Roberto Rodríguez Gómez: “La universidad como proyecto histórico ante la tendencia mercantil” (PDF)

Roberto Rodríguez Gómez: “La universidad como proyecto histórico ante la tendencia mercantil” (PDF)

Es, tal vez, el especialista en temáticas universitarias más destacado de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) y uno de los más reconocidos en ese país. En diálogo con Hoy la Universidad, abordó las diferentes problemáticas vinculadas con la identidad de las casas de estudios latinoamericanas. Además, aportó su punto de vista sobre la fuerte ingerencia del mercado en el funcionamiento institucional de la educación superior.

Consultor del Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe de la Unesco, Roberto Rodríguez Gómez preside, además, el Observatorio Ciudadano de la Educación. Entre otras actividades vinculadas al estudio de las instituciones de tercer nivel, participa como coordinador asociado de la Red de Investigadores de la Educación Superior y dirige una revista especializada en esas temáticas que se edita en el país azteca.

La autonomía universitaria con respecto a la intervención estatal y el protagonismo del sector privado en la educación son, según Rodríguez Gómez, algunos de los problemas que deben sortear las universidades de América latina. Sin descuidar las particularidades que se presentan en cada país, el mexicano considera que estas cuestiones tienen un tenor político-filosófico y marcan un desafío para las instituciones dedicadas a la formación superior.

– Por lo general se habla de la universidad latinoamericana como si fuera una entidad homogénea, ¿existen especificidades que la distinguen?

– Hablar de la universidad latinoamericana es referirnos a una institución particular en el mundo que pone a la autonomía en el centro de sus preocupaciones. Para nosotros es fundamental que la universidad sea autónoma, lo subrayamos y lo colocamos habitualmente en los escudos. Las casas de estudios europeas o estadounidenses, también autónomas, no lo remarcan porque no enfrentaron los conflictos con el Estado que sí vivieron las nuestras. Además, las instituciones educativas latinoamericanas deben confrontar problemas comunes, por ejemplo, tienen que brindar servicios sociales. Con la excepción de Brasil, que se orienta hacia la sociedad del conocimiento, el resto tuvo que posicionarse con respecto a la pobreza y el atraso y asumir fuertes responsabilidades en sociedades complejas. Fuera de estos rasgos, los sistemas son muy distintos en cada país, porque sus tradiciones e historias son diferentes.

– ¿Cómo es la relación entre autonomía universitaria y Estado actualmente?

– La autonomía es un valor permanentemente confrontado, amenazado. Si bien en ningún país se la critica por estar muy arraigada, en la práctica sí se la cuestiona. Por ejemplo, es difícil que conviva con sistemas de evaluación y acreditación, porque una vez que éstos se imponen, las instituciones deben suscribir o quedar fuera del sistema, decisión muy difícil de tomar. En la práctica, en los sistemas impuestos por el Estado, primero entran las universidades privadas o pequeñas, y al final terminan ingresando las grandes, y esto es un desafío a la autonomía. Otro tema es el financiamiento estatal, sobre todo cuando está sujeto al logro de ciertos indicadores de desempeño; para alcanzarlos, las universidades deben tomar decisiones que no son completamente propias sino el resultado de objetivos centralizados.

– ¿Cuál es la reflexión sobre la autonomía con respecto al mercado?

– Ese es el eje de la discusión actual. La autonomía fue pensada como defensa ante un Estado agresivo, sobre todo en las dictaduras. Ahora, se observan distintos fenómenos. Por un lado, el sector privado comienza a ver un mercado en la venta de servicios educativos. Esta presencia depende de la regulación estatal que, si además va dejando de prestar servicios de educación superior, desde luego que la iniciativa privada va ocupando ese espacio vacante, primero con instituciones de baja calidad y luego consolidándose, como en cualquier otro sector económico. Otro proceso que se presenta, es que el propio Estado comienza a actuar con lógicas mercantiles: si todos se benefician de la universidad, ¿por qué la universidad no comienza a permitir el ingreso de nuevos agentes económicos para ayudar al presupuesto? El problema es filosófico y político, y concierne a cómo se posiciona la universidad como proyecto histórico ante la tendencia mercantil, que se da en todo el mundo, pero en América latina se ve con más claridad.

– ¿Cómo se presentan las tensiones entre la lógica del mercado y la universidad pública?

– Existen varias tensiones y una de las más inquietantes es la intergeneracional. Los estudiantes y profesores jóvenes, formados desde niños en las pautas del neoliberalismo, ven este proceso como natural. Se les hace extraña la defensa de la autonomía, sostienen que no se puede ser ineficaz y que en el capitalismo las cosas no son gratis, entre otros argumentos. Esta tensión se expresa en el campus de muchas maneras, donde las fuerzas autonomistas comienzan a ser percibidas como conservadoras. Esto es inédito: que los mayores sean los autonomistas y no los más jóvenes, los que impulsan el cambio, los que se visten de ideas aparentemente nuevas.

– ¿En qué situación se encuentra la discusión sobre la libre comercialización internacional de servicios de educación superior que se está dando en la Organización Mundial del Comercio?

– Este tema avanza en dos direcciones. Por un lado, la mayoría de los gobiernos ha tenido a la comercialización de los servicios educativos como una suerte de “moneda de cambio” para negociar la apertura en otras áreas de la economía. Para países como México, Brasil y Argentina es más trascendente eliminar barreras en el primer mundo –en mercados como el agrícola o el energético– a cambio de abrir sus fronteras al capital privado en áreas como la educación. También están los países como los europeos que tienen una posición intermedia y están dispuestos a liberalizar esta área, siempre y cuando la inversión privada se realice bajo las normativas de cada nación y responda a criterios de evaluación y certificación fijados en cada país. Ahora, este es un mercado que tiende, por sus características, a la convivencia de la inversión privada y la estatal. No ha sido ni será como en otras áreas –la banca mexicana se privatizó totalmente en seis meses y los teléfonos argentinos se transfirieron en su totalidad– ya que la tendencia en educación superior es a la convivencia de las dos modalidades.

Hoy La Universidad, Nº 5, 13 de marzo de 2005