Enrique Maza: Privatización de la educación

México
Enrique Maza: Privatización de la educación

El gobierno de Aguascalientes pondrá en marcha este mes de noviembre un nuevo esquema de inversión en infraestructura para la educación pública. Ya no será el estado el que construya las escuelas. La iniciativa privada las construirá y las rentará al estado. "Ahora -dice el gobernador Luis Armando Reynoso Femat- requerimos que la iniciativa privada participe e invierta en infraestructura de gobierno y que el gobierno pague sus rentas. Es una forma diferente y queremos ser el primer gobierno del país que inicie este tipo de esquema". (Reforma, 30 de octubre, página 5.)

El 15 de octubre, el Instituto de Educación de Aguascalientes decidió abrir, a partir de este ciclo escolar, una nueva manera de contratación de profesores de educación pública. Ahora, una empresa privada se encarga de la selección, de la contratación y, en general, de llevar la relación laboral con los docentes. A cambio, el gobierno del estado paga 70 mil pesos quincenales por el servicio. Este es un primer experimento de privatizar la educación. Se pretende llevar el esquema de inversión privada a otras áreas de gobierno. (Ibídem.) Queda por ver si este es un plan piloto para su extensión posterior al país, si logran hacer que cuaje y no levanta mucho escándalo.

Es ya imponentemente obvio que los dos principales y más urgentes problemas que México enfrenta son la pobreza y la educación. Y, por tanto, esas son las dos áreas que representan más peligro para el proyecto neoliberal que se está implantando a injusticia, sangre y fuerza. La privatización de la educación rechaza la idea de que pueda haber otros caminos para resolver el problema de la desigualdad y de la inestabilidad sociales a través de mecanismos internos de redistribución de la riqueza. Y emprende la guerra ideológica para educar y convencer, empezando desde los primeros niveles de la educación, a una nación dividida, en la que surge cada vez con más fuerza el descontento popular.

La medida de Aguascalientes, que es apenas el principio, revela la urgencia que tiene el sistema de ideologizar a la población -para que acepte desde la infancia las bondades del proyecto neoliberal que la empobrece-, y para educar hacia la producción a la mano de obra del futuro. En otras palabras, la razón es invertir en el futuro de la privatización y proteger los derechos individuales y la propiedad de los dueños. Ese es el objetivo financiero e institucional de los nuevos arreglos de los poderes político y económico, cuyos valores ficticios deben siempre defender. Hay que establecer bases frescas para la acumulación de capital.

El proyecto ha quedado meridianamente claro con el huracán de los ricos, en la zona hotelera, donde se concentran la atención, la ayuda y el esfuerzo de reconstrucción del gobierno, y el huracán de los pobres, en Chiapas, donde los afectados, sobre todo los indígenas, van quedando abandonados a su suerte y a su renovada miseria, a pesar de las rimbombantes declaraciones de Fox.

Hay una autocomplaciente satisfacción en los niveles altos y una exuberancia irracional, más allá del sentido común, que contrasta con la desesperanza y el abandono de los pobres y marginados. La corrupción corporativa, los negocios turbios, los enriquecimientos ilícitos, en este proceso político, han sido y son descarados. Entre tanto, la sociedad se fragmenta y queda desconectada a velocidades alarmantes, mientras sigue el proceso sin sentido y caótico de los intereses privados.

En ese proceso económico y político va naufragando la educación. Uno de los muchos datos inquietantes: Se calcula en alrededor de 80% el número de los jóvenes en edad universitaria que no tiene ni posiblemente va a tener educación superior. Si en algo debería gastar el gobierno es en eso. El problema es que esto que llaman democracia, esta modernidad en la que supuestamente estamos entrando, no es más que un combate para hacer justicia a los privilegios. No son los maestros del sindicato, a pesar de su anarquía, o por lo menos muchos de ellos, los que van a educar a sus alumnos en la pleitesía al privilegio. De ahí la necesidad de que la iniciativa privada empiece a hacerse cargo de la educación, ante la oportunidad que le ofrece la situación de abandono y de caos en que se encuentran los maestros y su sindicato.

México no se fabrica, como Estados Unidos, enemigos externos supuestamente amenazantes, cuyo obligatorio exterminio justifica todas las injusticias y aberraciones internas, ni distrae el patriotismo hacia afuera, para no tener que hacerlo vigente dentro. México tiene, en cambio, a muchos maestros y sindicatos de maestros dentro, que sufren en carne propia los efectos de la injusticia y de la acumulación que otros hacen de la riqueza. De ahí la necesidad de que la iniciativa privada seleccione, contrate y pague a los maestros, para que enseñen a los alumnos el verdadero patriotismo, que consiste en bendecir la acumulación privada de las riquezas de la nación y respetar y emular a aquellos que la llevan a cabo.

Se hace, además, en la etapa del desarrollo del pensamiento de los jóvenes hacia una mayor capacidad de abstracción, cuando se cuestionan y cuestionan todo a su alrededor en el intento de construir una nueva identidad. Es el momento en el que predominan la inestabilidad del carácter, de los sentimientos, de las creencias, de las convicciones, de las conductas, del estado de ánimo, cuando la rebeldía aparece como una actitud típica, cuando el adolescente cuestiona los valores que le fueron transmitidos en su infancia y que consolidaron su identidad, porque constituyen el punto de referencia desde el cual sondea el mundo en la búsqueda de aquello que deberá elegir él mismo como convicciones y modo de vida.

Comenzar a transitar por el mundo de los adultos significa para el adolescente la pérdida definitiva de su condición de niño. Los cambios psicológicos que se producen en este período, que son el correlato de cambios corporales, llevan a una nueva dependencia con los padres, con los maestros y con el mundo. Es cuando se elabora la propia identidad. Por eso es clave en esta etapa la influencia de los maestros. Y por eso es importante dejar su selección a la iniciativa privada, para que les inculquen los valores y las convicciones del mercado. Como dice el dicho: "no dan paso sin guarache".

No es que este gobierno sea vano, es que no tiene densidad. Cree que es sujeto de una aventura sencilla, y nos lleva por una de esas aventuras intelectuales y éticas entre la bruma, pero únicamente repite la historia y desconoce no sólo la misma bruma en que navega, sino lo que sucede en su pueblo y las tragedias cotidianas de la pobreza que él mismo provoca. Lo más alarmante es que detrás de la tontería está la pasión. El culto al dinero, al poder y a la fuerza necesita una sociedad aplacada, sin disputas ni conflictos. Para eso hay que empezar desde la niñez y la juventud.

Proceso, 07/11/05