Rafael Morales: ¿Y después de Bolivia, Perú?

Rafael Morales: ¿Y después de Bolivia, Perú?

El fracaso del neoliberalismo y del Consenso de Washington ha provocado una curiosa reacción en los plumillas apegados al poder imperial. Para ellos, cualquier movimiento político que surge en respuesta a la crisis de América Latina que aquellas ideas profundizaron recibe, invariablemente, la acusación despectiva de “populismo”. Este concepto resulta tan general que nada define, pero tiene la ventaja de evitar a los plumillas (demócratas de agachada, naturalmente) las explicaciones sobre el nacimiento de movimientos políticos nacionalistas latinoamericanos que llegan al gobierno a través de elecciones democráticas. Gracias, precisamente, a la caída de aquellos proyectos gringos que todavía defienden, cada vez menos abiertamente, tales plumillas.

Tras la espectacular victoria electoral de Evo Morales en Bolivia, las campanas de alerta recorren Perú… Europa y Estados Unidos. Ollanta Humala Tasso, un ex coronel nacionalista andino que intentó acabar con el presidente Alberto Fujimori cuando éste trató de perpetuarse en el poder por medio del fraude electoral, aparece encabezando las encuestas como candidato presidencial en las elecciones peruanas del próximo 6 de abril. Detrás se sitúan la conservadora Lourdes Flores Nano y el socialdemócrata Alan García.

Algún sabio europeo ya adelanta que los postulados de Humala responden al ultra nacionalismo militar, a principios violentos y racistas, lo que merece el estigma de verse caracterizado, además, como populista y antisistema. Los piropos sustituyen al análisis, de tal modo que el celebrado y respetabilísimo escritor Mario Vargas Llosa tampoco pensó en cortarse a la hora de las definiciones. El movimiento del ex coronel debe contemplarse, según Vargas Llosa, como un fenómeno “fascista” y tal. Para culminar el despropósito, una encuesta recién salida del horno indica que el 26% de los peruanos cree que la campaña política de Ollanta Humala está financiada (¿lo adivina?) por el venezolano Hugo Chávez.

Renuncio a tales juegos irresponsables. Humala define su ideología como “etnocacerismo”, un nacionalismo andino difuso. Cree que las transnacionales que operan en Perú deben adaptarse a nuevas leyes que impidan el expolio inmisericorde promovido tanto por Fujimori como por el cholo y actual presidente Alejandro Toledo. Estos dos, por lo visto, no eran populistas porque su populismo escondía las brutales recetas económicas neoliberales. Estima urgente las elecciones a una Asamblea Constituyente que ofrezca un mayor papel a las regiones y a los ayuntamientos, una especie de renovación de la democracia haciéndola más participativa. Denuncia la corrupción de políticos y empresarios, así como el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Y se opone al imperialismo y a los actuales dictados de la globalización. Carezco de razones para defender incondicionalmente unos postulados tan generales, pero en este esbozo de programa no pueden encontrarse las terribles acusaciones de Vargas Llosa y su compañía ilustrada. Lo que sea, sonará.

Mientras tanto, parece conveniente registrar que el fenómeno político Ollanta Humala sería inconcebible sin la catástrofe social y la caída en picado de la popularidad de los viejos partidos políticos. De todos aquellos que gestionaron la política económica actual. Baste con recordar al actual presidente Alejandro Toledo. Exhibe el crecimiento de la economía peruana durante 2005, pero no dice ni palabra sobre la distribución de la riqueza o el aumento de las desigualdades hasta límites groseros. Acusado de incapacidad para cumplir sus promesas, corrupción, nepotismo y servidumbre ante Estados Unidos, Toledo sobrevive políticamente desde junio de 2005 con un democrático 6% de respaldo ciudadano. ¿Qué pretenden? ¿Que los peruanos soporten este desatino histórico eternamente?

Canarias Ahora, 29/12/05