Cristovam Buarque: “La alfabetización es un derecho humano, no un instrumento de la economía”

Cristovam Buarque: “La alfabetización es un derecho humano, no un instrumento de la economía”
Cristovam Buarque, escritor y senador brasileño por el Partido Democrático de los Trabajadores (PDT), podría hablar de a educação, como pronuncia en español la palabra educación con acento brasileño, durante horas. Al menos 20 millones de los 180 millones de brasileños no saben ni leer ni escribir; el 25% no domina la lengua portuguesa.

Cuando Buarque (Recife, 1944) fue nombrado ministro de Educación del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, en enero de 2003, su gran ilusión era erradicar el analfabetismo. Un año más tarde, tuvo que renunciar a su cargo y, desilusionado por la política de Lula, se marchó del Partido de los Trabajadores (PT), que, opina, está “muerto por dentro”. Pero Buarque nunca renunciará a su sueño de un Brasil al 100% alfabetizado. Vino hasta España, donde participó en varias conferencias la semana pasada, para recordar que sólo la educación permite acabar con el “apartheid social” que separa ricos y pobres en su país.

Pregunta. Cuando entró usted en el Gobierno prometió erradicar el analfabetismo. Hoy sigue habiendo 20 millones de analfabetos y se retiró al terminar su primer año de mandato. ¿Perdió la ilusión?

Respuesta. No. Perdí la ilusión de que Lula fuera a acabar con el analfabetismo. Otro presidente puede hacerlo sin problemas en cuatro años. Hugo Chávez, en Venezuela, lo hizo en tres. No he perdido la ilusión de que erradicar el analfabetismo es posible sino que perdí la creencia de que Lula lo hiciera. Cuando me fui del Ministerio, se paralizó el programa de erradicación del analfabetismo.

P. ¿Por qué?

R. Porque la prioridad del Gobierno de Lula no es la educación. Su prioridad no es el largo plazo sino el inmediato; es decir, asegurar la estabilidad económica. No es un Gobierno para los cambios sociales. Además, el PT es un partido sometido a las influencias de los grupos corporativos, que están en contra de la erradicación del analfabetismo. Dicen que es imposible. Y el Gobierno es sensible a esos grupos. También dijeron que no hacía falta alfabetizar a los mayores, sino sólo a los 15-30 años porque son los productivos. La alfabetización es un derecho humano, no un instrumento de la economía. El tipo que se está muriendo, si quiere aprender a leer, dejemos que estudie.

P. ¿Por eso se marchó del PT?

R. El PT es un partido de tres generaciones. La primera generación es la los héroes: el partido viene de los obreros en un país imperial, donde las elites no respetaban al pueblo. Fue heroísmo y Lula es un héroe. La segunda es el partido de las reivindicaciones de las corporaciones de trabajadores. Y la tercera es el PT de las propuestas nacionales. Yo era de esta generación. El PT era el partido que más podía ofrecer una posibilidad de cambio en Brasil. Pero había que cambiar de un partido de reivindicaciones a uno de propuestas. La crisis actual provocada por el escándalo de la corrupción impedirá al PT pensar en Brasil durante al menos 10 años. El PT va a estar muerto por dentro. Permanecer entonces en el PT era quedarse en la lucha interna del partido y olvidarse del país.

P. ¿Su nuevo partido, el Partido Democrático de los Trabajadores, tiene propuestas?

R. Erradicar el analfabetismo, nacionalizar la educación básica, que ésta sea un problema nacional. Para eso hay que definir tres prioridades para las 180.000 escuelas del país. Primero, un mejor sueldo y formación para los maestros, que tienen que ser seleccionados nacionalmente y no localmente. Segundo, establecer un mínimo de instalaciones —30.000 escuelas no tienen ni baños—. Tercero, un mínimo de contenido.

P. El problema es también de contenido y de formación de la docencia.

R. ¡Claro! Si no se ataca la educación básica y sólo se alfabetiza a adultos, pues dentro de cinco años, tendremos otros analfabetos. Hay un grifo abierto que produce analfabetismo en Brasil. Para cambiar hay que nacionalizar; llevar a los niños a la escuela desde los cuatro hasta los 18 años con al menos seis horas de clase. El Gobierno federal tiene que invertir más dinero en la educación básica, promocionar una ley de responsabilidad de educación para los alcaldes. Es decir, se les asignarían metas y dinero; si no las alcanzan, quedarían inelegibles.

P. Uno de los mayores desafíos en Brasil es la pobreza. ¿Hay una relación educación pobreza?

R. El único vector de cambio en Brasil es la educación. La revolución de Lula debía de ser que pobres y ricos puedan estudiar juntos en escuelas de la misma calidad. Los ricos son presos de sus casas cercadas, sus coches cerrados, sus centros comerciales exclusivos. Son prisioneros de la vergüenza de la desigualdad. La única manera de liberar a los ricos es completar la libertad de los esclavos, cuyos hijos no tienen escuela.

P. Usted habló de un Movimiento Latinoamericano pro Educación. ¿A qué se refería?

R. Hubo un movimiento para la independencia, otro para abolición de la esclavitud. Brasil es independiente, pero la esclavitud aún existe. Y la única manera de terminar el movimiento para su abolición es que todos los niños vayan a escuelas de altísima calidad. El movimiento de educación también es el canje de la deuda externa por educación.

P. ¿En qué consiste?

R. Se trata de poner en contacto los países deudores con los creadores. En vez de pagar la deuda, los deudores se comprometen a invertir la suma de su deuda en educación. Con el 3% de la deuda de América Latina se puede llevar a la escuela a todos los niños, construir las escuelas, pagar mejor a los maestros. Hay que pagar la deuda con los niños.

P. Se refirió a Hugo Chávez. Venezuela y Cuba tienen tasas de alfabetización entre las más altas del mundo. ¿Son modelos para América Latina?

R. Si nosotros no logramos hacerlo junto a Estados Unidos, ellos acabarán siendo el ejemplo. No es lo ideal. Porque el estilo brasileño de hacer política no es el mismo que Fidel Castro o Chávez. Cuba es un país con líder carismático, que está en el poder desde hace mucho tiempo. ¿Por qué no se puede acabar con el analfabetismo en otros países?

P. Si usted llegaría a la presidencia de Brasil, ¿cuál sería su primer gesto?

R. El primer día de Gobierno, convocaría a todos los partidos para decirles que el proceso de educación necesita al menos 15 años y la aprobación de varias leyes. Necesitaría su apoyo porque este programa no sirve si no es de todos los partidos.

P. La educación también despierta pasiones en España ¿Cuál es su opinión sobre el proyecto de la Ley Orgánica de Educación (LOE)?

R. La educación religiosa es un asunto de la familia, no de la escuela. No se debe transformar el aparato del Estado en un instrumento de religiosidad.

P. Es usted un apasionado. ¿Pero no es demasiado optimista o utopista?

R. ¡No! Muchos países erradicaron el analfabetismo. España estaba en una situación peor en los años 60 que Brasil ahora. España lo hizo. Reconozco, sin embargo, que en Brasil es difícil porque, culturalmente, la educación no es un bien importante en el imaginario colectivo. Desde un punto de vista político, es un país imperial: hay una aristocracia que no se mezcla con el pueblo y pone el Estado a su servicio. Otro vector que hacen difíciles los cambios es el corporativismo de los profesores. En Brasil vamos a tener muros que separan ricos y pobres, un apartheid social. Para la elite, mucha gente es invisible.

P. Contra la invisibilidad: la educación.

R. ¡Claro! La educación es tener un empleo y no se consigue un buen empleo sin educación. Otra posibilidad es ganar a la lotería, pero no toca a todos. Ser de izquierdas es hacer la revolución con la educación; el Gobierno de Lula no quiso hacerla.

Cristovam Buarque, Senador y ex ministro de Educación de Brasil

El País, 21/11/05