Sergio Villalba Jiménez y Nicolás de Alba Fernández: Universidad y Europa: No al servilismo neoliberal

Sergio Villalba Jiménez y Nicolás de Alba Fernández: Universidad y Europa: No al servilismo neoliberal 

Hablar de universidad en la escena pública es sinónimo de investigación, desarrollo, debate intelectual y excelencia. Sin embargo para muchos de los profesores que trabajamos en ella, hace referencia a términos bien distintos: precariedad laboral, injusticia, estancamiento y minusvaloración.

¿Cómo se sentirían ustedes si después de años de formación rigurosa, de trabajo incansable, se encontraran sin estabilidad, con un sueldo escaso y ninguna perspectiva de futuro? ¿Cómo proyectarían una vida cuando saben que, en el mejor de los casos, su primer contrato estable tardará como mínimo diez años en llegar? En esa situación se encuentran cientos de profesores ayudantes de las universidades españolas. ¿Qué pensarían si después de años de dedicación y ganar una oposición se encontraran ocupando una plaza que ya no se considera relevante y que condena a los que la ocupan a un rincón donde no molesten? ¿Qué les parecería tener que demostrar su ya reconocida cualificación profesional en reiterados y arbitrarios procesos evaluativos? Pues este es la problemática que afecta a un gran número de profesores titulares de escuela universitaria. Estos no son más que dos ejemplos del complejo panorama al que se enfrenta el personal docente universitario.

A partir de la Ley Orgánica de Universidades, y en sintonía con el proceso de reformas legislativas del conjunto del sistema educativo español, la universidad se ha convertido en una gran empresa de trabajo temporal en la que se pierden a un ritmo acelerado las plazas estables de profesores, siendo sistemáticamente sustituidas por auténticos contratos basura. Contratos que, dicho sea de paso, la administración no permitiría a ninguna empresa privada.

En esta línea se inserta la pretendida reforma del Espacio Europeo de Educación Superior que esencialmente propone universitarios que sólo entiendan su formación en tanto que generadora de un empleo demandado por el mercado. Eso significa que aquello que no sea "productivo" o regulable en función de la ley de la oferta y la demanda, quedará fuera de juego. Es decir, de lo que se trata es de terminar con el concepto de la universidad que se define como referente para la formación integral y el pensamiento crítico de los ciudadanos, para sustituirlo por un modelo más mercantilizado donde su función se reduce a la producción de dóciles profesionales sin espíritu autónomo y adaptados a las necesidades del momento.

Bajo lemas cosméticos como la llamada "segunda modernización" y con pretenciosas y sectarias agencias nacionales y autonómicas de evaluación de calidad (ANECA y otras...), los diferentes gobiernos autonómicos y centrales han venido argumentando manidos pretextos de calidad en los profesionales, como la movilidad del profesorado, el fomento de investigación más desarrollo en proyectos empresariales, o los índices de impacto en publicaciones y textos, lo que en realidad esconde una ausencia de recursos, una doblegación a los designios del mercado y una oscura carrera de obstáculos en el mundo editorial e investigador, respectivamente. Aunque es cierto que el nuevo modelo europeo tiene algunos aspectos positivos como la homologación de titulaciones y la atención personalizada, sin los medios necesarios, este tipo de ventajas pueden convertirse en nuevos problemas, como una elitización de los postgrados y el doctorado, o un desborde de las funciones burocráticas del profesorado, circunstancias que ya han comenzado a manifestarse.

La universidad es cronológicamente el último pilar del sistema educativo y uno de los principales del sistema social y laboral. Para el que lo quiera ver, los cambios que se producen son sintomáticos del tipo de formación, y por tanto, de individuo y conjunto social que se quiere lograr, condicionando generaciones futuras de forma irremediable. Aceptar esta ideología y sus consecuencias es una responsabilidad que se le podrá inculpar históricamente a los promotores y colaboracionistas actuales.

Sergio Villalba Jiménez y Nicolás de Alba Fernández son Profesores de Universidad y miembros del Foro por Otra Escuela

El País, 18/11/05