Paco Vilariño: De rodillas

Paco Vilariño: De rodillas

La foto ha sido pasto de portadas: unos jóvenes, con las manos esposadas a la espalda, puestos de rodillas ante las furgonetas de los Mossos d'Esquadra, custodiados por agentes acorazados (cascos, petos, rodilleras y grebas) altos como castillos. Eran algunos de los 44 detenidos durante los altercados que siguieron a la manifestación estudiantil contra la LOE que, ayer mañana, discurrió por la Via Laietana de Barcelona.

La Policía Autonómica catalana se estrenaba, en su cometido de antidisturbios, tras haber completado, dos semanas antes, su despliegue en la capital catalana. Y lo hacía con mal pie. Porque una cosa es atajar, de forma contundente pero proporcionada, el vandalismo de algún grupo minoritario (en los incidentes hubo 12 agentes lesionados) y otra muy distinta el realizar una exhibición (varios detenidos esposados y de rodillas) de una prepotencia innecesaria y, además, de una pésima práctica policial. Al detenido o detenidos se les sube a los furgones y se les manda rumbo a comisaría para la práctica de las oportunas diligencias y de ahí al juzgado de guardia.

Esa actuación de detenidos de rodillas (sólo faltaba que con el DNI en la boca) da una pésima imagen al modelo policial (por otra parte a todas luces mejorable) que se pretende instaurar en Cataluña desde la creación del cuerpo.

Los Mossos d'Esquadra, en la etapa democrática, fueron organizados (añadamos que mal) a imagen y semejanza de la Policía Provincial de Québec. Ocurrió a principios de los años ochenta del pasado siglo, con Jordi Pujol al frente de la Generalitat. Y se hizo con el único fin de diferenciarse al máximo del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil. Ese fue el modelo elegido y el que ha asumido la socialista Montserrat Tura, consejera de Interior, incapaz de definir más que sobre el papel un modelo de seguridad integral y acorde con los tiempos.

Nadie discute que, ante hechos vandálicos y violencia urbana, las fuerzas policiales actúen con contundencia; pero de ahí a vejar a algunos de los detenidos manteniéndolos arrodillados media un abismo. Pongamos el mismo abismo que existe entre unas fuerzas de policía democrática, veladoras por los derechos y libertades de los ciudadanos (detenidos incluidos), y los nada añorados grises de la dictadura franquista. Y ayer, en Barcelona, algunos mossos y sus mandos nos hicieron retroceder treinta años.

Diario Crítico, 18/11/05