Peter Singer: Temor y libertad en Internet

Peter Singer: Temor y libertad en Internet
El autor sostiene que el cierre por parte de Microsoft del sitio 'web' de un ciudadano chino a petición de las autoridades de Pekín plantea el debate de hasta dónde Internet puede ser un instrumento de libertad o Bill Gates hace el juego a la represión de la información.

A principios de este mes se informó que, a petición de los gobernantes de China, Microsoft cerró el sitio web de un blogger chino mantenido en un servicio del gigante informático llamado MSN Spaces. El creador del blog, Zhao Jing, había estado informando sobre una huelga de periodistas en el periódico The Beijing News tras el despido del editor, por su orientación demasiado independiente.

El actuar de Microsoft plantea una pregunta clave: ¿puede la Internet realmente ser una fuerza libertaria que los gobiernos represivos no pueden controlar tan fácilmente como a los periódicos, la radio y la televisión?

Irónicamente, el fundador y presidente de Microsoft, Bill Gates, ha sido un entusiasta partidario de este punto de vista. En octubre recién pasado dijo: "En un sentido general, realmente no hay manera de reprimir la información hoy en día, y pienso que ese es un avance estupendo del que todos nos podemos sentir satisfechos.... Este es un medio de total apertura y total libertad, y eso es lo que lo hace tan especial".

A pesar de estos sentimientos, Microsoft está ayudando a las autoridades chinas a reprimir la información lo mejor que pueden. Se ha informado que una vocera de Microsoft ha dicho que la corporación ha bloqueado "muchos sitios" en China, y se sabe que ya por varios meses la herramienta de blogs de Microsoft en China filtra palabras como democracia y derechos humanos de los títulos de los blogs.

El argumento de Microsoft para defenderse es que debe "obedecer las leyes locales y globales". Sin embargo, los sitios de MSN Spaces se mantienen en servidores que están ubicados en los Estados Unidos. En consecuencia, parecería que las leyes locales correspondientes serían las de EE.UU, y los textos de Zhao Jing sobre la huelga de periodistas de Beijing no violan ninguna de ellas.

Tampoco hay leyes globales que impidan que el pueblo chino trate temas que su gobierno preferiría no tocar. Por ejemplo, The New York Times es libre de publicar su reportaje sobre la huelga, a pesar de que tiene un sitio web que cualquiera con un acceso sin restricciones a la Internet puede leer. Si el gobierno chino no quiere que sus ciudadanos lean un periódico extranjero, entonces le corresponde a él ver la manera de cómo bloquear el acceso al mismo. El periódico no tiene obligación alguna de hacerlo por ellos.

En consecuencia, la defensa de Microsoft yerra el tiro. Sólo podemos tratar de adivinar la verdadera razón para que la compañía bajara el sitio web, pero es probable que el temor a las repercusiones contra sus intereses comerciales en China haya sido un factor importante.

No hay duda de que una corporación puede y debe poner límites al uso de sus servicios. La línea absolutista (dejar que prevalezca una completa libertad de expresión) se desmorona ante algunos ejemplos incómodos. Según Gates, Microsoft podría impedir el uso de sus servicios para divulgar instrucciones sobre cómo fabricar bombas nucleares, enviar declaraciones pro-nazis a Alemania, donde ese material es ilegal, y propagar la pornografía infantil.

Sin embargo, ¿cuán pertinentes son esos ejemplos? En su clásica defensa de la libertad de expresión, Sobre la libertad, John Stuart Mill argumentó que la razón más importante para la libertad de expresión es promover la competencia entre la mayor variedad posible de ideas, y que un debate sin restricciones es la mejor manera de probarlas. Si un gobierno protege las ideas de las críticas, las convierte en un dogma rígido y sin vida, independientemente de si son o no verdaderas.

Si coincidimos con Mill, sólo uno de los ejemplos de Gates cae en la categoría de expresión que debe ser protegida. Las recetas para fabricar bombas nucleares son técnicas, no ideas. La pornografía infantil tampoco es expresión de ideas. En consecuencia, podemos restringir ambas sin invalidar el argumento de Mill. (Por otra parte, un ensayo que argumentara que no hay nada malo en que los adultos vean a los niños como objeto de interés sexual y que tal conducta debería ser permitida estaría expresando ideas y por ende no debería censurarse, sin importar cuán venenosas o inaceptables las podamos considerar.)

El más difícil de los tres ejemplos de Gates es el de las declaraciones pro-nazis en un sitio Web dirigido a Alemania. Es fácil de entender por qué Alemania desearía prohibir esas declaraciones. Las leyes de varios países proscriben la incitación al odio racial, lo que se puede justificar de manera coherente con la defensa de la libertad efectuada por Mill si esas leyes se centraran acotadamente en la incitación al odio más que en suprimir argumentos, con todo lo malos que puedan ser, que apelen a las capacidades intelectuales de las personas.

Un defensor de la supresión de las ideas del nazismo podría argumentar que ya se han llevado a la práctica y han fracasado -de la manera más horrenda que se pueda imaginar- en su afán de producir una sociedad mejor. Sin embargo, la mejor señal posible de que Alemania ha superado su pasado nazi sería que centrara sus leyes específicamente en la incitación al odio racial, en lugar de hacerlo sobre el nazismo como tal.

En cualquier caso, la represión por parte de China del informe y discusión directos de acontecimientos que ocurren en ese país no es la supresión de una ideología política desacreditada, sino de un debate político abierto e informado. Si Bill Gates de verdad cree que la Internet debe ser una fuerza liberadora, debería asegurarse de que Microsoft no haga el trabajo sucio del gobierno chino.

Peter Singer es profesor de bioética en la Universidad de Princeton. Sus libros más recientes son Writings on an Ethical Life y One World, y actualmente está terminando un libro sobre alimentos y ética. Copyright: Project Syndicate, 2006. www.project-syndicate.org Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

El País, 23/01/06