Guillermo Knochenhauer: Las universidades públicas en peligro

Guillermo Knochenhauer: Las universidades públicas en peligro

Parto de la reflexión con la que Armando M. Mier cierra su excelente artículo publicado en estas páginas de La Jornada Morelos el lunes pasado: “¿Hoy día, a quién le conviene tener a una universidad pública cerrada?” como lo está la UAEM y al parecer, seguirá así durante varios meses más. Mier no argumenta en contra del derecho de huelga, sino que invita a reflexionar, con buen conocimiento de causa, sobre el peligro que los organismos internacionales y el conservadorismo panista representan para las universidades laicas y gratuitas, como es la UAEM.

Por dos frentes son acosadas las universidades públicas del país. Por el de las “recomendaciones” del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que han conseguido que la educación privada, de mercado, se convierta en el paradigma a seguir en toda América Latina, y desde el Estado mexicano actual que, sin privatizar la educación, está permitiendo que se privatice.

El supuesto ideológico es que las escuelas privadas se ajustan mejor a la demanda del mercado de trabajo. Implícitamente quiere decir que las universidades públicas están produciendo profesionales para el desempleo, como si fuera su responsabilidad la bajísima oferta de puestos de trabajo que ofrece la economía, aún para los más preparados que forman los ejércitos de la llamada “fuga de cerebros”.

El cambio en México hacia la privatización de la educación ha sido particularmente notable en el nivel superior, en el que la matrícula de las instituciones privadas pasó, en los últimos 20 años, de poco más del 10 por ciento de la total a poco más del 30 por ciento.

Los gobiernos de la región, con las mismas palabras que el nuestro, dicen reconocer que la educación superior y la inversión en ciencia y tecnología son fundamentales para aspirar a obtener mejores niveles de desarrollo, lo cual es demagogia pura ante las políticas predominantes que limitan el financiamiento de las universidades públicas.

No son pocas de ellas las que, como la UAEM, han sufrido embargos de sus bienes por falta de recursos para pagarle al Infonavit o al ISSSTE. Las de Querétaro y Zacatecas se han visto en los mismos aprietos y ésta última recién entregó algunos de sus edificios en pago.

Al tiempo que se reduce el apoyo financiero que está obligado el Estado a darle a las universidades públicas, durante este sexenio panista, el gasto público ha privilegiado el crecimiento del subsistema de Universidades Tecnológicas. Se han abierto más de una decena de ellas en tres años. El supuesto explícito de quienes dirigen ese subsistema, es que “el mercado de trabajo, donde se desempeñan los egresados, demanda en muchos de los casos, requerimientos que las instituciones de educación superior no satisfacen. En las universidades tecnológicas, esta brecha se ha minimizado al tener como eje de sus procesos de formación, la vinculación con el sector productivo”.

Esa es la única justificación que los organismos internacionales y el conservadurismo panista reconocen de la inversión en educación: que le sirva al sector productivo produciendo profesionales y técnicos que acepten el estado de cosas y que tengan las habilidades que las empresas necesitan de ellos. ¿Y los otros saberes universitarios, el que enseña a convivir y el que establece los vínculos del profesional con la historia y anhelos de la sociedad?

¿Y que hay del papel de la educación pública como un factor de movilidad social importante? Ahora opera en sentido opuesto. Para empezar, la educación sólo puede ser factor de superación mientras se generen empleos. Pero además, si el paradigma son las universidades de paga y se castiga el presupuesto de las públicas, se está vinculando calidad de la educación a condiciones económicas familiares. De esa manera, la desigualdad educativa, que lo es desde el principio por las desigualdades familiares, el sistema educativo las amplía y se cierra el círculo: la desigualdad económica produce desigualdad educativa y esta última refuerza la primera.

¿Que porvenir les espera a las universidades públicas? Creo que algunas lograrán hacer los cambios necesarios para actualizarse sin perder su vocación como centros de formación integral, de investigación y difusión de la cultura. Otras tratarán de adaptarse meramente al supuesto perfil de profesiones que demanda el mercado laboral a riesgo de parecerse a escuelas de capacitación y muchas no lograrán ni una cosa ni la otra y morirán de inanición.

La Jornada de Morelos, 29/10/04