Editorial: Irak y Katrina detonan el descontento contra Bush

Editorial: Irak y Katrina detonan el descontento contra Bush

Ayer sábado, cientos de miles de manifestantes marcharon en Washington para exigir el fin de la intervención militar en Irak y un aumento de los recursos destinados a los damnificados por el huracán Katrina. El presidente George W. Bush se encontraba fuera de la capital estadunidense, coordinando las acciones ante la llegada del huracán Rita, aunque algunos analistas consideraron que el mandatario quiso evitar la más grande protesta en su contra desde el inicio de la guerra en Irak. Y es que tras la negligencia del gobierno para atender a las víctimas en Nueva Orleáns y otros lugares, las críticas contra su administración han arreciado, en lo que parece ser la muestra más contundente de la creciente oposición a las políticas de Bush, acusado de torpeza, corrupción e incompetencia, tanto en la conducción del conflicto iraquí como en el manejo de la crisis provocada por el fenómeno meteorológico.

La marcha reunió a pacifistas, veteranos de guerra y activistas de diverso signo, líderes religiosos, comunitarios, representantes de minorías, artistas y deportistas, entre otros. Junto con los reclamos de mayor ayuda a las víctimas de Katrina, se podían leer en camisetas y pancartas mensajes como "Bush miente y la gente muere", "Guerra de hombres ricos, sangre de hombres pobres" y "Regrésenlos (a los soldados en Irak) a casa, ahora". Los manifestantes tienen razón en vincular estos dos temas, ya que ambos evidencian las mismas fallas y corruptelas de la presidencia de Bush.

La guerra en Irak ha costado más de 200 mil millones de dólares, poco más de 2 mil soldados muertos y al menos 27 mil víctimas civiles, aunque expertos afirman que esta cifra es mayor. El pretexto para emprender esta campaña militar, la posesión de armas de destrucción masiva por el régimen de Sadam Hussein, quedó en una patraña, por decir lo menos, y este conflicto ha beneficiado principalmente a empresas relacionadas con el entorno de Bush, como Halliburton ­de la que el vicepresidente Dick Cheney fue un alto ejecutivo­, la cual ha recibido millonarios contratos para la reconstrucción de Irak.

A su vez, los daños causados por Katrina ascienden a entre 200 y 300 mil millones de dólares y más de mil muertos, aunque esta cifra aumentará en los próximos días. Lo escandaloso de esta situación es que el gobierno tenía conocimiento de las graves consecuencias que sufriría Nueva Orleáns ante un huracán de la fuerza de Katrina. Un informe de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias, elaborado antes de 2001, señalaba que "las inadecuadas rutas de evacuación dejarían en el desamparo a 250 mil personas o más. De las personas dejadas a su suerte, probablemente morirían una de cada 10, mientras la ciudad se ahogaría debajo del agua". Hace un año, la agencia solicitó a la Casa Blanca unos 14 mil millones de dólares para reforzar y ampliar los diques que protegían a Nueva Orleáns. Sin embargo, Bush tan sólo concedió la mitad; la otra mitad sirvió para financiar la aventura iraquí. El resultado: los diques no aguantaron y la ciudad se inundó en 80 por ciento. Y una vez más ha sido Halliburton la gran ganadora con esta desgracia, ya que una de sus subsidiarias acaba de recibir un contrato de 500 millones de dólares para realizar reparaciones en instalaciones navales. Esto es sólo la punta del iceberg: la empresa ya ha firmado otros contratos para participar en la reconstrucción de la infraestructura petrolera, que requerirá en un principio mil millones de dólares.

Este esquema de negligencia y corrupción deja entrever que la sociedad estadunidense comienza a cansarse de las mentiras y maniobras oscuras del gobierno de Bush, por lo que las protestas irán en aumento. Ojalá que esta presión sirva para detener la intervención estadunidense en Irak y proteger con eficacia a su ciudadanía ante desastres prevenibles.

La Jornada, 25/09/05