Ignacio Ramonet: Suplicios

Ignacio Ramonet: Suplicios

LA FUNDACIÓN internacional Lelio Basso que preside Linda Bimbi organizó el fin de semana pasado en Florencia un seminario sobre La tortura hoy en el mundo, en el contexto del retorno de la guerra . Participaban, entre otros, juristas (como Antonio Cassese, Franco Ippolito y Salvatore Senese), militares (como el general Fabio Mini), responsables de asociaciones de defensa de los derechos humanos (como la americana Joanne Mariner, de la ONG Human Rights Watch), y periodistas (como Fredrick Laurin, del canal sueco TV4 , y Roberto Montoya autor de un libro indispensable, La impunidad imperial , editado por La Esfera de los libros, Madrid, 2005).

El seminario se inició con la proyección de un impactante documental. La investigación magistral producida por el canal Rai News 24 , realizada por Sigfrido Ranucci y Mauricio Torrealta, y titulada Faluya. La strage nascosta (La masacre ocultada). En este documento -difundido el pasado 8 de noviembre- se demuestra que, en Irak, el Ejército estadounidense utiliza fósforo blanco no sólo para iluminar de noche las posiciones de los insurgentes, como lo ha admitido el Pentágono, sino como arma química para atacar tanto a los resistentes como a la población civil. En la jerga militar, a esta arma no covencional los soldados la llaman Willy Pete . «El fósforo quema los cuerpos, los disuelve hasta los huesos. He visto cuerpos de mujeres y de niños quemados. El fósforo explosiona y forma un espesa nube que se abate sobre toda persona que se encuentre en un radio de 150 metros. Y la corroe viva como un ácido de fuego», declara un ex-combatiente norteamericano.

En el documental, Mohamed Tarek al Deraji, biólogo de Faluya, relata: «Una lluvia de fuego cayó sobre la ciudad, y las personas alcanzadas por esas sustancias de colores diversos empezaron a arder. Luego hallamos gente muerta con extrañas heridas, los cuerpos quemados hasta los huesos pero las ropas intactas...».

Los autores demuestran que el Ejército estadounidense usa ese agente químico de modo indiscriminado y masivo contra los civiles iraquíes en los barrios donde se sospecha que hay insurgentes. También revelan que se esté utilizando una nueva variedad de napal, el MK77, sustancia incendiaria cuyo uso está prohibido por una convención internacional que Washington firmó en 1997.

Apoyadas en pruebas fehacientes, estas acusaciones de uso de armas químicas de destrucción masiva son molestas para la Administración Bush, que son muy semejantes a las que se le reprochan al presidente Sadam Huseín, juzgado en este momento por haber permitido que su Ejército usara gases mortales contra los kurdos.

Otros participantes en el seminario insistieron sobre el hecho que, en nombre de la guerra contra el terrorismo internacional, la tortura se practique de nuevo en los países democráticos. En muchos de ellos, por ejemplo en los Estados Unidos, se ha establecido, como consecuencia de monstruosos atentados terroristas, una especie de estado de excepción, y ese marco acaba por legitimar la tortura.

El general del Ejército italiano Fabio Mini, que participó en el seno del Estado Mayor de la OTAN, en las guerras de los Balcanes, dejó muy claro que «está demostrado que la tortura no es eficaz. Es un gesto inhumano, inútil». Aseguró que ningún oficial con un mínimo de cordura se basaría en una revelación hecha bajo tortura por un prisionero para lanzar una operación donde expondría la vida de sus soldados. «La tortura no sirve», afirmó.

Y aunque, por razones de diplomacia obvias, el general Mini no lo dijo en voz alta, todos oímos que discrepaba del modo más radical con la restauración de los suplicios a los prisioneros de guerra que ahora están practicando en Irak, en Afganistán y en otras partes, las fuerzas estadounidenses.

La Voz de Galicia, 07/12/05, 07/12/05