Ignacio Ramonet: Foro Bamako

Ignacio Ramonet: Foro Bamako

MAÑANA jueves empieza el Foro Social Mundial. Este año es un foro policéntrico. O sea, no tiene lugar en un sitio único -como ocurrió hasta ahora en Porto Alegre (2001, 2002, 2003, 2005) y Bombay (2004)-, sino en tres ciudades: Bamako (África), Caracas (América) y Karachi (Asia). Y se desarrolla de modo no simultáneo sino sucesivo, en tres tiempos: arranca en Bamako hasta el 23 de enero, se prolonga en Caracas desde el 24 hasta el 29 y se termina en Karachi más tarde, en marzo, debido a problemas de organización por el terremoto de Cachemira.

En preámbulo al foro, hoy mismo, y siempre en Bamako, con la intervención de más de cien intelectuales venidos de todo el mundo, hay una importante jornada en la que también participo, consagrada a la reconstrucción del internacionalismo de los pueblos y del frente antiimperialista. Este evento quisiera situarse en la prolongación de los actos de cincuentenario de la conferencia de Bandung (1955), que vio el nacimiento del Tercer Mundo y de los No Alineados.

Cuando hacia 1999 algunos tuvimos la idea de crear un Foro Social Mundial era para oponerlo al Foro Económico Mundial que cada año por estas fechas reúne en Davos (Suiza) a los nuevos amos del mundo, grandes empresarios y dirigentes partidarios de la globalización liberal. En el Foro Social se trataba de convocar, en el mismo momento pero en un lugar del sur, a todos aquéllos que rechazan la globalización y piensan que otro mundo es posible. Porque sabíamos que, desposeídos de voz y alternativas durante demasiado tiempo, cada vez eran más los ciudadanos que exclamaban, de un extremo al otro del planeta: «¡Basta!». Basta de aceptar la globalización liberal como una fatalidad. Basta de permitir que el mercado suplante a los representantes elegidos de modo democrático. Basta de ver el mundo transformado en mercancía. Basta de aguantar, de resignarse y de someterse.

El Foro Social Mundial es un acontecimiento innovador. Reúne a un embrión de sociedad civil internacional, con decenas de ONG, colectivos de asociaciones, sindicatos y redes de numerosos países. Todos han vuelto a retomar la bandera de la contestación internacional. Son los insumisos de hoy, que están empezando a construir un mundo diferente. En cierto modo, intentan poner la primera piedra de un nuevo espacio de representación mundial, cuyo puesto central debería corresponder a la sociedad civil internacional.

El Foro Social Mundial es un modelo reducido de lo que será un día la asamblea de las gentes del planeta. De la gente de a pie , del pueblo común, de la sociedad civil. Como cada año desde el 2001, los ciudadanos, representados por miles de asociaciones y de ONG, vuelven a reunirse para expresar cómo siguen sufriendo por culpa de la globalización liberal. Es la reunión de las personas que están humilladas, que no tienen trabajo, ni medicamentos, ni alojamiento, ni agua potable, y que tampoco tienen el respeto de sus propios gobernantes.

A partir de mañana, en Bamako, capital de Malí, uno de los países más pobres del planeta y manantial de miles de emigrantes clandestinos, se volverá a repetir que si queremos cambiar el mundo hay que empezar a pensar en construir un futuro más acogedor. Ya nadie puede contentarse con un mundo en el que mil millones de personas viven en la prosperidad mientras los otros cinco mil millones sobreviven en la miseria.

En Bamako se van a concentrar los marginados, los excluidos del planeta África, los condenados de la globalización. Y esos excluidos están descubriendo la alegría de estar juntos, y constatan también que su reunión les confiere un tremendo poderío que puede asombrar e impresionar al mundo. Un excluido solo es una víctima; un millón de excluidos son una fuerza social que puede barrerlo todo con la indomable fuerza de una avalancha irresistible. Y hacer meditar a los amos del mundo.

La Voz de galicia, 18/01/06