Antonio Papell: En busca de un proyecto europeo

Antonio Papell: En busca de un proyecto europeo

Como han detectado algunos sociólogos políticos relevantes, Alain Touraine entre ellos, una serie de acontecimientos sucesivos en Europa, que no son independientes entre sí aunque su conexión resulta a veces remota y difícilmente identificable, sugiere que la etapa neoliberal que acabamos de recorrer está periclitando. El proyecto de Constitución Europea, que consolidaba los mimbres y los grandes vectores liberales de la Unión, ha muerto tras los fracasos de los referendos francés y holandés, auspiciados por los partidarios de una Europa más 'social', menos integrada, más resistente a la inmigración y con mayor peso de los ingredientes nacionalistas sobre los internacionalistas. En las últimas elecciones alemanas los ciudadanos se han resistido a otorgar plena confianza a la opción alternativa, la derecha neoliberal de Merkel, optando por instar un modelo cuando menos mixto. España tampoco fue capaz de reconocer al Partido Popular la bonanza económica que había asentado y optó el año pasado por impulsar la alternativa socialdemócrata. En Francia y en Italia se advierte asimismo el ascenso de claras pulsiones de nacionalismo económico, que no desagrada a la opinión pública... De otro lado, y como contrapunto, es manifiesto el éxito logrado por el laborista Blair, quien sin embargo ha conjugado, a gusto de su propio electorado, políticas liberales en lo económico con medidas intervencionistas en lo social. E incluso ciertos éxitos recientes de los conservadores en el Viejo Continente son engañosos: la victoria de la derecha en Polonia, además de deberse a la corrupción de la izquierda ahora desplazada, supone una mala noticia para los europeístas ya que la nueva mayoría polaca es reacia al proceso de integración continental y a la nueva Carta Magna.

Por añadidura, la gran referencia del neoliberalismo europeo, el modelo norteamericano, gravemente desprestigiado a raíz de la guerra de Irak, ha acentuado su descrédito tras lo ocurrido con el huracán Katrina: la insuficiencia de redes institucionales hizo imposible el rápido y eficaz socorro a los damnificados. Tal carencia fue incluso utilizada por Schröder para combatir el «neoliberalismo» rampante e insolidario que los émulos de Bush quisieran ver reproducido aquí, entre nosotros, y que Merkel abraza, al menos en un cierto sentido.

Estas evidencias sugieren, de entrada, que la ciudadanía europea rechaza la renuncia al Estado de Bienestar en aras del simple crecimiento económico y demanda por tanto una difícil compatibilidad entre ambos, que no es ni mucho menos fácil de lograr. Y conducen a una conclusión clara: la Unión Europea tendrá que revisar íntegramente su proyecto constitucional sobre nuevas perspectivas que tengan en cuenta estos puntos de vista, que hagan más hincapié en la Europa social, que afronten ciertos problemas existenciales (de trascendencia económica, obviamente) como la inmigración, y que sean directamente consultadas a los ciudadanos antes de convertirse en el basamento de una nueva propuesta.

Sur Digital, 28/09/05