Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger5534125
Actualizado: fai 3 horas 35 min

¿Es viable el programa económico de Podemos?

Lun, 25/05/2015 - 13:58

Juan Torres López, Público.es

Desde que Podemos salió a la escena política una de las mayores críticas que ha recibido es que sus propuestas económicas son inviables y muy negativas para la economía española. Si se aplicaran, dicen sus críticos, se produciría un desastre, aumentaría el paro y se generalizaría la ruina económica.

Aunque las propuestas económicas de Podemos se basan en análisis sobre la crisis que vienen haciendo economistas muy reputados, premios Nobel y catedráticos de las mejores universidades del mundo, además de organismos internacionales como Naciones Unidas o la Organización Internacional de Trabajo, lo cierto es que ha pasado muy poco tiempo y que apenas se han podido realizar estudios concretos para cuantificar sus efectos.

Pero, poco a poco, esa carencia se va superando y se comienza a demostrar, también aquí en España, que muchas de las críticas a las propuestas de política económica alternativa no tienen fundamento científico sino que simplemente responden a prejuicios ideológicos o al intento de defender privilegios de grupos muy minoritarios pero de mucho poder.

Un ejemplo de esto que digo es un estudio independiente que acaba de realizarse en el Centre of Economic Scenario Analysis and Research bajo la dirección de Kurt Kratena, experto en modelización económica, catedrático de Economía de la universidad austriaca de Klagenfurt e investigador del Austrian Institute of Economic Research WIFO (El informe lleva por título ¿Se puede salir de la crisis sin renunciar al bienestar? Un análisis cuantitativo de los efectos de las políticas de crecimiento frente a las de bienestar).

El estudio plantea dos escenarios futuros. Uno (que denomina “Crecimiento) se basa en la continuidad de las políticas económicas actuales que persiguen el crecimiento del PIB con austeridad presupuestaria y la búsqueda de la competitividad a través de la flexibilidad del mercado laboral y las privatizaciones. Otro, (denominado “Bienestar”) está basado en la aplicación de medidas contempladas en el documento que Vicenç Navarro y yo presentamos a Podemos como documento de bases para elaborar su programa económico titulado Democratizar la economía para salir de la crisis mejorando la equidad, el bienestar y la calidad de vida. Una propuesta de debate para solucionar los problemas de la economía española.

Los dos escenarios modelizados respetan las restricciones de déficit público establecidos en el Programa de estabilidad impuesto a España para lo cual (en el escenario Bienestar) se incluyen medidas restrictivas como el aumento en las cotizaciones a la seguridad social, un plan general de ahorro en la administración, aumento del impuesto de sociedades o una revisión de la política actual de grandes infraestructuras, entre otras.

En el escenario de Bienestar se incluyen medidas como subsidios a la creación de empleo verde, el aumento de la inversión empresarial en I+D financiado con aumento en el Impuesto de Sociedades, la subida del salario mínimo a 950 €/mes compensada con la reducción de los salarios más altos, la disminución de la jornada laboral a 35 horas, la mejora de los servicios sociales, la extensión del permiso de paternidad y la disminución de la deuda de los hogares a los bancos en una cantidad equivalente a las ayudas públicas recibidas por el sector financiero desde 2008.

Pues bien, la aplicación del modelo proporciona resultados muy significativos.

En términos generales, indica que las propuestas de Podemos que se incluyen en el escenario Bienestar reducen el desempleo, estimulan la economía, mejoran la situación de los hogares con menos renta y evitan los problemas de incremento en desigualdad generados por la crisis y la austeridad de la política actual. Unos resultados que a medio plazo son mejores que los que proporciona el escenario Crecimiento: la tasa de crecimiento sería un punto superior cada año, la tasa de paro se reduciría casi en cuatro puntos más, se crearían un millón de puestos más y disminuiría la desigualdad.

En términos sectoriales, el impacto más positivo lo producirían las medidas que impulsan la Economía sostenible y la competitividad, mientras que las de disminución de la deuda de los hogares tienen un efecto similar a ellas a medio plazo pero negativo a corto, por el coste que lógicamente suponen para el sector bancario. Según el modelo, también es muy positiva la contribución de las medidas ligadas al fortalecimiento del Estado de bienestar en educación, sanidad y cuidados que supondrían un incremento de 370.000 empleos.

El modelo señala que con las políticas actuales del escenario Crecimiento ni el PIB ni el empleo alcanzarían en 2020 el nivel anterior a la crisis, mientras que con las medidas de Podemos en el escenario Bienestar el nivel previo del PIB se recuperaría en 2018 y el empleo no quedaría en 2020 un 10% por debajo del existente antes de la crisis sino solo un 5%.

Finalmente, el modelo indica que en un escenario de Bienestar, con medidas como las que propone Podemos, la renta per cápita de los españoles estaría 5,7 puntos por encima de la alcanzada en el escenario de “Crecimiento”. Con ellas, todos los hogares españoles mejorarían, aunque el 20% más pobre vería aumentar sus rentas en un 30%.

Los autores denominan a la estrategia de Bienestar que modelizan como de “austeridad responsable” puesto que, como he dicho, implica respetar incluso criterios muy restrictivos y discutibles de déficit público pero con políticas que luchan contra el desempleo, la pobreza y la desigualdad promoviendo actividades que garanticen el cuidado de las personas y del medio ambiente, y recortando los gastos que sean socialmente innecesarios.

Naturalmente, este modelo del centro de investigación austriaco no tiene la última palabra sobre la viabilidad de las propuestas económicas de Podemos, entre otras cosas, porque ésta no depende solo de factores económicos: los poderes ocultos pueden hacerlas fracasar por muy viables que sean económicamente hablando si no las defiende con acierto una gran mayoría social . Pero creo que el estudio demuestra que las críticas más destructivas que se han hecho a Podemos en materia económica no tienen fundamento científico. Lo que ha ocurrido es que se ha tratado de destruir a Podemos como alternativa política descalificando de cualquier modo sus propuestas económicas a base de exageraciones, de mentiras y de burdas manipulaciones para hacer creer que son inviables y negativas cuando en realidad pueden proporcionar mejores resultados para todos, incluso respetando las draconianas reglas de juego que nos han impuesto.

Ese tipo de críticas no son las que necesitamos en España. Es imprescindible que aprendamos a respetarnos y a debatir con rigor en lugar de atacar de entrada a todo aquello que no encaja con nuestras preferencias, con nuestros intereses o con nuestra ideología. España no es propiedad de nadie y mucho menos de quienes han provocado los problemas que tenemos y ahora solo buscan eternizar sus privilegios.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Emir Sader: La izquierda en siglo XXI

Lun, 25/05/2015 - 07:30
A lo largo de muchos años, la izquierda –en sus múltiples variantes– resistió a la avalancha aparentemente imparable del neoliberalismo. Defendió los derechos de las personas, denunció su expropiación por los gobiernos y movilizó a los afectados. Cumplió, a fin de cuentas, con el rol histórico de la resistencia popular como función clásica de la izquierda.

Hasta que los fracasos del modelo económico neoliberal situó a la izquierda ante el dilema de atreverse a ganar o tener miedo a hacerlo. El rol de la izquierda testimonial es más cómodo: garante de los argumentos y de la coherencia, se duerme en los laureles. Se pierde, pero se mantiene en las posiciones históricas de la izquierda. Otra vez será. O nunca.

El miedo a la victoria es el miedo a enfrentar la realidad como ella es y no como nos gustaría que fuera o como un día fue. Es encarar las herencias dejadas por los gobiernos tradicionales —especialmente las más crueles, las de los gobiernos neoliberales—. Es no poder entregarse a la construcción inmediata de los sueños, sino rescatar a los sectores más olvidados, recomponer estructuras de gobiernos desechas y negociar acuerdos que permitan ser mayoría parlamentaria. En resumen, tener el coraje de agarrar la realidad por los pelos, manipularla para que derive en una sociedad menos injusta, más solidaria, democrática y pluralista.

Partir de esa herencia maldita y transformar los ejes que la articulan y que dieron lugar a la precarización de las relaciones de trabajo, el consumismo, el egoísmo, la lógica de los centros comerciales, la violencia, el narcotráfico y la intolerancia.

Los gobiernos posneoliberales en América Latina han tenido ese coraje de priorizar la atención a los olvidados socialmente, opción más que justa en el continente más desigual del mundo, en el continente que tuvo más gobiernos posneoliberales y los más radicales. Opción que probablemente tenga que ser hecha por todos los gobiernos que triunfen después de la devastación de derechos llevada a cabo por el neoliberalismo.

En Europa, continente que ha tenido el más generoso Estado de bienestar social y que sufre su final en manos de los gobiernos de la austeridad, las fuerzas —como ha sucedido en Grecia— que triunfen electoralmente, van a tener, además, que enfrentarse a toda la correlación europea de fuerzas, centradas en las políticas de ajuste, dispuestas a impedir cualquier alternativa. Van a tener que generar la correlación de fuerzas que cree sus espacios de maniobra para poder adquirir soberanía sobre sus destinos.

Se trata, como se ha hecho en América Latina, de establecer alianzas para producir mayorías institucionales que hagan posibles políticas sociales y no de ajuste fiscal; políticas que prioricen los tratados de integración regional frente a los de libre comercio con los EEUU y que antepongan el rescate del Estado frente a la centralidad del mercado; políticas que sean capaces de quebrar la hegemonía del capital especulativo, que democraticen los medios de comunicación y que pongan en marcha reformas tributarias socialmente justas.

Hay que tener el coraje de correr los riesgos de hacer la travesía entre la herencia neoliberal y los gobiernos antineoliberales. Para ello es necesario saber construir la hegemonía posneoliberal, produciendo nuevos equilibrios, inestables bajo ciertos aspectos, pero con la predominancia de la ruptura de los preceptos fundamentales del neoliberalismo.

Esos son los desafíos de las izquierdas del siglo XXI. Ganar para transformar democraticamente a nuestras sociedades.
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Tomado de Público.esUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Un mundo sin estrategias de inversión y de cooperación

Sáb, 23/05/2015 - 08:01
Michael Spence, Project Syndicate

Cuando la Segunda Guerra Mundial terminó hace 70 años, gran parte del mundo –incluida la Europa industrializada, Japón y otros países que habían estado ocupados- quedó geopolíticamente escindido y aquejado por una deuda soberana importante. Muchas de las economías principales incluso quedaron en ruinas. Uno podría haber esperado un período prolongado de cooperación internacional limitada, crecimiento lento, alto desempleo y privación extrema, debido a la capacidad limitada de los países para financiar sus inmensas necesidades de inversión. Pero eso no es lo que sucedió.

Por el contrario, los líderes mundiales adoptaron una perspectiva de largo plazo. Reconocieron que las perspectivas de reducción de deuda de sus países dependían del crecimiento económico nominal, y que sus perspectivas de crecimiento económico –para no mencionar una paz continuada- dependían de una recuperación a nivel mundial. De modo que utilizaron –y hasta tensaron- sus balances para inversión, abriéndose al mismo tiempo al comercio internacional, ayudando así a restablecer la demanda. Estados Unidos –que enfrentaba una considerable deuda pública, pero que había perdido poco en términos de activos físicos- naturalmente asumió un papel de liderazgo en este proceso.

Dos características de la recuperación económica de posguerra son sorprendentes. En primer lugar, los países no veían sus deudas soberanas como una limitación coercitiva, y en cambio persiguieron la inversión y el potencial crecimiento. En segundo lugar, cooperaron entre sí en múltiples frentes, y los países con los balances más sólidos impulsaron la inversión en otras partes, engrosando la inversión privada. El estallido de la Guerra Fría puede haber fomentado esta estrategia. En cualquier caso, los países no actuaron por cuenta propia.

La economía global de hoy tiene similitudes asombrosas con el período inmediato de posguerra: el alto desempleo, los niveles de deuda elevados y en aumento y una escasez global de demanda agregada están limitando el crecimiento y generando presiones deflacionarias. Y ahora, como entonces, el nivel y calidad de la inversión han sido inadecuados de manera consistente. El gasto público en capital tangible e intangible –un factor crítico en el crecimiento a largo plazo- ha estado muy por debajo de los niveles óptimos desde hace algún tiempo.

Por supuesto, también existen nuevos desafíos. La dinámica de la distribución de ingresos ha cambiado de manera adversa en las últimas décadas, impidiendo un consenso en materia de políticas económicas. Y las poblaciones que envejecen –resultado de una creciente longevidad y de una caída de la fertilidad- están poniendo presión sobre las finanzas públicas.

De todas maneras, los ingredientes de una estrategia efectiva para impulsar el crecimiento económico y el empleo son similares: se deberían utilizar los balances disponibles (soberanos y privados) para generar demanda adicional y fomentar la inversión pública, inclusive si esto resulta en un mayor apalancamiento. Una investigación reciente del FMI sugiere que, dado el exceso de capacidad, los gobiernos probablemente se beneficiarían de los multiplicadores sustanciales de corto plazo. Más importante aún, el foco en la inversión mejoraría las perspectivas de un crecimiento sostenible a largo plazo, que les permitiría a los gobiernos y a los hogares emprender un desapalancamiento responsable.

Del mismo modo, la cooperación internacional es tan crítica para el éxito hoy como hace 70 años. Como los balances (públicos, cuasi públicos y privados) con capacidad para invertir no están distribuidos de manera uniforme en el mundo, hace falta un esfuerzo global determinado –que incluya un papel importante para las instituciones financieras multilaterales- para destrabar los canales de intermediación congestionados.

Existen muchos incentivos para que los países colaboren, en lugar de utilizar el comercio, las finanzas, la política monetaria, las compras del sector público, las políticas tributarias u otros factores para debilitarse mutuamente. Después de todo, dada la conectividad que caracteriza a los sistemas financieros y económicos globalizados de hoy, una plena recuperación en alguna parte es prácticamente imposible sin una recuperación abarcativa prácticamente en todas partes.

Sin embargo, en su mayoría, la cooperación limitada ha sido la elección del mundo en los últimos años. Los países creen no solamente que deben arreglárselas por sí solos, sino también que sus niveles de deuda imponen una limitación dura a la inversión que genera crecimiento. La desinversión y la depreciación resultantes de la base de activos de la economía global están moderando el crecimiento de la productividad y así minando las recuperaciones sustanciales.

A falta de un programa de reinversión internacional vigoroso, se utiliza la política monetaria para respaldar el crecimiento. Pero la política monetaria normalmente se centra en la recuperación doméstica. Y, aunque medidas no convencionales redujeron la inestabilidad financiera, su efectividad a la hora de contrarrestar las presiones deflacionarias generalizadas o restablecer el crecimiento sigue siendo dudosa.

Mientras tanto, los ahorristas se ven limitados, los precios de los activos están distorsionados y los incentivos para mantener o inclusive aumentar el apalancamiento mejoraron. Las devaluaciones competitivas, inclusive si no son objetivos manifiestos de los responsables de las políticas, se están volviendo cada vez más tentadoras –aunque no solucionarán el problema de la demanda agregada.

Esto no quiere decir que una repentina “normalización” de la política monetaria sea una buena idea. Pero, si se iniciaran programas de inversión y reforma en gran escala como complementos de medidas de políticas monetarias no convencionales, la economía podría encaminarse en un sendero de crecimiento más resiliente.

A pesar de sus beneficios obvios, este tipo de estrategia internacional coordinada sigue siendo esquiva. Aunque se están negociando acuerdos de comercio e inversión, son cada vez más regionales en cuanto a su alcance. Mientras tanto, el sistema de comercio multilateral se está fragmentando, junto con el consenso que lo creó.

Dado el nivel de interconexión e interdependencia que caracteriza a la economía global de hoy, la reticencia a cooperar es difícil de entender. Un problema parece ser la condicionalidad según la cual los países no están dispuestos a comprometerse a implementar reformas fiscales y estructurales complementarias. Esto es particularmente evidente en Europa, donde se sostiene, con cierta justificación, que sin este tipo de reformas el crecimiento seguirá siendo anémico, lo que sustenta o incluso exacerba las limitaciones fiscales.

Pero si la condicionalidad es tan importante, ¿por qué no impidió la cooperación hace 70 años? Quizá la idea de que las economías seriamente afectadas, con perspectivas limitadas para recuperaciones independientes, desaprovecharían la oportunidad que presentaba la cooperación internacional fuera improbable. Tal vez siga siéndolo. Si es así, crear una oportunidad similar hoy podría cambiar los incentivos, disparar las reformas complementarias necesarias y poner a la economía global en un camino hacia una recuperación de largo plazo más sólida.
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Michael Spence recibió el Premio Nobel de Economía el año 2001 junto a George Akerloff y Joseph Stiglitz por su investigación sobre los mercados imperfectos y la información asimétrica, iniciada en 1970Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La guerra de precios por el petróleo no ha hecho más que comenzar

Ven, 22/05/2015 - 14:34
Varios países productores de petróleo han emprendido una carrera para erigirse en el mayor productor de barriles de crudo y en el ostentador de la principal cuota de mercado. Un hecho que apunta a que la batalla por el precio del oro negro se encuentra solo en su inicio.

Una carrera que no ha hecho más que comenzar. Por un lado, la OPEP, liderada por Arabia Saudita, ha impulsado su producción con el objetivo de hundir los precios del oro negro tratando de expulsar del mercado al 'fracking' impulsado por EE.UU., el cual tiene un coste más elevado. Según un alto cargo del país árabe, la estrategia ha dado sus frutos ya que EE.UU. no ha tenido más remedio que cerrar el 60% de sus plataformas, informa Business Insider.

No obstante, los 'perforadores' estadounidenses advierten de que están preparados para reactivarlas en cuanto el margen lo permita y aseguran que cada vez son más eficientes en cuanto a costes. En este sentido, Harold Hamme, presidente ejecutivo de Continental Resources, afirma que un precio de 70 dólares en el West Texas sería suficiente para impulsar un incremento de la producción con la nueva técnica de facturación.

Otro gran protagonista del 'fracking', Statoil, también está probando nuevas técnicas de fracturación hidráulica en el campo de esquisto de Eagle Ford de Texas: asegura que su técnica ha reducido el costo de la extracción en un promedio entre 4,5 millones y 3,5 millones de dólares como promedio, en parte porque ha sido capaz de disminuir el tiempo de perforación de 21 días a 17 de media.

Asimismo, la Agencia Internacional de la Energía, que vigila las tendencias del mercado energético de los países más ricos, advierte que sería "prematuro" sugerir que la OPEP ha ganado la batalla por la participación de mercado. "La batalla más bien acaba de empezar", concluye la agencia apuntando que otros países, entre ellos, Rusia y Brasil, desafiaron la presión sobre los precios e intensificaron la producción en abril.
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Tomado de RTUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Cinco de los bancos más grandes del mundo pagarán multas a EEUU por manipular el mercado de divisas

Xov, 21/05/2015 - 23:05

Cinco de los mayores bancos del mundo tendrán que pagar multas por 5 mil 700 millones de dólares al alguacil mundial no elegido que es Estados Unidos, que gana cuando sus empresas engañan y también gana con los fraudes del resto del mundo. Cuatro de estos bancos se declararon culpables de cargos criminales en Estados Unidos por la manipulación del mercado de divisas. Los estadounidenses JPMorgan Chase y Citigroup, y los británicos Barclays y The Royal Bank of Scotland se asociaron para manipular las tasas de dólares y euros intercambiados en el mercado global de divisas, según un acuerdo divulgado el miércoles entre los bancos y el Departamento de Justicia de Estados Unidos. El quinto banco, el suizo UBS AG, reconocerá su culpabilidad en la manipulación para fijar las tasas de interés de referencia, según el Departamento de Justicia de EEUU. La resolución es compleja e involucra múltiples entes reguladores en Estados Unidos y el extranjero.

A diferencia de los mercados de acciones, las divisas se intercambian las 24 horas del día y los siete días de la semana. El mercado hace pausa dos veces al día, lo que se conoce como el arreglo. Se supone que los operadores compartían las órdenes de los clientes con sus rivales antes de que llegara la pausa, lo que elevaba el precio de las divisas y les permitía obtener ganancias. Los operadores de divisas supuestamente compartían pedidos de clientes por medio de salas de chat y utilizaban esa información para lucrar antes que sus clientes.

JPMorgan Chase y Citigroup pagarán 550 millones de dólares y 925 millones de dólares en multas penales, respectivamente, como parte del reconocimiento de su culpabilidad. El británico Barclays pagará 650 millones de dólares y el Royal Bank of Scotland 395 millones. En tanto, en Zurich, UBS comunicó que resolvió extrajudicialmente la investigación sobre la supuesta manipulación de los mercados de divisas y aceptó pagar 545 millones de dólares en multas combinadas. Cada uno de ellos se declara culpable de un cargo de conspirar en la fijación de precios y en la manipulación de las ofertas de dólares estadunidenses y euros en los mercados de divisas.

En las multas de 5 mil 700 millones de dólares están incluidos mil 600 millones de dólares impuestos por separado por la Reserva Federal de Estados Unidos a los cinco bancos. Barclays también pagará de forma adicional mil 300 millones de dólares para alcanzar un acuerdo con el Departamento de Servicios Financieros del Estado de Nueva York, con la Comisión de Operaciones de Futuros de Materias Primas y con la autoridad británica de conducta financiera. Como parte del acuerdo con el regulador bancario de Nueva York, Barclays despedirá a ocho empleados involucrados en la manipulación de los tipos de cambios de divisas.

Se preveía que las partes llegarían a ese acuerdo. La Comisión de Negociación de Futuros de Productos Básicos de Estados Unidos ya había multado el año pasado a esos bancos con mil 400 millones de dólares por su participación en la manipulación de tasas. Los grandes bancos han recibido multas de millones de dólares por su papel en la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera que desató. No obstante, las penas impuestas son importantes. Si se incluye un acuerdo alcanzado por separado con la Reserva Federal anunciado el miércoles, los bancos pagarán casi 9 mil millones de dólares en multas y castigos por una manipulación del mercado de divisas que alcanzó 5.20 billones.

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Por qué el TPP expandirá la hegemonía de Estados Unidos

Xov, 21/05/2015 - 12:00
Sean Starrs, Jacobin Mag

Después de cinco años de intensas negociaciones el (TPP) Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica, podría cristalizar a fines de este año. Se ha escrito mucho (y con razón) sobre las consecuencias negativas del TPP para los trabajadores estadounidenses. ¿Pero cuáles son las implicaciones internacionales del TPP, y en un mundo inundado de tratados bilaterales y multilaterales de comercio e inversión (hay más de 3.200 tratados internacionales solo de inversión), en qué medida éste es diferente?

Y como el futuro del capitalismo global parece depender de las relaciones entre China y EE.UU., ¿por qué no permite EE.UU. que el mayor exportador del mundo, China, (que ha mostrado interés) no se sume a las negociaciones del TPP?

Con el fenomenal crecimiento de muchos antiguos países del Tercer Mundo (o “mercados emergentes”), incluyendo China, que condujo a la expansión y aumento de la integración del capitalismo global, el mundo ideal previsto por los planificadores estatales estadounidenses en los años 40 y 50 –un mundo abierto y amigo de los negocios estadounidenses en particular y del capitalismo occidental en general– está siendo finalmente establecido más allá de sus sueños más descabellados. Virtualmente cada estado (aunque desigualmente) considera ahora igual el desarrollo nacional con la creciente competitividad internacional y hace que su nación sea segura para el capital global (lo que frecuentemente significa el capital estadounidense).

Geopolíticamente la destrucción de Afganistán, Irak, Libia, la actual guerra en Siria y la aparente mejora de las relaciones de EE.UU. con Cuba e Irán han reducido la lista de rivales regionales estridentemente “antiestadounidenses” (en otras palabras geopolíticamente independientes de EE.UU.), incluso si recientemente se ha vuelto a poner a Rusia en la lista.

Pero hay un inconveniente en estas siete décadas de expansión y consolidación del capitalismo global bajo la hegemonía de EE.UU.: China está mitad adentro, mitad afuera.

Por un lado la transformación de China de una de las principales naciones anticapitalistas y contrarias al imperialismo occidental del siglo XX a una de las naciones más ansiosas de integrarse al capitalismo global, en el siglo XXI, ha sido sorprendente, para decir lo menos, y ciertamente un beneficio para el capital estadounidense.

Por otra parte China, un bastión paradójico del capitalismo de Estado antiliberal/liberal, sigue siendo relativamente independiente geopolíticamente de EE.UU. De todas las grandes economías China es al mismo tiempo una de las más abiertas y cerradas al capital extranjero en el mundo. Muchos sectores relacionados con los escalones más elevados -como la banca, la energía, las telecomunicaciones y los servicios públicos– están totalmente cerrados al capital extranjero. Muchos otros sectores, sin embargo, están relativamente abiertos y la inversión extranjera ha penetrado China con mayor profundidad que en la mayoría de las demás grandes economías (como Japón). Especialmente aquellas con niveles de desarrollo similares.

No obstante, a pesar del papel central de la inversión directa extranjera en el crecimiento de China durante las últimas tres décadas, el Estado sigue manteniendo muchas más restricciones de la inversión extranjera que la mayoría de los países. En el Catálogo de Industrias para la Guía de Inversión Extranjera de 2015, China estipula 36 industrias en las cuales la inversión extranjera está totalmente prohibida y 38 en las que está restringida (las empresas extranjeras frecuentemente son obligadas a formar sociedades conjuntas con firmas chinas). Aunque había muchos más sectores restringidos cuando se publicó el primer Catálogo en 1995, el capital estadounidense quiere evidentemente que la liberalización de las industrias chinas vaya más lejos, más rápido.

El capital estadounidense también enfrenta problemas con la laxa protección de la propiedad intelectual (PI) extranjera en China. El Estado chino alienta a veces la copia de PI occidental mediante requerimientos de transferencia de tecnología y abundan los copiones e imitadores. Trenes de alta velocidad y bienes de consumo como los farmacéuticos, vestimenta y productos electrónicos son todos blancos legítimos. Los consumidores chinos incluso usaban “relojes Apple” producidos ilegalmente meses antes de que Apple ofreciera su propia versión.

China ya no es solo el “taller del mundo” y una plataforma extraexplotable de exportación para capital extranjero, ya es uno de los mercados de consumo más importantes para una variedad de sectores, incluyendo automóviles, smartphones, artículos de lujo y comida rápida. La creciente importancia del mercado de consumo chino hace que la protección de la PI y el arbitraje entre inversionistas sea una prioridad para grandes compañías globales. Pero los inversionistas han descubierto hace tiempo que el estado intransigente y nacionalista chino, con su antojadizo sistema legal, es un protector poco fiable de sus intereses en China.

Por lo tanto, aunque ciertamente China ha abandonado su visión del mundo anticapitalista, e incluso es acusada de neocolonialismo al estilo europeo por algunas dirigentes africanos por sus prácticas de inversión (una acusación particularmente irónica ya que China apoyó muchas luchas anticoloniales en África en los años 50 y 60, la clase gobernante de China –tal como se manifiesta en el Partido Comunista Chino (PCC)– no prioriza los intereses del capital extranjero ni la hegemonía estadounidense.

En su lugar, el PCC prioriza el mantenimiento de su propio poder. Algunas veces esto involucra la apertura al capital extranjero en ciertos sectores para impulsar la acumulación y la modernización tecnológica, pero en general la economía china es de propiedad estatal y dirigida por el Estado, y las empresas de propiedad estatal (EPE) todavía ocupan un lugar de honor en la mayoría de los altos escalones. El capital extranjero se queja amargamente por el trato preferencial dado a las EPE, especialmente a través del financiamiento y el sistema legal.

El éxito económico de China durante las últimas tres décadas también ha convertido su versión del capitalismo de Estado en un fanal para otros países. Brasil la aprecia cada vez más, Rusia –bajo Putin– la ha reforzado y se puede decir que India, para no mencionar a Francia, nunca la ha abandonado. Por supuesto EE.UU. también nacionalizó partes del “sector privado”: AIG, Chrysler, Citigroup, Fannie Mae y Freddie Mac o General Motors (para nombrar algunos de los ejemplos destacados) después del crash de Wall Street en 2008, pero estas medidas fueron vistas en gran parte como temporarias y una desviación de la norma liberal de separación de lo público y lo privado, una norma que no existe en China.

China ciertamente no ofrece una alternativa al capitalismo global, ni siquiera a la hegemonía de EE.UU. en su interior. China no tiene la capacidad (ni la voluntad) de crear un orden alternativo a la hegemonía de EE.UU., simplemente quiere aumentar su parte de la torta y ser tratada como un socio igual en lugar de un subordinado del Tercer Mundo (o un vasallo del Primer Mundo, como Japón).

El Banco Asiático de Inversión en la Infraestructura, el Banco de los BRICS, el Fondo de la Ruta de la Seda y otras iniciativas chinas no se proponen desafiar las instituciones dominadas por EE.UU. como el FMI y el Banco Mundial, que las siguen apoyando, financiando y en las cuales participan plenamente.

Se proponen, más bien, asegurar más influencia para China y aumentar su campo de maniobra en la economía política global, en particular en el este de Asia. Similares renegociaciones de la gobernanza global ocurrieron en los años 70 cuando el renacimiento de Europa Occidental y de Japón aumentó la presión para la creación del G7 y la Comisión Bilateral, por ejemplo. Pero todos estos permanecieron bajo el manto de la hegemonía estadounidense.

El deseo de China de conseguir más influencia global es conformado por las particularidades de su sistema económico, capitalismo de Estado bajo el control de un partido autoritario. Aunque las elites chinas han sido los principales beneficiarios de la integración de China en el capitalismo global, a diferencia de Japón o Corea del Sur, no es probable que acojan pronto la democracia liberal y tienen que evitar que aparezcan demasiado subordinadas a EE.UU.

Esto es porque la legitimidad del PCC depende no solo del continuo crecimiento económico sino también de la rectificación del “Siglo de Humillación” de China de 1939 hasta 1949, cuando China fue continuamente invadida por las potencias occidentales y Japón. Con la reducción progresiva de la lucha anticapitalista como ideología legitimadora (aunque todos los estudiantes universitarios todavía deben pasar exámenes de “marxismo”) el PCC ahora quiere posicionarse como la fuerza legítima para devolver China a su sitio histórico bajo el sol como “Reino del Medio”.


En esto reside la incertidumbre para el orden económico liberal en el este de Asia, apuntalado por la hegemonía estadounidense. Las élites chinas se han beneficiado masivamente de su integración con este orden, pero la continuación de su legitimidad dentro de China depende de un proyecto nacionalista etnocéntrico que corre el peligro de convertirse en “demasiado antiliberal” desde el punto de vista de Occidente. La rápida modernización militar china y las crecientes disputas territoriales en los mares del este y del sur de China son aspectos de esta situación.

Entonces aparece el TPP El secretario de defensa de EE.UU. Ashton Carter lo comprendió bien cuando declaró que la firma del TPP es más importante que enviar otro portaaviones al este de Asia. Un factor esencial tras la longevidad del poder estadounidense en la era posterior a la Segunda Guerra Mundial es su capacidad de permear otras economías de una manera que alinea estructuralmente los intereses de sus clases dominantes con los intereses de la hegemonía estadounidense. Las élites japonesas apoyan firmemente la hegemonía de EE.UU. no porque se sientan forzadas a hacerlo, sino porque lo hacen en función de sus propios intereses.

Las élites chinas ya dependen del capitalismo global, pero para asegurar que siga siendo así en el futuro previsible, EE.UU. necesita su mayor liberalización e integración con el capital global –y por tanto la dependencia de este- (esencialmente corporaciones estadounidenses), finanzas globales (centradas en Wall Street y la Reserva Federal de EE.UU.) y de exportaciones a consumidores occidentales (especialmente estadounidenses).

Por cierto, no todo tiene que ver con China. EE.UU. ha estado presionando a Japón para que liberalice su economía desde los años 70 y el TPP continúa esta búsqueda presionando a agricultores y fabricantes de automóviles japoneses. Malasia, México y Vietnam son importantes plataformas de exportación que compiten con China por capital extranjero. Australia, Canadá y Nueva Zelanda son importantes aliados de EE.UU. En términos generales, mientras más países liberalizan, más abiertos se hacen a la influencia estadounidense. Pero todos, incluyendo a los chinos, saben que el TPP tiene que ver sobre todo con China, convirtiéndolo en uno de los acuerdos comerciales más geopolíticamente orientados de todos los tiempos.

El TPP tiene que ver con el establecimiento de las normas y reglas del futuro, encerrando a las regiones más dinámicas del globo –Asia oriental, y especialmente China– en el capitalismo global centrado en Estados Unidos. Si EE.UU. puede forjar estándares comunes en la protección de la PI y el arbitraje de inversionistas con Japón y Europa Occidental mediante el TTIP [Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones], Occidente puede seguir fijando las reglas de intercambio para el resto del mundo.

Por lo tanto, si China quiere continuar su integración con el capitalismo global (lo que tiene que hacer, porque una aguda disminución en el crecimiento económico debilitaría la autoridad del PCC), entonces China se verá presionada a seguir liberalizando y armonizando sus reglas y regulaciones según los “estándares internacionales” establecidos por Occidente. El ajuste a la creciente liberalización también reducirá la prominencia de cualquier modelo alternativo coherente de “capitalismo de Estado” para que sea adoptado por otros.

Esto es lo que algunos llaman “poder estructural”, la capacidad de fijar las reglas y normas del sistema de modo que otros tengan pocas alternativas aparte de ajustarse. El poder estructural es frecuentemente más efectivo que el “poder relacional” o simplemente tratar de obligar a otros a hacer algo. Y explica por qué China, a pesar de expresar un interés en participar, está siendo excluida de las negociaciones del TPP, para que no pueda alterar las reglas.

Los artífices del TPP están estructurando el acuerdo para que sirva a sus propios intereses: protección de los derechos de propiedad intelectual y arbitraje de inversionistas facilitan la continuación de la dominación de las mayores corporaciones del mundo, que siguen siendo europeas, japonesas y sobre todo estadounidenses.

La protección de la propiedad intelectual asegura que los sectores de conocimiento avanzado, como la industria farmacéutica, mantengan sus saludables márgenes de beneficios (y que a los pobres se les nieguen medicamentos que salvan la vida). La agroindustria estadounidense se beneficiará de la apertura del sector agrícola de Japón, y Nike se beneficiará de la mayor liberalización de Vietnam (donde fabrica la mayor parte de sus zapatos).

Para comprender qué intereses se están sirviendo simplemente hay que notar que los representantes comerciales de EE.UU. van acompañados de más de seiscientos “asesores corporativos” a las negociaciones, que están envueltas en el secreto. ¿Asesores laborales? Ninguno.

El TPP también facilitará que las corporaciones transnacionales demanden a los Gobiernos regulaciones laborales, ecológicas, sanitarias, de seguridad y otras, a fin de obtener compensación con dineros públicos por “pérdida de ganancias futuras” debidas a la “expropiación”. Los mecanismos de resolución de disputas entre inversionistas y estados -que ya existen en numerosos tratados internacionales de inversión– serán consolidados y fortalecidos en el TPP para asegurar un solo estándar, más predecible, para la cantidad récord de nuevos casos.

Un caso semejante en 2011 involucró a Philip Morris, que invocó el tratado de inversión de 1993 entre Hong Kong y Australia por la “expropiación” de su propiedad intelectual. Australia aprobó algunas de las leyes de envase de cigarrillos más estrictas del mundo, cubriendo los paquetes con espantosas fotografías de tumores y eliminó el logo de marca de Philip Morris del frente. El TPP facilitará que las corporaciones cuestionen las políticas de salud pública y otras políticas en tribunales supranacionales, evadiendo las instituciones legales interiores.

El TPP está bajo presión en EE.UU., especialmente por parte de grandes sindicatos que argumentan que décadas de acuerdos comerciales y de inversión han aumentado el poder del capital sobre los trabajadores, llevando a la subcontratación en el extranjero de puestos de trabajo en la manufactura, aumentando vertiginosamente los niveles de desigualdad.

(Muchos en la UE se oponen al, todavía mayor, TTIP por razones semejantes, pero con más énfasis en arbitraje entre estados e inversionistas).

Si se aprobase, el TPP sería el más expansivo tratado comercial y de inversión en la historia, abarcando un 40% del PIB mundial, un tercio de sus exportaciones y casi la mitad de la inversión extranjera directa del mundo.

Probablemente daría un nuevo impulso a las negociaciones del TTIP, que se han atascado debido a las protestas masivas, incluyendo una petición con más de un millón de firmas. Presionaría a China a liberalizar aún más y a alinearse con los intereses del capital estadounidense, mientras el TPP se convierte en el modelo para futuros acuerdos megarregionales y de comercio e inversión. Sobre todo reforzaría aún más el poder del capital sobre los trabajadores en EE.UU. y en el exterior, asegurando que las regulaciones corporativas, laborales, y ecológicas se mantengan permisivas.

Por estos motivos es obvio que debemos oponernos al TPP, para no hablar de cualquier acuerdo internacional que realce el poder del capital. En lugar de acuerdos de “libre comercio” que protegen a inversionistas y corporaciones, la izquierda debería luchar por acuerdos internacionales que fortalezcan los estándares laborales y ecológicos (fijando medidas que se puedan hacer cumplir más allá de la simple retórica), proteger y nutrir el poder independiente de los sindicatos e imponer mayores regulaciones y controles del capital, incluyendo su movilidad.

Pero esto tiene que ocurrir en el contexto del cambio del equilibrio de las fuerzas sociales contra el capital en cada nación. Con los antiguos Segundo y Tercer Mundo (especialmente China) integrados ahora más profundamente que nunca en el capitalismo global, esta lucha es particularmente urgente en el centro del capitalismo global, EE.UU.
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Tomado de Rebelión, traducción de German Leyens

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Rinocerontes y elefantes en la fábula del mercado

Mér, 20/05/2015 - 12:00
Alejandro Nadal, La Jornada

La extracción de colmillos de elefante y cuernos de rinoceronte se lleva a cabo a un ritmo acelerado: alrededor de 25 mil elefantes son asesinados cada año en África y el número de rinocerontes que son cazados ilegalmente cada año supera los mil 300. El costo de proteger estos animales y de asegurar su supervivencia ha estado creciendo. Esto es especialmente cierto en el caso de las grandes sabanas de África oriental o de los densos bosques tropicales de países como Gabón o la República Democrática de Congo (RDC). Sacar esta mercancía de África es relativamente fácil y su traslado hasta los mercados finales en China o Vietnam (en el caso del cuerno de rinoceronte) tampoco representa grandes dificultades.

El marfil es demandado por su valor ornamental, aunque hay que recordarles a los admiradores de este material que proviene de animales inteligentes y sensibles que han sido cruelmente asesinados. El cuerno de rinoceronte es demandado por supuestas cualidades medicinales y para contrarrestar el efecto de una borrachera. La verdad es que el cuerno de rinoceronte está hecho de keratina pura. Si usted quiere curarse la presión o una fiebre, ya podría comenzar a comerse las uñas.

La idea de construir mercados en los que se puedan vender productos y partes de animales que se encuentran en peligro de extinción es promocionada como instrumento de una buena política de conservación. Lástima que los animadores de este tipo de proyectos ignoren todo sobre cómo funciona un mercado. Sus propuestas pueden agravar el proceso de extinción de especies amenazadas, especialmente de los grandes herbívoros como rinocerontes y elefantes.

El razonamiento de los promotores del libre mercado de animales es el siguiente. La prohibición de comercializar productos como marfil o cuernos de rinoceronte genera incentivos perversos para cazar estos animales y vender sus partes en el mercado negro. El argumento es que la prohibición de comercializar los productos de estos animales genera una escasez artificial y eso incrementa su precio. Al crearse un mercado ilegal se genera un incentivo para mantener la cacería ilegal. En vista de que la probabilidad de que un cazador (traficante) sea aprehendido es muy baja, el mercado ilegal se nutre de ejemplares de esos animales que se buscaba proteger con la prohibición de comercializarlos.

Algunos grupos interesados en ciertos países de África insisten en recomendar que es necesario legalizar el mercado de los productos de estos animales. Estos personajes aseguran que una oferta estable de marfil o de cuerno de rinoceronte hará que los precios bajen hasta que deje de ser rentable y se elimine el incentivo para la cacería furtiva de elefantes y rinocerontes.

Esta lógica se basa en supuestos erróneos y en esos modelos de los economistas que sólo habitan en las páginas de los peores libros de texto de economía o en los cuentos de hadas. Es importante examinar todos estos argumentos por partes.

La presunción de que la oferta estable hará que los precios se reduzcan es una conjetura sin fundamentos. Si usted tiene un comercio de cualquier mercancía y por casualidad se reducen sus costos de producción ¿transmitirá a sus consumidores las ventajas de ese acontecimiento o preferirá quedarse con las ganancias extras? La respuesta depende de muchos factores, entre ellos de la estructura del mercado. Si usted quiere desplazar a un competidor haciéndole la guerra, quizás proceda a reducir los precios. Pero también es posible que usted prefiera guardarse esta rentabilidad adicional. Todo dependería de la estructura del mercado. Nada garantiza entonces que la oferta estable y legal conduzca a reducciones de precios y a la eliminación de los comerciantes ilegales.

Es innegable que existe un mercado ilegal de marfil y de cuerno de rinoceronte. El mercado final de marfil más importante está en China, pero también hay mercados legales en otros países del mundo. Tailandia es un país de consumo y de tránsito de marfil, pero el destino final no solamente está en China. En cuanto al cuerno de rinoceronte, el mercado más importante en la actualidad es Vietnam. Desgraciadamente, la estructura de los mercados de marfil y de cuerno de rinoceronte nunca ha sido bien estudiada. No se sabe si se trata de mercados altamente concentrados y no se conocen los canales a través de los cuales compiten las empresas en dichos espacios económicos. Tampoco se conoce la estructura de costos de los comerciantes, su forma de financiamiento y su integración vertical (muchos piensan se trata de cárteles criminales bien organizados, pero aún eso es una hipótesis). En otras palabras, se ignora todo sobre la estructura y dinámica de los mercados de marfil y de cuerno de rinoceronte.

Nadando en estos mares de ignorancia, es sumamente arriesgado proponer la liberalización de los mercados de marfil y de cuerno de rinoceronte. Poner en marcha una política de conservación basada en la legalización de estos mercados constituye una aventura peligrosa que puede sellar fatalmente el futuro de estas especies.

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Si el capitalismo se acerca a su fin, ¿qué sistema lo reemplazará?

Mér, 20/05/2015 - 08:00

En 1867, en su libro 'El Capital', Karl Marx hizo su famosa predicción de la 'muerte' inminente del capitalismo. Pasados casi 150 años, el sistema está vivo y el debate sobre su futuro continúa con mayor o menor intensidad. La crisis que durante los últimos años sufren varios países desarrollados hace que cada vez más expertos hablen de grandes cambios que pronto tendrán lugar en el actual sistema social y económico a nivel mundial.

Tras la desintegración de la Unión Soviética, gran parte de la población creyó que el capitalismo había triunfado por completo. Sin embargo, en los últimos años el sistema económico afronta numerosas conmociones económicas y sociales. En Occidente se reduce la clase media, aumenta de forma alarmante el paro, y el 'estado de bienestar', considerado como el mayor logro del capitalismo de postguerra, se convierte en algo del pasado. Por otra parte, en Oriente la explotación de trabajadores adquirió los niveles del cruel siglo XIX.

En el nuevo libro '¿Tiene futuro el capitalismo?', (Does Capitalism have a Future?) obra conjunta de varios economistas y sociólogos reconocidos a nivel internacional, los expertos coinciden en que el mundo está a punto de entrar en una crisis estructural del sistema capitalista, como revela la revista Expert. De este modo, el sociólogo estadounidense Immanuel Wallerstein escribe que el crecimiento del capitalismo alcanzó su tope en los años 70, mientras que todas las décadas siguientes el sistema sólo superó las numerosas crisis, sin resolver ningún problema.

"El sistema mundial moderno no puede seguir de la misma manera, ya que el capitalismo no puede acumular las ganancias sin parar", concluye el experto. Por su parte, el doctor Randall Collins destaca que el fin del capitalismo será en 2040, año en que según él, más de un 50% de la población activa perderá su trabajo por los procesos de sustitución tecnológica.

La mayor interrogación para Collins es qué sistema ocupará su lugar: ¿una dictadura fascista o un sistema democrático no capitalista? Pero lo más probable según el experto es que "en los próximos siglos tendrá lugar un constante cambio entre dos sistemas: del capitalismo al socialismo, y a lo mejor, otra vez al capitalismo".

Por otra parte, algunos expertos consideran que no ocurrirá un cambio radical sino que el capitalismo tendrá que realizar una serie de reformas para poder responder a los nuevos desafíos. "Se establecerá a nivel mundial un capitalismo reformado con mayor igualdad y derechos sociales para todos. No será el fin del capitalismo, sino la aparición de un capitalismo mejor", asegura el profesor de la Universidad de California, EE.UU., Michael Mann.

A su vez, para el sociólogo Craig Calhoun, el capitalismo se salvará sólo en caso de superar tres amenazas pendientes: el desequilibrio del sector financiero en relación a otros ámbitos de la economía que provocan enormes deudas y especulaciones irresponsables; los problemas sociales y ecológicos creados por las políticas neoliberales, y por último, las posibles guerras y cambios climáticos.

Sin embargo, la conclusión conjunta de los expertos del libro consiste en que "la gran crisis, sea cual sea el escenario, no significa el fin del mundo", ya que "el fin del capitalismo inspira la esperanza" de su transformación en formas nuevas "más humanas" o su transición en el renovado socialismo democrático.
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Tomado de RT. Ver John Gray: Karl Marx tenía razón

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Nueva huelga de Ferrocarriles en Alemania por bajos salarios

Mér, 20/05/2015 - 02:01
Manuel Kellner, Viento Sur

Como Manuel Kellner informaba en un artículo anterior, la huelga ferroviaria impulsada por la GDL -sindicatos de maquinistas - a principios de mayo tenía un doble significado: responder al deterioro permanente de las condiciones laborales y hacer una experiencia práctica del valor de la movilización impulsada por los sindicatos minoritarios en un contexto en el que se quiere impedir por Ley su derecho a convocar huelgas. La finalización de la primera huelga el 10 de mayo hizo que los media alemanes e internacionales lanzaran a los cuatro vientos la imagen del "fracaso" de la iniciativa. Sin embargo, la partida no ha hecho más que empezar

El 10 de mayo, cuando finalizó la huelga ferroviaria convocada por el sindicato de maquinistas GDL, la prensa internacional echó las campanas al vuelo. Los grandes media alemanes hicieron creer que el GDL, con "solo" 6000 maquinistas y otro sectores del personal ferroviario movilizados el último día de la última huelga -de seis días, la más larga en la historia de la Deutsche Bahn AG [equivalente a la Renfe en Alemania]- estaba acabado. Sin embargo, como las negociaciones con la Deutsche Bahn AG no han dado resultados, la movilización vuelve a la carga.

El 19 de mayo, martes, a partir de las 15h, comienza una nueva huelga en el sector del transporte de mercancías. El miércoles, a partir de las 14 h, a esta huelga se le suma la de los trenes de viajeros. La GDL no habla de huelga indefinida, pero anuncia que la finalización de la misma no se comunicará más que con 48 horas de antelación. El presidente de la GDL, Claus Weselsky, ha declarado que de todas formas, la huelga tendrá una duración superior a la última. Por lo tanto afectará a los días festivos de Pentecostés.

Las negociaciones se interrumpieron el sábado pasado, dado que la dirección de la Deutsche Bahn AG no estaba dispuesta a realizar concesiones, sobre todo en lo que respecta a las condiciones de trabajo y a la reducción de la jornada laboral. Así pues, en esas condiciones la GDL no podía aceptar someterse a un procedimiento de arbitraje ("Schlichtung"). La GDL acusa a la dirección de la Deutsche Bahn AG de estar pendiente de la decisión legislativa que se adoptará el viernes próximo en torno a la Tarifeinheitsgesetz [Ley que sólo reconoce a un sindicato mayoritario en cada centro de trabajo] cuyo objetivo es anular la capacidad de acción de los sindicatos minoritarios en las empresas. Si se aprueba la ley, los sindicatos minoritarios combativos como la GDL perderán la capacidad para firmar acuerdos colectivos y, con ello, la base material para su existencia y su capacidad de acción.

La Bundesvereinigung der Deutschen Arbeitgeberverbände (BDA, una de las dos asociaciones patronales más influyentes en Alemania) denuncia a la GDL por actuar de forma irresponsable con el objetivo de incrementar su poder en detrimento de su sindicato rival, la mayoritaria EVG (federada en la DGB, la Confederación General de sindicatos alemanes), así como de perjudicar a la economía alemana con su acción egoísta e irresponsable. Ni que decir que las organizaciones patronales están activamente a favor del Tarifeinheitsgesetz.

Pero aún si la Tarifeinheitsgesetz pasa el trámite parlamentario, estará sujeto a varios recursos al Tribunal Constitucional Federal (Bundesverfassungsgericht) que determinará si este proyecto de ley no contradice la Constitución alemana (Grundgesetz). Por su parte, el partido verde (Die Grünen) acaba de manifestar -de forma similar a las declaraciones de la izquierda política y sindical- que este proyecto de ley constituye, de hecho, un atentado al derecho de huelga tal y como está recogido en la Constitución. Así pues, nada es definitivo. Incluso, la acción de la GDL podría hacer que la EVG se movilizara, ya que hasta el presente tampoco ha logrado imponer su reivindicación de incrementar los salarios en un 6%.

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Paul Krugman: EEUU no tenía ninguna prueba contra Irak y lo que hizo fue un crimen

Mar, 19/05/2015 - 02:11
Paul Krugman en este artículo de New York Times y a raíz de los traspiés de Jeb Bush, el candidato republicano para las próximas elecciones -el tercero de la "dinastía Bush"- revela que George W. Bush no tenía ninguna prueba contra Irak, y simplemente quiso una guerra. Ahora que Irak está destruído y que la biblioteca y los museos de una de las civilizaciones más antiguas del mundo ha sido diezmada, comienza a saberse la verdad. Este es un extracto del artículo de Krugman en NYT

¡Sorpresa!.. Gracias a Jeb Bush , podemos finalmente tener la discusión sobre la invasión a Irak que deberíamos haber tenido hace una década... Aunque muchas personas influyentes preferirían que no tengamos esa discusión. Hay una sensación palpable de que la élite política y los medios de comunicación tratan de acallar el tema. Ahora sabemos que la invasión a Irak fue un terrible error, y es hora de que todo el mundo lo admita. Todo el mundo que estuvo involucrado en el debate sobre la guerra sabe que fue falso. La guerra de Irak no fue un error inocente. Estados Unidos invadió Irak porque la administración Bush quería una guerra. Las justificaciones públicas para la invasión a Irak no fueron más que pretextos, y pretextos falsificados. Nos mintieron sobre la guerra.

Así fueron los juegos de palabras sobre las armas de destrucción masiva y las armas químicas que a muchas personas hicieron pensar que Saddam tenía armas nucleares, con las insinuaciones constantes de que Irak estaba de alguna manera detrás de 9/11... Y en este punto tenemos un montón de pruebas que confirman todo lo que los opositores de la guerra estaban diciendo. Ahora sabemos, por ejemplo, que tras el 9/11 en sí, y antes de que el polvo se asentara, Donald Rumsfeld, el secretario de defensa, ya estaba planeando una guerra contra un régimen que no tenía nada que ver con el ataque terrorista. Esta fue, en definitiva, una guerra que la Casa Blanca quería, y todos los supuestos errores que, como Jeb Bush dice, "se hicieron" por alguien sin nombre en realidad fluía de este deseo subyacente. ¿Las agencias de inteligencia concluyeron que Irak tenía armas químicas y un programa nuclear? Eso es porque estaban bajo intensa presión para justificar la guerra. ¿Acaso las evaluaciones de preguerra subestimaron enormemente la dificultad y el costo de la ocupación? Eso es debido a que el partido de la guerra no quería oír nada que pudiera poner en duda la prisa para invadir. El jefe de personal del Ejército fue despedido por cuestionar efectivamente las afirmaciones de que la fase de ocupación sería barata y fácil.

¿Por qué querían una guerra? Esa es una pregunta difícil de responder. Algunos de los belicistas creían que el despliegue de conmoción y pavor en Irak reforzaría el poder estadounidense y su influencia en todo el mundo. Algunos vieron a Irak como una especie de proyecto piloto, la preparación de una serie de cambios de régimen. Y es difícil evitar la sospecha de que había un fuerte elemento de la utilización de un triunfo militar para fortalecer la marca republicana en casa.

Cualesquiera que sean los motivos precisos, el resultado fue un capítulo muy oscuro en la historia estadounidense. Una vez más: mentimos para la guerra. Ahora, se puede entender por qué muchas figuras políticas y de los medios de comunicación prefieren no hablar de nada de esto. Algunos de ellos, supongo, pueden haber sido engañados: pueden haber caído por las mentiras obvias, lo que no dice mucho acerca de su juicio. Sospecho que eran cómplices: se dieron cuenta de que el caso oficial para la guerra era un pretexto, pero tenía sus propias razones para querer una guerra, o, alternativamente, se dejaron intimidar para hacerla. Porque había un clima definido de miedo entre los políticos y expertos en 2002 y 2003, en el cual quien criticaba el empuje para la guerra se parecía mucho a un asesino profesional.

Además de estos motivos personales, nuestros medios de comunicación en general tienen dificultades para hacer frente a la falta de honradez política. Los reporteros se resisten a encarar a los políticos en sus mentiras, incluso cuando éstos implican asuntos mundanos como los números del presupuesto, por temor de parecer partidista. De hecho, cuanto más grande es la mentira, más claro es que las principales figuras políticas están involucradas en el fraude descarado. Y no hay nada más grande o criminal, que la mentira de Estados Unidos sobre la guerra.

Pero la verdad importa, y no sólo porque quienes se niegan a aprender de la historia están condenados a repetir los errores. La campaña de mentiras que nos llevaron a Irak es bastante reciente y sigue siendo importante para que los culpables rindan cuentas. No importan los traspiés verbales de Jeb Bush. Pienso, en cambio, acerca de su equipo de política exterior, dirigido por personas que estuvieron directamente involucrados en inventar un caso falso para la guerra.

Así que vamos a la historia correcta de Irak. Sí, desde un punto de vista nacional, la invasión fue un error. Pero (con perdón de Talleyrand) fue peor que un error, fue un crimen.

Tomado y extraído de New York Times
Ver más sobre la Guerra contra Irak
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Emir Sader: No hay para todos

Dom, 17/05/2015 - 04:45
Emir Sader, La Jornada

El lema de una campaña electoral de hace poco tiempo del PP, el partido de derecha español, en Cataluña, resume la esencia de la filosofía del neoliberalismo.

En primer lugar, somos demasiados. ¿Respecto a qué? Respecto a lo que hay. Es como decir: hay demasiadas cabezas para pocos sombreros. Pero el neoliberalismo no se dispone a producir más sombreros para superar esa inecuación, sino a cortar cabezas. Podría dividir mejor lo que hay, hacer rotación con los sombreros que hay por varias cabezas. Pero no. Hay que reducir la demanda de sombreros por las excesivas cabezas.

¿Y quién decide que hay que cortar cabezas y qué cabezas deben ser cortadas? ¿La población, reunida democráticamente en asambleas o en carnicerías gigantes? No. Es el mercado, ese gran carnicero.

Al parecer, las cabezas han vivido por encima de sus posibilidades de tener sombreros para todas, uno para cada una. Ahora hay que hacer los deberes, cortar, austeramente, las cabezas sobrantes.

¿Cómo decide el mercado cuáles son las cabezas sobrevivientes para los insuficientes sombreros? Por la acción mágica, sabihonda y equilibrada de su mano invisible.

Así, sobrevivirán las cabezas mejor calificadas por la inevitable ley de la oferta y la demanda. Malthusianamente. Para la gloria de los sacrosantos equilibrios macroeconómicos. ¿Y si, violando esas normas, se produjeran más sombreros para atender a la demanda de todas las cabezas?

¡No, no y no! Por Dios, ni pensar en los disturbios macroeconómicos que se producirán con la tenebrosa venganza del mercado, que enviaría rayos sobre las cabezas de todos como castigo por no haber obedecido las leyes de la oferta y la demanda. Todo, menos eso.

La inflación se dispararía a cifras de no se cuantos dígitos. Los capitales huirían a cualquier agencia del HSBC todavía abierta o buscarían refugio, atraídos por la ley de atracción universal que los lleva, si no hay ningún obstáculo que los desvíe, hacia el dulce y justo reposo de los paraísos fiscales. El Fondo Monetario Internacional encenderá todas sus luces rojas y nos considerará un caso execrable, infradotado de los criterios mínimos de confianza para recibir un céntimo siquiera de préstamos o de capitales.

¿Vale la pena todo eso simplemente para satisfacer algunas cabezas cuya insistencia en sobrevivir nos puede exponer a todas los fuegos del infierno? ¿A ser declarados países no confiables frente a los confiables organismos internacionales de la finanza y del poder?

Quedarán menos cabezas, pero mejores, porque saben que tienen que meter sus cabezas en los pocos sombreros que van quedando. Que de eso se trata para países, gobiernos, partidos serios: si no hay para todos, tiene que haber para algunos, que sean los que el mercado dice que son los que merecen tener sus cabezas cubiertas.

Esa es la filosofía del neoliberalismo y de la austeridad: No hay para todos.

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Desde el principio el euro fue un fraude y una máquina de mentiras

Sáb, 16/05/2015 - 07:00


La mirada más aguda sobre la crisis del euro está en este documental de Michael Wech realizado en 2012 que muestra cómo el euro fue desde el principio un gran fraude y una máquina de mentiras. Todos engañaron y todos mintieron para ocultar los desequilibrios monetarios de la zonaeuro. No sólo Grecia hizo fraude cuando recurrió a Goldman Sach para el maquillaje de sus cuentas, sino también Alemania y Francia cuando engañaron al público con cifras de falsos déficit para no trasgredir "los criterios de la estabilidad monetaria”.
El documental sigue la historia del euro desde 1996 con las primeras y tensas reuniones entre Helmut Kohl y Jacques Chirac. Desde un principio se supo que el euro debía ser para un grupo seleccionado de países y que por ningún motivo podrían formar parte de la moneda única países como Grecia, Portugal, Bélgica, España o Italia. Así se lo hicieron ver a Helmut Kohl Holanda y Austria. Pero Alemania quería tener a su lado a Francia, para borrar los horrores de la guerra, y Francia quería tener a su lado a Italia. Las trampas y apuestas por quien formaría parte de la moneda única son recreadas en esta conversación que sostienen en Verona, en la primavera de 1996, Theo Waigel, ministro de finanzas de Alemania y su homólogo griego Yannos Papantoniou:

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Alan Greenspan y el grave error de no quitar a tiempo el alcohol de la fiesta

Ven, 15/05/2015 - 08:30
Hemos repetido en varias ocasiones la frase de William McChesney "Hay que quitar el alcohol de la fiesta antes que ésta se anime demasiado". McChesney ha sido tal vez el mejor presidente que ha tenido la Reserva Federal de Estados Unidos. Supo imponer autoridad y dar fuerza al mito de que los bancos centrales son los que crean la oferta monetaria. Le bastaba conocer la base monetaria y mantener a raya a los banqueros, quitándoles el alcohol de la fiesta cada vez que se excedían y abusaban con los créditos. La frase alude a la perspicacia de la autoridad monetaria para actuar antes que el sistema se emborrache y colapse.
Lejos de la impecabilidad de McChesney, Alan Greenspan siempre funcionó al revés. Dio riendo suelta a la exuberancia irracional convencido de que su rol de prestamista de última instancia le permitiría apagar cualquier incendio que se desatara en el sistema financiero. Así hizo funcionar a la economía durante los años 90. Asi neutralizó la crisis mexicana de 1994 (salvando a los empresarios estadounidenses establecidos en México que se habían quedado sin liquidez). Así enfrentó la crisis asiática de 1997 y la quiebra de Long Term Capital Mangement de 1998. Darle a la imprenta era lo que único que sabía Greenspan, convencido de su rol de "prestamista de última instancia". Por eso lo llamaban "El Maestro"

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Pánico en la élite financiera ante colapso del sistema

Xov, 14/05/2015 - 22:13

No solo Warren Buffett ha declarado que los activos bursátiles están sobrevalorados. Bill Gross, el principal gestor de bonos del planeta también llegó a esa conclusión, advirtiendo que "el mercado alcista de los bonos, que ha durado 35 años, llegará pronto a su fin". En esa misma línea Robert Shiller, el ganador del Nobel, señaló que el mercado de los bonos se encuentra en niveles "irracionalmente altos". La burbuja de la deuda mundial se ha hinchado a mas de 76 billones de dolares (U$7600000000000), mientras que las tasas de interés no han sido nunca tan bajas por un período tan prolongado de tiempo. Esto genera una enorme tensión que está sacudiendo los mercados de bonos en Alemania y Estados Unidos cuyo impacto comienza a elevar el costo de la deuda. Toda la burbuja del mercado de bonos amenaza con desplomarse y arrastrar a la baja a todo el mercado.

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Las ignoradas y/o silenciadas causas de la gran recesión

Xov, 14/05/2015 - 12:30
Vicenç Navarro, Público.es

En los últimos años se han ido publicando toda una serie de informes que coinciden en mostrar que algo preocupante y alarmante ha estado ocurriendo en la distribución de las rentas en la mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte (ver Determinants of functional income distribution – Theory and empirical evidence, International Labour Organization, 2013; Global Wage Report 2012/13. Wages and equitable growth, International Labor Organization; Effects of Globalization on Labor’s Share in National Income, Anastasia Guscina, Inernational Monetary Fund, 2006). Estos y otros trabajos coinciden en que:
  1. Las rentas derivadas del trabajo han ido disminuyendo (como porcentaje de todas las rentas) desde finales de los años setenta y principios de los años ochenta. Aunque este descenso ha ocurrido en la mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte (Norteamérica y la Unión Europea), ha sido más marcado en los países europeos que en los países de Norteamérica (EEUU y Canadá). En Alemania y en Francia ha sido bastante acentuado (un descenso de 9 puntos), aunque en España ha sido incluso mayor (10 puntos).
  2. Este descenso de las rentas del trabajo ha ido acompañado de un aumento de las rentas del capital (como porcentaje de todas las rentas).
  3. Las rentas que han crecido en mayor medida dentro de las rentas derivadas del capital han sido aquellas rentas procedentes de la propiedad del capital financiero.
  4. De las rentas del capital no financiero, un porcentaje muy elevado de ellas, un 35%, ha sido en forma de pago de dividendos (a los accionistas) a costa de subfinanciar las compensaciones salariales.
  5. El énfasis en pagar dividendos ha determinado un cambio de actitud del mundo empresarial, enfocado en conseguir la máxima cantidad de beneficios lo más pronto posible (short-term benefits). Los gerentes de las grandes empresas han enfatizado el corto plazo, en lugar del largo plazo, en su comportamiento gerencial. Como consecuencia, los propietarios y gerentes del gran capital no financiero han expandido su dimensión financiera, comprando activos financieros, diluyéndose la línea de expansión entre capital financiero y capital productivo. La gran mayoría de las empresas de automóviles, por ejemplo, financiaron sus propias ventas, convirtiéndose en empresas también financieras, que se expanden a costa de invertir en productos financieros.
  6. El hecho de que las rentas del trabajo hayan descendido como porcentaje de todas las rentas quiere decir que las rentas del capital han crecido más rápidamente que las rentas del trabajo, como resultado de que el aumento de la riqueza y de la renta total se ha distribuido de una manera muy desigual, favoreciendo sistemáticamente, durante este periodo 1980-2014, a las rentas del capital sobre las del trabajo. Es decir, que el mundo del capital ha ido consiguiendo más y más renta a costa del mundo del trabajo.
El contexto político de los cambios económicos Los informes no analizan el contexto político de estos cambios. Pero cualquier observador de la vida política del mundo capitalista desarrollado puede ver que las causas más importantes de lo que estaba ocurriendo (véanse mis libros Neoliberalismo y Estado del bienestar. Ariel Económica, 1997; y Globalización económica, poder político y Estado del bienestar, Ariel Económica, 2000) eran las intervenciones públicas de los Estados que, a partir de los gobiernos del Presidente Reagan en EEUU y de la Sra. Thatcher en Reino Unido, se extendieron por la mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte, es decir, EEUU y la Europa occidental. Estas intervenciones, conocidas como neoliberales, fueron la respuesta del mundo del capital a las conquistas laborales y sociales que el mundo del trabajo había conseguido durante la época dorada del capitalismo (1945-1980). Consistían en lo que llaman “la flexibilización de los mercados laborales”, que es el término utilizado para definir la posibilidad de despedir a los trabajadores y debilitar a los sindicatos, con un aumento de la precariedad y una disminución de los salarios, destruyendo puestos de trabajo, lo que genera desempleo (una de las medidas más eficaces para disciplinar al mundo del trabajo). También, y como parte de su objetivo de debilitar a este último, estas políticas públicas recortaban derechos sociales, además de derechos laborales. El neoliberalismo no es, pues, ni más ni menos, que las prácticas en defensa del mundo del capital a costa del mundo del trabajo. Y el aumento de las rentas del capital a costa de las rentas del trabajo es un indicador de ello.

La crisis económica consecuencia del dominio del mundo del capital sobre el mundo del trabajo Esta reducción de las rentas del trabajo determinó un descenso de la demanda doméstica, puesto que la mayoría de esta está generada por el consumo popular, que depende de los salarios y del tamaño de la población asalariada. Cuando estos bajan, la demanda doméstica se resiente.

Ahora bien, dos hechos ocurrieron que permitieron que el descenso de las rentas del trabajo no causara un mayor descenso de la demanda doméstica del que tuvo lugar. El crecimiento económico fue menor en el periodo neoliberal (1980-2014) que en el periodo anterior (1945-1980) en la mayoría de países capitalistas desarrollados, pero habría sido incluso menor si no hubiera acontecido la reunificación alemana, por una parte, y el gran crecimiento del capital financiero, por otra. La primera implicó una enorme inversión pública en aquel país, lo que, debido a la centralidad de la economía alemana en Europa, estimuló toda la economía europea (ver mi artículo “Capital-Trabajo: el origen de la crisis actual”, Le Monde Diplomatique, julio de 2013). Lo segundo -el gran crecimiento del sector financiero- fue resultado directo de la necesidad de las familias (y de las pequeñas y medianas empresas) de endeudarse, como consecuencia del descenso de las rentas del trabajo. De ahí el punto 3 enunciado anteriormente, es decir, que las rentas procedentes del capital financiero hayan crecido muy rápidamente durante el periodo neoliberal. Es más, la relativamente baja rentabilidad de la economía productiva, es decir, de la economía que produce bienes y servicios (debido precisamente al descenso de la demanda), explica que las rentas del mundo del capital –como los beneficios empresariales- hayan ido más y más a inversiones especulativas del capital financiero, lo cual explica los puntos 4 y 5. Es decir, la actividad especulativa ha ido amentando mucho más rápidamente que la actividad productiva. Y ahí está el origen de la Gran Recesión que, al explotar las burbujas especulativas (sean las burbujas que sean), quebró el sistema financiero -altamente especulativo-, generando la crisis más aguda que hayamos conocido desde la Primera Gran Depresión a principios del siglo XX. El colapso del sistema financiero permitió ver el enorme problema económico que estaba siendo ocultado por el crecimiento económico generado por las burbujas, y que era el gran vacío de la demanda (con el agravante de que ahora, a este problema de escasez de demanda se le ha sumado un enorme endeudamiento, tanto privado como público).

Las soluciones necesarias y urgentes son fáciles de ver Las soluciones son, en realidad, muy fáciles de ver. La evidencia acumulada históricamente –tanto en la manera como se salió de la Gran Depresión en los años treinta y cuarenta, y como en la manera como Europa se recuperó después de la II Guerra Mundial- muestra que se tendría que hacer un giro de casi 180º en las políticas públicas que se han seguido, con un gran aumento de las rentas del trabajo a costa de las rentas del capital, y muy en especial de las rentas del capital financiero, que están hipertrofiadas. España es un claro ejemplo de ello: el sector financiero es tres veces superior, en términos proporcionales, al existente en EEUU, absorbiendo un número excesivo de recursos. En realidad, la banca debería considerase un servicio público –que podría o no ser una banca pública, de la misma manera que los taxis, que son privados, realizan un servicio público- que, como condición de su existencia, debería ser la de proveer crédito. El sector público bancario, por cierto, debería también extenderse, corrigiendo la situación actual en la que España tiene uno de los sectores bancarios públicos más pequeños de la UE-15, y es a la vez uno de los países donde es más difícil conseguir crédito. Naturalmente, la banca privada, que tiene excesivo poder en este país, controlando gran parte de los medios, se opondrá radicalmente a estas medidas, lo cual exigiría tomar medidas públicas que impidieran la instrumentalización de las instituciones políticas y mediáticas por parte de dicho poder fáctico (como ocurre en España, incluyendo Catalunya), medida urgente y necesaria para sanear la democracia española.

El Estado, tanto central como autonómico y local, debería comprometerse a alcanzar el pleno empleo, con salarios -como promedio, más altos- y condiciones laborales mejores (incluyendo el descenso del tiempo de trabajo), potenciando el poder del mundo del trabajo –tanto en el lugar de trabajo (incluyendo sistemas de cogestión y/o cooperativismo) como en la negociación colectiva-. Hoy España tiene enormes necesidades –como en las áreas del Estado del bienestar y en las ambientales- que necesitan grandes inversiones públicas, encaminadas además a llenar enormes vacíos que estimulen a la economía.

Estas son las medidas que deberían centrar las políticas económicas de un gobierno progresista. Ni que decir tiene que ello se facilitaría si cambiaran las coordenadas de poder europeas, con un cambio muy marcado de las sensibilidades políticas que hoy dominan Europa (conservadores y neoliberales), las cuales también dominan España (incluyendo Catalunya). Un punto central es el cambio del Banco Central Europeo (BCE), que debería convertirse en un banco Central en lugar de un lobby de la banca, como he señalado en múltiples ocasiones.

Una última observación. Se me dirá que, sin cambios en la Eurozona, España no puede hacer los cambios que sugiero. El hecho de dar importancia determinante de lo posible a causas externas –la externalización de responsabilidades- caracteriza a aquellas voces que insisten en que no hay alternativas posibles a las que se imponen desde Frankfurt (sede del BCE), Bruselas (sede de la Comisión Europea), Berlín (sede del gobierno Merkel) o Madrid (sede del gobierno PP), lo cual no es del todo cierto (ver libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España, Navarro, V., Torres, J. y Garzón, A.). Zapatero podría haber conseguido más dinero manteniendo el impuesto de patrimonio (2.100 millones de euros) o anulando las rebajas del impuesto de sucesiones (2.552 millones de euros), que congelando las pensiones (1.200 millones de euros). Rajoy hubiera conseguido casi el mismo dinero, 6.000 millones de euros, revirtiendo la bajada del impuesto de sociedades de las grandes empresas que facturan más de 150 millones de euros al año (y que representan el 0,12% de todas las empresas), que recortando la sanidad pública. El hecho de que escogieran una alternativa en lugar de otra no se debió a razones externas, sino a unas de muy internas: el grado de influencia diferencial sobre el Estado de distintos colectivos que están en el país. Ni que decir tiene que las causas externas son importantes, pero no puede concluirse como está ocurriendo hoy en España que sin un cambio en la Eurozona es muy poco lo que puede hacerse en España (incluyendo Catalunya). Esto es lo que las fuerzas conservadoras y liberales quieren que la gente se crea para así justificar las políticas que están imponiendo a la ciudadanía sin que tengan ningún mandato popular para así hacerlo.

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Los bancos lideran el mundo, y ¿quien dirige a los bancos?

Xov, 14/05/2015 - 07:30

La hegemonía de EE.UU. en el mundo se basa en el monopolio de su Sistema de la Reserva Federal, cuyos accionistas son grandes bancos que incluyen no sólo entidades financieras de Wall Street, sino también de Europa. ¿Pero a quién realmente pertenecen estos bancos?

Durante la crisis financiera mundial entre los años 2007 y 2009 la Reserva Federal distribuyó varios préstamos por más de 16 billones de dólares a los bancos que son sus principales accionistas. Es decir, la lista de los beneficiarios de los préstamos fue efectivamente la lista de los principales accionistas de la Reserva Federal.

Los dueños del dinero se entregaron préstamos a sí mismos, es decir, a los bancos que son los principales accionistas de la Reserva Federal. A principios de esta década bajo una fuerte presión del Congreso de los Estados Unidos se llevó a cabo una auditoría parcial de la Reserva Federal, y el verano de 2011 los resultados fueron dados a conocer. Esta es la lista de los principales bancos europeos y estadounidenses que recibieron el dinero; entre paréntesis se indica la cantidad en miles de millones de dólares): Citigroup (2500); Morgan Staley (2004); Merril Lynch (1949); Bank of America (1344); Bear Sterns (853); Goldman Sachs (814); JP Morgan (391) y Lehman Brothers (183); los británicos Barclays PLC (868); Royal Bank of Scotland (541); Bank of Scotland (181); los suizos Credit Swiss (262) y UBS (287); el alemán Deutsche Bank (354) y el francés BNP Paribas (175). La lista completa se puede ver aquí

De acuerdo a Valentín Katasonov, del Fondo de Cultura Estratégica, el núcleo del sistema bancario de Estados Unidos está representado por seis grandes bancos: Bank of America, JP Morgan Chase, Morgan Stanley, Goldman Sachs, Wells Fargo y Citigroup. Estos bancos ocupan las primeras líneas de las calificaciones de los bancos en indicadores tales como la cantidad de bienes de capital controlado, depósitos, capitalización de utilidades, etc. Si se alinean los bancos en términos de activos, en el primer lugar está JP Morgan Chase (2.075 mln. de dólares, al final de 2014). En términos de capitalización ocupa el primer lugar Wells Fargo (261,7 mln. de dólares. otoño 2014). En este indicador Wells Fargo llegó en primer lugar no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo (aunque en términos de activos en los Estados Unidos, tomó el cuarto lugar, y en el mundo no está ni siquiera entre los veinte primeros).

Hablando de quiénes son los accionistas de los accionistas de la Reserva Federal, la mayor parte del capital de estos seis bancos está en manos de los llamados 'accionistas institucionales', es decir, todo tipo de empresas financieras. Entre ellos se encuentran también bancos, lo que indica que hay una participación cruzada, como indica el portal del Fondo de Cultura Estratégica.

Algunos bancos de Wall Street tienen también accionistas individuales que normalmente son los altos ejecutivos del banco, tanto en activo como jubilados. Pero numerosos analistas creen que el núcleo accionario de los bancos de Wall Street se compone de tan solo cuatro empresas financieras: Vanguard Group, State Street Corporation, FMR (Fidelity) y Black Rock. Otras empresas no pertenecen a la categoría de accionistas principales o están controladas directamente o a través de una cadena de intermediarios por las cuatro empresas mencionadas. Por lo tanto, se trata de las empresas que ejercen el control real sobre el sistema bancario mundial.

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Stephen King: "La economía mundial es como un transatlántico sin botes salvavidas"

Mér, 13/05/2015 - 19:36

Stephen King, economista jefe de HSBC, cree que tras la Gran Recesión la economía es como un funambulista que intenta mantener el equilibrio sobre una cuerda pero debajo no tiene una red para detener su caída, si esta se produce. Según King, los bancos centrales y los gobiernos se han quedado sin munición para combatir la próxima crisis económica. La próxima recesión será una lucha titánica para los políticos.

Tal y como señalan en Business Insider, King ha explicado en una carta a los clientes que "la economía mundial es un transatlántico sin botes salvavidas. Si se produce otra recesión podría ser un golpe realmente duro para políticos y economistas".

Y es que "mientras en anteriores recuperaciones las política fiscal y la monetaria contaban con mucho margen de maniobra para reponer la munición, esta recuperación se está caracterizando por la persistente escasez de munciones. Este es el mayor problema. En todas las recesiones desde 1970, la Reserva Federal ha tenido margen para recortar los tipos de interés como mínimo en cinco puntos porcentuales. Este estímulo usado de forma tradicional está ahora totalmente descartado". En el actual contexto económico de bajo crecimiento es difícil que se vuelvan a ver unos tipos de interés oficiales elevados.

King señala que estamos lejos de la recuperación, y que la próxima recesión puede estar a la vuelta de la esquina. Existe cuatro factores que pueden desatar una nueva recaída de la producción y del empleo:
  • -El aumento de los salarios puede erosionar los beneficios de las empresas y afectar a la productividad. A su vez, las familias y los negocios registrarían una pérdida de confianza en la economía adelantando el "estallido de la burbuja de acciones".
  • -Las aseguradores y los fondos de pensiones no conseguirán cumplir en el futuro con sus obligaciones. Esto desatará una especie de histeria por intentar hacer líquidos todos los activos que tienen los agentes, que se verán obligados a vender a cualquier precio.
  • -El colapso de la economía en China y la debilidad de las materias primas también podría provocar el colapso económico de varios países emergentes, un escenario posible mientras que el dólar mantenga su fortaleza.
  • -La Reserva Federal podría causar la próxima recesión a través de un incremento de los tipos de interés. El máximo organismo monetario de EEUU puede repetir el mismo error que cometiera el BCE en el año 2011 o el Bando de Japón en el año 2000.
Las palabras de Stephen King son contundentes pero no aportan nada que no sepan los lectores de este blog. Hemos advertido que la economía mundial se tambalea en una cuerda floja al borde del abismo; que el impacto global de la desaceleración China puede ser dramático para los países emergentes, y que un leve movimiento al alza en la tasa de interés de la Reserva Federal sería la chispa de la próxima crisis financiera, y que la salida de Grecia del euro puede ser el próximo Lehman Brothers. La verdad es que nunca la situación de la economía mundial había sido tan alarmante, y con múltiples focos de ruptura. El modelo capitalista de los últimos 30 años se cae a pedazos. Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Poder y política en los tiempos de la crisis

Mér, 13/05/2015 - 15:08

Alejandro Nadal, La Jornada

La idea de que el mercado libre surge ‘naturalmente’ (y su corolario que cualquier intervención estatal sobre las relaciones de mercado es ‘artificial’) es falsa y peligrosa. La realidad es que el mercado es una criatura del poder del estado. Los arquitectos de la nueva generación de acuerdos comerciales lo saben bien.

Hoy se están negociando en secreto los dos acuerdos comerciales más grandes de la historia del neoliberalismo: el Acuerdo transpacífico de asociación económica (ATP) y la Asociación transatlántica para el comercio y la inversión (ATCI). Son acuerdos extraños porque después de la gran orgía de liberalización comercial de los años noventa es difícil concebir qué más se puede hacer para abrir las puertas del libre comercio. La retórica sobre desatar las fuerzas del crecimiento económico se antoja anacrónica en el contexto de una globalización neoliberal que desembocó en el estancamiento y la crisis. Y es que los nuevos acuerdos no tienen casi nada que ver con el libre comercio y casi todo con el objetivo de acrecentar y consolidar el poder de las corporaciones gigantes que dominan la economía del planeta.

La separación entre poder y política es hoy más clara que nunca. El poder de las grandes corporaciones es real, mientras que la política se deja para asuntos más o menos secundarios de la vida pública. Los partidos pueden o no debatir temas triviales, pero las grandes corporaciones son las dueñas del poder y lo hacen sentir a través de su control sobre sus espacios de rentabilidad en materia de salud, alimentación o medio ambiente.

Datos de la Organización Mundial de Comercio (OMC) revelan que el 80 por ciento de las importaciones de Japón no tiene ningún gravamen arancelario. Para países como Malasia o Chile, Francia o Perú, los datos arrojan un cuadro similar: los aranceles se encuentran en niveles históricamente bajos. Es más, muchas barreras no tradicionales también se eliminaron desde la Ronda Uruguay (1986-1994) y nadie puede afirmar hoy que constituyen un obstáculo para el libre comercio.

Si la apertura comercial ya es un hecho en los países de la cuenca del Pacífico y de Europa, ¿cuál es la finalidad de estos nuevos tratados comerciales?

El objetivo debe verse no en términos de eliminar obstáculos, sino en función de acrecentar el poderío de las grandes corporaciones y empresas transnacionales que hoy son responsables de una buena parte del flujo de intercambios comerciales internacionales. Esas entidades son ejes de concentración de un poder que les permite orientar y manipular espacios legislativos, así como servirse de organismos regulatorios en el ejecutivo en muchos, por no decir todos los países del mundo.

Es importante recordar que la crisis global no sólo afecta al sector financiero. La crisis afecta tasas de rentabilidad y cubre con una nube de incertidumbre el futuro de cualquier inversión en los sectores extractivos, manufacturas y servicios. Por eso los nuevos acuerdos comerciales se concentran en capítulos relacionados con la posibilidad de extender las rentas cuasi-monopólicas que les dan los altos coeficientes de concentración en los mercados mundiales de todo tipo de productos. Lo que realmente interesa a las empresas transnacionales que promueven la nueva agenda de la liberalización comercial es permitir el despliegue de su comportamiento estratégico.

El capítulo sobre patentes del acuerdo del ATP permitirá extender la duración de patentes (más allá de los veinte años que hoy se han acordado en casi todos los países) y ampliar el ámbito de los objetos patentables. Esta extensión de los poderes monopólicos que confieren las patentes tiene repercusiones graves sobre la regulación en el sector salud, la alimentación y el medio ambiente. Además, los abusos de las corporaciones se multiplicarán en materia laboral y en todo lo que tenga que ver con su capacidad para mantener y extender sus rentas monopólicas. Los nuevos acuerdos abrirán el camino a los cultivos transgénicos, eliminarán regulaciones que estorban el fracking y quitarán obstáculos a la especulación financiera.

Lo más importante en los nuevos acuerdos tiene que ver con el espacio extra judicial que se abre a las corporaciones. Éstas podrán demandar a gobiernos cuando sientan que alguna medida o regulación afecta negativamente la rentabilidad de sus inversiones. Esto recordará a los gobiernos quien manda. Definitivamente la democracia y el mercado nacional no sólo no son aliados, sino que son enemigos.

La separación entre poder y política es hoy más clara que nunca, como bien señala Zygmunt Bauman. Estamos viendo nacer un nuevo tipo de estado diseñado para mejor servir a las grandes corporaciones. Todo esto recuerda el análisis de Gramsci en sus Cuadernos de la cárcel: La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer: en este interregno aparece una gran variedad de síntomas mórbidos. Por eso en el interregno no hay espacio para eso que llamamos democracia.

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Nace la primera moneda virtual respaldada en oro

Mér, 13/05/2015 - 08:30

El quiebre de Bretton Woods y el decreto unilateral por parte de Estados Unidos de terminar la convertibilidad del dólar en oro, el 15 de agosto de 1971, está en los orígenes de la actual crisis financiera. Desde ese momento, Estados Unidos inundó el planeta de billetes verdes que sólo dicen "In God We Trust" (en dios confiamos), dado que las monedas fiduciarias se basan en la confianza de la comunidad. Pero nunca una moneda fiduciaria había abusado tanto de la confianza del público. La confianza ha desaparecido y el billete verde no es lo que era y muchos anticipan su pronta extinción.

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España: capitalismo de “amiguetes” y corrupción institucionalizada

Lun, 11/05/2015 - 14:00
Xavier Caño Tamayo, Red Voltaire

Rodrigo Rato, quien fue poderoso vicepresidente económico de José María Aznar, fue arrestado durante horas, registrados su despacho y domicilio exhaustivamente por la Agencia Tributaria y acusado de fraude fiscal, blanqueo de capitales y alzamiento de bienes. El encontronazo de Rato con la justicia no es nuevo en su familia. Su padre, Ramón Rato, fue condenado en 1967 a 3 años de prisión por el Juzgado Especial de Delitos Monetarios, por evadir dinero a Suiza. También se condenó al hermano de Rodrigo, Ramón Rato Figaredo a 2 años de prisión y a su tío Faustino a una multa de 5 millones de pesetas por complicidad.

Más allá de la significación del personaje o de que el espectáculo mediático de su detención responda a una guerra interna del Partido Popular, el hecho es grave porque ratifica que la corrupción es ilimitada. Presunta, por supuesto. No son casos extraordinarios ni aislados: es que el sistema está podrido. “La naturaleza institucional de la corrupción tiene sus raíces en el capitalismo oligopólico de amiguetes en que se transformó el poder empresarial heredado del franquismo con las privatizaciones de la transición”, explican Doménech, Raventós y Búster. Las políticas económicas de la transición y corrupciones derivadas generaron un bloque formado por grandes empresas del Índice Bursátil Español (Ibex 35) y parte de las cúpulas del Partido Popular y del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), convertido en cártel favorecedor de la corrupción. Por eso cabe buscar el origen de la corrupción en las descomunales privatizaciones de un potente sector público, perpetradas en la pretendidamente modélica transición con la consiguiente formación de poderosos oligopolios. Iniciadas sin dudarlo por Felipe González al frente de gobiernos del PSOE y continuadas con entusiasmo por los gobiernos de Aznar.

Un nada modélico sistema de concesión de contratos públicos multimillonarios, esa estructura de multinacionales montadas a partir de sólidas empresas públicas privatizadas, más una política económica y fiscal que han dado y dan posición dominante y privilegiada a grandes empresas del Ibex 35 son base de la corrupción. En ese escenario de privatizaciones desatadas cuajó el capitalismo oligopólico de amiguetes que hizo nacer una nueva minoría rica y privilegiada que controla buena parte de la economía del Reino de España. Minoría que copó el Ibex 35 y se sumó como clase dominante a los restos de la aristocracia terrateniente (que esquilma Extremadura y Andalucía desde siglos), a grandes accionistas bancarios, altos cargos financieros y grandes propietarios de la industria.

Ese capitalismo corruptor y corrompido ha hecho nacer y crecer una economía sumergida de la cuarta parte del producto interno bruto (PIB) y también que más de un tercio de billetes de 500 euros que se mueven por Europa lo hagan en España. Maletines con cientos de miles o millones de euros para enjuagues y sobornos. O apuntes contables y movimientos financieros ocultos de cuentas opacas. Lo que coloca a este Reino en el nada admirable puesto 37 en la lista de Transparencia Internacional, tras Taiwán, Chipre o Botsuana, más corrompidos que este Reino, y con 60 de índice de percepción de corrupción, a mucha distancia de 100 que es cuando no hay corrupción. Porque esa poca transparencia significa que hay mucha corrupción. Corrupción rentable, por cierto, porque la minoría que controla la economía ha visto crecer últimamente sus beneficios un 67 por ciento.

Y mientras la minoría rica privilegiada se enriquece aún más (tanto legalmente con políticas austeras de saqueo y recortes sociales, como delictivamente con la corrupción), crecen de forma escandalosa el empleo precario y los trabajadores con empleo pero que siguen siendo pobres. Crecen desigualdad y pobreza, porque, por ejemplo, de enero a marzo de este año se destruyeron 114 mil puestos de trabajo y hoy aún hay 5 millones 444 mil 600 desempleados, 71 mil más que en diciembre de 2011, cuando el Partido Popular ocupó el gobierno. Así lo asegura la última Encuesta de población activa (EPA) que envía al traste la fábula de la recuperación.

La corrupción no son sólo unos pocos casos, tampoco es cuestión privada de los corruptos, como repiten hasta el tedio portavoces del Partido Popular y del gobierno. Ni es sólo cuestión penal. La corrupción es un letal problema económico, social y político, institucional por ser parte del sistema. Y, para acabar con la corrupción, hay que cambiar el sistema político y económico. De raíz.

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