Orlando Acosta: Conocimiento: riqueza de las naciones

Orlando Acosta: Conocimiento: riqueza de las naciones
Orlando Acosta, Profesor Facultad de Medicina-Instituto de Biotecnología

Mientras la educación superior en las naciones desarrolladas se ha constituido en factor de creación de valor agregado, en construcción de equidad social y competitividad, en los países en desarrollo continúa la ilusión de producir grandes beneficios sociales sin pasar por la esfera material de la economía.

Desde hace más de una década la educación superior en el mundo está experimentando profundos cambios. En su componente de investigación, en forma creciente, la educación superior de los países desarrollados es vista como una factoría de conocimiento, mientras que en su función de instrucción y entrenamiento el sector productivo privado le está reclamando una fuerza de trabajo altamente calificada en sus habilidades y destrezas técnicas y profesionales, y en su capacidad para aprender y autoaprender a través de toda la vida.

Como parte de una ética neoliberal, el restablecimiento de las tasas de ganancia de los propietarios del capital se pretende asegurar con una mayor eficiencia y productividad de la fuerza de trabajo, al lado de la flexibilización laboral. No obstante, en las democracias liberales de mercado, la educación superior continúa sirviendo a un propósito dual. Por una parte, reproduce la ideología dominante y forja socialmente la más calificada fuerza laboral, el denominado capital humano, base del actual sistema económico capitalista global. Pero por otra parte, se distingue también por su actitud crítica y contestataria frente al autoritarismo, el poder y el orden social y político establecidos, y por la formación de ciudadanos críticos, democráticos y libres.

Conocimiento y economía

La importancia del conocimiento en el desarrollo económico de las naciones no es nueva. Del siglo XVIII datan las primeras reflexiones claras acerca de la incidencia del conocimiento humano en la economía, así como las ideas sobre el papel decisivo de la división del trabajo, es decir, de la especialización, en el crecimiento del conocimiento, determinante en última instancia de la riqueza de las naciones. La economía está hecha, en efecto, de conocimiento. En el pasado la riqueza y el poder se asociaron con la posesión y explotación de recursos físicos. Por el contrario, en el mundo contemporáneo, y en el futuro, la riqueza y el poder provienen principalmente de recursos intelectuales intangibles, como el capital de conocimiento o capital intelectual. El avance del conocimiento ha estado íntimamente ligado a la naturaleza del sistema capitalista de mercado. Comúnmente, se afirma que en el sistema capitalista los empresarios proponen, las instituciones facilitan, los mercados deciden y el conocimiento crece, y, en esa medida, las sociedades progresan, aun con desigualdades, surgidas en gran medida de las relacionadas con el acceso al conocimiento.

Mercantilización del conocimiento

Las políticas de Estado de los países del norte cada vez más se orientan a fundamentar en el conocimiento su competitividad, supremacía y hegemonía en el concierto internacional. Aunque la financiación de la educación superior de estos países continúa siendo esencialmente pública, también es cierto que existe una creciente presión para que las universidades incrementen la captación de recursos provenientes de la relación universidad-industria. La discusión, entonces, se plantea en términos de la definición del conocimiento como una mercancía, y, como tal, con un valor de uso, un valor de cambio, un precio; es una mercancía que se apropia privadamente con fines de lucro, que se protege legalmente con derechos de propiedad intelectual. En los países desarrollados, la universidad, en uno de sus aspectos, se ha convertido en un espacio para la acumulación de capital, donde a través de la investigación, el conocimiento es traducido en productos, procesos y servicios mercadearbles y comerciables. Esto no significa que, además de ser generado socialmente, no pueda poseer un significado social o cultural.

El sistema colombiano

Frente a un contexto mundial de revolución científica y tecnológica, de reestructuración del aparato productivo mediante su intensificación en conocimiento, de revolución en las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) y de intensificación de la interconectividad de las naciones, el sistema de educación superior colombiano es calificado como subdesarrollado por el Banco Mundial, en un reciente estudio. Su debilidad se hace evidente en el ámbito regional cuando se compara en términos de la competitividad del país, de la plataforma de conocimiento avanzado y de indicadores específicos de educación superior. Se ubica después de Brasil, Argentina, México, Chile, y solo sobrepasa a Perú en un par de indicadores.

Entre los mayores problemas que afectan la educación superior colombiana se citan las siguientes: inequidad en el acceso, baja productividad científica y tecnológica, reducida cobertura y calidad en las competencias básicas superiores, escasa formación académica de posgrado y poco entrenamiento en habilidades pedagógicas y en investigación, ausencia de dignificación de la actividad académica, reflejada en los bajos salarios. A lo anterior se agrega la incoherencia existente entre las políticas, los fines y las metas nacionales, los problemas de gobernabilidad y de gestión, la débil internacionalización, la insuficiente financiación, la poca utilización de las modernas TIC y la débil relación con el aparato educativo en su conjunto y con el sector productivo nacional.

Mercantilización de la educación

En muchos países en desarrollo, entre ellos Colombia, la educación superior en una alta proporción era ya un negocio privado mucho antes del embate neoliberal de la última década. En el país, lo que se mercantiliza es la educación, el otorgamiento de credenciales académicas para refrendar habilidades y destrezas profesionales. Es decir, se comercia con las aspiraciones de ascenso social de los ciudadanos a través de la educación. Por el contrario, la gran mayoría de las universidades de los países en desarrollo se caracteriza por la casi ausente mercantilización de conocimiento académico.

La subfinanciación propia de la educación superior de estos países, especialmente en ciencia y tecnología, y en investigación y desarrollo, se ha convertido en uno de los instrumentos más efectivos en evitar que la universidad tanto pública como privada mercantilice conocimiento académico y contribuya así al desarrollo capitalista nacional. Los proveedores transnacionales de servicios educativos del Alca aspiran a mercantilizar la educación o instrucción, no el conocimiento académico innovador fruto de la investigación. La exacerbada mercantilización de conocimiento académico en los países desarrollados está planteando un verdadero reto a la libertad académica y a la libertad de investigación. Por el contrario, en nuestro medio de subfinanciación y subinversión, esa libertad se encuentra plenamente garantizada, incluida la libertad de no investigar, la cual paradójicamente ha contribuido a la dependencia y a la subordinación ética, económica y política.

Las universidades y el sistema

La gran mayoría de las universidades de los países en desarrollo tiene un fuerte sello anticapitalista. Cuando la financiación es irrisoria, la investigación es apenas incidental, las publicaciones técnicas y científicas son escasas, las patentes están casi ausentes, el conocimiento académico con aplicación práctica comerciable es apenas esporádico, la relación universidad-industria es débil, y la dignidad de académico e investigador es casi inexistente, lo único que se tiene asegurado es el atraso en el desarrollo capitalista nacional y el desvanecimiento de las esperanzas y anhelos de socializar la riqueza acumulada.

Los gobiernos de muchos países en desarrollo parecen haber escogido la senda de la dependencia tecnológica, económica, política y cultural, han optado por un modelo de universidad subfinanciada, dedicada esencialmente a la docencia profesionalizante en los programas académicos de pregrado, a la promoción de profesionales requeridos por el mercado laboral doméstico, más para accionar, utilizar y administrar tecnología enteramente importada, que para innovar y crear alternativas tecnológicas propias. A los gobiernos y el sector productivo privado de estos países que no inviertan en conocimiento no les quedará más que presenciar la acumulación de riqueza, poder y capital en los países desarrollados, mientras que en los suyos solo se acumula pobreza, dependencia y deuda.

Financiación pública

La financiación pública de la educación superior, típica de los países capitalistas desarrollados, permite socializar los costos de la formación de fuerza laboral calificada y de la producción de una alta proporción del conocimiento básico, mientras que produce beneficios privados a los propietarios del capital que utilizan fuerza laboral y conocimiento básico útil en la innovación tecnológica. También son privados los beneficios obtenidos por quienes acceden a la educación superior, representados en mejores salarios, capacidad de ahorro y mejores estándares de vida. Por otra parte, se producen beneficios públicos reconocidos como valores estratégicos del conjunto de la sociedad, tales como diversidad y capacidad para responder a grandes desafíos, mayores niveles de productividad, captación de mayores impuestos, mayores compromisos cívicos y de participación democrática, sentimiento de comunidad, entre otros.

En las sociedades democráticas liberales la educación superior concede beneficios económicos y sociales, tanto públicos como privados. En los países capitalistas desarrollados la suerte del sector productivo privado es parte del interés público, lo cual se ejemplifica en el exitoso trípode gobierno-universidad-industria, donde la financiación pública juega un papel determinante. En la actual economía global del conocimiento, la educación superior juega uno de los papeles más cruciales en la generación de riqueza y en el cultivo del pensamiento crítico. La financiación pública directa, plena y suficiente de la educación superior debe constituirse, en el contexto de la economía del conocimiento, en uno de los elementos más revolucionarios de las sociedades atrasadas económica y socialmente.

Unimedios, 09/05/04