos. Uno de los resultados es que China ha sido casi auto-suficiente en el caso de muchos productos básicos. Además, China no desempeña un papel determinante en muchos mercados de productos básicos. Por ejemplo, la economía china apenas consume 12 por ciento del petróleo mundial y sólo 5 por ciento del gas natural que se produce en todo el mundo. La reducción del ritmo de actividad en China no puede explicar el cambio en las cotizaciones de estos productos (73 y 55 por ciento en los precios del petróleo y gas natural, respectivamente). Además, la política económica en China mantiene el objetivo de satisfacer 95 por ciento del consumo doméstico de productos agropecuarios (con excepción de la soya). Aunque no ha sido posible alcanzar esa meta, la producción interna en el sector agropecuario es muy importante (sólo 2 por ciento del arroz que se consume en China es importado).

En resumen, no todo el desplome de los precios de productos básicos en el mundo está siendo provocado por la recesión en China. Algo más debe estar sucediendo en la economía mundial.

Además de las presiones para exportar que provienen del exceso de capacidad instalada y del afán de consolidar posiciones en el mercado, el sector financiero también está jugando un papel importante en la reducción de precios de las materias primas y commodities. Muchos fondos de cobertura o hedge funds han ejercido presión en los mercados financieros para deprimir más esos precios.

La práctica de los fondos de cobertura gira alrededor de la venta en corto y la compra en largo (cuando se piensa que los precios van a continuar creciendo). Cuando los mercados de futuros involucran a los productores y comerciantes, una parte de esta especulación puede tener sentido. Pero cuando los agentes ya no están relacionados con las operaciones sustantivas de producción, transporte, comercialización y consumo, y cuando sólo buscan obtener ganancias a través de operaciones de arbitraje y de ventas en corto, todo cambia. Buscar explicar el movimiento del mercado financiero a través de explicaciones tradicionales es engañoso.

La financiarización de los mercados de materias primas y commodities ha incrementado la exposición de muchos agentes financieros en los mercados respectivos. Eso les ha llevado a colocar mayor presión sobre el precio de estos bienes: apostando a que los precios van a continuar cayendo, deciden vender en corto (eso hace que la oferta crezca y el precio efectivamente se reduzca). Esto está bien documentado en los casos del cobre y hasta del petróleo.

Y cuando los fondos de cobertura se convierten en la figura dominante, el mercado deja de ser un espacio económico, las operaciones ya no tienen que ver con hacer frente al riesgo y sólo responden a la especulación pura. El mercado se convierte en un casino y, como bien decía Keynes, la tarea de invertir productivamente no se va a llevar a cabo de manera adecuada.

Hoy el sector financiero, y en especial los fondos de cobertura, siguen desempeñando un papel fundamental en la evolución de la crisis.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Noam Chomsky: Las elecciones presidenciales ponen a Estados Unidos en peligro de un desastre completo

Mér, 23/03/2016 - 09:00

Vivimos tiempos críticos y dramáticos. El neoliberalismo sigue siendo la doctrina político-económica suprema al tiempo que las sociedades se siguen deteriorando a medida que se reducen tanto las inversiones públicas como los programas y servicios sociales para que los ricos puedan enriquecerse más. Al mismo tiempo el autoritarismo político está en auge y en opinión de algunas personas se dan las circunstancias para que emerja un régimen protofascista. Mientras tanto, aumenta la amenaza del cambio climático en la medida en que los dirigentes políticos siguen careciendo de valor y de visión de futuro para avanzar con sistemas energéticos alternativos, con lo que ponen en peligro el futuro de la civilización humana.

Por estas y por otras razones las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016 son clave para el futuro de este país y para el mundo en general. De hecho, esta puede ser la última oportunidad que tenga Estados Unidos de elegir a un dirigente que pueda cambiar el curso de su política interna y externa, aunque si se observa el actual paisaje político hay pocas posibilidades de que esto ocurra.

En efecto, como declaró Noam Chomsky a Truthout en esta entrevista exclusiva, los candidatos políticos para las elecciones presidenciales de 2016 apenas abordan los problemas fundamentales a los que se enfrentan tanto el país como el mundo. Mientras tanto, el auge del Trumpismo y la lucha de los candidatos republicanos a ver quién es más racista y extremista son reflejo de las muy arraigadas “ideas de pérdida y miedo” de muchos estadounidenses.

Sin embargo, en opinión de Chomsky estas elecciones son decisivas y tienen una enorme importancia.

C.J. Polychroniou: Noam, empecemos analizando cómo se desarrollan las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016 en lo que se refiere a la situación del país y al papel que desempeñan en los negocios globales, así como los puntos de vista ideológicos expresados por algunos de los principales candidatos de ambos partidos.

Noam Chomsky: No se puede ignorar que hemos llegado a un momento único en la historia de la humanidad. Por primera vez hay que tomar inmediatamente decisiones que determinarán, literalmente, las posibilidades de una supervivencia humana decente y en un futuro no distante. Ya hemos tomado esta decisión para una enorme cantidad de especies. La destrucción de especies está al nivel de hace 65 millones de años, la época de la quinta extinción que acabó con la era de los dinosaurios. Aquello también abrió el camino a los mamíferos pequeños y en última instancia a nosotros, una especie con capacidades únicas, incluida, por desgracia, la capacidad de destruir fría y salvajemente.

Joseph de Maistre, un autor reaccionario del siglo XIX opuesto a la Ilustración, criticó a Thomas Hobbes por adoptar la locución latina “el hombre es un lobo para el hombre” ya que la consideraba injusta con los lobos, que no matan por placer. Esta capacidad se hace extensible a la autodestrucción, algo de lo que ahora estamos siendo testigos. Se supone que la quinta extinción fue causada por un asteroide descomunal que chocó contra la Tierra. Ahora nosotros somos el asteroide. El impacto sobre los seres humanos ya es significativo y pronto será incomparablemente peor a menos que se emprendan inmediatamente acciones decisivas. Además, cada vez es mayor el riesgo de una guerra nuclear, una sombra siniestra que siempre planea sobre nosotros. Esto debería acabar con cualquier otra discusión. Podemos recordar la respuesta que dio Einstein a la pregunta sobre qué armas se usarían en la siguiente guerra. Respondió que no lo sabía, pero que la guerra que siguiera a aquella se lucharía con hachas de piedra. Si se examinan los impactantes antecedentes vemos que casi es un milagro que hasta ahora se haya evitado el desastre y los milagros no duran eternamente. Y, por desgracia, también es demasiado evidente que el riesgo es cada vez mayor.

Afortunadamente, hay otras capacidades que contrarrestan estas capacidades destructivas y suicidas de la naturaleza humana. Hay buenas razones para creer que figuras ilustradas como David Hume y Adam Smith, y el pensador y activista anarquista Peter Kropotkin tenían razón al considerar que la simpatía y la ayuda mutua eran propiedades esenciales de la naturaleza humana. Pronto descubriremos qué características están en alza.

Volviendo a su pregunta, podemos preguntarnos cómo se están abordando estos problemas formidables en el gran espectáculo de las elecciones cuatrienales. Lo más sorprendente es que ninguno de los partidos se refiere apenas a ellas.

No hace falta volver sobre el espectáculo de las primarias republicanas. Los comentaristas casi no pueden ocultar su disgusto y preocupación por lo que las primarias nos dicen acerca del país y de la civilización contemporánea. Sin embargo, los candidatos respondieron a estas cuestiones cruciales. O bien niegan el calentamiento global o insisten en que no se puede hacer nada al respecto, con lo que pretenden, en efecto, que nos precipitemos aún más rápidamente al abismo. En tanto que tiene políticas predecibles, parecen decididos a aumentar la confrontación militar y las amenazas. Solo por esas razones la organización republicana (uno duda en denominarlo partido político en el sentido tradicional) supone una amenaza novedosa y verdaderamente espantosa para la especie humana y para las otras que se convierten en “daños colaterales” cuando la inteligencia superior sigue adelante con su trayectoria suicida.

En el lado demócrata hay al menos cierto reconocimiento del peligro de catástrofe medioambiental, aunque haya muy pocas propuestas políticas de peso. No he logrado encontrar ninguna posición clara en los programas de Obama para mejorar el arsenal nuclear o en cuestiones tan críticas como los rápidos (y mutuos) preparativos militares en las fronteras rusas.

En general, las posiciones ideológicas de los candidatos republicanos parecen ser más de lo mismo: abarrotar los bolsillos de los ricos y dar una patada en la cara a los demás. Los dos candidatos demócratas van desde el estilo New Deal de los programas de Sanders a la versión “nuevo demócrata/republicano moderado” de Clinton, que se escora levemente a la izquierda bajo el impacto del reto de Sanders. Respecto a las cuestiones internacionales y las tareas formidables a las que nos enfrentamos, en el mejor de los casos parece ser “más de lo mismo”.

En su opinión, ¿qué ha llevado al auge de Donald Trump y acaso no es sino uno más de aquellos personajes típicos de extrema derecha y populistas que suelen emerger en el curso de la historia siempre que las naciones se enfrentan a graves crisis económicas o a una decadencia nacional?

En caso de que Estados Unidos se enfrente a una “decadencia nacional” en gran medida es autoinfligida. Es cierto que es probable que Estados Unidos no pudiera mantener el poder extraordinariamente hegemónico del periodo inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, pero sigue siendo el país potencialmente más rico del mundo, con unas ventajas y una seguridad incomparables, y en la dimensión militar casi iguala a todo el resto del mundo, además de ser mucho más avanzado en el ámbito tecnológico que cualquier rival.

Parece que el atractivo de Trump se basa ampliamente en ideas de pérdida y de miedo. El ataque neoliberal a las poblaciones del mundo, que casi siempre ha sido perjudicial para ellas y a menudo de manera muy grave, no ha dejado de afectar a Estados Unidos, aunque en cierto modo haya sido más resistente que otros países. La mayoría de la población ha sufrido un estancamiento o un deterioro, mientras que se ha acumulado una riqueza extraordinaria y ostentosa en muy pocos bolsillos. El sistema democrático formal ha padecido las consecuencias habituales de las políticas socioeconómicas neoliberales y se encamina hacia una plutocracia.

No hace falta revisar los detalles sombríos, por ejemplo, el estancamiento de los salarios reales de los varones durante 40 años y el hecho de que desde la última quiebra financiera aproximadamente el 90 % de la riqueza creada haya ido a parar al 1 % de la población. O el hecho de que la mayoría de la población (las personas con menos ingresos) se encuentre de hecho privada del derecho al voto en el sentido de que sus representantes ignoran sus opiniones y preferencias, y prestan atención a los superricos que les proporcionan fondos y a los corredores de bolsa con poder. O el hecho de que Estados Unidos, con todas sus notables ventajas, se encuentre casi en los últimos puestos de los 31 países desarrollados de la OECD [siglas en inglés de Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos], junto con Turquía, Grecia y México, en cuestiones como la desigualdad, la escasez de beneficios sociales y el alto índice de pobreza.

Los partidarios de Trump (que al parecer son predominantemente personas de clase media-baja, de la clase trabajadora y con menor educación) reaccionan en parte a la idea, en gran medida exacta, de que simplemente se les han dejado por el camino. Resulta instructivo comparar la situación actual con la Gran Depresión. Objetivamente las condiciones en la década de 1930 eran mucho peores y, por supuesto, Estados Unidos era entonces un país mucho más pobre. Sin embargo, subjetivamente las condiciones eran entonces mucho mejores. A pesar de que tanto el índice de paro como el sufrimiento eran muy altos, entre la clase trabajadora había un sentimiento de esperanza, la creencia de que de alguna manera saldríamos de aquello juntos. Lo alentaban los éxitos del activismo combativo obrero que solía actuar conjuntamente con activos partidos de izquierda y con otras organizaciones. Un gobierno bastante comprensivo respondió con medidas constructivas, aunque siempre estaba limitado por el enorme poder de los demócratas del Sur, que estaban dispuestos a tolerar medidas del Estado de bienestar siempre y cuando se marginara a la población negra a la que despreciaban. Es importante destacar que había la sensación de que el país se encaminaba hacia un futuro mejor. Todo esto falta hoy en día, en particular debido al éxito que tuvieron los duros ataques a la organización obrera que se iniciaron en cuanto terminó la guerra.

Además, Trump obtiene un importante apoyo de nativistas* y racistas. Vale la pena recordar que, como demostraron de manera convincente los estudios comparativos de George Fredrickson, Estados Unidos es uno de los lugares donde el supremacismo blanco es más fuerte, más aún incluso que en Sudáfrica. Estados Unidos nunca ha superado en realidad la Guerra Civil y el horrendo legado de opresión de los afroestadounidenses durante 500 años. Existe también un largo historial de alusiones a la pureza anglosajona amenazada por oleadas de emigrantes (y por la libertad para los negros y, de hecho, para las mujeres, lo cual no es algo baladí entre los sectores patriarcales). Los partidarios de Trump, que son mayoritariamente blancos, pueden ver que está desapareciendo ante sus ojos su imagen una sociedad dirigida por blancos (y para muchos, por varones blancos). También vale la pena recordar que aunque Estados Unidos es un país inusualmente seguro y fiable, también es posiblemente el más asustado del mundo, otra característica de su cultura que tiene una larga historia.

Factores como estos se mezclan en una peligrosa amalgama. Repasando simplemente los últimos años, en un libro de hace más de una década yo citaba al eminente académico de la historia alemana Fritz Stern, que escribió en el periódico de la clase dominante Foreign Affairs sobre “la decadencia en Alemania que iba desde la decencia hasta la barbarie nazi”. Y Fritz Stern añadía enfáticamente: “Hoy me preocupa el futuro inmediato de Estados Unidos, el país que acogió a los refugiados de habla alemana en la década de 1930”, incluido él mismo. Con unas repercusiones para el aquí y ahora que no podrían pasar desapercibidas a ningún lector atento, Stern revisaba el demoníaco llamamiento de Hitler a su “misión divina” como “salvador de Alemania” en una “transfiguración pseudorreligiosa de la política” adaptada a las “formas cristianas tradicionales” que rigen a un gobierno dedicado a los “principios básicos” de la nación, con “el Cristianismo como la base de nuestra moralidad nacional y la familia como la base de la vida nacional”. Además, la hostilidad de Hitler hacia el “Estado laico liberal”, que compartía una gran parte del clero protestante, impulsó “un proceso histórico en el que el resentimiento hacia un mundo laico desencantado encontró su liberación en la extasiada huida de la sinrazón”.

Las resonancias contemporáneas son indudables.

Desde entonces no han faltado razones “para preocuparse por el futuro de Estados Unidos”. Podemos recordar, por ejemplo, el elocuente y conmovedor manifiesto que dejó Joseph Stack cuando se suicidó al estrellar su avioneta contra una oficina del Servicio de Impuestos Internos [el servicio de impuestos del gobierno federal estadounidense]. En el manifiesto relataba su amarga historia de trabajador que hacía todo respetando las normas y había sido aplastado por la corrupción y la brutalidad del sistema corporativo y de las autoridades estatales. Hablaba por muchas personas como él. En general se ignoró o ridiculizó su manifiesto, pero se debería haber tomado muy en serio, junto con otros muchos indicios claros de lo que estaba ocurriendo.

Sin embargo, me parece que tanto Cruz como Rubio son mucho más peligrosos que Trump. Me parecen unos verdaderos monstruos, mientras que Trump me recuerda un poco a Silvio Berlusconi. ¿Está de acuerdo?

Lo estoy y, como sabe, en Europa se suele comparar a Trump con Berlusconi. También añadiría a Paul Ryan a la lista. Se le retrata como el pensador profundo de los republicanos, el analista político serio, que utiliza hojas de cálculo y otras herramientas de los analistas sesudos. Los pocos intentos de analizar sus programas después de prescindir de la magia que se suele introducir en ellos llegan a la conclusión de que sus políticas reales son destruir prácticamente todas aquellas partes del gobierno federal que sirven a los intereses de la población en general al tiempo que se expande lo militar y se garantiza que también se atiende a los ricos y al sector empresarial. Esto es, lo esencial de la retórica republicana cuando se dejan de lado las trampas retóricas.

La juventud estadounidense parece estar cautivada por el mensaje de Bernie Sanders. ¿Le sorprende lo bien que aguanta?

Me sorprende. No preví el éxito de su campaña. No obstante, hay que tener en cuenta que sus propuestas políticas no habrían sorprendido al presidente Eisenhower y que sintonizan bastante con lo que durante mucho tiempo han sido los sentimientos populares. Por ejemplo, a ctualmente alrededor de un 60 % de la población apoya su muy denostada defensa de un sistema nacional de seguridad social como suele haber en sociedades similares, lo cual es una cifra muy elevada teniendo en cuenta que es objeto de una constante condena y que pocas personas se expresan en su defensa. Y este apoyo popular se remonta muy atrás. En los últimos años de la presidencia de Reagan aproximadamente el 70 % de la población pensaba que la Constitución debería garantizar la salud pública y el 40% pensaba que ya lo garantizaba, lo que significa que es una aspiración tan obvia que debería estar en ese documento sagrado.

Cuando Obama abandonó una opción pública sin tomarla en cuenta, casi dos terceras partes de la población apoyaban esa opción. Y existen todos los motivos para creer que se ahorraría una enorme cantidad de dinero si Estados Unidos adoptara los mucho más eficaces sistemas de salud pública de otros países, que tienen aproximadamente la mitad de los gastos en sanidad pública que Estados Unidos y generalmente mejores resultados. Se puede decir lo mismo acerca de sus propuestas de aumentar los impuestos de los ricos, la educación superior gratuita y otras partes de su programa respecto a Estados Unidos, la mayoría de las cuales son reflejos de compromisos del New Deal y son similares a opciones políticas de los periodos de mayor crecimiento en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial.

¿Cuál es el escenario en el que Sanders puede ganar la nominación demócrata?

Evidentemente, se necesitarían unas considerables actividades educativas y organizativas. Pero, con franqueza, a mí me parece que estas actividades se deberían dirigir fundamentalmente a desarrollar un movimiento popular que no desaparezca después de las elecciones, sino que se una a otros para formar el tipo de fuerza activista que en el pasado fue fundamental para iniciar y llevar adelante los cambios y reformas necesarios.

¿Estados Unidos sigue siendo una democracia y, en caso de no serlo, realmente tienen importancia las elecciones?

Con todos sus defectos, Estados Unidos sigue siendo una sociedad muy abierta y libre en términos comparativos. Por supuesto que elecciones tienen importancia. En mi opinión, sería un completo desastre para el país, para el mundo y para las generaciones futuras si alguno de los candidatos republicanos viables llegara a la Casa Blanca y si siguieran controlando el Congreso. Para llegar a esta conclusión basta con tener en mente las extraordinariamente importantes cuestiones de las que hemos hablado antes, pero eso no es todo. Por las razones que aducía antes, la siempre limitada democracia estadounidense se ha ido escorando considerablemente hacia una plutocracia. P ero estas tendencias no son inamovibles. Contamos con un inusual legado de libertades y derechos que nos legaron nuestros antepasados, los cuales no se rindieron y en ocasiones en unas condiciones mucho más duras que las condiciones a las que nos enfrentamos ahora. Y esto nos proporciona amplias oportunidades para que hacer un trabajo que es muy necesario y en muchos sentidos, en el activismo directo y para presionar en defensa de importantes decisiones políticas, en la creación de organizaciones comunitarias viables y eficaces que revitalicen el movimiento obrero y también en el ámbito político, desde la escuela de cuadros hasta las asambleas legislativas estatales y mucho más.

Nota: * Nativistas son aquellas personas que consideran que solo pueden ser consideradas ciudadanas de una nación aquellas personas que han nacido en ella. En la historia de Estados Unidos se ha esgrimido frecuentemente el nativismo como argumento en contra de la emigración. En el siglo XIX los nativistas eran esencialmente los ciudadanos blancos y protestantes. Actualmente el movimiento nativista comprende sobre todo a los WASP, es decir, blancos, anglosajones y protestantes. (N de la t.)
_________
Tomado de Cuba Debate Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Atentados en Bélgica, Relatos desde el infierno

Mér, 23/03/2016 - 08:00

Cahal Milmo y Leo Cendrowicz, Página 12

Ocurrió mientras el subte estaba empezando a salir de la estación de Maelbeek, en el corazón de Bruselas: a la hora pico de ayer, el segundo de sus tres vagones fue destrozado. Arriba, en la superficie, los trabajadores y los vecinos dirigían su atención a los primeros informes de las bombas en el aeropuerto de Zaventem, una hora antes. Pero a las 9.11 de la mañana, los viajeros que pasaban por la estación cercana a la sede de varias instituciones de la Unión Europea (UE) tenían poca o ninguna idea de que su ciudad estaba bajo ataque hasta que la mala suerte los puso en un tren que era el blanco de uno de los atacantes. Pierre Meys, bombero durante cuatro décadas, fue uno de los primeros en ser testigo de las secuelas. Dijo: “Es la guerra, era indescriptible. Todo voló en pedazos. En los 40 años que llevo haciendo este trabajo es lo peor que he visto”.

Los sobrevivientes dijeron que el tren y la plataforma se habían abarrotado de pasajeros a medida que se acercaba la hora pico. La formación se retiraba de Maelbeek en dirección a la siguiente parada, Schuman, que es la estación principal de los edificios de la UE de la capital belga, cuando ocurrió la explosión.

Una mujer a bordo del tren le dijo a la televisión estatal: “Ibamos hacia el centro y el tren acababa de empezar a moverse cuando se escuchó una enorme explosión. Todas las luces se apagaron. Al principio no hubo gran estampida de personas, todo estaba muy tranquilo. Luego varias personas lograron forzar la puerta de nuestro coche y yo corrí hacia allí. La plataforma estaba llena de humo y me dirigí a la salida. Sólo empujé hacia adelante sin mirar atrás. No vi a ninguna de las víctimas”.

Fuera de la estación, Alexandre Brans, de 32 años, que también estaba a bordo del tren que iba a Artes-Loi, en el centro de la ciudad, se limpió la sangre de su cara mientras otros heridos caminaban con sus ropas a medio quemar; uno de los sobrevivientes se quedó con el relleno de su campera colgando en jirones. “Fue una explosión realmente muy fuerte. Hubo pánico en todas partes”, contó Brans.

Algo más de una hora antes, en la sala de partidas del aeropuerto, Alfonso Youla había estado haciendo su trabajo como supervisor de equipajes en el área del check-in para vuelos que parten a Africa, cuando escuchó una explosión que reconoció inmediatamente como el disparo de un arma. “Hubo un disparo y un hombre hablaba en árabe –relató–. Después de esto oí ‘boom’, una enorme explosión. La gente comenzó a correr hacia las escaleras mecánicas o los ascensores. Dos ancianos vinieron a mí y los puse en el ascensor. Pero ellos no querían dejarme ir. Había tanta gente, me dije a mí mismo que había otros a los que tenía que ayudar”.

El trabajador del aeropuerto continuó guiando a los pasajeros hacia zonas seguras antes de ver la escena horrible en la destruida área del check-in. Continuó: “Había cuerpos quemados. Las ventanas y las tejas del techo se habían caído. Vi un cuerpo, el cristal de las ventanas se había caído y le había cortado las dos piernas”.

Todavía con su uniforme verde con manchas de sangre, se le preguntó a Youla si él mismo había sido herido. “La sangre no es mía –explicó–. Es de las personas a las que ayudé”. Ralph Usbeck, de 55 años, técnico en electrónica de Berlín, estaba haciendo el check-in en su equipaje para un vuelo de American Airlines a Florida cuando se escuchó la primera explosión. “Supuse que era entrenamiento, pero había basura en el aire, así que no estaba seguro de si se trataba de un acto terrorista. Segundos después, se escuchó una detonación muy fuerte. Ahí fue cuando me di cuenta de que era un acto terrorista”, señaló.

Marc Noel, de 63 años, un empresario de Carolina del Norte, había decidido ir a una tienda en la terminal para comprar algunas revistas de automóviles mientras esperaba el vuelo de regreso a casa de Delta Airlines. Fue una decisión que le salvó la vida: mientras la hojeaba ocurrió la primera explosión, a unos 50 metros de donde estaba. “La gente estaba llorando, gritando, los niños también. Fue una experiencia horrible. No quiero pensar en eso, pero probablemente hubiera estado en ese lugar cuando la bomba estalló. Estaba tan cerca que pude estar del otro lado. Supongo que no era mi hora”.

Julien, 24, un belga en camino a Suecia, dijo que vio los cuerpos en un instante de pánico. “Hubo esta gran explosión, y todo el mundo estaba en estado de shock, algunos tirados en el suelo”, aseguró. “Cuando miré hacia atrás, a través del desorden y el polvo, pude ver a la gente en el suelo. No sé si estaban vivos, pero no se movían. No tuve tiempo para comprobarlo: simplemente salimos corriendo de allí.”

En la estación de Maelbeek, una sobreviviente describió cómo un momento de olvido salvó su vida. La mujer le dijo a la televisión: “Yo estaba hablando por teléfono y me di cuenta de que me había olvidado las llaves. Llegué a bajar del tren, y mientras estaba cruzando la plataforma oí una explosión y todas las ventanas del coche explotaron detrás de mí. La gente corría por todas partes. Había una mujer herida tendida en el suelo. Me salvé por mis llaves”.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

América Latina aumentó en 7 millones sus pobres en 2015, segun CEPAL

Mér, 23/03/2016 - 07:00

El número de pobres en América Latina y el Caribe aumentó en siete millones en 2015, pasando desde 168 millones a 175 millones de personas, debido a la contracción económica que sufre la región, según proyecciones de la Cepal divulgadas este martes.

En 2015, “la tasa regional de pobreza habría aumentado a 29,2% de los habitantes de la región (175 millones de personas) y la tasa de indigencia a 12,4% (75 millones de personas)”, informó la Comisión Económica para América y el Caribe (Cepal), en Santiago de Chile.

La cifra se compara desfavorablemente con los resultados de 2014, cuando en la región se reportaron 168 millones de personas pobres, un incremento de dos millones en relación al año previo, de acuerdo a las nuevas cifras entregadas por el organismo técnico de Naciones Unidas con sede en Santiago.

“El aumento de la cantidad de personas pobres constatado en 2014 se produjo básicamente entre los pobres no indigentes, y fue consecuencia de dispares resultados nacionales, elevándose en algunos países y disminuyendo en un número importante de ellos”, se explicó en el documento.

La contracción de un 0,4% proyectada para la economía regional durante 2015, arrastrada por una caída en el valor de las materias primas y el descenso de la economía brasileña, habría impactado sobre las cifras de pobreza de América Latina durante el año pasado.

“Todavía el desempeño de la pobreza y la desigualdad es bastante procíclico, y como hay una desaceleración (económica) pues habrá un aumento de la pobreza”, explicó la secretaria ejecutiva de Cepal, Alicia Bárcena.

Para reducir el número de pobres “América Latina debe generar más empleo de calidad, con derechos y protección social, cautelar el salario mínimo y proteger el gasto social, que muestra una merma en su ritmo de crecimiento”, agregó.v “Nuestra recomedación es que los países cautelen el gasto público social, que es el que más han cautelado (hasta ahora). Creemos que los programas de transferencias condicionadas deben mantenerse y sobre todo el combate a la pobreza extrema”, puntualizó Bárcena.

De acuerdo a la Cepal, los países donde se espera un mayor incremento de la pobreza son Venezuela, Guatemala y Honduras. Hasta 2012, tras una década de crecimiento económico, la región había logrado reducir en 15,7 puntos porcentuales sus niveles de pobreza.

Persiste desigualdadLa Cepal analizó también los niveles de desigualdad social de la región, constatando que en la gran mayoría de los países se lograron mejoras en la distribución del ingreso según el coeficiente de Gini (donde 0 significa plena igualdad y 1 máxima desigualdad).

El coeficiente regional pasó de 0,497 en 2013 a 0,491 en 2014, mientras que en 2010 era de 0,507. No obstante, “pese a este descenso, en 2014 el ingreso per cápita de las personas del 10% de mayores ingresos fue 14 veces superior que el del 40% de menores ingresos”, advirtió la Cepal.

La desigualdad se evidenció también a nivel educativo. De acuerdo a la Cepal pese a los avances registrados en el acceso a la educación primaria y secundaria “persisten brechas significativas” en la región.

Si el 80% de los jóvenes de 20 a 24 años del quintil de mayores ingresos habían concluido la secundaria en 2013, solo 34% de las personas de igual edad del quintil de menores ingresos tuvieron el mismo logro, graficó Cepal.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Las enormes limitaciones del modelo neoliberal: el caso de la sanidad estadounidense

Mar, 22/03/2016 - 13:11
Vicenç Navarro, Público

Una de las características del pensamiento económico y social neoliberal es creer en la superioridad del sector privado sobre el público, favoreciendo la privatización y mercantilización de los bienes y servicios, atribuyendo a tal mercantilización una mayor eficiencia de la distribución de recursos que la que existe en la esfera pública. Como bien dijo el gran referente del pensamiento neoliberal, el Presidente Reagan de EEUU, “el Estado no es nunca la solución. En realidad, es siempre el problema”.

Esta visión y creencia se extiende en dicho pensamiento a todos los sectores de la sociedad, incluyendo los servicios e instituciones sanitarios, mostrando la sanidad estadounidense (donde la propiedad, financiación y gestión de las instituciones sanitarias es primordialmente privada) como modelo de eficiencia y de eficacia. En aquel país la mercantilización de la medicina ha alcanzado su máximo desarrollo, considerándose tal mercantilización como la responsable de su gran supuesta eficiencia, y presentándose como ejemplo de ello las grandes instituciones hospitalarias estadounidenses, la mayoría privadas, reconocidas por su gran renombre y prestigio (como Hopkins, la Mayo Clinic, el Mount Sinai Hospital en Nueva York y un largo etcétera).

Esta visión, muy generalizada en España, es, sin embargo, profundamente errónea. Y los datos están ahí para demostrarlo. Basta comparar indicadores de eficiencia y eficacia de la sanidad estadounidense con la de otros países, incluido España, de semejante desarrollo económico, con financiación pública de su sistema sanitario, para ver que el pensamiento neoliberal está idealizando el modelo neoliberal. Veamos primero cuánto se gasta EEUU en sanidad para ver más tarde qué es lo que consigue con este gasto.

Una característica de la sanidad estadounidense es lo enormemente cara que es la atención médica. La sociedad estadounidense se gasta muchísimo más per cápita en sanidad, 8.713 dólares, que cualquier otro país capitalista desarrollado. Canadá se gasta 4.351 $, Francia 4.123 $, Alemania 4.818 $, Japón 3.713 $, Suecia 4.904 $, Reino Unido 3.234 $ y España (la que se gasta menos) 2.898 $. En todos estos países la financiación de la atención médica es predominantemente pública (la mayoría de datos proveídos en este artículo proceden de la base de datos de la OCDE: Health Expenditure and Financing; Health Care Utilisation, Consultations; Health Care Resources, Nurses; Health Care Utilisation, Hospital average length of stay by diagnostic categories; and Demography and Population. También proceden de los informes anuales de Physicians for a National Health Program).

¿Por qué el gasto sanitario es tan elevado? Los pensadores liberales han intentado argumentar que el hecho de que el gasto sanitario en EEUU sea mucho más alto que en el resto de países a los dos lados del Atlántico Norte se debe a que los estadounidenses utilizan el sector sanitario mucho más frecuentemente que la población de los otros países. Los datos, sin embargo, muestran lo contrario. El número de visitas al médico por habitante durante el año 2012 fue en EEUU de solo 4 visitas, el número más bajo de visitas entre países comparables por su nivel de desarrollo económico. En Australia fue de 6,9 visitas; en Canadá 7,7 visitas; en Dinamarca 4,7 visitas; en Francia 6,7 visitas; en Japón 12,9 visitas; en Reino Unido 5 visitas; y en España 7,4 visitas. España es uno de los países con mayor número de visitas por habitante (fuente: OCDE, Health Care Utilisations and Consultations).

Una situación semejante ocurre en cuanto a la utilización hospitalaria. El promedio de días que los enfermos pasan en el hospital en EEUU es uno de los más bajos en los países de semejante nivel de desarrollo, 4,8 días en el hospital por enfermo, más bajo que en Australia con 5,7 días, que en Francia con 5,6 días, que en Suecia con 8,6 días, y que en España con 6,7 días. No es cierto, por lo tanto, que EEUU gaste mucho más que cualquier otro país debido a que la población utilice más los servicios que en otros países. En realidad, los datos muestran que los utilizan menos, y no más, que aquellos países que tienen financiación pública.

Otro argumento que se utiliza para justificar y/o explicar el elevado gasto sanitario por habitante es el supuesto elevado número de profesionales trabajando en el sector. De nuevo, los datos muestran lo contrario. EEUU es uno de los países con menos profesionales sanitarios, un número que en algunas profesiones, como enfermería, es especialmente bajo. Tiene, por ejemplo, 11,1 enfermeros por cada 1.000 habitantes, un número por debajo del existente en Dinamarca con 16,3, en Alemania con 12,61 y en Noruega con 16,53. En España, por cierto, es incluso más bajo que EEUU. Solo 5,24 enfermeros por 1.000 habitantes, dato que debería considerarse preocupante debido a la enorme importancia que la enfermería tiene para garantizar la atención continuada a la población.

Por último, otra explicación (incorrecta) que se ha dado de este elevado gasto sanitario es el gran porcentaje de la población que tiene más de 65 años, el sector de la población que consume más recursos sanitarios. Pero de nuevo, los datos muestran que EEUU es el país con un porcentaje de personas por encima de los 65 años más bajo. Concretamente, solo el 13,7% de la población son personas de más de 65 años, comparado con Canadá 14,9%, Francia 17,5%, Alemania 20,7%, Italia 20,6%, Japón 24,1%, Suecia 19% y España 17,5%.

Las causas reales del elevado gasto sanitario La mayor causa de este elevado gasto sanitario en EEUU es la financiación, provisión y gestión privada de la sanidad y la mercantilización de la medicina. La financiación de los servicios médicos y su gestión es primordialmente privada, realizándose a través de las compañías de seguros médicos, que controlan la financiación y gestión del sistema. Y estas compañías son enormemente rentables, habiendo creado una estructura administrativa enorme como resultado del pago por diagnóstico, que conlleva una enorme carga administrativa. Son estas estructuras administrativas (la burocracia privada) las que consumen gran cantidad de recursos, estando los dirigentes de estos conglomerados del aseguramiento privado entre los empresarios mejor pagados del país. El director de una de las compañías de seguros médicos más grandes de EEUU, United Health Group, es un tal Stephen Hemsley, que recibe una compensación de 66 millones de dólares al año (o 254.328 dólares al día). El número de administradores ha crecido desde el año 1990 exponencialmente, mucho más rápidamente que el crecimiento de profesionales en el sector.

Otro sector enormemente rentable –además de las compañías de seguros médicos- es el de la industria farmacéutica, que es la industria que genera mayores beneficios en EEUU.

Características del modelo sanitario liberal: limitadísima eficiencia y eficacia Además de su enorme carestía, el sistema sanitario estadounidense es sumamente impopular. En realidad, EEUU es uno de los países donde la población está más insatisfecha con el sistema de financiación y organización de las instituciones sanitarias. Al paciente le gusta el médico y el hospital, pero no le gusta nada cómo se financian y cómo se gestionan. El porcentaje de la población estadounidense que está harta de la privatización de la medicina es el más elevado entre los países a ambos lados del Atlántico Norte. Nada menos que el 40% de dicha población desearía un cambio profundo y radical del sistema sanitario, comparado con solo un 12% en Canadá y en el Reino Unido.

Además, a pesar del enorme gasto, la cobertura sanitaria es muy ineficaz. La mercantilización de la medicina determina una sobreutilización de los servicios sanitarios por parte de los profesionales y de las instituciones médicas. EEUU es el sistema sanitario que tiene mayor número de intervenciones quirúrgicas que son inapropiadas y/o innecesarias. Y un indicador que resume dramáticamente el nivel de inhumanidad a la cual llega dicha mercantilización es que el 38% de pacientes con enfermedades terminales (es decir, que se están muriendo) expresan gran preocupación sobre cómo ellos o sus familiares podrán pagar las facturas médicas.

Ante este hecho, ¿cómo es que el sistema sanitario no cambia? A primera vista, parece una paradoja que la gente no esté satisfecha con el sistema de financiación y gestión privada de la sanidad, y en cambio la clase política no cambie el sistema. En un sistema que se define como democrático tendría que suponerse que la clase política decide e implementa lo que la mayoría de la ciudadanía desea. Pues bien, esto no ocurre en EEUU, donde el proceso electoral también se financia con fondos privados. El Congreso de EEUU está financiado principalmente por aquellos intereses económicos (tales como las compañías de seguros médicos y las industrias farmacéuticas) que consiguen grandes beneficios de financiación de la sanidad. De ahí que el Congreso, que está controlado por tales intereses financieros y económicos, se oponga a esos cambios. La financiación tanto de los servicios sanitarios como del proceso electoral es la nueva expresión, no del famoso mercado, sino de los grupos de poder financiero y económico que controlan el país.

De ahí que sus consecuencias hayan sido y continúen siendo sumamente negativas para la salud y bienestar de las poblaciones expuestas a tales privatizaciones y la calidad de sus instituciones democráticas. La extensión de las privatizaciones que han realizado los partidos conservadores y liberales en España (incluyendo en Catalunya), el PP y Convergència, a los que hay que añadir ahora Ciudadanos, dañará la sanidad española, cuyo mayor problema es su enorme subfinanciación pública. Las voces, próximas al capital financiero –la banca y las compañías de seguro- que constantemente promueven (con la ayuda de las cajas de resonancia que les proveen los medios) la percepción de que el gasto público sanitario es excesivo o satisfactorio, están contribuyendo a mantener una situación que debería considerarse como inaceptable.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Piketty contra Marx

Mar, 22/03/2016 - 10:00
Diego Farpón, Rebelión

Escribe muchas cosas reaccionarias Thomas Piketty en su obra el capital en el siglo XXI, como corresponde a un defensor del capitalismo. Sin embargo, su obra ha tenido resonancia entre la gente de izquierdas, y recientemente en distintos portales de información crítica han vuelto a aparecer varios textos que recomiendan leer el libro de Piketty –de manera positiva, no para criticarlo y combatir el pensamiento hegemónico-.

Piketty nos dice que “el capitalismo produce mecánicamente desigualdades insostenibles, arbitrarias, que cuestionan de modo radical los valores meritocráticos en los que se fundamentan nuestras sociedades democráticas. Sin embargo, existen medios para que la democracia y el interés general logren retomar el control del capitalismo y de los intereses privados, al tiempo que rechazan los repliegues proteccionistas y nacionalistas. Este libro intenta hacer propuestas en ese sentido”.

Su obra se enmarca, pues, en la corriente que propugna una vuelta al capitalismo de antes de la crisis. Nada más alejado del marxismo, nada más utópico, nada más reaccionario en los tiempos actuales que muestran los límites objetivos del capitalismo y que requieren de una ofensiva de la izquierda revolucionaria –ofensiva que no se produce ni en lo orgánico ni en lo ideológico, lo que a la postre provoca confusión en todos los ámbitos y permite que personajes como Piketty irrumpan y hegemonicen el pensamiento no sólo de la clase trabajadora sino de dirigentes de izquierdas-.

Piketty, que publica su libro bajo el título de El capital en el siglo XXI, tampoco oculta nunca haber leído al completo El capital de Karl Marx, en distintas entrevistas. Es tan absurdo el libro de Piketty, quien escribe contra la economía política –contra la ciencia de la economía, aunque tampoco tiene claros estos conceptos, como deja claro en la parte final de la obra-, que es difícil hacer una crítica breve.

Nos vamos a centrar en la aportación fundamental de Marx y Engels: su demostración de que el capitalismo es un sistema histórico y, por lo tanto, finito. Para Piketty el final del capitalismo es “el apocalipsis”. Pero a pesar de PIketty, que es tan ahistórico y tan acientífico como Fukuyama, ninguna sociedad es eterna, y no hay solución para salvar el capitalismo y que funcione correctamente –aunque se atreva a decir esta estupidez en mitad de la crisis orgánica que estamos viviendo-: “La solución correcta es un impuesto progresivo anual sobre el capital; así sería posible evitar la interminable espiral de desigualdad y preservar las fuerzas de la competencia y los incentivos para que no deje de haber acumulaciones originarias” Un impuesto, porque eso es todo lo que aporta Piketty tras cientos y cientos de páginas: un impuesto sobre el capital y arreglamos la sociedad… un pensamiento tremendamente pobre, en consonancia con las aportaciones históricas que hace el pensamiento burgués a las distintas ciencias y, sin embargo, desde la izquierda se le han abierto las puertas. Lo único que aporta el libro, eso sí, son un montón de datos y tablas estadísticas. Lástima que Piketty no sepa interpretarlas y, cual economista premarxista, se quede en la apariencia de los datos.

No voy a preguntar, porque eso sería demoledor y no tendría sentido seguir escribiendo, si ese impuesto que reclama Piketty es sólo para que la sociedad occidental pueda seguir viviendo a costa de someter a la mayoría del mundo a la pobreza, o piensa que un impuesto puede solucionar el capitalismo como lo que es, un sistema global de administración de miseria, hambre y guerra y muerte.

El fin del capitalismo Como hemos señalado más arriba una de las grandes aportaciones del marxismo es la objetividad del final del capitalismo, idea que vertebra el pensamiento no sólo económico, sino que fue también motivo del nacimiento del materialismo histórico, y elemento fundamental para la comprensión de la concepción de la lucha de clases, porque Engels y Marx aglutinan todas las ciencias: no se puede comprender la economía política sin el materialismo histórico, pero tampoco el materialismo histórico sin la economía política, ni estas dos ciencias se pueden comprender al margen de la realidad, al margen de la historia viva, de la economía viva: no se pueden comprender al margen de la lucha de clases.

En el terreno de la economía la ley más importante es la de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Así explicaron Engels y Marx la necesidad del final del capitalismo, el límite histórico objetivo que produciría el colapso del capitalismo y el surgimiento de una nueva sociedad.

Partiendo de la base de que es la naturaleza y la transformación de la misma la fuente de la riqueza (la transformación del árbol en silla, del crudo en gasolina…) el marxismo sostiene que quien lleva a cabo dicha acción –la clase trabajadora- es quien genera la riqueza.

El marxismo distingue dos tipos de capitales: el capital variable y el capital constante. El capital variable es aquel que se invierte en factor trabajo (trabajadoras/es), el capital constante es aquel que se invierte en medios de producción (energías, materiales, maquinaria…).

De esta forma, es el capital variable, el que se invierte en la fuerza de trabajo, esto es, el que permite la acción de la transformación de la naturaleza, el único capital que crea excedente. El capital variable mediante la venta de la mercancía que la clase trabajadora ha producido se divide en dos: por una parte se convierte en el salario de la clase trabajadora, por otra parte surge en forma de excedente, de plusvalía: la apropiación de parte del trabajo que la clase trabajadora realiza y de la que se apropia el/la capitalista.

Así el marxismo explica que a medida que aumenta el capital constante –por ejemplo porque la tecnología, maquinaria, es cada vez más cara- su peso relativo frente al capital variable es cada vez mayor: proporcionalmente hoy una empresa de automóviles invierte más en capital constante en relación al capital variable que cuando surgió la industria automovilística. Por lo tanto el capital que genera plusvalía es cada vez menor.

De aquí se desprende, en primer lugar, la ya señalada ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia –y como en toda ciencia hay factores que contrarrestan esta tendencia: ni la historia, ni la economía, ni la lucha de clases, ni la vida son lineales-; en segundo lugar el aumento de la composición orgánica del capitalismo –cada vez es mayor la proporción de capital constante en relación al capital variable-; en tercer lugar cada vez le es más difícil al capitalista lograr la reproducción ampliada del capital –obtener plusvalía y reinvertirla para poder competir con el resto de capitales y sobrevivir, pues el capital que obtiene una mayor plusvalía obtiene más capital para reinvertir, para producir cada vez más y acaparar mercado y expulsar al resto de capitales con los que compite-, lo cual nos llevaría hasta la concentración y centralización del capital… fenómenos, ambos, que no sólo son cada día mayores, sino que además hoy, en mitad de la crisis, adquieren formas dramáticas y que, incluso un observador superficial del mundo, como Piketty, podría advertir.

Piketty, más allá de decir que el capitalismo no cayó, más allá de decir que el apocalipsis no se produjo, ¿es capaz de demostrar la invalidez del pensamiento económico marxista? No. No sólo no es capaz de demostrar la invalidez del pensamiento marxista sino que no es capaz de señalar cómo funciona el mundo, sólo de darse cuenta de que cada vez las desigualdades son mayores.

La pregunta es, pues: ¿es vigente la tendencia decreciente de la tasa de ganancia? Es evidente que la forma concreta del modo de producción capitalista –el modelo- en el siglo XIX y en el siglo XXI no es igual: pero tampoco es igual en 2016 el modelo de producción en Alemania que en el Estado español, y los dos modelos se corresponden con el modo de producción capitalista. En cada época, desde que surgió el capitalismo el modo de producción es el capitalismo, pero la forma en que se concreta es distinta, y dentro de cada época en cada país adquiere una nueva concreción, un nuevo modelo, y así llegamos a la actualidad, la época del imperialismo, que se concreta, en cada país, de una forma distinta, tan distinta como es distinta hoy la situación de Francia, Perú o Siria –donde, en cada país, la economía no se puede desligar de la historia, de la trata de mujeres y la vida y la muerte, porque, insistimos, intentar analizar la economía al margen del marxismo –al margen de la sociedad y de la lucha de clases- puede servir, como para Piketty, para escribir cientos de páginas que no dicen nada, pero no sirve para comprender nada de la vida... ni de la propia economía. Engels y Marx analizaron un modo de producción: el capitalista; y siglo XIX o siglo XXI el capitalismo es capitalismo. Y además la pugna despiadada por la obtención de plusvalías es más aguda que nunca: el capitalismo hoy –con las crisis se agudizan las tendencias- se parece mucho más al capitalismo que señaló Marx que a cualquiera de las ocurrencias que han dado por superado su pensamiento, incluido Piketty.

Pero, ¿y la revolución socialista? ¿Engels y Marx se atrevieron a predecir el futuro? Sí, porque ese y no otro es el sentido de las ciencias. ¿De qué nos sirven las ciencias sino para saber que el avión será capaz de volar y no nos estrellaremos? Y sin embargo, ¿cuántos aviones no cayeron y caen? ¿Cuántas veces las ciencias que presumen de ser exactas tienen que corregirse a medida que se producen avances en el campo de la técnica y del pensamiento? Si las ciencias no estuviesen corrigiéndose día a día no serían ciencias, sino dogmas.

En 1892 Engels escribía un prefacio para la situación de la clase trabajadora en Inglaterra y señalaba: “he puesto cuidado en no tachar del texto muchas profecías –entre ellas la de la inminente revolución social en Inglaterra-, inspiradas por mi ardor juvenil. No tengo la menor intención de presentar mi libro ni de presentarme a mí mismo como mejores de lo que entonces éramos. Lo admirable no es que muchas de estas profecías hayan fallado, sino el que tantas hayan resultado acertadas”.

Hablando de economía –discutiendo sobre cómo se distribuye la burguesía la plusvalía-, en su carta a Werner Sombart, Engels sostiene: “¿cómo se produce, pues, el proceso de nivelación? Es un problema de extraordinario interés, del que el propio Marx no dice mucho. Pero toda la concepción de Marx no es una doctrina, sino un método. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación. Por consiguiente, aquí habrá que realizar todavía cierto trabajo que Marx, en su primer esbozo, no ha llevado hasta el fin”.

¿Qué ocurre, pues, con el fin del capitalismo –con el, ya sabéis, apocalipsis de Piketty-? Ocurre que todavía no se ha producido. Muy poquitas veces en la historia un modo de producción alcanza el límite histórico –como fue el caso del Imperio Romano-. Habitualmente una invasión pone fin a una sociedad cuando esta aún se podría haber desarrollado durante muchos cientos de años. ¿No había un desarrollo capitalista para Afganistán, Irak o Libia? Sí, pero la barbarie y el propio desarrollo del imperialismo ahogan en sangre a los pueblos y no dejan que las historias sigan sus caminos.

¿Cuánto tiempo tardará en caer el capitalismo? Eso no lo podemos saber: aún le queda mucho camino por recorrer, pero a diferencia de las sociedades que nos precedieron conocemos cómo funciona la sociedad en la que vivimos, y conocemos sus límites objetivos. Si queremos perecer con nuestra sociedad o transformarla antes de que nos lleve al abismo es responsabilidad nuestra. Sabemos, quienes analizamos desde el marxismo, que la crisis actual bajo las coordenadas de los gobiernos burgueses no tiene salida –aunque los Piketty no comprendan el mundo y reclamen en medio de la crisis más fuerte de la historia del capitalismo la necesidad de un impuesto para revertir lo que en el capitalismo es irreversible-, y sabemos que bajo gobiernos reformistas se profundizará en la agonía para la mayoría social –aunque muchos economistas, incluido Varoufakis, parecieran decepcionados por Syriza-. Sabemos que China va a estallar, aunque no le podamos poner un día y una hora –y lo sabemos desde hace mucho tiempo, aunque el día que ocurra las cátedras de economía se sorprenderán-. Sabemos que habrá nuevas guerras, que en el siglo XXI la forma imperialista que adopta el capital no es algo que se pueda elegir, que no es una cuestión de buenos o malos, sino que se corresponde con las necesidades del modo de producción –aunque a los Piketty les gustaría un imposible capitalismo bonito y responsable-. Sabemos que no importan los límites ecológicos y que de nada sirve luchar por un planeta sostenible si no luchamos contra el capitalismo: la vida no está contemplada como argumento en el modo de producción capitalista. Y sabemos que si el capitalismo es capaz de aplazar la actual crisis –sea mediante la guerra, sea mediante cualquier argucia- la próxima crisis –porque necesariamente habrá próxima crisis- será muchísimo mayor.

¿La revolución socialista llegará? No. Al menos no llegará porque sí. A diferencia de los anteriores cambios que se produjeron en la historia la revolución socialista no espera al final del desarrollo del capitalismo, sino que la clase trabajadora se organiza para traerla. Nadie se organizó conscientemente para acabar con el Imperio Romano y traer el feudalismo; nadie se organizó conscientemente para acabar con el feudalismo y traer el capitalismo: fue el transcurso de la historia. Pero transformada la historia y la economía en ciencias hoy sabemos que la lucha de clases es el motor de la historia y podemos influir en ella. A Engels y a Marx les hubiera gustado ver la revolución socialista, y por eso lucharon, por eso la situaron como objetivo político, social y económico en el horizonte de sus vidas y sus trabajos. No por determinismo, sino porque escribieron y lucharon por la vida, para la vida. Elegir entre el apocalipsis de la vida tal y como la concebimos o la transformación de la sociedad es decisión nuestra.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

El destino de Lula, de Brasil y de América Latina

Mar, 22/03/2016 - 07:00
Emir Sader, Público

Los acelerados acontecimientos en Brasil trasforman el escenario del destino de Lula, del país y de América Latina cada día. En dos semanas, del 4 al 18 de marzo, Lula pasó de estar detenido a ser el orador de la más grande manifestación en São Paulo, aclamado por centenas de millares de personas.

No habían pasado muchas horas hasta que el más arbitrario y truculento juez del Supremo Tribunal Federal, Gilmar Mendes, valiéndose de las vacaciones del Tribunal, publicó un decreto prohibiendo a Lula asumir su cargo como ministro del Gobierno de Dilma Rousseff. Mientras tanto, para componer el escenario de ópera buffa en el peor Congreso que Brasil jamás ha tenido – el último eligido con financiamiento empresarial de campanas– se ha avanzado, bajo la conducción de unánimemente reconocido como el más corrupto de los políticos brasileños, Eduardo Cunha, en los intentos de impeachment de la presidenta de la República.

Todo parece un juego lleno de escaramuzas, por detrás del cual muchas veces no aparece lo que realmente está en juego. El empeño de la alianza entre la prensa monopolista, sectores del Poder Judicial y de la Policía Federal y los partidos de derecha demuestra cómo se juegan todo lo que pueden para intentar excluir a Lula de la vida política. Porque él sigue siendo el candidato favorito para volver a la presidencia de Brasil en 2018 pero, además, es quien puede rescatar el Gobierno de Dilma Rousseff, superando la ya prolongada y profunda crisis brasileña.

Es todo lo que la derecha intenta impedir. Que Lula asuma el cargo de ministro de Coordinación del Gobierno de Dilma Rousseff con amplio apoyo popular. Las extraordinarias manifestaciones del día 18 de marzo han demostrado cómo la izquierda ha recuperado su capacidad de movilización y cómo Lula sigue como el líder incuestionado de la izquierda. Los que desde dentro y desde fuera de Brasil se han precipitado a anunciar la muerte política de Lula han revelado que sus deseos están muy lejos de la realidad.

Pero el juego sigue abierto. Lo más importante es la decisión sobre si Lula asume su cargo en el Gobierno. En caso de que lo haga, que es lo más probable, se va a poder combinar su acción desde dentro del Gobierno —en la perspectiva de la remontada del crecimiento económico y de fortalecimiento de las políticas sociales— con las movilizaciones populares por todo el país (las próximas están programadas para el 31 de marzo).

El destino de Lula define el destino de Brasil. En caso de que no lo puedan excluir de la vida política, tendrá un rol esencial en el rescate del Gobierno de Dilma Rousseff. Y, en caso de que lo logre, será el candidato favorito en las elecciones del 2018 y el camino para la derecha en Brasil seguirá cerrado por un tiempo largo.

En caso de que la derecha logre excluir a Lula de la vida política, el futuro de Brasil, con sus correspondientes consecuencias para toda América Latina, serán totalmente opuestas. De ahí que los momentos actuales en Brasil sean decisivos.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La gran apuesta. Yanquis del dinero

Mar, 22/03/2016 - 00:00
Pepe Gutiérrez-Alvarez, Viento Sur

Conviene no olvidar nunca las contribuciones norteamericanas a la crítica –feroz muchas veces- del triunfalcapitalismo, no solamente en la sociología y la economía, sino también en la literatura. Baste mencionar los nombres de Upton Sinclair (La jungla), Jack London (El talón de hierro), Frank Norris (en el que se basó Stroheim en su obra “maldita” Avaricia), Theodor Dreiser (Una tragedia americana), Arthur Miller (Todos eran mis ojos), y un etcétera casi interminable. Aunque bien sujeto por los magnates de la industria que, entre otras cosas, se negaban a dejar de distribuir sus películas en la Alemania nazi y por el “Código Hays”, el cine incluso desde el mismo Hollywood nunca dejó de producir sus propios alegatos (¿qué es si no la trilogía de El Padrino?). Estas denuncias estaban enfocadas hacia la dinámica depredadora de los trust (Citizen Kane), a la deshumanización que conlleva la lógica del beneficio y la competitividad, y raramente tomaba partido por las luchas de masas. Esto sigue ausente, ahora quizás por más motivo porque las luchas obreras y sindicales ya no tienen el peso que llegaron a tener, por ejemplo en los años treinta, los de la radicalización de la CIO, que finalmente acabó integrándose en los engranajes de un sistema que ha mostrado su capacidad de reproducción.

El personal activista que trabaja en el cine-forum no tiene mucho problema en encontrar títulos que van al grano como Tratamiento de shock (Michael Wintterbotton&Naomi Klein), en el tenebroso documental Inside job, sin olvidar la lúcida Margin call, que nos habla de las raíces de la hecatombe, de la metodología delincuente de los potentados que jugaron con el dinero ajeno, de su complicidad descarada con el poder político y los poderes fácticos, de todo ese engranaje que caracteriza nuestra época. Una época en la que los “tiburones de las finanzas” andan sueltos y se alimentan de viejas derrotas, de la incapacidad del pueblo trabajador en establecer sus propias reglas. Unas reglas que, como todos sabemos, comportan una defensa incondicional de la naturaleza y, por supuesto, de las víctimas extremas de esta actuación. El problema en estos casos es que, más que un monitor que sepa de cine lo que se requiere, es alguien que sepa traducir el endiablado léxico de la economía.

Este desconocimiento es el que hace que el espectador, digamos normal, tenga problemas al ver una obra tan importante como La gran apuesta (The Big short, EEUU, 2015), de la que el comentarista acaba de comprender lo esencial, aunque esto causa más bien mucho miedo. Su lenguaje visual tiene vocación de estilo, los actores son muy convincentes, te los crees, lo que dicen algunos de ellos son divinas palabras, o sea que suena al latín con el que según Valle-Inclán imponía sus magisterio. Sin embargo, es una película que, además de funcionar, de entretener, resulta necesaria por cuanto significa un notable esfuerzo de producción que revela la existencia de una “toma de conciencia” (no hay más que ver la participación de actores célebres), y porque resulta un testimonio valioso de una realidad terrible.

¿De qué va? Pues cuenta cómo tres años antes de la crisis mundial de 2008 originada por las hipotecas subprime que hundió prácticamente el sistema financiero global, cuatro “chalados” fuera del sistema fueron los únicos que vislumbraron que todo el mercado hipotecario iba a quebrar. Los mismos que decidieron realizar algo insólito: apostar contra el mercado de la vivienda a la baja, en contra de cualquier criterio lógico en aquella época... El guión está basado en el libro La gran apuesta de Michael Lewis, que reflexiona sobre la quiebra del sector inmobiliario norteamericano que originó la crisis económica mundial en 2008… Varios de los personajes de este cuadro sobre la desintegración del sistema económico, aquel que estalló en el 2007 que ya venía de lejos y que amenaza el futuro de la propia humanidad, se afirma en algo tan obvio y elemental que podría entender hasta un bebé: “Esta crisis solo la pagarán los pobres y la clase media. Como siempre”.

¿Cuál es el problema? Pues que dado el atraso de la conciencia, se está luchando por los derechos más elementales, como el derecho de los refugiados, una de esas conquistas que algunos creían ya irreversibles, y que se están mostrando -también- como utópicas. Al parecer, el libro también destaca el papel de algunas personas involucradas en las mayores pérdidas originadas por la caída del mercado: los 300 millones de dólares USA que Merrill perdió debido a la CDO del gerente Wing Chau; Howie Hubler, infamemente conocida como la persona que perdió nueve mil millones de dólares en un comercio, la mayor pérdida en la historia; y AIG Financial Products de Joseph Cassano, que sufrió más de noventa y nueve mil millones de dólares en pérdidas.

Especialmente recomendada para los que saben el ABC de la economía, La gran apuesta, dirigida por Adam McKay, ha gozado de una buena acogida crítica y puede resultar un producto muy útil para toda clase de escuelas, sobre todo si se le despoja de sus aspectos más discutibles como pueden ser los derivados de la servidumbre que siempre significa trabajar con grandes estrellas.
_______
Ver La película "La gran apuesta", o cómo hacer quebrar a la banca con su propio venenoUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

La estafa de AC Inversions como metáfora de la pirámide neoliberal

Lun, 21/03/2016 - 02:13
Paul Walder, El Ciudadano

La estafa de AC Inversions y sus clones como IM Forex o Investing Capital tiene todos los ingredientes como gran metáfora del Chile actual, corrupto, desigual y piramidal. En este caso, cientos de ilusos engañados por un mecanismo que operaba a vista y paciencia de todas las autoridades. Otro mecanismo instalado para el despojo y apropiación de la riqueza. La única diferencia con las grandes estafas de cuello y corbata, es que en AC Inversions no hubo ni apellidos vinosos ni vinculaciones con las elites del poder. Una pyme de medio pelo.

La estafa de AC Inversions, que ha motivado investigaciones de la justicia hacia otras firmas financieras similares, aun cuando trae el recuerdo de episodios similares con matices y variaciones que van desde la Cutufa, Inverlink a los masivos desfalcos de la crisis de inicios de los años ochenta del siglo pasado, tiene también rasgos diferentes, propios de la sociedad neoliberal. Los montos involucrados, la cantidad de personas afectadas, su perfil social, el mecanismo para captar ilusos y el destino de sus ahorros son factores que no pudieron haber ocurrido en otras épocas.

El fuerte crecimiento de AC Inversions tanto en el número de estafados como en los montos involucrados sólo pudo haber ocurrido en nuestra actual realidad. No sólo por la masificación de las tecnologías de la información y las redes sociales, sino por la financiarización de la sociedad, el acceso a créditos fáciles y la fruición, que es también necesidad, por el dinero rápido. La estructura piramidal de este negocio es también una metáfora del modelo neoliberal que aplasta y comprime a la sociedad chilena: arriba la concentración del poder y la crema del negocio. En la base, los productores, trabajadores, consumidores y otros exprimidos.

AC Inversions y las similares investigadas, hasta el momento IM Forex, Investing Capital, Capital FX y Trade Partner, ofrecían a sus clientes, reales y potenciales, una rentabilidad que podía alcanzar hasta un increíble siete por ciento mensual, interés que a la brevedad permitía que el inversionista duplicara su capital. Según las investigaciones de la Fiscalía basadas en documentación incautada más los testimonios de los operadores y clientes afectados, nunca estuvo muy claro el destino de las inversiones ni los mecanismos empleados, todos ocultos tras una madeja de tecnicismos propios de las más complejas finanzas que finalmente resultó simple retórica publicitaria. Los inversionistas, generalmente personas naturales sin experiencia en mesas de dinero ni en los instrumentos financieros, entregaron confiados crecientes sumas de dinero al ver que las rentabilidades prometidas se cumplían durante los primeros meses.

La rentabilidad ofrecida por AC Inversions superaba varias veces los máximos que puede otorgar una inversión en renta fija en la banca formal. Por ello, es a partir de aquí que surge primero la magia, la ilusión de los propios inversionistas y, finalmente, lo que hoy parece una clásica estafa. De partida, los mercados no pueden garantizar una rentabilidad fija, por lo que el factor riesgo es una variable presente en toda inversión en mercados bursátiles, de materias primas o de divisas. Para cualquier observador con un mínimo conocimiento del desarrollo de los mercados, autoridades del sector incluidas, la oferta certificada de AC Inversions debía ser, por lo menos, sospechosa.

En la página web de AC Inversions, hoy suspendida, había una explicación bastante compleja de cómo podía obtenerse tan alta rentabilidad. Son aquellos famosos o infames derivados (depende cómo se los mire) que adquirieron popularidad durante el estallido de la crisis de las subprimes en la década pasada. Un instrumento que destacaba AC Inversions eran los CDF (contratos por diferencia), cuyos precios están atados al valor de otros papeles invertidos en divisas, commodities o acciones, entre otros.

Muchos de estos instrumentos financieros derivados, que van de mano en mano y pierden la vinculación con la inversión original, fueron parte de las causas que condujeron a la crisis de la década pasada, por lo cual en algunos países o están prohibidos o altamente regulados. Por ello resulta muy extraña la publicidad que hacía AC Inversions del uso de estos instrumentos. Y por ello mismo resulta aún más sorprendente que la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF) no haya intervenido.

En una entrevista de Teletrece al gerente comercial de la firma de marras, Pedro Gajardo, éste confesó que nadie en la empresa conocía muy bien la complejidad de esos instrumentos. Según relata, Patricio Santos (el dueño de AC Inversions) “era muy experto en el tema, pero nosotros quedábamos muy cortos en cuanto a los conocimientos del mercado”. Este testimonio, que expresa el total desconocimiento por los ejecutivos del “producto” que se ofrecía, ha permitido concluir que se trató desde un comienzo, si no de una estafa, sí de otro tipo de negocio. El único sistema que podía mantener a flote durante un tiempo este tipo de rentabilidad era una pirámide, o esquema de Ponzi, los que son considerados por las autoridades financieras mundiales como una organización cuya finalidad es la estafa.

Con los antecedentes aportados por las víctimas y la Fiscalía, hay similitudes con una de los mayores fraudes financieros efectuados en Estados Unidos durante las últimas décadas. Es el caso de Bernard Madoff, que en 2009 fue condenado a 140 años de reclusión por una estafa cercana a los 50 mil millones de dólares. Madoff fue un importante corredor de la Bolsa neoyorquina, asesor financiero e inversionista de prestigio. En un comienzo su firma, mediante inversiones y especulaciones, logró entregarle a sus clientes altas rentabilidades con ganancias efectivas en los mercados de capitales. Con el paso del tiempo, Madoff adoptó un esquema de Ponzi, el que alimenta los retornos prometidos a los primeros inversionistas con los depósitos de los nuevos, hasta que se corta el flujo.

AC Inversions realizó operaciones financieras sin autorización de las autoridades del sector. Es por ello que la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF) puso una denuncia contra esta firma ante el Ministerio Público por infracción al artículo 39 de la Ley General de Bancos, el que prohíbe que una persona natural o jurídica no autorizada “pueda dedicarse por cuenta propia o ajena a la correduría de dinero o de créditos representados por valores mobiliarios o efectos de comercio, o cualquier otro título de crédito”. Días más tarde la Superintendencia amplió la denuncia contra las empresas Investing Capital e IM Forex, ambas por infringir el mismo artículo 39.

La SBIF salió al ruedo tarde, cuando el daño estaba hecho. Su misión, sin embargo, según se desprende de su Carta de Presentación, es “supervisar las empresas bancarias así como de otras entidades, en resguardo de los depositantes u otros acreedores y del interés público y su misión es velar por el buen funcionamiento del sistema financiero”. Para los estafados, la institución que preside Eric Parrado habría fallado en su misión, por lo cual evalúan ampliar su demanda desde la misma AC Inversions al Estado.

Catherine Lathrop, abogada de un grupo de afectados, ha dicho que sus representados podrían demandar al Estado “debido a que el análisis que se hizo con respecto a la empresa, determinó que la institución era apropiada y operaba de la manera correcta. Por lo tanto, las víctimas que yo represento buscan establecer una responsabilidad penal a quienes tramaron un ardid y decidieron estafar a la gente”.

¿Funcionan las instituciones? En esta dirección hay varios y oscuros antecedentes. De partida, la primera vinculación con una institución del Estado es con el ejército chileno. Numerosos oficiales participaron desde un inicio en las operaciones de Patricio Santos, quienes salen de la pirámide en enero pasado tras una orden desde el alto mando. Esta acción, para muchas de las víctimas, ha despertado grandes dudas respecto a información confidencial al interior del ejército sobre las actividades de AC Inversions. Hay no pocas sospechas que apuntan al ejército como la pieza inicial de esta estafa y también como la que desencadenó el derrumbe de la pirámide tras el retiro masivo de capitales.

Entre las autoridades pertinentes, nadie dice haber sabido sobre la pirámide. Pero hay antecedentes que dicen todo lo contrario. Desde 2014 hubo al menos cinco alertas emitidas a entidades como la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS), la PDI y el Ministerio de Hacienda. En ellas se advertía sobre una posible estafa piramidal. Pese a las alarmas, estas instituciones no reaccionaron y afirmaron que no estaba dentro de sus atribuciones la fiscalización.

La abogada Catherine Lathrop Según publicó El Mercurio, la primera alerta se produjo a mediados de 2014, con una denuncia ante la SVS argumentando que se podría tratar de un “esquema piramidal”. Ante esta denuncia, el intendente de Supervisión del Mercado de Valores respondió, el 30 de julio de 2014, que revisada la página web de AC Inversions, ésta se refiere a inversiones en operaciones sobre moneda extranjera, “las cuales no se encuentran sometidas a la fiscalización de la SVS”.

Una segunda alerta se registró el 11 de noviembre de 2014, cuando el ingeniero comercial de la Universidad Adolfo Ibáñez, Alessandro Peppi, envió un correo electrónico a la Brigada de Delitos Económicos (Bridec) sobre una posible estafa piramidal. Tras analizar los antecedentes, desde la PDI respondieron que “no había ningún indicio que hiciera presumir que había algún ilícito”.

Otro caso apareció cuando los fiscales afirmaron que el broker de BFX, Rodrigo Castillo, emitió cuatro alertas a la Unidad de Análisis Financiero (UAF) que depende del Ministerio de Hacienda. En la UAF respondieron que no está en sus atribuciones fiscalizar a firmas como AC Inversions, porque el giro registrado por la firma ante el Servicio de Impuestos Internos (SII) es “administración de mercados financieros”, lo que no está entre sus atribuciones.

Y así llegamos al ejército. En enero pasado la institución recomendó a sus funcionarios, mediante un comunicado, abstenerse de hacer operaciones financieras con AC Inversions debido a que la firma podría estar involucrada en eventuales delitos. “La Dirección Nacional de Inteligencia del ejército informó que posee antecedentes de numeroso personal militar que mantiene inversiones en empresas Forex recomendando, además, comunicar al personal abstenerse de participar en este tipo de situaciones”, dice el documento firmado por el comandante en jefe de la Sexta División, Miguel Alfonso Bellet. Lathrop, que representa a un grupo de víctimas, debiera extender también hacia estos organismos del Estado su querella.

Otra vez el Ejército El papel inicial del ejército en esta estafa lo constata el gerente comercial de AC Inversions. En la entrevista citada confirma que Santos “partió administrando dinero de familiares, amigos y esto fue creciendo de esa manera. Entiendo que a través de esas mismas redes y él siendo un ex militar, también incorporó a muchas personas por la afinidad que tenía con el ejército, mucho militar”. Por lo tanto, “ él fue formando una cartera importante en el ejército”.

La negligencia de las autoridades también ha sido objeto de atención desde tribunas políticas. El 9 de marzo se conformó una comisión en la Cámara de Diputados para investigar este tipo de negocios de estructura piramidal. Para los diputados que conforman la comisión (instancia promovida por los DC Rincón, Silber y Cornejo) queda clara la omisión y eventual negligencia de los organismos del Estado. Una sospecha que les llevó a decir que “en este caso está en tela de juicio la participación del ejército, la Policía de Investigaciones, la Superintendencia de Valores y Seguros, la Superintendencia de Bancos y la Unidad de Análisis Financiero (UAF), quienes habrían tenido antecedentes para poder detener este fraude con antelación, evitando millonarias pérdidas patrimoniales a miles de chilenos”.

Hay un aspecto en esta estafa masiva que tiene rasgos dramáticos, que surge del perfil de las víctimas y de sus testimonios. Se trata aquí de personas que por ignorancia, ambición o necesidad de obtener una rentabilidad rápida, colocaron no sólo sus ahorros en la base de la pirámide, sino que pidieron créditos en la banca formal para hacer un negocio que les resolviera los problemas financieros propios del modelo neoliberal. Procurarse una mejor pensión de vejez, pagar la educación de los hijos o enfrentar un problema de salud han sido relatos escuchados entre los estafados. Un escenario inmejorable para todo tipo de rufianes y abusadores, como el dueño de AC Inversions. Pero también para quienes detentan el poder desde la cúspide de la pirámide en la sociedad de mercado.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Fracaso de Macri arrastra a Argentina a las fauces de los buitres

Dom, 20/03/2016 - 15:17
Axel Kicillof, Página 12

No suena a extorsión. Es una extorsión, y a gran escala. Extorsión al Congreso para que vote el pago a los buitres; extorsión a la sociedad en su conjunto para que no se queje y lo acepte con resignación. Dijo Prat-Gay en la Cámara de Diputados: “Con este acuerdo podemos evitar un ajuste brutal [...] es una gestión poco agradable pero que hay que hacer porque sin esto no volvemos a crecer”. El jefe de Gabinete, por su parte, sostuvo: “El acuerdo con los holdouts tiene que salir; no hay plan B”. Y Macri remató: “Sin acuerdo con los holdouts habrá ajuste o hiperinflación”. A decir verdad, no es la primera vez que se presenta ante la sociedad un “dilema” de este tipo, ni es tampoco el primer gobierno que utiliza este recurso. Más aun, algunas de las peores leyes y decisiones que se tomaron en nuestra historia reciente, como el Megacanje, el Blindaje, el Déficit Cero, la flexibilización laboral conocida como Ley Banelco, estuvieron acompañadas por una campaña de chantaje de este mismo tenor. Siempre el mismo argumento: si la medida no se toma, viene el desastre. Si, en cambio, la medida se toma, prometen el paraíso.

En esta línea, según Macri, el destino de la Argentina depende hoy íntegramente del pago a los fondos buitre. Si no se paga a los buitres, habrá un “ajuste bestial”, desempleo, recesión, “¡hiperinflación!” (sic). Si, en cambio, los buitres reciben su gigantesca tajada, lloverán inversiones nacionales y extranjeras, crédito barato en pesos y dólares, y tendremos el crecimiento asegurado.

¿Cómo fue que los argentinos llegamos a esta encrucijada de vida o muerte, cuando durante la campaña el propio Macri prometía una revolución de la alegría? Cristina Kirchner entregó, por primera vez en democracia, un país sin crisis, con bajo desempleo y, aun para las consultoras privadas, en crecimiento. Así que esta sensación de zozobra y urgencia se instaló después. Repasemos, pues, brevemente el desarrollo del plan económico de Macri y sus resultados. Ahí está la clave para entender la desesperación de Macri por, como dicen en los canales de venta por cable, pagarle a los buitres ¡ya, ya, ya!

A menos de una semana de asumir, el gobierno anunció en tono épico “el fin del cepo” como si se tratara de una conquista de más libertad para todos los argentinos. No obstante, en su anuncio, Prat-Gay omitió mencionar un pequeño detalle: el llamado “cepo” se abría con una devaluación del 40 por ciento lo que llevó el tipo de cambio oficial a $13,50 desatando de inmediato, como no podía ser de otra manera, una estampida inflacionaria. También se olvidó de decir que al mismo tiempo el Banco Central estaba levantando todos los controles a la fuga de capitales y que la Secretaría de Comercio estaba abriendo la economía al ingreso de importaciones en todos los rubros. Era un programa de liberalización total de la economía: libre flujo de capitales y libre comercio acompañaban a la nueva “libertad cambiaria”.

En la misma conferencia de prensa conocimos las condiciones que el gobierno de Macri necesitaba para devaluar. El ministro Prat-Gay los explicó extensamente: “Entre nosotros decíamos que necesitábamos un ingreso adicional de 10 mil millones de dólares para tener la confianza de que podíamos efectivamente levantar las restricciones cambiarias [...]. Estamos hablando con bancos extranjeros, estamos hablando con las cerealeras, hemos llegado a acuerdos en muchos casos, estamos hablando con empresarios argentinos, más allá de las cerealeras, que están dispuestos a adelantar algunos fondos que tenían planeado para la inversión [...] podemos decir que esos 10 mil millones de dólares con los cuales nos sentíamos cómodos, estamos hablando de un rango de entre 15 mil y 25 mil millones de dólares de ingreso de divisas en los próximos cuatro semanas en Argentina. Con esa tranquilidad es que hoy, como dijimos antes, nos animamos a levantar esas restricciones, sin esa tranquilidad por supuesto no hubiéramos podido hacerlo. [...] tenemos un acuerdo con todo el sector de empresas cerealeras que se han comprometido a partir de mañana a liquidar 400 millones de dólares por día, durante las próximas tres semanas. Para que se entienda bien, esto implica un flujo de 2000 millones de dólares por semana”.

Macri se tiró a una pileta sin agua, confiando en las promesas que le hicieron las empresas y bancos, de aportar entre 15 mil y 25 mil millones de dólares en un mes. La verdad es que todos estos sectores, uno por uno, le fueron dando la espalda. Empecemos por las cerealeras: a pesar de la inmensa transferencia de ingresos que recibió el sector con la devaluación del 40 por ciento y la reducción de retenciones, la liquidación quedó muy por debajo del anuncio del ministro. En lugar de los 8000 liquidaron en las siguientes cuatro semanas 481, 756, 752 y 870, es decir, menos de 2900 millones. Los bancos extranjeros no se portaron mucho mejor con su presidente. Hubo gestiones, trascendidos, idas y vueltas, pero lo cierto es que recién el 21 de enero los bancos HSBC, JP Morgan y Santander anunciaron que aportarían 1000 millones de dólares cada uno, y el Deutsche, BBVA, Citi y UBS, 500 millones. Se trató de un préstamo al Banco Central otorgado en las peores condiciones imaginables: por 11 meses, con una tasa de casi 7 por ciento y con una garantía en títulos de ¡10.000 millones! Hubo que poner 10.000 millones para conseguir 5000. De los bancos y empresas nacionales, no llegó nada de nada.

El temprano fracaso del plan de Macri lo empujó a las fauces de los buitres Hace unos días Marcos Peña dijo que no había Plan B. Pero, como veremos, el problema es más grave: tampoco hay plan A. Macri “pagó” todos los apoyos de campaña, les habló con su corazón y le contestaron no “con”, sino “sin”, el bolsillo.

De los “entre 15 mil y 25 mil millones de dólares de ingreso de divisas en los próximos cuatro semanas en Argentina” de Prat-Gay, entraron a lo sumo 7500 millones. A un mes de devaluar, el plan de Macri ya había fracasado. Y entonces comenzaron los problemas. El BCRA se había comprometido a no intervenir en el mercado cambiario, dejando “flotar” el dólar. Pero el 1 de febrero el tipo de cambio superó la barrera de los 14 pesos. Recién en ese momento entraron a las reservas los 5000 millones del crédito de los bancos al Central. Lejos de calmarse, el “mercado” produce una nueva devaluación que lleva el dólar a 15 pesos. El BCRA seguía sin intervenir.

Pero entonces, algún teléfono debe haber sonado en la oficina de Sturzenegger y el Banco Central empezó a vender dólares, sacrificando más de 750 millones de las reservas para contener el dólar cerca de los 15 pesos. Así y todo, hacia fines de febrero se produce la tercera devaluación de la era Macri y el 1 de marzo el dólar toca los 16 pesos. Lo que ocurrió tiene un solo nombre: a Macri no le dieron los dólares y además le hicieron una corrida cambiaria, bien tapada y disimulada por la prensa “independiente” oficialista. La reacción del Banco Central fue la clásica: además de vender dólares para bajarlo, elevó la tasa de interés para que los inversores se queden en pesos y no se vayan al dólar. El resultado de estas operaciones está a la vista: las reservas terminaron a 23.124 millones (si se descuentan los 5000 millones). Se perdieron 2.600 millones de dólares de fuga de capitales. Mientras tanto, la devaluación pasó de un 40 por ciento a un 60. Y la tasa de interés que el Central (Lebac) le paga a los bancos es de 38 por ciento. Por eso no hay Plan A: Macri quería un dólar a 13 pesos con 50.000 millones de reservas y terminó su primer trimestre con un dólar a 15,5 y con 23.000. Lo dejaron pagando.

El costo de este temprano fiasco financiero fue muy alto, por sus “efectos secundarios”. La violenta devaluación produjo una aceleración de los precios que llevó la inflación a más de 4 por ciento mensual. Macri mientras tanto seguía avanzando en el ajuste despidiendo estatales, contribuyendo a la caída de los ingresos con un tarifazo eléctrico, con el aumento de naftas, los peajes y los impuestos. Y también seguía pagando los apoyos de campaña: baja de retenciones para cerealeras, mineras, petroleras, grandes exportadores industriales y aumento tarifario del 600 por ciento para engrosar el balance de las empresas eléctricas. Todo esto afectó fuertemente la actividad: la caída del poder adquisitivo de los ingresos redujo a su vez a la demanda agregada y el mercado interno. A eso se agrega el encarecimiento del crédito. Es así que la economía de la era de Macri empieza con aceleración inflacionaria, caída del salario real, más de 100.000 despidos y represión.

Estos son los factores que explican la urgencia de pagarle a los buitres. Macri sigue buscando los 15.000 o 25.000 millones de dólares que necesitaba en enero para su devaluación. El tema es que estamos en marzo y en la búsqueda de ese flujo se le va el gobierno. Los recursos los van a traer los bancos extranjeros y los bancos le impusieron una condición: rendirse incondicionalmente ante los fondos buitre. Recién después llegará la plata para Argentina.

Ahora bien, si se le paga a los buitres “lo que Griesa dijo”, ¿bajará la tasa de interés como promete Macri? ¿Llegará la esperada “lluvia de dólares”? ¿Se aplicará la deuda externa que se contraiga a inversiones productivas, infraestructura y a los más necesitados? Hay más dudas que certezas. Empecemos por los montos. Entre lo que el gobierno va a pedir prestado para pagar a los buitres y lo que pidieron desde el Central, ya nos habrán endeudado en casi 20.000 millones en tres meses. No parece que nos vayan a prestar mucha más plata, cuando en el marco de la crisis mundial los capitales están huyendo de países más “apetecibles” de América Latina. En cuanto al costo del financiamiento, si arreglar con los fondos buitre implicara directamente una reducción de la tasa, ¿cómo puede ser que para conseguir los 12.000 millones que prestan los bancos para justamente cerrar este asunto la tasa sea, según dicen, de 7 o 7,5 por ciento? No parece muy factible que entren muchos fondos y baratos, y menos todavía que vayan al venturoso destino que promete Macri, cuando para atender la presión cambiaria dicen necesitar una fortuna, dada la absoluta libertad para la fuga de capitales. Además, reconozcamos que si la deuda externa fuera a utilizarse para el desarrollo y la inclusión social, sería la primera vez en la historia Argentina (¿y mundial?) que esto pasa.

La historia, por otra parte, no se termina acá. Pagarle rapidito y sin chistar a los buitres no es otra cosa que una condición impuesta por los bancos extranjeros para prestarle a Macri la plata que necesita. Es la primera de las condiciones. Después aparecerá, seguramente, la “sugerencia” de aplicar un programa de ajuste del FMI. Los bancos reclaman siempre la intervención del Fondo cuando realizan préstamos porque es la garantía más firme que tienen de que van a conseguir el repago. Porque el Fondo Monetario se ocupa de que los recursos del país no se utilicen para el bienestar social (como la salud, la educación, la cultura) y de que, además, se vendan todos los activos para pagar a los acreedores.

Es por eso que, claramente, no es cierto que la disyuntiva de Argentina sea deuda o ajuste. Como ocurrió tantas veces en el país, para tomar deuda externa probablemente sea necesario aplicar un ajuste supervisado por el FMI: el único plan que tiene Macri por delante es el de deuda y ajuste.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización