Roberto Salomón: Ironía de la Ronda del Desarrollo

Roberto Salomón: Ironía de la Ronda del Desarrollo

La VI Conferencia Ministerial de la Organización (OMC), en Hong Kong, discurrió con más penas que glorias, sin avances en temas de interés para los países subdesarrollados.

La reunión apenas logró progresos en la agenda de la Ronda de Doha, de noviembre de 2001 y llamada del Desarrollo por el entonces líder de la agrupación, el neozelandés Mike Moore, por lo que le queda aún un intenso trabajo en 2006.

Tras cuatro años de negociaciones, incluidas la fracasada cumbre de Cancún en septiembre de 2003, y la finalizada este domingo, prevalece entre los representantes del llamado Tercer Mundo una profunda frustración.

En ellos predomina el sentimiento de que el apellido de Desarrollo dado a la Ronda de Doha, resultó una ironía, por el poco interés real dedicado por los poderosos a ese tema.

Así, las naciones subdesarrolladas se llevan de Hong Kong sólo muchas promesas de eliminación de los subsidios a las exportaciones y producciones agrícolas, prevista ahora para dentro de ocho años, y algunas migajas, sin seguridad de concreción en varios aspectos.

Se mencionan algunos supuestos futuros beneficios para las naciones algodoneras africanos y los Países Menos Adelantados (PMA).

En la capital qatarí, la OMC, bajo los efectos de la lucha contra el terrorismo, tras los atentados perpetrados a las Torres Gemelas en Nueva York en 2001, adoptó un compromiso político.

Las grandes potencias comerciales cedieron allí en el terreno de las concepciones en materia de desarrollo, y mostraron cierto compromiso de cooperación para llevar adelante la agenda de la Ronda lanzada entonces en Doha.

Los países del Sur creyeron que podrían tener algunas ventajas acerca de un trato especial y diferenciado, de un examen a fondo de los problemas de la deuda y el comercio, de la transferencia de tecnologías y otros aspectos.

Sin embargo, lo que vino luego fue un proceso de medidas unilaterales y de fortalecimiento del proteccionismo ejercido por Estados Unidos y la Unión Europea (UE), que desembocaron en el fiasco de Cancún, y mantiene sin éxito las negociaciones hasta el presente.

Como precisó el actual director general de la OMC, Pascal Lamy, en Hong Kong sólo se logró cinco por ciento de la agenda de Doha, que acumulaba hasta la cita 55 por ciento de avance en tal dirección, lo cual da una idea del trecho aún pendiente.

Pese a la escasa prioridad concedida a ese tema por los países industrializados anteriormente y en Hong Kong, ellos durante todo este tiempo utilizaron el término desarrollo cientos de veces con fines demagógicos.

En algunas citas de la OMC, dicha palabra fue mencionada hasta más de 200 veces, al extremo de que casi ha perdido su significado para el progreso de los países.

Desde hace más de cuatro décadas los problemas relacionados con el acceso al desarrollo sobresalen entre los más preocupantes y serios analizados en diversas citas internacionales y regionales.

Hoy el mundo está dividido entre los países desarrollados, industrializados o ricos y los subdesarrollados, los cuales en el argot de los organismos internacionales también son denominados en desarrollo o menos avanzados, entre otros términos.

Tales vocablos constituyen verdaderos eufemismos que ocultan la terrible realidad de naciones plagadas de miseria, hambre, enfermedades, insalubridad, elevado desempleo, analfabetismo y otros males y cuya tendencia en la economía es hacia un mayor subdesarrollo.

Tras tres décadas de neoliberalismo los países subdesarrollados que siguieron las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM) han visto que no pudieron desarrollarse y que, por lo tanto, necesitan otro camino.

Por eso ya se levantan algunas voces para que se retome la lucha por un nuevo orden económico internacional, cuya declaración dejaba sentada una serie de elementos que de instrumentarse beneficiarían significativamente al Tercer Mundo.

Si hubo algún logro para las naciones del Sur en Hong Kong o Cancún, este lo constituye la unidad y firmeza del G-20 y otras agrupaciones representativas de los intereses del mundo subdesarrollado.

Estas, al actuar como bloque unido hacen cada vez más difícil que los poderosos logren sus fines.

En estas reuniones se ponen a prueba, además de las diferencias en el comercio, las existentes en las concepciones de lo que constituye el desarrollo y las vías para lograrlo.

Este logro de ese estadío, lógicamente, no depende básicamente de la liberalización del comercio, como propugnan los ricos, sino de gobiernos que respondan a los intereses de sus pueblos y de favorables y justas condiciones en el intercambio internacional.

Prensa Latina, 19/12/05