Jorge Eugenio Ortiz Gallegos: Política ficción

México
Jorge Eugenio Ortiz Gallegos: Política ficción

EL sueño de la democracia griega fue olvidado 150 años a. C. cuando el imperio romano se extendió al sur del Peloponeso. Sólo hasta la revolución francesa de finales del siglo XVIII fue ave fénix de una democracia liberal, de un movimiento autor de las matanzas del rey Luis XVI y de María Antonieta y de millares de opositores y de revolucionarios que se iban sucediendo unos a otros.

Las nuevas formas del liberalismo inspiraron al gobierno de la Unión Americana, transformándose en neoliberalismo, una doctrina que rompe con la moral y la política y que en lo económico inspiró la doctrina monroísta que pretende desde fines del siglo XVIII apoderarse de toda América Latina. Se confunde hoy con el huracán que invade la Tierra con el movimiento de la globalización. La democracia neoliberal, que con oportunismo se le llamó en México a partir de los 90 como liberalismo social, es una endemia de internacionalismo que propicia la intervención de los poderosos que buscan manejar los asuntos internos en todas las naciones. El dogma fundamental y mágico de la democracia que genera guerras en todos los continentes es afirmar que sólo mediante ella se logrará un progreso ininterrumpido.

La filosofía francesa del siglo de la Ilustración fue puesta en jaque por la revolución, hito de la historia por la toma de La Bastilla. Apareció entonces un tercer "Estado", la burguesía, que modeló en perfil definitivo el liberalismo. Libertad, igualdad y fraternidad fueron proclamados valores fundamentales. Ya no se recordó la política griega como el cuidado de la "Polis" y se pervirtió el concepto de democracia cuya raíz es el pueblo que gobierna.

En plena modernidad del Renacimiento surgido en el siglo XVI, la burguesía francesa decía ofrecer la igualdad a los individuos, a los grandes grupos sociales y a los pueblos. Así mismo sostenía que los hombres tienen la libertad de hablar y de asociarse para discutir sus opiniones. En el fondo de toda esa palabrería camina reptando el lema de "enriquecerse", lo cual en las fórmulas contemporáneas patronales se traduce en el propósito de primero lograr la riqueza y luego, en un término indefinido, procurar repartir algo a quienes poco o nada tienen.

La fraternidad es concebida a través de una fundación llamada "Solidaridad", adamada con fondos millonarios del régimen que operó en el sexenio de 1988 a 1994. Se ignora la "subsidiariedad", que es el deber del Estado de ayudar a los menos dotados.

Tal fundación reunió en un cónclave el jueves 29 de septiembre a 300 personas y pretendió representar a la sociedad civil, esto es a 105 millones de mexicanos. Propalaron ahí el Acuerdo Nacional llamado de Chapultepec. Se presentaron los notables de los sectores privilegiados: de los empresarios, de los medios de comunicación electrónica, los connotados de las pirámides académicas, de las mafias intelectuales y figuras conocidas de la farándula, todos ellos pretendiendo dictar el programa para el desarrollo de México.

Los que convocan a la sociedad civil al Acuerdo Nacional son en su conjunto herederos o semejanzas de la burguesía que entre los griegos se llamó "timorocracia", o sea de los rentistas, que son hoy los industriales, los banqueros, los mercaderes y sus cámaras tejidas en redes nacionales a través de centros patronales. Ahí también como cómplices los hacedores de candidatos de la política, los que dirigen el comportamiento de los triunfadores, los que aglutinan la opinión pública echando mano de sus influencias en medios electrónicos, los arquitectos de los vencedores, los escultores de ventrílocuos, esto es de los "don ronques" que montan en sus piernas a muñecos que hablan por ellos y que son caricatura de los actos de los gobernantes.

Nuestra sociedad rasa es ignorante o padece Alzheimer, porque no recuerda ni siquiera la experiencia de las guerras y los crímenes del siglo XX. Es una sociedad de la clase media venida a menos, de los pobres y miserables que componen 80% de los habitantes. Sociedades que viven en la esperanza de recibir el favor de los políticos y los empresarios, que en la práctica se venden generalmente al mejor postor, que viven en el temor y la desesperación, y que se entregan con sencillez a la admiración de los ídolos que fabricados por la televisión con los dineros de los gobiernos, son los héroes de los deportes, las bailarinas, los cantautores, los actores de las telenovelas, las comparsas de los que distraen a nuestro pueblo de sus problemas y sus desesperanzas.

De acuerdo con los textos de la enseñanza, la historia de la humanidad se divide en tres partes: la media, la antigua y la moderna. Debemos despertar del letargo que acapara las academias y las comisiones de educación. La historia contemporánea es el comienzo de una nueva edad. Hemos cambiado el curso del tiempo. Lo moderno ha sido desastroso por las violentas guerras mundiales, por las amenazas de la guerra fría y por las crisis de los imperios occidentales. Es hoy el clima de los horrendos atentados del terrorismo.

Seamos conscientes de que una burguesía internacional flota por encima de las catástrofes. Estamos hoy en la inseguridad universal. Las luchas por los cárteles del mercado internacional, tanto de los bienes explotados que nutren a la humanidad, como los que la degradan, como las que pretenden sublimarla a través de la multiplicación de credos religiosos, son al ras de la verdad fruto de las ambiciones que conspiran por la detentación de la riqueza.

La nación mexicana vive engañada y humillada por la política ficción en tres niveles. La que dice poseer la magia del proyecto del desarrollo universal. La de los que han resultado incapaces para cumplir con los programas de la transición del cambio, y la burocracia partidaria, que derrocha y engorda recursos de precampañas y campañas.

El Universal, 05/10/05