Tahar Ben Jelloun: Optimismo para el 2006

Tahar Ben Jelloun: Optimismo para el 2006

He hecho un buen propósito para el 2006: ¡ser optimista! Aunque sin precipitarme: aún tengo tiempo de hacerme a la idea de que el nuevo año será un año clemente para la humanidad y viviremos días tranquilos y plácidos.

¿Cómo se vuelve uno optimista? Me cuentan lo del vaso medio vacío que, de hecho, está medio lleno. No me convence. Recurro entonces a mis filósofos preferidos, pero tampoco salgo del apuro. Toda la filosofía se centra en la desgracia de haber nacido o en sobre la aciaga condición humana. Si la publicidad nos dice que el hombre está programado para la felicidad, ello obedece principalmente al hecho de que emplea su existencia en consumir y en comprar productos que no necesita, objetos que contaminan la atmósfera. De modo que, para volverse optimista, más valdrá que dejemos a Schopenhauer tranquilo en su rincón, a Cioran en su estante correspondiente y a Spinoza en la mesita de noche al tiempo que despachamos la publicidad rumbo a sus embustes y fábulas. Para volverse optimista es menester, sobre todo, no ver los telediarios, dejar de leer los periódicos e incluso de ir al cine y al teatro. Hay que resignarse a vivir en la irrealidad y resolver que el hombre es un ángel para el hombre... Profeso sumo aprecio a las palabras de Gramsci: "Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad". Las cosas son lo que son; sin embargo, démonos al menos los medios para cambiarlas, transformarlas, mejorarlas. En política escasean los optimistas. Quienes militan en la oposición constatan que todo va mal y raramente proponen iniciativas o acciones concretas para arreglar las cosas.

En lo concerniente al 2006, he aquí lo que sucederá; deben creerme, pues es cuestión de voluntad.

El presidente Bush será devuelto a su Texas natal, donde cuidará su ganado, sus pozos de petróleo y sus condenados a muerte. Jonathan Chait, periodista de Los Angeles Times, ha escrito: "Los últimos meses han sido muy tristes para los miembros del Gobierno Bush. Ha quedado claro, en lo sucesivo, que son incapaces de conseguir acabar con la insurrección de Iraq. Son incapaces de afrontar las catástrofes naturales y sus efectos. Son incapaces de controlar el presupuesto. Son incapaces, incluso, de evitar o impedir ser procesados. Estrictamente hablando, ¿para qué sirven?". Después de esta constatación, a la que hay que añadir las distintas mentiras de que George W. Bush se valió para justificar su guerra en Iraq y, sobre todo, el hecho de que ha proporcionado un inesperado terreno abonado para que florezca el terrorismo, Bush, que en noviembre del 2005 no contaba con la aprobación de un 65% de los norteamericanos, deberá abandonar su cargo. Estados Unidos no habrá tenido nunca un presidente tan calamitoso ni nunca este país habrá sido tan impugnado y controvertido en el mundo. Cabe que este hombre cobre conciencia del daño que ha hecho y de las tragedias que su política ha causado en millones de hogares. Pedirá perdón a las viudas, madres y huérfanos.

Berlusconi, a su vez, se marchará. Lo sabe. Los italianos votarán en masa por alguien que sabrá conducir a este país por una senda de mayor progreso, en el marco del derecho, la ley y la justicia. Berlusconi dispondrá de tiempo sobrado para -por fin- leer el Corán, las obras completas del historiador de la sociedad árabe y bereber Ibn Jaldun, del siglo XIV y, tal vez, algunos grandes poetas. Es sabida la pasión oculta de Berlusconi por la literatura y el arte del mundo árabe y musulmán.

Jacques Chirac, cansado y deprimido, elegirá retirarse a La Gacela de Oro, un magnífico hotel de Tarudant, en el sur de Marruecos. Desde allí verá cómo sus herederos se desgarran ante las elecciones presidenciales. Entre tanto, las barriadas periféricas francesas conocerán nuevos tumultos, una forma de recordar a Francia sus promesas incumplidas.

El 2006 será el año en cuyo transcurso la paz, la verdadera -la de los corazones y los espíritus- progresará. Atravesará el desierto de Arabia, evitará pasar por Iraq porque allí, incluso después de la caída de Bush, la gente seguirá matándose; ahora bien, lo que es seguro es que hará larga estancia en Jerusalén. Pondrá a prueba a los dos pueblos que se disputan la misma tierra, aunque habrá que ser prudente al respecto: Oriente Próximo es una zona complicada. No obstante, confiemos en el soplo de la paz. Me dicen que el próximo gobierno israelí prevé anexionarse Jerusalén Este. No, no lo hará porque tal iniciativa es suceptible de provocar el desencadenamiento de tremendas iras que motivarán el derramamiento de mucha sangre inocente.

En el 2006 la naturaleza ha previsto tomarse un respiro. Los tsunamis y otros terremotos no harán acto de presencia este año; en todo caso no visitarán los países pobres como Bangladesh o Pakistán. No sé por qué, pero así lo presiento... Si los hechos me desmienten, mis intuiciones se verán invalidadas.

El 2006 será el año de la inteligencia. Sí, las estrellas inclinarán a las personas inteligentes a confiar en los sentimientos de la generosidad y la bondad. Las mujeres serán crecientemente hermosas, el cine les rendirá su homenaje y nos hará soñar más y mejor que en el pasado.

En fin, los chinos saben que no será su año: seguirán trabajando como de costumbre, sin descansar; su inteligencia se halla al servicio del trabajo y de un proyecto muy singular, el de dominar el mundo a plazo más o menos largo. ¡Vaya utopía!

¡Feliz año nuevo! Crean en mis pronósticos porque, en buena parte, su realización depende de ustedes.

Tahar Ben Jelloun, escritor. Premio Goncourt, 1987

La Vanguardia, 04/01/06