Alfred Stepan y Ezra Suleiman: ¿Por qué arde Francia?

Alfred Stepan y Ezra Suleiman: ¿Por qué arde Francia?

Los disturbios urbanos en Francia han sido considerados por muchos como los más graves desde las protestas de estudiantes y trabajadores de 1968, pero esta analogía puede prestarse a confusión. Mientras las protestas de 1968 desafiaron al modelo republicano francés a que hiciera realidad sus más altas aspiraciones, la crisis de hoy desafía al modelo mismo de ciudadanía e integración surgido de la Revolución Francesa.

El modelo republicano francés afirma que todos los ciudadanos franceses tienen la misma identidad cultural. De hecho, ésta es la única identidad aceptable. Para lograr esta identidad compartida, todos los ciudadanos deben hablar el idioma oficial y tienen que ser educados de acuerdo con un plan de estudios común. Pero también disfrutan de iguales derechos, y tienen los mismos deberes, en el ámbito público. Todo esto no sólo es fomentado por el Estado, sino que también requiere del tipo de uniformidad que sólo puede imponer un Estado centralizado. De hecho, el compromiso ideológico de la Revolución Francesa con la unidad era tan fuerte que en ciertos momentos del siglo XIX promover el federalismo era considerado un delito capital.

Tres componentes de este modelo incitaron la crisis de hoy y hacen difícil para la República Francesa el enfrentarla con eficacia.

El primero es la prohibición clásica de la República Francesa de recoger datos en el censo oficial (o que lo hagan los órganos del Gobierno o las empresas públicas o privadas) sobre origen étnico, religión e incluso clase social. Recopilar esta información equivaldría a violar la doctrina republicana de que Francia es una e indivisible,se argumenta. Sin embargo, la falta de un desglose secundario de estos datos, como el análisis cuádruple al estilo inglés (más el examen de los patrones de desempleo por origen étnico o religión), hace que a los trabajadores sociales, a los funcionarios de salud pública y a los planificadores económicos les resulte difícil diagnosticar los nuevos problemas sociales. Sin los datos necesarios para el análisis, las políticas de salud pública, por ejemplo, no se pueden dirigir a grupos que se encuentren particularmente en desventaja o en algún tipo de riesgo.

El segundo factor es el clásico rechazo republicano francés (y las normas legales correspondientes) de toda forma de acción afirmativa,o discriminación positiva, incluso del tipo más inofensivo. Al igual que la prohibición de recoger datos específicos (sin los cuales la discriminación positiva es imposible, en todo caso), se considera que la acción afirmativa es dañina para el modelo republicano porque se basa en el reconocimiento de las diferencias étnicas.

El tercer componente es el Estado del posbienestar, que ahora es parte del modelo francés de ciudadanía y garantiza a todos los empleados de tiempo completo uno de los mayores salarios mínimos del mundo y altos beneficios pagados por el empleador. Esto hace extremadamente difícil despedir a los trabajadores y es la causa de que los empleadores se muestren reticentes a contratar nuevo personal.

Varios de los países socialdemócratas de Europa, como Suecia, Holanda y Dinamarca, crearon normas similares en sus épocas de pleno empleo. Sin embargo, y a diferencia de Francia, también utilizaron la información de los censos para identificar las nuevas grandes bolsas de desempleo e invertir en lo social y político, no sólo en excelentes programas de capacitación laboral, sino en la creación de empleos y, lo que es igual de importante, en planes de colocación laboral.

Actualmente Francia tiene grandes dificultades para crear nuevos empleos. Tiene pocos programas de capacitación, pero altos beneficios para los desempleados y fuertes restricciones contra el despido de trabajadores. Si se junta todo esto, es como cerrar una puerta en la cara de los jóvenes pertenecientes a las minorías étnicas y que buscan trabajo.

Ésta es la principal causa de los índices de desempleo de entre un 30% y un 50% en los jóvenes de entre 16 y 24 años y que forman parte de estos grupos étnicos en muchas zonas urbanas altamente sensibles de Francia. En consecuencia, los disturbios que hoy se ven en el país tienen su origen en las políticas francesas, no en la instigación por parte de los islamistas.

En pocas palabras, Francia ha fracasado en la integración de los ciudadanos pertenecientes a las minorías, muchos de ellos inmigrantes de tercera generación que han sido educados durante veinte años en escuelas públicas que tienen el mandato de asimilarlos. Sin embargo, pocos líderes políticos aceptan que la crisis tenga algo que ver con el modelo francés de ciudadanía. De hecho, esperan confiadamente que la asimilación se produzca, pero con el panorama actual de alto desempleo, la baja creación de trabajos y una Francia ya multicultural, la asimilación no ocurrirá sin que antes haya grandes cambios.

Sólo ahora Francia está comenzando a enfrentar la crisis del modelo republicano de ciudadanía igualitaria. El Ministerio de Cohesión Social, creado recientemente, ha comenzado a encargar estudios que documenten la discriminación. Un estudio mostró, por ejemplo, que para solicitantes de empleo con similares calificaciones, los que tenían un nombre que sonara islámico y una dirección en un suburbio segmentado étnicamente tenían sólo un quinto de probabilidades de obtener una entrevista, frente a las personas con un nombre francés y, además, una dirección segura.

Doscientas cincuenta de las grandes empresas privadas y públicas han creado una organización cuya finalidad es trabajar con el Gobierno para permitirles, por primera vez en la historia, documentar y luego enfrentar sus prácticas laborales discriminatorias.

Afortunadamente, hasta el momento los líderes musulmanes organizados no han agravado los disturbios. Por supuesto, no ha ayudado mucho la medida del Gobierno de reducir los patrullajes policiales comunitarios a favor de fuerzas paramilitares estacionadas en barracas casi militares, ni la descripción del ministro del Interior de los jóvenes agitadores como chusma que debería ser lavada de la sociedad con una manguera industrial.

El modelo republicano consagra los encomiables abstractos de libertad, igualdad y fraternidad. Sin embargo, en tanto se enseñe a los ciudadanos de minorías de segunda y tercera generación que la única identidad cultural es la francesa, pero en los hechos no se les acepte como franceses y se les impida disfrutar de los derechos plenos de la ciudadanía francesa, el modelo francés alimentará la marginación en lugar de la integración democrática.

A. STEPAN, profesor en la Universidad de Columbia (EE. UU.) y especialista en democracia comparada
E. SULEIMAN, director del Programa de Estudios Europeos de la Universidad de Princeton (EE. UU.) y autor de varios libros sobre Francia
© Project Syndicate/ Institute for Human Sciences. www. project-syndicate. org

La Vanguardia, 19/11/05