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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger5403125
Actualizado: fai 14 horas 36 min

Suiza, el anfitrión de la nueva guerra de divisas

Lun, 16/02/2015 - 13:32
Oscar Ugarteche & Tesalia Valencia, AlaiNet

La mañana del 15 de enero, el Banco Central Suizo anunció el retiro del piso del tipo de cambio frente al euro, fijado en 1.20 francos por divisa europea en el 2011, y decidió bajar la tasa de interés a los depósitos medio punto, de -0.25% hasta -0.75%, con el objetivo de mitigar el calentamiento de la economía, y con ello, desincentivar la entrada de capitales. Este repentino giro, se tomó como medida de prevención ante la acelerada depreciación de la moneda única frente el billete verde, lo que ocasionaba a su vez un debilitamiento en los últimos meses del franco suizo ante el dólar. Por otro lado, se estableció para proteger al país de una avalancha de dinero derivada de la incertidumbre por la relajación cuantitativa del Banco Central Europeo.

A diferencia de otros bancos centrales, el Banco Suizo no le pertenece totalmente al gobierno, ya que una parte se encuentra en manos de organismos particulares e instituciones públicas, y el resto, equivalente al 45%, es propiedad de accionistas privados que incluyen regiones administrativas suizas, conocidos como cantones, muchos de los cuales recibían dividendos con un tope máximo de 6% del beneficio neto de la comisión negociadora hasta antes del 2014. Desde entonces, los accionistas han estado quejándose debido a la falta de estas transferencias, de modo que el abandono del tipo de cambio fijo se asentó como la única forma para lograr el regreso de los dividendos.

La teoría bajo la maniobra aplicada confía en que el cobro por la tenencia de dinero en el banco central obligará a buscar mejores rendimientos en otros lugares, ya sea a través de la inversión en activos productivos en la unión monetaria o por la transferencia de dinero hacia activos más seguros en el extranjero. En el primer caso, la inversión productiva adicional contribuiría a impulsar el crecimiento directamente, mientras que en el segundo, las salidas de capital ayudarían a debilitar la moneda haciendo que las exportaciones ganen competitividad.

No obstante, lo único cierto hasta ahora es la desconfianza y la incertidumbre inyectada en el mercado cambiario causando múltiples pérdidas -o en algunos casos enormes ganancias- originadas de la rápida apreciación del franco suizo de hasta 41% en un momento frente al euro, de tal manera que al final el impacto más significativo se resintió precisamente en el mercado de valores suizo, el cual tuvo un desplome de 8.7%, el más importante en un cuarto de siglo.[1] Por otra parte, el disturbio también provocó grandes pérdidas para miles de inversionistas y diversas instituciones internacionales como son Citigroup y Deutsche Bank, que perdieron cientos de millones, al igual que algunas pequeñas casas de bolsa que fueron totalmente evisceradas. Asimismo, ocasionó que el corredor de divisas al por menor más grande de Estados Unidos y tercer a nivel mundial, Forex Capital Markets (FXCM), casi se declarara en quiebra después de anunciar que podría haber caído en incumplimiento de algunos requisitos de capital regulatorio, por lo que fue rescatado inmediatamente por medio de un crédito de emergencia de 300 millones dólares provisto por la firma de inversiones Leucadia National Corp.[2]

La inesperada apreciación del franco vislumbra un panorama oscuro y un tanto ambiguo, ya que por un lado, significa que los precios en Suiza se han ajustado debido a que alrededor del 60% de los productos son importados, y se teme que pueda convertirse en un descenso sostenido que acentúe la deflación de -0.3%ya presentada, factor que ha impactado negativamente al conjunto de la actividad económica y; por otro lado, representa un desafío inmenso para el turismo y los exportadores suizos como Swatch, Tissot, Tag Heuer, Nestlé, Novartis, entre otros, los cuales obtienen la mayor parte de sus ganancias de las ventas al exterior-aproximadamente el 85%-, razón por la que tendrán que esforzarse para reducir los costos de forma radical, probablemente con afectaciones importantes en los empleos y salarios.[3]

Para los vecinos centro europeos el golpe se está viendo en los costos de las hipotecas. Con tasas de interés cercanas a cero, muchos polacos y húngaros tomaron prestado dinero de la banca suiza para pagar sus viviendas y ahora el costo de estos préstamos se ha encarecido sustantivamente. El estancamiento que puede inducir en centro europa es un factor que debe contemplarse para proyecciones de crecimiento global.

En tanto, a las secuelas de la medida suiza en el resto del mundo, se percibe en primera instancia la repercusión del aumento generalizado de los precios para sus principales socios importadores, como son el caso de Alemania, Francia, Italia y Estados Unidos. La nueva medida abre la posibilidad de una reconfiguración espacial en búsqueda de nuevos refugios para capitales con el aliciente de cobrar un interés más atractivo. Bajo este panorama, América Latina surge como destino oportuno gracias a la rentabilidad de las tasas de interés a los depósitos con la que ciertos países cuentan, entre los que destacan: Brasil con una tasa que ofrece casi 8% de rendimiento, Chile 5.2%, Uruguay 4.6%, Paraguay con 4.2%, Colombia 4.2% y México con 1.3%. De confirmarse lo anterior, el territorio Latinoamericano podría acumular reservas –no reflejadas en el producto interno-, sin olvidar establecer ciertas precauciones para suavizar las reacciones al alza de los tipos de cambio que podrían reducir la competitividad en el exterior, de modo que sería necesario mantener primero políticas macroeconómicas sanas, especialmente monetarias y cambiarias; para evitar entradas masivas de capital sin ningún control de tal manera que se puedan anticipar medidas cuando salgan.

Finalmente, la decisión suiza, aunada a la reducción posterior de la tasa de interés de Dinamarca -0.35% y Canadá -0.75%-,parecen ser el inicio de una guerra de divisas en búsqueda de restablecer el crecimiento en medio de la evolución de un mercado cambiario lleno de incertidumbre, abrumado por las fuerzas deflacionarias europeas, la baja en el precio del petróleo, el estancamiento de Europa, la débil recuperación estadounidense, que en el desorden económico mundial actual, ha provocado el fortalecimiento de la divisa americana, empujándole así la crisis al resto del mundo.
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Notas:
[1]Véase “El banco central suizo toma al mundo por sorpresa”
[2]Véase “JP Morgan Owned The Swiss Franc Move”
[3]Véase “Banco central suizo quita freno a la apreciación del franco”
Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El catalizador griego

Ven, 13/02/2015 - 08:01
Alberto Rabilotta, AlaiNet

Las decadencias imperiales crean graves crisis financieras y económicas, provocan tensiones insoportables en las relaciones internacionales, desatan conmociones políticas y sociales en los países y regiones claves, incitan a guerras y rebatiñas entre las potencias aspirantes a reemplazar al hegemón que se desmorona, o al menos así fue hasta que las armas nucleares pusieron en el centro del problema la destrucción planetaria, me digo cada vez que trato de desenmarañar lo que está sucediendo actualmente con la demencial política de Estados Unidos hacia Rusia, pero no solo contra ese país sino contra todos los gobiernos que pueden amenazar de cerca o de lejos una hegemonía neoliberal que ya fracasó, pero a la que siguen aferradas los intereses económicos y financieros que controlan las fuerzas políticas en Washington.

Y cuando me asaltan estos pensamientos, lo que es muy frecuente con las noticias que indican que se está “a tres minutos” (1) de una guerra nuclear, pienso en los escritos sobre la decadencia del imperio estadounidense del extrañado historiador Eric Hobsbawm, y en una recopilación de textos de 2008 que analizan la supremacía absoluta que alcanzó Estados Unidos (EE.UU.) con el desmoronamiento de la Unión Soviética, que define como una acumulación súbita de fuerza, extraordinaria, brutal y hostil, que “es tanto más difícil entender en tanto no cuadra ni con la política imperial rodada desde largo plazo y aplicada durante la Guerra Fría, como tampoco con los intereses económicos estadounidenses”.

Y difícil no estar de acuerdo con Hobsbawm cuando agrega que “la política que domina desde hace poco en Washington parece tan insensata a los observadores extranjeros que es difícil comprender su finalidad real. Para las gentes que dominan completamente o al menos a mitad el proceso de toma de decisiones en EE.UU., se trata evidentemente de afirmar una supremacía global por la fuerza militar, pero el objetivo de esta estrategia sigue siendo oscuro. ¿Tiene posibilidades de llegar a un resultado? El mundo es demasiado complicado para ser dominado por un solo Estado” (2).

Por su vinculación orgánica con el proyecto neoliberal y su participación activa en la alianza bélica que es la OTAN, la Unión Europea (UE) forma parte de esta insensata política del imperio estadounidense, y en particular de la política de agresión contra Rusia. O al menos esto ha sido así hasta hace pocos días, cuando aparecen los primeros signos de que la Canciller alemana Angela Merkel decidió frenar un poco la insensatez política al declarar que no puede haber una solución militar a la crisis interna en Ucrania, y acompañada del presidente francés François Hollande viajó a Moscú para buscar una “entente” con el presidente ruso Vladimir Putin.

No es ajeno a este surgimiento de realismo en Berlín y otras capitales europeas el hecho de que el proyecto neoliberal de la UE esté sumido en una profunda crisis económica, fiscal, monetaria, política y social, con el desempleo en niveles nunca vistos desde la Gran Depresión y la deflación convertida en una realidad. Las sanciones contra Rusia han costado muy caro y costarán aún más por cuanto han servido para que Rusia profundice un modelo económico alternativo y la integración con China y el resto de los países del BRICS, así como con países emergentes en América latina, Asia y el Oriente Medio.

Y todo esto se desenvuelve cuando ya están en su lugar los componentes de la próxima crisis financiera y económica, tanto en EE.UU. como en la UE.

¡Y en eso llegó Siryza! Es en este contexto que la Coalición de la Izquierda Radical, Siryza, ganó las recientes elecciones en Grecia, y el mismo puede ser una explicación del impacto significativo que está teniendo este triunfo electoral en el desenvolvimiento de las diversas crisis que afectan el rígido modelo del imperialismo neoliberal aplicado en la UE, particularmente a través del sistema monetario en la zona del euro (ZE). La economista Yves Smith opina que Siryza ya logró una “victoria táctica” frente a la UE (3). Si Siryza aplica su programa, es evidente que entonces contribuirá a acelerar los procesos de una previsible descomposición del orden neoliberal europeo.

El disgusto y el desprecio de la cúpula de la UE hacia la decisión del pueblo griego se manifestó desde los primeros instantes del arribo de Siryza al gobierno de Atenas, cuando se incluyó a Grecia en el voto de nuevas sanciones contra Rusia, sin siquiera consultar con el nuevo gobierno griego para saber si daría su aprobación.

La UE funciona como una empresa transnacional, con una dirección que dicta las ordenes a seguir, y no como un sistema federativo o centralizado pero democrático. Para la burocracia de Bruselas el primer ministro Alexis Tsipras debe ser el “nuevo” gerente encargado de aplicar en Grecia las orientaciones de la casa matriz, o sea de Bruselas, y no un gobierno nacional democráticamente electo para defender los intereses del pueblo griego.

El ministro y economista griego Yanis Varoufakis puso bien en claro el nivel de la confrontación cuando después de reunirse con su colega alemán, Wolfgang Schaeuble, informó que "ni siquiera nos pusimos de acuerdo sobre el hecho de no estar de acuerdo". Por su parte Tsipras se refirió a la actitud de la UE en la primera reunión con dirigentes de su partido, y dejó en claro que Grecia "es un país soberano, tenemos una democracia, tenemos un contrato con nuestro pueblo y lo vamos a respetar" (4)

Pero antes de proseguir hay que señalar que es evidente que la UE ha fracasado en cuanto a mantener o mejorar las condiciones sociales y económicas de sus países miembros: el desempleo y la precariedad laboral son masivos, el empobrecimiento de las clases trabajadoras y las capas bajas de las clases medias es indiscutible, el desmantelamiento del Estado del bienestar ha sido completado en países como Grecia y España, y va en la misma dirección en el resto de la UE.

En cuando al estratégico objetivo político de poner fin a los nacionalismos y disputas entre las naciones europeas, que hasta el pasado reciente condujeron a tantas guerras y crímenes masivos, el fracaso es total si observamos el ascenso de los ultranacionalismos, revanchismos y formas extremistas de tipo fascista que ahora tienen, en muchos países de la UE, una dimensión comparable al comienzo del ascenso del fascismo en los años 20 del siglo 20.

En el origen de estos fracasos está la falta de democracia en el sistema de gobierno y ese funcionamiento de tipo empresarial que quedó bien en claro en 2011, cuando la CE cambió de un plumazo a los primeros ministros de dos gobiernos nacionales porque no obedecían al pie de la letra las ordenes de la CE, del BCE y del FMI, de la Troika: Yorgos Papandreu, primer ministro de Grecia, reemplazado por Lukas Papademos (2011-2012) y Silvio Berlusconi, primer ministro de Italia, por Mario Monti (2011-2013). O sea que la Troika desalojó a gobernantes electos para poner a sus procónsules, que habían hecho carrera en el sistema financiero de Wall Street y la UE.

Al oponerse a este sistema, Siryza no solamente sienta un excepcional ejemplo sino que pone en tela de juicio el rígido sistema de gobernanza, que de paso hay que aclarar que es un término muy usado para definir en la UE el sistema de gobierno, pero en realidad apropiado para la verticalidad del sistema de toma de decisiones de las empresas transnacionales o de las antiguas monarquías absolutas, y no para las sociedades democráticas o que se dicen tal (5).

En cierta medida el ejemplo de Siryza expone el sistema y la claudicación de los gobernantes pasados y presentes de los países miembros. Recordemos que si nos guiamos por las raras y tibias críticas de algunos políticos y gobernantes a la política de Bruselas contra Rusia desde 2013 y hasta hace pocos días, era claro que no había fisuras peligrosas en el consenso que la UE, EE.UU y la OTAN crearon para apoyar el golpe de Estado en Ucrania y lanzar las agresivas políticas contra Moscú.

La crítica de Siryza, que ni siquiera tuvo oportunidad de votar en contra para impedir la habitual unanimidad del “cementerio político” que es la UE, como dice un amigo historiador, convirtió esas minúsculas fisuras en grietas potencialmente peligrosas, lo que puede explicar la sorpresiva iniciativa de Angela Merkel y François Hollande de visitar a Vladimir Putin para formular un plan de solución negociada y no militar a la grave crisis ucraniana, y que ya suscitó un rechazo de parte del presidente Barack Obama ( http://spanish.xinhuanet.com/photo/2015-02/10/c_133981815_2.htm ).

Esto es más conclusivo si en el análisis incorporamos que hasta ahora la UE ignoraba las muchas críticas a esa política anti-rusa que provenían de sectores empresariales, de los agricultores y de fuerzas políticas progresistas. De pronto, y tanto por el triunfo de Siryza como por el surgimiento político de Podemos en España, donde hay elecciones en los próximos meses, el consenso anti-ruso reinante en el mundo político europeo empieza a desmoronarse.

Esto es bien visible en Francia, donde en un vuelco imprevisto todo el espectro político, desde el Frente de Izquierda, pasando por el gobierno socialista de François Hollande, siguiendo por la derecha representada por Nicolás Sarkozy y llegando hasta a la ultraderecha dirigida por Marine Le Pen, se manifiesta un claro rechazo a la política guerrerista de Washington contra Rusia.

Pero lo que es más importante y decisivo es que este vuelco se verifica en las opiniones de la gente común, de viejos y jóvenes, señalando que la voz pública rechaza la perspectiva de dejar que con la OTAN, Washington cree las condiciones para otra guerra en Europa. Y este rechazo popular no es ajeno sino complementario al existente hacia las políticas de austeridad de la UE que empobrecen a las mayorías, a los cortes en los servicios públicos, como en salud, educación, pensiones, etcétera. Y por sobre todo los ciudadanos europeos empiezan a darse cuenta que la democracia y el bienestar a que estaban acostumbrados es cada vez más una cosa del pasado.

El panorama puede ser mucho más interesante si Podemos llega al gobierno en España, país de mayor peso que Grecia, lo que además de reforzar la posición de Siryza será probablemente un fuerte aliciente para la recomposición de las fuerzas populares bajo una orientación de izquierda en otros países, incluyendo algunos de Europa Central y del Este, donde el desempleo y la pobreza están haciendo estragos demográficos y sociales.

En cuanto a la política exterior de la UE, el panorama dependerá de si el grupo de países del ex “campo socialista” (Polonia, los países Bálticos, Bulgaria, entre otros) que forman parte de la UE y de la ZE, y son instrumentos de las políticas belicistas de Washington y de la OTAN hacia Rusia, siguen jugando ese papel o se adaptan a una política de convivencia pacífica.

Muchas son las lecturas que se han hecho y se seguirán haciendo del triunfo de Siryza y de la movilización popular que está concitando en Grecia. Pero hay que tener cuidado de no cargar demasiado las espaldas del pueblo griego, que sufre las catastróficas consecuencias de las políticas neoliberales de la UE y debe realizar, a corto y mediano plazo, las tareas de supervivencia social enunciadas en el Programa de Tesalónica (6), por el cual los ciudadanos griegos votaron en primer lugar.

O sea, debemos tener cuidado de no convertir este triunfo electoral en la clave del éxito o el fracaso de lo que está teniendo (o tendrá) lugar en otros países de la UE, porque el proceso que se acaba de abrir en Grecia es y será por algún tiempo una difícil lucha asimétrica, tanto en el plano interno como en el de la UE.

Si Siryza cumple con su programa, o hace todo por aplicarlo a pesar de la oposición y de las medidas que tomarán la Troika y sus ricos y poderosos aliados locales, sumará muchos más apoyos internos por la simple razón de que beneficiará a las mayorías, y políticamente ganará apoyos porque será visto como el único partido político que cumple sus promesas. Por eso Tsipras destaca que Grecia "es un país soberano, tenemos una democracia, tenemos un contrato con nuestro pueblo y lo vamos a respetar".

En todo caso es importante destacar que por fin los europeos empiezan a darse cuenta de los riesgos que implican el acompañar la política del imperialismo neoliberal estadounidense que busca la destrucción de Rusia como etapa crucial para imponer la hegemonía mundial, y que para eso recurrirá a todos los medios a su alcance, incluyendo la guerra total.

No es consuelo saber que EE.UU. ha perdido todas las guerras que emprendió desde finales de la Segunda Guerra Mundial (7), ya que aun perdiendo dejó tanta destrucción social, cultural, económica y política que cuatro décadas más tarde uno de los pueblos victoriosos, el de Vietnam, no ha podido reparar todos los daños que el Pentágono provocó. Una guerra contra Rusia puede llegar a ser nuclear y provocar la destrucción de la humanidad, así que hay que evitarla a toda costa.
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Notas:
1.- http://www.washingtonpost.com/news/speaking-of-science/wp/2015/01/22/the-doomsday-clock-is-ticking-again-it-is-now-three-minutes-to-midnight-a-k-a-the-end-of-humanity/
2.- Eric Hobsbawm, L’Empire, la démocratie, le terrorisme (2008, edición de André Versaille y Le Monde Diplomatique, París, capítulo « Ou va l’Empire American? », página 167.
3.-Is Siryza about to Score a Tactical Win Against the Troika, por Yves Smith http://www.nakedcapitalism.com/2015/02/syrizas-bold-stance-bernies-swipe-at-the-fed-on-greece-and-the-negotiating-fog-of-war.html
4.- http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-265592-2015-02-06.html
5.- Gobernanza: http://es.wikipedia.org/wiki/Gobernanza
6.- Programa de Tesalónica: http://www.syriza.gr/article/id/59907/SYRIZA---THE-THESSALONIKI-PROGRAMME.html#.VNT8ICyM7b4
7.- http://www.nakedcapitalism.com/2015/02/since-u-s-military-lost-last-two-wars-fought-reason-think-boots-ground-anywhere-good-idea.html

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Pobreza en América Latina: un asunto de desigualdad, no de escasez

Ven, 13/02/2015 - 04:56
Betty Hernández Quintana, Red Voltaire

Tras el crecimiento que vivió la zona en la primera parte del siglo se logró un progreso que se detuvo, y desde entonces la situación se mantiene estable; pero no se registran nuevos avances. Por eso, lo más probable es que la pobreza empiece a aumentar nuevamente en América Latina, según el especialista de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) Xavier Mancero.

Hoy el contexto macroeconómico es más difícil, lo que se aprecia en los índices de pobreza y desigualdad que entre 2012 y 2014 no variaron pese al incremento económico, en tanto la indigencia aumentó, dando marcha atrás el proceso iniciado en 2000, añade el experto.

También el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) dio a conocer el índice de reducción de pobreza en América Latina desde 2000, donde en promedio se vio una disminución del 16.4 por ciento, lo que representa el beneficio de más de 56 millones de personas.

Mirando hacia el pasado vemos que gracias al auge económico de la región entre 2000 y 2012 –el más alto de las últimas 4 décadas según el PNUD– y a la ejecución de políticas de mejoras sociales, se redujeron los índices de pobreza.

Sin embargo, en 2014 cerca de 167 millones de personas continuaron siendo víctimas de ese flagelo, lo que representa el 28 por ciento de la población, indicador inmóvil desde hace 2 años, según un estudio de la Cepal.

Dicha fuente alerta también sobre el aumento de la indigencia de 11.3 por ciento en 2012 a 12 por ciento en 2014, lo que significa que del total de personas en situación de escasez 71 millones padecieron condiciones extremas.

Al respecto, la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, subrayó que “la recuperación de la crisis financiera internacional no parece haber sido aprovechada suficientemente para el fortalecimiento de políticas de protección social que disminuyan la vulnerabilidad frente a los ciclos económicos.

“Ahora, en un escenario de posible reducción de los recursos fiscales disponibles se requieren mayores esfuerzos para apuntalar dichas políticas, generando bases sólidas con el fin de cumplir los compromisos de la agenda de desarrollo post-2015”, agregó la titular.

Con este mismo objetivo se pronunciaron los dirigentes que asistieron a la III Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), donde expusieron los esfuerzos de cada país para mejorar la situación económica de sus ciudadanos y se decidieron medidas para desarrollar en conjunto el próximo quinquenio.

En dicho cónclave se acordó trabajar en cinco líneas enfocadas a reducir la pobreza extrema y la desigualdad, favorecer la educación, la ciencia, la tecnología la innovación, la protección del medio ambiente, el financiamiento de la arquitectura en la región y el fortalecimiento del bloque.

El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, denominó la lucha contra la pobreza como “un imperativo moral para nuestra región y para el planeta entero, porque por primera vez en la historia no es producto de la escasez de recursos sino de inequidad, consecuencia de perversas relaciones de poder donde pocos dominan todo”.

El mandatario, nuevo presidente pro témpore de la entidad, persuadió sobre el rol protagónico del organismo en el proceso de “descolonización en la región latinoamericana y caribeña” y en la resolución de los conflictos relacionados con los países miembros.

Correa declaró que su gobierno adoptará medidas concretas para eliminar la pobreza en 5 años, y aseguró que con una mejor distribución de los recursos se podrá combatir efectivamente ese problema.

Por otra parte, es notable el emprendimiento del presidente de Bolivia, Evo Morales, quien se comprometió con su pueblo y la comunidad internacional a reducir la extrema pobreza en los próximos 5 años, convocando a la oposición en su país a trabajar unidos y aplicar la cultura del diálogo.

La meta del titular boliviano es reducir ese mal hasta el 8 o 9 por ciento, lo que no es imposible teniendo en cuenta que hasta 2012 ese país fue el de mayor índice de reducción de la pobreza en Latinoamérica con 32.2 por ciento, seguido de Perú (26.3) y Venezuela (22.7), según PNUD.

Estas actitudes muestran el empeño de los gobiernos latinoamericanos por continuar las mejoras sociales y erradicar la pobreza en la región; sin embargo, los verdaderos resultados de las decisiones del presente se verán en los próximos años.

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Grecia, hacia el choque frontal

Xov, 12/02/2015 - 19:00
Stathis Kouvelakis, Viento Sur

El discurso sobre política general de Alexis Tsipras de la tarde del domingo fue seguida con particular atención tanto en el interior del país como en las cancillerías europeas y, sin duda, en Estados Unidos. En el interior del país y tras el chantaje del BCE y las continuas amenazas de los dirigentes europeos, se extiende una clima de efervescencia, de dignidad reencontrada, de voluntad, tanto de apoyar al gobierno frente al chantaje, como de presionarle para que no recule. En el exterior y, más en concreto, en los círculos dirigentes, se sopesa cada palabra y, sobre todo, cada medida anunciada [por el gobierno griego] para juzgar el grado de determinación del Primer Ministro y de su gobierno.

La mayoría de esos círculos esperaban el anuncio de una inflexión significativa, un anuncio de marcha atrás para facilitar el "acuerdo" en las cumbres europeas que se celebrarán esta semana. Es decir, se espera la sumisión de Grecia a sus ultimátum.

Francamente, deben estar decepcionados. En realidad, Alexis Tsipras no ha realizado ninguna concesión de fondo. Es verdad que ha evitado utilizar la palabra "anulación de la deuda", pero ha insistido con fuerza sobre su carácter inviable y reivindicado su "disminución" y "reestructuración". Además, en lo que respecta al restablecimiento del SMI al nivel de 2009 (751 €), si bien no ha anunciado su aplicación inmediata, se ha comprometido a restablecerlo a lo largo de 2015. En cuanto al resto de cuestiones, ha desgranado el programa de Salónica: medidas de urgencia para hacer frente al desastre humanitario (alimentación, restablecimiento de la corriente eléctrica, el transporte y la cobertura sanitara para todo el mundo), restablecimiento de la legislación laboral, supresión de los injustos impuestos sobre la propiedad, reforma fiscal para hace que los ricos paguen, fin de los privilegios otorgados a los media privados, restablecimiento de la RTV pública (ERT), hacer efectiva la participación estatal en la banca, acabar con la subasta de los bienes públicos (puertos, infraestructuras, energía), y fin de la represión de las movilizaciones populares.

Cuestión estratégica: Alexis Tsipras ha vuelto a decir que rechaza exigir la prolongación del actual "programa de ayudas" y también la tutela de la Troika. Y ha exigido la prorroga de la liquidez otorgada a la banca griega en base al reembolso de los beneficios realizados por los bancos centrales de la zona euro sobre la deuda griega, así como la prorroga de la capacidad de endeudamiento del gobierno griego. Finalmente, ha insistido en la necesidad de un presupuesto equilibrado, si bien ha rechazado que los excedentes primarios sean destinados al reembolso de por vida de la deuda, y a reciclar la autoridad. Ahora bien, incuso este compromiso en torno al equilibro presupuestario parece difícilmente compatible con las medidas sociales anunciadas en una situación en la que los ingresos fiscales están anémicos.

Una reforma de gran valor simbólico, y de la que ha hecho un elogio vibrante, es la de la ley sobre la nacionalidad que otorga la ciudadanía a todos los hijos e hijas de la gente inmigrante nacidos en Grecia. Asimismo ha insistido ampliamente en el papel del recién creado Ministerio de Inmigración, subrayando su papel en la protección de los derechos humanos y de la dignidad de las personas, al mismo tiempo que ha exigido un cambio de las políticas europeas al respecto. Por si fuera necesario, esto muestra que la participación en el gobierno de Anel (Griegos independientes) no ha modificado en nada la posición de Syriza sobre estas cuestiones.

Así pues, ha desechado el núcleo duro de los Memorándum. Y ahí es donde se sitúa el punto de ruptura. Alexis Tsipras ha remachado bien ese clavo de varias formas. En primer lugar, refiriéndose a la importancia de la movilización social en Grecia y a la solidaridad internacional, de la que ha saludado su apoyo, en la batalla que libra el gobierno. También se ha mostrado muy firme sobre el hecho de que el restablecimiento de la soberanía nacional, la democracia y la dignidad del pueblo griego no se negocian; lo que en el contexto actual equivale a un llamamiento a salir a la calle. No tengo dudas de que ese mensaje será entendido en Grecia y en Europa. Además, al final de su discurso, tras un largo homenaje a la larga historia de la lucha del pueblo griego, ha puesto sobre la mesa la cuestión de las indemnizaciones de guerra que debe Alemania y ha situado a Manolis Glezos [miembro de la resistencia griega durante la ocupación nazi] a la cabeza de la iniciativa que desarrollará el gobierno. Todo el mundo sabe que esta cuestión es como levantar el "banderín rojo" a los dirigentes alemanes.

Globalmente podemos decir que Alexis Tsipras ha enviado un mensaje de firmeza y de combatividad tanto al interior como al exterior del país. Y ha frustrado a quienes esperaban que comenzara a deslizarse en una espiral de concesiones que le lleven a la capitulación. Por otra parte, parece estar totalmente excluido que los dirigentes europeos toleren lo más mínimo la política anunciada hoy en el Parlamento griego.

Así pues, nos encontramos ante un escenario de confrontación cuyo próximo capítulo se jugará a lo largo de esta semana, en la que asistiremos a la conjunción de las cumbres europeas y de las movilizaciones en la calle. Sin duda, estamos a la víspera de acontecimientos que pueden hacer cambiar el curso actual de los hechos. En Grecia y en Europa.

La "ecuación mágica" para una posible victoria se encuentra en la combinación de la determinación de la dirección griega, de la movilización del pueblo griego y de la solidaridad internacional.

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Crisis en Europa: transferencias y lucha de clases

Mér, 11/02/2015 - 13:45
Alejandro Nadal, La Jornada

En 1941 la Wehrmacht nazi aniquiló en unas cuantas semanas la resistencia griega. La ocupación fue brutal: más de 325 mil civiles murieron en Grecia antes de que concluyera la guerra. Durante la ocupación, Berlín impuso un préstamo forzoso a Atenas por 476 millones de marcos, con lo que el pueblo griego acabó pagando el costo de su propia ocupación por las tropas nazis. El préstamo nunca fue reembolsado.

En 2013 una comisión del gobierno griego concluyó que Alemania debía 160 mil millones de euros a Grecia para cubrir aquel préstamo y los daños de la ocupación. La cancillería alemana respondió que el tratado de 1990 sobre la reunificación había cerrado el tema.

El informe de la comisión griega fue un subterfugio demagógico del ex primer ministro Antonis Samaras para legitimarse ante el electorado griego. Hoy el nuevo gobierno de Alexis Tsimpras ha hecho alusión a este tema: en estricto rigor jurídico el tratado de 1990 no cierra el caso (Grecia no fue parte de él) y el asunto podría seguir envolviendo las tensas negociaciones entre Atenas y Berlín.

Las crisis del capitalismo en Europa (y en el mundo) llevan la marca de colosales transferencias de recursos en el plano internacional y entre clases dentro de cada país. El que estos grupos sean de una u otra nacionalidad es accidental. La historia económica muestra que estas transferencias son crónicas en Europa y con frecuencia han sido impuestas después de una guerra por los vencedores a los vencidos.

De aquí se desprende una narrativa equivocada, pues se piensa que las transferencias son entre países. Así, hoy se afirma que Grecia (o España) debe pagar sus deudas. Pero las palabras Grecia o Alemania se refieren a una abstracción. Si nos adentramos en el análisis, veremos que en cada uno de estos espacios nacionales hay obreros, capitalistas, terratenientes, banqueros y financieros, así como políticos corruptos.

El tema de la transferencia debe ser analizado con rigor para entender la crisis en Europa y la manera de superarla. El programa de austeridad impuesto en Grecia y España conlleva un inmenso flujo de transferencia de recursos que es soportado por ciertas clases sociales en beneficio de otros grupos o clases en esos y otros países (por ejemplo, del norte de Europa).

Es necesario superar la narrativa que ve en estas transferencias simples vínculos entre Estados nacionales e ignora la dinámica de las relaciones de clase. Las transferencias de recursos en Europa (y en el mundo) dependen de fuertes ajustes en la estructura de clases al interior de cada país.

Por eso una aportación interesante es el trabajo del analista financiero Michael Pettis, (http://blog.mpettis.com). Pettis examina el proceso de estancamiento en el crecimiento del salario real en Alemania a partir de 1995 como precursor de la crisis. Al constreñirse el crecimiento salarial se forzó la reducción del consumo y, dice Pettis, creció el ahorro forzado. Los bancos alemanes no podían invertir el exceso de ahorro en Alemania y enfocaron la mira hacia países como España, Italia y Grecia. Los bancos alemanes buscaron y encontraron prestatarios ávidos de obtener créditos baratos para todo tipo de proyectos, algunos poco viables y otros especulativos.

Cuando estalla la crisis, los bancos alemanes observan el aumento de su cartera vencida e incobrable. El lobby financiero hace lo que sabe hacer muy bien: busca que los gobiernos trasladen el costo del ajuste a las clases media y trabajadora a través de la devaluación interna.

Observa Pettis con razón: antes de la crisis los trabajadores alemanes pagaron las burbujas griega y española al aceptar un crecimiento muy bajo del salario real (en un contexto en el que la productividad en Alemania se mantenía constante). Y después de la crisis los trabajadores españoles y griegos se vieron obligados a pagar el costo de la explosión a través de salarios deprimidos y desempleo.

Pero el análisis de Pettis es incompleto y sólo toca la punta del iceberg. La capacidad de creación monetaria de los bancos en Europa encontró un gigantesco espacio de rentabilidad con la unión monetaria. Así que no sólo se trasladó el ahorro forzado de países como Alemania hacia bancos y prestatarios en Grecia o España. Bajo la unión monetaria los bancos más fuertes pudieron ejercer su capacidad de creación monetaria en todo el euro espacio y fueron capaces de generar burbujas como las que estudia Minsky en su modelo de crisis bancarias.

Hoy la clase trabajadora en Europa se enfrenta a un escenario desfavorable: los bancos alemanes, franceses, holandeses e ingleses tienen grandes necesidades de recapitalización y ello necesitará de apoyo público, es decir, de una masiva transferencia de recursos de las clases medias y trabajadoras del continente hacia el sector financiero.

Los funcionarios del gobierno griego tienen razón cuando afirman que luchan no sólo por el ciudadano griego promedio, sino por el ciudadano europeo en general. La recuperación del alma social de Europa pasa por una exitosa renegociación de la crisis en Grecia.

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El fantasma de la deflación estadounidense

Mér, 11/02/2015 - 02:11
Ariel Noyola Rodríguez, AlaiNet

La inflación estadounidense acumula más de 30 meses por debajo de 2 por ciento, el objetivo del Sistema de la Reserva Federal (Fed). Hasta la fecha no existen indicios de un repunte del nivel de precios sino al contrario, la deflación (caída de precios) se ha convertido en una amenaza latente en la todavía economía de mayor tamaño en el escenario global. Los precios al consumo se ubicaron en apenas 0,4 por ciento en diciembre de 2014, su mayor caída desde finales de 2008. En términos anuales, la inflación disminuyó a 0,8 por ciento de ubicarse en 1,3 por ciento en noviembre pasado.

Así la cosas, es evidente que los riesgos crecientes de deflación en la economía estadounidense continuarán postergando la decisión de aumentar la tasa de interés de los fondos federales (federal funds rate) por parte del banco central. Y es que si bien la presidenta de la Fed, Janet Yellen, ha hecho de conocimiento público en diversas ocasiones su intención de incrementar la tasa de interés de referencia a mediados del año en curso o incluso antes (actualmente en un rango de entre 0 y 0,25 por ciento) y, con ello, mantener limitados los riesgos derivados del aumento espectacular de los índices bursátiles, los miembros del Comité de Operaciones de Mercado Abierto (FOMC, por su sigla en inglés) se resisten a aplicar la medida en medio de un nivel de precios a la baja.

Sin embargo, a diferencia de hace unos meses cuando tres miembros de la Fed votaron a favor del incremento de las tasas de interés, en la reunión más reciente, llevada a cabo la última semana de enero, los 12 miembros del Comité votaron en contra de la medida. Al término del encuentro, Yellen declaró en conferencia de prensa que la “paciencia” regirá la toma de decisiones de la Fed: la incertidumbre no cede y, por ello, no será sino hasta observar una recuperación de mayor solidez cuando las políticas monetarias excepcionalmente laxas comiencen su reversión de manera gradual.

El mensaje oculto detrás de esas declaraciones es que si la inflación continúa cayendo en las próximas semanas, no únicamente la Fed no endurecerá la política monetaria (tightening) en el corto plazo, sino que podría, eventualmente, llevar a cabo una nueva batería de medidas “no convencionales” con la mira puesta en apuntalar la rentabilidad de las empresas y los bancos. La tendencia deflacionaria constituye un signo inequívoco de que algo anda realmente mal en la economía mundial en general, y en Estados Unidos en particular. El nivel de precios extremadamente bajo no está reservado únicamente a la esfera monetaria. Es un fenómeno económico de enorme amplitud que deriva de múltiples causas y que, en términos generales, tiene estrecha vinculación con las raíces más profundas de la crisis que comenzó hace más de 6 años.

Hay que recordar que a partir de la quiebra de Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008 y hasta la contracción del crédito (credit crunch) en el plano internacional los meses siguientes, en Estados Unidos se perdieron alrededor de 8 millones de puestos de trabajo. La tasa de desempleo alcanzó 10 puntos porcentuales y la actividad económica se desplomó. La falta de liquidez en uno de los mayores bancos de inversiones de Wall Street detonó una crisis global de enormes proporciones. No fue sino hasta mediados de 2009 cuando, en términos estadísticos, la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por su sigla en inglés) apuntó que la economía estadounidense había superado la recesión. En medio de la crisis, la caída dramática de la inflación levantó preocupaciones en la Casa Blanca. Las amenazas de una espiral deflacionaria estaban a la vista.

En consecuencia, el Departamento del Tesoro y la Fed ejecutaron enérgicas acciones dirigidas a reactivar el crédito, básicamente a través de un aumento de los montos de los programas de estímulos monetarios (quantitative easing) enfocados, a su vez, en depurar el endeudamiento privado de los balances contables de las corporaciones financieras y no financieras. Sin embargo, las compras combinadas de activos hipotecarios (mortaged based securities) y bonos del Departamento del Tesoro (Treasury bonds) aumentaron exponencialmente la hoja de balance (balance sheet) de la Fed, y con ello potenciaron en buena medida los riesgos de una caída de precios. Entre agosto de 2007 y el 5 noviembre de 2014, los activos en posesión de la Fed se incrementaron en más de 500 por ciento al pasar de 870 mil millones de dólares a 4 billones 486 mil millones de dólares.

Y es que pese a su sostén irrestricto, el capitalismo estadounidense tiene serios problemas para encontrar espacios de rentabilidad. No existen nuevos proyectos de inversión en ningún lugar del territorio estadounidense que, con base en la innovación tecnológica, permitan avizorar una fase expansiva del ciclo económico. A lo largo de la última década, la industria estadounidense no supera el rango entre 79 y 81 por ciento de su capacidad instalada. Aunque durante 2012 y 2013 el índice se recuperó en comparación con 2007 y 2008, todavía está muy por debajo de los niveles alcanzados en la década de 1990, cuando alcanzó 85 por ciento en 1994.

La denominada “recuperación estadounidense” (algunos economistas de la ortodoxia se atreven incluso a llamarla “desacoplamiento”) descansa más en el repunte de los principales índices de la bolsa de valores de Nueva York y menos en la mejoría sustantiva de las condiciones de vida de la población. Incluso en la esfera financiera han surgido nuevas barreras para la acumulación de capital. Si bien es cierto que el índice Standard & Poors (cotiza las acciones de las 500 mayores empresas de Estados Unidos) continúa registrando aumentos en sus cotizaciones, la acumulación de ganancias por acción y dividendos es cada vez menor.

De esta forma salta a la vista una mayor propensión al riesgo por parte de los operadores y una volatilidad creciente de los precios en el mercado de capitales, según el Banco Internacional de Pagos (BIS). Los flujos constantes de fusiones y adquisiciones (mergers & acquisitions) así lo demuestran. Sucintamente, el aumento exponencial de las operaciones del sistema bancario en la sombra (shadow banking system) en Estados Unidos, alertado por el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) hace unas semanas, evidencia, por un lado, la competencia creciente entre capitales individuales en una batalla a muerte por la obtención de una mayor rentabilidad y, por otro lado, las limitaciones para regular la actividad financiera de nuevo cuño.

El curso de la economía estadounidense en los meses recientes pone de manifiesto una vez más que las ganancias extraordinarias en el mercado de valores guardan una relación inversamente proporcional a la evolución de las condiciones del mundo del trabajo. De acuerdo con las estimaciones realizadas por el Departamento de Trabajo, a lo largo de 2014, aproximadamente 2,95 millones de empleos se recuperaron, de los cuales 252 mil correspondieron a diciembre, cuando la tasa de desempleo cerró en 5,6 por ciento, el nivel más bajo de los últimos 5 años. Bajo esa misma perspectiva, Estados Unidos habría incrementado de manera sostenida 2 millones de puestos de trabajo anualmente desde 2010.

Sin embargo, esas cifras contrastan con el deterioro estructural del mercado laboral que, dicho sea de paso, también contribuye a consolidar la tendencia deflacionaria. En primer lugar, la población económicamente activa (PEA) se ubica actualmente en 62,7 por ciento, el registro más bajo de las últimas 3 décadas. En segundo lugar, hay serias dificultades en la absorción de la fuerza de trabajo: 7 millones de personas son empleados a tiempo parcial y la tasa de desempleo juvenil se ubica en más de 15 por ciento. En tercer lugar, la contención salarial neutraliza de manera apabullante los efectos multiplicadores de la ampliación del mercado interno y la redistribución del ingreso sobre el crecimiento económico: los salarios cayeron 10 puntos porcentuales en la composición del producto interno bruto (PIB) entre 1967 y 2013. Los salarios han caído en los meses recientes y el ingreso de las familias aún no alcanza los registros previos a la crisis. La deuda de los hogares se mantiene elevada y la polarización de clase aumenta.

No obstante, el gobierno estadounidense insiste en divulgar opiniones contrarias a través de la prensa hegemónica (The Financial Times, The Wall Street Journal, The New York Times, Bloomberg, Reuters, etcétera): la economía se fortalece de manera acelerada y, con ello, los riesgos en torno a una coyuntura crítica son cada vez más remotos:

“[Gracias a] una economía en crecimiento, una disminución de los déficit, una industria desbordante y una producción energética en auge, hemos salido de la recesión con más libertad para escribir nuestro propio futuro que cualquier otra nación en la Tierra […] la sombra de la crisis ha pasado […] la recuperación está tocando más y más vidas”, sentenció el presidente Barack Obama durante su mensaje del Estado de la Unión ante el Congreso estadounidense, el martes 20 de enero de 2015.

Con todo, las contradicciones intrínsecas de la dinámica capitalista terminarán por acallar el discurso de la dominación de clase. El fantasma de la deflación se hace cada vez más presente en la economía estadounidense y, más temprano que tarde, terminará por revelarse con todas sus fuerzas.

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La guerra económica de Alemania contra Grecia es un arma de doble filo

Mar, 10/02/2015 - 13:20
El nuevo gobierno griego y los líderes del euro están llegando a un nivel de enfrentamiento que puede significar el desmoronamiento de la moneda única. El gobierno de Syriza ha dejado claro que no va a continuar aplicando las políticas que ha exigido la troika dado que han sido un fracaso. La troika solo habla de extender los plazos de vencimiento de los créditos, pero Grecia pide un alivio real de la deuda dado que no tiene sentido extender un plan que ha fracasado. Grecia quiere emprender los programas sociales de ayuda a los pobres, los desempleados y las pequeñas empresas en lugar de los bancos y los oligarcas de Europa, como exige la troika.

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Pánico por el pánico: Rusia y el sistema mundo hoy

Dom, 08/02/2015 - 17:03
Immanuel Wallerstein, La Jornada

Visitar Rusia, lo que hice recientemente, es una extraña experiencia para alguien que venga del Norte Global. Como sabemos, la mayoría de los rusos tiene una lectura totalmente diferente de la historia reciente del mundo de la que tiene la mayoría de las personas en ese Norte Global. Además, sin embargo, se preocupan por cosas diferentes de las que los visitantes esperarían que se preocupen.

El único supuesto común que trasciende estas diferencias es el hecho de que la ocurrencia de una abrupta caída en los precios del petróleo y el gas, combinada con el embargo impuesto por algunos países sobre Rusia, ha creado un estrangulamiento económico sobre los gastos públicos de Rusia y sobre el consumo individual.

En Rusia hoy, casi todos a lo ancho del espectro político consideran que Occidente, y Estados Unidos en particular, ha conspirado con algunos otros –principalmente Arabia Saudita e Israel– para castigar a Rusia por sus acciones y supuestas fechorías al emprender lo que los rusos consideran como legítima defensa de sus intereses nacionales. El debate se centra primordialmente en Ucrania, pero incluye también, en menor grado, a Siria e Irán. La teoría de la conspiración es probablemente un tanto exagerada, ya que Estados Unidos comenzó a desarrollar su petróleo de esquistos (un importante factor del sobre abasto mundial de hoy) alrededor de 1973, en respuesta al aumento en el precio que promovió la OPEP.

No obstante, en Rusia nadie oye gran discusión de estos asuntos de política exterior. Esto se debe, probablemente, a que no hay demasiado disenso al interior del país respecto de las posiciones oficiales rusas de política exterior, ni siquiera de personas o grupos muy críticos al presidente Putin en otros asuntos. En cambio, lo que uno oye discutir es cuál es la mejor manera de manejar el agudo déficit presupuestario que enfrenta el Estado ruso.

Hay tres posiciones básicas. Una es reducir significativamente los gastos del Estado. Podríamos decir que ésta es la opción neoliberal. Es promovida por el ministro de Finanzas. La segunda es utilizar las reservas aún disponibles para el Estado ruso, con lo que se minimizaría la necesidad de reducir los gastos en lo inmediato. Podríamos decir que ésta es la opción socialdemócrata. Es promovida por el ministro de Desarrollo Económico. La tercera es utilizar uno de los dos paquetes de reservas, pero no ambos. Podríamos decir que ésta es la opción intermedia. Esto garantizaría estabilidad para 18 meses, probablemente, y se basa en la esperanza de que, de algún modo, el precio del petróleo y el gas comience a subir de nuevo para entonces y/o que las sanciones sean anuladas o que en gran medida se les pueda dar la vuelta.

Lo notable es que las tres posiciones fueron promovidas dentro del relativamente pequeño círculo de personas que toman decisiones y que rodea al presidente Putin. Hasta ahora parece que Putin mismo favorece la opción intermedia. Lo que también es notable es que este debate sea casi público. Por lo menos esto no es secreto para ningún ruso que siga las declaraciones públicas de los protagonistas, así como las filtraciones a la prensa –que son más diversas de lo que los comentaristas en Occidente sugieren normalmente.

Sin embargo, existe un peligro acechando, ocasionado por este debate casi público. Y el peligro es que los hombres de negocios rusos, los bancos, y el público en general (particularmente las personas más acaudaladas), entren en pánico, pensando que prevalecerá una opción que temen y entonces, en consecuencia, realicen vastos retiros de recursos que conduzcan a una prisa por ir a los bancos, y a una inflación importante. Si ocurre un pánico de este tipo, entonces ninguna de las opciones podrá funcionar para habilitar al Estado a que sobreviva al estrangulamiento financiero.

Hubo así una gran difusión del discurso que diera el primer ministro Dimitri Medvedev en el Foro Gaidar, el 14 de enero. Medvedev anunció que el Estado iba a emprender la opción intermedia. Le pidió a todo mundo que respaldara esta opción, precisamente para apagar cualquier posibilidad de pánico. Y de hecho terminó su discurso citando la famosa frase del presidente Franklin Roosevelt en 1933: Lo único que debemos temer es al temor mismo. Medvedev afirmó que el gobierno ruso no tiene miedo.

¿Pero será suficiente un discurso para garantizar que no habrá pánico? Porque el discurso de Medvedev no contuvo totalmente el pánico. El debate en torno al pronunciamiento del primer ministro reveló que muchas personas y muchos grupos no están persuadidos de que no vaya a haber pánico. Eso es lo que yo llamo un pánico por el pánico.

El modo en que Putin contiene este pánico por el pánico es emprender lo que él considera una política exterior fuerte, clara y medida con sumo cuidado. La decisión de reemplazar el Flujo del Sur o South Stream (el sistema de ductos de gas y petróleo que va del mar Negro en Rusia a Bulgaria, y que Bulgaria ya no permitirá debido a las sanciones) con un Turkish Stream (diferente sistema de ductos que va del mar Negro en Rusia a Turquía) es un primer paso de esa política exterior. Ambos ductos dañarían a Ucrania, al no enviar el petróleo y el gas de Rusia vía Ucrania, por lo que se eliminarían las cuotas de tránsito por dicho país. No obstante, se intenta también que el Turkish Stream contrarreste el efecto de las sanciones (que condujeron a Bulgaria a cambiar su postura), al tiempo que recompense a Turquía, que cada vez es más un aliado de Rusia.

Un segundo paso ha sido la decisión de entrar en acuerdos con China y otros países para involucrarse en transacciones monetarias en sus propias divisas, con lo que evitarían las fluctuaciones del dólar. Uno de los proyectos resultantes sería un ducto que cruzara Siberia hacia el noreste de Asia, financiado en gran medida por China. Esta es una forma de darle la vuelta a las sanciones.

Un tercer paso ha sido el anuncio, apenas ocurrido, de que se le transferirá a Irán el sistema de defensa aérea con misiles conocido como S-300. Algo largamente prometido, Rusia había cancelado el arreglo en 2010 como resultado de las presiones provenientes de Occidente. Rusia va ahora a cumplir su promesa inicial. Esto sirve para reforzar el respaldo de Rusia a la inclusión de Irán en los procesos de toma de decisiones de Asia occidental. Esto le pone presión a Estados Unidos, y al mismo tiempo ayuda contener el intento de Arabia Saudita de seguir siendo el Estado árabe sunni clave. Ya ahora, con la asunción del rey Salman, la prensa está plagada de discusiones en torno a la fragilidad de la posición saudí.

Finalmente, en Ucrania, los rusos emprenden una política cuidadosa. Pese a no tener bajo control total a los autonomistas de Donetsk-Luhansk, Rusia, no obstante, se está asegurando de que los autonomistas no puedan ser eliminados militarmente. El precio ruso de una paz verdadera es un compromiso de la OTAN de que Ucrania no sea un miembro potencial. En torno a esto hay diferentes posturas dentro de la OTAN. Cada quien está jugando juegos de alto riesgo en Ucrania. Mi suposición, y es en gran medida un mero supuesto, es que la prudencia prevalecerá y se alcanzará un acuerdo político. Yo diría, observemos a Angela Merkel después de las elecciones. Ella (y Alemania) quiere hacer un trato, pero todavía no está libre para hacerlo.

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James Galbraith: La esperanza griega

Dom, 08/02/2015 - 14:00
James K. Galbraith, Sin Permiso

Hace 54 años, en su discurso inaugural como presidente, el presidente John F. Kennedy declaró: "No negociemos nunca partiendo del miedo. Pero no tengamos nunca miedo de negociar". No eran las frases más elevadas de aquel breve discurso, pero estaban entre las más importantes. Pues le mostraban a la Unión Soviética, de forma deliberada e inequívoca, que podría concluirse la Guerra Fría sin llegar a una conflagración y que el mundo no tiene que vivir siempre entre bravuconerías y amenazas ni bajo la sombra de la guerra nuclear.

Hoy se enfrenta Europa a negociaciones sobre la deuda y la depresión. Por un lado estará el joven gobierno de Grecia. Del otro, los poderes financieros de Europa y del mundo. Hoy, como entonces, no puede esquivarse la cuestión del miedo.

Los poderes europeos se guardan tres bazas para cuando empiecen las negociaciones. En primer lugar, Grecia tiene deudas que vencen este año y que no puede pagar. En segundo lugar, los bancos griegos dependen de la provisión urgente de liquidez del Banco Central Europeo, que se les podría retirar. En tercer lugar, la flexibilización cuantitativa le otorga al BCE una manera nueva de aislar al resto de Europa de las agonías de Grecia. Si Europa quisiera, estas bazas pueden utilizarse para aplicar una política de amenazas, con el fin de mantener la austeridad, los desahucios y la penuria de Grecia.

Se huelen las amenazas. El diario The Daily Telegraph resumió la reunión de ministros de finanzas de la UE el 26 de enero: "La eurozona ha descartado el perdón de la deuda a Grecia y ha advertido de que su nuevo gobierno de coalición antiausteridad debe cumplir todos los acuerdos del pasado…" El portavoz del gobierno alemán, Steffen Seibert, declaró ante los oligarcas de Davos que Grecia debe "tomar medidas para que continúe la recuperación económica". Y eso significa "respetar sus compromisos anteriores y que el nuevo gobierno quede vinculado por los logros de la reforma". O, como dijo el ministro alemán de Finanzas en diciembre pasado: "Unas nuevas elecciones no cambian nada".

Para los griegos, estos comentarios deben de ser una broma cruel: ¿Qué recuperación económica? ¿Qué logros? Si las elecciones no cambian nada, ¿para qué molestarse en celebrarlas? Y, por supuesto, la premisa de que han de "respetar sus compromisos anteriores" no es más que terquedad dogmática. Lo que Syriza puso de manifiesto, sobre todo, es lo incontestable de que tienen que cambiar esas fracasadas medidas políticas. El primer ministro británico, David Cameron, resumió el punto de vista griego con velada ironía británica: "Lo que las elecciones griegas mostrarán también es que hay algunas señales de aviso en la economía global, eurozona incluida". Bueno, sí. Cuando fracasan las medidas políticas, entra en declive la economía. Los griegos no son los únicos en contemplar al fracaso delante de sus ojos. Tal como informaba el Telegraph, hay dos cuestiones: los acuerdos y la deuda. Respecto a la primera, Grecia propone hoy recuperar el rumbo de su destino. Se ha probado el experimento de control de la Troika. Y conocemos los resultados. Se promulgarán nuevas medidas políticas destinadas a ayudar a los indigentes y a los más vulnerables, a estabilizar la economía y a fomentar la recuperación. El pasado historial de Grecia no es bueno, eso no lo discute nadie. Pero el severo diktat que vino a continuación ha sido un desastre.

La cuestión detrás de la quita es solo parcialmente una cuestión de recursos. La alternativa de "prolongar y fingir" resulta, al fin y al cabo, una forma de transferencia fiscal. El problema estriba en que la práctica amontona deuda sobre deuda, y esta es la palanca que mantiene al país tutelado, siempre en situación de mendigar. Una quita es el medio de volver a la autonomía de la política. La forma y las condiciones precisas son, en parte, aquello de lo que trata la negociación.

Unas conversaciones con pronta fecha límite, coacción y ultimatums probablemente significaría que Europa ha tomado la decisión de impedir un debate real y dinamitar las conversaciones desde un principio. Si la decisión es ésa, entonces el peso de la Historia caerá sobre quienes la tomaron, incluyendo el caos que pueda derivarse de ello.

¿Qué capacidad de maniobra tiene Grecia? Evidentemente, no mucha; las armas pesadas están del otro lado. Pero hay algo. El primer ministro Tsipras y su equipo pueden presentar su defensa de la razón sin amenazas de ninguna clase. En ese caso, el gesto correcto y moral por la otra parte consistiría en desechar sus tres bazas y, por encima de todo, dejar espacio fiscal y garantizar la estabilidad financiera griega mientras se llevan a cabo las conversaciones.

Si es esto lo que ocurre, pueden seguir adelante las negociaciones formales. Sobre esta cuestión, los comentarios de la canciller Merkel han sido de lo más suaves. Posiblemente entienda que las opciones determinarán – muy pronto – el futuro de Europa.

En esta situación valen las dos partes del pronunciamiento de Kennedy, bosquejado, por cierto, para él por mi padre. No se debe forzar a que Grecia negocie con miedo. Y Europa, por su parte, no debe tener miedo a negociar, con tranquilidad, sin bravatas ni amenazas, de buena fe.

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Los tiburones de Wall Street

Dom, 08/02/2015 - 07:01
Alejandro Nadal, La Jornada

En su intento por mitigar los efectos de la crisis financiera mundial, la Reserva Federal adoptó una postura de flexibilización monetaria desde 2008. Mantuvo tasas de interés cercanas a cero y abrió un programa de compras de títulos del Tesoro estadunidense para inyectar liquidez al sistema bancario y permitir el flujo de crédito a la economía. La realidad es que la inyección de liquidez mantuvo vivo el sistema de pagos interbancario, pero esos recursos nunca encontraron el camino del crédito a los consumidores y empresas. En cambio sí sirvieron para apuntalar una mayor actividad especulativa de los bancos y otros agentes financieros.

La política de mantener la tasa de interés de referencia en niveles cercanos a cero tuvo como propósito inflar los precios de los activos financieros y generar un espejismo de bienestar de la economía de Estados Unidos. La lógica de la Fed bajo la presidencia de Ben Bernanke era sencilla. Al mantener una política de tasas de interés cercanas a cero, el banco central buscó orientar a los inversionistas hacia espacios más rentables, en especial hacia los títulos financieros que se cotizan en la bolsa de valores. Ese movimiento provocaría un aumento en los precios de esos activos financieros y acciones. A su vez, ese incremento de precios generaría un efecto riqueza (o por lo menos la impresión de un efecto riqueza) en los participantes del mercado de valores. El aumento en los precios de acciones y otros títulos daría mayor confianza a los empresarios y la inversión aumentaría. Además, ese efecto riqueza induciría un incremento en el gasto de los consumidores porque aún los que no poseen títulos financieros percibirían a los aumentos del índice de cotizaciones en bolsa como señal de que los buenos tiempos están regresando. La demanda agregada se vería estimulada, la inversión le seguiría y la recesión quedaría atrás.

Pero la postura de la Reserva Federal tiene un gran problema: consiste en fomentar la especulación y no la inversión en la economía real. Para comprobar lo anterior hay muchos ejemplos, Uno de los más interesantes es el de las transacciones de alta velocidad. Esta modalidad del mercado financiero se lleva a cabo de manera automática por computadoras que compran y venden títulos o divisas, cobrando una muy pequeña comisión en cada transacción. Como el volumen de operaciones es gigantesco, las ganancias son enormes.

En el mercado financiero mundial, pero en especial entre Nueva York y Londres, una buena computadora y un programa adecuado pueden darle a un especulador una milésima de segundo de delantera frente al resto de la manada. Esa ventaja puede ser suficiente para generar un margen de unos cuantos centavos, pero si la operación se realiza millones de veces al día, las ganancias alcanzarán las decenas de millones. Por eso no sorprende que del total de transacciones en Wall Street hoy en día, alrededor del 60 por ciento constituyen operaciones de alta frecuencia o alta velocidad. Hasta cierto punto todo esto es normal, pues la especulación es la actividad principal en un casino, y en eso se ha convertido desde hace mucho el sistema financiero mundial.

El problema adicional es que las transacciones de alta frecuencia son un poderoso elemento desestabilizador. Cuando unos milisegundos de ventaja representan cientos de millones de dólares de ganancias, la carrera se gana con sistemas automáticos de gran velocidad. Por ello hoy las empresas más llamativas en Wall Street producen algoritmos que permiten identificar oportunidades especulativas a mayor velocidad. Pero esos algoritmos también son capaces de conducir un mercado financiero en un vuelo en picada cuando la especulación ordena vender activos en una estampida. Las computadoras y sus programadores son tan racionales como cualquier especulador de carne y hueso: cuando hay fuego, la carrera hacia la puerta de salida es lo más racional. Pero también es lo más catastrófico.

En 2010 se realizaron cuantiosas inversiones en infraestructura para transacciones financieras: se trata de poderosos servidores que procesan dichas operaciones y los cables de fibra óptica que constituyen la red mundial del sistema financiero. Estamos hablando de dos mil millones de dólares, sin contar el nuevo cable transatlántico que conecta Nueva York y Londres y que ha reducido en unas cuantas centésimas de segundo el lapso entre la recepción o envío de una orden de compraventa.

Pero los tiburones han demostrado tener cierto gusto por morder los cables de fibra óptica. Estos depredadores han llegado a arrancar pedazos de cable, provocando daños cuya reparación es muy costosa. Por supuesto, a los operadores en Wall Street lo que más preocupa es el freno que esto impone en las operaciones cotidianas de alta velocidad. Dicen algunos biólogos marinos que quizás los tiburones son sensibles a las vibraciones en estos cables porque se parecen a las de una presa en dificultades. Si esa teoría es correcta, los tiburones sí que saben reconocer a sus pares en Wall Street.

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Deuda mundial llega a 200 billones de dólares, ¿se acerca el mundo a la quiebra?

Sáb, 07/02/2015 - 21:01
El mundo está hoy más inundado de deuda que antes del estallido de la crisis financiera en agosto de 2007 y el peligro latente de la inestabilidad perdurará por mucho tiempo. De acuerdo al último informe de la consultora Global McKinsey, la deuda global en relación al producto interno bruto es hoy mucho más abultada de lo que era hace siete años. Esto confirma que las políticas implantadas por la troika han sido un fracaso en toda la línea. La austeridad, los recortes presupuestarios y los salvatajes al sistema financiero no han hecho más que disparar la deuda a niveles insostenibles. En los 22 países industrializados y las 25 principales economías emergentes que investiga el informe, la deuda ha aumentado en 57 billones de dólares, pasando de los 142 billones de dólares de fines del 2007, a los 199 billones de dólares a mediados de 2014.

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