Leonardo Boff: Quién manda en el mundo?

Leonardo Boff: Quién manda en el mundo?

Con la autonomización de la economía y el adelgazamiento de los estados-nación es ilusorio pensar que los presidentes electos sean los que tienen el mando sobre el país. Quien decide los destinos reales del pueblo no es el Presidente. Él es rehén del Ministro de Hacienda y del Presidente del Banco Central que a su vez son rehenes del sistema económico-financiero mundial a cuya lógica se someten. Cuando el Presidente Bush habla a la nación muchos seguramente lo escuchan. Pero cuando habla el presidente de la Federal Reserve (Fed) la nación entera para. Lo que él tenga que decir significa la vida o la muerte de muchos empleos y del destino de empresas.

Los dueños del mundo están sentados detrás de los bancos, son los que controlan los mercados financieros, las tasas de intereses, las infovías de comunicación, las tecnologías biogenéticas y las industrias de la información. Inmensos conglomerados privados actúan a nivel planetario. Sin preguntar a nadie y sin ningún control dilapidan el patrimonio común de la humanidad en beneficio propio. Deforestaron en pocos años 800.000 hectáreas de las islas de Borneo, Java, Sumatra y Sulawesi. Los incendios proyectaron humo del tamaño de medio continente. Esos mismos grupos mancomunados con los nuestros actúan ahora en la selva amazónica. Las leyes de protección ambiental son inoperantes frente a la furia por conseguir dólares via exportación para que el país haga frente a los compromisos de la deuda externa e interna. El agronegocio implica deforestar, liquidar la biodiversidad, homogeneizar la producción en escala.

Esta lógica funciona en el sistema globalizado mundial, creando desigualdades y devastaciones ecológicas allá dónde se implanta. Para 2010 se prevé que las selvas hayan disminuido en un 40%. En 2040 el aumento de los gases de efecto invernadero pueden provocar un calentamiento entre 1ºC y 2ºC elevando el nivel de las aguas oceánicas de 0,5 a 1,5 metros afectando a millares de ciudades costeras. Seis millones de hectáreas de tierras fértiles caen cada año bajo el efecto de la desertización.

Las enfermedades infecciosas de todo tipo viajan a la velocidad de los mercados. El sida es una pandemia en África. La expectativa de vida del África subsahariana disminuyó ya siete años y en otros países como Uganda, Zimbawe, Zambia retrocedió diez años. El año pasado la producción económica de Kenia, por causa del sida, cayó un 14,5%. África es un continente abandonado a su propia desgracia, tan siquiera merece ser explotado. El Papa hace discursos irresponsables. Si hubiera un poco de humanidad y compasión entre los humanos bastaría con que se retirara tan sólo un 4% de las 225 mayores fortunas del mundo para dar comida, agua, salud y educación a toda la humanidad. Estos son datos de la ONU de 2004. Mientras tanto, 30 millones de personas aún mueren de hambre y dos billones están anémicos.

¿Tendremos tiempo para que la desintegración se muestre creativa? Una leve esperanza se anuncia un poco en todas las partes del mundo, en Seattle, en Génova, en Porto Alegre y en los Forums Sociales Mundiales. Ahí surge un anti-poder que pide una nueva justicia planetaria, una taxación significativa de los capitales especulativos, la introducción de una renta de existencia para todos los habitantes de la Tierra no para subsistir, sino porque simplemente existen. La aplicación rigurosa de la ética de la precaución y del cuidado en cuestiones ambientales. Esperanzas. Que tenga la fuerza de la semilla.

Alainet, 20/01/06