Carlos G. Reigosa: El Estado de bienestar

Carlos G. Reigiosa: El Estado de bienestar

LOS QUE defendemos el Estado de bienestar europeo deberíamos hacerlo siempre desde perspectivas y planteamientos que garanticen su viabilidad. Éste sería el buen camino para asegurar su futuro. Sin embargo, no lo hacen así quienes se limitan a considerar imposible su deterioro o su progresiva degeneración en una entelequia de dudosa solvencia. Estar a favor del Estado de bienestar europeo es mantener su capacidad de cobertura en términos verdaderamente solidarios y eficientes, evitando el despilfarro o la generosidad mal entendida (que suele consistir en disparar con pólvora del rey, es decir, con dinero público, sin la adecuada exigencia y rigor). Defender el Estado de bienestar, más allá de las propias ideologías que lo sustentan, es defender su funcionamiento, esto es, el funcionamiento de los hospitales (una sanidad sin listas de espera), las carreteras, las escuelas, las pensiones, etcétera.

Digo esto porque existe una corriente ultraliberal, procedente de EE. UU., que tiende a ridiculizar estas conquistas, con algunas críticas no exentas de razón. Pero esa corriente neoconservadora acaba de estrellarse con las consecuencias del huracán Katrina , que ha puesto en evidencia la perversión de descuidar las inversiones en infraestructuras y servicios públicos. La consecuencia es el Estado de malestar que hemos podido ver por la televisión en el sur de EE. UU., la debilidad de los diques no debidamente reforzados de Nueva Orleans y el caos en la gestión de la catástrofe.

No, no está en crisis la idea del Estado de bienestar, está en crisis la confianza en su gestión. Los ultraliberales pueden cantar las virtudes del modelo americano (que las tiene, al menos en el ámbito de la responsabilidad individual), pero no podrán desalojarnos, si lo administramos bien, de un sueño sostenible y sostenido que nos compromete y eleva como ciudadanos de una comunidad socialmente avanzada. Es muy importante tener esto presente. Porque para alcanzar el modelo americano tendríamos que empezar a desandar lo andado. Y éste sería un triste destino. Aunque no lo crean los ultraliberales, que ven subsidios injustificados, absurdos y anticuados por todas partes.

La Voz de Galicia, 05/09/05