Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger5022125
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Immanuel Wallerstein: La proliferación nuclear

Mér, 07/05/2014 - 12:00
Immanuel Wallerstein, Al Jazeera

Estados Unidos e Irán se encuentran en medio de difíciles negociaciones en torno a la posible obtención de armamento nuclear por parte de Irán. La probabilidad de que estas negociaciones resulten en una fórmula consensuada parece más bien escasa, dado que hay poderosas fuerzas en ambos países que se oponen con fuerza a un acuerdo y trabajan muy duro para sabotear cualquier pacto.

La visión habitual en Estados Unidos y Europa occidental es que lo que está en juego es evitar que un país supuestamente no confiable, Irán, adquiera armas con las que podría imponerse sobre Israel y el mundo árabe en general. Sin embargo, en realidad no se trata dse eso. En absoluto. La probabilidad de que Irán haga uso de una arma nuclear, si poseyera alguna, no es mayor que la de cualquiera de los nueve otros Estados que ya cuentan con dicho armamento. Y la capacidad de Irán para salvaguardar esas armas contra el robo o el sabotaje es probablemente mayor que la de la mayoría de los países.

La cuestión real es bastante diferente. El esfuerzo por impedir que Irán se convierta en potencia nuclear es como sostener con un dedo un dique que se está resquebrajando. Si retiramos el dedo sobrevendrá la inundación. El temor es que si retiramos el dedo, en poco tiempo haya, no diez, sino 20 o 30 potencias nucleares.

La historia comienza en la Segunda Guerra Mundial, durante la que Estados Unidos y Alemania se enfrascaron en una fuerte competencia por desarrollar una bomba atómica para usarla contra el otro. En el momento en que se rindió Alemania, ninguno de los dos países lo había logrado, pero Estados Unidos había avanzado más. En ese momento, ocurrieron dos cosas. En la reunión de Potsdam, Estados Unidos y la Unión Soviética accedieron a que esta última entrara en guerra contra Japón tres meses después de la rendición de Alemania, es decir, el 8 de agosto. Estados Unidos probó su primera explosión nuclear el 16 de julio, después del fin de la guerra con Alemania.

El 6 de agosto (dos días antes de la fecha prometida por la Unión Soviética para entrar a la guerra contra Japón), Estados Unidos arrojó una bomba atómica sobre Hiroshima. La Unión Soviética cumplió su promesa el 8 de agosto. Para demostrar que su bombardeo no era sólo una posibilidad única, Estados Unidos arrojó una segunda bomba sobre Nagasaki el 9 de agosto.

¿Por qué se arrojaron las bombas? El argumento oficial fue que estos bombardeos acortarían la guerra considerablemente. Y puede que haya sido así. No hay forma de saberlo. Pero es también razonable asumir que los bombardeos fueron un mensaje para la Unión Soviética acerca del poderío estadunidense. La curiosa sincronía le da credibilidad a esta suposición.

¿Qué pasó después? Debido a los compromisos adquiridos durante la guerra, Estados Unidos compartió de inmediato algunos conocimientos técnicos con Gran Bretaña. A continuación hubo un intento de asegurar un tratado internacional que prohibiría el armamento nuclear en todo el mundo. Este intento falló. En 1949, la Unión Soviética lanzó su propia explosión y se convirtió en la segunda potencia nuclear. En 1952, Gran Bretaña también explotó un artefacto y se convirtió en la tercera potencia nuclear.

Este antiguo trío, las Tres Grandes Potencias, buscaron que la lista no creciera. Pero Francia estaba decidida a mantener su postura de ser una gran potencia y explotó su bomba en 1960. A Francia se le unió China en 1964. Cuando la República Popular China entró, en 1971, en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, los cinco miembros permanentes del mismo tenían armas nucleares.

Una vez más, quienes tenían armamento nuclear buscaron limitar la lista para que no entrara nadie más. Había, ciertamente, otros 10 o 20 países que contaban con programas en proceso y que, con el tiempo, estarían en condiciones de unirse al club nuclear. Las cinco potencias nucleares promovieron un acuerdo que recibió el nombre de Tratado de No proliferación de Armas Nucleares (conocido como TNP). El tratado ofrecía un intercambio. Los signatarios renunciarían a todo intento por desarrollar armamento nuclear a cambio de lo cual las cinco potencias prometían dos cosas: un esfuerzo de su parte por reducir la cantidad de tales armas en su posesión y una asistencia material a las potencias no nucleares para obtener lo necesario para contar con los llamados usos pacíficos de la energía nuclear

Por una parte, el tratado fue bastante exitoso. Casi todos los países firmaron el tratado y casi todos aquellos que habían lanzado programas los desmantelaron. Por otra parte, surgieron dos cosas que limitaron la utilidad del TNP. Primero, no había mucho que se pudiera hacer al respecto de los países que se negaron a firmar el tratado, o con aquellos que una vez que firmaron renunciaran a éste. Hubo varios países que se negaron a firmar y que después explotaron bombas: India en 1974, Israel probablemente en 1979, Pakistán en 1998 y Corea del Norte en 2008. Además, Israel compartió sus conocimientos con su socio, Sudáfrica. Y Pakistán comenzó a vender conocimientos y armas a otros países.

El segundo resultado negativo fue que era extremadamente difícil a nivel técnico asegurarse de que el conocimiento necesario para los llamados usos pacíficos no pudiera transferirse (y en poco tiempo) a la fabricación de armamento nuclear. Los aspectos técnicos clave eran la utilidad del uranio y el plutonio enriquecidos para construir armamento y lo que se conoce como uso dual de la tecnología (militar y civil). Inicialmente se creó la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) en 1957 para promover la capacidad de que los países desarrollaran usos pacíficos. Pero luego comenzó a involucrarse en un cierto papel algo contradictorio, estableciendo salvaguardas administrativas contra el mal uso del conocimiento. Para reforzar su capacidad, en 1993 se adoptó un protocolo adicional que le otorgaba a la AIEA mucho más poder para supervisar el mal uso, pero 50 países por lo menos se negaron a firmarlo. El protocolo adicional sólo se aplica a los países que lo firmaron.

La decadencia del poderío estadunidense ha hecho que todos los asuntos se replanteen. Parece claro que Estados Unidos está en contra de la proliferación, pero tampoco tiene ya la credibilidad de amenazar con el uso de la fuerza militar para impedir la proliferación. Esto ha hecho que reconsideren su renuncia a los armamentos nucleares muchos países que habían renunciado por confiar en el respaldo estadunidense en sus conflictos o porque temían la intervención de Estados Unidos en sus políticas internas.

Las declaraciones recientes del primer ministro japonés, Shinzo Abe, apuntan claramente en esta dirección. Y por supuesto es probable que haya contagio local. Si Japón se mueve en esa dirección, lo harán también Corea del Sur, Australia y, posiblemente, Taiwán. Tanto Egipto como Arabia Saudita están planteándose esa posibilidad, y también Irak y Turquía. Y Brasil y Argentina pueden no estar demasiado atrás. Aun en Europa, Suecia, Noruega y España podrían muy bien lanzar programas, y posiblemente Holanda. Las antiguas regiones nucleares de la Unión Soviética –Bielorusia, Ucrania y Kajastán– tienen el conocimiento suficiente para recomenzar.

Así que si no hay ningún acuerdo entre Estados Unidos e Irán, el dedo dejará de sostener el dique. Eso es lo que está en juego en esas difíciles negociaciones.

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El problema de la derecha con Piketty

Mar, 06/05/2014 - 19:24
Bradford DeLong, Project Syndicate

Hace poco, Kathleen Geier intentó hacer una reseña (publicada en The Baffler, una revista en Internet) de las críticas conservadoras al nuevo libro de Thomas Piketty, Capital in the Twenty-First Century [El capital en el siglo XXI]. Lo que más llama la atención es la pobreza del análisis de la derecha de los argumentos de Piketty.

El razonamiento de Piketty es minucioso y complicado, pero hay cinco puntos que se destacan especialmente:
  1. La relación entre la riqueza de una sociedad y la renta anual tiende a crecer (o decrecer) hasta un nivel igual a la tasa de ahorro neto dividida por la tasa de crecimiento.
  2. El tiempo y el azar llevan inevitablemente a la concentración de la riqueza en manos de un grupo relativamente pequeño, al que denominaremos “los ricos”.
  3. Conforme los beneficios inmediatos de la industrialización van siendo cosechados, la tasa de crecimiento de la economía tiende a disminuir; al mismo tiempo, la tasa de ahorro neto aumenta, debido a la reducción de impuestos progresivos, el fin de la destrucción caótica de la primera mitad del siglo XX y la ausencia de motivaciones sociológicas suficientes que lleven a los ricos a gastar sus ingresos o su riqueza en vez de ahorrarlos.
  4. Una sociedad donde los ricos poseen un alto grado de influencia económica, política y sociocultural es en muchos aspectos una sociedad indeseable.
  5. En una sociedad donde el cociente entre la riqueza y la renta anual es un múltiplo muy grande de la tasa de crecimiento, el control de la riqueza se transmite por vía hereditaria (en lo que Geier denominó heiristocracy [“gobierno de los herederos”]); esa sociedad es incluso más indeseable, en muchos aspectos, que una meritocracia dominada por una élite de emprendedores ricos.
Bueno, incluso en esta versión resumida, el razonamiento de Piketty es complejo. Uno esperaría que tal complejidad atrajera un gran número de críticas sustanciales. De hecho, Matt Rognlie atacó el punto (4) con el argumento de que la tasa de rendimiento de la riqueza decrece rápidamente a medida que aumenta el cociente entre riqueza y renta anual, de modo que, paradójicamente, cuanta más riqueza tienen los ricos, menos participan de la renta total, y su influencia económica, política y sociocultural también disminuye.

Tyler Cowen, de la Universidad George Mason, haciéndose eco del pensamiento de Friedrich von Hayek, criticó los puntos (4) y (5). Según Cowen, los “ricos ociosos” son un recurso cultural valioso precisamente porque constituyen una aristocracia con tiempo libre. No estar atados a la rueda kármica de tener que producir, ganar dinero y gastarlo en artículos de primera necesidad y de uso cotidiano es precisamente lo que les permite tener una visión a largo plazo o heterodoxa de las cosas y crear, por ejemplo, gran arte.

Hubo otros cuyo único “argumento” fue dar por sentado que habrá una nueva revolución industrial que pondrá nuevos beneficios al alcance de todos y que irá acompañada de otra ola de destrucción creativa. De ocurrir tal cosa, permitiría una mayor movilidad ascendente, lo que negaría los puntos (2) y (3).

Pero lo más extraordinario en relación con los críticos conservadores del libro de Piketty es lo poco que han desarrollado cualquiera de estos argumentos y lo mucho que se han dedicado en cambio a cuestionar las capacidades analíticas del autor, sus motivaciones e incluso su nacionalidad.

Clive Crook, por ejemplo, señala que “las limitaciones de los datos que presenta [Piketty] y la grandiosidad de las conclusiones que extrae (...) roza[n] la esquizofrenia”, dando lugar a conclusiones que “o bien no se sustentan en los datos y análisis [del autor] o bien se contradicen con ellos”. En opinión de Crook, Piketty se dejó llevar por su “terror al aumento de la desigualdad”.

Entretanto, James Pethokoukis considera que el trabajo de Piketty se podría resumir en un tuit: “Karl Marx no estaba equivocado, estaba adelantado. Eso es todo. Lo siento, capitalismo. #desigualdadXsiempre”.

Y también está la pueril acusación que hace Allan Meltzer de exceso de galicismo: porque resulta que Piketty trabajó con un colega francés, Emmanuel Saez, “en el MIT, donde era profesor Olivier Blanchard [del Fondo Monetario Internacional, que] también es francés. Francia implementó por muchos años políticas de redistribución del ingreso destructivas”.

Al combinar todas estas líneas de la crítica conservadora, salta a la vista el verdadero problema de la derecha con el libro de Piketty: que su autor es un extranjero mentalmente inestable y comunista. La vieja táctica de la derecha estadounidense, que destruyó miles de vidas y carreras en tiempos del maccartismo. Pero decir que determinadas ideas son “antiestadounidenses”, en cualquier sentido que sea, es un epíteto, no un argumento.

Ahora, en ciudades estadounidenses de centroizquierda como Berkeley, California, donde vivo y trabajo, el libro de Piketty fue recibido con una aprobación rayana en la reverencia. Quedamos impresionados por la cantidad de trabajo que el autor y sus colegas dedicaron a reunir, combinar y depurar los datos; la inteligencia y la habilidad con que construyó y presentó sus argumentos; y el trabajo denodado de Arthur Goldhammer en la traducción al inglés.

Claro que todos tienen un 10 o un 20% del argumento de Piketty con el que no están de acuerdo, y todos tienen dudas sobre, tal vez, otro 10 o 20%. Pero en ambos casos, el 10 o el 20% de cada uno es diferente. Es decir, hay un consenso mayoritario en que cada una de las partes del libro es básicamente correcta, lo que implica que casi todos están de acuerdo en que el argumento general del libro es, en términos generales, acertado.

A menos que los críticos de derecha de Piketty suban su nivel en el debate y presenten argumentos realmente válidos, esa será la evaluación que prevalecerá del libro de Piketty. Y no la van a cambiar colgándole el sambenito de “rojo” y “francés”.
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Comisión Europea corrige a la baja crecimiento e inflación para los próximos dos años

Lun, 05/05/2014 - 22:39

La Comisión Europea ha revisado sus previsiones de crecimiento e inflación para la zona euro una vez más a la baja. Se espera que los precios al consumidor aumentarán sólo un 0,8 por ciento este año y 1,2 por ciento en 2015, lo que está muy por debajo del objetivo del 2 por ciento del BCE. Al mismo tiempo, prevé que la economía se expandirá un 1,7 por ciento en 2015, menos que el 1,8 por ciento pronosticado anteriormente. Para este año mantiene su proyección de 1,2 por ciento.

La corrección de la inflación ha sido una de las más significativas. Hace tres meses, la Comisión estimó que este año la inflación sería del 1 por ciento, y que el próximo año llegaría a 1,5 por ciento. No habrá sorpresa cuando en los próximos tres meses vuelvan a corregirse estas cifras a la baja. Por eso Mario Draghi ha señalado que tiene lista la imprenta para intervenir con una masiva cantidad de dinero. La baja inflación desalienta la inversión de las empresas y el gasto de los consumidores. En una economía altamente endeudada la deflación (o caída sistemática de los precios) es un problema que dificulta la recuperación e incuba el estancamiento económico.
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Ucrania podría decepcionarse con Europa si sigue las recetas del FMI y de la Unión Europea

Lun, 05/05/2014 - 17:59
Mark Weisbrott, Cepr

Cuando los manifestantes de Euromaidán tomaron las calles de Kiev a comienzos de año, muchos esperaban lograr formar parte de Europa. La Europa a la cual aspiraban era aquella de comodidades materiales y de niveles de vida muy por encima del alcance de la mayoría de los ucranianos, cuyo ingreso promedio se ubica actualmente cercano al de El Salvador. Era una Europa con una economía social de mercado, tecnología avanzada, transporte público, salud universal, pensiones adecuadas y vacaciones pagadas de cinco semanas en promedio. O por lo menos algo más o menos semejante a eso, tarde o temprano.

Si logran evitar una guerra civil, los ucranianos probablemente se toparán con una mala sorpresa, puesto que sus líderes actuales, e inclusive los que pronto elegirán, negocian su futuro económico con sus nuevos decisores europeos no electos. La Europa de su futuro cercano e intermedio se asemejaría más a Grecia o España – pero, con menos del tercio de su ingreso per cápita y contando con tan solo una fracción de las ya mermadas garantías sociales de esos países, se vería en una situación mucho peor.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció que una de sus condiciones de préstamo (junto con las de la UE y de EEUU) sería que se aplique una política de austeridad fiscal durante los próximos dos años y medio. Con una economía ya en recesión, un apretón fiscal se puede convertir en un blanco móvil, puesto que la economía – y por tanto la recaudación de impuestos– se contraería aún más y el gobierno tendría que hacer más recortes para cumplir con los objetivos en materia de déficit. Así ocurrió en Grecia, donde un ajuste que las autoridades europeas hubieran podido efectuar de manera relativamente sencilla y sin dolor, dio paso a una recesión de 6 años y una pesadilla que le ha costado a Grecia una cuarta parte de su ingreso nacional – dejando sin empleo al 27,5 por ciento de su fuerza laboral.

¿Será poco probable? El ministro de finanzas alemán Wolfgang Schaeuble le dijo a la prensa el mes pasado que Grecia podría ser un modelo para Ucrania; lo cual equivale a decir que la Gran depresión de los Estados Unidos podría ser un modelo para Ucrania.

Pero no hace falta mirar hacia Grecia o España para ver los riesgos de suscribir un programa de austeridad fiscal y de “reformas” operadas por el FMI y su actual directiva europea. Ucrania vivió su propia experiencia hace poco tiempo: en apenas 4 años, entre 1992-1996, Ucrania perdió la mitad de su PIB cuando el FMI y sus amigos soltaron la bola de demolición tanto en la economía rusa como en la ucraniana. La economía de Ucrania no volvió a crecer sino hasta la década del 2000. A modo de comparación, durante los peores años de la Gran depresión de los EEUU, se vivió una pérdida real de 36 por ciento en el PIB.

Ucrania se enfrenta además a una serie de riesgos adversos que hacen que la austeridad sea especialmente peligrosa en este momento. Las exportaciones de Ucrania representan un 50 por ciento del PIB y la mitad tiene como destino la Unión Europea y Rusia, dos economías cuyo rendimiento en el futuro cercano probablemente sea deficiente. En el caso de Europa, por el largo declive autoinducido, del cual apenas emerge tímidamente; en cuanto a Rusia, por la posibilidad de más sanciones o de conflicto con los EEUU y sus aliados. Si Rusia decide ejercer represalias y corta sus exportaciones de energía a Ucrania (o a Europa), esto también podría arrojar a la economía de Ucrania a una recesión aún más profunda. La inversión en Ucrania fue muy débil el año pasado (cerca de la mitad de su pico antes de la Gran recesión) y lo probable es que empeore en vista de la posible intensificación de un conflicto civil. Por lo tanto, la reciente depreciación alzará la inflación –que actualmente se ubica cerca del 1,2 por ciento anual– aún cuando se contrae la economía; junto al aumento de precios de energía que exige el FMI. Desdichadamente, el Fondo también le solicita al Banco Central adoptar un régimen que da enfoque a la inflación, lo cual también pudiera contribuir a profundizar la recesión.

Ciertamente, puede que algunos de los ajustes y reformas que el FMI y Europa buscan aplicar sean necesarios, incluso ventajosos. El déficit de 9,2 por ciento en la balanza de pagos de Ucrania (particularmente en lo comercial) necesita bajar. Pero la manera más rápida de lograrlo –reduciendo las importaciones mediante la contracción de una economía que ya está en recesión– es demasiado brutal e injusta, también riesgosa. El FMI tuvo razón en respaldar un tipo de cambio más flexible, que se implementó en febrero; la economía, que requiere altos niveles de energía y depende de importantes subsidios por parte del gobierno a los combustibles fósiles, también requiere reformas en este ámbito.

Sin embargo, no se puede destruir una economía para salvarla, y el propósito final de los préstamos europeos debiera ser amortiguar cualquier ajuste y permitir que la economía y el empleo crezcan, a modo de evitar una caída en espiral. Lamentablemente, tal como lo indican las declaraciones de Schaeuble (y los documentos del FMI), esta gente ve en las crisis una oportunidad para rehacer la economía acorde a la imagen divina de lo que veneran, sin importar los costos y las consecuencias. Al igual que los colonos portugueses del siglo XVI en Brasil, que no sólo querían la tierra y la fuerza de trabajo, sino también las almas de los pueblos indígenas que buscaban convertir al cristianismo, la religión neoliberal es parte de la ecuación en este caso. Nadie ha pedido disculpas por la destrucción innecesaria de la economía de Ucrania (por la de Rusia tampoco, de hecho) durante los años 90.

“Al ca**jo con la UE (F*** the EU)”, dijo la Secretaria de Estado adjunta Victoria Nuland en febrero, mientras discutía con el embajador de EEUU en Ucrania sus planes para ayudar a parir un nuevo gobierno en Ucrania. Si el nuevo gobierno sigue el programa del FMI y de la UE, puede que muchos ucranianos digan lo mismo.

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Una pesadilla sin retorno: la Europa neoliberal

Lun, 05/05/2014 - 09:10
Héctor Illueca Ballester, Cuarto Poder

La obra de Milton Friedman constituye una referencia ineludible para comprender la auténtica naturaleza del denominado neoliberalismo. Laureado con el Premio Nobel de Economía en 1976, es sin lugar a dudas el referente más importante de la teoría política monetarista, que orienta e inspira la política económica adoptada en muchos países del mundo y muy especialmente en la Unión Europea. Sus ideas y opiniones, ancladas en la prehistoria de la ciencia económica, han adquirido una influencia cada vez mayor en nuestro continente a medida que la crisis se ha ido transformando en una recomposición capitalista en clave autoritaria y conservadora. Por decirlo claramente: la teoría elaborada por Milton Friedman y otros ideólogos conservadores como Hayek, constituye la sustancia vertebradora de la tentativa reaccionaria que se proyecta en la actualidad sobre el teatro político de Europa. Su apelación al mercado como principio rector de la organización social y económica ocupa un lugar preponderante en la praxis económica de los gobiernos europeos, tanto de las potencias centrales como de los países periféricos que comparten el espacio económico de la eurozona.

El razonamiento básico de Milton Friedman, expresado en su obra Capitalismo y libertad, es que sólo hay dos maneras de coordinar las actividades económicas de millones de personas: una forma política, que se basa en la coerción de un aparato especializado y se desarrolla mediante la intervención del Estado; y una forma extrapolítica, que se basa en la cooperación voluntaria de los individuos y se desarrolla a través del mercado. La forma política, o sea, el Estado, representa la coerción, la opresión y el autoritarismo; la forma extrapolítica, o sea, el mercado, representa la cooperación, la autonomía y la libertad individual. Bien entendido que éste es un modelo teórico y, en consecuencia, se presenta en la realidad bajo diversas formas, nunca en estado puro. El Estado y el mercado constituyen principios antagónicos que se entremezclan y coexisten en una sociedad determinada, pero uno de ellos acaba por imponerse y contamina con su lógica a todo el cuerpo social. Para Friedman, la victoria del Estado implica la claudicación definitiva de las libertades individuales. El triunfo del mercado, en cambio, garantiza el disfrute de las posesiones terrenales sin interferencias coercitivas de ninguna especie.

Esta concepción del orden social abona la consideración del Estado como un agente externo a la sociedad, una respuesta patológica del orden social que debe separarse de la economía para proteger la libertad y la autonomía individual. La separación de política y economía, he aquí el núcleo duro del pensamiento neoconservador progresivamente difundido a partir de la II Guerra Mundial. La clave es excluir al Estado de la economía para consagrar el imperio del mercado, la ley del más fuerte, el darwinismo social que se reproduce en el mercado. La abstención del Estado en la economía permite que la explotación capitalista se reproduzca sin turbulencias, viabilizando un programa abiertamente reaccionario y favorable a los sectores más privilegiados de la sociedad. A veces, hay que decirlo, son necesarias ciertas dosis de despotismo político para imponer planes de ajuste estructural a las poblaciones, pero eso nunca ha representado un problema para los ideólogos del neoliberalismo. Milton Friedman lo admitía con una naturalidad pasmosa, casi con desparpajo, afirmando que sus recetas económicas sólo podrían aplicarse si el Estado disponía de suficiente fuerza política para imponerlas.

Pues bien, el proceso de construcción europea concentra y resume los principales postulados de la doctrina neoliberal arriba enunciada: crear un marco político que reduzca a la mínima expresión la gestión de la economía a través de las políticas macroeconómicas, bajo la premisa de que el mercado constituye un sistema estable que tiende a autorregularse. Esta ha sido la constante desde sus primeros pasos en el Tratado de Maastricht, cuando se aprobaron los criterios de convergencia, hasta las reformas más recientes que pretenden reforzar la gobernanza de la zona euro (Pacto por el Euro, Pacto Fiscal). Esta realidad pudo permanecer oculta mientras el crecimiento económico extendía un velo de silencio sobre las destrucciones sociales que estaba provocando el mercado único, pero la crisis ha revelado de manera despiadada la auténtica naturaleza del proyecto europeo: una gigantesca operación política orientada a secuestrar la soberanía popular y sustraer las políticas económicas al control democrático de la ciudadanía. En efecto, la implantación del euro hizo desaparecer las monedas nacionales, que constituían uno de los principales símbolos de la soberanía. De este modo, los Estados renunciaron al principal instrumento del que disponían para afrontar los desequilibrios comerciales internacionales: la devaluación de la moneda. Ello tenía especial importancia en países periféricos como España e Italia, que tradicionalmente habían recurrido a esta medida para equilibrar la balanza comercial y mejorar su posición en el esquema europeo, reduciendo los diferenciales de competitividad con Alemania y otros países. Paralelamente, la creación de un Banco Central Europeo independiente permitió aislar la política monetaria de cualquier interferencia democrática, ignorando las necesidades específicas de cada país en la determinación de los tipos de interés, que pasó a vincularse a la situación registrada en la media de la Eurozona.

La existencia de la moneda única y de un Banco Central independiente definieron un espacio económico progresivamente liberado de las interferencias y regulaciones que tradicionalmente han caracterizado el modelo europeo, alumbrando un nuevo tipo de capitalismo puro, hipercompetitivo y plenamente mercantilizado. A modo de corolario, la capacidad de los Estados para realizar políticas fiscales se limitó estrictamente en el Tratado de Maastricht, primero, y en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, después, que establecieron objetivos sumamente rigurosos en materia económica y presupuestaria. Atados de pies y manos, los gobiernos de la periferia quedaron atrapados en la trampa del mercado autorregulado, sin apenas margen de maniobra. Al desencadenarse la crisis, vieron reducirse sus ingresos e incrementarse sus gastos por el juego de los estabilizadores automáticos, haciendo imposible cumplir el objetivo de déficit máximo, fijado en el 3 por ciento del PIB. Acosados por los mercados y abandonados por el BCE, los países del sur de Europa emprendieron drásticos recortes en el gasto público para satisfacer aquel objetivo. Sin embargo, los recortes no han hecho sino agravar los problemas de crecimiento y alejar los objetivos de reducción del déficit, provocando una espiral diabólica que agudiza y empeora la situación de crisis.

Llegados a este punto del razonamiento, se entiende mucho mejor la verdadera naturaleza del proceso de construcción europea, en la que conviene insistir de nuevo: separar al Estado de la economía para que la explotación capitalista se desarrolle sin turbulencias. Lógicamente, si el tipo de cambio ha desaparecido, la política monetaria ha sido transferida y la política fiscal se encuentra limitada por una estricta disciplina presupuestaria, la única variable que puede servir de base para un ajuste económico en una situación de crisis es la flexibilidad de los salarios. Esto es lo que explica que las actuaciones estatales de control sobre el mercado y de protección de los derechos sociales estén siendo destruidas al ritmo de los dictados de la unión económica y monetaria. El dumping social no sólo no se ha combatido, sino que se ha fomentado, situando la regulación del trabajo asalariado como único factor de competitividad y desencadenando un feroz darwinismo normativo para reducir los estándares laborales y de protección social.

En este contexto, salir del euro constituye una alternativa posible y deseable para nuestro pueblo, que se enfrenta a la necesidad de recuperar la soberanía para superar la gravísima crisis que atravesamos. Como he defendido en otro lugar, ello sería el primer paso de una estrategia constituyente que pretenda el reequilibrio de la economía en el marco de un desplazamiento del poder económico y social hacia el Trabajo. Una estrategia que empieza con el impago de la deuda soberana y se amplía a una salida unilateral del euro que permita a nuestro país escapar del cataclismo de la devaluación interna impuesta por la Unión Europea. La solución no pasa por un europeísmo débil y subordinado al diktat de Berlín, sino por trabar relaciones de solidaridad entre las clases populares del Estado con la finalidad de impulsar una alternativa general para romper con la Europa de Maastricht. Es la hora de abolir el euro, recuperar la soberanía y encarar una reconstrucción europea al servicio de los pueblos y no de los poderosos. Mañana podría ser demasiado tarde.

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Paul Krugman: El pánico a Piketty

Lun, 05/05/2014 - 09:01
Paul Krugman, El País

El nuevo libro del economista francés Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI, es un prodigio de honestidad. Otros libros de economía han sido éxitos de ventas, pero, a diferencia de la mayoría de ellos, la contribución de Piketty contiene una erudición auténtica que puede hacer cambiar la retórica. Y los conservadores están aterrorizados. Por eso, James Pethokoukis, del Instituto Estadounidense de la Empresa, advierte en National Review de que el trabajo de Piketty debe ser rebatido, porque, de lo contrario, “se propagará entre la intelectualidad y remodelará el paisaje político-económico en el que se librarán todas las futuras batallas de las ideas políticas”.

Pues bueno, les deseo buena suerte. Por ahora, lo realmente sorprendente del debate es que la derecha parece incapaz de organizar ninguna clase de contraataque significativo a las tesis de Piketty. En vez de eso, la reacción ha consistido exclusivamente en descalificar; concretamente, en alegar que Piketty es un marxista, y, por tanto, alguien que considera que la desigualdad de ingresos y de riqueza es un asunto importante.

En breve volveré sobre la cuestión de la descalificación. Antes veamos por qué El capital está teniendo tanta repercusión.

Piketty no es ni mucho menos el primer economista en señalar que estamos sufriendo un pronunciado aumento de la desigualdad, y ni siquiera en recalcar el contraste entre el lento crecimiento de los ingresos de la mayoría de la población y el espectacular ascenso de las rentas de las clases altas. Es cierto que Piketty y sus compañeros han añadido una buena dosis de profundidad histórica a nuestros conocimientos, y demostrado que, efectivamente, vivimos una nueva edad dorada. Pero eso hace ya tiempo que lo sabíamos.

No, la auténtica novedad de El capital es la manera en que echa por tierra el más preciado de los mitos conservadores: el empeño en que vivimos en una meritocracia en la que las grandes fortunas se ganan y son merecidas.

Durante el último par de décadas, la respuesta conservadora a los intentos por hacer del espectacular aumento de las rentas de las clases altas una cuestión política ha comprendido dos líneas defensivas: en primer lugar, negar que a los ricos realmente les vaya tan bien y al resto tan mal como les va, y si esta negación falla, afirmar que el incremento de las rentas de las clases altas es la justa recompensa por los servicios prestados. No les llamen el 1% o los ricos; llámenles “creadores de empleo”.

Pero ¿cómo se puede defender esto si los ricos obtienen gran parte de sus rentas no de su trabajo, sino de los activos que poseen? ¿Y qué pasa si las grandes riquezas proceden cada vez más de la herencia, y no de la iniciativa empresarial?

Piketty muestra que estas preguntas no son improductivas. Las sociedades occidentales anteriores a la Primera Guerra Mundial efectivamente estaban dominadas por una oligarquía cuya riqueza era heredada, y su libro argumenta de forma convincente que estamos en plena vuelta hacia ese estado de cosas.

Por tanto, ¿qué tiene que hacer un conservador ante el temor a que este diagnóstico pueda ser utilizado para justificar una mayor presión fiscal sobre los ricos? Podría intentar rebatir a Piketty con argumentos reales; pero hasta ahora no he visto ningún indicio de ello. Antes bien, como decía, todo ha consistido en descalificar.

Supongo que esto no debería resultar sorprendente. He participado en debates sobre la desigualdad durante más de dos décadas y todavía no he visto que los “expertos” conservadores se las arreglen para cuestionar los números sin tropezar con los cordones de sus propios zapatos intelectuales. Porque se diría que, básicamente, los hechos no están de su parte. Al mismo tiempo, acusar de ser un extremista de izquierdas a cualquiera que ponga en duda cualquier aspecto del dogma del libre mercado ha sido un procedimiento habitual de la derecha ya desde que William F. Buckley y otros como él intentaran impedir que se enseñase la teoría económica keynesiana, no demostrando que fuera errónea, sino acusándola de “colectivista”.

Con todo, ha sido impresionante ver a los conservadores, uno tras otro, acusar a Piketty de marxista. Incluso Pethokoukis, que es más refinado que los demás, dice de El capital que es una obra de “marxismo blando”, lo cual solo tiene sentido si la simple mención de la desigualdad de riqueza te convierte en un marxista. (Y a lo mejor así es como lo ven ellos. Hace poco, el exsenador Rick Santorum calificó el término “clase media” de “jerga marxista”, porque, ya saben, en Estados Unidos no tenemos clases sociales).

Y la reseña de The Wall Street Journal, como era de esperar, da el gran salto y de alguna manera se las arregla para enlazar la demanda de Piketty de que se aplique una fiscalidad progresiva como medio de limitar la concentración de la riqueza —una solución tan estadounidense como el pastel de manzana, defendida en su momento no solo por los economistas de vanguardia, sino también por los políticos convencionales, hasta, e incluido, Teddy Roosevelt— con los males del estalinismo. ¿De verdad que esto es lo mejor que puede hacer The Journal? La respuesta, aparentemente, es sí.

Ahora bien, el hecho de que sea evidente que los apologistas de los oligarcas estadounidenses carecen de argumentos coherentes no significa que estén desaparecidos políticamente. El dinero sigue teniendo voz; de hecho, gracias en parte al Tribunal Supremo presidido por John G. Roberts, su voz suena más fuerte que nunca. Aun así, las ideas también son importantes, ya que dan forma a la manera en que nos referimos a la sociedad y, en último término, a nuestros actos. Y el pánico a Piketty muestra que a la derecha se le han acabado las ideas.

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Joseph Halevi: el mecanismo financiero que desencadenó la crisis no ha cambiado

Dom, 04/05/2014 - 16:36
Sin Permiso

Aunque la crisis ha puesto en cuestión el pensamiento económico dominante en los últimos 30 años, parece que ha faltado en la izquierda un debate adecuado que se concentre en los factores determinantes de la crisis y las perspectivas futuras. En ello ha jugado un cierto papel, como ha señalado il Manifesto, el eliminar algunas de las claves de ciertas interpretaciones del presente, terminando por centrarse sólo en ciertos aspectos de la crisis (el tema del medio ambiente, los bienes comunes). Intentamos remover las cosas, titulando la iniciativa "El discreto encanto de la crisis económica", inspirándonos en un artículo de Fernando Vianello y Andrea Ginzburg, publicado en Rinascita, en 1973. Aunque el entrevistado tiene una perspectiva teórica diferente a la de los autores de dicho artículo, la intención es rendir homenaje a la tradición heterodoxa italiana (quién escribe esto se graduó en Módena, donde enseñan Vianello y Ginzburg), hoy marginada. Halevi es profesor de economía en la Universidad de Sydney y ha sido durante años un colaborador de il Manifesto. Sus investigaciones abarcan la economía política, las teorías del crecimiento y el comercio, Asia y el pensamiento post-keynesiano y marxista. Su libro más reciente es Modern Political Economics. Making Sense of the Post-2008 World (con Yanis Varoufakis e N. Theocarakis). Entre sus artículos académicos mas recientes hay que destacar "Could be Raining: The European Crisis After the Great Recession", co-escrito con Richard Bellofiore.

-El surgimiento de la crisis ha confirmado la opinión de algunos economistas heterodoxos, según la cual el capitalismo tiende estructuralmente a entrar en crisis. Sin embargo, las opiniones divergen sobre las causas del desastre actual. Una posición difusa (apoyada por ejemplo por los teóricos de la revista Monthly Review) es la que atribuye a la crisis el siguiente mecanismo: la contrarrevolución neoliberal ha conducido a una disminución de la participación de los salarios; para apoyar la demanda privada fue, por tanto, necesaria una enorme expansión del crédito y el estallido de la burbuja en 2007 interrumpió el mecanismo. Otros pensadores, como el marxista estadounidense Andrew Kliman, creen que las causas de la crisis no se pueden encontrar en la distribución del ingreso y que la depresión puede ser explicada por la caída tendencial de la tasa de beneficio. Una visión completamente orientada a la producción. ¿Qué piensa usted?

-Trabajé muchos años directamente con Sweezy y Magdoff (teóricos pertenecientes a la escuela de Monthly Review), y creo que esta visión es un poco "tendenciosa". Para estos autores el subconsumo no es como tal el problema. El problema es más bien que durante un cierto período, la expansión financiera -que teorizaron desde los años 80, y hay una serie de ensayos sobre ella en la Monthly Review - fue la fuerza impulsora de diversos sectores, por ejemplo el sector tecnológico. La idea de subconsumo ha sido desarrollada más que por la Monthly Review por otras personas, por ejemplo Pivetti, en el Cambridge Journal of Economics.

Yo no estoy de acuerdo con la visión del subconsumo: con Riccardo Bellofiore publicamos una serie de ensayos en los que desarrollamos la idea del "keynesianismo privatizado". ¿Qué quiere decir esto? Significa que no se matan dos pájaros de un tiro: el capital se alegra de que haya una deflación de los salarios (por ejemplo, en los EE.UU. a partir de finales de los 70 en adelante) y, por otro lado, que aumente el crédito.

Sin embargo, este no es el elemento esencial de la crisis, que es, a saber, el aumento de la deuda como tal, sino que es la forma en que esta deuda se adelantó, el hecho de que a menudo estos títulos de deuda no valían nada. Muy significativamente este problema estaba dentro de los bancos. El sistema de titulización, que es crear dinero mediante la deuda (y los productos derivados son una gran herramienta para ello), ha creado la vorágine. Esto finalmente ha hecho emerger esta acumulación de capital ficticio, por usar un término marxista, que se evapora a continuación.

-No existe un mecanismo causal claro. ¿Qué quiere decir Bellofiore al afirmar que el subconsumo es la causa "última" de la crisis, y por lo tanto no explica nada?

-El punto es que no se puede explicar la causa de la crisis a través del subconsumo. De hecho, el subconsumo no explica las causas de la crisis, aunque se manifiesta durante la crisis. No es que el capital haya incrementado el crédito porque los salarios caían.
Los tres componentes de la crisis son la creación de liquidez por parte de la Reserva Federal, la deslocalización (el modelo Wal-Mart, pero después incluso Apple, etc.) y la expansión del crédito, y en particular la expansión de la posibilidad de utilizar el valor del capital para obtener más dinero.

-Pero entonces, ¿qué hubiera ocurrido sin la titulización?

-Que lo que ocurrió hubiera sucedido antes.

-En nuestro intercambio anterior, ha argumentado que la visión de marxistas cómo Kliman, que atribuye la crisis a la caída tendencial de la tasa de beneficio, es en última instancia reaccionaria porque no integra la disminución de los salarios en los EE.UU., tal y como se ha producido. ¿Qué dice al respecto?

-No me gusta realmente el enfoque de Kliman de la teoría del valor de Marx y la caída tendencial de la tasa de beneficio, un enfoque que ha sido criticado por muchos otros, por ejemplo, por Simon Mohun y Roberto Veneziani. Guglielmo Carchedi, que para mí es más serio que Kliman, en un artículo aparecido en sinistrainrete.info, dice que en realidad la caída tendencial de la tasa de beneficio no se ve, pero si se tiene en cuenta los sectores productivos entonces si se ve.

Así que empieza a ser una cosa complicada, porque ¿qué significa "sector productivo" en un sistema como el de hoy? Es cierto que actualmente los beneficios caen, pero caen porque disminuye la demanda y, por lo tanto, la tasa de utilización de la capacidad productiva. La capacidad productiva que no se utiliza debe tenerse en cuenta en el coste de utilización del capital y por lo tanto los beneficios caen, pero no por las razones señaladas por Kliman. Así que creo que la visión de que la distribución del ingreso no cuenta es profundamente reaccionaria, de derechas diría yo.

-Al analizar la evolución de la economía mundial, se puede señalar que la economía de EE.UU., aunque todavía débil, parece en alza, mientras que la mayoría de las economías europeas están más rezagadas. Por tanto, es sensato pensar que hay elementos particulares de la Unión Europea y la zona euro que han contribuido a agravar la crisis. ¿Cuáles son estos factores y qué papel han jugado? De manera más general, para algunos, la UE es una estructura neutral, con un potencial de mayor democratización, pero para otros es una institución de clase y una herramienta para la imposición de las políticas conservadoras. ¿Cuál es el papel de clase desempeñado por la Unión Europea?

-Mientras tanto, hay que decir que Estados Unidos es un país principalmente importador, al contrario que Europa, o más bien la zona euro, que tiende a ser un exportador neto. Ello es sustancial para la dinámica de la recuperación europea -sobre todo ahora que se ha instalado la deflación tanto desde el punto de vista de los balances financieros como de los salarios- y que depende de las exportaciones: de hecho, no hay herramientas para estimular la demanda interna, ya que no hay datos de crecimiento ni por lo que respecta a la inversión ni desde el punto de vista de los presupuestos públicos, y la recuperación sólo puede depender de las exportaciones.

En contraste, en los Estados Unidos se están produciendo mecanismos que han permitido ciertas articulaciones. En primer lugar, los EE.UU. ha cambiado radicalmente su posición a nivel internacional, han reducido drásticamente su déficit externo. Y ¿cómo ha sucedido? No porque las compañías americanas hayan decidido revisar sus estrategias de outsourcing, por lo menos no sustancialmente. Es decir, en algunos casos ha ocurrido, se dieron cuenta de que era disfuncional y que el origen de esta disfunción era China, ya que es adonde la mayoría de las deslocalizaciones van, pero los chinos están más que dispuestos a hacer lo que pueden para remediar este problema, ya que su interés prioritario es seguir exportando, y entonces necesitan que las empresas estadounidenses y sus asociados chinos sean capaces de producir.

Uno de los factores más importantes en este cambio en la posición internacional de los EE.UU. ha sido la propia China, que, en particular desde 2009, se ha convertido en un gran importador, un "devorador" de materias primas y alimentos, lo que ha puesto en marcha todo el mecanismo de la minería estadounidense, y esto está conectado con las zonas industriales de Michigan que han comenzado a producir máquinas. En resumen, esto ha reducido las importaciones de Estados Unidos, ha estimulado la inversión interna en los estados por lo que se refiere a la minería, pero también, por ejemplo, a la madera de Minnesota, o productos alimenticios.

China ha incrementado sus importaciones tanto porque busca la trasferencia de capacidades tecnológicas, aunque en este aspecto vuelve su atención más hacia Japón y Europa, en particular Alemania. China ha puesto en marcha toda la zona de la Amazonía, quiere convertir la selva amazónica en un campo de soja, quiere crear a lo largo del rio Amazonas un eje equipado con puertos y ferrocarriles para facilitar el transporte, y esto está relacionado, de una forma u otra, con la industria estadounidense.

En resumen, todo ello ha ayudado al crecimiento en EE. UU., incluso a nivel estadístico, porque estadísticamente las importaciones restan en el cálculo del PIB. Además no se puede olvidar, sin embargo, que los Estados Unidos han mantenido, al menos hasta el año 2010, un gasto público real mucho más importante que en otros lugares.

Dicho esto, sin embargo, no debemos olvidar que hay crisis en los estados, en las ciudades (como Detroit, por ejemplo) en suma yo no contaría con que la recuperación de EE.UU. va mucho más allá. Por no hablar de que Larry Summers (economista y ex secretario del Tesoro con Clinton), ha declarado que, para asegurar la estabilidad de la recuperación necesitamos una nueva burbuja especulativa, una burbuja que sea capaz de soportar todo este gasto.

En resumen, el modelo no ha cambiado, todavía se basa únicamente en el consumo, el mecanismo financiero que desencadenó la crisis no ha cambiado: antes los bancos operaban con las empresas, prestaban a las empresas en primer lugar y sólo en segundo lugar a los consumidores, mientras que hoy opera directamente a través de los créditos al consumo, los préstamos se hacen con la intención de ser titulizados, y revendidos (el llamado modelo "originar para distribuir") y este patrón no ha cambiado con la crisis, sino más bien se ha fortalecido.

Europa, por su parte, se centra más en las exportaciones, que se ven, sobre todo por parte de algunos países de la eurozona, como una solución para el problema de la demanda interna, y esto es muy grave, es básicamente un sistema neomercantilista. Ahora bien, no todos los países europeos comparten este enfoque neomercantilista: el Reino Unido por ejemplo, es completamente ajena, y compensa, al menos en parte, el déficit del comercio exterior con las importaciones de capital a través de la función de la City.

Incluso Francia, que ha perdido totalmente la capacidad de apoyar las exportaciones netas, se encuentra fuera de esta lógica. Francia está mucho más cerca de la situación británica que de la alemana o la italiana, por así decirlo. El problema es que Europa no puede ser considerada como una entidad única, una confederación, sino que debe analizarse país a país y la Comisión Europea debe ser vista como la arena en la que los distintos países luchan entre si.

La Comisión actúa como árbitro, sobre todo con los países más pequeños, mientras que con los países más grandes, una vez se pone del lado de uno y otra vez de otro, unas veces con Francia (pocas, en realidad), y otras con Alemania. Con respecto al capital francés hay que tener en cuenta que actualmente es sobre todo capital financiero, incluidos los industriales, las industrias francesas están llenas de activos financieros hasta la médula. Ya no está interesada en las exportaciones desde hace bastante tiempo, mientras que hasta hace poco las apoyaban, probablemente para contentar a los sindicatos. Los franceses están en un terreno más británico, jugando a la hegemonía financiera, que quiere fortalecer a través de una relación más estrecha con Alemania, un juego que no está teniendo demasiado éxito.

Los países mercantilistas son en definitiva cuatro o cinco, sin duda Alemania, pero incluso más que Alemania, en relación con la población y el ingreso per cápita, los Países Bajos. Después, en un nivel inferior, Bélgica y Luxemburgo (a pesar de que no cuenta Luxemburgo, que tiene un excedente natural por ser un paraíso fiscal), y luego Austria, pero principalmente debido a su estrecha vínculos con Alemania, y finalmente Italia. Estos países son los neo-mercantilistas, y todos ellos están estrechamente unidos a Alemania. Luego están los países escandinavos, que siempre han tenido la misma estrategia basada en las exportaciones, en particular a los países no europeos, y que ahora se encuentran en una profunda crisis, que tiene su centro en Finlandia.

La estrategia alemana es, en esencia, que Europa se mueva. Los otros países europeos van bien en el sentido de que producen exportaciones netas al resto del mundo, pero no deben interponerse por lo que se refiere a la gran estrategia, que incluye China, Rusia, Turquía, Irán.

Alemania se está centrando en una gran expansión en esas áreas. Por ejemplo, los alemanes son muy favorables a una reestructuración de la economía rusa, lo que sería una gran fuente de importaciones de mercancías alemanas, y les gustaría la creación de una conexión ruso-china. Este es su objetivo: está convencida de que Europa es algo viejo, tradicional, que se puede manejar si crea un superávit, pero que la estrategia principal tiene que estar en otra parte.

Este es el conflicto real, con Francia que apunta a una solución más a la "inglesa", con un crecimiento financiero; el único país que por sus dimensiones podría enfrentarse a Alemania sería Italia. Pero Italia ni siquiera piensa en ello. En Italia reina la visión que la salida de la crisis sólo puede venir a través de las exportaciones, lo cual es evidentemente falso, puesto que ya hay tres casos en Europa que muestran lo contrario: el primero son los Países Bajos, que en este momento ha alcanzado una cuota de exportaciones netas en el PIB del 10% (en comparación, Alemania cuenta con sólo el 6%) y sin embargo está en recesión, con un crecimiento negativo del 1% y una tasa de desempleo del 8%; en segundo lugar, Finlandia, también en grave recesión causada por una profunda crisis tecnológica (Nokia, mucho antes de ser adquirida por Microsoft, ya había trasladado su centro de investigación a China en busca de economías de escala que la diminuta Finlandia no pudo ofrecer); y finalmente tenemos Suecia, que desde los años 40 tiene una tradición de exportador neto y ahora tiene un superávit del 6.7% con los países extranjeros y, sin embargo, una tasa de desempleo del 8%. Así que si estos países no pueden apoyar la recuperación mediante las exportaciones ¿cómo puede Italia, un país con 59 millones de habitantes, compensar la falta de la demanda interna a través de las exportaciones?

Ahora, la cuestión de clase. Sólo hay una cosa que mantiene unidos a todos los diferentes componentes de la Europa capitalista, y es la deflación de los salarios que garantiza el euro, y aquí no hay santos, todos están de acuerdo. El consenso tiene por objeto mantener la deflación de los salarios, un proceso alentado a través de la deflación del gasto público y la reducción global de todos los aspectos de los salarios, incluidas las pensiones. Obviamente, este proceso funciona de manera diferente, y hay países que tienen más éxito que otros: Alemania fue el país más eficiente en lo que respecta a la relación salario-productividad, mientras que Francia ha tenido mucho menos éxito, y es irónico ya que la idea de la "deflación competitiva", es decir, la reducción de los salarios para ayudar a las exportaciones, es una idea francesa, propuesta en los años 80 por Delors y toda esa gente terrible.

En resumen, no creo que las distintas clases capitalistas europeas tengan interés en el euro como tal, independientemente de su función en la regulación de las relaciones internas de clase. Si no cumple con este componente unificador, salta todo.

-En Occidente, la doctrina económica neoclásica es completamente dominante desde hace más de 30 años a nivel académico. De manera similar, también las opiniones sobre la política económica y la crisis tienen una base ideológica común. ¿Cómo debe posicionarse una teoría heterodoxa hoy? ¿Tiene sentido una guerra de posiciones dentro de la academia, tiene sentido intervenir sobre los métodos de gestión de la crisis? ¿Tiene sentido participar en el debate institucional sobre que debe hacerse, o es mejor trabajar en otros lugares y espacios? En esencia, ¿el capitalismo es reformable es necesario participar en su gestión, tal vez en una dirección más "igualitaria" o no?

-Debemos ser conscientes del debate, hacer propuestas de economía política y de política económica. Hay que conocer, no para debatir, sino para entender lo que quieren (la corriente teórico mayoritaria, ed.), no sólo lo que está escondido, sino también qué piensan estas personas, cómo razonan, que criterios tienen, que horizontes hay. Por lo tanto, uno debe conocer el debate de política económica. Pero creo que no es necesario entrar en contacto con ninguno de ellos. Mi idea es que es necesario crear un grupo gramsciano, el Gramsci del "nuevo orden".

Estudiarlo todo, pero no hablar con ellos. Estudiarlo todo para hablar cuando haya la fuerza de movilizar, pero no hablar con ellos: ir a las conferencias para recoger los documentos (que ahora se puede obtener en internet). Ver cómo piensan, no interactuar, porque no es sólo inútil, sino que también hay que aceptar una gran parte de sus puntos de partida, para integrarse en el debate hay que aceptar un terreno común, y ellos no aceptarán nunca el tuyo, al menos la parte tuya que te permita intervenir. No es necesario hablar de ello. De hecho, cuando de vez en cuando, me invitan a dar una conferencia, voy a hablar pero a debatir, no, no voy. 



No lo hago. De hecho, estoy en desacuerdo en este aspecto con Yanis Varoufakis (economista griego y co-autor de Halevi, ed.), porque se fue a hablar con la OCDE, pero que vas a discutir con ellos allí, en París. No, en absoluto. Hay que ser como Gramsci, en el período del Nuevo Orden, antes de ir a la cárcel, pobre hombre. A lo largo de la primera fase de la cárcel Gramsci leía y estudiaba todo, pero al mismo tiempo pensaba una forma autónoma de elaboración del movimiento comunista.

Se debe hacer lo mismo. Y después decidir autónomamente, como en el caso del suceso del Aventino, la política. Él decidió no hacerlo, los comunistas decidieron no participar, e hicieron bien en dar la batalla en el parlamento. Pero también hizo una propuesta a los socialistas, de organizar milicias armadas. El punto fundamental de la diferencia entre los comunistas y los socialistas antes del advenimiento del fascismo, es decir, en la etapa que va sustancialmente desde 1920, de hecho desde 1919, hasta el asesinato de Matteotti, es que Gramsci, los comunistas entienden que la dimensión política puramente parlamentaria de oposición al fascismo que tenían los socialistas no iba a funcionar. Como ellos, los fascistas, no utilizaban un sistema parlamentario, sino sistemas militares, violentos, por lo que eran imprescindibles para resistir las milicias armadas.

Los comunistas habían entendido que la lucha contra el fascismo tenía que hacerse militarmente, y creo que eso también se aplica, mutatis mutandis, hoy, no en el sentido militar, sino en el sentido de que no se puede hablar con la corriente ortodoxa, no se puede compartir nada con ellos. Esto también plantea otro punto de vista con respecto a la cuestión de la ortodoxia-heterodoxia. De hecho, no estoy muy convencido de la validez de la declaración "hacemos heterodoxia".

A menudo sucede que los heterodoxos lo que quieren es llegar a ser consejero del príncipe, diciendo: "Tengo un gráfico, una ecuación mejor que la tuya, puedes hacer esto y lo otro". Eso hacen los post-keynesianos, y yo puedo soportarles más. El ejemplo más claro para mí es Giuseppe Fontana (economista italiano que enseña en Leeds), que solo busca ser el nuevo consejero del príncipe.


 Creo que si le preguntas a partir de este punto de vista, se cierra. Tienes que ser gramsciano, organización cultural y autónoma del movimiento obrero, y por lo tanto movimiento de clase. Esto es, creo, lo que debe hacerse, esta es mi visión. Creo que incluso Riccardo Bellofiore esta de acuerdo, aunque tal vez lo expresa de una forma menos amarga que la mía.

-Desde su punto de vista, ¿dónde se encuentran en este momento tanto en Italia como en el resto del mundo los movimientos y / o contradicciones más interesantes, con un potencial de ruptura? Un ejemplo es el papel de la logística en Italia.

-Creo que la línea de fractura se encuentra en China. Es ahí, es la situación de China: tienen un proceso de acumulación y desarrollo de tipo japonés-americano, que lleva al paroxismo, que está desarrollando unos costes sociales que están cayendo sobre la gente de manera durísima, tanto en términos de la intensidad del trabajo como en términos medio ambientales. Por ejemplo, en el noreste de China, donde limita con Rusia y Corea, en esa zona hiper-industrializada está empezando a caer la esperanza media de vida, y está disminuyendo debido a la situación del medio ambiente (enfisemas, la contaminación del agua, etc.) Creo que hay una maraña de contradicciones.

En el pasado pensé que el punto de ruptura del capitalismo mundial sería América Latina... pero no. E incluso allí, en cierto sentido cuenta China, que los puso de nuevo en marcha con sus importaciones de materias primas. China también ha contribuido a la financiarización de Brasil, gran exportador de materias primas.

La política de Lula, y luego de Russef ha sido acomodaticia con las relaciones internas de clase brasileñas, que nunca han sido muy favorables para la mayoría de la población. Añado una consideración sobre la función del FMI. Antes de esta crisis europea, el FMI, que era un instrumento de disciplina internacional para los países del Tercer Mundo, había perdido poder, tanto es así que se empezó a hablar de recortes de personal y fondos. Esto se debe a que Argentina, Venezuela, Brasil -que si se mueve afecta a toda América Latina-, Uruguay y Ecuador, había reducido su papel y lo habían puesto en crisis.

-Venezuela ha conseguido escapar.

Sí, han omitido todas las políticas del FMI, incluso Malasia en el 98 había decidido no seguir la doctrina del FMI.

Ahora, sin embargo, el fondo ha recuperado poder gracias a la crisis europea, gracias a Grecia. Aquí, en Europa, no veo mucho margen de ruptura. Para que algo suceda es necesario que salten los partidos tradicionales de la izquierda europea.
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Tomado de Sin Permiso, Traducción de Gustavo Buster
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España: desempleo, desigualdad, pobreza

Dom, 04/05/2014 - 10:00
El 12% de la poblacion española que trabaja no gana para escapar de la pobreza.

Miguel Bernal Alonso, El Economista
Podría parecer una broma de muy mal gusto que previamente a la celebración del Primero de Mayo, fiesta del trabajo, se publicase la EPA -Encuesta de Población Activa- que se dio a conocer el día anterior, pero no lo es. La encuesta refleja de forma desoladora el paisaje que la crisis deja en España y que se define como desempleo, desigualdad y pobreza. La actual crisis, que guarda grandes similitudes con el crack del 29, se ha cebado en España, cuyo mercado laboral presentaba ya una situación muy complicada, la famosa rigidez y bipolaridad de contratación.

La reforma laboral, impuesta desde Europa e impulsada por Alemania, se ha realizado en el peor de los escenarios posibles. Por más que se quiera no puede achacarse las cifras de desempleo a la misma, sino a la tremenda caída de la actividad. Quizá, y como algunos servicios de estudio nos dicen, la reforma haya incluso salvado puestos de trabajo pero con ello no basta, no podemos sentirnos satisfechos, ni podemos fiar la recuperación del trabajo a la recuperación económica. El crecimiento va a ser lento, falta de vigor, insuficiente a todas luces para absorber la enorme destrucción de empleo y sigue sin estar exento de riesgo de recaída.

Si se analizan los datos del primer trimestre, la caída del desempleo arroja una cifra muy tibia, tan solo desciende en 2.300 personas, muy poco dado que el número de total de parados es de 5.933.000 personas y que tiene un claro reflejo en la subida de dos décimas del desempleo frente al trimestre precedente. Pero de la tibieza al escalofrío: la destrucción de empleo, aquellas personas que han perdido el trabajo, es de 184.600 personas; la población activa -personas en edad de trabajar que están ocupadas o paradasdesciende siguiendo la tendencia iniciada en el 2011, peor aún es que la misma se agudiza y que lleva a la ratio de actividad a situarse en el 59,46 por ciento, la más baja desde el segundo trimestre de 2007. Esa son las frías cifras del tremendo desempleo generado durante esta crisis.

Pero además del impacto directo del desempleo la crisis deja una enorme desigualdad, abriendo una brecha que todavía se antoja que tardará mucho más en cerrarse. No hace falta salir de la EPA para ver esta desigualdad: en el trimestre el número de asalariados por cuenta propia desciende y aún cuando se suaviza la tasa de temporalidad de la misma es del 23,13 por ciento; los trabajadores a tiempo parcial se incrementan y son ya el 16,20 por ciento; la reducción del desempleo no se produce en las personas que tienen 55 años o más; continúa aumentando el paro de larga duración o superior a un año, así como el de los que buscan su primer empleo. La desigualdad se traduce en segmentación de trabajadores, precariedad, temporalidad, aumento de los falsos autónomos o si prefieren sustitución de contratos laborales por mercantiles.

Junto a estas cifras, y aún cuando no se recojan en la EPA, habría que recordar que los costes laborales unitarios, salarios si se prefieren, encima han caído como Banco de España nos decía recientemente. Lo peor es que la suma de desempleo y desigualdad conduce a pobreza. La EPA apunta a ello, lo sugiere, hay algún dato revelador como que disminuye el número de hogares donde todos sus miembros están ocupados o aquel que cifra en casi dos millones las familias en donde todos sus miembros están parados, pero para retratar la pobreza es mucho mejor una organización como Caritas, que día a día pulsa la realidad de la calle. Su informe es meridianamente claro: España tiene el segundo mayor índice de pobreza infantil de la Unión Europea, situándose nueve puntos por encima de la media europea; la tasa de abandono escolar prematura es la mayor de Europa con un 24,9 por ciento frente al 12,7 europeo; existen 13 millones de españoles en niveles de tasa de pobreza; las personas mayores se ven especialmente afectadas por la crisis, algo preocupante si tenemos presente que en muchos hogares son las pensiones de jubilación los únicos ingresos; el 12 por ciento de la población española que está trabajando no gana para escapar de la pobreza.

¿Es exagerado identificar desempleo, con desigualdad y con pobreza, como dice el título de este artículo? No, no lo es. La OCDE, que no es precisamente alarmista ni extremista, viene diciendo que el desempleo y los contratos temporales son los causantes del aumento de la brecha social que esta crisis deja. Es por tanto necesario acabar la reforma laboral y suprimir la dualidad imperante de los contratos fijos y temporales; es necesario un contrato único lo antes posible; es necesario una formación orientada al mercado laboral y que se compagine con un contrato laboral que sea dual para enganchar a los jóvenes y a trabajadores con baja cualificación; es necesario mini jobs para que no aumente los parados de larga duración ni se desvinculen del mercado labora; es necesario una política activa e incluso con subsidios ligados a formación para los parados de mayor edad; es necesario rebajar los costes agregados -coste fiscal y despido- para incentivar la contratación; es necesario incentivos fiscales que promuevan la contratación no precaria. Son necesarias políticas sociales para poblaciones infantiles dentro de la pobreza, para desempleados de larga duración. Pero sobre todo es necesario políticas de expansión económica en lugar de tanta austeridad, el antídoto contra el paro se llama actividad.

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Lento crecimiento de Estados Unidos confirma el estancamiento secular de la economía mundial

Sáb, 03/05/2014 - 21:24
El crecimiento de Estados Unidos se estancó en los tres primeros meses del año dando nueva evidencia de que la expansión económica tras la crisis 2008/2009 sigue siendo la más débil de la historia moderna. El producto interno bruto creció a una tasa anual de 0,1 por ciento en el primer trimestre, lejos del 1,1 por ciento que esperaba el mercado. Este hecho confirma la debilidad que atraviesa la economía mundial y trae al tapete una antigua preocupación de la investigación económica: el estancamiento secular.

Como he apuntado en otros post (ver aquí y aquí), el déficit crónico de la inversión impulsado por la debilidad de la demanda y el consumo, está implicando una ralentización global de la economía. El volumen de la actividad económica en los países desarrollados sigue siendo muy deprimido y lo que se observa es un estancamiento económico persistente. Los bajos salarios, la alta deuda pública y privada y la caída de la inversión - pese a que la tasa de interés se encuentra en mínimos históricos- propagan un escenario al estilo japonés con una "década perdida" para el mundo.
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A veinte años del Apartheid

Sáb, 03/05/2014 - 10:01
Emir Sader, Público

Al mismo tiempo en que conmemoran los 20 años de la elección de Nelson Mandela como presidente y el fin del apartheid —el pasado 24 de abril—, Sudáfrica se prepara para su quinta elección presidencial, el 7 de mayo. El contraste no podría ser más grande entre la gesta del final del régimen de apartheid —simbolizado por la figura de Nelson Mandela, más engrandecida todavía con los ceremoniales por su muerte— y el descontento y desánimo con las nuevas elecciones presidenciales.

El contraste es claro entre el consenso obtenido por el fin del apartheid y la sociedad que es hoy Sudáfrica. La falta de interés por la quinta elección presidencial es un claro reflejo. Paralelamente, hubo una mejoría significativa en la situación de las capas medias negras. Por otra parte, el Estado posapartheid ha creado mecanismos de participación popular para sectores más amplios de la población.

Sin embargo, la promesa de que el fin del apartheid significaría “una vida mejor para todos” está lejos de concretarse. Hay una diferencia neta entre la trasformación política del fin del régimen de apartheid y el marco del mantenimiento de las condiciones sociales heredadas.

Todo se puede entender a partir del mismo pacto político de transición hacia la Sudáfrica post apartheid. Las negociaciones de paz fueron posibles por la lucha del pueblo sudafricano y por la solidaridad internacional, pero no fueron suficientes para derrotar simplemente el gobierno del apartheid, que contaba con superioridad militar y el apoyo de Estados Unidos. Los acuerdos han representado el fin del régimen del apartheid, pero no han traído al país la trasformación democrática de sus estructuras económicas.

No es que todo sea igual que antes. Los gobiernos del ANC (Congreso Nacional Africano) han incrementado los gastos en políticas sociales, se ha ampliado la clase media negra y, sobre todo, algunos sectores negros fueron anexados a la élite del país. Pero la gran masa de la población sigue viviendo en condiciones miserables, con un desempleo que ya superó el 20 por ciento, con índices del doble entre los negros.

Desde el comienzo del fin del apartheid, los gobiernos sudafricanos firmaron acuerdos con el FMI, con todas las consecuencias que conocemos. El momento del fin del apartheid coincidió también con el fin de la URSS y el clima del Consenso de Washington. Lo cierto es que esos acuerdos han entregado a los negros –a través de su partido, la ANC– el control de la política, pero dejaron a los blancos el control de la economía.

Los controles sobre la circulación de capitales fueron aflojados, empresas estatales fueron privatizadas, no se priorizaron las políticas sociales. La economía creció hasta la crisis internacional iniciada en 2008, frente a la cual Sudáfrica careció de mecanismos de defensa, desarticulados por políticas económicas neoliberales.

Como resultado del clima de desánimo y desconcierto, el presidente Jacob Zuma puede ser reelegido en mayo, pero con muchos sectores populares votando por pequeños partidos, algunos por DA –el principal partido opositor, liberal, con predominio de los blancos– y con sectores descontentos dentro del ANC haciendo campaña por “no votar”.

Después del fin del apartheid, Sudáfrica tuvo un gobierno de Nelson Mandela, dos de Thabo Mbeki y uno de Zuma, que puede ser el último del ANC, si sectores de la oposición –liberales por un lado, partidos menores de izquierda, por otro– logran capitalizar el enorme descontento en el país, a 20 años del régimen posapartheid.

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Brasil: la olla de presión puede estallar

Sáb, 03/05/2014 - 03:10
Raúl Zibechi, La Jornada

Lejos de ser una imagen apocalíptica de un militante radical, es la lectura que hizo el ministro de la Secretaría General de la Presidencia, Gilberto Carvalho, al salir el martes 29 de un encuentro con movimientos sociales en Río de Janeiro, donde fue increpado y abucheado por militantes contrarios al Mundial de Futbol. El ministro aceptó que una parte de la sociedad piensa de ese modo, pero que se trata de una pequeña vanguardia. Agregó que las críticas son la olla de presión que explota ( O Estado de São Paulo, 29/4/14).

En el gobierno hay preocupación por lo que pueda suceder durante el Mundial. El nivel de rechazo al encuentro deportivo ha venido creciendo de forma sostenida. Según la empresa de opinión pública Datafolha, éste fue apoyado por 79 por ciento de los brasileños en 2008, cifra que cayó a 48 por ciento en abril (datafolha.folha.uol.com.br, 8/4/14). La mayoría de la población afirma que no volvería a postular al Brasil como sede de un Mundial.

Las razones son muchas: desde el despilfarro de dineros públicos en las obras de los estadios, que benefician a un puñado de grandes constructoras mientras escasean recursos para salud, educación y transporte, hasta la expulsión de miles de personas de sus barrios para ampliar aeropuertos, autopistas y estadios, a lo que se agrega la legislación que impone la FIFA, que impide la venta ambulante en las cercanías de los estadios, y un conjunto de disposiciones sentidas como agravios por buena parte de la población.

Pero el dato central es la rebelión que se propaga desde las favelas, sobre todo en Río y en São Paulo. En los últimos meses el activismo en las favelas crece a la par de la violencia policial, y por momentos se desborda hacia el asfalto. Podemos observar, en el último año, tres momentos en este creciente activismo.

El primero se registró un año atrás, en la coyuntura creada por las manifestaciones de junio. Pese a la dura represión (balas de goma en el asfalto y balas de plomo en la favela), las movilizaciones de los favelados comenzaron a crecer. En julio se multiplicaron por la desaparición del albañil Amarildo de Souza en la Unidad de Policía Pacificadora (UPP) de la favela Rocinha. El hecho se convirtió en símbolo de las torturas y asesinatos de la policía militar.

En diciembre y enero fueron los rolezinhos, la salida masiva de jóvenes de las favelas para divertirse, bailar funk y cantar en los grandes centros comerciales. Este fenómeno se produjo sobre todo en São Paulo, llegando a congregar hasta 6 mil adolescentes que fueron recibidos con insultos por clientes y empleados, y a golpes por la policía y los guardias privados de los shoppings. En Brasil el funk es considerado un género emparentado con el narcotráfico y suele ser perseguido.

El tercer momento se está viviendo ahora mismo. El 16 de marzo Claudia da Silva Ferreira fue herida por la policía militar en una operación en la favela Morro da Congonha, en Río. Su cuerpo fue colocado en el maletero del coche patrulla para llevarlo al hospital pero, al abrirse la puerta, cayó al pavimento y fue arrastrado 300 metros; falleció en el trayecto. Las redes difundieron la filmación, que provocó una oleada de indignación.

El 22 de abril apareció el cuerpo del bailarín de la Tv Globo Douglas Rafael da Silva en una guardería de la favela Pavao Pavaocinho, adonde había ido a visitar a su hija de cuatro años. Como los demás, fue confundido con narcotraficantes y muerto a golpes. Días después cientos de manifestantes ocuparon la avenida Nuestra Señora de Copacabana, cercana a la favela, gritando Policía asesina. En la represión, un niño de 12 años fue muerto por la policía. Como siempre, la policía mintió y fue la población la que mostró evidencias que la inculpan.

Lo nuevo es la capacidad de expresar la rabia en una de las principales avenidas de uno de los más coquetos barrios de Río de Janeiro. Tres hechos están en la base de la creciente movilización de los pobres urbanos.

Las políticas sociales están mostrando límites. En los primeros años del gobierno de Lula (2003-2011), las transferencias monetarias y los sucesivos aumentos del salario mínimo consiguieron mejorar de forma sustancial los ingresos de los más pobres. Con los años enfrentan otros problemas: baja calidad de los servicios, sobre todo salud y educación, y pocas posibilidades de acceder a mejores empleos.

En segundo lugar, las políticas de contención policial, complementarias de las sociales, han fracasado. Las UPP, instaladas en 38 de las 700 favelas de Río, no solucionan el problema del narcotráfico y empeoran la vida de la población. El sociólogo José Claudio Alves sostiene que las UPP son una fuerza de ocupación, y no una fuerza de cambio de la lógica política, económica, social y cultural de las comunidades ( IHU Online, 14/4/14).

Por un lado, impiden las manifestaciones culturales de las favelas asociadas al funk. Por otro, afectan las ganancias del negocio narco, pero no el negocio en sí. No alteran la esencia del crimen organizado, alteran sólo la forma de funcionar, dice Alves. Para desarticular a las bandas criminales se debería atacar al propio aparato estatal, como la policía, que es la que las organiza.

En tercer lugar, los favelados están perdiendo el miedo. Antes de ocupar las avenidas gritándole a la cara ¡asesinos! a los policías, han ensayado largo tiempo la rebelión en sus espacios seguros. Son siglos de agravios acumulados. Las obras del Mundial son un insulto adicional. En la favela Morro da Providencia (pegada a la bahía de Guanabara y al puerto), la única plaza fue ocupada por el enorme soporte del teleférico, para que los turistas puedan fotografiar a los pobres, desde arriba y en un lugar seguro.

Ya se sabe lo que sucede cuando los de abajo pierden el miedo. En algún momento, las multitudes van a ocupar las anchas avenidas. Es posible que aprovechen los focos del Mundial. Sólo es cuestión de tiempo.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El calentamiento global generará climas inéditos, extremos y catastróficos

Ven, 02/05/2014 - 16:05

Aunque el deshielo y la disminución de los casquetes polares son la cara más conocida del cambio climático, el calentamiento global tendrá consecuencias muy graves también en otras regiones, especialmente en los trópicos, donde las variaciones de temperatura y humedad darán lugar a climas inéditos hasta ahora.

Predecir o anticipar cómo van a reaccionar las especies a estos cambios del clima es una incógnita para la ciencia y un reto para la conservación de la biodiversidad pero cuanto mejor entendamos las implicaciones del cambio climático, mejores serán las estrategias de conservación.

Esta es la principal conclusión de un estudio liderado por el investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) y catedrático de Biogeografía Integrativa del Imperial College de Londres, Miguel Araújo, y que se publica hoy en Science. El estudio, en el que también han colaborado las universidades de Copenhague, Évora y Helsinki, toma como base quince modelos climáticos (proyecciones de cómo será el clima en el futuro) elaborados por el IPCC, el grupo de expertos creado por la ONU para investigar el cambio climático.

Partiendo de las variables de esos modelos (temperatura, viento, precipitación media anual, etc), los investigadores han generado unas métricas o mediciones de cambio climático y las han relacionado con sus impactos en la biodiversidad, algo que no se había hecho hasta ahora. "Por ejemplo, si el desierto del Sáhara se desplazara 300 kilómetros al norte, la biodiversidad adaptada al desierto tendría que moverse una distancia equivalente; si hay un deshielo en el casquete polar del cincuenta por ciento, eso generaría una reducción del hábitat de muchas especies del 50%... etcétera", explica Araújo.

Comparaciones como éstas han permitido poner de manifiesto que en función de en qué lugar del planeta se encuentren, las especies experimentarán los cambios de una u otra forma. En algunas regiones, el cambio climático podrá provocar la aparición de climas distintos y más extremos que los que hay ahora, o incluso podrá hacer que surjan climas inéditos hasta ahora. "Los trópicos es donde más probabilidad hay de que aparezcan climas que actualmente no tienen ningún análogo, lo que no significa que no hayan existido en un pasado remoto".

Cualquiera de estos cambios generarán una serie de cambios para la biodiversidad que son, hoy por hoy, imposibles de predecir pero que obligan a tomar medidas y a anticiparse de alguna manera, al menos, para mitigar estos cambios. Por eso, aunque seguir con las medidas tradicionales de mitigación del cambio climático basadas en la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera es "algo necesario", por sí sólo "no van a resolver el problema".

De hecho, la magnitud del cambio climático es tal que "aunque parásemos las emisiones de CO2 desde hoy mismo, algunas consecuencias ya no se pueden evitar", reconoce el investigador. Por eso, concluye el estudio, aunque las medidas globales de mitigación siguen siendo esenciales, es primordial intentar reducir los impactos climáticos en la biodiversidad de manera local y "hacer cosas distintas en cada lugar".
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Tomado de Público.esUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Ocho predicciones sobre la economía en el siglo XXI

Xov, 01/05/2014 - 21:41

En los albores del nuevo milenio, el escritor sudafricano Wolfgang Grulk publicó el libro ’10 lecciones del futuro’, en el que trató de adivinar la tendencia de una nueva era económica del siglo XXI. Algunas de sus predicciones se han hecho realidad. El sitio ruso vestifinance.ru enumera ocho predicciones directamente relacionadas con la economia

1. Habilidades e ideas son más importantes que el conocimiento
“Lo importante será no lo que uno sabe, sino cómo puede aplicar ese conocimiento”. De hecho, las universidades hoy en día tratan de orientarse no solo a la transferencia de conocimientos a los estudiantes, sino también de satisfacer la demanda del mercado. Esta tendencia se ha marcado desde hace tiempo, pero en realidad, en este siglo, el número de multimillonarios ingeniosos empezó a crecer rápidamente.

2. División de las empresas, rotación en gestión
Grulk utilizó el término del “caos positivo”, diciendo que en las empresas se reducirá el papel del CEO y crecerá la influencia de otros empleados. ¿Podemos considerar el retiro de los líderes significativos de las compañías estadounidenses, como Steve Jobs y Bill Gates, como una confirmación de su predicción?

3. Pasar de la seguridad al riesgo
“Incluso los jugadores más potentes del mercado preferirán asumir los riesgos con fines de lucro. Apoyándose en la gestión diversificada, encontrarán un equilibrio entre el riesgo y la fiabilidad que les permitirá sobrevivir en los tiempos de la crisis económica”. Actualmente, la creciente popularidad de las inversiones del capital emprendedor indica la presencia del ‘apetito por el riesgo’.

4. La dependencia de los ‘predictores’
“En el siglo XX, las compañías miraban hacia el futuro solo en el contexto de lo que les había sucedido en el pasado. El nuevo siglo será menos predecible, así que la única posibilidad de sobrevivir será adaptarse al instante a las nuevas realidades”. De hecho, la crisis del 2008 y otras perturbaciones han demostrado la capacidad de algunas empresas de sobrevivir por su cuenta, incluso en el contexto de la caída de la actividad económica en general, porque a tiempo adivinaron qué productos estarán en demanda.

5. Innovaciones en lugar de la competencia
“Las empresas de éxito del siglo XXI tratarán de alejarse de la competencia mediante el desarrollo de tecnologías y productos que aún no están en el mercado. Va a crecer la popularidad de la educación en nuevas áreas, y los inversores van a invertir en ideas únicas”.La predicción se cumple, es más, incluso los más grandes jugadores están intensificando sus actividades en el mercado M&A con el fin de comprar las últimas tecnologías que no tienen análogos.

6. Un mundo sin fronteras
“La globalización finalmente borrará las fronteras entre los países, y las empresas que tratarán de respaldarse solo en la ‘demanda en casa’, perderán”. Cabe señalar que la situación política a menudo demora los procesos de la globalización en la economía, sin embargo, el número de las firmas que salen fuera de sus fronteras nacionales, está creciendo de manera constante.

7. Personalización
Wolfgang Grulk predijo que diversas áreas de nuestras vidas que han representado hasta ahora unos sistemas centralizados (por ejemplo, la sanidad pública y energía) se desintegrarán gradualmente en celdas separadas. Todavía es difícil de decir si acertó el escritor con esta idea o no, pero el desarrollo de tecnologías de energía —desde los coches eléctricos y paneles solares hasta pilas de combustible— indica la posibilidad de reducir la dependencia de una persona del Estado, al menos en esta área.

8. Siglo de la biotecnología
“El XXI será el siglo de la biología y la biotecnología”. Esta predicción aún no se ha hecho realidad. La genética todavía no se ha convertido en un sector económico clave, y el mercado percibe con desconfianza los alimentos genéticamente modificados.

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Las falacias neoliberales sobre el trabajo

Xov, 01/05/2014 - 11:01
Emir Sader, AlaiNet

Entre sus propuestas de desregulación, el neoliberalismo puso fuerte énfasis en la de “flexibilización laboral”. Estas palabras atrayentes – así como la de “informalización” – lo que esconden es la precarización de las relaciones de trabajo, es el trabajo sin contrato.

Esta fue uno de las trasformaciones más importantes del neoliberalismo. Junto a ella, promovió la desaparición de las temáticas del mundo del trabajo. El alza del desempleo y del trabajo precarizado son justificados por lo que llaman de “desempleo tecnológico”, alegando que la tecnología necesita menos mano de obra, produciendo más con menos trabajadores, dados los aumentos de productividad.

Se plantea al trabajador la disyuntiva de seguir empleado, pero bajando la productividad y la competitividad de la empresa y del mismo país o salir del mercado para mejorar su calificación y retornar después. En verdad no hay el tal “desempleo tecnológico”.

Cuando hay aumento de productividad, significa que se puede producir la misma mercancía en menos tiempo, pongamos, la mitad del tiempo. No se deduce inmediatamente de ahí que se debe expulsar trabajadores. Hay tres alternativas: o se produce el doble de la misma mercancía y se mantiene a todos los trabajadores empleados. O se produce la misma cantidad de mercancías y se disminuye la jornada de trabajo por la mitad. Entonces – lo que suele ocurrir – es que se sigue produciendo la misma cantidad de mercancías y se echa a la mitad de los trabajadores.

No es la tecnología la que echa a los trabajadores. Es la lucha de clases, es quien se apropia del desarrollo tecnológico, que puede servir sea para disminuir la jornada de trabajo o para aumentar las ganancias de los empresarios.

Cuando se inventó la luz eléctrica, la primera consecuencia no fue el mejor bienestar en la casa de las personas, sino la introducción de la jornada nocturna de trabajo. La culpa no la tuvo Thomas Edison, sino la apropiación de ese invento para extender la jornada y la super explotación de los trabajadores.

Desde que se hizo la crítica al paradigma de la centralidad del trabajo, como visión reduccionista respecto a las otras contradicciones, se ha impuesto una tendencia opuesta, la de hacer del trabajo una actividad menor, sin trascendencia. Exactamente cuándo, como nunca antes, la gente vive de su trabajo. En actividades heterogéneas, diversificadas, a menudo con el mismo trabajador en varios empleos a la vez. Pero trabajan hombres y mujeres, enfermos, jóvenes y niños, blancos y negros: todos o casi todos viven de su trabajo.

Sin embargo, el tema del trabajo casi ha desaparecido, incluso en el pensamiento social, donde la sociología del trabajo pasó, en pocas décadas, de las ramas más buscadas a una más entre otras. La mídia invisibiliza la actividad que más ocupa a más gente en el mundo: la actividad laboral. Como si la tecnología hubiera reducido el trabajo a una actividad virtual, sin esfuerzo físico, sin desgaste de energías, sin la super exploración de jornadas agotadoras e interminables.

Para completar, intentan pasar el primero de mayo como Día del trabajo y no del trabajador.

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El significado del 1º de mayo, dia del Trabajo

Xov, 01/05/2014 - 09:01
Iñaki Gil de San Vicente, Rebelión

1.- Hechos
El 1 de mayo de 1886 se inició una huelga obrera en Chicago para reducir a ocho horas diarias el tiempo de trabajo. Esta huelga era parte de un amplio movimiento de las masas obreras y populares en los EEUU para reducir la durísima jornada de trabajo que llegaba hasta las 12 y 14 horas durante seis días a la semana, en muy penosas condiciones laborales, con disciplinas muy duras, con despidos inmediatos, con abusos de todas clases incluidos los sexuales contra las trabajadoras, con explotación infantil, sin derechos sociales ni políticos, sin cobertura sanitaria pública, etcétera. Condiciones espantosas que también se sufrían en la Europa del momento, impuestas a la fuerza desde los orígenes mismos del capitalismo industrial a finales del siglo XVIII en Inglaterra e incluso antes, en el capitalismo manufacturero, impuestas muchas veces con la intervención militar salvaje. En 1868 el movimiento obrero había logrado gracias a muy duras luchas anteriores conquistar la jornada de 8 horas pero solo para un sector de la clase: el explotado en las empresas públicas y servicios estatales, aunque la patronal boicoteó esa ley todo lo que pudo. Y en 1874 se redujo la jornada a 8 horas a otras franjas obreras.

Alrededor de 340.000 trabajadores secundaron las huelgas y movilizaciones; trabajadores de todas las ramas productivas y de servicios, de sexos y edades diferentes, con culturas, lenguas y tradiciones diversas que no impidieron que las masas explotadas construyeran la unidad de clase del trabajo frente a la unidad de clase del capital, la unidad obrera frente a la unidad burguesa. La reacción capitalista fue atroz, movilizando recursos militares y policiales del Estado, empresas privadas especialistas en la represión selecta con sicarios asesinos y con sindicatos mafiosos de revienta-huelgas, esquiroles y «amarillos» traídos de otras regiones y del lumpemproletariado, con despidos, multas y desahucios masivos de los huelguistas expulsados de las casas de las empresas y echados a la calle con sus familias, con los sermones pacifistas e interclasistas de las sectas cristianas, con la propaganda agresiva de la prensa exigiendo mano dura y represión.

El capital recurrió a casi todo para aplastar al trabajo, sólo le faltó poner en marcha un golpe militar e instaurar una dictadura de clase, cruda y desnuda, abierta, como ya había aprendido a hacerlo en las Américas y como haría luego contra tantas naciones trabajadoras del mundo. No lo hizo en este caso porque aún disponía de otros instrumentos menos salvajes y más efectivos en ese nivel de radicalización de la lucha de clases, instrumentos como la supuesta «democracia norteamericana» y sus elecciones periódicas, la ley y la justicia, los tribunales, el parlamento, etcétera. Si bien es cierto que todavía entonces amplias masas explotadas no podían «disfrutar» de la democracia burguesa en el mismo sentido que la clase dominante, no es menos cierto que este sistema de dominación tan efectivo por su invisibilidad tenía arraigo en la conciencia alienada de las masas. También disponía de otros recursos de sujeción mental y de obediencia colaboracionista, fundamentalmente el fetichismo de la mercancía que obnubila, falsea e invierte la realidad anulando la conciencia crítica y libre. Además, el hecho de que ya en 1868 y 1874 se habían logrado victorias legales a favor de las 8 horas, incumplidas por la patronal, fortalecía el fetichismo parlamentarista y legalistas, lo que unido a concesiones significativas sobre las 8 horas en algunas ciudades, más el miedo a más duros golpes represivos, terminó paralizando la oleada de luchas.

Pero la justicia burguesa no se detuvo. Además de haber asesinado y herido a decenas de obreros en las represiones, el capital necesitaba «sangre cualitativa» para aterrorizar a los sectores más conscientes y organizados. La policía, que había avasallado y saqueado sedes sindicales y de organizaciones obreras, que se había apoderado de documentos y actas, que había arrancado declaraciones y confesiones atemorizadas, se volcó en la represión especializada sobre un reducido grupito acusado de dirigentes terroristas, condenando a cinco de ellos a la pena de muerte. Uno se suicidó el día antes de «ejecución», pero los cuatro restantes fueron legalmente asesinados el 11 de noviembre de 1887. Durante el año y medio transcurrido de mayo de 1886 a noviembre de 1887 la burguesía y su Estado habían tenido tiempo para dividir al movimiento obrero y popular con la clásica política de la zanahoria para los desertores y el palo para los resistentes, así que apenas tuvo problemas para controlar las manifestaciones de protesta por los asesinatos legales.

2.- Primera lección
Durante los 128 años transcurridos desde que las luchas obreras dieron el salto a la gran movilización de aquél 1 de mayo, el capitalismo ha pasado por varias fases o formas concretas pero se ha mantenido esencialmente el mismo, tanto que desde finales del siglo XX se ha lanzado a reinstaurar aquellas formas de explotación pero con los medios actuales. Como hemos visto, en 1868 y 1874 el Estado legalizó las 8 horas de trabajo aunque la patronal se opuso e incumplió esa ley. En el mismo 1º de mayo de 1886 se legalizaron las 8 horas en muchos lugares mediante acuerdos entre las burguesías y el Estado, pero en otros no. En Europa también se produjeron las mismas contradicciones no antagónicas entre el Estado, representante de la burguesía en su conjunto, y algunos grupos capitalistas que no querían ceder en nada y sí mantener una explotación salvaje.

La experiencia demostró que, en aquellas condiciones, la productividad media aumentaba si se reducía la duración del trabajo pero se aumentaba su intensidad, es decir, si con menos tiempo de trabajo se producía más y mejor y encima disminuía la protesta obrera. Por otra parte, en aquél contexto, reducir el tiempo de trabajo manteniendo el salario permitía que la clase obrera descansara más, dispusiera de más tiempo de ocio y consumo burgués y se integrase más en el sistema, acelerando así el circuito entero de producción, distribución, consumo, realización y acumulación ampliada.

Si bien estas tensiones intraburguesas han reaparecido en situaciones similares, como se ve con la experiencia keynesiana y en parte con el toyotismo y algunas formas de producción flexible, sin embargo, a raíz de las tremendas dificultades del capitalismo imperialista para salir definitivamente de la crisis iniciada a finales de la década de 1960 pese a todos los esfuerzos monetaristas y neoliberales lanzados desde 1973-75, y a pesar de los puntuales repuntes transitorios siempre fracasados, desde entonces la burguesía imperialista ha optado abiertamente por aumentar el tiempo de trabajo y por incrementar la intensidad de la explotación, es decir, por unir la plusvalía absoluta con la relativa. Ha optado también por acabar con cualquier autonomía del Estado convirtiéndolo en un perro fiel que cumple sin dudar las órdenes de las grandes corporaciones financiero-industriales.

Quiere esto decir que el movimiento obrero debe rechazar la mentira del «Estado del Bienestar», del «Estado benefactor», para comprender que ya ha pasado para siempre la fase en la que el Estado burgués podía atender sustancialmente a las necesidades de la clase explotada. Las muy reducidas medidas recientes del gobierno alemán para aumentar el salario directo e indirecto, controlar los precios de los alquileres, impulsar el consumo, etc., no buscan beneficiar al pueblo trabajador empobrecido y cada vez más furioso tras años de austericidio, sino sólo desatascar cuanto antes tapones y nudos que obturan y frenan la expansión del poder euroalemán, nada más. Por otra parte, el caso alemán es excepcional y se basa en las gigantescas ganancias acumuladas por su burguesía, lo que le permite jugar al gato y al ratón con los sindicatos, pero otras burguesías imperialistas relativamente poderosas, como la francesa, no pueden hacerlo y han obligado a la socialdemocracia a aplicar recortes sociales escalofriantes.

Solamente cuando el pueblo trabajador dispone de un gobierno y de un Estado dispuestos a enfrentarse a la burguesía propia y mundial, como sucede en cierta medida en las Américas y en otras muy reducidas partes del mundo, sólo entonces puede confiar en que ese poder político actuará en defensa suya. Pero esa confianza debe estar asentada en la experiencia diaria y en la capacidad de autoorganización del poder popular y obrero fuera del Estado, libre de sus tentáculos. Todo Estado, incluido el obrero y popular, está en peligro de corrupción interna, y el burgués está corrupto en sus entrañas. Por esto el movimiento obrero ha de organizarse fuera del Estado, aunque sea suyo, para dirigir desde fuera –también desde dentro- la lucha por la reducción drástica del tiempo de trabajo explotado, una reivindicación revolucionaria por esencia.

3.- Segunda lección
La clase trabajadora norteamericana logró decisivas conquistas gracias a su capacidad de asentar una unidad obrera y popular suficientemente fuerte. Superando enormes dificultades y provocaciones teledirigidas por los aparatos represivos de una burguesía monopolista que en 1904 con sólo 318 truts controlaba el 40% de la industria norteamericana. Pese a esto, en 1905 se creó el sindicato IWW o Trabajadores Industriales del Mundo, que fue objeto de una sistemática represión desde ese instante, como antes lo fueron quienes organizaron la huelga de 1886. Uno de los objetivos básicos de la represión fue romper esa unidad enfrentado a trabajadores con trabajadoras, a blancos con negros y latinos, a irlandeses con italianos, a los industriales con los de servicios, a fabriles con campesinos, y golpeándoles a todos con empresas privadas de represión como la Pinkerton y mafias sindicales, además de a la policía. Como estos y otros medios no eran suficientes, la entrada de EEUU en 1917 en la guerra mundial justificó imponer muy severas represiones obreras y sindicales con la escusa de la «seguridad nacional». Más tarde, haría lo mismo desde 1942-45 en adelante para derrotar la oleada de reivindicaciones, y a partir de finales de 1960 de forma intermitente y en ascenso.

Si la lucha de 1886 sacó a la luz la unidad entre la represión económico-sindical a gran escala y la política contra las organizaciones revolucionarias, la experiencia hasta el presente no hace sino confirmarlo. También sucede lo mismo en Europa y en todo el capitalismo mundial, que no sólo en el imperialista. Precisamente, mientras que la burguesía obliga al Estado a abandonar su intervencionismo socioeconómico en todo lo relacionado con el bienestar público, le lleva a multiplicar su intervencionismo controlador, vigilante y represivo sobre las clases explotadas. La lucha sociosindical y política ha de aprender de esta experiencia mundial la decisiva importancia de unir en lo posible la conciencia política con la conciencia sociosindical, y dentro de esta unidad la importancia de la sistemática acción militante. El espontaneismo de masas fue una de las fuerzas activas en 1886 pero también lo fueron, y cada vez más, las organizaciones obreras anarquistas y socialistas cada vez más conscientes de actuar políticamente con sistemas organizativos capaces de aguantar la represión que se endurecería según aumentasen y se radicalizasen las movilizaciones.

El fetichismo parlamentarista sin contenido político obrero que luego haría estragos, como ya los estaba haciendo en la Europa de finales del siglo XIX, fue imponiéndose por varias razones específicas del capitalismo norteamericano que no podemos detallar ahora, pero entre las que destaca la facilidad con la que las patronales y la burguesía en su conjunto destrozaban una y otra vez las organizaciones obreras y sindicales con conciencia política radical, condenando al socialismo y al anarquismo al ghetto universitario y frecuentemente ni a eso. En EEUU hay una vida político-radical rica, compleja y plural, y aumentan ahora las luchas obreras y populares, pero el Estado ha desarrollado un sistema tan efectivo de control y aislamiento atomizador preventivo, que es muy difícil avanzar en la unificación estratégica. También hay que tener muy en cuenta que la debilidad teórico-política de la izquierda por las derrotas sufridas refuerza el individualismo metodológico y ético-burgués imperialista que la clase dominante refuerza y readecua permanentemente.

Lo malo es que la clase dominante mundial tiene como ejemplo y modelo a seguir el yanqui, lo que se aprecia no sólo en Europa sino también en el Caribe y América del Sur y del Centro, y en el resto del mundo. Frente a esta ofensiva reaccionaria generalizada el movimiento obrero ha de recuperar los valores comunes de solidaridad, de ayuda mutua, de reconquista del tiempo propio y libre y de reducción del tiempo explotado, etc., que unieron al movimiento popular y obrero de EEUU de aquél 1º de mayo.

4.- Tercera lección
Sin duda, la lección fundamental a extraer es la desesperada obsesión capitalista por «volver» a las formas de explotación imperantes en el pasado, y contra las que se levantó la clase trabajadora hermana de EEUU. Entrecomillamos «volver» para resaltar que en realidad se trata de ampliar, masificar y endurecer aquellas disciplinas, prohibiciones y castigos pero con los métodos actuales, infinitamente más sofisticados y perversos. El neoliberalismo mejora las tesis maltusianas y liberales extremas de la economía vulgar burguesa, llamada neoclásica, creada para oponerse al marxismo y derrotar al movimiento obrero de la época.

Ahora, la burguesía necesita, por un lado, aumentar el desempleo y el paro permanente, el subempleo y la precarización extrema para aterrorizar a la clase trabajadora mundial, dividirla y enfrentarla con ella misma. Por otro lado, necesita aumentar el tiempo de trabajo explotado, que no sólo la intensidad de la explotación, es decir, necesita que la clase obrera produzca más en cada hora de trabajo y que también trabaje más horas, sobre todo necesita mantener el salario igual pese al incremento de la explotación intensiva y extensiva, y si puede, busca incluso reducir el salario global a pesar de que la clase obrera aumente su productividad. Por esto, la patronal siente como un ataque insoportable a su misma esencia de clase todo intento de reducción del tiempo de trabajo explotado.

Exceptuando tibias y timoratas medidas cobardes por parte de algún Estado en la recuperación de derechos básicos --el caso alemán visto-- como es la reducida sanidad pública instaurada por la Administración Obama, lo que se aplica es una política con cuatro constantes: austeridad, es decir, reducción de gastos sociales vitales, de salarios directos e indirectos, de pensiones y jubilaciones, de servicios colectivos, etc. Privatización, es decir, vender todo lo público, colectivo y común a la burguesía a precio de ganga, para que pueda aumentar la tasa media de beneficio aunque sea a costa del empobrecimiento popular. Flexibilidad, es decir, destrucción de derechos sociolaborales y democráticos, derechos políticos conquistados por el pueblo trabajador pero que dificultan los negocios burgueses. Y represión, es decir, amedrentar a las clases trabajadoras para que no se resistan y sobre todo no pasen a la ofensiva, para que malvivan en el miedo y en la obediencia acobardada.

Para combatir al monstruo capitalista de las cuatro cabezas --austeridad, flexibilidad, privatización y represión--, el movimiento obrero ha de recuperar el vital internacionalismo consecuente de la II Internacional cuando en 1889 decretó día de lucha el 1º de Mayo en agradecimiento y en honor a la clase obrera de EEUU. Hoy más que entonces, debemos actualizar en la práctica aquella decisión porque hoy el capitalismo está definitivamente mundializado y cualquier lucha obrera y popular ha de unir su reivindicación territorial, regional y nacional, con su visión mundial. El movimiento obrero consciente yanqui así lo hizo protestando una vez y siempre contra las guerras imperialistas desatadas por «su» burguesía y saliendo en defensa de los pueblos atacados por ella.

El imperialismo activa todos sus medios militares, políticos, culturales, económicos… para aplicar su estrategia de explotación mundial en las mejores condiciones de superioridad global. Por esto, el internacionalismo obrero y popular, socialista, es el componente interno que une todas las luchas de las clases y pueblos oprimidos contra el enemigo común, sabiendo que el libre desarrollo de cada nación trabajadora es la base del desarrollo de la humanidad en su conjunto. En América Latina, este internacionalismo consecuente debe materializarse en el apoyo práctico a las liberaciones de los pueblos, en las ayudas a sus gobiernos progresistas amenazados por el militarismo yanqui y sus exigencias de absorción y deglución económica, social, cultural y natural. Solamente así haremos honor a los héroes del 1º de Mayo de 1886.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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¿Por qué la UE no sigue a EEUU en su guerra económica contra Rusia?

Mér, 30/04/2014 - 22:33
Pese al empeño de Washington, la UE no está muy interesada en romper sus relaciones comerciales con Moscú y no se ve preparada para imponer sanciones serias contra Rusia. El lunes pasado, siguiendo el ejemplo de EE.UU., la Unión Europea publicó su lista de personas sancionadas por su implicación en la crisis ucraniana, incluyendo medidas contra siete ciudadanos rusos y 17 empresas.

No obstante, los expertos explican que aunque ambos socios internacionales evalúan negativamente la postura de Rusia en la crisis de Ucrania, entre sus posturas hay una clara diferencia. Mientras Washington comienza a extender sus sanciones a las empresas rusas y el sector de la cooperación técnico-militar, los líderes de la UE se muestran más reservados, prefiriendo sanciones específicas contra políticos concretos.

Según destaca el catedrático de la integración europea del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú, Nikolái Kavéshnikov, citado por la agencia Ria Novosti, las sanciones impuestas tienen un carácter "muy simbólico y no causan graves daños para la economía rusa".

Al mismo tiempo, el experto explica que la reprobación de las acciones de Rusia tiene su 'simbolismo' no solamente en la escena internacional, sino también se considera como un reflejo de la opinión pública dentro de los países de la UE, para no perder el apoyo de sus electores. "Es un símbolo que los políticos europeos presentarán a sus electores, a su opinión pública y la comunidad internacional".

Por otra parte, pese a la claramente observada influencia de Washington, que conduce a la gradual reducción de las relaciones con Rusia, de acuerdo con Alexéi Gromyko, director del Centro de Estudios Británicos del Instituto de Europa, los europeos "guardan la esperanza" de que la situación se estabilice y normalice, sin el aumento de sanciones.

Por un lado —resume el experto— la UE depende de la política de EE.UU., pero por el otro, los europeos, aunque hay países "capaces de cumplir todas las exigencias de Washington", ya tienen una cierta autonomía en las relaciones con Rusia. Y EE.UU. está aún muy lejos de superar estas relaciones y "arrastrar a la UE a guerras reales, comerciales, económicas y de inversiones con Rusia".
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Ver: La guerra económica con Rusia podría tener un alto costo para Europa y Estados Unidos Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Diego García y el crepúsculo del imperio

Mér, 30/04/2014 - 17:52

Alejandro Nadal, La Jornada
Elaine Scarry es profesora de inglés en la Universidad Harvard. Este año sus cursos abarcan la obra de las hermanas Brontë, Thomas Hardy y Seamus Heaney. Sus seminarios se concentran en el problema del consentimiento en la literatura, la filosofía política y el derecho. Pero Scarry es también conocida por su investigación sobre misteriosas catástrofes de aviación, tema que parece extraño para alguien que piensa que la belleza nos confronta con nuestra capacidad de cometer errores.

El 17 de julio de 1996 el vuelo TWA 800, con 230 personas a bordo, salió del aeropuerto Kennedy en Nueva York en dirección a París. A los 12 minutos recibió autorización para alcanzar su altitud de crucero, pero el avión explotó misteriosamente y se desintegró en el aire. La agencia responsable de determinar las causas del desastre concluyó que probablemente un cortocircuito en los tanques de combustible había provocado la explosión.

Elaine Scarry consideró una hipótesis distinta, la del pulso electromagnético (PEM), emisión de energía electromagnética de alta intensidad que puede dañar los sistemas eléctricos y electrónicos de muchos equipos. Después de analizar miles de documentos oficiales sobre operaciones navales en la zona de la explosión, Scarry descubrió que cinco naves militares operaban en la zona la noche del desastre. Un avión Orión P3 de la armada volaba dos kilómetros arriba del TWA 800 e intersectó la longitud y latitud del TWA 800 unos segundos antes de que el transponder y la caja negra del Boeing 747 dejaran de funcionar. Por debajo y unos nueve kilómetros al norte del avión de pasajeros volaban un helicóptero Blackhawk y un avión HC 130 de la guardia costera. La fragata Adak navegaba unos 16 kilómetros al sur y el crucero Normandy (con misiles superficie-aire Aegis) estaba a unos 120 kilómetros más al sur. Además, entre el crucero y el punto del accidente se encontraban tres submarinos (dos de ataque y uno con misiles estratégicos). La noche de su destrucción el TWA 800 estaba rodeado por unas ocho naves militares.

Según Elaine Scarry, una probable causa de la explosión es la presencia de un PEM en la vecindad de la zona donde ocurrió el accidente. Este pico de energía pudo deberse a ensayos militares la noche del accidente. El análisis de Scarry reclamó una indagatoria seria. La meticulosa maestra de inglés insistió en que los accidentes misteriosos exigen que todas las posibles causas e hipótesis sean investigadas.

La pericia de Elaine Scarry en el manejo del lenguaje le ha permitido realizar un análisis crítico de las versiones oficiales sobre la destrucción del vuelo TWA 800. Aun cuando las autoridades desecharon sus conjeturas, Scarry consideró que su deber cívico la comprometía a despejar algunas incógnitas y, sobre todo, a clamar por una investigación seria sobre todas las posibles causas del desastre del TWA 800.

El caso de la misteriosa desaparición del avión de Malaysian Airlines MH 370 tiene algunos puntos de contacto con las preocupaciones de Elaine Scarry. Para empezar, es claro ahora que el avión de Malaysian fue desviado intencionalmente de su rumbo. Además, el transponder y otros instrumentos de comunicación fueron deliberadamente inhabilitados por alguien al interior de la cabina. Adicionalmente, sabemos que el avión maniobró para evadir los radares civiles y militares.

Al igual que todos los Boeing 777, el de Malaysian Airlines contaba con dispositivos ELS en el fuselaje para localización en caso de accidente que no pueden ser inhabilitados por la tripulación. Algo similar acontece con las llamadas cajas negras del avión. ¿Cómo es posible que estos instrumentos hubieran fallado? Una posible razón es que contrario a las creencias populares esos dispositivos sí pueden ser destruidos por un impacto suficientemente violento y en el caso de los ELS en el fuselaje, si se hunden en el agua dejan de funcionar.

Cada día que transcurre sin encontrar los restos del MH 370 aumenta la credibilidad de hipótesis alternativas. Una de las más interesantes es que el avión fue objeto de un intento deliberado por alcanzar la base militar de Diego García, en el océano Índico. Las fuerzas navales estadunidenses podrían haber destruido el avión con un misil guiado por radar, lo que explicaría la falta de pedazos grandes del fuselaje y la destrucción de las cajas negras y los dispositivos ELS del avión. Es evidente que en ese escenario los estadunidenses preferirían guardar silencio sobre su rol en este triste episodio. Quizás Obama ofreció alguna explicación y concesiones durante su visita a Kuala Lumpur en estos días.

Entre más débil es un imperio, más lejanas y solitarias parecen sus bases militares. Lo que parece fortaleza se traduce en debilidad. En el crepúsculo del imperio estadunidense, Diego García se perfila como señal de agotamiento. Un atentado contra esa base es intolerable para el orgullo militar estadunidense. Por eso la consigna hoy es guardar un discreto silencio sobre Diego García.

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Panel de hormigón firmado por Allende se presentará en Bienal de Arquitectura de Venecia

Mér, 30/04/2014 - 13:00


“Monolith Controversies”, se llama la propuesta que representará a Chile en la 14a Muestra Internacional de Arquitectura, “Fundamentals”, que se desarrollará en la Bienal de Venecia y cuya curatoría está a cargo del arquitecto holandés Rem Koolhaas. Este proyecto fue presentado en el Concurso de Ideas convocado por el área de Arquitectura del Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes y tiene como objetivo potenciar la presencia de Chile en esta importante muestra a la que asisten 65 países. “Monolith Controversies” fue elegido de manera unánime por el jurado, por cuanto destaca el cruce de “diferentes problemáticas de interés global y local: una cierta historia universal, el contexto de la guerra fría, la historia reciente de Chile y una historia particular en el desarrollo de la prefabricación”.
La propuesta de los arquitectos Pedro Alonso y Hugo Palmarola recoge la línea de construcción de la URSS de Nikita Krushev con paneles prefabricados de hormigón, y está centrada en la arquitectura en lugar de los arquitectos, y habla de la historia en vez de la contemporaneidad, logrando explicar un capítulo del desarrollo de la arquitectura en Chile, a través de un componente constructivo elemental. Tras el terremoto de 1971, Rusia regaló a Chile una de estas plantas para producir paneles de hormigón, y antes del golpe militar alcanzó a producir varios edificios en Quilpué y Santiago que aún están en pie. La muestra que se presentará en la Bienal de Venecia recupera el panel que inauguró Salvador Allende, y que fue abandonado por más de 40 años. La empresa KKPD se ha reinaugurado recientemente en el sur de Rusia.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La decadencia de los bancos centrales y la política monetaria

Mér, 30/04/2014 - 12:00

Desde el estallido de la crisis financiera los bancos centrales han recortado las tasas de interés, han rescatado a la banca y la han ayudado a ocultar sus fraudes y han comprado grandes cantidades de bonos soberanos. Estas medidas han producido resultados miserables a nivel económico, mientras el dinero fácil ha gestado numerosas burbujas especulativas que no tardarán en sacudir los mercados. Tras siete años del estallido de la crisis existe una debilidad crónica en la economía mundial y un alto riesgo de recaída si la desaceleración china se intensifica. Los débiles resultados en materia de empleo y crecimiento tienen en entredicho la recuperación. A su vez, las políticas monetarias sufren de un grave agotamiento, y su influencia atraviesa una profunda decadencia.

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Emir Sader: Todos somos macacos

Mar, 29/04/2014 - 19:04
Emir Sader, AlaiNet

Después de la enésima vez que han tirado plátanos en contra de jugadores de futbol negros en Europa, Daniel Alvez ha resuelto comer el plátano y Neymar declaro: “Todos somos macacos” (Todos somos monos). Es el comienzo de la reacción, que los propios europeos parecen incapaces de hacer, en contra de la discriminación en los estadios de futbol, simple continuación de lo que pasa en la vida cotidiana en países que se consideran blancos y civilizados”.

Europa “civilizada” se ha enriquecido en base a la esclavitud y a su corolario: la discriminación y la reducción de los negros a “bárbaros”. Ellos llegaron a América con la cruz y la espada, a “civilizarnos”, esto es, a destruir a las poblaciones nativas y someterlas a la dominación colonial. Han sacado a millones de africanos de su mundo para traerlos como animales a trabajar como esclavos para explorar las riquezas de América y mandarlas a la Europa “civilizada”.

Todo el movimiento histórico de la “libertad, igualdad, fraternidad”, se ha desarrollado en función de la liberación de los siervos de las glebas de Europa, desconociendo la esclavitud que esa misma Europa practicaba. Nadie – salvo el solitario Hegel – tomó conocimiento de la Revolución Haitiana en contra de la dominación de la Francia “emancipada” por su revolución, pero opresora de la primera Revolución Negra de independencia en las Américas.

Siglos después, cuando Europa “civilizada” liquida su Estado de bienestar social y tira al abandono a millones de personas – ante todo a los inmigrantes, que fueron a trabajar en condiciones degradantes, cuando sus economías los necesitaban – el racismo demuestra toda su fuerza. Son los partidos de extrema derecha los que las fortalecen, al tiempo que el racismo aparece también en los campos de futbol, sin que genere gran indignación en la Europa “civilizada”.

Al mismo tiempo, se desarrollan campañas discriminatorias en contra de Brasil, proyectando un país de “culebras, tigres, monos” que van asediar el Campeonato Mundial de Futbol, además de ellos, un absurdo y estúpido informe del Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania, caracteriza a Brasil como un “país de alto riesgo”, como sugiriendo que la gente no venga a Brasil. Si fuera así, ¿Por qué Alemania está instalando nuevas fábricas de BMW, de Mercedes, de la misma Volkswagen y de otras?

Esa campaña, llevada a cabo por las fuerzas conservadoras de los medios internacionales, se da porque Brasil incomoda al ideario de esas fuerzas. El Brasil de hoy no es mas el país de la dictadura militar, no es más el país del neoliberalismo. Mientras Europa, inmersa todavía en ese modelo, produce un desastre social de proporciones continentales, Brasil – y otros países de Latinoamérica – crecemos y disminuimos la desigualdad y la miseria, que crecen en Europa. Nosotros les incomodamos porque estamos en contra del Consenso de Washington, que ellos intentaron imponernos, causándonos grandes daños, que nosotros supimos superar, volviéndonos la región del mundo que se contrapone a los extravíos que Europa asume.

Vamos a recibirlos en Brasil con la más grande cordialidad en el Campeonato Mundial de Futbol. Comiendo y ofreciendo bananas, asumiendo que: “Todos somos macacos”.

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