José Carlos Bermejo Barrera: ¡Viaje con Aristóteles en Iberia Plus!!

José Carlos Bermejo Barrera: ¡Viaje con Aristóteles en Iberia Plus!!

Aristóteles fue una de las mentes más brillantes de nuestra historia. Nacido en Macedonia, se formó como médico y fundó en Atenas el Liceo, considerado quizás anacrónicamente como la primera universidad europea. Creó la ciencia de la lógica en una serie de libros que siguen siendo leídos veinte siglos después de su redacción, y junto a ella sistematizó la ética, la política, la metafísica, a la vez que en su escuela creó la primera biblioteca científica y recogió todo el saber de su momento sobre los animales y las plantas, por lo que fue el creador también de las ciencias naturales. Aristóteles fue el maestro de musulmanes, judíos y cristianos en la Edad Media y parte de su pensamiento sigue vigente en la actualidad entre aquellos que aun piensan y se esfuerzan por estudiar, enseñar y escribir correctamente. Murió Aristóteles en el exilio, protegido por un tirano en una pequeña ciudad, a la que pudo hacer llegar su biblioteca.

Aristóteles sería hoy una figura anacrónica, no porque haya muerto hace más de dos mil años, sino porque todo lo que representó durante siglos en gran parte ha desaparecido de las universidades de los últimos veinte años, en las que la investigación más sistemática y de largo alcance, el pensamiento reflexivo y racional, la capacidad de argumentar, hablar y escribir, el escepticismo como método, y el desinterés y la entrega a la labor docente e investigadora han quedado relegadas a un segundo plano y relegadas bajo un nuevo sistema de valores. Sostienen los sociólogos estudiosos de las universidades que hay dos tipos de profesores: el profesor monje, que encarnaría todo este sistema de viejos valores y que aun continúa existiendo, y el profesor cortesano, también llamado jet-professor, que representa un nuevo mundo universitario.

"El sistema no ha cambiado, habrá otro colapso económico dentro de tres o cuatro años"

"El sistema no ha cambiado, habrá otro colapso económico dentro de tres o cuatro años"
Richard Sennett, sociólogo, profesor emérito de la London School of Economics 

El sociólogo Richard Sennett (Chicago, 1943) reúne méritos profesionales suficientes para ser uno de los galardonados que el pasado viernes recogían los premios "Príncipe de Asturias" en el teatro Campoamor de Oviedo. Sin embargo, en esta ocasión le tocó el papel de acompañante de su mujer, la también socióloga Saskia Sassen, ganadora del premio de Ciencias Sociales. Ambos reparten su tiempo entre Estados Unidos y Gran Bretaña. Sennett es profesor emérito de Sociología en London School of Economics e imparte clases también en la New York University.

Autor de libros como "La corrosión del carácter" y "El artesano", es un analista de la forma en que la economía y el trabajo configuran a las personas y las relaciones sociales. Trabaja desde la perspectiva de una corriente netamente anglosajona como es el pragmatismo, "la búsqueda de los problemas filosóficos insertos en la vida cotidiana", según su propia definición. Este observador nada complaciente del mundo al que nos ha abocado el capitalismo financiero alerta de la posibilidad de una nueva crisis ante la constatación de que la actual no ha servido para superar los males que socavan el sistema. Con un comedimiento verbal que contrasta con la dureza de su diagnóstico y sus previsiones, Richard Sennett muestra su preocupación por el paro de los jóvenes, algo que, a su juicio, debiera ser prioritario en la agenda política y que, sin embargo, se ha convertido en un asunto secundario mientras los fondos públicos para crear empleo se destinan al rescate de los bancos.

-Usted que indaga sobre cómo el trabajo nos moldea como personas, ¿existe alguna forma de disociar lo que somos de los que hacemos para evitar, por ejemplo, que la pérdida de empleo nos deje sin discurso vital?

 Yo soy muy protestante y creo que eso es cierto. Ahí está la crisis ahora para los jóvenes. Si no encontramos alguna manera de proporcionarles puestos de trabajo, entonces faltará algo, tendrán una carencia a nivel psicológico y esto es algo que no se puede reparar fácilmente. Cuando un país tiene el 50 por ciento de desempleo entre los jóvenes, tiene una generación dañada. Pero esto no es algo que parezca preocuparles mucho a los políticos. Les inquieta, pero no lo suficiente, como si no fuera una circunstancia crítica frente a la que hay que reaccionar, les parece casi normal, como si fuera simplemente una consecuencia de la situación económica y del mercado. Desde mi perspectiva de estudioso del mundo del trabajo, el desempleo juvenil es mucho más importante que pagar las deudas de Goldman y Sachs. Me siento muy frustrado con esta situación, de que se considere el desempleo como una consecuencia de otra cosa que hay arreglar antes. No es así.

-¿Pertenece usted al grupo de los que consideran que esta hecatombe económica era previsible o al de los sorprendidos por la quiebra del sistema?

 Creo que se podía haber predicho esta situación. La avaricia ha cegado a las personas. Mi grupo de investigación publicó algo acerca de esto en el año 2005. Pienso que la gente no quería ver la realidad.

-Hace cinco años, cuando se produce ese colapso, incluso personas nada radicales consideraban necesario cambiar las bases del sistema. Sin embargo, ahora el neoliberalismo parece haber salido fortalecido.

 Efectivamente eso es cierto, pero yo no diría que el neoliberalismo sea más fuerte que nunca. Las condiciones que llevaron al colapso se están reinstalando, restableciéndose de nuevo. Hemos tenido un refuerzo del antiguo régimen, pero se están reconstruyendo sus debilidades. Persiste la financiarización del riesgo de manera muy inestable, que fue lo que dominó la economía desde principios del año 2000. No me gusta utilizar la palabra crisis cuando hablo de esto porque una crisis da por sentado que algo se rompe o deja de funcionar y se arregla. Creo que el hecho de que el neoliberalismo se vea reforzado indica que habrá otro colapso económico dentro de tres o cuatro años. Soy muy pesimista.

-Aunque no le guste el término, pero para entendernos, ésta es una crisis que desborda incluso a quienes debieran considerarla una oportunidad de cambiar las cosas. ¿Echa usted en falta una crítica más radical por parte de la izquierda, por ejemplo?

 Es sorprendente que la izquierda haya sido tan pasiva. En el Reino Unido, por ejemplo, el Partido Laborista ha intentado distanciarse de cualquier reto o desafío radical al capitalismo financiero. Lo mismo ha ocurrido en Alemania, pese a que se trata de los dos partidos más fuertes de la izquierda y los menos corruptos, no como los franceses o los italianos. Lo que pienso que va a ocurrir es que habrá otra crisis y una generación de jóvenes con pocas esperanzas de futuro. Pasará algo decisivo dentro de tres o cuatro años cuando se junten estas dos fuerzas. La segunda vez que ocurra la crisis se verá que existe un mal sistémico y que requiere una intervención radical si no queremos que la gente tenga vidas muy disminuidas durante mucho tiempo. Me entristece que la izquierda no se involucre mucho más con esta crisis, pero creo que lo hará en el futuro. Para ello será necesaria esa confluencia de un nuevo colapso financiero con el malestar de los jóvenes, que con veintimuchos o treinta y pocos años sabrán que no pueden seguir así. Ésa es mi opinión personal.

-¿Cómo encarar un mundo en el que todo se ha hecho más incierto?

 Quizá la de Europa sea una economía mucho más modesta. Habrá como una reconfiguración y la gente empezará a pensar más como lo hacen en Austria o en Suecia, es decir, no ser un centro financiero global, sino algo más local y regional. Pero es muy difícil prever. Sé que se pueden hacer cosas para proporcionarles trabajo a los jóvenes y no estamos haciéndolas. Nos estamos centrando tanto en los problemas financieros que no hay programas públicos cuyo objetivo principal sea la creación de puestos de trabajo. Se ha salvado a los grandes bancos, ése ha sido el objetivo principal hasta la fecha. Pero ése es un fallo ideológico, un fracaso ideológico que ha llevado a considerar como algo secundario la creación de empleo. Mi punto de vista es todo lo contrario: hay que gastar todo el dinero disponible para promover el trabajo, aunque luego haya incumplimiento de deudas nacionales. Por eso soy de los que sostengo que tendrían que haber dejado a Grecia incumplir sus compromisos de pago. Ésa es una opinión muy poco popular.

-¿Qué futuro tiene una sistema que valora tan poco el trabajo bien hecho y la experiencia?

 El buen trabajo tiene futuro. Pero el problema está en crear empleo. Por ejemplo, los holandeses tienen un programa de compartir puestos de trabajo, un empleo para dos o tres personas a tiempo parcial cuyos ingresos se completan con prestaciones del Estado. Poner el trabajo como prioridad es muy caro, pero evita tener toda una generación desesperada. En España, en Grecia o incluso en Italia, el empleo no tiene esa prioridad. Hay algo fundamental en los seres humanos y es que se sienten satisfechos si trabajan y lo hacen bien. La gente quiere empleo, todas las investigaciones que he realizado sugieren eso mismo, no quieren ser vagos, ni estar aburridos o ser mediocres. El trabajo hace que la gente se sienta bien consigo misma.

La Nueva España, 31/10/13

José Carlos Bermejo Barrera: Van los rectores montados en sus caballos

José Carlos Bermejo Barrera: Van los rectores montados en sus caballos

Da la impresión de que España esté ahora viviendo a mediados del siglo XVIII, el Siglo de las Luces, en el que se escenificó un enfrentamiento entre una Ilustración que representaba a la ciencia naciente y daba culto a la razón y un Antiguo Régimen que encarnaba el más puro despotismo, consorte fiel de la ignorancia y la superstición. Y es en este escenario imaginario, como todo aquello que se entiende por política en este país, donde l@s rector@s de nuestras universidades defienden la sagrada y desinteresada causa de la tecnociencia, hermana gemela de la libertad, el bienestar y el progreso, con sus cifras sin sentido. Olvidan así el consejo de John M. Keynes, quien decía en su carta a E. Rorhbath (29-XI-1939): “cuando las estadísticas no tienen sentido, en general me parece más sabio preferir el sentido a las estadísticas”.

Sostener como ell@s que la tecnociencia está directamente unida a la democracia, la libertad y el bien común es una idea carente de sentido. La URSS, entre 1918 y 1989, conoció uno de los procesos de desarrollo industrial, tecnológico y científico más asombrosos de la historia. Sus ingenieros, científicos y su potencia industrial en todos los campos le permitió no solo derrotar a Alemania en la II Guerra Mundial sino también igualar todos los logros tecnológicos de Occidente. Un Occidente en el que la Alemania nazi logró entre 1933 y 1945 innovar en todos los campos de la ciencia y la técnica, perdiendo la guerra sencillamente porque no pudo superar en producción a varias superpotencias industriales. Lo mismo podríamos decir de la industrialización y el desarrollo tecnológico de la China de Mao y la China actual, que en 2020 será la primera potencia económica mundial y en la que la inexistencia de la libertad de expresión, de la libertad política y las garantías legales de lo que no sea la propiedad privada no solo no obstaculizan, sino que favorecen su increíble capacidad técnica. En mucha menor escala podríamos hablar de la industrialización de la Italia fascista o de la incipiente industrialización de la España de Franco.

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y los perros de Pavlov

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y los perros de Pavlov

El fisiólogo ruso Iván P. Pavlov (1849-1936) descubrió los reflejos condicionados. Colocándole una cánula en los conductos de las glándulas salivares a varios perros, consiguió demostrar que la producción de saliva era igual cuando el perro olía y veía la comida real que cuando oía una campana que se asociaba a la hora de la comida. Al final, bastaba la campana para que se produjese la salivación. La teoría de los reflejos condicionados pasó a ser la base de la filosofía soviética del conocimiento, de la psicología y de la psiquiatría. Basándose en ella, los psiquiatras soviéticos (S. Bloch y P. Reddaway, Psychiatric terror, Nueva York, 1977), consiguieron descubrir extraordinarias enfermedades, muy útiles para controlar a la disidencia, como la esquizofrenia latente, que cursaba sin ningún síntoma y tampoco podía ser detectada con pruebas diagnósticas; o el trastorno de ideas reformistas, que consistía en creer irracionalmente que podía haber algo en el sistema soviético que estuviese mal y tuviese que ser corregido. Después de conseguir que salivasen a la vez millones de seres humanos en la URSS, todo su sistema militar, económico, social y político se hundió estrepitosamente víctima de su propia perfección.

Los profesores de la Universidad son como los perros de Pavlov en lo que se refiere a la valoración de sus méritos, que se lleva a cabo mediante tres reflejos condicionados. Todo el mundo sabe que un buen profesor es una persona que, después de muchos años de estudio, controla una materia, es capaz de enseñarla manteniéndose al día y de realizar aportaciones a la investigación, que solo pueden ser valoradas por los expertos. En los reflejos condicionados académicos, los profesores son valorados por tres signos que producen salivación como la campana de Pavlov y que pueden no tener nada que ver con la realidad académica. Son estos tres signos el número de proyectos y la cantidad de dinero gastada en ellos; los sexenios de investigación; y los índices de citas. Si un profesor fuese bueno o magnífico, deberían coincidir sus sexenios, sus citas y el dinero que necesita gastar para investigar. Esto no es así. Profesores que dirigen equipos de investigación muy costosos a veces tienen menos producción científica que otros que gastan mucho menos dinero. Incluso puede darse el caso de que investigaciones no experimentales realizadas sin financiación específica producen resultados mayores y mejores que otras investigaciones costosísimas.

José Carlos Bermejo Barrera: El investigador chupatintas

José Carlos Bermejo Barrera: El investigador chupatintas

Se repite hasta la saciedad que sin investigación no puede haber futuro para la economía de un país, puesto que conocimiento y riqueza son sinónimos, y por ello cualquier recorte en los fondos destinados a este fin es casi una sentencia de muerte. Sería insensato negar que parte de la producción económica se basa en procesos de innovación técnica, pero también lo sería negar que sectores claves de la economía, como la construcción o el turismo, apenas pueden ser mejorados gracias a la investigación, del mismo modo que la agricultura o la ganadería. De nada sirve además tener los mejores ingenieros en un campo, como el naval, si no podemos trabajar en nuestros astilleros por razones sociopolíticas, y ningún descubrimiento farmacológico puede tener un futuro industrial si no es avalado por una gran farmaceútica, que puede favorecer su propia investigación y perjudicar o bloquear la de la competencia. El valor real de un proceso de investigación está determinado por su eficacia técnica y su rentabilidad económica, dos factores que no siempre van unidos, como ocurre en el campo militar industrial, en el que los enormes gastos en armamento técnicamente no se rentabilizan casi nunca. Todos sabemos que es mejor fabricar armas para disuadir al enemigo, como las nucleares, que usarlas para generar muerte y destrucción.

Tienden a identificarse conocimiento e investigación y a defender la investigación, sea cual sea, por su rentabilidad. Es evidente el nexo entre técnica e industria, pero puede haber conocimiento no utilizable industrial ni económicamente, como las humanidades y la mayor parte de las ciencias sociales. Sin embargo el peso de la ideología del mercado es tan grande que para justificar el valor económico de la historia, la filología, la filosofía y otras disciplinas afines se les asigna un papel productivo en relación con el turismo, ya que nada técnicamente eficaz ni vendible puede salir de ellas. Cuenta en uno de sus libros un gran helenista F. Rodríguez Adrados, que una de las cosas más absurdas que oyó en su vida tuvo lugar en Santiago en la inauguración de un congreso de su materia en la que una autoridad quiso señalar la vinculación entre el griego y el fomento del turismo. Semejante absurdo es hoy un tópico, aunque habría que preguntarse cómo es posible. Pensar que Odiseo, el eterno viajero que tarda diez años en volver a su casa recorriendo todo el Mediterráneo, es un precedente de turismo de vacaciones podría considerarse excesivo a todas luces.

Manifiesto de los Rectores CRUMA en defensa de la universidad pública y de rechazo a los recortes en materia de educación

Manifiesto de los Rectores CRUMA en defensa de la universidad pública y de rechazo a los recortes en materia de educación

Los rectores de las seis Universidades Públicas de la Comunidad de Madrid, integrados en la CRUMA (Conferencia de Rectores de las Universidades de Madrid), deseamos manifestar ante la opinión pública:

1. Nuestra rotunda oposición al aumento de las tasas universitarias establecidas por el Consejo de Gobierno de Madrid para los cursos 2012-2013 y 2013-2014, ya que suponen un claro deterioro de la equidad social y un serio atentado contra el principio de igualdad de oportunidades. Asimismo mostramos nuestra disconformidad con las medidas adoptadas por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte sobre las becas universitarias, así como por la situación de desigualdad entre las universidades de las diversas Comunidades Autónomas que ha propiciado el Real Decreto Ley 14/2012 de 20 de abril. Este Real Decreto Ley ha producido un mayor distanciamiento entre las condiciones de financiación de las universidades públicas españolas y el acceso a los estudios universitarios de los españoles residentes en distintas regiones del territorio nacional.

En este sentido queremos informar a la opinión pública de que el pasado 16 de septiembre hemos requerido formalmente al Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid para que proceda a la derogación y anulación de determinados preceptos del Decreto de la Comunidad de Madrid 60/2013, de 18 de julio, relativos a las cuantías de las tasas universitarias establecidas para el curso académico 2013-2014, por entender que son lesivas para las familias con mayores dificultades económicas y para la propia sostenibilidad financiera de las universidades públicas, así como por infracción de las normas en materia de competencias.

2. Reiteramos nuestra solicitud de que el Gobierno de Madrid establezca a la mayor brevedad posible las medidas concretas, y recoja la partida correspondiente en los presupuestos de la Comunidad de 2014, para atender con la suficiencia económica debida la promesa realizada por el Presidente de la Comunidad y la Consejera de Educación, Juventud y Deporte de que ningún estudiante de las universidades públicas madrileñas se vería expulsado del sistema universitario por dificultades económicas. Las Universidades carecemos de recursos propios para afrontar programas de tipo asistencial o de becas que puedan paliar las duras circunstancias económicas por las que atraviesan las familias de muchos de nuestros estudiantes, y entendemos que es responsabilidad de las administraciones públicas afrontar la resolución de este problema.

3. Hemos requerido asimismo al Gobierno de Madrid para que cumpla con las obligaciones que la Ley impone a las Comunidades Autónomas en orden a abonar a las Universidades la diferencia económica que se produce, en las becas concedidas por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, entre el importe financiado por este y el coste real de las tasas de matrícula (establecidas por cada Comunidad Autónoma). La Ley establece que esta diferencia debe ser costeada y abonada por cada Comunidad Autónoma a sus universidades, algo que hasta la fecha no ha hecho la Comunidad de Madrid. El importe total correspondiente al curso 2012-2013 que reclamamos al Gobierno de Madrid es de 21.367.329,68 euros; un importe que hasta el día de hoy no hemos recibido y que se reclamará judicialmente.

4. Deseamos informar también de que las Universidades Públicas de Madrid ya han contribuido solidariamente, y de una manera muy considerable, al ajuste financiero de la Comunidad, pues la financiación pública a las Universidades ha pasado de ser, en el año 2010, de 1.085 millones de euros (programa 518 del presupuesto regional), a apenas algo más de 863 millones en 2013. Es decir, se ha producido una reducción en la financiación de más del 20%, mientras que, en el mismo periodo, el presupuesto de la Comunidad de Madrid ha disminuido en algo más del 12%, esto es, ocho puntos menos. Las Universidades rechazamos que en el curso 2013-2014 se contemple, tal como ha sido anunciado por la Consejera de Educación, Juventud y Deporte, un nuevo recorte en la financiación, inicialmente cifrado en torno a los 55 millones de euros.

5. Expresamos asimismo nuestro más firme rechazo a las políticas de recortes en la inversión pública en investigación e innovación, y apoyamos los manifiestos y declaraciones suscritos por la CRUE y diversos colectivos y asociaciones de científicos. Entendemos que las medidas aplicadas tanto por el Gobierno de España como por los Gobiernos autonómicos están ahogando la investigación en España, y dilapidando recursos humanos y materiales de primer orden mundial, además de condenar al exilio científico a miles de jóvenes investigadores cuyas esperanzas para iniciar o continuar su investigación en España han quedado por completo anuladas. En consecuencia, y en cuanto afecta directamente al Gobierno de Madrid, hacemos un llamamiento para que se convoquen de inmediato los programas de apoyo y desarrollo de proyectos y grupos de investigación y de incorporación de jóvenes investigadores a las universidades madrileñas.

6. Solicitamos al Gobierno de Madrid que, dentro de la responsabilidad que la Ley le asigna como garante del servicio público universitario, adopte un papel verdaderamente proactivo en el reconocimiento y pago de la importante deuda que tiene contraída con sus seis Universidades Públicas. Pedimos que no se limite simplemente a cumplir sentencias judiciales firmes, que gradual, pero muy lentamente, acaban condenando a la Comunidad de Madrid a abonar millones de euros a sus universidades, como consecuencia de los recortes en los planes de inversiones 2007-2011 y en otros conceptos como pagas extraordinarias, complementos específicos, trienios y contratos programa de financiación. La cuantía total que las seis universidades hemos reclamado por vía judicial al Gobierno de Madrid por estos conceptos asciende a 509.554.507,28 euros. Hasta la fecha, solo hay sentencias firmes que afectan a la Universidad Complutense de Madrid, que le han reconocido, hasta ahora, 100.774.496,40 euros.

7. A pesar de la coyuntura económica por la que atraviesan España y la Comunidad de Madrid, entendemos que el Gobierno de Madrid debería diseñar, en estrecha colaboración y negociación con sus universidades públicas, un nuevo modelo de financiación que permita actualizar el que venció en 2011 y que, a su vez, dote de los recursos y de los mecanismos adecuados a las Universidades, con las debidas garantías de rendición de cuentas y transparencia, para afrontar la planificación de los próximos años. No es posible elaborar proyectos serios de futuro, ni garantizar la calidad de las universidades madrileñas, si no se proporcionan los instrumentos necesarios para hacer programaciones a medio y largo plazo, pues las improvisaciones anuales no permiten la sostenibilidad del sistema.

José Carlos Bermejo Barrera: Universidad pública, plantilla privada

José Carlos Bermejo Barrera: Universidad pública, plantilla privada

Frente al recorte del gasto público y la campaña de privatizaciones que se viene desarrollando en unas autonomías más que en otras, llevándose la palma la de Madrid, tiene lugar una campaña ciudadana a favor de los servicios públicos básicos, sobre los que han recaído unos recortes cuyo monto es muy inferior al dinero empleado en el rescate de Bankia. Subiéndose al carro, los rectores pretenden igualar los recortes de pensiones, prestaciones sanitarias y servicios educativos esenciales con los que sufren sus instituciones en las que ellos mismos unas veces están dispuestos a practicar el despido y otras a recortar el sueldo de sus subordinados con criterios mucho más que discutibles. Apelan ellos a la autonomía, un concepto que no saben definir, pero que sería algo así como: “solo yo puedo fijar mis derechos y los deberes de los demás”. Pues de las universidades se supone que solo pueden hablar los universitarios.

Señala Óscar Alzaga en su voto particular a la propuesta de reformas encargada por el ministro Wert, que sus compañeros de comisión, excepto una que también era jurista, eran incapaces de entender la lógica jurídica, y por eso propusieron medidas que violaban la ley orgánica que rije las universidades, creyendo que eso se puede hacer sin problemas. Y es que cada vez hay menos universitarios capaces de comprender la lógica jurídica elemental, como veremos en el caso de las plantillas. Todo el mundo sabe que en una empresa cada persona ejerce una función, lo mismo que en un ejército, o en cualquier otra institución. Y en una institución pública, financiada con los impuestos, está claro que las plantillas de funcionarios o personal laboral han de cumplir una función específica con el máximo rendimiento y el menor coste posible, respetando, eso sí, los derechos de sus trabajadores. Las plazas de funcionarios, por ejemplo, se dotan para cumplir una función, y solo subsidiariamente se pueden cambiar para facilitar la promoción de los mismos entre distintos cuerpos. Parece claro, sin embargo, que lo que en realidad está ocurriendo en la USC es que, sobre todo en los cuerpos de profesores, el principio de la promoción personal intenta apoderarse de toda la racionalidad académica y por eso es fácil adivinar que en la próxima campaña electoral los temas estrella serán: ¿a cuántos titulares se les dota su cátedra?; y ¿a cuántos investigadores se les dota su plaza de profesor? En ambos casos, por supuesto, nadie se pregunta si hacen falta cátedras o más investigadores transmutados en profesores, y por qué la plaza es suya.

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y el gobierno de los elefantes

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y el gobierno de los elefantes

Me comentaba un colega, que además de serlo también fue rector, que gobernar la universidad puede ser desesperante porque, me decía: “es como si fuese un elefante, si te pones detrás para empujarla no consigues nada, y si te pones delante te aplasta”. Y es cierto, el gobierno de la universidad es un auténtico cementerio de los elefantes, pero paradójicamente de elefantes vivitos y coleando; pues en él se amontonan estructuras sin función pero con costes elevados que vienen de antiguo, junto a otras nuevas que compiten por el ejercicio de las mismas funciones, se interfieren mutuamente y consiguen que las partidas dedicadas a la administración crezcan casi sin control, tal y como ha estudiado el economista J. Galindo Lucas (JLCR, II, 2, pp. 20/32). Veámoslo con unos ejemplos.

En la USC existen 333 cargos remunerados ocupados por profesores, así que un 14% de ellos ejercen alguna responsabilidad de gobierno. Como muchos de ellos, además de cobrar por su trabajo, tienen exenciones de horas de docencia, al costo de sus cargos hay que sumarle el de las horas de trabajo de quienes los suplen en sus labores docentes. ¿Está esto justificado, o es que hay muchos cargos-elefantes? Más bien lo segundo. El gobierno de la universidad se basó tradicionalmente en los centros, o facultades, que controlaban un presupuesto docente, de biblioteca, de mantenimiento y administración con sus funcionarios y cargos propios. Cada facultad tiene un decano, varios vicedecanos y un secretario que es un profesor. Y cada decano tiene un secretario personal, estando además asistido por un gerente de centro, un funcionario de asuntos económicos, varios funcionarios para el control de administración docente y un conserje, que es el jefe del personal de servicios. Todo iría a las mil maravillas si la facultad tuviese competencias, pero es que casi no las tiene: los presupuestos de biblioteca son mínimos y además cada biblioteca tiene un director y su propia plantilla. Las funciones docentes básicas corresponden a los departamentos, la planificación docente al vicerrectorado correspondiente, el presupuesto docente ha quedado reducido al ridículo, ya no se pueden dar a los alumnos fotocopias de trabajo a 1 céntimo cada una porque se dice que no hay dinero. Los decanos restringen al máximo los gastos del correo oficial de los profesores, que por otra parte normalmente carecerían de ordenador si no tuviesen algún proyecto de investigación en el que incluir su compra. El dinero de prácticas de campo es cada vez menor y los servicios de la facultad languidecen, por un lado por la obsesión controladora de los vicerrectorados, que han arrebatado a las facultades competencias propias según la ley, como el doctorado y los másteres, basándose en otras leyes que contradicen a las vigentes; y por otra parte a causa de unos departamentos insurgentes y a veces insumisos a la autoridad del decano. Si esto es así, sería lógico reducir cargos académicos en las facultades, hacer que el secretario fuese un funcionario, lo que la ley permite, y dejar los equipos decanales en cuadro haciendo que los funcionarios coordinasen el trabajo que les quedase. Nada hay de ello, ni siquiera la intención de plantearlo, pues imponente es la lógica de los elefantes.

Jaime Gómez Márquez: Máis universidade, mellor sociedade

Jaime Gómez Márquez: Máis universidade, mellor sociedade
O autor é catedrático de Bioquímica e Bioloxía Molecular da Universidade de Santiago

Un dos tesouros que ten Galicia é a USC, unha universidade cunha tradición de máis de cinco séculos que formou a milleiros de licenciados e doutores, liderou a investigación das Letras e as Ciencias e colaborou na difusión da cultura e o coñecemento na nosa Terra. Ao longo dos case 30 anos que levo traballando na USC, puiden comprobar o enorme progreso da institución grazas ao traballo de moita xente e o apoio das administracións públicas. Recoñezo que na miña universidade non sempre se fixeron ben as cousas e houbo erros na implantación do Espazo Europeo de Educación Superior, na planificación das infraestruturas, nas políticas de investigación e profesorado, no deseño e posta en marcha das titulacións de grao e máster, etc. Todo iso sen esquecer o que foi, probablemente, o principal erro na recente historia da USC: a súa división en tres universidades. Estou convencido que tería sido moito mellor para Galicia unha única universidade con sete campus especializados.

Sen dúbida puidemos facelo mellor; sempre se pode facer mellor e tamén peor. Mais a pesar de todas as eivas e erros cometidos, creo, sinceramente, que dende a chegada da democracia ata o presente, na USC soubemos modernizarnos e facer avanzar a nosa sociedade continuando co noso labor docente, investigador e divulgador. A día de hoxe, quero supoñer que ninguén cuestiona o papel da USC no progreso de Galicia e na súa proxección internacional.

Wertgoña

Wertgoña

 

Señor ministro

Que vai ser isto?

Privatíceme as neuronas!

 

Tocounos un ministro de Educación

Neoliberal da escola de Tertuliano

El non se presentou a unha oposición

Pra levar a carteira do tío Mariano

Non é precisa máis formación

Pra rebentar a lei en menos dun ano

 

Segregación, clasismo, competición

Iso non é unha escola, é unha empresa

Menos humanidades, máis relixión

Máis recursos para os que máis ingresan

A educación venlle dando igual

Porque o negocio é o que lle interesa

 

Wert Wert Wert

Que Vergoña

Ti non tes

Quen te queira

Non precisamos a túa lei

Dimite xa, meu rei, e solta a carteira

 

Porque educar non é facer selección

Nin producir escravos do deus mercado

Pezas na engranaxe de produción

Para satisfacción do sector privado

Señor ministro, ben se ve

Cal é o seu concepto do ser humano

  Wertgüenza

 

Señor ministro

¿Qué va a ser esto?

¡Privaticemos as neuronas

 

Nos tocó un ministro de Educación

Neoliberal de la escuela de Tertuliano

Él no se presentó a una oposición

Para llevar la cartera del tío Mariano

No se necesita más formación

Para reventar la ley en menos de un año

 

Segregación, clasismo, competición

Eso no es una escuela, es una empres

Menos humanidades, más religión

Más recursos para los que más ingresan

La educación le da igual

Porque el negocio es lo que le interesa

 

Wert Wert Wert

Que Vergüenza

Tú no tienes

Quien te quiera

No necesitamos tu ley

Dimite ya, mi rey, y suelta la cartera

 

Porque educar no es hacer selección

Ni producir esclavos del dios mercado

Piezas en el engranaje de producción

Para satisfacción del sector privado

Señor ministro, bien se ve

Cual es su concepto del ser humano

José Carlos Bermejo Barrera: Ratoncitos de Bolonia

Rat race José Carlos Bermejo Barrera: Ratoncitos de Bolonia

Si el fin de la educación fuese que, tras largos años de dedicación y duro esfuerzo, los alumnos alcanzasen el nivel de estupidez de la mayor parte de sus profesores, entonces la maquinación de Bolonia lleva camino de convertirse en un rotundo éxito. El término maquinación no es gratuito, pues nunca existió un Tratado de Bolonia que obligase a hacer nada concreto en las formas de enseñar u organizar los estudios, más allá de establecer un mero cómputo de créditos. X.L. Barreiro Barreiro (http://firgoa.usc.es/drupal/node/51088) ha narrado este sinsentido nunca arropado por ningún documento que obligase a convertir la enseñanza universitaria en una mera prolongación de la enseñanza secundaria ni a establecer como objetivo prioritario la domesticación y uniformización de las mentes del alumnado, anulando toda su capacidad de iniciativa.

Sin ningún apoyo legal ni ningún acuerdo institucional global, la pedagogía más roma de orientación conductista ha conseguido apoderarse de toda la Universidad gracias a su apisonadora verbal del juego de las competencias y habilidades. Sostenían los psicólogos conductistas que no existen los estados internos, que para estudiar científicamente a las personas, lo que estas piensen, sus ideas, sus intenciones y sus representaciones mentales no tienen ningún valor, debiendo medir solo la conducta. Los héroes de estos psicólogos fueron sus ratas de laboratorio, avezadas estudiantes que aprendían a conseguir el queso recorriendo un laberinto, recibiendo muchas veces pequeños calambrazos didácticos.

Toda la educación en España, desde el nivel infantil al doctorado, está diseñada a partir del sistema de las competencias y las habilidades. Se trata de conseguir que los sujetos aprendan a hacer algo y a hacerlo de la manera adecuada, ya sea una figura de plastilina, una tesis doctoral, o conseguir un trozo de queso en un laboratorio. Por eso las guías docentes, obras maestras de la palabrería pedagógica, son prácticamente iguales desde la enseñanza secundaria hasta los niveles más elevados de la enseñanza universitaria.

José Carlos Bermejo Barrera: Un nuevo rector para Fonseca

José Carlos Bermejo Barrera: Un nuevo rector para Fonseca

A lo largo del tiempo, los rectores de las universidades accedieron a sus cargos de distintas maneras. En la Edad Media hubo dos modelos: el de Bolonia, en el que el rector era elegido exclusivamente por los estudiantes (pudiendo ser un estudiante); y el de la Sorbona, donde lo elegían los profesores. A ello se añadió el criterio de que el rector siempre fuese nombrado por una autoridad superior. Sea como fuere, en el ejercicio de este cargo debemos distinguir dos cosas: la legitimidad, es decir, la forma legal por la que se accede al cargo, para ejercerlo según la ley; y la autoridad, o el peso moral y social que la persona que ejerce un cargo ha de tener sobre sus subordinados.

Se acerca un nuevo y agitado curso electoral en Fonseca. En los meses declinantes del rectorado de J. Casares, que se presentó bajo el lema de volver a las esencias para continuar esencialmente con la forma de gobierno que ya había, y que consiguió que una gran parte de los miembros de su equipo desapareciesen sucesivamente sin dar explicación pública; se abre un nuevo escenario en el que lo primero que parece evidente es que el rector actual debería aplicarse la eutanasia electoral. Lo haga o no, comenzará el juego: ¿quién debe ser rector? Las opciones están claras: por una parte podríamos hablar de las impulsadas por la inercia del pasado; y por otro lado podría también haber quizás alguna alternativa innovadora que intentase salvar a la USC sin apelar a la demagogia y al oportunismo y enfrentarse a la incoherente reforma de los sistemas de gobierno que se avecina.

Ignacio Zarra, Mercedes Pintos y Eva Castro: Rector reelegido y mártir reincidente o por qué ahora

Ignacio Zarra, Mercedes Pintos y Eva Castro: Rector reelegido y mártir reincidente o por qué ahora
Ignacio Zarra, Catedrático de Fisiología Vegetal, fue Director del Centro de Posgrado de la USC
Mercedes Pintos, Catedrática de Física, fue Vicerrectora Adjunta al Rector para Coordinación Interna de la USC
Eva Castro, Catedrática de Filología Latina, fue Vicerrectora de Estudios de Grado y Posgrado de la USC

Finalizando su mandato se sitúa Juan Casares Long públicamente en una simbólica encrucijada en la que vacila a la hora de asumir de nuevo el reto de presentarse como candidato a rector, en cuanto que, según sus propias palabras, no tiene espíritu de mártir. La USC no necesita mártires a estas alturas, sino gestores inteligentes y proactivos, capaces de conducir a la institución hacia el mejor horizonte posible. Conviene que los futuros candidatos sean conscientes de que van a asumir un reto, no un martirio, que le supondrá al que resulte elegido estar al servicio de los demás para lograr el bien común con trabajo, esfuerzo y honradez, no para disfrutar de una vanagloria, parabienes y honores tan efímeros como irreales.

Una comunidad universitaria vigorosa intelectualmente, comprometida y responsable ante sí misma y ante la sociedad, no puede aceptar que se presente como candidato a rector quien no tenga claro el sentido del cargo. Tal cosa es comprensible en el actual rector que sólo consiguió el respaldo del claustro para aprobar sus primeros presupuestos (2011), frente a sus numerosos y bien sonados fracasos. El máximo responsable de la institución no puede esconderse tras terceros, sean colaboradores o comisiones, para eludir su responsabilidad en el rechazo de los presupuestos de los años 2012 y 2013, la desaprobación de las programaciones plurianuales (2012-2014), la imposibilidad (¿incapacidad?) de sacar adelante unos nuevos estatutos (programa electoral, 2010, p. 41), tumbados en el mes de abril del 2012, o los encontronazos con las organizaciones sindicales y la Xunta.

¿Cómo se ha llegado a esta situación de pérdida de apoyos? Por una muy sencilla razón: por el incumplimiento, desde el primer día de mandato, de los compromisos adquiridos ante la comunidad universitaria. Los lectores se podrán preguntar por qué hablan ahora los miembros de su equipo que compartieron un proyecto y que en su día presentaron su dimisión y se marcharon sin dar una explicación pública; por qué se fueron cuando habían estado dando voz desde el año 2006 a la comunidad que no se sentía representada ya por las plataformas, agrupadas en torno a Senén Barro, y cuando algunos de ellos fueron elegidos, con gran número de apoyos, como representantes de sus colegas en el Claustro y en el Consejo de Gobierno durante cuatro años. La respuesta es esta pregunta: ¿qué credibilidad podrían tener personas avezadas en tareas docentes, investigadoras y administrativas, que se consideran serios y rigurosos en su trabajo, que se dan cuenta de repente que la persona con la que habían estado trabajando codo con codo, como iguales, durante años se ha transformado? ¿No fuimos capaces de intuir el cambio o no lo quisimos ver? Era necesaria una particular travesía del desierto y el cultivo ‘del silencio creador como preparación para la palabra’, porque uno mismo no podía dar crédito a su propia torpeza. La conclusión es que, si durante esos años alguien nos hubiera dicho cómo iba a ser ese colega con el que compartimos tantas horas de trabajo, no se le hubiera creído, porque la experiencia personal que teníamos era muy distinta. Después de tanto tiempo, reflexionando y repasando frases y situaciones, uno ahora se da cuenta que lo que achacábamos al nerviosismo del inicio de campaña del 2010 en realidad estaba siendo un indicio de otra cosa muy distinta; pero no lo supimos ver.

Antes se ha apuntado que la situación en la que se halla la USC se debe al incumplimiento de los compromisos adquiridos. La lista de inobservancias de los ejes propuestos en el programa electoral del 2010 es larga, pero esa es otra historia que habrá de ser contada en otra ocasión, aunque baste ahora con recordar la renuncia a la consecución tanto de una gestión ágil y eficaz, como del equilibrio entre áreas de conocimiento, como se ve en la última convocatoria de plazas del programa ‘Ramón y Cajal’, contraria a lo que se había defendido durante años y afirmado en el programa del 2010 (pág. 14). No es cuestión menor que el proyecto del 2010 se apoyara, según ese mismo programa, en un equipo (págs. 5, 42-44); pero al menos siete miembros (entre adjuntías, direcciones y vicerrectorados) se han desligado de un proyecto, en el que se demostró que la imagen de grupo era sólo una estrategia para dar seriedad al proyecto y arañar más votos que las demás candidaturas. El silencio fue debido a un profundo sentido institucional, pero ese mismo sentido impulsó en otras ocasiones a una dura carta abierta, en la que se subrayaba que la acción de gobierno estaba respondiendo no a los intereses generales, sino a ‘decisiones unilaterales, interesadas o intervencionistas’ (Fernández Morante, noviembre 2012).

No fue el cansancio ni en la defensa de la palabra comprometida ante la comunidad universitaria, ni en la constante reclamación de que se cumpliera lo acordado, lo que nos movió a presentar la renuncia, sino el límite donde cada uno puso su dignidad personal ante una forma de gobernar errática en la que sólo imperaba la razón del ‘ordeno y mando’, tan voluble como el viento o variable como las fases de la luna. En unos casos fue el insulto en privado, en otros la desautorización en público, en otros ir deshaciendo con nocturnidad y alevosía lo que se había hecho de día con acuerdos legítimos en comisiones, en otros tardar más de nueve meses en dar una autorización para así hacer recaer sobre el responsable del ‘negociado’ la imagen de dejadez o incapacidad, o enviar a un miembro del equipo con una propuesta a una reunión para después hacer todo lo contrario, dejándole a los pies de los caballos de la desacreditación. Los que conocían los antecedentes de esa forma de actuar, estaban convencidos de que los que llevábamos tanto tiempo colaborando juntos la habíamos frenado. Craso error, porque ese modo de actuar no la habíamos visto jamás!

Ante este panorama sólo quisiéramos hacerle al posible candidato a rector-mártir tres cuestiones: para intentar volver a ser elegido, ¿va a renunciar a su supuesta independencia y aglutinará a miembros de antiguas plataformas?; su futuro programa electoral ¿cuánto tiempo tardará en incumplirlo?; sobre su posible equipo ¿cuánto tiempo tardará en dinamitarlo? Sin duda alguna ese futurible candidato está en todo su derecho a presentarse, pero carece de credibilidad.

José Carlos Bermejo Barrera: Apadrine a un rector

José Carlos Bermejo Barrera: Apadrine a un rector

Entienden los rectores españoles que la autonomía universitaria consiste en pedir el dinero que se estime necesario para gastarlo según su buen criterio y recto proceder, justificando los gastos con unas razones que solo ellos pueden dar, pues por un lado son científicos y por otro han sido elegidos por sus subordinados, lo que les dota de una infabilidad solo comparable a la del Romano Pontífice en materias de fe, que no de dinero. Defienden los rectores lo que consideran oportuno, pero lo hacen de un modo diferente según la ocasión y el lugar en el que se reúnen, aunque eso sí, intentando siempre sacar algún partido. Da la impresión de que si los rectores decidiesen hacer un plenario en el Infierno, creerían también poder sacar algún beneficio, pues se aliarían con Satanás para derrotar a Belcebú e intentar así volver del infierno sin los bolsillos vacíos. Son capaces los rectores, que afirman defender la universidad pública, de dar un plante al ministro Wert, al estilo de los de las viejas tunas universitarias, a la vez que alaban el poder de la banca, cuyos intereses por cierto conoce y defiende mejor el ministro Wert y su gobierno que los propios rectores, que al fin y al cabo no son más que unos funcionarios públicos con su nómina.

Poseen los rectores peculiares ideas económicas, cuando hablan del PIB, de la industria y la sociedad, y no se cansan de repetir que sus universidades son básicamente centros de investigación, y casi nada de enseñanza, razón por la cual, a la hora de entonar su elegía sobre la decadencia de la universidad, acaban siempre por insistir en que lo esencial es el dinero para los proyectos de investigación y para incrementar sin cesar sus plantillas; eso sí, cada uno en su propia universidad, que se siente tan responsable de garantizar el futuro de todos sus investigadores como impávida se queda ante el futuro de sus estudiantes en un país con un millón de licenciados apuntados en las listas del paro. El último descubrimiento colectivo del brain storming colegiado de nuestros gobernantes ha sido la campaña “Apadrina a un estudiante”, equiparando estudiantes españoles con los desgraciados niños de muchos países o con algunas especies animales en peligro de extinción. Una campaña oportunista, aprovechando el debate sobre las becas que está teniendo lugar, y carente de sentido.

Habría que decirles a los rectores que ellos sí pueden apadrinar estudiantes. Las universidades pueden conceder exenciones de matrícula, como las que tenían, y en algunos casos aun tienen, los hijos de los funcionarios, en compensación a los sueldos no muy elevados de sus padres. Si las universidades tuviesen sistemas de residencias y comedores equiparables a los de aquellas que los rectores admiran, uniendo la exención de matricula con la residencia, una ayuda para comprar libros - si es que los profesores creen que aun se pueden usar los libros- y algún ingreso para realizar algún tipo de actividad remunerada en el propio ámbito universitario, entonces cada rector podría complementar las necesidades no cubiertas por las becas estatales.

Lo que ocurre es que no les interesa ni a ellos, ni al PSOE, al PP ni a ningún partido mayoritario. El grupo parlamentario socialista en el Congreso presentó en el 2010 un libro titulado Propuestas para la reforma de la universidad española, en el que colaboraron rectores y exrectores que proponía: la liberalización de las tasas hasta llegar a los 5.000 euros, la supresión de las becas y su cambio por créditos bancarios, la desfuncionarización de los profesores, la jerarquización de las universidades, concentrando la investigación en menos de una docena de ellas, y el nombramiento de los rectores y no su elección. Esta concepción socialista de la universidad amparada por el PSOE sería la misma del ministro Wert si la pudiese aplicar. Los rectores apoyan entusiasmados la llamada gobernanza que hará que ellos mismos no puedan ser elegidos, la desfuncionarización de su profesores y de sí mismos, facilitando así su propio despido, así como el harakiri científico de las universidades de los demás.

Los rectores no defienden la universidad pública porque consideran sus instituciones no como centros de enseñanza, sino ante todo de investigación; consienten el desmantelamiento de los servicios comunes: residencias, edificios docentes, bibliotecas; favorecen la desintegración institucional al dejar a sus facultades casi carentes de atribuciones, al igual que a los departamentos, haciendo que todo tienda a girar en torno a grupos de investigación desiguales, que intentan acaparar el dinero público aplicando así lo que en las universidades de EE.UU. se llama el efecto San Mateo: “en verdad en verdad os digo que a los que tienen se les dará y a los que no tienen incluso eso se les quitará.” Unos grupos minoritarios para los que se hacen edificios, se piden créditos, y que pueden acaban en la ruina cuando disminuya el dinero público que básicamente los financia. Razón por la cual los rectores están presos del pánico, al ver como se hunden su economía y universidad imaginarias, orientadas a un futuro indefinido en el que serían viables empresas de peluquería para ranas. Un futuro en el que las ranas peludas marcharían a la par que todos los titulados universitarios con pleno empleo gracias a la industria del I+D+i.

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