Nomi Prins: Las Lecciones del 'Katrina'

Nomi Prins: Las Lecciones del 'Katrina'
La desorganización que ha presidido el comportamiento de los gobiernos local, estatal y federal ante el huracán 'Katrina' ha puesto de manifiesto las fuertes desigualdades que hay en la sociedad americana
Una de las consecuencias podría ser, según la autora, revitalizar al alicaído Partido Demócrata

El huracán Katrina fue más que un ejemplo catastrófico de desorganización del gobierno; expuso las condiciones de vida propias del Tercer Mundo de muchos ciudadanos de EE. UU. De forma mortíferamente detallada. Pero, desgraciadamente incluso si el gobierno federal brinda ayuda federal para la crisis ahora, el asunto más amplio de la desproporcionada desigualdad de la renta y de las elecciones de políticas públicas que matan no serán olvidadas fácilmente.

Aproximadamente el 45% del déficit existente anterior al Katrina se centraba en la guerra y en la seguridad interior, el resto, en recortes fiscales para los ricos. No incluía cantidades extras para el gasto público interno. No cubría programas sociales como Medicaid. Tampoco ayudaba a Nueva Orleans con la financiación necesaria para fortificar las presas que no podrían resistir huracanes de categoría 4.

Y, ahora, tras el paso del Katrina,otra vez las empresas norteamericanas serán las que más provecho sacarán de la situación. El Congreso aprobó 62.000 millones de dólares como asistencia de emergencia por los daños causados por el huracán. Antes de poder decir "contratos adjudicados sin concurso público", los representantes de los grupos de presión treparon para conseguir que sus clientes sacaran algo. Como con Iraq, este gobierno nunca pierde una oportunidad de ayudar a sus amigos. Así que, naturalmente, los primeros contratos han ido a parar al grupo habitual de directivos corporativos de Flour Corp., de Bechtel National, Inc., y de Halliburton.

Mientras tanto, Bush pedía urgentemente a las Naciones Unidas que fueran un ejemplo para el mundo por su trabajo para erradicar la corrupción de sus propias filas. Bastante mortificante, considerando que la antigua compañía de Dick Cheney, Halliburton, acaba de ser premiada con un contrato sin concurso público de 30 millones de dólares para limpiar Nueva Orleans. Es la misma firma que consiguió hasta 9.100 millones de dólares en contratos en Iraq; y que, mientras 1.100 millones de dólares se encuentran bajo investigación judicial por el departamento de Justicia. fue premiada con contratos frescos por valor de otros 5.000 millones de dólares. Eso es corrupción, señor presidente.

Y no sólo eso, entre el aumento de los precios del gas y la perspectiva de más contratos a dedo, las acciones de Halliburton subieron un 12% desde el inicio del huracán, since the hurricane, un enorme incremento de 3.600 millones de dólares en su capitalización bursátil. Es una estrella de Wall Street; de los 21 analistas más importantes encuestados, 18 la recomiendan para comprar, 3 invitan a no venderlas y ninguno se desprendería de ellas en estros momentos.

Adicionalmente, a pesar de desplegar una actitud de complacencia inicial respecto a Katrina,en contraste con su obsesión maniaca con el terrorismo. El presidente Bush tuvo tiempo y energía para buscar apoyos a su resolución sobre el terrorismo en la citada reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Basándose en su única aversión a la realidad, subrayó que "cuando un país o región están completamente desesperados ... la amenaza fran quea fácilmente los océanos y las fronteras y podría amenazar la seguridad de cualquier país pacífico".

No debe sorprendernos, que no haya aprendido nada de sus visitas a la piscina diezmada que en su día debió ser un atractivo turístico. La última información divulgada esta semana desveló a otras 45 personas ahogadas, con lo que el coste en vidas humanas de la tragedia se acerca ya a la cifra de las 500 personas. Eso es desesperación, señor presidente.

Bush prosiguió: "no puede ser seguro mirar hacia otra parte... ignorando las dificultades ... de otros". Desde que empezó su presidencia, 5,4 millones de norteamericanos más han caído por debajo del umbral de pobreza, incluyendo a 1,4 millones de niños. Eso son penas, infortunios y privaciones, señor presidente.

Los ciudadanos que sobrevivieron al huracán deben centrarse en conseguir que sus vidas vuelvan a la normalidad. Eso requerirá todas sus fuerzas. Pero, después de la desesperación llega el enfado. ¿Y, qué pasará cuando su justificada ira se estrelle contra el gobierno por el desprecio absoluto con el que les trató antes y después de que la Madre Naturaleza golpease?

Si algo bueno ha de traer Katrina,no será el hecho de que después de seis años y dos semanas Bush ofreció su primera y tenue muestra de asumir la responsabilidad por la incapacidad del gobierno de gestionar una situación de emergencia. Algo positivo sería que el pueblo de la costa del Golfo de México y América, en general, se enojen y peleen por un cambio de política para arreglar unas desigualdades homicidas.

Con el grado de aprobación en las encuestas en su punto más bajo desde que llegó a la presidencia, Bush está interesado en utilizar términos suaves sobre la reconstrucción de la costa del golfo, como la necesidad de "fijar la estrategia y fijar la visión". Y, sí, hay una tonelada de trabajo por hacer para volver a poner en pie a esta región y a sus habitantes.

Pero, qué hay de la realidad diaria de las clases pobres y las minorías? ¿Dónde está la estrategia para arreglar estos problemas?. Como Barbara Bush dijo mientras visitaba el complejo del Astrodome de Houston una semana después de que el huracán golpeara, los evacuados eran "los menos privilegiados de todas formas". Como no es conocida por su tacto, la madre de Bush sin darse cuenta desveló el problema subyacente. Uno de cada ocho norteamericanos vive por debajo del umbral de pobreza. Cuarenta y cinco millones de personas no tienen seguro médico. Uno de cada seis alumnos nunca se gradúa de bachillerato. Los ingresos reales en los típicos hogares norteamericanos ha caído durante cinco años seguidos.

Tras la estela de Katrina,los demócratas tienen espacio para forjar una agenda nacional más progresista, anular las reducciones de impuestos aprobadas para favorecer a los ricos y las grandes corporaciones empresariales y gastar menos en Iraq y en visiones terroristas fantasmagóricas. Esperemos que esta vez tengan la voluntad y las tripas de hacerlo.

La Vanguardia, 18/09/05