Kofi Annan: Internet debe estar al alcance de todos

kofi_annan.jpgKofi Annan: Internet debe estar al alcance de todos

El principal objetivo de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI), que se inicia hoy en Túnez, es garantizar que los países pobres puedan aprovechar al máximo los beneficios que las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), incluida Internet, aportan al desarrollo económico y social.

Se ha difundido una idea errónea que se escucha con frecuencia alarmante: las Naciones Unidas quieren adueñarse de Internet, vigilarla o controlarla de alguna manera. Esto es falso. La ONU no está tramando conquistar Internet: sólo pretende asegurar que tenga alcance mundial. Y ese afán ocupa un lugar central en la CMSI.

Es lógico esperar opiniones vehementes sobre la protección de Internet. Este medio ha provocado cambios espectaculares, incluso revolucionarios, en ámbitos que van desde la salud y la educación al periodismo y la política. En la propia labor que lleva a cabo la ONU en favor del desarrollo, no hemos hecho sino entrever algunos de los beneficios que puede reportar: a las víctimas de desastres, un socorro más rápido y mejor coordinado; a los pobres que viven en zonas remotas, información médica que puede salvar sus vidas, y a las personas sojuzgadas por gobiernos opresivos, acceso a información sin censuras y una vía para quejarse y pedir ayuda.

Al mismo tiempo, Internet genera una legítima preocupación, porque su uso puede incitar al terrorismo o ayudar a los terroristas, difundir pornografía, facilitar actividades ilegales o ensalzar el nazismo u otras ideologías abominables. No obstante, censurar el ciberespacio, socavar sus fundamentos técnicos o someterlo a una rigurosa supervisión estatal sería volver la espalda a uno de los principales instrumentos de progreso con que contamos hoy en día. Defender Internet es defender la libertad misma.

El manejo de los asuntos relacionados con el uso de Internet -como el envío masivo de correo no deseado y los delitos cibernéticos- ha tenido un carácter descoordinado y fragmentario. La infraestructura de Internet se ha gestionado como una colaboración oficiosa, pero eficaz, entre diversas instituciones, la empresa privada, la sociedad civil, las instituciones académicas y las comunidades técnicas. Sin embargo, los países en vías de desarrollo tienen dificultades para seguir todos estos procesos y se sienten excluidos de la conducción de Internet.

Los Estados Unidos de América merecen nuestro agradecimiento por haber desarrollado Internet y haberla puesto a disposición del mundo. Por razones históricas, ese país tiene la potestad última sobre algunos de los recursos fundamentales de Internet. Muchos opinan que la comunidad internacional debería compartir esa potestad.

Los propios Estados Unidos, que han ejercido sus responsabilidades de supervisión con imparcialidad e integridad, reconocen que las inquietudes de otros gobiernos en materia de política pública y soberanía son legítimas y que hay que seguir procurando ampliar el alcance internacional de los acuerdos en materia del manejo del medio.

Asistimos al inicio de un diálogo entre dos culturas diferentes: la comunidad no gubernamental de Internet -que, por tradición, adopta decisiones de manera informal y participativa- y el mundo más rígido y estructurado de los gobiernos y las organizaciones intergubernamentales. Internet ha adquirido tanta importancia para la economía y la administración de casi todos los países que sería ingenuo esperar que los gobiernos no mostraran interés por ella, sobre todo porque se va a generalizar aún más su uso en servicios públicos como la educación y la atención médica.

Los gobiernos tienen que elaborar políticas relativas a Internet que sean acertadas y deben ser capaces de coordinarse entre sí y con la comunidad de Internet. Pero los gobiernos no pueden fijar las normas por sí solos; tienen que aprender a colaborar con los agentes no estatales interesados, que son, en definitiva, quienes han desempeñado una función decisiva en la evolución y la coordinación de Internet y que seguirán siendo el motor de su ulterior expansión e innovación.

En la primera fase de la CMSI (Ginebra, 2003), las deliberaciones sobre la conducción de Internet llegaron a un punto muerto. Por ello, los Estados miembros me pidieron que creara un grupo de expertos independientes para examinar el asunto en profundidad. Denominado Grupo de Trabajo sobre la Gobernanza de la Internet, propuso crear un "nuevo espacio para el diálogo", un foro integrado por todos los interesados para compartir información y mejores prácticas, pero que no tendría facultades decisorias. Propuso, asimismo, varias opciones para establecer futuros mecanismos de supervisión, con diversos grados de participación de los gobiernos y distintas formas de relación con la ONU. Nadie dice que la ONU deba suplantar a los órganos especializados que actualmente gestionan Internet y nadie propone crear un nuevo organismo dentro de la ONU. Todos coinciden en que la gestión cotidiana de Internet debería corresponder a las instituciones técnicas especializadas, sobre todo para protegerla de la agitación que caracteriza al devenir político.

Todo el mundo reconoce que es necesario promover la participación internacional en las deliberaciones sobre el gobierno de Internet. Dejemos, pues, a un lado los recelos sobre los supuestos designios de la ONU hacia Internet. La ONU sólo quiere promover el diálogo y el consenso entre todos los interesados y, en última instancia, lograr que todos compartan los beneficios de Internet. Quiero urgir a todos los interesados a que acudan a Túnez dispuestos a superar la brecha digital, a forjar una sociedad de la información abierta e inclusiva que enriquezca y otorgue poder a todas las personas, a transmitir de lleno al siglo XXI este valioso regalo que recibimos del siglo XX.

El autor es secretario general de la Organización de las Naciones Unidas.

La Nación, 16/11/05