Federico Gutiérrez-Solana*: La UC, ante un nuevo curso

Cantabria
Federico Gutiérrez-Solana*: La UC, ante un nuevo curso
Federico Gutiérrez-Solana, Rector de la Universidad de Cantabria

El curso que comienza nos brinda la oportunidad de seguir avanzando por la senda que ha de definir el papel de nuestra institución universitaria en la llamada sociedad del conocimiento: no es el simple tránsito de grandes cantidades de información la que mejora nuestras sociedades, sino la adecuada gestión del conocimiento. Su generación, su transmisión y su aplicación son claves para el crecimiento personal y colectivo.

Es la capacidad de conocer la que singulariza nuestra identidad como seres, la que nos hace, en definitiva, más humanos. Reflexionemos sobre ello: en la aplicación de lo que conocemos, en convertir el elemento intangible del conocimiento en una realidad tangible, está la capacidad de mejora para la sociedad al poner a nuestro alcance instrumentos eficientes que resuelven muchos de nuestros problemas. El conocimiento no se agota; su transmisión no requiere inversiones cuantiosas en logística o infraestructuras, sino que fluye de forma continua entre mentes abiertas, creativas y laboriosas. El conocimiento toma cuerpo en laboratorios, bibliotecas, centros de pensamiento e innovación, se transmite en las aulas, los libros y a través de las autopistas de la información y se aplica en todos los ámbitos de la sociedad.

El conocimiento

No lo decimos los universitarios. Lo proclama la Comisión Europea en una de sus últimas comunicaciones: «La búsqueda del conocimiento siempre ha estado en el corazón de la aventura europea. Ha ayudado a definir nuestra identidad y nuestros valores y es el motor que conduce nuestra competitividad del futuro». Y, poco después, añade: «Europa debe fortalecer los tres polos de su triángulo del conocimiento: educación, investigación e innovación. Las universidades son esenciales en los tres. Invertir más y mejor en la modernización y calidad de las universidades es una inversión directa en el futuro de Europa y los europeos». Europa, España o Cantabria representan situaciones a diferente escala de la misma realidad, que persigue como objetivo común, que el saber riegue el torrente sanguíneo de la sociedad para enriquecer las fuentes de su identidad cultural, la profundidad de sus debates, el alcance de sus aspiraciones, la competitividad de su tejido productivo.

El análisis es tan claro como complejo es el desafío. Los universitarios llevamos varios años adaptándonos a este nuevo escenario. Se han impulsado los procesos de evaluación de nuestra actividad necesarios para garantizar nuestra acreditación. También se han afianzado los canales de comunicación con nuestro entorno, lo que ha permitido aproximar a sus demandas nuestra oferta científica y tecnológica. Mucho está hecho, pero aún es mucho lo que queda por hacer en el fortalecimiento de los citados polos del conocimiento. Para hacer esta travesía es reconfortante sentir que la sociedad no nos deja solos, sino que nos orienta, nos alienta y nos nutre para culminarla con éxito.

Con respecto al primer polo, la educación, el proceso de convergencia de titulaciones que conduce al Espacio Superior de Estudios Europeos (EEES) nos ofrece una oportunidad histórica para introducir una reforma radical en nuestros planes de estudio. En nuestra Universidad hemos empezado a transformar profundamente el sistema de enseñanza con el objetivo de garantizar el aprendizaje del alumno, tanto en el ámbito de los conocimientos como en el de las aptitudes. Debemos y queremos formar personas que dominen los fundamentos de su titulación, sea ésta Ingeniería Informática o Fisioterapia, pero además deseamos que sean críticos, audaces, creativos y emprendedores. Esa ha de ser nuestra aportación más valiosa.

Para conseguirlo, es preciso que los responsables de la formación -profesores e investigadores- proyecten esas mismas cualidades. Porque no puede haber progreso en el saber sin una reflexión previa acerca de lo que existe y un esfuerzo creativo para acrecentarlo. El itinerario curricular de un profesor universitario se sustenta en ese proceso, de tal forma que debe desarrollar un especial sentido para la investigación, para la generación de nuevo conocimiento, y para su aplicación práctica. Pero la sociedad no pide de nosotros la investigación por la investigación; lo que exige es que esa capacidad se adecue a la atención de sus necesidades. Y es ahí donde unos y otros, universidades, administraciones y empresas, hemos de recorrer conjuntamente este complejo itinerario, camino del desarrollo, a través del fortalecimiento de la investigación y la innovación.

¿Investigamos todo lo que podemos?. Recientemente hemos sabido a través de un estudio analítico de resultados que la Universidad de Cantabria ocupa el tercer puesto del ranking nacional de excelencia investigadora. El dato satisface pero no sorprende, porque continúa las conclusiones que se desprenden de análisis precedentes. Estudios complementarios nos hacen pensar que esa posición es firme y está consolidada. Seguro que aún podemos investigar más y mejor, pero ciertamente investigamos en mayor medida y de mejor manera que la mayoría. Somos conscientes de que nuestro gobierno se ha hecho portavoz de esta circunstancia y creemos que ésta ha sido entendida como una mejor situación para explotar capacidades entre todos y en beneficio de todos.

La investigación

Con ese objetivo ¿investigamos lo que debemos?. La posición de la Universidad de Cantabria se sustenta en el índice de proyectos aprobados en el Plan Nacional de Investigación, Desarrollo e Innovación. Así que no se trata de la ciencia que nosotros quisimos hacer por capricho, sino de aquella que los representantes de la sociedad valoraron y aprobaron en el contexto de una estrategia científica global. Por tanto, generamos conocimiento en los ámbitos que nos marca la propia sociedad.

Debemos ahora disipar la incertidumbre sobre si transferimos bien los resultados de nuestra capacidad investigadora en relación con su aplicabilidad. En el último análisis de la universidad española, ocupamos también el tercer puesto en el ranking nacional de investigación contratada. En consecuencia podemos asegurar que la Universidad de Cantabria transfiere adecuadamente su conocimiento en lo que la sociedad demanda. Sin embargo, es bien sabido que una de las grandes deficiencias del sistema científico europeo, y particularmente del español, es la debilidad de nuestros procesos de transferencia investigadora. Quizá porque las empresas se acercan poco a los laboratorios; o porque los laboratorios se acercan poco a las empresas; quizá porque la administración no incentiva la necesaria aproximación o quizá por las tres razones conjuntamente. Concienciémonos que éste es el gran reto que debemos superar para hacer eficaz la gestión del conocimiento. Es en este ámbito donde debe priorizarse el máximo esfuerzo presupuestario en I+D+i, en todas las escalas de la sociedad.

¿Qué nos falta para innovar y transferir mejor lo que sabemos?. La respuesta puede encontrarse leyendo entre líneas el informe de la Comisión Europea:

-Potenciar las mejores capacidades de las universidades con financiación adecuada para alcanzar cotas de excelencia, siempre que justifiquen su compromiso con la demanda de la sociedad.

-Potenciar el contacto del ámbito universitario y productivo catalizando proyectos de interés para este último.

-Fomentar políticas fiscales atractivas que favorezcan la inversión, generación y transmisión del conocimiento de forma conjunta.

Una vez hecho el análisis del marco general en que nos deberemos mover, la Universidad de Cantabria constata con satisfacción que sus capacidades y éxitos son apreciados como un logro colectivo, de toda la sociedad de Cantabria, cuando hace no mucho tiempo apenas eran celebrados fuera del campus. Sin duda el reconocimiento de capacidades representa el primer paso del largo trayecto que estamos recorriendo conjuntamente en el papel estratégico que la Universidad ha de jugar en su entorno social. La envergadura del desafío es tal que requiere una implicación recíproca sin prejuicios ni complejos. La sociedad, a través de sus representantes, no sólo debe expresar con nitidez lo que espera de la Universidad; además ha de velar por la respuesta a sus demandas. Y la institución universitaria, por su parte, ha de reclamar los recursos que precisa para ejercer su función con rigor, eficacia y prontitud.

Dice el documento referido de la Comisión Europea que las Universidades están llamadas a un nuevo tipo de contrato con la sociedad, en el que son responsables y deben rendir cuentas sobre sus programas, la selección y actuación de su personal y de la obtención y dedicación de sus recursos, en tanto que las autoridades públicas deben orientar sobre la dirección estratégica que marca el interés social mientras garantizan la adecuada financiación para alcanzarlo. En este sentido hemos avanzado juntos en esta idea Gobierno y Universidad hasta consensuar, pendiente de rúbrica, un Contrato-Programa. Este es el segundo paso en ese camino que debe garantizar a la sociedad de Cantabria el máximo potencial funcional de su Universidad. El trato, tras el conocimiento y el reconocimiento, ha sido tan generoso e inteligente, pues implica un esfuerzo del gobierno en inversión de futuro, como justo.

Desarrollo

Con todo ello, este curso académico que comienza debe marcar la orientación estratégica de la Universidad en los próximos años. Es decir nuestros sucesivos pasos en el compromiso común por el desarrollo de la sociedad. La fluidez en la relación con la Administración estatal y autonómica condicionará la profundidad y diligencia con la que adaptemos nuestros planes de estudio a las directrices de Bolonia, refractarias a los proyectos tan vacíos como oportunistas que ámbitos no universitarios ofrecen. Los contenidos del Plan Regional de Investigación, Desarrollo e Innovación deberán regular la incidencia de los procesos de transferencia científica. La orientación del Parque Científico y Tecnológico, junto con la posible creación de nuevos institutos de investigación, determinarán la competitividad, el potencial y la capacidad de colaboración entre empresas y grupos de investigación. La adecuada planificación de demanda y capacidades posibilitará el éxito de proyectos comunes como el del Campus Comillas.

Iniciamos, por tanto, el presente curso académico con la expectación y el sentido de la responsabilidad que merece la coyuntura en la que nos encontramos. Reiteramos una vez más la confianza de los universitarios en la capacidad de esta Comunidad que nos arropa para llevar a buen puerto estos proyectos nucleares cuyos resultados revierten a ella misma, y manifestamos la entera disposición de los universitarios para dar lo que la sociedad solicite.

* Extracto del discurso pronunciado ayer por el rector en el acto oficial de inauguración del curso universitario 2005/2006.

El Diario Montañés, 01/10/05