Profesores e investigadores universitarios reclaman debatir la convergencia con Europa

Profesores e investigadores universitarios reclaman debatir la convergencia con Europa

Un total de 1.800 catedráticos, profesores titulares, contratados, investigadores y becarios de investigación de varias universidades de la Unión Europea han firmado un manifiesto en el que en 15 puntos se expresa, de forma contundente, la preocupación por cómo se está orientando el proceso de construcción del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), también conocido como proceso de Bolonia.

Los firmantes se muestran disconformes con algunas de las reformas de las estructuras educativas, en cómo está evolucionando la noción de universidad y de su papel en la educación superior. Tras reclamar un debate público en el que participen profesores y estudiantes sobre las transformaciones que se apliquen en la universidad, son críticos ante la intervención de "agencias e instituciones extrauniversitarias, que dominadas por el poder político de turno o por poderosos grupos de presión dirijan la política intrauniversitaria".

Los firmantes advierten de la posibilidad de que sean las empresas las que acaben configurando el mapa de titulaciones y que eso implique la desaparición de algunas de carácter humanístico o artístico, y reclaman que no se aplique un modelo único para todas las titulaciones. Asimismo, rechazan la posibilidad de que, "anegados en la denomi-nada por algunos cultura de la calidad", la universidad termine gestionándose como una empresa, en la que el conocimiento se convierte en una mercancía y los alumnos en clientes.

Otra de las tendencias que apunta el proceso de reforma universitaria con la que los firmantes se muestran disconformes se refiere a las decisiones de "ciertos expertos" en educación universitaria, a los que no identifican, que, al parecer, están tomando decisiones poco acordes con el sentir de una parte importante de la comunidad universitaria. Entre éstas, hablan de un cambio en la finalidad de la formación universitaria, para adaptarla exclusivamente al mercado de trabajo, o una variación en la valoración del profesorado, ya que los méritos docentes e investigadores quedan supeditados a las nuevas tecnologías de la información y comunicación y a la pedagogía del "aprender a aprender, y, por tanto, a una universidad definida por la menor exigencia de cualificación de sus investigadores y docentes", algo que, argumentan, permite abaratar costes.

Los profesores y los investigadores universitarios se muestran preocupados por el paulatino incremento de las diferencias sociales en el acceso a la educación superior y por la intención de reducir el peso económico del sector estatal en la educación. Por último, expresan su inquietud por que "la comunidad universitaria no exija ser escuchada, optando por el sálvese quien pueda o, como denuncia la Universidad de París 8, por el cada uno para sí y el mercado para todos.Lo que está en juego es el futuro de la educación superior", añade.

La Vanguardia, 05/06/05