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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger5396125
Actualizado: fai 8 horas 52 min

Pánico por el pánico: Rusia y el sistema mundo hoy

Dom, 08/02/2015 - 17:03
Immanuel Wallerstein, La Jornada

Visitar Rusia, lo que hice recientemente, es una extraña experiencia para alguien que venga del Norte Global. Como sabemos, la mayoría de los rusos tiene una lectura totalmente diferente de la historia reciente del mundo de la que tiene la mayoría de las personas en ese Norte Global. Además, sin embargo, se preocupan por cosas diferentes de las que los visitantes esperarían que se preocupen.

El único supuesto común que trasciende estas diferencias es el hecho de que la ocurrencia de una abrupta caída en los precios del petróleo y el gas, combinada con el embargo impuesto por algunos países sobre Rusia, ha creado un estrangulamiento económico sobre los gastos públicos de Rusia y sobre el consumo individual.

En Rusia hoy, casi todos a lo ancho del espectro político consideran que Occidente, y Estados Unidos en particular, ha conspirado con algunos otros –principalmente Arabia Saudita e Israel– para castigar a Rusia por sus acciones y supuestas fechorías al emprender lo que los rusos consideran como legítima defensa de sus intereses nacionales. El debate se centra primordialmente en Ucrania, pero incluye también, en menor grado, a Siria e Irán. La teoría de la conspiración es probablemente un tanto exagerada, ya que Estados Unidos comenzó a desarrollar su petróleo de esquistos (un importante factor del sobre abasto mundial de hoy) alrededor de 1973, en respuesta al aumento en el precio que promovió la OPEP.

No obstante, en Rusia nadie oye gran discusión de estos asuntos de política exterior. Esto se debe, probablemente, a que no hay demasiado disenso al interior del país respecto de las posiciones oficiales rusas de política exterior, ni siquiera de personas o grupos muy críticos al presidente Putin en otros asuntos. En cambio, lo que uno oye discutir es cuál es la mejor manera de manejar el agudo déficit presupuestario que enfrenta el Estado ruso.

Hay tres posiciones básicas. Una es reducir significativamente los gastos del Estado. Podríamos decir que ésta es la opción neoliberal. Es promovida por el ministro de Finanzas. La segunda es utilizar las reservas aún disponibles para el Estado ruso, con lo que se minimizaría la necesidad de reducir los gastos en lo inmediato. Podríamos decir que ésta es la opción socialdemócrata. Es promovida por el ministro de Desarrollo Económico. La tercera es utilizar uno de los dos paquetes de reservas, pero no ambos. Podríamos decir que ésta es la opción intermedia. Esto garantizaría estabilidad para 18 meses, probablemente, y se basa en la esperanza de que, de algún modo, el precio del petróleo y el gas comience a subir de nuevo para entonces y/o que las sanciones sean anuladas o que en gran medida se les pueda dar la vuelta.

Lo notable es que las tres posiciones fueron promovidas dentro del relativamente pequeño círculo de personas que toman decisiones y que rodea al presidente Putin. Hasta ahora parece que Putin mismo favorece la opción intermedia. Lo que también es notable es que este debate sea casi público. Por lo menos esto no es secreto para ningún ruso que siga las declaraciones públicas de los protagonistas, así como las filtraciones a la prensa –que son más diversas de lo que los comentaristas en Occidente sugieren normalmente.

Sin embargo, existe un peligro acechando, ocasionado por este debate casi público. Y el peligro es que los hombres de negocios rusos, los bancos, y el público en general (particularmente las personas más acaudaladas), entren en pánico, pensando que prevalecerá una opción que temen y entonces, en consecuencia, realicen vastos retiros de recursos que conduzcan a una prisa por ir a los bancos, y a una inflación importante. Si ocurre un pánico de este tipo, entonces ninguna de las opciones podrá funcionar para habilitar al Estado a que sobreviva al estrangulamiento financiero.

Hubo así una gran difusión del discurso que diera el primer ministro Dimitri Medvedev en el Foro Gaidar, el 14 de enero. Medvedev anunció que el Estado iba a emprender la opción intermedia. Le pidió a todo mundo que respaldara esta opción, precisamente para apagar cualquier posibilidad de pánico. Y de hecho terminó su discurso citando la famosa frase del presidente Franklin Roosevelt en 1933: Lo único que debemos temer es al temor mismo. Medvedev afirmó que el gobierno ruso no tiene miedo.

¿Pero será suficiente un discurso para garantizar que no habrá pánico? Porque el discurso de Medvedev no contuvo totalmente el pánico. El debate en torno al pronunciamiento del primer ministro reveló que muchas personas y muchos grupos no están persuadidos de que no vaya a haber pánico. Eso es lo que yo llamo un pánico por el pánico.

El modo en que Putin contiene este pánico por el pánico es emprender lo que él considera una política exterior fuerte, clara y medida con sumo cuidado. La decisión de reemplazar el Flujo del Sur o South Stream (el sistema de ductos de gas y petróleo que va del mar Negro en Rusia a Bulgaria, y que Bulgaria ya no permitirá debido a las sanciones) con un Turkish Stream (diferente sistema de ductos que va del mar Negro en Rusia a Turquía) es un primer paso de esa política exterior. Ambos ductos dañarían a Ucrania, al no enviar el petróleo y el gas de Rusia vía Ucrania, por lo que se eliminarían las cuotas de tránsito por dicho país. No obstante, se intenta también que el Turkish Stream contrarreste el efecto de las sanciones (que condujeron a Bulgaria a cambiar su postura), al tiempo que recompense a Turquía, que cada vez es más un aliado de Rusia.

Un segundo paso ha sido la decisión de entrar en acuerdos con China y otros países para involucrarse en transacciones monetarias en sus propias divisas, con lo que evitarían las fluctuaciones del dólar. Uno de los proyectos resultantes sería un ducto que cruzara Siberia hacia el noreste de Asia, financiado en gran medida por China. Esta es una forma de darle la vuelta a las sanciones.

Un tercer paso ha sido el anuncio, apenas ocurrido, de que se le transferirá a Irán el sistema de defensa aérea con misiles conocido como S-300. Algo largamente prometido, Rusia había cancelado el arreglo en 2010 como resultado de las presiones provenientes de Occidente. Rusia va ahora a cumplir su promesa inicial. Esto sirve para reforzar el respaldo de Rusia a la inclusión de Irán en los procesos de toma de decisiones de Asia occidental. Esto le pone presión a Estados Unidos, y al mismo tiempo ayuda contener el intento de Arabia Saudita de seguir siendo el Estado árabe sunni clave. Ya ahora, con la asunción del rey Salman, la prensa está plagada de discusiones en torno a la fragilidad de la posición saudí.

Finalmente, en Ucrania, los rusos emprenden una política cuidadosa. Pese a no tener bajo control total a los autonomistas de Donetsk-Luhansk, Rusia, no obstante, se está asegurando de que los autonomistas no puedan ser eliminados militarmente. El precio ruso de una paz verdadera es un compromiso de la OTAN de que Ucrania no sea un miembro potencial. En torno a esto hay diferentes posturas dentro de la OTAN. Cada quien está jugando juegos de alto riesgo en Ucrania. Mi suposición, y es en gran medida un mero supuesto, es que la prudencia prevalecerá y se alcanzará un acuerdo político. Yo diría, observemos a Angela Merkel después de las elecciones. Ella (y Alemania) quiere hacer un trato, pero todavía no está libre para hacerlo.

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James Galbraith: La esperanza griega

Dom, 08/02/2015 - 14:00
James K. Galbraith, Sin Permiso

Hace 54 años, en su discurso inaugural como presidente, el presidente John F. Kennedy declaró: "No negociemos nunca partiendo del miedo. Pero no tengamos nunca miedo de negociar". No eran las frases más elevadas de aquel breve discurso, pero estaban entre las más importantes. Pues le mostraban a la Unión Soviética, de forma deliberada e inequívoca, que podría concluirse la Guerra Fría sin llegar a una conflagración y que el mundo no tiene que vivir siempre entre bravuconerías y amenazas ni bajo la sombra de la guerra nuclear.

Hoy se enfrenta Europa a negociaciones sobre la deuda y la depresión. Por un lado estará el joven gobierno de Grecia. Del otro, los poderes financieros de Europa y del mundo. Hoy, como entonces, no puede esquivarse la cuestión del miedo.

Los poderes europeos se guardan tres bazas para cuando empiecen las negociaciones. En primer lugar, Grecia tiene deudas que vencen este año y que no puede pagar. En segundo lugar, los bancos griegos dependen de la provisión urgente de liquidez del Banco Central Europeo, que se les podría retirar. En tercer lugar, la flexibilización cuantitativa le otorga al BCE una manera nueva de aislar al resto de Europa de las agonías de Grecia. Si Europa quisiera, estas bazas pueden utilizarse para aplicar una política de amenazas, con el fin de mantener la austeridad, los desahucios y la penuria de Grecia.

Se huelen las amenazas. El diario The Daily Telegraph resumió la reunión de ministros de finanzas de la UE el 26 de enero: "La eurozona ha descartado el perdón de la deuda a Grecia y ha advertido de que su nuevo gobierno de coalición antiausteridad debe cumplir todos los acuerdos del pasado…" El portavoz del gobierno alemán, Steffen Seibert, declaró ante los oligarcas de Davos que Grecia debe "tomar medidas para que continúe la recuperación económica". Y eso significa "respetar sus compromisos anteriores y que el nuevo gobierno quede vinculado por los logros de la reforma". O, como dijo el ministro alemán de Finanzas en diciembre pasado: "Unas nuevas elecciones no cambian nada".

Para los griegos, estos comentarios deben de ser una broma cruel: ¿Qué recuperación económica? ¿Qué logros? Si las elecciones no cambian nada, ¿para qué molestarse en celebrarlas? Y, por supuesto, la premisa de que han de "respetar sus compromisos anteriores" no es más que terquedad dogmática. Lo que Syriza puso de manifiesto, sobre todo, es lo incontestable de que tienen que cambiar esas fracasadas medidas políticas. El primer ministro británico, David Cameron, resumió el punto de vista griego con velada ironía británica: "Lo que las elecciones griegas mostrarán también es que hay algunas señales de aviso en la economía global, eurozona incluida". Bueno, sí. Cuando fracasan las medidas políticas, entra en declive la economía. Los griegos no son los únicos en contemplar al fracaso delante de sus ojos. Tal como informaba el Telegraph, hay dos cuestiones: los acuerdos y la deuda. Respecto a la primera, Grecia propone hoy recuperar el rumbo de su destino. Se ha probado el experimento de control de la Troika. Y conocemos los resultados. Se promulgarán nuevas medidas políticas destinadas a ayudar a los indigentes y a los más vulnerables, a estabilizar la economía y a fomentar la recuperación. El pasado historial de Grecia no es bueno, eso no lo discute nadie. Pero el severo diktat que vino a continuación ha sido un desastre.

La cuestión detrás de la quita es solo parcialmente una cuestión de recursos. La alternativa de "prolongar y fingir" resulta, al fin y al cabo, una forma de transferencia fiscal. El problema estriba en que la práctica amontona deuda sobre deuda, y esta es la palanca que mantiene al país tutelado, siempre en situación de mendigar. Una quita es el medio de volver a la autonomía de la política. La forma y las condiciones precisas son, en parte, aquello de lo que trata la negociación.

Unas conversaciones con pronta fecha límite, coacción y ultimatums probablemente significaría que Europa ha tomado la decisión de impedir un debate real y dinamitar las conversaciones desde un principio. Si la decisión es ésa, entonces el peso de la Historia caerá sobre quienes la tomaron, incluyendo el caos que pueda derivarse de ello.

¿Qué capacidad de maniobra tiene Grecia? Evidentemente, no mucha; las armas pesadas están del otro lado. Pero hay algo. El primer ministro Tsipras y su equipo pueden presentar su defensa de la razón sin amenazas de ninguna clase. En ese caso, el gesto correcto y moral por la otra parte consistiría en desechar sus tres bazas y, por encima de todo, dejar espacio fiscal y garantizar la estabilidad financiera griega mientras se llevan a cabo las conversaciones.

Si es esto lo que ocurre, pueden seguir adelante las negociaciones formales. Sobre esta cuestión, los comentarios de la canciller Merkel han sido de lo más suaves. Posiblemente entienda que las opciones determinarán – muy pronto – el futuro de Europa.

En esta situación valen las dos partes del pronunciamiento de Kennedy, bosquejado, por cierto, para él por mi padre. No se debe forzar a que Grecia negocie con miedo. Y Europa, por su parte, no debe tener miedo a negociar, con tranquilidad, sin bravatas ni amenazas, de buena fe.

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Los tiburones de Wall Street

Dom, 08/02/2015 - 07:01
Alejandro Nadal, La Jornada

En su intento por mitigar los efectos de la crisis financiera mundial, la Reserva Federal adoptó una postura de flexibilización monetaria desde 2008. Mantuvo tasas de interés cercanas a cero y abrió un programa de compras de títulos del Tesoro estadunidense para inyectar liquidez al sistema bancario y permitir el flujo de crédito a la economía. La realidad es que la inyección de liquidez mantuvo vivo el sistema de pagos interbancario, pero esos recursos nunca encontraron el camino del crédito a los consumidores y empresas. En cambio sí sirvieron para apuntalar una mayor actividad especulativa de los bancos y otros agentes financieros.

La política de mantener la tasa de interés de referencia en niveles cercanos a cero tuvo como propósito inflar los precios de los activos financieros y generar un espejismo de bienestar de la economía de Estados Unidos. La lógica de la Fed bajo la presidencia de Ben Bernanke era sencilla. Al mantener una política de tasas de interés cercanas a cero, el banco central buscó orientar a los inversionistas hacia espacios más rentables, en especial hacia los títulos financieros que se cotizan en la bolsa de valores. Ese movimiento provocaría un aumento en los precios de esos activos financieros y acciones. A su vez, ese incremento de precios generaría un efecto riqueza (o por lo menos la impresión de un efecto riqueza) en los participantes del mercado de valores. El aumento en los precios de acciones y otros títulos daría mayor confianza a los empresarios y la inversión aumentaría. Además, ese efecto riqueza induciría un incremento en el gasto de los consumidores porque aún los que no poseen títulos financieros percibirían a los aumentos del índice de cotizaciones en bolsa como señal de que los buenos tiempos están regresando. La demanda agregada se vería estimulada, la inversión le seguiría y la recesión quedaría atrás.

Pero la postura de la Reserva Federal tiene un gran problema: consiste en fomentar la especulación y no la inversión en la economía real. Para comprobar lo anterior hay muchos ejemplos, Uno de los más interesantes es el de las transacciones de alta velocidad. Esta modalidad del mercado financiero se lleva a cabo de manera automática por computadoras que compran y venden títulos o divisas, cobrando una muy pequeña comisión en cada transacción. Como el volumen de operaciones es gigantesco, las ganancias son enormes.

En el mercado financiero mundial, pero en especial entre Nueva York y Londres, una buena computadora y un programa adecuado pueden darle a un especulador una milésima de segundo de delantera frente al resto de la manada. Esa ventaja puede ser suficiente para generar un margen de unos cuantos centavos, pero si la operación se realiza millones de veces al día, las ganancias alcanzarán las decenas de millones. Por eso no sorprende que del total de transacciones en Wall Street hoy en día, alrededor del 60 por ciento constituyen operaciones de alta frecuencia o alta velocidad. Hasta cierto punto todo esto es normal, pues la especulación es la actividad principal en un casino, y en eso se ha convertido desde hace mucho el sistema financiero mundial.

El problema adicional es que las transacciones de alta frecuencia son un poderoso elemento desestabilizador. Cuando unos milisegundos de ventaja representan cientos de millones de dólares de ganancias, la carrera se gana con sistemas automáticos de gran velocidad. Por ello hoy las empresas más llamativas en Wall Street producen algoritmos que permiten identificar oportunidades especulativas a mayor velocidad. Pero esos algoritmos también son capaces de conducir un mercado financiero en un vuelo en picada cuando la especulación ordena vender activos en una estampida. Las computadoras y sus programadores son tan racionales como cualquier especulador de carne y hueso: cuando hay fuego, la carrera hacia la puerta de salida es lo más racional. Pero también es lo más catastrófico.

En 2010 se realizaron cuantiosas inversiones en infraestructura para transacciones financieras: se trata de poderosos servidores que procesan dichas operaciones y los cables de fibra óptica que constituyen la red mundial del sistema financiero. Estamos hablando de dos mil millones de dólares, sin contar el nuevo cable transatlántico que conecta Nueva York y Londres y que ha reducido en unas cuantas centésimas de segundo el lapso entre la recepción o envío de una orden de compraventa.

Pero los tiburones han demostrado tener cierto gusto por morder los cables de fibra óptica. Estos depredadores han llegado a arrancar pedazos de cable, provocando daños cuya reparación es muy costosa. Por supuesto, a los operadores en Wall Street lo que más preocupa es el freno que esto impone en las operaciones cotidianas de alta velocidad. Dicen algunos biólogos marinos que quizás los tiburones son sensibles a las vibraciones en estos cables porque se parecen a las de una presa en dificultades. Si esa teoría es correcta, los tiburones sí que saben reconocer a sus pares en Wall Street.

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Deuda mundial llega a 200 billones de dólares, ¿se acerca el mundo a la quiebra?

Sáb, 07/02/2015 - 21:01
El mundo está hoy más inundado de deuda que antes del estallido de la crisis financiera en agosto de 2007 y el peligro latente de la inestabilidad perdurará por mucho tiempo. De acuerdo al último informe de la consultora Global McKinsey, la deuda global en relación al producto interno bruto es hoy mucho más abultada de lo que era hace siete años. Esto confirma que las políticas implantadas por la troika han sido un fracaso en toda la línea. La austeridad, los recortes presupuestarios y los salvatajes al sistema financiero no han hecho más que disparar la deuda a niveles insostenibles. En los 22 países industrializados y las 25 principales economías emergentes que investiga el informe, la deuda ha aumentado en 57 billones de dólares, pasando de los 142 billones de dólares de fines del 2007, a los 199 billones de dólares a mediados de 2014.

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Joseph Stiglitz: Una narrativa griega sobre moralidad

Xov, 05/02/2015 - 09:00
Cuando la crisis del euro comenzó hace media década, los economistas keynesianos predijeron que la austeridad que se imponía a Grecia y a los demás países en crisis sería un fracaso. Predijeron que la austeridad ahogaría el crecimiento y aumentaría el desempleo – y que incluso fracasaría en su propósito de reducir la relación deuda–PIB. Otros economistas – en la Comisión Europea, el Banco Central Europeo, y en algunas universidades – hablaron de contracciones expansivas. Pero, incluso el Fondo Monetario Internacional sostuvo que las contracciones, como por ejemplo los recortes en el gasto público, eran solamente eso – políticas contractivas.

Nosotros casi ya no necesitábamos de una evidencia probatoria adicional. La austeridad había fallado de manera repetitiva: desde cuando se la usó hace ya bastante tiempo atrás durante la administración del presidente estadounidense Herbert Hoover – en dicha ocasión, la austeridad convirtió un desplome del mercado bursátil en la Gran Depresión – hasta cuando se la impuso en la forma de “programas” del FMI implementados en el Este de Asia y en América Latina durante las últimas décadas. Y, a pesar de todo, cuando Grecia se metió en problemas, de nuevo se intentó usarla.

En su gran mayoría, Grecia siguió las medidas dictadas por la “troika” (la Comisión Europea, el BCE y el FMI): convirtió un déficit presupuestario primario en un superávit primario. Sin embargo y de manera previsible la contracción del gasto público ha sido devastadora: 25% de desempleo, una caída del 22% en el PIB desde el año 2009, y un aumento del 35% en la relación deuda–PIB. Y ahora, con la abrumadora victoria en las elecciones de Syriza, el partido anti-austeridad, los votantes griegos han declarado que se hartaron de la situación.

Entonces, ¿qué se debe hacer? En primer lugar, seamos claros: se podría culpar a Grecia por sus problemas si sería el único país donde la medicina de la troika hubiese sido un completo y triste fracaso. Sin embargo, España tenía un superávit y un ratio bajo de deuda antes de la crisis, y este país, también, se encuentra en una depresión. No es tan necesaria una reforma estructural dentro de Grecia y España, en comparación con lo necesaria que sí es una reforma estructural en el diseño de la eurozona y un replanteamiento de los fundamentos de los marcos de políticas que han llevado al desempeño espectacularmente malo de la unión monetaria.

Grecia también nos ha recordado una vez más la magnitud de la necesidad que tiene el mundo en cuanto a contar con un marco de reestructuración de la deuda. La deuda excesiva no causó solamente la crisis del año 2008, sino que también causó la crisis del Este de Asia en la década de 1990 y la crisis de América Latina en la década de 1980. En la actualidad, continúa causando sufrimientos indecibles en EE.UU., donde millones de propietarios de viviendas han perdido sus hogares, y en la actualidad, la deuda amenaza a millones más de personas en Polonia y en otros lugares a consecuencia de que dichas personas pactaron préstamos en francos suizos.

Si se toma en cuenta la cantidad de angustia que provoca la deuda excesiva, uno podría preguntarse por qué las personas y los países se han puesto, repetidamente, en dicha situación. Al fin de cuentas, esas deudas son contratos – es decir, son acuerdos voluntarios – así que los acreedores son tan responsables de dichas deudas como lo son los deudores. De hecho, podría decirse que los acreedores son aún más responsables: por lo general, estos acreedores son instituciones financieras sofisticadas, mientras que los prestatarios con frecuencia están en mucha menor sintonía con las vicisitudes del mercado y los riesgos asociados a los diferentes acuerdos contractuales. De hecho, sabemos que los bancos estadounidenses en realidad se aprovechaban de sus prestatarios, usufructuando su falta de sofisticación financiera.

Cada país (avanzado) se ha dado cuenta de que para hacer funcionar el capitalismo se requiere otorgar a las personas un nuevo comienzo. Las prisiones de deudores del siglo XIX fueron un fracaso – por inhumanas y porque realmente no ayudaban a garantizar el pago. Lo que sí ayudó fue brindar mejores incentivos para que realicen buenos créditos, esto se logró al hacer que los acreedores sean más responsables de las consecuencias de sus decisiones.

A nivel internacional, todavía no hemos creado un proceso ordenado para otorgar a los países un nuevo comienzo. Incluso desde antes de la crisis de 2008, las Naciones Unidas, con el apoyo de casi todos los países en desarrollo y emergentes, ha estado tratando de crear un marco de este tipo. Pero EE.UU. se ha opuesto rotundamente; tal vez quiere volver a instituir las prisiones de deudores para encarcelar a las autoridades de los países excesivamente endeudados (si es así, puede que se estén desocupando espacios en la Bahía de Guantánamo).

La idea de restablecer las prisiones de deudores puede parecer descabellada, pero va en sintonía con las actuales ideas sobre riesgo moral y responsabilidad. Existe el temor de que si a Grecia se le permite reestructurar su deuda, dicho país simplemente se meterá nuevamente en problemas, al igual que ocurrirá con otros.

Dichos temores son un disparate. ¿Alguien en su sano juicio cree que algún país estaría dispuesto a atravesar voluntariamente lo que Grecia ha tenido que atravesar, sólo con el objetivo de conseguir ventajas de sus acreedores? Si existiese un riesgo moral, dicho riesgo estaría relacionado a los prestamistas – sobre todo a aquellos en el sector privado – quienes han sido rescatados en repetidas ocasiones. Si Europa ha permitido que estas deudas se desplacen desde el sector privado al sector público – un patrón bien establecido durante el último medio siglo – es Europa, no Grecia, la que debe soportar las consecuencias. De hecho, la difícil situación actual de Grecia, incluyéndose el enorme aumento del ratio de deuda, se debe en gran parte a los programas mal guiados que la troika ha impuesto a este país.

Por lo tanto, lo que es “inmoral” no es la reestructuración de la deuda, sino la ausencia de dicha reestructuración. No hay nada particularmente especial en lo que se refiere a los dilemas que Grecia enfrenta hoy en día; muchos países han estado en la misma posición. Lo que hace que los problemas de Grecia sean más difícil de abordar es la estructura de la eurozona: la unión monetaria implica que los Estados miembros no pueden devaluar su moneda con el objetivo de salir de sus problemas; sin embargo, el mínimo de solidaridad europea que debe acompañar a esta pérdida de flexibilidad en cuanto a la aplicación de políticas simplemente no está presente.

Hace setenta años, al final de la Segunda Mundial, los Aliados reconocieron que ellos debían brindar un nuevo comienzo a Alemania. Entendieron que el ascenso de Hitler tuvo mucho que ver con el desempleo (no con la inflación) que sobrevino a consecuencia de que a finales de la Primera Guerra Mundial se impuso más deuda sobre los hombros de Alemania. Los Aliados no tomaron en cuenta la estupidez asociada a la acumulación de dichas deudas, ni tampoco hablaron sobre los costos que Alemania había impuesto sobre los hombros de los demás. En cambio, no sólo perdonaron las deudas; en los hechos, los Aliados proporcionaron ayuda, y las tropas Aliadas estacionadas en Alemania proporcionaron un estímulo fiscal adicional.

Cuando las empresas entran en quiebra, un canje de deuda por acciones es una solución justa y eficiente. El enfoque análogo para Grecia es convertir sus bonos actuales en bonos vinculados con el PIB. Si a Grecia le va bien, sus acreedores recibirán más del dinero que invirtieron; si no le va bien, recibirán menos. Ambas partes tendrían un incentivo poderoso para aplicar políticas que favorezcan el crecimiento.

Rara vez las elecciones democráticas dan un mensaje tan claro como el que se dio en Grecia. Si Europa le dice no a la demanda de los votantes griegos en cuanto a un cambio de rumbo, está diciendo que la democracia no es de importancia, al menos cuando se trata de asuntos económicos. ¿Por qué simplemente no se anula la democracia, tal como lo hizo Terranova de forma efectiva cuando entró en suspensión de pagos antes de la Segunda Guerra Mundial?

Se tiene la esperanza de que prevalezcan quienes entienden de asuntos económicos relacionados con la deuda y la austeridad, y que también lo hagan aquellos quienes creen en la democracia y los valores humanos. Aún está por verse si serán ellos quienes prevalecerán.
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Tomado de Project Syndicate

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Dos posibles panoramas de la evolución de los precios del petróleo

Mér, 04/02/2015 - 07:01
El precio del barril de crudo Brent en Nueva York ha alcanzado los 55 dólares. La razón de este cambio brusco en la tendencia reside en la decisión de un número de empresas de petróleo de esquisto de reducir significativamente los costes de producción. Los expertos predicen dos posibles panoramas.

Panorama 1: Subida y colapso La situación actual podría llegar a ser un detonante del crecimiento de las cotizaciones. Pero al mismo tiempo, el mercado sigue teniendo un gran volumen de posiciones cortas, dado que los grandes jugadores todavía están a la espera de una caída de los precios a 40 dólares por barril, escribe el portal especializado Vesti Finance.

Sus expertos aconsejan tener en cuenta el hecho de que el mercado del petróleo es muy fácil de manipular, ya que una cantidad significativa de recursos se centra en los contratos de futuros, de los cuales solo el 5-10% se utiliza en la entrega real de los bienes, y el restante 90-95% actúa como lastre financiero.

La situación actual es muy adecuada para preparar una 'explosión' de los precios del petróleo. Es decir, aumentar los precios artificialmente hasta que se activen los ajustes de los márgenes, lo que a su vez dará lugar a un efecto dominó y los precios del petróleo se dispararán por su cuenta. El grupo de inversores que lo estuviese organizando podría obtener miles de millones en ingresos.

Panorama 2: Crecimiento estable Para mantener los volúmenes de producción actuales, las empresas de esquisto necesitan perforar constantemente nuevos pozos, lo que requiere un alto nivel de ingresos. La disminución del flujo de dinero y las apretadas condiciones de crédito han producido un impacto negativo en este tipo de empresas, que se han visto obligadas a reducir los gastos de producción y, en consecuencia, el número de pozos nuevos. De hecho, los bajos precios del petróleo congelan por completo el crecimiento de la producción en EE.UU.

Esto producirá una estabilización del mercado en 2015 y el precio del petróleo volverá a subir, resumen los expertos de Vesti Finance.

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El escándalo y latrocinio de la deuda griega

Mér, 04/02/2015 - 01:30
Vicenç Navarro, Alainet

Vimos durante estas últimas semanas una campaña mediática movilizada para atemorizar al votante griego a fin de que no votara a la coalición de partidos de izquierdas conocida como Syriza, una campaña que también pudimos ver aquí en España, donde el objetivo era asustar al electorado español, subrayando el desastre que supondría para este país que los partidos de izquierdas, como Podemos o Izquierda Unida (que son considerados homologables políticamente a Syriza en Grecia), ganaran las próximas elecciones a las Cortes Españolas, que se celebra a finales de este año.

Gran parte de esta campaña mediática ha consistido en tergiversar las intenciones de los que son considerados adversarios o enemigos, a los cuales hay que destruir. Una de esas tergiversaciones ha sido decir que si ganaba Syriza las elecciones, esta partido no pagaría la deuda pública, con lo cual los mercados financieros dejarían de prestar dinero a Grecia, con el consiguiente colapso financiero que forzaría a aquel país a salirse del euro. En esta avalancha de falsedades se ignoran muchos hechos que deberían conocerse para entender mejor el problema de la deuda griega y la respuesta de Syriza. Miremos, en primer lugar, cómo se ha generado la deuda griega.

Por qué el gran crecimiento de la deuda pública griega Grecia ha visto crecer la deuda pública de una manera muy rápida, pasando de representar cerca del 100% del PIB cuando se inició la Gran Recesión, al 174% en el año 2014. Hubo una ligera bajada en el año 2012 debido a la reestructuración de la deuda acordada entre los acreedores y el gobierno griego, pero en el 2013 continuó creciendo hasta llegar a los niveles actuales.

Ahora bien, es importante cuando analizamos la situación de la deuda pública de un Estado considerar no solo el tamaño de la deuda pública, sino también el coste que representa para el Estado pagar dicha deuda pública y quién es el propietario de la misma. Si miramos cada uno de estos datos veremos que, aún cuando el tamaño de la deuda pública ha aumentado, el volumen de los intereses que el Estado griego paga por la deuda han ido, en realidad, bajando: de un 7% del PIB en el año 2011, al 4,3% del PIB en el 2014. Esta cifra es, por cierto, inferior a la de Bélgica e Italia (que es aproximadamente del 5-6% del PIB). España, con una deuda pública menor que la griega (alrededor de un 100% del PIB), destina el 3,5% del PIB al pago de intereses de la deuda (algo menos que Grecia), lo cual no deja de ser sorprendente, pues lo que cuesta al Estado español pagar por los intereses de la deuda es solo ligeramente inferior a lo que le cuesta a Grecia cuando, de hecho, España tiene un porcentaje mucho menor de deuda pública que Grecia. ¿Cómo es esto posible?

La respuesta a esta pregunta es que los propietarios de la deuda pública en Grecia han dejado de ser los bancos privados (sobre todo alemanes y franceses, aunque también españoles) y lo han pasado a ser el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y los Estados de la Eurozona, incluyendo España (a través del llamado Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. FEEF). Hoy la gran mayoría de la deuda pública griega la tienen instituciones públicas, a saber: el FEFF (formado por 17 países de la UE, entre ellos España, un 60%), el Fondo Monetario Internacional (FMI, un 10%) y el Banco Central Europeo (BCE, un 6%). En España, sin embargo, según datos del Tesoro Público, la gran mayoría de la deuda pública es de los compradores extranjeros (48%). El resto lo tienen los bancos españoles (30%), compañías de seguros privados (7%), planes de pensiones privados (7%), y un 8% la Seguridad Social.

¿Por qué la Troika compró la deuda pública griega que poseían los bancos privados? En Grecia este cambio de privado a público ha significado una transformación en la evolución de la deuda en Grecia. Las condiciones de pago acordadas hubieran sido mucho más difíciles de alcanzar si las negociaciones de la reestructuración de la deuda hubieran sido primordialmente con los bancos privados. No fue así. Fue con la Troika. En dichas negociaciones se permitió una rebaja de los intereses, una extensión de los vencimientos de la deuda pública y una entrega de los beneficios directamente al gobierno griego sin retenerlo el BCE. Estos cambios explican la caída del coste de pagar los intereses de la deuda.

Estos cambios se pudieron realizar a costa de que la propiedad de la deuda pública pasara de manos privadas a públicas mediante la compra por parte del BCE, del FMI y de los estados europeos de los bonos públicos que tenían los bancos privados. Esta compra de deuda pública generó también un aumento del tamaño de la deuda y respondió a la necesidad de rescatar a los bancos privados (alemanes, franceses y españoles entre otros) que estaban llenos de deuda pública hasta la médula. De ahí que, cuando parecía que el Estado griego colapsaría, la Troika intervino para evitar el daño a la banca privada, comprándole deuda pública y facilitando el pago de la deuda por parte del Estado griego. Como bien dice el director adjunto del Financial Times, el Sr. Martin Wolf, los fondos de la Troika en su compras de deuda pública a los bancos privados, no eran “para ayudar a Grecia, sino a ayudar al sector financiero privado a que abandonara Grecia” (entrevista en el diario ARA, 01.01.15).

La raíz del enorme problema de la deuda pública era y continúa siendo el sistema bancario europeo y las normas de gobierno del Banco Central Europeo. Este, el BCE, compra deuda pública a los bancos privados a unos precios altísimos consecuencia de que el mismo BCE no pueda comprar (según su normativa) deuda pública al Estado griego directamente. Y para mayor escándalo, los bancos privados habían conseguido el dinero para comprar la deuda pública griega nada menos que del mismo BCE, a unos intereses bajísimos. Más que escándalo es un latrocinio y parasitarismo de lo público por lo privado. Y a todo ello le llaman “rescate de Grecia”, cuando es un rescate al sistema financiero privado europeo, que incluye desde los bancos privados griegos al resto de bancos europeos.

¿Por qué la deuda griega continúa creciendo? La compra de los bonos públicos por parte de la Troika fue un enorme rescate de la banca privada a unos precios exuberantes. Esta es la causa del continuo crecimiento de la deuda pública griega. Por lo tanto, los propietarios de la deuda han pasado de ser bancos privados a instituciones públicas, pues la compra del primero ha sido por parte de los segundos. En otras palabras, para evitar las pérdidas de los bancos europeos, entre otros, el Estado español ha terminado comprando bonos griegos por valor de más de 30.000 millones de euros a través del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera.

Economistas “catastrofistas” no han dicho nada sobre este latrocinio. En su lugar asustan a los españoles diciendo que si Syriza gana las elecciones, su gobierno no pagará la deuda al Estado español, perdiendo cada ciudadano 300 euros, cifra a la cual los catastrofistas han llegado dividiendo el total de la deuda pública que el Estado español posee entre el número de españoles. En este cálculo se hace una gran manipulación, pues hay el dato clave que he citado, ocultado (o probablemente desconocido por tales catastrofistas), de que el dinero prestado al Estado griego por parte del Estado español era, en realidad, parte del pago en los famosos rescates de los bancos periféricos de la Eurozona (en el caso de Grecia servía para que el Estado pudiera pagar a los bancos privados, que eran los mayores propietarios de la deuda pública). De ahí que hoy la deuda griega sea deuda pública adquirida en gran parte para que el Estado griego pudiera pagar a los bancos privados. Lo que no se dice es que los 300 euros (en realidad 600) que el ciudadano español ha prestado al Estado griego han sido para pagar a los bancos extranjeros, incluyendo los españoles, que tenían enormes cantidades de deuda pública griega. Los “paganos” han sido las clases populares griegas, que han tenido que sufrir enormes recortes de gasto público para pagar los intereses de la deuda pública, y también los ciudadanos de otros países; todos ellos para pagar a los bancos extranjeros (muy en especial alemanes, pero también franceses y españoles). Y ahora tales catastrofistas intentan enfrentar a los ciudadanos españoles con los ciudadanos griegos, diciendo que si el Estado griego no paga la deuda, el ciudadano español perderá 300 euros.

¿Por qué se reproduce tal sistema de gobierno del euro? En realidad, todo este entramado es para el beneficio y gloria de la banca privada. Todo, repito, todo podría haberse ahorrado si el Banco Central Europeo hubiera sido un Banco Central en lugar de ser un lobby de la banca, sobre todo alemana. La hipertrofia de la deuda pública griega se debe primordialmente a que el BCE no ha ayudado a los Estados (como hubiera hecho cualquier Banco Central) protegiéndoles en contra de la especulación de los mercados financieros, comprándoles deuda pública. Parece que, por fin, el BCE lo va a hacer, aunque no directamente sino indirectamente comprando deuda pública a los bancos privados en el mercado secundario. ¿Por qué ha tardado tanto? Pues porque a los bancos la situación les ha ido requetebién. Y a los Estados periféricos y a las clases populares les ha ido requetemal.

El gobierno Syriza lleva razón Resultado de todo lo dicho, es lógico que un nuevo gobierno griego pida una auditoría para saber cómo, cuándo y quién ha generado tal deuda, una auditoría, por cierto, que no está solo permitida sino incluso exigida ya ahora por las normativas de la UE y del Parlamento Europeo, según las cuales tal auditoría se exige cuando debe hacerse una restructuración de la deuda. La Troika fue precisamente la que incumplió tal norma en la última reestructuración de la deuda, pues tal auditoría hubiera mostrado la ilegalidad de las condiciones que la Troika ha impuesto a Grecia. Es justo y necesario que haya una demanda de auditoría de la deuda junto con la renegociación de la deuda. Incluso el que fue director de la reestructuración de la deuda griega en 2012, el Sr. Charles Dallara, está de acuerdo en ello. Sus recientes declaraciones son, de hecho, favorables a la propuesta de Syriza. Pero todo esto no aparece en los medios, que están movilizados para atemorizar a la población tanto en Grecia como en España. En realidad, la Troika no podría poner las condiciones que impuso a Grecia pues, como ha señalado Eric Toussaint, sus condiciones violan tanto el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea como su Carta Social, incluyendo también la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE.

Una última observación. El énfasis en la deuda ha distraído la atención de los medios de información que no han dado suficiente visibilidad a otros responsables del crecimiento de la deuda, tales como el enorme dominio del Estado por una estructura oligárquica que ha llevado a Grecia a la ruina, tal como indiqué en un artículo anterior (ver “Qué pasa en Grecia (y en España)”, Público, 14.01.15). Tal deuda no puede entenderse sin la complicidad de esta estructura de poder con los intereses financieros extranjeros, una situación semejante a la que ocurre en España.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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