Oscar Raúl Cardoso: Internet: ¿quién gobierna las redes de información?

Oscar Raúl Cardoso: Internet: ¿quién gobierna las redes de información?
La "brecha digital", que separa a quienes se benefician del flujo informativo de aquellos que quedan al margen, está en el centro del debate

Aun en esta época, en que la jerga informática inunda el lenguaje cotidiano, el término "exabyte" es conocido por pocos. La segunda mitad de esta palabra es más habitual: el byte denomina al conjunto de ocho dígitos binarios (bits, se los llama) siempre conformados por ceros y unos, y constituye la unidad básica de información que procesan las computadoras. Cada byte puede representar, por ejemplo, una letra de cualquier alfabeto.

Cada "exabyte" representa mil millones de gigabytes (a su vez 1.000 millones de bytes) y sirve para determinar la cantidad de información que produce la humanidad. Conviene recordar, para tener una dimensión adecuada, que las computadoras personales más modernas, aquellas en las que queda mucho espacio libre aun cuando guardemos en ella cada acto de nuestras vidas, poseen discos duros que rara vez superan los 100 gigabytes.

Un estudio publicado hace algo más de cinco años por la Universidad de Columbia descubrió que una persona que decidiese leer de cabo a rabo un ejemplar de un diario de domingo de cualquier gran ciudad accedería en ese solo acto a más infomación original que la que cualquier adulto del siglo XVI recibía hasta el momento de su muerte.

En el 2003 otro centro académico —la Facultad de Administración de la Información de la Universidad de California— divulgó un informe titulado "¿Cuánta información?" en el que reveló que, sólo ese año, la humanidad había generado cinco exabytes de información registrada en papel, film, medios ópticos y magnéticos.

¿Otra comparación es necesaria? Esa cantidad fue tres veces superior a la producida en el 2002. Pero más que esto es que, de acuerdo con el texto, cinco exabytes son el equivalente de todas las palabras que la humanidad pronunció desde el comienzo de los tiempos y hasta el 2003.

Es posible, además, que los cinco exabytes sean sólo el reflejo parcial del volumen. Para el mismo estudio el grueso de la información se puede encontrar en las comunicaciones telefónicas que producen unos 17 exabytes anualmente pero que tampoco fueron contabilizadas, con excepción del ínfimo porcentaje que se registra en una cinta magnética o un disco duro u óptico.

Lo central entonces está dado por aquellos hipotéticos cinco exabytes anuales, porque allí se cifran los conocimientos que acumula cada 12 meses la humanidad. Es verdad que hay que descontar una enorme porción que se corresponde con lo irrelevante, pero aun así plantea la duda de quiénes pueden acceder y quiénes no a ese conocimiento.

Desde comienzos de los años 60, cuando un proyecto militar del Departamento de Defensa estadounidense introdujo la red de conexión global a través de computadoras que luego estallaría en la realidad de Internet, la cuestión del acceso ha estado presente en los debates y, más recientemente, adquirió una denominación: "brecha digital", la que separa a quienes se benefician del flujo de información de aquellos que quedan al margen.

El problema es enorme y tiene muchas facetas. Está, por cierto, el tema de la propiedad porque la parte más valiosa de esos exabytes tiene dueños y no ingresa al dominio público. Pero hay, antes de esto, una cuestión de acceso: Internet se ha convertido en el ámbito por excelencia para medir esa brecha.

Como sostiene el francés Ignacio Ramonet, la Red es el medio que resume todos los otros; es "esférico", dice, porque reúne la palabra escrita, el sonido y las imágenes.

A pesar de que las computadoras están presentes hoy en cada punto cardinal del planeta, sólo el 14 % —menos de mil millones de habitantes— de la humanidad tiene acceso a Internet. No es una marginación nueva; aun en estos tiempos —dicen informes como el que todos lo años da a conocer el PNUD— una porción considerable de la población mundial muere sin hacer o recibir una sola llamada telefónica en toda su vida.

Lidiar con esa "brecha digital" —que se ha vuelto en la otra forma en la que el sistema de organización social y económica discrimina multitudes— es la razón por la cual, a través de su secretario general, Kofi Annan, la ONU convocó la semana pasada en Túnez a la Cumbre Internacional sobre la Sociedad de la Información.

Pudo haber fracasado y no porque hubiese demasiado desacuerdo sobre cómo cerrar aquella brecha —en realidad los proyectos son llamativamente escasos— sino porque la Unión Europea puso sobre el tapete la continuidad del control que Estados Unidos ejerce sobre la infraestructura de Internet.

Aunque los contenidos generados por los cientos de millones de computadoras conectadas por la Red fluyen hasta ahora relativamente libres, ésta es controlada por una agencia semiprivada —sus siglas inglesas ICANN representan Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números— que en los hechos depende del Departamento de Comercio en Washington.

La ICANN tiene jurisdicción sobre la asignación de nombres —las terminaciones com, gov, org, etcétera—, los identificadores de países (ar por Argentina, fr por Francia) y de las cifras que identifican, como los números de teléfono, la dirección de cada computadora. Al menos en teoría, la agencia tiene la potestad de cancelar junto a la de otorgar los dominios.

Lo que la UE planteó es que Internet no debe ser el dominio hegemónico de un solo país y menos de un solo Estado, aunque el hecho de que fuese acompañada por países como China, Túnez y Arabia Saudita no le dio la mejor de las reputaciones al proyecto. Estas naciones ejercen formas pesadas de censura sobre la Internet a la que acceden sus ciudadanos.

ICANN conservará por ahora su hegemonía. Se creará un organismo asesor multilateral denominado Foro de Gobernabilidad de Internet, pero sus facultades no serán ejecutivas. Pero si el tema es el futuro de la libertad ¿cuán seguros pueden sentirse los internautas de depender de un país en el que su gobierno busca fomas de negar acceso a defensa legal a sus detenidos o de torturarlos de modo legal?

Copyright Clarín, 2005.

Clarín, 19/11/05