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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6445125
Actualizado: fai 12 horas 59 min

Condenan a prisión a los filtradores del caso LuxLeaks por el que 340 multinacionales evitaban impuestos

Xov, 30/06/2016 - 05:01

La Justicia luxemburguesa condenó a 12 y 9 meses de cárcel a los dos exempleados de la compañía PricewaterhouseCoopers (PwC), acusados de haber filtrado miles de documentos del escándalo fiscal LuxLeaks, aunque no ingresarán en prisión; mientras que el periodista francés Edouard Perrin, acusado de difundir la información, quedó absuelto de todos los cargos.

El exauditor de PwC Antoine Deltour, junto con otro exempleado, Raphaël Halet, ambos franceses, fueron acusados de filtrar cerca de 30.000 páginas de documentos sobre las resoluciones tributarias acordadas entre el Gran Ducado y 340 multinacionales. La Justicia luxemburguesa les impuso una multa de 1.500 y 1000 euros, respectivamente, informa el diario Luxemburger Wort.

El escándalo, revelado por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), descubrió acuerdos secretos fiscales entre Luxemburgo y 340 multinacionales entre 2002 y 2010, entre ellos Pepsi, IKEA, AIG, Coach o Deutsche Bank, que permitieron a las empresas rebajar drásticamente sus impuestos, hasta menos de un 1% en lugar de 29%. Este escándalo salpicó directamente al actual presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, quien en aquel entonces era primer ministro de Luxemburgo, además de ministro de Finanzas.

Deltour fue acusado de haber robado documentos de la consultora antes de que la abandonara en 2010 y de revelar secretos empresariales y haber violado la confidencialidad profesional. El exauditor confió los documentos a Perrin, quien primero reveló la información en 2012 en un programa de la cadena de televisión pública France 2, y está acusado de complicidad en el robo de documentos, de la revelación de información confidencial y de violación del secreto profesional. El periodista galo se declaró no culpable al comienzo del juicio, que atrajo a unos 30 activistas delante del tribunal para expresar su solidaridad con los acusados. Deltour fue acusado además de haber manipulado a Halet, el otro exempleado de PwC, para que efectuara una segunda filtración de documentos.

La Federación Internacional de Periodistas (IFJ) lamentó que la sentencia dé una señal equivocada a posibles soplones y ponga "en gran riesgo la relación entre periodistas y sus fuentes".

"El impresionante trabajo realizado por el ICIJ y Edouard Perrin en este caso y el acto de valor de los denunciantes debe considerarse como uno de los mejores ejemplos de la forma en que los periodistas y sus fuentes pueden trabajar por el interés público", apuntó el presidente de IFJ, Philippe Leruth, quien advirtió que debe garantizarse la "plena protección" de los periodistas en sus relaciones con las fuentes.

El diputado de ICV en el Parlamento Europeo (PE) y miembro del comité de investigación de los Papeles de Panamá, Ernest Urtasun, consideró "escandalosa" la sentencia, que en su opinión "debería ser una llamada de atención clara sobre la necesidad de reconocer y proteger legalmente el papel de las personas que denuncian la corrupción política o empresarial". La portavoz de Izquierda Unida (IU) en el PE, Marina Albiol, dijo que las sentencias suponen "una grave amenaza al derecho a la información".

La filtración de este escándalo fue la más importante en materia de elusión fiscal hasta la publicación de los "Panamá Papers", en abril de este año.

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El Brexit es nueva caída del muro de Berlín para Europa y un anti-Waterloo para UK

Xov, 30/06/2016 - 03:20
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

La caída del muro de Berlín en 1989 impuso la unipolaridad geoestratégica de Estados Unidos (EEUU) y la tóxica globalización financierista, que sembró una descomunal desigualdad local/regional/global, aparejada de un magno desempleo y una austeridad ­asfixiante.

El Brexit, medio siglo después del desregulado y pernicioso thatcherismo y 27 años más tarde a la caída del muro de Berlín, emprende el doloroso trayecto de la desglobalización (http://goo.gl/I0mDXc) que implica cambios geoestratégicos que acentúan la tendencia dinámica de la multipolaridad.

El Brexit constituye la placa tectónica geoestratégica en movimiento que tendrá consecuencias profundas para el nuevo orden global que defino como tripolar entre EEUU, Rusia y China. En una visión de corto y mediano plazo, el Brexit equivale a la caída del muro de Berlín.

En una visión de largo plazo, al estilo de Fernand Braudel, el Brexit equivale a un anti-Waterloo: revierte el trayecto ascendente de Gran Bretaña (GB) desde su decisivo triunfo militar hace 201 años en la antigua Bélgica, sede hoy de la dislocada Unión Europea (UE).

Para el editorial del chino Global Times, “el futuro paisaje de la política global es probable que conlleve a cambios mayores, similares a los atestiguados en la historia geológica con la ruptura del antiguo supercontinente Gondwana hace 180 millones (sic) de años (http://goo.gl/41rDZe)”.

Las fichas geoestratégicas dispersas de la UE serán repartidas entre EEUU y Rusia (con China en el asiento de atrás). En los asertos selectivos de las tres superpotencias quizá se resuma el núcleo del nuevo orden global como consecuencia del Brexit: EEUU afirma que ganó Rusia; China asevera que ganó el dólar y perdió el euro, y Rusia asegura que ganó China. En forma premonitoria, tres días antes del Brexit, el malig­no megaespeculador George Soros –quien contribuyó a la demolición de la UE y el euro usando a los migrantes y los capitales golondrinos– vislumbraba ya a Rusia como la potencia global emergente, al unísono del desvanecimiento de la UE (http://goo.gl/wDxN9u). El primer ministro de Hungría, Victor Orban, había ya responsabilizado a Soros de propiciar la crisis migratoria del Medio Oriente para hundir a Europa (http://goo.gl/agnZPe). No fue gratuito que Soros haya sido de los principales ganadores del tsunami financiero causado por el Brexit al haber apostado al desplome de las acciones bursátiles y al alza del oro (http://goo.gl/jsFYcF). Ahora Soros apuesta aniquilar al principal banco alemán/europeo Deutsche Bank y así beneficiar a los banksters de Wall Street y la City (http://goo.gl/aCJ2p5). Mi artículo del año pasado resultó premonitorio: “Gran Bretaña abandona a EU por China: alianza geofinanciera con ‘holandización’, cuando la complementariedad de las máximas reservas de divisas de China con el know-how financierista de la City (Londres) construye el andamiaje multipolar para el nuevo orden geofinanciero del siglo XXI” (http://goo.gl/4Lkq48). No muy alejado de mi abordaje, Thierry Meyssan, director de Red Voltaire, arguye que el Brexit, apoyado por la Reina de Inglaterra y la reorientación de GB al yuan chino, equivale a la caída del muro de Berlín y representa la redistribución de cartas de la geopolítica mundial (http://goo.gl/ITH7Mt). En mi artículo anterior argumenté (http://goo.gl/AQR06U) sobre la “coincidencia geoestratégica de destino: el mismo día que la UE iniciaba su implosión, el Grupo de Shanghái (OSC) celebraba su 16 cumbre en Tash­kent (Uzbekistán), donde se reunieron el zar Vladimir Putin y el mandarín chino Xi, y aprobaron el protocolo de ingreso de dos grandes pesos pesados nucleares: India y Pakistán (https://goo.gl/BwTDva). ¡Fin de una era!” En realidad, se trató de dos coincidencias de destino geoestratégico, porque, al día siguiente del Brexit y despúes de haber concurrido a la cumbre 16 del Grupo de Shanghái en Tashkent, Putin realizó una visita de dos días a China, donde profundizó sus lazos estratégicos con Xi. Las dos coincidencias geoestratégicas en Eurasia –de Tashkent a Pekín– fueron escamoteadas por los desinformativos mass media del angustiado Occidente. Con su legendario sarcasmo, el zar Putin, siete días antes del Brexit, aceptó –en la reunión financiera de San Petersburgo– que probablemente EEUU sigue siendo la única superpotencia mundial, mientras se alistaba para trabajar con quien sea que gane este año la presidencia en Washington, aunque no quiere que los estadounidenses le digan cómo tiene que vivir (http://goo.gl/rPK4A9). El mismo día del Brexit ingresaron al Grupo de Shanghai dos potencias nucleares del subcontinente indio: India, dotada de 110 a 120 ojivas (http://goo.gl/tivcY7), y Pakistán, de 110 a 130 ojivas (http://goo.gl/cOF0ua).

Daily Times aduce que el ingreso de Pakistán al OSC es muy significativo en el escenario geopolítico cambiante (http://goo.gl/337f9e). Con menor entusiasmo que Pakistán, The Hindu exulta que India y Pakistán serán miembros plenos del OSC (http://goo.gl/6dMYb0). Se infiere que China apadrina a Pakistán y Rusia la imita con India.

No todo es color rosa en el Grupo de Shanghái, ya que, según Yang Jin, de la Academia de Ciencias Sociales de China, la “crisis financiera global, los precios alicaídos de las materias primas de primera necesidad (staple commodities) y el deterioro por las sanciones económicas aplicadas a Rusia han ejercido efectos negativos en la estabilidad (sic) y la economía de los miembros del OSC”, cuando las “grandes potencias (léase: EEUU y su plan Brzezinski) han intervenido profundamente en los asuntos regionales y perturbado los intereses conjuntos de los miembros del OSC”, lo cual “ha dificultado su cooperación circular y que, además del binomio de las superpotencias China y Rusia, ostenta la membresía de cuatro países centroasiáticos –Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán– con un numero de disputas sobre territorio, recursos acuíferos y etnicidad (http://goo.gl/EuOfba).

¿Cuál será el ímpetu que dará la incorporación de dos potencias nucleares como India y Pakistán al Grupo de Shanghái, que no ha tenido el desarrollo esperado después de 16 cumbres? El grave problema del despliegue del OSC es que tiene que definir su objetivo primordial, cuando padece el dilema de formar un grupo de seguridad militar euroasiático para contrarrestar a la OTAN y/o integrar un vulgar bloque mercantilista.

La mayor coincidencia geoestratégica resultó el transcendental acercamiento entre el oso ruso y el dragón chino.

The People’s Daily afirma el compromiso de una asociación implacable (sic) entre China y Rusia (http://goo.gl/XfaZUU), mientras Cao Siqi comenta que China y Rusia fortalecen la estabilidad global y han alcanzado un consenso contra la hegemonía de EEUU (http://goo.gl/5rVsqy).

Un editorial de Global Times considera que la presión de EEUU estimula lazos más estrechos entre China y Rusia, cuando Washington es incapaz de derrotar al dragón chino y al oso ruso al mismo tiempo (http://goo.gl/vDDfMY). ¡Murió la vieja era; viva la nueva era!

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El 'elefante de los ingresos': ganan pobres y ricos y pierde la clase media

Mér, 29/06/2016 - 20:49
Vicente Nieves, El Economista

Cada vez son más los políticos de Occidente que culpan a la globalización y al comercio internacional de los problemas internos que sufren sus países. Varios medios y expertos estudian el efecto de la globalización en los ingresos de los ciudadanos, lo que ha devuelto el protagonismo a un documento sobre desigualdad publicado en 2013 por Branko Milanovic, profesor de Economía y experto en desigualdad. En este trabajo muestra en un solo gráfico cómo han variado los ingresos de los ciudadanos desde 1988: los pobres son menos pobres, los ricos son más ricos, mientras que sólo pierde la clase media, que se queda totalmente estancada.

En este paper de mayo de 2013, Milanovic explicaba que "en este periodo se ha producido la primera caída de la desigualdad de ingresos en los ciudadanos del mundo desde la revolución industrial". Aunque dentro de los países desarrollados se ha visto un incremento de la desigualdad de ingresos, si el análisis se hace a nivel mundial, la globalización ha reducido la desigualdad tras 'sacar' a cientos de millones de personas de la pobreza.

Milanovic ha elaborado un gráfico en el que muestra la evolución de los ingresos reales entre 1988 y 2008 a través de los percentiles globales de renta. Es decir, se analiza como han cambiado los ingresos de la población mundial tras dividirla en una serie de cien grupos diferenciados por el puesto que ocupan en la escala de distribución de la renta mundial. De ese modo, se ve como ha evolucionado la renta de los percentiles más pobres hasta los más ricos, pasando por la clase media.


Esta representación ha sido denominada como el 'gráfico del elefante' porque al unir todos los puntos de los percentiles seleccionados aparece una silueta que se parece a la de este paquidermo. Como explicaba Milanovic en su trabajo se puede ver que "dos grupos se pueden considerar como los grandes ganadores de las últimas dos décadas de globalización: primero los muy ricos, aquellos que se encuentran en la cima de la distribución de la renta global; segundo, la media clases de las economías emergentes, particularmente China, India, Indonesia y Brasil", explica este economista del Banco Mundial.

Los más ricosMilanovic prosigue explicando los resultados del gráfico: "El 1% (percentil 100) más rico ha visto crecer sus ingresos reales en más de un 60% en las dos últimas décadas. No obstante, el mayor incremento se ha registrado entre los percentiles 50 y 60 de la escala global de la distribución de la renta, sus ingresos reales se han incrementado casi un 80%. En estos percentiles encontramos 200 millones de chinos, 90 millones de indios y unos 30 millones de habitantes que van desde Brasil hasta Indonesia". Las clases medias de los países emergentes y los más ricos del mundo han sido los grandes ganadores de la globalización, sentencia este economista.

Por otro lado, el tercio más pobre de la población (más o menos entre percentil 10 y 40) también han tenido ganancias considerables, con un incremento de sus ingresos reales que va desde el 40% hasta el 60% más o menos. La única excepción es el 5% más pobre de la población, cuyos ingresos reales han crecido mucho menos que los anteriores grupos.

Los grandes perdedoresPero sin duda, "los mayores perdedores, o al menos los no ganadores, de la globalización ha sido los que se encontraban entre el percentil 75 y el 90 en la escala de la distribución global de los ingresos, las ganancias reales de ingresos de esas personas han sido nulas. Estas personas son consideradas como la clase media-alta del mundo incluye a varios países de América Latina con pasado comunista, así como aquellos ciudadanos de países ricos que han visto sus ingresos estancados", sostiene Branko Milanovic.

Entre los grandes ganadores está ese 1% más rico del mundo, que está compuesto por más de 60 millones de personas de EEUU, países de la Eurozona, del Reino Unido, Japón, Brasil, Rusia y Sudáfrica.

Los otros ganadores son aquellos ciudadanos de la clase media de los países emergentes: "En 1988, una persona con el salario mediano en China sólo era más rico que el 10% de la población del mundo. Unos veinte años después, una persona en la misma posición dentro de la distribución de los ingresos en China es más rico que el 50% de la población mundial", asegura este economista.

Aunque estos datos son reveladores, aún lo podrían ser mucho más si la serie alcanzase los años posteriores a la última crisis financiera. En los países desarrollados, la clase media ha sido castigada por mayores tasas de paro y unos ingresos reales estancados. Mientras que los países en desarrollo han seguido disfrutando hasta hace poco del súper ciclo de las materias primas y de un crecimiento económico muy superior al de occidente. Por lo que la desigualdad de ingresos entre los ciudadanos del mundo se podría haber reducido bastante más desde 2008

Noah Smith, profesor de Finanzas en Stony Brook University, escribe en Bloomberg, que estos resultados cuestionan cuanto menos las teorías que se han considerado como verdades absolutas durante mucho tiempo: "Observando la evolución de los ingresos de la clase media de los países desarrollados en el gráfico del elefante, se puede cuestionar los beneficios del comercio internacional".

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Brexit: el naufragio del neoliberalismo

Mér, 29/06/2016 - 13:20

Alejandro Nadal, La Jornada

El señor David Cameron, primer ministro británico, se encuentra ya en Bruselas para reunirse con sus pares de la Unión Europea (UE). Es el encuentro para iniciar los trámites de un divorcio que se anuncia será largo y repleto de conflictos. Y si Cameron pensaba que podría contar con la simpatía de sus (ex)socios de la UE, que no se haga ilusiones.

Se inicia un proceso que por lo menos debe tomar dos años, comenzando con la activación del artículo 50 del Tratado de la Unión Europea sobre el retiro de un país de dicha unión. Las negociaciones tienen que ver con la multitud de tratados y arreglos actualmente en vigor y que deben ser revisados para definir el nuevo esquema de relaciones con la UE. Pero la señora Ángela Merkel ya marcó el derrotero el lunes con una fuerte declaración: no hay que engañarse sobre cómo serán las relaciones con la UE para un país que nos abandonó.

En realidad, sobre lo que sí no hay que hacerse ilusiones es en relación con los efectos sobre el capitalismo neoliberal. El castigo a las poblaciones del planeta seguirá mientras la gente no tome conciencia de quiénes son sus verdugos. Y si las izquierdas electorales no cumplen con su papel de educación política, pues el electorado seguirá pensando que las cosas van a mejorar si sólo se mantiene el mismo rumbo durante un poco más de tiempo. El resultado es que la guillotina del recorte fiscal y el látigo del castigo monetario se seguirán abatiendo sobre los pueblos del mundo. Y cada vez será necesaria más demagogia y más represión para mantener el orden neoliberal, como se puede ver desde Francia hasta Oaxaca.

Muchas son las explicaciones sobre el voto en el referendo que decidió la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Y serán muchos los efectos del Brexit. Pero una cosa es certera y es muy importante no perderla de vista: el veredicto del escrutinio es un fracaso rotundo del neoliberalismo.

La campaña en favor de la salida de la Unión Europea se hizo alrededor de varios ejes de propaganda engañosa. El primero fue el fantasma de la migración descontrolada como uno de los factores que estaban robando empleos. Aquí se manejaron mentiras que se cultivan en una composta de racismo y demagogia populista de derecha. Lo cierto es que el capitalismo inglés, bajo el régimen neoliberal impuesto desde la señora Thatcher, es el principal responsable de la crisis del capital en Inglaterra. Estancamiento, concentración del ingreso y un espectacular desequilibrio en las cuentas externas no son resultado del vínculo con la Unión Europea. Ese balance negativo es resultado directo del esquema neoliberal consolidado por Tony Blair y por David Cameron, un paquete de medidas de política económica que, entre otras cosas, condujo a la des-industrialización de la matriz productiva del Reino Unido.

El desequilibrio de las cuentas externas del Reino Unido se traduce en un saldo negativo en la balanza en cuenta corriente de la balanza de pagos equivalente a más de 7 por ciento del PIB. Y el Reino Unido debe financiar ese enorme déficit con flujos de capital del extranjero.

Para referencia, ese es el mismo nivel de saldo negativo en la cuenta corriente que tenía México cuando estalló la crisis de diciembre de 1994. Los medios de propaganda y los inútiles funcionarios del régimen presentaron la hecatombe como una crisis cambiaria. En realidad, era una crisis de todo el modelo neoliberal que ha sido incapaz de permitir crecimiento y que ha sido un castigo para el pueblo de México a lo largo de los años.

Hoy el dogmático ministro de finanzas de David Cameron, el señor George Osborne ya está haciendo un llamado para incrementar los impuestos y recortar el gasto. Según él eso es necesario para afrontar el shock del referendo. Vamos a demostrarle al mundo, dijo el funcionario, que el Reino Unido puede vivir sin exceder sus medios. En realidad es la misma receta del esquema neoliberal: mayor austeridad para que el capital financiero se sienta seguro y pueda seguir financiando el desastre de una economía rota y unas cuentas externas que van en picada. Lo que Osborne quiere evitar es que los flujos de capital se reviertan.

La incertidumbre ha llevado la libra esterlina a sufrir una fuerte devaluación, lo que algunos podrían pensar ayudaría a la competitividad externa del Reino Unido. Lo cierto es que ese efecto será reducido y temporal porque el déficit externo es estructural. Bienvenidos a la realidad: la única diferencia entre la Gran Bretaña y las repúblicas bananeras de las que antiguamente fue metrópoli es que Londres sigue siendo el principal centro del capital financiero del mundo.

Sí es cierto que el racismo y la demagogia jugaron un papel en el referendo, pero eso se produjo precisamente por el fracaso del capitalismo neoliberal. Brexit es la señal del naufragio de un esquema de acumulación que sólo puede mantener indicadores de mediocridad en su desempeño económico. A raíz de este referendo nadie podrá afirmar que el neoliberalismo y su globalización permiten mejorar el nivel de vida de la población.

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La ingobernabilidad del neoliberalismo

Mér, 29/06/2016 - 11:01
Emir Sader, Público.es
El neoliberalismo rescató y puso énfasis en el tema de la ingobernabilidad. Habría un desequilibrio entre los derechos afirmados por las leyes e incluso por constituciones y la capacidad del Estado y los gobiernos para garantizarlas. Una de las expresiones de esos desequilibrios sería la inflación, forma de apelar a un mecanismo incorrecto para cumplir con aquello para lo cual habrían recursos. De ahí también la obsesión neoliberal con la inflación, derivada de su preocupación con la existencia de “excesivos” derechos.

Pero no hay más grande ingobernabilidad que la impuesta por el neoliberalismo. Como gobierno de la extrema minoría —el 1%—, privilegia a los bancos, que representan al capital especulativo, que vive de explotar a los endeudados —gobiernos, empresas, personas—. Son, por lo tanto, gobiernos de la extrema minoría, gobernando en función de la reproducción de los endeudamientos con elevadas tasas de interés.

Cuando Europa impuso las políticas de austeridad y los bipartidismos adhirieron a esa modalidad de los ajustes neoliberales, se impuso la ingobernabilidad en todo el continente. Los gobiernos se han vuelto impopulares, cada elección es una derrota segura e instauran el pánico político cada vez que los ciudadanos son llamados a votar.

El neoliberalismo trata de convertir la ingobernabilidad en su forma de hacer política con un discurso que descalifica no sólo a la política, sino también al Estado, los partidos, los sindicatos, las elecciones y las empresas estatales. Cuando quien vuelve ingobernables las sociedades es el imperio del mercado, del dinero, de la especulación financiera, de los paraísos fiscales y sus empresas off shore.

Cuando el poder del dinero se impone sobre los derechos de las personas, la sociedad se vuelve ingobernable porque no cabe la conciencia y la organización de la gente. El neoliberalismo se choca directamente con la democracia y tratan de imponer regímenes autoritarios.

La democracia, en cambio, no es ingobernable. Los gobiernos progresistas de América Latina han probado que, cuando se respeta los derechos de todos, estos se vuelven más populares, más legítimos, más fuertes, más estables. Asimismo, comprueban que el desarrollo económico es perfectamente posible con la distribución de la renta, que no se trata de producir menos para menos gente, sino de producir siempre más, para más gente.

Se ha podido probar que una democracia no debe quitar nunca los derechos a la gente, menos todavía a los más frágiles. O se gobierna para todos o no es una democracia, sino un gobierno inestable, que solo pierde legitimidad, que se vuelve ingobernable.

Comparen los gobiernos de México o Perú, que han mantenido el modelo neoliberal con los que han avanzado hacia la superación del neoliberalismo en América Latina, para que se vea cuáles han conquistado la legitimidad y el apoyo popular y cuáles no. El tema de la ingobernabilidad, como lo ha planteado el neoliberalismo, es un instrumento para quitar derechos, no para extenderlos; para debilitar y no para fortalecer a la democracia.

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Brexit, o qué pasa cuando el voto es visceral

Mér, 29/06/2016 - 09:00

Roberto Savio, Alai
Los especialistas en encuestas dicen que cuando las personas consultadas no se sienten cómodas diciendo qué van a votar es porque a nivel racional no están a gusto con la papeleta que colocarán en la urna. En otras palabras, los electores actúan más por una cuestión visceral que cerebral.

Eso fue lo que pasó en Gran Bretaña el 23 de este mes, cuando se realizó el referendo para decidir si se iba o se quedaba en la Unión Europea (UE), y las encuestas a boca de urna le dieron una ligera ventaja a la opción de quedarse, que resultó no ser la elegida por la población.

El referendo por el brexit fue realmente una cuestión visceral. La campaña para irse se basó en el miedo a una invasión masiva de turcos, derivada de la posible incorporación de su país a la UE, una falsedad total, y en que Gran Bretaña le pagaba al bloque unos 50 millones de libras al día, otra mentira.

Pero el asunto central, planteado especialmente por el ex alcalde de Londres, Boris Johnson, fue: “Nosotros (los británicos) ya no somos libres. Consigamos nuestra independencia”. Incluso llegó a comparar a la UE con la Alemania nazi que quería apoderarse de Europa. Claro, sus intenciones eran simples: que el primer ministro británico David Cameron renunciara y entonces ocupar su lugar. ¡Un brillante ejemplo de idealismo!

El grito de independencia agitó el sesgo nacionalista de los nostálgicos de la época imperial, quienes creyeron que su país recibiría un enorme flujo de extranjeros si se quedaba en la UE y que no controlarían sus fronteras. El hecho de que las estuvieran controlando, en función de su acuerdo con el bloque, pasó milagrosamente a un segundo plano.

Pero más allá de ese elemento específico de la identidad británica, las razones del brexit fueron las de la ola xenófoba, nacionalista y populista que se propaga por Europa. Su campaña contó con esos tres elementos, más un cuarto: la revuelta de la población contra sus élites.

Lo que los analistas ahora terminan de comprender es que los argumentos racionales ya no son importantes, lo que cuenta es el miedo. Y todo lo que abofetee a la élite y al sistema crea una reacción iconoclasta, que lleva a descartar a sus íconos, lo que es ahora una variable política en toda Europa.

Un buen ejemplo de ello, es la ciudad italiana de Turín, donde días antes del referendo británico, el honesto, eficiente y respetado alcalde saliente Piero Fassino, quien realizó un buen trabajo, perdió las elecciones frente a una joven del Movimiento 5 Estrellas, sin ninguna experiencia previa. La gente siente la urgencia de deshacerse de todo lo viejo porque claramente no logró atender sus necesidades.

Es muy pronto para pronosticar la desintegración del Reino Unido, con Escocia otra vez reclamando su independencia. Inglaterra decidió el brexit, donde un número considerable de sus ciudadanos sintieron el repentino nuevo despertar de su identidad.

En Francia (otro imperio perdido), fue el llamado de Marine Le Pen el que reabrió el debate sobre la identidad francesa, la necesidad de evitar diluirse en el multiculturalismo y la inmigración, en especial si son musulmanes, y recuperar el control de las fronteras francesas de la dominación de la UE.

El año que viene, hay elecciones en Alemania y en Francia. En esta última, Le Pen encabeza el que actualmente es el mayor partido de su país, el Frente Nacional, y será difícil mantenerla alejada del poder. En el primer caso, se verá el crecimiento de la derechista y populista Alternativa para Alemania (AfD), que basa su intención de irse de Europa en la reapropiación de la identidad alemana y de su soberanía.

Uno de los pocos elementos positivos de la aprobación del brexit es que crece el coro de voces que señalan que la globalización no cumplió su promesa: riqueza para todos y que en cambio, creó una terrible desigualdad social, que hace que unas pocas personas concentren gran parte de la riqueza nacional y muchas más queden al margen.

Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la clase media europea perdió 18 millones de personas en los últimos 10 años.

Durante la campaña para el referendo británico, el hecho de que los banqueros apoyaran a quienes querían quedarse en la UE tuvo el efecto contrario sobre 27 por ciento de los ciudadanos que no llegan a fin de mes y que ven cómo 1.000 banqueros y 1.500 gerentes de empresas ganan un millón de libras al año.

Ahora hasta el Fondo Monetario Internacional publica estudios sobre cómo la desigualdad social es un obstáculo para el crecimiento y sobre la importancia de invertir en políticas de bienestar que apunten a la inclusión y a la igualdad.

Eso ocurre, podrían decir algunos, porque la reacción a la globalización no crea solo olas de derecha. Con el sentimiento de que quienes están en el sistema ignoran sus problemas, los nuevos movimientos de masas vienen de la izquierda, como Podemos en España.

En Italia, tras ganar las elecciones provinciales hace unos días, el Movimiento 5 Estrellas aparece con probabilidad de asumir el gobierno nacional, actualmente en manos del socialdemócrata Partido Democrático. Tras dos años en el poder, su líder, el “joven” Matteo Renzi, ya parece una vieja figura del sistema.

Quizá también se vuelva claro que la UE sufre el mismo problema. Todo el mundo habla de su papel marginal en el mundo, del hecho de que los burócratas no elegidos de Bruselas viven desconectados de la realidad y se dedican a discutir normas sobre cómo empaquetar tomates e indiferentes a los problemas de la ciudadanía europea.

Debemos hacer una pausa para reflexionar que esas son las mismas críticas que se le hacen a la Organización de las Naciones Unidas. Pero las organizaciones internacionales solo pueden hacer lo que sus miembros les permiten hacer.

La UE es una organización supranacional, la única que existe, pero todo su poder político está en manos del Consejo de Ministros, donde los gobiernos se sientan a tomar decisiones. La Comisión Europea queda a cargo de implementarlas, y los burócratas tienen autonomía para decidir el tamaño del paquete de tomates.

Pero luego, esos mismos gobiernos nacionales que tomaron las decisiones concluyen que es conveniente denunciar la ineficiencia de la UE. Ese juego irresponsable tiene al brexit como resultado concreto, y ahora los gobiernos deben pensar dos veces si continúan por el camino del doble discurso.

De todos modos, el emperador quedó finalmente al desnudo.

Europa está desintegrada y la mayor parte de la responsabilidad recae sobre Alemania, que ha impedido todo intento de crear medidas económicas y de bienestar europeas porque no quiere pagar por los errores de países deudores, como Grecia e Italia.

El ministro de Finanzas de Alemania, Wolfgang Schäuble, llegó a responsabilizar al presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, del 50 por ciento de los sufragios obtenidos por la xenófoba AfD en las elecciones alemanas. Independientemente de lo que se diga, Draghi actúa en función de los intereses de Europa, no de los votantes alemanes.

Alemania es de lejos el país más poderoso de la UE. Resulta irónico que todos los cargos importantes en la burocracia del bloque estén ocupados por británicos y alemanes. De hecho, quienes controlan el sistema y el debate sobre el empaquetado de tomates proceden de esos dos países. Pero es la canciller (jefa de gobierno) alemana Angela Merkel, a quien se atribuye la conducción de la UE.

Alemania ahora debe decidir si continúa su intento de germanizar a Europa o vuelve a europeizar a Alemania, como cuando la capital era Bonn. Ese país ha ignorado de forma sistemática todos los llamamientos europeos e internacionales para fomentar una política diferente en la UE. Se negó a aumentar el gasto, a compartir la financiación de toda iniciativa sobre bonos europeos o cualquier medida de socialización de la crisis.

Pero es un error pensar que eso se debe a la peculiar personalidad de Schäuble. La gran mayoría de ciudadanos alemanes comparten la creencia de que no deben pagar por los errores de otros. Para ser justos, el gobierno alemán nunca trató de educarlos sobre las necesidades europeas. Y ahora, quizá sea demasiado tarde.

Las próximas elecciones serán difíciles para el actual gobierno alemán. Los pronósticos indican que la AfD obtendrá una gran cantidad de votos y los dos partidos tradicionales, el Partido Socialdemócrata (SPD) y la Unión Demócrata Cristiana (CDU), están muy preocupados.

¿Qué hará Merkel tras el triunfo del brexit?

¿Tratará de iniciar una Europa a dos velocidades con los países del Báltico, Polonia, Hungría y otros euroescépticos? ¿Estará lista para cambiar su política egocéntrica y desempeñar un verdadero papel europeo, a pesar del crecimiento de la AfD?

Europa depende claramente de Alemania y es ahora cuando veremos si Merkel es una verdadera estadista o solo una exitosa dirigente nacional.

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¿Qué piensan en Medio Oriente del Brexit? Mucho más de lo que parece

Mér, 29/06/2016 - 02:51

Robert Fisk, The Independent
Es desconcertante vivir en Medio Oriente en un tiempo en que árabes mueren por millares para llegar a la Unión Europea mientras Gran Bretaña comete suicidio económico para abandonarla. El continente de la abundancia –y la seguridad– para millones de musulmanes en busca de refugio contra dictadores, torturadores y guerras ha sido rechazado por una nación que combatió casi seis años para destruir dictadores, torturadores y futuras guerras.

No es raro que los árabes no sepan qué idea hacerse de la Brexit –o brixit, como aparece en la transcripción árabe– y se remonten a la historia para explicar la justicia de la crisis europea. Habiendo decidido en 1916 dividir el Imperio Otomano en pequeños estados árabes que serían ocupados por fuerzas anglofrancesas, los descendientes de sir Mark Sykes ahora tomarán una sopa de su propio chocolate o, en palabras de un tuitero saudita, Gran Bretaña, que dividió los países árabes hace 100 años en partes incompatibles, pronto saboreará la amargura de la división y será desmembrada. Bueno, hasta cierto punto…

Los gobiernos del Golfo a los que GB, y en especial David Cameron, han humillado adoptaron una visión predeciblemente optimista de la catástrofe potencial de Reino Unido. Un empresario saudita apuntó que las importaciones británicas serán más baratas, al igual que las compras en el mercado inmobiliario londinense, refugio de los árabes súper acaudalados… lo que no es precisamente lo que Boris, Mike y Nigel tenían en mente como beneficios de la Brexit.

Bahréin, que acaba de aplastar a su partido opositor de la mayoría chiíta y ha privado de su nacionalidad a su clérigo chiíta más prominente, el jeque Issa Qassem, elogió la valiente e histórica decisión británica de salir de la UE, en reacción, sin duda, a las quejas de la Unión de que el minúsculo reino árabe y su igualmente diminuto monarca no precisamente han vivido conforme a los más altos ideales democráticos en los años pasados.

Unos cuantos sauditas se mostraron más juiciosos, aunque con cierto cinismo. Jamal Kashoggi, uno de los periodistas más conocidos del país –por cierto, el hombre que me presentó con Osama Bin Laden en Sudán–, comentó que Vladimir Putin estaba feliz de haber logrado desmembrar la Unión Europea con la crisis de refugiados creada en Siria. El periodista druso sirio Faisal al-Kassim observó con igual cinismo en el canal qatarí Al Jazeera: En Gran Bretaña, cuando el pueblo dijo no, Cameron se marchó de inmediato. En Siria, cuando el pueblo dijo no, fue el pueblo el que se marchó y Al Assad se quedó. Un punto de vista interesante, un tanto arruinado porque David Cameron no se va de inmediato y por el número de ciudadanos de Reino Unido que tramitan pasaportes irlandeses. Pero el problema subyacente para casi todos los árabes, que sólo se ha insinuado a partir de la Brexit, es que las elecciones árabes son tan ridículas, sus resultados tan fantásticos, sus mayorías tan míticas, que el referendo británico es en sí un sueño de democracia, por terribles, injustos y divisivos que sean sus resultados. No hablo de los disparates totales –por ejemplo la victoria de 100 por ciento de Saddam Hussein en las elecciones iraquíes de 2002–, sino del pobre Egipto, que ha votado encadenado durante muchos años. Véase nada más ese 98.1 por ciento para una constitución de 2014 que permitió al mariscal de campo Abdul-Fatá Sisi postularse a la presidencia después de derrocar al gobierno electo de Mohamed Morsi. O la victoria electoral presidencial del propio Sisi en 2014 por 96.1 por ciento: sin duda Boris, Mike y Nigel saltarían de júbilo si los británicos mostraran la misma unidad patriótica que el pueblo egipcio.

Brexit, tuiteó un egipcio, me recuerda la situación aquí en Egipto: los viejos decidiendo el destino de los nuevos. Ahmed Salem también se mostró jocoso: Por un día, Egipto no será el hazmerreír del mundo. Ahora, señaló otro tuit, Minoufia demanda un referendo para unirse a la UE en lugar de GB. La provincia de Minoufia –hecho que Twitter no permite espacio suficiente para explicar– fue la tierra natal de los dictadores Anuar Sadat y Hosni Mubarak, a los que en su tiempo se les definía, por supuesto, como líderes de regímenes moderados, pro occidentales.

Quizá el intercambio personal más conmovedor y extraordinario que haya sido provocado por la Brexit en Medio Oriente fue el ocurrido entre el líder druso libanés Walid Jumblatt y Uri Avnery, el filósofo, activista de izquierda y ex soldado israelí de 92 años (en la guerra de independencia israelí de 1948, que los palestinos llaman Nakba o catástrofe). Jumblatt es el mayor nihilista del mundo, como se lo he dicho, y Avnery, quien salió de la Alemania nazi en 1933, es hoy día uno de los faros de pensamiento de Israel y uno de los más destacados defensores de la libertad palestina dentro de un Estado palestino, razón por la cual ha soportado calumnias de sus conciudadanos. Los dos hombres han trabado una amistad perdurable.

Jumblatt recordó los acuerdos Sykes-Picot y Balfour de la Primera Guerra Mundial y la declaración del Estado de Israel en 1948, que causó tanto sufrimiento a los árabes, y continuó: “La historia del conflicto árabe-israelí no puede separarse de la moderna historia europea y sus implicaciones durante el siglo XX… Sabiendo que usted es, en cierta forma, una memoria de la mayor parte del siglo pasado, uno de los judíos de ese siglo y esa terrible experiencia, llegué a esta conclusión después de la elección en Gran Bretaña: 100 años después de la Primera Guerra Mundial, es como si Europa volviera a encaminarse hacia tremendas tormentas, que comienzan con la economía pero avanzan hacia temas nacionales. La identidad europea es demasiado débil para confrontar a los demonios del nacionalismo…”

Un siglo después de la guerra de 1914-18, concluyó Jumblatt, “los partidos derechistas y xenófobos en toda Europa están en ascenso, hoy contra la inmigración extranjera, sobre todo de árabes y musulmanes, mañana contra los judíos, como nos enseña la historia… Qué lástima haber vivido… tantos sucesos y verse obligado a atestiguar, en lo que queda de vida, este triste final de la historia. Alguien dijo que la historia se repite”. El druso se despidió con una expresión de profunda consideración a Avnery.

El intelectual israelí respondió en unas horas: “Estimado Walid, la historia se repite, pero también cambia todo el tiempo. La Brexit es un gran paso atrás, pero espero que Europa siga marchando adelante pese a todo. ¡Mantengamos la esperanza! Salamaat, Uri. Salamaat es saludos (o buena salud) en árabe.

Supongo que no hay muchos británicos, partidarios de salir o permanecer, que se dirijan palabras así este día.
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Tomado de La Jornada
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Un informe del Senado de Brasil exculpa a Rousseff de participar en maniobras fiscales

Mar, 28/06/2016 - 15:50
Un informe elaborado por técnicos del Senado brasileño señala que no existen pruebas de que la presidenta suspendida, Dilma Rousseff, participara en las maniobras fiscales que la oposición utilizó para iniciar los ataques contra la mandataria y la apertura del proceso de destitución que sigue en la Cámara Alta.

De acuerdo con el informe de 223 páginas realizado a petición de la defensa de Rousseff, la gobernante fue responsable de la emisión de una serie de decretos que alteraban los presupuestos sin la pertinente autorización del Congreso. Sin embargo, según una nota divulgada por el Senado, los técnicos de la Cámara no encontraron pruebas de que Rousseff participara en los atrasos en el pago de créditos a la banca pública, considerados por la oposición como maniobras fiscales y que, de acuerdo con la acusación, supondrían un crimen de responsabilidad, lo que podría terminar con la destitución de la jefe de Estado.

Según la acusación, el Gobierno atrasó sistemáticamente el envío de recursos a los estatales Banco do Brasil, Caixa Económica Federal y Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), cantidades que supuestamente fueron utilizadas para pagar programas sociales en un año electoral. Rousseff siempre ha mantenido que esas supuestas maniobras fiscales que motivaron la apertura del juicio político son parte de los manejos contables habituales de cualquier gobierno en Brasil.

Esas prácticas, que datan de 2014 y se mantuvieron en 2015, dieron sustento a la acusación que llevó a la apertura del juicio político contra Rousseff, quien el pasado 12 de mayo fue suspendida de sus funciones y sustituida en forma interina por su entonces vicepresidente, Michel Temer. El proceso concluirá a fines de julio, cuando el instructor de la comisión presentará un informe en el que deberá recomendar la destitución de la mandataria o que la causa sea archivada.

Ese informe será sometido a principios de agosto al pleno del Senado, que deberá decidir por una mayoría simple de 41 votos entre sus 81 miembros si la causa prosigue. Si así fuera, la Corte Suprema convocará al pleno de la Cámara Alta para una última sesión, que sería a mediados de agosto. En esa definitiva instancia, Rousseff será destituida si así lo decide una mayoría calificada de dos tercios de los senadores (54 votos). En ese caso, Temer debería completar el mandato que vence el 1 de enero de 2019, pero si Rousseff fuera absuelta recuperaría el poder una vez que sea publicada la sentencia.

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El impacto de Brexit

Mar, 28/06/2016 - 08:01

Michael Roberts, The Next Recession
Bueno, me equivoqué. Creí que los británicos votarían a favor de permanecer en la UE, aunque por poco. Pero han votado, por poco, salir. El índice de participación del 72% fue mucho mayor que en las últimas elecciones generales de mayo de 2015 (67%), cuando el partido conservador volvió al poder con una exigua mayoría de sólo 12 escaños. El Primer Ministro David Cameron había logrado la victoria por los pelos gracias a la promesa de convocar un referéndum sobre la pertenencia a la UE. Lo que bastó para debilitar el apoyo electoral del euroescéptico Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), que había obtenido más del 20% de los votos en las elecciones europeas y locales. Al aceptar un referéndum, Cameron logró reducir la representación de UKIP a un sólo escaño en el parlamento.

Pero esta táctica política ha fracasado. Cameron ha perdido el referéndum y ha anunciado ya que dimitirá y que dará paso como primer ministro a un dirigente pro-Brexit para llevar a cabo las tensas y tortuosas negociaciones con los dirigentes de la UE en otoño. Ganar las elecciones así ha resultado un regalo envenenado, como sugerí.

Parece que un número suficiente de votantes ha creído los argumentos de los conservadores pro Brexit y UKIP de que la culpa de lo que les pasaba la tenía “demasiada inmigración” y un exceso de regulación de la UE (aunque Gran Bretaña ya es la economía más desregulada de la OCDE). Nada que ver con la crisis capitalista global, la consiguiente larga depresión y las políticas de austeridad del gobierno conservador.

Sí, muchos votantes no se tragaron los argumentos sobre la inmigración y la regulación; pero fueron principalmente los jóvenes; los que vivían en las zonas multiétnicas como Londres y Manchester y los hogares más acomodados en el sur urbano. No fueron suficientes en comparación con los que votaron a favor de la salida. Es decir, los mayores, los que viven en pequeños pueblos y ciudades, principalmente en el norte o en Gales, lejos de Londres y de los “inmigrantes”, pero que han sufrido y mucho los trabajos mal pagados, los recortes del sector público, las viviendas sin mantenimiento y el abandono de las calles y de los servicios públicos.

Junto a ellos, los racistas acérrimos de la pequeña-burguesía y las pequeñas empresas, que de nada se aprovechan del comercio con la UE o de su generosidad financiera. Creen que les iría mejor de alguna manera con una vuelta a los viejos tiempos, cuando el imperialismo británico se bastaba a si mismo ("recuperar de nuevo nuestro país"). Pero no será así porque es muy probable que los escoceses, que rechazaron por muy poco en referéndum su propia independencia en septiembre de 2014, y que votaron mayoritariamente permanecer en la UE, ahora pedirán otro referéndum para abandonar el Reino Unido y permanecer en la UE como un estado independiente. Volver a los viejos tiempos del imperialismo británico será remontarse en el tiempo a antes de la unión de 1603, cuando Inglaterra-Gales y Escocia tenían distintos monarcas.

¿Y ahora qué? Pues bien, los mercados financieros han reaccionado de forma natural con pánico, el valor de la libra esterlina frente al dólar ha caído a su nivel más bajo desde 1985, cuando había (otra) crisis del petróleo. Los precios de las acciones también se han desplomado drásticamente. Pero se trata sólo de una reacción de sorpresa ante lo inesperado. Cómo reaccionarán los mercados financieros en los próximos meses dependerá del curso de las negociaciones (que podrían durar dos años o incluso más). Y de lo que suceda a la economía del Reino Unido.

En notas anteriores, he subrayado la opinión casi unánime entre los economistas convencionales de que Brexit podría perjudicar la economía del Reino Unido, tanto a corto como a largo plazo. La mayoría cree que el Reino Unido entrará en recesión antes de que finalice el año. ¿Por qué? Después de todo, con una libra más débil, los exportadores británicos serán capaces de competir en precios en los mercados mundiales y europeos. Seguramente se reducirá el peligrosamente elevado déficit exterior (el 7% del PIB) que el capitalismo británico mantiene con el resto del mundo. Y el Banco de Inglaterra proporcionará todo el crédito que bancos y compañías quieran y es posible incluso que recorte las tasas de interés a cero para ayudar a las familias con sus hipotecas y a las empresas con sus deudas.

Quizás - pero la historia ha demostrado que la devaluación de una moneda rara vez consigue relanzar el crecimiento económico, la productividad e incluso el comercio de un país. He citado en otra ocasión cómo los keynesianos se equivocaron cuando creyeron en 2001 que la devaluación del peso en Argentina relanzaría la economía: la Gran Recesión pronto les desengañó.

Y durante la Gran Recesión, el Reino Unido dejó caer de manera espectacular la libra. Sin embargo, las exportaciones no se recuperaron, y la economía nacional, impulsada por las bajas tasas de interés y una burbuja de la vivienda, sólo consiguió un déficit por cuenta corriente.

Y ese déficit tuvo que ser financiado con flujos de capital exterior: extranjeros que invierten en la industria británica; la compra de acciones de empresas y bonos del Estado británicos; y depósitos de dinero en efectivo en los bancos británicos para ganar intereses o reinvertir. Pero la financiación ya había empezado a secarse por temor al Brexit. Y el Brexit ahora es una realidad. La única forma de financiar el déficit será elevando las tasas de interés de los depósitos y los bonos, no recortando las tasas.

Sin embargo, el déficit externo en realidad puede reducirse, no porque las exportaciones mejoren, sino porque las importaciones de bienes y servicios extranjeros caigan. Porque si la economía británica se estanca, las empresas y los hogares van a comprar menos del extranjero, ya que los precios de las importaciones subirán con la caída de la libra esterlina y puede haber inflación. Ello reduciría los ingresos reales de los hogares medios británicos.

Y los beneficios de una libra más débil también dependen de la demanda en otras partes del mundo. Si la zona euro y la economía de Estados Unidos no crecen, puede que no basten precios más bajos para que haya un aumento significativo en la demanda de exportaciones del Reino Unido. Además, en los últimos años, las exportaciones británicas han demostrado ser bastante inelástica. Las mercancías británicas tienden a ser bienes y servicios de mayor valor añadido, menos sensibles a la variación de los precios que la ropa confeccionada.

Y esa es la verdadera cuestión. La devaluación en realidad sólo afecta a la demanda. La otra parte de la ecuación es la oferta y la capacidad productiva. La devaluación no necesariamente promueve la inversión y una mayor productividad. Hay quién incluso defiende que la devaluación puede reducir el incentivo para ser eficiente porque se gana competitividad sin el esfuerzo de aumentar la productividad. Lo que realmente importa es lo que va a pasar con la inversión y la rentabilidad empresarial.

Los mayores costes de producción por las importaciones y la debilidad de la demanda en el país y en el extranjero es probable que desalienten a las empresas británicas a la hora de invertir en el país y que lo mismo les ocurra a los inversores extranjeros. Y la rentabilidad general de las empresas británicas a finales de 2015 se situaba todavía por debajo del pico de 1997, mientras que la rentabilidad del sector industrial clave para las exportaciones era la mitad que en 1997.

Si el Reino Unido entra en recesión, la demanda de exportaciones de la UE (coches alemanes, vino francés, ropa italiana etc..) va a debilitarse. Y una recesión en el Reino Unido podría arrastrar también a la UE. Y ello en un entorno en el que el crecimiento económico mundial se ha reducido a su nivel más bajo desde el final de la Gran Recesión, en el que el crecimiento de los beneficios empresariales globales es cero y la inversión empresarial está cayendo en muchas economías.

A largo plazo el Brexit no supondrá una gran diferencia para la salud del capitalismo británico, pero en este momento podría ayudar a acelerar una nueva recesión mundial. Y tendría un impacto mucho mayor en las vidas de los que votaron a favor del Brexit que los supuestos problemas como la inmigración “descontrolada” o las regulaciones de Bruselas.
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Tomado de Sin Permiso. Traducido por G. Buster

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El Brexit no protegerá a la Gran Bretaña del horror de una Unión Europea en vías de desintegración

Mar, 28/06/2016 - 04:34

Yanis Varoufakis, Sin Permiso

Ganó el Leave, salir, porque demasiados votantes británicos identificaron a la UE con autoritarismo, irracionalidad y desprecio de la democracia parlamentaria, y porque demasiado pocos creyeron a los que sosteníamos que otra UE era posible.

Hice campaña a favor de un voto radical por el Remain, por quedarse, haciéndome eco de los valores de nuestro movimiento paneuropeo Democracy in Europe Movement (DiEM25). Visité distintas ciudades en Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte, buscando convencer a los progresistas de que disolver la UE no era la solución. Sostuve que su desintegración desencadenaría fuerzas deflacionarias tales, que muy probablemente significarán por doquiera una nueva vuelta de tuerca de la austeridad y que terminarán favoreciendo al establishment y a sus adláteres xenófobos. Junto con John McDonell, Caroline Lucas, Owen Jones, Paul Mason y otros, abogué por una estrategia de permanecer, pero contra el orden y las instituciones establecidos.

Contra nosotros se levantaba una alianza fraguada entre:
  • David Cameron, cuyos amaños con Bruselas traen a la memoria de los británicos todo lo que desprecian en la UE;
  • el Tesoro y su grotesco alarmismo pseudoeconométrico;
  • la City, cuya insufrible arrogancia ensimismada puso a millones de votantes contra la UE;
  • Bruselas, tenazmente empleada en aplicar su última tortura del “submarino” y el simulacro de asfixia a la periferia europea;
  • el ministro de finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, cuyas amenazas a los votantes británicos galvanizaron el sentimiento antialemán;
  • el penoso gobierno socialista francés;
  • Hillary Clinton y sus alegras muchachos atlantistas, dibujando una UE incluida en otra peligrosa “coalición de voluntades”;
  • y el gobierno griego, cuya persistente capitulación ante la punitiva austeridad de la UE tan difícil nos hacía convencer a la clase obrera británica de que sus derechos estaban protegidos por Bruselas.
Las fuerzas subterráneas insidiosas que se verán activadas ahora Las repercusiones del voto serán calamitosas. Pero no serán aquellas contra las que repetidamente advirtían Cameron y Bruselas. Los mercados no tardarán en estabilizarse, y las negociaciones probablemente llevarán a una solución de tipo noruego, lo que permitirá al próximo parlamento británico encontrar la vía hacia algún tipo de arreglo tomado de común acuerdo. Schäuble y Bruselas patalearán y resoplarán, pero, inevitablemente, buscarán un compromiso de este tipo con Londres. Los Tories se mantendrán unidos, como siempre, guiados por el potente instinto de su interés de clase. Sin embargo, a pesar de la relativa tranquilidad que seguirá al actual shock, se activarán fuerzas subterráneas insidiosas dotadas de una formidable capacidad para infligir daños a Europa y a la Gran Bretaña.

Ni Italia, ni Finlandia, ni España, ni Francia ni, desde luego, Grecia son sostenibles bajo las actuales condiciones. La arquitectura del euro es garantía de estancamiento y está profundizando la espiral deflacionaria de deuda que fortalece a la derecha xenófoba. Los populistas en Italia, en Finlandia, posiblemente en Francia, exigirán referéndums u otras sendas de desconexión.

El único hombre con un plan es el ministro alemán de finanzas. Schäuble ve en el pánico post-Brexit su gran oportunidad de poner por obra una unión permanentemente austeritaria. Las zanahorias vienen en forma de un pequeño presupuesto de la eurozona destinado cubrir parcialmente el desempleo y los seguros de los depósitos bancarios. El palo será un poder de veto sobre los presupuestos nacionales.

Si yo estoy en lo cierto y el Brexit lleva a la construcción de una jaula de hierro austeritaria permanente para los estados miembros que permanecen en la UE, hay dos posibles resultados. Uno es que la jaula de hierro se sostenga, en cuyo caso la austeridad institucionalizada exportará deflación a Gran Bretaña, pero también a China (cuyo ulterior desestabilización tendrá a su vez negativas repercusiones en Gran Bretaña y en la UE).

Otra posibilidad es que la jaula se rompa (por abandono de Italia o de Finlandia, por ejemplo), resultando finalmente en el abandono por parte alemana de una eurozona en colapso. Pero eso convertirá a la nueva zona Deutschmark –que probablemente se extenderá hasta la frontera ucraniana— en una gigantesca máquina generadora de deflación (puesto que la nueva moneda se disparará al alza, y las fábricas alemanas perderán mercados internacionales). Gran Bretaña y China tendrían, bajo ese escenario, mayores posibilidades aún de ser alcanzadas por un shock deflacionario todavía mayor.

El horror de esos posibles desarrollos, de los que el Brexit no protegerá a Gran Bretaña, es la razón principal de que yo y otros miembros del DiEM25 hayamos tratado de salvar a la UE del establishment que está llevando al europeismo al abismo. Yo dudo mucho de que, a pesar del pánico que han sentido tras el Brexit, los dirigentes de la UE sean capaces de aprender la lección. Seguirán parloteando de la democratización de la UE y seguirán imponiéndose a través del miedo. ¿Puede sorprender que tantos progresistas británicos hayan terminado dando la espalda a esta UE?

Aunque yo sigo convencido de que el Leave era la opción equivocada, me congratulo de la determinación del pueblo británico para enfrentarse a la disminución de soberanía democrática causada por el déficit democrático de la UE. Y me niego a sentirme abatido, aun contándome entre los perdedores del referéndum.

Lo que ahora deben hacer los demócratas británicos y europeos es aprovechar ese voto para enfrentarse al establishment en Londres y en Bruselas con más ahínco que antes. La desintegración de la UE corre ahora a toda velocidad. Tender puentes por toda Europa, unir a los demócratas a través de toda las fronteras y de todos los partidos; eso es lo que Europa necesita más que nunca para evitar deslizarse hacia un abismo xenófobo y deflacionario como el de los años 30 del siglo pasado.
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Tomado de Sin Permiso. Traducción de Minima EstrellaUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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No hay un plan B después del Brexit

Lun, 27/06/2016 - 21:30

Eduardo Febbro, Página 12

Los abanderados de la retórica se quedaron mudos. Un clima de avión sin piloto en medio de una tormenta se respira en las capitales europeas. Nadie, de hecho, tiene un plan B para salir del callejón que cerró el futuro de la Unión Europea luego de que Gran Bretaña aprobara el Brexit. Los 27 son 27 silencios y 27 controversias que enfrentan tres opciones decisivas: la manera y los tiempos en que Gran Bretaña dejará la UE, las reformas que se deben poner en marcha y los tratados que deberán replantearse. Bruselas, Berlín, París, Roma, Londres, las grandes capitales europeas flotan en un estado de levitación. La canciller alemana Angela Merkel organiza hoy un encuentro en Berlín con el presidente francés, François Hollande, y con el presidente del Consejo italiano, Matteo Renzi. Merkel no ha sacado de la galera ninguna propuestas y se ha limitado, por el momento, a pedir que se conserve “la calma y la determinación”. François Hollande amagó con un planteo a favor del “crecimiento, la armonización fiscal y social”. Nada, en suma. El más agresivo fue Renzi. En una columna publicada por el diario de negocios Il Sole 24 Ore, el presidente del Consejo italiano arremetió contra “las políticas de austeridad que taparon el horizonte, transformaron el porvenir en una amenaza y reforzaron el miedo”.

Esas tres posiciones se trasladarán mañana y el miércoles a Bruselas, donde los jefes de Estado y de gobierno de los 27 países de la Unión se reúnen en una cumbre a tientas. Mañana también se reúne en pleno el Parlamento Europeo, que busca alguna idea ambiciosa. Pero todos están con las manos atadas y dependen de lo que haga Gran Bretaña. No se sabe cuándo Londres activará el famoso artículo 50 del tratado de Unión mediante el cual se abre la puerta de salida. Además, el referendo sobre el Brexit es consultivo, por consiguiente, el gobierno británico debe antes obtener una mayoría para plasmar el Brexit en los hechos. En la Cámara, sin embargo, los “no leave” o partidarios del “Brimain” son mayoritarios. En la edición del sábado del Bild Zeitung, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, declaró que “la Unión Europea tiene décadas de experiencia en la gestión de las crisis y siempre salió reforzada”. La diferencia es que ahora no se trata de una crisis que se puede negociar, sino de una ruptura decidida por una mayoría popular. Por este motivo nadie esconde la realidad: la Unión Europea está el peligro, debilitada por los populismos extremistas y emocionales, el euroescepticismo, los nacionalismos pujantes, una banda de dirigentes políticos oportunistas cuyas formaciones tienen un pasado tan negro como las pesadillas, el costo alucinante de las políticas de ajuste, el desempleo, sin credibilidad ante opiniones públicas y, en parte, paralizada por una tecnocracia kafkiana.

Como si fuera poco, los británicos parecen decididos a alargar la agonía de su partida y, con ello, atan a sus socios europeos ante cualquier decisión colectiva. Los cancilleres de los seis países fundadores de la UE (Francia, Italia, Bélgica, Holanda, Alemania, Luxemburgo) se reunieron el sábado en Berlín e invitaron a Londres “a ir lo más rápido posible”. De hecho, antes que cualquier plan de acción común, la urgencia radica hoy en sacarse de encima al Reino Unido lo más pronto posible para evitar el estancamiento de las aguas. El jefe de la diplomacia alemana, Frank-Walter Steinmeier, dijo claramente que la rapidez evitaría “que nos encontremos empantanados”. Ese discurso alemán no refleja la posición de la tortuga que ha adoptado por ahora Angela Merkel. Los 27 miembros de la Unión están prisioneros de Londres, tanto más cuanto que los ingleses jugaron con el fuego del Brexit pero ahora no quieren perder las ventajas. Gran Bretaña busca mantener los privilegios inherentes a la Unión, entre ellos el acceso al mercado interno. Por ello Londres atrasa la activación del artículo 50 hasta que no obtenga garantías de que conservará un estatuto especial. En el horizonte de esa controversia se esboza una ruptura entre el eje alemán y holandés –más de la mitad de su excedente comercial lo consiguen en Gran Bretaña– y los demás países.

En lo que atañe a los pueblos europeos, especialmente el de Francia, amenazado por una extrema derecha galopante y nacionalista, ningún dirigente tiene una hoja de ruta. El primer ministro francés, Manuel Valls, pidió que se “reinventara una Europa que escucha a sus pueblos”. Su credibilidad, en ese campo preciso, es escasa. Ha sido, entre tantos, el primer sordo. Los países fuertes de Europa, como Francia, caminan sobre una cuerda floja porque sus dirigentes no tienen suficiente credibilidad para someter las reformas profundas de Europa a un referendo: lo perderían de inmediato –es el caso de François Hollande–. El presidente francés, sin embargo, acertó cuando interpeló a sus socios al “refuerzo de la Zona Euro y de su gobernabilidad democrática”. Ese es uno de los ojos del ciclón: como lo demostró la tragedia griega, la famosa Zona Euro escapa a todo control, que sea Ejecutivo, Parlamentario o nacional. Para cambiar ese orden vertical y absurdo es preciso reformar los tratados europeos para transferir el control a los parlamentos, es decir a los pueblos, sobre una Zona Euro que funciona en circuito cerrado. Allí se plantea otro límite: nuevos tratados equivalen a consultar a los pueblos y el pasado más reciente muestra que los referendos terminaron casi todos con votos negativos. A fuerza de darles la espalda a las sociedades, la Unión Europea se cita ahora con pueblos que son hostiles a todo cuanto viene de su seno. La gran madre protectora perdió la confianza de sus hijos y los ideales con los cuales los educó.

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Londres fuera de la Unión Europea, no de la OTAN

Lun, 27/06/2016 - 10:06
Atilio Boron, Rebelión

El triunfo del Brexit en el referendo abre múltiples interrogantes. La mayoría de los analistas, sobre todo en la prensa hegemónica internacional, ha puesto el énfasis en el examen de sus consecuencias sobre los mercados, su exacerbada volatilidad y la cotización de las principales monedas. Sin restarle importancia a este asunto creemos que este énfasis economicista está lejos de apuntar a lo más significativo. Los mercados son entidades veleidosas, siempre sujetos a esa “exuberante irracionalidad” denunciada por Alan Greenspan, el ex jefe de la Reserva Federal de Estados Unidos, de modo que pronosticar su derrotero una vez consumada la salida del Reino Unido de la UE es un ejercicio ocioso y condenado al fracaso, inclusive si las predicciones se hacen para el corto plazo. Mucho más importante es ponderar lo que la decisión del electorado británico significa en términos políticos: un golpe si no mortal pero sin duda muy duro a un proyecto comunitario que cuando adquirió una connotación social y política progresista fue secuestrado, tergiversado y prostituido por la oligarquía financiera europea. Con la deserción de Londres –un divorcio litigioso y no consentido, al decir de algunos- la UE pierde a la segunda economía y al segundo país en población, lo que debilita a una Europa que, con la estructuración supranacional pergeñada por Bruselas, trató de reposicionarse en términos más protagónicos en el turbulento tablero de la política internacional. Si con el Reino Unido en sus filas la UE no era más que un aburrido segundo violín en el concierto de naciones, con los británicos afuera su gravitación global disminuye aún más vis a vis China, Rusia y los nuevos centros de poder internacional.

No fue casualidad que haya sido Angela Merkel quien mostró la mayor preocupación por el éxodo británico al exhortar a los gobiernos europeos a “mantener la calma y la compostura” ante la mala noticia. Se comprende su actitud: la canciller alemana fue quien con más fuerza impulsó el avance por la senda autodestructiva seguida por la UE en los últimos años. Convirtió al acuerdo pan-europeo en un apéndice de la gran banca, sobre todo alemana; combatió con meticulosidad germana los resabios del proyecto original, que tenía como metas la construcción de una Europa Social y de Ciudadanos; fortaleció a la conservadora burocracia de la Comisión Europea e hizo del Banco Central Europeo (BCE) el perro guardián de la ortodoxia financiera impuesta sin miramientos sobre todos los gobiernos del área. Mientras el neoliberalismo se batía en retirada de América Latina y el Caribe en medio de las ruinas que había dejado a su paso fue la Merkel quien lo revivió en Europa, incorporando al Fondo Monetario Internacional como participante activo en la gestión macroeconómica de los estados y dando origen, junto a la Comisión Europea y el BCE a la infame troika que poco después, como insaciable plutocracia, se convertiría en el verdadero gobierno de Europa arrojando por la borda cualquier contenido democrático. Los griegos, donde se inventó la democracia, pueden dar fe de la furia destructiva de la troika de la UE, que al caerse la hoja de parra de su hueca palabrería democrática puso en evidencia los alcances de la descomposición del viejo proyecto europeo, atado de pies y manos al servicio del capital.

Esta Europa de las clases dominantes, burocrática y empresarial es la que recibió un mazazo brutal desde el Reino Unido y no hay razón alguna para lamentarse por ello. La UE que acompañó a Washington en todas sus tropelías y todos sus crímenes en el escenario internacional ahora recoge los amargos frutos de su complicidad con los que EEUU perpetrara en Oriente Medio. Era obvio que la destrucción causada en Irak, Libia y ahora Siria provocaría una incontenible marea de refugiados que tienen sólo un lugar adonde dirigirse: Europa. Washington puede alegremente incurrir en tales atrocidades porque está protegido por dos océanos que lo convierten en un destino inalcanzable para quienes huyen del infierno que desata con sus drones, misiles y unidades de combate. Pero Europa, en cambio, está ahí nomás. Y ese torrente humano activó y potenció los peores instintos xenofóbicos y racistas en buena parte de las poblaciones europeas que pretenden, vanamente, ponerse a salvo de las consecuencias de su pasado colonialista y su presente como compinches del imperialismo norteamericano. Por eso la xenofobia fue un componente decisivo del triunfo del Brexit, saludada con euforia por un racista probado y confeso como Donald Trump y los representantes de la derecha en casi toda Europa, con Marine Le Pen a la cabeza.

No sería de extrañar que lo ocurrido en el Reino Unido precipitara un “efecto dominó” en donde diversos países tengan que someter su permanencia en la UE al veredicto popular. La derecha en Francia y en Holanda ya está hablando de ello, y en otros países ya hay quienes lo están pensando. La crisis puede inclusive tornar inevitable un nuevo plebiscito en Escocia para decidir sobre su permanencia en Gran Bretaña. Los escoceses quieren permanecer en Europa y votaron en ese sentido en el referendo de días pasados. Uno de los coletazos del Brexit podría llegar a ser una Escocia independiente y la desaparición de la Gran Bretaña tal como hoy la conocemos.

Para concluir: lo bueno de esta situación es que el debilitamiento de la Unión Europea resta fuerzas al imperialismo norteamericano, del cual aquella es su aliada histórica fundamental. Y esta es una gran noticia para los pueblos del mundo que luchan para librarse del yugo de la dominación imperialista. Sin embargo no se debe olvidar que hoy por hoy el pacto atlantista europeo-norteamericano pasa menos por la UE que por la OTAN. Esto es así tanto en el terreno doméstico, habida cuenta de la creciente militarización en la represión de la protesta social en Europa; como en el ámbito internacional, donde el saqueo a otros pueblos reposa cada vez más en la eficacia disuasiva de las armas. Fue por eso que el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, se apresuró a tranquilizar a sus socios diciendo que la salida británica de la UE no implicaba abandonar la OTAN, de lejos, la más importante expresión del crimen organizado a nivel mundial. Y en tiempos tan convulsionados como estos para la burguesía imperial eso es lo que cuenta. Que Londres pegue un portazo y se retire de la UE es un problema, porque ahora la armonización de políticas entre Estados Unidos y Europa se torna más complicada por la división entre el Reino Unido y los demás países europeos, y las heridas que deja este “divorcio no consentido” entre quienes antes formaban parte de una misma institución supranacional. Pero mucho más grave sería que el electorado británico decidiera salirse de la OTAN, lo que obligaría al imperio a repensar y redefinir su estrategia de guerra a espectro completo a escala global. Por ahora no hay peligro de que tal cosa vaya a ocurrir. Pero el mundo está cambiando muy rápidamente y las sólidas certezas de antaño parecen estar comenzando a volatilizarse.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La UE se desmorona porque la gente está harta de su autoritarismo

Dom, 26/06/2016 - 22:10


Luego de la inesperada victoria del Brexit en el referéndum celebrado este jueves en el Reino Unido, varios eurodiputados han advertido que la salida de ese país del bloque comunitario hará que la Unión Europea "se desmorone en pedazos" dentro de los próximos cinco años, como informa Daily Mail.

"Este es el principio del fin para la UE", aseguró Peter Lundgren, diputado del partido Demócratas de Suecia. "Otros países seguirán los pasos del Reino Unido. Europa va a caer", agregó. La gente está harta de la falta democracia existente en el bloque europeo y de las políticas que se toman desde Bruselas, aseguran varios parlamentarios. "Es solo cuestión de tiempo"

Según el diario británico, tras el 'Brexit' los gobiernos de países como Suecia, Alemania, Países Bajos, Italia, Austria y Francia estarán bajo una intensa presión por parte de los partidos euroescépticos que buscarán celebrar sus propios referéndums y tratar de negociar las relaciones con Bruselas. "El Reino Unido ha sentado un precedente. Otros Estados miembros seguirán y todo se vendrá abajo. Esto ocurrirá muy pronto", señaló el eurodiputado sueco.

"La UE no puede sobrevivir. Es poco democrática, la corrupción es muy alta, la ambición de los eurócratas es demasiada, hay demasiado dinero en el vagón del tren", criticó Lundgren. "La gente se está dando cuenta poco a poco de lo que está pasando. El Reino Unido ha iniciado el proceso, y Europa se desmoronará".

El proceso del fin ha comenzado. Algo ha empezado en Europa, y no puede ser detenido. Una vez que un país ha quedado fuera, Europa va a caer en unos cinco años. Joppe Koford, un asesor danés del bloque socialdemócrata del Parlamento Europeo, admitió que la UE se encontraba en una situación desesperada incluso antes del 'Brexit', pero Bruselas creía que era "demasiado pronto para sacar esa conclusión".

"No es el referéndum en el Reino Unido lo que podría hacer que Europa se desmorone. Es la falta de soluciones a problemas como los bajos salarios, el alto nivel de desempleo o la amenaza terrorista", dijo Koford, para quien la élite de Bruselas está desconectada de la voluntad del pueblo. "Estos son los principales factores de la desintegración", agregó el político.

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Brexit deja al descubierto los límites de la globalización y el malestar contra las élites

Dom, 26/06/2016 - 19:22
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Robert Lacey, biógrafo de su majestad, filtró que la reina de Inglaterra preguntó dos días antes de la dramática votación del Brexit por “tres buenas razones para que Gran Bretaña (GB) deba ser parte de Europa (http://goo.gl/v5cj2m)”.

¿Qué impacto tuvo el euroescepticismo de la monarca de 90 años cuando las encuestadoras daban como triunfante la permanencia de GB en la Unión Europea (UE), hoy de 27 miembros y a punto de ser balcanizada?

El Brexit, además del rechazo a los migrantes, representó la revuelta de la clase obrera contra la globalización financierista del caduco thatcherismo de casi medio siglo de hegemonía global (http://goo.gl/MDsnxi).

Obama, quien apoyó la permanencia de GB en la UE, culpó a la globalización del impactante resultado (http://goo.gl/QL53LX)... Nelson Schwartz y Patricia Cohen, del NYT, titularon que “para EEUU, el Brexit puede ser un aviso de los limites de la globalización (http://goo.gl/yvUsWO)”.

Jonathan Martin y Alexander Burns, del NYT, preguntan con angustia: “¿es el Brexit el precursor de una presidencia para Donald Trump?” Contestan que no es tan rápido cuando imperan las fuerzas del nacionalismo (sic) económico y la furia (sic) de la clase trabajadora y su malestar contra las élites distantes, la angustia sobre una percibida pérdida de soberanía (sic) nacional.

David Axelrod, ex estratega de Obama y consultor del Partido Laborista en GB, sentenció que la “globalización y los cambios tecnológicos significan millones de personas que han visto sus empleos marginados y sus salarios declinar (http://goo.gl/yVG14P)”. Se les olvidó a los neoliberales que los desempleados también votan.

Hispan TV abunda sobre la opinión en Twitter de Michael McFaul, pugnaz y anterior embajador de EEUU en Rusia: la salida de GB de la UE constituye “una victoria para Putin (http://goo.gl/8RVkLj)” y sus objetivos de política exterior cuando se beneficia de una Europa débil... A juicio de McFaul, el Brexit constituye una posible muestra de la disolución de la UE, algo que podría dar aún más ventaja a Rusia para negociar los términos con los que se levantarían las sanciones.

GlobalSecurity.org reporta las opiniones de las radios que controla EEUU y asevera que “Rusia se deleita por el Brexit” como “señal de la disolución europea y el desvanecimiento de la influencia de EEUU (http://goo.gl/9cEJ1p)”.

El Brexit es comparable a la caída del Muro de Berlín –quizá un antiWaterloo– que cambiará dramáticamente las fichas geoestratégicas en el viejo continente y cuyas piezas esparcidas serán repartidas entre EEUU y Rusia (con China en el asiento de atrás).

La duplicidad de GB tenía un pie afuera y otro adentro de la UE: se beneficiaba de su relación especial, que data desde Churchill en su alianza con EEUU y el Northcom –y no pertenece a la zona euro de 19 países ni participa en el libre paso de personas del acuerdo Schengen–, mientras gozaba de todas las canonjías financieristas y mercantilistas que le proveía su confortable adhesión a la UE.

Para el estadounidense Robert Parry, el Brexit representa un “golpe al establishment” nor-atlántico: puede causar dolor económico en el corto plazo y presentará riesgos geopolíticos de largo plazo cuando la población prefirió su libertad e independencia ante el poder supranacional de los apparatchiks de Bruselas (http://goo.gl/VIt7lU).

¡La libertad y la independencia tienen un precio invaluable!

La devaluación inicial de 11 por ciento de la libra esterlina puede llegar a 25 por ciento, como aduce Ambrose Evans-Pritchard (muy cercano a la reina), lo cual no es tan dramático porque en el contexto de la guerra de divisas beneficia las exportaciones.

En espera de ver cómo se ajusta la plaza financiera de la City, hoy segunda en el ranking global, su problema radica en su declinante economía, cuando hasta Indonesia la ha desplazado del octavo lugar (http://goo.gl/8Z4sZU).

GB, segunda geoeconomía de la UE, no tenía mucho futuro en la Europa encabezada por la alemana monetarista Merkel, otra gran perdedora, en un entorno de estancamiento... George Osborne, secretario de Hacienda británico, ya se había adelantado en su alianza geoeconómica con China al haber apuntalado al banco AIIB (http://goo.gl/x1dSGM), lo cual enfureció a Obama y dejó plantada a Merkel.

Ya habrá tiempo de ahondar sobre el desmantelamiento nuclear de la UE, que se queda sin su segundo paraguas atómico cuando GB ostenta 200 ojivas nucleares detrás de Francia, que cuenta con 298.

Robert W. Merry, editor político de The National Interest, aduce que el Brexit constituye la furia contra las élites cuando “el nacionalismo (sic) sustituye a la globalización (http://goo.gl/WxmiM8)”... El Brexit representa también un severo golpe al hierático acuerdo mercantilista del TTIP (http://goo.gl/WNvc7d).

¿Habrá efecto dominó en la UE cuando existe cola para ir a solicitar referendos secesionistas en Francia, Holanda, Suecia, Dinamarca, Hungría y, quien debió salir primero, Grecia?

Al día siguiente del Brexit, Trump cantaba victoria en su campo de golf en Escocia (que paradójicamente votó por su permanencia en la UE y al mismo tiempo desea separarse de GB), mientras brotaba a la luz publica la colisión entre Francia y Alemania que no presagia nada bondadoso (http://goo.gl/Ib4LJf).

En Rusia se le van a la yugular a Angela Merkel, a quien acusan de haber caído en la trampa estadounidense que convirtió a Alemania en un Estado vasallo basado en “cuatro pilares: finanzas, americanización de la élite política, recursos de la información y bases militares”.

Por su parte, el portal Der Spiegel sentencia en forma lúgubre la muerte de Europa y se pregunta si habrá otra Europa (http://goo.gl/MXNoO5).

La derrota de Obama es relativa porque, mientras la libra esterlina y el euro se desplomaban, el superdólar estadunidense se revaluaba más, seguido por el oro, a lo cual hace eco el editorial chino del Global Times que aduce que el Brexit beneficia a EEUU, que elimina a un poderoso rival, el euro, cuando la UE será más domesticable en el ámbito político (http://goo.gl/AEYzd3).

¿Qué hizo sucumbir la atractiva cohesión europea: la crisis del binomio austeridad/desempleo, para satisfacer a la plutocracia bancaria de Frankfurt y la City, o la crisis de los migrantes? Las dos, además de la ausencia de una identidad común durante las turbulencias.

¿Qué advendrá de la OTAN? ¿Propició o se adelantó la pérfida Albión (GB) a lo inevitable? Más allá de las grotescas jeremiadas neoliberales, el reajuste mundial a la desglobalización (http://goo.gl/1Z4YI5) será largo y doloroso.

Coincidencia geoestratégica de destino: el mismo día que la UE iniciaba su implosión, el Grupo de Shanghái (OSC) celebraba su 16 cumbre en Tashkent (Uzbekistán), donde se reunieron el zar Vladimir Putin y el mandarín chino Xi, y aprobaron el protocolo de ingreso de dos grandes pesos pesados nucleares: India y Pakistán (https://goo.gl/BwTDva). ¡Fin de una era!

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El doloroso Brexit

Dom, 26/06/2016 - 08:33

Nos encontramos en un punto crucial de la historia en el cual todo lo aparentemente sólido y real se disuelve y desvanece como el aire o la fragancia... Tras ocho años de crisis ya nada escandaliza... Somos esclavos de la tiranía financiera impuesta por el neoliberalismo del FMI y el sistema financiero en el cual tan bien se encuentra la esfera política, para "manejar el orden". Pero los manipuladores del orden y organizadores del caos nunca imaginaron que este caos podría llegar a ser mayor a lo planeado y escapar a todo control... como este referéndum en UK que ha desatado todos los caos poniendo la situación fuera de control. Este 23 de junio ha sido el momento en el que los tantas veces humillados y subexplotados votaron por abandonar la Unión Europea en desprecio a su autoritarismo. La siguiente es una reflexión tomada de theobjective.com Brexit es una realidad. No hay marcha atrás. Pretender que se puede negociar un acuerdo entre el Reino Unido y la Unión Europea para amortiguar el golpe solo empeoraría la situación. Tenemos que separarnos. Lo cual va a ser muy traumático en lo político, en lo económico, en lo sentimental. Una ola de populismo recorre Europa. Galopa a lomos del monstruo de la insolidaridad, de la frustración, del miedo, de egoísmo, de odio. El Brexit es solo el primer zarpazo de este Grendel 2.0 que amenaza la existencia de la Unión Europea. Pero este monstruo, esta mentira masiva que ha empujado a la mayoría de británicos a votar leave, este nuevo Tarquino no se va a quedar satisfecho. La mentira y la manipulación de la que alimenta no se sacia nunca. A partir de hoy recorrerán Europa con más fuerza arrasando lo que puedan. No ha calmado aún su inconmensurable lujuria. Cuando de Gasperi, Adenauer y Monet soñaron que podía haber paz en nuestro continente, dieron vida a la Unión Europea. A las mejores décadas de nuestra historia. Cameron solo soñó ser Primer Ministro y hoy el Reino Unido es la primera víctima del Grendel. El primer jadeo de Tarquino. El mundo que dejamos, el que dejaremos, dependerá de lo que hagamos los europeos. De que tengamos la valentía de poner el interés común por encima de la ambición personal, la solidaridad por encima del cálculo electoral, la justicia por encima de la arbitrariedad, la verdadera democracia por encima de la conquista del voto. Todavía no se ha consumado sobre Lucrecia el terrible pecado. Leer másUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Lo que los medios no dicen sobre las causas del Brexit

Sáb, 25/06/2016 - 17:10

Vicenç Navarro, Público

No hay pleno conocimiento y conciencia en las estructuras de poder político y mediático (que en terminología anglosajona se llama el establishment político-mediático) que gobiernan las instituciones de la Unión Europea, así como las que gobiernan en la mayoría de países que constituyen tal Unión, de lo que ha estado ocurriendo en la UE y las consecuencias que las políticas propuestas e impuestas por tales establishments han estado teniendo en las clases populares de los países miembros. Durante estos años, después del establecimiento de la Unión, se ha ido germinando un descontento entre estas clases populares (es decir, entre las clases trabajadoras y las clases medias de renta media y baja) que aparece constantemente y que amenaza la viabilidad de la UE.

El rechazo de las clases populares a la UE Indicadores de tal descontento han aparecido ya en muchas ocasiones. Una de las primeras fue el resultado del referéndum que se realizó en varios países de la UE que, por mandato constitucional, tenían que hacer para poder aprobar la Constitución europea. En todos los países donde se realizó el referéndum, la clase trabajadora votó en contra. Los datos son claros y contundentes. En Francia, votaron en contra el 79% de trabajadores manuales, el 67% de los trabajadores en servicios y el 98% de los trabajadores sindicalizados; en Holanda, el 68% de los trabajadores; y en Luxemburgo, el 69%. Incluso en los países en los que no hubo referéndum, las encuestas señalaban que, por ejemplo en Alemania, el 68% de los trabajadores manuales y el 57% de los trabajadores en servicios hubieran votado en contra. Unos porcentajes parecidos se dieron también en Suecia, donde el 74% de los trabajadores manuales y el 54% de los trabajadores en servicios también hubieran votado en contra. Y lo mismo ocurrió en Dinamarca, donde el 72% de los trabajadores manuales hubieran también votado en contra.

El rechazo a la UE por parte de la clase trabajadora ha ido aumentando Otro dato que muestra tal rechazo fue el surgimiento de partidos que explícitamente rechazaron la Unión Europea, partidos cuya base electoral fue precisamente la clase obrera y otros segmentos de las clases populares que antes, históricamente, habían votado a partidos de izquierdas, siendo el caso más conocido (pero no el único) el del partido liderado por Le Pen y que, según las encuestas, podría ganar las próximas elecciones en Francia. En realidad, la identificación de los partidos de izquierda tradicionales con la Unión Europea (y con las políticas neoliberales promovidas por el establishment de tal Unión) ha sido una de las mayores causas del enorme bajón electoral de estos partidos en la UE (y, muy en particular, entre las bases electorales que les habían sido más fieles, es decir, entre las clases trabajadoras). Para que baste un ejemplo, en Francia, si la mitad de los votos (predominantemente de la clase trabajadora) que habían apoyado al partido de Le Pen hubieran sido para la candidata socialista Ségolène Royal, ésta hubiera sido elegida Presidenta de Francia. En paralelo con la pérdida de apoyo electoral, los partidos socialdemócratas en la UE perdieron también gran número de sus militantes. El caso más dramático fue el del Partido socialdemócrata alemán que, junto con la pérdida de apoyo electoral, perdió casi la mitad de sus militantes, de 400.000 en 1997 a 280.000 miembros en 2008.

La evidencia es pues abrumadora que la identificación de tales partidos de izquierda (la mayoría de los cuales han sido partidos gobernantes socialdemócratas que han jugado un papel clave en el desarrollo de las políticas públicas promovidas por la UE) con la Unión ha sido una de las principales causas de su enorme deterioro electoral y de la pérdida de su militancia.

El rechazo a la UE ha ido aumentando más y más entre las clases populares, a la vez que ha ido aumentado el apoyo entre las clases más pudientes

Por desgracia, las encuestas creíbles y fiables sobre la UE (que son la minoría, pues la gran mayoría están realizadas o financiadas por organismos de la UE o financiadas por instituciones próximas) no recogen los datos de la opinión popular sobre la UE según la clase social. Sí que los recogen por país, y lo que aparece claramente en estas encuestas es que la popularidad de la UE está bajando en picado. Según la encuesta de la Pew Research Center, las personas que tienen una visión favorable de la UE ha bajado en la gran mayoría de los 10 mayores países de la UE (excepto en Polonia). Este descenso, desde 2004 a 2016, ha sido menor en Alemania (de un 58% a un 50%) pero mayor en Francia (de un 78% a un 38%), en España (de un 80% a un 47%). Grecia es el país que tiene un porcentaje menor de opiniones favorables a la UE (un 27%).

Ahora bien, aunque raramente se recoge información por clase social, sí que se ha recogido el distinto grado de popularidad que la UE tiene según el nivel de renta familiar. Y, allí, los datos muestran que hay un gradiente, de manera que a mayor renta familiar, mayor es el apoyo a la UE. Es razonable, pues, suponer que la parte de la población que tiene una visión más desfavorable de la UE es la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares.

Y lo que también aparece claro en varias encuestas es que una de las mayores causas de tal rechazo es la percepción que las clases populares tienen del impacto negativo que tiene, sobre su bienestar, la aplicación de las políticas propuestas por el establishment político-mediático de la UE. Esta percepción es mucho más negativa entre las clases populares (clase trabajadora y clases medias, de renta media y baja) que no entre las clases más pudientes. En realidad, el rechazo, siempre especialmente agudo entre las clases populares, es claramente mayoritario entre la gran mayoría de la población. Ahí vemos que, según la encuesta Pew, el 92% de la población en Grecia desaprueba la manera como la UE ha gestionado la crisis existente en Europa; tal porcentaje es de 68% en Italia, el 66% en Francia y el 65% en España, países donde precisamente el descenso del porcentaje de población con la opinión favorable de la UE ha sido mayor.

Este rechazo a la UE existe también entre la clase trabajadora del Reino Unido Es en este contexto descrito en la sección anterior, que debe entenderse el rechazo de las clases populares del Reino Unido, rechazo que ha ido claramente acentuándose en los barrios obreros de aquel país, y muy en especial en Inglaterra y el País de Gales. El voto de rechazo a la permanencia en la UE procede en su mayoría de las clases populares. Y ha sido un voto no solo anti-UE pero también (y sobre todo) un voto anti-establishment británico y, muy en particular, anti-establishment inglés, siendo este último el centro del establishment británico, pues concentra los mayores centros financieros y económicos del país. El establishment británico y el establishment de la UE habían movilizado todo tipo de presiones (por tierra, mar y aire) a fin de que el referéndum fuera favorable a la pertenencia. De esta manera, es un claro signo de afirmación y poder que las clases populares se opusieran y ganaran al establishment. Por otra parte, los datos mostraban que lo que ha ocurrido, iba a ocurrir. La popularidad de la UE en el Reino Unido pasó de ser un 54% (ya uno de los más bajos de la UE) en 2004 a un 44% en 2016 (según Pew). En realidad, el Reino Unido es el país donde el porcentaje de población opuesta a dar mayor poder a la UE es mayor (65%) después de Grecia (68%) Y, según otras encuestas, el sector menos entusiasta con la UE eran las clases populares, que gradualmente han ido transfiriendo su apoyo electoral del Partido Laborista al partido UKIP (el partido anti UE).

La supuesta excepcionalidad de España Es un dicho común en los mayores medios de comunicación que España es uno de los países más pro-UE, lo cual es cierto, pero solo en parte (lo mismo era cierto con Grecia). Es lógico que Europa, percibida durante muchos años como el continente punto de referencia para las fuerzas democráticas, por su condición democrática y su sensibilidad social, se convirtiera en el “modelo” a seguir por países como España, Portugal y Grecia, que sufrieron durante muchos años dictaduras de la ultraderecha, seriamente represivas y con escasísima conciencia social. Para los que luchamos contra la dictadura, Europa Occidental era un sueño a alcanzar.

Pero, debido al control o excesiva influencia del pensamiento neoliberal en el establishment político mediático de la UE (muy próximo al capital financiero y al capital exportador alemán, que ha estado configurando las políticas públicas neoliberales que los establishment político-mediáticos de cada país de la UE han hecho suyas), este sueño se ha convertido en una pesadilla para las clases populares, particularmente dañadas por tales políticas neoliberales. Las reformas laborales que han dañado el estándar de vida de estas clases y los recortes de gasto público, con el debilitamiento de la protección social y del estado del bienestar, así como la desregulación en la movilidad del capital y del trabajo, han sido un ataque frontal a la democracia y al bienestar de las clases trabajadoras, realidad muy bien documentada (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Anagrama, 2015). La pérdida de soberanía nacional que conlleva la UE ha significado la pérdida de soberanía popular, causa del deterioro de su bienestar. La evidencia de que ello es así es contundente, clara y convincente. Es más que obvio que esta Europa no es la Europa de los pueblos, sino la Europa de las empresas financieras y de los grandes conglomerados económicos.

¡No es chauvinismo lo que causa el rechazo a la UE! Ante esta situación, el establishment político-mediático europeo quiere presentar este rechazo como consecuencia de un retraso cultural de las clases populares, todavía estancadas en un nacionalismo retrógrado, que incluye un chauvinismo anti-inmigrante que merece ser denunciado. John Carlin, en el El País, 24.06.16, define este rechazo (Brexit) como resultado “de la mezquindad, ignorancia, carácter retrógrado, xenofobia y tribal” de los que votaron en contra de la permanencia. Y así se está interpretando, por parte de la mayoría de los medios de comunicación europeos, el voto de rechazo a la UE por parte de las clases populares británicas. Este mensaje intenta ocultar las causas reales de tal rechazo, causas que he descrito en este artículo. Olvidan que, si bien todos los xenófobos votaron a favor de la salida del Reino Unido de la UE, no todos los que así votaron eran xenófobos.

En esta manipulación están participando poderes de la socialdemocracia europea que no han entendido todavía lo que está ocurriendo entre lo que solían ser sus bases. No quieren entender que el rechazo que está ocurriendo es hacia esta Europa que la socialdemocracia ha contribuido a crear, una Europa que carece de vocación democrática y sensibilidad social. El maridaje de los aparatos dirigentes de las socialdemocracias con los intereses financieros y económicos dominantes en la UE (y en cada país miembro) ha sido la causa de su gran declive, que todavía no entienden porque no quieren entenderlo. Lo que pasa en Francia, dónde hay un gobierno socialdemócrata que está intentando destruir a los sindicatos (como la señora Thatcher hizo en el Reino Unido), o en España, dónde el PSOE fue el que inició las políticas de austeridad, son indicadores de esta falta de comprensión de lo que está ocurriendo en la UE, y que es el fracaso de las izquierdas para atender a las necesidades de las clases populares. De ahí la transferencia de lealtades que están ocurriendo, en lo que refiere a los partidos.

Es lógico y predecible que las políticas neoliberales y los partidos que las aplican sean rechazados por las clases populares, pues son éstas las que sufren más cada una de estas políticas, incluyendo la desregulación de la movilidad de capitales y del trabajo. Regiones enteras en el Reino Unido han sido devastadas, siendo sus industrias trasladadas al este de Europa, creando un gran desempleo en las regiones. Y la desregulación del mundo del trabajo, acompañada de la dilución, cuando no destrucción, de la protección social, ha creado una gran inestabilidad y falta de seguridad laboral. En realidad, fueron las políticas del gobierno Blair y del gobierno Brown (1997-2010) las que sentaron las bases para este rechazo generalizado hacia la UE. Tales gobiernos de la Tercera Vía facilitaron la llegada de inmigrantes a los que los empresarios contrataron con salarios más bajos. Y así se inició el desapego con la Unión Europea (ver “Don’t blame Corbyn if Brexit wins”, Denis McShane).

En España, frente al descrédito del partido socialdemócrata (PSOE) debido, entre otras razones a su participación en la construcción de esta Europa, han aparecido una serie de fuerzas políticas, tanto en la periferia como en el centro (Unidos Podemos y confluencias), que están canalizando este desencanto popular acentuando, con razón, que esta no es tampoco nuestra Europa, y que se requieren cambios profundos para recuperar la Europa democrática y social a la que aspiramos y que debe construirse. Así de claro.

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Varoufakis: "Triunfo del Brexit significa que la destrucción de la UE está funcionando a toda velocidad"

Sáb, 25/06/2016 - 07:34
Yanis Varoufakis, el ex ministro de Finanzas griego cree que la votación histórica por el Reino Unido a abandonar la Unión Europea es un presagio del fin de la UE. Muchos votantes se han puesto de acuerdo en identificar a la Unión Europea con autoritarismo, irracionalidad y descontento. Así que las cosas tendrán un aspecto fuera de control algunas semanas pero lentamente se calmarán. La cuestión es lo que subyace debajo de esta fachada donde poderosas fuerzas comenzarán a pujar por la desintegración de la Unión Europea. El ministro Alemán Wolfgang Schauble va a utilizar el miedo para hacer de la austeridad algo permanente. Se va intentar imponer el control sobre los presupuestos nacionales o a hacer un presupuesto común para cortar las piernas a países como España, Italia y Grecia... Y ese avance será contrario a la supervivencia de la UE... ¿Va a golpear con especial dureza el Brexit a los países de la UE?

Sin duda. Y avanza en la desintegración de la Unión Europea porque refuerza el sentimiento antieuropeo. Va a reforzar políticas fallidas como la de la austeridad. Y, cuidado, es posible que veamos la transformación del eurogrupo en un gobierno europeo de forma efectiva. Los dogmas se convertirán en leyes. Y atrapará a España, Italia y Grecia en una crisis permanente.

Su movimiento DiEM25 aboga por la redemocratización de Europa. ¿Cómo le explicaría al lector en qué consiste ese proceso?

Esta es la pregunta más importante a la que puedo contestar. La democracia es un lugar donde los ciudadanos pueden preguntar cuestiones que importan a los dirigentes. En esencia: primero: ¿Qué poderes tiene?; segundo ¿cómo los está usando?; tercero ¿Quién te dio esos poderes?; y cuarto ¿cómo podemos librarnos de ti?... España, Grecia, Italia... son democracias. Pero son unas democracias que no toman decisiones. Las grandes decisiones se toman en la UE y en el Eurogrupo que no está sujeto a control democrático. Y se toman decisiones con la puerta cerrada. Lo que deberíamos hacer idealmente es que el Parlamento Europeo fuera un verdadero Parlamento con poderes reales. El actual lo es de forma nominal pero no en la práctica. Necesitamos una auténtica democracia que venza a la oligarquía.

Usted asegura que es un europeísta convencido. ¿Cómo convencería a un europeo de que siga creyendo en la Unión?

Efectivamente, soy un fanático del europeísmo. Precisamente, mi oposición a la troika el año pasado fue porque soy un europeísta convencido y creo que la troika está destrozando Europa. Las instituciones europeas están ahora mismo fuera de la racionalidad. Y esto alimenta los movimientos antieuropeos que han conducido al Brexit... Así que lo prioritario que deben entender los ciudadanos es que debemos permanecer unidos. No debemos sucumbir, no debemos rendirnos ante las fuerzas de la desintegración. No debemos rendirnos ante la troika, ante los 'Schauble', los 'Juncker' ni 'las Merkel' del mundo. Estos son los peores enemigos de la UE por las políticas que imponen.

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Impacto Mundial: Reino Unido abandona la Unión Europea

Ven, 24/06/2016 - 14:58

Gran Bretaña votó en favor de salir de la Unión Europea (UE). La opción del Brexit consiguió 52 por ciento de votos, contra 48 por ciento de los partidarios por mantenerse en el bloque comunitario al que se integró en 1973, según resultados oficiales del histórico referendo celebrado ayer y divulgados esta mañana, y que llevaron a una acelerada caída de la libra a niveles no vistos desde hace 31 años.

Justo después de las 4:40 horas, la BBC pronosticó que Reino Unido se iría del bloque al que hasta ahora pertenecen 28 naciones, en un giro de 180 grados a lo que habían predicho sondeos la noche del jueves. El pánico en los mercados ha sido generalizado

El resultado de este referendo –que tuvo una participación de 72 por ciento, incluidos 30 millones de jóvenes– tendrá consecuencias importantes, entre ellas, la dimisión del primer ministro David Cameron, partidario de mantener al país en la UE, y quien convocó el referendo presionado por el ala antieuropea del Partido Conservador (en el cual milita) y del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), liderado por Nigel Farage, con la idea de poner fin a décadas de debate sobre la relación de Londres con Bruselas.

Cuando faltaban por contabilizar sólo dos circunscripciones de un total de 387, el Brexit tenía 17 millones 176 mil seis votos, contra 15 millones 952 mil 444 sufragios de la opción Remain. La salida de Reino Unido de la UE, proceso que demorará dos años, es el mayor revés para el bloque de 28 naciones desde su fundación. El grupo perderá a su segunda mayor economía y a una de sus principales potencias militares, y de inmediato alentó pedidos de votaciones similares por parte de políticos antieuropeos en otros países.

El apoyo por permanecer dentro de la comunidad fue más fuerte en Londres y Escocia, pero con ciudades como Sheffield y Sunderland que se unieron con Canterbury, Torbay y Peterborough en favor del Brexit (juego de palabras entre Gran Bretaña y exit, que significa salir). De esta manera, quedaron superadas las expectativas de las firmas encuestadoras que tras la consulta daban ventaja a la opción por la permanencia dentro de la UE. Incluso, uno de los líderes de la campaña para sacar al Reino Unido de la UE, Nigel Farage, dirigente del UKIP, había concedido una aparente derrota. Al parecer, el voto para quedarse ganará, declaró a la emisora Sky News.

Conforme se fueron dando los resultados del conteo de votos, Farage se declaró confiado en un triunfo de la opción de abandonar la UE. Ahora sí me atrevo a soñar con un Reino Unido independiente, escribió en su cuenta de Twitter.

¡Que el 23 de junio pase a la historia como nuestro nuevo día de independencia!, exclamó Farage. Las fuerzas euroescépticas británicas se mostraban eufóricas, celebrando una victoria a la que calificaron como una protesta contra los líderes británicos, las grandes empresas y los políticos extranjeros –entre ellos el presidente de Estados Unidos, Barack Obama– que habían instado a la permanencia del Reino Unido en el bloque.

Unos 46.5 millones de electores fueron llamados a responder a la pregunta: ¿Debe el Reino Unido seguir siendo miembro de la Unión Europea o abandonar la Unión Europea?, y a pesar del mal tiempo, acudió a votar 72 por ciento de los electores británicos.

Tras los primeros resultados que mostraban el triunfo del Brexit, la libra esterlina se desplomó a sus niveles más bajos desde 1985, a 1.36 dólares por unidad, mientras los mercados financieros mundiales se derrumbaban. El euro se hundió cerca de 4 por ciento frente al dólar por las preocupaciones de que el resultado generaría un mayor daño económico y político al país frente a permanecer como parte del bloque. Los inversionistas corrieron en masa en busca de activos considerados de refugio, como el oro y el yen.

En el ámbito político, también se registraron ya algunas reacciones, cuando el líder de la ultraderecha holandesa, el diputado Geert Wilders, exigió este viernes un referendo en su país sobre la pertenencia a la UE, tras el triunfo anunciado del Brexit en Reino Unido.

Dejar la UE podría costarle a Reino Unido el acceso al sistema de mercado único sin barreras y significaría que debería buscar nuevos acuerdos comerciales en todo el mundo. El presidente Obama dijo recientemente que Gran Bretaña estaría al final de la fila para un pacto con su país, de triunfar el Brexit.

La UE, en tanto, quedará debilitada económica y políticamente, enfrentando la salida no sólo de uno de los miembros que ha defendido con más fuerza las políticas de libre mercado, sino también de un país con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y con un ejército poderoso. El bloque perderá de golpe cerca de un sexto de su producción económica total.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Triunfo del Brexit desata viernes negro en bolsas mundiales

Ven, 24/06/2016 - 05:39

Como era de esperar, los mercados entraron en modo pánico apenas comenzó a hacerse irreversible la tendencia ganadora del Brexit, en el referéndum realizado ayer en Reino Unido por su retiro o permanencia en la Unión Europea. El retiro del Reino Unido de la UE es una noticia impactante, que demuestra lo compleja que es la situación social en Europa y la insatisfacción del ciudadano ante un modelo económico que lo ha empobrecido... Aunque las medidas que impondrá el Brexit comenzarán a aplicarse en dos años más, los mercados reaccionaron con un pánico inmediato y las acciones se desplomaron desde Tokio a Londres y Chicago. La libra esterlina sufrió su mayor pérdida en tres décadas y cayó más de 10 por ciento mientras el euro se hundió a minimos históricos. El yen y el dólar tuvieron sus mayores aumentos mientras el precio del barril de petróleo retrocedió a 47 dólares y el oro escaló a los 1359 dólares la onza.

Las Bolsas asiáticas abrieron con fuerte volatilidad pero apenas los datos fueron dando cuenta del triunfo del Brexit comenzaron a registrar fuertes pérdidas que superaban el 3 por ciento. Los principales índices en Sídney, Tokio y Hong Kong se desplomaron apenas se conoció que los partidarios de abandonar la UE ganaban por un margen mayor al previsto y lo informado por la prensa. En Asia el Nikkei japonés y el Hang Seng hongkonés sufrieron pérdidas que superaban el 3 por ciento. Todo indica que los mercados sufrirán un nuevo viernes negro con un estruendo que puede tener características globales. Comienza así la lenta agonia del neoliberalismo implantado por Margareth Thatcher hace casi cuarenta años. Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Piden en Italia un referéndum para salir de la UE y el euro

Xov, 23/06/2016 - 22:27


Al club de los descontentos con el modelo monetario de la Eurozona se ha unido el Movimiento 5 Estrellas italiano, que aboga por un referéndum nacional para decidir el futuro del euro y la permanencia de Italia en la UE.

“Queremos celebrar un referéndum consultivo sobre el euro, dado que la moneda común europea que está vigente no funciona. Necesitamos tener divisas nacionales o un tipo de Euro 2”, declaró el vice presidente de la Cámara Baja del Parlamento italiano, Luigi Di Maio, citado por Reuters.

A este respecto, el Movimiento 5 Estrellas ha propuesto introducir dos tipos de divisas en Europa: una destinada al uso en los países “ricos” del norte europeo y la otra para la circulación en los demás Estados de la Eurozona. El fundador del movimiento opositor, Beppe Grillo, se expresó a favor de celebrar otro referéndum para decidir sobre el futuro de la permanencia de Italia en la UE. “Actualmente estamos esperando los resultados del Brexit. El mero hecho de que un país como el Reino Unido esté celebrando un referéndum sobre su permanencia en el bloque implica el fracaso de la Unión Europea”Pese al hecho de que la ley italiana prohíbe cambiar los acuerdos internacionales por medio de la celebración de referéndums nacionales, el voto sobre la continuidad del euro pondría a prueba a la opinión pública y enviaría al Gobierno italiano una clara señal sobre el asunto. La participación en la Eurozona ha hecho disminuir para Italia el coste de los recursos a los que accede Roma, dándole acceso a tasas de interés más bajas.

Al mismo tiempo, este paso provocó un alza de la inflación y bloqueó automáticamente cualquier intento de los políticos italianos de realizar una política monetaria soberana que se corresponda con lo que necesita Italia.

Recientemente, el Movimiento 5 Estrellas ganó en 19 de las 20 elecciones municipales celebradas en el país, incluidas las importantes alcaldías de Roma y Turín, así que no sería acertado considerarlos simplemente como un movimiento radical, comentó Jean-Yves Camus, un experto del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas francés (IRIS). “Sí que es un partido político populista, pero en el sentido de que refleja ciertos sentimientos de la población. Hay que tomarles en serio, pues su posición coincide con las esperanzas —de los italianos—. Las elecciones municipales demostraron un claro desacuerdo de los ciudadanos con la política vigente”Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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