Rafael Caparrós: Fundamentalismo

Rafael Caparrós: Fundamentalismo

HE escuchado la llamada. Creo que Dios quiere que me presente a las elecciones presidenciales". (George W. Bush al telepredicador James Robison, 1998). La noticia de que Dios se había comunicado con George W. Bush para pedirle que se presentara a las elecciones presidenciales no resultó especialmente chocante en un país como EEUU, en el que la religión ocupa un lugar tan destacado en la esfera pública. Baste recordar que un 60% de los norteamericanos afirma que la religión es muy importante en su vida cotidiana; un 48% considera que el evolucionismo darwinista es una herejía; un 40% cree que el mundo acabará en un batalla entre Cristo y el Anticristo; un 82% cree en el Paraíso y un 68% dice creer en el Diablo; más aún, afirma verlo o haberlo visto alguna vez… De hecho, como hemos podido deducir de entrevistas televisivas recientes, hay bastantes estadounidenses que están convencidos de que los devastadores huracanes Katrina y Rita han sido "un castigo de Dios".

Esta remisión a Dios tampoco es ninguna novedad en la contemporánea historia política norteamericana. El principal antecedente es la doctrina del "Destino Manifiesto", expresión acuñada por el periodista John O'Sullivan en 1845 para justificar la anexión de México y el imperialismo norteamericano de la época. En 1900 el senador por Indiana Albert Beveridge explicaba su contenido al sostener que "Dios designó al pueblo estadounidense como la nación elegida para dar inicio a la regeneración del mundo".

A esa ideología político-religiosa, que ha estado siempre viva en la derecha norteamericana, han apelado con frecuencia los Bush, padre e hijo, tratando de legitimar sus intervenciones político-militares por el mundo, aludiendo a "nuestra superioridad moral". "América triunfará ante la adversidad porque es la voluntad de Dios", dijo Bush en la tradicional Plegaria Nacional de 2004. "La libertad que tanto apreciamos no es un regalo de América al mundo, sino un regalo de Dios a la Humanidad", afirmaba días después en el cónclave anual de Radiodifusores Cristianos.

Y es que como consecuencia del straussismo político de la Administración Bush, el lenguaje político se ha revestido allí de una nueva expresividad religiosa: la Cruzada contra el Terror vendría a ser así el correlato de la Guerra Santa ( la Yihad del islamismo radical). Expresiones como El Eje del Mal o Justicia Infinita (operación militar luego rebautizada como Libertad Duradera) son bien expresivas de ese nuevo lenguaje no poco apocalíptico: "Venceremos al mundo de los hacedores del mal –decía Bush convirtiendo en cruzada utópica el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano– en esta cruzada, en esta guerra contra el terrorismo". "Dios está con los grandes batallones" es el actual lema de los Servicios de Prensa de la Casa Blanca, encargados de blindar mediáticamente a Bush frente a cualquier adversidad, como las reacciones hostiles de los familiares de soldados muertos en Iraq, o las de los damnificados por los recientes huracanes.

Pero es en el ámbito de la política exterior donde los efectos del vigente straussismo político han sido hasta ahora más dañinos. No se trata sólo del efecto de la convicción de que Dios está de parte de Bush –si Dios está de nuestra parte, ¿para qué queremos al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas?–, sino de que "América", como llaman ellos a EEUU, no debe renunciar a su trascendental misión teológico-evangélica de "llevar la verdadera civilización a Oriente Medio, primero, y luego, al resto del mundo". Íntimamente vinculada a esas convicciones revolucionarias del nuevo "internacionalismo expansivo" –al que Anne Norton, prefiere llamar expensive (caro)–, tendente a construir "el nuevo orden mundial", se encuentra la doctrina general de la prevención, de la que "el ataque preventivo" (como el de Afganistán) es sólo una parte.

Tres son los elementos principales del fundamentalismo neocon: un patriotismo celosamente cultivado, que extrema el uso de los símbolos políticos: desde la omnipresencia de la bandera y el himno nacionales al rezo en las escuelas, pasando por gestos como el de la mano en el pecho; el miedo a un gobierno mundial y a las instituciones internacionales que pudieran conducir a él; y, sobre todo, "la capacidad de distinguir a los amigos de los enemigos". Precisamente lo que el máximo teórico del nazismo alemán, Carl Schmitt, consideraba el fundamento de la política. Lo que acaba significando que "el que no está conmigo, está contra mí"…

Aceptando la falsaria tesis de Huntington que reduce a "choque de civilizaciones" el enfrentamiento histórico de la Modernidad con la religión como modo de conocimiento del mundo, se trata mediante la Middle East Partnership Initiative (MEPI), de disciplinar coercitivamente a cualquier disidente de la filosofía política del nuevo imperialismo fundamentalista neocon, acudiendo para ello, si fuera necesario, a nuevas intervenciones militares en la zona.

Diario de Sevilla, 11/11/05