Políticamente incorrecto

Políticamente incorrecto
La crisis de los suburbios en Francia confirma el auge de un grupo de intelectuales conocidos como neorreaccionarios
Denuncian a "los bienpensantes antirracistas" y defienden posiciones ultras

La figura del intelectual francés progresista y comprometido parece más que nunca en vías de extinción. En la reciente crisis de los suburbios, los intelectuales brillaron por su ausencia; en cambio, se volvieron a escuchar las voces, cada vez más numerosas, de los conocidos como "nuevos reaccionarios".

Se trata de filósofos, historiadores, escritores y, naturalmente, políticos que, para evitar la candidez que según ellos caracteriza a la izquierda en lo referente a los temas de seguridad, se dejan arrastrar por todo tipo de derivas derechistas en cuanto escuchan las palabras terrorismo, inseguridad, violencia urbana y, sobre todo, el famoso choque de civilizaciones que anunció Samuel Huntington.

Panfleto de Lindenberg

El semanario Le Nouvel Observateur ha dedicado una portada y amplia información a este fenómeno, que se puso de relieve en Francia hace tres años con la publicación del panfleto de Daniel Lindenberg. Este profesor universitario hizo una lista de personajes tan dispares como el filósofo Alain Finkielkraut, el exministro de Educación Luc Ferry, el escritor Régis Debray, el sociólogo Pierre-André Taguieff y la historiadora Hélène Carrère D'Encausse como los abanderados de los neorreaccionarios. En el marco de la crisis de los suburbios fue Laurent Joffrin el que se erigió en notario de las barbaridades que alguien tan inteligente y con el talento de Finkielkraut ha llegado a expresar sobre ciertos temas.

El filósofo, que pierde literalmente los papeles cuando aborda el conflicto judío-palestino y, por extensión, cualquier tema relacionado de cerca o de lejos con el islam, es de los que dice que "no hay que dejar el monopolio de lo real" al ultraderechista Frente Nacional. Entrevistado por el diario israelí Haaretz en pleno auge de la violencia en los suburbios franceses, el filósofo dio una visión dantesca de la situación y aseguró que los disturbios habían sido provocados por negros y árabes que, según él, odian a Francia hasta el punto de zambullirse en un auténtico "pogromo antirrepublicano".

A pesar de que acabó excusándose, el hecho es que sus palabras son racistas, y lo son especialmente cuando se queja de que en la selección francesa de fútbol "hay demasiados negros" y cuando dice que las discriminaciones y los guetos urbanos denunciados y reconocidos por todos "no son más que excusas" o "elucubraciones de sociólogos masoquistas" difundidas por los periódicos de izquierdas.

Como normas de Stalin

Esta actitud se corresponde perfectamente con el pretendido "hablar franco" que abandera el ministro de Interior, Nicolas Sarkozy. Fue él quien, de cierta manera, encendió la mecha de la rebelión al calificar de "gentuza" a los chicos de los suburbios, y al asegurar que iba a limpiar las calles a golpe de "karcher" (bomba de agua a presión).

Otra que se lució, esta vez ante las cámaras de la televisión rusa, fue la historiadora y académica Hélène Carrère d'Encausse, que explicó que los chicos africanos andaban por las calles porque sus padres son polígamos. La académica se quejó de la falta de libertad de expresión en Francia donde, según afirmó, "te mandan a la cárcel si dices que hay 5 judíos o 10 negros en la televisión", porque, agregó, existen leyes que defienden lo políticamente correcto "que habrían podido ser imaginadas por Stalin".

El también filósofo André Glucksmann consideró, por su parte, que la palabra "gentuza" era la más adecuada para denominar a los autores de la violencia callejera. Según Glucksmann, los disturbios son simplemente una muestra de "nihilismo y de odio puro".

Sin complejo alguno

La tendencia del intelectual francés es, pues, reivindicar "lo políticamente incorrecto" y denunciar a "los bienpensantes antirracistas" como opresores de la libertad de expresión. Tras los atentados del 11-S, el historiador Pierre-André Taguieff pasó sin complejos de denunciar la "demonización de los musulmanes en la sociedad poscolonial francesa" a luchar con virulencia contra lo que califica de "complot islamoizquierdista".

El Periódico, 18/12/05