Russell Mokhiber y Robert Weissman: La naturaleza del sistema

Russell Mokhiber y Robert Weissman: La naturaleza del sistema

Título original: The nature of the machine
Autor:
Russell Mokhiber y Robert Weissman
Origen:
ZNet Commentaries, 16-2-2000
Traducido por
Robert C.Ross y revisado por Mateu Llas

¡Imagínatelo! Toda tu vida estudiando para poder llegar a la cima de tu profesión. En primer lugar, te aseguras de obtener la licenciatura en biología en la Universidad del Estado de Óregon. Luego, un doctorado en biología del desarrollo. Luego, te pasas a la universidad de Indiana, donde enseñas y llevas uno de los laboratorios más avanzados en la investigación de las plantas.

Y, además, tienes cátedra. A pesar de ello, un día te despiertas y te das cuenta de que al realizar esta labor científica estás creando un mapa que facilita la entrada a las corporaciones que quieran emplear esta ciencia por motivos de lucro, y de ese modo contribuyes a la destrucción de la naturaleza, razón que en un principio te atrajo al estudio de la biología.

Ya por aquel entonces habrás llegado a ser bien conocido en tu especialidad. Se te respetará. En el año 1990, la revista más importante de tu campo, The Plant Cell, publica en portada un artículo sobre tu laboratorio. Pero precisamente un mes más tarde decides escribir una editorial en la misma revista, advirtiendo que ese tipo de investigación científica no es ético y que dejarás de dirigir semejantes indagaciones, de ese modo acabando definitivamente con tu carrera de científico.

Y ésa, en pocas palabras, es la trayectoria profesional de Martha Crouch, profesora de biología en la Universidad de Indiana en Bloomington.

Destacada investigadora en el estudio de la biología molecular de las plantas, Crouch comenzó desde abajo... cuando las corporaciones empezaban a interesarse en la biotecnología. De hecho, llegó a aconsejar a algunas de ellas a finales de los '80, incluyendo la enorme multinacional británica, UNILEVER.

Luego, en 1989, Crouch se percató, mientras leía la revista NEW SCIENTIST, de que la UNILEVER utilizaba su investigación sobre cultivos de tejido para cosechar palmeras en el trópico. Las palmeras se crían para obtener el aceite de la semilla. La semilla se utiliza en las comidas rápidas y para los lubricantes industriales. UNILEVER quería ampliar las operaciones de aceite de palmera, pero estos árboles resultaban demasiado variables en tamaño para que fuera viable la industrialización.

Consecuentemente, Unilever intentó producir aceite de palmera utilizando cultivos de tejidos.

"Un trabajo que ya hicimos de cultivos de tejidos con la colza les fue muy útil a ellos para perfeccionar la técnica de manera que pudiesen reproducir copias idénticas de la planta e iniciar grandes plantaciones de palmeras idénticas," nos contó Crouch recientemente. Unilever comenzó adquiriendo las propiedades de pequeños agricultores en Malasia. Crouch averiguó que el boom de aceite de palmera que tuvo lugar causó la tala de bosques tropicales y el desplazamiento de la población indíigena. También hubo una grave contaminación del agua por las fábricas que producían el aceite.

Después de haber leído el artículo, se preguntaba: ¿"Cómo es que se llegó a utilizar el trabajo de investigación que hicimos en nuestro laboratorio para estos fines que causaban daño a la naturaleza?

Esa pregunta, y el aislamiento de la naturaleza que sufría a diario, le obligó a parar y a recapitular. Comenzó a replantearse lo que hacía con su vida. Y fue ese replanteamiento que la condujo a escribir la editorial en PLANT CELL, anunciando su intención de abandonar la investigación a causa de que no pensaba que se pudiera hacer éticamente. La editorial provocó decenas de respuestas, muchas de científicos que, como Crouch, se sentían intranquilos sobre cómo las nuevas empresas de biotecnología estaban secuestrando la investigación de las plantas.

Pero había muchas otras personas enfadadas con Crouch. Un colega suyo se enfrentó con ella y la acusó de ser "más peligrosa que Hitler", a raíz de que su filosofía podría restringir la financiación gubernamental para investigadores como él, y que eso impediría el progreso de la medicina o la agricultura.

"Por lo tanto, morirían millones de personas que no tendrían porqué haber muerto si la ciencia hubiese avanzado más rápidamente," decía, "y yo sería la responsable."

Pero Crouch había llegado a tener un punto de vista distinto del mundo. Pensaba. por ejemplo, que la Revolución Verde (la mecanización y el uso de productos químicos en la agricultura) había resultado en un increíble incremento del hambre en el mundo. A lo largo y ancho del planeta, los agricultores obtenían mejores resultados con la tecnología apropiada y los productos orgánicos - tal como habían hecho durante miles de años.

"Básicamente, se está tratando al entorno ambiental de la agricultura como si fuera una factoría donde se fabrican televisores o grabadoras de vídeo," dice Crouch. "Si es cierto que la naturaleza no es una máquina, y los organismos tampoco lo son, entonces tratarlos como si lo fueran va a crear grandes problemas."

Algunos estudiantes suyos han abandonado el estudio de la biología para concentrarse en la agricultura sostenible. Uno es leñador en Kentucky y utiliza caballos para extraer la madera. Pero la mayoría sigue trabajando en la industria de la biotecnología. Uno de ellos es empleado de Monsanto y tiene el cargo de asistir en la comercialización de la soja y el maíz genéticamente manipulados.

Crouch va a abandonar su puesto en la Universidad de Indiana al final del semestre. Tras haber decidido en 1990 que no iba a continuar con el trabajo de investigación, el departamento le prohibió que diera clase a estudiantes de ciencias. Durante los últimos diez años se ha dedicado, en un contexto no científico, a enseñar sobre la alimentación.

Crouch le decía a sus estudiantes que el beneficio para todos sería mayor si se pudiera impedir que el sistema de producción alimentaria llegara a industrializarse más. Y le insiste a todo el mundo que vuelva a conectar con la naturaleza. Ya ha tomado el mando ella misma, habiendo dejado el mundo de la alta tecnología de la universidad e incorporándose a los mercados locales de los agricultures - inspeccionando champiñones para el ayuntamiento de Bloomington.

Dice Crouch: "la gente local de todo el mundo sabe distinguir las setas buenas de las venenosas por experiencia. Los demás hemos perdido esa habilidad."

Russell Mokhiber es editor del Corporate Crime Reporter de Washington D.C. y Robert Weissman es editor del Multinational Monitor, también de Washington. También son co-autores de la obra titulada: "Corporate Predators: The Hunt for Megaprofits and the Attack on Democracy", sobre la avaricia de las corporaciones multinacionales y la amenaza que suponen para la democracia.

Por Monroe y Maine: Common Courage Press, 1999. http://www.corporatepredators.org

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