La verdad está malherida

La verdad está malherida
Grass y Magris alertan contra la mentira y sus disfraces en los medios

La verdad está malherida, y son heridas de guerra. Günter Grass y Claudio Magris abundaron en esa conclusión durante el debate que mantuvieron el sábado en la capilla del Hotel Reconquista de Oviedo. Los dos son premios Príncipe de Asturias de las Letras (de 1999 y de 2004), y su cita cumplió el deseo de la organización que los convoca (la Fundación Príncipe de Asturias) de reunir a sus galardonados para conmemorar los 25 años de su historia. El escritor alemán y su colega italiano se expresaron con mucho pesimismo con respecto a la situación de la verdad en los medios. Hoy, dijo Magris, "sabemos menos de Afganistán que cuando nos lo contaba Rudyard Kipling". Y Grass lo apoyó. La guerra de Irak, con sus mentiras ya reconocidas, fue señalada como "metáfora de la manipulación".

El propósito del encuentro, sugerido por Magris, era el de responder a esta pregunta: ¿es posible decir las cosas como son? Estuvieron acompañados el autor de El Danubio y el de El tambor de hojalata por la periodista de EL PAÍS Ángeles Espinosa, por el periodista de Il Corriere Della Sera Massimo Nava, ambos expertos en conflictos en Próximo Oriente y autores de libros sobre la guerra de Irak, y el autor de origen húngaro Iván Nagel, escritor y periodista que también ha escrito un volumen sobre las mentiras que sustentaron el reiterado conflicto.

Todos coincidieron en que la guerra de Irak es un escenario en el que han confluido las mentiras de los gobiernos (empezando por el de Estados Unidos, seguido por los de España y Reino Unido) con la complacencia de la prensa para avalar el ruido con el que se han ido ocultando "los sonidos" de la verdad. Al italiano Nava, como a la española Espinosa, les pareció significativo, a ese respecto, el episodio de la desaparición de la estatua que rendía culto ante el Hotel Palestina de Bagdad al dictador iraquí; no había más de mil personas en el lugar, pero había numerosos fotógrafos y cámaras, un soldado estadounidense se subió a la figura, colocó sobre ella su bandera, y la imagen dio la vuelta al mundo como si aquello hubiera sido una fiesta que marcara el fin de Sadam y del conflicto. Nava dice que conserva la crónica que envió sobre el verdadero significado de aquel gesto mediático; "mi periódico cambió el título, y le dio otro sentido a lo que yo quería comunicar".

De una u otra manera, todos estuvieron de acuerdo en que hoy "la verdad que prevalece en los medios es el mensaje más fuerte, pero no el más verdadero". Los políticos actúan en función de sus propios sondeos de opinión, sus gestos son declaraciones (Chirac y su reciente amenaza nuclear) o directamente la guerra, como en el caso de Bush; antes, dijo Grass, los argumentos precedían a las decisiones, y ahora es al revés. La política ha devenido espectáculo, y el espectáculo se ha presentado como "la verdad"; en el concepto de espectáculo circense en que se ha convertido el relato de lo que ocurre abundaron los dos periodistas presentes.

Un momento delicado que dura muchos años. Grass recordó que los estadounidenses que ahora se manifiestan contra las bombas nucleares, en otros lugares del mundo, tienen su propio arsenal, usaron ese armamento para acabar la guerra mundial, y aún no han pedido perdón por ello. Ahora se sigue haciendo la guerra sin decir que se está haciendo; entre los sinónimos que enumeró Nava: "Libertad infinita, bombardeo humanitario, lucha contra el terrorismo, hoja de ruta para Próximo Oriente...". "¡Y llamamos Ministerio de Defensa", señaló Magris, "al ministerio de la guerra!".

La verdad existe, pero se ahoga; según Magris, sucesos extraordinarios (la tragedia de Bophal, por ejemplo) quedan luego en el olvido, y al final la prensa lo sepulta todo en "un océano de olvido, en un rumor que neutraliza toda verdad, y a veces la verdad aflora cuando ya no sirve para nada". Ejemplo: ¿quién mató al soldado italiano que rescató a una periodista en Irak? Cuando se sepa, se lamenta Magris, ya no servirá de nada...

La manipulación existió siempre, pero hasta 1989, señaló Grass, teníamos a la URSS para echarle la culpa; "ahora que no está la URSS, ya sabemos que no sólo en los países autoritarios se manipula". Y recordó lo que Harold Pinter dijo en Estocolmo cuando fue a recoger el último Premio Nobel: "Dijo que la CIA es una organización criminal, le criticaron con dureza, pero nadie refutó los hechos".

Los periodistas, dijo Nava, "somos ahora la parte débil del tinglado". En la caída del muro de Berlín "estábamos en primera fila, y transmitíamos por teléfono lo que veíamos"; en Bagdad "estamos en hoteles y enviamos por satélite, pero no sabemos qué sucede". Ángeles Espinosa evocó ese "periodismo de hotel", y se refirió al caso de los periodistas empotrados en las fuerzas estadounidenses, y a las paradojas que se dan: "Cuando informamos de la resistencia, perdemos los contactos de las fuerzas ocupantes, y cuando nos relacionamos con éstas, nos sentimos amenazados por sus contrarios".

Iván Nagel enmarcó sus reflexiones en dos citas, una de Thomas Jefferson (el padre de la Constitución de Estados Unidos), sobre los gobiernos sin periódicos en oposición a los periódicos sin gobiernos, y otra cuyo autor se guardó para el final: "Si le dices al pueblo que va a ser atacado, irá complacido a la guerra". El lugarteniente de Hitler, Hermann Göring, fue quien lo dijo, durante los procesos de Núremberg. Y añadió el escritor húngaro: "La democracia desaparece cuando el periodista es un testigo marginal".

Grass alertó: Orwell ya adelantó lo que pasa, estamos sobreinformados y no nos fiamos, hay muchos conglomerados de prensa ("EL PAÍS tampoco es de un consorcio pequeño", señaló expresamente) "y no sé si hay libertad de opinión en el interior de esos grandes grupos". Precisó, además: "Hay demasiadas opiniones, y el exceso de opiniones diluye los hechos". Recordó lo difícil que es decir la verdad: "La Iglesia aún no ha liberado los expedientes de la Inquisición. Fíjense si es difícil saber la verdad".

"Que empuje España"

Después de hablar de la oscuridad del mundo, Grass produjo una luz inesperada cuando respondió al brindis de Graciano García, el director general de la Fundación Príncipe de Asturias. El Nobel alemán levantó su copa de vino y dijo: "En esta Europa cada vez más grande, España es la que empuja; desde hace años los españoles marcan el camino, y espero que sigan empujando a franceses, a alemanes e incluso a los italianos; aquí hay un espíritu de comienzo, Europa debe seguirlo". Antes Magris había expresado el deseo de un sincretismo: "¿Podría yo abrir una sidrería en Trieste?". Cuando Grass ganó el Nobel estaba escribiendo su discurso para el Príncipe de Asturias. Y cuando ganó Magris este último premio estaba celebrando en Turín, con amigos, una fiesta inolvidable. En 2007 hará medio siglo que empezó a estudiar allí, y ahora ya siempre estará asociada esa memoria personal al premio que recibió de Oviedo. En el almuerzo Grass le contó un chiste: le preguntan a un abogado qué haría en caso de que un soldado le apuntara con su fusil en la cabeza. Y el abogado responde: "Le diría: ¿No podríamos llegar a un acuerdo amistoso?". En el debate les escucharon 6 de las 16 directoras de periódicos que hay en España, invitadas a escuchar estas reflexiones sobre la verdad en los medios. A una de ellas, Lalia González Santiago, de La Voz de Cádiz, le pedimos un titular sobre lo que habían escuchado. Y nos dio éste: "Decimos mentiras creyendo que son verdades".

El País, 23/01/06