Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger4851125
Actualizado: fai 23 horas 56 min

Desempleo en Europa se mantiene en máximos históricos

Xov, 09/01/2014 - 14:00
El desempleo en Europa se mantiene en sus máximos históricos de 12,1 por ciento, encabezados por Grecia y España con con 27,4 por ciento y 26,7 por ciento respectivamente. De acuerdo a los datos proporcionados por Eurostat, entre noviembre de 2012 y noviembre de 2013 el número de desempleados se elevó en 452.000 personas alcanzando 19,24 millones de trabajadores. El número de desempleados ha aumentado en forma imparable desde 2010, demostrando que los planes de austeridad fueron un éxito en la destrucción de empleo y en la profundización de la crisis.

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2013 fue un año fastuoso para el 1% más rico

Xov, 09/01/2014 - 12:21
Martine Orange, Viento Sur

La desigualdad entre ricos y pobres se ha acentuado todavía más en el año que acaba de transcurrir. En EE UU, los más afortunados acaparan más de la mitad de la renta nacional, alcanzando un grado de concentración nunca visto desde 1917.

Según los expertos, el año 2013 ha sido mucho mejor de lo previsto. Muchos se felicitan de que se hayan superado los problemas causados por la crisis económica. Para justificar este retorno a una situación más normal, los comentaristas subrayan los rendimientos “históricos” de los mercados bursátiles mundiales. De Nueva York a Tokio, pasando por Fráncfort o Londres, han volado de récord en récord, borrando todos los rastros de la crisis de 2008.

Otro dato igual de reconfortante para los expertos es que los mercados inmobiliarios, que han estado hundidos durante más de seis años consecutivos, vuelven a evolucionar al alza. Los pisos y las casas recuperan los precios estratosféricos que tanto satisfacen a los comentaristas. El mercado londinense está en la cota más alta de los últimos seis años, y el de Nueva York asciende a buen ritmo. En suma, todo está volviendo a ser como antes. Por fin, para algunos; aunque solo para un puñado.

Lo que distingue a 2013 es la profundización de la brecha que separa a los más ricos de los más pobres, el aumento cada vez más escandaloso de la desigualdad. La recuperación solo ha valido, y solo vale, para el 1 % más rico, en detrimento del 99 % restante.

Según la clasificación de la agencia Bloomberg, elaborada el pasado 2 de enero, los 300 multimillonarios más ricos del mundo han visto crecer su fortuna, el año pasado, en 524.000 millones de dólares estadounidenses (USD). Juntos acumulan una riqueza de 3,7 billones de USD, lo que equivale al PIB conjunto de Francia y España. El fundador de Microsoft, Bill Gates, vuelve a ser el hombre más rico del mundo, con un patrimonio de 78.500 millones de USD. Simplemente gracias a la especulación bursátil (las acciones de Microsoft han aumentado un 40 % en 2013) se ha embolsado 15.800 millones de USD.

Paralelamente, las clases medias y los sectores más pobres dicen que no notan ninguna mejora en su vida. En EE UU, cuya economía es la que se considera que más ha avanzado, las condiciones de vida siguen degradándose. La renta media por habitante asciende a 28.281 USD, por lo que es inferior en valor constante a la renta media de 1998. Oficialmente, la tasa de paro es tan solo del 7 %, pero millones de personas han quedado fuera de las estadísticas oficiales de búsqueda de empleo. Más de 46 millones de estadounidenses viven por debajo del umbral de pobreza. Mientras que la pobreza había descendido continuamente desde mediados de la década de 1960, no deja de crecer desde mediados de la década de 2000 y todavía más desde que estalló la crisis. El 20 % de los jóvenes de 18 a 24 años de edad viven actualmente en la indigencia.

Las cifras son todavía más abrumadoras en el caso de Europa, donde a la crisis se ha sumado la austeridad. Mientras que la economía anda a trompicones, el desempleo alcanza niveles récord en toda Europa del sur: más de la mitad de los jóvenes españoles y griegos están en paro. La pobreza ha reaparecido en todo el continente. Más de ocho millones de franceses viven por debajo del umbral de pobreza, fijado en 977 euros al mes. El 15 % de la población alemana también se encuentra bajo mínimos. En su último informe, la agencia de estadísticas de Italiaseñala que el 12 % de las familias de este país viven en la miseria. En Gran Bretaña, la Cruz Roja ha tenido que reabrir centros de acogida para ayudar a los más pobres. Las organizaciones caritativas multiplican el reparto de alimentos a familias pobres. Una situación nunca vista desde la época de la guerra, dicen.

Mientras se dispone a dejar la presidencia de la Reserva Federal (Fed), el banco central de EE UU, Ben Bernanke ha presentado un balance prudente de su actuación. Sin la acción decidida de la Fed, la situación económica sería ahora bastante peor, ha explicado para defender sus decisiones. Sin embargo, ha reconocido que “a pesar de los avances, la recuperación sigue siendo a todas luces incompleta”, y ha prometido a título gratuito que se mantendría la política de bajos tipos de interés y de medidas no convencionales (quantitative easing).

Estos miles de millones de dólares, yenes y euros no han ido a parar en ningún caso a la economía real, sino que han provocado una deformación económica nunca vista hasta ahora. Lo esencial se lo ha llevado el sector financiero, que lo ha utilizado como es su costumbre: especulando masivamente con todos los activos que le parecían rentables, desde el petróleo hasta el sector inmobiliario, parando por las acciones y obligaciones.

El pasado mes de noviembre, mientras la Fed anunciaba que iba a seguir inyectando en los mercados unos 85.000 millones de USD cada mes, un gerente (multimillonario) de fondos de cobertura, Stanley Druckenmiller, aplaudía esta decisión: “Es una noticia formidable para los ricos. Es la mayor redistribución de riqueza de las clases medias y de los pobres a favor de los más ricos. ¿Quién posee los activos? Los ricos, los multimillonarios. ¿Piensan ustedes que Warren Buffet despotrica contra esta decisión? […] Por mi parte, hoy ha sido una jornada excelente. Es posible que esta política monetaria, que da dinero a los multimillonarios, dinero que vamos a gastar, funcione. Sin embargo, desde hace cinco años no está funcionando.”

La gran distorsión Es difícil resumir mejor la política aplicada por las economías occidentales desde el comienzo de la crisis. Desde hace cinco años se lleva a cabo una transferencia masiva de los pobres y las clases medias a los más ricos. En un estudio sobre el periodo 2009-2012,el economista Emmanuel Saez (autor de numerosos trabajos con Thomas Piketty) concluye que “el 95 % de las ganancias de la recuperación han sido acaparadas por el 1 % más rico”. El 10 % más rico (con rentas anuales superiores a 114.000 USD) experimentaron un descenso brutal de sus ingresos (–36,3 %) al comienzo de la crisis debido a la caída de los mercados bursátiles e inmobiliarios. No obstante, a diferencia de las recesiones anteriores, el 99 % también vio menguar sus ingresos en un 11,6 % durante este periodo.

A partir de 2010, los hogares más acomodados lograron paliar los efectos de sus pérdidas. “Las rentas del 1 % más rico aumentaron después un 31,4 %, mientras que las del 99 % más pobre solo crecieron un 0,4 %. Estas cifras indican que la gran recesión afectó temporalmente a las rentas más altas, pero no pondrá coto al aumento espectacular de las rentas de los más ricos a la que asistimos desde la década de 1970”, señala el economista.

El largo periodo de reducción de las desigualdades que se inició después de la crisis de 1929, y sobre todo tras la segunda guerra mundial, ha pasado definitivamente a la historia. Los estadounidenses más afortunados pagaron en 2012 menos de la mitad de los impuestos que los demás ciudadanos del país, debido a la fiscalidad privilegiada sobre el patrimonio. Según el estudio, el 10 % más acomodado de la población –equivalente al primer decil– percibía el 50,4 % del total de las rentas estadounidenses en 2012. Esta proporción ha tenido que aumentar todavía más en 2013. Semejante nivel de acumulación de riqueza en tan pocas manos no se ha visto nunca desde 1917, año en que comenzaron las estadísticas en EE UU, señala el estudio. Ni siquiera en vísperas de la crisis de 1929 se alcanzó un porcentaje tan elevado.

Puede que las cifras no sean tan escandalosas en el caso de Europa, pero la tendencia es la misma, como demuestran los estudios del instituto de estadística francés con respecto a Francia y de Eurostat con respecto a Europa. En todas partes se profundizan las fracturas entre ricos y pobres.

En EE UU, la depauperación de la población y el hundimiento de las clases medias se han convertido en un tema de debate político, aunque meramente incipiente. A comienzos de diciembre, Barack Obama se inquietaba ante el fin del “sueño americano”, cuando una mayoría de la población está convencida de que sus hijos no podrán tomar el ascensor social. El presidente de EE UU dice que quiere luchar contra las desigualdades y devolver la esperanza a las clases medias, que constituyen la base de la democracia estadounidense. En una tribuna publicada el 6 de enero en el Financial Times, Lawrence Summer, exconsejero económico de Bill Clinton y candidato frustrado a la sucesión de Ben Bernanke en la presidencia de la Reserva Federal, incluso va más lejos. Después de destacar los riesgos de que la economía de EE UU caiga en un estancamiento secular, reclama un cambio de política, una política de inversión en todos los ámbitos, insistiendo en el hecho de que “el problema está más en la falta de demanda que en la falta de oferta”.

Europa ni siquiera ha empezado a reflexionar sobre ello. De Gran Bretaña a España, pasando por Francia, todo sigue bajo el signo de la austeridad, de la reducción del gasto público, de la reducción de los impuestos, del recorte de los salarios y de la redistribución social. Las grandes fortunas europeas no tienen por qué preocuparse: 2014 promete ser también un año excelente para ellas.

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¿Es otra Europa posible?

Mér, 08/01/2014 - 16:18
Vicenç Navarro, Sistema Digital

Para las fuerzas progresistas de España, Europa siempre fue el punto de referencia en su lucha constante para alcanzar la democracia y el bienestar social. Ello ocurrió también en otros países del sur de Europa (tales como Grecia y Portugal) que vivieron largos periodos de su historia sometidos a dictaduras ultraconservadoras y que siempre soñaron convertirse en países europeos, integrándose en la comunidad de naciones, más tarde convirtiéndose en componentes de la Unión Europea. En realidad su deseo era pasar a ser miembros del núcleo central (del core, como se llama en inglés) de la UE, unidos por el uso de la misma moneda, el euro.

Este deseo de llegar a ser Europa explica la persistencia en permanecer en ella, aun cuando ello les suponga unos enormes costes tanto en su escasamente subdesarrollado Estado del Bienestar como en sus instituciones democráticas. Nunca antes durante el periodo democrático estos países habían sido sometidos a políticas tan dañinas de austeridad del gasto público (incluyendo de gasto público social) y de deterioro de sus mercados de trabajo como ahora, políticas públicas, todas ellas, que se han impuesto en cada uno de estos países sin que hubiera ningún mandato popular. Estas políticas, impuestas por los partidos gobernantes en los países miembros de la Unión Europea, no estaban en los programas electorales de estos partidos en el momento de ser elegidos para gobernar. En todos ellos, la diferencia entre lo prometido y lo realizado es casi de 180º. El caso del Gobierno Rajoy en España es un ejemplo de lo ocurrido en estos países.

Y estas políticas han sido impuestas no solo por los gobiernos de estos países, sino también y muy en especial por las instituciones gobernantes de la Unión Europea, y muy en particular por la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, con el beneplácito del Consejo Europeo. De esta manera, y como consecuencia de estos hechos, el sueño europeo se ha convertido en la pesadilla europea.

¿Por qué el sueño se convirtió en pesadilla? En mis trabajos (ver la sección “Economía política” de mi blog www.vnavarro.org) he hablado extensamente de que el establecimiento de la UE y del euro fue hecho por fuerzas conservadoras y liberales, en plena euforia neoliberal, hegemonizado por el capital financiero alemán, que tuvo un peso decisivo en el diseño del euro y de su gobierno. Que este diseño haya tenido un impacto muy negativo en los Estados del Bienestar y en los mercados laborales no se debe a que sus diseñadores estuvieran equivocados. En realidad, fue un diseño altamente exitoso y que tenía como objetivo precisamente cargarse los Estados del Bienestar de los países miembros, y debilitar al mundo del trabajo. Y así lo dijeron en más de una ocasión. Mario Draghi, Presidente del Banco Central Europeo, lo puso muy claro hace solo unos dos años, cuando en una entrevista al The Wall Street Journal (la voz del capital financiero estadounidense, y uno de los periódicos más reaccionarios de EEUU) reconoció que la Europa social había terminado y no era sostenible. Y durante todos estos años que ha existido el euro, los Estados del Bienestar y la calidad de vida de las clases populares han ido descendiendo. La evidencia es abrumadora de que ello es así. Y la gran pérdida de apoyo popular de la socialdemocracia en Europa se ha producido precisamente porque se la ha visto como cómplice de este proyecto. Desde Blair a Schröder, pasando por Jospin y Zapatero, todos estos gobiernos liderados por ellos han visto reducciones de los Estados del Bienestar y el deterioro de sus mercados de trabajo, como resultado de la imposición de políticas neoliberales.

¿Cuál es la respuesta hoy de la socialdemocracia? Los partidos de la socialdemocracia, agrupados en el grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas, han indicado que, en preparación de la próxima contienda electoral europea, quieren dar un giro significativo a la construcción de la Unión Europea, incluyendo la de la Eurozona, yendo hacia una Europa federal, es decir, unos Estados Unidos de Europa que recuperen las identidades sociales y democráticas europeas que las fuerzas conservadores y liberales han violado y debilitado enormemente. Su énfasis en la esfera política es un cambio estratégico importante. Aun cuando es un giro claramente oportunista, tiene el mérito de romper con el determinismo económico y financiero que predomina en los círculos financieros, económicos, políticos y mediáticos europeos, que constantemente y repetidamente atribuyen las políticas públicas responsables del deterioro social y democrático europeo a necesidades financieras y económicas (teóricamente para salvar el euro, que, por cierto, nunca estuvo en peligro de desaparecer), ocultando las causas políticas de este desastre. Es bueno, pues, que el debate se centre en la responsabilidad que la política ha tenido en el establecimiento de aquellas políticas públicas, rompiendo así con aquel nefasto eslogan de que “no hay alternativas”. La evidencia ha mostrado que sí que habían alternativas (como Juan Torres, Alberto Garzón y yo documentamos en nuestro libro Hay alternativas).

Es positivo, pues, que se denuncien los partidos políticos que están hoy dominando la gobernanza de las instituciones europeas. Y entre ellos merecen especial mención los partidos pertenecientes a la familia política conservadora (el Partido Popular Europeo), a la cual pertenecen los partidos democratacristianos de la Sra. Merkel en Alemania, del Sr. Rajoy en España y del Sr. Duran en Catalunya. Todos estos partidos comparten los mismos valores y la misma promoción de las políticas de austeridad causantes también del deterioro del mercado laboral. Estos partidos han estado gobernando con la ayuda inestimable de los partidos del Partido de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa, que constituyen la rama más dura y neoliberal de las alianzas gubernamentales con los partidos cristianodemócratas, tal como demuestra uno de ellos, Convergencia Democrática de Catalunya, CDC, dirigida por el Sr. Mas. Estos partidos liberales son los partidos correligionarios del partido liberal que gobernó en coalición con el de la Sra. Merkel durante el periodo 2009-2013.

Son estos partidos los que tienen la mayor responsabilidad en el ataque a la Europa social y sería un error de las izquierdas no denunciarlos y responsabilizarlos de la crisis actual. Los gobiernos Rajoy y Mas son responsables de la crisis actual en la Unión Europea, por mucho que continúen repitiendo que no había otra alternativa.

El problema de la limitada credibilidad de la socialdemocracia El problema mayor de la socialdemocracia en la UE es que su denuncia de los partidos cristianodemócratas y liberales pierde credibilidad, pues fueron políticos y gobiernos socialdemócratas los que iniciaron estas políticas, acentuando también en sus políticas el mensaje de que no había alternativas, cuando en realidad sí que las había. Y ahí está el meollo del problema. La socialdemocracia está ahora haciendo propuestas de políticas públicas que fueron ignoradas y continúan siendo ignoradas cuando estos personajes y/o partidos han gobernado. No se puede olvidar que el comisario encargado de la política económica y monetaria de de la UE era un “socialista”, Pedro Solbes, que se convirtió en el máximo guardián de la ortodoxia neoliberal durante su mandato en la Comisión. E incluso hoy otro “socialista”, Joaquín Almunia, es otro de los mayores guardianes de la ortodoxia neoliberal en contra del intervencionismo del Estado, favoreciendo la privatización de lo público en la línea más dogmática del credo neoliberal. Y ningún partido socialdemócrata ha criticado a estos personajes. Hoy la Comisión Europea, aun cuando está dominada por políticos conservadores y liberales, tiene también socialdemócratas que siguen las mismas directrices, sin que se vea la más mínima distinción. En realidad, la misma observación podría aplicarse a los políticos pertenecientes a las familias verdes. La gran mayoría de partidos verdes pertenecientes al Partido Verde Europeo no han hecho nada diferente.

¿Es posible otra alternativa? Pero supongamos que el señor Martin Schulz, candidato de la socialdemocracia europea, ganara las elecciones para ser Presidente de la Comisión Europea (lo cual, sin lugar a dudas, significaría un considerable avance sobre el liberal José Manuel Durão Barroso). Así y todo, sería más que dudoso que pudiera cambiar la Comisión, pues los miembros de este órgano son propuestos por los gobiernos de la UE, la mayoría de los cuales son de derechas.

Pero la cosa es incluso peor, pues aun suponiendo que la Comisión fuera de izquierdas, es poco lo que podría hacer, pues tiene que aplicar el Tratado de Lisboa, que es la Biblia neoliberal que marca la pauta y que no puede cambiarse. Y ahí está el meollo de la cuestión que explica mi sorpresa de que haya hoy partidos de izquierda que todavía crean que el sistema de gobierno y los tratados que rigen la UE permitirían alcanzar un sistema federal, de carácter social y democrático. Y estoy pensando cuando digo esto en los partidos a la izquierda de la socialdemocracia. Creerse, como Syriza en Grecia cree, que podemos cambiar la Unión Europea me parece una enorme ingenuidad. Es lo que en inglés se llama “wishful thinking”. Las coordenadas del poder están muy bien diseñadas. Los diseñadores de la UE y de su moneda lo hicieron pero que muy bien. Y es imposible cambiar este sistema que está desmontando la Europa social. De ahí que las izquierdas estén perdiendo mucho tiempo. Hoy, la situación es intolerable. Las agencias más creíbles pronostican que España no habrá eliminado el desempleo creado tras el estallido de la crisis hasta dentro de veinte años (repito, veinte años). Continuar las políticas actuales es un suicidio para las clases populares.

Las izquierdas deberían plantearse salirse del euro, como medida de presión para cambiar las políticas de austeridad, y salirse del euro en caso de que estas políticas continuaran haciéndose. El que no lo hagan es porque todavía están estancadas en aquella imagen de la Europa social y democrática que siempre soñaron (pero que hoy está desapareciendo muy rápidamente). Así de claro.

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La soledad latinoamericana

Mar, 07/01/2014 - 15:01
Emir Sader, Página 12

América latina vivió la soledad de los años noventa, cuando sólo existía en los procesos de privatización y en las crisis financieras. Afuera de ahí, sólo noticias deportivas o una que otra elección que escogía nombres distintos para el mismo tipo de gobierno hablaban del continente fuera de sus fronteras.

Era una soledad con las promesas de que la vía escogida entonces sería la de la integración en la globalización. Uno que otro mandatario, como Fernando Henrique Cardoso, era invitado a alguna cumbre de la llamada “tercera vía”, para demostrar que todavía quedaba algo de vida inteligente en el sur del mundo.

Pero en general eran personajes despreciados –como Carlos Menem, Alberto Fujimori, Carlos Salinas de Gortari, Fernando Collor de Mello, Fernando de la Rúa.., justamente porque aceptaban, de forma subordinada, los dictámenes del FMI, del Banco Mundial, de la OMC, con la esperanza de que la globalización trajera a nuestros países más que capitales especulativos y sus respectivas crisis.

Hoy Latinoamérica vive de nuevo en soledad. Pero otro tipo de soledad. Varios de sus gobiernos despliegan políticas posneoliberales, a contramano de los vientos que vienen del centro del capitalismo, que siguen siendo vientos neoliberales. Así, esos gobiernos logran escapar de la recesión impuesta a los países del centro del sistema y que se reproducen en tantos otros de la periferia –varios en la misma América latina.

Aprendiendo de las mismas experiencias europeas, esos gobiernos reaccionaron frente a la larga y profunda crisis generada en los países del Norte, lanzando políticas anticíclicas que nos han permitido defendernos de la recesión. Mientras, paradójicamente, en Europa se intensifica la recesión con medidas de corte ortodoxo.

Con esas políticas, países latinoamericanos como Argentina, Venezuela, Brasil, Uruguay, Ecuador, Bolivia no sólo han resistido a la recesión, también han disminuido la desigualdad, la pobreza y la miseria, mientras ellas aumentan en Europa, en Estados Unidos y en Japón.

Por eso esos gobiernos, dedicados a procesos propios de intensificación de sus relaciones, están, sin embargo, aislados respecto a otras regiones del mundo. Hay un intenso mercado con China, es cierto, pero ello no ha significado, hasta ahora, la creación de una fuerza política que proponga alternativas al agotado neoliberalismo.

Existen, es cierto, los Brics, que han tomado importantes iniciativas, como por ejemplo la creación del banco de financiamiento propio y apoyo a esos países emergentes. Pero los Brics no han todavía definido una política y un marco de alianzas que pueda congregar a un conjunto del sur del mundo.

García Márquez decía, en su extraordinario discurso de recibimiento del Nobel de Literatura, que los otros aceptan la originalidad de la creación artística de nuestros países, pero se resisten a aceptar que nosotros desarrollemos esa misma creatividad para definir nuestros destinos. Ahora esos países han encontrado el camino para, de forma original y creactiva, construir el destino latinoamericano. Encontramos un destino común, aunque todavía al precio de vivir una nueva soledad. Pero, por lo menos, la vivimos con sociedades más solidarias, menos desiguales, soberanas.

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La formación de una clase obrera mundial

Mar, 07/01/2014 - 14:10
Michel Husson, Viento Sur

Durante los años 1990 se produjo un fenómeno decisivo con la entrada en el mercado mundial de China, India y el antiguo bloque soviético, que llevó a que se multiplicara por dos la fuerza de trabajo confrontada a la competencia en el mercado mundial.
Los datos de la OIT permiten una estimación del número de asalariados a escala mundial. En los países “avanzados”, ha aumentado alrededor de un 20% entre 1992 y 2008, para luego estancarse desde la entrada en la crisis. En los países “emergentes”, ha aumentado cerca de un 80% en el mismo periodo. Se encuentra el mismo tipo de resultado, aún más marcado, para el empleo en la industria manufacturera: entre 1980 y 2005, la mano de obra industrial ha aumentado un 120% en los países “emergentes”, pero ha bajado un 19% en los países “avanzados”.
La misma constatación se produce en un estudio reciente del FMI que calcula la fuerza de trabajo en los sectores exportadores de cada país. Se obtiene una estimación de la fuerza de trabajo mundializada, la que está directamente integrada en las cadenas de valores globales. La divergencia es aún más marcada: entre 1990 y 2010, la fuerza de trabajo global así calculada ha aumentado un 190% en los países “emergentes”, frente al 46% en los países “avanzados”.

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El funesto Imperio Mundial de las Corporaciones

Lun, 06/01/2014 - 19:00
Leonardo Boff, Red Digital

Los buenos deseos de un año feliz son rituales. No pasan de ser simples deseos, pues no consiguen cambiar el curso del mundo donde los superpoderosos siguen su estrategia de dominación global. Sobre esto necesitamos pensar y hasta rezar, pues las consecuencias económicas, sociales, culturales, espirituales y para el futuro de la especie y de la naturaleza pueden ser nefastas.

Muchos como Joseph Stiglitz y Paul Krugman esperaban que el legado de la crisis de 2008 sería un gran debate sobre qué tipo de sociedad queremos construir. Se equivocaron de medio a medio. La discusión no se dio. Al contrario, la lógica que provocó la crisis ha sido retomada con más furor. Richard Wilkinson, uno de los mayores especialistas sobre el tema desigualdad, estuvo más atento y dijo hace ya tiempo en una entrevista al periódico Die Zeit de Alemania: “la pregunta fundamental es ésta: ¿queremos o no queremos realmente vivir según el principio de que el más fuerte se apropia de casi todo y el más débil se queda atrás?

Los súper-ricos y súper-poderosos decidieron que quieren vivir según el principio darwinista del más fuerte, y que los mas débiles se aguanten. Pero comenta Wilkinson: «creo que todos tenemos necesidad de mayor cooperación y reciprocidad, pues la personas desean una mayor igualdad social». Este deseo es negado intencionadamente por esos epulones.

Por lo general, la lógica capitalista es feroz: una empresa se come a otra (eufemísticamente se dice que se fusionaron). Cuando se llega a un punto en que sólo quedan algunas grandes, cambian de lógica: en vez de guerrear, hacen entre sí una alianza de lobos y se comportan mutuamente como corderos. Así articuladas detentan más poder, acumulan con más seguridad para sí y para sus accionistas, sin tener en cuenta para nada el bien de la sociedad. La influencia política y económica que ejercen sobre los gobiernos, la mayoría de ellos mucho más débiles que ellas, es extremadamente coercitiva, interfiriendo en el precio de las commodities, en la reducción de las inversiones sociales, en la salud, educación, transporte y seguridad. Los miles de personas que ocupan las calles en el mundo y en Brasil intuyeron esa dominación de un nuevo tipo de imperio, cuyo lema es: «la avaricia es buena» (greed is good) y «devoremos lo que podamos devorar». Hay excelentes estudios sobre la dominación del mundo por parte de las grandes corporaciones multilaterales. Es conocido el de David Korten ’Cuando las corporaciones rigen el mundo’ (When the Corporations rule the World). Pero hacía falta un estudio de síntesis, y éste ha sido realizado por la Escuela Politécnica Federal Suiza (ETH), en Zurich, en 2011, que se cuenta entre los más respetados centros de investigación, compitiendo con el MIT.

El documento ha implicado a grandes nombres, es corto, no más de 10 páginas, y otras 26 sobre su metodología, para mostrar la total transparencia de los resultados. Ha sido resumido por el Prof. de economía de la PUC-SP Ladislau Dowbor en su página web (http://dowbor.org). Nos basamos en él.

De entre los 30 millones de corporaciones existentes, el ETH seleccionó 43 mil para estudiar mejor su lógica de funcionamiento. El esquema simplificado se articula así: hay un pequeño núcleo financiero central que tiene dos lados: de un lado están las corporaciones que componen el núcleo y del otro, aquellas que son controladas por él. Tal articulación crea una red de control corporativo global.

Ese pequeño núcleo (core) constituye una súper-entidad (super entity). De él emanan los controles en red, lo que facilita la reducción de los costos, la protección de los riesgos, el aumento de la confianza y, lo que es principal, la definición de las líneas de la economía global que deben ser fortalecidas y dónde.

Ese pequeño núcleo, fundamentalmente de grandes bancos, detenta la mayor parte de las participaciones en las otras corporaciones. La cúpula controla el 80% de toda la red de corporaciones. Son apenas 737 actores, presentes en 147 grandes empresas. Ahí están el Deutsche Bank, el JP Morgan Chase, el UBS, el Santander, el Goldman Sachs, el BNP Paribas (entre otros muchos). Al final menos del 1% de las empresas controla el 40% de toda red.

Este dato nos permite entender ahora la indignación de los Occupies y de otros que acusan al 1% de las empresas de hacer lo que quieren con los recursos procedentes del sudor del 99% de la población. Ellos no trabajan ni producen nada. Solamente hacen más dinero con el dinero lanzado en el mercado de la especulación.

Fue esta absurda voracidad de acumular ilimitadamente la que gestó la crisis sistémica de 2008. Esta lógica profundiza cada vez más la desigualdad y hace más difícil la salida de la crisis. ¿Cuánto de inhumanidad aguanta el estómago de los pueblos? Todo tiene su límite y la economía no lo es todo.

Pero ahora nos es dado ver las entrañas del monstruo. Como dice Dowbor: «La verdad es que hemos ignorado al elefante que está en el centro de la sala». Está rompiendo todo, los cristales, la vajilla y pisoteando a las personas. ¿Pero hasta cuándo?

El sentido ético mundial nos asegura que una sociedad no puede subsistir por mucho tiempo asentada sobre la sobreexplotación, la mentira y la antivida.
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Ver: Estudio empírico revela la red capitalista que domina al mundoUna mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Confiscación de depósitos, inflación y represión financiera: la receta del FMI para salir de la crisis

Lun, 06/01/2014 - 15:35

Un nuevo documento de trabajo presentado por el FMI entrega un contundente programa de instrucciones para dar solución a la crisis de la deuda soberana en Europa. El documento señala que el problema de la deuda es mucho más grave de lo que se ha visto hasta ahora, y advierte que todas la medidas adoptadas por la UE, la CE, el BCE y el propio FMI “no serán suficientes para resolver la crisis”. El mantra de la amnesia colectiva ha llevado a pensar a estos países que esas medidas (como los planes de austeridad y los recortes presupuestarios) serían suficientes pero la verdad es que no ha sido más que una ilusión. De acuerdo a los autores del documento (Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff), esta crisis supera todas las crisis anteriores, con una deuda que ha batido todos los récord históricos y que tiene atrapada a toda la economía mundial. La receta es la aplicación de una represión financiera sin precedentes, y una oleada de medidas de fuerza para reducir la deuda. Estas medidas serían una mezcla de importantes recortes en la deuda soberana, confiscación de ahorros privados, controles de capital y generación de inflación para licuar la deuda con más rapidez e impulsar el crecimiento. Todo indica que el fantasma deflacionario que recorre Europa está para quedarse.

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Argumentos a favor de una estrategia alternativa que contemple la salida del euro

Lun, 06/01/2014 - 13:56
Reseña del libro de Costas Lapavitsas, Crisis en la eurozona
Salvador López Arnal, Rebelión

Un libro imprescindible, asegura Alex Callinicos, para todo persona que intente comprender la implosión de la Unión Europea. ¿Exagera el profesor del European Studies at King's College de Londres? No, no lo parece.

En el mismo sentido de pronuncia Stathis Kouvelakis en la introducción del ensayo: “Esto nos lleva al punto final pero probablemente también el más crucial del material recopilado en este volumen: no satisfechos con ofrecer un análisis pionero de las particularidades de la crisis capitalista dentro de la eurozona, Lapavitsas y sus colaboradores del RMF fueron un paso más allá, proporcionando el guión de una estrategia alternativa. Este resumen comienza con el impago de la deuda soberana… y se amplía a una salida unilateral del euro por parte de los países que no puedan evitar el impago, lo que les permitiría recuperar el control de una parte de su soberanía nacional y escapar del cataclismo de la devaluación interna impuesta por las terapias de choque diseñadas por la UE.” (p. 25).

Crisis en la Eurozona es una versión revisada de tres informes sobre la crisis de la eurozona publicados online por el Research on Money and Finance en marzo y septiembre de 2010, y en noviembre de 2011 con los títulos “Empobreciéndote a ti y a tu vecino”, “La eurozona entre la austeridad y el impago” y “¿Ruptura? Una drástica salida de la crisis de la Eurozona”.

Puede leerse, si así se estima adecuado, como un documentado comentario crítico a posiciones como la defendida por Yanis Varoufakis -en entrevista realizada por Alessandro Bianchi [1]-, compartida por amplios sectores de la izquierda europea, respondiendo a una pregunta sobre el “actual estado de cosas” en la zona euro y si la mejor solución para los países europeos del sur sería salir de la moneda única. “Si pudiéramos volver atrás en el tiempo, la mejor opción habría sido que los países meridionales, además de Irlanda, hubiesen quedado fuera de la eurozona”. Indudablemente, admite YV, “el comportamiento de los poderes fácticos, tanto en el norte como en el sur de Europa, ha disipado bien de veras la fantasía, que vimos en torno al 2000, de que la eurozona evolucionaría hacia una entidad federal, posiblemente después de que una crisis existencial amenazara su integridad”. Dicho sin rodeos, prosigue el economista griego, “nuestras élites cometieron un pecado capital metiendo a nuestras naciones periféricas en una versión europea del patrón oro que, como el patrón oro original, primero, dio ocasión a entradas masivas de capital en las regiones de déficit que hincharon gigantescas burbujas y, segundo, provocó una depresión permanente en los mismos países de déficit una vez que reventaron las burbujas tras el 1929 de nuestra generación (es decir, 2008)”.

Aceptado lo anterior, admitiendo la señalado, “salir de nuestra horrorosa unión monetaria no nos devolverá, ni siquiera a largo plazo, adonde habríamos estado si en principio nos hubiéramos quedado fuera”. Una vez dentro, puede que la huida “empuje a nuestras tambaleantes economías por un escarpado acantilado. Sobre todo si se hace descoordinadamente, país por país”. ¿Por qué? Porque “a diferencia de Argentina en 2002 o Gran Bretaña en 1931, salir de la eurozona no es sólo cuestión de romper el ajuste entre nuestra propia moneda y otra extranjera. No tenemos una moneda con la que desacoplarnos”. Se tendría que crear necesariamente “una moneda (una tarea que lleva como mínimo de 8 a 10 meses completar) con el fin de desacoplarla o devaluarla”. Ese retraso entre el anuncio de una devaluación y su efectivo cumplimiento “bastarían para devolver nuestras economías a la Edad de Piedra”.

A la Edad de Piedra es expresión de YV Crisis en la eurozona pretende abonar, pues, la consideración de Vicenç Navarro en su columna “Dominio Público” del pasado 31 de octubre de 2013 [2]. Este escrito, apunta el profesor de la UPF, “señala la necesidad y urgencia de debatir los méritos y deméritos de permanecer en el euro, con el análisis de los beneficios y costes que ello implicaría, comparándolo con los costes y beneficios de mantenerse en él.” Es urgente que se abra un debate en España sobre el mérito o demérito de salirse del euro. Es muy criticable, señala VN; “que apenas exista debate sobre este tema. Incluso en amplios sectores de izquierda apenas aparecen artículos que cuestionen la permanencia de España en el euro. De ahí que tal debate debería darse con especial énfasis entre las izquierdas, sin insultos, sarcasmos o sectarismos”. Entre nosotros, Pedro Montes o Alberto Montero Soler (y en ocasiones Juan Torres López) apoyan la misma consideración. Del mismo modo, sostiene el doctor Navarro, “aquellos desde la izquierda que se oponen a salirse del euro, no están indicando cómo el mayor problema económico (además de social) que España tiene, es decir, el desempleo, podrá resolverse en este país”. Las propuestas más avanzadas en este sentido, prosigue VN, “son las propuestas de la CES [la Confederación Europea de Sindicatos], que avanzan políticas públicas de clara orientación expansiva” con las que él está totalmente de acuerdo. Para realizarlas y llevarlas a cabo, concluye, “se requieren cambios sustanciales en el contexto político del establishment que gobierna tanto la Eurozona como el euro”. La arquitectura institucional de la Eurozona es, por diseño y voluntad de sus dirigentes, “liberal, y es dificilísimo que ello cambie, condenando a España a un desempleo y precariedad por muchísimos años”. Si alguien se opone a salir del euro, “debería explicar cómo piensan resolver el enorme desempleo y el gran descenso de los salarios en España”.

No es el único en pensar así. Luciano Canfora transita por la una senda casi idéntica en “Cómo salir vivos de la trampa”, un texto recogido en La historia falsa y otros escritos [3]). Ahora que el proceso se ha completado, señala el estudioso italiano, con la creación del novísimo Sistema Autoritario Europeo y el partido orgánico subdividido en fracciones debidamente “cohesionadas” no tiene motivos para afanarse demasiado en contiendas electorales, la pregunta esencial es saber “sobre qué hombros recaerá la tarea de proponer de nuevo la defensa de la justicia social (art. 3 de nuestra Constitución) contra la lógica de beneficio?”. LC recuerda el comentario del ex ministro Tremonti: una vez escritas las reglas de Maastricht, Jacques Attali, uno de sus autores, comentó: “las hemos escrito de tal manera que nadie pueda intentar salir de la moneda única”. Después de 12 años de todo aquello, y visto que la moneda única, con todo lo que implica de carnicería social, “se defiende con la fuerza pública y con el chantaje, la pregunta planteada anteriormente parece no sólo necesaria son apremiante” en su más que razonable opinión.

En términos sencillos, resume así el estado de la cuestión el gran clasicista italiano: “es indispensable que renazca una izquierda, aun cuando esto corra el riesgo de suceder (si sucede) en el peor contexto posible… Puesto que el problema más grave urgente es cómo salir vivos de la trampa del euro y de los “parámetros de Maastricht”, es evidente que un eventual resurgir de la izquierda debería cimentarse sobre este difícil terreno, proponer soluciones factibles, luchar por llevarlas a cabo”.

Volvamos, pues, al texto de Costas Lapavitsas. No es posible aquí dar cuenta detallada de los contenidos y tesis del ensayo. Como ilustración resumo el contenido del segundo capítulo: “La crisis de la eurozona tiene muchos aspectos, pero es también sin duda una crisis de deuda”. En esta parte del libro, se analizan “las fuentes, la naturaleza y las razones de la acumulación de deuda en la eurozona, especialmente después del comienzo de la crisis financiera global”. Se argumenta subsecuentemente que, ante una enorme y creciente montaña de deuda, “los gobiernos tienen dos opciones: deja de pagar los servicios públicos y reducir el gasto público (austeridad) o dejar de pagar a los tenedores de bonos. La última alternativa significa el impago, que además podría producirse según las condiciones dictadas por el acreedor o el deudor” (p. 115). No hace falta indicar la opción tomada -o la que han sido obligados a tomar- por la mayoría de los gobiernos europeos.

Sobre la situación actual y las apuestas de las clases dirigentes europeas se señala al final del primer capítulo: “No hay señalas de que los capitalistas de los países periféricos sean capaces de tal actuación. Se trata de una tarea especialmente complicada debido a que dichos países normalmente tienen estructuras productivas de tecnología intermedia, mientras que los salarios reales está por encima de sus competidores en Asia y otros lugares”. Por consiguiente, existe el riesgo de que una salida conservadora de la situación sumada a una (neo) liberación conduzca “a un estancamiento prolongado acompañado de episodios de inflación, devaluaciones sucesivas y una lenta erosión de las rentas del trabajo. De ahí que, en la periferia, las clases dirigentes hayan preferido por lo general la opción de permanecer en la eurozona y trasladar los costes a los trabajadores” (p. 109).

La salida progresista de la zona euro –“una salida sujeta a una reestructuración drástica de la economía y la sociedad”- es vista en los siguientes términos (una opción que no se niega que por supuesto supondría un importante choque económico): “se produciría una devaluación, la cual descargaría parte de la presión del ajuste al mejorar la balanza comercial, pero también dificultaría sobremanera el hacer frente a la deuda exterior”. Serían, por todo ello, necesarias la suspensión de pagos y la reestructuración de la deuda. “El acceso a los mercados internacionales se volvería extraordinariamente complicado. Los bancos se encontrarían bajo una fuerte presión y teniendo que hacer frente a la quiebra. La cuestión es, sin embargo, que estos problemas no tienen que ser afrontados de la habitual manera conservadora” (p. 110). Y no, claro está, no tienen por qué serlo. “La combinación de banca pública y controles sobre la cuenta de capital plantearía inmediatamente la cuestión de la propiedad pública sobre áreas de la economía. Los puntos débiles subyacentes a la productividad y la competitividad amenazan ya la viabilidad de sectores completos de actividad económica en los países periféricos”. La propiedad pública, una vieja identidad de la izquierda transformadora no cooptada por el neoliberalismo, sería necesaria para evitar el colapso. “Los ámbitos específicos que se colocarían bajo propiedad pública e incluso la forma que esta tomaría dependerían de las características de cada país. Pero los servicios públicos, el transporte, la energía y las telecomunicaciones serían los principales candidatos, por lo menos con el fin de respaldar al resto de la actividad económica” (p. 111).

De hecho, tal como se ha señalado, l a manera correcta de tratar el tema del euro no pasa por plantearse los costes económicos y sociales de la salir de la moneda única. No, no es este el punto. “Ese es el planteamiento de las fuerzas conservadoras y en particular de los poderes económicos. Tenemos que empezar por analizar los costes de permanecer en la eurozona porque después de aceptar la dura medicina de los recortes salariales, la reducción del gasto público, la subida de impuestos, las privatizaciones y la destrucción del Estado de bienestar seguimos con una perspectiva de estancamiento económico a largo plazo”. Para CL es imprescindible abandonar el euro para evitar este estancamiento, “el aumento de la pobreza, la pérdida de derechos democráticos y de soberanía nacional en los países periféricos”. No hay ninguna duda desde su punto de vista de que el euro es insostenible a largo plazo. “La Unión Económica y Monetaria representa un fracaso histórico gigantesco, que se ha intentado mantener asumiendo enormes costes sociales durante los tres últimos años”. En lugar de seguir adoptando medidas basadas en la austeridad (neoliberal) y contra el interés de los trabajadores y trabajadoras, “hay que tomar el control de la banca y los flujos de capital, lo que es perfectamente posible porque la propia UE lo hizo en el caso de Chipre”. Se puede, se puede. Una medida, añade, que evitaría también los ataques de los mercados y la fuga de capitales, “una amenaza real pero con la que tampoco se debe exagerar”.

Urge CL a las organizaciones de izquierda que quieran seguir siéndolo a que se replanteen su visión sobre Europa, así como también el papel de los Estados modernos y la forma más adecuada para crear “un internacionalismo más eficaz para enfrentar este ataque, sin precedentes, del capitalismo”. El internacionalismo, otra noción clave de la izquierda. Hace más de treinta años, Manuel Sacristán se expresaba en estos términos: “El marxismo se ha convertido en un fenómeno universal, más como método de solución a todos los problemas. En estos momentos, la tendencia es hacia una interiorización, hacia una nacionalización de la política... No obstante, el marxismo no ha entendido ni las autonomías, ni los nacionalismos y mucho menos los elementos subjetivos, psicológicos de las sociedades. ¿Cree usted que esta crisis del marxismo es definitiva?” se le preguntó. Su respuesta: “La nacionalización de la política es uno de los procesos que más deprisa pueden llevarnos a la hecatombe nuclear. El internacionalismo es uno de los valores más dignos y buenos para la especie humana con que cuenta la tradición marxista. Lo que pasa es que el internacionalismo no se puede practicar de verdad más que sobre la base de otro viejo principio socialista, que es el de la autodeterminación de los pueblos... Todo lo demás que dice usted en esta pregunta es pura moda neorromántica irracionalista, efecto de la pérdida de esperanzas revolucionarias”. En la página final del libro se recoge una cita de David Graeber: “Si la Historia muestra algo es que no hay mejor manera de justificar las relaciones basadas en la violencia, de hacerlas que parezcan morales, que redefinirlas en el lenguaje de la deuda, sobre todo porque inmediatamente hace que parezca que la víctima es quien está haciendo algo malo”. No está mal, nada mal, para cerrar este excelente ensayo ni siquiera esta pobre aproximación que aspira, básicamente, a llamar la atención sobre la importancia de este trabajo de Costas Lapavitsas y de sus compañeros del RMF.

PS: Me permito recomendar como lectura complementaria, más esencial y fructífera por supuesto que este comentario, el reciente artículo de Alberto Montero Soler “Salir de la pesadilla del euro” (http://www.mientrastanto.org/boletin-120/notas/salir-de-la-pesadilla-del-euro), otro de nuestros economistas esenciales, otro de los economistas-más-que-economistas hispánicos que navegan lúcidamente contra la corriente (por el momento) más mayoritaria.

Notas: [1] www.lantidiplomatico.it , 13 de octubre de 2013 (Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón). http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=6370
[2] http://www.vnavarro.org/?p=9952
[3] Luciano Canfora, La historia falsa y otros escritos. Capitán Swing, Madrid, 2013 (Traducción de Inés Campillo Poza, Antonio Antón y Regina López Muñoz), pp. 33-34.
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La crisis hegemónica

Sáb, 04/01/2014 - 16:30
Emir Sader, Página 12

Nunca como ahora fue tan real la tensión entre un mundo que se agota, pero trata de sobrevivir, y un mundo nuevo, con grandes dificultades para afirmarse. En ese vacío se inserta un mundo inestable, turbulento y una gran pelea por la nueva hegemonía mundial.

La decadencia de la hegemonía norteamericana en el mundo y el agotamiento del modelo neoliberal son evidentes, pero, al mismo tiempo, no surgen todavía en el horizonte ni una potencia ni un grupo de países que puedan ejercerla en lugar de Estados Unidos. Ni tampoco aparece un modelo que pueda disputar con el neoliberalismo la hegemonía económica en escala mundial. Los gobiernos posneoliberales latinoamericanos no tienen todavía la fuerza suficiente para disputar la hegemonía económica a escala global.

La victoria en la Guerra Fría no ha significado que la imposición de la Pax Americana haya traído estabilidad al mundo. Al contrario, nunca han proliferado tantos conflictos violentos, porque EE.UU. se vale de su superioridad militar para tratar de trasladar los conflictos al plano del enfrentamiento violento. Así lo hizo en Afganistán, en Irak, en Libia, aunque después no tuvo la capacidad necesaria para imponer estabilidad política sobre los escombros de las intervenciones militares. Esos países siguen siendo epicentros de guerra en el mundo actual.

En el caso de Siria –y, por extensión, en el de Irán– EE.UU. ni siquiera fue capaz de generar las condiciones políticas mínimas para nuevas intervenciones militares, teniendo que participar de procesos de negociaciones políticas de los conflictos.

Sin embargo, EE.UU. sigue siendo la única potencia mundial que articula su poder económico, tecnológico, político, militar y cultural, para imponerse como país de mayor influencia en el mundo, el único que tiene una estrategia global. Ni China, ni la debilitada Unión Europea, ni América latina, ni un conjunto de fuerzas articuladas entre sí logran oponerse a la hegemonía norteamericana en el mundo.

La profunda y prolongada crisis económica en el centro del capitalismo ha demostrado cómo sectores del Sur –en Asia y en América latina– han logrado defenderse, sufriendo los efectos de la recesión, pero sin entrar ellos mismos en recesión, como había ocurrido en las otras crisis del centro del sistema. Porque ya existe en el mundo un cierto grado de multilateralismo económico, que permite que los intercambios Sur-Sur, además de los realizados por los procesos de integración regional en América del Sur, unidos a la enorme expansión de los mercados internos de consumo popular, los países con gobiernos posneoliberales han podido defenderse y no caer en recesión. Sin embargo, las fuertes presiones recesivas no dejan de afectar a esos países, haciendo que necesiten respuestas integradas para elevar el nivel de expansión de sus economías.

Sin embargo, a pesar del desprestigio de las políticas neoliberales, responsables por la crisis en el centro del sistema e impotentes, hasta ahora, para superarla, el modelo neoliberal sigue siendo dominante en gran parte del sistema económico mundial. Las medidas puestas en práctica por los gobiernos europeos, por ejemplo, son de carácter neoliberal, para reaccionar frente a una crisis neoliberal, es decir, están echando nafta al fuego.

Porque el neoliberalismo no es solamente una política económica, es un modelo hegemónico, que corresponde a la hegemonía del capital financiero a escala mundial, al bloque EE.UU.-Gran Bretaña del punto de vista político, así como a un modo de vida (el llamado modo de vida norteamericano), centrado en el consumo, en la mercantilización de la vida y en los shopping centers. Es un punto de no retorno del capitalismo a escala global, que coloca a la vez los límites a las propuestas de acción de las grandes potencias políticas y de los grandes organismos internacionales.

Así, el mundo seguirá viviendo, por lo menos hasta la primera mitad del nuevo siglo, un período de turbulencias, en el que la decadente hegemonía norteamericana se mantiene, aun con crecientes dificultades. Del mismo modo sobrevive el predominio del modelo neoliberal, aunque debilitado y condenando a la economía mundial a procesos de aún más grande concentración de renta, de exclusión de derechos y de recesión económica continuada.

Por lo tanto, una profunda y extensa crisis de hegemonía se impone a escala mundial, con persistencia de los viejos modelos y dificultades para la afirmación de las alternativas.

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Austeridad, Servicios públicos y Salud Mental: la necesidad de un cambio de rumbo

Ven, 03/01/2014 - 14:40
Manuel Girón, Viento Sur

A finales de la década de los 90 comenzó una larga caída de la tasa de beneficio de las grandes empresas. Para tratar de compensar esta tendencia especularon con productos financieros, y en este último periodo con aquellos derivados de la especulación inmobiliaria. Con la quiebra de este mercado en 2007-2008, los empresarios dejaron de ver expectativas de beneficio y, como la búsqueda de beneficio es el combustible del sistema, dejaron de invertir y dejaron a la gente sin empleo. A los gobiernos se les dijo que tenían que cubrir los activos financieros ficticios que se habían creado para especular, y estos –a las órdenes de la Troika–, lo hicieron y lo siguen haciendo. Al hacerlo, produjeron un aumento enorme de los gastos del estado. La deuda generada para financiarlos es cada vez mayor, y el peso de los intereses que hay que pagar aumenta de forma exponencial. Esta deuda es la justificación (falsa) para recortar el gasto en servicios públicos, para retirar prestaciones, para instaurar copagos, y para privatizar servicios.

Los recortes en el gasto público se justifican con términos que parecen asépticos como "racionalización" y mejora de la "eficiencia". Su materialización real es el cierre de camas hospitalarias públicas y la disminución de personal sanitario. Según el Registro Central de Personal de las Administraciones Públicas, desde enero de 2012 hasta julio de 2013 han sido despedidos 25.543 profesionales sanitarios. Los recortes también suponen la disminución de la prestación en medicamentos a través del aumento del copago. El copago hace disminuir tanto las medicinas que podrían ser superfluas como las que son absolutamente necesarias.

El objetivo central del gobierno (con el plan A del fracasado "modelo Alzira" o con el plan B de las "Unidades de Gestión Clínica") es transformar los servicios públicos de salud en servicios privados gestionados por aseguradoras y empresas multinacionales de riesgo. El objetivo de esta privatización es doble, en primer lugar, que grandes empresas y entidades financieras extraigan beneficios de nuestros problemas de salud. En segundo lugar, recortar la accesibilidad a los servicios de salud y a las prestaciones ya que los dispositivos privatizados nacen dotados con menos personal y con menos camas. La argumentación es que se privatiza para disminuir los costes. La realidad es que estos servicios son más caros, tienen menor calidad asistencial y mayor mortalidad. Naturalmente, los gobiernos no solo no publican ninguna auditoria de su coste real sino que vetan su realización.

Se ha desarrollado todo un marco legislativo para posibilitar los recortes y privatizaciones. Algunos hitos fundamentales serian, la ley 15/97 de "nuevos modelos de gestión"; la ley 16/2012 que ha eliminado la universalidad y gratuidad de la atención; la ley de la dependencia, que si bien supuso un avance en el reconocimiento de derechos es equivalente a la ley 15/97 como herramienta privatizadora; y el cambio del artículo 135 de la Constitución que antepone el pago de la deuda (en su mayor parte, ilegítima) a la cobertura de las necesidades sociales.

Otros retrocesos legislativos complementan este proyecto. La reforma del Código Penal y la Ley de Seguridad Ciudadana suponen un recorte brutal de derechos y libertades cívicas, están pensada para castigar la protesta y tiene un impacto directo sobre las personas con enfermedad mental. Su base es el miedo de los de arriba. Este miedo se utiliza para imponer un control social autoritario. La enfermedad mental se conceptúa como un peligro para la sociedad, y se le impone un castigo de "libertad" vigilada o de prisión de por vida, sin relación con la pena asignada a un posible delito.

La cancelación de la Estrategia de Salud Mental es el corolario imprescindible. Para ellos, la prioridad ya no está en la potenciación de la integración social o del apoyo domiciliario, sino en el tratamiento ambulatorio involuntario (TAI). Mientras que la orientación a la prevención y a la atención cercana y basada en la evidencia tiene un gran soporte científico y ético, el TAI carece del mismo.

Si estos son los movimientos de los de arriba ¿cuales serían las alternativas de las de abajo? En primer lugar, garantizar la autonomía de las organizaciones y de los movimientos sociales, y su independencia de los de arriba, de las necesidades de las instituciones (de los gobiernos y ministerios) y de las necesidades de las empresas (las de las universidades privadas, las de la industria farmacéutica, o las de las empresas que gestionan residencias u hospitales). Avanzar implica defenderse y movilizarse. Sin esta independencia es imposible tener la fuerza necesaria para resistir. Una movilización puede implicar, en un momento dado, una negociación pero es incompatible con la búsqueda del "consenso" o del "pacto social". No es fácil, y se requiere habilidad para no ser divididos y reprimidos. Los ejemplos son las movilizaciones de la Marea Blanca contra la privatización de la sanidad, las de la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca contra los desahucios o las del Sindicato Andaluz de Trabajadores por la reforma agraria. En segundo lugar, la paralización inmediata del pago de la deuda, y su auditoria ciudadana con el objetivo de identificar la parte que es ilegítima y que no se debe pagar. La derogación de la reforma constitucional y de las leyes que impiden unos servicios 100% públicos. En tercer lugar, la lucha contra el TAI y contra la reforma Gallardón. Sin la independencia de los de arriba, sin cortar con el pago de la deuda ilegítima y sin una movilización por servicios 100% públicos y bajo control de los trabajadores y de las usuarias, las justas propuestas asistenciales de FEAFES no podrán materializarse. No debemos consentirlo.

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El banco más antiguo del mundo lucha por defenderse de la depredación financiera

Mar, 31/12/2013 - 18:50
Durante al año que termina no ha habido ni un solo día en que la banca no aparezca protagonizando algún escándalo. Sea con la manipulación de las tasas de interés interbancarias, los préstamos fraudulentos, las millonarias comisiones a sus ejecutivos o las quiebras desencadenadas por los activos tóxicos. La liquidación financiera, el troceo y la depredación van unidas al proceso de concentración de capital que deja los activos cada vez en menos manos. De esto no escapa el banco más antiguo del mundo, dado que en los años 90 entró a operar de lleno con todos los instrumentos de ingeniería financiera ideados por Goldman Sachs, cayendo en la trampa, como tantos otros. De esto dimos cuenta en este post de febrero donde señalamos los préstamos secretos que involucraban a Mario Draghi y el Deutsche Bank con el Monte dei Piaschi Di Siena, banco fundado en 1473, trescientos años antes de que existiera la Italia unificada que hoy conocemos.

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Aumentar el salario mínimo mejora el empleo y el consumo sin un gran impacto en los precios

Mar, 31/12/2013 - 11:28
La crisis ha sido especialmente dura con el empleo. Y en España y Grecia el desempleo ha batido todos los récords. Los economistas convencionales siempre consideran que el desempleo se reduce disminuyendo los salarios, como todo ajuste económico que debe hacerse vía precios, en este caso el precio del trabajo, como reza la teoría sobre el mercado del trabajo. Este es el camino que se ha implantado en Europa con los planes de austeridad. Se busca el descenso de los salarios como parte de la deflación general de precios, para comenzar a mover la economia "desde abajo". Sin embargo, y tal como señalábamos en este post de octubre de 2010, aumentar el salario mínimo puede reducir el desempleo, y no aumentarlo, como piensan los economistas convencionales. En este post revisamos parte de las nuevas investigaciones sobre el salario mínimo y su impacto en la actividad económica, la desigualdad y la pobreza.

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2013, quinto año de crisis

Lun, 30/12/2013 - 21:19
Juan Francisco Martin Seco, Attac.es

La vida personal y la social son continuas, al igual que la actividad económica. Carece por tanto de toda lógica trocearlas, pero el hombre no puede concebir el tiempo sin distribuirlo en periodos más o menos convencionales. De ahí el calendario; de ahí la salida y entrada de los años; de ahí que las empresas presenten resultados por ejercicios económicos y la costumbre de que al terminar un año se pretenda hacer balance de lo sucedido, como si se pudiese aislar de los acontecimientos anteriores y posteriores.

En materia económica, el año 2013 poco se diferencia de los precedentes: recesión (el PIB se reducirá como mínimo un 1,3%, casi igual que en 2012); más despidos y más paro, bajada de salarios, recortes en los servicios públicos y en las prestaciones sociales, privatizaciones; una Unión Europea que apenas cambia, en la que se sigue repitiendo que se ha hecho mucho pero que hay que continuar en la misma dirección; más leña; poco o nada nuevo bajo el sol.

No obstante, cabe señalar algunas novedades que se han presentado este año. La primera es que en los últimos meses el Gobierno y sus adláteres están empeñados en convencernos de que ha comenzado la recuperación. Se basan principalmente en que el PIB ha abandonado su trayectoria decreciente y en el tercer trimestre se ha incrementado en un 0,1%; 0,1 que muy bien podía ser el -0,1% porque, tratándose de estadísticas y provisionales, es difícil llegar a tal precisión. Pero aceptando que en los próximos trimestres se produzcan tasas positivas estas serán tan bajas que desde luego no crearán puestos de trabajo, a no ser a base de repartir los existentes mediante empleos parciales, los famosos minijobs, paro encubierto y, es más, nadie garantiza que no se produzca de nuevo un cambio de tendencia. Tras las tasas negativas del 3,8 en 2009 y del 0,2% en 2010, el PIB creció un 0,1% en 2011, para retornar a caer en 2012 un 1,6%. ¿Quién nos asegura que la historia no se repetirá?

No hay ningún dato que certifique que una recuperación consistente y sostenida sea posible. Solo el sector exterior presenta una tendencia positiva, pero paradójicamente condicionada a que la economía no crezca, para que las importaciones no desborden a las exportaciones. Fundamentar el crecimiento únicamente en el sector exterior además de arriesgado es inútil, tanto más cuanto que la apreciación del euro compensa con creces toda posible mejora adquirida en la competitividad a través de la bajada de salarios y de los recortes presupuestarios, y que Alemania continúa empeñada en mantener un superávit del 6% en su balanza de pagos.

Ningún otro factor apunta a una recuperación sólida. El consumo privado sigue colapsado como resultado del paro, de la reducción de los salarios y de la deuda contraída por los hogares en los años anteriores; incluso la reciente aprobación de la ley de la reforma del sistema público de pensiones contribuye a que los ciudadanos se retraigan en el gasto. A su vez, el consumo público se encuentra en su nivel más bajo y todo indica que, como mucho, se mantendrá o, lo que es más probable, que se reduzca debido a la política de ajustes que el Gobierno continuará aplicando en su lucha sin fin contra el déficit. Nada se puede esperar de la inversión pública y resulta difícil pensar que la privada pueda reanimarse estimulada únicamente, si acaso, por el sector exterior, y en ausencia de crédito. A pesar del optimismo que intenta infundir el Gobierno, la probabilidad de que el lastre del euro vaya a impedir la recuperación es muy alta.

La segunda novedad, si se puede llamar así, es que al fin los españoles se han enterado de que las alegrías del sector financiero les van a costar muchos miles de millones de euros. Hasta ahora se nos había dicho que las aportaciones a la banca eran puros préstamos o inversiones que se recuperarían más tarde. Las operaciones realizadas hasta el momento indican claramente lo contrario. Las entidades saneadas con dinero público retornan al sector privado, sin que se recobre el dinero invertido. La prueba más clara de que la cantidad de recursos aportados por el erario público a través del FROB va a ser a fondo perdido es que Eurostat ha obligado a computarlo como déficit y a incluirlo dentro del monto de la deuda pública, con lo que esta ha llegado a alcanzar un nivel muy preocupante y jamás conocido por la hacienda pública española, cercano al 100% del PIB.

La tercera novedad a resaltar, y a la que quizá no se le ha concedido la trascendencia adecuada, ha sido la aprobación de la reforma del sistema público de pensiones, verdadero golpe mortal contra el Estado social y que amenaza con dejar en el futuro en la pobreza y en la miseria a una parte muy importante de la población. La sociedad no ha tomado conciencia de lo que representan los cambios introducidos y tampoco de que las pensiones, a niveles ya muy bajos, van a perder año tras año poder adquisitivo. Sin duda va a ser un duro golpe para los actuales pensionistas, pero también y quizá en mayor medida para los futuros. El Gobierno se ha propuesto sanear las finanzas públicas y hacer frente al enorme endeudamiento, haciendo recaer su coste sobre la parte más vulnerable de la sociedad, los jubilados.

La reacción de la oposición ha sido más tibia de lo que cabía esperar. Al PSOE, tan proclive a declarar respecto a determinadas leyes que las cambiará en cuanto llegue al poder, no se le ha oído comprometerse a modificar esta. Surge la sospecha de que, presa de los presupuestos del Pacto de Toledo y de la creencia de que las pensiones solo se pueden financiar con las cotizaciones sociales, no le disgusta en exceso la reforma y de que en cierto modo se alegra de que el actual Gobierno haya hecho el trabajo sucio.

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También se brinda con vino chino

Sáb, 28/12/2013 - 14:39
Marcelo Justo, Página 12

El área de cultivo de viñas a nivel mundial ha caído un 5 por ciento y la venta de vinos se ha estancado debido a la crisis económica global, pero el impacto no es igual en todas partes del planeta. Una de las zonas “desacopladas” de esta tendencia es China. “Es un área de gran crecimiento en momentos en que los problemas económicos mundiales han impactado en el consumo de los países centrales, sobre todo en Europa”, indicó a Página/12 Sarah Kemp, editora de Decanter, publicación líder de temas vitivinícolas a nivel mundial y organizadora del concurso mundial de vinos que se celebra cada septiembre en Londres.

Nadie piensa en China cuando se habla de vino, pero los números indican que es el octavo productor vitivinícola del mundo. Los consumidores chinos beben más de 1600 millones de botellas de vino anuales, una cifra que crecerá otros mil millones para 2015. Es el segundo comprador mundial del famoso clarete de Burdeos y en 2012 importó 266 milllones de libros de vino embotellado, un 10 por ciento más que en 2011.

Es cierto que estas cifras descomunales toman una dimensión diferente si se considera que China tiene casi 1400 millones de habitantes, una quinta parte de la población mundial. Con este parámetro poblacional, el consumo es de una botella por habitante por año. Si se toma como medida a la población económicamente activa (unos 900 millones), la cifra sería de dos botellas por persona. Igualmente cierto es que China se convertirá a pura fuerza de densidad poblacional y cambio en los hábitos en la segunda consumidora a nivel mundial en 2016. “Este cambio se debe a una modificación en la estructura social china en los últimos años. Hay una clase media cada vez más grande que está hoy consumiendo vino. Ambas cosas seguirán aumentando, lo que es una gran oportunidad para los países de América latina que producen vinos”, indicó a Página/12 el profesor de Estudios Latinoamericanos de la Academia China de Ciencias Sociales, Sun Hongbo.

El cambio es notable si se lo compara con lo que pasa en las regiones tradicionalmente vitivinícolas del mundo. El consumo de vino cayó en 2012 en Francia, Italia, España y el Reino Unido. “El sector vitivinícola no se ha recuperado de la crisis de 2008”, concluyó en octubre la Organización Internacional de la Viña y el Vino.

A la crisis se han añadido cambios en los hábitos culturales con la promoción de la vida sana. A fines de 2011, un estudio del gobierno francés estimó que el tradicional vaso de vino diario empezaba a ser cosa del pasado. Según las cifras de France AgriMer, división del Ministerio de Agricultura francés, sólo un 17 por ciento de los franceses beben con regularidad en comparación con un 21 por ciento en 2005. “Los consumidores son cautelosos frente a productos que pueden ser dañinos si son consumidos en exceso. Y hay cambio en los hábitos. La soda y los jugos de naranja están sustituyendo al vino en la mesa de los franceses”, señalaba el informe.

Paralelo a este descenso en el consumo hay una disminución de la tierra dedicada al cultivo. En España, Francia, Italia y Portugal hubo un declive de un 14 por ciento en la superficie cultivada, que pasó de 3,3 millones de hectáreas a 2,8 millones en 2012. En comparación, en ese mismo año, la cantidad de tierra destinada a viñedos en China aumentó de 300 mil hectáreas en 2000 a 570 mil.

A la cantidad se puede añadir un cambio en la calidad. En 1998 un grupo de chinos que vivían en el extranjero cataron vinos chinos comparándolos con los de California y Francia. “El grupo calificó a los vinos chinos como los peores. Muy malos. Asquerosos. Como jarabe para la tos”, recordaba en una nota reciente dedicada al tema la BBC. Desde entonces las cosas han cambiado. En 2011, una diminuta bodega de Nigxia, norte del país, ganó una medalla de oro al Gran Reserva de 2009 superando a sus rivales franceses. En el gran premio anual organizado en Londres por Decanter, los chinos consiguieron premios en 2011 compitiendo con más de 14 mil vinos de unas 60 regiones de todo el mundo.

Este cronista, que vivió cuatro meses en China en 2011, puede testimoniar que el tinto chino que se adquiere en los supermercados le resultó más que bebible, no así el blanco, admitiendo siempre que sobre gustos no hay nada escrito. Como otras naciones del mundo, un importante segmento de los consumidores chinos prefiere al vino extranjero por razones que van de la calidad y la tradición al snobismo, clara oportunidad para Argentina, que ha incrementado en los últimos años sus exportaciones a China tanto en volumen como en valor.

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2013: lo que de hecho cambió en el mundo

Sáb, 28/12/2013 - 09:00
Emir Sader, LaJornada

Como siempre, se acumulan una cantidad de hechos –entre elecciones, muertes, conflictos– que cada año se destacan periodísticamente, pero que dificultan la comprensión de los cambios en las relaciones de poder, las que efectivamente cuentan en la evolución de la situación internacional.

En la compleja trama de acontecimientos, lo más importante fue el cambio de clima en el escenario internacional. Desde que triunfó en la guerra fría, Estados Unidos ha adoptado la postura, frente a los conflictos internacionales, de imponer la militarización. Transferir el enfrentamiento al campo militar, donde su superioridad es manifiesta, ha sido la característica principal de la acción imperial. Así ocurrió en Afganistán, en Irak y en Libia por medio de fuerzas intermedias. Y todo llevaba a una repetición de este tipo de acciones en Siria e Irán.

Pero, de repente, tomando la palabra al secretario de Estado norteamericano, John Kerry, el gobierno ruso propuso un acuerdo para Siria que desconcertó al gobierno de Obama, el que finalmente no tuvo más que aceptar. Esto fue posible porque el gobierno de Estados Unidos no logró crear las condiciones políticas para una nueva ofensiva militar.

Primero, el Parlamento británico negó, por primera vez, el apoyo a Washington para un ataque a Siria. Después fue evidenciándose que ni la opinión pública, ni el Congreso, ni tampoco los militares de Estados Unidos estaban a favor de la ofensiva anunciada o de un tipo de ataque propuesto por el gobierno de Barack Obama.

El resultado es que Estados Unidos fue conducido a aceptar la propuesta rusa, lo que abrió las puertas a otras posibilidades, entre ellas, coincidiendo con las elecciones en Irán, hacia negociaciones políticas, confirmando el vínculo estrecho entre el conflicto sirio y el iraní.

Otro de los desenlaces ha sido que Israel, Arabia Saudita y Kuwait han quedado aislados en sus posiciones favorables a acciones militares directas contra Siria e Irán. Se fue instalando un clima de negociaciones pacíficas de los conflictos, convocándose una nueva conferencia de paz para la segunda quincena de enero, en Ginebra, para discutir un acuerdo de paz sobre Siria. Una conferencia que no plantea como condición la salida de Bashar al Assad del gobierno, como se intentaba hacer anteriormente.

La oposición moderada en Siria tuvo que aceptar su participación, incluso en estas condiciones. Y aún más, tuvo la sorpresa de que Estados Unidos y Gran Bretaña suspendían su apoyo militar, dada la hegemonía en el frente opositor de los grupos fundamentalistas, apoyados por Arabia Saudita y Kuwait.

Como dos puntos determinan un plan, las pláticas sobre Siria abrieron espacio para una negociación, por primera vez desde 1979, entre Estados Unidos e Irán. Se ha dibujado así, en pocas semanas, un escenario totalmente diverso de aquel que había imperado a lo largo de los años anteriores.

Estados Unidos pasó de la ofensiva a la defensiva, en tanto Rusia pasó de actor marginal a central en las negociaciones de paz, al punto de que la revista Forbes, por primera vez, ha elegido a Vladimir Putin como el hombre más influyente del mundo, por encima de Barack Obama. Eso se debe no al poderío militar o económico de Rusia, sino a su capacidad de iniciativa política.

Así, junto a la capacidad de países del sur de resistir a la recesión en el centro del capitalismo, por sus intercambios mutuos y por la expansión de sus mercados internos hacia el consumo popular, expresando un tipo de multilateralismo económico en el mundo, la mayor novedad política internacional de 2013 ha sido un embrionario multilateralismo político que proyecta hacia 2014 las negociaciones políticas sobre Siria e Irán como los temas más importantes en la consolidación de ese nuevo clima en las relaciones internacionales.

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La crisis italiana no se toma vacaciones

Xov, 26/12/2013 - 09:00
Elena Llorente, Página 12

La recesión que Italia vive desde hace más de tres años, como consecuencia de la crisis económica iniciada en 2009, ha cambiado la cara del país. Desde la Segunda Guerra Mundial, en la que el país quedó destruido por los bombardeos, la ocupación nazi, la guerra civil y la desesperanza, no se veía una situación semejante. Pero en aquel momento, pese a todas las críticas que tuvo, hubo un Plan Marshall para ayudar a los europeos. Hoy la Unión Europea no ha sabido afrontar las realidades de cada país y ha indicado recortes de todo tipo como medida principal. Grecia, España e Italia están pagando todavía, aunque en medida diferente, el precio de esas medidas, que inclusive dentro de la UE algunos sectores han criticado duramente.

Cuna y reino de las pequeñas y medianas empresas (pymes), muchas de ellas ligadas a la industria textil que hicieron famosa la moda italiana en el mundo y donde la desocupación se mantenía a niveles discretos en 2009 (en torno del 8 por ciento), la Italia de las pymes ha sufrido un batacazo tremendo en estos años. Sólo en 2013, unas 50.000 pequeñas empresas se han visto obligadas a cerrar, muchas comerciales y sobre todo relacionadas con el turismo y la moda, según una de las organizaciones que nuclean a los empresarios, la Confesercenti. Pequeñas empresas que han dejado en la calle a miles de personas (se habla de 90.000 puestos de trabajo perdidos) llevando la tasa general de desocupación a más del 12 por ciento, pero la juvenil –entre 15 y 29 años– a más del 40 por ciento, según el Instituto de Estadísticas de Italia (Istat).

Otros datos dramáticos publicados por Confindustria, la más importante organización de industriales, dan una idea más completa de la situación, presentando la misma realidad desde otro punto de vista. Según Confindustria, en los últimos seis años se ha duplicado tanto el número de pobres –que ha llegado a 4,8 millones de personas– como el de desocupados, que suman 7,3 millones, se han perdido 1,8 millón de puestos de trabajo y el PIB ha bajado nueve puntos. Por cierto, la situación no se parece a la Argentina de 2001 ni mucho menos. Pero para generaciones de italianos que han crecido en una relativa abundancia, ajustarse el cinturón como hay que hacer ahora no es una cosa de todos los días.

Pero lo peor de todo es que, al contrario de lo que muchos esperan, las cosas no parecen poder cambiar radicalmente en 2014, aunque algunos expertos y el gobierno dicen que la economía se compaginará en el curso del año. Eso espera poder lograr la llamada Ley de Estabilidad, que después de muchos dimes y diretes fue aprobada por el Parlamento esta semana y que contiene una serie de medidas tendientes, precisamente, a la recuperación de la economía en general y del empleo. Los empresarios, los sindicatos y los desocupados dicen que esas medidas no son suficientes. Y en efecto, el gobierno del primer ministro Enrico Letta ha prometido hacer un decreto con algunos cambios para mejorar la ley. Es que al menos a nivel de la desocupación, en efecto, las previsiones del Istat son que aumentará todavía en 2014 aunque el PIB, el Producto Interno Bruto (que en 2013 ha tenido su novena baja consecutiva, esta vez del -1,9 por ciento–), mejorará levemente, sobre todo gracias a las exportaciones.

Pero el gobierno no sólo deberá estar muy atento al problema de la desocupación, que ha llevado a una caída brutal del consumo interno y del bienestar material y cultural de las familias, sino que si no consigue estabilizar la economía, los crueles analistas del mercado internacional, como Standard and Poors y otros similares, le darán a Italia una calificación cada vez menor, creando a su vez la desconfianza en todos los que tengan que negociar con la península o que pensaba hacer inversiones en el país. Y esto a su vez llevaría a un aumento sin precedentes de la deuda pública que este país tiene con los poseedores de bonos del Estado. Cuanto más disminuye la confianza en un país, en efecto, más aumentan los intereses que ese Estado tiene que pagar por sus bonos nacionales. Hoy la deuda pública italiana supera los dos billones de euros.

Pero si los pobres están cada vez más pobres, y muchos de la clase media han dejado de serlo o casi y el pequeño empresariado de las Pymes se ha visto aplastado por la crisis, las cosas no han andado nada mal para los ricos, que como a menudo sucede en el capitalismo, son los que poco pierden. Según datos del Banco de Italia, el banco central de la península, en 1983, el 10 por ciento de los contribuyentes italianos, que eran los más ricos, concentraban el 26 por ciento de la riqueza, en 1993 ese 10 por ciento concentraba el 30 por ciento de la riqueza, en 2007 llegaban al 34 por ciento de la riqueza. Entre 2007 y 2009, a causa de la crisis, esa cifra bajó al 33,87. Cierto, algunos grandes industrias también la han pasado mal. Pero las empresas italianas que cotizan en la Bolsa de Valores casi siempre han salido bien, entre ellas por ejemplo, las de la familia Agnelli (propietarios de Fiat y el club Juventus, entre otras cosas) cuyas acciones entre 2012 y 2013 aumentaron su valor en un 52 por ciento, la firma de moda Ferragamo que consiguió +71 por ciento y las empresas de la familia del ex premier Silvio Berlusconi, que tuvieron una ganancia del 77 por ciento.
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Las profundas raíces de la crisis económica

Mér, 25/12/2013 - 16:20
Enric Llopis, Rebelión

En ocasiones se formulan interpretaciones excesivamente simplistas sobre las raíces de la actual crisis económica, sus características e impacto. Viene a decirse que el problema reside en el poder financiero y su desregulación, los consiguientes procesos especulativos y la transformación de todo ello en una crisis de deuda (privada y pública). Hay economistas, sin embargo, que apuntan razones más profundas, como Jorge Fonseca, catedrático de Economía Internacional y Desarrollo de la Universidad Complutense y miembro del Consejo Científico de ATTAC. “La actual crisis no es sino una prolongación de la crisis de los años 70”, afirma.

¿Qué ocurrió entonces? Un periodo de acumulación creciente de beneficios y de expansión económica llegó a su máximo, con lo que se hizo imposible mantener la tasa de ganancias capitalista. “La crisis de los 70 es una típica crisis de sobreproducción”, ha señalado Jorge Fonseca en las jornada “Austeridad, euro y crisis sociopolítica” organizada el pasado 20 de diciembre por el Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS) en Valencia.

Tras la crisis del 29 y las dos guerras mundiales se produce la expansión económica de posguerra, la recuperación de la demanda y el consumo. “La clase capitalista necesitaba consumidores”, apunta Jorge Fonseca. Era la época del fordismo y los acuerdos de clase que configuraron el llamado “estado social”. Todos estos procesos eran realmente “funcionales” al sistema capitalista. “En Gran Bretaña representó un gran cambio que la gente pudiera ir al médico sin necesidad de empeñar el abrigo”, recuerda el economista argentino. Pero no ocurrió esto exclusivamente en Europa. Perón, en una célebre conferencia ante los capitalistas de la Bolsa de Comercio, les conminó a ceder el 30% de sus ganancias a cambio de no perderlo todo.

Ocurre, sin embargo, que a medio y largo plazo todas estas “concesiones” supusieron también una erosión en la tasa de beneficios capitalista, que no pararon de crecer entre 1945 y 1966. Por esos años empiezan las primeras medidas de “presión” a la clase trabajadora de todo el mundo, cuya respuesta se expresa en el mayo del 68 francés, en el “cordobazo” argentino de un año después, la represión en la plaza de las Tres Culturas de Ciudad de México y las dictaduras militares en los países de la periferia como consecuencia de los ajustes.

Los procesos de ajuste neoliberal empiezan en América Latina, primero en el Chile de Pinochet, y después van extendiéndose al ámbito anglosajón: Thatcher (1979) en Gran Bretaña y Reagan (1981) en Estados Unidos. A juicio de Fonseca, “ahora llegamos al último reducto, la periferia europea, pero -cuidado- también alcanza a Francia y los países nórdicos”. No caben en este punto explicaciones simplistas: “estamos ante una crisis de gran profundidad -no sólo financiera- que continúa los procesos neoliberales que comenzaron con el golpe de Pinochet, el 11 de septiembre de 1973”.

Otro de los reduccionismos al uso consiste en achacar los problemas actuales simplemente a la moneda única, según el economista argentino. En el fondo hay una cuestión política. Muchos de los problemas de la Unión Europea son de origen, ya están en los tratados fundacionales e incluso en la misma articulación del espacio económico europeo. En 1993 (seis años antes de la entrada en vigor de la moneda única), Jorge Fonseca avanzó hechos que ocurrirían después, en un artículo publicado en Le Monde Diplomatique: Los enfoques neoliberales forzarían a los países más pobres de la unión a políticas económicas y sociales regresivas. Después, en 1999, el euro nació sobrevalorado y contribuyó a desarticular las endebles estructuras productiva de España y el Sur de Europa.

Si acaso, lo que se hace con el euro es ahondar en una línea previamente avanzada. El enfoque mismo de la Unión Europea es “reaganiano”, califica el profesor de Económicas de la Complutense, pues el Tratado de Maastricht, que entró en vigor a finales de 1993, consagra férreos objetivos de déficit y deuda. Ahora bien, la Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA) de la década de los 50, en la que se juntaron Alemania y Francia junto a los países del Benelux, y que sienta el precedente del futuro mercado común europeo, ya presentaba un sesgo claramente liberal.

Los problemas monetarios tampoco resultan una novedad. A principios de los 90 entra en crisis el Sistema Monetario Europeo, lo que obliga a la devaluación de monedas como la peseta y el escudo portugués, entre otras, mientras la libra esterlina y la lira son expulsadas del sistema por los ataques especulativos. En esta década también se implementan políticas de ajuste y se carga contra las estructuras productivas de la periferia europea. Incluso, antes, en la década de los 80, ya se ejecutan políticas muy duras de reconversión industrial acompañadas de protestas obreras (en sectores como los astilleros). Es decir, no se trata de fenómenos nuevos.

Lo que sí hizo el euro, apunta Jorge Fonseca, fue “reforzar la división centro/periferia en la Unión Europea”. El centro gira en torno al Bundesbank y las transnacionales alemanas, que actúan, en cierta medida, en alianza con las multinacionales francesas y británicas (aunque Gran Bretaña no forme parte de la moneda única, funciona como un gran paraíso fiscal a través de la City londinense). Entre 2002 y 2010 el Banco Central Europeo (BCE) propulsó una revalorización del euro del 80% (de 0,90 a casi 1,60 dólares por euro). Alemania acumulaba un creciente superávit comercial mientras la periferia de Europa se sumía en déficits cada vez mayores. Además, una parte de la gran empresa alemana se deslocalizaba a China, mientras la periferia europea, cada vez menos competitiva, sustituía producción por importaciones y destruía empleo.

Las gráficas señalan una realidad elocuente. A medida que se revalorizaba el euro frente al dólar, aumentaba el saldo de la balanza comercial alemana y, del mismo modo, se reducía el de países como España. “Es la diferencia entre exportar chiringuitos de la playa y productos Siemens”, ironiza Jorge Fonseca. Y existe también una diferencia de estrategias empresariales. Un producto alemán (de una transnacional germana) puede perfectamente fabricarse en un 80% en China, y sólo rematar en Alemania la fase final. Así se logra vender con un precio final ventajoso. Ahora bien, Alemania se queda siempre con la fase de la producción industrial que genera valor añadido.

España, por el contrario, no dispone de una base industrial sólida. Por ejemplo, la industria automovilística se halla en manos extranjeras y el país no se beneficia de ella. “Sólo con lo que el estado se gasta en mantener los empleos en la Volkswagen o los subsidios para que estas empresas no desplacen su producción, podría haberse desarrollado otra industria en España”, apunta el economista de ATTAC. ¿En qué ha beneficiado a España y la periferia europea la política del euro “fuerte”? Ha permitido una capacidad de compra alta y de manera relativamente barata de los productos alemanes. “Pero a costa de un notable déficit comercial y de destruir puestos de trabajo en tu país”.

Y llega la crisis (finales de 2008). Frente a los lugares comunes propalados por los medios conservadores, el gasto público no explica en absoluto la debacle económica. En 2008 la deuda pública en España representaba el 38% del PIB, una tasa perfectamente asumible. Y tras varios años de superávit fiscal (del 2,2% en 2007), es precisamente en 2008 cuando vuelven a registrarse déficits en las cuentas públicas. Según Fonseca, “el déficit y la deuda lo provocan sobre todo la caída recaudatoria que sucede a la crisis”. Además, el problema no es el gasto estatal, sino “los negocios de la mafia”, porque “¿cómo se explica, si no, que España sea el segundo país del mundo, después de China, en líneas de alta velocidad ferroviaria?”.

Se acabó la época del consumismo exacerbado, de la “burbuja” de la construcción, alimentada gracias al euro (que favorecía la petición de préstamos en la moneda única) y al descenso de los tipos de interés. Se vivía en la ficción de que todos estos procesos y adquisiciones a crédito resultaban baratos. Al final del festín, según Jorge Fonseca, “todos los negocios de las mafias de promotores los hemos financiado con nuestras nóminas en las cajas de ahorros”. Y tampoco la política de abaratar despidos y reducir salarios empezó con la crisis. “Viene de tiempo atrás, sólo que actualmente ha llegado a niveles extremos”.

Descrita la situación, ¿qué hacer? La hipótesis que plantea el docente consiste en configurar un bloque en el Sur de Europa a partir de los partidos de izquierda y organizaciones sociales que se opongan al neoliberalismo. En segundo lugar, que el Banco Central Europeo (BCE) desempeñe un rol diferente, es decir, que no sólo le preocupe la inflación y garantizar los buenos resultados de la banca. Los tipos altos embridan la inflación pero lo que realmente importa, según Fonseca, es que con las tasas elevadas se atraen capitales del exterior y se refuerza el euro, lo que beneficia a las transnacionales, en general, y a las grandes compañías alemanas en particular. También se impone pedir una auditoría de la deuda, lo que a fin de cuentas no es sino una cuestión política. El estado español abona 30.000 millones de euros anuales en intereses por una deuda fundamentalmente privada, y que se ha estatizado.

A juicio del economista, las organizaciones sindicales también han de revisar sus estrategias. “Han de enterarse de que la época del fordismo y de la expansión se acabó, al igual que la mejora de las condiciones laborales y de la capacidad de consumo mediante la negociación”. Ahora, “los empresarios y las clases dominantes aplican una política de tirar bombas sin admitir negociaciones, y a ello se agrega una política de permanente desprestigio de los sindicatos”.

Otra gran cuestión: ¿Hay posibilidades reales de socavar la hegemonía germánica? Ciertamente, “los países del Sur de Europa somos el patio trasero de Alemania, pero también es verdad que Alemania no es nada sin la Unión Europea; pueden explotar la mano de obra China, pero al final los productos los exportan en la Unión Europea”, responde el catedrático. En conclusión, Alemania tiene mucho interés en mantener unida la UE y esto permite un margen de maniobra para los países de la periferia.

Pero sobre todo, la cuestión batallona en el campo de la izquierda es hoy la posición respecto a la moneda única. ¿Se debe o no romper con el euro? En medio de todos los debates, Jorge Fonseca opina que ésta es una posibilidad, una hipótesis, pero habría que analizar muy bien las consecuencias. Porque, de entrada, habría que crear una moneda nacional, que nacería devaluada; y esto supone que las importaciones resulten más caras, con el consiguiente efecto de pobreza inmediata. Además, la deuda se mantendría en euros (incrementaría), por lo que habría que establecer auditorías y negar el pago de una parte.

Junto a Ecuador, habitualmente se cita el ejemplo de Argentina. Pero “esencialmente Argentina pagó su deuda”, señala Fonseca. Además, en caso de que se decida, sin un acuerdo entre las partes, dejar de abonar la deuda, un país se queda sin financiación exterior y de inmediato se produciría una fuga de capitales (Argentina tiene hoy graves problemas de acceso al crédito internacional). Y la consiguiente pregunta es: ¿Cómo se genera el suficiente ahorro interno para subsanar la coyuntura? Y eso que Argentina se ha beneficiado de una revalorización de los productos agropecuarios y dispone de energía para autoabastecerse. Pero, ¿y España? Un gobierno progresista que adoptara estas medidas se vería, además, acosado en todos los frentes, interno y externo. Entonces, “romper con la moneda única ha de ser una iniciativa muy estudiada y que cuente con un gran consenso social”, advierte el economista.

Jorge Fonseca ha hecho compatible el trabajo en la universidad con el activismo en el grupo “Economía-Sol” del 15-M en Madrid. Allí, recuerda, han insistido en iniciativas que pongan “contra las cuerdas a un sistema que funciona como el totalitarismo perfecto”. Además, “esto nos sirve para reeducarnos”. Defiende medidas para la protección de la vida, por ejemplo, que ninguna empresa (sea Inditex, Mango o cualquier otra) pueda vender productos fabricados por mano de obra esclava en Bangladesh o China (serían, por tanto, “responsables de crímenes contra la humanidad”). “Porque también desde el consumo podemos actuar y no ser cómplices”.

Que ninguna firma con inversiones en paraísos fiscales pueda vender sus productos en Europa (en la etiqueta de cualquier producto figuran los lugares del proceso de fabricación). Irónicamente, Estados Unidos practica, “de manera burda”, esta forma de proteccionismo (productos que no entran en el país porque, se alega, no se adaptan a la legislación alimentaria, ambiental o cualquier otra). Y situar en el objetivo a las multinacionales. Que siempre han actuado del mismo modo: Los crímenes en el siglo XVII de la Compañía de las Indias Orientales holandesa, que entró a sangre y fuego en Asia; el apoyo de la ITT al golpe militar de Pinochet o las semillas transgénicas de Monsanto. “Tenemos la razón moral y ése ha de ser nuestro discurso”, remata el economista.

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