Jaque al neoliberalismo

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Una mirada no convencional al modelo económico, la globalización y las fallas del mercadoMarco Antonio Morenohttps://plus.google.com/109915989698098076984noreply@blogger.comBlogger5149125
Actualizado: fai 20 horas 40 min

Cierra Espirito Santo y accionistas perderán su dinero

Lun, 04/08/2014 - 09:00
El gobierno de Portugal inyectó este domingo 5 mil millones de euros para evitar el colapso del Banco Espírito Santo tras una serie de escándalos financieros que impidieron el salvataje por la vía de la ampliación de capital. Carlos Costa, gobernador del Banco Central de Portugal, aseguró que se creará un banco malo para absorber todos los activos tóxicos del banco, mientras las empresas sanas serán agrupadas en el banco bueno que tendrá por nombre Novo Banco y estará alejado de la familia Espirito Santo.

El plan de rescate acordado con Bruselas fue provocado por pérdidas mucho mayores a lo esperado, y a lo reportado por el propio banco la semana pasada. Las pérdidas acabaron con los colchones de capital y las acciones se hundieron más de un 75 por ciento en la semana antes de ser suspendidas el viernes. Desde los 6,2 euros que tenía la acción a mediados de 2008, el viernes alcanzó una cotización de 10 euros. El BES será retirado de la bolsa de Lisboa y no volverá a cotizar desapareciendo de los mercados en forma definitiva. La gran novedad será que esta vez los accionistas perderán su dinero en lo que será el debut de las nuevas normas europeas destinadas a asegurarse de que los inversores, y no solo los contribuyentes, deberán hacer frente a las consecuencias cuando los bancos quiebran.

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Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización
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Emir Sader: Hacia un modelo posneoliberal

Lun, 04/08/2014 - 07:59
Emir Sader, Página 12

Cuando se agotaba el ciclo largo expansivo del capitalismo, se impuso el debate sobre las razones de ese agotamiento y las formas de retomar el desarrollo económico. Triunfó la renacida versión del liberalismo, vocalizada en particular por Ronald Reagan, quien dijo que habría que suspender los límites a la libre circulación del capital, habría que desregular. El capital volvería a circular, habría inversiones, las economías volverían a crecer y todos ganarían.

Se promovió la libre circulación del capital en escala global, mediante la apertura de los mercados nacionales, la privatización de patrimonios públicos, la mercantilización de lo que antes eran derechos, la precarización de las relaciones de trabajo, la retracción del Estado y la centralidad del mercado. Pero lo que pasó fue distinto de lo previsto.

Es que, como recordaba siempre Marx, el capital no está hecho para producir sino para acumular. Liberado de las trabas del período anterior, el capital se dirigió, masivamente, hacia la esfera financiera, donde gana más, tiene liquidez total y ejerce fuerte presión sobre los gobiernos. (Una agencia de apoyo a los especuladores una vez dijo literalmente: ‘Aprovechen la fiesta, pero quédense cerca de la puerta’.) A escala mundial se dio una gigantesca trasferencia de recursos del sector productivo al especulativo, con el capital financiero asumiendo el rol de sector hegemónico en la era neoliberal del capitalismo.

El bajo crecimiento o el estancamiento o incluso la retracción de las economías se debe justamente al hecho de que el sector hegemónico en la economía es un sector parasitario, que no produce bienes ni empleos. Es el capital financiero bajo su forma especulativa, que no financia el consumo, ni la investigación, ni tampoco la producción. Vive de la compra y venta de papeles.

Los fondos buitre son el ejemplo más radical de ese carácter parasitario del capital especulativo, típico de la era neoliberal. En ese caso, se han valido de la crisis de la deuda de los países latinoamericanos para imponer normas draconianas a gobiernos subalternos, parte fundamental de la herencia maldita recibida por los gobiernos antineoliberales. Préstamos a intereses brutales a cambio de renuncia a la soberanía nacional.

Así, aun los gobiernos que ha reaccionado en contra del neoliberalismo, empezando a construir alternativas a ese modelo agotado, tienen que enfrentar todavía esa herencia. Para la derecha sería señal de fracaso de los gobiernos progresistas, cuando en realidad son todavía rezagos de los gobiernos de la misma derecha.

Los Brics han empezado a apuntar hacia la alternativa: un Banco de Desarrollo para el Sur del Mundo, un fondo de apoyo frente a problemas que puedan enfrentar los países del sur del mundo. El conflicto actual con Argentina representa los estertores del modelo contra el cual fueron elegidos los gobiernos progresistas y frente al cual construyen un modelo posneoliberal.

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Lo de Argentina no es un default

Dom, 03/08/2014 - 19:15

Alfredo Zaiat, Pagina 12

El inédito acontecimiento financiero derivado de la orden del juez Thomas Griesa de bloquear el cobro del vencimiento de intereses de deuda soberana a bonistas del canje no es un default. No lo es en términos jurídicos, financieros y económicos. No se trata de un debate semántico, aunque sí político, como queda reflejado en cada una de las opiniones del elenco estable de economistas mediáticos. Para eludir la soberbia de los cultores de la ignorancia, es necesario precisar por qué y cuándo un país está en default.

La actual situación es extraordinaria, lo que ha habilitado un debate político o de bajo vuelo con fines electoralistas, como se expresa en la mayoría de las coberturas periodísticas, siendo los grandes medios promotores de esa campaña de desinformación. También ha gatillado los lugares comunes de la prensa internacional en la descripción del destino económico argentino. El default es una definición que excede la especulación de si es una estrategia política del Gobierno, que la vulgaridad analítica menciona como la pretensión oficial de negar la realidad o de convertir la situación en una gesta épica, o si es una excusa para concretar habituales negocios en el mercado financiero, como las sentencias de calificadoras de riesgo o las apuestas con los seguros contra default. Pese a la insistencia con títulos catástrofes o evaluaciones interesadas de hombres de negocios dedicados a la comercialización de información económica, no se está en presencia de una cesación de pagos de la deuda argentina. No lo es porque lo que está sucediendo a partir del fallo y la orden de cumplimiento de la sentencia Griesa, no ingresa en esa categoría. No existen antecedentes históricos de semejante extravagancia.

Es un evento que no reúne las condiciones de un default, a las que es fácil describirlas en base a antecedentes de la historia financiera mundial: en lo jurídico, incumplimientos en el contrato de emisión de bonos del deudor con el acreedor; en lo financiero, no pago de intereses y capital al vencimiento; y en lo económico, insolvencia del deudor. Nada de eso ha sucedido.

Las calificadoras de riesgo, el comité financiero de la asociación de swaps (por los seguros contra default), economistas locales y analistas internacionales seguirán insistiendo con la existencia de un default. Incluso ahora empezaran a atemorizar con la posibilidad de que los bonistas del canje puedan solicitar la “aceleración” del cobro del total de la deuda. Es el derecho que tienen, según el prospecto de emisión, si hay incumplimientos de parte del deudor. Si eligen ese camino, terminarán judicializando toda la deuda con legislación extranjera (28 mil millones de dólares) y no cobrarán nada porque Argentina defenderá en Tribunales lo que es obvio: no hubo default. Esos bonistas no deberían seguir consejos que están siendo alentados por analistas más interesados en la política doméstica electoral que en la lógica de las finanzas. Cualquiera que conozca cómo funciona el mercado de bonos sabe que el principal objetivo de los acreedores es cobrar los intereses y el capital; no litigar. A esto último se dedican los fondos buitre.

Como lo han mencionado en más de una oportunidad el ministro de Economía, Axel Kicillof, y la presidente CFK, e ignorado en tantas otras por los publicistas del fantasma del default, Argentina ha pagado en tiempo y forma los intereses del bono Discount bajo legislación argentina, estadounidense, japonesa e inglesa. El dinero lo han recibido los agentes encargados de distribuirlo entre los bonistas. Esos dólares ya no son de Argentina; pertenecen a los bonistas del canje. Por ese motivo la dupla Griesa-Singer no puede embargarlos porque, si bien hasta ahora ha estado afectando derechos de terceros, despojarlos de esos dólares tendría consecuencias no deseadas para esa sociedad juez-buitre.

En términos jurídicos de un contrato entre deudor y acreedor, Argentina ha cumplido con su parte. El default no es un concepto abstracto sino un término preciso, definido en el contrato de fideicomiso que vincula con la Argentina con el fiduciario, el Bank of New York Mellon, y los bonistas. No pagar teniendo los recursos y forzando una cesación de pagos voluntaria es una situación que no está contemplada en la legislación argentina, lo que sería contrario al orden público y una clara violación a los prospectos de emisión de deuda. No existe una causa jurídica para gatillar el default de los bonos. Es tan elemental el caso que ni los bonistas perjudicados ni las entidades financieras afectadas por Griesa-Singer hacen sus reclamos al país deudor, sino que las dirigen hacia el juez.

El 26 de junio pasado, Argentina ha pagado los servicios de capital e intereses de esos títulos de deuda bajo ley extranjera por el equivalente a 832 millones de dólares, de los cuales 539 millones están depositados en las cuentas números 15.098 y 15.002 del Bank of New York Mellon en el Banco Central argentino. El deudor ha girado los fondos para que sean recibidos por el acreedor. Por una orden judicial esa transferencia financiera ha quedado incompleta. Los bonistas locales y extranjeros con legislación argentina han recibido los dólares cursados a través de la Caja de Valores y del Citibank-Euroclear, respectivamente. El resto no pudo por una orden de Griesa que impide a los agentes pagadores entregarlos, ampliando su jurisdicción de Nueva York a Europa. El juez es tan expansivo que en la audiencia de anteayer reclamó que dejen de hablar en público funcionarios de un gobierno que no es el de Estados Unidos, extendiendo también su jurisdicción a la libertad de expresión de otro país.

En términos financieros, Argentina giró los dólares pero los bonistas no los tienen acreditados en sus cuentas. Es una irregularidad provocada por el juez, no por el deudor. Eso no es un default. Queda aún más evidente cuando se observa el recorrido de las cotizaciones de los títulos públicos, que apenas tuvieron leves caídas. Esos activos se desploman a unos pocos centavos cuando no se pagan. La explicación buitre es que esa caída no se produjo porque el mercado está a la expectativa de un acuerdo entre privados, o que en el 2015 deja de estar vigente la cláusula RUFO, lo que permitiría solucionar el tema, o que le queda poco tiempo al gobierno de CFK. Son sólo descargos para no reconocer que en términos financieros es grotesco denominar default el bloqueo Griesa.

Además de esos aspectos jurídicos y financieros mencionados, otro aún más relevante para caracterizar lo insólito de esta situación es que Argentina tiene solvencia económica para hacer frente a los vencimientos de deuda. Pagó el correspondiente al bono Discount, hizo lo mismo hace pocos días con la primera cuota del plan de refinanciación con el Club de París y tiene los recursos para los futuros vencimientos, con reservas en divisas en el Banco Central por más de 29 mil millones de dólares.

En términos económicos, Argentina tiene solvencia para pagar sus deudas. Como se sabe, la insolvencia del deudor es lo que provoca el default. Este requisito básico de la cesación de pagos no se cumple en este caso.

Ninguna de las condiciones (jurídicas, financieras y económicas) para definir un default están presentes en el caso argentino. Otro aspecto relevante es que tampoco existen las circunstancias del ciclo económico doméstico que hacen necesario interrumpir el pago de la deuda. Los defaults han permitido reestablecer el curso de la acumulación del capital a lo largo de toda la historia del capitalismo (de 1946 a 2006 hubo 169 cesaciones de pagos de países, según la investigación de Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart). Este recorrido está marcado por períodos de intensa acumulación, que llevan a la sobreexpansión empujada por el crecimiento del crédito y el aumento de los flujos de capitales. Las crisis bancarias se deben a que las fases alcistas son seguidas por crisis de sobreproducción, con violentas caídas de los precios. La acumulación de deudas por parte de los gobiernos, y su posterior liquidación violenta, no es ajena a esta dinámica, puesto que los defaults de las deudas externas de los países forman parte de la desvalorización de capitales que acompaña toda crisis. El repudio de las deudas es la vía para esas desvalorizaciones. Por eso para reestablecer la acumulación del capital se necesita del default y posterior reestructuración de las deudas. Eso es lo que ha sucedido en Argentina en 2001. Y eso hoy no es necesario en Argentina 2014, economía que no sólo no vive en una burbuja especulativa de deuda, sino que desde 2005 ha desplegado una intensa estrategia de cancelación neta de pasivos externos.

Entender la lógica de los defaults en la historia financiera mundial permite eludir a los promotores de la ignorancia, especialistas en construir la economía del miedo para que sectores vulnerables caigan en la trampa de defender intereses que no le son propios. Los defaults son el último eslabón del ciclo económico del auge económico y posterior manía especulativa. A fines de los sesenta, la relación entre el PBI mundial, o sea las riquezas en bienes y servicios generadas en un año en la economía, y el circuito monetario era de un ratio 1 a 1. Había correspondencia entre la producción y la masa de recursos financieros. Con la desregulación financiera global y la cada vez más sofisticada ingeniería especulativa, esa relación se distanció en una proporción de 1 a 10 hasta el estallido de la última crisis internacional. Esto significa la existencia de un considerable capital ficticio en circulación, que no tiene ninguna reciprocidad con la cantidad y valor de bienes y activos físicos. Ese capital se multiplica en la esfera de las finanzas por la tasa de interés o la valorización de activos bursátiles sin ser acompañado de una expansión similar de la inversión y de la actividad productiva. Un default viene a destruir ese dinero ficticio-monetario sin contrapartida en el valor de bienes tangibles. La depreciación de parte de ese capital ficticio hasta alcanzar un nuevo equilibrio es un proceso donde se precipitan quiebras, default de deudas, depresión de cotizaciones de acciones y bonos e inflación de bienes y activos refugios, como el oro u otros metales preciosos.

Por definición jurídica, financiera y económica, y fundamentalmente por el propio funcionamiento del ciclo económico del capitalismo, el acontecimiento financiero provocado por el juez Griesa en alianza con fondos buitre y el ejecutador de la sentencia Daniel Pollack es cualquier otra cosa menos un default.

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Neoliberalismo y fondos buitre

Sáb, 02/08/2014 - 16:28
Emir Sader, Alainet

Cuando se agotaba el ciclo largo expansivo del capitalismo, se impuso el debate sobre las razones de ese agotamiento y las formas de retomada del desarrollo económico. Triunfó la renacida versión del liberalismo, vocalizada en particular por Ronald, quien dijo que habría que suspender los límites a la libre circulación del capital, habría que desreglamentar. El capital volvería a circular, habría inversiones, las economías volverían a crecer y todos ganarían.

Se promovió la libre circulación del capital en escala global, mediante la apertura de los mercados nacionales, la privatización de patrimonios públicos, la mercantilización de lo que antes eran derechos, la precarización de las relaciones de trabajo, la retracción del Estado y la centralidad del mercado. Pero lo que pasó fue distinto de lo previsto.

Es que, como recordaba siempre Marx, el capital no está hecho para producir, sino para acumular. Liberado de las trabas del período anterior, el capital se dirigió, masivamente, hacia la esfera financiera, donde gana más, tiene liquidez total y ejerce fuerte presión sobre los gobiernos. (Una agencia de apoyo a los especuladores, una vez concluyó sus sugerencias, diciendo, literalmente: Aprovechen la fiesta, pero quédense cerca de la puerta.) En escala mundial se dio una gigantesca trasferencia de recursos del sector productivo al especulativo, con el capital financiero asumiendo el rol de sector hegemónico en la era neoliberal del capitalismo.

El bajo crecimiento o el estancamiento o incluso la retracción de las economías se debe justamente al hecho de que el sector hegemónico en la economía es un sector parasitario, que no produce bienes, ni empleos. Es el capital financiero bajo su forma especulativa, que no financia el consumo, ni la investigación, ni tampoco la producción. Vive de la compra y venta de papeles.

Los fondos buitre son el ejemplo más radical de ese carácter parasitario del capital especulativo, típico de la era neoliberal. En ese caso, se han valido de la crisis de la deuda de los países latinoamericanos para imponer normas draconianas a gobiernos subalternos, parte fundamental de la herencia maldita recibida por los gobiernos antineoliberales. Préstamos a intereses brutales a cambio de renunciar a la soberanía nacional.

Así, aun los gobiernos que han reaccionado en contra del neoliberalismo, empezando a construir alternativas a ese modelo agotado, tienen que enfrentar todavía esa herencia. Para la derecha seria señal de fracaso de los gobiernos progresistas, cuando en realidad son todavía rezagos de los gobiernos de la misma derecha.

Los Brics han empezado a apuntar hacia la alternativa: un Banco de Desarrollo para el Sur del Mundo, un fondo de apoyo frente a problemas que puedan enfrentar los países del Sur del mundo. El conflicto actual con Argentina representa los estertores del modelo contra el cual fueron elegidos los gobiernos progresistas y frente al cual construyen un modelo posneoliberal.

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Lo que no se ha dicho sobre el nuevo banco de los países emergentes

Ven, 01/08/2014 - 20:13
Vicenç Navarro, Attac

La historia de los desastres (y no hay otra manera de definir las consecuencias de aplicar sus políticas) creados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) es larga. Esta institución, que en su configuración actual tiene el objetivo de defender los intereses del capital financiero (es decir, de las instituciones bancarias) a costa de los intereses de los Estados supuestamente ayudados por ella, tiene una larga lista de daños a las poblaciones de los Estados “ayudados” (y, muy en particular, a sus clases populares) a causa de las políticas impuestas a sus gentes (ver Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero, Vicenç Navarro y Juan Torres, 2012).

Un caso claro ocurrió en 1997, cuando varios países asiáticos, afectados por una crisis financiera causada por la constante especulación de los mercados financieros, intentaron establecer su propio banco alternativo al FMI, que llamaron tentativamente el Fondo Monetario Asiático. Este intento fue inmediatamente vetado por el gobierno federal de EEUU, concretamente por su Ministro de Finanzas (Secretary of the Treasury), muy ligado a Wall Street, el centro bancario de EEUU. Como consecuencia de ello, tuvieron que seguir las políticas impuestas por el FMI, las clásicas y previsibles políticas neoliberales, con reformas que afectaron profundamente al bienestar de las poblaciones de los Estados “asistidos”, políticas que, como ahora también ocurre en la Eurozona, fueron ineficaces para resolver la enorme crisis económica y financiera. En realidad, la empeoraron, como también ha ocurrido en la Eurozona.

Como consecuencia, surgió con mayor intensidad la demanda de estos países y otros que habían sufrido las mismas políticas, de salirse del FMI y establecer un fondo alternativo. Tales países llegaron a la conclusión de que era prácticamente imposible cambiar el FMI, controlado por los intereses financieros estadounidenses y sus aliados europeos, intereses que, por cierto, afectaron también negativamente al bienestar de las poblaciones norteamericanas y europeas. No era, como siempre intentaron presentarlo los mayores medios de información, un conflicto entre EEUU y Europa frente al resto del mundo, sino los intereses financieros de las instituciones bancarias -que beneficiaban a sectores minoritarios en aquellos países- frente a la mayoría de las poblaciones de los países de distintos niveles de desarrollo económico. Lo que las políticas impuestas por el FMI mostraban era que los intereses particulares de las instituciones bancarias no eran los mismos ni tampoco coincidían con los intereses de las clases populares de los países desarrollados, ni con los intereses de las de los países emergentes. Como aparece en la enorme crisis financiera que EEUU y la Unión Europea están sufriendo, la realidad muestra que el enorme control por parte de las instituciones bancarias del FMI, del Banco Mundial y del Banco Central Europeo (BCE), está beneficiando a intereses muy particulares, distintos, y en realidad opuestos, a los intereses generales de la mayoría de las poblaciones (que son sus clases populares) de los países, tanto de los económicamente avanzados como de los de menor desarrollo económico. De nuevo, lo que está ocurriendo en la Eurozona (y, muy en particular, en su periferia) es un claro ejemplo de ello.

La situación en Ucrania y en 31 países “ayudados” por el FMISe sorprenderá el lector que aparezca de pronto en este artículo una referencia a Ucrania, un país que está sufriendo un conflicto bélico de enormes consecuencias. Pero la situación bélica, la guerra civil en aquel país, está ocultando otro desastre creado precisamente por el FMI. En aquel país, las políticas neoliberales impuestas por el FMI y su aliado, el BCE, están causando una enorme recesión, con un descenso de nada menos que de un 5% de su PIB, y con un gran crecimiento del desempleo. En realidad, de los 41 países que están recibiendo “ayuda” del FMI, 31 sufren una enorme recesión causada por las políticas de austeridad impuestas por el FMI y el BCE (ver el excelente artículo de Mark Weisbrot, “BRICS’ New Financial Institutions Could Break a Long-Standing and Harmful Monopoly”, en Center for Economic and Policy Research, 18.07.14).

De ahí la urgencia y necesidad de crear instituciones alternativas, como la creada por los países emergentes BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), abierta a otros países. Los medios, influenciados por el capital financiero estadounidense y europeo, han intentado minimizar la importancia de este desarrollo, considerándolo poco creíble. Su credibilidad, como institución financiera alternativa, sin embargo, está avalada, porque todos estos países tienen unos sistemas bancarios públicos. En realidad, un dato que por regla general no se conoce es que los países que han tenido mayores crisis financieras han sido aquellos en los que, en su sistema bancario, predomina el sector privado. Los casos claros son EEUU y la Eurozona, siendo incluso más acentuado el de la Eurozona, porque en esta zona el BCE no es un banco central, sino un lobby de la banca (ver mi artículo “El BCE, el lobby de la banca”, Público, 08.12.11). Ello deja a los Estados en una situación enormemente vulnerable, forzándolos a pagar unos intereses excesivos por su deuda. De ahí que la aparición de un fondo alternativo al FMI pueda significar un avance considerable en el intento de romper la mordaza que representa el FMI para todos los países, tanto los emergentes como los llamados países desarrollados.

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