Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger5161125
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¿Qué es hoy una potencia nacional? El caso del poder económico de los EEUU

Dom, 17/08/2014 - 15:25
Sean Starrs, Sin Permiso

No se ha debatido sobre los datos sobre los que habría que debatir. El modo tradicional de conceptualizar el poder nacional ha sido atender a la llamada contabilidad nacional (sobre todo, al PIB, pero también a la balanza comercial, a la deuda nacional, a la participación nacional en la producción industrial mundial, etc.) y compararla con la de otras naciones. Pero en la era de la globalización, y en la medida en que las mayores empresas transnacionales del mundo realizan ahora vastas operaciones por todo el globo, esa ecuación entre contabilidad nacional y poder nacional comienza a resquebrajarse.

Anduvimos obsesionados con el declive o la persistencia del poder norteamericano en las últimas tres décadas: el ejemplo más reciente es una encuesta de Gallup que revela una creciente insatisfacción con el papel desempeñado por los EEUU en el mundo. Pero todo empezó en los 80, con una ola de declivismo desencadenada por el auge del Japón. Las ideas agoreras desaparecieron súbitamente en medio del triunfalismo de los 90, cuando los EEUU se convirtieron en la única superpotencia mundial. Tras los ataques del 11 de septiembre de 2001 y la invasión de Irak, muchos pensaron “imperio” era mejor apodo, con unos EEUU aparentemente capaces de reconfigurar el mundo prácticamente a su buen placer. Y luego, tan sólo unos pocos años después –¡ahí va!— el declivismo regresó recrecido, con un poder norteamericano supuestamente desplomándose como si de la última reina de Hollywood se tratara. China vino a reemplazar a Japón como potencia hegemónica ascendente, y la mayor crisis financiera mundial desde 1929 –originada en los propios EEUU— venía supuestamente a ser el último clavo en el ataúd del Siglo Norteamericano.

¿De verdad? ¿Cómo pudieron bascular tan drásticamente las opiniones sobre el poder norteamericano en el curso de estas décadas? Desde luego, las bases económicas del poder nacional son más profundas que todo eso. Y frente a esos sucesivos bandazos experimentados por el sentido común dominante en estas décadas, siempre ha habido opositores, también ahora. Pero ¿cómo es posible que los comentaristas atiendan a los mismos datos y, sin embargo, saquen conclusiones tan dispares?

Respuesta: no se ha debatido sobre los datos sobre los que habría que debatir, sobre todo ahora. El modo tradicional de conceptualizar el poder nacional ha sido atender a la llamada contabilidad nacional (sobre todo, al PIB, pero también a la balanza comercial, a la deuda nacional, a la participación nacional en la producción industrial mundial, etc.) y compararla con la de otras naciones. Así, cuando el PIB japonés crecía rápidamente entre los 60 y los 80, se equiparó eso con el auge del poder económico japonés. Lo que tenía pleno sentido en la era anterior a la globalización, cuando la producción estaba severamente contenida dentro de las fronteras nacionales y las empresas exportaban sus bienes y servicios para competir a escala planetaria. De modo que cuando los transistores “made-in-Japan” comenzaron a inundar el mercado norteamericano en los 60, eso no sólo reflejaba un incremento del PIB y de las exportaciones japoneses, sino también un incremento de la capacidad de las empresas japonesas, como Sony, para batir competitivamente a empresas norteamericanas como RCA.

Pero en la era de la globalización, y en la medida en que las mayores empresas transnacionales del mundo realizan ahora vastas operaciones por todo el globo, esa ecuación entre contabilidad nacional y poder nacional comienza a resquebrajarse. China, por ejemplo, ha venido siendo el mayor exportador mundial de productos electrónicos desde 2004, y sin embargo, eso no significa que las empresas chinas sean líderes mundiales en la electrónica. Aun cuando China dispone virtualmente del monopolio mundial en la exportación del iPhone, por ejemplo, es Apple la que recoge el grueso de los beneficios de las ventas del iPhone. Más en general, más de tres cuartos de las 200 mayores empresas que exportan desde China son extranjeras, no chinas. Lo que es de todo punto distinto a lo que ocurrió con el auge del Japón, impulsado por empresas japonesas que producían en Japón y exportaban al mundo.

A esa conclusión llegué en mi investigación recientemente publicada en International Studies Quarterly. Allí analizo las 200 mayores empresas transnacionales listadas por Forbes Global 2000, las distribuyo en 25 sectores y luego calculo la participación combinada en los beneficios de cada una de las nacionalidades representadas. El alcance de la dominación norteamericana es estupefaciente. De los 25 sectores, las empresas norteamericanas tienen la mayor participación en beneficios en 18, y dominan absolutamente (con una participación en beneficios del 38% o más) en 13 (más de la mitad). Ningún otro país llega siquiera a aproximarse a ese dominio norteamericano a todo lo largo y ancho de este vasto capitalismo global. Solo otro país, Japón, domina un sector (el de empresas comercializadoras y operadores de mercado), que es, por cierto, uno de los más pequeños entre los 25. En cambio, las empresas norteamericanas dominan particularmente en la frontera tecnológica, con cifras de superioridad asombrosos: un 84% de la participación en beneficios en hardware y software para computadoras (a pesar de que China se haya convertido desde 2011 en el mayor mercado mundial de PCs), un 89% de participación en beneficios del sector de salud y equipos y servicios sanitarios, así como un 53% en los beneficios de farmacéuticas y empresas de biotecnología. Acaso más sorprendente, la dominación norteamericana de los servicios financieros se ha incrementado desde el desplome de Wall Street en 2008, pasando de una participación en beneficios de un 47% en 2007 al increíble 66% registrado en 2013. En una palabra: a despecho de casi siete décadas de incremento de la competencia global y del auge de vastas regiones del mundo (sobre todo , el Este asiático), las empresas transnacionales norteamericanas siguen dominando la cúspide del capitalismo global, un fenómeno por el que pasa por alto la contabilidad nacional.

Eso no significa negar que el auge de China ha sido extraordinario, sino que tenemos que ir más allá de la contabilidad nacional si queremos entender qué está pasando. Básicamente, la economía china está estructurada a dos niveles: un nivel está dominado por el Estado y está cerrado al exterior, mientras que el otro está más o menos abierto. En muchos de estos últimos sectores, la empresas norteamericanas son ya dominantes, de modo que, en este sentido, el auge de China lo que hace realmente es incrementar el poder y la influencia de los EEUU, en la medida en que esas empresas se incrustan crecientemente en la sociedad china. En lo atinente a los sectores nacionalmente protegidos, China ha crecido rápidamente sobre todo en sectores dominados por el Estado (banca, construcción, forestal, metalurgia y minería, gas y petróleo, telecomunicaciones), pero esos sectores están bien contenidos dentro de las fronteras chinas, y sus empresas estatales chinas no compiten en el mundo exterior con las empresas transnacionales norteamericanas (aunque gas y petróleo constituyen una excepción destacable).

Pero si ahora vivimos en la era de la globalización y esas empresas operan por doquiera, ¿podemos realmente considerarlas parte del poder norteamericano? Sí, porque todavía son en última instancia propiedad de ciudadanos norteamericanos: de las 100 mayores empresas transnacionales, en promedio, más del 85% de sus acciones y participaciones tienen titularidad norteamericana. Así, un increíble 42 por ciento de los millonarios del mundo son norteamericanos (en contraste con un 4% de chinos). Que la participación del PIB de los EEUU en el producto mundial haya declinado, hasta ser menos de un 25% luego del deslome de 2008 sólo revela hasta qué punto se ha globalizado el poder granempresarial norteamericano.

Pero eso impulsa el crecimiento de la desigualdad en los EEUU, uno de los asuntos definitorios de nuestra época, desde el movimiento “Ocupa Wall Street” hasta los “Juegos del hambre”, pasando por el discurso sobre el estado de la nación del presidente Obama este año. Y eso es así, porque el 1% en la cúspide posee el 42 por ciento de las grandes empresas,y en la medida en que éstas incrementan su poder global, también se incrementa la riqueza de los propietarios norteamericanos de activos (y por lo mismo, la desigualdad). Pero no puede entenderse este hecho sin repensar el poder nacional en la era de la globalización y comprender que el poder de los EEUU no ha declinado, sino que se ha globalizado.

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Contracción de Alemania acelera el retorno de Europa a nueva recesión

Sáb, 16/08/2014 - 17:56

Las últimas cifras publicadas por la agencia de estadísticas Eurostat confirman que Europa se encamina a una nueva recesión o a un estancamiento prolongado. Los malos datos de Francia y Alemania publicados esta semana por Eurostat, indican que la producción industrial entre abril y junio de este año se redujo en un -0,3 por ciento en la zona euro y en -0,1 por ciento en la Unión Europea de 28 países.

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Nueva invasión a Irak: Que nadie hable del petróleo

Xov, 14/08/2014 - 09:00

Robert Fisk, La Jornada

En Medio Oriente, las primeras imágenes de cada guerra definen la narrativa que deberemos seguir obedientemente. Así que ésta es la mayor crisis desde la última gran crisis con Irak. ¿Los cristianos huyen por sus vidas? Hay que salvarlos. ¿Los yazidíes se mueren de hambre en las montañas? Arrójenles víveres. ¿Los islamitas avanzan hacia Erbil? Bombardéenlos. Destruyan sus convoys, su artillería y a sus combatientes, y bombardéenlos una y otra vez hasta que...

Bueno, el primer indicio del itinerario a seguir en nuestra más reciente aventura en Medio Oriente se nos mostró el fin de semana, cuando Barack Obama le dijo al mundo: "no creo que podamos resolver este problema en semanas; llevará tiempo". Se notó ese deliberado esfuerzo para que la palabra misión no se colara en su enunciado. Fue el vocablo mejor disfrazado de tiempos recientes.

Entonces ¿cuánto tiempo? Al menos un mes, obviamente. Quizá seis meses... ¿Un año? ¿Otro más?

Después de la guerra del Golfo de 1991, de hecho ha habido tres conflictos similares en las últimas dos décadas y media, con otro que está por estallar. Los estadounidenses y británicos impusieron zonas de exclusión aérea sobre el sur de Irak y el Kurdistán (norte) y bombardearon todas las amenazas militares que encontraron en el Irak de Saddam Hussein durante los siguientes 13 años.

¿Está Obama preparando el terreno –la amenaza de genocidio y el mandato del impotente gobierno de Bagdad de arrasar con los enemigos de Irak– para comenzar otra guerra aérea en la nación? Y de ser así, qué lo hace pensar, o a nosotros, que los islamitas, quienes están muy ocupados creando su califato en Irak y en Siria, nos seguirán la corriente en este alegre escenario.

¿Acaso el presidente de Estados Unidos, el Pentágono, el Centcom (Mando Central de Estados Unidos) y, supongo, el puerilmente llamado Comité Cobra británico en verdad creen que el Isil, con todo y su ideología medieval, se sentará en las planicies de Nínive y esperará a ser destruido por nuestras municiones?

No, los muchachos del Isil, o Estado Islámico, o el califato, o como sea que quieran llamarse en el momento, simplemente van a dirigir sus ataques a otros puntos. Si el camino a Erbil está cerrado, tomarán el camino a Alepo o el de Damasco, mismos que estadounidenses y británicos estarán menos dispuestos a bombardear o defender porque eso significaría ayudar al gobierno de Bashar al Assad en Siria, a quien odiamos tanto como odiamos al Estado Islámico.

Sin embargo, si los yihadistas tratan de capturar Alepo o sitiar Damasco y cruzar a la fuerza la frontera con Líbano, la mayoritariamente sunita ciudad mediterránea de Trípoli sería el objetivo más deseado. Entonces tendríamos que expandir nuestro precioso mandato para que incluyera a otros dos países, sobre todo porque empezaría a estar amenazada la frontera de una nación que es aún más merecedora de nuestro amor y protección que Kurdistán: Israel. ¿Alguien ha pensado en eso?

Y claro, existe lo inmencionable. Cuando liberamos Kuwait en 1991, tuvimos que recitar una y otra vez que esta guerra no era por el petróleo. Cuando invadimos Irak en 2003, tuvimos que repetir ad nauseam que este acto de agresión no era por el petróleo, como si la misión de los marines estadounidenses que fueron enviados a Mesopotamia hubiera sido proteger la exportación de espárragos.

Ahora que protegemos a nuestros amados occidentales en Erbil, damos apoyo y asistencia a los yazidíes en las montañas del Kurdistán y lamentamos la injusticia que sufren decenas de miles de cristianos que huyen de las amenazas del Isil.

No debemos ni podemos mencionar el petróleo, ni lo haremos, bajo ninguna circunstancia. Me pregunto por qué no; no es que sea significativo ni relevante... en lo más mínimo.

El Kurdistán produce 43 mil 700 millones de barriles de los 143 mil millones de barriles que conforman las reservas iraquíes, además de 25 mil 500 millones de barriles de reservas no comprobadas y tres de los seis millones de metros cúbicos de gas que produce el país.

Conglomerados de combustible y gas han emigrado masivamente al Kurdistán; de ahí que hubiera miles de occidentales viviendo en Erbil, si bien su presencia no ha sido explicada por los medios. El hecho es que Mobil, Chevron y Total, entre otras, han hecho inversiones múltiples de más de 10 mil millones de dólares, y no se permitirá al Isil meterse con compañías así en un lugar donde los operadores petroleros obtienen 20 por ciento de las ganancias de producción y exploración.

En efecto, reportes recientes sugieren que la actual producción de petróleo kurdo es de 200 mil barriles al día y llegará a 250 mil barriles diarios el próximo año, suponiendo, claro está, que mantengamos lejos de la zona a los muchachos del califato, lo que significa, según la agencia Reuters, que si el Kurdistán iraquí fuese un país verdadero y no sólo un trozo de Irak, estaría entre los diez países más ricos en petróleo del mundo, lo cual, obviamente, es algo que vale la pena defender. ¿Alguien lo ha mencionado siquiera? ¿Al menos un reportero de la Casa Blanca ha incomodado a Obama con una sola pregunta acerca de este hecho notable?

Claro, nos solidarizamos con los cristianos iraquíes, aunque muy poco nos importaban cuando se les empezó a perseguir después de nuestra invasión de 2003. Y sí, prometimos proteger a los yazidíes de la misma forma en que prometimos –y fracasamos– proteger a millón y medio de armenios cristianos víctimas del genocidio perpetrado por los musulmanes en esta misma región, hace 99 años.

No olvidemos que los amos del nuevo califato de Medio Oriente no son idiotas. Las fronteras de su guerra se extienden mucho más allá de nuestros mandatos militares. Saben que, incluso si no lo admitimos, nuestro mandato incluye al inmencionable petróleo.

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Fractura hidráulica: ¿espejismo o burbuja financiera?

Mér, 13/08/2014 - 16:37

Alejandro Nadal, La Jornada

La extracción de gas y petróleo de esquistos ha sido presentada desde hace años como una historia de éxito para el sector energético de Estados Unidos. Las compañías de petróleo y gas, así como el Departamento de Energía, han divulgado estimaciones sobre las reservas existentes que llevarían a pensar en la independencia energética de Estados Unidos para las próximas décadas. Muchos de estos datos están basados en conjeturas más que en datos duros.

El ruido se extiende a México: con la mal llamada reforma energética se abre la puerta a este tipo de explotación y su cauda de implicaciones negativas. Desde ahora se puede anunciar que la traición en el sector energético, la introducción de la explotación por fractura hidráulica se acompañará de graves daños ambientales y económicos. Lo cierto es que el futuro de los hidrocarburos de esquistos en Estados Unidos y de su nociva tecnología de extracción será determinante para ese tipo de explotación en México.

La retórica sobre una supuesta independencia energética en Estados Unidos se acompaña de una publicidad sobre sus efectos positivos en el desarrollo económico. Pero la extracción por fractura hidráulica de petróleo y gas no tiene nada que ver con el desarrollo a largo plazo de la economía regional o local, ni con la creación de empleos duraderos. Ahora parece que ni siquiera puede asegurar su viabilidad financiera en el corto y mediano plazo.

La razón es que el tiempo de maduración típico de un pozo es muy corto: entre el arranque de actividades y el pico del nivel de extracción pasan unos cuantos años y la declinación comienza muy rápidamente. Dada la corta vida de cada pozo los beneficios son de corta duración. Para mantener niveles de producción estable, se necesita multiplicar el número de pozos, lo que conduce a un círculo vicioso.

Todo esto ha dado pie a un nuevo modelo de negocios en Estados Unidos. El lobby de compañías petroleras y gaseras lanzó desde hace ocho años una descomunal campaña de relaciones públicas para promover el fracking como una excelente aventura de negocios. El objetivo central era consolidar el apoyo de las calificadoras y los bancos de inversión en Wall Street. La exuberancia provocada en los mercados financieros por las perspectivas que anunciaba la explotación de estos hidrocarburos no convencionales no es muy diferente de la que condujo a la crisis financiera global en 2008.

Muchas de las prácticas financieras que condujeron a la crisis de 2008 se han estado utilizando en el desarrollo del mercado de explotación de fractura hidráulica. En algunos casos las inversiones están rodeadas de operaciones que no se ven reflejadas en los estados contables de las empresas. Algunos instrumentos estructurados y esquemas para atraer un número mayor de inversionistas (por ejemplo, a través de esquemas volumétricos de pagos) hacen recordar los ‘ingeniosos’ vehículos de inversión estructurada con los que los bancos de inversión y sus operadores en mercados secundarios impulsaron la concesión y ventas de hipotecas chatarra antes de la crisis. Sobra decir que la opacidad de estas operaciones es terreno fértil para animar el frenesí de los inversionistas incautos y conduce necesariamente a la sobre-inversión.

La industria ya tuvo un primer llamado de atención. El exceso de capacidad instalada provocó un desplome de precios de gas en 2012. Para muchas de las empresas productoras los precios se situaron por debajo de los costos de operación. Algunas diversificaron su producción hacia yacimientos ricos en los llamados líquidos de gas natural, pero esta medida sólo indujo el desplome en los precios de estos productos. Otras empresas buscaron desesperadamente amortiguar los impactos de la caída en precios a través de consolidaciones, fusiones y nuevas adquisiciones. Los bancos e intermediarios en Wall Street obtuvieron pingües ganancias al cobrar comisiones sobre estas transacciones.

La caída en los precios de gas natural y de sus asociados para la industria petroquímica condujo necesariamente a la depreciación de activos de muchas de las grandes operadoras, entre ellas Chesapeake Energy. Este proceso se había iniciado en 2011 al publicar el USGS sus estimaciones a la baja sobre las reservas en los campos de esquistos, incluyendo los más importantes (Marcellus e Eagle Ford). Pero lo fundamental es que los agentes financieros promovieron el crecimiento desmedido de la perforación y se han beneficiado con esta revolución energética que se parece más a una nueva pirámide Ponzi.

El resultado de todo esto no será la independencia energética de Estados Unidos. Además de retrasar la transición a un perfil energético de menor intensidad en combustibles fósiles, la explotación de hidrocarburos de esquistos conducirá a una reedición de la crisis de las empresas de alta tecnología de los años noventa, sólo que con mayores repercusiones ambientales y económicas.

La burbuja fracturada llegará a México con la entrega perversa de los recursos naturales a las empresas transnacionales.
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Ver también: Ángela Merkel negoció en secreto el fracking para Europa

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Argentina en el imperio de los buitres

Lun, 11/08/2014 - 22:39
Juan Torres López, Alainet

Lo que está oyendo y leyendo la mayoría de la gente en los medios de comunicación en los últimos días es que Argentina ha dejado de pagar a sus acreedores y que eso es consecuencia de la mala gestión de un gobierno que se ha apartado de lo que debe hacerse para gestionar bien los asuntos económicos. Una versión que, como suele ocurrir, se aparta bastante de la realidad.

Un poco de historia Argentina es un país que ha sido saqueado varias veces en los últimos decenios. Primero, por sus propia oligarquía, bien directamente o a través de gobiernos de militares fascistas o de civiles que no solo expoliaron a su pueblo en beneficio de muy pocas personas y empresas, sino que mataron o encarcelaron a miles de personas para conseguirlo. También, por grandes empresas y bancos internacionales (entre las que los españoles ocupan un lugar de honor) que se apropiaron a precio de saldo de los principales activos de la economía argentina. Y, últimamente, por los grandes fondos financieros y de inversión internacionales.

Los dos principales medios que se han utilizado para ese saqueo (además, como he dicho, de la represión política y del asesinato) han sido las privatizaciones y la deuda. Mediante las primeras, los gobiernos corruptos neoliberales vendieron empresas y propiedades argentinas a grupos económicos extranjeros que se hicieron a precio de saldo con la mejor parte de la economía de aquel país (ver como un simple ejemplo: Cómo España vació Aerolíneas Argentinas). La estrategia de la deuda fue puesta en marcha por la dictadura militar al servicio de los grandes bancos internacionales y más adelante se ha ido retroalimentando a base de intereses leoninos y de la gestión ruinosa de los gobiernos neoliberales.

Para complacer a la banca internacional, la dictadura militar argentina endeudó al país en unos 45.000 millones de dólares, y a pesar de que se lleva treinta años pagando principal y deuda y de que ha habido varias quitas y reestructuraciones, ahora la deuda es seis veces mayor que cuando empezó la espiral. Algo lógico porque el interés compuesto que se aplica a los préstamos está concebido justamente para eso: para que la deuda no solo no desaparezca, sino para que crezca indefinidamente, sobre todo, si al mismo tiempo se deja a los deudores sin fuentes propias de ingresos para hacer frente con normalidad a los pagos.

El origen del problema actual En 2001 se produjo la última gran caída de la economía argentina que llevó a la pobreza al casi el 40% de la población. En esa situación un gobierno interino declaró la suspensión de pagos, lo que permitió que entre 2002 y 2004 la economía se recuperase, creciendo un 9% anual. Cuando la situación quedó algo más estabilizada, en 2005, el nuevo presidente Kirchner propuso una reestructuración de esa deuda dejada de pagar (lo que significaba seguir pagándola, aunque en condiciones diferentes) que fue aceptada por el 76% de los acreedores. Y más adelante, en 2010, la nueva presidenta Cristina Kirchner volvió a proponer otra reestructuración que ya alcanzó al 91%. Eso significaba que solo quedaban por reestructurar unos 3.600 millones de dólares. Se puede afirmar que esas operaciones de 2005 y 2010 fueron exitosas, aunque no exentas de críticas al aceptar que una deuda inicialmente ilegítima siguiera siendo asumida por el pueblo argentino. Al menos, permitieron que la economía se recuperase y que los acreedores siguiesen cobrando. Los fondos buitre El 9% restante de la deuda es la que habían adquirido los llamamos “fondos buitre”, es decir, inversores que expresamente compran deuda en riesgo de suspensión de pagos (con tipos de interés muy altos pero con gran posibilidad de impago) para hacer negocio logrando por vía judicial que se pague al 100%. Para lograrlo, los buitres no aceptan nunca ningún tipo de reestructuración y pleitean en países favorables —normalmente Estados Unidos o Inglaterra— para reclamar cantidades multimillonarias por los títulos que poseen. Para ganar solo necesitan que el país se vea forzado a la reestructuración (y para ello hacen todo lo posible para que la economía en donde han comprado títulos se hunda) y que un juez les dé la razón, como últimamente ocurrió en Estados Unidos con la deuda propiedad de Paul Singer, el propietario de un fondo buitre de menos de 300 empleados que ahora pone en jaque a un país con más de 40 millones de habitantes.

La connivencia de los estados y las instituciones internacionales La influencia de estos fondos buitre sobre la deuda de los estados, y por tanto sobre la estabilidad de sus economías, fue deliberada y precisamente con el fin de debilitar a los gobiernos ante los poderes financieros privados. Comenzó cuando en los planes de los años 80 del siglo pasado dirigidos a “salvar” a las economías periféricas previamente endeudadas, se permitió que lo que hasta entonces hacía ese tipo de fondos de inversión con la deuda privada se hiciera también con la deuda soberana. Y, sobre todo, cuando el llamado Plan Brady permitió que los títulos públicos pudieran ser canjeados en mercados bursátiles, lo que multiplicó el número de prestamistas y dificultaba enormemente la negociación de los gobiernos con sus acreedores, pues muchos de ellos se ocultaban en el anonimato, justamente, para poder actuar más tarde como auténticos buitres.

Paralelamente, los organismos internacionales que patrocinaban y diseñaban todos estos planes obligaban a que los estados incorporasen cláusulas de renuncia a su propia jurisdicción y aceptaran la de tribunales extranjeros.

Lo que ha ocurrido ahora El problema al que actualmente se enfrenta Argentina es que se ha hecho firme una sentencia de un juez de Nueva York que en febrero de 2012 dio la razón, como siempre pasa en algún lugar u otro, al fondo buitre de Paul Singer y que obliga a pagarle en su totalidad los títulos que se dejaron de abonar en 2001.

Como en ocasiones anteriores, Argentina había hecho frente al pago correspondiente a las condiciones establecidas en la reestructuración mencionada depositando para ello 539 millones de dólares en un banco estadounidense. Pero con esta sentencia, el citado juez bloqueó el pago al establecer que también debe pagarle el 100% y con anterioridad a quienes, como acabo de decir, no aceptaron la medida, a los fondos buitre. Es decir, para satisfacer a algo menos del 1% el juez impide que se siga pagando al 99% restante de los acreedores.

Al bloquear ese pago es cuando se produce la paradoja: hay una suspensión de pagos (como inmediatamente afirma la agencia de calificación Standard & Poor’s para complicar las cosas favoreciendo a los acreedores y disparando las operaciones especulativas) porque los 539 millones de dólares no llegan a los acreedores, pero Argentina sí ha pagado, puesto que ha depositado el dinero con la intención de pagar.

Y lo malo es que el problema creado por esa sentencia no termina aquí: cuando se realizó la reestructuración, los acreedores que la aceptaron lo hicieron a condición de que si algún otro recibía en algún momento condiciones especiales (como ahora ocurre con el fondo buitre) el Estado argentino tendría que resarcirlos. Lo que significa que las indemnizaciones pueden multiplicarse y provocar entonces un problema insoluble para ese país (un llamado “efecto aceleración” de la deuda).

La otra paradoja es que ahora Argentina está de nuevo de rodillas antes los grandes grupos financieros a pesar de que ha cumplido regularmente con sus obligaciones, de que ha manifestado que tiene voluntad de pagar incluso la deuda que aún tiene en suspensión de pagos desde hace años, a pesar de que los acuerdos se consideraron favorables para la inmensa mayoría de los acreedores y a pesar de que ha aceptado todas las resoluciones judiciales. Le ha pasado lo que decía Rose Park que le ocurrió a la comunidad negra de Estados Unidos: “cuanto más obedecimos, peor nos trataron”.

Las conclusiones de esta historia tan rápidamente expuesta son claras: al no haber tribunales internacionales especializados y realmente independientes, los pueblos están al albur de quienes pueden influir en cualquier juez del juzgado más inhóspito. Las operaciones puramente especulativas y los financieros que deberían de ser un crimen económico contra la humanidad gozan de plena libertad mientras que los gobiernos representativos han de actuar con las manos atadas. El negocio de la deuda se nos impone a todos y por encima de cualquier otra lógica social o necesidad humana.

Es el imperio de los buitres sobre el mundo y Argentina volverá a pagarlo si el mundo no reacciona.

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Argentina: Soberanía y deuda externa

Dom, 10/08/2014 - 23:00
Adolfo Pérez Esquivel, Sin Permiso

Desde la época de la dictadura militar y la política económica impuesta por Martínez de Hoz, el país quedó amarrado hasta el día de hoy a los tribunales de EEUU y otros poderes y al modelo de desarrollo consolidado bajo la fuerza extorsiva del endeudamiento.

Ningún gobierno cuestionó la legitimidad o legalidad de la deuda generada durante la dictadura – con excepción del intento frustrado del Presidente Alfonsín y su primer Ministro de Economía – pese a que afecta grave y continuamente al pueblo y a la soberanía nacional.

Todos los gobiernos que precedieron al actual actuaron de la misma forma: ocultaron la verdadera situación del país y asumieron la deuda sin separar lo legítimo de lo ilegítimo. Firmaron tratados de libre comercio y de “protección a las inversiones”, ejecutaron las políticas de ajuste y privatización impuestas, y así llegamos al 2001 con todas sus consecuencias.

Tanto los gobiernos de Néstor como de Cristina Kirchner continuaron con la misma política, negándose a bajar el cuadro de la Deuda de la pared y manteniendo el sometimiento del país a tribunales extranjeros, cediendo la soberanía nacional. En otros términos, consolidaron la transformación del país en una colonia de las grandes potencias y empresas, que imponen las condiciones de financiamiento, inversión y comercio y la jurisdicción de tribunales o foros arbitrales, como Nueva York o el CIADI, que siempre los van a beneficiar.

Muchas organizaciones intentaron acercarse al gobierno para tratar la situación de la deuda externa y proponer alternativas ciertas, como la realización de una auditoria participativa e integral y la nulidad de las renuncias soberanas. Lamentablemente sin resultado, pese al antecedente valioso de Ecuador, ya que hasta ahora tanto el gobierno como el Parlamento, se niegan a investigar para determinar si realmente hay deuda legítima pendiente de pago.

Es preocupante que casi todos – el gobierno más la gran mayoría de la oposición – parecen desconocer el juicio sobre la deuda externa iniciado por el patriota Alejandro Olmos en el año 1982 y concluido en el 2000. El Poder judicial no ha declarado aún las nulidades respectivas ni seguido con ahínco las causas pendientes. El Poder ejecutivo tampoco ha impulsado los juicios y acciones complementarias correspondientes en función de las más de 470 ilicitudes comprobadas por el juez Ballestero en su decisión en la causa Olmos. Y el Parlamento ha omitido actuar sobre la misma para determinar las responsabilidades políticas de una deuda que continúa provocando graves daños al país.

En varias oportunidades fuimos al Congreso, con Alejandro Olmos y otros, tratando de reunirnos y a conversar con diputados y senadores. Pero siempre fue casi imposible. Si lográbamos reunir uno o dos, eran muchos; la indiferencia y falta de conocimiento de la situación y consecuencias de la deuda externa para el país, por parte de los legisladores, era casi total.

Hasta el día de hoy, han pasado otros 14 años y los diputados y senadores no han mostrado todavía la sabiduría y compromiso necesarios para cumplir con uno de sus mandatos constitucionales, indelegables: el de “arreglar” la deuda. Por eso las consecuencias de la misma siguen agravándose, provocando situaciones como la actual con la transferencia permanente de capitales a la especulación y la usura internacional y el juicio en los EEUU con sus fallos tan predecibles a favor de los “fondos buitre” que compran por nada y quieren llevar todo. Las consecuencias para el pueblo son siempre las mismas: mayor empobrecimiento, falta de recursos para el desarrollo del país, la salud, educación y la necesidad siempre pendiente de privilegiar la deuda interna con los derechos del pueblo y de la naturaleza.

Lo ocurrido con el embargo a la Fragata Libertad en Ghana fue grave y afectó la soberanía nacional, como ahora pasa con las amenazas de posibles embargos y bloqueos de fondos del país. El comportamiento de la justicia estadounidense – no sólo el juez Griesa sino además, la Cámara de Apelaciones y la propia Corte Suprema de EE.UU. – muestra con todo su peso que no toda ley es justa, ni tampoco ciego el Poder judicial.

Pero son conclusiones absolutamente previsibles y seguirán corriendo, y mal, a nuestro país, si no se encare a fondo el raíz del problema que no son los buitres precisamente, sino la entrega de nuestra soberanía a toda calaña de buitres que anda volando, tanto por aquí como por allá, y la negativa a asumir la ya comprobada ilicitud e ilegitimidad de la deuda. No sólo es repudiable la deuda hoy en garras de los buitres reconocidos sino toda la deuda pública, acumulada desde tiempos de la dictadura sobre la base de la represión, el fraude y la complicidad, la nacionalización de las deudas de las grandes empresas privadas, la fuga de capitales y otros crímenes más.

El gobierno debiera repensar la política a seguir y no caer en el “masoquismo político”, sabiendo los resultados que le espera, pero insistiendo en la misma receta. Es necesario recuperar la soberanía y fortalecer la capacidad de nuestro pueblo e instituciones para defendernos. Pero en vez de avanzar por ese camino, el gobierno con total impunidad e irresponsabilidad continúa sometiendo al país a tribunales extranjeros y ocultando al pueblo las cláusulas secretas, como en los acuerdos con Chevrón.

Hemos denunciado en reiteradas oportunidades que Chevrón es una empresa que escapó del Ecuador, siendo condenada por la justicia de ese país a pagar 9 mil millones de dólares por los daños ambientales, como a las comunidades indígenas, que rechazó reparar. Chevrón se niega a pagar, y la justicia ecuatoriana logra embargar sus inversiones en Argentina por los daños causados. Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia de la Argentina levanta el embargo a Chevrón, a fin de acordar con el gobierno nacional la explotación con el sistema del fracking en Vaca Muerta, en la provincia del Neuquén.

Una empresa con esos antecedentes actúa con total impunidad; hay que estar atentos a la situación y la explotación de los recursos energéticos, como el petróleo y el gas en la Provincia del Neuquén, en un país que ha renunciado a su soberanía y quedado a la merced de quienes pretenden ser sus acreedores. El otro antecedente preocupante a tener en cuenta es el acuerdo reciente con China, ya que reitera el gobierno la misma política de renunciar a la soberanía nacional, sometiéndose incluso a los tribunales de Gran Bretaña.

¿Pueden explicar por qué el gobierno se niega a actuar sobre las investigaciones y decisiones de la justicia argentina, o de realizar una Auditoria para separar la deuda legítima de la ilegítima e investigar los daños causados por la deuda externa e ilegítima al país? ¿Cuáles son los motivos para que el Parlamento y el Poder Judicial omiten impulsar las acciones que les competen al respecto?

Hoy el país sufre las consecuencias de la incapacidad y falta de voluntad política de parte de sus diversas autoridades, situación que genera mayor empobrecimiento, marginalidad y pérdida de los bienes comunes, que son patrimonio del pueblo y de la naturaleza y no del gobierno de turno.

Organizaciones sociales, de derechos humanos, sindicatos, movimientos populares y religiosos están movilizados reclamando a los tres poderes estatales argentinos –el Poder Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial-, que asumen sus responsabilidades de acuerdo a la Constitución Nacional y los derechos humanos.

Y que abran instancias de dialogo con todos los sectores sociales, sindicales y políticos, que deben ser escuchados en el ejercicio democrático para buscar salidas superadoras de los errores cometidos.
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Adolfo Pérez Esquivel es Premio Nobel de la Paz

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El gas de Gaza o por qué Israel quiere el exterminio Palestino

Dom, 10/08/2014 - 19:31

Manlio Dinucci, Red Voltaire

Y sigue la guerra por el gas. Después de haber atacado Siria y haberse repartido el gas de ese país antes de lograr conquistarlo, los occidentales atacaron Irak –utilizando para ello el Emirato Islámico– para cerrar el camino al gasoducto entre Irán y Siria. Y ahora están tratando de acabar con Hamas que es, como las demás ramas de la Hermandad Musulmana, un aliado de Washington, pero se opone al saqueo del gas palestino.

Para encontrar una de las causas del ataque israelí contra Gaza hay que profundizar porque esa causa se halla exactamente a 600 metros por debajo del nivel del mar y a 30 kilómetros de la costa de la franja de Gaza. Allí, en las aguas territoriales palestinas, se encuentra un importante yacimiento de gas natural, el llamado Gaza Marine, estimado en 30.000 millones de metros cúbicos y de un valor de varios miles de millones de dólares. Según un mapa elaborado por la agencia gubernamental estadounidense U.S. Geological Survey también existen otros yacimientos de gas y de petróleo en tierra firme, en Gaza y en Cisjordania.

En 1999, mediante un acuerdo firmado por Yaser Arafat, la Autoridad Palestina confía la explotación de Gaza Marine a un consorcio conformado por British Group y la compañía privada palestina Consolidated Contractors, que disponen respectivamente del 60 y el 30% de las acciones. El 10% restante correspondería al Fondo de Inversiones de la Autoridad Palestina. Se perforan 2 pozos, Gaza Marine 1 y Gaza Marine 2. Pero nunca llegan a iniciar la producción porque Israel, que quiere todo el gas a precios ínfimos, los bloquea.

A través del ex primer ministro británico Tony Blair, enviado del «Cuarteto para el Medio Oriente», se prepara un acuerdo con Israel, que priva a los palestinos de las tres cuartas partes de los futuros ingresos del gas y pone la parte que les toca en una cuenta internacional bajo control de Washington y Londres.

Pero, inmediatamente después de ganar las elecciones de 2006, el Hamas rechaza ese acuerdo, calificándolo de robo, y exige su renegociación. En 2007, el actual ministro israelí de Defensa Moshe Ya’alon declara que «el gas no podrá extraerse sin una operación militar que ponga fin al control del Hamas en Gaza».

En 2008, Israel desata contra Gaza la operación «Plomo Fundido». En septiembre de 2012, la Autoridad Palestina anuncia que, a pesar de la oposición del Hamas, ha reanudado las negociaciones con Israel sobre la cuestión del gas. Dos meses después, la admisión de Palestina en la ONU como «Estado observador no miembro» fortalece la posición de la Autoridad Palestina en las negociaciones. Pero Gaza Marine sigue bloqueado, lo cual impide que los palestinos puedan explotar la riqueza natural existente en su territorio.

La Autoridad Palestina se lanzó entonces por otro camino. El 23 de enero de 2014, durante el encuentro del presidente palestino Abbas con el presidente ruso Putin, se discutió la posibilidad de confiar a la compañía rusa Gazprom la explotación del yacimiento de gas de las aguas de Gaza. Así lo anuncia la agencia Itar-Tass, subrayando que Rusia y Palestina tienen intenciones de fortalecer la cooperación bilateral en el sector energético. En ese marco, además de la explotación del yacimiento marítimo de gas, se prevé también la de un yacimiento de petróleo en los alrededores de la ciudad palestina de Ramallah, en Cisjordania. Y la compañía rusa Technopromexport está dispuesta a participar en la construcción de una termoeléctrica de una potencia de 200 MW en la misma zona.

La formación de un nuevo gobierno palestino de unidad nacional, el 2 de junio de 2014, acrecienta las posibilidades de concretar el acuerdo entre Palestina y Rusia.

Diez días después, el 12 de junio, se anuncia el secuestro de los 3 jóvenes israelíes, encontrados muertos el 30 de junio, proporcionando así el casus belli que da inicio a la operación «Margen protector» contra la franja de Gaza. Operación que forma parte de la estrategia de Tel Aviv, que busca apropiarse de las reservas energéticas de toda la cuenca del Levante, incluyendo las de Palestina, las del Líbano y las de Siria.

Y también encaja en la estrategia de Washington que, con su apoyo a Israel, trata de garantizarse el control de todo el Medio Oriente impidiendo que Rusia vuelva a ganar influencia en la región.

Estamos ante una mezcla explosiva, cuyas víctimas son –otra vez– los palestinos.
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Ver también Ángela Merkel negoció en secreto el fracking para Europa
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Ángela Merkel negoció en secreto el fracking para Europa

Sáb, 09/08/2014 - 08:30

En el mes de junio, y mientras toda Europa disfrutaba del mundial de fútbol, Ángela Merkel dio pasos agigantados para introducir el fracking en Europa. Cada avance de la selección alemana en la ronda deportiva, tenía su contraparte en el desarrollo del gas de esquisto elaborado por Merkel. Y el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos permitirá establecer el marco jurídico que pavimentará el camino de las empresas de fracking (todas de EE.UU.) en el corazón de Europa.
Las negociaciones entre Angela Merkel y la administración de Barack Obama, mientras los goles de Müller y Goëtze inflaban las redes en Brasil, fueron completamente ignoradas por la prensa, y ni siquiera las filtraciones de algunos medios lograron llamar la atención. Esto da cuenta de la enajenación total que vive el mundo actual. El documento secreto lo dio a conocer Washington Post y NeoPresse, en pleno fulgor del mundial de fútbol. La verdad es que cuando publicamos Estados Unidos aprovecha derribo del MH17 para arrebatar a Rusia el mercado energético de Europa, este tema estaba bastante avanzado, como muestra este artículo de EU Observer: La UE quiere acceso garantizado al gas y petróleo de Estados Unidos, como parte de la revolución del esquisto que comienza a vivir Europa.

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