Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger5185125
Actualizado: fai 6 horas 13 min

Mario Draghi confirma la debilidad de la economía europea

Ven, 05/09/2014 - 16:59
El Banco Central Europeo no sorprendió a nadie con su última pócima milagrosa de volver a reducir cada uno de sus tres principales tipos de interés y dos nuevos programas para la compra de valores respaldados por activos y bonos garantizados emitidos por los bancos de la eurozona. Hay preocupación de que el período deflacionista puede persistir durante más tiempo de lo pensado y poner en peligro la recuperación económica de la zona euro. Draghi reconoció que “hemos visto un empeoramiento de las perspectivas de inflación a mediano plazo, y el movimiento a la baja en varios indicadores muestran que la recuperación ha perdido impulso." Lo que no se animó a decir Mario Draghi, es que la economía europea se encamina a una nueva recesión y que los últimos movimientos de ficha del BCE van rumbo a ninguna parte. La política monetaria está cada vez más arrinconada en el descrédito y la incompetencia dado que tras seis años de crisis no ha podido dar con un camino fiable para la recuperación económica verdadera. Si a esto sumamos la desaceleración en picada que sufre China y Japón, y la debilidad inserta en Estados Unidos, donde, de acuerdo a Janet Yellen, casi la totalidad del empleo creado en ese país en los últimos años es de carácter precario y temporal, podemos esperar que nos hallamos en las puertas de una nueva recesión global. De esta nueva crisis los principales culpables serán los bancos centrales, y las políticas de los gobiernos que dieron rienda suelta a los planes de austeridad que ordenó Angela Merkel. Como al parecer existe eso que algunos llaman “justicia divina”, no deberá sorprendernos cuando el próximo país que siga a Francia e Italia en su nueva entrada en recesión sea Alemania, país que ya comienza a sufrir signos de fatiga con una tasa de desempleo en aumento.

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Capital financiero y estructura social de los emergentes

Xov, 04/09/2014 - 09:01
Antxon Mendizabal, Viento Sur

El eje del Pacífico ha entrado sin permiso en el proceso de acumulación capitalista mundial y se ha ubicado además en el centro.

Desde el principio del capitalismo industrial hasta los años 80 del siglo XX, el desarrollo capitalista se centraba en el crecimiento europeo, el crecimiento de la América anglosajona y en una gran economía trasatlántica que unía ambos. A partir de los años 80, el centro de gravedad de la economía mundial se desplaza hacia el Pacífico.

La década de los 90 está marcada por el agresivo crecimiento de China y de los nuevos países industrializados asiáticos. La crisis financiera de la segunda mitad de la década será también un reflejo de la febril dinámica existente en estas latitudes: Malasia, Indonesia, Japón, Corea del Sur, etc. Será afectada por un proceso de especulación financiera que abarca también las regiones más distantes como Brasil y Rusia. En el continente americano, el crecimiento se polariza hacia las costas del Pacífico. Asistimos así al fuerte crecimiento de México y Chile y al acelerado crecimiento de la economía de California en Estados Unidos. Para analistas como Andrés Barreda, en esta década se multiplica por cuatro el tráfico portuario del pacífico estadounidense.

Junto a la emergencia y consolidación de India y China como grandes potencias, encontramos aquí la mayor concentración de población trabajadora ofertando trabajo de toda la historia humana; que presiona a los salarios a la baja. Cerca de 2.000 millones de personas ofertando trabajo de los que más de 1.000 millones ganan menos de dos dólares diarios, de los que 350 millones sobreviven con un dólar diario y de los que 170 millones son niños. Se evalúan también en cerca de un millón de personas al año los que mueren como consecuencia de accidentes y enfermedades socio-laborales relacionadas con el trabajo que realizan; devoradas por un febril proceso de producción, intercambio y crecimiento.

Estamos, por lo tanto, ante el mejor espacio del planeta para acumular capital basado en la superexplotación de los trabajadores (salarios y condiciones laborales en China, India, Bangladesh, etc.). Ello conforma la base de un nuevo desarrollo del modo de producción capitalista bajo dominación financiera e intensiva en la explotación de la fuerza de trabajo. Dicho de otra manera, encontramos en la base de funcionamiento de la economía mundial un modelo de explotación intensiva de la fuerza de trabajo que hegemoniza espacios crecientes de la economía mundial y nos presiona a todos hacia la regresión social.

La estructura social del eje del Pacífico avanza en el continente americano a través de la alianza del Pacífico. Conformado por Colombia, México, Chile, Perú y Costa Rica y abrazando la práctica totalidad de la costa del pacífico del Continente Latinoamericano, donde se constatan las mayores tasas de crecimiento del continente, representando el 40% del PIB y el 55% de las exportaciones latinoamericanas. Conformada a gran velocidad en el contexto de la recuperación de la antigua alianza del Alca y de la lucha por la hegemonía entre USA y China, la alianza del Pacífico tiene entre sus objetivos fundamentales neutralizar y destruir los grandes avances económicos, sociales y políticos del Proceso Bolivariano.

Bajo la dominación del capital financiero, encontramos aquí un modelo de sociedad neoliberal con grandes desigualdades sociales, que integra progresivamente los mercados de valores de Colombia, Chile, Perú y México; proyectando destruir las construcciones de solidaridad, participación popular y soberanía, como el Alba, el Proyecto del Sucre y los aspectos político-sociales incluidos en las nuevas realidades de Unasur, la Celac, Petrosur, Petrocaribe, Banco del Sur, el Satélite Bolivariano de Comunicación, el Mega Anillo de Fibra Óptica para Internet y las diversas iniciativas de los sectores campesinos, obreros, indígenas y populares.

Y se asienta en una construcción europea que renunció en su momento a una convergencia macro-social que permitiera un espacio económico, social y político alternativo en la rica Europa, abrazando la lógica neoliberal que subordina sus realizaciones a las exigencias del mercado mundial. Así, el actual modelo europeo del euro representa un espacio económico dominado por los grandes centros de poder del gran capital financiero y limitado por la hegemonía de las grandes corporaciones internacionales, que utilizan sus deslocalizaciones e implantaciones productivas para presionar hacia la flexibilización, la precarización y la regresión social.

Una nueva Europa estructuralmente antidemocrática, donde el único organismo elegido, el Parlamente Europeo, tiene una capacidad decisoria mínima, mientras dos instituciones conformadas por los representantes de los gobiernos, el Consejo de Ministros y la Comisión Europea, acaparan las competencias decisionales que orientan las políticas comunitarias, donde el principio de subsidiariedad es una caricatura, las regiones solo tienen funciones consultivas y son los estados-nación los que legislan y deciden en contra de sus propios pueblos. Se trata de una Europa marcada por el retroceso de los derechos laborales, la destrucción del tejido productivo de los países y regiones débiles, la privatización, la precariedad, el paro y la degradación de los servicios y prestaciones sociales.

Sobre este modelo europeo se aplican las políticas de austeridad. Se trata de combatir la deuda pública creada por el poder financiero con nuevos planes de ajuste. Los recortes sociales y las privatizaciones son así la condición para obtener nuevos créditos. La aplicación de los planes de ajuste lleva al colapso económico y social de los estados periféricos económicamente más débiles. Y en general descargan así el coste de la crisis sobre el sector asalariado y la población con limitados recursos de supervivencia.

Los gobiernos europeos deciden brutales ajustes para calmar a los mercados (sus propios bancos). Los mercados destituyen a los representantes políticos elegidos y ubican en el poder a sus propios representantes. La misión histórica de los nuevos tecnócratas es demoler las políticas de protección social y los restos de bienestar generados en el anterior modelo Fordista-Keynesiano.

Más recientemente, el Acuerdo Transatlántico entre Estados Unidos y la Unión Europea representa una nueva ofensiva, con la filosofía ya aplicada del AMI, OMC y la TLC, en la consolidación de la nueva dominación financiera de la economía del mundo. A nivel jurídico-político, garantiza a las multinacionales y a los grandes inversores financieros una nueva legislación que ubica su poder decisorio por encima de las disposiciones sociales, económicas y políticas de los estados occidentales. A nivel económico, asiatiza las relaciones laborales de occidente, garantiza a las multinacionales de la agroindustria y a las grandes empresas farmacéuticas el control de los vitales sectores de la salud y de la alimentación e impide la cristalización de proyectos económico-sociales propios en los pueblos de occidente. A nivel geopolítico, se trata de reestructurar la organización neoliberal del mundo occidental bajo la batuta de los Estados Unidos de América, con el objetivo declarado de distorsionar el proceso que convierte a Oriente en general y a China en particular en el centro de la nueva acumulación mundial. Un nuevo ciclo de luchas sociales y políticas emerge en el escenario actual.

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Piketty y las leyes de la economía

Mér, 03/09/2014 - 16:01
Alejandro Nadal, La Jornada

Algunos de los libros más citados son con frecuencia los menos leídos. Y la obra de Thomas Piketty Capital en el siglo XXI es quizás el ejemplo más reciente. Lástima, porque la lectura desordenada de algunos pasajes y crónicas conduce a conclusiones superficiales y apreciaciones equivocadas sobre uno de los fenómenos más importantes de la historia, la desigualdad económica.

El texto de Piketty se convirtió en un fenómeno literario, una proeza para un libro sobre economía de más de 650 páginas. Se trata de una aportación importante al promover el debate sobre desigualdad económica y los males que entraña, en especial para la democracia y la vida en sociedad.

Pero, ¿es que Piketty es el primero en analizar la desigualdad económica y sus implicaciones en la economía del siglo XXI? La respuesta es negativa. Muchos antes que Piketty han examinado este problema y de manera más profunda. Dos ejemplos son James Galbraith y su equipo en la Universidad de Texas y el grupo de economía política de la Universidad de Massachusetts en Amherst, con Gerald Epstein y Bob Pollin a la cabeza. Otra muestra es el economista Branko Milanovic, cuyo trabajo sobre desigualdad internacional cubrió encuestas ingreso-gasto en hogares de 91 países. Destacan también los trabajos que publica desde 1988 el equipo del Economic Policy Institute en sus informes sobre empleo, desigualdad, salarios e ingresos familiares en Estados Unidos. Y como la lista no se acaba, surge otra pregunta: ¿por qué el libro de Piketty atrajo tanta atención sobre un tema que se había venido trabajando desde años atrás?

La respuesta de Thomas Palley, otro macroeconomista con importantes investigaciones sobre el tema, es que el pequeño mundo de la economía dominante en las universidades del establishment, nunca quiso reconocer el valor de estos trabajos porque sus autores permanecen etiquetados como de izquierda y reconocerlos como interlocutores equivale a legitimarlos. Según Palley parece que el tema de la desigualdad sigue siendo un tabú a menos que sea discutido por la persona ‘correcta’.

Piketty es quizás esa persona. Su libro encuentra perturbadoras tendencias en materia de desigualdad creciente, pero sus herramientas analíticas y sus recomendaciones de política económica dejan mucho que desear. Los conceptos utilizados son los que convencionalmente utiliza la teoría económica neoclásica y han sido desacreditados en debates teóricos bien conocidos. La ignorancia de Piketty sobre estos debates es sorprendente porque tienen que ver precisamente con la definición de capital, palabra clave en el título de su obra.

Entre otras cosas, Piketty sostiene que cuando la tasa de remuneración al capital aumenta más que la tasa de crecimiento de la economía se fortalece la tendencia a una creciente desigualdad. Pero eso implica que Piketty posee una medida del capital pues, de otro modo, su tasa de remuneración carecería de sentido. El problema es que en la definición de este autor el capital es una colección de bienes heterogéneos (edificios, máquinas) y lo único que los une es una medida en términos monetarios. Ahora bien, se sabe desde la controversia sobre la teoría del capital de hace cincuenta años que el valor monetario de esos bienes heterogéneos no puede ser utilizado en sustitución de la cantidad de máquinas y edificios utilizados en la producción.

Este no es un detalle técnico. El corolario de lo anterior es que el capital no recibe una ganancia por su participación en la producción. Los propietarios de las máquinas y edificios no reciben una remuneración ligada a la productividad marginal del capital. Y ahora sí estamos cerca de la médula del problema. En sus leyes fundamentales del capitalismo Piketty utiliza el principal elemento ideológico de la teoría convencional sin cuestionarlo. El establishment le ha respondido: con este tipo de análisis edulcorado sí podemos entablar un diálogo sobre la desigualdad. Bueno, quizás algo es algo.

Piketty encuentra que la desigualdad existe y que hay épocas en las que puede intensificarse. Pero vayamos a la pregunta de fondo: ¿cuál es la causa de esa desigualdad creciente según Piketty? La respuesta se encuentra en varios pasajes y se puede sintetizar en sus palabras: el principal impulso de la desigualdad proviene de la difusión del conocimiento y la inversión en capacitación. Esto es música a los oídos del coro de economistas neoliberales que llevan años afirmando que la desigualdad proviene de un sesgo en el proceso de cambio tecnológico en la economía que proporciona mayor remuneración para ciertos grupos de trabajadores (los que poseen mayor calificación) y menor para otros (los menos calificados).

Todo esto explica por qué el libro de Piketty carece de una buena discusión sobre las causas del estancamiento de los salarios en las principales economías capitalistas a partir de los años setenta. Podemos hablar de desigualdad, por cierto, pero no de salarios. Podemos hablar del capital en el siglo XXI, pero no demasiado sobre capitalismo.
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Goldman Sachs atrapado en su propio juego con hundimiento del Espirito Santo

Mér, 03/09/2014 - 10:01
La quiebra del Banco Espírito Santo tiene una víctima importante al otro lado del Atlántico. De acuerdo con el Wall Street Journal, el banco de inversión estadounidense Goldman Sachs podría perder 835 millones de dólares por un préstamo que concedió a la institución portuguesa poco antes de que se hiciera evidente la situación de bancarrota del banco portugués. Este hecho ayuda a entender por qué Goldman Sachs emitía buenos informes sobre la solidez del principal banco de Portugal, y por qué la prensa financiera aplaudía la gestíón del banco y negaba su bancarrota inminente.

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La nueva carrera transatlántica

Mar, 02/09/2014 - 14:30
Matthew Lynn, El Economista

A lo largo de la historia ha habido carreras transatlánticas épicas, como el cruce sin ayuda del Atlántico que se disputan los regatistas cada cuatro años.

En cualquier caso se trata de un concurso de navegación, fuerza y destreza, que enfrenta a cada marinero contra los elementos y la competición. Ahora mismo hay otra carrera transatlántica en curso, esta vez entre banqueros centrales. ¿Qué país subirá los tipos antes, Gran Bretaña o Estados Unidos?

Tanto el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, como la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, han estado haciendo cada vez más ruido sobre el fin de un quinquenio de dinero súper barato. ¿Quién moverá ficha primero? Por tres motivos, la apuesta inteligente recae en EEUU.

El Reino Unido se verá atrapado inevitablemente por la depresión que está anclada en la Eurozona. Y está entrando en ocho meses de inestabilidad política. Además, su recuperación está mucho menos enraizada. Ningún banquero central querrá ser el primero en subir los tipos porque no quieren que se les culpe de ahogar una recuperación que todavía parece peligrosamente frágil. Pero si alguien lo va a hacer primero, será Yellen y no Carney.

La especulación en los mercados gira sobre si los banqueros centrales van a poner fin a un quinquenio de dinero súper barato, que comenzó con la crisis financiera de 2008, y empezar a subir los tipos de interés. Una cosa está cada vez más clara: es una carrera de sólo dos caballos. El Banco de Japón no va a subir los tipos en un futuro próximo. La abenómics sigue en sus primeras fases y, en todo caso, es más probable que el banco se ponga a imprimir yenes otra vez que a subir los tipos de interés.

¿Y el BCE? Olvídense. La Eurozona se resbala rápidamente hacia la deflación y el crecimiento se ha detenido en seco. El único paso que va a dar ahora es lanzar su propia versión de la facilitación cuantitativa (una subida de tipos es tan probable como que el presidente francés François Hollande introduzca un tipo impositivo único). Los posibles movimientos

Es cierto que algunos bancos centrales muy pequeños podrían moverse antes. Nueva Zelanda ya ha subido sus tipos de interés. Ha habido cierta especulación sobre que Australia podría seguir sus pasos, aunque no lo ha hecho aún. Suecia y Noruega podrían tomar medidas, aunque los suecos salieron escarmentados por la subida de tipos anterior en el ciclo que tuvieron que revertir. Con todo el respeto del mundo, a casi nadie le importa lo que pase en Nueva Zelanda o Noruega. La medida sobre los tipos de interés que importa vendrá de una de las grandes economías.

Y quien mueva primero es importante. En los cinco últimos años, la economía global ha estado en territorio inexplorado. Con la excepción de Japón, los tipos de interés no habían estado tan bajos nunca. ¿Qué ocurre cuando se empiezan a subir de esos niveles? ¿Los mercados se lo toman con calma? ¿O se desploman y caen muertos al suelo? Es como ser el piloto de pruebas de un nuevo avión experimental. Los túneles de viento y simuladores por ordenador puede que digan que es seguro pero hasta que alguien lo suba al aire, nadie lo sabe.

Sea lo que sea lo que predigan los modelos económicos, hasta que no suban los tipos no podremos prever las consecuencias. Es mucho mejor si otro lo hace primero y nos brinda la oportunidad de aprender de su experiencia. En niveles de "emergencia"

¿Quién será, EEUU o el Reino Unido? Ambos países parecen haber pasado del punto en que los tipos necesitan mantenerse a niveles de "emergencia". El FMI prevé que la economía británica se expanda un 3,2% este año. El paro cae a un ritmo decente y los precios de la vivienda aumentan con fuerza. La inflación está controlada.Es cierto que los salarios reales siguen siendo muy débiles pero, aun así, cuesta ver la "emergencia". Según cualquier estándar histórico, la economía funciona perfectamente bien. A nadie se le ocurriría recortar los tipos con ese trasfondo.

Casi lo mismo ocurre en EEUU. La economía se expandió un 4% en el segundo trimestre del año. Es cierto que puede que no se sostenga pero el FMI prevé un crecimiento del 2% este año y de más del 3% el siguiente. El empleo es respetable. Se crean puestos de trabajo y, aunque el crecimiento salarial es invisible, la deuda cae y los precios inmobiliarios se recuperan.

Ha habido rachas más fuertes de crecimiento en EEUU pero, prácticamente como el Reino Unido, cuesta seguirlo viendo como una "emergencia". Sin embargo, es el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, quien se enfrenta a los obstáculos más formidables. Aunque dos miembros del Comité sobre Política Económica ya han votado a favor de una subida de tipos, hay tres factores que retrasarán la decisión.

Primero, el país se dirige hacia un periodo de inestabilidad política. El mes que viene, Escocia votará si quiere ser independiente. Si gana el sí, la libra se sumirá en el caos cuando los dos países intenten desenganchar sus finanzas. En mayo del año próximo habrá elecciones generales y, con las encuestas tan disputadas, el resultado podría estar muy reñido y acabar en otro Gobierno de coalición. Una subida de tipos sólo hará peor una situación inestable. Después, al Reino Unido le va a golpear la depresión de la Eurozona.

En total, el 18% de la economía británica se compone de exportaciones a Europa. Incluso Alemania ha entrado en punto muerto. Esa quinta parte de la economía estará en apuros y tirará del resto hacia abajo.

Por último, su recuperación está mucho menos arraigada. Puede que crezca más rápido que EEUU ahora pero se ha mantenido a flote por una rápida inflación del precio de la vivienda y la constante inmigración. El PIB per capita no crece nada y la vivienda no puede seguir subiendo de precio para siempre. Hay mucha espuma que puede salir volando fácilmente.

Los tipos tienen que subir en algún momento pero la fecha sigue siendo una apuesta tremenda. En estos momentos parece que será Janet Yellen la que tendrá que moverse primero y poner su reputación en juego.

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Por qué se debe poner fin al dominio de la banca en la creación de dinero

Dom, 31/08/2014 - 19:41
En agosto del año pasado y a raiz de los nulos avances para enfrentar la crisis cuestionábamos al FMI con la dura pregunta ¿Saben algo de economía en el FMI?. En ese artículo, mencionábamos el informe de Olivier Blanchard, jefe del FMI, publicado apenas un mes antes de la quiebra de Lehman Brothers (septiemre de 2008) en el cual planteaba "el saludable estado de el macroeconomia". Ahí, Blanchard afirmaba que "todos los problemas de la macroeconomía se encuentran bajo control". Si Banchard quiso referirse a la estabilidad del sistema financiero, éste se desplomó a los 30 días de publicado ese informe; si quiso referirse a la estabilidad macroeconómica mundial, todo el mundo entró en recesión tras la caída de Lehman Brothers. Si a un ingeniero se le desploma un edificio por un error en sus cálculos, o a un médico se le muere un paciente por un error de diagnóstico, tendrá serias dificultades para encontrar trabajo, y además una seguidilla de demandas judiciales. Esto no les ocurre a los mandameses del FMI, que pueden vaticinar el mejor de los mundos aunque el mundo se esté cayendo a pedazos.

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