Ramón Baltar: Caigan planes y vengan créditos

Ramón Baltar: Caigan planes y vengan créditos

DE NADA depende más nuestro desarrollo y bienestar futuro que del conocimiento. Estos días empiezan a salir a la calle avances de la prometida reforma de los estudios universitarios. No parecen bien encaminados.

Siempre a remolque de otros, ahora se trata mayormente de adecuar las titulaciones a las directrices del espacio europeo, fundadas éstas en bases muy discutibles: orientar los títulos superiores a satisfacer las demandas del mercado laboral y la actividad económica, los dioses de la modernidad en cuyo altar se inmolan todas las aspiraciones espirituales del hombre. Como si el saber y la cultura sólo tuvieran sentido si engrosan la chequera. 

Sin duda urge corregir la muy costosa e inútil proliferación actual de títulos, parida al alimón por los mandarinatos profesorales, la necedad localista y la negligencia de la Administración. Pero antes cumple que el país decida entre dos opciones: mantener una universidad que habilita especialistas en las artes de la repetición, o bien intentar que se convierta de verdad en un centro donde se piense y se enseñe a pensar sobre todos los problemas que la curiosidad y las necesidades humanas plantean. La primera es más barata, pero a la corta saldrá muy cara.

En relación con esto, cabe tildar de monserga sindicalista la excusa de que la Universidad española ya no sirve a la sociedad. Analizada en conjunto, presenta una producción de cantidad y calidad más que aceptable si se la compara con los recursos a ella transferidos. Y muy superior a la alcanzada en los supuestos años de esplendor.

Si los expertos tuvieran dos dedos de decencia y medio gramo de vergüenza intelectual, propondrían a los ministros una licenciatura de Ciencias Religiosas. Sin esos estudios, la universidad civil no tendrá nunca altura europea.

La Voz de Galicia, 13/04/05