Fernando Gudoias Amatista: Europa: El desesperado grito de “Basta”

Fernando Gudoias Amatista: Europa: El desesperado grito de “Basta”

La crisis en Francia, es solo una parte de una bomba que se expresa en millones de inmigrantes en toda Europa. Es un océano de excluidos que amenaza con extender su furia y la demanda para ser integrados. Es el desafío mayor que enfrenta la modernidad del Viejo Mundo.

Europa camina por la cuerda floja del estallido social y la intolerancia.

Fuego, destrucción y saqueos son, desde hace más de dos semanas las marcas visibles de un resentimiento marcado a fuego lento en el pecho de los jóvenes marginados franceses. El resto de la Europa opulenta – pero también con islotes de exclusión -, observa preocupada.

Hace unos días, cientos de muchachos encapuchados, desacataron la prohibición de no circular a los jóvenes luego de las 22 horas, se enfrentaron a la represión policial en Lyón produciendo incendios y cargando contra la policía sin titubeos y con una violencia nunca vista.

Es que el máximo de la debilidad se transforma en el máximo de la fuerza en forma de violencia. La violencia no es justificable, pero hoy esos chicos, adolescentes y jóvenes están gritando “Socorro”.

Son los desplazados. La segunda generación de chicos sin empleo, para graficarlo mejor, son los que nunca vieron a sus padres levantarse temprano para ir a trabajar. Son los que no tienen futuro aunque estudien porque mientras sólo un 5% de franceses con estudio están desocupados, hay un 25% de universitarios extranjeros sin trabajo (por su apellido, color de piel o el barrio donde viven).

Ellos saben que aquella Francia de post guerra, donde un obrero extranjero veía crecer y ascender a empleos en la universidad o en otros muy bien rentados, y a sus nietos salir egresados de las universidades, no existe más. Que en tres años de gobierno conservador de Jaques Chirac se desmantelaron los proyectos para el “empleo joven”. Saben que no tienen futuro.

Por eso, en mi opinión, -entre otras causas por supuesto -, “la permanencia en el tiempo de una alta tasa de desocupación especialmente entre los jóvenes”, que alcanza un 40% en las periferias, es uno de los motivos de la explosión juvenil.

Alemania:

Las autoridades de Alemania, aseguran que en ese país las cosas son distintas al punto de afirmarse en el periódico Siegel: “Pese a los problemas educativos y en el empleo en Alemania no se puede hablar de falta de esperanzas”.

Sin embargo, de acuerdo con las estadísticas que distribuyó un organismo de la ONU, un 40% de estos chicos no tienen un título ni un oficio, y si tienen la misma formación, corren con desventaja ante los jóvenes alemanes.

El ejemplo se profundiza cuando se admite que de 34.000 plazas de formación profesional en empleos y oficinas, sólo 490 fueron adjudicadas a jóvenes turcos, la mayor inmigración en ese país.

Las principales razones que hacen creer a los alemanes que no habrá estallido en su país son: 1) Alemania nunca< fue una gran potencia colonial. 2) Su inmigración principal no proviene de una antigua colonia. 3) no hay ghettos de extranjeros ni cordones de pobreza alrededor de sus ciudades y 4) la politización es mucho menor que en Francia y la conflictividad social es más baja. Además, Alemania se ocupó: hay una red de contención que comienza con la ayuda del Estado a los desocupados y sigue con los trabajos sociales a escala barrial.

Holanda y Bélgica:

En Holanda en cambio, la intransigencia entre los holandeses y los casi 900.000 inmigrantes musulmanes es extrema. Con el triunfo del ultra xenófilo (luego asesinado), Pim Fortuyn quedó en evidencia que existía una sociedad multicultural. Holanda ocultaba una cuota importante de racismo. En los últimos años se abandonaron la política de los años 80 basada en la defensa cultural de las minorías, para dar paso a medidas que obligan a más integración.

En cuanto a Bélgica, la chispa francesa encendió rápidamente. En ese país, el 9% de la población es extranjera y el desempleo de los inmigrantes duplica al de los belgas. En Bélgica llevan más de 8 días de violencia a la francesa y muchos de los jóvenes ya se alistaron en La Liga árabe europea, una organización de raíces islámicas.

España:

Las impresionantes y desesperadas escenas de africanos escalando un muro imposible en Melilla, abre dudas sobre la situación en España, al punto que ya corre un chiste de humor negro que dice que los españoles han sacado la corrida de toros (tan tradicional) y a los toros los han sustituido por negros africanos. Más allá de este dato que la sociedad ha tomado como una forma de ridiculizar a los españoles, es evidente que su pasado colonialista aparece ahora como un fantasma.

Aunque se considere que ni cuantitativa ni cualitativamente lo de España sea un efecto contagiosa que su estructura social y su planteamiento urbano es distinto, sin embargo, se ve con preocupación la aparición de las “villas miserias” alrededor de centros de trabajo en la periferia de las ciudades.

En cuanto a las “bandas juveniles”, en Madrid las hay y son peligrosas. En la capital de España la más grande y la que causa mayores problemas es la denominada “Latin Kinas” con aproximadamente 500 miembros activos. También se destacan “Los Ñetas” que también está formado por adolescentes y muchos de ellos de origen latinoamericano, producto de la inmigración que se dio hace unos años atrás.

Italia:

“Si el malestar de la periferia explota –según un opositor de centro izquierda –algo muy probable, es posible que los actores no sean inmigrantes sino los propios italianos, ya que están cansados o directamente enfrentados con el modelo neoliberal del Premier Berlusconi. Esta rebelión – aunque no en forma violenta -, la hemos visto en la Italia ante la presencia de Berlusconi y sus “afinidades y contradicciones”.

En una planilla de porcentuales que está al alcance de cualquiera, marca que el 5% de los 58 millones de habitantes de Italia son inmigrantes, pero hay un crecimiento sostenido de 200 mil inmigrantes por año. Todo parece normal, pero para el que conoce Italia, en el barrio Laurentino 38, el deterioro social es patético. Allí la gente vive apiñada en condiciones infrahumanas y es sin duda el talón de Aquiles por donde las autoridades temen pueda comenzar la rebelión si es que estalla.

Gran Bretaña:

Fue necesario que ocurran los atentados en Londres para poner en evidencia la angustia y la humillación por la xenofobia británica hacia los inmigrantes y especialmente los musulmanes. A mi modo de ver, la diferencia es que esta segunda generación buscó la espectacularidad de la muerte como expresión, es la variante inglesa de la quema de vehículos de Francia y Bélgica.

Y aunque en Gran Bretaña se puso siempre más énfasis en la contención social, solo un 13% de inmigrantes o británicos hijos o nietos de inmigrantes acceden a las Universidades.

Para finalizar, en Europa casi sin excepción, quisiera que esos “pobres” se contenten con su exclusión actual o que se vuelvan a los países de origen, pero en sordina o en plena llamarada.

Ya no tienen mucho margen los gobiernos para dar solución a este problema que ya es de Europa occidental.

Adelante, 16/11/05