Víctor Luis Álvarez: La tormenta ya está encima
Víctor Luis Álvarez: La tormenta ya está encima
Víctor Luis Álvarez, miembro de Aeren (Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos)
Si existe algo que caracteriza a nuestros políticos es la costumbre de decir nimiedades cuando tienen que tratar el futuro de las cuestiones económicas y energéticas. Conocedores los de la llamada izquierda de que están atados de pies y manos al pensamiento único neoliberal, intentan disimular esa situación con discursos ampulosos y vanos; los otros, la derecha, no necesitan disimular nada, pero tampoco tienen nada que decir. Pero tanto los unos como los otros eluden afrontar las difíciles realidades agitando las hojas de lo nimio para ocultarnos así el bosque del próximo desastre.
Puede que sea por un desconocimiento real del problema, que revelaría entonces su enorme ineptitud, o porque maliciosamente eluden el tema por el coste electoral que su tratamiento conllevaría, ya que nuestra sociedad, adormecida por los medios audiovisuales, no aceptará ser despertada de su sueño consumista, y quien ose decir la verdad sufrirá la muerte reservada al mensajero de las malas noticias.
Pero la realidad es tozuda y ya está aquí: hasta gentes tan poco sospechosas de ser antisistema como, entre otros, el economista analista-jefe de la consultora estadounidense Morgan Stanley han tenido la osadía de hablar bien claro.
El sistema actual es insostenible a nivel mundial; en su inminente derrumbe concurren varias causas interrelacionadas entre sí, de las que vamos a intentar una somera exposición.
El actual sistema económico mundial colapsará si no existe un crecimiento continuo del PIB, éste es un requisito indispensable para que no estalle la llamada burbuja financiera, y así es como ha venido ocurriendo hasta ahora. Pero crecer implica incrementar el uso de los recursos, y éstos como son finitos no permiten el deseado crecimiento perpetuo que significaría aceptar los postulados de aquellos economistas que en Aeren denominamos de «la tierra plana», ya que piensan como si la tierra fuese «plana e infinita», y nosotros aseveramos que es redonda y por lo tanto finita en sus recursos.
La civilización industrial está derrochando en escasos 150 años los recursos energéticos de origen geológico que la tierra acumuló en millones de años, la humanidad se enfrenta por ello a una escasez definitiva de energía. Sin que nos podamos escudar en la hipótesis de que «ya inventarán algo» o en que «tienen inventos guardados que sacarán cuando les interese», eso son mitos y leyendas para el uso de mentes evasivas, la comunidad científico-técnica internacional nunca estuvo tan intercomunicada como hoy en día y conoce perfectamente todas las alternativas energéticas posibles y ninguna es válida de momento para superar esta inminente escasez; la opción que podría ser más prometedora, que es el ITER, está en el aire, y si fuese posible, tardaría entre cincuenta y sesenta y cinco años como mínimo.
Un recurso fundamental como el petróleo ya está llegando a su cenit de producción (o quizá ya llegó); no afirmamos que el petróleo desaparecerá de golpe de la noche a la mañana, lo que decimos es que cuando el crecimiento demande más petróleo que el que la técnica geológica pueda suministrar se producirá un desfase entre la oferta y la demanda que la famosa «mano invisible del mercado» no podrá solventar, y se acabará en ese cercano momento el petróleo barato y abundante. Estos datos sobre el agotamiento del petróleo están, entre otros sitios, en los boletines de una asociación internacional de prestigiosos geólogos denominada ASPO, que tiene su sede en Dinamarca, y si algún lector se interesa por informarse a fondo los puede encontrar traducidos junto a otros artículos relacionados con el tema en: www.crisisenergetica.org.
No se podrá crecer más a partir de ese instante y por ello la burbuja financiera basada en el crecimiento perpetuo estallará creando una gran depresión mundial.
Si a esto unimos los fenómenos de la globalización y deslocalización que están agrandando el problema del consumo energético creando graves desequilibrios comerciales como el insostenible déficit comercial de EE UU, la situación no puede ser más explosiva.
El caso de EE UU es paradigmático. Dicho país consume más que lo que produce, en él la deuda familiar esta desbordada (hipotecas a 70 años e incluso se habla de alguna a ¡120 años!), están deslocalizando empresas, cambiando empleo industrial por empleo basura en el sector terciario y soportan un déficit público descomunal. Éste es un modelo bastante similar al nuestro, basado también en la deuda familiar y la construcción, pero ¿hasta cuándo podremos seguir con este planteamiento? Este modelo no puede seguir así indefinidamente y se puede sospechar que reventará más pronto que tarde.
Sin que crezca el suministro de energía no es posible el crecimiento económico, y el consumo de energía no puede crecer, sino más bien todo lo contrario, la producción de petróleo va a declinar en los próximos años sin que existan alternativas energéticas al mismo, ya que el tan mencionado hidrógeno es simplemente un vector energético, no un combustible, por ello su obtención siempre precisará otra fuente primaria de energía.
Sin crecimiento económico hasta los economistas neoliberales reconocen que el sistema financiero colapsará; el llamado desarrollo sostenible es una falacia, no puede existir desarrollo sin incrementar el consumo energético.
Por ello, el fin del petróleo barato nos llevará forzosamente a una civilización de baja energía, pero el camino puede ser desgraciadamente demasiado traumático.
La Nueva España, 24/05/05
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