Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6888125
Actualizado: fai 11 horas 52 min

En la Playa, a orillas de la guerra nuclear

Ven, 18/08/2017 - 15:56

John Pilger

El capitán de un submarino de Estados Unidos se dirige a su tripulación, "Todos tenemos que morir algún día; unos antes, otros después. El problema es que nunca estamos listos para la muerte. No sabemos cuando llegará. Bueno, ahora sabemos que no hay nada que hacer al respecto, estaremos todos muertos en una semana”.

La guerra había terminado hacía un mes. Los Estados Unidos, Rusia y China habían sido los antagonistas. No queda claro si se había iniciada por accidente o por error, pero no hubo vencedor. El hemisferio norte está sin vida, totalmente contaminado.

Una nube de radiactividad se movía hacia el sur de Australia , Nueva Zelandia, África y América del Sur. En septiembre, las últimas ciudades y pueblos sucumbirán. Al igual que en el norte, la mayoría de los edificios permanecerán intactos, algunos iluminados por los últimos destellos de la luz eléctrica. "El mundo termina de esta manera.
No con una explosión sino con un largo gemido"
Estas líneas del poema de TS Eliot, que aparecen al principio de la novela En la playa, de Nevil Shute me hicieron llorar.

Es una obra maestra publicada en el apogeo de la Guerra Fría (1957), cuando demasiados escritores estaban en silencio o amedrentados. Nada de lo que he leído sobre una guerra nuclear es tan rigurosa como advertencia. Ningún libro es más urgente.

Algunos lectores recordarán la película inspirada en este libro. Gregory Peck es el comandante que lleva su submarino a Australia para esperar en silencio la muerte de los últimos seres vivos.

He leído En la playa los días que el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley que declara la guerra económica a Rusia, la segunda potencia nuclear más letal del mundo. Excepto la promesa de un gran botín no había ninguna justificación para esa votación demente.

Las "sanciones" también se dirigen a Europa, sobre todo Alemania, que depende del gas natural ruso y a las empresas europeas que hacen negocios legítimos con Rusia. Durante el debate en el Congreso, los senadores más locuaces dejaron muy preciso: el embargo fue diseñado para obligar a Europa a importar gas más caro de los Estados Unidos.

Su objetivo principal parece ser la guerra –la guerra real–. Una guerra sin ningún tipo de provocación externa. Parecen desear la guerra, aunque los estadounidenses no tienen idea lo que es un conflicto de este tipo. La guerra civil de 1861 fue la última en su continente. Creen que la guerra es lo que Estados Unidos hace a los demás.

Los Estados Unidos es el único país que ha usado armas nucleares contra seres humanos, es la nación que tiene el récord mundial de gobiernos derrocados - muchos de ellos democracias - y, que ha destruido sociedades enteras. Las millones de muertes en Irak y Siria son solo una fracción de la horrenda carnicería cometida en Indochina. A esa masacre el presidente Reagan la calificó como "una causa noble" y el presidente Obama como la acción “valiente de un pueblo excepcional".

Mientras filmaba -el año pasado en el Lincoln Memorial de Washington- oí a una guía del Servicio Nacional de Parques dar una conferencia a jóvenes estudiantes, "Escuchad, dijo, perdimos a 58.000 jóvenes soldados en Vietnam, pero murieron defendiendo la libertad".

De un porrazo, se invirtió la realidad. La libertad NO fue defendida. La libertad fue destruida. Un pequeño país campesino fue invadido y millones de sus habitantes fueron asesinados, mutilados, desposeídos, envenenados; por cierto. 60.000 de los invasores perdieron la vida.

Los medios de comunicación están realizando una lobotomía a cada generación. La verdad es eliminada. La historia se cercena, es reemplazada por lo que Time llamó "el eterno presente". Harold Pinter describe este recurso mediático como "La manipulación de un poder que se presenta a sí mismo como una fuerza del bien universal. Lo hace con un brillante e ingenioso acto de hipnosis colectiva para hacernos creer que no ha pasado nada. Incluso mientras esté sucediendo, no está sucediendo. La verdad no importa, porque no tiene interés para occidente”.

Los liberales y la "izquierda progre neoliberal" están ansiosas de participar en esta manipulación: un lavado de cerebro masivo.

Trump está loco, es un fascista, un juguete de Rusia. Si, pero como escribió en un artículo memorable, Luciana Bohne, Trump no solo es un demente es también un regalo para los "liberales que mantienen su cerebro en formaldehído". Esta obsesión liberal es un gran peligro para todos.

Mientras persiguen sus fosilizadas agendas anti-Rusia, medios de comunicación narcisista como el Washington Post, la BBC y The Guardian suprimen la esencia de la historia política más importante de nuestro tiempo. No recuerdo en mi larga vida belicistas más peligrosos que los actuales.

El 3 de agosto, mientras The Guardian titulaba, en primera página, que los rusos conspiraron con Trump escondía en un rincón de la página 16, la noticia que el Presidente de los Estados Unidos “se vio obligado a firmar un proyecto de ley del Congreso que declara la guerra económica en Rusia”. A diferencia de otras ceremonias Trump, “firmó la ley prácticamente en secreto y con una advertencia: esta ley es claramente inconstitucional".

El golpe contra el hombre en la Casa Blanca está en marcha. No es porque Trump sea un ser humano aborrecible, que lo es, sino porque ha dejado claro que no quiere una guerra contra Rusia.

Una visión de cordura, o de simple pragmatismo, es un anatema para los administradores de la "seguridad nacional" que protegen un sistema basado en la guerra, la vigilancia, el armamentismo, las amenazas y el capitalismo extremo. Martin Luther King los llamó "los mayores proveedores de la violencia en el mundo de hoy".

Han acorralado a Rusia y China, con misiles y un arsenal nuclear. Han utilizado neonazis en Ucrania para instalar un agresivo régimen en la frontera de Rusia. De hecho, están utilizando el mismo camino que empleó Hitler para invadir la Unión Soviética, causando la muerte de 24 millones de personas. Ahora, el objetivo es desmembrar la Federación Rusa.

En respuesta, Vladimir Putin usa sin cesar por la palabra "asociación" pero al parecer nada contiene a los partidarios de la guerra en los Estados Unidos. La incredulidad de los rusos se convirtió primero en miedo y ahora en una cierta resolución. En Rusia temen un ataque nuclear, los simulacros de defensa ante un bombardeo son frecuentes. Su historia les dice que deben prepararse.

La amenaza va por etapas. Rusia está en primer lugar, China es la siguiente. Los EEUU acaban de terminar un gran ejercicio militar con Australia conocido como Sable y Talismán. Ensayaron el bloqueo de los estrechos de Malaca y del Mar del Sur de China, por donde pasa toda el comercio de los chinos.

El almirante al mando de la flota del Pacífico de Estados Unidos dijo que, "si es necesario", iba a bombardear China. Decir eso públicamente, en una atmósfera enrarecida, empieza a parecerse a la ficción del libro de Nevil Shute.

Nada de esto se considera noticia. La información honesta ya no es bienvenida en los grandes medios de comunicación. Charlatanes, conocidos como “expertos” someten a los editores de prensa. Donde antes había información, las noticias son reemplazadas por clichés de puntas afiladas. Los periodistas que no cumplen son defenestrados.

Los últimos acontecimientos tienen un montón de precedentes. En mi película- documental “La próxima guerra en China”, John Bordne, un miembro de combate de la Fuerza Aérea de Estados Unidos con base en Okinawa, Japón, describe cómo en 1962 -durante la crisis de los misiles con Cuba- él y sus compañeros recibieron la orden de “poner en marcha los misiles".

Los misiles cargados de cabezas nucleares estaban dirigidas a China y Rusia. Aunque la orden fue finalmente revocada John Bordne cuenta en el documental que el oficial a cargo había ordenado disparar (con las armas de servicio), nadie debía desobedecer el lanzamientos de los misiles.

En el apogeo de la Guerra Fría, la histeria anticomunista en los Estados Unidos era de tal magnitud que la gran mayoría de los funcionarios estadounidenses que trabajaban en China fueron acusados de traición y despedidos. En 1957 el año en que se publicó “En la playa” - ningún funcionario del Departamento de Estado podía hablar el idioma de la nación más poblada del mundo. Los que hablaban chino-mandarín fueron purgados sin disculpas.

El proyecto de ley contra Rusia fue bipartidista. No hay ninguna diferencia fundamental entre demócratas y republicanos. Los términos "izquierda" y "derecha" aquí no tienen sentido. La mayor parte de las guerras modernas de Estados Unidos no fueron iniciadas por los conservadores, sino por los demócratas liberales.

Cuando Obama dejó el cargo, sumaba un récord de siete guerras, incluyendo a Afganistán (la guerra más larga de Estados Unidos) y, una campaña sin precedentes de ejecuciones extrajudiciales -asesinatos- ejecutados por drones, aviones no tripulados.

En el último año de Obama -según el Consejo de Relaciones Exteriores- el "guerrero liberal" dejó caer 26,171 bombas -tres bombas cada hora, 24 horas al día. Después de haberse comprometido de "librar al mundo" de las armas nucleares, el Premio Nobel de la Paz, construyó más cabezas nucleares que cualquier presidente desde la Guerra Fría. Trump, todavía parece un “pelele” en comparación a este héroe.

Obama –con Hillary Clinton a su lado- destruyó a Libia como estado moderno. ¿La secuela? Puso en marcha una verdadera estampida humana a Europa. En uno de los últimos actos el presidente demócrata firmó un proyecto de ley que entregó una cifra récord al Pentágono: $ 618 mil millones de dólares.

Es el ascenso del militarismo fascista al gobierno de los Estados Unidos. Trump es el resultado de este grave deriva, se siente apoyado por el militarismo.

Escondida por la burocracia del establishment existe una oficina llamada "Centro de Análisis, Información y Respuesta". En la práctica es el Ministerio que se encarga de proporcionar la "versión oficial de los hechos". Es también el organismo que debe prepararnos psicológicamente para una guerra nuclear – Esto tan terrible puede llegar a pasar. Si usted y yo lo permitimos.
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Tomado de Rebelion. Traducción: Emilio Pizocaro

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Venezuela indoblegable

Ven, 18/08/2017 - 10:00
Ángel Guerra Cabrera, La Jornada

Estados Unidos ha lanzado una feroz guerra no convencional contra los gobiernos revolucionarios y progresistas, y los movimientos populares de nuestra América. Añeja en la doctrina militar del Pentágono y también conocida como guerra de cuarta generación, se ha nutrido y desarrollado con recientes experiencias como las revoluciones de colores y la primavera árabe. El blanco principal del ataque es la Venezuela bolivariana, contra la que el imperio y los gobernantes de la región que le sirven, desatan su furia y frustración.

Luego de una ofensiva de meses para derrocar al gobierno del presidente Nicolás Maduro, Trump declaró que no descarta la opción militar en Venezuela, en medio de bravatas contra Corea del Norte y de haber creado un gravísimo conflicto en el área. Gracias al rapto belicista del magnate, los gobiernos que lo acompañan en la aventura antivenezolana se han visto obligados a rechazar una salida militar y a reiterarlo durante la gira del vicepresidente Mike Pence por la región. Dirigida a cerrar el cerco contra la patria de Bolívar, Pence ha tenido que dedicarla en parte al control de daños luego de la alarma originada por la declaración de su jefe. Aunque con tres días de retraso, hasta los contrarrevolucionarios de la MUD debieron barruntar una risible condena.

Maduro, buen conocedor de la prepotencia del imperio, replicó con firmeza y con una gigantesca marcha chavista por la paz y la medida de realizar un ejercicio cívico-militar armado en todas las zonas de defensa integral para los días 26 y 27 de julio. Venezuela tiene cientos de miles de combativos milicianos voluntarios, además de las bien entrenadas y armadas unidades regulares.

El chavismo ha derrotado en dos décadas, uno tras otro, todos los intentos de poner fin a su experiencia de transformación, liberación nacional y social e impulso a la unidad e integración latino-caribeña. Una de las más creativas y revolucionarias que ha habido en el mundo. La paz y la observancia de la democracia participativa y protagónica es parte fundamental de su filosofía. Votos sí, balas no, su consigna.

El más reciente esfuerzo desestabilizador de la derecha endógena está encuadrado en la operación Venezuela Freedom 2 del Comando Sur de las fuerzas armadas yanquis. Tras cuatro meses de violencia fascista, de prender fuego a 29 personas, de las que murieron nueve; de la obsesiva quema de hospitales y guarderías, almacenes de alimentos y medicinas, mobiliario público, oficinas gubernamentales y cientos de negocios privados, la derecha ha sufrido una gran derrota con las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente y los decretos que ésta emite. Al lograr más de 8 millones de votos, el chavismo estuvo muy cerca de alcanzar su más alta votación histórica y la oposición quedó desmoralizada.

Al extremo que, sin solución de continuidad, pasó de la violencia fascista y de afirmar que no dejaría las calles hasta la salida de Maduro, a inscribir a toda prisa 196 candidatos para las elecciones regionales.

La derecha es antidemocrática por naturaleza, pero en su estrategia apela principalmente al golpismo sin dejar el camino electoral. Si pierde en las urnas, grita fraude; pero si gana, se ensoberbece y trata por todos los medios de imponer su agenda neoliberal subordinada a Washington y al capital internacional.

En un salto mortal, gira ahora hacia los comicios, pues el chavismo le arrebató la calle entrado julio, donde ya es incapaz de reunir más de cuatro gatos, como se vio en la famosa toma de Venezuela o en la hora cero, que se suponía sufriría el gobierno chavista el 30 de julio. No obstante, la operación David, desmantelada por la fuerza armada y los servicios de seguridad bolivarianos, demuestra que puede haber nuevos coletazos de violencia a la desesperada.

Por mucho que Estados Unidos y las fuerzas del neoliberalismo y la antipatria insistan, a escala internacional, en el apoyo a la contrarrevolución. Por más que las corporaciones de la mafia mediática continúen vertiendo las más escandalosas y descocadas mentiras sobre la revolución bolivariana. No obstante que el capital financiero y la derecha endógena continúen la cruel guerra económica. Nada de eso podrá doblegar el apoyo del pueblo venezolano a su gobierno constitucional. Y es lo decisivo. Venezuela, además, no está sola, como demuestran la reciente visita a Cuba del presidente Maduro y las crecientes expresiones de solidaridad que recibe de pueblos y gobiernos independientes.

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Estado Islámico siembra el pánico en Barcelona

Xov, 17/08/2017 - 21:30

Una furgoneta subió el jueves a la concurrida avenida de Las Ramblas de Barcelona y arrolló a turistas y residentes, convirtiendo el popular destino vacacional europeo en una sangrienta y mortífera escena. En total, 13 personas murieron y más de 100 resultaron heridas, 15 de ellas de gravedad, en lo que las autoridades definieron como un ataque terrorista.
El vehículo alquilado por los terroristas inició su recorrido en la confluencia de la Rambla con Plaça Catalunya y recorrió 400 metros hasta el mosaico de Joan Miró (Carrer Hospital), atropellando a toda la gente que se encontraba, haciendo eses para causar el mayor daño. Este atentado terrorista perpetrado con furgoneta se ha convertido, por ahora, en el segundo más mortífero en Barcelona tras el de Hipercor en 1987. En concreto, el balance, según Emergències, es de 13 muertos, 15 heridos graves, 23 heridos menos graves y 48 heridos leves.
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Gran eclipse sobre el TLCAN

Xov, 17/08/2017 - 02:01
Alejandro Nadal, La Jornada

La renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte comienza hoy. Las condiciones han cambiado mucho desde los primeros intercambios que habrían de dar forma al TLCAN. Por aquellos tiempos los negociadores de los tres gobiernos, convencidos de las extraordinarias bondades del libre comercio, repetían sin cesar que el nuevo acuerdo comercial sería un rotundo éxito.

La prensa internacional de negocios se derretía en elogios sobre las novedades del pacto, el primero que involucraba países de muy distinto grado de desarrollo. El contenido del tratado iría mucho más lejos de la simple desgravación arancelaria o la eliminación de un sistema de cuotas y abarcaría temas sobre inversiones directas, política industrial, propiedad intelectual, compras de gobierno, regulaciones del sector servicios, así como un capítulo sobre solución de controversias. Carla Hills, representante de comercio de Estados Unidos, repetía sin cesar que con el TLCAN todas las partes saldrían beneficiadas y la prosperidad alcanzaría a todos los habitantes de América del Norte. El gobierno mexicano le hacía coro con la idea de que nuestro país entraría de lleno al primer mundo. Y la promesa de las reformas pro-mercado que introducía el gobierno de Salinas supuestamente garantizaban un proceso de crecimiento de largo alcance.

Hoy las circunstancias han cambiado. Para acercarse a la mesa de una renegociación sería indispensable tener a la mano una evaluación integral de los efectos que el TLCAN ha tenido sobre la economía mexicana y las perspectivas de su desarrollo. Desgraciadamente, no existe por el lado del gobierno mexicano una valoración completa, validada bajos el protocolo de un escrutinio profesional y abierto, sobre los efectos reales del tratado en la sociedad y la economía en su conjunto. Los efectos sobre la creación de empleos, la evolución de salarios, el impacto sobre el tejido industrial, el desempeño del sector servicios, los flujos de inversión directa, las repercusiones en el agro mexicano, por mencionar algunos temas, debieran ser incorporados en esa evaluación del tratado y las perspectivas de una estrategia general de desarrollo del país.

Es cierto que la integración económica entre las tres economías de la región se ha profundizado y que los flujos de comercio e inversiones se expandieron de manera notable. Pero hay algo inquietante en ese proceso de integración: más de 80 por ciento de las exportaciones mexicanas están dirigidas a Estados Unidos. Es decir, desde el punto de vista de diversificación de mercados el TLCAN es un rotundo fracaso.

El superávit de México en la balanza bilateral con Estados Unidos es visto por muchos como una muestra de que el tratado fue benéfico para nuestro país. Sin embargo, se necesita un análisis más cuidadoso antes de saltar a esa conclusión. Por ejemplo, se requiere examinar el impacto del TLCAN sobre la balanza comercial en su conjunto para alcanzar una visión más certera. Lo cierto es que la balanza comercial de México con el resto del mundo ha mantenido un déficit crónico y el superávit con Estados Unidos no permite cancelar ese resultado negativo. Por eso hoy el déficit en la cuenta corriente de México representa 2.7 por ciento del PIB.

Pero subsisten muchos otros problemas. Uno de ellos es el destino del proyecto de industrialización en México. Una parte importante de las exportaciones mexicanas proviene de la industria maquiladora. Pero el contenido nacional de dichas exportaciones se ha mantenido bajo. Un estudio de Castillo y De Vries (Journal of International Trade and Economic Development, julio de 2017) muestra que el valor agregado de contenido nacional en las exportaciones de las maquiladoras no rebasa 13 por ciento. Esto significa que la débil integración con el resto de la economía impide descansar en las maquiladoras como motor de crecimiento.

Otra investigación de Jorge E. Mendoza Cota, del Colegio de la Frontera Norte (publicada en la revista Norteamérica 2015) confirma que las exportaciones de manufacturas están marcadas por una fuerte dependencia de importaciones de bienes de capital e insumos intermedios. Lo más grave es que la economía mexicana mantiene un importante déficit manufacturero con las economías de China, Japón, Corea y la Unión Europea. Ese estado de cosas no va a cambiar en el futuro cercano.

El TLCAN codificó y contribuyó a profundizar un proceso de integración económica que ya estaba en marcha en la región. La pregunta que hoy es importante formular es si ese instrumento es la mejor manera de proseguir con esa integración o si sería mejor explorar senderos alternativos. La renegociación que hoy exige Estados Unidos es una oportunidad para enfrentar ésta y otras preguntas.

El 21 de agosto podrá observarse un eclipse solar total sobre buena parte del territorio estadunidense. En México se observará como eclipse parcial. En tiempos de las supersticiones, el evento podría interpretarse como portador de malos augurios. Quizás hoy sería bueno verlo como invitación a repensar las profecías sobre el gran éxito que supuestamente tendría el TLCAN.

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La recurrencia e intensidad de las crisis financieras

Mér, 16/08/2017 - 13:33
Roberto Machado, El Gran Angular

De las doce mayores crisis financieras en el mundo de las que se tiene registro, desde el fin de la burbuja de los tulipanes holandeses en 1636, hasta la crisis financiera internacional de 2008-2009, ocho corresponden a la era del capitalismo neoliberal. La mayor recurrencia e intensidad de las crisis financieras propiciadas por el neoliberalismo en el mundo es el resultado directo de la desregulación financiera, del libre movimiento internacional de capitales y del predominio del sector financiero por sobre el sector real de la economía (“financierismo”), que generan grandes ganancias especulativas privadas cuando las cosas van bien, que súbitamente se transforman en pérdidas gigantescas que acaban socializándose cuando las cosas van mal. Este es un rasgo esencial del capitalismo neoliberal. El otro es la creciente concentración del ingreso y la riqueza.

Las crisis financieras suelen tener cuatro fases[1]:

1. Primera (Inicio de la burbuja). Algún acontecimiento genera el surgimiento de una burbuja en el mercado de activos financieros (acciones, bonos, títulos de deuda, fondos mutuos, activos derivados, etc.) o bienes raíces (inmuebles en general). Una burbuja implica una dinámica insostenible en el crecimiento de los precios.

2. Segunda (Manía). Los bancos privados inflan la burbuja otorgando créditos masivamente, con lo que sobreviene una ola de sobre-optimismo y profecías auto-cumplidas: como todos creen que los precios de los activos financieros o bienes raíces seguirán subiendo, todos salen a comprar, con lo que efectivamente estos precios siguen subiendo, y la economía sigue creciendo. Los especuladores se llenan de plata.

3. Tercera (Pánico). Las expectativas cambian súbitamente y el optimismo se torna en pesimismo, ya sea porque los especuladores se dan cuenta de que están sobre-endeudados y/o de que los precios de los activos financieros o bienes raíces están inflados. Este es el fin de la burbuja.

4. Cuarta (Colapso). Los precios se desploman por otra profecía autocumplida: previendo que los precios van a caer, todos los poseedores de activos financieros o bienes raíces corren a vender para no perder dinero, lo que acelera e intensifica la caída de los precios. Los especuladores que venden primero no pierden; los que venden después, sí. Y mucho. Los bancos restringen abrupta y agudamente el crédito, luego de lo cual sobreviene la crisis de algunas instituciones financieras o del sistema financiero en su conjunto, debido a la insolvencia de especuladores y familias que compraron caro con crédito ayer, pero que sólo pueden vender barato hoy. De allí sobreviene la recesión o depresión.

La crisis financiera que estalló en Estados Unidos en 2008 se ajusta a esta descripción:

1. Fase 1. En 2001 la Reserva Federal inició la burbuja inmobiliaria a través de la significativa reducción de la tasa de interés que abarató el crédito por un periodo prolongado.

2. Fase 2. Entre 2002 y 2007 hubo una vigorosa expansión de créditos hipotecarios que alimentaron la burbuja, lo que generó sobre-optimismo y profecías auto-cumplidas: los bancos seguían prestando y sus clientes hacían grandes ganancias de capital por el incremento sostenido de los precios de los bienes inmuebles (compraban sus viviendas a un precio y al poco tiempo éste había subido de manera importante).

3. Fase 3. Los precios de los bienes raíces dejaron de crecer durante el tercer trimestre de 2007 debido al cambio de expectativas sobre los precios futuros de las viviendas y el sobre-endeudamiento de familias y empresas inmobiliarias.

4. Fase 4. El fin de la burbuja inmobiliaria hizo que los bancos restringieran abruptamente el crédito hipotecario a las familias, lo que generó otra profecía auto-cumplida: los precios de los inmuebles empezaron a caer, lo que fue amplificado por la escasez de demanda (por la falta de crédito hipotecario) y el exceso de oferta (porque los especuladores y las familias que habían tomado segundas y hasta terceras hipotecas para financiar gastos de consumo, salieron a tratar de vender sus propiedades antes de que los precios cayeran más).

Esto se contagió rápidamente a otros países debido al uso excesivo de activos financieros derivados y respaldados por hipotecas, emitidos en Estados Unidos[2]: al desplomarse el precio de los bienes raíces, numerosas instituciones financieras no sólo en Estados Unidos, sino también en Europa, sufrieron grandes pérdidas de capital, tornando a algunas insolventes. Como resultado, el PBI mundial se contrajo en 2009, cosa que no sucedía desde los años 1930.

En octubre de 2008, trece meses después del fin de la burbuja inmobiliaria y un mes después del colapso del banco de inversión Lehman Brothers en Nueva York, el FMI estimó las pérdidas globales de activos derivados respaldados por hipotecas y préstamos hipotecarios originados en los Estados Unidos en cerca de US$1 billón (millón de millones), ocho veces el PBI del Perú de 2008 (cinco veces el PBI de hoy), y cuatro veces los costos financieros asociados a la crisis asiática de 1997-1998.

Lo único bueno que tienen las crisis es que se puede aprender de los errores cometidos. Que el mundo desarrollado haya aprendido las lecciones de la crisis financiera internacional es algo que aún está por verse. Pero no (sólo) es un problema de comprensión, sino (principalmente) de intereses económicos concretos. Y el capitalismo neoliberal prioriza los intereses del sector financiero. Por lo pronto, la Ley Dodd-Frank firmada por Obama en 2010 para evitar que una crisis como la de 2008-2009 se repita, y que imponía una clara separación entre banca comercial (que capta depósitos y coloca préstamos) y banca de inversión (que realiza inversiones especulativas), ya ha sido desmantelada por Trump. Lamentablemente, la cosa no pinta nada bien.
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[1] Ver C. P. Kindleberger y R. Alibier (2005). Manias, Panics, and Crashes. A History of Financial Crises. John Wiley & Sons, Inc: Hoboken, Nueva Jersey. Quinta edición.
[2] Se llaman activos derivados porque derivan su valor del de otros activos, en este caso del valor de las viviendas. Cuando el precio de los inmuebles se desplomó, también se esfumó el valor de los activos derivados.

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Chomsky: "El neoliberalismo nos ha llevado al fomento de las tiranías"

Mar, 15/08/2017 - 08:00

El reconocido filósofo, lingüista y activista estadounidense Noam Chomsky ha desgranado en una entrevista con el periodista Chris Hedges del programa de RT 'On Contact' las ideas clave de su nuevo libro 'Réquiem por el sueño americano'. El prolífico escritor sintetiza en el volumen las diez maneras en que las élites occidentales lograron hacerse con las riendas del poder. Según Chomsky, a principios de la década de 1970 en Occidente se produjo un "desvío neoliberal". A raíz de este, la toma de decisiones en la sociedad empezó a pasar de la comunidad al "mercado libre". En sus palabras, fue "una política dirigida a la privatización, la reducción del papel de los establecimientos estatales, la eliminación de la supervisión, la protección de las organizaciones financieras y su promoción". Chomsky afirma que a estas iniciativas se les ha calificado como "fomento de las libertades", aunque sea "de la tiranía".

Chomsky recuerda cómo la toma de decisiones en el Estado pasó de la política, donde los ciudadanos ejercen su influencia, al sector corporativo. Son los monopolios y los oligopolios o las "tiranías privadas" las que empezaron a desempeñar el papel principal. En su ensayo, recuerda cómo la vida de los trabajadores se deterioró de forma "significativa" y como consecuencia de los acuerdos de libre comercio compiten globalmente. Por ejemplo, en Europa y EEUU los trabajadores están perdiendo la batalla ante los chinos que están dispuestos a trabajar en duras condiciones por míseros salarios.

Chomsky opina que esta situación de vulnerabilidad fue creada en EEUU a propósito. Los sueldos se mantienen bajos, mientras los trabajadores "de forma continua piden apoyo social" y la inflación permanece en registros discretos, y sufren la disminución de su calidad de vida. Chomsky señala que esta realidad a nivel global s vista como positiva para la economía de un país, lo que aisla màs a los trabajadores. Por ello los trabajadores tienen miedo de luchar por sus derechos y los sindicatos están muriendo. Según el filósofo, este es uno de los componentes fundamentales de la 'gran moderación' que implicó el éxito de los programas neoliberales. Antes del derrumbe del sistema económico, en 2007, los sueldos reales eran más bajos que en 1979, cuando se inició el experimento neoliberal. El neoliberalismo nos ha conducido no al fomento de las libertades, como dice, sino más bien al fomento de las tiranías más déspotas.

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Un bufón comanda el imperio

Lun, 14/08/2017 - 13:51
Emir Sader, Página 12

Estados Unidos siempre tuvo el temor de no lograr mantener dos guerras a la vez. Con el entusiasmo del consenso logrado para invadir y destruir a Afganistán –chivo expiatorio de los atentados a las Torres Gemelas, para librar de responsabilidades a Arabia Saudita, su aliado carnal–, el gobierno norteamericano se lanzó, en ese momento sólo con el apoyo de Gran Bretaña, a invadir y a destruir el país de la civilización más antigua del mundo: Irak. Década y media después, todavía está por allá. No ha logrado salir de ninguno de los dos países, a pesar de haberlos destruido.

Ahora, con el intervalo de pocos días, Donald Trump, que dirige el imperio por Twitter, dio dos declaraciones bomba, bien a su estilo. Dijo que Corea del Norte será víctima del ataque más fenomenal que el mundo haya conocido y, no contento con ello, que evalúa la posibilidad de una solución militar con Venezuela.

La agencia Reuters dijo que hay una vía de comunicación directa y secreta entre Corea del Norte y EEUU, una especie de teléfono rojo o amarillo. The New York Times delineó las razones por las cuales Washington no se metería con Caracas: pérdida de ganancias de empresas norteamericanas del petróleo, costo caro de importar crudo de otros países más lejos, además de las reacciones, que suscitarían más apoyo al gobierno venezolano.

Pero Trump ya ha jugado con apretar el botón de guerra, bombardeando Siria y Afganistán, le gustó y tuvo apoyos dentro y fuera de EEUU, después de realizar una operación en los medios sobre las crueldades que el gobierno de Assad habría cometido y que llevaron a Trump casi a las lágrimas. No fue necesario nada de ello para que tirara la bomba más potente ya disparada hasta hoy en contra de un país, en Afganistán.

Racionalmente nadie tomaría en serio a EEUU, metido todavía en Afganistán y en Irak, además de Siria, lanzado a destruir Corea del Norte e invadiendo a Venezuela, a la vez. Pero el hecho de ser el presidente con menor apoyo en los primeros seis meses de gobierno, puede incitar a Trump a montar operaciones mediáticas –como la que él hizo sobre Siria, buscando conmover con la exhibición de escenas de crueldad atribuidas al gobierno de Assad– para justificar alguna operación que, él cree, pueda aumentar su apoyo interno y mostrar al mundo que él todavía está en el comando del mundo.

Después de tantas barbaridades que Trump ha hecho y ha dicho, ya hay gente que no duda que pueda meterse en alguna nueva aventura nuclear en contra de Corea del Norte. Y que pueda querer “dar una lección” a Venezuela, valiéndose del clima favorable en el continente, antes que pueda cambiar, por ejemplo, con un eventual retorno de un gobierno hostil en Brasil.

Lo cierto es que un bufón comanda el imperio y tiene el botón nuclear al alcance de su dedo y de su Twitter. Esa es la contribución de EEUU hoy al restablecimiento de la paz mundial. Solución que ya no resultó en Siria y tampoco ha logrado ser puesta en práctica en contra de Irán. Rusia salió fortalecida, como la gran adversaria del llamado Estado Islámico, y promotora de soluciones que superen la crisis de Siria. Todo ha resultado mal para EEUU allá. Además de la incomodidad y el desgaste de las relaciones estrechas con Arabia Saudita, por ser el país promotor de apoyo al Estado Islámico, el agente más importante del terrorismo en Medio Oriente y en otros lugares del mundo.

Las amenazas de la derecha de que Venezuela está en todos los países, como lo hace Macri frente a los reveses electorales, no tiene asidero en la realidad. Pero una locura de Trump en contra de Venezuela va a tener consecuencias, que se desparraman por todo el continente. Hasta la misma OEA se vio obligada a condenar las declaraciones de Trump, lo mismo hizo el ex presidente mexicano Vicente Fox.

Una locura de Trump en contra de Corea del Norte no podría sino tener efectos graves, con respuestas hacia Corea del Sur, además de que lo que quede de los países se volverá ingobernable. En Venezuela promovería un nuevo aislamiento grave de Washington en América latina. Y tampoco es seguro que los norteamericanos apoyen locuras de ese tipo, después de los fracasos y los desgastes en Afganistán, Irak y Siria.

Pero es bueno saber que un bufón comanda el imperio y todo lo malo que puede ocurrir a partir de esa situación. Incluso la crisis final de la hegemonía imperial norteamericana en el mundo.

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El Dow Jones en 22.000: Un nuevo récord de parasitismo

Lun, 14/08/2017 - 08:00
Nick Beams, wsws.org

El Promedio Industrial Dow Jones registró su séptimo récord consecutivo el día del 3 de agosto, después de llegar a 22.000 el miércoles, impulsado por un aumento de 4,7 por ciento en las acciones de Apple. El Dow ha casi triplicado su valor desde que alcanzó su punto bajo post-crisis financiera del 2008 de 6.547 en marzo del 2009.

El histórico auge bursátil ha continuado a pesar de la inestabilidad del gobierno de Trump y el aumento de las tensiones geopolíticas, con EEUU amenazando con guerra en Europa contra Rusia, en el Medio Oriente contra Irán, y en el este de Asia contra Corea del Norte y China. El mismo día del auge del Dow, Donald Trump promulgó nuevas sanciones contra Rusia, Irán y Corea del Norte. La Unión Europea se desmorona después del Brexit y la alianza entre los Estados Unidos y Alemania se está convirtiendo en hostilidad abierta y mutua. En medio del continuo estancamiento económico, las relaciones comerciales mundiales se están desintegrando, dando lugar a la guerra comercial y el proteccionismo. Nada de esto ha puesto fin a la bonanza en Wall Street y las bolsas del mundo. En lo que va del año, el Dow ha subido un 11,5 por ciento. Una inversión de $10.000 hecha hace apenas una década ahora valdría $33.600. Estas enormes ganancias no llegan a toda la población —la Reserva Federal estima que sólo un 15 por ciento de los hogares posee acciones— sino que a la élite financiera.

En las primeras décadas del período post-Segunda Guerra Mundial, un alza en el mercado bursátil de los EEUU indicaba un fortalecimiento generalizado de la economía estadounidense, impulsada por las grandes corporaciones industriales que encarnaban la superioridad general de los métodos productivos del país. Esta época quedó en el pasado. El auge bursátil actual es una expresión de la inmensa y creciente distancia entre los mercados financieros y la economía real subyacente.

El júbilo de los directorios empresariales, Washington y la prensa por el alza del Dow por sobre los 22.000 coincide con escenas que recuerdan a la Gran Depresión. Decenas de miles trabajadores, viejos y jóvenes, en ciudades y pueblos económicamente devastados en todos los EEUU hacían cola para solicitar empleo con el minorista online Amazon con esperanzas de obtener puestos que pagan apenas $12,50 la hora.

Las verdaderas condiciones de millones de trabajadores quedaron en evidencia el mes pasado cuando Foxconn, el gigante taiwanés de la manufactura electrónica, decidió abrir una planta de ensamblaje en los Estados Unidos. Los salarios reales en el país ya son tan bajos que se volvió rentable trasladar la producción a los EEUU más cercano a la sede central de Apple y las otras empresas de alta tecnología a las que provee.

Con el hito del 2 de agosto, el Dow marcó un nuevo récord de rapidez en subir 1.000 puntos. El suceso fue bienvenido por la prensa financiera, comentando que el alza significaba un incremento en las oportunidades de ganancias de las empresas estadounidenses gracias al fortalecimiento de la economía de Estados Unidos y el mundo.

El New York Times citó a un ejecutivo empresarial que dijo que a nadie le importaba la “teleserie” en Washington y que lo que importaba era la mayor demanda mundial de las industrias pesadas y el dólar débil, que favorece las exportaciones estadounidenses.

El Wall Street Journal citó a un analista de capital de JPMorgan que afirmaba que la actual temporada de altas ganancias era “más evidencia de un repunte en las fortunas de la economía mundial” y que el crecimiento global acelerado mantendría las acciones en alza.

Estas afirmaciones no se sostienen en datos verdaderos. El Fondo Monetario Internacional proyecta un crecimiento mundial de 3,5 para este año. Mientras esto significa una leve alza respecto a las evaluaciones anteriores, está muy por debajo de los niveles anteriores a la crisis financiera mundial. Todas las principales instituciones económicas mundiales, como el FMI, el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, indican que bajas tasas de inversión en la economía real siguen ralentizando el crecimiento de la productividad.

El mes pasado, el FMI modificó a la baja sus estimados de la expansión económica de los EEUU a 2,1 por ciento, comparado con su predicción de 2,5 por ciento de hace un año. La organización descartó que la economía estadounidense volvería a una tasa de crecimiento de 3 por ciento, lo que el gobierno de Trump afirma que logrará con su programa de recortes tributarios para las corporaciones, desregulación empresarial y bonos del gobierno disfrazados de inversión en infraestructura.

En lugar de reflejar la fuerza de la economía estadounidense, el auge en el mercado de valores es la consecuencia de las formas parásitas de acumulación de lucro que se han generalizado más y más en las últimas décadas, especialmente después de la crisis financiera mundial del 2008. Estas diversas formas de parasitismo se reflejan en las principales fuerzas impulsoras detrás del alza perpetua del mercado bursátil. Una de las principales causas del alza del Dow ha sido la subida de las acciones bancarias anticipando el desmantelamiento de las mínimas normas impuestas por la Ley Dodd-Frank, que se aprobó el 2010 en respuesta a la crisis financiera. Los bancos recibieron otra ayuda cuando el mes pasado se anunció que habían aprobado las pruebas de esfuerzo organizadas por la Reserva Federal, lo que les permitió desplegar inmensas alzas en los dividendos y comprar sus propias acciones para inflar su valor.

Los motores clave del mercado ya no son las grandes corporaciones industriales, sino empresas como Facebook, Netflix, Google, Apple y Amazon, las cuales tienen acumulan lucro de manera muy distinta a los líderes del mercado del pasado. Amazon, por ejemplo, no produce nada. El alza de sus acciones, que la semana pasada convirtió brevemente a su dueño Jeff Bezos en el hombre más rico del mundo, proviene de su habilidad para inventar nuevas maneras de socavar a los gigantes minoristas tradicionales. Por tanto, el ascenso de Amazon ha venido de la mano de una ola de clausuras de tiendas minoristas y la pérdida de decenas de miles de empleos en todo los Estados Unidos.

Las empresas de alta tecnología Apple y Google, igual que las principales compañías farmacéuticas, aumentan sus ganancias monopolizando el conocimiento, protegidos por los llamados derechos de propiedad intelectual, de la misma manera que en una época pasada la posesión de tierras y la extracción de renta formaba un componente principal de la acumulación de riqueza.

Estas empresas reclaman que sus precios de monopolio son necesarios para financiar nuevas investigaciones. Pero en realidad, estos dineros se utilizan para financiar la recompra de acciones y así enriquecer groseramente a los grandes inversionistas. Apple es una de varias grandes empresas, apodadas “monstruos de la recompra” por el canal de economía CNBC, que han estado utilizando sus ganancias no para invertir en la producción, sino para aplicar “ingeniería financiera” e inflar el valor de sus acciones.

Una investigación reciente mostró que del 2006 al 2015, las 18 farmacéuticas en el índice S&P 500 gastaron $516 miles de millones en recompras y dividendos, un 11 por ciento más que lo que gastaron en investigación y desarrollo. En otras palabras, más de 500 mil millones de dólares que podrían haberse usado para mejorar la educación en salud y otros servicios sociales esenciales se gastaron en aumentar la riqueza de los ultra-ricos. Se estima que cada año las empresas del índice S&P 500 gastan entre $500 y $600 mil millones en recompra de acciones.

Estas operaciones, que mueven miles de millones de dólares directo a las manos de los ultra-millonarios, son financiadas por la Reserva Federal de los Estados Unidos. Ésta inyectó billones de dólares en los mercados financieros tras la crisis financiera del 2008, y bajó al mínimo histórico la tasa de interés de los dineros prestados para esta “ingeniería financiera”.

A contrario de lo que afirman los medios convencionales, el alza del Dow no indica que la salud de la economía estadounidense esté mejorando, sino que expresa la diseminación de la decadencia y el parasitismo.

En última instancia, este proceso de saqueo social debe ser pagado —a expensas de los empleos y el nivel de vida de la clase obrera, la misma que produce todo el valor a través de su trabajo. La enorme inflación de los activos financieros es como una pirámide invertida asentada sobre una base cada vez más estrecha de valores reales generados por la inversión productiva y la expansión de las fuerzas productivas.

Se requieren dos cosas para perpetuar esta burbuja financiera inestable e insostenible: la explotación cada vez más brutal de la clase obrera y la supresión de sus luchas. Para poner fin a lo primero hay que acabar con lo segundo, e infundir las luchas de la clase obrera con una conciencia revolucionaria y socialista.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Publicistas del imperio

Dom, 13/08/2017 - 08:01
Atilio Borón, Página 12

Evidentemente, las crisis enseñan. Hacen caer las máscaras de quienes aparecían ante los ojos del público como “periodistas” –serios, independientes, bien informados– y los revela como lo que son: agentes de propaganda, publicistas de los grupos dominantes para quienes este es el mejor de los mundos posibles. Un mundo en donde ocho individuos tienen más riquezas que la mitad de la población mundial y el 1% más rico tiene más que el 99% restante del planeta. Para quienes están en la cima de esa pirámide pretender cambiar este mundo es una locura y una amenaza a sus intereses y privilegios. Por eso organizan una legión de publicistas disfrazados como “periodistas” o “académicos” que se encargan de engañar a la gente sea mintiendo u ocultando lo que el común de los mortales no debe jamás saber. ¿El mensaje? El mismo de Margaret Thatcher: “no hay alternativas”.

La desesperación por abortar cualquier pretensión de cambio, cualquier aspiración a construir una sociedad más justa, humana, amigable con la naturaleza es tan grande que en el día de hoy el periódico conservador La Nación publica las opiniones de dos de sus habituales colaboradores perpetrando un exabrupto que los descalifica para seguir posando como analistas políticos. Andrés Oppenheimer en la edición impresa comienza con un título que anticipa la sutileza de su escrito: “Maduro es un dictador”. Y pocas horas después, en la edición online de ese mismo diario, Loris Zanatta, un historiador italiano especializado en el estudio del nacionalismo católico y el peronismo, ganado por su ofuscación levanta la apuesta de su colega y de un plumazo Maduro ya no es un dictador sino un déspota que preside un estado totalitario.

En épocas normales jamás me habría ocupado de personas que dicen lo que estos dos publicistas. Pero vivimos en un mundo que se acerca temerariamente a su autodestrucción, “tiempos interesantes” según la conocida maldición china que inspiró a Eric Hobsbawm, y en épocas como esta quien calla otorga. Lo que transmiten los editorialistas de La Nación no son ideas sino como dijera Octavio Paz (ese sí que era un intelectual fuera de serie, lástima que involucionó hacia la derecha) simples “ocurrencias”. A ambos los reprobaría en un examen y les exigiría que leyeran cuidadosamente algunos de los textos clásicos en la teoría y la filosofía políticas antes de hablar de dictaduras y totalitarismos. Leer a Carl Schmitt, Sheldon Wolin, Franz Neumann, Hanna Arendt, Max Weber, Barrington Moore, Giorgio Agamben, Domenico Losurdo, Perry Anderson, Juan Linz y, entre nosotros, a Gino Germani para no incurrir en papelones como los que me veo obligado a comentar. Creo que es una falta de respeto para con los lectores hablar de dictadura apelando al Diccionario de la Real Academia Española o al Merriam- Webster. A falta de teóricos reconocidos y respetables en el campo de la ciencia política Oppenheimer cita una autoridad extravagante: el Asesor de Seguridad de Donald Trump, H. R. McMaster, quien según nuestro autor estuvo en lo cierto cuanto declaró que Maduro “no sólo es un mal líder: ahora es un dictador”. McMaster no parece demasiado calificado para dictar cursos de teoría política o hablar de estos temas. Su obra jamás la he visto citada en los textos que seriamente estudian el tema. Es un general del ejército con un doctorado en historia de Estados Unidos y un rudo crítico de las “políticas blandas” aplicadas por la Casa Blanca en Vietnam, cosa que lo pinta de cuerpo entero. Pero las opiniones del imperio no se discuten sino que se acatan y entonces si McMaster lo dijo Maduro “debe ser” un dictador. Extraño, como señalaba Galeano a propósito de Chávez, en un país donde su “dictadura” convocó a 21 elecciones y las dos que perdió fueron inmediatamente aceptadas por el “dictador”, mientras que la oposición “democrática” nunca reconoció sus 19 derrotas. Dictador que acaba de convocar nuevas elecciones para alcaldes y gobernadores, y que si la oposición -que dice contar con la mayoría del apoyo popular- se presenta puede ganar sin ningún problema. Que según el ex presidente James Carter el dictador cuenta con un sistema electoral que es de los mejores del mundo, más transparente y confiable que el de Estados Unidos. Que acepta que funcione una Asamblea Nacional que tiene tres “diputruchos” y que desobedeció la orden del Tribunal Superior de Justicia de convocar a nuevas elecciones para reemplazarlos con diputados legalmente electos. Que admite que el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, visite al Jefe del Comando Sur de Estados Unidos rogándole que envíe tropas a Venezuela para restaurar el orden, regrese al país sin ser molestado, convoque a conferencias de prensa para denunciar al “dictador”, continúe con su investidura parlamentaria y su actividad política hasta el día de hoy y nadie lo haya denunciado por lo que en la Argentina sería un gravísimo delito de traición a la patria. Que tiene que vérselas con medios de comunicación opositores que hicieron de la mentira y la difamación su modo de ejercer el periodismo. Si Maduro es un dictador entonces don Andrés tendrá que acuñar alguna nueva categoría teórica para asignar en su tipología a demócratas tan eminentes como el golpista Michel Temer; Manuel Santos, Enrique Peña Nieto, Horacio Cartes y nuestro Mauricio Macri, con Milagro Sala como presa política, Santiago Maldonado como “desaparecido” y la tentativa de nombrar dos jueces de la Corte Suprema por decreto.

Si lo de Oppenheimer es un exabrupto, lo de Zanatta ya se inscribe en otra dimensión: un disparate en donde Chávez termina siendo peor que Videla o Pinochet. Decir que por obra de su déspota totalitario Maduro ha “eliminado la política”, o que en ese país las elecciones “son rituales plebiscitarios llamados a ratificar la unidad del pueblo” (¿Cómo explica don Loris la mayoría absoluta de la oposición en la Asamblea Nacional?, ¿estuvo alguna vez en la hiperpolitizada Venezuela?) o, peor aún, “que el chavismo, el castrismo y el peronismo clásico, al igual que sus antepasados, no son dictaduras simples, sino fenómenos totalitarios” constituyen aberraciones históricas y teóricas que hablan de los efectos tóxicos de algunas sustancias sobre el cerebro de las personas y que las desconecta por completo de la realidad. Mi maestro y director de tesis doctoral, Gino Germani, se estará revolviendo en su tumba al escuchar tan solemne disparate contra el cual luchó toda su vida. Volver con la cantinela del peronismo como “totalitarismo” es un error tan grosero que la Universidad de Bologna debería someter a su profesor a un jurado académico y apartarlo de su cargo por mala praxis, por el imperdonable pecado de confundir ciencia con propaganda.

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Primarias en Argentina: más que elecciones, un plebiscito

Sáb, 12/08/2017 - 13:11
Javier Tolcachier, Alai

Este domingo se disputan en Argentina elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias. Bajo el pomposo nombre de “Ley de democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral”, la norma que las regula fue sancionada en 2009. Si bien en la teoría uno de los propósitos de esta pre-elección es la de ser una suerte de pre-selección democrática de candidatos dentro de las distintas agrupaciones, en la práctica esta premisa no se ha cumplido y la mayoría de las listas son únicas, sin competencia interna.

Otro motivo esgrimido en su momento para justificar la ley fue la de “ordenar” el espectro político y fortalecer el sistema partidario, previendo números de afiliaciones más altos para obtener o conservar personería jurídica, recolección de firmas para avalar candidaturas y por último, lograr un piso mínimo de votos (1.5% del padrón) para poder competir en la elección de fondo. Lejos de contribuir a una profundización democrática – como era de preverse – la nueva reglamentación conspiró contra las posibilidades de nuevas formaciones o partidos minoritarios, reduciendo la diversidad de opciones y dando continuidad al chantaje del electorado y a la concentración del voto.

Por último, el modelo partidario de representatividad no se fortaleció en absoluto. Por el contrario, los partidos fueron vaciándose paulatinamente quedando apenas como esqueletos anticuados o sellos de goma, incapaces de contener o atraer el impulso transformador de las militancias jóvenes. Esta decadencia de antiguas formas partidarias llegó al punto del vergonzante ocultamiento de sus gloriosas siglas a fin de no espantar votantes potenciales.

En rigor de verdad, ese proceso no tiene su origen en esa ni en ninguna otra ley, sino que obedece a la sublevación social contra modalidades y poderes burocráticos incapaces de ceder al empuje de nuevos tiempos que exigen una democratización estructural.

De este modo, desde un punto de vista institucional, las PASO han quedado vaciadas de su contenido original y se convierten en una pulseada preelectoral, una encuesta sobre el humor ciudadano, una suerte de antesala de la elección real a llevarse a cabo en Octubre de este año. ¿Apenas eso? De ningún modo.

Dadas las circunstancias políticas en Argentina, en vista del retroceso social inesperado para algunos, absolutamente previsible para otros, la cita adquiere un alto voltaje simbólico. ¿Qué se juega en ellas? Y en términos más amplios, a escala regional o mundial, ¿cuáles son las implicancias de su resultado?

La facción gobernante encabezada por el empresario Macri, asumió el gobierno en 2015 con una clara inferioridad legislativa, debilidad a la que se sobrepuso de manera relativa, mediante acuerdos y presiones espurias que concluyeron en la traición de un grupo de diputados y senadores al mandato político opositor conferido por un número muy significativo de la población en la elección precedente.

Sin embargo, no contar con mayorías propias o permanentes en las Cámaras atemperó – aunque parezca inverosímil dadas las características antipopulares de las medidas tomadas en los últimos dieciocho meses – la vocación de capitalismo salvaje que anima al gobierno actual. De este modo, el objetivo del gobierno es perfectamente escrutable: lograr en la elección de Octubre acuñar una mayoría legislativa – propia o alquilada – con legitimidad suficiente para profundizar el (des)ajuste social. Si consigue eso, los argentinos se verán con un panorama similar al que actualmente transita el Brasil. En pocas líneas: aumento de la edad jubilatoria y descenso relativo de sus montos, reducción salarial y de derechos laborales, congelamiento o eliminación de subsidios sociales, desinversión pública en salud, educación, vivienda, cultura, ciencia, fuerte desgravación impositiva para las grandes empresas. Todo ello con el fin de abrir a la banca y al empresariado corporativo local e internacional la mercantilización total de la vida colectiva y generar la maximización de beneficios de esa porción minoritaria.

En la vereda de enfrente, los movimientos populares y sus expresiones más progresistas, conscientes de este panorama, apuntarán todas sus fuerzas a frenar este proceso involutivo de exclusión y desintegración social. Al tiempo de recomponer líneas y alianzas luego de la derrota electoral última – que en estas latitudes se traduce en fuga de organizaciones e individuos dependientes en su militancia del grifo gubernamental – la oposición real, encarnada en el kirchnerismo y algunas pocas opciones menores, aspira a impedir en primer término “mayorías automáticas” en el parlamento que habiliten, una vez más, el desguace estatal y la hecatombe social.

De este modo, la clave política de esta elección primaria no está puesta en las candidaturas a escoger, ya que los nombres y los perfiles están ya definidos por ambas estrategias. El resultado, aunque muy posiblemente favorable a la intención opositora de mostrar una fuerte crítica popular a la política en curso, no bastará para hacer fracasar por completo el modelo.

El gobierno, apoyado, aconsejado, protegido y hasta digitado por el hegemón mediático principal, tratará incluso de vender la derrota relativa como un avance, escondiendo a la opinión pública la faceta que menos le convenga y dando mayor relevancia a lo que pueda resultarle favorable a sus designios. Por otro lado, proseguirá impertérrito en su intención de forzar a la sociedad a seguir por el mismo camino, triunfe o no en la elección, con legitimidad o sin ella.

Pero ésta no es tan sólo una lucha local. El propósito de apropiación final del todo social no es un invento del gobierno sino de las corporaciones globales, que lo incluyen pero exceden largamente. Para éstas, el Estado no sólo es un enemigo porque redistribuye parte de los dividendos sociales a los sectores más postergados, como sucedió en la década progresista en Bolivia, Venezuela, Ecuador, Argentina, o Brasil. O bastante antes en Cuba o Nicaragua. En esos lugares y tiempos, millones de personas salieron de la pobreza extrema, del hambre, lograron ampliar derechos, cultivaron su dignidad y construyeron colectivamente cierto grado de autonomía y soberanía en medio de un mundo en decadencia. Malos ejemplos a erradicar so pena cunda la pandemia inclusivista, según los cánones del poder.

Para desgracia de la elite, éste no era el único problema para el desarrollo de “buenos negocios”. El Estado, por entonces, no solamente dejó de ser una herramienta en manos de los poderosos, sino que pasó a ser su principal competidor. Un fuerte competidor que comenzó a gestionar los principales recursos aumentando la disponibilidad de ingresos para invertirlos en el bienestar de las mayorías. Un competidor que amplió el acceso a los servicios y productos para todos a bajo o nulo costo. Imperdonable! Competencia desleal! ¿Pero desleal a quién?

Así es que, en el plano económico, las grandes corporaciones multinacionales decidieron apoderarse del Estado, para que vuelva a servirles como siempre. Para que sea apenas un departamento corporativo más, un anexo. Por la razón o la fuerza, con elecciones o golpes, duros o blandos, como sea. Colocando a sus propios gerentes al frente o a lacayos entrenados en las arduas lides de la banca mundial, toda gente de su confianza, con sus códigos y su cruel frialdad ejecutiva. Insensibles que sólo piensan en que la curva de beneficio de su “company” y las bonificaciones personales que obtienen por ello vayan para arriba, sin importar la tragedia humana y medioambiental generada en su estela. Para los custodios del capital, todo derecho es dádiva injusta y toda tendencia equitativa, populismo o peores e impronunciables “ismos”.

Pero como se supone que los buenos “ismos” ya son historia antigua, que la aspiración de igualdad de oportunidades pertenece a la era pre-muro de Berlín y no a la post-muro de Trump (o de Ceuta, Hungría, Gaza y tantos otros), entonces la vulgaridad se personaliza como “castrismo”, “chavismo” o tantas otras.

Y esta personalización cumple también con una parte esencial del plan, ya que la única defensa posible de los pueblos frente a estos “monstruos grandes que pisan fuerte” es su capacidad de organización, de movilización y la enorme fe que depositan en sus liderazgos. Y esa línea estratégica es la que en definitiva los grupos de poder económicos quieren quebrar. La única trama posible que augura la “sustentabilidad” de su esquema. De ese modo, proscribir, encarcelar, difamar a los líderes sociales se corresponde con diluir la fuerza de la resistencia organizada de los pueblos. Matar la rebeldía es descabezarla y desanimarla.

Los pueblos conquistados deben ser inermes, no tener capacidad alguna de respuesta, regresar a la impotencia absoluta, ser esclavos conscientes de su incapacidad de respuesta.

Para ello el arma imprescindible son los medios masivos de difusión, de convencimiento, de manipulación en conjunto con las deformadas “redes sociales”. No hay mejor esclavo que el que cree elegir su esclavitud, el que se conforma con ella, el que no ve ninguna otra alternativa a su prisión in- y subhumana.

Sin embargo, en esta película de terror cuyo papel protagónico es de los tiranos de traje, hay un último y gran escollo: la raíz cultural de los pueblos latinoamericanos. Pese a todo el esfuerzo publicitario por promover el individualismo y la competencia, las culturas lugareñas conservan fuertes rasgos gregarios, de pertenencia colectiva. La esencial cuota identitaria que hace que el latinoamericano medio adhiera al fenómeno comunitario dificulta la permeabilidad de los conjuntos al engañoso ideal de felicidad que promueve el mundo capitalista. Las cúspides solitarias pueden atraer fugazmente, pero no llegan a la profundidad arraigada en esta región cultural, más proclive en su base social a la solidaridad y la cooperación, aunque no siempre lo parezca.

Por tanto, para imponer la crueldad como máxima virtud y eje de un modelo social depredador y esclavizante, se somete a los pueblos a una colonización cultural, a la imposición de modelos de vida no elegidos, ni coincidentes con la acumulación de memoria histórica. Dividir, diferenciar, y a la vez odiar al diferente. Esquizofrenia social y personal. ¿Cómo asombrarse luego de que crezcan los actos de violencia y la locura?

Ése es el sentido simbólico de esta elección primaria, donde nada pero todo se elige. Es una elección entre la posibilidad de liberación colectiva en lo social, cultural, económico y de estilo de vida frente al sometimiento a las falsas promesas de la libertad egocéntrica.

Es un plebiscito existencial. En contra del gobierno de las corporaciones y la dictadura del capital.

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El periodismo necroterrorista contra Venezuela

Ven, 11/08/2017 - 12:10
Gilberto López y Rivas, La Jornada

Al día siguiente de la histórica elección de la Asamblea Nacional Constituyente, que tuvo lugar en la República Bolivariana de Venezuela el 30 de julio pasado, innumerables periódicos en el ámbito planetario, entre ellos, de México, exhibieron en sus primeras planas la fotografía del momento preciso en que es detonada una carga explosiva en una avenida del este de la ciudad de Caracas, dirigida contra una caravana de motorizados de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB). En un video de la emboscada que circuló por las redes electrónicas, es posible observar la columna de motociclistas dar vuelta a una esquina, y de pronto, en el fondo de la calle, tiene lugar la detonación que causó la muerte de un joven integrante de este cuerpo militar y heridas graves a otros ocho.

Los medios de comunicación empotrados en los grupos fascistas que pretenden deponer al presidente constitucional Nicolás Maduro Moro, filmaron los detalles del ataque hasta su fatal consumación, e, incluso, en el video, es posible escuchar las exclamaciones de júbilo de los supuestos "luchadores por la libertad", que celebran así el éxito de su atentado, que, de realizarse en cualquier ciudad de Europa o Estados Unidos, seguramente hubiera ocasionado una "conmoción mundial".

Sin embargo, esta cobarde agresión preparada con premeditación, alevosía y ventaja, fue cabeceada con titulares de este tenor en los diarios: "Maduro baña en sangre Venezuela en farsa electoral", "Imponen la Constituyente, día de fuego y sangre", "Maduro completa su giro autoritario en una Venezuela en pie de guerra", "Maduro encubre con violencia y represión el fracaso de la constituyente", "Maduro perpetra su golpe". El diario mexicano Milenio, con la misma portada, cabeceo: "Imponen la Constituyente". Esto es, las víctimas son presentadas como victimarios y la fotografía de un acto terrorista es mostrada como prueba de las derivas autoritarias de una supuesta dictadura y de un ambiente de "caos y guerra civil".

El reconocido experto en medios de comunicación, Pascual Serrano, analiza críticamente estas portadas de los diarios del estado español: ABC, El Mundo, La Razón, La Voz de Galicia, Heraldo, El Norte de Castilla. Sin embargo, la realidad de la jornada electoral en la que se eligieron los y las constituyentes fue totalmente distinta a la proyectada por el necroterrorismo mediático, que, por la uniformidad y sincronía de su mensaje, bien se puede suponer, sin entrar en la teoría de la conspiración, que hubo un director de orquesta en esta "batalla por la narrativa" de los militares estadounidenses especialistas en las guerras de amplio espectro. Lo que importa no es la verdad de lo que ocurre, sino la manipulación mediática a nivel masivo. Como bien lo denunció el ministro del Poder Popular para la Comunicación e Información, Ernesto Villegas: “Contra Venezuela se está produciendo un mega fake news”. (Correo del Orinoco, 6/07/17)

Estuve en Venezuela días antes y durante el proceso electoral como parte de la observación internacional proveniente de ciudadanos de unas 20 naciones. De nuestros recorridos, entrevistas y testimonios pude observar un país en el que la violencia proviene fundamentalmente de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) y sus brazos paramilitares y delincuenciales, y está localizada en puntos muy precisos y reducidos de la geografía venezolana. El resto del territorio vive la normalidad cotidiana de un país caribeño, con las características estructurales de una economía rentista en profundo cambio, pero, sobre todo, sometida al asedio oligárquico-imperialista, siempre omitido por los analistas, incluyendo quienes se autocalifican de "izquierda". Partimos de la base de que el chavismo ha sido un verdadero terremoto sociopolítico que provocó una toma de conciencia de clase y de patria de millones de personas, por un lado, y, por el otro, la rebelión sediciosa, racista y clasista del grupo oligárquico que perdió el poder político y el apoyo de las fuerzas armadas, que, en este caso, obedecen al poder originario: el pueblo de Venezuela. De ahí que la burguesía busqué en Estados Unidos, la desprestigiada OEA y los gobiernos subalternos al imperio, la intervención por la vía de sanciones económicas y políticas y, la ansiada y demandada intervención militar. El fracasado ataque de civiles portando uniformes militares, al mando de un oficial subalterno que hace tres años fue separado de la institución por traición a la patria y rebelión, al Fuerte Paramacay, ubicado en Valencia, estado Carabobo, en la madrugada del 6 de julio, es otra prueba fehaciente de la apuesta de la derecha venezolana por la violencia golpista.

Para el necroterrorismo mediático no mereció atención la participación de más de ocho millones de venezolanos y venezolanas en el proceso electoral para elegir la Asamblea Nacional Constituyente y no obstante que varios acompañamientos, escrutinios y observaciones internacionales dieron cuenta de la constitucionalidad, legalidad y legitimidad de la elección, así como de la fortaleza tecnológica, logística y profesional del Consejo Nacional Electoral. En el informe presentado al final de la jornada electoral, los y las integrantes de este acompañamiento internacional, hicieron un llamado a respetar la decisión soberana y el derecho a la autodeterminación del pueblo venezolano, expresados en la elección de la Asamblea Nacional Constituyente.

Asimismo, se consideró que esta elección estuvo fundamentada en el ordenamiento jurídico venezolano, y en la reafirmación del principio universal del ejercicio de la soberanía de los pueblos y de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas. Los y las acompañantes fueron testigos de cómo, cruzando ríos para evitar las trancas o retenes de los violentos, pernoctando en casas de familiares y amigos, y no obstante las campañas de terror entre la población: “Los venezolanos y las venezolanas en ejercicio de su derecho a la participación política, consagrado en el artículo 62 de la Constitución, han concurrido –de manera cívica y pacífica– a ejercer su derecho al voto, en una elección libre, universal, directa y secreta (…) El pueblo venezolano se pronunció por la paz, a pesar de las amenazas y acciones intervencionistas del gobierno de Estados Unidos de América y sus aliados,” y, añadiría, a pesar de la mega campaña del necroterrorismo mediático.

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