Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger4304125
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Notas para otro sistema económico y social

Xov, 07/02/2013 - 02:01

Umberto Mazzei, ArgenPress

El mundo atraviesa un momento de grandes cambios. Los vencedores de la Segunda Guerra Mundial polarizaron el mundo entre la receta marxista-leninista y la receta liberal ricardiana. Ese dualismo se presentó como si no hubiese otras opciones, una especie de bipartidismo global. Ambos sistemas fracasaron. Es hora de estudiar otras escuelas del pensamiento económico y político, para dar un nuevo rumbo.

La versión socialista de la Unión Soviética comenzó a ir mal cuando el gobierno de Leonid Brezhnev (1968-1982) aumentó el presupuesto de las industrias militares a expensas del resto de la economía y del bienestar social. Luego asumió una guerra de Afganistán que no podía ganar. El adversario estaba equipado, entrenado y financiado por Estados Unidos, que estaba fuera de alcance, a menos de incurrir en una guerra atómica. Muerto Brezhev, vino Mihail Gorvachev, un iluso, sino otra cosa, que entregó a sus aliados sin garantías, se abrió al neo-liberalismo y Rusia vendió a precio vil las empresas del Estado a testaferros de Wall Street.

En Inglaterra y Estados Unidos, la política la dirigen los intereses financieros desde fines del siglo XVIII y la función de Banco Central las ejercen bancos privados. En Gran Bretaña el Bank of England la ejerce desde 1844 (Bank Charter Act). En Washington un grupo de grandes bancos privados, llamado Reserva Federal, usurpó esa función a la Secretaría del Tesoro, en 1913. En ambos la política económica la dictan los llamados “Lobbies” y descuella la industria de armamento, que la orienta hacía el aumento incesante del gasto militar. Ambos sectores quitan recursos al resto de la economía real para mantener dos mundos fantásticos: el de fabulosas fortunas virtuales y el de amenazas imaginarias.

En la post-guerra, la presencia del marxismo-leninismo como ideología en el poder hizo elevar los salarios e institucionalizar la protección social de los trabajadores, principalmente en Europa, donde la Unión Soviética estaba cerca y había poderosos partidos comunistas. Esa amenaza potencial orientó la política del Estado hacia la conciliación de intereses laborales y empresariales. La desaparición del bloque soviético desencadeno la codicia. En Gran Bretaña y Estados Unidos eso produjo alucinaciones que llevaron al despeñadero socio económico. El cuento de que la libertad total a la codicia personal lleva a la prosperidad colectiva, es falso.

La economía real se erosionó y está en vida artificial desde 2008. Es un caso de esquizofrenia: la gente de bienes y servicios reales (99%) vive una recesión, pero los dueños (1%) de las empresas en finanzas y defensa reciben jugosos bonos y dividendos. Sucede que con deuda pública se dio dinero a los bancos (“quantitative easing”) para re-inflar las bolsas de valores y el pago se cargó a los contribuyentes. Eso pudo haber sido un nuevo comienzo si las prácticas y políticas hubiesen cambiado, pero siguen igual y conducen inexorables a la crisis terminal.

Aún no hay conciencia pública de que vivimos un fallo masivo del sistema económico y político impuesto por Wall Street y la City de Londres, con su victoria de 1945. Los síntomas del colapso sin embargo son claros y el más grave es el laboral, porque los salarios mantienen el consumo. En Estados Unidos el desempleo oficial es un 8%, pero sus estadísticas esconden muchos datos (1) y el desempleo real anda en 18%, y creciendo. En Gran Bretaña la cifra oficial es 8,4%, pero excluye a 3 millones sub-empleados, con pocas horas semanales y a 4 millones del llamado “precariat”: gente en auto empleo casual, que pudiera definirse auto-desempleada. (2)

Desde 2008, el rescate de los bancos costó a Estados Unidos más de 19 billones (3) - cifra superior en un tercio de su PIB - que se usaron en nuevas apuestas del sector financiero y no para movilizar la economía. Los hogares perdieron $1,1 billón de su valor, más otros billones perdidos en inversiones y fondos de pensión. Ahora, familias que fueron de la clase media toman sopas en las cocinas de caridad. Estos inocentes pagan los riesgos absurdos en que incurrió la codicia de los banqueros y del complejo militar-industrial.

La ética socio-económica
La responsabilidad social de la economía es un asunto ético que ya separaba a Adam Smith de David Ricardo. Smith habla de un “lucro excesivo”, contrario al interés social y parasitario; Ricardo lo ve como meta económica y es el enfoque del neo-liberalismo de Milton Friedman; es lo que enseñan en los Business Schools como Economía. Es un asunto ético. Gregory Bateson ( Mind and Nature) ya dijo que “ La ética de lo optimo y la ética de lo máximo son dos éticas totalmente distintas”. La ética de lo óptimo enfatiza la calidad y se expresa con la satisfacción. La ética de lo máximo es adictiva y tiene una sola regla: más es mejor.

Los excesos son siempre tóxicos y es lo que mata la economía norteamericana y el sistema económico vigente. “La maximización de una sola variable -nos dice Bateson- típicamente termina en patología”. Una economía sana mantiene equilibrio en la prosperidad de los distintos sectores; cuando se favorece el crecimiento sólo de un par de ellos, hay una situación parasitaria. Es el caso del sector financiero y de la industria de armamento que piden por un lado austeridad económico-social y por otro crean dispendiosas guerras innecesarias.

En su agonía el sistema desmantela la economía del Estado de bienestar europeo. La banca europea pide más fondos para mantener el valor de sus malas apuestas e impone su gente en los gobiernos. Se eliminan puestos de trabajo, se precarizan el empleo y se privatiza servicios públicos. Como dice Boaventura de Sousa en su Historia de la Austeridad: “El objetivo es volver a la política de clase pura y dura, o sea, al siglo XIX”, a la del liberalismo ricardiano, a la Inglaterra descrita por Charles Dickens.

Hay otras doctrinas
En el siglo XIX prevaleció un enfoque de la economía como ciencia cuyo objetivo primario no son las ganancias del trabajo, sino las del capital invertido… y aún, sólo el de algunos. Pero también hubo quienes pensaron en las ganancias de los trabajadores y esas ideas fueron aplicadas -tímidamente- en la Europa anterior al colapso de la Unión Soviética. Ahora se les trata de ignorar y hoy sus obras son difíciles de encontrar en las bibliotecas universitarias. Su falta es que miran la prosperidad nacional como un objetivo superior a la ganancia individual; un criterio objetable para las empresas apátridas que financian centros académicos y cuya visión económica se enfoca a las ganancias trimestrales.

El primero fue el ginebrino Jean Charles de Sismondi, que publicó “Nuevos Principios de Economía Política” en 1818. Allí acuño el término proletario - que luego usó Marx- para designar a quien con su prole garantiza la mano de obra. Criticó a Ricardo y señaló que las ganancias a expensas de salarios es una política miope, porque se necesitan buenos salarios para que se consume la producción; fue también el primero en pedir la intervención del Estado para evitar los abusos capitalistas y en hablar de lucha de clases. (4)

Sismondi predijo la crisis que aqueja hoy a Estados Unidos y otros países, gracias a gobiernos cómplices. Habló de la sobreproducción que lleva al imperialismo y a exprimir el consumo con deuda sobre salarios futuros. Ahora se llama “Economía de la Oferta” y es Economía de la Deuda. Sismondi culpó la sobreproducción del distanciamiento entre valor útil del bien y su valor de cambio, que impulsa el consumo a crédito que crea una deuda esclavizante. Algo que sucedía en Inglaterra y Estados Unidos desde la primera mitad del siglo XIX. En esa época era deuda en la tienda del empleador, ahora son tarjetas de crédito. Esa tragedia se describe en la novela futurista “The Iron Heel”(1906), de Jack London.

Desde entonces los excesos congénitos y visibles del capitalismo y el papel del Estado para corregirlos han inspirado propuestas concretas, que se puede clasificar en dos tesis básicas.

El grupo de Karl Marx y sus seguidores, considera al capitalismo irredimible e inmerso en un proceso dialéctico fatal que lo lleva a su propia destrucción violenta. Lo remplaza una sociedad sin propiedad individual.

Creo que Marx y sus seguidores son utópicos cuando basan su tesis violenta en la solidaridad proletaria. La solidad es precaria entre gente que lucha por sobrevivir y más si se les niega la aspiración a la seguridad de tener hogar propio. La solidaridad de clase existe, pero entre los muy ricos. A pesar de eso, el marxismo es válido como método de estudio socio-económico y tiene aportes básicos para una propuesta que remplace al ricardismo puro o neoliberalismo.

El otro grupo piensa que el capitalismo es utilizable en beneficio de la sociedad con políticas de control; además de Sismondi, descuellan Friederich List, Werner Sombart, Max Weber, Wilfredo Pareto, John Maynard Keynes y en reversa Deng Xiaoping, en China.

Creemos que este segundo grupo es más realista y coincide con un postulado de la ciencia política, mencionado antes por Sismondi, Iturbide, Sarmiento y otros: En cosas de Estado los saltos son efímeros. Se progresa por evolución, como en la naturaleza, y las instituciones que perduran reflejan las circunstancias, la cultura y las ideas de sus ciudadanos.

Este grupo de autores también fue influyente. List, impulsó la industrialización de Alemania; John Maynard Keynes desarrollo la función económica del salario; Weber y Pareto orientan aún la economía social. Sombart (5) acuñó el término capitalismo (Marx no lo usa) y el concepto de la destrucción creativa, que usó su alumno Joseph Schumpeter. Su trabajo más célebre no existe en inglés porque la Universidad de Princeton, tiene el derecho exclusivo (6) y no lo hace.

Hay otros autores importantes que podemos estudiar: Vasili Leontief, Nicolai Kondratieff, Joseph Schumpeter, Jon Elster, John Roemer y la venezolana Carlota Pérez cuyo libro “Las Revoluciones Tecnológicas y el Capital Financiero” (7) cubre 250 años de historia y muestra que los cambios y las revoluciones técnicas tienen una notable regularidad y obligan al rediseño institucional social y político. Vivimos uno de esos momentos.

Notas:
1) No se cuentan los desempleados que dejan recibir su seguro de deséemelo aunque sigan sin trabajo. Se cuentan como empleados a los desocupados que trabajan algunas pocas horas semanales a destajo. Hay unos 50 millones en Estados Unidos que viven bajo el nivel calificado de pobreza. Morris Berman, Why America Failed.
2) The Guardian, John Philipott: We need employment statistics that confront political spin. 16 January 2013.
3) Es el término internacional y español; los anglosajones les dicen trillions.
4) Economie politique (1815), Nouveaux principes d'économie politique (1819).
5) El Capitalismo Moderno (Der Moderne Kapitalismus, 1902 y su última versión en 1927.
6) Fuente: fr.wikipedia.org/wiki/Werner Sombart
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Capital financiero y cambio climático

Mér, 06/02/2013 - 21:29
Alejandro Nadal, La Jornada

Las fuerzas del capital financiero harán muy difícil frenar el cambio climático. Algunos dicen que la estructura del sector financiero no facilitará la transición a una economía baja en carbono. El problema es más grave: el sistema financiero es un potente obstáculo para prevenir una catástrofe derivada del calentamiento global.

Para apreciar los alcances del peligro es importante recordar algunos datos. En la actualidad, la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera alcanza las 394 partes por millón (ppm). El CO2 es el gas de efecto invernadero más común (no es el único, ni el más potente). Los modelos más desarrollados sobre cambio climático indican que sólo por debajo de las 450 ppm de CO2 se tiene una alta probabilidad de mantener el incremento de temperatura dentro del rango de los dos grados centígrados. Los científicos consideran que ese umbral no debe ser rebasado si se quiere evitar un cambio climático catastrófico.

Estudios científicos consideran que para aumentar significativamente la probabilidad de permanecer por debajo de dicho umbral la economía mundial debe limitar sus emisiones para el periodo 2000-2050 a 886 gigatoneladas de dióxido de carbono (GtCO2). En la primera década del siglo se emitieron 321 GtCO2, así que ya solamente nos queda un volumen disponible de 565 gigatoneladas para el periodo 2010-2050.

Datos de la organización Carbontracker Initiative revelan que si se extrajeran y quemaran las reservas mundiales conocidas de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) tendríamos emisiones superiores a las 2 mil 795 GtCO2. Es decir, esas reservas contienen cinco veces más carbono que el tope arriba mencionado de 565 GTCO2. Extraer y usar esas reservas podría llevar la concentración de CO2 en la atmósfera a las 700 ppm, lo que cambiaría el planeta tal y como lo conocemos.

Ahora bien, las reservas de combustibles fósiles de las 200 empresas más importantes de carbón, petróleo y gas en el mundo (empresas que cotizan en bolsas de valores) tienen reservas con un potencial de carbono de 745 GtCO2. Es decir, si estas empresas extraen y queman sus reservas estaríamos rebasando con 180 GtCO2 el volumen que nos queda disponible para el periodo 2010-2050 (las 565 GtCO2 arriba mencionadas). El problema es todavía más serio porque estas cifras no incluyen a las empresas estatales y tampoco toman en cuenta las gigantescas reservas de gas natural de los esquistos en Estados Unidos y numerosos otros países.

El problema es que las reservas detentadas por estas compañías se encuentran asentadas en sus libros y hojas de balance con un enorme valor monetario. Un avalúo de estas empresas asume que esas reservas serán efectivamente realizadas, lo que significa que serán extraídas y utilizadas. Desde el punto de vista contable a nadie le importa un pepino si la utilización de esas reservas es suficiente para sobrepasar el peligroso umbral de los dos grados centígrados. El cambio climático no es un concepto contable.

Para decirlo de otro modo, si existiera una autoridad capaz de aplicar la restricción de las 565 GtCO2 para los próximos cuarenta años, estas compañías solamente podrían quemar unas 150 GtCO2. El resto, carbono no inyectado a la atmósfera, serían activos sin valor y se traducirían en pérdidas colosales para los inversionistas que han comprometido recursos en esas empresas.

Esas 200 empresas del mundo de la energía fósil tienen un valor en bolsa equivalente a 7.42 billones (castellanos) de dólares. Los países con mayor potencial de gases invernadero en las reservas de compañías que cotizan en bolsa son Rusia, Estados Unidos y el Reino Unido. Y en las bolsas de valores de Londres, Sao Paulo, Moscú, Toronto y del mercado australiano hasta 30 por ciento de la capitalización de mercado está vinculada a combustibles fósiles.

Estamos en presencia de un conflicto de dimensiones históricas: de un lado está la comunidad científica advirtiendo no quemar esas reservas de combustibles fósiles y del otro están las empresas e inversionistas que tienen interés en realizar sus activos (extraer y usar esas reservas). ¿Quién prevalecerá? En los últimos 30 años, el sector financiero del mundo ha sido capaz de dominar a la política macroeconómica. En efecto, las prioridades de la política monetaria y fiscal del mundo entero responden hoy (incluso en medio de la crisis) a las necesidades del capital financiero. ¿Por qué tendría que ser distinto en el ámbito de la política sobre cambio climático?

En la actualidad carecemos de un régimen regulatorio internacional que permita pensar que la economía mundial podrá reducir su huella de carbono en la atmósfera a la velocidad que se requiere. El Protocolo de Kioto es una entelequia y lo único que queda es un ‘compromiso’ para llegar a un acuerdo en 2015 que deberá entrar en vigor en 2020. En el sector financiero anidan fuerzas que se opondrán con todo a un acuerdo que evite el peligro del cambio climático catastrófico.

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Mario Draghi y Deutsche Bank envueltos en el fraude del banco más antiguo del mundo

Mér, 06/02/2013 - 18:28

El Banco italiano Monte dei Paschi di Siena nació 20 años antes que Cristobal Colón zarpara hacia el nuevo mundo y cuando Miguel Angel aún no nacía y Leonardo DaVinci tenía apenas 20 años y aún no creaba sus grandes frescos. Fue fundado por la Magistratura de la República de Siena en 1472, tres siglos antes de que existiera la idea de una Italia unificada, y por ello se le considera el banco más antiguo del mundo aún en funcionamiento, con 3 mil sucursales, 33 mil empleados y 4,5 millones de clientes... Pues bien, este banco que sobrevivió a la guerra italiana, que vio la rendición de Siena a España en 1555, que superó las pestes y los ataques de plagas, la campaña de Napoleón y la segunda guerra mundial, está envuelto en un escándalo de grandes proporciones por el uso de derivados financieros, que no solo involucran a los ejecutivos que dejaron hace un año su cargo, sino también a Mario Draghi y el Deustche Bank por ocultar información y hacer préstamos fraudulentos.

Lea el artículo en El Blog Salmón
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El caso Bárcenas en el contexto de la crisis de la Segunda Restauración Borbónica

Mér, 06/02/2013 - 02:01
Antoni Domènech, G. Buster y Daniel Raventós, Sin Permiso

Después de la avalancha de datos comprometedores que se desprenden de la libreta de Barcenas con la supuesta contabilidad B del Partido Popular, hay quien se extraña del desmentido absoluto, primero, de la secretaria general del PP, Dolores Cospedal; después, del presidente del partido y del Gobierno, Mariano Rajoy. ¿Qué otra cosa pueden hacer? Por definición, la contabilidad B no existe, como ha dejado tautológicamente claro la auditoria interna del PP. La menor concesión en este sentido supondría reconocerlo todo. La única estrategia de defensa es, por lo tanto, a todo o nada, por abrumadoras que sean las revelaciones y los datos servidos por los dos principales diarios del Reino, el derechista El Mundo y el centrista El País. Ni que decir tiene: para pasmo del país, incluidos los votantes del PP.

A pesar de que diferentes dirigentes del PP han confirmado hechos y cifras que aparecen consignados en las libretas de Barcenas; de que coincidan apuntes con partidas de la trama Gürtel -entre ellas las aportaciones vía el PP gallego-; de que sean inexplicables los incrementos patrimoniales con los sueldos declarados; y de que, en fin, fuera desde hace años un secreto a voces en ciertos círculos políticos, empresariales y periodísticos. La apelación in angustiis a la “presunción de inocencia” no es sino la consecuencia ineluctable del desmentido absoluto, cuando ya se ha abierto la causa y judicializado el caso; cuando ya no se puede hablar más que delante del propio abogado.

Tampoco viene de nuevas esta decisión de la cúpula del PP. Sigue la misma táctica defensiva adoptada frente a la trama Gürtel. Cuando Barcenas tuvo que defenderse, el PP le sufragó el coste de su defensa jurídica, hasta que el juez Pedreira, del Tribunal Superior de Madrid, archivó el caso en septiembre del 2011. Y coche oficial y despacho en la sede de Génova. Una desarbolada Sáenz de Santamaría, no sabiendo ya qué reponer a los periodistas el pasado viernes tras el Consejo de Ministros, puso en prenda sus años de trabajo junto al probo Rajoy; le salió una periodista respondona con que también había trabajado muchos años con Bárcenas, al parecer sin enterarse de nada.

La responsabilidad política se pretende aplazar hasta la conclusión penal, confiando en las dificultades del procedimiento y en la lentitud de la justicia española, y sobre todo, especulando con que los testigos se achanten. Para establecer una cadena de responsabilidades, los testigos tienen que declarar que las distintas contabilidades son auténticas…o hacerse responsables de alguna de ellas como propia. Además, una parte de los delitos habría prescrito y siempre se puede confiar en condicionar la propia investigación. No en vano la fiscalía anticorrupción fue purgada en su totalidad después del caso Gürtel por el nuevo gobierno Rajoy. Y hasta el momento, el nuevo equipo sigue sin encontrar conexión entre las evidentes ilegalidades del caso Barcenas y la alegada doble contabilidad del PP para trasladarlas al juez Ruz de la Audiencia Nacional.

¿Por qué se ha filtrado ahora la libreta de Barcenas? La explicación más inmediata es la petición en marzo del 2012 de la fiscalía anticorrupción de que se reabriese en la Audiencia Nacional la causa archivada seis meses antes por el Tribunal Superior de Madrid. El descubrimiento de más de 22 millones de euros en cuentas en Suiza, de la hacienda La Moraleja en Argentina (la segunda agroindustria de Salta), de ingresos bancarios líquidos sospechosos, no solo establecían una conexión con la trama Gürtel, sino que dejaban entrever que quizá fuera ésta una parte de la trama Barcenas. En tal caso, la única defensa posible pasaba por exigir la intervención del propio gobierno del PP para condicionar el proceso de investigación y sus consecuencias legales con la amenaza chantajista de dejar en evidencia la conexión directa entre la trama Barcenas y la contabilidad del PP. Exactamente el mismo mecanismo de defensa al que han recurrido los distintos implicados en la larga lista de casos de corrupción relacionados con la financiación de los partidos políticos (Filesa, Naseiro, Palau…), de nepotismo institucional, o aun el que afecta al yerno del Rey, Iñaki Urdangarín.

La corrupción y la economía política de la Transición: el cártel criminógeno formado por las grandes empresas del Ibex y los grandes partidos dinásticos La explicación de esas generalizadas prácticas chantajistas de autodefensa, no puede, empero, reducirse a la puñalada de pícaro ni a la astucia del picapleitos. Pues lo que revelan esas prácticas es más bien la complicidad colectiva del cártel formado por los beneficiarios del sistema económico y social de la corrupción articulado políticamente por el régimen de la Segunda Restauración borbónica. La ley de financiación de los partidos políticos de 1987, reformada en 1997 tras los escándalos del PSOE, y a cuyo amparo el PP ha recibido en diez años donaciones anónimas de 17,5 millones de euros, sigue obligando al deslegitimado Tribunal de Cuentas a testificar en su informe del 2007 -el último realizado y el último año en el que eran legales las donaciones anónimas- que ese mismo anonimato no le permite comprobar si las donaciones se hacen conforme a la ley.

La naturaleza institucional de esa corrupción echa sus raíces en el capitalismo oligopólico de amiguetes en que se transformó la estructura de poder empresarial heredada del franquismo con las privatizaciones de la Transición tan bien descritas por periodistas económicos como Mariano Guindal o historiadores académicos como Mercedes Cabrera y Fernando del Rey). Tan es así, que hasta publicistas liberal-conservadores tan notorios como Guillermo De la Dehesa se ven obligados a reconocerlo con la boca pequeña y la mirada estrábica (como si fuera un problema de corporativismo urgido de “liberalización”). En un reciente artículo recuerda que solo el 4,5% de los contribuyentes declaran a Hacienda ingresos anuales superiores a los 60.000 euros; que una de las consecuencias de una economía sumergida del 25% del PIB es una recaudación por el IVA más de punto y medio inferior a la media de la UE; que el 36% de todos los billetes de 500 euros circulantes en la UE se hallan en el Reino de España; y que ocupa el lugar 30 en la lista de Transparencia Internacional, por detrás de Chipre y Botswana. En un non sequitur sensacional, tras ese diagnóstico de bien arraigada corrupción generalizada de la sociedad española, el j’accuse de De la Dehesa apunta, no al manifiesto cártel criminógeno formado por las grandes empresas del Ibex y los principales partidos (PP y PSOE y CiU), sino a los nuevos enemigos de la derecha de ahora: el sistema de financiación autonómico y los sindicatos, con notorio olvido, ni que decir tiene, de la escandalosamente baja presión fiscal.

Lo cierto es que el mecanismo más importante de transferencia de rentas desde los asalariados a los grandes capitalistas y rentistas ha operado a plena luz del día, a través del rescate y reestructuración de las cajas de ahorro y del crédito moroso y tóxico al sector inmobiliario de toda la banca (con la creación, a cargo del erario público, del “banco malo”), justificando las políticas de austeridad y la emisión de deuda pública en la que apalancar la privada. Su disparador han sido los decretos de Guindos de febrero y mayo del 2012, y su último episodio, la venta por 1 euro a Caixabank del nacionalizado y rescatado Banco de Valencia, a un coste para el erario público de 6.000 millones de euros. La lectura política del mensaje a los sectores granempresariales catalanes transmitido por semejante operación, en medio del debate soberanista catalán, es suficientemente obvia. Prueba, en cualquier caso, hasta que punto es recurrente la utilización de los grandes -y menos grandes- intereses económicos para intervenir políticamente al margen del sistema democrático. Y a la inversa, cómo se pervierten, o clientelar o nepóticamente, las instituciones políticas democráticas para satisfacer los intereses económicos extractivos de que se nutre la corrupción.

En este contexto, las cantidades que aparecen recogidas en las 14 páginas de la libreta de Barcenas no pueden verse sino como pequeños vasos capilares de un tumor sistémico de dimensiones ignotas, pero verosímilmente enormes. Los partidos políticos de alternancia del régimen -o si se quiere, como en la Primera Restauración, los partidos “dinásticos”-, lejos de ser instrumentos de formación y canalización de la voluntad popular y de articulación del debate democrático, se han convertido en mecanismos de mediación entre distintos intereses extractivo-corporativos (sobre todo inmobiliarios y financieros) presentes en la vida económico-social del Reino todo, desde la aldea hasta la Corte, y nunca mejor dicho. Ello es que el presente enconamiento de la pugna de intereses en el seno de la elite político-económica dinástica dominante -uno de los rasgos más determinantes de la grave crisis económica presente y de su agravamiento por las políticas pro-cíclicas de austeridad- daña gravemente los puntos de soldadura que, con distintos altibajos, mantenían unido al cártel dinástico oligárquico y se fugan irrepresables, uno tras otro, distintos casos concretos de corrupción hasta ahora mal que bien contenidos por un tácito pacto de silencio colectivo. Lo hemos visto en Cataluña, cuando tras las fracasadas operaciones contra Gas Natural y la propuesta de fusión de Caja Madrid y La Caixa, iniciado el debate soberanista, se filtran a la prensa las acusaciones de corrupción contra las familias Pujol y Más, al mismo tiempo que se regala a La Caixa, a costa del sufrido contribuyente, el Banco de Valencia. Lo hemos visto en la Comunidad de Madrid: en los conflictos que han enfrentado inveteradamente a Aguirre y Gallardón, y ahora, con la privatización de la sanidad. O a escala municipal, en la interminable saga de comisiones en el sector de la construcción, que sigue goteando día a día. Para acabar en la relación entre el entramado institucional autonómico y los negocios extractivos de la Fundación Noos de Urdangarín, utilizando el nombre y los asesores de la Casa Real.

Lo cierto es que, más allá de las incautas teorías conspirativas internas espontáneamente fabuladas por sus protagonistas y por sus portavoces (ver aquí y aquí), la quiebra del consenso del cártel político-económico dinástico cristalizado en la Transición no ha sido compensada por la imponente mayoría absoluta parlamentaria lograda por una de sus patas políticas, el PP. Una mayoría absoluta hoy seriamente dañada y erosionada en el favor de la opinión pública, pero que constituye todavía el principal, sino el único, activo político operativo de aquel cártel dinástico de la Segunda Restauración.

Los cuatro ejes de la crisis del régimen de la Segunda Restauración Tenemos, en primer lugar, la crisis del sistema financiero, gestionada por el gobierno Zapatero y el gobierno Rajoy inequívocamente a favor de los intereses de una oligarquía financiera que será la gran beneficiaria de la desamortización de las cajas de ahorro desamortizadas, nacionalizadas y privatizadas. Hemos asistido en muy pocos años al acelerado y gagantuesco proceso de saqueo y concentración del capital financiero, cuya lista de perdedores se cuenta por centenares de miles de inversores grandes y medianos, así como de pequeños ahorradores, según ha podido verse en el caso de las participaciones preferentes.

Está, en segundo lugar, la larga y agónica recesión-cum-depresión de 5 años, que gracias a las políticas de austeridad amenaza con agravarse y prolongarse indefinidamente: un persistente estrangulamiento del crédito (mientras la banca privada devuelve al BCE, acaso prepósteramente, 44.000 millones, cuyo pretendido fin era precisamente trasladarlos en forma de empréstito a las pequeñas y medianas empresas y a los hogares); un paro del 26%; una desocupación juvenil que rebasa ya holgadamente el 60%; y para terminar en algún lado, un aumento de la pobreza hasta el 21,1%. Datos que obligan, quieras que no, a una reconfiguración radical de los tradicionales equilibrios de intereses corporativistas pugnaces del cártel dinástico. La erosión acelerada del ya más que modesto Estado social español y su progresiva substitución por redes de beneficencia, en buena medida en manos de la Iglesia Católica, sólo refuerza la estructura caciquil y corrupta.

En tercer lugar, la crisis de la deuda soberana, en el marco de la zona euro que, aunque la intervención ad hoc del BCE ha conseguido estabilizar temporalmente con unas tasas de interés alrededor del 5% y un diferencial por encima de 320 puntos, puede volver a situar al Reino al borde del abismo en los próximos meses, y abocar al gobierno a la petición formal de intervención como consecuencia de la situación en otros países periféricos (Grecia, Italia, Portugal…) o del propio corazón de la Eurozona (Alemania, Francia, Holanda…).

Tenemos, en cuarto lugar, la crisis del sistema de financiación autonómico, ligado a la gestión de las políticas de austeridad y de la deuda pública, que ha supuesto a la vez un agravamiento de las desigualdades territoriales en el ejercicio de los derechos sociales de ciudadanía y la erosión final de la legitimidad del pacto autonómico de la Transición como sucedáneo de una solución democrática de la cuestión nacional, sobre todo en Cataluña y en el País Vasco.

Cuatro escenarios posibles de la evolución de la crisis del régimen dinástico Que en la consciencia popular esta aguda crisis de régimen se exprese en la reivindicación del “derecho a decidir”, ya sea sobre la política de austeridad aplicada por el Gobierno Rajoy en la forma de un referéndum -como exigen los sindicatos obreros y la Cumbre Social-, ya sea sobre la inveterada cuestión nacional en Cataluña, constituye un índice muy visible de hasta qué punto se ha roto el mecanismo de legitimidad y representación política del régimen: con mayor o menor fortuna, con mayor o menor consecuencia, lo que se busca es la solución de los problemas a través de ejercicios directos de una soberanía popular que se percibe -con toda la razón del mundo-secuestrada por unas elites extractivas tan incompetentes como inmorales.

Es verdad: la actual crisis del cártel dinástico dominante -que eso es lo que refleja políticamente, y por lo magnífico, el caso Barcenas- no tiene otra salida efectiva y razonable, por muchos parches que se quieran -y se puedan- aplicar, que la dimisión del gobierno Rajoy y la convocatoria de elecciones generales. Sólo que, en tal caso, lo más que probable es que la incontestable evidencia de la crisis general del régimen proporcionada por la caída de Rajoy exigiera, con las elecciones, la apertura de un proceso constituyente rupturista.

Es evidente que la táctica de judialización del caso Barcenas es dilatoria, no busca sino ganar tiempo. Puede sostenerse en la aplastante mayoría parlamentaria del PP obtenida en noviembre de 2011 y la evidente falta de una alternativa política robusta, incluida la mera alternancia del otro polo político del cártel dinástico. Las encuestas son muy reveladoras al respecto. La fuerte caída del PP en más de 14 puntos registrada hace pocas semanas, se convierte ahora, con el caso Barcenas, en un desplome que le situaría por debajo del 24%. La caída del PSOE de Rubalcaba en más de 5,4 puntos respecto del resultado obtenido en las últimas elecciones -que ya era el peor resultado del PSOE de la Segunda Restauración- se estabiliza ahora en el 23,5%. Los dos partidos “dinásticos” de alternancia quedarían hoy claramente por debajo hoy del 50%. Pero un “gobierno de unidad nacional”, o pactos de estado para apoyar parlamentariamente a la deslegitimada mayoría del PP, o un “gobierno técnico”, que en la práctica sería lo mismo aunque contase con el apoyo de la fortalecida UPyD, abrirían crisis internas incontrolables en todos los partidos implicados. El gobierno resultante sería incapaz, como evidentemente lo es ya el gobierno Rajoy, de seguir imponiendo las políticas de austeridad a medio plazo exigidos por distintos motivos por las elites políticas europeas y por las patronales españolas. Al resolverse finalmente a exigir la dimisión de Rajoy, después de 72 horas de dudas y desconcierto, Rubalcaba lo ha dicho con toda claridad: “El Sr. Rajoy es un lastre, debe abandonar la presidencia”. Hay que añadir con la misma contundencia que, para cualquier alternativa de izquierda o de centroizquierda, el lastre es él.

Las otras dos alternativas, tanto un gobierno de coalición del PSOE con CiU y PNV -la fórmula del Prieto de la Guerra Fría que han hecho suya tanto el felipísmo como el rubalcabismo en el PSOE-, como un frente amplio de las izquierdas (PSOE, IU, ICV, ANOVA, ERC…), abrirían la crisis definitiva del régimen empezando o por la cuestión territorial o por la cuestión social, para terminar en cualquier caso confluyendo y sumándose ambas.

Vale la penda insistir: lo que actúa por el momento como motor de la crisis del régimen de la Segunda Restauración son sus múltiples contradicciones endógenas, más que su cuestionamiento por fuerzas exógenas: a pesar de la importancia de las movilizaciones sociales, la oposición social y política al cártel dinástico sigue careciendo de una alternativa política creíble. De ahí que lo más probable sea la sucesión de “soluciones” improvisadas y maniobras dilatorias de emergencia, antes y aun después de unas nuevas elecciones. Se puede recordar, sin otro ánimo que el de la ilustración por la vía del ejemplo, el precedente histórico de la crisis de la Primera Restauración: iniciada con la primera huelga general obrera en agosto de 1917 y con el fracaso de la Asamblea de Parlamentarios, se canalizó en 1923 con una “solución técnica” -la dictadura de Primo de Rivera-, hasta la crisis final de 1929-31.

Sea ello como fuere, la tendencia general observada ahora es cada vez más transparente, y no es improbable que en poco tiempo se despeje el horizonte de unas elecciones generales anticipadas (que ya apoyan el 54% de los votantes en general y el 21% del PP). La encuesta del CIS de diciembre de 2012 y la de Metroscopia de enero de 2013, antes de que estallase la actual crisis por el caso Barcenas, ya apuntaban a un negro pesimismo en relación a la crisis económica y a una desconfianza mayoritaria en cuanto a su gestión por el Gobierno Rajoy (84%). El periodista Fernando Garea lo resumía así hace poco más de dos semanas: “Rajoy es el presidente con el mayor poder real de la historia constitucional y, al mismo tiempo, el que tiene menos apoyo popular y más baja estimación de voto” (EP,13-1-2013). Ahora, el 58% de los votantes del PP no se cree las explicaciones de Rajoy, y el 54% pide cambios en la cúpula del partido.

Por eso sería un tremendo error aceptar sin más que la derecha, tanto en España como en Cataluña, puedan temporalmente canalizar la actual crisis de régimen con unos meros pactos anticorrupción, que rápidamente derivarían en pactos de Estado para seguir aplicando las políticas de austeridad. Es el “derecho a decidir”, en este caso a través de unas elecciones anticipadas, lo que debe situarse en primer plano, más allá de la dimisión de Rajoy.

Mientras las redes sociales convocan espontáneamente las protestas en la calle frente a las sedes del PP, a la espera de que la izquierda política y sindical organizada comience a hacerlo, la agenda gubernamental prevista se eriza de obstáculos, como la visita mañana a Alemania de Rajoy, el debate sobre el estado de la nación el 20-21 de febrero (que la Izquierda Plural ya ha propuesto convertir en un acto de reprobación) y las previstas movilizaciones de marzo de los sindicatos y la Cumbre Social. Configurar una alternativa política creíble es la tarea pendiente de las izquierdas. No hay tiempo que perder. Así pues: sin pausas, sin vanidades, sin raposerías.
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Antoni Domènech es el editor de SinPermiso. Gustavo Buster y Daniel Raventós son miembros del Comité de Redacción de SinPermiso

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Corrupción política provoca el retorno de los miedos sistémicos y el euro vuelve a estar en peligro

Mar, 05/02/2013 - 22:57

La agitación provocada por los aludes de corrupción de la casta política ha revertido la tendencia iniciada en septiembre del año pasado con las declaraciones de Mario Draghi y ha vuelto a desatar los miedos sistémicos. En septiembre del año pasado el presidente del BCE dijo que se jugaría el todo por el todo para defender la estabilidad del euro. Y esta promesa totalmente inaudita para el Banco Central Europeo, había comenzado a rendir sus frutos y a convocar una aparente calma en los mercados. La prima de riesgo fue quitando presión al financiamiento público mientras el Ibex35 salía del pantano en que había caído en marzo del año pasado cuando se hundió por debajo de los 8.000 puntos. Por algo Mario Draghi fue considerado a principios de este año como el salvador del euro.

El Blog Salmón

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Estados Unidos demanda a S&P por su responsabilidad en la crisis financiera

Mar, 05/02/2013 - 16:48

El Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó una demanda civil contra la agencia de medición de riesgos Standard&Poor´s, propiedad de McGraw-Hill Companies, por su presunta responsabilidad en la crisis financiera global desatada en 2008, tras una investigación iniciada hace dos años. En su demanda, el Departamento de Justicia acusa a la agencia de "inflar deliberadamente" la calificación de los activos financieros de alto riesgo que provocaron pérdidas por más de 5.000 millones de dólares. Esta es la primera acción legal que emprende el Gobierno estadounidense contra una calificadora internacional por su supuesta actividad especulativa. En concreto, acusa a S&P de inflar en 2007 las calificaciones de bonos hipotecarios, lo que llevó al estallido de la burbuja inmobiliaria y, como consecuencia, a la grave crisis financiera un año después.
La prensa estadounidense adelantó anteriormente que los fiscales de varios estados estudiaban unirse a la demanda. El diario The New York Times informó además que la Fiscalía de Nueva York inició una investigación independiente por los mismos hechos y que, por otro lado, el Gobierno decidió actuar por la vía judicial después de fracasar las negociaciones con la calificadora. A su vez, la agencia declaró que la demanda carece de fundamento real o legal alguno, al tiempo que lamentó que sus calificaciones no se pudieran adecuar a la situación cada vez más deteriorada del mercado hipotecario estadounidense. La situación para Standard & Poors se pone cuesta arriba. Recordemos que en noviembre, la Corte Federal de Justicia de Australia condenó a la entidad a indemnizar a 13 municipios australianos las pérdidas millonarias que les provocó la compra de un producto financiero avalado por la calificadora.
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Paul Krugman: Es hora de abandonar la obsesión por el déficit

Lun, 04/02/2013 - 08:01
Paul Krugman, El País

Hace tres años, a la política económica le sucedió algo terrible, tanto en Estados Unidos como en Europa. Aunque lo peor de la crisis financiera había pasado, la economía en ambos lados del Atlántico seguía deprimida y con un paro muy elevado. Pero la élite política del mundo occidental decidió en bloque por algún motivo que el paro ya no era un problema crucial y que reducir los déficits presupuestarios debía ser la prioridad absoluta.

En varias columnas recientes he sostenido que, de hecho, la preocupación por el déficit se ha exagerado y he documentado los intentos cada vez más desesperados de los cascarrabias del déficit por mantener vivo el miedo. Hoy, sin embargo, me gustaría hablar de una clase de desesperación diferente pero relacionada: los frenéticos esfuerzos por encontrar algún ejemplo, en algún lugar, de políticas de austeridad que hayan tenido éxito. Porque los defensores de la austeridad fiscal —los austerianos—, además de amenazarnos, han hecho promesas: la austeridad, afirmaban, evitaría la crisis y conduciría a la prosperidad.

Y que nadie acuse a los austerianos de carecer de romanticismo; de hecho, llevan años buscando al señor Buendolor.

La búsqueda empezó con un apasionado romance entre los austerianos y la República de Irlanda, que recurrió a los recortes drásticos del gasto poco después de que su burbuja inmobiliaria estallase, y que durante algún tiempo se puso como ejemplo perfecto de virtud económica. Irlanda, aseguraba Jean-Claude Trichet, del Banco Central Europeo, era el modelo para todos los países endeudados de Europa. Los conservadores estadounidenses fueron aún más lejos. Por ejemplo, Alan Reynolds, miembro del Instituto Cato, decía que las políticas de Irlanda mostraban el camino que también debía seguir Estados Unidos.

Los elogios de Trichet se produjeron en marzo de 2010; en aquel momento, Irlanda tenía una tasa de paro del 13,3%. Desde entonces, cada pequeño repunte de la economía irlandesa ha sido acogido como una prueba de que el país se está recuperando (pero el mes pasado, el índice de desempleo era del 14,6%, tan solo un poco por debajo del máximo que alcanzó a principios del año pasado).

Después de Irlanda le tocó a Reino Unido, donde el Gobierno del partido conservador —al son de las alabanzas de muchos expertos— recurrió a la austeridad a mediados de 2010, influido en parte por la creencia de que las políticas irlandesas eran un éxito descomunal. A diferencia de Irlanda, Reino Unido no tenía necesidad de adoptar medidas de austeridad: como cualquier otro país avanzado que emite deuda en su propia moneda, era y sigue siendo capaz de conseguir préstamos a unos tipos de interés más bajos que nunca. No obstante, el Gobierno del primer ministro David Cameron insistió en que se necesitaba una restricción fiscal estricta para apaciguar a los acreedores y que esta impulsaría la economía al inspirar confianza.

Lo que realmente se produjo fue un estancamiento económico. Antes de su giro hacia la austeridad, Reino Unido se estaba recuperando más o menos al mismo ritmo que EE UU. Desde entonces, la economía de EE UU ha seguido creciendo, aunque más despacio de lo que nos gustaría; pero la economía británica ha estado encallada.

A estas alturas, era de esperar que los defensores de la austeridad se hubiesen planteado la posibilidad de que algo falle en sus análisis y recomendaciones políticas. Pero no. Han seguido buscando nuevos héroes y los han encontrado en los pequeños países bálticos, en Letonia en concreto, un país que domina de manera asombrosa la imaginación austeriana.

Bien mirado, esto tiene cierta gracia: las políticas de austeridad se han aplicado en toda Europa, pero el mejor ejemplo de éxito que los austerianos son capaces de encontrar es un país con menos habitantes que, por ejemplo, Brooklyn. Aun así, el FMI ha publicado hace poco dos informes sobre la economía letona, y realmente ayudan a poner en perspectiva esta historia.

Para ser justos con los letones, tienen algo de lo que enorgullecerse. Después de pasar por una recesión tan grave como la Gran Depresión, su economía ha conocido dos años de crecimiento estable y disminución del paro. Sin embargo, a pesar de ese crecimiento, solo han recuperado una parte del terreno perdido tanto en relación con la producción como con el empleo (y la tasa de paro sigue siendo del 14%). Si esta es la idea que tienen los austerianos de un milagro económico, verdaderamente son hijos de un dios menor.

Ah, y si vamos a invocar la experiencia de los países pequeños como prueba de qué políticas económicas funcionan, no olvidemos el verdadero milagro económico que es Islandia, que estuvo en el ojo del huracán de la crisis financiera pero que, gracias a haber adoptado políticas no ortodoxas, se ha recuperado casi por completo.

¿Y qué lección sacamos de la búsqueda un tanto patética de ejemplos de éxito de la austeridad? La lección es que la doctrina que ha dominado el discurso económico de la élite es errónea desde todos los puntos de vista. No solo hemos estado gobernados por el miedo a unas amenazas inexistentes, sino que nos han prometido recompensas que no se han materializado y nunca lo harán. Es hora de olvidarnos de la obsesión por el déficit y volver a afrontar el verdadero problema, es decir, el de un paro inaceptablemente elevado.

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El territorio como espacio emancipatorio

Lun, 04/02/2013 - 07:05
¿Seremos capaces de ganarle al capitalismo salvaje? El fracaso del modelo neoliberal pone en alerta la encrucijada del futuro que se juega hoy. Raul Zibechi enfatiza algunos puntos en este artículo publicado en La Jornada

Los movimientos de base territorial, rurales y urbanos, integrados por indígenas y afrodescendientes, campesinos y sectores populares, jugaron un papel decisivo en la resistencia y deslegitimación del modelo neoliberal. Desde sus territorios lanzaron formidables ofensivas que abrieron grietas en el sistema de partidos sobre el que se asienta la dominación y modificaron el escenario geopolítico regional. De modo directo e indirecto, influyeron en lo local, lo nacional, regional y global.

Han jugado y jugarán también un papel decisivo en la construcción de un mundo nuevo. Si ese mundo, como señala Immanuel Wallerstein, será el resultado de una infinidad de acciones nanoscópicas, las pequeñas mariposas capaces de construirlo habitan territorios en los que resisten y en ellos pueden construir relaciones sociales diferentes a las hegemónicas. No es con manifestaciones ni declaraciones, por más masivas y necesarias que sean, como se crea el socialismo, sino con prácticas sociales en espacios concretos. Territorios en resistencia que son a la vez espacios en los que va naciendo lo nuevo.

Hasta ahí, son temas que hemos venido debatiendo en los últimos años. El capitalismo puede ser derrotado si somos capaces de expropiarle los medios de producción (y de cambio) en un largo proceso. Pero la cuestión no se agota allí. El sistema aprendió a desorganizar, diluir, cooptar y aniquilar por la fuerza (todo junto, no una u otra acción) a los sujetos nacidos y arraigados en la resistencia territorial. La combinación de fuerza bruta (militar y policial) con políticas sociales para combatir la pobreza es parte de esa estrategia de aniquilación.

Ante esta situación compleja y difícil, crece la tentación de replegarse de los territorios en los que nacieron múltiples sujetos colectivos, buscando lugares más propicios donde seguir creciendo. A veces se apuesta por lo sindical, otras a lo estudiantil y en otras por lo electoral. Un debate de este tipo atraviesa sobre todo a movimientos en Argentina, Chile, Paraguay y Perú, aunque está presente en casi todos los países.

Es cierto que lo territorial por sí solo no alcanza. Que debe incluir formas diferentes de hacer política donde la gente común decida y ejecute; que hace falta crear formas de poder distintas a las estatales; que para garantizar la autonomía territorial es imprescindible asegurar la sobrevivencia material, o sea salud, educación, vivienda y alimentación para todos y todas.

Pero no podemos olvidar que los territorios son claves para la lucha por un mundo nuevo por dos razones, digamos, estratégicas: se trata de crear espacios donde podamos garantizar la vida de los de abajo, en todas sus multifacéticas dimensiones; y porque la acumulación por despojo o guerra –que es el principal modo de acumulación del capitalismo actual– ha convertido a los movimientos territoriales en el núcleo de la resistencia. La mutación del capitalismo que conocemos como neoliberalismo es guerra contra la vida.

A ellas se podría agregar un tercer argumento: sólo es posible resistir en las relaciones tejidas en torno de valores de uso, ya sean materiales o simbólicos. Si sólo nos movemos en las esferas de los valores de cambio, nos limitamos a reproducir lo que hay. Cerrados los poros de la vida en las fábricas por el posfordismo, es en los territorios, barrios, comunidades o periferias urbanas donde –aun esos mismos trabajadores– se vinculan entre sí en formas de reciprocidad, ayuda mutua y cooperación que son relaciones sociales moldeadas en torno del intercambio de valores de uso.

No es una cuestión teórica y por lo tanto sólo se puede mostrar. Se conoce y se practica, o no se entiende. Resistir hoy es proteger la vida y construir vida en territorios controlados colectivamente. El punto es que si abandonamos los territorios, ganaron los de arriba. Y en este punto no hay dos caminos. Sólo queda hacerse fuertes y autónomos allí, neutralizando las políticas sociales que quieren destruir lo colectivo salvando al pobre individualmente.

El pueblo mapuche resiste desde hace cinco siglos aferrándose a sus territorios. Así derrotaron a los conquistadores españoles, y en ellos se repusieron de la derrota que les infligió la República criolla en la guerra de exterminio conocida como Pacificación de la Araucanía en la segunda mitad del siglo XIX. En sus territorios aguantaron el diluvio de la dictadura pinochetista y las políticas antiterroristas de la democracia, debidamente condimentadas con políticas sociales para someter con migajas lo que no pudieron con palos.

No es la excepción sino la regla. Chiapas, Cauca, Cajamarca donde se resiste el Proyecto Conga, Belo Monte, El Alto o el conurbano de Buenos Aires, entre muchos otros, muestran que la combinación de guerra y domesticación son los modos de esterilizar las resistencias. Lo que diferencia esos territorios es que allí existen los modos de vida heterogéneos sobre los cuales es posible crear algo distinto a lo hegemónico. No nos engañemos: esa posibilidad no existe hoy ni en las fábricas ni en los demás lugares donde todo son valores de cambio, desde el tiempo hasta las personas.

Por eso las políticas sociales se han territorializado, porque los gestores del capital percibieron que allí venían perdiendo pie ante el nacimiento de sujetos integrados por los que no tienen nada que perder: mujeres, hombres y jóvenes sin futuro en este sistema, aquellos que por el color de su piel, su cultura y su modo de ser no tienen cabida en las instituciones, ni siquiera en las que se reclaman de izquierda o defensoras de los trabajadores. Allí sólo existen como representados, o sea como ausentes.

No hay alternativas al trabajo territorial, ni atajos para hacer más corto y soportable el camino. La experiencia reciente muestra que es posible doblegar el cerco del sistema contra nuestros territorios, superar el aislamiento, sobrevivir y seguir adelante. Persistir o no, es una cuestión de pura voluntad.
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Tomado de La Jornada

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Quinto mes de deflación en Europa

Lun, 04/02/2013 - 03:20

La estimación flash de la agencia de estadísticas europea Eurostat señaló que la inflación de la zona del euro en enero fue de 2,0%, desde el 2,2% en diciembre. Esta estimación no está desagregada por país, pero la agencia alemana Destatis anunció una estimación flash para la inflación (armonizada) de Alemania de 1,9%, desde 2.0% en diciembre. Los precios van a la baja en Europa. La deflación cobra fuerza.
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Vía La Carpeta Monetaria
Ver: El fantasma de la deflación recorre EuropaUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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¿Se desintegra España?

Sáb, 02/02/2013 - 21:57
El siguiente es un artículo de Joan Martínez Alier, publicado en La Jornada, que aporta una visión contundente sobre la actual crisis española. Una crisis que, de económica y financiera, ha pasado a dar cuenta de la profunda crisis política y social que vive el país, con el descubrimiento de un gigantesco antro de corrupción que se ocultaba bajo sus propias narices. La historia del franquismo aún no ha sido digerida, y se mantiene como una herida abierta

En recuerdo de Blas Infante España se desintegra sin haber digerido la historia del franquismo y con un monarca borbónico que se comporta como tal. No hemos sabido construir un Estado federal o confederal. El franquismo descerebró a varias generaciones de españoles con la gloriosa consigna de España, una, grande y libre. España se desintegra por efecto de la crisis económica y de la cerrazón, no ya de la derecha patriótica posfranquista del PP, sino de los socialistas.

Cuando en Cataluña, en la transición (tras la muerte de Franco en 1975), se reclamaba un estatuto de autonomía, se añadía siempre la siguiente cláusula (aceptada entonces por socialistas y comunistas): Como paso al libre ejercicio del derecho de autodeterminación. Los partidos comunista y socialista apoyaban los estatutos de autonomía y también, en teoría, el derecho de autodeterminación, pero reinaba la ambigüedad sobre quién se autodeterminaría. La izquierda española no sabía (como dejé escrito en Cuadernos de ruedo ibérico) si la autodeterminación la ejercería cada región autónoma por sí misma (Euskadi, por ejemplo) o si se precisaba el acuerdo del conjunto de los españoles. Y en la Constitución de 1978 cayó fuera el derecho de autodeterminación. Expulsado, que no se hable. Ni derecho de autodeterminación ni sólo una constitución federal. Eso fue decisión de la derecha, pero también del PSOE de Felipe González.

Tres ciudadanos ibéricos confederalistas de cierto peso habían sido Anselmo Carretero (pensador de León y Castilla, largos años exiliado en México, militante del PSOE, con una visión de España como nación de naciones); Blas Infante, el notario andalucista asesinado por los franquistas en 1936, autor del hermoso himno andaluz (Andaluces levantaos, pedid tierra y libertad); el republicano y nacionalista gallego Castelao, muerto en el exilio en Buenos Aires en 1950. Los tres recibieron elogios, Carretero en vida, los otros dos ya póstumos, pero su influencia no logró que la izquierda española propugnara una constitución distinta en 1978, una constitución que no hable tanto de la indisoluble unidad de la patria española y que no amenace a las autonomías rebeldes con los militares, como en el actual artículo ocho.

Ni Anselmo Carretero ni Blas Infante ni Castelao eran catalanes o vascos. Tenían seguidores, había una tradición federal y hasta confederal en toda España. Una vez muerto Franco, había posibilidades, contando también con el valencianismo republicano federalista, de haber ido hacia una constitución confederal que pudiera acomodar a vascos y catalanes para siempre. El PSOE y también el Partido Comunista de Santiago Carrillo prefirieron la reconciliación con los posfranquistas, incluyendo el monarca, que es una herencia franquista.

Tiene Andalucía monumentos muy merecidos a Blas Infante como padre de la patria andaluza, un muerto más de 1936, arrojado a la cuneta por la represión franquista, como García Lorca y tantísimos otros. El PSOE, que ha gobernado Andalucía desde las primeras elecciones, le ha honrado solemnemente, ha tomado su Himno de Andalucía como himno oficial (aunque olvidó hacer una reforma agraria por mucho que cantando pidan tierra y libertad).

El PSOE celebra a Blas Infante, pero no ha entrado en la defensa de una confederación hispánica ni del derecho de autodeterminación, ni va a entrar mientras tenga a Rubalcaba al frente. Vean lo que escribía Blas Infante en 1919, y cuán oportuno es: “¡Qué tristeza! ¡Y aún hay andaluces españolistas! ¡Andaluces que ante las ansias libertadoras del pueblo catalán gritan con inconsciencia imbécil: La unidad de la patria! Nos dirigimos a vosotros, andaluces de verdad; andaluces de verdad, porque es este título expresivo de agobiadores sufrimientos…”.

De ahí que el Parlamento catalán, en 2013, proclame una vez más que el pueblo catalán es soberano para ejercer su derecho de autodeterminación y anuncie un referéndum o consulta para 2014 o cuando se pueda. No se sabe aún la pregunta. Seguramente será si los catalanes quieren constituirse como un Estado más de la Unión Europea o si prefieren quedarse en España como están o tal vez si desean una hipotética España federal o confederal. Imagínense las respuestas. Y como en Madrid se las imaginan también, veremos qué harán para impedir la consulta o referendo.

A esta España que se desintegra por suerte la va a recoger en sus diversos pedazos la Unión Europea. Una Europa que nació de la derrota de los fascismos en 1945 y de la vergüenza de tanta barbarie entre europeos.

Hay quien pregunta harto de política: y si Cataluña se separa, ¿en qué liga jugará el Barça? Pues en la Liga de la Federación Futbolística Ibérica, contra el Bemfica, el Porto, el Bibao, el Valencia, el Sevilla y, por supuesto, el Madrid.
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* Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona, coordinador del proyecto EJOLT. Autor de El ecologismo de los pobres: conflictos ambientales y lenguajes de valoración.

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¿Cómo interpretar la crisis y la realidad actual del capitalismo?

Xov, 31/01/2013 - 15:49
Alberto Rabilotta, AlaiNet.org

Lo peor de la crisis ha pasado, nos dicen banqueros, funcionarios y políticos nacionales y supranacionales que nunca perdieron un empleo porque jamás trabajaron en una fábrica o una oficina por un salario que apenas alcanza para vivir. Con esto, como vimos en el Foro del gran capital en Davos, nos están diciendo que los planes de austeridad han funcionado, que el creciente desempleo es parte de la solución y no el problema, que hay que seguir despidiendo trabajadores y empleados, hacer que el empleo sea más precario para poder seguir bajando los salarios, acortando las vacaciones, aplastando la resistencia sindical donde aún existe, cortando las pensiones y programas sociales, etcétera.

Lo peor ha pasado, nos dicen los directivos de las empresas monopolistas que en Estados Unidos (EE.UU.) están sentados en un billón 700 mil millones de dólares, porque no hay donde invertirlos de manera rentable. Y vaya uno a saber cuán grande es la pila de euros sobre la cual están sentadas las grandes empresas de la Unión Europea. La crisis ha pasado, pero los problemas concretos de los pueblos siguen ahí, y se agravan cada vez más.

Esta no es la primera crisis del capitalismo industrial en los “países avanzados”, en lo que va del siglo 21, en que la recuperación de la economía real –la producción de bienes y servicios, o sea la riqueza producida socialmente- no logra restablecer los anteriores niveles de empleo, de seguridad laboral y de salarios, pero es la primera en la cual el desempleo se acrecentó de manera brutal y se ha vuelto crónico para millones de trabajadores, provocando una pauperización de amplios sectores de la sociedad.

Una crisis en la cual la desigualdad de ingresos alcanzó niveles nunca vistos, y por la cual una gran parte de la nueva generación no tendrá empleos estables, que vivirá en un mundo de empleos precarios, de salarios miserables y bajo la amenaza constante del desempleo crónico. La primera generación del capitalismo industrial que tendrá un nivel de vida y de seguridad social muy inferior a la de sus padres.

Lo nuevo, si podemos decirlo así, es que en ese mundo de economistas que han contribuido a formular el oxímoron de la estabilidad financiera en el contexto de los mercados autorregulados, se manifiestan signos de un reconocimiento de que el problema central de esta crisis que aún perdura es quizás estructural, que concierne a la fundamental relación del capital con el trabajo asalariado, a la reproducción del capital, y que este problema estructural se agrava con la voracidad de los grandes monopolios y de un sistema financiero que quieren vivir de la extracción de una renta sobre todas las actividades económicas y sociales de la humanidad, como veremos.

Primero una parada en Davos
Bajo el titulo “Negación, pánico y dudas en Davos” el editor económico del diario The Guardian, Larry Elliott, escribía el 23 de enero pasado que en los últimos cinco años el Foro de Davos tuvo algunos “violentos balanceos de humor”; primero fue la negación, luego el pánico, más tarde la esperanza de que lo peor había pasado, y ahora es la persistente preocupación de que este bajón simplemente no tiene fin.

Lo que crece es el desempleo y la acumulación de riquezas en pocas manos, lo que baja es el consumo de las masas y las oportunidades de hacer negocios para los industriales, lo que explica que las empresas estén “sentadas” en billones de dólares, porque no perciben un crecimiento de la demanda para sus productos y servicios. El problema, según Elliott, es que los grandes empresarios y financieros reunidos en Davos están viendo los resultados de las políticas que promovieron en el pasado: austeridad fiscal, debilitamiento de los sindicatos, agresivos cortes de personal. En el pasado, agrega, el gasto de las familias podía apoyarse en un aumento del endeudamiento familiar, pero ahora “los bancos no quieren prestar y los consumidores no quieren endeudarse. Esta es la receta para continuar en el letargo económico”.

¿Letargo económico o implantación de una economía rentista a escala planetaria? Desde hace tiempo el economista estadounidense Michael Hudson viene alertando que la dominación del capital financiero y de los monopolios ha sustituido el capitalismo industrial por un “neofeudalismo” que lleva directo a un régimen de servidumbre (1).

Esto se confirma por lo que el periodista Ryan McCarthy de la agencia Reuters, en su crónica “A handy guide to Davos-speak” (25 de enero 2013), escribe sobre esas frases típicas de Davos (La impaciencia por el crecimiento realmente necesitará de paciencia; No crecimiento, dinero fácil ¿la nueva normalidad?), señalando que cuando constantemente la elite de Davos habla de un “plan de crecimiento” o de “restaurar el crecimiento”, lo que están diciendo es que “ninguno de ellos ve una industria en particular que aumentará el ritmo de crecimiento para hacerse más ricos. Y que, como resultado, habrá menos trabajos para el resto de nosotros”.

Y reproduce lo que dijo Ray Dalio, que dirige Bridgewater, el más importante fondo de cobertura de riesgo (hedge fund): en una economía global que ha pasado la crisis y está muy endeudada, el crecimiento económico no puede sustentarse en deuda, como lo fue durante las pasadas décadas. Las economías están en proceso de desendeudarse, la deuda no aumentará más rápido que los ingresos, y la manera primaria mediante la cual las grandes económicas pueden crecer es aumentando la productividad.

McCarthy nos dice que Dalio amplió un poquito lo que quería decir: la gran conversación en política y economía será sobre cómo extraer más de los trabajadores –en otras palabras, el crecimiento no vendrá de la próxima Internet, del próximo auge en el mercado inmobiliario o de cualquier nuevo activo. Esto significa, dijo Dalio, duras decisiones a tomar sobre cuestiones como “¿Cuán larga deben ser las vacaciones?, o ¿Qué es una buena vida?”. Traducido este “lenguaje de Davos” al lenguaje común, según McCarthy, lo que Dalio está diciendo es particularmente terrible para el resto de nosotros. Cuando los más exitosos inversores del mundo nos dicen que el crecimiento económico dependerá de si tomamos o no nuestras vacaciones, es tiempo de preocuparse.

Entre capitalismo y neofeudalismo
En las conclusiones del citado trabajo de Hudson, el economista estadounidense explica la dinámica de este proceso: Mientras las economías se contraen, el sector financiero se enriquece convirtiendo sus títulos o certificados de deuda –lo que los economistas del siglo 19 llamaban el “capital ficticio” y que más tarde pasó a llamarse capital financiero-, en apropiación de la propiedad. Esto hace que una deuda que alcanzó niveles irrealistas, porque no hay manera de que pueda ser pagada bajo las existentes relaciones de propiedad y de distribución de los ingresos, se haya convertido en una pesadilla viviente. Es esto lo que está sucediendo en Europa y es también el objetivo de la Administración Obama () Esto hará que EE.UU. se parezca a una Europa arruinada por el creciente desempleo, los declinantes mercados y el consiguiente síndrome de las adversas consecuencias sociales y políticas provocado por la guerra de los financieros contra el conjunto que constituye el trabajo asalariado, la industria y el gobierno.

Poniendo esta tendencia en el contexto de las políticas de los bancos centrales, que han servido para inflar los mercados bursátiles y recapitalizar los bancos para que sigan especulando, Hudson apunta que la economía es cada vez menos y menos la esfera de la producción, del consumo y el empleo, y de más en más la esfera de creación de crédito para comprar activos, convertir las ganancias e ingresos en pagos de intereses hasta que la totalidad del superávit económico y del repertorio de propiedades quede prendado para pagar el servicio de la deuda. Y más adelante concluye en que la actual tarea de los economistas es “revivir la clásica distinción entre la riqueza y los elevados ingresos, ganados o inmerecidos, entre ingresos por ganancia o por renta, y últimamente entre capitalismo y feudalismo”.

El economista Michael Hudson explica, en el citado trabajo, que la guerra económica actual no es como la librada hace un siglo entre los trabajadores y sus empleadores industriales. La finanza se movió para capturar la economía en toda su amplitud, industria y minería, infraestructura pública (vía la privatización) y ahora hasta el sistema de educación (la deuda de los estudiantes por un billón de dólares excede la deuda de tarjetas de crédito en 2012). De lo que se trata es de “endeudar a los gobiernos, lo que da a los acreedores una palanca para apropiarse de tierras, infraestructuras públicas y otras propiedades del dominio público. Endeudar las empresas permite que los acreedores se apropien de los ahorros para la pensión de los empleados. Y endeudar a los trabajadores significa que ya no será necesario emplear a rompehuelgas para atacar a los organizadores de sindicatos y a los huelguistas”.

De los “braceros” al “empleo permanentemente temporal”
Por las necesidades de la Segunda Guerra Mundial y las políticas del New Deal, a partir de los años 40 del siglo pasado la fuerte expansión económica estadounidense incorporó a millones de trabajadores en empleos estables en las industrias, mientras que en ciertas ramas de la agricultura se adoptó –por la estacionalidad que marca la división del trabajo- el “programa de braceros” para traer a las “granjas” estadounidenses a decenas de miles de campesinos mexicanos. Estos trabajadores “migrantes” mexicanos fueron contratados para efectuar “trabajos temporales” en ramas de la agricultura cuya existencia y rentabilidad dependían de la disposición de una mano de obra barata, que aceptara ser desplazada territorialmente a merced de las necesidades de los productores, y quedar excluida de la protección social, compensaciones por enfermedades, antigüedad, etcétera.

En la misma época, según la socióloga estadounidense Erin Hatton (2) fueron creadas en EE.UU. empresas dedicadas al alquiler temporal de fuerza laboral local, en particular femenina. En el blog de “opiniones” del New York Times y como parte de una serie sobre la desigualdad, Hatton analiza el tema del “aumento de la permanente economía temporal”, o sea del subempleo o trabajo temporal, señalando que si los políticos de gobierno se hacen heraldos de la “creación de empleos”, pocos de ellos hablan del tipo de trabajos que están siendo creados en EE.UU., país donde según las cifras del censo un tercio de los adultos que trabajan viven en la pobreza porque no ganan lo suficiente como para vivir decentemente ellos y sus familias.

Las cifras citadas por Hatton muestran que los salarios de una cuarta parte de los empleos en EE.UU. son inferiores a la “línea de pobreza” trazada por el gobierno federal -23 mil 50 dólares anuales- para una familia de cuatro personas, y agrega que además de ser mal pagados esos empleos son temporales e inseguros, y que es esta categoría de empleos temporales la que más empleos proporcionó a la economía estadounidense en los últimos tres años, según los datos de la American Staffing Association, que representa las diversas “agencias de reclutamiento” de mano de obra para trabajos temporales.

Es tan amplio el uso del empleo temporal, mal pago e inestable, según la socióloga, que amenaza con convertirse en la norma. En este análisis Hatton aborda los orígenes de este tipo de empleo y destaca que en lugar de elevar los estándares de producción y de calidad de los productos, las empresas estadounidenses adoptaron la estrategia de bajar los salarios y cortar los beneficios marginales, de convertir los empleos permanentes en temporales y contingentes, aplastando a los sindicatos y maquilando o mudando los trabajos. Todo esto, apunta Hatton, no es motivo de ningún escándalo.

En la segunda parte (¿Qué piensan algunos economistas sobre la crisis y la realidad actual del capitalismo?), veremos cómo esta realidad se refleja en el pensamiento y análisis de un creciente número de economistas, y el nacimiento de una discusión en la cual está presente el pensamiento de Karl Marx.

La Vèrdiere, Francia

Notas: 1.- Michael Hudson, The Financial War against the Economy at Large, 31 diciembre 2012, NakedCapitalism.com
2.- Erin Hatton, http://opinionator.blogs.nytimes.com/2013/01/26/the-rise-of-the-permanent-temp-economy/?partner=rss&emc=rss

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La lejana recuperación económica mundial

Mér, 30/01/2013 - 13:39
Alejandro Nadal, La Jornada

Por todos lados se escucha el coro de la recuperación económica. En Europa se afirma con brío que la crisis ya no pone en peligro la unión monetaria, como se temía hace un año. En Estados Unidos se dice que no sólo lo peor de la crisis ha pasado, sino que la recuperación, aunque todavía frágil, ya ha comenzado. En otros países, como México, se insiste en que viene un renacimiento económico... ¿Qué tan certera es esta visión de las cosas? La verdad, muy poco. Si se examina la situación en la que se encuentra la economía mundial existen pocas razones para el optimismo.

Comenzamos con Estados Unidos. Ahí se dice que el proceso de desendeudamiento de los hogares prácticamente ha terminado y que se vislumbra un mejor desempeño económico. Esta idea proviene del hecho de que en una economía capitalista moderna el financiamiento del consumo y la inversión es indispensable para el crecimiento y, desde esa perspectiva, el incremento del endeudamiento parecería algo bueno. Pero demasiado endeudamiento actúa como freno. En Estados Unidos los datos de la Reserva Federal muestran que el endeudamiento de los hogares se mantiene por arriba de 85 por ciento del PIB y varios estudios revelan que dicho nivel de endeudamiento es nocivo para el crecimiento de una economía.

Los datos para el tercer trimestre de 2012 efectivamente muestran que los hogares en Estados Unidos incurrieron en un déficit financiero y por eso muchos creen que el endeudamiento regresó, lo que se interpreta como buena señal. Pero al mismo tiempo que los hogares siguen pagando sus deudas, los datos revelan que los activos financieros de las familias se desplomaron. Eso quiere decir que los hogares siguen enfrentando problemas de liquidez y por eso recurren a la venta de parte de sus activos. Eso es normal porque los salarios siguen estancados, la desigualdad se mantiene y los empleos decentes no aparecen por ningún lado.

Como el sector corporativo también prefiere seguir pagando deudas, nada justifica pensar que la fase de desendeudamiento ya terminó. Según Richard Koo, economista de Nomura Securities, Estados Unidos se enfrenta al mismo problema que mantuvo postrada a la economía japonesa durante los últimos 20 años. Es lo que Koo llama recesión de hojas de balance: después del estallido de una burbuja los agentes prefieren pagar deudas en lugar de pedir prestado, aunque la tasa de interés sea cercana a cero.

El corolario de este tipo de análisis es que el gobierno debe mantener el nivel de gasto y éste no es momento para tratar de reducir el déficit fiscal. Eso es algo que el Congreso en Washington no acaba de entender. Es cierto que en el largo plazo el déficit fiscal debe reducirse, pero en la actualidad la disminución del déficit es una prioridad equivocada: frente al recorte en el gasto de los hogares, se necesita mantener y aumentar el gasto del gobierno.

En Europa el himno a la recuperación es todavía más desafinado. A principios de enero el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, declaró que había desaparecido la amenaza a la existencia del euro. Y es cierto que la intervención del Banco Central Europeo contribuyó a calmar los ánimos el año pasado, pero de ahí a cantar victoria ya es exagerado. No hay que olvidar que el conjunto de la eurozona entró oficialmente en recesión en 2012 y hasta Alemania, el motor europeo, vio su PIB reducirse 0.5 por ciento el último trimestre de 2012. Además de las economías más golpeadas por la crisis (Grecia, Portugal e Irlanda) este año se aplicarán severos ajustes fiscales en España, Italia y Francia, lo que frenará el crecimiento en esos países.

Algunos pensarán que el ajuste fiscal y la reforma laboral son necesarios para salir de la recesión. Pero el último informe de la Comisión Europea sobre empleo y desarrollo social (disponible en ec.europa.eu) concluye que esa no es la medicina adecuada, porque la verdadera causa de la recesión proviene del colapso en la demanda agregada. De ese análisis queda muy mal parada la idea de que con la austeridad y la flexibilidad laboral saldrá a flote la economía europea.

El desempleo en la zona euro alcanzó 11.7 por ciento en octubre de 2012: 19 millones de personas están desocupadas, 2 millones más que hace un año. En el caso de los jóvenes el desempleo alcanza el 25 por ciento. Las tasas de desempleo general más altas corresponden a España (26.6 por ciento), Grecia (26 por ciento) y Portugal (16.3 por ciento). En síntesis, prosigue la desintegración económica en cámara lenta. Es evidente que la austeridad fiscal seguirá profundizando la contracción, incrementando el desempleo y trayendo pobreza a una capa enorme de la población europea.

Keynes pensaba que el problema económico del capitalismo era su capacidad para mantener niveles de desempleo socialmente inaceptables. La causa la encontró en la inestabilidad intrínseca del capitalismo. Hoy hay que admitir que la ceguera y la belicosidad de las clases dominantes también juegan un papel importante.

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La crisis y la desigualdad

Mar, 29/01/2013 - 20:26
Antonio Gershenson, La Jornada

En Europa hay problemas. Aunque todavía no está publicada toda la información, hay datos por ejemplo de Alemania. Es el país más fuerte de Europa occidental en lo económico, y su crecimiento anual en 2012 fue de 0.7 por ciento. Su crecimiento del producto anual el año anterior, 2011, fue de 3.1 por ciento. O sea que el año que termina creció poco menos de una cuarta parte que el anterior.

Así quedarán los otros, que habían sido en 2011: 0.7 por ciento en Gran Bretaña, 1.7 en Francia, y otros incluso cifras negativas, que el año recién terminado se extendieron. España todavía era de cifras positivas en 2011: 0.7 por ciento, pero ya para 2012 tuvo cifra negativa de menos 1.3 por ciento, con números negativos en todos y cada uno de los trimestres. Sólo están peor Grecia y tal vez Portugal.

En cambio, China tuvo un repunte. Después de crecimientos cada trimestre más bajos, en el último de 2012 aumentó. Claro, son porcentajes que ya quisiéramos hasta el peor para nosotros. Después de su crecimiento más lento en el tercer trimestre: 7.4 por ciento, después de trimestres cada vez más lentos, en este último repuntó, subió el ritmo a 7.9 por ciento. El indicador anual todavía fue más bajo para China que en el año anterior, 7.8 por ciento.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de publicar pronósticos, sobre todo para los años siguientes, 2013 y 2014. Para México prevé 3.5 para cada uno de estos dos años. Para el año recién terminado, otras fuentes internacionales económicas estiman alrededor de uno a 3.5 por ciento.

El FMI prevé para los próximos dos años 3.5 y 4.0 para Brasil, cuyo promedio de los últimos seis años (a falta de suficientes datos recientes) es de 3.6 por ciento. Para Estados Unidos, el mismo FMI prevé para esos dos años 2 por ciento, y estima para el recién terminado, tres décimas de punto menos, o sea 1.7 por ciento.

No tenemos aún cifras completas para el año pasado, pero por los datos anteriores algunos otros países con mayor crecimiento, además de China y Brasil, son India, Vietnam, Argentina, Mongolia, Rusia y también Indonesia.

Nuestro trato comercial con el exterior no es, evidentemente, con los países de más crecimiento. Europa occidental, nuestro segundo cliente, está por los suelos, y Estados Unidos tiene crecimiento lento, del que dependemos para nuevas caídas. Los anuncios, por ejemplo, del futuro de Pemex, dependen también principalmente de ese crecimiento. Además, tanto en Pemex como en la CFE, dependen mucho de los monopolios españoles. Repsol tiene un ámbito especialmente grande, más aún en el sector eléctrico.

Otro elemento de dependencia, muy delicado, es la importación de gas natural, del cual depende nuestra economía en varios sentidos. Varias industrias se han quedado varias veces sin abasto de gas natural. Ahora, en vez de producir más, de quemar menos gas, de contaminarlo menos, se impulsa la importación desde Estados Unidos. Lo había impulsado ya la CFE, pero ahora también Pemex tiene planeado un gran gasoducto desde la frontera con Estados Unidos hasta el centro del país.

Ya hemos mencionado los contratos de la CFE con empresas, sobre todo de Estados Unidos, para construir gasoductos a los principales lugares mexicanos en el norte y con el noreste. Llegan hasta Mazatlán en el Pacífico, y hasta Jiménez del lado del Golfo. Tardarían buen número de años.

La reunión del PRI de Nayarit agrega el planteamiento de una mayor inversión privada en Pemex. Dice que es absurdo que estemos exportando crudo a Estados Unidos e importando gasolina.

El problema es que en esto está sumando las dos afirmaciones: la primera que es la de una mayor inversión privada en Pemex, que las nuevas refinerías sean de empresas trasnacionales.

También repiten lo ya dicho por el PRI, que suban el IVA y se agregue a alimentos y medicinas. A aumentar la miseria de los miserables, y a enriquecer a los empresarios.

Ya dijimos anteriormente que el PRI en 2008, cuando se discutían la nuevas leyes petroleras, dijo que las refinerías debían ser de la nación. Y dijimos que estaban tirando al suelo sus propios principios.

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El juego de dados y las finanzas (sobre méritos y azar)

Mar, 29/01/2013 - 03:13
Daniel Raventós, Sin Permiso

En el mundo de los negocios y bastante más allá, es bien conocido el ya jubilado Jack Welsh, el que fue director ejecutivo de General Electric entre 1981 y 2001. En el año 2000 Welsh se embolsó por el desempeño de tan alto cargo nada más y nada menos que 144.500.000 dólares. Esta cantidad es inmensa, por supuesto, y más si la comparamos con los ingresos medios de una familia del mismo país, EEUU. Los ingresos de Welsh equivalen a unas 3.500 veces a los que percibieron en el mismo año una familia media. Esta proporción, sin consideraciones adicionales, ya debería ser un indicador para humanos normalmente constituidos de que algo no está funcionando bien para la gran mayoría de la población.

¿Cuáles pueden ser las justificaciones de una remuneración tan grotescamente elevada? Una de las más habituales es que lo que reporta a la compañía un director ejecutivo es tanto, que bien merece una recompensa tan alta. Incluso se argumenta que la diferencia entre el número uno y, pongamos por caso, el número cinco de entre los mejores pude ser muy grande. Obsérvese que este es el razonamiento que la teoría económica estándar aplica a las supermodelos de alta costura (los supermodelos masculinos, mucho menos conocidos que sus colegas femeninas, tienen un mercado más reducido porque se gasta menos de la mitad en ropa masculina que en femenina), y que explica que la diferencia de ingresos entre la modelo número 1 y la cotizada en el número 4, 6 ó 9, sea muy grande. Lo que la supermodelo número 1 y la número 6 hacen ganar a sus respectivos patrocinadores también varía mucho, de ahí las grandes diferencias. Razonamiento que se aplica también, como último ejemplo, a los tenistas de élite en que la diferencia de ingresos entre el primero de la Asociación de Tenistas Profesionales y el, pongamos por caso, 5, 7 ó 10 puede ser de muchos millones de diferencia. Así que, de entrada, lo de la gran aportación a la empresa parece una explicación razonable. La crisis sirvió para que mucha más gente de la que suele interesarse por estas cuestiones, conociera las formas de estafa mediante las que tantos ejecutivos engañaron a accionistas, clientes y trabajadores de la propia empresa. Pero hagamos el esfuerzo de olvidar esta gran estafa sólo por un momento. Vamos a suponer que este embeleco, cuyas consecuencias está padeciendo un número cada vez mayor de personas desde que estalló la actual crisis, no se hubiera producido. Supongamos que los ingresos de estos altos ejecutivos, asesores financieros y demás “magos” de las finanzas se debieran al mérito o a la compensación por las altas ganancias obtenidas por la empresa. Supongámoslo aunque sea por unos breves instantes.

Veamos entonces si la mencionada justificación del mérito para una remuneración tan elevada tiene algún sentido. El que fue Nobel de Economía en el año 2002, el psicólogo cognitivo Daniel Kahneman, realizó un estudio hace unos años sobre qué parte era debida a la aptitud y qué parte a la suerte en los resultados obtenidos por 25 asesores financieros a lo largo de ocho años. Disponía de un listado con muy detallados datos por asesor y por año. Los resultados de esta investigación fueron sorprendentes para el propio autor y demoledores para la justificación que discutimos. En palabras de Kahneman, se concluía que “los resultados se asemejaban a lo que se esperaría de un juego de dados, no de un juego de inteligencia”. En ningún caso, mediante el conocido instrumento estadístico de la correlación (en donde el coeficiente de la misma puede estar entre 0, en este caso ninguna correlación, y 1, correlación “perfecta” en ese extremo) se observó nada, que no fuera el puro azar, que tuviera una correlación significativamente superior a 0 entre la gestión de los asesores financieros con los resultados de las empresas. Es decir, que tratándose de la gestión del mercado financiero, la “firma recompensaba la suerte como si fuese una aptitud”. Tirar los dados conllevaría los mismos resultados. Si bien resultaría mucho más barato. Así que no se trata de mérito.

Aunque el problema que abordó Kahneman era más general, que él mismo y Amos Tversky llamaron “ilusión de validez” hace ya cuatro décadas, su estudio es muy significativo para lo que aquí interesa. Resulta que, supuesta la honradez de los altos ejecutivos, sus resultados económicos para la empresa respectiva son equivalentes a tirar los dados: aptitud cero y azar total. Pero cuando Kahneman realizó el mencionado estudio, no habían sucedido los hechos que con la crisis económica se han ido conociendo y que permiten afirmar que, para una buena parte de altos ejecutivos de grandes bancos y determinadas grandes empresas, la honradez no es algo que en ningún caso deba suponerse. En palabras escritas hace poco más de 4 años por el que fue candidato a presidente de los EEUU, Ralph Nader: “Olvidaos de Las Vegas. Los jugadores empecinados se hallan en Wall Street, y están jugando con vuestro dinero, con vuestras pensiones y con vuestros medios de vida.”

Y quedan muchas preguntas interesantes que quien se obstine en defender la tesis del “mérito” o algo remotamente parecido para justificar las grandes remuneraciones de los altos ejecutivos, tendría muchas dificultades en responder de forma satisfactoria. Por ejemplo, ¿por qué cuando la empresa incurre en pérdidas que en algunos casos son astronómicas, siguen ganando estos ejecutivos cifras tan depravadamente elevadas? Ese es el caso, entre muchos, de Richard S. Fuld, ejecutivo de Lehman Brothers que a mediados de la década anterior se embolsó 40 millones de dólares, cuando las pérdidas reconocidas de la empresa eran de 2.800 millones. Casi nada. Pero volviendo a Jack Welsh, ¿por qué este ejecutivo se llevó a casa en el año 2000 estos 144,5 millones de dólares y su antecesor en el cargo, el legendario para muchos y que fue definido como el “más influyente hombre de negocios en los EEUU”, Reginald Jones, solamente se embolsó 500.000 dólares en 1975? Si el primero, como queda dicho, se agenció una cantidad que equivalía a 3.500 veces los ingresos de una familia media estadounidense, el segundo lo hizo en una proporción no tan insultante, unas 36 veces. La respuesta está en las muchas normas que cambiaron en la configuración política de los mercados desde 1975 al 2000 para beneficio de los ricos y para la desgracia de la mayoría de la población. Y no digamos desde 2000 hasta hoy.

Es muy conocida la proverbial sentencia de Balzac “detrás de cada gran fortuna, hay un gran crimen”. Quizás no tanto la del Pulitzer D. C. Johnston, que muchos años después afirmó que si el crimen no es evidente es porque no se ha observado con la suficiente atención.

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Multiplicadores fiscales: la transformación discursiva del FMI

Dom, 27/01/2013 - 23:49
Oscar Ugarteche y Ariel Noyola Rodríguez, Alainet.org

A raíz de la crisis de 2008, el Fondo Monetario Internacional (FMI) sufre de una nueva crisis de credibilidad. Su misión es mantener la estabilidad de la economía mundial para que no se repitiera una crisis como la del 29.[1] ¿Qué estaban mirando cuando reventó la crisis? La crisis iniciada en agosto del 2007 recién fue analizada en enero del 2009. El problema subyace en el diagnóstico equivocado de Estados Unidos en su informe del Artículo IV del 2007.

A partir de la segunda mitad de los setenta, el FMI ha actuado más como el ‘brazo armado’ del Departamento del Tesoro estadounidense y cobrador judicial y menos como un fondo multilateral de ayuda a la estabilización monetaria. La crisis de la deuda en América Latina (AL) en la década de los ochenta y la crisis asiática de 1997-98 pusieron al descubierto su articulación acorde con los intereses del complejo financiero bancario con base en Wall Street y la City.[2]

Los dirigentes de seis de los siete países deudores más grandes del mundo (Japón, Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Italia y Francia) y los doce países acreedores mayores (China, India, Rusia, Brasil, México, Turquía, Arabia Saudita entre los más significativos) reunidos en el G20 en Londres en marzo del 2009, triplicaron la capacidad de préstamos del FMI de 250,000 millones de dólares (mdd) a 750,000 mdd en la reunión del G20 de Londres en abril del 2009.[3]

Como sabemos, el estallido de la burbuja financiera en el mercado de hipotecas de mala calidad [subprime] de Estados Unidos provocó impactos desiguales en el “mundo” según el grado de exposición de los sistemas bancarios nacionales a los activos tóxicos. El “mundo” se define como los países desarrollados. Sin embargo, tras los rescates financieros con fondos públicos siguió la austeridad fiscal en Europa vía reducción salarial y del gasto público, consolidándose la hipótesis de que el objeto de las políticas de ajuste es la concentración del ingreso. Las consecuencias son: 1) contracción del mercado interno, 2) baja de las perspectivas de recuperación y 3) aumento del riesgo y la deuda.

Blanchard y Leigh del FMI, reconocen en Growth Forecast Errors and Fiscal Multipliers[4], que la institución subestimó los impactos de la austeridadfiscal sobre el crecimiento económico y el empleo. Durante décadas se estimó que el tamaño del multiplicador fiscal era entre 0.40 y 0.50. Si se reducía el gasto público en 1 euro, se reducía el PIB en 0.50 céntimos de euro. Ahora encuentran que su magnitud oscila entre 1.50 y 1.90. Es decir, que por cada euro no gastado, el PIB se contrae entre un euro y medio, y dos euros.

Se ha demostrado además que en periodos de caídas severas de la actividad económica, el multiplicador opera a la inversa y es mayor aún. Por cada euro ahorrado en el presupuesto público, el PIB se contrae tres euros porque cobran menos euros en nuevos impuestos, lo que contrae el PIB.[5] Cualquier keynesiano hubiera predicho esto.

La interrogante es porqué el FMI hace público algo tan subversivo ahora. Una hipótesis es que mientras fuera América Latina, no interesaba. Parece que ellos olvidaron la “década perdida” de los ochenta. No se perdió; se la llevaron. Lo que interesaba acá era abrir los mercados de capitales. Otra es que Francia no quiere que se profundice la crisis europea. Europa es una cosa, América Latina es otra.

Empero, la transformación discursiva del FMI no cambia aún las políticas para lo que necesitará vistos buenos de los miembros poderosos, que son paradójicamente, lo más afectados por éstas. En la actualización sobre las perspectivas de la economía mundial publicada en enero de 2013[6], Europa toda crecerá más o menos 0 y Estados Unidos, 1% menos que antes.
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Notas:
[1] Ugarteche, Oscar. Historia crítica del Fondo Monetario Internacional. México: IIEC-UNAM, 2009.
[2] Ugarteche, Oscar. El complejo financiero bancario y la privatización de la gobernanza financiera. Fecha de publicación: Octubre 2012. [Web: http://www.bcra.gov.ar/pdfs/eventos/JMB_2012_Ugarteche.pdf]
[3] Duval, Jérome. “El impetuoso regreso del FMI a Europa” en Comité para la Anulación de la deuda del Tercer Mundo. Fecha de publicación: 26-01-2012. [Web: http://cadtm.org/El-impetuoso-regreso-del-FMI-a]
[4] Blanchard, Olivier y Leigh, Daniel. Growth Forecast Errors and Fiscal Multipliers: FMI. Fecha de publicación: Enero 2013. [Web: http://www.imf.org/external/pubs/ft/wp/2013/wp1301.pdf]
[5] Baquiast, Jean-Paul. “La fausse vertu du FMI” en De Defensa. Fecha de publicación: 10-01-2013. [Web: http://www.dedefensa.org/article-la_fausse_vertu_du_fmi_10_01_2013.html]
[6] Fondo Monetario Internacional. WEO Update: Gradual Upturn in Global Growth during 2013. Fecha de publicación: 23-01-2013. [Web: http://www.imf.org/external/pubs/ft/weo/2013/update/01/pdf/0113.pdf]
- Oscar Ugarteche es Economista peruano. Investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México. Miembro del SNI/Conacyt. Coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA) www.obela.org y presidente de ALAI www.alainet.org
- Ariel Noyola Rodríguez es Miembro del proyecto OBELA, IIEC-UNAM. Contacto: anoyola@iiec.unam.
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Ver también: El FMI da un giro en 180 grados y reconoce que subestimó los multiplicadores fiscales
Nuevo mea culpa del FMI por subestimar los multiplicadores fiscalesUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La crisis estructural: los imponderables de mediano plazo

Dom, 27/01/2013 - 03:11
Immanuel Wallerstein, La Jornada

He expresado previamente por qué pienso que el sistema-mundo capitalista está en una crisis estructural y por qué esto conduce a una lucha política a escala mundial por ver cuál de dos alternativas prevalecerá: una que tenga por resultado un sistema no capitalista, que retenga todos los peores rasgos del capitalismo (las jerarquías, la explotación y la polarización), u otra que siente las bases para un sistema basado en una relativa democratización y un relativo igualitarismo, un tipo de sistema que aún no ha existido.

Sin embargo, hay tres imponderables en el proceso de una transición sistémica. Éstos son tres fenómenos cuyas raíces yacen en los desarrollos históricos del sistema-mundo moderno y que podrían explotar en algún sentido en los próximos 20 o 40 años, en una forma en extremo destructiva, con consecuencias muy inciertas para la lucha política a escala mundial.

Estos tres imponderables son el cambio climático, las pandemias y la guerra nuclear. No son imponderables en cuanto a los peligros que entrañan para toda la humanidad. Son imponderables en cuanto al momento en que podría ocurrir cualquiera de tales desastres. Es extenso nuestro conocimiento acerca de ellos, pero hay tantas incertidumbres y diferencias de puntos de vista entre quienes han estudiado seriamente estos asuntos que no creo que podamos estar seguros qué es lo que ocurrirá exactamente. Discutamos uno por uno.

El cambio climático parece una realidad incuestionable, excepto para quienes rechazan esta realidad por razones políticas o ideológicas. Es más, todo lo que ha estado ocasionando el cambio climático de hecho se está acelerando en vez de amainar en velocidad. Las diferencias políticas entre los Estados más ricos y menos ricos en cuanto a lo que debería hacerse acerca del cambio climático parecen hacer inconseguible cualquier acuerdo que pudiera mitigar los riesgos.

No obstante, la complejidad ecológica de la Tierra es tan grande y estos cambios son tan extensos, que no sabemos qué clase de reajustes habrán de ocurrir. Parece claro que los niveles del agua subirán, ya están subiendo, y esto amenaza con inundar vastas extensiones. También es claro que las temperaturas promedio en varias partes del mundo cambiarán, ya están cambiando. Pero esto puede también tener el resultado de que ocurra un cambio en la localización de la producción agrícola y las fuentes de energía a zonas diferentes, de forma tal que podrían compensar, en algún sentido, el agudo daño de otras zonas.

Lo mismo es cierto de las pandemias. Los enormes avances de la medicina mundial en los últimos 100 años o algo así, que parecen haber logrado controlar muchas enfermedades, han creado simultáneamente una situación en la que el enemigo más antiguo de la humanidad, los gérmenes, han encontrado nuevos modos de volverse resistentes y de crear nuevas clases de afecciones que nuestras fuerzas médicas hallan extremadamente difícil combatir.

Por otra parte, pareciera que estamos comenzando a aprender que los gérmenes pueden ser, en ocasiones, el mejor amigo de la humanidad. Una vez más nuestro conocimiento parecía enorme, pero una vez hecho y dicho lo necesario resulta que es lastimosamente pequeño. En esta carrera contra el tiempo, ¿qué tan rápido habremos de aprender? ¿Y qué tanto debemos desaprender para poder sobrevivir?

Por último está la guerra nuclear. He argumentado que habrá una proliferación atómica significativa en las décadas venideras. No veo esto como un peligro en términos de alguna guerra interestatal. De hecho, es casi lo contrario. Las armas nucleares son, en esencia, defensivas y, por tanto, reducen, no incrementan, la probabilidad de guerras interestatales.

No obstante, hay varios imponderables. Las motivaciones de los actores no estatales no son necesariamente las mismas. Y hay algunos, sin duda, a los que les gustaría apropiarse de esos armamentos (o de armas químicas o biológicas) y usarlas. Además, como muchos Estados tienen limitada capacidad para proteger tales armamentos de que se los apropie o los compre alguien, esto puede facilitar que los actores no estatales los adquieran. A final de cuentas, el uso real de tales armamentos yace necesariamente en las manos de algunos individuos. Y no podemos descartar nunca la posibilidad de que surja algún agente estatal perverso, un Doctor insólito de ficción.

Es perfectamente posible que el mundo supere la transición global hacia un nuevo sistema mundo, o a sistemas, sin que ninguna de estas catástrofes ocurran. Pero también es posible que no lo logre. Y si no supera la transición es también posible que el nuevo sistema-mundo tome toda clase de medidas que reduzcan (o incluso eliminen) la probabilidad de que alguna de estas catástrofes ocurran.

Es obvio que no podemos simplemente sentarnos a ver qué va a pasar. Necesitamos emprender cualquier medida que podamos –en el inmediato presente– para minimizar la posibilidad de explosión de cualquiera de estos tres imponderables. Sin embargo, mientras nos encontremos en el moderno sistema-mundo es limitado lo que podemos lograr en lo político. Es por eso que les llamamos imponderables. No podemos estar seguros de que, de hecho, ocurrirán y cuál será el efecto que tendrán en la transición.

Permítanme clarificar lo que digo. Ninguna de estas peligrosas ocurrencias habrá de ponerle fin al proceso de transición estructural. Pero afectará seriamente el balance de las fuerzas políticas que luchan. Uno de los modos importantes en que puede reaccionar la gente ante estos peligros es irse para dentro con modos mucho más proteccionistas y xenófobos, lo que fortalecerá la mano de aquellos que buscan crear un sistema opresivo (aun si éste es uno no capitalista). Ya vemos esta tendencia casi en todas partes. Esto significa que quienes busquen un sistema relativamente democrático y relativamente igualitario tienen que tornarse más claros acerca de lo que ocurre y trabajar más duro desarrollando estrategias políticas que contrarresten esta tendencia.
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Tomado de La Jornada. Traducción: Ramón Vera Herrera
Ver también: Los trastornos globales en el mediano plazo
..y: El capitalismo está llegando a su fin, entrevista a Immanuel Wallerstein publicada en Le Monde
y mi aporte en La caída de un avión en llamas
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Cumbre CELAC-UE, marcada por una Europa en crisis y necesitada

Sáb, 26/01/2013 - 22:01

Eduardo Román Di Cola*, Buenos Aires

La cumbre CELAC-UE (Comunidad económica de Latinoamérica y el Caribe - Unión Europea) que se está desarrollando durante este fin de semana en Santiago de Chile, está marcada por las urgencias de una Europa inmersa en una crisis de la que no encuentra salida.

Más allá de las motivaciones, se ven urgidos a mirar hacia Latinoamérica de una manera diferente a como estaban acostumbrados a hacerlo en el pasado. Naturalmente que no es por convicción. La circunstancia los obliga. Necesitan seducirnos, pero se encuentran con una realidad política que no les permitirá repetir viejas historias.

Cuanto menos hay un bloque de países que tienen claro la necesidad de defender sus mercados internos y el valor de las materias primas que producen. Esta construcción que tuvo a los presidentes Kirchner, Lula y Chávez como a sus principales impulsores, es una realidad respetada y reconocida por todos los bloques regionales y motivo de análisis en los centros de decisión de los llamados países desarrollados.

No resulta casual en consecuencia que en esta cumbre sean Brasil, Venezuela y Argentina los destinatarios de la mayor preocupación por parte de los líderes europeos. Así lo refleja el diario Chicago Tribune de USA que en su edición del 25 de enero refiriéndose al tema titula: “En la cumbre con Latinoamérica Europa en problemas se concentra en el comercio” (texto original:“Europe faces hurdles at Latin America summit focused on trade”).

La crisis en la que se encuentra inmersa Europa obliga a sus líderes enfrentar esta cumbre con dos preocupaciones, afirma el analista. Por un lado el estancamiento de las negociaciones del libre comercio con Argentina y Brasil, las que según su opinión, están lejos de poder destrabarse. (texto original: “EU leaders take their hunt for economic growth to Latin American this weekend as the bloc tries to emerge from three years of crisis, but a long-stalled free-trade deal with Brazil and Argentina remains distant.”)

Y por otro lado, los inquieta la difícil situación por la que está atravesando Hugo Chávez en tanto y en cuanto esto pueda afectar la estabilidad de Venezuela como importante productora de petróleo (texto original: The absence of the larger-than-life leader at the Summit will be conspicuous as many leaders and diplomats fret about the stability of the oil-producing nation.”)

De aquel “por qué no te callas”, con que el Rey de España increpó al Presidente de Venezuela Hugo Chavez confundiendo respeto con subordinación, a esta realidad que nos muestra la cumbre de Santiago no ha pasado mucho tiempo. Pero lo suficiente como para encontrarnos ante una realidad absolutamente diferente. Una Latinoamérica valorizada y en crecimiento, que tiene a Brasil, Argentina y Venezuela como a los principales destinatarios del interés y atención de una Europa en crisis y necesitada.
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*Diputado Nacional (MC) Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Una crisis tanto democrática como financiera

Sáb, 26/01/2013 - 04:29
Slavoj Zizek, The Guardian

En una de las últimas entrevistas antes de su caída, un periodista occidental le preguntó a Nicolae Ceausescu [exdictador rumano] cómo justificaba el hecho de que los ciudadanos rumanos no pudieran viajar libremente al extranjero, aunque la Constitución garantizaba la libertad de movimiento. Su respuesta coincidía con la mejor tradición de la sofistería estalinista: es cierto que la Constitución garantizaba la libertad de movimiento, pero también garantizaba el derecho a un hogar seguro y próspero. Nos encontramos así ante un posible conflicto de derechos: si los ciudadanos rumanos podían salir del país, la prosperidad de su patria correría peligro. Ante este conflicto, había que elegir una opción y el derecho a una patria segura y próspera claramente tenía prioridad…

Parece que este mismo espíritu se ha apoderado actualmente de Eslovenia. El mes pasado, el Tribunal Constitucional determinó que un referéndum sobre la legislación para establecer un "banco tóxico" y un holding soberano sería inconstitucional, de modo que prohibía el voto popular sobre el asunto. El referéndum lo propusieron los sindicatos, planteando un reto a la política económica neoliberal del Gobierno y la propuesta obtuvo firmas suficientes para hacerlo obligatorio.

La idea del "banco tóxico" consistía en crear un lugar al que transferir todos los créditos tóxicos de los principales bancos, que a continuación serían rescatados con dinero estatal (es decir, a costa de los contribuyentes), de modo que se evitaba que se realizaran investigaciones serias sobre quién era responsable de ese crédito tóxico en primer lugar. Esta medida, que se ha debatido durante meses, estaba lejos de contar con la aceptación general, incluso por parte de los especialistas financieros. Entonces, ¿por qué prohibir el referéndum? En 2011, cuando el Gobierno de Yorgos Papandreu en Grecia propuso la convocatoria de un referéndum sobre las medidas de austeridad, cundió el pánico en Bruselas, pero incluso en ese caso nadie se atrevió a prohibirlo directamente.

Según el Tribunal Constitucional esloveno, el referéndum "habría provocado consecuencias inconstitucionales". ¿Cómo? El Tribunal reconocía el derecho constitucional a celebrar un referéndum, pero declaraba que su ejecución pondría en peligro otros valores constitucionales a los que debía darse prioridad en una crisis económica: el funcionamiento eficiente del mecanismo estatal, sobre todo a la hora de crear las condiciones para el desarrollo económico; la materialización de los derechos humanos, en especial los derechos a la seguridad social y la iniciativa económica libre.

En resumen, al evaluar las consecuencias del referéndum, el tribunal sencillamente aceptó como un hecho que al no obedecer los dictados de las instituciones financieras internacionales (o al no cumplir sus expectativas) se podía producir una crisis política y económica, por lo que resultaba inconstitucional. Dicho sin rodeos: puesto que el cumplimiento de esos dictados y expectativas es la condición para mantener el orden constitucional, tienen prioridad sobre la constitución (y por consiguiente, sobre la soberanía del Estado).

Puede que Eslovenia sea un país pequeño, pero esta decisión es un síntoma de la tendencia global hacia la limitación de la democracia. La idea es que, en una situación económica compleja como la actual, la mayoría de las personas no están cualificadas para decidir, ya que no son conscientes de las consecuencias catastróficas que se producirían si se cumplieran sus demandas.

Esta argumentación no es ninguna novedad. En una entrevista en televisión hace unos años, el sociólogo Ralf Dahrendorf vinculó la creciente desconfianza ante la democracia al hecho de que, tras cada cambio revolucionario, el camino hacia una nueva prosperidad conduce a un "valle de lágrimas". Después del hundimiento del socialismo, no se puede pasar directamente a la abundancia de una economía de mercado de éxito: la seguridad y el bienestar socialistas, que aunque limitados son reales, deben desmantelarse y estos primeros pasos son necesariamente dolorosos.

En Europa Occidental ocurre lo mismo, ya que el paso del Estado del bienestar posterior a la Segunda Guerra Mundial a una nueva economía global implica renuncias dolorosas, menos seguridad, menos asistencia social garantizada. Para Dahrendorf, el problema estriba en el simple hecho de que este paso doloroso a través del "valle de lágrimas" dura más que el periodo medio entre elecciones, por lo que existe una gran tentación de posponer los cambios difíciles y dar prioridad a las ganancias electorales a corto plazo.

En su opinión, el paradigma es la decepción de los grandes estratos de naciones post-comunistas por los resultados económicos del nuevo orden democrático: en los días gloriosos de 1989, equiparaban la democracia con la abundancia de las sociedades consumistas occidentales; y 20 años después, al seguir sin tener esa abundancia, culpan a la misma democracia. Es una pena que Dahrendorf se centre mucho menos en la tentación opuesta: si la mayoría se resiste a los cambios estructurales necesarios en la economía, ¿no sería una de las conclusiones lógicas que, durante una década o así, una élite ilustrada asuma el poder, incluso por medios no democráticos, para aplicar las medidas necesarias y así sentar las bases de una democracia realmente estable?

Siguiendo esta línea, el periodista Fareed Zakaria señaló cómo la democracia sólo podía "arraigar" en países desarrollados económicamente. Si los países en vías de desarrollo se "democratizan prematuramente", el resultado es un populismo que acaba en una catástrofe económica y en despotismo político, por ello no es de extrañar que los países del tercer mundo económicamente más prósperos (Taiwán, Corea del Sur, Chile) aceptaran la democracia totalmente sólo tras un periodo de poder autoritario. Es más, ¿esta línea de pensamiento no aporta el mejor argumento para el régimen autoritario en China?

La novedad ahora es que, cuando la crisis financiera comenzó en 2008, esta misma desconfianza ante la democracia, antes limitada a los países del tercer mundo o a los países post-comunistas en desarrollo, ahora está ganando terreno en el propio Occidente desarrollado: lo que hace una o dos décadas era un consejo condescendiente a los demás ahora nos incumbe a nosotros mismos.

Lo mínimo que podemos decir es que la crisis demuestra que no es el pueblo, sino los mismos expertos los que no saben lo que hacen. En Europa Occidental somos testigos de la creciente incapacidad de la élite gobernante, pues cada vez saben menos cómo gobernar. Obsérvese cómo está tratando Europa la crisis griega: presionando a Grecia para que paguen sus deudas, pero al mismo tiempo arruinando su economía imponiendo medidas de austeridad y por lo tanto haciendo que la deuda griega nunca llegue a pagarse.

A finales de octubre del año pasado, el propio FMI publicó una investigación que demostraba que el daño económico producido por las medidas de austeridad agresivas podrían ser hasta tres veces más de lo que se había asumido anteriormente, por lo que invalidaba su propio consejo sobre la austeridad en la crisis de la eurozona. Ahora, el FMI admite que obligar a Grecia y a otros países acosados por las deudas a reducir sus déficits demasiado rápido podría resultar contraproducente, pero sólo después de que se perdieran cientos de miles de empleos por estos "errores de cálculo".

Y en eso reside el verdadero mensaje de las protestas populares "irracionales" en toda Europa: los manifestantes saben muy bien lo que no saben y no pretenden tener respuestas rápidas y sencillas. Pero lo que les dice su instinto es verdad: que los que están en el poder tampoco lo saben. En la Europa actual, el ciego guía al ciego.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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