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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenonoreply@blogger.comBlogger6306125
Actualizado: fai 13 horas 6 min

Hace agua el relato de Mauricio Macri sobre su firma offshore

Lun, 09/05/2016 - 11:30
Tomás Lukin, Página 12

La firma offshore Fleg Trading, sociedad radicada en Bahamas donde el presidente argentino Mauricio ocupó el cargo de director, no solo estuvo activa en Brasil sino que formó parte de la estrategia societaria del Grupo Socma para instalar Pago Fácil en el país vecino. Hasta ahora ese vínculo se había mantenido oculto ya que el desembarco de Fleg Trading en esa compañía se dio en 2003 a través Owners do Brasil Participacoes: una inversora del holding familiar donde la offshore encabezada por Franco Macri junto con sus hijos Mauricio y Mariano mantuvo una participación mayoritaria en el capital. Cuando estalló el escandalo de los Panama Papers, el mandatario informó que la firma encabezada por su padre fue creada en 1998 para “extender Pago Fácil a Brasil” pero aseguró que la empresa quedó inactiva porque esa operación nunca se concretó. “Ni siquiera tuvo cuenta corriente la sociedad, con lo cual fíjense lo poco que llegó a operar”, esbozó Macri a comienzos de abril. La documentación de la Junta Comercial del Estado de San Pablo a la que accedió Página/12 contradice definitivamente el relato oficial.

A través de los registros comerciales paulistas este diario reveló en abril cómo el grupo Socma puso en marcha Pago Fácil en Brasil a comienzos de 2001. El emprendimiento que según afirmó el Gobierno nunca se llevó a cabo fue canalizado con una subsidiaria del holding llamada Global Collection Service. Aunque afirman que el negocio nunca prosperó, la puesta en marcha de Pago Fácil en Brasil fue confirmada a este diario por ex directivos de Socma. En segundo lugar, la publicación del Comprobante de Inscripción de Fleg Trading en el país vecino demostró la registración formal de la offshore para diciembre de 2002. Esa información dejó en offside la explicación de Macri pero hasta ahora no se habían hallado vínculos directos entre el negocio de Pago Fácil y la compañía radicada en Bahamas ni operaciones de la offshore en Brasil.

Novedades offshore Creada en 1998 con la colaboración del estudio panameño de Mossack Fonseca, Fleg Trading ingresó en Owners do Brasil Participacoes en noviembre de ese mismo año, un dato hasta ahora ignorado. La empresa offshore de acuerdo a la versión oficial estuvo inactiva fue admitida como “Socio Gerente” con una participación valuada en 11.715.449 de reales. Su desembarco en la firma brasileña del holding Macri coincidió con la salida de Socma Americana, empresa argentina utilizada por el grupo en el exterior que tenía un capital de 11.316.010 de reales.

Aunque ese “cambio” de dueños incrementó levemente el capital social de Owners, cinco semanas después del ingreso de Fleg Trading la compañía le informó a las autoridades brasileñas una redistribución de sus acciones y la reducción en el capital que pasó de 11,7 a 1,4 millones de reales. El semanario Tiempo Argentino publicó ayer una investigación que deja al descubierto el destino de esos fondos y la intensa actividad de Fleg Trading en Brasil a través de Owners do Brasil Participacoes. Allí se afirma que, una vez radicada en Brasil, la offshore bahameña de Macri se utilizó para cancelar un préstamo otorgado en 1996 por el Hotel Nuraghe Protorotondo. El establecimiento era propiedad de Giorgio Nocella, productor cinematográfico e íntimo amigo de Franco Macri.

Los archivos consultados por este diario corroboran la versión sobre la descapitalización de Owners do Brasil Participacoes: “Considerando excesivo para las operaciones de la sociedad el capital de la misma, los socios decidieron reducir el Capital Social por un monto de 10,3 millones de reales entregando a título de devolución del capital de forma proporcional a la participación societaria a los socios cuotistas los derechos del crédito que la sociedad posee resultante del contrato celebrado el 6 de mayo de 1996 y sus aditamentos posteriores con la empresa Hotel Nuraghe Protorotondo”, afirma la empresa en la alteración de su contrato comercial realizada tras el desembarco de Fleg Trading. Sobre el monto total de la descapitalización, una cifra cercana a los 8 millones de reales fueron transferidos y utilizados por Nocella para financiar la apertura de una sucursal de Iter Producciones en Buenos Aires.

Mamushkas brasileñas Los registros comerciales paulistas no solo revelan que Fleg Trading tuvo actividad en Brasil sino que dejan al descubierto su participación en el desarrollo de Pago Fácil. Los dos elementos negados de cuajo pr Macri. Aunque ya había desembarcado en el país vecino, la empresa bahameña fue inscripta formalmente en Brasil recién en diciembre de 2002. De acuerdo a los registros del Catastro Nacional de Personas Jurídicas del Ministerio de Hacienda del país vecino la recibió el CNPJ 05.456.410/0001-65. Concretado el trámite la empresa offshore concretó en enero de 2003 su desembarco en Global Colletion Services-Pago Fácil. No lo hizo con nombre propio sino a través de Owners do Brasil Participacoes. Ese esquema de cáscaras ofrece una herramienta adicional para garantizar la opacidad de la operatoria de las empresas que las bases de datos públicas del país vecino empiezan a desnudar.

Entre los directivos a cargo de las operaciones de Owners do Brasil Participacoes-Fleg Trading y Global Collection Services-Pago Fácil se repite en ambas empresas el nombre de Iván Santos de Nadai, ex gerente de importaciones de Sevel que fue procesado en la causa por contrabando. Cuando quedó implicado en la investigación judicial Santos de Nadai fue retirado de ambas empresas del holding y reemplazado por el hermano menor del presidente y compañero en el directorio de la bahameña Fleg Trading, Mariano Macri. El empresario radicado en Brasil fue asignado como administrador de Global Collection Service do Brasil el 25 de marzo de 2004 de acuerdo a la Ficha Catastral Completa de la compañía. Tres meses después, Mariano también quedó como gerente en Owners do Brasil Participacoes.

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¿De qué trata la crisis brasileña?

Lun, 09/05/2016 - 10:00
Emir Sader, Público.es

La derecha fue derrotada sucesivamente cuatro veces seguidas, tiene todas las posibilidades de seguir perdiendo frente a la candidatura de Lula, y por eso resolvió abandonar la disputa electoral y buscar un atajo para volver al gobierno. De eso trata la crisis brasileña, de un golpe blando, que trata de reimplantar el programa neoliberal derrotado siempre por los brasileños.

El primer intento, a los pocos días de la nueva derrota electoral, en 2014, fue el recuento de los votos, que no les resultó. Enseguida vinieron las acusaciones de corrupción, y lo cierto es que ninguna de ellas tenía algún fundamento. El mismo Lula sigue viviendo en el mismo departamento en la periferia de San Pablo donde vivía antes de ser el presidente más exitoso de la historia del país; no posee ninguna otra propiedad.

En ese momento la derecha pasó a intentar el impeachment, sin que existiera nada que probara un crimen de responsabilidad. Simplemente se valen de un Congreso elegido con el poder del dinero, dado que por primera vez todo el gran empresariado estuvo en contra de la elección de un presidente en Brasil. El más corrupto de los políticos brasileños, Eduardo Cunha, se valió de eso para elegir una enorme bancada de parlamentarios conservadores, que todo el país ha podido retratar en poco tiempo no sin cierta vergüenza. No existe argumento jurídico, es una decisión política de sacar a una presidenta.

Ahora se preparan para gobernar, aunque Michel Temer se dice interino. Pero el economista neoliberal y banquero Henrique Meirelles ya anuncia medidas como la reducción del presupuesto en educación, medidas en contra de los derechos de los trabajadores, un durísimo ajuste fiscal, mientras que se anuncia que solo un 5% de los que reciben la Bolsa Família lo seguirían haciendo, lo cual significa quitar ese apoyo a 40 millones de brasileños.

La conciencia de que la democracia es el marco que ha posibilitado la conquista de tantos derechos y de que su ruptura será un proceso en contra de esos derechos, ha generado la oleada de manifestaciones populares más grande en la historia de Brasil. Movilizaciones que integraron a jóvenes, mujeres, hinchas de fútbol, artistas, intelectuales, movimientos sociales, sindicatos, los sin tierra, los sin techo, juristas, y amplios sectores de la opinión pública y de la sociedad brasileña. Al mismo tiempo, cuenta con una condena internacional unánime, de los medios a las organizaciones, de la ONU a la Cepal, de la OEA al Mercosur y a Unasur y a Celac.

Frente a esa situación, crece enormemente la reivindicación de nuevas elecciones, apoyada incluso por sectores favorables al impeachment, como el periódico Folha de Sao Paulo y Marina Silva. Propuestas que no prosperan en el Congreso, pero que puede finalmente concretarse por la vía del Senado a través de la convocatoria de un plebiscito en el que se le pregunte al pueblo si quiere nuevas elecciones.

Total, es un período de disputa, que viene para largo en Brasil. A la derecha le interesa valerse de un gobierno sin apoyo popular (Temer tiene el 1% del respaldo en las encuestas, lideradas por Lula) y sin legitimidad, para pasar un paquete de revancha social, similar al de Mauricio Macri en Argentina. Y buscar algún pretexto para intentar sacar a Lula de la vida política, porque todo lo que hagan allanará todavía más su camino.

Para la izquierda se trata, todavía, de impedir que se concrete el golpe y, en caso de que se dé, pelear por nuevas elecciones inmediatas, alternativa que tiene un apoyo ampliamente mayoritario de la población. En cualquier caso, la inestabilidad aumenta y no disminuye con el proceso de impeachment, de modo que Brasil saldrá de la crisis como un país diferente.

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Gestionar deuda en un mundo apalancado

Lun, 09/05/2016 - 03:00
Michael Spence, Project Syndicate

¿Qué pasó, realmente, con el desapalancamiento de la deuda? En los años que transcurrieron desde la crisis financiera mundial del 2008, las palabras usadas como lema en la economía mundial fueron austeridad y reparación del balance de resultados. Y, no obstante, hoy más que nunca la deuda es la que impulsa las preocupaciones relativas a las perspectivas de crecimiento en todo el mundo.

El Instituto Global McKinsey, en un estudio sobre las tendencias de la deuda después de las crisis, señala que, desde el año 2008, la deuda bruta se ha incrementado en alrededor de 60 millones de millones, dicho de otra forma, alcanza un monto que representa el 75 por ciento del PIB mundial. La deuda de China, por ejemplo, se ha cuadruplicado desde el año 2007, y su ratio deuda/PIB lo ha hecho alrededor del 282 por ciento -este ratio es más alto que el de muchas economías importantes, incluyéndose entre ellas la de Estados Unidos.

Una economía mundial que aumenta su apalancamiento, y que al mismo tiempo no puede generar suficiente demanda agregada para lograr un crecimiento potencial, se encuentra en un camino con peligros. Sin embargo, para evaluar cuán arriesgado es dicho camino, se deben considerar varios factores.

En primer lugar, se debe evaluar la composición de la deuda a lo largo de todos los sectores (hogares, gobiernos, empresas no financieras y el sector financiero). Al fin y al cabo, el estrés en estos sectores tiene efectos muy distintos sobre la economía en general.

En los hechos, las economías con niveles de deuda bruta similares y relativamente altos en relación al PIB muestran grandes diferencias en lo que respecta a la composición de su deuda. Un endeudamiento excesivo de los hogares es especialmente arriesgado, porque un shock en el precio de los activos (especialmente en el precio de los bienes raíces) se traduce rápidamente en una reducción del consumo, ya que debilita el crecimiento, el empleo y la inversión. La recuperación de un shock de ese tipo es un proceso largo.

El segundo factor a considerar es el crecimiento nominal, es decir, el crecimiento real más la inflación. Hoy en día el crecimiento real es tenue y puede incluso estar ralentizándose, y, a su vez, la inflación se sitúa por debajo de los objetivos fijados en la mayoría de lugares, e incluso en algunas economías existe un riesgo de deflación. Debido a que la deuda es un pasivo para los prestatarios y un activo para los acreedores, estas tendencias tienen efectos divergentes, ya que aumentan el valor para el titular de los activos y, al mismo tiempo, aumentan las cargas financieras del deudor. El problema es que, en un entorno de bajo crecimiento, se elevan considerablemente las probabilidades de que surja algún tipo de moratoria. En dicho caso, nadie gana.

El tercer factor clave para evaluar el riesgo que conlleva una deuda creciente se compone por la política monetaria y las tasas de interés. Si bien nadie sabe exactamente cómo sería un entorno con tasas de interés ?normales? en el mundo postcrisis, es razonable suponer que no sería parecido al mundo de hoy; es decir, un mundo en el que muchas economías están manteniendo sus tasas cercanas a cero y algunas, incluso, se desplazan a territorio negativo.

Los países soberanos que tienen niveles altos y/o en aumento de su deuda pueden considerar que dichas tasas son sostenibles en la actualidad, siempre y cuando se implemente una política monetaria acomodaticia agresiva. Desafortunadamente, tal acomodamiento no se puede mantener por siempre, las condiciones de hoy en día se consideran a menudo como cuasi permanentes, creando la ilusión de estabilidad y reduciendo el incentivo para llevar a cabo difíciles reformas que promuevan el crecimiento a futuro.

El último factor que conforma el riesgo de la deuda, y que podría ser visto como el factor más importante, está vinculado con la inversión. Incrementar la deuda para sostener el consumo corriente, ya sea en el sector de los hogares o el sector gubernamental, se considera, de manera correcta, como un elemento insostenible de un patrón de crecimiento. En este punto, el caso de China es instructivo.

En un sentido, es cierto el estribillo que se repite con frecuencia sobre lo insostenible del rumbo de la deuda de China. Al fin de cuentas, altos niveles de deuda incrementan la vulnerabilidad frente a impactos negativos. Pero, en otro sentido, dicho estribillo no capta la idea de lo que ocurre.

Muchos gobiernos hoy en día están acumulando deuda con el fin de reforzar el consumo público o privado. Este abordaje, si es usado en exceso, puede ser equivalente a prestarse demanda futura; en dicho caso, el abordaje es claramente insostenible. Sin embargo, si se utiliza como una medida transitoria para ayudar a impulsar la puesta en marcha de una economía, o para proporcionar un amortiguador frente a shocks de demanda negativa, tales esfuerzos pueden ser altamente beneficiosos.

Por otra parte, en una economía que tiene relativamente un alto crecimiento, los altos ostensibles niveles de deuda no se traducen, necesariamente, en un problema, siempre y cuando la deuda se utilice para financiar inversiones que, o produzcan altos rendimientos o, alternativamente, creen activos cuyo valor supere al de la deuda. En el caso de la deuda soberana, el retorno sobre la inversión puede ser visto como el incremento en el crecimiento futuro.

La buena noticia, en el caso de China, es que gran parte del apalancamiento acumulado ha sido utilizado efectivamente para financiar inversiones, mismas que por principio crean activos que aumentarán el crecimiento futuro. Queda aún por ver si los resultados de la reciente decisión del Gobierno sobre incrementar el déficit fiscal para estimular la economía sigue este patrón de largo plazo y de mejora del crecimiento.

La mala noticia, en el caso de China, es que prestar de manera direccionada y relajar los estándares para la concesión de créditos, sobre todo después de la crisis, dio lugar a inversiones en activos en el sector inmobiliario y la industria pesada, que tienen un valor muy por debajo del costo de la creación de los mismos. El retorno sobre dichos activos es negativo.

El llamado problema de la deuda de China, por lo tanto, no es realmente un problema de la deuda, sino que es un problema de la inversión. Para abordar dicho problema China debe reformar sus sistemas financieros, de manera que las inversiones con retornos bajos o negativos sean identificadas y descartadas de manera más fiable. Esto significa hacer frente a los errores de valoración del riesgo que sobrevienen a consecuencia del respaldo que brinda el gobierno a los bancos estatales del país (bancos a los que, con seguridad, no se les permitiría fracasar).

Muchos países desarrollados también están fallando en cuanto a invertir en activos de alto rendimiento, pero esto ocurre por una razón diferente: sus apretados presupuestos y sus crecientes deudas evitan que inviertan mucho. A medida que esta situación debilita el crecimiento y reduce la inflación, la velocidad con la que se pueden reducir los ratios de deuda soberana disminuye de manera considerable.

Con el fin de estimular el crecimiento y el empleo, estas economías deben empezar a prestar más atención al tipo de deuda que acumulan. Si la deuda es para la financiación de inversiones que promueven el crecimiento puede que endeudarse sea una muy buena idea. Sin embargo, si la deuda se destina a financiar ?operaciones corrientes? y a aumentar la demanda agregada a corto plazo, es muy arriesgada.

Por supuesto, la situación no está claramente definida. El retorno sobre la inversión pública se ve afectado por la presencia o ausencia de reformas complementarias, que pueden variar de un país a otro. Y hay un cierto potencial para el abuso, cuando hay gastos que se clasifican erróneamente como inversiones.

No obstante, en un entorno de bajas tasas de interés a largo plazo y demanda agregada deficiente a corto plazo (lo cual significa que hay poco riesgo de perjudicar al sector privado), es un error no relajar las restricciones fiscales a la inversión. De hecho, el tipo adecuado de inversión pública probablemente estimule una mayor inversión del sector privado. La identificación de este tipo de inversiones es el lugar donde debería ubicarse el actual debate sobre la deuda.

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Trump y Sanders: ¿Nuevo despertar contra Wall Street y su globalización?

Dom, 08/05/2016 - 22:35
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

El polémico Samuel Huntington, en su libro mexicanófobo que busca la nueva identidad de EEUU –¿Quiénes somos? (https://goo.gl/2MY7uH)”– alega que los historiadores distinguen cuatro grandes despertares en la historia del protestantismo estadounidense, cada uno relacionado con grandes iniciativas de reformas políticas.

La palabra despertar en inglés (awakening) comporta una profundidad espiritual de la religión protestante que no expresa su traducción literal al castellano católico.

Hace poco postulé (http://goo.gl/7zZAQC) que existe una perturbadora convergencia entre el teórico de la guerra permanente mediante el Choque de 8 Civilizaciones, Samuel Huntington, y el pragmático multimillonario Donald Trump sobre el supremacismo blanco de los WASP (blancos anglosajones protestantes).

Mas allá de las escandalosas contingencias electoreras del controvertido presbiteriano Donald Trump, el trumpismo, excrecencia doméstica del universal supremacismo blanco de Samuel Huntington, representa el brote de un nuevo despertar de protesta de los WASP, que se remonta genealógicamente al siglo XVIII, y que se complementa con la votación masiva de los jóvenes blancos por el socialista Bernie Sanders, de 74 años –admirable judío jázaro antisionista de esposa católica– contra la plutocracia de Wall Street y su desregulada globalización en crisis.

Los despertares nacionales, de carácter estructural, suelen superar las efímeras coyunturas electoreras.

Según Samuel Huntington, “las fuentes religiosas (sic) tuvieron una importancia central en la guerra de independencia, especialmente el gran despertar de los decenios de 1730 y 1740, liderados por George Whitefield, su evangelizador más carismático y que fue la primera prueba unificadora de los estadounidenses y generó un sentimiento de conciencia nacional, ya que causó furor en las colonias y movilizó a miles de estadounidenses que se comprometieron a renacer con Cristo, lo cual fijó la base para la agitación política: una proporción sustancial de congregacionalistas, presbiterianos y bautistas, en total la mitad de la población estadounidense en ese periodo, eran receptivos a las ideas milenaristas respaldadas por la revolución estadounidense que abrevó del liberalismo del inglés John Locke, el racionalismo ilustrado y el republicanismo del partido whig.

Según el sociólogo de las religiones Robert Bellah, el Segundo Gran Despertar de los decenios de 1820 y 1830 fue evangélico y revivalista, toda una segunda revolución estadounidense que fue marcada por la espectacular expansión de las iglesias metodistas y bautistas y la formación de muchas nuevas sectas y confesiones, incluida la Iglesia de los Santos de los Últimos Días (nota: mormones), donde el homólogo de Whitefield durante el Segundo Gran Despertar fue Charles G. Finney, quien reclutó a decenas de miles de personas para las iglesias y predicó la necesidad de trabajar y creer y generó influencia hacia la reforma.

Según Samuel Huntington, el hijo mas destacado de este Segundo Gran Despertar fue el movimiento abolicionista que a principios del decenio de 1830 cobró vida con el problema de la esclavitud, despertó y movilizó a gran número de personas a la causa de la emancipación con la profundidad de la dimensión religiosa.

Samuel Huntington siempre sobredimensiona la moralidad protestante, emulando la ética protestante de Max Weber, que detona el Tercer Gran Despertar en la década de 1890, ligado a las iniciativas de reforma social y política de las Eras Populistas y Progresistas. Bajo los ideales para crear una sociedad justa y equitativa, los reformadores atacaron la concentración de poder de los grandes monopolios empresariales y de las maquinarias políticas de las grandes ciudades y propugnaron medidas antimonopolio; sufragio femenino; la iniciativa, el referendo y la revocación populares; la prohibición (del alcohol); la regulación (sic) de los ferrocarriles y las primarias directas.

Con las reservas de la misoginia, quizá teatral y/o mercadotécnica, del multimillonario de Nueva York, ¡como se parece la doble rebelión de Donald Trump y Bernie Sanders contra Wall Street (y su candidata Hillary) con el Tercer Despertar del siglo XIX!

Según el politólogo Alan Grimes, los participantes en el movimiento progresista en general creían en “la superioridad de los estadunidenses blancos (sic) nativos, la superioridad de la moral protestante (más concretamente, puritana) y la superioridad de una determinada clase de populismo, caracterizada por un cierto grado de control directo sobre las maquinarias estatales y urbanas, que, según se alegaba, estaban dominadas por los intereses creados.

De acuerdo con Samuel Huntington, el Cuarto Gran Despertar se originó a finales de la década de 1950 y principios de la de 1960, a partir del crecimiento del protestantismo evangélico”. Cita a Sydney Ahlstrom, quien arguye que cambió profundamente (al menos en EEUU) el paisaje humano.

El Cuarto Despertar, que enuncia Samuel Huntington con poco rigor, no goza del consenso y, a diferencia de los tres anteriores, mermó la fortaleza de la élite de la religión protestante con la vigorosa emergencia de denominaciones marginales: los bautistas sureños (perdedores de la guerra civil) y los luteranos del sínodo de Missouri (de origen alemán-sajón, creacionista y antimilenarista) que se propaga en el contexto de la segregación de la minoría negra, la guerra de Vietnam y el Watergate de Nixon.

El muy discutible cuarto despertar de Samuel Huntington es una pesadilla teológica para los anteriores tres despertares.

Según el historiador Walter McDougall, EEUU pasó de ser una tierra prometida para convertirse en un Estado cruzado. De allí nace el moralismo fariseo de su política exterior, ya que, según Samuel Huntington, su ascensión a la categoría de gran potencia también le permitiría promover en el exterior valores y principios morales sobre los que había aspirado a construir su sociedad en su propio país y que no había podido promover allende sus fronteras hasta entonces, por culpa de su debilidad y su aislamiento durante el siglo XIX.

¿Engendró o se fusionó el fugaz movimiento Occupy Wall Street a la asombrosa protesta juvenil de los seguidores blancos del judío jázaro/antisionista Bernie que ha sacudido las entrañas del partido Demócrata?

Suprema paradoja: el Partido Demócrata tendrá como candidata a la abogada Hillary, favorita de Goldman Sachs y del megaespeculador George Soros –quintaesencia del Moloch de Wall Street–, que cuenta con el apoyo masivo de los afroestadunidenses y la ascendente fuerza demográfica de los guadalupanos mexicanos y latinos: con la salvedad cupular unipersonal de la metodista blanca Hillary, que contrasta con los despertares milenaristas de los puritanos protestantes nativos.

El asombroso nuevo despertar estadounidense del siglo XXI es la suma de dos vigorosas corrientes –del socialista Bernie Sanders, en el Partido Demócrata, y de Donald Trump, outsider mexicanófobo/islamófobo del Partido Republicano– que expresa el hondo malestar de la mayoría de la raza blanca (64 por ciento de la población) de cuello azul contra la globalización de Wall Street.

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Este lunes se podrán ver los millones de documentos de los "Panama Papers"

Dom, 08/05/2016 - 20:00

Este lunes 9 de mayo el mundo entero tendrá acceso a la descomunal base de datos de los llamados Panama Papers, en la que, presuntamente, figuran políticos, celebridades y ejecutivos que hicieron uso de empresas en paraísos fiscales.

Para la divulgación de estos documentos el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) ha creado especialmente una plataforma parecida a Google que estará disponible desde las 18.00 horas GMT del lunes, donde se podrá indagar sobre los vínculos entre más de 368.000 individuos con más de 200.000 entidades 'offshore', compañías y fundaciones que han sido parte de la investigación.

Según la organización, que ha liderado la investigación junto al diario alemán Süddeutsche Zeitung, se tratará de la mayor revelación de información de la historia sobre compañías opacas secretas y la gente que hay detrás de ellas, información que nunca había estado disponible. En los papeles de Panamá, publicados en abril por periodistas de 76 países, figuran datos de documentos 'hackeados' y robados de la firma panameña Mossack Fonseca, especializada en la gestión de capitales en paraísos fiscales. Este bufete de abogados sostiene que no ha hecho nada incorrecto y ha anunciado posibles denuncias contra la ICIJ si el grueso de los documentos es revelado.

Sin embargo, este lunes se pondrá a disposición del público una gran base de datos en la que aparecerán los nombres de las sociedades offshore y los nombres de las personalidades implicadas así como los cargos que ocupaban en estas sociedades opacas, por ejemplo si eran directores de las compañías o accionistas, así como la dirección postal que la persona involucrada o su representante dieron al bufete panameño a la hora de crear la sociedad. Esto facilitará la búsqueda por países y puede corresponder tanto al domicilio de los implicados como a la sede de la compañía.

La repercusión que esta investigación ha tenido es enorme en todo el mundo, inclusive en Estados Unidos, que antes no había tenido iniciativas similares de transparencia. El viernes, el presidente Barack Obama anunció medidas para combatir la evasión fiscal, que van desde la cobertura de vacíos legales en los que se amparan los evasores fiscales hasta propuestas legislativas para luchar contra la opacidad en las empresas inscritas en paraísos fiscales.

Como consecuencia del escándalo, que estalló el pasado 3 de abril, dimitió el centrista Sigmundur David Gunnlaugsson como primer ministro de Islandia, y el primer ministro británico, David Cameron, tuvo que comparecer en la Cámara de los Comunes para disipar la polémica surgida por las acciones que tuvo en un fondo offshore.

En medio de la expectación, el bufete Mossack Fonseca pidió el jueves al consorcio periodístico que no publique su base de datos, enviando una carta de 'cease and desist' (requerimiento de cese) al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación de cara a su anuncio de liberar el 9 de mayo la información extraída de su base de datos. Pero el ICIJ anunció que no cederá a las presiones.

Los llamados Panama Papers son la mayor filtración de la historia del periodismo en términos de volumen: sus 11,5 millones de documentos superan con creces los 1,7 millones de archivos que el exanalista de la CIA Edward Snowden divulgó en 2013 sobre el espionaje a nivel global de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense.

Los 2,6 terabytes de archivos del bufete Mossack Fonseca también eclipsan los 1,7 gigabytes que ocupaban los documentos diplomáticos y militares clasificados de Estados Unidos que el soldado Bradley Manning facilitó en 2010 al portal WikiLeaks.

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¿Cuál es el futuro de Brasil? ¿Y el de Lula da Silva?

Dom, 08/05/2016 - 18:00

Eric Nepomuceno, La Jornada

En vísperas de la deposición –por ahora temporaria, por un plazo de hasta 180 días, pero con puros aires de definitiva– de la presidenta Dilma Rousseff, Brasil vive tiempos de puro vértigo.

El golpe institucional más previsible, por las condiciones ofrecidas, está a punto de consumarse.

La presidenta Dilma Rousseff lo sabe, lo sabe el ex presidente Lula da Silva, lo saben la eufórica oposición y los falsos aliados que se revelaron traidores: gracias a una maniobra tan turbia como evidente, los que no lograron votos lograrán el gobierno y el poder.

La principal figura política del país, Lula da Silva, lo admite en conversaciones con sus interlocutores más cercanos.

En unos días más, miércoles o jueves, quizá viernes, Michel Temer, el vicepresidente traidor, será sacramentado presidente. El golpe institucional que tuvo como adalid el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, triunfará.

Curiosamente, el mismo Cunha fue apartado de su escaño legislativo y de la presidencia de la cámara el pasado jueves. Aceptando una denuncia del procurador general de la Unión, el Supremo Tribunal Federal lo alejó del campo de juego.

Difícil es entender las razones de tanta demora: la denuncia fue elevada a la Corte Suprema en diciembre.

La impresión inevitable es que Cunha se mantuvo en el comando de la Cámara de Diputados mientras ha sido útil para el golpe blanco. Y que consumada la conspirata, se hizo desechable.

Así es que el país más poblado de América Latina, una de las 10 mayores economías del mundo, un ejemplo clarísimo de las contradicciones sociales de nuestras comarcas, tumba a una presidenta elegida por 54 millones 500 mil electores y asiste a la asunción de un buscavidas que jamás logró 200 mil votos como diputado nacional.

Una mujer contra la cual no hay una sola y solitaria investigación cederá el puesto a un viejo zorro de la política más rastrera, que controla los almacenes del puerto de Santos, el principal del país, y que está involucrado en un sinfín de denuncias de corrupción. La Constitución brasileña es clarísima en lo que se refiere a las razones para destituir a un presidente. Ninguna –ninguna– de ellas ha sido comprobada contra Dilma Rousseff.

Que es una presidenta impopular, que su gobierno es un desastre, que frustró a su electorado, de acuerdo. Pero ¿dónde en la ley mayor se dice que esas son razones para contrariar una decisión soberana del electorado?

De todas formas, y a menos que ocurra un milagro de última hora, en esas horas en que hasta las niñas bonitas de Oaxaca desaparecen, lo que hay de concreto es que a Dilma Rousseff la tumban en pocos días más.

¿Qué pasará en Brasil, uno de los países más importantes del grupo llamado de emergentes, la mayor población y la más fuerte economía de América Latina, una de las ocho o nueve mayores economías del mundo? Imposible saber.

Asumirá un gobierno ilegítimo, que enfrentará la durísima resistencia del PT, el partido de Lula da Silva, de los movimientos populares, de las principales centrales sindicales del país, de los movimientos estudiantiles.

Ayer, sábado, se comentaba en Brasil que Dilma Rousseff, primera mujer en llegar a la presidencia, decidió que bajaría, tan pronto sea informada oficialmente de la decisión del Senado –un juicio que es una clara, clarísima farsa– por la misma y solemne rampa que subió, paso a paso, para asumir la Presidencia.

Será un homenaje a lo que le falta a los golpistas: un homenaje a la dignidad.

Hasta la noche de ayer, se pensaba en Dilma bajando la rampa acompañada por los últimos ministros que fueron leales. Entre ella y los ministros, sus compañeras de celda, en tiempos de la dictadura. Sus compañeras de torturas y vejaciones abominables. Sus compañeras de sueño y esperanza.

Abajo, en la calle, la estarán esperando dirigentes de movimientos sociales, de sindicatos, grupos de intelectuales, artistas. Gente con capacidad de sueño. Y, claro, Lula da Silva. A ver si se confirma.

Mientras, la principal figura del escenario político brasileño, el mismo Lula da Silva, trata de trazar su futuro.

Si hoy mismo hubiera una elección presidencial en Brasil, Lula sería el favorito. En cualquier proyección de los institutos dedicados a esa clase de encuestas, él aparece, nítido, con una fuerza que contradice el escenario.

Pero él, sus asesores, sus amigos e interlocutores, sus estrategas, saben muy bien que todo, absolutamente todo, lo que pasa en Brasil tiene un único y exclusivo fin: impedir que él vuelva en las presidenciales de 2018.

Toda y cualquier jugarreta legal será válida, toda y cualquier maniobra en la Corte Suprema también. A partir de ahora, cualquier paso será un paso que puede ser decisivo. El hombre que desafió un sistema de seculares desigualdades no podrá quedar impune. La desastrada sucesora, tampoco.

A ver qué pasa. Lo único que hoy por hoy se sabe es que Lula está dispuesto. La amenaza de una investigación por corrupción, elevada a última hora por la procuraduría general de la Unión es nada más que una piedra, otra más, que sembrarán en su ya muy sembrado camino.

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Revelan documentos sobre presiones de EEUU a Europa para la firma del TTIP

Dom, 08/05/2016 - 17:27

Greenpeace Holanda ha publicado los documentos secretos del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP) entre Europa y EEUU que difunde, entre otras cosas, que EEUU está presionando a la alianza para conseguir que importe más productos agrarios estadounidenses.

En el documento secreto de 240 páginas, que está disponible en la página web http://ttip-leaks.org/, se revela entre otras cosas que EEUU está presionando a la Unión Europea para conseguir que Europa importe más productos agrarios estadounidenses. Según el canal alemán Deutsche Welle, EEUU amenazó a Europa con hacer más difícil la exportación de vehículos europeos si no aceptaba sus condiciones.

“Lo que salió a la luz hasta ahora de estas negociaciones secretas suena a pesadilla. Ahora sabemos que podría convertirse pronto en realidad”, dijo el experto en comercio de Greenpeace, Jürgen Knirsch, según recoge Deutsche Welle.

Greenpeace ha informado de que en los documentos filtrados no se mencionan ni el ‘principio de precaución’, contemplado en el Tratado de la UE, ni tampoco los objetivos acordados en la XXI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático. Sin embargo sí se menciona el ‘principio de riesgo’ americano, que de ser aceptado permitirá el cultivo y el consumo de alimentos transgénicos en territorio europeo, hasta que no se demuestre que son perjudiciales para la salud o el medio ambiente.

“Estos documentos reflejan la magnitud y el alcance del intento de los Estados Unidos y la Unión Europea de anteponer los beneficios empresariales a los intereses de la ciudadanía. Ya es hora de que las negociaciones se detengan y de que comience el debate. ¿Debemos actuar cuando tenemos la certeza de que nuestra salud y bienestar están en riesgo o debemos esperar a que daño esté hecho? ¿Nuestros gobiernos eran sinceros en la Cumbre del Clima de Paris cuando dijeron que harían lo necesario para proteger el planeta y mantener el ascenso de temperatura por debajo de 1,5 grados?”, se preguntó Miguel Ángel Soto, portavoz de Greenpeace España.

La organización ambiental opina que el TTIP es “un nuevo modelo de gobierno transatlántico que camina en dirección contraria a la de los objetivos de instituciones internacionales y ciudadanía de conseguir un desarrollo sostenible”. Rusia, por su parte, ya había denunciado el secretismo en torno al TTIP.

El TTIP tiene como objetivo alcanzar un acuerdo “razonable y equilibrado” entre la UE y EEUU para eliminar los derechos de aduana y elaborar las normas transatlánticas, indica la Comisión Europea en su página web.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El drama español

Dom, 08/05/2016 - 13:30

Immanuel Wallerstein, La Jornada

El rey Felipe VI de España acaba de anunciar que en los cuatro meses a partir de las últimas elecciones los miembros electos del Parlamento, especialmente quienes representan a los cuatro partidos principales, no pudieron llegar a acuerdo alguno para conformar un gobierno viable. Por tanto, anunció nuevos comicios para el 26 de junio de 2016.

Hace mucho que España, como los gobiernos de los sistemas parlamentarios de Europa occidental, contaba con dos partidos: el Partido Popular (PP), conservador, y el socialdemócrata, PSOE. Se habían estado alternando en las mayorías parlamentarias desde el final del régimen de Franco y algunas veces formaron gobiernos de coalición. Como en muchos de tales sistemas, otros partidos fueron esencialmente insignificantes espectadores, que a lo sumo conseguían algunas cuantas concesiones para sus objetivos políticos.

Las últimas elecciones en España lo cambiaron todo. Un nuevo partido, Podemos, que fue creciendo del movimiento de oposición en las calles, los Indignados, emergió con un número sustancial de diputados electos, compitiendo en una plataforma antiausteridad. Este programa se dirigió primordialmente contra el PP, el partido en el poder, y su líder, Mariano Rajoy, que ha sido un respaldo implacable del programa neoliberal impuesto al gobierno por los prestamistas externos.

Hubo un segundo nuevo partido que emergió con un número menor pero de todos modos significativo de diputados. Se trata de Ciudadanos. Su campaña también se centró contra el PP, pero sobre la base de la corrupción y con un programa centrista.

Inicialmente el rey le pidió al PP, siendo el partido con el mayor número de diputados electos (pero menor a lo obtenido antes, cuando detentaba la mayoría absoluta), que intentara la formación de un gobierno. Tras un corto plazo, Rajoy reconoció que ninguno de los otros tres partidos estaba dispuesto a unirse en un gobierno con el PP y le informó al rey que no había podido conformar un gobierno con mayoría parlamentaria.

El rey, entonces, le pidió al PSOE que intentara formar un gobierno, siendo el partido con el segundo número mayor de diputados (pero menor que antes). El líder del partido, Pedro Sánchez, intentó crear una coalición PSOE, Podemos y Ciudadanos –cuyos votos combinados eran suficientes para crear una mayoría. Obtuvo el acuerdo de Ciudadanos, pero Podemos no estuvo de ningún modo dispuesto a unirse a tal coalición.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, puso tres condiciones para entrar al gobierno encabezado por el PSOE. La número uno fue la designación de Iglesias como viceprimer ministro y cuatro puestos clave en el gabinete para diputados de Podemos. La condición número dos era el respaldo para emprender un referendo sobre la independencia de Cataluña. Y número tres, la exclusión de Ciudadanos sobre la base de que estaban fuertemente opuestos a la celebración de dicho referendo y respaldaban la línea dura del PP en cuanto tales referendos.

El PSOE rechazó las tres condiciones, esencialmente por su cercanía con Ciudadanos en sus posiciones, y vio las demandas de Podemos como una jugada para reemplazarlo poco tiempo después como el segundo partido, si no el primero, en el parlamento. Ante la firme oposición del PSOE, Podemos tuvo que decidir si votar por el gobierno del PSOE, aunque no formara parte del gobierno, o contra éste. La cuestión era si Podemos como movimiento buscaría el poder a través del parlamento o mediante la acción en las calles.

Iglesias estaba a favor de lo primero, pero sabía que se arriesgaba a ser desconocido dentro de su partido si utilizaba su mayoría entre los diputados de Podemos para otorgar un respaldo pasivo al gobierno del PSOE. Así que lanzó la pregunta a los miembros de Podemos en un referendo interno y el voto salió empatado. Iglesias anunció entonces que Podemos votaría contra la propuesta del PSOE en la segunda vuelta. El rey, habiendo dicho que el 2 de mayo era la fecha límite para todo el proceso, llamó a una nueva elección.

Hubo tres batallas que ocurrieron al mismo tiempo. Una tuvo que ver con Izquierda Unida (IU) y su relación con Podemos. IU era una coalición de los partidos Verde y Marxista que había estado activa en el movimiento de Indignados, dentro del cual tendía a chocar con los grupos más populistas que después se volverían Podemos. A nivel local, IU había estado dispuesta a formar coaliciones con el PSOE, pero ahora han indicado que podrían sumar fuerzas con Podemos en las siguientes elecciones parlamentarias, lo que fortalecería las posibilidades para Podemos.

La segunda ocurría al interior de Cataluña. Había dos coaliciones principales en las elecciones regionales que favorecían el referendo. Una de ellas es la centrista Junts pel Si (Unidos por el Sí), encabezada por Artur Mas. La otra era una coalición de izquierda llamada Candidatura d’Unitat Popular (CUP). La CUP planteó una condición para respaldar a Junts en el parlamento, y fue que Artur Mas no estuviera, lo que al final hizo. Un candidato de compromiso fue el poco conocido Carlos Puigdemont, cuyo partido era parte de la agrupación de Junts. Prometió sostener un referendo en el lapso de 18 meses, forzando así a una confrontación con el gobierno español, o al menos con el PP y el PSOE, pues ambos consideran ilegal ese referendo.

El tercer evento paralelo fue la sincronía accidental de los acontecimientos en el País Vasco. Por décadas hubo un movimiento, ETA, que buscaba la independencia mediante el conflicto armado. Hubo siempre un partido simpatizante de ETA que buscaba operar legalmente. El gobierno español ilegalizó regularmente tales partidos. El líder de uno de ellos, Arnaldo Otegi, justo en el momento cumplió una condena en prisión y fue liberado. Él es la cabeza de Sortu, la versión más reciente del partido que opera legalmente. Fue recibido como héroe en el País Vasco, para escándalo del gobierno español.

Otegi indicó que ETA podría aceptar ponerle fin a su conflicto armado si hubiera algún indicio de la voluntad del gobierno español de acceder a un gobierno vasco autónomo. Dijo, con algo de amargura, que el PP y Rajoy no estaban dispuestos a moverse ni un ápice. Por supuesto, para el PP, la autonomía vasca es aun peor que la autonomía catalana. Y las concesiones ahora podrían alimentar el respaldo en Cataluña a un referendo de independencia. El PSOE quedó avergonzado por estos acontecimientos.

Así que, ¿qué es lo que podríamos concluir? Tres cosas, posiblemente. La primera es la cuestión acerca de la posibilidad de un triunfo real de los movimientos populistas contrarios a la austeridad. Podemos, en muchos sentidos, fue modelado en el partido Syriza, de Grecia, y las dificultades de este último han provocado cuestionamientos en España y en otras partes al respecto de las consecuencias de un movimiento así, que prosigue un camino parlamentario.

La segunda es si realmente es posible para los Estados resistir las presiones descentralizadoras de los movimientos etnonacionales. Por ejemplo, en la Gran Bretaña de hoy, conforme se debate si habría una retirada británica de la Unión Europea, todo mundo está atento a las consecuencias de la llamada Brexit para el movimiento que en Escocia busca una descentralización ulterior y una eventual independencia.

Y la tercera es: ¿Hay alguna manera de que un gobierno mantenga una política antiausteridad en el mediano plazo en medio de las presiones que imponen sobre los Estados, por todo el mundo, las reducciones en las entradas reales de los gobiernos?

España es, en términos económicos, mucho más importante para Europa y el mundo que Grecia. Mientras se representa este drama en España, el mundo observa, reacciona y extrae lecciones.

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El Neoliberalismo: la raíz ideológica de todos nuestros problemas

Dom, 08/05/2016 - 00:00
Desde el colapso económico hasta el desastre ambiental, pasando por el ascenso de Donald Trump: el neoliberalismo ha desempeñado un papel en todos ellos. ¿Cómo es posible que la izquierda no haya planteado una alternativa? George Monbiot, ElDiario.es

Imaginen que los ciudadanos de la Unión Soviética no hubieran oído hablar del comunismo. Pues bien, la mayoría de la población desconoce el nombre de la ideología que domina nuestras vidas. Si la mencionan en una conversación, se ganarán un encogimiento de hombros; y, aunque su interlocutor haya oído el término con anterioridad, tendrá problemas para definirlo. ¿Saben qué es el neoliberalismo?

Su anonimato es causa y efecto de su poder. Ha sido protagonista en crisis de lo más variadas: el colapso financiero de los años 2007 y 2008, la externalización de dinero y poder a los paraísos fiscales (los "papeles de Panamá" son solo la punta del iceberg), la lenta destrucción de la educación y la sanidad públicas, el resurgimiento de la pobreza infantil, la epidemia de soledad, el colapso de los ecosistemas y hasta el ascenso de Donald Trump. Sin embargo, esas crisis nos parecen elementos aislados, que no guardan relación. No somos conscientes de que todas ellas son producto directo o indirecto del mismo factor: una filosofía que tiene un nombre; o, más bien, que lo tenía. ¿Y qué da más poder que actuar de incógnito?

El neoliberalismo es tan ubicuo que ni siquiera lo reconocemos como ideología. Aparentemente, hemos asumido el ideal de su fe milenaria como si fuera una fuerza natural; una especie de ley biológica, como la teoría de la evolución de Darwin. Pero nació con la intención deliberada de remodelar la vida humana y cambiar el centro del poder.

Para el neoliberalismo, la competencia es la característica fundamental de las relaciones sociales. Afirma que "el mercado" produce beneficios que no se podrían conseguir mediante la planificación, y convierte a los ciudadanos en consumidores cuyas opciones democráticas se reducen como mucho a comprar y vender, proceso que supuestamente premia el mérito y castiga la ineficacia. Todo lo que limite la competencia es, desde su punto de vista, contrario a la libertad. Hay que bajar los impuestos, reducir los controles y privatizar los servicios públicos. Las organizaciones obreras y la negociación colectiva no son más que distorsiones del mercado que dificultan la creación de una jerarquía natural de triunfadores y perdedores. La desigualdad es una virtud: una recompensa al esfuerzo y un generador de riqueza que beneficia a todos. La pretensión de crear una sociedad más equitativa es contraproducente y moralmente corrosiva. El mercado se asegura de que todos reciban lo que merecen.

Asumimos y reproducimos su credo. Los ricos se convencen de que son ricos por méritos propios, sin que sus privilegios (educativos, patrimoniales, de clase) hayan tenido nada que ver. Los pobres se culpan de su fracaso, aunque no puedan hacer gran cosa por cambiar las circunstancias que determinan su existencia. ¿Desempleo estructural? Si usted no tiene empleo, es porque carece de iniciativa. ¿Viviendas de precios desorbitados? Si su cuenta está en números rojos, es por su incompetencia y falta de previsión. ¿Qué es eso de que el colegio de sus hijos ya no tiene instalaciones de educación física? Si engordan, es culpa suya. En un mundo gobernado por la competencia, los que caen pasan a ser perdedores ante la sociedad y ante sí mismos.

La epidemia de autolesiones, desórdenes alimentarios, depresión, incomunicación, ansiedad y fobia social es una de las consecuencias de ese proceso, que Paul Verhaeghe documenta en su libro What About Me?. No es sorprendente que Gran Bretaña, el país donde la ideología neoliberal se ha aplicado con más rigor, sea la capital europea de la soledad. Ahora, todos somos neoliberales.

El término neoliberalismo se acuñó en París, en una reunión celebrada en 1938. Su definición ideológica es hija de Ludwig von Mises y Friedrich von Hayek, dos exiliados austríacos que rechazaban la democracia social (representada por el New Deal de Franklin Roosevelt y el desarrollo gradual del Estado del bienestar británico) porque la consideraban una expresión colectivista a la altura del comunismo y del movimiento nazi. En Camino de servidumbre (1944), Hayek afirma que la planificación estatal aplasta el individualismo y conduce inevitablemente al totalitarismo. Su libro, que tuvo tanto éxito como La burocracia de Mises, llegó a ojos de determinados ricos que vieron en su ideología una oportunidad de librarse de los impuestos y las regulaciones. En 1947, cuando Hayek fundó la primera organización encargada de extender su doctrina (la Mont Perelin Society), obtuvo apoyo económico de muchos millonarios y de sus fundaciones. Gracias a ellos, Hayek empezó a crear lo que Daniel Stedman Jones describe en Amos del universo como "una especie de Internacional Neoliberal", una red interatlántica de académicos, empresarios, periodistas y activistas. Además, sus ricos promotores financiaron una serie de comités de expertos cuya labor consistía en perfeccionar y promover el credo; entre ellas, el American Enterprise Institute, la Heritage Foundation, el Cato Institute, el Institute of Economic Affairs, el Centre for Policy Studies y el Adam Smith Institute. También financiaron departamentos y puestos académicos en muchas universidades, sobre todo de Chicago y Virginia.

Cuanto más crecía el neoliberalismo, más estridente era. La idea de Hayek de que los Gobiernos debían regular la competencia para impedir monopolios dio paso entre sus apóstoles estadounidenses −como Milton Friedman− a la idea de que los monopolios venían a ser un premio a la eficacia. Pero aquella evolución tuvo otra consecuencia: que el movimiento perdió el nombre. En 1951, Friedman se definía neoliberal sin tapujo alguno. Poco después, el término empezó a desaparecer. Y por si eso no fuera suficientemente extraño en una ideología cada vez más tajante y en un movimiento cada vez más coherente, no buscaron sustituto para el nombre perdido.

Ideología en la sombra A pesar de su dadivosa financiación, el neoliberalismo permaneció al principio en la sombra. El consenso de posguerra era prácticamente universal: las recetas económicas de John Maynard Keynes se aplicaban en muchos lugares del planeta; el pleno empleo y la reducción de la pobreza eran objetivos comunes de los Estados Unidos y de casi toda Europa occidental; los impuestos al capital eran altos y los Gobiernos no se avergonzaban de buscar objetivos sociales mediante servicios públicos nuevos y nuevas redes de apoyo.

Pero, en la década de 1970, cuando la crisis económica sacudió las dos orillas del Atlántico y el keynesianismo se empezó a derrumbar, los principios neoliberales se empezaron a abrir paso en la cultura dominante. En palabras de Friedman, "se necesitaba un cambio (...) y ya había una alternativa preparada". Con ayuda de periodistas y consejeros políticos adeptos a la causa, consiguieron que los Gobiernos de Jimmy Carter y Jim Callaghan aplicaran elementos del neoliberalismo (sobre todo en materia de política monetaria) en los Estados Unidos y Gran Bretaña, respectivamente.

El resto del paquete llegó enseguida, tras los triunfos electorales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan: reducciones masivas de los impuestos de los ricos, destrucción del sindicalismo, desregulación, privatización y tercerización y subcontratación de los servicios públicos. La doctrina neoliberal se impuso en casi todo el mundo −y, frecuentemente, sin consenso democrático de ninguna clase− a través del FMI, el Banco Mundial, el Tratado de Maastricht y la Organización Mundial del Comercio. Hasta partidos que habían pertenecido a la izquierda adoptaron sus principios; por ejemplo, el Laborista y el Demócrata. Como afirma Stedman Jones, "cuesta encontrar otra utopía que se haya hecho realidad de un modo tan absoluto".

"Me siento más cerca de una dictadura neoliberal que de un gobierno democrático sin liberalismo", dijo Hayek en una visita al Chile de Pinochet Puede parecer extraño que un credo que prometía libertad y capacidad de decisión se promoviera con este lema: "No hay alternativa". Pero, como dijo Hayek durante una visita al Chile de Pinochet (uno de los primeros países que aplicaron el programa de forma exhaustiva), "me siento más cerca de una dictadura neoliberal que de un gobierno democrático sin liberalismo"

La libertad de los neoliberales, que suena tan bien cuando se expresa en términos generales, es libertad para el pez grande, no para el pequeño. Liberarse de los sindicatos y la negociación colectiva significa libertad para reducir los salarios. Liberarse de las regulaciones estatales significa libertad para contaminar los ríos, poner en peligro a los trabajadores, imponer tipos de interés inicuos y diseñar exóticos instrumentos financieros. Liberarse de los impuestos significa liberarse de las políticas redistributivas que sacan a la gente de la pobreza.

En La doctrina del shock, Naomi Klein demuestra que los teóricos neoliberales propugnan el uso de las crisis para imponer políticas impopulares, aprovechando el desconcierto de la gente; por ejemplo, tras el golpe de Pinochet, la guerra de Irak y el huracán Katrina, que Friedman describió como "una oportunidad para reformar radicalmente el sistema educativo" de Nueva Orleans. Cuando no pueden imponer sus principios en un país, los imponen a través de tratados de carácter internacional que incluyen "instrumentos de arbitraje entre inversores y Estados", es decir, tribunales externos donde las corporaciones pueden presionar para que se eliminen las protecciones sociales y medioambientales. Cada vez que un Parlamento vota a favor de congelar el precio de la luz, de impedir que las farmacéuticas estafen al Estado, de proteger acuíferos en peligro por culpa de explotaciones mineras o de restringir la venta de tabaco, las corporaciones lo denuncian y, con frecuencia, ganan. Así, la democracia queda reducida a teatro.

La afirmación de que la competencia universal depende de un proceso de cuantificación y comparación universales es otra de las paradojas del neoliberalismo. Provoca que los trabajadores, las personas que buscan empleo y los propios servicios públicos se vean sometidos a un régimen opresivo de evaluación y seguimiento, pensado para identificar a los triunfadores y castigar a los perdedores. Según Von Mises, su doctrina nos iba a liberar de la pesadilla burocrática de la planificación central; y, en lugar de liberarnos de una pesadilla, creó otra.

Menos sindicalismo y más privatizaciones Los padres del neoliberalismo no lo concibieron como chanchullo de unos pocos, pero se convirtió rápidamente en eso. El crecimiento económico de la era neoliberal (desde 1980 en GB y EEUU) es notablemente más bajo que el de las décadas anteriores; salvo en lo tocante a los más ricos. Las desigualdades de riqueza e ingresos, que se habían reducido a lo largo de 60 años, se dispararon gracias a la demolición del sindicalismo, las reducciones de impuestos, el aumento de los precios de vivienda y alquiler, las privatizaciones y las desregularizaciones.

La privatización total o parcial de los servicios públicos de energía, agua, trenes, salud, educación, carreteras y prisiones permitió que las grandes empresas establecieran peajes en recursos básicos y cobraran rentas por su uso a los ciudadanos o a los Gobiernos. El término renta también se refiere a los ingresos que no son fruto del trabajo. Cuando alguien paga un precio exagerado por un billete de tren, sólo una parte de dicho precio se destina a compensar a los operadores por el dinero gastado en combustible, salarios y materiales, entre otras partidas; el resto es la constatación de que las corporaciones tienen a los ciudadanos contra la pared.

Los dueños y directivos de los servicios públicos privatizados o semiprivatizados de Gran Bretaña ganan fortunas gigantescas mediante el procedimiento de invertir poco y cobrar mucho. En Rusia y la India, los oligarcas adquieren bienes estatales en liquidaciones por incendios. En México, Carlos Slim obtuvo el control de casi toda la red de telefonía fija y móvil y se convirtió en el hombre más rico del mundo.

Andrew Sayer afirma en Why We Can't Afford the Rich que la financiarización ha tenido consecuencias parecidas: "Como sucede con la renta, los intereses son (...) un ingreso acumulativo que no exige de esfuerzo alguno". Cuanto más se empobrecen los pobres y más se enriquecen los ricos, más control tienen los segundos sobre otro bien crucial: el dinero. Los intereses son, sobre todo, una transferencia de dinero de los pobres a los ricos. Los precios de las propiedades y la negativa de los Estados a ofrecer financiación condenan a la gente a cargarse de deudas (piensen en lo que pasó en Gran Bretaña cuando se cambiaron las becas escolares por créditos escolares), y los bancos y sus ejecutivos hacen el agosto.

Sayer sostiene que las cuatro últimas décadas se han caracterizado por una transferencia de riqueza que no es sólo de pobres a ricos, sino también de unos ricos a otros: de los que ganan dinero produciendo bienes o servicios a los que ganan dinero controlando los activos existentes y recogiendo beneficios de renta, intereses o capital. Los ingresos fruto del trabajo se han visto sustituidos por ingresos que no dependen de este.

El hundimiento de los mercados ha puesto al neoliberalismo en una situación difícil. Por si no fuera suficiente con los bancos demasiado grandes para dejarlos caer, las corporaciones se ven ahora en la tesitura de ofrecer servicios públicos. Como observó Tony Judt en Ill Fares the Land, Hayek olvidó que no se puede permitir que los servicios nacionales de carácter esencial se hundan, lo cual implica que la competencia queda anulada. Las empresas se llevan los beneficios y el Estado corre con los gastos.

A mayor fracaso de una ideología, mayor extremismo en su aplicación. Los Gobiernos utilizan las crisis neoliberales como excusa y oportunidad para reducir impuestos, privatizar los servicios públicos que aún no se habían privatizado, abrir agujeros en la red de protección social, desregularizar a las corporaciones y volver a regular a los ciudadanos. El Estado que se odia a sí mismo se dedica a hundir sus dientes en todos los órganos del sector público.

De la crisis económica a la crisis política Es posible que la consecuencia más peligrosa del neoliberalismo no sea la crisis económica que ha causado, sino la crisis política. A medida que se reduce el poder del Estado, también se reduce nuestra capacidad para cambiar las cosas mediante el voto. Según la teoría neoliberal, la gente ejerce su libertad a través del gasto; pero algunos pueden gastar más que otros y, en la gran democracia de consumidores o accionistas, los votos no se distribuyen de forma equitativa. El resultado es una pérdida de poder de las clases baja y media. Y, como los partidos de la derecha y de la antigua izquierda adoptan políticas neoliberales parecidas, la pérdida de poder se transforma en pérdida de derechos. Cada vez hay más gente que se ve expulsada de la política.

Chris Hedges puntualiza que "los movimientos fascistas no encontraron su base en las personas políticamente activas, sino en las inactivas; en los 'perdedores' que tenían la sensación, frecuentemente correcta, de que carecían de voz y espacio en el sistema político". Cuando la política deja de dirigirse a los ciudadanos, hay gente que la cambia por consignas, símbolos y sentimientos. Por poner un ejemplo, los admiradores de Trump parecen creer que los hechos y los argumentos son irrelevantes.

Judt explicó que, si la tupida malla de interacciones entre el Estado y los ciudadanos queda reducida a poco más que autoridad y obediencia, sólo quedará una fuerza que nos una: el poder del propio Estado. Normalmente, el totalitarismo que temía Hayek surge cuando los gobiernos pierden la autoridad ética derivada de la prestación de servicios públicos y se limitan a "engatusar, amenazar y, finalmente, a coaccionar a la gente para que obedezca".

El neoliberalismo es un dios que fracasó, como el socialismo real; pero, a diferencia de este, su doctrina se ha convertido en un zombie que sigue adelante, tambaleándose. Y uno de los motivos es su anonimato. O, más exactamente, un racimo de anonimatos.

La doctrina invisible de la mano invisible tiene promotores invisibles. Poco a poco, lentamente, hemos empezado a descubrir los nombres de algunos. Supimos que el Institute of Economic Affairs, que se manifestó rotundamente en los medios contra el aumento de las regulaciones de la industria del tabaco, recibía fondos de British American Tobacco desde 1963. Supimos que Charles y David Koch, dos de los hombres más ricos del mundo, fundaron el instituto del que surgió el Tea Party. Supimos lo que dijo Charles Kock al crear uno de sus laboratorios de ideas: "para evitar críticas indeseables, debemos abstenernos de hacer demasiada publicidad del funcionamiento y sistema directivo de nuestra organización".

Las palabras que usa el neoliberalismo tienden más a ocultar que a esclarecer. "El mercado" suena a sistema natural que se nos impone de forma igualitaria, como la gravedad o la presión atmosférica, pero está cargado de relaciones de poder. "Lo que el mercado quiere" suele ser lo que las corporaciones y sus dueños quieren. La palabra inversión significa dos cosas muy diferentes, como observa Sayer: una es la financiación de actividades productivas y socialmente útiles; otra, la compra de servicios existentes para exprimirlos y obtener rentas, intereses, dividendos y plusvalías. Usar la misma palabra para dos actividades tan distintas sirve para "camuflar las fuentes de riqueza" y empujarnos a confundir su extracción con su creación.

Franquicias, paraísos fiscales y desgravaciones Hace un siglo, los ricos que habían heredado sus fortunas despreciaban a los nouveau riche; hasta el punto de que los empresarios buscaban aceptación social mediante el procedimiento de hacerse pasar por rentistas. En la actualidad, la relación se ha invertido: los rentistas y herederos se hacen pasar por emprendedores y afirman que sus riquezas son fruto del trabajo.

El anonimato y las confusiones del neoliberalismo se mezclan con la ausencia de nombre y la deslocalización del capitalismo moderno: Modelos de franquicias que aseguran que los trabajadores no sepan para quién trabajan; empresas registradas en redes de paraísos fiscales tan complejas y secretas que ni la policía puede encontrar a sus propietarios; sistemas de desgravación fiscal que confunden a los propios Gobiernos y productos financieros que no entiende nadie.

El neoliberalismo guarda celosamente su anonimato. Los seguidores de Hayek, Mises y Friedman tienden a rechazar el término con el argumento, no exento de razón, de que en la actualidad sólo se usa de forma peyorativa. Algunos se describen como liberales clásicos o incluso libertarios, pero son descripciones tan engañosas como curiosamente modestas, porque implican que no hay nada innovador en Camino de servidumbre, La burocracia o Capitalismo y libertad, el clásico de Friedman.

A pesar de todo, el proyecto neoliberal tuvo algo admirable; al menos, en su primera época: fue un conjunto de ideas novedosas promovido por una red coherente de pensadores y activistas con una estrategia clara. Fue paciente y persistente. El Camino de servidumbre se convirtió en camino al poder.

El triunfo del neoliberalismo también es un reflejo del fracaso de la izquierda. Cuando las políticas económicas de laissez-faire llevaron a la catástrofe de 1929, Keynes desarrolló una teoría económica completa para sustituirlas. Cuando el keynesianismo encalló en la década de 1970, ya había una alternativa preparada. Pero, en el año 2008, cuando el neoliberalismo fracasó, no había nada. Ese es el motivo de que el zombie siga adelante. La izquierda no ha producido ningún marco económico nuevo de carácter general desde hace ochenta años.

Toda apelación a lord Keynes es un reconocimiento implícito de fracaso. Proponer soluciones keynesianas para crisis del siglo XXI es hacer caso omiso de tres problemas obvios: que movilizar a la gente con ideas viejas es muy difícil; que los defectos que salieron a la luz en la década de 1970 no han desaparecido y, sobre todo, que no tienen nada que decir sobre el peor de nuestros aprietos, la crisis ecológica. El keynesianismo funciona estimulando el consumo y promoviendo el crecimiento económico, pero el consumo y el crecimiento económico son los motores de la destrucción ambiental.

La historia del keynesianismo y el neoliberalismo demuestra que no basta con oponerse a un sistema roto. Hay que proponer una alternativa congruente. Los laboristas, los demócratas y el conjunto de la izquierda se deberían concentrar en el desarrollo de un programa económico Apollo; un intento consciente de diseñar un sistema nuevo, a medida de las exigencias del siglo XXI.
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Ver: El origen del Neoliberalismo

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TTIP, la «OTAN económica»

Sáb, 07/05/2016 - 08:00

El geógrafo Manlio Dinucci propone en este artículo una lectura coherente de la estrategia de Washington, que incluye el TTIP, el derrocamiento del régimen ucraniano, las guerras contra Libia y Siria, la ola de migrantes desde Turquía y el despliegue militar de la OTAN a las puertas de Rusia. Este artículo reviste una importancia enorme ya que, si bien muchos ya habían entendido una parte del rompecabezas, nadie había logrado explicar hasta ahora el redespliegue de la OTAN en Europa.
Manlio Dinucci, Voltaire.net

La ciudadanía, los parlamentos, los gobiernos, Estados enteros se ven despojados de toda autoridad sobre sus opciones económicas, puestas en manos de organismos controlados por transnacionales y grupos financieros que violan los derechos de los trabajadores, las exigencias de la protección del medioambiente y las exigencias de la seguridad en materia de alimentación, destruyendo a la vez los servicios públicos y los bienes de la comunidad. Es por eso que hay que rechazar la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP, siglas en inglés), que Estados Unidos y la Unión Europea están negociando en el mayor secreto.

A las razones anteriormente mencionadas se unen además otras, de las que nadie habla prácticamente nunca: las razones de carácter geopolítico y geoestratégico, que revelan la existencia de un proyecto mucho más amplio y amenazante. El propio embajador de Estados Unidos ante la Unión Europea insiste en que «hay esenciales razones geoestratégicas para concluir ese acuerdo».

Esas razones tienen mucho que ver con lo que indica el Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos cuando prevé que «como consecuencia del declive de Occidente y del ascenso de Asia, de aquí a 2030 los Estados en vías de desarrollo habrán sobrepasado a los Estados desarrollados». Es por eso que Hillary Clinton define la asociación entre Estados Unidos y la Unión Europea como «un objetivo estratégico importante de nuestra alianza transatlántica», proyectando una «OTAN económica» que se integraría a la OTAN política y militar.

Es claro el proyecto de Washington: llevar la OTAN a una fase superior, creando un bloque político, económico y militar EEUU/UE, siempre bajo las órdenes de Estados Unidos, que –junto con Israel, las monarquías del Golfo y otros países– se opone al área euroasiática en ascenso –ascenso basado en la cooperación entre Rusia, China– al igual que a los países del grupo BRICS [Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica], a Irán y a cualquier otro Estado que se sustraiga a la dominación de Occidente.

El primer paso hacia la realización de ese proyecto fue la creación de una fractura entre la Unión Europea y Rusia. En julio de 2013, se abrieron en Washington las negociaciones sobre el TTIP, cuyo avance encuentra muchas dificultades debido a la existencia de intereses contrastantes entre Estados Unidos y las mayores potencias europeas, a las que Rusia ofrece ventajosos acuerdos comerciales. Seis meses más tarde, en enero-febrero de 2014, el putsch de la plaza Maidan, organizado en Ucrania por Estados Unidos y la OTAN, inicia la reacción en cadena (ataques contra los rusos de Ucrania, separación de Crimea y regreso de esa península a Rusia, inicio del proceso de sanciones y contrasanciones) que reinstala en Europa un clima de guerra fría.

Al mismo tiempo, los países miembros de la Unión Europea se ven sometidos a la presión de flujos migratorios provocados por las guerras desatadas por Estados Unidos y la OTAN (contra Libia y Siria), guerras en las que participaron esos países europeos, y por los ataques terroristas del Emirato Islámico (surgido de esas mismas guerras).

En esta Europa dividida por «muros de contención» de los flujos migratorios, donde actualmente se propaga la sicosis por el estado de sitio, Estados Unidos está iniciando la mayor operación militar desde el fin de la guerra fría, con el despliegue en las fronteras con Rusia de cazabombarderos y navíos de guerra capaces de portar armas nucleares.

Bajo el mando de Estados Unidos, la OTAN –que cuenta entre sus miembros 22 de los 28 países miembros de la Unión Europea– intensifica la realización de ejercicios militares (más de 300 en 2015), principalmente en el frente oriental. Todo ello favorece el proyecto de Washington tendiente a la creación de un bloque político, económico y militar EEUU-UE. Ese proyecto goza del respaldo incondicional de Italia, así como el de los países de Europa oriental, más cercanos a Estados Unidos que a la Unión Europea.

Las mayores potencias europeas, principalmente Francia y Alemania, todavía están negociando. Pero mientras tanto van integrándose cada vez más a la OTAN. El parlamento francés adoptó, el 7 de abril de 2016, un protocolo que autoriza la instalación de centros de mando y de bases de la OTAN en suelo francés, algo que Francia había rechazado en 1966. Y Alemania, según reporta Der Spiegel, está dispuesta a enviar tropas a Lituania para reforzar el despliegue de la OTAN en los países bálticos, vecinos de Rusia.

Alemania –también lo informa Der Spiegel– se prepara también para instalar una base aérea en Turquía, donde ya operan varios aviones de guerra Tornado alemanes, oficialmente contra el Emirato Islámico, fortaleciendo así el despliegue de la OTAN en esta zona de primera importancia estratégica.

La creciente integración de Francia y Alemania a la OTAN, bajo el mando estadounidense, indica que, ante los intereses divergentes (en particular sobre las costosas sanciones económicas contra Rusia), están prevaleciendo las «razones geoestratégicas» del TTIP.

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Alemanes dicen No a la Unión Europea y al TTIP

Ven, 06/05/2016 - 20:30

En una lucha contra la avaricia corporativa, Alemania eligió no firmar el Tratado Transatlántico de Comercio y de Inversión (TTIP), afirma una “noticia censurada” rescatada del olvido por el Proyecto Censurado. Según explica Alexis Goldstein en Yes! Magazine, el acuerdo contiene una disposición para la Solución de Diferencias del Estado del Inversor (ISDS, en inglés) que permitiría a las corporaciones transnacionales iniciar demandas legales contra los gobiernos individuales si estimaran que sus leyes violan un acuerdo comercial.

Según un reporte de Naciones Unidas de 2013, las provisiones ISDS se han utilizado en países no desarrollados productores de comodities o en transición. El informe indica que Argentina tuvo más de 60 casos que desafiaron al gobierno bajo esta disposición y en 2001 tuvo que pagar 185,3 millones de dólares a la corporación transnacional BG Group por la decisión de los gobiernos de congelar los precios de la gasolina. Según otro informe de Public Citizen, grupo de presión de los derechos del consumidor, hoy existen 17 demandas pendientes por un total de 38 mil millones de dólares con el Tratado de Libre Comercio con EEUU (NAFTA, en inglés) y otros acuerdos.

La oposición alemana al TTIP se considera una postura contra la expansión corporativa. Sin embargo, Peter Fuchs, director ejecutivo de la sucursal en Berlín de la ONG PowerShift, es escéptico. El TIPP es parte de un acuerdo comercial más grande llamado Tratado Económico y Comercial Completo (CETA, en inglés). Si Alemania mantiene su posición respecto al TIPP, habrá más problemas en el camino del CETA, advirtió Fuchs en una entrevista con Yes! Magazine, revista sin fines de lucro.

Como concluye Fuchs, “desafortunadamente, usted no puede confiar en absoluto en este gobierno (de Angela Merkel) cuando están en juego los intereses corporativos. Alemania es un autor activo de los acuerdos neoliberales de comercio e inversión.”
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Más información en TruePublica.org, Global Research, Yes! Magazine

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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La lucha por la presidencia de EEUU sería entre los dos candidatos menos queridos

Ven, 06/05/2016 - 14:30

David Brooks, La Jornada

La contienda presidencial podría terminar en una disputa entre los dos candidatos menos queridos por la mayoría de los ciudadanos de Estados Unidos: el ya presunto candidato republicano Donald Trump y la precandidata demócrata Hillary Clinton.

Sin embargo, el demócrata Bernie Sanders, único precandidato percibido favorablemente por más de los que lo ven negativamente, mantiene su convocatoria a una revolución política e, impulsado por su triunfo en Indiana el martes y ante la posibilidad de varios más de aquí a junio, promete mantenerse en la contienda hasta llegar a la convención nacional de su partido, en julio.

Para los republicanos, el triunfo casi asegurado de Trump como candidato presidencial después de que sus últimos dos contrincantes se rindieron esta semana, ha provocado un caos entre la cúpula: algunos aconsejan que todos deben hincarse ante el nuevo rey, y otros llaman a la rebelión y hasta plantean una tercera opción para las elecciones generales.

Los únicos dos ex presidentes republicanos vivos, George Bush padre y George W. Bush hijo, señalaron ayer que no respaldarán a Trump.

Hoy el republicano electo más poderoso del país, el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, afirmó que no está listo para apoyar al multimillonario.

Trump respondió esta tarde: yo no estoy listo para apoyar la agenda de Ryan, avivando lo que algunos llaman una guerra civil dentro del partido.

El Wall Street Journal, bastión de la cúpula republicana conservadora, publicó un editorial en el cual recuerda que Trump no es la mejor opción, y afirmó que esto es una toma hostil del partido.

Mientras tanto, estrategas de Trump ya miden sus tácticas para la elección general, y el multimillonario ya habla de unidad y de buscar componer las relaciones para consolidar el apoyo dentro del partido. Ya hay hasta expresiones de amor.

Hoy, en su cuenta de Twitter, Trump envió el mensaje: Feliz 5 de Mayo. Los mejores taco bowls son hechos en el Trump Tower Grill. ¡Amo a los hispanos!, acompañado de una foto suya comiendo un taco bowl en sus oficinas de su Torre Trump.

Pero su gran problema es que muy pocos lo aman a él, y la abrumadora mayoría de las llamadas minorías lo detestan.

No ayuda que figuras como David Duke, ex líder del Ku Klux Klan, declare que lo de Trump es una victoria maravillosa, que ofrecerá la oportunidad a supremacistas blancos de exponer a los supremacistas judíos que controlan nuestro país. Agregó: este es un movimiento para recuperar Estados Unidos, y cuando decimos eso, sabemos exactamente qué significa, en referencia a los migrantes y a la diversificación demográfica del país, reportó The Guardian.

Trump tiene la distinción de ser uno de los candidatos menos populares en tiempos recientes; entre 60 y 70 por ciento de encuestados tienen una opinión desfavorable del multimillonario. Más aún, ante el electorado más racial y étnicamente diverso en la historia del país –31 por ciento son no blancos–, Trump será repudiado por abrumadora mayoría de latinos y afroestadunidenses, entre otros (incluidos los Rolling Stones que hoy solicitaron que Trump deje de usar sus canciones en sus actos).

Muchos republicanos creen que por ello la elección presidencial de este año está perdida y lo que más les preocupa es que eso no implique también la pérdida de sus mayorías en ambas cámaras del Congreso.

Del lado demócrata, la apuesta es que Trump casi asegura el triunfo del candidato presidencial del partido, y por ahora se supone que esa será Hillary Clinton.

Pero, a pesar de (o justo por) su larga experiencia política y su posición como reina del partido, sufre del mismo hartazgo de las cúpulas que se ha manifestado del lado republicano.

Hoy día Clinton también es vista desfavorablemente por la mayoría del electorado en las encuestas nacionales: entre 52 y 55 por ciento. Y aunque hasta fechas recientes gozaba de una ventaja sobre Trump hasta de más de 20 puntos, ese margen se ha reducido hasta llegar a sólo unos 6 puntos en el promedio de las principales encuestas, en gran medida no por un alza en el apoyo para Trump, sino por una reducción de la aprobación hacia ella.

“Es demasiado tarde para políticas y economía del establishment”, insiste su contrincante Sanders, quien acusa que eso ha llevado a extremos de desigualdad económica donde el 1 por ciento más rico controla la vida del país. Hoy como siempre insiste en que necesitamos un cambio transformador para rescatar esta democracia tomada en rehenes por unos cuantos multimillonarios. Afirma además que es nuestro deber, como país de inmigrantes, abrazar y proteger a nuestros hermanos y hermanas indocumentados. Y acusa a la cúpula, y a Clinton, de estar demasiado amarrada a Wall Street y otros grandes intereses.

De hecho, el único precandidato que goza de percepciones favorables más amplias que las negativas es el socialista democrático, cuyo mensaje insurgente sigue resonando entre millones (unos 9 millones han votado por él contra casi 12 millones por Clinton a la fecha).

Para Clinton, si es que es coronada, tal como anticipan los expertos, el gran desafío es cómo capturar aunque sea sólo parte de esa ola que ha impulsado a su contrincante de manera tan ferviente como inesperada. Por ahora, ella no convence a los jóvenes e independientes –la perciben como más de lo mismo– que han generado una de las mayores expresiones progresistas en la historia reciente de este país.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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El colapso del viejo orden basado en el petróleo

Ven, 06/05/2016 - 12:41
Michael T. Klare, TomDispatch.com

El domingo 17 de abril era el momento señalado. Se esperaba que los principales productores de petróleo del mundo aportaran una nueva disciplina al caótico mercado del crudo y provocaran la vuelta a los precios altos. En el encuentro de Doha, la rutilante capital del Estado de Qatar, tan rico en petróleo, estaban citados los ministros del petróleo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC, por sus siglas en inglés) junto a productores clave no pertenecientes a la OPEC, como Rusia y México, para ratificar un borrador de acuerdo que les obligaba a congelar su producción de petróleo a los niveles actuales. Anticipándose a tal acuerdo, los precios del petróleo habían empezado a trepar inexorablemente, de 30$ el barril a mediados de enero, a 43$ la víspera de la reunión. Pero lejos de restaurar el viejo orden del petróleo, la reunión acabó como el rosario de la aurora, lo que hizo que los precios bajaran de nuevo y salieran a la luz las profundas grietas existentes en las filas de los productores energéticos del mundo.

Es difícil exagerar la importancia de la debacle de Doha. Como poco, perpetuará los precios bajos del petróleo que han estado acosando a esta industria durante los últimos dos años, llevando a las empresas más pequeñas a la quiebra y eliminando cientos de miles de millones de dólares de inversiones en nuevas capacidades de producción. Puede que también haya anulado cualquier perspectiva futura de cooperación en la regulación del mercado entre la OPEC y los productores que no pertenecen a ella. Sin embargo, por encima de todo, demostró que el mundo alimentado por petróleo que hemos conocido estas últimas décadas –con las demandas de petróleo confiando siempre en tener suficientes suministros por delante, y asegurando rápidos beneficios para todos los productores importantes- no existe ya. Sustituir una demanda anémica de petróleo, incluso a la baja, es probable que obligue a los suministradores a luchar unos contra otros por unas cuotas de mercado siempre menguantes.

El camino hasta Doha Antes de la reunión de Doha, los dirigentes de los países productores más importantes manifestaron que confiaban en que la congelación de la producción detendría finalmente la devastadora caída de los precios del petróleo iniciada a mediados de 2014. La mayoría de ellos dependen en muy gran medida de las exportaciones de petróleo para financiar sus gobiernos y mantener la calma entre sus poblaciones. Por ejemplo, tanto Rusia como Venezuela dependen de las exportaciones energéticas para el 50%, aproximadamente, de los ingresos que consiguen sus gobiernos, mientras que, en el caso de Nigeria, la cifra se sitúa en el 75%. Por tanto, la caída de los precios había ya afectado profundamente recortando el gasto de los gobiernos en todo el mundo, creando malestar social y en algunos casos tempestades políticas.

Nadie esperaba que la reunión del 17 de abril diera lugar a una recuperación de los precios inmediata y significativa, pero todo el mundo esperaba que sentaría las bases para un aumento regular en los próximos meses. Los dirigentes de esos países eran bien conscientes de una cosa: para conseguir tal progreso, la unidad era fundamental. De otro modo no sería posible superar los diversos factores que habían causado el colapso de los precios desde el principio. Algunos de esos factores eran estructurales y estaban profundamente incrustados en la forma en que se había organizado la industria; otros eran la consecuencia de sus propias respuestas ineptas a la crisis.

En el lado estructural y en los últimos años, la demanda mundial de energía había dejado de aumentar con la rapidez suficiente como para poder absorber todo el crudo que iba a parar al mercado, gracias en parte a los nuevos suministros procedentes de Iraq y, especialmente, a la expansión de los campos de esquisto bituminoso de EE.UU. Tal sobreoferta provocó la caída inicial de precios en 2014, cuando el crudo Brent –la mezcla de referencia internacional- bajó desde los 115$ del 19 de junio a los 77$ del 26 de noviembre, el día anterior a una fatídica reunión de la OPEC en Viena. Al día siguiente, los miembros de la OPEC, encabezados por Arabia Saudí, no consiguieron ponerse de acuerdo ni en cuanto a recortes de producción ni en cuanto al congelamiento, y el precio del petróleo entró en caída libre.

El fracaso de esa reunión de noviembre fue ampliamente atribuido al deseo de los saudíes de poner fin a nuevas producciones en otros lugares –especialmente a la producción de esquisto en EE.UU.- y de restaurar su dominio histórico del mercado mundial del petróleo. Muchos analistas estaban también convencidos de que Riad trababa de castigar a sus rivales regionales, Irán y Rusia, por su apoyo al régimen de Asad en Siria (que los saudíes trataban de derrocar).

En otras palabras, el rechazo perseguía matar dos pájaros de un tiro: liquidar el desafío planteado por los productores de esquisto norteamericanos y socavar dos potencias energéticas, aunque económicamente débiles, que se oponían a los objetivos saudíes en Oriente Medio privándoles de los tan necesitados ingresos del petróleo. Debido a que Arabia Saudí puede producir petróleo de forma mucho más barata que otros países –por tan sólo 3$ el barril- y debido a que podía hacer uso de cientos de miles de millones de dólares en fondos soberanos para enfrentar cualquier déficit en su presupuesto, sus dirigentes creían que eran más capaces de afrontar cualquier caída de precios que sus rivales. Sin embargo, hoy en día, esa predicción de color de rosa es cada vez más sombría porque la familia real saudí empieza a sentir los efectos del bajo precio del petróleo y está teniendo que recortar los beneficios que habían estado haciendo llegar a una población creciente y más inquieta y, por si no fuera poco, tienen aún que financiar una guerra costosa, inacabable y cada vez más desastrosa en el Yemen.

Muchos analistas de la energía estaban convencidos de que Doha sería el momento decisivo en que Riad se mostraría finalmente receptivo a una congelación de la producción. Pocos días antes de la conferencia, los participantes expresaban una creciente confianza en que dicho plan iba a adoptarse. Después de todo, las negociaciones preliminares entre Rusia, Venezuela, Qatar y Arabia Saudí habían logrado redactar un borrador de documento que la mayoría de los participantes estaba básicamente dispuesto a firmar. El único punto conflictivo era la naturaleza de la participación de Irán.

De hecho, los iraníes estaban de acuerdo con tal congelación, pero sólo después de que se les hubiera permitido aumentar su relativamente modesta producción diaria a los niveles conseguidos en 2012, antes de que Occidente les impusiera sanciones en el intento de obligar a Teherán a aceptar el desmantelamiento de su programa de enriquecimiento nuclear. Ahora que las sanciones se estaban levantando, como resultado del reciente acuerdo nuclear, Teherán estaba decidido a restaurar el statu quo ante. Pero los saudíes se resistieron, al no tener el menor deseo de ver que su archirrival conseguía nuevos ingresos procedentes del petróleo. Sin embargo, la mayoría de los observadores asumieron que, en última instancia, Riad acordaría una fórmula que permitiera a Irán algún incremento antes de la congelación. “Hay indicios positivos de que, en el curso de esta reunión, se llegará a algún acuerdo… un acuerdo inicial para congelar la producción”, dijo Nawal Al-Fuzaia, representante de Kuwait en la OPEC, haciéndose eco de los puntos de vista de otros participantes en Doha.

Pero entonces sucedió algo. Según las personas familiarizadas con la secuencia de acontecimientos, el príncipe heredero sustituto de Arabia Saudí, y estratega clave en los asuntos relativos al petróleo, Mohammed bin Salman, llamó a la delegación saudí en Doha a las tres de la madrugada del 17 de abril y les dio instrucciones para que rechazaran un acuerdo que proporcionara algún margen de acción a Irán. Cuando los iraníes –que decidieron no asistir a la reunión- señalaron que no tenían intención alguna de congelar su producción para dar satisfacción a sus rivales, los saudíes rechazaron el borrador de acuerdo que habían ayudado a negociar y la reunión acabó en medio del caos.

La geopolítica en primer plano La mayor parte de los analistas han sugerido desde entonces que la familia real saudí consideró que castigar a Irán era más importante que conseguir aumentar los precios del petróleo, sin que les importe el coste; es decir, que no se van a prestar a ayudar a Irán a conseguir sus objetivos geopolíticos, incluyendo aumentar el apoyo a las fuerzas chiíes en Iraq, Siria, Yemen y el Líbano. Al sentirse presionados por Teherán y confiando cada vez menos en el apoyo de Washington, estaban dispuestos a utilizar todos los medios a su alcance para debilitar a los iraníes, aunque eso les pusiera a ellos en peligro.

“El fracaso para llegar a un acuerdo en Doha sirve de recordatorio de que Arabia Saudí no está dispuesta a hacerle favor alguno a Irán justo ahora y que no puede descartarse el conflicto geopolítico en curso como elemento fundamental en la actual política petrolera saudí”, dijo Jason Bordoff, del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia.

Muchos analistas señalaron también la creciente influencia del príncipe heredero sustituto Mohammed bin Salman, a quien su avejentado padre, el rey Salman, ha encomendado el control casi total de la economía y del ejército. Como ministro de Defensa, el príncipe ha encabezado la ofensiva saudí para contrarrestar a los iraníes en la lucha regional por el dominio. Y más importante aún, es la principal fuerza tras la intervención en curso de Arabia Saudí en el Yemen con el objetivo de derrotar a los rebeldes hutíes, un grupo en gran medida chií con vínculos imprecisos con Irán, y restaurar al depuesto expresidente Abd Rabuh Mansur Hadi. Tras un año de implacables ataques aéreos apoyados por EE.UU. (incluido el uso de bombas de racimo), la intervención saudí no ha logrado sus objetivos previstos, aunque ha causado miles de víctimas civiles, provocando una feroz condena de los funcionarios de la ONU y haciendo hueco para el ascenso de al-Qaida en la Península Arábiga. Sin embargo, el príncipe parece decidido a que el conflicto siga adelante y a contrarrestar la influencia iraní en la región.

Evidentemente, para el príncipe Mohammed, el mercado del petróleo se ha convertido en tan sólo otro escenario de la actual lucha. “Bajo su guía”, señalaba en abril el Financial Times, “la política petrolera de Arabia Saudí parece estar menos impulsada por el precio del crudo que por la política global, en particular por la amarga rivalidad de Riad con el Teherán posterior a las sanciones”. Esta parece haber sido la historia de fondo de la decisión de última hora de Riad de sabotear las conversaciones en Doha. Por ejemplo, el 16 de abril, el príncipe Mohammed no pudo ser más contundente con Bloomberg sin siquiera mencionar por su nombre a los saudíes: “Si todos los productores importantes no congelan la producción, no vamos a congelar la producción”.

Tras cargarse el acuerdo propuesto, se espera ahora que Arabia Saudí impulse su propia producción para asegurar que los precios sigan por los suelos y de esa forma se prive a Irán de cualquier ganancia inesperada de su esperado incremento de las exportaciones. El reino, dijo el príncipe Mohammed a Bloomberg, estaba preparado para aumentar de inmediato la producción de sus actuales 10,2 millones de barriles al día a 11,5 millones de barriles, a los que podría añadir otro millón “si así lo decidimos” en los siguientes seis a nueve meses. Con el petróleo iraní e iraquí fluyendo hacia el mercado en grandes cantidades, esa es la definición de exceso de oferta. Lo que aseguraría ciertamente el continuado dominio del mercado por parte de Arabia Saudí, pero podría también dañar al reino de forma notable, cuando no fatalmente.

Una nueva realidad global No hay duda de que la geopolítica jugó un papel significativo en la decisión saudí, pero eso es sólo una parte de la historia. Eclipsando las discusiones sobre una posible congelación de la producción había una nueva realidad para la industria del petróleo: el pasado no va a servir para predecir el futuro en lo que se refiere a la demanda global del petróleo. Sea lo que sea lo que los saudíes piensen de los iraníes y viceversa, su industria está siendo transformada fundamentalmente, alterando las relaciones entre los productores principales y erosionando su inclinación a cooperar.

Hasta hace muy poco, se asumía que la demanda de petróleo continuaría ampliándose de forma indefinida, creando espacio para que múltiples productores entraran en el mercado y los que ya estaban en él aumentaran su producción. Aunque la oferta superara a la demanda y los precios cayeran, como ha venido ocurriendo de forma periódica, los productores podrían consolarse siempre sabiendo que, como en el pasado, la demanda se recuperaría con el tiempo y los precios subirían de nuevo. En esas circunstancias y en tal momento, era de sentido común que los productores individuales cooperaran para reducir la producción, a sabiendas de que todo el mundo se beneficiaría más pronto que tarde del inevitable incremento de los precios.

Pero, ¿qué sucede si la confianza en la eventual recuperación de la demanda empieza a apagarse? Entonces los incentivos para cooperar empezarían a evaporarse también y cada productor iniciaría una espantada a lo loco para proteger su cuota de mercado. Esta nueva realidad –un mundo en el que “el pico de la demanda de petróleo”, en vez del “pico del petróleo”, moldeará la conciencia de los principales actores- es lo que la catástrofe de Doha augura.

A principios de siglo, muchos analistas de la energía estaban convencidos de que estábamos al borde de la llegada del “pico del petróleo”; es decir, un pico en la producción de petróleo en el que las reservas planetarias se iban a agotar mucho antes de que desapareciera la demanda de petróleo, desencadenando una crisis económica global. Sin embargo, como consecuencia de los avances de la tecnología de las perforaciones, la oferta de petróleo ha seguido creciendo, mientras la demanda ha empezado inesperadamente a estancarse. Esto puede constatarse tanto en la deceleración del crecimiento económico a nivel global, como en la acelerada “revolución verde” en la que el planeta hará la transición hacia fuentes de combustible que no sean a base de carbono. Con la mayoría de las naciones ahora comprometidas con las medidas que persiguen reducir las emisiones de gases invernadero bajo el recién firmado Acuerdo del Clima de París, es probable que la demanda de petróleo experimente importantes disminuciones en años venideros. En otras palabras, la demanda mundial de petróleo llegará a su máximo mucho antes de que la oferta empiece a reducirse, creando un inmenso desafío para los países productores de petróleo.

No se trata de una construcción teórica. Es la realidad misma. El consumo neto de petróleo en las naciones industrialmente avanzadas ha disminuido ya de 50 millones de barriles al día en 2005 a 45 millones de barriles en 2014. Nuevos descensos están al caer en cuanto los niveles de eficiencia del combustible para la producción de nuevos vehículos y otras medidas relacionadas con el clima se lleven a efecto, el precio de la energía solar y eólica siga rebajándose y otras fuentes alternativas de energía entren en funcionamiento. Aunque la demanda de petróleo continúe aumentando en el mundo en desarrollo, incluso allí no está aumentando al ritmo que se daba por sentado anteriormente. Con esos países empezando también a imponer más duras restricciones a las emisiones de carbono, se espera que el consumo global alcance un pico y empiece un inexorable descenso. Según los expertos Thijs Van de Graaf y Aviel Verbruggen, el pico de la demanda mundial total podría alcanzarse ya en 2020.

En un mundo así, los productores de petróleo a precios altos serán expulsados del mercado y los beneficios –aunque no sean muchos- se los llevarán los que resulten menos costosos. Los países que dependen de las exportaciones de petróleo para obtener gran parte de sus ingresos se verán sometidos a crecientes presiones para que se alejen de esa dependencia excesiva del petróleo. Esta puede haber sido otra de las consideraciones de la decisión saudí en Doha. En los meses anteriores a la reunión de abril, los altos funcionarios saudíes dejaron caer insinuaciones de que estaban empezando a hacer planes para una era pospetróleo y que el príncipe heredero sustituto bin Salman jugaría un papel clave supervisando la transición.

El 1 de abril, el príncipe mismo indicó que se estaban dando pasos para iniciar este proceso. Como parte del esfuerzo, anunció, estaba planificando una oferta pública inicial de acciones de Aramco, propiedad estatal saudí, el productor de petróleo número uno del mundo, y que transferirían las ganancias, estimadas en 2 billones de dólares, a su Fondo de Inversiones Públicas (PIF, por sus siglas en inglés). “La oferta pública inicial de Aramco y la transferencia de sus acciones al PIF hará de las inversiones la fuente de los ingresos del gobierno saudí, no el petróleo”, señaló el príncipe. “Lo que falta ahora es diversificar las inversiones. Por eso, dentro de 20 años, seremos una economía o un Estado que no dependerá mayoritariamente del petróleo”.

Para un país que más que ningún otro ha apoyado sus pretensiones de riqueza y poder en la producción y venta del petróleo, esa es una declaración revolucionaria. Si Arabia Saudí dice que está lista para empezar a alejarse de su dependencia del petróleo, estamos entrando de hecho en un mundo nuevo en el que, entre otras cosas, los titanes de la producción petrolera ya no tendrán tanto peso sobre nuestras vidas como en el pasado.

Esta parece ser, de hecho, la perspectiva adoptada por el príncipe Mohammed a raíz de la debacle de Doha. Al anunciar el 25 de abril el nuevo proyecto económico del reino, se comprometió a liberar al país de su “adicción” al petróleo. Desde luego que esto no va a lograrse fácilmente, dada la fuerte dependencia del reino de los ingresos del petróleo y la escasez de alternativas plausibles. El príncipe, de 30 años de edad, podría también tener que enfrentarse a oposiciones dentro de la familia real ante sus audaces medidas (así como a sus torpezas respecto al Yemen y posiblemente algún otro lugar más). Sin embargo, sea cual sea el destino de la realeza saudí, si las predicciones de un futuro pico en la demanda mundial del petróleo se confirman, la debacle en Doha será considerada como el principio del fin del viejo orden del petróleo.
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Tomado de Rebelión. Traducción de Sinfo Fernandez

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El olvido de las otras víctimas del terrorismo

Xov, 05/05/2016 - 19:53

Vicenç Navarro, Público.es

En España, cuando los grandes medios hablan de las víctimas del terrorismo, se asume inmediatamente que son las víctimas del terrorismo de ETA, olvidándose (deliberada y maliciosamente) de que el mayor número de víctimas del terrorismo en España fue causado por el terrorismo del Estado, consecuencia del triunfo del golpe fascista del 1936 que estableció una de las dictaduras más sangrientas que se hayan conocido en la historia del siglo XX en Europa. Según uno de los mayores expertos en fascismo en Europa, el profesor Malefakis, de la Universidad de Columbia, en EEUU, por cada asesinato político que cometió el régimen liderado por Mussolini, el régimen liderado por Franco cometió 10.000. Incluso dirigentes de la Gestapo nazi, en visita a España, se sorprendieron del nivel de terror impuesto por aquel régimen sobre la población. Este terror y sus consecuencias son deliberadamente ocultados y silenciados por el Estado español, cuya transición de la dictadura a la democracia se realizó bajo el gran dominio de los herederos de los que realizaron aquel golpe, que controlaban el Estado y la gran mayoría de sus medios de información y persuasión. Aquella transición no se basó en una ruptura con aquel Estado, sino en una reforma, dejando grandes sectores de aquel Estado –como el Ejército y la judicatura- en manos de sectores pertenecientes al Estado anterior. Ello explica no solo el silencio, sino la represión de cualquier intento de recuperar la historia ocultada por los conservadores que han controlado los aparatos del Estado, el cual nunca consideró como su responsabilidad ayudar a las familias de las víctimas de tal terrorismo a encontrarlas, y todavía menos a homenajearlas. Invito al lector a imaginar, aunque fuera solo un momento, que las víctimas del terrorismo de ETA estuvieran desaparecidas y completamente olvidadas. Y que las máximas autoridades del Estado ni siquiera hubieran reconocido la existencia de tales víctimas durante mucho tiempo, y cuando hubieran tenido que admitir que sí que las había, no prestaran ninguna ayuda a los familiares para encontrarlas. Y que para mayor desfachatez y desvergüenza, hubiera monumentos y calles con el nombre de aquellos que asesinaron a tales víctimas. Pues bien, esto ha estado ocurriendo durante el período llamado democrático en España. Saquen el nombre de ETA y pongan régimen fascista, y verán lo que ha estado ocurriendo en este país, donde los derechos humanos han brillado por su ausencia, para amplios sectores de la población, incluyendo las víctimas de aquel terrorismo del Estado dictatorial fascista.

Ignorando el clamor internacional Esta situación, única entre los países que fueron gobernados por regímenes fascistas o fascistoides en Europa, ha sido constantemente denunciada por las Naciones Unidas. En fechas tan recientes como 2013 y 2014, el relator especial del Consejo de Derechos Humanos de tal Institución internacional, el Sr. Pablo de Greiff, ha acusado al Estado español de la sistemática violación de los derechos humanos de tales víctimas, así como del ocultamiento de lo ocurrido durante la dictadura en España (el país, después de Camboya, con el mayor porcentaje de personas asesinadas por razones políticas durante el régimen dictatorial, cuyos cuerpos han desaparecido), ignorado por el Estado democrático.

El Estado español no tiene autoridad moral hoy en el mundo para presentarse como defensor de los derechos humanos, al ser uno de los mayores violadores de tales derechos, habiendo expresado una insensibilidad que refleja su nivel de crueldad y mezquindad hacia los familiares de los asesinados republicanos desaparecidos, que todavía hoy no tienen ayuda para encontrarlos, enterrarlos y homenajearlos. Y, complementando esta insensibilidad, existe una enorme tolerancia hacia los perpetradores de aquel terror, incluso, por cierto, por parte de sectores de las izquierdas. Personajes que fueron los máximos defensores del terror fascista en las distintas dimensiones de la sociedad española, no solo defendiendo los asesinatos del régimen, sino que incluso exigieron que se extendieran tales asesinatos, hoy todavía tienen calles que llevan su nombre, al ser artistas conocidos, como es el caso del Sr. Salvador Dalí (ver mi artículo Dalí, arte y política, Público, 13.02.16). Este personaje, que promovió la imagen de sí mismo como un individuo excéntrico, jugó un papel importante en la defensa del régimen fascista, y de su terror en círculos artísticos internacionales en los que tenía cabida por su habilidad pictórica. Con el típico oportunismo y egocentrismo que caracterizó gran parte de su vida profesional, defendió activamente la utilización del terror por parte de la dictadura cuya crueldad horrorizó a grandes sectores de la comunidad artística internacional, defensa que hizo hasta el último día de la vida del dictador. Su máxima expresión en tal defensa del terror fue a raíz del asesinato político que ocurrió el 27 de septiembre de 1975, de cinco prisioneros políticos en las cárceles del régimen. La protesta internacional fue masiva, con la denuncia de muchos colectivos, incluido el de artistas famosos, que Dalí intentó rebatir, escribiendo que, frente a esta protesta, “dos millones de españoles salieron a la calle aplaudiendo al mayor héroe existente en España, el general Franco, mostrando que todo el pueblo español está con él… Es una persona maravillosa. Y su acto garantiza que la monarquía que le suceda sea un éxito. En realidad, se necesitan tres veces más ejecuciones de las que han ocurrido”. Tales declaraciones a la Agencia France Press, crearon un enorme rechazo a tal personaje, generándose un gran desprecio a su figura, pasando de ser un genio a un ser humano despreciable. No así en España y en Catalunya, donde las fuerzas conservadoras, herederas del franquismo, continúan ejerciendo un gran dominio de la vida política y cultural del país. Y Ayuntamientos, incluidos de izquierdas, justifican el homenaje que se hace a tal figura, disociando su arte de su persona, que, en sí, es un subterfugio para justificar la tolerancia hacia los asesinos de las víctimas del terrorismo. En EEUU, Ezra Pound, uno de los escritores estadounidenses que apoyó al fascismo italiano y a la dictadura de Mussolini, fue borrado de cualquier expresión de reconocimiento de las letras en aquel país. En España, en cambio, el país está lleno de artistas y escritores que aplaudieron y celebraron el terror, y continúan siendo incluso homenajeados por ayuntamientos de izquierdas, al permitir que sus nombres identifiquen las calles de sus ciudades. La escasa cultura democrática en España se traduce también en la existencia de estos hechos.

¿Qué hubiera pasado en el futuro? ¿Qué es lo que proponía el famoso pacto PSOE-C’s sobre las víctimas del terrorismo fascista? He escrito críticamente sobre el pacto PSOE-C’s desde el punto de vista económico, mostrando que el imprimátur neoliberal de Ciudadanos domina el pacto entre los dos partidos políticos, que se pidió a Podemos que apoyara. Pero hay otras dimensiones igualmente preocupantes. Y una de ellas es el dominio que Ciudadanos tuvo en el redactado de otro elemento clave, el de recuperar la memoria histórica y restablecer con ello los derechos humanos de sus víctimas. Ciudadanos fue muy reacio a condenar la dictadura fascista. En realidad, en un debate televisivo en la televisión pública catalana, TV3, en el que participé y en el que estaba también el que hoy es el portavoz de Ciudadanos en el Congreso, el Sr. Juan Carlos Girauta (que fue durante muchos años el tertuliano representante de la derecha española), tal personaje llegó casi a justificar el golpe fascista militar, debido a lo que él definió como los desmanes de los rojos y separatistas.

En el texto de tal pacto se indica que se recuperarán los fondos que habían sido sustraídos de los presupuestos del Estado para ayudar a encontrar a los desaparecidos, lo cual es un paso adelante sobre lo que hizo el PP, que anuló tales fondos. Ahora bien, desde el punto de vista de lo que reclama la comunidad internacional y las Naciones Unidas, es escandalosamente insuficiente. Como bien dice una de las personas que incansablemente continúa clamando justicia para las víctimas del terrorismo fascista, el Sr. Emilio Silva, mucho más merecedor del Premio Nobel de la Paz que muchos de los recientes premiados (el Presidente Obama incluido), estas medidas se quedan muy, pero que muy cortas, pues ni siquiera entienden que el problema va mucho más allá del hecho de querer asumir una responsabilidad económica, pues de lo que se trata es de eliminar las injusticias y violaciones de los derechos humanos de tales víctimas, tal como exigen las Naciones Unidas.

La responsabilidad mayor del Estado español por la falta de reconocimiento de las víctimas del terrorismo fascista El Estado español, comenzando por el Monarca, debe una explicación a tales víctimas y a sus familiares, por el olvido en el que las ha tenido durante estos años del periodo democrático. Es más que decepcionante el comportamiento del PSOE en este capítulo de los derechos humanos de tales víctimas. En Andalucía, el pacto PSOE-C’s que ocurrió en aquella comunidad autonómica, diluyó el limitado compromiso con la recuperación de la memoria histórica que tenía el PSOE andaluz al pactar con Ciudadanos que con la recuperación de la memoria histórica previamente existente, pasaría de ser responsabilidad de la Consejería de Justicia a serlo de la de Cultura.

Las nuevas izquierdas que están surgiendo a lo largo del territorio español deberían tomarse este temas de las víctimas del fascismo como un tema de gran importancia, pues el urgente proyecto democrático con el cual están comprometidas exige la recuperación de los derechos humanos de tanta gente que los perdió en su lucha para hacer posible que todos los pueblos y naciones de España hoy los tengan. No se podrán alcanzar tales derechos sin recuperar a los que se perdieron. Así de claro.

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Francisco I vs. el capitalismo

Xov, 05/05/2016 - 13:17
Pacho O’Donnell, Página 12

“Cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay tantos pobres me llamaron comunista” (frase del obispo brasileño Helder Cámara, referente de la Teología de la Liberación).

Más que preocupado Francisco I está horrorizado por la violencia y la descomposición moral de la sociedad global en que vivimos. Pecados que no adjudica a causas ligadas con un deterioro relacionado con el tiempo y el cambio de hábitos sino que señala un culpable con insistencia y claridad: el sistema capitalista neoliberal.

En Argentina se han politizado o banalizado actitudes suyas, como el rosario a Milagros Sala o la frialdad con Macri, reduciéndolos a coyunturas circunstanciales, perdiendo de vista la formidable significación ecuménica de su lucha contra la inequidad y la exclusión, eje vertebral de su labor pastoral. No se limita a lamentaciones o a condenas retóricas, sino que diagnostica y denuncia al sistema social, político, cultural, pero sobre todo económico imperante en Occidente. Su mensaje ha encendido manifestaciones a favor y en contra, también entre nosotros, en un mundo acostumbrado a que lo religioso se deslice por vía separada de las angustias sociales.

Ya en 1998, el entonces arzobispo Bergoglio, a raíz de una visita a Cuba acompañando al entonces papa Juan Pablo II, escribió “Lo que la iglesia critica es el espíritu que el capitalismo ha alentado al utilizar el capital para someter y oprimir al hombre” en su libro Diálogos entre Juan Pablo II y Fidel Castro. También “el capitalismo se desarrolla con características de individualidad, en una vida donde los hombres buscan su propio bien y no el bien común”. Y no vaciló en afirmar “Nadie puede aceptar el neoliberalismo y ser un buen cristiano”.

Una vez en el trono eclesiástico no disminuyó el tono de sus combativas admoniciones. En Santa Cruz de la Sierra dijo “el sistema capitalista ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo”, y agregó “este sistema no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores... no lo aguantan los pueblos”.

Es imposible no recordar a Juan XIII, quien como Francisco abogó por una Iglesia “pobre y para los pobres”. Ambos asumieron el Papado a los 76 años, provenían de hogares humildes, compartieron la devoción por San Francisco, el “poverello” de Asís, de quien Bergoglio tomó el nombre mientras Roncalli era seglar franciscano.

Este último con su Concilio Vaticano II, al que se sumó la Conferencia de Medellín en 1968, dio origen a la “Teología de la Liberación” de amplia difusión en América Latina, también en Argentina. El teólogo argentino Juan Carlos Scannone escribió: “Lo común a todas las distintas ramas o corrientes de la teología de la liberación es que teologiza a partir de la opción preferencial por los pobres y usa para pensar la realidad social e histórica de los pobres, no solamente la mediación de la filosofía, como siempre utilizó la teología, sino también las ciencias humanas y sociales”.

Si bien Francisco I ha expresado algunas críticas, sobre todo relacionadas con la influencia excesiva del marxismo, no hay dudas de su simpatía y coincidencia, como lo demostró al recibir al sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, principal referente de dicha orientación católica, a pesar del recelo de muchos en el Vaticano.

Es oportuno entonces desarrollar algunas de las ideas rectoras de la teología de la liberación:
  1. Opción preferencial por los pobres.
  2. La salvación cristiana no puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica, como signos visibles de la dignidad del hombre.
  3. La espiritualidad de la liberación exige hombres nuevos y mujeres nuevas en el Hombre Nuevo Jesús.
  4. La liberación como toma de conciencia ante la realidad socioeconómica latinoamericana y de la necesidad de eliminar la explotación, la falta de oportunidades e injusticias de este mundo.
  5. La situación actual de la mayoría de los latinoamericanos contradice el designio histórico de Dios y es consecuencia de un pecado social.
  6. No solamente hay pecadores, sino que hay víctimas del pecado que necesitan justicia y restauración.
  7. El método del estudio teológico es la reflexión a partir de la práctica de la fe viva, comunicada, confesada y celebrada dentro de una práctica de liberación.
No es de extrañar entonces que Francisco I haya acelerado el proceso de canonización de Juan XXIII, demorada por años con el pretexto de que no se le puede adjudicar ningún milagro. En una decisión de alto vuelo político, a las que el Papa argentino es proclive, la hizo simultánea a la de Juan Pablo II, quien no despertaba resistencias. No puede pasarse por alto el contraste con la celeridad con que se cumplió el trámite de Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei.

Las encíclicas, discursos y escritos del Papa argentino son un claro llamado a la acción: “Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho –dijo durante su visita a Bolivia–. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de las tres T (trabajo, techo, tierra). ¡No se achiquen!”?

Es “vox populi” que Bergoglio fue elegido Papa para sacar a la Iglesia de su tremenda crisis. ¿Pero cómo encaminar a la sociedad de hoy en la senda de lo espiritual y religioso si el capitalismo neoliberal ha colonizado nuestras mentes con el materialismo, el relativismo, el egoísmo, el consumismo, la idolatría del dinero y el poder económico? Es por ello que se ha asignado la indesmayable misión de concientizar acerca de que la miseria humana y la destrucción del planeta no son fenómenos “naturales” e irreversibles sino la consecuencia de un sistema desviado. Tampoco excluye de su discurso pastoral “bajar” a la crítica de teorías económicas en boga, también en Argentina: “Algunos todavía defienden las “teorías del derrame”, que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante” (“Evangelii gaudium”).

Francisco I nos convoca a la lucha: “Digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras”. Se ha convertido en el líder de la resistencia contra el cáncer de entronizar a la economía como centro de la existencia humana, desplazando a la solidaridad, al amor al prójimo, a la responsabilidad. Ese Papa que llama al capitalismo “una dictadura sutil” y al dinero “estiércol del diablo” suscita inquietud en quienes se sienten interpelados. No es casual que los candidatos del derechista Partido Republicano de los Estados Unidos compitan en denostar a Francisco: “El Vaticano debería despedirlo” (Ted Cruz) o “Los curas no se tienen que meter con la política ni con la economía” (Donald Trump). Ellos están también molestos porque la intervención papal fue decisiva en la reanudación de las relaciones diplomáticas con Cuba y en el pronto levantamiento del bloqueo.

Son muchas y muchos, sobre todos jóvenes, quienes ven hoy como valiente líder de la resistencia contra los males del liberalismo a quien no es ajeno a la acuciante y dramática realidad, como lo demuestra haber elegido a refugiados para el lavado de pies pascual, diferenciando un rito secular de una toma de partido y denuncia ante una horrenda tragedia cuyas causas y consecuencias no ignora.

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
Categorías: Alterglobalización

Origen y auge de las lumpenburguesías latinoamericanas

Xov, 05/05/2016 - 08:00
Jorge Beinstein, AlaiNet

A raíz de la llegada Mauricio Macri a la presidencia se desató en algunos círculos académicos argentinos la reflexión en torno del “modelo económico” que la derecha estaba intentando imponer. Se trató no solo de hurgar en los curriculum vitae de ministros, secretarios de estado y otros altos funcionarios sino sobre todo en la avalancha de decretos que desde el primer día de gobierno se precipitaron sobre el país. Buscarle coherencia estratégica a ese conjunto fue una tarea ardua que a cada paso chocaba con contradicciones que obligaban a desechar hipótesis sin que se pudiera llegar a un esquema mínimamente riguroso. La mayor de ellas fue probablemente la flagrante contradicción entre medidas que destruyen el mercado interno para favorecer a una supuesta ola exportadora evidentemente inviable ante el repliegue de la economía global, otra es la suba de las tasas de interés que comprime al consumo y a las inversiones a la espera de una ilusoria llegada de fondos provenientes de un sistema financiero internacional en crisis que lo único que puede brindar es el armado de bicicletas especulativas.

Algunos optaron por resolver el tema adoptando definiciones abstractas tan generales como poco operativas (“modelo favorable al gran capital”, “restauración neoliberal”, etc.), otros decidieron seguir el estudio pero cada vez que llegaban a una conclusión satisfactoria aparecía un nuevo hecho que les tiraba abajo el edificio intelectual construido y finalmente unos pocos, entre los que me encuentro, llegamos a la conclusión de que buscar una coherencia estratégica general en esas decisiones no era una tarea fácil pero tampoco difícil sino sencillamente imposible. La llegada de la derecha al gobierno no significa el reemplazo del modelo anterior (desarrollista, neokeynesiano o como se lo quiera calificar) por un nuevo modelo (elitista) de desarrollo, sino simplemente el inicio de un gigantesco saqueo donde cada banda de saqueadores obtiene el botín que puede obtener en el menor tiempo posible y luego de conseguido pugna por más a costa de las víctimas pero también si es necesario de sus competidores. La anunciada libertad del mercado no significó la instalación de un nuevo orden sino el despliegue de fuerzas entrópicas, el país burgués no realizó una reconversión elitista-exportadora sino que se sumergió en un gigantesco proceso destructivo.

Si estudiamos los objetivos económicos reales de otras derechas latinoamericanas como las de Venezuela, Ecuador o Brasil encontraremos similitudes sorprendentes con el caso argentino, incoherencias de todo tipo, autismos desenfrenados que ignoran el contexto global así como las consecuencias desestabilizadoras de sus acciones o “proyectos” generadores de destrucciones sociales desmesuradas y posibles efectos boomerang contra la propia derecha[1]. Es evidente que el cortoplacismo y la satisfacción de apetitos parciales dominan el escenario.

En la década de 1980 pero sobre todo en los años 1990 el discurso neoliberal desbordaba optimismo, el “fantasma comunista” había implotado y el planeta quedaba a disposición de la única superpotencia: los Estados Unidos, el libre mercado aparecía con su imagen triunfalista prometiendo prosperidad para todos. Como sabemos esa avalancha no era portadora de prosperidad sino de especulación financiera, mientras la tasas de crecimiento económico real global seguían descendiendo tendencialmente desde los años 1970 (y hasta la actualidad) la masa financiera comenzó a expandirse en progresión geométrica. Se estaban produciendo cambios de fondo en el sistema, mutaciones en sus principales protagonistas que obligaban a una reconceptualización. En el comando de la nave capitalista global comenzaban a ser desplazados los burgueses titulares de empresas productoras de objetos útiles, inútiles o abiertamente nocivos y su corte de ingenieros industriales, militares uniformados y políticos solemnes, y empezaban a asomar especuladores financieros, payasos y mercenarios despiadados, la criminalidad anterior medianamente estructurada comenzaba a ser remplazada por un sistema caótico mucho más letal. Se retiraba el productivismo keynesiano (heredero el viejo productivismo liberal) y comenzaba a instalarse el parasitismo neoliberal.

El concepto de lumpenburguesía Existen antecedentes de ese concepto, por ejemplo en Marx cuando describía a la monarquía orleanista de Francia (1830-1848) como un sistema bajo la dominación de la aristocracia financiera señalando que “en las cumbres de la sociedad burguesa se propagó el desenfreno por la satisfacción de los apetitos más malsanos y desordenados, que a cada paso chocaban con las mismas leyes de la burguesía , desenfreno en el que, por la ley natural, va a buscar su satisfacción la riqueza procedente del juego, desenfreno por el que el placer se convierte en crápula y en que confluyen el dinero, el lodo y la sangre. La aristocracia financiera, lo mismo en sus métodos de adquisición, que en sus placeres, no es más que el renacimiento del lumpenproletariado en las cumbres de la sociedad burguesa”[2]. La aristocracia financiera aparecía en ese enfoque claramente diferenciada de la burguesía industrial, clase explotadora insertada en el proceso productivo. Se trataba, según Marx, de un sector instalado en la cima de la sociedad que lograba enriquecerse “no mediante la producción sino mediante el escamoteo de la riqueza ajena ya creada”[3]. Ubiquemos dicha descripción en el contexto del siglo XIX europeo occidental marcado por el ascenso del capitalismo industrial donde esa aristocracia navegando entre la usura y el saqueo aparecía como una irrupción históricamente anómala destinada a ser desplazada tarde o temprano por el avance de la modernidad. Marx señalaba que hacia el final del ciclo orleanista “La burguesía industrial veía sus intereses en peligro, la pequeña burguesía estaba moralmente indignada, la imaginación popular se sublevaba. París estaba inundado de libelos. “La dinastía de los Rothschild”, “Los usureros, reyes de la época”, etc. en lo que se denunciaba y anatematizaba, con más o menos ingenio, la dominación de la aristocracia financiera” [4].

Resulta notable ver aparecer a los Rothschild como “usureros”, imagen claramente precapitalista, cuando en las décadas que siguieron y hasta la Primera Guerra Mundial simbolizaron al capitalismo más sofisticado y moderno. Karl Polanyi los idealizaba como pieza clave de la Haute Finance europea instrumento decisivo, según él, en el desarrollo equilibrado del capitalismo liberal, cumpliendo una función armonizadora poniéndose por encima de los nacionalismos, anudando compromisos y negocios que atravesaban las fronteras estatales calmando así la disputas interimperialistas. Describiendo a la Europa de las últimas décadas del siglo XIX Polanyi explicaba que: “los Rothschild no estaban sujetos a un gobierno; como una familia, incorporaban el principio abstracto del internacionalismo; su lealtad se entregaba a una firma, cuyo crédito se había convertido en la única conexión supranacional entre el gobierno político y el esfuerzo industrial en una economía mundial que crecía con rapidez”[5].

Lo que para Marx era una anomalía, un resto degenerado del pasado, para Polanyi era una pieza clave de la “Pax Europea”, del progreso liberal de Occidente quebrado en 1914. La permanencia de los Rothschild y de sus colegas banqueros durante todo el largo ciclo del despegue y consolidación industrial de Europa demostró que no se trataba de una anomalía sino de una componente parasitaria indisociable (aunque no hegemónica en ese ciclo) de la reproducción capitalista. Por otra parte el estallido de 1914 y lo que siguió desmintió la imagen de cúpula armonizadora, estableciendo acuerdos, negocios que imponían equilibrios. Sus refinamientos y su aspecto “pacificador” formaban parte de un doble juego peligroso pero muy rentable, por un lado alentaban de manera discreta toda clase de aventuras coloniales y ambiciones nacionalistas como por ejemplo las carreras armamentistas (y de inmediato pasaban la cuenta) y por otro las calmaban cuando amenazaban producir desastres, pero esa sucesión de excitantes y calmantes aplicadas a monstruos que absorbían drogas cada vez más fuertes terminó como tenía que terminar: con un gigantesco estallido bajo la forma de Primera Guerra Mundial.

El concepto de “lumpenburguesía” aparece por primera vez hacia fines de los años 1950 a través de algunos textos de “Ernest Germain” seudónimo empleado por Ernest Mandel haciendo referencia a la burguesía de Brasil que el autor consideraba una clase semicolonial, “atrasada”, no completamente “burguesa” (en el sentido moderno-occidental del término). Fue retomado más adelante, en los años 1960-1970 por André Gunder Frank generalizándolo a las burguesías latinoamericanas[6]. Tanto Mandel como Gunder Frank establecían la diferencia entre las burguesías centrales: estructuradas, imperialistas, tecnológicamente sofisticadas y las burguesías periféricas, subdesarrolladas, semicoloniales, caóticas, en fin: lumpenburguesas (burguesías degradadas).

Pero ese esquema empezó a ser desmentido por la realidad desde los años 1970 con la declinación del keynesianismo productivista y sus acompañantes reguladores e integradores. Se desató el proceso de transnacionalización y financierización del capitalismo global que desde comienzos de los años 1990 (con la implosión de la URSS y la aceleración del ingreso de China en la economía de mercado) adquirió un ritmo desenfrenado y una extensión planetaria. Mientras se desaceleraba la economía productiva crecía exponencialmente la especulación financiera, una de sus componentes principales, los productos financieros derivados equivalían a unas dos veces el Producto Bruto Mundial en el 2000 y representaban en 2008 unas 12 veces el Producto Bruto Mundial, por su parte la masa financiera global (derivados y otros papeles) equivalía en ese momento a una 20 veces el Producto Bruto Mundial. Hegemonía financiera apabullante que transformó completamente la naturaleza de la elites económicas del planeta, la desregulación (es decir la violación creciente de todas las normas), el cortoplacismo, las dinámicas depredadoras, fueron los comportamientos dominantes produciendo veloces concentraciones de ingresos tanto en los países centrales como en los periféricos, marginaciones sociales, deterioros institucionales (incluidas las crisis de representatividad).

Todo ello se ha agravado desde la crisis financiera de 2008 confirmando la existencia de una lumpenburguesía global dominante (resultado de la decadencia sistémica general) cuyos hábitos de especulación y saqueo enlazan con ascensos militaristas que potencian su irracionalidad, los Estados Unidos se encuentran en el centro de esa peligrosa fuga hacia adelante. Escalada militar en el Este de Europa, Medio Oriente y Asia del Este acompañada por claros síntomas de descontrol financiero donde por ejemplo el Deustche Bank acumula actualmente unos 75 billones de dólares en productos financieros derivados[7], papeles altamente volátiles que representaban en 2015 unas 22 veces el Producto Bruto Interno de Alemania y unas 4,6 veces el Producto Bruto Interno de toda la Unión Europea, del otro lado del Atlántico solo cinco grandes bancos norteamericanos (Citigroup, JP Morgan, Goldman Sachs, Bank of America y Morgan Stanley) acumulaban derivados por cerca de 250 billones de dólares[8], equivalentes a 3,4 veces veces el Producto Bruto Mundial o bien unas 14 veces el Producto Bruto Interno de los Estados Unidos. Imaginemos las consecuencias económicas globales del muy probable desplome de esa masa de papeles, mientras tanto los grandes lobos de Wall Street juegan alegremente al poker admirados por pequeñas aves carroñeras de la periferia deseosas de “abrirse al mundo” y participar del festín.

América Latina América Latina no ha quedado fuera de esa mutación de carácter global. Existe un consenso bastante amplio en cuanto a la configuración de las elites económicas latinoamericanas durante las dos primeras etapas de la “modernización” regional (es decir su integración plena al capitalismo) entre fines del siglo XIX y mediados del siglo XX: la agro-minera-exportadora con sus correspondientes “oligarquías” seguida por el llamado período (industrializante) de sustitución de importaciones con la emergencia de burguesías industriales locales. Especificidades nacionales de distinto tipo muestran casos que van desde la inexistencia de “segunda etapa” en pequeños países casi sin industrias hasta desarrollos industriales significativos como en Brasil, Argentina o México con burguesías y empresas estatales poderosas. Desde prolongaciones industriales de las viejas oligarquías hasta irrupciones de clases nuevas , advenedizos no completamente admitidos por las viejas elites hasta integraciones de negocios donde los viejos apellidos se mezclaban con los de los recién llegados.

En torno de los años 1960-1970 el proceso de industrialización fue siendo acorralado por la debilidad de los mercados internos y su dependencia tecnológica y de las divisas proporcionadas por las exportaciones primarias tradicionales, apabullado por un capitalismo global que impuso ajustes y destruyó o se apoderó de tejidos productivos locales. La transnacionalización y financierización globales se expresaron en la región como desarrollo del subdesarrollo, firmas occidentales que pasaron a dominar áreas industriales decisivas mientras bancos europeos y norteamericanos hacía lo propio con el sector financiero, al mismo tiempo se agudizaba la exclusión social urbana y rural. La llamada etapa de industrialización por sustitución de importaciones había significado el fortalecimiento del Estado y en varios casos importantes la “nacionalización” de una porción significativa de las elites dominantes con la emergencia de burguesías industriales nacionales inestables, pero eso comenzó a ser revertido desde los años 1960-1970 y el proceso de colonización se aceleró en los años 1990.

Lo que ahora constatamos son combinaciones entre asentamientos de empresas transnacionales dominantes en la banca, el comercio, los medios de comunicación, la industria, etc. rodeados por círculos multiformes de burgueses locales completamente transnacionalizados en sus niveles más altos rodeados a su vez por sectores intermedios de distinto peso. Los grupos locales se caracterizan por una dinámica de tipo “financiero” combinando a gran velocidad toda clase de negocios legales, semilegales o abiertamente ilegales, desde la industria o el agrobusiness hasta el narcotráfico pasando por operaciones especulativas o comerciales más o menos opacas. Es posible investigar a una gran empresa industrial mexicana, brasileña o argentina y descubrir lazos con negocios turbios, colocaciones en paraísos fiscales, etc. o a una importante cerealera realizando inversiones inmobiliarias en convergencia con blanqueos de fondos provenientes de una red-narco a su vez asociada a un gran grupo mediático. Las elites económicas latinoamericanas aparecen como una parte integrante de la lumpenburguesía global, son su sombra periférica, ni más ni menos degradada que sus paradigmas internacionales. Muy por debajo de todo ese universo sobreviven pequeños y medianos empresarios industriales, agrícolas o ganaderos que no forman parte de las elites pero que si consiguen ingresar al ascensor de la prosperidad inevitablemente son capturados por la cultura de los negocios confusos, si no lo hacen se estancan en el mejor de los casos o emprenden el camino del descenso.

Aunque cuando estudiamos a esas elites rápidamente descubrimos que su dinámica puramente “económica” solo existe en nuestra imaginación, un negocio inmobiliario de gran envergadura seguramente requiere conexiones judiciales, políticas, mediáticas, etc., por su parte para llegar a los niveles más altos de la mafia judicial es necesario disponer de buenas conexiones con círculos de negocios, políticos, mediáticos, etc. y ser exitoso en la carrera política requiere fondos y coberturas mediáticas y judiciales. En suma, se trata en la práctica de un complejo conjunto de articulaciones mafiosas, grupos de poder transectoriales vinculados a, más o menos subordinados a (o formando parte de) tramas extra-regionales a través de canales de diverso tipo: el aparato de inteligencia de los Estados Unidos, un mega banco occidental, una red clandestina de negocios, alguna empresa industrial transnacional, etc.

A comienzos del siglo XX la elites latinoamericanas formaban parte de una división internacional del trabajo donde la periferia agropecuaria-minera exportadora se integraba de manera colonial a los capitalismos centrales industrializados, en aquellos tiempos Inglaterra era el polo dominante[9]. Luego llegó el siglo XX y su recorrido de crisis, guerras, revoluciones y contrarrevoluciones, keynesianismos, fascismos, socialismos… pero al final de ese siglo todo ese mundo quedaba enterrado, triunfaba el neoliberalismo y el capitalismo globalizado y cuando este entró en crisis en América Latina emergieron y se instalaron las experiencias progresistas que intentaron resolver las crisis de gobernabilidad con políticas de inclusión social a sistemas que eran más o menos reformados buscando hacerlos más productivos, menos sometidos a los Estados Unidos, más igualitarios y democráticos. Las elites dominantes se pusieron histéricas, aunque no habían sido seriamente desplazadas perdían posiciones de poder, se les escapaban de las manos negocios suculentos y su agresividad fue en aumento a medida que la crisis global dificultaba sus operaciones. Por su parte los Estados Unidos en retroceso geopolítico global acentuó sus presiones sobre la región intentando su recolonización. Al comenzar el año 2016 los progresismos han sido acorralados como en Brasil o Venezuela o derrocados como en Paraguay o Argentina, Obama se frota las manos y sus buitres se lanzan al ataque, los capriles y macris cantan victoria convencidos de que estamos retornando a la “normalidad” (colonial), pero no es así; en realidad estamos ingresando en una nueva etapa histórica de duración incierta marcada por una crisis deflacionaria global que se va agravando acompañada por señales alarmantes de guerra.

Las éĺites dominantes locales no son el sujeto de una nueva gobernabilidad sino el objeto de un proceso de decadencia que las desborda, peor aún esas lumpenburguesías aportan crisis a la crisis más allá de sus manipulaciones mediáticas que tratan de demostrar lo contrario, creen tener mucho poder pero no son más que instrumentos ciegos de un futuro sombrío. Aunque la declinación real del sistema abre la posibilidad de un renacimiento popular, seguramente difícil, doloroso, no escrito en manuales, ni siguiendo rutas bien pavimentadas y previsibles.
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Notas:
[1] Jorge Beinstein, "Serra contra o Mercosul: o auge das direitas loucas na América Latina" http://cartamaior.com.br/?/Editoria/Internacional/Serra-contra-o-Mercosul-o-auge-das-direitas-loucas-na-America-Latina%0D%0A/6/15507
[2] Carlos Marx, “Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850”, en Carlos Marx-Federico Engels, Obras Escogidas, Tomo I, páginas 128-129, Editorial Progreso, Moscú 1966.
[3] Ibid.
[4] Ibid.
[5] Karl Polanyi, “The Great Transformation.The Political and Economic Origins of Our Time”, Bacon Press, Boston, Massachusetts, 2001.
[6] Andre Gunder Frank, “Lumpenburguesía: lumpendesarrollo”, Colección Cuadernos de América, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 1970.
[7] Tyler Durden, "Is Deutsche Bank The Next Lehman?", Zero Hedge, http://www.zerohedge.com/news/2015-06-12/deutsche-bank-next-lehman
[8] Michael Snyder, "Financial Armageddon Approaches", INFOWARS, http://www.infowars.com/financial-armageddon-approaches-u-s-banks-have-247-trillion-dollars-of-exposure-to-derivatives/
[9] "La inversión de las naciones industriales, en especial de Inglaterra, fluyó hacia América Latina. Entre 1870 y 1913, el valor de las inversiones británicas aumentó de 85 millones de libras esterlinas a 757 millones, una multiplicación casi por nueve en cuatro décadas. Hacia 1913, los inversores británicos poseían aproximadamente dos tercios del total de la inversión extranjera". Skidmore, Thomas E. y Smith, Peter H., "Historia contemporánea de América Latina. América Latina en el siglo XX", Ed. Grijalbo. 4a. edición, España, 1996.

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Trump, el bufón peligroso que se le impuso a la cúpula republicana

Xov, 05/05/2016 - 03:10
David Brooks, La Jornada

El bufón peligroso conquistó al Partido Republicano y ahora es el presunto candidato presidencial, lo cual genera no solo preocupación entre las cúpulas políticas y económicas, sino mayor temor entre inmigrantes, musulmanes aquí y alrededor del mundo, y representará un mayor desafío para México ante sus amenazas de construir un muro como sus ataques contra el Tratado de Libre Comercio.

Donald Trump tiene el camino despejado para obtener la nominación de su partido después de que ayer su último contrincante, el gobernador de Ohio John Kasich, se retiró de la contienda. Antenoche, después de ganar las primarias en Indiana por un amplio margen, el senador Ted Cruz abandonó la batalla.

No puede ser, ¿cómo es posible que Trump logre imponerse en este país? es la reacción en boca de millones, incluyendo la cúpula de su propio partido, gran parte de la clase política estadounidense y los “expertos”. Hay consternación sobre cómo un multimillonario sin ninguna experiencia política, conocido más por su estrellato en un “reality show”, ex dueño del concurso Miss Universo, logró imponerse frente a la oposición de todo el establishment de su partido, las cúpulas económicas, y los grandes medios.

Muchos hoy se dedican a buscar la respuesta, ver hacia atrás, recordar cómo habían descartado sus posibilidades de llegar a este punto y en qué y cómo se equivocaron. Pero más que nada, la gran pregunta es, ¿y ahora qué?

Un amplio sector de la cúpula republicana había apostado todo en descarrilar a Trump durante meses, y su última jugada era evitar que alcanzara acumular los mil 237 delegados necesarios para obtener la nominación, y con ello provocar una “convención negociada” donde se lograría coronar a otro candidato.

Pero con sus últimos seis triunfos aplastantes en fila, incluyendo Indiana el martes, y el retiro de los últimos dos contrincantes, esa estrategia es mucho menos probable.

Ante ello, algunas partes del partido se están rindiendo y subordinando al nuevo rey. Otras figuras reconocidas del partido reiteran que “nunca, jamás, apoyarán a Trump, mientras algunos están tan repugnados que incluso están abiertamente hablando de apoyar desde ahora a la presunta candidata demócrata Hillary Clinton. Mark Salter, veterano estratega del senador republicano John McCain, expresó por Twitter ayer: “estoy con ella”. Varios más, desolados, afirman que el triunfo de Trump representa la destrucción de su partido.

Mientras tanto, agrupaciones inmigrantes suenan la alarma, organizaciones musulmanas denuncian que el mensaje de Trump ya ha provocado múltiples crímenes de odio y actos de intimidación contra musulmanes estadounidenses y extranjeros y grupos de derechos civiles y de la mujer reiteran sus mensajes de repudio.

Pero vale entender qué es lo que ha impulsado a Trump para llegar a este punto. Casi todos los analistas coinciden en que el nivel de desencanto, hasta ira, de las bases republicanas contra la cúpula política es mucho mayor de lo que se pensaba, y Trump fue el mejor posicionado para darle expresión como alguien que no se percibía como parte de esa cúpula y un no-político -y su atrevimiento de desenmascarar la corrupción del sistema electoral al no necesitar los fondos de intereses empresariales o de millonarios, ya que es un multimillonario, resonó entre una amplia parte de las bases.

A la vez, su mensaje económico populista -aparte de sus bárbaros comentarios sobre inmigrantes, musulmanes y mujeres- es algo que también resonó más de lo esperado. Dan Pfeiffer, ex asesor del presidente Barack Obama, comentó al Washington Post que Trump “tiene el mensaje reformista económico populista más puro, el mejor mensaje republicano que hemos visto en mucho tiempo - anti libre comercio, anti Wall Street, anti gran dinero en la política, eso es muy poderoso”, advierte.

En su discurso triunfal al ganar Indiana anoche, Trump hizo la referencia ya automática a la construcción del “muro hermoso” en la frontera con Mexico, y su promesa de poner a “America primero”. Pero también subrayó su mensaje económico, afirmando que Clinton sería una malísima presidente ya que no entiende el comercio, “su marido promulgó tal vez el peor acuerdo comercial en la historia del mundo. Se llama NAFTA.

He visto lo que ha hecho de primera mano, y ha sido una carnicería. Vamos a hacer que regresen esos empleos, y vamos a mantener esos empleos aquí”. En el pasado, ha prometido desmantelar este tipo de acuerdos comerciales, rompiendo con el consenso sobre libre comercio de la cúpula de ambos partidos.

El mensaje económico es parecido en general al del precandidato demócrata Bernie Sanders sobre cómo las políticas de la elite política han devastado a la clase media y los trabajadores y con ello el “sueño americano”, aunque no comparten las propuestas para reformarlo, El inesperado éxito de ambos, según algunos analistas, es fruto del desencanto y frustración popular después de más de tres décadas de políticas neoliberales promovidas por ambos partidos. Durante varios años, una mayoría ha opinado que el país procede “sobre un carril equivocado”.

Sin embargo, y a diferencia marcada con Sanders, Trump tiene el nivel más alto de desaprobación entre la opinión pública, con 7 de cada 10 estadunidenses percibiéndolo de manera negativa.

Por ello, a estas alturas muchos intentan consolarse con indicaciones de que Clinton como Sanders derrotarían fácilmente a Trump en las elecciones presidenciales generales en noviembre (de hecho, el socialista democrático le gana a Trump con una mayor ventaja que Hillary), y muchos aseguran que será muy difícil que Trump ocupe la Casa Blanca.

Pero lo mismo decían cuando arrancó su campaña hace 11 meses frente a otros 16 contendientes republicanos.

Por eso, el bufón ya no le da risa a nadie, y es más peligroso que nunca.

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Críticas en Alemania por el rescate a Grecia: el objetivo fue salvar a la banca europea

Mér, 04/05/2016 - 21:30

Jörg Rocholl, presidente del European School of Management and Technology, con sede en Berlín, sentencia tras analizar el destino de las ayudas concedidas a Grecia que "esos paquetes financieros han servido fundamentalmente para rescatar a los bancos europeos".

Las ayudas del primer y segundo rescate sumaron 215.900 millones de euros. Según los investigadores del ESMT sólo 9.700 millones fueron para reforzar el presupuesto público heleno. Es decir, de toda la ayuda prestada sólo el 5% fue ayuda directa para que Atenas pudiera seguir cumpliendo con sus gastos corrientes. El resto fue directo a pagar vencimientos de deuda e intereses.

Como recoge el diario alemán Handelsblatt, el informe del ESMT muestra que unos 87.000 millones se utilizaron para devolver deuda emitida en el pasado en manos de bancos europeos. Otros 52.300 millones de euros fueron para pagar los intereses de deuda que aún no había vencido y 37.300 millones fueron directos a recapitalizar a los bancos helenos.

Es cierto que para ser justos hay que explicar que los intereses y la 'renovación' de la deuda que vence suman una de las mayores partidas de gasto de los presupuestos de cualquier país. De modo, que con el rescate se ayudó a Grecia para que pudiese cumplir con sus obligaciones financieras. Lo cuestionable del asunto es que fueron los contribuyentes europeos los que financiaron ese programa de rescate, que a la postre benefició a los acreedores griegos: la banca europea.

Rocholl comenta que "los contribuyentes europeos rescataron a los inversores privados", evitando que Grecia impagase su deuda, un movimiento que no ha mejorado la economía griega, pero sí los balances de los bancos.

Marcel Fratzscher, director del German Institute for Economic Research (DIW por sus siglas en alemán), asegura que "Grecia estaría en una mejor situación ahora, si en 2010 se hubiera implementado una quita de la deuda griega, se hubiera evitado mucho sufrimiento para Grecia y para Europa en su conjunto", explica el economista alemán.

Ahora han sido los contribuyentes los que han sufrido las pérdidas. De los 37.300 millones que sirvieron para rescatar a los bancos griegos, la mayor parte se ha evaporado. Desde que se recapitalizaron estas entidades en 2013, los bancos han perdido alrededor del 98% de su valor en bolsa. Parece harto complicado que puedan devolver ni una mínima parte de esas ayudas.

El rescate de Grecia tal y como se ha efectuado podría no haber sido una decisión óptima. Quizá reconocer que la deuda pública helena era insostenible y reconocer una quita y reestructuración desde un principio hubiera sido menos doloroso. Aunque también es cierto que el camino tampoco hubiera sido sencillo, puesto que los costes de financiación tras anunciar una quita suelen ser muy elevado, por lo que Atenas hubiera tenido que ajustar también su presupuesto.
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Ver El cinismo del FMI en el caso de Grecia

Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Raíces de la crisis y de la gran recesión

Mér, 04/05/2016 - 12:21
Alejandro Nadal, La Jornada

En un artículo reciente, el economista en jefe del Fondo Monetario Internacional, Maurice Obstfeld, confiesa que el panorama económico global le parece difícil de entender. El funcionario examina las causas y efectos del colapso en los precios del petróleo y pregunta: ¿por qué los bajos precios del crudo no han sido un estímulo para la economía mundial? Su respuesta y análisis son evidencia de los limitados alcances de la teoría económica convencional para entender la crisis y la dinámica macroeconómica del capitalismo contemporáneo.

A partir de junio del 2014 el precio de petróleo sufrió una caída de más de 60 por ciento (unos 70 dólares estadounidenses). Pero en ese lapso se siguió frenando el crecimiento de las principales economías del planeta. Obstfeld señala que esa combinación (precios de crudo a la baja y estancamiento) ha confundido a los economistas del FMI.

En el pasado los cambios bruscos en el precio del crudo siempre han tenido efectos contracíclicos: cuando hay incrementos en esos precios, el crecimiento se frena y viceversa. Según Obstfeld los precios bajos debieran conducir a menores costos de producción y mayores niveles de actividad, mayor contratación de fuerza de trabajo y menor inflación. Lo que sucede es que los economistas del FMI se quedaron con las explicaciones superficiales de la estanflación, es decir, de la coexistencia de estancamiento con inflación, que marcó la década de los años 1970. La tesis estándar sobre aquél episodio es que los altos precios del crudo se tradujeron en altos costos de producción, reducción del nivel de actividad y altos precios para cubrir los costos crecientes.

Por eso los economistas del Fondo siempre han pensado que una reducción en el precio del principal insumo energético debería estar actuando como un poderoso estímulo económico. Y sin embargo la reducción de precio coincide con la actual fase de lento crecimiento. Pregunta Obstfeld: ¿cómo es eso posible?

La explicación la encuentra en el límite cero de la tasa de interés. Hoy los bancos centrales ya no pueden reducir más la tasa de interés (aunque Obstfeld prefiere ignorar el tema de la tasa de interés negativa) y la reducción en la inflación debido a la disminución de costos de producción tiene un efecto inesperado porque provoca un aumento en términos reales de la tasa de interés. Según Obstfeld eso comprime la inversión y la demanda y contrarresta el efecto de la disminución de costos. De manera simétrica, dice Obstfeld, el aumento de precios del petróleo podría tener un efecto expansivo al reducir la tasa real de interés.

En pocas palabras, para los economistas del FMI el nuevo villano es el límite cero de la tasa de interés. Esto estaría provocando el efecto perverso de que el descenso en los precios de crudo no actúa como un estímulo para la actividad económica. Y si los bajos precios de petróleo persisten podríamos ver un tsunami de quiebras en las empresas petroleras que apostaron a que los precios altos se mantendrían por largo tiempo, lo que podría dislocar todavía más al sector financiero. Obstfeld concluye que se necesita un apoyo a la demanda (vía la política fiscal), además de introducir más reformas estructurales (el tema de siempre en el FMI).

Son muchos los economistas que insisten hoy en las dificultades que entraña el límite cero de la tasa de interés. Lo cierto es que después de siete años de tasas de interés cercanas a ese límite la economía mundial no sólo no puede recuperarse de la crisis, sino que parece querer instalarse en un estancamiento secular. Como dice Thomas Palley, ahora resulta que el problema de las economías capitalistas es el del límite cero de la tasa de interés, como si todos los problemas estructurales del capitalismo no tuvieran nada que ver con el estancamiento.

En realidad, esta discusión ignora un punto fundamental: las economías capitalistas caminan por un sendero de contracción inexorable de su ritmo de crecimiento desde hace ya varias décadas. Esto es algo que se puede comprobar fácilmente con cualquier serie de datos. Lo más importante es que este proceso ha venido acompañado de una tendencia a la baja en las tasas de rentabilidad sobre el capital invertido. Los estudios de Michael Roberts, Andrew Kliman y Peter Jones, por ejemplo, revelan que la tasa de ganancia (calculada a costos históricos) pasó de 45 por ciento, su nivel más alto en 1948, a 32 por ciento en 2011. Esta tendencia histórica a la baja ha tenido un efecto importante sobre la inversión porque en una economía capitalista el factor determinante clave de la inversión es la rentabilidad. Y esto es lo que explica la tendencia inexorable hacia el estancamiento.

Desde esta perspectiva, ni la inestabilidad financiera, ni la desigualdad o el subconsumo son lo que explica la crisis de 2008. Y si bien la deflación y la austeridad son factores importantes detrás de la extensión de la gran recesión, la crisis y su profundidad se explican por las contradicciones intrínsecas del capitalismo. Sin duda el régimen neoliberal ha intensificado algunas de estas contradicciones, pero las raíces de la crisis son más profundas.

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El silencio cómplice de Obama y Hillary en Brasil

Mér, 04/05/2016 - 08:00
Emir Sader, Público

Nunca Estados Unidos ha estado tan aislado en el continente como en este siglo. Desde que Lula fue elegido presidente de Brasil en 2002, la política exterior del país, liderada por Celso Amorim, frenó la firma del ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) e inició un proceso de consolidación y expansión de los proyectos de integración regional que terminarían por aislar —como nunca antes— a Estados Unidos en América Latina.

Por su parte, la elección de Néstor Kirchner en Argentina en 2003 permitió que los dos gobiernos más importantes de América del Sur constituyeran un eje alrededor del cual se fortaleció el Mercosur, se fundó Unasur, el Consejo Sudamericano de Defensa, y así hasta llegar a la Celac, que hizo por primera vez realidad la doctrina Monroe en América Latina.

Frente a esta realidad, los sucesivos gobiernos de EEUU han tratado de incentivar —sin gran éxito— polos alternativos, como por ejemplo la Alianza para el Pacífico, centrada en México, Perú y otros gobiernos neoliberales del continente. Sin embargo, después de intentar erigir a México como alternativa neoliberal en la región, ha visto fracasar rápidamente el gobierno de Peña Nieto. Algo similar a lo sucedido con el gobierno de Sebastián Piñera en Chile.

Mientras tanto, EEUU ha seguido actuando en todos los márgenes posibles, propiciando golpes blancos en Honduras y Paraguay. En el caso de Honduras, sin ir más lejos, el rol de Hillary Clinton fue al parecer decisivo. Así al menos se infiere de las acusaciones que la candidata ha recibido en los debates de las primarias demócratas, acusaciones que ella misma ha admitido confirmando su participación en el golpe.

Pese a su aislamiento en el continente, EEUU hacía lo posible por convivir con los diferentes gobiernos brasileños. Obama se valía de su buen talante para exaltar a Lula llamándole “the guy”, en cambio, se la vio con Dilma a la hora de justificar las escuchas ilegales en el gobierno de Brasil. Hillary visitó a Dilma supuestamente con la intención de aprender de las experiencias de éxito en materia de políticas sociales puestas en marcha en Brasil, pese a que más bien se trataba de darle un barniz progresista a su campaña, que necesitaba consolidar su apoyo entre la comunidad negra y los latinos con el fin de triunfar en las primarias.

La inesperada elección de Mauricio Macri abrió las puertas al sueño norteamericano para romper el eje de integración entre los gobiernos de Brasil y Argentina. Después de negarse a intervenir para evitar el absurdo de la acción arbitraria de un juez norteamericano en favor de los fondos buitres, Obama corrió a visitar al nuevo presidente argentino para expresar la complacencia de EEUU para con el nuevo rumbo económico de Argentina y su disposición de abrir una nueva fase en las relaciones entre los dos países.

Frente al golpe blanco en curso en Brasil, el silencio, tanto del presidente norteamericano como de la favorita para sucederlo, es ensordecedor. Mientras pretende aparecer como defensor de la democracia frente a regímenes como los de Venezuela y Cuba, cuando se esboza el golpe blanco más importante que se ha vivido hasta la fecha en el continente, tanto Obama como Hillary no logran esconder que su silencio es la señal que evidencia que ha habido un intento de sacar al PT del gobierno por la vía de un golpe.

El sueño de reconstituir un eje neoliberal en el corazón de América del Sur, tal y como había existido durante los gobiernos de Cardoso y Menem, parece hacerse realidad, aun de una forma hipotética, muy precaria y de corta duración en Brasil. Sería el punto de apoyo para aislar y tratar de derrotar los gobiernos con que los EEUU siempre se han incomodado más en la región –los de Venezuela, Bolivia y Ecuador—.

Una complicidad de escándalos con los golpistas demuestra cómo el Imperio siempre supo que la política del gobierno brasileño es esencial para la resistencia a su dominación de la región. El prestigio de EEUU en el continente está definitivamente mancillado, a lo que habría que añadir la decadencia económica norteamericana que no le permite ya competir frente a los grandes acuerdos de China y Rusia en toda la región. La política imperial norteamericana nunca ha dejado de embarcarse en las aventuras golpistas de la región, tal y como evidencia el vergonzoso silencio actual de Obama y Hillary.

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