Álvaro Gil-Robles: "La tortura es intolerable, hay que denunciarla"

Álvaro Gil-Robles: "La tortura es intolerable, hay que denunciarla"
Critica que Rice justifique el uso de métodos turbios en la lucha antiterrorista

Estoril (Portugal), 1944
Fue letrado del Tribunal Constitucional y Defensor del Pueblo


Ha visto de cerca las secuelas del horror, el rastro de la tortura. Sus seis años largos como comisario para los Derechos Humanos del Consejo de Europa le han permitido trabajar a pie de obra, en favor de los que sufren o han sufrido situaciones degradantes, insostenibles. Cuarenta y seis países componen su territorio de actuación, desde el estrecho de Gibraltar hasta Vladivostok, pasando por Turquía. Ahora está empeñado en conocer la verdad sobre la existencia de cárceles secretas de la CIA en Europa.

--Le quedan pocos meses.
--Ha sido una extraordinaria experiencia. Me tocó poner en marcha una institución totalmente nueva, desde la que he analizado el respeto a los derechos humanos en muchas zonas. He tomado contacto con la realidad de 46 países, 900 millones de personas, culturas diferentes, religiones distintas, democracias emergentes, tradicionales... un gran reto.

--¿Es posible hacer un mapa del respeto a los derechos humanos?
--Me resisto a hacerlo. Los que han llegado recientemente a la democracia, los países del Este, han de compensar muchísimos años de ausencia de las reglas del juego democrático. Me preocupan esas carencias en el Este, algunas graves. Pero para mí son todavía más injustificables las carencias que se producen en nuestras viejas democracias.

--La tortura continúa.
--Está absolutamente condenada en todos los textos internacionales a los que están adheridos los países del Consejo de Europa. Es una lacra contra la que hay luchar sin admitir ningún tipo de interpretación. Cuando escucho justificar un poco de tortura, incluso con control médico, para luchar contra el terrorismo, me entra frío y me trae recuerdos de épocas terribles en Europa. Es intolerable. Hay que denunciarla y luchar contra ella.

--Hay países desarrollados que asumen sin complejos esta práctica.
--Jamás lo reconocerán públicamente, pero algunas de las democracias más tradicionales dicen que hay que entender que pueda utilizarse. Lo llaman métodos especiales de interrogatorio, cuando eso se llama tortura o malos tratos. Además, es ineficaz en la lucha antiterrorista.

--Se utiliza como coartada.
--No podemos luchar contra la criminalidad terrorista fuera de la legalidad democrática. Creo que los españoles sabemos de eso.

--¿Qué hace el Consejo de Europa frente a la posibilidad de que haya cárceles secretas de la CIA?
--En cuanto la noticia apareció en The Washington Post pedí una investigación. A continuación hemos abierto dos líneas de trabajo. Me parece fundamental que se haga la luz sobre este asunto. Se ha de conocer, sin margen de duda, si en algún país de Europa se ha producido una violación de derechos humanos de tanta gravedad como la existencia de centros clandestinos de detención de personas. Centros en los que posiblemente se hayan utilizado tratamientos degradantes, inhumanos, o incluso la tortura.

--Condoleezza Rice no parece dispuesta a que se conozca la verdad.
--La secretaria de Estado ha reconocido claramente que los vuelos de la CIA son una realidad. Que en esos vuelos se han llevado a personas detenidas de un lugar a otro. Tampoco ha negado que hayan podido existir esos centros, pero ha remitido a las autoridades europeas para que informen de lo que crean conveniente.

--No es suficiente.
--Ha dicho otra cosa que me parece absolutamente sorprendente. Que la lucha contra el terrorismo exige la utilización de métodos que algunas veces conllevan sacrificios, situándolos frente a los valores y los principios fundamentales de la democracia; algo totalmente inaceptable.

--Sería más fácil si Estados Unidos ofreciera datos reales.
--Sin ninguna duda. Pero que Estados Unidos informe no evita en nada la obligación de todos los estados europeos de informar al Consejo de Europa si han existido estos centros, por qué y, en su caso, qué medidas se han tomado al respecto.

--¿El delito de tortura no debería prescribir jamás?
--Sin ninguna duda. Lo he dicho, lo he escrito y lo mantengo. Es absolutamente esencial.

--Dígame lo mejor de su mandato.
--El trabajo realizado en Chechenia, durante la guerra, y después, para ayudar a su estabilización. Ha sido un trabajo muy difícil, inacabado todavía, del que me siento orgulloso. Como comisario he llevado la defensa de los derechos humanos al propio terreno, diciendo si las cosas funcionan o no. Porque no se trata de hablar de teorías, sino de ir a las prisiones, a las comisarías, a los psiquiátricos. Ver, escuchar y contar las cosas como son. Sin derechos humanos no hay democracia.

El Periódico, 09/12/05