Gerardo Nieto: El futuro de la Universidad

Gerardo Nieto: El futuro de la Universidad

Como en pocos periodos de la historia el paisaje universitario está cambiando. Hoy se debate a puertas abiertas y en voz alta el futuro de la universidad. La discusión convoca a reflexionar su presencia en la era de la información y la sociedad del conocimiento. Más allá de las viejas certezas que le dieron estabilidad y horizonte, hoy se debe aceptar que algo ha cambiado en el mundo que hace necesario repensar su papel social y económico.

José Blanco (La Jornada, 26/07/05) afirma que vivimos una crisis de época que se expresa simultáneamente en tres crisis: la del Estado de bienestar o de las instituciones responsables de la cohesión social; la del trabajo o de las relaciones entre economía y sociedad; y la del sujeto o de los modos de constitución de las identidades.

Los teóricos de la era de la información plantean, apunta José Blanco, que el rasgo central de la nueva organización social consiste en que el conocimiento y la información están reemplazando a los recursos naturales y a la fuerza de trabajo, como las variables clave de la generación y distribución del poder en la sociedad. Generar conocimiento, concluye Blanco, es el corazón del presente y el futuro del desarrollo.

Mi tesis es que bajo este nuevo paradigma, debe replantearse el futuro de la universidad. Se trata de hacer de la construcción de conocimiento el proceso esencial -no el único- de las universidades y forjar un concepto de igualdad basado en el acceso social al conocimiento. Reflexionar los procesos que hacen de la educación y del propio ciberespacio bienes privados es obligado, sobre todo a la luz de que el dominio de estos bienes crea nuevas y poderosas desigualdades educativas.

Definir las orientaciones críticas para transformar la universidad no es tarea fácil. Uno de los debates tiene que ver con las universidades de investigación. Éstas, nos dice José Blanco, generan conocimientos y forman cuadros de alto nivel. Mantienen equilibrios razonados entre ciencias e ingenierías, ciencias sociales, humanidades e investigación tecnológica, y entre ciencia básica y ciencia aplicada. Su concepción es contraria a la idea de convertir los títulos universitarios en mero pase al mundo laboral y los estudios de posgrado en franco negocio.

Armando Labra (La Jornada, 25/07/05) sostiene que si bien la privatización de la educación superior no necesariamente es mala, sí afirma la mercantilización de la enseñanza y el abatimiento de la calidad en los conocimientos. Comenta y crítica el proceso de convergencia que en materia de educación superior se está dando en Europa. Comenzó en 1999 mediante la Declaración de Bolonia que busca armonizar los sistemas universitarios en 2010.

Los riesgos de ese proceso, apunta Labra con base en la opinión del Colectivo de Profesores Europeos por el Conocimiento, serían el de convertir a las universidades en servicio para las empresas privadas, formar profesionales a modo de las necesidades productivas y comerciales, abatir la educación e investigación humanística y vaciar de contenido a la educación superior. Los profesores del Colectivo, asegura Labra, no niegan la necesidad de formar profesionales para el mercado, pero no admiten que sea ése el fin primordial de la universidad.

En este contexto me pregunto: ¿debe la universidad plantear como eje de su reforma cubrir las necesidades del mercado laboral? ¿Éste es un tema secundario en su futura transformación? No lo es y tampoco resulta el tema de mayor relevancia de su reforma. Creo que debe procurarse un equilibrio entre la generación de conocimiento y la investigación y la formación de habilidades para el mercado de trabajo.

¿Qué determina el éxito de un sistema educativo? ¿Por qué hay sistemas públicos exitosos como el francés y otros que no lo son? ¿Qué virtudes tiene el modelo basado en las universidades privadas de Estados Unidos y Gran Bretaña?

De acuerdo con un estudio solicitado por la Unión Europea sobre las diez mejores universidades del mundo, el Instituto de Investigaciones de la Educación Superior de Shangai integró el siguiente ranking: Harvard, Stanford, el Instituto Tecnológico de California, Berkeley, Cambridge, MIT, Princeton, Yale, Oxford y Columbia. ¿Qué nos dice este listado? Más allá de que se trata de universidades anglosajonas, que todas son instituciones con altísimos presupuestos. Sólo Harvard habría manejado, en 2004, dos mil 400 millones de dólares para 19 mil 500 estudiantes.

¿Se puede plantear la reforma de la universidad como si se tratara de un modelo basado en competencias de los sistemas público vs privado? Creo que no. En el umbral de una gran reforma de la universidad que deberá definir su papel social y económico en la sociedad del conocimiento, el tema medular es económico, que es decir la calidad de su financiamiento.

El Financiero, 18/08/05