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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger5956125
Actualizado: fai 14 horas 57 min

La desatención al cambio climático en España

Mar, 01/12/2015 - 01:15
Vicenç Navarro, Público.es

Los medios de comunicación españoles parecen haber descubierto estos últimos días el impacto negativo que el irreversible cambio climático tiene sobre el bienestar de las poblaciones. En realidad, España ha estado ausente de los mayores centros de reflexión sobre uno de los principales problemas que la humanidad tiene frente a sí. Tal reflexión en este país apenas ha comenzado. En realidad, todavía hoy hay gurús económicos neoliberales, con chaquetas de todos los colores (siempre próximos a los intereses financieros y económicos), los cuales gozan de gran proyección mediática, que hasta hace poco negaban que hubiera un cambio climático, y cuando por fin han tenido que aceptar que algo pasa con el clima, niegan ahora que este cambio se deba a la intervención humana. Es un indicador de lo enormemente conservadora que es la cultura mediática de este país que tales personajes continúen teniendo semejantes cajas de resonancia. Incluso presidentes del gobierno español, como el Sr. Aznar, el prototipo de la derecha española (equivalente a la ultraderecha en Europa), han negado que haya un cambio climático. Este partido, el PP, ha desmantelado algunas de las leyes, como la Ley de Costas y la Ley de Montes, que protegían el medioambiente y el mantenimiento de los bosques, máximos absorbentes de CO2. Una consecuencia de la poca atención prestada al tema climático por parte del establishment político-mediático del país, siempre muy sensible a los poderes financieros, es que algunas de la mayores urbes de España, como Barcelona y Madrid, tienen niveles de contaminación por encima de los niveles que se consideran aceptables en la normativa internacional.

Pero fuera de España hay un creciente sentido de urgencia de que algo debe hacerse, repito, para evitar males mayores. Y un componente de este consenso es que uno de los mayores causantes del deterioro del clima son precisamente las fuentes de energía no renovables, tales como el carbón, el petróleo y el gas, principales productores de CO2 (aunque otras fuentes se están describiendo, como el metano, considerado incluso peor que el CO2, que se produce en el fracking). Estos gases son los que retienen el calor responsable del calentamiento del globo terráqueo.

El “anti CO2” del siglo XXI será semejante al “antitabaquismo” del siglo XX Es interesante ver los paralelismos que existen en cómo las sociedades han respondido a la amenaza del tabaquismo con la amenaza producida por la generación de CO2. Al principio la industria tabacalera negó que hubiera una relación entre tabaquismo y toda una batería de enfermedades que iban desde el cáncer de pulmón y de páncreas hasta la hipertensión. Pues bien, algo semejante está ocurriendo con las compañías petrolíferas y del carbón y su efecto nocivo sobre el ambiente. Las compañías tabacaleras gastaron millones de dólares y euros financiando estudios dirigidos a mostrar que tal daño, en realidad, no existía. Hoy, las compañías petrolíferas y del carbón han estado haciendo lo mismo, pero están perdiendo la batalla, como ya hace años la perdieron las tabacaleras (hoy el “antitabaquismo” está generalizado en el mundo).

De ahí que se esté creando un clima anti CO2 que está repercutiendo en la percepción de tales industrias por parte no solo de la población, sino también de centros financieros y económicos que tienen un gran peso político y mediático. Hoy el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el gobierno federal estadounidense presidido por el Sr. Obama, el gobierno alemán presidido por la canciller Merkel, y cuatro de los grupos financieros más importantes del mundo (Citigroup, Goldman Sachs, Bank of America y JP Morgan Chase) entre otros, están a favor de reducir la producción de CO2, imponiendo una carga impositiva a la energía productora de CO2 que suba espectacularmente su precio, con el fin de reducir su consumo. Estas medidas mercantilistas serán, sin embargo, insuficientes. De ahí que haya más y más presión a favor de disminuir la extracción de las reservas de combustibles fósiles, de manera que no se utilicen las reservas (que constituyen las dos terceras partes de todos los combustibles fósiles disponibles). No hay duda de que el movimiento “anti CO2” de mañana se asemejará al movimiento “antitabaquista” de hoy.

Pero hay otra nota importante. Y es que se está mejorando la capacidad no solo de reducir la producción de CO2, sino de disminuir el ya existente, a base de productos y materiales (tan elementales como los bosques) que absorben el CO2. Y se están desarrollando también productos absorbentes de CO2 (llamados “carbon-negative products”) que pueden ayudar a bajar los niveles existentes de este gas en la atmósfera. En realidad, una de las experiencias más interesantes es el establecimiento de un fondo federal en EEUU que ayuda a transformar la economía de las comunidades que viven de la extracción de los productos fósiles en una economía basada en la producción de material absorbente de CO2.

¿Estamos a tiempo? La respuesta rápida a esta pregunta puede ser negativa. En un congreso internacional en Baltimore, EEUU, patrocinado por la Johns Hopkins University y la Universidad Pompeu Fabra, se documentó que el cambio climático ha alcanzado unos niveles que están produciendo un enorme daño a la calidad de vida y al bienestar de la mayoría de la población que vive en la tierra, daños que aparecen no solo en eventos momentáneos pero espectaculares (la costa oeste de Norteamérica vio hace unos meses el mayor huracán hasta entonces conocido) sino también en eventos lentos, tales como el aumento del nivel del mar, que ya está inundando amplias zonas costeras, habiendo desaparecido islas enteras en el Pacifico. En España ya hemos comenzado a estar expuestos a estos cambios en formas que dañan la salud de la población. Como he indicado antes, los niveles de contaminación urbana de CO2 han aumentado durante estos últimos diez años, alcanzando niveles no permisibles y claramente dañinos para la población. La frecuencia e intensidad de esos periodos de contaminación han aumentado durante estos últimos años.

Y lo peor está por venir El aumento de la temperatura de la tierra desde la Revolución Industrial hasta ahora ha sido de 0,85º centígrados. Ahora bien, se calcula que para el final del siglo puede haber subido mucho más de lo que subió durante aquel periodo anterior. Y se está intentando convencer a los países reunidos en París de que no se sobrepase un aumento de más de 2º centígrados para finales del siglo XXI. Si no se respeta esta norma, hay evidencia que muestra que la propia supervivencia de la población humana estará en peligro.

Hay que entender que este aumento no es el aumento de la temperatura en el lugar donde uno vive. Hay el peligro que se pueda percibir que un aumento de dos grados no es para asustarse tanto, pues bastaría poner el aire acondicionado dos grados más bajo. Este aumento es un aumento promedio, que puede significar que el hielo se convierta en agua, desapareciendo los polos. Estos 2ºC habían sido presentados por los documentos preparatorios de la Conferencia de Paris como el tope que no debería sobrepasarse. Pero los países más pobres del mundo, que tienen menos medios para protegerse frente al cambio climático –como los de África, Asia y el sur de América Latina-, están presionando para que el tope baje a un incremento máximo de 1,5ºC. La diferencia entre 1,5 y 2ºC puede significar su desaparición.

En realidad, hay evidencia que muestra que los países más ricos han subestimado el impacto negativo del cambio climático. New Jersey y Nueva York todavía están recuperándose del enorme daño del huracán Sandy, que ocurrió en 2012. De ahí que haya una creciente convicción de que tal cambio climático exigirá cambios mucho más sustanciales que los que se están considerando ahora, cambios que determinarán un intervencionismo público a nivel municipal, regional, nacional e internacional mucho mayor del existente hoy en día. Y si no se lo creen, esperen y lo verán. Mientras, España es uno de los países menos preparados para tal cambio climático, resultado, una vez más, del enorme conservadurismo que domina los establishments financieros, económicos, políticos y mediáticos del país.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Las previsiones de Marx y la paradoja de la industrialización financiarizada de nuestro tiempo

Lun, 30/11/2015 - 06:01
Michael Hudson, Sin Permiso

Las observaciones que siguen fueron hechas en el World Congress on Marxism que tuvo lugar en la Escuela de Marxismo de la Universidad de Pekín el pasado 10 de octubre de 2015. La presentación formaba parte de un debate con Bertell Ollman (NYU). Me siento honrado de haber sido un Profesor Invitado permanente de la universidad más prestigiosa de China.

Cuando impartí unas conferencias en esta Escuela de Marxismo hace seis años, alguien me preguntó si Marx acertó o se equivocó. No supe cómo responder a esta pregunta entonces, habida cuenta de la complejidad de la cuestión. Pero al menos hoy me centraré en su concepción de las crisis.

Más que ningún otro economista de su siglo, Marx logró vincular los tres tipos más importantes de crisis que estaban sucediendo. Sus Teorías de la Plusvalía explicaban las dos formas principales de crisis a que habían apuntado sus predecesores, y en torno a las cuales se libraron las revoluciones burguesas de 1848. Esas crisis eran resultado de supervivencias en Europa de la época feudal de la aristocracia terrateniente y las grandes fortunas bancarias.

Financieramente, Marx apuntó a la tendencia de las deudas a crecer exponencialmente con independencia de la capacidad de pago de la economía, y aun a mayor velocidad que la economia misma. El incremento de la deuda y el crecimiento de los intereses era autónomo respecto de la dinámica del capital industrial y del trabajo asalariado en que se centraba el volumen I de El Capital. Las deudas se expanden por sí mismas, siguiendo reglas puramente matemáticas: la “magia del interés compuesto”.

Podemos ver en Norteamérica y en Europa cómo las cargas de los intereses, la recompra de acciones, el apalancamiento de las deudas y otras maniobras financieras se comen los beneficiós y previenen la inversión en plantas y equipos, derivando ingresos hacia operaciones financieras económicamente vacías. Marx llamó al capital financiero “imaginario” o “ficticio”, en la medida en que no procede del seno de la economia industrial y porque –al final— sus demandas de pago no pueden ser satisfechas. Llamó a ese incremento financiero una “forma vacía de capital.” [1] Ficticio, porque consistía en bonos, hipotecas, préstamos bancarios y otros títulos rentistas sobre los medios de producción y sobre el flujo de salarios, beneficios e inversión en capital tangible.

El segundo factor que llevaba a crisis económicas era más a largo plazo: la renta agraria ricardiana. Los terratenientes y los monopolistas cargaban a la economía con un”impuesto de propiedad” extrayendo rentas resultantes de privilegios que (como el interés) eran independientes del modo de producción. La renta agraria crecería a medida que las economías llegaran a ser más grandes y más prósperas. Una parte cada vez mayor del excedente económico (beneficios y plusvalía) sería derivada hacia los propietarios de la tierra, de los recursos naturales y de los monopolios. Esas formas de renta económica resultaban de privilegios que no tenían ningún valor intrínseco o coste de producción. Al final, contribuirían a empujar al alza los niveles salariales, dejando margen cero para los beneficios. Marx llamó eso el “Armagedón ricardiano”.

Esas dos fuerzas que contribuían a las crisis, señaló Marx, eran una herencia de los orígenes feudales de Europa: señores de la tierra que conquistaban territorios y se apropiaban de recursos naturales e infraestructuras; y bancos que seguían siendo, y por mucho, usureros y depredadores en su actividad de hacer préstamos de guerra a los Estados y de explotar a los consumidores con mezquindad usurera. La renta y el interés eran en muy buena medida productos de las guerras. Como tales, eran fenómenos externos a los medios de producción y a su coste directo (esto es, al valor de los productos).

Pero, sobre todo –huelga decirlo—, Marx apuntó a la forma de explotación del trabajo asalariado por sus empleadores. Y esto, en efecto, procedía del proceso de producción capitalista. Bertell Ollman acaba de explicar tan bien esa dinámica, que no será necesario repetirla aquí.

La crisis económica actual en Occidente: extracción financiera y rentista que lleva a la deflación por deuda Bertell Ollman ha mostrado cómo analizaba Marx las crisis económicas a partir de la incapacidad del trabajo asalariado de comprar todo lo que produce. Esa es la contradicción interna característica del capitalismo industrial. Como se explica en el volumen I de El Capital, los empleadores buscan maximizar los beneficios pagando a los trabajadores lo menos posible. Eso lleva a una excesiva explotación del trabajo asalariado, causando subconsumo y saturación de los mercados.

Yo quiero centrarme aquí en la cuestión siguiente: hasta qué punto la actual crisis financiera es holgadamente independiente del modo industrial de producción. Como observó Marx en los volúmenes II y III de El Capital, así como en las Teorías sobre la plusvalía, la actividad bancaria y la extracción de rentas son hostiles de varias maneras al capitalismo industrial.

Nuestro debate versa sobre cómo analizar la crisis actual de las economías occidentales. Para mí, se trata, por lo pronto y sobre todo, de una crisis financiera. La crisis bancaria y el endeudamiento proceden, y por mucho, de los préstamos inmobiliarios e hipotecarios, así como del tipo de fraude masivo que a Marx le parecía característico de las altas finanzas de su tiempo, particularmente de la financiación de canales y ferrocarriles.

De manera que para responder a la cuestión antes planteada sobre si Marx estaba o no en lo cierto, habría que decir que Marx, sin ninguna duda, suministró las herramientas necesarias para analizar las crisis que las economías industriales capitalistas han venido padeciendo en los últimos doscientos años. Pero la historia no ha discurrido del modo que Marx esperaba. Lo que él esperaba era que todas las clases actuaran conforme a sus intereses de clase. Que es el único modo de proyectar razonablemente el futuro. La tarea histórica y el destino del capitalismo industrial, escribió Marx en el Manifiesto comunista, era liberar a la sociedad de las “excrecencias” del interés y de la renta (sobre todo de la renta de la tierra y de los recursos naturales, junto con la renta monopólica) que el capitalismo industrial había heredado de la sociedad medieval y aun de la sociedad antigua. Esas inútiles cargas rentistas a la producción son falsos costes, costes que ralentizan la acumulación de capital industrial. No proceden del proceso productivo, sino que son una herencia de los señores feudales de la guerra que conquistaron Inglaterra y otros reinos europeos para fundar aristocracias terratenientes hereditarias. Por otro lado, las cargas financieras en forma de capital usurero son, para Marx, una herencia de las familias banqueras que amasaron fortunas con préstamos bélicos y usura.

El concepto marxiano del ingreso nacional difiere radicalmente de la actual contabilidad en términos de ingreso y producto nacional. Todas las economías occidentales miden el “producto” en términos de Producto Interior Bruto (PIB). Este formato contable incluye al sector de Finanzas, Seguros y Bienes Raíces (FIRE, por sus siglas en inglés) como parte del producto de la economía. Y lo hace porque trata a renta e interés como “ingresos ganados”, al mismo nivel que salarios y beneficios industriales: como si las finanzas privatizadas, las compañías de seguros y los bienes raíces fueran parte del proceso de producción. Marx los consideraba externos a ese proceso. El ingreso dimanante de ese sector no era “ganado”, sino “no-ganado”. Compartía ese concepto con los fisiócratas, con Adam Smith, con John Stuart Mill y con otros grandes economistas clásicos. Marx no hacía aquí sino empujar a la teoría económica clásica hasta sus últimas consecuencias lógicas.

En interés de la clase en auge de los capitalistas industriales estaba el liberar a las economías de esta herencia del feudalismo, de los innecesarios costes de producción falsos, de los precios por encima del valor real de coste. El destino del capitalismo industrial –eso creía Marx— era el de racionalizar las economías librándolas de la clase ociosa de banqueros y terratenientes por la vía de socializar la tierra, nacionalizar los recursos naturales y la infraestructura básica e industrializar el sistema bancario. Y todo ello a fin de financiar la expansión industrial en vez de la usura improductiva.

Si el capitalismo hubiera cumplido ese destino, lo que habría subsistido primordialmente serían las crisis entre los empleadores y los trabajadores industriales explicadas en el volumen I de El Capital: la explotación del trabajo asalariado hasta el punto en que el trabajo no puede comprar sus productos. Pero, al propio tiempo, el capitalismo industrial habría preparado el camino al socialismo, porque los industrialistas necesitaban sacudirse el yugo político de la aristocracia terrateniente y del poder financiero de la banca. Necesitaban promover reformas políticas de tipo democrático para derrotar a los intereses creados que controlaban el Parlamento, y a su través, el sistema fiscal. La organización de los trabajadores y su conquista del derecho de sufragio promoverían sus intereses, y así se pasaría del capitalismo al socialismo.

Y China, en efecto, ha ejemplificado ese camino. Pero no se ha dado en Occidente.

Los tres tipos de crisis descritos por Marx se están dando. Pero Occidente se halla ahora en una depresión crónica, la que se conoce como deflación por deuda. En vez de una banca industrializada, como Marx esperaba, es la industria la que se ha financiarizado. En vez de una democracia que liberara a las economías de la renta de la tierra, de la renta de los recursos naturales y de la renta monopólica, lo que tenemos son unos rentistas que han contraatacado tomando el control de los gobiernos, de los sistemas jurídicos y de las políticas fiscales occidentales. Resultado: estamos asistiendo a un regreso involutivo hacia la problemática precapitalista tan bien descrita por Marx en los volúmenes II y III de El Capital y en las Teorías sobre la plusvalía.

Aquí se ubica el debate entre Bertell Ollman y yo. Yo me centro en unas finanzas y unas rentas que ganan la mano al capitalismo industrial para imponer una depresión dimanante de la deflación por deuda. Ese sobreendeudamiento empeora los problemas capital/trabajo al debilitar la posición política y económica del trabajo. Y para empeorar las cosas, los partidos obreros occidentales, a diferencia de lo que ocurría antes de la I Guerra Mundial, ya no luchan por cuestiones económicas.

Mis diferencias con Bertell Ollman y John Roemer: yo me centro en los costes no productivos Bertell sigue a Marx cuando se centra en el sector productivo: alquilar trabajo para producir productos, pero tratando de lograr el mayor margen posible y batir al propio tiempo por ventas a los rivales. Esa es la gran contribución de Marx al análisis del capitalismo y de su modo de producir: emplear trabajo asalariado con beneficio. Concuerdo con ese análisis.

Sin embargo, yo me centro en las causas de la crisis actual, que son independientes y autónomas respecto de la producción: títulos rentistas de renta económica, de ingreso sin trabajo: precios “vacíos” sin valor. Ese foco puesto en la renta y el interés difiere del de Ollman y –ni que decir tiene— del de John Roemer. Cualquier modelo de la crisis está obligado a incorporar las finanzas, los bienes raíces y otras formas de búsqueda de renta, además de la industria y el empleo.

El gasto creciente en deuda puede rastrearse matemáticamente, lo mismo que la simbiosis de finanzas, seguros y bienes raíces (el sector FIRE). Pero las interacciones son demasiado complejas para resumirlas en un único “modelo” económico. A mí me preocupa particularmente que el modelo de Roemer encuentre seguidores aquí en China, porque pasa por alto precisamente las tendencias que del modo más peligroso amenazan a la China de nuestros días: las prácticas financieras occidentales y sus políticas fiscales prorrentistas.

China ha empleado el último medio siglo en resolver el problema planteado en el volumen I de El Capital –las relaciones entre el trabajo y los empleadores— reciclando el excedente económico hacia nuevos medios de producción, a fin de generar más producto, niveles de vida más altos y, lo más evidente de todo, más infraestructuras (carreteras, ferrocarriles, aerolíneas) y más vivienda.

Pero precisamente ahora está sufriendo problemas financieros a causa de una creación de crédito destinada al mercado de valores, en vez de a la formación de capital tangible y a la elevación de los niveles de consumo. Y, claro está, China ha experimentado un enorme boom en los bienes raíces. Los precios de la tierra están subiendo en China, casi al nivel en que están en Occidente.

¿Qué habría dicho Marx sobre eso? Yo creo que habría alertado a China y le habría aconsejado no recaer en los problemas precapitalistas de especulación financiera con los bienes raíces –conversión de la creciente renta de la tierra en interés— y no permitir que los precios inmobiliarios crezcan sin frenos ni gravámenes fiscales.

La planificación soviética fracasó a la hora de tomar en cuenta la renta de emplazamiento a la hora de planificar el lugar de construcción de viviendas y fábricas. Pero al menos la era soviética no forzó al trabajo o a la industria a pagar intereses, ni estimuló el aumento del precio de la vivienda. Los bancos del Estado simplemente creaban crédito allí donde se necesitaba para expandir los medios de producción, para construir fábricas, maquinaria y equipo, viviendas y edificios de oficinas.

Lo que a mí me preocupa de las consecuencias políticas del modelo de John Roemer es que se centra exclusivamente en lo que Marx dijo sobre el sector de producción y las relaciones empleador-trabajo. No se pregunta de dónde vienen las “dotaciones”, o de cómo ha cambiado tan radicalmente China en esta última generación. Pasa, así pues, por alto el peligro de un capitalismo industrial en vías de involución hacia una economía de renta e interés. Y por lo mismo, subestima el peligro que para China y otras economías socialistas representa adoptar las prácticas occidentales, reminiscentes del feudalismo, de burbuja financiera (deuda apalancada para elevar los precios) y riqueza en forma de cargas de renta terrateniente.

Esas dos dinámicas –interés y renta— representan una privatización de la banca y de la tierra que son, en realidad, utilidades públicas. Marx esperaba que el capitalismo industrial lograría esa transición. ¡Las economías socialistas deberían lograrla!

China no tiene la menor necesidad de crédito bancario exterior (salvo para cubrir el coste de importaciones y el coste, en el comercio exterior, de la inversión en otros países). Pero las reservas del comercio exterior chino son ya lo suficientemente grandes para que sea básicamente independiente del dólar norteamericano y del euro. Entretanto, las economías norteamericana y europea están sufriendo de deflación crónica por deuda y de una depresión que reducirá su capacidad para servir como mercados para sus propios productos y para los chinos.

Las actuales economías desarboladas por la deuda plantean precisamente la cuestión del tipo de crisis que están viviendo los países capitalistas. El análisis de Marx ofrece instrumentos para entender sus problemas financieros, bancarios y de extracción de renta. Sin embargo, el grueso de los marxistas todavía ve el desplome financiero y de hipotecas basura de 2008 como si resultara en última instancia de una actividad de los empleadores tendente a exprimir el trabajo asalariado. El capital financiero es visto como un derivado de esa explotación, y no como la dinámica autónoma que tan bien fue capaz de describir Marx.

Los costes de sostener la creciente carga deudora (intereses, amortización y recargos) deflacionan el mercado de mercancías absorbiendo un creciente volumen de negocio viable e ingreso personal. Eso deja menos para el gasto en bienes y servicios, causando excesos de superabundancia que llevan a crisis en las que las empresas pugnan por dinero. Los bancos fracasan a medida que proliferan las bancarrotas. Al agotar los mercados, el capital financiero se hace hostil a la expansión de los beneficios y a la inversión en capital físico tangible.

A pesar de esa esterilidad, el capital financiero ha logrado una posición dominante sobre el capital industrial. Las transferencias de propiedad de deudores a acreedores –incluso la privatización de empresas y activos públicos— resultan inevitables a medida que el crecimiento de los títulos financieros rebasa la capacidad de la producción y de las ganancias productivas para seguir sus pasos. Y en la estela de los desplomes, llegan entonces las ejecuciones hipotecarias, lo que permite a las finanzas tomar el control de compañías industriales y aun de Estados.

China ha resuelto bien el problema del “volumen I”, el de expandir el mercado interno para el trabajo, invirtiendo el excedente económico en formación de capital y aumento de los niveles de vida. Eso la confronta con las economías occidentales, que han fracasado a la hora de resolver ese problema. Y que han fracasado también a la hora de resolver los problemas de los “volúmenes II y III”: finanzas y renta de la tierra. Sin embargo, pocos marxistas occidentales han aplicado esas teorías de Marx al presente declive y al problema rentista que va con él. Siguiendo a Marx, creen que la tarea de resolver ese problema corresponde al capitalismo industrial desde los tiempos de las revoluciones burguesas de 1848.

Ya en la Miseria de la filosofía (1847) Marx describió el odio que los capitalistas sentían por los terratenientes, cuyas rentas hereditarias chupaban ingresos que iban a parar a una clase ociosa. Cuando, una generación después, en 1881, recibió un ejemplar de Progress and Poverty (Progreso y pobreza) del economista norteamericano Henry George, Marx escribió a John Swinton que gravar fiscalmente la renta de la tierra era “un último intento para salvar el régimen capitalista”. Despreció el libro [de George] como si sus argumentos hubieran quedado ya despachados con su propia crítica a Proudhon de 1847: “Nosotros interpretamos que estos economistas, como Mill, Cherbuliez y otros, exigen pasar al Estado la renta de la tierra a modo de substituto de los impuestos. Eso es una franca expresión del odio sentido por el capitalista industrial contra el propietario terrateniente, que le parece cosa inútil, una excrecencia parasitaria del cuerpo general de la producción burguesa.“[2] Como programa que era del capital industrial, el movimiento de fiscalización de la tierra no llegó hasta el punto de abogar por los derechos de los trabajadores y sus niveles de vida. Marx había criticado a Proudhon y a otros críticos de los terratenientes diciendo que, una vez te libras de la renta (y del interés usurero bancario), aún tienes que enfrentarte al problema de los industriales que explotan el trabajo asalariado y buscan minimizar sus salarios, angostando el mercado para los bienes que producen. Ese es el problema económico “último” que habría que resolver, presumiblemente mucho después de que el capitalismo industrial hubiera resuelto los problemas de la renta y el interés.

El capitalismo industrial ha fracasado en punto a liberar a las economías del interés y de la extracción de renta de los rentistas Vistas las cosas retrospectivamente, Marx fue demasiado optimista respecto del futuro del capitalismo industrial. Como he observado antes, Marx vio como misión histórica del capitalismo industrial la de liberar a las economías de la renta y el interés usurero. El sistema financiero de nuestros días ha generado un hipercrecimiento del crédito, al tiempo que las rentas elevadas están empujando el precio del trabajo norteamericano fuera de los mercados mundiales. Los salarios se están estancando, mientras que el Uno Por Ciento viene monopolizando el crecimiento de la riqueza y del ingreso desde 1980 (sin invertir en nuevos medios de producción). De manera que todavía tenemos los “problemas de los volúmenes II y III”, y no sólo el “problema del volumen I”.

Nos las vemos ahora con un caso de fallo múltiple de órganos.

En vez de financiar más formación de capital, los mercados de valores y de bonos lo que hacen son transferencias de propiedad de compañías, bienes raíces e infraestructuras ya existentes. Cerca del 80% del crédito bancario se presta a compradores de bienes raíces, hinchando una burbuja hipotecaria. En vez de gravar fiscalmente al alza el valor rentista y de emplazamiento de la tierra (que John Stuart Mill describió como lo que hacen los terratenientes “cuando duermen”), las economías actuales dejan fiscalmente intacto el ingreso rentista, “libre” para que sirva de garantía a los bancos. El resultado es que los bancos juegan ahora el papel desempeñado por los terratenientes en tiempos de Marx: hacerse con el creciente valor rentista del suelo. Y eso invierte el dogma central de la economía política clásica: arrebata al Estado esa renta junto con las rentas dimanantes de los recursos naturales y de los monopolios.

Las economías industriales se están viendo asfixiadas por la dinámica financiera y otras dinámicas rentistas. Deuda hipotecaria creciente, préstamos estudiantiles, endeudamiento con tarjetas de crédito, deuda por la compra de automóviles, anticipos sobre el salario; todas esas cosas han metido el miedo en el cuerpo a los trabajadores a la hora de plantearse una huelga, o aun de protestar por las condiciones laborales. En la medida en que crecen los salarios, tiene que pagarse crecientemente a los acreedores (y ahora, a monopolios privatizados de aseguradoras médicas y compañías farmacéuticas), en vez de gastar en los bienes de consumo que producen. La dependencia que tiene el mundo del trabajo respecto de la deuda agrava, así pues, el “problema del volumen I”: la incapacidad del trabajo de comprar el producto que produce. Y para terminar de rizar el rizo, cuando los trabajadores tratan de integrarse en la “sociedad de propietarios” de la clase media comprando sus hogares con hipotecas en vez de pagar alquiler, el precio que pagan les aprisiona en una servidumbre por deuda.

Las compañías industriales se benefician del trabajo, no sólo empleándolo, sino prestando a los consumidores. General Motors hizo el grueso de sus beneficios durante años con su filial de crédito, GMAC (General Motors Acceptance Corporation), lo mismo que General Electric a través de su brazo financiero. Los beneficios realizados por Macy’s y otros minoristas a través del préstamo de sus tarjetas de crédito a veces significaron la totalidad de sus ganancias.

Esa privatización de las rentas y su transformación en un flujo de pagos de intereses (desplazando la carga fiscal hacia el ingreso asalariado y hacia los beneficios empresariales) significa un fracaso del capitalismo industrial en punto a liberar a la sociedad de las herencias del feudalismo. Marx esperaba que el capitalismo industrial actuara en interés propio industrializando la banca, como estaba ya haciendo Alemania conforme a las orientaciones a que había urgido del reformador francés Saint-Simon. Sin embargo, el capitalismo industrial ha fracasado a la hora de romper las cadenas de las prácticas bancarias usureras preindustriales. Y en la esfera de la política fiscal, no ha gravado con impuestos la renta de la tierra y de los recursos naturales. Ha hecho lo inverso de la idea, pregonada por los reformadores clásicos, de “mercado libre” en el sentido de libre de renta económica y de préstamo monetario depredador. La consigna del “mercado libre” significa ahora exactamente lo contrario: libertad de la clase rentista para extraer intereses y rentas a su buen placer.

¿Modo de producción o modo de parasitismo? Lejos de estar al servicio del capitalismo industrial, lo que hace el actual sector financiero es desangrarlo hasta la agonía. Lejos de perseguir beneficios empleando trabajo para producir bienes con margen, ni siquiera quiere alquilar trabajo o embarcarse en el proceso de producción y desarrollar nuevos mercados. El epítome de esta economía postindustrial es Enron: sus ejecutivos no querían en absoluto capital, y nada de empleo, sólo vendedores de pupitre (y contables falsarios).

El modo de acumulación de riqueza característico de nuestro tiempo tiene que ver con medios financieros, más que industriales: va a lomos de la ola de la inflación de precios de activos financiada con deuda, en pos de “ganancias de capital”. Eso parecía harto improbable en la época de Marx, la era del patrón oro. Sin embargo, hoy, el grueso de los académicos marxistas todavía se concentran en su crisis del “volumen I”, ignorando prácticamente la realidad del fracaso del capitalismo industrial en punto a liberar a las economías de las dinámicas rentistas sobrevivientes del feudalismo europeo y de las tierras coloniales conquistadas por Europa.

Los marxistas que han trabajado en Wall Street han aprendido sus lecciones de los volúmenes II y III. Pero el marxismo académico ha ignorado el sector FIRE (Finanzas, Seguros y Bienes Raíces, por sus siglas en inglés). Es como si el interés y la extracción de renta fueran problemas secundarios en relación con la dinámica del trabajo asalariado.

La gran cuestión de nuestro tiempo es si el capitalismo rentista pos-feudal, lejos de servirlo, lo que terminará es asfixiando al capitalismo industrial. El propósito de las finanzas de nuestros días no es explotar el trabajo, sino conquistar y adueñarse de la industria, de los bienes raíces y del Estado. El resultado es una oligarquía financiera, no capitalismo industrial, ni, menos, una tendencia evolutiva hacia el socialismo.

El optimismo de Marx sobre la capacidad del capitalismo industrial para someter las finanzas a sus propias necesidades Luego de ofrecer un compendio de citas para documentar el modo en que el “capital usurero” parasitario se multiplicaba a interés compuesto, Marx anunció en un tono de optimismo darwiniano que el destino del capitalismo industrial era movilizar el capital financiero para financiar su expansión económica, convirtiendo a la usura en un vestigio obsoleto del modo de producción “antiguo”. Es como si “en el curso de su evolución, el capital industrial tendiera, pues, a someter esas formas y a transformarlas en funciones derivadas o especiales de sí mismo”. Lejos de crecer para terminar dominando al capital industrial, el capital financiero quedaría subordinado a la dinámica del capital industrial: “Allí donde la producción capitalista ha manifestado todas sus variadas formas y ha llegado a convertirse en el modo de producción dominante” –concluía Marx sus notas manuscritas de las Teorías sobre la plusvalía— “el capital portador de interés es dominado por el capital industrial, y el capital comercial se convierte meramente en una forma de capital industrial derivada del proceso de circulación.” [3] Marx esperaba que las economías actuaran a largo plazo en interés propio para incrementar los medios de producción y evitar el ingreso rentista improductivo, el subconsumo y la deflación por deuda. Creyendo que cualquier modo de producción estaba configurado por las necesidades tecnológicas, políticas y sociales de progreso de las economías, Marx esperaba que la banca y las finanzas llegarían a subordinarse a esa dinámica: “No hay duda” –escribió— “de que el sistema de crédito servirá como poderosa palanca durante la transición del modo capitalista de producción a la producción por medio del trabajo asociado; pero sólo como un elemento en conexión con otras grandes revoluciones orgánicas del propio modo de producción.”[4] El problema financiero se resolvería por sí mismo, a medida que el capitalismo industrial movilizara productivamente el ahorro, subordinando al capital financiero y poniéndolo al servicio de sus necesidades. Y eso es lo que estaba pasando entonces en Alemania y en Francia.

Parecía que el papel del sistema bancario como asignador de crédito allanaría el camino a una organización socialista de las economías. Marx aceptó el libre comercio en la idea de que el capitalismo industrial transformaría y modernizaría a los países atrasados. Lejos de eso, lo que hizo el libre comercio fue traer consigo las finanzas rentistas occidentales y la occidental privatización del suelo y de los recursos naturales. Incluso trajo consigo el derecho de uso de las monedas y de los sistemas financieros de esos países como casinos. Y en las naciones acreedoras avanzadas, el fracaso de EEUU y de las economías europeas a la hora de recuperarse de su crisis financiera de 2008 viene de dejar intactas las deudas de las “hipotecas basura”, cuyos recargos absorben los ingresos. Los bancos han sido rescatados, no las economías industriales, cuyas deudas quedaron intactas.

Irving Fisher acuñó el término de deflación por deuda en 1933. Dijo que ocurre cuando el servicio de la deuda (intereses y amortización) para pagar a los bancos y a los tenedores de bonos desvía el ingreso e impide gastarlo en bienes de consumo e inversión en infraestructura, educación, salud y otras partidas de bienestar social. [5]

Ningún observador de la época de Marx fue tan pesimista como para esperar que el capital financiero le ganaría la mano al capitalismo industrial asolando a las economías como se está viendo en el mundo de nuestros días. Reflexionando sobre la crisis financiera de 1857, Marx mostró hasta qué punto resultaba impensable entonces nada parecido al rescate de los especuladores financieros acometido en 2008 por Bush y Obama: “El entero sistema artificial de expansión forzada del proceso de reproducción no puede, claro está, remediarse permitiendo que algún banco, digamos, el Banco de Inglaterra, proporcione con papel a todos los especuladores el capital faltante y compre todas las mercancías depreciadas a sus antiguos valores nominales.” [6] Cuando Marx escribió esta reductio ad absurdum no podía imaginar ni en sueños que esta sería precisamente la política de la Reserva Federal en otoño de 2008. El Tesoro estadounidense se hizo cargo, a expensas del contribuyente, de todas las pérdidas de la especulación aventurera de A.I.G. y otros “capitalistas de casino” asociados. A lo que siguió la compra a valor nominal por la Reserva Federal de los paquetes de hipotecas basura.

La política socialista respecto de la reforma financiera y fiscal Marx dejó dicho que el destino histórico del capitalismo industrial era el de liberar a las economías de las finanzas improductivas y depredadoras: de la especulación, del fraude y del desvío del ingreso para pagar intereses sin financiar nuevos medios de producción. Conforme a esa lógica, el destino de las economías socialistas tenía que ser el de tratar la función bancaria de creación de crédito como una función pública que tenía que servir a propósitos públicos: incrementar la prosperidad y los medios de producción, a fin de ofrecer una vida mejor a las poblaciones. Las naciones socialistas han liberado a sus economías de las contradicciones internas del capitalismo industrial que asfixian al trabajo asalariado.

China ha resuelto el problema del “volumen I”. Pero aún debe enfrentarse a los problemas de los “volúmenes II y III”, irresueltos en Occidente: las finanzas privatizadas, las rentas de la tierra y de los recursos naturales. Las economías occidentales buscan extender esas prácticas neoliberales de servirse de las finanzas como palanca de pillaje del excedente económico, a fin de financiar la transferencia de propiedad con interés y de convertir los beneficios, las rentas, los salarios y otros ingresos en interés.

El fracaso en punto a socializar la banca (o a completar siquiera su industrialización) es la tragedia más notoria del capitalismo industrial occidental. Llegó a ser también la tragedia de la Rusia pos-soviética luego de 1991, que permitió la financiarización de sus recursos naturales y de su economía industrial al tiempo que dejaba sin gravar fiscalmente la renta de la tierra y de los recursos naturales. Las cúspides de comando fueron vendidas a oligarcas nacionales y a inversores occidentales que compraban a crédito con sus propios bancos o en asociación con bancos occidentales. Ese crédito bancario fue lisa y llanamente creado sobre teclados de ordenador. Esa creación de crédito debería ser una utilidad pública, pero se ha independizado de la regulación pública en Occidente. Y ese crédito está llegando ahora a China y a las economías pos-soviéticas como instrumento de apropiación de recursos.

La Eurozona parece incapaz de salvarse a sí misma de la deflación por deuda, y análogamente, los EEUU y la Gran Bretaña cojean y trastabillan a medida que se desindustrializan. Por eso albergan la esperanza de que la China socialista los salvará, libre como está hasta ahora de la plaga financiera, de la liquidación de activos y de la deflación por deuda. Los economistas occidentales neoliberales sostienen que esta financiarización del otrora capitalismo industrial es “progreso” y aun el fin de la historia. Sin embargo, habiendo visto a China crecer mientras sus economías seguían estancadas desde 2008 (salvo para el Uno por Ciento), su esperanza es que el mercado de la China socialista pueda salvar a sus economías financiarizadas, demasiado hundidas en la deuda para salvarse por sí mismas.

Nota bene: Marx describió la inversión en capital productivo con la fórmula D-M-D’, siendo D el dinero invertido para producir mercancías (M) que se venden a cambio de más dinero (M’). Pero el crecimiento del “capital usurero” –la financiación con bonos públicos de los déficits de guerra y el préstamo al consumo (hipotecas, préstamos personales y deuda de tarjetas de crédito)— consiste en un desencarnado M-M’, en la estéril operación de hacer dinero simplemente a partir de dinero.
________
Notas:

[1] En volumen III de Capital (cap. xxx; Chicago 1909: p. 461) y volumen III de Teorías sobre la plusvalía.
[2] Karl Marx, The Poverty of Philosophy [1847] (Moscú, Progress Publishers, n.d.): 155.
[3] Karl Marx, Theories of Surplus Value, III: 468
[4] Capital III (Chicago, 1909), p. 713.
[5] Véase Irving Fisher, “The Debt-Deflation Theory of the Great Depression,” Econometrica (1933), p. 342. Online en: http://fraser.stlouisfed.org/docs/meltzer/fisdeb33.pdf. Fisher usó el término para referirse a bancarrotas que aniquilaban el crédito bancario y la capacidad de gasto, y así, la capacidad de las economías para invertir y contratar a nuevos trabajadores. Discuto técnicamente este asunto ne mi libro Killing the Host (ISLET 2015), capítulo 11, así como en: “Saving, Asset-Price Inflation and Debt Deflation”, reproducido como capítulo 11 demi libro The Bubble and Beyond (ISLET 2012), pp. 297-319.
[6] Capital III (Moscú: Foreign Languages Publishing House, 1958), p. 479.

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Cumbre del clima de París: Mejor un no acuerdo que un mal acuerdo

Dom, 29/11/2015 - 22:55
Walden Bello, Sin Permiso

Lo que se ha anunciado como la reunión que determinará el destino del planeta tendrá lugar en París del 30 de noviembre al 10 de diciembre.

El resultado de la Conferencia de las Partes 21 (COPS 21) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) determinará si el mundo será capaz de mantener la temperatura media promedio para el siglo XXI 2 grados centígrados por encima de la temperatura media pre-industrial y tal vez evitar así el desastre, o por el contrario, nos precitaremos hacia una catástrofe segura. Hay mucho en juego, y el resultado es incierto.

COPS 21 debe llegar a un tratado que sustituya al Protocolo de Kioto de 1997. El objetivo original de las negociaciones post-Kyoto, que transcurren desde hace varios años, es producir un acuerdo vinculante que obligase a los contaminadores climáticos a realizar profundos recortes en sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y proporcionar los recursos para que los países pobres puedan hacer frente a los daños ya provocados por el calentamiento global y prevenir o limitar sus impactos más negativos. El principio operativo ha sido el de la responsabilidad común pero diferenciada, es decir, que aquellos que han contribuido más al volumen de gases de efecto invernadero en la atmósfera deben llevar el peso principal de la reducción de las emisiones de carbono y proporcionar los recursos para apoyar los esfuerzos de los países más pobres para protegerse del calentamiento global.

Por desgracia, el camino hacia un régimen climático eficaz para suceder a Kyoto, hasta el momento, está bloqueado. El primero de estos criminales climáticos es Estados Unidos, el país que ha contribuido el mayor volumen de gases de efecto invernadero. EE.UU. se negó a ratificar el Protocolo de Kyoto, dando un terrible ejemplo a los demás, en particular, al gobierno del ex primer ministro Stephen Harper, que sacó a Canadá del acuerdo el año pasado.

EE.UU. y Canadá, sin embargo, no son los únicos malos de la película. Las llamadas grandes economías emergentes como India y China se han sumado rápidamente a las filas de los contaminadores del clima, al tiempo que se niegan a asumir su responsabilidad en la agudización de la crisis climática. Si EE.UU. todavía es el campeón por haber contribuido históricamente la mayor cantidad de gases de efecto invernadero, China es ahora el mayor contaminador del mundo anualmente.

Mientras se acusan unos a otros como criminales climáticos, EE.UU. y China han, de hecho, encontrado la oposición del otro de gran utilidad, ya que les ha dado la excusa para no consensuar recortes importantes y obligatorios en las emisiones de GEI. De los dos, sin embargo, EE.UU. es el mayor problema, ya que, al contrario que en Pekín, los negacionistas republicanos, o los políticos que no creen que el cambio climático esté producido por el hombre, tienen secuestrada la política sobre el cambio climático de Estados Unidos gracias a su control del Congreso.

Como los grandes contaminadores no están dispuestos a ceder en sus posiciones, la CMNUCC ha dejado de exigir los recortes de GEI obligatorios de Kyoto a aceptar las "INDCs" o Contribuciones Previstas Determinadas Nacionalmente (INDCs). Las INDC son voluntarias. Las deciden unilateralmente los gobiernos nacionales en vez de ser el resultado de un proceso de negociación. Su aplicación no será objeto de seguimiento por ningún mecanismo, ni habrá sanciones cuando un gobierno no cumpla con su objetivo.

La sustitución de los objetivos obligatorios por las INDC no son el único desarrollo preocupante en el proceso de la COP21 hasta París. Aunque los estados acordaron establecer un Fondo Verde para el Clima de $ 100 mil millones al año para apoyar los esfuerzos de los países pobres para prepararse contra el cambio climático, las contribuciones han tardado en llegar, y sólo suman $ 10.200 millones transferidos desde mayo de este año. Por otra parte, la cantidad es insignificante en comparación con las enormes necesidades de adaptación de los países pobres en primera línea de los desastres climáticos como Filipinas. Además, no existen directrices sobre el destino del dinero. El Fondo Verde para el Clima es un claro ejemplo del dicho de que el diablo está en los detalles, o en este caso, en la falta de detalle.

Fundamentos de un Acuerdo de París aceptable Si se alcanza un acuerdo post-Kioto sobre la base de las INDCs, en lugar de profundos recortes obligatorios, y con vagas promesas de asistencia financiera a los más necesitados, con toda seguridad vamos camino de superar los 2 grados Celsius en todo el mundo, quizás los 4 grados Celsius, con todas las consecuencias catastróficas implícitas, como la elevación del nivel del mar, super-tifones, sequías prolongadas e inundaciones masivas, que se convertirán en parte de la "nueva normalidad". Un estudio de las INDC comprometidas hasta el momento concluye que el total no evitará que la temperatura media global del planeta aumente 3 grados Celsius, un grado por encima del umbral de los 2 grados Celsius.

Como mínimo, un acuerdo climático viable debe asumir profundas reducciones obligatorias de las emisiones de gases de efecto invernadero por parte de todos los países desarrollados y las grandes economías emergentes, y debe recoger compromisos seguros para la financiación masiva de los países pobres que compensen el daño causado por el calentamiento global a sus ecologías y financiar sus esfuerzos actuales y futuros para protegerse del cambio climático. Durante las próximas dos semanas, la sociedad civil mundial debe movilizarse para presionar a los representantes de los gobiernos reunidos en París para producir un acuerdo post-Kyoto con estas disposiciones esenciales.

Sin estos elementos, el mundo debe rechazar un acuerdo climático en París que solo sirva para legitimar la inacción y la irresponsabilidad, para acelerar en lugar de hacer frente a la crisis climática. Ante la mayor amenaza para nuestro planeta, no podemos permitirnos un mal acuerdo, y debemos decir, con el resto de la humanidad, "Mejor un no acuerdo que un mal acuerdo".

Incluso si se llega a un acuerdo aceptable, proporcionará sólo una solución temporal a la crisis climática. Una solución permanente solo será posible si el mundo da la espalda al capitalismo, un modo de producción que insaciablemente e incesantemente transforma la naturaleza viva en mercancías muertas, provoca un crecimiento desestabilizador, y promueve un consumo excesivo. Sin embargo, un acuerdo climático obligatorio en París es un primer paso necesario para alejarnos de esta situación de producción y consumo incontrolados que ha llevado a nuestro planeta al borde del desastre.

Queremos un planeta que sostenga la vida, no que vaya camino de la muerte por culpa de la avaricia empresarial.

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¿Por qué no existe el salario decente en España?

Dom, 29/11/2015 - 17:00
Vicenç Navarro, Público.es

El “salario mínimo” establece una norma que instruye a los agentes sociales que mantengan un nivel mínimo salarial por debajo del cual no se permite reducir el salario. Fue, en realidad, una gran conquista del movimiento sindical y contribuyó en gran medida a reducir la pobreza. La aplicación de las políticas neoliberales por gran parte de los partidos liberales y socioliberales gobernantes en Europa (incluida España) ha tenido como consecuencia un gran descenso del salario mínimo y de su impacto corrector de la pobreza. Una medida aplicada por varios de estos gobiernos, incluidos los españoles, ha sido desligar las variaciones del salario mínimo del aumento de la inflación, lo cual ha deteriorado todavía más su capacidad adquisitiva y su habilidad de prevenir la pobreza.

Esta y otras medidas han mostrado las grandes insuficiencias del salario mínimo, lo cual explica que haya aparecido un movimiento en varios países exigiendo no ya el salario mínimo, sino el “salario decente” (o en inglés, “living wage”) necesario para garantizar una vida digna, que es más que salirse de la pobreza. Salario decente es el nivel de ingresos netos (es decir, después de pagar impuestos y otras tasas), derivados del trabajo realizado durante un periodo de tiempo (que no puede sobrepasar las 48 horas por semana), que permita a las personas tener sus necesidades básicas cubiertas y atendidas, tales como vivienda, energía, nutrición, vestimenta, atención sanitaria, educación, agua potable, escuelas de infancia y transporte para una familia de cuatro personas, recibiendo además una cantidad adicional para gastos discrecionales equivalente al 10% del coste de las necesidades básicas citadas en este párrafo.

El movimiento internacional por un salario decente Este movimiento a favor del salario decente se ha ido extendiendo a lo largo de los países a los dos lados del Atlántico Norte. El 27 de octubre de este año, 140 personas de varios países procedentes de movimientos sindicales y sociales, académicos y también representantes políticos y de asociaciones no gubernamentales, se reunieron en el Consejo Económico y Social de los Países Bajos para, entre otras cosas, pedirle a la OCDE, que es una coalición de 34 países fundada en 1961 (que, en teoría, tiene como objetivo “promover el bienestar económico y social de la población alrededor del mundo”), que se tome en serio tal mandato y exija como condición de buen gobierno que las empresas transnacionales paguen salarios decentes a sus trabajadores, resolución que, como muchas otras que podrían haber mejorado el bienestar de la población, ha sido ignorada en las intervenciones de la OCDE.

El continuo argumento que se utiliza por parte de las derechas y del mundo empresarial para no responder a esta petición es que tal aumento de los salarios disminuiría la competitividad de las empresas. Pero el mundo de las grandes empresas ha visto crecer sus beneficios espectacularmente durante estos últimos años. Podrían haber subido, por lo tanto, los salarios, sin aumentar el precio de los productos, a costa del descenso de los beneficios. Ninguna consideró esta posibilidad. Por cierto, una de las empresas que paga peor a sus trabajadores es precisamente la empresa Apple, que consigue unos beneficios muy elevados como consecuencia de unos salarios miserables y de ahorrar el pago de impuestos en paraísos fiscales (ver Can the Electronics Industry Provide a Living Wage? Not While Corporations Set the Rules, de Nicki Lisa Cole, TruthOut, 30.10.15).

La urgente necesidad de conseguir el salario decente Pero estas apelaciones a las empresas tienen sus limitaciones. De ahí que los defensores del salario decente estén presionando a los gobiernos para que estos no contraten a ninguna empresa que no pague salarios decentes. Esta medida tendría un gran impacto, pues en cualquier país el Estado es el mayor contratante de empleo. ¿Por qué no está ocurriendo esto en España? Y la respuesta es muy fácil de ver: porque el mundo empresarial y de las grandes empresas tiene mucho más poder mediático y político que el mundo del trabajo. Así de claro. Es este enorme desequilibrio el que es responsable de que se hayan estado llevando a cabo, por parte de los gobiernos de tendencia conservadora y liberal, políticas públicas (como la reforma laboral en España) que han tenido un impacto sumamente negativo, pues al reducirse los salarios (que era el objetivo de tales reformas) ha disminuido la demanda doméstica, una de las mayores causas de la Gran Recesión económica. Como suele pasar estos días, la enorme evidencia científica que avala esta interpretación de las causas de la Gran Recesión ha forzado a instituciones internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), a reconocer su error, cuando por muchos años han estado presionando a los gobiernos para que redujeran los salarios. El establishment político-mediático español (incluyendo el catalán) continúa estancado en esta visión neoliberal, promovida en los medios. La televisión pública catalana, TV3, por ejemplo, ha estado promoviendo el neoliberalismo en un programa, Economia en colors, que es una burda y vulgar justificación de las políticas que han llevado al desastre, atribuyendo el éxito empresarial a la actitud innovadora de las grandes compañías, como McDonalds, sin citar que gran parte de este supuesto éxito se debe a los salarios misérrimos y a la explotación laboral practicada por tales compañías. McDonalds es un ejemplo de ello.

Existe un enorme retraso en la cultura económica y financiera en España que es responsable de que no se estén tomando las medidas que un gran número de economistas tan conocidos como Paul Krugman, Thomas Piketty, Joseph Stiglitz o Mark Weisbrot han estado proponiendo a nivel internacional por bastante tiempo. Aquí, en España, continuamos todavía con los lumbreras mediáticos, que a través de fundaciones como Fedea, financiadas por el IBEX-35, continúan con su dogma, basado más en la fe que no en la evidencia científica. Y así nos va.

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¿Cuál será la reacción de Rusia al derribo de su avión por Turquía?

Dom, 29/11/2015 - 13:11
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

La Primera Guerra Mundial fue una carnicería europea provocada por una orgía de armas químicas, mientras que la Segunda Guerra Mundial concluyó con el lanzamiento por Estados Unidos de dos bombas nucleares, en Hiroshima y Nagasaki.

Lo que denomino guerra asimétrica global de Estados Unidos contra Rusia y China no es una guerra mundial: a nivel de la fractura cupular tripolar, refleja la intensificación del terrorismo geopolítico de los yihadistas sunitas –instrumento geoestratégico de Estados Unidos desde hace 35 años, gestado con los muyahidines de Afganistán– hoy con el avieso objetivo de repetir la trampa Brzezinski contra Rusia (http://goo.gl/tEjGMc) para balcanizarla y luego contener militarmente a China.

La guerra asimétrica global –que golpea con atentados terroristas a potencias nucleares de la talla de Rusia, que dispone de una ojiva más que Estados Unidos, y Francia, primera potencia atómica europea– abreva de las guerras regionales en tres continentes: 1) Asia (Afganistán, Irak, Siria, Yemen, etcétera); 2) África (cuerno de África, Nigeria, Malí, Libia, etcétera), y 3) Europa (Ucrania).

Tales guerras regionales tricontinentales están confluyendo en un superfuego euroasiaticoafricano en las fronteras de Rusia/China/India, donde se han perdido los límites de toda índole, cuando operaron ominosas advertencias tangenciales, semanas antes al 13/11 de París, contra dos hospitales manejados por la ONG francesa Médicos Sin Fronteras –premio Nobel de la Paz 1999–, que fueron bombardeados, uno, por error, por aviones de Estados Unidos en Kunduz (Afganistán), con 30 muertos (http://goo.gl/bs7xSl), y otro, 24 días después, por aliados de Estados Unidos (http://goo.gl/f64mIH) en Yemen. ¿Tanto incomodó el acercamiento de Francia con Rusia?

En tal contexto de selectivos bombardeos erróneos con significado geopolítico y en vísperas de la Cumbre sobre el Cambio Climático COP21 de París, se produjo –17 días antes al 13/11 (http://goo.gl/lWDujE)– un inédito enfrentamiento verbal entre el secretario de Estado, John Kerry (http://goo.gl/ygLRys) –quien definió sus resolutivos como no vinculantes ni como tratado–, y el presidente galo, François Hollande, quien adoptó la postura diametralmente opuesta (http://goo.gl/bDomSr).

Catorce días después del 13/11, sumados del terrorismo geopolítico del feudo galo de Malí, Francia cedió por arte de magia al exhorto de Estados Unidos (http://goo.gl/2Nk5ac).

El derribo del avion ruso se escenificó un día después del notable acercamiento de Rusia e Irán, dos superpotencias gaseras, durante la cumbre en Teherán del Foro de Países Exportadores de Gas, de 12 miembros.

Suena inconcebible que Turquía, único país islámico sunita miembro de la OTAN, se haya atrevido a derribar el avión ruso sin la anuencia tácita y/o explícita de Estados Unidos: una puñalada trapera, según el enfurecido presidente Putin, quien fustigó que Rusia había entregado el plan de vuelo a Estados Unidos (http://goo.gl/WSiZjx). ¡Uf! ¿De quién, entonces, provino la puñalada trapera a Rusia: de Turquía o de Estados Unidos? ¿Trampa menor dentro de una trampa mayor: Estados Unidos arroja a Turquía a su balcanización con la inducción de un Estado kurdo?

La percepción de China sobre el derribo del avión ruso es seminal: “Pudiera ser uno de los movimientos más críticos desde el fin de la guerra fría”, cuando su severidad potencial y sus riesgos asociados pueden constituir un clímax de crisis geopolíticas de las pasadas décadas.

El portal chino Global Times juzga que es la primera vez que Rusia ha sufrido tales grandes pérdidas, por lo que Putin confronta una selección que trae más riesgo que cuando consideró anexar o no a Crimea, y aduce que “Moscú puede tomar represalias contra Turquía en diferentes formas, pero esto significa una confrontación con la OTAN al estilo de la guerra fría”.

Global Times aborda el escenario de una represalia similar: Si Rusia derriba un avión turco en su espacio aéreo o bombardea una base aérea turca, ello afectará los nervios de la OTAN, ya que si la OTAN no emprende ninguna acción, su promesa de proteger a los pequeños miembros de la alianza será desacreditada. Pero si la OTAN adopta una acción sustancial frente a Rusia, Europa confrontará una situación turbulenta sin precedente, no vista desde la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos y Rusia están claramente (sic) conscientes de que cualquiera de sus reacciones enviará señales sobre el futuro orden (sic) de Europa y el Medio Oriente.

A los estrategas chinos les queda clara la conexión de los contenciosos de Ucrania con el Medio Oriente y la reconfiguración de sus dos nuevos órdenes regionales (http://goo.gl/cyOGyv).

Turquía –potencia en el Mar Negro (colindante de Ucrania y Crimea/Rusia) que controla el paso de los estratégicos Dardanelos– es bisagra de dos contenciosos vinculantes: 1) la guerra Donbas/Ucrania; y 2) el binomio Siria/Irak, sus dos fronteras, donde apadrina a los rebeldes. Quizá habría que agregar hasta un tercer contencioso en su frontera con Georgia en el Transcáucaso.

Los bélicos círculos financieristas de Gran Bretaña (GB) e Israel atizan las flamas y dan vuelo a una inminente guerra. Basta escudriñar los titulares de Debka, presunto portal del Mossad: Rusia bombardea cada objetivo turco (sic) en Siria; Turquía suspende sus vuelos en Siria; Rusia lanza guerra electrónica contra Ankara (http://goo.gl/mZpptT).

Dudo que Francia y Alemania –hoy retraída, a diferencia del contencioso de Ucrania, que se ha recalentado– deseen una guerra con Rusia para defender a Turquía, cuando Estados Unidos juega a distancia y en forma ambigua, como ha sido la tónica de Obama, quien apoyó la legítima defensa del territorio turco.

Aunque el canciller ruso Sergey Lavrov sentenció que no irán a una guerra contra Turquía, a mi juicio sí habrá una persuasiva reacción de Rusia, cuyos alcances estratégicos habría que ponderar, porque de otra forma se le caería todo su andamiaje geopolítico al zar Vlady Putin de ser respetado tanto al interior como en su periferia inmediata, cuando ha extendido su línea defensiva del Transcáucaso y Crimea a la costa oriental del Mar Mediterráneo: al eje Tartús/Latakia, en la región alawita de Siria y, quizá, hasta el nuevo canal de Suez con Egipto (http://goo.gl/d8Rmol). ¿Pagará los platos rotos la minoría turkomena de Siria, cuyo cordón umbilical llega a Turquía?

Rusia posiciona sus letales misiles S-400 en tierra siria y su crucero Moskva en la costa de Latakia, mientras aprieta las tuercas económicas que pueden significar 40 mil millones de dólares de pérdidas a Turquía (https://goo.gl/0qhYfi). Las pérdidas serán bidireccionales. Quienes ganan son Estados Unidos, Israel, GB y el yihadismo trasnacional.

Lo más fácil es bombardear a locas, al estilo israelí-anglosajón, cuando el dilema geopolítico radica en los límites de las represalias militares rusas: desde el artículo 5 de defensa de Turquía por la OTAN hasta la trascendental función de los pueblos túrquicos de origen mongol, y su conectividad incandescente con Asia central, para no alebrestar la carta tártara –al interior de Rusia y Crimea– ni a la región de Turkestán (una apelación lingüística persa): desde el Mar Caspio hasta el desierto de Gobi (China). No es un asunto menor.

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¿Hacia un Macrisur?

Sáb, 28/11/2015 - 14:50
Emir Sader, La Jornada

La consolidación y ampliación del Mercosur, y la construcción de la Unasur y de la Celac tuvieron un gran pilar: las estrechas relaciones entre Argentina y Brasil, fundadas por Néstor Kirchner y Lula, seguidas por Cristina Fernández y Dilma Rousseff.

¿Qué efectos puede tener el cambio radical de gobierno en Argentina sobre el conjunto de ese proceso?

Por las declaraciones iniciales del futuro presidente argentino, en el plano económico seguiría habiendo relaciones estrechas con Brasil, hasta más estrechas, porque el acuerdo de libre comercio del Mercosur con la UE va avanzar con más agilidad. Los empresarios brasileños, a su vez, esperan que las posturas proteccionistas de Argentina disminuyan, según sus declaraciones.

Pero al reafirmar el compromiso con el Mercosur, Mauricio Macri, a la vez, menciona la Alianza para el Pacífico y un acuerdo bilateral con Estados Unidos. Ambos son contradictorios con el Mercosur. En el primer gobierno de Tabaré Vazquez, en Uruguay, se consultó sobre la posibilidad de un acuerdo bilateral de libre comercio con Estados Unidos y se obtuvo una respuesta negativa.

Así que la primera gran definición que va a tener Macri es si reafirma la pertinencia de Argentina al Mercosur o si busca un tratado de libre comercio con Estados Unidos y el ingreso a la Alianza para el Pacífico. Por la importancia que tienen el Mercosur y, en particular, la economía brasileña para Argentina, difícilmente Macri va a poder cambiar mucho la inserción económica internacional de su país.

En lo inmediato el cambio de gobierno en Argentina va a agilizar la aprobación del tratado de libre comercio del Mercosur con la Unión Europea. El gobierno argentino es el que tiene más objeciones –de forma correcta, a mi juicio– a los riesgos que ese acuerdo plantea para el mismo Mercosur. Con un gobierno liberal, la presidencia de Paraguay en el Mercosur y el apoyo de Brasil y de Uruguay el convenio debe salir este año.

En el plano político, la promesa de campaña de proponer la exclusión de Venezuela del Mercosur, en caso de que Macri la lleve adelante, tendrá lugar el 20 de diciembre, durante la próxima reunión del Mercosur, en Montevideo, su primer escenario. En la primera reunión, Argentina y Brasil aparecerían enfrentados, proyectando una nueva relación entre los dos países esenciales para todos los proyectos de integración en América Latina.

Dilma Rousseff tiene esperanzas de convencer a Mauricio Macri de no asumir esa posición desde la primera reunión del Mercosur, que sería necesariamente contaminada por ese tema, con respuestas duras de Nicolás Maduro y Rafael Correa, además de la imposibilidad de obtener el consenso necesario a la adopción de esa posición.

En lo esencial, la política externa de Argentina con el nuevo gobierno va a representar un reacercamiento con Estados Unidos en distintos planos. La posición respecto de Venezuela y la Alianza para el Pacífico es sólo una primera postura de realineación de Argentina en el plano internacional. Se pueden esperar nuevas redefiniciones en esa dirección.

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COP21: ¿en ruta al abismo?

Sáb, 28/11/2015 - 07:00
John Saxe-Fernández, La Jornada

Con el aumento del calentamiento global (CG) registrado por centros especializados y satélites alrededor del planeta y eventos climáticos que ya afectan a millones en todos los continentes, difundidos al mundo desde agencias noticiosas y redes sociales, crecen los movimientos a favor de regulaciones efectivas y vinculantes para el control de las emisiones de gases con efecto invernadero (GEI) CO2, metano etcétera. Con dato duro de la Organización Mundial de Meteorología (OMM), el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU, la Asociación para el Avance de la Ciencia y múltiples universidades y academias científicas, se advierte la necesidad de evitar un CG catastrófico e irreversible y que la ventana de oportunidad para hacerlo se cierra rápido ¿modificará la COP21 la ruta al abismo del fundamentalismo petrolero (FP)?

Los movimientos sociales de Francia y el mundo son los más afectados por el FP, presente en los trágicos ataques terroristas del 13 de noviembre, que las autoridades atribuyeron al Estado Islámico (EI). Se trata de movimientos ciudadanos que estarán en París activos durante dos semanas (con una magna manifestación el 30 de noviembre en la que se esperan 200 mil personas) para presionar a favor de compromisos con blindaje legal contra los GEI, según dijo a Democracy Now Alix Mazounie, coordinadora de internacionales de la Red Francesa de Acción Climática. Alix citó a Laurent Fabius, el Ministro de Relaciones Exteriores de Francia, que favorece mantener alguna forma de expresión pública durante la COP. Buscamos opciones. Obvio nos preocupa la seguridad del pueblo francés, la seguridad de todos los que deseen expresarse sobre el cambio climático, en las calles de París.

Pero, como dice Alix, Fabius no es el encargado de la seguridad, por lo que preocupa que voceros oficiales que sí lo están, usen criterios similares al Homeland Defense de Estados Unidos, ajenos a la cultura política francesa y se inclinen por prohibir desfiles, reuniones, actos artísticos, al tiempo que permiten operaciones hoteleras, de restaurantes e incluso actos deportivos, como si el desplome de la facturación en esos rubros, por los ataques, fuera más relevante que las decisiones de casi 200 jefes de Estado rodeados de policías, militares y cabilderos de corporaciones emisoras de GEI. Esta COP se realiza en el contexto de la guerra global al terrorismo, eje de la diplomacia de fuerza de Estados Unidos, con Obama y Kerry bajo presión republicana, reticentes a otorgar cobertura legal al recorte de GEI, urgente desde 1992.

Los protocolos del anti terrorismo incluyen la criminalización de la protesta social rotulándola de terrorista. El vocero del Centro de Información Anti-Terrorista de California dice: “uno puede hacer fácil el vínculo (entre la protesta social y el terrorismo internacional) porque como podría haber terroristas infiltrados en la protesta… Se puede casi argumentar que cualquier protesta es un acto terrorista”. (Ver Frank Morales Homeland Defense (www.globalrsearch.org).

Tanto en los ataques del 11-S en NY como en los de París, el fundamentalismo petrolero (FP) está presente, como lo mostró Gregg Muttitt (The Fuel in the Fire, 2012) con mil minutas secretas, desclasificadas, de las reuniones del gabinete de Blair mostrando que el acceso al petróleo estuvo (y está) entre los objetivos centrales de la guerra de agresión contra Irak, mientras petróleo clandestino y fondos de donantes vinculados a su explotación, apoyan al EI. De igual manera el FP está presente en lo que la prensa de EEUU califica de sabotaje republicano a la COP21, encabezado por el senador Mitch McConnell. Tanto Bush/Cheney y Blair- en Irak, como el EI en París y republicanos vetando regulaciones vinculantes a los GEI, con apoyos del big oil encabezado por Exxon, emanan fundamentalismo petrolero (FP) por todos los poros. Por ejemplo, en momentos oportunos de una sesión legislativa para la anulación de los mega millonarios subsidios otorgados por EEUU al big oil (cientos de miles de millones) “llegaron poco más de 131 mil dólares en contribuciones de campaña a los cofres de Mitch McConnell desde petroleros localizados en Midland Texas y en tres días la propuesta de ley se rechazó. Poco después Bill Moyers (January report), ex secretario de prensa del presidente Johnson, documentó que las firmas que cabildearon contra todo intento de reabrir fuentes de empleo en EEUU, dieron un millón de dólares a McConnell para que ganara sus elecciones a cambio de proteger sus intereses. La denuncia de Moyer llevó al Courier-Journal.com de Kentucky a afirmar que de tiempo atrás McConnell dejó de servir al público. Sirve a intereses corporativos cuyos dineros alientan el obstruccionismo que plaga al Congreso. Tratándose, según esas fuentes, de grandes donativos para McConnell, entre otros de GE, Microsoft y Exxon Mobil, esta última con McConnell en el corazón del FP, empujando el mundo al abismo.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Las tormentas que vienen

Ven, 27/11/2015 - 12:23
Raúl Zibechi, La Jornada

El fin del ciclo progresista implica la disolución de las hegemonías y el comienzo de un periodo de dominaciones, de mayor represión contra los sectores populares organizados. Hasta ahora hemos venido comentando las causas del fin del ciclo; ahora habrá que empezar a comprender las consecuencias, tremendas, nada halagüeñas, demoledoras en muchos casos.

La reciente elección de Mauricio Macri como presidente argentino es un giro derechista que está llamado a encender la llama del conflicto social. La respuesta de la redacción del diario conservador La Nación a un editorial que defiende abiertamente el terrorismo de Estado es una muestra de lo que se viene, pero también de las resistencias que deberá afrontar el proyecto de la derecha tradicional.

No estamos ante un retorno a la década de 1990, neoliberal y privatizadora, porque los de abajo están en otra situación, más organizados, con mayor autoestima y conocimiento del modelo que sufren y, sobre todo, con mayor capacidad de enfrentar a los poderosos. Las experiencias colectivas no suceden en vano, dejan huellas profundas, saberes y modos de hacer que en esta nueva etapa jugarán un papel decisivo en la necesaria resistencia a las nuevas derechas.

El periodo que se abre en toda la región sudamericana, donde el presidente Rafael Correa ya anunció que no aspira a su relección, será de mayor inestabilidad económica, social y política; de injerencia creciente del militarismo del Pentágono; de nuevas dificultades para la integración regional, que ya atravesaba serias dificultades; de deterioro de las condiciones de vida de los sectores populares, cuyos ingresos comenzaron a erosionarse en los dos últimos años.

En este nuevo clima, encuentro algunas cuestiones centrales:

La primera es que no habrá fuerzas políticas capaces de gobernar con un mínimo consenso, como el que habían conseguido los gobiernos progresistas en su primera etapa. No habrá consenso en gobiernos como los de Macri; pero conviene recordar que la hegemonía lulista se quebró bajo el segundo mandato de Dilma Rousseff, así como bajo los gobiernos de Tabaré Vázquez, Correa y Maduro, aunque las causas son distintas.

Cuando se desvanece la hegemonía, se imponen las lógicas de la dominación, lo que nos lleva directamente a la exacerbación de los conflictos de clase, género, generación y raza-etnia. La triada dominación-conflictos-represión afectará (ya está afectando) a las mujeres y los jóvenes de los sectores populares, principales víctimas del viraje sistémico a la derecha.

La segunda cuestión a tener en cuenta es que el modelo económico-político es más importante y decisivo que las personas que lo conducen y administran. En las izquierdas aún tenemos una cultura política muy centrada en caudillos y dirigentes, que sin duda son importantes, pero no pueden ir más allá de los límites estructurales que les impone el modelo. El extractivismo es el gran responsable de la crisis que atraviesa la región, de la erosión que sufren los gobiernos y, en resumidas cuentas, es la razón de fondo que explica el viraje a la derecha de las sociedades.

A diferencia del modelo de industrialización por sustitución de importaciones, que generaba inclusión y promovía el ascenso social, el actual modelo extractivo genera polarización social y económica, genera conflictos por los bienes comunes y destruye el medio ambiente. Por lo tanto, es un modelo que genera violencia, criminalización de la pobreza y militarización de las sociedades y los territorios en resistencia.

La incapacidad de los progresismos para salir del modelo extractivo y la expresa voluntad de las nuevas derechas de profundizarlo auguran tiempos de dolor para los pueblos. La reciente tragedia en Mariana (Minas Gerais) por la rotura de dos represas de la minera Vale, que provocó un gigantesco tsunami de lodo que está arrasando sembrados y pueblos enteros, es una pequeña muestra de lo que nos aguarda si no se pone coto al modelo minero-soyero-especulador.

En tercer lugar, el fin del ciclo progresista supone el retorno de los movimientos antisistémicos al centro del escenario político, del que habían estado apartados por la centralidad de la disputa entre los gobiernos y la oposición conservadora. Pero los movimientos que se están activando no son los mismos, ni tienen los mismos modos de organizarse y de hacer, que los que protagonizaron las luchas de los 90.

El movimiento piquetero ya no existe, aunque dejó profundas huellas y enseñanzas, y un sector organizado que trabaja en las villas en las grandes ciudades, con iniciativas de nuevo tipo como los bachilleratos populares y las casas de las mujeres. Los movimientos campesinos, como los Sin Tierra, han sido transformados por la expansión geométrica de la soya, pero surgen nuevos sujetos, más complejos y diversos, donde participan vecinos de pueblos afectados por la minería o los agrotóxicos, y una amplia gana de profesionales de la salud, la educación y los medios.

La impresión es que estamos asistiendo a nuevas articulaciones, sobre todo en las grandes ciudades, donde las demandas de más democracia e igualdad desbordan los cauces de los partidos y sindicatos, pero también de los movimientos de la década neoliberal privatizadora.

Por último, el ciclo progresista debe saldarse con un análisis sereno de los errores cometidos por los movimientos. Sería desmoralizante que en el próximo ciclo de luchas se repitieran los mismos deslices que han afectado la autonomía en estos años. Es probable que la dificultad mayor a enfrentar consista en saber adecuar la doble actividad de los movimientos: la lucha contra el modelo (la defensa de los espacios propios, la movilización y la formación) y la creación en cada nivel posible de lo nuevo (salud, producción, techo, tierra, educación).

Mientras la acción de calle nos permite detener las ofensivas del arriba, las creaciones nuevas son pasos en la autonomía. Son los modos que aprendimos para continuar navegando en las tormentas.

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El parlamentico de la OTAN llama a la guerra

Ven, 27/11/2015 - 07:05
Manlio Dinucci, Voltaire

El derribo por Turquía de un avión ruso de combate que operaba en Siria, con la subsecuente ruptura entre Moscú y Ankara, no por causalidad justo en vísperas del acuerdo sobre el gasoducto que habría de llevar el gas ruso hasta el Bósforo, subraya dramáticamente el evento que se desarrolla en Florencia este jueves y viernes: la Asamblea Parlamentaria de la OTAN que, el pasado 12 de octubre, había «recomendado a los gobiernos de la OTAN aumentar los gastos de defensa ante una Rusia cada vez más imprevisible y la creciente inestabilidad en el Medio Oriente».

La sesión de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, que se desarrolla en el Palazzo Vecchio, no es –contrariamente a lo que se ha dicho– una «Cumbre de la OTAN». En realidad, la Asamblea «constituye una institución separada de la estructura de la OTAN». Al contrario, el órgano político «de decisión» de la OTAN es el Consejo del Atlántico Norte, que se reúne a diversos niveles hasta la cumbre de jefes de Estado y de gobierno de los 28 países miembros de la alianza atlántico: su principio conductor es que «no hay votos ni decisiones por mayoría sino que las decisiones se toman por unanimidad y de común acuerdo», o sea de acuerdo con las directivas de Washington. Y son siempre los militares de Estados Unidos quienes ocupan los puestos claves en el seno de la OTAN: el Comandante Supremo de las fuerzas aliadas en Europa es siempre un general o un almirante [estadounidense] designado por el presidente de Estados Unidos.

Pero, si no es una instancia de la OTAN, ¿de qué sirve la Asamblea Parlamentaria reunida en Florencia?

Esta Asamblea se compone de representantes de los parlamentos de los países miembros de la OTAN y su presidente es el estadounidense Hon Turner, miembro del Congreso de Estados Unidos y, al mismo tiempo, de la comisión a cargo de los servicios secretos y también de la comisión a cargo de las fuerzas armadas. Entre los 5 vicepresidentes de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN están el parlamentario italiano Paolo Alli (Nuovo Centrodestra), ex brazo derecho de Roberto Formigoni y –al igual que este último– actualmente objeto de una investigación de la magistratura milanesa bajo la acusación de corrupción. La función de la Asamblea, financiada –con dinero público– para los 28 gobiernos miembros de la OTAN, es «constituir un vínculo esencial entre la OTAN y los parlamentos de los países de la alianza», en particular para «sensibilizar los medios parlamentarios sobre las principales cuestiones relativas a la seguridad de la zona euro-atlántica, contribuyendo al fortalecimiento de las relaciones transatlánticas».

Lo que se reúne en el Palazzo Vecchio, en Florencia, es el Grupo Especial para el Mediterráneo y el Medio Oriente –que se agrega a las 5 comisiones permanentes alrededor de las cuales se articula la Asamblea Parlamentaria– en el marco de un seminario conjunto con el Subcomité sobre las relaciones económicas transatlánticas. El encuentro, bajo el auspicio del Senado y de la Cámara [de Italia], representados por los presidentes Pietro Grasso y Laura Boldrini, está promocionado por el presidente de la delegación de Italia ante la Asamblea de la OTAN, Andrea Manciulli (Pd). Estarán presentes más de 100 parlamentarios en representación de 40 países: desde los 28 países miembros de la OTAN hasta los países europeos y mediterráneos asociados a la OTAN y a otros aliados de la ribera sur del Mediterráneo, pasando por las monarquías del Golfo Arábigo Pérsico.

El tema «El terrorismo internacional, en particular el peligro yihadista, y su financiamiento» será objeto de una discusión que contará con la participación de los más importantes expertos, incluyendo los de las monarquías del Golfo (Kuwait y Bahréin estarán presentes en Florencia), que han contribuido con miles de millones de dólares a entrenar y armar diferentes grupos yihadistas, como el propio Emirato Islámico, en el marco de la estrategia del consorcio Estados Unidos/OTAN.

Los mismos que participaron en la guerra contra Libia abordarán además el tema «Libia entre entidad estatal y conflicto civil», con el ministro de Exteriores Paolo Gentiloni y el general Graziano, jefe de estado mayor de la Defensa, o sea con los representantes de la Italia que participó en la destrucción del Estado libio mediante la guerra.

El tema «Irán y el orden regional emergente» no ha sido confiado a representantes de Irán sino de Israel, país que contribuyó al surgimiento de ese orden con operaciones como «Plomo Fundido» y que aún mantiene Irán bajo la amenaza de sus misiles nucleares.

De «seguridad regional e internacional» hablarán, con el ministro del Interior Angelino Alfano y con el subsecretario Marco Minniti a cargo de los servicios secretos italianos, los representantes de Ucrania, o sea del régimen que en secreto está reclutando neonazis de toda Europa, individuos que –después de entrenarse en Ucrania con instructores estadounidenses– son reenviados a sus países de origen con vista a la realización de operaciones del tipo «Gladio».

Después de una intervención por teleconferencia de Federica Mogherini, la Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, el seminario terminará con las intervenciones de la ministra [italiana] de Defensa Roberta Pinotti y del vicealmirante Michael T. Franken, del AfriCom –el mismo que inició la guerra contra Libia– quienes recomendarán a la OTAN fortalecer la «seguridad» emprendiendo nuevas intervenciones militares en el norte de África y en el Medio Oriente.

Todo eso sucederá precisamente en Florencia, ciudad que ostenta la Medalla de Oro de la Resistencia y que dio lugar al Artículo 11 de la Constitución italiana, donde se repudia el uso de la guerra como medio de resolver diferendos internacionales y como instrumento contrario a la libertad de otros pueblos.

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Se le termina a Turquía la vaca lechera del petróleo barato de ISIS

Xov, 26/11/2015 - 13:30

Turquía compra al Estado Islámico petróleo de contrabando procedente de los yacimientos de Siria que están bajo control del grupo terrorista, por lo que los bombardeos de las posiciones del EI no son rentables para Ankara. De ahí que trate de evitarlos, o de destruir a quienes los ponen en peligro como ocurrió este martes con un avión de procedencia rusa. Desde hace tiempo se está detectando que una gran cantidad de petróleo y derivados entran en territorio turco procedentes de las zonas controladas por los terroristas en Siria.

El Estado Islámico es una organización que se autofinancia de manera eficaz con el petróleo y el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, junto a varias empresas de ese país, tienen interés en el auge del Estado Islámico por ser un proveedor de petróleo barato. Si se puede elegir entre comprar petróleo en un lugar a 40 dólares y en otro lugar a 25 dólares, siempre se elegirá comprar el más barato. De ahí que el contrabando de petróleo que realiza el Estado Islámico a través de Turquía sea la fuente de su fortaleza financiera.

Asimismo, las ganancias que Turquía obtiene con la reventa del petróleo de contrabando que le suministra el grupo terrorista es de varios cientos de millones de dólares mensuales. La producción de petróleo en Siria se ha reducido considerablemente durante el conflicto, en unos 500.000 barriles diarios. Pero el Estado Islámico y la así llamada 'oposición moderada' no han destruido los yacimientos ni las refinerías por tanto alguien se está beneficiando con esos 500 mil barriles de petróleo que se destinan al contrabando. Y esto es mucho dinero.

La existencia de este mercado negro de petróleo es uno de los factores que hunden su precio. Si alguien vende 300 mil barriles al día a un precio de 20 o 25 dólares el barril, genera una influencia a la baja de los precios. Por eso que el Estado Islámico es también una herramienta destinada a corroer financieramente a los países productores de petróleo. De ahí que se piense que si el Estado Islámico deja de existir, la situación del mercado del petróleo mejorará rápidamente.

Y también rapidamente puede empeorar la situación de Turquía, país que ha resultado ser el gran beneficiado con el contrabando de petróleo de ISIS. Para Turquía, el Estado Islámico ha sido su vaca lechera. De ahí que el gobierno de Erdogan defienda los intereses de ISIS bajo el escudo de la OTAN. Pero este juego cínico y tramposo está llegando a su fin con la misma rapidez con que al gobierno turco se le agota su "vaca lechera".

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¿Cuánto queda de sirio en la guerra de Siria?

Xov, 26/11/2015 - 08:11
Roberto Savio, Alainet

El congreso estadounidense, bajo el valeroso liderazgo de los republicanos, ha vetado la entrada en los EE.UU. de refugiados sirios, incluidos niños y mujeres, contrariando la intención del presidente Barack Obama de aceptar 10.000 sirios, una cantidad simbólica en un país que recibe más de 50.000 refugiados cada año.

Alemania por su parte, va a aceptar al menos 800.000 sirios.

Lo que es alarmante es la ignorancia total del mundo sobre lo que está detrás de ese veto. Se sabe que nunca superaron el 30% los senadores que alguna vez han tenido pasaporte para viajar al extranjero. El Senado estadounidense, la capilla brillante del destino excepcional de los Estados Unidos (la única democracia real, según una vez declaró ruidosamente George W. Bush), es el mejor ejemplo de la excepcionalidad de la democracia americana.

La Constitución determina que cada uno de los 50 Estados de la Unión tiene dos miembros del Senado: desde Wyoming, con 563.526 habitantes, a California, con 37,3 millones. La misma Constitución hace que el Presidente de los EE.UU. no sea elegido por el sufragio de los ciudadanos, sino por un voto vinculado a los mismos estados.

Esta democracia tan peculiar, probablemente aísla aún más a los senadores en un localismo inevitable de un gran país, bendecido con toda clase de recursos naturales y cuyos presidentes son los únicos que hablan en nombre de los Estados Unidos y de la humanidad.

Pero si la élite republicana pudiese al menos leer un poco acerca del ISIS y de Siria, probablemente se habría evitado una muy desinformada y cruel acción , adoptada en total ignorancia sobre el drama sirio, con más de 100.000 muertos, cuatro millones de refugiados y la destrucción de un país dotado de monumentos únicos y una vasta clase media educada.

Sobre la guerra siria, en caso que hubiesen leído los periódicos, se habrían enterado de que ha quedado poco de Siria en el conflicto. Los aliados de los EE.UU., Arabia Saudí y Qatar, en realidad apoyan al ISIS, financieramente y con armas. Esto es bien conocido en Washington.

El Vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, dejó las cosas en claro en comentarios públicos en octubre de 2014, cuando dijo: "nuestros aliados en la región estaban tan decididos a acabar con Assad y esencialmente con una guerra de poder entre suníes y chiíes, que lo que hacen es ofrecer cientos de millones de dólares y decenas de miles de toneladas de armas a quien quisiera luchar contra Assad. Solo que las personas que estaban siendo pertrechadas eran los elementos extremistas, yihadistas de al-Nusra y al-Qaeda que iban llegando de otras partes del mundo."

En Washington también está claro que en este conflicto, los aliados de los Estados Unidos son Irán, el Hezbolá y los kurdos, que son sus enemigos declarados. Ahora, el presidente Obama está haciendo una alianza con Putin, que es objeto de sanciones estadounidenses y europeas a raíz de los acontecimientos en Crimea y Ucrania.

Del mismo modo, todo el mundo es enemigoel ISIS, pero nadie está realmente combatiéndolo. El ISIS no es un enemigo para Assad y Rusia, que se dedican a la lucha contra los grupos rebeldes (entre los cuales podemos encontrar algunos rebeldes sirios no religiosos). De hecho, Assad ha estado utilizando el ISIS y otros grupos fundamentalistas para mostrar a Occidente que es preferible mantenerlo en el poder.

El ISIS no es enemigo para Turquía, que apoya la rama siria de al-Qaeda (Jabhat al-Nusra) y ha dado apoyo a los combatientes del ISIS, como la Universidad de Columbia ha demostrado en una larga lista de las relaciones entre Turquía y el ISIS. Turquía está básicamente luchando contra los kurdos, que son la principal fuerza de combate al ISIS.

Por supuesto que el ISIS no es enemigo de Arabia Saudita, con la que comparte el mismo punto de vista del Islam. Tampoco el ISIS es un enemigo de los iraníes, que son chiíes, y miran hacia el conflicto entre suníes radicales y moderados como un asunto interno. Intervienen sólo para defender a Irak, que es también uno de los pocos países chiítas, ya que que la gran mayoría del Islam es sunita. El ISIS no es ni siquiera un enemigo de Israel, que considera el conflicto sirio como algo que divide a los árabes y relega la cuestión de Palestina a segundo plano.

Esta es la razón, por la cual no existe una amenaza real para ISIS. Además porque se realiza un bombardeo ineficaz de Francia y Estados Unidos y ahora por parte de Rusia, cuya prioridad ha sido la de bombardear a los rebeldes que luchan contra Assad.

La guerra Siria ya no es una guerra hecha por sirios. Es una guerra en la que muchas potencias extranjeras están dispuestas a luchar hasta el último sirio. Y ahora aparece el Congreso de Estados Unidos señalando que ser sirio equivale a ser terrorista, pese a que el pueblo sirio es realmente víctima de todo el mundo.

Ahora ya sabemos que la masacre de París del 13 de noviembre fue organizada íntegramente por europeos, sin ningún árabe procedente de Siria... y que el pasaporte sirio encontrado cerca de un kamikaze era falso, destinado a aumentar el rechazo de los europeos a los refugiados. No es casual que los aislados senadores republicanos hayan mordido el anzuelo, al contrario de los europeos, que no cayeron en la trampa.

Al debatir sobre el ISIS, los senadores de Estados Unidos deberían reflexionar sobre el hecho de que de los países occidentales, su país especialmente, son los máximos responsables de este lío. Es sabido que al-Qaeda fue creada por Bin Laden y otros muyahidines, financiados por Estados Unidos para luchar contra Rusia en Afganistán.

Todos sabemos que la intervención de Estados Unidos en Irak para eliminar las armas de destrucción masiva que no existían, creó un vacío de poder y de las instituciones, ya que el administrador estadounidense Paul Bremer disolvió el ejército y despidió de los cargos públicos a todo miembro del partido de gobierno Baaz con el fin de eliminar cualquier legado de Saddam Hussein. Teniendo en cuenta que ser un miembro del partido Baaz era indispensable para hacer una carrera, esto significó la eliminación de todos los burócratas competentes. Como se sabe, los organizadores del ISIS son ex oficiales del ejército iraquí.

Es bien conocido el impacto en la opinión pública iraquí de la amplia utilización de la tortura durante la ocupación estadounidense y el horror de la prisión iraquí de Abu Ghraib, donde prisioneros árabes de las fuerzas armadas de Estados Unidos fueron torturados, sexualmente denigrados y fotografiados por soldados estadounidenses. Los senadores estadounidenses lo deberían saber, ya que votaron a favor de las limitaciones de los derechos humanos y la libertad individual con la aprobación de la Ley Patriota, a la que ahora se opone la gran mayoría de los estadounidenses.

En ese momento, estaban comprometidos en una "guerra infinita contra el mal", desde que el presidente Bush declaró que las tropas estadounidenses debían haber intervenido en varios "países canallas" hasta que la realidad afloró y los Estados Unidos son ahora muy reacios a poner tropas en el terreno, incluso contra el ISIS, a pesar de una resolución positiva por parte de las Naciones Unidas, de la que EEUU carecía cuando intervino en Irak.

Lo que los senadores deben también tener en cuenta es que el ISIS no es la organización terrorista más sangrienta. Ha matado a menos gente que Boko Haram en Nigeria. Sin embargo, como las víctimas son negras, por supuesto que no es preocupante para Occidente.

Deben considerar que de las 750 víctimas del ISIS fuera de Irak y Siria, menos de 30 por ciento son europeos y que el objetivo principal del ISIS es ampliar el Califato. Está atacando a Occidente sólo para alimentar su radicalización y aumentar la discriminación contra los 44 millones de musulmanes que viven en Europa y provocar intervenciones militares con el fin de convencer a más suníes a unirse a su lucha.

El ISIS está ganando esa batalla. Basta pensar que los europeos van a perder la libertad de movimiento dentro de Europa, debido a que el Acuerdo de Schengen, que creó Europa sin fronteras, va a ser cancelado. Los aeropuertos ya se han convertido en lugares infernales sin precedentes. La vida cotidiana de todos los ciudadanos nunca más va a ser como antes.

Partidos europeos de extrema derecha y xenófobos miran a los republicanos como su contraparte estadounidense y curiosamente, al presidente ruso, Vladimir Putin, como alma de ideas afines. Todos van a aumentar su fuerza en los parlamentos y gobiernos en las próximas elecciones legislativas. El sueño europeo está ahora definitivamente en retirada.

El auténtico problema es que incluso si alguien se toma en serio al ISIS y destruye su pequeño ejército de 50.000 combatientes, los problemas no terminarían. Lo que no va a ser posible destruir es la atracción fatal por un Islam radical entre los jóvenes árabes desempleados y frustrados que participaron en la primavera árabe, sino también los de los ghetos de Europa. Su sueño es de un Califato puro y incorrupto, que va a eliminar a dictadores, reyes y sultanes para redistribuir la riqueza entre todos los árabes, quer va a vengarse de la humillación y de la islamofobia y que proporcione una identidad fuerte y digna para sus ciudadanos.

Pero ¿cómo podemos esperar algún conocimiento contemporáneo profundo de un Congreso republicano, cuando sus candidatos presidenciales han mostrado una deplorable ignorancia sobre el mundo en el que viven?

Basta pensar que Ben Carlson, el principal candidato, dijo en la televisión que tropas chinas están involucradas en Siria ..., o por Donald Trump, que ha dicho que todos los sirios fuera de Siria quieren exportar el terrorismo.

La triste realidad es que Occidente está ahora en un callejón sin salida. No es posible dejar que el Califato se expanda y continúe su labor de radicalización. Pero si el califato desaparece, los salafistas radicales se reagruparán de nuevo, con el apoyo de Arabia Saudita y Qatar. Se puede tomar una de dos direcciones: la de al-Qaeda, que es luchar contra los musulmanes apóstatas que no apoyan su causa, americanos infieles y europeos que apoyan a los regímenes árabes, con el fin de poder un día establecer un califato ; o la del ISIS, que es hacerse cargo de un pedazo de tierra, fundar un Califato y expandirse desde allí.

Aquellas dos vertientes del jihadismo ya luchan entre si en Siria. Pero pase lo que pase, es muy probable que el Occidente otra vez no pueda intervenir inmediatamente y se relacione con los árabes cometiendo muchos errores, cayendo otra vez en manos de los terroristas.

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Yihadistas: instrumento geoestratégico del Pentágono para la nueva cartografía del Medio Oriente

Mér, 25/11/2015 - 21:16
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

La carta radical islámica sunita representa desde hace 35 años un instrumento geoestratégico de Estados Unidos con los muyahidines de Afganistán (los freedom fighters de Reagan y su Rambo hollywoodense): abuelos y padres, con Osama Bin Laden de Al Qaeda, de los yihadistas posmodernos del EI (Estado Islámico).

Zbigniew Brzezinski, ex asesor de Seguridad Nacional de James Carter, confesó a Le Nouvel Observateur que gracias a los muyahidines, apoyados por la CIA, consiguió la implosión del imperio soviético (http://goo.gl/bw29B2). ¿Busca Estados Unidos ahora el empantanamiento de Rusia en el avispero medioriental, y su subsecuente balcanización, como sucedió con la URSS?

Zbigniew Brzezinski ha de estar feliz con el derribo del avión ruso por Turquía, miembro de la OTAN, en su diabólico esquema de los Balcanes euroasiáticos (http://goo.gl/3v4TzS).

Un documento de la DIA (http://www.dia.mil) –espionaje militar foráneo del Pentágono y la comunidad de espionaje (http://goo.gl/C0mQjI): federación de 17 agencias separadas–, del 12 de agosto de 2012, asienta que es deseable un Estado Islámico en Siria oriental para implementar las políticas de Occidente en la región (http://goo.gl/ChqqLf).

El documento, desclasificado por Judicial Watch, reporta que para “Occidente, países del Golfo y Turquía (sic), quienes apoyan a la oposición siria… existe la posibilidad de establecer un califato salafista en la parte oriental de Siria (en Hasaka y Der Zor) y esto es exactamente lo que las potencias que apoyan a la oposición desean, con el fin de aislar al régimen sirio”.

El documento circuló en Centcom (http://goo.gl/vnC29S), CIA, FBI, Departamento de Estado, DHS (http://goo.gl/4Q2DF6), NGA (https://goo.gl/FVHUn5), etcétera: predice el ascenso del EI en Irak y Levante, pero en lugar de delinear claramente al grupo como enemigo, el reporte contempla al grupo terrorista como un activo estratégico de Estados Unidos.

La evidencia forense va desde la admisión de Robert Ford, anterior embajador de Estados Unidos en Siria, hasta el apoyo material a los terroristas de Daesh/Isis/Isil en el teatro de batalla sirio que se remonta a 2012, como delata el reporte de septiembre de 2014 del británico Conflict Armament Research, que traza los orígenes de misiles antitanque de Croacia (sic) que cayeron en manos yihadistas (https://goo.gl/QxZzHY).

Los siete puntos nodales del documento: 1) Al Qaeda maneja la oposición en Siria; 2) Occidente se identifica con la oposición; 3) el establecimiento del naciente EI yihadista se volvió una realidad con el levantamiento de la insurgencia siria (no existe mención de la retirada del ejército de Estados Unidos de Irak que sirvió para el ascenso del EI); 4) el establecimiento de un califato salafista en Siria oriental es exactamente (sic) lo que desean las potencias externas que apoyan a la oposición (Occidente, países del Golfo y Turquía) con el fin de debilitar al gobierno de Assad; 5) se sugieren zonas de seguridad en áreas conquistadas por los insurgentes yihadistas con base en el modelo libio (que se traduce en zonas de exclusión aérea como el primer acto de guerra humanitaria (¡supersic!); 6) Irak es identificado con la expansión chiíta, y 7) un EI sunita puede ser devastador para la unificación de Irak y puede desembocar en la renovada facilitación (¡supersic!) de elementos terroristas provenientes de todo el mundo árabe que entrarían al teatro de batalla iraquí.

La situación general exhibe tres puntos seminales: 1) en el interior, los eventos toman una clara dirección sectaria; 2) los salafistas, los Hermanos Musulmanes y la franquicia de Al Qaeda en Irak son las principales fuerzas que empujan la insurgencia en Siria, y 3) Occidente, los países del Golfo y Turquía apoyan la oposición; mientras Rusia, China e Irán apoyan al régimen (nota: del alauita Bassar al Assad).

Quien tuvo a su cargo la DIA al momento de la publicación del documento de 2012, el teniente general Michael Flynn, hoy retirado, confirma a Al Jazeera (de Qatar) su validez precisa y asevera como decisión deliberada el padrinazgo de la Casa Blanca (¡supersic!) a los radicales yihadistas que emergerían como Daesh/Isis/Isil y Al Nusra contra el régimen sirio (http://goo.gl/2kk8Kn).

¿A qué se deberá tanta franqueza del anterior mandamás de la DIA?

¿Se trata de un reparto de papeles y/o de una ruptura de políticas entre un sector del Pentágono con la Casa Blanca?

A mi juicio, la intervención de Rusia en Siria (http://goo.gl/9cMbBH) –63 días después de la estrujante confesión del teniente general Michael Flynn– constituyó un game changer (punto de inflexión). Por lo pronto, Rusia actúa ya con base en su percepción del doble juego de Estados Unidos.

Dejo de lado que Israel atiende a los guerrilleros heridos de Al Qaeda en la guerra civil en Siria (http://goo.gl/mehlUw).

Dos días más tarde del encuentro de 25 minutos entre los presidentes Obama y Putin, al margen de la cumbre del G-20 en Antalya (Turquía), el canciller ruso Sergei Lavrov fustigó que “Estados Unidos y su coalición (nota: de 62 países, incluido el ‘México neoliberal itamita’) parecen eludir al EI”, ya que mientras debilita al presidente sirio Bashar al Assad, nunca podrá tomar el poder en Siria (http://goo.gl/ZJtMuw).

Según Lavrov, EEUU y su coalición desean que EI debilite a Assad lo más pronto posible para obligarlo a renunciar de una u otra forma, pero tampoco desean ver al EI lo suficientemente fuerte para tomar el poder. ¡Juego de tronos!

El nuevo director de la DIA, teniente general Vincent Stewart, comentó que Irak y Siria no sobrevivirán como países cuando en Irak luchan con la idea de que los kurdos regresarán al gobierno central, lo cual es altamente improbable (http://goo.gl/6D5iC6).

Sobre Siria, el director de la DIA asentó: puedo ver un tiempo en el futuro donde Siria es fracturada en dos o tres pedazos, y agregó que no es el objetivo (sic) de Estados Unidos, pero parece cada vez más probable.

Ni más ni menos que mis añejas tesis: balcanizaciones de Irak (http://goo.gl/r2i11S) y Siria (http://goo.gl/NqM12O). En mi libro Irak, Bush bajo la lupa (http://goo.gl/tZ9yGx), abordé el plan Kissinger para balcanizar Irak. ¿Le espera la misma suerte a Siria?

En paralelo, el director de la CIA, John Brennan –cuyo vicedirector es el omnipotente israelí-estadunidense David S. Cohen, quien viene de inteligencia financiera de la Secretaría del Tesoro (https://goo.gl/m9eqRk)–, aduce que los iraquíes y los sirios se identifican por sectas religiosas o tribus, más que por su nacionalidad: pienso que Medio Oriente tendrá un cambio en la próxima década o en dos décadas.

En 2006, el entonces senador, hoy vicepresidente Joe Biden, favoreció la balcanización de Irak en tres zonas étnicas autónomas: chiítas iraquíes en el sur, sunitas en el centro y kurdos en el norte (con la estratégica ciudad petrolera de Kirkuk).

Para cerrar con el hilo conductor del Pentágono, destaca en retrospectiva la nueva cartografía de Medio Oriente, de acuerdo con Robin Wright (http://goo.gl/bIkFLM), del Wilson Center –que indujo la privatización de Pemex–, de cómo cinco países se pueden convertir en 14, entre ellos Siria (http://goo.gl/26QpF2).

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¿Cómo sería el mundo si derrotáramos al Estado Islámico?

Mér, 25/11/2015 - 17:00
Paul Mason, Sin Permiso

La finalidad de la guerra consiste en otorgarte una posición fuerte en una conferencia de paz. En los días en los que la guerra se hacía estado contra estado, eso es lo que los generales solían recordar a los políticos: podemos poner al enemigo de rodillas, pero son ustedes los que tienen que concebir la paz. En algún momento de entre 1991 y 2003, los EE.UU. se olvidaron de este principio y el resultado es la situación que hoy tenemos.

Irak ha quedado efectivamente desmembrado en territorios chiita, kurdo y del Estado Islámico (EI). Hay partes de Afganistán que están siendo reconquistadas por los talibán. La desintegración de Siria ha lanzado a millones de refugiados a Europa, Turquía y Líbano. Y el régimen islamo-fascista del EI ha puesto en escena el primer “ataque depredador” en suelo europeo, matando a gente que había asumido, como el resto de nosotros, que la desintegración de Oriente Medio era problema de otros.

Ahora es problema de la OTAN. En círculos de seguridad británicos, hay una aceptación tácita de que, si quisiera, Francia podría invocar el Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, que exige que Gran Bretaña preste ayuda militar a un aliado que es objeto de ataque. El Artículo 5 es el disuasor político introyectado en la OTAN en su concepción. Otorga a todos los signatarios el derecho a librar la guerra de modo legal, como acto de defensa propia, de acuerdo con principios reconocidos por la Carta de las Naciones Unidas. Se ha invocado solo una vez: después del 11 de septiembre por parte de los EE.UU.

Evidentemente, hay dificultades legales: el EI no está reconocido como estado, aunque pretenda serlo y controle un área geográfica definida. Sin embargo, los atentados de París quebrantaron claramente “la seguridad del área del Atlántico Norte”, la frase utilizada en el Artículo 5 para definir el objetivo de cualquier represalia. Si los franceses lo solicitaran y los estados principales se negasen, señalarían el fin de la credibilidad de la Alianza. Sea lo que sea, los planificadores militares británicos andarán examinando ahora mismo las opciones sobre qué hacer si Francia pide ayuda militar.

El modus operandi de la OTAN se define en su documento sobre “concepto estratégico”, la última versión del cual se elaboró en 2010. La invasión y conquista de Crimea y el Donetsk por parte de Rusia ya lo había vuelto obsoleto. El despliegue ruso de tropas y aviación en Siria, lo mismo. Pero los atentados del EI en París exigen su urgente revisión.

En lenguaje de la OTAN, fuerzas “móviles y desplegables” quiere decir soldados que mandas a un país extranjero a atacar al enemigo. A partir de ahora, todas las democracias occidentales tendrán que mantener y ampliar esas fuerzas para que puedan desplegarse en el propio país. Francia ha tenido suerte al disponer de un cuerpo de policía paramilitar de toda la vida, junto a unidades militares antiterroristas que, desde el ataque a Charlie Hebdo, habían estado entrenándose para actos como los de Bombay [en 2008]. Otros países europeos habrían estado peor equipados que París para enfrentarse a lo que sucedió.

Pero la escala del replanteamiento militar no es nada comparada con la reconsideración que se necesita tras los atentados de París. Si se han consultado las redes sociales desde el viernes por la noche, se habrá visto una oleada de argumentos tras otra a favor de evitar el combate contra el EI. Fue una “operación con bandera falsa”, aducen algunos; el EI existe porque Occidente armó a los yijadistas suníes, dicen otros.

Luego vienen los agoreros: los que argumentan que el EI está tan profundamente enraizados en aquellas comunidades musulmanas de Europa Occidental que simpatizan con los yijadistas que no se le puede combatir – militarmente o por medio de las labores de inteligencia y policía – sin provocar una guerra civil.

Viene luego – con mayor justificación – el argumento acerca de la causa y el efecto. El EI domina Irak porque lo invadió Occidente, desbarató el poder civil e impuso uno nuevo que fracasó luego. Domina la mitad de Siria porque Occidente aplaudió el levantamiento contra Assad pero no llegó a respaldarlo, mientras Turquía y Arabia Saudí alimentaban al grupo islamo-fascista. Tiene un punto de apoyo en Libia gracias a nuestra muy poco brillante intervención en el país. Y por toda la región atrae a nuevos reclutas, debido a la desestructuración y la pobreza.

Se podría reconocer que todas estas cosas son verdad – de las salvajes teorías de la conspiración a la sociología – y errar el tiro. El EI atacó a civiles independientemente de su postura sobre el Islam o la guerra imperialista; atacó, concretamente, símbolos de un modo de vida laico y liberal. Hizo estas cosas porque es lo que combate: Occidente, su gente, sus valores y su modo de vida.

A la hora de formular la respuesta del Reino Unido – con o sin la OTAN – los problemas son grandes- El electorado desconfía de la acciones militares ofensivas. Teme – y con razón, basándose en la evidencia de Irak y Afganistán – que la guerra expedicionaria cree sobre todo caos y deje espacio al conflicto sectario, al yijadismo y la muerte violenta de civiles. Los electorados occidentales no tienen paladar para la clase de aliados que necesitaríamos a fin de reimponer el viejo “orden” en los territorios en los que opera el EI. Bashar El Assad y Recep Tayyip Erdogan no sólo son violadores en serie de los derechos humanos; cada uno de ellos se ha mostrado dispuesto a atacar a quienes combaten al EI: los kurdos y la Resistencia laica.

Pero el mayor desafío aparece si imaginamos a qué se parecería la victoria. El territorio que mantiene el EI en su poder vuelve a ser ocupado por ejércitos que esta vez pueden resistir a los suicidas portadores de bombas, los camiones bomba y los secuestros que desataría un EI derrotado. Mezquitas y madrasas de toda la región quedan despojadas de sus predicadores yijadistas. Se aplica un programa ingente de desarrollo económico centrado en el capital humano – educación, asistencia sanitaria y construcción de instituciones –, así como en la reconstrucción física. Se crean estados no sectarios, democráticos, en Irak y Siria y un estado del Kurdistán independiente que abarque partes de ambos países. Para lograr esto haría falta desencadenar acciones de vigilancia, de policía y militares a una escala que solo podría ser aceptable para los electorados occidentales si se llevase a cabo con unas contención y una rendición de cuentas que no se demostraron en Afganistán e Irak.

La alternativa consiste en desentenderse, contener al EI, lidiar con los refugiados y tratar de ignorar los videos de decapitaciones.

En realidad esta cuestión solo se le plantea verdaderamente a los tres países que tienen poder diplomático y militar para llevar a cabo acciones de importancia: Gran Bretaña, Francia y los EE UU.

Pero esa no es la pregunta principal que el EI planteó el pasado sábado. La cuestión principal es la que John Maynard Keynes lanzó al liderazgo político británico en 1939: ¿a qué se parecerá el mundo cuando ganemos?

Al responder a ello, la población británica y la norteamericana quedaron persuadidas de soportar la guerra total en la lucha contra el nazismo. De modo que la pregunta hoy no es cuántas bombas queremos lanzar sobre el cuartel general de Abu Bakr Al Bagdadi. Es: ¿qué es lo que queremos para la conferencia de paz y a qué se parecerá nuestra sociedad cuando concluya la lucha?

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Las finanzas del Estado Islámico

Mér, 25/11/2015 - 09:11
Alejandro Nadal, La Jornada

La prensa internacional abunda en referencias al poderío económico del Estado Islámico. Se dice que sus finanzas están muy bien alimentadas porque desde hace un par de años controla instalaciones petroleras en el norte de Siria (campos de Al-Furat y Deir Al-Sur). Además, desde hace un año su dominio del norte de Irak incluye yacimientos, pozos y hasta refinerías, en especial en la zona de Mosul, Erbil y Kirkut. Por esa razón se afirma que el Estado Islámico es el grupo terrorista más rico y bien financiado del mundo. Y como ya sabemos, cuando una idea se repite sin cesar en los medios tiende a convertirse en verdad absoluta.

La primera pregunta que surge es sobre la efectividad de los bombardeos aéreos que lleva a cabo la coalición, con Estados Unidos y Francia al frente. Ya se cumplieron más de 12 meses desde que Estados Unidos comenzó sus ataques aéreos. ¿Por qué no ha destruido la infraestructura de extracción, refinación y transporte de crudo y derivados en las zonas que controla el Estado Islámico? Esas instalaciones no son pequeños objetivos de difícil localización y sus coordenadas precisas son bien conocidas. Convertirlas en blancos de un bombardeo sólo requiere introducir esas coordenadas en la computadora de un bombardero o de un misil crucero.

¿Será que los efectivos del Estado Islámico (EI) tienen gran capacidad para reparar las instalaciones petroleras después de un bombardeo? Un equipo de bombeo en un pozo puede ser reparado más o menos rápidamente, siempre y cuando se tengan las refacciones necesarias a la mano. Pero cuando los bombardeos se repiten cada día, reconstituir la capacidad de producción ya no es tan fácil. Los oleoductos son de difícil reparación y en el caso de una refinería habría que reconstruirla desde cero. Finalmente, transportar crudo en camiones proporciona otro blanco fácil de destruir. Lo que se puede escapar representaría una cantidad ínfima de petróleo.

Hay que decir que sí ha habido algunos bombardeos en contra de instalaciones petroleras. Pero son esporádicos y parece más bien tratarse de episodios aislados. La infraestructura petrolera no parece ser el centro de atención de la campaña de bombardeos aéreos.

Recientemente los servicios de inteligencia alemanes dieron a conocer un informe cuya principal conclusión es que los ingresos petroleros del EI han sido fuertemente sobrestimados (www.süddeutschezeitung.de). Se calcula que los campos petroleros en el norte de Siria e Irak bajo control del Estado Islámico tendrían la capacidad de 172 mil barriles diarios, pero su producción se ha desplomado a menos de 28 mil. Los ingresos se habrían colapsado, de unos 3 mil millones de dólares a sólo 100 millones anuales. Y si es cierto que los bombardeos por fin se han concentrado en estas instalaciones, los ingresos petroleros del EI serían mucho menores.

Por todo lo anterior es probable que el financiamiento del EI a través de sus exportaciones de petróleo sea más un mito que una realidad. El dinero que constituye la columna vertebral de las operaciones del EI podría provenir de otras fuentes. Y como los mitos se construyen para ocultar verdades incómodas, quizás a Washington no le conviene que se sepa toda la verdad sobre las finanzas del Estado Islámico.

Un indicio de esto está en las declaraciones del almirante retirado James G. Stavridis (nada menos que comandante supremo de la OTAN entre 2009-2013) sobre la existencia de inversionistas ángeles en países árabes que han canalizado fondos para financiar los operativos que hicieron posible el surgimiento del Estado Islámico. Estos individuos multimillonarios tienen una clara simpatía religiosa y afinidad ideológica con los grupos militantes del Estado Islámico y, además, pueden permitirse el lujo de otorgarles un generoso apoyo financiero.

Según Stavridis la mayor parte de esta fuente de recursos se ubica en Qatar. Pero varios informes indican que personajes en otros emiratos y en Arabia Saudita también han canalizado recursos a través de distintos mecanismos para el Estado Islámico. El subsecretario del Departamento del Tesoro estadunidense para asuntos de terrorismo e inteligencia financiera, David Cohen, señaló en una conferencia que el mismo fenómeno se encuentra en Kuwait y volvió a señalar al mejor aliado de Washington en la región, Arabia Saudita.

Nada de esto debe sorprender. Los orígenes del Estado Islámico y su ideología de intolerancia están en el empleo de la yihad y el wahhabismo como instrumentos de la política exterior de Estados Unidos a partir de 1979. Cuando Saddam Hussein invadió Kuwait, Estados Unidos aprovechó el momento para establecer un complejo de bases militares en Arabia Saudita. En contraposición a las promesas iniciales, Washington mantuvo sus instalaciones después de la primera guerra del Golfo. El impacto sobre la radicalización del movimiento fundamentalista islámico de inspiración wahhabita fue inmediato. La fuente de financiamiento a los grupos más radicales en Siria y ahora en el Estado Islámico no se ha interrumpido.

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¿Hay una nueva derecha en América latina?

Mar, 24/11/2015 - 13:15
Emir Sader, Página 12

En medio a la euforia de toda la derecha latinoamericana con el triunfo de uno de sus dirigentes, Mauricio Macri, se ha intentado proyectar, de nuevo, la idea de que ello abre un nuevo período histórico en la región, marcado por el ascenso de una nueva derecha.

Desde el triunfo de Hugo Chávez, seguido por la irrupción de otros líderes de izquierda en América latina como Lula, Néstor y Cristina Kirchner, Evo Morales, Rafael Correa, Pepe Mujica, que la derecha intenta encontrar candidatos que la renueven. Sebastián Piñera en Chile, Alvaro Uribe en Colombia, Enrique Peña Nieto en México, estuvieron entre esos nombres, además de los candidatos opositores que fueron derrotados en elecciones. Un lugar que ahora pasa a ser ocupado por Mauricio Macri, dado que los tres anteriores han fracasado.

¿Pero la elección argentina proyecta una nueva derecha en América latina?

Hubo una nueva derecha cuando ella asumió la ideología y los proyectos políticos y económicos del neoliberalismo. Agotado el período histórico marcado por el desarrollismo, la respuesta neoliberal aparecía como una alternativa. A la crisis del socialismo y del Estado de Bienestar Social se respondía con la crítica del Estado, con la exaltación de la centralidad del mercado y de las empresas privadas. Así la derecha, por primera vez, pretendía aparecer como lo moderno, lo nuevo, tildando a la izquierda como lo jurásico.

Esa fue una renovación de la derecha, cuyos protagonistas fueron Carlos Menem, Fernando Henrique Cardoso, Alberto Fujimori, Carlos Andrés Pérez y Carlos Salinas de Gortari, entre otros.

Ahora la situación es distinta. El propio modelo del empresario de éxito, que debiera ser el mejor administrador del Estado, personificado en Piñera, ha fracasado. El no tenía nada de nuevo que proponer, más que el retorno al modelo neoliberal puro y duro. Lo mismo ha pasado con los otros candidatos a renovar a la derecha.

Las propuestas de los candidatos opositores a los gobiernos progresistas en Uruguay, en Brasil, en Venezuela, en Bolivia, en Ecuador, reposan siempre en políticas neoliberales. Conscientes del apoyo popular a las políticas sociales prometen mantenerlas pero en el marco de políticas económicas neoliberales, una convivencia imposible. Para esas políticas la prioridad son los ajustes fiscales, en desmedro de los recursos para las políticas sociales. Como nunca habían ganado elecciones, los candidatos de la derecha no tuvieron que pasar por la prueba de la realidad.

La elección de Macri para presidente de Argentina es la primera oportunidad que la derecha tiene para probar que puede compatibilizar políticas económicas neoliberales con el mantenimiento de las políticas sociales desarrolladas en los últimos doce años en Argentina, que él, en la fase final de la campaña electoral, se comprometió a mantener.

En el caso de que lo logre, contra toda lógica económica y social, tendremos una nueva derecha, que no solo promete mantener las políticas sociales en el marco del modelo neoliberal sino que lo hace en la práctica. Caso contrario –como se puede prever–, prevalecerá la lógica económica de los ajustes y las políticas sociales –consideradas como costo, como gasto de recursos– serán postergadas, como una amenaza al equilibrio de las cuentas públicas.

Hasta ahora todos los intentos de renovación de la derecha latinoamericana han chocado con el modelo neoliberal, un marco del cual no ha salido ninguno de los nuevos gobernantes y, por ello, han fracasado.

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Macri eliminará el impuesto a la ganancia el primer día de gobierno

Mar, 24/11/2015 - 09:01
Stella Calloni, Buenos Aires.

En su primera conferencia de prensa después de su reñido triunfo por sólo 2.8 por ciento de los votos, el presidente electo de Argentina, el derechista Mauricio Macri, evitó este lunes dar precisiones sobre su programa económico, aunque ratificó medidas que tomará en su primer día de gobierno, el próximo 10 de diciembre, como la eliminación del impuesto a la ganancia, y reiteró que impondrá un tipo de cambio único.

Anunció una emergencia de seguridad, y anticipó que no habrá un ministro de Economía, sino un gabinete económico de seis integrantes, al solicitar paciencia ante las consultas sobre el valor del dólar, el cepo (tope) cambiario o la relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

No respondió cómo enfocará el embate de los fondos buitres contra Argentina, a los que en otro momento dijo que había que pagarles, a pesar de que éstos se negaron a la restructuración de la deuda que aceptaron 93 por ciento de los acreedores.

Impactó su decisión de avanzar en los acuerdos con la Unión Europea y converger hacia la Alianza del Pacífico impulsada por Estados Unidos. En el contexto de la integración latinoamericana, se analiza la Alianza del Pacífico como el intento de Washington para afectar la unidad lograda en la región.

Macri informó sobre diálogos mantenidos con los presidentes de Uruguay, Tabaré Vázquez, y de Chile, Michelle Bachelet, y dijo que deseaba realizar su primera visita oficial al que considera el mayor socio: Brasil. Horas más tarde se conoció la invitación de Dilma Rousseff.

Por otra parte, Macri sostuvo que derogará el memorando de entendimiento con Irán en el tema del atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), y ratificó que solicitará que se imponga la cláusula democrática a Venezuela por la persecución de opositores y la libertad de expresión, en la primera reunión del Mercado Común del Sur (Mercosur) a la que asista como mandatario, en diciembre próximo.

Consideró que las denuncias sobre esa situación son claras y contundentes, especialmente por haber escuchado a Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López, el líder opositor condenado a 16 años de prisión por los sucesos golpistas que encabezó en 2014 y que dejaron 43 muertos y 800 heridos.

Hubo reacciones por el tema de Venezuela, tanto de rechazo desde ese país como del canciller uruguayo, Rodolfo Nin Novoa, quien consideró que no existía una razón válida para aplicar la cláusula democrática. Venezuela está lejos de sufrir una alteración en el orden democrático, explicó Nin Novoa, al instar a ver cómo se resuelven las elecciones del próximo 6 de diciembre.

La cláusula democrática se puede imponer a uno de los estados miembros cuando ocurre una alteración del orden democrático, como un golpe de Estado, aplicando una suspensión, como sucedió en Paraguay en junio de 2012, cuando fue derrocado el entonces presidente Fernando Lugo en un golpe institucional.

Así quedó establecido en el Protocolo de Ushuaia (1998), y sólo puede aplicarse si existe un consenso entre los integrantes del bloque. En 2011 se amplió la normativa que establece medidas más severas.

En tanto, se dio la primera e importante baja en la alianza Cambiemos. El titular de la Unión Cívica Radical (UCR), Ernesto Sanz, artífice de la alianza Cambiemos, a quien Macri ofreció el Ministerio de Justicia, anunció, mediante una carta pública, que dará un paso al costado y comenzará una nueva etapa alejado de la política.

No voy a ocupar ningún cargo ni en el gobierno ni en mi partido, dijo Sanz, quien confió en que Macri será catalizador de un cambio positivo y llamó al radicalismo a sentirse protagonista en esta hora especial.

Como un hecho colateral en el triunfo de Macri, el editorial publicado este lunes por el conservador diario La Nación, titulado No más venganza, criticó duramente los juicios que se realizan contra los responsables de delitos de lesa humanidad durante la pasada dictadura militar (1976-1983) y exigió al gobierno electo que libere a los militares condenados.

El editorial, que impactó negativamente en la sociedad, sostiene que el triunfo de Macri es momento propicio para terminar con las mentiras sobre los años 70 y pide poner las cosas en su lugar.

Señala que un día después de que la ciudadanía votó por un nuevo gobierno, las ansias de venganza deben quedar sepultadas de una vez para siempre, y afirma que los trágicos hechos de la década de los 70 han sido tamizados por la izquierda ideológicamente comprometida con los grupos terroristas.

Asimismo, se refiere al vergonzoso padecimiento de condenados, procesados e incluso de sospechosos de la comisión de delitos perpetrados durante los años de la represión subversiva y que se hallan en cárceles a pesar de su ancianidad, y califica a esa situación de verdadera vergüenza nacional.

Las reacciones no tardaron en llegar desde políticos, artistas, organismos humanitarios, personalidades, incluso periodistas del mismo diario que realizaron en la tarde una asamblea en las instalaciones del medio en repudio el editorial y también protestaron en las redes sociales.

El premio Nobel de La Paz 1980, Adolfo Pérez Esquivel, escribió una carta pública al director de La Nación, Bartolomé Mitre, considerando que el editorial es una ofensa al pueblo argentino, a su memoria y a las víctimas del terrorismo de Estado. Ningún organismo de derechos humanos ni familiares busca venganza, sí, el derecho de verdad y justicia frente a los crímenes cometidos de lesa humanidad que deben ser juzgados, que Ud. no puede ignorar, no prescriben en el tiempo.

También menciona que a 40 años de la imposición del terrorismo de Estado mediante la Doctrina de Seguridad Nacional aplicada en todo el continente, que significó políticas de exterminio a los pueblos, desaparición de personas, de niños, torturas, cárceles y que en muchos casos hasta el día de hoy se desconoce qué pasó con las víctimas, es necesaria la justicia. Además de destacar la política de derechos humanos en Argentina, que es reconocida en todo el mundo, advirtió que los que siempre lucharon por los derechos humanos vamos a seguir defendiéndolos siempre junto al pueblo y frente a cualquier gobierno.

Una avalancha de cartas y rechazos demostró el impacto del editorial, del que incluso debió hablar Macri en su primera conferencia de prensa cuando le preguntaron qué pensaba de esta situación y si se iba a acabar con los juicios, a lo que el presidente electo respondió escuetamente: los juicios seguirán.
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Tomado de La JornadaUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Otorgarán dos mil millones de euros a Grecia en tercer rescate financiero

Mar, 24/11/2015 - 07:30


La eurozona dio ayer luz verde al desembolso de 2.000 millones de euros a Grecia de su tercer rescate, después de que Atenas y sus socios lograran un acuerdo sobre cuestiones como la reforma de la gobernanza del sector financiero, los créditos morosos y la protección ante desahucios. La Junta de Directores del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) -formada por los número dos de los ministros de Economía y Finanzas de la zona del euro- autorizó el desembolso para Grecia, después de que el país haya cumplido con las medidas exigidas.

En cambio, otros 10.000 millones de euros del rescate que se destinarán a la recapitalización de la banca helena no han sido desembolsados, debido a que la decisión se ha retrasado para efectuar algunos cambios en los términos de la operación. Las recientes pruebas de resistencia efectuadas a la banca griega han arrojado unas necesidades adicionales de capital de entre 4.000 millones en el escenario base y 14.400 millones de euros en el adverso en las cuatro principales entidades financieras del país.

Para que se haya efectuado el pago de 2.000 millones, fue necesario que el Gobierno liderado por Alexis Tsipras y sus socios llegaran a un acuerdo sobre el cumplimiento de las medidas exigidas al país para lograr los fondos. El consenso incluye medidas sobre los precios de los medicamentos genéricos, así como sobre la legislación del Fondo de Estabilidad Financiera del Estado Helénico (HFSF) para garantizar mejoras en la gobernanza del sector financiero y en legislaciones. También cuenta con una estrategia para hacer frente a los créditos morosos y la protección de las primeras viviendas.

Este último punto es especialmente delicado para el Gobierno griego, que finalmente aceptó un modelo que solo ofrece protección absoluta del desahucio a los propietarios de vivienda con los ingresos más bajos, que constituyen en torno al 25% de la cartera total de hipotecas morosas. Con todo, el modelo de acuerdo alcanzado logrará proteger del desahucio al 60% de las hipotecas, mientras que el objetivo inicial del Gobierno era el 72%.

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El Estado Islámico, sus orígenes y su financiación (video)

Mar, 24/11/2015 - 07:11


Ver El Estado Islámico y su lucrativo negocio del TerrorUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Los muchos Brasiles que hoy implosionan

Lun, 23/11/2015 - 13:11
Immanuel Wallerstein, La Jornada

Brasil es una potencia mundial importante –en términos de tamaño, población e influencia. No obstante, de muchas maneras es una combinación de tan diferentes y contradictorias facetas que es difícil para cualquiera, incluidos los mismos brasileños, saber cómo definir las características de Brasil como nación y fuerza en el sistema-mundo.

En la actualidad el rostro más importante de Brasil es el Brasil de Lula (Luiz Inácio Lula da Silva) y su partido, el Partido dos Trabalhadores (PT). Después de tres infructuosas carreras por la presidencia, Lula finalmente ganó en 2002. La elección de un líder sindical de orígenes humildes como presidente representó, cuando menos, la penetración social de una persona y un partido que desafiaron las jerarquías sociales incrustadas en el sistema político.

Lula y el PT prometieron básicamente dos cosas. La primera fue elevar de un modo significativo el ingreso real de los sectores más pobres del país. Y logró hacer esto mediante su programa de Fome Zero (Hambre Cero). Éste se conformó por un complejo de programas federales de asistencia destinados a la eliminación del hambre en Brasil. Incluyó notablemente la Bolsa Família (Bolsa de la Familia), así como acceso a crédito y a aumentos en el salario mínimo.

La segunda promesa fue rechazar las políticas neoliberales de sus predecesores y el cumplimiento de los compromisos de los gobiernos al Fondo Monetario Internacional.

Casi de inmediato, Lula cambió su posición. Nombró como ministro de Finanzas y como presidente del Banco Central a dos personas comprometidas precisamente con las políticas neoliberales y particularmente con la promesa hecha al FMI de mantener un cierto excedente primario de ingresos, que es la porción de los ingresos gubernamentales que no se gasta. Este tipo de política macroeconómica reduce los fondos disponibles para inversiones sociales. Su alardeada virtud es la de estabilizar los gobiernos y evitar la inflación. El FMI exigió de Brasil que mantuviera un excedente de 4.25 por ciento. En la presidencia de Lula, el excedente creció más que nunca a 4.5 por ciento.

Las políticas mixtas de Lula existían dentro de la particular cultura política de Brasil, país con gran número de partidos políticos, ninguno de los cuales excede de la cuarta parte de los escaños en el Parlamento. La cultura política de Brasil hace casi normal que los individuos y aun partidos completos den virajes en sus alianzas con gran frecuencia. Meramente buscan poder e ingresos. Una de las formas en que Lula y su partido se mantuvieron en la cumbre fue el mensalao (las mensualidades pagadas a los miembros de la legislatura. Es probable que el nivel de corrupción de Brasil no sea realmente mayor que el de la mayoría de otros países, pero los rápidos virajes en las alianzas legislativas han hecho esto mucho más visible.

Luego está el Brasil como fuerza geopolítica, el Brasil del BRICS –grupo de cinco economías llamadas emergentes (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), cuya fortaleza se basa en elevar los precios mundiales de las mercancías de exportación básicas. De pronto hubo nueva riqueza en Brasil (como en otros países del BRICS), hasta que colapsó el precio de esas mercancías básicas. Hoy parecería que, económicamente, así como les llegó fácil, así se fue.

Sin embargo, BRICS fue más un intento por incrementar la acumulación de capital. Fueron un intento por afirmar su fortaleza geopolítica. Aquí también hubo inconsistencias. Por un lado, Brasil se volvió la principal fuerza en intentar (en la primera década del siglo XXI) construir una unidad de América Latina y el Caribe independiente de Estados Unidos y de las estructuras que éste ha construido para controlar América Latina. Éste fue el Brasil que encabezó la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), y de alojar ahí a países tan disparados políticamente como la Venezuela de Hugo Chávez y la Colombia de Juan Manuel Santos.

El Brasil que fue campeón de la autonomía de América Latina fue también el Brasil que buscó imponerse de muchos modos a sus vecinos, notablemente a Argentina. Fue también el Brasil que deseó crear un grupo lusófono que sirviera a sus intereses económicos. Fue también el Brasil cuyos vínculos más cercanos con China (a través de BRICS) no se situaban en una estructura de iguales geopolíticos.

Hoy todos esos diferentes Brasiles se mueven hacia implosiones internas. La sucesora de Lula como presidenta, Dilma Rousseff, ha tenido un catastrófico descenso en popularidad durante el año anterior. Lula mismo perdió algo de su postura, alguna vez intocable. El régimen está siendo amenazado por un enjuiciamiento a Rousseff. Hay rumores de que el ejército está considerando un golpe de Estado. La negación de tal posibilidad por parte del jefe de las fuerzas armadas parece en sí misma una cuasiconfirmación de tal rumor.

Sin embargo, no hay una clara alternativa, lo que hace del enjuiciamiento y del golpe militar algo poco probable. Decir que hay muchos Brasiles es decir algo que puede decirse de muchos países, tal vez de casi todos. Pero de alguna forma eso parece más así en Brasil. Valiente será aquel analista que prediga el Brasil de 2016 o 2017. Pero aunque los detalles exactos sean impredecibles, las fuerzas de Brasil pueden continuar haciendo de Brasil un locus clave del poder mundial.

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Fin de la libertad de movimiento en Europa

Lun, 23/11/2015 - 09:11
Matthew Lynn, El Economista

¿Cuántos atentados hacen falta para que cambie el debate político? ¿Uno, dos, quizá tres? Por lo visto, dos grandes catástrofes es la respuesta correcta. Tras los horribles atentados terroristas del Estado Islámico el pasado 13 de noviembre en París, parece que casi todos los europeos, con bastante razón, han decidido endurecer las medidas contra el terrorismo.

Y eso tendrá una serie de consecuencias, desde un gasto más elevado en defensa y seguridad hasta una mayor disposición a ayudar a la gran coalición occidental en el control de los estados caídos de Oriente Medio o cualquier otro sitio. Lo más obvio, eso sí, será el cierre de las fronteras de Europa y la restricción paulatina de la libre circulación de trabajadores. Ya ha empezado de forma extraoficial y no puede tardar mucho hasta que se restrinja legalmente también.

Terminar con la libre circulación de personas conllevará un enorme impacto económico: restará movilidad a los mercados de trabajo, afectará a las empresas que dependen de mucha mano de obra barata y dificultará todavía más que la moneda única sea un éxito. En contra, tal vez ayude a los países exportadores netos de mano de obra, aunque los beneficios serán marginales.

Hará falta tiempo para digerir las causas de los atentados de París y dilucidar la forma más práctica de asegurar que estas atrocidades no se repitan pero un punto está claro. Ninguna sociedad puede tolerar una matanza indiscriminada en las calles de su capital y ningún sistema político incapaz de garantizar ese nivel de seguridad básica a sus ciudadanos puede sobrevivir.

Se puede aguantar algún que otro atentado esporádico pero los ataques periódicos que está sufriendo París son intolerables. Ni el Gobierno francés ni la Unión Europea han establecido la seguridad como una prioridad desde hace una generación entera, al final de la Guerra Fría. Se han centrado en la política económica y social. Ahora tendrán que fijarse en que las calles vuelvan a ser seguras por encima de todo. La libre circulación de personas entre las fronteras de Europa no es, por supuesto, la causa de los atentados, pero está claro que al menos algunos de los terroristas llegaron a Europa en la gran ola de inmigración procedente de Oriente Medio este verano. Otros cruzaron fácilmente a Francia desde Bélgica y otros podrían haberlo hecho desde otros países europeos.

Inmediatamente después del atentado, Francia cerró sus fronteras para intentar garantizar la situación. En silencio, otros países empiezan a hacer lo mismo. Dinamarca, Suecia, Alemania y Austria han restablecido los controles fronterizos temporalmente para asimilar el flujo de inmigrantes. ¿Se levantarán esos controles después? Ahora mismo parece improbable. La líder extremista francesa Marine Le Pen ya ha pedido la reimposición de los controles fronterizos. Es improbable que otros líderes políticos se queden detrás. El mayor logro de la Unión Europea es la libre circulación de personas entre sus fronteras. Los ciudadanos de un país de la UE tienen derecho a vivir y asentarse en cualquier otro. Y en la zona más pequeña que abarca el Acuerdo de Schengen, ni siquiera hace falta enseñar el pasaporte para cruzar la frontera.

Sin embargo, la presión simultánea de la migración masiva y el terrorismo lo hará insostenible. Schengen desaparece deprisa y el libre movimiento le seguirá los pasos. En lo que coinciden los expertos en seguridad es que va a ser muy pero que muy difícil luchar contra el terrorismo si no se pueden controlar las fronteras y esas son las voces que se van a oír. ¿Cuál será el impacto económico de la reemergencia gradual de los controles fronterizos en Europa? He aquí cuatro tendencias para estar pendientes.

Primero, los mercados laborales perderán mucha movilidad. Una de las mejores políticas que ha emanado de la UE ha sido la capacidad de las personas para trabajar allá donde sus capacidades están más demandadas. Como en cualquier intercambio comercial, eso enriquece a todos. Los trabajadores cobran sueldos más altos, o de lo contrario no habrían emigrado. Si eso se acaba, los mercados de trabajo serán más nacionales y, con el tiempo, las economías se volverán más insulares.

Segundo, el trabajo se encarecerá. Las grandes empresas en particular se han beneficiado mucho de la ausencia de obstáculos al movimiento de la mano de obra. ¿Que no le gusta el coste de los trabajadores en Lyon o en Hamburgo? Contrate a otros más baratos de Portugal o Grecia. Si eso se acaba, los trabajadores costarán más, subirán los precios y las empresas serán mucho menos rentables.

Tercero, el euro se sumirá en problemas aun mayores. Uno de los argumentos del lanzamiento del euro fue si tenía la suficiente flexibilidad del mercado laboral para que funcionara. El dólar de Estados Unidos funciona en todo un continente porque las personas pueden mudarse de Nueva York a Nueva Jersey o a Texas si hace falta. Siempre estuvo la duda de si se podría hacer lo mismo en una escala idéntica en Europa. Ahora podemos olvidarnos. Y por eso el euro está en todavía más apuros que antes.

Cuarto, Europa oriental se beneficiará. Las economías de Hungría, la República Checa y sobre todo Polonia han crecido de impresión en esta última década y se han puesto enseguida a la altura de casi todo occidente. Y eso pese a que todas han padecido la fuga de muchos de sus jóvenes más brillantes y trabajadores. Solo Gran Bretaña podría tener unos 679.000 polacos trabajando en el país, casi tantos como Cracovia. Si más personas se quedan en casa y prosiguen sus carreras allí, estas economías recibirán un empujón.

En realidad, restablecer los controles fronterizos, como cualquier otra restricción de movimiento de bienes, personas o capitales, hará a todos más pobres. Las grandes empresas probablemente hagan campaña en contra, ¿y qué más da? Si los países ganan en seguridad, es un precio que las personas estarán dispuestas a pagar? y el proceso no ha hecho más que empezar.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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