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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6200125
Actualizado: fai 16 horas 7 min

Obama visita a la Argentina en sintonía con el gobierno Macri

Dom, 20/03/2016 - 07:00
Julio C. Gambina, Alainet

El presidente de EEUU estará en Argentina para el 24 de marzo, en momentos en que se recupera para la memoria popular el oprobio del golpe genocida hace 40 años.

Muchos se preguntan el porqué de la visita y son variados los argumentos, aunque concentrados en el sustento de los intereses estratégicos de la potencia imperialista.

Sostienen algunos que se trata de compensar el encuentro con el gobierno de izquierda y revolucionario en Cuba, muy criticado por sectores de la ultra derecha de EEUU, y por eso, la visita a Macri, a quien imaginan la punta de lanza para contrarrestar el cambio político regional en curso en este comienzo del Siglo XXI.

También existen argumentos de lavada de cara de EEUU en su responsabilidad en el golpe y el acompañamiento a la Dictadura (1976-1983), los que se apoyan en las actitudes del gobierno Carter (1977-1981), omitiendo el papel de los gobiernos previos de Richard Nixon y Gerald Ford, especialmente el papel del Secretario de Estado, Henry Kissinger, Nobel de la Paz en 1973.

Este personaje fue clave en la promoción del golpe chileno de septiembre del 73, inaugurando el ensayo neoliberal extendido por las dictaduras del terrorismo de Estado en el Cono Sur y para la ejecución del Plan Cóndor. Fue una experiencia necesaria para instalar luego, con Thatcher y Reagan, ya en los ochenta del siglo pasado, esas políticas liberalizadoras en el capitalismo desarrollado y promoverlo en el ámbito mundial.

La pretensión apunta a diferenciar demócratas respecto de republicanos como si pudiera abstraerse el carácter de la Jefatura política de la principal potencia capitalista y su capacidad de intervención militar en todo el planeta. Vale recordar que la invasión a Cuba en Playa Girón en 1961 ocurrió bajo la presidencia demócrata de John Kennedy, responsable también por el envío de tropas militares a Vietnam y la autorización del uso de armas químicas.

Resulta necesario destacar, más allá de la alternancia entre demócratas o republicanos, los intereses permanentes de EEUU para afirmar la dominación estadounidense en el desarrollo del sistema capitalista mundial.

¿Cuáles son esos intereses en la Argentina actual? Se trata de intereses comerciales, económicos y financieros muy concretos, sea las relaciones de intercambio (exportaciones e importaciones) crecientemente deficitarias para la Argentina desde el 2005; como el papel de las inversiones estadounidenses, una constante en expansión desde hace un siglo, y muy especialmente la proyección de la explotación de hidrocarburos no convencionales vía fracking con la punta de lanza del acuerdo secreto entre YPF y Chevron; pero también la negociación con los holdouts a instancias de la sentencia de la Justicia de Nueva York.

El déficit comercial de la Argentina para el 2015 alcanzó los 4.272,7 millones de dólares, con exportaciones desde nuestro país por 3.382,3 millones de dólares e importaciones provenientes desde EEUU por 7.655 millones de dólares. La tendencia de la década pasada fue la expansión del saldo favorable para EEUU, sobre la base de la disminución de las exportaciones argentinas y el crecimiento de las importaciones provenientes del país del norte. Este déficit exacerba la necesidad de divisas de la Argentina para cancelar saldos negativos del balance comercial.

Desde las inversiones externas hoy destaca el carácter estratégico de Monsanto y la inserción subordinada del complejo sojero local derivado del paquete tecnológico de la producción de transgénicos; y claro, sobresale el conflicto asociado al acuerdo secreto de YPF con Chevron. Este trato secreto responde a una política estratégica de EEUU, ya que bajo la administración Obama y en 2015, EEUU se convirtió nuevamente en el primer productor mundial de petróleo, superando a Arabia Saudita. La base de esa situación se explica en el fracking y la explotación de hidrocarburos no convencionales, por lo que resulta de interés de la política exterior estadounidense la evolución de las inversiones petroleras y su expansión desde Argentina al resto de Latinoamérica.

El conflicto con Fondos buitre y su tratamiento parlamentario en estos días está asociado a los ritmos impuestos por la Justicia de Nueva York al intento de acordar con holdouts y habilitar la reinserción de la Argentina en nuevas rondas de endeudamiento externo. El peso de Wall Street y la banca transnacional en la afirmación de la dependencia local al sistema mundial es clave para entender la lógica de amistad económica y política que busca el gobierno Macri con la gestión Obama.

Visitas y símbolos En 100 días de gobierno Macri son constantes las señales de acercamiento al poder mundial del capitalismo contemporáneo. Resalta la presencia del Jefe del gobierno argentino en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, cónclave del poder mundial del orden capitalista, como la presencia de visitantes de organismos internacionales y especialmente de Jefes de Estado de los principales países del capitalismo desarrollado. Ya pasaron por Buenos Aires el jefe del gobierno italiano, el francés y ahora el de EEUU.

Obama en la Argentina para el 40° aniversario del golpe de 1976 pretende disputar el sentido de una fecha emblemática en materia de derechos humanos, donde el papel de esa potencia está asociado a poderosos intereses económicos y a una estrategia de subordinación de la región a la política exterior definida en Washington.

La evidencia más concreta es la búsqueda del gobierno Macri en lograr acuerdos de libre comercio con EEUU y un papel más activo para llevar al país y la región al Tratado Transpacífico (TPP) en el que participan Chile, Perú, México, Canadá y EEUU por el continente, más Australia, Nueva Zelanda, Brunei, Japón, Malasia y Vietnam. El TPP es una estrategia de EEUU para aislar a China en su proyecto global y complementario del acuerdo comercial entre Europa y EEUU.

La operación “visita de Obama” supone una versión más prolija de las “relaciones carnales”, en una versión moderna de sometimiento que supone la continua prórroga de jurisdicción para contratos con inversores (nueva ley para el endeudamiento) y un programa acelerado de liberalización de la economía local vía suscripción de tratados de libre comercio, especialmente con EEUU y con los que éste país impulsa, caso del TPP.

En el marco de lo simbólico no es menor constatar que Obama asume en enero del 2009, momentos de auge del cambio político en la región (2005-2010) y despliegue recesivo de la crisis mundial originada en EEUU en 2007/08. Entre 2005 y 2010 se procesa el triunfo del No al ALCA y variadas novedades en los procesos de integración que involucran instancias de debate regional sin incluir a Norteamérica (base de lo que luego sería CELAC), e incluso formulaciones por una nueva arquitectura financiera (aun constituye una asignatura pendiente). A posteriori se desplegó una fuerte iniciativa política para contrarrestar el proceso de cambio en una lógica de pretendida reversión y reinstalación de la hegemonía imperante en los 90, por la liberalización económica y la subordinación regional a la estrategia exterior de EEUU.

Las situaciones del cambio de gobierno en Argentina, la modificación de la hegemonía parlamentaria en Venezuela y el resultado en el plebiscito boliviano, ocurridos entre diciembre y febrero pasado, anima a las clases dominantes en la región para reinstalar la ofensiva liberalizadora y pro capitalista. Nada mejor que la bendición de Obama, que en enero del 2015 consideró a Venezuela como una amenaza para la seguridad nacional de EEUU y privilegia en su paso por Argentina la lucha contra el narcotráfico y el papel de sus agencias especializadas, caso de la DEA.

Puede afirmarse que la continuidad de la crisis mundial y de la propia situación de EEUU requiere del reordenamiento político y la subordinación de los gobiernos en la región. Los desafíos a la dominación mundial demandan para la política exterior desde Washington cerrar filas en las adhesiones en nuestros países, por eso los elogios al nuevo gobierno y de éste para con los dirigentes de los principales países capitalistas, especialmente Obama.

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¿El oro y la plata nos están avisando de algo grave?

Dom, 20/03/2016 - 03:15
Últimamente la proporción entre el valor de la plata y el oro ha llegado a un nivel extremadamente alto que, según los expertos, es el mejor indicador de la aguda crisis económica que avanza. De acuerdo con un artículo del economista y profesor de Empresa Sostenible de la Universidad de Michigan, Andrew Hoffman, publicado en el portal Gold Seek, en la historia moderna la proporción entre el valor del oro y la plata alcanzó su punto máximo solo tres veces: durante la crisis del 2008, durante la Guerra del Golfo y durante la Segunda Guerra Mundial.

El especialista alerta que si la proporción llega hasta 70 puntos, luego comienza un período de mayor volatilidad y, muy probablemente, la crisis. Y hace unos días la cifra ya llegó incluso más allá de este nivel, hasta 79 puntos: que puede ser considerado una señal de riesgo muy alto.

Teniendo en cuenta que el mundo moderno está cambiando rápidamente, este indicador no se puede utilizar como una prueba sólida, pero hay que tenerlo en cuenta, especialmente en vista de otras señales. Según algunos pronósticos es posible que la proporción de los precios del oro y de la plata pudiera llegar a 100 puntos, pero más tarde o más temprano caerá si se estabiliza la situación financiera.

Mientras tanto, a lo largo de 2015 el Banco Central alemán devolvió a los depósitos de Fráncfort 210 toneladas de oro, de las cuales alrededor de 110 toneladas procedían de París y alrededor de 100 de Nueva York, según un reciente informe del Bundesbank.

En los próximos cinco años, el Banco Central alemán planea 'repatriar' otras 307 toneladas de sus reservas. Para 2020, algo más de la mitad de las reservas de oro alemanas deberán estar en Fráncfort, una tercera parte en la Reserva Federal de Nueva York y el 13% restante en el Banco de Inglaterra. Para esa fecha, el Banco Central francés ya no habrá de almacenar reservas de oro alemanas en París.

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Los países en mayor riesgo de una nueva crisis bancaria

Sáb, 19/03/2016 - 16:00

Algunos miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y China tienen más probabilidades que otras naciones de enfrentar una crisis bancaria en los próximos dos años, según el informe trimestral de riesgo país que publica BBVA Research. Según los autores, ciertos países productores de petróleo pueden enfrentarse a problemas bancarios bajo el nuevo paradigma de precios, en tanto que los problemas bancarios chinos se acelerarán, a menos que haya una corrección. Mientras tanto, los problemas de la periferia europea (con excepción de Grecia) se relajan. También resaltan que la crisis entre Ucrania y Rusia se mantiene viva, con potencial de agravarse nuevamente, mientras que los efectos indirectos de la crisis de Oriente Medio se han trasladado a Europa (refugiados y el terrorismo).

En cuanto al mercado inmobiliario, recalcan el moderado crecimiento de precios trimestral en EEUU, el "boom" que continúa en Reino Unido y la alta volatilidad en Japón, mientras que detectan signos de sobrecalentamiento en Irlanda. Mientras tanto, el servicio de estudios hace hincapié en que los precios se recuperan en España y Portugal, pero a menor ritmo. También los exportadores de petróleo y algunos países latinoamericanos serían más vulnerables a "shocks" cambiarios, asegura la publicación.

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¿Cuál es el sentido de Lula en el gobierno de Dilma?

Ven, 18/03/2016 - 16:43
Emir Sader, La Jornada

Después de reflexionar mucho, de sufrir muchas presiones –incluso una carta abierta de Leonardo Boff– para que aceptara la invitación de Dilma Rousseff para integrarse a su gobierno, en el ministerio que le pareciera, Lula finalmente aceptó y va a formar parte del gabinete. La derecha no ha aguardado nada para acusarlo de querer rehuir las acusaciones que se le hacen, porque pasa a gozar del derecho de reponder únicamente ante el Supremo Tribunal Federal (STF).

Pero para ello Lula tiene lista una respuesta: va a contestar al STF enfrentando lo movimientos de promotores regionales, cuyas acciones arbitrarias en contra de él han configurado claramente que se trata de persecución política. Situaciones que quedaron muy claras con la forma en que fue conducido a prestar declaración el día 4 de marzo en el aeropuerto de Congonhas, en Sao Paulo, así como la intempestiva solicitud de prisión presentada por otro promotor, que fue rechazada por una juez.

Sin embargo, la razón fundamental para que Lula acepte la invitación es para fortalecer al gobierno de Dilma Rousseff, en un momento en que se encuentra particularmente debilitado. Por una parte, por la crisis económica, que se alarga y se profundiza, demostrando que las medidas tomadas por el gobierno no tienen efecto, generando más recesión y desempleo creciente, con lo cual el gobierno logra recuperar el apoyo popular que ha perdido.

Por otra parte, la incapacidad del gobierno para desarrollar articulaciones políticas lo ha llevado a un nivel de aislamiento en el Congreso que hace posible que la alianza entre el PMDB y el PSDB pueda obtener mayoría suficiente para votar el impeachment de la presidenta, aun sin acusaciones que le den fundamento. O entonces para alguna versión del parlamentarismo, siempre en la dirección de quitarle poder a Dilma Rousseff.

Cualquiera que se el cargo que asuma –jefatura de la casa civil o secretario de gobierno–, Lula se encargará de recomponer las articulaciones políticas del gobierno, empezando por reacercar sectores del PMDB del gobierno, alejándolos del PSDB y de los proyectos golpistas. Asimismo, Lula se valdrá de sus contactos para recomponer las relaciones del gobierno con sectores del empresariado, hoy muy alejados del gobierno, en la perspectiva de la retoma del crecimiento económico. Así Lula contribuye también para las adecuaciones en la política económica, que él siempre ha defendido frente a Dilma.

Lula podrá también hacer las intermediaciones con el PT, la izquierda en su conjunto y los movimientos sociales. Además de que será una voz del gobierno siempre presente en los medios de comunicación y en las discursos públicos.

Como uno de sus consecuencias, está que Lula responderá por acusaciones que le hagan frente al STF, quedando libre de promotores regionales. Lo cual debilita las investigaciones del llamado Lava Jato, así como debilita también las iniciativas de impeachment.

Lula se juega por entero en el apoyo al gobierno de Dilma, unciendo su destino al de éste. La oposición teme que, estando de vuelta en el Palacio de Planalto, Lula ya no vuelva a salir de allá. Porque seguramente será candidato a presidente en 2018.

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Stiglitz y la ausencia de justicia intergeneracional

Xov, 17/03/2016 - 19:33
Joseph Stiglitz, Project Syndicate

Algo interesante ha surgido en los patrones de votación en ambos lados del Atlántico: los jóvenes están votando en formas marcadamente distintas a las de sus mayores. Parece que se abrió una gran brecha que divide a los votantes más según la generación a la que pertenecen, y menos por su nivel de ingresos, nivel educativo o género.

Existen buenas razones para esta división. Las vidas de ambos grupos, tanto la de los jóvenes como la de las personas mayores, en la forma que se viven en la actualidad, son diferentes. Sus pasados son diferentes, y también lo son sus perspectivas de futuro.

La Guerra Fría, por ejemplo, había terminado incluso antes de que algunos de los jóvenes nacieran o mientras otros eran todavía niños. Para ellos, palabras como socialismo no transmiten el significado que en alguna ocasión transmitieron. Si el socialismo significa la creación de una sociedad donde a las preocupaciones compartidas se les presta la importancia que merecen – donde las personas se preocupan por otras personas y por el entorno en el que viven – estos jóvenes dicen amén a ello. Sí, es posible que experimentos bajo la rúbrica de socialismo hubiesen fallado un cuarto o mitad de siglo atrás; pero, los experimentos de hoy en día no se parecen a los del pasado. Por lo tanto, el fracaso de dichos experimentos del pasado no dice nada sobre los nuevos experimentos.

Los estadounidenses y europeos mayores de clase media alta han tenido una buena vida. Cuando ingresaron a la fuerza laboral, había puestos de trabajo bien remunerados esperándolos. La pregunta que se formularon en aquel entonces fue qué querían hacer, y no durante cuánto tiempo tendrían que vivir con sus padres antes de conseguir un trabajo que les permitiera mudarse para vivir independientemente.

Esa generación esperaba tener seguridad laboral, casarse durante su juventud, comprar una casa – quizás también una casa de verano – y finalmente jubilarse de manera razonablemente segura. En general, estos jóvenes esperaban encontrarse en una mejor situación que la de sus padres.

Si bien la actual generación de personas con mayor cantidad de años se encontró con baches en el camino; en su mayoría, sus expectativas se cumplieron. Ellos posiblemente obtuvieron más ganancias de capital provenientes de la valorización de sus viviendas en comparación con las ganancias provenientes de sus salarios. Casi con seguridad ellos pensaron que dichas ganancias eran extrañas, pero aceptaron de buen agrado el regalo de nuestros mercados especulativos, y con frecuencia se felicitaron a sí mismos por comprar en el lugar correcto, en el momento adecuado.

Hoy en día, las expectativas de los jóvenes, dondequiera que se encuentren en la distribución del ingreso, son diametralmente opuestas. Ellos se enfrentan a la inseguridad laboral a lo largo de su vida entera. En promedio, muchos graduados universitarios buscarán durante meses antes de que encuentren un puesto de trabajo – a menudo sólo después de haber trabajado como internos en una o dos prácticas no remuneradas. Y, los antes mencionados se pueden contar entre aquellos con buena suerte, porque saben que sus compañeros más pobres, a algunos de los cuales les fue mejor en la universidad, no pueden permitirse el lujo de pasar un año o dos sin ingresos, y que estos últimos, para empezar, no tienen las conexiones para conseguir un puesto no remunerado como internos.

Los jóvenes graduados universitarios de hoy en día están cargados con deuda – y los que son más pobres son los que tienen más deudas. Por lo tanto, no se preguntan cuál es el trabajo que les gustaría; sino, simplemente se preguntan cuál sería el trabajo que les permitirá pagar sus préstamos universitarios, mismos que a menudo serán una carga financiera para dichos jóvenes durante 20 o más años. Del mismo modo, la compra de una casa es un sueño lejano.

Estas grandes dificultades se traducen en que los jóvenes no piensan mucho sobre su jubilación. Si lo hicieran, sólo se asustarían por la cantidad de dinero que necesitarán acumular para vivir una vida decente (es decir, una mejor vida a la que se vive cuando sólo se recibe las prestaciones de la seguridad social), si toman en cuenta en su análisis la posible persistencia de tasas de interés bajísimas.

En resumen, los jóvenes de hoy ven el mundo a través de la lente de equidad intergeneracional. Al fin de cuentas, puede que a los hijos de padres de clase media alta les vaya bien porque ellos heredarán la riqueza de sus padres. Si bien es posible que no les guste este tipo de dependencia, les gustaría aún menos la alternativa: un “nuevo comienzo” en el que las cartas se apilan en contra de lograr algo que se asemeje a lo que una vez se consideró como un estilo de vida de clase media básica.

Estas desigualdades no pueden ser fácilmente explicadas y desechadas. Lo que ocurrió no es que los jóvenes no trabajaron esforzadamente: estas dificultades afectan a los que pasaron largas horas estudiando, sobresalieron en la universidad e hicieron las cosas “bien”. La percepción sobre que existe una injusticia social – es decir, sobre que el desarrollo de los eventos económicos es amañado – se aumenta cuando estos jóvenes ven que los banqueros, que son quienes causaron la crisis financiera, ahora son la causa del continuo malestar de la economía, y que dichos banqueros dejan sus puestos de trabajo cobrando mega-bonos, sin que a casi nadie se responsabilice por sus malas acciones. Se cometió fraude masivo, pero de alguna manera, en los hechos, nadie lo perpetró de manera particular. Las élites políticas prometieron que las “reformas” traerían consigo prosperidad sin precedentes. Y, sí lo hicieron, pero sólo para quienes se encuentran en la parte superior de la distribución de la riqueza, es decir para quienes forman parte del 1% más rico de la sociedad. Todos los demás, incluidos los jóvenes, recibieron inseguridad sin precedentes.

Estas tres realidades – injusticia social en una escala sin precedentes, desigualdades masivas, y una pérdida de confianza en las élites – definen nuestro momento político, y lo definen así de manera correcta.

Más de lo mismo no es una respuesta. Esta es la razón por la que los partidos políticos de centro-derecha y de centro-izquierda en Europa están perdiendo. Estados Unidos está en una posición extraña: mientras los candidatos republicanos compiten en demagogia, con propuestas mal pensadas que empeorarían las cosas, ambos de los candidatos demócratas proponen cambios que – si ellos logran que se aprueben en el Congreso – cambiarían realmente la situación.

En caso de se adopten las reformas propuesta por Hillary Clinton o Bernie Sanders, se podría contener la capacidad que tiene el sistema financiero para aprovecharse de aquellos que ya se encuentran sobrellevando una vida muy precaria. Y, ambos de estos candidatos tienen propuestas para llevar a cabo reformas profundas que cambiarían la forma cómo Estados Unidos financia la educación superior.

Sin embargo, aún queda mucho por hacer para que el sueño de la casa propia sea posible, no sólo para quienes tienen padres que les pueden ayudar con el pago de la cuota inicial, y para hacer que sea posible tener seguridad de jubilación, tomándose en cuenta los vaivenes del mercado de valores y el mundo con tasas de interés cerca de cero al que hemos entrado. Lo más importante es que los jóvenes no encontrarán un camino llano en el mercado laboral, si la economía no se desempeña de mejor manera. La tasa de desempleo “oficial” en Estados Unidos, que se encuentra en un nivel del 4,9%, enmascara niveles mucho más altos de desempleo encubierto, niveles que, por lo menos, entre otras consecuencias, hacen que los salarios se mantengan bajos.

Sin embargo, no vamos a ser capaces de solucionar el problema si no lo reconocemos. Nuestros jóvenes sí lo reconocen. Ellos perciben una ausencia de justicia intergeneracional, y tienen razón de estar muy enojados por ello.

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Bergoglio y los mercaderes del templo

Xov, 17/03/2016 - 14:25
Leopoldo Santos Ramírez, La Jornada

Jesús de Nazaret llegó a Jerusalén para celebrar el inicio de la Pascua judía, pero se encontró el templo, la casa de Dios, ocupado por comerciantes y cambistas de monedas que lo habían convertido en un verdadero mercado lleno de gemidos de bestias y algarabías que profanaban su función de lugar para la adoración del padre celestial. El templo se había transformado en una plaza donde imperaba la corrupción. Es ese momento en el que por única vez las escrituras religiosas judías presentan a Jesucristo enojado, entrelazando cuerdas para formar un látigo y golpear al ganado hasta sacarlo del templo y tirar las mesas de los cambistas y de los vendedores de palomas, desparramando las monedas por el suelo. Por siglos la teología se ha ocupado de la respuesta de Jesús a los negociantes sobre lo que verdaderamente significa la santidad del templo, pero en México Jorge Mario Bergoglio no solamente no corrió a los mercaderes sino que permitió que siguieran traficando mientras oficiaba y los bendijo.

En la diversidad de opiniones que se expresan sobre la visita del Papa hay quienes quieren ver su discurso como aliento de rebeldías y protestas, pero al contrario, para México pronunció un discurso adormecedor que termina por dar al César lo que es del César, y también cedió parte de lo que le corresponde a Dios en el alma religiosa de los mexicanos. El reportaje de Paula Mónaco publicado en La Jornada del 19 de febrero resultó demoledor de las esperanzas de que en algún momento Bergoglio volteara la vista hacia el peregrinar de los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Sí hubo bendiciones para quienes participan del ocultamiento de datos y de la protección de algunos protagonistas de la trágica noche de Iguala, pero ni siquiera una palabra de consuelo para los padres que van de Herodes a Pilatos sin que las autoridades respondan lo que deben contestar desde hace tiempo: dónde están los desaparecidos. En este punto, el padre Alejandro Solalinde, en entrevista con Carmen Aristegui, señaló esta falta de Bergoglio: “el papa Francisco está obligado a hablar de la desa­parición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, pues es un caso emblemático que representa a todas las demás desapariciones, es como la flagrancia en la que se sorprendió al Estado mexicano cometiendo esa desaparición forzada, es el punto del hartazgo de la gente, la gotita que derramó el vaso… Sí debería al menos mencionar esa palabra”. Con una magnífica oratoria parecida a la que domina el mismo presidente Obama, las alegorías y metáforas de Bergoglio dan la impresión de querer empujar a los pueblos hacia posiciones de empoderamiento y de reto al sistema, pero su planteamiento acaba dentro del establishment; sirve para adormecer conciencias, aquietarlas con la promesa del reino divino, más que alebrestarlas. En efecto, Bergoglio logró apaciguar el encrespamiento del oleaje mexicano y consiguió dilatar el tiempo político para la maniobra del Estado, a quien en efecto reconvino, pero de igual a igual; nada que se saliera del marco previamente acordado.

Por esa misma razón no tocó el trágico asunto de la pederastia en la cuna del mayor escándalo de perversión que protagonizó contra la niñez Marcial Maciel, jefe de la Legión de Cristo. Sí, puede decirse que lo hizo en el avión de regreso a Roma, pero ya lejos de aquellos que habían gestionado los recursos necesarios para sufragar los gastos de la costosa visita, entre quienes según lo señalaron los mismos católicos estaban los famosos legionarios. Mario Bergoglio tampoco se ocupó de los ataques de los que son objeto aquellos que cotidianamente dan la cara por los transmigrantes centroamericanos ante las pandillas del crimen organizado y los sicarios de las gubernaturas por las que atraviesan en su camino hacia el norte. Entre ellos está el propio Alejandro Solalinde, perseguido por caciques, mafias y gobernantes de los estados de Oaxaca y Veracruz. El vicario de Cristo perdió la oportunidad de trascender el oropel y las lisonjas televisivas que han acompañado a los papas que lo antecedieron y mostrar valentía ante las circunstancias que un pueblo profundamente religioso como el mexicano está viviendo. Pero no, sus respuestas en tierra como en el vuelo de regreso mostraron a un político avezado, con respuestas insinceras, algo que Mario Bergoglio tendrá que resolver con su propio confesor. Pero más allá de los retruécanos, las frases papales se sintieron también vacías, sin ningún efecto práctico sobre la liberación que necesitan las naciones que agrupan a contingentes católicos mayoritarios, como es el caso en Latinoamérica. Por lo pronto, los ganadores momentáneos del viaje a México son los mercaderes del templo, los que desde hace tiempo vienen preparando la recaptura electoral de 2018. No tardaremos mucho en saber cuánto aguantaremos.

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¿Llegará el helicóptero monetario?

Mér, 16/03/2016 - 12:33
Alejandro Nadal, La Jornada

La mayor parte de las economías capitalistas desarrolladas tienen ya varios años de estar aplicando una política monetaria con tasas de interés cercanas a cero. Esta postura de política monetaria (conocida como ZIRP, por sus siglas en inglés) busca crear incentivos para que el crédito vuelva a fluir hacia inversionistas y consumidores.

Los efectos reales de esta política no han sido lo que se esperaba. Las economías que han aplicado una ZIRP no han logrado recuperarse de la crisis de 2008. Y si la economía mundial se hunde en la recesión parece que los bancos centrales ya no tienen instrumentos para responder a la nueva emergencia. Se les acabó la pólvora cuando la verdadera guerra está a punto de comenzar.

Los límites de la política monetaria son bien conocidos. Aún con una tasa ZIRP los bancos comerciales no están otorgando créditos y ni los consumidores, ni los inversionistas están haciendo colas para pedir préstamos. Como dice el refrán, se puede llevar un caballo al abrevadero pero no se le puede obligar a tomar agua

Ahora el espectro de la deflación ha llevado a implementar una política de tasas de interés negativas en varios países y en la eurozona. Esta postura (conocida como NIRP, por sus siglas en inglés) implica cobrar a los bancos privados por tener sus reservas en el banco central. El objetivo es promover el crédito para empresas y consumidores y evitar que se contraiga más la demanda agregada cuando los agentes atesoran su dinero. Pero la NIRP tiene peligros. El más importante es que afecta la rentabilidad de los bancos comerciales y éstos pueden optar por trasladar la carga a los usuarios de la banca. El resultado final es incrementar el costo del crédito y el efecto es contraproducente. Además, hoy las tasas negativas parecen estar buscando más incrementar la demanda agregada a través de la devaluación de la moneda, lo que no ayuda mucho a coordinar la política macroeconómica global.

¿Cuál es la solución si se quiere incrementar la demanda agregada en épocas de deflación? Una posibilidad de la que se habla hoy con más frecuencia es la del helicóptero monetario. Esta es una idea propuesta originalmente por el gurú del monetarismo contemporáneo, Milton Friedman, en 1969 (en su artículo La cantidad óptima de dinero). La imagen utilizada por Friedman fue la siguiente: si un banco central quisiera salir de la deflación y promover el crecimiento podría darle a la ciudadanía una transferencia directa de dinero, tal y como si un helicóptero dejara caer dinero sobre una comunidad. Esta transferencia directa tendría que ir acompañada de la certeza de que esta expansión de la oferta monetaria sería única: los consumidores podrían gastar libremente el dinero adicional, llevando la inflación al nivel deseado por el banco central. En 2012 Ben Bernanke desarrolló esta idea señalando que esto se podría llevar a cabo a través de reducciones en los impuestos directos, lo que llevaría a un incremento del déficit fiscal que podría ser financiado con creación monetaria por parte del banco central.

La gran diferencia entre el dinero esparcido por un helicóptero y la actual política de flexibilidad monetaria es que ésta sólo ha servido para comprar activos financieros (bonos del tesoro, por ejemplo) a cambio de reservas bancarias. Esto podría servir para que los bancos experimentaran menos restricciones y pudieran reanudar sus actividades de préstamos. Pero la carga del sobrendeudamiento de familias y empresas ha impedido la expansión del crédito. Las transferencias directas realizadas por el helicóptero monetario irían a las manos del consumidor sin intermediación. No habría que esperar a que una especie de efecto de goteo desde el sector financiero lleve a un incremento del poder de compra de los consumidores.

Claro, el helicóptero monetario es una simple metáfora: de lo que hay que hablar es de una redefinición de la política fiscal. Para que funcione esta política de transferencias directas se requiere rediseñar las relaciones entre el gasto público y el banco central. Específicamente, se necesita abandonar la idea de la autonomía del banco central y restablecer las condiciones bajo las cuales el gobierno puede cubrir un déficit fiscal a través de su monetización. De esta manera la política fiscal podría redirigirse a incrementar el gasto en educación, salud, infraestructura y desarrollo de nuevas tecnologías sin temor de incurrir en un déficit que sólo puede cubrirse a través de mayor endeudamiento en los mercados financieros.

La política fiscal debe poder utilizarse plenamente y eso precisa una relación nueva entre gobiernos y bancos centrales. Eso debe ir acompañado de controles democráticos en un contexto republicano que evite los abusos de gobiernos irresponsables o corruptos, pero también los abusos del sector financiero (al que hoy en día están sometidos los bancos centrales en todo el mundo). Los dogmas neoliberales deben ser abandonados si se quiere salir de la deflación.

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¿Otra crisis financiera?

Mér, 16/03/2016 - 07:00
Mikel Noval, Rebelión

En las últimas semanas hemos escuchado muchas voces que están poniendo en duda la salud de la economía europea y mundial, y en especial la de las entidades financieras (más las europeas en este caso). Voces que proceden también de los medios que representan a la élite económica dominante.

Existen datos que avalan esas afirmaciones, entre los que vamos a señalar dos:

Ha empeorado la situación económica de los denominados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). La situación no es homogénea en todos ellos, ni mucho menos. Así, el PIB de Brasil y Rusia cae (a un 1,7 y un 4% respectivamente) y el de China crece (un 6,9%, la cifra más baja de los últimos años. A ello habría que añadir el giro dado en ese país hacia la economía interna). En todo caso, se constata una ralentización o estancamiento económico en esos países que tiene ya repercusiones en el resto de economías mundiales.

Han tratado de hacernos creer que el impulso de la economía se debía limitar a una política de bajos tipos de interés, a la vez que se aplicaban las políticas de ajuste presupuestario (fundamentalmente recortando el gasto social). Esto ha llevado a que hoy en día los tipos de interés estén llegando a ser negativos, como ocurre por ejemplo con el euribor a un año (el que se toma como referencia para la renovación de los préstamos hipotecarios). Esos bajos tipos de interés no han dado como resultado esa anunciada recuperación económica. Además, los bajos tipos están contribuyendo a agravar aún más la situación de las entidades financieras, que no encuentran rentabilidad en el negocio bancario tradicional. Esto ha hecho que se siga favoreciendo la especulación, a la que no se ha puesto ninguna cortapisa, con el consiguiente riesgo cierto de que estallen nuevas burbujas. Por tanto, se constata la posibilidad de que se dé una nueva crisis bancaria y se ve que la política monetaria (bajos tipos de interés) no va a servir para impulsar la economía en Estados Unidos y en la Unión Europea.

En anteriores Análisis de Coyuntura ELA ya había señalado que las políticas europeas no tenían como objetivo el impulso económico, sino que trataban de salvar la Banca. Dos tipos de medidas han ido en esa dirección:

1. Los programas de rescate a la banca, a través del dinero público. De 2008 a 2012 (últimos datos oficiales disponibles) los gobiernos de la Unión Europea destinaron 413.196 millones de euros a recapitalizar bancos o a rescatar sus activos deteriorados. Esta cifra equivale al 5,44% del PIB de un año. A ello hay que añadir los 3,37 billones de euros (27,37% del PIB de un año) destinados a garantías y otras medidas de liquidez con las que se ha beneficiado a la banca. Ingentes cantidades de dinero que han repercutido en el mencionado recorte del gasto público en otras materias.

2. El Banco Central Europeo ofrece a la banca diversas vías de financiación a bajo coste. Las cantidades se han más que duplicado desde 2008, hasta alcanzar un saldo de casi 1,4 billones de euros en 2015.

Los gobiernos de la Unión Europea y las instituciones que la gobiernan insisten en la necesidad de seguir aplicando las políticas de ajuste y las consiguientes «reformas estructurales» (que no son otra cosa que un recorte de los derechos laborales y sociales y una intensificación de las privatizaciones y de convertir en negocio todo lo que tiene que ver con los servicios públicos).

A la vista de ello, de confirmarse los vaticinios de quienes anuncian los riesgos de una nueva recesión y una nueva crisis bancaria, sería inaceptable que las políticas que se quisiesen aplicar volviesen a ser las mismas que hemos sufrido en los últimos años: nuevos rescates bancarios con dinero público y más recortes de derechos sociales y laborales. Como ha ocurrido, de esa manera habría más paro y más pobreza, y una enorme acumulación de capital en muy pocas manos que hará crecer las desigualdades. Todo ello desde un punto de partida peor que el que existía en 2008. Sin embargo, todo hace pensar que esa sería la opción de los actuales poderes económicos, financieros y políticos.

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Réquiem por la globalización

Mar, 15/03/2016 - 20:45
Germán Gorraiz López, Alainet

El fenómeno de la globalización económica ha conseguido que todos los elementos racionales de la economía estén inter-relacionados entre sí debido a la consolidación de los oligopolios, la convergencia tecnológica y los acuerdos tácitos corporativos, por lo que la irrupción de la crisis económica en la aldea global ha provocado la aparición de nuevos retos para gobiernos e instituciones sumidas en el desconcierto y en la incredulidad, retornando lenta pero inexorablemente a escenarios económicos desconocidos desde la II Guerra Mundial.

Así, la sustitución de la doctrina económica de Equilibrio presupuestario de los Estados por la del déficit endémico, (práctica que por mimetismo, adoptarán las economías domésticas y las empresas y organismos públicos y privados), ha contribuido a la desaparición de la cultura del ahorro, endeudamiento crónico y excesiva dependencia de la Financiación Exterior. Asimismo, la política suicida en la concesión de créditos e hipotecas de alto riesgo de las principales entidades bancarias mundiales que inmersos en la vorágine expansiva de la economía mundial del último decenio y en aras de optimizar su cuenta de resultados, habrían actuado obviando las más elementales normas de prudencia crediticia, convirtiéndose en meros brokers especulativos y descuidando las dotaciones a los Fondos de Provisión e Insolvencia.

Ello, unido a la falta de supervisión por parte de las autoridades monetarias de los índices de solvencia de las entidades bancarias, originó la crisis de las subprime de EE.UU., seguida de un goteo incesante de insolvencias bancarias, una severa contracción de los préstamos bancarios y una alarmante falta de liquidez monetaria y de confianza en las instituciones financieras. A ello se sumaría la instauración del consumismo compulsivo en los países desarrollados, favorecido por el bombardeo incesante de la publicidad, el uso irracional de las tarjetas de plástico, la concesión de créditos instantáneos con sangrantes intereses y la invasión de una marea de productos manufacturados de calidad dudosa y precios sin competencia, provenientes de los países emergentes, pues la obsesión paranoica de las multinacionales apátridas o corporaciones transnacionales, por maximizar los beneficios, (debido al apetito insaciable de sus accionistas, al exigir incrementos constantes en los dividendos), les habría inducido a endeudarse peligrosamente en aras del gigantismo, mediante OPAS hostiles e intensificando la política de deslocalización de empresas a países emergentes, en aras de reducir los costes de producción, (dado el enorme diferencial en salarios y la ausencia de derechos laborales de los trabajadores).

Sin embargo, la entrada en escenarios de recesión de países como Noruega, Canadá, Brasil, Rusia y Finlandia debido al desplome de las commodities y ciertos indicadores macroeconómicos recientes de países como China o EEUU han alertado del riesgo de que el estancamiento económico se adueñe de la economía mundial en el 2016 lo que aunado con la reciente subida de tipos de interés del dólar, hará que los inversionistas se distancien de los activos de renta variable y que los bajistas se alcen con el timón de la nave bursátil mundial, derivando en una psicosis vendedora que terminará por desencadenar el estallido de la actual burbuja bursátil. Dicha burbuja sería hija de la euforia de Wall Street (y por extrapolación del resto de bolsas mundiales) tras las políticas monetarias de los grandes bancos centrales mundiales que han inundado los mercados con centenares de miles de millones de dólares y euros con la esperanza de relanzar la economía, más aún cuando las colocaciones sin riesgo ( deuda de EEUU o de Alemania), no retribuyen nada a los inversionistas lo que aunado con un posible repunte del precio del crudo debido a factores geopolíticos desestabilizadores (Ucrania, Libia, Siria e Irak), podría producir un nuevo crash bursátil pues el nivel suelo de las Bolsas mundiales, (nivel en el que confluyen beneficios y multiplicadores mínimos), se movería en la horquilla de los 12.000-13.000 en Mercados Bursátiles como el Dow Jones, a años luz de los estratosféricos techos actuales, rememorando valores de octubre del 2008. Dicho estallido provocará la consiguiente inanición financiera de las empresas y subsiguiente devaluación de sus monedas para incrementar sus exportaciones y tendrá como efectos benéficos el obligar a las compañías a redefinir estrategias, ajustar estructuras, restaurar sus finanzas y restablecer su crédito ante el mercado (como ocurrió en la crisis bursátil del 2000-2002) y como daños colaterales la ruina de millones de pequeños inversores todavía deslumbrados por las luces de la estratosfera, la inanición financiera de las empresas y el consecuente efecto dominó en la declaración de quiebras e incrementos de la tasa de paro hasta niveles desconocidos desde la época de la II Guerra mundial aunado con incrementos espectaculares del déficit Público y de la Deuda Externa.

El retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría entre EEUU-Rusia tras la crisis de Ucrania y la mutua imposición de sanciones entre UE-Japón-EEUU por un lado y Rusia por el otro, marcarían el inicio del ocaso de la economía global y del libre comercio, máxime al haberse demostrado inoperante la Ronda Doha (organismo que tenía como objetivo principal de liberalizar el comercio mundial por medio de una gran negociación entre los 153 países miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y haber fracasado en todos sus intentos desde su creación en el 2011. Así, no sería descartable la implementación por las economías del Primer Mundo de medidas proteccionistas frente a los países emergentes (Fomento del Consumo de Productos nacionales) en forma de ayudas para evitar la deslocalización de empresas, subvenciones a la industria agroalimentaria para la Instauración de la etiqueta BIO a todos sus productos manufacturados, Elevación de los Parámetros de calidad exigidos a los productos manufacturados del exterior y la imposición de medidas fitosanitarias adicionales a los productos de países emergentes, lo que obligará a China, México, Brasil e India a realizar costosísimas inversiones para reducir sus niveles de contaminación y mejorar los parámetros de calidad, dibujándose un escenario a cinco años en el que se pasaría de las guerras comerciales al proteccionismo económico, con la subsiguiente contracción del comercio mundial, posterior finiquito a la globalización económica y ulterior regreso a los compartimentos estancos en la economía mundial.

Finalmente, el cambio de patrones de consumo de los países emergentes aunado con inusuales sequías e inundaciones y la aplicación de restricciones a la exportación de los principales productores mundiales para asegurar su autoabastecimiento, conseguirá desabastecer los mercados mundiales de productos agrícolas básicos para la alimentación (trigo, maíz, mijo, sorgo y arroz), elevar sus precios hasta niveles estratosféricos y provocar una nueva crisis alimentaria mundial que irá "in crescendo" hasta alcanzar su cenit en el horizonte del 2.020 y afectará especialmente a las Antillas, América Central, México, Colombia, Venezuela, Egipto, Corea de Norte, India, China, Bangladesh y Sudeste Asiático, ensañándose con especial virulencia con el África Subsahariana y pudiendo pasar la población atrapada en la hambruna de los 1.000 millones actuales a los 2.000 millones estimados por los analistas.

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Golpe blanco en Brasil

Mar, 15/03/2016 - 16:05
Emir Sader, Página 12

El último intento de golpe militar en America latina no resultó. Fue contra Hugo Chávez, en 2002. El fue secuestrado por mandos militares, llevado a una isla, aislado, mientras el entonces presidente de la asociación de empresarios asumía la presidencia, al lado de los propietarios de los medios venezolanos, en una fiesta típica de las oligarquías golpistas latinoamericanas.

Pero la fiesta duró poco. Cuando el pueblo supo lo que ocurría, tomó el palacio y expulsó al presidente de la asociación de empresarios, así como a los dueños de los medios. El más breve presidente de Venezuela tuvo que abandonar el palacio y el país, mientras que Chávez volvía a la presidencia en los brazos del pueblo.

A partir de aquel momento la derecha latinoamericana adhirió a formas de golpes blancos. Y fue desarrollando procesos políticos incipientes, con algunas medidas antineoliberales, pero todavía sin una configuración plenamente definida, sin apoyo parlamentario, para derrumbar a sus líderes. Sucedió así con Manuel Zelaya en Honduras y con Fernando Lugo en Paraguay.

Con acusaciones sin fundamento, pero intensamente difundidas por los medios, habían generado un clima favorable a la votación del impeachment de los presidentes. En el caso de Zelaya, con su secuestro y traslado hacia Costa Rica. En ninguno de los dos casos las acusaciones fueron comprobadas, pero la operación ya estaba en marcha y aprobada por el aparato judicial de los dos países. Los golpes blancos estaban dados.

Estos golpes blancos fueron condenados ampliamente, llegando incluso a que los gobiernos instalados tras el derrocamiento de Zelaya y Lugo fueran suspendidos de los organismos internacionales a que pertenecían –OEA, Mercosur, Unasur–, hasta que la legalidad institucional fuera restablecida, con nuevas elecciones. Sucedió así porque hay un entendimiento consensual en el continente de no reconocer a gobiernos que asuman rompiendo la legalidad por medio de golpes de Estado, aun los considerados blancos. Las elecciones se realizaron en esos países, pero los candidatos apoyados por los líderes depuestos no lograron triunfar, incluso por elecciones con fraude, en el caso de Honduras. En el caso de Paraguay, la división de las fuerzas que habían apoyado a Lugo dificultó también un triunfo electoral. No hay así condiciones para que golpes blancos sean aceptados en el consenso político democrático en América latina.

Brasil es un caso típico de derrota de la oposición en elecciones plenamente reconocidas pese a lo cual la oposición insiste en buscar pretextos para un impeachment de la presidenta Dilma Rousseff. No han encontrado ningún argumento real, pero insisten en el intento, como forma de sangrar al gobierno y de prolongar la inestabilidad política en el país.

Asimismo, no bastaría a la oposición eventualmente derrumbar a la presidenta con un impeachment, porque en nuevas elecciones el favorito es Lula. De ahí que parte del golpe blanco sea buscar sacar a Lula de la disputa electoral, mediante acusaciones igualmente sin fundamento, pero contando con sectores del sistema judicial que maniobran para forjar pruebas, con medios al servicio del golpe y con una Policía Federal que se presta a operaciones brutales de forma arbitraria.

Por ello la defensa de Lula se ha vuelto no sólo la defensa del más grande líder popular y democrático que Brasil jamás tuvo, sino también la lucha en contra del golpe blanco y la defensa de la democracia en el país. Atacar a Lula es parte de los intentos de golpe blanco. Ellos necesitan ser derrotados en todos los planos, porque la democracia brasileña no sobrevivirá con estos agentes de las nuevas dictaduras. Brasil necesita de líderes legitimados por el apoyo popular, cuya presencia en la vida política cotidiana fortalece a la democracia y hace renacer la esperanza de que Brasil pueda retomar la vía del desarrollo económico con distribución de la renta, que tanto bien hizo al país y a los brasileños.

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¿Estamos en la base de una crisis estructural del capitalismo?

Lun, 14/03/2016 - 03:01
Paul Walder, El Ciudadano

Las observaciones y proyecciones económicas para el año en curso esbozadas durante los últimos meses del 2015 comenzaron a desplegarse con mayor nitidez y amplitud que todos aquellos vaticinios. Las primeras semanas de enero fueron la clara expresión de nuevos momentos de crisis y precipitación de eventos, no todos ellos acotados a los mercados financieros y las estadísticas sino conectados con dramatismo con la economía real. Desde el inicio del descenso de los precios del petróleo y otros commodities hacia la mitad del 2014, numerosas compañías locales y transnacionales, en una enloquecida operación de reducción de costos, comenzaron a alivianar la carga mediante recortes en la producción, licuación de activos y términos de actividades de exploración de nuevos yacimientos. Un conjunto de medidas de achique que no se comparan con la más brutal de todas: la eliminación en masa de sus trabajadores.

Si este es el oscurecido rostro económico que exhibe el sector privado transnacionalizado, las áreas estatales también se muestran ensombrecidas. El violento desplome de los precios de las materias primas, pero especialmente del petróleo, alimento y vitamina para el crecimiento del capital, también ha reducido los ingresos fiscales de países exportadores de estos productos. Unos los sufren vía menores ingresos tributarios, como Chile, y otros, como Venezuela o Arabia Saudita, con industrias petroleras estatales, mediante una merma aún mayor de sus arcas fiscales. En todos los casos, las consecuencias se ven con claridad en la mella de sus programas sociales y en el ingreso a una etapa política de gran inestabilidad.

El mayor y más reciente evento en el espacio económico se expresó durante los primeros días del año en curso. Desde la primera jornada financiera del 2016, todo se ha venido cuesta abajo: el cobre, el petróleo, el maíz, el gas, otros commodities y todos los mercados de valores fueron empujados al suelo tras especulaciones respecto al futuro de la economía China como motor del crecimiento mundial. En medio de la caída de los precios de los commodities y la contracción de los mercados asiáticos globalizados, con efectos directos en el resto del mundo financiero, la pregunta que han esbozado numerosos analistas y oficiantes de los mercados es si vamos hacia una nueva recesión o de lleno hacia una depresión. Una interrogante que se suma a otra aún mayor: ¿Pudo la economía mundial salir efectivamente de la crisis explosionada el 2008?

La crisis global de las hipotecas impagables de finales de la década pasada se resolvió con la ayuda de los grandes bancos centrales e inyecciones astronómicas de dinero. Este impulso llenó el mundo de capitales y divisas, favoreció a China, como motor de la producción y el crecimiento mundial, y ayudó a países exportadores de materias primas, como es el caso de Chile o de los productores de petróleo. El fuerte crecimiento chino y su demanda de commodities explicó el consumo y los altos precios de los recursos naturales durante los primeros años de esta década.

¿Crisis cíclica? Ese ciclo de altos precios y consumo de masas ha llegado a su fin. El círculo virtuoso de crecimiento económico ha terminado, como tantos otros en la historia del capitalismo. Hace un año y seis meses el valor del crudo estaba en unos 115 dólares el barril. Durante las primeras semanas de enero rompió el piso de los 30 dólares. Y lo mismo con el cobre, que se mantuvo durante los primeros años de la década sobre los cuatro dólares y hoy está pegado en torno a los dos dólares.

Es posible que este freno de las actividades productivas sea la expresión de uno de los múltiples ciclos del sistema capitalista, tal como las crisis asiática, argentina, punto com o subprimes. En este caso, tras un periodo difícil, de austeridad y de ciertas complicaciones políticas, el modelo volvería a un periodo de crecimiento. En cuanto a plazos, los observadores del establishment financiero, tales como los grandes bancos y agencias de inversión, estiman que no será ni éste ni el próximo año. El precio del petróleo, claro indicador histórico sobre los ciclos de la economía capitalista, se mantendrá bajo durante estos dos años. Una readecuación de las inversiones estimularía nuevamente la demanda en el mediano plazo alzando los precios del crudo y el crecimiento económico en general.

No son pocos los analistas que afirman que éste no es el caso. La intervención de los estados y bancos centrales la década pasada pudo ser la última vuelta posible de la rosca del modelo neoliberal por lo que estaríamos en las puertas del fin de un ciclo de larga duración del sistema capitalista. Estaríamos ante el fin de un ciclo estructural provocado por las propias contradicciones internas del capitalismo, hipótesis trabajada desde hace largos años por profesores como David Harvey o Immanuel Wallerstein.

¿Por qué han bajado tanto los precios del petróleo en tan poco tiempo? Los actuales precios del crudo son los menores registrados desde comienzos de la década pasada durante las crisis asiáticas y argentina, en tanto en el trance de las subprimes cayeron por un breve periodo sólo bajo los 40 dólares tras haber tocado máximos históricos sobre los 130 el año anterior. En cualquier caso, estos hitos y tendencias tuvieron una clara relación con la evolución de otros indicadores de la economía y, por cierto, con la geopolítica. El desarrollo histórico de los precios del crudo tampoco puede desligarse de los acontecimientos en Oriente Medio, la región del planeta productora de aproximadamente un tercio del petróleo que consume el mundo.

Problemas de sobre oferta Si todas las anteriores crisis petroleras habían tenido una directa vinculación con trastornos económicos o geopolíticos, la actual matiza estas variables. El proceso de caída libre del crudo iniciado el 2014 ha sorprendido a todos los analistas y agencias de inversiones, cuyos pronósticos fallaron estrepitosamente. Todos estos bancos y firmas asesoras establecieron entonces que el petróleo seguiría en alza para terminar aquel año alrededor de los 115 dólares. A más de un año de esos fallidos pronósticos, tendría que suceder un evento de gran magnitud e impacto para torcer la tendencia descendente que no ha hallado ningún freno. Porque la caída en los precios ha venido ocurriendo pese a un Oriente Medio en llamas.

Para explicar la caída en los precios los economistas del establishment recurren a las clásicas variables del mercado. Aquí habría problemas de oferta y de demanda. De partida, la caída en la demanda debido a un mundo con una economía estancada desde las crisis de la década pasada. Y como los productores necesitan también recursos, han aumentado la producción generando un mercado con excedentes.

Ante estas bajas, analistas ligados a bancos de inversión y firmas similares se preguntan por qué la OPEP se ha quedado de brazos cruzados. Algo ha hecho, pero sin llegar a acuerdos. Los saudíes han preferido mantener su cuota de mercado y no apoyar los precios con un recorte de la producción. Por su lado, Irak reduce sus precios para sus clientes asiáticos, siguiendo la estrategia de Irán y Arabia y, desde este año, Irán ingresó con fuerza en los mercados mundiales al gozar del fin de las sanciones impuestas por “occidente”.

Junto a este conjunto de variables, hay una serie de nuevos factores que también presionan los precios. Desde inicios de la década circulaban informes que apuntaban al sistema de fractura hidráulica, más conocida como fracking o también esquisto, como la tecnología que permitiría a Estados Unidos convertirse en el principal productor de crudo del mundo. Tras la crisis de las subprimes y las inyecciones de capital de los bancos centrales de los países desarrollados, el petróleo rompió la barrera de los cien dólares atrayendo a nuevos inversionistas a colocar sus activos en el fracking, tecnología de extracción de altos costos pero bastante rentable con un petróleo sobre los 70 y 80 dólares. Durante los primeros años de la década el fracking logró inundar los mercados petroleros, pero como amarga contradicción, también su aniquilación: la sobre oferta deprimió los precios internacionales del crudo y hoy ha llevado a la quiebra a no pocas empresas e inversionistas en este tipo de tecnología con consecuencias aún por verse.

También de insuficiente demanda La otra explicación de la baja está en la demanda. Es un hecho que desde la crisis de las subprimes el mundo desarrollado representado por Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, no han logrado superar por sí mismos esa crisis. Ese gran trance, fue remontado en parte con el protagonismo de China. Fue una nueva vuelta de tuerca a la máquina del consumo y producción manufacturera que benefició durante varios años a los países productores de materias primas. El alto precio de los commodities por largos años permitió que las naciones emergentes, como el caso de las latinoamericanas, pudieran sortear la crisis de una manera exitosa pero también ilusoria. En el caso de Chile, que gozó de un precio promedio del cobre sobresaliente durante el inicio de la actual década, permitió olvidar rápidamente tales obstáculos al disfrutar de altas tasas de crecimiento del PIB.

Hoy, a menos de diez años del colapso de las subprimes, hay señales, esta vez desde China, de serios problemas en la economía mundial. Lo que en estos días parece quedar en evidencia es una economía mundial incapaz de superar las trabas estructurales que condujeron a la crisis pasada. Lo que está expresando el derrumbe de las bolsas de valores planetarios y la caída de los precios de los commodities es una recaída, manifestada en otros mercados, de la economía global. Pero esta vez hay motivos de aún mayor preocupación. Por un lado tenemos la evidencia que los países desarrollados golpeados durante la década pasada nunca lograron levantarse con fuerza como para sostener una demanda persistente en el tiempo. Junto a ello, tenemos una desaceleración de la economía china, efecto que se ha transmitido de manera dramática a las economías de los países emergentes. Brasil, y varios otros países latinoamericanos terminarán este año con cifras negativas.

El momento actual ha tocado en la línea de flotación a las economías latinoamericanas. Aun cuando no se acerca a la crisis de la deuda de los años ochenta, aquella década “perdida”, hay aspectos que son, por el momento, preocupantes. Por un lado, está el efecto directo de la desaceleración china, que es la caída de los precios de las principales exportaciones y de los ingresos de divisas. Ello, a su vez, ha conducido a un fuerte proceso devaluatorio, con complicaciones cambiarias. Aun cuando una moneda devaluada favorece a los exportadores, no lo hace con el conjunto de la economía. De prolongarse y aumentar este proceso habrá alzas en los precios de productos importados o con componentes importados y aumentos en las deudas en dólares contraídas por las empresas. Si a estas variables le agregamos el alza en las tasas de interés en Estados Unidos, que podrían aumentar aún más en el corto plazo, veremos amplificado este fenómeno, con consecuencias ciertamente negativas a partir de este momento.

El petróleo es en la actualidad el motor del crecimiento económico. La relación es directa. Como escribe Alejandro Nadal en La Jornada de México, la industria energética lleva a cabo grandes inversiones y sus efectos multiplicadores en la economía son muy fuertes. “Una parte significativa del crecimiento de la economía estadounidense después de la crisis de 2008 se debió a las inversiones del sector energético (y, en especial, del fracking). Pero cuando las empresas petroleras tienen que aplicar el freno de emergencia, el efecto de contracción, con todos sus multiplicadores, no tarda en manifestarse. La crisis global sigue evolucionando”.

¿O crisis estructural? Son muchos los observadores, analistas y teóricos que prevén una crisis estructural o fin del capitalismo tal como lo conocemos hoy en día. Desde la crisis del 2008 los países desarrollados no han logrado mantener tasas importantes de crecimiento, en tanto otros, como Grecia o España, siguen empantanados. Y si desde entonces el empuje vino desde China, Brasil, Rusia y emergentes pequeños, hoy ninguna de estas naciones está en condiciones de alterar el proceso de vaciamiento económico. Estaríamos en una etapa desconocida durante los últimos siglos, un periodo de cambios estructurales que pasan, necesariamente, por la destrucción de las actuales bases.

Harvey sostiene con bastante claridad esta hipótesis en su ensayo del 2014 “Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo”. Hay suficientes argumentos, no externos, sino inherentes al capitalismo en su actual fase neoliberal, que anidan y despliegan su autodestrucción. Numerosos aspectos demasiado evidentes, desde la caída de las tasas de ganancia a la destrucción ambiental, desde la impúdica desigualdad al control de los mercados por los monopolios, los cuales impiden la reproducción del capital. Wallerstein, en su esquema del sistema mundo, confronta la teoría de los largos ciclos históricos (inspirado en Fernand Braudel), haciendo coincidir con los actuales padecimientos el fin de uno de aquellos largos períodos. Vivimos el fin de un ciclo histórico de larga duración y el inicio de otro, aun cuando incierto en su desarrollo y contenido.

Sean éstas hipótesis acertadas, erradas o todavía adelantadas, hay en los presentes episodios un aspecto que estimula una de las más agudas contradicciones del capitalismo. Tras algunos años de distensión, hoy el papel de la clase trabajadora ha sido relegado nuevamente a las canteras del origen del desarrollo del capital. Esta contradicción quedó expresada con una claridad palmaria y pasmosa en la exposición que hizo de forma muy singular Oxfam en la exclusiva reunión de las elites en Davos, Suiza, en enero pasado. Un informe de la ONG concluyó que las 62 personas más ricas del mundo acumulan más capitales que la mitad más pobres.

En los últimos cinco años esos 62 acaudalados vieron incrementar sus riquezas en 44 por ciento mientras la de la mitad más pobre se redujo en 41 por ciento. Una muestra precisa de aquel fenómeno venenoso propio del neoliberalismo que Harvey denomina “acumulación por desposesión”.

Se trate de una crisis cíclica o estructural, la realidad es que hemos ingresado en un largo corredor lleno de riesgos, que desde la economía inundan los escenarios sociales y políticos. La crisis es seria y no está acotada al sistema financiero, sino se ha extendido, como hemos citado, a los precios del petróleo y otros commodities. El crudo, y no sólo las bolsas de valores, actúa como una alarma sobre el mal estado de la economía mundial. En este contexto, podemos recordar que durante enero las pérdidas acumuladas en Wall Street ascendieron a más de 1,6 millones de millones de dólares. Una cantidad impresionante que será, sin ninguna duda, trasladada desde el uno por ciento más rico a los trabajadores, consumidores y ciudadanos en general mediante recortes salariales, alzas de precios y otras estrategias. Una nueva movida para el engorde neoliberal o para la acumulación por desposesión.

El desplome no es considerado como portador de buenas noticias, nos alerta el economista Alejandro Nadal. “Al contrario, es un muy mal presagio de que la economía mundial seguirá empantanada en un entorno recesivo por varios años”.

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La política de la ira

Dom, 13/03/2016 - 21:20
Dani Rodrik, Project Syndicate

Tal vez lo único que sorprende de la reacción populista que ha abrumado a la política en muchas democracias avanzadas sea que haya tardado tanto en llegar. Incluso hace dos décadas era fácil predecir que la falta de voluntad de los políticos dominantes para ofrecer remedios contra la inseguridad y la desigualdad de nuestra era hiperglobalizada abriría un espacio político para los demagogos con soluciones fáciles. En esa época fueron Ross Perot y Patrick Buchanan; hoy son Donald Trump, Marine Le Pen y varios más.

La historia nunca se repite exactamente, pero sus lecciones no dejan de ser importantes. Debemos recordar que la primera época de la globalización, que alcanzó su cúspide en las décadas previas a la Primera Guerra Mundial, produjo eventualmente una reacción política todavía más grave.

La evidencia histórica ha sido bien resumida por mi colega de Harvard, Jeffry Frieden. En el apogeo del patrón oro, sostiene Frieden, los actores políticos dominantes tuvieron que restar importancia a la reforma social y la identidad nacional porque priorizaron las vinculaciones económicas internacionales. La respuesta asumió dos formas fatales en el período de entreguerras: los socialistas y los comunistas eligieron la reforma social, mientras que los fascistas prefirieron la reafirmación nacional. Ambos caminos se alejaban de la globalización y propugnaban un cierre económico (y cosas mucho peores).

La reacción actual probablemente no llegue a tanto. Sin importar cuán costosos hayan sido los trastornos derivados de la Gran Recesión y la crisis del euro, palidecen frente a los de la Gran Depresión. Las democracias avanzadas han creado —y mantienen (a pesar de los reveses recientes)— amplias redes de seguridad social en forma de seguros de desempleo, jubilaciones y beneficios familiares. La economía mundial ahora cuenta con instituciones internacionales funcionales —como el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio (OMC)— que no existían antes de la Segunda Guerra Mundial. En último lugar, pero no por ello menos importante, los movimientos políticos extremistas como el fascismo y el comunismo han sido en gran medida desacreditados.

De todas formas, los conflictos entre una economía hiperglobalizada y la cohesión social son reales, y las élites políticas dominantes los ignoran por su cuenta y riesgo. Como sostuve en mi libro de 1997 ¿Ha ido demasiado lejos la globalización?, la internacionalización de los mercados de bienes, servicios y capital abre una brecha entre los grupos cosmopolitas, profesionales y capacitados que pueden aprovecharla, y el resto de la sociedad. Se exacerban dos tipos de divisiones políticas en este proceso: una identitaria que gira alrededor de lo nacional, las etnias o la religión; y una de ingresos, vinculada con las clases sociales. Los populistas basan su atractivo en una u otra de estas divisiones. Los populistas de derecha como Trump hacen política de identidad. Los populistas de izquierda como Bernie Sanders enfatizan el abismo entre los ricos y los pobres.

En ambos casos queda claro quién es el «otro» hacia el cual dirigir la ira. ¿Apenas llegas a fin de mes? Son los chinos los que han estado robado nuestros empleos. ¿Te molesta el crimen? Son los mexicanos y otros inmigrantes que traen sus luchas de pandillas al país. ¿Terrorismo? Pues, son los musulmanes, por supuesto. ¿Corrupción política? ¿Qué puedes esperar cuando los grandes bancos financian nuestro sistema político? A diferencia de las élites políticas dominantes, los populistas pueden señalar fácilmente a los culpables de los males de las masas.

Por supuesto, los políticos dominantes están comprometidos porque fueron quienes tomaron las decisiones todo este tiempo, pero también están inmovilizados debido a su narrativa central, que huele a inacción e impotencia.

Esta narrativa culpa a fuerzas tecnológicas que están más allá de nuestro control por el estancamiento de los salarios y la creciente desigualdad. Trata a la globalización y las normas que la sostienen como algo inexorable e inevitable. El remedio que ofrece —la inversión en educación y habilidades— promete pocas recompensas inmediatas y, en el mejor de los casos, daría resultado dentro de años.

En realidad, la economía mundial actual es producto de decisiones explícitas que los gobiernos han tomado en el pasado. Fue una decisión no detenerse en el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por su sigla en inglés) y crear la OMC, mucho más ambiciosa y entrometida. De manera similar, será una elección la de ratificar los futuros megaacuerdos comerciales, como el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica y el Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión.

Fue decisión de los gobiernos relajar las normas financieras y procurar la completa movilidad transfronteriza del capital, así como fue una elección mantener estas políticas casi intactas a pesar de la tremenda crisis financiera mundial. Y, como Anthony Atkinson nos lo recuerda en su magistral libro sobre la desigualdad, incluso el cambio tecnológico no es inmune a la capacidad de agencia del gobierno: los responsables de las políticas pueden hacer muchas cosas para influir sobre la dirección del cambio tecnológico y garantizar que genere más empleos e igualdad.

El atractivo de los populistas es que dan voz a la ira de los excluidos. Ofrecen una grandiosa narrativa y soluciones concretas, aun cuando sean engañosas y, a menudo, peligrosas. Los políticos dominantes no recuperarán el terreno perdido hasta que también ellos ofrezcan soluciones serias que dejen lugar a la esperanza. Deben dejar de esconderse detrás de la tecnología o la globalización inevitables, estar dispuestos ser audaces y encarar reformas de gran escala que afecten la forma en que funcionan las economías locales y la mundial.

Si una de las lecciones de la historia es el peligro de los estragos de la globalización, otra es el de la maleabilidad del capitalismo. Fueron el New Deal, el estado de bienestar y la globalización controlada (bajo el régimen de Bretton Woods) los que eventualmente revitalizaron las sociedades orientadas a los mercados y llevaron al boom de la posguerra. Estos logros no se produjeron con ajustes superficiales y pequeñas modificaciones de las políticas existentes, sino una ingeniería institucional radical.

Señores políticos moderados, tomen nota.

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La caída de la demanda: ¿secuela reptando la realidad?

Dom, 13/03/2016 - 07:01
Immanuel Wallerstein, La Jornada

La ideología neoliberal ha dominado el discurso mundial durante los primeros 15 años del siglo XXI. El mantra ha sido que la única política viable para gobiernos y movimientos sociales era otorgar prioridad a algo conocido como mercado. La resistencia a esta creencia se volvió mínima, en tanto partidos y movimientos que se dicen a sí mismos de izquierda, o por lo menos de centro-izquierda, abandonaron su tradicional énfasis en medidas propias de un Estado de bienestar y aceptaron la validez de esta posición orientada al mercado. Arguyeron que por lo menos se podría suavizar su impacto reteniendo alguna pequeña parte de las históricas redes de seguridad construidas por más de 150 años.

La política resultante fue una que radicalmente redujo el nivel de impuestos para los sectores más acaudalados de la población, lo que por tanto incrementó la brecha del ingreso entre este sector acaudalado y el resto de la población. Las firmas, en especial las grandes, pudieron incrementar sus niveles de ganancia reduciendo o dislocando sus empleos.

La justificación ofrecida por sus proponentes fue que, con el tiempo, esta política volvería a crear los empleos que se habían perdido y que habría algún efecto de derrama del valor incrementado que podría crearse si se permitía que el mercado prevaleciera. El llamado mercado nunca fue una fuerza independiente de la política. Pero esta verdad elemental fue diligentemente pasada por alto o, si alguna vez se le discutía, se le negaba con ferocidad.

¿Terminó aquel día? ¿Hay lo que en un reciente artículo de Le Monde se le llama un regreso tímido de las instituciones del establishment a una preocupación por sostener la demanda? Ocurrieron por lo menos dos signos de esto, ambos de peso considerable. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha sido por mucho tiempo el pilar más fuerte de la ideología neoliberal, e impone sus requisitos a todos los gobiernos que le solicitan préstamos. No obstante, en un memorándum emitido el 24 de febrero de 2016, el Fondo Monetario Internacional expresó sus preocupaciones en público en relación con lo anémica que se ha tornado la demanda. Urgió a que los ministros de Finanzas del G-20 se movieran más allá de las políticas monetarias para dar aliento a las inversiones en vez de a los ahorros, para sostener la demanda creando empleos. Esto significa un viraje muy fuerte para el FMI.

Más o menos al mismo tiempo (el 18 de febrero), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el segundo pilar en importancia en cuanto a ideología neoliberal, difundió un memorándum anunciando un viraje semejante. Y dijo que era urgente involucrarse colectivamente en acciones que pudieran sostener la demanda mundial.

Por eso mi pregunta: ¿se cuela reptando la realidad? Bueno, sí, aunque sólo sea tímidamente. El hecho es que, a escala global, el crecimiento prometido en producción de valor agregado no ha ocurrido. Por supuesto la caída es dispareja. China sigue creciendo, aunque sea a un ritmo reducido, uno que amenaza con caer aún más. Estados Unidos parece seguir creciendo, en gran medida porque, relativamente, el dólar sigue pareciendo el lugar más seguro para que los gobiernos y los ricos estacionen su dinero. Pero la deflación parece haberse vuelto la realidad dominante de casi toda Europa y de casi todas las llamadas economías emergentes del sur global.

Ahora todos estamos en un juego de espera. ¿Acaso las tímidas jugadas recomendadas por el FMI y la OCDE restañarán la realidad de una demanda mundial en declive? ¿Podrá resistir el dólar una ulterior pérdida de la confianza en su capacidad para ser un repositorio estable del valor? ¿O nos movemos hacia un alocado vaivén mucho mayor y más severo en el llamado mercado, con todas las consecuencias políticas que esto sin duda acarreará?

Una caída en la demanda mundial es la consecuencia directa de una reducción en el empleo mundial. En los últimos 200, inclusive 500 años, cada vez que había un cambio tecnológico que desaparecía empleos en alguno de los sectores productivos, los obreros que estaban perdiendo su empleo resistieron estos cambios. Quienes resistían se involucraron en las llamadas demandas ludditas de mantener la tecnología previa.

Políticamente, la resistencia luddita siempre ha demostrado ser infructuosa. Las fuerzas del establishment dijeron siempre que se crearían nuevos empleos en reemplazo de aquellos que se perdieron, y que se renovaría el crecimiento. Y era cierto. De hecho se crearon nuevos empleos –pero no entre los trabajadores de cuello azul. Más bien los nuevos empleos fueron trabajos de cuello blanco. Como resultado, y en el más largo plazo, la economía-mundo vio una reducción en los empleos de cuello azul y un aumento significativo en el porcentaje de los trabajadores de cuello blanco.

Se ha asumido siempre que los empleos de cuello blanco estaban exentos de eliminación. Se suponía que estos empleos requerían interacciones de humanos con otros humanos. Se pensaba que no había máquinas que pudieran reemplazar al trabajador humano. Bueno, eso ya no es así.

Ha habido un gran avance tecnológico que permite que las máquinas realicen cálculos de enormes cantidades de datos que hasta ahora fueron el ámbito de asesores financieros de nivel bajo. De hecho estas máquinas están en camino de eliminar puestos de trabajo de esos empleos de cuello blanco de nivel bajo. Con seguridad, esto todavía no ha afectado a los que podrían llamarse puestos de supervisión o mayor nivel. Pero uno puede ver para dónde sopla el viento.

Cuando los puestos de cuello blanco eran eliminados o reducidos en número, de hecho fueron reemplazados por nuevos puestos de cuello blanco. Sin embargo, ahora, cuando desaparecen puestos de cuello blanco, ¿dónde está el contenedor de los nuevos empleos que vayan a crearse? Y si no pueden ser localizados, el efecto global es que disminuyen severamente la demanda efectiva.

Sin embargo, la demanda efectiva es el sine qua non del capitalismo como sistema histórico. Sin una demanda efectiva, no puede haber acumulación de capital. Ésta es la realidad que parece colarse reptando. No sorprende entonces que se expresen las preocupaciones. Pero no es probable que los tímidos intentos de lidiar con esta nueva realidad hagan, de hecho, una diferencia. La crisis estructural de nuestro sistema está en plena expansión. La gran pregunta no es si podemos reparar el sistema, sino con qué vamos a reemplazarlo.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Abandonar el euro es el camino más rápido para que España alcance el pleno empleo

Sáb, 12/03/2016 - 02:00
Mark Weisbrot, El Economista

Las elecciones de diciembre en España fueron la prueba, si alguien la necesitaba, de que la lucha por el futuro económico y social de Europa está lejos de llegar a su fin.

Por primera vez en tres décadas, ninguno de los dos grandes partidos que han gobernado en España desde su transición incompleta a la democracia ha sido capaz de formar una coalición de gobierno. El partido de derechas en el gobierno en funciones, el Partido Popular (con raíces en la dictadura fascista de Francisco Franco) sigue siendo el partido con mayor presencia en el Congreso, pero su representación se ha reducido un tercio.

Al partido de centro-izquierda (PSOE), que perdió su mayoría frente al PP en 2011 por su respaldo a la austeridad, le fue incluso peor. Muchos de sus antiguos votantes fueron a parar principalmente a Podemos, un nuevo partido de izquierda, con menos de dos años de vida, que nació de las masivas protestas contra la austeridad.

Podemos sorprendió a los gabinetes demoscópicos y a la mayoría de los medios de comunicación al conseguir el 20,7% de los votos, a sólo 1,3 puntos del PSOE. El PP obtuvo el 28,7% y un nuevo partido, denominado Ciudadanos, que algunos han calificado como 'el Podemos de derecha', obtuvo el 13,9%.

La agitación política que rompió el sistema bipartidista en España forma parte de un proceso en curso que ha asediado a los gobiernos europeos desde la recesión mundial de 2009. Se estima que el PIB de los diecinueve países de la Eurozona ha crecido un 1,5% en 2015; algunos pueden haber pensado que una recuperación económica tan débil y la capitulación del gobierno griego ante las demandas europeas el pasado julio marcan el principio de una solución al malestar económico de Europa.

Esto todavía dejaría una multitud de problemas, tanto reales como sobredimensionados: la crisis migratoria, el terrorismo, el referéndum propuesto en Reino Unido sobre la pertenencia a la UE. Pero el problema económico está en el centro de la mayor parte de problemas y puede dificultar considerablemente su solución. La llegada de hasta un millón de inmigrantes a una población europea de más de 503 millones de personas no sería tan volátil políticamente si la región no conociera además un desempleo masivo y una inseguridad económica prolongada.

Los problemas de Europa La solución del problema económico se enfrenta a dos obstáculos principales: primero, la pérdida de soberanía económica y democracia, que permitirá, en los casos en que no les fuerce, a los gobiernos cambiar de dirección frente al fracaso económico a largo plazo; y segundo, las narrativas falsas con las que generalmente se presenta al público la economía europea, propagando un diagnóstico equivocado.

La pérdida de soberanía económica es la principal razón de que la zona Euro tenga una tasa de desempleo más de dos veces superior a la de Estados Unidos. Incluso si los votantes estadounidenses hubieran elegido a Mitt Romney en 2012, éste no se hubiera atrevido a hacer lo que los gobiernos de la Eurozona (especialmente los de los países más vulnerables) han hecho, ya que habría supuesto un obstáculo a su reelección. Los países de la Eurozona cedieron el control sobre sus políticas macroeconómicas más importantes: la política monetaria (incluidos los tipos de interés), la política de la tasa de cambio (adoptando el euro) y cuando empezaron los problemas descubrieron que también su política fiscal (impuesto y gasto público) podía ser incautada por una élite ajena a sus intereses.

Sin soberanía económica nacional, hay poco lugar para la democracia en la política económica. Esta debiera de haber sido la lección que todos deberíamos haber extraído de los últimos siete años. Los países de la Eurozona entregaron su soberanía a un grupo de personas con una agenda política bastante hostil a los intereses de la mayoría de los europeos (un grupo al que los ciudadanos jamás hubieran votado). Yanis Varoufakis, ministro de Finanzas bajo el primer gobierno del primer ministro Alexis Tsipras entre enero y julio del año pasado, ha señalado que el Eurogrupo de ministros de economía y finanzas (con quienes trataba de negociar el futuro de Grecia) "ni fue elegido ni rinde cuentas a nadie" y que ni siquiera cuenta con un estatus legal. Pero la llamada 'troika', que ha dictado muchas de las decisiones económicas a Grecia en los últimos seis años de recesión (el Banco Central Europeo (BCE), la Comisión Europea y el FMI), no es muy diferente.

Hay una serie de documentos que detallan la agenda económica de la troika y el Eurogrupo. El artículo IV del Convenio Constitutivo del FMI requiere que los países miembros mantengan reuniones regulares con el FMI y que éstas deriven en un informe que describa el estado actual de la economía y recomiende diferentes políticas. Una ojeada a 67 de las denominadas reuniones del artículo IV para los 27 países de la UE entre 2008 y 2011 muestra un patrón sorprendentemente consistente.

Hay recomendaciones orientadas a reducir el empleo y los salarios en el sector público, recortar el gasto en pensiones y asistencia sanitaria, endurecer las condiciones para optar a seguro de desempleo y otras medidas para incrementar la fuerza de trabajo, modificar leyes para que reduzcan el poder de negociación de los trabajadoras, entre otros muchos cambios tendentes al aumento de la desigualdad.

En la medida en que estos documentos son un producto de la negociación entre los funcionarios del ministerio de finanzas y el personal del FMI (dirigido por directores europeos) representan un consenso de élite muy alejado de lo que los ciudadanos de estos países querrían o manifestarían a través de su voto. Como era de esperar, son estas mismas políticas las que se han implementado, con especial insistencia en los países más vulnerables de la Eurozona, desde 2010. Alemania y la austeridad La lucha en curso es, por tanto, mucho más que el habitual conflicto entre acreedores y deudores, o incluso entre países acreedores y países deudores (a pesar del evidente liderazgo de Alemania en el bando de la austeridad). De hecho, los acreedores privados griegos vieron reducidos en un 50% en sus principales bonos a principios de 2012, a pesar de que pudo haberse evitado en su mayor parte con simple respaldo del BCE a los bonos griegos cuando empezaron a tener problemas en 2009.

Esto es lo que teóricamente debe hacer un banco central y lo que el BCE finalmente hizo con los bonos españoles e italianos en julio de 2012, cuando el presidente del BCE Mario Draghi anunció que iba hacer "todo lo que sea necesario" para asegurar la estabilidad del euro. Estas cinco palabras pusieron fin a la parte financiera de la crisis europea; el momento crítico se hizo evidente en los intereses de los bonos de los gobiernos español e italiano, que cayeron de picos insostenibles de 6 e incluso 7% a alrededor de 1,6% en la actualidad (bonos italianos a diez años).

La pregunta que quedó sin responder es: ¿por qué el BCE no hizo esto dos años antes, y evitó así las crisis que se repitieron en 2011 y 2012? La respuesta puede encontrarse en los documentos del Artículo IV del FMI, así como en las declaraciones de los funcionarios europeos. En una reunión del Artículo IV con Francia en 2009 se puede leer: "La experiencia histórica indica que consolidaciones fiscales exitosas se hicieron con frecuencia en medio de recesiones económicas o en estadios iniciales de recuperación".

En otras palabras, las autoridades europeas vieron la crisis financiera como una oportunidad para forzar a los gobiernos de la Eurozona a aceptar sus términos y condiciones. Es importante entender esto porque muestra hasta qué punto están comprometidos con ese consenso de élites para rehacer Europa. Estaban dispuestos a hacer pasar a la Eurozona dos años más de crisis y recesión -una desaceleración que los Estados Unidos, cuya Gran Recesión acabó en junio de 2009 (18 meses después de empezar), no conoció-.

El BCE no actuó Este compromiso se manifestó en la brutalidad con la que las autoridades europeas trataron a Grecia cuando sus votantes, tras más de seis años de recesión inducida por la austeridad, eligieron al partido de izquierda Syriza el 25 de enero de 2015. Nueve días después de que Syriza tomase posesión, el BCE interrumpió su línea de crédito primaria y más barata.

A continuación restringió la cantidad de crédito que los bancos griegos podían aportar al gobierno, algo que no había hecho con el gobierno conservador previo. Esto estrechó el nudo financiero alrededor del cuello de Grecia y contribuyó a la huida de capitales que favoreció otro empujón a Grecia hacia una nueva recesión. Entre diciembre de 2014 y el mes de abril siguiente, más de mil millones de euros (alrededor del 13% del PIB griego) salió de los depósitos bancarios griegos.

Pero esto era sólo el principio. Enseguida se vio que las autoridades europeas, lideradas por el BCE, estaban siguiendo una estrategia de cambio de régimen en Grecia. Estaban debilitando la economía con la esperanza de que el daño erosionara el apoyo al gobierno. Hubo divisiones entre las autoridades europeas; el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Shäuble, habló abiertamente de forzar la salida de Grecia del euro. Pero como confirmó Varoufakis en las rondas de negociación europeas de alto nivel, quedó claro que la Canciller alemana Angela Merkel prefería mantener a Grecia en el euro, con Syriza fuera. La administración Obama resultó estar de acuerdo con esto por razones geopolíticas.

A posteriori, quedó claro que no hubo negociaciones reales en marcha. Cuando las autoridades europeas se dieron cuenta de que Grecia nunca saldría del euro (independientemente del resultado de las negociaciones), no tenían más motivos para hacer concesiones. Fue solo palo y nada de zanahoria. Cuando el primer ministro Alexis Tsipras anunció que habría un referéndum el 5 de julio sobre el plan de austeridad del Eurogrupo, se desató toda la furia de los jefes supremos.

El BCE hizo algo que ningún banco central había hecho nunca a un gobierno bajo su jurisdicción: restringió lo suficiente el crédito como para forzar un bloqueo del sistema bancario, creando una grave crisis financiera en Grecia, forzando el establecimiento de controles de capitales que todavía hoy siguen haciendo daño a la economía. Los funcionarios europeos, que intentaron influir en el resultado declarando públicamente que un voto por el 'No' significaría la salida de Grecia del euro, dejaron claro que este asalto al sistema financiero buscaba reducir a Grecia a la sumisión.

Sorprendentemente, los votantes griegos rechazaron de forma abrumadora el plan de austeridad. Este desafío ante la violenta arremetida mediática y el bloqueo del sistema bancario es bastante extraordinario. Sin embargo, Tsipras y la mayor parte de los líderes de Syriza decidieron que no había más opción que aceptar las exigencias de las autoridades, a pesar de su larga campaña contra éstas y la austeridad en general.

Quizá aún más extraordinariamente, a pesar de algunas deserciones en el ala izquierda del partido, fueron reelegidos en septiembre. Aunque Syriza perdió su batalla crucial sobre la política económica, la estrategia de cambio de régimen también fracasó porque un número suficiente de votantes griegos comprendieron que el gobierno no fue el culpable del daño económico que el BCE había infligido.

La reelección de Syriza es la prueba no sólo de las excepcionales habilidades políticas de Tsipras, sino también de la presión ejercida por la camisa de fuerza en la que los griegos se consideraban atrapados. Llevo años defendiendo que Grecia podría haberse recuperado mucho antes si se hubiera salido del euro en lugar de firmar el primer acuerdo con el FMI en 2010, lo que les llevó a una espiral descendente que destruiría el 25% de la economía griega y empujaría a un cuarto de la fuerza de trabajo y a la mayoría de los jóvenes griegos al desempleo.

Muchos economistas comparten esta visión. El ex-economista del FMI Arvind Subramanian escribió ya en 2012 que Grecia podría recuperarse tan exitosamente fuera del euro que podría convencer a otros muchos países de la Eurozona seguir el mismo camino.

Ninguna de las crisis financieras y recesiones asociadas con devaluaciones en las últimas dos décadas, algunas de ellas bastante graves, se acerca a la recesión prolongada que ha sufrido Grecia. Y el país no está en ningún caso fuera de peligro: se prevé que su economía volverá a crecer en 2017 tras caer este año, pero los pronósticos del FMI para Grecia han sido excesivamente optimistas prácticamente todos los años desde 2010 y la insostenibilidad de la deuda del país hace que crisis adicionales sean probables.

¿Qué debe hacer España? ¿Dónde deja esto a España? El relato de la derecha es que el país se está recuperando gracias a las políticas del gobierno y que los votantes no deberían arruinar el progreso generando inestabilidad política (esto es, votando a una alternativa de izquierda). Un relato en cierto modo más extendido saca una lección simple de Grecia: desafiar a las autoridades europeas es contraproducente y no hay alternativas al actual programa económico y al desempleo masivo.

Estos relatos son erróneos. Aunque la economía española creció un 3,2% en 2015, la parte del crecimiento que se puede atribuir al éxito de las políticas de austeridad es pequeña o incluso nula. El gobierno ha seguido una política de 'devaluación interna': ya que España no puede devaluar directamente el euro, puedo hacerlo efectivamente más barato reduciendo los precios y salarios internos.

Esta devaluación se ha llevado a cabo a través de políticas que han generado recesión y un desempleo creciente, con la esperanza de que las exportaciones reaviven la economía. Sin embargo, la mayor parte del crecimiento reciente no viene de las exportaciones netas, sino de la relajación de la austeridad presupuestaria así como de la caída de los precios del petróleo (que permite a los consumidores contar con más dinero para gastar) y de la flexibilización cuantitativa del BCE (que reduce los tipos de interés).

España es la cuarta economía más grande de la Eurozona. No opera bajo un acuerdo de préstamo europeo o del FMI que la obligue a sabotear su propia economía. Sería significativamente más arriesgado, financiera y políticamente, para el BCE intentar bloquear el sistema bancario español, como hizo con Grecia. Y hay caminos hacia el pleno empleo y el progreso social en los que un gobierno español resuelto podría embarcarse manteniéndose dentro del euro. Algunos de éstos pueden verse en el programa económico de Podemos.

Por estas razones, Podemos ha dejado claro que seguirá su programa económico dentro de la Eurozona. Esto tiene sentido, dadas las graves dificultades políticas actuales para cualquier gobierno que siquiera proponga salirse del euro. Sin embargo, desde un punto de vista puramente económico, abandonar el euro sería el camino más rápido hacia el pleno empleo y el retorno a una creciente mejora en nivel de vida de la mayoría.

El liderazgo neoliberal de Europa está ofreciendo un futuro nefasto, especialmente a la juventud europea. En España, un quinto de la fuerza de trabajo está desempleada, incluyendo a la mitad de los jóvenes, y un 60 % de los desempleados llevan sin empleo desde hace más de un año. El FMI estima que el desempleo se mantendrá en el 16-17% cuando España alcance su plenitud productiva dentro de unos años. En otras palabras, este es el mejor escenario que puede alcanzar. Incluso para toda la Eurozona, el pronóstico de desempleo es de más de un 9% en 2020, cuando se prevé que la economía llegue a la plenitud de su producción potencial.

Las autoridades europeas están intentando crear una nueva imagen del desempleo de masas, un Estado de bienestar reducido y un empeoramiento de la distribución de la renta como nueva norma para Europa, al igual que los salarios estancados y la desigualdad creciente se convirtieron en norma en la economía estadounidense desde los años 80. En su relato, los beneficios electorales de los partidos de la derecha, anti-inmigrantes y racistas, se deben a un sentimiento 'antieuropeo'; en lo que respecta a la camisa de fuerza neoliberal (desde todos los puntos del espectro político) acumulan un criticismo válido. Son, precisamente, sus propias políticas y el daño que resulta de ellas lo que ha llevado, por ejemplo, a los trabajadores franceses a votar al Frente Nacional

No hay ningún motivo económico para que los europeos se rindan a la agenda política que ya les ha sometido al fracaso económico prolongado. Pero para rechazar tal programa, necesitarán gobiernos progresistas suficientemente fuertes para implementar alternativas prácticas a nivel nacional. Será una carrera contrarreloj ver si estos esfuerzos pueden tener éxito antes de que se produzca un mayor daño estructural.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Las empresas globales cuya aportación en impuestos equivale a cero

Ven, 11/03/2016 - 02:11
Pese a rendir informes sobre los beneficios antes de impuestos, 27 multinacionales estadounidenses de la lista Standard & Poor's 500 no pagaron impuestos en 2015. Entre las 27 empresas que no pagan impuestos se encuentran la compañía de telecomunicaciones Level 3 Communications, las aerolíneas United Continental y American Airlines, la compañía de automóviles General Motors y Hewlett-Packard, informa el portalUSA Today.

Tres de las empresas destacadas por la calificadora internacional de riesgo Standard & Poor's (Mallinckrodt, Willis Towers Watson y XL Group) tienen su sede fuera de EEUU y algunas son REIT (Real Estate Investment Trust), lo que les permite pasar las cargas fiscales a los accionistas. Las 27 empresas mencionadas en el artículo e incluidas en la lista de Standard & Poor's 500 generan beneficios.

Numerosas empresas estadounidenses guardan sus beneficios en zonas libres de impuestos como las Islas Caimán y otros sitios con bajos tipos en el impuesto de sociedades. Apple, Facebook, Goldman Sachs, American Express o Nike entre otras numerosas multinacionales se aprovechan de las lagunas fiscales a cuenta de los contribuyentes estadounidenses. Según el informe de US PIRG Education Fund y Citizens for Taz Justice, las empresas de la lista de Fortune 500 (o 'Riqueza 500', en español) tienen más de 2.100 millones de dólares en beneficios acumulados offshore.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El BCE baja los tipos de interés al 0% y comprará también deuda corporativa

Xov, 10/03/2016 - 22:59
Draghi ha desenfundado el bazooka, retomando el tipo de munición que ya empleó en 2014 y sorprendiendo al mercado con su contundencia, en lo que se podría considerar la tercera versión del "hacer lo que sea necesario". Es decir, lo ha hecho a lo grande: rebaja de tipos, inmersión mayor en los tipos negativos por aparcar el dinero en el banco, ampliación del programa de compra de activos (tanto en volumen como en tipo) y, sobre todo, una nueva barra libre de liquidez que podría significar que el Banco Central Europeo (BCE) pague a las entidades financieras que aumenten el crédito.

En concreto, el BCE ha decidido bajar los tipos de interés al mínimo histórico del 0% (aunque el presidente del BCE antes hubiera dicho que el 0,05% era el límite) y ha bajado el interés de la facilidad marginal de crédito al 0,25% (desde el 0,3%) y ha rebajado también más la tasa sobre los depósitos (el dinero que la banca aparca en la institución) hasta el -0,4%, desde el -0,3% anterior.

Eso sí, el presidente del banco central ha puntualizado que "el Consejo de Gobierno espera que los tipos de interés permanezcan a estos niveles o más bajos durante un largo periodo de tiempo y bien pasado el horizonte de nuestras compras de activos". Bajo sus previsiones, "no anticipamos que sea necesario reducir los tipos más", aunque ha recalcado que "no se ha quedado sin munición" y tiene más herramientas no convencionales a su disposición.

Amplía el programa de compras Más allá de los tipos, la institución amplía programa de compras de activos, la denominada flexibilización cuantitativa o QE por sus siglas en inglés, con la inclusión de deuda corporativa con grado de 'inversión'. Es decir, comprará todo tipo de bonos corporativos de empresas no financieras con la excepción de los calificados como 'bono basura'.

Esta nueva serie de activos permitirá ampliar hasta los 80.000 millones de euros mensuales el programa de estímulo, según ha explicado en un comunicado. Este nuevo incremento se comenzará a ejecutar ya desde abril de este año. Esto supone 20.000 millones más de euros al mes para la compra de estos activos. "Este programa estará activo hasta finales de marzo de 2017, aunque se podría prolongar todo lo que sea necesario", ha añadido el presidente de la institución monetaria.

El banquero italiano ha asegurado que el BCE "seguirá vigilando muy de cerca los precios en los próximos meses" y Draghi ha vuelto a señalar que el BCE tiene que hacer todo lo que pueda por llevar de nuevo la inflación a los objetivos marcados por la institución monetaria.

"El bajo precio del petróleo debería dar mayor apoyo a los consumidores y a las empresas", lo que a su vez también afecta de forma negativa a los precios, ha señalado Mario Draghi. No obstante, la política monetaria seguirá ayudando "manteniendo los tipos extraordinariamente bajos durante todo el tiempo que sea necesario".

Pagar por incrementar el crédito Por otro lado, también iniciará una nueva serie de cuatro operaciones de refinanciación a largo plazo (TLTRO II), cada una con un vencimiento de cuatro años, y se celebrarán en junio, septiembre, diciembre de este año, siendo la última en marzo de 2017.

El tipo que se aplicará a estas operaciones será el tipo principal de refinanciación que esté vigente en ese momento en el BCE, ahora mismo en el 0%, pero para los bancos que incrementen el crédito podría llegar a aplicar hasta el -0,4% al que se sitúa actualmente la tasa de depósito. Es decir, el banco central pagará a las entidades que incrementen el crédito. Es decir, el BCE dará un trato especial a las entidades que den crédito a la economía real, a diferencia de otras entidades que se centran en otro tipo de operaciones.

Esta barra libre estará limitada al 30% del total del crédito concedido por la entidad a empresas no financieras y hogares, excluyendo las hipotecas. "Un banco que sea muy activo a la hora de conceder préstamos a la economía real puede pedir prestado más que un banco que se concentre en otras actividades", especificó Draghi.

El banquero italiano tampoco ha dudado en señalar que las reformas estructurales se han ralentizado, lo que a la postre puede afectar al crecimiento del PIB. "Se están revisando los crecimientos futuros de la Eurozona a la baja, los riesgos del crecimiento global están aumentando junto con los riesgos geopolíticos".

Para que la política monetaria funcione, es necesario que las políticas fiscales y de reestructuración deben ayudar para que las medidas tomadas por el BCE logren un funcionamiento óptimo. "Se deben seguir implementando reformas estructurales que beneficien a la productividad, hay que acelerar las reformas a la vez que las políticas fiscales también deben apoyar al crecimiento económico".

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Fukushima, cinco años después

Xov, 10/03/2016 - 13:33
Chie Matsumoto, Solidarity

Dicen que el tiempo lo cura todo, pero esto no está tan claro para las personas afectadas por el peor accidente nuclear ocurrido en el mundo. Cinco años después de producirse la fusión de tres reactores de la central nuclear de Fukushima Daiichi, por lo menos 100 000 lugareños siguen estando desplazados; 80 personas se han suicidado tan solo en Fukushima debido a la pérdida de sus familias, sus bienes y toda esperanza de futuro (dato de diciembre de 2015, según el ministerio de Reconstrucción y la oficina del Consejo de Ministros); la contaminación radiactiva sigue expandiéndose y todos los viernes continúan concentrándose manifestantes de todo Japón y del extranjero ante la residencia del primer ministro en Tokio para expresar consignas antinucleares.

El gobierno japonés parece haber olvidado todo lo relacionado con la limpieza que todavía están llevando a cabo 3 000 trabajadores todos los días en la central de la Tokyo Electric Power Company (TEPCO) situada a unos 100 kilómetros de la capital.Además ha reactivado una planta que permanecía apagada en la provincia meridional de Kagoshima y se propone poner de nuevo en marcha otra que se halla en la prefectura de Fukui, en el norte. Tras el cambio de gobierno que se produjo apenas seis meses después de la catástrofe, Japón comenzó a vender tecnología nuclear a Jordania, Vietnam, Turquía y Sudáfrica, entre otros países, en todos los casos a pesar de las masivas protestas nacionales. India será el año que viene el primer país que firme un acuerdo sobre energía nuclear con Japón desde que ocurrió la catástrofe. Japón ratificó el Tratado de No Proliferación Nuclear de Naciones Unidas en 1976.

Protestas internas Muchos japoneses y japonesas se han hecho eco de esas protestas manifestándose desde el día de la catástrofeen contra de los negocios de exportación nuclear de Japón, reclamando el fin del uso de la energía atómica y su sustitución por energías renovables. Han organizado concentraciones ante el ministerio de Economía, Comercio e Industria (METI, según la sigla en inglés), que supervisa la industria nuclear. Hubo madres que hablaron en esas concentraciones por primera vez en su vida; un grupo de jóvenes iniciaron una huelga de hambre para exigir la erradicación de las centrales nucleares. Organizaron una sentada delante del METI y en septiembre de 2011 levantaron una carpa, que de inmediato se convirtió en el centro del movimiento nuclear japonés y de todo el mundo. Hubo gente que dormía en la carpa y desde allí acudía al trabajo; se celebraron conciertos antinucleares de fin de año delante de la carpa; se organizó la autodefensa contra matones de ultraderecha que intentaron destruir la carpa. Menos conocida que Occupy Wall Street, la carpa del METI fue una de las ocupaciones más largas, junto con la que hubo contra las bases de EEUU en Okinawa.

Ahora los ocupantes de la carpa se enfrentan en los tribunales al ministerio, que reclama la propiedad del terreno y exige una compensación por la ocupación durante cinco años. Han perdido en primera instancia y la instancia superior ha desestimado su recurso. La carpa está en proceso de desmantelamiento.

La voz de los trabajadores Aunque debemos seguir adelante con nuestra movilización hasta erradicar el uso de la energía nuclear, algunos trabajadores de la central consideran que no se les escucha.“No veo a ningún trabajador de la central en el movimiento”, ha dicho Ryusuke Umeda, antiguo empleado. A sus 80 años de edad, Umeda pide a los manifestantes antinucleares que sean conscientes de las condiciones de trabajo inseguras en el entorno radiactivo de las centrales nucleares.“Me gustaría que la gente preguntara si se ofrece a los trabajadores una formación adecuada en materia de salud y seguridad y supiera en qué entorno están obligados a trabajar”, ha declarado Umeda. “Sabiendo esto se sentirán todavía más convencidos de la necesidad de desmantelar todas las centrales nucleares del mundo. Con este fin dedicaré lo que queda de mi corta vida a convencer a la gente de cuánto urge conseguirlo.”

Umeda ha presentado una demanda judicial en que exige una indemnización para los trabajadores. Afirma que ha sufrido un infarto de miocardio y otras dolencias después de haber trabajado durante 43 días en centrales nucleares en 1979. Puesto que muchos de estos trabajadores acaban con graves problemas de salud, en muchos casos no encuentran otro empleo y han de afrontar gravosos gastos médicos. Umeda también vive de los subsidios del Estado. Su demanda constituye el primer juicio incoado por un trabajador de una central nuclear que reclama una indemnización por su afección cardiaca. El Estado ha reconocido ese mismo problema a las víctimas de la bomba atómica.

Hiroshi Masumoto es otro que ha tenido que vender su casa para pagar sus facturas médicas y que vive de los subsidios del Estado. De 82 años de edad, este oriundo de la ciudad de Kitakyushu, del sur de Japón, está conectado a una bombona de oxígeno para poder respirar. Masumoto, quien controlaba el nivel de exposición a la radiación de los trabajadores en varias centrales nucleares, también ha interpuesto una demanda judicial para reclamar una indemnización.

Según TEPCO, más de 6 000 trabajadores entran y salen todos los días de la central de Daiichien Fukushima. Unas 300 personas adicionales siguen descontaminando las zonas de acceso restringido y llenan unos contenedores negros flexibles de tierra radiactiva para preparar el retorno a casa de los vecinos desplazados. Miles de estos contenedores están apilados sin que haya ningún lugar al que llevarlos. Los contratistas generales, sus filiales y TEPCO están quedándose sin trabajadores; según un reciente reportaje, han reclutado a extranjeros para los trabajos de limpieza en el interior de la central de Fukushima y sus alrededores.

He entrevistado a un hombre de Bangladesh en la prefectura de Kanagawa que aceptó la oferta de trabajo de un agente brasileño para trabajar en la central. Se subió al camión junto con otros extranjeros, me dijo. La paga era un 30 % más alta que en las obras de construcción en que estaba trabajando. Sin embargo, este hombre de 43 años de edad dejó el trabajo al cabo de pocos días porque “se asustó” por los efectos de la radiación en su salud. Añadió que si necesitara el dinero, volvería a ese puesto de trabajo.

Relato de un superviviente Recuerdo la entrevista que mantuve con Tomoya Watanabe el 16 de marzo de 2011 en el gimnasio de un colegio convertido en refugio de emergencia en Nihonmatsu, en la prefectura de Fukushima. Yo había ido a esta región nevada a recoger testimonios de la central después de la catástrofe. Ningún empleado de TEPCO quiso hablar con nosotros por miedo a represalias. Watanabe fue uno de los poquísimos trabajadores subcontratados que se prestó a contarnos su experiencia desde que se produjo el terremoto. En el refugio ayudaba en la cocina para dar de comer a cientos de residentes en Namieque, como él mismo, habían sido evacuados de su ciudad, situada a tan solo diez kilómetros de la central de Daiichi.

Watanabe comenzó supervisando a los trabajadores en la central de Daiichi después de que concluyera su misión en la central de Fukushima Daini y después en la central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, donde trabajó hasta que la instalación quedó sometida a una inspección. Me habló del día en que ocurrió la catástrofe. Como supervisor, no pudo abandonar el lugar hasta después de asegurarse de que los demás trabajadores habían acudido a un lugar seguro y confirmó la escala del daño en el interior del edificio colindante con el reactor. Al percatarse de que era una suerte que siguiera vivo, se juró que nunca más volvería a esta clase de trabajo.

Medio año después, cuando volví a Fukushima a entrevistarle a él y a otros trabajadores, Watanabe me contó que había puesto en marcha una pequeña empresa. Me complació y me animó ver que la catástrofe no le había desmoralizado, pero cuando me dijo que su empresa reclutaba trabajadores para destinarlos a centrales nucleares, no pude disimular mi consternación.“Es la vida”, me dijo en la vivienda temporal en que se alojaba junto con su familia. “Necesito trabajar.” Watanabe no es el único que piensa que trabajar en centrales nucleares es su vocación para toda la vida. Muchos hombres que viven en ciudades que albergan centrales nucleares reconocen esa dependencia mutua. El año pasado me localizó en Facebook y me dijo que su empresa se había especializado en la descontaminación de los alrededores de la central de Fukushima. Al menos su negocio prospera.

Desde que miles de trabajadores comenzaron a volver a la central de Daiichi, el ministerio de Trabajo solo ha aprobado hasta ahora la indemnización en un único caso. Esto ocurrió el año pasado; al trabajador en cuestión, de cuarenta y tantos años de edad, le han diagnosticado leucemia después de haber estado trabajando en la central de Fukushima durante un año y medio.

La necesidad de sindicarse Mientras la catástrofe de Fukushima sigue su curso y se precisan miles de trabajadores para la descontaminación, hemos de exigir medidas adecuadas de seguridad e higiene, así como concienciar de sus derechos a los trabajadores, especialmente a los temporales. Activistas sindicales, junto con un sindicato en Fukushima y un sindicato de trabajadores temporales en Tokio,han intentado organizar a los trabajadores temporales. Por desgracia, sus esfuerzos no han dado muchos resultados, pero algunos trabajadores de la descontaminación se han organizado para negociar el plus de peligrosidad que no cobran.

Hemos de seguir organizándonos y también de colaborar con nuestros correligionarios de fuera de Japón para luchar por una sociedad desnuclearizada. En marzo de este año tendrá lugar un Foro Social Mundial 2016 en Tokio para conmemorar el quinto aniversario de la catástrofe de Fukushima con el lema de “hacia otro mundo sin centrales nucleares”. Puede que la herida sea demasiado profunda para que se cure con el tiempo, pero recordar Fukushima es lo que importa para nuestro futuro.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

El BCE está acorralado y corre el riesgo de ser el nuevo Banco de Japón

Xov, 10/03/2016 - 08:00
Mohamen El-Erian, El Economista

En tanto su consejo de gobierno se apresta a reunirse en Frankfurt este jueves, el Banco Central Europeo (BCE) constata que sobre su margen de acción pesan no sólo temas regionales sino también otros bancos centrales del mundo importantes a nivel sistémico. La banca 'pinchará' con el esperado recorte de las tasas de depósito del BCE, pero ya descuenta la peor parte.

El BCE está incómodamente acorralado entre, por un lado, la Reserva Federal -que puede pero no quiere aventurarse más en una política monetaria no convencional- y por otro, el Banco del Japón, y en menor medida, el Banco Popular de China, que siguen estando dispuestos a hacer más, pero con medidas que resultan cada vez más ineficaces para sostener la actividad económica.

Manteniendo ese delicado equilibrio, es posible que el BCE opte por hacer más. Pero aunque es probable que sus medidas no convencionales tengan impacto a corto plazo, el banco central se acercará más al punto de resultar cada vez más inefectivo y hasta quizá corra el riesgo de ser contraproducente. Los funcionarios del BCE se verán significativamente presionados para ampliar el apoyo del banco a una economía europea que está perdiendo impulso de crecimiento y que últimamente vio pasar la tasa de inflación a negativa.

Para tal fin, se sentirán tentados de incrementar el nivel de las compras mensuales de bonos en gran escala, el programa conocido como flexibilización cuantitativa, y podrían empujar más en el terreno negativo las tasas de interés y alterar la estructura de estos tipos.

Camino contrario a la Fed Dichas acciones contrastarían marcadamente con el camino emprendido por la Fed, que abandonó su programa de flexibilización cuantitativa y, por primera vez en casi 10 años, subió los tipos de interés, no porque la economía estadounidense haya logrado despegar, sino porque preocupa cada vez más el daño colateral y las consecuencias involuntarias de una dependencia excesiva y prolongada de la experimentación en la política del banco central.

En cambio, el BCE se acercaría a su homólogo japonés, que tiene dificultades para cumplir con los objetivos marcados pese a que recientemente sorprendió a los mercados con amplias medidas de estímulo.

Aunque no existe ninguna certeza de que la efectividad de las políticas experimentales continúe, las acciones del BCE esta semana seguramente tendrán cierto impacto sobre el tipo de cambio y los precios de los activos financieros, además de que potencialmente produzcan algunos efectos económicos positivos.

Específicamente, probablemente ayudarían a debilitar el euro, lo cual apoyaría las exportaciones y las actividades de sustitución de importaciones. Y es probable que ayuden a los mercados financieros europeos a tener un desempeño superior a la media, al menos en términos relativos, lo cual ayudaría marginalmente a apuntalar el consumo.

Sin embargo, los efectos a corto plazo se disiparán rápidamente salvo que se complementen con un cambio más amplio en la política europea, dejando atrás la dependencia excesiva del BCE para adoptar una respuesta de política integral que potencie reformas estructurales favorables al crecimiento, que ataque las deficiencias de la demanda agregada, resuelva los focos remanentes de endeudamiento excesivo y fortalezca la arquitectura económica y financiera regional.

El riesgo de ser Japón Además, tal como dijo el presidente de la Fed, Ben Bernanke, en agosto de 2010, los "beneficios" de las políticas no ortodoxas traen aparejados "costes y riesgos". La dependencia excesiva que mantiene la economía europea del banco central va volviéndose una propuesta cada vez más difícil de defender, en la medida que aumenta la vulnerabilidad política del BCE y debilita la eficacia de su política a más largo plazo, crea un entorno más difícil para los bancos y distorsiona la asignación de capital.

A decir verdad, el BCE podría ser vulnerable a seguir el camino de Japón, viendo disminuir los beneficios, superados por los crecientes costes y riesgos. Cuando el Banco del Japón sorprendió a los mercados hace algunas semanas bajando las tasas de interés a negativas, probablemente no anticipó lo que sobrevino después: una moneda más fuerte (no más débil), una caída (no una recuperación) en el mercado bursátil, un parlamento furioso exigiendo explicaciones y la evidencia de una mayor desintermediación de la banca por parte de los hogares.

Esto constituye un recordatorio vívido de que, pasado cierto punto, el activismo no convencional prolongado de los bancos centrales -especialmente cuando implica tasas de interés nominales negativas- puede dejar de ser parte de una solución a corto plazo para causar complicaciones que no son fáciles de contener.

La principal pregunta que se debe hacer antes de la reunión del BCE no es si hará más. Claro que harán más. La pregunta es más bien, cuán rápido se acercará inadvertidamente a la desdichada situación en que se encuentra en este momento el Banco del Japón, con una política monetaria de escasa efectividad y un aumento de la vulnerabilidad política. Nadie, al menos a quien le importe la salud de Europa y la economía global, quiere que otro banco central importante llegue a ese momento.

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De Huntington a Trump: ¿la última revuelta demográfica de los WASP?

Mér, 09/03/2016 - 23:00
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Existe una perturbadora convergencia entre el teórico de la guerra permanente mediante el choque de ocho civilizaciones (sic), Samuel Huntington, y el pragmático multimillonario Donald Trump sobre el supremacismo blanco de los WASP (white anglo-saxon protestants: angloestadounidenses protestantes blancos).

La única diferencia es que Huntington es venerado, mientras Trump es abominado, por el complejo militar-industrial.

Huntington, tan mexicanófobo e islamófobo como Trump, fue el coordinador de la planeación de seguridad en el Consejo de Seguridad Nacional con James Carter, además de darling de las universidades Yale, Harvard y de Chicago.

En su libro más reciente, ¿Quiénes somos? (https://goo.gl/2MY7uH), una oda a la mexicanofobia –en la que presuntamente colaboró un efímero canciller del doble cara Vicente Fox–, observa que "en 1930, los angloestadunidenses continuaban siendo el grupo dominante y, posiblemente, el mayor en número de la sociedad estadunidense, pero étnicamente (sic) Estados Unidos había dejado de ser una sociedad angloestadounidense".

A su juicio, los angloestadounidenses, quienes “habían pasado a ser los WASP, si bien habían ido perdiendo peso proporcional en la población, la cultura anglo-protestante de sus antepasados colonos sobrevivió durante 300 años como el elemento definitorio primordial de la identidad estadounidense”.

Huntington, apologista del apartheid de Sudáfrica, realiza una alarmante pregunta cabalmente racista: ¿Estados Unidos sería el que es hoy en día si en los siglos XVII y XVIII no hubiera sido colonizado por protestantes británicos, sino por católicos (sic) franceses, españoles o portugueses? La respuesta es no, no sería Estados Unidos: sería Quebec, México o Brasil".

Agrega que la cultura anglo-protestante de Estados Unidos "ha combinado instituciones y prácticas políticas y sociales heredadas de Inglaterra (incluida, de manera muy especial, la lengua inglesa) con los conceptos y los valores de protestantismo disidente (sic) que los colonos trajeron consigo".

En el capítulo 11, sobre las "viejas y nuevas líneas divisorias", con el subtítulo "nativismo blanco" (sic), cita a Wallerstein siete años después de la votación por la defenestración (impeachment) de Bill Clinton: “¿Tan difícil resulta ver (…) la rebelión (sic) de los hombres WASP contra lo que perciben que es su decreciente papel en la sociedad estadunidense?”

En su repelente libro El choque de las civilizaciones y la reconfiguración del nuevo orden mundial –que lanzó, después de la disolución de la URSS, en el think tank de extrema derecha neoliberal AEI–, entre sus ocho (sic) polémicas civilizaciones se encuentra la occidental –núcleo de la anglosfera, netamente protestante–, que colisiona con la de Latinoamérica, eminentemente católica.

Sea a nivel doméstico, sea a nivel continental, a juicio de Huntington la inmigración latino-católica representa una amenaza cultural para Estados Unidos, que pudiera "dividirlo en dos poblaciones, dos culturas y dos idiomas".

Huntington fue un WASP protestante episcopalista (http://goo.gl/Q7tnmP).

Más allá de la masiva cacofonía de pánico que se ha generado en torno de Trump, quien pasará a la historia por haber aniquilado a la dinastía de los Bush, en un abordaje más profundo representa, a mi juicio, la continuación y la excrecencia del tóxico supremacismo WASP de Huntington.

Trump alardea de ser protestante presbiteriano (http://goo.gl/lEfKHB) y ostenta que su libro de cabecera es la Biblia (sic). Su "pastor" es el también controvertido Norman Vincent Peale, masón del rito escocés grado 33, quien estableció una acrobática asociación entre la siquiatría y la religión mediante la teosicoterapia del "pensamiento positivo".

No es gratuito que la mayor diatriba doméstica contra Trump haya provenido de Mitt Romney, fallido anterior candidato presidencial y mormón de la poligámica Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Desde el arribo de Brent Scowcroft –mormón y ex consejero de Seguridad Nacional con Ford y Daddy Bush–, la CIA y la FBI han sido inundadas por reclutados de la iglesia de Romney (http://goo.gl/s0wXar), adalid del establishment totalmente descompuesto.

Dejando de lado el choque transfronterizo –por la erección del ignominioso muro– entre Francisco, el papa jesuita argentino, y el presbiteriano WASP Trump (de madre escocesa y abuelo alemán), ¿asistimos a una subrepticia guerra de religiones en Estados Unidos?

El muro de la ignominia, favorecido por 68 por ciento de los estadunidenses, que coincide con el porcentaje de su población blanca (64 por ciento), no es una idea original de Trump. Fue erigido por Baby Bush desde 2006 en la tercera parte de la transfrontera a un costo de 3 mil 400 millones de dólares: en la etapa de la hilarante cuan delirante "enchilada completa" del fugaz canciller de Fox, y luego, del disfuncional Calderón, quienes optaron por el vergonzoso silencio sepulcral.

Trump continuaría lo que inició Baby Bush, quien tiene muchos seguidores en la clase política del “México neoliberal itamita”.

En The New York Times, Nicholas Kristof fustiga a "Donald el peligroso" (¿dónde hemos escuchado eso en México?; http://goo.gl/0kQMh9), mientras el connotado historiador texano Michael Lind juzga que los neoconservadores straussianos bushianos –quienes en forma impactante se encuentran hoy más cerca de Hillary que de Trump– son responsables del trumpismo (sic), cuando “la mayor parte de los estadunidenses son clase trabajadora sin educación universitaria. Si sus valores e intereses no están representados o son tomados seriamente por cualquier think tank o publicaciones académicas o cualquiera de las facciones políticas, encontrarán a alguien que los represente eventualmente, quizá una estrella de un reality show. En forma cruda y demagógica, Trump representa esa circunscripción electoral” (constituency; http://goo.gl/40mR6Q).

Se perdieron las clásicas fronteras electorales (http://goo.gl/Kq3EWN). Nada está escrito en una de las más atípicas y distópicas elecciones de Estados Unidos cuando, desde un punto de vista más horizontal que vertical, Trump atrae a un amplio sector de la insurgente clase trabajadora blanca que se siente abandonada y que, curiosamente, está votando más, del lado demócrata, por el admirable judío jázaro socialista –pero antisionista y anti Wall Street– Bernie Sanders.

Más que los "blancos", son los mexicanos guadalupanos (4 por ciento), latinos (20 por ciento, incluidos los mexicanos) y afroestadunidenses (12 por ciento) –sumados de Goldman Sachs y la coalición sionista de George Soros y Haim Saban (dueño de Univisión)– quienes apuntalan a Hillary, que tiene varios cádaveres en el clóset –desde donaciones espurias a su fundación hasta el asesinato del embajador de Estados Unidos en Bengasi– y, sobre todo, la ominosa investigación de la FBI sobre sus "privatizados" correos gubernamentales.

Se empieza a manejar en Washington el escenario nada descabellado del rescate in extremis por el vicepresidente Joe Biden para entrar como salvador del Partido Demócrata y supremo redentor de Estados Unidos frente a la rebelión de los WASP encabezada por Trump, fiel seguidor del supremacismo blanco protestante anglosajón de Huntington, una generación más tarde. La moneda está en el aire.

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Deflación y estancamiento

Mér, 09/03/2016 - 14:23
Alejandro Nadal, La Jornada

Durante años las autoridades monetarias y los organismos financieros internacionales impulsaron una política monetaria dirigida a controlar la inflación. El gasto público tuvo que subordinarse a ese imperativo central que era la estabilidad de precios. La política de tasas de interés respondía a la necesidad de enfriar la economía cuando el calentamiento llevara riesgos inflacionarios. Y la política de ingresos también estuvo sometida a la exigencia de contener la demanda agregada. De ahí sale la contención del crecimiento de los salarios. Pero ahora las cosas han cambiado y con la crisis económica global descubrimos que en Europa, Estados Unidos, Japón e incluso China, el verdadero enemigo es la deflación.

Pero ¿por qué es mala la deflación? Hay varias razones. Primero, una reducción sostenida del nivel general de precios hace que los agentes económicos estén menos dispuestos a realizar gastos. Cuando los precios caen los consumidores tienen expectativas de que seguirán reduciéndose y prefieren esperar a que caigan todavía más. La demanda agregada se reduce, la actividad económica se frena y el desempleo aumenta.

Segundo, los agentes económicos no están dispuestos a tomar préstamos porque cuando tengan que repagar sus deudas, lo harán en una moneda que valdrá más que la que recibieron cuando aceptaron el crédito. Es decir, la deflación perjudica a los deudores y beneficia a los acreedores. Ésta es la imagen espejo del mundo en el que la inflación es el enemigo de los acreedores. Aceptar un crédito cuando los precios están cayendo no es bueno para el deudor porque el peso de su deuda se incrementará en términos reales. Y eso incluye a los empresarios que les gustaría embarcarse en una operación productiva.

Tercero, desde el punto de vista de la oferta hay que señalar que los inversionistas no tienen ningún interés en embarcarse en nuevas aventuras productivas cuando observan que los precios están reduciéndose. Es cierto que tampoco les gusta un escenario de fuerte inflación, pero un incremento moderado de precios, digamos de 5 o 7 por ciento no les hace sentir que están en la hiperinflación de la república de Weimar o en Zimbabue. En cambio detrás del problema de la deflación se esconde el espectro de un mundo en el que se estará produciendo con pérdidas.

En conjunto, estas tres razones pueden conducir a una severa contracción económica en la que las fuerzas que se desencadenan se retroalimentan y hacen muy difícil salir de una recesión. Eso es precisamente lo que estamos presenciando en casi todos los centros motores de la economía mundial, desde Europa y Estados Unidos hasta Japón. Varios indicadores muestran que la economía en China podría irse dirigiendo a un escenario similar. Esto es lo que alimenta la idea del estancamiento secular.

¿Qué pueden hacer las autoridades económicas frente a la deflación? Pues la verdad es que bastante poco. Hoy vemos que los bancos centrales han llevado sus tasas de interés al límite inferior más bajo, a cero por ciento, pero el impacto sobre el consumo y la inversión, es decir, sobre la demanda agregada, es muy débil. Eso se debe a que a pesar de que los precios están cayendo, los consumidores no tienden a incrementar su gasto porque también tienen expectativas negativas debido a que el peso de sus deudas se está incrementando en términos reales. O sea que el efecto positivo del descenso en los precios se contrarresta por el endeudamiento. Y hay que recordar que en los últimos dos decenios el endeudamiento de casi todos los agentes económicos (familias y empresas) ha sido el impulsor del crecimiento. Hoy el sobreendeudamiento hace que el consumidor no responda a la caída en los precios porque todavía prevalece el efecto de la orgía de sobrendeudamiento y los agentes buscan por todos los medios posibles reducir la carga de deudas.

Este fenómeno es especialmente severo en China, así que no tiene mucho sentido apostar a que su economía pueda volverse motor del crecimiento mundial. En los últimos veinte años, mientras la maquinaria de propaganda del neoliberalismo hacía que todo el mundo se maravillara por las altas tasas de crecimiento en China, los bancos daban créditos a quien quisiera construir rascacielos transparentes, ciudades fantasmas o carreteras que no iban a ninguna parte. Y ahora que el banco central chino relaja al extremo su política monetaria, recortando el nivel de reservas que los bancos comerciales o semi-privados deben mantener en el instituto monetario, ningún analista espera que esta medida pueda acelerar el crecimiento.

Los bancos centrales en el mundo capitalista desarrollado buscan regresar a niveles de inflación moderados. Por ejemplo, en Estados Unidos y en Suecia, la Reserva federal y la Riksbank buscan regresar a una tasa de crecimiento con una inflación de 2 por ciento. Quizás la Fed tenga que seguir el ejemplo de los suecos e instaurar tasas de interés negativas. De todos modos, el impacto sobre la demanda agregada ha sido casi despreciable en Suecia. Decididamente, algo está cambiando en el capitalismo contemporáneo.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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