Wietse de Vries: Para salvarnos de nosotros mismos

Wietse de Vries: Para salvarnos de nosotros mismos
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Para salvarnos de nosotros mismos

Hay un nuevo programa para corregir textos que se llama Bullfighter, diseñado para quitar de los escritos empresariales todos los términos rimbombantes, vacíos o inexistentes. La empresa (http://www.fightthebull.com/) que lo diseñó señala que al analizar los reportes de ENRON, entre peor andaba, más palabras encubridoras usaba. Lo bonito del programa, es que uno lo puede personalizar, introduciendo las palabras reprobables. Quiero hacer aquí la propuesta de trabajar en equipo dentro del RISEU en la adaptación del bullfighter, para salvar a las universidades.

¿Por qué las universidades necesitan salvarse? George Orwell, en su ensayo sobre política y la lengua inglesa, ya señaló que el uso flojo del idioma evita el pensamiento claro, o de plano todo el pensamiento. Los políticos han tenido fama hace décadas de emplear este elemento en sus discursos, mostrando su habilidad de poder hablar por horas sin decir nada. Igualmente, los empresarios, o sus contadores y abogados, han usado el método ante todo en tiempos de crisis o incrementos de impuestos. Pero últimamente las universidades y sus académicos han sucumbido al mismo mal: producimos una cantidad enorme de escritos sin contenido.

Las razones parecen provenir de dos ángulos: por un lado, parte de los académicos ha entrado al campo del posmodernismo, produciendo una rica cantidad de incomprensibilidad. Existe ya un programa, llamado Postmodern Generator, que hace al azar bonitos artículos ilegibles, pero llenos de palabras altisonantes provenientes de autores como Lyotard, Derrida, Foucault y semejantes (http://www.elsewhere.org/cgi-bin/postmodern/) . Uno podría pensar que este fenómeno estaría en vías de extinción después de que el físico norteamericano Alan Sokal generó un texto de absoluto sin sentido, con el título fantástico de ‘Transgressing the Boundaries: Towards a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity’, que sin problemas fue publicado por la revista Social Text en 1996. Pero no, la revista –de circulación internacional y con arbitraje de pares- en primera instancia siguió insistiendo que el texto era profundo, aunque el mismo autor había revelado que juntó al azar palabras, y desde 1996 a la fecha ha continuado la producción de estos escritos. Como autocrítica, entre investigadores, podemos revisar nuestros textos con el Bullfighter.

Pero hay una segunda fuente de frases inextricables: las políticas públicas que surgieron desde los ochenta para mejorar la universidad. Si estas políticas lograron algo, fue que cambiaron radicalmente el discurso de los funcionarios y de los académicos. A ellas debemos joyas Orwellianas que abundan en los informes de rectores y los PIFI (perdón a los lectores no mexicanos, estos son Programas Integrales de Fortalecimiento Institucional, es decir, propuestas ante la Secretaría de Educación para mejorar la universidad). A raíz de este nuevo discurso, los docentes ya no enseñan, sino se dedican a “la impartición de sistemas modulares centrados en el cliente”, nuestros egresados ya no buscan trabajo, sino “buscan insertarse exitosamente en el mercado laboral”, mientras que la dirección universitaria ya no intenta mantener al flote la universidad, sino se empeña en “reorganizarla por DES con CA transversales para atender los PE ofertados, acreditables acorde a los CIEES”. Si los colegas fuera de México encuentran esta última oración impenetrable, no piensen que estén solos. Nosotros tampoco logramos entenderla.

En efecto, la importación de términos empresariales para reformar a las universidades ha llevado a que el lenguaje utilizado por las universidades cada vez más se asemeje al caló que usa la Secretaría de Hacienda. Es más, si nos guiamos por los informes, ya nadie enseña y aprende, o peor: ya nadie parece pensar. Todos los textos parecen ser engendrados por una máquina, al estilo del Postmodern Generator. Sospecho que en algunas instituciones ya está activo un generador de discursos de modernización.

Para aquellos que todavía no cuentan con esta tecnología, y están urgidos de terminar el pin... PIFI, les doy la receta para crear rápidamente un impresionante plan de trabajo, un informe de rector o una propuesta de financiamiento. El primer paso consiste en meter en su computadora sustantivos como: políticas, programa, calidad, pertinencia, función, compromiso, panorama, cumplimiento, entorno, usuario, cliente, proceso, beneficio, resultado, oportunidad, misión. Para aumentar el impacto, recomiendo agregar a los sustantivos palabras extranjeras, como stakeholder, accountability, benchmark, y abreviaciones: FODA, TQM, ISO9000, DES, PIDE y perfil PROMEP.

El paso siguiente son los verbos: implementar, facilitar, aumentar, ampliar, mejorar, promover, coordinar, desarrollar, eficientar, ofertar, reorganizar, generar, reformar, incidir o coadyuvar.

Faltan los adjetivos: crucial, estratégico, decisivo, fundamental, organizacional, amplio, permanente, emergente, innovador, clave, proactivo, colateral, transversal, internacional, disciplinario. Con confianza puede incluir prefijos como multi-, inter-, trans-, pre- y post-.

Ahora, acuérdese que el sujeto siempre está en plural (nosotros, nuestra institución) y ya estamos listos para generar frases bellas como: “nuestra institución, basada en su FODA, tiene un crucial compromiso para eficientar los procesos estratégicos transversales, para así coadyuvar proactivamente al logro amplio y organizacional de los aspectos claves de su misión, garantizando de este modo un impacto decisivo y permanente en sus clientes y los usuarios en el entorno directo”.

George Orwell describió este proceso de la siguiente manera: “Las palabras caen sobre los hechos como una suave nieve, borrando los contornos y cubriendo todos los detalles.” Y efectivamente, estos documentos evidentemente carecen de contenido, resultado de un proceso donde las palabras de moda tuvieron preferencia sobre las ideas o las acciones. Creo que ya es hora de incluir las palabras arriba mencionadas en el Bullfighter, para ver qué queda de sentido después de una revisión crítica. Me temo que....

RISEU, Junio de 2003