Vicky Pelaez: La rebelión de los pobres en América Latina

Vicky Pelaez: La rebelión de los pobres en América Latina

“Hay épocas en que la realidad humana, siempre móvil, se acelera, se embala en velocidades vertiginosas”. (José Ortega y Gasset, 1937)

Después de casi medio siglo de silencio, las voces de los marginados de América Latina, que representan la mayoría de población en América Latina, han comenzado a estremecer el continente, y el eco de su rechazo al neoliberalismo estremece desde la Patagonia a Río Grande asustando a los poderosos. Especialmente sorprendido por este grito se halla el Gran Patrón quien ciegamente creía en la teoría de uno de sus más mimados servidores intelectuales, Samuel Huntington, uno de los creadores del plan Fénix “las aldeas arrasadas” en Vietnam y que hizo creer a los líderes norteamericanos que “el hambre representa el mayor impedimento para las revoluciones”.

Lo que no calculó Huntington es que hay un límite tolerable del hambre, que como regla es acompañado por la injusticia social y la corrupción del poder, al que llegan los descamisados y los marginados. Se estima que cuando el índice de la pobreza supera un 60 por ciento de la población que no tiene condiciones para ganar suficiente para superar este estado, se crean condiciones objetivas, primero para la protesta popular y segundo para los cambios sociales que requieren la presencia de un líder carismático que es capaz de canalizar el descontento hacia los cambios de las estructuras del poder, sea vía electoral o usando la presión y la fuerza de masas.

Estos vientos de cambio están soplando en América Latina, precisamente cuando Estados Unidos – el principal promotor de los golpes de estado en el continente en los últimos 100 años – no tiene fuerzas suficientes económicas, militares y morales para frenar el movimiento de masas porque está atrapado en el callejón sin salida de Irak y Afganistán donde más de 4,000 toneladas de bombas arrojadas sobre esos desangrados países, lejos de aniquilarlos, especialmente en Irak, dieron una nueva fuerza moral a los luchadores por la independencia.

Aprovechando esta situación, Venezuela, bajo la dirección de Hugo Chávez, pudo salir de la dependencia de Norteamérica y se enrumbó hacia el paulatino cambio de las estructuras del poder y la reforma de sus instituciones, usando sus enormes recursos energéticos para erradicar la pobreza, el analfabetismo y muchas otras manifestaciones de la injusticia social. Ahora Bolivia, después de la elección de Evo Morales tiene todas las condiciones para sumarse a este proceso, aprovechando la favorable coyuntura geoeconómica del momento y su alto potencial energético.

Un hecho que dejó a los economistas neoliberales sin comentario, es que por primera vez en la historia de América Latina un país socialista, Cuba superó en el índice del crecimiento económico a todas las naciones del continente, incluyendo el brazo derecho de Estados Unidos en la región, Chile, “considerado en el mundo globalizado como un ejemplo para seguir”. Mientras que en Chile el crecimiento económico en 2005 alcanzó un 5.8 por ciento acompañado por el incremento de la pobreza y desempleo, el Producto Interno Bruto (PBI) de Cuba creció en 11.8 por ciento dejando atrás a China 9.8%, India - 8.5%, Rusia – 6.8%, Estados Unidos – 3.1%, Alemania 1.2%.

Venezuela y Argentina que se atrevieron a desafiar algunos conceptos neoliberales lograron a crecer en 9.5 y 9 por ciento respectivamente. Argentina ya dio el segundo paso de independencia financiera al pagar la deuda externa. Igualmente, Venezuela ya anunció que la cancelará en los próximos tres años. La experiencia rusa muestra que la reservas usadas para pagar la deuda externa no afecta la solvencia del país que, de acuerdo a la teoría económica, no depende de la cantidad de las reservas sino de la intensidad del crecimiento económico.

La rebelión de los pobres está cambiando el panorama en América Latina. En Perú, Ollanta Humala tiene el país con boca abierta y en México el subcomandante Marcos inició su pacífica marcha al poder.

El Diario, 03/01/06