Editorial: El huracán político

Editorial: El huracán político

La insuficiencia de Estado, de políticas e inversiones públicas ha quedado tristemente de relieve en la catástrofe del huracán Katrina, tras años de desinversión en infraestructuras y servicios públicos. Los que, desde Reagan y su actual heredero ideológico en la Casa Blanca, eran partidarios de un Estado mínimo y del "conservadurismo compasivo" recogen estos días los amargos frutos de lo que sembraron.

La decisión de la Administración de Bush de no seguir adelante con los planes para reforzar los diques de contención de las aguas en Nueva Orleans y la entrega de los humedales cercanos a la especulación inmobiliaria cercenaron las defensas de la ciudad. Hace unos años, el Pentágono se planteaba la posibilidad de que Estados Unidos librara simultáneamente dos guerras. Con esta catástrofe aparecen serias dudas de que pueda gestionar dos crisis importantes, la de Irak y la del delta de Misisipí, que requieren la movilización de personal militar y toda la atención de la Administración federal. También las prioridades en gasto público federal han cambiado, y con la guerra de Irak, justificada en nombre de la lucha antiterrorista, se han drenado las arcas nacionales, con importantes mermas en la asistencia sanitaria y del orden público no vinculado directamente al terrorismo. ¿Puede sorprender en estas condiciones el regreso al estado de naturaleza en amplias zonas de Luisiana y los actos masivos de pillaje?

Una función central del Estado es proporcionar seguridad a los ciudadanos o, como reza la Constitución de EE UU, la "defensa común y el bienestar general". En este caso, el Estado federal no ha cumplido con un deber constitucional primordial. Pero, además, la catástrofe humana de los días posteriores ha puesto de manifiesto una intolerable fractura social, en la que la raza y la clase han sido determinantes: los barrios de Nueva Orleans más afectados estaban habitados en su práctica totalidad por negros, y en ellos una tercera parte vive bajo el umbral de la pobreza. ¿Es ésa la política de conservadurismo compasivo?

La reacción del Gobierno ha sido lenta, corta en recursos y llena de errores de coordinación. Los nubarrones se ciernen, asimismo, sobre el propio modelo económico de EE UU, puesto de ejemplo estos años pese al exceso de consumo de energía a un precio demasiado bajo, y con él están también en juego la autoridad y el prestigio de la hiperpotencia en el mundo. ¿No puede garantizar la seguridad de sus ciudadanos y pretende organizar la del mundo? La combinación de neoliberales y neo-cons en Washington ha llevado a que la catástrofe natural se esté transformando en catástrofe social y política. El Katrina se ha llevado por delante una maravillosa ciudad como Nueva Orleans, pero su paso dejará también huellas devastadoras en la Administración de George W. Bush.

El País, 04/09/05