María José Fariñas: «El conocimiento se ha convertido en una mercancía más»

María José Fariñas: «El conocimiento se ha convertido en una mercancía más»
María José Fariñas, Profesora de la Universidad Carlos III y asesora de Presidencia del Gobierno
Defiende la necesidad de una gestión social y política nueva de la globalización, un proceso que en sí mismo, asegura, no tiene razones para ser negativo

María José Fariñas es una especialista en la globalización y en cómo afecta ésta a los derechos de las personas y al desarrollo de las sociedades. Esta profesora en la Universidad Carlos III de Madrid acaba de publicar 'Mercado sin ciudadanía. Las falacias de la globalización neoliberal' (Ed. Biblioteca Nueva), donde desarrolla sus tesis. Fariñas es en la actualidad asesora de la Presidencia del Gobierno, pero reitera, para evitar equívocos, que cuanto dice en sus libros y en esta entrevista «es a título personal».

-Usted sostiene que la globalización alimenta el choque de civilizaciones. ¿Significa eso que puede causar una nueva guerra mundial, si no lo está haciendo ya, como dicen algunos analistas?

-Hay mucha gente que habla de conflicto permanente, abierto en frentes diversos: el del medio ambiente, el de la emigración, el social... Podríamos decir que vivimos en una guerra de todos contra todos. Las sociedades se han desestructurado y estamos en un auténtico 'sálvese quien pueda', donde el terrorismo es un grano de arena dentro de lo que está sucediendo. Esa interdependencia global, que se nos presenta como buena, es la razón de este conflicto permanente.

-A su juicio, la globalización en sí no es mala. Lo malo es la ideología que la dirige...

-Es que la globalización podría ser positiva. A lo largo de la historia ha habido muchos procesos de globalización. Y técnicamente no tiene por qué ser negativa. El problema es que está gobernada ideológicamente por el neoliberalismo. Lo que podría hacerse es intentar cambiar el modo en que se gobierna la globalización.

-¿Tienen sentido entonces los movimientos antiglobalización?

-En su mayor parte, ya ni siquiera se llaman antiglobalización, sino alterglobalización. Los nuevos planteamientos pasan por gobernar política y socialmente una globalización que ahora está en manos de los neoliberales. Lo que falta es una gestión social y política de la misma, y por eso los movimientos del Foro Social buscan ahora las formas de influir en esa gestión.

-¿Por qué asegura que la defensa de la multiculturalidad socava muchas veces los procesos de búsqueda de la justicia social?

-Tengo que matizar algo: cuando hablamos de multiculturalidad, estamos refiriéndonos a un concepto occidental y colonial. La solución política a partir de las opciones del multiculturalismo derivan en fracasos a la hora de ges- tionar la realidad. Muchas veces, la radicalización de la identidad propia de algunas sociedades oculta otras diferencias y jerarquías que siguen existiendo. La salvaguarda de la identidad hace que nos olvidemos de otros problemas. Por eso yo creo que la defensa de la diversidad cultural hay que hacerla a través de conceptos de la periferia, desde fuera de la cultura hegemónica, no desde el centro. El concepto de interculturalidad nos remite a eso, a situarnos en la periferia.

-Se queja usted de la privatización del conocimiento. Pero parece que los románticos de Internet se están mercantilizando también.

-Cuando surgió Internet todos pusimos muchas esperanzas en lo que suponía para la difusión del conocimiento en todo el mundo. Pero ahora estamos en un punto en el que no iguala, sino que discrimina aún más, y esas esperanzas de antes las tienen ya pocos. En Internet hay una magnífica base para hacer negocios, y así lo han entendido muchos, y para cometer delitos... Es otra herramienta del imperio mercantil, porque el conocimiento se ha convertido en una mercancía más.

Más Estado

-¿Qué se puede hacer para evitarlo?

-No podemos aceptarlo sin más. No podemos dar por hecho que el conocimiento es como un electrodoméstico, que unos compran y otros venden. La Unesco estaba debatiendo estos días eso mismo, y a mí me parece que al menos hay que protestar por la privatización del conocimiento: la educación es uno de los derechos humanos y su transmisión debe ser protegida.

-Todo le lleva a su propuesta de reconducir la globalización. Sería preciso más Estado, pero algunos excesos de Estado han dado lugar a experiencias muy negativas...

-Tanto el exceso de Estado como el de mercado son malos. Yo sí reivindico más Estado porque en las últimas décadas se está defendiendo que debe ser mínimo. Sin embargo, los Estados existen, y para algunas cosas de forma muy notoria. Por ejemplo, en lo policial. Pero, en cambio, el Estado está desapareciendo en protección social, como garante de la educación, etc. Lo que yo reivindico es la estructura del Estado que pueda favorecer a la ciudadanía en todos los sentidos: policial, pero también social, y estoy hablando de vivienda, salud, educación... Por eso me parece que es preciso recuperar la presencia del Estado en esos campos donde la ha ido perdiendo. Aunque en muchas situaciones los Estados pueden hacer poco por sí mismos, y deben asociarse entre ellos.

-¿Quién está haciendo más por la desaparición del Estado-nación clásico, la globalización o los nacionalismos?

-La globalización, sin duda, aunque habría que ver casos concretos. Con todo, algunos nacionalismos de nuevo cuño son reacciones ante la globalización. Ade- más, no se puede hablar de nacionalismo en abstracto, porque algunos de ellos no quieren acabar con el Estado, sino crear uno nuevo. Pero, en definitiva, no debemos olvidar que el Estado es quien mantiene los elementos de cohesión social.

-El cristianismo fue uno de los primeros impulsores de un proceso de globalización. ¿Qué papel tiene hoy en ella?

-Es cierto que el cristianismo ha tenido una pretensión universal, pero también el Islam. Las religiones han dispuesto de un papel central en la cultura, porque están en su 'núcleo duro'. Hoy la religión está adquiriendo un nuevo protagonismo en la política (no hay más que ver el ejemplo de EE UU) y en la sociedad, donde hay una creciente presencia de lo religioso. El problema es cuando esa presencia se radicaliza y entramos en el integrismo. También lo hay en la cultura y la política, pero hoy es más evidente el que se da en la religión, sobre todo en el ámbito del Islam, porque está adquiriendo una presencia inquietante en Occidente. El fundamentalismo tiene un gran poder de convocatoria y se explica por la crisis de la sociedad de la que hablo. Desempeña su papel en el mercado.

El Correo, 06/11/05

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