José A. del Valle: Los tiempos están cambiando

José A. del Valle: Los tiempos están cambiando
José A. del Valle Lavandera es miembro del consejo político de IU

Bajo los sonidos de esta mítica canción de Bob Dylan asistimos al resultado de las elecciones alemanas, y si algo demuestran estas elecciones es el hecho de que, de verdad, los tiempos están cambiando. La derrota de la coalición rojiverde es un hecho constatado pero también es un hecho que el otro bloque, CDU-FDP, también ha fracasado. Ninguno de los dos bloques, por sí solos, puede formar gobierno y eso nos lleva a resaltar un hecho fundamental: el Partido de la Izquierda, con sólo dos meses de edad, se ha convertido en la llave del Bundestag. El resultado nos indica que las políticas neoliberales patrocinadas tanto por el CDU-FDP como por el SPD-Verdes han tocado fondo. A partir de este momento va a ser la decisión, la acción política del Partido de la Izquierda la que marque las pautas de la política alemana, abriendo a su vez una nueva correlación de fuerzas en la izquierda alemana.

No me cabe la menor duda de que la presencia del Die Linke (Partido de la Izquierda), con un porcentaje de votos superior a Los Verdes, demuestra un hecho real: mientras por un lado las fuerzas anticapitalistas, las fuerzas políticas y sociales que se enfrentan con todo al neoliberalismo, avanzan de una manera clara, las políticas que suscriben Los Verdes en Alemania (el sí a la Constitución Europea, el apoyo a las reformas neoliberales de Schroeder, la Agenda 2010 y el apoyo a las «guerras humanitarias» como la que se produjo en la antigua Yugoslavia, etcétera), los elementos que giraban en torno a la Fracción del Ejército Rojo (la Baader-Meinhoff) han firmado su fin como un referente político en Alemania. La rémora que han supuesto para la coalición con el SPD es lo que en realidad ha llevado a esta situación. Por suerte para la izquierda política y social, Fischer, Claudia Roth y compañía han visto cómo se derrumban sus esperanzas y el único consuelo que pueden tener es el pacto tripartito para formar gobierno. Su papel espero que pase a la historia.

La importancia de esta situación no es tanto que el Partido de la Izquierda forme parte de un gobierno con el bloque SPD-Verdes o no, eso es lo de menos. Lo verdaderamente importante es que a partir de este momento el referente de la izquierda alemana ha cambiado, que las fuerzas que componen el complejo mundo de la izquierda política van reagrupando, formando y articulando sus organizaciones, tomando la iniciativa política y convirtiéndose en una llave anti-neoliberal en el Parlamento alemán y en un referente básico para la izquierda.

Es verdad que se puede dar otra solución, ya sea en un Gobierno o con apoyos puntuales ante reformas específicas, lo que sería el pacto entre los dos grandes partidos. Es un escenario posible, pero yo creo que descartable a priori. La presencia del Partido de la Izquierda nucleado en torno a Oskar Lafontaine (no olvidemos, antiguo socialdemócrata), y compuesto por sectores muy importantes del mundo sindical, ponen al SPD en la tesitura de que un pacto con Merkel para propiciar reformas del mercado del trabajo, reformas fiscales o de política exterior de corte neoliberal, podría ser para el SPD una sangría constante de militantes de base y de cuadros intermedios que se alejarían del núcleo neoliberal del SPD, encontrando en el Partido de la Izquierda un refugio seguro, una organización en lucha, encantada de recibir este más que posible trasvase, que, aunque va a ser imparable, el SPD no se puede permitir. Por eso, una coalición entre la CDU y el SPD no creo que sea un escenario posible para el futuro de la política alemana.

La opción válida, la que daría la mayoría absoluta, sería el SPD-VERDES-PI; es el escenario lógico que permitiría seguir gobernando a Schroeder, pero, y el pero es excesivamente fuerte, sus reformas se las tendrían que comer con patatas fritas. Los 54 diputados del PI son garantía suficiente para que esto ocurra. En caso de que, como afirma Schroeder, no pacte con el PI para poder gobernar no tiene por qué ser un trauma, no creo que al PI le preocupe en exceso entrar en un gobierno con Schroeder y Fischer, pero siempre se pueden llegar a acuerdos puntuales desde la oposición, siempre y cuando, insisto, cambien sus políticas.

Si la opción de gobierno es la de CDU-FDP en minoría, no me parece que pueda solucionar mucho el panorama político alemán. Es verdad que pueden buscar acuerdos puntuales con el SPD o con los Verdes, pero, como dije antes, el resultado para estos dos podría ser catastrófico. Ésta es la situación en Alemania, así están las piezas colocadas y, hagan lo que hagan, siempre estarán los 54 diputados del Partido de la Izquierda.

Decía en el título que los tiempos están cambiando, y cómo están cambiando. Anteriormente a las elecciones alemanas se realizan las elecciones noruegas, cuyo resultado recalca la situación actual: la derrota de la derecha, el triunfo del Partido Laborista y los Socialistas de Izquierdas con el apoyo de la Alianza Roja, lo que les permite conseguir los 85 escaños del Parlamento otorgándoles la mayoría absoluta.

Un tercer apunte: en el PSF y ante el congreso del 9 de noviembre, el sector de izquierdas, nucleado en torno al «no» a la Constitución Europea (los noístas) han culminado un proceso interesantísimo ante el Congreso: han unido sus fuerzas en un proyecto común contra las tesis de Francois Holland. La corriente del Nuevo Partido Socialista de Annaud de Montebourg y Vicent Peillon con Alternativa Socialista de Henri Enmanueli, dando una patada en salva sea la parte al socialoportunista Laurent Fabius. Bienvenidos señores a este lado de la barricada.

La Nueva España, 22/09/05