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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger5483125
Actualizado: fai 12 horas 47 min

Un nuevo acuerdo para Grecia

Ven, 24/04/2015 - 22:56
Yanis Varoufakis, Project Syndicate

Tres meses de negociaciones entre el gobierno griego y nuestros socios europeos e internacionales produjeron grandes coincidencias sobre las medidas necesarias para dejar atrás años de crisis económica y generar una recuperación sostenida en Grecia. Pero todavía no produjeron un acuerdo. ¿Por qué? ¿Qué hace falta para lograr una agenda de reformas viable y mutuamente convenida?

Los griegos y nuestros socios ya coincidimos en muchas cosas. El sistema impositivo de Grecia necesita una remodelación, y hay que independizar a las autoridades fiscales de influencias políticas y corporativas. El sistema de pensiones está enfermo. Se han cortado los circuitos crediticios de la economía. El mercado laboral fue devastado por la crisis y está profundamente segmentado, y el crecimiento de la productividad se estancó. Se necesita una modernización urgente de la administración pública y un uso más eficiente de los recursos públicos. Hay grandes trabas a la creación de nuevas empresas. La competencia en los mercados de productos es deficiente. Y los niveles escandalosos de desigualdad a los que se llegó impiden la unión de la sociedad en pos de las reformas esenciales.

Pero más allá de este consenso, quedan todavía dos obstáculos por superar para acordar un nuevo modelo de desarrollo para Grecia. En primer lugar, debemos coincidir en el modo de encarar la consolidación fiscal. En segundo lugar, necesitamos una agenda de reformas integral y compartida que posibilite esa trayectoria de consolidación e inspire confianza en la sociedad griega.

Por el lado de la consolidación fiscal, la cuestión inmediata es el método. La “troika” de instituciones (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) usan hace tiempo un método de inducción regresiva: ponen una fecha (por ejemplo, el año 2020) y un objetivo para el cociente deuda nominal/PIB (por ejemplo, 120%) que se considera prerrequisito para que Grecia pueda endeudarse en los mercados de divisas a tasas razonables. Después, calculan el superávit primario que se necesitará cada año, retrocediendo desde el plazo fijado hasta el presente, bajo supuestos arbitrarios respecto de los índices de crecimiento, la inflación, la recaudación de las privatizaciones, etcétera.

Nuestro gobierno considera que este método da lugar a una “trampa de austeridad”. Convertir la consolidación fiscal en la necesidad de alcanzar un cociente de deuda predeterminado en una fecha futura predeterminada implica buscar superávits primarios cuyo efecto sobre el sector privado impedirá lograr los índices de crecimiento presupuestos y, por lo tanto, seguir la trayectoria fiscal planeada. Es esta, precisamente, la razón del fracaso estrepitoso de los planes de consolidación fiscal ya aplicados en Grecia.

La posición de nuestro gobierno es que hay que abandonar el método de inducción regresiva. En cambio, debemos trazar un plan prospectivo basado en supuestos razonables sobre superávits primarios que serán compatibles con las tasas de crecimiento de la producción, las cifras de inversión neta y el aumento de las exportaciones necesarios para estabilizar la economía de Grecia y su cociente de deuda. Si esto implica que en 2020 la relación deuda/PIB será mayor que 120%, entonces se idearán formas de racionalizar, reperfilar o reestructurar la deuda, teniendo siempre presente el objetivo de maximizar el valor actual efectivo devuelto a los acreedores. Además de convencer a la troika de que el análisis de endeudamiento sostenible debe evitar la trampa de austeridad, el segundo obstáculo por superar es la “trampa de las reformas”. El programa de reformas anterior (que nuestros socios insisten en defender contra nuestra decisión de revertirlo) se basaba en devaluación interna, reducción salarial y de las pensiones, pérdida de protecciones laborales y privatización de activos públicos a precios máximos.

Nuestros socios creen que con el tiempo funcionará. A una mayor caída de los salarios le seguirá un aumento del nivel de empleo. La reducción de las pensiones será la cura para un sistema de pensiones enfermo. Y privatizar los activos públicos a precios más altos permitirá el pago de una deuda que muchos (en privado) consideran insostenible.

En cambio, nuestro gobierno cree que este programa fracasó y dejó a la población cansada de reformas. La mejor prueba de su fracaso es que, a pesar de una inmensa caída de salarios y costos, el crecimiento de las exportaciones se amesetó (la eliminación del déficit de cuenta corriente se debe exclusivamente al derrumbe de las importaciones).

Seguir con los recortes salariales no ayudará a las empresas exportadoras, que están atrapadas en la falta de crédito. Y seguir reduciendo las pensiones no resolverá la causa real de los problemas del sistema jubilatorio (bajo nivel de empleo y altos niveles de empleo no declarado). El único resultado de esas medidas sería dañar todavía más el ya tensionado tejido social de Grecia e imposibilitarlo de ofrecer el apoyo que nuestra agenda de reformas necesita con urgencia.

Los desacuerdos actuales con nuestros socios no son insuperables. Nuestro gobierno está decidido a racionalizar el sistema de pensiones (por ejemplo, limitando el retiro anticipado), avanzar con la privatización parcial de activos públicos, encarar el problema de los préstamos incobrables que traban los circuitos crediticios de la economía, crear una comisión tributaria totalmente independiente y alentar la creación de empresas. Las diferencias que subsisten tienen que ver con la forma de entender la relación entre las diversas reformas y el entorno macro.

No quiere decir que no podamos llegar a un acuerdo en poco tiempo. El gobierno griego quiere una trayectoria de consolidación fiscal razonable y reformas sobre cuya importancia todos estemos de acuerdo. Es nuestra tarea convencer a nuestros socios de que buscamos objetivos estratégicos, no tácticos, y de que nuestro razonamiento es válido. La tarea de ellos es renunciar a una metodología que fracasó.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Günter Grass: la muerte de un ciudadano público

Ven, 24/04/2015 - 20:24
Maciek Wisniewsk, La Jornada

Según las agencias, Günter Grass (1927-2015), el gran escritor alemán, poeta, escultor y dibujante, premio Nobel de Literatura (1999), falleció el pasado 13 de abril tras sufrir una infección seria (Ap, 13/4/15). Pero según Bernard-Henri Lévy, Grass murió ya hace tres años, cuando se atrevió a criticar el programa nuclear israelí y calificar a Israel de amenaza a la paz mundial (La primera muerte de Günter Grass, El País, 15/4/12). El filósofo francés tuvo la galantería de escribir primera, pero supongo que con la muerte pasa lo mismo que con otras cosas que realmente importan: la primera es la que cuenta. O al menos eso le hubiera gustado a Lévy y a otros detractores que Grass se ganó abriendo su boca grande a lo largo de las décadas, incomodando, rompiendo silencios y tabúes. Neal Ascherson: Decía cosas que otros no querían escuchar y a veces exageraba un poco (The Guardian, 18/4/15). Fue su manera de llamar la atención, que tenía tanto que ver con su particular y desbordado estilo literario.

Confrontaba a los alemanes con su pasado y herencia nazi; abogaba por cerrar las heridas de posguerra y restablecer las relaciones con Polonia (viniendo de la ciudad libre de Dánzig –hoy Gdansk– y de madre cachuba/polaca); acompañó al canciller Willy Brandt (1969-1974) en su histórico viaje a Varsovia en que éste reconoció las fronteras post 1945 y se arrodilló en el Monumento de los Héroes del Gueto (un gesto simbólico hacia las víctimas del Holocausto que a muchos alemanes les pareció... excesivo); criticaba al mundo por no hacer nada por el desarme nuclear; censuraba al imperialismo estadunidense y soviético, al capitalismo –desde el reformismo socialdemócrata, pero con una mirada bastante aguda– y al comunismo; se solidarizaba con los movimientos de liberación nacional; apoyaba a los disidentes del bloque soviético y defendía a Cuba y Nicaragua; se oponía a la unificación de Alemania –un nuevo Anschluss– diciendo que el horror incomparable de Auschwitz excluye la posibilidad de un solo Estado; luego denunciaba que la limpieza anticomunista resultó ser más dura que el proceso de la desnazificación; abandonó la SPD cuando el partido tomó un giro conservador/neoliberal; se oponía a la guerra en Irak (2003); salía en defensa de las minorías (romaníes y kurdos), naciones enteras (criticando el trato a los griegos, supuestos causantes de la eurocrisis) y medio ambiente (contrastando el pillaje humano con la sabiduría del mundo animal); criticaba a la canciller Merkel por su visión de la democracia al estilo del mercado y su cobardía ante el espionaje de Washington; lamentaba la pérdida de toda una generación de jóvenes europeos (y recordaba 6 millones de parados que llevaron a Hitler al poder); fustigaba los lobbies financieros; abogaba por el asilo a Snowden y advertía que en los múltiples conflictos AD 2015 hay síntomas de la tercera guerra mundial.

Todas estas intervenciones –no libres de contradicciones y/o exageraciones– harían de él un clásico intelectual público, si no fuera por su deliberado antintelectualismo, fruto de su desilusión con la generación anterior de intelectuales pro nazis (Goebbels era un intelectual) y el desencuentro con el movimiento del 68, que tildó de deshonesto (observando cómo algunos de sus hijos –¡Lévy!– se volvieron intelectuales del poder, se entiende...). Grass era más bien un ciudadano público que enturbiaba las conciencias y ponchaba las burbujas del triunfalismo. En una de sus últimas entrevistas subrayaba: Hay que decir las cosas como son. Y dudo que podamos dejarlas libradas exclusivamente a lo intelectual ( El País, 14/4/15). Su lema era: El ciudadano debe mantener la boca abierta. Pero en un caso la mantuvo cerrada casi hasta el final. Nunca ocultó su nazi-entusiasmo juvenil –una autocrítica en que edificó su posición moral–, pero no dijo que también estuvo en la Waffen-SS, revelación tardía ( Pelando la cebolla, 2006; How I spent the war, en: The New Yorker, 4/5/07) que cayó como una bomba. Hasta la izquierda quedó dividida: Christopher enfant terrible Hitchens –otro hijo del 68– lo tildó de bocón e hipócrita; José Saramago o John Berger –tomando en cuenta su trayectoria y su propia explicación– lo defendieron. Timothy Garton Ash, sin ahorrarle críticas concluía que perdió una oportunidad de confesarse en los años 60 y luego sólo quería decirlo antes de morirse ( The New York Review of Books, 16/8/07). Así que cuando publicó un poema-denuncia, Lo que hay que decir ( El País, 3/4/12), criticando a Israel por querer bombardear Irán, a Alemania por venderle submarinos capaces de transportar armas nucleares y a Occidente por su hipocresía, sus detractores la tenían fácil (¡Grass es un cripto-nazi y un cripto-antisemita!). No les importaba que su crítica se centraba en Netanyahu, que diabolizaba a Irán con fines electorales (un cínico show que repitió este año), y que allí dónde exageró –por ejemplo era poco plausible el uso de armas atómicas en ataque preventivo a las instalaciones nucleares– bastaba corregirlo con calma, tal como hizo Uri Avnery, uno de los pocos ciudadanos públicos en Israel (Günter, the terrible, en: Counterpunch, 13-15/4/12).

Una excepción al anti-intelectualismo de Grass fue su excelente diálogo con Pierre Bourdieu (1930-2002), el gran sociólogo francés: un intercambio entre un ciudadano y un intelectual público, dos especies en vías de extinción. Ambos defendían la literatura y la sociología desde abajo (escritas desde el punto de vista de las víctimas) y fustigaban el avance del neoliberalismo; aseguraban que iban a seguir con sus bocas abiertas, a pesar de su tiempo limitado ( The Nation, 15/6/00). Grass –mirando atrás y haciendo la memoria histórica– insistía en eso hasta el final: Vi cómo se desmoronaba la República de Weimar y cómo surgió Hitler porque hubo pocos ciudadanos que la defendieran; por eso siento que necesito comprometerme políticamente como ciudadano, siendo autor y artista. Por eso abro muchas veces la boca aunque haya mucha gente que quiere cerrármela. Hasta ahora no lo ha conseguido ( El País, 14/4/15). Sólo la muerte lo consiguió.
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Ver: Günter Grass: "La Tercera Guerra Mundial ya ha comenzado"Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La economía mundial vuelve a tambalearse al borde del abismo

Xov, 23/04/2015 - 12:27
Pese a los cientos de miles de millones de euros que los bancos centrales han inyectado al sistema financiero, la economía mundial vuelve a instalarse al borde del precipicio. La mezquindades de Alemania y el mortífero austericidio han acorralado a Europa en la trampa 3-D: Desempleo, Deuda, Deflación, dando cuenta que hemos entrado a un nuevo túnel y esta vez mucho más oscuro. El FMI ya está hablando directamente de los serios peligros del estancamiento secular, es decir, de una crisis que se hace omnipresente, se arraiga y se prolonga. Es la “nueva normalidad” del sistema capitalista, que se desangra por los cuatro costados a medida que todos los signos de recuperación se desvanecen.

La crisis griega es nuevamente uno de los grandes focos de tensiones. Porque aunque Alemania minimice los efectos de una salida de Grecia del euro, puede provocar un efecto mucho más devastador que la caída de Lehman Brothers hace siete años. Nadie imaginó en el 2008 que la caída de un banco pequeño como Lehman podría desatar la pandemia financiera que aún cobra víctimas. Lo mismo con Grecia, de ahí que nadie quiera arriesgarse a una salida intempestiva del país heleno que podría hundir al euro en el abismo. Es una amenaza latente que demuestra que el modelo capitalista de los últimos 30 años ha colapsado dado que todos sus signos vitales han desaparecido.

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El hada de la confianza al centro del debate

Xov, 23/04/2015 - 03:00
Robert Skidelsky, Project Syndicate

En 2011, el economista y Premio Nobel Paul Krugman caracterizó el discurso conservador sobre los déficits presupuestarios en términos de "vigilantes de bonos" y el "hada de la confianza". A menos que los gobiernos recortasen sus déficits, los vigilantes de bonos les apretarían los tornillos forzando un alza de las tasas de interés. Pero si efectivamente hacían un recorte, el hada de la confianza los recompensaría estimulando el gasto privado más de lo que los recortes lo deprimieran.

Krugman pensaba que el argumento del "vigilante de bonos" podría ser válido para algunos países, como Grecia, pero sostenía que el "hada de la confianza" no era menos imaginaria que la que recoge los dientes de los niños. Recortar un déficit en un período de recesión nunca puede generar una recuperación. La retórica política puede impedir que se adopte una buena política, pero no puede impedir que tenga éxito. Por sobre todas las cosas, no puede hacer que una mala política funcione.

Recientemente debatí este punto con Krugman en un evento del New York Review of Books. Mi argumento fue que las expectativas adversas pueden afectar los resultados de una política, no sólo las posibilidades de que se adopte. Por ejemplo, si la gente creyera que el endeudamiento del gobierno tiene que ver simplemente con una tributación diferida, entonces podría ahorrar más para poder pagar su próxima factura de impuestos.

Pensándolo bien, creo que estaba equivocado. El factor confianza afecta la toma de decisiones de un gobierno, pero no afecta los resultados de las decisiones. Excepto en casos extremos, la confianza no puede hacer que una mala política tenga buenos resultados, y la falta de confianza no puede hacer que una buena política tenga malos resultados, no más que saltar por una ventana, con la convicción errónea de que los seres humanos pueden volar, puede compensar el efecto de la gravedad.

La secuencia de acontecimientos en la Gran Recesión que comenzó en 2008 lo confirma. En un principio, los gobiernos la atacaron con todo lo que tenían a mano. Esto impidió que la Gran Recesión se convirtiera en la Gran Depresión II. Pero, antes de que la economía tocara fondo, se cortó el estímulo y la austeridad -liquidación acelerada de déficits presupuestarios, principalmente mediante recortes del gasto- se volvió la orden del día.

Una vez que las elites políticas exhaustas habían recuperado el aliento, empezaron a contar una historia destinada a impedir cualquier otro estímulo fiscal. Insistían en que la crisis había sido generada por el despilfarro fiscal, y por lo tanto sólo podía ser curada mediante la austeridad fiscal. Y ninguna austeridad a la antigua: era el gasto en los pobres, no en los ricos, lo que tenía que recortarse, porque ese gasto era la verdadera causa del problema.

Cualquier keynesiano sabe que recortar el déficit en una crisis es una mala política. Una recesión, después de todo, está definida por una deficiencia en el gasto total. Intentar remediarla gastando menos es como intentar curar a una persona enferma mediante una sangría.

De modo que era natural preguntarles a economistas/defensores de la sangría como Kenneth Rogoff y Alberto Alesina de Harvard cómo esperaban que su cura funcionara. Su respuesta era que la convicción de que funcionaría -el hada de la confianza- aseguraría su éxito.

Más precisamente, Alesina sostenía que si bien la sangría por sí sola empeoraría la salud del paciente, su impacto beneficial en las expectativas compensaría por mucho sus efectos debilitantes. Impulsado por la garantía de recuperación, el paciente a medio morir saltaría de la cama, comenzaría a correr, saltar y comer normalmente, y pronto habría recuperado su pleno vigor. La escuela de la sangría presentó alguna evidencia frágil para demostrar que esto había sucedido en unos pocos casos.

Los conservadores que querían cortar el gasto público por cuestiones ideológicas encontraron que la historia del vigilante de bonos/hada de la confianza se ajustaba perfectamente a su objetivo. Hablar claro sobre el derroche fiscal anterior hacía que un ataque del mercado de bonos a los gobiernos altamente endeudados pareciera más plausible (y más probable); el hada de la confianza prometía recompensar la austeridad fiscal haciendo que la economía fuera más productiva.

Con la ayuda de profesores como Alesina, la convicción conservadora pudo transformarse en predicción científica. Y cuando la cura de Alesina no produjo una recuperación rápida, hubo una excusa obvia: no había sido aplicada con suficiente energía como para ser "creíble".

La cura, si es que la hubo, finalmente ocurrió, años después de lo proyectado, no a través de la sangría fiscal, sino mediante un estímulo monetario masivo. Cuando el paciente atontado finalmente logró, dificultosamente, ponerse de pie, los defensores de la sangría fiscal proclamaron triunfalmente que la austeridad había funcionado.

La moraleja del cuento es simple: la austeridad en una crisis no funciona, por la simple razón de que la cura medieval de la sangría de un paciente nunca funcionó. Debilita en lugar de fortalecer. Insertar al hada de la confianza entre la causa y el efecto de una política no cambia la lógica de la política; simplemente oscurece la lógica por un tiempo. La recuperación puede producirse a pesar de la austeridad fiscal, pero nunca como consecuencia de ella.

Si bien Krugman inventó su discurso para una lectoría estadounidense, perfectamente se adecúa también al caso británico. En su primer presupuesto en junio de 2010, el ministro de Hacienda George Osborne advirtió que "se puede ver en Grecia un ejemplo de un país que no afrontó sus problemas, y ese el destino que estoy decidido a evitar".

Al presentar el presupuesto de 2015 del Reino Unido en marzo, Osborne dijo que la austeridad había hecho que Gran Bretaña volviera a "andar con la cabeza bien alta". El 7 de mayo, ese argumento será puesto a prueba en la elección parlamentaria del Reino Unido. Los votantes británicos, todavía tambaleantes por la medicina de Osborne, podrán ser perdonados si deciden que deberían haberse quedado en cama.

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¿Sustituye China a EEUU como superpotencia global?

Mér, 22/04/2015 - 19:00

Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

People’s Daily, portavoz del Partido Comunista chino, celebra los nuevos cambios en el balance de poder entre China y Estados Unidos (EEUU) a consecuencia de la creación paradigmática del nuevo banco chino de desarrollo (http://goo.gl/AcqoRH), lo cual ya había apreciado hace un mes como un game changer (punto de inflexión) (http://goo.gl/VfwMXH)”.

El rotativo festeja la participación de 57 países en el ya célebre Banco de Infraestructura e Inversiones Asiático (AIIB, por sus siglas en inglés) con Sudcorea, Gran Bretaña, Australia, Francia, Alemania e Italia, que firmaron como miembros fundadores, con la notable excepción de EEUU, lo cual refleja el hecho de que la influencia de China se ha incrementado a nuevas alturas y que el balance de poder entre EEUU y China ha emprendido un giro significativo: ¡El mundo entró a una nueva era!

El kakistocrático “México neoliberal itamita” no participa en su creación seminal –¿por órdenes de EEUU?– cuando Brasil, con una óptima geopolítica del siglo XXI, es el único país integrado de toda Latinoamérica al AIIB (http://goo.gl/uaQY4F).

People’s Daily expone los seis rubros que están cambiando la nueva era y llama la atención que no cite en absoluto a Rusia, que, a mi juicio, brinda a China su tácita cobertura militar, sin la cual hace mucho que EEUU la hubiera pulverizado: 1. El PIB de China se espera rebase al de EEUU; 2. China reconfigura el orden financiero internacional; 3. Las amistades de China se están expandiendo; 4. El poder militar de China se fortalece en forma continua; 5. La cultura china crece en popularidad; y 6. La influencia global de China será más significativa.

Sobre el PIB de China en términos de poder de paridad de compra, el año pasado el país asiático superó ya a EEUU, mientras en términos nominales(valor en dólares estadunidenses) se ubica en segundo lugar detrás de EEUU después de 30 años. El año pasado China alcanzó 7.4 por ciento de crecimiento económico rebasando a EEUU (2.4 por ciento), a la Eurozona-19 (0.8 por ciento) y Japón (0.2 por ciento), y es solamente cuestión de tiempo para que el PIB nominal de China rebase al de EEUU.

Sobre la reconfiguración del orden financiero internacional, comenta una cita de Kissinger, “quien en una ocasión aseveró que quien domine las finanzas internacionales domina el mundo (nota: aserto añejo de uno de los banqueros siniestros de la dinastía de los Rothschild, quien sentenció que más se gana cuando existe ‘sangre en las calles’)”.

El mundo dolarcéntrico es desafiado cuando el mismo FMI, repleto de escándalos crapulosos de sus dos ex directores, sopesa en forma tardía incluir al renminbi (la divisa china) entre los derechos especiales de giro (http://goo.gl/adV46s). En paralelo al paradigmático banco chino AIIB, pronto se establecerán el Banco de los BRICS y su mini FMI bendecidos en la histórica cumbre de Fortaleza, Brasil (http://goo.gl/nIgrUa).

Sobre las amistades crecientes de China: el mandarín Xi Jinping ha demostrado una óptima diplomacia, sin sucumbir en la candidez de Gorbachov y Yeltsin, mediante su adhesión a los cinco principios de coexistencia pacífica integrados a la multipolaridad, lo cual es muy atractivo para quienes no desean ser subyugados en forma masoquista por la unipolaridad militar financierista de EEUU.

Llama la atención la frase: China no tiene aliados militares, sino muchos amigos, lo cual suena a publicidad propositiva, ya que Pekín contaría, en forma subrepticia y/o tácita, con la cobertura nuclear de una superpotencia de la talla de Rusia, a la que ha solicitado la adquisición de los modernos misiles defensivos S-400 (a diferencia del S-300 de Irán), los cuales, a mi juicio, cambiarían cualitativamente la correlación de fuerzas defensivas de China –que dispone también de 250 ojivas nucleares (http://goo.gl/vsDS2Q)– en el noreste asiático, frente a Japón.

El rotativo juzga que, en contraste, EEUU coloca su perniciosa ideología al frente de sus relaciones diplomáticas, con el corolario de su unipolaridad, que no es más aceptable para el resto del mundo, que se ha vuelto más rebelde. Sobre el poder militar chino –a mi juicio, su lado vulnerable– arguye que el desarrollo de su portaviones marca la entrada a una nueva fase. Es probable que se refiera a los portaviones en forma cualitativa, donde Rusia y China vienen en tercero y cuarto lugar mundial entre los 10 primeros (http://goo.gl/CSF40e ), y no en forma “cuantitativa (http://goo.gl/Neleux)”.

La popularidad de la cultura china: es evidente que tenga un enorme impacto debido a su cultura milenaria de 5 mil años y su característica de Estado-civilización, como la califica correctamente el periodista británico Martin Jacques en su libro Cuando China gobierne al mundo: el fin del mundo occidental y el nacimiento de un nuevo orden global (http://goo.gl/vgQ7X8)”.

Su cultura, que abreva de la sapiencia civilizatoria de Confucio, colisiona con la anomia del desregulado neoliberalismo financierista, y su seducción radica en que magnetiza a la mayoría despojada del planeta en búsqueda de un nuevo orden multipolar frente a la salvaje e inarmónica unipolaridad ya agónica de EEUU.

La influencia global de China se centra en sus dos audaces proyectos geoeconómicos: la ruta de la seda continental y su equivalente marítimo que se subsumen en el eslogan una ruta, una correa que vincularán a casi la mitad de la población del mundo y conectarán con el corredor económico Bangladesh, China, India, Myanmar, que, a mi juicio, abre el espacio marítimo del mar Andamán/bahía de Bengala (http://goo.gl/tz0YUf), que forman parte del océano Índico para Pekín, que solamente cuenta con la muy vulnerable salida al mar en la zona disputada del sur del mar de China.

El otro corredor económico China-Pakistán abre otro espacio marítimo al superestratégico puerto de Gwadar (Pakistán/Baluchistán) al mar Arábigo, que forma parte también del océano Índico (http://goo.gl/1BdvS0). Ya había adelantado hace ocho años la relevancia del puerto pakistaní de Gwadar, que ha cobrado muchas vidas debido al esquema balcanizador israelí-anglosajón que fomenta la separación de Baluchistán (http://goo.gl/m80p1D).

El rotativo chino comenta que en los pasados 30 años, China ha seguido las reglas del juego mundial y ahora desea que su voz sea escuchada en la arena internacional. El académico chino Bao Shenggang comenta que el siglo chino significa la cooperación multipolar y no el dominio hegemónico, en alusión a la decadente unipolaridad de EU (http://goo.gl/VXjdeu).

China goza la gran ventaja retrospectiva de no repetir los errores trágicos del totalitarismo soviético ni del salvaje capitalismo israelí-anglosajón, y ahora puede sacar el mejor partido virtuoso.

El libro La maratón de los cien años: la estrategia secreta de China para sustituir a EEUU como superpotencia global, de Michael Pillsbury (http://goo.gl/C6KhVF), aduce que el trayecto de China comporta tres etapas de las que, a mi juicio, ha cumplido con creces las dos primeras (asimilación de la tecnología occidental y consolidación geoeconómica), en espera de la tercera: el liderazgo mundial, pero dentro de una multipolaridad sinergética.
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Ver: ¿Qué ocurrirá cuando China gobierne el mundo?Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Keynesianismo hidráulico y la máquina Moniac

Mér, 22/04/2015 - 10:00

Alejandro Nadal, La Jornada

El mensaje central de la obra de Keynes puede resumirse en una frase: las economías capitalistas son intrínsecamente inestables. Pero esa conclusión, a la que Keynes llegó en 1936 después de un tortuoso recorrido, siempre fue inaceptable para los poderes establecidos.

En 1949 William Phillips construyó un modelo de la economía de Inglaterra. El dispositivo construido por el entonces estudiante de la London School of Economics (LSE) era una computadora analógica que pretendía simular el comportamiento de la economía inglesa a través de mecánica de fluidos.

La máquina de Phillips recibió el nombre de MONIAC (Computadora analógica del ingreso nacional monetario). El aparato medía más de dos metros de altura y estaba compuesto de varios tanques de plástico conectados por un sistema de mangueras, válvulas y bombas. Los flujos económicos estaban representados por agua de colores y se regían, supuestamente, por rigurosos principios económicos.

Cada uno de los tanques representaba un componente de la economía. El agua fluía del tesoro hacia otros tanques, indicando la forma en que se gastaba el dinero en la economía. El mecanismo era de una sencillez cautivadora: si se quería simular un incremento de recursos para el sector salud, simplemente se aumentaba el flujo de agua hacia el tanque que decía Salud.

El flujo hacia otros tanques de la economía seguía su curso por gravedad, pero una parte del líquido era bombeada para representar los ingresos fiscales tributarios. El ahorro reducía la cantidad de agua que se destinaba al consumo y la inversión podía incrementarse con los fondos ahorrados. El MONIAC representaba estos cambios drenando o incrementando el flujo de agua en la tubería dedicada al gasto total. Cuando el flujo de ahorro superaba el de la inversión el nivel en el tanque del excedente aumentaba y, en el caso contrario, se reducía. Las exportaciones e importaciones eran representadas por aumentos y reducciones (respectivamente) de líquido en el sistema.

Phillips presumía que su computadora podía representar el efecto de cambios en diversos parámetros. Variando la velocidad de la bomba destinada a los impuestos se pretendía simular el efecto de cambios en las tasas impositivas. Las consecuencias de distintos niveles de inversión también podían ser simulados con ajustes en los parámetros correspondientes.

El postulado central del MONIAC era que esos flujos representan relaciones estables que permitían administrar cambios en la economía manipulando la palanca de la política fiscal. Las leyes de la mecánica de fluidos se encargarían de todo lo demás a través de los vasos comunicantes de la computadora analógica.

El MONIAC tuvo gran éxito. En la universidad se comenzó a usar para explicar a los estudiantes las complejas interrelaciones que existen en una economía y en organismos oficiales para simular el impacto de diferentes cambios en la política fiscal. Phillips mismo pronto fue contratado como profesor de la LSE (después sería recordado más por su famosa ‘curva de Phillips’, que describía la relación entre desempleo e inflación).

En 1970 Alan Coddington acuñó el término de keynesianismo hidráulico para describir la corriente de macroeconomía que con Hansen, Samuelson y Lawrence Klein se había convertido en la versión oficial de la teoría macroeconómica de John Maynard Keynes. Para Coddington, el keynesianismo hidráulico corresponde a la idea de que una economía puede ser concebida (en el agregado) como un conjunto de flujos homogéneos y se le puede representar a través de un pequeño número de ecuaciones fundamentales. Por eso el MONIAC cabe bajo el rubro de keynesianismo hidráulico. No sólo por sus juegos de agua que serían la envidia de Haendel, sino por la pretensión de estabilidad en las relaciones económicas que se suponía debía representar.

La historia del MONIAC es interesante porque ese modelo forma parte del esfuerzo incansable por distorsionar y después recuperar la obra de Keynes. Al igual que el famoso modelo IS-LM, los postulados del MONIAC dejaron de lado todas las enseñanzas de Keynes sobre el funcionamiento e inestabilidad de las economías capitalistas. Estos trabajos distorsionaron su obra y prepararon el terreno para las críticas desde el monetarismo (Friedman) y la teoría de expectativas racionales (Lucas). El llamado nuevo keynesianismo aceptó la versión distorsionada de Keynes y por ello se colocó a la defensiva, tratando de proteger al Keynes distorsionado, buscando en las fricciones en el mercado la justificación de la intervención estatal.

Hoy predominan en la academia y la política económica los modelos de la nueva macroeconomía clásica, ya sea en su versión de ciclos reales de negocios o en los modelos dinámicos estocásticos de equilibrio general. Las dos vertientes representan un regreso al pensamiento económico de hace cien años. De Keynes no quedó nada: ni expectativas, ni incertidumbre, ni identidad inversión-ahorro o moneda endógena. Las enseñanzas de Keynes se hundieron en los fluidos del ‘keynesianismo hidráulico’.

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El nuevo desorden mundial... y los neoliberales que lo planearon

Mar, 21/04/2015 - 12:32
Tariq Ali, CounterPunch

Hace tres décadas, con el fin de la Guerra Fría y el desmantelamiento de las dictaduras de América del Sur, muchos esperaban que por fin se materializara el famoso "dividendo de la paz" prometido por Bush padre y Thatcher. No hubo suerte. Lo que hemos tenido han sido continuas guerras, levantamientos, intolerancia y fundamentalismos de todo tipo, religiosos, étnicos e imperialistas. Las revelaciones sobre las redes de vigilancia occidentales han acrecentado el sentimiento de que las instituciones democráticas no están funcionando como deberían y que, nos guste o no, estamos ante el crepúsculo de la propia democracia.

Un crepúsculo que comenzó a principios de los noventa del siglo pasado con la implosión de la antigua Unión Soviética y la toma del poder, en Rusia, Asia Central y buena parte de Europa del Este, por parte de antiguos burócratas del Partido Comunista carentes de visión, muchos de los cuales se convirtieron rápidamente en multimillonarios. Los oligarcas que se hicieron con algunas de las propiedades más caras del mundo, incluyendo algunas en Londres, pueden haber sido en su momento miembros del Partido Comunista, pero también fueron unos oportunistas sin otro compromiso que el de alcanzar el poder y llenarse los bolsillos. El vacío que dejó el colapso del sistema de partidos ha sido llenado por cosas distintas en diferentes lugares del mundo, entre ellas la religión, y no solo el Islam. Las estadísticas que muestran el aumento de la religiosidad en el mundo occidental son dramáticas; solo hay que fijarse en Francia. Además, hemos visto el auge de un imperio global con un poder sin precedentes. Estados Unidos es la potencia militar indiscutible y domina la política mundial, incluso la de los países a los que trata como enemigos.

Si comparamos la reciente demonización de Putin con el trato que recibió Yeltsin en los tiempos en los que éste cometió atrocidades mucho más estremecedoras –destruir por completo la ciudad de Grozny, por ejemplo– vemos que lo que está en juego no son los principios, sino los intereses del poder dominante mundial. Nunca antes ha existido un imperio semejante, y no es probable que vuelva a haber uno igual. En Estados Unidos se ha producido el desarrollo económico más notable de los últimos tiempos con la aparición de la revolución IT (de las Tecnologías y la Información) en la costa oeste. Sin embargo, a pesar de estos avances en la tecnología capitalista, la estructura política de Estados Unidos apenas ha cambiado en el último siglo y medio. Tal vez tenga el control militar, económico e incluso cultural –su poder blando domina el mundo– pero sigue sin haber señales de cambio político en su interior. ¿Podrá mantenerse esta contradicción?

A nivel mundial está habiendo un debate sobre la decadencia del imperio estadounidense. Y existe abundante literatura que analiza el tema y sostiene que el declive ha empezado y es irreversible. El imperio estadounidense ha tenido dificultades, ¿qué imperio no las ha tenido? Las cosas se le complicaron en los sesenta, los setenta y los ochenta: muchos pensaron que la derrota sufrida en Vietnam en 1975 era definitiva. No lo fue, y Estados Unidos no ha vuelto a sufrir otro revés semejante desde entonces. Pero a menos que conozcamos y comprendamos cómo funciona este imperio a nivel global, será muy difícil proponer un conjunto de estrategias para combatirlo o contenerlo o, como reclaman teóricos realistas como el fallecido Chalmers Johnson y John Mearsheimer, conseguir que Estados Unidos desmantele sus bases, salga de los países donde interviene y solo actúe a nivel global cuando esté amenazado como país. Muchos realistas estadounidenses sostienen la necesidad de dicha retirada, pero lo hacen desde una posición de debilidad en el sentido de que los reveses que ellos consideran irreversibles no lo son. Hay muy pocos reveses de los que el imperio no pueda recuperarse. Algunos argumentos sobre su debilitamiento son simplistas, como por ejemplo que todos los imperios que han existido al final se han derrumbado. Eso es cierto, desde luego, pero existen motivos para esos colapsos, y en este momento Estados Unidos sigue siendo inexpugnable: ejerce su poder blando en todo el mundo, incluyendo los feudos de sus rivales económicos; su poder duro todavía es dominante, permitiéndole ocupar aquellos países que considera enemigos; y su poder ideológico sigue siendo arrollador en Europa y más allá.

No obstante, Estados Unidos ha sufrido contratiempos a escala semi-continental en América del Sur, y estos han sido políticos e ideológicos más que económicos. La sucesión de victorias electorales de partidos de izquierdas en Venezuela, Ecuador y Bolivia demostró que podía haber una posible alternativa dentro del capitalismo. Ninguno de estos gobiernos, sin embargo, está desafiando al sistema capitalista, y lo mismo vale para los partidos radicales que han aparecido recientemente en Europa. Ni Syriza en Grecia ni Podemos en España suponen una amenaza para el sistema; aunque las reformas que proponen son mejores que las políticas que llevó a cabo Attlee en Gran Bretaña después de 1945. Al igual que los partidos progresistas en América del Sur, combinan programas esencialmente socialdemócratas con una amplia movilización social.

Ahora bien, las reformas socialdemócratas se han vuelto intolerables para el sistema económico neoliberal impuesto por el capital global. Si se argumenta, como hacen (si no explícita, implícitamente) quienes están en el poder, que es necesario tener una estructura política que no permita desafiar al sistema, entonces vivimos tiempos peligrosos. Convertir el terrorismo en una amenaza equivalente a la amenaza comunista de antaño resulta extravagante. El uso de la propia palabra "terrorismo", los proyectos de ley aprobados en el Parlamento y el Congreso para impedir que la gente diga lo que piensa, el examen previo de las personas invitadas a dar conferencias en las universidades, la idea de que antes de permitirles entrar en el país hay que saber qué es lo que los conferencistas extranjeros van a decir: parecen cosas sin importancia, pero son emblemáticas de la época en que vivimos. Y asusta la facilidad con que se acepta todo esto. Si lo que se nos dice es que el cambio no es posible, que el único sistema concebible es el actual, entonces vamos a tener problemas. A la larga no será aceptado. Y si se impide que la gente hable, piense, o desarrolle alternativas políticas, no será solo el trabajo de Marx el que quede relegado al olvido. Karl Polanyi, el teórico socialdemócrata más cualificado, sufrirá el mismo destino.

Hemos visto desarrollarse una forma de gobierno que yo denomino de centro extremo, que en este momento gobierna en grandes áreas de Europa e incluye partidos de izquierda, centro izquierda, centro derecha y derecha. Un sector entero del electorado, los jóvenes en particular, siente que votar no cambia nada, teniendo en cuenta los partidos existentes. El centro extremo desata guerras, ya sea por cuenta propia o en nombre de Estados Unidos; apoya las medidas de austeridad; defiende la vigilancia como absolutamente necesaria para vencer al terrorismo, sin ni siquiera preguntarse porqué existe el terrorismo: hacerse esta pregunta prácticamente convierte a uno en terrorista. ¿Por qué actúan así los terroristas? ¿Están trastornados? ¿Tiene algo que ver con lo más profundo de su religión? Estas preguntas son contraproducentes e inútiles. Si preguntas si la política imperial estadounidense o la política exterior británica o francesa no serán de alguna manera responsables, te atacan. Pero, por supuesto, las agencias de información y los servicios de seguridad saben de sobra que el motivo por el que la gente se vuelve loca –y es una forma de locura– no se halla en la religión sino en lo que ven. Hussein Osman, uno de los condenados por los atentados fallidos del metro de Londres del 21 de julio de 2005, fue detenido en Roma una semana después. "Más que rezar discutíamos del trabajo, la política, la guerra en Iraq", dijo a los interrogadores italianos. "Siempre tuvimos nuevas películas de la guerra en Iraq [...] aquellas en las que se podía ver a las mujeres y los niños iraquíes que habían sido asesinados por soldados estadounidenses y británicos". Eliza Mannigham-Buller, que en 2007 renunció como directora del MI5, dijo: "Nuestra participación en Iraq, queriendo lograr un mundo mejor, ha radicalizado a una generación entera de jóvenes".

Antes de la guerra de 2003, bajo la autoritaria dictadura de Sadam y su antecesor, el nivel de educación en Iraq era el más elevado de Oriente Medio. Cuando señalas esto te acusan de ser un apologista de Sadam, pero en los años 80 en la Universidad de Bagdad había más profesoras que las que tenía Princeton en 2009; había guarderías para facilitar que las mujeres enseñaran en las escuelas y las universidades. En Bagdad y Mosul –actualmente ocupada por el Estado Islámico– había bibliotecas con siglos de antigüedad. La biblioteca de Mosul funcionaba en el siglo XVIII y en sus depósitos albergaba manuscritos de la antigua Grecia. La biblioteca de Bagdad, como sabemos, fue saqueada después de la ocupación y lo que está ocurriendo actualmente en las bibliotecas de Mosul no es ninguna sorpresa, con miles de libros y manuscritos destruidos.

Todo lo que ha ocurrido en Iraq es consecuencia de esa guerra desastrosa que adquirió proporciones genocidas. El número de muertos sigue sin esclarecerse porque la Coalición de la Voluntad no cuenta las víctimas civiles del país que está ocupando. ¿Para qué molestarse? Pero otros han estimado que más de un millón de iraquíes fueron asesinados, sobre todo civiles. El gobierno títere instalado por la ocupación confirmó estas cifras de manera indirecta en 2006 al admitir oficialmente que había cinco millones de huérfanos en Iraq. La ocupación de Iraq es uno de los actos más destructivos de la historia moderna. A pesar de que Hiroshima y Nagasaki fueron bombardeadas con armas nucleares, la estructura social y política del Estado japonés se mantuvo; aunque los alemanes y los italianos fueron derrotados en la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte de sus estructuras militares, de información, policiales y judiciales se dejaron como estaban porque ya había otro enemigo a las puertas: el comunismo. Sin embargo, Iraq fue tratada como ningún otro país había sido tratado antes. La razón por la que la gente no acaba de ver esto es que cuando comenzó la ocupación todos los corresponsales regresaron a casa. Las excepciones pueden contarse con los dedos de una mano: Patrick Cockburn, Robert Fisk y uno o dos más. La infraestructura social de Iraq sigue sin funcionar años después de que la ocupación haya terminado; ha sido destrozada. El país ha sido desmodernizado. Occidente ha destruido los sistemas educativo y de salud iraquíes; entregó el poder a un grupo de partidos clericales chiíes que inmediatamente se embarcaron en un baño de sangre revanchista. Varios cientos de profesores universitarios fueron asesinados. Si esto no es desorden, ¿qué lo es?

En el caso de Afganistán, todo el mundo sabe qué es lo que había detrás de este gran intento, como lo llamaron los estadounidenses y británicos, de "modernizar" el país. Cherie Blair y Laura Bush dijeron que era una guerra por la liberación de las mujeres. Si lo hubiera sido, habría sido la primera en la historia. Ahora sabemos lo que fue realmente: una cruda guerra de revancha que fracasó porque la ocupación fortaleció a quienes buscaba destruir. La guerra no solo devastó Afganistán y la infraestructura que tuviera, sino que además desestabilizó Pakistán, que cuenta con armas nucleares y actualmente es un Estado muy peligroso.

Estas dos guerras no le han hecho bien a nadie, pero han conseguido dividir el mundo árabe y musulmán, fuera esa su intención o no. La decisión de Estados Unidos de entregar el poder a los partidos clericales chiíes profundizó la división suní-chií: en Bagdad, una ciudad mixta en un país donde eran comunes los matrimonios entre suníes y chiíes, hubo una limpieza étnica. Los estadounidenses actuaron como si los suníes fueran los partidarios de Sadam, pese a que muchos de ellos habían sido encarcelados arbitrariamente bajo su mandato. Esta división ha paralizado el nacionalismo árabe durante mucho tiempo. Las luchas actuales tienen que ver con el bando al que apoya Estados Unidos en cada conflicto: en Iraq, a los chiíes.

La demonización de Irán es profundamente injusta, porque sin el apoyo tácito de los iraníes los estadounidenses no podrían haber ocupado Iraq. La resistencia iraquí a la ocupación no se quebró hasta que los iraníes le dijeron al líder de los chiíes, Muqtada al-Sadr, que había estado colaborando con los opositores suníes al régimen, que la abandonase. Al-Sadr fue trasladado a Teherán y allí se le concedieron "vacaciones" por un año. Sin el apoyo iraní, tanto en Iraq como en Afganistán, a Estados Unidos le habría resultado muy difícil mantener sus ocupaciones. Todo ello le fue agradecido con sanciones, una demonización cada vez mayor, y doble rasero: Israel puede tener armas nucleares, tú no. En estos momentos Oriente Medio es un desastre total: el poder central más importante es Israel, y está extendiéndose; los palestinos han sido derrotados y seguirán estándolo por mucho tiempo; todos los principales países árabes están destrozados, primero Iraq, ahora Siria; Egipto, con una brutal dictadura militar en el poder, está torturando y asesinando como si la llamada primavera árabe nunca hubiera tenido lugar: de hecho, para los dirigentes militares nunca ocurrió.

En cuanto a Israel, el apoyo ciego que recibe de Estados Unidos es una vieja historia. Y cuestionarla, hoy por hoy, supone ser etiquetado de antisemita. El peligro que tiene esta estrategia es que si le dices a una generación que solo ha conocido el Holocausto a través de las películas que atacar a Israel es antisemita, la respuesta va a ser: ¿Y qué? "Llámanos antisemitas si quieres", dirá la gente joven. "Si eso significa estar en contra tuya, los somos". De modo que no sirve de nada. Resulta inconcebible pensar que algún Gobierno de Israel vaya a otorgar un Estado a los palestinos. Como nos advirtió el fallecido Edward Said, los Acuerdos de Oslo fueron un Tratado de Versalles palestino. En realidad fueron algo mucho peor.

La desintegración de Oriente Medio que comenzó después de la Primera Guerra Mundial continúa. No podemos saber si Iraq será dividido en tres países, o si Siria será dividida en dos o tres países. Pero no nos sorprendería que todos los Estados de la región, salvo Egipto, que es demasiado grande para desmantelarlo, terminaran convertidos en bantustanes o principados, al estilo de Qatar y los otros Estados del Golfo, financiados y mantenidos por los sauditas por un lado y los iraníes por el otro.

Todas las esperanzas suscitadas por la primavera árabe se han hundido y es importante entender por qué. Muchos de los que participaron en ellas no vieron –en gran medida por razones generacionales– que para lograr los efectos deseados hace falta algún tipo de movimiento político. No fue una sorpresa que los Hermanos Musulmanes, que participaron en las protestas de Egipto al final, se hicieran con el poder: era el único partido político real que había en Egipto. Pero luego los Hermanos Musulmanes hicieron el juego al Ejército actuando como Mubarak –proponiendo tratos a las fuerzas de seguridad, proponiendo tratos a los israelíes– y la gente empezó a preguntarse de qué servía que estuvieran en el poder. El Ejército consiguió apoyos y se deshizo de los Hermanos. Todo esto ha desmoralizado a una generación entera en Oriente Medio.

* * * ¿Cuál es la situación en Europa? Lo primero que hay que señalar es que no hay un solo país de la Unión Europea que tenga verdadera soberanía. Después del fin de la Guerra Fría y la reunificación, Alemania se ha convertido en el país más fuerte y estratégicamente más importante de Europa, pero aún así no tiene total soberanía: Estados Unidos sigue dominando en muchos niveles, especialmente en lo que respecta a las Fuerzas Armadas. Gran Bretaña se convirtió en un Estado semi-vasallo después de la Segunda Guerra Mundial. Los últimos primer ministros británicos que actuaron como si Gran Bretaña fuera un Estado soberano fueron Harold Wilson, que se negó a enviar tropas británicas a Vietnam, y Edward Heath, que impidió que las bases británicas fueran utilizadas para bombardear Oriente Medio.

Desde entonces Gran Bretaña ha hecho siempre lo que le ordenaba Estados Unidos, aun cuando una parte importante del establishment británico estuviera en contra. En el Ministerio de Asuntos Exteriores hubo claras muestras de enojo durante la Guerra de Iraq por considerar que no había ninguna necesidad de involucrar a Gran Bretaña. En 2003, cuando la guerra ya estaba en marcha, fui invitado a dar una conferencia en Damasco; allí recibí una llamada telefónica de la embajada británica pidiéndome que fuera a comer. Me pareció raro. Al llegar me dio la bienvenida el embajador y me dijo: "Solo quiero tranquilizarle, además de comer, vamos a hablar de política". En la comida dijo: "Ha llegado el turno de preguntas, empezaré yo. Tariq Ali, leí el artículo que publicó en The Guardian argumentando que Tony Blair debería ser demandado por crímenes de guerra en la Corte Penal Internacional. ¿Le importaría explicarnos por qué?" Estuve diez minutos explicándoselo ante el desconcierto de los invitados sirios. Al final el embajador dijo: "Estoy totalmente de acuerdo, no sé qué opinarán los demás". Cuando los invitados se marcharon le dije: "Fue muy valiente de su parte". Y el hombre del MI6 que había estado en la comida dijo: "Sí, puede permitírselo porque se jubila en diciembre". Pero algo muy parecido ocurrió en la embajada en Viena, donde di una conferencia de prensa contra la guerra de Iraq en el salón del embajador. Estos hombres no eran tontos, sabían perfectamente lo que estaban haciendo. Y actuaron así por la humillación que sintieron al tener un Gobierno que, a pesar de que los estadounidenses habían dicho que se las podían apañar sin Gran Bretaña, decidió involucrarse de todos modos.

Los alemanes saben que no tienen soberanía pero cuando lo apuntas se encogen de hombros. A muchos de ellos no les gusta, tienen demasiado presente su pasado, esa idea de estar casi genéticamente predispuestos a la guerra: una idea absurda, que alguna gente que debería ser más sensata ha vuelto a expresar al celebrarse los aniversarios de la Primera Guerra Mundial. Pero lo cierto es que política, ideológica, militar e incluso económicamente, la Unión Europea está en manos del imperio global. Cuando la elite europea ofreció a Grecia aquella lamentable suma de dinero, Timothy Geithner, el entonces secretario del Tesoro estadounidense, tuvo que intervenir diciéndole a la UE que aumentase el fondo de rescate hasta los 500 mil millones de euros. Vacilaron, pero finalmente hicieron lo que los estadounidenses querían. Todas las expectativas que, desde su planteamiento inicial, suscitó la idea de un continente independiente de otras potencias que siguiera su propio camino, desaparecieron al final de la Guerra Fría. Justo cuando parecía que se podía lograr ese objetivo, Europa se convirtió en un continente fiel a los banqueros, la Europa del dinero, un lugar sin perspectiva social que no cuestionó el orden neoliberal.

A los griegos se les está castigando no tanto por la deuda como por no estar llevando a cabo las reformas exigidas por la UE. El gobierno de derechas derrotado por Syriza solo consiguió que se aprobaran 3 de las 14 reformas que la UE pedía insistentemente. No pudieron hacer más porque lo que fue aprobado puso a Grecia en una situación que recuerda a Iraq: la desmodernización; las privatizaciones completamente innecesarias vinculadas a la corrupción política; el empobrecimiento de la mayoría de la población. Por eso los griegos eligieron un Gobierno que quería cambiar las cosas, y entonces les dijeron que no podían. La UE teme que se produzca el efecto dominó: si los griegos son recompensados por votar a Syriza, otros países podrían elegir gobiernos similares, así que Grecia debe ser aplastada. No se puede echar a los griegos de la UE –no lo permite la Constitución– ni de la Eurozona, pero sí hacerles la vida muy difícil de modo que tengan que salirse del euro y establecer un euro griego, o un euro dracma, para que el país siga funcionando. Pero si sucediera eso las condiciones empeorarían, al menos temporalmente, de ahí que los griegos no tienen más alternativa que resistir. El peligro está en que, en este entorno tan precario, la gente podría girar rápidamente hacia la derecha, hacia Amanecer Dorado, un partido explícitamente fascista. Esa es la magnitud del problema, y actuar como lo está haciendo la elite del euro –es decir, como el centro extremo– es una estrategia insensata y corta de miras.

Y luego está el auge de China. No hay duda de las enormes ganancias que ha generado el capitalismo en China; las economías de China y Estados Unidos son sorprendentemente independientes. Cuando hace poco un veterano sindicalista estadounidense me preguntaba qué le había pasado a la clase obrera estadounidense, mi respuesta fue inmediata: la clase obrera estadounidense está ahora en China. Sucede además que China no está ni remotamente cerca de ocupar el lugar de Estados Unidos. Las cifras que manejan los economistas muestran que, en lo que verdaderamente cuenta, los chinos todavía están por detrás. Si observamos los porcentajes por Estados de familias millonarias del mundo en 2012 tenemos: Estados Unidos, 42,5%; Japón, 10,6%; China, 9,4%; Gran Bretaña, 3,7%; Suiza, 2,9%; Alemania, 2,7%; Taiwán, 2,3%; Italia, 2%; Francia, 1,9%. Así que, en términos de fuerza económica, Estados Unidos continúa teniendo buenos resultados. En muchos mercados claves –industria farmacéutica, industria aeroespacial, programas informáticos, equipo médico– domina Estados Unidos. Las cifras de 2010 mostraron que tres cuartos de las doscientas mayores empresas exportadoras de China –y son estadísticas chinas– son de propiedad extranjera. Hay muchísima inversión extranjera en China, a menudo de países vecinos como Taiwán. Foxconn, que fabrica ordenadores para Apple en China, es una empresa taiwanesa.

La idea de que los chinos van a hacerse de repente con el poder y ocupar el lugar de Estados Unidos es una tontería. Es inverosímil militarmente; es inverosímil económicamente; y política e ideológicamente es obvio que tampoco es el caso. Cuando comenzó el declive del Imperio británico, décadas antes de que se desmoronara, la gente sabía lo que estaba pasando. Tanto Lenin como Trotsky se dieron cuenta de que los británicos se estaban hundiendo. Hay un discurso maravilloso de Trotsky, pronunciado en 1924 en el marco de la IV Internacional Comunista en el que, con un estilo inimitable, hizo las siguientes declaraciones sobre la burguesía inglesa:

Su carácter ha sido moldeado a lo largo de siglos. La autoestima de clase ya está en su sangre y su médula, sus nervios y sus huesos. Será muy difícil quitarles la confianza en sí mismos como dirigentes mundiales. Pero el americano se la quitará lo mismo cuando se ponga manos a la obra en serio. En vano se consuela el burgués británico pensando que servirá de guía al inexperto americano. Sí, habrá un periodo de transición. Pero el quid de la cuestión no está en los hábitos del liderazgo diplomático sino en el poder real, el capital y la industria existentes. Y los Estados Unidos, si nos fijamos en su economía, desde la avena hasta los grandes acorazados de última generación, ocupan el primer lugar. Producen todas las necesidades básicas hasta alcanzar entre la mitad y los dos tercios de lo que se produce en todo el mundo.

Si cambiáramos el texto, y en vez del "carácter de la burguesía inglesa" dijéramos el "carácter de la burguesía estadounidense ha sido moldeado durante siglos [...] pero el chino se la quitará lo mismo", no tendría sentido.

* * * ¿Dónde vamos a terminar al final de este siglo? ¿Dónde estará China? ¿Prosperará la democracia occidental? Una cosa que ha quedado clara en las últimas décadas es que no ocurre nada a menos que la gente quiera que ocurra; y si la gente quiere que ocurra, empieza a moverse. Uno hubiera pensado que los europeos aprenderían algo del desplome provocado por la reciente recesión y actuarían, pero no lo hicieron: se limitaron a poner tiritas y a esperar que la herida dejara de sangrar. Entonces, ¿dónde deberíamos buscar la solución? Uno de los pensadores más creativos hoy en día es el sociólogo alemán Wolfgang Streeck, que insiste en que se necesita desesperadamente una estructura alternativa a la Unión Europea y en que ésta exigirá más democracia en cada una de las etapas, tanto a nivel provincial y de ciudades como a nivel nacional y europeo. Hace falta un esfuerzo concertado para encontrar una alternativa al sistema neoliberal. Ya tenemos un principio en Grecia y en España, y podría extenderse.

Mucha gente en Europa del Este siente nostalgia de las sociedades anteriores a la caída de la Unión Soviética. Los regímenes comunistas que gobernaron el bloque soviético después de la llegada de Khrushchev al poder podrían describirse como dictaduras sociales: regímenes esencialmente débiles con una estructura política autoritaria, pero con una estructura económica que ofrecía a la gente más o menos lo mismo que la socialdemocracia sueca o británica. En una encuesta realizada en enero, el 82% de los encuestados en la antigua Alemania del Este dijeron que se vivía mejor antes de la reunificación. Cuando se les preguntó los motivos, dijeron que había más sentido de comunidad, más instalaciones, el dinero no era lo principal, la vida cultural era mejor y no se los trataba como ciudadanos de segunda clase, como ocurre ahora. La actitud de los alemanes occidentales hacia los orientales no tardó en convertirse en un problema serio; tan serio que el segundo año después de la reunificación, Helmut Schmidt, el ex canciller alemán y no precisamente un radical, dijo en la conferencia del Partido Social Demócrata que los alemanes del este estaban siendo tratados de manera absolutamente equivocada. Dijo que no se podía seguir ignorando la cultura de Alemania del Este; y que si tuviera que elegir los tres mejores escritores alemanes escogería a Goethe, Heine y Brecht. A los asistentes se les cortó la respiración cuando nombró a Brecht. Los prejuicios contra el Este estaban profundamente arraigados. La razón por la que las revelaciones de Snowden impactaron tanto a los alemanes es que de pronto resultó evidente que estaban viviendo bajo vigilancia permanente, cuando una de las mayores campañas ideológicas en Alemania Occidental tuvo que ver precisamente con el daño causado por la Stasi, que se dijo espiaba a todos en todo momento. Bien, la Stasi no tenía capacidad tecnológica para un sistema de espionaje omnipresente: en la escala de vigilancia, Estados Unidos está muy por delante del viejo enemigo de Alemania Occidental.

Los antiguos alemanes del este no solo prefieren el viejo sistema político, también ocupan el primer puesto en la lista de ateos: el 52,1% de la población no cree en Dios; la República Checa se sitúa en segundo lugar con el 39,9%; la Francia laica está por debajo con el 23,3% (laicismo en Francia significa cualquier cosa que no sea islámico). Si observamos el otro extremo, el país con la mayor proporción de creyentes es Filipinas con el 83,6%, seguido de Chile, 79.4%; Israel, 65,5%; Polonia, 62%; Estados Unidos, 60,6%; comparada con los cuales Irlanda es un bastión de moderación con solo un 43,2%. Si los encuestadores hubieran visitado el mundo islámico para hacer esas mismas preguntas seguramente se habrían sorprendido de las respuestas obtenidas en Turquía, por ejemplo, o incluso en Indonesia. No se puede circunscribir la creencia religiosa a una única parte del globo.

Este es un mundo mestizo y confuso. Sus problemas no cambian, tan solo adquieren nuevas formas. En Esparta, en el siglo III a.C., después de las Guerras del Peloponeso, fue creciendo una grieta entre la elite dirigente y la gente común, y quienes gobernaban exigieron cambios porque la brecha entre ricos y pobres se había vuelto tan enorme que resultaba intolerable. La sucesión de los monarcas radicales Agis IV, Cleómenes III y Nabis creó una estructura que permitió revivir el Estado; se liberó a los esclavos; se permitió votar a todos los ciudadanos; y la tierra confiscada a los ricos se distribuyó entre los pobres (algo que actualmente no permitiría el BCE). Temerosa de que cundiera el ejemplo, la temprana República Romana envió sus legiones bajo el mando de Tito Quincio Flaminio contra Esparta. Según Tito Livio, esta fue la respuesta de Nabis, el rey de Esparta, y al leerla se siente la frialdad y dignidad que había en sus palabras: No midáis lo que se hace en Lacedemonia a través de vuestras propias instituciones [...] Vosotros escogéis vuestra caballería, igual que vuestra infantería, de acuerdo con su renta; queréis que pocos destaquen por sus riquezas y que la masa de la población esté sometida a ellos. Nuestro legislador no quiso que el Gobierno estuviera en manos de unos pocos, como los que vosotros denomináis Senado, ni se permitió a ningún orden que tuviera preponderancia en el Estado; creía que la igualdad de rango y fortuna era necesaria para que pudiera existir un gran número de hombres que empuñasen las armas por su patria. _________
Tomado de Rebelión
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Por miedo a "evento" en Nueva York trasladan oficina de la Fed a Chicago

Lun, 20/04/2015 - 15:37

La Reserva Federal de Estados Unidos ha tomado una sorprendente decisión para alimentar múltiples derivadas especulativas: Ha comenzado a hacer el traslado de sus oficinas desde Nueva York a Chicago. La decisión parece ser una medida preventiva frente a posibles desastres naturales que tienen el potencial de paralizar todo el trabajo de la Fed. Sin embargo, la Agencia Reuters no vacila en concatenar este hecho a la inminente alza de tasas de interés que endurecerán aún más la política económica mundial en los próximos meses.

La medida había sido planificada discretamente desde hace más dos años. Aunque muchos no ven aún la relación entre el cambio climático y los fenómenos ambientales, el daño provocado en octubre de 2012 por el Huracán Sandy fue devastador. El huracán golpeó la costa este de Estados Unidos a una velocidad de 130 millas por hora, causando serios estragos en Nueva Jersey y Nueva York. Millones de personas se quedaron sin agua y electricidad en la costa este, y el fenómeno levantó un tsunami de cuatro metros en Manhattan, inundando los pozos subterráneos y los túneles del Metro de la ciudad. El New York Times informó sobre la destrucción que ahogó a la ciudad de Nueva York, donde se encuentra la sede de la Reserva Federal. Muchas otras ciudades compartieron la misma suerte.

Pero el miedo de la Fed no sólo es fruto de los huracanes devastadores. Michael Snyder considera que el miedo también se debe al terrorismo informático y a los millones de ciudadanos que empiezan a mirar a la Fed como la institución privada que es y que solo favorece a sus dueños, es decir a los banqueros. Snyder, en su blog aventura algunas hipótesis y adelanta la masiva compra de armas y equipamiento tecnológico por parte del Departamento de Seguridad para contrarrestar los disturbios civiles. El equipo técnico es tan sofisticado que permite detectar los movimientos de cada neoyorquino y evaluarlos, en tiempo real, y proyectarlos en grandes pantallas con gran nitidez. Hace dos años, una portavoz del centro de monitoreo, dijo en el programa "60 Minutes" que se podía aislar "con un chasquido de los dedos" el movimiento de cada ciudadano e individualizarlo. La Fed no solo quiere irse a un lado seguro en caso de que un tsunami llegue a Nueva York, sino que también quiere estar lejos en el caso de que la inestabilidad política siga recrudeciendo en Estados Unidos.
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Ver Reuters, Michael Snyder Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Cómo Europa abdica de su historia

Dom, 19/04/2015 - 21:29
Ángel Ferrero, Sin Permiso

La Rada Suprema de Ucrania aprobó el pasado 9 de abril una ley que prohíbe los símbolos comunistas y nazis en el país, equiparando así a ambos. La iniciativa legislativa fue aprobada por 254 votos a favor y establece que el incumplimiento de la ley conlleva el cierre de partidos políticos y medios de comunicación. El Partido Comunista de Ucrania queda de facto ilegalizado, y dentro de un mes, cuando se celebre la conmemoración del 70 aniversario del Día de la Victoria sobre el fascismo, todo aquel que decida salir a la calle con una bandera roja en Ucrania será acusado de “separatismo”. Todas las estatuas soviéticas serán asimismo desmanteladas. A mayor abundamiento, ese mismo día se aprobó otra ley que reconoce a la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) y su brazo militar, el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), como “luchadores por la independencia de Ucrania” y otorga a sus miembros determinadas garantías sociales.

"Este proyecto de ley eliminará la amenaza a la soberanía, integridad territorial y seguridad nacional de Ucrania, fomentará el espíritu y la moral de la nación ucraniana", declararon los autores de la propuesta, entre los cuales se encuentra Yuri Shujévich, diputado por el Partido Radical de Oleh Lyashko y uno de los fundadores de la Asamblea Nacional Ucraniana–Autodefensa de Ucrania (UNA-UNSO), una formación de extrema derecha que el 22 de mayo de 2014 se fusionó con Pravy Sektor. Shujévich es hijo de Roman Shujévich, uno de los dirigentes militares del UPA. Roman Shujévich estuvo al mando de la Legión ucraniana financiada por el Abwehr, el servicio de inteligencia militar alemán, y fue capitán del batallón Schutzmannschaft 201, igualmente bajo mando nazi. Como tal, fue responsable de numerosos crímenes de guerra y contra la humanidad en Bielorrusia y el asesinato de decenas de miles de rusos, judíos y polacos en Volhynia y Galicia oriental.

Todo esto, por desgracia, sorprende más bien poco. El 22 de enero de 2010, el entonces presidente de Ucrania, Víktor Yúshenko, ganador de las elecciones tras la Revolución Naranja, entregó a título póstumo a Stepan Bandera, el fundador de la OUN y el UPA, el título de Héroe de Ucrania. Aunque el gesto fue condenado por el Parlamento europeo, lo cierto es que la Unión Europea ha hecho la vista gorda en su propio territorio, y en varias ocasiones. Así, Bruselas ha tolerado durante años el desfile anual de veteranos de las Waffen-SS en Letonia, país que sigue sin conceder la nacionalidad a 262.622 ciudadanos de su país, casi dos tercios de los cuales son rusos étnicos que se niegan a reconocer que el país fue ocupado por la Unión Soviética, condición necesaria para acceder al pasaporte letón. Como toleró antes, a pesar de las fuertes protestas de la población rusófona, la decisión del gobierno estonio de retirar en 2007 en Tallin la estatua al soldado soviético.

Incluso el gobierno alemán trata desde hace años de reducir el papel de la URSS en su historia, no solamente minimizando, en plena lógica de Guerra fría, el papel de la URSS en la victoria sobre el fascismo en favor del de EEUU, sino en el proceso de reunificación, en la que la política exterior de Mijaíl Gorbachov jugó un papel clave, facilitándola. En la última Conferencia de Seguridad de Múnich, Angela Merkel expresó el agradecimiento alemán al “valor de los pueblos de Europa central y oriental” en su lucha contra el comunismo y que hizo posible la reunificación de Alemania, y en los actos del 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín el año pasado la televisión alemana destacó, por encima de Gorbachov –relegado a un segundo plano– la influencia en la disidencia germano-oriental del sindicato polaco Solidarno?.

En un reciente artículo, Taric Cyril Amar y Per Anders Rudling, profesores de historia de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) y Lund (Suecia) respectivamente, han alertado de la peligrosa manipulación histórica que suponen este tipo de medidas en Ucrania, recordando que, de hecho, hubo más ucranianos combatiendo con el Ejército Rojo que contra él. “En algunos casos –escriben– han circulado falsificaciones deliberadas de la OUN como pruebas auténticas para rechazar su carácter antisemita. Una de ellas consiste en una ficticia autobiografía de una mujer judía, Stella Krentsbakh o Kreutzbach, titulada 'Estoy viva gracias al Ejército Insurgente Ucraniano', presentada como 'prueba' para 'refutar' a cualquier testimonio genuino del antisemitismo de los nacionalistas”. Recientemente, los servicios secretos ucranianos (SBU) presentaron lo que los autores del artículo califican de “absurda lista” con 19 personas responsables de la hambruna de 1932-33 en Ucrania, dos quintas partes de los cuales se presentaron, siguiendo el estilo habitual de la propaganda antisemita, con el nombre “real” (es decir, hebreo) entre paréntesis.

Cyril Amar y Anders Rudling destacan el caso de Serhiy Kvit, actual ministro ucraniano de Educación y Ciencia. Kvit, que se presentó en las pasadas elecciones como independiente en el Bloque de Petró Poroshenko –el partido del presidente ucraniano–, fue antes rector de la Universidad Nacional de Kyiv-Mohyla (NaUKMA), uno de los cuarteles generales de la Revolución Naranja. También ha sido miembro de la organización paramilitar “Tryzub” (Tridente), de cuyo dirigente, el hoy líder de Pravy Sektor Dmytro Yarosh, es amigo.

Kvit, según explican ambos historiadores, “es el autor de una biografía laudatoria sobre Dmytro Dontsov, uno de los teóricos clave del nacionalismo etnicista ucraniano. [Kvit] niega y racionaliza el antisemitismo de Dontsov, y margina su entusiasmo por la Alemania nazi y la Italia fascista”. (Dontsov, por cierto, se trasladó en 1941, cuando la Alemania nazi inició su invasión de la URSS, a Berlín, donde sus libros antirrusos y anticomunistas habían sido ya antes traducidos.)

El ministro de Educación y Ciencia de “la Ucrania con valores europeos”, que ha insistido en varias ocasiones que los nacionalistas ucranianos de la Segunda Guerra Mundial constituyen un ejemplo a seguir, obligó como rector de la NaUKMA a clausurar la exposición “El cuerpo ucraniano”, organizada por el Centro de Investigación de la Cultura Visual y, poco después, cerró el propio centro. La exposición estaba enfocada en las minorías sexuales en Ucrania y trataba de reivindicar los derechos de los homosexuales en el país.

Cyril Amar y Anders Rudling denuncian que todos estos hechos son ignorados por los medios de comunicación occidentales como “propaganda rusa” a partir de una lógica “demasiado simple: si lo medios rusos dicen que hay un problema, entonces es que no hay ninguno”. Esta polarización, concluyen, “es intelectual y políticamente infructuosa”.

La UE trata de crear su propio relato fundacional y, como ha señalado Rafael Poch-de-Feliu, expulsar a Rusia de la historia europea. En la historia como en la economía: con una terapia de shock.

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¿Se está recuperando la economía europea?

Ven, 17/04/2015 - 13:26
Vicenç Navarro, Rebelión

Los establishments políticos y mediáticos europeos han lanzado las campanas al vuelo indicando que, por fin, y como consecuencia de las políticas de austeridad que los gobiernos de la Unión Europea (y muy en particular, de los gobiernos de la Eurozona) han impuesto (en ninguno de estos países las políticas de austeridad estaban en su oferta electoral), la economía se ha recuperado. La única diferencia entre unos y otros es que mientras algunos dicen que “ya se ha recuperado” (Mariano Rajoy, Presidente del gobierno español), otros sostienen que “se está recuperando” (Mario Draghi, Presidente del Banco Central Europeo)

En esta euforia se olvidan u ocultan varios hechos,. Uno es que el crecimiento económico (que se toma como indicador de recuperación económica) es sumamente limitado. La economía europea está creciendo a una tasa de crecimiento de solo un 1,6% como promedio, habiendo sido una tasa más baja, el 0,9% en el último cuarto del 2014. La economía europea continúa siendo mucho más pobre que lo fue en el año en que se inició la crisis, 2007. Pero el hecho más importante es que este ligerísimo crecimiento no se debe en absoluto a las medidas de austeridad (bajada de salarios y recortes de gasto público), sino a otras causas, todas ellas provisionales, cuyo impacto puede desaparecer, y pronto.

Estas causas son: la bajada del precio del petróleo (más de un 50% desde final del 2014 a Enero de 2015), bajada que ya se está revirtiendo, con el precio subiendo de nuevo. Añádase a ello que la reciente devaluación del euro ha hecho que el precio del petróleo haya subido, al ser un producto importado en la mayoría de países de la Eurozona. La devaluación del euro, conseguida con las medidas del Banco Central Europeo (masivas impresiones de dinero, prestado a intereses bajísimos) ha facilitado las exportaciones, pero encarecido las importaciones, como el petróleo. Es más, la devaluación del euro (un 10% de su valor en lo que va de año), aunque ayuda al crecimiento de las exportaciones de los países de la Eurozona, su impacto estimulante es relativamente menor, pues el sector exportador representa solo un 20% de toda la economía europea, hecho que se olvida frecuentemente. Este bajo porcentaje es la mayor limitación de todas las políticas de recuperación basadas en facilitar y expandir las exportaciones (ver Philippe Legrain, “The Eurozone’s False Recovery”, 09.04.15). Ni que decir tiene que cualquier mejora en cualquier actividad económica es probable que repercuta en un incremento del crecimiento económico. Pero, en el caso del sector exportador, este será limitado.

Y la tercera causa del crecimiento, además de la bajada del precio del petróleo y la devaluación del euro, es la política del Banco Central Europeo que, por fin, ha hecho lo que tenía que haber hecho ya hace casi siete años. Es decir, ha hecho lo que un Banco Central tendría que haber hecho en un período de crisis tan profundo como ha habido en la Eurozona durante casi siete años. El BCE ha impreso dinero y comprado deuda privada y deuda pública, ayudando a proteger a los Estados de la Eurozona, disminuyendo sus intereses. Pero esta política monetaria –que ha sido la causa mayor de la recuperación, como algunos habíamos vaticinado hacía tiempo– es todavía dramáticamente insuficiente, pues el punto clave para la recuperación económica es el estímulo económico que exige un cambio de 180º en las políticas de austeridad (que hoy continúan siendo las mayores causas del nulo o escaso crecimiento) y que consisten en bajar salarios y recortar gasto público.

Lo que se necesita es un aumento de gasto público en infraestructuras que creen buen empleo, y subir los salarios, todo ello con el objetivo de estimular la demanda doméstica, el punto clave para salir de la crisis. Sin que ello ocurra, no habrá una recuperación estable y duradera. Continuar con estas políticas de austericidio –bajada de salarios y reducción del déficit a base de recortes y más recortes– es condenar a los países de la Eurozona a la continuación de una situación de elevado desempleo, precariedad y bajos salarios, que es lo que los gobiernos españoles han conseguido desde 2007.

Muestra hasta qué punto los establishments –las estructuras de poder- europeos han llegado en su dogma neoliberal a ignorar que el objetivo principal de cualquier intervención pública debería ser la mejora del bienestar y calidad de vida de las poblaciones, que España se presente hoy (como lo ha hecho la canciller Angela Merkel) como el modelo ejemplar que otros países deberían emular. España es hoy uno de los países de la UE-15 con la tasa de desempleo más alta de la UE-15 (junto con Grecia), con mayor nivel de precariedad, con menor protección social, con mayor pobreza infantil, mayor pobreza adulta y mayor pobreza entre los ancianos, mayor número de desempleados sin ninguna cobertura de seguro de desempleo, con mayor número de trabajos mal pagados e interinos, con salarios más bajos, con menor tasa de ocupación, con menor gasto público social en sanidad, en educación, en servicios sociales, en escuelas de infancia, en servicios domiciliarios, en transferencias públicas de ayudas a la familia. Y a todo ello, la estructura de poder financiero, económico, político y mediático, lo consideran ¡modélico!. Y luego se extrañan que la Europa que están construyendo esté creando una enorme insatisfacción y rechazo.

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China en aterrizaje forzoso

Xov, 16/04/2015 - 07:00

China creció a su ritmo más lento en seis años en el primer trimestre de 2015 y la debilidad en los sectores clave indica que la segunda mayor economía del planeta sigue perdiendo impulso. Sus exportaciones cayeron fuertemente en marzo al igual que sus importaciones, confirmando que el gigante asiático ha sido fuertemente golpeado por la debilidad de la economía mundial, como apuntábamos en marzo. Las exportaciones chinas se deslizaron 15% respecto a los últimos 12 meses, mientras que las importaciones cayeron un 12,7 por ciento, producto de la debilidad del comercio mundial, que está marcando el fin del modelo basado en las exportaciones.

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Libertad, igualdad, fragilidad: el diálogo Stiglitz-Varoufakis

Mér, 15/04/2015 - 13:27
Alejandro Nadal, La Jornada

El 16 de septiembre de 1992 los especuladores forzaron la devaluación de la libra esterlina. Inglaterra buscaba mantener la paridad en 2.7 marcos por libra esterlina. Pero ese objetivo era insostenible porque su tasa de inflación era superior a la de Alemania. Los especuladores no perdieron tiempo. A pesar del incremento de las tasas de interés en Londres, George Soros y otros pasaron a la ofensiva. El Banco de Inglaterra perdió la batalla y Soros se embolsó más de mil millones de dólares, convirtiéndose en campeón de la especulación en los mercados de divisas.

En 2009 Soros donó 50 millones de dólares para crear el Instituto de Nuevo Pensamiento Económico (INET, por sus siglas en inglés) y permitir a una nueva generación de economistas afrontar los desafíos del siglo XXI. El balance de los primeros años de vida del INET es desigual y está lejos de haber generado grandes cambios en el pensamiento económico. La semana pasada organizó una conferencia en París con el curioso título Libertad, igualdad y fragilidad (ineteconomics.org).

El acto estelar de la conferencia fue el diálogo entre Joseph Stiglitz y Yanis Varoufakis, ministro de Finanzas de Grecia. Durante más de una hora Stiglitz hizo preguntas más o menos apacibles sobre el futuro de Grecia en la eurozona (véase la entrevista).

Entre los temas examinados destacan la austeridad y las metas de superávit primario que la troika impuso a Grecia, en especial la meta equivalente a 4.5 por ciento del PIB. En un momento de la conversación (minuto 32) Stiglitz comenta que ningún país ha generado un superávit primario tan importante y pregunta (escandalizado): ¿cómo es posible que el gobierno anterior a Syriza hubiera aceptado semejante compromiso y cómo es posible que la troika lo hubiera impuesto?

Parece que ni Stiglitz ni Varoufakis conocen la historia reciente de América Latina y su experiencia en materia de programas de ajuste. Uno de los rasgos distintivos de la región es que la mayoría de los países mantuvo un superávit primario durante la mayor parte del periodo 1990-2007. En el caso de México, la base de datos del economista mexicano Marcos Chávez, revela que entre 1983 y 2008 el superávit primario promedió 3.6 por ciento. En el periodo 1988-1992 el superávit primario alcanzó un promedio de ¡7.6 por ciento!

Cabe recordar que el superávit primario se genera cuando el gasto público (sin contar cargas financieras) es inferior a los ingresos. La prioridad es el servicio de la deuda y los objetivos de desarrollo y bienestar de la población pasan a segundo plano.

Los datos revelan que durante 25 años las finanzas públicas en México estuvieron orientadas a generar un superávit primario para cubrir cargas financieras, manteniéndose estancada (o declinando) la inversión en salud, educación, vivienda, transporte e infraestructura, agricultura, industria, medio ambiente e investigación científica. Si a Stiglitz le escandaliza el 4.5 por ciento impuesto por la troika, ¿qué diría de la experiencia mexicana? Los resultados están a la vista: el Estado mexicano se desintegra como resultado de perseverar en el experimento neoliberal.

La respuesta a la segunda parte de la pregunta es evidente, pero por diplomacia Varoufakis prefirió no responder. La austeridad no es una medida de técnica económica. Es un instrumento de guerra social que busca destruir las bases del estado de bienestar y del desarrollo.

Otro tema de la conversación fue la salud de los bancos en Grecia. El Fondo Helénico de estabilización fue el conducto del rescate (37 mil millones de euros) que la troika quiere ahora que sea pagado con recursos del superávit primario, pero los niveles de cartera vencida (e incobrable) de los bancos griegos siguen siendo muy elevados. Aquí entra en escena José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE.

Varoufakis menciona que la OCDE colabora en el diseño de las reformas que el gobierno de Syriza quiere aplicar y agradece tal ayuda bajo los auspicios de José Ángel Gurría. Claro que hay fórmulas de diplomacia, pero me pregunto si los ministros de Syriza conocen la trayectoria de Gurría, especialmente como secretario de Hacienda. Se trata de uno de los arquitectos del neoliberalismo en México y de un defensor del superávit primario. Cuatro años después de que el sistema bancario quebrara a raíz de la crisis de 1994, Gurría propuso la conversión a deuda pública de la montaña de pagarés que el gobierno había entregado a los bancos para remplazar la cartera vencida con títulos rentables. A la fecha, este rescate bancario (fraudulento y anticonstitucional) sigue manteniendo una fuerte hipoteca sobre las finanzas públicas en México.

La peor metáfora utilizada en la conferencia es la de Rob Johnson, director ejecutivo de INET. Señalando que a nadie le gusta un emperador desnudo, afirmó que nuestro objetivo aquí en el INET es confeccionar el nuevo vestuario del emperador. Yo hubiera preferido escuchar que el objetivo era deshacerse del emperador.

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Eduardo Galeano, original y profundo

Mar, 14/04/2015 - 11:40
Atilio Borón, Rebelión

Pensaba ahondar sobre algunos asuntos pendientes de la nota sobre la Cumbre de las Américas que publicara hoy Página/12. Pero a poco de regresar desde Colombia -donde tuve el honor de participar en las diversas actividades de la Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz de Colombia- me abrumó la noticia de la muerte de Eduardo Galeano. Y la verdad es que lo único que tuve ganas de hacer fue buscar sus libros en mi biblioteca y sentirme una vez más en su compañía deleitándome con su lectura. Eduardo fue no sólo un crítico incisivo y mordaz del capitalismo y un hombre comprometido con la revolución latinoamericana sino también un pensador a la vez original y profundo, lo que no se da tan a menudo como se supone.

Más de una vez charlábamos sobre la tragedia de muchos intelectuales que se jactan de su originalidad pero cuyo pensamiento se mueve en la superficie, en las zonas de la apariencia. Son originales pero en la producción de banalidades, maestros en el arte de la prestidigitación de la palabra. Cumplen una importante función conservadora (a veces sin ellos saberlo) en la generación de la resignación política y el conformismo, hijos de la confusión ideológica y de la imposibilidad de ir a la raíz de las cosas, como aconsejaba Marx.

Otros son profundos, pero no originales. Sus ideas medulares abrevan en algunas de las más grandes cabezas de la historia de las ideas políticas y sociales. El precio de esa profundidad tomada de prestado -y sin que siempre se reconozca la deuda con el verdadero creador- es lo que Gramsci llamaba "el doctrinarismo pedante": el reemplazo del análisis concreto de la realidad concreta por audaces plumazos que nada explican y que mucho menos sirven para cambiar el mundo.

Galeano era una notable excepción ante esas trampas y además tenía muchas otras virtudes, como si las anteriores no bastasen: era una persona excepcional y también un historiador erudito, conocedor de primera mano del drama histórico de Latinoamérica, dotado de una notable capacidad para comunicar sus ideas, que siempre referían a una realidad histórica o contemporánea que retrataba con minuciosa precisión y que las expresaba con un lenguaje accesible a cualquiera. No escribía para la capilla sino que su objetivo era llegar con su voz a todos los inconformes, a los oprimidos y explotados que encontraban en su lenguaje -llano, terso, sin rebusques culteranos- un valioso instrumento para comprender y explicarse la realidad que los agobia, las causas de las desdichas y atrocidades que campean en la escena contemporánea y un poderoso estímulo para movilizarse y luchar. Esto requería de una paciencia infinita, y una vocación artesanal que lo llevaba en ciertas ocasiones a pasarse una noche en vela -durante gran parte de su vida con la compañía de unos atados de cigarrillos- bregando por encontrar la frase justa o la palabra exacta que rematase eficazmente su argumento, que dijera lo que quería decir y que fuese capaz de suscitar en quien la leyera la conciencia de su propia situación y la rebeldía para cambiarla.

Ahora Eduardo se nos fue, pero nos dejó un legado precioso que acompañará para siempre las luchas emancipatorias de los pueblos nuestroamericanos. Tanto es así que podríamos aplicarle a Eduardo la frase con que a menudo se refería a la siembra del Comandante Hugo Chávez: "Me han dicho que Chávez murió, pero yo no me lo creo", porque las ideas y los sueños de Chávez, como las de Galeano, vivirán para siempre. Es casi una inevitable obviedad decir que con su muerte se va uno de esos imprescindibles que una vez señalara Bertolt Brecht. Tal vez el más imprescindible de todos en la batalla de ideas en que estamos empeñados. ¡Hasta la victoria siempre, Eduardo!

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¿Tienen los bancos centrales el control de la oferta monetaria?

Lun, 13/04/2015 - 12:18
Uno de los grandes mitos de la economía neoclásica es la creencia de que los bancos centrales son los que tienen el control de la oferta monetaria. Se piensa que con la exigencia de un mínimo nivel de reservas a los bancos comerciales se conoce el valor del multiplicador monetario y ello, por añadidura, determina el volumen real de dinero. Sin embargo, desde el proceso de desregulación financiera llevado a cabo en Estados Unidos a partir de 1980, replicado durante esa década en todo el mundo, el sistema financiero ha desarrollado múltiples maneras de crear dinero elaborando su propia legalidad y levantando una cortina de humo que hoy se conoce como "banca en la sombra".

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El neocolonialismo intelectual

Dom, 12/04/2015 - 16:08
Emir Sader, La Jornada

La izquierda occidental tuvo siempre un fuerte acento eurocentrista. Las mismas definiciones de izquierda y de derecha de Europa se han difundido por todo el mundo.

La izquierda europea fue básicamente socialista –o socialdemócrata– y comunista. Tenía como componentes esenciales sindicatos y partidos políticos –con representación parlamentaria, disputando elecciones, aliados entre sí. Y grupos más radicales, en general trotskistas, que eran parte del mismo escenario político e ideológico.

Como uno de sus componentes –que se volvería un problema–, el nacionalismo fue clasificado como una ideología de derecha, por su modalidad chovinista en Europa. La responsabilidad atribuida a los nacionalismos en las dos guerras mundiales ha consolidado esa clasificación.

En otros continentes, especialmente en América Latina, esa clasificación aparecía como esquemática, mecánica. La inadecuación de ese esquema se fue volviendo cada vez más clara, conforme surgían fuerzas y liderazgos nacionalistas.

Ocurre que en Europa la ideología de la burguesía ascendente fue el liberalismo, oponiéndose a las trabas feudales para la libre circulación del capital y de la mano de obra. El nacionalismo se ubicó a la derecha del espectro político e ideológico, exaltando los valores nacionales de cada país en oposición a los de otros países y, más recientemente, oponiéndose a la unificación europea, porque debilita a los Estados nacionales. Mientras que en la periferia del capitalismo el nacionalismo y el liberalismo tienen rasgos distintos, hasta opuestos a los que tienen en Europa. El liberalismo fue la ideología de los sectores primario exportadores, que vivían del libre comercio, expresando los intereses de las oligarquías tradicionales, del conjunto de la derecha. El nacionalismo, al contrario de Europa, siempre tuvo un componente antimperialista.

La izquierda europea tuvo grandes dificultades con el nacionalismo y el liberalismo en regiones como América Latina. Como uno de los errores provenientes de la visión eurocéntrica, líderes como Perón y Vargas alcanzaron a ser comparados por PCs de América Latina con dirigentes fascistas europeos –como Hitler y Mussolini– por su componente nacionalista y antiliberal. A la vez, varias fuerzas liberales latinoamericanas fueron aceptadas en la Internacional Socialista porque estarían defendiendo sistemas políticos democráticos (en realidad, liberales) en contra de dictaduras, que serían protagonizadas por líderes nacionalistas con sus carismas y su supuesta ideología populista y autoritaria.

Procesos como las revoluciones mexicana, cubana, sandinista, y liderazgos nacionalistas como los mencionados, fueron difícilmente asimilables por la izquierda tradicional, por las improntas eurocéntricas de ésta. Lo mismo ocurre, de cierta forma, con las características de la izquierda latinoamericana del siglo XXI, con la cual la izquierda tradicional europea tiene dificultades para comprender su carácter y luchas.

Esas mismas limitaciones afectan a la intelectualidad de izquierda europea, que ha heredado el eurocentrismo y lo ha adaptado a sus visiones de América Latina. Por una parte, están los intelectuales socialdemócratas que, en tanto esta corriente ha asumido el neoliberalismo, han perdido cualquier posibilidad de comprender a América Latina y la izquierda posneoliberal de nuestra región.

Pero hay también los intelectuales francotiradores o vinculados a corrientes de ultraizquierda europea que lanzan sus análisis críticos sobre los gobiernos progresistas latinoamericanos con gran desenvoltura, diciendo lo que esos gobiernos harían de equivocado, lo que debieran hacer, lo que no deberían hacer, etcétera, etcétera. Hablan como si sus tesis hubieran sido confirmadas en algún lugar, sin poder presentar ningún ejemplo concreto de que sus ideas hayan cuajado y demostrando así que se adecuarían mejor a la realidad que los caminos que esos gobiernos siguen.

Se preocupan de las tendencias caudillistas y populistas de líderes latinoamericanos, juzgan esos procesos a partir de lo que dicen que serían los intereses de tal o cual movimiento social o de una u otra temática. Tienen dificultad para comprender el carácter nacionalista, antimperialista, popular, de los gobiernos posneoliberales, sus procesos concretos de construcción de una hegemonía alternativa en un mundo todavía muy conservador. Sobrevuelan las realidades como pájaros, elogian algo, luego critican, sin identificarse profundamente con el conjunto de esos movimientos, que son la izquierda del siglo XXI. Pasa el tiempo y esas visiones eurocéntricas no resultan en construcción concreta alguna, porque son impotentes para captar los nervios contradictorios de la realidad para, a partir de ella, proponer alternativas que puedan ser asumidas por el pueblo.

Se comportan como si fueran consciencias críticas de la izquierda latinoamericana y como si necesitáramos de ellas, como si no tuviéramos consciencia de las razones de nuestros avances, de los obstáculos que tenemos por delante y de las dificultades para superarlos. Mientras que sus voces no sólo no pueden presentar resultados de sus análisis ni en sus propios países –que pueden ser Francia, Portugal, Inglaterra u otra nación– en los que se supone sus ideas debieran tener resultados, como tampoco logran explicar –ni siquiera abordar– las razones por las cuales, en sus propios países, la situación de la izquierda es incomparablemente peor que en los países latinoamericanos que ellos critican.

Son actitudes que cargan todavía el paternalismo del eurocentrismo y que se dirigen hacia América Latina no para aprender, sino con una postura de profesor, como si fueran portadores de un conjunto de conocimientos y de experiencias victoriosas a partir de las cuales dictarían cátedra sobre nuestros procesos. Representan, de hecho, a pesar de las apariencias, formas de la vieja izquierda, que no ha hecho la autocrítica sobre sus errores, derrotas y retrocesos. Que no están abiertos a aprender de las nuevas experiencias latinoamericanas.

El aura académica no logra esconder las dificultades que tienen para comprometerse con los procesos concretos y, a partir de ellos, participar de la construcción de las alternativas.

Cada vez presentan menos interés, análisis que no desembocan en propuestas concretas de trasformación de la realidad. Las posturas críticas permanecen en el plano de teorías intranscendentes, sin ninguna capacidad de apropiarse de la realidad concreta, menos todavía de transformarla. Para retomar el viejo y siempre actual esquema: sus ideas jamás se transforman en fuerza material, porque nunca penetran en las masas.

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La falsa recuperación de la zona euro

Sáb, 11/04/2015 - 12:53

Philippe Legrain, Project Syndicate

A primera vista, parece que la economía de la zona del euro podría estar empezando por fin a recuperarse. Los mercados de valores están subiendo. La confianza de los consumidores está mejorando. Se espera que unos precios del petróleo más bajos, un euro más barato y la relajación cuantitativa aplicada por el Banco Central Europeo impulsen el crecimiento. El Presidente del BCE, Mario Draghi, afirma que “está afianzándose una recuperación sostenida”, mientras que las autoridades de Berlín y Bruselas se aferran a ciertas señales de vida en España e Irlanda como prueba de que su severa prescripción de una consolidación fiscal y reformas estructurales han dado resultado, como se había anunciado.

Sin embargo, con una inspección más detenida resulta claro que la mejora es modesta, probablemente temporal, y no resultante de las políticas promovidas por Alemania. Es cierto que, según algunos cálculos, la economía de la zona del euro puede estar creciendo ahora a una tasa anual del 1,6 por ciento, frente al 0,9 por ciento en el año que concluyó en el cuarto trimestre de 2014, pero eso es mucho más lento que en los Estados Unidos y Gran Bretaña. Con una economía de la zona del euro un dos por ciento menor que hace siete años, la de “recuperación” no parece la palabra apropiada, sobre todo porque no es probable que dure.

Para empezar, el impulso extraordinario de unos precios del petróleo más bajos ya se está agotando. Después de bajar más de la mitad entre mediados del pasado mes de junio y mediados del pasado mes de enero, los precios del petróleo en euros se han recuperarse desde entonces en un tercio, en parte por la profunda depreciación del euro, que está encareciendo en general las exportaciones. Su efecto en los presupuestos de los hogares y en los costos de las empresas no es precisamente un motivo de celebración.

Las autoridades están contando con una divisa más competitiva para estimular el crecimiento, pero es probable que resulten decepcionadas. Como las exportaciones de la zona del euro dependen cada vez más de las cadenas mundiales de suministro, una divisa más barata entraña un impulso menor que antes. Los exportadores también pueden optar por embolsarse las pocas ganancias que puedan, en lugar de procurar aumentar su participación en el mercado.

En 2014, las exportaciones procedentes de la zona del euro ascendieron a casi dos billones de euros (2,6 billones de dólares de entonces): más que las de China. En vista de la irregularidad de la demanda mundial, será difícil lograr un rápido aumento de las exportaciones. En cualquier caso, como las exportaciones representan sólo una quinta parte de los diez billones de euros de la economía de la zona del euro, no es probable que espoleen una fuerte recuperación, mientras la demanda interna siga siendo débil. Según el modelo del BCE, la depreciación del euro en un diez por ciento (en términos reales ponderados en función del comercio) durante el pasado año puede elevar el crecimiento este año tan sólo en un 0,2 por ciento.

También es probable que los beneficios de la relajación cuantitativa resulten efímeros. No es probable que la reducción de los costos del endeudamiento de los Estados impulse demasiado el comercio, pues la normas de la Unión Europa excluyen la expansión fiscal. En conjunto, la situación fiscal de la zona del euro ha de ser en gran medida neutra este año, según la Comisión Europea, aunque con más apreturas en Irlanda, Francia e Italia.

La relajación cuantitativa sí que mejora las condiciones de financiación de las empresas de la zona del euro lo suficientemente grandes para recurrir a los mercados de capitales, pero incluso en los EE.UU. y en Gran Bretaña, donde los mercados de capitales desempeñan un papel mucho mayor en la financiación empresarial, la inflación de los precios de los activos contribuyó poco a alentar a los consumidores a gastar o a las empresas a invertir. Al contrario, la inversión en una economía real débil ha sido mucho menos atractiva que la perspectiva de ganar dinero fácil con la ingeniería financiera. La mayoría de las empresas de la zona del euro dependen de la financiación bancaria y, si bien las condiciones crediticias han mejorado un poco, el préstamo está flojo (y sigue reduciéndose en la Europa meridional). Mientras los bancos zombis estén abrumados por sus créditos fallidos, no es probable que haya demasiados cambios al respecto.

Tampoco se puede atribuir el pequeño aumento del crecimiento de la zona del euro y menos aún la expansión relativamente rápida de España e Irlanda a la receta alemana de consolidación fiscal y medidas encaminadas a aumentar la competitividad de las exportaciones. De hecho, nada podría estar más alejado de la verdad.

España no es precisamente un ejemplo de ajuste fiscal logrado; al contrario, su recuperación coincidió con la relajación de la austeridad extrema impuesta en el período 2011-2013, que ha animado a los hogares a gastar más, pese al estancamiento de los salarios. Aun así, su economía sigue siendo un 5,7 por ciento menor que hace siete años. Un descomunal 23,7 por ciento de los españoles –y uno de cada dos jóvenes– están desempleados, mientras que muchos otros han abandonado totalmente el mercado laboral.

Entretanto, el déficit presupuestario de España ascendió al 5,7 por ciento en el año pasado, el mayor de la UE. El rápido aumento de su deuda pública va a llegar al 100 por ciento del PIB este año. Cuando el país se dirige a unas elecciones en fecha posterior de este año, la Comisión Europea ha autorizado la amplitud de su déficit estructural. En lugar de prosperar gracias a la austeridad, España en muchos sentidos está obteniendo carta blanca.

Tampoco Irlanda, la economía de la UE que más creció el año pasado, confirma la idoneidad de las prescripciones de Alemania. Al fin y al cabo, Irlanda es una economía diminuta y muy abierta, cuyo sector exportador en auge está beneficiándose de las ventajas existentes –incluidos unos impuestos bajos para las empresas, una fuerza laboral competente y una economía flexible– y de las condiciones exteriores favorables, sobre todo la fuerte recuperación habida en sus mercados principales, los EE.UU. y Gran Bretaña. Aun así, la economía es menor que antes de la crisis, la tasa de desempleo es de dos cifras, la demanda interna sigue deprimida y el rescate bancario de 64.000 millones de euros injustamente impuesto a los 2,2 millones de contribuyentes irlandeses sigue pesando sobre ella.

La economía de la zona del euro va a tener unos resultados un poco mejores en 2015, pero no por las políticas exigidas por Alemania, y es probable que se trate de una recuperación temporal, no del comienzo de una recuperación sostenida. Para superar su recesión en materia de balances, la zona del euro debe sanear sus bancos, reducir el aplastante endeudamiento, la mayor parte de él privado, reparar la enorme escasez de inversión, eliminar los obstáculos para las empresas y abordar el lastre deflacionario del mercantilismo alemán. Y ésa es la razón por la que la zona del euro no se librará próximamente de sus problemas.

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Los Siete fraudes capitales de la política económica

Xov, 09/04/2015 - 13:27
Alejandro Nadal, Attac

Las falsificaciones históricas son un instrumento indispensable para mantener el poder y asegurar la explotación de los oprimidos. Cuando una parte importante de la población piensa que el orden social es resultado de una evolución natural, aún cuando dicho orden social sea a todas luces injusto, el resultado será la resignación y la sumisión a los dictados de los poderes establecidos. Es posible que las falsificaciones históricas sean el mejor aliado de las clases dominantes.

Pero las falsificaciones históricas adoptan muchas formas. Una de ellas se encuentra en la evolución de la teoría económica. Y aquí es donde se inserta el tema central de la obra de Warren Mosler. Los Siete fraudes inocentes capitales de la política económica que analiza Mosler con gran rigor y no sin sentido del humor constituyen falsificaciones de dimensiones históricas que juegan un papel fundamental a favor de las clases dominantes. Estos fraudes inocentes están basados en sendos errores de teoría macroeconómica. Cubren un territorio muy amplio que va desde una visión equivocada sobre la naturaleza, estructura y dinámica de las finanzas públicas, hasta las distorsiones provocadas por la desatinada visión que se tiene sobre el funcionamiento del sistema bancario y la política monetaria. De la aguda mirada de Mosler no escapa la percepción dominante sobre las causas y la lucha contra la inflación, ni las distorsiones existentes sobre los distintos componentes de la balanza de pagos. Su examen cubre todos los campos de la teoría y la política macroeconómica y contribuye a desmitificar siete de los mitos más destructores que marcan la política fiscal, monetaria, crediticia y cambiaria en la economía contemporánea.

La terminología es muy importante. ¿Por qué se denominan fraudes inocentes? Mosler nos dice que la respuesta se encuentra en el libro de John Kenneth Galbraith La economía del fraude inocente, publicado en 2004. En esa obra, Galbraith aclara que la presunción de inocencia proviene del hecho de que los académicos, tecnócratas y políticos que sostienen estas ideas no conocen su error y, por el contrario, están convencidos de tener la razón y de contar con un análisis certero. Para Galbraith, los que así piensan ni siquiera aceptarían su error porque eso los llevaría ipso facto a incriminarse, cosa que nadie en su sano juicio haría. Por eso califica a estos fraudes de inocentes. Los fraudes inocentes en macroeconomía permiten construir una imagen distorsionada de la economía de un país, de sus relaciones sistémicas fundamentales y, sobre todo, hacen posible manipular la opinión y las creencias de la población sobre la conducción de los asuntos públicos.

Especialmente importante es la manipulación que permiten los fraudes inocentes en el ámbito del análisis de los orígenes de las crisis y las recetas políticas para enfrentarlas. El terreno de la política macroeconómica es particularmente fértil para que surjan estas falsificaciones y las recetas basadas en fraudes inocentes. Quizás la razón reside en el hecho de que la teoría macroeconómica se encuentra en un estado “de flujo”, como dijeran en 1989 Blanchard y Fisher en la introducción a sus Lecciones de macroeconomía. Para estos autores la teoría macroeconómica es un espacio activo y dinámico en el que los conceptos fundamentales siguen siendo sometidos a un examen riguroso, como en toda ciencia que se respeta a sí misma. Esa publicación tiene ya más de veinte años, pero la mayor parte de los académicos que se dedican a la macroeconomía piensan lo mismo al día de hoy. Me temo que yo tengo otra interpretación.

El campo de la teoría macroeconómica ha sido, desde que John Maynard Keynes publicara su Teoría general, el terreno de una batalla en la que las principales armas han sido, precisamente, el fraude inocente y la falsificación teórica. Más que encontrarse en “estado de flujo”, la teoría macroeconómica es un espacio en el que las clases dominantes y sus corifeos en la academia han desplegado su talento para distorsionar, manipular y engañar al público en general sobre la estructura y dinámica de las economías capitalistas.

Y es que los atisbos e intuiciones fundamentales de Keynes llevan a una conclusión central: las economías capitalistas son esencialmente inestables. Ésta es la conclusión que el establishment académico no le podía perdonar. Más allá de la irritación que pudo provocar la crítica de Keynes a la ley de Say, la importancia otorgada a la incertidumbre, su teoría de la demanda efectiva o su visión sobre la no neutralidad del dinero y la creación monetaria (tema que abordó en su Tratado sobre la moneda), la conclusión sobre la inestabilidad intrínseca de las economías capitalistas fue el detonador de la ofensiva en contra del pensamiento keynesiano.

El significado profundo de esta característica inherente al capitalismo tiene tres componentes. El primero es que la inestabilidad implica el desperdicio de recursos y, en especial, el desempleo, la gran preocupación de Keynes. El segundo es la propensión a las crisis periódicas, tanto en el ámbito de los mercados financieros, como en la economía real (no financiera). Y el tercero, finalmente, es el más importante: la inestabilidad requiere de la intervención de agentes extra-económicos para evitar el colapso no sólo de ‘la economía’, sino de toda la sociedad. En un contexto de inestabilidad intrínseca del aparato económico, la intervención sólo puede provenir de agentes extra-económicos. Y eso vulnera el principio de la autonomía del ‘lo económico’ frente a la esfera de la política. De pronto, el análisis de Keynes implica el rechazo a la idea de que el mecanismo de lo económico puede analizarse sin referencias a la política y la ética.

La necesidad de una intervención externa es, por supuesto, el corolario de los dos primeros componentes mencionados en el párrafo anterior. Si lo que Polanyi llamara el ‘mercado autorregulado’ no puede asegurar por sí solo las condiciones de producción y distribución que requiere la sociedad, las bases mismas de la noción de economía de mercado se destruyen. Es más, los fundamentos de la teoría económica misma se desvanecen. Es obvio que la academia tenía que reaccionar. Las órdenes de marchar contra el enemigo incluyeron todas las argucias y embustes del manual de doctrina militar.

Como el ataque frontal no era fácil debido a la popularidad que alcanzaba el análisis de Keynes (sobre todo en los años que siguieron a la crisis de 1929), la estratagema preferida fue la distorsión y ‘recuperación’ del pensamiento de Keynes. El objetivo fue extirpar los elementos juzgados como los más subversivos en su obra. El resultado fue la síntesis neoclásica que abrió las puertas a la crítica que vendría vestida de neo-monetarismo y de expectativas racionales. La teoría macroeconómica se convirtió en un baile de máscaras en el que los enemigos de Keynes se disfrazaron de keynesianos y neo-keynesianos para abrirle el espacio central en la pista de baile a la nueva macroeconomía clásica en cuyos postulados se encuentra la negación absoluta de toda la obra de Keynes. En este ballo in maschera, la música la proporciona la orquesta de fraudes inocentes.

Por fortuna subsistieron los pensadores y académicos que han sido agrupados bajo el nombre de post-keynesianos, comenzando con Joan Robinson y los colegas y colaboradores originales de Keynes, hasta llegar a los trabajos de Wynne Godley, Hyman Minsky, Victoria Chick y Paul Davidson, entre otros. Para estos pensadores, pensar en la inestabilidad intrínseca del capitalismo no quita el sueño, lo que permite por la mañana, cuando sale el sol y las sombras del oscurantismo se retiran, pensar en soluciones para problemas como prevenir la crisis o, si ésta ya ha estallado, superarla sin causar más daños al cuerpo social. Mosler hace referencia a este cuerpo de pensamiento y destaca la importancia de las alternativas de política macroeconómica que se desprenden de este análisis.

Cabe hacer un pequeño paréntesis para traer al frente del escenario uno de los fraudes inocentes más importantes de todos los tiempos. La idea de que en alguna parte del universo existe una teoría que demuestra que las fuerzas competitivas en el mercado conducen a la formación de precios de equilibrio es quizás la falsificación más extendida. Aunque hoy sabemos que la teoría neoclásica del mercado en su versión más desarrollada, la teoría de equilibrio general, nunca pudo ni podrá demostrar que los precios de equilibrio se forman por las fuerzas del mercado, este secreto se conoce en un reducido círculo en la academia. La falacia persiste y cabalga por todos los paisajes, desde los planes de estudio que insisten en engañar al estudiante de Economía, hasta el imaginario popular y, por supuesto, los corredores de los ministerios de economía en todas partes. Este otro fraude inocente es parte de los siete fraudes a los que se refiere Mosler. Es parte, a fin de cuentas, del esfuerzo por destruir el pensamiento macroeconómico y reducir todo a la “microeconomía”. Es algo así como el regreso al dictado de la señora Thatcher, “la sociedad no existe, sólo existen individuos”. La teoría de equilibrio general se ha convertido, a través del proyecto de darle ‘micro-fundamentos’ a la teoría macroeconómica, en uno de los fraudes inocentes más importantes.

Éste no es un libro reservado para tecnócratas o para políticos. Es un libro para todos. El quehacer ciudadano necesita este tipo de referencias para rebasar el muro de las falsificaciones históricas y los fraudes inocentes. Polanyi ha demostrado cómo, en una economía de mercado, todas las relaciones sociales se encuentran subordinadas a las relaciones mercantiles. Este libro es un instrumento para comprender cómo podemos comenzar a reorganizar el espacio social y recuperar el tiempo de la fraternidad y la solidaridad.
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Reflexiones sobre el caviar de Lufthansa

Mér, 08/04/2015 - 14:02
Alejandro Nadal, La Jornada

Se piensa que la competitividad de la economía alemana se debe a sus múltiples proezas tecnológicas y ejemplos de eficiencia. Pero en realidad su ‘alta competitividad’ está más relacionada con la restricción salarial que se consolida a partir de 2000. Desde entonces los salarios en casi toda Europa se estancaron e iniciaron una tendencia negativa en la mayoría de los países. Pero en Alemania se impulsó la estrategia más radical en materia de restricción salarial.

Las reformas que frenaron las reivindicaciones salariales en los primeros años del siglo veintiuno no están desvinculadas del impacto de la reunificación alemana sobre el llamado mercado laboral. La abundancia de fuerza de trabajo permitió presionar para restringir el poder de negociación de sindicatos y organizaciones de trabajadores. El resultado fue un aumento espectacular de la ‘competitividad’ de la economía alemana mientras los desequilibrios internacionales se intensificaban en Europa. Estos son los desequilibrios directamente relacionados con la crisis mientras se define si se consolida la Europa alemana o si se podrá llegar algún día a una Alemania europea.

La restricción salarial alcanzó todos los rincones de la economía alemana. La compañía aérea Lufthansa no fue una excepción. Hoy los salarios de los pilotos y copilotos de la aerolínea alemana están por debajo de casi todas las aerolíneas internacionales. Las compañías en las que los salarios superan a los de Lufthansa (por orden ascendente) son Air France, KLM, Iberia, British Airways, United, Delta y, en el nivel más alto, Cathay Pacific. De una muestra de 12 aerolíneas internacionales, sólo SAS (la línea escandinava) tiene salarios inferiores a los de la compañía alemana (algo explicable por otras prestaciones del personal de SAS).

La lucha sindical para revertir esta situación nunca desapareció. Los sindicatos Ver.di y Vereinigung Cockpit han mantenido una resistencia constante frente a los planes para reducir costos laborales, recortar plazas, extender jornadas de trabajo y afectar planes de retiro. En los últimos 10 años, las huelgas de pilotos y sobrecargos, así como de personal de tierra de Lufthansa han sido frecuentes.

Las tendencias a la restricción salarial y la resistencia de los sindicatos no se limitaron a Lufthansa. La empresa subsidiaria de vuelos de bajo costo Germanwings también fue escenario de una disputa larvada entre patrones y sindicatos desde su creación. En febrero de 2015 las operaciones de Germanwings también se vieron afectadas por un conflicto laboral sobre condiciones de trabajo y planes de retiro.

La semana anterior a la tragedia del vuelo 9525 de Germanwings en el sur de Francia el 24 de marzo el personal de Lufthansa mantuvo una huelga importante. Como en ocasiones anteriores, la interrupción de labores afectó cientos de vuelos y a miles de pasajeros. El tono de la disputa se tornó más áspero a medida que las negociaciones se hicieron más difíciles.

Días antes de la catástrofe del vuelo 9525 el gerente general del grupo Lufthansa Carsten Spohr se vanaglorió de la seguridad y del récord de eficiencia de la compañía. Vale señalar que Spohr ha sido uno de los funcionarios claves sobre los cuales descansó la última ofensiva para mantener la presión sobre los sindicatos y trabajadores de Lufthansa y Germanwings.

Es obvio que el tema de los salarios de las compañías aéreas, y en especial de Lufthansa y Germanwings, no son la causa directa de la terrible tragedia del vuelo 9525. Los trastornos y neurosis del copiloto Lubitz, que lo llevaron al terrible asesinato de las 149 personas a bordo del vuelo 9525 deben tener múltiples causas. Nada exculpa su incalificable acto. Pero sí es importante destacar que en el momento en que se supo que Lubitz había informado sobre su episodio de depresión severa durante sus cursos de vuelo en 2009 se abrió un nuevo capítulo en esta tragedia, no sólo en relación a indemnizaciones, sino también a posibles responsabilidades penales por negligencia de ejecutivos de Lufthansa/Germanwings. Por lo pronto una pregunta: ¿tendrían prioridad las políticas de restricción salarial sobre las prácticas de escrutinio y supervisión de los pilotos de la compañía?

No sería la primera vez que los esfuerzos por reducir costos, laborales o de otro tipo, provocan una tragedia. Los ejemplos de Bhopal y de la plataforma Deepwater Horizon deben bastar para reflexionar.

En 2013 Carsten Spohr describió algunos de los rasgos distintivos del desempeño de Lufthansa. Señaló que entre más alta la clase de servicio, más es la inversión por pasajero. Con orgullo comentó que el 5 por ciento de la producción mundial de caviar es adquirido por Lufthansa para sus servicios de primera clase. Servicios reservados, por supuesto, a los estratos superiores.

A todo esto, ¿qué hacían Rajoy, Merkel y Hollande en el sitio de la catástrofe del vuelo 9525? Los escuché hablar de la necesidad de permanecer unidos. Pero, ¿unidos frente a qué peligro? ¿Unidos para aplicar más medidas de austeridad en Europa?

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La pirámide invertida del dinero

Mér, 08/04/2015 - 08:00
El sistema de crédito del dinero comienza con la base monetaria suministrada por los bancos centrales y las pirámides hacia arriba a través de los bancos comerciales, bancos de inversión, bancos offshore, entidades no bancarias, cajas, y otras entidades creadoras de crédito. Este enjambre de dinero creado artificialmente vía préstamos hipotecarios o tarjetas de crédito reproduce la base monetaria de dinero real (billetes y monedas). Los bancos no crean billetes y monedas, sino papeles. Estos papeles son un activo para el banco y un pasivo para el cliente. Por eso los principales activos de los bancos son las deudas de sus clientes. Esto permite comprender por qué los bancos quiebran: si han creado dinero (papeles) más allá de los limites del riesgo, o han prestado a clientes insolventes que no pueden devolver el dinero, el banco quiebra. Sólo en Estados Unidos han quebrado más de 500 bancos desde el estallido de la crisis en 2008 con la quiebra de uno de sus principales bancos de inversión, Lehman Brothers, un banco con más de 150 años de historia que había sobrevivido a la guerra civil y a las dos guerras mundiales.

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El cataclismo financiero

Mar, 07/04/2015 - 12:42
José Blanco, La Jornada

Es difícil saber cuántos cientos de miles o de millones de personas, en el siglo XXI, continúan creyendo en lo que bien podría ser leído como una broma: la multiplicación de los panes y los peces. Es uno de los milagros que se atribuyen a Jesús. Según la Wiki, el suceso está contado seis veces en los Evangelios: “los cuatro evangelistas describen la primera, en que 5 mil hombres son saciados con cinco panes y dos peces; Mateo el apóstol y Marcos, además, relatan la segunda, en que 4 mil hombres se alimentan de siete panes y ‘unos pocos pescados’”. ¿De la nada fueron creados panes y peces? Falso.

Pero lo que sí que es contundentemente cierto, es que de la nada los banqueros privados multiplican el dinero: lo crean, se han enriquecido por más de dos siglos sin freno posible, y han provocado con ello múltiples crisis financieras en la historia del capitalismo; esquilman sin cesar y la gran mayoría de la población no se da cuenta cómo lo hacen.

La multiplicación del dinero es una práctica común y corriente de los banqueros privados. El dinero bancario que, repitamos, esquilma, ha llegado a funcionar como algo que ya parece pertenecer al orden natural. Nadie necesita preguntarse cómo es posible que con papeles de valor intrínseco insignificante (billetes) pueda adquirirse todo.

Hablamos del dinero fiduciario, es decir, dinero basado –para ventura de los banqueros– en una confianza que conlleva un atroz engaño. La confianza referida la otorga el Estado, que mantendrá la validez inscrita en un papel sin valor intrínseco. Nadie se negará a recibir los billetes del país con los que paga cualquier cosa un connacional, o los billetes reconocidos como divisas internacionales.

Simplifiquemos: A deposita, digamos, 100 mil pesos en el banco Z. Lo mismo hacen los miles de clientes que tiene el Banco Z aunque con cifras muy diversas. Las autoridades financieras exigen que los bancos creen reservas cuyo monto depende del riesgo que conlleven los créditos que otorgan. Supóngase que los clientes de Z han depositado 200 millones de pesos y que esas autoridades han exigido a Z crear una reserva promedio de 10 por ciento (20 millones). Z puede prestar entonces hasta 180 millones con intereses estratosféricos, como son los que se cobran en México y ganar millones con dinero que no es de Z. ¿Le parece normal?

Quienes pidieron prestados 180 millones a Z, los depositan en los bancos X y W (no importa en cuántos bancos). X y W crearán una reserva de 10 por ciento (18 millones) y podrán prestar hasta 162 millones; ahora son X y W los que ganan millones con dinero ajeno. Pero no ha ocurrido sólo eso. A ha puesto en circulación 180 millones, y X y W, 162 millones, es decir, 342 millones; y el proceso sigue porque los prestatarios de X y W depositarán sus préstamos en J y K, que repetirán a su vez los procesos anotados, y así sucesivamente. Si continuamos el proceso en esos términos, al final los bancos habrán puesto en circulación 2 mil millones, habrán creado una reserva de 200 millones y habrán ganado un mundo de dinero. Esa es una forma de creación de dinero que, justamente, se llama dinero bancario.

Siguiendo el ejemplo descrito, es lo que sucede con el curso de un conjunto de depósitos de origen de 200 millones. Lo mismo que inicialmente ocurrió con A, ocurre en todos los bancos, con todos sus clientes, todos los días, de modo que los montos de dinero creados por los bancos son cifras astronómicas sin control posible.

La globalización neoliberal abrió las compuertas a la creación de dinero, como nunca en el pasado, con otra práctica común y cotidiana de los bancos: no requieren los depósitos de nadie, para otorgar créditos a diestra y siniestra, creando así dinero en montos inimaginables a partir de nada, de absolutamente de nada, y con eso ganan cifras indescriptibles. Desde 2008 ese proceso ha sido brutalmente reforzado con las inyecciones billonarias o trillonarias de dinero efectuadas por los bancos centrales, especialmente de EU, UE, y Japón. El capitalismo ha cruzado una línea de no retorno, y vive en el riesgo de ahogarse en un océano insondable de dinero que no podrá absorber de manera alguna. Tiene que ocurrir un cataclismo ciclópeo para salir de esa, y no sabemos que quedará, aunque en el curso del derrumbe pudo haber surgido un alza en el movimiento de masas en el mundo que podría haber creado un buen número de salidas.

Agregue a nuestra descripción simplificada de lo que hoy ocurre en el mundo financiero las trampas, como los esquemas Ponzi, la creación de burbujas con la manipulación del crédito, la venta interbancaria de paquetes de créditos llamados tóxicos (incobrables): así tenemos una pálida aproximación al caos financiero internacional del presente.

Islandia ha tomado en serio la realidad espeluznante de esta rapiña y está en proceso de quitar a los bancos el poder de crear dinero a partir de nada. La función de crear el dinero necesario para la intermediación comercial y la inversión necesaria, la cumplirá la banca central pública. Haciendo a un lado todas las chapuzas que cotidianamente cometen los banqueros, y quedándonos exclusivamente con las funciones de intermediación que requieren los mercados, debe ser creado un servicio público que cubra esa necesidad en todo el mundo.

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