Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger5046125
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Joseph Stiglitz: Una luz de esperanza brilla para las ciudades

Sáb, 10/05/2014 - 13:08
Joseph Stiglitz, Project Syndicate

El mes pasado, se llevó a cabo en Medellín, Colombia una reunión que vale la pena destacar. Se reunieron unas 22.000 personas para participar en el Foro Urbano Mundial y allí examinaron el tema del futuro de las ciudades. La atención se centró en la creación de “ciudades por la vida” – es decir, en la promoción de un desarrollo equitativo dentro de los entornos urbanos, que son los lugares donde una mayoría de los ciudadanos del mundo viven en la actualidad, y que serán los lugares donde dos terceras partes de ellos residirán hasta el año 2050.

La reunión se celebró en un lugar que de por sí es simbólico: la ciudad de Medellín, ciudad que en otrora fue conocida por sus bandas de narcotraficantes, y que ahora cuenta con una bien merecida reputación que la destaca como una de las ciudades más innovadoras del mundo. La historia de la transformación de esta ciudad encierra importantes lecciones para las zonas urbanas de todo el mundo.

En las décadas de los años 80 y 90, los jefes de los carteles como el mal afamado Pablo Escobar, gobernaban las calles de Medellín y controlan sus políticas. La fuente del poder de Escobar no fue solamente el altamente lucrativo comercio internacional de la cocaína (impulsado por la demanda en los Estados Unidos), sino que también lo fue la desigualdad extrema en Medellín y en toda Colombia. En las empinadas laderas del valle que acuna a la ciudad, extensas barriadas, prácticamente abandonadas por el gobierno, proporcionaban un suministro fácilmente disponible de reclutas para los carteles. Frente a la ausencia de servicios públicos, Escobar ganó los corazones de los más pobres de Medellín con su generosidad – incluso mientras que paralelamente aterrorizaba a la ciudad.

Hoy en día, dichas barriadas son prácticamente irreconocibles. En el barrio pobre de Santo Domingo, el nuevo Sistema de Metrocable, que consiste de tres líneas de cabinas aéreas, presta servicios a los residentes trasladándolos hacia y desde cientos de metros de altura en la ladera de la montaña, poniendo fin así a su aislamiento del centro de la ciudad. El viaje ahora dura solamente unos minutos y las barreras sociales y económicas entre los asentamientos informales y el resto de la ciudad se encuentran en camino a desmoronarse.

Los problemas de los barrios pobres de la ciudad no se han desvanecido, pero los beneficios que las mejoras en infraestructura han traído consigo se pueden evidenciar de manera brillante en casas bien cuidadas, en murales y en campos de fútbol encaramados cerca de las estaciones del teleférico. El Metrocable es solamente el más emblemático de los proyectos urbanos por los cuales el año pasado Medellín ganó el Premio Veronica Rudgeal al diseño urbano verde de la Universidad de Harvard, que es el premio más prestigioso en dicho campo.

Comenzando con el gobierno municipal de Sergio Fajardo (ahora gobernador del Departamento de Antioquía, cuya capital es Medellín), quien asumió el cargo en el año 2004, la ciudad ha realizado grandes esfuerzos para transformar sus barriadas, mejorar la educación y promover el desarrollo. (El actual alcalde, Aníbal Gaviria, ha aseverado su compromiso para continuar en este camino).

Medellín construye edificios públicos de vanguardia en las zonas que en pasado fueron las más deterioradas, proporciona pintura para casas a los ciudadanos que viven en los distritos pobres, y limpia y mejora las calles – todo esto bajo el convencimiento de que si se trata a las personas con dignidad, ellas valorarán su entorno y se enorgullecerán de sus comunidades. Y, la veracidad de dicho convencimiento ha sido más que confirmada.

A lo largo de todo el mundo, las ciudades son a la vez la ubicación y el centro de los principales debates de la sociedad, y esto ocurre por una buena razón. Cuando las personas viven en espacios reducidos, ellas no pueden evitar confrontarse con problemas sociales de gran importancia, como por ejemplo: la creciente desigualdad, la degradación del medio ambiente y la inversión pública inadecuada.

El Foro recordó a los participantes que las ciudades habitables requieren de planificación – un mensaje no concordante con las actitudes que prevalecen en gran parte del mundo. No obstante, sin planificación e inversión pública en infraestructuras, sin transporte público, sin parques, y sin el suministro de agua potable y saneamiento básico, las ciudades no serán habitables. Y, son los pobres quienes inevitablemente sufren más por la ausencia de dichos bienes públicos.

La ciudad de Medellín es también portadora de algunas lecciones para EE.UU. De hecho, un estudio de investigación reciente muestra cómo la planificación inadecuada ha alimentado la segregación económica en Estados Unidos, y cómo las trampas de pobreza han formado ciudades sin transporte público, debido a la escasez de puestos de trabajo accesibles.

La conferencia fue más allá de esto, hizo hincapié en que no es suficiente lograr “ciudades habitables”. Llegó a la conclusión de que tenemos que crear zonas urbanas en las que las personas puedan prosperar e innovar. No es casualidad que la Ilustración – que a su vez condujo hacia los más rápidos y más grandes avances en la historia de la humanidad en cuanto a mejorar los estándares de vida de las personas – se hubiese desarrollado en las ciudades. El desarrollo de nuevas formas de pensar es una consecuencia natural de la alta densidad poblacional, siempre y cuando se tengan las condiciones adecuadas para ello – condiciones que incluyen espacios públicos en los que las personas puedan interactuar y la cultura pueda prosperar, y se tenga un etos democrático que reciba de buen agrado y aliente la participación del público.

Un tema clave que se consideró durante el Foro fue el consenso emergente sobre la necesidad de lograr un desarrollo que sea sostenible en cuanto a sus aspectos medioambientales, sociales y económicos. Todos estos aspectos de la sostenibilidad están entrelazados entre sí y son complementarios; y, las ciudades proporcionan el contexto en el que todos ellos se presentan con mayor claridad.

Uno de los mayores obstáculos para el logro de la sostenibilidad es la desigualdad. Nuestras economías, nuestras democracias y nuestras sociedades pagan un alto precio por la creciente brecha entre ricos y pobres. Asimismo, en muchísimos países es posible que el aspecto que siembre más cizaña, en relación a la cada vez más amplia brecha de ingresos y riqueza, sea la profundización de la desigualdad de oportunidades.

Algunas ciudades han demostrado que estos patrones ampliamente observados no son el resultado de las inmutables leyes de la economía. Incluso en el país avanzado con la más alta desigualdad en el mundo – Estados Unidos – algunas ciudades, como por ejemplo San Francisco y San José, pueden ser comparadas con las economías de mejor desempeño en términos de la igualdad de oportunidades que brindan.

Teniendo en cuenta la parálisis política que aflige a muchos gobiernos nacionales alrededor del mundo, las ciudades con visión de futuro se están convirtiendo en faros de esperanza. Un EE.UU. dividido parece incapaz de poder abordar su alarmante incremento en la desigualdad. Sin embargo, en la ciudad de Nueva York, el alcalde Bill de Blasio fue elegido con la promesa de hacer algo al respecto.

Si bien existen límites para lo que puede hacerse a nivel local – debido a que, entre otros aspectos, los impuestos nacionales proporcionan muchísimos más recursos que los impuestos municipales – las ciudades, por ejemplo, pueden ayudar a garantizar la disponibilidad de viviendas asequibles. Y, las ciudades tienen a su cargo, de manera muy especial, la responsabilidad de proporcionar educación y servicios públicos de alta calidad para todos, independientemente de los ingresos que las personas puedan tener.

Medellín y el Foro Urbano Mundial han demostrado que esto no es solamente una quimera. Es posible vivir en otro mundo, solamente necesitamos de voluntad política para lograrlo.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El FMI va a la guerra en Ucrania

Ven, 09/05/2014 - 13:02
Pepe Escobar, RT

El FMI ha aprobado un préstamo de 17.000 millones de dólares a Ucrania. El primer bloque de 3.200 millones de dólares llegó el miércoles.

Es esencial identificar las condiciones adosadas a este “préstamo” al estilo de la mafia. No hay nada en juego que sea remotamente similar a una reanimación de la economía ucraniana. El trato está inextricablemente vinculado a la tristemente célebre política de “ajuste estructural” del FMI, la misma receta para todos, conocida por cientos de millones de personas desde Latinoamérica y el Sudeste Asiático hasta el sur de Europa.

Los "cambiadores de régimen" de Kiev han cumplido debidamente lanzando el inevitable paquete de austeridad, desde subidas de impuestos y pensiones congeladas hasta un duro aumento de más del 50% del precio del gas natural que calienta las casas ucranianas. El “pueblo ucraniano” no podrá pagar sus cuentas de gas el próximo invierno.

Predeciblemente el masivo préstamo no beneficia al “pueblo ucraniano”. Kiev está esencialmente en bancarrota. Los acreedores van de los bancos occidentales a Gazprom, a la que deben por lo menos 2.700 millones de dólares. El “préstamo” pagará a estos acreedores; además 5.000 millones del total están destinados a pagos de -qué iba a ser– anteriores préstamos del FMI. Sobra decir que una gran parte de los fondos se la embolsará debidamente –al estilo afgano– el actual grupo de oligarcas alineados con el gobierno de “Yats” en Kiev.

El FMI ya ha advertido de que Ucrania está en recesión y podría necesitar una ampliación del préstamo de 17.000 millones de dólares. La neolengua del FMI la califica de “significativa recalibración del programa”. Esto ocurrirá, según el FMI, si Kiev pierde el control de Ucrania en el este y el sur, lo que ya está progresando.

En el este de Ucrania está el corazón industrial del país –con el mayor PIB per cápita- donde se encuentran factorías y minas claves, en su mayoría en la región de Donetsk, que da la casualidad de que en gran parte está movilizada contra los cambiadores de régimen alineados con los neofascistas y neonazis de Kiev. Si la actual situación persiste, significa que bajarán las exportaciones industriales y los ingresos tributarios.

La prescripción del FMI para el grupo de oligarcas, algunos de los cuales financian activamente a las milicias del Sector de Derechas: mientras enfrentéis una rebelión popular en el este y el sur de Ucrania, tranquilos, recibiréis más dinero del FMI en el futuro. Un verdadero curso acelerado en capitalismo del desastre.

Queremos que invadan Mientras tanto la escuela delincuente juvenil de diplomacia de Obama mantiene su dirección: el plan es inducir a Moscú a “invadir”. Los beneficios serían inmensos. Washington destruiría de una vez por todas la cooperación estratégica emergente entre la UE, especialmente Alemania y Rusia, parte de una interacción más orgánica entre Europa y Asia; mantendría a Europa perennemente bajo el control de EE.UU.; y fortalecería al robocop OTAN después de su humillación afgana.

Bueno, no son delincuentes juveniles por nada. Sin embargo este brillante plan olvida un componente clave: necesitan suficientes tropas competentes dispuestas a aplicar los planes de Kiev. Los cambiadores de régimen disolvieron la policía antidisturbios federal Berkut. Un grave error, porque se trata de profesionales; están desempleados y ahora, con un resentimiento monstruoso, apoyan ampliamente a los ucranianos favorables a la federalización.

Lo que el guión del ministerio de la verdad impuesto a todos los medios corporativos occidentales insiste en calificar de “separatistas prorrusos” son en realidad federalistas ucranianos. No buscan la división. No quieren unirse a la Federación Rusa. Lo que quieren es una Ucrania federalizada con provincias fuertes y autónomas…


Mientras tanto, en Ductistán
Washington reza activamente para que la confrontación entre la UE y Rusia en el frente del gas se salga de control. El gas natural ascenderá a un 25% de los requerimientos de la UE hasta 2050. Desde 2011 Rusia es el principal proveedor, por encima de Noruega y Argelia.

La Comisión Europea (CE), infestada de burócratas, concentra ahora sus ataques contra Gazprom en el gasoducto South Stream cuya construcción comienza en junio. La CE insiste en que los acuerdos que ya se han firmado entre Rusia y siete países de la UE infringen las leyes de la UE (¿Cómo es posible que no lo hayan detectado antes?). La CE querría que South Stream fuera un proyecto “europeo”, no de Gazprom.

Bueno, eso depende de numerosas y serias políticas diplomáticas e internas de varios Estados miembros de la UE. Por ejemplo Estonia y Letonia dependen al 100% de Gazprom. Algunos países, como Italia, importan más del 80% de su energía; otros como el Reino Unido, solo el 40%.

Es como si la CE hubiera despertado repentinamente de su apatía usual y hubiera decidido que South Stream es una pelota de fútbol. Günther Oettinger, el comisionado de energía de la UE, ha estado vociferando que las leyes de competencia de la UE llamadas “el tercer paquete de energía” requerirían esencialmente que Gazprom abra South Stream a otros proveedores. Moscú presentó una queja a la Organización Mundial del Comercio (OMC).

La aplicación rigurosa de una ley recientemente descubierta de la UE es una cosa. Los hechos en el terreno son otra. South Stream podría costar hasta16.000 millones de euros, pero se construirá, incluso si es financiado por el presupuesto estatal de Rusia.

Además Gazprom ya ha firmado, solo en 2014, acuerdos adicionales con socios alemanes, italianos, austríacos y suizos. ENI de Italia y EDF de Francia son socios desde el comienzo. Alemania, Italia, Bulgaria, Hungría y Austria están profundamente involucradas en South Stream. No es sorprendente que ninguno de ellos esté a favor de más sanciones contra Rusia.

En cuanto a cualquier acción sustancial de la UE para encontrar nuevas fuentes de suministro, es un proceso que tomaría años y debería involucrar la mejor fuente alternativa posible, asumiendo que se llegue a un acuerdo nuclear con el P5+1 en este año. Otra posible fuente, Kazajistán, exporta menos de lo que podría y seguirá siendo el caso debido a problemas de infraestructura.

Por lo tanto volvamos a la tragedia ucraniana. Moscú no “invadirá”. ¿Para qué? El ajuste estructural del FMI devastará Ucrania más que una guerra. Incluso es posible que la mayoría de los ucranianos termine por implorar la ayuda rusa. Berlín no se enemistará con Moscú. Por lo tanto la retórica de Washington de “aislar” a Rusia se revela como lo que es: delincuencia juvenil.

Lo que le queda al imperio del caos es rezar para que el caos se siga propagando en Ucrania, agotando así la energía de Moscú. Y todo esto porque el establishment de Washington está absolutamente aterrorizado ante la posibilidad de una potencia emergente en Eurasia. No una, sino dos, Rusia y China. Peor todavía: estratégicamente alineadas. Peor todavía, dispuestas a integrar Asia y Europa. Por lo tanto podéis imaginar a un puñado de viejos coléricos en Washington rechiflando como delincuentes juveniles: “No me gustáis. No quiero hablar con vosotros. Quiero que os muráis”.

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“La economía monetaria está completamente fuera de control”

Xov, 08/05/2014 - 17:29
Enric Llopis, Rebelión

Economista independiente, especializada en el mundo de Internet y las nuevas tecnologías, Susana Martín Belmonte participa actualmente en los proyectos de dos monedas complementarias, el Ecosol y, fundamentalmente, el Eurocat. También es cofundadora del Instituto de la Moneda Social, que trabaja en nuevos enfoques de teoría económica respecto a la función del dinero y del crédito, y apoya iniciativas de monedas complementarias. Muchos de estos novedosos puntos de vista los explica en el libro “Nada está perdido. Un sistema monetario y financiero alternativo y sano” (Icaria). Susana Martín, candidata a las elecciones europeas por el Partido X, considera que la economía monetaria “está completamente fuera de control (el mercado de derivados representa 10 veces el PIB mundial), porque el diseño del sistema monetario es algo que jamás nadie cuestiona”.

-“¿Crisis financiera o crisis monetaria?”, te preguntabas en un artículo publicado en la revista “Alternativas Económicas”. El negocio tradicional de la banca, captar ahorros para financiar créditos e inversiones, ¿se mantiene hoy? Si no es así, ¿Cuáles son las diferencias?

-No es que el funcionamiento del sistema bancario sea esencialmente distinto ahora, es que el concepto popular que se tiene de él siempre ha sido muy diferente de la realidad. Por ejemplo, es cierto que los bancos captan ahorro y dan préstamos, pero eso no significa que el dinero para dar los préstamos salga de los ahorros captados, como se suele deducir. La realidad es que los bancos crean el dinero de la nada al prestárnoslo. Una vez creado, ese dinero se mueve en el sistema económico y normalmente acaba depositado en algún banco, de forma que los bancos, compitiendo entre sí, pueden captar esos depósitos para poder cumplir sus ratios. Lo que ha cambiado es que ese tipo de dinero, el dinero bancario, que también se puede llamar dinero-crédito, es el más abundante hoy día: un 97,7% del total de la masa monetaria. Los bancos son quienes tienen la capacidad de crearlo, o no y decidir qué financiar con él. El poder que eso les da es inmenso, lo que se puede ver en sus retribuciones.

-¿Qué proporción se da hoy entre los flujos monetarios y la base material que teóricamente debería respaldarlos? O, en otros términos, la relación entre economía productiva y economía especulativa.

-Tenemos algunos datos que indican esa proporción, pero es distinta según el mercado financiero del que se trate. Por ejemplo, en el año 2000 se calculaba que del volumen total de transacciones del mercado de divisas, aproximadamente el 98% eran especulativas y solo un 2% estaban destinadas a una transacción de compra de bienes o servicios nominados en otra divisa. En la actualidad, se calcula que el mercado de derivados tiene un volumen de 10 veces el PIB mundial, y creciendo. La economía monetaria está completamente fuera de control porque el diseño del sistema monetario es algo que jamás nadie cuestiona.

-En el libro “Nada está perdido. Un sistema monetario y financiero alternativo y sano” (Icaria)” formulas la propuesta de la “R-Economía”. ¿En qué consiste y en qué modelos y referentes teóricos se basa?

-La R-economía es un sistema de dinero-crédito digital, dinero que se basa en un reconocimiento de deuda, pero que se crea con las transacciones y sin interés y con control ciudadano del crédito. Por ejemplo, pongamos que A paga a B 100 euros a cambio de un producto que B ha producido. Si antes de la transacción los dos están a cero, después de la transacción, A tiene un saldo de -100 y B tiene un saldo de +100, el dinero y el crédito se han creado en la transacción. El éxito del sistema se asienta en que los límites de endeudamiento estén bien asignados, o sea que quien tenga capacidad de endeudarse sea capaz también de vender, no solo de comprar. El modelo teórico más cercano y conocido sería el Bancor, la moneda reserva mundial que Keynes propuso en la Conferencia de Bretton Woods. Con la diferencia que el Bancor era una moneda de países y no una moneda para cualquier economía, con sus individuos, sus instituciones y sus empresas. Se trata de un sistema de compensación de pagos.

-¿Qué son las “monedas paralelas” y las “monedas sociales”? ¿En qué contexto surgen? ¿Puedes citar ejemplos históricos y actuales?

-Las monedas paralelas son monedas distintas a las convencionales, a las monedas de curso legal de cada país. En el año 2012 un grupo de economistas, entre los que estaba Thomas Mayer, execonomista jefe del Deutsche Bank, emitieron una declaración en la que proponían las monedas paralelas como salida a los países en problemas de la eurozona. Fue la primera vez que vi el término de moneda paralela. Por lo general se denominan monedas complementarias.

Las monedas sociales son aquellas monedas complementarias que, además, tienen un componente social explícito. Siempre se dice que el dinero es unidad de cuenta, medio de cambio y depósito de valor, pero eso es solo lo que el dinero hace. El dinero en sí es un vínculo social, una parte muy importante de nuestro contrato social. El sistema monetario, según sea su diseño, crea una serie de condicionantes que afectan a las reglas del mercado y de la sociedad. Y sin embargo, en los sistemas de moneda de curso legal, estas reglas no suelen conocerse y, por supuesto, no las hemos aceptado conscientemente. Por eso las monedas sociales son monedas en las que el concepto de vínculo está presente, en las que los participantes conocen las reglas y las aceptan y mucho más si tienen un control directo, individual o colectivo, sobre esas reglas.

Un ejemplo histórico es el WIR; es histórico y actual a la vez. WIR significa “nosotros” en alemán. Es una moneda complementaria que lleva 80 años en funcionamiento. Fue creada en plena Gran Depresión en Suiza por 19 empresarios como un sistema de compensación de pagos sin intereses. Hoy la usan más de 60.000 empresas suizas.

-La mayoría del dinero es hoy digital. ¿Cómo se moviliza y qué implicaciones tiene el fenómeno?

-La implicación más importante del dinero digital es que, como todo producto digital, su precio, como su coste marginal de producción, tiende a cero. Este coste nulo del dinero significa creación monetaria sin intereses, crédito sin intereses, pero no se materializa porque lo impiden estructuras bancarias colosales, subvencionadas, monopolísticas y abusivas. Esto es lo que estamos viendo: el tipo de referencia del euro es 0,25% y el sistema monetario actual no funciona con tipos tan bajos, tal como pronosticó Keynes, se produce una trampa de liquidez. La asignación de recursos es ridícula, se fomentan las burbujas especulativas mientras que la economía productiva no se financia. Y en lugar de buscar otros modelos, se rescata el modelo actual con dinero del contribuyente. Es necesario encontrar otras fórmulas para asignar la financiación, otras fórmulas para la gestión del dinero y del crédito.

-¿Qué es el Bitcoin? ¿Tiene tanta relevancia como se dice?

-El bitcoin es un sistema monetario digital en el que las reglas son explícitas. Los participantes las conocen, las aceptan y deciden participar. Las transacciones de bitcoins son públicas, visibles por todos los miembros de la red, y es de código abierto. Es un sistema muy original que puede romper el monopolio de los bancos en la emisión monetaria, pues compite en su propio terreno con las monedas de curso legal: es objeto de especulación como cualquier divisa convencional. También es bastante cara de producir, consume mucha energía. Pero Bitcoin es relevante en algunos aspectos: ha implantado en el subconsciente colectivo el concepto de moneda complementaria, cosa que ni un modelo tan exitoso como el WIR había conseguido, tiene una amplia aceptación sin estar respaldada por un ejército y rompe la posición dominante del cártel bancario. Sin embargo, la crisis ha sido resultado de una mala asignación del crédito y el bitcoin de por sí no resuelve la asignación de recursos mediante el crédito.

Las funciones del dinero y las del crédito son muy diferentes. El sistema de crédito es lo que hace que evolucionen los sistemas económicos porque es lo que vincula el presente con el futuro, es un aspecto esencial, profundamente político y con implicaciones públicas enormes. Tener la capacidad de decidir qué se financia es poder en estado puro.

-En un artículo citabas al presidente del BBVA, Francisco González, quien afirmaba en el Financial Times que los bancos “necesitan incorporar a Amazon o Google, o morirán”. ¿Qué quería decir el banquero? ¿Estás de acuerdo con esta afirmación?

Lo que quiere decir es que hoy están mucho más preparados para gestionar activos digitales un Google o un Amazon que un banco tradicional. La digitalización ha cambiado el perfil del operador. Sin embargo, no estoy segura de que las tecnológicas no vayan a incorporar la sección bancaria a su negocio, en lugar de dejarse incorporar por los bancos. La lástima sería que toda esta transición tuviera lugar sin un cambio esencial de estructuras de poder, y que los ciudadanos pasáramos de la dominación de los bancos a la dominación de las tecnológicas. Espero que no ocurra, pero son los ciudadanos quienes tienen en su mano evitarlo, votando en las próximas elecciones europeas, por ejemplo.

-Abogas por una economía con nuevas vías de financiación.

-Creo que ya está bastante madura en la opinión pública la idea de que tenemos muchos problemas por no poder controlar los flujos de dinero: la evasión y la elusión fiscal, así como la criminalidad y el blanqueo de dinero, por nombrar sólo unos pocos. Si queremos controlar los flujos de dinero creados por los bancos tenemos una ardua tarea por delante y más vale que nos pongamos a ello cuanto antes con estrategias como el radar financiero que está elaborando Hervé Falciani con la Hacienda francesa, o la aplicación del ITF. Sin embargo, existen estrategias complementarias que es importante tener en cuenta para diversificar las soluciones, y en este aspecto, no hay que olvidar que los flujos de dinero actuales son, en un 97,7%, anotaciones en cuenta respaldadas por un reconocimiento de deuda. Si creamos esquemas de participación voluntaria en los que los flujos dinerarios nazcan ya con un contrato diferente, un contrato tal que esa renta esté ligada al territorio, obligada a pagar impuestos en el territorio y a ser gastada en el territorio, entonces esos flujos no necesitamos ir a buscarlos a los paraísos fiscales, no necesitamos gastar toda esa energía en controlarlos. En la medida en que esos flujos sustituyan a los actuales, tendremos también resuelto el problema.

-Esas vías de financiación complementarias serían préstamos sin interés. ¿Qué implicaría la abolición de los intereses? ¿Por qué lo consideras tan importante?

-La desaparición del interés es esencial. Es el verdadero cáncer del sistema económico mundial. La creación monetaria con dinero bancario, o sea, como préstamo con interés es responsable del 97,7% de la masa monetaria actual y esta forma de crear el dinero hace que siempre haya más deuda que dinero para pagarla. Es decir, en cualquier colectivo, si creamos una cantidad X para realizar los intercambios, al siguiente año deberemos entre todos X más el interés, pero como sólo tenemos X, por lo tanto no podemos pagar el interés. Individualmente algunos podrán, pero colectivamente no se puede, pues no hay dinero suficiente. Las consecuencias son brutales: crecimiento exponencial del sistema económico, crisis cada vez más frecuentes y secuestro de la sociedad a manos del sector financiero, por la dependencia del sector financiero que nos impone este modelo monetario: cada año se necesita nuevo crédito en el sistema para que funcione la economía y sólo el cártel bancario lo puede proporcionar: el poder de la banca queda perfectamente explicado y la situación de dependencia de la sociedad se traduce en la obligación de competir por el capital financiero, lo cual es una consecuencia lógica de crearlo deliberadamente escaso.

Librarnos de la creación monetaria como deuda con interés implicaría la desaparición de las crisis financieras, del imperativo de crecimiento del sistema económico y del secuestro que obliga a la sociedad a rescatar al sistema bancario en estos momentos.

-¿Y cómo se canalizaría el crédito? ¿Cómo llegar a este escenario que planteas?

-No se trata únicamente de la desaparición del interés. La mecánica del interés tiene que ser sustituida por otra mecánica de asignación del crédito. Es necesario establecer otros condicionantes para acceder al crédito. Por ejemplo, solo financiar la economía productiva, no la especulativa. No pagar interés a cambio de no cobrarlo: los depósitos no están remunerados. Tampoco sería necesario devolver los créditos, pero sí vender y comprar cada año por un importe mínimo proporcional a la línea de crédito usada. Se trataría de esquemas de participación voluntaria a los que los participantes se podrían acoger si les resulta interesante. En las que las estructura de toma de decisiones estuvieran acotadas para analizar su funcionamiento y fomentar las mejores prácticas. En mi libro describo la R-economía que es el modelo monetario que propongo. Es imprescindible abrir las posibilidades institucionales de nuestra economía. El dinero y el crédito son instituciones creadas por los seres humanos, no leyes de la naturaleza: Se pueden cambiar. En muchas ocasiones se confunde economía de mercado con lo que tenemos ahora y creo que es un error. La economía de mercado no tiene una única solución, tiene infinidad de formas posibles en función del marco institucional. Pero si hay una institución que condiciona a todas las demás, esa es el dinero.

-Las monedas representan el poder político y económico de los estados. ¿Cuál es la correlación de fuerzas entre el euro, el dólar o el yuan? ¿Te atreves a vaticinar próximos escenarios?

-En estos momentos veo varias amenazas que pueden estallar en cualquier momento. Las tensiones sociales derivadas de la recesión del primer mundo, no canalizadas con opciones políticas que estén a la altura, pueden acabar en fascismos o en conflictos armados. Esto junto con el cambio climático es lo que más me preocupa. Las potencias emergentes como China y el resto de los países BRICS están desafiando la hegemonía del dólar hace años. Cada vez hay más países que están reduciendo sus reservas en dólares. El poder militar de EEUU está detrás del dólar, lo estuvo ya desde Bretton Woods y fue decisivo para que el dólar se convirtiera en la moneda global, o para que nada cambiase cuando Nixon decidió unilateralmente dejar de honrar la convertibilidad del dólar en oro. Sin embargo, no sabría decir cuándo la tensión provocará una ruptura del dólar como moneda reserva o si otra de las inminentes crisis que nos acucian estallará antes. Creo que aquí tienen más peso los factores militares y políticos que los económicos.

-Por último, ¿Cómo interpretas la denominada “crisis del euro”? ¿Consideras que finalmente se producirá un estallido de la moneda única?

-Mientras el modelo monetario dominante sea el actual, y considerando que ya estamos dentro y enormemente endeudados, me parece que una moneda reserva poderosa como el euro es el menor de los males para toda Europa, por ahora. Las tensiones que sufre el euro están dentro del espacio económico europeo. Hacia fuera, la Unión Europea es acreedora neta, tiene superávit de balanza por cuenta corriente con el resto del mundo. Esto quiere decir que, mientras haya un modo político de resolver las tensiones internas de Europa, el euro tiene posibilidades de mantenerse. Si no se gestionan adecuadamente las tensiones políticas, entonces habrá problemas. Dependerá de hasta qué extremos se lleva el austericidio: las mal llamadas políticas de austeridad que en realidad son una transferencia de recursos descomunal de la ciudadanía europea a la banca.

Y esto precisamente tiene que ver con el verdadero problema, que no es quedarse o salir del euro, sino qué diseño monetario hay detrás del euro y qué distribución de los recursos favorece. El euro funciona exactamente igual que cualquier otra moneda de curso legal. Ese modelo dominante es un modelo monetario quebrado, que se apuntala políticamente mientras no haya otras opciones. Pero de hecho ya están surgiendo opciones, es necesario fomentarlas, tanto para facilitar una transición suave hacia otro modelo monetario como para resolver las esas tensiones políticas internas de la zona euro derivadas de los costes sociales del paro y la recesión.

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La peligrosa nueva guerra fría

Mér, 07/05/2014 - 14:00
Alejandro Nadal, La Jornada

La crisis en Ucrania es testimonio de que Estados Unidos nunca abandonó su mentalidad de guerra fría. El intento por aislar y contener a Rusia es la mejor expresión de esa visión del mundo. Ucrania siempre fue la pieza clave para cerrar el cerco. Por eso se buscó obtener la membresía de Ucrania en la Unión Europea (UE) como paso preliminar a su incorporación en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Siempre ha sido del conocimiento de la diplomacia occidental que para Rusia todo esto era inaceptable y sería interpretado como una forma de agresión.

A mediados de los años noventa la administración Clinton promovió la expansión de la OTAN, una alianza militar diseñada para contener a la Unión Soviética. La OTAN acabó por incorporar a las repúblicas del Báltico y a varios países de Europa oriental. Moscú vio reducirse de manera dramática su cinturón protector y la frontera con la OTAN se acercó peligrosamente al centro geográfico ruso.

Pero la membresía de Ucrania en la UE se vio obstaculizada por muchos factores. Así que cuando el gobierno electo (y corrupto) de Kiev fue removido por un golpe de estado en febrero, Washington se apresuró a reconocer y apoyar al nuevo régimen. Por estas razones, Moscú considera que el gobierno en Kiev es un títere de Estados Unidos y la OTAN. Después de todo, también en Rusia habitan sombras y fantasmas relacionados con la guerra fría.

La economía de Ucrania lleva ya 20 años en un proceso de desintegración. Las privatizaciones salvajes después del colapso soviético dieron lugar a gobiernos manejados por pillos y bandidos. En medio de la crisis global, Ucrania ha estado a punto del colapso económico desde hace meses y ha rosado una situación de moratoria o impago en el plano financiero. La divisa de Ucrania, la hryvna, ha sufrido una devaluación superior a 40 por ciento frente al dólar estadunidense este año. Por eso la calificadora Fitch degradó la posición de los títulos del gobierno ucraniano y los redujo a la categoría ‘chatarra’. Aún la ayuda ofrecida por el Fondo Monetario Internacional, confirmando un paquete de 17 mil millones de dólares será insuficiente para sacar del atolladero a la economía ucraniana.

El 22 de febrero fue depuesto el presidente Yanukovich, conocido por su mediocridad y corrupción. En su lugar surgió otro capitán de un grupo de políticos corruptos y muy rápido se perfiló como posible candidata a la presidencia la señora Timoshenko, un personaje con una historia de corrupción que rivaliza con la de los políticos más ladrones. Washington y sus aliados europeos se apresuraron a apoyar y reconocer al nuevo régimen, pero el pueblo de Ucrania sólo verá una transición de un grupo de cleptómanos a otro. Rusia sintió que se había cruzado la última línea de defensa.

Hoy el riesgo de una guerra civil al estilo de la ex-Yugoslavia es alto. En la encrucijada actual parece que nadie tiene la fuerza suficiente para imponer sus posiciones: ni el gobierno espurio en Kiev puede asegurar el control en Ucrania oriental, ni los grupos pro-Rusia tienen la fuerza suficiente para proceder a la secesión pura y llana. El eje Washington-Londres y sus amigos en la OTAN carecen de la capacidad para lograr lo que siempre han querido, forzar el retiro de Rusia del Mar Negro a través de la inserción de Ucrania en la OTAN. Y Moscú, aunque con más flexibilidad y fuerzas en el terreno, tampoco puede garantizar una transición pacífica hacia una mejor integración de Ucrania oriental con Rusia. En este contexto tan complejo una guerra civil puede estallar fácilmente. De ahí a las hostilidades entre fuerzas armadas formales sólo hay un paso.

Washington busca salvar la cara con un esquema de sanciones económicas sobre Rusia (y directamente sobre personajes cercanos a Putin). Esas sanciones no van a cambiar el rumbo de los acontecimientos, pero sí pueden afectar negativamente a la golpeada economía europea y japonesa.

Alemania y Japón están bajo fuego cruzado. En los últimos lustros han estado fortaleciendo sus vínculos económicos con Rusia pero ahora Estados Unidos les ha presionado para adoptar el esquema de sanciones económicas. Las grandes corporaciones alemanas, con BASF, Siemens, BMW y Deutsche Bank a la cabeza, han estado construyendo una plataforma de producción y comercio con Rusia y no están dispuestos a ver ese esfuerzo evaporarse debido a la crisis en Ucrania. Por su parte, Japón tiene ya una fuerte dependencia frente a los recursos naturales rusos, pero tiene que mantener un delicado número de equilibrista para no alienarse a Washington.

A pesar de los riesgos que las sanciones entrañan para la economía mundial Washington sigue empecinada con su estrategia de contención al estilo de la guerra fría en contra de Rusia. El estallido de una guerra civil en Ucrania podría forzar la intervención rusa y ese escenario es bien visto por Washington porque le permite justificar su gasto en armamentos y su retórica imperial.

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Immanuel Wallerstein: La proliferación nuclear

Mér, 07/05/2014 - 12:00
Immanuel Wallerstein, Al Jazeera

Estados Unidos e Irán se encuentran en medio de difíciles negociaciones en torno a la posible obtención de armamento nuclear por parte de Irán. La probabilidad de que estas negociaciones resulten en una fórmula consensuada parece más bien escasa, dado que hay poderosas fuerzas en ambos países que se oponen con fuerza a un acuerdo y trabajan muy duro para sabotear cualquier pacto.

La visión habitual en Estados Unidos y Europa occidental es que lo que está en juego es evitar que un país supuestamente no confiable, Irán, adquiera armas con las que podría imponerse sobre Israel y el mundo árabe en general. Sin embargo, en realidad no se trata dse eso. En absoluto. La probabilidad de que Irán haga uso de una arma nuclear, si poseyera alguna, no es mayor que la de cualquiera de los nueve otros Estados que ya cuentan con dicho armamento. Y la capacidad de Irán para salvaguardar esas armas contra el robo o el sabotaje es probablemente mayor que la de la mayoría de los países.

La cuestión real es bastante diferente. El esfuerzo por impedir que Irán se convierta en potencia nuclear es como sostener con un dedo un dique que se está resquebrajando. Si retiramos el dedo sobrevendrá la inundación. El temor es que si retiramos el dedo, en poco tiempo haya, no diez, sino 20 o 30 potencias nucleares.

La historia comienza en la Segunda Guerra Mundial, durante la que Estados Unidos y Alemania se enfrascaron en una fuerte competencia por desarrollar una bomba atómica para usarla contra el otro. En el momento en que se rindió Alemania, ninguno de los dos países lo había logrado, pero Estados Unidos había avanzado más. En ese momento, ocurrieron dos cosas. En la reunión de Potsdam, Estados Unidos y la Unión Soviética accedieron a que esta última entrara en guerra contra Japón tres meses después de la rendición de Alemania, es decir, el 8 de agosto. Estados Unidos probó su primera explosión nuclear el 16 de julio, después del fin de la guerra con Alemania.

El 6 de agosto (dos días antes de la fecha prometida por la Unión Soviética para entrar a la guerra contra Japón), Estados Unidos arrojó una bomba atómica sobre Hiroshima. La Unión Soviética cumplió su promesa el 8 de agosto. Para demostrar que su bombardeo no era sólo una posibilidad única, Estados Unidos arrojó una segunda bomba sobre Nagasaki el 9 de agosto.

¿Por qué se arrojaron las bombas? El argumento oficial fue que estos bombardeos acortarían la guerra considerablemente. Y puede que haya sido así. No hay forma de saberlo. Pero es también razonable asumir que los bombardeos fueron un mensaje para la Unión Soviética acerca del poderío estadunidense. La curiosa sincronía le da credibilidad a esta suposición.

¿Qué pasó después? Debido a los compromisos adquiridos durante la guerra, Estados Unidos compartió de inmediato algunos conocimientos técnicos con Gran Bretaña. A continuación hubo un intento de asegurar un tratado internacional que prohibiría el armamento nuclear en todo el mundo. Este intento falló. En 1949, la Unión Soviética lanzó su propia explosión y se convirtió en la segunda potencia nuclear. En 1952, Gran Bretaña también explotó un artefacto y se convirtió en la tercera potencia nuclear.

Este antiguo trío, las Tres Grandes Potencias, buscaron que la lista no creciera. Pero Francia estaba decidida a mantener su postura de ser una gran potencia y explotó su bomba en 1960. A Francia se le unió China en 1964. Cuando la República Popular China entró, en 1971, en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, los cinco miembros permanentes del mismo tenían armas nucleares.

Una vez más, quienes tenían armamento nuclear buscaron limitar la lista para que no entrara nadie más. Había, ciertamente, otros 10 o 20 países que contaban con programas en proceso y que, con el tiempo, estarían en condiciones de unirse al club nuclear. Las cinco potencias nucleares promovieron un acuerdo que recibió el nombre de Tratado de No proliferación de Armas Nucleares (conocido como TNP). El tratado ofrecía un intercambio. Los signatarios renunciarían a todo intento por desarrollar armamento nuclear a cambio de lo cual las cinco potencias prometían dos cosas: un esfuerzo de su parte por reducir la cantidad de tales armas en su posesión y una asistencia material a las potencias no nucleares para obtener lo necesario para contar con los llamados usos pacíficos de la energía nuclear

Por una parte, el tratado fue bastante exitoso. Casi todos los países firmaron el tratado y casi todos aquellos que habían lanzado programas los desmantelaron. Por otra parte, surgieron dos cosas que limitaron la utilidad del TNP. Primero, no había mucho que se pudiera hacer al respecto de los países que se negaron a firmar el tratado, o con aquellos que una vez que firmaron renunciaran a éste. Hubo varios países que se negaron a firmar y que después explotaron bombas: India en 1974, Israel probablemente en 1979, Pakistán en 1998 y Corea del Norte en 2008. Además, Israel compartió sus conocimientos con su socio, Sudáfrica. Y Pakistán comenzó a vender conocimientos y armas a otros países.

El segundo resultado negativo fue que era extremadamente difícil a nivel técnico asegurarse de que el conocimiento necesario para los llamados usos pacíficos no pudiera transferirse (y en poco tiempo) a la fabricación de armamento nuclear. Los aspectos técnicos clave eran la utilidad del uranio y el plutonio enriquecidos para construir armamento y lo que se conoce como uso dual de la tecnología (militar y civil). Inicialmente se creó la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) en 1957 para promover la capacidad de que los países desarrollaran usos pacíficos. Pero luego comenzó a involucrarse en un cierto papel algo contradictorio, estableciendo salvaguardas administrativas contra el mal uso del conocimiento. Para reforzar su capacidad, en 1993 se adoptó un protocolo adicional que le otorgaba a la AIEA mucho más poder para supervisar el mal uso, pero 50 países por lo menos se negaron a firmarlo. El protocolo adicional sólo se aplica a los países que lo firmaron.

La decadencia del poderío estadunidense ha hecho que todos los asuntos se replanteen. Parece claro que Estados Unidos está en contra de la proliferación, pero tampoco tiene ya la credibilidad de amenazar con el uso de la fuerza militar para impedir la proliferación. Esto ha hecho que reconsideren su renuncia a los armamentos nucleares muchos países que habían renunciado por confiar en el respaldo estadunidense en sus conflictos o porque temían la intervención de Estados Unidos en sus políticas internas.

Las declaraciones recientes del primer ministro japonés, Shinzo Abe, apuntan claramente en esta dirección. Y por supuesto es probable que haya contagio local. Si Japón se mueve en esa dirección, lo harán también Corea del Sur, Australia y, posiblemente, Taiwán. Tanto Egipto como Arabia Saudita están planteándose esa posibilidad, y también Irak y Turquía. Y Brasil y Argentina pueden no estar demasiado atrás. Aun en Europa, Suecia, Noruega y España podrían muy bien lanzar programas, y posiblemente Holanda. Las antiguas regiones nucleares de la Unión Soviética –Bielorusia, Ucrania y Kajastán– tienen el conocimiento suficiente para recomenzar.

Así que si no hay ningún acuerdo entre Estados Unidos e Irán, el dedo dejará de sostener el dique. Eso es lo que está en juego en esas difíciles negociaciones.

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El problema de la derecha con Piketty

Mar, 06/05/2014 - 19:24
Bradford DeLong, Project Syndicate

Hace poco, Kathleen Geier intentó hacer una reseña (publicada en The Baffler, una revista en Internet) de las críticas conservadoras al nuevo libro de Thomas Piketty, Capital in the Twenty-First Century [El capital en el siglo XXI]. Lo que más llama la atención es la pobreza del análisis de la derecha de los argumentos de Piketty.

El razonamiento de Piketty es minucioso y complicado, pero hay cinco puntos que se destacan especialmente:
  1. La relación entre la riqueza de una sociedad y la renta anual tiende a crecer (o decrecer) hasta un nivel igual a la tasa de ahorro neto dividida por la tasa de crecimiento.
  2. El tiempo y el azar llevan inevitablemente a la concentración de la riqueza en manos de un grupo relativamente pequeño, al que denominaremos “los ricos”.
  3. Conforme los beneficios inmediatos de la industrialización van siendo cosechados, la tasa de crecimiento de la economía tiende a disminuir; al mismo tiempo, la tasa de ahorro neto aumenta, debido a la reducción de impuestos progresivos, el fin de la destrucción caótica de la primera mitad del siglo XX y la ausencia de motivaciones sociológicas suficientes que lleven a los ricos a gastar sus ingresos o su riqueza en vez de ahorrarlos.
  4. Una sociedad donde los ricos poseen un alto grado de influencia económica, política y sociocultural es en muchos aspectos una sociedad indeseable.
  5. En una sociedad donde el cociente entre la riqueza y la renta anual es un múltiplo muy grande de la tasa de crecimiento, el control de la riqueza se transmite por vía hereditaria (en lo que Geier denominó heiristocracy [“gobierno de los herederos”]); esa sociedad es incluso más indeseable, en muchos aspectos, que una meritocracia dominada por una élite de emprendedores ricos.
Bueno, incluso en esta versión resumida, el razonamiento de Piketty es complejo. Uno esperaría que tal complejidad atrajera un gran número de críticas sustanciales. De hecho, Matt Rognlie atacó el punto (4) con el argumento de que la tasa de rendimiento de la riqueza decrece rápidamente a medida que aumenta el cociente entre riqueza y renta anual, de modo que, paradójicamente, cuanta más riqueza tienen los ricos, menos participan de la renta total, y su influencia económica, política y sociocultural también disminuye.

Tyler Cowen, de la Universidad George Mason, haciéndose eco del pensamiento de Friedrich von Hayek, criticó los puntos (4) y (5). Según Cowen, los “ricos ociosos” son un recurso cultural valioso precisamente porque constituyen una aristocracia con tiempo libre. No estar atados a la rueda kármica de tener que producir, ganar dinero y gastarlo en artículos de primera necesidad y de uso cotidiano es precisamente lo que les permite tener una visión a largo plazo o heterodoxa de las cosas y crear, por ejemplo, gran arte.

Hubo otros cuyo único “argumento” fue dar por sentado que habrá una nueva revolución industrial que pondrá nuevos beneficios al alcance de todos y que irá acompañada de otra ola de destrucción creativa. De ocurrir tal cosa, permitiría una mayor movilidad ascendente, lo que negaría los puntos (2) y (3).

Pero lo más extraordinario en relación con los críticos conservadores del libro de Piketty es lo poco que han desarrollado cualquiera de estos argumentos y lo mucho que se han dedicado en cambio a cuestionar las capacidades analíticas del autor, sus motivaciones e incluso su nacionalidad.

Clive Crook, por ejemplo, señala que “las limitaciones de los datos que presenta [Piketty] y la grandiosidad de las conclusiones que extrae (...) roza[n] la esquizofrenia”, dando lugar a conclusiones que “o bien no se sustentan en los datos y análisis [del autor] o bien se contradicen con ellos”. En opinión de Crook, Piketty se dejó llevar por su “terror al aumento de la desigualdad”.

Entretanto, James Pethokoukis considera que el trabajo de Piketty se podría resumir en un tuit: “Karl Marx no estaba equivocado, estaba adelantado. Eso es todo. Lo siento, capitalismo. #desigualdadXsiempre”.

Y también está la pueril acusación que hace Allan Meltzer de exceso de galicismo: porque resulta que Piketty trabajó con un colega francés, Emmanuel Saez, “en el MIT, donde era profesor Olivier Blanchard [del Fondo Monetario Internacional, que] también es francés. Francia implementó por muchos años políticas de redistribución del ingreso destructivas”.

Al combinar todas estas líneas de la crítica conservadora, salta a la vista el verdadero problema de la derecha con el libro de Piketty: que su autor es un extranjero mentalmente inestable y comunista. La vieja táctica de la derecha estadounidense, que destruyó miles de vidas y carreras en tiempos del maccartismo. Pero decir que determinadas ideas son “antiestadounidenses”, en cualquier sentido que sea, es un epíteto, no un argumento.

Ahora, en ciudades estadounidenses de centroizquierda como Berkeley, California, donde vivo y trabajo, el libro de Piketty fue recibido con una aprobación rayana en la reverencia. Quedamos impresionados por la cantidad de trabajo que el autor y sus colegas dedicaron a reunir, combinar y depurar los datos; la inteligencia y la habilidad con que construyó y presentó sus argumentos; y el trabajo denodado de Arthur Goldhammer en la traducción al inglés.

Claro que todos tienen un 10 o un 20% del argumento de Piketty con el que no están de acuerdo, y todos tienen dudas sobre, tal vez, otro 10 o 20%. Pero en ambos casos, el 10 o el 20% de cada uno es diferente. Es decir, hay un consenso mayoritario en que cada una de las partes del libro es básicamente correcta, lo que implica que casi todos están de acuerdo en que el argumento general del libro es, en términos generales, acertado.

A menos que los críticos de derecha de Piketty suban su nivel en el debate y presenten argumentos realmente válidos, esa será la evaluación que prevalecerá del libro de Piketty. Y no la van a cambiar colgándole el sambenito de “rojo” y “francés”.
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Comisión Europea corrige a la baja crecimiento e inflación para los próximos dos años

Lun, 05/05/2014 - 22:39

La Comisión Europea ha revisado sus previsiones de crecimiento e inflación para la zona euro una vez más a la baja. Se espera que los precios al consumidor aumentarán sólo un 0,8 por ciento este año y 1,2 por ciento en 2015, lo que está muy por debajo del objetivo del 2 por ciento del BCE. Al mismo tiempo, prevé que la economía se expandirá un 1,7 por ciento en 2015, menos que el 1,8 por ciento pronosticado anteriormente. Para este año mantiene su proyección de 1,2 por ciento.

La corrección de la inflación ha sido una de las más significativas. Hace tres meses, la Comisión estimó que este año la inflación sería del 1 por ciento, y que el próximo año llegaría a 1,5 por ciento. No habrá sorpresa cuando en los próximos tres meses vuelvan a corregirse estas cifras a la baja. Por eso Mario Draghi ha señalado que tiene lista la imprenta para intervenir con una masiva cantidad de dinero. La baja inflación desalienta la inversión de las empresas y el gasto de los consumidores. En una economía altamente endeudada la deflación (o caída sistemática de los precios) es un problema que dificulta la recuperación e incuba el estancamiento económico.
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Ucrania podría decepcionarse con Europa si sigue las recetas del FMI y de la Unión Europea

Lun, 05/05/2014 - 17:59
Mark Weisbrott, Cepr

Cuando los manifestantes de Euromaidán tomaron las calles de Kiev a comienzos de año, muchos esperaban lograr formar parte de Europa. La Europa a la cual aspiraban era aquella de comodidades materiales y de niveles de vida muy por encima del alcance de la mayoría de los ucranianos, cuyo ingreso promedio se ubica actualmente cercano al de El Salvador. Era una Europa con una economía social de mercado, tecnología avanzada, transporte público, salud universal, pensiones adecuadas y vacaciones pagadas de cinco semanas en promedio. O por lo menos algo más o menos semejante a eso, tarde o temprano.

Si logran evitar una guerra civil, los ucranianos probablemente se toparán con una mala sorpresa, puesto que sus líderes actuales, e inclusive los que pronto elegirán, negocian su futuro económico con sus nuevos decisores europeos no electos. La Europa de su futuro cercano e intermedio se asemejaría más a Grecia o España – pero, con menos del tercio de su ingreso per cápita y contando con tan solo una fracción de las ya mermadas garantías sociales de esos países, se vería en una situación mucho peor.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció que una de sus condiciones de préstamo (junto con las de la UE y de EEUU) sería que se aplique una política de austeridad fiscal durante los próximos dos años y medio. Con una economía ya en recesión, un apretón fiscal se puede convertir en un blanco móvil, puesto que la economía – y por tanto la recaudación de impuestos– se contraería aún más y el gobierno tendría que hacer más recortes para cumplir con los objetivos en materia de déficit. Así ocurrió en Grecia, donde un ajuste que las autoridades europeas hubieran podido efectuar de manera relativamente sencilla y sin dolor, dio paso a una recesión de 6 años y una pesadilla que le ha costado a Grecia una cuarta parte de su ingreso nacional – dejando sin empleo al 27,5 por ciento de su fuerza laboral.

¿Será poco probable? El ministro de finanzas alemán Wolfgang Schaeuble le dijo a la prensa el mes pasado que Grecia podría ser un modelo para Ucrania; lo cual equivale a decir que la Gran depresión de los Estados Unidos podría ser un modelo para Ucrania.

Pero no hace falta mirar hacia Grecia o España para ver los riesgos de suscribir un programa de austeridad fiscal y de “reformas” operadas por el FMI y su actual directiva europea. Ucrania vivió su propia experiencia hace poco tiempo: en apenas 4 años, entre 1992-1996, Ucrania perdió la mitad de su PIB cuando el FMI y sus amigos soltaron la bola de demolición tanto en la economía rusa como en la ucraniana. La economía de Ucrania no volvió a crecer sino hasta la década del 2000. A modo de comparación, durante los peores años de la Gran depresión de los EEUU, se vivió una pérdida real de 36 por ciento en el PIB.

Ucrania se enfrenta además a una serie de riesgos adversos que hacen que la austeridad sea especialmente peligrosa en este momento. Las exportaciones de Ucrania representan un 50 por ciento del PIB y la mitad tiene como destino la Unión Europea y Rusia, dos economías cuyo rendimiento en el futuro cercano probablemente sea deficiente. En el caso de Europa, por el largo declive autoinducido, del cual apenas emerge tímidamente; en cuanto a Rusia, por la posibilidad de más sanciones o de conflicto con los EEUU y sus aliados. Si Rusia decide ejercer represalias y corta sus exportaciones de energía a Ucrania (o a Europa), esto también podría arrojar a la economía de Ucrania a una recesión aún más profunda. La inversión en Ucrania fue muy débil el año pasado (cerca de la mitad de su pico antes de la Gran recesión) y lo probable es que empeore en vista de la posible intensificación de un conflicto civil. Por lo tanto, la reciente depreciación alzará la inflación –que actualmente se ubica cerca del 1,2 por ciento anual– aún cuando se contrae la economía; junto al aumento de precios de energía que exige el FMI. Desdichadamente, el Fondo también le solicita al Banco Central adoptar un régimen que da enfoque a la inflación, lo cual también pudiera contribuir a profundizar la recesión.

Ciertamente, puede que algunos de los ajustes y reformas que el FMI y Europa buscan aplicar sean necesarios, incluso ventajosos. El déficit de 9,2 por ciento en la balanza de pagos de Ucrania (particularmente en lo comercial) necesita bajar. Pero la manera más rápida de lograrlo –reduciendo las importaciones mediante la contracción de una economía que ya está en recesión– es demasiado brutal e injusta, también riesgosa. El FMI tuvo razón en respaldar un tipo de cambio más flexible, que se implementó en febrero; la economía, que requiere altos niveles de energía y depende de importantes subsidios por parte del gobierno a los combustibles fósiles, también requiere reformas en este ámbito.

Sin embargo, no se puede destruir una economía para salvarla, y el propósito final de los préstamos europeos debiera ser amortiguar cualquier ajuste y permitir que la economía y el empleo crezcan, a modo de evitar una caída en espiral. Lamentablemente, tal como lo indican las declaraciones de Schaeuble (y los documentos del FMI), esta gente ve en las crisis una oportunidad para rehacer la economía acorde a la imagen divina de lo que veneran, sin importar los costos y las consecuencias. Al igual que los colonos portugueses del siglo XVI en Brasil, que no sólo querían la tierra y la fuerza de trabajo, sino también las almas de los pueblos indígenas que buscaban convertir al cristianismo, la religión neoliberal es parte de la ecuación en este caso. Nadie ha pedido disculpas por la destrucción innecesaria de la economía de Ucrania (por la de Rusia tampoco, de hecho) durante los años 90.

“Al ca**jo con la UE (F*** the EU)”, dijo la Secretaria de Estado adjunta Victoria Nuland en febrero, mientras discutía con el embajador de EEUU en Ucrania sus planes para ayudar a parir un nuevo gobierno en Ucrania. Si el nuevo gobierno sigue el programa del FMI y de la UE, puede que muchos ucranianos digan lo mismo.

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Una pesadilla sin retorno: la Europa neoliberal

Lun, 05/05/2014 - 09:10
Héctor Illueca Ballester, Cuarto Poder

La obra de Milton Friedman constituye una referencia ineludible para comprender la auténtica naturaleza del denominado neoliberalismo. Laureado con el Premio Nobel de Economía en 1976, es sin lugar a dudas el referente más importante de la teoría política monetarista, que orienta e inspira la política económica adoptada en muchos países del mundo y muy especialmente en la Unión Europea. Sus ideas y opiniones, ancladas en la prehistoria de la ciencia económica, han adquirido una influencia cada vez mayor en nuestro continente a medida que la crisis se ha ido transformando en una recomposición capitalista en clave autoritaria y conservadora. Por decirlo claramente: la teoría elaborada por Milton Friedman y otros ideólogos conservadores como Hayek, constituye la sustancia vertebradora de la tentativa reaccionaria que se proyecta en la actualidad sobre el teatro político de Europa. Su apelación al mercado como principio rector de la organización social y económica ocupa un lugar preponderante en la praxis económica de los gobiernos europeos, tanto de las potencias centrales como de los países periféricos que comparten el espacio económico de la eurozona.

El razonamiento básico de Milton Friedman, expresado en su obra Capitalismo y libertad, es que sólo hay dos maneras de coordinar las actividades económicas de millones de personas: una forma política, que se basa en la coerción de un aparato especializado y se desarrolla mediante la intervención del Estado; y una forma extrapolítica, que se basa en la cooperación voluntaria de los individuos y se desarrolla a través del mercado. La forma política, o sea, el Estado, representa la coerción, la opresión y el autoritarismo; la forma extrapolítica, o sea, el mercado, representa la cooperación, la autonomía y la libertad individual. Bien entendido que éste es un modelo teórico y, en consecuencia, se presenta en la realidad bajo diversas formas, nunca en estado puro. El Estado y el mercado constituyen principios antagónicos que se entremezclan y coexisten en una sociedad determinada, pero uno de ellos acaba por imponerse y contamina con su lógica a todo el cuerpo social. Para Friedman, la victoria del Estado implica la claudicación definitiva de las libertades individuales. El triunfo del mercado, en cambio, garantiza el disfrute de las posesiones terrenales sin interferencias coercitivas de ninguna especie.

Esta concepción del orden social abona la consideración del Estado como un agente externo a la sociedad, una respuesta patológica del orden social que debe separarse de la economía para proteger la libertad y la autonomía individual. La separación de política y economía, he aquí el núcleo duro del pensamiento neoconservador progresivamente difundido a partir de la II Guerra Mundial. La clave es excluir al Estado de la economía para consagrar el imperio del mercado, la ley del más fuerte, el darwinismo social que se reproduce en el mercado. La abstención del Estado en la economía permite que la explotación capitalista se reproduzca sin turbulencias, viabilizando un programa abiertamente reaccionario y favorable a los sectores más privilegiados de la sociedad. A veces, hay que decirlo, son necesarias ciertas dosis de despotismo político para imponer planes de ajuste estructural a las poblaciones, pero eso nunca ha representado un problema para los ideólogos del neoliberalismo. Milton Friedman lo admitía con una naturalidad pasmosa, casi con desparpajo, afirmando que sus recetas económicas sólo podrían aplicarse si el Estado disponía de suficiente fuerza política para imponerlas.

Pues bien, el proceso de construcción europea concentra y resume los principales postulados de la doctrina neoliberal arriba enunciada: crear un marco político que reduzca a la mínima expresión la gestión de la economía a través de las políticas macroeconómicas, bajo la premisa de que el mercado constituye un sistema estable que tiende a autorregularse. Esta ha sido la constante desde sus primeros pasos en el Tratado de Maastricht, cuando se aprobaron los criterios de convergencia, hasta las reformas más recientes que pretenden reforzar la gobernanza de la zona euro (Pacto por el Euro, Pacto Fiscal). Esta realidad pudo permanecer oculta mientras el crecimiento económico extendía un velo de silencio sobre las destrucciones sociales que estaba provocando el mercado único, pero la crisis ha revelado de manera despiadada la auténtica naturaleza del proyecto europeo: una gigantesca operación política orientada a secuestrar la soberanía popular y sustraer las políticas económicas al control democrático de la ciudadanía. En efecto, la implantación del euro hizo desaparecer las monedas nacionales, que constituían uno de los principales símbolos de la soberanía. De este modo, los Estados renunciaron al principal instrumento del que disponían para afrontar los desequilibrios comerciales internacionales: la devaluación de la moneda. Ello tenía especial importancia en países periféricos como España e Italia, que tradicionalmente habían recurrido a esta medida para equilibrar la balanza comercial y mejorar su posición en el esquema europeo, reduciendo los diferenciales de competitividad con Alemania y otros países. Paralelamente, la creación de un Banco Central Europeo independiente permitió aislar la política monetaria de cualquier interferencia democrática, ignorando las necesidades específicas de cada país en la determinación de los tipos de interés, que pasó a vincularse a la situación registrada en la media de la Eurozona.

La existencia de la moneda única y de un Banco Central independiente definieron un espacio económico progresivamente liberado de las interferencias y regulaciones que tradicionalmente han caracterizado el modelo europeo, alumbrando un nuevo tipo de capitalismo puro, hipercompetitivo y plenamente mercantilizado. A modo de corolario, la capacidad de los Estados para realizar políticas fiscales se limitó estrictamente en el Tratado de Maastricht, primero, y en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, después, que establecieron objetivos sumamente rigurosos en materia económica y presupuestaria. Atados de pies y manos, los gobiernos de la periferia quedaron atrapados en la trampa del mercado autorregulado, sin apenas margen de maniobra. Al desencadenarse la crisis, vieron reducirse sus ingresos e incrementarse sus gastos por el juego de los estabilizadores automáticos, haciendo imposible cumplir el objetivo de déficit máximo, fijado en el 3 por ciento del PIB. Acosados por los mercados y abandonados por el BCE, los países del sur de Europa emprendieron drásticos recortes en el gasto público para satisfacer aquel objetivo. Sin embargo, los recortes no han hecho sino agravar los problemas de crecimiento y alejar los objetivos de reducción del déficit, provocando una espiral diabólica que agudiza y empeora la situación de crisis.

Llegados a este punto del razonamiento, se entiende mucho mejor la verdadera naturaleza del proceso de construcción europea, en la que conviene insistir de nuevo: separar al Estado de la economía para que la explotación capitalista se desarrolle sin turbulencias. Lógicamente, si el tipo de cambio ha desaparecido, la política monetaria ha sido transferida y la política fiscal se encuentra limitada por una estricta disciplina presupuestaria, la única variable que puede servir de base para un ajuste económico en una situación de crisis es la flexibilidad de los salarios. Esto es lo que explica que las actuaciones estatales de control sobre el mercado y de protección de los derechos sociales estén siendo destruidas al ritmo de los dictados de la unión económica y monetaria. El dumping social no sólo no se ha combatido, sino que se ha fomentado, situando la regulación del trabajo asalariado como único factor de competitividad y desencadenando un feroz darwinismo normativo para reducir los estándares laborales y de protección social.

En este contexto, salir del euro constituye una alternativa posible y deseable para nuestro pueblo, que se enfrenta a la necesidad de recuperar la soberanía para superar la gravísima crisis que atravesamos. Como he defendido en otro lugar, ello sería el primer paso de una estrategia constituyente que pretenda el reequilibrio de la economía en el marco de un desplazamiento del poder económico y social hacia el Trabajo. Una estrategia que empieza con el impago de la deuda soberana y se amplía a una salida unilateral del euro que permita a nuestro país escapar del cataclismo de la devaluación interna impuesta por la Unión Europea. La solución no pasa por un europeísmo débil y subordinado al diktat de Berlín, sino por trabar relaciones de solidaridad entre las clases populares del Estado con la finalidad de impulsar una alternativa general para romper con la Europa de Maastricht. Es la hora de abolir el euro, recuperar la soberanía y encarar una reconstrucción europea al servicio de los pueblos y no de los poderosos. Mañana podría ser demasiado tarde.

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Paul Krugman: El pánico a Piketty

Lun, 05/05/2014 - 09:01
Paul Krugman, El País

El nuevo libro del economista francés Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI, es un prodigio de honestidad. Otros libros de economía han sido éxitos de ventas, pero, a diferencia de la mayoría de ellos, la contribución de Piketty contiene una erudición auténtica que puede hacer cambiar la retórica. Y los conservadores están aterrorizados. Por eso, James Pethokoukis, del Instituto Estadounidense de la Empresa, advierte en National Review de que el trabajo de Piketty debe ser rebatido, porque, de lo contrario, “se propagará entre la intelectualidad y remodelará el paisaje político-económico en el que se librarán todas las futuras batallas de las ideas políticas”.

Pues bueno, les deseo buena suerte. Por ahora, lo realmente sorprendente del debate es que la derecha parece incapaz de organizar ninguna clase de contraataque significativo a las tesis de Piketty. En vez de eso, la reacción ha consistido exclusivamente en descalificar; concretamente, en alegar que Piketty es un marxista, y, por tanto, alguien que considera que la desigualdad de ingresos y de riqueza es un asunto importante.

En breve volveré sobre la cuestión de la descalificación. Antes veamos por qué El capital está teniendo tanta repercusión.

Piketty no es ni mucho menos el primer economista en señalar que estamos sufriendo un pronunciado aumento de la desigualdad, y ni siquiera en recalcar el contraste entre el lento crecimiento de los ingresos de la mayoría de la población y el espectacular ascenso de las rentas de las clases altas. Es cierto que Piketty y sus compañeros han añadido una buena dosis de profundidad histórica a nuestros conocimientos, y demostrado que, efectivamente, vivimos una nueva edad dorada. Pero eso hace ya tiempo que lo sabíamos.

No, la auténtica novedad de El capital es la manera en que echa por tierra el más preciado de los mitos conservadores: el empeño en que vivimos en una meritocracia en la que las grandes fortunas se ganan y son merecidas.

Durante el último par de décadas, la respuesta conservadora a los intentos por hacer del espectacular aumento de las rentas de las clases altas una cuestión política ha comprendido dos líneas defensivas: en primer lugar, negar que a los ricos realmente les vaya tan bien y al resto tan mal como les va, y si esta negación falla, afirmar que el incremento de las rentas de las clases altas es la justa recompensa por los servicios prestados. No les llamen el 1% o los ricos; llámenles “creadores de empleo”.

Pero ¿cómo se puede defender esto si los ricos obtienen gran parte de sus rentas no de su trabajo, sino de los activos que poseen? ¿Y qué pasa si las grandes riquezas proceden cada vez más de la herencia, y no de la iniciativa empresarial?

Piketty muestra que estas preguntas no son improductivas. Las sociedades occidentales anteriores a la Primera Guerra Mundial efectivamente estaban dominadas por una oligarquía cuya riqueza era heredada, y su libro argumenta de forma convincente que estamos en plena vuelta hacia ese estado de cosas.

Por tanto, ¿qué tiene que hacer un conservador ante el temor a que este diagnóstico pueda ser utilizado para justificar una mayor presión fiscal sobre los ricos? Podría intentar rebatir a Piketty con argumentos reales; pero hasta ahora no he visto ningún indicio de ello. Antes bien, como decía, todo ha consistido en descalificar.

Supongo que esto no debería resultar sorprendente. He participado en debates sobre la desigualdad durante más de dos décadas y todavía no he visto que los “expertos” conservadores se las arreglen para cuestionar los números sin tropezar con los cordones de sus propios zapatos intelectuales. Porque se diría que, básicamente, los hechos no están de su parte. Al mismo tiempo, acusar de ser un extremista de izquierdas a cualquiera que ponga en duda cualquier aspecto del dogma del libre mercado ha sido un procedimiento habitual de la derecha ya desde que William F. Buckley y otros como él intentaran impedir que se enseñase la teoría económica keynesiana, no demostrando que fuera errónea, sino acusándola de “colectivista”.

Con todo, ha sido impresionante ver a los conservadores, uno tras otro, acusar a Piketty de marxista. Incluso Pethokoukis, que es más refinado que los demás, dice de El capital que es una obra de “marxismo blando”, lo cual solo tiene sentido si la simple mención de la desigualdad de riqueza te convierte en un marxista. (Y a lo mejor así es como lo ven ellos. Hace poco, el exsenador Rick Santorum calificó el término “clase media” de “jerga marxista”, porque, ya saben, en Estados Unidos no tenemos clases sociales).

Y la reseña de The Wall Street Journal, como era de esperar, da el gran salto y de alguna manera se las arregla para enlazar la demanda de Piketty de que se aplique una fiscalidad progresiva como medio de limitar la concentración de la riqueza —una solución tan estadounidense como el pastel de manzana, defendida en su momento no solo por los economistas de vanguardia, sino también por los políticos convencionales, hasta, e incluido, Teddy Roosevelt— con los males del estalinismo. ¿De verdad que esto es lo mejor que puede hacer The Journal? La respuesta, aparentemente, es sí.

Ahora bien, el hecho de que sea evidente que los apologistas de los oligarcas estadounidenses carecen de argumentos coherentes no significa que estén desaparecidos políticamente. El dinero sigue teniendo voz; de hecho, gracias en parte al Tribunal Supremo presidido por John G. Roberts, su voz suena más fuerte que nunca. Aun así, las ideas también son importantes, ya que dan forma a la manera en que nos referimos a la sociedad y, en último término, a nuestros actos. Y el pánico a Piketty muestra que a la derecha se le han acabado las ideas.

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Joseph Halevi: el mecanismo financiero que desencadenó la crisis no ha cambiado

Dom, 04/05/2014 - 16:36
Sin Permiso

Aunque la crisis ha puesto en cuestión el pensamiento económico dominante en los últimos 30 años, parece que ha faltado en la izquierda un debate adecuado que se concentre en los factores determinantes de la crisis y las perspectivas futuras. En ello ha jugado un cierto papel, como ha señalado il Manifesto, el eliminar algunas de las claves de ciertas interpretaciones del presente, terminando por centrarse sólo en ciertos aspectos de la crisis (el tema del medio ambiente, los bienes comunes). Intentamos remover las cosas, titulando la iniciativa "El discreto encanto de la crisis económica", inspirándonos en un artículo de Fernando Vianello y Andrea Ginzburg, publicado en Rinascita, en 1973. Aunque el entrevistado tiene una perspectiva teórica diferente a la de los autores de dicho artículo, la intención es rendir homenaje a la tradición heterodoxa italiana (quién escribe esto se graduó en Módena, donde enseñan Vianello y Ginzburg), hoy marginada. Halevi es profesor de economía en la Universidad de Sydney y ha sido durante años un colaborador de il Manifesto. Sus investigaciones abarcan la economía política, las teorías del crecimiento y el comercio, Asia y el pensamiento post-keynesiano y marxista. Su libro más reciente es Modern Political Economics. Making Sense of the Post-2008 World (con Yanis Varoufakis e N. Theocarakis). Entre sus artículos académicos mas recientes hay que destacar "Could be Raining: The European Crisis After the Great Recession", co-escrito con Richard Bellofiore.

-El surgimiento de la crisis ha confirmado la opinión de algunos economistas heterodoxos, según la cual el capitalismo tiende estructuralmente a entrar en crisis. Sin embargo, las opiniones divergen sobre las causas del desastre actual. Una posición difusa (apoyada por ejemplo por los teóricos de la revista Monthly Review) es la que atribuye a la crisis el siguiente mecanismo: la contrarrevolución neoliberal ha conducido a una disminución de la participación de los salarios; para apoyar la demanda privada fue, por tanto, necesaria una enorme expansión del crédito y el estallido de la burbuja en 2007 interrumpió el mecanismo. Otros pensadores, como el marxista estadounidense Andrew Kliman, creen que las causas de la crisis no se pueden encontrar en la distribución del ingreso y que la depresión puede ser explicada por la caída tendencial de la tasa de beneficio. Una visión completamente orientada a la producción. ¿Qué piensa usted?

-Trabajé muchos años directamente con Sweezy y Magdoff (teóricos pertenecientes a la escuela de Monthly Review), y creo que esta visión es un poco "tendenciosa". Para estos autores el subconsumo no es como tal el problema. El problema es más bien que durante un cierto período, la expansión financiera -que teorizaron desde los años 80, y hay una serie de ensayos sobre ella en la Monthly Review - fue la fuerza impulsora de diversos sectores, por ejemplo el sector tecnológico. La idea de subconsumo ha sido desarrollada más que por la Monthly Review por otras personas, por ejemplo Pivetti, en el Cambridge Journal of Economics.

Yo no estoy de acuerdo con la visión del subconsumo: con Riccardo Bellofiore publicamos una serie de ensayos en los que desarrollamos la idea del "keynesianismo privatizado". ¿Qué quiere decir esto? Significa que no se matan dos pájaros de un tiro: el capital se alegra de que haya una deflación de los salarios (por ejemplo, en los EE.UU. a partir de finales de los 70 en adelante) y, por otro lado, que aumente el crédito.

Sin embargo, este no es el elemento esencial de la crisis, que es, a saber, el aumento de la deuda como tal, sino que es la forma en que esta deuda se adelantó, el hecho de que a menudo estos títulos de deuda no valían nada. Muy significativamente este problema estaba dentro de los bancos. El sistema de titulización, que es crear dinero mediante la deuda (y los productos derivados son una gran herramienta para ello), ha creado la vorágine. Esto finalmente ha hecho emerger esta acumulación de capital ficticio, por usar un término marxista, que se evapora a continuación.

-No existe un mecanismo causal claro. ¿Qué quiere decir Bellofiore al afirmar que el subconsumo es la causa "última" de la crisis, y por lo tanto no explica nada?

-El punto es que no se puede explicar la causa de la crisis a través del subconsumo. De hecho, el subconsumo no explica las causas de la crisis, aunque se manifiesta durante la crisis. No es que el capital haya incrementado el crédito porque los salarios caían.
Los tres componentes de la crisis son la creación de liquidez por parte de la Reserva Federal, la deslocalización (el modelo Wal-Mart, pero después incluso Apple, etc.) y la expansión del crédito, y en particular la expansión de la posibilidad de utilizar el valor del capital para obtener más dinero.

-Pero entonces, ¿qué hubiera ocurrido sin la titulización?

-Que lo que ocurrió hubiera sucedido antes.

-En nuestro intercambio anterior, ha argumentado que la visión de marxistas cómo Kliman, que atribuye la crisis a la caída tendencial de la tasa de beneficio, es en última instancia reaccionaria porque no integra la disminución de los salarios en los EE.UU., tal y como se ha producido. ¿Qué dice al respecto?

-No me gusta realmente el enfoque de Kliman de la teoría del valor de Marx y la caída tendencial de la tasa de beneficio, un enfoque que ha sido criticado por muchos otros, por ejemplo, por Simon Mohun y Roberto Veneziani. Guglielmo Carchedi, que para mí es más serio que Kliman, en un artículo aparecido en sinistrainrete.info, dice que en realidad la caída tendencial de la tasa de beneficio no se ve, pero si se tiene en cuenta los sectores productivos entonces si se ve.

Así que empieza a ser una cosa complicada, porque ¿qué significa "sector productivo" en un sistema como el de hoy? Es cierto que actualmente los beneficios caen, pero caen porque disminuye la demanda y, por lo tanto, la tasa de utilización de la capacidad productiva. La capacidad productiva que no se utiliza debe tenerse en cuenta en el coste de utilización del capital y por lo tanto los beneficios caen, pero no por las razones señaladas por Kliman. Así que creo que la visión de que la distribución del ingreso no cuenta es profundamente reaccionaria, de derechas diría yo.

-Al analizar la evolución de la economía mundial, se puede señalar que la economía de EE.UU., aunque todavía débil, parece en alza, mientras que la mayoría de las economías europeas están más rezagadas. Por tanto, es sensato pensar que hay elementos particulares de la Unión Europea y la zona euro que han contribuido a agravar la crisis. ¿Cuáles son estos factores y qué papel han jugado? De manera más general, para algunos, la UE es una estructura neutral, con un potencial de mayor democratización, pero para otros es una institución de clase y una herramienta para la imposición de las políticas conservadoras. ¿Cuál es el papel de clase desempeñado por la Unión Europea?

-Mientras tanto, hay que decir que Estados Unidos es un país principalmente importador, al contrario que Europa, o más bien la zona euro, que tiende a ser un exportador neto. Ello es sustancial para la dinámica de la recuperación europea -sobre todo ahora que se ha instalado la deflación tanto desde el punto de vista de los balances financieros como de los salarios- y que depende de las exportaciones: de hecho, no hay herramientas para estimular la demanda interna, ya que no hay datos de crecimiento ni por lo que respecta a la inversión ni desde el punto de vista de los presupuestos públicos, y la recuperación sólo puede depender de las exportaciones.

En contraste, en los Estados Unidos se están produciendo mecanismos que han permitido ciertas articulaciones. En primer lugar, los EE.UU. ha cambiado radicalmente su posición a nivel internacional, han reducido drásticamente su déficit externo. Y ¿cómo ha sucedido? No porque las compañías americanas hayan decidido revisar sus estrategias de outsourcing, por lo menos no sustancialmente. Es decir, en algunos casos ha ocurrido, se dieron cuenta de que era disfuncional y que el origen de esta disfunción era China, ya que es adonde la mayoría de las deslocalizaciones van, pero los chinos están más que dispuestos a hacer lo que pueden para remediar este problema, ya que su interés prioritario es seguir exportando, y entonces necesitan que las empresas estadounidenses y sus asociados chinos sean capaces de producir.

Uno de los factores más importantes en este cambio en la posición internacional de los EE.UU. ha sido la propia China, que, en particular desde 2009, se ha convertido en un gran importador, un "devorador" de materias primas y alimentos, lo que ha puesto en marcha todo el mecanismo de la minería estadounidense, y esto está conectado con las zonas industriales de Michigan que han comenzado a producir máquinas. En resumen, esto ha reducido las importaciones de Estados Unidos, ha estimulado la inversión interna en los estados por lo que se refiere a la minería, pero también, por ejemplo, a la madera de Minnesota, o productos alimenticios.

China ha incrementado sus importaciones tanto porque busca la trasferencia de capacidades tecnológicas, aunque en este aspecto vuelve su atención más hacia Japón y Europa, en particular Alemania. China ha puesto en marcha toda la zona de la Amazonía, quiere convertir la selva amazónica en un campo de soja, quiere crear a lo largo del rio Amazonas un eje equipado con puertos y ferrocarriles para facilitar el transporte, y esto está relacionado, de una forma u otra, con la industria estadounidense.

En resumen, todo ello ha ayudado al crecimiento en EE. UU., incluso a nivel estadístico, porque estadísticamente las importaciones restan en el cálculo del PIB. Además no se puede olvidar, sin embargo, que los Estados Unidos han mantenido, al menos hasta el año 2010, un gasto público real mucho más importante que en otros lugares.

Dicho esto, sin embargo, no debemos olvidar que hay crisis en los estados, en las ciudades (como Detroit, por ejemplo) en suma yo no contaría con que la recuperación de EE.UU. va mucho más allá. Por no hablar de que Larry Summers (economista y ex secretario del Tesoro con Clinton), ha declarado que, para asegurar la estabilidad de la recuperación necesitamos una nueva burbuja especulativa, una burbuja que sea capaz de soportar todo este gasto.

En resumen, el modelo no ha cambiado, todavía se basa únicamente en el consumo, el mecanismo financiero que desencadenó la crisis no ha cambiado: antes los bancos operaban con las empresas, prestaban a las empresas en primer lugar y sólo en segundo lugar a los consumidores, mientras que hoy opera directamente a través de los créditos al consumo, los préstamos se hacen con la intención de ser titulizados, y revendidos (el llamado modelo "originar para distribuir") y este patrón no ha cambiado con la crisis, sino más bien se ha fortalecido.

Europa, por su parte, se centra más en las exportaciones, que se ven, sobre todo por parte de algunos países de la eurozona, como una solución para el problema de la demanda interna, y esto es muy grave, es básicamente un sistema neomercantilista. Ahora bien, no todos los países europeos comparten este enfoque neomercantilista: el Reino Unido por ejemplo, es completamente ajena, y compensa, al menos en parte, el déficit del comercio exterior con las importaciones de capital a través de la función de la City.

Incluso Francia, que ha perdido totalmente la capacidad de apoyar las exportaciones netas, se encuentra fuera de esta lógica. Francia está mucho más cerca de la situación británica que de la alemana o la italiana, por así decirlo. El problema es que Europa no puede ser considerada como una entidad única, una confederación, sino que debe analizarse país a país y la Comisión Europea debe ser vista como la arena en la que los distintos países luchan entre si.

La Comisión actúa como árbitro, sobre todo con los países más pequeños, mientras que con los países más grandes, una vez se pone del lado de uno y otra vez de otro, unas veces con Francia (pocas, en realidad), y otras con Alemania. Con respecto al capital francés hay que tener en cuenta que actualmente es sobre todo capital financiero, incluidos los industriales, las industrias francesas están llenas de activos financieros hasta la médula. Ya no está interesada en las exportaciones desde hace bastante tiempo, mientras que hasta hace poco las apoyaban, probablemente para contentar a los sindicatos. Los franceses están en un terreno más británico, jugando a la hegemonía financiera, que quiere fortalecer a través de una relación más estrecha con Alemania, un juego que no está teniendo demasiado éxito.

Los países mercantilistas son en definitiva cuatro o cinco, sin duda Alemania, pero incluso más que Alemania, en relación con la población y el ingreso per cápita, los Países Bajos. Después, en un nivel inferior, Bélgica y Luxemburgo (a pesar de que no cuenta Luxemburgo, que tiene un excedente natural por ser un paraíso fiscal), y luego Austria, pero principalmente debido a su estrecha vínculos con Alemania, y finalmente Italia. Estos países son los neo-mercantilistas, y todos ellos están estrechamente unidos a Alemania. Luego están los países escandinavos, que siempre han tenido la misma estrategia basada en las exportaciones, en particular a los países no europeos, y que ahora se encuentran en una profunda crisis, que tiene su centro en Finlandia.

La estrategia alemana es, en esencia, que Europa se mueva. Los otros países europeos van bien en el sentido de que producen exportaciones netas al resto del mundo, pero no deben interponerse por lo que se refiere a la gran estrategia, que incluye China, Rusia, Turquía, Irán.

Alemania se está centrando en una gran expansión en esas áreas. Por ejemplo, los alemanes son muy favorables a una reestructuración de la economía rusa, lo que sería una gran fuente de importaciones de mercancías alemanas, y les gustaría la creación de una conexión ruso-china. Este es su objetivo: está convencida de que Europa es algo viejo, tradicional, que se puede manejar si crea un superávit, pero que la estrategia principal tiene que estar en otra parte.

Este es el conflicto real, con Francia que apunta a una solución más a la "inglesa", con un crecimiento financiero; el único país que por sus dimensiones podría enfrentarse a Alemania sería Italia. Pero Italia ni siquiera piensa en ello. En Italia reina la visión que la salida de la crisis sólo puede venir a través de las exportaciones, lo cual es evidentemente falso, puesto que ya hay tres casos en Europa que muestran lo contrario: el primero son los Países Bajos, que en este momento ha alcanzado una cuota de exportaciones netas en el PIB del 10% (en comparación, Alemania cuenta con sólo el 6%) y sin embargo está en recesión, con un crecimiento negativo del 1% y una tasa de desempleo del 8%; en segundo lugar, Finlandia, también en grave recesión causada por una profunda crisis tecnológica (Nokia, mucho antes de ser adquirida por Microsoft, ya había trasladado su centro de investigación a China en busca de economías de escala que la diminuta Finlandia no pudo ofrecer); y finalmente tenemos Suecia, que desde los años 40 tiene una tradición de exportador neto y ahora tiene un superávit del 6.7% con los países extranjeros y, sin embargo, una tasa de desempleo del 8%. Así que si estos países no pueden apoyar la recuperación mediante las exportaciones ¿cómo puede Italia, un país con 59 millones de habitantes, compensar la falta de la demanda interna a través de las exportaciones?

Ahora, la cuestión de clase. Sólo hay una cosa que mantiene unidos a todos los diferentes componentes de la Europa capitalista, y es la deflación de los salarios que garantiza el euro, y aquí no hay santos, todos están de acuerdo. El consenso tiene por objeto mantener la deflación de los salarios, un proceso alentado a través de la deflación del gasto público y la reducción global de todos los aspectos de los salarios, incluidas las pensiones. Obviamente, este proceso funciona de manera diferente, y hay países que tienen más éxito que otros: Alemania fue el país más eficiente en lo que respecta a la relación salario-productividad, mientras que Francia ha tenido mucho menos éxito, y es irónico ya que la idea de la "deflación competitiva", es decir, la reducción de los salarios para ayudar a las exportaciones, es una idea francesa, propuesta en los años 80 por Delors y toda esa gente terrible.

En resumen, no creo que las distintas clases capitalistas europeas tengan interés en el euro como tal, independientemente de su función en la regulación de las relaciones internas de clase. Si no cumple con este componente unificador, salta todo.

-En Occidente, la doctrina económica neoclásica es completamente dominante desde hace más de 30 años a nivel académico. De manera similar, también las opiniones sobre la política económica y la crisis tienen una base ideológica común. ¿Cómo debe posicionarse una teoría heterodoxa hoy? ¿Tiene sentido una guerra de posiciones dentro de la academia, tiene sentido intervenir sobre los métodos de gestión de la crisis? ¿Tiene sentido participar en el debate institucional sobre que debe hacerse, o es mejor trabajar en otros lugares y espacios? En esencia, ¿el capitalismo es reformable es necesario participar en su gestión, tal vez en una dirección más "igualitaria" o no?

-Debemos ser conscientes del debate, hacer propuestas de economía política y de política económica. Hay que conocer, no para debatir, sino para entender lo que quieren (la corriente teórico mayoritaria, ed.), no sólo lo que está escondido, sino también qué piensan estas personas, cómo razonan, que criterios tienen, que horizontes hay. Por lo tanto, uno debe conocer el debate de política económica. Pero creo que no es necesario entrar en contacto con ninguno de ellos. Mi idea es que es necesario crear un grupo gramsciano, el Gramsci del "nuevo orden".

Estudiarlo todo, pero no hablar con ellos. Estudiarlo todo para hablar cuando haya la fuerza de movilizar, pero no hablar con ellos: ir a las conferencias para recoger los documentos (que ahora se puede obtener en internet). Ver cómo piensan, no interactuar, porque no es sólo inútil, sino que también hay que aceptar una gran parte de sus puntos de partida, para integrarse en el debate hay que aceptar un terreno común, y ellos no aceptarán nunca el tuyo, al menos la parte tuya que te permita intervenir. No es necesario hablar de ello. De hecho, cuando de vez en cuando, me invitan a dar una conferencia, voy a hablar pero a debatir, no, no voy. 



No lo hago. De hecho, estoy en desacuerdo en este aspecto con Yanis Varoufakis (economista griego y co-autor de Halevi, ed.), porque se fue a hablar con la OCDE, pero que vas a discutir con ellos allí, en París. No, en absoluto. Hay que ser como Gramsci, en el período del Nuevo Orden, antes de ir a la cárcel, pobre hombre. A lo largo de la primera fase de la cárcel Gramsci leía y estudiaba todo, pero al mismo tiempo pensaba una forma autónoma de elaboración del movimiento comunista.

Se debe hacer lo mismo. Y después decidir autónomamente, como en el caso del suceso del Aventino, la política. Él decidió no hacerlo, los comunistas decidieron no participar, e hicieron bien en dar la batalla en el parlamento. Pero también hizo una propuesta a los socialistas, de organizar milicias armadas. El punto fundamental de la diferencia entre los comunistas y los socialistas antes del advenimiento del fascismo, es decir, en la etapa que va sustancialmente desde 1920, de hecho desde 1919, hasta el asesinato de Matteotti, es que Gramsci, los comunistas entienden que la dimensión política puramente parlamentaria de oposición al fascismo que tenían los socialistas no iba a funcionar. Como ellos, los fascistas, no utilizaban un sistema parlamentario, sino sistemas militares, violentos, por lo que eran imprescindibles para resistir las milicias armadas.

Los comunistas habían entendido que la lucha contra el fascismo tenía que hacerse militarmente, y creo que eso también se aplica, mutatis mutandis, hoy, no en el sentido militar, sino en el sentido de que no se puede hablar con la corriente ortodoxa, no se puede compartir nada con ellos. Esto también plantea otro punto de vista con respecto a la cuestión de la ortodoxia-heterodoxia. De hecho, no estoy muy convencido de la validez de la declaración "hacemos heterodoxia".

A menudo sucede que los heterodoxos lo que quieren es llegar a ser consejero del príncipe, diciendo: "Tengo un gráfico, una ecuación mejor que la tuya, puedes hacer esto y lo otro". Eso hacen los post-keynesianos, y yo puedo soportarles más. El ejemplo más claro para mí es Giuseppe Fontana (economista italiano que enseña en Leeds), que solo busca ser el nuevo consejero del príncipe.


 Creo que si le preguntas a partir de este punto de vista, se cierra. Tienes que ser gramsciano, organización cultural y autónoma del movimiento obrero, y por lo tanto movimiento de clase. Esto es, creo, lo que debe hacerse, esta es mi visión. Creo que incluso Riccardo Bellofiore esta de acuerdo, aunque tal vez lo expresa de una forma menos amarga que la mía.

-Desde su punto de vista, ¿dónde se encuentran en este momento tanto en Italia como en el resto del mundo los movimientos y / o contradicciones más interesantes, con un potencial de ruptura? Un ejemplo es el papel de la logística en Italia.

-Creo que la línea de fractura se encuentra en China. Es ahí, es la situación de China: tienen un proceso de acumulación y desarrollo de tipo japonés-americano, que lleva al paroxismo, que está desarrollando unos costes sociales que están cayendo sobre la gente de manera durísima, tanto en términos de la intensidad del trabajo como en términos medio ambientales. Por ejemplo, en el noreste de China, donde limita con Rusia y Corea, en esa zona hiper-industrializada está empezando a caer la esperanza media de vida, y está disminuyendo debido a la situación del medio ambiente (enfisemas, la contaminación del agua, etc.) Creo que hay una maraña de contradicciones.

En el pasado pensé que el punto de ruptura del capitalismo mundial sería América Latina... pero no. E incluso allí, en cierto sentido cuenta China, que los puso de nuevo en marcha con sus importaciones de materias primas. China también ha contribuido a la financiarización de Brasil, gran exportador de materias primas.

La política de Lula, y luego de Russef ha sido acomodaticia con las relaciones internas de clase brasileñas, que nunca han sido muy favorables para la mayoría de la población. Añado una consideración sobre la función del FMI. Antes de esta crisis europea, el FMI, que era un instrumento de disciplina internacional para los países del Tercer Mundo, había perdido poder, tanto es así que se empezó a hablar de recortes de personal y fondos. Esto se debe a que Argentina, Venezuela, Brasil -que si se mueve afecta a toda América Latina-, Uruguay y Ecuador, había reducido su papel y lo habían puesto en crisis.

-Venezuela ha conseguido escapar.

Sí, han omitido todas las políticas del FMI, incluso Malasia en el 98 había decidido no seguir la doctrina del FMI.

Ahora, sin embargo, el fondo ha recuperado poder gracias a la crisis europea, gracias a Grecia. Aquí, en Europa, no veo mucho margen de ruptura. Para que algo suceda es necesario que salten los partidos tradicionales de la izquierda europea.
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Tomado de Sin Permiso, Traducción de Gustavo Buster
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España: desempleo, desigualdad, pobreza

Dom, 04/05/2014 - 10:00
El 12% de la poblacion española que trabaja no gana para escapar de la pobreza.

Miguel Bernal Alonso, El Economista
Podría parecer una broma de muy mal gusto que previamente a la celebración del Primero de Mayo, fiesta del trabajo, se publicase la EPA -Encuesta de Población Activa- que se dio a conocer el día anterior, pero no lo es. La encuesta refleja de forma desoladora el paisaje que la crisis deja en España y que se define como desempleo, desigualdad y pobreza. La actual crisis, que guarda grandes similitudes con el crack del 29, se ha cebado en España, cuyo mercado laboral presentaba ya una situación muy complicada, la famosa rigidez y bipolaridad de contratación.

La reforma laboral, impuesta desde Europa e impulsada por Alemania, se ha realizado en el peor de los escenarios posibles. Por más que se quiera no puede achacarse las cifras de desempleo a la misma, sino a la tremenda caída de la actividad. Quizá, y como algunos servicios de estudio nos dicen, la reforma haya incluso salvado puestos de trabajo pero con ello no basta, no podemos sentirnos satisfechos, ni podemos fiar la recuperación del trabajo a la recuperación económica. El crecimiento va a ser lento, falta de vigor, insuficiente a todas luces para absorber la enorme destrucción de empleo y sigue sin estar exento de riesgo de recaída.

Si se analizan los datos del primer trimestre, la caída del desempleo arroja una cifra muy tibia, tan solo desciende en 2.300 personas, muy poco dado que el número de total de parados es de 5.933.000 personas y que tiene un claro reflejo en la subida de dos décimas del desempleo frente al trimestre precedente. Pero de la tibieza al escalofrío: la destrucción de empleo, aquellas personas que han perdido el trabajo, es de 184.600 personas; la población activa -personas en edad de trabajar que están ocupadas o paradasdesciende siguiendo la tendencia iniciada en el 2011, peor aún es que la misma se agudiza y que lleva a la ratio de actividad a situarse en el 59,46 por ciento, la más baja desde el segundo trimestre de 2007. Esa son las frías cifras del tremendo desempleo generado durante esta crisis.

Pero además del impacto directo del desempleo la crisis deja una enorme desigualdad, abriendo una brecha que todavía se antoja que tardará mucho más en cerrarse. No hace falta salir de la EPA para ver esta desigualdad: en el trimestre el número de asalariados por cuenta propia desciende y aún cuando se suaviza la tasa de temporalidad de la misma es del 23,13 por ciento; los trabajadores a tiempo parcial se incrementan y son ya el 16,20 por ciento; la reducción del desempleo no se produce en las personas que tienen 55 años o más; continúa aumentando el paro de larga duración o superior a un año, así como el de los que buscan su primer empleo. La desigualdad se traduce en segmentación de trabajadores, precariedad, temporalidad, aumento de los falsos autónomos o si prefieren sustitución de contratos laborales por mercantiles.

Junto a estas cifras, y aún cuando no se recojan en la EPA, habría que recordar que los costes laborales unitarios, salarios si se prefieren, encima han caído como Banco de España nos decía recientemente. Lo peor es que la suma de desempleo y desigualdad conduce a pobreza. La EPA apunta a ello, lo sugiere, hay algún dato revelador como que disminuye el número de hogares donde todos sus miembros están ocupados o aquel que cifra en casi dos millones las familias en donde todos sus miembros están parados, pero para retratar la pobreza es mucho mejor una organización como Caritas, que día a día pulsa la realidad de la calle. Su informe es meridianamente claro: España tiene el segundo mayor índice de pobreza infantil de la Unión Europea, situándose nueve puntos por encima de la media europea; la tasa de abandono escolar prematura es la mayor de Europa con un 24,9 por ciento frente al 12,7 europeo; existen 13 millones de españoles en niveles de tasa de pobreza; las personas mayores se ven especialmente afectadas por la crisis, algo preocupante si tenemos presente que en muchos hogares son las pensiones de jubilación los únicos ingresos; el 12 por ciento de la población española que está trabajando no gana para escapar de la pobreza.

¿Es exagerado identificar desempleo, con desigualdad y con pobreza, como dice el título de este artículo? No, no lo es. La OCDE, que no es precisamente alarmista ni extremista, viene diciendo que el desempleo y los contratos temporales son los causantes del aumento de la brecha social que esta crisis deja. Es por tanto necesario acabar la reforma laboral y suprimir la dualidad imperante de los contratos fijos y temporales; es necesario un contrato único lo antes posible; es necesario una formación orientada al mercado laboral y que se compagine con un contrato laboral que sea dual para enganchar a los jóvenes y a trabajadores con baja cualificación; es necesario mini jobs para que no aumente los parados de larga duración ni se desvinculen del mercado labora; es necesario una política activa e incluso con subsidios ligados a formación para los parados de mayor edad; es necesario rebajar los costes agregados -coste fiscal y despido- para incentivar la contratación; es necesario incentivos fiscales que promuevan la contratación no precaria. Son necesarias políticas sociales para poblaciones infantiles dentro de la pobreza, para desempleados de larga duración. Pero sobre todo es necesario políticas de expansión económica en lugar de tanta austeridad, el antídoto contra el paro se llama actividad.

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Lento crecimiento de Estados Unidos confirma el estancamiento secular de la economía mundial

Sáb, 03/05/2014 - 21:24
El crecimiento de Estados Unidos se estancó en los tres primeros meses del año dando nueva evidencia de que la expansión económica tras la crisis 2008/2009 sigue siendo la más débil de la historia moderna. El producto interno bruto creció a una tasa anual de 0,1 por ciento en el primer trimestre, lejos del 1,1 por ciento que esperaba el mercado. Este hecho confirma la debilidad que atraviesa la economía mundial y trae al tapete una antigua preocupación de la investigación económica: el estancamiento secular.

Como he apuntado en otros post (ver aquí y aquí), el déficit crónico de la inversión impulsado por la debilidad de la demanda y el consumo, está implicando una ralentización global de la economía. El volumen de la actividad económica en los países desarrollados sigue siendo muy deprimido y lo que se observa es un estancamiento económico persistente. Los bajos salarios, la alta deuda pública y privada y la caída de la inversión - pese a que la tasa de interés se encuentra en mínimos históricos- propagan un escenario al estilo japonés con una "década perdida" para el mundo.
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A veinte años del Apartheid

Sáb, 03/05/2014 - 10:01
Emir Sader, Público

Al mismo tiempo en que conmemoran los 20 años de la elección de Nelson Mandela como presidente y el fin del apartheid —el pasado 24 de abril—, Sudáfrica se prepara para su quinta elección presidencial, el 7 de mayo. El contraste no podría ser más grande entre la gesta del final del régimen de apartheid —simbolizado por la figura de Nelson Mandela, más engrandecida todavía con los ceremoniales por su muerte— y el descontento y desánimo con las nuevas elecciones presidenciales.

El contraste es claro entre el consenso obtenido por el fin del apartheid y la sociedad que es hoy Sudáfrica. La falta de interés por la quinta elección presidencial es un claro reflejo. Paralelamente, hubo una mejoría significativa en la situación de las capas medias negras. Por otra parte, el Estado posapartheid ha creado mecanismos de participación popular para sectores más amplios de la población.

Sin embargo, la promesa de que el fin del apartheid significaría “una vida mejor para todos” está lejos de concretarse. Hay una diferencia neta entre la trasformación política del fin del régimen de apartheid y el marco del mantenimiento de las condiciones sociales heredadas.

Todo se puede entender a partir del mismo pacto político de transición hacia la Sudáfrica post apartheid. Las negociaciones de paz fueron posibles por la lucha del pueblo sudafricano y por la solidaridad internacional, pero no fueron suficientes para derrotar simplemente el gobierno del apartheid, que contaba con superioridad militar y el apoyo de Estados Unidos. Los acuerdos han representado el fin del régimen del apartheid, pero no han traído al país la trasformación democrática de sus estructuras económicas.

No es que todo sea igual que antes. Los gobiernos del ANC (Congreso Nacional Africano) han incrementado los gastos en políticas sociales, se ha ampliado la clase media negra y, sobre todo, algunos sectores negros fueron anexados a la élite del país. Pero la gran masa de la población sigue viviendo en condiciones miserables, con un desempleo que ya superó el 20 por ciento, con índices del doble entre los negros.

Desde el comienzo del fin del apartheid, los gobiernos sudafricanos firmaron acuerdos con el FMI, con todas las consecuencias que conocemos. El momento del fin del apartheid coincidió también con el fin de la URSS y el clima del Consenso de Washington. Lo cierto es que esos acuerdos han entregado a los negros –a través de su partido, la ANC– el control de la política, pero dejaron a los blancos el control de la economía.

Los controles sobre la circulación de capitales fueron aflojados, empresas estatales fueron privatizadas, no se priorizaron las políticas sociales. La economía creció hasta la crisis internacional iniciada en 2008, frente a la cual Sudáfrica careció de mecanismos de defensa, desarticulados por políticas económicas neoliberales.

Como resultado del clima de desánimo y desconcierto, el presidente Jacob Zuma puede ser reelegido en mayo, pero con muchos sectores populares votando por pequeños partidos, algunos por DA –el principal partido opositor, liberal, con predominio de los blancos– y con sectores descontentos dentro del ANC haciendo campaña por “no votar”.

Después del fin del apartheid, Sudáfrica tuvo un gobierno de Nelson Mandela, dos de Thabo Mbeki y uno de Zuma, que puede ser el último del ANC, si sectores de la oposición –liberales por un lado, partidos menores de izquierda, por otro– logran capitalizar el enorme descontento en el país, a 20 años del régimen posapartheid.

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Brasil: la olla de presión puede estallar

Sáb, 03/05/2014 - 03:10
Raúl Zibechi, La Jornada

Lejos de ser una imagen apocalíptica de un militante radical, es la lectura que hizo el ministro de la Secretaría General de la Presidencia, Gilberto Carvalho, al salir el martes 29 de un encuentro con movimientos sociales en Río de Janeiro, donde fue increpado y abucheado por militantes contrarios al Mundial de Futbol. El ministro aceptó que una parte de la sociedad piensa de ese modo, pero que se trata de una pequeña vanguardia. Agregó que las críticas son la olla de presión que explota ( O Estado de São Paulo, 29/4/14).

En el gobierno hay preocupación por lo que pueda suceder durante el Mundial. El nivel de rechazo al encuentro deportivo ha venido creciendo de forma sostenida. Según la empresa de opinión pública Datafolha, éste fue apoyado por 79 por ciento de los brasileños en 2008, cifra que cayó a 48 por ciento en abril (datafolha.folha.uol.com.br, 8/4/14). La mayoría de la población afirma que no volvería a postular al Brasil como sede de un Mundial.

Las razones son muchas: desde el despilfarro de dineros públicos en las obras de los estadios, que benefician a un puñado de grandes constructoras mientras escasean recursos para salud, educación y transporte, hasta la expulsión de miles de personas de sus barrios para ampliar aeropuertos, autopistas y estadios, a lo que se agrega la legislación que impone la FIFA, que impide la venta ambulante en las cercanías de los estadios, y un conjunto de disposiciones sentidas como agravios por buena parte de la población.

Pero el dato central es la rebelión que se propaga desde las favelas, sobre todo en Río y en São Paulo. En los últimos meses el activismo en las favelas crece a la par de la violencia policial, y por momentos se desborda hacia el asfalto. Podemos observar, en el último año, tres momentos en este creciente activismo.

El primero se registró un año atrás, en la coyuntura creada por las manifestaciones de junio. Pese a la dura represión (balas de goma en el asfalto y balas de plomo en la favela), las movilizaciones de los favelados comenzaron a crecer. En julio se multiplicaron por la desaparición del albañil Amarildo de Souza en la Unidad de Policía Pacificadora (UPP) de la favela Rocinha. El hecho se convirtió en símbolo de las torturas y asesinatos de la policía militar.

En diciembre y enero fueron los rolezinhos, la salida masiva de jóvenes de las favelas para divertirse, bailar funk y cantar en los grandes centros comerciales. Este fenómeno se produjo sobre todo en São Paulo, llegando a congregar hasta 6 mil adolescentes que fueron recibidos con insultos por clientes y empleados, y a golpes por la policía y los guardias privados de los shoppings. En Brasil el funk es considerado un género emparentado con el narcotráfico y suele ser perseguido.

El tercer momento se está viviendo ahora mismo. El 16 de marzo Claudia da Silva Ferreira fue herida por la policía militar en una operación en la favela Morro da Congonha, en Río. Su cuerpo fue colocado en el maletero del coche patrulla para llevarlo al hospital pero, al abrirse la puerta, cayó al pavimento y fue arrastrado 300 metros; falleció en el trayecto. Las redes difundieron la filmación, que provocó una oleada de indignación.

El 22 de abril apareció el cuerpo del bailarín de la Tv Globo Douglas Rafael da Silva en una guardería de la favela Pavao Pavaocinho, adonde había ido a visitar a su hija de cuatro años. Como los demás, fue confundido con narcotraficantes y muerto a golpes. Días después cientos de manifestantes ocuparon la avenida Nuestra Señora de Copacabana, cercana a la favela, gritando Policía asesina. En la represión, un niño de 12 años fue muerto por la policía. Como siempre, la policía mintió y fue la población la que mostró evidencias que la inculpan.

Lo nuevo es la capacidad de expresar la rabia en una de las principales avenidas de uno de los más coquetos barrios de Río de Janeiro. Tres hechos están en la base de la creciente movilización de los pobres urbanos.

Las políticas sociales están mostrando límites. En los primeros años del gobierno de Lula (2003-2011), las transferencias monetarias y los sucesivos aumentos del salario mínimo consiguieron mejorar de forma sustancial los ingresos de los más pobres. Con los años enfrentan otros problemas: baja calidad de los servicios, sobre todo salud y educación, y pocas posibilidades de acceder a mejores empleos.

En segundo lugar, las políticas de contención policial, complementarias de las sociales, han fracasado. Las UPP, instaladas en 38 de las 700 favelas de Río, no solucionan el problema del narcotráfico y empeoran la vida de la población. El sociólogo José Claudio Alves sostiene que las UPP son una fuerza de ocupación, y no una fuerza de cambio de la lógica política, económica, social y cultural de las comunidades ( IHU Online, 14/4/14).

Por un lado, impiden las manifestaciones culturales de las favelas asociadas al funk. Por otro, afectan las ganancias del negocio narco, pero no el negocio en sí. No alteran la esencia del crimen organizado, alteran sólo la forma de funcionar, dice Alves. Para desarticular a las bandas criminales se debería atacar al propio aparato estatal, como la policía, que es la que las organiza.

En tercer lugar, los favelados están perdiendo el miedo. Antes de ocupar las avenidas gritándole a la cara ¡asesinos! a los policías, han ensayado largo tiempo la rebelión en sus espacios seguros. Son siglos de agravios acumulados. Las obras del Mundial son un insulto adicional. En la favela Morro da Providencia (pegada a la bahía de Guanabara y al puerto), la única plaza fue ocupada por el enorme soporte del teleférico, para que los turistas puedan fotografiar a los pobres, desde arriba y en un lugar seguro.

Ya se sabe lo que sucede cuando los de abajo pierden el miedo. En algún momento, las multitudes van a ocupar las anchas avenidas. Es posible que aprovechen los focos del Mundial. Sólo es cuestión de tiempo.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

El calentamiento global generará climas inéditos, extremos y catastróficos

Ven, 02/05/2014 - 16:05

Aunque el deshielo y la disminución de los casquetes polares son la cara más conocida del cambio climático, el calentamiento global tendrá consecuencias muy graves también en otras regiones, especialmente en los trópicos, donde las variaciones de temperatura y humedad darán lugar a climas inéditos hasta ahora.

Predecir o anticipar cómo van a reaccionar las especies a estos cambios del clima es una incógnita para la ciencia y un reto para la conservación de la biodiversidad pero cuanto mejor entendamos las implicaciones del cambio climático, mejores serán las estrategias de conservación.

Esta es la principal conclusión de un estudio liderado por el investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) y catedrático de Biogeografía Integrativa del Imperial College de Londres, Miguel Araújo, y que se publica hoy en Science. El estudio, en el que también han colaborado las universidades de Copenhague, Évora y Helsinki, toma como base quince modelos climáticos (proyecciones de cómo será el clima en el futuro) elaborados por el IPCC, el grupo de expertos creado por la ONU para investigar el cambio climático.

Partiendo de las variables de esos modelos (temperatura, viento, precipitación media anual, etc), los investigadores han generado unas métricas o mediciones de cambio climático y las han relacionado con sus impactos en la biodiversidad, algo que no se había hecho hasta ahora. "Por ejemplo, si el desierto del Sáhara se desplazara 300 kilómetros al norte, la biodiversidad adaptada al desierto tendría que moverse una distancia equivalente; si hay un deshielo en el casquete polar del cincuenta por ciento, eso generaría una reducción del hábitat de muchas especies del 50%... etcétera", explica Araújo.

Comparaciones como éstas han permitido poner de manifiesto que en función de en qué lugar del planeta se encuentren, las especies experimentarán los cambios de una u otra forma. En algunas regiones, el cambio climático podrá provocar la aparición de climas distintos y más extremos que los que hay ahora, o incluso podrá hacer que surjan climas inéditos hasta ahora. "Los trópicos es donde más probabilidad hay de que aparezcan climas que actualmente no tienen ningún análogo, lo que no significa que no hayan existido en un pasado remoto".

Cualquiera de estos cambios generarán una serie de cambios para la biodiversidad que son, hoy por hoy, imposibles de predecir pero que obligan a tomar medidas y a anticiparse de alguna manera, al menos, para mitigar estos cambios. Por eso, aunque seguir con las medidas tradicionales de mitigación del cambio climático basadas en la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera es "algo necesario", por sí sólo "no van a resolver el problema".

De hecho, la magnitud del cambio climático es tal que "aunque parásemos las emisiones de CO2 desde hoy mismo, algunas consecuencias ya no se pueden evitar", reconoce el investigador. Por eso, concluye el estudio, aunque las medidas globales de mitigación siguen siendo esenciales, es primordial intentar reducir los impactos climáticos en la biodiversidad de manera local y "hacer cosas distintas en cada lugar".
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