CADTM: Pascal Lamy en la OMC: otra vuelta de tuerca del neoliberalismo

CADTM: Pascal Lamy en la OMC: otra vuelta de tuerca del neoliberalismo

El CADTM denuncia la elección de Pascal Lamy como director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y convoca a una movilización masiva con ocasión de la cumbre del G8, que se realizará a principios de julio en Edimburgo (Escocia), y durante las reuniónes del Consejo general de la OMC, el 26 de julio y el 19 de octubre en Ginebra (Suiza).

Con este nombramiento, las poblaciones que padecen la lógica neoliberal desde hace más de 25 años no tienen ninguna posibilidad de observar ni una mínima inflexión en las políticas impuestas a la fuerza por las instituciones multilaterales, todo lo contrario. La victoria de Pascal Lamy sobre los tres candidatos presentados por el Sur a la dirección general de la OMC implicará, inevitablemente, una nueva vuelta de tuerca en el sentido más favorable a las finanzas mundiales y a las corporaciones transnacionales. Liberal socialista sin complejos, Lamy logró ser a la vez miembro del Comité Central del Partido Socialista francés y un ferviente adepto de la religión del mercado. Ex brazo derecho de Jacques Delors en la Comisión europea, a la que contribuyó a hacerla un poderoso motor neoliberal, fue uno de los altos responsables del Crédit Lyonnais que condujo a su privatización, y se hizo conocer, entre 1999 y 2004, como un comisario europeo de comercio particularmente arrogante y despreciativo ante los intereses de las poblaciones más frágiles.

Su elección, que debe ser ratificada el 26 de mayo, marca una etapa suplementaria en el refuerzo de la dominación de Estados Unidos y de la Unión Europea sobre las instituciones internacionales. Se suma a una larga lista, bastante significativa: designación de Rodrigo Rato (ex ministro de Economía del gobierno español de José María Aznar) en la dirección del FMI en abril de 2004; elección de Ann Venneman (ex ministra de Agricultura del gobierno Bush) como directora de la UNICEF en enero de 2005 y de Paul Wolfowitz (ex número dos del Pentágono) como director del Banco Mundial en marzo de 2005.

Los pocos miembros de los países del Sur que llegan a estos cargos están, también ellos, totalmente formados en el molde neoliberal, como el tailandés Supachai Panitchakdi que pasó de la OMC a la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (CNUCED), o el turco Kemal Dervis, vicepresidente del Banco Mundial y ex ministro de Economía ultraliberal, que acaba de ser puesto al frente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Con esta fina malla tejida con los puestos clave en el nivel internacional, la red planetaria en la cual los bienes comunes, los servicios públicos y los pueblos están atrapados, se cerrará aún más. En efecto, Pascal Lamy anunció que su primera prioridad será la rápida conclusión de las negociaciones de la ronda de Doha comenzadas en noviembre de 2003, contra las cuales se movilizaron centenares de movimientos sociales a través del mundo. Mientras que la producción de medicamentos genéricos está severamente restringida, el acuerdo para su importación, conseguido con mucho esfuerzo por los países pobres en agosto de 2003, no nos debe hacer olvidar que, a raíz de las presiones ejercidas por los grandes laboratorios farmacéuticos, esta importación solamente está autorizada si va acompañada de un procedimiento largo y muy restrictivo, que hace a estos medicamentos prácticamente inaccesibles para los países del Tercer Mundo.

Para empeorar la situación, cediendo a las presiones de la OMC, en marzo de 2005 la India, que es el principal fabricante de medicamentos genéricos anti-sida, adoptó una reforma de las patentes, muy restrictiva, que prohíbe la copia de moléculas patentadas y que aumentará el precio de los medicamentos anti-sida disponibles en el Sur, con lo cual millones de personas que padecen el sida no podrán acceder a ellos.

En estas condiciones, el CADTM propone el abandono de la agenda de Doha, la supresión de los derechos de propiedad intelectual relativos al comercio, la anulación del Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS) y, en forma general, el abandono de las políticas de ajuste estructural, impuestas a través del mecanismo de la deuda por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la OMC, en beneficio de unos pocos. Ha llegado el momento de poner fin a esta funesta lógica, que ha dado abundantes pruebas de su fracaso en términos de desarrollo humano.

Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo, 19/05/05