Pierre Bourdieu: Neoliberalismo: la lucha de todos contra todos
Lunes 13 de abril 1998. El nuevo orden económico trae aparejada una lógica social egoísta y altamente competitiva · Para el autor, esto implica la transformación y destrucción de toda estructura colectiva capaz de obstaculizar el despliegue del mercado, como el Estado, las asociaciones intermedias e incluso la familia
Cabe preguntarse si el mundo económico es en verdad, como pretende el discurso dominante, un orden puro y perfecto que despliega implacablemente la lógica de sus consecuencias previsibles, dispuesto a reprimir todos los incumplimientos mediante las sanciones que inflige, ya sea de manera automática o, más excepcionalmente, por intermedio de su brazo armado, el FMI o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y sus políticas: baja del costo de mano de obra, reducción de los gastos públicos y flexibilización laboral. ¿Y si, en realidad, sólo fuera la implementación de una utopía, el neoliberalismo, convertido así en programa político, una utopía que se imagina como la descripción científica de lo real? Esta teoría tutelar es pura ficción matemática basada en una abstracción formidable, que consiste en poner entre paréntesis las condiciones y las estructuras económicas y sociales que son la condición de su ejercicio. Basta con pensar en el sistema de enseñanza, que nunca se tuvo en cuenta como tal en un momento en que desempeña un rol determinante tanto en la producción de bienes y servicios como en la producción de los productores. De esta suerte de falla original, inscripta en el mito de la teoría pura, derivan todas las faltas y todas los incumplimientos de la disciplina económica y la obstinación fatal con la cual se aferra a la oposición arbitraria que hace existir entre la lógica meramente económica, basada en la competencia, y la lógica social, sometida a la regla de la igualdad. Un discurso diferente. Dicho esto, esta teoría originariamente desocializada y deshistorizada cuenta hoy más que nunca con los medios para volverse verdadera, empíricamete verificable.
En efecto, el discurso neoliberal no es un discurso como los otros. A la manera del discurso psiquiátrico del asilo, según Erving Goffman, es un discurso fuerte, tan fuerte y tan difícil de combatir precisamente porque tiene a su disposición todas las fuerzas de un mundo de relaciones de fuerza a cuyas características contribuye, sobre todo orientando las opciones económicas de quienes dominan las relaciones económicas y agregando a estas relaciones de fuerza la propia. En nombre de este programa científico de conocimiento convertido en programa político de acción, se lleva a cabo un inmenso trabajo político que apunta a crear las condiciones de realización y de funcionamiento de la teoría; un programa de destrucción metódica de los colectivos. El movimiento, posible gracias a la política de desregulación financiera, hacia la utopía neoliberal de un mercado puro y perfecto se logra a través de la acción transformadora y destructiva de todas las estructuras colectivas capaces de obstaculizar la lógica del mercado puro: la nación, cuyo margen de maniobras es cada vez más limitado; grupos de trabajo, por ejemplo con la individualización de los salarios y de las carreras en función de las competencias individuales y la consiguiente atomización de los trabajadores; los colectivos de defensa de los derechos de los trabajadores -sindicatos, asociaciones, cooperativas-; la familia misma que, a través de la constitución de mercados por clases de edad, pierde una parte de su control sobre el consumo.
El programa neoliberal, que extrae su fuerza social de la fuerza político- económica de aquellos cuyos intereses expresa -accionistas, operadores financieros, industriales, políticos conservadores y socialdemócratas convertidos a las dimisiones reconfortantes del laissez-faire, altos funcionarios de las finanzas-, tiende globalmente a favorecer la ruptura entre la economía y las realidades sociales. Y a construir así, en la realidad, un sistema económico conforme a la descripción teórica. Es decir, una suerte de máquina lógica que se presenta como una cadena de limitaciones que generan los agentes económicos.La mundialización de los mercados financieros, junto con el progreso de las técnicas de información, asegura una movilidad sin precedentes de los capitales y ofrece a los inversores sociales una rentabilidad a corto plazo de sus inversiones, la posibilidad de comparar de manera permanente la rentabilidad de las más grandes empresas y de sancionar los fracasos relativos. Las mismas empresas, bajo amenaza permanente, deben ajustarse rápidamente a las exigencias de los mercados, con el riesgo de perder, como se dice, la confianza de los mercados y el respaldo de los accionistas que, preocupados por obtener una rentabilidad a corto plazo, cada vez son más capaces de imponer su voluntad a los gerentes, de exigirles normas y de orientar sus políticas en materia de contratación, empleo y salario.Así se instaura el reinado absoluto de la flexibilidad, con los contratos temporarios o las pasantías y la instauración, en el seno de la empresa, de la competencia entre filiales autónomas, entre equipos y entre individuos a través de la individualización de la relación salarial.